decir, en el siglo I d.C., y Cristo había entrado al lugar santísimo, “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” (Hebreos 9:11-12). La purificación, expiación o redención de los pecados de los creyentes se produce cuando Cristo, después de su resurrección, se sienta a la diestra del trono de Dios (Hebreos 1:3). Así que desde la resurrección y ascensión de Jesús, nuestro Señor entró al Lugar Santísimo, hasta la misma presencia de Dios, no habido base escritural para señalar eso como realizado hasta 1844 d.C.) Sirvan estos dos ejemplos para demostrar las incongruencias escriturales al sostener que los 2,300 días comentados con 2,300 años y proponer para esto período y explicaciones que no sólo no están en la revelación sino que contradicen la instrucción.
Pero también entre los que entienden que tarde-noche o día-noche se refiere a un día literal se ha dado una confusión que ha llevado a considerar a Antíoco Epífanes como este cuerno pequeño a pesar de lo que ya se ha comentado, ¿por qué ha pasado esto? Antíoco Epífanes, como ya se comentó, fue uno de los reyes sucesores de Seléuco en su reino. El principal objetivo de la política exterior de Antíoco era tomar el reino ptolemaico, que tenía base en Egipto. Después de algunas campañas exitosas, Antíoco se aventuró una vez más a Egipto para finalizar el trabajo. Esta vez, la República romana envió a sus flotas para apoyar a los ptolomeos. En lugar de enfrentarse con los romanos, Antíoco sabiamente retiró sus fuerzas de Egipto, para no volver jamás. En su viaje de regreso desde Egipto hasta Siria en el 168 a.C., Antíoco decidió derramar su rabia sobre uno de sus pueblos subyugados: los judíos. Antíoco fue primero al templo en Jerusalén y puso una estatua del dios griego Júpiter Olimpo en el lugar santísimo. Sobre el altar de sacrificio en el patio del templo, él forzó a los sacerdotes a sacrificar carne de cerdo a los dioses paganos. Cualquiera que fuera visto en Jerusalén practicando cualquier otra forma de religión que no fuera la de Antíoco era sentenciado a muerte inmediata. Donde quiera que encontraran libros de la Biblia, eran destruidos, así como las personas en cuya posesión eran hallados. La incursión de Antíoco a Judea fue extremadamente exitosa. 188