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Profunda pasión Lori Handeland 4º Los Hermanos Luchetti Profunda pasión (2007) Título Original: A soldier’s quest (2005) Serie: 4º Los Hermanos Luchetti Editorial: Harlequín Ibérica Sello / Colección: Sensaciones 570 Género: Contemporáneo Protagonistas: Bobby Luchetti y Jane Harker Argumento:


No podía dejarse llevar por la pasión hasta que ella estuviese fuera de peligro… Bobby Luchetti, soldado de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos, tenía una misión: ir a México y rescatar a la doctora Jane Harker, la hija de un senador estadounidense que había sido secuestrada. Tras descubrir que la mujer que amaba acababa de casarse con su hermano, Bobby necesitaba desesperadamente concentrarse en el trabajo. Esperaba que aquélla fuera una misión rutinaria… hasta que conoció a Jane. No se parecía a ninguna mujer que él hubiera conocido y la atracción que había entre ellos era innegable. En su viaje desde la selva mexicana a la ciudad de Washington y a una granja de Illinois, Jane y Bobby se convirtieron en algo más que un soldado y la mujer a la que había rescatado. Pero ¿tendrían alguna oportunidad de estar juntos y felices? Porque salir con vida de aquella aventura no era más que el principio… https://www.facebook.com/novelasgratis Prólogo Bobby Luchetti llamó al timbre en el 445 de Briar Lane. Con aliento contenido, aguardó la primera visión que tendría de Marlie Anderson. No es que desconociera su aspecto. Tenía una foto. La había guardado en la cartera más de dos años.


Pero jamás la había visto en persona, nunca había estado con la mujer de la que se había enamorado por correo. Miembro de la Fuerza Delta de élite, Bobby había pasado más de un año en Afganistán, yendo de cueva en cueva en busca de Bin Laden. También había servido un tiempo en Pakistán, desenmascarando una célula terrorista que planeaba otro ataque en suelo estadounidense. Había dejado de escribirle a Marlie al recibir la orden para esa misión. No había considerado justo mantenerla a la espera cuando no estaba seguro de que regresara con vida de Pakistán. Miró la casa de dos plantas en esa tranquila calle de Minnesota. Según Marlie, nunca pasaba nada malo en Wind Lake. La puerta se abrió de repente y Bobby miró a su hermano, Colin. El parecido entre ambos era fuerte: pelo oscuro, ojos azules, hasta en las facciones se parecían. Sin embargo, Colin era más alto, delgado y joven y llevaba el pelo largo. La sorpresa de ver a alguien en un sitio que no le correspondía hizo que soltara: —¿Qué diablos haces tú aquí?


Teniendo en cuenta que llevaba bastante tiempo considerado como desaparecido, era una pregunta que tendría que haberle formulado su hermano. —Estás vivo —manifestó Colin. —Siempre lo he estado. —¿Lo saben mamá y papá? —Los llamé nada más aterrizar en Estados Unidos. —¿No has ido a casa? —Tenía asuntos apremiantes. —¿Más apremiantes que dejar que tu madre sepa que no estás enterrado en una tumba desconocida? Bobby frunció el ceño. —Lo sabe. —La hiciste pasar por un calvario, Bobby, y también a todos nosotros. —Lo capté cuando mamá me arrancó la cabeza por teléfono. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 2—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Hasta el día anterior, su familia había ignorado que pertenecía a la Fuerza Delta. Mantener semejante secreto no era inusual entre los miembros de ese


cuerpo de élite, teniendo en cuenta la naturaleza peligrosa del trabajo. Algunas de las esposas de sus hombres sólo sabían que los soldados con los que se habían casado hacían «algo» para el ejército. Bobby había pensado que lo que sus seres queridos desconocieran no podría preocuparles; no habría podido estar más equivocado. —Tú sabías que yo estaba vivo —señaló—. Rescaté tu lamentable pellejo en Peshawar. Como era habitual en él, Colin no había podido mantener la nariz fuera de los asuntos de otras personas… razón por la que, probablemente, era reportero. Había seguido una pista muy tenue hasta Pakistán y terminado siendo secuestrado por unos terroristas diferentes que el grupo en el que Bobby se había infiltrado. El lugar estaba atestado con ellos. Por fortuna, Bobby había logrado sacarlo de allí antes de que los terroristas descubrieran que su hermano era una fuente de información carente de todo valor. —La última vez que te vi, ibas vestido… Colin miró los pantalones caqui y la impecable camisa azul que llevaba Bobby, en absoluto parecidos a las túnicas que había exhibido en Peshawar.


—Diferente —concluyó. Bobby se había quitado la barba hacía poco, junto con las lentillas marrones que habían ocultado sus extranjeros ojos azules. Debería haberse sentido más cómodo en la ropa occidental, pero no era así. —Eso fue hace más de un año —continuó su hermano—. Ni una llamada, ni siquiera una carta. Eres un tarado. —Estoy de acuerdo. Pero eso se me da muy, muy bien. Colin sonrió. —Me alegro de que hayas vuelto. Pero ¿qué haces en Wind Lake? —Si algo he aprendido, es que no debo perder el tiempo. Debería decirle a la gente lo que siento. —¿Qué quieres decirme? —A ti no, idiota. He venido a decirle a una mujer que amo que la amo. Su hermano frunció el ceño. —¿De qué estás hablando? —De Marlie. ¿Está aquí? —ladeó el cuello, mirando más allá de Colin al interior de la casa—. ¿Y por qué estás tú aquí? —¿Colin? —desde dentro les llegó la voz de una mujer—. ¿Quién ha llamado?


Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 3—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Apareció Marlie, con el rostro vivaz, un bebé contra la cadera y, por el aspecto de su vientre ligeramente redondeado, con otro de camino. Bobby la miró fijamente. Luego a su hermano y lo entendió. —Hijo de perra. —¿Bobby? —Marlie parpadeó—. ¿Cuándo has vuelto? No le hizo caso. En ese momento estaba concentrado en Colin. —¿Qué parte de «cuida de ella» no entendiste? —Toda —repuso Colin—. Creía que erais amigos. También ella. En su cabeza, supo que su hermano tenía razón. No había sido claro acerca de lo que quería porque ni él mismo lo había sabido. Hasta pasar innumerables meses viviendo en cuevas y tiendas. Se había centrado en el rostro de Marlie, había recordado cada palabra que ella le había escrito. Había hecho que Wind Lake, Minnesota, fuera el hogar que luchaba por proteger y Marlie la mujer por la que valía la pena arriesgar la vida. Una tontería, quizá, cuando nunca la había visto en persona. Y más tonto haber


enviado a su hermano a velar por ella. Colin y él siempre habían estado unidos. Colin debería haber sido capaz de leer entre líneas en su críptica nota lo que se le pedía. Jamás sabía cuándo su correo era interceptado y leído por el enemigo, o incluso un amigo. Uno de los motivos por los que rara vez había escrito a casa. Se había sentido nervioso por haberle escrito a Marlie tantas veces, y tenso por haberse adentrado en lo desconocido, dejándola a ella atrás. La paranoia, que a menudo lo mantenía vivo, había aumentado y aumentado hasta que apenas había podido pensar en otra cosa que no fuera en Marlie en Wind Lake, sola e inocente. De modo que le había enviado aquella nota a Colin. Y éste había hecho exactamente lo que se le pedía. Había cuidado de ella. Posó la vista en el vientre abultado. Y más de una vez. —Éste es Robbie —Marlie avanzó, moviendo al pequeño en su dirección—. Lo bautizamos así por ti. Bobby miró a su hermano, cuya cara pálida había adquirido un tono ligeramente verdoso. —Cielos, gracias.


—Yo… nosotros… —Colin miró a Marlie impotente. No era típico de su hermano no saber qué decir. Era escritor. Tendría problemas si era incapaz de encontrar palabras. Marlie apoyó la mano en el brazo de Colin. Lo mismo hizo éste. Comprendió que ella ya era de Colin. Para siempre. —Colin vino a buscarte aquí —explicó Marlie—. Y me enamoré de él. No pude evitarlo. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 4—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Parece que tampoco él pudo. Ella frunció el ceño. —Intentó frenar lo que estaba pasando entre nosotros, pero yo le expuse que tú jamás habías mencionado nada sobre el amor. Era cierto. Pero eso no significaba que no lo hubiera sentido. —No estaba seguro de que fuera a regresar. En ese momento ella le tocó el brazo y él anheló algo que jamás sería. —He de reconocer que tenía una ligera atracción por ti, pero en cuanto conocí a


Colin, esas fantasías desaparecieron. Lo amo, Bobby. Estábamos destinados el uno al otro. Robbie comenzó a moverse y Marlie retiró el brazo para palmear al niño inquieto. Bobby vio los ojos azules del pequeño y pensó que debería haber sido suyo. Sintió un nudo en el pecho. Los sueños de una esposa y una familia habían comenzado con ella, el hecho de que si moría quizá pudiera quedar una parte de él atrás. Se había jurado que si salía de Oriente Medio de una pieza, haría que su vida fuera distinta de la que había llevado hasta entonces. Ese plan se había ido al infierno, como casi todo Afganistán. —Tengo que darle de comer —murmuró Marlie—. Vosotros dos deberíais hablar. Desapareció dentro. —Tiene razón —Colin salió al porche y cerró la puerta a su espalda—. Deberíamos hablar. —¿Qué queda por decir? Te casaste con mi chica y la dejaste embarazada. —Ése no es el orden, pero casi. Bobby se quedó quieto. —¿La dejaste embarazada y luego te casaste con ella? Colin se ruborizó y la furia dominó a Bobby con una fuerza que le sorprendió.


Ni siquiera se dio cuenta de lo que iba a hacer hasta que su puño salió disparado y golpeó a su hermano en el mentón. Este cayó sobre el suelo como un saco de patatas. Bobby no se quedó para comprobar si le había arrancado un diente. No sería la primera vez. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 5—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 Dos meses después Algún día, quizá en su lápida pusiera: « Otro día, otro agujero infernal». No le molestaba. Había estado en más países pobres de los que podía recordar. Sin embargo, esa misión era diferente de sus operaciones relámpago. Tenía la desagradable impresión de que en ésa podría morir. Lo que sería un mal chiste. —En México —musitó—. Nadie muere en México. A menos que beba agua corriente. El hedor a verduras podridas, o quizá a basura, invadía sus fosas nasales. Un bebé lloró; alguien gimió. El ladrido de un perro fue respondido por el de una docena más. En México, la proporción de perros sin dueño era casi igual a la de


traficantes de droga. El sudor le chorreó por el pecho. Con ese calor, un hombre normal llevaría pantalones cortos y no largos de camuflaje, una camiseta sin mangas en vez de una camiseta negra, y sandalias en vez de botas militares. Por supuesto, él jamás había sido normal… o al menos era lo que siempre le decían sus hermanos. —Podría haber sido agricultor —murmuró. Pero a cambio había elegido el ejército. Desde los dieciocho años no había parado de subir, hasta formar parte de la élite de la élite. Un agente, un chico D, el Temido D. El ejército rara vez empleaba la palabra Delta… tan secreto era su cuerpo. —Entonces, ¿qué hago aquí? Hablar consigo mismo, algo a lo que debía ponerle fin. Había ido solo. ¿Por qué desperdiciar dos o más agentes altamente entrenados en la lucha contra el terrorismo en una misión que podría completar un novato? Aunque la función principal de los Delta en su origen había sido el rescate de rehenes, con los años habían pasado a ser mucho más. En ese momento, él estaba entrenado para hacer frente a amenazas a escala global. Razón por la que sería un


hazmerreír si lo mataban rescatando a la hija doctora de una senadora de Estados Unidos en la aparentemente tranquila Península de Yucatán. Desde luego, «tranquila» era un término relativo. El estado de Quintana Roo era un semillero de carteles de la droga. No obstante, cuando se lo comparaba con algunos de los sitios en los que había estado y con las cosas que había visto, México era un remanso de paz. Sin embargo, hasta un perro dócil podía tornarse agresivo si se lo azuzaba mucho. Desterró sus recelos. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 6—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Durante años había estado en países calurosos. ¿Por qué el clima le molestaba en ese momento? Porque quería terminar. Quería largarse de allí e ir a casa. Y eso era tan extraño como su premonición de desastre. Después de dejar Wind Lake, había hecho lo que mejor hacía. Desaparecer. No era muy maduro, pero había estado trastornado, y necesitaba regresar al lugar donde era el más fuerte, el más listo, el mejor. Cuando se encontraba en acción, era el rey y el mundo era su reino. Después de un corto viaje a Honduras, había realizado uno un poco más


prolongado a Costa Rica. Cuando se recibió la llamada acerca de la doctora secuestrada, había estado tan cerca, que habría sido una tontería no ir. Alzó sus gafas de visión nocturna y echó otro vistazo a la cabaña donde se suponía que estaba retenida la doctora Harker. Esa noche no había luna, pero no le molestaba. Podía ver bastante bien en la oscuridad, incluso sin las gafas. Había bastantes hombres en el último cobertizo de la izquierda, algunos con ametralladoras. Había demasiada gente como para rescatar a la doctora sin ser vistos. Se quedaría hasta que la mayoría se fuera a acostar, luego se ocuparía de los guardias y se escabulliría con la mujer. Tener un plan hizo que se sintiera mucho mejor. Estaba inquieto sólo porque echaba mucho de menos su casa. Algo que nunca antes le había sucedido. Su madre, la reina de la culpa, lo mataría si alguna vez lo veía. Sintió vergüenza. Había llamado una vez después del fiasco con Colin y se había sentido encantado cuando saltó el contestador automático, pudiendo dejarle un mensaje para que no se preocupara. No había vuelto a llamar porque no quería escuchar el discurso. Antes preferiría… cualquier cosa, con tal de no tener que escuchar a su madre cuando se enfurecía… y algo le decía que estaba muy furiosa en ese momento.


Echó otro vistazo a la cabaña. La gente se había dispersado y atrás sólo quedaban los matones con las ametralladoras. Esperaría una hora para que todos se quedaran dormidos, y luego entraría en acción. Pero los guardias se alejaron. No mucho, pero lo suficiente para que reconsiderara la opción de neutralizarlos. Con una distracción razonable, podría entrar furtivamente en la cabaña y escapar con la doctora. Tal vez no se enteraran de que se había ido hasta la mañana, y entonces ya sería demasiado tarde. Trató de pensar en una distracción que no despertara a todo el poblado. Quizá una pelea de perros. Entre la refriega… Una súbita quietud atrajo su atención. Los hombres armados habían desaparecido. La cabaña de la doctora estaba en silencio, oscura, desprotegida. Era demasiado fácil. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 7—168 https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Sabían que estaba allí? ¿Le tendían una trampa? Imposible. Si sabía hacer algo bien, eso era volverse invisible. Diablos, había perfeccionado esa habilidad antes de ingresar en el ejército. Al crecer en una casa llena de niños, con una madre que tenía ojos en la espalda,


pronto había aprendido a pasar por debajo del increíble radar de Eleanor Luchetti. Un traficante de drogas con una ametralladora huiría dando gritos si pasara más de dos horas en compañía de esa gran mujer. Sonrió al recordar a su madre y se obligó a parar. Estaba en una misión y lo mejor era que la terminara. La necesidad de velocidad le había hecho ocultar casi todo su equipo en la selva. Con sólo la pistola, el rifle y el cuchillo en la bota, había guardado munición extra en los voluminosos bolsillos antes de salir de su escondite. O realizaba una huida limpia con la doctora o regresaba al plan original de ocuparse de los guardias antes de liberarla. Con algo de suerte, estaría en casa para la cena del día siguiente. Agachado, corrió hacia la cabaña. La arena apenas produjo un susurro bajo sus botas. Llegó a la parte de atrás de la cabaña y escrutó el poblado. No escuchó gritos de alarma ni vio sombra alguna. Un perro ladró, pero sin más entusiasmo que antes. Espió el interior a través del agujero en la pared que servía como ventana. —Psst —murmuró—. ¿Doctora? El bulto en la cama no se movió. Se preguntó si había elegido la cabaña correcta. Un examen más minucioso del interior reveló equipo y libros de texto médicos


junto con cosas femeninas sobre una mesa… aunque las cosas femeninas en ese caso sólo consistían en protección solar y una pamela con una cinta roja alrededor. Se deslizó por la cortina doble que hacía de puerta. Abrió la boca con el fin de volver a llamar a la doctora, pero la palabra se le atragantó. El bulto en la cama había desaparecido. —Maldición —musitó en el instante en que un cuchillo le pinchó el costado. —¿Quién es usted? Una leve presión en la espalda sólida del hombre que había entrado en su alojamiento acompañó a la pregunta de Jane. —¿Doctora Harker? Frunció el ceño. Acento estadounidense… del medio oeste. Grande, sigiloso. Decididamente militar. Pero ¿qué hacía en Quintana Roo? —¿Quién quiere saberlo? —Como no deje de pincharme con esa cosa, me veré obligado a quitársela. Jane bufó. Llevaba allí el suficiente tiempo como para haber aprendido una o dos cosas sobre cuchillos y defensa personal. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 8—168 https://www.facebook.com/novelasgratis


Al siguiente instante él sostenía el cuchillo y ella se frotaba su propia muñeca. Quizá no era tan hábil como había creído. ¿No era ésa la historia de su vida? Miró las armas que él llevaba… una pistola y un rifle. Odiaba las armas de fuego, y a los hombres que las blandían. —¿Es usted la doctora Harker? —insistió. Jane se encogió de hombros, asintió. Si iba a matarla, lo haría de todos modos, sin importar quién fuera. Le había visto la cara. Una cara muy agradable debajo de una barba oscura de varios días… atractivo si a uno le gustaba Clint Eastwood antes de que demasiados años al sol y al viento se hubieran cobrado su precio. No era el caso de ella… lo que no significaba que no pudiera apreciar a un hombre atractivo cuando lo veía. Ojos azules, pelo casi negro, mucho más largo que el de un soldado. Era más alto que ella, pero no por mucho. Con un metro setenta y ocho, Jane superaba en altura a muchos hombres que conocía, algo que no le gustaba más que a ellos, pero ¿qué elección tenía? Esperó que tuviera algo más que músculos en la cabeza, aunque lo dudó. En su experta opinión médica, el hiperdesarrollo en un campo por lo general


implicaba atrofia en otro. Músculos enormes, cerebro pequeño. Pistola grande, pequeña equipación masculina. El impulso de reír fue casi abrumador, algo que la dominaba en los momentos menos oportunos. —Tome lo que necesite —espetó él—. Debemos largarnos antes de que vuelvan los guardias. —No voy a ninguna parte. —No tengo tiempo para discusiones, señora… quiero decir, doctora. Por algún motivo, los guardias se marcharon, pero volverán —miró hacia la puerta—. Preferiría no matarlos si no es necesario. «¿Matar a Juan y a Enrique?». No mientras ella estuviera viva. —Escuche, soldado, no morirá nadie. Ya ha habido suficientes muertes. —Por mí, de acuerdo. Vámonos. Agarrándola del brazo, tiró. Jane trató de plantar los pies en el suelo, pero él era enorme y lo único que consiguió fue tropezar contra su cuerpo, descubriendo que era tan duro y fuerte como parecía. Lo empujó por el pecho sólido y, atónita, vio que él la soltaba. —¿Qué necesita? —le preguntó.


—Dormir. Lárguese. —He venido a rescatarla. —¿De qué? ¿De las pulgas? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 9—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —La han secuestrado. Unos traficantes de droga la retienen para pedir un rescate por usted. Ella contuvo otra carcajada. —¿Desde cuándo? —¿Y cómo diablos voy a saberlo? Sólo sigo órdenes. —¿Qué órdenes? —la risa desapareció—. ¿Quién es usted? —El capitán Luchetti. Fuerzas Especiales de Estados Unidos. Jane enarcó una ceja. ¿Fuerzas Especiales? O se trataba de algo serio o ese hombre estaba chiflado. —No me han secuestrado. Llevo un año trabajando aquí. —Pero… Su madre… Jane maldijo. Su madre. Por supuesto. Le había insistido que dejara su trabajo con Médicos de la Misericordia, una organización internacional no lucrativa que enviaba médicos a zonas poco privilegiadas del mundo, desde que se comprometió con ellos. Pero no podía


creer que su madre mintiera y luego se aprovechara de su posición como senadora de Estados Unidos para enviar a un soldado altamente entrenado a arrastrarla a casa. Si eso se llegaba a divulgar, el escándalo podría arruinar la carrera de la senadora. Miró a Luchetti de arriba abajo. Quizá no le gustaran los cachas… prefería hombres académicos, altos y rubios, con gafas de montura metálica y finas manos de artista, pero el soldado realmente era atractivo. Pobre hombre. Ese viaje había sido una pérdida colosal de tiempo. —Ha habido un malentendido —comenzó—. Yo no estoy… —Lo que sea —cortó—. Puede explicarlo en Washington. —¿Qué? No. No pienso marcharme. Tengo trabajo. —Mis órdenes son llevarla de vuelta. Punto. —¿Y siempre acata las órdenes? No se molestó en contestar lo que para él tenía que ser una pregunta estúpida. Claro que siempre cumplía las órdenes. De lo contrario, no estaría allí. —Quiero hablar con su superior. —Yo también —musitó él. —¿Y bueno…? —La interceptación de información vía satélite, radio y teléfonos móviles es


más fácil de lo que piensa. —¿Lo que significa…? —Que no hay contacto hasta que lleguemos al campo de vuelo. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 10—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué campo de vuelo? —El que hay a mitad de camino entre Puerto y aquí. —¡No puede hablar en serio! —Baje la voz, ¿quiere? ¿Pretende que sus secuestradores nos oigan? —No he sido secuestrada. O al menos, aún no. Si me arrastra a la selva, eso sí será un secuestro. Él puso los ojos en blanco y logró parecer aburrido aun cuando su cuerpo estaba tenso como el de un sabueso refrenado por una correa. —Los Médicos de la Misericordia me han enviado a ayudar a la gente de este poblado —explicó Jane—. Los guardias son para mi protección. —Mmm. Por eso se fueron a la selva a fumar o a desahogarse. —Bueno, no hay mucho de qué protegerme. —¿Va a decirme que no ha visto a ningún traficante de droga por aquí? Jane se quedó en silencio. Los había por toda la zona. Les había sacado balas


a unos cuantos de ellos, les había cosido cortes y agujeros, hasta había tratado sobredosis. Pero no hacía preguntas. Ése era el camino más rápido a una tumba anónima en la selva. —Eso imaginaba —comentó él al no obtener respuesta. —¿Por qué iba a mentir acerca de estar secuestrada? —No lo sé, ¿por qué lo haría? Contuvo el impulso de gritar de frustración. —No miento. Estoy bien. No tengo ninguna preocupación en el mundo… gracias por pasar a verme. Encantada de conocerlo. Había dado un solo paso hacia su camastro cuando él la tomó por el codo y la hizo retroceder. —Ya se lo he dicho, mis órdenes son llevarla a casa. Si la información es incorrecta, no es mi problema —entonces, ladeó la cabeza y susurró—: Sshhh. Jane abrió la boca para llamar a Juan y a Enrique. El capitán Luchetti plantó la mano grande y dura sobre sus labios. Indignada, al principio no oyó la conversación, y luego no la entendió. Y no porque los hombres que se acercaban hablaran en español, idioma que había


estudiado en el instituto y en la universidad, sino porque lo que decían no encajaba. Algo acerca de enterrarla en la tierra blanda cercana al río. Bobby mantuvo la mano sobre la cara de la doctora Harker y trató de darle sentido a las palabras que oía. Su árabe era impecable; su español distaba mucho de Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 11—168 https://www.facebook.com/novelasgratis ello. No obstante, había estado en bastantes países hispanos y con soldados hispanos como para captar el sentido, incluso antes de entender el nombre de la doctora y sentir que se ponía rígida en sus brazos. Miró por el pequeño agujero de la cortina que servía como puerta. Los guardias habían regresado. Maldijo para sus adentros y se preguntó por qué no se la había echado al hombro para sacarla cuando aún podría haberlo hecho. Los prisioneros a menudo estaban aterrados de sus captores y podían comportarse de una de dos maneras… lanzándose sobre ellos después de la liberación para despedazarlos, o temiendo tanto la venganza que eran incapaces de abandonar la prisión. La doctora Harker no se comportaba de la manera habitual. No obstante, él


debería haber seguido las instrucciones y haberla sacado de allí de cualquier modo. —Mátala. Esa palabra sí que la conocía. En cualquier idioma, tenía un eco familiar. Giró a la doctora hacia él y con un gesto urgente con el dedo le indicó que se quedara callada. Luego fue al camastro, colocó las almohadas debajo de la sábana, recogió la manta doblada del pie de la cama y regresó junto a ella. Inmediatamente después, entró uno de los matones. No miró ni a derecha ni a izquierda y no se detuvo hasta quedar directamente delante del camastro. Bobby supo lo que sucedería a continuación y volvió a tapar la boca de la doctora. Dos disparos apagados. Silenciador. La doctora Harker se sacudió con cada disparo, pero no gritó ni se desmayó. Pero él no apartó la mano hasta que el asesino abandonó la cabaña. Podría haberse ocupado del asesino con facilidad, pero luego los amigos del sujeto habrían ido a buscarlo, y entonces habría habido más muertes y más cadáveres. Habrían sido innecesarias tantas dificultades. Por fortuna, el asesino era un cobarde y un idiota. No había comprobado que la víctima estuviera muerta. Ni siquiera se había cerciorado de que hubiera estado allí.


—Cree que la ha matado —susurró al oído de la doctora Harker. Ella asintió y él bajó la mano de su cara. Ella se volvió y Bobby recibió una sensación de fragilidad, absolutamente extraña teniendo en cuenta que la doctora distaba mucho de ser una mujer pequeña. Su color de pelo oscilaba entre el castaño y el rubio; en ese momento lo llevaba trenzado hasta la cintura. La conmoción y el miedo hacían que sus ojos parecieran enormes en una cara súbitamente pálida. Movió la cabeza. No era momento de distraerse. Necesitaba descubrir por qué lo habían enviado a rescatarla de nada. Estudió el lugar donde ella debería haber estado leyendo. Quizá no la había rescatado de nada, después de todo. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 12—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Pero ¿por qué la senadora había pedido todos los favores que se le podían deber para enviarlo a México a salvar a su hija antes de que ésta necesitara que la salvaran? Y luego había una cuestión de semántica. Asesinato contra secuestro. Ambas


cosas desagradables pero no intercambiables. Estaba pasando algo extraño, pero en ese momento no disponía ni del tiempo ni de la predisposición para desentrañar el misterio. —¿Lista para irnos? Ella sólo asintió. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 13—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 Enrique había intentado matarla. Jane no podía quitarse eso de la cabeza. El hombre que había reído con ella, que había comido con ella, que la había cuidado cuando se había puesto mala con la gripe, había entrado con frialdad en su cabaña y le había pegado dos tiros. Que su cerebro no hubiera estado donde él había creído no lo excusaba. Luchetti salió de debajo de la mesa y alargó la mano hacia atrás. Aturdida, ella se la dio. Aunque casi medían lo mismo, le debía de sacar unos treinta kilos de puro músculo. Por el aspecto de sus bíceps, podría hacer pectorales en un banco con un


burro sin despeinarse. Tocarlo debería haber resultado desagradable, pero no fue así. Apartó ese pensamiento perturbador. Bajo ningún concepto se sentía atraída por un neandertal como él. La misma existencia del capitán Luchetti iba en contra de todo en lo que ella creía. No aprobaba la guerra; despreciaba la violencia y específicamente detestaba a los hombres grandes y musculosos que irradiaban testosterona como un olor fétido. Era una pena que Luchetti fuera lo único que se interpusiera entre ella y más violencia de la que jamás había encontrado en sus treinta años en el planeta. Él miró por la ventana de la cabaña. —Se han ido. Lo mismo que haremos nosotros. —Pero… —Ahora, doctora, antes de que a uno de ellos se le desarrolle el cerebro. Jane miró sus libros, sus instrumentos, sus suministros médicos. Él siguió la dirección de su mirada y movió la cabeza. —Quizá alguien que no la quiera ver muerta pueda enviarle todo más adelante. No necesitaría que se lo enviaran, porque volvería. Lo único que siempre había deseado hacer era ayudar a los desvalidos. En ese momento, ella era uno de ellos. No le gustó la sensación. —¿Tiene comida o agua aquí? —preguntó Luchetti.


Jane asintió y sacó de debajo de la cama las pocas botellas que le quedaban de agua templada. Apartó los ojos de los agujeros de bala en la almohada. Se volvió y a punto estuvo de dar un respingo. Luchetti se hallaba tan cerca, que podía sentir el calor que emanaba de él. ¿Por qué estaba tan caliente? Se ruborizó por el doble sentido de esas palabras. ¿Qué le pasaba? Había estado en peligro con anterioridad, y en ningún momento había deseado tirarse encima del hombre más próximo. Hasta ese instante. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 14—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Necesitaba controlar ese impulso antes de que la pusiera en una situación embarazosa. Un sujeto como Luchetti jamás estaría interesado en una mujer como ella. Él alzó el brazo. La mochila de Jane le colgaba de la mano. La misma que había usado en la facultad de medicina en Harvard. La que entonces le había dado suerte y que, quizá, aún tuviera algo de buena fortuna. Con rapidez, metió en su interior el agua y los pocos suministros que guardaba


para emergencias, galletitas y zumos de naranja, al igual que un pequeño botiquín de primeros auxilios. Luchetti le indicó que lo siguiera. —Manténgase cerca —murmuró antes de deslizarse por la puerta. Permaneció tan cerca, que le pisó la parte de atrás de las botas más de una vez. Pero él no dijo ni una palabra ni emitió sonido alguno de irritación. El cielo estaba oscuro y las estrellas iban desapareciendo. El amanecer no tardaría en colorear el horizonte. Esperaba que por ese entonces se encontraran bien lejos de allí. El capitán Luchetti entró en la vegetación densa y exuberante y dio la impresión de desaparecer. Jane parpadeó, ladeó la cabeza y entrecerró los ojos. ¿Es que había soñado todo el incidente? Daría un año de sueldo, que no era mucho, aunque sí todo lo que tenía, si pudiera despertar con la cabeza sobre su propia almohada, sin los dos agujeros de bala, con el sol brillante en su cara y uno de los lugareños pronunciando su nombre. Se dio cuenta de que se hallaba conmocionada y negando la verdad. Aun así, miró el lugar al que había ido Luchetti, hasta que él alargó la mano y la acercó. —¿Qué está haciendo? —gruñó. La selva se cerró en torno a ellos… el zumbido de los insectos, el trinar de los pájaros, el olor del follaje húmedo que iba pudriéndose. Hacía calor y la noche le


impidió ver la cara de él. El pánico la amenazó y Jane dio un paso atrás. ¿Quién era ese hombre en realidad? Dijo que pertenecía a las Fuerzas Especiales, pero quizá no fuera cierto. Quizá su cometido era llevarla al corazón de la selva y dejarla en un sitio donde nadie la encontraría jamás. Luchetti seguía aferrándola del brazo, y cuando ella se demoró un poco, los dedos apretaron con más fuerza. —No tenemos mucho tiempo, doctora. Preferiría no dejar un rastro de muertos, pero lo haré si no me queda alternativa. —¿Qué? —la voz le tembló y maldijo su debilidad. Era una adulta, miembro respetado de la comunidad médica e hija de una senadora. No iba a tener miedo. Al menos, no iba a demostrarlo. Él suspiró impaciente. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 15—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Si la persiguen, los mataré. Directo. Sencillo. Al grano. No tuvo que mirarlo a los ojos para saber que decía


la verdad. Ese hombre podía ser más peligroso que los hombres de los que la protegía. El capitán Luchetti podía romperle el cuello con las manos. Disparar primero y preguntar después. —¿Tie… tiene alguna identificación? —la respuesta de él fue un bufido—. Dice que es de las Fuerzas Especiales, pero ¿qué certeza tengo de eso? —No la tiene. Venga conmigo o arriésguese con los traficantes. En cualquier otra circunstancia, Jane habría reído ante esas palabras. Sonaba como un comando en una película de guerra de bajo presupuesto. Frunció el ceño y miró inquieta la selva a su alrededor. Se preguntó si podría ser víctima de un nuevo reality show. Su negativo cerebro avanzaba con celeridad hacia la paranoia. —Si no me queda otra opción, la sacaré a la fuerza de aquí —murmuró Luchetti—. Pero será mucho más fácil para los dos si no recurrimos a esa alternativa. —¿Por qué no trajo un helicóptero? Mientras susurraban, comenzó a apartar algo con la bota. —Puede que no sea un doctor, doctora, pero he rescatado a uno o dos rehenes. —Yo no era una rehén.


—Yo no sabía eso —se inclinó y apartó con la mano el espeso follaje—. El modo más rápido de lograr que maten a alguien es sobrevolar la zona con un helicóptero. Los psicópatas tienden a tener el gatillo fácil con tanto ruido y luces. Probablemente, tenía razón. De pronto, él maldijo y se puso de rodillas, excavando a través de la fronda. —¿Qué sucede? —preguntó Jane. —Mis cosas han desaparecido. —Cuando dice «cosas» se refiere a… —Teléfono por satélite, gafas de visión nocturna, diversos artículos de demolición —se apoyó sobre los talones. —¿Se han llevado también el anillo decodificador y el cinturón multiusos? —No trate de ser lista. Necesito esas cosas. —Un momento —dijo Jane—. ¿Qué ha sido de «nada de contacto hasta llegar al campo de vuelo»? —No hay ninguno. —¿Y tenía un teléfono por satélite? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 16—168


https://www.facebook.com/novelasgratis —En caso de emergencia —se puso de pie y volvió a tomarla del brazo—. Como ahora. —¿Qué emergencia? Luchetti se acercó mucho. Su aliento le rozó la frente; su calor le recorrió toda la piel, haciéndola temblar. ¿Qué tenía ese hombre que la atraía y le repelía al mismo tiempo? —O bien alguien sabe que estoy aquí o bien… Calló y alzó la vista al cielo. —¿O bien? —instó ella. —O bien lo sabrán en cuanto inspeccionen el equipo de alta tecnología estadounidense que acaban de robar. —Buen trabajo, Rambo. —Sí —con un suspiro de disgusto, bajó la cabeza—. Pensé que le iba a gustar. Los estaban siguiendo. Bobby maldijo la pérdida de su equipo. No les iría mal en ese momento algunas de las cosas que había guardado. No entendía cómo todo había podido desaparecer tan rápidamente a menos que alguien lo hubiera estado siguiendo. Y si así había sido, ¿por qué no matarlo en vez de robarle los juguetes? Esa misión tenía más misterio que respuestas.


Al menos tenía su Browning del 45 y el rifle de francotirador diseñado especialmente para los Delta. A los fabricantes de armas les encantaba crear armas para la fuerza de élite estadounidense, aunque no pudieran publicitarlo. No obstante, la mayoría de los operarios Delta preferían quedarse con la conocida Browning en vez de modelos más nuevos y llamativos. Mirando por encima del hombro, no vio nada inusual. Quienquiera que los estuviera siguiendo era bueno; pero Bobby era mejor. Aunque había ido a México con prisa, lo había hecho preparado. Durante el vuelo, había estudiado los mapas y trazado su estrategia y escapatoria. Conocía la zona tan bien como se podía llegar a conocer sobre el papel. Podía considerarse afortunado de disponer de un mapa, de agua y comida y de tener a la doctora Harker con vida. Miró a ésta. —¿Cómo lo lleva? —Estoy bien —repuso con voz seca y molesta. No podía culparla. Él sentiría lo mismo si alguien hubiera tratado de matarlo mientras dormía. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 17—168


https://www.facebook.com/novelasgratis No es que no hubiera pasado. De hecho, más veces que las que le gustaba recordar. Pero la gente que había intentado matarlo lo había hecho porque, de lo contrario, él la mataría primero. Desconocía cuál podía ser la excusa de los guardias de la doctora. Siguió andando a través de la tupida vegetación. Un rápido vistazo a su brújula le reveló que iban por el buen camino… al menos de momento. Su vida ya era otra cosa. En los últimos dos años se había sentido en conflicto. Feliz en el trabajo que siempre había querido, pero solo a pesar de vivir, al menos casi siempre, con docenas de hombres. Mitigar esa soledad con encuentros sexuales de una noche se había convertido en algo más triste que divertido. Sólo había encontrado a una mujer con quien hubiera estado interesado en pasar la vida, y se había casado con su hermano. Desterró esos pensamientos deprimentes. Últimamente, los había tenido demasiado a menudo. Diría que se hacía viejo, pero con treinta y tres años, eso era imposible. Sin embargo, la vida en las Fuerzas Especiales hacía que los hombres envejecieran antes que los demás. Había visto cosas que a otros les causarían pesadillas para siempre. Había hecho cosas para las que no había perdón. Sin embargo, no se arrepentía. Se


había convertido en el hombre que siempre había querido ser. Entonces, ¿por qué no era feliz? —¿Cuánto queda? —preguntó la doctora Harker. —Unas horas. Ella suspiró, pero no se quejó. Un sonido raro hizo que se detuviera y escuchara con atención. —¿Qué pasa? Miró a la doctora. Se preguntó si debería contarle que los seguían o era mejor callarse. —¿Están muy lejos los hombres que nos siguen? —preguntó ella. Bobby enarcó las cejas. Seguía sorprendiéndolo. —Lo suficiente. —¿Quiénes son? —Dígamelo usted. —No tengo ni idea. Ni siquiera sabía que me habían secuestrado. Él contuvo una sonrisa. No debería caerle tan bien. En unas horas, ya nunca volvería a ver a la doctora Harker. En unas semanas, ella olvidaría que lo había conocido.


Transcurrió otra hora. Quienquiera que los estuviera siguiendo debía de ser en parte un lobo, porque, a pesar del ritmo que no había alcanzado desde la selección Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 18—168 https://www.facebook.com/novelasgratis para las Fuerzas Especiales, la doctora y él no estaban ganando distancia. No sabía por qué. Ella mantenía el paso, pero comenzaba a dar síntomas de cansancio. El creciente calor del día no ayudaba. —¿Suele correr? —le preguntó. La doctora Harker se apartó un poco de sudor de la nariz con gesto irritado. —¿Es que quiere correr? —No —miró el camino detrás de ellos y frunció el ceño. Al menos, aún no. —Sólo me preguntaba por qué se encuentra en tan buena forma. —Camino. Mucho. —¿Camina? —Sí, eso de poner un pie delante del otro. ¿Lo recuerda? Desde antes de hacerse soldadito.


Le sorprendió que ella le provocase una risa. Su madre y su hermana eran las gemelas sarcásticas, y su hermano Dean el rey. Por lo general, él se abstenía, ya que no podía competir, pero el humor seco y lacónico siempre le había resultado divertido. —No pare, Luchetti —agitó una mano—. Estaré detrás de usted. Un súbito estallido de sonido a espaldas de ellos hizo que Bobby reaccionara, girando con la pistola en la mano. Algo salió de entre el follaje… algo bajo y peludo, que corría directamente hacia la doctora. Apuntó, pero antes de que pudiera disparar, la doctora Harker se lanzó hacia él. —¡No! Alzó el brazo. La doctora tropezó con una piedra y cayó. Intentó sujetarla, pero sólo disponía de una mano libre y falló. La cosa peluda saltó sobre ella. No estaba seguro, pero le pareció que era un perro. —No dispare —gritó ella—. Es mía. Bobby había crecido en una granja. Había visto todo tipo de animales domésticos. Su padre había tenido cockers. Ésos sí que eran perros. Pero, eso… Diablos, ¿qué era? El animal que lamía el brazo, el cuello y la mejilla de la doctora Harker parecía


un coyote hambriento cruzado con un gato lampiño. Estaba esquelético. Su pelaje era de un color indeterminado… gris, pardo, un poco de negro y blanco… con manchas de piel rosada como un estampado de lunares en el trasero huesudo. Cuando la perra alzó la cabeza, Bobby vio que sólo tenía un ojo. Dio un paso adelante con la intención de quitar ese saco de pulgas de su protegida, y el animal le Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 19—168 https://www.facebook.com/novelasgratis gruñó. También le faltaban algunos dientes, aunque aún le quedaban los suficientes como para causar daño. Bobby apuntó con el arma y entrecerró los ojos. —Sentada, pequeña —dijo la doctora Harker. La perra bajó con cuidado de la espalda de la doctora y se sentó a su lado. —Aparte eso —le dijo a Bobby, indicando el arma. Lo hizo. —¿Qué es eso? —preguntó. —¿Es que nunca ha visto un perro? —Eso no es un perro. La doctora frunció el ceño. —Herirá sus sentimientos. Lucky piensa que es hermosa.


—Lucky no se ha mirado en un espejo últimamente —estudió al chucho tuerto—. ¿Por qué diablos la ha bautizado con ese nombre? —Porque yo fui afortunada en encontrarla. Es una buena chica. ¿Verdad, cariño? La perra se volvió y lamió a la doctora desde el mentón hasta la frente. Bobby hizo una mueca para sus adentros. Sólo Dios sabía dónde había estado esa boca. —Mándela por donde ha venido —le dijo. —Viene conmigo. —No lo creo. —Lucky me ha seguido hasta aquí. Va a recibir un viaje con todos los gastos pagados hasta Estados Unidos. —No dijo nada sobre una mascota. —No me lo preguntó. Lucky va y viene. Sabía que no podíamos buscarla. Pero si no la llevo conmigo, morirá. Hay demasiados perros en México y Lucky no es precisamente una belleza. Nadie la acogerá. —No puedo cruzar la selva con… eso. ¿Qué me dice de los tipos que nos siguen? —Quizá era Lucky la que nos seguía.


