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ROCK ‘N BALL// River Vuelve//Especial// Junio 2012


EDITORIAL Por Guillermo Ibarra// @IbarraGuille

EL PEOR AÑO DE RIVER, DESDE AFUERA DE RIVER

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e terminó, sí se termino. El Ave Fénix resurgió de las cenizas, River volvió a primera, lugar de donde nunca se debería haber ido. La casa está en orden, la historia se sigue escribiendo, el sueño de quince millones de hinchas en las últimas 363 noches está cumplido. Nunca imaginé, ni siquiera soñé con un descenso de River, porque como alguien ajeno al club, que veía todo desde afuera, le resultaba algo ilógico. La grandeza de River no era apta para una segunda división, porque la grandeza estaba por arriba de cualquier categoría. Sin embargo pasó, y si el que más campeonatos locales tiene en Argentina descendió, puede pasar cualquier cosa. Desde la debacle de River cambió mi visión en todo, pero sobre todo en lo futbolístico. Yo era de los que creía que River ascendía caminando, que no iba a tener rivales, que diez fechas antes ya estaban de vuelta en la A. Lo que nunca imaginé fue el nivel de Quilmes (un equipo silencioso), de Rosario Central y de Instituto. Todos molestaron al Millo hasta el final, pero al fin y al cabo lo terminaron mirando desde abajo. Porque las individualidades de River, la fuerza de Almeyda, el amor del Chori, Cavenaghi, y Ponzio, los goles y la experiencia de Trezeguet, le devolvieron al Millo lo que nunca debería haber perdido, que es la categoría. Almeyda, desde una notable inexperiencia, no guió al equipo tácticamente, pero sin embargo siempre intentó dar la cara, no esconderse, y puertas para adentro trabajó en lo anímico. Se pueden discutir las cualidades del técnico, pero no hay que olvidarse de los 73 puntos de River, porque ni cuando fue campeón por última vez en primera había conseguido esa cantidad en una temporada. Lo de Cavenaghi, quien todavía tenía goles para gritar en Europa, fue lo primero que empecé a admirar de este equipo, porque a River le faltaban jugadores hinchas que realmente entendieran que era lo que se estaba jugando. River estaba empezando a ser de nuevo una familia, porque algunos daban la cara y otros volvían, cuando había que volver, para sumar. Siempre para sumar. La ciclotimia del otro que volvió, el Chori Domínguez, era muy parecida a la confusión de River. Porque el hincha era exigente, porque el estilo de juego histórico del Millo era otro, pero al mismo tiempo la desesperación de volver rápido a primera lo obligaba a pedir ganar, no importaba como. La presión la tenían los jugadores, que sentían los nervios de los hinchas y lo duplicaban en el campo de juego. Fue un camino largo, una primera rueda muy pareja y una segunda parte discreta, que terminó con el equipo en primera y campeón. Lo único que le critico a Almeyda y los jugadores, desde afuera, es que nunca hicieron pesar que son River. El grande es River, no había que preocuparse por los rivales, había que llevárselos por delante. La historia lo demandaba. Estaba claro de que todos se iban a jugar la vida por ganarle al 33 veces campeón argentino, pero nunca hicieron sentir eso, nunca le tiraron la camiseta a nadie. La camiseta de River en la “B” les pesó a ellos, no a los rivales. Es entendible, había muchas cosas en juego, un prestigio que había que recuperar, pero el Millo se volvió a encaminar: el sábado 23 de junio tiene que ser un punto de partida para que River vuelva a ser River, el del Beto, el del Enzo, el de la máquina, el que era protagonista y jugaba bien. El fútbol argentino necesita del River de hace veinte años. Hay que volver a ser. Te estamos esperando.

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SUMARIO EL VIA CRUCIS DE RIVER P. 4-9

CHORI DOMINGUEZ “En Deuda con su juego” P 14

TREZEGUET “La Pasión de David” P 10-11

AL HINCHA “El Grito Mudo” P. 15

ALMEYDA “La última tentación de Jesús”

FERNANDO CAVENAGHI “Toro Passa” P 12-13

SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS El año en fotos P 14-15

STAFF

P. 16-17

Director: Javier H. Garcia //@javierhgarcia

Editor: Federico Lamas // @fglamas Redactores invitados: Franco Predazzi // @PredazziFranco: (Bio: Periodista. Trabajó en Olé en el período 1997- 2009 y de ese año a 2011 fue editor de la web. Entre marzo de 2011 y marzo de 2012 fue editor de Deportes de “Libre”. Corresponsal de “El Mercurio” (2005- 2011). Fue enviado especial al Mundial Sub 20 en Canadá 2007 y a Roland Garros 2009. Leandro Buonsante // @BuonsanteLean: (Bio: Hace 11 años cubre River. Ahora en Radio Mitre con Costa Febre, River Monumental Revista y Pasiòn Monumental. columnista de deportes de los programas de Nelson Castro y Marcelo Zlotogwiazda

CUANDO SE ACABA LA JODA La lupa sobre la CD P. 18-19 LA CONTRA Arano P. 20 Redactores: Matías Navarro García // @Mati_Navarro Guillermo Ibarra// @IbarraGuille Iván Sandler// @SandlerIvan Colaboró: Matías Carreño Vázquez// @MatuCVázquez Fotos: Federico Peretti// Télam// Fotobaires Diseño: Javier H. Garcia Contacto: rnbrevista@hotmail.com

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LOS 38 ESCALONES

¿CAMINO DE ROSAS

Por Javier H. García// @Javierhgarcia

Llorá. Gritá. Puteá. Pataleá. Desahogate. Festejá. Dedicalo. Abrazate con tu amigo, besa a tu pareja, abraza a tu viejo/vieja. Pero nunca jamás te olvides de este verdadero Vía Crucis. Aquellos que decían “River no desciende ni en pedo”, son los que, días después enarbolaron otra nueva y nefasta bandera: “Ascienden caminando”. ¡Qué errados estaban! O ¡Cuánto nos yetearon!.

