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PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE FICHA MENSUAL ENERO 2011 – AÑO 2 – No. 13

SECCION I: TEMA MENSUAL En su última Carta Circular, nuestra Ministra General, Encarnación del Pozo, informó a los Consejos Nacionales acerca del próximo Capitulo General que se llevará a cabo en Octubre del 2011 en Sao Paolo (Brasil). El tema principal para este Capítulo será “Evangelizados para evangelizar”. El Capítulo versará también sobre la misión particular de la Orden Franciscana Seglar en la construcción de un mundo más evangélico y fraterno. Por lo tanto, la Presidencia Internacional ha decidido que el tema central del la formación permanente durante el año 2011 sea “Evangelización”. Se espera que, al explorar esta área, todos los hermanos y hermanas de la OFS estén mejores preparados para tratar el principal tema de nuestro Capitulo General. Para apoyar el tema “Evangelización” durante 2011, el equipo de formación enfocará su trabajo alrededor de la Exhortación Apostólica "Evangelii nuntiandi" del Papa Pablo VI. Dándole un nuevo ímpetu a tan importante trabajo de evangelización, esta exhortación afirma el papel de la Iglesia y de cada cristiano (y no solo de los sacerdotes ordenados) en la propagación del Evangelio, la “Buena Nueva”, a la gente de nuestro tiempo. El Papa Pablo VI explicó: “Nosotros queremos confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia" (36); una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar...” (n. 14). El equipo del proyecto de formación permanente desea ofrecerles de nuevo durante el 2011 el “Dossier Mensual” en nuestra página web internacional (www.ciofs.org). Las respuestas recibidas de muchas fraternidades han motivado a nuestro equipo para continuar publicando estos dossiers durante el 2011. Cada mes, se presentará un dossier con dos secciones. En la Sección I, Ewald Kreuzer, OFS, hará un resumen de la "Evangelii nuntiandi" con algunos comentarios y preguntas para la reflexión con sus fraternidades. Sección 2, escrita por Fr. Amando Trujillo-Cano TOR, suministrará información de apoyo sobre aspectos importantes de la Espiritualidad y la Doctrina Social de la Iglesia. Tema 1: Introducción a la Exhortación Apostólica sobre la Evangelización en el Mundo Moderno. EVANGELII NUNTIANDI Resumen y comentarios por Ewald Kreuzer, OFS “Evangelii nuntiandi” es una Exhortación Apostólica publicada el 8 de diciembre de 1975 por el Papa Pablo VI. Su nombre se deriva de las primeras palabras del texto: Evangelii nuntiandi studium nostrae aetatis hominibus (El esfuerzo de proclamar el Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo). El contenido de “Evangelii nuntiandi” continúa el trabajo de la Asamblea del Sínodo de los Obispos llevado a cabo entre el 27 de septiembre y el 26 de octubre de 1974. Entre los que participaron en la preparación de la Asamblea estaba el Cardenal Karol Wojtyla, quien luego fuera el Papa Juan Pablo II. De los temas propuestos, el Papa Pablo VI escogió el de la evangelización del mundo. La razón de esta elección fue hecha explícita en una carta circular que informaba la realización del Sínodo: “el tema de la evangelización toca muy de cerca las difíciles circunstancias que la Iglesia está enfrentando en el cumplimiento de su misión, debido a la multiplicidad y a la velocidad de los cambios que se extienden a través de la sociedad civil y de la propia Iglesia, ocasionando por lo tanto la necesidad de una consulta para ver cómo, en este nuevo mundo en transformación, y en las circunstancias presentes, puede Ella 1


llevar adelante Su misión salvífica de proclamar el Evangelio”. La Evangelización fue una materia de prioridad para el Santo Padre como él mismo lo señaló: “Las condiciones sociales nos obligan, por lo tanto, a revisar los métodos, a buscar a través de todas los medios disponibles la manera de llevar al hombre moderno el mensaje cristiano, el único en el cual encontrará la respuesta a sus preguntas y la fuerza para su compromiso de solidaridad humana." El 27 de septiembre de 1974, se celebró la Misa Solemne de apertura de la Asamblea Sinodal, orientada a la evangelización en el mundo contemporáneo. El Papa oró al Divino Maestro durante su homilía: "¡Señor Jesús! El hecho de la evangelización nace de ti, Señor, como de un río; un río que tiene su nacimiento, Tú, Cristo Jesús, eres precisamente ese nacimiento. Tu eres la causa histórica; Tu, eres la causa eficiente que transciende este prestigioso fenómeno: de Ti, Maestro, nace el apostolado; de Ti, Salvador; de Ti, principio y modelo”. La Asamblea fue inaugurada un poco más tarde en el Salón Sinodal. Fue en esta ocasión que el Papa Pablo VI hizo esas tres famosas preguntas: “¿Quiénes somos?”, “¿Qué estamos haciendo?”, “¿Qué debemos hacer?” En este discurso inaugural el Papa revisó la naturaleza y el fin de la evangelización, también sus métodos y medios en armonía con la proclamación de la Buena Nueva. Referencia: http://www.nccbuscc.org/evangelization/apostolic.shtml o http://www.vatican.va/

Preguntas para la reflexión y la discusión en fraternidad. 1. ¿Que significa “evangelización” para ti y para tu fraternidad? ¿A qué nos llama? 2. Busca los artículos de la Regla y de las Constituciones Generales de la Orden Franciscana Seglar que hablan –directa o indirectamente – de “Evangelización”. 3. Para apoyar tu trabajo con la Exhortación Apostólica “Evangelii nuntiandi” durante este año, obtén una copia de la misma.

SECCION II: Espiritualidad y Doctrina Social de la Iglesia. Tema I de III: Día Mundial de la Paz – 1 Enero 2011. LA LIBERTAD RELIGIOSA, CAMINO PARA LA PAZ (n.1-5) 1 Reflexión, resumen y preguntas por Fr. Amando Trujillo Cano, TOR Un nuevo año usualmente despierta en nosotros muchas expectativas y deseos mientras agradecemos al Señor por el año que recién termina y sus múltiples bendiciones, con las lecciones aprendidas y las oportunidades y desafíos que nos esperan. Justo al comienzo de cada año civil, la Iglesia celebra solemnemente a María como la madre de Dios. La liturgia del día nos invita a seguir el ejemplo de los pastores quienes “fueron a toda prisa a Belén y encontraron a María y a José, y al infante recostado en un pesebre” (Lc 2:16). También nos invita a aprender de María, quien guardaba todas las cosas que sucedían alrededor del niño Jesús y “las meditaba en su corazón” (Lc 2:19). Buscar incesantemente a Jesús en nuestras vidas y meditar sobre los signos de su presencia nos permite ver las innumerables bendiciones que ya hemos recibido y recibir las que estén por venir. En Jesús cada uno de nosotros ya no es “más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios” (Gal 4:7). Esta elevada dignidad no puede ser comprendida sin sus implicaciones, tanto a nivel individual como social. En su mensaje para la celebración del Día Mundial de la Paz, 1 enero 2011, el Papa Benedicto XVI reflexiona sobre un tema crucial para nuestro mundo actual que está directamente conectado con esta dignidad como seres humanos y con nuestra identidad más profunda y las aspiraciones más altas como hijos de Dios: La libertad religiosa, camino para la paz. En el primer número de su mensaje, Benedicto XVI ofrece buenos deseos de serenidad, prosperidad y paz, al mismo tiempo que deplora el clima de persecución, discriminación, violencia e intolerancia religiosa del último año. Trata de modo particular la situación de Iraq, donde la violencia y los conflictos obstaculizan un futuro de “estabilidad y reconciliación”. Menciona la serie de ataques violentos que comenzaron el 31 de octubre, cuando “dos sacerdotes y más de cincuenta fieles, mientras estaban reunidos para la celebración de la Santa Misa” en una Catedral de Bagdad. También manifestó a la comunidad cristiana amenazada su “cercanía, así como la de toda la Iglesia… que se ha expresado de una manera concreta en la reciente Asamblea Especial para Medio Oriente del 1

www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20101208_xliv-world-day-peace_sp.html

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Sínodo de los Obispos”. El Papa también agradece a los “Gobiernos que se esfuerzan por aliviar los sufrimientos de estos hermanos en humanidad”, y pide a “los Católicos a rezar por sus hermanos en la fe, que sufren violencias e intolerancias, y a ser solidarios con ellos.” Y luego señala: “Muchos sufren cada día ofensas y viven frecuentemente con miedo por su búsqueda de la verdad, su fe en Jesucristo y por su sincero llamamiento a que se reconozca la libertad religiosa. Todo esto no se puede aceptar, porque constituye una ofensa a Dios y a la dignidad humana; además es una amenaza a la seguridad y a la paz, e impide la realización de un auténtico desarrollo humano integral”. Benedicto XVI afirma que impedir o restringir arbitrariamente la libertad religiosa “significa cultivar una visión reductiva de la persona humana, oscurecer el papel público de la religión; significa generar una sociedad injusta, que no se ajusta a la verdadera naturaleza de la persona humana.” Consecuentemente exhorta “los hombres y mujeres de buena voluntad a renovar su compromiso por la construcción de un mundo en el que todos puedan profesar libremente su religión o su fe, y vivir su amor a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente (cf. Mt 22, 37).” En el Segundo punto de su mensaje, el Papa señala que el derecho a la libertad religiosa está fundado en la dignidad de la persona humana, la cual tiene una naturaleza transcendente. En este sentido agrega: “sin la apertura a la trascendencia, la persona humana se repliega sobre sí misma, no logra encontrar respuestas a los interrogantes de su corazón sobre el sentido de la vida, ni conquistar valores y principios éticos duraderos, y tampoco consigue siquiera experimentar una auténtica libertad y desarrollar una sociedad justa”. Benedicto XVI afirma entonces que el valor de la dignidad humana se revela por la “Sagrada Escritura, en sintonía con nuestra propia experiencia,” y cita enseguida: “… ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies» (Sal 8, 4-7). Siguiendo su razonamiento señala además: “La dignidad trascendente de la persona es un valor esencial de la sabiduría judeo-cristiana, pero, gracias a la razón, puede ser reconocida por todos...… El respeto de los elementos esenciales de la dignidad del hombre, como el derecho a la vida y a la libertad religiosa, es una condición para la legitimidad moral de toda norma social y jurídica.” En el tercer punto de su mensaje, el Papa dice que la libertad religiosa está en el origen de la libertad moral y “la libertad religiosa se ha de entender no sólo como ausencia de coacción, sino antes aún como capacidad de ordenar las propias opciones según la verdad.” Además de esto, él afirma que “Una libertad enemiga o indiferente con respecto a Dios termina por negarse a sí misma y no garantiza el pleno respeto del otro.” Y continúa diciendo que “La ilusión de encontrar en el relativismo moral la clave para una pacífica convivencia, es en realidad el origen de la división y negación de la dignidad de los seres humanos… A este respecto, es inconcebible que los creyentes «tengan que suprimir una parte de sí mismos –su fe– para ser ciudadanos activos. Nunca debería ser necesario renegar de Dios para poder gozar de los propios derechos».” El cuarto punto de este mensaje, explica que “la educación religiosa es una vía privilegiada que capacita a las nuevas generaciones para reconocer en el otro a su propio hermano o hermana, con quienes camina y colabora para que todos se sientan miembros vivos de la misma familia humana, de la que ninguno debe ser excluido...” Posteriormente hace énfasis en el papel central y fundamental de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, “como la primera escuela de formación y crecimiento social, cultural, moral y espiritual de los hijos”. Y en el quinto punto de su mensaje, Benedicto XVI afirma que la libertad religiosa es también “una conquista de progreso político y jurídico. Es un bien esencial: toda persona ha de poder ejercer libremente el derecho a profesar y manifestar, individualmente o comunitariamente, la propia religión o fe, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, las publicaciones, el culto o la observancia de los ritos... El ordenamiento internacional, por tanto, reconoce a los derechos de naturaleza religiosa el mismo status que el derecho a la vida y a la libertad personal, como prueba de su pertenencia al núcleo esencial de los derechos del hombre, de los derechos universales y naturales que la ley humana jamás puede negar”. Por lo tanto, la libertad religiosa es presentada como “un «indicador para verificar el respeto de todos los demás derechos humanos».”

Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad. 1. ¿Qué puede decir la encarnación del Hijo de Dios al clima de persecución, discriminación, e intolerancia religiosa reinante en algunas partes del mundo? 2. ¿Cómo puedes tú, como Franciscano Seglar, ayudar a desarrollar un mayor sentido de libertad religiosa y de paz en tu ciudad y tu país?

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PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE FICHA MENSUAL FEBRERO 2011 – AÑO 2 – No. 14

SECCION I: TEMA MENSUAL Tema 2: Evangelización – Un asunto importante (En N.1-6) Comentarios, extractos y preguntas de Ewald Kreuzer, OFS En la siguiente sección, podrán leer extractos originales de las primeras seis partes de la Exhortación Apostólica del Papa Pablo VI, “Evangelii Nuntiandi”. Hay que tener en cuenta que esta fue publicada en 1975 y siguió al trabajo de la Asamblea del Sínodo de los Obispos que había tenido lugar en Roma en 1974. Ahora nos damos cuenta –quizá aun más claramente que hace algunos años–, de la importancia de este documento. La simple composición estructural de la Evangelii Nuntiandi muestra “las dimensiones de un documento que, no para usar un término de moda sino que me parece correcto, yo no dudaría en llamarlo profético - un presagio de los nuevos tiempos, de una nueva evangelización” (Cardenal Lucas Moreira Neves, O.P., en: L'Osservatore Romano, Edición Semanal, 17 enero 2001). 1. Proclamar el Evangelio es un servicio. No hay duda que el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, exaltados por la esperanza pero a la vez perturbados con frecuencia por el temor y la angustia, es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad. De ahí que el deber de confirmar a los hermanos, que hemos recibido del Señor al confiársenos la misión del Sucesor de Pedro (Cf. Lc 22,32), y que constituye para nosotros un cuidado de cada día, (2 Cor 11,28) un programa de vida y de acción, a la vez que un empeño fundamental de nuestro pontificado, ese deber, decimos, nos parece todavía más noble y necesario cuando se trata de alentar a nuestros hermanos en su tarea de evangelizadores, a fin de que en estos tiempos de incertidumbre y malestar la cumplan con creciente amor, celo y alegría. 2. Un nuevo periodo de evangelización. La Iglesia tiene el objetivo principal de cumplir con su deber de mensajera de la Buena Nueva de Jesucristo – la Buena Nueva proclamada a partir de dos consignas fundamentales: “vestíos del hombre nuevo” (Cf. Ef 4,24; 2,15; Col 3,10; Gál 3,27; Rom 13,14; 2 Cor 5,17) y “reconciliaos con Dios” (2 Cor 5,20). Nosotros queremos hacer esto en el decimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, cuyos objetivos se resumen, en definitiva, en uno solo: hacer a la Iglesia del Siglo XX cada vez más apta para anunciar el Evangelio a la humanidad del siglo XX. Queremos hacer esto un año después de la III Asamblea General del Sínodo de los Obispos —consagrada, como es bien sabido, a la evangelización—; tanto más cuanto que esto nos lo han pedido los mismos padres sinodales. En efecto, al final de aquella memorable Asamblea, decidieron ellos confiar al Pastor de la Iglesia universal, con gran confianza y sencillez, el fruto de sus trabajos, declarando que esperaban del Papa un impulso nuevo, capaz de crear tiempos nuevos de evangelización en una Iglesia todavía más arraigada en la fuerza y poder perennes de Pentecostés. 3. Llevar el mensaje cristiano al hombre moderno. Hemos enfatizado la importancia de este tema de la evangelización en muchas ocasiones. El 22 de Junio de 1973, hemos dicho al Sacro Colegio Cardenalicio: " Las condiciones de la sociedad nos obligan, por tanto, a revisar métodos, a buscar por todos los medios el modo de llevar al hombre moderno el mensaje cristiano, en el cual únicamente podrá hallar la respuesta a sus interrogantes y la fuerza para su empeño de solidaridad humana." (Pablo VI, Alocución al Colegio Cardenalicio (22 de junio de 1973). Y añadíamos que, para dar una respuesta válida a las exigencias del Concilio que nos están acuciando, necesitamos absolutamente ponernos en contacto con el patrimonio de fe que la Iglesia tiene el deber de preservar en toda su pureza, y a la vez el deber de presentarlo a los hombres de nuestro tiempo, con los medios a nuestro alcance, de una manera comprensible y persuasiva. 4. Cuestiones Candentes. Esta fidelidad a un mensaje del que somos servidores, y a las personas a las que hemos de transmitirlo intacto y vivo, es el eje central de la evangelización. Esta plantea tres preguntas acuciantes, que el Sínodo de 1974 ha tenido constantemente presentes: — ¿Qué eficacia tiene en nuestros días la energía escondida de la Buena Nueva, capaz de sacudir profundamente la conciencia del hombre? — ¿Hasta dónde y cómo esta fuerza evangélica puede transformar verdaderamente al hombre de hoy? — ¿Con qué métodos hay que proclamar el Evangelio para que su poder sea eficaz? Estas preguntas desarrollan, 4


en el fondo, la cuestión fundamental que la Iglesia se propone hoy día y que podría enunciarse así: después del Concilio y gracias al Concilio que ha constituido para ella una hora de Dios en este ciclo de la historia, la Iglesia ¿es más o menos apta para anunciar el Evangelio y para inserirlo en el corazón del hombre con convicción libertad de espíritu y eficacia? 5. Una pregunta sobre la salvación de la humanidad. Todos vemos la necesidad urgente de dar a tal pregunta una respuesta, leal, humilde, valiente, y de obrar en consecuencia.. Una exhortación en este sentido nos ha parecido de importancia capital, ya que la presentación del mensaje evangélico no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: está de por medio el deber que le incumbe, por mandato del Señor, con vista a que los hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la Revelación. Lleva consigo una sabiduría que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios. (Cf. 1 Cor 2,5) Es la Verdad. Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y que, si es necesario, le consagre su propia vida.. 6. La actividad evangelizadora de Jesucristo. El testimonio que el Señor da de Sí mismo y que San Lucas ha recogido en su Evangelio "Es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades " (Lc 4,43) - tiene sin duda un gran alcance, ya que define en una sola frase toda la misión de Jesús: "porque para esto he sido enviado" (Lc 4,43). Estas palabras alcanzan todo su significado cuando se las considera a la luz de los versículos anteriores en los que Cristo se aplica a Sí mismo las palabras del Profeta Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió para evangelizar a los pobres" (Lc 4,18; cf. Is 61,1) Proclamar de ciudad en ciudad, sobre todo a los más pobres, con frecuencia los más dispuestos, el gozoso anuncio del cumplimiento de las promesas y de la Alianza propuestas por Dios, tal es la misión para la que Jesús se declara enviado por el Padre; todos los aspectos de su Misterio —la misma Encarnación, los milagros, las enseñanzas, la convocación de sus discípulos, el envío de los Doce, la cruz y la resurrección, la continuidad de su presencia en medio de los suyos— forman parte de su actividad evangelizadora. Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad. ¿Por qué es la “evangelización” importante para la misión de la Iglesia? La Regla y Vida de los franciscanos seglares es esta: “observar el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, quien hizo de Cristo la inspiración y el centro de su vida con Dios y con los hombres” (OFS Regla, n.4). ¿En qué formas específicas pueden los franciscanos seglares apoyar la misión de la Iglesia de proclamar el Evangelio a todos los hombres de nuestro tiempo?

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SECCIÓN II: ESPIRITUALIDAD Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Tema 2 de 3: Día Mundial de la Paz 2011 LIBERTAD RELIGIOSA, CAMINO PARA LA PAZ (n. 6-10) Reflexión, extractos y preguntas de Fr. Amando Trujillo Cano, TOR El 6 de febrero, la Iglesia celebra la memoria de los primeros cristianos mártires del Japón (protomártires). Todos ellos, 26 en total, fueron crucificados en la colina en las afueras de Nagasaki el 5 de febrero de 1597. Este grupo consistía de 6 frailes menores, diecisiete terciarios franciscanos japoneses y otros tres japoneses: el sacerdote jesuita Pablo Miki y sus dos catequistas. Entre los frailes, el más conocido era Pedro Bautista, un sacerdote español quien había sido enviado a evangelizar a Japón junto con otros franciscanos de Filipinas en 1593. Ellos trabajaron incansablemente proclamando el evangelio y construyendo Iglesias y un hospital en Meako. En noviembre de 1596, más franciscanos habían llegado a Japón cuando su buque encalló como consecuencia de una tormenta en el mar. Entre estos estaba Felipe de Jesús quien estaba viajando desde Filipinas hacia su nativa México para ser ordenado sacerdote. Siendo que ya había comenzado a colaborar en la misión, también él fue condenado a morir cuando el emperador Taycosama, quien inicialmente había aceptado a los misioneros cristianos, impuso un edicto condenando a muerte a estos frailes que venían de Filipinas y a sus compañeros. El grupo fue forzado a caminar desde Kioto hasta Nagasaki, una distancia de más de 800 Km., enfrentando condiciones climáticas muy frías, y sufriendo prisión, tortura y el escarnio público. Cuando fueron crucificados, sus verdugos les atravesaron por ambos lados con dos lanzas que se cruzaban en el interior del pecho, saliéndoles del cuerpo por los hombros, causándoles la muerte en forma casi inmediata. Felipe de Jesús fue el primero en ser ejecutado, llegando a ser después el primer santo mexicano. En una de las cartas que Pedro Bautista escribió durante sus últimos días decía: La sentencia que se dio contra nosotros la traen públicamente delante de nosotros, escrita en una tabla. Dice que porque hemos predicado la ley de Nauan (es decir, la ley de Cristo) contra el mandato de Taycosama, y que en llegando a Nagasaki nos crucifiquen; por lo cual estamos muy alegres y consolados en el Señor, pues que por predicar su ley perdemos las vidas. Estos mártires nos dan la oportunidad de reflexionar sobre nuestro compromiso cristiano de proclamar el evangelio en nuestro mundo de hoy no sólo con nuestras palabras, sino también con nuestras vidas. Ellos fueron valientes y fieles testimoniando a Cristo a través de la evangelización y el servicio, así como aceptando la persecución alegremente y con esperanza incesante. Su testimonio también nos ayuda a ilustrar el contenido del mensaje del Papa Benedicto XVI para el Día Mundial de la Paz, 2011 (números 6-10), especialmente en relación con la dimensión pública de la fe. Esta dimensión debe ser reconocida y respetada por todas las sociedades como un camino para la verdadera paz y el desarrollo integral de la humanidad. 6. La libertad religiosa, como toda libertad, aunque proviene de la esfera personal, se realiza en la relación con los demás. Una libertad sin relación no es una libertad completa [...] En esta dimensión comunitaria cada persona sigue siendo única e irrepetible y, al mismo tiempo, se completa y realiza plenamente. 7. La instrumentalización de la libertad religiosa para enmascarar intereses ocultos, como por ejemplo la subversión del orden constituido, la acumulación de recursos o la retención del poder por parte de un grupo, puede provocar daños enormes a la sociedad. El fanatismo, el fundamentalismo, las prácticas contrarias a la dignidad humana, nunca se pueden justificar y mucho menos si se realizan en nombre de la religión. La profesión de una religión no se puede instrumentalizar ni imponer por la fuerza. Estados y las diferentes comunidades humanas no olviden nunca que la libertad religiosa es condición para la búsqueda de la verdad y que la verdad no se impone con la violencia sino por «la fuerza de la misma verdad» [...] ¿Cómo negar la aportación de las grandes religiones del mundo al desarrollo de la civilización? También hoy, en una sociedad cada vez más globalizada, los cristianos están llamados, no sólo con un compromiso civil, económico y político responsable, sino también con el testimonio de su propia fe y caridad, dar su aportación preciosa al fatigoso y apasionante compromiso por la justicia, al desarrollo humano integral y a la recta ordenación de las realidades humanas. La exclusión de la religión de la vida pública, priva a ésta de un espacio vital que abre a la trascendencia. Sin esta experiencia primaria resulta difícil orientar la sociedad hacia principios éticos universales, así como al establecimiento de ordenamientos nacionales e internacionales en que los derechos y libertades fundamentales puedan ser reconocidos y realizados plenamente– conforme a lo propuesto en los objetivos de la Declaración Universal de los derechos del hombre de 1948, aún hoy por desgracia incumplidos o negados 8. … No se ha de olvidar que el fundamentalismo religioso y el laicismo son formas especulares y extremas de rechazo del legítimo pluralismo y del principio de laicidad. […] La sociedad que quiere imponer o, al contrario, negar la religión con la violencia, es injusta con la persona y con Dios, pero también consigo misma. Dios llama a sí a la humanidad con un designio de amor que, implicando a toda la persona en su dimensión natural y espiritual, reclama una correspondencia en términos de libertad y responsabilidad, con todo el corazón y el propio ser, 6


individual y comunitario […] Por eso, las leyes y las instituciones de una sociedad no se pueden configurar ignorando la dimensión religiosa de los ciudadanos, o de manera que prescinda totalmente de ella [...]El ordenamiento jurídico en todos los niveles, nacional e internacional, cuando consiente o tolera el fanatismo religioso o antirreligioso, no cumple con su misión, que consiste en la tutela y promoción de la justicia y el derecho de cada uno […] Todo esto expone a la sociedad al riesgo de totalitarismos políticos e ideológicos, que enfatizan el poder público, mientras se menoscaba y coarta la libertad de conciencia, de pensamiento y de religión, como si fueran rivales. 9. El patrimonio de principios y valores expresados en una religiosidad auténtica es una riqueza para los pueblos y su ethos. Se dirige directamente a la conciencia y a la razón de los hombres y mujeres, recuerda el imperativo de la conversión moral, motiva el cultivo y la práctica de las virtudes y la cercanía hacia los demás con amor, bajo el signo de la fraternidad, como miembros de la gran familia humana. La dimensión pública de la religión ha de ser siempre reconocida, respetando la laicidad positiva de las instituciones estatales. Para dicho fin, es fundamental un sano diálogo entre las instituciones civiles y las religiosas para el desarrollo integral de la persona humana y la armonía de la sociedad. 10. En un mundo globalizado, caracterizado por sociedades cada vez más multiétnicas y multi-confesionales, las grandes religiones pueden constituir un importante factor de unidad y de paz para la familia humana […] Los líderes de las grandes religiones, gracias a sus posiciones, su influencia y su autoridad en sus respectivas comunidades, son los primeros llamados a tener un respeto y diálogo mutuo. Los cristianos, por su lado, estimulados por su fe en Dios, el Padre del Señor Jesucristo, a vivir como hermanos y hermanas quienes se encuentran unos con otros en la Iglesia y trabajan juntos construyendo un mundo donde los individuos y la gente “nadie hará daño, nadie hará mal… porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahvé, como cubren las aguas el mar.” (Is 11,9). Preguntas para la reflexión y discusión en la fraternidad 1. Estudia los conceptos de fanatismo, fundamentalismo, secularismo e ideología totalitaria, y discutir en fraternidad como están desarrollándose estos fenómenos en el mundo de hoy. 2. Lee la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y comparte algunos comentarios en la fraternidad. 3. ¿Qué clase de diálogo está dándose entre las instituciones civiles y religiosas donde tú vives? 4. ¿Cómo pueden las fraternidades de la OFS fomentar la unidad y la paz de la familia humana dentro de nuestras sociedades multiétnicas y multi-confesionales?