Bobby calló. Tal vez tuviera razón. Aunque tal vez no. —Lucky era la guardiana del poblado —continuó ella. —Hizo un trabajo excelente anoche. —Anoche no estaba allí. —No puede esperar que me presente en el campo de vuelo con… —calló. No podía llamarla «perra», ya que no sería justo para las perras. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 20—168 https://www.facebook.com/novelasgratis La doctora Harker entrecerró los ojos. —¿Cuál es la diferencia? Estoy segura de que en el avión sobra espacio. Nos va a seguir de todos modos —añadió—. Lo mejor es que deje que venga con nosotros. Bobby alzó las manos. —Bien. De acuerdo. Jane mantuvo un brazo alrededor de Lucky. Bajo ningún concepto pensaba dejar a la perra atrás. Sólo el ceño feroz de Luchetti le impidió sonreír de júbilo ante la presencia de Lucky. Jamás lo habría considerado un hombre que odiara a los animales.


—Vamos —dijo él, ofreciéndole la mano. Lucky gruñó. —Tranquila, pequeña —murmuró Jane, y la perra se quedó en silencio. Hubiera preferido levantarse por su propia cuenta, pero estaba exhausta. Quizá caminara mucho, pero nunca antes había caminado tanto y seguido. Permitió que Luchetti la ayudara a incorporarse. El dolor se disparó por su tobillo derecho y pareció asentarse en la base de su columna. Cayó en brazos de él. —¿Qué sucede? —Debí de torcerme el tobillo al caer. —Bromea. —Esta vez no. Bobby apretó los labios. Sólo entonces ella se dio cuenta de lo bonita que era su boca… plena y ancha. Se dijo que debería sonreír más. Claro está que lo más probable era que viera pocas cosas en el mundo que lo impulsaran a sonreír. Lo mismo podía decirse de ella, aunque los niños a los que trataba la hacían reír cada día. De no ser por ellos, podría haberse quedado atrapada en toda la desdicha… como le había sucedido al capitán Luchetti. —Tendré que llevarla.


—¿Disculpe? Él se volvió e inclinó las rodillas. —Arriba. La llevaré. —No puede. Soy mucho más pesada de lo que aparento. —Y yo menos paciente de como actúo. Vamos. ¿Menos paciente? Jamás había visto a nadie a quien se le fundieran los plomos con mayor rapidez. Quizá bromeaba, aunque no lo supo con certeza. Titubeó unos segundos más, luego cedió a lo inevitable y subió a su espalda. Luchetti trotó por el sendero a un ritmo impresionante, aunque más pausado que el que habían llevado antes. Lucky bufó una vez y los siguió. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 21—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —No creí que pudiera llevarme —comentó ella. Él rió. —He llevado a hombres de ciento veinte kilos al hombro, con las balas silbando a nuestro alrededor y los hombres cayendo como moscas. —Hurra.


—¿No está impresionada? Lo estaba, pero no iba a decírselo. —¿Cómo es que no le gustan los perros? —contrarrestó. —Me gustan. —No fue muy amable con Lucky. —Eso no es un perro —repitió. Dejó que su pie le golpeara el muslo con fuerza. —Cuidado —dijo Bobby. Jane sonrió. La perra hacía que sonriera. No era bonita, aunque a ella sí se lo parecía… o tal vez no le importara. Ser bonita no la alimentaba ni la salvaba de los buitres, algo que sí conseguía la actitud. Y Lucky tenía actitud por tres. Jane deseó poder ser la mitad de confiada. Al ver que Jane la miraba, la perra farfulló algo a su propia manera. —¿Qué ha sido eso? —espetó Luchetti. —Lucky. Habla. —Suena a vaca moribunda. —Usted ha oído un montón de vacas moribundas, ¿verdad? —Unas cuantas. —Oh, ¿en serio? ¿Y dónde?


—Illinois. —¿Hay una enorme demanda de Fuerzas Especiales en Illinois? —Usted sabe que no podemos operar en Estados Unidos. —¿Lo sé? —¿La Posse Comitatus Act le suena a algo? De hecho, así era, gracias a la costumbre de su madre de hablar de política a la mesa. Las tropas federales tenían prohibido operar como agentes de la ley dentro de Estados Unidos… a menos que el acta quedara temporalmente suspendida por el presidente. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 22—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Así que es de Illinois? —De una granja lechera cerca de Bloomington. —Nunca he estado allí. —No se ha perdido mucho. Jane frunció el ceño. La mayoría de la gente echaba de menos el hogar estando


lejos. Sin duda a Luchetti lo habían destinado a algunos lugares muy desagradables. Por ese entonces, Illinois debería parecerle magnífico. Se preguntó por qué no era así. Se sintió tentada a preguntar más, pero guardó silencio. Era muy buena con los pacientes, dedicaba casi todo el tiempo a examinar a las personas y a hablar de cosas personales. Quizá esa era la causa por la que nunca se le había dado muy bien romper el hielo en situaciones de vida social. Era triste que el mayor acontecimiento social en el que había participado en los últimos años fuera ir a caballito de un soldado a través de la densa selva mexicana. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 23—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 Jane había dedicado su vida a ayudar a otros. No tenía tiempo para los hombres y poco interés en el matrimonio. Había visto a bastantes colegas arrastradas por el amor… o lo que ellas creían amor. Mujeres brillantes con carreras estelares ante ellas, entregándolo todo porque el maridito las quería en casa. El verdadero amor significaba apoyo, no críticas. Ánimo, no censura. Jamás había conocido a un hombre que pudiera mantener la boca cerrada y dejar


que su esposa brillara. Ni siquiera su padre. Desterró de la mente los pensamientos de su fallecido padre. Se había marchado siendo ella niña. Cuando murió, llevaba quince años sin noticias de él. No necesitaba esa clase de amor. Pero un poco de afecto sería agradable. No es que no hubiera tenido novios. Bueno, no exactamente novios. ¿Amantes? Quizá tampoco ésa era la palabra adecuada, ya que en ningún momento se había mencionado la palabra «amor». No era el tipo de mujer que inspirara palabras bonitas y una devoción eterna. Hacía tiempo que se había reconciliado con eso. Si no eran novios ni amantes, ¿cómo debía llamarlos? Chicos con los que tenía sexo sonaba demasiado tosco. Había disfrutado de la compañía social de los hombres, se había acostado con unos pocos, y luego los había dejado antes de que pudieran hacerlo ellos. Hasta el momento, no había echado de menos a ninguno. Lo que planteaba cierto dilema. Jane quería hijos. Eran lo único puro en un mundo impuro. Los niños y ella mantenían una relación de adoración mutua. Sin embargo, y tal como se lo


recordaba su madre a menudo, tendría que ser más que sociable con un hombre para conseguirlos. No quiso seguir por ahí. —Ya puedo caminar —dijo. Luchetti siguió trotando, de modo que le dio en la cabeza con los nudillos—. Eh, amigo, bájeme. Él paró, y Jane creyó que para hacer lo que ella le había pedido. Pero ladeó la cabeza, giró y murmuró: —Shhh. Lucky emitió un gruñido fiero y bajo… el sonido que guardaba para los depredadores más peligrosos. —Traficantes —murmuró Jane. Luchetti la miró con incredulidad por encima del hombro y Jane se encogió de hombros—. En serio. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 24—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Lucky odiaba a los traficantes de droga y lo manifestaba siempre que tenía a uno cerca. Suponía que la perra era capaz de olerles en la piel el producto que vendían… era la única explicación. En cualquier caso, Lucky estaba gruñendo con


más fuerza que nunca. Se oyeron gritos en español. Unas pisadas bajaron por el sendero y un disparo sonó un instante antes de que algo silbara junto a la oreja derecha de Jane. Luchetti satisfizo la petición anterior de Jane y la tiró a la vegetación. Ella paró la caída con las manos y una punzada de dolor le creó una mueca. Pero con balas volando por encima de su cabeza, no había tiempo para preocuparse de huesos o ligamentos rotos. —Quédese abajo —instó él con urgencia. Una exigencia innecesaria, ya que Jane se había pegado al suelo todo lo que podía. Lucky, que al principio había dado la impresión de querer arrancarle la pierna al enemigo que apareciera, en ese momento estaba junto a ella. Luchetti se quitó el rifle del hombro y comenzó a disparar. Al siguiente instante se oyó un grito agudo. —Uno fuera —sonrió. —No tiene que mostrarse tan feliz. Ni siquiera la miró y mantuvo los intensos ojos azules clavados en la zona de la que procedían las balas. —Están tratando de matarnos, doctora. No pienso sentirme mal por hacer lo mismo.


—¿No hay otra manera? ¿Hablar con ellos? ¿Ofrecerles dinero? Algo. —Si creen que tenemos dinero, nos matarán con toda seguridad. Lo único que entienden estos hombres es una fuerza superior a la suya. —Pero no tenemos una fuerza superior. —Hable por usted. Un soldado estadounidense es rival para diez de ellos. —Hurra —coronó, pero él no le hizo caso. Las balas volaron y Jane comenzó a preocuparse por la munición. Luchetti no paraba de sacar cargadores de los bolsillos de sus pantalones, pero no iban a durar para siempre. Nunca disparaba de forma indiscriminada, sino que esperaba y observaba antes de hacerlo. Casi cada vez que apretaba el gatillo, alguien caía. Al final, cuando llevaban inmovilizados casi una hora, el tiroteo aminoró, y luego se detuvo por completo. Lucky soltó un «wuuf» bajo. Jane le cubrió rápidamente el hocico con una mano, pero ninguna bala atravesó el follaje. —Deben de haberse marchado. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 25—168 https://www.facebook.com/novelasgratis


—O es lo que quieren que pensemos, para que alcemos las cabezas y nos las puedan volar. —También. Luchetti tosió de una manera sospechosamente parecida a una risa. ¿Es que la consideraba graciosa? Casi nadie pensaba eso de ella. Sólo por ello, podía llegar a gustarle. —¿Y ahora qué hacemos? —preguntó ella. —Me gustaría rodear la zona y cerciorarme de que se han ido. —¿Pero…? —No puedo dejarla sola. Jane puso los ojos en blanco. —Puedo cuidar de mí misma, soldado. —Claro. —Deje de cuidarme. Vaya a ver si los malos huyeron ante su poderío militar. Nosotras estaremos bien —lo vio titubear—. O podemos seguir escondiéndonos detrás de los arbustos hasta hacernos viejos. —Bien —sacó la pistola de la funda y extendió el arma hacia ella, la culata por delante. Jane hizo una mueca.


—No, gracias, intento dejarlo. —Muy graciosa. Tómela. —No. —Entonces, nos quedaremos aquí hasta morir de viejos. Jane entrecerró los ojos. Conocía esa expresión de obstinación. La veía a menudo en el espejo. —Démela —aceptó la pistola con dos dedos y la dejó en el suelo, con el cañón lejos de ella. —¿Sabe disparar un arma? —Sé cómo quitar una bala de un cuerpo; creo que podré descubrirlo. El capitán suspiró y volvió a recoger el arma. —Esta pistola es un poco difícil —apuntó hacia los árboles. Lucky gimió y se tumbó en la tierra. La miró preocupado—. ¿Le dan miedo las armas? —No, es ser inteligente. Las armas matan a las personas, y también a sus perros. —Las personas matan a las personas. —Bla, bla, bla. Ahórreme esa propaganda de la Asociación Nacional del Rifle y continúe. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 26—168


https://www.facebook.com/novelasgratis Luchetti se encogió de hombros. —Apunte el extremo largo hacia un tipo malo. Eche para atrás el percutor y luego apriete el gatillo. Siga apretando hasta que se quede sin balas o tipos malos. ¿Entendido? —Creo que sí —le devolvió el arma y ella volvió a dejarla en el suelo. Él se frotó la frente como si empezara a dolerle la cabeza. —Si alguien ataca, no dispondrá de tiempo para recogerla, amartillarla y disparar. Como ni siquiera estaba segura de poder dispararle a alguien, no le importó. Pero él empezó a poner otra vez esa expresión obstinada, de modo que blandió el arma con fuerza. —¿Es zurda? —Jane asintió—. También lo es mi hermano. Antes de que ella pudiera hacer un comentario, él desapareció entre los árboles. —De modo que el soldado tiene un hermano, y yo que pensaba que había crecido en un laboratorio. Jane aguardó y escuchó. Lucky jadeó más deprisa; Jane rezó con más ahínco. No oyó disparos ni gritos. Y Lucky había dejado de gruñir. Confiaba en el instinto de la perra más que en el de los humanos.


El tiempo pareció ralentizarse. El silencio, después de tanto ruido, era opresivo. Apretó la culata de la pistola hasta que le dolieron los dedos. Cuando el follaje se sacudió a su espalda, jadeó y giró en esa dirección. Luchetti enarcó una ceja. —Para una pacifista, se adaptó a la pistola con bastante rapidez. —¿Quién ha dicho que fuera pacifista? —Puedo oler a los liberales de corazones sensibles a un kilómetro de distancia. Jane frunció el ceño al dejar la pistola otra vez en el suelo. —Probablemente, su olor es más dulce que el de los soldados amantes de la guerra. —Probablemente. Dejó que su grosería le rebotara. Lo que hizo que Jane se sintiera pequeña, desagradable y desagradecida. —Mis disculpas. Él se encogió de hombros. —He oído cosas peores… en diez idiomas diferentes. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 27—168 https://www.facebook.com/novelasgratis


Sin duda era verdad, lo que hizo que se sintiera aún más pequeña, desagradable y desagradecida. —Se han ido —agregó él. —¿Cuántos…? —no supo muy bien cómo preguntarle la cantidad de hombres que había matado. ¿Era una pregunta apropiada? —Seis. Dos regresaron por donde hemos venido. Dudo que volvamos a verlos. —¿Por qué? —No los vimos esta vez. Todo un consuelo. —Ya casi estamos en el campo de vuelo. No se acercarán más a una base estadounidense. —¿Tenemos una base en México? ¿Desde cuándo? —No es una base, base —respiró hondo—. No importa. —¿Cosas de alto secreto y de espías? —No soy un espía. —¿Qué es, exactamente? —De las Fuerzas Especiales. —Eso ya lo ha dicho. ¿De qué clase? —De las secretas.


Jane buscó en su memoria. Sólo había un campo de las fuerzas especiales en que sus operarios eran eliminados de los bancos de datos del ejército. —Delta —comentó con los ojos muy abiertos—. ¿Es un Delta? —Shhh. ¿Quiere que se entere todo el mundo? —¿La Fuerza Delta es alguna especie de unidad de élite antiterrorista…? —Contraterrorista. —¿Qué? —Respondemos a actos terroristas… después de que sucedan. —Desde luego. Podía contarle todo el día que los Delta no eliminaban a los terroristas antes de que estos mataran a la gente. No iba a creerlo. —La cuestión es —continuó ella al ver la expresión de él ante su escepticismo—, ¿qué hace aquí? —Exactamente lo que estaba pensando. Jane se mordió el labio. Su madre se iba a meter en una situación embarazosa si alguna vez se filtraba que había mandado a un agente Delta a rescatar a una hija que no necesitaba que la rescataran. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly


Nº Paginas 28—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Bueno, quizá necesitó que la rescataran un poco. Pero… ¿un Delta? Era como enviar a un tiburón a pescar un atún, como soltar una bomba atómica en una manifestación. Suspiró. Como enviar a un superhéroe en busca de Jane del Yucatán. Bobby estaba nervioso y no terminaba de entender por qué. Había acabado con los malvados señores de la droga y rescatado a la princesa de cuento de hadas. Aunque ella no parecía de cuento de hadas ni actuaba como una princesa. Teniendo en cuenta que su madre era una senadora y ella una doctora, había supuesto que mostraría una actitud más de prima donna. Se había visto gratamente sorprendido. —Vamos —dijo, y se agachó para que pudiera volver a subírsele a la espalda. A cambio, Lucky le lamió el mentón—. Aj —se enderezó con tanta celeridad que la columna le crujió. Se limpió la cara y se volvió hacia la doctora justo a tiempo de verla tirar con fuerza de su camiseta. Se rompió en el centro, revelando una piel suave y blanca y unos abdominales marcados. No los había conseguido caminando—


. Creía que había traído un botiquín de primeros auxilios —añadió. —Unas tiritas y un ungüento antibiótico nos ayudarán —musitó, sentándose en el suelo. Después de quitarse el zapato, comenzó a vendarse el tobillo con la tela. Bobby frunció el ceño ante la dificultad que tenía con esa simple tarea. —¿Qué le ha pasado a su muñeca? —Aterricé sobre ella cuando comenzaron a dispararnos. Bobby recordó soltarla para emplear el rifle. —Lo siento, doctora. No era… —Jane. Él parpadeó y la miró, confuso. —¿Qué? —¿No es hora de que empecemos a tutearnos y a llamarnos por nuestros nombres de pila? Romperle la muñeca debería situarlo en la perrera y no en un plano de confianza. —No te disculpes —dijo ella—. Prefiero tener una muñeca magullada antes que una bala en la cabeza.


Bobby no sabía muy bien cómo analizarla. Casi todas las mujeres que conocía estarían gritando o llorando, quizá ambas cosas, incluso sin el tobillo torcido y la muñeca lastimada. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 29—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Lo menos que podía hacer era ayudar, de modo que se apoyó sobre una rodilla y tomó la tira de tela. Ella lo empujó con el hombro. —Yo puedo hacerlo. —Yo puedo hacerlo más deprisa. Sus ojos se encontraron. Los de ella entrecerrados pero curiosos, y él se sintió cautivado por la tonalidad que tenían, que le hizo pensar en jaguares y pumas. No exactamente un pensamiento atractivo en aquella selva, donde pululaban los bichos salvajes. Apoyó las manos sobre las de ella, y entonces no quiso soltarla. Su piel era suave y firme. Con algunos callos y cortes, áspera y gentil al mismo tiempo, fuerte pero femenina. Una extraña corriente pareció fluir entre los dos y ella carraspeó. Luego adelantó el pie.


—Haz lo que debas, soldado. «Me gustaría hacerlo contigo». El pensamiento descarnado, surgido de la nada, lo perturbó, y con rapidez le envolvió el tobillo, cuidando de no tocar más de ella que lo absolutamente necesario. Tocar a Jane Harker fue la peor y la mejor idea que había tenido en mucho tiempo. El simple hecho de que llevara meses sin sexo no era justificación para desear a la primera mujer que se le acercara. Había estado más tiempo sin una mujer. Se preguntó si sería un mecanismo de defensa ideado por su cerebro para hacerle olvidar a Marlie. Se aferró a esa explicación. Por supuesto. Estaba rebotado, de modo que se había sentido atraído por la primera mujer en cruzar su camino. Lo único que tenía que hacer era ignorar la lujuria, y desaparecería. ¿Por qué parecía más fácil decirlo que hacerlo? Terminó de vendarle el tobillo y Jane se puso de pie, apartando su ayuda con una mirada irritada. Era evidente que no recibía con gracia tener que aceptar ayuda de otros. Igual que él mismo. Insegura, ella apoyó su peso en ese pie. Le observó la cara, pero no hizo ninguna mueca de dolor. Tampoco comentario alguno.


—¿Y bien? —instó él. —Sólo una punzada. Estaré bien. —No quiero que te lesiones nada. Puedo llevarte. —Estoy segura de que puedes. Sin embargo, yo elijo que no me lleven. —Pero… —Elección, Luchetti. Es el estilo americano. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 30—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Estamos en México. Lo miró furiosa antes de cruzar el pequeño claro y regresar con una leve cojera. El tobillo parecía bien, y Bobby tuvo que reconocer para sus adentros que era un poco pesada. —Hemos perdido mucha luz diurna —dijo él—. Necesitamos movernos deprisa si queremos llegar al campo de vuelo antes de que anochezca. —Lo lograré, capitán. —Estupendo —se agachó para recoger las armas y la mochila de ella del suelo—. Y me llamo Bobby.


Emprendió la marcha. Los maníacos que les habían disparado se habían dirigido hacia el poblado, pero ninguna regla establecía que no pudieran volver… con refuerzos. Miró a la doctora Harker. ¿Por qué les interesaba tanto? Jane sorprendió a Bobby Luchetti mirándole el estómago en más de una ocasión. ¿Qué le pasaba? Su vientre no era nada especial. Alzaba y cargaba tantas cajas de suministros, además de niños y mayores, que sus músculos abdominales se habían puesto tan duros como una tabla. Jamás había tenido las curvas suaves y femeninas de una supermodelo. Quizá, simplemente, se preguntara cómo había tenido agallas de mostrarlo. Desconocía que a ella le importaban bien poco las apariencias. Era fuerte, inteligente y buena en lo que hacía, lo cual era suficiente. Tenía que serlo. —¿Cuánto falta? —preguntó. —Poco. Se preguntó si la idea que tenía cada uno de esa palabra coincidiría. Lucky trotaba entre ellos con la lengua fuera.


Jane se secó el sudor de la frente. Hacía mucho calor. Sacó una botella de agua de la mochila y se bebió la mitad. No había nada como el agua tibia en un día caluroso. Le dio el resto a la perra. Un juramento hizo que alzara la vista. Bobby se hallaba agazapado detrás de un matorral bajo. No tuvo que preguntarle qué sucedía. En cuanto se unió a él, lo vio por sí misma. El campo de vuelo se hallaba desierto… salvo por el avión roto y varios cadáveres. —¿Quién diablos va detrás de ti? —musitó Luchetti—. ¿Qué has hecho? ¿Qué sabes? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 31—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Jane mantuvo la boca cerrada. Aunque tuviera las respuestas a esas preguntas, no habría sido capaz de hablar. Sentía la lengua pegada a los dientes. La noche anterior se había asustado en la cabaña, el tiroteo de ese día la había conmocionado.


Pero esos cuerpos, ese avión, el aire espectral y abandonado del lugar, hicieron que deseara reptar de vuelta a la selva para esconderse. Lucky gimió y Jane apoyó la mano en la cabeza huesuda del animal. —¿Qué ha pasado? —susurró. —Llegaron antes que nosotros. Pero no veo cómo. O por qué. Entrecerró los ojos e inspeccionó el lugar con suma atención. —¿Quiénes son? —Ni idea. Me gustaría llegar hasta la radio de la caseta, pero tengo la impresión de que es lo mismo que buscan ellos. —¿Qué quieres decir? —Una trampa —guardó silencio durante varios momentos antes de levantar la cabeza—. Tendremos que seguir adelante. —¿Adónde? —¿La ciudad grande más cercana es… Puerto? —ella asintió—. Allí encontraremos un teléfono. Puedo hacer una llamada y sacarte de aquí. Jane contempló los cuerpos. Alguien anhelaba verla muerta. No estaba segura de que caminar por la selva fuera la mejor idea. Aunque tampoco tenía una mejor. —¿Estás bien? Los dedos ásperos de Bobby le rozaron el codo. La textura debería haber sido


desagradable, pero el contacto leve, el calor, la fuerza de él, la aliviaron. Respiró hondo. —Nunca antes me había pasado algo así. —¿Qué? —Balas que silbaran alrededor de mi cabeza, gente muriendo, extraños tratando de matarme. Bobby bajó la mano a su costado. —A mí me pasa todo el tiempo. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 32—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 Bobby no podía contar la cantidad de ocasiones en que se había visto obligado a huir de territorio enemigo. Prefería perseguir que ser perseguido, ¿quién no?, pero rara vez le consultaban sus preferencias cuando el ejército trazaba un plan de juego. Por lo general, se vestía como un lugareño y se mezclaba perfectamente. Sin embargo, como le habían dicho que su misión era una entrada y salida simples, no se había tomado tiempo en crear un disfraz. Por ello, parecía ser exactamente lo que era: un agente estadounidense de las Fuerzas Especiales con ojos azules en un país lleno de hombres con ojos castaños.


Aunque hubiera sido capaz de mezclarse, la doctora y su fea perra sobresaldrían tanto como el pan blanco en una tienda de alimentos sanos. Aunque quizá la perra no. Había miles de perros como Lucky por todo México… salvo que eran más bonitos. Alzó la vista. Piel blanca, ojos y piel claros, Jane tampoco encajaba. Un simple vistazo y cualquiera adivinaría que era una doctora de universidad privada jugando a ser pobre. No quería imaginar lo que le pasaría si los hombres que los perseguían le ponían las manos encima. Por desgracia, no dejaba de imaginarlo. —Hemos de ponernos en marcha —espetó—. Pisa donde yo pise. No te desvíes. Esperó un comentario sarcástico, pero Jane asintió y se acercó más a él. Captó el olor a tormenta en el aire y levantó la vista. —¿Qué? —ella siguió la dirección de su mirada. —Huelo a tormenta, pero… no hay una nube por ninguna parte. Volvió a oler. El aroma procedía del cabello de ella. —¡Oh! —Jane se llevó la mano a la cabeza—. Me lo lavé con agua de lluvia. Bobby apretó los dientes. ¿Cómo se suponía que un hombre podía pensar cuando una mujer olía de esa manera? Movió la cabeza, tratando de eliminar las telarañas y la lujuria. Tuvo mejor


suerte con lo primero. En cuanto salieran de esa selva, se acostaría con una mujer… dos veces. —¿Por qué he de pisar donde tú pises? —preguntó ella. Pensó en las cargas de demolición que alguien le había robado. —Podría haber cables de detonación. —¿Cables de detonación? —palideció—. ¿Como en Vietnam? —Como en cualquier condenado país. No te preocupes. Dudo de que hayan dispuesto de tiempo para cablear toda la selva, aunque supieran cómo hacerlo — cuando no se rió, Bobby suspiró—. Sólo quiero ser cauteloso. He estado en cientos de lugares como éste. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 33—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Cientos? Se encogió de hombros. —Sé lo que he de buscar. Relájate. Lo miró a los ojos varios segundos, y luego asintió. —Estoy segura de que mi madre sólo enviaría al mejor. —Tu madre no me envió. Únicamente el ejército puede hacer eso.


—Es evidente que no la conoces —sonrió—. Olvídalo, Luchetti. Te prometo que no me desviaré. ¿Cuánto queda para llegar a Puerto? —Varias horas. Si tenemos suerte. Ella miró al cielo. —Habrá oscurecido antes. —Lo sé. Tenemos que escondernos en alguna parte. Ella volvió a asentir, aceptando lo inevitable. —¿Quién crees que ha hecho esto? —señaló el campo de vuelo destrozado —. No pueden haber sido los tipos que nos disparaban —Bobby ladeó la cabeza —. Mataste a casi todos, ¿no? —A casi todos —convino. «Pero no a todos». Los que quedaron lograron escapar en dirección al poblado. Pero si hubieran regresado, dos hombres, sin importar lo bien equipados que estuvieran, podrían haber causado esa destrucción. En caso contrario, ¿dónde estaban? Deberían haberse escondido, recuperado a Jane… o, como mínimo, haberlos matado a los dos. Es lo que él habría hecho. Lo que conducía a la misma conclusión que había sacado la doctora. Había


dos bandas armadas en la selva. Emprendió la marcha por la selva, utilizando el cuchillo para mejorar el paso siempre que era necesario. —No entiendo lo que está pasando —musitó ella—. ¿Cuántas personas están intentando matarme y por qué? —Si lo descubres, ponme al corriente. Y ahora, tratemos de ganar tiempo — ella mantuvo el ritmo y no se quejó. Tampoco cojeó—. ¿El tobillo está mejor? —Difícil de decir. Está vendado con la suficiente fuerza como para permitir caminar. Cuando quite el vendaje, seguro que se hincha como un globo. Supongo que no lo quitaré. —¿La muñeca? —Magullada. Miró atrás mientras ella alzaba la mano. Un moratón oscuro se había materializado en la piel blanca. Bobby hizo una mueca. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 34—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Lo siento.


—Repito, capitán, mejor un hematoma y un esguince que un funeral. ¿Te he dado las gracias por salvarme la vida? —Forma parte de los servicios incluidos con tus impuestos. —Llevas una vida agradable. ¿Cómo la soportas? —susurró. —No está tan mal. Que la gente intentara matarlo formaba parte de su vida. Quizá últimamente se había cansado un poco de ello, pero eso no significaba que no volviera en busca de más. Como le gustaba decir a Colin, la basura era inevitable. Durante un instante, echó tanto de menos a su hermano que sintió una punzada en el estómago. Hasta cumplir los dieciocho años y alistarse, Colin y él habían compartido habitación. En casa, había habido tres dormitorios para seis hijos. Kim, en virtud de ser la única chica, había recibido su propia habitación. Nadie se quejó. Otra había sido para Evan, Dean y Aaron. Evan era tranquilo, Dean siempre estaba enfadado y Aaron… Aaron era un santo personificado. O lo había sido hasta darle la espalda al sacerdocio. Nadie había sabido la causa


hasta unos años atrás, cuando su hija de catorce años concebida con una corista de Las Vegas había aparecido ante su puerta. Lo que dejaba la última habitación para Bobby y Colin… dos niños que no podrían haber sido más diferentes. A Colin le encantaban los libros, las palabras, las fotos de lugares lejanos. No había dejado de estudiar para conseguir una beca para la Universidad de Boston. Bobby había practicado todos los deportes en el instituto, sobresaliendo en fútbol americano y en lucha. Por algún motivo, había sido agraciado con una buena porción del cerebro de los Luchetti. Lo único que tenía que hacer era repasar sus apuntes y conseguía un sobresaliente en los exámenes. Había usado el tiempo que los demás dedicaban al estudio para ejercitarse y tonificar su cuerpo para estar preparado cuando se alistara en el ejército con dieciocho años. Mientras Colin soñaba con escribir sobre tierras exóticas, él soñaba con salvar el mundo. Se habían peleado por todo… en su familia, las peleas eran consideradas un pasatiempo y no una falta. Pero jamás se habían peleado por una mujer. Ninguno de ellos. Los hermanos Luchetti tenían un código, no escrito pero inquebrantable… o al menos lo había sido.


«Jamás toques a la chica de tu hermano». Apartó los recuerdos de su mente, pero la punzada en sus entrañas permaneció. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 35—168 https://www.facebook.com/novelasgratis *** Bobby se había quedado silencioso. Jane casi podía ver los pensamientos intensos que salían de él como vapor al amanecer en la selva. Esperaba que estuviera formulando un plan que los sacara de allí, preferiblemente con vida. No abrió la boca y siguió sus pasos. Lucky le pisaba los talones. La perra no estaba más contenta que ella de encontrarse en la selva de noche. Bobby se detuvo con tanta brusquedad, que casi chocó contra su ancha espalda. Nerviosa, se asomó por un lado de su hombro, esperando que en cualquier momento le cortara la cabeza un miembro renegado de un cartel de la droga o los hombres que querían matarla. —Pararemos aquí —dijo Bobby. Ella miró alrededor del sendero lleno de vegetación. —¿Aquí mismo? —Aquí mismo no sería muy inteligente, ¿verdad? —Esto tampoco es Ruta 66.


Bobby se encogió de hombros. Jane se tocó la boca para asegurarse de que no se le caía la baba. Debía de haber pillado alguna fiebre tropical para quedarse mareada de repente con el movimiento ondulatorio de los músculos de un soldado. Esperó que no fuera una enfermedad fatal. —Hay agua ahí —indicó vagamente a la derecha. —¿Y cómo lo sabes? —¿No puedes olerla? Jane olisqueó. Y sólo pudo olerlo a él. Así como eso debería resultar desagradable después de un día bajo el sol y el calor, tuvo que reconocer que su olor volvió a marearla. No le cupo ninguna duda de que era una fiebre tropical. Él se abrió paso entre la maleza y ella se afanó por seguirlo. Lucky salió a la carrera como si acabara de ver un conejo y Jane dio un paso hacia ella. Bobby sacó un brazo. —Escucha. Splash. Había estado en lo cierto acerca del agua. Esperando encontrarse con un paraíso de aguas color turquesa, lo siguió ansiosa. Acababa de iniciar una hermosa fantasía en la que los dos retozaban


desnudos bajo una cascada, sin que nadie deseara matarla, cuando él volvió a detenerse. En esa ocasión sí tropezó con Bobby. Estuvo a punto de caerse de espaldas antes de recobrar el equilibrio aferrándose a él. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 36—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Maldición —musitó él. Ella apartó las manos como si fuera una patata caliente. No obstante, aún podía sentir el calor de su piel y el peso sólido de sus músculos contra las palmas de las manos. Asomándose por el hombro de Bobby una segunda vez, Jane repitió el juramento. Lucky se revolcaba en el centro de un gran barrizal. —Sácala de ahí antes de que absorba el agua potable que pueda quedar. —¡Lucky, no! —llamó Jane. La perra dirigió su único ojo hacia ella y bufó. Luego se puso boca arriba y se retorció. —Tiene que haber más agua —musitó él. Había varios charcos entre la espesura. Por fortuna, Lucky ya estaba embarrada y no sintió la necesidad de revolcarse en cada uno.


El agua se había acumulado en una depresión. Bobby subió la pequeña pendiente que conducía a un montículo de tierra coronada de vegetación y respaldada por un pequeño risco. Dejó la mochila de ella en el suelo y al lado su rifle. —¿Es seguro? —Jane gimió por el placer de abandonar el apoyo de sus pies. —Todo lo seguro que conseguiremos. Con la espalda hacia la pared, puedo ver a cualquiera acercándose desde esa dirección. También debería poder oírlo. Aunque no sería una buena idea encender un fuego. Esta noche nos toca un campamento frío. —No pasa nada. La idea de una hoguera en ese clima era nauseabunda. Luchetti se sentó y empujó la mochila en la dirección de Jane. —Bueno, ¿qué hay para cenar? Ella abrió la mochila. —Cuatro zumos de fruta y dos paquetes de galletitas saladas. —Repártelo. —¿Crees que estaremos en algún lugar sensato mañana? —Lo dudo. Pero deberíamos estar en algún lugar que tenga comida. Jane dividió las provisiones. —No te gusta mucho México, ¿verdad?


—No me gustan muchos lugares. No te lo tomes como algo personal. —A mí me gusta este sitio —metió la pajita en el orificio de uno de los zumos—. O al menos me gustaba. —¿Tienes idea de por qué alguien quiere matarte? —Ninguna. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 37—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Y secuestrarte? —Bueno, a mi madre no le falta el dinero. —Es raro —murmuró él—. Si persiguieran un rescate, deberían tener más cuidado con las balas. Y Enrique quería matarte, sin ninguna duda. Jane se quedó quieta ante ese recuerdo, que le perturbó mucho más que los traficantes de droga de la selva. Enrique había sido su amigo. ¿Por qué intentaría matarla? —Hablando de Enrique —dijo ella—, ¿está…? —¿Muerto? Eso espero. Jane también, algo tan inusual en ella que tuvo que contener un irritante deseo


de llorar. Aún no había llorado y no pensaba empezar en ese momento. —Tiene que haber dos grupos detrás de ti —murmuró Bobby—. Pero ¿por qué? Excelente pregunta. Jane siempre se había preguntado qué se sentiría al ser popular. No le gustaba. Observó a Bobby debatirse con el pequeño zumo en sus manos grandes. —Déjame a mí. —Yo puedo… —suspirando, le entregó el zumo y la pajita—. No puedo. ¿Por qué hacen estas cosas tan pequeñas? Aunque su gesto fue impaciente, Jane tembló cuando sus pieles se rozaron. —Son para niños —introdujo una uña en el agujero e insertó la pajita con facilidad—. No para el Capitán América —él emitió una risa breve y sorprendida—. ¿Qué? —preguntó Jane. —Mis hermanos siempre me han llamado G.I. Joe. Aún lo hacen. Le entregó el zumo y algunas galletitas. —¿Tu familia no aprueba tu carrera? —No les gusta cuando desaparezco. A veces pasan meses, incluso un año, sin recibir noticias mías. No puedo decir que los culpe. —¿Qué me dices de tu esposa?


Se puso rígido. —No estoy casado. Por su reacción, Jane dedujo que había más en esa historia, pero no lo conocía lo bastante como para insistir. «No está casado. Aleluya». Lucky se tumbó a su lado, llenándole de barro el muslo derecho. Después del día que había tenido, la suciedad adicional no llamaba la atención. Lo que daría por una ducha caliente y una copa de vino tinto. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 38—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Repartió sus galletitas con la perra. En vez de devorarlas como haría cualquier perro, Lucky las mordisqueó con delicadeza una por vez. —No deberías darle la mitad —protestó Bobby—. Los perros pueden pasar mucho tiempo sin comer. —No podría disfrutar de mi parte si Lucky estuviera hambrienta. —Jamás he entendido a las personas que tratan a sus mascotas como si fueran hijos. —Nunca trataría a Lucky como a un hijo. Ella no lo permitiría. Es mi amiga —


palmeó la cabeza huesuda—. ¿No tienes mascota? —Ni siquiera tengo una dirección. —Pregunta estúpida. Quería decir si nunca habías tenido una mascota. —En realidad, no. Los perros de granja son animales de trabajo. Los gatos vienen y van… y se multiplican como conejos. Son cazadores y no precisamente dados a acurrucarse con humanos. Y no es que yo lo fuera a hacer. Puso una expresión varonil y flexionó los músculos. Jane rió, a pesar de que le habría gustado tirarse sobre su regazo y tocar esa piel ondulante y bronceada. Volvía a atacarla la fiebre de la selva. —Es extraño cómo pueden diferir la realidad y las creencias —murmuró ella. Al ver que la miraba con curiosidad, continuó—: Casi siempre he vivido en grandes ciudades y en pisos. Pensaba que todos los chicos de campo tenían mascotas y los envidiaba. Yo no podía tenerla porque mi madre era alérgica a los gatos. —¿Y qué me dices de un perro? —Los perros y los apartamentos no encajan muy bien. O al menos ésa había sido la excusa de su madre. Cuando la mandaron al internado, el tema había perdido relevancia. Su deseo infantil de tener una mascota explicaba por qué se había enamorado


de Lucky a primera vista. O tal vez fuera su falta de amigos y el deseo compulsivo de ayudar a cualquiera que considerara desvalido. —Jamás se me ocurrió pensar que en una granja los animales son para trabajar. —O comida —añadió. Ella hizo una mueca—. No serás vegetariana, ¿verdad? —No, pero prefiero no conocer a mis alimentos, ni reconocer que en una ocasión pudieron ser peludos y graciosos. Me gusta que mi sustento esté empaquetado en plástico con una bonita etiqueta con su precio en la parte delantera. Él movió la cabeza. —Entonces, ¿por qué estás aquí? —Porque puedo establecer una diferencia. La miró largo rato, y luego asintió. —Yo también. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 39—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Vio que la comprensión se extendía por el rostro de la doctora Harker. Los dos querían salvar el mundo… de diferentes maneras. También vio el momento exacto en que ella rechazaba su manera y se ponía


rígida. —¿Matar a gente puede marcar una diferencia? —Si son las personas adecuadas —emitió un sonido disgustado y comenzó a buscar otra vez en su mochila—. Hago más que matar. Lo miró. —¿Como qué? «Mentir. Engañar. Robar. Infiltrarme. Buscar. Destruir». Dudó que Jane aprobara sus actividades habituales. —¿Hay algo más ahí? —señaló la mochila. La noche se acercaba. En poco tiempo sólo se tendrían el uno al otro. Y a la perra. —Galletitas para perros —anunció. —¿Es eso un eufemismo para…? —¡Eh! —sacó dos cajas amarillas con animales en los costados—. Son realmente galletitas para perros. Cerebro de mosquito. Bobby sonrió. La doctora Harker se parecía mucho a su hermana, y ésta le encantaba. Diablos, le encantaba Jane. Lo cual era muy raro. Era todo lo que habitualmente le irritaba. Una filántropo que se metía en situaciones imposibles. Un corazón sangrante que se mofaba de las necesidades


militares. Desde luego, eran los primeros en gemir pidiendo ayuda en una crisis. Bastaba con mirar a la madre de ella. Jane tiró sobre su regazo una de las cajas de cartón. —A mi sobrina le encantan —murmuró él. —¿Te llevas bien con ella? —Nunca la he visto. —¿Es que vive en Botswana? —Entonces la habría visto. Vive en Illinois, cerca de mis padres. —¿Cuándo fue la última vez que estuviste en casa? —No estoy seguro. En todo caso, antes de que naciera mi sobrina Zsa Zsa. Le habían ofrecido permisos. Pero siempre había elegido otra misión. —Iré a casa en cuanto tú estés a salvo —dijo. —¿Lo prometes? La miró a los ojos. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 40—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Estarás a salvo. Lo prometo. Ella puso los ojos en blanco. —Eso no. Promete que irás a casa.


—Supongo. —¿Por qué es tan malo ir allí? —Nada —justo antes de conocerla, incluso estaba echándolo de menos—. Es que… ¿Cómo explicarle que la granja que significaba tanto para sus padres, para sus hermanos, no significaba nada para él? Cada vez que iba allí, sólo pensaba en marcharse. No le gustaba sembrar; no soportaba a las vacas. Quería a su familia, pero… —La granja no es para ti —concluyó Jane. Bobby asintió. —La vida de mi madre no es para mí. Reuniones, fiestas, poder. No entiende cómo puedo preferir una cabaña a un ático. —Ahí he de estar de acuerdo con ella. —¿A ti te gustaría vivir en un ático? —Sólo si fuera una buena manera de infiltrarme en una organización terrorista. Ella movió la cabeza. —¿Por qué ves un terrorista a la vuelta de cada esquina? —Porque lo hay. —Paranoico —musitó.


