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Siempre hay un mañana Karen Van der Zee Siempre hay un mañana (1982) Título Original: Sweet not always (1979) Editorial: Harlequin Ibérica Sello / Colección: Jazmín 106 Género: Contemporáneo Protagonistas: Matt Simmons y Jacqueline Donnelly Argumento:


Ella lo amaba, pero ¿qué se había imaginado él? Después de todo, las muchachas decentes no se arrojan en los brazos de los hombres. Jacqueline Donnelly había vivido de pequeña en Ghana y amaba profundamente ese país africano y a su gente. Por tanto, se sintió muy feliz cuando tuvo que oportunidad de volver allí a desempeñar un trabajo que era todo un reto. Sin embargo, al poco de llegar, empezó a preguntarse cuál era el verdadero reto: si el trabajo, o el imponente Matt Simmons, que no parecía tener la más mínima fe en su capacidad profesional y no dudaba en decírselo. Entonces, ¿por qué estaba tan ansiosa de lograr su admiración? https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 Hacía varias semanas que Jacqueline se sentía como un juguete mecánico al que hubieran dado demasiada cuerda… Iba de un lado a otro sin parar. Tenía que solicitar la visa, realizar compras, despedirse de los amigos, hacer las maletas. No tuvo tiempo de pensar. Pero ahora, sentada en el avión que la llevaba a África Occidental, sin nada que hacer como no fuera comer, leer y dormir, se sintió inquieta. Ardía en deseos de volver a Ghana, de eso no cabía la menor duda; pero, ¿sería capaz de responder al desafío que le planteaba su nuevo empleo? ¿Sabía realmente en lo que se estaba metiendo? Vivir con los padres en un país extraño era muy


diferente a estar en él sola, trabajando para ganarse la vida. Jacqueline había firmado un contrato por dos años, pero ni siquiera conocía al hombre para quien iba a trabajar. Se asomó por la ventanilla y vio abajo el exuberante verdor tropical de la selva. Iban volando por la costa de África Occidental, pero no sabía con exactitud dónde estaban. ¿En Liberia? ¿En la Costa de Marfil? El malestar no desapareció y Jacqueline no pudo librarse de sus inquietantes pensamientos. ¿No había demostrado excesiva confianza al aceptar el puesto de asistente administrativo que le había ofrecido aquella compañía, Producción Internacional de Alimentos, Sociedad Anónima? Recordó su entrevista con Christopher Jenkins, en Nueva York. Es un trabajo frustrante, pesado y difícil, señorita Donnelly. Quiero dejar eso muy en claro, le aseguró. Al evocar sus palabras, la invadió el pánico. «No seas ridícula, ¡claro que puedes hacer el trabajo!, se dijo a sí misma. Confianza, una buena cabeza y algo de experiencia es todo lo que se necesita. Y tú lo tienes.» Pero su apariencia no estaba a su favor y eso la molestaba. Un familiar sentimiento de inferioridad se apoderó de ella. ¡Si por lo menos representara su edad!, pensó con desventura. Si se viera un poco más… competente y capaz. Pero aun ahora, a los veintitrés años, la gente la seguía tratando como a una niña.


Comprendía que era eso lo que parecía, con su rizado cabello rubio, sus grandes ojos azules y su estatura de un metro con cincuenta y siete centímetros. No había nada que pudiera hacer al respecto, y sólo esperaba que su nuevo jefe, Matt Simmons, no lo tomara en cuenta para valorarla profesionalmente. Jacqueline había interrogado a Christopher Jenkins sobre él y la había mirado con el ceño tan fruncido, que la inquietó ligeramente. —Es un hombre duro, señorita Donnelly, trabajador y entregado en forma total a lo que está haciendo. Le exigirá a usted hasta la última gota de su capacidad. Bueno, ella era dura, también. Y muy trabajadora. ¡Matt Simmons podía disponer de toda su capacidad! Alguien le tocó el brazo y levantó la vista hacia lo claros ojos grises de la mujer que estaba sentada junto a ella. La señora Turner era de baja estatura, rolliza y muy simpática. —Se ve cansada, niña —le dijo con la mirada preocupada de una madre. Nº Páginas 2-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tengo un ligero dolor de cabeza —contestó Jacqueline—. Voy a ver si puedo encontrar una aspirina. Pasó con esfuerzos frente a la señora Turner y su marido, un hombre de pelo


gris, y se fue a buscar a una azafata. Llevaban más de diez horas de vuelo y el interior del avión se encontraba, para entonces, en condiciones desastrosas, al igual que sus pasajeros. Todos parecían haberse dejado caer pesadamente en sus asientos. La azafata le dio dos aspirinas y, una vez que las tomó con unos tragos de agua, Jacqueline volvió a su asiento. Al acomodarse en él, miró a los dos Turner y se preguntó qué estarían pensando. El rostro curtido del señor Turner era todo sonrisas y arrugas. Sus alegres ojos castaños parecían sonreírle. —Ya falta poco —le dijo. Era un agricultor de Minnesota y él y su esposa habían hecho el viaje para ir a conocer a su primera nieta, que había nacido en Accra. Cuando supieron que ella había vivido en Ghana, cuando era una adolescente y estaba todavía en la escuela, la asediaron a preguntas. ¿Cómo era la gente? ¿La comida? ¿El clima? ¿Qué podía contarles Jacqueline de su propia experiencia? ¿Nunca la había mordido una serpiente? ¿No le había dado paludismo? ¿Por qué fue a Ghana? ¿Era misionero su


padre? —No, no —dijo ella riendo—. Mi padre trabajaba para la Agencia Norteamericana de Desarrollo Internacional. Les habló de ella misma y de su familia. Les dijo que también habían vivido en Suiza y en Turquía, y que ella decidió que quería trabajar en el extranjero, cuando terminó sus estudios universitarios. —Cuénteme sobre su trabajo —dijo el señor Turner—. ¿Qué va a hacer a un lugar como Accra? —Voy a trabajar para Producción Internacional de Alimentos. Es una empresa privada que ayuda a los países en desarrollo a aumentar su producción de alimentos. Como buen agricultor, el señor Turner se mostró interesado inmediatamente y le planteó muchas otras preguntas que Jacqueline contestó lo mejor que pudo. Le pareció que aún pasaría mucho tiempo antes de que el avión aterrizase. Hacía un buen rato que era de noche. Excitada e impaciente, Jacqueline se asomó por la ventanilla y contempló Accra, que parecía un mar en el que hubieran caído millares de estrellas. La señora Turner se inclinó por encima de ella, para ver también. Sacudió la cabeza con asombro. —Se ve que es toda una ciudad. Cuando pienso en África, no imagino más que


chozas de adobe, nativas medio desnudas y elefantes. Jacqueline se echó a reír. Nº Páginas 3-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Todavía hay casitas de adobe, pero no va a encontrar un elefante, a menos que vaya al zoológico. —¿Y que me dice de las nativas semidesnudas? —preguntó sonriendo él. —Siento desilusionarle, pero la gente de Ghana viste muy bien. —Me está arruinando la diversión —contestó con un gesto. El avión aterrizó, por fin, y se produjo un verdadero tumulto en el pasillo, ya que todos querían salir al mismo tiempo. Jacqueline permaneció en su asiento, hasta que las cosas mejoraron un poco. Cuando finalmente bajó, el aire húmedo y caliente le dio de lleno en la cara. Mientras esperaba para pasar la aduana, cansada y con el cuerpo pegajoso por el sudor, se preguntó cómo reconocería a Matt Simmons. ¿Qué le había dicho Christopher Jenkins? Treinta y tres años, muy alto, pelo castaño, ojos color café. Millones de hombres respondían a esa descripción, aunque no habría muchos de ellos en un lugar como Accra. Cuando finalmente arrastró sus maletas a la sala principal, vio que no había un solo hombre que vagamente correspondiera a la descripción del que buscaba. Fue una de las últimas pasajeras en bajar del avión y la mayor parte de la


gente se había ido ya. Miró a su alrededor una vez más y se dio cuenta de que estaba sola. Nadie había ido a recibirla. ¿Y ahora qué? Eran más de las nueve de la noche; demasiado tarde para hablar a la oficina. No tenía idea en dónde vivía Matt Simmons, ni traía su teléfono particular. Ni siquiera sabía dónde estaba localizada la oficina. Sintió una mezcla de disgusto e inquietud. Varios chiquillos la rodeaban ahora, riñendo sobre quién iba a llevar su equipaje. Ella se volvió impaciente hacia ellos: —Sólo dos de vosotros. Los demás iros. Por un momento miró indecisa a su alrededor. Entonces vio la ventanilla de información y decidió probar suerte. La chica que estaba dentro de la cabina dormía. Cuando Jacqueline le habló, levantó la cabeza. —¿Sí? —preguntó irritada. —Me gustaría saber si hay un recado para mí. Me llamo Jacqueline Donnelly. —¿Qué recado? Jacqueline suspiró. —Acabo de llegar de Nueva York, y no hay nadie aquí para recibirme. Pensaba


que tal vez alguien me había dejado un recado. —No, no hay ningún mensaje —dijo la chica, bostezando. Irritada, Jacqueline se alejó. Cogió un taxi para el Hotel Continental. Era el mejor hotel de la ciudad y recordó que no estaba lejos del aeropuerto. Estaba cansada, ofendida y no le importaba lo que costara. Si no se podían molestar en enviar a alguien a recogerla, sería mejor que se dispusieran a pagar la cuenta. Nº Páginas 4-98 https://www.facebook.com/novelasgratis *** Cuando llamó por teléfono a la oficina al día siguiente, la única respuesta que obtuvo fue un desconcertante silencio. Volvió a llamar. Nada. El teléfono de la oficina no funcionaba. Desconectado. «¿Bienvenida a Ghana!», se dijo a sí misma, colgando con violencia. ¡Vaya recibimiento que le habían hecho! Si Matt Simmons se encontraba tan desesperado por falta de ayuda, ¿dónde diablos estaba? revisó sus papeles y descubrió que sólo llevaba el teléfono y el apartado postal de la compañía, ninguno de los cuales la sacaba del apuro. De algún modo, tenía que descubrir su dirección. No estaba en la


guía y la operadora de teléfonos no había oído nunca hablar de la empresa. ¿Y ahora qué? se mordió el labio inferior. ¿Era aquél un mal augurio? Le llevó más de una hora, y numerosas llamadas telefónicas, a la Embajada Americana y a la Agencia Norteamericana de Desarrollo Internacional, conseguir que le dieran el domicilio de la compañía. ¿Quién creían que era ella? ¿Una espía rusa? Por fin tuvo que ponerse en las manos de otro taxista, un anciano de aspecto gentil, que conducía como un demonio. El coche era típico del país: temblaba, rechinaba, la tapicería estaba rota y la ventanilla no podía abrirse. Jacqueline miraba todo con interés. Había gente por todas partes: de pie, o sentada en las esquinas, aparentemente indiferente al sol calcinante y al ensordecedor ruido del tráfico. Las mujeres, vestidas con telas de alegres colores, llevaban a sus bebés a las espaldas y en la cabeza bandejas llenas de naranjas. Había desvencijadas mesas llenas de hogazas de pan, puestos de frutas, con cestas llenas de plátanos, ñames y cocos. Los autobuses urbanos se balanceaban ruidosamente. El taxista llevó el coche a toda velocidad por la avenida que circundaba la ciudad; pero la redujo al tomar una calle más pequeña. Fueron dando tumbos y saltos por calles llenas de baches, mientras el conductor no dejaba de hacer sonar la bocina para apartar a los niños, y a punto estuvo de matar a una gallina distraída. El edificio de dos pisos, con su gran letrero azul, no fue difícil de localizar y


Jacqueline suspiró de alivio cuando bajó del coche. El conductor le ayudó a llevar las maletas hasta el vestíbulo y aceptó su dinero con una sonrisa desdentada. Una jovencita que escribía a máquina levantó la mirada con curiosidad. Jacqueline le sonrió. —Me gustaría ver al señor Simmons, por favor. Me llamo Jacqueline Donnelly. —Un momento por favor. La voz de la muchacha era suave y tímida. Se puso de pie y se alejó rápidamente. Vestía al estilo occidental. Un momento después volvió y condujo a Jacqueline por un oscuro pasillo hasta un despacho con aire acondicionado. Matt Simmons estaba sentado frente a un escritorio, visiblemente ocupado, y Jacqueline le observó en silencio, mientras él terminaba de firmar unos papeles a toda prisa. El pelo castaño se rizaba alrededor de sus orejas; llevaba una camisa Nº Páginas 5-98 https://www.facebook.com/novelasgratis blanca, de manga corta, sin corbata. Por fin, levantó la cabeza y le extendió la mano. Era un hombre muy alto. Su rostro era tosco, la nariz grande y un poco torcida y las cejas desiguales. Con la piel intensamente bronceada se hubiera visto mucho más


natural sobre un tractor que en una silla detrás de un escritorio. Su estrechón de manos fue firme y Jacqueline se preguntó si eso revelaba su personalidad. Es un hombre duro, señorita Donnelly, trabajador y entregado en forma total a lo que está haciendo. Se presentó a sí misma y como el hombre no la reconocía se alarmó. Él le indicó una silla. —Siéntese, por favor —le dijo. Se acomodó en su silla y la miró de forma impersonal—. ¿Qué puedo hacer por usted, señorita Donnelly? Jacqueline abrió la boca pero después la cerró. ¡Él no sabía! ¡No sabía quién era ella! —Señor Simmons… ¿usted… no me estaba esperando? Él frunció el ceño y consultó su agenda. —No, lo siento. No sabía que teníamos una cita. ¿Una cita? Algo andaba mal, muy mal. Había cruzado la mitad del mundo para tomar posesión de ese puesto y él no sabía siquiera que ella iba a llegar… Sintió que algo pesado le caía en el estómago. Tragó saliva. —Señor Simmons, la oficina de Nueva York me contrató hace tres semanas. Soy su nuevo asistente administrativo. Un repentino y helado silencio siguió a sus palabras y ella miró a Matt Simmons con inquietud. Sorpresa, incredulidad y rabia pasaron sucesivamente por


su rostro. —¡Oh, no, nada de eso! ¡Debe haber algún error! —su voz explotó en el silencio y ella sintió como si la hubiera abofeteado. ¿Qué quería decir con eso? Le miró fijamente, sin comprender. —¿Cómo dice… un error? Usted necesita un asistente administrativo. Me contrataron a mí. Y aquí estoy. Su mirada era dura y amenazante. —No tengo duda de qué clase de ironía es ésta. No me avisaron de que habían encontrado a alguien para llenar el puesto. Ni carta, ni telegrama. De haberlo sabido, no habría permitido que viniera. ¡Pedí muy claramente un hombre para este trabajo! —se inclinó hacia adelante, mirándola fríamente—. ¡Esto no es nada personal, señorita Donnelly, simplemente no la quiero a usted para este puesto! La impresión la enmudeció, pero después se enfureció y sintió que se le enrojecía la cara. —¿Puedo recordarle, señor Simmons, que estamos en el siglo XX? ¡Su actitud es terriblemente machista! Nº Páginas 6-98


https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Y me permite recordarle que no está usted en los Estados Unidos de América, sino en África, y que yo tengo que enfrentarme a la realidad del lugar y de las circunstancias? —¿Que son? —Son demasiadas para explicárselas. ¡Dios mío, debieron darse cuenta! Jacqueline lo comprendía muy bien. Sabía que no era fácil hacer las cosas en un lugar donde los teléfonos no siempre funcionaban y los recambios de automóviles no se encontraban con frecuencia. Los sistemas administrativos también eran diferentes a los norteamericanos y trabajaban con mucha mayor lentitud. Era realmente cuestión de supervivencia el ser paciente y no desilusionarse. Jacqueline sabía que la paciencia no era una de sus más notables cualidades y en ese momento estaba a punto de perderla. Durante un largo rato ninguno de los dos habló. De pronto Matt Simmons se levantó de su silla y fue hacia la puerta. —¡Paciencia! Jacqueline oyó unas rápidas pisadas y la muchacha de la recepción apareció en la puerta. —¿Sí, señor?


—Tráeme un poco de café, por favor —se volvió hacia Jacqueline—. ¿Quiere café? —Preferiría una bebida fría —dijo ella secamente y vio la sombra de una sonrisa en los labios del hombre. —No servimos bebidas alcohólicas en la oficina, lo siento. —Me resignaré con café, entonces. Cargado, por favor. Él se sentó de nuevo y la miró. No era un hombre apuesto, pero su rostro era muy varonil. —¿Qué voy a hacer con usted ahora? Su tono de voz la enfureció. ¿Con quién se imaginaba que estaba hablando? ¿Con una adolescente obstinada? —Sugiero, señor Simmons, que olvide que soy una mujer y me deje realizar el trabajo, simplemente —trató de que su voz sonara fría y profesional. Él levantó una ceja y sonrió. —Va a resultar difícil olvidar que es usted mujer. Resulta muy notable, a primera vista. —Entonces le sugiero que aprenda a vivir con la terrible verdad de que estoy aquí y tengo todas las intenciones de quedarme. —Eso veo.


Llamaron a la puerta y les llevaron el café. Nº Páginas 7-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Lo siento, pero no hay azúcar —dijo Matt, entregándole una de las tazas que venían en la bandeja—. Hay escasez de ella. Jacqueline le miró fijamente. ¿Esperaba que se pusiera a llorar, o a saltar de indignación porque no había azúcar para su café? Bueno, le esperaban algunas sorpresas. —Me las ingeniaré para resistirlo. Él la miró un momento burlonamente, pero después se puso serio y preguntó: —Bueno… ¿cuándo llegó? —Anoche. —Siento que no haya encontrado a nadie que la recibiera. Fue una sorpresa para mí. No sé qué pasó. Seguramente deben haber enviado un telegrama avisando de su llegada. Jacqueline se encogió de hombros. —Probablemente está en la oficina de telégrafos y a alguien se le olvidó entregarlo —sugirió.


Él la miró fijamente. Cogió el teléfono pero lo colgó inmediatamente. —Este maldito aparato no sirve. Un camión de la basura se enganchó en uno de los cables del teléfono y lo rompió. Pasarán semanas antes de que lo arreglen. Se levantó una vez más, abrió la puerta y volvió a llamar a Paciencia, su secretaria. —Quiero que Samson vaya a la sección internacional de la Oficina de Telégrafos, cuando vuelva del banco, y vea si hay un telegrama de Nueva York para nosotros, extraviado por ahí. —Se lo diré, señor. —Bueno —dijo y se sentó de nuevo—, ¿qué hizo anoche cuando vio que nadie la estaba esperando? —Me fui al Hotel Continental, me di una ducha y me acosté. —¿Y esta mañana? —Me levanté, desayuné y me dediqué a localizarlos —le miró desafiante—. ¿Qué esperaba? —¿Tenía usted la dirección? —No, sólo el teléfono y el apartado postal. —Y el teléfono no funciona.


—Correcto. —¿Cómo encontró el lugar, entonces? —los dos se miraban fijamente. —Me puse a llorar, se apareció mi hada madrina y me trajo hasta aquí. —No necesita ser sarcástica, señorita Donnelly. Nº Páginas 8-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella estalló sin poderse contener. —¡No, claro, debí ponerme a saltar de alegría! Cruzo medio mundo para tomar posesión de un empleo que me interesa… un empleo, recuérdelo bien. Me dijeron que usted necesitaba ayuda de forma desesperada. ¡Y mire lo que me encuentro! ¡Una maravillosa recepción! ¡Una cordial bienvenida! Se me ha hecho saber, en términos muy claros, que como soy mujer, no sirvo para el trabajo. Se me considera incapaz. ¡Parece sorprenderle que haya sido capaz de una cosa tan difícil como obtener un domicilio! —¡Cálmese! ¡Cálmese! Hablemos de forma razonable. Ella apretó los dientes. —Bien —continuó él—, ¿trae usted su historial de trabajo?


—No, el señor Jenkins me dijo que se lo enviaría junto con la evaluación de la entrevista que me hizo y mis referencias. Me imagino que eso tampoco ha llegado. —No. Sólo Dios sabe dónde andará. Llegará, tarde o temprano. ¿Tiene usted alguna licenciatura? —Sí, en administración de empresas. —¿Qué hizo antes de venir aquí? —Me acababa de graduar. Eso era verdad sólo en parte. Había trabajado como subgerente de un asilo de ancianos y con emigrantes mexicanos en California. Había aceptado esos trabajos porque significaban valiosa experiencia, aunque eso la había obligado a posponer su graduación, por más de un año. Pero se lo ocultó a propósito. Su reacción no la sorprendió. —¡Acaba de graduarse! ¡Una muchacha recién salida de la escuela! ¿Cómo es posible que me hayan hecho esto? Jacqueline permaneció tranquila. —Mire, señorita Donelly, no puedo entrenar a una persona durante seis meses, para luego averiguar que no logra adaptarse a este país. ¿Se ha dado cuenta del lugar al que ha venido? ¿Sabe lo que cuesta adaptarse a este ambiente? Este no es un


trabajo ordinario, en una situación normal. No hay nada, en todos sus libros de texto, que la hayan preparado para lo que va a encontrar aquí. El tiempo es el único maestro en su caso. ¡Y, señorita Donnelly, tiempo es lo único que no tengo! —¿Y el señor Jenkins no conocía esta situación? —¡La conocía perfectamente! ¡Fui muy explícito respecto al tipo de persona que necesitaba! Con un gesto de impaciencia, se levantó para acercarse a la ventana. Después de unos minutos de silencio, volvió a sentarse, en apariencia más tranquilo. Cruzó los brazos sobre el pecho, y la miró intensamente. —Dígame, señorita Donnelly. ¿Por qué diablos la contrataron a usted? Nº Páginas 9-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Jacqueline se levantó de la silla. Estaba furiosa. Desde luego, podía haberle dicho que conocía el país y le gustaba. Podía decirle que había desempeñado varios puestos antes de graduarse. Pero no se lo diría sin que él se lo preguntara. No. Le diría lo que quería oír. Jacqueline le sonrió con toda la dulzura de que era capaz en esas circunstancias. —¡Me contrataron, señor Simmons, porque me acosté con el presidente! —se dio la vuelta y salió de la habitación, cerrando la puerta con cuidado.


Nº Páginas 10-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 Jacqueline encontró el cuarto de baño y pasó los siguientes diez minutos tratando de calmarse. Su rostro estaba tenso y cansado. Esa mañana se había recogido el pelo rizado peinándolo hacia arriba, pero algunos mechones habían empezado a caer sobre el rostro y el cuello. Estaba bañada en sudor. Era una de las cosas con las que tendría que acostumbrarse a vivir nuevamente: el calor constante y la sensación de estar pegajosa. Pero aun así, le gustaba el lugar. Durante años había deseado volver a este país donde había pasado tres felices años. Aquí se sentía libre y segura en las calles, aun estando sola, a cualquier hora del día o de la noche. Los habitantes de Ghana tenían fama de ser cordiales y hospitalarios. A ella le gustaba el espíritu de las mujeres, su independencia y su sentido del humor. A pesar de la pobreza y de las dificultades de la vida diaria, nunca faltaba la alegría. Después de arreglarse, guardó la polvera y el peine en el bolso y suspiró. Todo el entusiasmo que le había despertado la idea de trabajar en Ghana se había apagado. Pero no iba a permitir que ese arrogante de Simmons arruinara sus planes. Decidió quedarse y realizar bien su trabajo, sin importar lo que él pensara. Volvió a la oficina con la cabeza muy alta y una terrible frialdad en la mirada.


Sin hacer caso de los ojos penetrantes de él, se sentó. —Señor Simmons, me gustaría saber dónde voy a hospedarme, para poder instalarme y empezar a trabajar. Me dijeron que usted se encargaría de darme habitación. Él hizo un gesto de burla. —Ese es el primer problema. Tenemos asignados trescientos cincuenta cedis en el presupuesto, para el alojamiento del asistente administrativo. Desafortunadamente esa cantidad no alcanza para conseguir una habitación decente. Hay escasez de viviendas y las rentas se han duplicado en los últimos años. Jacqueline vio un brillo especial en los ojos del hombre. ¿Malicia? ¿Expectación? ¿Desafío? Si esperaba que ella se pusiera histérica, tendría que esperar mucho tiempo. —¿Qué propone usted, entonces? Él se encogió de hombros, con rostro impasible. —Lo ideal sería ponerla en el primer avión de regreso a casa. —Usted no puede despedirme, a menos que falle en el trabajo. Y pienso desempeñarlo de forma competente. —Le daré una oportunidad de demostrarme sus aptitudes, señorita Donnelly. Y


a que está aquí y parece decida a quedarse, será mejor que me demuestre su capacidad. Le advierto que no tengo tiempo, ni deseos de atenderla. Así que más Nº Páginas 11-98 https://www.facebook.com/novelasgratis vale que sea buena. Necesito ayuda, pero si usted no es capaz de dármela, se irá… ¡y al diablo con Jenkins! Jacqueline se propuso no darle la satisfacción de hacerle perder los estribos. Aspiró profundamente. —¿Qué me dice del alojamiento? Por un momento no dijo nada y luego suspiró. —Si está de acuerdo, puede usar la sección para invitados de mi casa. Es una unidad independiente, con su propia entrada, dormitorio, sala y baño. Lo único que tendría que compartir conmigo es la cocina. —¿Tengo otra alternativa? —No, a menos que quiera buscar un apartamento y pagarlo con su propio sueldo. No, ella no podía darse ese lujo. Aunque no le agradara vivir cerca de ese hombre tendría que aceptarlo temporalmente, por lo menos. —No soy muy exigente —dijo—. Veamos el lugar…


La casa no estaba lejos de la oficina y se podía ir a ella andando. Era un viejo edificio colonial de grandes corredores. Tenía un extenso jardín, exuberante como la selva misma, que necesitaba atención. Las grandes habitaciones, un poco decrépitas, tenían suelos de madera que crujían y ventiladores en el techo, que rechinaban. Todas las ventanas tenían mamparas de tela metálica como protección contra los mosquitos y los ladrones. —Su casa es ésta —dijo Matt, abriendo una puerta que había en el fondo de la sala-comedor. Pasó a una pequeña habitación con cristaleras que conducía a una pequeña terraza cubierta de buganvillas en flor. Abrió otras puertas y encontró el dormitorio y el cuarto de baño, ambos pequeños, pero adecuados. —Nunca se ha usado —dijo él, observando el lugar con el ceño fruncido—. He empleado uno de los dormitorios de la casa, cuando he tenido invitados. Es más conveniente. Haremos que limpien y amueblen el lugar. Se acercó un poco y bajó la mirada hacia ella, con expresión de reto. —Bueno, ¿qué le parece? —Por mí, está bien —respondió, sosteniendo su mirada—. Todo lo que necesito es un lugar propio.


—Bueno, de momento tendrá que usar el dormitorio de huéspedes. Haré que Kwesi se ponga a trabajar aquí inmediatamente. Venga, le mostraré la cocina y podrá conocerle. Kwesi, un hombre fuerte y musculoso, parecía más un boxeador que un criado. Se veía fuera de lugar en la cocina, moviendo una olla de sopa que estaba cociendo. Al verles, su cara se alegró y dirigió a Jacqueline una sonrisa llena de cordialidad cuando Matt la presentó. —Bienvenida —dijo, sacudiendo su mano. Nº Páginas 12-98 https://www.facebook.com/novelasgratis — Medawasi. La sonrisa de Kwesi se hizo más amplia, aunque los ojos de Matt se volvieron burlones. —Hasta aprendió un poco de twi, según veo. Muy recomendable, pero no del todo necesario. ¿Sabe usted que el idioma oficial de este país es el inglés? Sin hacer caso de su comentario, Jacqueline miró la olla. Toda la cocina olía a sopa. La habría reconocido en cualquier parte: sopa de almendra de palmera, de color rojo y sabor picante.


—Kwesi hace la limpieza y cocina —dijo Matt, conduciéndola hacia la sala —. Yo le doy dinero y él decide qué preparar. Cocina casi al estilo ghanés. Tardará en acostumbrarse a la comida, o podrá enseñarle a cocinar de otra manera, si quiere. Kwesi llevó las maletas de Jacqueline al dormitorio para invitados. Ellos le siguieron. —Lo siento, pero el aparato de aire acondicionado se estropeó —dijo Matt, señalando hacia un agujero que había en la pared—. Cuando lo arreglen, puedo hacerlo instalar en su dormitorio, pero tardará un poco. Está en el taller y sabe Dios cuándo terminarán de arreglarlo. El hombre parecía disgustado y Jacqueline contuvo una sonrisa. Después de todo no era tan inmune a los problemas de vivir en África como pretendía. ¡Ah, cómo lo recordaba ella! Escaseaba el azúcar, los neumáticos de los coches, los recambios de cualquier aparato. Los barcos no llegaban nunca a tiempo… cuando llegaban. No cualquier occidental era capaz de resistirlo. Matt miró su reloj de pulsera e hizo un gesto de impaciencia. —Debo volver a la oficina. Tengo una cita… volveré a comer dentro de una hora. La veré entonces. Salió de la habitación y Jacqueline se sentó en la cama sin saber qué hacer. Decidió dar un vistazo al lugar. Al llegar a la sala, Kwesi salía de la cocina. —¿Quiere algo de beber? ¿Café… o agua mineral?