La crucifixión de los protomártires de Japón – Museo Franciscano de Kioto – Fotografía de Doug Clorey 7


PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE FICHA MENSUAL MARZO 2011 – AÑO 2 – No. 15

SECCION I: TEMA MENSUAL Tópico 3: Jesucristo – el primer y gran evangelizador (EN n.7-12) Comentarios, extractos y preguntas de Ewald Kreuzer, OFS

El Papa Pablo VI describe en pocas y claras palabras cómo Jesús evangelizó. El proclamó el “reino de Dios” y “la salvación del hombre”, palabras claves en Su mensaje de evangelización, ambas disponibles a todos los seres humanos. Acompañados de muchos símbolos, actos y Milagros, esta proclamación del Evangelio tenía el poder (y aun lo tiene) de cambiar el corazón y la mente de los hombres y renovar sus vidas. Como franciscanos, recordamos en particular cómo Francisco de Asís fue tocado profundamente por las palabras del Evangelio y cómo fue guiado por el Espíritu Santo hacia una conversión radical de su vida. 7. Jesús – el primer y más grande evangelizador. Jesús mismo, la Buena Noticia de Dios [Cf. Mc 1,1; Rom 1,1- 3] ha sido el primero y el más grande evangelizador. Lo ha sido hasta el final, hasta la perfección, hasta el sacrificio de su existencia terrena. Evangelizar: ¿Qué significado ha tenido esta palabra para Cristo? Ciertamente no es fácil expresar en una síntesis completa el sentido, el contenido, las formas de evangelización tal y como Jesús la concibió y la puso en práctica. Por otra parte, esta síntesis nunca podrá ser concluida. Bástenos aquí recordar algunos aspectos esenciales. 8. El reino de Dios. Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un reino, el reino de Dios, tan importante que, en relación a él, todo se convierte en "lo demás", que es dado por añadidura "[Cf. Mt 6,33]. Solamente el reino es pues absoluto y todo el resto es relativo. El Señor se complacerá en describir de muy diversas maneras la dicha de pertenecer a ese reino, una dicha paradójica hecha de cosas que el mundo rechaza [Cf. Mt 5,3-12], las exigencias del reino y su carta magna [Cf. Mt 5-7], los heraldos del reino [Cf. Mt 10], los misterios del mismo [Cf. Mt 13], sus hijos [Mt 18], la vigilancia y fidelidad requeridas a quien espera su llegada definitiva [Cf. Mt 24-25]. 9. El anuncio de la salvación liberadora. Como núcleo y centro de su Buena Nueva, Jesús anuncia la salvación, ese gran don de Dios que es liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre todo liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser conocido por El, de verlo, de entregarse a El. Todo esto tiene su arranque durante la vida de Cristo, y se logra de manea definitiva por su muerte y resurrección; pero debe ser continuado pacientemente a través de la historia hasta ser plenamente realizado el día de la venida final del mismo Cristo, cosa que nadie sabe cuándo tendrá lugar, a excepción del Padre [Cf. Mt 24,36; Hch 1,7; 1 Tes 5,1-2]. 10. A costa de grandes sacrificios. Este reino y esta salvación —palabras clave en la evangelización de Jesucristo— pueden ser recibidos por todo hombre, como gracia y misericordia; pero a la vez cada uno debe conquistarlos con la fuerza, "el reino de los cielos está en tensión y los esforzados lo arrebatan", dice el Señor [Cf. Mt 11,12; Lc 16,16] con la fatiga y el sufrimiento, con una vida conforme al Evangelio, con la renuncia y la cruz, con el espíritu de las bienaventuranzas. Pero, ante todo, cada uno los consigue mediante un total cambio interior, que el Evangelio designa con el nombre de metanoia, una conversión radical, una transformación profunda de la mente y del corazón [Cf. Mt 4,17]. 11. Revelando los secretos de Dios (Predicación infatigable). Cristo llevó a cabo esta proclamación del reino de Dios, mediante la predicación infatigable de una palabra, de la que se dirá que no admite parangón con ninguna otra: "¿Qué es esto? Una doctrina nueva y revestida de autoridad" [Mc 1,27]. 8


"Todos le aprobaron, maravillados de las palabras llenas de gracia, que salían de su boca..." [Lc 4,22]. "Jamás hombre alguno habló como éste" "[Jn 7,46]. Sus palabras desvelan el secreto de Dios, su designio y su promesa, y por eso cambian el corazón del hombre y su destino. 12. Muchos signos, acciones y milagros. Pero El realiza también esta proclamación de la salvación por medio de innumerables signos que provocan estupor en las muchedumbres y que al mismo tiempo las arrastran hacia El para verlo, escucharlo y dejarse transformar por El: enfermos curados, agua convertida en vino, pan multiplicado, muertos que vuelven a la vida y, sobre todo, su propia resurrección. Y al centro de todo, el signo al que El atribuye una gran importancia: los pequeños, los pobres son evangelizados, se convierten en discípulos suyos, se reúnen "en su nombre" en la gran comunidad de los que creen en El. Porque el Jesús que declara: "Es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades, porque para eso he sido enviado" [Lc 4,43 es el mismo Jesús de quien Juan el Evangelista decía que había venido y debía morir "para reunir en uno todos los hijos de Dios, que están dispersos" [Jn 11,52]. Así que El lleva adelante Su revelación, completándola y confirmándola mediante toda la revelación que El hace de sí mismo, por las palabras y por las obras, por señales y milagros, y muy especialmente por Su muerte, por Su resurrección y por el envío del Espíritu de Verdad [Cf. Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación Dei Verbum, 4: AAS 58 (1966), pp. 818819.32. 1 Pt 2,9.31].

Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad. 1. ¿Cómo explicarías el sentido de las dos palabras claves usadas por Jesucristo en su evangelización: “reino de Dios” y “salvación”? 2. ¿Cual es lo “nuevo” de las enseñanzas de Jesús? ¿Qué puede cambiar en su mensaje los corazones de las personas y su destino? 3. ¿Cómo podemos los seglares franciscanos ser testimonies del amor de Dios y su misericordia? 9


SECCION II: ESPIRITUALIDAD Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Tema 3 de 3: Santas Perpetua y Felícitas y compañeros mártires – Día Mundial de la Paz 2011 LIBERTAD RELIGIOSA, EL CAMINO HACIA LA PAZ (n. 11-15) Reflexiones, extractos y preguntas por Fr. Amando Trujillo Cano, TOR El 7 de marzo, la Iglesia celebra la memoria de las santas Perpetua y Felícitas y compañeros, quienes sufrieron el martirio en el año 203, después de ser arrestadas en Thurubo minus, un pequeño pueblo de la provincia romana de África. Cinco de ellos eran jóvenes catecúmenos a quienes después se unió voluntariamente su catequista en la cárcel de Cartago. Su arresto y martirio fue el resultado de un edicto del Emperador Septimio Severo (193-211) que prohibía a todos los súbditos del imperio, bajo severa penalidad, convertirse al cristianismo o al judaísmo (Scrpitores Historiae Augustae, Severus, 17, 1). Perpetua (181-203) era una noble y joven madre de un bebé, con conocimientos e inteligencia. Su familia era cristiana, excepto su padre. Felícitas era la sirvienta de Perpetua, también casada, quien dio a luz su único hijo durante su encarcelamiento, justo dos días antes de su sacrificio. La fe en Cristo había hecho de ellas verdaderas hermanas una de otra. Durante su encarcelamiento, los cinco catecúmenos fueron bautizados por su catequista y recibieron la visita de otros cristianos. A Perpetua también la visitó su padre quien trató de persuadirla para que renegara de su fe y salvara su vida. Todos estos mártires se negaron a rendir culto al Emperador como si fuera un dios y en cambio dieron testimonio de su fe en Cristo. Luego que fueron juzgadas y condenadas por el Procurador Hilariano, quien era un violento anti-cristiano, ellas soportaron sufrimientos cada vez mayores con valentía y paciencia. Perpetua y Sáturo, uno de los neófitos, tuvieron ciertas visiones durante su encarcelamiento que los prepararon para la batalla final. Perpetua comenzó luego a escribir un diario para describir su juicio y las experiencias extraordinarias por las que pasó durante esos días. Antes de morir, le dio su diario a otro cristiano quien concluyó el registro de su martirio. En el día de su sacrificio, los mártires fueron primero azotados y luego lanzados al anfiteatro para ser victimados por bestias salvajes ante los ojos de una multitud morbosa; antes de ser decapitadas, las dos mártires se dieron el último ósculo de la paz. La memoria de las santas Perpetua y Felícitas y compañeros mártires nos recuerda que la Iglesia en sus comienzos sufrió persecución de parte del Imperio Romano durante dos siglos y medio porque los cristianos se negaban a reconocer la supuesta divinidad del emperador. Esta actitud era vista a la vez como una ofensa a la religión romana y como una amenaza a la unidad nacional, significada y sostenida por el homenaje divino al emperador. Esos mártires dieron un testimonio excepcional de nuestra fe en el Dios revelado por Jesús de Nazaret y de la gran dignidad que El nos otorgó y que nos impide adorar a nadie más que a Dios. Este relato nos ayuda también a introducir el resumen de la parte final del mensaje del Papa para el día Mundial de la Paz, 2011: Libertad de Religión, el Paso a la Paz.

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El diálogo como búsqueda en común El número 11 del mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz 2011 hace énfasis en el diálogo entre los seguidores de las diferentes religiones como un medio importante de cooperación para el bien común. El Papa evoca el principio de que la Iglesia no rechaza lo que es verdad y santo en las diferentes religiones. Además, cita a Santo Tomas de Aquino quien escribió: «toda verdad, independientemente de quien la diga, viene del Espíritu Santo».” Al mismo tiempo, Benedicto XVI declara que en este diálogo, el camino a seguir no es del relativismo o del sincretismo religioso ya que la Iglesia anuncia y tiene la obligación de anunciar sin cesar a Cristo, que es “camino, verdad y vida” (Jn 14,6). En este contexto, el Papa también afirma que la celebración de este año del 25 aniversario de la Jornada mundial de oración por la paz, que fue convocada en Asís por el Venerable Juan Pablo II, en 1986, es un motivo de esperanza en un futuro en el que todos los creyentes se sientan y sean auténticos trabajadores por la justicia y la paz. Verdad moral en la política y en la diplomacia El número 12 de este mensaje nos dice que las grandes religiones del mundo ofrecen un patrimonio moral y espiritual que los políticos y la diplomacia deberían considerar para reconocer y afirmar las verdades universales, los principios y valores propios de la dignidad de la persona humana. Este es el caso de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas de 1945, que sirve como punto de referencia para las normas, instituciones y sistemas de gobierno coexistentes en el ámbito nacional e internacional. En términos prácticos, promover la verdad moral en el mundo de la política y la diplomacia consiste en: actuar de manera responsable sobre la base de un conocimiento integral y objetivo de los hechos; la deconstrucción de las ideologías políticas y la promoción de un compromiso inquebrantable en la base de derecho positivo en los principios de la ley natural. Más allá del odio y del prejuicio El número 13 de este Mensaje nos recuerda que los casos de persecuciones, discriminaciones, actos de violencia y de intolerancia por motivos religiosos se siguen produciendo en el mundo de hoy a pesar de las lecciones de la historia y los esfuerzos de muchas instituciones e individuos. Por otro lado, en Asia y en África, las principales víctimas son los miembros de las minorías religiosas, a quienes se les impide profesar libremente su religión o cambiar de religión, por la intimidación o violación de sus derechos. Por otra parte, en países occidentales, la hostilidad a la religión asume formas más sofisticadas como la negación de la historia y el rechazo de los símbolos religiosos que reflejan la identidad y la cultura de la mayoría de los ciudadanos. Muchas veces estas formas de hostilidad también promueven odio y prejuicio. El Papa hace un llamado a los líderes de las grandes religiones del mundos y a los responsables de las naciones, para que renueven el compromiso por la promoción y tutela de la libertad religiosa, en particular por la defensa de las minorías religiosas, y agrega que estas no representan una amenaza a la identidad de la mayoría sino que, por el contrario, son una oportunidad para el diálogo y el recíproco enriquecimiento cultural. Libertad Religiosa en el mundo En el número 14, el Papa Benedicto XVI renueva su afecto paterno y asegura sus oraciones a las comunidades cristianas que sufren persecución, discriminación, violencia e intolerancia. Les exhorta a no perder el ánimo, ya que ser testigos del Evangelio es, y siempre será, un signo de contradicción. También pide a todos con autoridad actuar prontamente para terminar con todas las injusticias contra los cristianos que viven en esas tierras en las que tales circunstancias están ocurriendo. Benedicto XVI pide a los creyentes a meditar las Bienaventuranzas en su corazón: “…Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo” (Mt 5,4-12). También nos pide que renovemos “el compromiso de indulgencia y de perdón que hemos adquirido, y que invocamos en el Pater Noster”. Además, expresa su esperanza que nuestro grito de dolor vaya siempre acompañado por la fe, la esperanza y el testimonio del amor de Dios y que en Occidente, especialmente en Europa, cesen la hostilidad y los prejuicios contra los cristianos, por el simple hecho de que intentan orientar su vida en coherencia con los valores y principios contenidos en el Evangelio. La libertad religiosa, camino para la paz El Papa concluye su mensaje en el número 15 afirmando que el mundo necesita de Dios porque necesita valores éticos y espirituales, universales y compartidos, y la religión puede contribuir de manera preciosa a su búsqueda, para la construcción de un orden social justo y pacífico, a nivel nacional e internacional. También nos recuerda que: La paz es un don de Dios y al mismo tiempo un proyecto que realizar, pero que nunca se cumplirá totalmente. Una sociedad reconciliada con Dios está más cerca de la paz, que no es la simple ausencia de la guerra, ni el mero fruto del predominio militar o económico, ni mucho menos de astucias engañosas o de hábiles manipulaciones. La paz, por el contrario, es el resultado de un proceso de purificación y elevación cultural, moral y espiritual de cada persona y cada pueblo, en el que la dignidad humana es respetada plenamente. Preguntas para la reflexión y la discusión en fraternidad. ¿Qué clase de diálogo se desarrolla donde tú vives entre los seguidores de las diferentes religiones en búsqueda del bien común? ¿Cómo pueden los cristianos promover la verdad moral en el mundo de la política y la diplomacia? ¿Qué pueden hacer tú y tu fraternidad OFS si donde tú vives hay casos de persecución, discriminación, actos de violencia o intolerancia por motivos religiosos?

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La PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE FICHA MENSUAL ABRIL 2011 – AÑO 2 – No. 16

SECCION I: TEMA MENSUAL Tópico 4: La Iglesia – una comunidad para la evangelización. (EN n.13-16) Comentarios, extractos y preguntas por Ewald Kreuzer, OFS Jesús no quiso caminar solo mientras proclamaba el “reino de Dios” y “la salvación”. Él buscaba gente que tuviera el deseo de seguirlo. Así que llamó a 12 hombres (simbolizando las 12 tribus del pueblo Judío) como sus discípulos y los llamó “amigos” (no siervos). Con el tiempo, muchos hombres y mujeres más se unieron a este grupo. ¿Por qué Jesús estableció esta comunidad? ¿Cuál debe ser su misión esencial para el futuro? En la siguiente sección de la “Evangelii Nuntiandi”, el Papa Pablo VI nos recuerda que la Iglesia debe ser evangelizada mediante una constante conversión y renovación para evangelizar al mundo con credibilidad. La Orden Franciscana Seglar tratará esta temática en su próximo Capítulo General usando el lema “Evangelizados para Evangelizar”. Nosotros, franciscanos seglares, también recordamos la voz interior que san Francisco escuchó y que le decía: “Francisco, ve y repara mi Iglesia, que como ves está en ruinas”. 13. Hacia una comunidad evangelizada y evangelizadora. Quienes acogen con sinceridad la Buena Nueva, mediante tal acogida y la participación en la fe, se reúnen pues en el nombre de Jesús para buscar juntos el reino, construirlo, vivirlo. Ellos constituyen una comunidad que es a la vez evangelizadora. La orden dada a los Doce: "Id y proclamad la Buena Nueva", vale también, aunque de manera diversa, para todos los cristianos… Por lo demás, la Buena Nueva del reino que llega y que ya ha comenzado, es para todos los hombres de todos los tiempos. Aquellos que ya la han recibido y que están reunidos en la comunidad de salvación, pueden y deben comunicarla y difundirla. 14. La evangelización, vocación propia de la Iglesia. La Iglesia lo sabe. Ella tiene viva conciencia de que las palabras del Salvador: "Es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades" (Lc 4,43), se aplican con toda verdad a ella misma. Y por su parte ella añade de buen grado, siguiendo a San Pablo: "Porque, si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, sino que se me impone como necesidad. ¡Ay de mí, si no evangelizara!" (1 Cor 9,16). Con gran gozo y consuelo hemos escuchado Nos, al final de la Asamblea de octubre de 1974, estas palabras luminosas: "Nosotros queremos confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia" (Declaración de los Padres Sinodales, 4: L'Osservatore Romano, 27 Octubre 1974); una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa… 15. Vínculos recíprocos entre la Iglesia y la evangelización. Quien lee en el Nuevo Testamento los orígenes de la Iglesia y sigue paso a paso su historia, quien la ve vivir y actuar, se da cuenta de que ella está vinculada a la evangelización de la manera más íntima: —La Iglesia nace de la acción evangelizadora de Jesús y de los Doce. Es un fruto normal, deseado, el más inmediato y el más visible "Id pues, enseñad a todas las gentes" (Mt 28:19). "Ellos recibieron la gracia y se bautizaron, siendo incorporadas (a la Iglesia) aquel día unas tres mil personas... Cada día el Señor iba incorporando a los que habían de ser salvos" (Hch 2:41, 47). —Nacida, por consiguiente, de la misión de Jesucristo, la Iglesia es a su vez enviada por El. La Iglesia permanece en el mundo hasta que el Señor de la gloria vuelva al Padre. Permanece como un signo, opaco y luminoso al mismo tiempo, de una nueva presencia de Jesucristo, de su partida y de su permanencia. Ella lo prolonga y lo continúa. Ahora bien, es ante todo su misión y su condición de evangelizador lo que ella está llamada a continuar (Cf. Concilio Vaticano Segundo, Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, 8; Decreto sobre la Actividad Misionera de la Iglesia Ad Gentes, 5). Porque la comunidad de los cristianos no está nunca cerrada en sí misma. 12


En ella, la vida íntima —la vida de oración, la escucha de la Palabra y de las enseñanzas de los Apóstoles, la caridad fraterna vivida, el pan compartido (Cf. Hch 2:42-46; 4:32-35; 5:12-16)— no tiene pleno sentido más que cuando se convierte en testimonio, provoca la admiración y la conversión, se hace predicación y anuncio de la Buena Nueva. Es así como la Iglesia recibe la misión de evangelizar y como la actividad de cada miembro constituye algo importante para el conjunto. —Evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma. Comunidad de creyentes, comunidad de esperanza vivida y comunicada, comunidad de amor fraterno, tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor. Pueblo de Dios inmenso en el mundo... En una palabra, esto quiere decir que la Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizada, si quiere conservar su frescor, su impulso y su fuerza para anunciar el Evangelio... —La Iglesia es depositaria de la Buena Nueva que debe ser anunciada. Las promesas de la Nueva Alianza en Cristo, las enseñanzas del Señor y de los Apóstoles, la Palabra de vida, las fuentes de la gracia y de la benignidad divina, el camino de salvación, todo esto le ha sido confiado. Es ni más ni menos que el contenido del Evangelio y, por consiguiente, de la evangelización que ella conserva como un depósito viviente y precioso, no para tenerlo escondido, sino para comunicarlo. —Enviada y evangelizada, la Iglesia misma envía a los evangelizadores. Ella pone en su boca la Palabra que salva, les explica el mensaje del que ella misma es depositaria, les da el mandato que ella misma ha recibido y les envía a predicar. A predicar no a sí mismos o sus ideas personales (Cf. 2 Cor 4:5), sino un Evangelio del que ni ellos ni ella son dueños y propietarios absolutos para disponer de él a su gusto, sino ministros para transmitirlo con suma fidelidad. 16. La Iglesia, inseparable de Cristo. Existe, por tanto, un nexo íntimo entre Cristo, la Iglesia y la evangelización. Mientras dure este tiempo de la Iglesia, es ella la que tiene a su cargo la tarea de evangelizar. Una tarea que no se cumple sin ella, ni mucho menos contra ella. En verdad, es conveniente recordar esto en un momento como el actual, en que no sin dolor podemos encontrar personas, que queremos juzgar bien intencionadas pero que en realidad están desorientadas en su espíritu, las cuales van repitiendo que su aspiración es amar a Cristo pero sin la Iglesia, escuchar a Cristo pero no a la Iglesia, estar en Cristo pero al margen de la Iglesia. Lo absurdo de esta dicotomía se muestra con toda claridad en estas palabras del Evangelio: "el que a vosotros desecha, a mí me desecha" (Lc 10,16). ¿Cómo va a ser posible amar a Cristo sin amar a la Iglesia, siendo así que el más hermoso testimonio dado en favor de Cristo es el de San Pablo: "amó a la Iglesia y se entregó por ella"? (Ef 5:25) "Toni Zenz (Köln/Germany), Cristo y la Iglesia"

Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad 1. ¿Por qué San Francisco amó a la Iglesia y deseó siempre estar unido a ella? 2. Evangelización es la misión esencial de la Iglesia. ¿Cuál es el papel particular de la Orden Franciscana Seglar y de cada Franciscano Seglar en esta misión de la Iglesia? 3.

Encuentra una definición de “Iglesia” y comenta cómo describirías la “función” de la Iglesia hacia los no creyentes o hacia aquellos que dicen, “Cristo sí, Iglesia no”. 13


SECCIÓN II: EPIRITUALIDAD Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. Tema: Beatos Luquesio y Buonadonna Reflexión, extractos y preguntas por Fr. Amando Trujillo Cano, TOR El 28 de abril la Iglesia celebra la memoria del beato Luquesio, quien ha sido tradicionalmente considerado como el primer miembro de la Tercera Orden de San Francisco, junto con su esposa Buonadonna. Este año esta memoria será omitida porque cae durante la octava de Pascua. Sin embargo, podemos de todos modos tener presente su legado espiritual y reflexionar en él ya que representa un aspecto de los orígenes de lo que ahora llamamos la Orden Franciscana Seglar. Celebrar nuestra nueva vida en Cristo durante el tiempo pascual, también nutre nuestro deseo de renovar nuestra forma de vida franciscana, que resplandece a través del ejemplo de todos nuestros santos antecesores de la familia franciscana. Las fuentes hagiografías más antiguas sobre Luquesio y Buonadonna datan de los siglos XVI y XV y han llegado a nosotros con claros signos de haber sido reelaborados para ajustarse a los estilos hagiográficos de la época y del lugar de origen. Luquesio nació en Gaggiano, Chianti, (Italia) por los años 1180-1200, en una familia de campesinos. Se casó con Buonadonna, de una familia pudiente de Borgo Marturi, (Italia) y tuvieron varios hijos. Él se involucró en la política y llegó a ser el líder de uno de los partidos políticos de Toscana. Debido a que el ambiente político se agitó demasiado, la familia decidió mudarse a Poggibonsi, donde Luquesio se dedicó al comercio con mucha destreza, convirtiéndose en un hombre rico y avaro. Sufrieron la pérdida de sus hijos y hacia el año 1220 la vida de Luquesio tuvo un cambio dramático cuando, tocado por la gracia, fijó su corazón y su mente en buscar el tesoro del reino de Dios. Fascinado por el renombrado ejemplo y los valores evangélicos de san Francisco de Asís, a quien probablemente conoció en 1221, asumió el estado de vida de los penitentes, dedicándose a la oración intensa, al ayuno y a compartir sus bienes con los pobres. De acuerdo a la tradición, Buonadonna no apoyó inicialmente la generosidad de Luquesio, pero algunos signos de la providencia de Dios la convencieron de unirse a él de todo corazón en tal camino. Al ir avanzando en su conversión renunciaron a todos sus bienes, con excepción de una pequeña porción de tierra que Luquesio cultivaba para su propio sustento y para asistir a los pobres. Esta opción por la pobreza voluntaria parece comprobarse por un documento histórico, fechado el 7 de agosto de 1227, que atestigua la venta de la casa de Buonadonna llevada a cabo con el consentimiento de ambos esposos. La generosidad de Luquesio se demuestra también en el cuidado que brindó a los enfermos del hospital de Poggibonsi. Luego de haber llevado una vida fructífera como penitentes por muchos años, ambos esposos se enfermaron y murieron con pocas horas de diferencia entre uno y otro, de acuerdo a algunas fuentes, el 28 de abril de 1241, según otras en 1260. Ellos habían recibido previamente la asistencia sacramental del guardián de los Frailes Menores de Poggibonsi, en cuya capilla fueron sepultados los dos. El culto local empezó poco tiempo después y, como seguía creciendo, la iglesia fue ampliada y dedicada a san Francisco y al beato Luquesio. A través de los siglos, muchos milagros han sido atribuidos a la intercesión de esta pareja. La fiesta de Luquesio fue instituida como solemne por el municipio de Poggibonsi en el año 1331, cuando fue nombrado como el santo patrón del pueblo junto con san Lorenzo. A pesar que no se le dio a Buonadonna el título de beata, la tradición local la nombró como tal. El culto a Luquesio recibió la aprobación pontificia el 27 de marzo de 1697. Aunque no hay suficiente evidencia histórica para sostener que Luquesio y Buonadonna fueron los primeros miembros de la Orden Tercera de San Francisco, sus vidas reflejan claramente el verdadero espíritu de penitencia y representan algo de los primeros frutos de la santidad franciscana en el estado seglar. El testimonio de Luquesio y Buonadonna nos ayuda a recordar que la forma de vida franciscana surge de la conversión sincera al Evangelio de Jesucristo, que nos enriquece con el tesoro del reino de Dios y nos hace libres del apego egoísta a los bienes materiales. Esta conversión permanente nos permite servir a nuestros hermanos y hermanas –especialmente a los pobres y a los que sufren- compartiendo generosamente con ellos nuestros dones, talentos y tiempo. Esta memoria también destaca la importancia de asumir los valores franciscanos en las realidades temporales, poniendo en práctica nuestra fe y el amor en la familia y en la sociedad, integrando la oración contemplativa y la vida sacramental al amor activo por nuestros vecinos, cuidando a los enfermos, siendo solidarios con los pobres, en quienes también vemos a Cristo, y adoptando una forma de vida marcada con la simplicidad y el trabajo honesto.