—No en mi mundo —en su mundo, había un terrorista en cada esquina. —No me gusta tu mundo —dijo ella. —A mí tampoco me entusiasma mucho. —¿Por qué no lo dejas? Su madre le hacía la misma pregunta cada vez que hablaba con ella, y le dio a Jane la misma respuesta. —Si no intento salvar el mundo, ¿quién lo hará? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 41—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 5 Jane estaba con la cabeza apoyada en la mochila, mirando las estrellas. Bobby quería salvar el mundo. Eso le resultó más atractivo que los ojos azules y los enormes bíceps. Era un deseo necio pero admirable. Un objetivo que podía respaldar, ya que ella tenía el mismo deseo. Era interesante que sus ambiciones fueran las mismas, pero sus métodos completamente diferentes. Mirar el cielo le hizo ver la verdad. Bajo la inmensidad de un universo sumido en la medianoche, su vida parecía muy pequeña.


Los hombres que intentaban matarla debían de haber llegado a la misma conclusión. Tembló, a pesar de que la noche era cálida. Colocó la mano sobre la cabeza de Lucky, que estaba apoyada contra su pierna, y se movió para poder ver a Bobby. Estaba sentado de espaldas a la pared de tierra, con el rifle sobre las rodillas. Había dicho que mantendría la vigilancia hasta el amanecer. Supo que lo haría. —Creo que nunca me he quedado despierta toda la noche —murmuró. Los ojos de él, que habían estado escudriñando los árboles, el valle y el cielo, se posaron en ella. —¿Y qué me dices de una fiesta de chicas? —Jamás he oído hablar de eso. —¿Dónde has vivido, bajo una roca? —En un internado. Se parecen. —En ese caso, habría imaginado que cada noche sería una fiesta de chicas. —Nunca has estado en un internado femenino, ¿verdad? —No —suspiró con exagerada decepción, lo que hizo que ella riera. —Era demasiado alta y demasiado… robusta para ser popular. Demasiado intelectual para ser ingeniosa. —Eso no suena muy divertido.


Jane no quería recordar su pasado; quería oír hablar del de Bobby. ¿Qué clase de familia producía soldados? —¿Tienes un hermano y una hermana? —Tengo cuatro hermanos y una hermana. Una familia granjera… necesita mucha mano de obra. Todos nacimos con un año de diferencia. —¿Y tu madre no está psicótica? —Depende del día en que le hables. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 42—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Jane ladeó la cabeza, pero él sonreía. —Mi madre era dura con nosotros. No pude llegar más allá de esa mujer. Teniendo en cuenta que crecimos sin convertirnos en asesinos en serie o en vagabundos, lo hizo bien. —¿Y en qué te convertiste tú? —Mi hermano mayor casi llegó a ser cura. Aaron es… bueno, un bienhechor profesional, a falta de un término mejor. Su esposa y él dirigen un albergue para jóvenes que se han fugado de casa en Las Vegas. Sonaba como algo a lo que a la senadora le interesaría patrocinar. Si podía obtener suficiente publicidad.


—Mi hermana, Kim, estudia Derecho, algo sorprendente, ya que tiene una hija de dos años. Su marido es agricultor, igual que mi hermano, Dean. —¿Dean es el zurdo? —Sí. Hace unos años comenzó a encargarse de la granja, aunque no sin oposición. Mi padre aún no estaba listo para ceder las riendas. Hasta que le dio un ataque al corazón. Mi madre y él viven en la casa grande, y Dean comparte la cabaña del trillador con su hijo. —¿Y su esposa? —No hay esposa. Sólo Tim. —¿Cómo ha conseguido eso? —Tim fue abandonado en Las Vegas. Mi sobrina lo llevó a casa. —¿Como un cachorro? —Suele hacer eso. Igual que su padre. —Muy precoz para ser tan pequeña… —No me refiero a Zsa Zsa, sino a Rayne. A Jane le dio vueltas la cabeza con tanto nombre. —¿Cuántas sobrinas tienes? —Zsa Zsa, su verdadero nombre es Glory, es la hija de Kim. Rayne, de catorce años, es hija de Aaron y luego está la última hija de Aaron, Faith. Es… nueva.


—¿No sabes los años que tiene? —En ese momento me encontraba fuera del país. Me alegro de haber recordado su nombre. —¿Y sobrinos? —Uno —frunció el ceño—. Dos. —¿La familia se amplía con tanta rapidez que te cuesta seguirle la pista? —Bastante. Mi hermano menor, Evan, acaba de casarse. Su esposa y él tienen una posada en Arkansas. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 43—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Jane contó mentalmente. —Te falta uno. —¿Qué? —Un hermano. Aaron. Dean. Evan. Eso te deja a ti y a… —Colin. El modo en que dijo el nombre, para luego mirar al cielo, inquietó a Jane. Se le ocurrieron un montón de cosas malas que podrían haberle pasado a Colin. La


maldición de ser médico. —¿Esta bien? —preguntó cuando él no bajó la vista de las estrellas. —Mejor que yo —musitó—. Duerme un poco, Jane. Mañana podría ser un día más duro que hoy. Abrió la boca para preguntar más, y luego se lo pensó mejor. Bobby había respondido cada pregunta, excepto la última, con absoluta sinceridad. Había que respetar su renuencia a hablar de un hermano. Entonces, ¿por qué eso avivaba aún más su curiosidad? Jane se despertó en la fase más oscura de la noche, después de que la luna hubiera desaparecido y antes de que hubiera salido el sol, con un deseo intenso de orinar. Miró a Bobby, que parecía dormir… aunque habría jurado que acababa de ver un punto blanco… como si todavía tuviera los ojos medio abiertos. Eso le perturbó. ¿Debería despertarlo para pedirle un pase para ir al bidé de la selva? La idea le mortificaba. No había necesitado permiso de nadie desde terminar el instituto. Se sentó. Lucky se levantó de un salto. —¿Tú también tienes que ir? Es apropiado.


Bobby no se movió mientras se dirigían a los árboles. Aún mantenía la clara impresión de que estaba vigilándola, de modo que cuando no le pidió que se detuviera, se metió en el follaje con Lucky. Después de completar lo que habían ido a hacer, Lucky trotó hacia el agua y Jane la siguió. Ya que estaba ahí, bien podía lavarse la cara y los dientes. Tenía la impresión de que Luchetti no iba a conceder mucho tiempo para el aseo. Llegó a las pequeñas cuencas llenas de agua y vio que Lucky ya se había metido en el barro. —Como sigas así, no te van a dejar subir al avión. De hecho, ni estar en Washington. Menos mal que no pensaba quedarse allí. Se arrodilló junto al charco más grande. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 44—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —En cuanto mi madre pierda la cabeza, nos largaremos de nuevo. Bobby también se largaría. Probablemente, ese mismo día. El pensamiento le produjo melancolía. Irritada por apegarse a alguien tan deprisa, ahuecó las manos para recoger agua templada y se lavó la cara. El sonido suave de unas botas hizo que abriera los


ojos. —¿Bobby? —dijo en el momento en que Lucky emitía el gruñido que reservaba para los traficantes. —¡Jane! No estaba orgulloso. Había gritado en la selva con la esperanza de que ella respondiera. Que no lo hiciera le preocupó mucho. No podía haber ido demasiado lejos. Sólo hasta el agua. Quizá le avergonzara contestar mientras estaba ocupada en una necesidad íntima. —¡Lucky! La única razón por la que Jane y Lucky habían podido alejarse sin que él se diera cuenta era porque había centrado su oído en los sonidos nerviosos de los animales. Al no captar ninguno, no se había despertado. —¡Estúpido! —musitó—. Sólo confía en ti mismo. En nada y en nadie más. Como el perro tenía mejor oído y una disposición más desagradable, llegó a la conclusión de que nadie había entrado en el campamento para llevárselos. Jane y Lucky se habían ido por voluntad propia, lo que significaba que debían de andar


cerca. Entonces, ¿por qué no respondían? La tierra en su elevación estaba seca y dura. No había huellas que poder seguir. Pero al acercarse al agua, descubrió una pisada y una marca de pezuña. —¡Jane! ¡Lucky! —su voz sonó enfadada y asustada… justo lo que sentía. Como estuviera jugando con él, le… No podría patearle el trasero, pero ya se le ocurriría algo. Sin embargo, si no lo estaba haciendo… y cuanto más tiempo pasaba menos probable le resultaba, los dos se hallaban en serios problemas. Aterrado de encontrar el cadáver de Jane o algo peor, corrió hacia el agua y encontró más pezuñas, al igual que pisadas. Mucho más grandes que las de Jane. Por desgracia, en cuanto llegaron a la selva, las huellas desaparecieron. El terreno estaba demasiado seco. De modo que siguió el procedimiento, inspeccionar en círculos cada vez más amplios hasta adentrarse más y más en los árboles, pero no encontró nada. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 45—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Lo cual era imposible e irritante. Se detuvo y miró hacia el cielo veteado de


rosa, naranja y rojo. Era como si Jane y Lucky hubieran sido arrancadas de la selva. Disgustado consigo mismo, casi pasó por alto la única pista que tenía. Una ramita rota y la mitad de la huella de una bota marcada en el terreno más blando y húmedo bajo un helecho. Iba en la dirección correcta. Como no había encontrado sangre ni cuerpos, quienquiera que se hubiera llevado a Jane y a Lucky no los quería muertos. Todavía. Lo cual era muy extraño. El día anterior no habían sido tan quisquillosos. ¿Eran los mismos tipos con órdenes distintas o se trataba de otros hombres? Lo único que realmente importaba era quién daba esas órdenes. Habían conseguido una buena ventaja. No obstante, terminaría por alcanzarlos. Lo que no entendía era por qué lo habían dejado con vida. No es que hubieran podido llegar a matarlo… no había estado tan dormido. Sin embargo, tenían que saber que los seguiría, y que estaría enfadado. Se detuvo en seco en mitad de la selva. ¿Qué perseguían? ¿Era posible que esos secuestradores quisieran ponerle las manos encima a él y no a Jane?


No tenía sentido; nadie debería saber que se hallaba allí. Además, no había hecho nada secreto o turbio en México. —Últimamente —musitó. Continuó, tratando de acelerar el ritmo, pero tener que detenerse en busca de pistas no ayudaba. Los secuestradores no seguían un sendero, o al menos no uno que él pudiera ver. La selva era densa y el terreno seco. Pero no lo llamaban G.I. Joe por nada. Podía perder el rastro de vez en cuando, pero siempre volvía a encontrarlo. El amanecer dio paso a media mañana. Se adentró en la espesura de Quintana Roo. Se alejaban de Puerto. Llegó a un río pequeño, casi un arroyo. Se agachó en la orilla y se refrescó la cabeza. Con agua goteándole por la cara y el cuello, estudió la zona. Un trozo de algo amarillo sobresalía en la otra orilla. Cruzó, sintiendo cómo el agua cálida le aliviaba los pies. Se inclinó y recogió una pieza suelta de cartón. Jane estaba viva. Con una leve sonrisa, se guardó la caja vacía de galletitas de perro en el bolsillo y luego se quedó quieto. Un chapoteo fue la única advertencia que recibió antes de que alguien lo golpeara en la cabeza.


O intentara hacerlo. En el instante en que oyó el sonido, Bobby se agachó, escoró y giró. La culata de un rifle impactó en su hombro. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 46—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Apretó los dientes contra el dolor, y luego sujetó el arma y se la arrebató a quien parecía ser un guerrillero profesional. Lo golpeó en la mandíbula. Su agresor cayó y no se levantó. Mientras dormía, Bobby le quitó todos los juguetes: una AK—47, una Beretta de 9 milímetros y un machete enorme. El sujeto llevaba pantalones y camisa de camuflaje, botas militares y hasta la cara pintada a juego con la indumentaria. —Amigo, te has tomado muchas molestias. Cuando el tipo movió los párpados, le puso el machete en el cuello. Abrió los ojos de inmediato. —¿Quién eres? —interrogó. —No hablo. —Será mejor que hables o te hago una traqueotomía aquí mismo. Pinchó la piel y manó sangre. Igual que palabras. Por desgracia, todas en español. —Aguanta —espetó Bobby. El hombre sabía lo suficiente como para


callarse. Probablemente más por la presión de la hoja que por las palabras de Bobby. La gente al norte de Río Grande creía que todos los que vivían al sur dominaban el inglés, pero no era así. Su idioma era el español. Únicamente los estadounidenses creían que todo el mundo en todos los países debería poder conversar en inglés nada más escucharlos. Bobby buscó mentalmente en su arsenal de español. —¿Quiénes? —Roberto. Tenían el mismo nombre. Qué oportuno. —¿Qué pasa? Se sintió tonto diciendo «¿qué pasa?», como en un serial barato, pero sus opciones eran pocas. El tipo empezó a farfullar otra vez. Captó algunas palabras. «Mujer». «Perro». Hasta ahí llegaba. —¿Por qué? —preguntó. —Ella debe morir. Después de afanarse en traducirlo, se dijo que si querían a Jane muerta, ¿por qué secuestrarla?


No sabía cómo preguntar eso. Pero sí podía preguntar dónde. —¿Dónde? —los ojos brillantes del hombre se movieron a izquierda, derecha, de vuelta a él, a la izquierda otra vez. —No sé. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 47—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿No lo sabes? ¿Y por qué no te creo? —presionó el machete con más fuerza contra el cuello de Roberto—. ¿Dónde? Roberto soltó todo lo que sabía. Era una pena que Bobby no entendiera nada. No tenía tiempo para descifrar las direcciones ni de preguntarle por qué no le había pegado un tiro… o al menos por qué no lo había intentado. Lo ató, echó las armas al agua y luego continuó siguiendo el rastro de Jane. A pesar del tiempo dedicado al interrogatorio, alcanzó a los otros a media tarde, cuando se detuvieron en una cabaña muy similar a la que Bobby había encontrado a Jane la primera vez. Fuera había varios sujetos parecidos a guerrilleros, con las armas relajadas y fumando. Habría pensado que había dado con una revolución, salvo que esas armas


eran demasiado modernas y caras para una fuerza rebelde. Únicamente los narcotraficantes compraban esos juguetes. Rodeó la zona y trató de descubrir qué tramaban. También quería cerciorarse de que Jane se hallaba dentro antes de hacer algo drástico. Al acercarse al lado sur de la cabaña, un gruñido familiar lo paralizó. Se asomó y vio a Lucky atada a un árbol, armando un gran alboroto. Esperó que no le dispararan a la perra con el fin de callarla. Teniendo en cuenta que le faltaba un ojo, Lucky veía bastante bien. Giró la cabeza en la dirección de Bobby y él se puso tenso, temiendo que lo delatara. Pero ella dejó de gruñir y se echó en el suelo, como si supiera que se encontraba allí para rescatarla y que sólo tenía que ser paciente. Si entraba disparando, moriría gente, y así como eso no le molestaba con los terroristas o los narcotraficantes, sí cuando los civiles inocentes se veían entre el fuego cruzado. Cuando los inocentes eran una mujer con una mente afilada y una boca aún más afilada, piel suave, cabello fragante y un cuerpo al que querría dedicar una semana para conocer, le molestaba más. Casi tanto como los sentimientos que ella le estaba inspirando.


De modo que fue a lo seguro. Incapacitó a los guardias uno a uno, luego se asomó por la única ventana, con la esperanza de tener una inspiración que le permitiera sacar a la doctora de la forma que le permitiera derramar la menos sangre posible. Un vistazo a la escena del interior y le costó recordar por qué no debía matarlos a todos. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 48—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 Jane no había dejado de recriminarse a sí misma por su estupidez desde el momento en que los hombres del Pequeño General se la habían llevado. Uno de sus sicarios había agarrado a Lucky y le había cerrado la boca con cinta de embalaje. Aunque eso no había frenado los gruñidos de la perra. Tuvo la desagradable impresión de que estaban reservando a Lucky como elemento posterior de persuasión. Había apodado a su captor como el Pequeño General porque le recordaba a Napoleón. De pelo, ojos y disposición oscuros… sin duda en lo último tenía que ver


algo su estatura. No tenía ni idea de quién era, pero él la conocía. Sin embargo, no conocía a Bobby, y ese hecho parecía tenerlo un poco desconcertado. —¿Quién es el soldado americano? —demandó—. ¿Por qué está aquí? Le dio una bofetada con el revés de la mano y Jane probó sangre donde sus dientes le habían arañado el interior del labio la última vez que la había golpeado. No pensaba hablarles de Bobby a menos que se viera obligada a ello. Hasta el momento, no le habían hecho nada que convirtiera hablar en algo inevitable. —¿Por qué un soldado estadounidense iba a rescatar a una necia doctora yanqui? —exigió el general—. No tiene sentido. De repente, Lucky dejó de gruñir. Eso no podía ser bueno. Jane desvió la vista a la ventana y el general insistió: —¿Cree que vendrá a buscarla? Eso será un poco difícil, ya que envié a Roberto a cortarle el cuello. Jane emitió su primer sonido. Rió. Justo ante la cara del general. Éste abrió mucho los ojos. La cara se le enrojeció. Jane pensó que la suya quedaría como si hubiera intercambiado golpes con un campeón de boxeo. Los últimos años había vivido en lugares duros, pero siempre había estado protegida, la habían respetado y querido. Nadie la había tocado con


violencia… hasta ese día. No supo cuánto duraría hasta ponerse a llorar. —Los idiotas deberían haberse deshecho de él cuando fueron a buscarla, pero tuvieron miedo —hizo una mueca de disgusto—. ¿Por qué es tan obstinada, doctora? El Pequeño General hablaba un inglés impecable. Debía de haber estudiado en Estados Unidos. Pero aparte de su voz refinada, Jane veía el animal que acechaba en sus ojos. Mostrarle miedo a un hombre así sería como mostrarle sangre fresca a un lobo. —¿Qué es suyo? ¿Mercenario guardaespaldas? ¿Protección alquilada por los desanimados Médicos de la Misericordia? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 49—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Como si éstos pudieran permitirse pagar a un mercenario. Razón por la que había tenido a Enrique, que había demostrado ser más mercenario de lo que ella había supuesto. Continuó con la vista al frente. El Pequeño General se adelantó para estudiar su cara. —¿Amante? —murmuró. Eso logró que lo mirara. Hizo una mueca burlona —.


Interesante. No tardará en reunirse con él, no tema. Jane puso los ojos en blanco. —¿Cree que no morirá? He de reconocer que ése no era el plan original. Pero las órdenes han cambiado. Desde que Enrique estropeó el trabajo, tengo que completarlo yo. Ya nos han pagado. Sin embargo, me inquietó mucho cuando uno de mis hombres trajo los caros artículos militares que desenterró en la selva. Lo que explicaba la desaparición del material de Bobby, aunque no cómo los habían encontrado. Estaba tan ansiosa por preguntarle al Pequeño General quién les había pagado y por qué, que entreabrió los labios. El hombre sonrió, pensando que soltaría todo lo que sabía a cambio de un minuto más de vida. No la conocía muy bien. Sonó un disparo. Jane reculó, anticipando el dolor de una bala, temerosa de que uno de los sicarios hubiera perdido la paciencia. Sin duda moriría por desobedecer órdenes, pero ella ya no estaría en condiciones de disfrutarlo. Abrió la boca cuando el matón más próximo a la puerta cayó. Lo siguió el que estaba junto a la ventana antes de que pudiera alzar su arma. La caballería había llegado. El Pequeño General la insultó en español. Apuntó su arma a la figura oscura que cruzaba la puerta, pero no logró disparar antes de que lo


hiciera Bobby. Se desplomó en el suelo a los pies de Jane y no se movió. No obstante, Bobby los desarmó a todos antes de desatar a Jane. —¿Lucky? —preguntó ella, temerosa de la respuesta que pudiera recibir. —Viva y quejándose del árbol al que la ataron fuera. Respiró hondo y sintió unas punzadas de dolor en las manos mientras él la liberaba. Comenzó a frotárselas, pero Bobby la envolvió en sus brazos. Sorprendida, sólo pudo quedarse quieta mientras él la abrazaba. Temblaba… parecía asustado, y eso carecía de sentido. No había imaginado que algo pudiera asustar a Bobby Luchetti. —¿Estás bien? —le preguntó Jane. Al principio, no contestó. Jane habría jurado que le olía el pelo antes de acariciarle la cabeza y luego soltarla. —Lo siento mucho —murmuró Bobby. Ella miró al Pequeño General. —Sí, probablemente no deberías haberle disparado. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 50—168 https://www.facebook.com/novelasgratis


Él entrecerró los ojos. Alargó la mano y con la yema de un dedo le tocó la mejilla y luego la boca. Jane comenzó a temblar. —Te hizo daño —dijo, como si eso lo explicara todo. Quizá así fuera. Se miraron durante varios segundos cargados. Algo había cambiado entre ellos, pero Jane no estuvo segura de lo que era. Entonces Lucky emitió un «wuuf» breve e impaciente y el hechizo quedó roto. Bobby comenzó a inspeccionar los bolsillos del Pequeño General. —¿Tienes idea de quién era este matón? —Ninguna. —¿Y ésos? —con el pulgar señaló a los otros. Jane negó con la cabeza—. Ninguna identificación —inspeccionó a los otros con igual resultado. Se apoyó sobre los talones y frunció el ceño—. ¿Qué quería saber? —Quién eras tú. Por qué estabas aquí. Unos sicarios suyos encontraron tus cosas cerca del poblado. Eso parecía tenerlo desquiciado. Bobby se pasó la mano por la cara antes de volver a mirarla. —¿Por qué no se lo contaste? —No lo pidió por favor. Además, si lo hubiera averiguado, nos habría matado a Lucky y a mí. Intentaba evitar eso.


—No habrías podido evitarlo para siempre. —Sólo necesitaba permanecer con vida hasta que tú llegaras. —¿Cómo sabías que lo haría? —Eres un soldado. ¿No es ése tu trabajo? Bobby se puso de pie moviendo la cabeza, y luego se asomó por el agujero en la pared. —Era mi trabajo rescatarte de unos narcotraficantes. —Lo acabas de hacer. —Luego sacarte de este país a salvo. —Aún no he muerto. —Lo he estropeado. —Soy yo quien se metió en la selva sola en la oscuridad. Eso fue una estupidez. —Debería… —Debería, tendría, podría. Olvídate de eso y larguémonos de aquí. —¿No estabas asustada? —la miró desconcertado. —Diablos, sí. —No parecías estarlo. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 51—168


https://www.facebook.com/novelasgratis —No habría ayudado. Creo que todo lo contrario. Los imbéciles como éstos disfrutan asustando a las mujeres. Yo disfruto fastidiando su disfrute — movió al Pequeño General con el pie—. Disfruté aún más cuando le fastidiaste el resto de su vida. —Creía que eras una pacifista. Que no querías tener nada que ver con armas y soldados. —Yo también lo creía. Pero he de reconocer, Luchetti, que me alegro de que estés aquí. Le alegraba su presencia. Vaya cambio. La pena era que Bobby se sentía vencido. —¿Por qué no debería haberle disparado? —con el mentón indicó al tipo que se había atrevido a pegarle a Jane. —Dijo que tendría que acabar el trabajo de matarme, ya que Enrique lo había estropeado. Ya les habían pagado. Jane salió de la cabaña y él la siguió. Fue directa hacia Lucky, quien comenzó a dar saltos de alegría al ver a su ama. —¿Pagado? —inquirió Bobby—. ¿Quién?


—Ni idea —soltó a Lucky, y permitió que la perra le bañara la cara con su amor—. Razón por la que no deberías haberle disparado. Al menos no hasta que hubiera soltado un nombre. —¿Crees que lo habría hecho? —Los tipos como ése siempre quieren contarle a sus víctimas todo, justo antes de matarlas. —En las películas, tal vez. En la vida real, no tanto. —¿En serio? Bobby asintió. —Imagino que nadie mejor que tú para saberlo —Jane miró alrededor del claro—. Sí dijo que sus órdenes originales no eran las de matarme. Me pregunto por qué habrán cambiado. —Supongo que nunca sabremos eso —gracias a su dedo impaciente en el gatillo. —¿Deberíamos enterrarlos? —preguntó ella. —Ellos no nos habrían enterrado a nosotros. —Eso no lo convierte en algo correcto. —No tenemos tiempo. Cuando estos tipos malos no aparezcan en el cuartel


general de los malos, otros tipos malos vendrán a buscarlos. Jane frunció el ceño. —¿No crees que éste fuera su cuartel general? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 52—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Averigüémoslo. Fue hacia el lugar donde había dejado a Roberto, con la idea de volver a interrogarlo, ya que el español de Jane era mucho mejor que el suyo. Por desgracia, alguien había llegado antes que ellos. Se detuvo y Jane chocó contra su espalda. Trató de evitar que viera el cuerpo, pero fue demasiado tarde. Emitió un leve grito de angustia al ver al hombre con el machete en el pecho. La instó a regresar a los árboles. —Necesitamos largarnos de aquí. —¿Crees que nos perseguirán por él? —miró por encima del hombro. —¿De qué hablas? —Estoy segura de que tuviste que hacerlo. Pero ¿eso no enfurecerá a los otros? —¿Crees que yo lo maté? —estudió su rostro, y no le pareció disgustada o


asustada, simplemente curiosa. Esa mujer no dejaba de sorprenderlo—. Lo até vivo al árbol. No podía permitir que advirtiera a sus amigos que iba a verlos. Pero no había ningún motivo para matarlo. —Entonces, ¿quién lo hizo? —Unos tipos a los que queremos evitar —musitó él—. Necesitamos llegar a Puerto. —¿A cuánto estamos? —No lo sé. Te llevaron en la otra dirección. Jane asintió con los hombros encorvados. Estaba pálida, lo que hacía que los golpes y la sangre sobresalieran incluso más que antes. Bobby quiso volver a matar a esos tipos. Sacó un pañuelo grande del bolsillo. —Quédate aquí —murmuró, y miró a Lucky—. Cuida de ella. La perra se sentó y miró a Jane como si fuera la última chuleta de una barbacoa. —¿Adónde…? Él alzó una mano. —Dos minutos. Regresó al arroyo e inspeccionó rápidamente el terreno alrededor del muerto. Huellas de botas. Nada útil. Dejó al hombre con el machete en el mismo sitio y mojó el pañuelo en el


agua. Jane se hallaba justo donde la había dejado. En cuanto salió de entre los árboles, Lucky trotó hasta él y apoyó la cara contra su rodilla. —Creo que te quiere. Horrorizado, miró a Lucky, que a su vez lo miraba con pura devoción. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 53—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué hice? —Salvar su vida. Igual que salvaste la mía. Miró a Jane. Por desgracia, los ojos de ella no mostraban la misma devoción. Le ofreció el pañuelo mojado. Lo miró confusa. —Para tu cara. El agua del arroyo está fría —se encogió de hombros—. Es lo mejor que puedo hacer ahora mismo. Ella sonrió, pero hizo una mueca, ya que la expresión tensó el corte en el labio. Aceptó el pañuelo y se limpió la cara; luego lo presionó contra los hematomas. Bobby suspiró y se adentró en la selva. —¿Tan mal aspecto tengo? —se apresuró en alcanzarlo. —No —mintió—. Apenas un rasguño.


Hasta Lucky bufó al oír eso. No encontraron más arroyos. Ninguno de los dos tenía una aspirina y las tiritas de Jane serían inútiles en dos ojos morados y un labio hinchado. Sorprendentemente, nadie los siguió. Eso puso a Bobby aún más nervioso. Al menos quedaban dos tipos de la banda vivos; probablemente, más. Entonces, ¿por qué no los seguían con ánimo de venganza? Llegaron a Puerto sin mayores incidentes, mucho después de que el sol se pusiera en el horizonte. La ciudad era lo bastante grande como para tener un hotel decente con restaurante, pero no tanto como para mostrar farolas en cada esquina. Pudieron escabullirse en las sombras, manteniendo oculto el rostro magullado y ensangrentado de Jane. Cerca del Hotel Puerto, Bobby se quitó la pistola y se la entregó a Jane con la mochila y el rifle. —Dudo de que me den una habitación si aparezco armado, con una mujer golpeada y un perro tuerto. ¿Estarás bien unos minutos? Pudo conseguir dos habitaciones contiguas en la parte más alejada del hotel, lejos del vestíbulo. De esa manera, no tendrían que subir a Lucky con una cuerda hasta la primera planta.


—¿Estuvieron de acuerdo con la perra? —preguntó ella mientras Bobby le entregaba una llave. —Lo que no sepan no los perjudicará. —¿No se lo contaste? —No lo preguntaron. —Pero… —¿Es que Lucky piensa destrozar la manta? ¿Orinar en la alfombra? ¿Arañar la pared? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 54—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Jane se puso rígida. —Claro que no. —Entonces, se comporta mejor que la mayoría de los huéspedes. No hay otro hotel, Jane. Y tú necesitas comer y dormir. Igual que yo. Ella asintió. Subieron a la primera planta, siempre la mejor elección para la seguridad, y Jane abrió la puerta. —Un momento —Bobby entró primero. La habitación era pequeña, un poco destartalada, pero limpia. Aunque era


improbable que alguien supiera que estaban allí, Bobby comprobó el armario, el baño y miró debajo de la cama. Lucky entró, olisqueó una de las camas dobles, luego la otra, y eligió la primera. Jane depositó la mochila en la cómoda. Inclinándose, se miró en el espejo y con suavidad se tocó la hinchazón del ojo. —Me mentiste. Bobby, que había estado buscando una cubitera, se detuvo. —¿Sí? —Dijiste que no estaba tan mal. —No lo estás. —Supongo que has visto cosas mucho peores. Ella ni se lo imaginaba. Se encogió de hombros y lo dejó ahí. —Iré a buscar un poco de hielo. —Gracias. —Luego pediré algo para comer. Es mejor que no nos vean por ninguna parte. Con cautela ella se examinó el labio inferior inflamado. —Voy a llamar a mi superior —añadió Bobby —y dispondremos de un avión a primera hora de la mañana.


—De acuerdo. Cuando regresó, llamó a la puerta antes de abrirla un poco. —Pasa —estaba sentada en la cama junto a Lucky; las dos se hallaban casi dormidas—. No sé si podré mantener los ojos abiertos durante la cena. —Date una ducha. Eso te ayudará a mantenerte despierta. Necesitas comer, Jane. Se miró. —Por si no lo has notado, perderme unas comidas no me hará ningún daño. Él frunció el ceño. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 55—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —No pienso devolverte a tu madre enferma y medio apaleada. —Mi madre fue quien me dijo que podía perder unos kilos. —Entonces, es tu madre a la que habría que examinarle la cabeza primero. Volvía a discutir con ella. No era tan dócil y complaciente como unos momentos atrás. Se sintió mucho mejor. —Ducha —con el pulgar indicó el cuarto de baño—. Hielo. Comida. Dormir. Ella lo saludó con gesto militar. —Sus deseos son órdenes, capitán.


Jane activó el cierre de seguridad de su puerta, y luego hizo lo mismo con el pomo de la puerta del baño. Una tontería, porque los tipos que iban tras ella se reirían de unas medidas tan patéticas. Su mejor apuesta era el hombre del cuarto de al lado. Bobby jamás dejaría que alguien le hiciera daño. Se quitó la ropa ensangrentada, sucia y sudorosa y la tiró a la basura. No podía creer que hubiera tenido la previsión de meter un segundo conjunto en su mochila, pero lo había hecho. Al quitarse la venda del tobillo, le sorprendió descubrir poca hinchazón y nada de dolor. A veces, si la lesión se vendaba bien y rápidamente, y era algo menor, no requería ninguna otra atención médica. Su muñeca estaba amoratada y en vías de cura. El agua caliente le pareció algo celestial sobre el cuerpo, pero le aguijoneó la cara. Necesitaba hielo para mitigar la inflamación y el dolor. Lucky metió la cabeza en la ducha y un río de barro remolineó hasta desaparecer por el desagüe. —Será mejor que también te metas aquí —dijo Jane—. O ni sueñes con dormir en la cama. La perra se metió primorosamente… Jane a veces creía que el animal


entendía todo lo que oía. Compartió su champú con Lucky y al rato ambas relucían. Luego compartieron el secador. Jane se miró en el espejo e hizo una mueca al ver el rostro hinchado y amoratado. Su madre iba a recurrir a ese incidente para tratar de convencerla de quedarse definitivamente en Estados Unidos. No se lo iba a permitir. Se marchitaría en Washington. Ella quería ayudar a los desvalidos. Necesitaba ser necesitada. No era feliz hasta no trabajar en un país sumido en una serena desesperación. La senadora jamás había entendido eso. Hurgó en la mochila en busca de los pantalones cortos y la camiseta que había metido dentro. Nada de ropa interior, lo que le hizo comprender que había estado moviéndose por la selva sin braguitas ni sujetador. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 56—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Menos mal que no lo había recordado antes. De haber sabido que había estado así entre esos maleantes, habría estado mucho más nerviosa. Como si fuera


posible. Pensándolo bien, ninguno la había devorado con la mirada, ni se había comportado de ninguna de las maneras que habría esperado que mostraran con una mujer desvalida a su merced. Lo que era abiertamente extraño y un poco insultante. —Idiota —musitó—. ¿Habrías preferido lo contrario? La idea le produjo un escalofrío, y luego no pudo parar. Miró la cama, la manta, la almohada. —Sólo un minuto —se advirtió—. Sólo para entrar en calor. Dejó la toalla mojada y se metió entre las sábanas. Al instante estaba dormida. Un momento después, empezó a soñar. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 57—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 Para cenar, Bobby habría preferido un chuletón, patatas asadas y judías verdes, acompañado de una botella de vino tinto. Lo que recibió fue unas enchiladas de


carne y pollo, arroz, frijoles refritos y tequila. Se había dado una ducha mientras esperaba la cena. Había logrado llamar a su superior después de haber lavado su camiseta y calcetines en el lavabo. No le quedaba otra opción que seguir con los pantalones sucios. —¿La mujer no fue secuestrada? —preguntó el coronel Delray. —No cuando llegué aquí. —Es extraño. —Quizá debería mantener una conversación con la senadora. —Quizá debería. —Y dígale que Jane está bien… —¿Jane? —murmuró el coronel, con una mezcla de diversión y advertencia en la voz. —Pasar veinticuatro horas al día huyendo por la selva para salvar la vida elimina la formalidad, señor. —No olvide quién es usted —dijo Delray—. Y quién es ella. Bobby frunció el ceño. ¿Por qué había considerado necesario el coronel recordarle eso, como si fuera un niño incapaz de permanecer en sus pantalones en presencia de una mujer?


Conocía las reglas. La confraternización en una misión podía meterlo en problemas. Pero si por alguien valía la pena correr… —La doctora necesita dormir —soltó—. Mucho. No se la debería molestar esta noche. —No se preocupe, Luchetti, apaciguaré la histeria de la senadora. Me aseguraré de que no llame a su hija y enviaré un avión por la mañana. —Quizá también quiera preparar a la senadora. —¿Para qué? El coronel era un buen soldado, pero hacía tiempo que no salía de misión. No recordaba, o tal vez había elegido olvidar, todo lo que podía salir mal en una misión. —Su hija está un poco magullada. —¿Cómo de magullada? Maldita sea, Luchetti, estamos hablando de una senadora de Estados Unidos. Se lo comerá vivo cuando se entere de que ha dejado que esos monstruos mancillaran a su hija. —¿Mancillar? Oh, no, señor. Nada de eso. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 58—168 https://www.facebook.com/novelasgratis


Aunque no dudaba de que habría sido lo que hubiera pasado en cuanto hubieran conseguido la información que buscaban. —¿Qué, entonces? —La golpearon. —¿Cuánto? —Lo suficiente. Parece haber chocado de cara contra un muro de ladrillos. El coronel suspiró. —La senadora se va a irritar. Nada la pone más furiosa que cuando los artículos están físicamente dañados. —Yo pensaría que va a sentirse feliz de que Jane esté viva —expuso Bobby. —Eso pensaría usted, ¿no? Frunció el ceño ante la irritación que captó en la voz del coronel. ¿Qué problema iba a representar la senadora Harker? —Métala en ese avión, Luchetti. —Sí, señor. —Luego hablaremos de su siguiente misión. —¿Estará usted en Fort Bragg, señor? —No. Yo estaré en el avión. —¿Qué? La sorpresa hizo que se olvidara del habitual «señor» con el que cerraba todas


sus intervenciones. El coronel no pareció notarlo. —Intentamos mantener este desastre contenido. La senadora insiste en que sea yo quien recoja a su hija. Así que lo veré por la mañana. Colgó. Bobby miró el teléfono unos segundos. La senadora debía de tener mucho poder, o una boca muy grande, quizá ambas cosas, para que se le concediera ese trato. La comida llegó y firmó el recibo. Luego empujó el carrito hacia la puerta de Jane. Al llamar, nadie contestó. Al principio no se preocupó. Incluso al oír los leves gemidos, supuso que eran de Lucky, visualizando a la perra en la cama, moviendo las patas mientras perseguía a conejos y ardillas en un bosque imaginario. Incluso sonrió al pensar eso, cuando desde el otro lado le llegó un grito. Sin titubear ni un segundo, alzó la bota y pateó la puerta. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 59—168 https://www.facebook.com/novelasgratis El sueño de Jane era igual a cientos que ya había tenido. Alguien moría y ella no


podía curarlo. Lógicamente, sabía que era una doctora, no dios. La gente moría. Pero eso no significaba que tuviera que gustarle o aceptarlo. La familiar roca de desesperación se asentó en su estómago, haciendo que se agitara, que gimiera, que despotricara contra el destino, Dios y la medicina moderna. Para lo que le sirvió… Se encontraba en medio de un cementerio. Saber que ya había tenido ese sueño no mitigó su tristeza ni la hizo menos opresiva mientras caminaba entre las interminables hileras de lápidas, todas marcadas con el nombre de sus fracasos. Mirando alrededor, esperaba que alguien, cualquiera, compartiera su dolor, pero en ese momento se hallaba tan sola como lo había estado toda su vida. Las lágrimas brotaron de sus ojos y un grito ínfimo escapó antes de que pudiera empujarlo de vuelta a la oscuridad a la que pertenecía. De pronto se oyó un ruido sordo, el ladrido de un perro, y luego apareció una sombra grande. Corrió, aunque no tenía ni idea de adonde iba ni pista de dónde se encontraba. El cementerio se había convertido en una selva. Sin embargo, sin importar adonde


corriera, ni la velocidad que adquiriera, alguien le pisaba los talones. Cuando intentó llamar a Bobby, le dio la impresión de que tenía la boca pegada. Las palabras se le atragantaron en la garganta, borboteantes, desesperadas por escapar, pero sabiendo que no había ninguna salida. Luchó contra la noche, el silencio, el frío, y en la distancia alguien pronunció su nombre. —¡Socorro! —gritó. Lo único que oyó fue una súplica apagada de unos labios que seguían sin abrirse. Se esforzó más, y la palabra al fin estalló, tan alta que despertó. La habitación estaba a oscuras, pero no tanto como para no poder ver al hombre inclinado sobre la cama. Se incorporó hasta erguirse y las sábanas se acumularon en torno a su cintura. El frescor de la habitación hizo que los pezones se le contrajeran. Se había quedado dormida sin ponerse ninguna ropa. Se llevó la sábana al pecho, en el momento en que la sombra murmuraba: —¿Jane? Debería haber reconocido a Bobby de inmediato por la anchura de sus hombros, aunque hubiera obviado los saltos de increíble felicidad de Lucky. —¿Te encuentras bien? —preguntó él. —Sí —la mano le tembló al apartarse el cabello de la cara—. ¿Cómo has


entrado? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 60—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Él se encogió de hombros, el movimiento telegrafiando su vergüenza, y su falta de camisa. Confusa, miró hacia la fina franja de luz que entraba desde el pasillo. La puerta colgaba de los goznes. —¿Qué día…? Buscó con frenesí alguna prueba de un intruso, pero el resto de la habitación se hallaba en sombras, igual que la cara de Bobby. —Lo siento —musitó él—. Gritaste, pero la puerta estaba cerrada. —¿Has derribado la puerta? —Perdí la cabeza. Jane miró la puerta estropeada, y luego a ese hombre. ¿Por qué la sobrecarga de testosterona y las tácticas de neandertal le resultaban tan atractivas como su torso desnudo? Quizá sin ellas, se hallaría bajo tierra… y no el cementerio de un sueño. —¿Tuviste una pesadilla? —insistió él. —Sí —odiaba esos sueños. Los escalofríos se convirtieron en temblores.


