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Naciente Luna Roja 1 Lori Handeland Naciente Luna Roja Lori Handeland Introducción y 1ero. Saga de la Luna Desde un mundo arcano que acecha en las sombras, ellos recorren la noche —salvajes, apasionados, peligrosos. Y cuando su mundo toque el nuestro, un deseo primario prevalecerá, dejando sin fuerzas a los simples mortales a su paso… El pacífico oasis en territorio Navajo de la novelista Maya Alexander, es destrozado en mil pedazos cuando un skinwalker —quién ha adoptado la forma de un lobo— comienza a seguirle los pasos. Su única esperanza es el misterioso Clay Philips. Ella buscará protección en sus brazos —pero conforme la creciente luna roja se eleve en el firmamento, nadie estará a salvo del peligro que ronda cercano… Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 2 Lori Handeland Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 3 Lori Handeland Capítulo 1 Una naciente luna roja en el cielo durante un caluroso anochecer es un espectáculo raro y estremecedor. Esa luna me recordará siempre la primera vez que vi un skinwalker 1. Contemplando las tres cuartas partes de la incipiente luna por encima de los árboles que


rodean mi cabaña aislada, un escalofrío me recorrió. Me dije a mi misma que estaba impresionable por encontrarme sola. Crecer en una casa llena de hermanos, nunca hizo que la palabra sola existiera en mi vocabulario. Tal vez por eso escogí ser una escritora. Necesitaba algo de tranquilidad. Sin embargo, viviendo en Chicago donde cada hombre en mi familia era un poli, tenía suerte si conseguía dos minutos para mí. Otra razón por la que escapé a Arizona. La noche se dejó sentir a través de las ventanas. Miré los árboles y esperé. Algo rondaba ahí fuera, había estado allí cada una de las siete noches desde que llegué. Nunca había visto nada, pero me sentía... observada. Podría haber achacado mi inquietud a una posible fiebre, excepto que cada mañana a orillas del claro sobre la tierra húmeda, había huellas. Mi teléfono celular sonó de manera estridente, y emití un quejido que fue mitad lamento, mitad chillido. Mi corazón latió con suficiente fuerza para hacerme sentir mareada cuando apreté el botón para contestar. Antes de que pudiera decir hola, mi agente comenzó a hablar.


—¿Maya? Honestamente he estado esperando todo el día y parte de la noche para llamarte. Sé cómo odias las interrupciones cuando trabajas. ¿Así que cómo va el libro? Hice una mueca. No iba. No había escrito una sola palabra. Diantres, ni siquiera tenía una idea. Tampoco tenía el adelanto en efectivo que había recibido. Usé el dinero para una cosita que me gustaba llamar; comer y dormir fuera de las calles. Estaba metida en un buen lío. —Fantástico, Estelle. El mejor trabajo que jamas he realizado. —Hum. Estelle no es la tonta de nadie. Ni siquiera la mía. Que es la razón porque la contraté. —¿Cuántas páginas hoy? —ella preguntó.—La fecha límite es en un mes, ¿lo sabes? Lo sabía. 1Espíritus malditos —según la tradición Navajo—, que adoptan cualquier forma a través de la persona que los invoque y porté la piel del ser que deseé. Los Indios Navajo se refieren a estos seres como Skinwalker. Otras culturas los llaman Nahuales, HombresLobos o Bigfoot. La traducción literal sería; Viajeros/Caminantes con/de Piel, no existe una palabra castellana para definirlos. La traductora respetará y mantendrá el término original. (N. de la T). Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro


Naciente Luna Roja 4 Lori Handeland Eché un vistazo hacia la ventana otra vez. Los árboles se mecieron. La luna resplandeció. Estaba completamente sola como siempre soñé estarlo. No tenía nada para hacer, salvo escribir. Entonces, ¿por qué no estaba haciéndolo? Porque mi miedo más grande se había materializado. Lo perdí. Lo que sea que “perdí” era aquello que me otorgó la posibilidad de escribir aproximadamente veinte novelas de acción y aventura bajo el nombre M.J.Alexander. Me ganaba la vida. Algo así. No era rica, y probablemente nunca lo sería, pero tenía un trabajo que adoraba. Ó, al menos, lo tenía hasta la semana pasada. —No sé por qué sentiste la necesidad de volar hacia Arkansas, —dijo Estelle. —Arizona. —Da igual. Estelle, originaria de Nueva Jersey y vuelta a nacer otra vez como neoyorquina, era ignorante respecto a los detalles de cualquier lugar al Oeste de Trenton. —Estás tan aislada allí. —Estoy en limite del Territorio Navajo. Hay miles de personas a tiro de piedra.


Un tiro muy largo, para ser honesta. No había visto a un solo Navajo, o alguien más en realidad, pero ella no tenia que saber esto. —¿No los mantienen detrás de una cerca o algo? —Una reservación no es una prisión. —Incluso aunque Estelle no pudiera verme, puse mis ojos en blanco. —El gobierno concedió a los Navajos su tierra natal desde hace mucho. A diferencia de muchas tribus que han sido trasladadas a tierras de inferior calidad que aquéllas de donde fueron desalojados, los Navajo residen en su patria por tradición. Casi un maldito milagro considerando el historial estadounidense en asuntos indios. —No puedo entenderte, Maya. No eres del tipo aventurero. Era verdad. Yo siempre he sido una muchacha sensata, nunca arriesgo, me gusta ir a lo seguro. No esquio; no poseo un monopatín. ¿Soy de las que nunca excede el límite de velocidad y jamás hará piruetas saltando de un paracaídas? Sip, esa soy yo. El comportarme así, vender todo lo que tenía para recorrer la mita del país y mudarme aquí, estuvo fuera de mi carácter. Esta era probablemente la aventura más grande que


tendría alguna vez, y ya estaba enferma de ella. Me gusta que mi vida siga un plan; no me agradan las sorpresas. Que probablemente era por lo qué mi repentino bloqueo me alucinaba. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 5 Lori Handeland Mi familia afrontaba el peligro cada día, así que yo prefería el mío incorporado de manera segura dentro de la página de un libro. Mi madre murió yendo a la tienda por la leche. Ella anduvo unos cuantos pasos, se bajó de la acera y bam —perdió la vida. ¿Qué tal esto cómo aventura? Desde que yo tenía seis años, siempre que el teléfono sonaba, siempre que alguien llamaba a la puerta, contenía mi respiración esperando lo peor. Así que en nombre de Dios ¿qué hacía yo aquí? Estaba desesperada. Tenía que hacer algo para espabilar a mi musa, y mudarme en la mitad de la nada fue lo más excitante que una mujer como yo podría soportar. —Estaré bien, Estelle,—murmuré, aunque ella realmente no estuviera preguntando por mí sino acerca del libro, y dudaba que el libro fuera bien. De todos modos, no estaba lista a admitir esto. Aún no.


Presioné el botón de apagado, cortando a mi agente a mitad de una palabra. Entonces me acuclillé con el teléfono y lo arrojé al canapé, antes de sentarme en el escritorio. Blá, blá, blá, escribí en la pantalla vacía de mi ordenador portátil. —Bien, al menos ya escribí algo. Había comenzado a dirigirme a mi misma mucho durante la semana transcurrida. Si esto continuaba, sencillamente me volvería loca. Al menos, así, tendría una razón para olvidar mi fecha límite. Recogí los audífonos que siempre llevaba puestos mientras escribía. Escuchar música instrumental mantenía fuera el mundo real y me ayudaba a concentrarme en el de fantasía. O, al menos, solía ser así. Últimamente me había sorprendido a mi misma atendiendo solo la música y no la magia. Arrojando los audífonos en el escritorio dejé el ordenador portátil, atraída nuevamente hacia la ventana. La tierra parecía teñida por sombras, como si fuera sangre fresca, la luna roja me hizo sentir intranquila. ¿Era un presagio?


Resoplé y froté mis brazos intentando alejar la frialdad que se extendía en la noche. A pesar de lo que había creído acerca de Arizona, las noches eran frescas en la parte Norte del estado. A veces con una reminiscencia del cortante viento que soplaba en el Lago Michigan, incluso en verano. Estaba acostumbrada al frío, pero eso no significaba que me gustara. Un destello blanco en la noche me hizo acercarme más a la ventana. Durante un instante creí que miraba mi propio reflejo, hasta que la aparición al otro lado del cristal sonrió abiertamente exponiendo largos y curvos colmillos amarillentos, que no eran los míos. Parpadeé y la cara se desvaneció. No podía respirar. Había sido mi imaginación o … Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 6 Lori Handeland Eché un vistazo a la puerta, tratando de recordar si la había cerrado. La perilla traqueteó, pero no dio vuelta, contestando ambas de mis preguntas. No era mi imaginación y yo cerré la puerta. Una mejor pregunta podría ser: ¿Por qué narices no traje una arma? Porque no podía llevar una dentro del avión. Y eso estaba bien. Era correcto. Pero daría


carretadas de dinero por sentir el peso de una Glock 2 en mi mano. Retrocediendo, me preocupó que la ventana pudiera romperse y luego ¿qué haría yo? Agarré el atizador de la chimenea y sostuve la barra de hierro como un bate de béisbol. La perilla traqueteó otra vez. —¿Quién es? —Grité. —¿Qué quiere? Un rasguñar provino de la puerta, seguido de un gemir patético, parecido a un perro. Aunque lo que yo vi por el cristal no parecía completamente humano, la cara tampoco era canina. Me aproximé más cerca de la puerta, se oyó un susurro, así como el crujir de los árboles por el aire, murmurando una palabra que no pude entender. Fui acercándome más y más. Cogí la perilla. La frialdad del cobre hizo que me enderezara y quitara la mano de allí. —Ah-já,—mascullé. —Ya he visto esta escena. Al igual que cada adolescente que maldice e intenta advertir a la heroína idiota ante el disparate que es abrir la puerta y salir afuera, bajar por el sótano, o tal vez, enfilar sus


pasos hacia el desván, donde encontrará un final horroroso y sangriento. —Me quedaré, justo aquí, con mi atizador de la chimenea a mano, gracias. Cuando era niña, se suponía que nunca debí mirar aquellas películas. Pero cada vez que mi papá estaba en el trabajo, mis hermanos hacían las reglas y a ellos les encantaban. Dirigí una mirada inquieta por todo el cuarto y mis ojos se iluminaron al distinguir mi teléfono celular. Podría llamar alguien, pero ¿a quién? Mi familia estaba a miles de kilómetros de distancia. El nueve-uno-uno no era una opción en este lugar entre los bosques. Podría marcar a la oficina del sheriff más cercano, pero ¿qué les diría? Yo vi una cara, escuché un susurro. Cuando las autoridades llegaran, lo que sea que haya estado al otro lado de las paredes de troncos de mi cabaña, se habría marchado. Arrastré una silla en el medio del cuarto y me senté donde pudiera vigilar tanto la ventana como la puerta —por el resto de la noche. 2 GLOCK; Fundada en 1963 por Gaston Glock en Deutsch-Wagram, cerca de Viena, Austria. Es mayoritariamente conocida por fabricar pistolas con base de polímero. También producen


equipo como cuchillos de campaña y palas. La compañía comenzó fabricando barras para cortinas. Más tarde suministraron al Ejército austriaco ametralladora, granadas de mano, clips plásticos, cuchillos de campaña e instrumentos varios. (N. de la T.) Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 7 Lori Handeland La mañana llegó, junto con mi sensatez. No podía haber visto un rostro. Incluso, si así hubiera sido, probablemente fue algún crío jugándome una broma. Rechacé considerar lo que haría un niño tan alejado e internado dentro del páramo. Ahora mismo, no sabía lo que yo hacía aquí. Abriéndole la puerta al brillante amanecer, conservé el atizador de chimenea en la mano. Solamente porque las heroínas idiotas son asesinadas en la oscuridad no significaba que no me matarían en el día. De todos modos, no podía quedarme sentada en la cabaña para siempre, por mucho que deseara hacerlo. Me aproximé a la ventana, me arrodillé y descubrí la impresión clara de los pies desnudos de un hombre en la tierra. Las pisadas conducían a la puerta principal, luego a través del jardín hacia los bosques. Al final del claro se mezclaban con huellas de lobo, que cada noche que


pasaba se hacían más abundantes. ¿Cómo sabía que eran huellas de un lobo? Porque ningún perro que hubiera conocido alguna vez tenía patas tan grandes. Me arrodillé otra vez, toqué con mis dedos la tierra, que pareció húmeda aunque no había llovido. Cuando levanté mi mano, mi piel estaba impregnada del barro que había visto anoche, bajo el débil resplandor de la luna. Lo contemplé y después de innumerables latidos de mi corazón, entendí que la tierra bajo mis zapatillas de deporte estaba encharcada por sangre. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 8 Lori Handeland Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 9 Lori Handeland Capítulo 2 Un gruñido aterrador me obligó a levantar la cabeza muy despacio. Vine a dar con la nariz y el hocico de un lobo negro. Sus morros estaban contraídos, exponiendo decolorados dientes puntiagudos. Había algo raro con sus ojos, pero no pude imaginarme qué. Ya tenía dificultades pensando claramente, incluso antes de que su aliento me llegara,


trayendo olor de carne cruda. Luché contra el acto reflejo de vomitar. Ahora mismo, en realidad, no debería moverme. Traté de recordar cada cachito de información que leí acerca de animales salvajes. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ¿Se suponía que me debía hacer la muerta? No, eso era para un oso. ¿Correr? Eso era para animales incapaces de atraparme, los cuales eran muy pocos. ¿Lobos? Ese capítulo dentro de mi memoria estaba tan vacío como las páginas de mi próximo libro. De repente la bestia gruñó y yo me encogí. Iba a morir. Debería cerrar mis ojos, pero parecía que los tenía pegados abiertos de par en par. En vez de arrancarme la nariz, el lobo irguió su cabeza, sus ojos enfocados en un punto detrás de mí. —¡Abajo! —una voz gritó. Mi apatía huyó y mi cara golpeó el suelo. Un disparo explotó justo encima de mí. Mi oreja hundida en la tierra, oyó el escapar de patas, el perseguir de pies. No podía ver nada, porque, por fin, había conseguido cerrar mis ojos y ahora no podía


abrirlos. Tenía que echarme una carrera dentro de mi cabaña donde podría llamar alguien, cualquiera, preferentemente un equipo SWAT3, Fuerzas Especiales, la caballería, entonces levanté mi cabeza y —descubrí que estaba sola. Unos cuantos metros más allá del camino vi un montón de… Mi mente se negó a identificar lo que sea que las moscas encontraran tan interesante. Me levanté, entré corriendo en la casa, cerré de golpe la puerta, le puse el seguro, y empujé una silla bajo la perilla como medida de precaución. Nada entraría por allí. Pero… Eché un vistazo a la ventana, que era demasiado pequeña para que cupiera un hombre o lobo. Aun así, lo que no daría por un juego de contraventanas de seguridad, similares a aquellas resguardando las ventanas de la cabaña de caza de mi padre en Michigan. 3 Siglas en inglés para: Special Weapons And Tactics. Unidad especial de la policía que es entrenada en el uso de armas y tácticas militares. (N. de la T.) Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 10 Lori Handeland Las añadí a mi lista de deseos: contraventanas de seguridad, Glock, Uzi, bazuca.


Tenía que dejar este lugar, treparme en mi coche, acelerar rumbo a una ciudad donde pudiera rodearme con cientos de personas, pero no podía ir a ninguna parte si antes no me calmaba y lavaba. Olí el gusto fuerte de sangre sobre mi piel, probé el sabor herrumbroso del miedo y la bilis subiendo por mi garganta. Luego de un vistazo final a la parapetada puerta, y después a la pequeña ventana, me apresuré en el cuarto de baño. Allí quité y removí cada rastro de sangre con una toalla, luego cepillé mis dientes hasta que me dolieron. Todo el rato manteniendo mis oídos atentos al otro cuarto y a cualquier otro sonido que no fuera ordinario. Tan limpia como podría estar, sin una ducha de una hora y una visita al dentista, contemplé mi ropa manchada y suspiré con desanimo. Tendría que quemarlas. Envolviéndome en una toalla, dejé el cuarto de baño. Alguien me agarró. Tuve un instante para registrar que la puerta principal estaba abierta de par en par antes de que la toalla se cayera a mis tobillos. Tomé una enorme bocanada de aire cuando una mano se estampó contra mi boca. Entrenamiento a base de patadas. Una chica no crece con cuatro hermanos sin


aprender a luchar y pelear sucio. Mi talón fue a por su empeine, pero no estaba allí. Mi codo salió disparado, pretendiendo la garganta. Él se hizo a un lado. Traté de voltearme para encararlo, la palma de mi mano se dirigió hacia su nariz. Él agarró mi muñeca y la torció detrás de mi espalda. —Que bonito,—gruñó la misma voz que me había gritado antes, —Cálmate. Bueno, ¿quién más podría ser? Quería preguntar, pero él consiguió mantener su mano cubriendo mi boca. Luché, pero esto sólo sirvió para revelar que el tener a una extraña desnuda entre sus brazos ponía a este hombre muy animado, en efecto. Me inmovilicé cuando una arma, o algo más, presionó contra mi trasero desnudo. —Así esta mejor,—murmuró, su aliento rozó mi oído, antes de que él acariciara mi cabello e inhalará profundamente oliendo la curva de mi cuello. —Ahora, si te dejo ir ¿serás buena? Tuve un mal presagio de lo que significaría ser “buena”, y no pensaba ceder de manera


graciosa. Asentí con la cabeza, y tan pronto como me soltó di la vuelta enviando mi rodilla hacia su entrepierna. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 11 Lori Handeland Pero él no estaba donde esperaba que estuviera, y mi pierna golpeó el aire. Casi me fui de bruces. Afianzándome, recogí rápidamente la toalla y la sujeté firmemente alrededor de mi cuerpo. El hombre estaba recargado contra la pared, los brazos cruzados sobre su pecho, observándome. Él era una especie de soldado, o algo parecido. Su camiseta era de camuflaje, sus pantalones también. La cara ennegrecida con pintura tan oscura como sus ojos, tenía cubierto su cabello con una gorra tejida que emparejaba el equipo. No podía saber que tal luciría debajo de toda aquella pintura, pero él era grande —más de un metro noventa de piel bronceada con puro músculo sólido y tenso. Ni un sólo centímetro de carne extra por ningún lado, a diferencia de mí. Subí la toalla más cerca de mi pecho, pero no quedó demasiado material para usar. Flaca y menuda, yo no era. Con mi movimiento su mirada recayó sobre mis pechos deslizándose a lo largo del


borde inferior de la toalla, donde la V de mis muslos probablemente se marcaría. Aclaré mi garganta. —¡Eh, amigo!, estoy aquí. Él me miró a los ojos y sonrió con satisfacción. Quise aporrearlo en ese mismo instante. —¿Qué tipo de hombre consigue endurecerse después de casi matar del susto a una mujer desnuda? —Es una pregunta retórica, ¿cierto? Mi carácter, una de las muchas maldiciones de ser pelirroja, se desbocó por completo. —¿Quién demonios eres, y qué haces en mi casa? El hombre se apartó de la pared, y yo di un paso hacia atrás antes de poder impedírmelo. No podía dejarle ver cuan acobardada estaba. Pero en vez de someterme otra vez, él se encaminó a la ventana y contempló hacia fuera la luz brillante del sol. —Tú tienes hermanos. Me quedé boquiabierta. —¿Qué? Él elevó un hombro, luego lo bajó.