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Para concluir, oremos con la Iglesia: Señor Dios, tú llamaste al Beato Luquesio a la conversión e hiciste que destacara en obras de piedad y caridad. Por su intercesión y ejemplo, haz que podamos realizar frutos dignos de penitencia y produzcamos siempre abundantes buenas obras. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor… (Oración colecta de la memoria litúrgica).

El fiel laico (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 541-544) Este mes iniciamos la presentación del Capítulo Doce, sección II, del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, publicado por el Pontificio Consejo “Justicia y Paz” en 2004 y titulado Doctrina Social y Compromiso social de los fieles laicos. Presentamos el texto completo de los números 541 al 544, ya que es relativamente corto y toca un tema muy importante en relación con la identidad de los franciscanos seglares: El fiel laico. Aunque algunos miembros de la Orden pertenecen al clero (obispos, sacerdotes diocesanos y diáconos permanentes), la gran mayoría de los franciscanos seglares son laicos, hombres y mujeres, empeñados en realizar el compromiso cristiano de fe dentro de las realidades temporales de la sociedad. El recordar al beato Luquesio y a su esposa Buonadonna, como lo acabamos de hacer, también nos ayuda a introducir este tema ya que ellos vivieron su vocación a la santidad en el estado seglar y como matrimonio, en las circunstancias específicas de su sociedad, con ciertos desafíos y oportunidades, confiriéndole a su vida un color franciscano y penitencial muy distintivo. a. El fiel laico 541. La connotación esencial de los fieles laicos que trabajan en la viña del Señor (cf. Mt 20,1-16), es la índole secular de su seguimiento de Cristo, que se realiza precisamente en el mundo: « A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios ». Mediante el Bautismo, los laicos son injertados en Cristo y hechos partícipes de su vida y de su misión, según su peculiar identidad: « Con el nombre de laicos se designan aquí todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso aprobado por la Iglesia. Es decir, los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde » 542. La identidad del fiel laico nace y se alimenta de los sacramentos: del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. El Bautismo configura con Cristo, Hijo del Padre, primogénito de toda criatura, enviado como Maestro y Redentor a todos los hombres. La Confirmación configura con Cristo, enviado para vivificar la creación y cada ser con la efusión de su Espíritu. La Eucaristía hace al creyente partícipe del único y perfecto sacrificio que Cristo ha ofrecido al Padre, en su carne, para la salvación del mundo. El fiel laico es discípulo de Cristo a partir de los sacramentos y en virtud de ellos, es decir, en virtud de todo lo que Dios ha obrado en él imprimiéndole la imagen misma de su Hijo, Jesucristo. De este don divino de gracia, y no de concesiones humanas, nace el triple « munus » (don y tarea), que cualifica al laico como profeta, sacerdote y rey, según su índole secular. 543. Es tarea propia del fiel laico anunciar el Evangelio con el testimonio de una vida ejemplar, enraizada en Cristo y vivida en las realidades temporales: la familia; el compromiso profesional en el ámbito del trabajo, de la cultura, de la ciencia y de la investigación; el ejercicio de las responsabilidades sociales, económicas, políticas. Todas las realidades humanas seculares, personales y sociales, ambientes y situaciones históricas, estructuras e instituciones, son el lugar propio del vivir y actuar de los cristianos laicos. Estas realidades son destinatarias del amor de Dios; el compromiso de los fieles laicos debe corresponder a esta visión y cualificarse como expresión de la caridad evangélica: « El ser y el actuar en el mundo son para los fieles laicos no sólo una realidad antropológica y sociológica, sino también, y específicamente, una realidad teológica y eclesial ».”. 544. El testimonio del fiel laico nace de un don de gracia, reconocido, cultivado y llevado a su madurez. Ésta es la motivación que hace significativo su compromiso en el mundo y lo sitúa en las antípodas de la mística de la acción, propia del humanismo ateo, carente de fundamento último y circunscrita a una perspectiva puramente temporal. El horizonte escatológico es la clave que permite comprender correctamente las realidades humanas: desde la perspectiva de los bienes definitivos, el fiel laico es capaz de orientar con autenticidad su actividad terrena. El nivel de vida y la mayor productividad económica, no son los únicos indicadores válidos para medir la realización plena del hombre en esta vida, y valen aún menos si se refieren a la futura: « El hombre, en efecto, no se limita al solo horizonte temporal, sino que, sujeto de la historia humana, mantiene íntegramente su vocación eterna”.

Preguntas para la discusión y reflexión en fraternidad 1. ¿Qué aspectos del testimonio de vida del beato Luquesio y Buonadonna te impresionan más y por qué? 2. ¿Cuáles son algunas de las principales características de la identidad del fiel laico de acuerdo al Compendio? 3. ¿De qué forma has experimentado el amor de Dios en tu realidad seglar?

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PRESIDENCY OF THE SFO INTERNATIONAL COUNCIL ONGOING FORMATION PROJECT MONTHLY DOSSIER MAYO 2011 – AÑO 2 – No. 17

SECTION I: MONTHLY THEME Topic 5: Elements and aspects in the evangelizing activity (EN n.17-23) Comments, excerpts and questions by Ewald Kreuzer, SFO In his Apostolic Exhortation, “Evangelii nuntiandi” (1975), Pope Paul VI develops a clear concept of evangelization with important elements and aspects. These elements are following the lines of the Second Vatican Council (1962-65), especially in “Lumen gentium”, “Gaudium et spes” and “Ad gentes”. Therefore it would be very useful to study these documents again and to compare them with the contents of “Evangelii nuntiandi”. 17. The concept of evangelization. In the Church's evangelizing activity there are of course certain elements and aspects to be specially insisted on. Some of them are so important that there will be a tendency simply to identify them with evangelization. Thus it has been possible to define evangelization in terms of proclaiming Christ to those who do not know Him, of preaching, of catechesis, of conferring Baptism and the other sacraments. Any partial and fragmentary definition which attempts to render the reality of evangelization in all its richness, complexity and dynamism does so only at the risk of impoverishing it and even of distorting it. It is impossible to grasp the concept of evangelization unless one tries to keep in view all its essential elements. These elements basically follow the lines of those transmitted to us by the Second Vatican Council, especially in "Lumen gentium," "Gaudium et spes" and "Ad gentes." 18. Interior change. For the Church, evangelizing means bringing the Good News into all the strata of humanity, and through its influence transforming humanity from within and making it new: "Now I am making the whole of creation new."[Rev. 21:5; cf. 2 Cor 5:17; Gal 6:15] But there is no new humanity if there are not first of all new persons renewed by Baptism[Cf. Rom 6:4] and by lives lived according to the Gospel.[Cf. Eph 4:24-25; Col 3:9-10] The purpose of evangelization is therefore precisely this interior change, and if it had to be expressed in one sentence the best way of stating it would be to say that the Church evangelizes when she seeks to convert [Cf. Rom 1:16; 1 Cor 1:18, 2:4], solely through the divine power of the message she proclaims, both the personal and collective consciences of people, the activities in which they engage, and the lives and concrete milieu which are theirs. 19. Transformation through the power of the Gospel. Strata of humanity which are transformed: for the Church it is a question not only of preaching the Gospel in ever wider geographic areas or to ever greater numbers of people, but also of affecting and as it were upsetting, through the power of the Gospel, mankind's criteria of judgment, determining values, points of interest, lines of thought, sources of inspiration and models of life, which are in contrast with the Word of God and the plan of salvation. 20. Evangelization of cultures. What matters is to evangelize man's culture and cultures (not in a purely decorative way, as it were, by applying a thin veneer, but in a vital way, in depth and right to their very roots), in the wide and rich sense which these terms have in “Gaudium et spes”, always taking the person as one's starting-point and always coming back to the relationships of people among themselves and with God. The Gospel, and therefore evangelization, are certainly not identical with culture, and they are independent in regard to all cultures. Nevertheless, the kingdom which the Gospel proclaims is lived by men who are profoundly linked to a culture, and the building up of the kingdom cannot avoid borrowing the elements of human culture or cultures. Though independent of cultures, the Gospel and evangelization are not necessarily incompatible with them; rather they are capable of permeating them all without becoming subject to any one of them. The split between the Gospel and culture is without a doubt the drama of our time, just as it was of other 16


times. Therefore every effort must be made to ensure a full evangelization of culture, or more correctly of cultures. They have to be regenerated by an encounter with the Gospel. But this encounter will not take place if the Gospel is not proclaimed. 21. Worldless witness of life. Above all the Gospel must be proclaimed by witness. Take a Christian or a handful of Christians who, in the midst of their own community, show their capacity for understanding and acceptance, their sharing of life and destiny with other people, their solidarity with the efforts of all for whatever is noble and good. Let us suppose that, in addition, they radiate in an altogether simple and unaffected way their faith in values that go beyond current values, and their hope in something that is not seen and that one would not dare to imagine. Through this wordless witness these Christians stir up irresistible questions in the hearts of those who see how they live: Why are they like this? Why do they live in this way? What or who is it that inspires them? Why are they in our midst? Such a witness is already a silent proclamation of the Good News and a very powerful and effective one. Here we have an initial act of evangelization. The above questions will ask, whether they are people to whom Christ has never been proclaimed, or baptized people who do not practice, or people who live as nominal Christians but according to principles that are in no way Christian, or people who are seeking, and not without suffering, something or someone whom they sense but cannot name. Other questions will arise, deeper and more demanding ones, questions evoked by this witness which involves presence, sharing, solidarity, and which is an essential element, and generally the first one, in evangelization. All Christians are called to this witness, and in this way they can be real evangelizers. We are thinking especially of the responsibility incumbent on immigrants in the country that receives them. 22. Witness of the word of life. Nevertheless this always remains insufficient, because even the finest witness will prove ineffective in the long run if it is not explained, justified - what Peter called always having "your answer ready for people who ask you the reason for the hope that you all have"[1 Pt 3:15] - and made explicit by a clear and unequivocal proclamation of the Lord Jesus. The Good News proclaimed by the witness of life sooner or later has to be proclaimed by the word of life. There is no true evangelization if the name, the teaching, the life, the promises, the kingdom and the mystery of Jesus of Nazareth, the Son of God are not proclaimed. The history of the Church, from the discourse of Peter on the morning of Pentecost onwards, has been intermingled and identified with the history of this proclamation. At every new phase of human history, the Church, constantly gripped by the desire to evangelize, has but one preoccupation: Whom to send to proclaim the mystery of Jesus? In what way is this mystery to be proclaimed? How can one ensure that it will resound and reach all those who should hear it? This proclamation - kerygma, preaching or catechesis - occupies such an important place in evangelization that it has often become synonymous with it; and yet it is only one aspect of evangelization. 17


23. Dynamism of evangelization. In fact the proclamation only reaches full development when it is listened to, accepted and assimilated, and when it arouses a genuine adherence in the one who has thus received it. An adherence to the truths which the Lord in His mercy has revealed; still more, an adherence to a program of life - a life henceforth transformed - which He proposes. In a word, adherence to the kingdom, that is to say, to the "new world," to the new state of things, to the new manner of being, of living, of living in community, which the Gospel inaugurates. Such an adherence, which cannot remain abstract and unincarnated, reveals itself concretely by a visible entry into a community of believers. Thus those whose life has been transformed enter a community which is itself a sign of transformation, a sign of newness of life: it is the Church, the visible sacrament of salvation [Cf. Second Vatican Ecumenical Council, Dogmatic Constitution on the Church Lumen Gentium, 1, 9, 48; Pastoral Constitution on the Church in the Modern World Gaudium et Spes, 42, 45; Decree on the Church's Missionary Activity Ad Gentes, 1, 5]. Our entry into the ecclesial community will in its turn be expressed through many other signs which prolong and unfold the sign of the Church. In the dynamism of evangelization, a person who accepts the Church as the Word which saves[Cf. Rom 1:16; 1 Cor 1:18] normally translates it into the following sacramental acts: adherence to the Church, and acceptance of the sacraments, which manifest and support this adherence through the grace which they confer. Questions for reflection and discussing in fraternity 1. What does “evangelizing” mean for the Church? 2. Why is the evangelization of cultures so important? And in which ways can this “inculturation” of the Gospel happen? 3. How can we Secular Franciscans “evangelize” people, especially those who are baptized but not practicing their Christian faith or those who are seeking for meaning in their lives? In which ways can we be inspired by the example of St. Francis?

SECTION II: SPIRITUALITY AND SOCIAL DOCTRINE OF THE CHURCH Topic 2 of 9: Divine Mercy Sunday, beatification of Pope John Paul II Reflection, excerpts and questions by Fr. Amando Trujillo Cano, TOR May 1, 2011 will be a memorable day for Catholics, and many others as well, due to the beatification of the late Pope John Paul II by his successor Pope Benedict XVI at the Basilic of St. Peter in Rome, the city that saw him and heard him exercising his outstanding apostolic ministry for 26 years and 168 days. During that time, the Pope of happy memory visited 129 different countries in 104 international trips, and 259 cities and towns in Italy during 146 trips, for a total distance equivalent to traveling 29 times around the globe. The date chosen for this official declaration of the Church falls on the feast of Divine Mercy (II Sunday of Easter), extended to the universal Church by the same John Paul II on April 30, 2000, on the ocassion of the canonization of the Polish sister Maria Faustina Kowalska. The late Pope died on April 2, 2005, on the eve of Divine Mercy Suday. In his homily during the Mass for the aforementioned cannonization, the now Venerable Pope talked about the “paths of mercy” as a central theme offered by the word of God proclaimed on that day, the last within the Octave of Easter. Naturally, he also made several references to the extraordinary spiritual experience of Sr. Faustina. Here are some of his words on that day: It is important then that we accept the whole message that comes to us from the word of God on this Second Sunday of Easter, which from now on throughout the Church will be called “Divine Mercy Sunday". In the various readings, the liturgy seems to indicate the path of mercy which, while re-establishing the relationship of each person with God, also creates new relations of fraternal solidarity among human beings. Christ has taught us that "man not only receives and experiences the mercy of God, but is also called "to practise mercy' towards others: "Blessed are the merciful, for they shall obtain mercy' (Mt 5: 7)" (Dives in misericordia, n. 14). He also showed us the many paths of mercy, which not only forgives sins but reaches out to all human needs. Jesus bent over every kind of human poverty, material and spiritual. His message of mercy continues to reach us through his hands held out to suffering man. This is how Sr Faustina saw him and proclaimed him to people on all the continents when, hidden in her convent at £agiewniki in Kraków, she made her life a hymn to mercy: Misericordias Domini in aeternum cantabo. (Homily of the Holy Father, Mass in St Peter's Square for the Canonization of Sr. Mary Faustina Kowalska, Sunday, 30 April 2000) 18


Karol Józef Wojtyła (18 May 1920 – 2 April 2005) is renown for so many reasons that it is impossible to describe them all in a brief reflection like this one. Since this section of the monthly dossier attempts to highlight the relationship between Christian spirituality and social commitment of Secular Franciscans, it seems appropriate to recall that he made an indelible contribution to the Social Doctrine of the Church and that he directly addressed some mesagges to the international leadership of the SFO. In regards to his contribution to the development of the Catholic social teaching, it is fitting to mention his social encyclicals that have become milestones in such a process. His first social enclyclical was called Laborem Exercens (“On Human Work”), and was published in 1981. It deals with workers’ rights and dignity and was conceived to mark the 90th anniversary of Pope Leo XIII’s encyclical Rerum Novarum. His second social encyclical carried the title of Sollicitudo Rei Socialis (“On Social Concerns”) and was released in 1987. It marked the 20th anniversary of Pope Paul VI’s social encyclical Populorum Progressio. His third social encyclical was Centesimus Annus (“The Hundredth Year”) and was issued in 1991, on the 100th anniversary of Rerum Novarum. It analyzed the social circumstances in the light of the fall of communism. Among the rest of his encyclicals, it is important to mention his eleventh one, named Evangelium Vitae (“The Gospel of Life”), written in 1995. It dealt with issues such as: abortion, euthanasia, embryonic experiments and other threats to human life, but also its sacredness and dignity. On the other hand, his messages to the SFO during his encounters with its international leadership also represent an important reference in seeking ways to fulfill the Secular Franciscan vocation in the world and in the Church of the present time. Here are some of his words to the members of the General Council of the SFO in 1982: Then next to the Gospel values, but still involved in them, emerge from the same Rule, with incisive character, human values, for which you assume, as citizens of the earthly city and, at the same time, as Christians, temporal and social commitments, thus intending to be a leaven in earthly realities, in which you feel, because of profound vocation, at home, as in your own and native land. Mindful that there is a royal priesthood in you, through baptism, rest assured that no one can forbid you from entering any reality that is earthly, social and human, since it is you who are called to give a Christian and human soul to all these things. Then accept the invitation that I extend to all men and women of good will, so that the dignity that human labor has before God may be recognized and, in the current grave circumstances, every person may be allowed to find fulfillment and to peacefully cooperate with the work of creation and the good of society with a job worthy of human beings (cf. John Paul II, Laborem Exercens, 24). [Address of John Paul II to the members of the General Council of the Secular Franciscan Order, Monday, September 27, 1982] Finally, let us recall some words from his earnest exhortation to the SFO Capitulars in 2002: The Church expects from the unique Franciscan Secular Order a great service to the cause of the Kingdom of God in the world today. She wants your Order to be a model of organic, structural and charismatic union at all levels, so as to present yourself to the world as a "community of love" (SFO, Rule, art. 26). From you, Secular Franciscans, the Church awaits a courageous and consistent witness of Christian and Franciscan life that aims at building a more fraternal and evangelical world for the realization of the Kingdom of God… If you are truly driven by the Spirit to reach the perfection of charity in your secular state, "it would be a contradiction to settle for a life of mediocrity, marked by a minimalist ethic and a shallow religiosity" (Novo Millennio ineunte, n. 31). You must be sincerely dedicated to that "high standard of ordinary Christian living" (ibid.), to which I invited all the faithful at the end of the Great Jubilee of the Year 2000. [Address of John Paul II to the Secular Franciscan Order, Friday, November 22, 2002]

Spirituality of the lay faithful; acting with prudence (Compendium of the Social Doctrine of the Church, n. 545-548) This dossier continues with the presentation of section II, from Chapter Twelve of the Compendium of the Social 19


Doctrine of the Church, entitled: Social Doctrine and the Commitment of the Lay Faithful. This time, we focus on numbers 545 through 548, encompassing the following topics: Spirituality of the lay faithful and Acting with prudence. These themes are fitting as we have just briefly recalled John Paul II’s legacy on the area of Social teachings of the Church and some of his exhortations directed to the SFO. He masterfully blended the realm of faith and that of earthly realities, the Gospel values and human values, the royal priesthood of the laity and their social mission. Through profound theological reflections and keen social analysis, he promoted what the Compendium calls an authentic lay spirituality. His commitment to peace, human life, family, solidarity, freedom, and social justice rooted in the values of the Kingdom of God represent a compelling testimony of his ardent desire to let Christ fully enter into the lives of believers, in the Church, and in the world. b. Spirituality of the lay faithful 545. The lay faithful are called to cultivate an authentic lay spirituality by which they are reborn as new men and women, both sanctified and sanctifiers, immersed in the mystery of God and inserted in society. Such a spirituality will build up the world according to Jesus’ Spirit. It will make people capable of looking beyond history, without separating themselves from it, of cultivating a passionate love for God without looking away from their brothers and sisters, whom they are able to see as the Lord sees them and love as the Lord loves them. This spirituality precludes both an intimist spiritualism and a social activism, expressing itself instead in a lifegiving synthesis that bestows unity, meaning and hope on an existence that for so many different reasons is contradictory and fragmented. Prompted by such a spirituality, the lay faithful are able to contribute “to the sanctification of the world, as from within like leaven, by fulfilling their own particular duties. Thus, especially by the witness of their own life ... they must manifest Christ to others” [Lumen Gentium, 31]. 546. The lay faithful must strengthen their spiritual and moral lives, becoming ever more competent in carrying out their social duties. A deepening of interior motivations and the acquisition of a style appropriate for their work in the social and political spheres are the results of a dynamic and ongoing formation directed above all to the attainment of harmony between life, in all its complexity, and faith. In the experience of believers, in fact, “there cannot be two parallel lives in their existence: on the one hand, the so-called ‘spiritual’ life, with its values and demands; and on the other, the so-called ‘secular’ life, that is, life in a family, at work, in social relationships, in the responsibilities of public life and in culture” [Christifidelis Laici, 59]. Bringing faith and life together requires following the path judiciously indicated by the characteristic elements of Christian living: the Word of God as a reference point; the liturgical celebration of the Christian Mystery; personal prayer; the authentic experience of Church enhanced by the particular formational services of discerning spiritual guides; the exercise of the social virtues and a persevering commitment to cultural and professional formation. c. Acting with prudence 547. The lay faithful should act according to the dictates of prudence, the virtue that makes it possible to discern the true good in every circumstance and to choose the right means for achieving it. Thanks to this virtue, moral principles are applied correctly to particular cases. We can identify three distinct moments as prudence is exercised to clarify and evaluate situations, to inspire decisions and to prompt action. The first moment is seen in the reflection and consultation by which the question is studied and the necessary opinions sought. The second moment is that of evaluation, as the reality is analyzed and judged in the light of God’s plan. The third moment, that of decision, is based on the preceding steps and makes it possible to choose between the different actions that may be taken. 548. Prudence makes it possible to make decisions that are consistent, and to make them with realism and a sense of responsibility for the consequences of one’s action. The rather widespread opinion that equates prudence with shrewdness, with utilitarian calculations, with diffidence or with timidity or indecision, is far from the correct understanding of this virtue. It is a characteristic of practical reason and offers assistance in deciding with wisdom and courage the course of action that should be followed, becoming the measure of the other virtues. Prudence affirms the good as a duty and shows in what manner the person should accomplish it [Cf. Catechism of the Catholic Church, 1806]. In the final analysis, it is a virtue that requires the mature exercise of thought and responsibility in an objective understanding of a specific situation and in making decisions according to a correct will. Questions for reflection and discussion in fraternity 4. How do you experience mercy in your life as a Secular Franciscan? 5. What impresses you the most about John Paul II’s call to be a leaven in earthly realities? 6. How would you describe an authentic lay spirituality? 20


PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE FICHA MENSUAL JUNIO 2011 – AÑO 2 – No. 18

