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Sin Ira Kate Walker Sin Ira (26.07.2006) Título Original: The Italian’s Torced Bride (2006)


Editorial: Arlequín Ibérica Sello / Colección: Bianca 1688 Género: Contemporáneo Protagonistas: Domenico Parrisi y Alice Howard Argumento: «Te quedarás aquí mientras yo lo desee… y sólo te marcharás cuando yo te dé permiso para hacerlo». Alice había pasado seis apasionados meses siendo la amante de Domenico hasta que había cometido un tremendo error: se había enamorado. Sabía que él jamás la amaría, por eso lo abandonó. Pero ahora el guapísimo italiano exigía que volviera a su cama sin saber que estaba embarazada. Quizá cuando lo descubriera no la dejara marchar jamás… https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 ALICE Howard sabía perfectamente quién estaba detrás de la puerta desde que había oído el timbre. Sabía muy bien quién estaba allí. Y era la última persona a la que quería ver cara a cara. Y al mismo tiempo era la persona a quien más deseaba ver en el mundo.


La sola idea de abrirle la puerta le aflojaba las piernas de tal modo que no era capaz de ir hacia la ventana y espiar para confirmar si la identidad del inesperado visitante era la que imaginaba. Pero no le hacía falta hacerlo. Estaba segura. Hacía tres días que le había enviado la carta en la que le decía que tenían que hablar de algo importante. Deslizó su mano hacia su vientre en un gesto de protección hacia su bebé, y el de aquel hombre. Le había dicho que se trataba de algo muy importante. Y ciertamente lo era. La atmósfera era la adecuada. Su llegada totalmente inesperada. Ni siquiera el ruido de un motor acercándose por la carretera comarcal la había alertado del hecho de que él estaba allí. Y hasta el ruido impaciente del timbre en la quietud de la tarde era el adecuado para la situación. El silencio de la casa aumentaba la tensión. La transformaba en un ambiente frío y arrogante como el mismo Domenico. Domenico. . Por fin había puesto un nombre a su inesperado visitante. Alice se mordió el labio inferior. Tenía los ojos azules enrojecidos por noches en blanco y la preocupación de un secreto que guardaba en su interior. —Domenico... —dijo en voz alta mientras se sentaba en la cama de su sórdida habitación.


Entrelazó sus dedos encima de su regazo mientras luchaba por vencer la tentación de acercarse a la ventana y espiar. Pero no le hacía falta mirar para saber lo que vería. Tenía grabada su imagen en su mente. . Sus poderosas facciones y su fuerte personalidad, su cabello negro y ojos dorados oscuros acudieron a su mente con todo el amor que una vez había sentido por él.. Todo el llanto que había derramado desde su marcha, y antes, no había sido suficiente para borrar los recuerdos del hombre que alguna vez había significado más que su propia vida para ella. Aquel hombre que había sido el dueño de su corazón. Pero había descuidado por completo el regalo que ella le había dado. La había tratado cruelmente sin importarle en absoluto lo vulnerable que ella era con él. Y entonces, al final, cuando no había podido aguantar más, había tenido que dejarlo y marcharse. Alice había creído que se había marchado suficientemente lejos de su alcance. Que marchándose a su Inglaterra natal, a su casa, a un pueblo a cientos de kilómetros de Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 2-94 https://www.facebook.com/novelasgratis la sofisticada Florencia italiana donde él vivía, habría escapado a su maligna influencia. Que allí, en la quietud del campo, tendría oportunidad de curar sus


heridas en privado y recuperar de algún modo la fuerza para enfrentarse al mundo nuevamente, y empezar de nuevo. —¡Alice! Al oír su nombre ya no le quedó la menor duda de que era él. Sólo Domenico usaba su nombre de aquel modo, alargando la «i» de un modo que su nombre pareciera un poema, en lugar de un nombre simplemente. —¡Alice! Pero no había nada de poético en la forma en que acababa de pronunciar su nombre nuevamente. Su tono era como un látigo, frío y despiadado. —¡Abre la puerta, maldita seas! ¡Sé que estás ahí! Era imposible que lo supiera, pensó Alice. ¡La estaba desafiando! La estaba provocando deliberadamente, actuando como solía hacerlo él. Domenico nunca admitía haberse equivocado ni no estar seguro de nada. Domenico, quien lo sabía todo, entendía todo, y podía con todo lo que la vida le presentaba. Debía haber nacido con aquella seguridad en sí mismo. Desde la cuna debía haber mirado al mundo con la arrogancia de un pequeño emperador romano, sabiendo que con un solo chasquido de sus dedos tendría a sus pies a todos los


ayudantes y criados. Así que ahora estaría frustrado porque ella no había corrido a abrirle. —¡Vete! —dijo ella en dirección a la ventana. Lo único que tenía que hacer era quedarse donde estaba, refugiada en las gruesas paredes de su cabaña, y la frustración de Domenico se transformaría en aburrimiento, su aburrimiento en enfado, y entonces él se metería en el coche y saldría a toda velocidad con un chirrido de llantas sobre el camino de canto rodado. Y ella estaría libre de él. Al menos por un tiempo. Porque sabía que no se daría por vencido. Domenico Parrisi no se daba por vencido después de un solo intento. O mejor dicho, jamás se daba por vencido. Volvería. Tarde o temprano volvería. Pero al menos ella ganaría un poco más de tiempo para pensar qué hacer. Y lo que le diría. De pronto hubo un silencio sospechoso. El timbre dejó de sonar y no oyó más la voz de Domenico. ¿Se habría ido? Alice se acercó a la ventana. Quiso espiar por entre la gruesa cortina de terciopelo gastada, pero no pudo. La movió un centímetro, adelantó la cabeza... Y se encontró con la cara de Domenico, mirándola.


Estaba apoyado en el capó del coche, con las piernas cruzadas a la altura de los tobillos y los brazos cruzados. Su cabello negro brillaba con el sol y un suave viento de primavera removía algunos mechones. Estaba esperando y observando, como un Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 3-94 https://www.facebook.com/novelasgratis enorme gato negro a la entrada de una ratonera, sabiendo perfectamente dónde estaba el pequeño ratón, y cuándo se vería obligado a salir. La estaba mirando. Su boca, normalmente una tentación para ella, era una línea fina y controlada. La frialdad de sus ojos fue como un puñal en su corazón. Y entonces Domenico levantó un brazo y la saludó con la mano. El gesto fue claro. «Baja», decía. «Y rápido». —De acuerdo —murmuró ella desde la seguridad que le daba su escondite detrás del cristal—. Bajaré. Pero te lo advierto: es posible que te arrepientas de que lo haga. Ella estaba en casa, pensó Domenico al ver desaparecer la cara de Alice de la ventana. Y era mejor así. Si no, habría hecho aquel viaje inútilmente. Y él no tenía ni tiempo ni ganas de perder horas para nada. Cuando el detective que había contratado le había dado aquella dirección,


había reflexionado mucho acerca de si valía la pena hacer aquel viaje para encontrarla. ¿No habría sido más fácil borrarla de sus pensamientos, con la misma facilidad que Alice había sido capaz de borrar los meses que habían pasado juntos? Pero el problema era que, una vez que había dejado entrar un solo pensamiento en su mente, éste había sido seguido por muchos otros. Pensamientos que él se decía que olvidaría. Recuerdos que no quería despertar. ¡Y mucho menos en aquel momento! Alice y él habían tenido una relación. Pero, al parecer, para ella no había sido así. Alice «sólo se había estado divirtiendo», le había dicho ella en aquella fría y última confrontación. Ahora que ya no le satisfacía su relación con él, había decidido marcharse. Había hecho las maletas y se había ido. De su casa, de su vida, de su mundo. No le había dado ningún tipo de explicación, simplemente se había marchado, dejándole claro que ya no tenía tiempo para él y que ya no le interesaba. Era evidente que la mujer que lo espiaba desde el primer piso de una cochambrosa cabaña no se alegraba de verlo, sino todo lo contrario. Lo miraba como si él fuera un extraño y desagradable ser que acabase de emerger de un estanque


lleno de lodo. Y su reacción había sido la de quedarse petrificada, en lugar de ir a la puerta para hacerlo entrar. Ella lo había abandonado, y él no estaba acostumbrado a algo así. La verdad era que siempre era él quien se marchaba. Y le gustaba que fuera así. Porque significaba que cuando algo se había terminado, se había terminado. No quedaba nada pendiente. Todo quedaba claro. Pero con Alice nada había sido claro. No le agradaría nada que ella se quedara escondida y que su viaje no le sirviera de nada. No pensaba volver si más adelante ella decidía cambiar de opinión y quería verlo. La verdad era que no estaba seguro por qué estaba allí... De pronto oyó el ruido del cerrojo y sus pensamientos dejaron de darle vueltas en la cabeza. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 4-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Se abrió la puerta y apareció Alice. —¡ Dannazione! —juró Domenico al notar el efecto que tenía en él su aparición. Su cuerpo reaccionó con un calor en su vientre. Se excitó. Y se hizo evidente


el motivo que lo había llevado hasta allí, tan reacio y a la vez tan decidido a encontrarla. Aún deseaba a aquella mujer. La había deseado desde que la había visto por primera vez. ¡Y seguía deseándola, maldita sea! Alice estaba vestida de un modo mucho más informal que de costumbre. Llevaba una camiseta lila, unos vaqueros y una chaqueta de lana negra. Los pantalones marcaban la forma de sus largas piernas y la camiseta se ajustaba a las curvas de sus caderas. Estaba descalza, y al ver el modo en que sus pies de uñas pintadas de rosa se flexionaban sobre el suelo, recordó la sensación de sentir aquellos pies deslizándose arriba y abajo sobre sus pantorrillas, a lo largo de sus ásperas piernas masculinas... —¿Y? —dijo Alice en tono cortante. Aquel tono frío cortó la excitación de Domenico. — Buon giorno, signorina Howard. No sabía si era su cabello oscuro despeinado que contrastaba con su piel blanca o sus ojos con profundas ojeras que la hacían parecer más pálida que de costumbre. Sus ojos lo miraban con una frialdad que hubiera amedrentado a cualquier hombre menos fuerte. Y lo hubiera dejado sin habla.


Pero no a Domenico. Los dos meses de ausencia no habían hecho más que aumentar su sensual feminidad, pensó Domenico. Había creído que había exagerado en recordar el fuerte atractivo de su belleza, las lascivas curvas de su cuerpo. Pero en cuanto la había vuelto a ver, el deseo se había apoderado de él. Era evidente que no había terminado con aquella mujer. No lo había superado. Alice le despertaba su instinto más primitivo. Sentía el impulso de acortar la distancia que había entre ellos, estrecharla en sus brazos y llevarla a la cama más cercana, o al suelo más cercano... —Tú querías hablar conmigo... —dijo él con la voz algo tensa, pero sonó dura y agresiva. No era más que una respuesta a la frialdad de sus ojos azules, tan fríos como el mar en Inglaterra, recordó él, comparándolo con el Mediterráneo. —Habla, entonces —dijo él, irritado. «¡Habla!», la orden, porque era una orden, dio vueltas en la cabeza de Alice. No podía decirle así, directamente, que estaba embarazada. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 5-94 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Creo que sería mejor hablar dentro. —Si lo prefieres. . —dijo él con una frialdad que impresionaba. ¿Cómo podía hablar con un hombre que se mostraba tan hostil con ella? ¿Con un hombre que ya ni siquiera se molestaba en fingir que ella le importaba en algún sentido? Porque era evidente que sólo había fingido... Y ella le había creído... No sabía cómo se iba a tomar Domenico la noticia de su embarazo. Él había declarado abiertamente que él no estaba interesado en el matrimonio. —Bueno, necesito beber algo —dijo ella, como si no le importase lo que necesitaba él—. Puedes pasar o quedarte aquí fuera, como quieras —siguió. En realidad, lo que quería era tener unos segundos a solas para recomponerse. Dejó la puerta abierta y entró en la casa, sin darse la vuelta para ver si él la seguía. Le daba igual, se dijo. Pero no era cierto. Su corazón latía aceleradamente y tenía un nudo en el estómago.. Había tenido que hacer un esfuerzo tan grande para alejarse de él... Y ahora volvía a sentirse arrastrada por la misma tormenta de sentimientos que le provocaba el solo hecho de estar con Domenico. —Entonces beberemos algo —la sorprendió su voz por detrás.


Alice se sobresaltó. —¡Oh! Estás nerviosa, ¿no? —dijo Domenico cínicamente—. ¿Cuál es el problema? ¿El sentimiento de culpa? —En absoluto —Alice intentó controlar el tono de voz y el temblor de sus manos antes de poner un vaso debajo del grifo para llenarlo. —Es que creí que querías quedarte fuera. Pero ahora que estás aquí... ¿Qué te apetece tomar? ¿Un té? ¿Café? —Sabes que no bebo té —respondió Domenico con un leve estremecimiento. Jamás había comprendido su gusto por aquella bebida—. ¿Es que ya te has olvidado de ello? —Ojos que no ven, corazón que no siente, o que no recuerda... —dijo ella. Aquello no le gustó a Domenico. Era evidente, por la mirada de fuego que le dedicó. No era bueno enfadarlo. Necesitaba que la escuchase, y así no lo lograría. Así que Alice intentó suavizar la dureza de su tono de voz. —Podrías haber cambiado en el tiempo que ha pasado... Y además, no estoy segura de que te conociera tan bien... —Pasamos seis meses juntos aproximadamente. —Seis meses en los que estabas ocupado trabajando, o de viaje por otros países.


Donde menos estabas era en Italia... —le recordó ella. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 6-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Yo te advertí cómo sería —respondió Domenico—. Nunca he querido que te formaras falsas expectativas. —No. Fuiste muy claro en eso. Había sido muy directo diciéndole que su trabajo era su vida. Domenico no había conseguido crear un imperio informático sentado en un sillón, contemplando la vida. Nadie conocía mucho sobre él. Mantenía su pasado y sus orígenes en secreto. Se rumoreaba que no dormía nunca, que apenas comía. Que el único tiempo de ocio que tenía era el que dedicaba a hermosas mujeres. Las hermosas mujeres que llevaba del brazo en determinadas ocasiones en que le convenía. —Así que ésa no puede ser la razón por la que te has marchado, ¿no? La pregunta la tomó por sorpresa. Al igual que la sensación que sintió al notar que Domenico estaba más cerca. Debía haberse movido sigilosamente, como una pantera.


Domenico parecía llenar todo el espacio, con su fuerza, su dominio, y su cuerpo musculoso, alto y fuerte. La masculina fragancia de su piel mezclada con el perfume de su colonia cara llenaron el olfato de ella, y el suave murmullo de su respiración, inundó sus oídos. Su corazón dio un vuelco nuevamente, pero de un modo diferente. Aquella reacción era la excitación que tantas veces la había asaltado y que reconocía tan bien. La que había sentido desde que lo había visto por primera vez. Domenico tenía un fuerte impacto físico en ella. Era como si aquella poderosa masculinidad le despertase la más profunda feminidad en un nivel primitivo. La sensación era tan intensa, que la dejaba mareada, con la cabeza dando vueltas. —Te dije por qué me marchaba... —Sí, dejaste de divertirte.. Hubo algo en el tono de su voz que le afectó. Como si ella fuera la presa de una araña que empezara a constreñirla en su tela. Empezó a sentir que la enredaba de un modo seductor y peligroso. —¿Por qué, cara, hmmm? —Yo... —dijo Alice con un hilo de voz. Domenico sonrió.


—¿Cuándo dejó de ser entretenido? Porque para mí no ha dejado de serlo... — comentó él seductoramente. —¿Nunca? —Nunca —respondió Domenico con una voz profunda y sensual. —¿Quieres café? —balbuceó ella; tratando de recuperar el sentido común. Domenico agitó la cabeza. —Creo que no —murmuró él. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 7-94 https://www.facebook.com/novelasgratis «¿No?», se dijo ella repitiendo sus palabras. Alice se lamió los labios nerviosamente para ver si así podía hablar. —¿Qué quieres, entonces? —pudo pronunciar finalmente. —Hay algo que me gustaría mucho. Y antes de que ella pudiera volver a tomar aliento, él la besó. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 8-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 NO HABÍA sido capaz de resistirse, admitió Domenico para sí. Había


entrado en la casa con la determinación de reprimirse, de observar y esperar. Pero en cuanto había visto a Alice el deseo se había apoderado de él. Al principio había decidido quedarse fuera para mantener cierta distancia de aquel cuerpo que lo volvía loco y no lo dejaba pensar con claridad.. Pero aquella vez no se metería hasta las cejas, se dijo, no como la vez anterior. Había estado tan obsesionado con su cuerpo que no había sido capaz de pensar, excepto con una sola parte de su anatomía. ¿Y adonde lo había llevado eso? Después de seis meses de relación, ella se había marchado diciendo que ya estaba bien, y que no volvería. Así que aquella vez se había jurado que pensaría antes de actuar, que se haría con las riendas de la situación. Pero desde que la había visto en la puerta había sabido que no era pensar lo que quería hacer. El movimiento de sus caderas ajustadas en su vaquero había hecho el resto. Llevaba dos meses sin aquella mujer en su cama. Mucho tiempo. . Tenía que hacer algo para remediarlo... —Hay algo que deseo muchísimo más que el café... —dijo él. Alice se puso rígida cuando la acarició, pero no se apartó.


Así que la volvió a besar, más firmemente aquella vez. Le acarició la seda de su cabello y le agarró la cabeza para ponerla en una posición más cómoda para besarla. Alice cerró los ojos y se entregó. Sus labios se ablandaron y se abrieron con un suspiro. —Alice, cara... —Domenico le acarició la espalda hasta la cintura, y luego deslizó la mano por debajo de la camiseta holgada y le acarició un pecho. Ella se sobresaltó y se tensó levemente. Luego se quedó quieta. Pero su boca no lo abandonó. Su lengua bailó con la de él en un juego que lo invitaba a más intimidad. Pero su actitud indecisa le advirtió a Domenico que no debía darse demasiada prisa. Que debía frenar, dar un paso atrás. Si la presionaba demasiado la ahuyentaría. Así que dejó de besarla. Y deslizó su mano nuevamente hacia su cintura, alisando el algodón de su camiseta mientras lo hacía. —No... —dijo Domenico suavemente, tratando de controlar su excitación—. No —y observó los ojos azules de Alice. —¿No? —preguntó ella, evidentemente desconcertada. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 9-94


https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Qué ocurría?, se preguntó Alice, al ver aquel cambio de ánimo repentino en Domenico. Llegaba allí, enfadado, totalmente hostil con ella, hasta el punto de que había creído que no entraría en su casa; le decía que hablaran haciéndole temer que supiera su secreto, y luego cambiaba de pronto, y se volvía el seductor Domenico, el hombre que derribaba todas sus defensas. Un solo beso y estaba perdida. Perdida en aquella fragancia tan familiar, en aquel sabor tan familiar, en el calor de su piel, la fuerza de sus manos en su cabeza... Perdida en su sensual hechizo... —No es un movimiento inteligente. Al menos, todavía, no. Aquel último comentario le quitó el aliento. Sabía que la culpa de aquella arrogante seguridad la tenía ella. Después de todo, apenas Domenico la había tocado, se había derretido en sus manos. Y la había dejado deseando más, con un calor insoportable entre sus piernas. Pero el deseo emocional era mayor. Él le había hecho daño. Ella había querido que él le diera algo que él jamás le daría. Y aquella frustración le había roto el corazón. —¿Un café...? —repitió Alice. —Un café —respondió Domenico, sin dejar de fijar sus ojos en ella. Alice se sintió como un pequeño animal observado por su depredador. ¿Aquel beso no había significado nada para él? ¿Sólo había querido ver cómo


reaccionaba ella? ¿O no había podido reprimirse? ¿O simplemente lo había hecho porque podía hacerlo, como un acto de poder? La idea la estremeció. El olor del café le dio náuseas, una reacción que había desarrollado durante el embarazo. Cerró los ojos e intentó dominar la sensación. —¿Te ocurre algo? —preguntó Domenico al notar su reacción. —¡No! —Alice abrió los ojos—. Estoy bien. —No pareces estarlo. —Yo... No esperaba que aparecieras así, de este modo... Realmente no había esperado que apareciera de ningún modo. Sólo había esperado una llamada por teléfono. —No podía permanecer lejos. —¿Y esperas que me lo crea? Domenico se encogió de hombros. —No eres una mujer fácil de encontrar... Alice alzó la mirada, registrando lo que había dicho él. Aquella afirmación podía tener dos significados. Y ella se estremeció al pensar que tal vez... Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra


Nº Paginas 10-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tal vez no quiera que me encuentren —respondió—. ¿Me estabas buscando? —Por supuesto. —Me cuesta creerlo —Alice quería disimular su nerviosismo, pero le temblaron las manos y derramó café sobre la encimera. —¡Maldita sea! —Alice agarró una hoja de papel de cocina y quiso limpiar el café, pero sólo lo desparramó. —Déjame a mí —dijo Domenico, poniendo su mano encima de la de ella. —¡Soy un desastre! —exclamó ella. —Es verdad. Pero también eres hermosa —susurró Domenico. Su comentario fue tan imperceptible que ella tuvo que preguntar: —¿Qué? —Tienes manos hermosas.. Domenico le acarició la mano con el pulgar. Ella se estremeció. — Bella. —Dom... Alice se calló. De pronto, en aquel silencio, aquella forma afectiva de llamarlo


inconscientemente, la había sobresaltado. —¿Cómo no voy a querer encontrarte siendo tan hermosa? He dicho que tienes manos hermosas... —volvió a acariciarla con el pulgar. Ella volvió a estremecerse. —Y tienes una cara bonita... Domenico le acarició la frente, la sien, deslizó su dedo por su mejilla hacia abajo, forzándola a mirarlo a los ojos. Alice conocía lo que veía en ellos: Deseo. Ardiente deseo. El mismo deseo que ella sentía en su sangre. Lo habían despertado sus caricias, y la fragancia de su cuerpo masculino, que la envolvía. —Dom... —Tienes unos ojos hermosos —murmuró él sin escucharla. Y le dio un beso en los párpados—. Y un hermoso cabello... Con los ojos cerrados, Alice sintió el calor de su boca en su pelo. Y sintió que aquel calor se expandía desde su cabeza hasta su vientre, latiendo allí cruelmente. —Y una boca muy... muy hermosa... Aunque tenía los ojos cerrados, sabía que él estaba muy cerca. La iba a volver a


besar, lo sabía. Y si lo hacía, estaría perdida. No podría resistirse a él. ¡No podía permitirlo!, se dijo. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 11-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Había estado con Domenico seis meses. Habían sido amantes desde el principio. Ella no había sido capaz de resistirse a él.. Y durante ese tiempo ella se había acostumbrado tanto a sus besos, a sus caricias.. Él sabía dónde tocarla y cómo besarla. . Y su cuerpo estaba totalmente en sintonía con el de él, y reaccionaba instintivamente, como el más refinado instrumento tocado por su maestro. Pero tal vez fuera sólo costumbre, se dijo. —Alice... —dijo Domenico. Ella abrió los ojos y descubrió que él estaba más cerca de lo que había pensado. —Dom, por favor... —suspiró—. ¡No! —¿Que no lo haga, que pare? ¿O que no pare? Ella no podía contestar. No sabía. Domenico no esperó la respuesta. Se inclinó y la volvió a besar y la penetró suavemente con su lengua.


Y Alice supo que estaba perdida. . No era costumbre. Era pasión, hambre carnal, deseo... Lascivia. ¿Amor? ¡Oh, no! Amor, no. Por favor, que el amor no volviera a mezclarse en aquella relación. No quería estar enamorada de él. Le había hecho mucho daño aquello, tanto que apenas había podido escapar cuerda de aquella relación. —No me pidas que pare —murmuró Domenico. Era imposible interpretar si aquello era una orden o un ruego, pensó ella. —Yo... —¡No puedo parar! La besó más violentamente, más profundamente. Y ella sintió que con cada beso sus defensas se iban derrumbando más y más. Se aferró a él, se apretó contra su masculinidad, y abrió su boca, invitándolo. —¡No puedo parar! ¡No voy a parar! —exclamó Domenico. —¡No! —exclamó Alice Y aquella vez sabía lo que quería decir con su «no». Quería sentir su cuerpo fuerte alrededor del de ella, sus caricias en su piel, sus besos.