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iver transpiró, sufrió, corrió y luchó la B Nacional como si se tratara de un torneo similar al Mortal Kombat. Cada pelea a muerte, cada partido un triunfo, cada gol un grito de superviviencia. No se paseó por la categoría ni mucho menos. Yo no avalo aquello que dijo Almeyda, que la BN es más difícil que el Calcio, pero a River le costó más que la Champions League. Recién cuando el remate de Trezeguet venció a Monasterio, recién ahí, la soga empezó a aflojar. Nada de un camino de rosas. Espinas por doquier y una ciclotimia, un malhumor y una exigencia situada en la estratósfera desde aquel 2-2 con Defensa y Justicia, por la quinta fecha del torneo. Es que, hasta ese momento, River venía llevando bien la BN. Había ganando a Chacarita en un partido que se jugó bajo un diluvio. Mostró carácter y nuevos valores –Ocampos, Aguirre, Sánchez- en Mendoza

para ganar 3-1 y se abusó del débil Desamparados de San Juan, donde hasta el livianito Mauro Díaz mereció su gol. Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez habían vuelto y eran dioses. Deidades que nada hacían mal. Y esto que el Torito aún no había marcado… Contra Quilmes, por la cuarta jornada, Cavenaghi marcó y fue una explosión de amor. En aquel mismo partido, cuando iban ’46, Fernando Tellechea le avisó a River que el principal objetivo de los restantes 19 equipos era joderle la vida al Millo. El quiebre, el momento en que River se dio cuenta que esto iba a ser harto complicado fue en la quinta jornada. Un Nuevo Gasómetro desolado le dio la bienvenida a River y a Defensa y Justicia. Un equipo que muchos hinchas de River conocían sólo por PC Fútbol o por “El Aguante”. River regaló una versión muy triste de sí mismo y el Halcón mereció ganarle, pero Rogelio Funes Mori, sobre el final,

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S? NO, VÍA CRUCIS anotó el 2-2. A esa altura, el invicto de River era un pequeño milagro. Deportivo Merlo le sacó un empate en un resultado que avergonzó a unos cuantos. A Gimnasia se le ganó aprovechando las limitaciones del lobo y, contra el sólido Ferro, no se pudo pasar del cero. Ante Atlanta, River hizo todo lo que se esperaba.: Fútbol, goles, lujos, pisó a su rival y le propinó una goleada con rótulo de histórica. ¿Había aparecido River? Terminó siendo un espejismo. Este River, sus buenos niveles y apariciones, duraron ’90. Por eso no tuvo regularidad y, en muchas paradas del torneo, sufrió la tremenda irregularidad. Contra Huracán, River empezó perdiendo rápido, pero lo ganó con un cuarto de hora de fútbol y 75’ de huevos. En Córdoba se hizo respetar, pero no consiguió vencer a Instituto. Dejó buena imagen, eso sí. Nada hacia presagiar que el humilde Aldosivi de Mar Del Plata entraría a la historia por haberle quitado el invicto a River. Si había un recóndito espacio dónde la B Nacional no era tan dolorosa era ganarla de manera invicta. Aldosivi de Mar Del Plata, en la cancha de San Lorenzo, se encargó que eso no

pasara. El humilde equipo del Puerto le ganó a River 2-1 y, como nunca después del 26J volvió a poner a sus hinchas en medio de toda cargada y sufrimiento posible. Cuatro goles de Cavenaghi y una goleada en el Norte hacían creer que todo iba a pasar, pero después llegó el limitadísimo Atlético Tucumán y ganó 2-0 en el Monumental –dónde River volvía tras la suspensión que pesaba sobre el club desde la fatídica tarde del descenso-. Nos volvimos locos. Puteamos a todo el árbol genealógico de Adalberto Román, a Passarella, a Almeyda y a la mar en coche. River ya había perdido dos veces en la B Nacional. Peor aún, River estaba en el Nacional B y le costaba horrores. Es más había comenzado a transitar una montaña rusa no apta para cardíacos. Además de con el peso de la camiseta, la historia centenaria sobre los hombros y una presión asfixiante, River jugó con el corazón de sus millones de padecientes hinchas. Fue a Madryn, a una visita que se pareció más a un viaje de Egresados que a un partido de fútbol: ganó 4-1 y la Montaña iba en ascenso. Contra Central, el carrito se desencajó un poco, porque el 1-1 no conformó. Encima, todo era angustia. River no se podía despegar y, encima, Instituto ganaba y jugaba bien. River nunca terminó de conformar a sus hinchas. En la Decimoséptima jornada, la Montaña Rusa llegó a su tope y, como siempre pasa en este tipo de “Juegos” después vino una caída al vacio. Contra Boca Unidos, en Corrientes, River se lució. Le generó mil chances de gol. Mereció ganar 2 o 3-0. Terminó per-

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LA UNIÓN. El Plantel de River se mostró unido durante las 38 jornadas.

diendo. A los 46’, Leandro Chichizola pifió feo y el equipo local, en la pésima y riesgosa cancha de Huracán Corientes, ganó por 1-0. ¿Dijimos caída al vacio? Bueno, ese fin de semana, el que Almeyda señaló como el peor, fue el que el equipo encontró con su mejor versión, el rival de toda la vida salió campeón. ¿Fácil? Jaaaaa, esa palabra y el camino de River por la segunda categoría del fútbol argentino no van de la mano. El carrito venía en picada y la Montaña Rusa Millonaria debía enfrentar, en el último partido del nefasto 2011 futbolístico, a Patronato. Se ganó 1-0. Cagando aceite. Jugando feo y con un gol producto de un rapto individual, esta vez de Carlos Sánchez. Así terminó el 2011. River peleando, codo a codo, palmo a palmo en la B Nacional. Sin poder sacar esa luz de ventaja que le correspondía por los jugadores que tenía y con los dos Superclásicos frente a Boca a la vuelta de la esquina. La montaña seguía su curso, descontrolada. A esta altura parecía el Monoriel de North Haverbrock que se instaló en Los Simpsons. Un tren alocado, sin frenos y con un conductor bastante poco eficiente. La segunda rueda, la que empezó mucho antes del partido ante Almirante, trajo consigo la llegada de Leonardo Ponzio –lo que significó que Aguirre, de los más regulares del equipo, debiera salir- y de David Sergio Trezeguet, que venía del Baniyas de una liga desconocida y casi sin ritmo de competencia. Las miradas inquisitorias no se hicieron esperar. Sin embargo, David consiguió hacer prevalecer su experiencia forjada en diez años en la Juventus de Italia y en ese delantero formidable que había sido Campeón del Mundo en Francia 1998 y Campeón de la Euro 2000. Ese fue el jugador que trajo River.

Claro, en aquel momento, pocos los sabían y muchos desconfiaban. El Verano 2012 trajo consigo volver a cruzarse con equipos de Primera, algo que también traería la Copa Argentina, torneo por el cual River ya había eliminado a Defensores de Belgrano. Se le ganó a Racing, se empató con Estudiantes. Los duelos ante Boca fueron otra cosa. No importa la “B”, no importa la “A”. En Chaco, primero y Mendoza, después chocaron River y Boca. Los de siempre. La banda roja contra la franja horizontal azul y oro. No había categorías, pero sí hubo diferencias. Boca, campeón del fútbol argentino, le hizo sentir a River el rigor. Le ganó ambos partidos y, en el primer de ellos, Alejandro Domínguez protagonizó una “termeada” digno de sus vaivenes emocionales. Todos las idas y venidas que River tuvo en el año convivieron en la figura del Chori. El jugador que más simbolizó el ser y el estar de River en la B. Con todo ese mar de fondo, River viajó a Casanova. Caravana –una de las tantas por la Ruta 3- ,conurbano profundo y a ver cara a cara a “las Marineritas” esa que los de River conocían sólo de ver en “TN Deportivo”. Empezó todo bárbaro, con un golazo de Cavenaghi. Pero la defensa volvió a sufrir un centro cruzado y empate. River culminó la primera rueda segundo, detrás de Instituto. A esta altura, los hinchas ya se habían desayunado que por más que Patronato o Desamparados no dijeran nada en la previa, o no asustaran, adentro de la cancha eran once contra once. Y River podía tener nombres a roletes, pero no tenía funcionamiento. Almeyda no encontraba el equipo. La defensa sufría ante cada centro cruzado y los rivales, como era de esperarse, se