SECCION I: TEMA MENSUAL Topic 6: Evangelized to evangelize (EN n. 24-30) Comentarios, extractos y preguntas por Ewald Kreuzer, SFO Los siguientes extractos constituyen el centro de la Exhortación Apostólica “Evangelii nuntiandi”, publicada en el año 1975 por el Papa Pablo VI. “La evangelización es un proceso complejo”, explica el Santo Padre. Por lo tanto es necesario desarrollar métodos útiles para llevar el Evangelio a la gente de nuestro tiempo. “Evangelizados para evangelizar” también será el tema central del próximo Capítulo General de la Orden Franciscana Seglar, a celebrarse del 22 al 29 de octubre de 2011, en Sao Paolo, Brasil. 24. La prueba de la verdad. La persona que ha sido evangelizada evangeliza a su vez. He ahí la prueba de la verdad, la piedra de toque de la evangelización: es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al reino sin convertirse en alguien que a su vez da testimonio y anuncia. Al terminar estas consideraciones sobre el sentido de la evangelización, se debe formular una última observación que creemos esclarecedora para las reflexiones siguientes. La evangelización, hemos dicho, es un paso complejo, con elementos variados: renovación de la humanidad, testimonio, anuncio explícito, adhesión del corazón, entrada en la comunidad, acogida de los signos, iniciativas de apostolado [...] En esta visión global lo que queremos ahora exponer, examinando el contenido de la evangelización, los medios de evangelizar, precisando a quién se dirige el anuncio evangélico y quién tiene hoy el encargo de hacerlo. 25. Circunstancias cambiantes. En el mensaje que anuncia la Iglesia hay ciertamente muchos elementos secundarios, cuya presentación depende en gran parte de los cambios de circunstancias. Tales elementos cambian también. Pero hay un contenido esencial, una substancia viva, que no se puede modificar ni pasar por alto sin desnaturalizar gravemente la evangelización misma 26. Dios no es un poder anónimo. …[E]vangelizar es, ante todo, dar testimonio, de una manera sencilla y directa, de Dios revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo. Testimoniar que ha amado al mundo en su Verbo Encarnado, ha dado a todas las cosas el ser y ha llamado a los hombres a la vida eterna. Para muchos, es posible que este testimonio de Dios desconocido [Cf. Hch 17:22-23] a quien adoran sin darle un nombre concreto, o al que buscar por sentir una llamada secreta en el corazón, al experimentar la vacuidad de todos los ídolos. Pero este testimonio resulta plenamente evangelizador cuando pone de manifiesto que para el hombre el Creador no es un poder anónimo y lejano: es Padre. "Nosotros somos llamados hijos de Dios, y en verdad lo somos" [1 Jn 3:1; cf. Rom 8:14-17] y, por tanto, somos hermanos los unos de los otros, en Dios. 27. No una salvación inmanente. La evangelización también debe contener siempre —como base, centro y a la vez culmen de su dinamismo— una clara proclamación de que en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvación a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios [Cf. Efe 2:8; Rom 1:16]. No una salvación puramente inmanente, a medida de las necesidades materiales o incluso espirituales que se agotan en el cuadro de la existencia temporal y se identifican totalmente con los deseos, las esperanzas, los asuntos y las luchas temporales, sino una salvación que desborda todos estos límites para realizarse en una comunión con el único Absoluto Dios, salvación trascendente, escatológica, que comienza ciertamente en esta vida, pero que tiene su cumplimiento en la eternidad. 28. La predicación de la esperanza. …La evangelización comprende además la predicación de la esperanza en las promesas hechas por Dios mediante la nueva alianza en Jesucristo; la predicación del amor de Dios para con nosotros y de nuestro amor hacia Dios, la predicación del amor fraterno para con todos los hombres —capacidad de donación y de perdón, de renuncia, de ayuda al hermano— que por descender del amor de Dios, es el núcleo del Evangelio; la predicación del misterio del mal y de la búsqueda activa del bien. Predicación, asimismo, y ésta se hace cada vez más urgente, de la búsqueda del mismo Dios a través de la oración, sobre todo de adoración y de acción de gracias, y también a través de la comunión con ese signo visible del encuentro con Dios que es la 21


Iglesia de Jesucristo; comunión que a su vez se expresa mediante la participación en esos otros signos de Cristo, viviente y operante en la Iglesia, que son los sacramentos. Vivir de tal suerte los sacramentos hasta conseguir en su celebración una verdadera plenitud, no es, como algunos pretenden, poner un obstáculo o aceptar una desviación de la evangelización: es darle toda su integridad. Porque la totalidad de la evangelización, aparte de la predicación del mensaje, consiste en implantar la Iglesia, la cual no existe sin este respiro de la vida sacramental culminante en la Eucaristía. 29. Un mensaje personal y social. La evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social, del hombre. Precisamente por esto la evangelización lleva consigo un mensaje explícito, adaptado a las diversas situaciones y constantemente actualizado, sobre los derechos y deberes de toda persona humana, sobre la vida familiar sin la cual apenas es posible el progreso personal (60), sobre la vida comunitaria de la sociedad, sobre la vida internacional, la paz, la justicia, el desarrollo; un mensaje, especialmente vigoroso en nuestros días, sobre la liberación. 30. Proclamen la liberación de los seres humanos. Es bien sabido en qué términos hablaron durante el reciente Sínodo numerosos obispos de todos los continentes y, sobre todo, los obispos del Tercer Mundo, con un acento pastoral en el que vibraban las voces de millones de hijos de la Iglesia que forman tales pueblos. Pueblos, ya lo sabemos, empeñados con todas sus energías en el esfuerzo y en la lucha por superar todo aquello que los condena a quedar al margen de la vida: hambres, enfermedades crónicas, analfabetismo, depauperación, injusticia en las relaciones internacionales y, especialmente, en los intercambios comerciales, situaciones de neocolonialismo económico y cultural, a veces tan cruel como el político, etc. La Iglesia, repiten los obispos, tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos, entre los cuales hay muchos hijos suyos; el deber de ayudar a que nazca esta liberación, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea total. Todo esto no es extraño a la evangelización. Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad. 1. ¿Qué se espera de una persona que ha sido evangelizada? 2. ¿Cual mensaje personal y social está incluido en la evangelización? 3. ¿Cómo pueden ayudar los franciscanos seglares a construir un mundo más fraterno y evangélico? (Esta pregunta también será discutida durante la Mesa Redonda internacional que tendrá lugar en el próximo Capítulo General en Brasil).

SECTION II: ESPIRITUALIDAD Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Tema 3 de 9: La Santísima Trinidad – Doctrina Social y Asociaciones Laicales Reflexión, extractos y preguntas por Fr. Amando Trujillo Cano, TOR La Iglesia Católica celebra el Domingo de la Sma. Trinidad una semana después del Domingo de Pentecostés, es decir, después de que el año litúrgco nos ha llevado a través del tiempo de Pascua, celebrando la salvación de Dios y la revelación de Cristo a través de su Misterio Pascual y el descenso del Espíritu Santo sobre los discpiulos, como fue prometido por el mismo Jesús (En las Iglesias Cristianas Orientales, la Santìsima Trinidad se celebra el Domingo de Pentecostés). De esta forma, la Iglesia proclama la plenitud de la revelaciòn de Dios para la salvación del mundo, recordándonos que la razón por la cual conocemos a Dios y creemos en él como el único y solo Dios en tres personas, Padre, Hijo y Espìritu Santo, no radica en nuestra propias capacidad o inteligencia, sino en la iniciativa de Dios. Esta revelación se desarrolla gradualmente en la historia dándonos acceso a la verdad más profunda acerca de Dios y de la salvación de la humanidad, como claramente se indica en la Constitución Dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II (cf. DV 2). El misterio del Dios Trinitario es el centro de nuestra fe cristiana, la verdad más importante y fundamental revelada por Dios. A pesar que el concepto mismo de Trinidad no está presente en la Biblia, su contenido está 22


ciertamente presente y expresado en muchos pasajes bíblicos, y claramente desarrollado en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, la conclusión del Evangelio de Mateo en la montaña de Galilea, cuando Jesús envia a sus discìpulos al mundo: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo." (Mat 28:18-20) Algunos otros textos del Nuevo Testamento que reflejan la revelación de la Trinidad son: Jn 14:16-17; 1 Cor 12:4-6; 2 2Tes 13-14; Gal 4:6; Rom 15:30; 1 P 1:2; Tit 3:4-6; He 10:29; y Jud 20-21. La Iglesia ha proclamado y defendido la fe en la Trinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo desde sus primeros siglos, especialmente a través de sus Concilios y en contra de las herejías tales como el arrianismo, macedonianismo, sabelianismo y otras especias de modalismos. La herejía Arriana fue iniciada por el sacerdote Arrio, quien vivió en el siglo cuarto y negó la divinidad de Cristo no admitiendo la co-igualdad y co-eternidad de las Personas que son Dios. La Iglesia también ha rechazado las teorías racionalistas que consideran que hay tres divinas sustancias o dioses en lugar de una sola sabiduría y un amor divinos, en la cual subsisten tres Personas, quienes son un solo Dios (cfr. Las enseñanzas de la Iglesia, Un Catecismo Católico para Adultos, 2nd. Ed., 1983, p.162-173). Al expresar el dogma de la Trinidad, la Iglesia hizo un uso crítico de la filosofia helenística y desarrolló un lenguaje técnico para expresar en la mejor manera posible la inefable realidad de nuestro Dios. La única naturaleza divina e igual gloria que pertenece a las tres Personas de la Trinidad, nos recuerda que nuestro Dios no es un ser solitario, sino que es comunión de amor, donde el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se relacionan uno con el otro en perfecta armonía, respeto y colaboración, para hablar en términos humanos. Cada uno tiene su propia especificidad pero son Uno, existen y actuan siempre hacia la creación y hacia la humanidad en perfecta unión. Ninguna toma nada de la otra Persona, pero cada una existe y actua en comunión de divina sabiduría y amor. La vida interna de la Trinidad es así un modelo perfecto de amor y de comunión. Nuestras familias y fraternidades, y toda la comunidad de la Iglesia están invitadas, cuando celebramos esta fiesta, a aceptar la invitación a participar en esta extraordinaria vida a través de la fe y de la gracia de Dios. Como lo dijo Jesús en la Ultima Cena: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.”. (Jn 14:23) Al mismo tiempo estamos llamados a considerar con atención las relaciones entre el Padre, el Hijo y el Espiritu Santo, como la fuente y el modelo para nuestras relaciones humanas. Hemos de esforzamos constantemente por honrar y respetar la dignidad de cada persona y valorarnos unos a otros como hijos e imágenes de Dios. Toda actitud, costumbre, ley o práctica que insulta o niega esta dignidad, contradice directamente el elevado estándar fijado por Dios mismo, que de hecho es la único vía para la verdadera realización y felicidad humana. Otro aspecto que deseamos enfatizar brevemente en referencia a la Trinidad es su actividad externa o manifestación. Para decirlo simplemente, aun cuando las Divinas personas siempre actuan en total unidad, hay “apropiaciones” de cada una de ellas, aspectos que pertenecen más propiamente a una u a otra. Así, el Padre está más directamente asociado con la creación, el Hijo es la palabra del Padre que se hizo hombre para nuestra salvación, y el Espíritu Santo es la expresión de amor que vincula al Padre y al Hijo; es a través del Espíritu que experimentamos el amor de Dios y la salvación en Cristo. Es a través de la manifestación de la salvación de Dios, desplegada en nuestra historia concreta, que se nos da el Tesoro más grande de su Reino. La vida interna de nuestra familia, de nuestra fraternidad y de la comunidad eclesial, no solamente debe brillar hacia adentro, sino también hacia fuera; de hecho, si nuestra comunión en Cristo y con Cristo es verdadera, la llama de nuestro amor se encenderá y nutrirá en nuestro hogar, será sostenida y estimulada en nuestras fraternidades para que podamos portarla al mundo. El testimonio cristiano y la colaboración en la misión de la Iglesia deben ser asumidos por los seglares franciscanos con un verdadero sentido de familia y de fraternidad, inspirado y fortalecido por la Trinidad viviente. 23


Doctrina Social y Asociaciones Laicales (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 549-550) Este mes les invitamos a revisar los números 549-550 del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, continuando con la presentación de la sección II, Doctrina Social y el compromiso de los fieles laicos, del Capítulo XII. El tema de estos dos párrafos es: Doctrina Social y experiencia asociativa, y se enlaza directamente con la naturaleza y misión de la Orden Franciscana Seglar, definida en el Art. 1.5 de las Constituciones Generales de la OFS como “asociación pública de la Iglesia”. En estos párrafos, el Compendio enfatiza la importancia de la doctrina social de la Iglesia en la formación permanente de los laicos y reconoce la diversidad de los métodos de formación, que incluyen la participación activa en la vida apostólica de la Iglesia y el trabajo junto a otros grupos. También hace una clara conexión con la renovación cristiana del orden temporal y cómo estamos llamados los cuerpos eclesiales a llevarlo a cabo. El contenido sobre asociaciones especializadas es muy sugerente, especialmente a la luz del gran potencial y tradición de la OFS y los desafíos actuales en todas las naciones donde los franciscanos seglares están presentes. d. Doctrina social y experiencia asociativa 549. La doctrina social de la Iglesia debe entrar, como parte integrante, en el camino formativo del fiel laico. La experiencia demuestra que el trabajo de formación es posible, normalmente, en los grupos eclesiales de laicos, que responden a criterios precisos de eclesialidad: [Cf. Christifideles Laici, 30] « También los grupos, las asociaciones y los movimientos tienen su lugar en la formación de los fieles laicos. Tienen, en efecto, la posibilidad, cada uno con sus propios métodos, de ofrecer una formación profundamente injertada en la misma experiencia de vida apostólica, como también la oportunidad de completar, concretar y especificar la formación que sus miembros reciben de otras personas y comunidades ».[Christifideles Laici, 62] La doctrina social de la Iglesia sostiene e ilumina el papel de las asociaciones, de los movimientos y de los grupos laicales comprometidos en vivificar cristianamente los diversos sectores del orden temporal: [Cf. Juan XXIII, Carta Encíclica Mater et Magistra: AAS 53 (1961) 455.] « La comunión eclesial, ya presente y operante en la acción personal de cada uno, encuentra una manifestación específica en el actuar asociado de los fieles laicos: es decir, en la acción solidaria que ellos llevan a cabo participando responsablemente en la vida y misión de la Iglesia ». [Christifideles laici, 29] 550. La doctrina social de la Iglesia es de suma importancia para los grupos eclesiales que tienen como objetivo de su compromiso la acción pastoral en ámbito social. Estos constituyen un punto de referencia privilegiado, ya que operan en la vida social conforme a su fisonomía eclesial y demuestran, de este modo, lo relevante que es el valor de la oración, de la reflexión y del diálogo para comprender las realidades sociales y mejorarlas. En todo caso vale la distinción « entre la acción que los cristianos, aislada o asociadamente, llevan a cabo a título personal, como ciudadanos de acuerdo con su conciencia cristiana, y la acción que realizan, en nombre de la Iglesia, en comunión con sus pastores ». [Gaudium et Spes, 76]. También las asociaciones profesionales, que agrupan a sus miembros en nombre de la vocación y de la misión cristianas en un determinado ambiente profesional o cultural, pueden desarrollar un valioso trabajo de maduración cristiana. Así —por ejemplo— una asociación católica de médicos forma a sus afiliados a través del ejercicio del discernimiento ante los múltiples problemas que la ciencia médica, la biología y otras ciencias presentan a la competencia profesional del médico, pero también a su conciencia y a su fe. Otro tanto se podrá decir de asociaciones de maestros católicos, de juristas, de empresarios, de trabajadores, sin olvidar tampoco las de deportistas, ecologistas... En este contexto la doctrina social muestra su eficacia formativa respecto a la conciencia de cada persona y a la cultura de un país. Preguntas para la reflexión y la discusión en fraternidad 7. ¿Qué es lo que más te gusta sobre celebrar la Santísima Trinidad junto a tu comunidad y por qué? 8. ¿Cómo puede la doctrina de la Iglesia Católica ser parte integral de la formación permanente de los seglares franciscanos en su búsqueda por renovar los varios sectores del orden temporal? 9. ¿Cómo pueden los seglares franciscanos ayudar para que la doctrina social de la Iglesia sea un medio efectivo en la formación de conciencias individuales y en la cultura de su país? 24


PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE FICHA MENSUAL JULIO 2011 – AÑO 2 – No. 19

SECCION I: TEMA MENSUAL Tópico 7: Evangelización y promoción humana, desarrollo y liberación (EN n. 31-37) Comentarios, extractos y preguntas por Ewald Kreuzer, SFO Existe una relación entre evangelización y progreso humano, desarrollo y liberación. No es posible, dice el Papa Pablo VI, aceptar que “al evangelizar uno podría o debería ignorar la importancia de los problemas tan discutidos hoy, referentes a la justicia, liberación, desarrollo y paz en el mundo. Esto sería olvidar la lección que viene a nosotros del Evangelio relacionada con el amor a nuestro prójimo que sufre y está en necesidad”. Así que la evangelización no solamente tiene una dimensión espiritual sino que también nos llama a cada uno de nosotros a tener una responsabilidad social para con los demás.

31. No es un ser abstracto. Entre evangelización y promoción humana (desarrollo, liberación) existen efectivamente lazos muy fuertes. Vínculos de orden antropológico, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos. Lazos de orden teológico, ya que no se puede disociar el plan de la creación del plan de la redención que llega hasta situaciones muy concretas de injusticia, a la que hay que combatir y de justicia que hay que restaurar. Vínculos de orden eminentemente evangélico como es el de la caridad: en efecto, ¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el auténtico crecimiento del hombre? 32. Tentación de reducir la misión de la Iglesia. No hay por qué ocultar, en efecto, que muchos cristianos generosos, sensibles a las cuestiones dramáticas que lleva consigo el problema de la liberación, al querer comprometer a la Iglesia en el esfuerzo de liberación han sentido con frecuencia la tentación de reducir su misión a las dimensiones de un proyecto puramente temporal; de reducir sus objetivos, a una perspectiva antropocéntrica; la salvación, de la cual ella es mensajera y sacramento, a un bienestar material; su actividad —olvidando toda preocupación espiritual y religiosa— a iniciativas de orden político o social. Si esto fuera así, la Iglesia perdería su significación más profunda. Su mensaje de liberación no tendría ninguna originalidad y se prestaría a ser acaparado y manipulado por los sistemas ideológicos y los partidos políticos. No tendría autoridad para anunciar, de parte de Dios, la liberación.. 33. Abarca el hombre entero. Acerca de la liberación que la evangelización anuncia y se esfuerza por poner en práctica, más bien hay que decir: no puede reducirse a la simple y estrecha dimensión económica, política, social o cultural, sino que debe abarcar al hombre entero, en todas sus dimensiones, incluida su apertura al Absoluto, que es Dios; va por tanto unida a una cierta concepción del hombre, a un antropología que no puede nunca sacrificarse a las exigencias de una estrategia cualquiera, de una praxis o de un éxito a corto plazo. 34. Primacía de su vocación espiritual. Por eso, al predicar la liberación y al asociarse a aquellos que actúan y sufren por ella, la Iglesia no admite el circunscribir su misión al solo terreno religioso, desinteresándose de los problemas temporales del hombre; sino que reafirma la primacía de su vocación espiritual, rechaza la substitución del anuncio del reino por la proclamación de las liberaciones humanas, y proclama también que su contribución a la liberación no sería completa si descuidara anunciar la salvación en Jesucristo. 35. Liberación humana y salvación en Cristo. La Iglesia asocia, pero no identifica nunca, liberación humana y salvación en Jesucristo, porque sabe por revelación, por experiencia histórica y por reflexión de fe, que no toda noción de liberación es necesariamente coherente y compatible con una visión evangélica del hombre, de las cosas y de los acontecimientos; que no es suficiente instaurar la liberación, crear el bienestar y el desarrollo para que llegue el reino de Dios… la Iglesia está plenamente convencida de que toda liberación temporal, toda liberación política —por más que ésta se esfuerce en encontrar su justificación en tal o cual página del Antiguo o del Nuevo Testamento … por más que pretenda 25


ser la teología de hoy … decae del ideal que ella misma se propone, desde el momento en que sus motivaciones profundas no son las de la justicia en la caridad, la fuerza interior que la mueve no entraña una dimensión verdaderamente espiritual y su objetivo final no es la salvación y la felicidad en Dios. 36. Edificar estructuras más humanas. La Iglesia considera ciertamente importante y urgente la edificación de estructuras más humanas, más justas, más respetuosas de los derechos de la persona, menos opresivas y menos avasalladoras; pero es consciente de que aun las mejores estructuras, los sistemas más idealizados se convierten pronto en inhumanos si las inclinaciones inhumanas del hombre no son saneadas si no hay una conversión de corazón y de mente por parte de quienes viven en esas estructuras o las rigen. 37. La violencia no es cristiana. La Iglesia no puede aceptar la violencia, sobre todo la fuerza de las armas — incontrolable cuando se desata— ni la muerte de quienquiera que sea, como camino de liberación, porque sabe que la violencia engendra inexorablemente nuevas formas de opresión y de esclavitud, a veces más graves que aquellas de las que se pretende liberar. "Os exhortamos a no poner vuestra confianza en la violencia ni en la revolución; esta actitud es contraria al espíritu cristiano e incluso puede retardar, en vez de favorecer, la elevación social a la que legítimamente aspiráis". "Debemos decir y reafirmar que la violencia no es ni cristiana ni evangélica, y que los cambios bruscos o violentos de las estructuras serán engañosos, ineficaces en sí mismos y ciertamente no conformes con la dignidad del pueblo." Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad. 1. ¿Qué cambios enfrentamos –especialmente como franciscanos seglares- cuando asociamos evangelización con promoción humana, desarrollo y liberación? 2. ¿De qué manera podemos colaborar con los no creyentes u otros creyentes en la construcción de estructuras más humanas en nuestro mundo y en la sociedad? 3. ¿Por qué la violencia y el Evangelio no son compatibles?

SECCION II: ESPIRITUALIDAD Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Tema 4 de 9: Santa Isabel de Portugal (1271 – 4 julio de 1336) Fr. Amando Trujillo Cano, TOR Con frecuencia desearíamos que las situaciones de nuestra vida –personal, familiar, laboral, eclesial y social- fueran más favorables a un vivir como verdaderos cristianos. La vida de Santa Isabel de Portugal nos recuerda que debemos florecer y producir frutos a pesar de las condiciones de vida en las cuales nos toque vivir, especialmente cuando ellas están directamente en contraste con nuestros valores cristianos Nacida en una familia noble y educada muy religiosamente, Isabel fue dada en matrimonio a la edad de 12 años a Denis, rey de Portugal, por razones estratégicas. Su padre fue el futuro rey de Aragón, Pedro III, y su madre fue Constancia, abuela del Emperador Federico II. Isabel fue llamada en el bautismo como su santa tia, Isabel de Hungria, canonizada cuarenta años antes. El Rey Denis era conocido por su dedicación a su país pero también por su falta de moral. Su infidelidad a Isabel y la desconfianza que le tenía era una de las cruces pesadas que ella tuvo que llevar por muchos años. En medio de todo esto, se dedicó a una vida en unión con Dios, a través de la participación en la misa diaria, oración y penitencia, y a educar a sus dos hijos, Constancia y Alfonso, así como a servir generosalmente a los pobres, los enfermos, los peregrinos y los forasteros. Además, también crió los hijos ilegítimos de su esposo. Oraba constantemente por la conversión de él y, con un gran ejemplo de cordialidad y fidelidad, sus esfuerzos fueron recompensados en los últimos años de matrimonio. Un importante aspecto de la vida de Santa Isabel fue su participación activa en acciones a favor de la paz, especialmente entre su esposo y su hijo, quien le habían declarado guerra a su padre en el año 1323, acusándolo de favoritismo hacia sus hijos ilegítimos. También intervino para procurar la paz entre Ferdinando, rey de Aragón, y Jaime, su primo, quien quería destronarlo. Cuando su esposo murió, fue sucedido por su hijo, que se llamó Alfonso IV, y ella se retiró a un monasterio de las Clarisas que había fundado en Coimbra, donde vivió como una terciaria franciscana. Sin embargo, sintiéndose obligada a emprender otra misión de paz, salió del monasterio para buscar la paz entre el rey Alfonso IV y el rey de Castilla, su yerno. Durante este último viaje, y agobiada con mala salud, murió el 4 de julio de 1336, en Estremoz. Enterrada en Coimbra, se le atribuyeron milagros y fue canonizada por Urbano VIII en 1625. Su fiesta se celebra el 4 de julio de acuerdo al calendario romano. 26


Servicio en los varios sectores de la vida social; servicio a la persona humana. (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 551-553) Este mes comenzamos la sección sobre el “Servicio en varios sectores de la vida social” y presentamos su primer subtema: “Servicio a la persona humana”. En este texto, se nos recuerda que la verdadera caridad se expresada a través del servicio y que la presencia del laico en la sociedad representa una diversidad de oportunidades y desafíos de servicio viviendo la doctrina social de la Iglesia. Este servicio apunta primeramente hacia la persona humana. Veamos por qué y cómo. Servicio en los varios sectores de la vida social. 551. La presencia del fiel laico en campo social se caracteriza por el servicio, signo y expresión de la caridad, que se manifiesta en la vida familiar, cultural, laboral, económica, política, según perfiles específicos: obedeciendo a las diversas exigencias de su ámbito particular de compromiso, los fieles laicos expresan la verdad de su fe y, al mismo tiempo, la verdad de la doctrina social de la Iglesia, que encuentra su plena realización cuando se vive concretamente para solucionar los problemas sociales. La credibilidad misma de la doctrina social reside, en efecto, en el testimonio de las obras, antes que en su coherencia y lógica interna (Cf. Mater et Magistra, 232; Centesimus Annus, 57). Adentrados en el tercer milenio de la era cristiana, los fieles laicos se orientarán con su testimonio a todos los hombres con los que colaborarán para resolver las cuestiones más urgentes de nuestro tiempo: « Todo lo que, extraído del tesoro doctrinal de la Iglesia, ha propuesto el Concilio, pretende ayudar a todos los hombres de nuestros días, a los que creen en Dios y a los que no creen en Él de forma explícita, a fin de que, con la más clara percepción de su entera vocación, ajusten mejor el mundo a la superior dignidad del hombre, tiendan a una fraternidad universal más profundamente arraigada y, bajo el impulso del amor, con esfuerzo generoso y unido, respondan a las urgentes exigencias de nuestra edad » (Gaudium et Spes, 91). 1. Servicio a la persona humana 552 Entre los ámbitos del compromiso social de los fieles laicos emerge, ante todo, el servicio a la persona humana: la promoción de la dignidad de la persona, el bien más precioso que el hombre posee, es «una tarea esencial; es más, en cierto sentido es la tarea central y unitaria del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles laicos, están llamados a prestar a la familia humana ». (Christifideles Laici, 37). La primera forma de llevar a cabo esta tarea consiste en el compromiso y en el esfuerzo por la propia renovación interior, porque la historia de la humanidad no está dirigida por un determinismo impersonal, sino por una constelación de sujetos, de cuyos actos libres depende el orden social. Las instituciones sociales no garantizan por sí mismas, casi mecánicamente, el bien de todos: « La renovación interior del espíritu cristiano » (Quadragesimo Anno, 218) debe preceder el compromiso de mejorar la sociedad « según el espíritu de la Iglesia, afianzando la justicia y la caridad sociales ». (Quadragesimo Anno, 218). De la conversión del corazón brota la solicitud por el hombre amado como un hermano. Esta solicitud lleva a comprender como una obligación el compromiso de sanar las instituciones, las estructuras y las condiciones de vida contrarias a la dignidad humana. Los fieles laicos deben, por tanto, trabajar a la vez por la conversión de los corazones y por el mejoramiento de las estructuras, teniendo en cuenta la situación histórica y usando medios lícitos, con el fin de obtener instituciones en las que la dignidad de todos los hombres sea verdaderamente respetada y promovida 553 La promoción de la dignidad humana implica, ante todo, la afirmación del inviolable derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, el primero entre todos y condición para todos los demás derechos de la persona (Cf. Congregación de la Doctrina de la Fe, Instrucción Donum Vitae, (22 Febrero 1987): AAS 80 (1988), 70-102). El respeto de la dignidad personal exige, además, el reconocimiento de la dimensión religiosa del hombre, que no es « una exigencia simplemente “confesional”, sino más bien una exigencia que encuentra su raíz inextirpable en la realidad misma del hombre (Christifideles Laici, 39). El reconocimiento efectivo del derecho a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa es uno de los bienes más elevados y de los deberes más graves de todo pueblo que quiera verdaderamente asegurar el bien de la persona y de la sociedad (Christifideles Laici, 39). En el actual contexto cultural, adquiere especial urgencia el compromiso de defender el matrimonio y la familia, que puede cumplirse adecuadamente sólo con la convicción del valor único e insustituible de estas realidades en orden al auténtico desarrollo de la convivencia humana (Cf. Familiaris Consortio, 42-48).

