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Muy Personal Karen Templeton 1º Serie Amores por Sorpresa Muy Personal (19.07.2004) Título Original: Saving Dr. Ryan (2003) Serie: 1º Amores por Sorpresa Editorial: Harlequín Ibérica


Sello / Colección: Sensaciones 496 Género: Contemporáneo Protagonistas: Ryan Logan y Maddie Kincaid Argumento: ¡Necesitaba un médico! Viuda y sin un céntimo, Maddie Kincaid se dirigía con sus dos hijos pequeños hacia el pueblecito de Haven, en Oklahoma, cuando su tercer hijo decidió nacer. Por suerte, encontró al único médico que había en muchos kilómetros a la redonda, Ryan Logan. El atractivo doctor la asistió a la perfección en el parto, y luego le hizo una oferta que Maddie no pudo rechazar… Solitario y adicto al trabajo, Ryan ya había visto cómo su primer matrimonio fracasaba, y sabía que el hogar y la familia no eran para él. Por eso intentaba convencerse de que el interés hacia aquella madre soltera, tan hermosa y valiente, era puramente profesional. Él la había ayudado en el parto, pero ¿podría ella ayudarlo a sanar su corazón destrozado? https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 Y A VOY! ¡Ya voy! ¡Que ya voy! ¡Maldita sea! A pesar, del golpe en el dedo gordo del pie, Ryan Logan siguió bajando en


calcetines las escaleras en penumbra al tiempo que se abrochaba la camisa de franela que se había puesto encima de la camiseta al primer timbrazo. Bostezó con fuerza, ya que hacía sólo dos horas que se había acostado, razón por la que su sangre no se movía todavía tan deprisa como para combatir el frío húmedo de finales de septiembre que impregnaba la casa. Y la lluvia que seguía golpeando el tejado indicaba que no habría amanecer. El timbre volvió a sonar, y Ryan lanzó una maldición y abrió la puerta. Los dos niños pequeños que había en el porche dieron un salto. A Ryan se le encogió el corazón. Los pequeños estaban empapados y los ojos oscuros del chico relucían de miedo debajo del flequillo mojado. Sus dedos pálidos se agarraban a una sudadera con capucha y la otra mano tenía bien sujeta a la pequeña rubia que temblaba a su lado. Ryan no conocía a ninguno de los dos. El niño retrocedió un poco, llevando consigo a su hermana. Abrió mucho los ojos y la boca, pero no emitió ningún sonido. Ryan comprendió que estaba muy asustado. —No pasa nada, hijo —se acuclilló para quedar a su altura—. ¿Qué sucede?


—¿Es usted el médico? —Sí. El niño miró la oscuridad azotada por la lluvia. —Mamá ha dicho que venga. Ryan asintió con la cabeza y estiró la mano hacia las botas, colocadas al lado del felpudo de la entrada. Estaba ya bien despierto; con el hospital más próximo a tres cuartos de hora de allí, era normal que lo llamaran a cualquier hora. —Ha dicho que se diera prisa —dijo el niño, que no podía tener más de seis años. Ryan terminó de ponerse las botas, tomó la chaqueta vaquera del perchero y se la puso. —¿Dónde está tu mamá? —se puso el sombrero de ala ancha con una mano y tomó el maletín negro con la otra. El niño estiró el brazo. —Por ahí. En el coche —lo miró con la barbilla temblando—. Ha dicho que le diga que ya viene el niño. Ryan dejó el maletín sobre la mesa y metió a los niños en el vestíbulo. Se acuclilló de nuevo frente a ellos, apretó con gentileza el hombro del chico y sonrió a la niña.


—Quedaos aquí —dijo con suavidad. Salió a la lluvia antes de que el niño tuviera ocasión de protestar. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 2—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Maddie Kincaid apretó el volante con fuerza y reprimió un grito. A pesar del frío húmedo que hacía en el interior del Impala, el sudor empapaba el camisón de franela que llevaba debajo del abrigo. Los dolores habían empezado tan de repente que su único pensamiento había sido salir a buscar ayuda. No se había molestado en ponerse calcetines y tenía los pies congelados en las zapatillas de lona. Pasó la contracción y ella suspiró y apoyó la cabeza en el respaldo del asiento, decidida a no gritar, aunque era improbable que la oyera alguien con el ruido del viento y la lluvia. No había sido su intención llevarse a Noah y Katie consigo, pero ellos habían salido antes de que pudiera impedírselo. Y por lo menos había recordado el cartel de médico que había visto el día anterior en una casa antigua de dos pisos.


¿Pero y si no había nadie en la casa? ¿Y si tenía que dar a luz allí sola y cuidar además de sus otros dos hijos? Llegó otra contracción y empezó a gemir. Sus dos primeros partos no habían sido para nada como aquél, sino mucho más lentos, sobre todo el de Noah. El grito salió de sus labios sin que pudiera evitarlo. Intentó centrarse en la respiración, pero el dolor aniquilaba todo lo demás. Se abrió la puerta del coche y entraron aire frío y hojas mojadas; una mano grande de hombre se posó en su vientre. Maddie miró en su dirección y vio unos ojos claros, una boca decidida y mejillas con asomo de barba, todo ello oscurecido por un sombrero de cowboy. —¿Dónde están mis hijos? —preguntó entre los dientes apretados. —Dentro. —¿Solos? —Maddie sintió un miedo más intenso que las contracciones—. Les da mucho miedo estar solos en un sitio desconocido. Están. . —Bien —dijo el hombre con calma—. ¿Con qué intervalo se dan las contracciones? Maddie miró el agua que caía en el barro al lado del coche y notó que la mano del hombre seguía en su vientre.


—Espero que eso signifique que es usted médico. —Parece que es su día de suerte, señora — apartó la mano y ella vio que estaba acuclillado junto a la puerta abierta del coche. Del ala de su sombrero caía agua—. Bueno, ¿con qué intervalo? —No lo sé —repuso ella—. Muy poco. —¿Puede andar? —¿Cree que habría dejado salir a mis hijos con esta lluvia si pudiera? Unos brazos fuertes la levantaron en vilo y la sacaron del coche. Maddie soltó un gritito y apoyó la cabeza en aquel pecho firme que olía a humo de leña. El doctor la acomodó lo mejor que pudo dentro de su chaqueta, le puso el sombrero en la cabeza y cerró la puerta del coche. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 3—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Agárrese! —le dijo—. La llevaré a la casa lo más deprisa que pueda. Maddie asintió débilmente; por suerte, el dolor remitió durante el minuto más o menos que tardaron en llegar a la casa.


Pero en cuanto entró empezó otra contracción, que tensó todos sus músculos de las costillas a las rodillas. Se mordió el labio inferior para no gritar delante de sus hijos, que seguían con ojos muy abiertos al doctor, que llevaba a su madre en brazos por un pasillo estrecho y la dejaba en una cama cubierta con una colcha gruesa. —¿Necesita empujar ya? —le preguntó. Ella negó con la cabeza. —Bien. Eso significa que tenemos un minuto. La ayudó a quitarse el abrigo y desapareció. Volvió segundos después con sábanas blancas y el maletín negro, que dejó en la mesilla. Noah y Katie estaban clavados al suelo a poca distancia de la cama. Maddie lanzó un gemido y luchó por incorporarse. —Están empapados. Otra contracción la dejó sin aliento. Se dobló y cayó de lado en la cama, mortificada y aterrorizada. Cerró los ojos con fuerza, pero se le escapó una lágrima. Sintió un contacto cálido y firme en el brazo que la tranquilizó un tanto. —Yo me ocupo de eso —dijo el doctor—. Usted concéntrese en tener el niño, ¿me oye? —ella asintió con la cabeza—. Bien. ¿Ha roto ya aguas? —No.


—Tenga —le pasó una toalla blanca—. Por si ocurre mientras me ocupo de los niños. Maddie no protestó. Los siguientes minutos se redujeron a una serie de impresiones inconexas... el ruido de un radiador, la lluvia contra la ventana, ropa mojada que caía al suelo... el hecho de que no había nadie para ayudarlo, ni una esposa ni un ama de llaves. De pronto sintió algo indoloro en el bajo vientre, como una aguja que pinchara un globo, y apenas tuvo tiempo de apretar la toalla entre las piernas para capturar el líquido caliente. Se secó una lágrima. Odiaba que un desconocido cuidara de sus hijos y de ella, odiaba no tener elección. Con la siguiente contracción salió más líquido a la toalla. Maddie vio a medias al médico envolver a sus hijos en mantas y sentarlos en un sillón enorme que había en un rincón de la habitación, cerca del radiador. Oyó el cambio en su voz y supo que lo había visto. —Quedaos ahí los dos un momento mientras examino a vuestra madre. ¿De acuerdo? —Sí, señor —oyó al voz de Noah. Y sintió un gran alivio. El niño se mostraba


temeroso con muchos hombres, sobre todo si eran tan grandes como ese doctor Logan. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 4—119 https://www.facebook.com/novelasgratis El médico volvió a desaparecer y regresó un minuto más tarde. Se pasó una mano por el pelo dorado y éste quedó en punta en la parte superior de la cabeza. —Voy a meter la ropa de los niños en la secadora —dijo. Retiró la toalla de entre las piernas de ella—. El líquido es claro. Buena señal. Ahora vamos a ver cómo va todo. En los minutos siguientes le palmeó el vientre, declaró que el niño estaba en la posición indicada y preparó la cama y a ella para el parto. Y todo el rato su rostro permanecía inexpresivo y sus modales tranquilos y eficientes, sin rastro de vergüenza, ni siquiera cuando la ayudó a quitarse las bragas empapadas. Le puso varias almohadas a la espalda y sacó del maletín el estetoscopio y el aparato para medir la tensión. —Normalmente no dejo que nadie me quite las bragas sin saber antes su nombre —


musitó ella. —Logan —repuso él—. Los títulos están en la consulta —señaló con la cabeza hacia la derecha y miró a los niños, ambos dormidos ya—. Parece que ya han caído. La mujer asintió y se lamió los labios. —Yo no le hice eso —comentó. —No suponía que hubiera sido usted. ¿Quiere agua? Ella volvió a asentir. El doctor Logan sirvió un vaso de agua y se lo tendió. —Pero sólo un sorbo.. —Lo sé, lo sé. Tomó un sorbo y le devolvió el vaso. Él tomó un teléfono inalámbrico y marcó un número. —Voy a pedir refuerzos —explicó—. A la comadrona. ¿Cuándo salía de cuentas? —Creo que se ha adelantado unas tres semanas. El médico frunció el ceño y habló por el teléfono. —Ivy, tengo un parto en marcha aquí y me preguntaba si... aja —soltó una risita—. Pequeño, me parece. Se ha adelantado... No, no lo he hecho —miró a Maddie —. ¿El tercer hijo?


—Sí. —¿Cuánto tiempo lleva de parto? Ella abrió la boca para hablar, pero se lo impidió otra contracción. El doctor Logan se inclinó para masajearle el hombro. —Sí, son muy fuertes —dijo por teléfono—. Y dudo mucho que la segunda fase vaya a ser muy larga. No, la puerta no está cerrada con llave. Dejó el teléfono en la mesilla y la miró gravemente. —¿Cree que el parto se ha adelantado tres semanas? —Sí. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 5—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y el parto ha empezado hace poco, ¿no? —Hace una hora. Llegó otra contracción y, sin pensar lo que hacía, se agarró a su mano y cerró los ojos para reprimir mejor el grito que amenazaba con estrangularla. Sintió que la mano libre de él masajeaba su vientre. —Un minuto y medio —dijo—. Bien. Maddie levantó la vista. Era más joven de lo que había creído al principio. No tendría más de treinta y pocos años. Él le subió la manga del camisón para tomarle la presión arterial.


—Por cierto, yo tampoco tengo la costumbre de quitarle la ropa interior a una mujer antes de saber su nombre. —Maddie. Maddie Kincaid. —¿Y hay un señor Kincaid? La alianza de boda había sido una de las primeras cosas que había empeñado Maddie. —Ya no —repuso—. ¡Oh, Dios Santo! —¿Está preparada para empujar? —preguntó él. Maddie, que ya estaba empujando, no consideró necesario contestar. Ryan se puso unos guantes de látex que había sacado del maletín. —Lo siento —dijo; bajó la sábana—. Tengo que examinarla. —De acuerdo —ella jadeaba y se agarraba con fuerza a la sábana—. Pero esto no es algo que deje hacer a todos los hombres en la primera cita. Ryan reprimió una sonrisa y la examinó deprisa, aliviado al comprobar que todo iba bien. Su presión arterial no estaba muy alta, pero sí lo bastante para requerir vigilancia. Los partos no le daban miedo; había visto unos cuantos en los diez últimos años, pero no lo entusiasmaba atender uno fuera del hospital con una mujer muy delgada con tres semanas de adelanto y cuyo caso no conocía.