—Algo frío, por favor. Agua simple es suficiente. —No hervimos agua, seño… —Kwesi frunció el ceño, preocupado. —No importa, Kwesi. El agua de Accra es potable, estoy segura. —El señor Simmons dice eso, pero la señora… ella hierve agua quince minutos siempre. No se había mencionado que Matt fuese casado. Miró interrogante a Kwesi. —¿La señora Simmons? ¿La esposa del señor Simmons? Él encogió sus anchos hombros y sonrió. —No sé. Quizá esposa, quizá no. Nº Páginas 13-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿La señora Simmons no está en casa? —preguntó Jacqueline. Si Matt tenía esposa, tal vez la molestara que ocupara la casita de huéspedes. —Ella en los Estados Unidos, creo —contestó Kwesi. Jacqueline decidió preguntar al propio Matt antes de instalarse en el apartamento. Kwesi le entregó el vaso de agua y Jacqueline se lo llevó en su segunda visita a la casa. Miró a su alrededor con más atención. Había que pintarla y limpiarla. Las


lámparas estaban en malas condiciones y tendrían que sustituirlas. En el baño vio una larga hilera de hormigas. Se había olvidado de ellas. Estaban en todas partes. Eran las más pequeñas que había visto en su vida, una molestia inofensiva de la que uno no podía librarse nunca. Durante tres años su madre había sostenido una batalla inútil contra ellas. Desde la ventana podía ver la parte trasera del jardín, con varios plátanos y una palmera de cocos. A la derecha estaban las habitaciones de la servidumbre, parcialmente ocultas tras otra buganvilla. Con algunas macetas, sillas y una mesa, la terraza podía convertirse en un lugar encantador para sentarse a descansar. Matt apareció una hora más tarde y se sentaron a comer emparedados de huevo y piña rebanada. —Tengo un par de preguntas que hacerle —dijo Jacqueline. —Hágalas —contestó él, clavando sus ojos oscuros en ella. —Kwesi mencionó algo sobre la «señora» —murmuró Jacqueline, después de un breve titubeo—. Yo no sabía que era casado —se ruborizó y se sintió un poco torpe—. Quiero decir, no sé si su esposa estará de acuerdo con que yo viva aquí y comparta la cocina.


Él enarcó las cejas. —¿Diane? No es mi esposa —declaró enfáticamente. —No estaba segura… —contestó con turbación, tratando de no parecer entrometida—. Sólo que no quiero causar problemas. Es decir, fue muy amable de su parte ofrecerme este lugar, pero… —No causará problemas. Además, Diane no está aquí. Se fue hace un par de meses, porque no soporta este lugar. Le fastidia el calor, los problemas, todo. Los ojos de él se clavaron en Jacqueline. Esta siguió comiendo, sin decir nada. —Usted parece considerarse muy resistente. Pero se necesita mucha fortaleza para sobrevivir en un país como éste. No es un lugar de veraneo, se lo aseguro. —¡No vine aquí de veraneo, sino a trabajar! —Además de los problemas de la vida diaria, tendrá que enfrentarse a un trabajo bastante difícil, así que no se sienta tan segura. Dudo mucho que usted, o cualquiera otra niñita recién salida de la escuela, pueda realizarlo. Furiosa, Jacqueline le miró con la expresión más dura de la que fue capaz. Sin duda alguna, la consideraba una rubia tonta y su baja estatura no ayudaba mucho a Nº Páginas 14-98


https://www.facebook.com/novelasgratis pensar que pudiera tener gran habilidad para nada. Nunca como en esos momentos deseó ser una morena alta, para mirar de frente a este tipo arrogante y machista. —Su confianza en mí es abrumadora —dijo ella burlonamente, sin bajar los ojos, sosteniendo con fiereza la mirada de él. Durante un largo rato permanecieron así, en una silenciosa contienda de miradas. Entonces él sonrió y ella notó cómo eso suavizaba las duras líneas de su rostro. Por una fracción de segundo le pareció que estaba viendo a un hombre diferente. —Desde luego —dijo él con voz lenta—, hay siempre la posibilidad de que esté equivocado. —Sí, es muy posible —contestó ella, sonriéndole también. Volvió a la oficina con él para conocer a los demás miembros del personal. Ya había conocido a Paciencia, la secretaria-recepcionista. Samson, el botones, estaba en el pasillo cuando ellos encontraron en el edificio. Era un joven exageradamente delgado, que llevaba pantalones muy ajustados y una camisa sencilla. Asumió un cierto aire de importancia, que hizo sonreír a Jacqueline, cuando le estrechó la mano, pero su propia sonrisa tímida desmentía su aparente arrogancia. Matt la hizo entrar en una oficina y la presentó al señor Asanti, el


administrador. Era un hombre de cierta edad, la versión africana del viejo y alegre profesor de los cuentos infantiles. —Ofori y Lawani no están aquí —le dijo Matt, al salir de la oficina del señor Asanti—. Son asistentes a cargo de la realización de los proyectos y vienen a la ciudad sólo una o dos veces al mes. Llamó a la puerta de otra oficina y empujó. —Jacqueline, le presento a Steven Sowah, mi mano derecha en cuestiones agrícolas. Steven, ésta es una sorpresa que nos tenía reservada la oficina matriz. Te presento a Jacqueline Donnelly, nuestro nuevo asistente administrativo. El ghanés alto, de anchos hombros, le dirigió una gran sonrisa. —Encantado de conocerla. Espero que podamos ser amigos aun después de que haya visto mis cuentas de gastos. —Sus informes y cuentas son la pesadilla del contable —gimió Matt—. Sabe todo lo que hay que saber sobre cabras y chivos, pero no logra obtener un mismo resultado, cuando suma una columna dos veces. Steven sonrió a Jacqueline. —No le simpatizo, pero como soy indispensable, tiene que aguantarme. —Eso he oído —contestó Jacqueline, sonriendo. Chistopher Jenkins le había hablado muy bien de Steven—. Su reputación es ya muy conocida en la


compañía. Matt elevó los ojos al cielo con fingida desesperación. —No se lo diga, por favor, Jacqueline… que ya así es bastante insoportable… — la llevó fuera de la habitación. —Steven me parece muy simpático —murmuró ella. Nº Páginas 15-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Es extraordinario, y muy trabajador. —Christopher Jenkins me habló de él. —Bueno, no voy a preguntarle qué le dijo sobre mí —murmuró Matt, con una expresión llena de ironía. —Cuentos de hadas. Nada más que cuentos… —¿De veras? ¿Por qué lo haría? —La verdad habría sido dolorosa y arriesgada. —¿Arriesgada? —se metió las manos en los bolsillos y se apoyó en la pared —. ¿Por qué dice eso? —Si hubiera dicho la verdad, jamás habrían encontrado alguien dispuesto a venir aquí. Ni siquiera una chica tonta, recién salida del colegio como yo.


—Es una pena, una verdadera pena que haya creído en los cuentos de hadas. Matt tenía una cita fuera de la oficina y se ausentó casi toda la tarde, Jacqueline habló con Paciencia y con Samson. En su nuevo puesto, el trabajo de ellos estaría a su cargo y tendría que coordinar sus actividades. Su despacho era una pequeña habitación, donde los empleados tenían sus escritorios. Los muros estaban pintados de verde claro, las descoloridas cortinas de algodón eran de tela estampada, con un diseño africano en azul y marrón. En general, el cuarto tenía un aspecto deslucido. Al mirar por la ventana, vio los hibiscos de tono escarlata y los franchipaneros de flores blancas y amarillas que había afuera. Sus brillantes colores la animaron un poco y acercó su escritorio a la ventana. Samson le trajo un ventilador de pie y una silla. Jacqueline comprendió que tendría que hacer algo para alegrar aquella habitación y evitar que el ambiente la siguiera deprimiendo más de lo que estaba. En un rincón había dos cajas grandes, llenas de papeles. Al examinarlos más de cerca se dio cuenta de que era material técnico sobre agricultura. Había mucho trabajo por hacer en la oficina, sin duda alguna. Obviamente, Paciencia no tenía idea de la organización y tardaría bastante en ordenar todo. Pero estaba decidida, más que nunca, a hacer todo lo posible por demostrar su capacidad. Una idea la inquietó. ¿Era el trabajo el verdadero desafío? ¿O lo era Matt? Esa noche cenaron juntos y Jacqueline se dio cuenta de que Matt parecía divertido cuando ella se sirvió un buen plato de sopa de almendra de palmera,


arroz y plátanos fritos. —Tenga cuidado —le advirtió—. Esa sopa pica. Kwesi usa el pimentón con excesiva generosidad. —Gracias, señor Simmons, lo tendré… —No hay necesidad de tanta formalidad aquí. Puede llamarme Matt. Nº Páginas 16-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Lo intentaré, si usted insiste. —Insisto, Jackie. — ¡Jacqueline! Ese es mi nombre. Sus amigos podían llamarla Jackie, pero no este arrogante desconocido. La garganta le ardió un poco, pero era una sensación familiar. Pretendió no ver a Matt observándole mientras comía. De jovencita había disfrutado la comida ghanesa y mientras vivió allí, probó de todo, desde calamares hasta caracoles. Matt la miró a través de la mesa, cuando terminó y ella le sonrió desafiante. —Estuvo muy sabroso. Me gustó. —Tal vez lo lamente mañana —dijo frunciendo el ceño—. ¿No está exagerando un poco en sus esfuerzos de adaptación? —Tengo un estómago de hierro. No se preocupe por mí.


—Una chica resistente, de pies a cabeza, ¿no? —Creo que sí. Tal vez lo suficiente para Ghana. Podía burlarse de ella lo que quisiera. Pero un día lo lamentaría. A la mañana siguiente despertó al escuchar el cacareo de las gallinas. Al principio no recordó dónde estaba. Le parecía un mundo nuevo. Aun la luz era diferente: intensamente brillante a pesar de que era todavía muy temprano. Sentía el calor y la humedad del ambiente. El ventilador del techo movía el aire en un débil intento de dar frescura a la habitación. Ghana, África. Todo llegó a ella en un recuerdo lleno de excitación. Retiró la sábana y se asomó por la ventana. Una niñita llenaba un cubo del grifo, junto a la casa de los sirvientes. A la sombra de un enorme árbol de mango, una mujer estaba sentada, en cuclillas, moviendo algo en un pequeño horno de carbón. Un bebé desnudo se arrastraba por la tierra roja, jugando con un mango verde. ¿Sería la familia de Kwesi? Era lo más probable. El niño se cayó y se echó a llorar. La madre dejó de mover lo que había en el fuego, colocó al niño en su regazo y empezó a amamantarlo. Jacqueline contempló la escena por un momento y luego se retiró de la ventana. Era maravilloso haber vuelto a África. Se sintió ligera y feliz, lista para iniciar el nuevo día. Se bañó y se puso un ligero vestido de algodón y sandalias de piel. Haría


demasiado calor para llevar el pelo suelto, así que se lo recogió. Encontró a Kwesi en la cocina, preparando el desayuno. —Buenos días, Kwesi. —Buenos días, señorita. —¿Es su familia la que vi afuera? ¿La niña y el bebé son sus hijos? Nº Páginas 17-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí. Tengo otro hijo, pero vive en mi pueblo con mi suegra. —¿De dónde es usted? —De Mankessim, camino a la costa. Después de charlar un rato con él, Jacqueline salió a contemplar la exhuberancia y el colorido del jardín. —Toda una selva, ¿verdad? —preguntó la voz de Matt a sus espaldas. —Sí, hay mucha vegetación. —Es lo único que no falta aquí. Tenemos un jardinero que viene dos veces por semana, para poner un poco de orden, pero hace más de un mes que se fue. Tuvo que volver a su pueblo porque su abuelo estaba enfermo. Y no tengo la menor idea de cuándo volverá.


—Hay muchos plátanos por aquí. Lástima que también tengan aquí plátanos silvestres, como aquél —señaló hacia un árbol que no parecía diferente a los demás— , que no es comestible. —¿Cómo lo sabe? —preguntó él asombrado. —Sé muchas cosas. ¿Acaso no salí de la universidad? —preguntó burlona. Matt se mostró frío y cortés durante el desayuno y tan pronto como terminaron se fueron a la oficina. Todavía no eran las siete de la mañana. —Será mejor que empecemos temprano. Estoy cargado de trabajo y tengo que explicarle en qué consisten sus obligaciones. Cuando estuvo en la oficina de Matt el día anterior, no había prestado mucha atención al lugar. La habitación era tan deslucida como la suya, con suelo de baldosas y cortinas descoloridas. La forma en que gemía y rechinaba el aparato de aire acondicionado revelaba que pronto requeriría reparación. Él se mostró muy profesional e impersonal, mientras hablaba con ella de su trabajo. Le mostró informes y gráficos, explicándole el funcionamiento de la oficina. —Usted estará a cargo del personal auxiliar, Paciencia y Samson, como le dije ayer. Preparará las nóminas, revisará la contabilidad y los informes


financieros. Tendrá que inventar algún sistema de control. —Sí, ya veo. Jacqueline miró hacia el cúmulo de papeles que había sobre el escritorio de él y Matt frunció el ceño, mirándola con aire defensivo. —No tengo tiempo. Además, detesto la administración. Tendrá que hacer algo sobre el archivo, también. —Paciencia me dijo que ella se encargaba del archivo. Le enseñaré cómo hacerlo correctamente. —Ella sabe dónde está todo, aunque parezca extraño. Puede encontrarle cualquier papel. Desde luego, nadie más lo sabe. Nº Páginas 18-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué me dice de los coches? Me han dicho que es un verdadero esfuerzo mantenerlos rodando. —Sí, y no sabe cuánto me alegra pasarle ese dolor de cabeza, también. Hay escasez de repuestos, nunca los arreglan bien y se estropean en los lugares más inconvenientes.


Tenían que atender mil cosas. Desde operaciones bancarias hasta crianza de cabras o reparación de automóviles. A la hora de comer, Jacqueline estaba muerta de cansancio. Ya en la casa, Kwesi les había preparado emparedados de pescado y ensalada de fruta. Sentada a la mesa frente a Matt, Jacqueline se sentía demasiado cansada hasta para comer. El aire caliente la envolvía como el vapor en un baño turco y sentía cómo el sudor le caía por la espalda. —Estaré ocupado esta tarde —dijo Matt, mirándola fijamente—. Tengo una cita con ANDI, perdón, con la Agencia Norteamericana de Desarrollo Internacional. ¿Por qué no se queda en casa a dormir un poco? Creo que aun no se ha repuesto del cansancio del vuelo. —Me parece una idea maravillosa. Creo que eso haré —ya cuando él estaba en la puerta murmuró—: ¿Matt? —¿Sí? —preguntó él, volviéndose hacia ella. —¿Quién dijo usted que era ANDI? —su rostro era inocente, pero él notó el sarcasmo en su voz. La miró fijamente con expresión inescrutable. —Creo que me oyó perfectamente, niñita. En la mañana del jueves, Matt le entregó un montón de papeles.


—Bueno, vamos a ver qué puede hacer con esto. —¿Qué es? —preguntó Jacqueline, mirándolos. —Es la documentación del equipo para el proyecto del cultivo de arroz. Está en el aeropuerto, listo para recogerse. —Bien, lo recogeré. —No es tan fácil como parece. Será mejor que se vaya ahora mismo y con un poco de suerte volverá antes de comer. Los trámites burocráticos son indescriptibles y si pretenden cobrarle impuestos de importación, no ceda un ápice. Este material es libre de impuestos, digan lo que digan. Si es necesario, organíceles un escándalo, pero no pague un céntimo. ¿Cree que podrá? Jacqueline se dio cuenta de lo que él estaba pensando. Esos hombres de la aduana la verían como una rubia tonta y tratarían de tomarle el pelo. Bueno, ésta era su oportunidad de demostrar a Matt que eso no era fácil. —No veo por qué no… Nº Páginas 19-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —El dinero hace maravillas en un lugar como éste. Pero bajo ningún concepto vamos a pagar soborno. ¿Está claro? —¡No se preocupe por mis valores morales! Fueron analizados con todo cuidado en Nueva York.


—Bien —declaró él llanamente. El sacar el equipo del edificio de carga del aeropuerto resultó una buena forma de probar su paciencia y su actitud fría y profesional. Fue enviada de un despacho a otro, de un edificio a otro, y de regreso al primero, llenando impresos. Uno de los empleados dormía sobre su máquina de escribir. Jacqueline hubiera querido hacer lo mismo que él. Aquel calor abrumador le quitaba a uno toda la energía que poseía. Habían pasado más de dos horas antes de que, al fin, pudiera presentarse en la sección de aduanas. El funcionario aduanal sonrió y le ayudó a abrir las cajas de cartón. —¿Equipo industrial? —Agrícola, realmente. El hombre examinó los papeles. —Para un proyecto de cultivo de arroz —dijo, después de leerlos—. Está bien —selló los papeles y le entregó las cajas. Jacqueline volvió a la oficina contenta por su victoria y preguntándose cuál sería la reacción de Matt. Llamó y entró en su despacho, poniendo las cajas sobre la mesa. —Todo está aquí.


Matt miró a Jacqueline y a las cajas una y otra vez. —¡Las sacó!—exclamó sorprendido. —Por supuesto… —la reacción de Matt convenció a Jacqueline de que la había enviado a hacer aquello para someterle a prueba. —¿No le dieron problemas? —Nada que yo no pudiera resolver. ¿Hay algo más? Él estaba examinando el contenido de las cajas. Levantó la mirada y movió la cabeza de un lado a otro. —No. Ya es ahora de comer. ¿Está lista? Después de comer, Jacqueline salió a hacer unas compras. La ciudad no había cambiado mucho y no tuvo problemas en orientarse y llegar a la zona comercial. Las calles estaban llenas de gente y de coches ruidosos. Los taxistas gritaban obscenidades a los peatones, y los vendedores se sentaban en la calle, con sus mercancías en el suelo: jarabes para la tos, ropa interior y medicinas nativas. En los almacenes Kingsway se encontró de pronto con el señor y la señora Turner, que andaban de compras con su nuera. Después de hacer los saludos y presentaciones, se dirigieron a la cafetería a tomar una bebida fría. Lisa era una Nº Páginas 20-98


https://www.facebook.com/novelasgratis muchacha bonita, de pelo negro, corto y brillante, y grandes ojos. La invitaron a cenar con ellos el sábado siguiente y aceptó encantada. Tenía ganas de conocer mejor a Lisa y de empezar a hacer amistades en aquel lugar. El viernes se cambió a su casita, que todavía olía a cera y a pintura. Kwesi y tres amigos suyos habían pasado los dos últimos días arreglándola y un carpintero había ido a poner nuevas mamparas. El sábado por la mañana hizo algunas compras en el mercado al aire libre que había en el centro de la ciudad. Cuando estaba en la escuela, había pasado horas en él, buscando cuentas o tela para hacerse vestidos. El sol caía con fuerza sobre su cabeza y podía sentir su cuerpo bañado en sudor. No corría el menor soplo de aire en el mercado atestado de gente. Las mujeres, con cargas pesadas sobre la cabeza, se abrían paso a través de los callejones. Jacqueline miró a su alrededor con fascinación, curioseándolo todo. Las carnes se exhibían de forma poco apetitosa. Predominaban las patitas de cerdo, el pescado y los camarones secos. El olor era intenso y penetrante. Jacqueline recorría los puestos buscando telas para cortinas. Sentadas en pequeños bancos, las vendedoras la observaban con interés, mientras amamantaban a sus críos. Puso a prueba su dialecto twi, y pronto se vio rodeada de más mujeres y niños, que bromeaban y reían con ella, mientras


elegía las telas. Con un cortejo de niñitas que cargaban sus compras, consiguió un taxi y volvió a la casa, Kwesi salió a ayudarla y Matt permaneció en el umbral, mirándola con un gesto de disgusto. —Espero que no esté usted cometiendo un error —comentó. —¿Un error? ¿Cuál? Indicó con impaciencia los cacharros, las cestas y la tela. —Parece que se estuviera instalando ya. Yo me ahorraría ese dinero, si fuera usted. Tal vez no reúna las condiciones, ¿sabe? Jacqueline sintió que se le hundía el corazón y se mordió el labio. Cada vez que tenía un motivo de alegría, él encontraba la manera de arruinárselo. —Mi intención, por si no se ha dado cuenta, es quedarme. —Eso he notado. Por eso lo aclaro. Yo no he decidido que usted se quede. Tómelo en cuenta antes de hacer nuevas compras. Se dio la vuelta y entró, dejando a Jacqueline en la terraza, furiosa. Se alegró al pensar que esa noche se iría a cenar con los Turner. Pidió a Kwesi que le llevara la comida a su cuarto, diciéndole que estaba muy cansada. Ya en su dormitorio, se dio un baño, comió y se acostó, con intenciones de


leer, pero durmió la mayor parte de la tarde. Nº Páginas 21-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella no tenía idea de dónde vivían los Turner, así que se acordó que el esposo de Lisa pasaría a buscaría a las siete y media. Jacqueline se puso un vestido largo de algodón estampado en tonos azules y verdes; se hizo un cuidadoso peinado alto. Se estaba poniendo los zapatos de tacón alto cuando llamaron a la puerta interior. Era Matt, vestido con pantalones vaqueros y camiseta. La miró irónicamente. —Hay un tal señor John Turner esperándola en la sala. ¿Quieres que le haga pasar aquí? —No, gracias. Ya estoy lista —se propuso advertir a la gente que llamara a su propia puerta independiente. Matt se apoyó contra el marco de la puerta, con las manos los bolsillos. La miró de arriba abajo, con admiración. —¡Está guapísima! —comentó. Ella cogió el bolso y fue a salir. —Por favor —dijo, al ver que él no se movía—, ¿me permite pasar?


Se hizo aun lado. —Para ser una niñita, no tardó mucho en iniciar las conquistas. Sintió una gran furia interior al escucharle y apretó los dientes. ¿Por qué no la dejaba en paz? Pasó frente a él y alzó la mirada. —Esa es la ventaja de ser una rubia tonta. No tiene una un momento de aburrimiento. Él echó la cabeza hacia atrás y lanzó una carcajada. John Turner era un hombre muy apuesto y elegante. Con razón, Matt había considerado que era una gran conquistadora. ¡Aquel hombre valía la pena de conquistarse! Jacqueline sonrió al pensarlo. No era su tipo… demasiado apuesto y cuidadoso para su gusto. Prefería un hombre normal y corriente. Salieron y John le abrió la puerta del coche; dio la vuelta y se instaló ante el volante. —Mis padres me contaron todo lo que sabían de usted —le dijo sonriendo—. Resulta agradable tener con quién charlar en ese vuelo. Es la muerte, ¿verdad? —Divertido no es —reconoció ella. —Nosotros vivimos en Labone del Norte. ¿Conoce esa zona? Jacqueline asintió con la cabeza. —Sí, yo vivía en Cantonements con mis padres, a la orilla del Labone del


Norte. La casa de los Turner era amplia y bonita. Para alivio de Jacqueline tenía un magnífico sistema de aire acondicionado. La frescura resultaba agradable después del húmedo calor de afuera. Nº Páginas 22-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Los padres de John, al igual que Lisa, la recibieron con cariño. La condujeron a una silla y le pusieron en la mano un vaso helado de gin tonic. La señora Turner y su esposo empezaron a hablarle con entusiasmo de sus experiencias de los últimos días. Sus palabras se atropellaban y hacían extrañas combinaciones con sus frases entremezcladas. Lisa empezó a reír y John movió la cabeza de un lado a otro. —Creo que se han estado divirtiendo —dijo—. ¿Qué nos dice de usted? Sí, aquélla era una buena pregunta. No, ella no se estaba divirtiendo. No, no estaba muy entusiasmada con su nuevo jefe. Pero no podía decirles eso. Así que sonrió. —Me alegra mucho haber vuelto a Ghana —dijo, lo cual era verdad—. Hubo una cierta confusión respecto a mi llegada, pero ahora ya estoy instalada y me he lanzado de lleno a mi trabajo.


—No se mate trabajando —le aconsejó John—. En este clima hay que tomar las cosas con calma. Un poco más tarde, el criado anunció que la cena estaba servida y todos pasaron al comedor y se sentaron. Había soufflé de queso, pollo en salsa de vino y tarta de manzana como postre. —Todo parece delicioso —le dijo Jacqueline a Lisa—. Debes haber hecho un viaje a Lome recientemente. Recordaba las excursiones de compras que hacía su madre a Togo, al otro lado de la frontera, donde se podía comprar todo lo imaginable, importado de Francia. Lisa se echó a reír. —¿Cómo lo adivinaste? Voy de compras una vez al mes, más o menos. Vale la pena todas las molestias. ¿Te gustaría venir conmigo alguna vez? —Me gustaría hacerlo, pero por ahora, no puedo. Estoy empezando a trabajar y no creo que a mi jefe le guste que me tome un día libre para ir al supermercado. —Sí, se me olvidaba que trabajas. Bueno, dime si necesitas algo y te lo traeré con mucho gusto. Jacqueline pasó una velada encantadora, sintiéndose tranquila y feliz.


Más tarde, John la llevó a su casa. Cuando llegaron, Alí, el guarda, abrió la puerta de entrada. —Gracias por venir a traerme, John. Pasé una velada encantadora. —Siempre serás bienvenida. Procura venir cualquier día antes de que oscurezca, para que puedas admirar a nuestra preciosa hija calva. Se dieron las buenas noches y John se alejó en el automóvil. Jacqueline se dispuso a entrar en la casa, pero la puerta de su casita fue abierta de pronto y la larga silueta de Matt apareció en el umbral. Un acceso de rabia la invadió de pronto. ¡Esa casa era de ella! ¿Qué estaba haciendo allí? Nº Páginas 23-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 Matt no dijo nada cuando pasó frente a ella. Se quedó de pie, observándola, esperando a que ella iniciara la conversación. Jacqueline le miró enfurecida. —¿Me puede decir qué está haciendo en mi apartamento? Él se metió las manos en los bolsillos de los pantalones y la miró con tranquilidad. —¡Oh!, sólo mirando. —¡Sólo mirando! ¿Qué le da derecho a espiar en mi casa? —¿Espiar? ¿Quién dice que estaba espiando?


—¡Yo lo digo! —entró rápidamente en la salita y Matt la siguió, cerrando la puerta tras él. Ciertos ruidos procedentes del baño la asombraron y se quedó inmóvil, en medio de la habitación. A través de la puerta cerrada, Jacqueline podía escuchar la voz ahogada de un comentarista deportivo. Miró a Matt, llena de confusión. —¿Qué es eso? —Una transmisión radiofónica del encuentro de boxeo. Jacqueline señaló con la mano hacia el baño. —¿Quién está ahí? —Kwesi. —¿Me quiere decir qué pasa aquí? —No me ha dado oportunidad de hacerlo. Exasperada, Jacqueline se dirigió hacia el cuarto de baño, abrió la puerta y la voz del comentarista pareció estallar en sus oídos. Agua. Había agua por todas partes. Y en el centro de ella se encontraba Kwesi, descalzo y con los pantalones enrollados, secando el agua con un paño y un cubo. Había un transistor sobre el lavabo. Jacqueline cerró la puerta y volvió a la sala. Matt estaba sentado en una silla, observándola con expresión irónica. —Considerando las circunstancias, ¿me perdona por invadir su sagrado


santuario? Jacqueline asintió con la cabeza y se hundió en una silla. —¿Qué sucedió? —preguntó en un murmullo. —Se reventó una cañería. Alí se dio cuenta cuando recorría la casa. La ventana del baño estaba abierta y oyó el chorro del agua. Sabía que usted no estaba en casa, así que fue a avisarme. Puede adivinar el resto. —Supongo que el cuarto de baño estará inservible por una temporada. Nº Páginas 24-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Depende de lo que tarden en arreglarlo. Le daré el nombre del fontanero el lunes. Estoy seguro de que podrá resolver con facilidad esta emergencia. —Muchas gracias —contestó secamente. —Todo es parte de ese precioso puesto que ocupa —dijo él, sonriendo. —Me doy cuenta de ello. —Bueno, como creo que no me necesitan más aquí, me marcho —se levantó y fue hacia la puerta que comunicaba con la casa—. ¡Oh, por cierto! —se volvió hacia ella—. Cuando hable con el fontanero, dígale que vaya a arreglar ese grifo que gotea en la oficina. Y será mejor que averigüe qué han hecho con el teléfono y el acondicionador de aire. Le daré los detalles el lunes —salió cerrando la


puerta tras él. Sintiéndose muy cansada, Jacqueline se quitó los zapatos y trató de tranquilizarse. Kwesi entró en la sala en ese momento, llevando el paño, el cubo y el transistor. Estaba empapado y sudoroso, pero tan sonriente como siempre. —Terminé. ¡Había agua! ¡Mucha, mucha! —Gracias, Kwesi. Siento haber interrumpido su descanso. Él se encogió de hombros. —Estaba oyendo el boxeo y traje la radio, para oírlo aquí. —Me alegro de que no se lo haya perdido. ¿Quién ganó? —D. K. Poison, mi favorito. —Bien por usted —contestó Jacqueline sonriendo—. Kwesi, ¿no sabe de alguna modista cercana? Compré tela en el mercado para hacer cortinas. El hombre sonrió lleno de orgullo. —Mi esposa tiene máquina de coser. Hace vestidos y todo. Puede hacerle cortinas. Yo se lo digo. —¡Maravilloso! Mañana mismo hablaré con ella. —Ella va a la iglesia por la mañana. Pero después viene. —Muy bien, gracias Kwesi.