Preguntas para la discusión y reflexión en fraternidad. 10. ¿Cómo podemos aprender del testimonio cristiano de Sta. Isabel de Portugal y cómo podríamos aplicar este aprendizaje en nuestras vidas? 11. ¿Cuáles son los temas sociales más apremiantes en el área en la cual vivimos? 12. En tu localidad, ¿cómo están los seglares franciscanos cumpliendo su servicio a la persona humana en los terrenos de la familia, de la cultura, del trabajo, a nivel de la economía y de la política?

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PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE FICHA MENSUAL AGOSTO 2011 – AÑO 2 – No. 20

SECCION I: TEMA MENSUAL Tema 8: Como evangelizar – formas y métodos (EN n. 38-48) Comentarios, extractos y preguntas por Ewald Kreuzer, OFS En el siguiente extracto de la “Evangelii nuntiandi”, el Papa Pablo VI presenta varias formas y métodos de evangelización: testigos vivientes de fidelidad, predicación, instrucción catequística, comunicación social, transmisión de persona a persona y religiosidad popular. “Este problema de cómo evangelizar es siempre actual,” explica el Santo Padre, “porque las maneras de evangelizar cambian según las diversas circunstancias de tiempo, lugar, cultura; por eso plantean casi un desafío a nuestra capacidad de descubrir y adaptar.” Es importante “descubrir con audacia y prudencia, conservando la fidelidad al contenido, las formas más adecuadas y eficaces de comunicar el mensaje evangélico a los hombres de nuestro tiempo” (EN 40). Al reflexionar sobre estas formas y métodos, tenemos que tener siempre en mente que nosotros, como franciscanos seglares tenemos una misión particular en este maravilloso, pero algunas veces desafiante, programa de “evangelización”. 39. Libertad de Religión. De esta justa liberación, vinculada a la evangelización, que trata de lograr estructuras que salvaguarden la libertad humana, no se puede separar la necesidad de asegurar todos los derechos fundamentales del hombre, entre los cuales la libertad religiosa ocupa un puesto de primera importancia. Recientemente hemos hablado acerca de la actualidad de un importante aspecto de esta cuestión, poniendo de relieve como "muchos cristianos, todavía hoy, precisamente porque son cristianos o católicos, viven sofocados por una sistemática opresión. El drama de la fidelidad a Cristo y de la libertad de religión, si bien paliado por declaraciones categóricas en favor de los derechos de la persona y de la sociabilidad humana, continúa” [en:L'Osservatore Romano, 17 Octubre1975] 41. Testigos vivientes de fidelidad. …[P]ara la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana, entregada a Dios en una comunión que nada debe interrumpir y a la vez consagrada igualmente al prójimo con un celo sin límites. "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan —decíamos recientemente a un grupo de seglares—, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio" (Papa Pablo VI, Discurso a los miembros del Pontificio Consejo de Laicos, 2 de octubre, 1974). Será sobre todo mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizará al mundo, es decir, mediante un testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo, de pobreza y desapego de los bienes materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra de santidad. 42. Predicación. …¿Cómo creerán sin haber oído de Él? Y ¿cómo oirán si nadie les predica?... Luego, la fe viene de la audición, y la audición, por la palabra de Cristo" (Rom 10, 14-17)). Esta ley enunciada un día por San Pablo conserva hoy todo su vigor. Sí, es siempre indispensable la predicación, la proclamación verbal de un mensaje. Sabemos bien que el hombre moderno, hastiado de discursos, se muestra con frecuencia cansado de escuchar y, lo que es peor, inmunizado contra las palabras. Conocemos también las ideas de numerosos psicólogos y sociólogos, que afirman que el hombre moderno ha rebasado la civilización de la palabra, ineficaz e inútil en estos tiempos, para vivir hoy en la civilización de la imagen. Estos hechos deberían ciertamente impulsarnos a utilizar, en la transmisión del mensaje evangélico, los medios modernos puestos a disposición por esta civilización. Es verdad que se han realizado esfuerzos muy válidos en este campo. Nos no podemos menos de alabarlos y alentarlos, a fin de que se desarrollen todavía más. El tedio que provocan hoy tantos discursos vacíos, 28


y la actualidad de muchas otras formas de comunicación, no deben sin embargo disminuir el valor permanente de la palabra, ni hacer prender la confianza en ella. La palabra permanece siempre actual, sobre todo cuando va acompañada del poder de Dios (1 Cor 2, 1-5). Por esto conserva también su actualidad el axioma de San Pablo: "la fe viene de la audición" (Rom 10, 17), es decir, es la Palabra oída la que invita a creer. 43. Muchas maneras de predicación. …En efecto, son innumerables los acontecimientos de la vida y las situaciones humanas que ofrecen la ocasión de anunciar, de modo discreto pero eficaz, lo que el Señor desea decir en una determinada circunstancia. Basta una verdadera sensibilidad espiritual para leer en los acontecimientos el mensaje de Dios… Esta predicación, inserida de manera singular en la celebración eucarística, de la que recibe una fuerza y vigor particular, tiene ciertamente un puesto especial en la evangelización…. La homilía… tiene también un lugar propio, y no debe ser olvidada, en la celebración de todos los sacramentos, en las paraliturgias, con ocasión de otras reuniones de fieles. La homilía será siempre una ocasión privilegiada para comunicar la Palabra del Señor. 44. Instrucción catequística. …Con toda seguridad, el esfuerzo de evangelización será grandemente provechoso, a nivel de la enseñanza catequética dada en la iglesia, en las escuelas donde sea posible o en todo caso en los hogares cristianos, si los catequistas disponen de textos apropiados, puestos al día sabia y competentemente, bajo la autoridad de los obispos. Los métodos deberán ser adaptados a la edad, a la cultura, a la capacidad de las personas, tratando de fijar siempre en la memoria, la inteligencia y el corazón las verdades esenciales que deberán impregnar la vida entera. Ante todo, es menester preparar buenos catequistas —catequistas parroquiales, instructores, padres— deseosos de perfeccionarse en este arte superior, indispensable y exigente que es la enseñanza religiosa… 45. Comunicación Social. En nuestro siglo influenciado por los medios de comunicación social, el primer anuncio, la catequesis o el ulterior ahondamiento de la fe, no pueden prescindir de esos medios, como hemos dicho antes. Puestos al servicio del Evangelio, ellos ofrecen la posibilidad de extender casi sin límites el campo de audición de la Palabra de Dios, haciendo llegar la Buena Nueva a millones de personas… Sin embargo, el empleo de los medios de comunicación social en la evangelización supone casi un desafío: el mensaje evangélico deberá, sí, llegar, a través de ellos, a las muchedumbres… 46. Transmisión Persona a Persona. Por estos motivos, además de la proclamación que podríamos llamar colectiva del Evangelio, conserva toda su validez e importancia esa otra transmisión de persona a persona. El Señor la ha practicado frecuentemente —como lo prueban, por ejemplo, las conversaciones con Nicodemos, Zaqueo, la Samaritana, Simón el fariseo— y lo mismo han hecho los Apóstoles… Nunca alabaremos suficientemente a los sacerdotes que, a través del sacramento de la penitencia o a través del diálogo pastoral, se muestran dispuestos a guiar a las personas por el camino del Evangelio, a alentarlas en sus esfuerzos, a levantarlas si han caído, a asistirlas siempre con discreción y disponibilidad. 47. La Evangelización debe tocar la vida. Sin embargo, nunca se insistirá bastante en el hecho de que la evangelización no se agota con la predicación y la enseñanza de una doctrina. Porque aquella debe conducir a la vida: a la vida natural a la que da un sentido nuevo gracias a las perspectivas evangélicas que le abre; a la vida sobrenatural, que no es una negación, sino purificación y elevación de la vida natural… La finalidad de la evangelización es precisamente la de educar en la fe, de tal manera, que conduzca a cada cristiano a vivir —y no a recibir de modo pasivo o apático— los sacramentos como verdaderos sacramentos de la fe. 48. Religiosidad Popular y pedagogía de la evangelización. …La religiosidad popular, hay que confesarlo, tiene ciertamente sus límites. Está expuesta frecuentemente a muchas deformaciones de la religión, es decir, a las supersticiones… Pero cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción… 29


Preguntas para fraternidad

la

reflexión

y

discusión

en

El tema de nuestro próximo Capitulo General, que se llevará a cabo en Sao Paolo (Brasil), será “Evangelizados para Evangelizar”. Anticipándose a este Capítulo, les sugerimos que reflexionen y discutan los siguientes documentos y artículos de la Regla y las Constituciones Generales de la Orden Franciscana Seglar, todos los cuales se pueden encontrar en el sitio web del CIOFS www.ciofs.org ): a) Circular N. 21/08-14 b) Documento preparatorio sobre el tema central del Capitulo. c) Oración para el Capitulo General. d) Regla: artículos 4 y 6. e) Constituciones Generales: artículos 12, 17 y 19.

SECCION II: ESPIRITUALIDAD Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Tema 5 de 9: San Luis IX, Rey de Francia (25 de abril de 1215 – 25 de Agosto de 1270) Fr. Amando Trujillo Cano, TOR Celebrar la fiesta de San Luis IX, Rey de Francia, y reflexionar sobre su legado es de particular interés para la OFS ya que San Luis es uno de los santos patrones de la Orden. Es importante reconocer desde el comienzo que el acceso a una descripción objetiva de algunos aspectos de su vida presenta varios retos, debido especialmente a la complejidad de sus actividades y a los diversos puntos de vista e intereses desde los cuales lo han considerado por sus biógrafos. Sin embargo, podemos enfocarnos en algunos de los hechos comprobados de su vida que pueden ayudarnos a reflexionar sobre su actualidad humana y cristiana para nuestros tiempos. Nacido en 1215, Luis sucedió a su padre en el trono a la edad de doce años, pero su madre, Blanca de Castilla, actuó como regente hasta que él estuvo listo para asumir la responsabilidad de la monarquía. Esto sucedió después que él se casó con Margarita de Provenza a la edad de diecinueve años. Ellos tuvieron once hijos quienes fueron personalmente educados por Luis, quien inculcó en ellos valores cristianos. Un elemento decisivo para comprender su vida es la educación moral que recibió de su estricta y devota madre, que lo preparó para vivir una vida cristiana sólida en medio de sus responsabilidades monárquicas. El joven príncipe asimiló la determinación de evitar de todo corazón el pecado mortal, de apreciar el regalo de la vida cristiana recibido en el bautismo –la cual consideraba su más grande dignidad, por encima de la de ser un rey– y de abrazar una vida intensa de oración que más tarde se manifestó durante su reinado. Su notable devoción fue criticada por muchos por la cantidad de tiempo que dedicaba a rezar el Oficio Divino completo y a participar en la celebración de la Eucaristía, a veces más de una vez al día. Desde muy temprana edad fue instruido por frailes franciscanos a quienes llegó a apoyar mucho construyendo o expandiendo sus conventos e iglesias, También tuvo una relación muy cercana con la Orden Dominica. Su relación con las órdenes mendicantes fue un signo de su habilidad para leer los signos de los tiempos y actuar en consecuencia. Una leyenda del siglo XIV, originada en la corte Angevina de Nápoles, lo presenta como un terciario

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franciscano. A pesar de que este hecho es cuestionado actualmente, no hay duda que Luis abrazó los valores penitenciales franciscanos y los vivió en todas las áreas de su vida de una manera sobresaliente. Como rey ejerció un papel muy creativo en diferentes áreas de la sociedad en los que aplicó los valores de su fe Cristiana con fidelidad meticulosa. Su compromiso con la justicia fue expresado mediante la protección a los derechos de los pobres, la elevación de los estándares morales de la sociedad y la limitación del poder jurídico y financiero de los señores feudales y del poder temporal de algunos prelados. Sus políticas también contribuyeron al fortalecimiento del poder jurídico de la monarquía y abrieron la puerta al establecimiento del parlamento. Además de realizar reformas políticas, asistió a los pobres y enfermos en formas diversas. Servía regularmente de comer a cierto número de pobres en su mesa e inclusive les lavaba los pies personalmente, considerando este servicio como un privilegio al que no quería renunciar. También estableció hospitales, hogares para niños y escuelas. Su apoyo activo al sector de la cultura contribuyó al excelente desarrollo de la Universidad de la Sorbona y a la primacía de Francia en la cultura europea. Su participación en la 7a. y en la 8a. cruzadas debe entenderse dentro del contexto histórico de su tiempo, cuando la lucha por recuperar y fortalecer el control del Santo Sepulcro y otros lugares en Tierra Santa era vista como vital para asegurar el futuro y la relevancia de la herencia Cristiana. Su primera participación en las cruzadas impactó claramente toda su persona. A su vuelta llevó consigo varias reliquias, entre las cuales la que era considerada la corona de espinas de Jesús. Para conservar estas reliquias ordenó la construcción de la renombradaSainte-Chapelle, en Notre-Dame. Murió durante su segunda cruzada, a causa de la peste, a las puertas de Túnez. A pesar de que participó también en otras expediciones militares para asegurar la soberanía y la estabilidad de su reinado, se dedicó activa y eficazmente a construir la paz, incluso renunciando a declarar la guerra al emperador Federico II, a quien Luis se las ingenió para reconciliar con el Papa. Luis llegó a ser un árbitro de Europa firmando muchos tratados de paz. ¡Su vida fue verdaderamente extraordinaria!

Servicio en la Cultura (I) (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 554-557) Este mes abordamos otra área de la vida social en la cual la participación de los fieles laicos y de toda la Iglesia es decisiva: la cultura. En esta primera parte, el Compendio indica la centralidad de los temas de la persona humana y el bien de toda la sociedad para la adecuada comprensión y funcionamiento de la cultura. En el contexto de nuestros modelos culturales cambiantes, la enseñanza social católica nos llama a participar activamente en la construcción de una cultura social y política inspirada en el Evangelio. Desde hace algún tiempo, la Iglesia ha llamado a sus miembros a promover la inculturación del Evangelio de modo que su luz y poder transformador puedan evangelizar todas las culturas, elevándolas a su potencial más alto al salvaguardar la dignidad humana y la vocación trascendental de todo el pueblo de Dios. Esta sección también menciona algunos de los desafíos actuales para el desarrollo de este tipo de cultura y la importancia dada por la Iglesia al compromiso de educar y formar a los seres humanos. 554 La cultura debe constituir un campo privilegiado de presencia y de compromiso para la Iglesia y para cada uno de los cristianos. La separación entre la fe cristiana y la vida cotidiana es juzgada por el Concilio Vaticano II como uno de los errores más graves de nuestro tiempo. (Gaudium et Spes, 43) El extravío del horizonte metafísico; la pérdida de la nostalgia de Dios en el narcisismo egoísta y en la sobreabundancia de medios propia de un estilo de vida consumista; el primado atribuido a la tecnología y a la investigación científica como fin en sí misma; la exaltación de la apariencia, de la búsqueda de la imagen, de las técnicas de la comunicación: todos estos fenómenos deben ser comprendidos en sus aspectos culturales y relacionados con el tema central de la persona humana, de su crecimiento integral, de su capacidad de comunicación y de relación con los demás hombres, de su continuo interrogarse acerca de las grandes cuestiones que connotan la existencia. Téngase presente que « la cultura es aquello a través de lo cual el hombre, en cuanto hombre, se hace más hombre, “es” más, accede más al “ser” ». [Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO (2 Junio 1980), 7]. 555 Un campo particular de compromiso de los fieles laicos debe ser la promoción de una cultura social y política inspirada en el Evangelio. La historia reciente ha mostrado la debilidad y el fracaso radical de algunas perspectivas culturales ampliamente compartidas y dominantes durante largo tiempo, en especial a nivel político y social. En este ámbito, especialmente en los decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los católicos, en diversos países, han sabido desarrollar un elevado compromiso, que da testimonio, hoy con evidencia cada vez mayor, de la consistencia de su inspiración y de su patrimonio de valores. El compromiso social y político de los católicos, en efecto, nunca se ha limitado a la mera transformación de las estructuras, porque está impulsado en su base por una cultura que acoge y da

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razón de las instancias que derivan de la fe y de la moral, colocándolas como fundamento y objetivo de proyectos concretos. Cuando esta conciencia falta, los mismos católicos se condenan a la dispersión cultural, empobreciendo y limitando sus propuestas. Presentar en términos culturales actualizados el patrimonio de la Tradición católica, sus valores, sus contenidos, toda la herencia espiritual, intelectual y moral del catolicismo, es también hoy la urgencia prioritaria. La fe en Jesucristo, que se definió a sí mismo « el Camino, la Verdad y la Vida » (Jn 14,6), impulsa a los cristianos a cimentarse con empeño siempre renovado en la construcción de una cultura social y política inspirada en el Evangelio. [Cf. Congregación por la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal en Algunas Preguntas Relacionadas con la Participación de Católicos en la Vida Política, (24 Noviembre 2002), 7: Librería Editrice Vaticana, Ciudad Vaticano 2002, p. 15]. 556 La perfección integral de la persona y el bien de toda la sociedad son los fines esenciales de la cultura: (Gaudium et Spes, 59) la dimensión ética de la cultura es, por tanto, una prioridad en la acción social y política de los fieles laicos.El descuido de esta dimensión transforma fácilmente la cultura en un instrumento de empobrecimiento de la humanidad. Una cultura puede volverse estéril y encaminarse a la decadencia, cuando « se encierra en sí misma y trata de perpetuar formas de vida anticuadas, rechazando cualquier cambio y confrontación sobre la verdad del hombre » (Centesimusannus, 50). La formación de una cultura capaz de enriquecer al hombre requiere por el contrario un empeño pleno de la persona, que despliega en ella toda su creatividad, su inteligencia, su conocimiento del mundo y de los hombres, y ahí emplea, además, su capacidad de autodominio, de sacrificio personal, de solidaridad y de disponibilidad para promover el bien común. [Cf. Juan Pablo II, Discurso a la UNESCO, 2 Junio 1980) 557 El compromiso social y político del fiel laico en ámbito cultural comporta actualmente algunas direcciones precisas. La primera es la que busca asegurar a todos y cada uno el derecho a una cultura humana y civil, « exigido por la dignidad de la persona, sin distinción de raza, sexo, nacionalidad, religión o condición social» [Gaudium et Spes, 60]. Este derecho implica el derecho de las familias y de las personas a una escuela libre y abierta; la libertad de acceso a los medios de comunicación social, para lo cual se debe evitar cualquier forma de monopolio y de control ideológico; la libertad de investigación, de divulgación del pensamiento, de debate y de confrontación. En la raíz de la pobreza de tantos pueblos se hallan también formas diversas de indigencia cultural y de derechos culturales no reconocidos. El compromiso por la educación y la formación de la persona constituye, en todo momento, la primera solicitud de la acción social de los cristianos. Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad. 1. ¿Cómo puede San Luis de Francia inspirar a los cristianos que están involucrados en el gobierno para llevar adelante una integración profunda y provechosa de fe con el gobierno de la sociedad? 2. ¿Cuáles son algunos de los elementos más significativos de la cultura o de las culturas en el área donde tú vives?

3. ¿Cómo puede tu fraternidad contribuir a formar una cultura que promueva la perfección integral de la persona y el bien de toda la sociedad?

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PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE FICHA MENSUAL SEPTIEMBRE 2011 – AÑO 2 – No. 21

SECCION I: TEMA MENSUAL Tópico 9: Proclamación de la Buena Nueva – un Programa de Acción (EN n. 49-54) Comentarios, extractos y preguntas por Ewald Kreuzer, OFS Hoy, alrededor del mundo, nos enfrentamos al fenómeno del secularismo y del ateísmo. Este hecho ya fue en su tiempo advertido por el Papa Pablo VI en su Exhortación Apostólica “Evangelii nuntiandi” (1975). Pero, ¿cómo debemos reaccionar a estos desafíos? La respuesta del Santo Padre es muy clara: “la Iglesia mantiene vivo su empuje misionero e incluso desea intensificarlo en un momento histórico como el nuestro” (EN 53). ¿Por qué es tan importante este “espíritu misionero”? Y nosotros, Franciscanos seglares, ¿sentimos nuestra responsabilidad y nos damos cuenta de nuestra misión particular? Estas preguntas serán discutidas en el Capítulo General en Sao Paolo (Brasil) el próximo mes. 49. Un programa de acción. Las últimas palabras de Jesús en el Evangelio de Marcos confieren a la evangelización, que el Señor confía a los Apóstoles, una universalidad sin fronteras: "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura" (73). Los Doce y la primera generación de cristianos han comprendido bien la lección de este texto y de otros parecidos; han hecho de ellos su programa de acción. La misma persecución, al dispersar a los Apóstoles, contribuyó a diseminar la Palabra y a implantar la Iglesia hasta en las regiones más remotas. La admisión de Pablo entre los Apóstoles y su carisma de predicador de la venida de Jesucristo a los paganos —no judíos— subrayó todavía más esta universalidad. 50. A todo el mundo. A lo largo de veinte siglos de historia, las generaciones cristianas han afrontado periódicamente diversos obstáculos a esta misión de universalidad. […] Además, debemos constatar con tristeza que la obra evangelizadora de la Iglesia es gravemente dificultada, si no impedida, por los poderes públicos. Sucede, incluso en nuestros días, que a los anunciadores de la palabra de Dios se les priva de sus derechos, son perseguidos, amenazados, eliminados sólo por el hecho de predicar a Jesucristo y su Evangelio. Pero abrigamos la confianza de que finalmente, a pesar de estas pruebas dolorosas, la obra de estos apóstoles no faltará en ninguna región del mundo. No obstante estas adversidades, la Iglesia reaviva siempre su inspiración más profunda, la que le viene directamente del Maestro: ¡A todo el mundo! ¡A toda criatura! ¡Hasta los confines de la tierra! 51. Programa fundamental para la Iglesia. Revelar a Jesucristo y su Evangelio a los que no los conocen: he ahí el programa fundamental que la Iglesia, desde la mañana de Pentecostés, ha asumido, como recibido de su Fundador. Todo el Nuevo Testamento, y de manera especial los Hechos de los Apóstoles, testimonian el momento privilegiado, y en cierta manera ejemplar, de este esfuerzo misionero que jalonará después toda la historia de la Iglesia. La Iglesia lleva a efecto este primer anuncio de Jesucristo mediante una actividad compleja y diversificada, que a veces se designa con el nombre de "pre-evangelización", pero que muy bien podría llamarse evangelización, aunque en un estadio de inicio y ciertamente incompleto. Cuenta con una gama casi infinita de medios: la predicación explícita, por supuesto, pero también el arte, los intentos científicos, la investigación filosófica, el recurso legítimo a los sentimientos del corazón del hombre podrían colocarse en el ámbito de esta finalidad. 52. Especialmente dedicada. Aunque este primer anuncio va dirigido de modo específico a quienes nunca han escuchado la Buena Nueva de Jesús o a los niños, se está volviendo cada vez más necesario, a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días, para gran número de personas que recibieron el bautismo, pero viven al margen de toda vida cristiana; para las gentes sencillas que tienen una cierta fe, pero conocen poco los fundamentos de la misma; para los intelectuales que sienten necesidad de conocer a Jesucristo bajo una luz distinta de la enseñanza que recibieron en su infancia, y para otros muchos. 53. Espíritu Misionero. Asimismo se dirige a inmensos sectores de la humanidad que practican religiones no cristianas. La Iglesia respeta y estima estas religiones no cristianas, por ser la expresión viviente del alma 33


de vastos grupos humanos. [...] Poseen un impresionante patrimonio de textos profundamente religiosos. Han enseñado a generaciones de personas a orar. Todas están llenas de innumerables "semillas del Verbo" (74) y constituyen una auténtica "preparación evangélica" (75), por citar una feliz expresión del Concilio Vaticano II tomada de Eusebio de Cesarea. Ciertamente, tal situación suscita cuestiones complejas y delicadas, que conviene estudiar a la luz de la Tradición cristiana y del Magisterio de la Iglesia, con el fin de ofrecer a los misioneros de hoy y de mañana nuevos horizontes en sus contactos con las religiones no cristianas. Ante todo, queremos poner ahora de relieve que ni el respeto ni la estima hacia estas religiones, ni la complejidad de las cuestiones planteadas implican para la Iglesia una invitación a silenciar ante los no cristianos el anuncio de Jesucristo. Al contrario, la Iglesia piensa que estas multitudes tienen derecho a conocer la riqueza del misterio de Cristo (76), dentro del cual creemos que toda la humanidad puede encontrar, con insospechada plenitud, todo lo que busca a tientas acerca de Dios, del hombre y de su destino, de la vida y de la muerte, de la verdad. De ahí que, aun frente a las expresiones religiosas naturales más dignas de estima, la Iglesia se funde en el hecho de que la religión de Jesús, la misma que Ella anuncia por medio de la evangelización, sitúa objetivamente al hombre en relación con el plan de Dios, con su presencia viva, con su acción; hace hallar de nuevo el misterio de la Paternidad divina que sale al encuentro de la humanidad. En otras palabras, nuestra religión instaura efectivamente una relación auténtica y viviente con Dios, cosa que las otras religiones no lograron establecer, por más que tienen, por decirlo así, extendidos sus brazos hacia el cielo. Por eso la Iglesia mantiene vivo su empuje misionero e incluso desea intensificarlo en un momento histórico como el nuestro. La Iglesia se siente responsable ante todos los pueblos. No descansará hasta que no haya puesto de su parte todo lo necesario para proclamar la Buena Nueva de Jesús Salvador. Prepara siempre nuevas generaciones de apóstoles. Lo constatamos con gozo en unos momentos en que no faltan quienes piensan, e incluso dicen, que el ardor y el empuje misionero son cosa del pasado. El Sínodo acaba de responder que el anuncio misionero no se agota y que la Iglesia se esforzará siempre en conseguir su perfeccionamiento. 54. Secularismo y Ateísmo. […] Esta fe está casi siempre enfrentada al secularismo, es decir, a un ateísmo militante; es una fe expuesta a pruebas y amenazas, más aún, una fe asediada y combatida. Corre el riesgo de morir por asfixia o por inanición, si no se la alimenta y sostiene cada día. Por tanto evangelizar debe ser, con frecuencia, comunicar la fe de los fieles —particularmente mediante una catequesis llena de savia evangélica y con un lenguaje adaptado a los tiempos y a las personas— este alimento y este apoyo necesarios. La Iglesia católica abriga un vivo anhelo de los cristianos que no están en plena comunión con Ella: mientras prepara con ellos la unidad querida por Cristo, y precisamente para preparar la unidad en la verdad, tiene conciencia de que faltaría gravemente a su deber si no diese testimonio, ante ellos, de la plenitud de la revelación de que es depositaria. Preguntas y reflexión para la discusión en fraternidad. 1. ¿Sobre cuáles palabras de Nuestro Señor Jesucristo está basada la misión de la Iglesia para proclamar el Evangelio a todo el mundo? 2. ¿En qué forma siguió y proclamó San Francisco la palabra de Dios? 3. Como Franciscanos Seglares, llamados a vivir el “evangelio de acuerdo a la espiritualidad franciscana en su propia condición seglar” (Const. Art.81.1), ¿qué responsabilidades específicas asumimos cuando participamos en este programa misionero? 34


