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“El Manuscrito de las Constelaciones”

CAPITULO I

Robert Sandoval Martínez

CODIGO ISBN: 978-958-447133-8 www.doce-tribus.com Página 1


Dedicado a aquel que me proporcionó el tesoro más valioso: El saber de las estrellas. A la que me brindó la oportunidad de ser aquí y ahora: Por su incondicionalidad y amor. Y aquellos que poseen el más valioso de los dones: Saber escuchar.

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INTRODUCCIÓN. “EL MANUSCRITO DE LAS CONSTELACIONES” Esta historia de corte narrativa fantástica, compuesta en tres partes a modo de saga, relata las peripecias que unos personajes de los mundos internos, deben transitar, luego de descubrir desde su aldea, los mundos de la superficie en donde habitan esta raza de los hijos de los hombres, en donde cohabitan seis, de las antiguas tribus, que son totalmente influenciadas por una casta sacerdotal, que los tienen supeditados a su estructura gubernamental plagada de restricciones y de condicionamientos, para ejercer total control de sus funciones mentales y anular cualquier contacto con los conocimientos ancestrales, los cuales ellos extirpan y guardan con total recelo. El relato tiene su inicio, en los mundos internos, uno de los tres espacios en que se llevan a cabo las acciones de la complejidad de los personajes de esta narración. Los otros espacios, que componen el circulo de vida, son el mundo de la superficie y los mundos celestiales, en donde habitan personajes con alto grado de conocimientos de las historia del universo y que han evolucionado poniendo en práctica cada uno de estos. “Drhamy”, da inicio a la correría, encontrando un recoveco entre la maraña de cuevas que se abren espacio por sí mismas desde la aldea, hasta el portal que se ubica como punto de entrada hacia la superficie del mundo del océano de Madil. En dos ocasiones, en tiempos diferentes, descubre aquella raza que muchas veces ha sido nombrada por sus maestros, la que llama tanto su curiosidad y en una tercera ocasión, acompañado por uno de sus hermanitos llamado “Trhino”, se sumergen en la aventura para la que estaban destinados: reunir a los personajes del número mágico, para que con ayuda de estos, den cumplimiento a su destino, estipulado desde el inicio de los tiempos, desde el origen del universo, por el ser viviente todo poderoso que habita en “La Isla de Luz”. Insertándose por los caminos de la superficie que conducen a las zonas amuralladas en donde gobierna la casta sacerdotal, al mando del “Excell y este supeditado a su vez por las ordenes estipuladas por una raza que los hijos de los hombres jamás han visto y que habitan las zonas del suroccidente de estas tierras, van descubriendo la cotidianidad de los que pueblan este mundo, el que antes estaba ocupado por muchas tribus, las cuales vivían en armonía, hasta que fueron siendo sustraídas a otros espacios. Ahora solo seis de estas, han quedado en este espacio-tiempo y pronto se llevará a cabo la siguiente cosecha o arrebatamiento, pero esta casta de sacerdotes, no está dispuesta a dejarlos partir. Es dentro de estas murallas que logran encontrar la grandiosa biblioteca pontificia y allí mismo, el que se denomina “El manuscrito de las constelaciones”, con el cual se origina un movimiento de reacción en la conciencia de otros once personajes que habitan el mundo de los siete mares, para completar los trece del número mágico. Uno a uno, hasta distintas coordenadas de la superficie, las estrellas regentes que se posicionan en dicho manuscrito, van despertado la conciencia de estos personajes, para dar comienzo a la Página 3


primera de las innumerables batallas por las que tendrán que atravesar: La batalla en sus mundos internos, contra los enemigos oscuros que habitan en su mente y en su universo personal. “Sujad Iot-Deker”, un jovenzuelo, descendiente de la antigua genealogía que reinaba la tribu de Dan, es el primero en ser llamado y aprehendido, por los esbirros de la casta sacerdotal, asumiendo la condición de prisionero, en un sirio misterioso del mar de Hiram, en espera de que su destino sea definido por aquellos que le buscan sin conocerle. La estrella regente Aldebarán, realiza el despertar de conciencia de dos habitantes de la tierra de los pantanos de las Phescusas, el preboste de barba montaraz, “Rodaus Pegasus” y su antiguo subteniente de armería , “Ben-Hur”, inician su viaje hacia un destino indicado, sin conocer la razón de su misión. Estos mismos en su trajinar, buscaran hacerse a sus nobles armas mágicas, y en ese aventurar encontraran la sabia ayuda de los habitantes de los mundos menos densos. Desde la constelación de géminis, en dirección a las montañas de los nevados en donde se enclava un viejo monasterio, la estrella regente que se divide en dos, hace su llamado al monje de letras sabias, “Fray Vilhe Bartolomeus”, quien emprende camino hacia el monte de los genios, para allí, dar comienzo a su rigurosa batalla contra todas esas viejas tradiciones que han sido enclavadas en su mente durante toda su vida en las escuelas monásticas, en donde ha habitado desde muy mozo. Dura es la batalla y el premio será otorgado, si se vence a sí mismo, se le entregara su arma mágica de combate y tendrá compañía, la de aquellas criaturas que relatan los escritos antiguos, han sido extintas, pero en realidad viven escondidas en otros planos. La estrella que guió a los Gentamas, en su recorrido de trashumantes, hace su transito por los bosques de las acacias hasta posarse sobre una cabaña en donde habita “el viejo mago Philoh de Hegada”, quien domina las artes del “Sator”, las tres cartas mágicas que presagian los tiempos pasados, presentes y futuros, junto a su renacentista, ave Phenices y sus grandes conocimientos recopilados como recuperador de la biblioteca de Alejandría. Con su nuevo compañero el heredero de la espada de lapislázuli, trofeo real de la tribu de Ephraim, “el caballero Tauros Shomín”, inician su primera misión el rescate de un personaje muy joven el cual no conocen, pero que tendrán que liberar de una isla que nunca ha sido señalada en ningún plano y cuya única forma de acceder, es atravesando los nueve mundos infiernos. En coordenadas que se dirigen al rio Turbio, en los desiertos en donde se construyeron las grandes pirámides, una nueva estrella hace el llamado a la gran iniciada en los conocimientos ancestrales, “La Pharahomna Selah Tissagraman”, en compañía de su fiel servidor “Iefelp Tissmoses”, quien posee el heptágono de madera o la caja de los siete lenguajes, quienes comienzan la búsqueda y en ese recorrido los seres vivientes de los elementos de la naturaleza, les entregarán, si son dignos, las melodías germinadoras del universo, sus armas mágicas. Atravesando el mar de Hiram, hasta la región de la confederación de tribus pequeñas de Benjamín, al llamado, responden los descendientes de alta alcurnia genealógica, “el príncipe del maíz, Huamatil” y su general de más alto rango, “Taloh”, quienes comandando sus embarcaciones se dirigen en búsqueda de su más preciado tesoro, la Página 4


copa diamantina, hasta encontrarse con sus preciosos acompañantes, los gendarmes de las puertas entre los mundos y por causalidad de su destino, reuniéndose con la última de las elegidas, “la Princesa Tahilia, Hobuslah”, quien ha sido raptada y vendida en los territorios pontificios. El número completo, los trece escogidos, desde distintas coordenadas deben dirigirse, en batalla contra los ejércitos de la casta sacerdotal, en ruta hacia las ciudades refugio, donde les han de ser entregadas las coordenadas para arribar al punto donde les será revelada su verdadera misión: “El Templo Montaña”, en donde se encuentra resguardado en la sagrada arca, “El Pergamino de cobre”, el mismo nombre que asume la segunda parte de la saga, la gran continuación de la aventura que culmina con el tercer título, “Exterminio en las ciudades asilo”, las grandes batallas en las que deben contar con la ayuda de los habitantes de los mundos celestiales, para vencer las fuerzas oscuras que les quieren aniquilar. Aventuras, personajes místicos, mágicos y fenómenos de luz, color y sonido, con potencia de la energía de las estrellas, se unen en este recorrido, para proteger lo que queda de una raza, atravesando paisajes egregios y mundos fantásticos, nunca antes pronunciados por ser humano alguno. La lucha entre las fuerzas del bien y del mal, que todo ser viviente debe llevar a cabo para lograr sus máximos propósitos y un cumulo de relatos cortos que hacen de esta historia una travesía individual por nuestro propio interior, en búsqueda de argumentos que validen la existencia en un mundo físico, que no tiene disponible las respuestas más profundas que todos nos hemos elaborado en nuestro trajinar cotidiano. Eso es Doce Tribus, batallas dentro y fuera de nuestros mundos, luchas que se deben llevar a cabo sin las armas convencionales, la magia de las estrellas, es la fuerza que disipa la oscuridad, en nuestro recorrido hacia la Isla de Luz…

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CAPITULO I

-El que viene y el que va, trae la sortija, y la barca, y el carruaje y pronto estarán en altamar y la sorpresa será- Este es el verso que retumba desde los mundos perdidos, en el corazón de “Drhamy”, mientras se reanima de su estado meditativo, ya en las afueras de la ciudad amurallada. En uno de los puntos externos de los muros que cobijan la majestuosa biblioteca pontificia, los pequeños de ojos que se asemejan a las gemas más preciosas, detienen su andar en los territorios de los hijos de hombres de las zonas bajas, en donde esperan entrar en sintonia con su oráculo, quien les ayude a descifrar “El Manuscrito de Las Constelaciones”, que han podido tomar de entre los muros de los territorios de la casta sacerdotal: - El manuscrito, nos muestra trece constelaciones en su bobeda y en el plano se pueden apreciar, cada una con su respectivo nombre. –apunta desde una blanca loza “Trhino”, al mismo tiempo que la bóveda celeste se alza por sobre su finos cabellos. - Conozco la celeste eternidad de estrellas como mi constelación interna y en ninguna de ellas he visto situadas con tal disposición trece de estas y en tal desorden- comenta Drhamy, asombrado. En este pergamino se explayan las denominadas constelaciones del antiguo zodiaco: instalándose dentro del espacio cobrizo, al norte se estacionan, Piscis, Taurus, Virgo y Ophiuchus; al oriente, Gemini, Libra, Capricornius; al occidente, Aries, Leo y Acuarius y al sur, las constelaciones de Cáncer, Agus y Sagitarius. En la zona central de este pergamino se puede observar en un azul celestial la figura bidimensional de una estrella de cinco puntas en forma de hombre extendiendo sus extremidades y en estas mismas unos pequeños espacios circulares en los que cabría sólo una de aquellas pequeñas esferas que forman cada una de las constelaciones. En efecto el problema reside en colocar la constelación correspondiente en cada uno de los huecos oscuros, pero saber su correspondiente posición dentro del plano, es la encrucijada. -

!Entrando en comunion con mi amada, la de los sabios consejos, podremos descubrir las pistas que nos iluminen!- tomando la posición de flor de loto, entró en estado meditativo Drhamy.

