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—No sé si se lo ha comunicado mi secretaria, pero voy a cenar con una señorita. —Efectivamente, señor Cros —dijo el metre evitando su mirada—. Pero me temo que… —¿Dónde está? —le interrumpió crispado—. ¿Puede comprobar si se trata de alguna confusión y me espera en otra sala? —Lo siento, señor Cros. Le aseguro que en nuestro hotel no caben las confusiones — dijo el metre, esta vez mirándole directamente—. Teníamos instrucciones de que vendría la señorita Martín, pero aún no ha llegado. Hemos comprobado en los tres restaurantes del hotel, por si se ha equivocado, pero no, no hay nadie con ese nombre. Lo siento. —Me gustaría que fuera a comprobarlo otra vez —le dijo Cristian, tajante—. Y tráigame un aperitivo, una tónica con limón, gracias. —Como desee —le dijo el metre, y salió con una sonrisa dibujada en el rostro. Cristian estaba furioso, no le había gustado nada la irónica sonrisa del metre. A pesar de todo, decidió calmarse y esperar. Seguro que se trataba de una confusión y que Minerva lo estaba esperando en otro reservado. Unos minutos después, un camarero entró apresurado con el aperitivo y le comunicó con pesar que habían registrado, además de los restaurantes, las cafeterías existentes, pero la señorita Martín no había llegado. —¿Necesita algo más? —preguntó el camarero con educación. No, de momento Cristian no necesitaba nada más. Bueno, sí, una cosa: ¡Matarla! En cuanto se quedó solo en el reservado tomó su teléfono y decidió llamarla. ¿Estaba en su derecho de llamar a miss Minerva y pedirle explicaciones? ¡Claro que lo estaba! Al fin y al cabo, si él había viajado desde Valencia había sido porque ella le había confirmado que vendría. Aquello era inaudito. Por primera vez en su vida, Cristian Cros vivía «un plantón» en sus propias carnes. Al tercer tono, ella contestó de manera despreocupada. —Hola, soy Cristian. —No dijo nada más, esperando la reacción de ella. Un silencio incómodo se instauró, así que tuvo que continuar—: Cristian Cros. Teníamos una cita a las ocho en el Hilton. ¿Te ha pasado algo? —No, estoy bien —contestó ella en tono tranquilo—. Pero no me tomé en serio la cita. —No te has tomado en serio la cita —repitió él como un robot—. ¿Se puede saber por qué?

Mister 7 nadia noor  
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