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Seducción Italiana Karen Van der Zee Seducción Italiana (05.10.2005) Título Original: The Italian’s Seduction (2005) Editorial: Harlequin Ibérica Sello / Colección: Bianca 1619 Género: Contemporáneo Protagonistas: Massimo Castellini y Charli Olson


Argumento: Una ardiente seducción de verano. . se había convertido en una guerra de deseo. . Aquel apartamento en un pueblo italiano era el lugar perfecto para refugiarse durante el verano. Pero después de una serie de incidentes, Charli Olson se encontró sola y sin ningún lugar adonde ir.. hasta que el guapísimo Massimo Castellini le ofreció una habitación en su lujosa villa. A Massimo le resultaba muy difícil resistirse a la belleza de Charli.. y sabía que ella también lo deseaba. Aunque había prometido no volver a amar, se divertiría seduciéndola. . https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 ERA de escándalo. Alto, guapo, morenazo. El arquetipo masculino que gusta a todas las mujeres. Charli sonrió, olvidando por un momento sus problemas mientras observaba al hombre llevar el yate a puerto. Fuerte, de hombros anchos, con un cuerpo fibroso que se movía con gracia. Sí, definitivamente, muy apuesto. Y, a juzgar por el elegante yate, rico también. Podría ser exactamente lo que ella necesitaba. El sol de agosto en la costa italiana era cegador y Charli tuvo que guiñar los ojos. Treinta y pocos años, pensó, mientras lo observaba amarrar el yate y saltar al


muelle. Con pantalones cortos y una camiseta azul, mostraba unas piernas y unos brazos bronceados y firmes. Charli sintió un pequeño cosquilleo ante tal esplendor masculino, pero decidió ignorarlo. Aquel no era momento para fantasías románticas. Tenía problemas y le daba igual lo guapo que fuera o su elegante yate. Lo que importaba era que todos esos atributos indicaban cierta sofisticación y que, seguramente, el hombre hablaría su idioma. Sola en un país extranjero, perdida y sin saber qué hacer, Charli, sentada en un banco del muelle, decidió que esa no era forma de empezar una nueva vida. Estar perdida iba en contra de todas las reglas de su lista. En el nuevo capítulo de su vida pensaba estar sola y hacer exactamente lo que quería sin darle explicaciones a nadie, sin responder ante nadie, sin obedecer órdenes de nadie. Esa libertad iba a ser maravillosa. Y lo mejor, se decía a sí misma, era empezar esa aventura en Italia. Pero allí estaba, sola, perdida, sin saber qué hacer. Y sin gafas de sol. Se le habían caído mientras intentaba bajar del tren en el que llegó de Nápoles cargada de maletas. No era un buen augurio. Pero no quería pensar en eso. Había sido un accidente, nada más. Se compraría unas gafas nuevas al día siguiente. «Ya te dije que no deberías haber ido sola a Italia»: Casi podía oír la voz de Richard. Qué molesto. El capítulo de Richard había terminado y no había sitio para él en su nueva vida.


—Ni siquiera hablas italiano. No sabes cómo es el apartamento... podría ser un agujero infestado de ratas. No estás siendo sensata, Charli. —Pero será una aventura —replicó ella, sonriendo valientemente, tocándose el pelo recién cortado. A él no le hacía gracia y, durante días, había seguido poniendo objeciones. Incluso le ordenó que no fuera a Italia. Le ordenó. Fue entonces cuando Charli decidió que ya estaba bien y rompió su relación con él. No podía soportar más esa actitud machista y autoritaria. La ruptura tuvo lugar un Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 2—84 https://www.facebook.com/novelasgratis mes antes y era la mejor decisión que había tomado nunca... aunque le diera miedo dar un giro de ciento ochenta grados a su vida. Y allí estaba, en la soleada Italia, empezando su aventura con no muy buenos auspicios. Se había mostrado valiente, pero ahora, cansada y perdida, era difícil sentirse heroica. Había llegado a la estación dos horas antes y estuvo una hora esperando al notario, el señor Bernardini, que debía llevarla a su apartamento. Pero no apareció. Daba igual, encontraría la casa ella misma. Tenía la dirección, de modo que no podía ser tan difícil. Además, estaba en el centro de la ciudad.. A lo mejor el señor Bernardini la estaba esperando allí, pensó. Charli había alquilado un coche en la estación y se dirigió a la dirección que el notario le


había dado. Cuarenta y cinco minutos después, perdida en el increíble tráfico del centro, daba vueltas y vueltas sin encontrar la calle y sin encontrar un sitio donde aparcar. Por fin, desesperada, decidió dejar el coche en el aparcamiento del puerto y se dirigió al muelle con las piernas temblorosas. Pero ahora estaba más tranquila. Se había perdido, ¿y qué? No era el fin del mundo. Era normal perderse en una ciudad desconocida. Además, no estaba en el Sahara ni en la selva de Borneo. Estaba en un sitio civilizado, en una bonita ciudad italiana llena de gente y de pasta. Podía sobrevivir. Sólo necesitaba un guía que la llevara hasta el apartamento. Un guía que hablara su idioma, claro. Y allí, delante de ella, había un dios romano en pantalones cortos. El dios acababa de quitarse las gafas de sol y se pasaba una mano por el pelo... El corazón de Charli dio un salto. De verdad, era demasiado guapo para ser real. Cuando se levantó para hablar con él, el hombre se volvió y la miró directamente. Charli tuvo que tragar saliva. Con esos preciosos ojos castaños clavados en ella, le costaba trabajo recordar lo que quería decirle. Cuando llegó a su lado, el tiempo pareció detenerse. —Perdone —dijo con voz ronca, una voz que no reconocía—. ¿Habla usted mi idioma? —Sí —contestó él. —Ah, menos mal —suspiró Charli, mostrándole el documento del notario en el que


llevaba la dirección del piso—. Llevo horas conduciendo por la ciudad, intentando encontrar esta calle. ¿Podría usted ayudarme? Mientras el hombre miraba el documento, una adolescente de pelo largo saltó del yate y se acercó a ellos. Debía de tener dieciséis o diecisiete años y era muy guapa, con el pelo oscuro y los ojos grises. Llevaba un pantalón corto, un top que dejaba al descubierto su ombligo y una mochila al hombro. —Cosa é questal —preguntó. El hombre contestó en italiano y luego miró a Charli. —Creo que sé dónde está. La llevaremos, no se preocupe. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 3—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Qué bonitas palabras. Charli respiró, aliviada. Pero de repente se sintió insegura. Insegura por el hombre, por el nerviosismo que despertaba en ella. —No quiero molestarle... —No pasa nada. Está cerca de aquí. —Tengo coche. Está en el aparcamiento. —Yo también —replicó él, burlón—. Será mejor que lo deje aquí. Puede que no sea capaz de aparcar en esta zona —añadió, señalando el papel.


Charli había visto las calles del centro y estaba segura de que sería imposible encontrar aparcamiento. —Muy bien. —Nos iremos en cinco minutos —dijo el hombre. Su acento italiano tenía un deje británico. Quizá había estudiado en Inglaterra, pensó. —Gracias. —¿Eres americana? —preguntó la adolescente, tuteándola. —Sí. Acabo de llegar de Nápoles. Deberían haber ido a buscarme a la estación, pero no apareció nadie. —Y estás perdida. —Sí, me temo que sí. Llevo horas conduciendo, pero no he encontrado la dirección. Creo que el centro es más bien para ir andando. —¿De dónde eres? —De Filadelfia. —¿En serio? Mi amiga Melissa es de Filadelfia —dijo la chica, entusiasmada —. Me llamo Valentina Castellini —se presentó, señalando al hombre, que había desaparecido dentro del yate—. Él es Massimo, mi hermano. Yo quiero ir a la universidad en Filadelfia, con mi amiga Melissa, pero él quiere que estudie en


Inglaterra. —Yo me llamo Charli Olson. —Encantada, Charli. —Hablas muy bien mi idioma. ¿Lo aprendiste en el colegio? —Sí, y hablando con mis amigos americanos e ingleses. Voy a un colegio internacional en Roma. Massimo dice que es importante recibir una educación internacional por la globalización y todo eso. El hombre en cuestión reapareció entonces. Se había puesto unos chinos de color caqui que no podían quedarle mejor. Parecía un modelo de Armani. —Por aquí —dijo, señalando hacia la salida del puerto. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 4—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Massimo, se llama Charli y es de Filadelfia —anunció su hermana. —¿Ah, sí? Yo soy Massimo Castellini —dijo, estrechando su mano. —Charli Olson —sonrió ella, intentando no derretirse con el apretón. Aquello era ridículo. Nunca había tenido una reacción así frente a un hombre. Y era lo último que deseaba en aquel momento. —¿Ha venido a visitar a un amigo? —preguntó Valentina.


—No, heredé un piafe de mi abuela y he venido a verlo... y quizá a quedarme por un tiempo. —¿Tu abuela vivía aquí? ¿Eres italiana? No pareces italiana. Charli sonrió. Sus rizos rubios y sus ojos azules eran más bien de origen nórdico. Como su apellido. —No hagas tantas preguntas, Valentina. —No me importa, de verdad. Mi abuela era norteamericana, pero heredó un apartamento de su hermana, que se había casado con un italiano. Mi abuela me lo dejó en su testamento cuando murió, a principios de este año. No sé cómo es, ni siquiera sabía de su existencia. Massimo la llevó por una calle empedrada tan llena de coches, motos y cubos de basura que tenían que caminar en fila india. —Por aquí se llega a la plaza de San Bonaventura. Recuérdelo. Sí, lo intentaría, pensó ella, mirando alrededor para recordar las tiendas: una farmacia, una floristería, una cafetería con mesas en la calle... El olor a café era delicioso. Además, si miraba alrededor no tenía que mirar al hombre que la precedía. Charli decidió que era más seguro mirar, por ejemplo, un puesto de verduras. El mercado


que acababan de pasar estaba lleno de puestos de frutas, verduras, pescado fresco. Seguramente sería allí donde haría sus compras a partir de entonces, pensó, encantada. Incluso aprendería a cocinar comida italiana. Massimo giró en una esquina y Charli se apartó cuando una moto pasó a su lado a toda velocidad. La conducía un chico, con su novia detrás, por supuesto con vaqueros de diseño y taconazos. Todas las italianas llevaban vaqueros de diseño y zapatos de tacón. El olor a pizza de un restaurante cercano le recordó que no había comido, pero no podía pedirles que esperasen. Massimo Castellini tomó otra calle empedrada y luego atravesó un antiguo arco que llevaba hasta una especie de patio. —Aquí es. Las casas tenían balcones y había ropa tendida por todas partes. Era como una escena de película italiana, pensó Charli. Sophia Loren podría aparecer en cualquier momento, llamándolos desde un balcón. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 5—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Es esta casa —dijo Massimo, señalando una vieja puerta de madera. A un lado había varias placas y timbres con los nombres de los vecinos—. ¿Tiene la llave?


—No, pensé que el señor Bernardini me estaría esperando aquí. Debería haber ido a buscarme a la estación, pero... Llamaron al timbre, pero no contestó nadie. Entonces, desde un balcón cercano, los llamó una mujer. No era Sophia Loren sino una señora mayor con rulos azules en el pelo. Massimo y ella se pusieron a hablar en italiano y Charli se sintió como una tonta, sin entender nada y sin llave para entrar en la casa. ¿Qué pensaría Massimo Castellini de ella? Que era boba, seguro. Pero le daba igual lo que pensara. Le daba igual lo que pensara todo el mundo. —Dice que no hay nadie en todo el edificio —le tradujo Valentina. —No ha tenido suerte —le confirmó él—. Parece que no hay nadie y, siendo domingo, la notaría estará cerrada. —Bueno, entonces iré mañana a ver qué ha pasado —suspiró Charli—. Gracias por traerme. Al menos, ahora sé dónde está la casa. Que pudiera encontrarla otra vez era otra cuestión. A pie, seguro, pero en coche sería imposible. ¿Por qué era todo tan complicado? —¿Dónde se aloja? —Iré a un hotel, pero antes debo ir a buscar el coche. —¿Ha reservado habitación? —preguntó Massimo. Era demasiado alto y la hacía sentir bajita. Bueno, era bajita, en realidad. —La verdad es que pensaba instalarme aquí... Aunque no había vivido nadie en el piso durante un año, pensó que estaría en condiciones. Pero al ver la puerta con la pintura desconchada y los


deteriorados balcones, ya no estaba tan segura. —Pues me temo que eso va a ser un problema. Los hoteles están llenos en esta época del año, especialmente ahora que hay un festival de música. —Ayer salió en televisión —dijo Valentina. —Pero tengo que dormir en algún sitio.. —En los escalones de la catedral. Una pareja sueca acampó allí anoche — sonrió Massimo. —Puedes quedarte con nosotros —dijo Valentina entonces, como si fuera lo más normal del mundo invitar a una extraña a tu casa. —No, no, no puedo... —¿Por qué no? Tenemos muchas habitaciones. ¿Verdad, Massimo? —No es problema —dijo él. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 6—84 https://www.facebook.com/novelasgratis No, no, aquello iba en contra de todas sus reglas. Aquello no debería pasar. Supuestamente, no tendría que pedirle ayuda a nadie en su nueva vida. —No puedo. . ¡pero si no me conocen de nada!


Valentina levantó los ojos al cielo. —No creo que vayas a robarnos la plata —dijo riendo—. Aunque a mí la plata me da igual. Venga, así me ayudarás con el inglés. No parecía tener ningún problema en ese punto, pensó Charli. —Son ustedes muy amables, pero no puedo.. —Sí puede —la interrumpió Massimo—. Hoy no va a encontrar habitación en ningún hotel, se lo aseguro. Mañana puede ir al notario y aclarar la situación. Sin decir nada más, la empujó suavemente hacia la salida del patio. Y, de nuevo, todas sus ilusiones de vivir como una mujer independiente, de tomar sus propias decisiones, se fueron por la ventana. La primera crisis en el nuevo capítulo de su vida. Y un hombre había vuelto a tomar el mando. Un extraño, además. Un italiano guapísimo de peligrosos ojos castaños. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 7—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 AQUELLA situación era de película. Había conocido a un rico italiano en el puerto y ahora estaba en su villa, en un dormitorio con vistas al Mediterráneo.


Una habitación preciosa con baño de mármol travertino, moderna grifería de acero y gruesas toallas de algodón rizado. Incluso había jaboncitos y cremas para los invitados. Todo aquello era irreal. Su vida era tan normal, tan sencilla... y ahora, de repente, nada era normal y sencillo. Y se sentía insegura. —¿Todo bien? —preguntó Valentina, apoyada en el quicio de la puerta. Charli se preguntó cómo podría no estar bien en una habitación lujosamente decorada, con una cama enorme cubierta por un edredón de seda. —Esto es maravilloso, Gracias. —Mi habitación está al otro lado del pasillo. Si necesitas algo, llámame, —Gracias. —Ah, y la cena es a las nueve, en la terraza. La chica salió de su habitación y Charli se quitó la ropa arrugada para darse una ducha. Había sido un día agotador y fue una delicia sentir el agua fresca resbalando sobre su cuerpo. Envuelta en una toalla, buscó en sus maletas, sin saber qué ponerse. ¿Se arreglarían para cenar? Entonces pensó en Massimo, pronunciando el nombre como lo hacía su hermana, acentuado en la primera sílaba... —Massimo —murmuró. Un nombre fuerte, masculino, muy romántico. A pesar de su aparente calma, le había parecido ver un brillo de interés en sus ojos. Y eso la hizo sentir un escalofrío. ¿Tenía que ser tan turbadoramente...


masculino? Lo último que necesitaba era una complicación de ese tipo. No quería saber nada de los hombres durante un tiempo, pero no podía negar la chispa que había habido entre ellos desde el primer momento. Y sabía que Mister Italia, a pesar de su tranquila apariencia, también lo había sentido. Charli miró el top azul que tenía en las manos... No, eso no. Una maleta llena de ropa y no sabía qué ponerse. No había habido forma de decir que no. El señor Castellini se había hecho cargo de todo. La acompañó hasta su coche, le pidió a Valentina que fuera con ella por si acaso se perdía y la llevó hasta su villa. Estaba contenta de tener una cama donde dormir, pero no le gustaba tener que depender de un hombre. Había escapado de las garras de uno para caer en las de otro. Massimo Castellini sabía dar órdenes y no tenía ningún problema en hacerlo, eso era evidente. Charli se quitó la toalla de la cabeza y se frotó el pelo con más fuerza de la necesaria, murmurando maldiciones. Tenía que arreglarse para cenar y dar una impresión de confianza, de seguridad en sí misma. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 8—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando se miró en el espejo, dejó escapar un suspiro. Parecía una muñeca.


Con los rizos rubios y los ojos azules parecía una cría. Tenía veintiséis años, pero podría pasar por dieciocho cuando iba en vaqueros. Unos meses antes se había cortado el pelo, esperando que le diera un aspecto más maduro, pero no estaba segura de que fuera así. Richard se puso furioso. Rick exigía que lo llamase Richard porque, en su opinión, era un nombre más sofisticado. Pero a Charli se le olvidaba a menudo. Fue precisamente la cólera de Rick por el corte de pelo lo que la hizo entender que había sido una cobarde durante demasiado tiempo. Bree, su mejor amiga, detestaba a Rick y le había advertido sobre él, pero Charli tardó mucho tiempo en aceptar que tenía razón. Suspirando, se miró en el espejo. Tenía que librarse de ese aspecto de niña. Y para eso necesitaría maquillaje y un poquito más de confianza en sí misma. Y su vestido verde esmeralda, pensó. Pero era demasiado llamativo, demasiado escotado... No quería que Massimo se llevara la impresión equivocada. En lugar del vestido, decidió ponerse unos pantalones blancos y una blusa de seda negra. Luego se aplicó una ligera capa de maquillaje, más rimel del acostumbrado y un carmín de labios rojo cereza. Cuando se miró en el espejo, le pareció ver el gesto desaprobador de Richard. Charli dejó escapar un suspiro de frustración. ¿Cuándo iba a dejar de tener esos flash backs? Podía ponerse lo que quisiera, pintarse como le diera la gana y nadie iba a recriminárselo. Richard era historia. Su aprobación o desaprobación ya no significaba nada para ella. Y tampoco le importaba la opinión del señor Castellini.


Pero no quería parecer una cría perdida en Italia. Aunque lo era. Charli estiró la espalda. Sólo era una noche, se dijo. Y por una noche podría disimular. Massimo estaba en la terraza, mirando las luces de la ciudad, que brillaba como una joya en medio de la noche. Había crecido en aquella casa, en aquella ciudad que guardaba tantos recuerdos de su infancia. Le gustaba ir allí porque así se relajaba de su frenética vida en Roma. Pero no se sentía relajado en aquel momento. Había tenido que soportar la chachara de Valentina durante todo el día y ahora aquello... aquella chica norteamericana perdida en Italia. Una chica con muy poca cabeza, además. No tenía la llave de su piso, no había reservado hotel. Después de varias horas navegando, había esperado estar tranquilo en casa, pero se veía forzado a atender a su invitada, como si Valentina no fuera suficiente. Aquella mujer no era una mosquita muerta fácil de ignorar, no. Era una rubia preciosa... que tampoco parecía dispuesta a ignorarlo. Las mujeres no solían hacerlo, pensó. En ese momento sonó su móvil. Y había una mujer al otro lado del hilo. Siempre sabían dónde encontrarlo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 9—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Hola, Elena. —Massimo, me han dicho que habías vuelto.


—Llevo una semana en Italia, sí. Después de un par de días organizando las cosas en su oficina de Roma, había ido a buscar a Valentina al internado, dispuesto a relajarse en la costa de Campania. Mimma, el ama de llaves, ya tenía la casa preparada para unas bien merecidas vacaciones. Valentina estudiaba en un internado en Roma y estaba deseando que llegara el verano para viajar, pero le gustaba volver a la villa en la que habían crecido. —Hace siglos que no te veo —estaba diciendo Elena—. ¿A qué sitio perdido del mundo has ido esta vez? —He estado en India y Mozambique. —¡Qué exótico! Tienes que contármelo todo. ¿Cenamos juntos mañana? El interés no era fingido. Elena era arquitecta y estaba interesada en los trabajos de restauración de edificios históricos a los que se dedicaba su empresa. Y también estaba interesada en él como marido, pero como Massimo no estaba interesado en el matrimonio, intentaba evitarla. —No estoy en Roma, Elena. Valentina ha terminado las clases y... —Ah, estás en la costa. ¿Qué tal tu hermana? —Bien. Muy bien, como siempre.