Era posible que ella se estuviera engañando, pero había sentido la llama de la esperanza en aquellas palabras: «No podía permanecer lejos», había dicho él. «No eres una mujer fácil de encontrar». Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 12-94 https://www.facebook.com/novelasgratis La había estado buscando. No había ido allí simplemente por la carta que ella le había enviado. Y ahora estaba allí. Ella estaba en sus brazos, y la estaba besando. Y el latido de su deseo estallaría si no cedía a él. —¡No pares! —suspiró Alice. Y lo vio sonreír con satisfacción. —No lo haré. Te juro que no pararé hasta que ambos estemos demasiado agotados como para pensar. Demasiado satisfechos para respirar... La alzó en brazos y se dirigió hacia la puerta de la habitación. —¿Es arriba? —preguntó Domenico con voz sensual, con un acento más pronunciado que nunca. —Es arriba, sí —murmuró Alice, sabiendo que aquello era lo que quería. Daba igual lo que ocurriese después. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra


Nº Paginas 13-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 SI LA COCINA le había parecido pequeña con Domenico dentro, el dormitorio le parecía diminuto, una casa de muñecas en proporción. El tejado a dos aguas hizo que él se tuviera que agachar en la parte de la habitación donde disminuía la altura del techo. Atravesó el dormitorio con ella en brazos. Y aun cuando se sentó a su lado encima de la colcha de su vieja cama, Domenico tuvo que mantener la cabeza inclinada para no golpearse con el techo. Pero eso no era problema porque estaba inclinando la cabeza, besándola, nublándole todo pensamiento. —Te he echado de menos. . ¡He echado de menos tanto esto! —exclamó Domenico con voz pastosa y ronca de deseo. Pero a Alice no le hacía falta comprender aquellas palabras, puesto que sus manos impacientes que le quitaban la chaqueta y le subían la camiseta eran más elocuentes. Domenico le acarició los hombros, el pecho. Ella contuvo la respiración mientras él le acariciaba la suave piel a los lados de los pechos.


—¿No llevas sujetador? —preguntó suavemente Domenico con un brillo pícaro en los ojos, como si aquel descubrimiento lo complaciera. —No. Yo... Se calló al darse cuenta de que había estado a punto de revelar su secreto. Había evitado usar sujetador en las últimas semanas porque tenía los pechos hinchados con el embarazo. Le molestaba llevar los pechos apretados con la ropa interior. Sentía que su cuerpo estaba cambiando, madurando, redondeándose. Ella estaba muy sensible a sus cambios corporales, pero, ¿se daría cuenta Domenico? En aquel momento sintió sus manos en sus pechos, y ella echó atrás la cabeza. —¿Te gusta esto? —Domenico sonrió con satisfacción depredadora al ver que sus caricias podían hacer perder el control a una mujer. —Oh, sí, te gusta... Sé que te gusta... Y también, que te gusta esto... Lentamente deslizó sus pulgares por sus pezones, y con una sonrisa la observó estremecerse de placer. —Ya ves que yo no me he olvidado. Para mí no es «ojos que no ven, corazón que


no siente». Tú no has estado nunca fuera de mi mente, desde que te has marchado. —¿Nunca? —Nunca. ¿Cómo iba a poder olvidar esto? La besó, penetrándola con su lengua. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 14-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella se excitó más. —¿Cómo voy a olvidar esto? Domenico tomó uno de sus pechos con su boca. Ella perdió el poco control que le quedaba. Aquella sensación de placer se mezcló con un leve dolor debido a la extrema sensibilidad que había desarrollado con el embarazo. —¡Domenico! —gimió Alice. Se movió instintivamente para ayudarlo a que le quitase la camiseta. Y se quedó inmóvil mientras él le quitaba el vaquero negro que cubría sus piernas. Su cuerpo estaba ardiendo de deseo. —¡Oh, por favor! —exclamó Alice—. ¡Domenico, por favor! Ella no aguantaba más. ¡No comprendía cómo Domenico podía controlarse tanto!


¡Cómo era posible que no se quitase la ropa y se echase encima de ella para saciar su deseo! Porque era evidente que la deseaba. Su excitación se notaba en su abultado pantalón. —¡Oh, por favor...! —Domenico se burló de ella, imitándola. Domenico le acarició la mejilla, y deslizó su mano por los hombros, luego siguió hacia abajo, se detuvo en su pezón, erecto contra la palma de su mano, pareciendo pedirle más de aquel placer eléctrico que le había dado hacía unos segundos. Pero Domenico no le dedicó más tiempo a su pecho. Deslizó sus dedos más abajo, y los metió por debajo de la goma de sus braguitas. Los pasó por encima de los rizos calientes y húmedos y los cerró en la unión de sus muslos. —Entonces, dime, ¿qué es esto que te está pasando, Alicia, mi bella? ¿Es posible que tú también te estés acordando de lo que sentías? ¿Que quizás no te hayas olvidado? «¡Olvidado!», como si pudiera olvidarlo, pensó ella. Lo había intentado. Pero no había podido. Había pasado noches en blanco, sola, tratando de dormirse, sin poder borrar a Domenico de su mente. No podía olvidar los recuerdos de las noches compartidas con él en su apartamento de Milán o en la


mansión de Florencia, haciendo el amor. . No podía olvidarlo. Y ahora que tenía a Domenico en la realidad, acariciándola... Ahora que estaba allí a su lado, y que ella podía oler su fragancia masculina, sabía que sólo él podía llenar el vacío que había tenido desde que se habían separado. No le importaba lo que pasara en el futuro. Que aquello sólo durase un día. Si lo único que le quedaba era aquella última vez con Domenico, se aferraría a ello con todas sus fuerzas. Sólo tenía el aquí y ahora. Y si no lo atrapaba, se moriría. Ella se arqueó debajo del peso del cuerpo de Domenico, tratando de apretarse contra el calor de su erección y empezó a desabrocharle la camisa. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 15-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —No me he olvidado —admitió Alice, escondiendo su cara apoyándola en la de Domenico para que éste no la mirase a los ojos—. No me he olvidado — repitió—. ¿Cómo podría haberlo hecho? Domenico se rió, triunfante y la ayudó a desabrochar los botones con eficiencia, en comparación con el temblor de las manos de ella.


Se quitó la camisa. Alice admiró su belleza una vez más. Se había olvidado de aquello. De lo suave que era su piel por encima de sus músculos tensos y vigorosos. No se había olvidado. Pero no había querido recordar su deslumbrante cuerpo. Ni lo que le gustaba admirarlo y tocarlo. Recordó su tacto desde los hombros hasta su sexo. . Se estremeció al pensarlo. Había pensado que nunca más volvería a verlo ni tocarlo, y ahora que lo tenía, no podía controlarse. Tenía que acariciarlo, que sentirlo. Incluso se permitió besar su piel, recordando su sabor, su fragancia. —¡Alice! —gimió Domenico con su particular acento y su forma de pronunciarlo. Le agarró la cara y la besó salvajemente. Con una mano le sujetó la cabeza y con la otra se desabrochó el cinturón, jurando en italiano al ver que no se abría la hebilla. —Déjame a mí... —dijo ella, aunque sus manos no fueron menos torpes. Abrió la cremallera y su erección pareció explotar en sus manos, caliente y dura. En aquel momento Domenico perdió totalmente el control. Susurró el nombre de Alice entre dientes, y su voz sonó tan violenta como tierna. Apoyó la cabeza de Alice sobre la almohada, sin dejar de besarla. Con la otra mano le quitó lo único que le quedaba: unas braguitas de satén y encaje.


Prácticamente se las arrancó; y ella oyó cómo se rompía la delicada tela, y sintió el latigazo de la goma de su cintura. Lo único que quería ella era sentirlo. Sentir su boca, sentir el empuje de su lengua invadiéndola, saboreándola mientras le acariciaba su parte más íntima, jugando con ella, excitándola, hasta sentir que iba a explotar con la fuerza de aquella estimulación. Pero cuando ella empezó a sentir que estaba a punto de abandonarse, él paró sus caricias, y con una rodilla cubierta de vello le separó las piernas para que lo recibiera. —Esto es lo que recuerdo —dijo él con voz de deseo—. Esto es lo que he tenido contigo, lo que quería de ti... Lo que siempre he querido... Domenico dejó de besarla bruscamente, hizo una pausa y acarició sus pechos. Luego tomó un pezón y luego el otro con la boca, y los succionó, dándole un placer tan intenso que era casi una tortura. Y antes de que pudiera emerger de aquella tormenta de goce, él se puso encima de ella, en el lugar donde ella lo deseaba más, y la penetró. —Y ciertamente no he olvidado esto —murmuró Domenico, internándose más en ella. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 16-94 https://www.facebook.com/novelasgratis


Alice estaba tan excitada que aquel contacto casi la lleva a la cima del placer. En menos de un segundo ella se aferró a él, arqueando su cuerpo, abriéndose a él, dando la bienvenida a su posesión. Él se adentró en ella profundamente. Un solo empuje más llevó a Alice a perder el control y a romperse en mil pedazos, abandonándose al placer completamente, hasta perder la noción del tiempo y del espacio, ajena a todo, menos a las sensaciones de su cuerpo, y al hombre dominante y poderoso que la había hecho enteramente suya. Y segundos antes de perder la conciencia totalmente oyó el grito de triunfo de Domenico, al llegar a la cima y derrumbarse. Y supo que él también había llegado a lo más alto, y se había perdido en las brasas de la pasión junto a ella. No tenía idea de cuánto tiempo le había llevado volver a la realidad. Sólo sabía que mientras flotaba perezosamente, luchando por volver a la tierra, con el cuerpo aún ardiente, las palabras de Domenico de que no había podido estar lejos de ella habían dado vueltas en su mente. No sabía qué sucedería ahora, pero no le importaba. Lo único que le importaba era que Domenico estaba allí, con ella, en su cama. El la había estado buscando, y en cuanto le había escrito había ido a verla, sin dudarlo. Y acababa de hacerle el amor con más pasión que nunca. Tenían que solucionar muchas cosas; era cierto, se dijo ella. Tenía que saber la


verdad sobre Pippa Marinelli. Y tenía que decirle a Domenico que iba a ser padre... Pero todo eso podía esperar hasta el momento oportuno. Tenían tiempo. Estaba segura de ello. Tiempo de hablar, de aclarar las cosas, y con suerte de mirar hacia el futuro. Pero lo importante era que Domenico estaba otra vez con ella... Todo lo demás podía esperar. Y con aquellos pensamientos, se durmió, satisfecha, agotada y contenta. Volvió a la consciencia lentamente. Fue el silencio lo que primero le chocó. ¿Se había dormido Domenico también? Tal vez ahora fuera el momento de contárselo, pensó. Pero cuando estuvo más despierta se dio cuenta de que aquel silencio era tan inesperado como inquietante. Domenico estaba acostado a su lado. Sentía su calor. Probablemente, como ella, estaría volviendo en sí. Conocía bien a Domenico. Y sabía que también se estaría despertando en otros sentidos. Su apetito sexual era exigente. No le habría bastado con una sola vez. Quizás ya estuviera excitado nuevamente. Pero su instinto le decía que no era ése el caso. Había algo en el ambiente que no se correspondía con la indulgencia de la anticipación sexual. Ella se estremeció.


Lentamente abrió los ojos. Y se encontró con la mirada fría de Domenico. Estaba con el codo apoyado en la almohada y sujetándose la cabeza. La había estado observando mientras dormía. Y ahora parecía ejercer con su mirada una fuerza física. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 17-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella sonrió débilmente, dudosa. Los ojos de Domenico la traspasaron, y su boca sensual no hizo ni el intento de sonreír. —Hola... —dijo ella suavemente—. ¿Cuánto tiempo llevas despierto? Domenico ignoró la pregunta. —¿Ya no te diviertes más, eh? —dijo él—. Bueno, lo siento, Alicia, cara, pero realmente no te creo. Creo que lo que acaba de suceder, demuestra que eres una mentirosa, y una mentirosa muy mala. —Yo... Alice no pudo hablar. —Yo creo que esto puede llamarse «divertirse» —continuó Domenico—. Y es un tipo de diversión que me gustaría repetir, una y otra vez, hasta que me harte. Que es por lo que he venido, bella mia. Ya ves, tú te quejabas de que estabas cansada, de que ya no recibías lo que querías de esta relación, pero yo no


estaba cansado. Todavía te deseo. Más que nunca, de hecho. Y mientras te desee, esta relación continúa. Ninguna mujer me abandona a mí... No lo ha hecho ninguna y no lo hará jamás. Domenico se inclinó y le dio un beso frío y sin emoción en la boca. No había ni una pizca de deseo o de pasión en él. —Esta relación no se ha terminado, Alice. No hasta que lo diga yo. Mientras yo te desee, te quedarás conmigo.. Y sólo te marcharás cuando yo te dé permiso. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 18-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 ALICE sintió que aquel beso era como un bofetón en la cara. Un duro y cruel bofetón. —Yo... Tu... Fue peor que si la hubiera despertado con un cubo de agua helada. Ella estaba horrorizada. Sintió que todas sus esperanzas y sueños se venían abajo. «Mientras yo te desee, te quedarás», sonaron las palabras de Domenico en su mente. Por eso había ido allí. No había sido porque ella le importase todavía. En


realidad, nunca le había importado. La consideraba como algo suyo, que tenía que estar mientras él lo quisiera así. En un gesto de instintiva autoprotección, Alice se cubrió con las sábanas. Quería ocultar alguna parte de ella a aquellos ojos calculadores y posesivos. Pero su gesto produjo el efecto contrario, porque él la miró con interés analítico, sin decir nada. Era evidente que le parecía ridícula, pensó ella. Porque él había visto todo lo que podía ver, había tocado todo lo que le había apetecido, había besado todo su cuerpo. Así que, ¿qué sentido tenía esconderse ahora? —Yo no... —Alice intentó hablar, pero no pudo. —¿Tú no...? —repitió Domenico, burlándose. —¿No tengo nada que decir yo en esto? —dijo ella. —¿Algo que decir...? —repitió él las palabras de Alice, como reflexionándolo. Pero ella sabía que Domenico no tenía nada sobre lo que reflexionar. Que su opinión no le importaba en absoluto. —Creo que has dejado muy claro cuáles son tus sentimientos —afirmó Domenico, apoyándose en las almohadas con los brazos cruzados detrás de él. Con el movimiento se le resbaló la sábana y su torso quedó al descubierto. —¿Sí? —preguntó ella. No tenía idea de a qué se refería. Domenico asintió con la cabeza.


—¿Estarías aquí si no lo hubieras hecho? No recuerdo haberte forzado a venir a la cama conmigo. De hecho, creo recordar que lo hiciste con ganas —respondió Domenico cínicamente. —Yo... Alice quiso pronunciar una protesta, pero no fue capaz. Recordó sus propios gemidos de placer, los gritos de satisfacción mientras habían hecho el amor. —¿Vas a decirme que no querías hacer el amor? —la acusó Domenico. —¡No! —exclamó Alice. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 19-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Precisamente porque había pensado, tontamente, que habían estado «haciendo el amor» todo aquel tiempo, era que lo había deseado tanto. Pero ahora que era obvio que había estado ciega, no iba a admitir la verdad. —No digo que no te deseara. Sólo que... De pronto no quiso seguir allí desnuda, junto a un hombre desnudo que la despreciaba de aquel modo. Se levantó de la cama envuelta en la sábana, y


agarró el albornoz que había colgado en el gancho de la puerta y se lo puso. —¿Sólo que qué? —preguntó él. —Sólo que el hecho de que te desee no te convierte en mi dueño. —No quiero ser tu dueño. Y no recuerdo haberte dicho eso. Lo que digo es que aún no me he cansado de esta relación, que todavía te deseo... Y estoy seguro de que tú me deseas. —¡Te olvidas de que yo he terminado con nuestra relación! —Y yo la he reiniciado. —No puedes reiniciarla, sin mi consentimiento —Alice se dio la vuelta al decirlo. Lamentó haberlo hecho. Porque cuando se había levantado envuelta en la sábana, no se había dado cuenta de que se había llevado lo único que cubría a Domenico. Aunque a él no parecía importarle, pensó al ver su actitud relajada. No le sobraba una gota de grasa en su estupendo cuerpo. Era fuerte, musculoso, muy atractivo con aquella piel bronceada, esos ojos oscuros con reflejos dorados y aquel cabello negro. Y Alice se estremeció al recordar lo que se sentía al ser abrazada por aquella belleza masculina. Ahora tendría que volver a sufrir la ausencia de lo que más deseaba. Había pasado por esa experiencia una vez y apenas había sobrevivido. —¿No sería mejor que te pusieras ropa? —le dijo Alice, visiblemente


perturbada por aquella visión de Domenico desnudo. Domenico se encogió de hombros como respuesta. Algo que la irritó más aún, porque la hizo admirar sus anchos hombros, y los músculos de sus brazos. —Prefiero ducharme —respondió Domenico—. En realidad había pensado que podríamos ducharnos juntos. —Ni lo sueñes. Eso es algo que no sucederá nunca. Domenico sonrió cínicamente. —Te gustaba ducharte conmigo... Era algo que siempre hacíamos después de... —Exactamente, ¡me gustaba! Ella no podía soportar que dijera «después de hacer el amor» una vez más. —Eso ya es tiempo pasado. Era algo que hacíamos en el pasado... Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 20-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y algo que me gustaría volver a hacer —Domenico estaba estirándose y levantándose. De pie era demasiado alto, demasiado grande...


—¡Pero es algo que yo no quiero volver a hacer! —¿Por qué no? Por suerte, Domenico se había puesto los calzoncillos y los pantalones. Pero su imagen seguía siendo muy turbadora para ella. Hubiera querido tocar la suave piel de su torso. . Pero tuvo que reprimirse. ¡Oh! ¿Por qué había tenido que mencionar esas duchas compartidas? Algo que habían compartido cada vez que habían hecho el amor, como una continuación de su pasión. . De hecho, muchas veces habían terminado en otro encuentro erótico debajo de la ducha. A su mente acudieron las imágenes de las veces que habían hecho el amor contra el frío de los azulejos del baño, con el agua tibia cayendo encima de ellos. —¿Es otra de las cosas que has decidido que ya no te satisfacen? Bueno, tienes que perdonarme, pero no te creo —Domenico dirigió la mirada hacia la cama de sábanas revueltas—. A mí me parece que lo hemos pasado bien. Domenico no comprendía qué tenía en la mente aquella mujer. Parecía estar cambiando de estado de ánimo todo el tiempo desde que había llegado. Era como si hubiera pasado por distintas personalidades, excepto la de la Alice que él


conocía, o la que creía conocer. Domenico volvió a mirar la cama deshecha... No hacía demasiado tiempo ella había sido su Alice; la que conocía, la que quería. En esa cama, en sus brazos. La mujer que podía hacer que la deseara como el aire que respiraba... cuya sonrisa era como encender una cerilla en el centro de su libido, e incendiarla toda. La mujer sin la cual su vida y su cama le habían parecido vacías... Pero también había sido una mujer que le había mentido al decirle que su relación ya no le satisfacía como antes... Y él no pensaba dejar que lo engañase. Tendría que admitir que mentía. —Bueno, espero que haya sido lo suficientemente divertido para ti como para que te mantenga satisfecho el resto de tu vida, porque esto que acaba de ocurrir entre nosotros no volverá a suceder —gritó Alice. —¿No? —él casi se rió al verla tan indignada. ¿No se daba cuenta de que con aquellas reacciones tan desproporcionadas con que quería convencerlo jamás la creería?, pensó Domenico. —No lo dices de verdad —le dijo. —¡Oh! ¿No? Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra


Nº Paginas 21-94 https://www.facebook.com/novelasgratis El tuvo que reprimirse la risa. No era momento para ello. Eso sólo la enfadaría más, y así no lograría que le confesara lo que le pasaba. Porque estaba enfadada o molesta por algo, estaba seguro. Y él se lo haría confesar. Se estaba cansando de sus juegos, representando el papel de reina del sexo en un momento dado, y de señora de hielo al siguiente. —No te mentí cuando te dije que me marchaba, ¿no? Entonces no me creíste tampoco, si no me equivoco... —dijo ella. Aquello le tocó un punto sensible a Domenico. —¡No sé qué quieres decir con eso! —explotó Domenico—. Ni siquiera me diste una explicación de por qué te marchabas. En un momento dado todo estaba bien, y al siguiente. . —¡Al siguiente me enteré de que tenías otra mujer! —¿Qué? Aquello fue tan inesperado como un golpe para él. —¡Explícamelo! —gritó Domenico—. Quiero saber qué quieres decir. Alice alzó la barbilla, en un gesto de desafío. Pero no se amedrentó ni rehuyó


su mirada. —¡No me digas que no sabes qué quieren decir esas palabras en inglés! — exclamó ella. —¡Oh! Sé perfectamente lo que quieren decir, ¡maldita sea! —Domenico se acercó a ella, enfadado—. Lo que no entiendo es lo que quieres decir tú con eso. Alice lo miró con una mezcla de desprecio y rabia. Luego levantó la barbilla, como queriéndole decir que aquella vez su ruptura iba en serio, pensó él. —Quiero decir sólo dos palabras. Y estoy segura de que hasta tú las comprendes —respondió ella, con la frente alta. Domenico se apoyó en el marco de la ventana y se cruzó de brazos. —¿Y cuáles son? Alice tomó aliento, dudó un segundo y luego pronunció atropelladamente las palabras: —Pippa Marinelli. «¡Pippa Marinelli!», pensó él. Estaba perplejo. Su mente sufrió un cortocircuito. ¡Había intentado ser tan cuidadoso con aquella historia! No quería que nadie supiera de sus encuentros con Pippa y que sacara conclusiones equivocadas.


Había pensado que Alice no se enteraría nunca. —¿Cómo te has enterado de esa historia? —le preguntó Domenico. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 22-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 5 ¿CÓMO se había enterado?, le preguntaba Domenico. Le exigía que se lo dijera. No se molestaba en defenderse. Domenico no había intentado negar la existencia de Pippa Marinelli en su vida. No había intentado fingir que no sabía qué había querido decir con su acusación, ni que no conocía el nombre. En cambio, había ido a atacarla directamente. —¿Importa eso? —preguntó ella—. ¿No es suficiente que lo sepa? —Por supuesto que importa. Los ojos de Domenico brillaban con frío desprecio. No parecía sentir la menor culpa. Pero. . ¿Qué había esperado ella? ¿Culpa? ¿Incomodidad? —Deberías tener más cuidado, y no dejar tu teléfono móvil por ahí. —¿Lo contestaste? ¿Leíste mis mensajes? Era evidente que estaba furioso ante aquella idea. Se le notaba en la


expresión, en la peligrosa voz serena que empleaba, pensó ella. —¡Por supuesto que no! ¿Qué crees que soy? Pero yo... Lo descubrí un día. Debió haberse caído de tu bolsillo o algo así. Lo encontré debajo de la cama. Y el nombre... su nombre... estaba en la pantalla todavía. Había habido otras pistas también. Una carta que Domenico había apartado rápidamente, un día que ella lo había ido a ver a la oficina. En otras circunstancias no se habría dado cuenta. Pero, como anteriormente había visto una llamada de esa tal Pippa Marinelli, al echar una mirada rápida a la carta y encontrar su nombre, había sospechado. Había intentado no relacionar el nombre de la desconocida con las frecuentes ausencias de Domenico, y tal vez, si las cosas hubieran sido más fáciles entre ellos, lo habría logrado. Pero durante semanas Domenico se había mostrado irritable e inalcanzable... Y encima había vuelto a casa casi siempre tarde, después de irse de casa temprano por la mañana. La más clara prueba había sido las escasas veces que hacían el amor. Algunas noches, muchas, ella se había dormido antes de que él volviera a casa. O Domenico le había puesto la excusa de que tenía que terminar un trabajo importante en casa, y se había quedado levantado hasta tarde, dejándola sola en una cama, que entonces le había parecido más grande de su tamaño. Y al mismo tiempo había habido muchas conversaciones rotas sutilmente. Muchas veces en que él había colgado el teléfono cuando ella había entrado, y otras


veces en que Domenico había dicho que no podía hablar en aquel momento y que llamaría más tarde. —¿Entonces no hablaste con ella? —preguntó Domenico. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 23-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —No, no lo hice. Pero, ¿qué importa si lo hubiera hecho? Yo supuse que tendrías alguna historia preparada para contarme, ¡una coartada! Pero no fuiste tan discreto como pensabas. La gente debió verte... Empezaban a hablar... —ella hizo una pausa para ver si él decía algo. Pero Domenico no dijo nada. Se quedó donde estaba, imperturbable, con una expresión tan fría como si estuviera esculpida en mármol. Ni sus ojos marrones dorados no dejaban traslucir nada. —¿Sabes.. Sabes lo que se siente? —le soltó Alice, incapaz de aguantar más aquel silencio—. ¿Sabes lo que se siente al estar en un restaurante, en el aseo de señoras de un elegante hotel, y oír a tres mujeres cotilleando sobre ti? ¿Oírlas llamarte «pobre infeliz», «ingenua estúpida», una mujer que no sabe siquiera que su acompañante la engaña? ¿Que lo han visto en dos o tres lugares en compañía de su nueva amante Pippa Marinelli?


—¿Me dejaste por cotilleos? —preguntó Domenico con desprecio. —No sólo.. —¡Ella no es mi amante! —exclamó Domenico sin molestarse en alzar la voz. Pero lo dijo para que lo escuchase. Y empleó un tono seguro, que no ofrecía duda de su convicción en ello. Aquello hizo que lo que ella iba a decirle, se lo callara. —¿Qué has dicho? —preguntó Alice. Domenico la miró con mirada sombría. Quería decir «¡lo has oído!» con aquellos ojos penetrantes. Pero igualmente se molestó en repetirlo. —Pippa Marinelli no es mi amante. No me importa lo que digan los cotilleos. Ni me importa lo que tu mente retorcida se haya imaginado sobre ella. No es cierto. Te lo diré una vez más y nunca más. Pippa Marinelli no es mi amante. No había duda de la convicción en su voz; en su rostro. Alice no podía dudar de que estuviera diciendo la verdad. Domenico no podía mentirle en la cara, cuando lo estaba mirando con aquella mirada acusadora. Su gesto no ocultaba nada. —¿Me crees? ¿Qué podía decir ella?