Envuelta en una tenue bruma seráfica, “El Espíritu Viviente de La Sabiduría”, abrazó tiernamente la figura casi diluida del pequeño que esparcía una intensa energía vibratoria color purpura que al irse alejando de su contorno se degradaba hasta el tono más blanco níveo. - En cada conjunto de estrellas existe una regente, una madre uterina que ha engendrado el cúmulo de los astros que han de acompañarla por el resto de los tiempos en que han de esparcir su luz por el infinito. Busca la matriz de cada constelación y ubícala en su Página 6


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respectivo círculo, esta enviará la señal de despertar a cada uno de los seres vivientes que tienen la misión de dar comienzo a la búsqueda de las que están escondidas.- y en medio de un silbido encantador soltó una piedra de Zafiro, que fue a caer a los pies de Trhino. ¡El Zafiro! En el lenguaje de los antiguos habitantes de la montaña mística, el Zafiro significa “El que resplandece”- Especifico Trhino, mientras examinaba que en su parte posterior la gema, tenia impreso un símbolo en forma de bastos bilateral y la palabra “Hamot”. Ese es el nombre de la estrella regente de “la constelación de Aries”, la que da inicio al año cósmico, a la que los pueblos del oriente sacrificaban un cordero para dar apertura a la siembra fructífera, en primavera- especifica Drhamy, observando detenidamente el pergamino cobrizo.

Mirándose mutuamente estacionan sus diminutos y delicados dedos sobre la que representa la estrella regente, deslizándola titubeantes a la primera cuenca que va en la parte superior de la cabeza de la compleja figura. Inmediatamente un reflejo en forma de espiral avanza hacia los cielos recorriendo un vasto territorio hasta llegar a posarse sobre el firmamento, iluminando un espeso bosque de los contornos de la que en tiempos memoriales eran los predios de la tribu de Dan. Allí un agraciado jovenzuelo, descansa bajo la claridad de la luz de las estrellas, sumido en sus quimeras. Recuerda como en las regiones de alto comercio, un viejo beduino de ceguera sempiterna le auguró el encuentro con una fortuna, que ha sido reservada únicamente para los de su estirpe: - De generación en generación te han sido reservados los tesoros del reino de Sabá, los mismos de los que han probado sus mieles los herederos del reino de la tribu a cuyo tronco estás frágilmente aferrado. ¡Busca su brillo! El brillo de su magia te encontrará a ti, pero ten cuidado, mucho cuidado porque entre las sombras hay muchos que te conocen, te conocen antes de haber nacido y te tentaran para que no te anudes con las cuerdas de tu hilo de plata, a los seres con los que te corresponde compartir los últimos de los días. El amor es el fundamento de todo, pero el verdadero amor requiere sacrificio- Así habló el viejo desconocido, al que comienza a comprender la rueca de la existencia. Es en ese mismo instante, aquel jovenzuelo debe dar marcha fugaz, ante el ataque furibundo de un escuadrón de hombres armados con sables de curvatura angular y punta afilada, quienes lo acusan de hurtar sus bolsas de cuero de chivo, en las que por lo regular portan sus viandas y unas pocas monedas que son el reservorio de su estipendio oficial al cual tienen derecho aquellos que están regidos bajo el mando de los oficiales de las altas cortes. Corre como el gamo que escapa del león, a través de la gran cantidad de mercaderes, aquellos que atravesando grandes estepas y arriesgándose ante los ataques furtivos de las bandas de malandrines, logran posicionar sus tiendas con toda clase de géneros, distribuidos entre víveres y las más diversas piezas de joyería, telares u objetos fetiches que protegen contra la cantidad desbordante de dioses míticos que desplegaban su furia contra todo aquel que violara alguno de sus preceptos, destinando con tormentos infecciosos, dolores profundos o sufrimientos inmarcesibles, por sus faltas a la legislatura de la piedad. Página 7


Intrépido, logra esquivar entre la multitud de bienes y servicios, las mercancías más preciadas y más apetecidas de todo aquel tumulto de entidades, de mentes confusas y obcecadas por el comercio de la sensualidad: ¡Las vírgenes del mar de Hiram! Lindas doncellas que han sido presa de la compraventa entre los pueblos del otro lado de las costas del mar del Hiram, desde donde surgen la grandes leyendas acerca innumerables cantidades de embarcaciones que zozobran al aventurarse tras la búsqueda de los islotes en donde las mujeres angelicales pululan y en donde las gentes son tan pacificas que no existe ejercito quien defienda a estas beldades, de los bandoleros que logran aproximarse a sus costas y secuestrar los pulcros tesoros de la inocencia y la ternura. Trepitoso, ante la mirada inconsolable de la doncella que expuesta al tumulto, es ofrecida en venta y de la que todos fraudulentamente ambicionan ser poseedores, deseando entre intensas palpitaciones, adentrarse en la profundidad de su alma por intermedio de sus cristalinos ojos, entra en un estado perceptivo en el que ve correr su ser viviente hacia épocas antiguas, en donde junto a la de diáfanos ojos es atravesado por una espada, ante la promesa del encuentro más allá de las fronteras del tiempo. Sólo unos instantes duró ésta consagrada unificación de miradas, pues detrás de él sintió como unos fuertes manos lo asían por sus antebrazos y un golpe seco, hacia nublar su visión lentamente. Despertando pausadamente, evidencia cómo unos eslabones de metal han sido adheridos a cada en cada uno de sus brazos y semidesnudo de la cintura para abajo. Lo acompañan postrado una caterva de desconocidos, que tienen marcadas sus estructuras esqueléticas como mapa en altorrelieve y sus fisonomías demacradas en tal alto grado que sobresalen abundantemente sus concavidades oculares: - Buen hombre - articula con debilitada voz, al hombre que a su derecha ha corrido con su misma suerte- ¡decidme! ¿Qué lugar es este? ¿Qué delito tan atroz han cometido todos estos hombres para merecer tal suerte? - Eres muy joven para entender los intrincados vericuetos de las mentes de quienes gobiernan desde las tierras altas en el lejano occidente- respondió entre estertorios vocálicos el sujeto de decrepita figura. - He oído de aquellos hombres de occidente, ¿los conoces? ¿Los has visto? ¿Yo que he de ver con sus asuntos?-con desconcierto cuestiona el joven mozo. - ¿Cuál es tu nombre?- pregunta el hombre decrepito, observando al joven con penetrante mirada. Siente entre la penumbra, la entrada de un rayo de luz amarillento difuminado. Una figura corpulenta, de elevada estatura, ataviado con una gruesa túnica de un pardusco intenso que cubre desde sus tobillos hasta la parte frontal de su rostro, se inclina frente al joven, repasa cada una de las partes de su cuerpo, nombrando ciertos segmentos y apuntando en un angosto pero extenso volumen, en un lenguaje incognoscible para todos los oyentes, el resultado de su acentuada búsqueda:

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Tobillo: pez; Frente: siete dígitos; Pecho: Metrex; ¿tu nombre?-Intensificando su barítona modulación de voz, impreca con agresividad el sujeto al atemorizado inexperto. ¡Suu...jad! mi señor- responde temblando su escaso cuerpo. ¡Completo! ¡Porqueriza! O te arranco las cuerdas vocales de un tajo -agredió, tomándolo del cuello, el fornido sujeto. Sujad Iot-Deker… así siempre me han llamado.

Aquel personaje retorna a su erecta posición lentamente, hasta plantarse en la profusa luz de la angosta entrada, allí susurra al oído unas pocas palabras con uno de los gendarmes, para luego evadirse con la misma discreción con que hizo su arribo. Tiempo después cuando entrado en un estado de decrepitud, ha perdido el sentido de lo que le rodea, se hacen presentes en su estancia, dos hermosas doncellas que se encargan de limpiarlo, acicalarlo y devolverle cierta apariencia blanquecina de su piel que este creía perdida. Ataviado con lujosas prendas de fina seda de los pueblos del oriente de la media luna, entre vistosos bordados celestes, que contrastan con el vibrante purpura de su capa y sus finos cabellos dorados, es conducido con tiernos cuidados a una de las estancias más frecuentadas por las altas dignidades eclesiásticas, políticas y sociales, que bajo ciertas condiciones se dirigen al gobernante de dicha tierra, representado bajo el título de rey o regente superior de las tierras de la serpentina de zafiro. Desde el transepto meridional una procesión conformada por el rey, tres representantes del alto clero y toda una corte de agregados se acercan al ábside de la nave central, ocupando según su condición de dominio gubernamental, cada cual, un puesto de diestra o siniestra. Únicamente los tres representantes del alto clero no ocupan un lugar, se posan en forma triangular rodeando al que por honor le corresponde ocupar el trono del monarca. Sujad, atónito, se acerca muy lentamente hacia el regente principal, quien con su dedo índice le señala el camino hacia él, mientras que los tres cenobitas con su mirada aferrada al muchacho siguen vigilantes cada uno de sus movimientos y gesticulaciones. - Sois bienvenido a la tierra de tu cimiente, este será de ahora y para siempre tu casa, la casa en donde reverdecerá tu nueva mente, serás uno de los nuestros de ahora y para siempre. –recitó con cierto orden y meticulosidad el rey, mientras posaba su endenque mirada sobre un volumen descuadernado, que sostenía uno de los clérigos con sus dos luengos brazos… Tiempo antes de dar con el manuscrito de las constelaciones, se dio inicio a la aventura desde los mundos internos de la tierra de los siete mares, en la hermosa aldea de los preciosos seres que la habitan. El comienzo: “Manantial de dicha, estaremos en la Isla, en los bosques en donde el trinar de los corazones y el trinar de las almas, convertidas en aves, traen colores balbuciantes y brillantes, que se pegan a los elementales como copos de nieve, alimentándose del amor tan grande que brota a borbotones. Pronto estaremos todos, en donde no pasan los días, no hay tiempo, la lluvia acaricia vuestros cuerpos, los mares no se rebotan, no hay marea alta, sólo música, sólo amor. Que hermoso es todo aquello, donde el amadísimo Padre”