—Qué buen hermano eres, Massimo. Es admirable. Massimo no podía imaginar qué tenía de admirable cuidar de su hermana. No era una obligación, era lo más natural. Su misión en la vida era que Valentina recibiera una educación universitaria e inculcarle valores morales: honestidad, integridad, lealtad... Quería a su hermana y deseaba lo mejor para ella. Después de colgar, tomó un sorbo de vino, mirando el mar. Años atrás se había preguntado si sería un buen padre, pero había dejado de pensar en ello. Por un momento, el rostro de Giulia apareció en su mente. El pelo rojo, los ojos verdes, la sonrisa presta. El dolor de haberla perdido empezaba a desaparecer. Lo que no desaparecía era su convicción de que no volvería a casarse. No podía imaginarse a sí mismo viviendo con otra mujer; amando, confiando, compartiendo su alma con otra mujer. Imposible. «No debería haber traído a casa a la rubita americana», pensó por enésima vez. Pero, ¿qué otra cosa podía hacer? ¿Dejarla en el patio y decirle adiós sabiendo que no tenía dónde ir? Y luego, además, Valentina había tenido que abrir la boca. Charli Olson no era responsabilidad suya, pero allí estaba, con sus ojos azules y sus rizos rubios, perdida en Italia. Además, ¿a quién quería engañar? La había invitado a Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 10—84


https://www.facebook.com/novelasgratis su casa por voluntad propia. Los ojos azules de aquella chica se le habían metido directamente en el corazón. Pero sólo sería una noche, se recordó a sí mismo. Al día siguiente el notario le daría la llave del piso. Problema resuelto. Recordó entonces el documento del notario. Era un documento perfectamente normal, pero algo había despertado cierta preocupación... aunque no podría decir qué. Parecía el decorado de una película: el guapísimo italiano en la terraza con una copa de vino en la mano, el pantalón oscuro, la camisa blanquísima, las luces del puerto al fondo, la luna iluminando la escena... Charli tenía la impresión de estar en una película o en un sueño. Era irreal. —Buona sera —la saludó él—. ¿Quiere una copa de vino? —Buona sera. Sí, gracias. La mesa estaba puesta para tres, con un mantel de hilo blanco, velas y flores. —Vino del país —dijo él, ofreciéndole una copa—. Falanghina del Beneventano. —Gracias —sonrió Charli. Era un vino blanco, fresco, muy rico—. Está buenísimo. —Me alegra que le guste —dijo él, con un brillo de humor en los ojos. —Lo siento, no soy una gran experta en vinos. —Pero le gusta, eso es suficiente. Charli pensó en Richard, que se pasaba el día leyendo revistas de vinos,


analizando etiquetas y discutiendo sobre el tema con sus amigos como si fuera de máxima importancia. —Qué vista tan bonita. ¿Qué es esa luz en las rocas, cerca del agua? —Un faro. Hay varios en la costa, algunos hasta del siglo IX. Los normandos construyeron muchos para vigilar a los piratas. —¿Los normandos estuvieron aquí? —Todo el mundo estuvo aquí —rió Massimo—. Los normandos, los griegos, los etruscos, los romanos, los sarracenos, los turcos.. hasta los americanos. Charli tardó un momento en entender. —Ah, claro, durante la II Guerra Mundial. —Estuvieron no muy lejos de aquí, un poco más al sur. —Ya. —¿Le gusta su habitación? —Es preciosa. Esta es una casa preciosa. —Sí. Desgraciadamente, no paso mucho tiempo aquí. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 11—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿No vive aquí?


—Sólo en verano, cuando Valentina sale del colegio. Pero crecimos aquí. —¿Y dónde vive ahora? —En Roma, pero viajo muy a menudo. Mi hermana estudia en un internado... aunque supongo que ya lo sabrá. —Sí, me lo ha contado —sonrió Charli. Valentina había ido charlando durante todo el camino. Entre otras cosas, le contó que sus padres habían muerto cuando ella tenía diez años y que su hermano era su tutor desde entonces. Y lo decía con cierta tristeza, como si no todo en su vida fueran yates y diversión. —¿Qué va a hacer con el piso de su abuela. . si puedo preguntar? —Había pensado quedarme durante un tiempo, un par de meses por lo menos. Tendría que volver a casa para celebrar el aniversario de sus padres, pero hasta entonces podía quedarse en Italia. —¿Quiere vivir aquí? —Durante el verano. He pensado arreglar el piso y alquilarlo en invierno. También podría venderlo, pero la idea de tener un piso en Italia era muy tentadora. Sus amigos estaban entusiasmados, planeando ya sus vacaciones allí. —¿No trabaja en Estados Unidos? —Soy profesora, trabajo dando clases a distancia, por Internet —contestó Charli.


—¿De qué? —De inglés para extranjeros. Puedo hacer mi trabajo desde cualquier país, mientras haya una conexión con Internet. Y he traído mi ordenador. —Ah, qué interesante —sonrió Massimo. —Sí, está bien. Aprendo muchas cosas de mis alumnos. ¿Sabía usted que en Bulgaria sacudir la cabeza de arriba abajo significa «no» en lugar de «sí»? —Sí, lo sabía. —Pues debe dar lugar a muchas confusiones entre los extranjeros —rió Charli. Valentina salió entonces a la terraza, con una falda muy corta y un top rojo. —¿Qué confusiones? Massimo miró a su hermana con gesto de desaprobación, sin duda por la minifalda. Mimma salía a la terraza en ese momento con un plato de melón con prosciutto. Mientras cenaban, Valentina se lanzó a explicarle cómo era una cena italiana, con sus diversos platos: primero una ensalada o un entrante y la pasta después. . pero no era el segundo plato, así que no debía tomar mucha porque luego habría carne o pescado, pero ella no comía pasta porque engordaba... —¿Qué clase de italiana no come pasta? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 12—84 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Una italiana que no quiere engordar —rió Valentina—. Tampoco tomo café. —¿El café también engorda? —No, pero es malo para la salud. —Ah, ya veo. Los adolescentes eran iguales en todos los países del mundo. Enseguida llegó la pasta, con salsa de mejillones, y un pescado fresco al vapor. Como postre, helado de melocotón. Charli agradecía la presencia y la constante charla de Valentina porque Massimo estaba muy callado. Se preguntaba qué estaría pensando... Cuando Valentina se excusó para ir a ver la televisión, se quedaron solos en la terraza. En una terraza bañada por la luz de la luna, frente al mar, con un hombre que aceleraba su pulso aunque no abriese la boca. La brisa movía su pelo, el aire era suave y olía a jazmín. Era como la escena de una película romántica. Sólo faltaba el guapo seductor italiano besando a la chica norteamericana... Por favor, tenía que escapar de allí. —Bueno, será mejor que me vaya —dijo Charli, levantándose—. Ya le he molestado lo suficiente. —No, en absoluto. Antes debe tomar un licor, son muy digestivos. ¿Prefiere un sambucco o un limoncello? Lo hace Mimma personalmente.


—Pues.. —Siéntese, por favor. Me gusta tener compañía adulta. Pasar el día entero con una adolescente puede ser agotador —sonrió Massimo. Mimma llevó una botella de limoncello y él sirvió dos vasitos. —Pruébelo, es muy bueno. —Todo es delicioso. Y su hermana es encantadora. —Pero sólo tiene diecisiete años. Es muy cabezota y, a veces, poco realista. —Es una chica estupenda, así que ha hecho usted un buen trabajo. —Lo intento, pero no sé si lo hago bien. Lo que sí debía hacer bien era ganar dinero, pensó Charli. Valentina le había contado que tenía una empresa especializada en proyectos de restauración. —¿Qué clase de edificios restaura? —Palacios, castillos, edificios históricos —sonrió la adolescente—. El mundo está lleno de ruinas y a algunas personas les parece importante preservarlas. —¿A ti no? —A mí me gusta lo moderno. Estoy harta de cosas viejas. Bueno, era muy joven. Charli miró a Massimo, que ganaba dinero precisamente con las «cosas viejas». Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 13—84


https://www.facebook.com/novelasgratis —Se le dan mejor los negocios, supongo. —Supongo que sí. —Pero en los negocios también tiene que lidiar con personalidades diferentes, complicadas. —Sí, pero si la relación no funciona, los despido o los demando. No puedo despedir o demandar a mi hermana. —En Estados Unidos podría intentarlo. Massimo rió. Era un sonido precioso, profundo y sexy. —Ese país suyo es asombroso. —A mí me gusta —dijo Charli, tomando un sorbo de limoncello—. Casi siempre. Y ahora, si me perdona, voy a descansar un poco. Massimo se levantó, mirándola a los ojos. —Nos veremos por la mañana. Buenas noches. Charli tragó saliva. —Buenas noches. ¿Cómo se dice en italiano? ¿«Bona norte»? —Buona notte. —Buona notte —repitió ella. —Bravo —sonrió Massimo.


Cuando llegó a su habitación, Charli se dio cuenta de que tenía el corazón acelerado. Y estaba segura de que él se había dado cuenta. —Una noche solamente —murmuró—. Mañana conseguiré la llave y me iré de aquí. A pesar de la fatiga, Charli tardó algún tiempo en dormirse. . y luego soñó con Massimo Castellini. Cuando despertó, los rayos del sol se colaban a través de las cortinas, pero se quedó un rato en la cama, poniendo en orden sus pensamientos. Lo primero que tenía que hacer era ir al notario para recuperar la llave del piso. La casa estaba muy tranquila hasta que llegó a la cocina, donde Mimma cantaba alegremente una canción mientras lavaba verduras. —Buon giorno —la saludó, antes dé lanzar una parrafada que Charli no entendió. Pero debía estar ofreciéndole una taza de café. Café, sí, ella adoraba el café. Mimma había preparado un desayuno riquísimo, con cruasanes, que ella llamaba cornetti, queso blanco y café expreso recién hecho. —Dove é il signor Castellini? —preguntó Charli, probando su italiano. —Studio —contestó la mujer, haciendo como que tecleaba y hablaba por teléfono a la vez—. Due ora. Llevaba dos horas en su despacho. A lo mejor era un adicto al trabajo, pensó.


Valentina le había dicho que trabajaba desde allí, en contacto con la oficina de Roma y el resto del mundo. Con el e-mail, el fax y el teléfono todo era más fácil. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 14—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Charli tomó un croissant con queso, una taza de café con leche y un melocotón. Desde luego, no se podía empezar mejor el día. Luego llamó a la notaría, convencida de que todo quedaría solucionado de inmediato, pero la secretaria le soltó una larga parrafada en italiano de la que no entendió una sola palabra. Charli preguntó por el señor Bernardini de nuevo. Otra parrafada en italiano. Y era raro porque se habían comunicado con ella en inglés, de modo que alguien en la oficina debía hablarlo. Suspirando, colgó el teléfono, frustrada. Quince minutos después volvió a intentarlo y el desastre se repitió. ¿Y ahora qué? Lo único que podía hacer era pedirle a Massimo que llamara. No le apetecía pedirle más favores, pero... Mimma le indicó dónde estaba el despacho y Charli llamó a la puerta, nerviosa. —Entre. Era una oficina perfecta, grande, muy luminosa, con una antigua alfombra persa sobre el suelo de mármol, en contraste con los muebles de diseño moderno.


Massimo llevaba una camisa de rayas, sin corbata. Y estaba tan guapo como el día anterior. —Buon giorno. —No estoy yo tan segura. —¿Algún problema? Charli le contó lo que había pasado. —¿Podría llamar usted y preguntar por el señor Bernardini? —Sí, claro. Siéntese, por favor. Massimo marcó el número del notario y habló en italiano con la secretaria. Era un idioma tan bonito, tan musical. Debería aprenderlo, o intentarlo al menos. Entonces vio que arrugaba el ceño. No entendía lo que decía, pero su expresión no era nada tranquilizadora. Algo había pasado. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 15—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 MASSIMO colgó el teléfono. —Me temo que hay un problema. —Ya me he dado cuenta.


—El señor Bernardini ha sufrido un infarto y está en el hospital. Su hija está de luna de miel en Oriente Medio, así que la oficina está cerrada. —¿Su hija? —Trabaja con él. Es un negocio familiar. Las notarías suelen serlo en Italia. —Ah. ¿Y con quién ha hablado? —Con la señora de la limpieza. Charli levantó los ojos al cielo. —¿No había nadie más en la oficina? —Me temo que no. —En fin, siento lo del infarto, pero... ¿que ha dicho la señora de la limpieza? —Que llamemos a finales de semana. Han informado a la hija y seguramente estará de vuelta para entonces. A finales de semana. Era lunes y Charli quería irse a su apartamento. Esperar no entraba en sus planes, pero no veía qué otra cosa podía hacer. —Muchas gracias por todo, señor Castellini. Le agradezco muchísimo su hospitalidad. —¿No pensará marcharse? —Sí, claro. Buscaría un hotel y llamaría a la notaría el jueves, a ver si tenía suerte. Mientras tanto, haría visitas turísticas por la costa. Y se gastaría dinero.


Debía tener cuidado con el dinero. Una pena que Richard y ella no hubieran tenido cuentas conjuntas. Además, había roto con él después de pagar la tarjeta de crédito, la de Richard, que había comprado un equipo de gimnasia... que, según él, era para los dos, aunque Charli odiaba hacer ejercicio en casa. Bien, su relación con Richard le había costado mucho en todos los sentidos, pero no era momento de pensar en el pasado. —Es usted mi invitada, no puedo dejar que se marche —dijo Massimo entonces—. Debe quedarse aquí hasta que hablemos con la hija del notario. Sólo serán unos días. —No quiero molestar... De verdad, no es necesario. —¿Le parezco alguien que se dejaría molestar? Charli se mordió los labios. La tentación era demasiado grande. Quedarse allí, en aquella preciosa villa, disfrutando de la deliciosa comida de Mimma. . Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 16—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Al lado de aquel hombre tan guapo. No, eso no tenía nada que ver. No estaba en absoluto interesada en Massimo Castellini. —Valentina estará encantada —insistió él—. Se aburre sin sus amigas. ¿Dónde está, por cierto? —Durmiendo, creo. Massimo miró su reloj.


—Esa niña duerme más que nadie. —Los adolescentes necesitan muchas horas de sueño, es normal. —¿Ah, sí? —Sí. —Vaya, entonces hoy he aprendido algo nuevo. En ese momento sonó el teléfono. —Bueno, me voy —dijo Charli, levantándose. —No se vaya, espere. Ella hizo una mueca. Aquel hombre daba muchas órdenes. —No, tengo que irme, de verdad. Mientras cerraba la puerta lo oyó hablar en italiano, con esa voz tan sexy. Una vez en su habitación, miró las maletas con cara de angustia. ¿Qué debía hacer? En realidad, sólo serían unos días. Quizá el jueves ya habría vuelto la hija del notario... Y Massimo la había invitado a quedarse. Massimo estaba en la puerta del salón, observando a Valentina y a Charli, que leían una revista de moda. Estaban riéndose, hablando de las modelos. Una melena oscura, lisa; la otra rubia, rizada. Bonito contraste. Pero le molestó que Charli estuviera tan relajada con su hermana. Charli Olson se reía con Valentina, con


Mimma... incluso con el jardinero. Pero cuando estaba con él no se reía. Y eso no le gustaba nada. No sabía por qué. En realidad, él estaba allí para descansar. Normalmente, su problema era mantener a las mujeres a distancia, así que debería agradecer que Charli no se le echara encima. Pero no le estaba agradecido. ¿Qué le pasaba?, se preguntó. ¿Qué lo había poseído? Ella despertaba algo en su corazón, algo que no le apetecía sentir. Lo había sentido al verla en el puerto y eso debería haber sido una advertencia. Llevaba varios días en la villa y la notaría seguía cerrada. Posiblemente, la hija del notario no llegaría hasta el lunes. Massimo había sentido una extraña aprensión al ver el documento por primera vez y ahora sabía por qué. Aquella era una ciudad muy pequeña y creía haber oído a alguien mencionar que Alessandro Bernardini estaba en el hospital.. Entonces no hizo la conexión, pero ahora lo entendía. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 17—84 https://www.facebook.com/novelasgratis En ese momento, Charli apartaba la melena de Valentina para hacerle un moño. Al levantar los brazos, la camiseta dejó al descubierto su ombligo. Bonito ombligo. Su cuerpo reaccionó involuntariamente y Massimo hizo un gesto de fastidio. Bueno, era un hombre y ella era una mujer guapa, muy femenina. Aunque no exhibía sus curvas


como hacían otras mujeres. A las mujeres que conocía no les gustaba que hubiera una adolescente en su vida. Curiosamente, Charli Olson parecía encantada con Valentina, mientras intentaba mantener las distancias con él. —¿No deberías estar estudiando? —le preguntó a su hermana, en italiano. Las dos se volvieron, sorprendidas. La felicidad había desaparecido del rostro de Valentina mientras le contestaba que estaba de vacaciones. Massimo volvió a su estudio sintiéndose como un tonto. Jueves. Y la notaría seguía cerrada. Charli miró la puerta, suspirando. Supuestamente, la hija debería haber vuelto de su viaje de novios, pero... nada. Seguramente estaría en el hospital, con su padre. Charli había salido a pasear todos los días para conocer la ciudad y ya tenía ciertos puntos de referencia: el Duomo, la vieja iglesia del siglo XI que dominaba el centro, el puerto y la notaría. La villa Castellini, con sus arcos blancos y sus muros cubiertos de buganvillas era otro punto de referencia. Estaba situada al final de una carretera empinada y, aunque sólo fuera por esos paseos, habría hecho ejercicio más que suficiente cuando por fin consiguiera entrar en el piso. Por el momento, estaba aprovechando el tiempo. Se había puesto en contacto con sus amigos a través de Internet y ayudaba a Valentina a mejorar su


inglés. Al menos eso la hacía sentir que les devolvía algo de su hospitalidad. También pasaban tiempo en la piscina o en la cocina, donde Mimma intentaba enseñarle a cocinar la pasta. La verdad, era estupendo estar con una familia italiana, comiendo su comida y aprendiendo un poco de su cultura. En cuanto al hombre de la casa... esa era otra experiencia. Cuando estaban juntos, el ambiente se cargaba de una energía sexual que la sacaba de quicio. No quería pensar en ello, pero no dejaba de hacerlo. Pensaba demasiado en él. Y en su difunta esposa. —Estuvo casado —le había contado Valentina—. Ella murió hace nueve años en un accidente, un año antes de que murieran mis padres. —Qué horror. Dos tragedias en tan poco tiempo. —Sí —suspiró la joven—. A veces no me parece que haya pasado tanto tiempo. —Supongo que los echas mucho de menos. —A mis padres sí, pero no veía mucho a Giulia. Ellos vivían en Roma y yo vivía aquí. Y entonces sólo tenía ocho años, pero recuerdo que era muy guapa. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 18—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Charli suspiró. Ella no se sentía precisamente guapa en aquel momento.


Volvía de dar un paseo y estaba sudando como un pollo. Massimo y Valentina estaban en el jardín, examinando una planta exótica. Valentina dijo algo y Massimo, riendo, le pasó un brazo por la cintura. Quería mucho a su hermana, eso estaba claro. La verja de hierro crujió al abrirla y ambos volvieron la mirada. —Hola. Los ojos de Massimo se clavaron en los suyos y, como siempre, Charli se quedó un momento sin respiración. ¿Por qué no podía controlarse? Sí, Massimo Castellini era guapo, sofisticado... y se sentía atraída por él, de acuerdo. ¿Qué mujer no se sentiría atraída por un hombre así? Pero él no parecía dispuesto a seducirla con su encanto italiano. No, era mucho más sutil. Y más peligroso porque Charli no sabía cómo defenderse. Massimo observaba a Valentina y a Charli entrando en la casa. Últimamente su libido había estado muy apagada, pero desde que llegó aquella chica... era como si los dioses le hubieran ofrecido a aquella rubia tan sexy en bandeja de plata. ¿Y quién era él para devolver un regalo de los dioses? Sí, había llegado el momento de hacer algo. Charli intentaba evitarlo, pero estaba claro que no era inmune. Ni lo era él, así que lo mejor sería dejar de negárselo. —¿Tienes novio en América? —le preguntó Valentina esa noche, mientras tomaban el postre.


—¡Valentina! —la regañó su hermano. Charli sonrió. —No, no lo tengo. Acabo de romper una relación de dos años. —No tenía que contestar —dijo Massimo. —No me importa. Afortunadamente, no estoy destrozada ni al borde de un ataque de nervios. Valentina tomaba su helado sin mirarlos, pero a Charli le pareció ver una sonrisita de triunfo. Estaba probando a su hermano, seguramente. Massimo le sirvió otra copa de vino y, aunque ya había tomado dos, decidió que le apetecía. Se sentía relajada, contenta. Después de terminar el postre, porque aparentemente el helado no engordaba, Valentina fue a ver televisión y Mimma llevó a la terraza dos tazas de café. Normalmente, después de cenar, Charli intentaba escapar, pero aquella noche decidió tomar una copita de limoncello. Era tan agradable estar en la terraza, disfrutando de la suave brisa. Y esa noche no quería oír la vocecita que le susurraba palabras de advertencia. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 19—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Charli se levantó con el vaso de limoncello en la mano y se dirigió a la barandilla para admirar el Duomo iluminado y el antiguo palazzo donde


estaba su apartamento. Parte del edificio era de la época normanda, restos de una antigua fortificación que había sido renovada y restaurada varias Veces a lo largo de los siglos. Massimo apareció a su lado un segundo después. —Estoy empezando a reconocer los edificios. Ese es el Duomo. —¿Ha entrado? —Sí, es precioso. Tan antiguo... es increíble que siga en pie. Mi apartamento está a la derecha, ¿verdad? —Sí. Pero no se ve desde aquí. —Ojala consiguiera la llave de una vez —suspiró Charli. —¿Por qué tiene tantas ganas de marcharse? De repente, le pareció que estaba muy cerca, muy, muy cerca. Era imposible ignorar los latidos de su corazón. «Tengo que alejarme de ti», pensó. —Yo. . no me gusta aprovecharme de la hospitalidad de nadie. —¿Es eso? —preguntó Massimo, apartando un rizo de su cara. Ella dio un paso atrás. —Por favor, no haga eso. —¿Por qué? ¿Tienes miedo de lo que podría haber entre nosotros, Charli? Escaneado por Corandra y corregido por Pily


Nº Paginas 20—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 EL CORAZÓN de Charli latía como si quisiera salirse de su pecho. —No hay nada entre nosotros. —¿Nada? —sonrió Massimo. Y entonces, antes de que pudiera encontrar una respuesta, él inclinó la cabeza para buscar sus labios. Fue sólo un roce, una caricia burlona, pero llena de sensualidad. A Charli le temblaban las piernas. Quería apartarse, decirle que no tenía ningún derecho a hacer lo que estaba haciendo, pero permaneció inmóvil. — ¿Me he equivocado? Entonces volvió a besarla. No con suavidad, sino con un ardor que la hacía perder la cabeza, olvidarlo todo. Evidentemente, bajo ese frío exterior había un hombre muy apasionado... y ella no tenía defensas contra un italiano tan guapo y tan apasionado. —Perdona. Es mi naturaleza italiana —se disculpó Massimo, entrando en la casa. Charli se quedó paralizada. ¿Qué había pasado? Ella no quería eso. No quería enamorarse de otro hombre dominante. De repente, sintió el deseo de salir corriendo, de huir de Massimo Castellini y sus mágicos besos. Entró en la casa como en trance y se metió en la cama, pero no podía dormir. Veía imágenes de Richard al principio de su relación, su sonrisa encantadora. . cómo la había engañado. Y luego la realidad, la ruptura. Había dirigido su vida durante mucho tiempo y no iba a dejar que siguiera haciéndolo.