—Tengo hermanas. Todas ustedes luchan como muchachillas. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 12 Lori Handeland —Ahá, hacemos lo que podemos para defendernos. Contemplé su espalda y reflexioné. No había escuchado “muchachillas” desde que viajé a Alabama para firmar libros. En el Medio Oeste decimos “chiquillas” o, como mis hermanos a menudo dicen, “chicas”. El “muchachillas” marcó a este hombre como sureño aunque el resto de sus palabras hubieran sido tan yanquis como Boston. La discrepancia me puso aún más en guardia contra él de lo que su invasión en mi casa consiguió. Sin embargo, mi carácter se había enfriado un poco, debido a mi miedo de él. A pesar de su obvio “interés” no me había arrojado al suelo y violado. Aún. Él me salvó del lobo. Tal vez era uno de los chicos buenos. —Vístete. —¿Perdón?


Él dio vuelta alejándose de la ventana. —Ahora. No puedo pensar con toda esa piel y aquellos…—Él agitó una mano vagamente a mi pecho. —¿Pechos? —Suministré. Él no se molestó en contestar. —Actúas como si nunca antes hubieras visto a una mujer desnuda. —Últimamente, no,—masculló él. —¿Has estado en campaña? ¿Bajo asignación? ¿En Iraq? —Algo así. No ha sido miel sobre hojuelas, no se parece a MTV4. Ha sido duro. Así que vístete, Maya. No tengo tiempo para tonterías. Ladeé mi cabeza. —¿Cómo sabes mi nombre? —Conozco mucho más que tu nombre. Vete a vestir. Las tres últimas palabras fueron dichas en voz baja, con un dejo de desesperación. Me recordaron el gruñido maligno del lobo solo momentos antes. Este hombre apenas era civilizado, y yo lo estaba picando con un palo. Una ola de expectación recorrió mi columna, perturbándome. Nunca me sentí atraída por tíos cachas como éste —salvaje, rudo, peligroso. Estudiosos, serios,


estables, eran más mi tipo. 4 Siglas para Music Television. Marca registrada para una compañía de televisión vía cable que transmite videos de música popular, dibujos animados, y noticias acerca del mundo musical. (N. de la T.) Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 13 Lori Handeland Mi última cita fue con un corredor de bolsa, antes de él un contable. Mis hermanos trataron de emparejarme con sus amigos, pero necesitaba en mi vida otro poli igual que me hacia falta tener un culo gordo. Como si hubiera intuido mis pensamientos, la mirada del desconocido se desvió a esa parte, entornándose como si tuviera visión de rayo X. Decidí que vestirme no era tan mala idea. Cuando me mudé a Arizona, dejé atrás todas mis chucherías de ciudad. Compré vaqueros una talla más grande, así, cuando me sentara en mi escritorio nada se me encajaría o apretaría. A nadie allá fuera en la pampa, le importaría si no era una perfecta talla diez5. Camisetas o camisas de franela, calcetines gruesos o pies desnudos, poseía un par de tenis y un par de botas. Mi cajón de ropa interior era el orgulloso poseedor de


catorce pares nuevos de bragas estilo abuelita, con tres sujetadores arrumbados hasta el fondo. Cómo odiaba los sujetadores, ya que el primero lo compré mientras mi papá fisgoneaba por todos lados en la sección de los innombrables de Sears. Pero hoy necesitaba a como de lugar una armadura, así que desenterré mis copas tamaño C, y las cubrí con una camiseta amarillo brillante y una camisa de franela azul intenso. Cuando regresé a la sala de estar, la primera cosa que vi fueron las armas. Como pasé por alto eso antes, ni idea. Aunque, claro, yo había estado algo preocupada luchando con el hombre que me tenía cautiva. Una Beretta 6 ceñida a su cadera, una Ruger 7 atada con un correa a su muslo. Ambas eran automáticas y revólver; él no corría riesgos, y tuve que preguntarme por qué. Apoyado al lado de la puerta estaba lo que parecía una ametralladora común, pero reconocí una Wilson Combat®, la última arma que el departamento urbano de policía adquirió para sus hombres. Los días de ser sobrepasados en armas por los tipos malos


estaban, por fin, en el pasado. —¿Qué estás esperando? —Pregunté. —¿Armagedón? A mi pregunta, él giró de la ventana, y contuve mi respiración. Se había lavado la pintura militar y quitado su gorra. Pómulos altos, pronunciados, mandíbula cuadrada, frente amplia. Él nunca sería un modelo —a menos que hiciera caso de aquellos carteles que incentivaban a los Estadounidenses “a ser todo lo que uno sueña.” Entendí por qué se cubría su cabello. Rubio. Él alumbraría como una almenara por la noche, aunque se hubiera recortado su cabello al rape. El estilo iba muy bien con el camuflaje, las botas, y el armamento. 5 El equivalente en talla alemana sería 38 y en talla mexicana sería 32. (N. de la T.) 6 La Fabbrica d'Armi Pietro Beretta es la principal empresa italiana manufacturera de armas. Beretta es famosa por la gran variedad de productos, que incluyen escopetas, escopetas recortadas, escopetas auto-recargables, rifles de cacería, fusiles de asalto, metralletas, rifles de acción de palanca, revólveres de percusión, revólveres de carga y pistolas. (N. de la T.) 7 Fabricante de armas de fuego más grande en los Estados Unidos. Lema “Fabricantes de Armas para Ciudadanos Responsable s”® (N. de la T.)


Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 14 Lori Handeland Sus ojos se agrandaron, su color oscuro era un complemento a su cara bronceada por el sol. —Cristo, ¿por qué no pintas un blanco sobre tu espalda? Fruncí el ceño. —¿Qué? —¿Amarillo? ¿Azul eléctrico? Te destacarás como un anuncio en neón. —¿Destacarme dónde? Abrió su boca para contestar, y la ventana detrás de él se rompió en mil pedazos. —¡Cuidado! —me arrojé para el suelo. Le daré crédito, él se lanzó al piso sin dudarlo, cuando algo golpeó el suelo, rebotó algunas veces, y luego rodó. —¡Mierda! —Él me puso de pie, me empujó hacia la puerta, me arrastró a través del jardín y cayó encima de mí cuando todo lo que poseía en el mundo explotó. Los restos cayeron como pesados fardos cerca de nosotros. Levanté mi cabeza, él me la empujó nuevamente hacia abajo. Pero no antes de que yo viera a un lobo cruzar como un rayo por los escombros y cenizas.


Luchando contra su apretón, logré alzar mis ojos otra vez. No vi nada —no un hombre, no un lobo. Estábamos solos con lo que quedaba de mi cabaña. El tipo rodó lejos de mí y se puso de pie. Ruger en mano, él exploró por entre los árboles. —Aquel camino,—intenté hablar, mi voz no fue más que un graznido. Él me dirigió una mirada penetrante. —¿Qué viste? —Lobo. —Tosí. —¿Qué fue lo que explotó? —Una granada,—dijo en el mismo tono con que yo diría “zumo de naranja.” —¿Granada? ¿Granada? —Mi voz era chillona y ruidosa e hizo que tosiera otra vez. —Relájate,—él murmuró, enfundando en su pistolera la Ruger. —No era para ti. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 15 Lori Handeland Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 16 Lori Handeland Capítulo 3 —Ah, caramba, que alivio. La granada no iba dirigida a mí. Díselo a mi casa. Mi teléfono celular. Mi … —contuve mi respiración. —Mi computadora,— sollocé. —Todo te será restituido.


—¡Ya estuvo bien! —Me incorporé, aunque perdí un poco el equilibrio. No ocurría todos los días casi volar hecha añicos por una granada. Si estaba algo tambaleante, algo histérica, estaba justificada. —¿Quiénes son ustedes? ¿Qué eres tú ? —No tenemos tiempo. —Agarró mi brazo y me guió en dirección de un SUV 8 típicamente negro, que él había aparcado cerca del jardín de la cabaña. — Entra al auto. Resoplé. —No he entrado al vehículo de un desconocido en… Bueno, digamos nunca. En tus sueños, amigo. Él saco la Ruger, la amartilló y apuntó el cañón hacia mí. Su cabeza me indicó la puerta de pasajeros. —Vaaaale. —Entré. No estaba asustada —tanto. Si él me quisiera muerta podría haberme dejado en la casa, o abandonada al lobo. De todos modos, no estaba por discutir con una Ruger. Él subió, se hizo cargo del volante e hizo virar al SUV en un círculo, los neumáticos salpicaron mugre a los restos humeantes de mi nuevo coche familiar diesel. Qué, por


comodidad, había aparcado un pelín cerca de la cabaña. —¿Tienes nombre? —Rebotamos sobre el sendero por ir demasiado aprisa, y mi cabeza casi golpeó contra el techo. —¿Un permiso de conducir? Su boca era tensa y sus ojos concentrados, mientras maniobraba el coche para impedir que patinara sobre el camino estrecho. —Clayton Philips. Clay. —Y tú eres ¿qué? ¿Fuerzas especiales? Me miró de reojo, y luego de nuevo al camino. —Claro. ¿Claro? ¿Alguien más olió “mentira” por todos lados? 8 Siglas para definir Sport Utility Vehicle (SUV). Es un vehículo que combina doble tracción, con espacio para carga y tiene la posibilidad de ser un coche familiar o minivan. Conocidos también cómo: Todoterreno, 4x4, 4WD. (N. de la T.) Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 17 Lori Handeland —¿Cómo sabes mi nombre? Cuando él abrió su boca para responder, el lobo brincó directamente delante del coche. Jadeé, preparándome a mi misma, esperando el chirriar de frenos. En cambio, él pisó


hasta el fondo el acelerador. El lobo era más rápido que cualquier otro que hubiera visto jamás —no que haya visto muchos—, iba detrás por meros centímetros y casi alcanzó el parachoques del SUV. Al último, Philips empleo a fondo los frenos, fui proyectada primero al frente, y luego atrás, con tal fuerza que mi cabeza azotó contra el asiento y mis pechos consiguieron un abrazo extra-entusiástico del cinturón de seguridad. —¡¡Hey!! —Grité, pero él ya había saltado fuera del auto, portando su arma. —Cierra las puertas,—ordenó y se marchó. —Pesado. Imbécil. Me fijé en la ignición. Ninguna llave. — ¡Gilipollas! —Rezongué, desabrochando el cinturón de seguridad y cogiendo la manija. Con mis dedos sobre ella, vacilé. Podría volver a la cabaña, pero ¿para qué? No casa, no teléfono, ni condenado coche. Conseguí volver a cabrearme. Le eché un vistazo a la ruta. ¿Y si anduviera a la ciudad? 34 kilómetros de distancia. ¡Já! . No caminaba un solo kilómetro desde la escuela secundaria, y eso sólo porque el negrero de mi profesor de gimnasia me obligó. Además, Philips me atraparía,


entonces tendríamos un jaleo y… vuelta a las amenazas y las armas otra vez. Aun así… contemplé el camino, ávida de libertad. Un lobo se abalanzó de golpe contra la ventanilla de pasajeros. Grité y retrocedí de inmediato. El animal babeó, gruñó, arañó, tratando de alcanzarme a pesar de la barrera. Un tinte rojizo escurrió por el cristal. ¡Ay, diantres! ¿Philips consiguió que lo matarán? El lobo desapareció, y mis ojos casi se desorbitaron cuando el seguro y la portezuela comenzaron a accionarse. Presioné mi dedo contra el botón y todas las puertas se cerraron con un satisfactorio tuac. Había algo muy extraño respecto a éste lobo. Viviendo en Chicago, no encontré muchos animales salvajes, pero hasta yo sabía que ellos no eran muy duchos a la hora de abrir portezuelas de auto. No podía ver al lobo, ya no podía oírlo. Tal vez se había ido. El costado del coche se inclinó. Él me contempló por el parabrisas, gruñendo. ¿Dónde estaba mi salvador ahora? Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro


Naciente Luna Roja 18 Lori Handeland Como si el lobo hubiera oído la pregunta, su cabeza se irguió, investigando. Echó un vistazo hacia los árboles, y luego a mí. Un vertiginoso y repentino sudor helado corrió por mi piel, cuando miré fijamente los ojos negros rodeados por una considerable parte blanca. Fue entonces cuando entendí lo que me había inquietado sobre el lobo. Parpadeé y miré otra vez. Ahá. Ojos humanos, cuerpo de lobo. Traté de enfocar y familiarizar a mi mente con el concepto, pero seguía intentando hallar otra explicación. Entonces varias cosas ocurrieron simultáneamente. El lobo abrió su hocico; una brisa agitó los árboles y esta se coló dentro del coche. No estoy segura cómo, ya que todas las ventanillas estaban cerradas. Pero mi cabello revoloteó, el sudor hormigueo sobre mi piel, y oí una sola palabra, dicha de manera queda y apagada que sonó como… Philips surgió de los bosques. Él apuntó la Ruger al lobo encima del auto, y disparó. Conteniendo mi respiración, esperé que el cristal estallara, para que luego cayera todo donde estaba yo.


No pasó nada. No quise levantar mi cabeza y arriesgarme a conseguir una vista de mi nuevo amigo; el psicópata de armas tomar. En cambio me arrastré por el asiento, así, podría ver a través del parabrisas. El lobo se había marchado. La súbita apertura de los seguros de puerta me hizo gañir. Pero resultó ser Philips con el único juego de llaves. Quién por poco se sienta encima de mi cabeza, mientras subía detrás del volante. Luego se puso en marcha, conmigo todavía luchando por abrochar mi cinturón de seguridad. El silencio se erigió entre nosotros mientras él manejaba observando atentamente por el parabrisas. El ir pitando y golpeando cada bache en el camino debe requerir concentración completa. —¿Qué era eso? —Pregunté. —¿Tú qué crees? ¿Sería un puñetero sabelotodo? No podía decirlo. Considerando mi marcada inclinación para atacar con sarcasmo el comportamiento de mis hermanos; el ingenio cortante era la única arma que yo tenía contra una fuerza superior —me sorprendía no haber


reconocido lo mismo en él. — Skinwalker,—dije. Su pie resbaló del acelerador y el coche derrapó, pero recuperó el control al instante. —¿Dónde escuchaste eso? Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 19 Lori Handeland Abrí mi boca, la cerré otra vez. ¿Cómo se suponía que le explicaría que el viento me lo había susurrado dentro del coche? Obviamente él no oyó nada, así que el lobo no habló, el viento no susurró. ¿Creería Philips que estaba chalada? Él debía continuar. Y sería conmigo detrás. —Por ahí, —musité. El coche aminoró la marcha para detenerse. Él puso la transmisión en aparcado. —Por ahí ¿dónde? De su reacción, la palabra le decía algo. Quise saber qué. —Tú me dices lo que “skinwalker” significa, y yo te digo donde lo oí. Él hizo un sonido exasperado. —Maya, no tenemos tiempo para esto. Lo que me recordó … —¿Cómo es que conoces mi nombre?


Él suspiró y puso el coche en marcha. —Vale. Puedo conducir y hablar. —Apuesto que también pasear y mascar chicle. Los labios de Philips se movieron nerviosamente, y me echó una mirada de soslayo. Sus ojos oscuros vagaron sobre cada centímetro de mi cuerpo, exactamente igual que cuando llevaba puesto nada más que una toalla. Me estremecí, aunque el aire en el coche estuviera más caliente que el frío. Había sido secuestrada por un misterioso y apuesto desconocido. Algunas mujeres tendrían envidia. Yo estaba muy… estresada. El completo escenario se parecía a uno de mis libros —libros en los cuales, de manera segura, orquesté aventuras para la gente que no existía fuera de mi propia cabeza. Había una razón para esto. No era nada buena jugando con fuego, y nunca lo sería. Siempre que arriesgué, me quemé. La vida, el amor, la búsqueda de la felicidad — ninguna de aquellos aventuras resultó muy bien para mí, así que dejé de intentarlo. Tuve una docena de empleos antes de descubrir la escritura. Fracasé en cada uno de


ellos. Otra razón para que estuviera llena de pánico ante el pensamiento de fallar otra vez. ¿Novios? Nunca duraron. La felicidad tampoco. Sólo pregunten por mi madre. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 20 Lori Handeland Desvié mis ojos de Philips e intencionadamente observé por la ventanilla. Su suspiro contuvo tanto desilusión como resignación. —¿Sabes algo acerca de los Navajo? —él preguntó. —Ellos viven … —fruncí el ceño y eché un vistazo al sol, calculando nuestra ubicación y señalé. —Por allá. Philips resopló. —¿Algo más? Negué con mi cabeza. —Has oído todos mis conocimientos sobre la Nación Navajo. —Ahora también sabes que nosotros perseguimos a un skinwalker. — ¿Nosotros? Él me miró de reojo. —Pillado en curva, —murmuré. —¿Qué es un skinwalker y por qué lo seguimos? —Un skinwalker es un brujo Navajo que prospera e impera sobre la


destrucción, el asesinato, y el caos. Recordé la imagen de los restos ardientes de mi casa y coche, la cara en la ventana, la granada. Nada de esto tenía sentido. —Pensé que las brujas eran pacíficas, que aquellas que preparan pócimas en calderas eran sólo un mito. —Las brujas de nuestros días son pacíficas. Su credo es no dañar a nadie. Los skinwalker s no son modernos. Son antiguos y están cabreados. —¿Por qué? —Nadie sabe. Los Navajo son sumamente herméticos sobre el lado oscuro de su cultura. La mayor parte vive en armonía con su mundo. Ellos no matan a animales o gente solo por matar. El skinwalker quiere infligir tanto dolor y miseria como sea posible, sencillamente porque puede hacerlo. —Que monada de tipo. —No es un hombre. —¿Chica? Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 21 Lori Handeland —No exactamente. —¿ Qué exactamente?


