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La enfermera dejó de mirar la pantalla del ordenador y le contestó con interés: —Claro, dígame cómo se llama y verifico si está. Como sabrá, los residentes tienen un horario muy variable. Marcos aguantó un segundo la respiración y dijo con aplomo: —Claro, se llama Minerva Martín. —¿Minerva Martín? —repitió incrédula la enfermera—. ¿La madre del hijo del futbolista? —Sí —contestó Marcos, intentando parecer despreocupado y sin dar más detalles—. La misma. Hace días que no consigo dar con ella. —Ya no trabaja aquí —aclaró la enfermera—. Se marchó hace unos días. La mandaron para un intercambio de especialistas a Londres. —¿A Londres? —repitió Marcos, y disimulando añadió—: Qué extraño, no me ha dicho nada. ¿Para un tiempo en concreto? —No sabría decirle. Aunque la mayoría de los médicos que se van no regresan. Ya sabe, allí los sueldos son mucho más elevados que aquí. —Pero si llevaba muy poco tiempo aquí —insistió Marcos—. ¿Cómo es posible? —Pasó lo de ese futbolista y la chica estaba sola, agobiada, no podía salir ni entrar en el hospital; se ve que dormía mal y no comía bien. Además, se le murió una paciente a la que ella quería mucho y se derrumbó. Hasta la tuvieron que sedar para tranquilizarla —comentó la enfermera en tono confidencial. —¡Vaya, cuánto lo siento! —dijo Marcos, fingiendo estar apenado cuando en realidad estaba muy contento por haberse enterado de tantos detalles en un tiempo récord. Decidió forzar su suerte un poco más y dijo—: ¿Me puede dar su dirección en Londres? La mujer pareció darse cuenta de que había hablado de más y le contestó con otra pregunta: —¿No será usted periodista? —No, solo soy un buen amigo. —Pues si es así, llámela y pregúnteselo usted mismo —le indicó la enfermera, un poco molesta—. Yo no dispongo de esa información. Marcos finalizó la improvisada conversación, le dio las gracias a la enfermera y salió contento del hospital. Llamó a Cristian y le dijo que pasaría a verle. Este aceptó sin muchas ganas y, unos minutos más tarde, le abrió la puerta de su piso de Valencia con cara de pocos amigos. —¡Menuda cara tienes! —le regañó Marcos nada más entrar—. Últimamente pasas mucho tiempo en el piso. ¿Estás acompañado?

Mister 7 nadia noor  
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