Charli apretó los labios para no llorar. «No voy a dejar que me pase lo mismo. Tengo que ser fuerte. No voy a enamorarme de Massimo Castellini». —¡Charli, qué alucine! —exclamó su amiga Bree, con la que hablaba por su recién adquirido teléfono móvil—. Si no te conociera bien, diría que lo estás inventando. Charli se sentó en la cama en una postura de yoga. —No alucines, Bree. ¿Qué voy a hacer? —¿Sobre qué? —Sobre Massimo. No quiero sentir esto. No quiero que me pase esto. —¿Qué es lo que te pasa? —¿Tengo que explicártelo? Me siento como una adolescente cada vez que le veo. Tengo la impresión de que voy a arder por combustión espontánea cada vez que me toca... —Qué suerte —suspiró su amiga. —¡Es una locura! ¿Qué voy a hacer? —Perdona si digo una tontería, pero ¿qué tal si haces lo que te pida el cuerpo? —¿Acostarme con él?


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 21—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —A mí me suena bien. Nunca se sabe lo que puede pasar. —Bree, por favor. Tú sabes que no quiero otra relación. ¿Por fin soy libre y quieres que me acueste con un italiano cuando acabo de poner los pies en Europa? —¿Quién está hablando de una relación? Lo que necesitas es una aventura de verano. —No quiero una aventura de verano. —Pues yo creo que te vendría muy bien. Sería terapéutico. —¿Qué? —exclamó Charli. —Para curar las heridas que te dejó el petardo de Rick. —La mejor terapia es no salir con ningún otro hombre. —¿Nunca? —No, mujer. Durante algún tiempo. Bree dejó escapar un largo suspiro. —Dios le da pan a quien no tiene dientes —dijo, muy teatral—. ¿Crees que si voy a Italia podría tener una aventura con él? ¿Le gustan las pelirrojas? —Su mujer era pelirroja —contestó Charli. Valentina le había enseñado fotografías de Giulia. —¿Era?


—Murió hace nueve años. Me lo ha contado su hermana. Y creo que desde entonces no ha tenido ninguna relación seria. Por lo visto, no quiere volver a casarse. —Bueno, entonces no sé yo.. —¿Qué? —Los viudos son una pesadez. Siempre te comparan con su difunta esposa y, por supuesto, nadie puede estar a la altura. Por otro lado, saber que no está interesado en el matrimonio hace que lo de la aventura sea más factible. Menos posibilidades de que se complique. Charli hizo una mueca, mientras con el dedo trazaba el estampado del edredón: un estampado de pavos reales. Ella nunca había tenido una aventura. ¿Por qué perder tiempo en algo que no iba a llevar a ninguna parte? La vida era demasiado corta como para no tomarse el amor en serio. Quizá era anticuada, pero... De verdad había querido a Richard, aunque eso fue un error. Ahora quería olvidarse del amor y recuperar su autoestima para no enamorarse del primer Casanova que se cruzara en su camino. —Yo esas cosas me las tomo en serio, ya lo sabes. Bree suspiró de nuevo. —Lo sé, lo sé. ¿Pero quién te dice que ese tal Massimo no vaya en serio?


Charli clavó el dedo en el ojo de un pavo real. —No va en serio. Yo sé que no va en serio. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 22—84 https://www.facebook.com/novelasgratis «Disfrutarás momentos románticos en la playa y podrás admirar la puesta de sol con la persona a la que amas». Charli suspiró mientras leía en Internet la traducción de uno de sus alumnos. Ni siquiera trabajando podía librarse del amor. Estaba inquieta, nerviosa y hablar con Bree no la había tranquilizado en absoluto. Intentaba calmarse antes de la cena, pero los dioses parecían estar contra ella... —Hoy he recibido un e-mail de Melissa —anunció Valentina mientras cenaban—Ha ido al campus de la universidad de Pensilvania con sus padres y le ha gustado mucho. Charli se percató de que había una nota de reto en su voz. Massimo, que estaba quitándole la espina a un filete de lenguado, no levantó la mirada. —¿Ah, sí? —Charli, tú estudiaste en la universidad de Pensilvania. ¿Qué tal es? —Es una buena universidad.


—Melissa dice que. . Valentina siguió hablando del campus, entusiasmada, mientras Massimo seguía comiendo. Charli apretó los dientes. ¿Qué le pasaba a aquel hombre? ¿No se daba cuenta de lo importante que era aquello para su hermana? Por lo visto, Massimo había decidido que Valentina tenía que estudiar en Inglaterra y no había forma de hacerlo cambiar de opinión. —¿Tus padres te dejaron elegir, Charli? —preguntó Valentina entonces, con muchísima intención—. ¿O decidieron ellos dónde debías estudiar? —Lo hablé con mis padres, claro, pero decidí yo —contestó ella, mirando a Massimo para ver si reaccionaba. —O sea, que tus padres confían en ti, saben que no eres tonta. Massimo por fin levantó la cabeza. —Sé lo que estás haciendo, Valentina, y no va a funcionar. —¿Por qué no puedo elegir yo? ¿Por qué tienes que tomar tú todas las decisiones? — protestó su hermana—. La universidad de Pensilvania es muy buena, ¿a que sí, Charli? —Es una de las mejores. Los ojos de Massimo se oscurecieron.


—Esa no es la cuestión. —¿Y cuál es la cuestión? —exclamó Valentina. —Te he matriculado en una universidad inglesa porque no quiero que te vayas al otro lado del mundo. No hay nada más que hablar. —¡Nunca me dejas elegir a mí! ¡Es mi vida! Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 23—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —El tema está cerrado, Valentina. Charli se mordió la lengua para no intervenir. . pero no sirvió de nada. La ponía enferma que fuese tan dominante. —Yo creo que los adolescentes deben aprender a tomar decisiones. Si no aprenden ahora, ¿cómo van a hacerlo cuando sean adultos? —¡Sí! —exclamó la joven—. Si no dejas que tome decisiones ahora... Massimo la interrumpió, en italiano, seguramente para dejar a Charli fuera de la conversación. Valentina, a punto de llorar, se levantó de la silla y entró corriendo en la casa. —Podrías escucharla, ¿no? —protestó Charli, indignada. —Mira, sé que lo haces con buena intención, pero yo soy el tutor de mi hermana y he tomado ciertas decisiones que no van a cambiar.


—¿Y ella no tiene nada que decir? Ya no es una niña —replicó ella. —Valentina no es asunto tuyo. —Pero estás equivocado... —¿Ah, sí? —Por supuesto que sí. Por muy buenas intenciones que tengas, no puedes tomar ese tipo de decisiones sin consultarlo con ella. La controlas demasiado. Massimo la miró durante unos segundos sin decir nada. —Estás enfadada conmigo. —No me gustan los hombres dominantes... —Pero no estás enfadada conmigo por lo de Valentina. —¿Ah, no? —No. Creo que lo estás por lo que pasó anoche —dijo Massimo entonces. Charli lo miró, incrédula. Aquello no tenía nada que ver con el beso. Estaba furiosa porque su actitud autoritaria con Valentina era indignante. —Eso es ridículo. —Te besé y te gustó. Y estás enfadada por eso. —¡Tú no sabes si me gustó o no! —exclamó ella. ¿Quién creía que era para analizarla de ese modo? —Sé cuándo una mujer responde —replicó Massimo, arrogante. Charli abrió la boca, pero volvió a cerrarla. ¿Qué había pasado? Estaban hablando de Valentina y, de repente... Allí estaba, mirándola con esos ojos


oscuros, un mechón de pelo cayendo sobre su frente. Tan masculino, tan atractivo, tan irresistible. Él sabía cuándo una mujer respondía a sus besos. Pues sí, era verdad. Charli apartó la mirada. Y tenía razón, estaba enfadada porque no quería sentir lo que sentía. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 24—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Has estado evitándome desde el día que llegaste. ¿Por qué? —preguntó Massimo entonces. —¿Eso te ofende? —No, pero me preguntó por qué —contestó él, aparentemente tranquilo. ¿Dónde estaba la sangre caliente de los italianos?, se preguntó Charli. —Me pareció lo más prudente en estas circunstancias. —¿Qué circunstancias? ¿Tienes miedo de lo que pueda pasar? —¿Miedo? ¿Por qué iba a tenerlo? —Tienes miedo... Por favor, no lo niegues. —Negarse las cosas a veces está bien —replicó ella. Haberse negado a sí misma que Richard era dominante y autoritario había sido un desastre, pero en aquel momento no estaba dispuesta a admitir ante Massimo que,


efectivamente, ejercía sobre ella un efecto turbador. Aunque, por supuesto, él ya lo sabía. —Me gustas, Charli. Ella no supo qué decir. Si hubiera dicho: «te deseo, quiero acostarme contigo» o algo igualmente dramático, tendría una respuesta. Pero, ¿qué objeciones podía poner a «me gustas»? Richard también había sido encantador al principio y luego. . —No es nada malo —siguió Massimo, dejando su copa sobre la mesa—. Los dos somos adultos, estoy seguro de que podremos entendernos. Charli no estaba segura de qué quería decir con eso de «entendernos», pero no tenía intención de preguntar. Ni de entender. Enamorarse de un italiano no entraba en sus planes. Massimo Castellini le gustaba, desde luego, pero no era hombre para ella. No quería otro Richard en su vida. —No quiero tener una aventura, muchas gracias —dijo entonces, levantándose—. Me voy a dormir. Buenas noches. Salió de la terraza haciendo lo posible por parecer muy digna y, una vez en su habitación, dejó escapar un suspiro de alivio. Aquello era ridículo. Tenía que irse de allí. El lunes debía recuperar la llave del piso, de modo que sólo le quedaba un fin de semana. Unos minutos después llamaron a la puerta y se le puso el corazón en la garganta. No podía ser Massimo...


—¿Quién es? —Valentina. Charli abrió la puerta y se encontró con una carita de angustia. —Massimo se ha enfadado mucho, ¿verdad? —No te preocupes. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 25—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Es un. . no sé cómo se dice. Siempre me está mandando. Cree que no sé nada de la vida. —Intenta hacer lo que piensa que es mejor para ti —intentó defenderlo Charli. Valentina suspiró, indignada. —¡Pero siempre cree tener razón! Como en su trabajo. Él es el jefe y le dice a todo el mundo lo que tiene que hacer. —Y parece que se le da bien —sonrió Charli. —¡Pero yo no trabajo para él! No me gusta que me den órdenes todo el tiempo. —Te entiendo. —¡Los hombres italianos no han evolucionado! Creen que las mujeres sólo servimos para la cocina y para el sexo, en ese orden.


Charli soltó una carcajada. —Por favor, Valentina. Si tu hermano pensara eso no te mandaría a la universidad. —No sé yo.. —Te buscaría un marido, como se hacía antes. —¡Por favoooooor! —¿Lo ves? Podría ser mucho peor. —Sí, bueno, siento que se haya enfadado contigo por mi culpa. —No te preocupes. Anda, ve a dormir y olvídate del asunto. —Buenas noches, Charli —se despidió Valentina. —Buona notte —sonrió ella. «Tengo que hacer algo», pensó luego. ¿Pero qué podía hacer? Cuando se hubiera mudado a su piso las cosas serían más fáciles. Entonces encontraría la forma de ayudar a Valentina. Un montón de papeles. Una cuenta corriente con los suficientes euros. Llaves. ¡Llaves! Eran como una joya para ella. Charli tuvo que contenerse para no ir dando saltos por la Vía Mercanti. ¡Por fin! Era lunes y una hora antes había recibido la llamada de la notaría.


—¡Qué emocionante! —exclamó Valentina—. Estoy deseando ver el piso. A lo mejor lo han reformado y ha quedado muy bonito. Nunca se sabe con estos palacios antiguos. Por dentro podría ser precioso. Charli sonrió, encantada. —Mi tía abuela era muy mayor y el piso lleva más de un año cerrado. Mi única esperanza es que no necesite muchas reformas. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 26—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡A lo mejor está lleno de antigüedades! A lo mejor hay una pintura de Boticcelli que nadie conoce. . ¡entonces serías rica! —Lo sabremos en tres minutos —rió Charli. Había conseguido sobrevivir a aquella semana en casa de los Castellini. Evitando a Massimo, claro. El sábado tomó el ferry para ir a Positano y pasó el día visitando monumentos. Era un sitio precioso, aunque las calles estaban abarrotadas de turistas europeos. De vuelta en la villa por la noche, y como Massimo había salido, decidió invitar a Valentina a cenar. Encontraron mesa en una de las innumerables trattorias y pidieron calamares rebozados. Siguieron con una pizza y terminaron con uno de los famosos helados italianos. —Quiero cortarme el pelo —dijo Valentina—. Así, como esa chica —añadió,


señalando a una joven que estaba siendo apasionadamente besada por un chico en vaqueros y camisa negra. En Italia, la gente se besaba en público sin el menor reparo. En los parques, en las tiendas, en las cafeterías. Había amor en el aire, pensó Charli. Debía estar en el agua o en el aire. El problema era que ella bebía esa agua y respiraba ese aire. —Muy corto, ¿no? —A mí me gusta. ¿Crees que me quedaría bien? Sin duda. Valentina era tan guapa que estaría bien aunque se afeitara la cabeza. Pero sería una pena cortar una melena tan bonita. Aunque ella había hecho lo mismo y no estaba arrepentida. Todo lo contrario. Estaban llegando al apartamento y Charli rezaba en silencio para que no fuera un agujero infestado de ratas. Con un poco de suerte, podría mudarse esa misma tarde, pensó. Tenía que alejarse de Massimo Castellini como fuera. Aunque el día anterior había sido un anfitrión perfecto. Por la mañana las llevó a navegar y por la tarde a unas ruinas griegas del siglo VI antes de Cristo. Luego las invitó a cenar en un restaurante frente al mar. La hermana de Massimo estaba aburridísima, pero Charli disfrutó mucho. . aunque agradecía la presencia de Valentina. Enseguida llegaron al patio y estuvo a punto de tropezar en su prisa por abrir el portal. Dentro había unos escalones de piedra gris, muy gastados en el centro por siglos de uso. Incluso olía a viejo y la luz que entraba por las


ventanas polvorientas era gris y tristona. Subieron los escalones a toda velocidad y llegaron a la puerta del apartamento... —Aquí es —dijo Valentina, emocionada. Charli abrió la puerta, conteniendo el aliento. Y se quedó inmóvil. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 27—84 https://www.facebook.com/novelasgratis No sabía lo que iba a encontrar, pero de todas las posibilidades que había imaginado, la que tenía delante no era una de ellas. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 28—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 5 DEBERÍAS haber ido con ellas —dijo Mimma, con gesto de reprobación—. Y estás tomando demasiado café esta mañana. No es bueno para la digestión. La cocina olía a chitellini, unas deliciosas galletas de almendra. Massimo se tomó el café de un trago y luego mordió uno de los chitellini. No le apetecía volver al despacho. Se sentía inquieto y no tenía ganas de trabajar.


De pequeño, siempre iba a la cocina cuando se enfadaba con sus padres o cuando quería contarle sus penas a alguien. Y Mimma siempre estaba allí para escucharlo. Lo escuchaba y le daba fruta o galletas. Siempre olía de maravilla en aquella cocina. —¿Por qué no has ido con ellas? —Mi opinión no era necesaria —contestó Massimo, encogiéndose de hombros—. Charli es perfectamente capaz de recoger una llave. Además, Valentina ha ido con ella por si necesitaba traducción. Entonces recordó el entusiasmo con que Charli había recibido la noticia de que la notaría estaba abierta. Y había salido corriendo, como si quisiera escapar. ¿Qué tenía aquella mujer que lo volvía loco? ¿Y por qué siempre salía corriendo? ¿Dé qué tenía miedo? Mimma estaba limpiando un pulpo en aquel momento. Por la noche habría ensalada de pulpo, pero se preguntó si Charli estaría allí para probarla. —¿Crees que a Charli le gustará el pulpo? —preguntó entonces. Su experiencia con mujeres americanas le decía que no estaban acostumbradas a comer ciertos productos. Hasta cuando les servían un pez con cabeza se echaban para atrás. —Por supuesto que sí —replicó Mimma—. En caso de que no te hayas dado cuenta,


le gusta todo lo que yo hago. —Sí, es verdad —sonrió Massimo—. ¿En qué estaría yo pensando? —Es una chica estupenda, ¿no? Me ayuda en la cocina. Y quiere aprender a hacer pasta. No había mejor forma de entrar en el corazón de Mimma, claro. —Ya. —Giulia nunca entraba en al cocina. —Cocinar no era uno de sus talentos —murmuró Massimo. No quería pensar en Giulia, no quería sentir lo que sentía cuando pensaba en ella. Eso era el pasado y era mejor para él que siguiera siendo así. —Te gusta Charli —dijo Mimma entonces. —¿Ah, sí? —Soy vieja, pero no ciega. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 29—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —No eres tan vieja. Sólo tienes sesenta y dos años. —No cambies de tema. Creo que deberías buscar una esposa, Massimo. Un hombre como tú no debería estar solo. ¿Por qué no buscas una esposa? Giulia murió


hace mucho tiempo. —Siempre me haces la misma pregunta —suspiró él—. No quiero volver a casarme. —¡Qué bobada! Hay muchas mujeres en el mundo. ¿Qué crees, que no hay mujeres buenas? Mimma se lanzó entonces a uno de sus famosos monólogos sobre mujeres buenas y malas, y Massimo suspiró, agotado. Había oído ese discurso muchas veces. Una buena esposa. Si uno quería una buena esposa, lo lógico sería casarse con una mujer buena, pero... ¿qué era bueno en una esposa? Para Mimma era muy sencillo: una mujer a la que le gustara cocinar y que quisiera tener hijos. Pero hoy en día lo de cocinar no era necesario y lo de tener hijos estaba abierto a discusión. Él no necesitaba hijos que trabajasen en sus viñedos o en sus campos. De modo que, teóricamente hablando, ¿qué quería? Una mujer en la que pudiera confiar. Una mujer leal, íntegra. Una mujer que lo quisiera lo suficiente como para no morirse y..


Tenía que dejar de pensar en ello. —¡He rezado el rosario! —seguía Mimma—. Le he pedido a la virgen que te encuentre una buena esposa. Ahora sólo me queda rezar a Santa Rita. La patrona de las causas desesperadas. Massimo sonrió. —Si así te sientes feliz, hazlo —murmuró, besándola en la frente. Luego miró su reloj. Charli y Valentina no tardarían en volver. Seguramente se mudaría aquel mismo día, pero seguiría en la ciudad. Y él no quería una esposa, pero eso no significaba que no le interesara Charli. Lo que tenía que hacer era descubrir por qué ella se resistía. Charli, en la puerta del piso, miraba las zapatillas Nike que había en el suelo. Frente a ella, el salón, lleno de muebles antiguos. Y un ramo de flores rojas sobre una mesa de café. Flores frescas. —¿Seguro que éste es el piso? —preguntó Valentina. —El apartamento número dos. Tengo las llaves y he abierto sin problema... Sí, éste es el apartamento. —Pues aquí vive alguien. Charli estaba perpleja. —No lo puedo creer. ¿Cómo es esto posible? —A lo mejor tu tía abuela no ha muerto. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 30—84


https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, claro, y a los noventa y cinco años va al gimnasio y hace solitarios en un ordenador —replicó Charli, señalando un ordenador portátil. —¡Mira! —exclamó Valentina, señalando un mapa sobre el sofá—. ¡Uzbekistán! Una chica de mi colegio es de allí. Resultaba raro cotillear en el apartamento de un extraño. Todo estaba limpio, pero lleno de muebles y adornos que parecían tener más de cien años. A lo mejor tenían más de cien años. En la cocina había un bol con fruta fresca, una barra de pan, un vaso de agua con dos bolas de mozzarella... «Nunca metas la mozzarella en la nevera», le había dicho Mirruña. Había dos dormitorios y en uno de ellas vieron una maleta azul, una cámara digital, un pantalón blanco de lino colocado sobre una silla y unas sandalias de tacón. La «okupa» era una mujer. En el baño había cremas y un sujetador malva colgado de la barra de la ducha. Seguramente, eso tampoco era de su tía abuela. —Será mejor que nos vayamos —dijo Valentina en voz baja. Unos minutos después estaban en la calle. —Voy a la notaría ahora mismo. Alguien tiene que explicarme qué está pasando aquí.


—Estará cerrada. Es la hora de comer. Charli dejó escapar un suspiro. Diez minutos antes había entrado en ese portal convencida de que ya tenía casa y ahora. . ¿Cómo podía ser todo tan complicado? —Venga, vámonos. Massimo sabrá qué podemos hacer. Valentina había dicho eso para consolarla, pero Charli se puso furiosa. No quería que Massimo le dijera lo que tenía que hacer. Quería solucionar el problema sola. Pero, con un suspiro de frustración, siguió a Valentina por las calles empedradas, con sus balcones llenos de ropa tendida, de vuelta a la villa de los Castellini. Una ducha fresca la animó un poco y estaba secándose el pelo con una toalla cuando llamaron a la puerta. —Entra —dijo Charli. —Hola. Era Massimo. —Ah, pensé que era Valentina —murmuró ella, cortada. —La comida estará lista en veinte minutos. —Gracias. —Mi hermana me ha contado lo que ha pasado. —Sí, ya... Llamaré a la notaría más tarde. Supongo que podrán darme una explicación.


