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Yo pienso que era factible realmente, con el paso de unos ocho o diez años, que se hubiera logrado consolidar un grupo bastante nutrido, no de propietarios agrícolas, ya que estaba prohibido por la propia ley, sino de usufructuarios. Eso nos hubiera dado mucho impulso. El Banco Agrario se tendría que haber ampliado mucho más, pero cuando empezó trabajaba bien, lo empezó dirigiendo gente honrada como Alfonso Bauer, y así como él hubo muchas personas de bastante buena fe. Pero las cosas cambiaron y ese cambio sí me tocó verlo a mí. Total, yo ya era casi abogado. Me pude percatar de todo el retroceso terrible que hubo para el país. De alguna manera fue la vuelta de todo el ubiquismo, esa carga tan pesada y negativa. Por supuesto, la ley de reforma agraria fue lo primero que se suprimió. Ahí empezaron las persecuciones de los campesinos, persecuciones que incluso fueron documentadas. Había demasiado miedo. Muchos se preguntaban más adelante por qué había guerrillas en Guatemala. No entendían que la semilla de todos los disgustos en el campo surgió por la represión que se hizo contra esa primera oleada de quienes habían sido beneficiarios de esa primera reforma agraria. Eso se había quedado oculto, pero no oculto para las familias, o sea, muchos de los que más adelante se alzaron eran descendientes 38

de los que habían caído. Yo tuve ocasión de ver a alguna de esa gente perseguida y después eliminada. Aparece por entonces también este señor Richard Adams, quien después iba a ser una figura importantísima (entre comillas), con una llegada muy desagradable. Richard Newbold Adams se llama él. Entró como un estudiante llamado Richard Newbold, tenía una cobertura de la Organización Panamericana de la Salud, pero su verdadera misión era interrogar a los indígenas que estaban presos por agraristas. No existía el delito, pero existían los delincuentes. Esto fue publicado en Fruta amarga. La cia en Guatemala, traducido al español por Siglo xxi de México, un libro que llevará unos 15 ediciones, así que no estoy inventando nada. En ese momento la oligarquía, por medio de su ministro de Relaciones, quien sabía más o menos qué eran las ciencias sociales (había estudiado antes derecho), juntó a este grupo de antropólogos norteamericanos en un seminario de integración social; se reunían periódicamente y empezaron a hacer una serie de libros en inglés, que eran traducidos. Empezaron a poner ahí lo que serían, digamos, las bases de una ciencia social guatemalteca donde 39

Guzmán Bockler conversa con Perdomo Orellana  

Fascículo de la Obra: Colección Pensamiento II. Serie de entrevistas entre intelectuales guatemaltecos. En éste fascículo el destacado Abog...

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