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Así transcurre, entre cánticos sílficos, la vida en la iluminada aldea de los mundos internos, en la floreciente siempre viva “Kamarúm”, con sus diminutas casas, de corredores avivados por girasoles sempiternos que poblador alguno de la superficie ha de ver jamás. Tres manantiales egregios recorren la población, nacientes estos de las cascadas sagradas de fuego, de límpida agua, y de la de afluentes de luz, la energía vital de todo ser viviente. Estas recorren cada una de las finas viviendas de multiples colorines, que se apostan a lado y lado de aquel camino real que atraviesa la calzada principal, en donde jugueteando con “Los Perikis”, las aves de múltiples colores que una vez al año frecuentan la aldea y que señalan el comienzo de época de la abundancia y del comienzo de la cosecha, al recrear su vuelo por los aires esparciendo las chispas del renacimiento, Los Gnoms, alaban al hacedor desde el vació, danzando al ser viviente de los aires, sobre los diminutos puentecillos que se ligan de orilla a orilla de aquellos arroyuelos: -Yo soy Drhamy, yo soy Drhamy,- canturrea el nativo ser viviente de los mundos subterráneos. Él, tan jovial como sus doce hermanitos, que así se llaman uno a otro coloquialmente con ternura y fraternidad pura, es el estandarte de la alegría; sus largos cabellos rubios, copos de agua dorados y ensortijados, caen destellando diminutas lucecillas que se enriscan en su cuerpo cual efigies aladas que revolotean a través de su vestidura, una túnica tan sedosa que el viento al soplar la extiende por cada una de las partes de su figura y que asienta sobre sus zapatillas doradas enroscadas en su frontispicio con zigzagueantes campanillas doradas, las cuales son usadas como protección contra entes oscuros que quieran aproximarse a absorber la potencia de sus zonas solares. Sus cuerpos que parecen tan algo menos apretados en su materia que el de los seres de la superficie, dejanse ver flotar con cada movimiento. A éste, en su trasegar, le ha sido revelado por designio de ese ser al que llaman “El Padre de la Isla de Luz”, un vericueto atiborrado de trampas que conduce a los mundos de la superficie, el mundo de los hijos de los hombres, plagado este de “Los Daimons”, seres sin luz, sombras grises disformes y de intenso hedor pútrido de los antros subterráneos, depredadores gendarmes de los tesoros de la magna madre Ghea, que intentan impedir a toda costa que atraviese sus dominios. Meticulosamente, ha señalado el pasaje con pictogramas místicos púrpura, que únicamente pueden ser entendidos por aquellos que han acogido constantemente instrucción de los seres que jerárquicamente han ascendido en habilidades, los hermanos mayores. Estas formas, son las marcas que a encubierto entre las paredes rocosas que señalan los puntos cardinales hacia dónde dirigirse sin penetrar en los cercos fétidos. - Sotna, Sotna, Sotna,- es su grito de defensa cada vez que se aventura a explorar la superficie de la tierra. Deslizase intrépido entre las penumbras, con la llave del sol, elaborada en su laboratorio durante siete solsticios, y el mantra, aprendido por sabio de el séptimo sol, para abrir apresuradamente la elipse aguamarina que deja entrar al mundo de la superficie, en donde todo es apretado, es sólido y carece de la potencia vibratoria que establece la fluidez de las sustancias vivas. Un mundo se esparce ante sus ojos, dominado por los siete espíritus mórficos, en donde las diferentes razas se imprecan violentamente por el poderío y el dominio de los territorios altos, cuyas corrientes de agua pura y la caza de las aves del paraíso cada temporada aumenta, mientras que en las tierras bajas las enfermedades bacterianas merman a cada instante la población y la caza se hace casi milagrosa. Un sol de un amarillo ocre ha encandelillado sus brillantes ojos púrpura, esto lo hace tomar su tiempo para meditar lo que en tantas veces ha sido repetido y recitado en sus estudios a cerca de los peligros de los mundos del sol en poniente: - ¡Drhamy!, ¡Drhamy! ¿de qué mundo vienes?- Exclama su mentor.

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Las horas de instrucción diaria, unida a su polifacética habilidad en el pulimento de las piedras preciosas, han formado su gran interés por el conocimiento del mundo de la superficie y de sus habitantes. Vagabundea en su mente por lo que él presupone son los compañeros extraños de su mundo. Anhela conversar con esos seres, estar al tanto de sus dudas, resolver sus misterios, descubrir sus verdades más profundas y trasponer el velo de su propia impotencia y de sus cargas. Lentamente la nubosidad de su visión se despeja y da cuenta de aquel mundo opaco, en donde pululan las especies serpeantes y los voladores fétidos. Se ha posado sobre un gran sauce que ondea sus ramas con silbidos fuertes que producen melodiosas tonalidades. A lo lejos descubre una vieja vivienda de barro forjado y techos de fieltro. Escucha desde un sitio muy cercano, llantos y gritos de histeria en unas mujeres, que acorraladas por un jinete han de ser destrozadas por su espada de doble filo. Una figura infantil es encubierta entre todas con sus cuerpos. ¡Es el momento de actuar y así lo hace!, salta sobre la parte trasera de la montura del jinete y con el filo de uno de sus cristales transparentes encrestado en los muslos del animal, hace relinchar de dolor el equino opalino, que atormentado por el dolor galopa en dirección a las tierras altas del reino de los Hijos de Hombres. No ha sido visto por ninguno de los moradores y astutamente regresa a los linderos que se dirigen de retorno a su aldea serena…

Entretenidos y al mismo tiempo desconcertados Drhamy y Trhino, prosiguen en la meticulosa tarea de establecer las conexiones entre las constelaciones y una nueva cuenca abierta en la zona norte del pergamino. Un cumulo de resplandores se acopla en forma de la letra de un símbolo alfabético perdido que se asemeja a la testa de un toro: - En la región de los hombres de las runas, recuerdo- comenta Trhino- los sabios astrólogos señalaban el cielo, cuando estaban en combate en las extensas planicies, a “la estrella Aldebarán”, que se suponía irradiaba fuerza, audacia y valor a quien se pusiera bajo su cuidado. Raudamente, saltan con gran entusiasmo sobre el pergamino para ubicar la estrella Aldebarán de “la constelación del toro”, en la zona descendente de la región de Tauros. Inmediatamente un rayo de luz rojizo se levanta hacia el firmamento, como un lazo de amansar fieras indómitas, abarcando las dos cuerdas para luego avanzar en dirección norte, latitud 51° 17´ 88” al oeste, longitud 01° 82´61”: - Debéis daros por vencido, “Ben-Hur”, la ensenada negra es territorio de mi mesnadavocifera estruendosamente, el apelado preboste de barba montaraz, mientras combate con furia contra un hábil y escurridizo hombrecillo de corte primitiva. En la ensenada negra, territorio pantanoso, campo de sangrientas batallas entre los diferentes clanes de una misma genealogía de hijos de los hombres, se libra uno más de los combates entre el clan del temido “Rodaus Pegasus” y su antiguo subteniente de armería, por la posesión de la pequeña provincia de Phestoneg, sitio de resguardo de los asaltantes de los mares del norte, las tribus barbarás de los extensos “pantanos de las Phescusas”. Es en Phestoneng, en donde cuenta la leyenda se han enterrado enormes cantidades de tesoros, que los saqueadores de los mares ocultaban en esta pradera, pues según las narraciones antiguas, los habitantes veían continuamente estrellas celestes que rotaban Página 11


alrededor de este sitio y cuando esto ocurría los señores de las piedrecillas encriptados llevaban a cabo sus rituales y sacrificios humanos a los dioses de las estrellas que los vigilaban y enardecidos por su poca retribución, se llevaban algunos pobladores como condonación de su falta de devoción, a quienes los vigilan con firmeza desde los cielos. Enfilando todas sus baterías navieras, compiten palmo a palmo en velocidad, impulsados por la fuerza de sus remeros que hacen estremecer la solida superficie marítima, hasta encallar al mismo tiempo, cada uno y en la misma proporción de sus embarcaciones, en la lodosa zona pantanosa de las Phescusas. Atravesando en furibunda competencia los lideres de cada uno de los bandos arriban a la planicie seca, extenuados de sus continuos empujones, continuas jugadas sucias para evitar que uno u otro se apodere en primer lugar de las tierras secas y encuentre los tesoros por los que han luchado bravíamente durante muchas décadas cada uno de sus clanes; los dos hombres impulsan con fiereza sus cuerpos sobre la tierra seca al mismo tiempo, se ensartan en lucha bravía mano a mano y golpe con golpe, mientras que sus hombres encadenados en risotadas los observan como quienes ven dos chiquillos que disputan sus juguetes. Luego de varias escaramuzas, todos ellos intentos fallidos por definir quien se adentra a fondo en la pradera, acuerdan jugárselas a la suerte de los huesos del ave que vuela sin rumbo. Al tirar los diminutos huesos secos al piso, en posición circular cada uno de ellos, tal suerte recae sobre los superiores de los bandos, los cuales con arma en ristre se avecinan cautelosamente por entre la espesura de uno de los bosques tupidos de sombras. Del otro lado del espeso bosque de ébanos, sus ojos se sobresaltan al descubrir las antiguas ruinas a campo abierto de una antiquísima comunidad perdida en las centurias y de las cuales los hombres más veteranos de sus poblaciones describían ante la indiferencia de los neófitos rurales…

La segunda salida, se lleva a cabo en otro tiempo: El tiempo transcurre más lentamente en los mundos subterráneos. Han pasado sólo algunos días en la aldea y como es tradición el día veintiuno, del sexto mes del año, se celebra la fiesta de las Tab-hernas, en donde el Gnoms de más altos meritos tiene el honor de leer el libro de los seres vivientes, escrito por la primera genealogía creada en las estrellas. El convite se convierte en el centro de toda la acción, en donde todos ponen en común sus habilidades para preparar los deliciosos platillos de los días rituales; el primer platillo es el “Papalú”, elaborado en harina de granos de maíz, aplanada con una barra de cedro, sobre la cual esparcen verduras cosechadas en sus huertos y el queso de los C-havas, para luego introducirlos en sus hornos de barro reforzado con huesos molidos; “el Amole Festival”, es su segundo platillo, un cereal que tinturan de diferentes colores y que hace juego con el arco iris cóncavo que se extiende como un ojo que todo lo ve sobre su aldea de blancas moradas. Lo más esperado de la solemnidad, es el último de los eventos del día, el gran rito de los cuatro elementos, en donde cada uno de los Gnoms estrena su mejor prenda de vestir y gozosos bailan las cuatro danzas de los elementos, la danza de Thail-oc, la danza Shil-fo, la danza de las Salam-and y la de las piedras preciosas en honor a Ghea; seis y seis, cada turno de los danzantes. Drhamy, mientras baila con su preferida Lho-Lhi, murmura con intensidad y algo de incertidumbre: ¡Los Hijos de Los Hombres! ¡Los Hijos De Los Hombres!-