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 31—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Lo dudo. Se supone que el piso estaba vacío. Tú eres la propietaria. —Pues entonces volveré al piso y hablaré con esa mujer. —No te preocupes, voy a hacer algunas llamadas... —No, déjalo. Prefiero resolverlo yo sola —lo interrumpió ella—. Pero gracias. —No me cuesta nada, Charli. —Ya, pero tengo que solucionarlo yo. No entiendo qué está pasando. Todo son problemas. Yo esperaba estar ya en mi casa... —¿Y tan horrible es estar aquí? —No, no es eso. Agradezco mucho tu hospitalidad, pero es que. . no me gusta depender de nadie. —¿No estás siendo un poco melodramática? Yo no te tengo cautiva, ¿no? —No, claro que no —contestó Charli. —Relájate, no pasa nada —dijo Massimo, tomándola del brazo. Antes de que se diera cuenta, su cabeza estaba en el hombro de Massimo Castellini. Charli no se resistió, aunque debería haberlo hecho. Estaba cansada, frustrada


e indignada. —Aunque lo de tenerte cautiva es una bonita fantasía. Te mantendría encerrada y vendría por las noches para hacerte el... Ella se apartó de golpe. —¡Por encima de mi cadáver! —Era una broma. —Eso espero —replicó Charli, cruzándose de brazos. Massimo la estudió un momento. —¿Quién te ha tenido prisionera? ¿Ese novio tuyo? —¿Qué clase de pregunta es esa? —Pareces muy sensible con ese tema. —Ya te he dicho que no me gusta depender de nadie. —¿Y por qué es tan horrible aceptar mi ayuda? Charli suspiró. —Va en contra de mis reglas —contestó, dejándose caer sobre la cama. —¿Reglas? ¿Qué reglas? —Quiero ser independiente, hacer las cosas por mí misma. Massimo se encogió de hombros, como si eso no fuera importante. —Todo el mundo necesita ayuda de vez en cuando. Es normal. Eso no significa que


dependas de nadie. Además, estás en un país extranjero, no hablas italiano... Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 32—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y aquí estás tú, dispuesto a solucionar todos mis problemas, dispuesto a ayudar a la damisela en apuros. —Lo dices como si fuera un crimen. Soy un hombre, Charli. Si veo a una mujer en apuros, intento ayudarla. Lo hago por instinto, por la natural amabilidad italiana... —Y porque quieres seducirme —lo interrumpió ella. —No iba a decir eso, pero sí, también se me ha ocurrido. Podría ser una experiencia placentera para los dos. —Ya te he dicho que no estoy interesada. —¿Temes que te pida favores sexuales a cambio de mi ayuda? —Eres un hombre, ¿no? —No soy ese tipo de hombre —dijo Massimo. —Sí, ya, supongo que tú no necesitas... hacer favores para llevarte a una mujer a la cama. —No —sonrió él—. Prefiero que las mujeres vengan a mí por decisión propia. Aunque el juego de la seducción puede ser divertido. ¿No estás de acuerdo? Massimo la empujó suavemente sobre la cama.


—Voy a gritar. —Sí, conmigo las mujeres suelen gritar en los momentos de pasión — bromeó él. —Aquí no hay ninguna pasión —replicó Charli—. Suéltame. —Pero si no estoy tocándote. —¿Qué quieres de mí, Massimo? —Que me beses. —¿Qué? —Demuéstrame que no sientes nada y me marcharé. Te doy mi palabra de honor. —No tengo por qué demostrar nada. —Estás mintiendo, cara —dijo él en voz baja. Charli cerró los ojos cuando Massimo bajó la cabeza y rozó sus labios con la punta de la lengua. Entonces dejó escapar un gemido, no sabía si de placer o de protesta, y él se tumbó a su lado. Charli le devolvió el beso, sin pensar. . Pero, de repente, Massimo se apartó. Y no estaba mirando su cara. Charli bajó la mirada y comprobó que se le había abierto el albornoz, dejando al descubierto uno de sus pechos, el rosado pezón erguido. De inmediato, se cubrió, sintiéndose. . no sabía lo que estaba sintiendo. Temblaba y lo odiaba por hacerla temblar. Massimo se levantó, pasándose una mano por el pelo, y salió de la habitación sin decir una palabra.


—¿Dónde está Charli? —preguntó Valentina, impaciente—. Me muero de hambre. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 33—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Massimo cortó un trozo de mozzarella, encogiéndose de hombros. —Llegará enseguida. Después de salir de su habitación había tenido que darse una ducha fría, furioso consigo mismo por ser tan idiota. —Voy a buscarla —dijo Valentina. Massimo se apoyó en el respaldo de la silla cuando su móvil empezó a sonar. —¿Pronto? —Massimo, soy Elena. ¿Cómo estás? Oh, no, Elena. —Estoy bien, gracias. —Pareces cansado, pobre. ¿Valentina te está dando problemas? Los adolescentes son... —¡Se ha ido! —gritó Valentina. —Elena, tengo que colgar —dijo Massimo entonces—. Te llamaré mañana.


—¡He buscado por todas partes! —gritó su hermana—. ¿Qué le has hecho? ¿Qué le has dicho? —Cálmate, Valentina. Probablemente habrá ido al apartamento... —¡Pero si acabamos de venir! Y dijiste que la ayudarías... —Charli no quería mi ayuda. Siéntate, vamos a comer. —¿Por qué se ha ido sin decir nada? No lo entiendo. —No tengo ni idea. —¿No vamos a ir a buscarla? —Es la hora de comer —respondió Massimo. Valentina se dejó caer en la silla, frustrada. Como su hermano no quería hablar de Charli, decidió hablar de otra cosa: su amiga Gina acababa de llegar a la costa y querían ir a un concierto por la noche. Massimo le dio permiso. Conocía a los padres de Gina desde siempre y, además, era una buena chica. Massimo comió sin disfrutar de la comida. No podía dejar de pensar en Charli. La veía en la cama, con un pecho desnudo, el pezón rosado... cuando Mimma llevó el postre estuvo a punto de gritar: dulces, maduras y rojas frambuesas. Charli estaba sentada en la escalera, esperando. Había llamado antes y, como el piso seguía vacío, decidió ir a dar un paseo. Volvió una hora después y la mujer no estaba.


Pero llegaría tarde o temprano y no pensaba marcharse hasta que hubiera hablado con ella. Aunque tuviera que quedarse allí toda la noche. Desde el piso de arriba llegaba un olor a cebollas, ajo, orégano. Olía de maravilla. Y estaba muerta de hambre. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 34—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando Massimo salió de la habitación, decidió que no podía volver a enfrentarse con él. No era capaz de hacerlo. De modo que se fue de la casa sin decirle nada a nadie. El portal se abrió en ese momento y Charli se levantó. Si era la mujer que.. Pero no era una mujer, era un hombre. Massimo. —Pensé que te encontraría aquí. —¿Qué quieres? —Pedirte disculpas. Charli se llevó una mano al pecho. —Qué emoción. —No quería que te disgustaras.


—Por favor, déjalo —suspiró ella, sentándose de nuevo. —Te hemos buscado por todas partes. Estaba preocupado... —¿Preocupado por qué? ¿Pensabas que me habría tirado por un puente? —Eres un poquito dramática, ¿no? —sonrió Massimo. —Italia me está afectando —replicó ella. —¿Dónde has estado? —Por todas partes. Paseando. Había ido al puerto, había mirado escaparates... Ahora estaba de vuelta en el piso, en su piso, y no pensaba moverse de allí. Massimo se sentó a su lado. —Ponte cómodo —dijo Charli. —Gracias. —No lo decía en serio. —Ya lo sé. —Por favor, vete. —Charli, lo siento. De verdad, no quería... —¿No querías qué? Tú querías que pasara exactamente lo que ha pasado. Y espero que estés contento. Tenías razón, eres un maestro de la seducción y yo soy presa fácil. Y ahora vete para que pueda sufrir mi humillación a solas.


—¿Qué humillación? No hay razón para que te sientas humillada. Charli apretó los dientes. —No estoy acostumbrada a... a caer en los brazos de desconocidos. —¿Yo soy un desconocido? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 35—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Más o menos. —Charli, ven a casa. No puedes quedarte aquí —suspiró Massimo. —Sí puedo. Voy a quedarme aquí hasta que vuelva esa mujer. —Se llama Antonia Graziani. Y no volverá hasta mañana. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 36—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 EN LOS momentos más inesperados, Charli se acordaba de Richard. Una de sus tácticas de control era no decirle las cosas. Cosas aparentemente inocentes que daban al traste con sus planes. Siempre lo lamentaba, claro, nunca era culpa suya y luego intentaba hacer que ella se sintiera culpable por enfadarse. Hacer que se sintiera culpable era otra de sus habilidades.


«Se llama Antonia Graziani. Y no volverá hasta mañana». Charli recordó entonces el sujetador malva, las sandalias de tacón. —¿La conoces? ¿Sabías esto y no me lo has contado? —Charli... —¿A qué estás jugando? ¿Quién es esa mujer? —No estoy jugando a nada —replicó él—. Te diré lo que sé, pero no aquí, en esta escalera. Vamos. Massimo tomó su mano y prácticamente la arrastró hasta el patio. —¡Suéltame! —gritó Charli, dando un tirón. Pero no sirvió de nada. —Hay un sitio cerca de aquí —dijo él entonces, señalando un café—. Allí podremos hablar. Un minuto después estaban sentados en la terraza, tomando café con pastelitos. Charli probó la sfogliatella, una especialidad regional, rellena de queso fresco. —Bueno, ¿vas a contármelo o no? Massimo llevaba una camisa de rayas estilo Armani. El pelo, como siempre un poquito despeinado. Era imposiblemente guapo, imposiblemente italiano. —Claro.


—¿Qué tienes que ver con esa mujer? ¿De qué la conoces? ¿Esto qué es, una conspiración para que no pueda mudarme a mi piso? El levantó una ceja. —¿Cómo? —No lo digas. —¿Decir qué? —Que me pongo dramática. ¿Quién es esa Antonia? —No la conozco, no la he visto nunca. Sé su nombre porque le he preguntado a una vecina. —¿Cuándo? —Esta tarde, después de comer. Vine a buscarte y no estabas, así que hablé con la señora del piso de arriba. Ella me lo contó. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 37—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Charli se sintió como una tonta. —¿Y qué te ha dicho? —Que Antonia es pariente tuya. Solía visitar a tu tía abuela de vez en cuando y, por lo visto, ha tenido que ir a Nápoles, pero volverá mañana. Un pariente. Por eso tenía llaves. Aquello no sonaba nada bien.


—Debe pensar que el piso es suyo. —Pero es tuyo. —Sí, pero esa mujer parece pensar que tiene derecho a vivir allí. —Eso parece. Charli suspiró, frustrada. —Pues tendré que encontrar la forma de echarla. Supongo que podría tirar sus cosas a la calle y cambiar la cerradura. —Sí, podrías hacerlo —murmuró Massimo. Por su expresión, ese procedimiento no le parecía el más adecuado. Charli pensó en el ordenador, en la cámara digital, en las flores, en el sujetador y el mapa de Uzbekistán. Imaginaba todo aquello en una pila en medio del patio. . No era la mejor forma de hacer amigos, no. Las campanas del Duomo dieron las seis y luego siguieron tocando su melodía, un sonido encantador del viejo mundo. Allí estaba, en aquella preciosa ciudad italiana, y no se sentía feliz en absoluto. Con una okupa viviendo en su piso y.. Un okupa. —¿Los okupas tienen derechos en Italia? —¿No crees que es un poco prematuro preocuparte por eso ahora? Parecía tan tranquilo, tan razonable, tan... poco italiano. ¿Dónde estaba su sangre latina cuando hacía falta? —¿Quieres otro café? —No.


Una joven pareja empujando un cochecito de niño pasaba por delante de la terraza. La chica llevaba una falda preciosa y zapatos de tacón. Allí todas las chicas llevaban zapatos de tacón, con lo difícil que era caminar por las calles empedradas. —¿Nos vamos? —preguntó Massimo. Volvieron a la villa en su coche, un descapotable, porque Charli ya había devuelto el suyo a la empresa de alquiler, pensando que no le iba a hacer falta. La carretera ofrecía unas hermosas vistas del Mediterráneo y el sol le daba a todo un halo dorado. El aire olía a mar, a limones y a flores, a amor y seducción. Era como una película. Otra vez. Allí todo era como una película. Entonces miró a Massimo de reojo; la nariz, la frente y la barbilla de un emperador romano. Parecía irreal estar sentada al lado de aquel hombre tan atractivo, viajando por la costa italiana en un descapotable. Era guapo como una estrella de cine, la deseaba y se iba a casa con él. Entonces, ¿por qué no estaba dando saltos de alegría? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 38—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué piensas hacer si esa mujer dice que no se va? —preguntó Valentina cuando volvían al apartamento al día siguiente. Charli se había hecho esa pregunta a sí misma cien veces desde el día anterior. No sabía qué iba a hacer si la del sujetador malva y el mapa de Uzbekistán se negaba a abandonar el piso. ¿Qué podía hacer, llamar a la policía?


—No lo sé —suspiró. —¿Por qué no dejas que Massimo se encargue de esto? Estas cosas se le dan bien. —No lo dudo, pero él es un hombre muy ocupado y esto es problema mío. Eso sonaba muy responsable, muy maduro, pero Charli tenía sus dudas. Quizá tendría que pedirle ayuda si la mujer se negaba a marcharse por las buenas. La noche anterior, Valentina había ido a un concierto con una amiga y Massimo y ella cenaron solos en la terraza. Durante toda la tarde había sido un modelo de cortesía y decoro. No le hizo ni una insinuación, no intentó besarla. Pero eso, en lugar de tranquilizarla, empeoró las cosas. Y para cuando llegó el postre, una crema helada de café, Charli estaba de los nervios. Se excusó después del postre, pretextando un dolor de cabeza, para encerrarse en su habitación. Nunca un hombre la había puesto tan nerviosa. Era patético, ridículo. «Y nunca antes habías deseado a un hombre como deseas a Massimo. Admítelo, chica». Charli estuvo a punto de tropezar. —Tranquila. Que esto no es una carrera —rió Valentina. —Es que estaba pensando... —Es la adrenalina —rió la hermana de Massimo—. Estás enfadada con esa chica por


robarte el piso. —Probablemente —dijo Charli, colocándose las gafas de sol sobre la cabeza. Esperaba que la okupa hablara su idioma para que pudiera entender el discurso que llevaba preparado. Una vez en el patio, miró hacia el balcón y vio que las puertas estaban abiertas. Antonia había vuelto. No se molestó en llamar, abrió el portal con su llave y subió hasta el apartamento con Valentina pisándole los talones. Su corazón latía furiosamente mientras llamaba a la puerta. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 39—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 LA PUERTA se abrió un segundo después y Charli se encontró frente a una mujer muy alta con un móvil pegado a la oreja. Iba descalza, con un pantalón ancho de lino blanco y una blusa sin mangas de color rojo. Con el pelo corto, oscuro, y los ojos casi de color violeta, Antonia Graziani era impresionante. —Entri, entri! —les dijo, sin dejar de hablar por teléfono. Charli tardó un momento en reaccionar, pero entró, seguida de Valentina. Antonia Graziani señaló el sofá del salón y se volvió para cerrar la puerta. —Me encanta su corte de pelo —dijo Valentina en voz baja. Charli estuvo a


punto de soltar una carcajada. Sólo una adolescente pensaría en un corte de pelo en un momento como aquel. —Ciao, grazie —se despidió Antonia de su comunicante—. ¡Cuánto me alegro de verte! Tú debes ser Charli Olson, ¿no? Yo soy Antonia Graziani. Si accomodi.. Sentaos, por favor. Acabo de llegar hace diez minutos y he encontrado la nota bajo la puerta. Voy a buscar unos refrescos a la cocina, vuelvo enseguida. Una cosa estaba clara: Antonia Graziani hablaba su idioma. —¿Qué nota? —preguntó Valentina en voz baja—. ¿Y cómo sabe quién eres? —Massimo dejó la nota ayer —contestó Charli. Antonia volvió con una bandeja en la que había tres vasos y tres botellitas de algo verde. —¿Os gusta el frizzante o preferís otra cosa? —No, está bien —murmuró Charli. —Sí, gracias —dijo Valentina—. Pero no se lo digas a mi hermano. —¿Que es el frizzante? —Vino blanco —sonrió la traviesa adolescente. Antonia dejó la bandeja sobre la mesa, se sentó y procedió a servir el espumoso vino blanco. Las botellitas tenían tapa de rosca. Eso en Italia, donde el vino era sagrado. Si el tonto de Richard supiera. . —Estaba preocupadísima. No sabía dónde te habías metido. He llamado a


todos los hoteles, pero no te encontraba. Pensé que habrías vuelto a América... Antonia siguió hablando sobre un tío suyo que estaba en el hospital, un avión a Moscú, un marido esperando destino. . Aparentemente, iba de un lado a otro con un marido diplomático que estaba en aquel momento en Moscú. Sus padres vivían en Florida, por razones que Charli no entendió, y era familia del notario, que estaba emparentado con el marido de su tía abuela. Se llevaba muy bien con ella y solía alojarse en su casa cada vez que iba a la costa porque sus suegros eran muy antipáticos. . Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 40—84 https://www.facebook.com/novelasgratis O algo así. A Charli le daba vueltas la cabeza con tanta información. Incluso Valentina parecía un poco mareada. Antonia suspiró. Los últimos dos meses habían sido agotadores, decía, y había decidido quedarse unos días en la costa para relajarse de tanto viaje. No sabía que Charli había heredado el piso hasta el día anterior. Y lamentaba mucho haberle causado algún inconveniente. Entonces se detuvo para tomar aliento. Hasta Charli estaba sin aliento sólo de escucharla.


—Cuando fui a buscar las llaves a la notaria, nadie me dijo que estuvieras aquí — consiguió decir. Antonia levantó los ojos al cielo. —Era la chica nueva, ¿no? La que está ayudando ahora que mi tío está en el hospital. No sabe nada. Ni siquiera tenía tu dirección. Por eso no pude llamarte por teléfono. Llamé a los hoteles pero no te encontré, y como tenía que irme a Nápoles... Llegaron a la villa a la hora de cenar. Valentina, con los ojos brillantes de emoción, estaba deseando contarle a Massimo lo que había pasado. —¡Es guapísima! ¡Como una modelo! Tenías que haberle visto el pelo. Y vive en Uzbekistán. Se va el viernes, pero antes tiene que pasar por Moscú y... Massimo la dejó hablar, comiendo su parmigiana di melanzane, un nombre muy bonito para lo que Charli conocía como berenjena a la parmesana. Charli sabía que aquella sería su última cena con la familia Castellini. Al día siguiente haría las maletas, pediría un taxi y se instalaría en su piso. Antonia se quedaría hasta el viernes y, mientras tanto, le enseñaría los misterios del calentador. A la luz de las velas, Massimo parecía muy serio. O quizá era su imaginación. —Entonces, ¿no hay que contratar a un abogado, no hay que iniciar un proceso de


desahucio? —Pues no —contestó ella, percatándose de la ironía. —No, no, Antonia no quiere robarle el piso. . —siguió Valentina. Charli dejó que ella diera las explicaciones. No le apetecía mucho hablar. Estaba disfrutando de la cena e intentando desesperadamente no mirar a Massimo. Pero era una causa perdida. Sus ojos iban hacia él sin su consentimiento, probablemente debido al vino. Al de la cena y al que les había ofrecido Antonia. Pero éste era delicioso, muy fresco, un complemento perfecto para la deliciosa berenjena parmesana. Y Massimo estaba tan guapo. Le encantaban sus manos, y su cuello, tan fuerte. Llevaba una preciosa camisa de lino blanco y se sintió un poco triste, sabiendo que, a partir de aquel momento, cenaría sola. Quería tocarlo... pero entonces recordó lo que había pasado la última vez que lo tocó. Para animarse, tomó otra copa de vino. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 41—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Más tarde, en la cama, se dio cuenta de que había bebido demasiado. Y se preguntó por qué Massimo no había aprovechado la oportunidad para demostrarle sus dotes de seductor. Se quedó dormida antes de poder encontrar una respuesta.


Cuando amaneció, Massimo llevaba horas despierto. Había llovido por la noche y el cielo estaba cubierto de nubes. Como un mal presagio. Charli estaba haciendo las maletas, le había dicho Mimma cuando fue a la cocina a tomar otro café. Una pena que se fuera, dijo el ama de llaves, suspirando y mirándolo con gesto acusador. Una chica a la que le gustaba tanto cocinar... por lo que ella había oído, las mujeres americanas no cocinaban, se limitaban a comprar esa horrible comida congelada que ahora vendían por todas partes. Pronto las mujeres italianas también dejarían de cocinar y eso sería la hecatombe... Massimo decidió escapar de la cocina. Cuando llegó a la habitación de Charli, ella estaba guardando un vestido en la maleta. Llevaba una faldita de un tejido vaporoso e iba descalza. Massimo miró sus delgados tobillos, los pies pequeños. Le gustaba la forma de sus pies, los dedos con las uñas pintadas de color rojo cereza. Eso le sorprendió. Él nunca había mostrado interés por los pies de las mujeres. —Hola —dijo Charli. —Buenos días. ¿Ya te vas? —Cuando haya terminado. ¿Se ha levantado Valentina? —No la he visto —contestó él, apoyándose en la puerta—. Te echará de menos. Y Mimma también. Ahora cree que es culpa mía que te vayas. —Estaba aquí porque no podía entrar en mi piso, Mimma lo sabe. Una brisa cargada de lluvia entraba por la ventana. La temperatura había bajado mucho desde el día anterior. —Puedes quedarte aquí hasta que se vaya Antonia.


—Gracias, pero me apetece mucho instalarme de una vez por todas. Antonia tiene que explicarme cómo funciona el calentador... Además, me cae bien. Me apetece estar con ella un par de días. —Como quieras. Cuando estés lista, dímelo. Te llevaré en el coche. —Gracias, pero no es necesario. He llamado a un taxi. Massimo apretó los labios. ¿Por que tenía que ser tan obstinada? ¿Qué había hecho él para merecer aquello? La noche anterior había sido un perfecto caballero. No la había tocado, no la había besado... aun sabiendo que podría seducirla. —¿Qué te pasa? ¿Por qué no quieres que te lleve? —Porque estás trabajando y yo puedo ir a mi casa en taxi. —¿Tanto miedo te doy como para salir corriendo? ¿Tanto miedo te da un hombre que te quiere en su cama? Charli se puso tensa. —No salgo corriendo. Y ya hemos hablado de esto. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 42—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Un golpe de aire cerró la puerta de golpe. —¿Por qué te pones tan tensa? ¿Qué hay más natural que dos personas que se desean la una a la otra? No voy a hacerte daño.