Él negó con su cabeza. —Mantuve mi parte del trato. ¿Dónde oíste la palabra “skinwalker”? Suspiré. —Esto va a sonar como cuento de chiflado… —Dime algo que hoy no lo sea. —Vale, es cierto. Mientras tú estabas en el bosque y el lobo estaba sobre el capó… — hice una pausa. —¿Qué? —Bien, oí la palabra dicha por el viento. En un coche cerrado. —Le eché una mirada furtiva, pero él continuó mirando atentamente por el parabrisas. —No pareces asombrado. —He visto algunas cosas sorprendentemente fuertes en mi vida. —Entonces, tal vez puedas decirme que diablos está ocurriendo aquí. —¿Te pareció extraño el lobo? Asentí, recordando los ojos humanos. Medité lo que había visto, todo lo que sucedió. La cara en la ventana, el traqueteo en la puerta, el quejido canino. Luego las pisadas del hombre que se mezclaban con aquellas de un lobo. Un susurro cuando no había nadie cerca, salvo yo y un animal salvaje. Nada de esto tenia sentido.


—Un skinwalker es tanto brujo como hombre-lobo, —Philips dijo, —y éste parece tener un ojo puesto en ti. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 22 Lori Handeland Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 23 Lori Handeland Capítulo 4 —¿Yo? Tú dijiste que la granada era para ti. —Lo era. ¿Alguna vez has visto a un lobo arrojar una granada? —Nunca he visto a un lobo antes de hoy. —Hoy tampoco viste a un lobo. Era un... —Hombre-Lobo. Claro. ¿Saben tus loqueros que andas suelto? —Fuera de broma. Soy todo lo que está entre tú y aquella cosa. —Y por cierto, ¿quién eres tú? —Clayton Philips. —Ya sé tu nombre, cabeza dura, ¿ qué eres? ¿Poli? ¿Soldado? ¿Psicópata? —Soy un Jäger-Sucher. Yo había seleccionado alemán como idioma extranjero. No me pregunten por qué. La única vez que tuve una razón para usarlo fue ahora. —¿Cazador-Buscador? —Traduje.


Él me dirigió un mirada sorprendida y con cierto interés. —Exacto. —¿Qué significa eso? —Somos una división del gobierno… —Nunca escuche nada. Llegamos a la carretera, pasamos del terregal al pavimento. —Es una división secreta,—él siguió. —Vaya, sí, en Virginia ya existe un expediente-X. Si es tan secreto ¿por qué me lo dices? —Tienes que saber contra qué nos enfrentamos. —Ah, sí, un hombre-lobo Navajo. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 24 Lori Handeland —¿No me crees? —¿Debería? —He estado rastreando y matando hombres-lobo durante diez años. No arreglé esto. —Oh, eso es muy convincente. La irritación cruzó su cara. —Desde que el skinwalker salió de la reservación tres personas han muerto.


Tú pareces ser la siguiente. —¿Y que hay de ti? —El hombre me busca a mí -de ahí la granada. Considerando su comportamiento de hace unos momentos, el lobo te busca a ti. —Si creo tus patrañas, el hombre y el lobo son el mismo. —Lo que explica por qué el skinwalker no se preocupó sobremanera si tú explotabas junto conmigo. Aunque… —Él se interrumpió y meneó su cabeza. —¿Qué? —Pregunté, aunque probablemente no debería haberlo animado. —Los licántropos matan rápidamente, —Philips siguió. —No son muy buenos manteniendo el dominio de sí mismos. No pierden el tiempo mirando a la gente como éste ha estado observándote. La inquietud se deslizó detrás de mi cuello. —¿Cómo sabes lo qué él ha estado haciendo? —Me llamaron para investigar una muerte hace aproximadamente una semana no lejos de tu casa. Seguí varias pistas de huellas de lobo. Hubo un rastro que siempre regresaba a ti. No puedo entender que cosa planea. —¿Por qué sencillamente no le pegaste un tiro?


—Nunca vi nada aparte de las huellas. Hasta que encontré el cuerpo en tu propiedad… —¿Qué cuerpo? —Había un cadáver aproximadamente a treinta metros de tu cabaña, o lo que quedaba de él. La sangre, el montón no identificado, las moscas. Había bloqueado esto. A este paso no recordaría mi propio nombre por la mañana. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 25 Lori Handeland —Era una mujer,—él siguió. —Todas han sido femeninos. Pero las semejanzas se terminan allí. Jóven, vieja. De cabellos plateados, rubia. —Él echó un vistazo hacia mí. —Pelirroja. Ninguna relación o razón. —¿Para un hombre-lobo? ¿Por qué no me sorprende? —Exactamente. Los licántropos matan indiscriminadamente, ellos no siguen un plan, ¿así que por qué no te mató? —Él meneó su cabeza. —Las pistas, el rastro; tendrían al menos cinco días, como mínimo. Esto no se parece a un hombre-lobo. —Tal vez se parece a un skinwalker.


Él me vio de soslayo, el interés iluminaba sus ojos oscuros. —Tal vez lo sea. —¿No lo sabes? —Este es el primer caso de skinwalker en el que he trabajado. Los Navajo generalmente ajustan cuentas con los renegados por si mismos. Ellos son considerados una indignidad. —Me lo imagino. Él frunció el ceño. —Tienes que tomar la situación en serio, Maya. Sé que parezco un loco, pero no lo soy. —Eso dicen todos los locos. —Te prometo que el skinwalker no se apoderará de ti mientras estés conmigo. Él era tan serio y comprometido, que me descubrí a mi misma asintiendo. Sin embargo, intentaría fugarme en la primera oportunidad. Pillaría un teléfono, llamaría a los polis, y enviaría a Clayton Philips a la celda acolchada más cercana. Él podría ser un tipo guapísimo, pero estaba tan demente como la persona más chiflada que jamas conocí alguna vez. —¿Dónde vamos? —Pregunté. —Hay un hombre que, se supone, hablará conmigo en la reservación.


—Si los Navajo tienen sellada la boca acerca del skinwalker ¿por qué te pidieron ayuda? —No lo hicieron. —¿Entonces cómo descubriste que andaba suelto un skinwalker? No podía creer que yo le estuviera siguiendo el juego, pero ayudaba a pasar el tiempo. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 26 Lori Handeland —Los Jäger-Suchers tienen conexiones en todas partes. Varios cadáveres en la misma área, mutilados por animales salvajes más allá del reconocimiento, recibimos un fax. —Hum. Explícame como este skinwalker se cambia de hombre a lobo y viceversa. —Él lleva puesta la piel de un lobo. Fruncí el ceño. —¿Entonces no es realmente un lobo? ¿Es sólo un fulano correteando por ahí con un pellejo de animal echado sobre su cabeza? —Tú viste al lobo. ¿Te pareció un lobo de verdad? —A excepción de los ojos, sí. —Una diferencia física entre lobo y hombre-lobo son los ojos. En cuanto al skinwalker,


el hombre es un brujo. Él combina la magia y una piel de animal… —¿Cómo? —Nadie sabe exactamente cómo. El proceso es tan secreto como la identidad del skinwalker. Eché un vistazo por la ventanilla. Mientras charlábamos, él había estado conduciendo. No había un signo neón que dijera; Bienvenidos a la Reservación Navajo, pero supe el instante en que la atravesamos. La tierra plana; llana. Remolques y hogans — viviendas tradicionales Navajo— apuntando al horizonte. Lo ricos tonos del desierto, marrón, tostado, chocolate, mezclados entre hileras de dunas y creando sombras entre la piedra arenosa esculpida a la distancia. La primera vez que conduje por esta área experimenté un déjà vu. A pesar de nunca haber puesto un pie al Oeste del Misisipí, había visitado antes el Monument Valley 9. Una vez que leí acerca de la región entendí el sentido de familiaridad. Muchos westerns de John Ford10 fueron filmados aquí. El Navajo vivía en el corazón de un icono Americano.


Philips viró para entrar a una vereda polvorienta, que conducía a una cabaña con nada alrededor excepto kilómetros de arena y montes distantes. ¡Si continuábamos viajando por esta dirección entraríamos de lleno en White Mountains 11! o llegaríamos a Painted 9 Monument Valley; localizado en la frontera Sur de Utah y al Norte con Arizona. El valle cruza a través de la Reservación de la Nación Navajo cerca de la localidad de Goulding. Notable por sus maravillosos escenarios de formaciones de roca. (N. de la T.) 10 John Ford (1895-1973). Cineasta estadounidense que ganó un Premio de la Academia por la dirección de The Informer (1935), The Grapes of Wrath (1940), How Green Was My Valley (1941), y The Quiet Man (1952). (N. de la T.) 11 White Mountains; cordillera de montañas que comienza al Norte de New Hampshire y Sudoeste de Maine, formando parte de las Montañas Appalachian. Su pico más alto es el Monte Washington, 1,917 mts (6,288 pies). Es el pico más alto en el Noreste de los Estados Unidos, al igual que una popular atracción turística. (N. de la T.) Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 27 Lori Handeland Desert 12, y todavía otra más nos conduciría por un bosque denso. Los visitantes se impresionaban al saber que Arizona tenía más regiones montañosas que Suiza y más bosques que Minnesota. La casa parecía desierta. Nadie salió al pórtico, ningún perro vino corriendo a saludarnos. El vello sobre mis brazos comenzó a hormiguear. —¿De quién es este lugar?


—Un curandero. —Sí, como no. Él echó un vistazo rápido en mi dirección cuando detuvo el coche. — Existen todavía hombres y mujeres curanderos. La mayoría de los Navajo toma parte en el ritual del Blessingway. —¿Y eso qué es? —Es, como su nombre lo indica, una ceremonia de bendición y es usada para asegurar la buena suerte y la prosperidad. También usan canciones o cánticos que ayudan a sanar. —¿Y éste fulano se dedica a eso para vivir? Contemplé la casa. No parecía ser un negocio muy boyante. —También, ocasionalmente, a cazar a algún skinwalker. Lo miré. No bromeaba. ¿Qué otras rarezas existirían? Philips se apeó del coche. —¿¡Hola!? —él llamó. —¿Joseph Ahkeah? Ninguna respuesta. Ni un movimiento de las cortinas. Nada. —Tengo un presentimiento muy feo acerca de esto,—rezongué. —Joseph es un experto en todo lo referente a skinwalkers. Él sabrá por qué el suyo está acechando y no matando, a pesar de que tú has sido un blanco tan fácil.


La imagen era inquietante. Sola. Contemplando mi computadora, escuchando música, obsesionada acerca de una fecha límite. Considerando las pasadas pocas horas, un libro apenas merecía que me preocupara. Todavía no creía que tratáramos con un hombre-lobo, pero estaba ocurriendo algo 12 Painted Desert; región de meseta en el territorio del Norte central de Arizona al Este de Colorado y el Río Little Colorado. Gran parte de él está dentro de las reservaciones Indígenas. Área: 19,000 kilómetros cuadrados (7,500 sq mi). Las capas irregularmente erosionadas de sedimento rojo, amarillo y arcilla han dejado asombrosas superficies de vividos colores. (N. de la T.) Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 28 Lori Handeland insólito. El tipo que estuvo jugando peekaboo 13 en mi ventana, cómo mínimo, estaba tocado de la cabeza. Voló por los aires mi casa y derritió mi coche. Incluso si a Philips también le patinaba el coco, no había tratado de matarme. Aún. Él llamó a la puerta. Escuchamos, pero todo lo que oímos fue el viento. Él escudriñó detenidamente el interior por la ventana. —Estás pidiendo que te vuelen la cabeza. Me vio de reojo. —Se supone que mi jefe llamó a Joseph y le informó que venía. No entiendo por qué no


está aquí. Philips cogió la perilla, y al tocarla la puerta se abrió por si sola. Encogiéndose de hombros, anduvo dentro. —¡¡Eh!! —Me acerqué al pórtico. —¿Eso es legal? —¿Qué tal si se resbaló en la tina, y se abrió la cabeza? ¿Y si se cayó y no puede levantarse? —¿Siempre te imaginas tanto? —Cada maldito día. Como yo también lo hacia, lo seguí dentro de la casa del curandero. La cabaña era pequeña, oscura, caliente. Cosas por todas partes. Joseph realmente necesitaba una ama de casa, aunque la mayoría de las mujeres nunca tocarían lo que vi esparcido alrededor. Huesos, grandes y pequeños, el cráneo de un animal no identificado, pieles de diversas formas, tamaños, y colores. Oh-oh. Philips fue directo hasta ellas. Yo iba pisándole los talones hasta que aplasté algo que crujió. Mirando abajo, descubrí lo que parecía ser el hueso del muslo de un… —¡Argh! —Me di la vuelta tan brusca, que me estrellé contra la espalda de


Philips. — ¿Es humano? —Ya no. 13 Pekaboo; conocido como el juego del cú-cú que se hace con los bebés. Se esconde la cara entre las manos para reaparecer diciendo: cú-cú (o pekaboo en la versión en inglés). Parecido al juego de las escondidas. (N. de la T.) Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 29 Lori Handeland Él sacó su Beretta y rápidamente inspeccionó la casa. No había mucho para ver. Una sola área con una cocina, dormitorio pequeño, un baño aún más pequeño. Ningún signo de algo vivo. Las pieles estaban extendidas a través de varias mesas en el lado norte del cuarto. En contraste con el resto de la casa, estaban organizadas y etiquetadas con precisión milimétrica. Un pedacito de papel estaba pegado en cada una. —Zorro. Oso. Coyote,— leí. —¿Qué es con esto? En medio de la lectura de una enorme pila de papeles, Philips alzó la vista. Sus ojos estaban absortos, al principio no pareció verme. Agité mi mano delante de su cara hasta que él parpadeó. —¿Qué? Ah, un skinwalker puede adoptar muchas formas. —Pensé que era un hombre-lobo.


—En este momento. Probablemente por su resistencia y tenacidad. Los lobos tienen la capacidad de correr kilómetros, luego acelerar. Son rápidos, sagaces, y pueden ser peligrosos cuando se les provoca. Pero un skinwalker podría volverse un zorro, un oso, un coyote. —Él extendió su mano, indicando las pieles delante de nosotros. — Todo lo que él tiene que hacer es cambiar su piel. —¿Me estás diciendo que esa cosa podría metamorfosearse en otro animal? —Probablemente. El zorro es por la astucia, el oso por la fuerza, el coyote por la velocidad y agilidad. De todos modos, de lo que he sido capaz de recopilar en mis estudios, la mayor parte de los skinwalkers se atienen al animal con el que se identifican. —En este caso, un lobo. Él resopló, regresando su atención a los libros y papeles. Con nada mejor que hacer, curioseé bajo el montón de pieles. Ciervo. Alce. Cuervo. Águila. La exhibición era bastante escalofriante. —La luna de esturión,—él murmuró. —Mierda. Eso es pronto. —¿La-qué-de-quién?


Él levantó su mirada un momento. Sus ojos nuevamente perdidos, ensimismados por lo que decía el libro. Qué chistoso, nunca lo habría tenido por un erudito. —Antes, cuando los indios poseían la tierra, le otorgaron a cada luna llena un nombre. La luna de lobo era en enero, porque los lobos aullaban de hambre en medio del invierno. Hay luna de cosecha en septiembre. La luna de sangre es en octubre… —Suena como una que deberíamos evitar. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 30 Lori Handeland Philips me dirigió una leve sonrisa. —También llamada la luna del cazador, porque en aquel mes la carne es almacenada para el invierno. —Supongo que la luna de esturión es en agosto. —Bingo. Las tribus de pesca la bautizaron así, porque los peces eran fácilmente atrapados en esta época del año. Pero la luna de agosto también recibe otros nombres, de otras tribus. La luna del maíz dulce, la luna del grano … —¿Qué ocurre bajo la luna de esturión? Él alzó su mano, indicándome que guardara silencio y siguió leyendo, sólo para segundos más tarde maldecir nuevamente. — “Cualquier humano que oiga el susurro del skinwalker en el tiempo de la luna roja


es el elegido.” Nuestros ojos se encontraron. Ambos miramos a la luna. Era muy roja, en efecto. —Déjame adivinar, “luna roja” es otro nombre para “luna de esturión.” Él asintió. —La tradición popular acerca de los hombres-lobo siempre ha estado ligada a la luna llena. —Por motivos obvios. ¿Cuándo es? —Mañana por la noche. Estupendo. —¿Qué significa “elegido”? —No estoy seguro. Pero a lo largo de mi experiencia con los monstruos, nunca he descubierto que ser “elegido” sea algo bueno. —Vamos de mal en peor, —refunfuñé. Philips siguió leyendo. — “En el mes de la luna roja, el skinwalker vaga por la tierra del Mundo Brillante. El asesinato y el caos le darán la fuerza para cumplir la tarea que se avecina.” —¿Qué tarea? Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro


Naciente Luna Roja 31 Lori Handeland — “Cuando la luna roja llena, nazca sobre el Cañón de los Muertos el skinwalker se descubrirá así mismo ante el elegido, y el mundo temblará ante él.” —Nada bueno. Él cerró el libro y paseó a lo largo de la mesa, sus dedos alisaron las pieles. —¿Es todo? —La mayoría de estás leyendas indias son… vagas. —¡Al diablo con vagas! Quiero saber por qué soy la elegida. Lo que significa. ¿Dónde narices esta el puñetero Cañón de los Muertos y que tan lejos puedo ponerme de allí? —Maya,—él dijo suavemente. —No permitiré que te toque. —Lamento que tus reconfortantes palabras no me hagan sentir todo lo cobijada y segura que pretendes. —¿No confías en mí? —Irrumpes en mi casa, me pegas un susto de muerte, dejas que un lunático vuele por los aires todo lo que poseo en el mundo, luego me secuestras. Y acabas de decirme que él anda tras de mí. Sr. Philips, creo que esperas demasiado.