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jugaban la piel. Es que River, con toda su humanidad arrastrada por la cancha, lejos de ese aura que le confiere ser el equipo más campeón de la Argentina, nunca dejó de ser tal. Jugando mal, sufriendo, habiendo sido derrotado más de una vez, para los rivales siempre era River. Instituto jugó mucho mejor, Central era sólido, Quilmes se venía con todo. Pero el único al que todos le querían ganar era River. Lógico. Esta debe haber sido una de las pocas cosas que se preanunciaron y se cumplieron. En la primera jornada de la segunda rueda, River venció a Chaca 2-0 en el Único de La Plata. Con goles en contra y con un golazo de Ocampos. Poco para rescatar. En la segunda jornada, en pleno verano y con un estadio a reventar –como en todos los partidos de la segunda rueda- River venció 3-0 y David Trezeguet hizo su primer gol en el Monumental. El tercero, con un cabezazo a lo maestro. Ahí, esa noche, el galo empezó a demostrar. Sumó otro en San Juan (River 4-1) y fue de lo más picante ante Quilmes (0-0), un viernes por la tarde. River seguía lejos de consolidarse, pero el buen

Zurdazo y final. Es el primero vs Almirante

nivel de Trezeguet y que el equipo avanzara en la Copa Argentina, ayudaban a pensar que, quizás, al final de cuentas, River iba a conseguir el ascenso fácil. No, no fue así. Siguió costando. Con Defensa y Justicia River encontró un equipo que, además de jugarle a muerte, le jugó bien. Fue un 3-3 vibrante en La Plata, con dos goles de David y uno de Ocampos. En la Sexta, ante Merlo, River reventó el Amalfitani. Roger Waters lo sacó de su estadio. Canje kilómetrico, horas de cola, puteadas, excusas laborales y de cualquier tipo para sacar el ticket. Fue 3-0, gracias a la puerta que abrió Trezeguet y por la que pasó toda la clase de Fernando Cavengahi. Ante Ferro, Trezeguet dibujo el mejor gol de todo el año de River en la B. Una vólea que únicamente pueden hacer los elegidos. River triunfó 3-0. Hubo una noche que volvieron todos los miedos fue también en Vélez. Fernando Lorefice anotó el gol con el que Atlanta, cómodo en la parte baja de la tabla, venció 1-0 a River y lo marginó de la punta. Le propinó la cuarta derrota y lo dejó, cara a cara, frente a frente, con todos los fantasmas. En ese momento, Almeyda tomó una decisión polémica: desarmar el tridente y sacar a Trezeguet, al que mandó a enfrentar a Quilmes, por la Copa Argentina. Apareció González primero –que la había gastado ante el Cervecero en la Copa Argentina- y Cavenaghi después para una victoria que templaba el ánimo. River estaba a 4 puntos del líder, Instituto de Córdoba y lo recibía en el Monumental. Fecha 30º del torneo. Aún quedaban 8 juegos. Pero era la final del Mundo. Si River ganaba se ponía a uno, si empataba seguía a cuatro y si perdía quedaba a siete, con la Gloria desfilando hacia el ascenso. Ganó. Jugó a lo River. Presionó en toda la cancha, César González la rompió, Cavenaghi se buscó con Trezeguet, el Chori lastimó. Los mediocampistas corrieron a todos. Los centrales lucieron concentrados ¡Hasta Vega salió a buscar los centros!. El Millo pisó a la Gloria en su casa. Le ganó 1-0 con gol de Treze y le pegó un hondazo que lo hizo bajarse del ascenso directo. ¿River se envalentonó? Seguro. Pero se olvidó de todo lo bueno hecho ante el equipo cordobés. Almeyda mantuvo su arriesgado 3-4-3, con

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el Tridente y el Maestrico y viajó a Mar Del Plata. Mereció ganarle a Aldosivi, pero una distracción garrafal en el fondo le arrebató los tres puntos a los 39 del Segundo tiempo. El DT entendió mal la situación y prefirió cambiar el esquema. Volvió al 4-4-2, sin Domínguez en cancha y River fue un espanto. No más grande que el que tenía enfrente. Así le ganó al Lobo Jujeño. Faltaba poco, pero a la vez faltaba tanto... River lucía una esquizofrenia propia de un equipo que no es tal. Que no está cómodo dónde está. Que se encuentra habitando un cuerpo extraño. Eso fue la BN para este equipo: un cuerpo extraño, una molestía mayúscula, que se agravó ante la inexperiencia del DT que no tiene muchos aciertos, pero sí varios errores. Ni hablar

Sin embargo, si hay algo que puede describir a este River en el torneo es que nunca, jamás, cuando pudo dar el zarpazo, el paso al frente, cuando tuvo que ponerse los huevos y sentenciar la cuestión, flaqueó. La pelea era palmo a palmo con Rosario Central y River dejó escapar dos puntos vitales contra Guillermo Brown justo antes de viajar a Rosario. Ese día, a Cavenaghi, el mismo Dios de hace unos cuantos meses atrás, le tiraron una botella. Histeria. Historia. Frustración. Todo condensado en un Monumental que no podía entender como River era un equipo tan verde y era capaz de complicarse la vida solito y sólo. La excursión a Rosario fue un manojo de nervios. Incidentes afuera, patadas adentro. Es-

LLANTO: Cavenaghi y Domínguez lloran. Misión Cumplida. de una CD ausente. Más preocupada por cerrarle las puertas a los socios de las asambleas que por como, esos mismos socios e hinchas, viajan al Interior a ver a River. En Tucumán, pudo haber sido otra noche de terror. Pero fue de júbilo. Empezó perdiendo muy rápido, lo empató con el Maestrico, penal que Treze cambió por gol, golazo del franco-argentino, el gol tonto que River regala cada partido y un golazo de Sánchez:. 4-2 en Tucumán, como para creer en el despegue definitivo. En paralelo el equipo ya estaba en semis de la Copa Argentina tras eliminar a San Lorenzo 2-0 y se ilusionaba con ganar el torneo.

caso fútbol y un empate que seguía dejando a River en la misma línea que los cordobeses y debajo de Central. En el medio había parate y había semis de Copa ante Racing. Almeyda demostró el miedo que lo invadía, ante un ascenso que se negaba y se mostraba esquivo y llevó un equipo alternativo a jugar contra los titulares de la Academia. Fue 0-0 en los ’90 y, a lo River, eliminación en penales. Era Boca Unidos, ascender o morir. ¡Lo que se sufrió! River este año, además desarrolló una extraña capacidad, para nada elogiosa. El equipo entraba tan pasado de vueltas a la cancha que recién lograba desatar el nudo de