—¿Cómo lo sabes? —exclamó Charli. No lo sabía. Cuando salía con una mujer y ésta mostraba signos de querer algo más que una relación pasajera, siempre le decía adiós. —Cuéntame cuál es tu problema —dijo, sin embargo. Otra parte de su cuerpo que no era el cerebro parecía haber tomado el control. Charli se cruzó de brazos. —Esto es absurdo, Massimo. Volveré a Estados Unidos dentro de unos meses. . ¿por qué no te buscas a alguien de aquí o alguien que vaya a quedarse en Italia más tiempo? —No lo sé. Lo único que sé es que, cuando te veo, me dan ganas de besarte, de hacerte el amor. El mundo está lleno de mujeres, pero no me interesa ninguna. Sólo me interesas tú. Como si fuera una bendición, en ese momento empezó a llover. Charli bajó la mirada y Massimo notó que le temblaban las manos. —¿Charli? Ella lo miró con los ojos brillantes, los labios entreabiertos. ¿Sabría lo erótica que era en aquel momento? El deseo fue como una explosión. Olía a algo dulce y afrutado. Y, de repente, la estaba besando, tocándola, metiendo las manos bajo la camiseta para acariciar su


piel. Ella dejó escapar un suave gemido de protesta, pero se apretaba contra él, como sin voluntad. Su calor, su olor, su sabor, lo intoxicaban. Estaba perdiendo la cabeza y le daba igual. Era una tentación de mujer. Quería quitarle la ropa, la quería desnuda a su lado. Todo su cuerpo palpitaba de deseo. Entonces le pareció oír el claxon de un coche, como a lo lejos, y unos segundos después, un golpecito en la puerta lo devolvió a la realidad. Charli se apartó al oír la voz de Valentina. —¿Charli? ¿Estás ahí? —Ya estoy casi lista —contestó ella, con voz ronca—. ¿Te importa ir a buscar mi libro? Creo que lo he dejado en la mesa del salón. Massimo cerró los ojos e intentó recuperar cierta semblanza de control. Sin mirarlo, Charli se acercó a la cama y cerró las dos maletas. —Yo las llevaré. —Gracias. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 43—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Diez minutos después, subía al taxi. Massimo lo observó desaparecer en la primera curva de la carretera, aún sintiendo el amable beso en la mejilla que le había dado como despedida. Era mejor así, pensó. A él le gustaban las relaciones sencillas. Y con Charli... con Charli nada sería sencillo. Sin embargo, tenía como una presión en el pecho. Como si algo dentro de él


quisiera salir, algo vivo y atrapado. Impaciente consigo mismo, volvió a entrar en la casa. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 44—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 CHARLI estaba sentada en el balcón, trabajando en su ordenador y tomando un vasito de frizzante. Llevaba en el apartamento casi una semana. Antonia se había ido y ella estaba disfrutando de la soledad. Entonces miró el Duomo, esperando que las campanas dieran las cuatro. Pero no fueron las campanas del Duomo lo que sonó, sino el teléfono. Era Bree. —Tengo una buena noticia y una mala noticia. Se me ha estropeado el ordenador. —Esa es la buena noticia, ¿no? —No —suspiró su amiga. La buena noticia era que había encontrado a la persona perfecta para alquilar el piso, su prima Mindy, de Minnesota. Aparentemente, la pobre chica acababa de romper con su novio y estaba deprimida. Además, estaba redactando su tesis doctoral y necesitaba desesperadamente un sitio en el que trabajar tranquila. —Sigues queriendo alquilarlo, ¿no?


—Sí, pero dentro de unos meses, cuando haya arreglado la cocina y el cuarto de baño. —Estupendo. Yo creo que Italia le irá bien —suspiró Bree—. A lo mejor encuentra un amante italiano que la anime. Una Vespa azul entró entonces en el patio y de ella bajó un hombre con traje de chaqueta y corbata. El hombre se quitó el casco y entró en una de las decrépitas casas. —Por cierto, ¿te llegaron las fotografías antes de que se estropeara tu ordenador? — preguntó Charli. Había enviado fotografías del apartamento tomadas con la cámara digital de Antonia. —Sí. Un sitio muy mono, pero la cocina necesita serias reparaciones. Además, lo que yo quería ver era una fotografía de tu amante italiano. Los hombres son más interesantes que los azulejos. —No es mi amante italiano y no le haría ninguna gracia que le enseñara su foto a mis amigas. —Te mataría. Decirle que no a ese hombre... —protestó Bree. —A veces yo también me mataría a mí misma. El problema era que no dejaba de pensar en Massimo Castellini. Media hora después, subía por la carretera que llevaba a la villa. Tenía que ir porque se había dejado el secador y lo necesitaba. Pero esperaba no


encontrarse con él. «Por favor, que no me encuentre con él», rezó, para que alguna deidad le hiciera el favor. Era una bobada, claro. Podía hablar con él durante cinco minutos sin que pasara nada. Mimma la recibió con una gran sonrisa. Pero cuando vio a Valentina se quedó boquiabierta. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 45—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Valentina! Pero si casi no te conocía. . —¿Te gusta? —rió la chica, tocándose el pelo corto, cortísimo. —Estás preciosa. Y era verdad. Sus luminosos ojos grises parecían más grandes ahora. Y tenía un aspecto más sofisticado. —¿Cuándo te lo has cortado? —Esta mañana. Pensaba pasar por tu casa para enseñártelo —contestó Valentina que, de repente, se puso seria—. Ven a mi habitación. —¿Qué pasa? —preguntó Charli cuando se quedaron a solas. —Massimo se puso furioso cuando llegué de la peluquería. . ¡Es mi pelo! Debería poder hacer con mi pelo lo que quisiera, ¿no? Parece que he cometido un crimen. Es que no lo entiendo. Siempre me está dando charlas sobre la honestidad y la


integridad moral, pero no entiendo qué tiene que ver mi pelo con eso. —Tu hermano tiene su propia forma de ver la vida —suspiró Charli. —¿Sabes una cosa? A veces creo que tiene miedo de que me convierta en una loba que persigue a los hombres o algo así. Charli soltó una carcajada. —¿Y por qué piensas eso? Valentina se encogió de hombros. —No tengo ni idea. No te puedes imaginar lo buena que soy. Ni siquiera me he acostado con nadie todavía. —Ah, vaya. Con lo vieja que eres. —No te rías de mí. Seguramente soy la única del colegio que aún no lo ha hecho. —No lo creo. Y es mejor que esperes, te lo aseguro. Valentina suspiró. —Lo sé. La verdad, no hay ningún chico con el que quiera acostarme. —Afortunadamente. Pero tendrás mucho tiempo para eso. —Y tendrá que gustarle mi pelo corto —sonrió Valentina—. Le he dicho a Massimo que si no se callaba, me teñiría una mitad en naranja y la otra en rojo. Tenías que ver la cara que ha puesto.


Charli podía imaginarlo. Unos minutos después, el hombre en cuestión apareció en la puerta. Y su expresión no prometía nada bueno. —¿Puedo hablar un momento contigo? —le espetó, con una arrogancia que la dejó de piedra. —Dime. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 46—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —En mi despacho. Charli apretó los dientes. —¿Perdona? ¿Es una orden? —En mi despacho, por favor —dijo Massimo entonces, con exagerada amabilidad. Charli miró su reloj. —No sé si tengo tiempo.. Mentira, pero no pensaba ponérselo fácil. —Sólo será un momento. —Muy bien —suspiró Charli, volviéndose hacia Valentina—. Voy a ver qué crimen he cometido. Ahora vuelvo.


—Te espero —dijo la chica, con cara de susto. —Massimo, no me digas que vas a hablarme del pelo de tu hermana. —Siéntate... por favor. —Estoy bien así, gracias. ¿Por qué estás tan enfadado? ¿Por el corte de pelo? —No es sólo el pelo —suspiró él. —No, ya veo. No es sólo el pelo y creo que sé lo que es. —¿Ah, sí? —No te gusta perder el control. Esa es una parte del enfado. La otra es que ahora, cuando miras a tu hermana, no te gusta lo que ves. Te da miedo. —¿Cómo que me da miedo? —Se está convirtiendo en una mujer, ¿verdad? Tu hermanita, que siempre ha necesitado tu protección, ahora es una joven que quiere tomar sus propias decisiones. Y sí, los hombres la mirarán, seguro. Es muy guapa y tendrá que aprender a manejarse entre ellos. Tú eres su hermano mayor y debes aconsejarla, no protegerla. —Gracias por la charla —replicó Massimo— pero es mi hermana y, mientras esté bajo mi tutela, debe hacer lo que yo diga. Y sugiero que no intentes influir en ella — añadió, arrogante. —¿Te estás oyendo? ¡Tiene diecisiete años y, en tu opinión, eres tú quien decide


cómo debe cortarse el pelo! ¿Estás loco? Estamos en el siglo XXI, Massimo. —Soy su tutor y.. —Sí, eres su tutor, no su guardián —lo interrumpió Charli—. ¿Qué clase de mujer quieres que sea? ¿Una que busque marido de inmediato para que tome todas las decisiones, como hacía su hermano? ¿Sabes lo que pasará? Que él le dirá lo que debe comer, cómo debe vestirse, a quién debe votar... Sin darse cuenta empezará a hacer lo que él dice, no saldrá con sus amigas porque a él no le gusta y cada vez que diga algo él la pondrá en ridículo... ¡No le hagas eso, Massimo! Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 47—84 https://www.facebook.com/novelasgratis No podía creer que hubiera soltado esa parrafada. En realidad, estaba hablando de sí misma y de su relación con Richard.. Massimo la miraba en silencio, con expresión indescifrable, y Charli salió del despacho a toda prisa, intentando calmarse mientras volvía a la habitación de Valentina para buscar su bolso. Tenía que irse. Afortunadamente, Valentina ya no estaba en la habitación. Charli recogió sus cosas y salió corriendo. La llamaría más tarde. Mientras bajaba los escalones de piedra que llevaban a la carretera, sólo podía pensar en la suerte que tenía de poder marcharse a su casa, de no tener que estar con Massimo. La Piazza de San Bonaventura era un sitio interesante para ver pasar la vida. Charli estaba sentada en la terraza de un café, con un capuchino y una sfogliatella, mirando a la gente, su pasatiempo favorito. Había tres chicas


muy modernas en la mesa de al lado, fumando, tomando café y hablando por el móvil. Con un pelo precioso, unos zapatos preciosos, preciosos vestidos, preciosas uñas. Hacía un día estupendo y Charli estaba encantada de la vida. Se había levantado temprano, como era su costumbre desde que se mudó al apartamento, y empezaba a disfrutar de las vacaciones. En ese momento sonó su móvil. —¿Dígame? —Hola, Charli. Massimo. Su corazón empezó a latir como loco y eso no le hizo ninguna gracia. —Hola, Massimo. ¿Qué he hecho ahora? —Sé que no te apetecerá mucho hacerme un favor, pero necesito tu ayuda. —¿Por qué? ¿Valentina se ha escapado de casa? —No. Y no podrá hacerlo durante algún tiempo. —¿Por qué? ¿La has encerrado en su habitación para que no se pusiera un pendiente en la nariz? —¿También pensaba ponerse un pendiente en la nariz? —Nunca se sabe. Y luego están los tatuajes, por supuesto. —Gracias, ahora me siento mucho mejor. Y no, no la he encerrado en su


habitación. No ha sido necesario. Ha conseguido encerrarse ella misma sin mi ayuda. . Ayer se rompió una pierna y lleva una escayola hasta el muslo... —¡Oh, no, qué horror! ¿Qué ha pasado? ¿Se encuentra bien? —Vivirá, dice ella. No le duele mucho, pero está de un humor de perros. Tiene que llevar la escayola durante seis semanas. —Lo siento muchísimo. ¿Puedo ir a verla esta tarde? —Por supuesto —contestó Massimo—. Charli, necesito tu ayuda. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 48—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Una ambulancia cruzaba la plaza en ese momento y Charli se tapó una oreja con la mano para oír mejor. —¿Qué clase de ayuda? —Vuelve a casa para hacerle compañía a mi hermana... Massimo siguió diciendo algo sobre Roma y unos viajes, pero ella ya no estaba escuchando. «Vuelve a casa». Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 49—84


https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 CHARLI, me oyes? ¿Qué es eso, una ambulancia? —Sí —contestó ella, tragando saliva. No podía hacerlo. No podía volver a la villa, con Massimo. Era demasiado peligroso estar a su lado, verlo todos los días. Massimo Castellini no era el hombre adecuado. No podía enamorarse de él. —Valentina me está volviendo loco, Charli. Te necesito. Por favor, vuelve a casa. La ambulancia se detuvo frente a una pizzería y el conductor apagó la sirena. El abrupto silencio fue casi siniestro. —Sí, sí, claro... Iré. Desde su balcón una hora más tarde, Charli miraba los otros balcones del patio. En uno de ellos, una chica regaba las plantas, en otro había un perro dormido, con una pata colgando. Era la hora del almuerzo y todo estaba muy tranquilo. En su plato, una barra de pan que había comprado en la panetteria cuando volvía de la plaza, dos rodajas de tomate, queso fresco y lechuga rizada. De postre, un ramo de uvas verdes. Todo junto parecía un bodegón. De alguna parte le llegó la voz de una mujer llamando a alguien por el patio. Le encantaba aquel sitio, aquella vida. Le gustaba ver la ropa tendida, sábanas en un balcón, ropa interior de señora mayor, tangas de colores en otro. Por las ventanas abiertas le llegaba el ruido de las televisiones, los


teléfonos. . Massimo le había pedido que volviera a la villa y ella había dicho que sí. Intentaba que no le diera un ataque de pánico. Sabía que lo que más le asustaba no era Massimo, era ella misma. Tenía miedo de sus sentimientos por él, miedo de hacer alguna estupidez, como enamorarse, por ejemplo. Entonces pensó en Valentina, confinada en el sofá con su escayola, sin amigos. Hasta Gina, su amiga del colegio, se marcharía pronto a Roma. Sin nada que hacer más que leer o ver la televisión. No podía decirle que no. —¿No te preocupa la influencia que pueda ejercer sobre tu hermana? —le había preguntado a Massimo. —Valentina te quiere mucho, Charli. Yo quiero que mi hermana sea feliz... y siento haberte ofendido. Por lo visto, la pobre Valentina se había caído rodando por unos escalones de piedra y cayó en una mala postura. —¡Oí un chasquido, Charli! —le contó la pobrecita por teléfono. En el piso de arriba oyó llorar a un niño y luego a su madre consolándolo. Se había cruzado con ellos en la escalera. El niño era precioso, con una sonrisa sin dientes que rompería el corazón de cualquiera. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 50—84 https://www.facebook.com/novelasgratis De repente, Charli sintió la absurda necesidad de abrazar a un niño, de tener uno propio, de sentir el peso en sus brazos. La fuerza de ese deseo la


sorprendió. «Puedo tener un hijo si quiero». Se había dicho a sí misma durante tanto tiempo que no tendría hijos que el instinto maternal casi había desaparecido. Y ahora, de repente, volvía a aparecer. Richard tenía su vida planeada al detalle, sin contar con ella, claro. Un plan que incluía una casa en las afueras, dos hijos y un viaje a Europa. Ah, y un perro de raza. No había nada malo en ese plan, pero su presencia en la vida de Richard estaba controlada y decidida, como si fuera un electrodoméstico. —No sé si quiero tener hijos —le dijo un día, por impulso. Por supuesto, él no la había tomado en serio. Sonrió, condescendiente, la abrazó y le dijo que claro que tendrían hijos. De modo que, inconscientemente, Charli decidió que no sería así. Quería tenerlos. Y quería un marido. Aunque, probablemente, no en ese orden. Luego pensó en Massimo, que no quería volver a casarse. Según Valentina. ¿Por qué pensaba en él? Una señal de peligro apareció en su cabeza y se levantó a toda prisa. Tenía que hacer la maleta. Massimo iría a buscarla en media hora. Su antigua habitación en la villa estaba llena de flores. Un ramo enorme con capullos de rosa, orquídeas, lilas y unas flores exóticas que no conocía. Dentro había una tarjetita: Por favor, acepta esto con toda mi gratitud. Grazie mille!


Massimo —Pensé que no vendrías —le dijo más tarde. Estaban en la terraza, cenando. Charli llevaba una preciosa blusa de color albaricoque, sus rizos bailando con la brisa, su voz más cálida que nunca. No quería fijarse en esas cosas, pero se fijaba. —La pobre Valentina está solita y enferma, tenía que venir —sonrió ella. La «pobre Valentina» estaba en su habitación. Se había negado a tomar postre porque temía que, estando inmóvil, acabaría como una vaca. Charli jamás se negaba a tomar postre. Era lo que más le gustaba. Massimo la observó mientras metía la cuchara en el zabaione. —Quiero hacerte una pregunta. Sobre el incidente del pelo. —¿Sigues enfadado por eso? —No, quiero saber por qué te enfadaste tú. No tenía nada que ver con Valentina, ¿verdad? —¿Quieres sicoanalizarme? —Pero es cierto, ¿no? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 51—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, y te pido disculpas por el rollo que te solté. Esto está delicioso. ¿Cómo


se llama? —¿Vas a contarme qué pasó? —Yo llevaba el pelo largo también. Me lo corté hace unos meses —suspiró Charli, metiéndose una frambuesa en la boca. Massimo intentó imaginarla con el pelo largo, pero no podía. Le gustaba su pelo corto, como un halo de rizos rubios. Muy bien, se había cortado el pelo, como Valentina. Una coincidencia. Pero no veía la relación. —¿Y tu hermano se enfadó contigo? —No, Richard se enfadó conmigo. El hombre con el que estaba saliendo. Massimo sintió una absurda hostilidad hacia el tal Richard. Era una emoción ridícula, naturalmente. Una emoción que no podía permitirse. —Evidentemente, le gustaba más el pelo largo. Y lo entiendo. —Lo que le molestó fue que no pidiera su aprobación antes de cortármelo — dijo Charli entonces—. Pero él no tenía derecho a decirme lo que debía hacer con mi pelo, ni la ropa que debía ponerme... —¿Te decía qué ropa debías ponerte? —Sí. Cuando íbamos a una fiesta, siempre me decía qué vestido era el más adecuado. A veces incluso iba de compras conmigo.


Tenía que estar inventándolo, pensó Massimo. No podía imaginar nada más horrible que ir de compras con una mujer. —No me mires así. Ya sé que me porté como una boba. No debería habérselo permitido. —¿Cuánto tiempo estuviste con él? —Casi dos años —suspiró ella—. Debería haberle dejado en dos semanas, pero estaba loca por él. Patético, ya lo sé. Massimo no entendía cómo un hombre podía haber controlado a aquella mujer con tanta personalidad. —Ah, ya veo. —Pareces sorprendido —dijo Charli. —Porque tú no pareces el tipo de mujer que se deja controlar. —Y no lo soy. No me había pasado nunca y te aseguro que no volverá a pasarme. El amor es ciego, ya sabes. Al principio, Richard me parecía un hombre encantador, pero. . sólo mi amiga Bree se dio cuenta de cómo era en realidad. Me lo decía continuamente, pero yo no quise escucharla. No quiero ni pensar en lo que habría pasado si me hubiera casado con él.


—¿Y cómo te diste cuenta? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 52—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Te puedes creer que tuvo la cara de prohibirme que viniera a Italia? Yo estaba emocionada con el piso, pero Richard no quería que viniera. Bueno, no quería que viniera sola. Él no podía venir porque tenía trabajo y quería que me quedara en casa. Me puso todo tipo de trabas, intentaba asustarme. . Esa fue la gota que colmó el vaso y por fin vi qué clase de persona era. —Y cortaste con él. —Del todo. En fin, supongo que fue locura pasajera o algo así. No entiendo cómo pude estar con él durante dos años —suspiró Charli, levantando su copa—. Vamos a brindar por la libertad. Massimo sonrió. —Por la libertad. Después de cenar, Charli tomó un limoncello y él un vaso de grappa, mientras admiraban el paisaje.


—Qué preciosidad —dijo ella, señalando un enorme yate que brillaba como una joya en medio de la noche. Massimo la vio sonreír, su rostro suavizado por la luz de la luna... y tuvo que hacer un esfuerzo para no abrazarla. ¿Qué tenía aquella mujer? No era sólo un deseo físico. Charli no era una mujer misteriosa, ni exótica como otras mujeres que había conocido en sus viajes. Pero había algo en ella que lo atraía poderosamente. Era real. Su risa era auténtica, el sonido de su voz hacía que anhelase... ¿qué? Era como un soplo de aire fresco soplando en las oscuras mazmorras de su corazón. Massimo dejó el vaso de grappa sobre la barandilla de la terraza y metió las manos en los bolsillos de su pantalón. —Quiero que sepas que te he pedido que vinieras por Valentina. —Lo sé. —Pero eso no significa que tu presencia aquí no despierte mis instintos amorosos. —¿Es una advertencia? —No, es una confesión. —Muy bien, me considero informada. —Te deseo. Quiero que lo sepas. Pero como lo importante es que le hagas compañía a Valentina y no quiero estropearlo, tendré que portarme como un caballero.


—Ah, ya —sonrió Charli—. O sea, que no vas a portarte como un neandertal, ¿no? —Nunca me he portado como un neandertal. Pero tampoco voy a portarme como un hombre que quiere acostarse contigo —murmuró él, acariciando su mejilla—. Me portaré bien porque no quiero que hagas nada en contra de tu voluntad. En contra de su voluntad, eso tenía gracia, pensó Charli. Era como arcilla entre sus manos. Estaba temblando por una simple caricia. Sería tan fácil... Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 53—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Lo estás pasando bien? —preguntó, con una mezcla de ironía y de rabia. —Yo no soy Richard. —Yo no he dicho eso. —No, pero es lo que piensas. Charli dio un paso atrás, enfadada. —No me digas lo que pienso. —Pero es verdad. Crees que soy como él y por eso mantienes las distancias, ¿no? —Mira, Massimo, yo no quiero tener una aventura. No quiero enamorarme. No quiero esa complicación en mi vida. Así que debes respetar mis deseos y


dejarme en paz. Massimo vio miedo en sus ojos y sintió un absurdo deseo de protegerla. Quería abrazarla, decirle... ¿decirle qué? ¿Que estaba a salvo con él? No podía hacerle esa promesa. Él tampoco quería complicarse la vida. Y no podía jurarle amor eterno. No sabía qué hacer. En los negocios, era capaz de tomar decisiones rápidamente, planear, ejecutar, dirigir. Pero no sabía qué hacer con aquella mujer. —Te dejaré en paz. —Estupendo —sonrió Charli—. Me voy a dormir, buenas noches. —Una cosa más —dijo Massimo entonces—. Si cambias de opinión, ya sabes dónde encontrarme. Ella no se molestó en contestar. Cuando se quedó solo, volvió a mirar el paisaje y algo llamó su atención. Había luz en el viejo faro romano. Una reliquia de tiempos pasados que llevaba siglos sin servir como faro, pero aquella noche había luz en él. ¿Quién estaría allí? ¿Algún turista loco habría decidido pasar la noche en la torre? ¿Qué había en aquella montaña de piedras antiguas? ¿Romance, aventura? Hacía mucho tiempo que no había vida entre aquellos viejos muros. Charli se dejó caer sobre la cama y golpeó la almohada con los puños. No podía soportarlo.