—Si dices que es así, sí te creo. Pero le molestó ver que él se relajaba, que una sonrisa se dibujaba en sus labios. Hacía dos meses, el día anterior incluso, o hacía una hora, ella habría dado cualquier cosa por saber aquello. Porque le dijeran que sus sospechas sobre Pippa Marinelli eran una fantasía creada por los cotilleos y algunas coincidencias. Y hubiera deseado ver a Domenico allí, con aquella sonrisa en su rostro, sabiendo que podía explicárselo, que podía tranquilizarla. Pero ahora no era posible. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 24-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Aquellos sueños habían sido antes de que Domenico apareciera en el umbral de su casa con palabras seductoras y una decisión despiadada en su corazón. Antes de que la hubiera llevado a la cama con la maestría de alguien acostumbrado a conseguir lo que quiere, y cuando lo quiere. Antes de que le hubiera robado el corazón y lo usara para propósitos egoístas, sin importarle lo que ella pudiera sentir. Antes de que hubiera declarado que sólo lo dejaría cuando él le diera permiso


para hacerlo. —Te creo —repitió Alice casi en un suspiro. —Bien. Domenico se había separado de la ventana y estaba a punto de ir hacia ella, a punto de tomarla en sus brazos... Tenía que detenerlo. Si la tocaba estaría perdida. Y aunque le dolía hacerlo, ella levantó una mano para pararlo. —Pero si ella no es tu amante, entonces, ¿quién es? Eso lo detuvo. Domenico se quedó inmóvil. Se le borró la sonrisa de la cara, y su expresión se endureció. —Eso no es importante —dijo. —Para mí sí lo es. —No es asunto tuyo. No tiene nada que ver contigo —él notó cómo lo miraba—. Te digo que no me acuesto con ella. ¿Qué más quieres? Ella le hubiera dicho que quería «todo», pensó Alice. O «nada». No sabía qué respuesta dar. —No confías en mí. —La confianza nunca ha sido un problema.


Y era verdad. Ella lo veía ahora. Pippa Marinelli había sido la gota que había colmado el vaso. Ella había sabido durante semanas, meses, que no significaba nada para Domenico. Ella se había enamorado ciegamente de él y como resultado había acabado en sus manos, en su vida, en su cama, sin dudarlo, y sin pensarlo. Y cuando cada tanto había salido a la superficie, y había pisado la realidad, saliendo de aquel mundo de sensualidad y deseo que no la dejaba pensar, tampoco se había puesto a pensar. Había continuado disfrutando del placer de su compañía, de hacer el amor con él, de compartir su vida. Domenico había sido todo para ella. Pero más tarde se había dado cuenta de lo poco que significaba ella para él. —Entonces, ¿cuál es el problema? No... No me digas... —dijo con tono cínico—. Que ya no te lo pasas bien... Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 25-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Así es! Alice se había inventado aquella excusa y seguiría con ella. Era una respuesta adecuada a la persona que ella había estado intentando ser. Era una razón que


podría habérsela dado la mujer que Domenico pensaba que era ella y la que quería que fuera. No iba a confesarle que en realidad era una estúpida que había caído bajo sus hechizos de encantador. Se habían conocido por accidente cuando ella había estado trabajando temporalmente de camarera. Domenico había sido un cliente del restaurante. En Inglaterra, ella había estado trabajando como aprendiz en la dirección de unos grandes almacenes. Pero nunca le había gustado su trabajo. Había dejado el puesto y se había ido de vacaciones a Italia mientras pensaba qué quería hacer con su vida, mientras decidía adonde quería ir, qué quería hacer. Había llegado a Florencia, y allí se había quedado. Había conocido a Domenico e inmediatamente había tenido la sensación de que había llegado a su lugar. Y de que había encontrado un sentido a su vida. Domenico no había sentido lo mismo, sin embargo, reflexionó ella. Se había sentido atraído por ella desde el primer momento. Había sido evidente. Quería tenerla, compartir con ella su cama, pero no quería nada más. En lo concerniente a él, ella estaba allí para compartir momentos de relajación. Para que él tuviera una compañía cuando salían. Y además se trataba de alguien con quien compartía el ardor de una pasión... Pero no quería nada más. Palabras como «compromiso», «futuro», «amor», no formaban parte de su vocabulario.


En pocas semanas Alice había sabido que ella quería más. Pero Domenico estaba satisfecho con lo que tenían. Ella había intentado aceptar aquello, realmente lo había intentado. Y por un tiempo había funcionado. Pero cuanto más intentaba reprimir sus necesidades emocionales, éstas crecían más. Había tratado de poner buena cara, actuar como si «se estuviera divirtiendo», y le había dicho a Domenico que aquello era lo único que buscaba, pero dentro había sentido que su alma se estaba muriendo. El amor que se suponía que tenía que llenar su vida la estaba haciendo sentir sola y vacía. Así que cuando había oído los rumores de Pippa Marinelli, aquello le había servido para darse cuenta de lo que estaba haciendo con su vida. ¿Iba a seguir viviendo una vida a medias, una vida de migajas esperando que Pippa Marinelli o cualquier otra mujer la sustituyera? Era mejor arrojarse al vacío antes de que la empujaran. Al menos de aquel modo podría salvar un poco de su dignidad. Y la herida de la separación sería fría, más rápida y limpia. Y con suerte, de ese modo, se curaría más deprisa. El problema era que ella no había contado con estar embarazada. «¡Embarazada!», pensó. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra


Nº Paginas 26-94 https://www.facebook.com/novelasgratis ¡Oh, Dios bendito! ¡Se había olvidado casi de por qué había escrito a Domenico! No sabía qué iba a hacer. Tenía que decirle lo del bebé. Era su hijo, después de todo. Como padre, tenía ciertos derechos, si quería ejercerlos. Pero... ¿querría Domenico, para quien la palabra «compromiso» era un insulto, tener algo que ver con la paternidad y todas las ataduras que conllevaba? Siempre que ella tuviera el coraje de decírselo, se dijo. Tenía que contárselo. Pero no sabía cómo. Al principio, habría sido difícil, puesto que él había aparecido con aquella actitud tan distante. . Pero aquel monstruo de ojos fríos que ahora tenía delante no parecía muy amistoso tampoco. —Nuestra relación empezó a no ser satisfactoria para mí un tiempo antes de que me fuera —pudo decir finalmente Alice—. Ya no era lo que yo quería. —Dime una cosa: ¿Cuánta satisfacción quieres tener? —preguntó Domenico con un tono de desprecio, filoso y frío como el acero. Ella había estado intranquila aquellas dos últimas semanas, recordó Domenico, examinando la época en que Alice todavía vivía con él. Pero había pensado


que sería algo transitorio; que se le pasaría. La época de la historia con Pippa había sido tan importante, que él había pensado que Alice seguiría estando allí cuando se hubiera hecho todo.. Se había equivocado. —¿En qué nos equivocamos? ¿No fuimos a suficientes fiestas? —le preguntó Domenico, de pronto. Alice lo miró enfurecida. —¡No se trata de eso en absoluto! —Entonces, dime, ¿qué ha sido, bella? ¿Qué más tendría que haberte regalado? ¿Más ropa? ¿Más viajes? —Te dije. . —¡Oh! ¡Sé lo que dijiste! —Domenico hizo un gesto levantando la mano como si cortase toda esperanza de conexión con ella—. Pero no sé lo que querías. Dime, ¿qué querías? No comprendía por qué Alice no era clara. Ella sabía perfectamente que él le daría lo que le pidiera. —¿Más dinero? ¿Tendría que haberte pasado más dinero? —¡No! —exclamó ella, en estado de shock. No se trataba de dinero entonces, pensó Domenico. Esto tendría que haberlo hecho sentir mejor. Se suponía que entonces él no era una cartera para ella, ni una tarjeta de crédito sin límite. Pero el caso era que aquello tampoco lo contentaba. ¿Qué diablos...?


Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 27-94 https://www.facebook.com/novelasgratis De pronto le pareció comprenderlo. Había una sola cosa más de la que podía tratarse. —Oh, ya lo comprendo. ¿Vas a la caza del matrimonio? ¿Se trata de eso, Alicia, cara? ¿Quieres una alianza en el dedo? Parecía que había dado en el blanco. Por una vez Alice no dijo nada, y eso no era característico de ella. De manera que su silencio bien podría ser un asentimiento. Se había quedado sin poder decir nada. Eso le hacía sospechar que sí, que quería el primer premio. Y él sintió un gusto ácido en la boca, al darse cuenta. El matrimonio o nada. Era por eso que ella se había marchado. Le pedía un rescate para volver, y el precio era una alianza, y su nombre en un certificado de matrimonio. —Te lo he dicho... Yo no me voy a casar. Nunca. Creí que te lo había dejado claro desde el principio —dijo Domenico. —Es cierto —dijo ella con voz débil. Pero a él no le importó. Si ella podía darle un ultimátum, él también.


—Sólo hay una cosa que podría hacerlo posible, y eso no sucederá nunca. Alice cambió la expresión por completo. Se puso pálida, y sus ojos azules parecieron más sombríos. A él le dio cierta satisfacción ver que sus sueños de convertirse en la signora Domenico Parrisi se venían abajo. Alice había pensado que conseguiría cualquier cosa si se marchaba, porque él haría cualquier cosa por recuperarla, que le daría cualquier cosa que le pidiera. Ella había apostado y había perdido. Él había ido a buscarla, sí. Pero el matrimonio no estaba en la mesa de juego. Y la verdad era que dudaba porque ella estuviera interesada por saber toda la verdad. Pero había una cosa con la que ella no había contado, algo que había estropeado su plan completamente. Domenico volvió a mirar la cama revuelta, símbolo de la pasión que habían compartido. Una pasión a la que ella no había podido resistirse. La calculadora Alice, una faceta de ella que no había conocido hasta entonces, había tenido un error de cálculo tremendo cuando lo había planeado todo. No había calculado que sería incapaz de controlar sus propios deseos como había esperado. Lo había tenido a su merced. Pero aquella fría y controlada mujer inglesa, se había rendido a él con el primer beso. —¿Qué...? —balbuceó Alice.


A Alice le costaba hablar. Probablemente porque se le habían terminado las cartas, pensó él Alice se mojó los labios y trató de continuar: —¿Qué cosa sería ésa. .? —preguntó, agarrándose a la silla más cercana, como si de repente necesitase que la sujetase. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 28-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Algo que ninguno de los dos querría siquiera considerar en este momento. No tiene sentido preocuparnos por algo que no existe. Por ahora lo que importa es que yo no busco casarme, y si fueras inteligente, tampoco tú lo querrás. —¿Si soy inteligente? —repitió Alice, con desagrado—. ¿Y por qué se supone que tendría que ser inteligente? —Si quieres que esta relación continúe. Alice lo miró, irritada. —Eres tú quien insiste en que sigamos juntos. Por si se te olvida, tú eres quien dijo que la relación no se había terminado hasta que tú lo dijeras. ¡Yo hubiera preferido que no vinieras!


—Eso no es lo que decías hace un rato —una vez más Domenico miró en dirección a la cama de sábanas revueltas, y luego miró a Alice. Ella se puso colorada. —Con tu cuerpo, al menos, si no con palabras... —agregó él. —Lo que mi cuerpo estaba diciendo. . —a Alice le tembló la voz. Pero era evidente que aquel temblor lo producía su rabia, pensó él. Evidentemente la había pillado con sus comentarios sobre el matrimonio. Ése era su precio. —Lo que mi cuerpo estaba diciendo era que eres un hombre muy sexy. Siempre me lo has parecido y sigo opinando lo mismo. Eres un hombre muy atractivo, y supongo que lo sabes. No hay necesidad de falsa modestia... Era un halago, pero aquel tono frío y la hostilidad de sus ojos azules le advertían que no se fiara. Que aquel piropo que aparecía en la superficie era un insulto por debajo. Ella continuó: —Pero no hace falta que quiera tener una relación con un hombre para irme a la cama con él. Soy una mujer de carne y hueso, como los hombres, y también tengo necesidades. —¿Y mi llegada coincidió con un momento de necesidad precisamente? —


preguntó él con desprecio y rabia. —Así es —Alice sonrió fríamente, sin verdadera alegría—. Y creo que tú sientes lo mismo. Quiero decir... ¿Me has reemplazado ya? —¿Que si he...? La pregunta tan directa lo sobresaltó. Fue un shock, seguido inmediatamente de rabia. Le molestaba que lo considerase tan irresponsable y superficial. —¡No, no lo he hecho! ¿Qué diablos te crees que soy? Alice sonrió por segunda vez con un gesto tenso y frío. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 29-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Te sientes frustrado? Dos meses de abstinencia. . ¡Qué comedido! Entonces comprenderás cómo me sentía yo. Debe haber sido mutuo. —¿Qué...? —¿Que qué estoy diciendo? ¿Tengo que decírtelo más claramente? De acuerdo. . Lo haré. Fue un momento de locura, ¡nada más! Pero ahora esa locura ha pasado, y realmente debería agradecértelo —dijo ella.


—¿Agradecérmelo? —Domenico parecía transformado de rabia. No reconocía a la mujer que tenía delante. Extendió la mano para ponerse la camisa. Empezó a abrocharse los primeros botones y luego dejó de hacerlo. —Sí, gracias. Si hubiera tenido alguna estúpida idea de volver contigo, me has hecho darme cuenta de lo tonta que habría sido. Para serte clara, Domenico, tú eras una espina que me tenía que sacar. Pero nada más. Y ahora te agradecería que te marchases. —Yo no lo creo —dijo Domenico. —Yo no lo creo, lo sé —lo corrigió—. Sé que quiero que te marches. Con la frente alta, ella se dirigió a la puerta y la abrió. —Vete —dijo mirándolo. Él no se movió. El viento que entró por la puerta voló unos papeles que había encima de un mueble. Domenico se distrajo. Cayeron en la moqueta, casi a sus pies. El título de la primera hoja llamó su atención. Abrió los ojos, asombrado, y se quedó leyendo sin poder creerlo. —¿Domenico? —Alice se dio cuenta de su distracción, y de la razón de ésta —. He dicho que... —se interrumpió, y exclamó horrorizada—: ¡No! Alice corrió para detener la mano de Domenico, que se había agachado para


recoger una carta. Él tenía los ojos fijos en la letra impresa. —¡No! —repitió ella. —Sí... Domenico la detuvo con una mano, mientras con la otra sujetaba la carta mientras la leía. Alice intentó soltarse, agarrar la carta, pero él le sujetó las muñecas con la mano, y la mantuvo inmovilizada, mientras leía, absorto. De hecho, él lo había leído dos veces, y aún no podía creerlo. Señorita Howard. . consulta.. consultorio prenatal..., no podía creerlo. —¿Estás.. ? —se giró a mirar a Alice, y supo que no hacía falta hacer aquella pregunta—. ¡Estás embarazada! Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 30-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Alice había esperado un estallido de ira o cualquier reacción hostil. Aquella declaración fría y serena la enervaba. —Es la hora y fecha de la consulta del obstetra. Estás embarazada. —Yo... Sí—respondió Alice. Bruscamente, Domenico soltó las manos de Alice. —¿Es mío? Domenico se empezó a abrochar nerviosamente la camisa, como si necesitase


entretenerse con algo. —Por supuesto. ¿De quién si no iba a ser? —¿Cómo ha sido? Por un momento ella barajó la posibilidad de darle una respuesta como «Bueno, ¿sabes? ¿Eso que acabamos de hacer en la cama. .?» Pero sentía un nudo en la garganta al pensar en el modo en que él podía reaccionar. Y pensó que era mejor responderle seriamente, como él esperaba. —¿Te acuerdas de aquella vez que estaba con malestar de estómago? Yo estaba tomando la píldora, pero se conoce que al estar enferma debió... disminuir el efecto... Todavía no llevo ni diez semanas de embarazo... Él le clavó la mirada. Luego asintió. — Mío... —dijo con firmeza Domenico. Pero aquella afirmación aparentemente serena no la dejaba tranquila, aunque le demostrase que le creía que era su hijo. —Sí... —empezó a decir Alice. Pero Domenico la interrumpió repitiendo: — Mío... Comprendo... —dijo sin mirarla. Y ella se dio cuenta de que Domenico estaba buscando los zapatos. Los


encontró y se los puso sin molestarse en buscar los calcetines. —Domenico... —intentó continuar. Al ver el gesto de furia que tenía Domenico cuando se dio la vuelta, Alice no pudo seguir. —Llevas un hijo mío en tu vientre. . Y no me lo has dicho. . —No... pero... —¡Y me habrías dejado marchar sin decírmelo! Le hubiera dicho que aquél era el motivo de su carta. La razón de que lo hubiera mandado llamar... Pero Domenico se volvió hacia la puerta, atravesó la habitación y desapareció, antes de que ella se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 31-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Sin poder moverse aún, oyó los pasos de Domenico bajando las escaleras, el golpe de la puerta de entrada. Luego el ruido del motor fuera y el crujido de la grava debajo de las ruedas de su coche cuando se alejó.


Al parecer la noticia del embarazo había conseguido lo que ella había estado tratando de lograr todo el tiempo: que Domenico se alejara. Pero en aquel preciso momento no había querido que lo hiciera. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 32-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 BUENO, para ser sincera, pensó Alice mientras la tarde se iba oscureciendo y entrando la noche, el día no había acabado peor de lo que había empezado. Excepto que había terminado en una horrible noche de lluvia. Cuando se había levantado esa mañana en aquella cabaña, generosidad de su tía, estaba sin trabajo, sin dinero, sola y embarazada. Y seguía estando así. Nada había cambiado. Domenico había entrado y salido de ese día como un fiero huracán. Había puesto su vida patas arriba durante unos breves momentos, y luego se había vuelto a marchar como un loco, como si lo persiguieran todos los demonios del mundo. Entonces, ¿por qué ella se sentía peor?


Porque aquella mañana había tenido esperanzas. Una esperanza mínima, pero al menos la había tenido. «¡Esperanza!», se reprochó Alice, apartándose de la ventana desde la que observaba la oscuridad de la noche. ¿A quién quería engañar? Había soñado que tal vez Domenico la escuchase cuando le dijera que estaba embarazada, que quizás le ofreciera estar a su lado, apoyarla, ayudarla, estar allí para lo que le hiciera falta a su bebé... Pero desde el momento en que había aparecido, las cosas no habían ido bien. Ella se había sentido como si estuviera en un alocado tiovivo del que no podía bajarse. Cada vez que había pensado decirle la verdad, algo había interferido entre ellos, o le había parecido el momento oportuno. Ahora le parecía que no existía momento oportuno. Domenico no quería casarse, y su reacción le demostraba que tampoco iba a aceptar la paternidad. Lentamente, se alisó los vaqueros y la camiseta lila que se había vuelto a poner poco después de que Domenico se hubiera marchado. Se había vestido para que, en el remoto caso de que a él se le ocurriese volver, no pensara que se había quedado allí tirada y deprimida, como prácticamente lo había hecho. No


quería que lo supiera. «Si volvía...», pensó. Todavía era tan estúpida como para aferrarse a una última esperanza. Se acarició el vientre, aún liso. Pero pronto se abultaría y mostraría la existencia de un nuevo ser. —Estamos tú y yo solos, cariño —susurró—. Sólo tú y yo.. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 33-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella cuidaría de aquel niño, se prometió. Era posible que no hubiera sido concebido en las mejores circunstancias, y que su corazón sufriese desesperadamente por el padre, a quien ella amaba. Era posible que él no quisiera a aquel niño, pero ella amaría y cuidaría de aquel bebé lo mejor que pudiera. Y empezaría acostándose pronto aquella noche. Se llevaría una taza de té a la cama... El sonido de un motor acercándose a la casa era algo que había esperado y soñado tanto en la soledad de la tarde, que por un par de segundos no pudo creer que fuera real. No podía ser. Debía ser algo que hubiera conjurado su imaginación, fruto de su deseo.


Pero el ruido de una puerta metálica y los pasos decididos sobre la grava no eran un sueño. A medio camino entre la cocina y el salón Alice se quedó petrificada. Su corazón dio un vuelco. Apenas podía respirar. El picaporte de la puerta de entrada giró. Se abrió la puerta. Y Domenico entró en el vestíbulo, deteniéndose al verla de pie, allí. No dijo una palabra. Y Alice descubrió que tampoco podía hablar. Tenía la garganta seca, y la lengua como si fuera un trozo de corcho en su boca. Y lo único que pudo hacer fue mirar, sin poder creerlo. El mal tiempo fuera lo había despeinado y su pelo aún conservaba unas diminutas gotas de lluvia. Tenía el rostro mojado también, al igual que sus pestañas oscuras. «¿Lágrimas? ¿Domenico? No seas estúpida», se dijo. Las lágrimas eran otra cosa que no iba con Domenico, como el matrimonio, y la paternidad, se dijo Alice. Llevaba la chaqueta abierta y se le había mojado la camisa, de modo que la tela se le pegaba al torso. Ella se preguntó si se habría mojado tanto sólo en el corto trayecto del coche a la casa. Tenía la chaqueta mojada en los hombros, demasiado mojada, los pantalones húmedos... Al parecer, se había mojado bastante. Y los zapatos tenían barro. Seguía sin calcetines, igual que cuando se había marchado hacía horas.


Aquel detalle, sin saber por qué, le tocó una fibra sensible. —D... Domenico... —dijo con voz temblorosa—. Has vuelto... La boca de Domenico se torció en un gesto cínico como respuesta a su comentario. —He vuelto —repitió él—. Como ves... —Pero... ¿Por qué...? ¿Qué estás haciendo aquí? —¿No es evidente? Al levantar la cabeza le cayó una gota de lluvia desde el cabello a la frente. Domenico se la limpió con el dorso de la mano. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 34-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —He venido por mi hijo. Ella sintió un frío en su interior. Había vuelto por el niño, no por ella. —Pero. . No puedes tener al niño sin mí. Domenico hizo un gesto impaciente con la mano, como infravalorando su protesta. —Lo sé. Por supuesto que lo sé. Es por ello que he decidido que nos vamos a casar. Él había sabido que aquélla era la única posibilidad desde el momento en que había visto la maldita carta. De hecho, si su cerebro hubiera estado


funcionando normalmente, se lo habían propuesto en aquel mismo momento. No, no se lo habría propuesto. Eso significaba pedirlo, darle una opción a la otra persona. Él no pensaba dar a Alice aquella elección. Del mismo modo que él no tenía otra opción en aquel asunto. No había otra opción. Habían engendrado un niño entre los dos, y todo lo demás pasaba a un segundo lugar. Ningún hijo suyo iba andar por el mundo sin saber quién era su padre, como le había ocurrido a él. El bebé iba a tener su apellido. Y para ello tenían que casarse. Después de eso podrían tomarse un respiro, reflexionar acerca de la situación. Debía habérselo dicho directamente. Pero el shock no lo había dejado pensar con claridad. Se había sentido cazado, acorralado, atrapado. Un momento antes había dicho que el matrimonio no era para él, que le daba igual que Alice quisiera manipular las cosas para conseguirlo, que jamás lo lograría... Y luego había visto la carta, y había sabido que lo único que podía hacer era aquello que acababa de rechazar. Había tenido la sensación de que su cabeza iba a explotar. Había tenido que salir


de allí. Si no se hubiera ido tendría que haberle dicho a Alice exactamente cómo se sentía. Y si hubiera hecho eso, no habría habido lugar para la negociación. Y tenía que negociar con aquella mujer, porque ella era la madre de su hijo. Pero lo que no se negociaría era el matrimonio. Aquéllos eran los pensamientos que le habían asaltado a la mente, las decisiones que había tomado en las horas que habían transcurrido desde que se había marchado. No se había ido lejos de la cabaña, sólo unos cuantos kilómetros carretera abajo. Había parado para serenarse. Había necesitado un rato para digerir todo aquello y resignarse. Necesitaba que su corazón dejara de galopar. Había caminado hasta que se había tranquilizado. Y luego había vuelto a decirle a Alice lo que había decidido. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 35-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Nos vamos a casar, y cuanto antes —repitió como para que ella comprendiera que la decisión estaba tomada.