—Empuje —dijo. Dejó la sábana levantada y se quitó los guantes. El rostro de ella se contorsionó, pero no de dolor, sino de determinación. Ryan se puso otros guantes limpios y esperó. Tres empujones después vio asomar la cabeza del niño. —¡Eso es, Maddie, muy bien! No empuje, respire. El niño es muy pequeño, tiene que alumbrarlo, no lanzarlo en órbita. Maddie lo miró y por un instante pareció a punto de reír, pero otra contracción se lo impidió. —Jadee, querida. Eso es, así... Bien, bien... eso es... Dos segundos más tarde, salía una cabeza pequeña, con el cordón flojo alrededor del cuello. Ryan lo apartó y ayudó al niño a girar antes de sacar el primer hombro y Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 6—119 https://www.facebook.com/novelasgratis luego el otro de debajo del hueso pélvico. Mostró enseguida el bebé a Maddie Kincaid, una niña que no llegaba a los tres kilos, roja, arrugada y calva, pero con unos pulmones capaces de despertar a los muertos en tres condados.


Maddie extendió los brazos con un sonido que era una mezcla de sollozo y risa. —¿Está bien? Tiene que estar bien para llorar así, ¿verdad? —Está bien —repuso Ryan. Limpió rápidamente la naricita y la boca de la niña, la envolvió en una toalla limpia y la colocó en el estómago de Maddie. —Eres pequeñita, pero encantadora —dijo con suavidad; frotó la espalda de la niña a través de la toalla y miró a la mujer delgaducha de la que acababa de nacer. Sintió que algo cedía en su interior—. Lo ha hecho muy bien, mamá. Y ni siquiera ha sudado mucho. Los ojos plateados de ella, llenos de regocijo y malicia, se clavaron en los suyos. —Tengo una pelvis ancha —sonrió. Un momento después llegaba Ivy Gardner, una mujer madura, gruesa, con el largo cabello pelirrojo entreverado de canas y sujeto apenas por unos pasadores plateados. Echó un vistazo a la situación y dijo: —Suponía que ya habían pasado la parte divertida y me habían dejado la limpieza — se acercó a la cama—. Soy Ivy, querida. ¡Oh, qué pequeñito! ¿Niño o niña?


—Niña. Amy Rose. Ivy sonrió. —Amy. Adorada. —Eso es. Ivy le masajeaba ya el abdomen para facilitar la expulsión de la placenta. Ryan se apartó. Ivy Gardner había asistido a más de quinientos partos en los últimos veinticinco años y nunca había perdido a un niño ni a una madre. Y suponía que en ese momento la paciente necesitaba también una madre. Se quitó los guantes y miró por la ventana. Había dejado de llover y el cielo comenzaba a clarear por el este. Y Ryan no pudo reprimir la sensación de que su vida acababa de dar un cambio. Miró a los dos niños dormidos en el sillón y se le encogió el corazón. ¿Qué había llevado allí a esa mujer, con dos hijos y un tercero en camino? La ropa de los niños se veía limpia, pero gastada, probablemente de segunda mano. Miró a la madre. Cabello castaño claro, pómulos altos, piel pecosa, frente elevada, nariz recta. Cuando hablaba o reía, lo hacía con voz profunda. Y su mirada era como un banco de nubes tormentosas.


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 7—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Sus ojos, en ese momento, estaban clavados en la recién nacida y Ryan estaba seguro de que no veían la piel roja y arrugada ni el poco pelo aplastado contra la cabeza. —Tienes una pinta muy graciosa —susurró. Ryan estuvo a punto de echarse a reír. —¿Mamá? El médico se volvió. Noah estaba despierto. —Hola —dijo—. Lo levantó del sillón con manta y todo—. Ven a conocer a tu nueva hermanita. El niño se acurrucó un instante contra su pecho. Olía a limpio. Ryan lo dejó en la cama, a la altura de las rodillas de Maddie, y el pequeño se frotó los ojos, bostezó y frunció el ceño. —¿Otra niña? —Oh, vamos —Maddie soltó una risita y Ryan depositó a una Katie silenciosa al lado de su hermano—. Las niñas no tienen nada de malo. —¡Santo Cielo! —Ivy apartó la manta del hombro del niño—. ¿Qué lleváis


puesto? —Su ropa estaba mojada —dijo Ryan—. Así que la metí en la secadora. Pensé que estarían bien con una camisa mía. Ivy lo miró enarcando las cejas y él movió la cabeza en un gesto con el que quería indicarle que no hiciera preguntas. Noah miraba a su nueva hermana. —¿Seguro que es una niña? Porque no lo parece. Maddie extendió una mano y le revolvió el pelo. —Sí, cariño, estoy segura. Si no me crees, pregunta al doctor. —¿Crees que papá la habría querido más que a Katie y a mí? La habitación quedó en silencio. Ryan vio que Maddie se sonrojaba y recordó con rabia las cicatrices que había visto en la espalda del niño. No eran recientes, tenían varios meses por lo menos, pero no eran producto de un accidente. Maddie parpadeó varias veces y tragó saliva. Atrajo la cabeza del niño hacia sí y lo besó en la frente. —Eso ya no importa —dijo—. Ahora lo que importa es que no olvides cuánto os quiero yo a Katie y a ti. Os quiero a los tres con todo mi corazón. ¿Me oyes? Noah sonrió y anunció que tenía hambre. —Claro que sí, tesoro —anunció Ivy, que se sentía en su elemento ayudando a parir


y dando de comer—. Y seguro que tu madre también. Miró al médico. —He supuesto que no tendría nada decente en la cocina, así que he traído comida. Ryan fingió sentirse dolido. —No soy ningún bárbaro. Creo que hay huevos. Y café. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 8—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Oh, muy bonito —protestó la comadrona—. Pero no puede darles café ni a la madre ni a los niños. Se dirigió a la puerta en medio de un revuelo de faldas; la de aquel día llevaba espejos y cuentas por todo el borde. Se volvió y extendió la mano. —Vamos a ver si vuestra ropa está seca — dijo—. Y luego podéis ayudarme a hacer tortitas. Dos pares de ojos miraron a su madre. Katie se metió el pulgar en la boca. —Podéis ir —dijo Maddie con una sonrisa. Los niños se fueron y la madre se apoyó de nuevo en las almohadas con un suspiro.


—Les estoy muy agradecida —dijo—. Pero tendremos que irnos pronto, no quiero molestar. Ryan arrugó la frente. —A menos que pueda asegurarme que va a tener ayuda en los próximos días, no saldrá de aquí hasta que yo lo diga. La mujer levantó su barbilla puntiaguda, sólo un poco más grande que la de su hijo. —Ha sido un parto sencillo. Y las otras dos veces estaba en pie a las pocas horas. —¿Por elección suya? Lo sobresaltó ver lágrimas en aquellos ojos grises. Ella apartó la vista y se desabrochó el camisón para acercar a la niña a su pecho. Ryan las observó con interés. La recién nacida acertó con el pezón casi a la primera. Maddie soltó una risita y Ryan sintió derretirse algo en su interior y se creyó obligado a justificar su presencia en la habitación. —¿Cansada? —preguntó. Maddie negó con la cabeza. Acarició la mejilla de la niña con un dedo. —No. —No es un signo de debilidad admitir que esté cansada si acaba de dar a luz. —Estoy bien.


—Vale, está bien. ¿Le apetece hablar? Ella tardó un momento en responder. —¿Se refiere a contestar preguntas? —Si una desconocida da a luz en mi casa, es normal que sienta curiosidad. Y también interés. La mujer lo miró con orgullo. —Le pagaré por sus servicios. —Estoy seguro. Pero no es eso lo que quiero saber. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 9—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Vio otra vez lágrimas en sus ojos, y supuso que haría lo imposible por evitar que rodaran. —Puedo decirle que no es de su incumbencia. Ryan la miró con exasperación. —Ahora ya sí es de mi incumbencia. Pesa usted diez kilos por debajo de su peso normal, así que perdone que me tome mi trabajo en serio, pero quiero saber por qué. Tiene suerte de que la niña esté bien, pero no puede seguir descuidándose a sí


misma. ¿Ha tenido cuidados prenatales? Maddie miraba a la niña con la boca fruncida. —Ha sido mi tercer embarazo, sabía cuidarme sola —levantó la vista—. No fumo ni bebo y he comido tan bien como he podido. Y nunca he pesado más de cincuenta kilos, ni siquiera cuando. . Se interrumpió. Acarició la mejilla de la niña. Ryan suspiró. —Yo no te juzgo —dijo—. Sólo quiero saber si te vas a cuidar como es debido. Y también a tus hijos. —Sobreviviremos. Ryan se cruzó de brazos. —¿Por qué no has tenido a la niña en el coche? —No había espacio —musitó ella—. Y no me gusta que me mire la gente. —Supongo que no. Yo sólo quiero que en los próximos días te preocupes únicamente de dar de comer a tu niña y recuperar las fuerzas. La mujer le lanzó una mirada acerada. —No necesito.. Ryan la miró con fijeza y ella guardó silencio. —Usted no nos conoce —dijo—. ¿Por qué se siente obligado a cuidar de


nosotros? Ryan sintió deseos de estrangularla. Se sentó en el borde de la cama y se inclinó de modo que ella no tuviera otro remedio que mirarlo a los ojos. —Vamos a dejar algo claro. La obligación no tiene nada que ver con esto. Te guste o no, tu hija y tú sois ahora mis pacientes, ¿entendido? —esperó un momento —. Bien —tomó un cartón de la mesilla con una hoja de papel encima—. Vamos a hacerlo oficial. ¿Nombre completo? —Madelyn Mae Kincaid. —¿Edad? —Veinticuatro. —¿Dirección? Cuando ella no contestó, levantó la vista. —¿Maddie? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 10—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella tardó un momento en mirarlo a los ojos. —De momento no tengo una. A menos que cuente el Flecha Doble.


El Flecha Doble era el motel de su hermano Hank. No era el Hilton precisamente, pero allí estaba segura. Sin embargo, los moteles baratos también costaban dinero, y sospechaba que ella tenía poco. —¿Dónde estaba antes? —En Little Rock. Arkansas —ella hizo una mueca—. Nos mudamos allí desde Fayetteville cuando nació Noah. Vine aquí en busca del tío abuelo de mi marido. Quizá lo conozca. ¿Ned McAllister? —¿Ned? ¿En serio? ¿Es familia suya? —Por matrimonio.. pero no nos conocemos —palideció aún más, si aquello era posible—. ¡Oh, no! No habrá muerto, ¿verdad? Ryan soltó una risita. —¿Ned? Ese viejo buitre nos enterrará a todos, pero sus huesos ya no son tan fuertes como antes. La semana pasada se rompió la cadera y ahora esté en el hospital, en Claremore, y estará allí bastante tiempo, por lo menos hasta que termine la fisioterapia. —¡Oh! —Maddie miró a la niña y le acarició la mejilla con mano temblorosa —. No


tiene teléfono y usa un apartado de correos para las cartas. Sabía que era un riesgo venir así, pero no había nadie más que... Guardo silencio. La niña se había quedado dormida. Ryan se la quitó de los brazos con gentileza. —Tengo ropa para ella en el motel —dijo la mujer—, pero he olvidado traerla. —Es comprensible —sonrió él. Maddie miró a la niña con un suspiro. —Antes de que lo pregunte, mi esposo está muerto —dijo. —Lo siento. —Yo también, pero no por los motivos habituales. —¿La ha dejado en la ruina? —preguntó él. La mujer soltó una carcajada amarga, pero no contestó. De la cocina llegaba olor a tortitas y café y la voz de Ivy hablando con los niños. Unos cuantos pájaros piaban fuera de la ventana y el sol empezaba a quemar lo que quedaba de la tormenta. Ryan dejó la niña en una cuna que había llevado desde su consulta antes del alumbramiento. —¿Tus padres viven todavía? —preguntó.


Ella tardó un momento en contestar. —Ya le he dicho que no tenemos a nadie. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 11—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Ryan no entendía lo que le ocurría. Cierto que se interesaba por todos sus pacientes, incluida la vieja señorita Hightower, cuyos contratiempos Ryan atribuía desde hacía tiempo al miedo a hacerse vieja y estar sola. Pero aquello era distinto. Aquel caso tocaba una fibra personal que no tocaban otros casos. Hacía mucho tiempo que nada lo afectaba de aquel modo. No sabía lo que iba a hacer con Maddie, pero todo aquello no le gustaba nada. Se acercó a la puerta. —Creo que voy a ver cómo están en la cocina y a limpiarme —musitó, sin saber por qué se sentía tan nervioso en su propia casa. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 12—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 M ADDIE frunció el ceño. A pesar de la insistencia del médico en que no se


fuera de allí hasta que él dijera que estaba en condiciones, tenía la impresión de que la idea no le gustaba mucho, aunque probablemente su reacción no se debía tanto a ella personalmente como a que no estaba habituado a tener invitados. Miró detenidamente a su alrededor por primera vez. El papel de las paredes, las cortinas oscuras y la madera sucia que bordeaba los cristales debían de haber estado en buenas condiciones cuarenta o cincuenta años atrás, pero de no haber sido por el sol que entraba por la ventana, la habitación habría resultado deprimente. Cosa que era una lástima, ya que alguien tan amable como el doctor Logan merecía una casa agradable y acogedora. Pero aquello no era asunto suyo. Se puso de lado con un suspiro y miró a su hija recién nacida con preocupación. Había sido una tontería contar con que podría quedarse con el tío de Jimmy. ¿Y qué iba a hacer ahora? Tenía cincuenta dólares y debía veinticuatro de la habitación del motel. No tenía mucho sentido volver a Arkansas, donde ya no tenía casa ni conocía a nadie que pudiera ayudarla. Lo que implicaba quedarse en Haven. Si lo hacía, podía pedir ayuda a los Servicios Sociales de Oklahoma, ¿pero cuánto


tardarían en concedérsela y cuánto le darían? Y si buscaba un trabajo, ¿qué haría con los niños? ¿Cómo pagar cuidados para los tres con lo que ella podía ganar? Podía sacar unos centenares de dólares por el coche, pero si lo vendía, ya no podría moverse. ¿Y dónde iban a vivir? Sintió que se le oprimía el pecho. A todos los efectos, sus hijos y ella estaban sin hogar. Una lágrima silenciosa rodó por sus mejillas, seguida de otra. Oyó ruido de pasos y se apresuró a secarse los ojos con la sábana. Unos segundos después, entraban Ivy y los niños. Noah llevaba una bandeja con tortitas, salchichas, huevos, leche y zumo. —Mira lo que te hemos traído, mamá. Maddie miró la sonrisa y los ojos brillantes del niño. Unos meses atrás, había sido tan travieso como el que más, y hasta ese momento no había sido plenamente consciente de lo mucho que echaba de menos sus travesuras. —Ivy dice que tienes que comértelo todo — anunció el niño. Allí había más comida de la que ella había visto junta en meses. —La compartiremos —dijo.