Había cometido un error. No debería haber ido a la villa. «No quiero enamorarme». Esas palabras se repetían en su cabeza una y otra vez. Estaba furiosa consigo misma porque no quería enamorarse de Massimo Castellini... pero temía haberse enamorado ya. No podía soportarlo, no podía pensar en él. Debería ir a ver a Valentina. Por si necesitaba algo. La joven estaba leyendo una revista de moda, con la pierna sobre un montón de almohadas. —Esto es horrible. No puedo dormir así. —¿Te duele la pierna? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 54—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —No, no me duele. Eso es raro, ¿no? —No sé. Valentina suspiró. —Se me había olvidado decírtelo. Massimo me pidió disculpas por la bronca del pelo. —¿Ah, sí? ¿Cuándo? —Antes de romperme la pierna. Cuando te fuiste. —Ah, me alegro —sonrió Charli—. Entonces, no es un caso perdido.


Valentina levantó los ojos al cielo. —Ya veremos. Charli le dio las buenas noches y volvió a su habitación, recordando. . «No pareces el tipo de mujer que se deja controlar». «Yo no soy Richard». «Massimo me pidió disculpas por la bronca del pelo». Quizá se había equivocado con él. Quizá no era un hombre autoritario y controlador. «Si cambias de opinión, ya sabes dónde encontrarme». Charli estaba en la cocina de su piso, casi dando saltos de alegría. No podía creer cómo había cambiado en tres semanas. Había unos preciosos azulejos italianos sobre la encimera, nuevos armarios, una nevera nueva, una cocina de gas. El suelo de terracota había sido restaurado... Se había enamorado de su cocina. Massimo estaba apoyado en la puerta, mirándola. —¿Estás contenta? —Mucho. Ha quedado preciosa. Y sé perfectamente por qué se ha hecho todo con tanta rapidez. Gracias. —De nada. Es una cuestión de contactos. Massimo le había dado nombres de las mejores empresas, había hecho llamadas... El caso era que el trabajo estaba hecho y la cocina había quedado de cine. Y ya habían empezado las reformas en el cuarto de baño.


La cuenta corriente que había heredado estaría temblando cuando terminase, pero tenía un piso precioso en Italia. Lo alquilaría durante el invierno y pasaría allí los veranos. —Gracias —sonrió Charli. Afortunadamente, Massimo pasaba la mayor parte del tiempo en su oficina de Roma y volvía a la villa sólo durante los fines de semana. No tenerlo cerca todo el tiempo hacía que su sistema nervioso descansara, pero por las noches.. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 55—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Mientras él estaba fuera, le hacía compañía a Valentina, que no era una paciente fácil. Quería volver al internado con sus amigas, pero subir las innumerables escaleras del colegio sería imposible incluso con muletas. —¿Me enseñas el resto del piso? —preguntó Massimo entonces. —Sí, claro. Poco a poco se había ido librando de los muebles viejos y no, no había ningún tesoro escondido. Pero había conservado las sábanas bordadas y los manteles. También encontró algunas cosas bonitas entre la vajilla, pero no mucho más. —Y este es el balcón —dijo, de nuevo en la cocina—. Mi introducción a la vida


italiana. —Ruidosa, seguro. Como para probarlo, un perro empezó a ladrar furiosamente. —¿Quieres un vaso de frizzante? —Gracias —sonrió Massimo, sentándose en una de las sillas del balcón. Las campanas del Duomo sonaron entonces, cuatro campanadas largas para señalar las cuatro y tres más cortas para señalar los cuartos. Le encantaba ese sonido, el ambiente que creaba. Charli sacó dos botellitas de frizzante, que Massimo abrió con destreza. Tenía unas manos preciosas... Era curioso cómo la afectaba aquel hombre, cómo cualquier gesto hacía que su pulso se acelerase. En el piso de arriba un niño empezó a llorar y Charli se quedó escuchando mientras su madre intentaba calmarlo. Massimo la miraba con una expresión rara. —¿Por qué me miras así? —Tienes instinto maternal. —¿Y te parece extraño? Soy una mujer. —¿Quieres tener hijos? —Sí, cuando llegue el momento. Y me gustaría tener un marido también. —¿Ese Richard no te hizo renegar de la idea del matrimonio? —No, pero ahora tengo más cuidado. No quiero casarme a lo loco.. ¿y tú? Supongo


que tú no estás interesado en tener hijos. Creo que no quieres volver a casarte. Nunca se lo había dicho directamente, pero la información no era un secreto y en una casa con dos mujeres.. —Las mujeres hablan mucho. —¿Cuánto tiempo estuviste casado? —preguntó Charli. —Tres años. Y no, no estoy pensando en casarme otra vez. —¿La echas de menos? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 56—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ha pasado mucho tiempo —contestó Massimo, dejando el vaso sobre la mesa—. Será mejor que nos vayamos. Charli se levantó también. —¿Por qué no quieres hablar de tu mujer? —¿Qué quieres que te diga? Ella se encogió de hombros. —No sé... que era guapa, que la querías, que habías pensado tener hijos... ya sabes, lo que dice todo el mundo. —Muy bien, todo eso —murmuró él, sin mirarla—. Era preciosa, la quería, habíamos


planeado... ¿Para qué sirve esto? Se ha terminado. Charli asintió con la cabeza. Le dolía verlo así, con ese brillo de cólera en los ojos. —¿Por qué te enfadas? Nada más hacer la pregunta se arrepintió. Era evidente por qué estaba enfadado: porque el destino le había arrebatado a su mujer. Era una reacción normal. Y una razón más para no tener una aventura... Ella no quería competir con una esposa muerta. —No estoy enfadado —contestó Massimo, su rostro frío y sin expresión. Charli hizo una mueca. Algo no estaba bien, pero no sabía qué era. Esa noche, Charli soñó con un niño, con Massimo enfadado, diciéndole que no quería tener hijos y debía dejar de hacer preguntas. . Despertó sintiendo la humedad de las lágrimas en su rostro y se quedó mirando al techo, recordando el sueño. Qué raro. De repente, sintió el deseo de conocerlo mejor. De saber qué había detrás de esa tristeza. ¿Qué naufragios había tras la fría superficie? ¿Qué tesoros pedidos? Entonces se preguntó qué pasaría si fuera a su habitación. ¿Qué diría si se metiera en su cama y le dijera: «Massimo, no quiero que seas


desgraciado»? Le haría el amor, eso pasaría. Y sólo eso porque Massimo Castellini no quería volver a entregar su corazón. No debía hacerse ilusiones. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 57—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 10 ERA UNA preciosa tarde de verano en Roma, los antiguos edificios bañados por los últimos rayos del sol, y Massimo cruzaba el Corso Rinascimento para ir a casa. La oficina estaba a diez minutos de su apartamento y el paseo le resultaba siempre muy agradable. Últimamente, trabajaba más de lo normal intentando apartar a Charli de sus pensamientos, pero estaba perdiendo la batalla. Había decidido esperar a que ella cambiase de opinión sobre lo de tener una aventura, pero esperar era algo que no se le daba muy bien. La paciencia no era una de sus virtudes. Entonces su móvil empezó a sonar y Massimo contestó, irritado. Estaba cansado y quería que lo dejasen en paz. Pero era su hermana. —Pronto.. Valentina le pidió que fuera a buscar a su amiga Melissa al internado para que pasara el fin de semana con ellos. Era una idea horrible. Era una idea estupenda.


¿Por qué no lo había pensado antes? Valentina necesitaba ver a sus amigas y la mayoría estaban en Roma. Que Melissa pasara el fin de semana con ellos seria estupendo. —Muy bien. Llamaré al colegio para ver a qué hora puedo ir a buscarla. Luego cruzó la calle y entró en el antiguo palacio donde estaba su apartamento. Un bendito silencio lo recibió mientras abría la puerta de madera labrada. Estaba agotado. Massimo se quitó la chaqueta y miró su reloj. Tenía dos horas para ir al restaurante a cenar con unos clientes argentinos. Normalmente no iba a casa antes de salir a cenar con los clientes, pero había tenido un día horrible y quería darse una ducha. Luego, mientras escuchaba un poco de música, miró los ojos oscuros de la mujer de un cuadro que había en el salón. Era una mujer asiática, vestida con un traje tradicional. La joven parecía muy tranquila, sus delicadas manos colocadas sobre el regazo. Había comprado el cuadro en Myanmar y le había costado una pequeña fortuna. Era exquisito. El rostro de la joven era perfecto, su pelo largo, negro y brillante. Estaba enamorado de ese cuadro, pero había algo en él que lo turbaba y nunca había sabido qué era. Massimo suspiró, cerrando los ojos. Y, al hacerlo, lo que vio fue el rostro de Charli. Acababa de descubrir qué era lo que le molestaba del cuadro. El problema era que no había ningún defecto en esa pintura, ningún defecto


en la serena belleza de la joven. Era demasiado perfecto. Lo que deseaba mirar en aquel momento era el rostro de Charli. Charli, con sus pecas en la nariz, con sus rizos rubios, con su generosa sonrisa, un poco demasiado grande para su cara. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 58—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Massimo se levantó, inquieto, y paseó por la casa, admirando los cuadros que había comprado en sus viajes, los objetos decorativos, las esculturas, las alfombras hechas a mano, preguntándose qué pensaría Charli. Pensaba demasiado en ella. Y cuando volviera a la villa para pasar el fin de semana, le costaría mucho trabajo controlar sus impulsos amorosos. Lo que quería era tomarla en sus brazos, enterrar la cara en su pelo y besarla apasionadamente. Era un idiota. Con una mujer como Charli, sabía dónde llevaría eso. ¿Qué le estaba pasando? Él no quería ataduras emocionales. Massimo se acercó a la ventana y miró la calle, sin verla. Luego sacó el móvil y marcó el número de Charli. —Pronto —dijo ella, en perfecto italiano. —Sólo quería comprobar que no habías salido huyendo. —¿Y por que iba a hacer eso? —Mi hermana podría estar volviéndote loca.


—En absoluto. Me está enseñando a hablar italiano y se parte de risa. Está muy entretenida. —Espero que no te enseñe palabrotas. —A ver, pregúntame algo. —¿Quieres cenar conmigo el sábado por la noche? Al otro lado del hilo hubo un silencio. —No, no, quiero decir en italiano. Massimo repitió la pregunta en italiano. —Non capisco —contestó Charli. —Me has entendido perfectamente. —¿Qué tal se me da? —rió ella. —Muy bien. Incluso puedes mentir en italiano. —Qué orgullosa estoy de mí misma. Ah, por cierto, Valentina me ha dicho que vas a traer a su amiga Melissa para el fin de semana. Está contentísima. —Me alegro. Y mientras ellas ven esas horribles películas de terror que tanto les gustan, nosotros podemos salir a cenar. De nuevo, al otro lado del hilo hubo un silencio. —Gracias, eso estaría bien —dijo Charli por fin. Y, para su sorpresa, parecía contenta. Charli buscó en su armario algo que ponerse. Tenía una cita con Massimo. Habían


cenado juntos muchas veces, pero en aquella ocasión estarían solos. Estaba un poquito nerviosa, lo cual era ridículo, especialmente porque estarían en un lugar Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 59—84 https://www.facebook.com/novelasgratis público donde él no podría seducirla. Además, no había intentado hacerlo desde que le dejó claro que no estaba interesada. «Tú sabes qué es lo que te preocupa», le dijo una vocecita. «Estás asustada porque este hombre te hace sentir cosas que no habías sentido antes». Charli sacó el vestido verde esmeralda del armario. Era ligero, bonito, alegre y veraniego, perfecto para una cena al aire libre. Perfecto para una noche romántica con un italiano guapísimo, pensó, dejando escapar un gemido de frustración. Había pensado mucho en él, preguntándose qué estaría haciendo y con quién. Preguntándose por qué parecía tan enfadado cuando le preguntó por su difunta esposa. Sentía curiosidad, se dijo. Después de ponerse el vestido verde y unas sandalias de tacón, salió de su cuarto y fue a buscar a Massimo. —Iremos en mi coche. A menos, claro, que quieras ir dando un paseo. Charli miró sus sandalias. —Si voy andando con estas sandalias, te encontrarías teniendo que cuidar de dos


mujeres con la pierna rota. —Entonces, al coche —rió él. La llevó a su restaurante favorito, un lugar medio escondido en un antiguo callejón. Por lo visto, había ido al colegio con el chef. —Yo nunca habría encontrado este sitio. Esta ciudad está llena de rincones... Descubro sitios nuevos cada día. —Mi amigo, además del chef, es el propietario —sonrió Massimo, mientras se sentaban en un patio lleno de plantas—. Y la comida es excelente. —No lo dudo. En Italia, la comida es siempre excelente. Pero será mejor que pidas tú. —¿Quieres que pida por ti? —preguntó él, sorprendido. —¿Por qué no? Tú eres de aquí, conoces bien la comida. —Pensé que habías dejado a Richard porque siempre pretendía elegir por ti. Charli lo miró, con el ceño arrugado. —No es lo mismo. Yo te estoy pidiendo que lo hagas, no al revés. —Sí, es verdad. Además, yo nunca intentaría decirte lo que debes hacer. —Mejor. Un hombre muy guapo con gorro de chef apareció entonces. Era Paolo, el amigo de Massimo.


Los dos hombres se abrazaron y luego Paolo describió las maravillas que tenía preparadas para ellos y que incluían cozze ripiene, mejillones rellenos y fagiano arrosto, faisán asado, los dos platos favoritos de Massimo. Por supuesto, la comida era excelente. Y Paolo era muy simpático. —Tienes un nuevo admirador —dijo Massimo cuando el chef volvió a la cocina. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 60—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Está casado, ¿no? —sonrió Charli—. Además, sólo estoy interesada en su comida. Y supongo que coquetea con todas las clientes... qué rico está el faisán. No lo había probado nunca. Bueno, es que mi madre es una cocinera horrible, la pobre. —¿Tuviste una infancia desgraciada? —Sí, muy desgraciada —rió ella—. Llena de amor, de diversión. . y de comida espantosa. —¿Y tu hermano? —¿Ryan? Mi hermano sólo come comida congelada. —Me has dicho que está en la universidad. ¿Qué estudia? —Física, es un maníaco de las ciencias.. Siguieron charlando durante un rato y entonces, de repente, Massimo dejó


escapar un suspiro. —Sé que crees que intento controlar la vida de Valentina y tenías razón sobre lo del corte de pelo. Es verdad, me asusta un poco que se haga mayor, que se convierta en una mujer. —Una mujer atractiva. —Tiene diecisiete años. A los diecisiete años. . no quiero ni pensarlo. —Pues tendrás que hacerlo. Diecisiete años no son doce, Massimo. —No quiero que le hagan daño. Sufrió mucho cuando nuestros padres murieron y.. sólo quiero que sea feliz, que reciba una buena educación y encuentre un hombre que la quiera. —Pero no puedes protegerla para siempre. —Lo sé. Charli dejó el tenedor y se inclinó un poco hacia delante. —Es una chica muy lista. He hablado con ella sobre los chicos, sobre el sexo.. y lo tiene todo bastante claro. Massimo apretó su mano. —Te agradezco mucho todo lo que haces por ella, de verdad. Sé que te he pedido un gran favor y... —Qué va. Me cae muy bien Valentina y estar con ella es como estar con una hermana pequeña. Además, tampoco tengo nada mejor que hacer. Cuando llegó el postre, Massimo soltó su mano. Y Charli deseó que no lo hubiera


hecho. Por muy rico que estuviera el pastel de limón. —Sé que te preocupa el futuro de Valentina, pero dime, ¿qué esperas de tu propio futuro? Se sorprendió a sí misma haciendo esa pregunta y también él pareció sorprendido, como si nunca hubiera considerado esa cuestión. Y le habló de los planes que tenía para su empresa. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 61—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —En realidad, quería saber qué planes tienes para tu vida privada. ¿Cómo ves el futuro? —No lo sé, no pienso en ello. Tengo otras cosas más importantes en la cabeza. —¿Y no sabes cómo quieres que sea tu vida en diez o veinte años? ¿No tienes ilusiones, sueños? —Espero seguir teniendo dinero en el banco y no ir a la cárcel —bromeó Massimo. —Ah, impresionante. Cuando en mis sueños se incluya el deseo de no ir a la cárcel sabré que he triunfado —replicó Charli, burlona—. Espero que tu empresa no sea


una de esas que acaban siendo un escándalo nacional. —No te preocupes —rió Massimo. —¿Te ves solo, con una mujer o yendo de una relación a otra? Él hizo una mueca de disgusto. —Más bien esperaba que dejases el tema. —No, quiero saberlo. Charli no podía creer que tuviera la cara de insistir cuando, evidentemente, él no quería hablar del asunto. —Intento vivir el presente —dijo Massimo, encogiéndose de hombros. —Pero planeas tu futuro profesional, haces proyectos, te marcas objetivos. —Sí. Pero en mi vida personal eso no ha funcionado nunca. —No quieres hablar de esto, ¿verdad? —No. Charli asintió con la cabeza. —Entonces, hace unas semanas, cuando dijiste que me deseabas, te referías a una cosa temporal, ¿no? —Es lo único que sé manejar. —Y cuando termine, habrá terminado —era una afirmación, no una pregunta. —Así es, Charli. Charli, demasiado inquieta para dormir, estaba sentada frente a la ventana de


su cuarto, mirando el mar y disfrutando de la fresca brisa. Había sido una noche estupenda. El restaurante romántico, la cena deliciosa. . todo había sido precioso. Pero no podía dejar de pensar que Massimo Castellini no sólo la atraía físicamente... se estaba enamorando locamente de él. Y eso no era bueno. Y esa noche había descubierto que él tenía miedo de pensar en el futuro. Tenía miedo. Un hombre que no parecía tenerle miedo a nada. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 62—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Después de cenar, dieron una vuelta por el paseo marítimo, como si, por alguna razón, ninguno de los dos quisiera volver a casa. Iban de la mano y Charli no protestó. Por todas partes había parejas besándose apasionadamente. Amore por todas partes. Los italianos eran afectuosos, románticos y, desde luego, no tenían ningún problema para besarse en público. Cuando por fin llegaron a casa, Charli le dio las gracias por la cena y, sin pensarlo, de forma espontánea, se puso de puntillas para besarlo en la cara. Luego le dio las buenas noches y entró en su habitación. En ese momento le pareció ver algo por el rabillo del ojo. Era Massimo, en la terraza, despierto como ella. Iba descalzo, en vaqueros, con el torso desnudo. Charli tragó saliva.


Estaba de espaldas y sus anchos hombros brillaban bajo la luz del farol de la terraza. Era un hombre tan guapo... ¿En qué estaría pensando?, se preguntó. ¿En el futuro con el que no se atrevía a soñar? Entonces se volvió y miró directamente hacia su ventana. Levantó una mano para saludarla y Charli le devolvió el saludo. Pero quería hablar con él... o estar con él. «No pienses», se decía a sí misma mientras atravesaba la habitación. «No pienses, ve con él». No oyó ruido en la habitación de Valentina. Las chicas debían haberse quedado dormidas, por fin. « ¿Y si me equivoco?». «¿Y si cometo un terrible error?». Massimo seguía en la terraza, alto, moreno e increíblemente masculino. Nada podría acobardarla en aquel momento. —¿No podías dormir? —No. Los dos se quedaron en silencio. El corazón de Charli latía a toda velocidad; la tensión sexual entre ellos era insoportable. —Estás preciosa a la luz de la luna —dijo él entonces, mirándola a los ojos. Ningún hombre la había mirado de esa forma. —La magia de la luna —dijo Charli con voz ronca.


Ella no era preciosa. Desde luego, no tan preciosa como Giulia. ¿Por qué pensaba en eso? No quería pensar en Giulia. —¿Crees en la magia? —preguntó Massimo entonces. —Sí —contestó ella, sin saber por qué lo había dicho con tal convicción. —Es muy difícil para mí no tocarte, no besarte —murmuró Massimo. Charli no dijo nada. No sabía qué decir, qué hacer—. No es buena idea que estés aquí en este momento. —Quiero estar aquí. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 63—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Y era verdad. Más que nada, quería estar allí, a su lado. Massimo acarició su pelo. —Este es un juego muy peligroso. Estaba a unos centímetros de su torso desnudo, deseando apoyar la cabeza en él, cerrar los ojos, oír los latidos de su corazón. —Sí, lo sé. Él se quedó callado un momento, como si estuviera pensando la respuesta. —Dijiste que no querías tener una aventura, que no te gustaba que te controlaran.


—No voy a dejar que me controles. Qué valiente sonaba. Qué miedo tenía. —Yo no quiero controlarte, Charli. Sólo quiero hacerte el amor. —¿Por qué? —¿Qué clase de pregunta es esa? Porque despiertas mis fantasías cuando sonríes. Porque tus ojos son azules como el cielo, porque tienes unos labios preciosos, hechos para besar. Qué poético. Si un americano le dijera esas cosas, Charli habría soltado una carcajada. Pero en aquel momento no tenía ganas de reír. Sentía un deseo profundo, desconocido. —Me gusta estar contigo —siguió Massimo—. Me gusta verte con mi hermana, me gusta que te guste tanto este sitio, que te hayas hecho amigo de Mimma y.. ti penso sempre —añadió en voz baja. «No dejo de pensar en ti». —Pero has dejado de intentar seducirme —dijo Charli casi sin voz. —No es fácil. No es algo natural para un italiano, te lo aseguro. —¿Y por qué entonces? —Porque eso es lo que tú querías. Una repuesta simple. Una simple verdad. Le había pedido que dejara de hacerlo. —A lo mejor he cambio de opinión.