Me dirigí a la puerta; él asió mi brazo para detenerme. Mi ímpetu era tal que tropecé y me estrellé contra su pecho, casi me caigo. Él me aferró por la cintura y me niveló con su cuerpo. —Cuidare de ti,—musitó él. —Lo juro. —Puedo cuidar de mi misma. Quise decirlo con brío y valentía. En cambio mi voz salió entrecortada, en un susurro de nena asustada. Su mirada se dirigió a mis pechos. Sus ojos se encendieron; igual hizo mi piel. Tuve una imagen de él y yo, entrelazados sobre sábanas de seda negra. Él sería tanto suave como áspero. Necesitado, desesperado, increíblemente experto. ¿Qué tenía este hombre que me hacía pensar en tales cosas en los momentos más inadecuados? Ni siquiera debería gustarme. Él me recordaba a mis hermanos — muy arrogante, muy musculoso, muy sexual. Mis mejillas ardieron —la maldición de ser pelirroja. Me sonrojó a menudo y se nota.


Sus ojos se entrecerraron. Esperé que me apartará y dijera que me defendiera yo sola. En cambio, su brazo me ciñó aun más cerca y su boca cubrió la mía. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 32 Lori Handeland Fui entrenada para luchar, patear, rasguñar y morder, hacer lo que fuera para impedirle a un hombre dominarme. Ahora mismo, cada truco que sabía se esfumó, deseo puro se extendió por mi cuerpo. Su boca era dura; su lengua suave. Él mordió mi labio, sacó mi camisa de mis pantalones y acarició con sus uñas mi espalda. Jadeé, me pegué a él como una segunda piel, frotándome, amoldándome a él, sintiendo su cuerpo duro y masculino contra el mío suave y femenino. Mis manos hurgaron debajo de su camisa, tocando su piel, sobando sus músculos, palpando sus costillas. Él gimió guturalmente en mi boca, la vibración se sintió tanto en mis labios como en las yemas de mis dedos, una sensación dual que desbocó mi pulso. Él descendió con su boca mordisqueándome a lo largo de mi mandíbula, luego se detuvo en mi cuello y chupó. Me arqueé, y él sepultó su cara entre mis pechos, amoldó sus manos a mis


nalgas y me levantó en vilo para que le rodeara sus caderas con mis piernas y así montar y frotar su erección con la parte mía que clamaba y ansiaba sentirlo dentro. La puerta se cerró de golpe y nos paralizamos. Su aliento secó los sitios húmedos creados por su boca. Mis pezones se endurecieron. Mi cuerpo se estremeció. —Sólo el viento,—él murmuró. —No pasa nada. Curioso, yo sentía lo contrario. Me liberó y mis piernas resbalaron a lo largo de él para luego sostenerme. Mis pies tocaron el piso, y mis mejillas se inundaron de carmesí otra vez. Traté de dar vuelta, alejarme, pero él me aprisionó entre sus brazos, inclinándose y descansando su frente contra la mía. —Maya,—él susurró con voz entrecortada. —¿Qué fue esto? —¿Un beso? Clay soltó una áspera risotada, que hizo entrechocar nuestras cabezas, con la suficiente fuerza para hacerme ver estrellas. —Eso es comparar la dinamita con un petardo. Él acarició con una mano mi cabello, luego besó mi mejilla.


—Fue una mala idea. Lo siento. No sé lo que me ocurrió, excepto… —¿Excepto? —He querido besarte desde que saliste de la ducha e intentaste molerme a golpes. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 33 Lori Handeland Sonreí. —Te gustó eso, ¿eh? —Parece que sí. —Supongo que te pondría una patada donde duele más. Él arqueó una pálida ceja. —Ni se te ocurra intentarlo. Viví demasiados años en una casa repleta de tipos, como para sentirme descolocada por maneras abruptas y tajantes en lenguaje o comportamiento. Probablemente uno de los muchos motivos por los que todavía seguía sola. La mayoría de los hombres me encontraban demasiado parecida a un chico. Ninguno creyó alguna vez que yo fuera tan excitante como Clay parecía encontrarme. Mi mirada descendió al abultamiento en sus pantalones. Ahá, él me encontraba muy, muy interesante.


Di un paso hacia él y él retrocedió. —No es una buena idea, ¿recuerdas? —A mí me parece una idea estupenda. —Maya, no. La última mujer por la…—Él pasó una mano por su pelo, los brillantes cabellos tan cortos se mantuvieron en su sitio, luego se alejó e inclinó en la mesa llena de pieles, cabizbajo. —Asesinaron a la última mujer con la que tuve una relación. De manera horrible. —¿Hay una manera bonita de ser asesinada? —Supongo que no. Pero Serena… pues… vaya, no quedó mucho de ella para ser sepultado. Sí que sabía aniquilar la atmósfera sensual. —Ella era una Jäger-Sucher, igual que yo. —¿Un licántropo la mató? —No. Ella tenía una especialidad diferente. —No entiendo. —Divisiones diferentes, monstruos diferentes. —¿Me estás diciendo que en este mundo hay más que hombres-lobo? Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 34 Lori Handeland Él tomó una bocanada de aire,


dejándola salir despacio. —Mucho más. Abrí mi boca para preguntar que cosa, luego decidí que en realidad no quería saberlo. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 35 Lori Handeland Capítulo 5 De repente Clay se incorporó. —Oh-oh. —¿Qué pasa con oh-oh? —Falta la piel de lobo. —Señaló a la mesa delante de él. No conseguí llegar tan lejos en aquél montón de pieles, me fue imposible con tanta cosa muerta. Sino, hubiera notado el gran espacio vacío —que tenía una etiqueta. Una etiqueta en la que se leía claramente “lobo”. —¡Hijo de perra! —Clay exclamó, —Joseph Ahkeah es el skinwalker. —Que tal si decidió echarse encima una piel de lobo y salir a dar un pequeña caminata. Para saber que se siente andar unos kilómetros en los mocasines de otro, por así decirlo. Todo esto no significa que él sea un diabólico asesino desalmado. —Ponerse la piel no crea al skinwalker. Se requiere tanto la piel como la magia, ambos


son elementos indispensables. Un hombre como Joseph sabría muy bien como combinar ambas cosas. —¿No tienes idea qué clase de magia usaría? Clay había estado andando con paso lento por todo el cuarto como si buscara algo. Él se detuvo con sus manos llenas de recortes de periódico sueltos. —¿Clase? —¿Un conjuro? ¿Un sacrificio? ¿Polvo místico? ¿Una varita mágica? —Eso era por lo qué deseaba hablar con Ahkeah. —Él se encogió de hombros. — Supongo que realmente no importa como se convirtió en uno. La cuestión es cuando morirá. Puse los ojos en blanco al escucharlo citar una frase de una película de John Wayne14. Mis hermanos, hablaban así y yo solía cabrearme muchísimo. ¿Por qué, entonces, el mismo comportamiento en Clay me parecía tan mono? ¿Mono? Clayton Philips era una compleja maquinaria de lucha, huraño y demente. Sólo porque besaba mucho mejor que cualquier otro hombre con el que uní mis labios, hasta


ahora, no lo convertía en alguien cuerdo y sensato. 14 John Wayne (1907–1979); Conocido como el “Duke”. Actor estadounidense que salía en roles estelares de héroe duro y fuerte, tales como: Stagecoach (1939), Red River (1948), y True Grit (1969), por el que ganó un Premio de la Academia. (N. de la T.) Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 36 Lori Handeland De todos modos tuve que confesarme que el estar en esta casa, observando la colección de Joseph, oyendo la maldición de la naciente luna roja, consiguió que me inclinara, un poquito más, del lado de la cerca con Clay. Una estruendosa explosión hizo erupción fuera. La tierra tembló; juró que escuché un lanzallamas. Corrí junto con Clay a la ventana y descubrí que había llamas y estaban siendo lanzadas. Llegaban hasta el cielo, y salían de lo que alguna vez fue el SUV. Pero, no fue este espectáculo lo que me hizo mirar atentamente, parpadear, frotar mis ojos y luego mirar más fijamente. Fue el Indio desnudo que todavía estaba allí. El aire pareció oscilar a través del calor. El humo creó ondas, ocultándolo, para volver a revelarlo nuevamente. Él estaba aproximadamente cincuenta metros más allá del auto


que ardía. Llevaba su melena suelta, era larga y negra. No era alto, pero era muy musculoso. Parecía como si levantar camiones fuera su pasatiempo. —Ahkeah,—Clay rugió. El hombre colocó la mano detrás de su oreja, como un lanzador de béisbol. Su cabello negro se balanceó. Igual que otras partes un poco más abajo. Él arrojó lo que sea que tenía en su palma. Algo pequeño y oscuro conducido por el viento en nuestra dirección. Basada en experiencias anteriores, debería haber comenzado a emprender la carrera. Pero entonces él se agachó y recogió lo que pareció ser una capa de piel, con un hocico. Se puso la cabeza encima de la suya, y colocó la piel sobre sus hombros. Levantando sus manos al cielo; habló, aunque no pude oír las palabras. Sin embargo, escuché muy bien el aullido que siguió. El sonido era tan agudo y estentóreo que me hizo parpadear, y cuando mis ojos volvieron a abrirse un lobo estaba justo donde había estado un hombre de pie. Tenía un pelaje lustroso y oscuro; ya había visto al animal antes —fuera de mi cabaña.


Pero, ¿cómo llegó aquí tan rápido? Clay sujetó mi brazo y me arrastró hacia la puerta de atrás, mascullando; —Otra granada de mierda. ¿Ahora crees en este tipo? Ahora sí. Lo había visto cambiarse ante mis propios ojos. Clay me empujó fuera. —¡Corre! No tuvo que decírmelo dos veces. Me estaba volviendo muy buena evadiendo granadas lanzadas a viviendas donde estaba. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 37 Lori Handeland Estaríamos a unos treinta metros del pórtico cuando el lugar estalló. El calor era intenso. La explosión me impulsó y arrojó algunos centímetros antes de caer, mi cara primero… de vuelta a morder el polvo del desierto. Escuché un porrazo a mi derecha, deseé que fuera Clay y no el skinwalker. Logré mover mi cabeza, abrir mis ojos. Clay ya estaba de pie, arma en mano. Gemí y cerré mis ojos otra vez. —¿Maya? —Él se puso de rodillas. Su mano tocó mi cuello. —¿Estás bien? Nada se sintió roto. Me dolían mis palmas quemadas, mi mejilla también.


Sobreviviría. Otra vez. —Tenemos que movernos. El incendio lo asustará un ratito, pero volverá. Eso consiguió ponerme de pie —casi. Lo que hice fue ponerme en cuclillas antes de que todo comenzará a dar vueltas dentro de mi cabeza. Aterricé en mi trasero, y Clay presionó mi cara entre mis rodillas. —Respira,—él ordenó. Unos minutos más tarde la tierra dejó de girar, y alcé tentativamente mi cabeza. —Era el mismo lobo. —Sí. —Pero estaba en mi cabaña. Conducimos hasta aquí … —He oído decir que un skinwalker puede correr tan rápido como un coche. Existen informes acerca de personas que montan a caballo por carreteras del desierto y han visto lobos que pasan por delante de ellos, luego desaparecen. Considerando lo que acaba de pasar, tiendo a creer los rumores. —¿Por qué piensas que regresó? —Por ti.


. ¿Cómo pude olvidarlo? Era la elegida. Especial, especial que era yo. —Pero, ¿por qué …? —Indiqué la bola de fuego que alguna vez fueron una casa y un coche. —Si me necesita durante la noche de la luna llena roja, ¿no perjudica su objetivo el hacerme volar en minúsculas partículas? —Tal vez no te necesita viva. Arqueé mi ceja, que se sintió un poco chamuscada. —¿Qué chico tan simpático eres, verdad? Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 38 Lori Handeland Clay se encogió de hombros. —No sé lo que se propone, por qué te necesita o lo que planea. Todo lo que sé, es que me aseguraré que él esté muerto antes que nosotros. Miré directamente sus ojos casi negros, y supe con seguridad varias cosas. Él hablaba en serio. Confiaba en él. Y no estaba loco. Clay y yo estábamos juntos ahora en esto. No había vuelta atrás. No, sí quería vivir. —Tenemos que marcharnos, Maya. Clay estrujó mi palma de la mano con la suya y tiró para ayudarme a incorporar sin


ningún problema. Cuando estuve de pie, él retuvo mi mano y yo lo dejé. Su mirada recorrió mi cara y se detuvo en mis labios. Me tambaleé, y no fue por estar mareada. Me humedecí los labios, quise besarlo, justo allí en medio de otra tierra en combustión. Deberíamos correr para escondernos, llamar a los polis; en cambio, nos mirábamos a los ojos con labios entreabiertos. Clay dejó caer mi mano y se apartó. Al menos uno de nosotros todavía conservaba algo de seso. —Él estará de regreso tan pronto como su cerebro humano domine su miedo de lobo a las llamas. Él comenzó a andar hacia un monte lejano. Me apresuré junto con él. —¿Dónde vamos? —No podemos quedarnos aquí. No tenemos ningún escondite. Él explotó mi auto. — Clay meneó su cabeza con pesar. —Realmente me gustaba aquel coche. Igual que a mi me gustaba mi casa, mi ropa, mi computadora. Pero guardé el pensamiento para mi misma. —Me dirigiría a otra casa,—prosiguió él, —pero esto es la mitad de la Reservación. Joseph es un líder. Dudo que alguien nos ayude.


Supuse que podrían hacer algo peor que no ayudar, y estuve de acuerdo con su prevención. Éramos extraños. Forasteros. No sabíamos quién era nuestro enemigo. Podría ser alguien o algo. —Encontraremos un lugar para ocultarnos. Poner una trampa. Lástima que no estemos cerca de las montañas. Soy mejor en las montañas que en el desierto. —Tú eres el experto,—dije. —Sólo mantengámonos muy lejos de esa cosa cañón-de-la-muerte. Sospecho que no traes un mapa. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 39 Lori Handeland —Se quedó en el coche. Junto con mi rifle y municiones de reserva. Me detuve. Clay siguió andando. Había perdido algo más que mi audición. Ambos estábamos en el desierto con nada más que una Beretta, una Ruger y las balas dentro de ellas. ¿Qué escribiría para sacar a uno de mis héroes en una de mis novelas de acción y aventura de una situación como está? Ni idea. Mi musa mantenía un sepulcral silencio. —¿Qué vamos a hacer? —Ya te dije. Le pondremos una trampa. Lo mataremos. Y luego escribiré mi informe.


Me reí tontamente, y el sonido tuvo un dejo de histeria. Clay debe haberlo detectado porque miró de soslayo en mi dirección, aunque no se demoró. —Lo he hecho antes, Maya. —Tú dijiste que este era tu primer skinwalker. Él se encogió de hombros. —Un hombre-lobo es un hombre-lobo. —¿Estás seguro de eso? —Mmm. Suprimí una nueva risita histérica. —No edulcores las cosas, Clay. Puedo manejarlo. Su cara mostró preocupación. —No te preocupes. Saldremos de esto. —¿Preocupada? ¿Moi? No hablas en serio. ¿Cómo supo Clay que preocupación era mi segundo nombre? Porque él conocía todo sobre mí, o eso dijo. Deseé saber todo acerca de él o al menos tanto como él me diría. Además, hablando pasaba el tiempo y me ayudaría a olvidar atisbar por encima de mi hombro cada pocos segundos, para vigilar que el lobo no intentará morder mis talones o


despedazarme la garganta. —¿Por qué te mueves mejor en las montañas? —Pregunté. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 40 Lori Handeland —Soy de Appalachia 15. Recordé su uso de “muchachillas” cuando nos encontramos por primera vez, pero aparte de eso, no volví a escuchar un rastro de su acento. —¿Cuándo te marchaste? —Hace mucho, mucho tiempo. —¿Por qué? —Allí no quedó nada más para mí. Sus palabras cayeron en un profundo silencio. Comprendí lo que quiso decir. Yo dejé familia, amigos, un condominio. Aun así, para mí, tampoco quedaba nada en Chicago. —¿Tu familia? —Muerta. La manera como lo dijo me hizo desear preguntar, pero la impenetrable expresión en su cara no lo permitió. Debí saber que él contestaría de todos modos. —Los mataron hombres-lobo. A todos.


—¿Y tú? —Yo no estaba. —Por eso te volviste un cazador. —Fui siempre un cazador. Teníamos que comer. Yo estaba cazando el día… — Él inspiró profundamente y aceleró el paso. —El día que ellos murieron. Llegué a casa y seguí las pistas. Creí que habían sido simples lobos, aunque los lobos no se comportan como éstos lo hicieron. —¿Cómo es eso? —Eran como un ejército. Líder alfa, soldados, movimientos militares. Fruncí el ceño. —¿Qué edad tenías? —Dieciséis. —¿Y sabías lo que ellos hacían? 15 Región del Sudeste en los Estados Unidos que se extiende aproximadamente desde el Sudoeste de Pensylvania pasando por Virginia Occidental y parte del Noroeste de Kentucky y Tennessee hasta Georgia. Es una empobrecida área de explotación hullera dentro de las Appalachian Mountains del Sur. (N. de la T.)


Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 41 Lori Handeland —En ese momento no. Más tarde aprendí que es un comportamiento de lo más común entre los hombres-lobo normales que buscan un poco de diversión y comida. —¿Hombres-Lobo normales?¿No te suena oxímoron? Él sonrió, pero el gesto tuvo muy poco de alegre. ¿Cómo podría serlo, cuando contaba algo tan horrendo? Estuve tentada a coger su mano, pero después de la llamarada que surgió entre nosotros la vez pasada que nos tocamos, también estaba asustada. —Hay innumerables tipos de monstruos. Habrás oído hablar de algunos, otros no puedes ni imaginártelos. También hay variaciones de ellos… mutaciones, especies nuevas y antiguas. El skinwalker es antiguo. Muchos monstruos lo son. Sin contar los que fueron creados por los Nazis. —¿Nazis? Aborrezco a esos fulanos. Clay se rió por fin, lo que me hizo sonreír. Él estaba tan triste, que había estado meditando en modos de hacerlo feliz —cada uno incluía varias prácticas sexuales de las que sólo había leído.


—Mi jefe, Edward Mandenauer, era un espía durante la Segunda Guerra Mundial. Él descubrió un laboratorio secreto en el Bosque Negro donde Mengele hizo mucho más que experimentar con los Judíos. Pero, cuando Mandenauer llegó al laboratorio oculto, todos los monstruos se habían ido. Él formó el Jäger-Suchers, y ha estado cazándolos desde entonces. Mi sonrisa se desvaneció. —¿Esperas que crea que existen monstruos creados por los Nazis, dispersos en todo el mundo, desde la Segunda Guerra Mundial? —Tú viste el skinwalker. —Él no es un producto de los Nazis. —Cierto. Pero si puedes creer en él, ¿por qué no puedes creer en los demás? Realmente creía, y esto sólo me hizo desear echar un vistazo por encima de mi hombro otra vez. La niña deseosa de seguridad y estabilidad acababa de descubrir que su cacao mental de preocupaciones era mínimo, cuando lo comparaba con los terrores sobrenaturales que ella nunca imaginó que existieran. Era difícil aceptar que, la pequeña burbuja de seguridad y armonía que construí desde que mi madre no regresó a casa


aquel día, era sólo una ilusión. Increíblemente, me disgusté muchísimo menos de lo que hubiera esperado cuando mi burbuja reventó. Quizás porque Clay estaba a mi lado. Hasta ahora, él me había mantenido con vida. Y aunque nunca fui aventurera, excepto entre las páginas de los libros, él se estaba convirtiendo rápidamente en lo mejor que tuve alguna vez. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 42 Lori Handeland Logramos llegar a un par de cerros antes de que el sol terminara de teñir el cielo de añil y comenzara a descender por el horizonte occidental. Había estado sudando como un cerdo en la playa, gracias a la caliente arena del desierto. Fue un alivio inmediato cuando el sol desapareció y las sombras se extendieron a través de la tierra, todo fue color gris, quieto y fresco. El eco de un gruñido fue mi única advertencia, un instante antes de que algo impactara contra mi espalda. De nuevo besé la tierra, pero tenía preocupaciones más gordas que un labio hinchado. Este lobo se proponía matarme. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 43 Lori Handeland Capítulo 6


Cubrí mi cabeza con mis brazos, intentando proteger mi cuello con mis manos. El lobo hundió sus dientes en mi muñeca. Si alguna vez han sido mordidos por un perro, saben lo que se siente. Grité y de repente el peso sobre mi espalda se aligeró. La detonación de una arma resonó tan cerca que mis oídos zumbaron. Algo mojado chorreó por mi cuerpo. Tuve el negro presentimiento que ahora llevaba encima algo más que sudor. Me senté como pude y acuné mi brazo mordido. —¡Ay, diantres! —me quejé. —¿Me van a salir colmillos? Clay contempló lo que quedaba del lobo castaño rojizo. Más pequeño que el lobo negro, que ya antes había visto varias veces, éste también tenía oídos más largos y un hocico más estrecho. Cuando Clay levantó su mirada, me eché para atrás ante la violencia que bullía en sus ojos, pero al momento siguiente la expresión desapareció. Él se hincó a mi lado, alcanzando mi mano herida. —No era un hombre-lobo. Estás a salvo. De los colmillos también. La sangre goteó entre mis dedos. Él rasgó una tira del fondo de su camiseta,


exponiendo una porción de piel firme y bronceada, luego envolvió mi herida de manera experta. Aparté mi mirada hambrienta de su estómago. ¿Estaba aturdida por la vista de sus músculos, o por la pérdida de sangre? Sacudí mi cabeza y me concentré en asuntos más importantes. —¿Cómo sabes que no era un hombre-lobo? —No hubo combustión. Eché un vistazo a los restos. —Me parece una explosión. —Un hombre-lobo y una bala de plata se parece a los fuegos artificiales que ves en el cielo. Éste solamente… murió. —¿Llevas balas de plata en tus armas? —¿Pensaste que no? No había pensado en la necesidad de plata en absoluto. Tales preocupaciones eran ajenas a mi mundo. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 44 Lori Handeland


—¿Hay dos skinwalkers? —El pánico hizo que mi corazón palpitará con tanta fuerza que fue difícil hablar por la opresión en mi garganta. —¿En que me convierto si uno de esos me muerde? —No era un skinwalker. —Una vez más tengo que preguntar, ¿cómo lo sabes? —La leyenda dice que cuando un skinwalker muere, la piel se separa del cuerpo. —Ugh. —La piel del animal. Sí éste fuera nuestro skinwalker, tendríamos un cadáver y una piel de lobo, lado a lado. —Él frunció el ceño. —No estoy seguro si ambos, o sólo uno de ellos se quema al toque de la plata. Supongo que lo averiguaremos. —Si no era un skinwalker, ¿qué era? —Un lobo rojo. Nativo del Sudoeste. —Él frunció el ceño, meneó su cabeza. — Sólo los lobos rabiosos atacan. —Mira, tío, —refunfuñé. —No intentes dorarme la píldora. —Relájate. Nada de tejido. Nada de baba. He visto a animales rabiosos. Éste no era uno.


—¿Entonces qué narices era? Clay aguzó su mirada y exploró la oscuridad que nos cubría paulatinamente. —El skinwalker controla a los lobos. Como si ellos lo hubieran oído hablar, un coro de aullidos se elevó hacia la creciente luna roja. Una cálida neblina hizo lucir a la orbe cómo si estuviera humeando. —¿Controla cómo? —Un skinwalker es tanto brujo como hombre-lobo. No tengo ni idea cual podría ser el grado de sus poderes. —Él contempló el horizonte durante algunos instantes. — Deberíamos encontrar una cueva. —¿Es allí dónde se ocultan? Él señaló con su cabeza en dirección de los aullidos. —¿Eso suena como si se ocultaran? Ellos vendrán por nosotros. Necesitamos un lugar donde nuestras espaldas estén protegidas y pueda poner una trampa. ¿Estás lista? Me puse de pie sin su ayuda. —Vamos. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 45 Lori Handeland Clay me condujo por las rocas — no deja huellas, poco olor— primero al Este, luego al Oeste. Estaba hecha


polvo cuando él encontró una cueva. Nos metimos por un agujero que desembocaba en un espacio apenas lo bastante grande para que nosotros pudiéramos acostarnos y movernos un poco. El hueco estaba lejos de ser ideal, aunque Clay dijera que no podría haber construido un mejor lugar para que nos detuviéramos. Hasta tenía un pequeño charco de agua cerca del fondo de la caverna, un milagro en esta época del año. Los aullidos se habían disipado durante la noche mientras nos apurábamos dentro. Clay construyó su ingeniosa trampa delante de la entrada —algo con palos y rocas que pareció el juego de un niño de la Edad de Piedra. Él cubrió la diminuta entrada con maleza, dejando una apertura en lo alto para que la casi luna llena nos alumbrara por ahí. —Cualquiera trotando por la oscuridad debería pasar delante sin entrar,— Clay dijo, cuando lavó mi mordedura de lobo con el agua del charco. —¿Piensas que los perdimos? —Tal vez. —Él me miró directo a los ojos y se encogió de hombros. — ¿Quieres


que te mienta? —Sí. Él sonrió y alisó mi cabello. —Prometí que te protegería. Su sonrisa se esfumó cuando sus dedos tocaron el raspado sobre mi pómulo. Alcancé su mano y la puse en mejilla, presionando su palma contra la piel enrojecida. —Sé que lo harás. Durante un minuto pensé que iba a besarme y contuve mi respiración. Pero deslizó su mano a lo largo de mi brazo y se entretuvo él mismo rasgando otra tira de su camiseta. La ropa apenas cubrió sus pectorales. Tuve problemas intentando concentrarme en algo más que esa piel lisa y firme, hasta que él apretó la venda sobre mi muñeca un poco demasiado fuerte. —¡¡Auch!! —Lo siento. —Él dejó caer las manos en su regazo. —Hasta ahora no he hecho un buen trabajo protegiéndote.


—Salvaste mi vida. Varias veces. Me quedo contigo, Clay. Sola sería presa fácil. Juntos, estaremos bien. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 46 Lori Handeland Él escrutó mi cara, como si tratara de sopesar mi sinceridad, luego acarició el codo de mi brazo herido. —Mientras no se infecte, de lo contrario estamos fritos. Infección. Qué pensamiento tan entretenido. —Afortunadamente el que te mordió fue sólo un lobo.—Deslizándose más cerca a la entrada, él encogió sus rodillas y descansó sus muñecas encima. Él sostenía tanto la Ruger como la Beretta. —En la antigüedad los perros domésticos, los descendientes de lobos, lamían las heridas de su amo. Sus bocas contenían propiedades curativas. —Entonces estaré bien, sólo necesito unos cuantos hocus-pocus. —Tan pronto como te consigamos algunos antibióticos. Vete a dormir, Maya. Es lo mejor que puedes hacer. Me quité mi camisa de franela y la usé como una almohada. La cueva se calentó por el calor de nuestros cuerpos, pero la tierra era dura —como siempre ha sido. No esperaba


poder dormir, pero lo hice. Desperté oyendo un coro de aullidos. El sonido reverberó dentro de la pequeña cueva. Me incorporé con un grito ahogado. La luz de la luna había cambiado; la cueva estaba oscura. Una mano me cubrió la boca. Yo habría luchado, incluso gritado, excepto que quién me tocaba era Clay, reconocí su esencia, su olor me era familiar. Saqué la punta de mi lengua para lamer su palma, y él se sorprendió, luego quitó la mano como si lo hubiera quemado. Sonido de patas fuera. Narices olfateando, husmeando entre la tierra para detectar nuestro olor, pero nadie vino cerca de donde nos escondíamos en la oscuridad. Un aullido solitario en la distancia fue contestado por los demás muy cerca de nuestro refugio. El rastrear terminó, las patas se retiraron. Estábamos solos. —Se han ido,—Clay susurró, su cálido aliento excitó la sensible piel debajo de mi oreja. Giré mi cabeza, nuestras narices se rozaron, y, al momento siguiente, nuestras bocas se


encontraron. ¿Quién besó a quién? No tengo ni idea. Sólo sé que nunca quise a nadie como lo quería a él. No me preocupé cuan cerca de la muerte estábamos, cuan cerca podríamos estar aún. Quizás, incluso, ésta era la razón detrás de nuestra desesperación. Si mañana iba a ser el final, al menos tendríamos está noche. La completa oscuridad que nos rodeaba eran tan sensual y excitante como la textura de su piel bajo mis dedos y el gusto de su lengua contra la mía. Mantuve mis ojos abiertos de par en par, aunque no pudiera ver nada. Cada toque fue una sorpresa, cada caricia un misterio. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 47 Lori Handeland Dejé que mis manos vagaran libremente sobre aquel musculoso estómago que me había atormentado, permití que mis uñas arañarán suavemente los pectorales con los cuales había fantaseado. Lo que quedaba de su camisa desapareció, al igual que cada prenda que yo poseía. La única tira de ropa sobre mi cuerpo fue la que permaneció ciñendo mi muñeca. La desnudez siempre me avergonzó. No soy perfecta. Pasó demasiadas horas con el


trasero pegado en una silla, lo que significa que no estoy en forma. No suelo broncearme. Los hombres me han deseado, pero nunca anhelando. En la oscuridad, yo era una diosa y Clay mi esclavo. Lo sentí cubrirme, como una gran ave oscura —se cierne, caza, esperando el momento adecuado para descender en picada. Me agradó no saber qué esperar, el aura de peligro que se adhería a él como la colonia, la posibilidad de morir más allá del reino de nuestra cueva. ¿Qué pasó con la muchacha sensata? Se murió entre las llamas que consumieron todo lo que poseía en la vida. Quise correr desnuda por los árboles, zambullirme en el océano, hacer el amor en la playa, la hierba, las dunas del desierto. Quise hacer cada una de aquellas cosas con él. ¿Estaba experimentado un ataque demencial por mi secuestro? ¿Un vínculo con mi atormentador?¿Enamorándome de un hombre que nunca podría ser más que una aventura de una cueva16? Tal vez. Pero, me preocuparía más tarde acerca de eso, después que él me hiciera venir mil veces. Busqué el cierre de sus pantalones de camuflaje y no lo encontré. Lo que encontré fue una erección impresionante, que exploré a través del grueso material.


Sus armas no estaban en las fundas. Él las portaba, sin duda alguna, mientras los lobos merodeaban fuera y las dejaría… sabrá Dios dónde. Ah, qué bien, una cosa menos de quitar. Deslicé mi mano dentro de la cinturilla de sus pantalones, llené mi palma con carne lisa, dura, luego palpé y estrujé aquel trasero maravilloso. Quería sentir toda su piel contra la mía, así que traté de localizar el cierre otra vez, pero no corrí con mejor suerte. —¿Cómo se abren? —Murmuré en su boca. Él metió una mano entre nosotros, hurgó un poco y el cinturón cedió paso a mis manos. Segundos más tarde él estaba desnudo, también, pero en vez de dejarme recorrer con mis dedos todas las partes de su piel firme, bronceada, él trazó un sendero con sus labios por mi cuello, sobre mis pechos, a lo largo de mi vientre, luego mi cadera, realizando asombrosos e innovadores trucos con su lengua y sus dientes. 16 Aquí, Maya, usa un juego de palabras en inglés diciendo; one-night-cave — una aventura de una cueva—, en lugar de; one-night-stand —una aventura de una noche. (N. de la T.)


Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 48 Lori Handeland Mis dedos juguetearon con lo que quedaba de su cabello tan corto. Comenzó a lamer y lengüetear al mismo tiempo; chupando, retrayendo y… perseverando. Me arqueé en respuesta, y las rocas del suelo en la cueva rasparon mi espalda. No podía concentrarme, no me importó. Él empujó más duro y más duro, más rápido y más rápido, hasta que gimoteé implorando liberación. Cuando me elevé sobre el límite, las primeras contracciones de mi orgasmo se hicieron sentir comprimiendo mi interior entre espasmos, fue entonces cuando él se deslizó dentro de mí. Como un surfista que cabalga sobre la ola, él me montó a mí, dándome el máximo de placer. Deteniéndose, luego acelerando, solazándose conmigo hasta dejarme rendida, satisfecha, agotada. Sólo cuando besó mis párpados, mordisqueó mi nariz, comprendí que él estaba todavía duro y caliente, listo para seguir. Adolorida y sensible no creí que resistiría otra ronda, pero me equivoqué. Él bajo su cabeza a mis senos y su aliento enfrió mi piel perlada por el sudor. Mis pezones se endurecieron cuando él hociqueó y disfrutó la parte oculta de mis pechos.


Él lamió una contraída cresta con un movimiento perezoso, posesivo, luego mordió el borde ligeramente antes de meter por completo el pezón en su boca para succionarlo al mismo ritmo de nuestros cuerpos acoplados —adentro y afuera, ligero y profundo, lamiendo y chupando. La fricción comenzó otra vez. Con su hábil manipulación me trajo a un segundo punto culminante, y esta vez, él me siguió allí. Nuestros clímax se entrelazaron. La potencia de su eyaculación retardo mi propia liberación. Cuando mi cuerpo dejó de estremecerse, con movimientos lánguidos él me arrastró consigo rodando a un costado para desprenderme de la tierra y acurrucarme entre sus brazos. Yo estaba casi dormida cuando Clay se movió, alcanzando algo. Escuché el raspar del metal sobre la piedra, él aproximó su pistola más cerca, sosteniendo el arma en una mano y a mí en la otra. Me gustó la sensación de seguridad en aquella imagen, y me adormecí. Tiempo después, me desperté sobresaltada. Desorientada, traté de sentarme, pero Clay me sostenía demasiado fuerte.


La cueva estaba todavía oscura. No podía ver absolutamente nada. Pero lo sentí temblar. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 49 Lori Handeland Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 50 Lori Handeland Capítulo 7 —¿Qué te ocurre? —Susurré, colocando mi mano sobre el pecho de Clay. Sus acelerados latidos se sentían bajo mi palma. —Nada,—él dijo bruscamente. —Vuelve a dormirte. Cómo si eso fuera posible, cuando él estaba tan perturbado. Su entonación se decantó hacia el lado sureño, el acento que él había perdido resurgía de nuevo. Delineé con mis dedos su cara, acaricié su frente, jugueteé con su cabello. Centímetro a centímetro él se relajó, pero no se durmió. —¿Una pesadilla? —Pregunté. Él bufó. —¿Quieres contármela? —¿Para que tú también tengas pesadillas? Así como así, su voz volvió a los tonos homogéneos y cultivados que no le decían a nadie de donde provenía, ni una sola pista de donde nació.