—¡Oh!, quiero decirle. El señor Simmons… cierra el agua. Usted usa el otro baño. —Gracias, Kwesi, así lo haré. Buenas noches. —Hasta mañana, seño. Jacqueline se acostó muy deprimida. A la mañana siguiente se sentía mejor. Se levantó temprano y pasó buena parte del día tomando medidas, cortando las cortinas e hilvanándolas. Se acercó a la casa de Kwesi con la tela en la mano. En la pequeña terraza encontró a Evelyn, la esposa de Kwesi, machacando en un mortero unas bolas de ñame. Otra mujer, sentada en Nº Páginas 25-98 https://www.facebook.com/novelasgratis cuclillas, movía las bolas de fufú que había en el mortero, con movimientos rápidos y expertos. Las dos mujeres vestían trajes de vivos colores, que las cubrían desde el pecho hasta los tobillos. Al ver a Jacqueline, dejaron su trabajo y la miraron tímidamente. —Me gustaría saber si podría coserme estas cortinas —preguntó Jacqueline. Evelyn asintió con la cabeza. —Kwesi me dice. Yo lo puedo hacer —tomó la tela de las manos de Jacqueline—. Bonita tela. ¿La compró en el mercado? —Sí, la compré ayer. ¿Cuándo cree que estarán?


—Mañana, sí, mañana. Se pusieron de acuerdo en el precio y Jacqueline volvió a su apartamento. Las cortinas fueron entregadas de acuerdo con la promesa de Evelyn y la casita tomó un nuevo aspecto. Empezaba a parecer un hogar. Hubo nuevos motivos de satisfacción para ella en las siguientes semanas. Logró que cambiaran la cañería; el teléfono fue reparado y los acondicionadores del aire fueron reinstalados en sólo diez días. Ni siquiera Jacqueline había esperado tanta eficiencia. Pero la logró a base de simple persistencia. —¿Cómo logró que hicieran todo tan rápido? —le preguntó Matt, observándola fijamente cierto día. —No se preocupe. No soborné a nadie. —¿Qué hizo entonces? ¿Sedujo a los operarios? Si él quería ser vulgar, ella también podía serlo. Le miró con aparente inocencia, abriendo mucho los ojos. —¿Hay otra manera de hacerlo? Durante el mes siguiente, Jacqueline trabajó incansablemente organizando su trabajo, estableciendo un sistema en los archivos y entrenando a Paciencia.


Pero ordenar todo el papeleo rezagado, que llenaba cajas y cajas de cartón, tenía que ser hecho por ella misma. Fue un trabajo arduo y detestable. Una noche perdió la noción del tiempo. Trabajó como una autómata, porque era la única manera de hacerlo. De pronto, en el silencio de la oficina solitaria, oyó que se abría la puerta del frente y apareció Matt en la puerta. Estaba limpio y fresco, con el pelo húmedo, como si acabara de salir de la ducha. En cambio ella estaba sucia, sudorosa y llena de polvo. Matt la miró con asombro. —Me preguntaba dónde diablos estaría. ¿No cree que está exagerando un poco? Son más de las siete. Nº Páginas 26-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —No tiene que pagarme horas extras, así que no se preocupe. —Bueno, ¿por qué no deja de trabajar y vuelve a casa? Comeremos algo. —No he terminado todavía. Puede decir a Kwesi que no me espere. Me prepararé algo cuando llegue. —Es el día de descanso de Kwesi. Jacqueline se encogió de hombros. —¡Oh!, se me olvidaba.


—¡No necesita trabajar tanto! —explotó él, indignado—. Debe descansar. Lo primero que debe aprender es que no puede trabajar tanto en este clima como en casa. ¡No lo resistirá! ¿Por qué no la dejaba en paz? No necesitaba su constante interferencia. —Yo cuidaré de mí misma. Gracias. ¡Sé muy bien lo que hago! —¡Está bien… haga lo que quiera! Hubo unos momentos de silencio, cargado de tensión. Ella no desvió la mirada, sino que sostuvo la de él. Sin decir nada más, Matt salió de la oficina cerrando violentamente la puerta. Todo quedó muy silencioso cuando él se marchó. Jacqueline descubrió que con la interrupción había perdido el poder de concentración y no pudo reanudar el trabajo. Se sentía sucia, acalorada y hambrienta. Trató de volver a su pila de papeles, pero se dio por vencida. Se dirigió directamente al baño de la casa, para bañarse de pies a cabeza. Se visto de nuevo y fue a la cocina a buscar algo de comer. Al cruzar la sala, se dio cuenta de que no había nadie. En el frigorífico había comida preparada, que no esperaba encontrar: parte de una tortilla, un aguacate rebanado y ensalada de frutas.


Era obvio que Matt había preparado la cena y la había estado esperando. Como no llegaba, fue a buscarla a la oficina. Se sintió invadida de remordimientos. Se sentó a comer la tortilla fría, la ensalada y el aguacate. Las hormigas habían encontrado unas migas de pan que había dejado Matt sobre la mesa y se apiñaban en torno a ellas. Sintiéndose extrañamente solitaria y triste, miró a su alrededor y se preguntó cuándo dejarían de irritarse mutuamente y si iban a hacer eso alguna vez. Unos días después, Jacqueline decidió ir a Lome. Uno de los coches se había estropeado y llevaba dos semanas en el taller, esperando las piezas de recambio. Jacqueline sabía que no quedaba otro remedio que ir a Togo, a comprar los repuestos en Lome. Cuando discutió el asunto con Matt, éste pareció indeciso y frunció el ceño ante la sugerencia. —Creo que será mejor que vaya yo mismo. Hay que hacer una endemoniada cantidad de trámites y perdería mucho tiempo explicándoselos. Nº Páginas 27-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Entonces, no lo haga. ¡Yo los averiguaré sola! ¡Es mi trabajo y lo haré! —¡Oh, por Dios santo, no riñamos! ¿Está segura de que puede intentarlo? —Absolutamente segura. —Muy bien, entonces. ¿Qué tal es su francés? —Pasable.


—Bien. Necesitará un visado para entrar en Togo. Lome está cruzando la frontera, por cierto. Necesitará un permiso para volver a Ghana y una licencia internacional de automovilista. —Espere un momento —Jacqueline cogió su libreta de notas y un lápiz—. Está bien, ¿qué me dice del automóvil que lleve yo? ¿Necesito seguro adicional? —Sí, pero necesita el permiso de la Comisión de Control de Divisas, en el Banco de Ghana, para poder conseguirlo. Hablaron otros treinta minutos sobre todos los detalles de la operación y Matt le dibujó un plano de Lome, la capital de Togo, indicándole las calles principales. Estaba claro para Jacqueline que Matt no tenía confianza en su capacidad para llevar a cabo esa tarea. ¿Nunca se le había ocurrido que tal vez no era tan inexperta como él suponía? Bueno, algún día se daría cuenta. Llamó por teléfono a Lisa en cuanto llegó a su propia oficina. —Tengo que ir a Lome, por cuestiones de la oficina, la semana próxima. ¿No te gustaría venir conmigo para comprar comestibles? —¡Oh, sí, me parece sensacional! Dejaré a la nena con Gladys. ¿Vas a volver el mismo día?


—Sí. Voy por repuestos para uno de nuestros coches, pero quiero comprar otras cosas. Me muero por un pedazo de queso. —Y manzanas. —Hongos. —Vino. —¡Jamón! Lisa se echó a reír. —¡Oh, ya se me abrió el apetito! Conozco un pequeño restaurante francés al que podemos ir a comer. Hacen una espléndida sopa de cebolla. —Magnífico. Tú tendrás que llevar la batuta. Mi madre solía ir algunas veces, pero no sé si me acordaré del sitio. Pasó la mayor parte de la semana arreglando el papeleo. Se sentía como un botones, corriendo del banco a la compañía de seguros, a la oficina de licencias para conducir, a la Embajada de Togo, al Ministerio del Interior. Se sentaba a esperar y le decían que volviera más tarde. Finalmente, todo estuvo en orden y se encontró lista para partir. Nº Páginas 28-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Salió de la casa a las cinco y media de la madrugada y recogió a Lisa en el


camino. No había mucho tráfico a esa hora del día y disfrutaron al cruzar la tranquila campiña. Lisa había llevado un termo con café y unas galletas que aseguraba eran tan nutritivas, que no se necesitaba comer más para sobrevivir. —¿De qué están hechas? —preguntó Jacqueline, mirándolas con desconfianza. —De pasta de cacahuete, coco, leche en polvo, semillas de agusi, semillas de ajonjolí y levadura de cerveza. —¿Dónde conseguiste la levadura de cerveza? —Me la enviaron de los Estados Unidos. —¡Estás loca, Lisa Turner! —exclamó Jacqueline, echándose a reír. Un tro-tro, el autobús de pasajeros ghanés pasó junto a ellas a gran velocidad, crujiendo y balanceándose. —¡Loco! —dijo Lisa en voz alta. Jacqueline estaba entusiasmada con la idea de ir de compras y hablar francés. Lo conocía bastante bien, pues había vivido en Suiza dos años. En realidad, la idea de ir al supermercado del otro lado de la frontera era una auténtica locura, en vista de todos los trámites que tenían que hacerse, pero para muchos expatriados era importante tener los alimentos a los que estaban acostumbrados. Adaptarse a otra forma de vida no era fácil; para algunos, resultaba imposible. Para Diane, por ejemplo. Se fue porque no soporta este lugar. Le fastidian el calor, los problemas, todo. Pero si uno amaba realmente a un hombre, pensó Jacqueline, ¿qué importaba


que no pudiera tener todos los lujos y comodidades de su propio país? El amor, la compañía, la ternura, eran suficiente compensación. Pero, desde luego, ella no sabía nada sobre la relación entre Matt y Diane. —Te veo terriblemente seria. ¿Te pasa algo? —la voz de Lisa interrumpió sus pensamientos. —No, sólo estaba pensando. Dime, Lisa. ¿Conociste a… la prometida de Matt? —¿A Diane? Sí, la conocí. Todos la conocían. Era una modelo, ¿sabes? Muy alta, toda brazos, piernas y marañas de pelo rojo. Muy impresionante. Volvió a los Estados Unidos hace poco, ¿no? —Sí. No le gustaba este país. Matt parece pensar que no es lugar para una mujer. Le molesta que yo esté aquí. Quería un hombre para desempeñar mi puesto. —Ya veo. Bonito problema tienes entre manos. Jacqueline deseaba con desesperación confiar en alguien. Necesitaba una amiga y Lisa era muy agradable. —Lisa, yo… Nº Páginas 29-98 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Él está amargado porque no pudo conservar a Diane a su lado y se está desquitando contigo simplemente porque eres mujer. Si Diane no puede enfrentarse a los problemas y tensiones de este país, ¿por qué tú si puedes? —Algo así sospecho. —Es una tontería, por supuesto, pensar que no puedas realizar el trabajo. Aquí abundan las mujeres que trabajan, en las embajadas, en la ONU, en la ANDI. Se las arreglan muy bien y no veo por qué no puedes hacerlo tú. —Lo sé, pero él no parece opinar lo mismo. Estamos siempre atacándonos… Me humilla todo el tiempo. Trata de intimidarme. ¿Cómo puedo trabajar con un tipo así? Se mordió el labio, temerosa de haber dicho demasiado. —Lo siento, Lisa —dijo después de un momento—. No debí haber dicho nada. No debo hablar así de mi jefe. Olvida lo que te dije. —Claro, lo entiendo. Necesitabas desahogarte. A todos nos sucede, a veces — sonrió a Jacqueline—. No te preocupes. Soy silenciosa como una tumba. Había llanos que se extendían entre un pueblo y otro y la vegetación era escasa y seca. De vez en cuando se veían pequeñas hortalizas y cañaverales de


aspecto bastante triste. El panorama era desnudo y desolador. Ya cerca de la frontera empezó a verse más verde. Aparecieron varios cocoteros y vieron el mar, que brillaba en la distancia. Llegaron a Aflao poco después de las ocho. Aquel pueblo fronterizo estaba lleno de actividad y parecía un mercado. Había mucho contrabando y por todas partes se veían puestos con artículos que eran difícil encontrar en el resto del país. —Mira eso —dijo Lisa, señalando hacia un quiosco pintado de alegres colores. EMPRESAS ARISTOTELES, leyó Jacqueline, y se echó a reír. —Por eso amo este país, ¿Cómo puede no gustarle a alguien este lugar? Está lleno de buen humor y de sorpresas. Jacqueline se quedó en el coche, mientras Lisa entró en el edificio de la aduana con los pasaportes y el resto de los documentos. Más allá de la alambrada, se veía el océano Atlántico. Suspiró. Hacía calor dentro del coche y deseaba que Lisa volviera cuanto antes. Las moscas habían entrado y la estaban molestando. Dos jovencitas con bandejas en la cabeza se acercaron al coche y la miraron. ¿Quería comprar zanahorias?


¿Plátanos? ¿Piña? No, no quería. Quería un matamoscas. ¿No podían venderle uno? —No tenemos matamoscas —contestó una de las chicas, las dos se echaron a reír y siguieron andando. Cuando Lisa volvió, cruzaron la frontera y se presentaron en la aduana de Togo. Después fueron al banco y Jacqueline dejó en la agencia de automóviles la lista de los recambios que necesitaba, para pasar a recogerlos más tarde. Lisa le mostró el nuevo supermercado, enorme, con un amplio estacionamiento. Jacqueline lo miró sorprendida. Nº Páginas 30-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me siento como en casa. ¡Casi no lo puedo creer! Las dos muchachas disfrutaron recorriendo las repisas llenas de comestibles importados. —Nunca pensé que llegaría a disfrutar haciendo compras —dijo Lisa—, pero cada vez que vengo aquí es como si fuera Navidad. Al mediodía el coche estaba lleno de latas, queso, verduras y carne. —Tendremos que comprar hielo antes de ir a comer —dijo Lisa—, o la carne y el queso se estropearán antes de llegar a casa. Era más de la una cuando por fin salieron del supermercado, seguidas por un


chico que iba cargado con el hielo. El coche era un horno. Rápidamente acomodaron en su interior el resto de sus compras y colocaron el hielo en la nevera de plástico que habían comprado. Encontraron el restaurante en una calle lateral y pidieron sopa de cebolla, filete y una botella de agua. Lisa empezó a comer con visible apetito, hasta que de pronto se detuvo y miró fijamente su plato. —¿Qué sucede? —preguntó Jacqueline. —Mira esto —Lisa puso un poco de sopa en su cuchara y la extendió hacia Jacqueline para que la viera. —Una cucaracha. ¡Bon appetit! —Creo que no me voy a terminar esto —llamó a un camarero—. Ya verás cómo intenta cobrarme la sopa, después de todo —le dijo cuando el camarero retiró su plato. El resto de la comida pasó sin más incidentes y ambas disfrutaron de ella. —Mi madre se desmayaría sólo de pensar en esto —dijo Lisa, echándose a reír—. Estas cosas constituyen maravillosas historias de horror para contar cuando regresa uno a casa. El camarero, efectivamente, les cobró la sopa y tuvo que volver con la


propietaria, para que cambiaran la cuenta. —Pobres —dijo Jacqueline—. Apuesto a que la dueña es una tirana con ellos. Fuera hacía tanto calor que tuvieron que cubrir los asientos del coche. En la agencia tuvieron que esperar veinte minutos para que les prepararan la cuenta y eran más de las tres cuando por fin llegaron a la frontera. Jacqueline miró con inquietud las cajas y bolsas que había en el coche y gimió: —Espero que no tengamos problemas en la aduana con tanta cosa. —Muéstrate tranquila y agradable. Diles que tienes muchos niños que alimentar. Si se ponen difíciles, échate a llorar… eso siempre funciona. Tuvieron suerte y pasaron sin problemas. Aun los guardias fronterizos colocados a lo largo del camino de regreso a Accra, las dejaron pasar con un movimiento de la mano, sin revisarlas. Nº Páginas 31-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Acababa de oscurecer cuando Jacqueline llegó finalmente a su propia casa, después de haber dejado a Lisa en la suya. Matt abrió la puerta en cuanto ella llegó. —Me alegro de que haya vuelto —dijo—. Los caminos aquí no se hicieron para conducir de noche. ¿Tuvo algún problema?


—No, ninguno. Todo salió a la perfección. ¿Está Kwesi aquí? Traigo algunas cosas en el coche que debo bajar. Vio el rostro de Matt, cuando se asomó a ver qué traía, y se echó a reír ante su expresión de asombro e incredulidad. Rápidamente, él levantó la primera caja que venía en el asiento posterior, para llevarla al interior de la casa. —Kwesi no se sentía bien —dijo a Jacqueline por encima del hombro—. Tenía dolor de cabeza y lo mandé a la cama. Ella le siguió a la cocina con otra caja, que puso sobre la mesa. Matt sacó una botella de una de las cajas y la miró con asombro. —¡Cielos! ¡Cacahuetes en una botella de whisky! Jacqueline se echó a reír. —La compré en el Grand Marché. —Vaya —comentó él, observando las compras—, parece que no le costó mucho trabajo orientarse. —Lome no es una gran ciudad, pero tiene supermercados bien surtidos. —Sí, lo sé. Pero no la envié a eso. Quería repuestos de automóvil y espero que los haya conseguido.


—Traigo los repuestos —dijo, cerrando con fuerza los puños. Se dio la vuelta y se dirigió al coche para traerlos. Colocó las cajas sobre la mesa, sacó la lista, la factura y el recibo—. Si quiere revisarlos de una vez, saldremos de esto y no perderá el sueño por la preocupación. Hubo un momento de silencio. Cuando ella se volvió hacia Matt, descubrió que éste la estaba mirando, con una expresión misteriosa. —Siento haberlo dicho —dijo por fin—. Lo dejaremos para mañana. Está usted rendida. Siéntese y yo sacaré del coche lo que falta y le prepararé algo de comer. —Si me siento ahora, no podré levantarme. Creo que me daré un baño. Me siento tan sucia, que no puedo soportarme yo misma. Cuando volvió a la cocina, Matt estaba batiendo huevos. —¡Qué cantidad de comida compró! Será mejor que la ponga fuera de mi alcance o yo contribuiré a que se le termine pronto. Jacqueline le miró fijamente. —Lo traje para los dos. Compartimos la cocina, ¿no? Él sonrió. Nº Páginas 32-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Esperaba que dijera eso. Hágame saber cuánto le debo de lo que me


corresponde. Preparó una tortilla con el jamón y el queso. Abrieron una botella de vino y comieron manzanas de postre. Para ellos era un festín de millonarios. Pero los dos vasos de vino que se tomó hicieron que a Jacqueline le diera vueltas la cabeza. El efecto era fuerte en esa ocasión porque estaba agotada a causa del viaje. —Un vaso más y estaré borracha —dijo—. Será mejor que me vaya a la cama. Matt se puso de pie y extendió la mano para ayudarla a levantarse. —Lo único capaz de vencerla es el alcohol, ¿eh? Vio que él se reía y, por alguna razón que no pudo definir, se sintió avergonzada. —Es mi única debilidad. Matt la atrajo hacia sí y la miró a los ojos. —Tal vez deberíamos beber, en lugar de reñir —dijo en voz baja—. Estás muy guapa esta noche. El rostro de él se hallaba muy cerca del suyo y sus ojos estaban fijos en ella. Lentamente, él se inclinó y sus labios tocaron los de ella en una tibia y tierna caricia. Sus brazos la rodearon y la oprimieron con suavidad. Ella permaneció inmóvil,


mientras un calor desconocido llenaba todo su ser. Entonces, como impulsada por una fuerza desconocida, Jacqueline se acercó más y puso los brazos alrededor del cuello de Matt. La presión de los labios de él se hizo más firme y ella respondió al beso, titubeante al principio, después con menos vacilación. La cabeza le daba vueltas y sintió una gran confusión. Esto es una locura, pensó. ¿Qué me está sucediendo? ¿Por qué hace él esto? Nunca había reaccionado de esa forma al beso de un hombre. Retiró el rostro y lo hundió en el pecho de él. Abrumada por las emociones que sentía, se dio cuenta de que sus piernas temblaban de debilidad. Por un largo rato permanecieron así, de pie, en silencio, con los brazos de él rodeándola firmemente. Después él la soltó y la miró, sonriendo. Ella bajó los ojos pero Matt tomó su rostro en las manos y la obligó a mirarle. —Hacemos eso muy bien, ¿verdad? —dijo con suavidad—. Tal vez debíamos probarlo con más frecuencia. Es mucho mejor que reñir, sin lugar a dudas. Ella no supo qué decir y se quedó mirándole embobada. —¿Algo malo? —preguntó él. Reuniendo el resto de sentido común que le quedaba, Jacqueline sonrió. —No, nada. Es el vino… Me trastorna mucho. Una expresión divertida apareció en el rostro de Matt.


—Sí, comprendo lo que quieres decir —soltó el rostro de ella—. Buenas noches, Jacqueline. —Buenas noches, Matt. Nº Páginas 33-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Entró en su apartamento, sintiéndose trastornada. ¿Había sucedido, realmente? ¿Era Matt quien la había besado? ¿Era el mismo hombre que se enfadaba con ella en la oficina, que la humillaba, que la enfurecía a cada paso? Pero sólo la había besado, reflexionó llena de confusión. Nada más. Era un beso normal y corriente. Nada por lo que debiera excitarse. Pero no había sido normal y corriente. ¿Por qué? No lo sabía, ni hubiera podido explicarlo. Sus propias reacciones le habían dicho que había más. «Tomaste demasiado vino», se dijo a sí misma. «Déjate de fantasías. Acuéstate, para que se te aclare la cabeza. Matt estaba de buen humor esta noche; disfrútalo mientras dure». No duró mucho tiempo. A la mañana siguiente Matt entró como una tromba en


su oficina, sin disimular su furia. Arrojó unos papeles en el escritorio y la miró irritado. —¡Vaya… esto explica muchas cosas! Nº Páginas 34-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 Jacqueline necesitó sólo una breve mirada para darse cuenta de que sus antecedentes y certificados profesionales, por largo tiempo perdidos, habían llegado por fin. Debía estar incluida en los papeles, también, la evaluación de la entrevista que Christopher Jenkins le hiciera en Nueva York. Los documentos habían tardado más de dos meses en llegar. Miró a Matt y se enfrentó con tranquilidad a su mirada furibunda. —¿Qué es lo que explica? —Tu milagrosa adaptación, la forma increíble en que aceptaste las inclemencias del clima, tu sensibilidad para captar la nueva cultura. Tres años en Ghana, dos en Turquía, dos en Suiza. Tu francés, me imagino, es bastante más que pasable. Su voz era dura y cortante y Jacqueline se estremeció al oírla, pero no dijo nada por un momento.


—No era yo la niñita salida de la escuela, después de todo, ¿verdad? — murmuró por fin. —¿Por qué diablos no me lo dijiste? —No me lo preguntaste. Según recordarás, tú lo dijiste todo. —Pensándolo bien, supongo que debí haber adivinado, pero no lo hice. Debo haberte parecido un tonto. Espero que estés satisfecha. Salió furioso de la habitación, cerrando con violencia la puerta. Debió haber sido un momento de triunfo para Jacqueline, pero se sentía extrañamente derrotada. El choque constante entre ellos empezaba a surtir efecto. Podía hacer frente al trabajo, pero no estaba segura de poder resistir la tensión que había siempre entre ellos. Toda la mañana trabajó con frenética intensidad, intentando no pensar en ello. A mediodía, Matt volvió a la oficina de Jacqueline, frío y profesional. —Me olvidaba decirte que tenemos un invitado a comer. Es un tipo de ANDI. Nos ha sido de gran utilidad. ¿Estarás lista en unos diez minutos? —Casi he terminado. —Avísame cuando estés lista para que nos vayamos. Su invitado les estaba esperando ya cuando llegaron a su casa. —Jacqueline, te presento a David Gordon, de la ANDI. Jacqueline Donnelly,


mi asistente administrativo. Jacqueline miró a aquel hombre alto y rubio, con incredulidad. Su mente retrocedió precipitadamente en el tiempo. Volvió a ver a David como era entonces: un voluntario flaco, de aspecto hambriento, que trabajaba para los Cuerpos de Paz, y que disfrutaba visiblemente de las comidas de su madre cada vez que iba a Accra, Nº Páginas 35-98 https://www.facebook.com/novelasgratis desde el pueblo en que trabajaba. Ahora parecía mucho mayor, más hombre. Todavía tenía los mismos intensos ojos azules, que la miraron con sorpresa y alegría. —¡Jackie! —la abrazó cariñosamente—. ¿Qué haces aquí, bonita? —Estoy trabajando con Matt. ¡Oh, que alegría verte! —¿Dónde están tus padres? ¿Aquí? —No, en los Estados Unidos. Estoy sola. Ya soy mayor, como verás. —Sí, ya lo veo —dijo él, sonriendo. Jacqueline se dio cuenta de que Matt les estaba observando y la expresión que vio en sus ojos hizo que se sonrojara. ¿Se estaba riendo de ella? David se volvió hacia Matt, en un intento de hacerle participar en la


conversación. —Cuando era un voluntario, solía quedarme con la familia de Jackie, cada vez que venía a la ciudad. La comida de su madre me salvó de morir de hambre. Tenía un espantoso trabajo en la región del Volta y siempre que podía, venía a Accra buscando alimento y apoyo moral. —Me imagino que los necesitabas —contestó Matt. Kwesi trajo la comida y se sentaron a la mesa. Después de la llegada de los reveladores documentos, Jacqueline se alegraba de no tener que estar a solas con Matt durante la comida. Ella habló poco mientras comían, dejando a los dos hombres que discutieran los negocios. Estaba contenta de volver a ver a David. Era una chiquilla de diecisiete años cuando David solía ir a su casa. Permanecía sentada, escuchándole muy atenta, mientras hablaba con su padre de producción de maíz, de pesca o de política. Estaba un poco enamorada de él, porque le parecía muy romántico su traje de voluntario. Le emocionaban sus relatos, a veces patéticos, sobre la gente con la que trabajaba en aquel pueblo sucio y pobre. Algunas veces la había llevado a pequeños clubs nocturnos, donde bebían y charlaban. Pero él nunca se aprovechó de los sentimientos que había logrado inspirar en ella y Jacqueline se preguntó varias veces si David se habría dado


cuenta de que estaba un poco enamorada de él. Había sido un sentimiento pasajero y al volver a Estados Unidos, prácticamente se había olvidado de él. Cómo había pasado el tiempo. Seis años. Él parecía infinitamente más atractivo ahora que entonces. Pero seguía vistiendo casi de la misma forma descuidada de aquella época. Llevaba puesta una exótica túnica africana, con una camisa sin corte definido, encima de ella. —¿Quieres más paw-paw? —preguntó Matt empujando un plato hacia ella. Jacqueline levantó los ojos y sus miradas se encontraron a través de la mesa —. Estás soñando despierta, ¿verdad? —murmuró sonriente—. Me gustaría saber en qué. Jacqueline sintió que sus mejillas se encendían y su turbación debió haber sido visible, porque él le sonrió con malicia. Entonces retiró la silla y se puso de pie. Nº Páginas 36-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Veré cómo va el café —dijo Matt y desapareció en la cocina. David se inclinó a través de la mesa y sonrió. —Siento ciertas malas vibraciones entre vosotros dos. Jacqueline miró hacia su plato, sin contestar. —Está bien, Jackie. Pero hay algo que sí me gustaría saber.


—Pregunta —sonrió ella. —¿Sigues estando libre, sin compromisos? ¿Quieres salir conmigo mañana por la noche? La llevó al Palm Court, un hermoso restaurante chino, que estaba junto a la playa. Jacqueline nunca había probado mejor comida que aquélla. Le parecía extraño estar sentada allí, en el corazón de África, rodeada por la lujosa decoración china, comiendo exóticos platos orientales. Sonrió a David, sintiéndose satisfecha y feliz. Él se había puesto elegante para la ocasión, con una chaqueta azul y una camisa blanca. Matt usaba con frecuencia cazadoras. Tenía varias, en tonos mucho más tenues y serios. —No has cambiado nada —dijo David, mirándola con ojos sonrientes. Te veo igual que antes. Jacqueline gimió. —Sí, como una chica de dieciocho años, que está estudiando todavía. —¿Qué tiene de malo ser una chica sexy de dieciocho años? —Por una parte, nadie quería contratarme para el tipo de trabajo serio y responsable que quería hacer. —No te fue mal. Estás en una compañía de mucho prestigio. —¿Sabes cuánto tiempo tardé en conseguir este empleo? Me rechazaron una


docena de veces. Mi preparación no importaba nada. Me veían y me descartaban porque pensaban que era una rubia tonta. —Debe ser una carga tremenda ser rubia y hermosa. —¡Oh, no, David! ¿Lo ves? No me estás tomando en serio. Ese es mi problema. Ni siquiera Matt… —Ni siquiera Matt… ¿qué? —No hagas caso. Olvídalo. —Siento haberte molestado. Cuéntame sobre tus padres. ¿Qué están haciendo? Ese era terreno más seguro, pensó Jacqueline, sirviéndose más té. Nº Páginas 37-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Están ahora en casa. Compraron una casa en Maine y vivirán en ella un par de años, mientras mi padre escribe un libro sobre desarrollo. Supongo que volverán al extranjero de nuevo, cuando él termine. —¿Qué te hizo decidir volver a Ghana? —Oh, siempre tuve ganas de volver y trabajar. Me gustó el país y su gente. Me encanta este ambiente acogedor. Ahora, háblame de ti.