Massimo tomó su cara entre las manos. —¿Sabes lo que estás haciendo, cara? —Sí. Se llama vivir el momento. —Charli... yo no quiero hacerte daño. Pero no puedo hacerte promesas. —Lo sé. «Cuando haya terminado, habrá terminado». Charli tragó saliva. Quería pronunciar esas palabras, pero sabía que era como saltar sin red.. —Cuando haya terminado, habrá terminado —dijo en voz baja. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 64—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 11 MASSIMO rozó sus labios, muy despacio, sin besarla del todo, tentándola. Charli notaba su aliento, su respiración agitada... Luego la besó, apasionada, fogosamente, apretándola contra su cuerpo, dejándola sin respiración. Charli sentía escalofríos. ¿Cómo podía hacer eso sólo con la boca? Massimo se tomaba su tiempo, besándola con exquisita perfección, como si fuera un baile erótico. Charli sentía un cosquilleo que empezaba en su vientre y la recorría entera. Y no sabía qué hacer. Nunca había sentido algo así. Por fin, él levantó la cabeza


y acarició sus hombros, deslizando luego las manos hasta sus pechos, hasta el cinturón del kimono. —No llevas nada debajo. —No... nunca llevo nada para dormir —dijo Charli con voz ronca. Le gustaba dormir desnuda, sentir el roce de las sábanas. —Quiero verte — dijo Massimo entonces, desatando el cinturón del kimono, deslizándolo por sus hombros. La seda cayó con un susurro a sus pies. Charli quedó desnuda delante de él, con el corazón acelerado, los labios temblorosos. Massimo deslizó las manos por sus caderas, por su cintura, explorándola. Luego volvió a deslizarlas hacia arriba para acariciar sus pechos. —Qué preciosa eres. —Dilo en italiano —susurró ella. —Come sei bella. Sonaba como música celestial. Massimo inclinó la cabeza para besar sus pechos suavemente, rozando sus pezones con la lengua. Charli temblaba de deseo, sujetándose a sus hombros para no perder el equilibrio. —Creo que deberíamos entrar en casa. ¿Y si despiertan las chicas?


—Sí, tienes razón. —Quiero verte desnudo, Massimo. —Es lo justo —sonrió él, inclinándose para recoger el kimono del suelo. Después, la tomó en brazos como si no pesara nada. Su habitación estaba bañada por la luz de la luna y las ventanas, sin cortinas, ofrecían una hermosa panorámica del Mediterráneo. —Nadie puede vernos aquí —dijo Massimo, cerrando la puerta con llave—. Por si acaso. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 65—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Luego, la dejó sobre la cama y empezó a bajar la cremallera de sus vaqueros. No llevaba ropa interior, descubrió Charli. Y se le quedó la boca seca al verlo desnudo, como un dios de bronce. —Has visto a un hombre desnudo antes, ¿no? —No me acuerdo. —Mejor —sonrió él, mientras se tumbaba a su lado. Luego empezó a acariciarla, muy despacio. Su miembro, erguido y duro, rozaba el estómago de Charli. —¿Te gusta? —Sí.


—Dime lo que te gusta —dijo Massimo con voz ronca. —No lo sé. ¿Qué quieres decir? —¿Tienes preferencias, cosas que te gusta que te hagan? Haré lo que tú quieras. —Ah —Charli se sentía como una idiota—. No... yo... no sé. —¿No sabes lo que te gusta? —Nunca me habían hecho esa pregunta. —Ah, entonces nunca te han hecho el amor como es debido. Sí, seguramente no sabía mucho sobre el sexo, pensó ella. Richard no era precisamente un genio en ese asunto. Al contrario que aquel hombre, que la acariciaba como si tuviera todo el tiempo del mundo. El problema era que ella no sabía si tenía todo el tiempo del mundo. Sus manos la encendían de tal forma que estaba a punto de pedirle que parase. —Hazme lo que creas que me gustará —dijo, sin aliento—. Tú eres el italiano, confío en ti. En la oscuridad lo vio sonreír. —¿Estás segura? No quiero que pienses que te fuerzo a hacer algo que no te gusta. . —Calla, tonto. Hazme el amor. Enséñame cómo lo hacen los italianos. —Si, signorina. Y empezó a enseñárselo. Charli adoraba la fuerza de sus bíceps, el vello suave que cubría su torso, sus labios. Sabía a pasión, a deseo, a cosas prohibidas. Disfrutaba de sus jadeos, de sus gemidos roncos cuando lo


acariciaba. Nunca había experimentado tal placer. Y Massimo se entregaba con total generosidad. Hasta su propio abandono la sorprendía. A medida que aumentaba la tensión, las caricias y los besos se hacían más eróticos, más profundos, más desesperados... hasta que el deseo de tenerlo dentro era insoportable. —Massimo... Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 66—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Sentir cómo se deslizaba dentro de ella fue una revelación. Luego él empezó a moverse, despacio al principio, más rápido después. Charli se arqueaba, buscándolo, apretando sus hombros, deseándolo más cerca, más cerca. Sólo existía Massimo, la magia de aquel encuentro, sus jadeos, la increíble tensión sexual que se rompió unos minutos después, dejándolos a los dos agotados y sin aire. Con el corazón acelerado, Charli se dejó caer en sus brazos, disfrutando de una languidez que la obligaba a cerrar los ojos. Se alegró de que él no dijera nada. Así era perfecto. Perfecto. —Hablé ayer con tu madre —le dijo Bree, por teléfono—. Está muy contenta por la


fiesta de aniversario. Treinta años de matrimonio, ni más ni menos. Charli había llamado a Bree porque era su cumpleaños y una llamada de teléfono era más personal que un e-mail. En Italia era casi medianoche y el cielo estaba lleno de estrellas. Massimo había entrado en la casa para buscar una botella de vino y Charli aprovechó la oportunidad. —Estar casada con el mismo hombre durante treinta años y no haberlo matado —rió su amiga—. Y seguir acostándose con él, ¿te lo puedes imaginar? En realidad, Charli sí podía imaginarlo. Después de una semana con Massimo, podía imaginarse con él durante toda su vida. Pero era un pensamiento prohibido. Treinta años era el futuro. El próximo año era el futuro. Y ella no pensaba en el futuro. Estaba viviendo el presente. —No suelo pensar en ello. Pero sí, es un logro, desde luego. —¿Qué tal con Massimo? —preguntó Bree entonces—. ¿Él no te inspira deseos de futuro? ¿O esta aventura es sólo para unos días? No me cuentas casi nada en tus correos. El sujeto de la discusión volvió entonces a la terraza con una botella de vino en la mano. Era el hombre más guapo que había visto nunca, pensó Charli, cuando se inclinó para besarla en la comisura de los labios. Y aquel hombre tenía planes para esa noche. Unos planes que también a ella le parecían muy interesantes. Y no, no le había contado a Bree mucho sobre su aventura. Bree era su mejor amiga, pero los detalles de su relación con Massimo


Castellini eran sólo para los dos. No quería compartirlos con nadie. Además, no habría podido hacerlo teniéndolo tan cerca. —No tengo mucho talento como escritora, ya lo sabes. —¡Charli, cuéntamelo! ¿Es verdad lo que dicen de los italianos? —¿Qué dicen? —¡Que son muy buenos en la cama! —No tengo ni idea. No los he probado a todos. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 67—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Muy bien. ¿Y Massimo qué? —No puedo comparar. Es mi primer italiano. Él le guiñó un ojo. —No vas a contarme nada, ¿verdad? —suspiró Bree. —No. —Muy bien. No me cuentes nada, sólo dime que lo estás pasando de maravilla. —Lo estoy pasando de maravilla. Massimo sonrió mientras servía dos copas de vino. —Qué suerte tienes —dijo Bree—. Yo aquí, en este diminuto apartamento y


tú. . con un amante italiano, una villa frente al Mediterráneo, meses de aventura en Italia... Pero todo eso era temporal. En unas semanas volvería a casa. —Antes de que te des cuenta tendrás que ir a buscarme al aeropuerto. —Lo sé, lo sé. Tengo muchísimas ganas de verte. Charli tragó saliva. No quería pensar en el futuro. Aquello era el presente, la noche estrellada, Massimo... Massimo, que estaba besando su cuello... Charli hizo lo que debía hacer. Se despidió de su amiga y dejó que su amante italiano le hiciera el amor. Mindy, la prima de Bree, la chica que había alquilado el piso para el invierno, apareció tirando de una vieja bolsa de viaje, agotada y desesperada. Pelirroja y con unos tristes ojos castaños, parecía un cocker spaniel que hubiera perdido a su amo. A quien había perdido era a su chico. Su novio, que se había marchado con una higienista dental. Estaba claro que Mindy, de Minnesota, había ido a Italia a trabajar en su tesis doctoral y no a hacer fiestas salvajes en las que destrozaría su apartamento. Y eso era lo importante. Charli había hecho muchas reformas, con la ayuda de Massimo, y el piso había quedado precioso. —Me gusta mucho —suspiró la prima de Bree, mirando alrededor—. Es muy bonito


—añadió con una triste sonrisa. Charli había llenado la nevera de comida para darle la bienvenida, pero podría haberse ahorrado el esfuerzo. Mindy no tomaba lácteos porque era alérgica, no bebía alcohol porque tenía un problema de estómago y tampoco tomaba café. ¿Cómo iba a sobrevivir en Italia? Mindy era una chica agradable, aunque deprimida, y quizá los italianos conseguirían animarla. Los italianos... Charli volvería a casa en un mes. Y entonces tendría que enfrentarse con el largo y frío invierno de Filadelfia. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 68—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bueno, estás en tu casa. Salió de allí a toda prisa, deseándole suerte y llevándose la comida que Mindy no iba a probar. Volvió a la villa, con Massimo, que estaba en su despacho. Era tan guapo, tan lleno de vida, tan sexy... tan real. ¿Cómo iba a terminar su aventura con él? ¿Cómo iba a decirle adiós? Massimo la sentó sobre sus rodillas. —¿Que ocurre, cara? Charli tragó saliva. Si pudiera decirle que no quería que aquello terminase. Que la entristecía más que nada en el mundo tener que decirle adiós para siempre. No quería decirle adiós, pero no podía decírselo. Ese no era el plan.


—La pobre Mindy... parecía tan triste. —Entonces ha hecho bien en venir aquí. Aquí se animará, seguro. —Eso espero. Massimo empezó a besarla en el cuello, como a ella le gustaba. —¿Qué quieres, Charli? —Que cierres la puerta. —Buena idea. ¿Y después de eso? —¿Qué me ofreces, tienes una carta? —No, pero puedes elegir entre los especiales del día. Despacio y suave o fuerte y picante. —Me gusta todo.. mientras sea italiano. —Ya me he dado cuenta —rió Massimo. Por fin llegó el día en el que iban a quitarle la escayola a Valentina. Pero la pobre se quedó aterrorizada al ver su pierna. Se le había quedado muy delgada y blanca en comparación con la otra. Parecía un palillito. No podía doblar la rodilla, no podía mover el tobillo. . Valentina se puso a llorar. Iba a tener que seguir usando las muletas durante un mes, al menos. Cada día iba un fisioterapeuta a la villa para hacer rehabilitación. El problema eran las escaleras del internado y ese era el objetivo. Tenía que volver al colegio lo antes posible. —Tengo que ir a Sudamérica el mes que viene —les dijo Massimo unos días después,


mientras cenaban en la terraza. Otro plan, otra indicación de que la aventura terminaría en unas semanas. Charli no quería pensar en ello. No quería pensar en absoluto. Sólo le interesaba que pronto irían a Roma y se alojaría en el apartamento de Massimo hasta que llegara el día de volver a casa. Y estar en Roma sería maravilloso. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 69—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella era fuerte, era realista, sabía lo que estaba haciendo. No tenía sentido desear lo que no podía tener. Pronto estaría de vuelta en Filadelfia, en su apartamento, empezando una nueva vida. Como para confirmar esos pensamientos, sonó su móvil. Era una llamada del instituto en el que trabajaba a veces como profesora sustituta. Bree les había dado su número. Aparentemente, una de las profesoras de literatura estaba de baja por maternidad y querían que la sustituyera. El dinero le iría bien, pensó Charli. Se había gastado mucho en arreglar el piso, aunque casi todo salió de la cuenta corriente que había heredado. Y sólo serían dos o tres meses. Además, así estaría ocupada. Lo último que necesitaba era quedarse en casa, con el corazón roto. Después de colgar, se lo contó a Massimo y Valentina. Pero la joven la miró con una expresión muy rara. —¿Tienes que aceptar ese trabajo?


—Nadie me ha puesto una pistola en la cabeza, pero la verdad es que me gusta enseñar. —Podrías quedarte aquí. El corazón de Charli empezó a dar saltos. —Tengo que volver para celebrar el aniversario de mis padres, de todas formas. Además, he alquilado el piso durante seis meses. —Sí, lo sé —dijo Valentina, impaciente—. Pero después de la fiesta de tus padres podrías volver y quedarte en Roma con Massimo. Podríamos vernos, ir de compras... El corazón de Charli se encogió al ver que Massimo se ponía muy serio. —Valentina... —empezó a decir él entonces—Charli ha respondido a tu pregunta. Esto no es asunto tuyo. Su fría expresión la asustó. ¿De dónde había salido? ¿Quién era ese hombre? Le temblaba la mano mientras levantaba su copa de vino. —No lo entiendo —insistió Valentina. Ni Massimo ni Charli dijeron nada. ¿Para qué? —¡Pero si estáis locos el uno por el otro! Charli, no puedes irte. «Debo hacerlo», pensó ella. «No tengo elección».


—Así es la vida. . complicada —murmuró, con el corazón en la garganta. Valentina se quedó mirando las flores de la mesa, como si estuviera planeando otra estrategia. Luego miró a su hermano, con un brillo retador en los ojos. —Si tú se lo pides, se quedará. Sé que lo hará, Massimo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 70—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 12 CHARLI había tenido que controlarse muchas veces para no intentar sacarle información a Valentina sobre su hermano. No podía aprovecharse de ella... por mucho que quisiera saber cosas sobre Massimo. Ahora, sentada a la mesa con los dos, el ruego apasionado de la joven la pilló por sorpresa. —¡Valentina! —exclamó Massimo, que se lanzó después a darle una seria charla en italiano. Como respuesta, Valentina lo miró, furiosa. —¡Eres tonto, Massimo! Giulia murió hace siglos... y ni siquiera me gustaba. Un silencio absoluto cayó sobre la terraza. Incluso la luz de la vela temblaba. —Creo que ya has dicho más que suficiente —murmuró Massimo—. Termina de


cenar y ve a tu habitación. Valentina no esperó a terminar la cena. Tomó sus muletas y desapareció sin decir nada. Massimo levantó la botella de vino y llenos sus copas. Charli lo miraba a los ojos, intentando averiguar lo que sentía, pero era imposible. Su rostro parecía de piedra. —No quería decir eso. Valentina no entiende. . —Aparentemente, no —la interrumpió él. Terminaron de cenar en silencio. Una vez en la cama, Massimo no la tocó y Charli tuvo una terrible sospecha. No sólo estaba enfadado por lo que había dicho su hermana. Había algo más. Apoyándose en un codo, miró aquella hermosa cara de rasgos aristocráticos. —¿Crees que es culpa mía, que he sido yo quien le ha dado la idea? —¿Es así? —No, Massimo, no es así. —Me alegro —murmuró él, cerrando los ojos, como dejándola fuera. Y eso la puso furiosa. —¿Qué demonios te pasa? ¿Por qué es tan malo hablar de estas cosas? ¿Por qué te pones tan furioso cuando alguien menciona el futuro o a Giulia? ¿Si te quería, no desearía verte feliz? ¿Por qué no quieres mirar el futuro y ver cosas


felices? Amor, una esposa, hijos... Massimo, ¿de qué tienes miedo? Pero él no contestó. Sencillamente, buscó sus labios. Y Charli enredó los brazos en su cuello, intentando borrar la desolación que veía en sus ojos. Pero, ¿cómo podía luchar contra un enemigo invisible? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 71—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Massimo le hizo el amor con un ansia desesperada que le rompió el corazón. Durante los días siguientes no hablaron de lo que había pasado esa noche, pero Charli no podía olvidar el brillo de dolor que había visto en sus ojos. ¿Qué clase de mujer podría hacer que Massimo Castellini volviese a mirar el futuro con alegría? Si ella no podía, ¿quién podría hacerlo? Pero no era un pensamiento feliz, de modo que intentó apartarlo de su cabeza. Con Valentina caminando mejor cada día, hicieron los arreglos pertinentes para volver a Roma. Charli visitó a Mindy para ver si todo iba bien. Así era. Mindy no parecía mucho más contenta, pero le dijo que había empezado a trabajar en su tesis y se encontraba más tranquila. El apartamento de Massimo en Roma era una maravilla, todo confort y lujo, en un


edificio con más de cuatro siglos, lleno de obras de arte. Charli admiró los cuadros y las esculturas, haciendo preguntas y escuchando, fascinada, las explicaciones de Massimo. Cada pieza era una historia en sí misma. Una invitación para acudir a una fiesta el sábado hizo que Charli buscara entre su ropa algo decente que ponerse. Si hubiera llevado su vestido negro. . pero lo había dejado en Filadelfia. Necesitaba un vestido nuevo.. ¿y dónde podía encontrar un vestido mejor que en Italia? Ir de escaparates por las lujosas tiendas romanas era maravilloso, pero los precios eran desorbitados. Y no saber exactamente lo que quería tampoco ayudaba nada. Quería algo elegante, pero no demasiado formal. Y tampoco demasiado elegante. Le quedaría raro. El tercer día podría haber organizado visitas guiadas a las tiendas y seguía sin tener vestido. Pero tenía que haber un vestido en Roma que fuera elegante, pero no demasiado, formal, pero no mucho y juvenil sin ser informal. Y por fin, en una tiendecita del centro, encontró lo que buscaba: un vestido de seda color zafiro que destacaba el color claro de sus ojos. Era perfecto. —¿Qué te parece? —le preguntó a Massimo la noche de la fiesta, dándose una


vueltecita. —Estás preciosa, cara —contestó él. Massimo no le había dicho qué debía comprar, ni siquiera había ido con ella de tiendas. No estaba preocupado por la impresión que diera a sus amigos. A aquel hombre parecía gustarle exactamente por lo que era y eso la hacía sentir especial y preciosa. Charli le echó los brazos al cuello y lo besó con todo el amor que había en su corazón. «No le quieras demasiado», le dijo una vocecita. «Pronto te irás de Roma». Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 72—84 https://www.facebook.com/novelasgratis El apartamento donde tendría lugar la fiesta parecía el decorado de una película histórica: muebles antiguos, candelabros de cristal, exóticas alfombras que brillaban como joyas sobre suelos de mármol blanco. Sin embargo, la gente no iba disfrazada, no. Llevaban vestido y trajes de diseño italiano. Como en una pasarela de Milán. Una mujer muy alta, muy elegante, la impresionó especialmente. «Una amiga», le había dicho Massimo después de presentársela. Pero Charli intuía que la elegante Elena quería ser algo más que eso.


—¿Lo estás pasando bien? —preguntó Massimo. —Sí, es una experiencia muy interesante. ¿Y tú? —Para mí no es tan interesante —sonrió él—. Además, te miro y no puedo pensar. . —¿Quieres decir que te aburro? —No, no quiero decir eso —rió Massimo—. Creo que deberíamos irnos a casa. Allí te lo explicaré. Le dolían los pies. Muchísimo. Charli decidió sentarse en una terraza y pedir un café. Un poquito de cafeína para animarse. Llevaba todo el día dando vueltas por la ciudad y era hora de volver a casa... No, a casa no. Al apartamento de Massimo. Esa no era su casa. Le encantaba pasear por Roma, admirar los impresionantes edificios que había visto en las películas. Realmente, era una ciudad increíble. Además, la temperatura en el mes de octubre seguía siendo agradable. Valentina estaba de vuelta en el internado y ellos salían a cenar con los amigos de Massimo o los dos solos. Y luego dormían juntos. Despertar a su lado cada mañana la llenaba de felicidad. Cuando terminó su café, Charli se dirigió a la Piazza Venezia. Se sentía feliz. Se sentía feliz siempre que estaba con él. «Todo es un sueño», se dijo a sí misma una mañana mientras miraba el rostro dormido de su amado. «Un día despertarás y todo habrá terminado. Massimo ya no estará a tu lado».


Ese pensamiento la aterrorizó. «Disfruta mientras puedas», le dijo entonces una vocecita. Una historia de amor pasajera con un guapísimo italiano. Y ella había cometido el error de enamorarse. No, era más que eso. Era más que la sensación apasionada y trémula de estar enamorada. El sentimiento tenía raíces, era más profundo. Era amor. Lo amaba. Massimo era parte de ella. Era un hombre generoso, considerado, bueno. Aunque a veces fuera un poco arrogante, un poco autoritario.. pero eso era parte de su naturaleza italiana y también lo amaba por ello. ¿Cómo iba a decirle adiós? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 73—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Si pudiera decirle que lo amaba, que lo quería para siempre. Que quería casarse con él y tener hijos y celebrar el trigésimo aniversario de su boda. . Pero no podía decirle eso. Tenían un acuerdo, un acuerdo tácito para no hablar del futuro. Además, tenía su orgullo. No pensaba suplicar algo que Massimo no estaba dispuesto a darle. Pero siempre quedaba la esperanza secreta, la ilusión de que fuera él quien le pidiera que se quedase. ¿Cambiaría de opinión? ¿De verdad querría decirle adiós?


Massimo nunca hablaba de ello, como si no lo hubiera pensado. Si todo terminaba, si le decía adiós sin pedirle que volviera, ¿podría soportarlo? Tendría que hacerlo. Y tendría que empezar otro capítulo de su vida. Sin Massimo Castellini. Charli estaba poniéndose unos pendientes frente al espejo. Mientras lo hacía, miraba a Massimo, que estaba quitándose la chaqueta y la corbata. Le gustaba mirarlo, sobre todo cuando se quitaba la ropa... aunque sólo fuera para cambiarse porque iban a salir a cenar. Le gustaba ver cómo desabrochaba los botones de su camisa, le gustaba ver el vello oscuro de su torso, que se perdía bajo la cinturilla del pantalón. Sus movimientos le resultaban ya familiares. Charli sabía qué haría después. Se sentaría en la cama para quitarse los zapatos y luego se levantaría para quitarse el cinturón, bajarse los pantalones... Le quedaban diez días. Después de eso, no volvería a presenciar el ritual. Era deprimente contar los días que quedaban para volver a Filadelfia, pero no podía evitarlo. Y seguía esperando que Massimo cambiara de opinión. Porque lo amaba. Porque no podía soportar la idea de estar separado de él. «Cuando termine, habrá terminado». La esperanza era muy traidora. Diez días con Massimo. Diez días nada más. La fecha de partida era como el día del juicio final para Charli. Su amante italiano...