Noah se instaló boca abajo en la cama, con la barbilla apoyada en las manos, y se dedicó a mirar a su hermanita. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 13—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ellos han comido ya —dijo Ivy; la ayudó a colocar las almohadas a su espalda—. Cinco tortitas, dos salchichas y dos vasos de zumo él, y una tortita y una salchicha la niña. Maddie apenas podía pasar el primer bocado de tortita. Ella había procurado que no les faltaran sándwiches de crema de cacahuete por la mañana... y por la noche. Ivy le puso una mano en el hombro. —Ahora está aquí —dijo con gentileza—. Sus niños y usted están a salvo, ¿me oye? Maddie tragó con fuerza, pero no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas. Un segundo después se dejaba inundar por el calor y la bondad que procedían de aquella mujer. Ivy le recordaba un poco a Grace Idlewild, su madre adoptiva, la mujer que había hecho lo posible por darle estabilidad, que le había hecho creer que con trabajo duro y determinación se podía conseguir todo.


Se apoyó en aquel pecho amplio y oyó a Ivy explicar a los niños que las mujeres lloraban a veces después de tener un niño y que no había de qué preocuparse. —Usted coma —le dijo—. Yo voy a limpiar a la pequeña en la cocina, que está caliente. He traído una camiseta de bebé conmigo. Venid conmigo —dijo a los niños—. Dejad que mamá coma en paz. Se marcharon y dejaron a Maddie sola con más comida de la que podría comer en tres semanas y más preocupaciones de las que mucha gente tenía que soportar en toda su vida. Ryan entró en la cocina con el ceño fruncido. Ivy había cambiado la emisora de radio y sonaba música country en lugar de la música clásica que él siempre escuchaba. Además, estuvo a punto de tropezar con Noah, que por alguna razón, decidió retroceder justo en el momento en que Ryan se disponía a alcanzar la cafetera. El médico lo sujetó por los hombros para detenerlo y el niño levantó la cabeza, se encontró con su mueca de desagrado y abrió mucho los ojos. ¡Maldición!


Ryan se apresuró a sonreír, pero el daño estaba ya hecho. Noah corrió al lado de Ivy como un cachorro asustado y lo miró por encima del hombro antes de que algo le llamara la atención. —¿Qué es eso? —preguntó, señalando el vientre de la recién nacida. La comadrona sujetaba con firmeza a la niña encima del fregadero de porcelana y le pasaba la esponja por la cabecita. —Es el cordón umbilical —respondió. Secó a la niña y se lanzó a una descripción detallada de placentas y cordones umbilicales que fascinó a Noah un momento. Luego se acercó a la puerta y miró el jardín grande de la casa. Preguntó con timidez si Katie y él podían salir fuera y Ryan les dio permiso, ya que había salido el sol y dejado de llover. Cuando los niños hubieron salido, se sirvió una segunda taza da café y se apoyó en la encimera. La pequeña Amy, que tenía menos de dos horas de vida, estaba Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 14—119 https://www.facebook.com/novelasgratis plenamente despierta y clavaba los ojos en el rostro de Ivy, que le ponía una camiseta minúscula, calcetines y un mono amarillo. La miraba con tal


intensidad que casi se puso bizca. Ivy se echó a reír. —Seguro que se pregunta qué he hecho con su madre —dijo—. ¿Es así, preciosa? —la envolvió en una manta pequeña y se la puso sobre el hombro—. Seguro que va a ser dormilona. Señaló la cocina antigua. —Quedan salchichas y huevos revueltos — dijo—. Te haría tortitas, pero ahora estoy ocupada. Ryan sabía que era inútil discutir. Además, tenía hambre. Sacó un plato del armario y se sirvió. —Y toma zumo también —ordenó la mujer—. No se puede vivir de café, no es sano. Ryan se sirvió zumo. —Me gustaría saber cuándo te vas a buscar un ama de llaves —gruño Ivy. Ryan se sentó en una silla victoriana de las que había elegido Suzanne cuando todavía estaban prometidos antes de contestar. —Para empezar, no quiero a una desconocida en mi cocina todas las mañanas. Y además, ¿con qué le pago? ¿Con mis encantos?


—No creo que le pareciera un buen trato. Ryan se encogió de hombros y tomó un bocado de huevo. —Claro que también puedes buscarte una esposa. —Sí, claro, sabía que dirías eso. ¿Vas a solicitar el puesto? —No digas tonterías. Ryan tomó un sorbo de zumo. —Si no tengo dinero ni encantos suficientes para un ama de llaves, ¿quieres decirme cómo voy a cuidar de una esposa? Por supuesto, los dos sabían que el problema era mucho más profundo que eso. —No hay motivo para que tengas problemas de dinero —dijo ella—. Tienes pacientes suficientes para tres médicos, y muchos de ellos tienen algún tipo de seguro. La casa es gratis, no tienes a nadie que dependa de ti y estudiaste la carrera con una beca, o sea que tampoco tienes que devolver créditos estudiantiles. —¡Vaya, Ivy! —musitó él, de mal humor—. Te veo muy animosa esta mañana. La mujer se sentó enfrente de él con un suspiro y frotó la espalda de la niña. —Me preocupo por ti, eso es todo. Supongo que desde que murió tu madre me toca a mí. Ella no te dejaría vivir así y lo sabes.


Ryan suspiró. Por si no fuera bastante tener la cocina llena de gente, una mujer con la que no sabía qué hacer en el cuarto de invitados y una consulta con muchos pacientes y poco dinero, Ivy tenía que recordarle a su madre. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 15—119 https://www.facebook.com/novelasgratis No, Mary Logan no lo habría dejado en paz, ni a él ni a ninguno de sus hermanos. Y posiblemente entre los tres la hubieran llevado a la tumba, de no haberlo hecho ya el cáncer cuando Hank y Cal eran aún adolescentes. Después de su muerte la familia se había separado como un sistema solar al que le faltara el sol. No tanto físicamente, ya que los tres vivían todavía en Haven, como a nivel emocional. Y Hank padre, al parecer, no había sabido cerrar las heridas. El viejo había ido decayendo poco a poco hasta morir mientras dormía cinco años después de la falta de su esposa. Sí, su madre los habría atormentado por rendirse de ese modo. E Ivy, que había sido su mejor amiga, había decidido adoptar su causa. Ryan suponía que tal vez algún día podría agradecérselo. Un día, no esa mañana. —Hazme un favor —le dijo—. Limítate al trabajo de comadrona. Lo que me


recuerda. . ¿el niño de los Lewis se ha dado ya la vuelta? —Ayer, gracias. Veo que quieres cambiar de tema. Ryan mordió una salchicha. —Desde luego. Ivy suspiró y reajustó la posición de la niña en su hombro. —Sabes que tiene que quedarse aquí, ¿no? Ryan terminó el zumo y llevó el plato al fregadero. —No voy a echarlos a la calle, Ivy. —Ya lo sé, pero pensaba que intentarías buscarles otro sitio donde quedarse. Ryan negó con la cabeza y empezó a fregar los platos. —Por lo menos en una semana, no. Quiero tenerlas vigiladas a la niña y a ella. —¿Y luego? —No lo sé. ¿Te ha dicho que es pariente de Ned McAllister? Ivy enarcó las cejas. —No. ¿Cómo? —Es tío abuelo de su difunto marido. El imbécil la dejó sin nada. —¡Oh, pobrecita! Ryan se volvió y se secó las manos en un paño de cocina. —¿Has visto las cicatrices? La mujer suspiró.


—¿El padre? —Sí. —La vida no ha sido muy amable con esa joven. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 16—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Ryan estaba de acuerdo en eso. Miró el reloj y tomó la chaqueta que había dejado antes en el respaldo de la silla. —¿Adonde vas? —Al motel de Hank a recoger lo que hayan dejado en la habitación. —¿Crees que le gustará tener visita tan pronto? —Eso me da igual —Ryan se puso la chaqueta—. La consulta empieza a las ocho y media y presiento que la señora Kincaid querrá tener ropa antes de las seis de la tarde. Hank lo recibió con el pecho desnudo y los vaqueros desabrochados. Un cepillo de dientes sobresalía de su boca y marcas de peine recorrían su pelo moreno y mojado. Año y medio más viejo que Ryan, unos centímetros más alto y diez kilos más grueso,


Hank Logan resultaba imponente para muchas personas. Y con motivo. Sus rasgos eran duros, dominados por una nariz rota dos veces y que hacía que la gente se lo pensara dos veces antes de llevarle la contraria. Hank había sido policía en Dallas hasta un par de años atrás, cuando su prometida había muerto en un atraco a una tienda. Y en cierto modo, Hank también. Los psiquiatras del Cuerpo lo convencieron de que necesitaba tomarse un tiempo antes de volver a afrontar el mundo con una pistola al cinto. Y Hank volvió a casa con un permiso de seis meses y se encontró con que Cal tenía el rancho de caballos de la familia y Ryan la consulta, pero él no tenía nada. Así que compró el motel y no volvió nunca a Dallas. Echó un vistazo a su hermano y lanzó una imprecación. —¿Ha tenido el niño? —¿Qué te hace suponerlo? Hank volvió a entrar en su apartamento, adyacente a la oficina, un auténtico agujero, y regresó al baño seguido por Ryan. Como de costumbre, escuchaba ópera procedente de una cadena de música.


—Su coche no está aquí esta mañana y tú sí. Por eso. Ryan miraba con fascinación el apartamento de su hermano, donde lo único refinado era la música. Había montones de ropa sucia, recipientes de cartón que habían contenido comida, platos amontonados en el fregadero.. un verdadero agujero. —¿Por qué no le pagas a Cherise cincuenta pavos más y que te limpie esto una vez a la semana? Oyó ruido de gárgaras procedente del baño antes de que Hank reapareciera abrochándose una camisa vaquera. —Lo hago. Viene mañana. —Lo retiro. Dale cien. Y recuérdame que compruebe si tiene al día la vacuna del tétanos. Hank soltó un gruñido. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 17—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Y cómo sabías que Maddie Kincaid estaba a punto de parir? Hank, cuyos ojos eran tan oscuros como claros los de su hermano, lo miró de frente.


—Se lo pregunté. Me dijo que le faltaban tres semanas. —La niña tenía otras ideas. Hank tomó un cinturón que había en una silla y empezó a meterlo por las presillas del pantalón. —¿Cómo te ha encontrado? —metió la mano al bolsillo y sacó un chicle, hábito que había adoptado después de que Ryan lo convenciera de que dejara de fumar. —Ni idea. Sus hijos y ella aparecieron de repente. —Ah. ¿La has llevado al hospital? —Apenas llegué a tiempo de recoger a la niña al salir. He venido a buscar sus cosas. Hank asintió y tomó un llavero que colgaba en la pared al lado de la puerta. Agarró una chaqueta de cuero que había en una silla y abrió la puerta. Recorrieron en silencio la corta distancia hasta las habitaciones individuales. Aunque no se podía decir que Hank hubiera devuelto su antigua gloria al motel, no había duda de que lo estaba restaurando poco a poco. Las habitaciones estaban prácticamente terminadas, apero pasaría un año hasta que los bungaloes, de dos y tres habitaciones, resultaran habitables. El lugar era hermoso, sobre todo en esa época, con los colores de las hojas que


empezaban a caer. Y con mucho esfuerzo, tal vez Hank consiguiera convertirlo en un sitio agradable. Entraron en la habitación número doce y Ryan respiró aliviado cuando vio que olía a limpio. Las dos camas gemelas estaban deshechas y en el respaldo de la silla del escritorio había ropa. Había también una maleta abierta. Ryan reunió rápidamente todo lo que había fuera, incluida una jabonera de plástico y un cepillo de dientes que encontró en el lavabo, lo metió todo en la maleta y la cerró. La llevó a su coche, seguido por Hank. En realidad, ninguno de los dos tenía mucho que decirse, lo cual era una lástima, ya que de niños habían estado muy unidos. Hank estaba de pie con los brazos cruzados y la brisa agitando su pelo. —¿Qué crees tú que hace que una mujer salga corriendo de donde está tan cerca de dar a luz? Ryan metió las maletas en el maletero y miró a su hermano. —Desesperación —repuso con sencillez—. El marido ha muerto y no tiene dinero. Y su único pariente vivo está aquí.