David habló durante un largo rato y Jacqueline descubrió que había cambiado. Ya no tenía el idealismo, ni las románticas ilusiones de antes. Parecía un poco decepcionado de todo. Ahora era simplemente un hombre que cumplía con su trabajo, sin pretender cambiar el mundo. En cierto momento, le sonrió a través de la mesa. —Bueno, basta ya de hablar de cosas serias —dijo él y la cogió de la mano —. Ven, vamos a pasear por la playa. Se quitaron los zapatos y anduvieron descalzos sobre la arena. La falda larga de Jacqueline se enredaba en sus tobillos. Se sintió maravillosamente bien, sin preocupaciones. «Siempre estoy en guardia», se dijo a sí misma. «Ese es el problema. Estoy constantemente preocupada por lo que pueda hacer o sentir Matt». Decidió no pensar en él en esos momentos. No se escuchaba otra cosa que no fuera el sonido de las olas rugiendo en la distancia, rodando hasta la playa y rompiéndose con suavidad a sus pies. La espuma blanca brillaba extrañamente a la luz de la luna. —Impresionante, ¿no? —comentó David, como si hubiera leído sus pensamientos. Pasearon cogidos de la mano un rato, disfrutando de la


serenidad que les rodeaba. De pronto, David dejó caer los zapatos en la arena y se colocó frente a ella. Jacqueline se quedó inmóvil, levantado la mirada hacia él y le vio sonreír. —Soy un romántico incurable —dijo. La rodeó con sus brazos y la besó. Ella correspondió a su beso con suavidad. Era una noche romántica. David era un hombre agradable y a ella le gustaba la sensación que producían los brazos de él en tomo suyo. —Huumm, estuvo bien, ¿verdad? —preguntó él y la soltó—. Vamos a nadar desnudos —propuso de pronto, y ella se echó a reír al verle tan entusiasmado. —¡Eso no, lo siento! Soy demasiado vergonzosa para una cosa así. —¿De veras? —De veras. —Bueno, ya sabía que no aceptarías. Siempre has sido una cínica un tanto… conservadora, ¿no? —le apretó la mano y sonrió. Era más de medianoche cuando la dejó en su casa. —Gracias, David. Pasé una noche maravillosa. Nº Páginas 38-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Yo también —se inclinó hacia ella y la besó con suavidad—. La


repetiremos muy pronto. ¡Y no olvides traer tu traje de baño! Se quedó un buen rato acostada, pensando en David y en su paseo por la playa. ¿Qué había dicho él después de besarla? «Estuvo bien». Sí, había estado bien, pero eso no era suficiente. Faltaba algo. No había fuego. Se dio la vuelta y se cubrió con la sábana hasta el cuello. ¿Estaba esperando algo inexistente, algo que sólo se encontraba en las novelas románticas? Pero existía. Ella lo sabía. Lo había sentido, ¿o no? Y no hacía mucho tiempo. La noche en que volvió de Togo, cuando Matt le había dado un beso de buenas noches, lo había sentido: el fuego, la pasión. Pero ella había tomado demasiado vino y el freso no había significado nada. Después de todo, Matt no era su hombre favorito. Los hombres que había conocido eran buenos, cordiales, interesantes, corteses. Pero ninguno de ellos había removido sus sentimientos más profundos. Porque esperas demasiado, se dijo a sí misma. ¿Qué más podía desear que un hombre bueno, cortés y decente? ¿No era suficiente eso? No, no es suficiente, pensó con desesperación. Quería enamorarse, enamorarse locamente. Deseaba un hombre capaz de enloquecerla, de hacerla sentirse embriagada de felicidad, cuyo solo contacto la


estremeciera, cuya sonrisa hiciera latir como un loco a su corazón. Suspiró y miró hacia el techo. Los hombres así no existían. El amor no era así en la vida real, no era esa emoción arrolladora con la que soñaban las jovencitas. Es tiempo ya de que crezcas, se dijo a sí misma. Y con un extraño sentimiento de tristeza, se quedó dormida. La falta de compañía masculina no era uno de los problemas de Jacqueline. Una muchacha soltera, en una población como Accra, recibía frecuentes invitaciones de chicos ansiosos de llevarla a cenar y a bailar. Pero ella prefería pasar la mayor parte de su tiempo libre con David, iban a nadar, a bailar o a un cine al aire libre. Aunque disfrutaba de la compañía de David, Jacqueline se daba cuenta de lo mucho que había cambiado él. Pocas veces mencionaba su trabajo. El entusiasmo que había sido una característica tan peculiar de él, había desaparecido. Cuando alguien le hacía hablar de su trabajo o del desarrollo en general, se mostraba escéptico y pesimista. A ella le dolía oírle hablar así y procuraba evitar el tema. No estaba de acuerdo con él, pero tampoco quería enfrascarse en discusiones innecesarias. Una noche tuvo una desagradable experiencia, ya que le costó mucho mantener a distancia a un joven libanés. Cuando finalmente volvió a su casa, iba resoplando de furia. Entró en la cocina para tomar un poco de agua fría, cuando tropezó con Matt, que tuvo que cogerla en los brazos para evitar que


cayera. —Vaya, vaya… parece que vienes muy agitada. ¿Estás enfadada? —¡Estoy furibunda! —¿Qué he hecho esta vez? Nº Páginas 39-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Nada… esta vez. Estoy furiosa con este Kahlil quién-sabe-cuántos. Fue a verte a la oficina la semana pasada. —Oh, sí, ya recuerdo al tipo… —Matt enarcó las cejas y después sonrió—. ¿No pudiste controlar ese apasionado temperamento árabe? —Yo no sé nada de eso. Lo único que sé es que tiene ideas muy extrañas respecto a las mujeres occidentales. —Así que no hiciste las cosas muy fáciles para él, ¿no? La miró de arriba abajo y Jacqueline se sintió molesta. —¿Qué quieres decir con eso? ¿Me lo podrías explicar? —Mira cómo vas vestida. Ella bajó la mirada a su ajustado vestido en tonos de lavanda y azul, que le llegaba hasta el suelo. Era un vestido que le sentaba bien. —¿Qué tiene de malo mi vestido? —preguntó desconcertada.


—No dejas mucho a la imaginación, ¿verdad? —¡Estoy adecuadamente cubierta, de los hombros a los talones! —contestó furiosa. —Eso no importa —murmuró él, con expresión burlona. —¿Qué se supone que debo hacer? ¿Ponerme una tienda de campaña y pretender que peso cien kilos? —Oh, vamos, vamos. No te enfades ahora conmigo. Yo sé cuánto te gusta pelear, pero creo que una riña por día es suficiente. Aunque seguía furiosa, hizo un gran esfuerzo por controlarse y sonrió. —Tienes mucha razón —dijo con voz calmada—. Buenas noches, Matt. Salió de la cocina, sin mirarle. Unos días después, cierta tarde, Matt entró de forma inesperada en el despacho de Jacqueline. —Será mejor que nos vayamos, si queremos llegar a la fiesta a las seis — dijo. Jacqueline había estado tan absorta en su trabajo que no le había oído entrar y le miró sorprendida. —¿Fiesta? ¿Qué fiesta? —La fiesta en la casa de los Jurgenson.


Ella no sabía de lo que se trataba, ni tenía ganas de ir. —No sé nada de eso. Nadie me ha invitado. —Bueno, no importa. Vendrás, de todas maneras. Vámonos ya. Nº Páginas 40-98 https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Ahora también iba a querer manejar su tiempo libre? ¿No era suficiente que trabajara todo el día con él, que viviera en su casa y comiera siempre con él? ¿Ahora también tenía que acompañarle a las reuniones sociales? —No voy —dijo con toda la calma de que fue capaz. Matt puso las dos manos en el escritorio y se inclinó hacia ella. —¿Así que no vas? ¿Puedo preguntar por qué? —Ya te lo dije. No recibí ninguna invitación. —No estoy de humor para juegos de niñas. Vendrás a la fiesta conmigo porque es un asunto de negocios. —¿Y qué harás si no cumplo con tus deseos? ¿Me despedirás? Él se irguió y se metió las manos en los bolsillos. La miró con expresión amenazante. —No tengo esa intención —dijo con lentitud. —¿No? ¡Vaya, y yo que pensaba que estabas ansioso de librarte de mí! —No tengo por costumbre despedir empleados que hacen bien su trabajo —


ella se dio cuenta de que no era un cumplido. —¿Ni porque sea mujer? —Jacqueline no pudo resistir la tentación de preguntarle. —No dejas que me olvide de eso, ¿verdad? —murmuró él, apretando los dientes—. Bueno, déjame decirte esto, niña. ¡Es cerebro, competencia y energía lo que a mí me interesa! El sexo no me importa. Por mí, podrías ser un dinosaurio, mientras realices bien el trabajo. Su repentina furia le hizo sentir ganas de reír, pero se abstuvo de hacerlo. Sus ojos se encontraron y ella sostuvo la mirada de él; pero ninguno de los dos dijo nada. Matt se dio la vuelta y fue hacia la puerta. —Me voy a casa ahora —exclamó por encima del hombro—. Espero que estés lista a las seis menos diez. Pero ella no estaba lista. Se encontraba de pie en sostén y bragas, frente al espejo del cuarto de baño, dándose maquillaje, cuando oyó que Matt llamaba a la puerta que comunicaba su casita con la de él. Decidió hacerle esperar, así que no hizo caso. No le faltaba más que ponerse el vestido, los pendientes y los zapatos. Un momento después la puerta entreabierta del baño se abrió completamente. Percibió un leve aroma de loción masculina para después de afeitarse. Su mirada


asustada se dirigió hacia Matt, vestido con pantalones beige y una cazadora marrón, muy bien ajustada. Estaba de pie en el umbral, recorriéndola con la mirada. —Vaya, vaya… ¡Tenías que ser mujer para no estar lista a tiempo! —¿Ya te diste cuenta de eso? No era fácil permanecer tranquila bajo su mirada escrutadora. Podía decirle que se fuera, desde luego, pero él se echaría a reír y no estaba dispuesta a darle esa Nº Páginas 41-98 https://www.facebook.com/novelasgratis satisfacción. Jacqueline empezó a ponerse los pendientes, sin hacer caso de su presencia. «Si quiere avergonzarme, tendrá que ser más original», pensó disgustada. Sus manos temblaban y no podía encontrar la perforación del oído para introducir el pendiente. Este se cayó en el lavabo y Jacqueline se dio cuenta de que Matt permanecía en el mismo lugar, riéndose de ella. Se mordió el labio y volvió a intentar colocarse el pendiente. —¿Te estoy poniendo nerviosa? —¡No! Él se echó a reír ante la obvia mentira de su furiosa contestación. Matt cruzó los brazos sobre el pecho y se apoyó contra el marco de la puerta.


—Sí fueras una niñita virtuosa, me dirías que me fuera. No estás vestida para recibir visitas. —Estoy segura de que has visto mujeres vestidas con menos ropa todavía, pero si te escandaliza, por favor, retírate y espera en la sala. —En realidad, estoy disfrutando del espectáculo —cambió de posición, pero no se retiró. El lóbulo se le empezó a poner rojo y Jacqueline comprendió que no iba a poder meterse el maldito pendiente, mientras sus manos temblaran. —Permíteme ayudarte —colocó la mano en el hombro de Jacqueline e instantáneamente ella giró, evitando su contacto. —¡Vete! —Todavía no. Estás demasiado incitante, vestida así… casi sin nada —la cogió por los hombros—. Tiemblas —dijo con suavidad, mientras sus ojos parecían estar riendo—. No te preocupes… no pienso asesinarte. La atrajo hacia él y ella hubiera querido pegarle, pero permaneció inmóvil en sus brazos. El beso que Matt le dio fue intenso y tierno a la vez. Sintió las manos fuertes y tibias de él sobre la piel desnuda de su espalda. Ella pareció derretirse en sus brazos y sus labios se entreabrieron en respuesta al beso.


«No puedo permitir que esto suceda», pensó con pánico repentino. Su mente parecía estar luchando, aunque su cuerpo no lo hacía. «No puedo ceder ante él en cuanto me toca». Las manos de Matt le acariciaron la espalda, se movieron hacia arriba y entrelazaron los dedos en el pelo, haciendo que se desprendieran los rulos. Los labios de él se separaron de los suyos y besaron después sus ojos cerrados y la suavidad de la caricia produjo estremecimientos en el cuerpo de Jacqueline. Su mente se puso en blanco y perdió la noción del tiempo. Las piernas de Jacqueline temblaban cuando Matt la soltó. Él le dirigió una extraña sonrisa. —Funciona, hasta sin vino. ¿Qué te parece? Nº Páginas 42-98 https://www.facebook.com/novelasgratis La cordura volvió a la mente de Jacqueline y con ella una sensación de vergüenza y de rabia. Se retiró de él y se aferró al lavabo con ambas manos. —¡Déjame en paz! ¡Largo de aquí! —Está bien —sonriendo, salió y cerró con cuidado la puerta tras él. Jacqueline se dejó caer en la silla del baño, todavía temblando. ¿Por qué le hacía esto? ¿Se daba él cuenta del efecto que tenía en ella? ¿Lo usaba para vengarse, para demostrarle quién era el jefe? Se levantó y, con dedos temblorosos se cepilló el pelo y se arregló. Consiguió


ponerse los pendientes y fue al dormitorio a vestirse. La amplia falda de su vestido nuevo la hacía más alta y los tonos marrón y dorado de la tela estampada le sentaban muy bien. Aparentemente Matt estaba satisfecho. Lanzó un silbido de aprobación cuando ella entró en el salón, pero Jacqueline no le hizo caso y pasó frente a él en silencio. Ninguno de los dos dijo una palabra durante el corto recorrido a la casa de los Jurgenson. La fiesta era al aire libre, en un jardín iluminado por bombillas eléctricas. Bajo las palmeras y los árboles de mango, la gente charlaba en pequeños grupos. Matt la fue presentando a los diferentes grupos y Jacqueline hizo un esfuerzo por tratar de recordar los nombres de todos los hombres de negocios y funcionarios del gobierno, tanto ghaneses como norteamericanos. Después, Matt se puso a conversar con alguien y ella empezó a circular sola. Mientras andaba de un grupo a otro, Jacqueline charló con varias personas muy interesantes. De vez en cuando veía a Matt, con una mano en un bolsillo de los pantalones y una bebida en la otra. Hablaba o escuchaba, pero siempre serio. Era obvio que hablaba de negocios.


Jacqueline hubiera querido no fijarse tanto en él, la forma en que levantaba la cabeza, dónde estaba y con quién hablaba. Sólo una vez, Matt notó que ella le miraba y se volvió. Sus ojos se encontraron y él le sonrió. Ella se dio la vuelta con violencia. Un momento después, Matt se encontraba frente a ella. —¿Todavía enfadada conmigo? Ella le miró fríamente. —No me gustan esas demostraciones de machismo. —Lo estabas pidiendo. —¿Que lo estaba pidiendo? ¡Vaya descaro…! —Tal vez no seas muy alta, pero tu figura no deja nada que desear. Debías saber la impresión que produce en un hombre, cuando se la presentas semidesnuda. —¡Estaba en mi cuarto de baño, y no te invité a entrar! —Pero tampoco me echaste fuera, hasta que te abracé y te besé. No encontró qué contestar a eso y él se echó a reír de su furia impotente. La tomó del brazo. Nº Páginas 43-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ven… te conseguiré otro trago. Tal vez eso te ayudará a calmarte. —¡Suéltame! ¡Yo puedo traer mi propia bebida!


—Por Dios santo, Jacqueline, ¿tienes que hacer tanto escándalo por nada? ¿En dónde está tu sentido del humor? Actúas como si te hubiera violado. Si mal no recuerdo, no opusiste mucha resistencia. Jacqueline se puso colorada. —¡No tenías derecho a… entrar en mi cuarto de baño de esa manera! Durante un largo rato, la miró en silencio, con ojos impenetrables. —Está bien —dijo por fin—, te suplico que me disculpes. Ella le miró asombrada, sin saber qué decir. —Bueno… ¿Puedo traerte esa bebida ahora? —Sí… sí, por favor. Gin tonic. Matt se alejó y ella le siguió con la mirada. Casi no podía creer lo que había oído. Por alguna razón, pensaba que Matt era incapaz de disculparse, que jamás lo haría, por nada. ¿Tienes que hacer tanto escándalo por nada? ¿En dónde está tu sentido del humor? Actúas como si te hubiera violado. Sus palabras se repetían en su mente como un eco y de pronto, Jacqueline se sintió infantil. ¿Había exagerado en su reacción? Pero él se había disculpado, ¿no? Al pensar un poco más en ello, se dio cuenta de que Matt debía ser ese tipo especial de hombre que puede pedir disculpas y resultar de todas maneras el


ganador. Matt volvió con su bebida, la presentó a otras personas y un poco más tarde la dejó de nuevo para hablar con alguien. Moviéndose de un lado a otro, se encontró de pronto frente a frente con David. Él le pasó un brazo por los hombros y sonrió. —¡Hola! No sabía que estabas aquí. —No se suponía que iba a venir obligada a ello por el jefe. —Que no te oiga el embajador… o te deportará. Ella se echó a reír alegremente. Un rato después Matt llegó a buscarla y se marcharon juntos, después de despedirse de sus anfitriones. —Parece que te estabas divirtiendo mucho —observó Matt, mientras maniobraba el coche, para sacarlo del aparcamiento. —Oh, sí. Tuve varias conversaciones muy interesantes. —Ya veo. Guardaron silencio unos minutos y luego se volvió hacia ella. Nº Páginas 44-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Yo sé que te presenté a mucha gente esta noche, pero ¿recuerdas a un señor Minyila? Era un hombre alto, de túnica azul.


Ella asintió, recordando la túnica. Estaba bordada de forma muy elaborada, lo que indicaba que el hombre que la llevaba procedía del norte. —¿El que llegó de la Universidad Estatal de Kansas, con un doctorado en agricultura? —preguntó. —Sí, ése precisamente. —Me dijo que es hijo del jefe de una tribu en el norte. —Sí. Estuvo en mi despacho hace unas semanas. Tú no estabas, así que no le conociste entonces. Está interesado en iniciar un proyecto para el cultivo de frijol de soya en el pueblo de su padre. Creo que vale la pena ir a ver qué puede hacerse. Quiere que vaya a su pueblo, en el norte, y que hable con su padre y con los ancianos de la aldea. Repitió su invitación esta noche y he decidido aceptarla. El tipo me intriga y creo que habla muy en serio. Tengo la impresión de que podemos hacer algo en ese lugar. —Es demasiado lejos para seguir solamente una corazonada. —Sí, pero puedo combinar este viaje con algunos otros negocios que puedo atender de regreso —su mirada se volvió hacia ella—. ¿Te gustaría venir conmigo? Aquella sugerencia la tomó por sorpresa. —¿Quieres que vaya contigo? ¿Por qué? —Bueno. Steven está muy ocupado con el proyecto de las cabras. Creo que


tú me serías de utilidad. Ella permaneció silenciosa. Sonaba interesante. Le permitiría introducirse un poco más en el trabajo principal de la agencia y esa idea le atraía. Pero, ¿qué había realmente tras aquello? ¿Se daba cuenta Matt de las posibilidades que había en ella y quería aprovecharlas? Era cierto que ahora se mostraba muy satisfecho con la forma en que ella realizaba su trabajo. —Me encantaría ir —dijo al fin—, si crees que puedo ser de alguna ayuda. Llegaron a la casa y Alí corrió a abrirles la verja. —No será un viaje fácil. Necesitaremos el coche para movernos en el pueblo, así que no podremos ir en avión a Tamale. Quiero hacerlo a fines del mes. Y quiero llegar en un día. —¿Hasta Tamale en un día? —¿Crees que lo resistirás? —¿Yo? Por supuesto. Estaba pensando en el coche. Él abrió la puerta que conducía a la casita de ella y se echó a reír. —¡Lo dejaremos en manos de Alá! Nº Páginas 45-98 https://www.facebook.com/novelasgratis


Capítulo 5 Iniciaron su viaje a las cinco de la madrugada, después de desayunar. Todavía estaba oscuro afuera y relativamente fresco. En la carretera no había mucho tráfico a esa hora, pero eso no tardaría mucho en cambiar. —¿Has estado antes en el norte? —preguntó Matt. —Sí, con mis padres, un par de veces. Y con una amiga holandesa de la escuela. Sus padres eran médicos misioneros y vivían cerca de Bolgatanga. Hicimos el recorrido parcialmente en tro-tro y el resto, pidiendo ayuda. —Eso es menos peligroso aquí que en los Estados Unidos. —Yo jamás soñaría en pedir ayuda a un desconocido en mi país. —Lo entiendo. En ciertos aspectos, la sociedad africana es mucho más civilizada que el mundo occidental. —Es una de las razones por las que me gusta este país. Matt la miró. —Realmente te gusta este país, ¿verdad? —Sí, especialmente la gente. Es tan alegre. Los europeos siempre se han mostrado despreciativos con los africanos; pero a mí me gusta este pueblo, tan orgulloso de sí mismo.


Al otro lado del camino un ruidoso autobús de pasajeros se acercaba hacia ellos. LA VIDA NO TIENE RECAMBIOS, decía en rebuscadas letras rojas y azules. Jacqueline se echó a reír. —¡Son grandes filósofos, además! Mira ese tro-tro. El sol había salido ya y resplandecía suavemente. El camino a Kumasi se encontraba en malas condiciones y exigía mucha atención del conductor para poder evitar los hoyos y baches, aunque la mayor parte de los vehículos no parecían preocuparse por ello y avanzaban a toda velocidad. Volvieron a guardar silencio y poco más tarde Jacqueline vio una carreta, tirada por un caballo que llevaba encima un viejo taxi. —Muy simbólico —dijo Matt, sonriendo—. El progreso también recibe palizas de vez en cuando. No siempre es el equipo moderno y potente el que gana la partida. —Cuéntame sobre este pueblo al que vamos. No me has dicho mucho sobre él. —No sé mucho yo tampoco. El señor Minyila me dio a entender que todo el pueblo va a intervenir en este proyecto. Me dijo que hace unos años construyeron ellos solos una clínica, con material local y por su propia iniciativa. Y


entonces abrumaron al gobierno hasta lograr que les mandara el personal médico que necesitaban. Ahora tienen un doctor misionero, alemán, y varias enfermeras de los Cuerpos de Paz. Nº Páginas 46-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Suena impresionante. —Sí, y eso fue lo que me hizo pensar que tenemos posibilidades. La gente de esa aldea se ha dado cuenta de que la iniciativa y el trabajo rinden buenos frutos. Y no puedes hacer mucho, si no cuentas con ello. Matt le miró de reojo. —¿Sabes, Jacqueline? No es la plantación del arroz, ni la crianza de cabras y chivos las que nos dan problemas en este tipo de trabajo. Es la gente misma: sus preocupaciones, sus prejuicios, las relaciones entre ellos mismos y con las personas que intervienen en el proyecto. Puedes tener todo el dinero del mundo, los mejores expertos de la tierra, el equipo más moderno y el apoyo del gobierno para realizar algún proyecto de desarrollo. Pero si no cuentas con el apoyo de la gente del pueblo, puedes estar segura de que será un desastre. Con frecuencia tratamos a los africanos como niños, como si nosotros supiéramos lo que es mejor para ellos. Primero fueron


los misioneros, después los colonialistas, ahora los encargados del desarrollo económico. Y no funciona. Matt miró el camino que se extendía hacia adelante. Jacqueline examinó su rostro, sin decir nada. —La actitud occidental ha sido siempre la de: «quiero ayudarte, así que escucha y te diré lo que vas a hacer». Es tonto y pretencioso. Tú no hablarías así con tus amigos. Tú dirías: «quiero ayudarte. Dime qué quieres que haga» —lanzó un suspiro—. Vaya, otra vez con mis cosas… lo siento. Jacqueline nunca le había oído hablar así y se sintió impresionada. —¿Te parezco un maniático? —dijo, mirándola de soslayo. —No… Tienes sentimientos profundos respecto a tu trabajo. Eso creo yo. —¡Muy diplomática! —contestó él, sonriendo. —¿No quieres un poco de agua? —preguntó Jacqueline, cambiando de tema. —Sí, por favor. Habían traído una cantimplora llena de agua con hielo. Al llenar la taza no pudo evitar que le cayera un poco de agua en una pierna. —Lo siento —dijo él—, debí haber reducido la velocidad. —No te preocupes… es agradable. Está haciendo bastante calor. —Será peor más tarde.


Comieron en Kumasi y salieron enseguida, para alcanzar el ferry de Yeji, que cruzaba el Lago Volta. La población de Yeji, a la orilla del lago, hervía de actividad, a pesar de que era el mediodía y hacía un calor sofocante. No tardarían mucho en subir al transbordador. Los coches tenían prioridad sobre los camiones de carga. Matt colocó el coche en la fila y los dos bajaron para estirar las piernas. Jacqueline sentía cómo el sudor se deslizaba por todo su cuerpo, y cómo su vestido se Nº Páginas 47-98 https://www.facebook.com/novelasgratis pegaba a la piel. Se quitó la goma del pelo para volver a recogerlo. Le dolía la cabeza por el calor y el cansancio. Matt sacó un pañuelo, enjugó con él su rostro y lanzó un suspiro. —La vida en los trópicos es tan exótica y emocionante —dijo con voz burlona— . ¡Si la gente lo supiera! Pasearon hasta la orilla del lago y se pusieron a contemplar la forma lenta en que el transbordador se iba acercando. Un grupo de chiquillos les rodeó, riendo y señalándolos con la mano. —Apuesto que nunca habían visto una obruni con el pelo tan rubio como el tuyo —comentó Matt. Guiñó un ojo a los niños y éstos rieron y gritaron alegremente. Jacqueline le había visto jugar con los niños de ese modo, en otras ocasiones. A los niños africanos les hacía mucha gracia que les guiñaran el ojo.


—¿Alguno de ellos te ha guiñado el ojo a ti? —preguntó ella. —Nunca. Me miran, se ríen o gritan. —Piensan que eres un loco que hace cosas raras con los ojos. —Por eso lo hago. —Te gusta dar a la gente una impresión errónea de ti, ¿verdad? —¿Es lo que hago? ¿Te di una falsa impresión? —sonrió—. No soy tan malo como te parecí al principio, ¿no? Machista, maleducado, malhumorado… —No he decidido todavía. —Bueno, tal vez logre convencerte alguna vez. Soy realmente maravilloso, si me dan la oportunidad de probarlo. —Me encantaría ver una demostración —tan pronto como lo dijo, comprendió la interpretación que él podía dar a sus palabras y sintió cómo el rubor subía a sus mejillas. Matt la miró y se echó a reír, aumentando su turbación—. No qui-quise… decir… —tartamudeó. —Ya sé lo que no quisiste decir. Tu lengua a veces se adelanta a tus pensamientos. ¡Muy peligroso! Por suerte, el transbordador había llegado y había que volver al coche. Multitud de pasajeros bajaron llevando bultos, cestas y niños. Los automóviles bajaron después de la gente y poco después entraron el coche, siguiendo las


instrucciones de un hombre, que hacía gestos y gritaba. Fueron seguidos por un tro-tro que tenía el siguiente lema: NO SIEMPRE DULCE. Parecía que el día no iba a terminar nunca. A Jacqueline le dolía todo el cuerpo a causa del calor y el cansancio. La brisa que entraba por las ventanillas estaba cargada de polvo y les proporcionaba muy escasa frescura. Eran más de las seis y ya estaba oscuro cuando finalmente llegaron al hotel Catering Resthouse, en Tamale. Nº Páginas 48-98 https://www.facebook.com/novelasgratis No había nadie en la mesa de recepción. Al cabo de un rato apareció un muchacho de aspecto somnoliento que murmuró algunas disculpas y se puso a hojear el libro, sin poder encontrar sus reservas. Jacqueline miró a Matt. Se le veía muy cansado. Ella también lo estaba, no sentía las piernas y la cabeza le daba vueltas. Sólo deseaba ducharse y acostarse. —¡Oh, aquí está! —dijo el joven finalmente—. Producción Internacional de Alimentos. Bungalow 26. Dos noches. —Tenemos reservas para dos —dijo Matt irritado—. Dos habitaciones, señor.