Eso era, eso sería siempre. Nada más. No había esperanza de futuro. Pero ese pensamiento era una tortura insoportable. «Cuando termine, habrá terminado». Entonces sonó su móvil. Era la directora del instituto otra vez. Quería saber si podía hacerse cargo de las clases de inmediato porque la profesora había tenido que pedir la baja antes de lo esperado. Charli miró a Massimo, que estaba en calzoncillos, buscando una camisa en el armario. Si iban a decirse adiós, ¿por qué no cortar de inmediato? ¿Por qué esperar diez horribles días? Entonces tomó una decisión. La única que podía tomar. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 74—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Comprobaré si hay vuelos mañana —se oyó decir a sí misma—. Llegaré lo antes posible. Le temblaba la mano mientras dejaba el móvil sobre la cómoda. Sentía como si se hubiera lanzado de un avión sin paracaídas. Massimo la miraba, sorprendido. —¿Qué ocurre? ¿Te vas?


Charli tragó saliva. ¿Qué había hecho? ¿Cómo iba a decirle adiós? ¿Cómo iba a separarse de él? «Tienes que hacerlo», volvió a decirle esa vocecita. —¡Charli! —exclamó Massimo. —Sí, tengo que irme antes de lo que esperaba. Mañana probablemente. —¿Qué? No puedes marcharte así... Te quiero aquí, en mi cama, en mis brazos. Durante diez días más. Nos quedan diez días. —Lo siento —se disculpó ella, intentando desesperadamente contener las lágrimas. —¿Por qué? ¿Por qué te vas? Charli le contó el problema con la profesora del instituto. —¿Y no pueden buscar a otra? —No quieren que los alumnos tengan tres profesoras diferentes en un solo curso. —¿Y si tú hubieras dicho que no? —Habrían buscado a otra, supongo. Sólo son nueve días, Massimo. Tenía que irme de todas formas. Él la miró en silencio, muy serio. —Muy bien. No me gusta que te vayas antes de lo previsto, pero si eso es lo que


quieres... A Charli se le encogió el corazón. Sin decir nada, entró en el baño y abrió el grifo de la ducha. Pero el agua no podía calmarla y se puso a llorar, en silencio. Como habían planeado, esa noche fueron a cenar con unos amigos de Massimo. Charli consiguió soportar la cena, pero no pudo saborear la comida. Massimo, sin embargo, parecía más contento que nunca, riendo y haciendo bromas. Y lo odió por ello. Furiosa, desesperada y con el corazón roto, deseaba estar subida ya en el avión. Una lección dolorosa que había aprendido de su aventura italiana: ella no era el tipo de mujer que puede tener una aventura pasajera. De forma inesperada, la elegante Elena apareció en mitad de la reunión. Algo que no la animo en absoluto. Aquella mujer se comía a Massimo con los ojos. —Me han dicho que te vas la semana que viene —dijo Elena, con cara de inocente. —No, me voy mañana —contestó Charli. —¿Ah, sí? —la tal Elena intentaba disimular su alegría, pero era imposible. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 75—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Charli no dijo nada. No era asunto suyo lo que pasara entre Massimo y ella una vez que estuviera en el avión. Y estaba segura de que Elena no iba a


esperar mucho más. Cuando volvieron al apartamento, Massimo se preparó para irse a la cama mientras ella hacía tiempo... hasta que él la tomó en sus brazos y, sin decir una palabra, empezó a besarla apasionadamente. —Es nuestra última noche. No quiero desperdiciarla, cara —le dijo al oído—. Te echaré de menos. Charli estuvo a punto de apartarse, pero no fue capaz. Sólo podía besarlo con desesperación, como si quisiera grabar en su mente aquella última noche. Hicieron el amor y, después, lo abrazó con todas sus fuerzas, deseando, rezando para que Massimo le pidiera que se quedara. Pero no fue así. Por la mañana, Charli hacía las cosas como un autómata. Se duchó, se vistió, cerró las maletas... Luego llamó a un taxi para que la llevara al aeropuerto. —No seas tonta, te llevaré yo —protestó Massimo. —No me des ordenes —replicó ella—. Voy a ir en taxi. Primero pensaba pasar por el colegio de Valentina para decirle adiós. . y retrasar la despedida de Massimo sólo empeoraría las cosas. —Vete a la oficina, yo estoy bien. Él hizo una mueca.


—¿Tú sí puedes darme órdenes? —Me iré en diez minutos. ¿Qué más da? Charli se volvió, con los ojos llenos de lágrimas. No podía soportarlo. Aquello era el final y estaban discutiendo. Massimo la obligó a darse la vuelta y tomó su cara entre las manos. —Esta no es forma de despedirse. No debemos separarnos así. Tú eres una mujer muy especial, Charli. Siempre te recordaré. . —¡Cállate! —le espetó ella, apartándose. «No hagas esto, Charli», le decía una vocecita. «Muestra un poco de clase». No sabía de dónde había sacado las fuerzas. Pero cuando sonó el timbre anunciando la llegada del taxi, Charli se estiró la camisa y lo miró a los ojos. —Muy bien, es verdad, ésta no es forma de despedirse —dijo, poniéndose de puntillas para darle un beso en los labios—. Adiós, Massimo. Gracias por estas maravillosas vacaciones en Italia. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 76—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 13 QUÉ QUIERES hacer esta noche? —preguntó Bree. Charli se cambió el teléfono de


mano y miró por la ventana. Estaba nevando otra vez. El invierno había empezado pronto y no parecía terminar nunca. Era la primera semana de enero y lo que le apetecía era meterse en la cama y no salir hasta el mes de abril. Quería cerrar los ojos y no despertar hasta que hiciera sol. —¿Qué opciones tenemos? —Podemos arreglarnos para ir al Shangrila. —No. —Podemos cenar en ese nuevo restaurante etíope.. —No. —Podemos alquilar películas de terror, comprar una botella de vino, pedir comida china y quedarnos en casa. —Perfecto. Así no tendría que arreglarse ni ser amable con nadie. Ni siquiera tenía fuerzas para ir a casa de Bree, y estaba a sólo dos manzanas. —En mi casa. Tengo vino y una maravillosa caja de chocolatinas. Y si luego te da miedo irte sola, puedes quedarte a dormir en el sofá. Más tarde, mientras quitaba los libros de la mesa para hacer sitio, se preguntó si Bree se merecía aquello. No quería salir, no quería ver a nadie... No podía soportar la idea de que otro hombre la tocara.


Charli encendió el ordenador y encontró un mensaje de Valentina: ¡El Caribe es la bomba! Por lo visto, Massimo y ella estaban pasando unas cortas vacaciones en Martinica con unos parientes y, aparentemente, era una maravilla... aunque Elena había ido con ellos y a Valentina le caía fatal. Elena. «Me trata como si tuviera diez años», decía Valentina. Charli dejó de leer. Le dolía el corazón, le dolía literalmente el corazón al pensar en Massimo con Elena. Era una idiota por seguir pensando en él, por seguir amándolo. De vez en cuando, Valentina le enviaba algún correo. Apenas eran unas líneas, pero se alegraba mucho de tener noticias. Había pensado que se olvidaría de ella en cuanto hubiera desaparecido... como hizo su hermano. Charli apagó el ordenador cuando llegó Bree, sonriendo como siempre. —Me encanta la nieve. ¿Quieres que salgamos a jugar un rato? ¿Quieres que hagamos un muñeco? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 77—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —No, preferiría estar en el Caribe, tomando el sol.


Se le escapó antes de que pudiera contenerse. —Bueno, es un progreso. Hasta ahora, sólo querías estar en Italia. —Acabo de recibir un e-mail de Valentina. Están en el Caribe, de vacaciones. —Ah, ya veo, nada de progresos —suspiró su amiga. —Lo siento, Bree, sé que te estoy aburriendo. Pero es que nunca había echado tanto de menos a alguien. Y nunca se había sentido tan desolada. Intentaba odiar a Massimo, pero era imposible. Massimo Castellini era el hombre de su vida. Nunca más, se decía a sí misma. Nunca más volvería a enamorarse. —Charli, estoy empezando a pensar que deberías hacer algo —dijo Bree entonces. —¿Hacer qué? —Decirle que le quieres, por ejemplo. —Lo dirás de broma. —Es la verdad, Charli, y él no lo sabe. —Pues debería saberlo. Tiene que saberlo. —¡Pero si nunca se lo has dicho! —¿Y crees que eso cambiaría algo? ¿Crees que, de repente, querría casarse y tener hijos? Bree dejó escapar un suspiro de frustración. —No lo sé, cariño. Pero si estás realmente enamorada, quizá deberías luchar por él.


Charli no dijo nada. ¿Cómo se lucha por un hombre?, se preguntó. —Bueno, ya está bien —dijo Bree entonces—. Vamos a ver una película. El tiempo no mejoraba en absoluto, pero su trabajo como profesora la mantenía ocupada. Aunque de vez en cuando recordaba lo que Bree había dicho y volvía a hacerse la pregunta: ¿cómo se lucha por un hombre? Si Massimo la quisiera se habría puesto en contacto con ella, pensaba Charli. Y unas semanas después, lo hizo. Ver su nombre en el correo electrónico fue una sorpresa tan grande que se llevó una mano al corazón. El pobre latía como si quisiera escaparse de su pecho. Luego abrió el mensaje con manos temblorosas: Querida Charli, Espero que estés bien. Supongo que Valentina ya te habrá contado que, por fin, he tenido que claudicar. Mi hermana empezará sus estudios en la universidad de Pensilvania el próximo mes de septiembre. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 78—84 https://www.facebook.com/novelasgratis En febrero tengo que ir a Nueva York para una reunión de negocios y me gustaría verte. Quiero contarte algunas de las cosas que me preocupan sobre la estancia de Valentina en Estados Unidos. ¿Podría invitarte a cenar? Un saludo,


Massimo Quería verla. Para hablar de Valentina, claro. Charli volvió a leer el mensaje. Era una nota amistosa, nada más. Nada personal. Nada indicaba que hubieran vivido una historia de amor. Quería verla para hablar de Valentina. «No me quiere en su vida, pero me quiere en la de su hermana. No pienso dejar que me haga esto. No quiero verlo, no podría soportarlo». El dolor de cabeza que había empezado por la mañana se había convertido en una tortura. La idea de verlo, de sentarse a su lado y charlar sobre Valentina la llenaba de horror. ¿Cómo iba a verlo sin ponerse a llorar, sin echarse en sus brazos? Pero ella era una persona fuerte, se dijo a sí misma. Tenía su orgullo, tenía su dignidad. Charli contestó al mensaje en el mismo tono amistoso, diciendo que cenaría con él cuando fuera a Filadelfia. Luego pulsó el botón de Enviar, con el corazón acelerado. Tenía ganas de morirse. Al día siguiente descubrió que tenía gripe y se pasó el resto de la semana en la cama, con fiebre, delirando. Con sus padres en Hawai de vacaciones, Bree tuvo que cuidar de ella como la buena amiga que era. Tardó una semana en recuperarse del todo.


Un frío sábado por la mañana sintió el deseo de hacerse algo fuerte, algo que le devolviera un poco de color a sus mejillas: un estofado. Animada, fue a la cocina y se dedicó a cortar verduras. Pero cuando estaba echando un chorrito de vino para darle más sabor, sonó el teléfono. —¿Dígame? —¿Charli? Su corazón se detuvo. Y luego empezó a dar saltos. Conocía esa voz, la habría reconocido en cualquier parte, en cualquier momento. —Hola, Massimo. Estaba en el aeropuerto, le dijo, y le pidió disculpas por no haber avisado con antelación. Quería que comieron juntos al día siguiente o verse para cenar aquella misma noche. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 79—84 https://www.facebook.com/novelasgratis Charli se lo pensó un momento. Si quedaba con él para el día siguiente se pasaría la noche entera dando vueltas en la cama. —¿Por qué no vienes ahora? Estaba haciendo la cena —consiguió decir con cierta naturalidad, como si no se le estuviera rompiendo el corazón.


Estaba hecha un asco. Con la cara lavada, vaqueros y una camiseta vieja, parecía una niña de dieciséis años. Histérica, Charli se metió en la ducha, se lavó el pelo y luego buscó en el armario algo que ponerse. Cuando sonó el timbre estaba lista, más o menos. Se había puesto unos vaqueros limpios y un jersey fucsia. El pelo limpio, un poquito de colorete, algo de brillo en los labios... Quería tener un aspecto alegre, saludable. Quería que Massimo pensara que le iba de maravilla sin él, que no lo echaba de menos. Pero cuando abrió la puerta, el hombre que había frente a ella era un extraño. No parecía el mismo Massimo Castellini. Con un abrigo oscuro, una bufanda y guantes de piel, sólo parecía un italiano imponente. En la mano llevaba una maleta con ruedas. Seguramente, habría reservado habitación en algún hotel. —Hola, Massimo. —Hola, Charli —dijo él, dejando la maleta en el suelo para besarla en ambas mejillas, derecha e izquierda—. Come sta? —preguntó entonces, con una sonrisa en los labios. El extraño desapareció. Allí estaba el Massimo que conocía. Los mismos ojos castaños, el mismo encanto, la misma sonrisa. —Estoy bien —mintió ella. —Tan guapa como siempre. —Gracias. Quítate el abrigo, por favor. Debajo llevaba un traje oscuro, muy elegante, muy italiano.


—Me gusta tu apartamento —dijo Massimo entonces, mirando alrededor—. Es como tú. —Gracias. Es pequeño, pero a mí me gusta mucho. —Qué bien huele. —Estaba haciendo un estofado... no sé cómo me habrá salido. Ah, y tengo una botella de vino. Americano, claro, de California. ¿Quieres abrirla? Estaba tan nerviosa que no podía dejar de hablar. Quería odiarlo por lo que había pasado, pero tampoco era capaz de hacerlo. Quizá deberían haber salido a cenar. En público habría podido portarse con más frialdad, pensó. —Sí, claro. ¿Esa es la cocina? —Sí, sí... Bueno, ¿qué tal tus viajes? ¿Fuiste a Sudamérica? Massimo le contó cómo iba su empresa, cómo iban sus reuniones. Tenerlo en su casa, oír su voz era maravilloso y terrible a la vez. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 80—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Vamos a brindar por Valentina —dijo Charli cuando por fin encontró un mantel en el cajón. Y los platos. Y los vasos. Apenas recordaba dónde estaban las cosas. —Por Valentina —sonrió Massimo—. Ah, el vino no está mal... para no ser italiano. —¿Qué tal el estofado, te gusta?


—Es perfecto porque lo has hecho tú. ¿Qué otra cosa iba a decir? Tan amable como siempre. Mientras estaban cenando sonó el teléfono. Y una voz que no conocía, una voz de mujer, preguntó por un tal Jake. —No, se ha equivocado, aquí no hay ningún Jake —dijo Charli. —Ay, las gafas... es que se me han roto. Siento haberte molestado, hija. —No pasa nada. —¿Jake? ¿El nuevo amor de tu vida? —preguntó Massimo. —No, se habían equivocado de número. No hay ningún hombre en mi vida —intentó sonreír ella—. ¿Y tú? Valentina me dijo que Elena estaba con vosotros en el Caribe. —Elena es una vieja amiga de la familia, por eso estaba con nosotros — contestó Massimo, con cierta irritación. Nunca le había mentido y Charli sintió un absurdo alivio, una cierta esperanza. —Pero ella no quiere ser sólo una amiga. Me di cuenta en Roma. —Afortunadamente, ha encontrado otra presa, un millonario brasileño. Luego siguieron hablando de Valentina. Massimo estaba preocupado porque viviría muy lejos de Italia y no conocía a nadie más que a Melissa en Estados


Unidos. Además, los padres de Melissa eran diplomáticos y estaban a punto de irse a Tailandia. —Yo estaré aquí. Ya sabes que la quiero mucho, no dejaré que le pase nada —sonrió Charli. —Lo sé. —Además, mis padres también viven aquí, mis amigos... No te preocupes, estaremos a su lado para lo que necesite. ¿Pero sabes lo que va a pasar? —¿Qué? —Que conocerá a mucha gente en la universidad y no le haré ninguna falta. Ya es mayor, Massimo, y es una chica muy lista. —Me alegro de que tengas tanta confianza en ella. —Nos conocimos bien en Italia —sonrió Charli—. Bueno, voy a hacer café... —No, espera. Antes quiero explicarte una cosa —la interrumpió Massimo. —¿Qué? De nuevo, el corazón de Charli se disparó. ¿Qué tenía que explicarle? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 81—84 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Acabas de decir que conoces bien a mi hermana. —Así es. —Pero a mí no, ¿verdad? —No tanto como me habría gustado —asintió ella. —Una vez me preguntaste por qué no quería pensar en el futuro y no te contesté. —No. —Siempre me he sentido culpable por no contarte. . ¿recuerdas cuando fui a tu piso, después de que terminaran las obras en la cocina? —Sí, claro que me acuerdo. —Entonces me preguntaste por qué no quería hablar de mi mujer. —Sí —murmuró Charli. Recordaba también que se había enfadado mucho. —Quiero contártelo ahora. —No tienes que contarme nada. Ya da igual. —Por favor, Charli, escúchame. Massimo se levantó entonces y empezó a pasear por el salón. Como el proverbial tigre enjaulado. Un tigre que quería salir de su jaula. —Lo que te dije era verdad, yo quería a mi mujer. Y pensé que ella me quería a mí. Murió en un accidente de tráfico en Florencia. . Giulia me había dicho que


iba a pasar el fin de semana en casa de su hermana en Venecia, pero luego descubrí que nunca estuvo allí. Murió en Florencia, donde había estado con su amante... llevaba años manteniendo una aventura con él. Todo era una mentira, nuestro matrimonio, nuestro amor... —No lo sabía —murmuró Charli. —También me preguntaste por qué me enfadaba. Y yo me preguntaba lo mismo. No sabía por qué seguía tan furioso. Al principio, me quedé desolado. Había perdido a mi mujer y había descubierto, además, que me engañaba. De modo que estaba de luto por una mujer que me había traicionado. Incluso mi pena era una mentira — suspiró Massimo, pasándose una mano por el pelo—. La culpaba de todo, de mi infelicidad, de mi desconfianza. . ¿Sabes una cosa? Hace tiempo me di cuenta de que ya no estaba furioso con ella. Estaba furioso conmigo mismo por haber sido tan ciego, por haber dejado que me engañase. Ya no confío en mi instinto, Charli. Ya no sé en quién confiar —dijo entonces, dejándose caer en el sofá, con la cara entre las manos. Ella se levantó para consolarlo, con los ojos llenos de lágrimas. No podía soportar verlo sufrir. «Si estás realmente enamorada, quizá deberías luchar por él», recordó el consejo de Bree. Escaneado por Corandra y corregido por Pily


Nº Paginas 82—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Massimo, cálmate. —Creo que he sido injusto con Valentina. Quería que creciera con estrictos valores morales porque temía que acabara siendo como Giulia. —Pero eso no va a pasar. —Supongo que parte del problema es que no quiero pensar que ya no me necesita. —Claro que te necesita, pero de otra forma. Necesita saber que estás ahí, que la querrás siempre, incondicionalmente. . —Charli tuvo que tragar saliva—. Voy a hacer café. «Que estás ahí, que la querrás siempre, incondicionalmente». Ojala fuera verdad. Ojala la amase a ella de ese modo. No podía evitarlo, no podía controlar las lágrimas. No había querido enamorarse de él, no quería amarlo de esa forma... —¿Charli? Ella se dio la vuelta, sorprendida. —¿Qué? —murmuró, con voz ronca. —Estás llorando. —No, yo... es que... te he echado tanto de menos.


Después de decirlo sintió terror. ¿Y si él no quería oír eso? Pero Massimo dejó escapar un largo suspiro, un suspiro de agotamiento, como si hubiera estado esperando precisamente esa frase durante toda su vida. —Yo también a ti —dijo, con voz ronca de emoción, tomándola en sus brazos—. Charli, dejarte ir es lo más estúpido que he hecho en toda mi vida. Lo siento tanto. . —Pero es lo que habíamos acordado. Cuando termine, habrá terminado... —Pero no había terminado, cara. —Yo pensé que tú... —Me decía a mí mismo que debía terminar. Estaba ciego otra vez, no quería verlo. Tenía la felicidad delante de mis narices y no era capaz de verla. No me di cuenta hasta que te fuiste. . e incluso entonces intentaba negármelo a mí mismo. Pero ya no quiero seguir haciéndolo. Ya no puedo. El corazón de Charli tenía vida propia. Casi la ahogaba. —¿Qué quieres decir? —Charli, te quiero. Eres el amor de mi vida. Te quiero, te adoro. —¿Me quieres? ¿De verdad? —Te quiero... ti amo, ti voglio bene, amore mio. —Oh, Massimo. Yo también te quiero. No sabes cómo.. he sufrido tanto pensando


que no volvería a verte... que lo nuestro sólo había sido una aventura pasajera. —No digas eso. Nunca fuiste una aventura... eres mi amor, Charli — murmuró él, tomando su cara entre las manos—. Ya nunca te dejaré ir, nunca. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 83—84 https://www.facebook.com/novelasgratis —Massimo... —¿Quieres casarte conmigo? —Sí... Sí, amor mío. Se besaron durante largo rato. Charli se apretaba contra su pecho, incrédula y emocionada, loca de alegría. Massimo, su Massimo... Y él le decía cosas en italiano, palabras preciosas que no estaban en las guías de viaje. —Non capisco —le dijo al oído. —Dime dónde está tu habitación y te lo explicaré —sonrió Massimo. Fin Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 84—84

Seduccion italiana karen van der zee  

Argumento: Una ardiente seducción de verano...se había convertido en una guerra de deseo... Aquel apartamento en un pueblo italiano...

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