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los partidos en el segundo tiempo, con el trámite bien avanzado y con sus hinchas en un estado de nervios extremo, precisando una sola chispa para encender la hoguera. Bueno, ante Boca Unidos, en River, esa chispa se encendió. Daniel Vega tapó el gol correntino y la gente estalló. Parecía que se venía un lío padre, pero Lucas Ocampos lo desactivó con su gol. El empate de Boca Unidos dejó al Monumental sumido en un silencio similar al que causó el gol de Guillermo Farré el 26J. Apareció Funes Mori, tras una enorme jugada de Trezeguet, y, con un remate furioso, que pareció llevar consigo toda la bronca contenida en el estadio, reventó al red. Goooooool. Golazo. 2-1 a los 43ST. Esa noche tuvo sabor de ascenso. Quizás a fin de cuentas, el gol de Funes Mori, fue el del ascenso. Peor antes hubo que volver a sufrir. River generó no menos de seis chances claras de gol para arruinar a Patronato, pero se fue al vestuario 0-1. Como si en el entretiempo les hubiese “reseteado” la memoria, River jugó un segundo período espantoso. Sin embargo, lo agarraron a Roger y el árbitro, Lunati, cobró el penal. David lo quería patear, pero tomó la pelota el Chori. Remate furioso al medio del arco. A asegurar. En el 90% de los casos es gol. Bueno, esa tarde no. Bértoli. Sebastián Bértoli, de profesión arquero, de sentimiento hincha de River, le detuvo el penal al 10. River se ahogaba en una angustia sin igual. Había ganado Instituto y Central tenía la gran chance. Yo no sé si los dioses son de River. Varias veces me permití dudarlo, sobre todo porque todas las monedas y los palos caen del lado azul y oro. Pero en las últimas dos fechas de la B Nacional se puso la banda roja. Aquel domingo gris y lluvioso, River no dependía de si mismo. Precisaba un milagro: Que el humilde Chacarita venza a un Rosario Central que tenía todo para empezar a ensayar la vuelta Olímpica. Ereros. Ese fue el héroe. Un doblete suyo hundió a Central en los mismos nervios y dudas que transitaba River. A la montaña rusa le quedaba un tramito más…Y River ya estaba esperando la caída. Y llegó el 23J. Tres días antes que se cumpla un año del trágico descenso. Misma tarde de sol. Estadio no completo por que la “Popular” fue clausurada. Nada de eso importaba. Jugaba Instituto, Central y Quilmes. Pero importaba lo que hiciera River. Si River ganaba, final de la pe-

sadilla. El primer tiempo se escurrió como River siempre supo hacerlo en su estadio: preso de los nervios, histérico, impreciso y por momentos parsimonioso. Así, el 0-0 no sorprendió a nadie. En la segunda mitad, River se pareció a River. Al menos desde la actitud. A los 4’, Ponzio y Ramiro Funes Mori pelearon una pelota. La bajó David Trezeguet, como él sabe hacerlo, el otro Funes Mori- En clamoroso offside-, devolvió las gentilezas. David de nuevo. Derechazo. Golazo. Estalló en mil pedazos el estadio. River le pegaba una patada en la zona baja a esta pesadilla y se iba haciendo a la idea de volver. Encima, como dijimos, el de arriba se puso la banda: perdió Central, Ferro goleó a Instituto y Quilmes, el que peor llegaba en la previa, conseguía su boleto. ¿Y River? River estaba a 5’ del objetivo, cuando le cometieron penal a Martín Aguirre. Treze lo tomó, repiqueteó y lo erró. ¿Seguir sufriendo? Claro que sí. Sin embargo, a los 43’, un pelotazo de González Pírez encontró un excelente movimiento de Rogelio, centro al corazón del área y el “7” mágico de River, David, la hundió en el arco. Ahora sí, el descenso, la promoción, los fantasmas, los miedos, el cagazo, la mochila. Todo. Todo se iba al mismísimo infierno. A la mierda. A la puta que lo parió. River 2- Almirante Brown 0. Después del gol de David quedó tiempo para el llanto: De Cavenaghi, del Chori, desconsolado de Almeyda, un tipo que quizás no estuvo a la altura, pero que puso la cara y las pocas armas con las que contó –desde su capacidad- al servicio de River. Llantos acá, llantos allá. Esta vez de alegría. River, el más campeón de la Argentina, por fin podía bajar la cruz que soportó 363 días. Esa que le significó una B Nacional tan apasionante como complicada. Cada partido un escalón que se subió con sangre, sudor y lágrimas. Nada le fue sencillo a este River. Por eso ese desahogo tan grande como el estadio. River se fue a la B el 26J. Ese día murió Se le puso el respirador artificial y, cuando parecía que aún así el paciente se moría, de pronto –como decían las remeras- se dio la resurrección. El muerte se levantó, cargó su cruz y, finalmente, resucito. Sí señores, River vuelve. River resurge de sus cenizas. River, otra vez, está en primera. La casa está en orden.

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TREZEGUET

LA PASIÓN DE DAVID

Fue mirado de reojo cuando llegó. Sin embargo, a fuerza de goles y jerarquía europea se convirtió en el pilar de River en la segunda rueda y, a la postre, uno de los jugadores más importantes de la campaña. Ni una declaración fuera de lugar y una categoría a la que la B Nacional le quedó ínfima. El mejor delantero del fútbol argentino: David Sergio Trezeguet. ¡Chapeau! Por Matías Navarro García//@Mati_navarro

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n zurdazo suyo puso la casa en orden. David Sergio Trezeguet llegó con más cuestionamientos que certezas por parte del hincha de River. A pesar del enorme curriculum del franco-argentino, su pasado inmediato no preveía un presente como el que está viviendo, en el cual se transformó en la luz de esperanza de un equipo que estaba perdido. Nadie puede poner en duda lo que significa Trezeguet en el mundo del fútbol. Alcanza con repasar su palmarés para darse cuenta que, al obtener un Mundial, no es un jugador más. Así lo entiende el hincha de la Juventus, que lo idolatra, el de River que corea su nombre cada fin de semana, y así lo ven los jóvenes del plantel, como Ramiro Funes Mori o Daniel Alberto Villalva, que lo siguen e intentan aprender de él constantemente. Porque Trezeguet no solamente representa los 15 -3 por Copa Argentina- goles y los “5 puntos menos” que tendría River sin su presencia, como dijo, con buen tino, Ariel Ortega. Es, ni más ni menos, que el motivo principal de la levantada que tuvo el conjunto de Almeyda en la segunda etapa del campeonato, dentro de un equipo que nunca llegó a ser tal. *** rovocó cambios de esquema, de jugadores, todo para que se sienta cómodo y el equipo juegue para él. Incluso se lo puede ver a Cavenaghi en varios pasajes de los partidos pivoteando para que Trezeguet tenga su chance de gol. David comenzó jugando pocos minutos, con esa idea que tenía Matías Almeyda de llevarlo de a

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JERARQUÍA. Trezeguet es un distinto.

poco. Las primeras “probaditas” de su talento fueron en el Verano, contra Racing. Jugando la Copa Argentina, contra Sportivo Belgrano, David se ganó la titularidad: No la largó más. Bueno sí, ante Huracán -ganó el Millo 2-0- arrancó en el banco.