Porque Alice no había reaccionado como él había pensado, teniendo en cuenta el empeño que había tenido en que él se casara con ella. Parecía sorprendida, como si pudiera decirle que no. —Pero tú no estás hecho para el matrimonio —dijo ella finalmente. —Lo estoy si se trata de dar un apellido a un hijo mío. ¿Es mi hijo el que llevas dentro? —¡Por supuesto! ¡Ya te lo he dicho! No me he acostado con ningún otro hombre desde que te conozco... ¡Yo no hago eso! Y si no me crees... —Te creo... La vehemencia de su declaración borró toda duda de su mente. Alice podía ser muchas cosas, pero no era el tipo de mujer que se acostase con uno y otro, aunque él la hubiera convencido rápidamente de acostarse con él. Además, ella tenía un fuego en la mirada que lo convencía. —Es por eso que vamos a casarnos. —¿No tengo elección? —No más que yo. —¿Y qué pasa si no quiero casarme contigo? Domenico la miró como diciendo: «No seas estúpida. Por supuesto que aceptarás


casarte conmigo». Después de todo, era lo que había querido conseguir un rato antes. Pero tal vez estuviera decidida a hacerle pagar su rechazo anterior. Bueno, si ella necesitaba que la convencieran, él estaba dispuesto a hacerlo. Suponía que era la venganza por haberle dicho que no se casaría con ella de ninguna manera. —Haré todo lo posible para que te valga la pena. Te daré todo lo que quieras... Lo que quieras. —¿Lo que quiera? —aquello la hizo pensar—. ¿Por qué? —Ningún hijo mío será ilegítimo. Él no se dio cuenta de la agresividad que había expresado en su tono hasta que la vio alzar la cabeza y dar un paso atrás. Sintió una punzada en su conciencia. Le hizo lamentar el giro que había dado la relación entre ellos. Pero no podía volver atrás. Se había puesto en aquella dirección. Y tenía mucho que perder si daba marcha atrás. Pero Alice no se rendía. —Si es por apellido, si quieres el niño puede llevar el tuyo en el certificado de nacimiento. —No es suficiente —declaró Domenico—. No hay más posibilidad que el matrimonio o.. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra


Nº Paginas 36-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Oh! ¡Qué cambio tan repentino! Hace unas horas no querías ni oír hablar de matrimonio. ¡Y ahora estás deseando ver una alianza en mi dedo! Pero, dime, ¿matrimonio o qué ibas a decir? —O iré contra ti. Domenico vio que ella perdía totalmente el poco color que le quedaba en la cara, y que sus ojos se llenaban de aprensión. Estaba a punto de conseguir lo que quería, se dijo. Al menos, Alice parecía a punto de emprender la retirada. —¿Puedes arriesgarte a perder una batalla legal? ¿Un caso de custodia? Contrataré a los mejores abogados, cuesten lo que cuesten. . —¡Claro! ¡Tú puedes pagarlos! —Por supuesto. Domenico no hizo caso al tono de sarcasmo en las palabras de Alice. Se quedó imperturbable. De pronto, Alice no pudo aguantar más quedarse quieta. Se sentía mareada, como si hubiera estado bajo el calor del sol todo el tiempo. Claro que estar frente a Domenico era como estar frente al ojo de una tormenta, luchando con algo elemental y feroz. Y ella llevaba batallando con él todo el día; una cruel batalla que le había quitado toda la energía.


No aguantaba más aquella mirada depredadora. Sentía que las piernas le temblaban. —Yo... Tengo que sentarme —se dio la vuelta y se marchó hacia el salón, con paso inseguro. Domenico la siguió, murmurando algo en tono de disgusto. ¿Era un tono de preocupación lo que le había parecido adivinar? No estaba segura. —¿Alice? Domenico estaba detrás de ella. La sujetó y la llevó al asiento. —¿Estás bien? Siéntate. . ¿Puedo traerte algo? —preguntó Domenico amablemente. La acompañó y la ayudó a sentarse. La habitación le daba vueltas a Alice. Cerró los ojos. En ese momento vio a Domenico en dirección a ella. Alice no se había dado cuenta de que él se había marchado un momento y que traía un vaso de agua. Alice lo aceptó y bebió, sintiendo que el mareo se le estaba pasando levemente. —¿Cuándo comiste por última vez? —le preguntó Domenico. —Yo.. Intenté comer algo en el desayuno.. Domenico hizo un chasquido de desaprobación. —¡Tonta! ¡Debes comer! Estás embarazada.


Por supuesto, a él lo que le preocupaba era el niño, pensó ella. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 37-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tenía náuseas así que... En aquel momento había llegado él, y el mundo se había puesto patas arriba. La idea de lo poco que le importaba ella a Domenico era como una cruel herida en su corazón. Alice suspiró al pensarlo. —¡Relájate! —Domenico había malinterpretado el motivo de su queja—. Te traeré algo de comer. Luego te sentirás mejor. ¿Qué crees que podrías comer? —Una tostada. —Y sopa —insistió Domenico—. Tienes que comer algo sustancial si no has comido nada en todo el día. —Y sopa —aceptó Alice, sabiendo que sería inútil discutir. Realmente no creía que pudiera comer nada. Tenía el estómago revuelto, y estaba tan nerviosa que dudaba que la comida le pasara por la garganta. Quizás pudiera disfrutar de un momento de tranquilidad mientras Domenico se marchaba a la cocina, pero sería sólo una mínima tregua. Tenía que pensar.


Necesitaba pensar. Tomar una decisión acerca de su propuesta, su orden de que se casara con él. Pero le fue imposible llegar a ninguna conclusión coherente aun sin Domenico cerca. Era muy consciente de su presencia. Lo oía maldecir en italiano mientras hacía ruido con los cacharros. Evidentemente no encontraba lo que buscaba en la cocina. Aquello la hizo sonreír. —El pan está en la panera de madera, al lado del frigorífico —dijo ella cuando encontró un momento de silencio para que la pudiera oír—. Y la mantequilla en el... —¿Pan? —Domenico había encontrado el pan que quedaba: una pequeña rebanada—. ¿Llamas pan a esto? —Domenico cerró la panera de madera bruscamente, haciendo ruido. Luego abrió otro armario. Y otro. —¿Y dónde está la tostadora? —preguntó. Alice volvió a sonreír. Se le estaba pasando el mareo, y empezaba a poder disfrutar de la incomodidad de Domenico. —No hay tostadora. Tienes que encender el horno para tostar el pan. Desde la cocina oyó un murmullo en italiano, que no parecían palabras bonitas.


—¿Cómo diablos puedes vivir en un lugar así? —Es lo único que puedo permitirme. Todos no somos millonarios. ¿Necesitas que vaya a ayudarte? Hubo un silencio hostil. —Me las arreglaré, Alice. Sé manejarme en la cocina y cocinar. —¿Sí? Aquello la sorprendió. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 38-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Había vivido seis meses con aquel hombre y no se había enterado de aquel simple hecho. En su apartamento de la ciudad y en su mansión de Florencia tenía una tropa de criados y empleados que se ocupaban de todo lo que necesitaban. Al parecer, su sorpresa se había notado en su voz, porque Domenico comentó: —No he sido siempre millonario. —Lo sé. Pero...nunca has pasado necesidades.. Él nunca había hablado de su pasado en profundidad. Nunca la había hecho partícipe de los secretos íntimos de su infancia o de su juventud, y a Alice le


sorprendió que le hiciera un comentario que diera lugar a hablar de aquello. Domenico tensó la boca y la mandíbula, como si se estuviera reprimiendo algo. Pero luego, para su sorpresa, pareció dejar escapar toda aquella tensión y dijo: —En mi infancia, este lugar me hubiera parecido un palacio. Es por eso que no puedo comprender que tú insistas en criar a un niño en un sitio como éste, cuando sabes lo que te estoy ofreciendo. Sus palabras la hirieron más que un corte con una navaja. Ella había sido una estúpida por bajar la guardia, por olvidarse por un momento del motivo por el que Domenico estaba allí. Pero él no tenía ningún problema en recordárselo. Y éste no era su preocupación por su bienestar. —¿Entonces crees que puedes comprarme? —preguntó Alice con un tono frío, producto del dolor que él le había causado. —Comprarte no, cara. Sólo te estoy proponiendo un acuerdo que nos beneficie a los dos. —¿Y por qué tiene que ser el matrimonio? —Te lo he dicho. No quiero que un hijo mío sea ilegítimo. —Pero eso no tiene importancia hoy en día. .


—A mí sí me importa. Era evidente, por el duro gesto de Domenico y la tensión de sus músculos, que estaba dispuesto a pelear hasta el final para conseguir lo que quería. No tenía la más mínima intención de perder. Pero, ¿cómo podía casarse con él, renunciar a todo lo que era, a su libertad, para irse a vivir con un hombre que no la amaba? ¿Un hombre que sólo quería que estuviera con él por su bebé? —No me lleves la contraria en esto, Alice. Porque no ganarás. No puedes ganar. Yo quiero a mi hijo, y lucharé con todas mis fuerzas por conseguirlo. Sin esperar una respuesta, se dio la vuelta y se marchó a la cocina nuevamente sin decir más. Momentos más tarde, el olor de una sabrosa sopa llegó hasta el salón, despertando el apetito de Alice. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 39-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Tal vez pudiera comer algo. Y quizás, con el estómago más caliente, pudiera pensar con más claridad. Y pudiera encontrar algún argumento que pudiera convencerlo de que ella no iba a atarse a un hombre al que... No podía decirle aquello. No se atrevía a pronunciar aquellas palabras ni


siquiera en la intimidad de sus pensamientos. No podía obligarse a decir «un hombre al que no amaba». Porque la verdad era exactamente lo contrario. Todavía amaba a Domenico. No lo había abandonado porque hubiera dejado de amarlo, sino porque lo adoraba y sabía que él no la amaba. Nunca había albergado esperanzas de que la relación entre ellos fuera para siempre, y jamás había soñado con el matrimonio. Se había marchado porque había temido que un día, probablemente pronto, Domenico se cansara de ella y la reemplazara por un modelo más nuevo. Y cuando había oído cotilleos sobre Domenico y Pippa aquello había sido la gota que había colmado el vaso. Pero el destino había conspirado contra ella, y había descubierto que estaba embarazada. ¿O se trataba de un regalo del cielo? Porque ahora Domenico le había propuesto matrimonio para poder tener a su hijo. ¿Contra qué estaba luchando? Siempre había sabido que Domenico no la amaba; eso no había cambiado. Si se casaba con Domenico, ella sería parte de su vida, podría estar con él todos los días. Y quizás de ese modo, algún día


llegase a significar algo para él. Y si no era así, siempre estaría su bebé. El niño que habían concebido juntos. No tenía dudas de que Domenico querría a su hijo, o a su hija. Evidentemente deseaba tenerlo, y ella los amaría a ambos. Eso sería suficiente. Tendría que ser suficiente... Por ahora. No esperaría nada más... Pero nada le impediría soñar. —No esperes que la sopa esté muy buena —Domenico apareció de nuevo con una bandeja en la que había un plato de sopa y una tostada—. En la lata pone «minestrone», pero no se parece a ningún minestrone que haya probado. Domenico dejó la bandeja en una mesa baja y la acercó a Alice para que estuviera a su alcance. Luego se sentó en la silla frente a ella. La observó inclinarse y agarrar la cuchara. —Quiero ver cómo te lo comes todo.. Para ella iba a ser una tortura comer mientras él la estuviera mirando, con las piernas extendidas y la cabeza echada hacia atrás, apoyado sobre los cojines. Parecía relajado, pero los dedos de las manos que descansaban en el reposabrazo del sofá estaban repiqueteando con ritmo impaciente. Ella sospechó que no tardaría en volver al ataque.


Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 40-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Antes de que le quedara medio plato de sopa por comer, lo oyó decir: —De acuerdo. ¿Cuánto va a costarme? —¿Costarte? No fue lo que ella había estado esperando. Había pensado que Domenico volvería a amenazarla con acciones legales que emprendería para ejercer sus derechos, ya recordarle que ella no podría pagar las costas de una batalla legal. Así que su conversación sobre «el precio» la sorprendió. —¿Qué tipo de arreglo podría tentarte para que el matrimonio se convirtiera en algo atractivo para ti? —No quiero un arreglo. «¡ Porca miseria!», pensó él. Alice era muy cabezona, maldijo Domenico mentalmente. Cabezona y totalmente impredecible. Él había pensado que todo aquello había sido un plan de Alice para que se casara con él, que por eso se había inventado aquella historia de que ya no se lo pasaba bien con él, que era una argucia que escondía algo más.


Pero ahora que le estaba ofreciendo matrimonio, ella lo rechazaba como si casarse con él fuera lo que menos deseara. —Alicia, un matrimonio entre nosotros podría funcionar en otros sentidos, además de ser mejor por el hecho de que vamos a ser padres. No te estoy proponiendo sólo un matrimonio de conveniencia. Alice dejó la cuchara y lo escuchó, mirándolo como si fuera un animal atrapado bajo los focos. —Tendríamos un matrimonio verdadero. Tú serías mi esposa... Estarías en mi casa, en mi vida, en mi cama... Alice movió la cuchara y la metió nuevamente en el plato, pero no para comer. Simplemente la dejó allí. Definitivamente, Alice lo estaba escuchando, así que él aprovechó y siguió: —Y no puedes negar que lo que ha pasado entre nosotros hoy prueba que podemos estar bien juntos, que es genial... —¿En la cama? —preguntó ella con tono de irritación. Él prefirió aquella respuesta al rechazo que había imaginado. —En la cama o fuera de ella. Te lo he dicho, mia bella, es posible que te hayas cansado de nuestra relación, pero yo no me he cansado de ti. Te deseo todavía, tanto o más que cuando estábamos juntos. Alice abrió la boca como para hablar, pero no le salió ningún sonido. Él la


vio luchar con un momento de debilidad, la observó tragar saliva. —¿Sí? —preguntó ella, sorprendida. Domenico se rió. ¿Todavía lo dudaba ella? ¿Cómo era posible? Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 41-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Domenico se inclinó hacia adelante y la miró a los ojos. —¿Has oído lo que te he dicho antes? ¿No te ha probado nada lo que ha sucedido entre nosotros en la cama? Te deseo... Y quiero a nuestro bebé. Y haré lo que sea necesario para estar seguro de que nacerá en un matrimonio legítimo. —¿Por qué es tan importante eso para ti? Yo te dejaría ver al niño... —Alice se calló al ver que Domenico agitaba la cabeza— ¿No? —No —repitió él—. No me basta con que me dejes verlo, Alice. Quiero que estemos casados. —Pero, ¿por qué? Dime por qué tiene que ser así. No puedes esperar que me case contigo si no me dices por qué quieres que sea así. Nadie había hurgado tan profundamente en su vida, ni había estado tan cerca de


encontrar cosas que él había tenido ocultas. Jamás había dejado que ninguna mujer viera esa parte de él. Pero aquello significaba tener a su hijo, ser el padre de su bebé y conseguir a Alice en el trato, tener a aquella mujer en su cama todas las noches.. —¿Dom? «Dom», pensó él. Era el nombre que ella había usado una vez con tanto cariño. Lo usaba en medio de la pasión también, en un susurro sensual al oído, en los momentos más íntimos cuando él la poseía, hundiendo su cuerpo hambriento en el calor del de ella. Y gritaba en un éxtasis cuando llegaba a la cima del placer, diciendo su nombre con un largo y profundo suspiro. «Dom...», sonó en su cabeza. El no le había dado derecho a nadie a usar ese nombre. Y el oírlo en aquel momento le hizo darse cuenta de que no tenía más que dos alternativas: o se abría con ella o la perdía. Perdía el derecho a ella y al niño, excepto a lo que ella le permitiera. Incapaz de quedarse quieto, Domenico se levantó del asiento y fue hacia la ventana. Miró la oscuridad de la noche de lluvia, golpeando los cristales, azotándolos con el viento. Él no sabía cómo empezar... cómo decirlo...


Lo había mantenido guardado durante los treinta y cuatro años de su vida. Pero Alice lo volvió a presionar: —¿Dom? Vio sus ojos azules, observándolo, y esperando una respuesta. Entonces Domenico extendió una mano hacia Alice, y ésta la tomó. Él la hizo poner de pie y tiró de ella hacia él. Abrazándola, mirándola a los ojos, Domenico puso su mano libre en el vientre de Alice, donde su hijo empezaba a crecer. —Mis padres están muertos. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 42-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella ya sabía eso. Se lo había dicho al principio de su relación. —No tengo más familiares. Alice exclamó involuntariamente. —¿A nadie? —preguntó. —A nadie. —¿Ni a un primo o. .? —A nadie. Domenico deslizó su mano por su vientre.


—Este niño, nuestro bebé, es la única otra persona que tiene mi sangre. Quiero a ese niño, quiero que ese hijo mío lleve mi apellido. Era sólo parte de la verdad, pero esperaba que la satisficiera. El resto no se lo había contado a nadie, y de buena gana se marcharía a la tumba sin decírselo a nadie. —Así que, dime cuánto me costará y pagaré el precio que sea —continuó diciendo Domenico. Alice pareció quedarse callada durante una eternidad. Pero luego, al final, se pasó la lengua por los labios y dejó escapar un profundo suspiro. —Sólo el matrimonio —dijo tan imperceptiblemente que pensó que él no la había oído. —¿Qué? Domenico bajó la cabeza. Vio los pechos de Alice subir y bajar con el ritmo de la respiración irregular. El aroma de su piel era un deleite y un tormento para sus sentidos. La sola cercanía de Alice era un estímulo. —¿Qué has dicho? —repitió él. —Sólo te costará el matrimonio —repitió ella, aún susurrando, pero más firmemente—. Lo único que quiero es el matrimonio.


—¿Te vas a casar conmigo? ¿Y sin pedir nada más?, pensó él. Le parecía imposible. Pero Alice asintió silenciosamente, con la cabeza baja, los ojos cerrados. —Sí, me casaré contigo —repitió, para que no hubiera ningún error. De pronto levantó la cabeza y lo miró a los ojos—. Pero Pippa Marinelli.. —Pippa Marinelli no es una amenaza para ti —intentó tranquilizarla—. No volverás a oír hablar de ella. Te lo juro. Lentamente Alice volvió a asentir con la cabeza, aquella vez con más seguridad. —En ese caso, me casaré contigo y criaremos a nuestro hijo, juntos — respondió. Domenico se alegró de que al levantar la cabeza Alice tuviera la boca a la altura de la suya, sugiriendo que quería sellar el trato con un beso. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 43-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Un apretón de manos no parecía apropiado, aun cuando lo que acabasen de cerrar fuera un trato, un matrimonio con todas las formalidades y nada de sentimientos, excepto que ambos querían al niño que iban a tener.


Fue mientras bajaba la cabeza para besarla que le golpeó la realidad en el estómago. «Sólo matrimonio», pensó Domenico. Por supuesto. Sólo el matrimonio era bastante para cualquier mujer. El matrimonio le daba derecho a la mitad de lo que le pertenecía a él. A ella no le hacía falta decir el precio para aceptar los términos. Estaba allí en su declaración. Sólo el matrimonio. Pero sus labios se encontraron y fue una explosión de sensualidad que lo sumergió en una absoluta pasión. Antes de caer en aquel éxtasis, de derretirse por completo, pensó que no le importaba. No le importaba en absoluto. Valía la pena dar la mitad de todo lo que poseía para tener a aquella mujer en su cama, y saber que ella traería un hijo a su vida. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 44-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 HACÍA dos semanas, exactamente a la misma hora, ella había estado mirando por la ventana la oscuridad de la noche. Ahora estaba de pie, haciendo lo mismo. Pero las vistas y las circunstancias en las que se encontraba eran totalmente diferentes.


Entonces el jardín había sido diminuto, soplaba el viento y llovía a cántaros y había estado bajo un cielo frío en su cabaña de Inglaterra. En aquel momento estaba mirando los extensos terrenos de la elegante villa de Domenico, después de un día de sol cálido bajo un cielo azul. Al día siguiente era el día de su boda. Allí afuera, aún visibles por la luz que había a lo largo del sendero, los trabajadores seguían asegurándose de que los jardines estaban impecables y de que la enorme fuente que había en su centro funcionaba perfectamente, de que todo estuviera listo para el gran día. Abajo estaban adornando con flores el gran salón de baile y preparando las mesas para el banquete que habría después de la ceremonia, que sería por la mañana. Se iban a casar en la iglesia del pueblo y luego volverían a la mansión Villa d'Acqua en un coche tirado por caballos que había sido restaurado y pintado, para que los transportase a su hogar de casados. —Mi esposo... —susurró ella, aún sin poder creerlo. Al día siguiente a esa hora sería la signora Domenico Parrisi. Tendría la alianza y serían marido y mujer. Y su hijo crecería conociendo a su padre, sabiendo que era amado. «Amado», pensó. Hizo una mueca de dolor al pensar en aquella palabra. Era imposible pensar en su


boda sin desear que fuera perfecta en todo sentido. Pero perfecta habría significado tener el corazón de Domenico. Y eso era lo que le faltaría a la boda del día siguiente. No podía reprocharle nada más a su futuro marido. En las dos semanas desde que le había dicho que sería su esposa, él se había encargado de todo, se había ocupado de todo lo necesario, e incluso de cosas que a ella ni se le habían pasado por la cabeza. Se había hecho cargo de todo inmediatamente. Lo había organizado todo. Lo único que ella había tenido que hacer había sido hacer una pequeña maleta con las cosas que necesitaba para instalarse en la mansión, y elegir el vestido de novia. Y al día siguiente su padre la llevaría al altar. Domenico había arreglado eso también, poniéndose en contacto con sus padres en Nueva Zelanda, donde vivían ahora, y reservándoles dos billetes en primera clase. También lo había hecho con todos sus amigos, para que pudieran estar presentes en el gran día. No había hecho nada mal. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 45-94


https://www.facebook.com/novelasgratis Y tal vez por ello se sintiera un poco inquieta y molesta aquella noche, se dijo Alice apartándose de la ventana, caminando nerviosamente por la gran sala. Domenico había sido amable, cortés, considerado, generoso. Pero siempre había permanecido... frío. Desde que había aceptado su propuesta, desde que le había dicho que sí, él se había mostrado distante, hasta el punto de no parecer el mismo hombre. Su cortesía era impecable. Había hecho todo lo que había podido para asegurarse de que ella estaba cómoda y de que tenía todo lo que necesitaba. Pero era como si alguien hubiera levantado un cristal entre ellos. De manera que pudieran verse, pero no tocarse. Excepto en lo concerniente al bebé. ¡Oh, sí! En lo concerniente al bebé Domenico era todo interés y atenciones. Lo primero que había hecho cuando ella había aceptado casarse con él, incluso antes de que empezara a organizar la boda, había sido contratar el mejor servicio médico que el dinero pudiera comprar. La habían examinado y evaluado, le habían hecho todos los análisis conocidos por la ciencia médica. Y sólo entonces Domenico había acordado que ella viajara a su casa en las afueras de Pavia, para estar junto a


él para los preparativos de la boda. Un suave golpe en la puerta la sobresaltó, y giró la cabeza. Aquel movimiento la mareó. Era algo que le había sucedido en los últimos días, y que había pensado que se debía a cansancio y a las persistentes náuseas que tenía. —Entra —dijo Alice. Pero Domenico ya había abierto la puerta y estaba a medio camino de la habitación. —Te he dicho que descanses —dijo él cuanto vio que ella no estaba acostada, como le había dicho. —Estaba demasiado nerviosa como para dormir —admitió Alice—. Hay que acordarse de tantas cosas... Tanto que hacer antes de mañana... —Pero tú no tienes que ocuparte de nada. Está todo bajo control. Se te ve. . Estás muy pálida. Y apenas has comido a mediodía. ¿Sabía todo lo que hacía ella?, se preguntó Alice. ¿Se daba cuenta de todo? Porque ella había fingido comer un poco durante la comida liviana que le habían servido. Y había pensado que Domenico estaba distraído hablando por teléfono con su padre, de manera que no habría notado su falta de apetito. —Son estas náuseas... Que me dan a todas horas... —Has hecho más de lo que debes... —Domenico le tocó la cara, acariciándola.


Ella sintió un estremecimiento ante el inesperado tacto. Se quedó inmóvil. Apenas se había acercado a ella en aquellas dos semanas. Y a pesar de que hubiera declarado que la deseaba más que nunca aquel día en su cabaña, no había intentado acostarse con ella, ni se había mostrado cálido. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 46-94 https://www.facebook.com/novelasgratis De hecho, se había acostumbrado tanto a que él se mantuviera alejado, que su actitud la había sorprendido y la había hecho perder el equilibrio cuando, al volver del aeropuerto, adonde Domenico había ido a recoger a sus padres, la había saludado con un beso, aparentemente cariñoso, en la mejilla. A ella le había llevado un momento darse cuenta de que aquello era una farsa debido a la presencia de su madre. Iban a actuar como si aquel matrimonio fuera real, le había dicho él. Nadie iba a sospechar que se casaban por otras razones que no fueran el amor que se tenían. Y entonces, por supuesto, él había hecho una representación para impresionar a su futura suegra. —Tienes ojeras —dijo Domenico—. Y estás perdiendo peso. Domenico le rodeó la cintura, como midiéndosela. Hizo un gesto de disgusto. Alice no necesitaba medirse para saber que estaba más delgada. Con las


náuseas era una lucha comer. Cuando finalmente podía comer algo, muchas veces no lo retenía. Esperaba que a medida que el embarazo avanzara se le pasara aquel malestar. Pero las dos últimas semanas habían sido aún peores. —Bueno, es mejor así. Si no, no podré ponerme ese vestido tan caro que pienso llevar mañana —dijo ella en tono jocoso. Alice intentó aligerar la atmósfera, pero sabía que su intento de suavizar el humor de Domenico había fracasado cuando lo vio fruncir el ceño. Y entonces pensó que sería mejor no sonreír, puesto que él le contestaría con aquella actitud rígida y dura. —No te viene bien —respondió él fríamente—. Y ciertamente no es bueno para el bebé. Deberías cuidarte más. —Querrás decir que cuide más a tu hijo o hija, ¿no es verdad? —respondió Alice, sin poder reprimirse el reproche—. Me sorprende que hasta te hayas dado cuenta de mi existencia, ¡excepto como incubadora de tu hijo! —¡Oh! Por supuesto que la noto —dijo Domenico, irritado—. No tengo otra alternativa que notarla... Y no me gusta lo que veo. No pareces lo suficientemente fuerte como para tenerte en pie por ti misma, así que menos lo estarás para criar a un bebé. ¿Cómo te sentirías si pasara algo...?