SECTION II: SPIRITUALITY AND SOCIAL DOCTRINE OF THE CHURCH Tópico 6 de 9: Triunfo de la Cruz Fr. Amando Trujillo Cano, TOR

Hace sólo unos pocos días llegó a feliz término la Jornada Mundial de la Juventud 2011 en Madrid, España. Después de que el Papa Benedicto XVI anunciara oficialmente que Rio de Janeiro sería la ciudad anfitriona de la JMJ en el año 2013, y justo antes de la bendición final, durante la Misa de clausura, una delegación de jóvenes de España entregó la Cruz de la JMJ a la delegación de Brasil delante de una multitud de cerca de 2 millones de personas. Cuando la delegación brasileña levantó la cruz y la presentó a la asamblea y a aquellos que estaban viendo el evento por la TV, hubo un momento de gran entusiasmo, de agradecimiento y de aclamación pues se iniciaba el camino hacia la próxima JMJ. Debemos hacer notar que el gran éxito de la JMJ del 2011 se debió obviamente a la gracia de Dios que actuó de muchas formas y a través del esfuerzo de un incontable número de personas: organizadores, voluntarios, jóvenes llegados de todo el mundo, el Papa y la Iglesia local, familias anfitrionas de peregrinos, autoridades, etc. Muchos quedaron impresionados por el nivel de madurez en la participación de los jóvenes cuando mantenían silencio en los momentos especiales de oración, cuando se alegraban e interactuaban con gente venida de todos los puntos de la tierra, etc. Dos eventos que resultaron ser muy significativos fueron la vigilia de oración y la celebración conclusiva con el Papa en el aeródromo de Cuatro Vientos. Para poder llegar al lugar del encuentro, los jóvenes y otros participantes, incluyendo miles de sacerdotes, religiosos y religiosas, tuvieron que usar diferentes medios de transporte, y caminar distancias considerables, como peregrinos y como suele suceder en este tipo de encuentros. Una vez llegados al aeródromo, había ríos de gente caminando en diferentes direcciones, y el espacio era escaso para prácticamente todas las actividades. Luego de experimentar temperaturas muy altas y una polvareda volando por todo el lugar, la juventud le dio la bienvenida al Papa con gran júbilo. La vigilia fue interrumpida temporalmente por una tormenta de lluvia con viento, pero poco después continúo con sorprendente entusiasmo y con ánimo de soportar hasta el final, al punto que el Papa reconoció la valentía de los jóvenes esa misma noche y al día siguiente. El final gozoso de la vigilia y la celebración del día domingo fueron posibles sólo mediante la aceptación de múltiples dificultades y molestias. ¡Celebrar nuestra fe en Cristo Resucitado implicó una vez más, compartir su sufrimiento y su cruz! La fiesta de la Exaltación de la Cruz o el Triunfo de la Cruz se celebra el 14 de septiembre en el calendario litúrgico de la Iglesia Católica romana. La historia de esta celebración litúrgica es muy interesante y diversificada de acuerdo a los ritos particulares y regiones, en los que la fiesta se celebra incluso en otras fechas. De acuerdo a algunas leyendas, el origen de esta conmemoración data del año 326 cuando Sta. Helena, madre del emperador romano Constantino, fue en peregrinación a Tierra Santa y la cruz de Cristo fue descubierta en las excavaciones realizadas para construir una iglesia ordenada por el emperador en el sitio del Santo Sepulcro. Algunos atribuyen la fecha de la fiesta a la fecha de la dedicación de la iglesia en el año 335. Otras tradiciones explican que los persas tomaron partes de la cruz en el 614 durante una invasión a Jerusalén y que las reliquias fueron recuperadas en el 628 por el emperador bizantino Heraclio quien las llevó primero a Constantinopla y luego de vuelta a Jerusalén en el 629. Luego de estos eventos, se ha afirmado que la fiesta adquirió más relevancia en la iglesia occidental. En la tradición galicana, la fiesta de la cruz de Cristo se celebraba el 3 de mayo desde el siglo VII y, cuando esta práctica fue combinada con la tradición romana, ambas fechas se mantuvieron hasta que en 1960 el Papa Juan XXIII eliminó la duplicidad de fechas en el calendario romano. Sin embargo, la fiesta aun se celebra el 3 de mayo en algunos países por razones históricas y como resultado de decisiones especiales de las conferencias episcopales. Celebrar la Exaltación de la Cruz de Cristo nos recuerda que hemos sido redimidos y perdonados por la pasión de Cristo, por su muerte en cruz y su resurrección. La cruz, como instrumento de castigo y tortura, se ha transformado para nosotros los cristianos en el símbolo más distintivo del amor de Dios por toda la 35


humanidad y la expresión más grande de la compasión de Jesús hacia nosotros y de su fidelidad al Padre. Es un signo de esperanza infinita que desafía a los poderes del mundo y conforta a los afligidos, que da a conocer la fragilidad del orgullo humano y el inefable poder del amor de Dios para cada uno de nosotros. En el presente contexto de secularismo y de relativismo espiritual, la cruz de Cristo es una fuerte declaración que muchos no podemos comprender o aceptar. Ya, en su tiempo, el apóstol San Pablo escribió: La predicación de la cruz es una locura para los que se pierden; mas para los que se salvan –para nosotros-es fuerza de Dios. (1 Cor 1, 18). La exaltación de la Cruz implica expresar nuestra gratitud y veneración en nuestra oración personal, en las celebraciones litúrgicas, en las devociones, pero aun más, en nuestras vidas diarias. Estamos llamados a abrazar a Jesús crucificado como nuestro único Salvador y llevar adelante nuestra cruz de cada día para seguirlo y participar en el poder de su resurrección actuando ya en este mundo. Algunas leyes pueda que prohíban la exhibición pública de la Cruz pero nadie puede prohibir a los cristiano mostrar su amor por Dios o por su prójimo. La Cruz de Cristo ilumina los corazones y las mentes de aquellos que buscan el verdadero sentido de la vida y de la muerte, el amor y el sufrimiento. ¡Exaltemos entonces la cruz de Cristo! Evangelicemos el mundo en las cuatro direcciones trazadas por la cruz, como lo hizo San Francisco cuando envió a sus hermanos a proclamar la buena nueva de Cristo a toda la tierra.

El servicio a la cultura (II) (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 558-562) Este mes veremos la segunda parte del tema El servicio a la cultura, en la cual el Compendio nos señala el desafío del contenido de la cultura; es decir, la verdad, y particularmente la verdad acerca de la correcta comprensión de toda la persona humana. Esta correcta perspectiva sobre el hombre y la vida, debe incluir la dimensión religiosa porque el misterio de Dios está en el centro de toda cultura. Es por esto que los cristianos no pueden aceptar visiones que reducen el valor y la dignidad de la persona humana basándose en ideologías que ignoran nuestro destino común y final en Dios. Esta sección también trata sobre la importancia cada vez mayor de los medios de comunicación social, especialmente para educar a la gente en la tradición eclesial de sabiduría en vista de las decisiones morales con que se enfrentan al usar estas fuentes de información. El Compendio también señala que los fieles laicos deben favorecer un uso de los medios de comunicación social que promocione la solidaridad en lugar de perpetuar las injusticias y desequilibrios sociales. Esta sección, finalmente, insiste sobre la responsabilidad que tienen los usuarios de estos medios agregando algunas palabras sobre el profundo significado humano y teológico de la comunicación humana. 558. El segundo desafío para el compromiso del cristiano laico se refiere al contenido de la cultura, es decir, a la verdad. La cuestión de la verdad es esencial para la cultura, porque todos los hombres tienen « el deber de conservar la estructura de toda la persona humana, en la que destacan los valores de la inteligencia, voluntad, conciencia y fraternidad ».1169 Una correcta antropología es el criterio que ilumina y verifica las diversas formas culturales históricas. El compromiso del cristiano en ámbito cultural se opone a todas las visiones reductivas e ideológicas del hombre y de la vida. El dinamismo de apertura a la verdad está garantizado ante todo por el hecho que « las culturas de las diversas Naciones son, en el fondo, otras tantas maneras diversas de plantear la pregunta acerca del sentido de la existencia personal ». 559. Los cristianos deben trabajar generosamente para dar su pleno valor a la dimensión religiosa de la cultura: esta tarea, es sumamente importante y urgente para lograr la calidad de la vida humana, en el plano social e individual. La pregunta que proviene del misterio de la vida y remite al misterio más grande, el de Dios, está, en efecto, en el centro de toda cultura; cancelar este ámbito comporta la corrupción de la cultura y de la vida moral de las Naciones.1171 La auténtica dimensión religiosa es constitutiva del hombre y le permite captar en sus diversas actividades el horizonte en el que ellas encuentran significado y dirección. La religiosidad o espiritualidad del hombre se manifiesta en las formas de la cultura, a las que da vitalidad e inspiración. De ello dan testimonio innumerables obras de arte de todos los tiempos. Cuando se niega la dimensión religiosa de una persona o de un pueblo, la misma cultura se deteriora; llegando, en ocasiones, hasta el punto de hacerla desaparecer. 560. En la promoción de una auténtica cultura, los fieles laicos darán gran relieve a los medios de comunicación social, considerando sobre todo los contenidos de las innumerables decisiones realizadas por las personas: todas estas decisiones, si bien varían de un grupo a otro y de persona a persona, tienen un peso 36


moral, y deben ser evaluadas bajo este perfil. Para elegir correctamente, es necesario conocer las normas de orden moral y aplicarlas fielmente. La Iglesia ofrece una extensa tradición de sabiduría, radicada en la Revelación divina y en la reflexión humana, cuya orientación teológica es un correctivo importante « tanto para la “solución “atea”, que priva al hombre de una parte esencial, la espiritual, como para las soluciones permisivas o consumistas las cuales con diversos pretextos tratan de convencerlo de su independencia de toda ley y de Dios mismo ».1174 Más que juzgar los medios de comunicación social, esta tradición se pone a su servicio: « La cultura de la sabiduría, propia de la Iglesia puede evitar que la cultura de la información, propia de los medios de comunicación, se convierta en una acumulación de hechos sin sentido »”. 561. Los fieles laicos considerarán los medios de comunicación como posibles y potentes instrumentos de solidaridad: « La solidaridad aparece como una consecuencia de una información verdadera y justa, y de la libre circulación de las ideas, que favorecen el conocimiento y el respeto del prójimo ».1176 Esto no sucede si los medios de comunicación social se usan para edificar y sostener sistemas económicos al servicio de la avidez y de la ambición. La decisión de ignorar completamente algunos aspectos del sufrimiento humano ocasionado por graves injusticias supone una elección indefendible.1177 Las estructuras y las políticas de comunicación y distribución de la tecnología son factores que contribuyen a que algunas personas sean « ricas » de información y otras « pobres » de información, en una época en que la prosperidad y hasta la supervivencia dependen de la información. De este modo los medios de comunicación social contribuyen a las injusticias y desequilibrios que causan ese mismo dolor que después reportan como información. Las tecnologías de la comunicación y de la información, junto a la formación en su uso, deben apuntar a eliminar estas injusticias y desequilibrios. 562. Los profesionales de estos medios no son los únicos que tienen deberes éticos. También los usuarios tienen obligaciones. Los operadores que intentan asumir sus responsabilidades merecen un público consciente de las propias. El primer deber de los usuarios de las comunicaciones sociales consiste en el discernimiento y la selección. Los padres, las familias y la Iglesia tienen responsabilidades precisas e irrenunciables. Cuantos se relacionan en formas diversas con el campo de las comunicaciones sociales, deben tener en cuenta la amonestación fuerte y clara de San Pablo: « Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros... No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen » (Ef 4,25.29). Las exigencias éticas esenciales de los medios de comunicación social son el servicio a la persona mediante la edificación de una comunidad humana basada en la solidaridad, en la justicia y en el amor y la difusión de la verdad sobre la vida humana y su realización final en Dios. A la luz de la fe, la comunicación humana se debe considerar un recorrido de Babel a Pentecostés, es decir, el compromiso, personal y social, de superar el colapso de la comunicación (cf. Gn 11,4-8) abriéndose al don de lenguas (cf. Hch 2,5-11), a la comunicación restablecida con la fuerza del Espíritu, enviado por el Hijo. Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad. 13. ¿Cómo puedes celebrar la fiesta de la Exaltación de la Cruz de Cristo con tu familia y con la fraternidad de manera tal que tenga un verdadero sentido? 14. ¿Cómo se presenta la dimensión religiosa de los seres humanos o el misterio de Dios en tu propia cultura o en las culturas alrededor tuyo? 15. ¿Cómo pueden los miembros de tu familia y de tu fraternidad ayudarse unos a otros a tomar las decisiones correctas respecto al uso de los medios de comunicación social y para hacer de ellos un instrumento de solidaridad y de verdadera comunicación humana?

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PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE FICHA MENSUAL OCTUBRE 2011 – AÑO 2 – No. 22

SECCION I: TEMA MENSUAL Tema 10: El “Drama del Humanismo Ateo” (EN n. 55-58) Comentarios, extractos y preguntas de Ewald Kreuzer, SFO En los siguiente extractos de la “Evangelii nuniandi”, el Papa Pablo VI se enfoca en las nuevas formas de ateísmo y secularismo. Él distingue entre “secularismo” y “secularización”. Es importante que entendamos esta distinción puesto que la palabra “seglar” se utiliza en el nombre de nuestra Orden Franciscana. Este análisis hecho por el Santo Padre también nos ayuda a comprender nuestra vocación y misión específicas como “seglares” franciscanos. Este será un tema importante a tratar en el Capitulo general que se celebrará en Sao Paolo (Brasil) este mes de octubre. 55. Drama del humanismo ateo. […] Desde el punto de vista espiritual, este mundo moderno parece debatirse siempre en lo que un autor contemporáneo ha llamado "el drama del humanismo ateo" (Cf. Henri de Lubac, El drama del humanismo ateo, Paris 1945) Por una parte, hay que constatar en el corazón mismo de este mundo contemporáneo un fenómeno, que constituye como su marca más característica: el secularismo. No hablamos de la secularización en el sentido de un esfuerzo, en sí mismo justo y legítimo, no incompatible con la fe y la religión, por descubrir en la creación, en cada cosa o en cada acontecimiento del universo, las leyes que los rigen con una cierta autonomía, con la convicción interior de que el Creador ha puesto en ellos sus leyes. El reciente Concilio afirmó, en este sentido, la legítima autonomía de la cultura y, particularmente, de las ciencias (Cf. Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno, Gaudium et Spes, 59). Tratamos aquí del verdadero secularismo: una concepción del mundo según la cual este último se explica por sí mismo sin que sea necesario recurrir a Dios; Dios resultaría pues superfluo y hasta un obstáculo. Dicho secularismo, para reconocer el poder del hombre, acaba por sobrepasar a Dios e incluso por renegar de Él. Nuevas formas de ateísmo —un ateísmo antropocéntrico, no ya abstracto y metafísico, sino pragmático y militante— parecen desprenderse de él. En unión con este secularismo ateo, se nos propone todos los días, bajo las formas más distintas, una civilización del consumo, el hedonismo erigido en valor supremo, una voluntad de poder y de dominio, de discriminaciones de todo género: constituyen otras tantas inclinaciones inhumanas de este "humanismo". En este mismo mundo moderno, no se puede negar la existencia de valores inicialmente cristianos o evangélicos, al menos bajo forma de vida o de nostalgia. No sería exagerado hablar de un poderoso y trágico llamamiento a ser evangelizado. 56. Cristianos no practicantes. Una segunda esfera es la de los no practicantes; toda una muchedumbre, hoy día muy numerosa, de bautizados que, en gran medida, no han renegado formalmente de su bautismo, pero están totalmente al margen del mismo y no lo viven. […] Se explica muchas veces por el desarraigo típico de nuestra época. Nace también del hecho de que los cristianos se aproximan hoy a los no creyentes y reciben constantemente el influjo de la incredulidad. Por otra parte, los no practicantes contemporáneos, más que los de otras épocas tratan de explicar y justificar su posición en nombre de una religión interior, de una autonomía o de una autenticidad personal. Ateos y no creyentes por una parte, no practicantes por otra, oponen a la evangelización resistencias no pequeñas [...] Secularismo ateo y ausencia de práctica religiosa se encuentran en los adultos y en los jóvenes, en la élite y en la masa, en las antiguas y en las jóvenes Iglesias. La acción evangelizadora de la Iglesia, que no puede ignorar estos dos mundos ni detenerse ante ellos, debe buscar constantemente los medios y el lenguaje adecuados para proponerles la revelación de Dios y la fe en Jesucristo. 57. El deber de la Iglesia. Como Cristo durante el tiempo de su predicación, como los Doce en la mañana de Pentecostés, la Iglesia tiene también ante sí una inmensa muchedumbre humana que necesita del Evangelio y tiene derecho al mismo, pues Dios "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1Tim 2,4). Sensible a su deber de predicar la salvación a todos sabiendo que el mensaje evangélico no está reservado a un pequeño grupo de iniciados, de privilegiados o elegidos, sino que está destinado a todos, la Iglesia hace suya la angustia de Cristo ante las multitudes errantes y abandonadas "como ovejas sin pastor" y repite con frecuencia su palabra: "Tengo compasión de la muchedumbre" (Mt 9,36; 15,32). Pero también es consciente de que, por medio de una eficaz predicación evangélica, debe dirigir su mensaje al corazón de las 38


masas, a las comunidades de fieles, cuya acción puede y debe llegar a los demás. 58. Pequeñas comunidades. El Sínodo se ocupó mucho de estas "pequeñas comunidades" o "comunidades de base", ya que en la Iglesia de hoy se las menciona con frecuencia. ¿Qué son y por qué deben ser destinatarias especiales de la evangelización y al mismo tiempo evangelizadoras? […] En ciertas regiones surgen y se desarrollan, salvo alguna excepción, en el interior de la Iglesia, permaneciendo solidarias con su vida, alimentadas con sus enseñanzas, unidas a sus Pastores. En estos casos, nacen de la necesidad de vivir todavía con más intensidad la vida de la Iglesia; o del deseo y de la búsqueda de una dimensión más humana que difícilmente pueden ofrecer las comunidades eclesiales más grandes, sobre todo en las metrópolis urbanas contemporáneas que favorecen a la vez la vida de masa y el anonimato. Pero igualmente pueden prolongar a nivel espiritual y religioso —culto, cultivo de una fe más profunda, caridad fraterna, oración, comunión con los Pastores— la pequeña comunidad sociológica, el pueblo, etc. O también quieren reunir para escuchar y meditar la Palabra, para los sacramentos y el vínculo del Ágape, grupos homogéneos por la edad, la cultura, el estado civil o la situación social, como parejas, jóvenes, profesionales, etc., personas éstas que la vida misma encuentra ya unidas en la lucha por la justicia, la ayuda fraterna a los pobres, la promoción humana, etc. O, en fin, reúnen a los cristianos donde la penuria de sacerdotes no favorece la vida normal de una comunidad parroquial. Todo esto, por supuesto, al interior de las comunidades constituidas por la Iglesia, sobre todo de las Iglesias particulares y de las parroquias. En otras regiones, por el contrario, las comunidades de base se reúnen con un espíritu de crítica amarga hacia la Iglesia, que estigmatizan como "institucional" y a la que se oponen como comunidades carismáticas, libres de estructuras, inspiradas únicamente en el Evangelio. Tienen pues como característica una evidente actitud de censura y de rechazo hacia las manifestaciones de la Iglesia: su jerarquía, sus signos. Contestan radicalmente esta Iglesia. En esta línea, su inspiración principal se convierte rápidamente en ideológica y no es raro que sean muy pronto presa de una opción política, de una corriente, y más tarde de un sistema, o de un partido, con el riesgo de ser instrumentalizadas. La diferencia es ya notable: las comunidades que por su espíritu de contestación se separan de la Iglesia, cuya unidad perjudican, pueden llamarse "comunidades de base", pero ésta es una denominación estrictamente sociológica. No pueden, sin abusar del lenguaje, llamarse comunidades eclesiales de base, aunque tengan la pretensión de perseverar en la unidad de la Iglesia, manteniéndose hostiles a la jerarquía. Este nombre pertenece a las otras, a las que se forman en Iglesia para unirse a la Iglesia y para hacer crecer a la Iglesia. Estas últimas comunidades serán un lugar de evangelización, en beneficio de las comunidades más vastas, especialmente de las Iglesias particulares, y serán una esperanza para la Iglesia universal, como Nos mismo dijimos al final del Sínodo, en la medida en que: — buscan su alimento en la palabra de Dios y no se dejan aprisionar por la polarización política o por las ideologías de moda, prontas a explotar su inmenso potencial humano; […] — permanecen firmemente unidas a la Iglesia local en la que ellas se insieren, y a la Iglesia universal, evitando así el peligro muy real de aislarse en sí mismas, de creerse, después, la única auténtica Iglesia de Cristo y, finalmente, de anatemizar a las otras comunidades eclesiales; — guardan una sincera comunión con los Pastores que el Señor ha dado a su Iglesia y al Magisterio que el Espíritu de Cristo les ha confiado; — no se creen jamás el único destinatario o el único agente de evangelización, esto es, el único depositario del Evangelio, sino que, conscientes de que la Iglesia es mucho más vasta y diversificada, aceptan que la Iglesia se encarna en formas que no son las de ellas; — crecen cada día en responsabilidad, celo, compromiso e irradiación misioneros; — se muestran universalistas y no sectarias. […] Preguntas para la reflexión y la discusión en fraternidad 1. ¿Cuál es la diferencia entre “secularismo” y “secularización”? 2. ¿Cómo entiendes e interpretas la palabra “Seglar” en el nombre de la Orden Franciscana Seglar? 3. ¿Cómo pueden las “pequeñas comunidades” apoyar la evangelización? 4. ¿Cómo se asemejan o difieren las fraternidades franciscanas seglares a estas “pequeñas comunidades”? 39