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Mientras trabajan y cantan, cantan y trabajan, principal ley del Padre de luz, mantener encendida la llama interna de sus corazones, que cambia de color con la intensidad emocional y las habilidades desarrolladas desde el trino de su ser alma-corazón-ser viviente, Drhamy escucha una dulce voz que titila en su reforzado sentido sonoro: - Sotna, Sotna, Sotna,- es de nuevo el grito de defensa que aparta de su presencia a los Daimons, que quieren interferir entre él y los seres de la superficie. El portal vuelve a expandirse, pero esta vez, aquí en la superficie, ha transcurrido largo tiempo desde su último ascenso. Queda atónito, ante la presencia de una virginal recolectora de hierbas de florecillas amarillas, muy usadas para elaborar tés que desempachan las tremendas comilonas de ternera que el jefe del hogar devora rutinariamente. La delgada, jovencita de cobrizos cabellos, finos y delgados, de ojos perlados y tez palidezca, no se percata de su presencia, se desplaza de aquí para allá entonando una antigua canción que anuncia la consumación del acto amoroso entre dos seres que aun no se conocen pero que el destino los tiene ligados por las eras de las eras. Este pequeñín, se introduce en la vivienda aledaña al paraje herbal, por la portezuela que da a la salida trasera y con furtiva habilidad recorre palmo a palmo, cada habitación. Un resonar monosílabo, de gravedad pasmosa y retumbar fatuo, hace rechinar forzosamente la puerta de la habitación mientras pregona: - ¡Esa bastarda tiene que ser devuelta a su parentela!La vieja rechoncha, de caminar cansino patético, vocifera entre sus labios imprecaciones de recelo contra la culpable de sus querellas: - ¡Ese Zhel-hota es el culpable de nuestras desgracias!Espantado, se dedica a oír la historia de aquella damita que siendo de una parentela extraña a los espécimen achanchados grotescos, mantiene encuentros con Dhovid, el jefe de la resistencia. Así fue como se enteró de sus encuentros furtivos, encuentros que se llevan a cabo a la luz de la luna, entre la espesura de red ensortijada de los viejos árboles de copas espesas y ramas ensortijadas, que se agrupan en un pequeño acantilado cerca de los arrecifes de Mhisnor. No es una buena noche para este encuentro, pues las tropas de “El Herodiano”, el general más implacable de los hijos de los hombres de las tierras altas, ronda por las afueras de sus murallas. Drhamy, con su agudeza sensorial escucha un grito angustioso, y siguiendo el rastro dejado desde la cómoda, de un hilo plateado, atraviesa la espesura de la llanura hasta el matorral del archipiélago donde descubre entre la penumbra un ejército montado, al comando del hombre de sombra espesa. Arrodillados, una pareja de jovenzuelos recitan con fervor versos aprendidos de algunos buenos ancianos, quienes se los hicieron retener de memoria para los momentos en que los enemigos de la vida acechan en el mundo físico. No hay suplicas, no se deja escapar el llanto, sólo miradas furtivas de ternura y desesperanza; un mismo brillo cerca de sus corazones los une en este tiempo, la llama de su fuego interior permanece encendida y la luz que esparcen sus ojos destella como estrellas furtivas en noche serena. No existe compasión en la mirada iracunda de sus atacantes, las risotadas despejan el sitio de toda especie desprevenida y muchas sombras grisáceas se enjutan sobre los hombros de los inmisericordes ajusticiadores. Dos espadas, ponen fin al encuentro, mientras en líneas de tres, los jinetes toman rumbo de regreso a las zonas altas con sus remanentes señales del trofeo: un viejo relicario y una daga de tres metales. No parece real lo que han observado sus diminutos ojos. El silencio y el llanto se apoderan de su alma y con una profunda congoja e incredulidad, regresa consternado al punto de entrada a su habitad natural.

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Nunca podrá borrar de su mente el momento en que aquellos brillos se desvanecieron y aquellos cuerpos palidecieron en certeza de un nuevo encuentro…

En la otra frontera de estos territorios, nuevamente las criaturas de los mundos menos densos, perseveran en su intento por articular el tercero de los movimientos constelatorios y descifrar su ubicación cartográfica dentro del manuscrito. En este preciso momento se enciende “la constelación de Gémini” con su cumulo de estrellas girando vertiginosamente dentro del espacio bidimensional del pergamino en forma de espiral de derecha a izquierda y de izquierda a derecha. Observan con detenimiento como dos de las estrellas que componen la constelación han abandonado sus orbitas para estacionarse en puntos fijos formando una recta perfectamente horizontal: - Drhamy, las columnas del templo. ¿recuerdas? el hombre más sabio las construyó en dirección de 60° nororiente- refirió Trhino con ánimo exaltado. - Claro y en medio de estas dos, se genera espontáneamente el sello del rey Asoshe, la estrella de los dos triángulos que apunta el uno hacia el norte y el otro al sur. - ¡Polai!- exclaman con júbilo al mismo tiempo. Ubicando la estrella Polai, en el centro de la tercera cuenca, que se dividía en dos en sus estemos laterales pertenecientes a la constelación de géminis; dos rayos, uno azul misterioso y otro plateado deslumbrante, se enroscan ascendiendo por los territorios montañosos del este de la cordillera de los nevados, hasta posarse en coordenadas 27º 98´80” norte, 86º92´52” Este, sobre un antiguo monasterio, en donde un grupo de monjes ataviados, con sus prendas diarias de oración y labor cotidiana, se esparcen por las diferentes estancias del centro litúrgico, cada cual concentrado superlativamente en llevar a cabo a la perfección su tarea encomendada. Algo extraño se observa entre sus ajuares, cada uno de ellos porta senda espada de material muy pesado, como medio de protección contra los continuos ataques llevados a cabo por grupos de bandoleros que se introducen clandestinamente en la fortificación, con la intención de robar los utensilios de plata y bronce usados en las ceremonias ordinarias y en los rituales frecuentes. En el extremo norte del levantamiento amurallado, en uno de los sótanos que a su vez hace de resguardo de una regia colección de volúmenes y pergaminos antiquísimos, un hombre de blanca tez, difuminada por la amplitud de sus cercos visuales, se postra sobre un portentoso mesón agobiado por su incapacidad de traducir un intrincado texto de la época en que gloriosas la tribus escapaban de los dominios de sus más encarnizados enemigos, quienes los privaron de la libertad por décadas continuas. El texto vetusto, señala las antiguas ruinas del monte de los genios, en donde se encuentra escondido el más grande de los tesoros en oro, plata y joyas preciosas, que ocultó El Rey Asoche, el rey más sabio y rico que la humanidad hubiese conocido, de los oriundos de la zona sureste, quienes con ejércitos armados hasta los dientes, buscaron y arrasaron poblaciones enteras con el interés de apoderarse de las riquezas de este y así financiar el coste de sus nuevos experimentos, sustentados en la creación de nuevas vidas de manera espontanea. - ¡La alineación contraria, al norte!- levantando su rostro muy lentamente, exhala. Página 14


Rápidamente, asciende por la escalera caracolina que da directamente al patio trasero del claustro, en donde se confunden sotanas de anchuras y alturas dispares, entre brillos de cabelleras despobladas y bruscas miradas. Todos juntos con extremada paciencia, abandonan sus labores para cercar aquella mirada estremecida por el descubrimiento que tantas horas de dura faena ha llevado finiquitar: - ¡El monte de los genios nos ha hecho su llamado! ¡Aquel, hermanos, que decida acompañarme conocerá junto a mí, las más extensas minas de metal dorado que la madre tierra hubiese parido en el continuo apretujar de su vientre! Durante nueve, días seis monjes recorren resguardados con portentosos ropajes las cimas nevadas de los montes en media luna. Durante este tiempo, han sufrido grandes eventualidades, pero aun les espera la última de ellas al adentrarse en la grieta de los susurros. Es aquí en donde pierden a “Solón”, un veterano de mil conventos, instructor sabio de música sacra quien dirigía la escuela de sonidos de uno de los claustros más reconocido de las tierras pontificias y el cual hubo de abandonar como consecuencia de la persecución en la que se vio envuelto a causa de su consabido interés por la investigación de las formulas geométricas y matemáticas que envuelven cada una de las notas musicales y su estructura conceptual, al ser compuesta en sonatas. Ya en las cercanías de la montaña de los genios, en un estado deplorable, observan acercarse, dos preciosos muchachos mellizos, varón y hembra, que calientan sus cuerpos friccionando su plexo solar, con su mirada perdida hacia los cielos. Así como llegaron desaparecen entre los telones de la tupida nevada. Ya repuestos y menguada la tormentosa lluvia de nieve, se enfilan uno a uno a escalar a mano limpia, sólo con la ayuda de sus cuerdas y sus picos, el monte de sus esperanzas. Jubilosos ante su logro, al arribo de las coordenadas descritas en el pergamino, 27° 51” latitud norte, 86° 43” longitud este, localizan una entrada majestuosa compuesta por dos fuertes columnas en espiral que se retuercen de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, soportando en su espacio central un vasto portalón de ciprés saturado de inscripciones concéntricas de procedencia desconocida para los cuatro monjes de escolta, menos para fray Vilhe Bartolomeus, quien estupefacto frente a la insigne puerta, balbucea: - “En el tiempo cero el sol estaba en Gémini, cuando se alineen los que son similares pero diferentes, se verá en su extensión la forma del gran sello”. Apartando en su centro las dos elevadas armazones, se internan en las entrañas de la que parece más un refugio de uno de los seres mitológicos de los que tanto ha escuchado nombrar en los escritos arcaicos de los escribas de las antiguas eras. En su recorrido interior, dan cuenta de un dúo de lamparones rojizos que zigzaguean entre las paredes de la gruta, desprendiendo en algunas ocasiones pequeños piezas de rocas calcáceas que ruedan expandiendo sus sonidos con enorme resonancia. Presas del temor, se dispersan por los interminables socavones sin conocimiento del rumbo a seguir. Sólo Bartolomeus no ha abandonado su punto de partida, con su antorcha encendida husmea entre los paredones cóncavos de gran altura. Observa como al dirigir la luminiscencia de su tea, hacia ciertas posiciones celestiales, se vislumbran ciertos destellos en agrupaciones. Con gran agilidad trepa una de las paredes irregulares por la Página 15