—Quieres decir, cómo te sentirías tú si pasa algo.. —le reprochó ella. Se apartó de él—. Después de todo, eso significaría que una pérdida de tiempo y dinero para ti.. ¡Y que te casaste conmigo para nada! La reacción de Domenico no fue la que ella esperaba. La miró achicando los ojos. —Es eso lo qué quieres, ¿cancelar la boda? Después de todo, era lo que había estado esperando, pensó Domenico. La había presionado para que se casara con él por razones suyas, ofreciéndole sólo seguridad económica a cambio. Tal vez ahora ella se estuviera arrepintiendo de su decisión, deseando haber escogido la «diversión» que había querido. Aquello era Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 47-94 https://www.facebook.com/novelasgratis posible, pensó él, teniendo en cuenta que Alice estaba dudando mucho para responder. —¿Es eso? —insistió Domenico. —No —respondió ella en voz baja, pero firme—. No, eso no es lo que quiero. Te he dicho que me casaría contigo y lo haré. Después de todo, ¿quién rechazaría una oportunidad de ser dueña de todo esto? —hizo un gesto con la mano.


Su ademán abarcó la habitación lujosa, amueblada en color crema y oro, con un vestidor adjunto a ella, y un cuarto de baño. E incluso lo que se veía detrás de la ventana: los hermosos jardines que llegaban al río que daba nombre a la mansión. —No te preocupes que no voy a darte plantón en el altar —siguió diciendo Alice—. Estaré allí mañana, no temas. Es decir, si todavía me deseas. ¿Si todavía la deseaba?, pensó él. Dio mio ¡Esa mujer estaba ciega! ¿No se daba cuenta de lo que le provocaba estar cerca de ella! ¡La forma en que respondía su cuerpo a su presencia, el desesperado deseo que desbarataba sus pensamientos en pocos segundos! ¡Y cuánto había tenido que reprimirse desde que había ido a buscarla a su cabaña! ¡Porque le preocupaba su bienestar! Alice había estado tan pálida, tan enferma desde que la había llevado a su casa... Al principio había pensado que eran los efectos secundarios del viaje, pero no se había recuperado totalmente. Al contrario. Más bien parecía estar peor, más frágil cada día que pasaba. Alice se puso la mano en el vientre. —Si todavía nos deseas... —agregó ella. —Por supuesto que te deseo. ¿Qué hombre no querría a una mujer hermosa


como esposa y no esperaría entusiasmado la llegada de su primer hijo? —¿Tu primer hijo? —repitió Alice sus palabras. Parecía más pálida aún. —No creo recordar haber aceptado tener más hijos.. —Y yo creí que tú habías comprendido que esto sería un matrimonio de verdad, no sólo un acuerdo de negocios. —¿Real? ¿Por cuánto tiempo? ¿De verdad pensaba Alice que él sólo quería que apareciera el nombre de ella en el certificado de matrimonio y luego dejarla en libertad? ¿En libertad para «divertirse», suponía él? —El tiempo que haga falta —respondió él—. Quiero que mi hijo crezca en una verdadera familia, con sus dos padres. . Con hermanos, si es posible. —¿Quieres decir. .? Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 48-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Quiero decir que cuando te haga las promesas de matrimonio mañana, pienso


cumplirlas. Esto no será sólo la representación de una boda, Alicia, cara. Yo seré un padre para mi hijo, y un marido para ti. —¿No estarás diciendo... hasta que la muerte nos separe? —Alice abrió la boca, sorprendida. —No considero esto un arreglo temporal. —Pero... No nos amamos... —¡Amor! —exclamó él cínicamente, riéndose. No era amor lo que lo había traído al mundo. Lo había traído la lascivia, pura y simple. No había habido nada de puro en un acto rápido y sórdido. —¿Y tú crees en el amor? —le preguntó Domenico—. ¿Existe ese sentimiento? ¿Y qué te hace pensar que un matrimonio basado en el amor tiene más posibilidades de salir adelante que otro basado en cuestiones prácticas? —¿Prácticas? —repitió ella como si aquello fuera un insulto. —¿No me digas que estás soñando con el amor de tu vida para siempre? Sabes que eso es un invento de escritores de novelas y autores de canciones. Los matrimonios de conveniencia han funcionado muy bien desde hace siglos. . Y muchas veces con menos ingredientes de los que tú y yo tenemos. —¿Y qué tenemos?


—¡Oh, mia bella! ¡No finjas que no lo sabes! Lo sabes muy bien. Tenemos esto. . — tiró de ella, le agarró el mentón y la besó. Él tuvo que reprimirse la pasión que lo asaltó al besarla. Tuvo que contenerse de levantarla en sus brazos y llevarla a la cama. Y ella no lo ayudó, porque después de un momento de duda, se derritió bajo sus labios, abriendo su boca, entregándose a él. Ella le rodeó el cuello y acarició su pelo. Él sintió la suavidad de sus pechos, sintió sus caderas apretadas contra su pelvis, calentando y endureciendo su cuerpo instantáneamente, de manera que era imposible no darse cuenta de su erección, de la prueba de su deseo. Reacio, Domenico la abrazó, pero en cuanto lo hizo, notó su fragilidad y su delgadez. Era todo huesos. Parecía que se iba a romper si la apretaba más. —¡Dios santo, cara! ¡No me hagas esto! ¡No! ¡Para! Domenico se arrepintió inmediatamente de sus palabras, del inmediato efecto que tuvo en ella. Alice se quedó petrificada. Apoyó su cara en su pecho para que no se la viera. —Creí que querías... —su voz se apagó contra su camisa. Pero Domenico adivinó sus lágrimas. Cuando Alice levantó la cara, él vio sus ojos


húmedos. Ella apartó la barbilla. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 49-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Te deseo —le dijo él—. No lo dudes nunca. Nunca he deseado tanto a una mujer —Domenico le dio un beso suave, y Alice se estremeció al sentir el contacto—. Pero, ¿no hay una tradición que dice que el novio tiene que dormir separado de la novia la noche anterior a la noche de bodas? —preguntó él. —Se supone que trae mala suerte si no lo hacen —dijo ella. —Entonces, no nos arriesguemos. Además, pareces muy cansada. Los preparativos de la boda te han agotado. Tienes que descansar... Cuida al bebé... —El bebé... —repitió Alice—. Podría acostarme temprano... —Hazlo. Domenico le dio un beso en la frente, y se apartó suavemente, como para apaciguar su cuerpo excitado, al mismo tiempo que para tranquilizar a Alice, haciéndole ver que no quería marcharse. ¡Pero si no se marchaba en aquel momento no se marcharía nunca! Se resistió a abrazarla, a besarla, a tenerla en sus brazos todo el tiempo que


pudiera. Quería darle tiempo, espacio y consideración, pero era humano. Si se quedaba un segundo más con ella en sus brazos, inmerso en su perfume, no sería capaz de seguir resistiéndose a la tentación. —Mañana será un día agotador... Cuando seamos marido y mujer podremos compartir todas las noches de nuestra vida... Buenas noches, cara. Te veré en la iglesia. Alice se quedó pensando en sus palabras. «Todas las noches de nuestra vida», se dijo. Pero aquella noche era la que lo necesitaba. La noche en que necesitaba que la besara y la abrazara, para que ella sintiera que la deseaba, por sí misma. No como madre de su hijo. Como madre de su primogénito, como había dicho. Al menos aquella noche se había acercado a ella. La había abrazado. La había besado. Pero cuando ella le había dejado claro que le habría encantado que las cosas fueran a más, él se había negado. Había sido cortés, considerado. Pero no había querido hacer el amor con ella. Porque ella tenía que cuidar de su bebé... «¡Y yo lo que quería era que él cuidase de mí!», pensó.


Ella habría deseado que él no hubiera podido apartarse, aunque sólo fuese por lo que había sentido físicamente. ¡A ella le daba igual la mala suerte! No creía en supersticiones. La verdad era que para Domenico el día siguiente no sería especial. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 50-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Era posible que él hablase de matrimonio verdadero, de pasar una vida juntos, de tener más hijos, pero no había mostrado ninguna emoción hacia ello. De hecho había dicho claramente que no creía en el amor. Que quería un matrimonio práctico, un matrimonio arreglado. Y la había elegido a ella porque estaba embarazada de un hijo suyo. Pero, ¿cómo podía quejarse de un hombre para quien su hijo no nacido era tan importante como lo era para Domenico? Ella se había dado cuenta de que él se había excitado al abrazarla. Había reconocido aquel calor y la lucha interna que él había tenido que oponer para separarse de ella. ¿Cómo no iba a reconocerla si se trataba del mismo deseo que la había asaltado a ella?


Aunque la verdad era que ella estaba muy cansada, agotada, con aquellas náuseas que le revolvían el estómago y le hacían dar vueltas la cabeza. Pero, ¡cuánto habría deseado que él se hubiera quedado! Cuando él estaba con ella todo era más fácil. Hasta podía controlar un poco las náuseas. . Sacando fuerzas de su cuerpo vigoroso, de su sólida presencia, sintiendo el consuelo de sus brazos que la rodeaban, ofreciéndole un soporte firme. Ahora que se había marchado se sentía abandonada, sola, perdida... Y enferma. Y no sabía cómo iba a hacer para dormir... Se daría un baño, un largo baño caliente... Aquello la relajaría y le suavizaría el dolor de espalda. . Luego se iría a la cama, cuando estuviera suficientemente relajada como para poder dormir. El baño le hizo efecto. O quizás hubiera sido el agotamiento lo que la hubiera vencido, el caso era que apenas había cerrado los ojos se había quedado dormida, totalmente ajena al mundo mientras se acercaba la mañana. Hasta que algo invadió su sueño y la despertó. No sabía qué había sido, qué pesadilla la había sobresaltado y había hecho que abriese los ojos. Pero debía haber sido algo terrible porque se encontró incorporada en la cama, con el corazón latiendo aceleradamente, su cuerpo envuelto en sudor


como si hubiera estado corriendo para escapar de algo horrible. —¡Oh, Dios santo! —exclamó, horrorizada, frotándose los ojos para borrar los fantasmas del sueño. Pero entonces volvió a ocurrir. Y no era una pesadilla. No era nada imaginario. El monstruo que la había agarrado y la había arrancado del sueño era una realidad, física y dolorosa. Sintió un mareo, mezclado con náuseas y una especie de calambre en el vientre.. Se llevó las manos al abdomen, horrorizada. —¡Ay! —se sujetó la zona como queriendo defenderse de aquel dolor. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 51-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Durante un par de segundos no pudo hacer otra cosa que encogerse de dolor. Hasta que éste se suavizó un poco y pudo pensar qué podría ser aquello. —¡No! ¡Oh, no! ¡El bebé...! ¡No podía ser...! «¡Oh, no, por favor!», rogó mentalmente. «¡El bebé, no!»


El calambre cedió y tuvo un momento de fuerza como para poder levantarse de la cama. Domenico. . Tenía que llamar a Domenico. Él sabría qué hacer. Podría conseguir ayuda... —¡Oh! ¡Oh! —se quejó de dolor cuando la asaltó otra punzada. Cuando se le volvió a pasar, estaba sudando y respirando agitadamente. Sus piernas estaban temblando, apenas la sujetaban, pero ella hizo un esfuerzo por moverse. Se tropezó con la moqueta y siguió hacia el corredor. La habitación de Domenico estaba a unas puertas más abajo por el pasillo, frente a la gran suite que sería la habitación matrimonial. Si se casaban... Otra punzada de dolor la inmovilizó. Alice se apoyó en la pared, y se sujetó el vientre hasta que se le pasó la contracción. Ya estaba claro el motivo de aquel dolor, y pensar en él lo aumentaba. —Domenico... —susurró, horrorizada—. Domenico... Arrastró sus pies hasta la puerta. Tocó el picaporte. No tenía tiempo, ni tenía fuerzas para golpear la puerta. Intentó abrirla. Pensó que estaba cerrada con llave, porque no pudo hacerlo. Pero entonces, cuando un gemido de desesperación salió de sus labios, la puerta cedió, y ella casi se cayó.


—¿Qué diablos...? ¿Alice...? Era la voz de Domenico, en estado de shock. Ella no sabía de dónde provenía. Tuvo que centrar la visión, adaptarla a la luz. Porque la habitación no estaba a oscuras, como ella había imaginado. Había varias lámparas encendidas. Y Domenico no estaba en la cama. Estaba despierto, y vestido, con una camiseta y unos vaqueros. ¿Tampoco él habría podido dormir? —Lo siento... —intentó disculparse. Pero la interrumpió un grito de dolor—. ¡Dom! —Alicia, carissima, tesoro, ¿ cosa c'e che non va? Domenico se acercó a ella, pálido. Al parecer, el shock había hecho que olvidara repentinamente el inglés. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 52-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Oh, Dom! Creo.. ¡Estoy perdiendo al bebé! Fue el último pensamiento coherente que tuvo. Luego se desmoronó, y Domenico la agarró.


No podía pensar. Lo único que su mente sabía era que Domenico estaba allí, a su lado. Y que él se ocuparía de todo. Por fin abandonó la lucha por mantenerse de pie y seguir consciente, y se derrumbó completamente en sus brazos. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 53-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 DOMENICO, sentado en una silla, estiró las piernas. Llevaba mucho tiempo esperando que Alice se despertase, sentado al lado de la cama de hospital. Y no sabía qué le iba a decir cuando lo hiciera. De momento, ella estaba acostada, callada y serena, con los ojos cerrados, la piel pálida, su respiración lenta y relajada. Estaba tan distinta a cuando había vivido aquellos momentos de horror en sus brazos. Alice había sido presa del pánico. Había tenido los ojos desenfocados, y había estado más pálida que una pared, y había tenido la respiración agitada. Agradecía haber estado despierto, debido a la inquietud de sus pensamientos, y más aún de su cuerpo, inflamado de excitación. Se había quedado en la cama despierto mucho tiempo, y finalmente se había


levantado. En aquel momento no había sabido si era mejor cerrar los ojos e imaginar a Alice desnuda o abrirlos y recordar que su amante, la que sería su esposa, estaba en la cama, a poca distancia de su habitación, y que sólo una superstición inglesa evitaba que él estuviera con ella. No. No se trataba sólo de superstición. Además tenía una sensación de incomodidad en relación con aquella boda. Porque la verdad era que, desde que Alice le había dado el consentimiento de ser su esposa, y de que había sabido que sus motivos eran puramente económicos, él se había dado cuenta de que ya no podía mirar a Alice del mismo modo. «Sólo el matrimonio», había dicho. Pero no era sólo el matrimonio lo que había querido, ¿verdad? No reconocía a la mujer en la que se había convertido «Alice...», pensó. No era la Alice que había conocido el primer día: una chica vivaz, brillante, encantadora. Una muchacha que lo había seducido con su sonrisa y su seguridad. Tampoco era la tentadora y sensual mujer en la que se había convertido en aquellos primeros meses que habían vivido juntos. A medida que había transcurrido el


tiempo Alice había adquirido más confianza en su poder de seducción y había ganado seguridad en el dormitorio. Ni siquiera era la Alice que lo había abandonado, que había dejado la relación porque ya no la satisfacía la relación. No, en el momento en que él había sabido la verdad sobre su embarazo, se había transformado en algo completamente distinto, algo que jamás había conocido en su vida. Alice y el bebé que llevaba dentro ahora eran la familia que él nunca había tenido. La familia que jamás había tenido.... Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 54-94 https://www.facebook.com/novelasgratis La familia que se había dicho que no quería. Algo desconocido para él. «Mis padres fallecieron. No tengo otros familiares», había dicho. Y ésa era la verdad, al menos la verdad que conocía. La verdadera verdad era que él no tenía ni idea de dónde estaban sus padres, o quiénes habían sido. Había sido criado en un orfanato, en una residencia para niños huérfanos dirigido por monjas. No tenía ni idea de lo que era tener una familia,


jamás había tenido la experiencia de algo semejante. La noticia del embarazo de Alice lo había turbado por completo. El shock había sido tan grande que no había sabido qué pensar, ni cómo reaccionar. Él estaba confundido. Por momentos sentía que no sabía quién era Alice, ni quién era él, maldita sea. Entonces había dado varios pasos atrás, para mantener la distancia mientras intentaba evaluar la situación. —Dom... Un suspiro, un leve movimiento desde la cama hizo que mirase a Alice. —¿Alice? ¿Estás despierta? Había vuelto en sí de la anestesia de la operación que había necesitado aquella tarde, y luego sólo había estado consciente a medias, y en realidad no se había dado cuenta de dónde estaba y de lo que había pasado. Se había dormido de cansancio a los pocos minutos, y él había estado esperando que volviera en sí y se despertase totalmente. Pero no lo había hecho. Sólo se había estirado, dormida, como si fuera a despertarse, pero luego había vuelto a sumergirse en la inconsciencia con un suspiro.


Aquel suspiro le tocó algo en su interior. Domenico se acercó a quitarle un mechón de la frente. —Calla, cara... —la tranquilizó en voz baja y suave—. Duerme... Descansa... Era mejor para ella así, pensó Domenico, para ayudarla a recuperarse. Ya sufriría bastante cuando se despertase. Ella no lo sabía, pero había habido veces en el pasado en que él la había observado mientras dormía, igual que en aquel momento. En que había observado sus músculos relajarse en el sueño, había visto cómo su pecho bajaba y subía con la respiración. . En aquellas ocasiones había tenido una lucha consigo mismo, entre la necesidad de quedarse quieto en la cama para no molestarla y el deseo primitivo de despertarla suavemente, seduciéndola, excitando su cuerpo con la pasión de sus manos y su boca. Y el deseo apasionado generalmente había ganado. Nunca había sido capaz de reprimirse cuando se trataba de su tentador cuerpo. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 55-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Pero aquel día no tenía aquellos pensamientos. Miró su reloj. Ya era de


noche. Había pasado casi todo el día desde que se habían desencadenado los acontecimientos. Era el día que iban a casarse. Era la hora en que deberían haberse ido de luna de miel. Pero no habría luna de miel, igual que no había habido boda, y lo peor, no habría bebé. Aquel niño que, como había dicho, sería la única persona que llevaría su sangre ya no nacería. Domenico se pasó el dorso de la mano por los ojos empañados de lágrimas. Nunca había pensado en tener hijos, ni una familia, hasta que se había enterado de que Alice estaba embarazada. Pero en aquellas últimas dos semanas la idea de que iba a ser padre había cambiado su mundo. Pero ahora aquel cambio jamás ocurriría. Y la verdad era que hasta que había sido demasiado tarde, ni él mismo se había dado cuenta de cuánto había deseado a ese bebé. ¿Y Alice? ¿Cómo reaccionaría cuando se diera cuenta de que la única razón por la que había aceptado casarse con él ya no existía? ¿Seguiría con él o aquello le parecería la excusa perfecta para marcharse, para encontrar alguien nuevo, alguien que pudiera darle el tipo de vida que ella había estado buscando cuando lo había dejado la primera vez? —¿Dom? —Aquí estoy —dijo él observando cómo se abrían sus ojos y lo miraba


fijamente. No necesitaba decir nada. No necesitaba hacer la pregunta que estaba en su mente. Estaba allí, en la oscuridad de su mirada, en la profundidad de sus ojos azules. Todavía Alice tenía una pequeña esperanza, y tenía que ser él quien se la arrancase. Domenico le agarró la mano, sabiendo que aquel gesto le diría todo lo que ella quería saber. —Lo siento —dijo él con voz suave. Alice no necesitaba ninguna palabra para confirmar sus peores sospechas. Muy dentro de ella había sabido la verdad desde el momento en que había empezado a recuperar la consciencia. Lo último que había registrado había sido su llegada a la habitación de Domenico y su colapso en brazos de éste. A partir de aquel momento todo había sido confusión, horror y dolor. Y ella se había agarrado a Domenico y a su fuerza para atravesar aquella situación. Recordaba su voz pidiendo ayuda... Sabía que él la había levantado en brazos


y la había sacado de la habitación y que la había llevado al vestíbulo principal de su mansión. Había pedido el coche; el chófer había estado listo. Y recordaba que durante el largo y angustioso viaje al hospital Domenico la había llevado acunándola todo el tiempo. En aquel momento ella había perdido toda noción del tiempo y del espacio y de los acontecimientos. Había visto muchos rostros, todos desconocidos, Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 56-94 https://www.facebook.com/novelasgratis haciendo difíciles preguntas en un italiano complicado que ella no había podido comprender. Pero una vez más Domenico se había hecho cargo de todo, respondiendo a preguntas, y ocupándose de cuanto le pedían. Alice, débil y afligida, había dejado todo en sus manos. A partir de entonces todo había sido borroso, sin sentido, hasta que por fin había perdido la consciencia para no enterarse de la realidad más terrible. Cuando había vuelto en sí lo había hecho en el silencio y blancura de una habitación privada de hospital. Las suaves almohadas y las impecables sábanas y la figura de Domenico sentado al lado de la cama completaron el cuadro. Él había


estado allí cada vez que había salido a la superficie de la consciencia, abriendo levemente los ojos. Y ella se había sumergido en la inconsciencia del sueño una y otra vez, con la sensación de seguridad que le daba el saber que él estaba allí con ella. Pero no podía estar dormida todo el tiempo. Tenía que despertarse y enfrentar la verdad de lo que había sucedido. Y por si tenía alguna duda sobre ello, la mirada de Domenico, sus ojos empañados y con ojeras, se lo habían confirmado. —Lo siento —dijo él otra vez. Y ella supo que su bebé ya no estaba. —Oh, no... Ella no tenía la suficiente fuerza para levantar la cabeza. Sólo podía permanecer allí acostada, y mirar la cara ensombrecida de Domenico, donde se reflejaba la pérdida. —Oh, Dom... no... Domenico le apretó la mano como si quisiera darle fuerza. —Tu madre está aquí... Está fuera. ¿Quieres que vaya a buscarla? —No... La palabra «madre» era demasiado, le rompía las defensas y dejaba que el dolor traspasara su coraza.


—No, sólo quiero que estés tú. . Por sus mejillas resbalaron lágrimas calientes que mojaron la almohada. No tenía la fuerza necesaria para reprimirlas, ni tampoco para no llorar del modo que su corazón lo necesitaba para desahogarse. No podía hacer nada para evitarlo. Dejó caer las lágrimas como un torrente... —¡ Porca miseria! —exclamó Domenico. Y ella lo oyó jurar en italiano como si estuviera a gran distancia. Luego Domenico se levantó de la silla y se sentó en la cama para abrazarla. —Ven, cara... Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 57-94 https://www.facebook.com/novelasgratis La rodeó con sus brazos. Ella apoyó su mejilla en el algodón de su camiseta, y oyó el latido de su corazón bombear con fuerza. En pocos segundos su camiseta estuvo empapada de lágrimas. —Lo siento... —empezó a decir Alice, frotándose los ojos, intentando separarse de él, pero Domenico la estrechó más. —No... —le dijo él en voz baja y tierna—. No, necesitas llorar... Ambos tenemos


que desahogarnos. No te reprimas... Y la abrazó mientras sus lágrimas se agotaron. —El médico dice que puedes irte a casa hoy —dijo la madre de Alice—. Eso te hará sentir mejor, ¿no? Alice apenas murmuró algo como respuesta, que podía ser un asentimiento. No sabía qué decir. No sabía bien si la descripción de Villa d'Acqua como su casa era apropiada. Domenico no había sugerido que se marchase a ningún otro sitio. Como su madre, él había dado por hecho que ella iría a Villa d'Acqua, al menos al principio, puesto que tenía que recuperarse. Pero, ¿en qué circunstancias viviría con Domenico en su casa? ¿Por cuánto tiempo? Había llegado a su mansión como su prometida, y la madre de su futuro hijo. Y luego, unas horas antes, se habría convertido en su esposa legal, con todo incluido, y la mansión habría sido su casa. Y la de su hijo. Pero ahora... Ahora ella no tenía nada. Ni bebé, ni matrimonio. Ni hogar. ¿Se habría quedado sin Domenico también? No lo sabía.


Domenico sólo había querido casarse con ella por el niño. Ella se había dicho que le bastaría con amar a su hijo y al padre de su hijo, para que su matrimonio valiera la pena. Ahora no sabía si Dom la querría sin el bebé. Y aunque fuera así, ¿le bastaría a ella un matrimonio sin amor para suavizar el dolor de la pérdida? Una lágrima se deslizó por su mejilla, mojando su camisón. —¡Oh, cariño! ¡No llores! Todo irá bien al final, ya lo verás. En unas semanas te sentirás mejor... Y entonces Domenico y tú podréis intentarlo de nuevo — dijo su madre. —No sé si quiero volver a intentarlo, mamá —dijo Alice—. No quiero otro bebé. . Yo quería a éste... Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 58-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Oh, lo sé! No quiero decir que reemplaces al bebé que has perdido. Siempre habrá un lugar en tu corazón para ese bebé. Pero puedes tener otro niño a quien amar...