—¿Sí? ¿Quién? —Ned. Hank enarcó las dejas. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 18—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿McAllister? —Sí. —¡Maldita sea! Sí que tiene una racha de mala suerte, ¿eh? —¡Y que lo digas! —Ryan sacó la cartera del bolsillo de atrás—. Cóbrame lo que te deba. Su hermano negó con la cabeza. —De eso nada. Y si necesita un sitio para quedarse... —No —repuso Ryan con rapidez. Volvió a guardarse la cartera—. Tengo que vigilarla. Y a la niña también. Hank asintió con la cabeza. —Es muy guapa —comentó. Ryan lo miró sorprendido. Hacía mucho tiempo que su hermano no daba señales de fijarse en una mujer. Y se había fijado en aquélla, a punto de dar a luz y con


dos niños más. No tenía sentido, aunque quizá indicaba que Hank empezaba a volver a la vida. Y eso no era malo, ¿verdad? —Supongo que no está mal —dijo con indiferencia, antes de subir al coche. Hank sonrió. Y Ryan lo miró aún más sorprendido y puso el coche en marcha con una irritación que no tenía motivos para sentir. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 19—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 C UANDO Ryan llegó a la casa, Ivy y los niños salían por la puerta de atrás. La comadrona se llevaba a los pequeños consigo a hacer su ronda y había esperado a que volviera el médico para no dejar sola a Maddie. Todo parecía ir bien y Ryan agradecía profundamente a Ivy que se llevara a los niños mientras pasaba consulta. Su enfermera-recepcionista se había casado y mudado a Nuevo México un mes atrás y todavía no la había sustituido. Se sirvió una taza de café y se dirigió al grupo de cuatro habitaciones interconectadas que formaban su consulta. La casa hacía esquina y se


encontraba a tres manzanas del centro del pueblo. En los años veinte, con el salón de atrás y el porche de verano habían hecho una consulta y una sala de espera con entrada propia. Más tarde, alguien había tenido la brillante idea de construir el sendero techado que unía la consulta original con el garaje separado, que desde entonces servía como segunda sala para examinar pacientes y cuarto de archivo. El arreglo no tenía mucho sentido desde el punto de vista arquitectónico, pero servía a los propósitos de Ryan. Y eso era lo que importaba. Se asomó a la sala de espera de camino al cuarto de Maddie y comprobó que todavía no había nadie. La puerta del dormitorio se hallaba entornada. Ryan la abrió con el hombro y vio que Maddie dormía. Su intención era dejar las maletas y volver a salir, pero una de las maletas no se sostuvo bien de pie y cayó de golpe al suelo de madera. Maddie se movió en la cama y abrió los ojos confusa. La estancia olía a sol y ropa limpia, y al dulce olor de un bebé recién nacido. —Un problema de este hotel —gruñó Ryan— es el mal servicio de habitaciones que tiene. Maddie sonrió perezosamente. El sol ponía un tono dorado muy atractivo en su


cabello castaño. Ryan sintió la garganta seca. —Eso no es cierto —musitó ella. Se incorporó. Llevaba una camisa azul de él de franela y su pelo limpio suave la hacía parecer más joven que nunca. Bostezó y señaló las maletas—. Gracias. —De nada. Siento haberte despertado. Los ojos de ella parecían ahora de un color azul ahumado, reflejo de la camisa, sin duda. —No importa. Ryan carraspeó. —¿Cómo te encuentras? —Acabo de dar a luz. Aparte de eso, no muy mal. —¿La hemorragia es normal? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 20—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —A mí me parece que sí, y a Ivy también. Tengo algunos calambres, pero era de esperar. —¿Quieres un analgésico?


Ella negó con la cabeza. —No tienes por qué ser dura, ¿sabes? Maddie sonrió. —Sí tengo. Ryan no supo qué decir, así que se acercó a la cuna y miró el rostro rojo de Amy. —Cuanto más la miras, más gusta, ¿verdad? Maddie se echó a reír. —Le pasa como a su madre. —Tú no tienes el rostro rojo y arrugado. —No, supongo que no, pero tampoco soy una belleza como Katie. Creo que tendrá que quitarse a los chicos de encima desde los diez años. Amy empezó a moverse y Ryan la sacó de la cuna. —No te subestimes —comentó—. Nunca nos vemos a nosotros mismos como nos ven los demás. Maddie tomó a su hija en los brazos. El pelo le caía sobre los hombros en un centenar de capas brillantes y Ryan se vio envuelto en su olor, una mezcla de champú, su camisa limpia y. . ella. El olor que hacía que Amy pudiera distinguir a su madre entre cientos de otras él también lo captaba. La mujer desabrochó dos botones y guió a la niña hasta su pecho, alto y


pequeño. Ryan se obligó a mirarle la cara, molesto consigo mismo por su reacción, tan poco profesional. Se retiró al extremo de la cama. —De hecho —dijo—. Mi hermano ha comentado que eres muy guapa. Maddie levantó la cabeza. —¿Su hermano? —Hank. Es el dueño del Flecha Doble. Siguió un silencio. —¿En ustedes la amabilidad es cosa de familia? Ryan sonrió. —No especialmente. Lo que quería decir es que ninguno somos precisamente aduladores. Bueno, quizá Cal sí, pero... —¿Cuántos son? —sonrió ella. —Tres. Hank, que es año y medio mayor que yo, yo y Cal, el bebé. —¿El bebé? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 21—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bueno, es ocho años más joven que yo. —Y seguro que es mayor que yo, ¿verdad?


—Sí, supongo que sí. —¿Y sus padres? —Están los dos muertos. —¡Oh! —ella se ruborizó—. Lo siento. —Eran ya mayores cuando nos tuvieron a Hank y a mí. Cuando nació Cal, mamá ya tenía cuarenta y cinco años. —¡Santo Cielo! —exclamó ella—. ¿Y Cal también vive aquí? —Sí. Cría caballos. Se quedó con la granja de la familia. Era de los tres, pero nos está comprando nuestra parte a Hank y a mí. Maddie se colocó a la niña en el hombro para que eructara. Miró luego a su alrededor y una sombra cruzó por su rostro. Ryan siguió su mirada hasta el papel pintado viejo y los muebles que no se había molestado en cambiar porque su intención había sido dejar mano libre a Suzanne con la decoración cuando se casaran y después ya no le había parecido que valiera la pena molestarse. —Como ya he dicho, este hotel tiene algunas carencias —comentó. Maddie lo miró con una sonrisa. —¿Cómo acabó con una casa tan grande? —Heredé la casa y la consulta del médico que vivía y trabajaba aquí antes —


se encogió de hombros—. Y supongo que me conformo con que la casa no se caiga a pedazos. —Muy propio de un hombre —ella miró a la niña, que mamaba ya del otro pecho—. Pero hay buenas vibraciones aquí, ¿sabe? Ryan miró su reloj y acercó la silla del escritorio a la cama. Maddie lo miró con curiosidad. —Soy un buen oyente —dijo él. Maddie miró a Amy, que se había quedado dormida con el pezón todavía en la boca. La tentación de contar sus preocupaciones y aliviar así la tensión era abrumadora. Sabía también que una vez que empezara sena difícil parar. Pero no quería que se compadeciera de ella y sabía que lo haría si le contaba su historia. Se abrochó la camisa y colocó a la niña al lado de su muslo para poder verla dormir. Así no tendría que mirar más de lo imprescindible aquellos ojos azules, donde sabía que vería cosas que no deseaba ver, como compasión o... juicios. Pasó deprisa por la primera parte de su vida, cuando su madre, una chica


joven, la dejó al cuidado del Estado cuando tenía tres años; su procesión por casas de acogida terminó a los doce años con Joe y Grace Idlewild, quienes habían sido lo más próximo a unos padres que había tenido nunca. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 22—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Contó más detalladamente cómo, contra los deseos de sus padres adoptivos, se había enamorado a los diecisiete años de Jimmy Kincaid, huérfano también, y cómo él, que entonces sólo tenía también dieciocho, le había hecho creer que con él tendría lo que más deseaba en la vida: una familia y un hogar propios. Tenía además sueños de triunfar, de ganar mucho dinero, y ella empezó a creer en sus deseos en parte porque era la primera persona que conocía que tenía sueños y éstos resultaban mucho más atractivos que la determinación y el trabajo duro. Aunque mantenía la vista apartada, le contó todo aquello al doctor sin vergüenza por su parte, porque, aunque podía admitir la estupidez de la juventud, no sentía vergüenza por haber sido joven y haber tenido sueños, aunque los sueños de


su juventud hubieran sido estúpidos. —Excepto que en algún momento.. —emitió un sonido que era mitad suspiro mitad carcajada—. Bueno, al fin me di cuenta de que Jimmy no se sentía inclinado a trabajar por ninguno de sus sueños. Simplemente esperaba que ocurrieran solos. Pero pase lo que pase, no hay nada en el mundo que pueda hacerme renunciar a mis hijos como renunció mi madre a mí. El silencio del médico la impulsó a mirarlo. Se sentaba a horcajadas en la silla con los brazos en el respaldo y la barbilla en las manos escuchándola con atención. —¿Aunque implicara seguir casada con un maltratador? —Sé lo que parece, pero no siempre fue así. La primera vez que me quedé embarazada, Jimmy era el hombre más feliz del mundo. Y cuando las cosas iban mal, nunca era mezquino con Noah ni conmigo. Fue cuando me quedé embarazada de Katie cuando... Los recuerdos dolían más de lo que había creído; pero si ya había llegado hasta allí, valía la pena terminar. —El modo que tenía Jimmy de lidiar con los problemas era huir de ellos. Y al final lo hacía más y más —suspiró—. A veces desaparecía horas, otras veces días enteros.


—¿Y eso no te molestaba? —Claro que sí, pero siempre volvía arrepentido y siempre traía algún dinero. Además, yo había aprendido a no preguntarle de dónde lo sacaba y siempre quería creer que todo iría mejor a partir de entonces. Sus ojos se oscurecieron. Guardó silencio un momento. —Supongo que pensaba que dependía de mí que el matrimonio sobreviviera, aunque ahora ya no lo veo así. —¿Y qué ocurrió? —preguntó Ryan. —Me quedé embarazada por tercera vez. Sé que parece irresponsable, pero no podía tolerar la píldora y Jimmy odiaba usar condones. En la clínica me dieron el diafragma, pero Jimmy se presentó una noche de repente y puede que no me lo pusiera bien, no sé... —tomó las manitas de la niña y sonrió al ver que se cerraban Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 23—119 https://www.facebook.com/novelasgratis automáticamente en torno a su dedo—. Quería que abortara y yo le dije que no — tragó saliva—. No se lo tomó muy bien.


—¿Te pegó? Maddie asintió con la cabeza. Miraba fijamente a la niña e intentaba bloquear el recuerdo del rostro angustiado de Jimmy después de aquello. —Amenacé con dejarlo allí mismo, pero él se echó a llorar y me dijo que lo sentía mucho y que no volvería a ocurrir. Era la primera vez que lo veía llorar y... llevábamos ya cuatro años casados y era el único hombre al que había querido. Además, todo el mundo se equivoca alguna vez, ¿no? Hubo otro silencio. Maddie miró a los ojos del médico y vio que no la comprendía. —Tenía que darle otra oportunidad, ¿no lo entiende? Tenía dos hijos pequeños y Otro en camino. Y por un tiempo todo fue mejor. Encontró un trabajo, se quedaba con nosotros. . hasta que llegó uno de sus amigos con una oferta de «algo seguro». Intenté disuadirlo, pero. . Y por supuesto ese «algo seguro» no salió, y Jimmy se deprimió más que nunca. Tenía todavía su trabajo, pero era descargando mercancías y. . no sé, creo que sencillamente se rindió. Para entonces hablaba ya más para sí misma que para Ryan.