zona nororiental en donde uno de los reflejos se hace más fuerte en medio de dos más opacos pero no menos intenso. Al llegar a esta ubicación, se encuentra con una pequeña puerta de madera que abre al girarla de derecha a izquierda tres veces. Penetra este por su interior y tras un largo recorrido en posición cuadrúpeda da cuenta de una salida exterior. La luz de la claridad radiante lo comunica con un paraje extraño pero paradisiaco en el que observa con admiración una construcción majestuosa, en tanto que por sus laterales se deslizan dos figuras reptilescas de gran proporción que se apostan a lado y lado de las columnas frontispicias de la obra azulácea. Afrontando sus miedos, adelanta sus pasos muy cerca de la escalinata séxtuple e inmediatamente los seres reptilescos se escabullen por la parte trasera del monumento. Después de unos instantes, una pareja de infantes ataviados en túnicas plateadas aparecen por la parte frontal del monumento, esgrimiendo en sus rostros la lozanía de las reinas de la antigüedad, quienes bañaban sus rostros con las más finas esencias del valle de la tersura…

Una tercera salida, del pequeño Drhamy, en otro tiempo más adelante, se lleva a cabo desde la aldea de los mundos internos, esta vez en compañía de uno de sus hermanitos: En la aldea todo transcurre con armonía y alegría, el ingrediente principal de la existencia de los seres vivientes. Drhamy, siente algo de melancolía, eso es notado por sus hermanitos. El primero en expresárselo es el carismático galeno de la aldea, a quienes todos llaman “Trhino”, un hermoso espécimen de los Gnoms, de cabellos púrpura, tan largos como destellos del cielo, de ojos verde esmeralda. En este día viste su túnica preferida, la que durante muchas lunas tejió con los restantes de las esmeraldas que diariamente se encarga de pulir, convirtiéndolos en finos hilos que entrelazó con paciencia y constancia durante más de novecientas lunas. Siempre curioso del cosmos, transporta en su mochila un calidoscopio energético, con los que descubre en los órganos afectados, los puntos bajos de energía que posibilitan el origen de enfermedades: - Tu fuego sagrado no destella como en otras auroras- susurró a su oído, recibiendo como respuesta, una melancólica mirada y un tenue suspiro. Te he visto seguido deambular por el norte al extremo de la aldea- le arguyó con tono enigmático, el que cura con gentileza. Luego de tanto cuestionamiento y en medio de su propia incertidumbre, se decide a relatar, en secreto, sus peripecias por el mundo de la superficie, a su amigo. No cabe duda que la curiosidad inundó los pensamientos de aquel otro pequeñín y así dispusieron planear un nuevo acercamiento al mundo de la superficie en mutua compañía para la luna nueva del mes séptimo. Los rayos plateados de la hermana luna han cesado. Es el enuncio del comienzo de la nueva travesía. Dos figuras brillantes ataviadas de sus mochilas y varitas magnetizadas de los rayos del logos solar, elaboradas en el ritual de mitad de semana cósmica, son sus armas. Dispuestos a atravesar los laberintos subterráneos de los seres foscos, comienza la carrera entre los vericuetos de las entretejidas raíces hasta el portal elíptico de los mundos de la superficie. Ya afuera, el mundo ha vuelto a cambiar, ahora está casi desértico y la vieja casa de barro forjado y fieltro se encuentra en ruinas. Deambulan por los caminos de uno de los clanes de las tierras bajas, estas tierras están conformadas por tres grupos de parentelas en donde la sangre tribal juega un papel trascendental y que es cuidada con recelo de no ser contaminada con la de sus otros congéneres. Se acercan a una de las aldeas de los Ben-Iamhin, una fracción de raza de hijos de los hombres que se destaca por la juventud y belleza de sus habitantes. Página 16


Los curiosos Gnoms, se internan en la aldea de chozas levantadas en pentágonos, en donde la limpieza surte un efecto mágico de encantamiento. Descubren en una de estas, a un personaje muy frecuentado por cada uno de los grupos familiares, un jovencito casi adolescente, vestido con telas de copos de nieve tan refulgentes que su destello ciega los ojos de quienes se acercan a consultarle, teniendo que cotejarlo con ojos cerrados y corazón abierto. “Sharlom-eons”, es el nombre del joven sabio en quien se dice habita el espíritu de un antiguo rey sabedor de los más profundos misterios de la existencia de los habitantes del mundo de todas las eras, quien cerrando sus ojos descubre la presencia de estos sencillos individuos y les invita a su cercanía: - Vosotros, amigos, no temáis, pues vuestra presencia iluminadora será luz para los seres del mundo de la penumbra- Vuestra excelencia- acentuó Drhamy.- ¿sois vosotros el oráculo? - No soy eso que todos me acreditan ser. Cada instante del tiempo es malgastado por el hombre, esperando que surja entre los seres vivientes una criatura que tenga poderes sobrenaturales y les de cuentas de su destino, sin beber de su propia sabiduría y descubrir su propio oráculo interno. - ¿Vosotros lo conocéis?- replico Trhino. - Cerrad vuestros ojos y observad en vuestro interior. Cerca de vuestro corazón encontrareis una fina piedra de Onís redondeada y aplanada, en su centro, unas manecillas de metal dorado dan cuenta a vuestro corazón por medio de melodías, de lo que acontecerá. - Sí, mi señor, ya escucho una armonía muy suave y fina ante vuestra presencia- Aprobó Drhamy. - Ella, te anuncia las buenas nueva a vuestro corazón que las comunica a vuestra alma, por eso te sentís gozoso. Así trascurrió una eternidad en un instante ante la presencia del oráculo, los tiempos venideros se hicieron visibles en su interior, descubriendo momentos precarios de violencia y enfrentamientos crueles por estas tierras. El miedo los inundo y aquellos rostros inocentes palidecieron ante las visiones emergentes. - El temor es el verdugo del amor- les susurró el joven sabio. –Vosotros sois luz, vosotros venís a encender los corazones cenizos de esta raza. Seréis guías, traeréis en vuestras manos la ilusión perdida. Continuad vuestro camino. Pronto será nuestro rencuentro. De esta forma, continuaron su aventura, dirigiéndose por los peñascos del valle de Heb-sron hacia las tierras altas de la raza de los hijos de hombres. A lo lejos, escondiéndose entre los arbustos, saltando entre roca y roca un espécimen de diminuto pelaje rojizo degradado, afilados dientes y cola esponjada de tonalidad lunar, les sigue llamando su atención al querer entregarles una semilla: - Drhamy, a este animalito que nos ha seguido, algunas historias le llaman “Afín” y le han desprestigiado llamándole la chismosa de los mundos, pero en los textos de los vetustos guardianes de los tiempos la valoran como “la Profetiza de los tiempos”- así inquirió Trhino a Drhamy acerca de esta, mientras asciende y desciende de sus cuerpos con juguetón chirreo…

Entre tanto, Drhamy y Trhino, escrutan en el pergamino una nueva organización de cuerpos celestes, esta vez en una rara posición de alineamiento colectivo. En esta, sobresale la luminiscencia de un cuerpo celeste el cual acomodan en uno de los orificios que rigen “la constelación de Cáncer”, aquella estrella de la cual desconocen su nombre pero la que creen que ha sido la misma que ha guiado a “Los Gentamas”, la misma comunidad de errantes que recorren las tierras de los hijos de los hombres, con sus carretas, sus trajes festines y su valiosa Página 17


habilidad clarividente de interpretar los símbolos cabalísticos de un mazo de setenta y ocho cartas, que contienen en forma simbólica cifrada los conocimientos de la causalidad de los tiempos presentes, pasados y futuros, en sus movimientos cósmicos, así como de los recolectores del conocimiento universal que durante muchas épocas han resguardado estos, en su trasegar por los territorios más inhóspitos de la tierra plúmbea, “El mundo de los siete mares”. Esta vez, una figura en arco doble separado, recorre los cielos en un movimiento, de andar hacia atrás, en tono dorado que se esparce hacia las alturas girando lentamente, hasta quedar estacionado, formando una “Y”, creando un choque de fluidos caliente-frio, que se desplaza por extensas superficies de tierra sobre las murallas de los estados pontificios, atravesando de extremo a extremo el mar de Hiram, para abrirse paso hacia las montañas de los bosques de las acacias, a 38º89´50” Norte y 77º04´52” Oeste, en lo más recóndito de su espesura. Dentro de ésta solemne congragación de estampas aceitunescas, una armazón elaborada en madera, de forma rudimentaria, es sacudida violentamente por la fuerza de este fluido que la circunda de forma agresiva, haciendo disgregar algunas de sus uniones trabadas con rusticas piezas de metal forjado. En su interior, un longevo vidente, “Recuperador de la sabiduría atávica”, repasa algunos rollos que él y algunos de sus discípulos se agenciaron ante la enorme calamidad ocurrida en el incendio de la biblioteca más grande y mejor dotada de lotes escritos, por distintos autores, por diferentes pueblos, en distintas eras. El hombre, consternado ante la anomalía natural, se postra en tierra, recitando el antiguo mantra de dominio de los cuatro elementos, mientras por su mente se suceden uno a uno los momentos del pasado que lo ha llevado hasta aquel remoto paraje de las montañas de los bosques de las acacias: - “Tama”, muy pronto los cuatro planetas estarán alineados, debo partir- en el interior de la cámara de los sonetos, Philot de Hegada, le comunica a la matrona de Cortagua, el nuevo rumbo a donde lo llevará la misión conferida por los seres vivientes custodios de los conocimientos cósmicos en el momento en que los cuatro planetas, Venus, Marte, Júpiter y Saturno están alineados. - ¿En qué lugar te encontrarás con los otros recuperadores? – con ternura interrogó a su maestro, Tama. - La línea recta que forma la alineación nos llevara al sitio de encuentro, por ahora has los preparativos que voy a introducirme en la cámara de los vivientes, ¡no olvides mi bebida hermética!, pues voy a acondicionar mi obsequio, “el volumen de los antiguos aprendizajes”, para entregar al venido de nuevo como maestro de maestros. La profecía de su nacimiento en la pequeña aldea “la casa del pan”, es ya palabra cumplida. – sentencio Philot mientras, se tomaba la pócima y entraba en la cámara acondicionada para la práctica de la meditación. En este estado de regresión mental a etapas de su vida que parecían habían quedado camufladas por la espesura de los bosques de acacias, recupera otro espacio del tiempo ya vivido:

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A ti, “el nacido en la casa del pan”, me postro con gozo rebosante en mi corazón, te devuelvo lo que tú ya has construido en otro tiempo- susurra al oído Philot de Hegada a un jovencito de casi doce años de edad, en el interior del templo construido por el hombre más sabio que cuente la historia, a quienes sus padres consideran perdido.