¿Otro bebé que obligase a Domenico a casarse con ella para darle su apellido? Su madre se calló y puso una expresión que despertó la curiosidad de Alice. Siguió la dirección de la mirada de su madre y vio a Domenico en la entrada de la habitación. Había entrado silenciosamente y había sido testigo de su conversación. Pero no sabía en qué momento de la conversación había llegado. Estuvo a punto de explicárselo, pero luego prefirió callar. Si pensaba que ella no quería tener otro hijo, no se sentiría obligado a casarse con ella. Pero Domenico no tuvo ninguna reacción, como si no hubiera escuchado. —El coche está fuera. ¿Estás lista? —preguntó Domenico inexpresivamente. —Sí. Pero la verdad era que estaba aterrada de marcharse. Aquella habitación era una especie de refugio donde podía esconderse del mundo, entregarse a su pena por la pérdida, sin tener que enfrentar la dura realidad del mundo exterior. Ahora tendría que abandonar la seguridad de su escondite y volver a vivir, y no tenía ni la menor idea de qué le deparaba el futuro. —Vamos, entonces... —dijo Domenico.


Domenico le ofreció el brazo, sabiendo que ella no tendría otra alternativa que tomarlo. Alice lo agarró y dejó que él la llevara hasta la puerta de la habitación del hospital. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 59-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 HICIERON el viaje a la mansión en silencio, y con tranquilidad, a diferencia del viaje frenético que habían hecho desde la mansión al hospital. Pero para Alice aquel viaje fue realmente el momento en que se sintió desolada. Villa d'Acqua no era su hogar y probablemente jamás lo sería. Era el de Domenico. Volvía al hogar de Domenico vacía y sintiéndose perdida. Y a pesar de la presencia de su madre en el coche, y del hecho de que su padre la estaba esperando en la mansión, se sentía completamente sola. La sensación de pérdida fue casi insoportable. Se cruzó de brazos como queriendo arroparse y sentir que el bebé seguía allí. Pero no era cierto. Y al dolor de aquella pérdida había que agregar el de que probablemente perdería a Domenico. Y el volver a la mansión reafirmaba aquellos sentimientos. Cuando llegó se quedó sorprendida de que hubieran desaparecido de la casa


todos los adornos, luces y flores que habían engalanado la mansión para la boda. Sólo Domenico podría haber ordenado que no dejaran rastro de los preparativos, como si jamás hubieran planeado una boda. —Ya hemos llegado —anunció Domenico innecesariamente, deteniendo el coche delante de las escaleras de la enorme puerta de entrada. Ella suspiró profundamente. —¿Te encuentras bien? Ella dudó en la respuesta. —Yo... Has hecho quitar las flores... —Pensé que sería mejor. Ella tenía que ser fuerte en aquel momento. Tenía que mantener la dignidad. Era hora de volver a la representación que había hecho cuando se había enterado de la historia de Pippa Marinelli. Hora de ocultar sus verdaderos sentimientos detrás de una máscara. —Sí —dijo ella cautelosamente—. Creo que tienes razón. Probablemente sea mejor. —Me alegro de que estés de acuerdo —dijo Domenico—. Y ahora, ¿puedes subir las escaleras o quieres que te lleve yo?


—Estoy bien. Ella lo haría, aunque la matase. No quería mostrar un momento de debilidad. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 60-94 https://www.facebook.com/novelasgratis El comentario de Domenico de que había creído que era mejor quitar todos los arreglos de la boda había sido un shock para ella. Todos sus temores volvieron. En la casa fue igual: todas las flores habían desaparecido, toda la vajilla de cristal que hacía unos días lucía encima de manteles bordados había desaparecido. Y ella no se atrevió a hacer ningún comentario. Porque Domenico le diría que «era mejor», así, directamente. Y ella gastaría su energía emocional inútilmente. Pero ella no podía representar el papel de tierna prometida para aquel hombre, ni el de anfitriona amable y despreocupada delante de su madre y de su padre. No podía hacerlo. Quería correr y esconderse, hundir su cara en la almohada y taparse la cabeza con mantas, como lo había hecho en el hospital, y desear que el mundo desapareciera. Así que cuando Domenico se giró hacia ella con aquella expresión controlada, con


aquella sonrisa de cortesía que no significaba nada, y le preguntó en un tono sereno si quería comer algo o beber algo, ella agitó la cabeza y le dijo: —No necesito nada. Sólo estoy un poco cansada. Me gustaría acostarme. —Por supuesto. Por un momento tuvo miedo de que Domenico sugiriese ir con ella, de que quisiera llevarla por las escaleras, o peor, que le ofreciera otra vez llevarla en brazos a su habitación. Y ella no podría soportarlo. Se derrumbaría. Si Domenico la tocase, estaría perdida, recordando lo que había tenido una vez y lo que tenía ahora; lo que le habían arrebatado para siempre. Pero algo debió dejar traslucir en su rostro, porque Domenico la miró a los ojos y leyó sus pensamientos. Si tenía la idea de ofrecerle ayuda, se tragó sus palabras. Se apartó de ella y le dejó espacio para que subiera. —Sabes dónde está todo. Si quieres algo... —¡No! ¡Nada! —exclamó, mostrando demasiado sus sentimientos. Él no dijo nada. —Estaré bien, gracias. Sólo necesito descansar —repitió ella. Y antes de que perdiera el control, subió las escaleras. No se había imaginado lo duro que sería entrar en su habitación, tan llena de recuerdos. La última vez que había estado allí había sido aquella noche horrorosa en que la había despertado el dolor.


Oyó pasos detrás de ella. Domenico la había seguido. Llevaba su bolso en la mano. —Te he traído esto por si lo necesitas —le dijo. Cuando vio que ella dudaba en entrar, Domenico le dijo: Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 61-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Déjame a mí. Él abrió la puerta empujando suavemente. ¡Pero no era su habitación! Es decir, era la misma habitación, pero había sido transformada totalmente. La decoración color crema y oro había desaparecido y había sido reemplazada por una decoración color verde suave y blanco. Todo era nuevo e estaba impecable. —Lo he hecho decorar de nuevo —dijo Domenico. Alice todavía no salía de su asombro. Habían desaparecido todas las cosas que pudieran recordarle aquella noche terrible. Él había hecho aquello por ella. Se había imaginado lo duro que le resultaría entrar en su dormitorio. Era su habitación, pero ya no era aquélla en la que ella se había despertado en medio de la noche y en la que había descubierto


que podía perder al niño. —Gracias. Te lo agradezco mucho —dijo ella finalmente. No hubo respuesta. Nada. Al notar aquel silencio tan inquietante, se dio la vuelta y descubrió que no había nadie. Domenico había desaparecido tan sigilosamente como había venido. Domenico evidentemente no había querido que ella le diera las gracias. Estaría abajo, con sus padres, y probablemente no querría que ella bajara y los interrumpiera. Además, el cansancio que ella había puesto como excusa para ir a su habitación se había vuelto realidad. Aún se estaba recuperando de un trauma físico y de un tumulto emocional que la había asaltado desde que había salido del hospital. Decidió guardar su maleta en el armario, y cuando lo abrió, vio que el vestido de novia había desaparecido también. «Es mejor», habría dicho Domenico. No sólo había desaparecido su vestido de novia, sino sus zapatos, el velo, y el delicado tocado. Había desaparecido todo lo que habían dejado preparado cuidadosamente en el cambiador, listo para que ella fuera y se vistiera el día de su boda. El día que no había llegado nunca.


La desaparición de algo tan personal e íntimo era más de lo que podía aguantar. Le daba la impresión de que Domenico había querido borrar todo recuerdo de su boda ahora que en su mente no había razón para casarse con ella. Y ella se había visto forzada a estar de acuerdo con él cuando le había dicho que tenía razón, que era mejor. ¿Qué otra cosa podría haber hecho? Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 62-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Abajo, Domenico se rindió ante los esfuerzos por seguir la conversación de los padres de Alice, y dejó que sus pensamientos se volvieran hacia su interior, analizando la situación en la que se encontraba. Sabía que en algún momento iba a tener que preguntarle a Alice qué pensaba sobre su futuro, el futuro de ellos, pero no ahora. Todavía no. Tenía que darle tiempo para curarse, para recuperarse de su trauma antes de plantearse el futuro. Todo había cambiado tan rápidamente... Hacía un par de semanas la vida le había parecido sencilla, sin


complicaciones. Pero en veinticuatro horas había cambiado radicalmente. En un solo día había tenido los cambios más grandes de su vida. Jamás había pensado en casarse... En tener un hijo. Había descubierto que iba a ser padre... Y había decidido casarse... —Creo que eso sería mejor. ¿No crees, Domenico? —preguntó Patricia, la madre de Alice. Domenico se sobresaltó con la voz de Patricia. En lo único que pudo pensar fue en lo parecida que era Alice a su madre. Tenían los mismos ojos azules, el mismo color oscuro de pelo. Pero Patricia lo llevaba corto, en un estilo elegante, mientras que Alice tenía una cabellera desordenada, llena de rizos. Pero dentro de veinticinco años más o menos, Alice se parecería más a su madre. Sería elegante, compuesta... ¿Feliz? Esperaba que sí. —Alice se sentirá mejor después de descansar —dijo David Howard, el padre de Alice—. No podéis arreglar todo de golpe. Iréis solucionando las cosas una a una...


De hecho, creo que es mejor que nos vayamos, para que os quedéis solos. —Estoy de acuerdo... —dijo Patricia. Domenico dejó de escuchar. Se había concentrado en la sonrisa de Patricia mientras hablaba a su marido. Era una sonrisa que mostraba acuerdo, pero era mucho más. Era una sonrisa de confianza, de fe, de conocer a alguien desde hacía años. Una sonrisa de complicidad que les daban los años de estar juntos. Y de pronto tuvo una imagen mental de Alice, veinticinco años más tarde, dándose la vuelta, sonriendo. A otro. —¡No! —susurró Domenico. Aquella reacción fue tan violenta, que se sorprendió de que Patricia y David no lo hubieran oído. Pero ellos continuaban con su charla. Y Domenico se alegró de que Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 63-94 https://www.facebook.com/novelasgratis estuvieran entretenidos con su conversación, y de que no hubieran notado que él se había apartado. Se había acercado al ventanal y había salido a la terraza, para mirar la noche. Pero no veía los jardines, ni la fuente, no veía nada de la vasta propiedad que le pertenecía y que se había ganado trabajando duramente, él solo, empezando desde


abajo... Sin tener un hogar, ni una familia, ni un nombre... Lo único que veía en sus pensamientos era aquella sonrisa. Una sonrisa que le mostraba lo que significaba ser parte de una familia, compartir una vida con alguien. Estar casado. Hacía dos semanas iba a ser padre. Y por ello iba a casarse. Y ahora ya no iba a ser padre, y... ¿Y a casarse? Recordó el momento en que Alice había llegado a la casa, hacía un rato, el gesto que había puesto al ver las cosas que había mandado hacer mientras ella estaba en el hospital. Él le había dado una respuesta sincera; «Es mejor». Había pensado que era mejor. La razón para que se casaran había desaparecido para empezar. Alice sólo había aceptado casarse con él por el bebé. Y antes de eso ella lo había dejado diciéndole que estaba cansada de la relación entre ellos. Entonces, sin un niño que los atase, ¿se quedaría Alice con él o se alegraría de tener una excusa para marcharse y no volver? Él había pensado que sería mejor quitar todas las cosas que pudieran recordarles una boda que ninguno de los dos había querido, y Alice había estado de acuerdo con él.


Había tomado la decisión correcta. Alice se había alegrado de que desaparecieran los signos de la boda. Hasta había sonreído. Esa sonrisa le había dado a entender que estaba agradecida, que él había adivinado sus deseos y lo había hecho antes de que ella se lo pidiera. Entonces, ¿por qué diablos se sentía como si hubiera cometido el peor de los errores? Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 64-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 10 —TUS PADRES estarán aterrizando ahora —dijo Domenico. Lo había dicho como un comentario sin más, pero ella notó algo en el tono de su voz que la puso en alerta. —Es cierto. Dijeron que llegarían sobre las ocho de la tarde, hora de aquí — respondió ella. Ahora sabía que Domenico diría algo más. Se preparó para ello. —Tu madre dijo que te preguntó si querías irte con ellos. . —Domenico fingió estar concentrado en la carta que estaba leyendo. Pero ella notó una concentración exagerada que revelaba que había mucho más detrás de aquel comentario. —Sí... Me dijo que quizás me vendrían bien unas vacaciones...


—Pero tú decidiste no irte. —Es verdad. ¿Tú piensas que debería haberme marchado? Aquello era ridículo. Ninguno de los dos dejaba de dar vueltas sin atreverse a mirarse a los ojos y a enfrentarse al problema. Y aquél era precisamente el problema. Desde que ella había vuelto del hospital las relaciones con Domenico se habían hecho esquivas, extremadamente cautas. No habían hablado sobre los hechos ocurridos la semana anterior, ni sobre la pérdida del bebé, y de cómo les afectaría en su relación. Y si habría una relación. Aunque la actitud de Domenico parecía darle a entender que se había acabado y que simplemente estaba esperando a que ella se diera cuenta. —¿Crees que debería haberme ido con mis padres a Nueva Zelanda? — repitió ella. —¿Y tú? Eso depende de lo que quieras hacer tú. ¿Querías ir? Ella hubiera gritado que «no»; que quería quedarse con él. Lo que ella quería era que el tiempo volviera atrás, a antes de que ella perdiera el bebé. —No —respondió Alice con cautela, mirando a Domenico para ver su expresión. Pero él no dejó traslucir ninguna reacción. —Entonces es mejor que te quedes aquí —dijo él serenamente, volviendo a la


carta que tenía en las manos. —¿No te importa? —¿Por qué iba a importarme? Hay sitio de sobra y si no te sientes en condiciones de viajar... —¡No es el viaje lo que me molesta! Su indiferencia le dolía. Si había tomado una decisión acerca de su futuro, se lo callaba. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 65-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Creo que mamá y papá necesitan tiempo para estar solos, sin mí en medio. Después de todo, son casi recién casados. Aquello llamó la atención de Domenico. —¿Cómo es que son recién casados? Deben llevar juntos.. ¿veintiséis años? —¿Lo dices porque yo tengo veinticinco? Bueno, sí, se casaron hace veintiséis años, pero más tarde se separaron. —¿Se separaron? —Hace unos ocho años. Se pasaban todo el tiempo peleando y decidieron


separarse. Hasta iniciaron los trámites de divorcio. Fue entonces cuando mi madre se fue a Nueva Zelanda; ella tiene una hermana allí. Pero un día la empresa de mi padre lo envió a Auckland para cerrar un trato. Y él tuvo el impulso de buscar a mi madre. Comieron juntos... Volvieron a verse... Y al final decidieron que no querían divorciarse, así que cancelaron todos los trámites. —¿Y tu padre se mudó a Nueva Zelanda también? Alice asintió con una leve sonrisa. —Sintieron que necesitaban empezar de nuevo, y que Nueva Zelanda les había dado suerte, así que quisieron quedarse allí. Es por eso que he dicho que son como recién casados. Acaban de comprar una nueva casa y se están redescubriendo y disfrutando de su mutua compañía. Me alegro tanto por ellos, que no quisiera... — Alice se calló al ver su mirada impenetrable. Sabía que escondía algo detrás. —¿Qué se siente? —preguntó él. Por un momento ella no comprendió qué preguntaba. —¿Qué...? —repitió Alice. —Sí, ¿qué se siente al poder hablar de ese modo? ¿Al saber la historia de tus padres; quiénes son, dónde viven. . lo que hicieron en el pasado? —Es... Alice no pudo contestar. Para ella era normal. No podía imaginarse qué se sentiría no sabiéndolo.


—¿No has conocido a tus padres? —No. —¡Oh, Dom! No puedo imaginarme lo que se puede sentir. Yo siempre he podido contar con mis padres. Incluso cuando se separaron, pude contar con ellos. Son parte de mi vida y siempre lo han sido. Son mi referencia. . Y por supuesto, mi pasado y mis recuerdos están llenos de ellos. —Yo no tengo recuerdos. —¿Ninguno? Ella sintió ganas de acercarse a él, de tomar su mano, pero su cara de gesto controlado, le advirtió que no lo hiciera. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 66-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Debiste ser muy pequeño cuando murieron. . —comentó. —Era recién nacido. . Alice se sorprendió de su tono frío al decirlo, como si fuera una declaración sin más, y él fuera indiferente a aquel hecho. Se sintió impresionada. —¿Qué...? —preguntó Alice. —Es por eso que no estoy acostumbrado a tener en casa a los padres de nadie.


¿Quería decir que aquélla también era la razón de que hubiera estado tan distante e impenetrable en los últimos días? ¿Que era por sus padres y no porque su relación se hubiera terminado? ¿O era porque no le había parecido bien dar por terminada su relación con ella mientras estaban allí sus padres? —¿Es por eso que has mantenido cierta distancia mientras estaban mis padres aquí? —ella quiso usar un tono jocoso, pero sonó provocativo—. No debiste preocuparte. No son nada mojigatos. Ellos debían suponer que compartiríamos la cama, estando prometidos. Ella sintió que había puesto el dedo en la llaga. ¿Estaban comprometidos aún?, se preguntó. —¿De verdad crees que iban a representar el papel de padres represores porque...? —Ésa es una pregunta muy estúpida —dijo Domenico con tono afilado—. ¿Crees que soy tan bruto que voy a forzarte después de que acabas de pasar semejante trauma? —preguntó Domenico. ¿De verdad creía Alice que él ya lo había olvidado?, se preguntó él. ¿Que se había olvidado de los recuerdos de hacía menos de una semana? ¡Maldita sea! Si cerraba


los ojos todavía podía verla llegar a su habitación, con los ojos desorbitados, en estado de shock, horrorizada por lo que estaba sucediendo. —Tengo cierto control todavía, aunque no lo creas. Durante los pasados días la había visto deambular como un fantasma en su vida. No le había hablado del aborto ni le había permitido que se acercara a ella, ¡y ahora lo acusaba de mantenerse a distancia! —Entonces, ¿no te acercabas para poder controlarte? —lo desafió ella con más entusiasmo del que había tenido en todo ese tiempo. Echó la cabeza hacia atrás y su cabello se movió con gracia. Su sonrisa tenía un brillo que no le había visto en todo el tiempo que había estado en el hospital. —¿Qué quieres decir con eso? —insistió ella. —Exactamente lo que he dicho. —Sí, sé que eso es lo que has dicho, pero, ¿es la verdad? ¿Estás seguro de que no hay nada más que pueda estar causando el problema? Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 67-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué otra cosa puede ser? —Domenico se pasó la mano por el pelo después de


dejar la carta en la mesa. Él no comprendía sus repentinos cambios de humor. Creía que se había portado como un caballero, pero parecía que Alice lo acusaba de otra cosa. —Alice, esto es.. —¡Estúpido! ¡Sí, lo sé! —lo interrumpió—. Sé que es estúpido... Alice se puso de pie y empezó a caminar por la habitación con las manos en los bolsillos de su vestido. —¡Yo soy estúpida! —¡Maldita sea, Alice! —exclamó Domenico, fuera de sí. Se levantó de la silla y fue hacia ella. La agarró por los hombros y la detuvo. La obligó a mirarlo. Estaba muy pálida, pero aquello tenía que ver con su estado emocional. Ella lo miró. —¿Cuándo he dicho yo que fueras estúpida? Yo no he dicho semejante cosa, ¡y tú lo sabes! ¿Qué diablos tienes en la cabeza que te hace tener pensamientos tan locos? —Primero estúpida, y ahora loca, ¿eh? Domenico notó que Alice le hablaba con un tono de dureza, pero que en su mirada se notaba un brillo de disgusto. La vio levantar la barbilla, en un gesto


desafiante. Pero en sus ojos tenía lágrimas. No sabía si eran lágrimas de tristeza o de rabia. Y dado el estado de ánimo tan volátil, no se atrevía a preguntárselo, por si estallaba en ira. Al parecer, él tenía que saber qué tenía ella en su mente, sin que le diera ni una pista. —Me sorprende que quieras perder tiempo con una mujer loca como yo.. Que incluso me des una habitación en tu casa. . —¿Darte...? Alice no lo dejó hablar. —Pero claro, no te has atrevido a decirme que me vaya en presencia de mis padres, ¿no? Eso hubiera sido de mala educación. . ¡Ni a perder el control, como has dicho! —O sea que ahora me echas en cara que me haya refrenado, ¿no es verdad? Él no sabía con qué le saldría Alice ahora. Y no tenía ni idea de qué esperaba ella de él. Al parecer, él tenía que saberlo, pero no tenía ni una pista. —¡Alice, estoy intentando ser considerado, pero tú no me lo pones fácil! —¡Considerado! —repitió Alice. Se retorció y se soltó. Luego atravesó la habitación, y antes de salir le dijo: Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 68-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Así que estás tratando de ser considerado, ¿eh, Dom? ¡Considerado! Dime,


¿qué ha tenido de considerado el modo en que te has comportado desde que hemos vuelto aquí? ¿Cuando acababa de salir del hospital? —Vas a tener que explicarme esa acusación —Domenico intentó controlarse. Y sus palabras sonaron frías en el intento—. ¡Porque yo tengo la sensación de que me has estado probando y condenando, antes de que yo sepa incluso de qué se me acusa! —¿No lo sabes? —preguntó ella, escéptica. —Evidentemente no lo sé, ¡si no, no te lo estaría preguntando! Alice, al menos, siéntate y hablemos razonablemente... —¡No quiero sentarme! ¡Y no quiero hacer lo que tú me digas! ¡Y en este tema no me siento racional en lo más mínimo! Pero apuesto a que a ti te pareció todo muy racional... Y muy controlado cuando... —¿Cuando yo qué? —Domenico perdió el control, y no pudo reprimirse la frustración. No pudo disimular la exasperación que sentía. Él había pensado que estaba preparado para aguantar cualquier efecto que hubiera podido provocar el aborto. Depresión, alejamiento. . Cambios de humor, y


emociones volátiles. Pero aquello era otra cosa. Aquella mujer pálida y de ojos azules de hielo era una desconocida para él. —Si vas a tratarme como la encarnación del diablo, al menos hazme el favor de decirme por qué. ¡Hasta un asesino en serie tiene derecho a defenderse! ¡De responder a los delitos de los que se le acusa! —¡Delitos! —exclamó Alice con una risa cínica. Jamás la había oído así. Le chocaba que una persona tan delicada y hermosa como ella empleara aquel sarcasmo. A pesar de ello, sus ojos brillaban como zafiros, y su boca conservaba la sensualidad que siempre la había caracterizado. Aquellos labios tan tentadores... Y cuando movía la cabeza, su cabellera oscura brillaba como un mar de azabache... Alice era una tentación, aunque estuviera furiosa. Él deseaba acercarse y abrazarla; tocarle el pelo y agarrárselo en un puñado para dejarlo resbalar entre los dedos luego. Hubiera querido darle la vuelta a aquella cabeza y besarla hasta que perdiera el sentido. Hasta que aquellos ojos azules perdieran su frialdad y su cuerpo se ablandara bajo sus manos, olvidándose de todas las acusaciones, transformando la


feroz excitación de la furia en la más suave pero no menos potente fuerza del placer. Pero cuando él dio un paso hacia adelante, ella se apartó, nerviosa como un gato, advirtiéndole con la mirada que si lo intentaba otra vez, saldría corriendo. Así que se quedó donde estaba. Domenico intentó hablar serenamente y dijo: —Sí, si vas a acusarme de algo, al menos dime cuál es el delito. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 69-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Tengo que decírtelo? ¡Oh, sí, veo que tengo que hacerlo! ¡Porque tú ni siquiera lo ves! —¡ Porca miseria! ¡No sé qué diablos tengo que ver! —Bueno, ¿qué te parece si empezamos por la escena que me encontré en la casa cuando volví del hospital? ¿Qué me dices del hecho de que hubieran desaparecido todas las flores, todas las luces... Toda la decoración y las velas? —Pensé. . Alice lo interrumpió.


—¿Qué me dices del hecho de que hubieran desaparecido todos los rastros de la boda, la tarta, incluso...? —su voz se quebró con un sollozo. Una vez más Domenico quiso acercarse, pero Alice lo apartó con la mano. —¡Hasta el vestido de novia! ¿Sabes cómo me sentí cuando entré en esa habitación y vi que el vestido ya no estaba? ¿Y a eso llamas «considerado»? —Sí, así es, ¡maldita seas! —Entonces, ¡cómo serás cuando seas desconsiderado! ¡Si así es tu consideración, será mejor no estar aquí cuando seas mezquino! —¡Oh, puedo ser mezquino, si quieres! —dijo Domenico bajando el tono—. Pero estoy seguro de que no te gustaría. Y no he querido ser cruel cuando.. —¡No, por supuesto que no! Sólo.. Ella se calló al ver que Domenico levantaba las manos, en un gesto de impaciencia. —¡Yo pensé que no querrías que te recordasen la boda que tu embarazo te había hecho aceptar! Creí que ya tenías bastante para tener que preocuparte por una promesa que hiciste bajo la presión de la situación. Creí. . —¡Creíste que era mejor! —¡Sí!


