Page 156

Después de perderle de vista se concentró en Júnior y no dio crédito a su buena suerte. Vio la oportunidad de aproximarse al niño cuando se hizo un parón en el terreno. Se acercó al lado de una verja lateral y le llamó. Júnior, al escuchar su voz, miró desconcertado a la grada, pero a la segunda llamada la vio y se acercó a la verja. No le podía abrazar ni tocar, estaban separados por unos barrotes de hierro, pero metió la mano entre ellos y Júnior se la agarró. A ella se le saltaban las lágrimas y a Júnior le temblaba la barbilla. —Júnior, tengo que irme una larga temporada y he venido a despedirme. Pero no puedo quedarme mucho tiempo; creo que a tu padre no le gustaría verme aquí —dijo Minerva, apretándole la mano. —¡Te vas por su culpa! —acusó el niño con un mohín. —No es eso, cariño, a veces los mayores tenemos problemas y nadie tiene la culpa. —Ella intentó controlar las emociones que la envolvían como alas imaginarias, se limpió las lágrimas que corrían por su desmejorada cara y continuó—: Prométeme que te cuidarás mucho. Más adelante seguro que podremos hablar por teléfono. El niño empezó también a llorar, alargó la mano y tocó la cara de Minerva. Ella introdujo de nuevo la mano entre los barrotes y, con dedos temblorosos, le limpió las lágrimas y dijo: —Te quiero mucho, no me olvides. El entrenador llamó a Júnior y se tuvieron que separar. El niño, antes de irse se giró hacia ella y le dijo: —Yo también te quiero, mamá. Y se fue, llevándose con él el corazón de Minerva.

Mister 7 nadia noor  
Mister 7 nadia noor  
Advertisement