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Para colmo, le dio otra opción a Almeyda en un puesto donde solamente aparecía el irregular Rogelio Funes Mori, que cerró el torneo de una manera fenomenal. Ahora, el “Melli” no tiene la presión de ser el único reemplazante natural de Fernando Cavenaghi y, los dividendos, empezaron a notarse, por ejemplo, contra Boca Unidos de corrientes. Los números de Treze impresionan: Tiene, ni más ni menos, a un goleador con 243 goles europeos en su haber como espejo para aprender e imitar. *** rezeguet es un ejemplo dentro y fuera de la cancha.Desde su llegada a Nuñez puso paños fríos con sus declaraciones, entendiendo la realidad que está viviendo River pero sabiendo que con trabajo y compromiso, puede lograrse el objetivo. Comprendiendo las reacciones del hincha, luego que Daniel Vega salvara el arco de River frente al equipo correntino. Trezeguet no dijo que “se sienten solos” como el Chori. Quizás lo piensa, pero el ex jugador de la Vecchia Signora eligió otro camino: Le pidió el hincha un último esfuerzo. Así reventó la cancha de Colón, frente a Patronato.

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Culto, medido y criterioso a la hora de hablar. Goleador y asistidor. Idolatrado por compañeros y respetado por los rivales.

Un técnico dentro y fuera de la cancha. Terminó de agigantar sus figuras porque fueron dos goles suyos, y no de otros, los que le dieron a River el 2-0 frente a La Fragata que lo depositó un Primera.Uno con toda la clase, el otro con toda la simpleza. Ambas virtudes conviven en él. David Trezeguet es uno de esos jugadores que necesita el fútbol argentino para volver a ser de primer nivel y uno de los sostenes en los que River se apoyó para volver a Primera. Qué nadie lo dude.

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MATÍAS ALMEYDA

La última tentación de Jesús

Por Franco Predazzi// @PredazziFranco

M

e confieso como uno de los que dudaban de cómo respondería la cabeza de Matías Almeyda ante semejante electroshock en continuado. El hombre, deprimido, se había retirado del fútbol. Relax, Showbol y a jugar en el equipo de veteranos de River. Le ofrecieron volver. Sonaba a locura, a un intento desesperado por inyectarle al equipo algo de enjundia. Y tuvo su segundo debut, a los 35 años. Mostró nivel, espíritu, entereza durante dos temporadas. También deslices, como esa tribuneada en la Bombonera mostrándole su camiseta a La 12 después de ser expulsado o la infantil quinta amarilla en la primera Promoción frente a Belgrano que lo dejaba afuera de la revancha. Finalmente, después de tanto esfuerzo, no logró liderar a un River deshilachado hacia la salvación. El descenso a la B Nacional no tenía vuelta atrás. Y envuelto en lágrimas, en una madrugada, nueve horas después de que la inimaginable pesadilla se hiciera realidad, el Pelado atendía el llamado de Daniel Passarella y aceptaba guardar los botines para convertirse en director técnico en el peor momento de la historia del club. Yo dudaba. ¿Quién no dudaba? Almeyda no dudaba.

“No aceptar hubiese sido de cobarde. Soy consciente de que agarro un fierro caliente, pero ninguno de los ídolos del club, ésos que ahora salen como opinólogos, quisieron dirigir al equipo cuando las cosas estaban mal”. Y Jesús, hoy, es el salvador de River. El que pidió por los regresos de Cavenaghi y el Chori Domínguez, y se bancó la venta de Lamela y las idas de Carrizo y Pavone, la huída generalizada de futbolistas que nada querían saber con jugar en la B Nacional. El que le cerró las puertas a Ortega, a quien le ofreció un lugar en su cuerpo técnico para espiar a los rivales y escuchó un “¿me estás cargando?” de parte del jujeño. El que se rió cuando algunos medios intentaron imponer la idea de que, para asegurar el regreso a Primera, River iba a necesitar de futbolistas con probada experiencia en la categoría como ¡Bazán Vera! “Lo que se necesita para ascender es jugar bien al fútbol, respetar la línea histórica del club”, respondía Almeyda. El que, en su debut como técnico, vivió su primera (y, tal vez, única) sensación de alivio al confirmarse que River no iba a arrancar su pesadilla en la B Nacional con un descuento de puntos (¿se imaginan cómo sería esta historia si hubiera pasado lo que debía pasar?) debido a los incidentes que se habían producido en la

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Promoción contra Belgrano. El que cedió su complejo (Buenos Aires Football) para que el plantel se entrene y que nunca recibió ni reclamó el pago prometido por dicho alquiler. El que apostó por Cirigliano, Ocampos, Ramiro Funes Mori y González Pirez. El que dudó, tal vez demasiado, entre Chichizola y Daniel Vega. El que pidió experiencia en el rE-

que no se inmutó porque siempre tuvo en claro que el objetivo era volver a Primera. El que sólo en un partido, en el infartante 2-1 frente a Boca Unidos, en el Monumental, consiguió que sus futbolistas entendieran qué demonios significaba “cerrar un partido”. El que hizo un posgrado en su primer año como técnico. El que prometió raparse esa larga melena si de-

ceso, porque supo que la presión en el final del torneo sería infinitamente mayor a la del inicio, y no dudó en aceptar las llegadas de dos tipos de probado carácter como Ponzio y Trezeguet cuando el mundo futbolero le gritaba que River necesitaba defensores. El que se aferró al 4-4-2 hasta que el tridente lo empujó a hacer añicos ese sistema que se pretendía equilibrado pero que se volvía vetusto ante la otra opción, la de juntar a Cavenaghi, el Chori y Trezeguet para infundar temor en sus rivales en la segunda mitad del campeonato. El que no se casó con Cavenaghi y el Chori. El que jamás logró armar un River que se recitara de memoria. El que siempre, siempre, hizo modificaciones con intenciones ofensivas durante los partidos. El que fue criticado por poner suplentes frente a Racing en la semifinal de la Copa Argentina pero

volvía a River “al lugar en el que siempre debió estar”. El que “tiene unas pelotas así de grandes” según Luciana García Pena, su mujer, ex modelo y madre de sus tres hijas. El que ya no es dibujado por una de sus nenas como un león triste. Aunque esas lágrimas pueden confundir. Ese llanto, ese rostro ajado, esa emoción que no logra contener cuando Trezeguet mete el 2-0 frente a Almirante Brown, ese abrazo con Gabriel Amato en el que expulsa más de un año de angustias y padecimientos, es de alegría, de desahogo, es la certeza del deber cumplido. Ese león ahora ruge. Matías Almeyda es Jesús. La cruz siempre estará, el histórico descenso jamás será borrado, la tinta es indeleble. Pero él tuvo su redención.