Una para mí y otra para la señorita aquí presente. El hombre sonrió tímidamente y examinó de nuevo el libro. —Aquí hay sólo una reserva —dijo, mirando a uno y otro—. Pero el bungalow tiene dos camas. —Bueno, necesitamos otra habitación —dijo Matt, exasperado. —Por favor, señor —murmuró el muchacho—. Estamos completamente llenos. Hay una conferencia de la Iglesia en la ciudad. Pero mañana… —¡Necesito una habitación esta noche! —el rostro de Matt estaba tenso por la furia contenida y parecía más agotado que nunca—. Y quiero hablar con el gerente, por favor. —El gerente está de viaje, señor. Jacqueline temía que Matt iba a explotar en cualquier momento, pero él no contestó. Se volvió y la miró resignado. —Está bien. Tendremos que compartir el bungalow. Con la conferencia de la Iglesia, la casa de huéspedes de los misioneros debe estar llena también. El temor se apoderó de ella. El compartir una habitación con Matt, el tenerlo acostado en una cama cercana a la suya… podría traerle problemas. Recordó la


escena en el cuarto de baño y se preguntó si Matt trataría de aprovecharse de la situación si compartían el cuarto. Él frunció el ceño al ver su expresión. —Por Dios, no pongas esa cara, como si te hubiera hecho una proposición indecente. No eres una monja, ¿verdad? Ella se ruborizó, preguntándose si él habría adivinado sus pensamientos. No, no era monja y él no era monje, tampoco. Ese era el problema. —Me gusta tener intimidad —murmuró ella. —La intimidad es un lujo del que tendrás que prescindir esta noche. Lo que necesitamos es una cama y una noche de descanso. Y no creas que voy a dormir encogido toda la noche en el coche, sólo porque eres una mojigata. Hay una cama disponible e intento dormir en ella. Se dio la vuelta y a ella no le quedó más remedio que seguirlo al bungalow. Nº Páginas 49-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Era una casita que tenía una sala pequeña, un dormitorio y un baño. Las sábanas eran viejas, pero estaban limpias y se veían recién lavadas. Había un aparato de aire acondicionado en la habitación pero no se hizo muchas ilusiones al respecto.


Oprimió el botón y la máquina lanzó un gruñido áspero, pero empezó a trabajar lentamente y poco después refrescó el ambiente. —¡Funciona! —exclamó, entusiasmada. —Disfrútalo mientras dura. Es muy probable que deje de funcionar dentro de poco tiempo, si no es que se va la corriente eléctrica a medianoche. —Pero, también es posible que no suceda ninguna de las dos cosas. Una vez que trajeron las maletas del coche, Matt cogió una revista de noticias internacionales y se dejó caer en una de las camas. —Entra tú primero —dijo, señalando el cuarto de baño. Jacqueline reunió sus cosas y entró. El baño tenía un color marrón, tanto por el tiempo, como por el agua lodosa que debía haber en aquel lugar. Había dos cubos grandes llenos de agua, lo que significaba que no había agua corriente. Se desnudó y se lavó echándose agua por encima con un cazo. Necesitaba lavarse la cabeza, pero no había suficiente agua. Así que se limitó a cepillarse el pelo lo mejor que pudo. Se lavó los dientes y se puso un camisón y una bata de ligera tela de algodón. Al abrir la puerta llegó hasta ella el aire frío del dormitorio y la hizo suspirar de alivio. Al menos podrían disfrutar de una noche fresca. Matt se había quedado dormido y tenía la revista sobre la cara. Le parecía raro verle ahí, tumbado, con la cara tapada. Jacqueline sonrió, mientras se quitaba la bata y se metía


en la cama. Se cubrió con las sábanas hasta la barbilla. —¡Matt! ¡Despierta! ¡Ya terminé! Matt gimió y se sentó en la cama. La revista cayó al suelo. —No sé si valdrá la pena bañarse. —¡Claro que sí! Te sentirás mejor y podrás descansar más, si estás limpio y fresco. —Supongo que sí —se puso de pie y la miró —: ¿No quieres algo de cenar? —No. Sólo quiero dormir. De pronto él sonrió. —¿Estás segura? —¡Sí! —Esta tarde me dijiste que querías una demostración de lo maravilloso que soy. Esta es una oportunidad perfecta. —¡Déjame en paz! —Jacqueline se aferró a la sábana, como si ésta pudiera darle algún tipo de protección. Nº Páginas 50-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bueno, será mejor que sigas tapándote bien —dijo él y su sonrisa se hizo todavía más amplia—. Se me podrían ocurrir algunas ideas.


Jacqueline sintió ganas de abofetearlo. —¡No te atreverías! —¿Crees que no? No me tientes, niña. Cogió sus cosas y entró en el cuarto de baño. Jacqueline cerró los ojos, agradecida de aquel temporal respiro. Matt no hablaba en serio, se dijo a sí misma. No trataría de hacer nada, no era ese tipo de hombre. Le gustaba jugar con ella, hacerla sentirse incómoda. Si hubiera querido obligarla a hacer algo inconveniente, había tenido muchas oportunidades en la casa. Se estaba riendo de ella, eso era todo. Pero no se sentía tan segura como hubiera querido y esperó nerviosa a que él saliera del baño. Cuando lo hizo llevaba sólo una toalla alrededor de la cintura y el corazón de Jacqueline empezó a latir como loco al verlo. Alto, fuerte y bronceado, parecía el amante soñado por toda mujer. Le entraron ganas de abrazarle, de tocarle, de poner su mejilla contra su pecho, de acariciarle el pelo… —¿He salido aprobado? —preguntó con una sonrisa maliciosa. —¡Debiste ponerte algo encima! —Nunca uso pijama. ¿Quién lo necesita en un clima como éste? Y no me molesté en traer mi bata. Siento ofender tu pudor, pero no había contado con este tipo de intimidades.


Jacqueline desvió la mirada. Quería evitar a toda costa que él se diera cuenta de su confusión, pero sin duda era un esfuerzo inútil. Él la conocía demasiado bien. El colchón se movió y cuando volvió la mirada encontró que Matt se había sentado en la orilla de la cama y la miraba sonriente. —¿Estás asustada? —¿Asustada? ¿Yo? ¿Por qué? —su voz era débil y temblorosa. —No finjas —le respondió con suavidad. Jacqueline le miró fijamente. De pronto, vio a un hombre diferente. Ya no había burla en su mirada sino una expresión de infinita ternura y de algo más que ella no alcanzó a comprender. Algo que hizo que todo su cuerpo se estremeciera. No podía dejar de mirarle y no tuvo idea de cuánto tiempo pasaron así, mirándose. Con toda gentileza, Matt cogió el rostro de ella entre sus manos. —Eres hermosa —dijo él—, eres hermosa de una forma muy especial. Entonces se inclinó a besarla. Era un beso tibio y suave, muy diferente a lo que esperaba. Su temor y su resistencia se desvanecieron con la calidez de su contacto. Era como si el mundo entero se desbaratara a su alrededor y sólo quedara la realidad de ese momento y la sensación de los labios de él sobre los suyos. Le correspondió a su beso con una urgencia que la sorprendió y la asustó al


mismo tiempo. Nº Páginas 51-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Al sentir su respuesta, Matt la abrazó y la levantó hacia él, oprimiéndola con suavidad. Su beso se hizo más profundo, más apasionado, despertando en ella necesidades y deseos que no podía controlar, ni deseaba hacerlo. Allí estaban otra vez: la chispa, el fuego que la recorría de pies a cabeza. Todos los nervios de su cuerpo se estremecían al contacto de su pecho duro contra ella. ¿Era esto lo que deseaba? ¿Era esto lo que ella había estado esperando? Pero no podía pensar en esos momentos, sólo podía besarle y tocarle. Todo lo demás no importaba. —Jackie —murmuró él—. ¡Oh, Jackie! Entonces, de forma brusca y repentina, Matt la soltó y se fue a la otra cama. —Hasta mañana, Jackie. Buenas noches. Por un momento ella no pudo pronunciar palabra. Cerró los ojos con fuerza y se acurrucó bajo la sábana, temblando. ¿Qué había sucedido? ¿Por qué la había dejado así?


—Matt —murmuró—, Matt. No sabía por qué le había llamado, ni qué hubiera querido decir. —¡Duérmete, Jackie! No se atrevió a decir nada. Estaba confusa y no lograba calmarse. Podía oír la respiración de él. ¿Qué estaba pensando? ¿Qué estaba sintiendo? ¡Si lo supiera! No se había dormido todavía, estaba segura de eso. Había un terrible dolor en su interior, un anhelo desesperado de su contacto, de sus labios, de sus manos… El cansancio la venció y se quedó dormida. Cuando despertó oyó a Matt en el baño, silbando. Salió a la habitación, frotándose la cara con la toalla. —Buenos días, mi bella dama —dijo, arrojando la toalla a la cama—, ¿qué tal dormiste? —Como un tronco. Llevaba puestos los pantalones solamente y Jacqueline miró su ancho pecho desnudo, cubierto de bello oscuro y rizado. Recordó cómo se sentía ese pecho contra su propio cuerpo, la forma en que él la había abrazado. Intentó despejar su mente de pensamientos inquietantes. Sería mejor olvidar lo sucedido. Ella sabía que Matt no iba a recordarle tampoco lo que había pasado la noche anterior. —¿No vas a levantarte? —la bromeó él—. ¿O quieres que te ayude? —No, gracias. Me levantaré y me vestiré en cuanto salgas de aquí. —Muy bien, ya me voy. Estaré afuera, charlando con los pajaritos. Pero date


prisa, que me muero de hambre. Oh, sí. Recoge todo. Aunque volveremos esta noche, no quiero que dejemos nada aquí. Se pusieron en marcha hacia las siete de la mañana. Hablaron poco en el camino, y cuando lo hicieron, fue de forma ligera e impersonal. Jacqueline se tranquilizó. No sabía qué pensar sobre el incidente de la noche anterior. Pero Matt actuaba como si nada hubiera pasado. Su conducta hacia ella era tranquila y cordial, Nº Páginas 52-98 https://www.facebook.com/novelasgratis nada más. Se sentía aliviada, habían desaparecido entre ellos las tensiones anteriores. Pero, por otro lado, no entendía su comportamiento. La inquietaba pensar en Diane. Se había ido hacía ya varios meses y Matt no había vuelto a mencionarla. Pero Jacqueline no estaba segura de que él no la amara. Y Diane podía volver en cualquier momento. ¿Por qué la había abrazado y besado Matt, como si realmente la amara? ¿O era sólo su imaginación la que le hacía pensar así? Era cierto que el más leve contacto físico con él la conmovía, pero eso no significaba que ella estuviera produciendo el mismo efecto en él. «Tengo que dejar de pensar en eso, se dijo molesta. No me lleva a ninguna parte». Se movió en su asiento y miró hacia afuera. El paisaje había cambiado mucho desde que salieron de Accra el día anterior. El exuberante verdor tropical de la región costera había desaparecido y la tierra era ahora amarilla


y seca. Las chozas redondas se apiñaban en pequeños caseríos y parecían mucho más pobres. Poco después salieron de la carretera principal y tomaron un camino estrecho y polvoriento, hasta llegar al pueblo donde el señor Minyila los esperaba. —Me alegra mucho que haya podido venir, señorita Donnelly —dijo el señor Minyila, con un fuerte acento norteamericano. Iba vestido con túnicas de muselina, pero el tiempo que había vivido en Kansas City había dejado obviamente su huella en él. Le siguieron hasta su casa, un edificio de barro de varias habitaciones, donde el hermano menor les sirvió café. «Es realmente un hombre impresionante», pensó Jacqueline al ver al señor Minyila. Era alto, apuesto y su túnica blanca contrastaba magníficamente con su piel negra. Le preguntó si había usado sus túnicas cuando estuvo en Kansas. —Oh, sí, en el verano, cuando hacía calor. Y, desde luego, en las fiestas. ¡Impresionaba mucho a las chicas! «No lo dudo», pensó Jacqueline, todavía asombrada por la extraña mezcla de culturas que se había producido en aquel hombre: tan norteamericano en su forma de hablar y tan africano en su aspecto. Más tarde volvieron a la plaza central, donde todo el pueblo los estaba esperando ya, incluyendo al jefe, los ancianos y el grupo de baile local.


El jefe, una versión más vieja del señor Minyila, era un hombre alto, bien parecido y muy altivo. Se encontraba sentado en un banquillo de piel, sobre una plataforma cubierta con pieles de animales salvajes. Los ancianos, vestidos también con túnicas largas, se sentaban en los escalones de plataforma. Fueron presentados a todos y entonces ellos también se sentaron: Matt en un banco de madera y Jacqueline en el único sillón disponible. El jefe hizo un largo discurso, traducido por el señor Minyila, y mientras hablaban, Jacqueline miró con atención a su alrededor. Estaban sentados a la sombra de la casa del jefe, un conjunto formado por varios edificios de adobe. El pueblo estaba seco y polvoriento, sin zonas verdes, exceptuando unos cuantos raquíticos Nº Páginas 53-98 https://www.facebook.com/novelasgratis árboles. La gente de la aldea se encontraba de pie en un círculo, alrededor de ellos, y notó que los niños la miraban con grandes ojos negros y expresiones muy serias. Era el turno de Matt para hablar y empezó a explicar el propósito de su empresa y la forma en que funcionaba. Nuevamente fue traducido por el señor Minyila. Jacqueline observó a Matt con gran atención. Nunca le había visto hablar ante tanta gente y no pudo menos que sentir una creciente admiración por la forma tranquila en que se desenvolvía. Era un buen orador, que escogía sus palabras con


cuidado y precisión, y sin esfuerzo lograba retener la atención de la gente. Y la de ella misma. Parecía plenamente tranquilo, satisfecho consigo mismo y con la situación. Por encima de barreras lingüísticas y culturales, podía bromear y hacer reír a la gente. El discurso de Matt fue seguido por un entusiasta aplauso. Entonces apareció el grupo de bailarines, acompañado por músicos que llevaban grandes tambores. Los danzantes eran hombres jóvenes vestidos con pantalones cortos y amplias camisas blancas y azules. La música era rápida y frenética y Jacqueline se sintió fascinada por la gracia salvaje de los bailarines que se movían al compás de ella. Esta iba más y más deprisa, hasta que la hizo sentirse mareada sólo de mirar. Una vez que terminaron las formalidades, la gente del pueblo se dispersó, para dedicarse a sus diarias labores de acarrear agua, moler harina y cocinar. Matt y Jacqueline quedaron solos con el jefe y los ancianos, y se dedicaron a hablar de negocios, Jacqueline sacó el cuaderno de notas y un lápiz, lista para apuntar todo lo que se dijera de importancia. —Tenemos mil acres de tierra —dijo el señor Minyila—. Hemos cultivado algodón por muchos años y el suelo está agotado. El algodón ya no se da muy bien y


le he dicho a los ancianos y a la gente que debemos cambiar de cultivo, frijol de soya quizá. —¿Cuál fue su reacción? —preguntó Matt. —Titubeante al principio. No están familiarizados con el frijol de soya. Es un alimento nuevo para ellos. Posteriormente decidieron que podía ser una buena idea. Después de todo, el algodón no puede comerse y no está produciendo suficiente dinero. —Usted dice que el suelo ya está agotado. ¿Qué piensa hacer al respecto? Las preguntas continuaron, una tras otra, y Jacqueline se dedicó a escribir con toda la rapidez de que era capaz. Hacía mucho calor y se enjugó el sudor que le cubría la cara. Su mano estaba húmeda y se pegaba al papel. La discusión terminó y fueron invitados a la casa del jefe a comer. Había arroz con guisado de gallina de Guinea y frijoles con carnero. La comida era muy especiada y a Jacqueline le gustó. Cuando terminaron de comer fueron a los campos a ver la tierra. Pasearon entre las hileras de plantas de algodón, durante un tiempo que a Jacqueline le parecieron horas. Le dolían los pies y estaba empapada en sudor. Nº Páginas 54-98 https://www.facebook.com/novelasgratis


El calor no parecía molestar a Matt tanto como a ella. Tenía la camisa empapada de sudor, pero seguía hablando, haciendo preguntas, andando sin esfuerzo por aquella tierra seca y árida. Mucho tiempo después regresaron, al fin, a la casa del señor Minyila, donde les ofrecieron refrescantes bebidas de naranja. —¿Podemos ver la clínica? —preguntó Jacqueline cuando se recuperaron un poco. —¡Sí, por supuesto! Son más de las cuatro, así que Connie y Carol terminaron ya de trabajar. Kurt no está aquí. Se fue a Ouagadougou por unos cuantos días. Es el doctor, un alemán a quien todos quieren mucho. Es un tipo fantástico. Y las enfermeras… también son maravillosas. Tenemos mucha suerte de tenerlos a los tres. La clínica era un sencillo edificio blanco, a la sombra del único árbol grande y frondoso del pueblo. Las dos enfermeras norteamericanas, Carol y Connie, les saludaron con cordialidad y les mostraron orgullosas la clínica. Formaban una pareja singular: una era alta y delgada; la otra, bajita y regordeta. Parecían ser muy amigas, lo cual resultaba una bendición en su situación, pensó Jacqueline. —¿No se pueden quedar a tomar el té? —preguntó la gordita, Connie, con


visible entusiasmo. —No podemos —dijo Matt—. Tenemos que volver a Tamale y no me gusta conducir de noche en este país. —¡Oh, quédense, por favor! —suplicó Connie—. Nunca recibimos visitantes. —¿Por qué no pasan la noche con nosotros? —sugirió Carol—. Tenemos camas extras. Se encontraba de pie, con aspecto tranquilo, apoyada de espaldas a la pared, con las manos metidas en los bolsillos del uniforme. Era una persona mucho más tranquila que Connie, pero por la forma en que sonreía, Jacqueline se daba cuenta de que tenía tantas ganas de que se quedaran como la otra muchacha. —¡Por favor! —Connie miró a Jacqueline y a Matt—. Tengo una gran lata de melocotones de Ouagadougou. ¡La abriremos para celebrar! Matt sonrió. —¡Oh, claro, melocotones! ¿Cómo resistirse a eso? —¡Yyyuupii! —exclamó Connie. —En realidad, no es mala idea —aceptó Matt—. Tengo varias preguntas que hacer sobre la gente de aquí y ustedes podrían contestármelas. Las muchachas compartían un pequeño bungalow hecho de bloques de cemento gris. Llevaron el equipaje adentro y Jacqueline miró a su alrededor. Grandes


posters de alegres colores cubrían los muros. Había estanterías llenas de libros y una pila de juegos de salón en un rincón: monopolio, damas, ajedrez, etcétera. Había varios banquillos tallados en madera, un puff de cuero y varios cojines. La habitación tenía Nº Páginas 55-98 https://www.facebook.com/novelasgratis un ambiente casero y acogedor, que hizo a Jacqueline sentirse muy a gusto desde el primer momento. —¿En dónde vive el doctor? —preguntó. —En la casa de enfrente. Matt puede quedarse ahí esta noche. A Kurt no le importará. Y Jacqueline puede disponer de la cama extra que hay en mi cuarto —de pronto se ruborizó—, esto es, si el arreglo les parece. Quiero decir… ¿saben? Los dos pueden quedarse en la casita de Kurt si lo prefieren. Carol estaba violenta y Jacqueline se echó a reír. —No, gracias. Estoy segura de que ronca. Matt la miró y sus ojos se empequeñecieron. —¡No ronco! Y bien que lo sabes. Fue el turno de Jacqueline de sentirse avergonzada. Las dos chicas pretendieron estar muy ocupadas. Carol se marchó a la cocina y murmuró algo sobre que tenía que hacer el té. Connie despejó una mesita y empezó a poner tazas y platos.


Jacqueline no sabía qué decir. Matt le sonrió maliciosamente. —Tú lo pediste, así que no te quejes —levantó sus maletas—. Llevaré éstas enfrente —se volvió hacia Connie—. ¿Está abierta la puerta o tienes la llave? —Está abierta. Nunca cerramos nada con llave aquí. Robar a los huéspedes y a los visitantes es tabú. Cuando Matt se marchó, Connie miró a Jacqueline, con los ojos brillantes de risa contenida. —Carol es terriblemente gazmoña. Trata de no serlo, pero le es imposible evitarlo. Tú puedes ir a quedarte ahí, si lo deseas. Nadie dirá nada. —No, de verdad. Matt estaba tratando de hacerme rabiar. Se refería a lo que pasó anoche. Tuvimos que compartir una habitación en el Catering Resthouse, porque se equivocaron en las reservas. Soy su asistente administrativo. Estrictamente relaciones profesionales. Punto. La enfermera se echó a reír con aire travieso. —¡Oh, cielos! Espera a que Carol oiga eso. Se va a disgustar. Un minuto después Carol entró en la habitación, con una bandeja en la mano y al mismo tiempo Matt volvió también. —¿No tienen quién sustituya al doctor cuando se va? —preguntó.


—No. Si hay un caso serio, llevamos al paciente al hospital que hay en Tamale —le explicó Carol. —En nuestra ambulancia —dijo Connie, muy seria. —Oh, sí, ya sé, en esa vieja cafetera que tienen ahí fuera. Nº Páginas 56-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Bebieron el té y comieron un plato de galletas caseras de mantequilla de cacahuete. Matt y ella se sonrieron a través de la mesa. —¿No se sienten muy solas? —preguntó Jacqueline—. No debe haber mucha gente que hable inglés aquí. —Claro que nos sentimos solas —dijo Carol—. Pero nos llevamos muy bien y eso ayuda mucho. Kurt es maravilloso, y Baba viene aquí algunas veces por la noche. —¿Baba? ¿Quién es Baba? —El señor Minyila —explicó Connie, riendo—. Cuenta las historias más increíbles que se puedan imaginar. —Conocemos a algunas personas en Tamale. A unos misioneros holandeses y nos reunimos con ellos algunas veces —añadió Carol—. Y jugamos. A Baba le


encanta el monopolio. Resultó una velada muy interesante. Jacqueline admiraba la forma de vida y la paciencia de las enfermeras. El practicar la medicina como ellas lo hacían, con tan pocos recursos modernos y en un ambiente tan extraño, debía ser una pesadilla. —¿Cómo logran mantenerse cuerdas? —preguntó Jacqueline. Connie hizo un gesto y puso los ojos bizcos. —Yo no he podido hacerlo. ¿No se me nota? Carol sonrió y miró a su amiga. —Está muy contenta porque saldrá de vacaciones. Se va a Accra el mes próximo. —¿Vacaciones? ¡Bah! —protestó Connie indignada—. Voy a recoger provisiones médicas a la bahía y tengo que hablar con varias personas en la oficina de los Cuerpos de Paz. ¡Mira qué divertido va a ser eso! Salieron al día siguiente, llenos de regalos con toda la gente de la aldea reunida para decirles adiós con la mano. —¡Les veré en Accra! —gritó Connie. —Esa es una cosa que yo no podría hacer —dijo Jacqueline, cuando se encontró sola en el coche con Matt—. Trabajar como enfermera en la selva, sin ningún lugar


adonde ir y con sólo un puñado de almas con quienes hablar. ¡Me volvería loca! —Te gustan tus fiestas y tus cenas, ¿verdad? —No son las fiestas, ni las cenas. ¡Necesito gente a mi alrededor! Me gusta conocer cosas nuevas, conversar. —Mi comentario no era de crítica, Jackie. Era sólo una afirmación, como otra cualquiera —sonrió y movió la cabeza—. Siempre estamos a la defensiva tú y yo, ¿verdad? Debíamos tranquilizarnos un poco. Nº Páginas 57-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Había hablado en plural. Bueno, eso era cierto. Se irritaban mutuamente con gran facilidad, pero aquél había sido un bonito viaje. Lo había pasado bien y habían estado juntos constantemente, sin grandes problemas… aun durante la noche, como sucedió en Tamale. Se estremeció al recordar esa noche… sus besos, sus brazos alrededor de ella. «Será mejor que lo olvides», se dijo a sí misma una vez más. Viajaron hasta Kumasi y pasaron la noche en el «City Hotel». Al otro día, Matt tenía asuntos que atender por la mañana y Jacqueline se dedicó a pasear por la ciudad. Volvieron a Accra por la tarde.


Durante los días siguientes ambos se concentraron en su trabajo. Jacqueline escribió un informe detallado sobre su viaje al norte pues quería demostrar que podía hacer cosas así. Era muy importante para ella no defraudar a Matt. Hasta el momento se había mostrado satisfecho con su trabajo y reconoció, en más de una ocasión, que la consideraba competente. Aun así, ella no estaba satisfecha y no sabía por qué. Estaba deseosa de obtener su aprobación, pero la inquietud que sentía algunas veces la hacían preguntarse si no era algo más lo que deseaba. Algo más que la apreciación justa de su trabajo, a nivel profesional. Los recuerdos de la noche en Tamale acudían a su memoria en momentos inesperados y la hacían sentirse disgustada consigo misma. Muchas veces Matt la había ofendido, irritado, enfurecido. Pero cuando la abrazó cariñoso y la besó, parecía un hombre diferente… cálido, tierno, cariñoso. Había despertado en ella emociones que todavía no estaba preparada para reconocer. No la había besado sólo para divertirse; estaba segura de ello. Pero si la había besado porque le gustaba, ¿por qué, entonces, se había retirado de ella de forma tan brusca? ¿Pensaba todavía en Diane? ¿Seguía enamorado de ella? Y si era así, ¿importaba en realidad?


Sí, sí importaba. Era humillante que supiera que solo con tocarla, ella se derretía y se entregaba a él. Jacqueline no deseaba que él tuviera ese efecto en ella… no, si a quien realmente quería era a Diane. Una mañana, mientras estaba trabajando, apareció Matt en la puerta de su oficina. —¿Jackie? —¿Sí? —¿Estás muy ocupada? Me gustaría hablar contigo. Es importante. —Terminaré esto en un momento. Iré inmediatamente. —Te esperaré. Volvió a su despacho, pero pasó antes por la recepción y Jacqueline le oyó ordenar dos cafés. —Y no quiero que me interrumpan —dijo a Paciencia. Algo importante. Pero, ¿qué? No podía imaginarse qué podía ser. No era nada relacionado con el negocio, seguramente. No había sucedido nada importante. Y a nivel personal todo entre ellos estaba tranquilo. De pronto tuvo una idea inquietante. Nº Páginas 58-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Diane volvía. Eso era. ¡Eso tenía que ser! Matt había estado de buen humor toda


la mañana. Le iba a decir que Diane había vuelto, o estaba a punto de hacerlo, y que se iban a casar, que tendría que dejar la casita y buscar otro lugar donde vivir. A Jacqueline no le gustó eso. La casita se había convertido en su hogar; no quería déjalo ahora. Y no deseaba que Diane volviera… Nº Páginas 59-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 Matt estaba sentado frente a su escritorio cuando Jacqueline entró en su oficina. Había dos tazas de café; cogió una y se sentó. Se dio cuenta de que él la observaba. —¿Qué te sucede? —preguntó él. —Nada. Quiero decir, estoy preocupada por la noticia importante. —¡Alégrate! Es una buena noticia. —¿Para ti, o para mí? —Para ambos. —¡Oh! —¿En qué estabas pensando? —No sé. Tal vez algo que había hecho mal. Algo… no sé. No me hagas caso. Cuéntame de qué se trata. Él cruzó los brazos y se reclinó en el respaldo del sillón.


—¿Te gustaría un aumento de sueldo? —¿Un aumento? ¿A mí? —A ti —sonrió—. No te hagas demasiadas ilusiones. No será mucho. Jacqueline tragó saliva. Un aumento de sueldo. La idea le gustaba, desde luego. Pero, ¿era realmente una noticia importante? Se sentía más aliviada que feliz. —¿Por qué es buena noticia para ti también? —preguntó. —Porque vas a tener que hacer algo a cambio del aumento. Quiero que te hagas cargo de analizar todos los nuevos proyectos. ¿Recuerdas el informe que escribiste sobre el pueblo del señor Minyila? —Sí, claro. —Resultó excelente. Escribes muy bien. Demostraste que habías comprendido los problemas de esa situación. Me hizo tener confianza en ti. De ahora en adelante quiero que te encargues de todas las solicitudes de nuevos proyectos. Que contestes la correspondencia y manejes las entrevistas de la gente que viene en busca de información —Matt removió el café y sonrió—. Pareces un poco abrumada. —Lo estoy. No he sido preparada en el desarrollo de proyectos. —Las etapas iniciales no son muy complicadas y estás suficientemente informada de los problemas. Y, como te decía, confío en tu buen juicio.