—No sabía qué hacer, ya no hablaba conmigo. Un día estaba en casa sin trabajar y dejé a los niños con él para ir a la tienda y cuando. . Apretó los labios y sus ojos se llenaron de lágrimas. —¿Maddie? Ella respiró hondo y siguió hablando con voz temblorosa. —Cuando volví a casa, Katie estaba escondida detrás del sofá llorando con fuerza. Jimmy estaba en el cuarto de los niños con Noah, que gritaba y gritaba... — cerró los ojos con fuerza—. Jimmy tenía todavía el cinturón en la mano. Cuando abrió los ojos, se encontró con los del médico, llenos de furia. Bajó la vista hacia la niña. —No sé cómo no aborté ese día, porque me puse a gritarle a Jimmy como una loca, le dije que saliera de mi casa y no volviera nunca, que si volvía a hacer daño a mis hijos lo mataría. No sabía que... Movió la cabeza, incrédula todavía a pesar del tiempo transcurrido. —Se llevó el coche y fue a un bar donde no había estado nunca; se emborrachó y se metió en una pelea. El otro le devolvió el golpe y Jimmy se golpeó la cabeza en el canto de una mesa al caer. Según todo el mundo, no tendría que haber muerto por


eso, pero... Guardó silencio. Ryan se levantó después de un momento y se acercó a la cama. Miró un momento a la niña antes de hablar. —Y ahora te culpas de su muerte. Maddie pensó un momento en ello. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 24—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —No tanto como antes. Yo le dije que se fuera, sí, pero no que se emborrachara ni que se peleara. Y no fui yo la que pegó a Noah. El timbre de la puerta lateral los sobresaltó a los dos. —Ésa debe de ser mi primera víctima — dijo Ryan—. La consulta está en el cuarto de lado, así que si necesitas algo, sólo tienes que golpear la pared. —Estaré bien —sonrió ella—. Váyase. Ryan tocó la cabeza de la niña con dos dedos y salió de la estancia. —Hola, Alden —Ryan se acercó con una sonrisa al anciano sentado en la sala de espera, sonrisa que dedicó a continuación a Ruthanne, la hija de Alden, que estaba


sentada a su lado y agarraba con firmeza el bolso de piel negro que tenía en las rodillas. El viejo iba a una revisión porque había tenido un brote de neumonía unas semanas atrás—. Adelante. ¿Cómo te encuentras? Pasó con ellos a la consulta y procedió a examinar concienzudamente al anciano. Cuando se quedó solo, se tomó un momento antes de llamar al próximo paciente. Se sentó en la silla detrás del escritorio y apoyó la mejilla en la mano. Por supuesto, no era la primera vez que oía una historia como la de Maddie o era testigo de los efectos de la ignorancia y el abuso sobre la mente y el cuerpo. Y antes de animarla a hablar sabía ya que se metía en aguas peligrosas. Pero no había sido la historia en sí lo que más lo había alterado, sino el modo de contarla. La voz firme de ella y el modo en que lo miraba, como desafiándolo a juzgarla. No sabía por qué sentía algo parecido a admiración por una mujer que no se disculpaba por querer a un hombre que la había dejado con tres niños y sin nada, pero así era. Había entregado aquel amor libre y altruistamente, el amor ilógico e irresistible de la juventud. Y ahora, cuando ese amor la había dejado en un buen brete, su orgullo se resentía de tener que pedir ayuda a desconocidos. Como una niña testaruda. Una niña testaruda y valiente con alma de mujer,


una mujer que merecía mucho más de lo que la vida le había dado hasta el momento. Una mujer que merecía un hombre que pudiera colocarla por encima de todo. Que pudiera ofrecerle algo más que sueños. Una llamada en la puerta lo sacó de sus pensamientos. Fue a abrir y se encontró con la sonrisa de Sadie Metcalf, una paciente crónica de psoriasis. —No quiero molestarlo, doctor, pero Alden ha salido hace rato y... —Sí, sí, perdona — Ryan se hizo a un lado para dejarla pasar, decidido a apartar de su mente todo lo que no tuviera que ver con su trabajo. Una ventana pequeña encima de la bañera dejaba pasar luz suficiente para que Maddie viera su imagen en el armario de las medicinas de encima del lavabo. Se lavó los dientes y se miró con atención. ¿Podía alguien considerarla guapa? Ella sólo veía una piel blanca y un pelo castaño, una boca que era poco más que una ranura en su Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 25—119 https://www.facebook.com/novelasgratis rostro, una nariz demasiado larga, ojos demasiado separados. Y su cuerpo no


sabía lo que era una curva. Y no, no se menospreciaba ni sentía lástima de sí misma. Aquello eran hechos. Suspiró y volvió a la cama. Oh, bueno... al menos tenía todavía un ego al que le gustaba saber que un hombre podía considerarla guapa. Y como en su vida no había tantas cosas buenas, no estaba de más que disfrutara con aquélla, aunque la hubiera recibido de segunda mano, como su ropa, y a través de alguien que no la veía para nada como mujer. Bostezó. Después de todo, seguramente era mejor así. El último paciente del día se marchó media hora antes de que Ryan empezara a oír el ruido de voces y pasos que señalaba el regreso de Ivy y los niños. Entraron como una tromba en la consulta. Los niños llevaban abrigos nuevos, azul marino el de Noah, rosa brillante el de Katie. —¡Mire lo que nos ha comprado Ivy, doctor Ryan! —sonrió Noah—. Tiene montones de bolsillos. Ryan, sentado frente a su escritorio, se quitó las gafas para mirar al niño, que


terminaba un helado de cucurucho, y a Katie, que, tomada de la mano de Ivy, le dedicaba una sonrisa cubierta de chocolate. —Estoy guapa —dijo. —Claro que sí —sonrió el médico. Hizo señas a Noah de que se acercara y le limpió la cara con un pañuelo de papel—. ¿Se puede saber dónde has metido a estos niños, Ivy? La mujer no se había molestado en quitarse el poncho, prueba inequívoca de que no pensaba quedarse. —La chica de Verna Madison va a tener otro hijo y tienen cachorros de labrador en la casa, ¿los has visto ya? Son cinco. —¿Puedo enseñarle mi abrigo a mamá? — preguntó Noah. —Tu madre y Amy están durmiendo —repuso Ryan—, pero hay juguetes en la sala de espera. ¿Por qué no construyes algo que puedas enseñarle luego a tu madre? Cuando salieron los niños, Ryan miró a la comadrona, que se ruborizó. —Quería comprárselos —dijo—. Además, estaban a mitad de precio. Son de los del año pasado.


Ryan movió la cabeza. —Me parece que alguien necesita ser abuela. Ivy suspiró. Su hija Dawn, a la que había criado sola, se había ido de Haven para asistir a la universidad, trabajaba ahora como abogado en un bufete de Nueva York y parecía decidida, no sólo a no volver a Haven, sino también a no dar nietos a su madre. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 26—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Creo que de eso ya he desistido. Estoy orgullosa de mi hija, pero juro que, si me dice una vez más que una carrera es mucho más interesante que criar a un niño, le voy a retorcer el cuello. Ryan se echó a reír. —¿Qué vas a hacer con tus invitados? — preguntó la mujer. —Todavía no lo sé —repuso el médico—. Aunque algo me dice que tú sí. —Conociéndote, eres capaz de poner a los niños en sacos de dormir en el cuarto de Maddie y la niña.


Ryan frunció el ceño. —¿Qué tiene eso de malo? —A veces me pregunto cómo pudieron pensar que eras lo bastante listo para darte esa beca —resopló Ivy—. ¿Cómo vas a cuidar de la madre y la niña si ellas duermen aquí y tú estás arriba? Además, esos dos necesitan espacio propio y tú tienes dos dormitorios interconectados arriba que serían perfectos para... —¡Por todos los santos, Ivy! Respira, ¿quieres? —Ryan la miró con algo que se parecía mucho a miedo oprimiéndole el pecho. ¿Pero de qué tenía miedo? Cierto que hacía mucho que no tenía compañía, pero eso no podía ser tan desagradable. ¿O sí? —Voy a hacer las camas — Ivy se quitó el poncho y retrocedió hacia la puerta—. Tienes sábanas limpias, ¿verdad? —En el armario al final del pasillo. ¡Eh, no soy ningún vagabundo! —Pues lo pareces. Ryan suspiró y sintió que alguien lo miraba. Se volvió con el ceño fruncido. —¿Estás enfadado? —preguntó Katie. Ryan sintió que se derretía por dentro. Colocó a la niña sobre la cadera, como hacía


con los niños de tres años que acudían a su consulta. La diferencia era que aquélla no se iría a casa cinco minutos después. —No, tesoro, no estoy enfadado. Los ojos azules de ella lo observaron un momento. Luego Katie le echó los brazos al cuello. Y Ryan empezó a darse cuenta de que estaba en apuros. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 27—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 M ADDIE miró su nuevo dormitorio, que no era muy diferente al del piso de abajo, pero tenía dos ventanas y parecía más grande e invitador, aunque quizá eso último se debía a las lámparas color rosa que daban una luz cálida a cada lado de la cama. Ivy les había dado la cena a todos antes de marcharse y había preparado las camas. Los ojos de Maddie se habían llenado de lágrimas por enésima vez aquel día al pensar en la amabilidad que les mostraban unos desconocidos. Como no era ninguna inválida, se había puesto unos vaqueros con la camiseta y se había instalado en un sillón con Amy. Noah y Katie estaban en la habitación de al


lado, saltando de una cama a otra, a pesar de que ella les había dicho varias veces que dejaran de hacerlo. El doctor Logan parecía tomarse bien las travesuras de sus hijos, lo cual no era de extrañar, teniendo en cuenta su profesión. Sin embargo, había algo en él que indicaba que no se hallaba muy cómodo con la situación. Nada que ella pudiera describir claramente, era más bien una impresión. —¿Cuántas habitaciones tiene la casa? — preguntó más por decir algo que por auténtica curiosidad. —Veamos —dijo Ryan, que estaba apoyado en la cómoda con los brazos cruzados—. Hay cuatro habitaciones abajo sin contar la zona de la consulta, y seis dormitorios y dos baños aquí arriba. —¡Dios Santo! Ryan sonrió. —Ésta había sido la casa familiar del doctor Patterson. Era el más pequeño de nueve y sus padres ampliaban la casa siempre que podían. —¿Y nadie de la familia quiso la casa a la muerte del doctor? —No. Sus hermanos y sobrinos están ahora dispersos por todo el país. —¿Y él no tenía hijos?


—No. Se casó dos veces, pero no tuvo hijos. Maddie guardó silencio un momento. —¿Y usted vive solo aquí? —Sí. —¿Y por qué decidió ser médico rural? — preguntó ella. Ryan sonrió. —Porque de niño estaba enfermo a menudo. —¿Usted? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 28—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí. Alergia, bronquitis recurrente, un poco de todo. Cuando el doctor Patterson no estaba en la granja, era porque estaba yo aquí en su consulta. Así nos hicimos amigos y cuando empecé a mejorar de mis muchos achaques, él me llevó consigo en sus visitas y yo empecé a pensar que quería seguir sus pasos. Sonrió. —Mucha gente pensaba que estaba loco por querer un trabajo con pocos beneficios, muchas horas de esfuerzo y un sueldo inestable, pero nadie pudo disuadirme —miró


su reloj —. Son casi las ocho, ¿quieres que acueste a los niños? Maddie abrió la boca para decir que no, pero comprendió que había una gran diferencia entre estar sentada en una silla o luchar con dos niños sobreexcitados que no querrían acostarse. —Se lo agradecería mucho. Ryan entró en la habitación contigua y Maddie lo siguió con Amy en brazos. —Sacad los cepillos de dientes de la maleta y lavaos los dientes —les dijo. Miró a Ryan, que había sacado un pijama y un camisón de la maleta—. Están tan contentos con los abrigos nuevos que no me atrevo a decirles que los devuelvan. —Pues me alegro —repuso él —, porque ofenderías a Ivy. Oyeron risas en el cuarto de baño, seguidas de un grito. —¡Noah James! —gritó la mujer—. Espero que no le estés escupiendo pasta a tu hermana. —¡No, mamá! —más risas. Maddie suspiró y miró al médico. —Supongo que tiene razón, pero... —Si la situación fuera al contrario, tú habrías hecho lo mismo. Los niños volvieron del baño con la barbilla empapada. Maddie se la secó con un pañuelo de papel y los pasó a Ryan, quien se arrodilló delante de Katie y esperó con


paciencia a que se desabrochara sola la rebeca. Cuando lo hubo conseguido y miró al hombre con una mezcla de victoria y adoración, a Maddie se le encogió el corazón. —¿Cree que podré ver a Ned dentro de unos días? —preguntó. No sabía por qué lo había dicho, ni por qué eso le parecía una solución, pero así era. Ryan se encogió de hombros. —Supongo que sí. Buscaremos a alguien que se quede un par de horas con los niños y te llevaré a verlo. —No necesito que me lleve.. —Yo voy al hospital varias veces por semana a ver a mis pacientes. No tiene sentido que vayamos por separado. —¡Oh! Supongo que tiene razón —ella se lamió los labios—. Y si Ned dice que no le importa, me gustaría ver su casa. Ryan frunció el ceño. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 29—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya le he dicho en la cena que esa casa no está en condiciones para ti y los


niños. —Ya lo sé —suspiró ella—. Pero tendré que decidirlo yo —bajó la voz para que no la oyeran los niños, que hacían dibujos en la condensación de los cristales—. No podemos quedarnos aquí siempre y no podemos volver a Arkansas. No tengo dinero y no me gusta la idea de vivir en el coche. Además, antes tampoco vivíamos en un palacio y si nos quedamos en casa de Ned, quizá él pueda venir a pasar la convalecencia en casa en vez de a ese sitio donde dijo usted. Antes de que Ryan pudiera contestar, sonó su teléfono móvil, que llevaba en el cinturón. —¿Sí? —escuchó un momento—. ¿Cuánta fiebre tiene? —una pausa—. Bien, estaré ahí en menos de tres cuartos de hora... No, no, el tiempo va a empeorar otra vez, no tiene sentido que saques al niño con el frío y la lluvia. Colgó el teléfono y miró a Maddie —¿Estaréis bien? —Claro que sí. Váyase tranquilo. Ryan les dio las buenas noches y se marchó.