Así transcurre largos momentos el anciano de larga cabellera, barba extendida por su ovalada tez, túnica grisácea tan clara que se confunde con el brillo que se desprende del cumulo de constelaciones entretejidas alrededor de aquel manto y turbante negruzco, acorde con la bondad que refleja en su mirada penetrante pero diáfana. Es una cascada de sabiduría, la que se esparce por las cuencas de sus ojos y sus manos tan conservadas como los del artista de la lira que compone melodías para los seres de los cielos, son largas y delicadas. - Ha llegado la hora. Los que son, se agrupan para la búsqueda. El jinete de la armadura gris y su sequito de valientes, se acercan.- pronuncia en voz baja, mientras recupera su erguida forma. Es así como por entre la espesa selva de acacias, un grupo conformado por seis hombres, recorren a todo galope las tierras altas, huyendo de uno de una de las legiones organizadas de los ejércitos pontificios. “El caballero Taurus Shomín”, es el comandante de este escuadrón, quienes van de seis en seis, recorriendo los caminos y las villas en donde sus adversarios, toman posesión, esclavizan y asesinan los habitantes de estas que no entran en su alianza. Tauros, como lo llama su contingente y el resto de los escuadrones, es un hábil espadachín, muy diestro en el combate cuerpo a cuerpo y experto jinete; este es dueño de un hermoso ejemplar equino inmaculado, que contrasta con tono azabache del resto de los equinos a su comando; su armadura gris se acopla perfectamente a sus fuertes pectorales y abdominales, un rasgo obligatorio en estos combatientes en donde la fuerza y la destreza, van unidas a la astucia en cada lid que constantemente enfrentan. Esta vez no combaten, pues son superados en número de diez a uno por las fuerzas del alto clero. Galopan buscando la protección de las tierras de los bosques de acacias, en donde los lobos se convierten en sus aliados ante la pavura de estos por enfrentarlos. Estos tampoco están protegidos, si la noche los arropa serán presas fáciles de los depredadores y aunque hayan huido de sus contrincantes, deben buscar refugio en alguna de las cavernas o pequeñas construcciones abandonadas. A lo lejos, divisan una tenue luz que se escabulle por un pequeño ventanal de algo difusamente parecido a una construcción habitada. Con sigilo penetran al interior de la morada, que no ofrece ningún obstáculo para su intromisión. Allí, dan cuenta de una pequeña caballeriza en la que encajan como anillo al dedo sus seis robustos ejemplares, asimismo se sorprenden al descubrir todo un equipamiento de posada distribuido en sextetos, incluido en ellos sus lechos elaborados en paja retorcida y entretejida en cuadrados perfectos muy resistentes y a la vez muy blandos para adormilarse sobre estos. Comúnmente la vigilancia se realiza por dúos pero esta vez debido al cansancio de la lucha y la larga y agitada travesía, la vigilancia se reduce a un solo hombre, con intercambios cotidianos. En el turno que corresponde con el líder del grupo, Tauros, los sonidos de los diferentes habitantes de la naturaleza menguan en reverencia a quien fue alguna vez el heredero de los dominios de la tribu de Ephraim y quien en generaciones antiguas fue despojado de sus derechos de sucesor, por quienes asumieron el Página 19


poder de las tierras más ricas y fértiles, en el mundo de los siete mares. En la penumbra de la noche aciaga, se escucha un rechinar muy tenue en la zona baja de la morada. Acuciado por la incertidumbre, el caballero Tauros, desciende por una escalinata con su espada en ristre, la misma que de generación en generación ha sido entregada en secreto ritual, al primogénito de cada secuela sanguínea. Dentro de la tapia frontal, recargada de una alacena repleta de frascos cuidadosamente enumerados y marcados con los nombres de distintas esencias y sustancias algo extrañas para el visitante, se oyen craqueteos consonánticos que alertan su guardia. Hábilmente logra descubrir el mecanismo de apertura del muro divisor, adentrándose con la sagacidad propia esta de su adiestramiento, observa una silueta deforme, que se acerca a su punto de observación; en este momento, enfila su espada en dirección del su laringe con la intención de desprender la ligación entre su conciencia y su corazón…

La travesía continua, ahora frente en la periferia de las barreras de los territorios dominados por la casta sacerdotal: A lo lejos divisaron una descomunal construcción que abarcaba periféricamente todo el espacio que sus ojos podían observar, una gran muralla de gran altura, con torres cada quinientos metros, elaborada esta en bloques macizos de piedras talladas rústicamente con incrustaciones de piedras trabadas en sus bases. Una caravana se acerca con pachorra. Una multitud de trashumantes de las tierras periféricas del oriente, se dirigen a las tierras altas con sus mercancías, casi todas ellas, una gran cantidad de utensilios y brebajes utilizados como productos de santería, magia negra y rituales para atraer la riqueza, devolver los seres queridos a su presencia y esencias, larvas y pócimas de plantas extrañas que activan la potencialidad sexual. Estas tierras, protegidas por las altas barreras de piedras irregulares, son gobernadas por “El Pontificex Maximus”, la suprema autoridad de las tres tribus, quien durante décadas ha dominado con su casta de sacerdotes las políticas estatales, la religión y la educación de los habitantes dispersos en ciudades en declive o pequeñas poblaciones, se perciben en un estado de decadencia moral y de costumbres, como nunca habíase visto. Es por esto mismo, que corrientemente las caravanas de hechiceros y farsantes de magia, dedican grandes esfuerzos a adentrarse a estas tierras, aunque las remuneraciones y los sobornos que deben entregar a la casta sacerdotal sean tan elevados que sus ingresos se ven múltiplemente reducidos. Aun así, viendo una gran cantidad de personajes de aspecto lúgubre, entre su desorden de aromas fétidos y de pululantes fragancias rancias y de ósculo procederes, se camuflan entre los carruajes, siguiendo la de plateado pelambre que se adelanta a sus decisiones. Afín, les señala con el movimiento de su hocico, la presencia de un hombre corpulento, de barba montaraz, a quien se le desorbitan los ojos hacia la zona izquierda cuando modula en tono fuerte y convencido: - ¡Supersticiosos!, ¡supersticiosos!- imprecando a los tres jovenzuelos que comparten la carreta con él. - ¡Al ignorante hay que arrancarle hasta los intestinos! palabras sabias de mi maestro. No es culpa nuestra que estos impertinentes piensen todo el tiempo que el origen de sus problemas provenga de causas externas a ellos. - Supersticiosos, Supersticiosos, esos llenan nuestras arcas- repite con estremecimiento. Mientras eso ocurre, lentamente atraviesan la única entrada a la región amurallada, dos portones de madera de fresno ligada por enormes tirajes de cuerdas de metal y un frontal liso que al quedar totalmente cerrado deja entrever la figuras de un antiguo demiurgo en alto relieve de quien se dice fuese el catequizador de lo que en otras remotas épocas eran una confederación de doce tribus unidas por un Página 20


mismo sentimiento y una mística y espiritualidad profunda, en donde los seres vivientes de otros planos continuamente tenían contacto natural, con sus habitantes, ejerciendo gran influencia en su desarrollo y sus procesos evolutivos. Todo aquello fue diluyéndose en el tiempo, ahora sólo quedan divisiones profundas y enfrentamientos belicosos desiguales, con grandes diferencias de poderío e intereses manejados por las castas sacerdotales quienes imperativamente roban los conocimientos legados por el demiurgo, conocimientos que reposan secretamente en algunos puntos enclaves de las tierras bajas. Dentro de las murallas una compleja red de caminos empedrados da cuenta del fuerte control y vigilancia que se ejerce sobre estos pobladores. Un ejército completo controla cada una de las transferencias, los comunicados, la instrucción familiar y cada intercambio de información que resulte de tipo sospechosa, para ser penalizada y juzgada por la corte de justicia del pontificado. La propiedad es arrendada por estas castas a los pobladores, cultivadores y artesanos a condición del pago oficial de un tributo que es saldado con trabajo sobre las tierras más fértiles y que tienen preponderancia ante cualquier calamidad o evento fortuito que pueda causar destrucción o daños de cualquier envergadura…

Apostados cómodamente bajo el cobijo de la sombra de un inmenso espécimen de Nogal, desenrollan nuevamente aquel pergamino que ha ocupado todo su tiempo y atención durante tres lunas consecutivas. Acaece todo aquello, en otros rumbos, sin que los pequeños vengan en conocimiento de lo que se está fraguando, aun así continúan con la tarea impuesta por el destino, el que aceptaron, recuerdan y no están dispuestos a alterar hasta que sean solicitados de nuevo por el Padre de la Isla de Luz. En un nuevo punto de coordenadas latitud 29° 97´53” N- longitud 31° 13´79” E del plano, ubican la estrella regente de “la constelación de Virgus”: - Llegó el condor amarillo, ahora si parirán las águilas. En la cueva estará el oso esperando, en la entrada, y vosotros iréis con vuestra luz sagrada– Pronuncia en tono sublime el gran maestre de la escuela iniciática del rio Turbio mientras unge en aceite de olivo a su ascendida “Pharahomna, Selah”, hija del bondadoso Rey Egipcio Tissagraman. Esto se sucede en uno de los lugares sagrados en donde los sacerdotes de las escuelas iniciáticas, han edificado templos de ascenso espiritual con forma piramidal. En este punto del globo terráqueo, se encuentra la hija del gran rey Tissagraman, recién ascendida en grado de evolución espiritual, tras muchos años de duelos consecutivos contra todos aquellos enemigos internos que pretenden adueñarse de su mente. Selah, la encantadora princesa, mujer hermosa como ninguna, agraciada en sus formas, en su intelecto y sobre todo, ducha en su aplicación al servicio de sus congéneres: - En noventa lunas, se llevará a cabo el primer encuentro. ¿Maestro, el camino se me ha anunciado en mis sueños? Pero, ¿cómo encuentro ese camino? –manifiesta la de sublime descendencia. - Ese debe ser tu descubrimiento. Avanza por la senda de las luces, ellas te indicaran el punto de encuentro. Tu, tienes en tu interior una de las llaves con la que se abre una gran puerta de aquellas que ya vivieron su éxodo, sólo junto a ellas las que todavía se encuentran atadas al mundo físico podrán emprender la lucha y el largo viaje.- enuncia

