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ÓSSERP

Al Meu Pas S’Alça La Mort (VARIOS SELLOS) GRINDCORE, DEATH METAL

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ue el debut de Ósserp, Sang I Sutge, fuese nuestro Disco Nacional del Año en 2015 no fue ninguna frivolidad que nos marcamos los que hacemos esta revista. Pese al carácter minoritario del álbum, ¡un disco de metal extremo cantado en catalán!, había en esas canciones un algo extra que demostraba que Ósserp eran una banda con ese algo intangible que los hacía especiales. Una vez escuchado el siempre crucial segundo trabajo, podemos decir que Ósserp no nos dejaron en mal lugar. No sería justo justo para

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Sang I Sutge decir ahora que es un disco menor si lo comparamos con Al Meu Pas S’Alça La Mort (A Mi Paso Se Alza La Muerte en castellano), el título de esta colección de metralla, pero el paso dado por el quinteto de Barcelona no se puede pasar por alto. El gran mérito de Ósserp está en lo bien que se saben mover en las diferentes aguas dentro de los sonidos extremos. Bien es cierto que si oímos la inicial ‘Entre Regnes’ nos encontramos death sueco casi de manual, pero es cuando se ponen pícaros y juguetones donde esto alcanza su esplendor. Ya sea en los bien metidos pasajes black en ‘Caça Furtiva’, los giros de ‘El Culte’, lo bien que se les da el crust a los señores en ‘Amb El Cap Ben Alt´ -dos cantantes como la copa de un pino siempre ayuda lo suyo-, y hasta salen victoriosos en las experimentaciones dignas de un Merzbow, como vemos en esa apabullante ‘El Buit’, que cierra una obra con la que ir con la cabeza bien alta por la vida. En la carrera para el álbum del año de nuevo. RICHARD ROYUELA

PARADISE LOST Medusa

(NUCLEAR BLAST) DOOM METAL

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arece casi surrealista pensar que hace veinte años Paradise Lost editaban One Second, un álbum no exento de polémica entre sus seguidores por su orientación más comercial y un sonido más cercano a Depeche Mode que a Black Sabbath. Es muy posible que muchos de los fans que tenían entonces, al menos los más intransigentes, decidieran dejar de escucharles para siempre, y aunque sé que las posibilidades de que algunos de ellos sean lectores de nuestra revista son casi nulas, me encantaría ver su reacción si, animados por esta reseña, se decidieran a

darle una oportunidad a su decimoquinto disco. Ya hace al menos un par de álbumes que Paradise Lost iniciaron una especie de camino de regreso hacia sus orígenes, y Medusa podría interpretarse como la culminación de ese proceso. La banda ha hecho, simple y llanamente, un disco de doom. Oscuro, agónico, lento. Los riffs de ‘Fearless Sky’, ‘The Longest Winter’ o ‘Symbolic Virtue’ se arrastran como una avalancha de barro sobre un trabajo muy contenido de Waltteri Väyrynen, su nuevo batería y también miembro de Vallenfyre, la otra banda de Greg Mackintosh. Tengo pocas dudas de que el guitarrista ha sido el mayor instigador en llevarlos a esta dirección más dura que les ha reconciliado con su pasado, pero hay que destacar que esto no hubiera sido posible sin que Nick Holmes se hubiese convencido de recuperar su registro gutural. El vocalista está espléndido, y cuando incorpora algún pasaje más melódico acercándose al rock gótico en ‘Blood And Chaos’, no desentona para nada. JORDI MEYA

RockZone 140  
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