Y Maddie observó acostarse a sus hijos y pensó que, si Ryan Logan estaba siempre tan ocupado cuidando de los demás, ¿quién cuidaba de él? Dos días después, Maddie había descubierto algo muy importante sobre Haven, que las mujeres de allí se cuidaban entre sí. Aparte de los cuidados de Ivy, daba la impresión de que todas las mujeres de allí a Tulsa hubieran pasado por allí para llevar un asado, una tarta, ropa o cosas de bebé que sus hijos ya no necesitaban, o para presentarse y decirle a Maddie que si necesitaba algo, no dudara en pedirlo. Y ella ni siquiera podía recordar los nombres de todas. Se acercaba la hora de la cena. El doctor estaba en el hospital, así que Ivy había pasado por allí un par de horas para que Maddie pudiera ducharse. Había cambiado y dado de mamar a Amy, que dormía en un carrito que había llevado alguien el día anterior y que habían colocado al lado de la mesa de la cocina. Katie se había quedado también dormida en el sofá de la sala, pero se despertaría en cualquier momento. Noah estaba sentado a la mesa con la cabeza apoyada en los brazos cruzados, y miraba a su hermana pequeña.


—Ivy, por favor —dijo Maddie—. Por lo menos llévate el estofado de atún; ya tenemos tres. La comadrona se puso el poncho y levantó la tapa de la cazuela. —¿Quién ha traído éste? —Ni idea. Ivy levantó con cuidado la cazuela de barro. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 30—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Oh! Es de Arliss Potts, la esposa del pastor metodista. Una mujer muy amable, pero no muy buena cocinera. Mi consejo es que lo tires. —No puede ser tan malo. —¿Has probado estofado de atún con nuez moscada y con chile? Maddie retrocedió un paso. —¿Y por qué no le enseña nadie recetas nuevas? —¿Y herir sus sentimientos? —Bueno, no sé. Es peor desperdiciar así la comida. Ivy le pasó un brazo por los hombros y la estrechó contra sí. —Es más fácil encontrar comida que buena voluntad —la soltó y se puso el


sombrero—. ¿Has llamado a Didi Meyerhauser sobre la guardería baptista? —¡Oh, no sé! —repuso Maddie—. Dejar a Noah y a Katie con extraños. . —En Haven no hay extraños. Y Didi tiene un par de plazas libres ahora que se han ido los Sommerse. Además, sabe que no podrás hacer tu parte en varias semanas y no le importa. Te agotarás con los tres niños, así que llámala. Puede que te mate de risa, pero no muerde. Salió por la puerta de atrás y Maddie suspiró pensando que debía hacer algo con la cena. No sería difícil calentar uno de aquellos estofados en el horno para que estuviera listo cuando volviera el doctor. Abrió el frigorífico y miró la amplia variedad de cazuelas de todo tipo que lo llenaban. —¿Mamá? Tengo hambre. Maddie optó por una lasaña, la metió en el horno y miró a su hijo, sorprendida de lo deprisa que se había acostumbrado a tener comida cuando la deseaba. —Falta media hora para la cena —dijo, consciente de que había tomado leche con galletas sólo una hora atrás—. ¿Por qué no vas a mirar un libro a la sala de espera?


—Pero tengo hambre. —Cómete una manzana —señaló el frutero colocado en el centro de la mesa de la cocina. Noah se subió a una silla y eligió una manzana verde, que mordió con entusiasmo. Maddie sonrió. Vio la radio pequeña que había en un rincón y la puso, pensando que sonaría música country como la que había oído esa mañana procedente de la cocina. Cuando vio que era música clásica la que sonaba, hizo una mueca y se dispuso a cambiar de emisora, pero cambió de idea y decidió escuchar un rato. Katie entró en la cocina con el pelo revuelto y el pulgar en la boca. Maddie se sentó a la mesa y la niña se subió a sus rodillas. —¿Crees que podemos ver la tele? —preguntó Noah. —Supongo que sí —repuso Maddie. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 31—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —No sé cómo se pone. La mujer se levantó con un suspiro, dejó a Katie en el suelo y siguió a Noah a la sala de estar, una habitación amplia que parecía llena de ventanas. Al igual que en el


resto de la casa, los muebles eran viejos y gastados, con los colores desteñidos, pero el sofá hacía juego con los sillones y la estancia estaba limpia. La televisión era más bien pequeña, sin control remoto, pero se veía bastante bien. —No sé qué canales hay aquí —dijo. Fue cambiando de canal. —¡Ahí, mamá! ¡Hay un programa de animales! Maddie dejó a los niños sentados en el sofá y volvió a la cocina, donde dio un respingo de sorpresa al ver a Ryan, que miraba con el ceño fruncido la colección de pasteles y platos de papel llenos de galletas de todo tipo. —¿De dónde narices ha salido todo esto? —Ha pasado todo el pueblo por aquí —dijo Maddie—. Pero es una pena. No podremos comer todo esto antes de que se estropee. ¿Crees que podríamos regalar una parte? El médico asintió. Llevaba todavía el sombrero y el abrigo. —Déjame que lo piense. Tiene que haber gente que sepa apreciarla —sonrió —. Siempre que tengamos cuidado de no devolverle la comida a la misma gente que la ha traído. Eso podría ser un desastre. Lo que podía ser un desastre, en opinión de Maddie, era el efecto que su sonrisa tenía en ella. Cosa nada sorprendente teniendo en cuenta la situación


de su vida y que él era un hombre bueno y amable. —Procuraré tomar nota de quién trae cada cosa —dijo—. Así de paso puedo enviarles notas de agradecimiento. El médico asintió. —¿Cómo te encuentras? —Muy bien —dijo ella—. Un poco cansada. —¿Amy come bien? —Sí. —¿Dónde están los niños? —Viendo la tele —Maddie se ruborizó—. Espero que no le importe. No quiero que piense que le hemos invadido la casa. . Ryan la miró sorprendido. —Sois mis invitados —dijo —. Podéis ir donde queráis y usar lo que veáis — abrió el frigorífico y lanzó un gemido—. Y comer lo que os apetezca. ¿Qué es esto? Maddie se asomó a mirar. —El estofado de atún de Arliss Potts. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 32—119


https://www.facebook.com/novelasgratis —Menos eso —dijo él. —¿Tan malo es? —Maddie, yo soy soltero y como de todo; de todo menos esto. La joven sacó la cazuela con un suspiro y con intención de tirarla a la basura. Ryan se la quitó de las manos. —Has dado a luz hace tres días. No quiero que hagas esfuerzos. —Si hago menos esfuerzos todavía, dejaré de funcionar del todo —protestó ella—. ¿Qué me dice de las campesinas que dan a luz en el campo y siguen trabajando? —Esas campesinas no pesan diez kilos menos de los que deberían ni están anémicas. Maddie guardó silencio y se sentó a la mesa. —Puede que ahora te sientas bien —dijo él—, pero todavía no te he dado el alta, así que quiero que descanses hasta que Ivy o yo te digamos que puedes hacer más cosas. ¿Entendido? La joven asintió con la cabeza. Ryan tomó unas manoplas de horno. —¿Qué hay ahí dentro? —Lasaña, la me metido hace unos minutos. Pensaba hacer una ensalada para acompañarla.


—Eso suena bien —dijo él—. Y yo puedo hacer la ensalada. Se acercó al frigorífico con los movimientos ágiles e indiferentes de un hombre que no sabía lo atractivo que era. Maddie cerró los ojos. —¿Estás bien? Ella volvió a abrirlos. Ryan sacaba una lechuga, un pepino y tomates del cajón del frigorífico. —Sí. El médico dejó la verdura en la encimera y Amy eligió ese momento para dar un grito. Los dos se acercaron a ella. —Seguramente habrá que cambiarla —dijo él—. Enseguida vuelvo. Maddie frunció el ceño, pero no dijo nada. Poco después volvía él con una colchoneta pequeña que puso en la mesa, donde procedió a cambiar el pañal mojado de Amy. Luego le sonrió, la levantó en alto y le hizo una serie de ruidos tontos antes de pasársela a su madre. —¿Por qué no tiene hijos propios? —preguntó ésta, sin pensar. Ryan no contestó. Sacó un bol de madera del armario y empezó a cortar pepino.


Maddie se dispuso a dar de mamar a la niña una vez más. —Creo que ha llamado Didi Meyerhauser —dijo él. —Ha hablado con Ivy, no conmigo. Yo tengo que llamarla de vuelta — repuso ella. Ryan echó el pepino en el bol. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 33—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —La guardería de la iglesia es buena y Didi la lleva muy bien —dijo. En ese momento llamaron a la puerta de atrás y entró un hombre grande y musculoso vestido con vaqueros, camisa vaquera y botas camperas. Una sonrisa maliciosa iluminaba su boca y en la mano llevaba un plato tapado con un trapo. El parecido familiar era inconfundible. Maddie buscó algo con lo que cubrirse y eligió el único paño de cocina al que alcanzaba desde donde estaba sentada. No porque a ella le diera vergüenza amamantar a su hija sino porque, en su experiencia, a los hombres los ponía incómodos esa situación. Aunque en aquel momento no había duda de que la persona más incómoda de la cocina era el doctor.


—¿Se puede saber qué haces aquí, Cal? El otro seguía sonriendo, mostrando sus dientes perfectos y sus hoyuelos traviesos. Maddie supo instintivamente que era la clase de hombre del que las madres intentan proteger a sus hijas. —En una palabra... Ethel —levantó el paño y mostró un pastel—. Me lo ha puesto en la mano y me ha ordenado no hacer nada hasta que lo entregara —dejó el pastel en la encimera y se puso serio—. Parece que alguien se me ha adelantado. —El condado entero se te ha adelantado — Ryan señaló a su alrededor con el cuchillo—. Y cuando te vayas, por favor llévate una parte. —¿Para que Ethel se enfade conmigo? Ni lo sueñes —se acercó a Maddie—. Ya que mi hermano parecer haber olvidado su buena educación, permítame que me presente. Soy Cal Logan. Maddie cambió a la niña de posición para estrecharle la mano, que era cálida y callosa. Mano de trabajador. —Maddie Kincaid —oyó que los niños entraban en la cocina a sus espaldas —. Encantada de conocerlo.


—Lo mismo digo —Cal levantó la cabeza y volvió a sonreír—. ¿Y a quién tenemos aquí? Los dos niños se acercaron inmediatamente a su madre. —Mi hijo Noah y mi hija Katie. Cal se acuclilló delante de ellos y se echó atrás el sombrero para presentarse. Maddie notó que Ryan parecía cortar la lechuga con más entusiasmo del que requería el trabajo. Un segundo después oyó un grito de alegría cuando Cal sacó una moneda de detrás de la oreja de Noah. —A mí —pidió Katie. Y Cal así lo hizo. Y el doctor seguía cortando con violencia. Maddie terminó de amamantar a Amy y Cal tomó la manta pequeña de la mesa, se la puso al hombro y tomó a la niña para sacarle el aire. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 34—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Maddie terminó de abrocharse con discreción y, cuando Cal le pasó a la niña diciendo que tenía que marcharse, porque sólo había ido allí a instancias de Ethel, su ama de llaves, la joven, que era incapaz de no mostrarse hospitalaria aunque no


estuviera en su casa, le preguntó si quería quedarse a cenar ya que tenían tanta comida. Siguió un silencio espeso, cortado sólo por un eructo de Amy. Cuando resultó evidente que nadie iba a secundar la oferta de Maddie, Cal dijo: —Gracias, pero tengo que volver. Hay una yegua a punto de parir y no puedo alejarme mucho de casa. —Otro día, pues —dijo la joven. Se levantó para dejar a la niña en el cochecito. —Por supuesto. Cal se despidió de los niños agitando la mano y retrocedió hacia la puerta, donde guiñó un ojo a Maddie antes de salir. Ryan la miró un momento, murmuró que volvería enseguida y desapareció detrás de su hermano. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 35—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 5 V ALE, Ryan, ¿te importa decirme por qué te pones así? Ryan agarró a su hermano del brazo y tiró de él lejos de la casa.