—¿Cómo si no las tuviera ya? Cambió de postura para ver mi cara, pero no lo logró. Era la hora más oscura, la que siempre precede al amanecer. —¿Qué sueñas tú, Maya Alexander? Él me preguntaba sobre los sueños malos —las veces cuando despertaba jadeante y llena de pánico, las noches cuando revivía la muerte de mi madre. Ahora tengo veinte años más que cuando eso pasó, pero aquellos sueños de la niña llorando la pérdida de su madre jamás se marcharon. Qué me condenen si compartía pesadillas pasadas mientras ahora podíamos forjar nuevas ilusiones. Aquí, en la oscuridad entre sus brazos, era el momento para compartir sueños felices. —¡Sueño con el New York Times! —¿Quieres poseer un periódico? —La lista. ¿Libros? ¿Mi trabajo? —Ah,—él dijo, aunque diría que no entendió. Los no-escritores raramente lo hacen. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro


Naciente Luna Roja 51 Lori Handeland La Lista de Éxitos Literarios del New York Times es un codiciado estatus, aspirado por cada autor que ponga una pluma sobre el papel, o los dedos en el teclado. No sólo la lista lleva aparejados prestigio y fama, también significa dinero. Aunque disfruto escribiendo, también disfruto del alimento, la ropa, la casa. Ó, lo hice, hasta aquel boom. Cualquier otro día habría estado preocupada acerca de la pérdida de todo lo que poseía. Pero hoy no. Ya que tenia suerte de haber salido con vida, y esto me hizo sentir que no tenía ninguna necesidad adicional de cosas materiales, experimenté una sensación de libertad que no recordaba haber sentido desde la muerte de mi madre. —¿Con qué otras cosas sueñas? —él preguntó. —Una cabaña en los bosques. —Ups. —Sí. Odio pensar en tener que correr de vuelta a casa de Papi. —Estoy seguro que no le importará. No, no le importaría, pero él nunca me permitiría olvidarlo, y tampoco ninguno de los brutos a los que llamaba hermanos. Ellos incluso apostaron en cuanto tiempo me daría por vencida. Yo puse diez dólares en el espacio marcado “no en esta vida.”


Sin embargo, si fuera enviada a casa en una caja de pino, significaba que quienquiera que hubiera apostado por ese día, ¿conseguiría el dinero? Ah, bueno, no estaría allí para mosquearme acerca de esto. —¿Alguna vez sueñas con un marido, una familia? —No, —mentí. Porque lo hice… hará una eternidad, cuando todavía creía la fábula que nos alimentan a las niñas. Esa de que hay alguien para cada una. Un hombre, una mujer, para siempre. Me faltaban cinco centímetros para llegar al metro ochenta. Pesaba ochenta kilos. Mi melena era larga y pelirroja, mi piel era blanca, excepto por las pecas. Y hablaba, diariamente, con gente que no existía. O, al menos, lo hice antes de que llegará el maldito bloqueo de escritor. —¿Así que no hay ningún novio furioso que venga a patearme en el culo? —Despreocúpate. Tu culo está a salvo conmigo. Él se rió entre dientes, parecía haber olvidado la pesadilla, que era exactamente lo que buscaba. Pero las apariencias engañan, porque Clay de repente se puso rígido y se retiró de mis brazos.


—¿Qué pasa? —Pregunté. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 52 Lori Handeland —No usé condón. Nunca se me había olvidado. Jamás. Demonios, ni siquiera pensé en ello hasta ahora. Tampoco lo hice yo. No me sorprendía. En todo lo que fui capaz de pensar, prácticamente desde que nos conocimos, fue en tenerlo dentro de mí. Ahora, él había estado allí y dejó algo detrás. Mi mente zumbó mientras contaba, dejé escapar el aliento que estaba reteniendo. —Deberíamos estar tranquilos. Los días no son los adecuados. —Todavía existe una posibilidad… —Siempre existe una posibilidad. Una diminuta agitación revoloteó en mi vientre. Creo que era esperanza. O hambre. No comía desde ayer. Lo que probablemente explicó el que actuara cómo una cabeza hueca, y consintiera mi propia estupidez. Mi mente estuvo de repente invadida por imágenes de cintas rosadas y bicicletas azules. Casitas campiranas inglesas de piedra y campanas de


boda. Olvidé con quién estaba tratando. —Esto no puede volver a suceder, nunca más, Maya. —Dejemos que lo caballos se desboquen sin pensar en nada, —farfullé. —O, tal vez, sólo démosle rienda suelta a nuestros impulsos. —¡No es gracioso! —él espetó. Salté, abrazándome a mi misma, cuando las lágrimas escocieron mis ojos. Incluso, aunque acabara de negar cualquier necesidad de casa y familia, su reacción me lastimó. Había creído, sólo durante un instante, que él me veía diferente a otros hombres, y me encontraba simpática, hermosa. Qué, incluso… me consideraba especial. —Lamento si la idea de hacer un bebé conmigo es tan repugnante. —No es eso. —Él inhaló profundamente. —Traté de ser normal una vez, traté de amar a alguien y tener una vida. Ella fue quién pagó mi intento. —Serena,—susurré. —Preguntaste sobre mi pesadilla. Es acerca de eso. Permití que alguien se acercara a mí, y luego los monstruos se la llevaron. La usaron contra mí, no puedo dejar que vuelva a ocurrir.


—Podrías renunciar. —No. Juré sobre los cuerpos de mis abuelos, mis padres, mis hermanas, mi hermano, y más tarde Serena, que no descansaría hasta que cada hombre-lobo estuviera muerto. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 53 Lori Handeland —Podrías quedarte solo por el resto de tu vida. Dudo mucho que tu familia, o Serena, querrían eso. —Sí renuncio, la gente muere. Los sobrevivientes obtendrán mis pesadillas. No puedo vivir con eso tampoco. He perdido a todos aquellos que amé dos veces. No sobreviviría una tercera vez. —¿Así que te quedas solo, sin amar a nadie? —Es la única manera que puedo seguir. El silencio descendió entre nosotros. Cuando finalmente me dormí, mis sueños no fueron felices, y cuando desperté mis mejillas estaban cubiertas con lágrimas secas. Estaba sola, tal y cómo había estado en aquellos sueños. La luz gris se filtró a través del hueco a lo largo de la entrada, iluminando mi ropa


esparcida por el suelo de la cueva, revelando la silueta de Clay cerca del ingreso. En que momento me dejó para poner el reloj otra vez, no tuve ni idea, pero su ausencia caló en mi subconsciente creando la sensación de soledad aunque él estuviera a unos cuantos metros de distancia. Me levanté, junté mi ropa, y me vestí. Acababa de atar mi camisa de franela alrededor de mi cintura y calzarme los zapatos, cuando el crujido de una ramita y el sonido del rodar de una piedra sobre la roca nos hizo inmovilizarnos. Clay alzó una mano que me indicó debería quedarme atrás, mientras con la otra cogía su Beretta y la desenfundaba de la pistolera. Su trampa había sido accionada. Algo estaba al acecho fuera de nuestra cueva. Pero ¿qué? No habíamos oído ningún aullido, ningún repiqueteo de pies diminutos, ni siquiera el ruido sordo de patas grandes. Nada, hasta el crujido y el rodar de la piedra.


¿Podría un skinwalker volar? Recordé las pieles del águila y el cuervo en la cabaña de Joseph. Tuve la corazonada de que si podría. —¡Hola en la cueva! ¿Alguien allí? Clay frunció el ceño y su arma bajó un poco. La voz era cascada, achacosa — la voz de un anciano. ¿Joseph? Articulé en silencio. Clay negó con su cabeza y se inclinó para susurrar en mi oído. —Mandenauer dijo que él sería de mi edad. —¿¡Hola!? —la voz repitió. —¿Necesita ayuda? Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 54 Lori Handeland Clay se arrastró al lado de la entrada y echó una ojeada por el agujero diminuto en la caverna. Sus hombros se relajaron notablemente ante la vista. —Viejo y blanco,—él me dijo. —Suena a un nuevo grupo de rock. Sus labios se movieron nerviosamente. Me gustó que me encontrara simpática. Me


gustaba muchísimo que él me hubiera encontrado. Pero, para mi mala suerte, él había jurado dejar fuera a las mujeres de su vida. Clay derribó la cubierta en la entrada con el movimiento de una mano y avanzó lentamente a la luz del día. Lo seguí encabritada a su lado. Dormimos más largo de lo que pensé. La maleza encima de la entrada amortizó extraordinariamente bien la luz solar. De su posición en el cielo era bien entrado el mediodía. La primera impresión de nuestro visitante hizo aparecer la palabra “fantasma” como un susurro en mi cabeza, y no porque estuviera pálido. Su piel estaba tan bronceada como la de Clay y mostraba el paso de varios años. Su cabello era largo y blanco, su ropa había visto mejores días. Quizás en el año 1895. Él se parecía a las ilustraciones de los buscadores de oro —espécimen canoso, incluyendo seis armas y una mula. Su animal de carga tiró y agitó la cabeza, tratando de liberarse con todas sus fuerzas —que no serían muchas, considerando las nudosas articulaciones— mientras retorcía la soga. —Tranquila, Cissy. —El anciano tironeó de la cuerda. —Nos iremos en un momento. —Él nos sonrió abiertamente, varios huecos negros aparecieron donde debió


haber dientes. —Soy Jack. —Clay Philips. Maya Alexander. Podríamos necesitar un poco de ayuda, Señor… —Solamente Jack, muchacho. Ninguna necesidad del “señor”. —Jack, entonces. ¿Qué tan cerca estamos de una ciudad? —Depende que tipo de ciudad busquen. Pueblos fantasmas hay por todas partes. ¿Una ciudad de verdad? —Él se encogió de hombros. —Ochenta kilómetros, a lo mejor más. —¿Y un teléfono? —Yo tengo uno. En mi casa. —¿Podríamos usarlo? —Seguro. Síganme. El anciano enfiló hacia el sol que lentamente descendía. Cuando pasó junto a Cissy, ella rebuznó y trastabilló hacia atrás. Jack la empujó de las ancas, pero no hubo manera de moverla. Él rascó su cabeza, y chasqueó la lengua al animal. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 55 Lori Handeland


—No sé que mosca le picó. —Ató a Cissy a un enebro y descargó de su lomo las alforjas. —La dejaré aquí para que piense un rato las cosas. Vendré por ella más tarde. Lanzando el paquete sobre sus propios hombros, anduvo a zancadas. Clay y yo los seguimos detrás. —¿Por qué necesitamos un teléfono? —Susurré. —Voy a llamar a uno de mis colegas para que te recoja y te lleve a algún lugar seguro. Y después iré tras el skinwalker. No me gustó la idea de tener un cuidador. Y la idea de Clay encarando solo al skinwalker me gustaba hasta menos, y así se lo dije. —He hecho esto antes, cientos de veces, Maya. —¿Has matado cientos de skinwalkers? Él frunció el ceño. —Ya sabes que no, pero alguien tiene que hacerlo. Escuché varias veces la misma explicación de mi padre y cada uno de mis hermanos. ¿Por qué eres poli? Alguien tiene que serlo. No me gustó el razonamiento de Clay como tampoco el de ellos. —No sabes a lo que te enfrentas.


—Conozco mi trabajo. Lo haré mejor si no tengo que preocuparme por ti. —¿Te volveré a ver alguna vez? Él no contestó, lo que fue respuesta suficiente. Seguimos andando. Jack iba delante de nosotros por varios metros. El viejo se movía muy bien para su edad. Clay miró hacia atrás, observando el horizonte con ojos recelosos. —¿Los lobos son nocturnos? —Pregunté. —No quiere decir que no pueden salir a la luz del sol. No son vampiros. —¿Y los hombre-lobo? —La mayoría no puede cambiarse hasta el anochecer. —Entonces ¿qué te inquieta ahora? Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 56 Lori Handeland —Un skinwalker es un tipo especial de hombre-lobo. Uno que puede merodear y aparecerse en cualquier momento, si se pone una piel. De repente yo también miraba el horizonte. Habríamos estado andando durante más de una hora cuándo Clay preguntó, —¿A qué distancia vive? —Ya no queda lejos. Manténme el paso, hijito. —Ya quisiera,—Clay refunfuñó.


Lo dirigí una mirada maliciosa, de la cual él no hizo caso. Seguimos andando durante otros tres cuartos de hora. No estoy segura si fue el calor del sol, la carencia de agua, la ausencia de alimento — pero comencé a ver cosas. Sombras al filo de mi visión que desaparecían cuando espiaba en su dirección. Humedad que brotaba de la arena de desierto. Una montaña donde antes no existía. Skinwalker. Me paré ante el susurro del viento, excepto que; no había ningún viento. —¿Maya? —Clay me contempló con expresión preocupada. —¿Escuchaste algo? Él ladeó su cabeza. —No. Me encogí de hombros y seguí andando. Canon del Muerto. Mis español eran tan inexistente como mi siguiente libro. Ignoré la voz porque no entendí. Maya. Diantres. El viento que no existía ahora cuchicheaba mi nombre.


Jack desapareció detrás de un saliente rocosa. Lo seguí, luego me detuve tan de improviso que Clay chocó contra mí. —Qué dem… Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 57 Lori Handeland Un enorme paso se extendía ante nosotros. Paredes altísimas, cordilleras rocosas, montículos que permitían ver la puesta de sol y la naciente luna de esturión. —Bienvenidos al Canon del Muerto,—dijo Jack con una voz baja que no era la suya.— El Cañón de los Muertos. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 58 Lori Handeland Capítulo 8 Jack me atrapó y me colocó delante de él, presionando un arma en mi sien. Clay, quién también había intentado agarrarme, dejó caer su mano a un lado que descansó encima de su Ruger. La Beretta ya estaba apuntada en dirección cercana a la cabeza de Jack, que lamentablemente estaba detrás de la mía. Unas sombras revolotearon por delante de mi rostro, pareciendo tocar mi piel y susurrar. Aquí, había alguien más que sólo los vivos. —Deje ir a Maya. —No puede hacer eso. —La voz del anciano ya no era débil ni decrépita,


sino que se había vuelto profunda, melódica, con un acento que no pude identificar. —La luna roja se elevará, y la necesito para la ceremonia. —¿Usted es el skinwalker? —Clay preguntó. —Lo has comprendido a la primera. Escuché que eras un chico brillante. No entendía. Yo vi al hombre Navajo convertirse en un lobo, entonces ¿quién era éste tipo? —Si usted es un skinwalker, entonces dígame algo,—Clay prosiguió. — ¿Cómo se vuelve un brujo un hombre-lobo? —Un cántico en la lengua del Pueblo, seguida del grito de la bestia. Llevar puesta la piel y… —Puuf,—murmuré. —Exactamente. —¿Cómo se cambia de vuelta? Quise decirle a Clay, que sería mejor que reservara sus preguntas para otro momento, preferentemente uno en el que no tuviera una arma apuntando a mi cabeza. Pero él me dirigió una mirada. Pude leer la intención en sus ojos. Él trataba de ganar


tiempo. —El cambio de vuelta es la parte fácil,—explicó Jack. —Pasear como una bestia en el sol, andar como un hombre bajo la luna, y viceversa. —La puesta del sol ó la salida de la luna lo provoca. La cabeza de Jack estaba tan cerca de la mía que percibí su asentimiento. —Con el nacer de la luna roja, el poder infinito será mío. No tendré que retroceder a mi cuerpo en base a los caprichos de los elementos. Yo decidiré cuando mantener o desechar el cambio. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 59 Lori Handeland —¿Cómo? —Sangre, muerte, sacrificio. —Su brazo constriñó mi pecho en lo que hubiera sido un abrazo, si él no estuviera planeando matarme. —De quién es la elegida. —¿Por qué Maya? —Ella me oyó susurrar. Sólo la elegida puede hacerlo. —¿Y las demás? ¿Por qué las mató? —La leyenda dice que la elegida tendría el cabello como la luz de la luna. Recordé a las víctimas del skinwalker —tanto de cabellos plateados como rubios. Pero


¿y yo? —No recuerdo nada sobre esto en el libro que leí,—dijo Clay. —¿Libro? —La voz de Jack era desdeñosa. —No puedes aprender magia con palabras escritas en una página. Hay más en las leyendas de lo que está escrito. —¿Por qué todas las víctimas fueron mujeres? —Para el nacimiento del poder, debe haber yin y yang. Macho y hembra. Armonía primero. Caos después. —Él acarició con la boca mi cabello. —Para ti muerte, Maya, para mi vida eterna. —Vale, siempre y cuando eso sea todo. No podía creer que bromeara en un momento como este. Pero era mejor que gritar a pleno pulmón. Tal vez. —Todavía no entiendo por qué merodeó por su casa y la observó. A las demás las mató al instante que supo que no podían oír el murmullo de la bestia. —Ella casi nunca salía fuera. Todo lo que hacía era contemplar su computadora y escuchar música con sus auriculares puestos. Por lo menos mi bloqueo tuvo algo positivo. Le dio el tiempo a Clay para llegar.