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el maestro, mientras desaparece por entre uno de los pasillos del gran salón, dejando a la joven en el total desamparo. Estando aun en un estado de incertidumbre, una puerta que deja escapar la luz del exterior es abierta. Con la desesperanza entre sus brazos y el temor propio de quien ha sido arrojado a las fauces de las fieras del mundo sin fuego interior, asciende los ciento cincuenta escalones que la catapultan a la tierra de las arenas infinitas. Con ilusión, allá afuera de su sitio de refugio, advierte la presencia de un individuo custodiando dos bestias del desierto, en solemne demostración de fatiga. - “Iefelp Tismoses”, ¡despierta! – con ternura agita a su fiel sirviente, ese mismo quien durante largo tiempo ha sido su gran confidente y quien es descendiente de los más afamados joyeros reales que hubiesen pisado las tierras del rio Turbio. - Ama, un anciano que cubría uno de sus ojos con un cuero tirado por sus dos extremos, dos lunas antes de la de ahora, me entregó esta figura de madera y me dio la orden, enviada por su majestad, que debía esperar fuera del templo de la esfinge con dos dromedarios de los desiertos y debía poner en vuestras manos los trozos de madera que resultaron en el momento que presionó el centro de esta forma heptagonal de maderadispuso el fiel sirviente, colocando sobre su frente “la diadema de flores de loto”, la creación artística más afamada de su descendencia y entregando en sus manos las siete piezas de madera encriptadas. Cada pieza de madera está marcada con un número, y una frase, que más que eso es un acertijo de los que alguna vez había intentado resolver de entre los escritos sagrados de la sabiduría ancestral. El primero de estos, señalado con el número uno, es entregado por Selah a su devoto sirviente entre temblores sempiternos: - Este está escrito en el lenguaje de los que se dicen habitaban en una antiquísima era, la denominada “Lemuria”: ¡Dónde estás Padre de los cielos, que mi corazón clama por ti!interpretando el texto, leyó Iefelp Tismoses. - Pasaron horas enteras discutiendo las infinitas posibilidades de respuesta, del también llamado acertijo, sin tener una clara posibilidad de sentencia correcta, hasta que en un arranque de desbordante alegría Iefelp, parecía tener la revelación a la indicación criptográfica: - ¡Corazain! ¡Corazain! Esa es la ciudad de la gran decápolis a donde debemos dirigirnos. Claro, mi ama, ¿Dónde?, El primer lugar donde hay que buscar respuestas es en el corazón. Así fue como emprendieron viaje, rebosantes de alegría y con cierto temor pues los caminos para dos solitarios viajeros, están atiborrados de pilluelos quienes asaltan a los desprevenidos, que osan recorrer estos en solitario…

Mimetizándose entre la muchedumbre con sus capas ocres, se enfilan por uno de los muchos caminos, quedando aturdidos ante la construcción imponente que se posa frente a sus tornasolados ojos. Una Página 22


fortaleza incrustada en la media falda de la montaña en forma de herradura, en la que están esculpidas la figuras de una trinidad de seres; El Phater, un gigante con sus dos brazos extendidos, su mirada fija hacia poniente, un mazo de poder en su mano izquierda y con su derecha sosteniendo la punta de su grueso y extendido manto. Hacia el oriente, un joven apuesto, deja sobresalir su semidesnudo cuerpo de un fondo marino, en sobresaliente postura de batalla, con un casco de penacho puntiagudo, sobre el cual esta remarcado una figura dragónica que se enrosca en sí misma contraria en dirección norte-oeste; de sus extremidades inferiores sumergidas se encuentran tres seres femeninos de estructura semiacuatica acariciando sus fornida musculatura y cubriendo con sus cabellos enredados sus partes intimas; así mismo en su costado izquierdo acomodado desde el antebrazo en ángulo de noventa grados, sostiene un escudo elíptico, este es el denominado “Philie” y hacia poniente, una figura celeste que recorre el espacio de forma circular deja caer sobre las raíces que el Phater expande sobre la tierra desértica de su derecha, bolas de fuego que nublan la región de las cuevas que emergen de las montañas, el protoespíritu, es su denominación. Los rostros de los pequeñuelos han sobrepasado por el mar de la angustia ante tamaña apreciación tremebunda, aunque ya dispuestos a esperar de estas tierras lo más ilógicamente personificado y pernicioso, vuelven a enfilarse a la primer población que ya deja escapar por los aires la humareda erigida cual ejercito de sombras fúnebres, con la más pasmosa algarabía ritualística en los fogones de sus centros mineros y de fundición, que son los oficios de los pobladores más cercanos a las murallas. Se adentran por una construcción de metal y madera, por donde corren continuamente pequeños vagones, unos con materia prima y otros vacíos o con residuos de los procesos metalúrgicos. Introduciéndose en uno de estos vagones, recorren los terrenos montañosos que por no saben ellos que fuerza mágica, escalan sin necesidad de ninguna fuerza motora. A lado del camino se aprecian zonas de cultivos altamente desarrollados, en donde las maquinarias de hidráulica y térmica, complementan eficientemente la mano de obra campesina. Acercándose lentamente se insertan por una enorme caverna dividida en una cantidad descomunal de niveles, en donde se fraguan los instrumentos bélicos, que adicionalmente al culto ritualística acrecientan en alto grado el poder socio militar de la casta sacerdotal. Estas armas no son únicamente para uso privativo de el ejercito sacerdotal, estas se convierten en uno de sus principales agregados económicos, producto que intercambian con las razas desconocidas del sur y sur oriente, razas que hijo de los hombres alguno recuerda haber visto, pero con la que tienen intereses comunes. Muchos de los hijos de los pobladores de cada tribu, desde corta edad son conducidos a centros de desarrollo de habilidades mentales, en donde es investigada su descendencia sanguínea y se estudia anatómicamente cada parte de su cuerpo, para descubrir algún tipo de deficiencia que los haga dignos candidatos a la expulsión de la zona amurallada en donde por lo general son entregados indefensos a las jaurías de lobos que rondan por los alrededores. Los que aprueban estos estudios, reciben instrucción personalizada y colectiva, por parte de la casta sacerdotal Luego de sus primeros años, ya en la edad de la adolescencia son entrenados en tácticas militares de guerra, en donde la exigencia física y táctica en combate es regularmente premiada o constantemente castigada, por efecto de incompetencia. Muchos de estos jóvenes caen presa de sobreesfuerzos físicos y descompensaciones producidas por la ausencia de transporte de ciertas sustancias proteínicas necesarias en el cuerpo de los jovenzuelos, que han sido bloqueadas para mejorar la resistencia y el uso de la más mínima reserva energética de cada célula muscular de todo el organismo. La entrega debe llevarse hasta las últimas consecuencias, ésta es la muerte por el emblema sacerdotal.

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Ante tal espectáculo, los sublimes Gnoms, repasan una a una las borlas de sus antiguos collares, ensartadas en grupos se diez, las cuales hacen parte de la antigua tradición, en donde mencionar el verdadero nombre de lo creado les brinda protección y los reviste de fuerza y energía de las estrellas. Como gacelas y por intermedio de vericuetos insondables, poco a poco y con gran fortuna logran encontrar la salida por entre la falda de la montaña y divisar la aldea de una de las poblaciones que habita cerca del complejo industrial. Sus sitios de refugio, en donde se resguardan y protegen de las inclemencias del tiempo, son construidos con materiales que encuentran en la zona, el detallado y la decoración se ausenta totalmente de sus construcciones. Todo se inserta en un mismo espacio brumoso. Allí, encuentran un grupo de pobladores todos ellos en edad madura, desarrapados y taciturnos que comparte con desinencia una presa dorada al fuego de una melancólica fogata, que ha sido durante varios días, el único manjar al que han podido acceder y del cual hacen pasar lentamente por sus papilas gustativas con emoción y algarabía. Una anciana bucólica, descubre su presencia emocionada. Conteniéndose de gritar suspira levantando su mirada al cielo, recitando los versos de una retahíla indefinible por su poca modulación y vocalización a causa de la perdida de la mayor parte de sus piezas dentales. - ¿Vosotros sois los mensajeros?-pregunta cautelosamente. - Mis ancestros contaban la vieja leyenda- solloza con la mirada perdida. La vieja leyenda contaba la historia de dos seres diminutos que vendrían de parte del criador del cielo y de la tierra, desde otros mundos más puros y limpios, en donde los conocimientos de lo real daban cierta claridad a los cuerpos físicos y así podían dominar los elementos de la naturaleza. Estos, traerían el fuego sagrado, que encendería los corazones de los habitantes de las tierras oprimidas, brindándoles la posibilidad de interactuar con los seres vivientes de otras esferas y liberarían sus cuerpos de la cárcel fatua en la que están apresados por causas de la cristalización de sus mentes. - -¡Entregadme el fuego!, yo lo guardare en un sitio seguro- Se transfiguró en su voz y su mirada la anciana. Una sombra grisácea se poso sobre su espalda apretando su pecho y estirándole sus desfigurados brazos…

Después de un corto receso para lograr recuperar energías, recuperan sus fuerzas e inmediatamente se enfilan nuevamente en búsqueda de la siguiente de las constelaciones que rápidamente giran alrededor de la figura pentagonal, la estrella de cinco puntas, la estrella flamígera. En un momento de aquellos, las luces se acomodan formando una estampa con forma de el animal que se representa como el rey y dominador de todas las fieras, un felino fuerte y robusto, que velocipidamente recorre la bóveda celeste como quien está resguardando su territorio. Así como en todas las ocasiones anteriores, sobresale sobre su ojo una luz que por su dominante brillo, se asemeja a una joya diamantina por intermedio de la cual los rayos de luz dividen cada uno de sus espectros, hasta formar un hermoso hilo de siete colores que viajan por el espacio en línea recta, ensanchándose como si quisieran abarcar todo el universo: - ¡El rey pequeño! Esa es la estrella “Régulus”, la que ha de abrir los caminos de la confederación tribal de los nuevos mundos, así está profetizado en el libro de los adoradores del maíz, las tribus que danzan, las que se bañan en oro para asemejarse al padre de los cielos- Argumentó Trhino.