—Por ti. Cal se soltó y puso los brazos en jarras. —Yo sólo he traído un pastel. . —Tú estabas flirteando, imbécil. Con una mujer vulnerable que acaba de perder a su marido y dar a luz. ¿Es que no puedes estar cinco minutos cerca de una mujer sin intentar conquistarla? Cal lo miró fijamente un momento y se alejó hacia su camioneta. —No pienso contestar a estupideces. Ryan lo siguió. —¡Te estabas insinuando de un modo indigno! —¡Sólo me mostraba amable, idiota! —Cal abrió la puerta del coche, pero su hermano volvió a agarrarle el brazo. —Yo no llamaría ser amable a lo que has hecho. —En eso tenemos opiniones distintas. Y suéltame de una vez, no pienso ir a ninguna parte. Aunque ahora recuerdo por qué no me siento inclinado a buscar tu compañía más a menudo. Ryan le soltó el brazo con una punzada de remordimiento, pero no lo bastante fuerte


para hacerle olvidar el tema en cuestión. —Conozco tu reputación —dijo—. Todo el mundo al este de Tulsa la conoce. Cal lo miró con rabia. —Yo no pretendía nada y lo sabes. —¿Lo sé? —Deberías saberlo, maldita sea. Yo soy así. Y tú lo sabrías si te molestaras en conocerme un poco en vez de hacer caso a todos los cotilleos que oyes. No voy a pedir perdón porque me gusten las mujeres ni por intentar hacerlas sonreír, sobre todo si son tan guapas y amables como la que tienes ahí dentro. La veo y no puedo evitar querer que se aprecie un poco más a sí misma, que sepa que los hombres se fijan en ella. Y no creo que eso sea ilegal, pero has de saber que nunca jamás me he aprovechado de una mujer ni salido con una a la que no respetara tanto como a nuestra madre — su voz vaciló un poco en ese punto, pero se recuperó enseguida—. Y que me gusten las mujeres no me convierte en un mujeriego. Escaneado por Corandra y corregido por Pily


Nº Paginas 36—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Ryan resopló. —¿Cómo sabes que Maddie es amable? No has hablado ni cinco minutos con ella. —Cada vez que me doy la vuelta, alguien me está hablando de la pobre viuda y sus encantadores hijitos que se presentaron en tu casa en pleno parto —sonrió—. Si quieres saber mi opinión, Maddie corre más peligro con las mujeres casadas del pueblo que conmigo. Si se queda aquí, te garantizo que todas las mujeres en un radio de cincuenta kilómetros van a emparejarla con alguien. Lo que me recuerda... — Cal se sentó detrás del volante, pero dejó la puerta abierta—. ¿Ned McAllister es su tío? Ryan sintió que enfado empezaba a evaporarse. Coquetear era una segunda naturaleza en su hermano y era cierto que no había oído muchas cosas malas de él en los últimos años. —Tío abuelo de su marido, sí —dijo. Se cruzó de brazos—. Y ella cree que podría quedarse a vivir con él en su casa.


—¿Le has dicho que eso es imposible? —¿Tú qué crees? —Y a juzgar por esa expresión de amargado que tienes, parece que no te ha hecho caso. —Supongo que en su posición yo también pensaría que no tenía mucha elección. Pero cambiará de idea cuando vea la casa. —¿Y luego qué? Ryan suspiró. —Sí, bueno, aún no he pensado en eso. Cal miró la casa. —Pero no hay motivo para que no se quede aquí hasta que encuentre algo, ¿verdad? —¿Aparte de que yo no necesito una mujer y a sus hijos en mi casa continuamente? ¿Qué te hace tanta gracia? —Tú —repuso Cal, riendo todavía. Cerró la puerta—. Sales corriendo detrás de mí para defender el honor de esa mujer y luego intentas convencerme de que te estorban. La verdad es que esa mujer te gusta y no sabes qué hacer, ¿eh? —Estás loco.


—¿Ah, sí? —Sí. Para empezar, hace dos días y medio que la conozco. Además, le llevo más de diez años y acaba de enterrar a su marido. Y tú sabes muy bien por qué no puedo tener una relación con nadie. Cal guardó silencio un momento. Puso el motor en marcha. —Sí, eso son muy buenas razones. —No me gusta cómo has dicho eso. Cal soltó una carcajada. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 37—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Uno de estos días, Hank y tú tendréis que daros cuenta de que ya no soy ningún niño y de que sé algunas cosas. Sobre todo de mujeres. —Lo que me nos devuelve al punto de partida. Cal suspiró. —No voy a empezar nada con Maddie, ¿vale? Por lo menos esta semana. Y se alejó sin más. Pasó otra semana antes de que Ryan se decidiera a llevar a Maddie a Claremore para


ver a Ned. Había apuntado al niño a preescolar y Katie parecía encantada con la guardería de la iglesia, adonde iba sólo dos horas. No le gustaba la idea de dejar a Amy, aunque fuera con Ivy, pero Ryan le recordó que llevaban el móvil y lo sabrían enseguida si ocurría algo. —¿Está lejos? —preguntó, cuando subieron al coche. —No mucho. Unos tres cuartos de hora. Viajaron un rato en silencio. —¿Dijiste que no habías visto nunca a Ned? —preguntó él, al fin. Maddie negó con la cabeza. —Hablé con él una vez de recién casada. Y todos los años le enviaba tarjetas de Navidad y fotos de los niños, pero él nunca contestó — apoyó el codo en la puerta y se miró las uñas con el ceño fruncido—. Tú crees que estoy loca por pensar que esto pueda funcionar, ¿verdad? —Creo que tienes muchas agallas —dijo él con sinceridad—. Además, supongo que los locos son los que tienen el valor de intentar las cosas que los cuerdos no se atreven.


Maddie soltó una risita. —Eso no responde a mi pregunta. —No —Ryan pensó un momento—. Ned ha vivido solo desde que se retiró del Ejército hace treinta años. No tiene esposa ni hijos. De vez en cuando recoge algún perro, pero ahora no tiene ni eso —la miró—. Y no me sorprende que jamás respondiera a tus tarjetas de Navidad. Aunque os pudierais meter todos en el tugurio en el que vive, está demasiado acostumbrado a vivir solo para adaptarse a alguien a estas alturas. Maddie lo miró un momento a los ojos y luego volvió la cabeza hacia la ventanilla. Guardaron silencio el resto del viaje, comentando sólo de vez en cuanto algo que veían en el camino. Y cuando llegaron al aparcamiento del hospital, Ryan la miró y vio que estaba más pálida que de costumbre. —Ya hemos llegado —comentó. Ella asintió y respiró hondo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 38—119


https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Quieres que vaya contigo? —No —dijo ella. —¿Seguro? Maddie le lanzó una mirada acerada. —No necesito que me sujete la mano. Ryan asintió con la cabeza y salió del coche para abrirle la puerta, pero, por supuesto, ella estaba ya casi en la entrada del hospital. Ryan se quedó donde estaba, con una mano en el techo de la camioneta, y movió la cabeza. Gritó el número de la habitación de Ned, por si lo había olvidado, a pesar de que estaba seguro de que Maddie Kincaid nunca olvidaba nada. —¿Tío Ned? El viejo se sobresaltó al oír aquella voz suave y se volvió con cuidado en la silla donde estaba sentado. —¿Tío Ned? —repitió la chica; entró un paso más en la habitación—. Soy Maddie Kincaid. La esposa de Jimmy. La pobre parecía medio muerta de miedo, con aquellos ojos grandes grises ocupando la mitad de la cara. No era fea... siempre que a uno le gustaran delgadas, claro. Y


había llegado justo en mitad de su programa favorito. —Bueno, entra, muchacha, y siéntate —ladró Ned. La única diversión que le quedaba ya en la vida era sobresaltar a la gente. Por allí no pasaba mucha, pero no estaba de más intentarlo—. Pero sólo puedes hablar cuando empiecen los anuncios. —Oh. Vale. La joven se acercó a la otra silla del cuarto, la del compañero de Ned, al que se habían llevado a la cámara de tortura, y se sentó en el borde. Ned la miró. El médico le había dicho que acababa de tener un niño y que Jimmy había muerto. No había entrado en muchos detalles con respecto a la muerte, pero Ned intuía que no había sido tan «accidental» como decía. El médico también le había dicho que la muchacha no había ido allí de visita, que se había presentado en Haven porque él era su único pariente vivo. ¿Pero qué podía hacer él por ella si apenas tenía para sí mismo? Y era un hombre al que nadie podía soportar, sólo tenía que preguntarle a la gente. Cuando llegaron los anuncios, apartó la vista de la tele y vio que la chica se había animado un poco. —¿Cómo se encuentra? —le preguntó.


—Mal —contestó Ned—. Hazme caso, hija, no te hagas vieja. Y si te haces, no te rompas nada. Pero sé que no has venido hasta aquí para hablar, así que vamos al grano. ¿Qué quieres de mí? La chica pareció sorprendida, pero sólo un momento. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 39—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —La verdad es que necesito un lugar donde vivir con los niños —dijo—. Y como somos familia, esperaba que pudiéramos quedarnos en su casa... sólo hasta que encuentre algo —añadió con rapidez—. En cuanto pueda trabajar, alquilaré un sitio propio, pero todavía no podré en algunas semanas y usted ahora está aquí y... bueno, también podemos ayudarlo cuando vuelva a casa, y así saldríamos ganando los dos. Ned recordó entonces por qué nunca le habían gustado muchos mucho las mujeres. Porque hablaban demasiado. Volvió su atención a la tele y oyó un soplido. Recordó que las mujeres también hacían mucho eso. Acababa de pensar eso cuando la chica le


quitó el mando de las manos y apagó la tele. —¡Eh! —Lo siento —dijo ella. Y Ned vio que tenía lágrimas en los ojos—. No quiero ser maleducada, pero usted sí lo es, y me da igual que haya vivido solo toda su vida, pero esto es una urgencia y me ha costado mucho venir aquí y pedirle esto. Si no quiere que nos quedemos con usted, es su casa, pero no puede hacerme esperar otros veinte minutos más. Ned intentó inclinarse hacia ella, pero se lo impidió el dolor en la cadera y volvió a echarse atrás. —Lo que no entiendo es por qué quieres vivir conmigo. Yo no soy un buen hombre, Maddie. No me gusta la gente y menos aún los niños. Y ni siquiera nos conocemos.. —Lo sé —repuso ella—. Bueno, la parte de que no le guste la gente no, pero.. — respiró hondo—. Estoy desesperada. No tengo adonde ir. —Ahora estás en casa del doctor, ¿no? —Porque tuve el niño en su casa y se siente responsable, pero no puedo quedarme siempre allí. Por favor, tío Ned..


—No. Vio que la chica palidecía. —Pero... —He dicho que no, muchacha. Mi casa es mía. La tengo como a mí me gusta. No necesito que venga una mujer a cambiarla y ponerla como quiere ni niños que revuelvan mis cosas.. —Yo no les dejaría hacer eso. Ned miró la tele para no ver el dolor en los grandes ojos grises de ella. —Esta conversación ha terminado. Y ahora, si no te importa, ¿puedes poner la tele antes de irte? La chica se levantó y arrojó el mando a la cama, donde sabía que él no podía alcanzarlo. —Es usted un hombre horrible, así que póngala solo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 40—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Salió de la habitación con la barbilla levantada, pero cuando Ned se quedó solo, no se sintió nada satisfecho con todo aquello. Cuando Ryan terminó de visitar a sus pacientes, encontró a Maddie sentada en la


sala de esperar de Rehabilitación con los brazos cruzados y una expresión en la cara que indicaba que las cosas habían ido como él temía. Lo que implicaba que volvían a estar como al principio. —¿Podemos irnos ya? —preguntó ella al verlo. Se puso en pie y Ryan la siguió en silencio, considerando sus opciones. —¡Nunca he conocido a nadie tan cruel como ese viejo! —explotó ella cuando subió al coche—. Le importa más un programa de televisión que lo que le pasa a gente de su familia. Golpeó la consola con la mano con tal fuerza, que Ryan temió por sus huesos y le sujetó la muñeca antes de que pudiera repetir el golpe. Los ojos de ella se hicieron muy grandes por un instante y luego se lanzó sobre el pecho de él sollozando. ¿Y qué podía hacer él excepto rodearla con sus brazos y hacerle saber que estaba segura? Por lo menos de momento. Por supuesto, ella sollozó aún con más fuerza, dejando que su terquedad y su orgullo se derritieran en el abrazo de él. Por desgracia, él también se derritió. Intentó no hacerlo, pero era una causa perdida y lo sabía. Le dolía el corazón por aquella chica delgaducha que acarreaba tanto peso


sobre los hombros. Y aunque había sospechado desde el principio cuál sería la reacción de Ned, lo molestaba que el viejo pudiera ser tan cruel como para no ayudar a una sobrina, aunque fuera sobrina política. Por eso dejó que se aferrara a él, si era eso lo que necesitaba en ese momento. Y si le acarició el pelo, lo hizo sólo para consolarla, por supuesto. Hacía mucho tiempo que no abrazaba a una mujer. Después de unos minutos, pasó la tormenta y él pudo apartarla al fin sin sentirse mal por ello y poner cierta distancia entre ellos antes de que empezara a pensar cosas que no quería pensar. —¿Te sientes mejor? —preguntó y no pudo contenerse y le apartó un mechón de pelo de los ojos. La joven asintió con la cabeza y apretó los labios con determinación. —¿Nos vamos ya? —Sí. Ryan recordó algo. —Tengo que hacer algunas visitas. ¿Quieres acompañarme? Quizá así dejes de pensar en otras cosas un rato. Maddie pensó un momento. —Pero tenemos que volver antes de dos horas para amamantar a Amy.


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 41—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Supongo que podríamos —repuso él—, ¿pero no le has dejado un biberón de tu leche a Ivy? —Eso solucionaría el problema de Amy — repuso ella—, pero no el mío. Naturalmente, Ryan le miró el pecho. —No te preocupes —murmuró—. Volveremos a tiempo. Habían hecho ya dos paradas antes, la primera para ver a un niño de cuatro años llamado Howie, que había tenido infección de oído, y la segunda para decidir si Todd Andrews, un niño que había tenido gripe con fiebre, podía volver ya a la escuela. Los dos niños habían sido declarados curados, para alivio de sus madres, y ahora Maddie y el médico paraban el coche al lado de una caravana instalada entre un grupo de pinos y arces situado a medio kilómetro de la carretera principal. —¿Quién vive aquí? —preguntó la joven. —Mildred Rafferty. Tiene setenta y cuatro años y enviudó hace casi veinticinco.