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EL AÑO EN IMÁGENES

SANGRE, SUDOR

corazón u s r e c e r vino a of o t i r o T l E HI. CAVENAG

Cavegol grita el de Funes Unidos. ¿El Gol del ascen

David volea. La jerarquía del francés maravilló a todos: compañeros e hinchas. 14// ROCK ‘N BALL// River Vuelve//Especial// Junio2012

Funes Mo el festejo contra Alm


R Y LÁGRIMAS

Descontrol Superclásico: Chori y su roja vs Boca.

s Mori vs Boca nso?

ori y Treze, en de los goles mirante Brown

TREZE GOL EN TUCUMÁN

DESAHOGO. Maidana y Aguirre se abrazan. ¡De Primera! 15// ROCK ‘N BALL// River Vuelve//Especial// Junio2012


ALEJANDRO “CHORI” DOMINGUEZ

EN DEUDA CON SU JUEGO Por Leandro Buonsante// @BuonsanteLean

Q

ué año el del Chori… ¿Bueno? ¿Malo? ¿Regular? La última opción es la más cercana a la realidad. Porque Alejandro Domínguez no tuvo el nivel que esperaba. Y muchas veces se destacó más por lo que generó adentro de la cancha que fuera de ella. Que peleas con Caruso, que picantes declaraciones, que un entredicho con Cavenaghi en pleno campo de juego, que el supuesto egoísmo con Trezeguet… Para la gente lejos estuvo de transformarse en un indiscutido. Pero el hincha de River, que hoy festeja una barrida como si fuera un gol, le destaca más al Chori su gesto de pegar la vuelta. Son pocos los que se detienen a analizar qué gravitante fue el 10 en el verde césped. Nunca en 38 fechas fue tapa del diario por su juego. Sí lo fue por los casos citados en el primer párrafo. O lo fue por su problema de salud, que el mismo se encargó de blanquear, en un gesto de ese sinceramiento que tuvo a la hora de abrir la boca. Porque hay que decirlo: así como muchas veces se prendió fuego a lo bonzo con sus dichos, tuvo el coraje suficiente para confesar sus ataques de pánicos. “Me molestó que trascendiera, pero creo que así ayudo a mucha gente”, dijo después de la polémica pero bien chequeada portada de MUY. Domínguez no fue consistente. Algunas perlitas lo distinguieron, sobre todo cuando Almeyda entendió –tarde- que el Chori era más gravitante jugando cerca del área. Y así le metió un centrazo en la cabeza a Trezeguet contra los jujeños. O realizó un slalom a pura gambeta en Tucumán para decirle a David “tomá y hácelo”. El DT lo desperdició como enganche. El ex Quilmes no es 10. Fue un invento que duró demasiado. Perdido al lado de Cirigliano, de Ponzio o del que jugase en el medio, el Chori se cansó de perder pelotas y de generar contragolpes para los rivales. Tuvo un correcto 2010. Jugando de delantero, donde puede pesar su gambeta, su pase, su remate, formó una buena dupla con Cavenaghi. Con el arribo de Trezeguet, Almeyda comprendió que era complicado dejar a uno afuera. Y el famoso tridente terminó perjudicando al Chori. Tanto, que entre él y el francés se turnaron el banco cuando el Pelado decidió volver al 4-4-2 que mejores dividendos le dio. También jugó su partido afuera. Con cuestiones valiosas, como exigir la modernización del vestuario de Ezeiza. Le dieron el gusto y el día de mañana eso será

aprovechado por los grandes y por los pibes. Con actos solidarios, yendo a visitar a chicos enfermos a diferentes hospitales de la provincia. Con mucho protagonismo en los medios. Cuántas veces dijo en un año que “hay gente de River que quiere que nos vaya mal”. Lo bueno que hubiera sido que contará quiénes y porqué tenía ese nefasto para un grupo sufrido. El 10 fue uno de los que, como se dice en jerga futbolera, manejó el vestuario. Con Almeyda como técnico/jugador, el Chori se nucleó a Cavenaghi para enfilar a los pibes. Los arribos de Ponzio y Trezeguet fueron clave para poner más orden. Se irá de River. Con la gloria por el ascenso. Con la satisfacción del deber cumplido. Con la certeza que el regreso valió la pena. Porque la gente lo ovacionó y él colaboró para volver a Primera. Pero con la pena de no para que los dirigentes se nerlo. Lo perdió ahí, donde de las palabras ya están de

haber hecho más mueran por retemás importa, donmás: en la cancha

EN DEUDA. El Chori quiere revancha. ¿se quedará?

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AL HINCHA

EL GRITO MUDO

Por Iván Sandler//@SandlerIvan

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ijail Bajtín es quizás quien mejor trabajó la cuestión de la cultura popular en la Edad Media. Uno de los elementos principales en los que hace hincapié el autor es en la idea del carnaval: una festividad en la que se hacía presente una dualidad del mundo, donde primaba la ambivalencia. La risa que mata y renace. La unión de lo alto y lo bajo. Y más de uno dirá “¿qué tiene que ver esto con el ascenso de River?”. El desahogo post-ascenso podría definirse como un grito mudo. Una energía que recorre el cuerpo, que asoma por los poros, ante un pensamiento que indica que no hay nada que festejar. El llanto brotó a carcajadas en las caras serias de los hinchas. El rey festejaba su coronación como bufón y lo premiaban con una corona de espinas. Hace tiempo que River es una institución que se autodestruye y que renace. Hasta ha logrado asesinar al ave fénix y hacer que su alma vague por el limbo. La noche sin sueño se apoderó de los corazones y el insomnio fue feroz. Y los personajes de esta historia fueron capaces de generar las más contradictorias sensaciones. Porque River ganó por sus jugadores, a pesar de su equipo, y los hinchas lo notamos. Porque los héroes del retorno son amadamente discutidos. Porque el DT campeón no estuvo a la altura de las circunstancias. Como hinchas, nos acostumbramos a lavarnos la cara en el barro. Cuando disfrutábamos de los mejores asados, desde afuera nos querían convencer de las cualidades nutritivas del pasto. Y nos largamos al pastizal como vacas con 10 años de ayuno. Y hasta nos vanagloriamos de ser los que más pasto comimos. Mientras que la parrilla, llena y calentita, se la quedaron otros. A partir de ahí, el vacío. Y no me refiero al corte de carne que comieron en la vereda de enfrente. Se trata de esa sensación de extrañeza, de orgullo herido, de pozo sin fondo. Un año en el que la máxima sensación posible era la tranquilidad. De ahí para abajo, la tristeza, la desesperación, el temor. El final no fue más que una confirmación de las sospechas obvias. Aunque luchemos en la búsqueda de una palabra que se amolde a la situación (se habló de festejo, celebración, satisfacción, etc), la contradicción y las sensaciones encontradas se apoderan de nosotros. Como reza la canción: “Mezcla de sonrisa gris, llanto feliz y dolor”. El renacimiento no hace más que confirmarnos y recordarnos la muerte que atravesamos. Acá nos encontramos, ante una nueva posibilidad. Cuando los procesos que llevaron a está situación no son analizados en sus causas y orígenes, cuando el cómo es nuevamente pisoteado en todos los estamentos de la institución; la palabra resurrección perderá su capacidad de significar. O aún peor, nos generará un dolor más profundo del que ya sentimos. En este momento, la imagen del zurdazo de Trezeguet se nos ofrece como el final de una telenovela en la que el millonario convertido en mendigo recupera el amor de su amada y parte de su fortuna. Lo que los programas televisivos nunca muestran es el día a día, la convivencia conflictiva, los calzones en el piso y los platos sin lavar. Hoy es necesario, como hinchas, pensar nosotros la resurrección. Que esa energía que no pudo materializarse como grito, se ponga al servicio de River. Para volver a ser, para volver a vivir el carnaval, pero no esa ambivalencia de la que hablaba Bajtin que existía en la edad media. Para viajar en el tiempo, para volver a vivir con la receta del siglo XX, el siglo del “Dale campeón” a viva voz.