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Los mares son su único obstáculo, pero ellos son sabios dominadores del mar de leva y de las tormentas- complementó Drhamy.

En el momento en que acomodan complacidos y vivamente entusiasmados la estrella Régulus, en las coordenadas 17º39´35” Norte, 89º63´45” oeste, se eleva sobre los cielos una luz blanquecina que al entrar en contacto con los cielos, se difumina en siete colores, uno a uno, recorren danzando los cielos, atravesando el mar de Hiram, hasta sostenerse sobre la proa de una embarcación diseñada en el más refinado y elástico material maderero extraído del pino. Estas embarcaciones de tamaño colosal, son desplazadas, tres en su totalidad, sobre los impasibles fluidos líquidos marinos, por treinta y tres remeros a cada lado de su casco, el cual está atravesado de proa a popa por la figura tallada de un dragón que posa su eximia testa sobre la parte delantera, en estado de vigilancia continua ante los permanentes siniestros que los regentes del mar decidan expedir contra quienes no hayan solicitado sus favores para navegar por su esencia condensada. Sus tres mástiles, erectos como finos robles, despliegan tres velas de múltiples colores que se confabulan con los seres sílficos del aire, los cuales las remontan a los más recónditos parajes de las aguas de los mares. En la embarcación que va indicando la trayectoria a seguir, toda esta recubierta de una capa dorada del brillante metal desgranado de la madre tierra, se posa impávido un corpulento mestizo, ataviado de una sola prenda de algodón de múltiples colores, cubriendo su pelvis. Sobresale en este, una diadema, tallada en forma de dragón cubriendo su frente, a la que han incorporado sendas plumas policromas, que divide en dos su fina cabellera cenicienta oscura, y que junto a un esplendido collar del metal dorado y brillantes gemas, se descuelga desde su occipucio hasta la media altura de sus cuadrados pectorales, haciendo juego con una gran cantidad de ornamentos que pululan en sus orejas, brazos y tobillos. “Huatamil”, es su nombre, un formidable guerrero descendiente de los vetustos pobladores de los territorios de las pirámides recortadas, de los cuales se narra en forma oral, cómo comúnmente se transmitía, desaparecieron intempestivamente abandonando sus egregios levantamientos. Este espécimen, comandante de la exploración, ha sido instruido desde su infancia en los saberes de los señores del maíz, los mismos que sustentaron las grandes urbes y los grandes avances culturales de la antigua confederación tribal. Su flota, está compuesta por cinco integrantes más, la misma cantidad que hay en cada una de las naves que lo secundan, todos ellos seleccionados por su destreza en el combate y por adelantos morales y su virtuosismo humano, algo perdido en los tiempos actuales de su comunidad. En aquella segunda nave, el jefe de escuadras, segundo hombre al mando, no sale de su asombro, pues desde la distancia distingue el serpenteo de colores que se desprende de rayo arco iris, al colisionar con la cabeza de dragón que se avista en la popa del pequeño rey. En este preciso instante, en la mente del príncipe Huamatil, se desencadena en una extensa red de retornos a aconteceres que no recuerda haber vivido, pero que reconoce como suyos propios. En su viaje apacible, recorre los límpidos mares de este a oeste, arribando en las blanquecinas arenas de una playa no antes pisada por hijo de los hombres, se adentra entre la espesura de la vegetación selvática atravesando una extensa cordillera de montañas hasta la falda de un monumento rocoso que se emerge con fortaleza en su intento de conectarse con los cielos. Página 25


La antigua ciudad de “Siaan K´aan”, la nacida del cielo, aparece en su recorrido, instalada con organización matemática, distribuyendo sus suelos en forma tan simétrica que desde cualquiera de sus monumentos elevados, se puede observar las figuras perfectas que representan sus cultivos, añadiendo en sus haberes la majestuosidad de sus colores, en especial en el cultivo del maíz y del cacao, en el cual emplean técnicas orgánicas, en las que la ubicación de los astros juega el papel más importante para cada etapa de su proceso de maduración y recolecta. Hombres y mujeres de mediana estatura, de rostros exóticos, cabelleras aluengas y vestimentas salpicadas de colores fuertes y vivos, dedican todo su esfuerzo y animo a compactarse con la naturaleza para recibir en compensación los beneficios del enriquecimiento de sus cosechas. Hacia la zona central, se escucha un enérgico, pero acompasado resonar de tambores, al mismo tiempo que una gran cantidad de habitantes, varones todos ellos, se dedican a danzar al borde de una de sus construcciones monumentales en forma piramidal incompleta en su cúspide, pues dentro de sus saberes y sus actividades cotidianas, aparte de consumir alimentos sólo tres veces a la semana, dedican largos periodos de tiempo a contemplar la belleza natural y cósmica, no se dedica ningún espacio a señalar, sólo se mira y admira, para llenarse de la energía que fluye de todo lo vivo. Bajo esta misma construcción, en su interior, se aprecian todo un sinnúmero de aposentos adaptados con los enceres propios de un área de formación, y en estos mismos un pequeño número de neófitos son instruidos por ejemplares de hijos de los hombres de avanzada edad. Estos hombres, denominados “Mohanes”, son los encargados de encontrar en los habitantes de su pueblo aquellos seres escogidos para desarrollar el máximo potencial energético y espiritual, de sus estructuras físicas y etéricas. Para este fin han construido sendos monumentos en los que con precisión matemática han logrado armar geométricamente estructuras físicas que sean capases de recolectar la energía de las estrellas y así potenciar sus seres vivientes internos hacia planos menos densos en donde se conectan con los que estos mundos habitan. Adentrándose en una de las cámaras centrales repara en una escena ritual en la que frente a un altar cilíndrico, al monarca, un hombre mestizo, recibe de manos del Mohán rector de la escuela de estudios de los seres vivientes, un copón excelso de gran tamaño del cual bebe unas gotas de vino, mientras que a sus espaldas un ser viviente de penetrante luz dorada coloca sobre sus sienes una diadema con figura dragónica, incrustada esta con plumas del mismo color de su traje bajo terminaciones en oro y plata. Gozoso asciende los ciento cincuenta escalones en espiral que lo catapultan al exterior, en donde con imperiosidad muestra sus nuevas prendas y su trofeo a la numerosa cantidad de súbditos que se han aglomerado para hacerse participes del evento ya vaticinado por los videntes de la época, en la que sería coronado por el ser viviente del maíz un gran legislador que los guiaría por décadas de abundancia y progreso. Es por esto que se inicia una gran fiesta, en donde participan la totalidad de los pobladores que después de un gran ayuno físico en el que se dedican a consumir una bebida amarga denominada “Bachue”, la cual despierta sus centros nerviosos y energéticos, que unidos a la música y a la danza los transportan por mundos de esplendorosa sabiduría. En ese instante, despierta de su trance y recuerda con júbilo como fue enviado por el sabio maestre Mohán, en el comienzo del solsticio de primavera, a recuperar su más preciada joya, Página 26


para esto realizan un ritual muy parecido al que vio en su desdoblamiento y en el que fue enviado con la esperanza de recuperar este copón que ha sido sustraído de sus centros de cultura desde hace muchas lunas y que ha sido, certifican sus pobladores, la causa de su decadencia. - El diamantino debe volver a ocupar el sitio que le corresponde en las entrañas de su pueblo (En el idioma, federativo de la confederación tribal)- anuncia a viva voz el comandante de las embarcaciones, a quien todos llaman “El pequeño rey” en su lengua natal…

De esta forma y tomados por sorpresa, en el manuscrito de las constelaciones, se terminan de encender todas aquellas concavidades hasta formar la silueta perfecta corporal humana, en donde cada parte del cuerpo es definida en su complejidad y perfección. Los pequeños observan como aun dentro de la silueta existen todavía siete cuencas por iluminarse y aun así la figura exterior yace terminada. De un momento a otro y concentrados en lo que pudiese ocurrir, se iluminan pequeños astros adsorbiendo la luz de las estrellas en su entorno; en su alrededor, comienzan a rotar en posición elíptica nueve lunas en dirección de norte a este, este-sur, sur-oeste y oeste-norte, como empujadas por un mecanismo de manivelas y un continuo cloc, cloc, que se observa en cada movimiento. - El tiempo, Drhamy, comenzó a correr para nosotros. ¿tiempo para qué? ¿hacia donde debemos dirigirnos?- desconcertado arguyó Trhino. - El oráculo me resuena con intensidad, pero no logro descifrar su mensaje.- acotó Drhamy con resignación. Inmediatamente se toman de sus manos y la paciencia se postran en la madre tierra con el corazón ligado a ella, pero la madre tierra no se les revela, en su lugar una mujer esbelta a la que solo le ven su espaldar bañado por su plateada cabellera, rodeada esta, de una multitud de pequeñuelos que saltan gozosos a su alrededor, entonando con la excelsitud de los ángeles, una hermosa canción en tonos tan elevados que las aves cantoras del lugar detienen su trasegar para admirar su refinamiento: A la montaña iréis, Con júbilo ardiente, El templo del creador, Allí os encontrareis. -

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Nueve de nuestra madre tenéis, un largo camino os espera, cubrirte con ánimo y candidez, pero con fuerza y valentía. No estáis solos, ya muchos han emprendido el camino, el encuentro deber ser donde todos lo creen perdido, de cobre os vestiréis para abrir las puertas de la reunificación. Peligro, lucha y sabiduría, todo junto, por el camino que os conduce a la luz- Pronuncia con angelical entonación un pequeño plateado de ojos azul celeste de tiempo en primavera, mientras posa sus manos sobre sus cabelleras revueltas, luego se reúne con los suyos desintegrándose en un espeso rayo se luna. ¡El Templo Montaña!-grita recuperando su postura, Drhamy- ¡ese es nuestro destino, allá estaremos!... Página 27


Doce Tribus Primer Capítulo