—Yo… estoy muy contenta. Dime qué tengo que hacer. —El primer análisis es simple. Recibes cartas de gente que pide dinero para comprar un tractor, que servirá para cultivar maíz. Nada. Les escribes una carta muy atenta diciéndoles que lo sientes, pero que nosotros sólo proporcionamos asistencia técnica y administrativa. No damos dinero. Así que se rechaza. Nº Páginas 60-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Buscó en su carpeta y sacó una carta. —Voy a hacerte una pequeña prueba. Un tal señor Donker solicita ayuda para cultivar nueces de la India. Tiene la preparación necesaria para hacerlo, dispone de tierra y de algo de dinero. ¿Qué piensas? Jacqueline meditó un momento y luego respondió: —Yo rechazaría la solicitud. —¿Sí? ¿Por qué? —él pareció sorprendido—. Las nueces de la India son fuente de proteínas. —Aquí serían más bien fuente de divisas extranjeras. No las usarían para consumo local. Irían directamente a las fiestas londinenses, no a los estómagos africanos. —¡Muy bien pensado! Creí que te iba a meter una zancadilla con eso, la verdad


—buscó otra vez en la carpeta—. De cualquier manera, aquí hay varias solicitudes que parecen prometedoras: cultivo de guisantes y de frijol de soya, fabricación de alimentos infantiles. Bueno, échales un vistazo y dime qué piensas. —¿Qué debo hacer con las que no rechazo? —Ese es el paso número dos. Haz investigaciones sobre el tema. Averigua lo que se ha hecho antes y con qué resultados. Miró a Jacqueline con simpatía y algo más que no pudo definir. Había visto esa mirada antes, aquella noche en Tamale. Al recordar, sintió una emoción tan profunda que se asustó. Sintió un deseo, repentino e intenso, de sentir nuevamente los labios de él en los suyos, sus brazos alrededor de ella, su cuerpo pegado al de ella. Cuando le miró tuvo la loca idea de que él estaba pensando lo mismo. Su corazón le dio un vuelco. Por un momento, Matt sostuvo su mirada. Entonces la bajó de nuevo a los papeles que había sobre el escritorio. —El paso número tres es éste… Continuó hablando, con voz tranquila, imperturbable. Jacqueline se concentró nuevamente en lo que estaba diciendo. Cuando volvió a su despacho, Jacqueline estaba contenta y excitada. Su nueva tarea demostraba que Matt tenía confianza en ella y estaba dispuesto a darle mayor


responsabilidad. Pero había algo más. Lo había notado en ese breve instante en que él la miró, con esa extraña expresión. Algo más que la simple apreciación profesional… algo más profundo, algo… Jacqueline se incorporó en la silla. «No te hagas ilusiones, pensó. No sueñes ni imagines cosas que no existen». Dejó de pensar en ello y se concentró en su trabajo. Por la tarde, sonó su teléfono. —¡Hola, nena! Cuánto tiempo sin verte. —¡David! —exclamó ella. Nº Páginas 61-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Él había estado dos semanas en Washington y ella no le había visto desde antes de su viaje al norte. —¿Qué te parece que cenemos esta noche? —Me encantaría, pero yo invito. Me acaban de dar un aumento. —¿De veras? ¡Qué te parece! Parece que la niña de escuela ha sido tomada en serio al fin. Jacqueline se echó a reír.


—Tengo muchas cosas que contarte. Cenaron con tranquilidad en el Palm Court. Después salieron a pasear por la playa, con los zapatos en la mano, charlando y riendo. La playa estaba desierta y Jacqueline disfrutaba con aquella tranquilidad. —Sentémonos —dijo David, dejándose caer en la arena. La empujó, obligándola a que se sentara junto a él. Una suave brisa acarició el rostro de Jacqueline. David levantó una mano y le retiró un rizo que había caído sobre la cara. —Se te está soltando el pelo. ¿Por qué no lo dejas suelto? Había un extraño tono en su voz y Jacqueline sintió una rara sensación que no pudo definir. —David… —No hables. La rodeó con sus brazos y la empujó suavemente sobre la arena. La besó tan apasionadamente que se asustó. Nunca la había besado así. Retiró la cara. —No, David, por favor… —Te deseo, Jackie —le murmuró al oído. —No, David. ¡Por favor!


—¿Qué sucede? —No puedo. Simplemente no puedo. Escapó de sus brazos y se alejó de él, sintiéndose despreciable, a punto de llorar. Ella no deseaba una cosa así. —¡Ea, Jackie, ven aquí! —la voz de él era suave y controlada—. No tienes por qué asustarte. No soy ningún violador. —David, lo siento mucho. No quiero que te enamores de mí. No quiero desilusionarte. Pero yo… —No me amas. —No de ese modo. Yo… —Ven aquí, Jackie. Vamos a hablar. Nº Páginas 62-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Se acercó un poco más a él y se estremeció ligeramente cuando David la rodeó con su brazo. —Muy bien. Lo primero, tú eres mi amiga, Jackie. Me gusta estar contigo. Nos divertimos juntos y charlamos a gusto. Uno siente, contigo, que eres una persona real. Segundo: además de ser mi amiga, eres también una mujer. Y yo soy un


hombre normal. No lo sería si no sintiera deseos de acostarme contigo. —Supongo que no. —Puedes apostar cualquier cosa. —Tú debes pensar que no soy normal. —Digamos que eres inexperta. O que aún no lo deseas. Ella se ruborizó. —¿Se me nota? David asintió. Parecía divertirle la situación. Jacqueline se sintió como una niña tonta. —¿Te estás burlando de mí? —Un poquito —la ayudó a levantarse—. No te preocupes por esto, ni le des importancia. Un día estallarán los cohetes que llevas dentro y entonces te darás cuenta. Mientras tanto, si no te importa, yo seguiré viéndote y disfrutando de tu compañía. —Eres un amigo verdadero, David. —Claro. Nada más avísame cuando estés lista para tener también un amante. —¡Oh, David! No me hagas sentir mal.


Él no estaba tratando de hacer que ella se sintiera mal, pero no podía evitar el sentirse culpable. No por haberle rechazado, sino porque no era capaz de sentir algo más por él que no fuera simple amistad. Continuaron paseando por la arena, en dirección al coche. ¿La amaba David? Él no lo había dicho nunca y Jacqueline suponía que él sentía por ella el mismo tipo de tierna amistad que ella sentía por él. ¿Por qué no podían ser las cosas así de sencillas? —Escucha, Jackie. Me doy cuenta de que todavía le estás dando vueltas a lo sucedido, haciendo una tragedia de algo que no lo es. ¡Mírame! —dijo, poniéndole las manos en los hombros—. Yo sé bien que no me amas. No estaba pidiendo amor, y tú lo sabes. Siento mucho lo que pasó. Debí haberme dado cuenta de que para ti es todo… o nada. Ella no supo qué contestar, así que guardó silencio. —Ahora, olvídalo, Jackie. Por favor. Ella asintió con la cabeza, sin decir nada. Le miró y vio que estaba sonriendo. —Muy bien. ¡Vamos a correr, a ver quién llega primero al coche! Nº Páginas 63-98 https://www.facebook.com/novelasgratis A la mañana siguiente Jacqueline entró en la cocina para servirse un poco de


café. Saludó a Kwesi, que preparaba huevos revueltos y pan tostado. Estaba nublado y parecía que iba a llover. —Está muy oscuro aquí —comentó, encendiendo la luz. —Parece que va a llover —dijo Kwesi con aire lúgubre. A él no le gustaba la lluvia. La mañana pasó rápidamente. Los informes financieros mensuales quedaron listos en menos tiempo que nunca. Jacqueline estaba satisfecha porque el sistema que había establecido funcionaba muy bien. Después de comer se dispuso a leer un informe sobre el proyecto para la cría de cabras, cuando de pronto una ráfaga de aire entró por la ventana y le esparció los papeles por el suelo. A través de los cristales vio cómo las palmeras y los árboles de pao-pao eran sacudidos por el viento. Parecía que se avecinaba una tormenta. Había oscurecido y Jacqueline tuvo que encender la luz. Muy pronto empezaría a llover. Cuando recogió los papeles del suelo, se sentó de nuevo y empezó a ordenarlos. Llamaron a la puerta y Paciencia entró con una taza de café. Jacqueline se dio cuenta de que la muchacha parecía alterada. —¿Te da miedo la lluvia, Paciencia? —No, oh, no… algo le sucede al señor Simmons, señorita Donnelly.


—¿Qué le sucede? ¿Qué quieres decir? —Le llevé el correo hace un rato. Entonces estaba bien. Me pidió que le llevara café y cuando volví… estaba… tan extraño, que ni siquiera me vio cuando le di la taza… Yo creo que le pasa algo, señorita Donnelly. Rápidamente Jacqueline fue al despacho de Matt. Llamó a la puerta y entró. Él no levantó la vista y al verle encorvado en la silla, tuvo un raro presentimiento. No era típico de Matt sentarse como si fuera un fardo. —Matt, ¿sucede algo malo? Él parecía estar mirando unos papeles que tenía enfrente. Lentamente levantó la vista. Estaba pálido y tenía una extraña expresión. —¿Algo malo? No, ya no hay nada malo… —lanzó una risa corta y amarga —. Nada malo… todo se ha aclarado definitivamente. Jacqueline se estremeció al notar la amargura que había en su voz. Le observó mientras reunía todos los papeles y los guardaba en su portafolios. Con un movimiento violento empujó la silla y se puso de pie. —Perdóname, por favor. Con permiso… —pasó frente a ella y salió. Algo andaba terriblemente mal. Se quedó inmóvil, sin saber qué hacer. Oyó que


se cerraba la puerta de la oficina. Se escuchó el sonido de un coche que se alejaba. Poco después empezó a llover y Jacqueline empezó a tener miedo. No tenía la menor idea de adonde había ido Matt. Nº Páginas 64-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Al volver al despacho encontró a Paciencia asustada. —¿Está bien el señor Simmons? —preguntó. —No lo sé, Paciencia. Se fue a casa, creo —con ese terrible tiempo esperaba que lo hubiera hecho. Suspiró—. Quisiera más café, por favor. —¡Oh, puse azúcar en su café! ¡Oh, lo siento mucho! —No tiene importancia, Paciencia. Estabas pensando en otras cosas… Jacqueline estaba muy nerviosa y ya no pudo hacer gran cosa esa tarde. A las cinco de la tarde, continuaba lloviendo. Jacqueline llevó en el coche a Paciencia y a Samson a sus respectivas casas, para que no se mojaran esperando el autobús. La casa estaba vacía cuando Jacqueline llegó. Matt no estaba allí y era la noche de descanso de Kwesi. ¿Dónde estaba Matt? ¿Dónde podía estar, con el tiempo que


hacía? Bueno, ¿por qué tenía que preocuparse por él? Después de todo podía cuidarse solo. Preparó la cena al ver que Matt no venía, se preguntó si debía comer sola o esperarle un poco más. Una creciente inquietud se apoderó de ella. Tal vez le había sucedido algo. Un accidente automovilístico. Algo. Quizá debía consultárselo a alguien, pero, ¿a quién? ¿A David? Cuando David contestó el teléfono, Jacqueline suspiró de alivio. —¡Oh, cómo me alegro de que estés en casa! —exclamó. —¿Por qué? ¿Sucede algo malo? —Es Matt. No está. Y no sé adónde pudo haber ido. Le contó todo lo sucedido, pero David se echó a reír. —Jacqueline, pareces una esposa preocupada porque el marido se le ha ido de parranda. ¡Por Dios santo, ya es mayorcito! Puede cuidarse solo. Tranquilízate. —Lo he… intentado. Pero no puedo evitar preocuparme. No sé por qué. —Está bien, Jackie. Intentaré localizarle. —¡Oh, David, gracias! —De nada. La comida no le supo a nada y terminó por llevársela al perro de Alí. Salió y le


encontró sentado, charlando con el guarda de la casa de enfrente. Alí cogió la comida para el perro y le dio las gracias. —El amo… ¿no llega? —preguntó. —No, el señor Simmons no ha llegado a casa. Volverá más tarde. Las horas pasaron lentamente. Afuera, la lluvia cesó finalmente y las ranas empezaron a salir, a croar con mayor entusiasmo que nunca. Debían ser miles de ellas, pensó Jacqueline, a juzgar por el escándalo que hacían. Nº Páginas 65-98 https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Dónde estaba Matt? Se dio una ducha y se puso los pantalones vaqueros y una camiseta. No quería acostarse. No podría dormir. Eran más de las once cuando sonó el teléfono. —¿Ya te habías acostado? —preguntó David. —No —su voz tembló. —Me lo imaginé, Jackie. Matt va camino de casa. Llegará en cualquier momento. —¿En dónde estaba? —No estoy seguro de dónde estuvo por la tarde; pero llegó aquí poco después


de que tú llamaste… Había bebido, estuvo aquí mucho tiempo, hablando. No podía llamarte, mientras él estaba aquí. —No, claro. Lo entiendo… ¿está… terriblemente borracho? David se echó a reír. —No, no. Sólo un poquito. Pero insistí en que Kofi condujera el coche. Él puede regresar en un taxi. —¿Kofi? Ah, sí, tu criado, lo siento. Estoy muy, distraída esta noche. —Bueno, la oveja descarriada ha vuelto al redil, así que puedes dormir tranquila. Las puertas de la entrada chirriaron al ser abiertas y oyó los neumáticos que aplastaban la grava del camino. —Ya llegó, David. Acabo de oír el coche. Será mejor que cuelgue. —Llámame si necesitas ayuda, ¿me lo prometes? —Sí, te lo prometo. Muchas gracias, David. Su corazón palpitaba con fuerza al ver que Matt cruzaba la puerta y entraba en la habitación. Tenía la cara tensa. —Las niñas deben estar acostadas a estas horas —dijo lentamente. —No podía dormir. Esas malditas ranas hacen mucho ruido.


Él se dejó caer en el sofá. —Ven, siéntate aquí, Jackie —golpeó con la mano el asiento próximo al suyo —. Quiero hablar. Nunca hablamos. Lo único que hacemos es pelear. «Ya no más, pensó ella. Hace semanas que no peleamos». —Iba a la cocina para hacerme un poco de café —le dijo—. ¿No quieres una taza? Él la miró con aire cansado. Nº Páginas 66-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Jackie, ya sé que he estado bebiendo, pero no estoy borracho perdido. Bueno, sí, por favor, me gustaría tomar un poco de café. Las tazas temblaban en las manos de Jacqueline. Dejó caer una cuchara. «Esto es una locura. Estoy temblando como una hoja», pensó. —David es un chico de primera categoría —dijo Matt—. Eres una chica con suerte, Jackie. —David es sólo un buen amigo para mí. Hace mucho tiempo que le conozco. —Es bueno conocer a alguien de mucho tiempo —dijo misteriosamente él. Ella no sabía qué hacer ó qué decir. Se sentó junto a Matt y se dedicó a beber su


café. Ocupado en sus propios pensamientos, Matt también guardó silencio. Se quedaron largo rato así, sin decir nada. Jacqueline apretó su taza, sintiéndose frustrada. Si supiera qué decir, si supiera cómo llegar a él, ayudarle, hacer algo. Pero no tenía la menor idea de lo que le había sucedido. De pronto, él bajó la taza y se puso de pie. —Quiero mostrarte algo. Ven conmigo. La cogió de la mano y la llevó a su dormitorio. Ella nunca había estado en esa habitación. Era amplia y tenía una cama muy grande, cubierta con una colcha de colores. Matt se dirigió al tocador y sacó algo de un cajón, para entregárselo a ella. —¿Quién crees que es? Era la fotografía de una chica con un bikini negro, de pie en la playa, con palmeras en el fondo. Era una mujer guapa, muy alta, con piernas largas y esbeltas y melena rojiza. Jacqueline sintió que se le secaba la garganta. Tragó saliva. —¿Es tu… tu prometida? La risa de él fue corta y amarga. —Prometida. Sí, eso pensé que era. Eso era lo que todos pensaban. —No sé qué quieres decir —murmuró ella. —Nunca tuvo intenciones de casarse conmigo, ¿sabes? Nunca pensó hacerlo.


Se echó a reír de nuevo, produciendo un sonido frío, sin alegría. Jacqueline hubiera querido hacerle callar. Su risa le hacía mucho daño. Matt se dejó caer en la cama y se quitó los zapatos. —Nunca tuvo intenciones de casarse conmigo —repitió, mirando hacia el techo con ojos vacíos. Nº Páginas 67-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 Jacqueline sentía que la fotografía le quemaba las manos. La miró un momento y la volvió a poner en el tocador, buscando algo qué decir. Tendido en la cama, Matt la miraba. —Ven aquí, Jackie. No te quedes ahí parada. Las piernas de ella se negaban a moverse. Y no podía soportar verle así. Le parecía un desconocido, un hombre atormentado por algo que ella no comprendía. ¿Rabia, dolor, amargura? ¿O una combinación de todo eso? No estaba segura. —Siéntate aquí, Jackie —señaló la cama, a su lado—. No te preocupes. No me pongo violento cuando bebo. Obviamente, había notado su vacilación. Se sentó en el borde de la cama,


sintiendo escalofríos. Se preguntó: «¿Qué estoy haciendo en esta habitación?», y su temor aumentó. —Diane era una modelo. ¿Lo sabías? —Sí —murmuró. No quería hablar de Diane… no deseaba escuchar las confidencias de Matt. Pero él no pareció darse cuenta de su inquietud. —Era hermosa y tenía mucho éxito. La conocí en Kenya. ¿Has estado allí alguna vez? —No —deseaba que él no continuara. Hubiera querido levantarse y marcharse de allí; pero una fuerza extraña la obligaba a seguir inmóvil, como si estuviera atada a la cama. —Estaba trabajando, haciendo una serie de fotografías con las nuevas modas de verano. Les gusta hacer fotos en lugares exóticos… con elefantes y leones en el fondo, algunos niños sucios y desnudos alrededor, para mayor efecto. ¡Dios mío, qué indecencia! ¡Llevar trajes de lujo, junto a chiquillos que apenas si tienen qué comer! Jacqueline no dijo nada. No había nada que decir. —Desde luego, no lo vi así entonces —continuó—. Todo lo que veía era a ella. Me enamoré de todo ese pelo rojo… —rió con amargura—. Y ella se enamoró de mi Land Rover. Tenía ideas locas sobre mi forma de vivir. Se imaginaba que yo


era un romántico cazador, o algo así. Era fácil comprender eso. Él parecía, efectivamente, un cazador blanco con su fuerte cuerpo bronceado por el sol, su rostro áspero, de mandíbula cuadrada y sus ojos oscuros que reflejaban cierto toque de arrogancia y superioridad. Con un traje para safari, subiendo en su Land Rover, el cuadro era completo. Pero Jacqueline sabía el trabajo que había realizado en Kenya… un trabajo que exigía mucho esfuerzo y sudor. Muy poco romántico. —Bueno, no fue tan mal al principio. Nairobi es una ciudad bastante cosmopolita. Hay mucho que hacer y por lo menos, ella no se aburría. Después vino aquí. ¿Te imaginas una chica como Diane en un sitio como éste? No podía conseguir Nº Páginas 68-98 https://www.facebook.com/novelasgratis ni siquiera un lápiz de labios decente. Detestaba este lugar. Y creo que me odió porque no respondí a lo que ella esperaba de mí. Ella pertenecía a Nueva York, a la alta sociedad. ¡No había aquí nada que le interesara! —Matt movió la cabeza de un lado a otro. No había mirado a Jacqueline mientras hablaba y se preguntó si se había olvidado de que estaba allí.


De pronto él se echó a reír con frialdad. —Y yo quería casarme con ella… con una chica así. ¿Cómo pude ser tan estúpido? Ella no creía en el matrimonio. Una de esas mujeres liberadas… nada de lazos, ni de compromisos definitivos. Se reía de mí, decía que yo era anticuado, que tomaba la vida demasiado en serio. Pero seguía esperando como un tonto que cambiara de opinión —miró a Jacqueline—. ¿Qué me dices de ti, Jackie? ¿Te casarías conmigo? Jacqueline sintió que el corazón le latía aceleradamente. —Matt, yo… —Tú tienes más cualiades que Diane. Te gusta este sitio y no te asustan los bichos. Comes lo que te sirven y no lloras porque algo escasea, ni te quejas de los sirvientes, del calor y el aburrimiento… Y te gusta tu trabajo aquí. A Diane… le importaba un comino mi trabajo. Solía reírse de mí. Me llamaba Matt-elsalvador-del-mundo. Jacqueline sentía verle sufrir. Miró a otro lado y él guardó silencio. Cuando volvió a mirarle, tenía los ojos cerrados, Pensó que se había quedado dormido, pero cuando trató de levantarse, la cogió del brazo y la empujó otra vez a su lado. —No te vayas, Jackie. Por favor, quédate conmigo —murmuró las palabras, ya medio dormido. Puso el brazo en tomo a ella y la atrajo hacia su pecho.


Jacqueline se estremeció al sentir tan cerca su cuerpo. Notó que ya dormía por la expresión tranquila de su cara y deseó de todo corazón, quedarse en sus brazos durante el resto de la noche. Sin embargo, dejó de mirarle porque tuvo miedo de sí misma. «Estoy loca, pensó. Debo haber perdido la razón». Más tarde, cuando estuvo segura de que él había caído en un sueño más profundo, retiró con suavidad los brazos que rodeaban su cuerpo. Tan suavemente como era posible, se levantó de la cama y volvió a su cuarto. La mañana era brillante, limpia y muy cálida. Matt se presentó a desayunar con su aspecto habitual. —Debo disculparme por lo de anoche —dijo, mirándola a los ojos—. No tengo el hábito de emborracharme. —Lo sé. —Sí, me lo imagino. Desayunó con buen apetito, sin mostrar ningún efecto por lo que había bebido la noche anterior.


Nº Páginas 69-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Siento mucho haberme portado mal. —No te portaste mal, ni estabas borracho, tampoco. Sólo un poco deprimido. —No estoy seguro de lo que te dije anoche, pero será mejor que te diga la verdad, ahora que estoy sobrio. Jacqueline se mordió el labio y miró hacia su plato. —No, por favor, no lo hagas. No me debes ninguna explicación. Simplemente olvídalo. Matt debió advertir su incomodidad, sonrió mientras la observaba. —¿Fue tan malo? —No, no fue nada malo. Es sólo que… —¿Qué? Se quedó un momento pensativa, sin saber cómo explicarse. —Me pediste que me quedara a escucharte. Me hablaste de cosas que no eran de mi incumbencia, pero no podía detenerte. Querías hablar. —Ya veo. Bueno, para dejar las cosas muy claras, te voy a decir todo de forma resumida. Diane y yo nos conocimos en Kenya, poco antes de que me enviaran aquí.


Yo quería casarme con ella, pero ella tenía otras inclinaciones. Estuvo aquí conmigo algún tiempo, no le gustó y se fue. Ayer recibí una carta suya, diciendo que no va a volver y que considera nuestra relación terminada. Repitió algunas opiniones sobre mí y sobre mi estilo de vida que considero desagradables, si no es que insultantes. Así que me emborraché, por lo que te pido disculpas de nuevo. Lo que sucedió no fue realmente una sorpresa para mí, así que sabe Dios por qué cometí la estupidez de ponerme a beber. Ella no valía ni siquiera una borrachera. Jacqueline le miró, en silencio. No sabía qué pensar. Matt tomó el último trago de café y se puso de pie. —Y ahora, vamos a trabajar. Pasó otra semana, de más lluvia y más humedad. Una de las tallas de madera que tenía Matt en su casa, como adorno, se puso verde a causa del moho, y otro tanto sucedió con un par de sandalias de Jacqueline, que esta usaba poco. Kwesi encontraba difícil que se secara la ropa que lavaba. Matt no había vuelto a mencionar la noche en que le había hecho confidencias, pero Jacqueline no podía quitarse de la cabeza las cosas que le había dicho. El cumpleaños de Jacqueline era el primero de agosto y a medida que se acercaba ese día, se sentía más deprimida. No había mencionado la fecha a nadie. No podía decir a David que era su cumpleaños y pedirle que la llevara a cenar, porque le habría obligado a comprarle un regalo.


Nº Páginas 70-98 https://www.facebook.com/novelasgratis «Me estoy portando como una niña, se dijo. Voy a cumplir veinticuatro años, no cuatro. ¿Para qué quiero una tarta con velitas?» Llegó el día y no sucedió nada. Se sentía terriblemente sola, desventurada y olvidada. Ni siquiera una tarjeta de sus padres. Bueno, tal vez mañana. Pero su depresión no desapareció. Eran casi las cinco y se disponía a volver a casa, cuando Paciencia le trajo un informe de Matt. ¿Tienes planes para esta noche?, decía en la letra firme de Matt. ¿Sabía que era su cumpleaños? No, tal vez se lo preguntaba porque quería que se quedara a trabajar hasta tarde. Escribió en un papel: No, y se lo entregó a Paciencia para que se lo llevara a Matt. Cuando Paciencia se fue, Jacqueline cogió el bolso y se dispuso a salir. Aunque tuviera que trabajar hasta tarde, quería ir a casa a comer algo. Cuando salió al pasillo, vio que Matt avanzaba hacia ella. —Bueno, si no tienes nada que hacer, ¿qué te parece si cenamos fuera? Será una variación de la no siempre espléndida cocina de Kwesi. ¡Matt la estaba invitando a cenar! —Encantada.


Él frunció el ceño. —¿Dónde está David? ¿Está fuera de la ciudad? —¿David? No, está en Accra, creo. —Ah, bueno. Dime, ¿adónde te gustaría ir? —Me gusta el Commodore. Tienen buena comida libanesa : houmous, tabouleh, kibbi. —Muy bien. Vamos al Commodore. Él no había mencionado para nada su cumpleaños. ¿Por qué la había invitado a cenar fuera? Puso su mejor esfuerzo en arreglarse bien y la mirada de admiración que le dirigió Matt la convenció de que había valido la pena hacerlo. —Debías llevar el pelo suelto con más frecuencia —comentó él—. Tu pelo es precioso. Su melena rubia caía en suaves ondas sobre los hombros. Sabía que el restaurante tenía aire acondicionado, así que no tendría color. Se sentía como una adolescente en su primera cita y no supo por qué se sintió tan tímida y complacida con el cumplido de Matt. Matt pidió vino con la comida, para horror de Jacqueline. El vino ordinario


costaba tanto como el champán, pero Matt se echó a reír de sus protestas. —¿Cómo se puede celebrar un cumpleaños sin vino? ¡Así que él sí lo sabía! Nº Páginas 71-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Ah, Matt, lo sabías! —Por supuesto. Lo averigüé en tu expediente personal. El mes pasado, cuando hablamos de tus nuevas obligaciones, tuve que consultarlo, para llenar unos papeles relacionados con tu aumento. Fue cuando vi la fecha. Matt se metió la mano en el bolsillo, sacó un paquetito y se lo dio a Jacqueline. —Y aquí está tu regalo de cumpleaños para la mejor asistente administrativo que hay en todo el África Occidental. Jacqueline estaba demasiado atontada para hablar. Miró el paquetito sin tocarlo. —¿No vas a abrirlo? —le preguntó sonriendo. —No puedo aceptarlo. —No me digas que quieres pelear aquí, en un lugar público. ¿Qué pensará toda esta gente? Como ella no contestaba, Matt cogió el paquete, lo abrió y lo puso junto al plato


de Jacqueline. —Este es un regalo de mí para ti. Quiero que lo aceptes. ¡Por favor! Jacqueline abrió la cajita. Eran unos pendientes de oro de artesanía ghanesa. —¡Oh, Matt! —murmuró. «¿Por qué?», pensó ella. ¿Por qué le hacía aquel costoso regalo? —¿No te gustan? —¡Oh, Matt! ¡Son preciosos! —Y ahora, me gustaría vértelos puestos —cogió los pendientes—. Y esta vez quiero ponértelos yo. El recuerdo la hizo ruborizarse. —¡Oh, no me hagas sentir avergonzada! Está demasiado oscuro aquí. ¡No puedes ver lo bastante bien para ponérmelos! —¿Quieres apostar? —dio la vuelta a la mesa y se sentó en la silla contigua a la de ella—. Vuelve la cara —le ordenó. Ella decidió seguirle la corriente y se quitó los que traía puestos. Él retiró el pelo que le caía sobre la cara. Sus manos se sentían frescas en sus mejillas encendidas y el rostro de él estaba muy cerca del suyo, mientras se concentraba en ponerle los pendientes. Su cercanía la alteraba, como sucedía siempre. Estaba tensa y el corazón le latía alocadamente. Matt actuó con rapidez y habilidad. Cuando terminó, no se retiró, sino que la


miró con admiración. —Eres preciosa, sobre todo cuando te ruborizas, como ahora. —¡No estoy ruborizada! Nº Páginas 72-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Oh, bueno, debe ser la luz de las velas —Matt volvió a su asiento y levantó su copa de vino—. ¡Feliz cumpleaños! —Gracias —contestó ella. Se sentía agradecida y feliz—. ¿Por qué este regalo, Matt? —Es un símbolo de paz. Fui muy estúpido cuando llegaste aquí. Y es también una expresión de agradecimiento, por haber estado conmigo, pacientemente, cuando necesitaba hablar con alguien la noche que llegué borracho a casa. —Gracias, Matt. Me alegro… mucho. Pero también sentía remordimientos. Ella no había sido honesta con él, y le había ocultado sus antecedentes y experiencias cuando llegó. —Me alegro yo también —dijo él, y cogió el tenedor para empezar a comer. —¿Matt? —preguntó Jacqueline, mientras se servía tabouleh sobre una hoja de lechuga.


—¿Sí?—la miró sonriendo. —Matt… quiero disculparme. —¿Disculparte? —Sí, yo misma no he sido muy agradable que digamos. Quiero decir, debí haberte hablado de mi experiencia. Te dejé que creyeras cosas equivocadas, porque estaba enfadada. —Lo sé —había un brillo profundo en sus ojos—. Pero olvidémoslo. Ahora ya sé lo que eres realmente. El corazón de Jacqueline dio un vuelco. —¿Sí? ¿Qué soy? —Eres endemoniadamente buena para trabajar. Eres competente, eficiente, y te gusta lo que estás haciendo. Y no quisiera perderte por nada del mundo. En todos aquellos meses, eso era lo que ella había querido escuchar. Y ahora que se lo había dicho, se sintió desilusionada, sin saber por qué. ¿Qué más había esperado? —Olvidemos ese mal principio —dijo Matt—. Me gusta más como van las cosas ahora.