—Hace demasiado frío —Bobby encendió la luz y comprobó el termostato —. No me extraña —movió el dial—. Averiado. No puedes dormir aquí. Sin aguardar permiso, la alzó en brazos con la manta y salió de la habitación. Aunque se hallaba completamente tapada, la fricción de la tela entre su piel desnuda y la de Bobby creó una sensación que fue directamente a su estómago, y luego más abajo. —No puedes dormir en una habitación con una puerta cerrada —la cama se hundió cuando Bobby se sentó junto a ella—. No en esta ciudad. En ninguna ciudad. Fue a levantarse, pero Jane descubrió que se aferraba a él. Las últimas brumas de su sueño desaparecieron, convirtiéndose en algo tan etéreo como el olor de Bobby Luchetti y el jabón del hotel. —Eh —musitó él con tono preocupado—. Ya nunca volverá a hacerte daño. Durante un instante, la mente de Jane estuvo en blanco. Luego entendió que hablaba del Pequeño General. —Sólo ha sido un sueño —susurró Bobby. —No. Él se puso rígido y miró hacia la puerta. —¿Hubo algo más? —No —le costaba pensar mientras él le acomodaba la cabeza bajo su barbilla


—. Quería decir que tuve un sueño, pero no con él. —Oh —sonó desconcertado—. ¿Sobre qué, entonces? —El mismo de siempre. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 61—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Quieres hablar de ello? —No especialmente. Estaba acostumbrada a esa pesadilla, y no podía hacer nada con las imágenes que le enviaba su subconsciente. Se hallaba igual de impotente que ante ciertos cánceres. —Supongo que tú también tienes pesadillas —comenzó. Se puso tenso y Jane quiso golpearse. Claro que las tenía. No era de extrañar que rara vez durmiera. No podía ni quería imaginar las cosas que había visto y hecho. —Lo siento. No es asunto mío. Bobby permaneció en silencio, pero al menos no se apartó. Era tan grande, e irradiaba calor como el sol del mediodía. Aunque ella distaba mucho de ser


pequeña, a su lado se sentía diminuta… protegida y atesorada. Se acercó a él y le pasó una mano alrededor de la cintura. Su piel era cálida, suave y dura, y le fue imposible dejar los dedos quietos. Lo acarició hasta que, poco a poco, se relajó y esa increíble tensión abandonó su cuerpo. —Deberíamos cenar —murmuró Bobby. —Todavía no. No quería soltarlo. A él no pareció importarle. Las manos de él le acariciaron la espalda con un patrón rítmico y tranquilizador. Lucky, aburrida, saltó a la otra cama, suspiró y se echó. —Lamento ser… —no pudo pensar en una palabra adecuada que describiera su estado. —¿Una chica? —aportó Bobby. —¿Una chica? —su voz sonó un poco fría. ¿Se suponía que eso era un insulto? No lo supo. Bobby rió. —¿Por qué a las chicas ya no les gusta ser una chica? ¿Qué tiene de malo ser suave, dulce y…?


—¿Qué? —susurró ella. —Femenina. —¿Crees que soy… femenina? —Oh, sí. La voz de él fue un murmullo ronco y sexy en la oscuridad de la noche tropical. Deslizó la mano por la curva de su cadera y la dejó allí. Nadie la había llamado jamás «femenina». Era demasiado robusta, demasiado alta. Por supuesto, comparada con él, no era ninguna de las dos cosas. La idea fascinó y excitó a Jane. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 62—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Bajo la palma de su mano, los músculos del estómago de Bobby se movieron, y antes de poder contenerse, le acarició con el dedo pulgar. Él contuvo el aliento y los músculos dejaron de moverse. Apretó los dedos contra la cadera de Jane, acercándola. Las manos abandonaron el escudo de la sábana y se posaron en su piel. A ella no le importó. Aunque no había soñado con el Pequeño General y sus matones, eso no significaba que no fuera a hacerlo si surgía la oportunidad. Y no la quería; quería ésa, con Bobby. Si él estaba ahí, ya no tendría más pesadillas. Una creencia tonta, pero se aferró a ella igual que a él.


—No… —comenzó y él apartó la mano como si Jane hubiera estallado en llamas —pares —finalizó ella—. No pares —susurró—. No te vayas. No me dejes. Esta noche. Él titubeó y ella decidió jugar su última carta, retrocediendo justo lo suficiente para dejar que la sábana cayera hasta su cintura. Bobby se paralizó con la vista clavada en sus pechos, fascinado, como si nunca antes hubiera visto alguno. Alargó la mano y primero le acarició uno, luego el otro, antes de alzar la vista a sus ojos. Por primera vez desde que había ido a su rescate, la miraba a la cara, y no se encogió ante la visión de los moratones. Sus manos eran lo bastante grandes como para sostenerla en las palmas y lo bastante ásperas como para excitarla con un simple contacto. La miró a la cara, pero pequeñas escapadas por debajo del cuello le revelaron lo que realmente le interesaba. Como nunca había tenido a un hombre tan fascinado con alguna parte suya, ni siquiera su mente, no supo muy bien qué hacer. Pero sí estaba segura de que el tacto tímido de Bobby le excitaba más que lo que había imaginado con semejantes actos.


—Es una idea tan poco apropiada… —murmuró él. —A mí me parece perfecta. —Hay cosas que no sabes… —No quiero saberlas —respiró hondo y admitió la verdad—. Sólo te quiero a ti. Él parpadeó. Jane pensó que seguro que nunca había conocido a una mujer tan directa. Ni tan desesperada. Se le encendió el rostro; le aterró que la rechazara. Estuvo a punto de levantarse de un salto y de correr a su habitación, pero entonces él sonrió, le tocó la cara y susurró: —Yo también. Empujándola sobre la cama, la acarició con una delicadeza que ella no había creído que poseyera. Cerró los ojos mientras esperaba el calor de la boca de Bobby sobre su pecho, la humedad de su lengua frotándole el pezón. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 63—168 https://www.facebook.com/novelasgratis A cambio, los labios le rozaron el abdomen. Abrió los ojos mientras él trazaba un sendero húmedo hasta su ombligo, para luego tomar un pliegue de su piel


entre los dientes y succionar. La visión de esa cabeza oscura sobre su vientre, con la boca pegada a su piel, hizo que se moviera con excitación incómoda. Volvió a apoyar la mano sobre su cadera para inmovilizarla y la miró recorriéndole el cuerpo con la vista. —He estado esperando probarte, justo aquí… —posó los labios sobre su estómago trémulo —desde que rompiste tu camiseta. Había pensado que tenía una fijación con sus pechos. Tenía que reconocer que no estaban mal, pero no eran grandes. ¿A los chicos no les gustaban grandes? ¿Qué importancia podía tener? En especial cuando la estaba adorando de formas que jamás había imaginado que podían ser tan eróticas. Intentó incorporarse para poder tocarlo, pero cuando flexionó los músculos abdominales, él los acarició con el dedo pulgar y los recorrió con la lengua, y Jane olvidó lo que había estado a punto de hacer. Bobby memorizó sus curvas. Jane tenía que tocarlo o estallaría, ponerle la boca encima o moriría. Decidida a degustar el sabor de su piel, se golpeó el labio en su bíceps, y cuando lo probó, probó sangre. Horrorizada, se echó para atrás y observó la mancha


marrón que tenía en el brazo. Durante un instante, pensó que estaba herido y que ni siquiera lo había sabido. Luego comprendió que su labio había vuelto a sangrar. Con vehemencia, se puso a limpiar la marca, pero Bobby le tomó la mano y paralizó sus movimientos. —He visto sangre con anterioridad, Jane. Tú también. Olvídalo. Le apartó el pelo de la cara, y utilizó una esquina de la sábana para limpiarle con delicadeza la comisura de los labios. —Se acabaron los besos para ti —susurró, y al verla hacer un mohín, rió—. Pero eso no significa que no pueda darlos yo. Inclinó la cabeza y comenzó a besarla por el cuello hasta bajar a los dedos de sus pies. Ella era un puro hormigueo cuando acabó, y entonces le mostró que no había hecho más que comenzar. Ser incapaz de besar resultaba extraño, de algún modo hacía que el encuentro fuera menos personal. Lo convertía sólo en sexo, y así como eso no debería molestarle, lo sorprendente era que lo hacía. Varias veces había estado a punto de morir. ¿Algo volvería a molestarle alguna vez?


—Estás pensando demasiado —le besó la línea que había aparecido entre sus cejas. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 64—168 https://www.facebook.com/novelasgratis La misma que su madre decía que la hacía parecer vieja. No quería pensar en su madre en ese momento. —Lo siento —murmuró, acariciándole la espalda, los brazos, el pecho. Tenía una piel tan bonita, con unos músculos tan grandes ondulando debajo… Podría pasar una semana, y le gustaría, aprendiéndolo todo sobre su increíble cuerpo. —No lo sientas. Le rozó la sien con la boca. Su erección presionó los vaqueros de Jane y le rozó el estómago. Quería acercarlo y mantenerlo dentro de ella para siempre. Introdujo la mano entre ambos y pasó un dedo por esa sólida cordillera. Él contuvo el aliento y se quedó quieto. Lo sujetó a través de la tela y descubrió que los músculos no eran lo único que tenía grande. Tiró del botón. —Fuera.


—Jane, yo no… —Hazlo —volvió a emplear la uña del dedo sobre él, trazando una línea paralela a la cremallera. La oscuridad la hacía atrevida; la necesidad le confería valor—. Penétrame —susurró mientras le abría los vaqueros e introducía los dedos por la abertura. Ardiente y suave, palpitó en su mano. De algún modo, Bobby logró quitarse los pantalones con poca ayuda. Jane supuso que lo habían entrenado para casi todo. Dedicó un rato a conocerlo. Las manos en vez de la boca, la piel contra la piel, todo su cuerpo vibraba mientras se comunicaba con el de Bobby. Guiándolo hacia ella, fue sin ningún titubeo. Deslizándose dentro, la hizo sentir… No estaba segura de la palabra exacta más allá de mejor. La hizo sentir mejor. Siempre había considerado el sexo una función física normal realizada entre dos adultos que consentían. No es que consintiera tan a menudo. Pero cuando lo había hecho, había quedado satisfecha. Siempre había querido repetirlo. Después de esa noche, querría hacerlo todo el tiempo. Con él. Y ése era un deseo muy peligroso. Bobby no podía quedarse. Tampoco ella. Eso se


centraba en la atracción, la lujuria, la vida, nada más, y no debía olvidarlo. De modo que se centró en la sensación, en el roce de las piernas, en la dureza de la cadera contra su vientre, en el recorrido de la boca sobre su cuello. ¿Cómo podía estar tensa y relajada al mismo tiempo, aletargada y llena de energía? La fragancia de su piel le resultaba familiar. ¿Sólo hacía unos días que lo conocía? La llenaba tan completamente, la acariciaba con tanta ternura, la sostenía con toque tan etéreo, que sentía como si ya hubiera compartido una vida con Bobby. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 65—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando susurró su nombre y posó los labios sobre el puente de su nariz, se cerró en torno a él, llevándolos a ambos a la liberación. La sombra de Bobby se alzó sobre ella, ancha y fuerte. Estaba atrapada por su peso, rodeada por sus manos, sujeta por su cuerpo. Pero sabía que se hallaba a salvo. Y en vez de salir de la habitación y de su vida, él se quedó donde estaba, como si no quisiera abandonar el cobijo de su cuerpo. Ese comportamiento la ayudó a


mitigar el súbito temor de que se hubiera acostado con ella por compasión. —¿Qué ha pasado? —preguntó él. —Y yo que pensaba que habías hecho esto antes. ¿Un puerto en cada tormenta? ¿O es una chica en cada puerto? —Estás pensando en la Marina, y yo no soy así. —¿Cómo? —No me voy acostando por ahí con chicas. Mucho —explicó—. Jamás se me dio bien. —He de manifestar mi desacuerdo. Se te da muy bien. —Yo… nosotros… —calló con un suspiro exagerado y dejó que sus frentes se unieran—. No ha sido por gratitud, ¿verdad? —¿Qué? —Un revolcón en agradecimiento por haberte salvado la vida. —Crees que yo… No pudo concluir la frase. Había estado preocupada por la compasión y él por la retribución. —¿Lo has hecho? —insistió. Le acarició el pelo.


—Estoy agradecida. Por mi vida y por el sexo. Pero una cosa no tiene nada que ver con la otra. Lo prometo. Te deseaba. Necesitaba esto. —Yo también —murmuró Bobby. —Entonces, relájate. Duerme. ¿De acuerdo? Se puso de lado pero le tomó los dedos al hacerlo, haciendo que el movimiento fuera más algo para quedarse que para irse. —De acuerdo —aceptó. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 66—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 Bobby despertó dándose cuenta de varias cosas. El sol brillaba en sus ojos. Estaba solo en la cama. Había hecho exactamente lo que el coronel quería que no hiciera y no había usado un preservativo mientras lo hacía. —Maldita sea… —Perdona. Jane asomó la cabeza del cuarto de baño. Bobby giró en esa dirección y quedó nariz contra hocico con Lucky. Lo besó justo en la boca.


—¡Arggg! Se frotó la cara en la almohada. Incluso al quitarse todo, se sentía contaminado. Jane rió. —Para un hombre que ha pasado siglos en países sin tuberías, eres muy quisquilloso con los gérmenes de los perros. —Sí, soy peculiar en ese sentido —se sentó y apoyó la cabeza en las manos mientras trataba de pensar en una manera de decirle a Jane que la había fastidiado. —¿Te duele la cabeza? —preguntó ella—. Me temo que no tengo aspirinas a mano. —Yo tampoco tuve a mano un preservativo. El silencio lo rompió el jadeo alegre de Lucky. Cuando ya no pudo soportar más la quietud, alzó la cabeza, preparado para encontrarse con una expresión de horror. Ella lo miraba como si pudiera verlo todo sobre él… incluso las cosas que no quería que viera. —Está bien —dijo ella. —No, no lo está. Maldita sea, Jane, ni siquiera pensé en la protección hasta este momento. —Yo tampoco —le dedicó una leve sonrisa—. Sólo podía pensar en ti.


Él gimió y se dejó caer otra vez en la cama. Jane cruzó la habitación y la cama se hundió cuando se sentó a su lado. —Está bien —repitió—. Tomo la píldora. He de hacerlo. Bobby bajó el brazo y la miró. —¿Tienes que hacerlo? —En mi línea de trabajo, es imposible saber cuándo me pueden agredir. Nos dan píldoras anticonceptivas junto con todas las vacunas necesarias antes de salir de casa. —¿Tomas la píldora por si te violan? —cerró las manos. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 67—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Mejor estar seguros que lamentarlo. No parecía preocupada. Él estaba aterrado. —¿Por qué diablos quieres este trabajo? Jane enarcó las cejas. —Por el mismo motivo que tú quieres el tuyo. Puedo ayudar. —¿Y todos los días vives con la amenaza de la violencia? —¿Tú no? —Sí, pero… —¿Eres un hombre… y está bien?


—No he dicho eso. —¿Qué has dicho? Casi lo abrumó el deseo súbito de abrazarla y protegerla para siempre. Un impulso inusual, que nunca antes había experimentado. Ni siquiera con Marlie. Se sintió confuso. Respiró hondo y soltó el aire despacio. Por desgracia, la confusión permaneció. —El embarazo no es el único tema que debemos encarar —señaló. —Antes de venir a México, me hicieron pruebas para detectar todas las enfermedades conocidas por el hombre. Desde que estoy aquí —se encogió de hombros—, bueno, digamos que estoy limpia. Bobby pensó en el examen físico al que lo habían sometido hacía poco y en los preservativos que siempre había usado… hasta la noche anterior. —Yo también. —Entonces, no hay nada de qué preocuparse —se puso de pie y fue al cuarto de baño. La observó ir, asombrado, fascinado y un poco encandilado. Quizá los unía el peligro. Quizá lo que había pasado había creado un vínculo emocional entre ellos…


uno que desaparecería junto con el peligro. No obstante, era especial y quería que lo supiera. —Eres la mujer más valiente que jamás he conocido —soltó. La puerta se cerró detrás de Jane. Ni siquiera estuvo seguro de que lo hubiera oído. —No lo soy —susurró ante su reflejo—. Soy una cobarde. Buscó en la mochila, pero sabía lo que encontraría. O, más bien, lo que allí no habría. Píldoras anticonceptivas. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 68—168 https://www.facebook.com/novelasgratis No había tenido tiempo de recogerlas antes de que Bobby la arrastrara fuera de la cabaña. Lo peor era que no había tenido las agallas de decírselo. Había mentido… por omisión, desde luego, pero era una mentira. Se dijo que las posibilidades de que la noche anterior la hubiera dejado embarazada eran muy escasas. Siempre lo eran.


Abrió la ducha y dejó que el agua tibia se llevara el sueño de los ojos. Lamentó que no pudiera llevarse la sensación de culpabilidad con igual facilidad. Terminó y comenzó a secarse. En ese momento, llamaron a la puerta. —Necesitamos ir al avión —dijo Bobby. —Salgo en un minuto. Después de ese día, ya no volvería a ver a Bobby Luchetti. El pensamiento le provocó una oleada de tristeza tan poderosa que le quemó los ojos. —Idiota —musitó. Había sido la aventura de una noche. De hecho, también él lo había sido. No había motivo para ponerse sentimental. Los sentimientos sólo provocaban dolor. Era más inteligente que eso. Sexo sin una relación. Un hijo sin marido. Después de todo, tenía un plan. Y ese plan no incluía a un soldado, como sin duda los planes de Bobby no la incluían a ella. Salió del cuarto de baño completamente vestida y se encontró con él. Le tomó la mano y la miró a la cara magullada. Supo lo que veía. Aunque no parecía posible, ese día estaba peor que el anterior. —Una cosa más —dijo Bobby. El corazón, el corazón necio, se le desbocó.


—¿Sí? —por fortuna, él no notó la debilidad en su voz. —Deberíamos guardarnos esto para nosotros. —¿Esto? —Esto —indicó la cama deshecha. A ella. A él—. Podría ser un problema. —¿Problema? ¿Cuándo se había convertido en un loro? —No debería haberme acostado con una misión. Jane se puso rígida. ¿Una misión? Eso le escoció. Bobby le apretó los dedos. —No es que lo lamente. Pero… —Podrías meterte en problemas. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 69—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí. Y dudo que a ti te haga algún bien. —¿A mí? —Somos de mundos diferentes, Jane. Tú eres la hija de una senadora. Yo el hijo de un granjero. Doctora —la señaló, luego a sí mismo—. Soldado. —Jefe indio —musitó ella. —No crees que importe, pero sí lo hará. Además, hay cosas que no sabes de


mí… Una expresión triste y remota cruzó por la cara de Bobby, dejando una helada sensación de disgusto a su paso. Había dicho que no estaba casado, pero… —Estás prometido. —¿Qué? —la miró fijamente—. No. Nunca. Los tipos como yo… no nos casamos, Jane. Pero sí nos divorciamos a menudo. —¿Estás divorciado? —No —le besó la frente—. Y no planeo estarlo. Estoy mejor solo. Simplemente, lo olvidé durante un rato. Fue al cuarto de baño y cerró la puerta. Ella lo miró hasta que oyó abrirse la ducha. ¿Por qué sentía como si intentara convencerse tanto a sí mismo como a ella? ¿Y por qué necesitaba que la convencieran? Ella no quería casarse. Un sexo estupendo no cambiaba eso. Media hora más tarde, los dos salían a la pista del aeropuerto, donde esperaba un avión privado. Lucky trotaba pisándole los talones como si se hallara en un desfile. Aunque estaba tan agotado como ella, Bobby aún logró parecer recto mientras


la escoltaba al aparato que esperaba. Le sujetaba el codo con gesto formal. Ella quiso correr y regresar a ocultarse a la habitación del hotel. Un hombre emergió de la cabina. Era alto y delgado, y su pelo, o lo que quedaba de él, se había puesto blanco. Tenía la cara bronceada, arrugada, experimentada. Aunque llevaba un traje oscuro y no un uniforme, su porte mostraba que en cualquier momento podría ponerse en situación de alerta. Como Bobby lo saludó, supuso que tenía un rango más alto que el de capitán. —Luchetti. Buen trabajo. —Gracias, señor —repuso con cara impasible. —Señora, soy el coronel Delray. Su madre me ha enviado para llevarla a casa. Conociendo a su madre, le había dado instrucciones explícitas, que sin duda incluirían atarla y amordazarla si hacía algún comentario acerca de regresar a la selva. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 70—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Capitán, si escolta a la doctora Harker a su asiento, esperaré para hablar con usted aquí.


Bobby avanzó; Jane se rezagó. —¿Hablar contigo de qué? Bobby miró al coronel, quien asintió levemente. —Es mi oficial superior. Jane parpadeó. —¿Mi madre no sólo ha enviado a un agente Delta a buscarme, sino también a su superior? El coronel frunció el ceño. Quizá no sabía que él era Delta. Pero la situación había pasado de ridícula a grotesca. —Su madre estaba preocupada —informó el coronel. —Sin duda. Qué molesto debe de ser para una senadora de Rhode Island que unos narcotraficantes secuestren a su hija en la selva. —Ella la quiere. Jane bufó, ganándose unas expresiones de auténtico asombro por parte de los dos hombres, que ignoró. Los ojos del coronel casi se salieron de las órbitas al ver a Lucky. —¿Qué es eso? —Ni se le ocurra decirme que no puedo subirla al avión —espetó Jane—. No estoy de humor.


—Su madre no se va a poner contenta. —Nunca lo está. Jane y Lucky subieron los escalones hasta el avión, con Bobby detrás. El interior le recordó a Austin Powers, pero sin la cama giratoria. —Me pregunto a quién se lo habrá pedido —comentó Jane, refiriéndose a su madre—. Y qué tuvo que prometer para usarlo. Bobby permaneció cerca de la entrada, rígido y en posición de firme. Lucky babeaba junto a su rodilla, y cuando él no reconoció el amor que le mostraba, fue a dejarse caer en una alfombra peluda a los pies de Jane. —¿Qué pasa? —inquirió ella. —Eres diferente. —Gracias —musitó. —Quiero decir que te comportas de forma diferente. Dura. Fría. No te gusta tu madre. Es… perturbador. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 71—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Adoro a mi madre. —Pero no te gusta.


—Espera a conocerla. A ti tampoco te gustará. —Dudo que vaya a conocerla. Bobby miró hacia la puerta y alzó una mano en señal de reconocimiento. —He de irme. Y tú también. Era un adiós. Para siempre. Jane no se hallaba preparada. Musitó «quédate» a la perra, aunque no habría sido necesario. Lucky dormía plácidamente. ¿Cómo se le decía adiós a un hombre del que no se quería despedir? Bobby dio dos pasos hacia la cabina y a punto estuvo de chocar contra Jane cuando ésta iba hacia él. Al principio ella pensó que tenía ganas de tocarla, luego comprendió que no quería que el coronel los viera. Deteniéndose ante ella, la miró a la cara. —Esto pasará. —¿Qué? —susurró. —Esto —le rozó la mejilla amoratada con los nudillos—. Yo he tenido unos cuantos. No duran. Jane casi había olvidado el estado de su cara. El coronel no había comentado nada, lo cual era extraño, a menos que hubiera visto cientos de caras como la suya. Un pensamiento reconfortante. Jane se acercó hasta que sus cuerpos casi se alinearon. Apoyó las palmas de


la mano en su torso. —Bobby, yo… Calló, sin saber muy bien qué decir. «No te vayas». «Ven conmigo». —Me gustas —las palabras salieron de su boca. Sintió que se ruborizaba y bajó la cabeza. Él la alzó con un dedo bajo su barbilla. —Lo mismo digo. —¡Luchetti! El grito del coronel hizo que ambos se separaran. Lucky gruñó. —Si alguna vez necesitas… —él se encogió de hombros. —¿Que me rescaten? —Sí. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 72—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Serás la primera persona a la que llame. Se miraron, sin saber muy bien qué hacer. Qué ridículo. Unas horas atrás


había compartido su cuerpo con ese hombre, y en ese instante no era capaz de saber la etiqueta apropiada para despedirse. No le extrañó sentirse más cómoda en la selva. —Adiós —susurró. Él la tomó en brazos. Era tan fuerte, tan cálido, tan… Bobby. Lo abrazó con fuerza y los labios de él le rozaron el cabello. —Hasta luego. Bobby retrocedió unos centímetros y ella se esforzó en no aferrarse a su cuerpo. Él giró en redondo y salió por la puerta. Sólo entonces se dio cuenta de que en ningún momento le había dado un beso en los labios. Las botas resonaron en los escalones. Lucky gimió. —Sé muy bien cómo te sientes, pequeña. El coronel se hallaba al final de la escalerilla. Los agudos ojos castaños escrutaron los de Bobby como si buscara una respuesta. —¿Y bien? —instó—. ¿Qué pasó con la hija de la senadora? —Puedo explicarlo. Necesitaba dar una buena explicación para evitar una amonestación. Diablos, esperaba poder evitar un consejo de guerra. Si la senadora quería ponerse


quisquillosa sobre la noche de pasión con su hija, podía hacerle la vida incómoda. —Adelante —dijo el coronel—. ¿Por qué la doctora no estaba secuestrada cuando usted llegó aquí y la secuestraron nada más aparecer usted? Bobby parpadeó. Su jefe no hablaba del sexo… sino de la misión. —Yo tampoco lo entiendo, señor. Procedió a explicar las incongruencias de la situación. Al terminar, el coronel guardó silencio varios segundos. —No tiene ningún sentido. Mantendré otra conversación con la senadora Harker. —¿Qué dijo la primera vez que se puso en contacto con usted? —Que había recibido una llamada diciendo que su hija estaba secuestrada. —¿Y eso lo impulsó a enviarme? Delray se encogió de hombros. —Es una senadora. Insistió. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 73—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Bobby había estado en peores sitios con menos información. Era la naturaleza de su trabajo.


—Hasta que sepamos más —prosiguió el coronel—, estará más segura en Washington. Bobby tenía sus dudas al respecto, pero no era él quien hacía los planes, sólo quien los ejecutaba. —Sus hombres estarán fuera de servicio durante unas semanas más, ¿no? Los escuadrones Delta rotaban en períodos de treinta días. Cuando se encontraban de servicio, residían en Fort Bragg, listos para ir a cualquier parte en cualquier momento, al tiempo que actualizaban sus tácticas antiterrorismo. —Sí, señor. Algunos están en la escuela de idiomas. Unos pocos de instrucción en el Ártico. —Como dispone de cierto tiempo —continuó el coronel—, y no le disgusta México… Tampoco le encantaba, aunque lo mismo había sucedido con Afganistán, Paquistán o Irak. Eso no significaba que no pudiera trabajar allí. Probablemente, debería pedir un permiso e ir a casa, como había prometido. Pero después del fiasco con Colin y Marlie, ir a casa, para que lo cuidaran o se mofaran de él, tenía poco atractivo. —No me importa —soltó. —Bien. Quédese unos días. Vea qué puede averiguar. Este escenario no me


gusta nada. Comuníqueme qué descubre. —¿Dónde estará usted, señor? —En Washington —el coronel frunció el ceño—. Ayudo a la senadora a presentar una petición de aumento de fondos para Delta. Lo que explicaba que hiciera politiqueo en vez de ir a Fort Bragg. También explicaba por qué aceptaba órdenes de una política. Haría cualquier cosa para beneficiar al grupo Delta. El coronel subió con paso firme. Al llegar arriba, se despidió con un gesto de la cabeza. Luego la puerta se cerró detrás de él y el avión se alejó. Bobby miró las ventanillas, pero en ningún momento Jane se materializó. Esperó hasta que el aparato no fue más que un punto en el brillante cielo mexicano antes de marcharse a trabajar. Llenó su cantimplora, compró algo de víveres y otro juego de ropa, luego se cambió y volvió a adentrarse en la selva. Cuando la vegetación se cerró en torno a él y la humedad se pegó a su piel, iniciándole un dolor de cabeza en la base del cráneo. Casi echó de menos los países arenosos y la arena en la boca. En realidad, a quien echaba de menos era a Jane. Le resultó peculiar, pero sin ella allí, se sentía solo. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly


Nº Paginas 74—168 https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Por qué aún pensaba en ella cuando estaba enamorado de Marlie? ¿Cómo podía amar a una mujer y tener sexo con otra? Maldijo. Tenía que dejar de pensar en ambas. Estar distraído por una mujer era un modo seguro para que a uno lo mataran. Fue a la cabaña donde había muerto el Pequeño General. Aunque entonces no había dispuesto de mucho tiempo para realizar un reconocimiento minucioso, pensaba hacerlo en ese momento. Luego iría al campo de vuelo y terminaría en el poblado. Sin embargo, al llegar a la cabaña, todos los cuerpos habían desaparecido. Como si nunca hubieran estado allí. No había sangre, ni balas. Ni condenada cabaña. Nada. Todo había volado por los aires. —Al menos ahora sé a qué dedicaron mis cargas de demolición. Volvía a hablar consigo mismo. Se dirigió al campo de vuelo. Encontró lo mismo… una hondonada humeante donde antes se había levantado una estructura, y ningún cuerpo.


Se sintió inquieto y fue de vuelta al primer lugar donde había visto a Jane. Por ese entonces, había caído la noche. Un perro ladró y un niño gimió. La gente seguía allí, también las cabañas. Salvo la de ella. Ésa había sido calcinada. —¿Qué diablos…? —murmuró. Avanzó un paso fuera del bosque y una bala impactó en el árbol que había detrás de él. Tirándose al suelo, sacó su arma. Nadie gritó. O todos eran sordos o estaban contentos de que uno de los suyos tratara de matar a un soldado estadounidense. Se agazapó en el linde del poblado. Los tipos malos habían robado y luego usado sus cargas de demolición para eliminar cualquier rastro de que Jane y él habían estado allí. ¿Por qué? Habían secuestrado a Jane y después la habían interrogado acerca de él. Otra vez, ¿por qué? Jane ya se había marchado y él se encontraba allí, y alguien trataba de matarlo. De nuevo. Estaba harto de que le dispararan. La comprensión hizo que se detuviera. ¿Cuándo había ocurrido eso? Así como jamás disfrutaba de la sensación de una bala zumbando cerca de su mejilla,


nunca antes había querido arrancarle la cabeza al tirador. El recuerdo del rostro magullado de Jane le provocó una mueca. El anhelo de estar con ella fue tan abrumador, que tuvo que obligarse a quedarse donde estaba en vez de regresar a la carrera a Puerto para subirse al siguiente vuelo con destino a Washington D.C. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 75—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Lo que necesitaba en ese momento era a uno de los tipos malos para sonsacarle información. De modo que continuó con su sigilosa inspección del poblado. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 76—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 A los diez minutos, había encontrado al tirador; cinco minutos después, el tipo estaba desarmado y listo para soltar todo lo que sabía. Luego necesitó sólo diez


minutos para convencerlo de que también podía hablar inglés a la perfección. —¿Por qué intentaste matar a la doctora estadounidense? —Dinero. —¿Quién te pagó? —cerró los puños. El sujeto vio el movimiento y se apresuró a contárselo. —Alguien que es muy amigo de Armando Escobar. Escobar era el narcotraficante más despiadado del sur de México. ¿Qué tenía contra Jane? —¿El hombre que mató en la selva? —continuó el prisionero. —¿Cuál? —El líder. «Aja. El Pequeño General». —¿Qué pasa con él? —Matarlo fue un error. Es importante para Escobar. —Ya no. —Siempre. El hombre era su hijo. Eso no era bueno. Los señores de la droga se indignaban mucho cuando los agentes de las Fuerzas Especiales mataban a sus hijos. No pudo culparlos. Sin embargo, si dejaran de enviarlos a misiones para golpear y aterrorizar a mujeres, esas cosas no pasarían.


—¿Qué quiere Escobar con la doctora Harker? —Si la quisiera, no la mataría. —¿Por qué la quiere muerta? —No es así. El dolor de cabeza de Bobby empezaba a empeorar. Nunca había sido muy paciente en los interrogatorios. Razón por la que casi siempre se los dejaba a la CÍA. —Explícate —gruñó. —Otra persona la quiere muerta. —¿Quién? —No sé —apartó la vista, y luego volvió a mirarlo. —Sabes algo —desenfundó su pistola. Era una acción que por lo general hacía que los aficionados lo soltaran todo. Ese tipo no fue una excepción. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 77—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Le oí decir a Enrique que un americano rico quería muerta a la doctora, de un modo que sirviera para enviar un mensaje. —¿A quién?


—No lo sé. De verdad. ¿Por qué? ¿Qué había hecho Jane alguna vez salvo ayudar a esa gente? —Un mensaje —murmuró a medida que las piezas del rompecabezas comenzaban a encajar en una semblanza de sentido. Si Jane estaba muerta, no iba a recibir ningún mensaje. Pero sí otra persona. ¿Y quién sería la persona más probable de necesitar que la convencieran de algo? Soltó un juramento. No le extrañó que la senadora Harker lo hubiera enviado allí. La estaban chantajeando con la vida de su hija. Jane no se encontraba segura en Washington. Ni en ninguna parte. Salvo con él. Quizá. —Será mejor que salga del país, amigo. Escobar va por usted. —Él y la mitad de Oriente Próximo. —Yo no lo tomaría a la ligera. El hombre está… —¿Qué? —Loco. Ha probado demasiado de su propio producto. Justo lo que necesitaba. Un narcotraficante con demencia cocainómana que lo quería muerto por haber matado a su hijo. Pero Escobar primero debía dar con él, lo que iba a ser difícil. A esa hora al día


siguiente, planeaba ser la sombra de Jane en Washington. Jane miró por la ventanilla a medida que el avión se dirigía hacia una limusina que esperaba. Lucky gruñó desde su asiento junto al cristal. —Espera a conocerla —murmuró ella—. Entonces podremos tener una discusión. —¿Doctora? —el coronel Delray salió de la cabina del piloto, donde se había escondido todo el viaje. Sus ojos oscuros estudiaron la cara magullada. —Deje que hable yo primero con ella. —Por favor. Con un gesto de aprobación, Delray fue hacia la puerta, que pareció abrirse milagrosamente por el gesto imperioso de su mano. Miró fuera y pareció sobresaltarse. —Deje que lo adivine —dijo Jane—. Está subiendo. El coronel se encogió de hombros, resignado. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 78—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Jane se preparó para el torbellino que era Raeanne Harker. —Jane —espetó la senadora en el instante en que pisó el avión—. Necesitamos


realizar un control de daños. Aunque la senadora apenas medía un metro cincuenta y cinco, irradiaba la seguridad y confianza de una mujer más grande. Esbelta y de aspecto patricio, rubia, desde luego, era hermosa, inteligente, rica y poderosa. —Demasiado tarde, querida mamá. Raeanne frunció el ceño. —Te he dicho que no me llames así. —Me has dicho muchas cosas. Rara vez te escucho. Su madre la miró por primera vez, y sus ojos violetas y pintados se abrieron mucho. Soltó una maldición que habrían censurado en muchas televisiones. Cuando Raeanne se enfadaba, podía ganar una competición de juramentos con cualquier estibador de Estados Unidos. Ciertamente, ese rasgo era una de las cosas que Jane prefería de su madre. Cuando maldecía, casi parecía humana. —¡Maldita sea, Delray! ¿Qué diablos es esto? Fue hacia Jane y se puso de puntillas para echar un buen vistazo a la cara negra y morada. Delray le hizo una señal a su ayudante, quien cerró con sigilo la puerta exterior


y luego regresó a la cabina del piloto. —Creía que era tu hija —indicó Jane. Su madre la aferró por el codo y la echó para atrás. Lucky gruñó. No era el gruñido dedicado a los narcotraficantes, pero se acercaba. Raeanne miró a la perra y volvió a jurar. —¿Qué es eso? Jane se señaló a sí misma. —Hija —luego a Lucky—. Perra. Repítelo. —No vayas de lista, Jane. No puedes salir en público con la cara golpeada. ¿En qué estabas pensando? Jane no pudo evitarlo. Soltó una carcajada. Así como la senadora podía maldecir como el Pequeño General, ahí se acababa la comparación. Su madre no la abofeteó para que se callara. Una gran madre. —Al tipo que hizo esto no le importaba el aspecto que tendría por la mañana, ya que planeaba enterrarme en suelo mexicano. Siento si va a representar un inconveniente para ti en las noticias de la noche, pero yo no quería venir aquí. Tu admirador insistió. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 79—168 https://www.facebook.com/novelasgratis


El coronel entrecerró los ojos al oír que recibía ese calificativo, pero no dijo una palabra, lo que demostró que era exactamente eso. — Suite en el Jefferson —dijo su madre, nombrando el hotel más reciente para la élite, situado a unas pocas manzanas de la Casa Blanca—. Que el cirujano plástico se reúna allí con nosotros. —Madre, no necesito un cirujano plástico. —¿Qué sabes tú? —¡Soy médico! —gritó Jane. El avión quedó en silencio. Gritarle a su madre jamás era bueno. Lo había aprendido de adolescente. Respiró hondo y volvió a intentarlo. —No hay nada roto. Los moratones desaparecerán. Quiero regresar a México a continuar con mi trabajo. —Y un cuerno —musitó Raeanne. —¿Por qué insististe en que me trajeran aquí? ¿Y por qué les dijiste… — miró al coronel —que me habían secuestrado? —Estabas secuestrada. —No hasta después de que apareciera Bobby. —¿Bobby? —El capitán Luchetti —intervino el coronel—. Uno de mis mejores hombres.


Raeanne asintió. Por supuesto que habían enviado al mejor. De lo contrario, habrían respondido ante ella. —Hubo una amenaza. ¿Cómo iba a saber que llamarían antes de cometer el acto? Jane frunció el ceño. —¿Qué fue, exactamente, lo que te dijeron? —Que te habían secuestrado. —Entonces, ¿por qué trataban de matarme? Su madre apartó la vista. —¿Cómo se supone que voy a saber qué motiva a un matón mexicano? Soy feliz con que estés aquí y todo haya terminado. —No ha terminado si alguien aún me quiere muerta. —Deja que Delray se ocupe del asunto. La respuesta de su madre a todo. Delegar. —Vamos a llevarte al hotel —añadió Raeanne. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 80—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Comenzó a ir hacia la entrada y, como por arte de magia, apareció el asistente para abrirle la puerta. Jane no dijo que debía de ser agradable vivir en la Isla


de la Fantasía. —Madre, tengo un trabajo. Gente que me necesita. —Yo te necesito. ¿No puedes pasar unos días con tu madre? Al menos hasta que se cure tu cara. Al menos hasta que descubramos qué está pasando. Jane titubeó. Quería volver a México, no sólo porque le gustaba, o al menos le había gustado hasta que Enrique había tratado de matarla, sino porque Bobby se encontraba allí. Quizá volviera a toparse con él en la selva. Le pareció un pensamiento estúpido. —Sería una tontería volver a Quintana Roo, cuando no sabemos quién intenta matarla —añadió el coronel. Tenía razón. Sin embargo… —No puedo quedarme aquí indefinidamente. —Claro que no —corroboró Raeanne—. Sólo unos días. Puedes relajarte. Hacerte la pedicura, unas mechas en el pelo. Jane contuvo el impulso de poner los ojos en blanco. Como si una sesión en un salón de belleza fuera a mejorar algo. Aunque tampoco le haría ningún daño. —De acuerdo —concedió—. Unos días.


Raeanne le dedicó a su hija una de sus contadas sonrisas. Después de todo, se estaba saliendo con la suya. —Llévate la limusina, Jane. Coronel, yo tomaré un taxi de regreso a Capitol Hill. —¿No vienes conmigo? —preguntó Jane, sorprendida. —Es media mañana. ¿Por qué iba a ir contigo? Jane suspiró. ¿Por qué su experiencia con la muerte iba a cambiar algo? —Vamos, Lucky. —Esa cosa no va a ir al Jefferson. Raeanne se detuvo ante la escalinata y miró al perro con tal expresión de disgusto, que Jane tuvo miedo de que le saliera una arruga. —Esa cosa es Lucky y va adonde voy yo —miró a su madre y luego al coronel—. No es negociable. Me ha salvado la vida más que lo que lo ha hecho cualquiera. —Dudo que el conserje del Jefferson se muestre impresionado. —Quizá si le pongo a Lucky… un traje, la dejen pasar. —Dios, no —musitó Raeanne—. Eso sería demasiado aterrador. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 81—168 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Haz que lo autoricen, madre —pasó a su lado, bajó la escalinata y se subió en la limusina. Cuando llegaron al Jefferson, todo estaba arreglado. Aunque se burlaba de la actitud tirana de su madre, hacía que la vida fuera mucho más sencilla. La escoltaron por la entrada de atrás como si fuera una celebridad. El coronel la condujo a un ascensor de aspecto normal que había detrás de unas neveras empotradas de la cocina. —¿El ático? —murmuró al ver que el militar usaba una llave de seguridad para acceder a la última planta. —Ocupa toda la planta, con ascensor propio. Es el lugar más fácil de defender. —¿Defender de qué? La puerta se abrió y Jane salió a la suite con la vista más hermosa que jamás había contemplado. Unas flores frescas decoraban las mesas de cristal y unas botellas de licor de todas las tonalidades de marrón alineaban un bar de madera de cerezo con espejos detrás. Jane cruzó un vestíbulo de mármol y se plantó ante los ventanales del otro lado. La ciudad de Washington D.C. se extendía ante ella como un banquete. Nunca le


había importado mucho, pero cuando se la observaba desde esa altura, tenía que reconocer que era preciosa. Al volverse, vio que las puertas del ascensor comenzaron a cerrarse y que Delray alzaba una mano en gesto de despedida sin llegar a contestar su pregunta. Después de ducharse y de ponerse el albornoz blanco del hotel, llamó al servicio de habitaciones. Le hicieron la pedicura y le dieron un masaje antes de que una camarera le llevara ropa nueva. Cuando iba a sacar a Lucky a dar un paseo y descubrir que el guardia que esperaba junto al ascensor lo hacía por ella, comprendió que era tan prisionera como lo había sido en la cabaña del Pequeño General. Salir de México resultó más complicado de lo que Bobby había pensado. Era verdad que Escobar iba tras él, y el hombre no era tonto. Antes de alejarse cien metros del poblado, oyó un alboroto y tuvo que huir. Escapó, o al menos fue lo que les hizo creer, pero luego dio la vuelta, escuchó la conversación que mantuvieron y llegó a descifrar una parte. Que la mitad esperara allí, que la otra mitad fuera a Puerto. Matar al soldado estadounidense. Contuvo una maldición. Se suponía que debían sacarlo al día siguiente de Puerto.


Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 82—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Improvisó, algo que se le había dado bien incluso desde antes del entrenamiento Delta. Durmiendo poco y comiendo menos, llegó a la costa del Golfo de México en tres días, dejando a los hombres de Escobar esperándolo en el lado equivocado del país. Desde allí, habría sido sencillo solicitar una recogida. Podría haber llamado al coronel, decirle lo que había averiguado, pero la idea le ponía nervioso. Alguien en Washington estaba involucrado en el intento de asesinato a Jane, estaba seguro. Conociendo cómo funcionaban las cosas en la capital, ese alguien tendría pinchados todos los teléfonos que pudieran reportarle información. Mejor ir en persona, poner al corriente de la situación a su jefe y luego encontrar a Jane. No se le pasó por alto que lo estaba racionalizando. Quería verla. Punto. Llegó a Washington cuatro días después de que Jane debiera haberlo hecho. Llamó al coronel y éste le ordenó presentarse en el Pentágono. Allí, los dos hombres se reunieron en una sala de conferencias y Bobby le contó todo a su superior. O casi todo. —Un mensaje —murmuró el coronel—. A la senadora. Tendré que hablar


con ella. Otra vez. —Mientras tanto… —Bobby se puso de pie, ansioso por ir junto a Jane —yo protegeré a la doctora Harker. —Innecesario —el coronel movió la mano como si Bobby fuera un bicho molesto—. Está bien protegida. —Pero… Él otro enarcó una ceja. —Pero ¿qué? —Creo que yo soy el que mejor puede protegerla, señor. —Siempre piensa lo mismo. —Al menos me gustaría hablar con ella. —No. Bobby parpadeó. —¿Qué? —Sabe que las víctimas de secuestro pueden apegarse a sus rescatadores tanto como a sus secuestradores. Es mejor si la doctora Harker no vuelve a verlo jamás. ¿Era eso lo que había pasado entre Jane y él? ¿Nada más que un caso de adoración de la persona que la había rescatado? Podía ser. Tenía tanto sentido


como todo lo demás. Sin embargo, no iba a poder dormir hasta cerciorarse de que estaba bien. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 83—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Su talento se puede aprovechar mejor en otra parte —continuó el coronel —. Veré qué le encuentro para asignarle. «En otra parte» significaba otro país caluroso. No estaba con ánimo. Además, últimamente había cometido demasiados errores. Sólo podía achacarlos a su mente dividida… amaba a Marlie y deseaba a Jane. Hasta el momento, había tenido suerte de que nadie hubiera muerto. No podía contar con eso para siempre. Si uno de sus hombres tuviera ese problema, insistiría en que se tomara un descanso, que se relajara, que recargara las pilas. —Se me debe un permiso, coronel. —Desde siempre, pero jamás lo toma. —Me gustaría tomarlo ahora, señor. —Perfecto. Retírese.


Se marchó del Pentágono antes de que Delray pudiera cambiar de parecer. Luego permaneció fuera tratando de descubrir dónde podrían haber ocultado a Jane. La última vez que había hecho algo así, había sido en la fase final de su entrenamiento como Delta. Lo que se llamaba «ejercicio de culminación». Había sobresalido en aquel ejercicio. No podía ser menos en ése que se planteaba. Un viaje rápido al aeropuerto. Una breve charla con un mecánico, que recordó una limusina, un avión privado y un perro muy feo, llevaron a Bobby a la empresa de limusinas, y desde allí fue una caminata corta hasta el Hotel Jefferson… donde se encontró con un muro llamado Serge. —No revelamos los nombres de nuestros huéspedes. El acento francés de Serge era tan marcado, que Bobby apretó los dientes irritado. Apostaría cualquier cosa que era del sur de Cleveland. —¿Qué le parece esto? —se acercó y bajó la voz—. Yo le digo quién creo que está aquí y usted me dice si me equivoco. Serge hizo una mueca. —No. —Una mujer alta y rubia. Un perro feo y tuerto.


Serge era bueno. Siguió mirando a Bobby sin parpadear. Éste frunció el ceño. —Bien. Fue al bar. En algún momento iba a tener que sacar a pasear a la perra. Pero no lo hizo. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 84—168 https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Es que el chófer de la limusina le había mentido? ¿Qué sentido podía tener eso? Estaba a punto de interrogar a los botones cuando un «wuuf» bajo, seguido de unos gruñidos, le llegaron desde la cocina. Cruzó la puerta. Al verlo, Lucky comenzó a bailar de alegría. El hombre que lo paseaba, un tipo musculoso y sin cuello enfundado en un traje caro, frunció el ceño, y luego llevó la mano al arma. Bobby alzó las manos. —Relájate, amigo, soy Luchetti. —Apártate del perro. Bobby bajó la vista. Lucky le lamía la pierna. Se apartó de su alcance. —¿Dónde está la doctora Harker? —preguntó.


—No sé quién eres —dijo el hombre—, pero será mejor que te apartes antes de que te rompa la rodilla. —Capitán Robert Luchetti. Traje a la doctora de México —el hombre lo miró impasible—. Es evidente que la perra me conoce —Lucky tiraba de la correa —. Dile a la doctora Harker que estoy aquí. —No sé de quién hablas. Éste es mi perro. Debes de haberlos confundido. Bobby bufó. —Claro. Hay un montón que se parecen a Lucky. Lucky ladró una vez al oír su nombre. Detrás de él, la puerta de la cocina se abrió. Bobby supo que eran los de seguridad antes de que lo aferraran de los brazos y lo escoltaran fuera del hotel. Los dejó. De pie en la calle, se echó para atrás y miró arriba. El único acceso a esa parte de la cocina había sido un ascensor situado en el pasillo, detrás de unas neveras empotradas. No tuvo duda de que iba directamente al ático. El mismo sitio al que iría él en cuanto anocheciera. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 85—168 https://www.facebook.com/novelasgratis


Capítulo 10 Tuvo que esperar hasta después de las once de la noche hasta que se apagaron las luces arriba. Su plan era bajar por la cara del edificio, aterrizar en el balcón e introducirse en el ático oscuro y silencioso y descubrir si Jane se encontraba allí. Pan comido. No había guardias en el tejado. ¿En qué pensaban? Claro que tampoco lo esperaban a él. A las once y veinte, abría los ventanales de la terraza, que los muy idiotas habían dejado sin cerrar, y entraba en el salón principal de la suite. Lucky estaba sentada frente a los ventanales, mirándolo con toda la intensidad que podía poner con un solo ojo. —Tú eres más avispada que cualquier otro —susurró. La lengua le colgó de la boca al sonreírle. —Buena chica —palmeó la cabeza huesuda. Ella lo lamió y a él no le importó. Dejando su equipo en la terraza, fue primero a un dormitorio… vacío; luego al segundo. La puerta del cuarto de baño se hallaba entornada. La luz se vertía sobre la habitación e iluminaba a Jane en la cama. El corazón se le desbocó. La garganta se le resecó. Con el cabello suelto y extendido sobre la almohada,


parecía la Bella Durmiente. —Quieta —le murmuró a Lucky antes de cerrarle la puerta en la cara. Cruzó el cuarto con sigilo, se arrodilló junto a la cama y luego la observó dormir. No la había considerado bonita, ni siquiera antes de los hematomas. Pero en ese momento, con la hinchazón perdiéndose y recuperando poco a poco el color natural de la piel, resultaba deslumbrante. Quizá había alguna verdad en eso de que la belleza estaba en los ojos del observador. «Sólo con un beso despertará…». Se inclinó y se hallaba a milímetros de besarla cuando ella lo abofeteó. El oído le resonó y la mejilla le escoció. Pero tuvo la rapidez mental de apoyar la palma de la mano sobre la boca de Jane antes de que gritara. —Soy yo —murmuró con urgencia. Los ojos de ella se abrieron mucho y movió los labios. La sensación fue directamente a la entrepierna de Bobby, quien de inmediato apartó la mano. —¿Qué haces aquí? —¡Sshhh! ¿Quieres que te oigan? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly


Nº Paginas 86—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Los ojos de ella brillaron en la penumbra. —¿Están aquí? Se incorporó y la sábana se amontonó alrededor de su cintura. Alguien le había comprado un camisón bonito. Bobby no pudo apartar la vista de esa imagen. La había considerado de pecho plano. Cuánto se había equivocado. Con la vestimenta adecuada, su pecho era cualquier cosa menos plano. —¿Cómo han entrado en el país? ¿Cómo han llegado al hotel? —¿Eh? —Soldado —chasqueó con los dedos delante de su cara—. Estoy aquí arriba. Él se ruborizó. Agradeció la penumbra de la habitación. —¿Ellos quiénes? —preguntó Bobby. Jane emitió un sonido exasperado. Los pechos se le movieron tentadoramente y él volvió a perder el rumbo de sus pensamientos. —Has dicho que ellos oirían. ¿Hay más narcotraficantes? —ladeó la cabeza y un mechón de pelo cayó sobre su pecho perfecto—. No oigo a Lucky. —Está bien. ¿Eso es azul?


No pudo distinguir el color de su camisón. Algo ceñido, sedoso, azul o púrpura. Se acercó más y percibió una fragancia… —Hueles a fresas. Jane colocó un dedo bajo su mentón y le alzó el rostro hasta que sus ojos se encontraron. —¿Te has golpeado la cabeza? —No. —¿Quién está ahí afuera? —Lucky. Y tus guardias, supongo —su vista volvió a bajar. —Aguarda un segundo —dijo Jane—. ¿Por qué te preocupan los guardias? ¿Es que has entrado a hurtadillas? —No me dejaban verte. Jane frunció el ceño. —No me dejaban salir. —Se supone que nadie puede pasar salvo ellos. ¿Cuál es tu excusa? —¿Cuál es la de ellos? No fue difícil entrar. —Mi madre se va a enfadar mucho. —Debería. Cualquiera puede bajar por la fachada y entrar por la terraza. —¿Has hecho eso por mí?


Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 87—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —No te saqué de una cabaña y te hice atravesar una selva para permitir que te mataran en tu propia cama en el Hotel Jefferson. —Pero… —Jane mostró confusión—. Los malos están en México, ¿no? —Si lo están, entonces, ¿por qué esta seguridad extrema y chapucera? —Buena pregunta —murmuró ella—. Por lo tanto, ¿qué te trae por aquí, Luchetti? «Tú», fue la palabra que le aleteó en la punta de la lengua. Pero la cuestión era proteger su vida, no meterse en su cama. «¿No puedes hacer ambas cosas?», preguntó el diablo sobre su hombro. —Nueva información —soltó antes de prestarle atención a ese diablo. —Suéltala. Se movió y el camisón se le pegó al pecho. Durante un instante, Bobby pensó que llegarían a salírsele por el escote. A cambio, liberó la pierna, larga, bronceada y fuerte, de la sábana. Recordó tener esas piernas en torno a su cintura… —Diablos. —¿Disculpa?


—Mira. ¿Cuál era la pregunta? La sonrisa de Jane fue pura feminidad. Sabía lo que le estaba haciendo y lo disfrutaba. —¿Nueva información? ¿Los tipos malos en México? ¿No? —No. Sí. Diablos. —¿De nuevo con el infierno? Quizá deberíamos hacerlo primero y hablar después. —¿Hacer qué? —Luchetti, eres idiota. Hacerlo. Tú y yo. —¿Ahora? —No es que ya no lo hayamos hecho. —Pero aquello fue… —¿Un accidente? ¿Un error? ¿Un revolcón de una noche? —Sí. No. Diablos. —No creo que vaya a irrumpir nadie más en la suite. Estamos solos, a excepción de Lucky. Y esta cama es mucho mejor que la primera. Había intentado convencer a su conciencia de que lo que sentía por Jane era lujuria debido a que su ego anhelaba a Marlie. Estaba con Jane porque necesitaba estar con alguien, sentirse deseado otra vez. Pero cuando la miraba, esa explicación no se sostenía.


Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 88—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Quería estar con ella. No sólo se sentía atraído físicamente, sino que, simplemente, esa mujer le gustaba. En ese momento quería estar allí más que en cualquier otra parte. Un pensamiento tan abrumador que no estaba seguro de qué hacer. Debería contarle lo que había ido a decirle y luego huir a Illinois. Pero no pudo. Incluso antes de bajarse las tiras por los hombros y quitarse ese tenue camisón. La prenda se amontonó en torno a su cintura, resaltando los músculos de su abdomen, el peso redondeado de los pechos, la perfección pálida de la piel. Quería pasar la palma de la mano por esa piel, la boca por ese vientre, pegar la mejilla contra un pecho. Lo hizo. Olía fresca y limpia… a sol, viento y fresas. Ella se reclinó en la cama y él apartó el cobertor, dejando que cayera al suelo. Luego le bajó el camisón por las piernas, descubriendo que debajo no llevaba nada. Mientras se retorcía debajo de sus manos, se arqueaba debajo de su boca y le agarraba los hombros, la lengua le recorría el ombligo antes de bajar más y


más, tentando, atormentando, haciendo que se fragmentara en sus brazos. Se tumbó a su lado. Con los dedos unidos, escuchó que la respiración de Jane se relajaba antes de incorporarse sobre un codo y mirarlo. —Así como he de reconocer que ha sido bastante erótico, necesitas dejar el arma, soldado. Y también la ropa. Bobby parpadeó. Seguía vestido, con la pistolera en su sitio. Todavía tenía puestas las botas. —Lo siento —se levantó de la cama. —No lo sientas. Me gusta que no pienses en otra cosa que no sea yo. La miró. Sus ojos se veían abiertos y sinceros. Lo decía en serio y se sintió un miserable por desear a la esposa de su hermano. Aunque debía reconocer que cuando tenía la boca sobre la piel de Jane, no pensaba en nadie más que no fuera ella. —La ropa —le recordó. Se quitó la pistolera, le quitó el cargador, dejó la pistola y la munición a un lado, y luego se quitó la camiseta y los pantalones negros. Segundos más tarde, siguieron las botas, los calcetines y la ropa interior. Jane contempló su cuerpo, mirándolo de arriba abajo. Él se movió, incómodo con el escrutinio. ¿Cómo se había tumbado ahí, permitiéndole que hiciera lo mismo sin


encogerse? Desde luego, el cuerpo de una mujer era mucho más hermoso que el de un hombre, y el de Jane era el más hermoso que jamás había visto… tenso, con músculos como esculpidos, pero con las suficientes curvas como para hacer las cosas interesantes. Quería volver a tocarla toda. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 89—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ven aquí —demandó ella. Fue a la cama casi a la carrera. —Vaya —se incorporó, deteniéndolo con una mano en el torso—. Respira hondo. El movimiento se había convertido en una caricia al curvar los dedos y pasarle las uñas por el pecho, un dedo por el estómago, y luego seguir el mismo sendero con los labios. Cuando cerró la boca sobre él, Bobby gimió, y ella rió entre dientes; la vibración del sonido le recorrió la piel, haciendo que fuera una sensación casi insoportable. Hasta hacía poco, sus encuentros sexuales habían sido presurosos, intensos, y se


había marchado nada más acabar. Pero con Jane se relajaba y olvidaba el mundo durante un rato. Lo suficiente como para dejar que lo tocara como nadie lo había hecho hasta entonces, introduciéndoselo profundamente en la boca y reteniéndolo allí durante casi demasiado tiempo. Que no era demasiado en absoluto. La tumbó sobre la cama, y cuando le rodeó la cintura con las piernas, la embistió, apretando los dientes para evitar estallar ante la primera fricción húmeda de los dos cuerpos. Con nadie había experimentado esa sensación de unión. Los preservativos eran una necesidad y por lo general no le importaban. Mejor seguro que muerto. Pero eso era tan… —Bueno —musitó. —Estupendo —dijo ella con voz ronca. —Espectacular. —Sinfónico. —Alterador de la mente. —Mmm. El deseo de besarla era casi abrumador, pero aún tenía el labio inflamado y amoratado. Se decantó por besarle la nariz.


—Ahora —murmuró ella, y se contrajo a su alrededor. El calor, la fricción, la presión… no podía pensar, sólo sentirla y hacer lo que ella ordenaba, abrazándola. Ahora. Jane estaba completamente enredada… y no se refería exclusivamente a sus cuerpos. Sus pensamientos, sus emociones, sus necesidades y deseos. Lo cual no estaba tan bien. Bobby se había presentado allí por un motivo, y no era ése. Aunque debía admitir que ése era increíble. Era el mejor sexo que había tenido jamás. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 90—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Se encogió para sus adentros ante ese pensamiento. Trató de apartarse, pero Bobby no se lo permitió. —No —le susurró en el cabello. Durante un instante, ella pensó en insistir, pero se rindió. No quería abandonar el círculo de sus brazos. Además, ella había sugerido el sexo en primer lugar. —Otra vez sin preservativo —murmuró Bobby.


—Sigo con la píldora. Y en esa ocasión no mentía, aunque no había sido fácil reemplazarlas. Había tratado de llamar a la farmacia, y sólo descubrió que no tenía acceso a una línea exterior. Había tenido que pedirle a su madre que se las comprara, lo que, a su vez, había resultado en una conversación maravillosa. Pero había hecho lo que le había pedido, o, más bien, encargarse de que lo hicieran. A Jane no le había divertido ver a uno de los gorilas, que ya vivían en el ascensor del ático, dejar la caja en la mesa del vestíbulo. —Necesito largarme de aquí —dijo. —De acuerdo. Se echó para atrás y lo miró a la cara. Él le devolvió el escrutinio con expresión impasible. —¿De acuerdo? —Quieres largarte. Yo te llevaré. Es lo que suelo hacer. Ella entrecerró los ojos. —Has venido a decirme algo. Rápidamente, le contó la información que le había sonsacado al tipo del poblado. —¿Crees que están chantajeando a mi madre? —Sí.


—No conoces a mi madre. El Senado es su vida. No haría lo que sea que quieren que haga. —Exacto. Razón por la que me envió a rescatarte. —Me cuesta creer que ha arriesgado su carrera por mí. —A mí no. —Espera a conocerla. —No dejas de repetir eso. —No dejo de creerlo. Los cubrió a ambos con el cobertor. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 91—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Duerme, Jane. Por la mañana, hablaremos con tu madre, le contaremos lo que sabemos y le preguntaremos qué está pasando. Juntos se nos ocurrirá algo. Sonaba tan seguro… Jane deseó poder estarlo también. No le costó quedarse dormida en brazos de Bobby, y sólo despertó cuando él se movió y murmuró su nombre. Un rápido vistazo al reloj le reveló que eran las cuatro de la mañana. —Sshhh —susurró Jane, frotándole la espalda.


Él despertó y de inmediato estuvo alerta. Los ojos penetrantes escrutaron la habitación al tiempo que alargaba la mano al arma que había dejado en la mesilla. —Relájate —le tocó el brazo e hizo que la mirara—. No hay nadie más aquí. Apartó la mano de la pistola y comenzó a jugar con el cabello de Jane. —¿Una pesadilla? —preguntó él. —Eras tú quien se movía y murmuraba. Pronunciaste mi nombre. —Dudo que fuera una pesadilla, entonces —movió las cejas. Jane reconocía una negativa cuando la veía. —Si alguna vez quieres hablar de ello, escucharé. —De acuerdo —repuso con una voz que indicaba que no tenía idea de lo que hablaba. —A veces hablar ayuda a que el sueño se desvanezca. Les das poder al mantenerlos dentro. Él suspiró. —Jane… —No tienes que contármelo. Sólo si quieres hacerlo. Probablemente, también dormirás mejor. Si no has visto… lo que sea. —El problema es que yo no veo nada —respiró hondo antes de continuar—. No duermo bien porque me he entrenado para estar en estado hiperalerta. A


menos, claro está, que tu chucho y tú estéis tratando de salir del campamento para que os secuestren. Jane se sonrojó. —He dicho que lamentaba eso. Con suavidad, le tocó la mejilla amoratada. —Yo también. —No fue tu culpa. —¿De quién, entonces? Se suponía que te estaba protegiendo. —Si quieres distribuir culpas, achácaselas al hombre que me golpeó —vio que no lo había convencido—. Te pregunté por tus sueños cuando estábamos en México —le recordó—, y te mostraste muy raro. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 92—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Porque no tengo ninguno. O al menos, ninguno malo. ¿No es eso raro, teniendo todo en cuenta? Sin duda había visto y hecho cosas bastante horribles. Jane jamás había sabido


de una persona que no reviviera esa clase de experiencia en sus sueños. Ésa era la naturaleza del subconsciente. Bobby se apartó de sus brazos y se sentó en el lado de la cama. —Creo en lo que hago y soy muy bueno en ello. Cada hombre que he matado murió porque debería haberlo hecho. En el pasado, esas palabras le habrían inquietado, pero ya no. Jane había conocido al Pequeño General. Le había alegrado verlo morir. No pensaba dejar que invadiera sus sueños o le robara un solo momento de su vida. Saber que Bobby sentía lo mismo únicamente hacía que se sintiera más próxima a él. Alargó la mano y le tocó el brazo. Él reculó, pero Jane se negó a levantar los dedos. Se acercó más y apoyó la mejilla sobre su hombro y le rodeó la cintura con los brazos. —Eres el hombre más valiente que he conocido. Repitió las palabras que una vez le había dicho Bobby, y él rió. Con un movimiento rápido, giró en redondo, la tumbó sobre la cama y la penetró. El sexo fue lento y firme, dulce y sexy. No se dijo una palabra más, pero se transmitieron muchas cosas. Al terminar y cuando Bobby volvió a estar dormido, Jane clavó la vista en el


techo y se preguntó por qué no la había besado. Se tocó el labio inflamado. ¿Es que la encontraba fea? ¿Para él no era más que sexo? Recordó la película Pretty Woman. Julia Roberts jamás besaba a los hombres que pagaban para acostarse con ella. Un beso significaba mucho más que el sexo. ¿Sería también el enfoque de Bobby? No lo sabía, y le daba miedo preguntar. No quería que se marchara y no volviera jamás. Como había hecho su padre. Hizo una mueca al recordar eso. Había jurado que no necesitaría a un hombre. No iba a empezar con ése. El sonido de las puertas del ascensor al abrirse en la suite despertó a Bobby. Jane estaba del otro lado de la cama, tan lejos de él como podía. Frunció el ceño. Quizá le gustaba dormir sin estar pegada a otra persona. Aunque a él le gustaba eso. Cerró los dedos en la culata de la pistola mientras iba con sigilo hacia la puerta del dormitorio. Lucky gruñó… más irritada que enfadada. No se trataba de un narcotraficante, entonces, pero sí de alguien que no le gustaba. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 93—168


https://www.facebook.com/novelasgratis Recogió los calzoncillos y se los puso. Luego se situó detrás de la puerta mientras ésta se abría despacio. En el instante en que el intruso entró en la habitación, le colocó el antebrazo contra el cuello y lo apuntó con la pistola en la cabeza. Jane se sentó, pegando la sábana contra sus pechos desnudos. Tenía el cabello revuelto y las mejillas encendidas. Miró a Bobby y sonrió. —Buenos días, madre —saludó. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 94—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 11 Bobby soltó a la senadora Harker como si quemara. —Discúlpeme, señora. La mujer se volvió, mirándolo con frialdad. Él se puso firme. Por desgracia, había otra parte de él en igual posición que no podía ocultarse mediante unos escuetos calzoncillos. Se le encendió el rostro y las cejas perfectas de la senadora se alzaron. —¿Y usted es…? —Capitán Robert Luchetti.


—No se moleste en saludar —soltó—. ¿De modo que usted es lo mejor que tiene que ofrecer Delray? ¿Sabe el buen coronel que se beneficia a mi hija? —Madre, de verdad. ¿Beneficiar? Tengo treinta años. Si vas a entrar a hurtadillas en mi habitación a las siete de la mañana, vas a ver cosas que no tendrías que ver. Jane se levantó de la cama envuelta en la sábana y le arrojó a Bobby sus pantalones. Le dieron en la cara. Esa mañana no mostraba buenos reflejos. Al menos, no de cintura para arriba. —¿Cuándo superaste tu aversión a los hombres armados? —Cuando otros hombres empezaron a apuntarme con obscena regularidad — musitó Jane. —Mmm —la senadora Harker miró a Bobby—. ¿Cómo esquivó a los guardias? Bobby permaneció ahí, inseguro de si vestirse o continuar fingiendo que no se hallaba en ropa interior, tratando de dominar la erección de su vida delante de la madre de su… Jane. —Es de la Fuerza Delta —respondió Jane. Bobby aprovechó esa oportunidad para dejar a un lado la pistola y ponerse los


pantalones. El problema era que no podía encontrar la camisa. Probablemente se hallaba debajo de la cama. Miró alrededor de la habitación con rapidez y contuvo una mueca. Estaba colgada de la lámpara. Tendría que quedarse sin ella. —Soy consciente de su afiliación, Jane. —Entonces deberías saber que puede entrar donde quiere, cuando quiere. —Bueno, aquí, en cualquier caso. Los guardias fueron un chiste. —¿Lo fueron? —la senadora pareció disgustada. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 95—168 https://www.facebook.com/novelasgratis El ascensor volvió a sonar. Bobby alargó la mano hacia su pistola. La senadora Harker entrecerró los ojos. —¿Delray? —llamó. —Señora —respondió el coronel. Bobby dejó el arma en la mesilla. —Entre. Jane emitió un sonido de desagrado y fue al cuarto de baño. Bobby permaneció en posición de firme y esperó que su carrera se fuera por el desagüe.


El coronel Delray entró en la habitación; su mirada se posó en la cama deshecha y luego en Bobby, enfundado únicamente en los pantalones negros. —Señor —dijo éste. —Usted no, Luchetti —el coronel movió la cabeza—. Usted no. Bobby no supo qué decir. «No pude evitarlo» no le pareció una defensa apropiada. Lo habían adiestrado para soportar la tortura, el calor extremo, el frío increíble, el aburrimiento, la adrenalina… prácticamente todo. Pero una semana en compañía de Jane y había perdido el control de sí mismo. No tenía excusa. De modo que permaneció donde estaba y aguardó lo peor. Siempre podía ser granjero. —Luchetti, vístase y reúnase conmigo… —Un minuto —interrumpió la senadora. —Yo me ocuparé de esto. Le lanzó al senador una mirada que habría derretido la pintura de un porche. —Según mi hija, los guardias son un chiste. Este hombre puede entrar donde quiera, cuando quiera. El coronel se encogió de hombros. —Sin ninguna duda. Pero no pensé que intentaría entrar aquí.


—Quiero que sea su guardaespaldas. —¿Perdone? —soltaron el coronel y Bobby al mismo tiempo. —Ya está interesado en su cuerpo. Estoy segura de que querrá protegerlo. —Pero, senadora, es un Fuerza Delta. No puede operar dentro del país. —No va a operar. Va a proteger a Jane. —No puedo mandar a un hombre como Luchetti, que ha recibido un entrenamiento tan caro y exclusivo, a hacer de niñera. Debe ocuparse de varias células terroristas. Bobby carraspeó. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 96—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Señor, ¿le ha preguntado a la senadora algo sobre lo que he averiguado? La senadora Harker bufó. —No hay ninguna conspiración. Nadie me está chantajeando con Jane. No lo permitiría. Pero, por algún motivo, probablemente dinero, alguien va tras ella — agudizó la expresión—. Usted sabe que soy una mujer muy rica. —No, señora. El tema del dinero jamás había salido a colación.


—Mmm —no pareció creerlo. —Alguien la quiere muerta —señaló Bobby—. ¿Eso qué tiene que ver con su dinero? No contestó, y siguió mirándolo hasta que Bobby se preguntó si tendría la bragueta abierta, pero no tuvo valor para bajar la vista. —Haría mejor en poner a Luchetti a averiguar quién anda detrás de su hija que en desperdiciar su talento protegiéndola —indicó Delray. —Quiero al mejor. Según usted, él lo es. Haga que suceda, Delray. La senadora movió un pie con impaciencia. El coronel pareció incómodo. Bobby tuvo que preguntarse por qué su superior dejaba que le diera órdenes de esa manera. ¿Era todo por el dinero? Por desgracia, con los políticos y los militares, a menudo la respuesta era «sí». Una pregunta mejor sería por qué la senadora se comportaba de forma tan extraña. Quería a Jane protegida, pero no parecía querer que se atrapara al culpable, y eso le crispaba. —Lo haré —dijo. —No puede —indicó Delray—. Es un Delta y… —Estoy de permiso.


El coronel parpadeó. —Eso es verdad. Lo está. —Si elijo pasar esas vacaciones con Jane… —extendió las manos. —No es asunto mío —el coronel sonrió. Problema solucionado. Jane salió del cuarto de baño como si hubiera visto una rata, aunque a Bobby le costó creer que le hubiera importado mucho. Iba vestida con unos pantalones de color crema y una camisa que era casi rosada, aunque no del todo. Se había recogido el pelo en un bonito moño en la nuca, lo que hizo que los dedos le hormiguearan por tocarla. Casi ni notó los moratones de su cara. Era una reina amazona y había ido a defenderlo. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 97—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ni siquiera se le pase por la cabeza castigarlo, despedirlo, enviarlo a Siberia o adonde quiera que manden a los disidentes hoy en día —apuntó al coronel con un dedo—. Como lo mire de mala manera, crearé la mayor marejada mediática que jamás haya visto. He aprendido algo de ti, madre. —Relájate, Jane. Te presento a tu nuevo guardaespaldas.


Eso la frenó en seco. Bajó la mano y se quedó boquiabierta. Miró a Bobby y éste se encogió de hombros. —¿No tienes otro lugar al que ir? ¿Algún país que necesite que lo agiten, matar a algún terrorista? —Siempre. Pero le dejo la diversión a otro esta semana. Yo estoy de permiso. —Me prometiste que irías a casa a ver a tu familia. —En cuanto estés a salvo. Y ahora no lo estás. La senadora los observaba con demasiada atención. Bobby frunció el ceño. No quería mantener esa conversación delante de ella. No confiaba en la mujer. —Traeré mis cosas y me estableceré en la otra habitación. —Mmmm —la senadora puso los ojos en blanco—. La otra habitación. —Madre —advirtió Jane—. No sigas. —Creo que tengo derecho a saber si el guardaespaldas planea seguir beneficiándose a mi hija. Bobby recogió la camiseta de la lámpara y se la puso. Podía mentirle, pero ¿por qué? Recogiendo los calcetines y las botas, miró a Jane mientras le respondía a su madre.


—Sí, señora, pienso hacerlo. Salió del dormitorio en dirección al elegante ascensor, acompañado del coronel Delray. Sintió la mirada de censura de éste. Pero lo único que veía era la sonrisa de Jane. —¿Qué pasó con la mujer que no quería a un hombre? —Jamás dije que no quisiera a un hombre —señaló Jane. —Oh, es cierto. Querías un hijo sin un marido. ¿Lo sabe el capitán? —¿Por qué debería saberlo? No planeamos un compromiso de por vida. —¿Planeas quedarte embarazada y mandarlo a paseo? —¡No! Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 98—168 https://www.facebook.com/novelasgratis La ausencia de control flotaba en su conciencia. Pero si no se lo había contado a Bobby, desde luego no pensaba decírselo a su madre. —He de decir, Jane, que quedar embarazada del guardaespaldas, aunque sea de la Fuerza Delta, no sería de ayuda. —¿De ayuda?


—Para mi carrera. Miró fijamente a Raeanne. —¿Madre? —¿Sí? —¿Para qué piensas utilizarme esta vez? En vez de sentirse insultada y marcharse para no volver jamás, Raeanne se acarició los labios rosa con una uña a juego. —El Baile de los Patriotas. —¿Qué? —El baile de bienvenida a Washington al regresar después de un verano de ocio. —Tú nunca abandonas Washington —señaló Jane. —No progresaré si no trabajo más y con más ahínco que los demás. —Algunas personas considerarían que ser senadora es un buen progreso. —No yo —miró a su hija—. El baile es en tres días. Por ese entonces, habremos podido tapar esos moratones. —No pienso ir a un estúpido baile. ¿Has pasado algo por alto? Alguien trata de matarme. O tal vez secuestrarme. Aún no lo tengo claro. —La seguridad en el Baile de los Patriotas llega a la obscenidad. Todo el


mundo que es alguien estará allí. —Salvo yo. —Tú estarás allí. —No. —Donaré cien mil dólares a ese agujero de estiércol que llamas poblado. Jane se paralizó en mitad de una negativa. —Un cuarto de millón a los Médicos de la Misericordia —replicó. Su madre entrecerró los ojos, luego asintió y extendió la mano. Jane titubeó. Sentía como si estuviera haciendo un pacto con el diablo. Pero por un cuarto de millón, no sólo lo haría, sino que lo cumpliría. Estrechó la mano de Raeanne. —Excelente. Y ahora, necesitarás un vestido. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 99—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Se echó para atrás, estudió a su hija de la cabeza a los pies y frunció el ceño. «Aquí viene», pensó Jane. —¿Has ganado peso? —No desde la última vez que lo preguntaste —su madre hizo una mueca—. Mido un metro setenta y ocho, y mi peso es el correcto para mi estatura.


—Sabes que esas tablas son muy generosas. —Son sensatas. Raeanne agitó una mano. —Lo que tú digas, querida. Haré que te envíen algunos vestidos de tallas grandes. Jane apretó los dientes con tanta fuerza, que le dolió la mandíbula. Algo común cuando pasaba más de una hora en compañía de su madre. —Llamaré también al herborista. —¿Para qué? —Para tu cara. Necesitamos diluir esos moratones. —Sólo el tiempo puede hacer eso. —Te sorprenderías. Teniendo en cuenta lo exageradamente orgullosa que estaba su madre de su diploma en medicina, le sorprendía ver lo a menudo que Raeanne recurría a la medicina alternativa. No obstante, debía reconocer que había visto algunas curas asombrosas y naturales durante sus años en diversas selvas. —Perfecto. —Luego, una limpieza de cutis y la manicura. ¡Zapatos! —Madre, por un cuarto de millón de dólares, puedes vestirme como Barbie y


exhibirme en un escenario como a Lassie. Pero no quiero oírlo antes de tiempo. Podría haberse ahorrado saliva. Raeanne siguió exponiendo todo lo que había que hacer hasta que Jane puso los ojos en blanco. Una vez más, fue Bobby quien llegó al rescate. Las puertas del ascensor se abrieron y apareció él con café. —Aleluya —murmuró Jane. Bobby dejó una mochila pequeña cerca de la puerta y cruzó la habitación, tratando de no tropezar con Lucky, la perra saltarina. Depositó la bandeja en un extremo de la mesa. También había croissants. Podría amar a ese hombre. Ese pensamiento la hizo parpadear. No amaba a Bobby. No podía. Era una receta segura para el sufrimiento. Él no iba a quedarse. Pero tampoco ella. —Ha sido rápido —comentó su madre. —Viajo con poco equipaje. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 100—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Mmm —Raeanne puso una expresión de evidente desdén—. He de ponerme en marcha si pretendo hacer esas llamadas antes de tener que ir al Capitolio. Espera los vestidos, los zapatos y demás antes del mediodía. Haré que el herborista y la


estilista te llamen antes de venir. Bobby abrió la boca y Jane movió la cabeza. Si Raeanne quería irse, debían dejarla. Él escoltó a su madre hasta el ascensor como si nunca hubiera estado ante ella sólo en calzoncillos. En cuanto las puertas se cerraron, se volvió. —¿Qué sucede? Jane suspiró y le explicó la locura de su madre. —Lo siento. Sé que protegerme en un baile estúpido no era lo que tenías en mente —ladeó la cabeza—. De hecho, ¿qué tenías en mente? Estoy segura de que tienes mejores cosas que hacer. —¿Mejores que protegerte la vida? —le miró la cara golpeada, pero no pareció notar los moratones—. Hoy no. Mañana o la semana próxima, tampoco. Jane sonrió. —Eres muy dulce. —Dulce. Un adjetivo que pocas veces se emplea conmigo. —No obstante —le sirvió una taza de café y luego otra para ella—, lo eres — él bufó—. No tenemos que ir al baile. Como mi guardaespaldas… —vaciló con esa


palabra y Bobby sonrió—. ¿Has sido guardaespaldas con anterioridad? —No de una espalda tan bonita. —Vale —movió la cabeza—. No tienes que halagarme, Luchetti. Me tienes convencida. —No te halago, Jane. Tienes el cuerpo más espléndido que he visto en años. Realmente parecía creerlo. Desde luego, había estado escondiéndose en cuevas y en compañía de tipos barbudos. Lo que explicaba muchas cosas. Se trataba de una aventura, nada más, y debía dejar de zambullirse en esas fantasías donde los finales felices eran reales. —He sido guardaespaldas antes —repuso Bobby—. Por lo general, protejo a líderes de pequeños países del Tercer Mundo, que son depuestos o asesinados en cuanto abandonamos dicho país. No son muy suaves, no huelen bien y bajo ningún concepto me hace feliz estar con ellos. —¿Qué? —preguntó Jane, aturdida. Bobby sonrió y bebió café. —El baile no será ningún problema. Tu madre tiene razón. La seguridad que habrá será sideral. Pero ¿por qué insiste en que vayas? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly


Nº Paginas 101—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Siempre me pide que asista a esos acontecimientos formales. Yo siempre le digo que no. —¿No te gusta que te traten como a una muñeca y que te saquen a bailar? —No soy una muñeca y no bailo. La miró por encima del borde de la taza. —He tocado un punto sensible, ¿eh? —Parecía una boba en esos vestidos de debutante. Tembló al recordar los encajes y los lazos, los tonos pastel, que sólo habían hecho que pareciera más grande y menos femenina de lo que era. —Ni siquiera voy a discutir los tacones. Descalza era varios centímetros más alta que los chicos presentes. —Pobrecilla —murmuró Bobby—. Eso tiene que haber sido duro. ¿Ni uno sólo de esos chicos bobos te invitó jamás a bailar? —No sé bailar —susurró ella. —Creía que esos colegios caros daban clases de baile. Y así era. Pero Jane jamás había terminado de dominarlo. —Yo sé bailar —dijo Bobby.


Jane alzó la mirada. —¿Vals? ¿Cosas por el estilo? —Mi madre nos hizo aprender. Junto con primeros auxilios y diversas cosas que ella consideraba básicas. —Me gusta tu madre. —Probablemente, te gustaría —ladeó la cabeza—. ¿Quieres que te enseñe? —No pasa nada. —Hasta el baile, creo que lo único que tenemos es tiempo. Tenía razón, y la idea de moverse al son de la música en sus brazos fue demasiado tentadora como para negarse. —Claro. ¿Por qué no? Bobby fue al equipo de música oculto en un mueble de madera de cerezo y jugó con algunos botones. Sonó música de los años cuarenta… algo lento, fluido y sexy. Tal vez Glenn Miller. Jane no estuvo segura. Bobby alargó la mano. Jane la miró y titubeó. —Te prometo que no te pisaré —afirmó. —Pero yo sí. Él movió el pie, enfundado en una lustrosa bota negra del ejército. —Es la menor de mis preocupaciones.


Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 102—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Como hipnotizada, permitió que la pusiera de pie y luego que la tomara en brazos. Tropezó y habría terminado sobre sus pies, pero Bobby la alzó del suelo y luego dio vueltas y vueltas como si no pesara más que una niña. La fuerza de sus brazos, la presión de su cuerpo, el remolino de la habitación la marearon, y rió. Bobby dejó de dar vueltas y la miró. —¿Qué? —dijo ella. —Me gusta tu risa. No la practicas a menudo. El cabello se le había soltado. Un mechón se había pegado a la boca de él y Jane lo apartó. La yema del dedo le rozó el labio inferior y los ojos de Bobby se oscurecieron. Durante un instante, pensó que podría llegar a besarla. Cerró los dedos sobre esos hombros poderosos y algo flotó entre ellos… algo al mismo tiempo viejo y nuevo, tan antiguo y misterioso como las ruinas que poblaban México. La canción terminó y el silencio imperó en la habitación, quebrado solamente por el sonido entrecortado de sus respiraciones. Él relajó los brazos y ella


comenzó a deslizarse por su cuerpo. Sus bocas se acercaron más y más, y entonces… Un sonido vivaz y alto estalló de la radio, y Lucky, despertada de la siesta, se puso a ladrar. Bobby soltó a Jane y dio media vuelta para ir a cambiar de emisora. —Sshhh, pequeña —murmuró Jane, observando alejarse esa espalda ancha. Parpadeó y pensó que se iría… que sólo era cuestión de tiempo—. Olvídalo —dijo—. No se me da nada bien bailar. —Lo conseguirás. Te lo prometo. Deberías haber visto a mi hermano Dean. No sólo es zurdo, sino que tiene dos pies izquierdos. —¿Y ahora baila? —Más o menos. —¿Y eso qué se supone que significa? —Puede, pero elige no hacerlo. A Dean no le gusta bailar. —Y a mí tampoco. Regresó y la tomó en brazos a pesar de sus protestas. —Claro que sí. Ríes, sonríes, bailarás. Comenzó a enseñarle los pasos de un vals. Ella trató de seguir sus pies, de escuchar su voz explicándole qué hacer, luego contando en su oído. Pero estaba


demasiado distraída por su contacto, su olor, su calor. ¿Qué le pasaba? La había atacado el bicho de la lujuria. ¿Qué iba a hacer al respecto? Lo mismo que hasta entonces. Ceder a sus impulsos. Como su madre insistía en que tuviera un guardaespaldas, en que éste fuera Bobby Luchetti y en que asistieran al baile, iba a disfrutar todo lo que pudiera. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 103—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Ya le sobraría el tiempo para vivir sola cuando él regresara a su trabajo. Una hora más tarde, empezaba a entender el mecanismo. Llevaba varios minutos sin tropezar y una canción entera sin pisarlo. Él le besó la frente y ella alzó la boca, suplicando más. Bobby no pareció notarlo. —Lo estás haciendo muy bien. —Mmm —apoyó la cabeza en su hombro, deseando que el baile durara para siempre. —El coronel cree que sufres de un caso de adoración del rescatador. Jane se puso rígida. —¿Disculpa? —No quería que te viera porque creía que podrías haberte apegado a la persona


que te había rescatado. A veces es algo que les sucede a las víctimas de secuestro. Lo miró a los ojos mientras seguían moviéndose al ritmo de la música. Parecía molesto por la perspectiva de que pudiera estar acostándose con él por un equivocado sentido de la gratitud. —Quería acostarme contigo desde mucho antes de que apareciera el Pequeño General. Él se quedó quieto. —¿Qué? —Un hombre atractivo irrumpe en mi cabaña y me arrastra a la selva. Por supuesto que quería estar contigo. Acababa de colocar la relación en el sitio que le correspondía. Sólo le quedaba lograr que no se moviera de ahí. —Me odiaste. —No por mucho tiempo. —Porque te rescaté —suspiró él. Jane le metió la mano por debajo de la camiseta, le acarició el estómago y luego pegó el cuerpo contra el suyo a medida que moría la canción. —Si esto es adoración al rescatador —susurró—, ¿por qué no vuelves a


rescatarme? La miró a los ojos hasta que comenzó la siguiente canción, luego la tomó de la mano y la condujo al dormitorio. En esa ocasión, cerró la puerta. Luego la rescató. Más de una vez. Los siguientes días fueron un torbellino de vestuario, zapatos, pruebas, médicos. Hubo momentos en que pensó que era una princesa atrapada en una torre. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 104—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Salvo que su caballero también estaba atrapado con ella… al igual que un dragón llamado Lucky. La mejor parte eran las noches que Bobby y ella pasaban juntos. Una vez solos, pedían la cena, bailaban, charlaban, reían y se retiraban al dormitorio grande para ejecutar juegos de rescate más y más atrevidos. Pero el tiempo pasó hasta que llegó el día del baile. Mientras se vestía, Jane se preguntó qué pasaría cuando el reloj diera la medianoche y el baile terminara. —¿Soy la Cenicienta o la princesa Fiona? Movió la cabeza y se puso el ceremonial vestido púrpura. Algo iba a tener


que pasar en breve. No podía vivir indefinidamente en una torre… sin importar cuánto pudiera desearlo. Se miró en el espejo. Al principio había rechazado el vestido por ser demasiado brillante y llamativo. Pero la diseñadora había insistido. —El color es perfecto para usted. Y había tenido razón. Esa tonalidad de púrpura hacía que sus ojos resplandecieran con un verde intenso. Claro que también a ello ayudaba la sombra de ojos hábilmente aplicada. La experta que la había maquillado había realizado un trabajo excelente. Ni siquiera ella, que sabía dónde mirar, podía ver los moratones. La estilista le había recogido el pelo de tal forma que parecía que llevara una corona. Las mechas le habían convertido el pelo en oro. El sujetador le resaltaba el escote y el gel que le habían extendido por la piel hacía que los pechos y los hombros brillaran casi tanto como el collar y los pendientes de diamantes de su madre. —No está mal para Jane, la Fea del Yucatán. —¿Quién te ha llamado eso? Dio un grito y giró en redondo. En el umbral estaba Bobby vestido con un


esmoquin. Se lo veía tan deslumbrante, que al principio Jane no pudo hablar. Y cuando lo consiguió, sólo pudo decir: —Vaya. —Te he sorprendido. —Pensé que llevarías uniforme —había disfrutado con algunas fantasías de que luego se lo quitaba. —Los Delta en realidad no tienen uniforme. Pertenecemos al ejército, pero vestimos con ropa de civil. Además, el coronel y yo pensamos que así encajaría mejor. El recordatorio de que iba a la fiesta a protegerle la vida y no a un acontecimiento social apagó un poco su estado de ánimo. Bobby alargó la mano y la sacó del cuarto de baño. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 105—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Quién te llamó de esa manera? —¿Aparte de mi madre? La sonrisa de Bobby se transformó en un gesto ceñudo.


—Necesita que le calibren la vista. «Entre otras cosas», pensó Jane, pero no dijo nada. No quería estropear la noche discutiendo sobre Raeanne Harker. Lucky dio vueltas alrededor de sus pies, como oliendo que había algo especial en el aire. Jane también lo sentía. Decididamente, era Cenicienta, no Fiona. Cuando llegara la medianoche, todavía se sentiría como una princesa y no un ogro, aunque el vestido se convirtiera en harapos. Bobby alzó sus manos y le hizo dar una vuelta. La falda del vestido se abrió y luego se enroscó en torno a las piernas desnudas. Le gustó la sensación, de modo que la repitió. —Bonitos zapatos —comentó él. Jane bajó la vista a las sandalias plateadas, que habían costado casi tanto como el vestido. Bobby le ofreció el brazo. —¿Nos vamos? Jane titubeó. Había estado entusiasmada, pero en ese momento, sólo estaba nerviosa. Nunca había asistido a un baile con un hombre. Desde luego, no «asistía» con él. Bobby era su guardaespaldas. —Resérvame la última canción —susurró él. Sus ojos se encontraron. El nerviosismo la abandonó. Mientras Bobby


estuviera presente, todo iría bien. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 106—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 12 Bobby se sintió incómodo desde el momento en que llegaron al baile, y no supo descubrir la causa. La seguridad era de primera, como debía ser para semejante acontecimiento. Si hubiera un ataque terrorista contra ese edificio, o un único chiflado con un arma, la mitad del Congreso y casi todo el Senado desaparecerían. El Museo Connelly era nuevo y reluciente, razón por la cual el Baile de los Patriotas se celebraba allí. Había una alfombra roja, que los asistentes tenían que cruzar para llegar hasta el lugar de la celebración. Habría preferido llevar a Jane por la parte de atrás, por la cocina y directamente a la sala de baile, pero la madre de ella había insistido en que lo hicieran por la entrada principal, como todos los demás. Los reporteros y los fotógrafos se empujaban para ocupar un sitio de privilegio detrás de los cordones de seguridad. Los fogonazos de las cámaras iluminaban todo


el lugar. Resultaba evidente que la senadora era de la opinión de que el único motivo para asistir a semejante acontecimiento era para ser fotografiada a la entrada. A juzgar por la expresión de Jane, poco podía importarle. Sólo quería que se acabara todo eso. Entre la multitud, se veía a hombres y mujeres con vestidos de noche y con auriculares diminutos en los oídos, que los marcaban como agentes del Servicio Secreto, aparte del sello de los rostros estoicos y el desinterés en todo menos en los asistentes. Un rápido vistazo hacia arriba hizo que Bobby asintiera con gesto de aprobación. Francotiradores de la policía en los tejados. No había duda de que cerca habría un avión de combate. No obstante, esa diana en el centro de la espalda de Bobby había empezado a escocerle. —Entremos —murmuró. Con o sin seguridad férrea, si alguien quería disparar, podría hacerlo. Razón por la que proteger a un presidente de Estados Unidos no era un trabajo que alguna vez quisiera desempeñar. Fueron hacia las puertas. No prestaron atención a los periodistas que intentaron


sacarles una declaración y entraron en el edificio. Justo en el interior había detectores de metal. Bobby mostró su documentación, que le permitiría introducir un arma. Sorprendentemente, Jane activó la alarma. —¿Cadera o rodilla de metal, una placa en la cabeza? —preguntó la oficial mientras la cacheaba. —Quizá sean los alfileres en mi cabeza —sugirió ella. La mujer acercó el detector y el aparato se encendió como un árbol de Navidad. Después de explorar el peinado de Jane con un lápiz, la dejaron pasar. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 107—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Eso ha sido estimulante —dijo ella. —Maravilloso —repuso él con tono seco—. ¿Te haces una idea de las veces que se va a activar ese aparato si salta con unos alfileres para el pelo? —¡Jane! La voz de la senadora Harker los sobresaltó a ambos. Bobby apoyó la mano en la espalda de Jane cuando se volvieron. Aunque sabía que debía dejar de tocarla, no podía evitarlo. Le gustaba la calidez de la piel debajo del satén.


—Capitán —la senadora lo saludó sin mirarlo a la cara. Jane se acercó medio paso más a él, y Bobby le frotó la cadera con el dedo pulgar, donde nadie más podría verlo. Ella le dedicó una mirada agradecida. No entendía la relación que mantenía con su madre. No parecían caerse bien. Pasaban poco tiempo juntas, jamás se abrazaban y siempre que era posible, se lanzaban pullas verbales que habrían sacado sangre de haber sido con los puños. —Jane, quiero presentarte a mi secretario, Greg Wylie. Ha estado trabajando noche y día para ayudar a organizar el baile. Un hombre joven, que esperaba detrás de la senadora lo bastante lejos como para que Bobby ni siquiera pensara que estaban juntos, en ese momento avanzó y extendió la mano. Más alto que él, era delgado y rubio, con gafas de montura metálica y el aire de los eternamente ricos. Jane le estrechó la mano. —Hola, Greg. Mi madre me ha hablado de ti. Participaste en las Olimpiadas, ¿verdad? Bobby enarcó una ceja. ¿Desde cuándo había una competición de aduladores baratos?


—Hablemos de eso mientras bailamos. Con la fluidez de una serpiente, Greg se llevó a Jane entre la multitud. Ella miró a Bobby y él le hizo una señal con la mano, dándole a entender que no importaba. No podía monopolizarla toda la noche. Aunque lo quisiera. Se situó de tal manera que pudiera mantenerla vigilada mientras bailaba. Le había pedido que le guardara el último baile, pero quizá también debería haberle pedido el primero. Verla bailar en brazos de otro hombre después de que él le enseñara los pasos resultaba irritante. La senadora se acercó a él y también miró. Había esperado que encontrara cosas más apremiantes que hacer que hablar con él, pero sin suerte. —Hacen una pareja preciosa, ¿no cree? Bobby gruñó. No podía hablar en serio. Wylie era un burócrata trepador. No podía estar a la altura de Jane ni en un millón de años. Pero ¿cómo decirle eso a su madre? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 108—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Es más de su tipo, de su clase —la senadora apoyó una mano en el brazo de


Bobby—. Quiero que entienda que puede acostarse con el guardaespaldas, pero no va a casarse con él. Él tuvo que hacer un esfuerzo para no quebrar el contacto. Se volvió hacia ella. —No recuerdo habérselo pedido. La senadora esbozó una sonrisa de pura astucia. —Maravilloso. Mientras para los dos no sea más que una aventura, nadie saldrá herido. —Aventura. Eso. Lo que en realidad era. Siempre había sido. No había motivo para que sintiera que le habían dado una patada en el estómago. —Tengo grandes planes para Jane, y casarse con un soldado, aunque sea el mejor, no figura entre ellos. Va a ser una de las doctoras más importantes de Washington antes de cumplir los cuarenta. Dos hijos y un marido encaminado hacia la Casa Blanca. —¿Está Jane al corriente de esos planes? —Por supuesto. Lo he hablado con ella muchas veces. Bobby no lo veía. Jane insistiría en llevarse a Lucky. La idea de que esa perra


viviera en el 1600 de Pennsylvania Avenue era abiertamente divertida. —Buena suerte con eso —murmuró mientras se alejaba para obtener un ángulo mejor de Jane y el Príncipe Encantado. La noche fue larga. Especialmente porque tuvo que ver a la mujer que había llevado al baile danzar con todos los hombres de la sala. Jane en ningún momento lo olvidó. Cada vez que terminaba una canción, miraba en su dirección, incluso avanzaba hacia él. Pero de inmediato se veía asediada. Estaba hermosa. Desde luego, ser doctora e hija de una senadora tampoco representaba una desventaja. En especial en esa ciudad. Por una noche, era la bella del baile. Pero cuando el reloj diera la medianoche, volvería a ser Jane. Y él estaría ahí para reclamar el último baile. Jane jamás había sido tan popular. Se preguntó si sería el vestido, los zapatos o el peinado. Se dijo que lo más probable era por su madre. Después de escuchar a Wylie no parar de hablar de sus días como atleta olímpico, le había encantado pasar a bailar con el siguiente hombre. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly


Nº Paginas 109—168 https://www.facebook.com/novelasgratis En más de una ocasión le habían dicho que la senadora Harker alcanzaría una posición en el gabinete en unos pocos años. Cualquiera que en Washington quisiera hacerle la pelota a Raeanne podría considerar positivo tomarse la molestia de seducir a su hija demasiado alta, demasiado lista y no del todo bonita. Era una pena que dicha hija sólo tuviera a un hombre en la cabeza. El que esperaba pacientemente en el borde de la pista de baile, con los ojos azules sobre ella, haciéndole recordar cosas que habían hecho en la oscuridad e incluso a la luz. Estaba impaciente por salir de ahí, quitarse esa ropa de gala y luego quitarle el esmoquin a Bobby. —Y ahora, damas y caballeros, nuestra última canción de la velada. Jane buscó a Bobby, que ya avanzaba entre la gente en su dirección. Ella hizo lo mismo. Alguien la tomó por el codo y tiró de ella, con un poco de exceso de fuerza, y la hizo trastabillar. —Doctora, lo siento —Greg Wylie la soltó—. Sólo quería suplicarte el último baile.


Jane observó a la mascota de su madre. En un momento u otro, debía de haber perdido la cabeza y haberle confiado a Raeanne el tipo de hombre que prefería, porque Greg parecía haber sido clonado de esa descripción. Sin embargo, no sentía ningún interés por él. —Éste es mi baile, Wylie —Bobby había llegado a su lado. Bobby tomó la mano de Jane justo cuando iba a hacerlo el otro. A Greg no le gustó descubrir que lo habían vencido. —No puede bailar con el guardaespaldas —se mofó Wylie—. Largo —la tomó del brazo y tiró. Bobby sostuvo la otra mano. Jane se sintió como un hueso de la suerte. —¡Eh! ¿Os importa? Se apartó de ambos. Bobby la soltó. Greg no. Bobby se plantó delante de Jane y murmuró: —Romperé cada dedo de esa mano si no desaparece de su brazo en uno, dos… Wylie alzó los brazos en gesto de rendición. —Cielos, amigo. Relájate. ¿Tanto entusiasmo? —No te haces idea —se llevó a Jane lejos de Wylie y hacia el centro de la pista.


Estaba rígido; respiró hondo y soltó el aire despacio. Luego lo repitió. —¿Estás bien? —preguntó ella. —Sí. ¿Y tú? —¿Por qué no iba a estarlo? —Ha sido una escena desagradable. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 110—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —No. Desagradable es estar en esta fiesta cuando preferiría estar en el hotel contigo. Eso ha sido, simplemente, irritante. La tensión desapareció de los hombros de Bobby. Jane se los frotó con las palmas de las manos. —Relájate, soldado. Aquí no hay nadie a quien combatir. —Me gusta cuando me llamas de esa manera. —¿De verdad? ¿Y qué me dices de cuando te llamo…? —acercó los labios a su oído—. Bobby —susurró jadeante, como si lo tuviera enterrado en lo más hondo de ella. Él se atragantó y se echó hacia atrás. Jane rió. Él no. ¿Qué le pasaba? —Lamento que tuvieras que estar toda la noche de pie mientras yo bailaba.


—Es mi trabajo. —No puede haber sido divertido. —La diversión está en los ojos del observador. Yo te observaba a ti. Una gran diversión. No estuvo segura de que fuera un cumplido o un sarcasmo. —Estoy cansada —dijo, apoyando la cabeza en su hombro. Tenía la altura justa. —¿Sabías que tu madre quiere que consigas un trabajo aquí, que te cases con un político y que tengas dos hijos? —Mmmm. —¿Qué dices al respecto? —Que los dos hijos lo van a tener difícil. Él rió y ella se echó para atrás con el fin de ver la diversión en su cara y luego en sus ojos. La ligereza se evaporó, sustituida por algo más oscuro, poderoso y peligroso. Sus pasos se ralentizaron y Jane contuvo el aliento al tiempo que todo el mundo desaparecía. «Al fin», pensó cuando la boca de él tocó la suya. Había esperado y anhelado eso durante cada noche apasionada. Había


comenzado a pensar que a él no le importaba, a temer no ser más que un breve interludio en Washington. Y en México. Quizá aún fuera verdad, pero al menos la había besado. Al fin. El beso de Bobby había merecido la pena la espera. Tenía los labios suaves. Cuando ella respondió con un suspiro ante el contacto, él lo profundizó, haciendo que se probaran mutuamente. La boca demandaba y reclamaba al mismo tiempo. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 111—168 https://www.facebook.com/novelasgratis El abrazo fue más intenso, el beso una explosión de sensaciones. No pudo pensar más allá del momento, no conoció nada salvo a Bobby y a ella, juntos de un modo en que nunca antes habían estado. La pegó más a él, sin dejar de moverse al son de la música. El cuerpo duro, las manos firmes, pero la sostenía como si fuera una mujer de cristal, como si fuera a fragmentarse en un millón de piezas si la dejaba sobre el suelo de mármol. Se aferró a los hombros de él y los bailarines remolinearon a su alrededor. En


la distancia, un reloj marcó la medianoche. La gente debía de estar mirándolos; a su madre le daría un ataque. Probablemente, al día siguiente habría una foto de Bobby y ella en el periódico mientras se besaban. No le importaba. Bobby alzó la cabeza. Con delicadeza, apoyó un dedo en los labios de ella. —¿Te he hecho daño? No podía hablar, sólo era capaz de mirarlo mientras el mundo parecía moverse. La orquesta dejó de tocar. Los invitados aplaudieron. El reloj siguió sonando mientras Bobby y ella se encontraban en el centro del universo, solos. Entre dos campanadas se oyó un pop extraño. Pero cuando los ojos de Bobby se abrieron mucho y la derribó, cubriéndole el cuerpo con el suyo, lo entendió. Menos mal que no era una mujer de cristal, porque se habría hecho añicos. Si no de que la arrojara al suelo y le pusiera encima unos ciento veinte kilos de puro músculo, entonces por el disparo que sin duda había apuntado a su cabeza. Se produjo el caos cuando uno de los hombres vestidos de esmoquin cayó al suelo y la sangre comenzó a manar de una herida en el hombro.


Bobby alzó la vista, calculando la trayectoria. No sabía quién era el sujeto, pero no creyó que el tirador hubiera ido tras él. Había buscado a Jane. De lo contrario, los disparos no habrían cesado. Había demasiados peces gordos en ese estanque como para que el culpable hubiera estado apuntando a un pez determinado y fallara. Incorporó a Jane y la empujó hacia la puerta, colocando su cuerpo entre ella y el arma. Por desgracia, todos los asistentes se dirigían hacia la misma salida. —Por aquí. Tomó a Jane del brazo y la llevó por un corredor estrecho. Al encontrar una puerta, la abrió y suspiró aliviado al comprobar que llevaba adonde él había creído. —Un muelle de carga y descarga. Que debía de ser seguro, ya que nadie del Servicio Secreto dejaría sin proteger un sitio por el que podía entrar cualquiera. No obstante, asomó la cabeza. Nadie se la voló. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 112—168 https://www.facebook.com/novelasgratis


Nadie lo detuvo tampoco. Salió con cautela, indicándole a Jane con una señal que permaneciera detrás de la puerta. Los guardias estaban muertos en el pavimento. —Esto no es bueno —musitó. Y en ese momento supo que tenía que sacar de allí a Jane. Con rapidez, inspeccionó la zona. Por lo que pudo ver, el francotirador había abandonado el tejado. Probablemente, había entrado después del primer disparo. Gran error. Pero demasiado tarde ya para repararlo. Sólo había un vehículo fuera… una camioneta de reparto que debía de haberse usado para llevar el catering. Bobby saltó del muelle, corrió hacia el vehículo y lo arrancó con un puente en menos de un minuto. Luego retrocedió hasta la puerta para que Jane pudiera subir. Mientras salía del lugar, ella llegaba hasta el asiento delantero. —Mantente agachada —ordenó él—. Lejos de las ventanillas. Ella se sentó en el suelo. —Alguien tenía un arma. —Eso parece. —¿Cómo?


—Excelente pregunta. Las únicas personas que deberían haber estado armadas eran de las fuerzas de seguridad. Entonces, ¿cuál de ellas había aceptado un soborno para meterle una bala en la cabeza a la buena doctora? —Alguien intentaba dispararme, ¿verdad? La miró. No parecía conmocionada ni histérica, de modo que asintió. —¿Y ahora qué? —preguntó ella. Bobby no estaba seguro. Podrían regresar al hotel, que había sido seguro durante la última semana, pero su instinto se lo desaconsejó. Y confiaba en él, ya que era lo único que lo mantenía vivo en muchas ocasiones. —Creo que deberíamos largarnos de Washington —aventuró. —De acuerdo. Sacó la camioneta a la interestatal. —En cuanto recojamos a Lucky. —No puedes hablar en serio. —Puedo. Y lo hago. Si la dejo atrás, terminará en la calle o peor. —Me ocuparé de que el coronel se encargue de ella. —Quiero a mi perra. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 113—168 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Pero… —Discutir sólo nos hará perder tiempo. Eres uno de los mejores agentes antiterroristas que hay. —Contraterrorista —corrigió de forma automática. —Lo que sea. Deberías poder entrar sin ser visto, recoger a la perra y salir de ahí antes de que alguien pueda notar la diferencia. Tenía razón, pero intentó una vez más convencerla. —Lucky no es lo que se dice un perro que no llame la atención. Por si no lo has entendido, estamos huyendo. —¿Piensas parar para dar un paseo? —No, pero Lucky tendrá que hacer sus necesidades. —En el bosque. En los campos. En los caminos comarcales. Cielos, Luchetti. ¿Quién te enseñó a ser invisible? Los mejores. Salvo que nunca había tenido que desaparecer con una mujer enfundada en un vestido púrpura y su perro tuerto. Enfiló la camioneta en dirección al Hotel Jefferson. Momentos más tarde, se detenía ante su muelle de carga. —Mantente fuera de vista —dijo—. Si alguien llama a la puerta, no contestes. —Hecho —musitó ella.


Bajó del vehículo y cerró a su espalda. Era pasada la medianoche y el hotel aún se hallaba ocupado, aunque no demasiado. Bobby no dejaba de asombrarse de lo fácil que era entrar en un lugar sin que nadie lo detuviera, siempre y cuando diera la impresión de que estaba en el sitio adecuado. Esa noche no era diferente. Entró, asintió con la cabeza a algunas personas y continuó hasta el ático, donde recogió a Lucky con su correa y ropa para Jane y para él. Subía a la camioneta sin que nadie se hubiera percatado de lo que había hecho. Lucky bañó a Jane con su amor y los dos se tumbaron sobre un mantel en la parte de atrás mientras él se preparaba para una larga noche de conducción. Tendrían que cambiar de coche pronto. En cuanto el caos muriera en el museo y alguien se diera cuenta de que la camioneta había desaparecido. El FBI pensaría que la tenía el francotirador. Emitirían boletines, bloquearían las carreteras. No disponía de tiempo. —¿Adónde vamos? —preguntó Jane. Sólo había un sitio al que pudiera ir; donde, sin importar las circunstancias, sería bienvenido. —A casa —repuso—. Voy a casa. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 114—168 https://www.facebook.com/novelasgratis


Capítulo 13 Bobby condujo durante toda la noche. Desde Washington, D.C., hasta Gainsville, Illinois, había más de mil doscientos kilómetros… al menos doce horas de viaje. En cuanto salieron de Dodge, se cambiaron de ropa y cambiaron de coche… un eufemismo para hacerle el puente a un coche de un concesionario de coches usados y luego cambiar de matrícula en un centro comercial… el coronel se encargaría de que todo se pagara y solucionara más adelante. Jane se quedó dormida con la cabeza de Lucky en el regazo, lo que le brindó a Bobby tiempo suficiente para llegar a una conclusión. Ya no confiaba en la madre de Jane. En lo más hondo, no lograba convencerse de que Raeanne quería ver muerta a Jane. Era demasiado psicótico incluso para ella. Pero ¿por qué había insistido en que fuera al baile? ¿Por qué había contratado a un guardaespaldas? Si no era porque sabía que iba a pasar algo, entonces era porque sospechaba que, tarde o temprano, algo iba a pasar en alguna parte. Lo que significaba que Jane necesitaba estar lo más lejos posible de la senadora


hasta que él descubriera qué estaba pasando. En Gainsville deberían hallarse a salvo. Cuando un soldado entraba en la Fuerza Delta, dejaba de existir para el ejército regular. Los historiales personales se purgaban del sistema y se llevaban desde la Nómina de Seguridad del Departamento del Ejército. En teoría, nadie debería ser capaz de averiguar su dirección permanente. Desde luego, ¿qué grado de dificultad tenía localizar a un Luchetti en Illinois? Sin embargo, la granja familiar era fácilmente defendible. Se encontraba en mitad de ninguna parte, y la tierra a kilómetros a la redonda era llana. Nadie iba a sorprenderlos. Establecieron una buena marcha. Usó la interestatal y se mantuvo justo por encima del límite de velocidad. Demasiado rápido o demasiado lento haría que un patrullero los recordara. Sólo se detuvo en una gasolinera casi repleta, donde compró café, donuts y agua mineral. Igual que cualquier otro viajero. Hizo que Jane y Lucky se quedaran en el coche. Quizá ella se considerara corriente, pero él sabía que no lo era. Incluso sin el vestido, era deslumbrante. Alta y atlética, con un andar seguro. Su acento era refinado, de la Costa Este. Y si eso no bastara… el maquillaje había empezado a desvanecerse y resultaba obvio a la luz del sol que estaba recobrándose


de dos recientes ojos morados. En esa zona, eso podría hacer que todos tuvieran ganas de darle una paliza a él. Hizo lo que Jane sugirió, dar rodeos por caminos comarcales para permitir que Lucky pudiera bajar a hacer sus necesidades. En alguna parte de Indiana, mientras ella se desenredaba el pelo, él llamó al coronel. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 115—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Preparado para una reprimenda, se sintió complacido de oír una alabanza. —¿Qué pasó con la seguridad suprema? —Nadie lo sabe. Todo el mundo apunta al otro tipo. —¿Y el tirador? —Desapareció. —¿Cómo puede ser? —¿Por qué no me lo dice usted? —Muelle de descarga —indicó Bobby—. Mató a los guardias. Yo debí de pasar justo después que él. El coronel gruñó, guardándose para sí mismo lo que ambos pensaban. Si


Bobby no hubiera tenido que cuidar de Jane, habría ido tras el asesino, y sin duda lo hubiera apresado. Pero su trabajo era proteger a Jane, no perseguir a asesinos. Al menos esa semana. —¿Dónde está? —preguntó el coronel—. La senadora tiene un ataque de cólera. No le sorprendió. —Dígale a la senadora que Jane está a salvo conmigo —titubeó, incómodo de revelar por teléfono adonde se dirigían. Razón por la que tenían un código para situaciones de ese tipo—. Estaré donde nadie me conoce —indicó. Corrección: «Donde todos me conocen. En casa». —Llevarse al chucho no fue inteligente. Esa cosa llama mucho la atención. ¿Intentaba ser gracioso el coronel? Bobby no lo creyó. —Lo tendré presente —dijo. —¿Alguna noticia? —preguntó Jane cuando regresó al coche. Bobby abrió la boca, pero ella continuó—: Aparte del ataque que le ha dado a mi madre. Él cerró la boca y arrancó el coche. —Lo que pensaba —musitó ella. Entraron en Gainsville a eso de las tres de la tarde. —Oh, que bonito —exclamó Jane. —Llevo sin venir por aquí… mucho tiempo.


—¿Cuánto es «mucho tiempo»? No lo recordaba. —Años —repuso al final. Jane abrió mucho los ojos. —¿Llevas años sin venir a tu casa? —He estado ocupado. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 116—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y yo, pero voy a casa más a menudo que eso. Y has conocido a mi madre. ¿Por qué no había ido a casa? No lo tenía muy claro. Le gustaba su madre, incluso casi todos sus hermanos. No tenía problemas con su padre ni su hermana. No quería ser un granjero, nunca lo había querido. Pero jamás lo habían esposado a una vaca. Podía marcharse cuando quería, a diferencia de Dean, que se había ocupado del negocio familiar… y que llevaba muy bien. La granja era todo lo que Dean siempre había querido, así que no había motivos para que él evitara Gainsville. Del mismo modo en que había evitado llamar para decirles que volvía. Siempre


que aparecía lo recibían con los brazos abiertos, pero había querido evitar una reunión de la familia Luchetti. Se suponía que Jane y él se estaban ocultando. —Los sitios en los que he estado viviendo últimamente hacen que tu hogar resulte muy atractivo —dijo Jane. —Creía que te gustaba México. —Me gusta. Pero eso no significa que no eche de menos… —giró la cabeza con rapidez—. ¡Una librería! Bobby parpadeó. ¿De dónde había salido eso? Miró con más atención y vio una peluquería nueva, un restaurante familiar con un nombre que nunca antes había visto, y un edificio grande y gris donde se podía leer Gainsville Memorial, erigido en lo que recordaba era el maizal del señor Conway. Hacía demasiado tiempo que no iba por allí. —¿Está muy lejos tu casa? Ya no era su casa. Un hecho que nunca antes le había parecido triste. —Mis padres viven a unos ocho kilómetros de la ciudad. Allí —señaló tres silos que se alzaban hacia el cielo. —¿Tu padre es un patriota? —¿Eh?


Las banderas. Encima de cada silo había una bandera estadounidense ondeando con la brisa. —Oh. A mi padre le entusiasman el rojo, el blanco y el azul… desde antes incluso de que yo me alistara en el ejército. Pero esas banderas están ahí porque es propietario de los silos. —Claro que sí. Es su granja. —Sí, pero los silos cuestan casi tanto como pesan. Es una tradición que cuando un granjero paga la deuda de uno, lo corone con una bandera o pinte el icono en un costado. Supongo que se trata de una cuestión de orgullo. Para que todo el que pase por allí sepa lo bien que le va a esa granja. Jane observó las tres estructuras altas. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 117—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Les va muy bien, entonces. —Mi padre y mi hermano son ejemplos de granjeros. Bobby captó el orgullo en su voz e igual debió de hacer Jane. Lo miró con aprobación antes de clavar otra vez la vista en el horizonte. Momentos más tarde, entraba en el sendero sinuoso que iba desde la carretera principal hasta la granja de piedra y los brillantes y blancos edificios anexos.


En cuanto las ruedas pisaron grava, los perros aparecieron a la carrera. Así como la mayoría de los granjeros empleaba pastores de diversas razas, o cruces, porque estos perros salían duros, inteligentes y libres, en la granja de John Luchetti cockers de pura raza corrían entre las vacas, los cerdos, los gatos y los pollos. La última vez que Bobby había estado allí, sólo había habido dos, Bull y Bear, bautizados así en honor de los equipos preferidos de los Luchetti, como de casi todo Illinois. Sin embargo, Bear era un sabueso, en más sentidos que uno, y su aventura con una caniche francesa vecina había producido cachorros. Demasiados, a juzgar por el tamaño de la manada. Detuvo el coche. Los perros corrieron alrededor de ellos como si se tratara de un circuito de Fórmula Uno. Bear y Bull daban saltos enormes de alegría junto a la ventanilla de Bobby. Lucky pegó la nariz al cristal y suspiró. —¿Quieres jugar, pequeña? —preguntó Jane. —¿Está arreglada? —No tiene nada malo. —Arreglada como en… —Bobby hizo un gesto cortante con la mano—. Arreglada. —¿Esterilizada? —bufó Jane—. Sí. ¿En México?


—Bear tiene problemas. —Doy por hecho que es uno de los cockers saltarines. ¿Qué clase de problemas? —No consigue mantenerla en los pantalones. De ahí el cruce de caniches — señaló a la manada moteada. —¿Y el otro? —¿Bull? Nunca ha mostrado interés en ninguna hembra. Creemos que tiene daño cerebral. Jane rió entre dientes hasta que calló. Temiendo que los malos los hubieran alcanzado allí, Bobby metió la mano debajo del asiento en busca de su arma al tiempo que seguía la dirección de la mirada de Jane. Su madre se hallaba en el porche. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 118—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Jane jamás había conocido a la madre de alguien con quien se acostara. No sabía muy bien qué hacer. —¿Bobby? ¿Bobby? La señora Luchetti bajó del porche y corrió al coche. Los perros se apartaron de


su camino sin que se les dijera que lo hicieran. O bien le tenían un miedo pavoroso o bien… Le tenían un miedo de muerte. Abrió la puerta del conductor y Bobby salió directamente a su abrazo. —Bobby —susurró su madre. —Lo siento, mamá. —Shh. Lo abrazó con fuerza durante varios momentos. Jane supo que debería apartar la vista, pero el amor puro, el alivio y la sensación de familia eran demasiado fascinantes, y demasiado ajenos a ella como para resistirse. De pronto la señora Luchetti abrió los ojos y la sorprendió mirándolos. Quiso sentarse erguida y revelar todos sus secretos. —¿Dónde has estado? —preguntó la madre de Bobby. —En otra misión. De hecho, en varias. —¿Ella es una misión? —Ella es Jane. La doctora Jane Harker. Y, sí, lo es. Jane trató de no encogerse. Su madre aún la miraba como si quisiera arrancarle la parte superior de la cabeza y observar el interior. ¿Cómo podía llamarla «misión»? Aunque, ¿qué otra cosa podía llamarla? Se repitió que no quería construir una fantasía duradera alrededor de Bobby.


De manera que aludiera a ella como una misión no debería doler. Pero lo hacía. —Nadie puede saber que está aquí por unos días. ¿De acuerdo, mamá? La señora Luchetti retrocedió y colocó las manos en sus amplias caderas. Su trenza larga y blanca osciló. —¿Has venido a casa por que te estás escondiendo? —No exactamente. —Deja que lo plantee de esta manera, ¿habrías estado hoy en casa de no haber sido por ella? Jane se encogía para sus adentros cada vez que la mujer decía «ella». Bobby miró a su madre, luego a ella, después otra vez a su madre. Finalmente, alzó y bajó las manos y dijo una sola palabra. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 119—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —No. La señora Luchetti suspiró entre decepcionada e irritada. En ese momento, Lucky se escabulló por el espacio que había entre los asientos delantero y trasero.


Jane quiso detenerla, pero llegó demasiado tarde. —¿Qué es eso? —preguntó la madre de Bobby. —La perra de Jane. Necesitamos mantenerla alejada de Bear. En ese momento, Bear vio a Lucky, ladró y corrió hacia el establo con el rabo entre las piernas. —No parece que exista problema —murmuró la señora Luchetti—. Además, lo arreglamos después de media docena de caniches. —Jamás pensé que Dean se decidiera por eso. —No tuvo mucha elección —la señora Luchetti alzó la mano y la apoyó sobre la mejilla con barba de un día de su hijo—. Me alegra ver otra vez tu cara. Jane tuvo la impresión de que todo estaba perdonado. La mujer se inclinó ante la ventanilla. —Mis disculpas por ser grosera, doctora. Mi hijo lleva años sin venir a casa. —Eso he oído. —¿Y qué le parece eso? —¡Mamá! Jane ignoró a Bobby y respondió: —Creo que es criminal. Bobby le hizo burlas a espaldas de su madre.


—La cara se te va a quedar de esa manera —espetó la señora Luchetti. Frenó de inmediato como si le hubiera dado unos cachetes. Jane rió entre dientes. —¿Cómo lo haces? —demandó Bobby. La señora Luchetti le guiñó un ojo a Jane. —Vamos dentro, doctora. —Jane. —Jane. Yo me llamo Eleanor. Bajó del coche. Lucky se fue con los cachorros. —¡Qué diablos! Un rugido estalló desde la parte de atrás del establo. Jane miró a Bobby y a Eleanor. Los dos musitaron: «Dean». Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 120—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Un hombre apareció por el costado del edificio. Más que caminar, marchaba. Alrededor de sus botas embarradas flotaban pequeños remolinos de polvo. Era un poco más alto que Bobby, también más delgado… más fibroso que voluminoso. El pelo mostraba la misma tonalidad de castaño. Al levantar la vista, Jane quedó capturada por los familiares ojos azules en un rostro atezado por


una vida al aire libre. Lo consideró bastante atractivo, hasta que abrió la boca. —¿Por qué hay un perro nuevo? —demandó—. Si se puede llamar «perro» a eso. Jane frunció los labios, y dio un paso al frente para defender a su chica… que parecía haberse escondido debajo de la casa junto con el resto de la camada. Nadie asustaba a su perra… nadie. Sin embargo, se tragó las palabras cuando Dean se detuvo en seco al ver a Bobby. El júbilo aleteó por su cara durante un instante antes de mostrarse ceñudo. —Ya era hora —dijo—. Me preguntaba si alguna vez te ibas a molestar en visitar a los pobres provincianos que habías dejado atrás. Eleanor movió la cabeza y entró. Bobby no pareció insultado. Avanzó y apoyó ambas manos sobre los hombros de Dean. —Yo también me alegro mucho de verte. Dean bufó. Pero una sonrisa se esbozó en su cara. —¿Has hablado con Colin? —preguntó Dean. Bobby bajó los brazos. La tensión emanó de él. Se volvió, pero ella aún pudo ver su expresión.


—Te presento a Jane. Dean la miró, luego otra vez a Bobby. Su expresión sagaz hizo que deseara darle una patada. Era infantil, pero también el hermano de Bobby. —Aja. —Cállate —dijo Bobby—. Se va a quedar unos días. —¿Y tú? —Yo también. —¿No somos afortunados? Bobby no le hizo caso, lo que Jane empezaba a considerar el mejor modo de tratar con ese miembro de la familia. —¿Crees que podrás mantener la boca cerrada, junto con la de todos los demás? —preguntó Bobby—. Hemos de estar una temporada sin llamar la atención. Dean volvió a mirar a Jane. —¿Problemas? —Por diez. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 121—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Entonces considera mis labios, junto con los de todos los demás de la zona, sellados.


—¡Papá! Un niño de unos seis o siete años salió disparado del establo. Con ojos azules y brillantes, pecas e indómito pelo castaño, peto manchado y camisa rota, recordaba a Tom Sawyer. Tropezó con sus enormes pies y aterrizó delante de Dean. El hombre se inclinó e incorporó al pequeño. —¿Estás bien, Tim? La mano que pasó por el pelo revuelto del chico era grande y endurecida, pero el contacto fue gentil, igual que las palabras. Tim miró a Dean con una confianza y un amor tan ciegos, que Jane volvió a estudiar al hombre. En sus ojos vio la misma expresión, y el desagrado inicial que le inspiró se evaporó. Nadie podía ser tan malo si quería tanto a un niño. Todos los perros salieron de debajo de la casa y trataron de tirar otra vez a Tim. Lucky también salió y se unió a la diversión. —¿Quién es el nuevo? —preguntó Tim entre risas. —No te encariñes, muchacho. Sólo estará unos días. —¡Pero es tan gracioso…! El pequeño se había puesto de rodillas y estaba ocupado recibiendo todo el amor de Lucky en la cara. Jane hizo una mueca para sus adentros, pero a Dean no


pareció importarle. Era evidente que el chico entraba en contacto con cosas peores que la saliva de un perro. —¿Quién es él? —Tim cerró un ojo y lo escrutó con el otro—. Se parece a ti. —Salvo que yo soy más guapo —Bobby golpeó a Dean en el brazo. —¡Ay! Cuidado, G.I. Joe. Algunos no tenemos músculos hasta en la cabeza. —¡G.I. Joe! —Tim se puso de pie de un salto y rodeó las rodillas de Bobby con los brazos—. ¡Eres el tío Bobby! Te creíamos muerto. Al menos dos veces. La abuela lloró. Un destello de tristeza pasó por la cara de Bobby. —Tim —advirtió Dean. —Lo hizo. Y el abuelo dijo: «Ellie, volverá». Y aquí estás. El abuelo siempre tiene razón. —O eso dice él —musitó Dean. Tim alzó los brazos. —Levántame. —¿No eres algo grande para eso? —preguntó Bobby. —Tú eres enorme. ¿No puedes hacerlo? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly


Nº Paginas 122—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Claro —levantó a Tim en brazos, y luego lo lanzó al cielo. Lucky bailó alrededor de sus pies, ladrando. Cuando los cachorros comenzaron a perseguirse y las cosas empezaron a descontrolarse, Jane silbó. Obediente, Lucky se apartó de la refriega. Bobby bajó a Tim y el niño siguió al perro, aunque de manera algo errática. Demasiado movimiento para un cerebro tan pequeño. —Hola. Él la miró, mostrando unos adorables huecos donde debería haber unos dientes. De pronto, ella experimentó el súbito impulso de tener cinco o seis como él. —Me llamo Tim Luchetti. Hablaba a la misma velocidad que caminaba y durante toda la conversación se movía como si tuviera que orinar. Tuvo la sospecha de que el pequeño padecía TDAH, trastorno por déficit de atención e hiperactividad. —Hola, yo soy Jane —extendió la mano. —Doctora Harker —indicó Dean.