—Arriesgó mucho esperando hasta que ella pudiera oírle. Sabía que tarde o temprano yo vendría. —Una vez que vi a la luna tornarse roja, fue cuando supe…—Él se acercó, inhalando profundamente de manera ruidosa sobre mi melena rojiza. —No podía marcharme. Comencé a escuchar voces que provenían de ninguna parte, arremolinándose alrededor de mí. No pude distinguir las palabras. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 60 Lori Handeland —¿Qué es eso? —Pregunté. —¿Las oyes? —Él frotó el cañón del arma a lo largo de mi sien, como una caricia. — Supe que eras especial desde la primera vez que te vi. Esos son los espíritus de los muertos, atrapados en el cañón que lleva su nombre. Sólo los Diné 17 los oyen. Sólo el Dineh y… —La elegida,—refunfuñé. Nunca he sido psíquica, aunque siendo escritora, escucho voces en mi cabeza y hago


que las historias salgan en tropel por mis yemas de los dedos, eso es una especie de magia. Sin embargo, los fantasmas eran nuevos para mí y no particularmente agradables —incluso sin la inminente promesa de la muerte por sacrificio. —Si ella es su elegida,—preguntó Clay, —¿por qué ha estado tratando de matarla? —Tenía que traerla al Cañón de los Muertos. No creí que vendría por su propio pie. —Pero… —No importa cuando muera ella, sólo que muera. Una vez que su sangre me toque bajo la luna en este lugar sagrado, obtendré lo que deseo. A decir verdad lo que ahora debo llevar puesto es una piel para conseguirlo. —¿Un lobo? —Mucho, mucho más. Debo combinar al brujo con un hombre-lobo, añadido a la ceremonia del nacer de la luna roja, y entonces me convertiré en chindi —un brujo, un humano con lobo— mayor de lo que la leyenda pronosticó jamás. Ni siquiera necesitaré la piel, todo lo que tendré que hacer es… —Él chasqueó sus dedos. — ¿Puedes imaginar el poder en esto? Hoy gobierno a las bestias, mañana…


—El mundo,—Clay terminó. —¿Por qué todos quieren hacer esto? —No todos,—dije. —Nada más la gente loca. —Cierto. —Él meneó su cabeza. —Usted no es diferente a cualquier otra abominación de la naturaleza que haya conocido antes. —Allí te equivocas. Los Skinwalkers somos superiores a nuestros parientes de hombre-lobo. Podemos ser lo que queramos sólo con un cambio de nuestra piel. Existimos tanto bajo el sol, cómo bajo la luna, y no somos dominados por el deseo de sangre. —Si no lo dice, ni cuenta me habría dado,—murmuré. 17 Los Navajo se llaman así mismos en su lengua natal Diné (Dineh), su patria es Diné Bikeyah y su lengua Diné Bizaad. El Na-Dene o la lengua Athapaskan es muy similar del Apache. Los Navajo son el mayor grupo Indígena en EEUU, aproximadamente 200,000 personas, y de ellas 130,000 hablan la lengua. Los Navajo habitan en el Noroeste de Arizona, al Sudeste de Utah, Noroeste de Nuevo México, en las Cuatro Esquinas de los Estados Unidos. (N. de la T.) Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 61 Lori Handeland —Nunca te has encontrado con uno que ha sido mordido. El virus los vuelve locos. No


piensan en nada más que en la matanza. Una bala de plata es lo mejor para ellos. Una vez que complete la ceremonia bajo la luna roja, nada ni nadie podrá destruirme. —Vamos a averiguarlo. —Clay elevó su Beretta. —No me darás un tiro. Podrías acertarle. Igual que a Serena. Clay se puso rígido. —Creí que a Serena la mató… —No estaba segura qué. —¿Monstruos? — Añadí. —Al último. Pero sólo después que Clayton le dio un tiro tratando de salvarla. Fue devorada mientras yacía gritando. ¿Estoy en lo correcto? Clay bajó el arma. —¿Cómo carajos lo supo? —Nunca dejó nada al azar. Sabía que mientras buscaba a la elegida, las indignas morirían. Y el Jäger-Sucher vendría. —¿No se supone que ustedes son una sociedad secreta? —Mascullé. La risita de Jack hizo que el arma se moviera contra mi sien. Había también un olor


desagradable que emanaba de él, no era sudor, sino algo peor. —Secreta para el mundo en general, pero no para aquellos que cazan. Ya no. Sabemos que los Jäger-Suchers existen, sólo sus identidades son un secreto… la mayoría. —¿Cómo averiguó respecto a mí, sobre mi pasado? —Clay preguntó. —Ese es mi secreto. Los ojos de Clay se entrecerraron. Casi pude oír la palabra que cruzó por su cabeza, porque también pasó por la mía. Traidor. Alguien en las filas del Jäger-Sucher vendía información al enemigo. Pero, en realidad, yo no tenía tiempo para preocuparme de esto, y tampoco Clay. El sol se desvanecía, lo que significaba que la luna se elevaba. Clay no tenía mucho tiempo para hacer… lo que sea que planeará hacer. Esperé que Clay tuviera un plan, porque yo no tenía ninguno. Me quedé sin ideas en el segundo que Jack puso un arma en mi cabeza. Últimamente padecía mucho de aquel problema, incluso sin el arma. —Un skinwalker es un brujo Navajo,—Clay musitó. —Usted no lo es.


Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 62 Lori Handeland —Las apariencias engañan. Un skinwalker adopta la forma de la piel que él lleva puesta. Sea ésta de bestia ó… de hombre. De repente entendí cual era el olor repugnante. Y Cissy, la mula, lo sabía también. Los animales pueden oler la muerte mucho antes que la gente. Cissy no sintió apego por Jack, porque Jack ya no estaba vivo. El skinwalker llevaba puesta la piel de un anciano blanco. —Usted es Joseph Ahkeah,—Clay declaró. —Creí que era amigo de Mandenauer. —La amistad no significa nada ante el poder. Si Edward pudiera experimentar lo que siento cuando corro como un lobo, él no estaría tan impaciente por matarme. —Él sería el primero en la línea. Jack ó Joseph —diantres, ya no sabía como llamarle, salvo chiflado— suspiré. —Edward tiene el mal hábito de querer ser un héroe, y no puede menos que contratar gente igual que él. —Puedo pensar en cosas peores que ser un héroe,—dijo Clay.


Ahkeah simplemente se rió algo más. —Usted fue un cazador,—Clay insistió. —Ha visto el mal y la destrucción que estás cosas pueden traer al mundo. ¿Cómo puede hacerse uno de ellos? —Yo he estado rastreando y matando monstruos durante años. Siempre hay más. Me cansé de luchar por una causa perdida. Quise estar del lado ganador. Ganaremos, Clayton. Es sólo cuestión de tiempo. —No si tengo algo que decir al respecto. —Tristemente, no podrás. Estaba planeando señalarle a Clay que Ahkeah estuvo contestando de muy buena gana y complaciente a todas sus preguntas. El villano sólo chacharea acerca de sus proyectos con aquellos que tiene la intención de matar —esto es lo que sucede en todas las películas malas. Yo no sería la única que moriría esta noche, si el skinwalker llevaba a cabo su proyecto. Los espíritus murmuraron, esta vez más fuerte. El mismo aire pareció vibrar con su presencia. Ahkeah tomó una profunda bocanada, como si bebiera de los muertos. “Ayúdeme a mí.” Pensé. “No a él.”


Los espíritus hablaron inmediatamente en cien lenguas diferentes. Mi mente se sintió aturdida y entumecida, al tiempo que mi estomago se contrajo. Me desplomé y el arma resbaló de mi sien al cabello. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 63 Lori Handeland Jack luchó por mantenerme derecha, pero en este caso el ser una chica tan grande era una ventaja. Él no fue lo suficientemente fuerte, y mis rodillas cayeron de golpe en la tierra. La luna llena rojiza, ardió en el horizonte. La tierra comenzó a temblar y sonó un balazo. Atrapé el olor de azufre, justo antes de que el estallido de agonía atravesara mi pómulo. Mordí el polvo cuando mi cara se estrelló en el terreno rocoso del Cañón de los Muertos. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 64 Lori Handeland Capítulo 9 Debo haberme desmayado porque la siguiente cosa que supe fue que contemplaba la enorme luna roja que llameaba en el cielo encima de mí. Oí murmullos otra vez, suaves como el viento, aunque el aire estuviera fresco y quieto. Todo me vino a la mente de golpe, y me senté demasiado rápido. Mi cabeza dio vueltas,


algo caliente y húmedo escurrió por mi mejilla. Mi palma tenía sangre. —¿Clay? —Estoy aquí mismo. —Y de repente ahí estuvo. Su mirada sombría examinó mi cara. —Maldición, Maya, estás sangrando como cerdo en matadero. Su acento estuvo de regreso. Debo haberme visto peor de lo que me sentía. Clay rompió lo que quedaba de su camisa y la presionó en mi mejilla, luego se recostó para contemplarme solemnemente. Pobre tipo, si pasaba más tiempo conmigo no le quedaría un sólo trozo de ropa para vestir. —Ha terminado,—murmuró él. Eché un vistazo hacia los dos confusos bultos que yacían a unos metros de distancia, luego me puse de pie, despacio. Una vez que estuve parada. El mundo dejó de temblar al igual que mis rodillas. Mi estómago se asentó y mi cabeza también . Un bulto no era nada más que la piel. Otro parecían ser los restos de un hombre Navajo de treinta y pico. Sospecho que los skinwalkers arden igual que los hombrelobo cuando se les dispara una bala de plata, pero… —Pensé que una bala de plata no funcionaría.


—Si recuerdas correctamente, no serviría una vez que él completara la ceremonia. —No estoy muerta, pero él sí. —Levanté mi vista hacia Clay. —Él iba a asesinarme, y a ti también. —Descarné tu mejilla. —La cabeza de Clay se inclinó. —Otro centímetro a la izquierda y… Él no tuvo que terminar. Otro centímetro y el mundo habrían sido de Joseph, no nuestro. Existió una vez que me habría paralizado al comprender lo cerca que estuve de la muerte. Ahora me hizo actuar. Cerré la corta distancia entre nosotros y rodeé con mis brazos la cintura de Clay. Él se puso rígido con mi abrazo, pero no se apartó. —Tuviste que correr el riesgo, Clay. —Soy demasiado imprudente. Siempre lo he sido. Por eso murió Serena. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 65 Lori Handeland —Pero yo viví. A causa tuya. La esperanza iluminó su cara, hasta que examinó la mía. —Necesitas un doctor. Preferentemente un cirujano plástico. Y tu muñeca. — Él revisó


la venda sucia, luego lanzó algunas maldiciones más. —No luce bien. Había olvidado la mordedura de lobo. Comparado con nuestros otros problemas, era el menor, pero Clay tenía razón. La piel rasgada estaba roja y caliente al toque. Clay abrió las alforjas de Ahkeah. —Aquel hijo de puta. —Él sacó un teléfono celular de dentro. —Como si nos hubiera dejado usar su teléfono y hacer una fiesta antes de que llegáramos al Cañón de los Muertos. Clay conectó el teléfono, miró ceñudo la pantalla, luego se fijó en las altísimas paredes de piedra. —Regreso enseguida. —Él se dirigió hacia el centro del cañón. Al instante que él se fue, los susurros regresaron. Indistintamente se entremezclaron con el aire como el viento a través del agua tranquila. Eché un mirada inquieta a la piel y el cuerpo, pero ningún de los dos se movió. Cuando el skinwalker me habló, comprendí sus palabras. Cuando los espíritus de este cañón murmuraron, no puede entender el sentido en absoluto. Pero ellos escucharon y me ayudaron, permitiéndome crear una distracción para que


Clay viniera al rescate. —Gracias,—dije en voz alta. Como si un gran interruptor se hubiera accionado, las voces se apagaron. La noche quedó quieta y yo quedé sola. Un rato más tarde, el zumbido distante de un helicóptero inundo el cañón. Clay, quién se la pasó en el teléfono todo el tiempo, corrió junto a mí cuando un reflector alumbró por encima una pared de piedra. —Vamos.—Él agarró mi codo y me guió hacia la maquina que se cernía. —¿Cómo hicieron para llegar aquí tan rápido? Clay arqueó una ceja. Según él, los Jäger-Suchers estaban por todas partes. Deben de tener un presupuesto inagotable. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 66 Lori Handeland Subí en el helicóptero y menos de una hora más tarde estaba siendo cosida por el mejor cirujano plástico en Phoenix. El doctor de la sala de emergencias quiso mantenerme bajo observación el resto de la noche, probablemente porque parecía que un tren me pasó encima. Además del surco en mi mejilla, el besar tantas veces la tierra me proporcionó un labio hinchado y el ojo morado.


Tenía también innumerable raspados, golpes, contusiones, pero mi muñeca no estaba infectada. Si el lobo que me mordió resultaba tener rabia —Clay ya había hecho preparativos para traer el cuerpo, junto con lo que restaba del Skinwalker— me tendrían que inyectar la vacuna. No era un perspectiva agradable, pero tampoco el fin del mundo. Quería dormir en una cama limpia —con Clay. Todo lo que tenía que hacer era convencerlo que él también quería esto. Clay me contempló mientras salía del cuarto de urgencias e hice una mueca. —Sólo duele cuando me río. Él no contestó, y deseé haber mantenido cerrada mi bocaza. Nos quedamos de pie en la sala de espera, el silencio que siguió entre nosotros comenzó a alargarse durante demasiado tiempo. Tenía que decir algo. —¿Ahora qué? Al momento que pronuncie las palabras, quise retractarme. Le acababa de dar la oportunidad perfecta de decir adiós, y todavía no estaba lista. —Quiero champán,—balbuceé. —Una ducha, comida, no necesariamente en ese orden. —Puedo arreglar eso. —De repente sacó un nuevo teléfono celular con la velocidad de un pistolero en pleno mediodía. Minutos más tarde una limusina aparcaba en la entrada


del hospital. La botella de champán asomaba de la cubitera. Las galletas y el queso reposaban sobre una bandeja de cristal. Nunca vi nada tan maravilloso, o probé algo tan delicioso tampoco. Recostándome, dejé vagar mi vista sobre el coche y el conductor. — J-S lo envía. Es de confianza. Mis ojos se agrandaron cuando comprendí que la vida de Clay estaban en peligro de cada monstruo sobre el planeta. Había un agujero en la oficina central del Jäger-Sucher. —¿A dónde vamos? —Pregunté. —Al Biltmore. —¿En serio? Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 67 Lori Handeland El Arizona Biltmore era un complejo diseñado por Frank Lloyd Wright18. Construido al pie del Squaw Peak 19, el lugar era magnífico —y caro. Nunca hubiera sido capaz de permitirme una noche allí, yo sola. ¿Pero a cuenta del Jäger-Suchers? Qué demonios, adelante. —No puedes dejarme sola ésta noche. Clay abrió su boca para negarse, pude verlo en sus ojos, y barboté la primera mentira


que vino a mis labios. —Tengo que despertarme cada hora. Conmoción cerebral. Su boca se cerró con un audible rechinar de dientes. —Por supuesto. La culpa mordisqueo mi conciencia, pero la despaché lejos. Iba a seducirlo —era la primera vez, pero !hey!, también fue el que me disparan, secuestraran y el montón de cosas que me pasaron en las últimas cuarenta y ocho horas. Mi vida había sido una aventura seguida de otra en estos días. Tendría una historia espectacular para escribir en cuanto pudiera conseguir una pluma y algo de papel. ¿Sería con final feliz? Miré disimuladamente a Clay por encima del borde de mi copa de champán. Sí, si yo tenía algo que decir al respecto. Una hora más tarde estaba rechinante de limpia, gracias a la ducha, y agradablemente achispada por el champán. Me senté en una silla grande y mullida, en la primera suite en la que alguna vez puse un pie, escribiendo todo lo ocurrido antes de que se me olvidara. Cómo si eso pudiera pasar.


Clay usaba la ducha, y el pensamiento de meterme junto con él, y dejar que el agua nos sedujera a ambos, me distrajo de mi historia. La puerta del cuarto de baño se abrió, y una vaporosa nube con esencia jabonosa se vertió dentro de la suite. Clay apareció por entre la niebla, una toalla cubría sus caderas, su piel húmeda, brillante, caliente. Mi pluma y papel cayeron al piso. Su cabeza volteó un poco y su mirada se ensombreció. —Deberías estar en la cama. —Lo sé. 18 Frank Lloyd Wright (1869-1959); arquitecto estadounidense que basó su estilo en formas naturales. Tiene gran influencia en la arquitectura moderna. Sus diseños incluyen casas privadas, el Johnson Wax Company Building in Racine, Wisconsin (1939), y el Guggenheim Museum in New York City (1943–1959). (N. de la T.) 19 Squaw Peak (Pico de la India) domina el horizonte desde casi cualquier dirección de la ciudad de Phoenix., Arizona. Esta montaña mira al Norte del área Biltmore. El Estado de Arizona ha re-bautizado recientemente esta montaña como Piestewa Peak. El cambio de nombre era inevitable. Debido a que una significativa parte de estadounidenses, a lo ancho y largo del país, usan la palabra squaw (india) de forma peyorativa. (N. de la T.) Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 68 Lori Handeland Me aproximé hasta que estuve lo bastante cerca para sentir el calor del vapor. Él retrocedió y lo agarré de la


toalla, luego tiré de ella. —Maya… Mi mano se cerró en torno de él. Ya estaba duro. Lo acerqué más. —No podemos,—protestó él. Bombeé diestramente con mi mano varias veces, y él se agrandó aun más en mi palma. —Creo que podemos. —No, no puedo. —Él gimió cuando seguí trabajando la piel de su pene de acá para allá. —Debo. Quiero decir, no debería. No estoy pensando correctamente. —Qué bueno. Cuando piensas correctamente, piensas estúpidamente. —No es ser estúpido mantenerme lejos de ti. Soy un hombre muerto. Es sólo cuestión de tiempo. —No te dejaré morir. —No tienes nada que decir sobre ello. —Te amo. La impresión cruzó su cara. —No puedes amarme. Me acabas de conocer. —¿Estás diciendo que no me amas?


Contuve mi aliento. Me estaba arriesgando poniendo mi corazón al desnudo, porque él podría hacerlo trizas. Pero sentía que Clay me quería, de otra forma no estaría intentando con tantas ganas convencerme que debía alejarse. —Si puedes mirarme directo a los ojos y decirme que no me quieres, voy a… —Obviamente te quiero, Maya. Puedes sentirlo en la palma de tu mano. Podía, y era increíblemente erótico hablar de ambas cosas; amor y muerte, mientras él pulsaba y crecía ante mi toque. ¿Qué le pasó a la muchacha sensata? La dejé abandonada en el desierto con las serpientes. El pensamiento debería hacerme sentir pánico, en cambio me intrigó. Mi vida hasta ahora fue seria y previsible. ¿Y, si yo arriesgara a encarar el mundo, cortejar a la muerte en vez de temerla? Sospeché que lo averiguaría. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 69 Lori Handeland Besé su cuello, su mandíbula, recorriendo con mi lengua hasta su oído, donde succioné suavemente su lóbulo apresado entre mis dientes. El pulso en la base de su garganta latió desenfrenado. Puse mis labios allí, y su sangre corrió a la misma velocidad que la mía. Volví a cogerlo entre mis manos y lo estimulé nuevamente. Él me enseñó como le


gustaba —que tan fuerte, suave, a qué velocidad. Quise saborearlo de la misma manera que él me probó. Descendiendo a todo lo largo de su cuerpo, lo metí en mi boca. —Maya… —él musitó. ¿Protesta o estímulo? No lo sabía, y no me importaba. Él estaba caliente y vivo. Él me colmaba de lleno, y dejé de sentirme sola. Él sabía igual a esa noche en el desierto. Caliente, salado, peligroso. Pudimos haber muerto en el desierto. Casi lo hicimos. Pero sobrevivimos juntos y esto demostraba algo. Juntos podríamos contra el mundo, afrontaríamos a cualquiera. Sus manos aferraron mi cabeza, urgiéndome. Él ahora no pensaba en el pasado, pero bueno, yo tampoco. De repente él me cogió de los brazos para incorporarme y comenzar a besarme, larga y profundamente, con un matiz de desesperación que sólo me hizo quererlo más. ¿Pasado, presente, futuro? Qué mas da.