—Sí —Jacqueline empezó a comer. No había mucha gente en el restaurante. Las velas en la mesa creaban una atmósfera íntima y romántica. El vino la hizo sentirse ligera y contenta. Matt le habló de su niñez; le contó historias graciosas, tristes y felices. Ella podía haberle escuchado toda la noche. Sentía una emoción que no podía ni quena evitar. Era ya tarde cuando por fin llegaron a casa. Entraron y Matt abrió la puerta de comunicación con la casita de ella. Jacqueline le miró y le vio más alto que nunca, dominante, imponente. Un deseo incontenible la agobiaba. Nº Páginas 73-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Pasé una noche maravillosa, Matt. Gracias. —Me alegra mucho. Yo también lo pasé muy bien. Eres una magnífica compañía, Jackie. Ninguno de los dos se movió. Jacqueline podía sentir las vibraciones que había entre ellos. Hubiera querido apoyar la cara contra su pecho, sentir los brazos de él en torno suyo. Matt levantó la barbilla de Jacqueline con los dedos y su solo contacto hizo que su corazón acelerara los latidos. Sus ojos se encontraron. La mirada de él expresaba ternura y algo más que ella no pudo definir. De pronto, los ojos de él cambiaron, se volvieron oscuros e impenetrables. Retiró la mano y se dio la vuelta bruscamente. —Hasta mañana, Jackie.


No me dejes, pensó ella con desesperación. ¡Abrázame! ¡Bésame! —¿Matt? —su voz temblaba. —¿Sí? —él se volvió hacia ella y Jacqueline vio que la ternura había desaparecido de sus ojos. —Matt… gracias por esos preciosos pendientes. —De nada. Jacqueline cerró la puerta sintiéndose profundamente desamparada. Lentamente caminó hacia el cuarto de baño y se miró al espejo. Su rostro se veía triste y apesadumbrado. Durante un rato miró su imagen en silencio; luego se tapó la cara con las manos. —No —murmuró—. ¡Oh, no! ¡Oh, no! Estaba enamorada de Matt. No tenía sentido seguir negándolo. Hasta entonces había tenido miedo de reconocer lo que era… algo profundo, especial y devastador. ¡Era el amor! No era sólo su contacto y sus besos lo que la hacía sentirse de aquel modo. Amaba todo lo que él representaba: su trabajo, sus sentimientos, sus creencias, su integridad. No era demasiado orgulloso para decir «lo siento», ni para reconocer que se había equivocado respecto a ella. Era un hombre de carácter, de convicciones, un hombre fuerte. Aun sus debilidades, como su testarudez y su irritabilidad, le hacían más varonil.


Ya acostada en la cama, se preguntó por qué le asustaban tanto sus sentimientos. El amor era algo maravilloso, algo que debía hacerla feliz. Pero, ¿era siempre así? NO SIEMPRE DULCE. Recordó el letrero del tro-tro que respondía a su pregunta. No, el amor no era siempre dulce. Lo que la asustaba era que Matt no la amaba. Le gustaba, apreciaba su trabajo, se divertía con ella… Lo de Tamale fue sólo atracción física. Pero no se podía llamar amor a nada de eso. ¡Ojalá él la amara también! Pero en los días que siguieron Matt no demostró ningún sentimiento más profundo. Sus modales cordiales, pero algo distantes, la Nº Páginas 74-98 https://www.facebook.com/novelasgratis herían y algunas veces casi deseaba poder volver a los viejos tiempos en que podía atacarle con furia. —Voy a ir a los Estados Unidos dentro de poco tiempo —le dijo Matt cierta mañana—. ¿Puedes arreglarme los billetes del avión? —¿De vacaciones? —murmuró, sorprendida. —Sí —sonrió—. ¿O piensas que no las merezco? —Sí, sí, por supuesto. ¿Cuándo piensas irte? —De mediados de septiembre a mediados de octubre. Le dio los detalles de su itinerario y volvió a su despacho.


Tuvieron una breve distracción cuando llegó un día a la oficina Baba Minyila, acompañado de Connie, la enfermera de la clínica. Venía de negocios a Accra y estaba alojado con algunos de sus muchos parientes. Matt ofreció a Connie la habitación para huéspedes y Jacqueline dejó su trabajo para llevar a la chica a casa. Connie se quedó una semana completa. Tardó dos días en retirar las provisiones médicas que había ido a recoger y pasó el resto del tiempo protestando del tiempo que la hicieron perder. Aunque Jacqueline disfrutó de la animada compañía de Connie, que le ofreció una magnífica oportunidad de distraerse, lanzó un suspiro cuando al fin se fue. Matt hizo un gesto y elevó los ojos al cielo. —¡Aleluya! —exclamó. —¡Oh, Matt! Es una chica muy agradable. —Tal vez. Pero casi me volvió loco con tanto hablar. Una semana después, David se marchó a Kenya, donde iba a trabajar durante seis o siete semanas. Había una enorme cantidad de trabajo que hacer, para tener todo listo antes de que Matt se fuera, y con frecuencia Jacqueline tuvo que quedarse en la oficina hasta tarde. Cuanto más trabajo, mejor. Quería tener la mente ocupada, para no pensar.


Llegó al fin el día de la partida de Matt, y Jacqueline le llevó al aeropuerto por la mañana temprano. —No esperes a que yo me vaya —dijo Matt, después de entregar el equipaje y la documentación—. Voy a tener que esperar un poco más en la sala interior. —Muy bien. Que tengas felices vacaciones, Matt —por fortuna su voz sonaba normal y no revelaba la emoción que sentía. Él le sonrió y le dio unos golpecitos en el hombro. —Buena suerte, Jackie. ¡Hasta el mes próximo! Se dirigió a la entrada de migración, con el pasaporte en la mano y no volvió la mirada. Le observó hasta que desapareció, entonces se dio la vuelta, tragó saliva y salió del aeropuerto. Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Nº Páginas 75-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Jacqueline comprendió que no tendría valor para regresar sola a la oficina, así que fue a casa de Lisa Turner. —Buenos días, Godson —dijo al criado que estaba en la cocina, cuando entró —.


¿Está la señora Turner en casa? —Está en la sala, señorita. Lisa estaba sentada en un sofá, con varias revistas sobre las rodillas. Levantó la mirada al oír entrar a Jacqueline y le sonrió. —Hola. ¿Qué haces aquí a media semana y entre horas? ¿Te han echado? —No. —¿Quieres tomar un café? —Me encantaría. Lisa fue un momento a la cocina a dar instrucciones a Godson, Cuando volvió se sentó de nuevo y miró a Jacqueline con expresión astuta. —¡Ah! Hoy era el día en que tu jefe se iba de viaje, ¿no? —Sí. Acabo de llegar del aeropuerto. No tenía ganas de volver a la oficina. Pensé que era mejor celebrar mi ansiada libertad con una taza de café contigo. —Me parece muy sensato. Godson entró con una bandeja en las manos y Lisa se puso de pie. —Gracias, Godson —dijo, colocándola en una mesita—. ¿Lo tomas solo, verdad? —Sí, por favor. ¿En dónde está la nena?


—Grace la sacó a pasear. Lo hace siempre después del desayuno, antes de que empiece a hacer mucho calor. Lisa se sentó de nuevo y dio un trago a su café, mientras observaba a Jacqueline. —Así que, ¿cuál es tu problema? Jacqueline suspiró. No se podía engañar a Lisa. —Considerado todos los hechos conocidos, ¿no crees que debería estar contenta de que Matt se fuera? —Tal vez. —¿Qué quieres decir con eso? —Hace algún tiempo habría dicho que sí, que estarías saltando de alegría por haberte librado de él un tiempo. Pero ahora ya no estoy tan segura. Y es bastante obvio que no estás muerta de felicidad. Incluso creo que has estado llorando. Jacqueline no dijo nada. Se preguntaba si Lisa habría adivinado sus sentimientos hacia Matt. —¿Jackie? ¿Quieres oír mi diagnóstico? Nº Páginas 76-98 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Sí, me gustaría una segunda opinión. —Muy bien, ahí va. Estás sufriendo de un mal de corazón que se deletrea amo-r. Es difícil de curar, pero no imposible. Jacqueline sonrió amargamente. —Podría ser peor, ¿no? ¿Se puede ser más estúpida? —La estupidez no tiene nada que ver con esto. La verdad es que creo que te estás mostrando muy inteligente. Al menos, no lo niegas, ni intentas disimular tus verdaderos sentimientos. Has admitido la verdad ante ti misma, así que ahora puedes enfrentarte a ella. —¿Cómo? Eso es lo que me gustaría saber. —Vamos a ver, poco a poco. Lo primero es lo primero. ¿Qué me dices de Diane? No ha vuelto, que yo sepa. ¿Todavía sigue el romance con ella? —No, eso se acabó. —Así que ahora es un hombre libre. —Sí. —Entonces, ¿cuál es el problema? —No lo sé, la verdad. Quisiera saberlo —Jacqueline inclinó la cabeza y la apoyó en las manos—. Quiero que él también me ame, pero no es así. Él no me quiere.


—Jackie, no sé nada sobre el problema que hubo entre Matt y Diane. Pero, sea lo que sea, probablemente fue doloroso para él. Creo que le hizo daño. Dale tiempo para recuperarse. —¿Tú crees que él podría…? Lisa sonrió. —NUNCA PIERDAS LAS ESPERANZAS —dijo, citando el lema de un tro-tro— . Dale la oportunidad de que se recupere. Si realmente le amas, un poco de espera no te hará daño alguno. A Jacqueline se le hicieron eternas las semanas que él estuvo ausente. Se aburría en el despacho y la oficina le parecía vacía. Se acostaba temprano y se pasaba el día leyendo. Su vida social se limitó a salir un par de veces con Lisa y John. Si por lo menos David estuviera allí, pensaba, pero todavía seguía en Nairobi, dándose la gran vida. Todo el mundo se divertía menos ella. Para colmo de males, empezaron a surgir problemas. Paciencia enfermó y no fue a trabajar. El frigorífico de la casa se estropeó y Jacqueline se pasó toda la mañana del lunes buscando donde meter la comida. Por fin logró guardar parte de ella en el Nº Páginas 77-98 https://www.facebook.com/novelasgratis


congelador de Lisa, y el resto lo dejó en el de David, una vez que averiguó dónde estaban las llaves de su apartamento. Después de repetidas llamadas, el electricista fue a recogerlo y tardó varios días más en decirle que no podía arreglarlo porque no tenía la pieza de recambio. Jacqueline envió un telegrama a Nueva York, pidiendo que la compraran y se la enviaran con Matt, cuando éste regresara. Tenía que resignarse a pasar por lo menos dos semanas más sin frigorífico. David volvió a Ghana una semana antes que Matt y le trajo café, queso y una pieza de tela de Maridadi. Le dio un abrazo que casi le dejó sin respiración. —¡Oh, David, no debiste haberte molestado! —¡Claro que sí! La tela es el soborno para que me prepares un buen soufflé con el queso, y una taza de aromático café. Te estoy pidiendo que me invites a cenar, aunque no esta noche, desde luego. Jacqueline miró la tela. —Es preciosa, David. Muy diferente de la que venden aquí en el mercado, ¿verdad? —Hay un continente entero entre Ghana y Kenya —dijo él sonriendo, con una expresión traviesa en los ojos.


Le entraron ganas de sacarle la lengua, pero se contuvo. —Ya lo sé. Sólo estaba haciendo un comentario. ¿Quieres comer algo? No hay mucho porque estamos sin frigorífico de momento. —No, nada. Vine a invitarte a cenar y a contarte cosas del viaje. Maté tres leones, me atacó un elefante y casi me devora un hipopótamo. Jacqueline se echó a reír. —Se te olvidaron las serpientes y los mandriles. Lo siento, David, pero esas fantásticas historias sólo las creen los ingenuos. —¡Aguafiestas! —¿Es Kenya tan bonita como dicen? —Es precioso, fascinante e intrigante. Anda, ponte guapa y vámonos. El avión de Matt se retrasaba. Jacqueline lo estaba esperando y no recordaba haberse sentido nunca tan nerviosa. El aeropuerto estaba lleno de gente. Hacía mucho calor y Jacqueline se sentía pegajosa e incómoda. Por fin llegó el avión y Jacqueline vio cómo bajaban los pasajeros. Se le cansaron los ojos de ver tanta gente, pero Matt no apareció. ¿Dónde estaba? Esperó hasta que el último pasajero fue revisado en la aduana. El aeropuerto estaba casi vacío, cuando ella se dio por vencida. No se veía a Matt por ningún lado. No había llegado en el Nº Páginas 78-98


https://www.facebook.com/novelasgratis avión. Volvió al coche profundamente desilusionada. El próximo avión de Nueva York, llegaba una semana más tarde. Dos noches después despertó al oír que alguien llamaba a su puerta. —¡Jackie! ¡Soy yo, Matt! Déjame entrar, por favor. A todo correr buscó su bata, pero no la encontró. ¿Estaba en la lavandería? Bueno, no importaba. Corrió a la puerta, con el corazón palpitante. —¡Matt! —en cuanto le vio, le invadió una ola de deseo. —Siento haberte despertado, pero no traía mi llave y Kwesi no está en casa. —No importa —contestó ella. Hubiera querido abrazarle, sentir su cuerpo contra el de ella. Pero Matt no se detuvo. Fue directamente al salón y dejó caer la maleta en el suelo, sin mirar a Jacqueline siquiera. Ella le siguió. —Matt, ¿de dónde vienes? —De Londres, por Caledonian. —¿De Londres? —Tuve una reunión con unos banqueros, para el financiamiento del programa. Surgió a última hora y no hubo forma de decírtelo, siento haberte hecho ir el martes al aeropuerto. —No importa. —¡Dios mío, qué vuelo! Deberíamos haber llegado hace varias horas. Pero en


el momento en que íbamos a aterrizar, se apagaron las luces del aeropuerto. Volamos a Abidjan y esperamos más de una hora, hasta que las arreglaron. Parecía muy cansado. —¿Puedo ofrecerte algo, Matt? ¿Quieres algo de beber? —No, gracias. Sólo quiero acostarme —la miró, sin verla realmente—. ¿Cómo estuvieron las cosas aquí? —Bien, no hubo problemas. —Bueno, voy a darme una ducha y me acostaré. Hablaremos mañana. Jacqueline se quedó sentada en el sofá, incapaz de moverse. Estaba desesperada, él casi no la había mirado. Pero, ¿qué esperaba? No un abrazo apasionado, la verdad. No supo cuánto tiempo permaneció sentada allí. De pronto la puerta se abrió y Matt entró en la sala, con bata y zapatillas. —¿Todavía estás aquí? Creí que habías vuelto a la cama. —No tengo sueño. Cuando él se sentó a su lado el corazón le dio un vuelco. —Yo tampoco. La ducha me ha dejado como nuevo. Me iba a preparar una


copa. ¿Quieres una? Nº Páginas 79-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —No hay nada frío, pero tomaré un jerez. —Creo que resistiré el whisky sin hielo. Por cierto, traigo el repuesto del frigorífico. Matt sirvió las bebidas y se sentó. —Así que, ¿no sucedieron grandes tragedias en mi ausencia? —No, sólo pequeñas. Paciencia estuvo enferma una semana. El frigorífico se estropeó y tardé tres días en hacer el informe financiero. —¿Eso fue todo? ¿Estás segura de que no se te olvidó algo? —él se echó a reír y ella no quiso mirarle. Con manos inseguras se llevó el vaso a los labios. —¿Te sientes bien? ¡Jackie, estás temblando! —le quitó el vaso de la mano y lo puso sobre la mesa. Levantó el rostro de ella con los dedos—. ¿Qué sucedió? ¿Pasa algo malo? —Nada. El corazón le latía con tanta fuerza, que estaba segur de que él podía oírlo. Ansiaba sentir sus brazos, su boca. Le deseaba tan acuciantemente que no se podía


controlar. Cerró los ojos. —Matt… bésame… bésame —dijo en un bajo murmullo. Había perdido todo control sobre sí misma; no podía resistir más la necesidad que tenía de él, de sus brazos en torno suyo, oprimiéndola. Pero fue ella la que le abrazó. Alzó la cara y la boca de él descendió sobre la suya. La besó con una repentina e inesperada pasión. Él parecía desearla tanto como ella a él. Jacqueline no pensaba; sólo sentía un deseo tan agudo que era casi como un dolor físico. A través de la delgada tela de su camisón, ella sintió el cuerpo de él, duro y ávido de pasión. Se aferró a él ansiosamente, hasta que de pronto, él la retiró de forma violenta. —¿Qué diablos te imaginas que estás haciendo? Aquellas palabras le cayeron como un jarro de agua fría. Sintió que palidecía intensamente. Horrorizada de su propia falta de dominio, le miró. Tenía la cara rígida y había una enorme frialdad en su expresión. Empezó a temblar, sintiéndose avergonzada. No sabía qué decir ni qué hacer. Hubiese querido que se la tragara la tierra. Matt se levantó del sofá. —Gracias por la oferta, pero no, gracias. Una vez que dijo eso, salió de la habitación. Nº Páginas 80-98


https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 Se encontró acostada en su cama, aunque nunca supo cómo llegó allí. Se sentía herida y humillada. Las lágrimas corrían por sus mejillas y caían sobre la almohada, «¡Oh, Dios! ¿Qué hice?, pensó. ¿Cómo voy a poder enfrentarme a él, después de esto?» Pero no tenía otra alternativa. Debía enfrentarse a él. Trabajaba con él, vivía en su casa, así que no había modo de evitarlo. Eran las tres de la mañana y no podía dormir, estaba muy excitada. Le agobiaban aquellas palabras : Gracias por la oferta, pero no, gracias. ¿Qué se habría imaginado él? Las chicas decentes no se arrojaban a los brazos de los hombres. Pero la decencia no tenía nada que ver con esto. Le amaba y no podía resistir su atracción. No tenía defensas, no podía controlarse, pensó con desesperación. Volvió a llorar escondiendo la cara en la almohada. A las cuatro de la mañana, las primeras gallinas empezaron a cacarear. Jacqueline se acurrucó bajo la sábana, tratando de aislarse del ruido. Por fin cayó en un sueño inquieto y despertó de él exhausta. Se levantó con un gran esfuerzo y se miró en el espejo del baño. Tenía ojeras y parecía enferma. ¿Estaría Matt


desayunando? Se le hizo un nudo en la garganta y apretó los puños. Vas a salir y a darle los buenos días. Te sentarás a la mesa, frente a él, tomarás tu desayuno y hablarás de cosas intrascendentes. Mantén la cabeza en alto. Míralo de frente. Mantuvo la cabeza en alto, aunque lo único que realmente deseaba era meterse en la cama y esconderse debajo de la sábana, y no volver a verle nunca. Se bañó y se vistió. Tuvo especial cuidado en disimular su agotamiento con maquillaje. Cuando entró en el salón las piernas le temblaban. Matt no estaba allí. En la cocina encontró a Kwesi friendo huevos. —¿Vio al señor Simmons? —preguntó ella. —¿El señor Simmons? —Kwesi pareció desconcertado—. ¿Ya llegó? Por supuesto, Kwesi no sabía que Matt había llegado la noche anterior y, claro, no se iba a levantar temprano después de un viaje tan largo. Suspiró aliviada. No tendría que enfrentarse aún a él. Fresco y lleno de energía, sin el menor rastro de fatiga, Matt entró en el despacho de Jacqueline unas horas más tarde. Al verle el corazón le dio un vuelco. Su rostro era inexpresivo. —Buenos días —su voz era fría y tranquila—. Me gustaría que me ayudaras y


saliéramos de lo más urgente. —Estaré contigo en un momento. Esto era estrictamente trabajo. Terreno neutral. —¿Quieres que nos manden café? Nº Páginas 81-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, por favor. Jacqueline no supo cómo lo logró, pero se las arregló para mirarle y hablar con él como si nada hubiera sucedido. Las semanas pasaban y Jacqueline trabajó desesperadamente, tratando de no pensar. Era la única forma en que podía enfrentarse a la vida. A la hora de comer, se sentaban uno frente al otro, comiendo en silencio, o conversando de cosas sin importancia. Matt no parecía haber notado su cambio de conducta, o tal vez quería que las cosas siguieran así. Eran como dos corteses extraños, que no querían nada el uno con el otro. La barrera que los separaba era infranqueable y Jacqueline se sentía vacía. Cuando le miraba, sin poderlo evitar, una angustia enorme la invadía. Sabía que nunca podría odiarlo. Mas, ¿qué le pasó esa noche en que él volvió de Londres?


¿Qué le hizo pensar, o esperar siquiera, que él sentiría por ella lo mismo que ella sentía por él? Amor. ¿Qué esperaba de él? De jovencita, había soñado en rosas y romances a la luz de la luna. Besos apasionados y manos unidas en la oscuridad. Amor. La verdad es que para ella no significaba más que una profunda amargura y un inmenso sufrimiento. Con frecuencia cerraba los ojos, como si así pudiera evitar el tener pensamientos tristes y dolorosos. Tenía que aprender a vivir sin amor. Tenía que aprender a vivir sin Matt. Notando que algo andaba mal, David trató de hablar con ella. Estaban en el apartamento de él, donde había hecho una pequeña cena. Los invitados se habían marchado ya y ellos se habían quedado solos tomando una copa. —A mí no me engañas, Jackie. Sé que algo anda mal. Pareces haber perdido todo tu entusiasmo. —No puedo hablar de eso, David —le dijo tristemente, deseando no haber bebido vino. No le sentaba bien en el estado en que se encontraba. —Soy tu amigo, Jackie. —David… yo… yo… Se le hizo un nudo en la garganta y perdió toda su compostura. Sintió que unos


brazos la rodeaban y por un instante deseó que fueran los de Matt y hasta le pareció ver su cara. Pero no eran los brazos de Matt. Eran los de David. —Jackie, Jackie. La oprimió contra él y acarició su pelo. «No voy a llorar, se dijo a sí misma, no voy a llorar.» Le dolía la garganta y le ardían los ojos con el esfuerzo. Finalmente, levantó la cabeza. —Lo siento, David. Es el vino. No debía tomarlo. Me sienta mal. Nº Páginas 82-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —No te disculpes. Le retiró el pelo de la cara y se inclinó para besarla. Ella no se resistió. Si fuera Matt el que la tuviera en sus brazos, besándola, diciéndole que todo había sido una pesadilla y que él la amaba. Pero no era Matt el que la besaba. Era David, que había sido tan paciente y tan bueno con ella todo el tiempo. Si hubiera podido amarle, todo habría sido distinto. Pero no amaba a David… no de la forma en que una mujer debe amar a un hombre. Se retiró de él. —David, tengo que irme a casa. —¿Por qué no te quedas, Jackie?


Por un momento sintió la tentación de ceder. Sí, ¿por qué no? No había muchos hombres como David. Él sería amable y cariñoso. Él le gustaba y ella le gustaba a él. Pero eso no era suficiente, ni siquiera en esos momentos. —No puedo quedarme, David. No sería justo. —¡Oh, Jackie, eres la mujer más testaruda que he conocido! —sonrió, moviendo la cabeza—. Vamos, te llevaré a casa. Le pidió que la dejara en la puerta de la entrada. Ella le dio las buenas noches y él le dio un beso en la mejilla. Alí cerró las puertas tras ella y Jacqueline se dirigió lentamente a su casa. Al entrar en la sala, oyó que la puerta de comunicación con la casa de Matt se abría bruscamente. Matt apareció en el umbral, furioso. El ambiente se hizo tenso. —¿En dónde diablos estabas? —la pregunta la hizo estremecerse. Miró a Matt, tratando de controlarse. —¡A ti no te importa! —Bueno, creo que puedo adivinarlo —miró con desprecio el vestido largo de Jacqueline—. ¡Bebiendo y cenando fuera otra vez! ¡Son las dos de la madrugada y es miércoles! —Bueno, si me permites, me iré a la cama ahora mismo.


Se dispuso a entrar a su dormitorio, pero él la cogió del brazo y la detuvo. —¡Suéltame! —exclamó retirando el brazo con violencia. Se miraron un momento; estaban furiosos. —Hubo una llamada telefónica para ti, hace menos de una hora —dijo él, en voz baja y controlada—. A la una, para ser exactos. Vine a buscarte, pero no estabas en tu cama. Se asustó. Una llamada telefónica a esas horas sólo podía significar algo malo. —¿Quién era? —preguntó ansiosamente. —No sé. No me dijo su nombre. Era un tipo y creo que estaba borracho. Uno de tus amiguitos locos, probablemente. Para cuando volví al teléfono, ya había colgado. Nº Páginas 83-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Jacqueline se sintió aliviada. —Bueno, siento que te hayan molestado a esa hora. —¡Eso no es problema! El problema fue que no estabas en tu cama. No sabía qué te podía haber pasado. Podías haber sufrido un accidente. No puedes imaginarte las cosas que estuve pensando… No, no podía hacerlo. Había otros lugares en que podía pensar… y no


exactamente víctima de un accidente. En la cama de David, por ejemplo. —Me conmueve profundamente tu preocupación, pero ahora me gustaría dormir. Sin decir más, Matt salió de la habitación cerrando la puerta con tanta fuerza, que la casa tembló. Una tarde, Jacqueline estaba sentada en la terraza, tratando de leer. Pero el libro no lograba retener su atención. Nuevamente estaba pensando en Matt. ¿Por qué le amaba? ¿Por qué no lograba olvidarle? De pronto la distrajo un ruido de un coche que se acercaba. Era David, que llegaba sonriendo de oreja a oreja. Su atuendo no podía ser más extravagante: traía una camisa morada, bordada de blanco, pantalones azules de mezclilla cortados por la mitad y sandalias de plástico. —¡Hola, preciosa! ¿Estás ocupada? —No, siéntate, por favor. ¿Quieres algo de beber? ¿Agua? ¿Té helado? No hemos podido conseguir cervezas últimamente. —El té helado está bien. Jacqueline se puso de pie y se dirigió a la cocina, para traer la jarra y los vasos. —Tengo una noticia que darte —dijo David, cuando Jacqueline volvió—. Y tú eres la primera en conocerla.


—A ver: cuenta, cuenta. —Me han ascendido y me trasladan a Filipinas. —¿A Filipinas? —Sí, me voy el mes próximo. —¡Oh, David! —la invadió una sensación de tristeza. —¿No te alegras por mí? —¡Sí, oh, sí! Sólo que es… tan lejos. Voy a echarte de menos. —Y yo te voy a echar de menos a ti. Se miraron el uno al otro, seriamente. Jacqueline tragó saliva. Nº Páginas 84-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —David, ¿qué fue lo que falló entre nosotros? —él la miró en silencio durante un largo rato. —Nada falló, Jackie. Simplemente no sucedió. —Yo hubiera querido que sí. —Yo también. —Hubiera querido amarte. Me hubiera ido a Filipinas contigo y… —Habríamos vivido felices por el resto de nuestra vida, como en los cuentos de hadas —él sonrió.


—Soy una tonta, lo sé. —Si hubieras querido venir, yo te habría dejado. Te dejaría, si lo quisieras. —¿De veras? —le preguntó sorprendida. —Sí, con una o dos concesiones de tu parte. Y habría sido la cosa más estúpida que hubiéramos podido hacer —de pronto sonrió con expresión perversa—. Pero yo habría disfrutado de ello, mientras durara… dos semanas, o tres como mucho. —¡Oh, David! Y se echaron a reír nuevamente. Entonces empezaron las fiestas de despedida para David. Jacqueline fue invitada a la mayor parte de ellas, al igual que Matt. Iban y volvían separados, como si vivieran a kilómetros de distancia. Un amigo de David dio una gran fiesta en una casa de la playa. Casi todos los invitados habían llevado sus trajes de baño. Jacqueline se había puesto su bikini, pero no le gustaba nadar de noche. Y no le había gustado la fiesta. Consideraba peligroso que la gente bebiera y nadara al mismo tiempo, sobre todo de noche. Se alejó de la casita y se sentó en un tronco, cerca del agua. Estaba muy oscuro para pasear y estaba cansada. Se dedicó a mirar el mar y a escuchar el ruido de las olas.