SECCION II: ESPIRITUALIDAD Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. Tema 7 de 9: San Lucas Evangelista Fr. Amando Trujillo Cano, TOR Celebrar la fiesta de San Lucas Evangelista (Octubre 18) puede tener un significado especial para los franciscanos seglares este año, considerando que el tema del Capítulo General de la OFS, que se llevará a cabo en Brasil este mes es: Evangelizados para Evangelizar. En preparación para este evento, el proyecto de formación del CIOFS ha escogido el tema de Evangelización que también se enlaza con la llamada que el beato Juan Pablo II hiciera a toda la Iglesia a comprometerse en una Nueva Evangelización. Pero ¿cómo puede San Lucas ayudarnos a celebrar este Capitulo General y responder a la llamada del Espíritu Santo a renovar nuestra misión evangelizadora en el mundo? En la actualidad hay muchos estudios bíblicos sobre los escritos de San Lucas (el tercer Evangelio y los Hechos de los Apóstoles), en los idiomas más importantes del mundo, que pueden ayudarnos a comprender y apreciar mejor su trabajo, además, muchas ediciones de la Biblia tienen introducciones a cada uno de sus libros. Pero baste por ahora considerar algunos aspectos de la vida y de la obra de San Lucas que puedan fortalecernos y animarnos a vivir de acuerdo al Evangelio. A partir del Nuevo Testamento y de la antigua tradición de la Iglesia es posible conocer algo sobre la vida y la personalidad de este autor cristiano. La tradición de la Iglesia (el Canon Muratoriano, San Ireneo, Eusebio, Tertuliano, etc.) ha identificado constantemente a Lucas como el médico referido por San Pablo en Col. 4,14 y con uno de sus compañeros mencionados en Flp. 24. Lucas fue discípulo y compañero de Pablo en sus viajes apostólicos, comenzando con su segundo viaje misionero. Colaboró con Pablo de modo activo pero discreto como puede notarse en Hechos, 16:10-17; 20:5-15; 21:1-18; 27:1-28:16. El Prólogo Anti-Marcionita a la obra de Lucas (probablemente del Siglo IV) resume su vida como sigue: Lucas era un sirio de Antioquia, médico de profesión, discípulo de los apóstoles y más tarde siguió a Pablo hasta el martirio de éste. Sirvió al Señor sin distracciones, sin esposa y sin hijos. Murió a la edad de ochenta y cuatro años en Beocia lleno del Espíritu Santo. Basándose en todo esto y en los comentarios de Pablo durante su difícil viaje a Roma: Solamente Lucas se ha quedado conmigo (2 Tim. 4,11), Lucas emerge como compañero fiel de Pablo en el ministerio. Lucas ha sido modelo para nosotros de la fidelidad al Señor y a la misión de la Iglesia en colaboración activa con el Apóstol de los Gentiles. Lucas no fue uno de los apóstoles ni un testigo de los eventos de la vida, muerte y resurrección de Jesús; sin embargo, quiso investigar la tradición de la que disponía para escribir una narrativa de aquellos acontecimientos en una forma ordenada, como lo leemos en el prólogo de su Evangelio: Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. (Lc 1,1-4). De alguna manera Lucas actúa como historiador pero mayormente como teólogo del plan divino de salvación para todos los pueblos, según fue revelado en Cristo. El es un helenista culto comprometido en la transmisión del mensaje cristiano a sus compañeros helenistas creyentes que provenían del mundo pagano, inculturándolo magistralmente. Conoce bien la versión griega de la Biblia y el mundo judío. Es un consumado escritor del griego que también sabe ser fiel a sus fuentes, que usa con creatividad y gran originalidad. Escribe el tercer Evangelio muy probablemente entre el 75 y el 85 d.C. en un ambiente helenista y los Hechos de los Apóstoles alrededor del 90 d.C. Este autor inspirado presenta el ministerio profético de Jesús como un largo camino hacia Jerusalén y la misión de la Iglesia como un camino hacia el confín del mundo y los gentiles. Como San Lucas, también nosotros hemos recibido una rica tradición en la Iglesia que hemos de estudiar, meditar y llevar a la vida, compartiéndola con las nuevas generaciones y culturas. Estamos también llamados a ser fieles y creativos al transmitir el mensaje del plan divino de salvación para toda la humanidad de forma que pueda realmente incidir en la vida de las personas de nuestro tiempo. La salvación es siempre el don de Dios a un mundo herido que sufre de grandes disparidades y fragmentaciones, ideologías y terrorismo, tráfico humano y migración forzada, materialismo y opresión política, desempleo y diversas clases de enfermedades físicas, mentales y espirituales, etc. Por el bien de nuestra misión evangelizadora aprendamos de la sensibilidad especial de Lucas a la misericordia y el perdón de Dios, a los pobres, al desapego material y la dedicación total a Cristo, la oración, el poder y la guía del Espíritu Santo, el papel de la mujer en la vida de Cristo y en la Iglesia, el gozo de la salvación de Dios, etc. El franciscano seglar, comprometido a seguir el ejemplo y las enseñanzas de Cristo, dedíquese a un estudio personal y frecuente del Evangelio y de las Sagradas Escrituras. La Fraternidad y sus responsables promuevan el amor a la

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Palabra evangélica y ayuden a los hermanos a conocerla ya comprenderla, tal como la proclama la Iglesia, con la ayuda del Espíritu Santo. (CCGG 9, 2)

El servicio a la economía (Compendium of the Social Doctrine of the Church, n. 563-564) La sección del Compendio que estamos presentando este mes sobre el tema de “el servicio a la economía”, hace una referencia directa a los principios del Magisterio social (Cf. Capítulos tres y cuatro del Compendio, n. 105-208), a los cuales hicimos referencia en este proyecto el año pasado (CIOFS Proyecto de Formación Permanente, Mayo a Diciembre, 2010, en: http://www.ciofs.org/ratio/2010/ESPGM.htm), y señala la centralidad de la persona humana como guía indispensable para la participación del laico en la compleja arena económica del día de hoy. Parece oportuno reflexionar sobre los modelos de economía y desarrollo social en el contexto de la actual crisis financiera en el mundo, una crisis que está afectando la gran mayoría de nuestros hermanos y hermanas en un momento en que la globalización y la tecnología han fracasado en promover un mayor sentido de igualdad, justicia y paz para todos. Las consecuencias negativas de las estructuras económicas, sociales y culturales se ven claramente en las vidas de los miembros de nuestra comunidad franciscana, y están también afectando el funcionamiento de la Orden en todos los niveles. El Compendio llama a los economistas y a los líderes políticos a repensar la economía y a armonizar la eficiencia de la economía con la participación política y la justicia social. También recuerda a las organizaciones de trabajadores, empresarios y economistas de inspiración cristiana su papel particular en moldear las realidades económicas. Los principios del Magisterio social y estas reflexiones sobre la economía nos impulsan hacia un compromiso activo como testigos del reino de Dios en las realidades temporales. Sin un compromiso activo, informado y sostenido de la sociedad civil, el Estado y el mercado no alcanzaran las demandas del desarrollo genuino. Si nosotros cristianos somos verdaderamente luz del mundo y sal de la tierra, debemos permear la economía, las estructuras sociales y culturales con la levadura del Evangelio; ¡tenemos los valores y recursos espirituales para evangelizarlos de acuerdo a nuestra presencia y competencia diversificadas! 563 Ante la complejidad del contexto económico contemporáneo, el fiel laico se deberá orientar su acción por los principios del Magisterio social. Es necesario que estos principios sean conocidos y acogidos en la actividad económica misma: cuando se descuidan estos principios, empezando por la centralidad de la persona humana, se pone en peligro la calidad de la actividad económica (Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política (24 de noviembre de 2002), 3: Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2002, p. 8.). El compromiso del cristiano se traducirá también en un esfuerzo de reflexión cultural orientado sobre todo a un discernimiento sobre los modelos actuales de desarrollo económico-social. La reducción de la cuestión del desarrollo a un problema exclusivamente técnico llevaría a vaciarlo de su verdadero contenido que es, en cambio, « la dignidad del hombre y de los pueblos » (Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 41: AAS 80 (1988) 570). 564 Los estudiosos de la ciencia económica, los trabajadores del sector y los responsables políticos deben advertir la urgencia de replantear la economía, considerando, por una parte, la dramática pobreza material de miles de millones de personas y, por la otra, el hecho de que « a las actuales estructuras económicas, sociales y culturales les cuesta hacerse cargo de las exigencias de un auténtico desarrollo » (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2000, 14: AAS 92 (2000) 366). Las legítimas exigencias de la eficiencia económica deben armonizarse mejor con las de la participación política y de la justicia social. Esto significa, en concreto, impregnar de solidaridad las redes de la interdependencia económica, política y social, que los procesos de globalización en curso tienden a acrecentar (Cf. Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2000, 17: AAS 92 (2000) 367-368). En este esfuerzo de replanteamiento, que se perfila articulado y está destinado a incidir en las concepciones de la realidad económica, resultan de gran valor las asociaciones de inspiración cristiana que se mueven en el ámbito económico: asociaciones de trabajadores, de empresarios, de economistas.

Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad 16. ¿Cómo podemos imitar la pasión de San Lucas por conocer y compartir el Evangelio de Jesucristo con nuestro mundo? 17. ¿Cómo puede tu fraternidad implantar la levadura del Evangelio en el campo de la economía en forma activa y efectiva?

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PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE FICHA MENSUAL NOVIEMBRE 2011 – AÑO 2 – No. 23

SECCION I: TEMA MENSUAL Tema 11: ¿Quién tiene la misión de evangelizar? (EN nº 59-74) Comentarios, citas y preguntas por Ewald Kreuzer, OFS "Evangelizar no es para nadie un acto individual y aislado, sino profundamente eclesial", explica el Papa Pablo VI en su Exhortación Apostólica: Evangelii nuntiandi (n.60). Como miembros de la Iglesia cada uno tiene una función específica: el Papa, los obispos, sacerdotes y diáconos, así como los laicos. La misión particular que los franciscanos seglares tienen fue discutida intensamente durante nuestro XIII Capítulo General en Sao Paulo, Brasil, entre el 22 y el 29 Octubre, 2011. Todos los documentos importantes serán compartidos con ustedes en nuestro sitio web y en las fichas mensuales de formación en el año 2012. 59. La misión de la evangelización. Si las personas proclaman en el mundo el Evangelio de la salvación; lo hacen por mandato de, en nombre de y con la gracia de Cristo Salvador. "No tendrán jamás a otro profeta salvo el que nos ha enviado", [Rom 10:15], escribió quien sin duda fue uno de los más grandes evangelizadores. Nadie puede hacerlo sin haber sido enviado. Pero, ¿quién tiene entonces la misión de evangelizar? El Concilio Vaticano II dio una respuesta clara a esta pregunta: es a la Iglesia a la que "le corresponde, por mandato divino, el deber de salir al mundo y predicar el evangelio a toda criatura". [Dignitatis humanae, 13; Lumen gentium, 5, Ad Gentes, 1] Y en otro texto: "... la Iglesia entera es misionera, y la obra de evangelización es un deber fundamental del Pueblo de Dios". [Ad Gentes, 35] (...) Mientras la Iglesia proclame el Reino de Dios y lo construya, la Iglesia se implanta en medio del mundo como signo e instrumento del Reino que es y que está por venir (…). 60. En comunión con la Iglesia. (...) Evangelizar no es para nadie un acto individual y aislado, sino profundamente eclesial. (...) Si cada uno evangeliza en nombre de la Iglesia, lo cual se hace en virtud de un mandato del Señor; el evangelizador no es el dueño absoluto de su acción evangelizadora con un poder discrecional para llevar a cabo de conformidad con su criterio individual y su perspectiva, sino que actúa en comunión con la Iglesia y sus Pastores (…). 66. Diferentes tareas evangelizadoras. Toda la Iglesia está llamada a evangelizar y, sin embargo, dentro de ella tenemos diferentes tareas evangelizadoras para llevar a cabo. Esta diversidad de servicios en la unidad de la misma misión, constituye la riqueza y hermosura de la evangelización. Seguidamente haremos un poco de memoria sobre estas tareas. En primer lugar, se señala en las páginas del Evangelio, la insistencia con que el Señor confía a los apóstoles la tarea de proclamar la Palabra. Él los escogió [cf. Jn 15:16; Mc 3,13-19; Lc 6:1316], les enseñó durante varios años en su compañía íntima [cf. Hechos 1:21-22], los nombró como apóstoles [cf. Mc 3:14] y los envió [cf. Mc 3,14-15; Lc 9:2] en calidad de testigos autorizados y maestros del mensaje de la salvación. Y los Doce, a su vez enviaron a sus sucesores que, en la línea apostólica, continúan predicando la Buena Nueva. 70. El papel de los laicos. Los laicos, cuya vocación específica los coloca en medio del mundo, y los hace responsable de las más variadas tareas temporales; deben por esta razón, ejercer una forma singular de evangelización. Su tarea primera e inmediata no es establecer y desarrollar la comunidad eclesial - ésta es la función específica de los pastores -; sino poner en práctica todas las posibilidades cristianas y evangélicas ya presentes y operantes en las realidades del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora no es solo el mundo vasto y complejo de la política, la sociedad y la economía; sino también el mundo de la cultura, de las ciencias y las artes, de la vida internacional, y de los medios de comunicación. Que además, incluye otras realidades abiertas a la evangelización, como el amor, la familia, la educación de los niños y adolescentes, el 42


trabajo profesional, y el sufrimiento (…). 71. La familia como Iglesia “doméstica”. (...) En diferentes momentos de la historia de la Iglesia y también en el Concilio Vaticano II, la familia tiene bien merecido el bonito nombre de "Iglesia doméstica"”. [Lumen gentium, 11; Apostolicam actuositatem, 11]. Esto significa que debemos encontrar en todas las familias cristianas, los diversos aspectos de toda la Iglesia. Por otra parte, la familia, como la Iglesia, debe ser un lugar donde el Evangelio es transmitido y desde donde éste se irradia. En una familia consciente de esta misión, todos sus miembros evangelizan y son evangelizados. Los padres no sólo comunican el Evangelio a sus hijos; sino que además, los hijos lo reciben profundamente vivido. Una familia así, se hace evangelizadora de otras muchas familias, y del vecindario del que forma parte. Las familias que son resultado de un matrimonio mixto, tienen el deber de anunciar a Cristo a los hijos en la plenitud de las consecuencias de un bautismo común, que tienen además la difícil tarea de ser constructores de la unidad. 72. Los jóvenes. Las circunstancias nos invitan a hacer una mención especial de los jóvenes. Su número cada vez mayor, su creciente presencia en la sociedad, y los graves problemas que padecen; deben despertar en cada uno el deseo de entregarse con celo e inteligencia al ideal evangélico, como algo que debe ser conocido y vivido. Y por otro lado, los jóvenes que están bien formados en la fe y la oración, deben ser cada día más los apóstoles de la juventud. La Iglesia cuenta en gran medida con su contribución, y ha manifestado muchas veces la plena confianza en ellos. 73. Presencia activa de los laicos. La presencia activa de los laicos en las realidades temporales es de gran importancia; pero a pesar de ello no se puede, sin embargo, ser negligentes u olvidar la otra dimensión: los seglares también pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus pastores en el servicio de la comunidad eclesial para su crecimiento y vida, mediante el ejercicio de una gran variedad de ministerios de acuerdo a la gracia y los carismas que el Señor se complace en darles. No podemos dejar de experimentar una gran alegría interior cuando vemos a tantos pastores, religiosos y laicos; encendidos con su misión de evangelizar, buscando nuevas formas (cada vez más adecuadas) de proclamación eficaz del Evangelio. Animamos a la apertura que la Iglesia está mostrando hoy en día en este sentido y con esta solicitud. Se trata de una apertura a la meditación en primer lugar, y luego a los ministerios eclesiales capaces de rejuvenecer y fortalecer el vigor evangelizador de la Iglesia. (...) Asimismo, señalamos nuestra estima particular a todos los laicos que aceptan consagrar una parte de su tiempo, sus energías y, a veces, toda su vida, al servicio de las misiones. Una preparación seria se necesita para todos los trabajadores de la evangelización. Dicha preparación es tanto más necesaria para aquellos que se dedican al ministerio de la Palabra (...). Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad 1. ¿Cuáles son las oportunidades y retos específicos para los laicos, las familias y los jóvenes en la evangelización? 2. ¿Por qué es la evangelización no es un acto individual, sino que siempre debe hacerse en comunión con la Iglesia? 3. El Papa Pablo VI escribe que todos los trabajadores en el campo de la evangelización debe estar bien preparado. ¿Qué cree usted que los preparativos son necesarios para su fraternidad a seguir para dar fruto?

SECCION II: ESPIRITUALIDAD Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. Tema 8 de 9: Santa Isabel de Hungría (7 jul. 1207 – 17 nov. 1231) Reflexión por Anne Mulqueen, OFS El 17 de noviembre la Iglesia celebra la fiesta de Santa Isabel de Hungría, patrona de la Orden Franciscana Seglar. Para los hombres y las mujeres del siglo XXI ella sigue siendo un modelo relevante de santidad. Aunque Santa Isabel vivió en el siglo XIII, los desafíos que enfrentó son muy conocidos para muchos de nosotros hoy en día. Por razones ajenas a su voluntad, a la edad de cuatro años Isabel fue enviada por sus padres a vivir en la corte del Landgrave Herman I de Turingia. A pesar del materialismo de la corte y la riqueza de su entorno, la niña Isabel creció en santidad con una inclinación hacia la oración y la mortificación. Debido a estos impulsos religiosos, Isabel sufrió la hostilidad de los miembros más autocomplacientes de la Corte. La piedad de Isabel era un reproche a la forma de vida de dichos miembros. Santa Isabel se casó joven y con su marido Luis procreó a tres hijos. Felizmente su matrimonio fue una unión de amor, sin embargo, Isabel no fue inmune a la tragedia. Su tercera hija, Gertrudis, nació después que su marido Luis murió en Otranto mientras esperaba unirse al ejército cruzado de Federico II. Isabel tenía sólo 20 años de edad cuando quedó madre soltera con tres hijos. En su angustia, Santa Isabel, viuda a esa edad, exclama a gritos: "El mundo con todas sus alegrías ya está muerto para mí." 43


Sin embargo, las dificultades de Isabel no habían terminado. Uno de sus sirvientes afirma que su cuñado, el regente de su hijo de cinco años de edad, la sacó del castillo en el frío del invierno. Si eso no fuera suficiente sufrimiento, le fueron quitados sus hijos para ser atendidos en otro lugar. Algunos afirman que Isabel salió del castillo voluntariamente por razones morales, pero el hecho es que Isabel quedó entonces viuda, sin hogar y sin sus hijos. ¿Alguien culparía a Isabel si ella se hubiese limitado a tomar la pequeña suma de dinero que recibió de su dote, se hubiera casado en segundas nupcias, como su tío quería, y hubiera vivido feliz y cómodamente de ahí en adelante? En lugar de esto, Isabel quería dejarse guiar por el Señor. Prometió no volver a casarse y se dedicó al cuidado de los enfermos, especialmente aquellos con las enfermedades más terribles. Isabel eligió renunciar a los privilegios para ser pobre con los pobres. Nosotros también enfrentamos circunstancias que no podemos controlar y tenemos que tomar decisiones que correspondan al Evangelio y a la voluntad de Dios para nuestras vidas. ¿Cuántos han tenido una infancia que cambió abruptamente por circunstancias ajenas a su voluntad y sin embargo siguen teniendo fe en Cristo? ¿Cuántos han amado y perdido a sus cónyuges y sin embargo, encuentran consuelo en el amor de Dios? ¿A cuántos les han arrancado sus hijos de los brazos la desgracia o la muerte, y sin embargo se mantienen firmes en la esperanza en Cristo? ¿Cuántos han sido humillados, por no traicionar lo que concierne a Dios? ¿Cuántos continúan siguiendo a Cristo pobre y crucificado frente a la adversidad? En respuesta a estas preguntas:  Todos los que, como Isabel de Hungría, tienen una relación profunda y duradera con Dios;  Todos los que, como Isabel de Hungría, creen en un sentido de justicia e igualdad para todas las criaturas de Dios;  Todos los que, como Isabel de Hungría, encuentran la respuesta a dificultades de la vida entregándose a la providencia de Dios en la alegría y el asombro;  Todos los que, como Isabel de Hungría, encuentran su fuerza para seguir a Cristo a la manera de San Francisco de Asís.

El servicio a la política (I) (n. 565-568) Introducción y preguntas por Fr. Amando Trujillo Cano, TOR Este mes nos fijaremos en los primeros cuatro artículos de la sección "El servicio a la política" del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Estos artículos afirman que el compromiso político de los fieles laicos es una expresión importante del servicio cristiano. Esta es una afirmación importante ya que muchas personas tienden a pensar que la política está tan contaminada y corrompida que los cristianos deben permanecer fuera de ella. Al mismo tiempo, esta participación en la política debe estar guiada por criterios claros y principios tomados de la Doctrina Social de la Iglesia para que realmente arroje luz sobre las realidades temporales y las ordene de acuerdo con el plan de Dios para el mundo. En esta sección también recordaremos que sin la dimensión moral, la vida social y política se convierte en deshumanización y perpetúa las estructuras de pecado. Otro tema importante que se incluye en esta sección es la necesidad de preparar a los creyentes para ejercer el poder político. Este punto es fundamental si consideramos el llamado de los laicos en general, y de los franciscanos seglares en particular, a impregnar la sociedad en todos sus aspectos con la levadura del Evangelio. Nuestra esperanza es que, al reflexionar sobre este tema, las fraternidades puedan promover una participación activa de sus miembros en la búsqueda del bien común a través de su participación en la política, tal como fue el llamado en el reciente XIII Capítulo General de la Orden Franciscana Seglar. 565. Para los fieles laicos, el compromiso político es una expresión cualificada y exigente del empeño cristiano al servicio de los demás. [Cf. Pablo VI, Carta Apostólica, Octogesima Adveniens 46: AAS 63 (1971), 433-436]. La búsqueda del bien común con espíritu de servicio; el desarrollo de la justicia con atención particular a las situaciones de pobreza y sufrimiento; el respeto de la autonomía de las realidades terrenas; el principio de subsidiaridad; la promoción del diálogo y de la paz en el horizonte de la solidaridad: éstas son las orientaciones 44


que deben inspirar la acción política de los cristianos laicos. Todos los creyentes, en cuanto titulares de derechos y deberes cívicos, están obligados a respetar estas orientaciones; quienes desempeñan tareas directas e institucionales en la gestión de las complejas problemáticas de los asuntos públicos, ya sea en las administraciones locales o en las instituciones nacionales e internacionales, deberán tenerlas especialmente en cuenta. 566. Los cargos de responsabilidad en las instituciones sociales y políticas exigen un compromiso riguroso y articulado, que sepa evidenciar, con las aportaciones de la reflexión en el debate político, con la elaboración de proyectos y con las decisiones operativas, la absoluta necesidad de la componente moral en la vida social y política. Una atención inadecuada a la dimensión moral conduce a la deshumanización de la vida asociada y de las instituciones sociales y políticas, consolidando las « estructuras de pecado »: [Cf Juan Pablo II, Encíclica Sollicitudo Rei Socialis 36: AAS 80 (1988), 561-563] « Vivir y actuar políticamente en conformidad con la propia conciencia no es un acomodarse en posiciones extrañas al compromiso político o en una forma de confesionalidad, sino expresión de la aportación de los cristianos para que, a través de la política, se instaure un ordenamiento social más justo y coherente con la dignidad de la persona humana » [Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal sobre algunas Preguntas relacionadas con la Participación de los Católicas en la Vida Política (24 noviembre 2002), 6: Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2002, p.131]. 567. En el contexto del compromiso político del fiel laico, requiere un cuidado particular, la preparación para el ejercicio del poder, que los creyentes deben asumir, especialmente cuando sus conciudadanos les confían este encargo, según las reglas democráticas. Los cristianos aprecian el sistema democrático, « en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica" [Juan Pablo II, Carta Encíclica Centesimus annus, 46: AAS 83 (1991), 850] y rechazan los grupos ocultos de poder que buscan condicionar o subvertir el funcionamiento de las instituciones legítimas. El ejercicio de la autoridad debe asumir el carácter de servicio, se ha de desarrollar siempre en el ámbito de la ley moral para lograr el bien común [cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, 74: AAS 58 (1966), 1095-1097] quien ejerce la autoridad política debe hacer converger las energías de todos los ciudadanos hacia este objetivo, no de forma autoritaria, sino valiéndose de la fuerza moral alimentada por la libertad. 568. El fiel laico está llamado a identificar, en las situaciones políticas concretas, las acciones realmente posibles para poner en práctica los principios y los valores morales propios de la vida social. Ello exige un método de discernimiento [cf. Congregación para la Educación Católica, Orientaciones para el estudio y enseñanza de la doctrina social de la Iglesia en la formación de los sacerdotes, 8, Tipografía Políglota Vaticana, Roma 1988, pp. 13-14], personal y comunitario, articulado en torno a algunos puntos claves: el conocimiento de las situaciones, analizadas con la ayuda de las ciencias sociales y de instrumentos adecuados; la reflexión sistemática sobre la realidad, a la luz del mensaje inmutable del Evangelio y de la enseñanza social de la Iglesia; la individuación de las opciones orientadas a hacer evolucionar en sentido positivo la situación presente. De la profundidad de la escucha y de la interpretación de la realidad derivan las opciones operativas concretas y eficaces; a las que, sin embargo, no se les debe atribuir nunca un valor absoluto, porque ningún problema puede ser resuelto de modo definitivo: « La fe nunca ha pretendido encerrar los contenidos socio-políticos en un esquema rígido, consciente de que la dimensión histórica en la que el hombre vive, impone verificar la presencia de situaciones imperfectas y a menudo rápidamente mutables ». [Congregación para la Doctrina de la Fe, Doctrinal Nota sobre algunas cuestiones relativas al compromiso de los católicos en la vida política (24 de noviembre de 2002), 7: Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2002, pp. 15-16]. Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad 1. 2. 3. 4.

¿Cómo te han asistido tus hermanos y hermanas de fraternidad en los momentos de necesidad? ¿Cómo has servido a tus hermanos y hermanas en sus momentos de angustia? ¿Qué tipo de participación política tienen los franciscanos seglares en tu Fraternidad nacional? ¿Cómo pueden nuestras Fraternidades preparar a sus miembros para participar en la vida social y política de modo que mantengan la dimensión moral?