Mi bata se deslizó por mis hombros. No llevaba puesto nada debajo. Y no deseaba nada más, solo a él. Mi piel vibró con su toque. Sus dedos exploraron cada parte de mi cuerpo. Él me besaba con toda su alma cuando me recostó en la cama. Mis piernas chocaron contra el colchón, y caímos en las sábanas. Su mano acarició la piel de mi muslo, mi trasero, mi columna. Alzando un poco su cabeza, él contempló mi cara. Sólo cuando su mirada se ensombreció, y él comenzó poco a poco a retirarse me acordé de como lucía. Raspados, contusiones, ojo morado, puntadas. Él creía que me lastimaron por su culpa. Se equivocaba. Sin él, yo estaría muerta. Tenía que hacerle entender que lo necesitaba. Para siempre. Sólo conocía un modo de hacerlo. Enroscando mis dedos detrás de su cuello, lo acerqué y lo obligué a besarme otra vez. La mano/felación me excitó tanto como a él. Me arqueé, y él comenzó a introducirse dentro de mí que pedía un hombre a gritos —este hombre. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 70 Lori Handeland


—Ahora,—murmuré en su boca. —Por favor. Él no vaciló, elevó sus caderas y me penetró de una estocada. Yo estaba mojada, prieta, excitada. Sólo unas cuantas embestidas profundas y exploté, apretando y contrayéndome en torno de él. El pulso en su cuello latió incontrolable cuando él se vino. Lamí su piel, probándolo, mientras nos estremecíamos en una liberación sin precedentes. Cuando él dejó de temblar, froté tiernamente mi nariz detrás de su oreja. Me agradó el olor de su cabello, el sabor de su piel. Él besó mi mejilla sana, después, gentilmente recorrió con sus dedos mi ojo morado. —Lo siento. Suspiré. Mi plan no funcionó. Él todavía no se percataba de cuánto nos necesitamos el uno al otro para sobrevivir. Tendría que ser más directa. —Yo no. No lamento ni una sola cosa que ha ocasionado que estemos juntos. No sabía lo sola que me encontraba. —Tienes cuatro hermanos. Nunca has estado sola. —Me encontraba sola en una multitud, hasta que te encontré. —No me encontraste. Fui enviado.


—Tanto mejor. Hizo un sonido exasperado y rodó a un lado. Me habría sentido insultada, si él no hubiera cogido mi mano para apretarla estrechamente. —¿Siempre eres tan alegre? —No. —De hecho, no recordaba alguna vez en la que no hubiera sido francamente gruñona. —Tú me haces comportarme así. Él se rió, y descansé mi cabeza sobre su hombro. Su aliento acarició mi sien, más despacio y más despacio hasta que él se quedó dormido. Soñé con lanchitas azules y gorritos rosados, cabañas en lo profundo del bosque y un amor que sobreviviría a todo. Sin embargo, cuando desperté me tomó sólo un instante entender que Clay se había marchado y no regresaría. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 71 Lori Handeland Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 72 Lori Handeland Capítulo 10 Él me dejó su Beretta y un cargador de balas de plata. Nada mejor para decir “te amo”


que con sus armas y municiones. Sostuve el arma en mi regazo acariciando el metal, distraídamente comprobé si estaba cargada. De repente la puerta de la suite se estrelló para abrirse, y un hombre desconocido entró, cubrí con la sabana tanto a la pistola como a mí. El tipo tenía una mirada maniática y demente en sus ojos, pero no llevaba un arma o un cuchillo por lo que pude ver. —¿Dónde está Philips? —él exigió. —Nunca oí ese nombre. —Usted vino con él. La vi. He estado vigilando. Él respiraba pesadamente. El sudor formaba gruesas gotas en su labio superior y sus cejas. Abrió las cortinas, y el resplandor plateado de la recién pasada luna llena se filtró dentro. Él se bañó en la luz como si fuera agua fresca en el calor de una tormenta de arena. —¿Quién es usted? —Demandé. Él dio vuelta hacia mí y sus ojos brillaron. Ay, diantres. Él saltó en la cama, sobre de mí, sofoqué un grito. —Brendan Steiger. Me pregunto si Philips podrá recordar el por qué gasté


mis ahorros de toda la vida para comprar su… —¿Comprar su qué? —Su nombre. Su expediente. Su paradero. —La voz de Steiger, mitad de hombre mitad de bestia, chirrió contra mi piel como una navaja de afeitar. —¿Él no está aquí? Te mataré de todas formas. Hora de resarcirme. Su cabeza descendió para oliscar mi cuello, me lamió desde la clavícula a la mejilla. Detecté el olor de la sangre. El chico había estado ocupado. La cara del hombre comenzó a cambiarse. Su nariz se alargó, sus dientes crecieron, la piel brotó de sus poros, pero sus ojos permanecieron humanos. —Lo que es mejor,—él gruñó. —Te haré como yo. Así, él tendrá que perseguir a su amante y meterle una bala en el cerebro. —Él se rió y el sonido se entremezcló con un aullido. —Desearía poder estar allí para verlo. —Qué pena, porque no estarás. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro


Naciente Luna Roja 73 Lori Handeland Le pegué un tiro a través de la sábana. Las llamas eruptaron de la herida, y su aullido siguió sin cesar. Empujé el cuerpo lejos, pero no lo suficientemente rápido. Estaba cubierta de sangre y mis palmas quemadas. Sin embargo, me quedé sentada en el suelo incapaz de moverme, mientras la mitad hombre la mitad bestia, chisporroteaba encima de la cama extra grande. El hotel no iba a pedirme que regresara. Sonido de pasos apresurándose por el corredor. Clay entró atropelladamente en la habitación. Un mirada en mi dirección y él cayó de rodillas. —¿Qué pasó? No me molesté en contestar. El desbarajuste sobre la cama debería ser respuesta suficiente. —Ven, Maya. Métete en la ducha. Lo dejé guiarme al cuarto de baño e instarme a entrar bajo el cálido rocío. —Me abandonaste,—declaré. —No tenía opción. No sobrevivirías en mi mundo. —Hasta ahora lo he hecho bastante bien. El silencio siguió a mi declaración. ¿Habría vuelto a escaparse? Espié por entre la cortina de la ducha. Él se apoyaba contra el lavamanos,


cabeza gacha, hombros caídos. Me dolió verlo tan abatido. —¿Por qué volviste? Él miró en mi dirección, desdicha y tristeza en su cara. —Traté de irme, pero no pude.Yo… —¿Qué? —Estaba preocupado. Y con razón. —¿Acerca de qué? —El hombre-lobo. —Lo hice fantástico sin tu ayuda. Él frunció el ceño con el arma todavía sujeta a su mano. —¡Caray, Maya! Te amo. —No pareces muy feliz acerca de ello. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 74 Lori Handeland —Sólo porque no me fui esta noche, no quiere decir que no tenga que hacerlo mañana. —Y una mierda. Yo me sentía mejor minuto a minuto. Por supuesto, fue un shock el tener a un hombre forzando la entrada, convertirse en hombre-lobo y tratar de comerme, pero lo


había manejado. Todo iría bien, a menos que Clay se marchara. Cerré el grifo del agua, me cubrí con una toalla, y le quité el arma de su mano. —Estamos juntos, y es el modo en que nos quedaremos. —Casi moriste. Por causa mía. —Viví por causa tuya. Dalé y dalé con lo mismo. Estamos mejor juntos que separados. ¿Cuándo vas a darte cuenta de esto? —Te desmayaste en el Cañón de los Muertos. No que no fuera algo oportuno en aquel momento, pero… fue demasiado para ti. —Aguarda un segundo, ¿crees que me desmayé debido a Jack? ¿Joseph? ¡Diablos, como sea que se llamara! —Bueno… —Él se encogió de hombros. —Ahá. —No, Clay. Los espíritus me hablaron. Fueron tantos que me sentí mareada. Pedí ayuda y bam, se apagaron todas las luces. Esperé que él se pitorreara de mi conversación con los espíritus, pero olvidaba con quién trataba. Si él podía ser un cazador de hombres-lobo de las Fuerzas


Especiales, el hecho que yo pudiera oír espíritus no eran nada del otro mundo. —¿No desfalleciste por el terror? —En realidad, no. Y luego tú me rescataste. Mi héroe. —Enséñame las manos. No puedo soportar verte cubierta con sangre. Extendí mis manos. —Bien lavaditas. Sus ojos se entrecerraron. —Tus manos están quemadas. —Se curarán. La próxima vez ya sé que hacer. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 75 Lori Handeland —¿Próxima vez? —Se pasó los dedos por su cabello. —No va a existir una próxima vez. —Sabes que eso no es cierto. Él hizo un sonido de frustración y tiró de la puerta para abrirla. Lo seguí al dormitorio. La primera cosa que vi fue al hombre sentado en la silla leyendo mis notas. —¿Qué es esto, la Estación Central? —Apunté con la Beretta a su cabeza. —No. —Clay puso una mano sobre el arma y suavemente me obligó a


bajarla. El intruso levantó la vista de los papeles y miró mi cara. —Nunca debes dispararle a un hombre-lobo a mitad del cambio,—dijo él, su acento alemán tan marcado sería cómico en circunstancias diferentes. —Eso crea demasiadas preguntas y un lío tremendo. —Lo tendré en mente. ¿Quién demonios es usted? —Maya, éste es Edward Mandenauer. Observé con renovado interés al antiguo espía y actual líder del JägerSuchers. Probablemente en su día un hombre muy apuesto, ahora representaba cada uno de sus ochenta y pico de años. Él había visto muchas cosas y todas ellas estaban impresas en sus pálidos y melancólicos ojos azules, y en su cara demacrada. Él parecía un espantapájaros delgado y era tan alto como un jugador de baloncesto. Sus manos eran nudosas, manchadas, sus dedos estaban torcidos por fracturas que nunca curaron de manera correcta. —No puedes publicar esto. —Él sostuvo mis notas en una mano y un encendedor en la otra.


—¡Espere! —Barboteé, pero él juntó los dos y la llamas lamieron mis palabras garabateadas a toda prisa. Suspiré. —¿Ha escuchado hablar alguna vez acerca de la libertad de palabra, propiedad privada, el derecho del público a conocer? —Sí. —Él dejó caer el papel, que se consumía rápidamente, en un cenicero de metal. —¿Cómo va a borrar mi memoria de la cabeza? ¿De la misma forma? —Muérdete la lengua, —Clay gruñó. —Él podrá parecerse a tu abuelo favorito, pero no lo es. Es peligroso. Eché un vistazo a Mandenauer, quién se encogió de hombros. —Lo soy. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 76 Lori Handeland No hubiera creído ni lo uno ni lo otro, excepto, que hubo algo en los ojos de Mandenauer y en la voz de Clay que me convenció. —Muy bien. —Dejé caer mis manos. —Me callaré. Me pregunté si McDonaldś estaría contratando. Porque era él único trabajo para el que estaba cualificada. —¿Podemos confiar en ella? —el anciano preguntó. —¿Qué tengo que hacer? —Pregunté. —¿Escribirlo con sangre? ¿Dejar que


me corté la lengua? —Si no te importa… Cómo él dijo las palabras con una cara tan solemne, no creí que bromeara. Clay tampoco debió pensarlo porque se puso delante de mí. —Déjela en paz. Ha pasado por demasiadas cosas. —Precisamente. Nunca deberías haberla implicado, Clayton. Ya lo sabes. —El skinwalker explotó su casa. No tuve otra elección más que llevármela conmigo de ahí. —¿Y Joseph? ¿No te ayudó? Intercambiamos miradas. Mandenauer frunció el ceño. —¿Qué? —Joseph era el skinwalker. —Imposible. Él ha sido un colega confiable desde hace años. —Se fastidio de estar del lado de los perdedores. Ha sucedido antes. El anciano suspiró y sus hombros cayeron. Si fuera posible se vio aun más viejo que antes. —Incluso los más fuertes sucumben. El deseo del poder es un defecto humano. A veces


creo que sería más fácil … —Su voz se desvaneció. —¿Qué, señor? —No importa. —Mandenauer se puso de pie y anduvo la corta distancia a la cama con porte militar. —¿Alguna idea de quién era éste? —Brendan Steiger,—dije. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 77 Lori Handeland Ambos hombres me perforaron con la mirada mientras fruncían el ceño. Me encogí de hombros. —Él fue algo parlanchín. Mencionó algo sobre resarcirse. Clay negó con su cabeza. —No recuerdo el nombre. —¿Por qué deberías? —Mandenauer preguntó. —No llevan puestas placas, como los perros, cuando corretean por el bosque. —Él indicó con una mano los despojos. —Me desharé de esto. Debes irte. —¿Dónde? —Lleva a Maya a su casa. —No tengo casa. Su amigo Joseph la hizo volar por todo lo alto del cielo.


La expresión de Mandenauer fue exasperada y exhausta. —Llévala a algún sitio seguro. Tenemos un traidor en nuestro centro. —Steiger dijo que él compró el nombre y foto de Clay junto con su historial y su paradero. —Los Jäger-Suchers están apareciendo muertos en todo el país, —murmuró Mandenauer. —Ahora ya sé por qué. —¿Cuántos? —Clay preguntó. —Uno fue mucho. Pero tres, son demasiado. Clay maldijo y deslicé mi mano entre la suya. El anciano contempló nuestros dedos entrelazados. —¿Qué significa esto? —Sostenerse las manos. Escena de afecto. Debería intentarlo algún día. —Lo hice. Esto da paso a escenas más profundas de afecto. —Nos estudió durante varios tictac del reloj. —Qué por lo que puedo ver ya han ensayado. —Él alzó los ojos al techo y dio un golpecito con su pie. —Los agentes caen como moscas. Si no los matan, se enamoran. ¿A dónde se dirige el mundo? —Oh, no. La gente se está enamorando. Qué tragedia. Mandenauer miró de soslayo a Clay.


—¿Siempre es así? Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 78 Lori Handeland —Más o menos. —Bien. Ella necesitará arrojo para sobrevivir la vida contigo. —¿Arrojo? Clay se encogió de hombros. —Él conoce muchas palabras. —Estaba vivo cuando la mayoría de ellas fueron inventadas, —dijo Mandenauer con sequedad. —¿Cuál es mi siguiente asignación, señor? —Desaparecer. —¿Perdón? —Los monstruos conocen tú nombre, cara, y número de Seguridad Social20. Hasta que encontremos al traidor, estás en peligro. —Sus ojos encontraron los míos. — Y también todo aquel cercano a ti. Apreté mis dedos en la mano de Clay y me acerqué a su lado.


—Tú no me abandonas,—dije. —No puedo. —Clay hizo señas a la cama con su mano libre. — Probablemente ya saben acerca de ti también. Maldición, Maya, lo siento. —Yo no. Prefiero estar en peligro contigo, que segura por mi cuenta. Clay observó mis ojos. Debió encontrar la verdad allí porque me besó, sellando el trato. Abandonamos juntos el hotel, y luego Phoenix21 quedó detrás. Desaparecimos. Los Jäger-Suchers son muy buenos en esto. Todavía no encuentran al traidor y algunos agentes más han muerto. Quizás tengamos que escondernos indefinidamente. Al principio Clay estaba inquieto, así que Mandenauer le encontró un nuevo trabajo. El largo brazo de los Jäger-Suchers necesitaba una entera mano con dedos. El Internet ha hecho de Clay un ciberbuscador. El rastreo de monstruos en línea puede no ser tan emocionante como dispararles en vivo y a todo color, pero como él me dijo una vez; alguien tiene que hacerlo. 20 Social Security Number; número que recibe todo residente —nativo ó naturalizado— en EUA. (N. de la T.)


21 Capital del Estado de Arizona. (N. de la T.) Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro Naciente Luna Roja 79 Lori Handeland No tuve que aplicar en McDonaldś, lo que fue una suerte, ya que vivimos muy, muy lejos de cualquier arco de oro. Aunque las voces de los espíritus permanezcan en el Cañón de los Muertos, sigo oyéndolos a ratitos lo que pone a mil mi musa. No puedo escribir lo suficientemente rápido. Estelle dice que mi siguiente libro será un exitazo. Es la historia de un espía durante la Segunda Guerra Mundial. Él descubre un laboratorio secreto en las profundidades del Bosque Negro. No creerían lo que encuentra. ¿Y, qué pasó con aquellos sueños de cintas rosadas y bicicletas azules? Ya no son sueños solamente. Traducción Liebe Copia de seguridad sin afán de lucro


Document Outline Unnamed 2 T3, V4. H z5. 8 9. 12, Unnamed 14. Unnamed va16? Unnamed ght18. l20.

Naciente luna roja lori handeland  

RESEÑA: Desde un mundo arcano que acecha en las sombras, ellos recorren la noche -salvajes, apasionados, peligrosos. Y cuando su mundo toque...

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RESEÑA: Desde un mundo arcano que acecha en las sombras, ellos recorren la noche -salvajes, apasionados, peligrosos. Y cuando su mundo toque...

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