Sintió que alguien se acercaba. No reconoció la figura hasta que la tuvo muy cerca. —¿Jacqueline? ¡Matt! El pánico se apoderó de ella. No había nada que temer, se dijo a sí misma. Era sólo Matt. —¿Sí? Se sentó en el tronco, junto a ella. —Quiero hablar contigo. Nº Páginas 85-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Esta es una fiesta y estoy tratando de descansar. No me interesa lo que quieras decirme. —¡No vengo a hablar de negocios, maldita sea! Ella no contestó. Estaba tensa. —No me has mirado, ni me has hablado en semanas enteras. No he tenido oportunidad de estar solo contigo, sin que alguien ande rondando… Kwesi, o Paciencia, o alguien más. —¡No quiero estar sola contigo! —Bueno, ¡yo quiero estar a solas contigo! La cogió por los hombros y la atrajo hacia su cuerpo. Sus brazos la rodearon y


antes de que ella pudiera contestar Matt la estaba besando en la boca. Al sentir la piel desnuda de él contra la suya se alarmó. No podía dejar que sucediera otra vez. Se retiró violentamente. —¡No me toques! ¡No te atrevas a tocarme nunca más! —pero él la seguía abrazando y no parecía dispuesto a soltarla. Recordó la forma en que él la había humillado—. ¡Suéltame! —gritó—. ¡Suéltame! Luchó intentando liberarse de sus brazos, pero él no la soltó. —¡Basta, Jackie! ¡Basta, basta! La había cogido de los hombros y la estaba zarandeando. Ella temblaba y lloraba sin poderse contener. En un último y desesperado esfuerzo, logró liberarse de él… o tal vez Matt la soltó. Tambaleándose, echó a correr, para alejarse de él. Tropezando, pues las lágrimas casi no la dejaban ver, logró llegar a la parte de atrás de la casa. Abrió varias puertas, encontró un dormitorio y se tiró en la cama, llorando histéricamente. Un momento después, David entró y la miró asustado. —Jackie. ¡Por Dios! ¿Qué ha pasado? —Nada. Por favor, déjame sola, David. —Entras llorando, como si el mundo se hubiera acabado, y dices que no ha pasado nada. Acercó la lámpara de la mesilla para verla mejor.


—¿Qué es esto? —David tocó el hombro de Jacqueline, señalando las marcas que habían dejado en él los dedos de Matt. Mientras la miraba, ella se sentía extrañamente desnuda con su bikini. —No es nada… es que… —¿Intentó alguien propasarse contigo, Jackie? ¡Dímelo! —¡No, no! No es lo que estás pensando. ¡No fue así! David… —llamaron a la puerta y Jacqueline se incorporó de un salto—. ¡No le dejes entrar, David! ¡No le dejes entrar! Nº Páginas 86-98 https://www.facebook.com/novelasgratis David salió de la habitación de un salto. Ella oyó voces, fuertes y excitadas al principio; más bajas y tranquilas después. No pudo entender lo que decían. Se volvió a recostar en la almohada, con todos sus nervios y músculos en tensión. Le pareció que pasaba mucho tiempo, antes de que David volviera a entrar. —Bueno, ¿estás lista para un trago de whisky? —Sí, sí, por favor. Le entregó el vaso y ella empezó a beber lentamente, sin mirarle. —¿Era Matt? Hubo un breve silencio, antes de que David contestara:


—Sí, era él. —No era lo que te imaginabas, David. —No, ya lo sé. Se preguntó qué se habrían dicho, pero obviamente, David no se lo iba a decir. Y a ella no le importaba. El whisky logró calmarla. Le dijo a David que se sentía bien y él la dejó para volver a la fiesta. Ella apagó la luz y se quedó quieta en la cama, pensando. Afuera continuaba la música, los cantos y las risas. «Tengo que irme de aquí. No resisto más. Tendré que buscar otro empleo o pedir que me trasladen. No puedo vivir así». Más tarde, David volvió a la habitación y le entregó su ropa. —Es hora de irse. Te llevaré a tu casa. —No. Me traje uno de los coches de la oficina. No vine con Matt. —Yo te llevaré ahora a casa y ya vendremos mañana a recogerlo. La dejó mientras se vestía. El camino hasta la casa era muy largo, pero David no dijo una sola palabra durante todo el recorrido. David se fue una semana antes de Navidad, con la promesa de visitar a los padres de Jacqueline en los Estados Unidos. Ella hubiera querido irse también, aunque sólo fuera para alejarse de Matt. No sabía cómo podría sobrevivir las


siguientes semanas, hasta que hubiera recibido una respuesta de Nueva York a su solicitud y pudiera hablarle a Matt de su traslado a otra oficina. El harmattan había llegado y los vientos procedentes del norte nublaban el cielo de polvo gris amarillento. La atmósfera era deprimente y no contribuía a mejorar el estado de ánimo de Jacqueline. Los Turner habían planeado una gran cena de Navidad, con pavo importado de Kenya, y Jacqueline fue a ayudar a Lisa con los preparativos. Nº Páginas 87-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Yo sé que no es nada que me incumba —dijo Lisa mientras preparaban el relleno en la cocina—, pero he notado que se ha producido un gran cambio en ti. —Es el harmattan. Ya sabes lo que le hace a la gente. Cambia su personalidad. La vuelve loca. —¡Pamplinas! Has adelgazado. Estás muy nerviosa y triste. ¿Qué pasa entre Matt y tú? Por un momento, Jacqueline no dijo nada y se quedó mirado como tonta la caja de especias que tenía en las manos. De pronto empezó a hablar sin poderse contener. —¡Oh, Lisa! Todo anda muy mal. He sido tan estúpida y… y he decidido


marcharme. No lo soporto más, tengo que irme de aquí. —¿Qué dices? —la miró asombrada. —Voy a renunciar. —¿Por qué? —No soporto más tener cerca a Matt… Él… él no me quiere. La vida ha sido imposible estos dos últimos meses. No nos llevamos bien y estamos siempre peleando. Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos. —Pero tú le amas, Jackie. —¡Lo sé, lo sé! ¡Pero él no me quiere! —Vamos a ver, sentémonos —Lisa puso un brazo alrededor de los hombros de Jacqueline y la condujo a la sala—. Ahora cuéntame. ¿Qué sucedió? —Él piensa que soy una cualquiera. —Pero ¿por qué lo iba a pensar? —Bueno, ¡oh, Lisa! Estoy tan avergonzada… fue, ¡tan horrible! —Cuéntamelo, de todas formas. Y lo hizo. Habló precipitadamente sin atreverse a mirar a Lisa. Pero le contó todo. Cuando terminó se quedó un rato callada. —Tal vez —dijo por fin—, será mejor que le digas a Matt que quieres irte. —Se lo diré en cuanto me conteste Nueva York —dijo tristemente.


La solicitud de Jacqueline de ser trasladada a Nigeria no fue recibida con mucho entusiasmo en la oficina central. Las manos de Jacqueline temblaban cuando leyó la carta. «La necesitamos en Ghana. Ha estado haciendo un excelente trabajo y no nos gustaría perderla». Ella lo sabía, aunque era agradable verlo escrito. Pero no podía quedarse y esperaba que estuvieran tomando en serio su solicitud. Continuó leyendo y se tranquilizó. Como el programa en Nigeria se había expandido considerablemente en el último año, había necesidad de más personal y Jacqueline, Nº Páginas 88-98 https://www.facebook.com/novelasgratis con su experiencia en Ghana y sus conocimientos de francés, estaba muy capacitada para llenar el puesto. Pero, por favor, decía la carta, debía considerar muy bien su solicitud. Sería una carga dura para Matt entrenar a otra persona. «No me importa, pensó Jacqueline con amargura. Que sufra un poco… ¡se lo tiene merecido!» «No sabemos cuál es el problema, concluía la carta, pero si hay algo que podamos hacer desde aquí, no deje de decírnoslo».


Bueno, no había nada que pudieran hacer respecto a sus problemas, pero podían trasladarla a Nigeria si ella insistía. Era todo lo que necesitaba saber. Volvió a poner la carta en el sobre y suspiró aliviada. Ahora tendría que decírselo a Matt. Sólo de pensarlo se puso nerviosa. Afortunadamente disponía de la tarde para pensar en lo que iba a decirle. Matt había pasado el día visitando el proyecto de la crianza de cabras y no volvería hasta las siete u ocho de la noche. Jacqueline cenó temprano y después se sentó en su salita, con un libro en la mano y una taza de café. Pero no podía leer. Estaba nerviosa y se sobresaltaba cada vez que oía a un coche dar vuelta a la esquina. Mientras permanecía sentada, se dio cuenta de que éste era, realmente, el fin. Al irse a Nigeria terminaría todo, apagaría hasta la última chispa de esperanza que podía haber guardado en el fondo de su alma. Matt saldría de su vida y no lo volvería a ver. Se imaginó a sí misma en Nigeria. Un nuevo país, una nueva oficina, un nuevo jefe. Un nuevo comienzo. Pero estaba segura de que se iba a deprimir. Lloraría noches enteras… por algún tiempo. Afortunadamente, en un clima desértico, las lágrimas se secan con rapidez, se dijo a sí misma, intentando tomar las cosas a la ligera. Pero no resultaba gracioso. Cuando Matt llegó, casi se había convencido a sí misma de que debía esperar


al día siguiente para decírselo. Pero comprendió que sólo estaba haciendo las cosas más difíciles. Bueno, por lo menos le daría tiempo para comer algo. Más tarde, al fin se atrevió a entrar en el salón. Estaba sentado a la mesa del comedor, con varios papeles extendidos frente a él. Parecía absorto en el trabajo y aparentemente no se dio cuenta de su presencia. Jacqueline aspiró con fuerza, tratando de calmarse. —Matt, quisiera hablar contigo. Él levantó la vista de sus papeles con impaciencia. —Sí, ¿de qué se trata? —Estoy presentando mi renuncia. He pedido mi traslado a la oficina central y están considerando la posibilidad de enviarme a Nigeria. Nº Páginas 89-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Un silencio mortal siguió a sus palabras. Él la miró entre incrédulo y sorprendido. Había algo más en su expresión. ¿Furia? ¿Temor? Ella no hubiera podido decirlo. —Ya me oíste. Espero que estés satisfecho. Nunca me quisiste aquí, y ahora me voy. —¡Oh, no, note vas! —¡Oh, sí, sí me voy!


El ambiente se hizo tenso. Otra vez estaban uno frente al otro, atacándose. Esta vez le había tomado a él por sorpresa. Matt se levantó. —¿Puedo preguntar por qué? —Por nosotros. —¿Nosotros? —Sí, nosotros. Tú y yo. No nos llevamos bien. No nos entendemos. Siempre estamos peleando y eso me empieza a afectar los nervios. No tengo intenciones de convertirme en una neurótica por culpa tuya. Tú no me necesitas. Seguramente puedes encontrar con facilidad quien me sustituya. —Yo no quiero que te vayas —dijo suavemente él. —Dame una buena razón para quedarme… Por un momento todo se quedó en silencio. Los ojos de él, oscuros e inescrutables, se clavaron en los de ella. —Porque te amo. El mundo empezó a dar vueltas a su alrededor. ¡Oh, no, no era posible que hubiera recurrido a eso! ¿Sería tan ruin de usar esas tácticas sucias, de manipular sus sentimientos para lograr que se quedara? Se sintió mareada y por un momento no


pudo enfocar la vista. Buscó el respaldo de una silla, se apoyó en ella y se obligó a mirarle a la cara. —¡Oh, no, Matt! —dijo en voz baja y firme—. ¡No! No intentes eso conmigo. Nº Páginas 90-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 Ella se dio la vuelta, salió corriendo de la casa y subió al coche. Era como si estuviera en trance; no sabía exactamente lo que hacía. Todo lo hacía de forma automática… soltar el freno, meter el embrague, pisar el acelerador. No sabía adónde iba. Todo lo que quería era alejarse de la cruda verdad, él se había burlado de sus más profundos sentimientos, no era el hombre que ella había creído que era. Sus manos se aferraron al volante. Era peligroso que condujera cegada por las lágrimas… podía matar a alguien. Tenía que ir a algún sitio… hablar con alguien. Lisa. Podía ir a ver a Lisa. Rezó porque su amiga estuviera en casa. Lisa estaba en casa. Y también John. Jacqueline se dejó caer en el sofá, apretando los puños, y trató desesperadamente de calmarse. —¡Jackie! ¿Qué ha pasado? —Lisa parecía preocupada, pero Jacqueline no podía hablar. Tenía un nudo en la garganta. John le puso un vaso en la mano y se dio cuenta de que estaba temblando.


—Vamos, bebe eso —le dijo él—. No hables. Bebió el whisky lentamente y al cabo de un rato se sintió más tranquila. Se dio cuenta de que John había salido de la habitación y estaba sola con Lisa. —¿Quieres hablar sobre lo que pasó? —Creo… creo que sí. —No necesito preliminares. ¿Le dijiste que te ibas? —Sí. —Y él no se mostró muy entusiasmado, ¿verdad? —No… ¿Cómo lo supiste? Lisa sonrió. —Una corazonada. ¿Le dijiste por qué? Jacqueline asintió con la cabeza. —Dijo… dijo que no quería que me fuera porque… porque me ama… Me está usando, Lisa. Sabe lo que siento por él y se está aprovechando de eso… —No hace mucho tiempo pensaba que eras una cualquiera… al menos, eso fue lo que me dijiste. Jacqueline se tapó la cara con las manos. —Yo no sé, Lisa. No entiendo nada. Actúa de forma tan extraña algunas veces, que no sé qué pensar.


Imaginó a Matt de distintas formas: duro, enfadado, cariñoso, sonriente… Nº Páginas 91-98 https://www.facebook.com/novelasgratis A veces se había burlado de ella y la había hecho enfadar a propósito. La había mirado con desprecio y en esa horrible noche de octubre, había dicho las cosas más crueles que ella había oído nunca. ¿Qué diablos crees que estás haciendo? ¡Gracias por la oferta, pero no, gracias! Aquellas palabras todavía le dolían, le dolerían siempre. Pasara lo que pasara, no las olvidaría jamás. Sin embargo, otras veces había bromeado con ella, le había sonreído, la había tenido en sus brazos y la había besado. Le regaló los pendientes de oro y le dio las gracias por ser buena con él. Había sido honrado y sincero, estaba segura de eso. Pero todo eso cambió la noche en que él volvió de Inglaterra. ¿Por qué? Levantó la cara y miró a Lisa. —No sé, Lisa. Es todo tan confuso. He pensado mucho en esto y no logro comprenderlo. —Jackie, ¿se te ha ocurrido que es posible que Matt haya dicho la verdad al decirte esta noche que te amaba? —No —dijo suspirando. —¿Lo ves? —murmuró casi enfadada—. ¿Lo ves? ¡Eso es lo que quiero decir! Os


atacáis continuamente, desconfiando el uno del otro. Tú no crees ni por un momento que sea sincero al decirte eso. ¡Nunca se te ocurrió siquiera! No hacéis más que luchar y heriros mutuamente. Todos vuestros buenos sentimientos están ocultos bajo un montón de malentendidos. Ya ni siquiera os dais cuenta de cuál es la verdad. ¡Y eres una tonta! Por un momento Jacqueline se quedó sin habla. —Gracias —dijo por fin, secamente—. Gracias por el consuelo y la simpatía. ¡Justo lo que necesitaba! —¡Oh, Jackie! No puedo resistir ver cómo os amargáis la vida el uno al otro. Yo sé que tú eres orgullosa y testaruda, pero no vale la pena en este caso, créeme. Es muy alto el precio que estás pagado. —Pero, Lisa, ¿por qué me trató así? ¿Por qué me humilló de esa manera? Quiero decir, cuando volvió de Londres. —Jackie, yo no puedo contestarte eso. Pero debe haber existido alguna razón. Pregúntaselo a él. —¿Preguntárselo a él? ¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo podría hacerlo? Lisa suspiró y cambió de postura. —Escúchame, Jackie. En cuatro años de matrimonio he aprendido algo: la


comprensión no nace espontáneamente. Uno tiene que buscarla, forjarla, luchar por ella. Hay que hablar, hay que preguntar. Nunca suponer nada. —Pero yo no estoy casada con Matt. —Pero le amas. Y eso es lo que cuenta. Jacqueline no contestó: Nº Páginas 92-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Recuerdas que me dijiste que Matt se acercó para hablar contigo en la playa? Quería hablar contigo entonces, pero tú no le dejaste. Echaste a correr. ¿Por qué? ¿No podrías darle una oportunidad? Recordó la sensación de la piel de él contra la suya. Su beso. Su temor a que él la sometiera, demostrándole el poder que ejercía sobre ella. —¡No pude! ¡No pude! Lisa suspiró impaciente. —Sois tal para cual. Ninguno de los dos os dais la menor oportunidad. Pero alguien tiene que romper el círculo vicioso. Ahora es tu turno. —¿Mi turno? ¿Qué quieres decir? —Quiero decir, que si le quieres, será mejor que hagas algo, antes de que sea demasiado tarde. Él es humano también, Jackie. No le has dado su oportunidad.


Ahora es el momento de hacerlo. Ve y habla con él. Di que lo sientes… di cualquier cosa. —¡Oh, Lisa, no podría hacer eso! —¡Jackie! —Lisa la cogió por los hombros y la zarandeó suavemente—. ¡Jackie! Tienes que decidir: ¡tu orgullo o él! Jacqueline volvió a su casa, conduciendo despacio. Era ya tarde y había poca gente en la calle. ¿Se habría acostado ya Matt? Si iba a hablar con él, tendría que ser esta noche. Mañana, ya no tendría el valor de hacerlo. La luz del salón estaba apagada. Entró en él en silencio. Había luz en el dormitorio de Matt. Las piernas le temblaban y sentía sudorosas las manos. «Estoy hecha un desastre, pensó. Necesito beber algo». Fue a la cocina y se sirvió un whisky. «No puedo hacerlo. No puedo hacerlo», se dijo con desesperación. «Haré un pacto, pensó de pronto. Me daré una ducha y me pondré presentable. Entonces, si la luz está encendida todavía, sabré que es señal de que las cosas saldrán bien y hablaré con él. Si la luz está apagada, sabré que es inútil intentarlo». Cuando era niña, hacía arreglos como ése, apelando al destino para que le fuera indicando el camino a seguir. Por alguna razón, eso la hizo sentirse un poco más


confiada. ¿O sería efecto del whisky? Bueno, no importaba. Se desvistió y se metió en la ducha. El agua fría sobre su piel la refrescó y le hizo sentirse mejor. Se puso una blusa y una falda; se peinó y se hizo una cola de caballo. Hizo un gesto a su imagen reflejada en el espejo. No te quedes ahí. Muévete. El valor parecía estarle fallando. Fue de puntillas al salón y al llegar a él, cerró los ojos. Entonces, los abrió lentamente. La luz seguía encendida. Nº Páginas 93-98 https://www.facebook.com/novelasgratis Su corazón empezó a palpitar más y las piernas le temblaban. «¿Qué voy a decirle?», se preguntó cada vez más asustada. «Ya se te ocurrirá algo», se contestó. Aspiró una bocanada de aire y llamó a la puerta. —¿Quién es? —Soy yo, Jackie. Se hizo un breve silencio. —Está bien. Pasa. Estaba sentado ante su escritorio, con pantalones vaqueros y una camisa blanca. Se encontraba trabajando. El aire acondicionado estaba encendido y la habitación estaba fría. Ella cerró la puerta, después de entrar, y se apoyó contra ella. —Bien, ¿qué puedo hacer por ti?


—Quería pedirte disculpas. —¿Por qué? —su voz era fría y distante. —Por lo que dije, por esa tonta discusión que tuvimos esta noche. —¡Ah! —hizo un gesto con la mano—. ¡Olvídalo! —No quiero olvidarlo. —No sé lo que quieres decir. Pero haz lo que quieras. Así que él también tenía su orgullo. No iba a ceder un ápice. Si Lisa estaba en lo cierto, ella le había herido y ahora se ocultaba tras esa máscara que le hacía inalcanzable. No iba a recibir ninguna ayuda de su parte. La invadió la desesperación y se mordió el labio. —Matt, siento mucho que estemos siempre riñendo… —Te irás muy pronto y eso terminará —lo dijo sin mirarla. —¡No me quiero ir, Matt! —Jacqueline sintió como si se hubiera arrojado de un precipicio, caía, caía, caía. Cerró los ojos con fuerza y volvió a abrirlos. Matt parecía indiferente. —Esa no fue exactamente la impresión que me diste. Jacqueline estaba sorprendida. ¡No podía pensar! Las palabras de Lisa le martilleaban el cerebro. ¡Alguien tiene que romper el círculo vicioso! ¡Ahora es tu turno! Y entonces empezó a hablar precipitadamente, sin poderse controlar.


—¡No quiero pelear contigo, Matt! Me duele demasiado. Me iba a ir de aquí no porque te odiara, sino porque… porque… —se mordió el labio para evitar que su voz temblara y sintió el sabor salobre de las lágrimas. Las fuerzas le flaqueaban, pero no podía detenerse ya—. No podía soportarlo más, Matt. El pensar que estabas jugando conmigo, tratándome como si fuera una perdida… —se tapó la cara con las manos. «¡Oh, Dios mío!, pensó. ¿Qué estoy haciendo? ¡Se va reír de mí!» Nº Páginas 94-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —No me creíste —Matt hablaba muy bajo. Ella levantó la cabeza, sorprendida por su repentino cambio de voz—. Te negabas a hablar conmigo y yo no sabía cómo llegar a ti, Jackie. Era todo lo que quedaba por decir, pero no me creíste. Ella desvió la mirada, porque no quería verle tan triste. —No, no te creí. —¿Por qué? —No… lo esperaba. Pensé que tú… —¿Qué lo decía para retenerte en el trabajo? —Sí.


—Jackie. Yo no juego con el amor. He tenido suficiente escarmiento —había amargura en su voz. Diane. Siempre Diane. —¿La amabas mucho? —tenía que preguntárselo. Tenía que saberlo. —¿A Diane? ¿Que si amaba a Diane? No, no creo que amor es la palabra correcta. Obsesión, tal vez. Fascinación, tontería, locura… lo que haya sido, lo confundí con el verdadero amor, que es diferente. Ahora lo sé. Se pasó los dedos por el pelo, en un gesto de cansancio. Jacqueline tragó saliva. —Matt, ¿por qué te alteraste tanto con su carta? ¿Por qué no te alegraste de que eso hubiera terminado de una vez por todas? —Oh, Jackie, trata de entender. Todo ese asunto fue absurdo, irreal. Yo nunca había fallado en nada, excepto en esa relación imposible. Mi orgullo estaba herido, destrozado. Nunca en mi vida me había sentido tan humillado. Por eso salí a emborracharme. —No estabas realmente borracho. —Bueno, lo que haya estado. Jacqueline no dijo nada.


—Hay algo que me gustaría saber —dijo Matt, después de un momento de silencio—. Esa noche que volví de Londres… ¿por qué hiciste eso? —¿Por qué? —se puso colorada—. Yo no lo había planeado. Si eso es lo que quieres decir. Pues… sucedió, simplemente. Yo nunca en mi vida… —no pudo seguir y no se atrevió a mirarle. —Me diste el susto de mi vida. —¿Te asusté? ¿Cómo? ¿Por qué? —le miró fijamente, sin comprender. —Me asusté de mis propias emociones, de lo que estaba sintiendo por ti. Cuando me tocaste… bueno, debiste notar que no me quedé exactamente frío. Jacqueline miró hacia otro lado. Nº Páginas 95-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Era eso tan terrible? —Oh, Jackie, ¿no te das cuenta? No confiaba en mis sentimientos. No confiaba en ti. Todavía estaba fresca la herida. Diane me había dado una patada y, de algún modo, tenía que reponerme. No quería sentir nada, no quería experimentar emociones que no podía controlar. Entonces… ahí estabas tú, con nada puesto excepto un camisón transparente, jugando conmigo.


—No estaba jugando contigo. Él la miró fijamente, y ella sintió que se derretía bajo su mirada. —Siento haber interpretado mal tus intenciones. Supongo que eso nos deja a mano… Fue hacia la ventana y miró afuera, con las manos metidas en los bolsillos. Jacqueline estaba cansada. Se dejó caer en una banqueta y se cruzó de brazos. Esta conversación no parecía llevarlos a ninguna parte. Pero por lo menos estaban hablando, en lugar de pelear. —¿Sabes, Jackie? Cuando llegaste aquí, no quería que te quedaras… tanto por razones personales como profesionales. Pero estaba equivocado, en muchos sentidos —se volvió a mirarla—. Tú eres todo lo que Diane no era. Tienes corazón y tienes cabeza —se detuvo y la miró muy serio—. Eres buena en tu trabajo y puedo contar contigo. Empecé a apreciarte a nivel profesional, pero me di cuenta de que me atraías también. Sin embargo, no le di mucha importancia a mis sentimientos, hasta esa vez que estuvimos en Tamale. Entonces me asusté al pensar que tal vez estaba enamorado de ti… y eché marcha atrás, por así decirlo. No estaba listo para el amor; no quería volver a enredarme tan pronto, así que cometí varios errores graves


contigo —suspiró pesadamente—. No sé si algo de lo que estoy diciendo tiene sentido para ti. —Creo que sí. Ahora se daba cuenta, con claridad de por qué había actuado de aquella forma. Por qué se había retirado de ella tan repentinamente, cuando la besó en Tamale. Por qué no la había besado cuando la llevó a cenar el día de su cumpleaños. Matt continuaba de pie cerca de la ventana, mirándola con expresión malhumorada. —Y ahí estaba David, también. —¿David? —No lograba darme cuenta de lo que había entre vosotros dos. No pensaba que era amor; como si las piezas no encajaran bien. Jacqueline sintió la garganta seca. —¡Oh, Matt! ¿Por qué es todo tan complicado? ¡Yo no quería que lo fuera! David y yo… —Me lo dijo la noche de la fiesta en la playa. —¿Qué te dijo? Nº Páginas 96-98


https://www.facebook.com/novelasgratis —Me dijo que erais amigos y nada más. Porque tú lo querías así. Ella asintió. —Jackie, no hemos podido entendernos muy bien que digamos, ¿verdad? Y si vas a quedarte, tal vez deberíamos empezar de nuevo e intentarlo otra vez. Hacerlo más simple, sin complicaciones. —Sí —dijo, tragando saliva. —Ven aquí, Jackie. Matt extendió las manos hacia ella y Jacqueline acudió a él y puso sus manos en las suyas. —Mírame. Los dos se miraron fijamente en silencio. —Te amo, Jackie —dijo Matt, de forma lenta y deliberada. —Te amo, Matt. Durante un momento no pasó nada. Después Matt la abrazó y una ola de intenso amor la invadió. Oprimió su cara contra el pecho de Matt y casi no pudo respirar de la emoción. —¡Oh, Dios mío! —gimió él, bajando su rostro hacia el cabello de ella—.


¿Por qué nos hicimos todo esto? En un gesto casi violento, levantó con los dedos el rostro de ella y la besó apasionadamente, Jacqueline tembló en sus brazos emocionada. Las manos de él se deslizaron bajo la blusa, acariciando su espalda desnuda. Ya no podía pensar en nada, sólo quería sentir sus suaves caricias… No necesitaba palabras, ni pensamientos. Perdió todo control sobre sí misma, pero eso no importaba ya. Ella correspondió a sus besos entregándose a su pasión. Matt la soltó lentamente y cogió su cara entre las manos. —Lo siento —dijo con voz ronca—. Siento muchísimo haberte hecho daño esa noche en que volví de Londres. No comprendí. —Matt, oh, Matt… —su voz se quebró y las lágrimas llenaron sus ojos, porque todo aquello resultaba demasiado para ella. —No llores, no llores. La oprimió contra él y empezó a acariciar su pelo. —¡Oh, Matt, no sabes cómo me siento! —no había palabras que describieran el alivio que sentía y lo contenta que estaba.


—Lo sé, mi amor… sientes alivio… puro y franco alivio —la cogió de la mano y la llevó a la cama—. Es más fácil besarse acostados. Cariñosamente, la acostó y hundió la cara en su pecho. Jacqueline podía sentir su deseo y su necesidad de ella. Cerró los ojos y empezó a acariciar con lentitud la espalda de Matt. Nº Páginas 97-98 https://www.facebook.com/novelasgratis —Abrázame, Jackie. ¡Abrázame fuerte! Ella nunca había experimentado los sentimientos que la sacudían en esos momentos. Después de un momento, Matt levantó la cabeza y la miró. —Debo advertirte —dijo en voz baja—, que será mejor que te cases conmigo. ¡No me dirás que no crees en el matrimonio! Jacqueline se echó a reír con suavidad. —Soy anticuada en lo que se refiere al matrimonio. Me gusta, con todos sus serios compromisos, sus ataduras y su condición de permanencia. —Magnífico. Eso era lo que quería oírte decir. Ella atrajo el rostro de él hacia el suyo y le besó apasionadamente. Sintió cómo


las manos de Matt se deslizaban hacia sus senos y los acariciaban con ternura. —Eres tibia, suave y hermosa —murmuró él. —¡Matt, oh, Matt! —no tenía más palabras que decirle. Sólo tenía necesidad de él, su deseo desesperado de que siguiera besándola y acariciándola. —Te amo —murmuró el con voz ronca—. Te amo con todo mi corazón. De pronto todo se quedó oscuro. El aparato del aire acondicionado hizo un ruido y se paró. Por unos minutos se quedaron abrazados en silencio, sin que la corriente eléctrica diera señales de que iba a volver. —Será mejor que vayas a buscar velas —murmuró Jacqueline al oído de Matt. —No —sus brazos se ciñeron con fuerza en tomo a ella—. Más tarde, más tarde. Fin Nº Páginas 98-98

Siempre hay un manana karen van der zee  

Argumento: Ella lo amaba, pero ¿qué se había imaginado él? Después de todo, las muchachas decentes no se arrojan en los brazos de los hombre...

Siempre hay un manana karen van der zee  

Argumento: Ella lo amaba, pero ¿qué se había imaginado él? Después de todo, las muchachas decentes no se arrojan en los brazos de los hombre...

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