—¡Creíste que era mejor. . y pensaste en todo! Bueno, en todo no. Alice se quitó la alianza que Domenico había querido comprar cuando ella había aceptado casarse con él, y la tiró con fuerza. Domenico tuvo que apartarse levemente para que no le pegase con ella. —No hacía falta... —¡Sí hacía falta! ¡Porque ahora tienes todo! ¡Cada una de las malditas cosas que puedan recordarme la boda! ¡Lo tienes todo! ¡Y soy libre! Bueno, al menos ahora él sabía cuál era la situación. Lo que ella pensaba del matrimonio con él. Y se alegraba de no haber abierto la boca y haberle confesado sus pensamientos, el sueño momentáneo que había tenido de que fueran una familia. Ahora, como entonces, el silencio era lo mejor. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 70-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, eres libre de hacer lo que quieras. —Bueno, en ese caso, ¡estoy segura de que no te importará que haga mi equipaje! Puedo irme de aquí dentro de una hora, ¡y así no tendrás que volver a verme!


Estaba tan claro que ella quería marcharse de allí, que él sabía que no serviría de nada intentar disuadirla. Se hizo a un lado para dejarla pasar. Se quedó callado y se metió las manos en los bolsillos para no verse tentado de hacer algún movimiento para detenerla. Mientras ella había estado de pie delante de él, gritándole y mirándolo con sus ojos de hielo, él había estado bien. Pero algo sucedió cuando ella pasó por su lado. Quizás fue el ruido de la tela de su vestido al pasar, o el calor que lo rozó, o su perfume que lo embriagó. . O quizá un brillo en sus ojos que duró sólo un segundo.. Algo que chocó con su mirada... —¡No! —exclamó Domenico—. ¡No! Sacó las manos de los bolsillos, extendió una, y la agarró para detenerla. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 71-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 11 —¿No? Alice no podía creer lo que estaba escuchando. No era posible.


No obstante, era una palabra muy sencilla, una que no podía confundirse con otra. Además, la estaba sujetando. —¿No? —repitió ella. —No te marches —dijo Domenico con sensual ferocidad—. No quiero que te marches. El corazón de Alice golpeó fuertemente su pecho ¿Era real aquello? ¿Lo había dicho de verdad? —¿Q... Qué has dicho? —He dicho que no te marches. —¿Por qué? —¿Por qué? —repitió él como un eco. Luego sonrió. No podía creer que ella tuviera que preguntárselo. —¿No te da esto una pista? —Domenico le agarró el mentón y le dio un beso. Alice no había conocido un beso así antes. Fue largo y lento. Pero al mismo tiempo tenía una intensidad y una ferocidad que la hizo marearse. Era un beso con el que parecía querer explorarla... Un beso hambriento, tentador, que parecía arrancarle el corazón, y penetrar hasta su alma. Su lengua dibujó la línea de sus labios. Éstos se entreabrieron. Pero no la penetró con ella, no la invadió, sino que la invitó suavemente a que abriera su boca para él.


Alice no pudo resistirse y respondió, abriendo sus labios, rindiéndose a él. Su propia lengua jugó con la de él, tentándolo. Domenico gimió suavemente y la abrazó más fuertemente. Con un brazo la rodeó y la apretó más contra él. Con la otra le acarició el pelo, agarrando sus mechones y la redondez de su cabeza. La giró hacia él, colocándola en una posición más cómoda para besarla nuevamente, aquella vez más apasionadamente. Ella se derritió bajo el calor de su boca. Sus sentidos reaccionaron a aquella danza de sensaciones, y su cuerpo se estremeció con aquella sensación eléctrica. —¿Captas la idea? —le susurró él. Alice suspiró, no pudo hacer otra cosa sino asentir con un suspiro. Y entonces lo besó. Necesitaba sus labios después de aquella pequeña pausa que él había hecho para decirle aquellas palabras. Le rodeó el cuello, y de puntillas intentó apretarse contra él. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 72-94 https://www.facebook.com/novelasgratis El calor de su cuerpo parecía incendiarla de los pies a la cabeza, traspasando la tela de su vestido.


Pero no era suficiente. Nunca sería suficiente. No cuando lo que quería era sentir sus manos encima de ella, el fuego de sus palmas encima de su piel, sus caricias en los lugares más secretos. Su cuerpo estaba ardiendo de deseo. Ella había pensado que él ya no la deseaba, y aquella excitación repentina la estaba mareando. Se sentía como si se hubiera estado muriendo de hambre y finalmente le dieran algo de comer. No era suficiente para apaciguar su apetito. El alimento la saciaría durante un tiempo, pero ella estaba tan hambrienta que sabía que agarraría el alimento con ambas manos antes de que se lo quitasen. —Entonces, ¿todavía me deseas? —¿Desearte? —Domenico se rió—. ¡Oh, cara! ¿Todavía tienes que preguntarlo? ¿Tenía que preguntarlo?, se dijo ella. No, en realidad, no. El latido de la sangre en su cuello, el calor de su piel, su respiración irregular, era prueba de ello. Ella había conocido y amado a aquel hombre desde hacía tanto tiempo que sabía interpretar perfectamente sus reacciones. Y sabía lo excitado que estaba. Sabía que la deseaba. Y eso era suficiente para él. ¿Pero para ella? ¿Estaba tan desesperada que tenía que aceptar las migajas que él le diera, y aceptarlas como lo único que tenía para no morirse de hambre? Pero en aquel momento la boca de Domenico le tocó la oreja. Tenía los labios tibios y con la lengua trazó el contorno de su piel. Le mordisqueó suavemente el


borde exterior. Y ella se derritió con el calor que le recorrió todo el cuerpo. La punta de sus pechos rozaban la dura pared de su pecho. Ella se movió sinuosamente contra el cuerpo de Domenico, y él gimió al sentir el roce de su cuerpo contra la fuerza de su excitación, sintiendo su calor aun a través de la tela de la ropa. Domenico la volvió a besar. Su lengua la invadió, acariciando el interior de aquella cavidad. Ella se estremeció de excitación. Domenico le acarició el brazo. Luego deslizó su mano hacia la de Alice. Le acarició los dedos con movimientos circulares, y luego agarró su mano y le besó la palma. Extendió sus dedos y se los besó uno a uno, deteniéndose en el lugar donde ella había llevado antes la alianza. Aquel calor pareció llenar el vacío, la sensación de pérdida. . Y todo el tiempo le susurró palabras al oído, palabras suaves en italiano, seductoras palabras, que hacían que su corazón se derritiera al traducirlas. Comprendía aquella lengua lo suficiente como para reconocer los piropos. Le decía que era hermosa, le declaraba que la adoraba, le decía que el deseo y la pasión lo estaban volviendo loco. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 73-94 https://www.facebook.com/novelasgratis


Y la propia boca de ella pronunció casi en silencio, como un eco, las frases que le decía Domenico, dedicándoselas a él, entremedias de tiernos besos que ella le daba en la mejilla áspera y masculina. La incipiente barba le hizo cosquillas en la boca. Y ella sacó la lengua y la deslizó por la piel. Sintió el sabor salado de Domenico, y su fragancia embriagadora, tan estimulante como el mejor de los vinos. Ella se sintió borracha en escasos segundos. Borracha de placer. Y no le bastaba con probar aquel provocativo sabor. No era suficiente. —¡Dom! Alice gimió y buscó su boca, más valiente, más exigente con él. Lo besó y exploró su cavidad como él lo había hecho anteriormente, y sonrió instantáneamente cuando vio la reacción que provocó en él. Domenico la acarició suavemente. Encontró sus pechos, los agarró y masajeó. Sintió su erectos pezones endurecerse bajo sus caricias. —Alicia... carissima... Domenico apartó un momento la boca para respirar. Su pecho subía y bajaba con su respiración. La miró a los ojos. Agarró su cara nuevamente. —Ven conmigo, mi fidanzata... —dijo—. Ven arriba conmigo y déjame que te


demuestre lo que te deseo. . Déjame que te demuestre cuánto quiero que te quedes aquí, conmigo... Mi fidanzata... Mí prometida. . Aquellas palabras resonaron en su mente. Domenico podría haber usado muchas otras palabras, pero había usado aquéllas. Eran sólo dos palabras, pero eran suficiente. —Ven conmigo. . —repitió Domenico. La quemó con la mirada. Sus pupilas se dilataron, grandes y oscuras con aquel círculo dorado brillante. . Ella no pudo hablar. Apenas asintió. Él registró aquel gesto decidido, y le respondió con otro feroz beso. Alice le rodeó el cuello instintivamente. Y caminaron juntos mientras seguían mirándose a los ojos. No sabía adónde iban. Sólo notaba que Domenico se detenía cada tanto para volver a besarla. Aquello se transformó en un juego preliminar que la volvió loca. Cuando llegaron al rellano de la escalera, ella tenía la respiración agitada y había desabrochado los primeros cuatro botones de la camisa de Domenico. Era suficiente


para ver su poderoso torso, el latido en su cuello. Ella lo besó y lamió, succionando y mordiendo suavemente la piel desnuda. Él gimió de placer. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 74-94 https://www.facebook.com/novelasgratis La bajó al suelo. En aquel movimiento, el cuerpo de Alice se deslizó por el de Domenico. Fue un roce sensual, que aumentó sus pulsaciones. Cuando la bajó, ella sintió que las piernas le temblaban. No podrían sostenerla. Pero Domenico no pensaba dejarla de pie mucho tiempo. Buscó la cremallera de su vestido en su espalda y se la bajó. Un momento más tarde, el vestido cayó al suelo como un lago de lino rosa en la alfombra azul oscura. Fue entonces cuando Alice se dio cuenta de dónde estaba. Que Domenico la había llevado arriba, a la habitación suya, no a la de ella. Aquel hecho parecía significativo, aunque no sabía por qué. Pero su cerebro no buscó la explicación. Domenico la besó otra vez, y le quitó el sujetador de sus doloridos pechos. Lo tiró al suelo. —Alicia, cara... Su nombre parecía una letanía contra su piel, mientras él volvía a levantarla en


brazos, la llevaba a la cama, y se tumbaba al lado de ella. — Carina, adorata, tesoro... Le acarició el cuerpo, demorándose en sus curvas, en sus pechos, en sus caderas. Sonrió al verla excitarse bajo su tacto. Era evidente que su cuerpo se moría de deseo por él.. —Dom... —susurró Alice, atormentada por aquel deseo irreprimible. El jugó con sus pezones, tirando de ellos suavemente. Y ella se retorció de placer. —Dom... Por favor... Domenico la conocía. Su experiencia le decía que sabía lo que quería ella. Y bajó la cabeza para tomar uno de esos rosados pezones en su boca. Jugó con su lengua arriba y abajo. Y luego cerró los labios y lo succionó. Y como otras veces había ocurrido, en aquel momento ella perdió el control. Echó atrás la cabeza, mientras terminaba de desabrochar la camisa de Domenico y se la quitaba con manos torpes. Domenico la ayudó, moviendo los hombros para que la prenda cayera al suelo. Le siguieron sus pantalones, y luego los calzoncillos negros, que Alice había estado intentando quitarle impacientemente, desesperada por tenerlo completamente desnudo, como estaba ella. Desnudo encima de ella, sintiendo su satinada piel y su cuerpo musculoso cubriéndola.


Alice le acarició la espalda y siguió con su trasero. Domenico se movió convulsivamente, estremeciéndose con aquellas caricias. Aquel movimiento hizo que su erecto sexo rozara los rizos del pubis de ella, aumentando su excitación. Entonces ella deslizó las manos entre sus cuerpos, tocando suavemente el terciopelo caliente que cubría su fuerza masculina. Él se estremeció nuevamente. —Cuidado... —murmuró Domenico—. ¡No lo hagas, Alice! Un momento... Domenico se apartó y buscó algo en la mesilla. Abrió un cajón y sacó una caja. La abrió Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 75-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Alice apenas había tenido tiempo de darse cuenta de qué pasaba. Domenico estaba tumbado nuevamente a su lado. Deslizó una pierna entre sus muslos. Le agarró la cara con ambas manos y la miró a los ojos. A él le caía un mechón de cabello en la frente. La besó nuevamente. —Ahora... —dijo él—. Ahora voy a mostrarte cuánto te deseo. Y por qué quiero


que te quedes aquí... Conmigo... Con cada palabra se adentraba un poco más en ella, con más fuerza. Ella gimió de placer, y lo recibió, envolviéndolo con su calor. Domenico se movió otra vez. Adentro y casi afuera... y adentro nuevamente... Sus empujes cobraron fuerza y se hicieron más rápidos. Alice gimió, moviendo la cabeza encima de la almohada. El cabello negro largo le caía en la cara, encima de la boca. Domenico se lo besó para apartarlo. Cuando sentía las manos de Domenico en su cuerpo, ella perdía la noción de todo, internándose en aquel mar de sensaciones, entregándose totalmente. Domenico se volvió a mover, dejó de besarla y luego deslizó la boca hacia uno de sus pezones y lo succionó. En aquel momento Alice perdió el control, y ya no pudo pensar. Perdida en aquel mundo de sensaciones, subió su cuerpo, entregándose totalmente a aquel hombre, y haciéndolo suyo por completo. Un grito de placer salió de sus labios cuando el goce le arrancó todas las defensas, y todo refreno. Se dio cuenta de que Domenico también había llegado a la misma cima al mismo tiempo. Echó la cabeza hacia atrás, y dejó escapar un ronco grito de satisfacción.


Entonces su cuerpo masculino se tensó nuevamente en el momento en que la esencia de su feminidad lo apretó y se convulsionó alrededor de él llegando a la cumbre del placer. Pero eso fue lo último que notó. Porque un momento más tarde su cuerpo se convulsionó con el orgasmo, tensándose, cuando el placer llegó a todas sus terminaciones nerviosas. Fue una tormenta de sensaciones que la llevó al éxtasis. Y ella gritó de felicidad. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 76-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 12 EL SONIDO de su móvil era lo último que Domenico quería oír en aquel momento. No quería saber nada del mundo exterior. Sólo quería ser consciente del calor de la cama y de la mujer que estaba a su lado. Su cuerpo estaba inerte y agotado después de la pasión que los había consumido. Y él se sentía satisfecho después de aquel feroz encuentro. ¿Satisfecho? Bueno, temporalmente.


Su corazón todavía estaba tratando de recuperar el ritmo normal. Su respiración ya era normal después del momento del éxtasis, y el sudor se había evaporado de sus cuerpos. Casi estaba recuperado. Pero sabía que en cualquier momento volvería a besarla. Volvería a sentir la suavidad de sus labios, la humedad de su lengua, el calor de su cuerpo, sus delicadas caricias. Aquella experiencia siempre lo volvía loco. Él conocía todos sus rincones, todos los lugares donde podía darle placer. Tal vez pudiera descubrir algún lugar nuevo donde tocarla y hacerla estremecer. Sus propias caricias hacían que él se excitase más, y aquello tenía el efecto de excitarla a ella también. Sus besos la incendiaban, le despertaba un deseo irreprimible que terminaba por incendiarlos a ambos. Incluso ahora, cuando lo pensaba, se excitaba. Y sabía que aquel leve cosquilleo se convertiría en un primitivo deseo que aumentaría hasta convertirse en una fuerza poderosa que los arrastraría a ambos a la pasión. Alice empezaba a moverse. De pronto la vio fruncir el ceño. ¿Por qué tenía que sonar ahora el teléfono?


—¡ Porca miseria! —juró Domenico. ¿Por qué diablos no habría dejado el teléfono en la chaqueta? En ese caso, como el teléfono hubiera estado abajo, la persona que llamaba no habría interrumpido. Él había pensado alargar aquel momento de placer. Tenía idea de volver a hacerle el amor a Alice una y otra vez... «¡Vete!», maldijo al inoportuno intruso mentalmente. Y le deseó que tuviera falta de batería. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 77-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Pero entonces se dio cuenta de la hora que era, y recordó a quién le había dicho que llamara a aquella hora, y por qué le había dicho que usara el móvil y no el teléfono fijo, y lo que significaría su llamada. Inmediatamente la pereza del letargo se le pasó y se movió rápidamente hacia donde estaba el lío de ropa que había dejado abandonado en la alfombra. Recogió los pantalones y descubrió el aparato plateado. —¿Sí? La voz femenina que le habló era la que esperaba. Justamente la que no era


conveniente que se oyera en aquel momento ni en aquella habitación. No podía hablar libremente y, además, Alice se estaba volviendo a mover, girando la cabeza en la almohada, estirando las piernas y relajándose mientras se iba despertando. —Te llamaré más tarde —dijo en voz baja. Apagó el teléfono y lo volvió a dejar entre la ropa. Luego se acercó a la cama, se arrodilló y acarició el pelo de Alice. — Cara... —dijo en voz baja. Ella sonrió al reconocer su voz. Domenico sonrió también. Y sin poder refrenarse, la besó en la boca. Luego se lamentó porque aquel contacto lo había excitado. Sentía un deseo que sabía que iba a tener que reprimirse. Al menos durante un rato. —Dom... Su voz fue un sonido soñoliento de placer en la boca de Alice. Domenico tuvo que hacer un sobreesfuerzo para refrenarse al verla estirarse y extender los brazos hacia él para rodearle el cuello. Su sonrisa soñolienta era casi irresistible. Pero Domenico sabía que si se rendía a ella la siguiente llamada telefónica sería imposible de llevar a cabo. Alice querría saber quién era y él no podría mentirle. Y habría otra llamada, y pronto. Lo sabía. Pippa Marinelli no era una mujer paciente, y no le gustaría que la tuvieran esperando. —Tengo que responder esta llamada, cara —dijo él, besándola en los


párpados cerrados. Él quería que los mantuviera cerrados. No estaba seguro de que si abría los ojos no adivinara algo en su cara que no la hiciera sospechar y preguntar por las razones de que la dejara en aquel momento. Incluso podría adivinar la identidad de la persona que llamaba, y tendrían que hablar mucho sobre ello en ese caso. —Iré abajo para atenderlo. Sé... Yo tampoco quiero atender la llamada. Pero no tardaré nada. Y ahora que te quedas, tenemos todo el tiempo del mundo — Domenico sonrió—. Sabía que podía hacer que te quedases. Sabía que no estábamos preparados para separarnos... Ahora no. «¿Ni nunca?», pensó él. Pero ése era un tema que también tendrían que hablar. —Ahora duerme. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 78-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —Pero... —protestó ella. —Tienes que descansar, cara —insistió él—. Estaré de vuelta cuando te despiertes.


Espérame aquí, que seguiremos luego. Yo te diré cuándo puedes levantarte. Domenico se soltó de sus brazos y se destapó. Luego la arropó, cubriendo la tentación de su cuerpo desnudo a sus hambrientos ojos. Pero no pudo resistirse a darle un último beso en la redondeada curvatura de su hombro, casi gimiendo en voz alta al oírla murmurar suavemente el tibio sonido sensual de satisfacción. —Vuelve pronto —murmuró ella, hundiéndose más en la almohada. —Sí —le prometió Domenico—. En cuanto pueda. Luego tuvo que hacer un esfuerzo por ponerse de pie. Porque si no se marchaba en aquel momento, cedería a la tentación. Se vistió al final del pasillo, antes de bajar la escalera. De todos modos, la persona que llamaba, colgó. Ahora que no tenía el cuerpo tentador de Alice podía empezar a pensar racionalmente. No podía arriesgarse, reflexionó. Podía caber la posibilidad de que Alice se despertase y fuera tras él. Quería tener aquella conversación en privado antes de comentarle a nadie lo que hablase. Cerró la puerta de su estudio con cuidado. Luego sacó el móvil del bolsillo y marcó un número.


—¿Pippa? ¿Qué tienes que decirme? Al principio Alice estuvo de acuerdo con esperar a que Domenico volviese. Ella estaba relajada y satisfecha, y no tenía ganas de moverse. Era tan placentero estar allí tumbada, recordando los momentos de pasión con Domenico... Sonrió al recordarlo... Pero a medida que pasaba el tiempo empezó a preguntarse qué había pasado, dónde se había metido su ardiente amante. Y fue entonces cuando sintió una sensación de malestar. ¿Qué lo estaba demorando tanto? ¿De qué se trataba la llamada telefónica que había sido tan importante que la respondiera justo en aquel momento, y donde no estuviera ella? Alice abrió los ojos, despierta totalmente. Recordó lo que había dicho Domenico. «Ahora que vas a quedarte, tenemos todo el tiempo del mundo», le había dicho. Ella no había declarado que se quedaría. No había estado de acuerdo en nada. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 79-94 https://www.facebook.com/novelasgratis


La pasión la había dejado mareada. Se había sentido extasiada al oírlo decir que no quería que ella se fuera. Pero ella no había dicho que estaba de acuerdo. La suposición de Domenico de que todo estaba bien, y de que ella simplemente aceptaría lo que le decía él, le molestó. «Sabía que yo podría hacer que te quedases», habían sido las arrogantes palabras de Domenico. ¿Eran aquéllas las palabras de un ardiente amante o de un hombre que acababa de perpetrar una manipulación consciente de una mujer con la que había compartido una pasión? «Sabía que podía hacer que te quedases», volvió a oír en su mente. Se sintió incómoda. «Yo te diré cuándo te puedes levantar», recordó otra declaración de Domenico. De pronto se dio cuenta de que la había utilizado. Usada. La sospecha que había tenido dando vueltas en su mente se confirmaba. ¿Cómo había podido olvidar lo que le había dicho Domenico el día que la había ido a buscar a la cabaña?


«Esta relación no se ha terminado, Alice, no hasta que yo lo diga. Mientras yo te desee, te quedarás conmigo. Te irás cuando yo te dé permiso», ésas habían sido sus palabras. ¡Había sido una tonta! Se había dejado seducir nuevamente. Había vuelto a pensar que Domenico sentía algo por ella. Domenico no podía dejarla marchar, simplemente porque él no soportaba no llevar las riendas de la relación, ser quien controlase todo. Una vez más ella había querido salir de la vida de Domenico cuando él no estaba preparado para dejarla ir. Él había ido tras ella y la había traído nuevamente, usando las mismas tácticas que había usado la noche anterior. La había seducido con sangre fría y había conseguido que ella se fuera a la cama con él. Y había estado ciega, para permitir que lo hiciera. «¡Idiota!», se dijo. «¡Has dejado que lo volviera a hacer, estúpida!», pensó con rabia. Recordó un brillo especial en los ojos de Domenico. Ella había querido creer que aquello había significado algo. Pero había sido sólo porque era lo que más deseaba en el mundo: que él sintiera algo por ella. Cuando él le había propuesto casarse, ella había tenido la esperanza de que Domenico llegase algún día a quererla. Pero eso había sido cuando ella estaba


embarazada y él había deseado tener al niño. Y ahora que no había bebé, ella dudaba de que hubiera futuro para ellos. Claro que el acuerdo que le había propuesto no era sólo ser padres legales del niño, sino algo más. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 80-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Le había dicho claramente que la deseaba. Que sentía lascivia por ella. Llena de rabia, se levantó de la cama. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué podía hacer? Domenico jamás la amaría. Hacía unas semanas, cuando se había dado cuenta de que él no la amaría, había hecho las maletas y se había marchado. Ahora, lo haría nuevamente si tenía que hacerlo. Si dejaba que él la siguiera usando, la destruiría, pensó. Había aceptado que él ya no se casaría con ella. Pero no podía aceptar ser sólo una querida, obedeciendo sus órdenes. Tenía que marcharse de allí.