—Jane está bien. —¿Qué tal doctora Jane? —preguntó Tim—. Eso me gusta. Le tomó la mano, pero en vez de estrechársela, tiró de ella hacia la casa. —Ven a ver mi pelota de fútbol. Es blanda, porque la abuela dice que lanzo muy fuerte. ¿Te gusta el fútbol? Jane miró por encima de los hombros a los hermanos, pero estaban enfrascados en lo que parecía una conversación profunda y seria. —Claro —se volvió hacia Tim—. Me gusta. La estudió durante unos momentos. —¿Puedes recibir? Mi tía Kim dice que puede, pero no puede. La pelota la golpeó en la nariz y fue por eso que terminé con la blanda. ¿Has recibido algún golpe en la nariz? Jane recordó los moratones casi desvanecidos. Nadie más los había mencionado. Probablemente, porque por ahí los golpes debían de ser tan corrientes como… las vacas. —No exactamente —repuso, reacia a explicar narcotraficantes, secuestros y asesinatos a un niño. —Alguien te ha golpeado —dijo con perspicacia—. Eso solía pasarme mucho. Jane frunció el ceño.


—¿Dónde? —No lo recuerdo. Antes de estar aquí. Aquí nadie me golpea jamás —la contempló con una expresión demasiado seria para un niño de sus años—. La Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 123—168 https://www.facebook.com/novelasgratis próxima vez que alguien trate de golpearte, tienes que encogerte, esconderte, esquivarlo. Luego encuentra a alguien que te proteja. Ella miró a Bobby otra vez. Él la vio mirarlo y le sonrió. —Ya lo he hecho —susurró antes de seguir a Tim al interior de la casa. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 124—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 14 —¿Qué pasa con la doctora y esas miradas de añoranza? —preguntó Dean. Bobby se sobresaltó. Había estado mirando a Jane, recordando la última vez que… —¿Eh? —inquirió. —Para ser el más listo de nosotros, desde luego eres bobo. —No soy el más listo. Lo es Kim.


—La princesa abogada. Es tan irritante… Dean y Kim siempre habían chocado. Sin embargo, cuando el mejor amigo de Dean había dejado embarazada a Kim no una, sino dos veces, aunque con catorce años de separación, Dean le había dado una paliza a Brian Riley. Algunas cosas eran cuestión de principios. Desde entonces, Kim y Dean habían establecido una especie de tregua. —Estoy seguro de que será de utilidad tener una abogada en la familia — comentó Bobby. —Supongo. Tendrían que obligar a Dean a reconocer que necesitaría a Kim para algo. —¿Vas a añadir a una doctora a la mezcla? —¿Eh? Parecía que esa palabra era la única respuesta que conocía. —La doctora. Va a ser la señora Luchetti número… —contó con los dedos —. ¿Cinco? —No —Bobby frunció el ceño—. Fui a Quintana Roo a rescatarla, luego escapamos y luego… Bueno, es complicado. —No me digas que no te estás acostando con ella. No soy tan estúpido. Bobby guardó silencio. No iba a realizar ningún comentario. Y menos a


Dean. —¿Sigues enamorado de Marlie? Se encogió para sus adentros. —¿Cómo puedo estarlo? Es la mujer de Colin. Ya va por el segundo hijo. —Eso no significa que no puedas amarla —musitó Dean. —Apenas la conocí. Y cuanto más tiempo pasaba en compañía de Jane, más tiempo en su cama, menos y menos pensaba en la mujer con la que una vez había planeado casarse. Pero ¿eso era bueno o malo? —Mamá está preocupada. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 125—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya estoy en casa. —Le preocupa que la pelea que habéis tenido Colin y tú por una mujer vaya a quebrar a la familia. —No hubo ninguna pelea. —Le diste un puñetazo en la boca. Soltó un sonido sarcástico. —Eso no fue una pelea, fue…


—¿Diversión? —sugirió Dean. Se encogió de hombros. Pegarle a Colin no había hecho que se sintiera mejor. —Soplón. —Colin no dijo nada. Fue Marlie. Volvió a encogerse por dentro. Debía de pensar que era un bestia por irrumpir en su casa y darle un puñetazo a su marido. —Eso se ha terminado —confirmó. —Mamá dice que volverás a irte a algún país extranjero —Dean se acercó y le dio con el hombro, haciéndolo retroceder—. Y como hagas eso, yo personalmente iré a buscarte para patearte el trasero. —Creía que habías dejado de soltar improperios. —Lo intento —se apartó—. Es mucho más duro de lo que pensaba. Sonó la puerta del porche y los dos se volvieron a tiempo de ver a su padre cruzar el patio. A John Luchetti se lo veía bien. Aunque había tenido un ataque al corazón hacía unos años y se había visto obligado a reducir el trabajo en la granja que tanto le gustaba, igual que la carne roja, la cerveza y los cigarrillos, había encontrado otras cosas que hacer. Como viajar con su esposa, cuidar de sus nietos y


comer carne roja, beber cerveza y fumar a hurtadillas. John abrazó a Bobby. —Ya era hora, hijo —murmuró, sin soltarlo. Durante su infancia, su padre había sido la voz de la razón en una casa de locos. Su padre había sido el hombre sereno y cuerdo, y con el que, a pesar de los arrebatos diarios de su madre, no se jugaba. Cuando él hablaba, todos escuchaban. Excepto Dean. Por algún motivo, John y Dean nunca habían terminado de congeniar. —¿Todo bien? John soltó a Bobby y le dio un golpe en el hombro en lugar de un beso. Los Luchetti se abrazaban, pero trazaban el límite con los besos. —Bastante bien —repuso. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 126—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —He conocido a la chica —John se palmeó el bolsillo de la camisa en busca del paquete de cigarrillos que ya no estaba allí. Miró esperanzado a Dean. —Lo he dejado —murmuró éste—. Mamá tiene el olfato de un sabueso. John volvió a mirar a Bobby.


—Háblame de la doctora. Rápidamente, les explicó lo sucedido en México, en Washington, lo de los narcotraficantes. Los secuestradores y francotiradores… lo que llevó menos tiempo del que habría imaginado. —¿Crees que podrás mantener las cosas tranquilas durante unos días? — preguntó. —Quizá —repuso John lenta y reflexivamente—. No tenemos que ir a la ciudad, pero ya sabes que a la gente le encanta hacer visitas. Mantendremos la vista en el camino. Como aparezca alguien, los dos desaparecéis. —Lo mismo que había planeado yo. —Tim tiene ojos de halcón y conoce los coches de todo el mundo. Como aparezca un vehículo desconocido por el camino, hará sonar la campana de la cena. Como no podía comprar una seguridad mejor que la de un niño de seis años con una campana para la cena, Bobby asintió. Su padre le dio una palmada en la espalda, cuya fuerza le indicó el grado de alegría ante el regreso de su hijo. —Tu cuarto está tal como lo dejaste, hijo. Jane jugaba con Tim cuando un coche apareció por el camino. El niño miró


en esa dirección, luego continuó lanzándole la pelota, de modo que Jane dio por sentado que era alguien que conocía. Bobby, Dean y John habían ido al establo a examinar a un toro nuevo. Jane había declinado la invitación. Había visto a suficientes toros en su vida. Eleanor preparaba la cena. No había querido que le prestara ninguna ayuda. Como a Jane se le daba tan mal cocinar, pero no tanto jugar con niños, no le importó. Lucky no paraba de tratar de robar la pelota. Al final, habían tenido que encerrar a todos los perros detrás de una valla. El coche se detuvo justo cuando Bobby aparecía en la puerta del establo. Una mujer bajó del asiento del acompañante; lo miró y corrió a través del patio, echándose a sus brazos y plantándole un beso ruidoso en los labios. —Más vale que sea su hermana —musitó Jane. —Es Kim. La hermana. Sí. Tim lanzó la pelota justo al estómago de Jane. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 127—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Uufff —dijo ella, doblándose. Bobby ya iba hacia donde estaban. Ella agitó la mano.


—Viviré. Le quitó la pelota y la tiró por encima de la valla. Uno de los perros la agarró y se largó a la carrera. —Ve a buscarla —le dijo a Tim, quien emprendió la carrera. La hermana de Bobby estudió a Jane como si la tuviera bajo un microscopio. Jane le devolvió el escrutinio con la misma expresión. Kim Luchetti, en ese momento Riley, era diminuta. Incluso con los tacones de cinco centímetros, completamente inapropiados para el sendero de gravilla, apenas sobrepasaba el metro cincuenta. Era bonita y pequeña. Algo que Jane jamás sería, y deseó tanto caerle bien, que apenas fue capaz de respirar. Bobby las presentó. Se estrecharon las manos. Sonrieron. Asintieron. Luego un torbellino con un vestido rosa salió del coche. —¡Mami! La pequeña de brillantes ojos verdes como los de su madre y cabello castaño y ondulado como el del hombre que la perseguía pasó corriendo ante Kim y se arrojó a los brazos de Jane.


—¡Arriba! —gritó. —Tú debes de ser Zsa Zsa —Jane la alzó. La niña sonrió y le rodeó el cuello, abrazándola. Jane miró por encima de la cabeza de Zsa Zsa. Kim la observaba con expresión contemplativa. —A los niños les caigo bien —explicó. —Por lo general, no se equivocan —Kim pasó a su lado y entró en la casa. No estuvo segura, pero pensó que podía tratarse de un cumplido. —Soy Brian. La recogeré. Jane miró al padre de la niña. —¡Noooo! —Zsa Zsa apretó los brazos, casi ahogándola. —Supongo que no —logró decir y la pequeña aflojó su abrazo—. Está bien. De verdad. Siempre le había gustado tener a un niño en brazos, y para variar, la niña que sostenía no estaba afiebrada, moribunda o abandonada. La vida era buena. A menos que decidiera ahondar en el hecho de que alguien intentaba matarla. —¡La cena! —gritó Eleanor. La gente convergió hacia la casa desde todas direcciones. Dean soltó a Bear y a


Bull del corral que había a un lado del establo. Volaron sendero arriba. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 128—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Si aparece un coche por el sendero —dijo Bobby—, se pondrán a ladrar como posesos. La cena consistió en pollo, patatas y verduras, en grandes cantidades. La conversación giró en torno a las granjas de los Luchetti y los Riley, al último año de Kim en la facultad de derecho, que comenzaría en el otoño y al progreso de Tim con sus medicamentos. Jane había tenido razón; el pequeño sufría de TDAH. Con lo que no había contado era con que a Dean se le hubiera diagnosticado lo mismo. No le extrañó que los dos se sintieran tan vinculados. —Háblanos de tu trabajo, Jane —pidió Kim. Jane había estado disfrutando del flujo de conversación a su alrededor mientras trataba de evitar que Zsa Zsa le extendiera puré de patatas por el pelo. Cuando todos centraron la atención en ella, tartamudeó. —Yo… en… —Jane trabaja con Médicos de la Misericordia —aportó Bobby—.


Proporciona cuidados médicos en países pobres. —No puede haber mucho dinero ahí —comentó Dean. —Casi ninguno. —Creía que casi toda la gente estudiaba medicina para hacerse rica. —Y yo que creía que lo hacía para ayudar a los enfermos… Kim rió entre dientes. El sonido hizo que Zsa Zsa riera y aplaudiera al mismo tiempo. La lluvia resultante de puré de patatas que salió de los deditos regordetes manchó a Jane de la frente al cuello. La pequeña abrió mucho los ojos e hizo una «O» con la boca. Toda la familia miró a Jane, aguardando su reacción. ¿Era una prueba? ¿Cómo se pasaba? Y, peor aún, ¿si la fallaba? Jane vio la expresión de la pequeña, la patata que chorreaba de su propia nariz… y no pudo contener una carcajada. Bobby jamás la había oído reír de esa manera. Con tanta fruición y entrega. Se sintió más que encantado; se sintió excitado. De modo que cuando ella se excusó para ir a lavarse, esperó unos momentos antes de hacer lo mismo. Nadie lo notó. Todos estaban ocupados limpiando el caos sembrado por Zsa Zsa al tiempo que hablaban más alto en un intento por


oírse. Aunque mucho había cambiado desde que se había marchado, aún sentía como si nunca se hubiera ido. Subió los escalones hasta la primera planta, donde había tres dormitorios y un cuarto de baño. Los pasillos parecían reverberar con los fantasmas de las discusiones que habían tenido lugar por ese único baño, ya que Kim lo había atestado con sus cosas más que si hubieran tenido tres hermanas. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 129—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Alrededor del tiempo en que había llegado el cuarto hijo, el dormitorio de sus padres se había trasladado al desván, debajo de las vigas. Bobby miró en el interior del que había sido el cuarto de Colin y suyo. Su padre tenía razón; casi todo estaba como lo habían dejado. Y sin importar las peleas que Colin y él podían haber tenido, sin importar lo que se hubieran dicho durante el día, cuando las luces se apagaban y estaban tumbados en sus respectivas camas, hablaban de todo… de chicas y del instituto, de sueños y esperanzas, de secretos y miedos.


Lo invadió una sensación de nostalgia y pérdida. Se preguntó si su hermano y él podrían recuperar alguna vez la proximidad que habían tenido. —Creo que sé qué lado de la habitación era el tuyo —comentó Jane a su espalda. —No es un misterio. Mientras la mitad de Colin estaba cubierta con fotos de destinos lejanos arrancadas de revistas y periódicos, la de Bobby tenía soldados de juguetes marchando por las estanterías y una pantalla de camuflaje en la lámpara de su escritorio. Jane se inclinó por encima del hombro de Bobby para ver mejor. Sus pechos le presionaron la espalda. Él recordó el sonido de su risa y el sabor del primer beso. Girando, la tomó en brazos y probó la menta en su lengua. No sólo se había limpiado el puré de patatas, sino que se había cepillado los dientes. El cabello se le había soltado de la compleja corona de la noche anterior. En alguna parte entre Washington y Ohio había tirado los alfileres por la ventanilla, dejando que la brisa le agitara el peinado. El pensamiento le recordó como se había sentido en México… incómodamente duro e incapaz de aliviar la tensión entre las piernas, ya que habían estado


huyendo. Sin embargo, en ese momento se hallaban a salvo y había una cama demasiado cerca como para poder obviarla. Comenzó a retroceder lentamente hacia su antiguo dormitorio, arrastrándola consigo. Estaba tan embriagada con la situación, que no comprendió lo que hacía Bobby hasta que la tumbó en la cama baja. —¡Eh! —Siempre quise una mujer en mi dormitorio. —¿Fantasías infantiles? —ella sonrió. —Adolescentes. ¿Quieres hacer realidad todos mis sueños? —Si requiere tener sexo mientras toda tu familia está cenando en la planta de abajo, diría que no. La empujó sobre la almohada y se situó encima. —¿Qué te parecen unos besos? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 130—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —De acuerdo. Le rodeó el cuello con los brazos y las pantorrillas con los tobillos. La


posición resultante fue bajarle el tren inferior del cuerpo justo entre sus muslos. Bobby pensó que podría llegar a acostumbrarse a eso. Le lamió el labio inferior, y luego se lo mordisqueó un poco. Pegó los pechos contra su torso. Él quiso arrancarle la ropa, enterrarse en ella y quedarse ahí una semana y media. Nunca había deseado tanto a una mujer. El sexo había estado bien en México, incluso mejor en Washington. Tenía la sospecha de que en Illinois sería espectacular. Olvidó que supuestamente sólo iban a besarse. Metió la mano bajo su camiseta, la deslizó por su costado y le coronó un pecho generoso, acariciándole la cumbre. Ella se frotó contra la palma de la mano mientras Bobby le frotaba el pezón. Recordó tomarla con la boca en la oscuridad, la piel dulce en la lengua, la sensación de un pezón contra su paladar mientras succionaba hasta que ella no paró de gritar. Jane metió la mano entre ambos, y lo tomó a través de los vaqueros; él casi perdió el control por primera vez desde los quince años. Se quedó quieto, luego alzó la boca y apoyó la frente contra la de ella. —Lo siento.


—¿Por qué? Jadeó como si acabara de correr quince kilómetros o hubiera estado revolcándose con él en una cama individual tratando de conseguir que tuviera un orgasmo. —Se suponía que no debíamos hacer esto. —¿Por qué no? Jane era una tentadora combinación de contrastes. También él intentó recordar por qué no debían estar haciéndolo. —La puerta está abierta. —¿No tiene cerradura? —No. Sus padres tenían cerradura en su puerta. Se habían echado un montón de «siestas» cuando ellos eran jóvenes. Pero las cerraduras no se permitían en las otras habitaciones. Su madre siempre había dicho cuando alguien se lo había preguntado: «Tienes algo que ocultar?». —Deberíamos… Jane dobló los dedos y con las uñas le recorrió la dura extensión. Él contuvo el aliento y olvidó lo que había estado a punto de decir. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly


Nº Paginas 131—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Tuvo que contar hasta veinte hacia atrás, tratando de abstraerse del calor, de la necesidad, de las palpitaciones en su cerebro, su entrepierna. No funcionó. Lo único que pudo enfriarlo más deprisa que una bala silbando junto a su cabeza fue la voz de su madre desde el umbral. —Esto a mí no me parece una misión. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 132—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 15 Jane empujó a Bobby. Como éste había iniciado el proceso de levantarse de la cama, cayó al suelo. Creyó oír una risa contenida de la madre de él, pero cuando la miró, no vio ningún destello de diversión en su cara. Se sentó, buscando frenéticamente el lado bueno de ese fiasco. Al menos Eleanor había llegado antes de que se hubieran arrancado la ropa. —Cielos, mamá. ¿Te importa? —De hecho, sí —los ojos de Eleanor buscaron los de Jane—. En esta casa, nadie se acuesta con otro si no hay una licencia matrimonial.


Bobby emitió un sonido disgustado. —Tengo treinta y tres años. —Felicidades. Sigues sin poder hacerlo bajo mi techo. —¡Mamá! —Por una vez, me gustaría que uno de mis nietos llegara pasados nueve meses de la boda. —Nosotros no vamos… —comenzó Jane. —Parecía que estabais a punto de hacerlo. —A casarnos —concluyó Jane. Eleanor movió el pie sobre el suelo. —Entonces, tú… —apuntó a Bobby con un dedo —dormirás en la casa de Dean. Sin decir otra palabra, giró en redondo y se marchó. Al llegar a la planta baja, gritó: —¡Eh! La cena está lista. Los dos se encogieron. —Lo siento —comentaron al unísono. —¿Crees que se lo contará a la familia? —No creo que tenga que hacerlo. El dolor de cabeza de Jane empeoró, y se llevó unos dedos a la frente


mientras gemía. —¿Por qué no te quedas aquí? —todavía seguía en el suelo. Se acercó y apoyó la mano en su rodilla—. Túmbate. Descansa. Has tenido un… —¿Mes duro? —Casi. —Es demasiado cobarde, incluso para mí. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 133—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Cobarde? Es una palabra que jamás emplearía en una misma frase contigo. —Gracias —se puso de pie. Bobby la siguió—. Vamos. Enfrentémonos a la música. Bobby bajó la vista. Sus pantalones todavía parecían tener un calcetín incrustado en la parte delantera. —Necesito usar el cuarto de baño —musitó antes de huir. Jane decidió no esperar. Se había enfrentado a cosas más aterradoras que la madre de Bobby Luchetti. No iba a empezar a esconderse en ese momento. Abajo, fue directamente al comedor con la cabeza erguida.


Brian, Zsa Zsa y John apenas alzaron la vista de sus platos. Dean hizo una mueca burlona. Cuando la madre de él no miraba, Jane le sacó la lengua. —¿Dónde estabais el tío Bobby y tú? —preguntó Tim—. Papá creía que se estaba metiendo en tus pantalones. En ese momento Bobby entró en la habitación y se detuvo en seco nada más cruzar la puerta. —Pero él sigue en sus propios pantalones. Papá, ¿cómo puede el tío Bobby meterse en los pantalones de la doctora Jane? Es demasiado grande para ellos. La cara de Jane se puso como un tomate. Quiso meterse bajo la mesa… o, quizá mejor, bajo el porche. —Muy bonito —Eleanor miró a Dean—. Salgo del comedor por un minuto y tú le enseñas una expresión nueva. Sigue así y el juez no va a estar de acuerdo en que Tim se hallará mejor contigo que con cualquier otra persona del planeta. El pánico inundó los ojos de Dean. Tim se puso a saltar en su asiento. —¿Qué he dicho? —preguntó. Dean apoyó una mano en el hombro del niño y el pequeño de inmediato dejó de dar saltos. —Olvídalo, muchacho. Ve a alimentar a los perros.


Tim se levantó de un salto. —¡Sí! La habitación se quedó en silencio. Eleanor carraspeó. —Mis disculpas —dijo Dean—. Mi boca a veces tiene vida propia. Jane lo estudió. Saber que padecía TDAH, como Tim, explicaba muchas cosas. La fogosidad que marcaba ese desorden a menudo se manifestaba en la incapacidad de guardar silencio. —Olvídalo —dijo. Todos parecieron soltar un suspiro colectivo de alivio. —Y más cuando tenía razón —musitó Bobby al sentarse junto a ella. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 134—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Jane miró a los demás, pero nadie dio la impresión de haberlo oído, y si lo habían hecho, habían elegido no decir nada. Pateó a Bobby por debajo de la mesa. Se encontró con la mirada de Kim. Los ojos de la hermana de Bobby estaban llenos de especulación y diversión. —¿Por qué no vienes a mi casa mañana? —la invitó—. Te vas a aburrir mucho


aquí sentada. Dios sabe que yo me aburrí. —Sí, pero tú eras la Princesa Ociosa —comentó Dean. —No lo era. —¡No lo era! —gritó Zsa Zsa. Brian alzó a su hija de la trona. —Te la has ganado. La sacó de la casa mientras ella continuaba: —¡No, no, no, no, no! —Odio decirlo… —Kim se puso de pie —pero es exactamente como su madre. Será mejor que nos vayamos. Se oyó el sonido del coche al arrancar y al rato silencio otra vez. Eleanor se puso a recoger la mesa y Jane la imitó. —Eres una invitada —dijo Eleanor—. Siéntate. —Soy más una intrusa. Lo menos que puedo hacer es ayudar. Eleanor se encogió de hombros, luego le indicó a los hombres que salieran a guardar a los perros. —Como dejes a esos condenados caniches sueltos, ladran toda la noche. Además… —Eleanor abrió el camino hacia la cocina —deberíamos hablar. Jane depositó la pila de platos y repitió: —¿Hablar?


—Sobre mi hijo y tú. —¿Tenemos que hacerlo? Eleanor la miró unos instantes, y luego comenzó a llenar el fregadero. —Es evidente que eres más que una misión. —No según su hijo. —Nunca antes había traído a una chica aquí. Por algún motivo, ese conocimiento le reanimó. Sin embargo… —No soy exactamente una chica, y no dispuso de mucha elección. —Una cosa acerca de Bobby, nadie lo empuja. Si no hubiera querido traerte, no lo habría hecho. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 135—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Quizá. —Piensas que es una aventura. Jane ni se molestó en contestar. Era la madre de Bobby. No iba a discutir «aventura» con Eleanor Luchetti. Sin embargo, Eleanor no dejó que algo tan simple como un silencio la disuadiera. —Pero creo que podrías convertir esto en mucho más si te decidieras a ello.


Jane dejó caer un tenedor al suelo. —¿Qué está diciendo? —Seduce a mi hijo. —¿Otra vez? La palabra se le escapó antes de poder contenerla. Eleanor sonrió. —Lo que haga falta para… —¿Para qué? —Retenerlo aquí. —¿Aquí? —Bueno, no aquí exactamente. En el país —Eleanor hundió los hombros—. No creo que pueda soportar que vuelva a desaparecer. Jane se dio cuenta de que estaba boquiabierta. —¿Quiere que…? —Que hagas lo que sea necesario para lograr que Bobby deje su trabajo. Cásate. Ten su bebé. Ten diez. No se marchará si tiene una responsabilidad aquí. Jane no supo qué decir, excepto: —No puedo. —¿Puedes acostarte con él pero no puedes amarlo? ¿Puedes dejar que te salve


pero no puedes salvarlo? —Es bueno, muy bueno, en lo que hace. No podría arrebatarle eso y no podría sacarlo del mundo. Sin Bobby, yo habría muerto, y otras muchas personas. —Si sigue haciendo lo que está haciendo, es él quien va a morir. —No creo que sea así, al menos no pronto. Eleanor giró la cabeza. —Lo amas, ¿verdad? —¿Qué? —se atragantó. Se había negado a darle un nombre a los sentimientos que tenía por Bobby más allá del deseo. No dejaba de repetirse que si no admitía nada más, no sufriría. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 136—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sólo alguien que lo amara entendería que ser un soldado forma parte de lo que es. Quítale eso, y será infeliz. Observó a la madre de Bobby durante unos momentos. —Usted no quiere que lo deje. —Sí, pero entiendo que no lo haga. No puede. Experimentó el deseo fugaz de que su madre la entendiera tan bien como la


de Bobby lo entendía a él. Raeanne siempre estaría intentando que se convirtiera en médico de los privilegiados. Jamás había entendido que alejarla de Médicos de la Misericordia sería como arrebatarle parte de su alma. —Así que me estaba probando… —comentó. Eleanor le dedicó una mirada rápida e incómoda y Jane sonrió—. He de admirar eso. Bobby permaneció justo fuera de la puerta de la cocina. Había planeado ayudar a Jane y a su madre a recoger. Se había detenido al oír su nombre, y luego había sido incapaz de marcharse al comprender de qué hablaban. Había sabido que Eleanor probaba a Jane mucho antes de que ésta lo comprendiera. Debería haber entrado en ese momento, pero cuando su madre había dicho que Jane lo amaba, se había quedado paralizado, demasiado interesado en lo que tendría que decir Jane. Así como no había contestado, tampoco había negado amarlo, y eso lo había hecho pensar mientras cruzaba el maizal en dirección a la segunda casa, donde se sentó en el porche. ¿Podía una mujer como Jane amar a un hombre como él…?


—No —musitó. —¿Hablando contigo mismo? —preguntó Dean desde el otro lado de la mosquitera. —Creía que estabas persiguiendo a los perros. —Hecho. Acabo de acostar a Tim —miró a su hermano durante unos segundos—. ¿Quieres compañía? En el pasado, una conversación con Dean había producido el mismo dolor de cabeza que experimentaba cuando alguien lo lanzaba contra una pared. Pero su hermano parecía más maduro, más sabio y, sorprendentemente, menos sarcástico que la última vez que lo había visto. La edad, la responsabilidad y el afecto por un niño lo habían madurado… o al menos calmado. —Claro —dijo. Dean salió y también se sentó. —¿Qué sucede? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 137—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Bobby titubeó. Después de contarle lo que había oído, Dean señaló hacia la casa principal.


—Ve a buscarla. —Somos demasiado diferentes. Estamos demasiado enfrascados en nuestros respectivos trabajos. —¿Y eso no os hace más parecidos? Dean era mucho más listo de lo que parecía. —No la amo. —¿Estás seguro de eso? —Sólo nos conocemos desde hace unas semanas. Menos. —Nunca llegaste a conocer a Marlie, sin embargo te enamoraste de ella. ¿Pero no puedes enamorarte de una mujer con la que has compartido una aventura en la que vuestras vidas corrieron peligro? Te has acostado con Jane. Debes sentir algo. No eres Evan. Guardaron silencio, pensando en su hermano menor, el más alto de todos. Evan Luchetti había sido el gigoló de la familia hasta su traslado a Arkansas, donde había descubierto el amor en una posada encantada. —Otro que muerde el polvo —murmuró Dean—. Sólo quedamos tú y yo. Bobby no quería estar solo. De esa manera se había iniciado todo el fiasco con Marlie. Había soñado con algo más. ¿Podría ser con Jane? La idea no resultaba tan


descabellada como debería ser. Apareció Bear y se echó a los pies de Dean. El silencio se proyectó sobre la tierra igual que en el porche. Era el mejor momento en la granja. Todo el trabajo estaba hecho y quedaban horas hasta volver a empezar. La luna brillaba sobre el campo de maíz, tiñendo de plata las hojas verdes. En la atmósfera flotaba la magia. —Sólo he visto a Marlie unas pocas veces —murmuró Dean. Bobby se puso tenso, inseguro de querer oír eso. Dean había visto a Marlie más que él. —Pero cuando Colin me dijo… Ceñudo, miró a su hermano y Dean alzó las manos en gesto de rendición. —Eh, no me des una paliza, que no tenemos doce años. —¿Qué te contó? —Vuestra discusión —se encogió de hombros—. De pronto parezco ser el confidente de todos. Probablemente, porque soy el único que se queda en el mismo sitio. —¿Adónde quieres ir a parar? Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 138—168


https://www.facebook.com/novelasgratis —No era para ti. —Es obvio. —Escucha un minuto, ¿quieres? —Dean respiró hondo—. Marlie es suave, dulce y asustadiza. Es una profesora de preescolar de Minnesota. —Lo sé, Dean. —Cuando secuestraron a Colin mientras te buscaba, estuvo a punto de casarse con otro porque… Bueno, estaba embarazada, pero eso no viene a cuento. Bobby cerró las manos con fuerza. Su hermano idiota había dejado embarazada a Marlie y luego se había largado, tratando de que lo mataran en Paquistán. Aunque hubiera estado bajo la ilusión de que él necesitaba que lo rescatara, todavía tenía ganas de darle un puñetazo. —Marlie jamás habría sobrevivido a que regresaras a Iraquistán. —Afganistán. Irak. Tienes que elegir uno de los dos. —Y tú tienes que ver la verdad. Habrías tenido que elegir entre Marlie y las Fuerzas Especiales. ¿Estabas preparado para eso? Bobby frunció el ceño. El ejército era su vida. No había planeado dejarlo. —Aaron dice que todo sucede por una razón. Siempre pensé que eso era una tontería.


Bobby sonrió. También él lo había pensado. —Pero cuanto más mayor me hago, más sentido tiene. A veces no ves la causa hasta después. Tim vino aquí. Él y yo encajamos. Somos positivos el uno para el otro. Él me necesitaba y yo… —calló, tratando de ordenar sus pensamientos—. Necesitaba a alguien —reconoció al final—. Nada de eso habría pasado si Aaron no hubiera conocido a una corista hace catorce años, estropeado su vida, salvado la de Nicole, producido a Rayne, quien encontró a Tim… —Y todo el mundo terminó aquí, con el feliz loquero de los Luchetti. Entiendo lo que quieres decir. —Yo también lo creía. Marlie no era para ti, pero Jane podría serlo. No se asusta con facilidad. —Desde luego. —Está acostumbrada a estar sola. Tiene un trabajo importante, que dudo que quiera dejar. Tú mismo has oído con tus propias orejas que jamás te pediría que dejaras el tuyo. Es perfecta, idiota. Así que ve con ella antes de que se te adelante otro de tus hermanos. —Sólo queda uno —Bobby entrecerró los ojos—. Acércate a ella y desearás no


haber nacido. —No podrás aflojarme los dientes tan fácilmente como a Colin —repuso Dean con una sonrisa. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 139—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Bobby no pudo evitar devolvérsela. A veces era agradable pasar un rato con un hermano. Aunque fuera Dean. Este bostezó de forma exagerada, se estiró y se puso de pie. —El día empieza temprano para mí. Puedes dormir en el sofá. Le silbó al perro y entró, esperando que Bear pasara antes de dejar que la mosquitera rebotara a su espalda. —El sofá, un cuerno —musitó Bobby. Miró hacia la casa principal, donde la luz brillaba como un faro en la habitación que Colin y él habían compartido. Bear gimió del otro lado de la mosquitera. —Dean me cortará la cabeza si te dejo salir. Bear se dejó caer en el suelo con un bufido y un suspiro. —Lo sé. Apesta.


Seguía mirando cuando la luz de su dormitorio se apagó. Jane estaba tendida en su vieja cama, con el cabello extendido sobre la almohada, las piernas largas y sedosas enredadas en la sábana. Miró a Bear. Quizá dar una vuelta no era tan mala idea. Dejó el porche y cruzó el campo de maíz. La madre de Bobby le prestó un camisón y algunas prendas de ropa para el día siguiente. Incluso le prometió comprarle ropa interior en la ciudad. Tenían casi la misma talla. Había esperado que Bobby le diera las buenas noches. Al no aparecer cuando todo el mundo estaba listo para ir a acostarse, también ella se fue a la cama. Tendida en la cama de abajo, con la ventana abierta y los sonidos de la noche, se durmió rápida y profundamente. Despertó con el corazón desbocado, los oídos atentos al más leve sonido, y no supo por qué. La ventana estaba abierta, pero se hallaba en la primera planta. ¿Quién iba a trepar por el costado de una granja? —¿Bobby? —susurró. —¿Cómo lo has sabido? En realidad, no había creído que estuviera allí. Se materializó desde un rincón


de la habitación y se sentó en la cama. —Tu madre nos va a matar si te sorprende aquí. —Lo sé —se quitó la camisa. La luna le convirtió en plata la piel—. ¿No es excitante? Ella rió nerviosa. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 140—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Estás loco. —Por ti. Se inclinó y la besó. Cuando alzó la cabeza, ella apoyó las manos en su pecho, manteniéndolo apartado. —¿Qué has dicho? —Estoy loco por ti, Jane. ¿No lo notas? —Cuando dices loco… —Quiero decir que no deseo que sea una aventura de una noche. Quiero… Jane contuvo el aliento mientras él parecía debatirse con las palabras. No tenía idea de lo que iba a decir, pero no pensaba interrumpirlo y hacer que lo olvidara.


—Te quiero a ti —soltó—. Para más de una noche, un fin de semana o un mes. ¿Podemos ver hacia dónde va esto desde aquí? Jane sintió que una diminuta esquirla de decepción se clavaba en su pecho. ¿Qué había esperado? ¿Una declaración de amor eterno después de apenas un par de semanas? «Sí». Bobby esperaba que dijera algo. La idea de marcharse de allí o de no ver nunca más a Bobby Luchetti le resultaba muy deprimente. ¿Por qué no ver hacia dónde iba eso? Tal vez fuera exactamente a donde ella quería que fuera. «¿Y dónde es eso?», preguntó su conciencia con la voz de Raeanne. «A un bebé para ti y una tumba en otro país para él?». Jane hizo una mueca. —Ha sido una mala idea —murmuró Bobby, apartándose. —No. Lo atrajo de nuevo y siguió haciéndolo hasta que todo el cuerpo quedó sobre el suyo. Él le besó la oreja, le mordisqueó el lóbulo y ella trató de concentrarse en el tema. Pero Bobby se lo ponía muy complicado.


No le había declarado su amor. No le había propuesto matrimonio. Quería continuar su aventura. ¿No era eso precisamente lo que siempre había dicho que quería de un hombre? Una relación física. Sin ataduras. Un poco de esperma y voilá. El Bebé Harker. No le extrañó que su madre dijera que era fría. A medida que los besos de Bobby se tornaban más exigentes y su cuerpo se ponía tan duro como las preguntas, Jane tuvo que preguntarse si, quizá, el matrimonio no era tan mala idea… si se casaba con Bobby. Bobby querría continuar con su trabajo, de modo que comprendería que ella quisiera continuar el que realizaba con Médicos de la Misericordia. Podrían tener una vida perfecta. Si la amara. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 141—168 https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Y cuándo había decidido que necesitaba amor? Tal vez lo necesitaba de él. —¿Jane? —¿Mmmm? —le besó la mandíbula. —No me has contestado. —¿Cuál era la pregunta? —repitió, ganando tiempo.


—No quiero que esto termine cuando vuelvas a México, o adonde sea que pienses ir. —México —confirmó ella. —Podríamos quedar en alguna parte, o yo podría pedir permisos e ir a verte. —¿Recorrerías medio mundo para tener un buen sexo? —No —le apartó el pelo de la cara—. Por ti. Los ojos le ardieron. —Probablemente, es lo más agradable que jamás me han dicho. —Entonces, tendré que ser más agradable —la besó—. ¿Es un «sí»? Lo miró a los ojos y supo la verdad. No podía dejarlo. Ni en ese momento ni nunca. Lo amaba, y tarde o temprano él la amaría. Lo arreglarían todo. Juntos. —Es un «sí» —respondió, y ya no volvieron a hablar durante el resto de la noche. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 142—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 16 El sol entró por la ventana y atravesó la cara de Bobby. Las piernas de alguien estaban enredadas con las suyas. Tenía pelo sobre los labios. Se lo quitó y


recordó. Jane. Sonriendo sin abrir los ojos, acercó más su cuerpo desnudo. —No has tardado en olvidarte de Marlie, hermano. Bobby abrió los ojos. Colin se hallaba inclinado sobre la cama, mirándolo con disgusto. Jane se quedó boquiabierta y tiró del cobertor, dejando a Bobby desnudo, lo cual no le habría molestado tanto de no haber tenido la erección mañanera. Miró a Colin. Agarró una almohada y se la puso sobre el regazo al tiempo que se sentaba. Jane se tapó la cabeza y gimió. —¿Qué diablos haces aquí? —demandó Bobby. —¿En Illinois o en este cuarto? —Las dos cosas. —El motivo es el mismo. Quiero hablar contigo. —Yo no quiero hablar contigo. —Tendrás que hacerlo. Lo ha dicho mamá. Bobby bufó. —¿Cómo sabías dónde estaba? —Me llamó Dean. Me dijo que si quería arreglarme contigo, debería volver a


casa antes de que desaparecieras otra vez. No mencionó… —con la cabeza indicó el bulto que había junto a él. El traidor de Dean. Iba a darle una buena patada. ¿Quién le había enseñado a ser confiado? —Jane —murmuró Bobby. —¡Fuera! —susurró ella con furia. —¿Yo? ¿O él? —Los dos. ¡Esto es humillante! —¿Por qué? —¿Cómo sabía que estabas aquí? Se suponía que debías estar con Dean. Bobby miró a Colin, quien se encogió de hombros. —Mamá. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 143—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Jane volvió a gemir. —Quizá deberías darte una ducha —Bobby palmeó la espalda de Jane. No quería que presenciara lo que Colin y él iban a decir. —Me quedaré aquí abajo hasta que me muera. Gracias. Bobby rió y le frotó los hombros.


—Vamos, doctora, todo se verá mejor en cuanto lleves ropa encima. Ella suspiró y asomó la cabeza. Bobby sonrió y le besó la nariz. Le satisfizo verla sonreír, hasta que posó la vista en su hermano. Entonces la embargó la incertidumbre. Odiaba esa expresión. Jane era la persona más segura que conocía. —Jane, es Colin. No le hagas caso. A veces eso funciona. —Esta vez, no —le dedicó a Jane un gesto cortés con la cabeza—. Encantado de conocerte. —Lo mismo digo. Jane se puso de pie, envolviéndose con la sábana antes de recoger su ropa del suelo. Luego se marchó a toda velocidad. Bobby tuvo tantas ganas de seguirla, que involuntariamente dio un paso en la misma dirección. Colin se plantó delante de él. —Vamos a arreglar esto de una vez por todas. —No hay nada que arreglar. —Vienes a nuestra casa, trastornas a Marlie, me dices que te robé a tu chica y desapareces. ¿Luego apareces con otra mujer y piensas que todo está como si nada? Creía que estabas desesperadamente enamorado de mi esposa. Bobby también lo había creído.


—Esta mujer… —comenzó Colin. —Jane. —¿A qué estás jugando? Evan se ha casado, ¿de modo que tú tienes que ser el nuevo gigoló? ¿Te olvidas de Marlie en los brazos de cualquiera que puedas encontrar? ¿Y qué es eso de traerla a casa y montártelo con ella bajo el techo de tus padres? Bobby cerró las manos. Nadie hablaba de Jane de esa manera… ni siquiera su hermano. —No es así. —¿Cómo es, entonces? Tú amas a Marlie. Tu vida se acabó porque no puedes tenerla. Y lo siguiente que sé es que estás aquí con una desconocida. —No es una desconocida. —Ya no —Colin clavó la vista en la cama—. Es obvio. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 144—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —No tienes idea de lo que estás hablando, así que cállate antes de que te arranque algún otro diente. —Ésa es tu respuesta para todo, ¿verdad? —Hasta ahora ha funcionado bastante bien.


—Perfecto —Colin se señaló el mentón—. Golpéame otra vez si eso hará que te sientas mejor. Yo sólo quiero recuperar a mi hermano. —No siempre se consigue lo que se quiere. —Ahora suenas como mamá —Colin respiró hondo—. No sabía que amabas a Marlie. Diablos, ni siquiera ella lo sabía. No queríamos… —Lo sé. —¿Cómo podías amarla? —preguntó Colin—. Ni siquiera la conociste. Bobby no quería explicar su vida. Lo solitaria que podía ser a veces. Lo desesperado que estaba por tener a alguien que lo esperara en alguna parte. Era patético. No era que no le gustara su trabajo, que no creyera en lo que hacía. No quería abandonar las Fuerzas Especiales, sólo quería tener una vida fuera del ejército. De modo que se había aferrado a la primera mujer con la que creía que podía tener un futuro, convenciéndose de que la amaba. No había sido así. Podía verlo en ese momento. Porque estaba enamorado de Jane. —Aguarda —fue hacia el pasillo, sin importarle ya estar desnudo, sólo querer encontrarla. Sin embargo, Colin no iba a rendirse con facilidad. Puso una mano en el pecho


de Bobby y empujó. Éste le aferró la muñeca y se la retorció. Colin contuvo el aliento. —Odio cuando haces eso. —Entonces, apártate de mi camino. Necesito hablar con Jane. —¿Ahora? —La amo. —Cielos. Decídete de una vez. —Lo he hecho. Todo estaba absolutamente claro. Quería a Jane para más de un día, una semana o un mes. La quería para siempre. ¿Por qué no le había dicho eso la noche anterior? Desde que la encontrara en la selva, no se había sentido solo… sino completo. Era la otra mitad que había estado buscando cuando ni siquiera había sabido que buscaba. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 145—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Fue por el pasillo, con Colin pisándole los talones. Algo le molestaba, y no pudo


descubrir qué hasta que se acercó al cuarto de baño y no oyó la ducha correr. La puerta estaba abierta; Jane no se hallaba en el interior. —¡Jane! —gritó, corriendo hacia las escaleras. Colin lo agarró de un brazo y Bobby le lanzó un puñetazo con el otro. Colin se agachó. Siempre había sido rápido. —Puede que primero quieras ponerte unos pantalones. Bajó la vista. —Buena idea. Noventa segundos más tarde, irrumpía en la cocina. Su madre estaba allí. Igual que su padre, Dean y Tim. Pero no Jane. —¿Ya habéis arreglado vuestras diferencias? —Eleanor miró por encima del hombro mientras batía unos huevos. —¿Dónde está Jane. Su madre frunció el ceño. —¿No está contigo? Bobby miró por la ventana. Su coche no estaba. —Nos oyó —musitó.