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PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE FICHA MENSUAL DICIEMBRE 2011 – AÑO 2 – No. 24

SECCION I: TEMA MENSUAL Tema 12: Evangelización es la acción del Espíritu Santo (EN n. 75-81) Comentarios, extractos y preguntas por Ewald Kreuzer, OFS “El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia”, escribe el Papa Pablo VI en su Exhortación Apostólica “Evangelii nuntiandi” (n.75) lo cual es aún muy relevante en la actual situación de la misión evangelizadora de la Iglesia. Él expresa su deseo que “Pastores y teólogos —y añadiríamos también los fieles marcados con el sello del Espíritu en el bautismo— estudien profundamente la naturaleza y la forma de la acción del Espíritu Santo en la evangelización de hoy día” y exhorta “a todos y cada uno de los evangelizadores a invocar constantemente con fe y fervor al Espíritu Santo y a dejarse guiar prudentemente por El como inspirador decisivo de sus programas, de sus iniciativas, de su actividad evangelizadora”. Nosotros, franciscanos seglares, también recordamos que San Francisco decía que el mismo Espíritu Santo es el verdadero “Ministro General” de nuestra Orden. Con esto en mente, confiemos en la guía del Espíritu Santo para seguir nuestra vocación y misión específicas “de vivir el Evangelio de acuerdo a la espiritualidad franciscana en nuestra condición seglar” (Constituciones Generales Art. 8, 1). 75. EVANGELIZACION ES LA ACCION DEL ESPIRITU SANTO. La Evangelización nunca será posible sin la acción del Espíritu Santo. (…) De hecho, sólo es luego de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés que los apóstoles salieron a todos los confines de la tierra para comenzar el gran trabajo de la evangelización de la Iglesia (…). El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia. Él es quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio. Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por Él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anunciado. Las técnicas de evangelización son buenas, pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador no consigue absolutamente nada sin Él. Sin Él, la dialéctica más convincente es impotente sobre el espíritu de los hombres. Sin Él, los esquemas más elaborados sobre bases sociológicas o sicológicas se revelan pronto desprovistos de todo valor. Nosotros vivimos en la Iglesia un momento privilegiado del Espíritu. Por todas partes se trata de conocerlo mejor, tal como lo revela la Escritura. Uno se siente feliz de estar bajo su moción. Se hace asamblea en torno a Él. Quiere dejarse conducir por Él. Ahora bien, si el Espíritu de Dios ocupa un puesto eminente en la vida de la Iglesia, actúa todavía mucho más en su misión evangelizadora. Puede decirse que el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización: El es quien impulsa a cada uno a anunciar el Evangelio y quien en lo hondo de las conciencias hace aceptar y comprender la Palabra de salvación [Cf. Concilio Vaticano Segundo, Decreto sobre la Actividad Misionera de la Iglesia Ad Gentes, 4] Pero se puede decir igualmente que El es el término de la evangelización: solamente El suscita la nueva creación, la humanidad nueva a la que la evangelización debe conducir, mediante la unidad en la variedad que la misma evangelización querría provocar en la comunidad cristiana. A través de Él, la evangelización penetra en los corazones, ya que Él es quien hace discernir los signos de los tiempos —signos de Dios— que la evangelización descubre y valoriza en el interior de la historia (...). 76. EL TESTIMONIO DE VIDA ES ESENCIAL. (…) Sobre todo con relación a los jóvenes, se afirma que éstos sufren horrores ante lo ficticio, ante la falsedad, y que además son decididamente partidarios de la verdad y la transparencia. A estos "signos de los tiempos" debería corresponder en nosotros una actitud vigilante. Tácitamente o a grandes gritos, pero siempre con fuerza, se nos pregunta: ¿Creéis verdaderamente en lo que anunciáis? ¿Vivís lo que creéis? ¿Predicáis verdaderamente lo que vivís? Hoy más que nunca el testimonio de vida se ha convertido en una condición esencial con vistas a una eficacia real de la predicación. Sin andar con rodeos, podemos decir que en cierta medida nos hacemos responsables del Evangelio que proclamamos. (…) Exhortamos, pues, a nuestros hermanos en el Episcopado, puestos por el Espíritu Santo para gobernar la Iglesia de Dios (Cf. Hch 20-28). Exhortamos a los sacerdotes y a los diáconos, colaboradores de los obispos para congregar el pueblo de Dios y animar espiritualmente las

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comunidades locales. Exhortamos también a los religiosos y religiosas, testigos de una Iglesia llamada a la santidad y, por tanto, invitados de manera especial a una vida que dé testimonio de las bienaventuranzas evangélicas. Exhortamos asimismo a los seglares: familias cristianas, jóvenes y adultos, a todos los que tienen un cargo, a los dirigentes, sin olvidar a los pobres tantas veces ricos de fe y de esperanza, a todos los seglares conscientes de su papel evangelizador al servicio de la Iglesia o en el corazón de la sociedad y del mundo. Les decimos a todos: es necesario que nuestro celo evangelizador brote de una verdadera santidad de vida y que, como nos lo sugiere el Concilio Vaticano II, la predicación alimentada con la oración y sobre todo con el amor a la Eucaristía, redunde en mayor santidad del predicador [Cf. Decreto sobre el Ministerio y la Vida de los Sacerdote Presbyterorum Ordinis, 13] (…). 77. UNIDAD COMO FORMA E INSTRUMENTO DE EVANGELIZACION. La fuerza de la evangelización quedará muy debilitada si los que anuncian el Evangelio están divididos entre sí por tantas clases de rupturas. (…) La división de los cristianos constituye una situación de hecho grave, que viene a cercenar la obra misma de Cristo. El Concilio Vaticano II dice clara y firmemente que esta división "perjudica la causa santísima de la predicación del Evangelio a toda criatura y cierra a muchos las puertas de la fe" [Decreto sobre la Actividad Misionera de la Iglesia Ad Gentes, 6; cf. Decreto sobre Ecumenismo Unitatis Redintegratio, 1]. Por esta razón (…) creímos necesario recordar a todos los fieles del mundo católico que "la reconciliación de todos los hombres con Dios, nuestro Padre, depende del restablecimiento de la comunión de aquellos que ya han reconocido y aceptado en la fe a Jesucristo como Señor de la misericordia, que libera a los hombres y los une en el espíritu de amor y de verdad" [Bula Apostolorum Limina, VII] En este punto deseamos hacer énfasis en el signo de la unidad entre todos los cristianos como una forma y un instrumento de evangelización (…). 78. HERALDOS Y SIERVOS DE LA VERDAD. (…) El Evangelio que nos ha sido encomendado es también palabra de verdad. Una verdad que hace libres [Cf. Jn. 8, 32] y que es la única que procura la paz del corazón; esto es lo que la gente va buscando cuando le anunciamos la Buena Nueva. La verdad acerca de Dios, la verdad acerca del hombre y de su misterioso destino, la verdad acerca del mundo. Verdad difícil que buscamos en la Palabra de Dios y de la cual nosotros no somos, lo repetimos una vez más, ni los dueños, ni los árbitros, sino los depositarios, los herederos, los servidores. (…) Doctores, ya seáis teólogos o exégetas, o historiadores: la obra de la evangelización tiene necesidad de vuestra infatigable labor de investigación y también de vuestra atención y delicadeza en la transmisión de la verdad, a la que vuestros estudios os acercan, pero que siempre desborda el corazón del hombre porque es la verdad misma de Dios. Padres y maestros: vuestra tarea, que los múltiples conflictos actuales hacen difícil, es la de ayudar a vuestros hijos y alumnos a descubrir la verdad, comprendida la verdad religiosa y espiritual. 79. SIGNOS DE AMOR. La obra de la evangelización supone, en el evangelizador, un amor fraternal siempre creciente hacia aquellos a los que evangeliza. Un modelo de evangelizador como el Apóstol San Pablo escribía a los tesalonicenses estas palabras que son todo un programa para nosotros: "Así, llevados de nuestro amor por vosotros, queremos no sólo daros el Evangelio de Dios, sino aun nuestras propias vidas: tan amados vinisteis a sernos"." [1 Ts 2:8; cf. Flp 1:8] ¿De qué amor se trata? Mucho más que el de un pedagogo; es el amor de un padre; más aún, el de una madre [Cf. 1 Tes. 2, 7. 11; 1 Cor. 4, 15; Gál. 4, 19]. Tal es el amor que el Señor espera de cada predicador del Evangelio, de cada constructor de la Iglesia. Un signo de amor será el deseo de ofrecer la verdad y conducir a la unidad. Un signo de amor será igualmente dedicarse sin reservas y sin mirar atrás al anuncio de Jesucristo. Añadamos ahora otros signos de este amor. El primero es el respeto a la situación religiosa y espiritual de la persona que se evangeliza. Respeto a su ritmo que no se puede forzar demasiado. Respecto a su conciencia y a sus convicciones, que no hay que atropellar. Añadamos ahora otros signos de este amor. Otra señal de este amor es el cuidado de no herir a los demás, sobre todo si son débiles en su fe con afirmaciones que pueden ser claras para los iniciados, pero que pueden ser causa de perturbación o escándalo en los fieles, provocando una herida en sus almas. Será también una señal de amor el esfuerzo desplegado para transmitir a los cristianos certezas sólidas basadas en la palabra de Dios, y no dudas o incertidumbres nacidas de una erudición mal asimilada. Los fieles tienen necesidad de esas certezas en su vida cristiana; tienen derecho a ellas en cuanto hijos de Dios que, poniéndose en sus brazos, se abandonan totalmente a las exigencias del amor. Será también una señal de amor el esfuerzo desplegado para transmitir a los cristianos certezas sólidas basadas en la palabra de Dios, y no dudas o incertidumbres nacidas de una erudición mal asimilada. Los fieles tienen necesidad de esas certezas en su vida cristiana; tienen derecho a ellas en cuanto hijos de Dios que, poniéndose en sus brazos, se abandonan totalmente a las exigencias del amor. Preguntas para la reflexión y el diálogo en fraternidad. 1. ¿Cómo podemos “cooperar” con el Espíritu Santo en nuestra misión específica de evangelizar? 2. ¿La unidad entre los cristianos significa “uniformidad” o puede ser también la diversidad un signo de vitalidad y enriquecimiento? 3. El Papa Pablo VI habla acerca de “signos de amor” que siempre hemos de mostrar en nuestra misión de evangelizar. ¿Podrías compartir tus experiencias sobre la puesta en práctica de estos signos de amor con tus hermanos y hermanas en fraternidad?

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SECCION II: ESPIRITUALIDAD Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. Tema 9 de 9: Santa María de Guadalupe Reflexión de Fr. Amando Trujillo Cano, TOR En la mañana del 9 de diciembre de 1531, Cuauhtlatoatzin –un indígena azteca que al ser bautizado había recibido el nombre de Juan Diego–, se encaminó desde su natal pueblo de Cuautitlán hacia Tlatelolco, ciudad comercial cercana a la capital azteca de Tenochtitlán (lugar de la actual Cd. de México), para participar en la Misa y en la catequesis, como era su costumbre. El recorrido era de varios kilómetros y pasaba por el cerro del Tepeyac, lugar en el que había existido un templo a Tonantzin, la diosa madre azteca, y ubicado en la periferia de la ciudad en aquél entonces. Al pasar por el Tepeyac, sus oídos escucharon “el canto de muchos pájaros finos” que lo atrajeron hacia la cima del cerrito haciéndolo sentirse en “la tierra celestial” de sus antepasados. Los cantos cesaron y empezó a oír una voz que lo llamaba en náhuatl, su lengua natal, hacia la cima: ¡“Juan Diego, Juan Diegito!” Finalmente vio a una “doncella” cuyo vestido “relucía como el sol” que lo invitó a acercarse y le dijo: Escucha, hijo mío el menor, Juanito: ¿A dónde te diriges?"… "Sábelo, ten por cierto, hijo mío el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del Verdadero Dios por quien se vive, el creador de las personas, … el dueño del cielo, el dueño de la tierra, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada. En donde lo mostraré, lo ensalzaré al ponerlo de manifiesto: lo daré a las gentes en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación: porque yo en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que confíen en mí, porque allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores. Y para realizar lo que pretende mi compasiva mirada misericordiosa, anda al palacio del obispo de México, y le dirás que cómo yo te envío, para que le descubras cómo mucho deseo que aquí me provea de una casa, me erija en el llano mi templo; todo le contarás, cuanto has visto y admirado, y lo que has oído…” (Antonio Valeriano, Nican Mopohua vv. 23, 26-33). Así inicia la fascinante historia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe (9, 10 y 12 de diciembre), el encuentro entre la “Madre del Verdadero Dios por quien se vive” y los habitantes de “esta tierra”, en la que surgía una civilización mestiza en medio de grandes dolores de parto, pero desde ese momento iluminada con “la luz que viene de lo alto” (Lc 1, 78), el Hijo de María. La historia del Nuevo Mundo había alcanzado un punto decisivo diez años antes, el 13 de agosto de 1521 con la caída de la gran Tenochtitlán en manos de las tropas de Hernán Cortés y sus aliados pueblos indígenas que habían sido subyugados por los aztecas y obligados a pagarles gravosos impuestos. A pesar de que los aztecas eran el pueblo más desarrollado de Mesoamérica, sacrificaban prisioneros de guerra debido a que creían que la sangre ofrecida a los dioses permitía al sol continuar su camino y salir cada mañana. El primer gobierno de la Nueva España –la Primera Audiencia-, nombrado por el rey español Carlos V en 1528, estaba encabezado por Nuño de Guzmán, quien actuó con crueldad y arbitrariedad hacia los nativos. El tratamiento recibido por los indígenas complicó demasiado la labor evangelizadora de los misioneros y propició un ambiente social volátil que amenazaba insurrección. En el mismo año, el Rey nombró al franciscano Fray Juan de Zumárraga, como primer Obispo de la Ciudad de México y defensor de los indígenas. Las apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego nos recuerda que Dios elige a los pequeños y humildes para realizar su obra de salvación. Juan Diego no se sentía digno de la misión que la Virgen le encomendó pero la aceptó y al encontrarse con dificultades aprendió a confiar en el amor materno de María. Así cumplió con su parte en la extensión del Reino de Dios. Como él, también nosotros hemos de asumir nuestra responsabilidad en la evangelización y en la construcción de una civilización del amor a pesar de las dificultades que encontremos. Estamos llamados a confiar en Jesús, que nos ha enviado, y en María, que nos acompaña. Lo que la Virgen de Guadalupe dijo a Juan Diego cuando estaba preocupado por la enfermedad su tío Juan Bernardino lo repite también a nosotros: Escucha, ponlo en tu corazón, hijo mío el menor, que es nada lo que te espanta, lo que te aflige, que no se turbe tu corazón. No temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante, aflictiva. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa? (Cf Antonio de Valeriano, Nican Mopohua vv. 118-119) Ese mismo día, el 12 de diciembre de 1531, la Virgen le indica a Juan Diego que lleve unas rosas al obispo, quien le había pedido una señal de parte de la Virgen. Juan Diego corta las rosas del cerro, extrañamente presentes en esa época del año, y las pone en su tilma. Al presentárselas al obispo todos se sorprenden al descubrir la imagen de la Virgen grabada en la tilma. Esta imagen es un verdadero códice de colores y formas que porta un mensaje religioso con elementos de la cultura de los indígenas, quienes pudieron así comprender y aceptar la fe cristiana con rapidez sorprendente. La Virgen del Tepeyac nos muestra claramente la importancia de inculturar el evangelio para evangelizar las culturas. En el mundo de hoy, también nosotros estamos llamados a anunciar el mensaje

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de Jesús utilizando los elementos culturales adecuados para que sea comprendido y pueda renovar así a las personas y a los pueblos desde dentro. La Virgen trajo reconciliación y no división entre indígenas y españoles. Les ayudó a comprender que la fe cristiana no es propiedad de nadie, sino un don de amor para todos. Su presencia fue definitiva en el proceso de evangelización del llamado “Nuevo Mundo” y ha tenido un lugar importante en la historia de México, como lo fue en la lucha por su independencia. Sin embargo, la devoción a N. Sra. de Guadalupe ha ido más allá de esta nación. El Papa Benedicto XIV, con el breve Non est equidem, del 25 de mayo de 1754, declaró a la Virgen de Guadalupe patrona principal y protectora de la Nueva España y concedió el Oficio y la Misa propios para la fiesta del 12 diciembre. El 24 de agosto de 1910 el Papa San Pío X la declaró "Celestial Patrona de la América Latina" y el 16 de julio de 1935 el Papa Pío XI extendió a las Islas Filipinas el Patronato de la Virgen. El 12 de octubre de 1961, el Papa Juan XXIII convocó un nuevo año Mariano y proclamó la Virgen de Guadalupe Madre del Continente americano. El 31 de julio de 2002, el beato Papa Juan Pablo II celebró en la Basílica de Guadalupe la canonización de Juan Diego. El papa nos enseñó que, ante la actual cultura de la muerte, encontramos esperanza en la Virgen de Guadalupe, la gran defensora y abogada de la vida humana. Ella se apareció a Juan Diego embarazada. Los indígenas comprendieron que les visitaba la Madre de Dios. Por ello la Iglesia pide hoy su intercesión para defender la vida contra el genocidio del aborto y contra todas las demás amenazas a la dignidad de la persona humana y de los pueblos marginados. El mensaje de la Virgen de Guadalupe es un signo de esperanza para la humanidad en este cambio de época y una llamada a la participación activa y fiel en la evangelización de las nuevas culturas. Se nos recuerda que no estamos solos pues ella sigue trayéndonos la Luz del mundo (Jn 8, 20).

Servicio en la política (II) (n. 569-574) Introducción y preguntas por Fr. Amando Trujillo Cano, TOR Este mes presentamos los últimos seis artículos de la sección Servicio en la política tomado del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Estos artículos se enfocan en diversos aspectos del discernimiento, un tema que fue presentado el mes pasado, y pretender asistir a los fieles laicos que están involucrados o quieren involucrarse en actividades políticas desde el punto de vista de los valores cristianos. Esta sección recuerda a los fieles que, considerando la forma en la cual el sistema democrático funciona, deben discernir cuidadosamente el contenido de la información, las investigaciones científicas y las decisiones económicas, así como los asuntos morales relacionados con el carácter sagrado de la vida, del matrimonio y de la familia. Para facilitar este discernimiento, el Compendio ofrecer algunos criterios básicos y hace un llamado a la integración de los valores naturales, morales y sobrenaturales. Otro tema incluido en esta sección es la responsabilidad moral de los legisladores en relación a ciertos programas políticos y leyes particulares que contradicen “los contenidos fundamentales de la fe y la moral”. Este segmento también hace un llamado a una apropiada “distinción entre las esferas políticas y religiosas” y explica el papel del Magisterio de la Iglesia en la instrucción e iluminación de la conciencia de los fieles. El Compendio también hace énfasis en la responsabilidad del Estado en salvaguardar la libertad religiosa y en el gran peligro de descalificar a los cristianos en el ámbito social. Esta sección también trata la importancia del discernimiento cuando se trata de escoger los instrumentos políticos, tales como partidos, plataformas, etc. Al hacer esto, el Compendio enfatiza el valor de la decisión personal y de la que tenemos que hacer como comunidad cristiana, analizando cada situación política y respondiendo de acuerdo al Evangelio y guiados por la Doctrina Social de la Iglesia. 569.… [En el contexto del] funcionamiento del sistema democrático, […] el discernimiento es especialmente grave y delicado cuando se ejercita en ámbitos como la objetividad y rectitud de la información, la investigación científica o las opciones económicas que repercuten en la vida de los más pobres o en realidades que remiten a las exigencias morales fundamentales e irrenunciables, como el carácter sagrado de la vida, la indisolubilidad del matrimonio, la promoción de la familia fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer. En esta situación resultan útiles algunos criterios fundamentales: la distinción y a la vez la conexión entre el orden legal y el orden moral; la fidelidad a la propia identidad y, al mismo tiempo, la disponibilidad al diálogo con todos; la necesidad de que el juicio y el compromiso social del cristiano hagan referencia a la triple e inseparable fidelidad a los valores naturales, […] a los valores morales, […] y a los valores sobrenaturales […]. 570. […] «la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral » [Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal sobre algunas preguntas relacionadas con la participación de los católicos en la vida política (24 Noviembre, 2002). 4: Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2002, p. 9]. En el caso que no haya sido posible evitar la puesta en práctica de tales programas políticos, o impedir o abrogar tales leyes, el Magisterio enseña que un parlamentario, cuya oposición

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personal a las mismas sea absoluta, clara, y de todos conocida, podría lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de dichas leyes y programas, y a disminuir sus efectos negativos en el campo de la cultura y de la moralidad pública. Es emblemático al respecto, el caso de una ley abortista [Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, 73: AAS 87 (1995), 486-487]. Su voto, en todo caso, no puede ser interpretado como adhesión a una ley inicua, sino sólo como una contribución para reducir las consecuencias negativas de una resolución legislativa, cuya total responsabilidad recae sobre quien la ha procurado. […] el testimonio cristiano debe ser considerado como un deber fundamental que puede llegar incluso al sacrificio de la vida, al martirio, en nombre de la caridad y de la dignidad humana. [Cf. Juan Pablo II, Exhortación Post Sinodal, Christifideles Laici, 39: AAS 81 (1989), 466-468]. La historia de veinte siglos, incluida la del último, está valiosamente poblada de mártires de la verdad cristiana, testigos de fe, de esperanza y de caridad evangélicas [...]. 571. El compromiso político de los católicos con frecuencia se pone en relación con la « laicidad », es decir, la distinción entre la esfera política y la esfera religiosa [Cf. Concilio Vaticano Segundo, Constitución Pastoral Gaudium et Spes, 76: AAS 58 (1966), 1099-1100]. Esta distinción « es un valor adquirido y reconocido por la Iglesia, y pertenece al patrimonio de civilización alcanzado ». [Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrina para algunas preguntas relacionadas con la Participación de los Católicos en la Vida Política (24 Noviembre 2002), 6: Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2002, p. 11]. La doctrina moral católica, sin embargo, excluye netamente la perspectiva de una laicidad entendida como autonomía respecto a la ley moral […] Buscar sinceramente la verdad usando medios legítimos para promover y defender las verdades morales inherentes a la vida social - la justicia, la libertad, el respeto de la vida y de los demás derechos de la persona— es un derecho y un deber de todos los miembros de una comunidad social y política…[E]l Magisterio de la Iglesia… no desea ejercer un poder político o eliminar la libertad de opinión de los católicos sobre cuestiones contingentes. Busca, en cambio —en cumplimiento de su deber— instruir e iluminar la conciencia de los fieles, sobre todo de los que están comprometidos en la vida política, para que su acción esté siempre al servicio de la promoción integral de la persona y del bien común […]. 572. El principio de laicidad conlleva el respeto de cualquier confesión religiosa por parte del Estado, « que asegura el libre ejercicio de las actividades del culto, espirituales, culturales y caritativas de las comunidades de creyentes. En una sociedad pluralista, la laicidad es un lugar de comunicación entre las diversas tradiciones espirituales y la Nación [Juan Pablo II, Discurso al Cuerpo Diplomático (12 Enero 2004), 3: L'Osservatore Romano, Edición en inglés, 21 enero 2004, p. 3]. Por desgracia todavía permanecen, también en las sociedades democráticas, expresiones de un laicismo intolerante, que obstaculizan todo tipo de relevancia política y cultural de la fe buscando descalificar el compromiso social y político de los cristianos sólo porque estos se reconocen en las verdades que la Iglesia enseña y obedecen al deber moral de ser coherentes con la propia conciencia. Se llega incluso a la negación más radical de la misma ética natural. Esta negación, que deja prever una condición de anarquía moral, cuya consecuencia obvia es la opresión del más fuerte sobre el débil, no puede ser acogida por ninguna forma de pluralismo legítimo, porque mina las bases mismas de la convivencia humana (…). 573. Un ámbito especial de discernimiento para los fieles laicos concierne a la elección de los instrumentos políticos, o la adhesión a un partido y a las demás expresiones de la participación política. Es necesario efectuar una opción coherente con los valores, teniendo en cuenta las circunstancias reales. En cualquier caso, toda elección debe siempre enraizarse en la caridad y tender a la búsqueda del bien común. [Cf. Pablo VI, Carta Apostólica Octogesima Adveniens, 46: AAS 63 (1971), 433-435] […] El cristiano no puede encontrar un partido que corresponda plenamente a las exigencias éticas que nacen de la fe y de la pertenencia a la Iglesia: su adhesión a una formación política no será nunca ideológica, sino siempre crítica, a fin de que el partido y su proyecto político resulten estimulados a realizar formas cada vez más atentas a lograr el bien común, incluido el fin espiritual del hombre. [Cf. Pablo VI, Carta Apostólica Octogesima Adveniens, 46: AAS 63 (1971), 433-435]. 574. […] la membrecía en un partido o en una alianza política debe ser considerada una decisión personal –legítima al menos dentro de los límites de esos partidos y posiciones que no son incompatibles con la fe y con los valores cristianos. [Cf. Pablo VI, Carta Apostólica Octogesima Adveniens, 50: AAS 63 (1971), 439-440]. Sin embargo, la elección del partido, de la formación política, de las personas a las cuales confiar la vida pública, aun cuando compromete la conciencia de cada uno, no podrá ser una elección exclusivamente individual: “Le « incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de su país, esclarecerla mediante la luz de la palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción según las enseñanzas sociales de la Iglesia ». [Pablo VI, Carta Apostólica, Octogesima Adveniens, 4: AAS 63 (1971), 403-404] […]. Preguntas para la reflexión y el diálogo en fraternidad. 1. ¿Cómo has experimentado la llamada de Dios a participar activamente en la construcción de la civilización del amor a pesar de las dificultades? 2. ¿Cuáles son los asuntos políticos de mayor relevancia que impactan a tu comunidad local? ¿Y a tu país? 3. ¿Te esfuerzas por estar informado acerca de los asuntos políticos y reflexionas en ellos a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia? 4. ¿Tu fraternidad discierne posiciones apropiadas y acciones a tomar respecto a asuntos políticos?

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Fichas mensuales de formación CIOFS 2011