Pero sería más duro que la primera vez. Porque entonces ella no había sabido lo duro que sería pasar los días sola, lo oscuras que eran las noches sin él. . Había sufrido mucho, y no sabía cómo había podido sobrevivir a ello. Mejor dicho, sí sabía. Había seguido adelante por su bebé. Pero ahora que no tenía bebé no sabía cómo iba a sobrevivir... Tenía que vestirse y estar lista antes de que regresara Domenico. No podía enfrentarse a él de aquel modo. Tenía que estar vestida, y sentirse fuerte antes de comunicarle la decisión. Si él volvía en aquel momento... Si él la tocaba... «¡No!», se dijo. Buscó sus zapatos. Cuando encontró uno de ellos se dio la vuelta para encontrar el otro. Con el movimiento la sandalia voló por el aire, y cayó con un golpe encima de un ordenador portátil que había sobre un comodín, aún abierto. Su sandalia había caído en un borde del teclado, presionando levemente una tecla antes de caerse definitivamente al suelo. Al parecer, Domenico no lo había apagado porque pensaba volver a usarlo. La pantalla se encendió, y Alice la miró. Estaba abierta en el correo, donde figuraban los mensajes con sus títulos. Evidentemente, Domenico había estado leyendo los correos electrónicos cuando se


había marchado. Alice iba a darse la vuelta para recoger la sandalia cuando un nombre llamó su atención. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 81-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Había un mensaje reciente. Debía haber llegado en la última hora porque estaba el primero de la lista. El asunto del mensaje estaba escrito en italiano. Pero lo que la sobresaltó fue el nombre. Un nombre que hacía más de un mes que no oía. Un nombre que ella pensó que no volvería a oír. Un nombre que Domenico le había jurado que no volvería a oír. Pippa Marinelli. En el momento en que Alice se puso frente a la pantalla y frente a aquel nombre, sintió que volvería a estar en el aseo de señoras de uno de los hoteles más elegantes de Milán, donde Domenico y ella habían asistido a una recepción. Alice había estado en uno de los cubículos y las mujeres no la habían podido ver, puesto que las mujeres habían llegado cuando ella ya estaba dentro. Las mujeres se habían puesto frente al espejo, maquillándose y cotilleando sin


parar. Y entonces Alice había oído su propio nombre. Y luego el de Domenico. Hablaban muy rápido en italiano. Y Alice se había quedado petrificada mientras escuchaba. —¿Y has visto a esa pobre inglesa estúpida, esa tal Alice Howard, echándosele encima a Domenico Parrisi en la pista de baile? Lo miraba a los ojos, embobada, como un conejo. Y ni siquiera sabe que está haciendo el primo... Luisa y yo estábamos en un restaurante la otra noche, y lo vimos con otra mujer. Estaban cenando juntos.. ¡Mejor dicho, comiéndose con los ojos! Luisa dijo que su nombre era Pippa Marinelli.. —eso había dicho una de las mujeres aquel día en el hotel. Alice cerró los ojos. Sintió una enorme tristeza. Domenico le había dicho que Pippa Marinelli no era una amenaza para su matrimonio. Y ella le había creído. Pero aquello había sido cuando se iban a casar. Y ahora su boda estaba cancelada. Hasta su vestido había desaparecido. Y al parecer, Pippa Marinelli volvía a estar en la vida de Domenico. Ella sabía que no debería hacerlo. Pero no pudo refrenarse. Extendió una mano y leyó el e-mail:


Dom... Empezaba con aquel modo de llamarlo, un modo que no le permitía usar a cualquiera. De hecho, ella había creído que sólo a ella se lo dejaba usar. Alice tuvo que hacer un esfuerzo por quitarse las lágrimas de los ojos. Pestañeó y tragó saliva. Dom, por supuesto que comprendo que quieras que yo tenga más cuidado. Si Alice ha tenido un aborto, estará disgustada y sensible con todo de momento. Y no quieres que Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 82-94 https://www.facebook.com/novelasgratis sospeche nada, o que intente preguntar sobre asuntos que tú no quieres que conozca. Pero no te preocupes. No se enterará de nada sobre mí. Sé cómo ser discreta. Pippa. Alice estaba en estado de shock. Y en su corazón tenía una herida profunda. Tuvo que agarrarse a la cómoda para no caerse. «Sé cómo ser discreta», resonaron las palabras de Pippa en su cabeza. Sintió que perdía toda esperanza. No le quedaba ni un sueño... Quería correr, huir... ¡Estaba furiosa! ¿Cómo podía tratarla Domenico de aquel modo?


Pero, claro. Él había creído que ella no se enteraría nunca. Pero no la volvería a tomar por tonta. Pensaba enfrentarse a Domenico y decirle exactamente lo que sentía. Furiosa, tiró la pila de ropa al suelo. El vestido era demasiado complicado de ponérselo en aquel estado de ira. Lo pateó y se puso lo primero que encontró: un albornoz negro que había en una silla. Era el albornoz de Domenico. Y aún guardaba el perfume de su cuerpo. Ella se estremeció al evocar su presencia y sus recuerdos. Pero estaba muy enfadada y superó el pasajero momento de debilidad. Se ató el cinturón y bajó las escaleras, en busca de Domenico, preparada para desahogar su furia. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 83-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 13 DOMENICO se estaba impacientando. Aquella llamada no terminaba nunca. Y no lo llevaba a ningún sitio.


O quizás fuera que le pareciera que no iba a ningún sitio porque su cabeza estaba en otro sitio. Sus pensamientos no estaban en aquella habitación, sino en la de arriba. En la hermosa mujer que estaba acostada en su cama, esperándolo. —Así que ya ves... —dijo la mujer por el auricular, empezando otra explicación. Pero Domenico no podía concentrarse en sus palabras. Pensaba en Alice, recordaba su imagen... Hermosa, sensual, sexy... La había dejado desnuda en la cama. No había compartido con nadie una pasión así. Y se moría por volver a experimentarla... La sola idea le hacía excitarse... Tuvo que reprimir el impulso de decirle a Pippa que se fuera al diablo, de colgar. —¿Comprendes eso? —preguntó Pippa de repente. —Sí. . Por supuesto. No sabía ni qué había dicho Pippa. Le pareció oír un leve ruido en la casa. ¿Era Alice? Pero no volvió a oír nada más, y Domenico se relajó. Se apoyó en el escritorio y se preparó para terminar la conversación.


—Bueno, es decepcionante, pero no se puede evitar. Lo comprendo. Y te agradezco lo que has hecho. Pero creo que lo dejaremos aquí... ¿Qué? —dijo Domenico. Domenico se calló, para escuchar a Pippa nuevamente. Luego agitó la cabeza aunque sabía que Pippa no podía verlo. —No, lo siento, pero no puedo hacer eso. Realmente no puedo verte esta semana. De hecho. . Se interrumpió bruscamente al oír otro ruido. Se dio la vuelta y vio a Alice, que acababa de entrar en la habitación. Estaba despeinada, descalza, y envuelta en su albornoz. Le quedaba muy grande. Podrían haber entrado dos Alice en aquella prenda. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 84-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Lo primero que sintió fue que la habitación se iluminaba con su presencia, como si hubiera encendido una luz. Lo que era ridículo, puesto que eran más de las nueve de la noche. Entonces fue cuando se dio cuenta de que la luz, el brillo y la calidez, no eran reales, sino que era el efecto que producía en él.


Y por un momento se aferró a aquella sensación, y sintió un calor en su corazón. Y se dio cuenta de lo que significaba exactamente, para él y para su futuro. Pero luego sintió algo muy distinto. Se la imaginó desnuda debajo de la tela de toalla. Apenas podía ver unos centímetros de piel en el cuello y parte de sus piernas. Pero fue como en los tiempos en que las mujeres se cubrían casi totalmente, en que un trozo de tobillo podía ser erótico. La visión de aquellos pies delgados tuvo un efecto erótico en él. Sintió la tentación de dejar a un lado el teléfono y estrecharla en sus brazos. Pero tenía que reprimirse. La miró a los ojos, aquellos ojos azules bien despiertos en aquel momento. Tenían un brillo de preocupación. Fue como un cubo de agua helada para sus pensamientos lascivos. Aquélla no era la Alice que él había dejado en la cama, pensó con incomodidad. Ya no sonreía soñolienta. En realidad, no estaba sonriendo. Había pasado algo que había hecho que su estado de ánimo cambiase. Tenía que saber qué había sido. Pero antes tenía que terminar con aquella llamada.


—Pippa... —dijo tratando de cortar el monólogo de la mujer. —¡Pippa! —exclamó Alice, furiosa. Domenico se calló, en estado de shock. —¡Pippa Marinelli! Antes de que Domenico pudiera aclarar sus pensamientos, Alice se acercó y le quitó el teléfono. Lo miró con rabia y rechazo. —Alice... —empezó a decir él. Pero ella no le hizo caso. En cambio se concentró en la llamada. —¿Pippa Marinelli? Domenico nunca había oído a Alice hablar en ese tono, aun cuando estaba furiosa con él. —Soy Alice Howard, señorita Marinelli. Sólo quería estar segura de que había escuchado bien a Domenico: no la puede ver esta semana. En realidad, ¡él no puede volver a verla nunca! Si tiene una pizca de decencia, lo que dudo bastante, se mantendría alejada de mi prometido en el futuro. Adiós. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 85-94 https://www.facebook.com/novelasgratis


Domenico estaba anonadado. Se había quedado mudo al verla actuar y hablar de aquel modo. Alice apagó el móvil, asintió con la cabeza, satisfecha. —Ya está. Ahora que he acabado con esa lagarta, me ocuparé de ti. Lo miró con ojos de hielo, y le tiró el móvil. Alice no podía creerse que hubiera llegado tan lejos. No había medido las consecuencias. No se dio cuenta hasta que tiró el teléfono con toda la fuerza de su furia. Y si hubiera caído donde lo había dirigido, hacia la cara sonriente de Domenico, habría hecho realmente daño. Pero afortunadamente, un sexto sentido hizo que él se resguardase y pusiera una mano. Y agarrara el teléfono plateado. Y luego lo dejara en el escritorio. Pero Domenico no dejó de sonreír. —¿Por qué diablos estás sonriendo? —preguntó ella. No comprendía por qué estaba sonriendo. Debería estar mirándola, al menos, desconcertado. Le había dicho a esa otra mujer que desapareciera de su vida, pensó Alice. Y le tendría que dar explicaciones a ella. —¿Por qué? —preguntó ella otra vez.


Domenico no dejaba de mirarla. Aquellos ojos dorados oscuros, la hipnotizaban. La imagen de Domenico allí de pie, con su cabello negro caído sobre la frente, y aquella sonrisa pícara tenía un efecto letal sobre ella. Su cuerpo era muy atractivo aun con la ropa más sencilla. Con aquellos vaqueros y aquella camisa blanca que ella le había quitado hacía poco tiempo tenía un aspecto muy sexy. Pero ella no debía pensar en lo que había sucedido hacía poco tiempo. Él lo había hecho para volver a tenerla bajo su control. Y que todo iba a ser como él quería en el futuro. —¡Dímelo! —exclamó Alice—. ¿Por qué sonríes? —¿No es obvio? —contestó Domenico. —¡No! ¡No lo es! —Debería serlo. Después de todo, ¿qué hombre no sonreiría al oír a su mujer declararlo suyo con esa determinación y ese énfasis? —¿Declararlo. .? ¿Su mujer? Alice no comprendía. Sintió un nudo en la garganta. Pero finalmente tragó y reunió la fuerza para decirle: —¡Yo no soy tu mujer! ¡Y no te he declarado mío! Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra


Nº Paginas 86-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Domenico no le hizo caso. —¡Oh, sí lo has hecho, carissima! Ella frunció el ceño, sin poder creer lo que escuchaba. —«Si tuvieras una pizca de decencia, lo que dudo, te mantendrías alejada de mi prometido» —repitió Domenico las palabras de Alice, imitándola. Ella no había sido consciente de la firmeza de sus palabras. Al parecer la energía de su furia le había hecho hablar enérgicamente. Y ahora que su rabia parecía evaporarse, reflexionaba sobre lo que había dicho. O cómo había sonado para quien la estuviera escuchando. «Mi prometido», pensó. Si había declarado a Domenico suyo de un modo tan posesivo, no era de extrañar que él estuviera sonriendo con satisfacción. —¡No te estaba declarando mío! ¡Estaba tratando de apartarla! —Es lo mismo —dijo él. —No, no es lo mismo en absoluto. Para que lo sepas, sólo he usado esa frase para deshacerme de ella. . Y la verdad es que he venido aquí para hacer lo mismo contigo.


Fue peor que haberle tirado el teléfono en la cara. La cara de Domenico se transformó. —¡Alice...no! —¡Alice...sí! Ella tuvo que hacer un esfuerzo para decirlo. Porque le costaba perderlo. —He venido aquí para decirte adiós. Sólo que me he distraído con la señorita Marinelli, «la discreta». —Leíste el correo electrónico. . El hecho de que él reconociera inmediatamente el correo de Pippa Marinelli, fue como si le retorciera el corazón. Porque Domenico ni se había molestado en fingir que no sabía de qué estaba hablando. —Y no esperes que me disculpe por mirar tu correo. . —No lo hago.. Domenico dio dos pasos hacia ella. Pero se detuvo cuando ella lo miró con gesto amenazador, como si pensara salir corriendo si se acercaba más. —En realidad, me alegro de que lo hayas visto. Que todo haya salido a la luz. Alice se quedó de piedra. Aquello era lo último que esperaba. —¿Te alegras? —le preguntó—, ¡Tú me juraste que esa mujer no era tu amante! —


—No lo es. —Que no te acostabas con ella. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 87-94 https://www.facebook.com/novelasgratis — Alicia, adorata... Así es. —Me dijiste que Pipp... que no era una amenaza para mí. Que no volvería a oír hablar de ella... —Y lo dije convencido. Si no hubieras visto ese correo electrónico, ¡jamás habrías oído hablar de ella! ¡Sólo le estaba pagando para que se alejara! —¿Qué? ¿Le estabas pagando? ¿Y se supone que eso tiene que hacerme sentir mejor? Domenico hizo un gesto de impaciencia levantando las manos. —Estaba haciendo lo que tú querías que hiciera. La estaba alejando de mi vida, de nuestra vida, de modo que... Alice no podía creerlo. —¿Pagándole? ¿Alejándola...? ¡Dom! ¡Te llama Dom! —exclamó ella. Apenas pudo pronunciar la última palabra, y se puso a llorar.


—¡Oh, cariño! Domenico se acercó y la rodeó con sus brazos. Ella intentó soltarse, pero no pudo. —Alice, cariño, si eso es lo que te tiene preocupada, yo jamás le dije que podía llamarme así. De hecho, le dije muchas veces que dejara de usar ese nombre, el nombre que usas tú. Pero es una mujer muy cabezona, y no me ha hecho caso. —A lo mejor tú no has insistido lo suficiente —dijo ella, turbada—. O quizás no quisieras alejarla de tu vida. —En parte es así. Alice se quedó en estado de shock. —Ciertamente no quería que ella se olvidara de mí y del proyecto que tenemos juntos. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 88-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 14 —¿PROYECTO? —Alice no podía creerlo. Estaba confundida. —¿Qué proyecto?


Domenico no le respondió inmediatamente. La soltó, le dio la mano y la llevó al sofá de piel que había al fondo del estudio. La hizo sentarse y luego se acercó a su escritorio nuevamente. Agarró algo de un cajón y luego volvió a su lado con una carpeta de piel. —¿Qué es esto? —preguntó ella con desconfianza. Domenico la miró a los ojos. —Ábrela. Al ver que ella no la abría, él la abrió y se la puso en su regazo. Pero lo único que Alice podía hacer era mirarlo, sin poder reprimir los sentimientos de esperanza y añoranza que se filtraban por su mente, a pesar de sus esfuerzos por apartarlos. Entonces vio lo que él quería que viera. En la carpeta había una tarjeta blanca. Y el nombre que había en ella llamó su atención inmediatamente. Pippa Marinelli. Pero lo que había escrito debajo le llamó más la atención. —¿Pippa Marinelli, detective privado? Dom. . ¿Qué estaba investigando ella? Domenico sonrió con una sonrisa de muchacho. Ella se estremeció al verlo. —Estaba investigando cosas sobre mí —dijo Domenico. —¿Sobre ti? Pero, ¿qué? Alice agarró la tarjeta con mano temblorosa. Pero Domenico le puso la suya encima y la detuvo.


—Espera —no dijo nada más. Ella se quedó en silencio, esperando. Domenico buscó en la carpeta y sacó un sobre grande. Lo abrió con cuidado y sacó una hoja. Luego se la extendió a Alice. Ella estaba cada vez más confusa. Alice agarró la hoja con cuidado y se quedó sorprendida al ver lo que había en ella. Se trataba de una estampa con un monje, vestido con un hábito blanco y sandalias. —¿Quién es? —Santo Domingo. Mi santo. —¿Tu...? Alice no comprendía nada. —Déjame que te lo explique. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 89-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Domenico no la tocó, ni lo intentó. No hacía falta que la sujetara. Su tono de voz era suficiente para tenerla totalmente inmóvil.


—Te conté que mis padres estaban muertos... No es verdad... Bueno... — suspiró. Se pasó la mano por el cabello nerviosamente y continuó—: La verdad es que no lo sé. No sé si mis padres están vivos o muertos. Ni siquiera sé quiénes son, o quiénes eran. Y nadie lo sabe. Ni siquiera mi nombre es el mío. —¿Qué? —Me abandonaron cuando era un bebé. Me dejaron en las escaleras de una iglesia. La Iglesia de Santo Domingo, en un pequeño pueblo llamado Parrisi —se echó hacia atrás y observó a Alice, el efecto que tenían sus palabras. —Domenico Parrisi. . —balbuceó Alice. —Ése es el nombre que me pusieron las monjas del orfanato. Por el lugar donde me encontraron y por esto.. —señaló la estampita, que aún estaba en la palma de la mano de Alice. Alice volvió a mirar la estampa. —Esta estampita estaba conmigo cuando me abandonaron, en la manta en la que me habían envuelto. Mi madre debía haberla puesto allí porque por lo menos querría que me pusieran el nombre que ella había elegido para mí. Es lo único que tengo de ella. Las monjas me la dieron cuando tenía cinco años y... Alice notó que la mirada de Domenico tenía un brillo especial en los ojos. Y adivinó que lo que iba a decir Domenico era lo más importante de todo.


—Nadie... Nadie ha visto esta estampita, ni nadie la ha tocado hasta hoy... Alice empezó a comprender el significado de lo que estaba diciendo. Pero no se atrevía a creerlo. —Contraté a Pippa porque alguien a quien conozco me dijo que ella había tenido éxito en la búsqueda de los padres de algunos niños adoptivos —dijo Domenico. Su voz parecía venir de la distancia—. Pensé que podría ayudarme a encontrar a mis padres, o al menos a mi madre. Pero necesitaba alguien discreto. Por lo poco que sé, yo podría ser el resultado de una violación. O mi madre podría haber sido casi una niña ella misma. Así que le hice prometer que mantendría la investigación en secreto. —Ser discreta... —repitió Alice, recordando el correo electrónico. Alice dejó escapar unas lágrimas por Domenico. —Así que ya ves. Pippa nunca ha sido una amenaza para ti. . excepto en un sentido. . Alice levantó la cabeza y lo miró a través de las lágrimas. —¿En qué sentido? —Tuve miedo de que ella pudiera encontrar algo tan terrible sobre mi pasado que me impidiera pedirte que te casaras conmigo. Pero luego. . Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra


Nº Paginas 90-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡No, espera un momento! —Alice le puso un dedo en la boca a Domenico —. Tú... ¿Quieres decir que contrataste a Pippa antes de que yo te dejase? Debía ser así. Porque ya entonces lo relacionaban con aquella mujer. Los almuerzos con ella habían sido motivo de cotilleos. —Y eso era por... porque... Ella no se atrevía a continuar, porque tenía miedo de equivocarse en lo que estaba deduciendo. No quería hacerse ilusiones. —Porque yo quería pedirte que te casaras conmigo. Pero no me parecía bien hacerlo si yo no sabía nada sobre mí mismo, sobre mis orígenes, sobre mis padres. ¿Qué podía ofrecerte yo? —Tú tenías lo único que me importaba, te tenías a ti —dijo Alice con voz emocionada. El hombre que había dicho que el matrimonio no iba con él había hecho todo aquello porque había querido casarse con ella. ¡Y ella que lo había abandonado diciéndole que quería más diversión! El recuerdo la hizo estremecer. Alice dio la estampita a Domenico y se puso de pie. Caminó de un lado a otro


de la habitación, tratando de encontrar la fuerza para hablar, sabiendo que Domenico la estaba observando. —Eso de que yo quería más diversión... —murmuró—. No era verdad. Fue lo que oí sobre Pippa y tú, y el hecho de que yo creía que no me amabas, lo que me hizo decirlo. —Sé que no te lo he hecho fácil... —Domenico se puso de pie—. Pero no quería decir nada por si acaso... —Lo sé —ella lo acalló con un dedo en la boca. Hubiera querido besarlo pero no se atrevió. —Comprendo —siguió diciendo ella. Domenico extendió las manos hacia Alice. Ella las tomó. —Pero no podía dejarte marchar. Y cuando fui a buscarte... —¿A buscarme? —lo interrumpió—. Pero si yo te envié un mensaje diciendo. . —Diciendo que necesitabas hablar conmigo. Lo sé. Pero yo ya había planeado ir a buscarte. Y cuando vi la alianza en tu dedo, ya no me importó nada. —Tu alianza... —ella volvió a llorar de emoción—. Usé tu alianza, pero sólo


porque... —¡No! —ahora fue él quien la acalló. Y aquella vez lo hizo con un beso, tan enérgico y tierno que Alice se quedó sin aliento. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 91-94 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡No , cara, no! Nunca. No fue sólo por el bebé, aunque entonces me dije que era el único motivo. Yo quería que fueras parte de mi vida. No podía vivir sin ti, y cuando pensé que ibas a tener un hijo mío, y que yo iba a tener una familia finalmente, sentí como si me hubieran regalado el mundo entero. —Una familia... Pero perdí... Fracasé... Ella no pudo reprimir sus lágrimas una vez más, pero Domenico se las enjugó tiernamente. —¡Oh, no, mi amada! No pienses eso nunca. Yo hubiera querido tener ese niño, lo habría amado con toda mi alma, pero tú eres mi familia, tú eres mi mundo. Si te tengo a ti, es suficiente. Domenico la besó, lenta y profundamente. Y ella sintió que aquel beso tenía el


sabor de la esperanza y de la felicidad. Pero había algo que todavía le preocupaba. —Pero, la boda. . Cuando volví del hospital, te deshiciste de todo. . hasta de mi vestido. Pensé que no querías pensar en el matrimonio nuevamente, que tú... —¿Que no querría casarme contigo porque ya no estabas embarazada de un hijo mío? —la ayudó Domenico al ver que ella no podía seguir—. Estabas totalmente equivocada, amor mío. Quité todo porque no quería presionarte. Porque quería que supieras que eras libre, que podías tomar la decisión que quisieras, sin verte atada a una promesa que habías hecho bajo la presión del embarazo. Quería darte tiempo y espacio para recuperarte del aborto, y luego iba a pedirte que te casaras conmigo nuevamente. Y esta vez iba a hacerlo adecuadamente. Quería casarme contigo más que antes, porque había podido imaginar lo que podía ser tener una esposa, un hijo... Tener una familia... Alice vio que Domenico la miraba emocionado. Aquel hombre fuerte y seguro de pronto parecía vulnerable y sensible. Y aquella imagen conmovió a su corazón. Era


evidente que Domenico necesitaba amor y que quería darlo también. Finalmente ella se atrevió a acercarse y lo abrazó. Se abrazó fuertemente a él y lo besó incansablemente. Y Domenico le respondió con el mismo ardor. Aquel beso fue un beso de amor. Ella sintió todo el amor de Domenico en aquel beso. Alice podría haberse quedado allí en sus brazos toda la vida, o haberlo llevado arriba, a la cama. Pero Domenico no estaba muy decidido a hacerlo. —Un momento, cara. Espera. Hay algo que tengo que hacer. Alice lo miró, sorprendida. De pronto Domenico puso una rodilla en el suelo y tomó su mano. —Alice, amor mío. Quiero hacer esto adecuadamente esta vez. Quiero que sepas que te adoro, que mi vida está vacía sin ti... Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 92-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Lo vio sacar algo del bolsillo, sorprendida. Y reconoció la alianza que ella le había tirado a la cara aquella noche. Debió haber ido al salón a buscarla, con la idea de aquel momento.


—Amada Alice... Mi vida mía, mi corazón son tuyos. ¿Quieres casarte conmigo y ser mi esposa y mi familia por el resto de mi vida? Alice reaccionó instintivamente y se puso de rodillas ella también. Lo miró con sus ojos azules llenos de amor y le dijo: —Será un honor —y luego exclamó—: ¡Oh, sí! ¡Sí, querido mío! Sí, quiero casarme contigo. En el mismo hospital en el que hacía quince meses Domenico había estado sentado en una silla junto a la cama de Alice, se encontraba nuevamente. Estaba otra vez junto a la cama de Alice. Ella estaba durmiendo, pero aquella vez en una situación y un estado de ánimo totalmente diferente. Aquella vez no veía la hora de que ella se despertase. No veía la hora de verla sonreír y sabía que su felicidad sería la misma que tenía él. Alice se movió y preguntó, medio dormida. —¿Dom? ¿Fue real? ¿O lo he soñado? —No ha sido un sueño, amor mío —le aseguró él—. Es absolutamente real. Nuestro hijo nació anoche y está sano y fuerte. . Es perfecto. —Nuestro hijo... —repitió Alice—. ¿Puedo tenerlo en brazos? —Por supuesto.


Domenico se acercó a la cuna y alzó a su bebé. Se lo dio a su madre. La observó ponerlo contra su pecho y darle un beso en la diminuta nariz. —Jamás podré agradecerte suficientemente por este regalo —dijo Domenico, sentándose al lado de Alice. Ella miró a su marido, al padre de su hijo, y su corazón se encogió de emoción y amor. Cuando Domenico tenía la edad de su hijo, su madre lo había envuelto en una manta y lo había abandonado en las escaleras de una iglesia. Ella se alegraba de que el destino de su hijo fuera mucho más feliz. —No tienes que agradecérmelo —le dijo a Domenico suavemente—. Sólo prométeme amarme a mí, y a este hermoso tesoro el resto de tu vida. . —Te lo prometo —le dijo Domenico. Y le dio un apasionado beso. Era una promesa que cumpliría. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra Nº Paginas 93-94 https://www.facebook.com/novelasgratis Fin. Escaneado por Mariquiña y corregido por Corandra


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Sin ira kate walker  

Argumento: «Te quedarás aquí mientras yo lo desee... y sólo te marcharás cuando yo te dé permiso para hacerlo». Alice había pasado s...

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Argumento: «Te quedarás aquí mientras yo lo desee... y sólo te marcharás cuando yo te dé permiso para hacerlo». Alice había pasado s...

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