Colin le lanzó una mirada rápida. —¿No sabía nada de Marlie? —Diablos, no. ¿Es que crees que soy idiota? Algo le dio en la frente y unos huevos revueltos cayeron por su pecho. Tim rió entre dientes. —La abuela lo golpeó con la espátula. Problemas. Bobby se volvió hacia su madre, quien sostenía los utensilios de cocina como si quisiera volver a usarlos con él. —Eres un idiota. Esa chica es lo mejor que te ha pasado jamás. Encuéntrala, suplícale que te ame, luego cásate con ella. Preferiblemente, hoy. —Sí, señora. Su madre parpadeó y luego bajó la vista a la espátula. —Vaya, esto funciona. Bobby salió por la puerta, con Colin detrás. —¿Adónde crees que vas? —Contigo. —No sé adonde iré. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 146—168


https://www.facebook.com/novelasgratis Subió por el sendero, con la remota esperanza de ver una estela de polvo del coche de Jane que le diera una pista, pero no había nada. —¿Adónde iría Jane? —A México. —¿Crees que puedes alcanzarla antes de que llegue allí? Se oyó un gruñido canino antes de que Lucky se pegara a la pierna de Bobby. El pánico que le había estado dificultando respirar se mitigó en cuanto se apoyó en una rodilla y aceptó parte del amor de Lucky. —¿Qué es eso? —demandó Colin. —La perra de Jane. —Yo no sonaría tan feliz al respecto si fuera tú. —Va a volver. Jamás dejaría a Lucky. —¿Estás seguro? —Estoy seguro —afirmó, y se sentó a esperar en el porche. «Creía que estabas desesperadamente enamorado de mi esposa». Jane no dejaba de oír las palabras de Colin mientras oía el silencio de Bobby, incluso más sonoro. No le extrañó que no le hubiera declarado su amor eterno. Ya se lo había dado a


otra. Eso recibía por soñar con un amor eterno. Conducía por caminos que no le eran familiares a demasiada velocidad. No sabía adonde iba, salvo que se alejaba de él. Al final se vería forzada a regresar a la granja. Había dejado a Lucky. No la había visto al irse y no había querido alertar a toda la familia Luchetti sobre sus planes. Al ver la siguiente granja, aminoró la velocidad. En el buzón ponía Riley. Se metió en el camino privado. La hermana de Bobby le había suplicado que la visitara. Al bajar, no oyó a ningún perro, pero una oveja negra con un gato encima trotó por el costado de la casa. —Baaaaaa. —Lo mismo digo —Jane fue hacia la puerta principal. La oveja bajó la cabeza como si pretendiera cargar. —¡Eh! —gritó Jane—. Vengo en paz. La puerta delantera se abrió y apareció Kim, con Zsa Zsa aferrada a su pierna. —¡No, Ba! —ordenó la pequeña con severidad—. No. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 147—168 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Lo siento —Kim dejó que la mosquitera se cerrara—. A Ba no le gustan los desconocidos. Fuera, Ba. Fuera —indicó. La oveja bufó disgustada y se alejó otra vez al trote, con la gata aún sobre su lomo como si se tratara de un jockey. —Pasa —invitó Kim. Jane titubeó, pero ¿adónde iba a ir? En ese momento, no podía volver a la granja de los Luchetti. —¿Café? —preguntó Kim. —Gracias. En la cocina reinaba el caos. Había cereales por toda la mesa y el suelo. Las encimeras estaban cubiertas con libros de leyes y folios sueltos. —Lo siento. Me temo que has llegado durante el año sabático de la asistenta. Jane sonrió. —Deberías ver mi casa. —¿Dónde está? —Una cabaña en la selva. Un desastre. Kim rió y le sirvió un café. —¿Qué te trae a mi hermosa casa tan temprano? Jane bajó la vista y contuvo el impulso de llorar. Era tan raro en ella… que


hizo que quisiera llorar. —Siéntate —Kim depositó la taza de café en la mesa, luego despejó un espacio delante de dos sillas—. ¿Qué ha hecho el idiota de mi hermano? Se sentó junto a Kim. —¿Cuál de ellos? —Supongo que Bobby, pero tienes razón. Podría ser cualquiera. Cuéntamelo. —No me ama. La ama a ella —la miró a tiempo de ver la verdad pasar por su rostro—. Lo sabías. Todos lo sabíais —luchó contra la mortificación que la embargó—. Desde el momento en que aparecí, entendisteis que no podría amarme. Sólo me estaba usando —se puso de pie—. He de irme. —No —apoyó una mano en la de Jane—. Hablemos. —¿Por qué? ¿De repente va a desenamorarse de la esposa de su hermano y establecerá una vida conmigo? Kim suspiró y tiró de su brazo. Jane cedió y se sentó. —¿Cómo lo averiguaste? —quiso saber Kim. —Colin fue a verlo —decidió obviar la parte en que los sorprendía en la cama. —Oh, oh.


Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 148—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué? Kim titubeó un instante y se encogió de hombros. —La última vez que esos dos estuvieron juntos, Bobby le aflojó algunos dientes a Colin. —¿Por Marlie? —Sí. Jane suspiró. —Supongo que es hermosa. Pequeña como tú. Delgada. Rubia. —Has acertado con lo de rubia. Pero Marlie es… bueno, Marlie. Es suave, dulce. Le gusta tener bebés, cuidar de la gente, quedarse en casa y preparar galletas. Jane frunció el ceño. Marlie no sonaba como el tipo de mujer para Bobby. —Es una larga historia —dijo Kim. —Cuéntala deprisa. Kim analizó a Jane unos momentos, y luego se puso a hablar. Al terminar, guardaron silencio. —No vas a rendirte con él, ¿verdad? —preguntó al final Kim.


—Sí —dijo Jane—. Creo que es lo que haré. En México, había creído que su vida era perfecta. No necesitaba a un hombre, sólo había querido un hijo. Luego había aparecido Bobby y le había enseñado lo que le estaba faltando. Lo echaría siempre de menos, pero no iba a desperdiciar energía o tiempo esperando un amor que jamás llegaría. Había gente en el mundo que la necesitaba. —Ha sido estupendo conocerte. Deberíamos mantener el contacto. Fue hacia la puerta y Kim la siguió. —Pero… —Sin peros. Bobby jamás prometió amor. No podía. Pero yo tampoco voy a suplicarlo. Había deseado el cariño de su padre, había suplicado el de su madre, y no le había servido para nada. —¿Adónde vas? —preguntó Kim. —A recoger a mi perra y luego a casa. Al llegar a la puerta, Ba baló con estridencia, y luego no paró. —Hay alguien —murmuró Kim—. Alguien que no le gusta a Ba. —¿Es que le gusta alguien?


—En realidad, no. Kim miró por la ventana junto a la puerta. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 149—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —No lo conozco. Distraída, Jane miró y sintió un escalofrío. —Yo sí. Algo no iba bien, y si algo había aprendido en las últimas semanas era que prefería errar por defecto en asuntos de seguridad. Kim fue a abrir pero ella la detuvo. —Ve por la parte de atrás. Recoge a Zsa Zsa. Márchate con Brian a la casa de tus padres. No dejes que Brian venga aquí. ¿Lo entiendes? Cuéntaselo a Bobby. —Pero… Sonó el timbre. —No tenemos tiempo para discutir —susurró Jane. Kim la miró a los ojos y luego emprendió la carrera. Jane esperó todo lo que pudo antes de abrir. Jane no regresó, cuando Bobby había estado convencido de que lo haría. ¿Adónde había ido?


Su familia terminó de desayunar. Dean se fue a trabajar y se llevó a Colin, lo cual sería divertido si sintiera ganas de reír. John se fue a la ciudad y se llevó a Tim. Su madre no paraba de acercarse a la puerta y murmurar «idiota» antes de regresar a la cocina. —¡No estás ayudando! —gritó cuando lo hizo por décima vez. Lucky y Bull se acercaron, le echaron un vistazo y se tumbaron a sus pies. Los miró durante largo rato. Lucky estaba con el cuello sobre el de Bull. Se los veía extrañamente cariñosos. —¿Habéis arreglado a Bull junto con Bear? —preguntó. Su madre apareció del otro lado de la mosquitera. —No. Recuerda que Bull es un poco raro. Cuando intentamos cruzarlo aquella vez, no le gustó. —Parece que ahora sí. Eleanor siguió la mirada de Bobby. —Diablos —manifestó, y regresó a la cocina. —¿Adónde iría? —le preguntó a los perros. Su madre regresó. —Está en la casa de Kim.


Bobby se levantó de un salto. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 150—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Ha llamado Kim? —No. Simplemente, sé estas cosas. Bobby chasqueó con los dedos y los perros levantaron la cabeza. —Al coche. Bull corrió hacia las furgonetas. Lucky lo siguió. Bobby decidió llevarse la de Colin. Su hermano había dejado la llave en el encendido. Una vez en marcha, y con los perros con la cabeza fuera de la ventanilla, sonrió. Todo iba a salir bien. Encontraría a Jane, le declararía su amor, harían las maletas, se fugarían con Lucky y… Entró en el camino privado junto al letrero que ponía Riley. Ahí estaba el coche de Jane. También el de Brian, el de Kim y otro que no reconoció. No le entusiasmaba tener que declarar su amor delante de un desconocido, pero haría lo que fuera necesario.


Bajó del coche y soltó a los perros. Se largaron de inmediato… probablemente para realizar el amor canino detrás del granero. No quiso pensar en la camada que podrían tener. Creyendo que Kim saldría de la casa, frunció el ceño al comprobar que todo permanecía en silencio. De hecho, demasiado quieto. ¿Dónde estaba Ba? Esa oveja guardiana era más vigilante que cualquier perro. Reinaba demasiado silencio para la cantidad de coches que había en el patio. Subió al porche y llamó. No oyó ningún sonido, de modo que probó el pomo, que giró con facilidad. Pronunciando el nombre de Jane, entró. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 151—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 17 Jane decidió que Greg Wylie había bebido demasiadas cervezas incluso antes de que la atara a un poste en el granero y comenzara a contarle todos sus crímenes. En cuanto había abierto la puerta, él había entrado y la había sujetado, sin


molestarse siquiera en fingir que iba de parte de su madre. —¿Dónde están los demás? —demandó. —Se han ido. La sacudió con fuerza. —¿Crees que soy idiota? Hay demasiados coches para que estés sola. En su cara no había rastro del político cortés. La mataría y ni siquiera le importaría. ¿Por qué? La llevó por toda la casa, cerciorándose de que no había nadie, y luego la arrastró al granero. Allí la ató a uno de los postes de apoyo. —Pensé que iba a tener que matar a esa oveja —musitó—. Se volvió loca, y luego se largó. Jane esperó que Ba hubiera seguido a Kim a la casa de los Luchetti. —¿Qué está pasando? —preguntó. —Esperamos una llamada telefónica. Si mamá sigue las instrucciones, vivirás. Si no… —se encogió de hombros y sacó una pistola. De modo que sí estaban chantajeando a Raeanne. Típico de su madre mentir. —¿Cómo me encontraste? —La senadora quiere que me case contigo —sonrió ante la misma idea que representaba eso—. Con astucia consiguió de alguien, no sé de quién, la


dirección de Luchetti, y lo único que tuve que hacer fue preguntar. «Bien hecho, madre». Greg movió la cabeza. —Como si pudiera casarme con una mujer que me sobrepasa en peso, aunque su madre sea senadora. Jane le habría dado un puñetazo de no haber estado atada. —¿Cómo me encontraste aquí? —insistió. —Te seguí desde la otra granja. No fue difícil. «Bien hecho por mi parte». —¿Y qué se supone que tiene que hacer mi madre por ti? —Votar a favor de relajar las leyes de inmigración. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 152—168 https://www.facebook.com/novelasgratis No consiguió encontrar un motivo por el que eso pudiera importarle a Greg. —No lo entiendo. —Por lo que he oído, has estado entendiéndolo muy bien. Y con un soldado — movió la cabeza—. ¿Cuán bajo puedes caer? —Supongo que más bajo, pero sólo si me acuesto contigo. —Como si eso fuera a pasar —bufó.


—Ahí no te equivocas. Greg apretó los labios. Sacó el móvil y comprobó la pantalla antes de volver a guardarlo y apuntarla al pecho. —¿Sabes?, casi deseo que vote en contra. —¿Qué te he hecho? —preguntó Jane. —Me avergonzaste delante de toda la ciudad. Washington puede ser grande, pero en los círculos políticos, es bastante pequeña. Todo el mundo sabía que supuestamente tenías que casarte conmigo. Luego apareces acostándote con tu guardaespaldas, al que besas ahí mismo, en la pista de baile, delante de tres cuartas partes del Congreso. Fue humillante. —Pero tú no quieres casarte conmigo. —Eso no tiene nada que ver. Jane achacó semejante despropósito a las cervezas. —Sigo sin entender en qué te puede importar una ley de inmigración. —Cuantos más espaldas mojadas se permita entrar, más drogas se puede contrabandear con ellos. —¿Eres un narcotraficante? —soltó ella. No había contado con eso. ¿Dónde estaba Lucky cuando la necesitaba? —¿Qué creías que era?


—El ayudante de una senadora de Rhode Island. —Lo que no se remunera muy bien. El dinero está en las drogas. —¿Sabe algo de esto mi madre? —Está demasiado centrada en su carrera, y confía en mí. Jamás consideraría que su mano derecha es quien le está fastidiando la vida. —Mi madre creía que me iban a secuestrar. —Y así era. Pero entonces tuvo que hacer que Delray mandara a alguien a buscarte. Eso me molestó. Así que les dije que te mataran. Eso explicaba algunas cosas. Greg era el estadounidense rico que había pagado para que la eliminaran. Sin embargo… Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 153—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Si Enrique o Escobar me hubieran matado, tú no habrías dispuesto de ninguna influencia sobre mi madre. —Claro que sí. Se habría quedado aterrada pensando que a continuación iríamos por ella. Eso era cierto. —Finalmente, alguien va a descubrirlo. —Por ese entonces, estaré tomando el sol en un país sin leyes de extradición.


La política me resulta casi tan molesta como tu madre. De pronto comprendió que de todos modos planeaba matarla, sin importar si Raeanne hacía lo correcto, aunque estuviera mal. Era demasiado directo con la información que le daba. Tenía que lograr que siguiera hablando, y debía pensar. —¿Tú sabías qué hacía mi madre en cada momento? —Por supuesto. Soy su único amigo. Me lo cuenta todo. —Escobar no paraba de preguntar por Bobby, como si no supiera quién era ni qué hacía allí. —Tu madre no me contó de inmediato que había enviado a la caballería. Yo sólo tuve tiempo de ponerme en contacto con Enrique. Cuando se corrió la voz de que había un soldado metiendo las narices, Escobar padre, siendo el hijo de perra paranoico que es, se obsesionó con que el capitán había ido a matarlo. —¿Y luego? —instó Jane. —Luego se asustó y le ordenó a su hijo, que básicamente era un idiota, que averiguara qué estaba pasando. En cuanto me enteré de que Luchetti te traía de vuelta a Estados Unidos, cancelé la operación. Di por hecho que yo solo me podría


ocupar de ti aquí. —¿Tú me disparaste? La expresión soñadora se vio reemplazada por una de extrema irritación. —¿No escuchabas lo que te decía cuando bailábamos? Gané una medalla de oro en biatlon. No había estado prestando atención, y no estaba segura de lo que era el biatlon, lo que debió de reflejarse en su cara, porque Greg emitió un sonido de disgusto y espetó: —Esquí y tiro. —Ah, eso lo explica, entonces. Aunque fallaste. Apretó la mano sobre la pistola. —No fallaré a esta distancia. —Lucky no fallaría a esta distancia —musitó ella. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 154—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tu madre hizo que todo resultara fácil al insistir en que fueras al baile para poder exhibir ante la cara de quien la chantajeaba que estabas viva y nadie podía herirte.


La arrogancia de su madre siempre había sido un problema. —Pero como yo había organizado el baile, tenía vía libre. Introduje el rifle por piezas. Luego lo monté después de la última comprobación de seguridad y lo escondí en la terraza. Greg se sobresaltó y llevó la mano al bolsillo. Sacó el teléfono móvil, que debía de haber puesto en modo de vibración. Una mirada a la pantalla y permitió que su cara reflejara una leve sonrisa antes de contestar. Escuchó, cortó la comunicación, volvió a guardarse el aparato en el bolsillo y miró a Jane. —Tu madre no te quiere mucho, ¿verdad? Jane siempre había sospechado que su madre amaba más a su país, o al menos el poder que obtenía de servirle, que a ella, pero nunca había estado segura. Greg apuntó la pistola a la cabeza de ella. «Hasta este momento», pensó Jane. El sonido de un coche en el exterior del granero quebró el silencio y Greg maldijo; luego se guardó la pistola. Jane abrió la boca para gritar, pero volvió a cerrarla al considerar que quizá el coche no fuera la caballería, es decir, Bobby, sino un pobre inocente que


había ido a visitar a los Riley. No podía colocar a nadie en peligro. Greg sacó un pañuelo del bolsillo y la amordazó. En cuanto se marchó, Jane comenzó a tirar de la vieja cuerda de bramante alrededor de sus muñecas. Greg era casi tan malo haciendo nudos como jugando a ser el Príncipe Encantado. Bobby acababa de salir de la casa al porche cuando un crujido procedente del granero hizo que se volviera. Un hombre alto, delgado, rubio y familiar, con traje y gafas metálicas, cruzó el patio. —Hola, Luchetti. —Wylie. ¿Qué haces aquí? —Traje las cosas de Jane. Ya sabes cómo son las mujeres. Lo sabía, y Jane no era como ninguna. —¿Y cómo supiste dónde estaba Jane? —Ya conoces a la senadora… Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 155—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —En realidad, no.


—Bueno, es muy persuasiva. Ejerció toda la presión sobre el coronel para que le dijera dónde se encontraba su hija. El hombre no tuvo ninguna posibilidad cuando ella se decidió. Bobby frunció el ceño. No era típico del coronel. —Has hecho un largo viaje para traer unas cosas que se podrían haber enviado. —Su madre quería que me cerciorara en persona de cómo se encontraba su hija. La senadora es así. Bobby esperó que ese sujeto no fuera tan estúpido como parecía y hubiera llevado a los malos hasta su puerta. Hasta el momento, todo había ido bien. Pero en cuanto localizara a Jane, iban a largarse de allí. No quería correr ningún riesgo. —Lo gracioso —continuó Wylie —es que iba a tu granja y vi a Jane meterse en ésta. —¿Dónde está? —preguntó él. —Dijo algo acerca de una maquinaria pesada en el campo de atrás. Señaló hacia el norte y Bobby siguió la dirección. El tractor de Brian estaba aparcado del otro lado del campo. Los dos hombres se miraron. Había algo con ese tipo, aunque siempre lo había


habido. Quizá estaba irritado con él porque Wylie albergaba la impresión equivocada de que tenía una posibilidad con Jane. El teléfono de Kim comenzó a sonar dentro de la casa, quebrando el silencio. —Supongo que iré al campo de atrás —dijo Bobby—. Sospecho que tú querrás regresar a la ciudad. —Lo haré. Me alegro de haberte visto otra vez. Bobby gruñó para no mentir y fue hacia el tractor. Sólo había dado un paso cuando el gruñido que Lucky dedicaba a los narcotraficantes rompió la soleada quietud de la mañana. Entonces todo cobró claridad… incluso antes de que Wylie sacara un arma del bolsillo y apuntara a Lucky. Impasible, la perra siguió gruñendo. Bull, por lo general el rey de los cobardes, salió de alguna parte y se unió a ella. La cara de Wylie mostró confusión. No supo a qué perro dispararle primero. —Yo no lo haría —dijo Bobby, y el arma lo apuntó a él. También él estaba armado. Por desgracia, no iba a poder sacar la pistola de la guantera. No había considerado que llegara a necesitarla en la granja de su hermana. Aunque tampoco creyó que fuera necesaria para darle una paliza a ese imbécil.


—¿Dónde está? —demandó por segunda vez. —Te llevaré con ella. Si queréis morir juntos, por mí perfecto. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 156—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Wylie indicó el granero con la cabeza y Lucky se lanzó sobre él. La pistola giró en su dirección y Bobby gritó: —¡No! Corrió la distancia que los separaba, pero en contra de lo que a veces creía, no era más rápido que una bala. Sin embargo, Jane sí. Salió del granero como un ángel vengador. Antes de que Wylie pudiera hacer algo, le dio en la cabeza con una enorme llave inglesa. Se desplomó y no se levantó. Bull saltó excitado. Jane ordenó «¡sentado!», y cuando obedeció, se puso a llorar. —¡Eh! —alarmado, Bobby corrió hacia ella—. ¿Te ha hecho daño? La escrutó, pero no encontró ninguna marca. Le palpó la cabeza… ningún golpe. Tendría que desnudarla y comprobar posibles hematomas.


Ella lo empujó por el pecho y trastabilló, a punto de caer sobre Wylie. —Estoy bien —dijo Jane—. Si estar bien significa descubrir que mi madre me vendió para mantener su puesto. —¿Qué? —No importa —afirmó ella—. Baste decir que nadie me quiere. Una gran sorpresa. —Yo te amo. Le lanzó una mirada helada, blandió la llave inglesa y dijo: —No me obligues a emplear esto en ti, soldado. Luego silbó a los perros y fue hacia el coche. Bobby la habría seguido, pero Wylie comenzó a moverse. Mientras ataba al hombre con la cuerda de bramante que Jane había arrastrado desde el granero, ella arrancó y se marchó. Jane jamás había estado tan furiosa o triste. Ni siquiera aminoró la velocidad cuando una furgoneta llena de Luchettis armados con rifles y herramientas pasó a su lado. Al parecer, Kim y los niños se habían quedado en la otra granja. La policía atravesó el camino cuando ella entraba en la granja. No le prestaron atención, centrados en llegar a la acción en la otra propiedad. Era una pena para ellos que se hubiera terminado. Como la aventura entre Bobby y ella. Sintió un nudo en la garganta y Lucky la lamió de la barbilla a la mejilla.


—Gracias, pequeña. Me pondré bien. Y así sería. En cuanto llegara a México y lo olvidara. —Como si eso pudiera ser verdad. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 157—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Pero sí iba a marcharse. Bobby no la amaba y no pensaba creer lo contrario porque lo hubiera dicho en el ardor del momento. Aparcó delante de la casa. Bear y los cachorros le dieron la bienvenida, junto con Ba y Precious, la gata, pero el resto del lugar estaba desierto. Confusa, entró y encontró una nota de Kim. Fuimos por el maizal. Era imposible que Kim permaneciera sentada a la espera de las noticias. Quería largarse antes de que algún Luchetti tratara de convencerla de que se quedara. Sabiendo que ya nadie quería matarla, podía regresar a la selva y desaparecer. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 158—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 18 —Es una secuestradora de perros —dijo Dean—. No hay otra palabra.


Habían regresado a la granja y descubierto que no sólo Jane se había ido, sino Lucky y también Bull. —Bull ama a Lucky y ésta ama a Bull —anunció Tim—. Van a tener mutaciones. —Probablemente —musitó John. Colin movió la cabeza. —Un chucho y un cocker crean mutaciones. ¿Verdad? —preguntó Tim. Dean apoyó una mano en el hombro de su hijo. —Exacto. La policía se había llevado a Wylie, quien había comenzado a confesar en un intento por salvarse de los cargos de secuestro y asesinato. Bobby no creyó que pudiera hablar tanto o tan alto como para librarse de ambos cargos. ¿Quién habría podido imaginar que una comadreja como Wylie estaría dirigiendo uno de los carteles más importantes de drogas de la Costa Este? La senadora Harker iba a tener que moverse con verdadera habilidad si quería que la porquería no le salpicara. —No puedo entender —dijo Eleanor quizá por cuarta vez —cómo una madre podría elegir… bueno, cualquier cosa por encima de la seguridad de su hija. —Eso es porque tú eres una madre estupenda —afirmó Kim—. Algunas no lo


son. Abrazó a una dormida Zsa Zsa, le besó la frente, y tomó la mano de Brian. Bobby anhelaba tanto lo que tenían, que le dolía el alma. —He de irme —dijo. —¿Qué? —preguntó Eleanor—. ¿Adónde? —Dijo que se iba a casa —aportó Kim. —Lo que significa México. —Quizá deberías llamar primero a la madre de Jane —sugirió Eleanor. —¿Por qué? —Jane no consideraba hogar estar cerca de su madre—. ¿Para poder gritarle? No era una mala idea. Fue al teléfono del salón… no tenía ganas de mantener esa conversación delante de toda su familia. —Aquí se ha desatado el infierno —espetó la senadora—. ¿Qué ha pasado? —Parece que ha vendido a su única hija por un buen historial de voto. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 159—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Debería haber podido votar a mi conciencia y salvar a mi hija. Lo contraté para proteger a Jane. —Jane se salvó a sí misma. No necesitaba mi ayuda.


—Eso siempre se le ha dado bien. —Por desgracia, piensa que eligió la política por encima de ella —escuchó un fluido torrente de juramentos. La senadora necesitaba mejorar su vocabulario —. La próxima vez que elija ayudante, cerciórese de que no es un narcotraficante — le sugirió. —Él no hacía los tratos. Dirigía el asunto. —Oh, bueno, eso es diferente, entonces —comentó. —Hay cosas mucho peores en Washington que traficar con drogas. —¿Es el enfoque que empleará con la CNN? Raeanne suspiró. —La he fastidiado. —Sí. —¿Sabe dónde está mi hija? —Ni idea. Lo cual no era técnicamente una mentira. México era un lugar muy grande. —¿No puede encontrarla? Le pagaré… —Encontraré a Jane por mí, no por usted. En vez de un lenguaje llamativo, en la línea sólo reinó el silencio. Luego:


—Ella no se casará con usted. —¿Disculpe? —Mi hija ha dejado bien claro que quiere un hijo y no un marido. Pregúnteselo a cualquiera que la conozca. —No entiendo. —Le encantan los niños, pero no confía en los hombres. Culpo a su padre. Como si la senadora pudiera ver alguna vez que su propia conducta había vuelto a Jane suspicaz con el amor y el compromiso como cualquier traición de un padre al que apenas podía recordar. Pero tuvo la impresión de que exponérselo a Raeanne sería como golpearse la cabeza contra una pared. —No se sorprenda de que esté embarazada cuando la encuentre —comentó la senadora. —Toma la píldora. —Excepto cuando huye por la selva y se la ha olvidado en una cabaña. Me pidió que le consiguiera otra receta cuando vino a Washington. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 160—168 https://www.facebook.com/novelasgratis


Fue el momento de Bobby de maldecir. —No entendía por qué estaba tan interesada en usted. Entonces lo comprendí. —¿Por qué no me ayuda a comprenderlo a mí? —Usted es fuerte y grande, atractivo, y por lo que he podido deducir, bastante listo para un granjero. Excelentes genes. Con el plus de que la mayor parte del tiempo se encuentra fuera del país, existiendo la alta probabilidad de que algún día no regrese. Bobby frunció el ceño. No podía ver a Jane tan fría. Aunque le había mentido acerca de los métodos anticonceptivos. Si lo amara, ¿se habría marchado sin despedirse? No estuvo seguro. Colgó el teléfono y regresó a la cocina con los demás. —¿Qué ha dicho? —preguntó Kim. Se lo contó. —Tonterías —afirmó Kim. —¡Tonterías! —gritó Zsa Zsa, de pronto bien despierta. —Fantástico —murmuró Brian, llevándose a la pequeña. —¿La has creído? —quiso saber Kim. —No importa. —¿Por?


Miró a su hermana a los ojos. —De todos modos, la amo. Kim sonrió. —Supe que era ella nada más verla. —Podrías haberme informado. —Eso sólo te habría enfurecido. Creías estar enamorado de Marlie. Colin avanzó. —¿Quieres que te lleve al aeropuerto? —Sí. —¿Estamos bien nosotros? —¿No lo estábamos? Colin se tanteó los dientes. —¿Me golpeaste en la boca por diversión? —Es lo que hago siempre. *** Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 161—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Le costó mucho encontrarla. Llamó a Médicos de la Misericordia, pero, según ellos, Jane estaba de permiso. Sin importar lo que dijera, no le ofrecieron más información. De


modo que inició la búsqueda. No había empleado un transporte público. Supuso que debió de convencer a alguien con un avión privado para trasladarla de regreso a México. Por suerte para él, descubrió que Escobar había encontrado su fin a manos de uno de sus secuaces. Pudo volver a México sin preocuparse porque el narcotraficante aún lo quisiera muerto. Regresó al poblado donde la había encontrado, pero no estaba. Nadie sabía adonde se había ido. O al menos es lo que le dijeron. No disponía de suficiente español en su repertorio como para amenazarlos de forma adecuada, aunque lo hubiera querido hacer. Cada vez que estaba a punto de rendirse, recordaba su cara, su risa, su fortaleza. Creía que Jane lo amaba y no iba a dejar que eso desapareciera para siempre en la selva… y menos si estaba embarazada de él. El coronel se ponía en contacto con él con regularidad, tratando de conseguir que Bobby volviera a salvar al mundo. Pero sin Jane esperándolo, el mundo podía irse al garete. Él la necesitaba. Al final, por la selva se corrió la voz de una perra muy fea y tuerta enormemente embarazada y de su macho color canela. Bobby siguió el rastro


hasta otro poblado y otra cabaña. Llegó por la noche. El lugar estaba en silencio. Se preguntó cuál sería su cabaña. Entró, decidido a buscar en cada una hasta encontrarla, pero no fue necesario. Oyó un gruñido familiar antes de que algo peludo saliera de entre las sombras. Lucky se frotó contra su pierna. Bull dio saltos de un metro. —Al menos alguien me quiere —susurró, palmeándolos a los dos. Lucky ya no estaba huesuda ni con aspecto sarnoso. El pelaje le brillaba sano y el vientre le llegaba casi hasta el suelo. —Pareces apunto de reventar —comentó. Ella movió la cabeza y luego fue a echarse delante de la tercera cabaña de la izquierda. Bull se unió a ella. Ninguno le prestó atención cuando entró. Dirigió la mirada a la cama. El bulto debajo de la manta se veía sospechosamente redondo y el corazón le dio un vuelco. ¿Estaría Jane tan embarazada como Lucky? Cruzó el suelo de tierra y apartó la manta… Almohadas. —¿Cómo me has encontrado?


Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 162—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Bobby se volvió y captó el brillo de sus ojos en un rincón. Al menos no tenía un cuchillo… o al menos eso esperaba. —Es lo que se me da bien. —¿Desde cuándo? —Desde que te marchaste. Ella avanzó y quedó bajo la luz de la luna que brillaba a través del agujero que servía como ventana. No pudo evitarlo, posó la mirada en su estómago y suspiró aliviado. No estaba embarazada… al menos aún no. No es que no quisiera que lo estuviera algún día. Pero su hijo debía ser creado por una decisión consciente, no por accidente. Aunque, según la madre de Jane, no habría sido un accidente. Ella notó su mirada y su reacción. —Es obvio que hablaste con Raeanne. —Desde luego. Estaba preocupada. —Sabía que mi bocaza vendría a vengarse de mí. Puedes estar tranquilo,


Luchetti. No habrá ningún Luchetti pequeño correteando por la selva. ¿Detectaba tristeza en su voz? Quizá lo amaba, después de todo. —Tu madre sólo quería que dejara de buscarte, pero no me conoce bien. —Te contó la verdad. —Dijo que querías un bebé sin el marido. —Lo quería. Quiero decir, lo quiero. —¿Me mentiste? —Sí. No. Diablos. Él contuvo una sonrisa cuando Jane repitió las palabras que siempre empleaba cuando estaba confusa. —¿Cuál? —Tomaba la píldora… hasta que me arrastraste a la selva y me las olvidé. —Pero… —Pero tengo noticias y estás a salvo, Bobby. No tienes que preocuparte por mí. Así que vuelve a tu tarea de salvar el mundo. No te necesito. Quizá ella no lo necesitara, pero, desde luego, él sí a ella. —Deberías habérmelo contado —dijo. —¿Por qué, cuando apenas existía la posibilidad de que me quedara embarazada?


—A veces basta con eso. —Esta vez no. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 163—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Te hice daño —comentó—. No era mi intención. —Lo sé. Se miraron. Bobby no sabía qué decir, cómo empezar. —¿Qué quieres? —murmuró Jane. —A ti. —Me tuviste, Bobby. Varias veces. Vuelve junto a la mujer que amas. —Lo hice —la vio encogerse y comprendió que creía que se refería a Marlie —. Tú estás aquí —soltó—. Quiero decir que eres tú. Maldición. Esto no se me da bien. —¿Qué? —Te amo. Ella movió la cabeza. —Estás libre, Luchetti. No hay bebé. Por lo que tengo entendido, mi madre está tan ocupada tratando de salvar su propio cuello, que no va a tener tiempo de


fastidiarte la vida por el placer que ello le pueda reportar. Y si el coronel te causa algún problema, mándamelo. Me ocuparé de que todo esté bien. —La única manera en que todo pueda estar bien es si te casas conmigo. —Os oí a Colin y a ti. Amas a su esposa. —Lo hice. O eso creía. Hasta que te conocí. —Ahórrame eso. No necesito a un hombre incapaz de decidirse. Tuve uno así. Se llamaba Papá. —Ni siquiera conocía a Marlie —aseveró—. Quería a alguien. Necesitaba algo. —Estabas solo. Probablemente excitado. Yo también. Pero no me amas. —Deja de decirme lo que siento. Desesperado, furioso, un poco asustado, la tomó en brazos y la besó. Al principio la sintió rígida y apática. Ella lo empujó por el pecho, pero se negó a soltarla. Pero él pensó en el primer beso que habían compartido y en todos los posteriores. Habían sido tan pocos. Quería pasar una vida entera en sus brazos, mostrándole exactamente lo que sentía sin palabras. Recordó su sabor en la oscuridad, su olor en la luz. Oyó los sonidos de su risa, de su ira, de su miedo. Pensó que su cuerpo era suave, su voluntad fuerte. Era


todo lo que alguna vez había buscado y no pensaba dejarla ir jamás. Vertió todo lo que sentía en ese abrazo. Si no creía lo que le decía, quizá creyera lo que hacía. Ella dejó de oponerse y comenzó a derretirse. Le rodeó el cuello con los brazos, abrió los labios y el móvil de Bobby sonó. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 164—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Jadeante, se apartó de él. Se llevó la mano a la boca y los ojos le brillaron con lágrimas no derramadas. Él maldijo, sacó el móvil del cinturón y miró la pantalla. Ésa era la causa por la que odiaba esos aparatos. Se sintió tentado a ignorar la llamada, pero se contuvo. El coronel seguiría llamándolo hasta que contestara. Cuanto antes acabara con ello, mejor. —¿Señor? —dijo. —Lo necesito en Uzbekistán de inmediato. Ha surgido un problema enorme. —Siempre lo hay. Mande a otro. —Lo quiero a usted. —No me iré de México hasta que Jane se case conmigo. Su afirmación recibió silencio. —Ya me he hartado, Luchetti. Elija. Ella o su trabajo.


—La elijo a ella, señor. Cortó, apagó el móvil, aunque dudó que el coronel volviera a llamarlo, y luego miró a Jane, quien lo observaba con expresión rara. —¿Qué? —preguntó él. —Realmente me amas. —Es lo que te he estado diciendo. —Las palabras son gratis. Has dejado Delta por mí. Así era. Ni siquiera había pensado en las consecuencias; sólo había pensado en ella. Jane cruzó la cabaña y Bobby le abrió los brazos. Pero en vez de besarlo, le quitó el móvil y lo encendió. —Vuelve a llamarlo. —¿Eh? —Dile que estabas confuso. Que la cobertura era mala. Que se te escapó. Lo que sea. No vas a dejar de ser soldado por mí. La miró a los ojos y supo la verdad. —Realmente me amas, ¿verdad? —Sí —confirmó Jane—. Te amo.


Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 165—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Epílogo Jane estaba sentada en la playa, mirando cómo empezaba el día. Esa noche sería la esposa de Bobby Luchetti. Un ladrido desde la espuma atrajo su atención. Había mutaciones por todas partes. Lucky había dado a luz a una camada de cinco cachorros. Patas cortas, cabezas grandes, al menos todos tenían ojos… algunos eran moteados, otros canelas, algunos con el pelaje rizado, otros lacio. Cada uno era tan feo que resultaba precioso. —¿Lista? Se volvió y vio al padre de Bobby de pie detrás de ella. No había tenido muchas oportunidades de hablar con John. Se sentó junto a ella en la arena. —Durante tantos años me he levantado con las vacas, que me parece imposible romper ese hábito. —A mí me gusta el amanecer —comentó ella.


—Y a mí. Permanecieron en silencio, mirando a los cachorros perseguir las olas. —¿Te los vas a quedar todos? —quiso saber él. —Sí. En México, tener siete perros no era algo raro. John Luchetti quería llegar a algo, pero Jane no sabía muy bien adonde. Dejó que estableciera su propio ritmo. —Aprecio tu actitud hacia el trabajo de Bobby. —¿Actitud? —Sé que su madre quería retenerlo en México, o, preferiblemente, en una jaula de cristal en Illinois. —No iba en serio. —Yo no estaría tan seguro. Jane sonrió. —Es su madre. —Sí. Pero ése es su trabajo. Es bueno. Lo necesitamos allí. —Cierto. Así como me necesitan aquí. John apoyó la mano sobre la suya. —Sois perfectos juntos. Lo miró a los ojos.


Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 166—168 https://www.facebook.com/novelasgratis —Gracias. Bobby y ella habían decidido que se quedaría en México por el momento, y que él seguiría haciendo lo que mejor hacía. Aunque iban a estar separados mucho tiempo, era mejor que no estar juntos. John se puso de pie en el momento en que Bobby apareció en la puerta. Ella sonrió después de que él regresara al hotel en lo alto del farallón. —Tu padre es un hombre agradable. —El más agradable —se dejó caer junto a ella en la arena. Observó a los perros jugar en el agua—. Lamento lo de tu madre. Raeanne había descartado volar a México para la boda. Estaba muy ocupada tratando de salvar su carrera. —Yo no —contradijo Jane—. La única persona que necesito en mi boda eres tú. —Entonces, lamento que esté mi familia. Los Luchetti habían ido en masa. Habían llenado el hotel que Jane había alquilado en la costa del Pacífico.


Los únicos miembros de la familia que faltaban eran Aaron, Nicole y sus hijas. Habían sido incapaces de dejar atrás una casa llena de jóvenes sin hogar. Evan y su esposa, Jilly, habían llegado y anunciado que también ellos esperaban ser padres. Los Luchetti salían por doquier. Kim había acordado ser la madrina. Las dos se habían hecho grandes amigas, y en ese momento iban a ser hermanas políticas, lo que era un regalo casi tan bueno como tener a Bobby. Colin iba a ser el padrino. Los hermanos parecían haber superado su incomodidad y recuperado la relación íntima que siempre habían compartido. —Me gusta tu familia —comentó ella. —¿Incluso Marlie? Pensó en el encuentro con la esposa de Colin en el aeropuerto. Tenso al principio, pero todo se había solucionado cuando Tim había preguntado: —Papá dice que vais a pelearos en el barro por el tío Bobby. ¿Dónde está el barro? Jane y Marlie habían empezado a reír. —En especial Marlie —respondió. ¿Qué motivo había para estar celosas cuando cada una había conseguido al


hombre para el que estaban predestinadas? —Te amo —afirmó Bobby. —Lo mismo digo. Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 167—168 https://www.facebook.com/novelasgratis Se casaron en la playa a medida que se ponía el sol, rodeados por todos los Luchetti. Cuando el pastor los proclamó marido y mujer, todos aplaudieron. Y el teléfono móvil de Bobby comenzó a sonar. —Mañana —dijo al micrófono—. El mundo tendrá que esperar hasta mañana. Le lanzó el aparato a Dean, tomó a Jane en brazos y se dirigió hacia el farallón, mientras el mundo esperaba y la familia vitoreaba. Fin Escaneado por Vale Black y corregido por Taly Nº Paginas 168—168

Profunda pasion lori handeland  

Serie 5º Los Hermanos Luchetti Argumento: No podía dejarse llevar por la pasión hasta que ella estuviese fuera de peligro... Bobby Luche...

Profunda pasion lori handeland  

Serie 5º Los Hermanos Luchetti Argumento: No podía dejarse llevar por la pasión hasta que ella estuviese fuera de peligro... Bobby Luche...

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