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FERNANDO CAVENAGHI

TORO PASSA

Se reconcilió con Passarella para regresar en el peor momento de la historia de River. Metió 19 goles, pero no logró digerir que Trezeguet se llevara los flashes. ¿Y ahora? Si sigue, debe entender que se puede ser ídolo sin ser líder… Por Franco Predazzi// @FrancoPredazzi

S

in Fernando Cavenaghi, River no habría ascendido. Sin el Chori Domínguez, tampoco. Pero, indudablemente, River no habría regresado a Primera sin David Trezeguet. Cuando el temple tambaleaba, cuando la presión asfixiaba, cuando la segunda mitad del campeonato se tornaba una maraña de nervios, cuando los hinchas bramaban a los cinco minutos de cualquier partido por una pelota perdida, fue Trezeguet el que con toques de un fuori clase y goles decisivos guió a ese rejunte de buenas voluntades que en cada encuentro se mostraba al borde de la locura. Cavenaghi fue vencido por sus celos. Él había vuelto para ser el héroe y no quería que el muchachito de la película fuera otro. Seguramente, ahora haya entendido que no importa en qué lugar se aparece en la foto del regreso a Primera: lo importante era que esa foto existiera. Seguramente, ahora entienda que ciertas actitudes adentro de la cancha pusieron en peligro el objetivo. Seguramente, ahora entenderá que se puede ser ídolo sin ser líder. Aclarado esto, hay que decir que nada de lo anterior borra, opaca o minimiza la actitud valiente de hacer todo lo que estuvo a su alcance para regresar al club en el peor momento de su historia. Hasta se tragó el destrato y el ninguneo de Passarella, quien quería hacerle pagar a Néstor Sívori (representante del Torito)PURO AMOR. Cavenaghi pidió ven y ayudiscusiones del pasado, como cuando el em-

dó a ascender a River. ¿Se va?

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presario cebó a Germán Lux para que declarara que “no puede ser que me vaya de River por culpa de un hincha de Boca” en la época en la que el Kaiser era el técnico del arquero. Un 2 de julio, en una cena entre Cavenaghi, Sívori y Passarella en la casa del actual presidente del club, quedó todo alisado para el regreso del Torito. El propio futbolista viajó primero a Porto Alegre para rescindir el préstamo que todavía lo unía al Inter y luego voló hacia Francia, para lograr que el Burdeos le otorgara el pase. Lo logró, pero a cambio debió resignar un millón y medio de euros. Ningún vueltito, eh. Su prestación en el primer semestre de River en la B Nacional fue realmente alta: 13 goles en 18 partidos. En los 20 encuentros siguientes (hay que recordar que la última fecha de la primera rueda, ante Almirante Brown, se jugó este año) gritó solo 6 goles, etapa que, causalmente y no casualmente, coincidió con la llegada de Trezeguet. Pero al analizar los festejos del Torito en esta temporada asoman datos significativos. Solo faltó a un encuentro: el 2-0 ante Gimnasia La Plata, en la fecha 7. Los 19 goles los repartió en 12 partidos, pero los picos alucinantes que tuvo con los 4 goles en el 4-1 a Gimnasia en Jujuy o los 3 en el 7-1 contra Atlanta no deben tapar la otra mirada: Cavenaghi se retiró en ¡25! partidos de la cancha sin convertir. Jamás logró convertir en más de dos fechas consecutivas y apenas festejó un gol propio (ante Brown de Puerto Madryn) en los últimos 9 encuentros de la B Nacional. Los números, así tirados, suenan condenatorios. No debería ser tan así. La mirada es más profunda. Cavenaghi es más un gran definidor que un gran delantero. ¿Se entiende? Con la pelota dominada o buscando un espacio en el área para recibirla, es diferente a muchos. Pero a esta altura de su carrera, le cuesta quitarse a un rival (ni hablar dos) de encima, como hacía hace una década. Entonces, ante rivales que se atrincheraban, la posibilidad de quedar cara a cara con el arquero disminuían. Al repasar sus goles, puede observarse que en la mayoría de los casos dependía de un pase filtrado (ante Central) o de un rival que iba perdiendo y dejaba espacios atrás (los dos últimos goles del 3-0 a Deportivo Merlo y del 4-1 a Brown en Madryn, el segundo del 2-0 a Huracán) para hacer lo que mejor hace: definir frente al arquero con pelota

dominada. ¿Cómo sentenciar, después de su obsesión por volver cuando todos querían huir, de esa entrega, de ese llanto emocionado del final, que su continuidad en River no sería positiva? Imposible. Los próximos días serán carne de cañón para los programas deportivos: que renueva, que no, que le compran el pase… El Torito ya dejó en clara su postura: “Me quiero retirar en River”. Se lo ganó. Pero, si se permiten los peros, debe comprender que reclamar que Passarella le compre el pase como sucedió en pleno receso veraniego solamente provoca molestias. Se entiende que lo haya hecho impulsado por su subconsciente, que observaba el arribo pomposo de Trezeguet como un potencial enemigo para su continuidad en el club donde debutó en Primera. Okey. Pero, sobre todo, debe ser plenamente consciente del lugar que ocupará. Porque la idea de que Cavenaghi no le pasaba la pelota

TORAZO

- 19 goles en 37 partidos - 13 goles en el último semestre de 2011 - 6 goles en el primer semestre de 2012 - No convirtió goles en 25 de los 37 partidos que jugó a Trezeguet no fue una alucinación trasnochada de algún periodista malintencionado, sino una muestra demasiado obvia de la incomodidad que le provocaba sentir que el enemigo estaba en casa. Pero todo pasa. Si tuvo semejante gesto para regresar a River, bien puede aclarar los tantos con su ego, darle un fuerte apretón de manos a Trezeguet y comenzar a transitar juntos, y en armonía, un camino que puede ser el de la refundación.

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Por Javier H. Garcia// @javierhgarcia

Nacido para defender a River”. Con esa consigna, Daniel Alberto Passarella se convirtió en el sucesor de la gestión más funesta de la historia de River, la de José María Aguilar. Ocho años que edificaron uno de los defalcos más importantes que recuerdo el fútbol argentino. River se quebró. No se pudo fundir, porque es uno de los gigantes de la Argentina, pero lució quebrado. El campeonato del 2008 con Diego Pablo Simeone maquilló una pobreza futbolística alarmante que se concretó en el Apertura de ese mismo año. River salió último, con 14 puntos. Ese día, sin saberlo, firmó su descenso.

JJ arrancó de la mejor manera: 1-0 a Boca en un Monumental repleto, con gol de uno de los refuerzos: Jonathan Maidana, ex Xeneize. Era todo redondo, River podía salir. Ese campeonato terminó con 1-4 ante Lanús, en el Sur, con doblete de Mariano Pavone y un Lamela encendido. Todo hacía creer que River iba a sortear la promoción, pero no fue así. Passarella se dedicó al papel glasé, dijo y dijo, pero poco hizo. Subestimó la amenaza de la Promoción, se comió el chamuyo que River, el gigante River, no podía descender. Trajo sólo a Bordagaray y a jugar mi amor…

Daniel Passarella no recibió una herencia liviana. “River es un club en coma cuatro” fue una de las primeras palabras que salió de su boca. El tema es que este doctor no sólo que no supo qué remedio administrarle al paciente, sino que hubo mala praxis y River, la tarde del 26 de Junio de 2011 entró en coma. Un estado que recién abandonó con el ascenso consumado. Mucho tuvo que ver Aguilar. Mucho tuvo que ver Passarella. Mucho tuvo que ver ese asesino silencioso, el que firmaba todo pero nadie sabía nada: Mario Israel.

Un River que contaba con Lamela, un sacrificado Pavone, un prometedor Pereyra y la figura de Matías Almeyda como emblema, capeó bien el temporal hasta la fecha 13, cuando Godoy Cruz se impuso 2-1 en el Monumental. El primer tiempo de aquel partido era 1-0 para el Millo y era punta. Fue 1-2, derrota y quedar al borde de la Promoción. Sí, ciclotimia en estado puro. La misma que venía de adentro de la cancha.

Daniel Passarella, quien primero, aún DT, dijo “basta de jugadores falopa”, se reforzó sólo con Fabián Bordagaray, suplentón en San Lorenzo, a las puertas del campeonato en que River se jugaría la vida. Antes, apenas asumido, había jurado mantener a Leonardo Astrada, lo echó. Contrató a Cappa, se fue el DT luego de un 0-1 con All Boys. En aquel momento, mientras River seguía, solito, poniéndose la soga al cuello, confió en Juan José López. Eran épocas del “no estén cagados”, en una de las pocas conferencias que dio para todo público.

Después llegó el clásico con Boca y la hecatombe. River cayó 2-0 con dos goles insólitos, dignos de un equipo que pelea por mantener la categoría. Boca hundió al Millo en Promoción con un arbitraje muy malo de Patricio Losteau, designado por la AFA horas antes, luego que el designado Héctor Baldassi quedara fuera de carrera por una “apendicitis” de la que nunca se supo nada. Losteau no cobró, al menos, dos claros penales para River. Lo peor, eso sí, vino después. En esa semana, Daniel Passarella cometió su segundo enorme error en seis meses. Fue a patear la puerta de AFA. Creyó el Kaiser que por ser doblemente campeón del mundo podría ir y decirle a El

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Jefe en la cara que se tenía que ir. No, no y no, diría Irma Jusid, el recordado personaje de “Todo x 2 pesos”. Para colmo, mientras Passarella le decía al mundo que River no iba a dejar que la AFA lo pisoteé, Juan José López sufría de un miedo pocas veces visto. Se hizo carne en ese River aquella historia del “puntito inteligente” y el Millo se fue hundiendo. Mientras Quilmes subía a lo loco, Olimpo agotaba esfuerzos y Tigre se peleaba con todos, River temía. Así se empató con San Lorenzo, Olimpo, Colón, Estudiantes y se perdió con Lanús. Así llegó la Promoción. Así empezó el fin de River tal como lo conocemos. El 26 de Junio, River se fue a la “B”. Passarella, en cambio, siguió en su cargo. Es más, bravuconeó a los cuatro vientos “Me van a tener que sacar con los pies para adelante”. De aquella frase a cerrar las reuniones extraordinarias de CD, hablar muy poco y elegido con la prensa e ignorar las necesidades del socio de River hubo un paso. Este año, River sufrió el calvario de la “B” y, no conforme con ello, sufrió los canjes de tickets por decisiones del Gobierno de la Ciudad y del propio River, sufrió la imbecilidad del personal de la Comisaría 51º, encargada de la (in)seguridad en River- Pregunten por Gonzalo Saucedo, sino- y además a un equipo que no tuvo brújula en muchas partes del torneo.

La dirigencia hizo oídos sordos a varios reclamos. No supo que responder a otros. Y se jactó de ganar un campeonato económico que, en rigor de verdad, viene perdiendo por goleada. En el medio de todo eso hubo un equipo que le salió a poner el pecho de verdad a la situación. Mal o bien, pero estuvo. El presidente, por ejemplo, no estuvo casi nunca en la cancha. Claro, ni siquiera había viajado a Córdoba por la Promoción. La joda no terminó, solamente cambiaron los que joden. El cuadro empeora cuando, el día del ascenso, los mismos que ni pintaron en las jodidas de verdad, al menos al lado de los jugadores, llenan el palco y gritan los goles como aquel que hizo esfuerzos cuasi inhumanos para obtener su entrada para el partido. Mucho menos habla bien de ellos cuando se cuelgan la medalla del éxito, por la que poco hicieron para conseguir. Queda claro. River anda a la deriva. Ahora asomó la cabeza. Se llenó los pulmones de aire y vive de nuevo. Ojo, no está ni cerca de la tierra firme. Sigue aferrado a un pedazo de madera en medio de un mar de corrupción, ineptitud y dejadez. River volvió a la “A”, sí. Pero está lejos de ser un club de Primera. Eso no arregla con un mero ascenso, el ascenso debe ser institucional y, en ese torneo, River sigue en descenso directo, todavía lejos, incluso, de la Promo.

CULPABLES: José María Aguilar y Daniel Passarella. Presidentes del período más nefasto de la historia

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NO FUE DE CASUALIDAD LA CONTRA// ROCK ‘N BALL// River Vuelve//Especial// Junio2012


River Vuelve: Especial.