Tiene problemas de artritis y no puede hacer mucho. Su única hija vive en Phoenix y le gustaría que Mildred se fuera a una residencia o por lo menos se trasladara al pueblo, donde la gente podría estar más pendiente de ella. —¿Y por qué no se traslada? Ryan sonrió. —Hace treinta años, su marido y ella compraron este terreno con intención de construir en él. La caravana iba a ser sólo algo temporal. Pero el marido murió de un ataque al corazón antes de acabar la casa —señaló adelante—. Entre los árboles puedes ver todavía las paredes que había levantado. Mildred se negó a vender ya marcharse porque dice que aquí se siente más cerca de él. A veces me la encuentro cerca de la casa sin terminar hablando con él como si lo tuviera delante. —Y tal vez sea así —repuso Maddie. Ryan la miró un instante. —Bien, vamos allá. Mildred Rafferty, que llevaba el pelo tan corto como el de un hombre y varias sudaderas y jerséis encima de un pantalón marrón de poliéster, los recibió con una sonrisa.


Detrás de ella había al menos cuatro gatos, lo que probablemente explicaba el olor intenso a ambientador, que intentaba cubrir el olor de los animales. Pero Maddie había olido cosas peores en su vida. —¿Quieren algo de beber? —preguntó—. Ayer abrí una bolsa de avellanas, si quieren... —Suena bien —sonrió el médico—. ¿Maddie? —la miró enarcando las cejas. —Sí, gracias —dijo la joven—. Hace mucho que no como avellanas. —Muy bien. Póngase cómodos. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 42—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Maddie se instaló en el brazo de un sillón que había visto días mejores y el médico se sentó en un sofá de color amarillo oscuro con las piernas estiradas y el sombrero de vaquero sobre una rodilla. —Veo que hoy anda bien —comentó. —Gracias a Dios, sí —repuso Mildred—. Mire esto. Levantó las manos para que el médico las inspeccionara. Los nudillos estaban hinchados hasta casi resultar deformes, pero ella los flexionó despacio y sonrió como una niña encantada con sus logros.


—Sabe que no me gusta mucho tomar medicinas, pero esa última que me dijo es muy buena. El médico tomó las manos en las suyas y asintió con aprobación. —La hinchazón ha bajado un poco. Yo diría que al fin hemos acertado — tomó un puñado de avellanas—. ¿Algún efecto secundario? —Ninguno —la mujer se tocó la cabeza—. Toco madera. Ryan se echó a reír y empezó a hablar con Mildred de cosas corrientes como el clima, los gatos y su hija Justine. Maddie lo observaba en silencio y pensaba que no era raro que sus pacientes lo adoraran, porque el doctor Ryan, que era como lo llamaba la mayoría, nunca daba muestras de tener prisa ni daba la sensación de que tuviera algo más importante que hacer que atenderlos. Y sabía escuchar, una cualidad que Maddie había encontrado en pocos hombres. —¿Qué sabes de tu marido? Maddie lo miró sorprendida. —Es curioso que lo pregunte, porque no he sabido nada desde que estuvo aquí la última vez. Y estoy algo preocupada. En veinticinco años, nunca había pasado tanto tiempo sin venir —miró a Maddie con sus ojos color de apio—. ¿Qué cree


que significa eso, querida? —Me temo que no lo sé —repuso la joven—. ¿Habla usted mucho con su marido? Maddie sonrió levemente. —Bueno, no sé si se puede llamar «hablar», ya que está muerto. Pero digamos que lo siento a mi lado. Aunque mucha gente cree que estoy loca. Maddie notaba que Ryan la miraba, esperando su reacción. —Yo no creo que esté loca —dijo—. Su marido y usted debieron de quererse mucho. Los ojos de la anciana se llenaron de lágrimas. —Claro que sí —sonrió—. Pero basta de ese tema. El doctor Ryan me dijo que tiene usted tres hijos. —Sí, señora. —Me encantan los niños. Oh, ¿está bien, querida? Maddie asintió. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 43—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Es sólo que... se acerca el momento de amamantar a Amy.


—Entonces deben irse enseguida —declaró Mildred—. Recuerdo bien lo incómodo que resultaba no poder llegar a Justy a tiempo. Los tres se acercaron a la puerta con los gatos entre las piernas. Cuando Maddie se disponía a salir, se volvió. —¿Puedo traerle alguna vez a los niños para una visita corta? —preguntó. La mujer la miró encantada. —¿De verdad? —Me encantaría. Y seguro que les gustaría esto. ¿Le parece bien el martes después de comer? —Oh, sí, querida. Muy bien. El médico y ella entraron en el coche y viajaron un rato en silencio. —¿Por qué has hecho eso? —preguntó él al fin. Maddie lo miró a los ojos. —Por lo mismo que pasa usted a verla, porque no le gusta saber que está aquí sola sin nadie con quien hablar... aparte de su marido — añadió con una sonrisa —. ¿Quién le trae la comida de la tienda? Ryan se ajustó el sombrero.


—Yo. —¿Hace eso con todos sus pacientes? —Si te refieres a si les llevo comida, no. Maddie se echó a reír. —No, me refiero a... no sé cómo decirlo. A hacer que se sientan importantes —lo miró—. Le gusta su trabajo, ¿verdad? —Sí —repuso él—. Me gusta mucho. ¿Crees que puedes aguantar una última parada? —Antes dijo que la de Mildred era la última. —Esta se me acaba de ocurrir —la miró—. Hay algo que creo que debes ver. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 44—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 S ANTO Cielo! —fue lo único que dijo ella cuando pararon delante del cobertizo de Ned. Ryan entendía bien su desmayo. Aparte del utilitario negro sin ruedas que hacía al menos dos décadas que no andaba, en el patio había también medio gallinero, montones de chatarra de proyectos inacabados que el viejo había ido abandonando


con los años y una caseta de madera con el retrete, que daba la impresión de que se derrumbaría si su ocupante estornudaba muy alto. Y nada de todo eso se veía muy bien debido a la maleza. —He pensado que debías verlo por ti misma —dijo Ryan. Maddie se estremeció. —Parece una de las casas de los tres cerditos. . después de que la tirara el lobo. Y supongo que por dentro no será mejor. —Me temo que no. La joven suspiró. —No podría traer a mis niños aquí, ¿verdad? —no esperó contestación—. Vámonos. No volveré a molestarlos con esto ni al tío Ned ni a usted. —Lo siento, Maddie. . —No, no importa —sonrió con tristeza—. Me alegro de que me lo haya enseñado. Pero no entiendo cómo un ser humano puede querer vivir así. Ryan dio la vuelta al coche y se dirigió a Haven. No sabía de dónde había surgido el impulso de llevarla a ver la casa de Ned, simplemente había creído que era lo mínimo que podía hacer.


Porque aquella mujer había visto claramente su alma y lo había comprendido como nadie. Y eso le daba mucho miedo. Diez minutos más tarde, Maddie miraba el paisaje con el ceño fruncido y pensaba qué podía hacer ahora. —Estás muy callada —dijo Ryan. —Estoy pensando. ¿Cómo descubrieron que Ned se había roto la cadera? —Por suerte estaba en el pueblo. Se cayó de la acera delante del café. Si llega a ser en su casa, imposible decir cuándo lo hubiéramos descubierto. Maddie se estremeció. —¿No va nadie a verlo? —Antes iba gente... hasta que Ned empezó a disparar su escopeta para espantarlos. Ella movió la cabeza. —No comprendo por qué alguien pueda querer estar tan solo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 45—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Algunas personas son así —repuso él. La joven miró el paisaje con un suspiro. —Sabes que los niños y tú podéis quedaros en mi casa todo el tiempo que


necesitéis —dijo Ryan. —Gracias —contestó ella—, pero no quiero su caridad. Ryan apretó los labios. Sonó su teléfono móvil. —De acuerdo, Marybeth —dijo, al tiempo que metía el coche en el camino de entrada a su casa—. Voy para allí, pero voy a enviar también una ambulancia. Intenta darle una aspirina, puede ayudar hasta que lleguemos. —¿Ocurre algo? Ryan se lanzó al suelo y corrió a abrirle la puerta antes de que pudiera hacerlo ella. —Es Sherman Mosley —dijo—. El abogado del pueblo. Su secretaria cree que tiene un ataque al corazón. —¿Y qué hace usted aquí todavía? Cinco segundos después, él ya no estaba allí. Una hora más tarde, Maddie ya no sentía los pechos a punto de explotar, pero, por desgracia, no podía decir lo mismo de su cabeza. Mucha gente parecía depender del doctor Ryan. Cosa que no tendría nada de malo si él tuviera a alguien que le ayudara


a llevar la carga de vez en cuando, pero hasta donde ella podía ver, no era así. Ni siquiera sus hermanos. Y era una pena que tuviera familia allí mismo y no estuvieran unidos. Pero no era asunto suyo. Tenía a Amy en brazos y disponía de media hora antes de tener que ir a buscar a los otros dos cuando se le ocurrió que todavía no había visto la consulta y decidió asomarse. La sala de espera, pintada de color marfil, olía a vapor caliente y a madera antigua. A lo largo de las paredes había sillas y bancos, además de una estantería con libros y juguetes y un montón de revistas viejas. Al lado había una sala para examinar a los pacientes, con muchos armarios de puerta de cristal y una camilla y más allá había otro cuarto con archivadores. Después estaba el despacho del médico, una habitación amplia en distintos tonos marrones. Delante de una ventana que daba al jardín estaba el escritorio más grande que ella había visto nunca. Maddie se acercó a él, frotando la espalda de Amy. En la mesa vio su propia ficha, pero también otras con fecha de dos meses atrás. Había además un montón de


papeles que parecían formularios de seguros apilados en una esquina. Estaba claro que el doctor Ryan andaba muy retrasado con sus papeles. Maddie frunció el ceño y revisó el montón más cercano. Aquel hombre necesitaba ayuda. Pero no era asunto suyo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 46—119 https://www.facebook.com/novelasgratis El reloj del vestíbulo dio la hora y le recordó que tenía que ir a buscar a sus hijos. Colocó a Amy en el cochecito que le había llevado Faith, la hija de Didi Meyerhauser, y salió de la casa. —¡Mamá, por favor! — Noah la miró con ojos muy abiertos—. ¿Podemos comer aquí? Si Maddie hubiera sabido que su paseo por el pueblo los llevaría por delante del único establecimiento que daba comidas, seguramente habría elegido otra ruta. —Lo siento, cariño, pero no he traído dinero —miró al niño y suspiró—. Hay mucha comida en casa. No necesitamos comprar nada más. —Mamá, yo tengo dinero.


Maddie miró a Katie, quien le mostraba un billete de dólar. —¿De dónde has sacado eso? —Me lo dio Ivy ayer. También le dio a Noah. —¿En serio? El niño buscó en los bolsillos de su abrigo hasta que encontró el billete de dólar. Sonrió. —Lo había olvidado. ¿Podemos comer aquí, mamá? Maddie no sabía si enfadarse con Ivy o no, aunque suponía que la comadrona simplemente actuaba como una abuela, pero sabía que con dos dólares no irían muy lejos, aunque los precios de la carta colocada en uno rincón del escaparate eran muy razonables y en la pizarra ponía que ese día servirían sopa de guisantes y ella no comía sopa de guisantes desde. . —¿Mamá? La joven suspiró. —Dos dólares, ¿eh? Bien, supongo que podemos tomar patatas fritas y un refresco, pero tendréis que compartir, ¿vale? Luego comeremos más en casa. Los niños gritaron de alegría y corrieron al café, donde Noah sostuvo la puerta


abierta para que pasara el cochecito. Maddie notó que muchos de los clientes, la mayoría de los cuales eran hombres, se volvían a mirarlos. Pero fue sólo un segundo. Detrás del mostrador había una mujer gruesa y morena, vestida con una sudadera negra y pendientes colgantes. Charlaba y reía con un joven larguirucho que llevaba un sombrero de cowboy. Entre las mesas había dos camareras más con uniforme color rosa y deportivas, una joven y rubia, la otra de mediana edad y morena. La mujer del mostrador los vio, dijo algo al joven y se acercó a Maddie con una sonrisa. Le estrechó la mano con calor, dijo que se llamaba Ruby Kennedy y que dirigía aquel establecimiento junto con su marido Jordy. —Tú debes de ser la chica que está en casa del doctor. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 47—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, señora —la mujer sonreía ya a los niños y les preguntaba su nombre—. ¿Y quién es este angelito? —se inclinó sobre el cochecito.


—Amy Rose. Ruby sonrió. —Un nombre muy bonito. ¿Tenéis hambre? —¡Oh! —Maddie le tocó el brazo y bajó la voz para que nadie más la oyera —. Lo siento, pero sólo llevamos dos dólares encima. Les he dicho que pueden compartir unas patatas fritas y un refresco... —No te preocupes por eso —dijo la mujer—. Sentaos por ahí —señaló un rincón vacío al lado de la ventana— y veremos lo que podemos hacer. —Pero yo no puedo.. —Aquí tenemos una tradición, querida. Todos los recién llegados al pueblo tienen la primera comida gratis. Vamos, sentaos antes de que los niños se caigan de hambre. ¿Os gustan las hamburguesas? —preguntó a los niños. Y, al parecer, aquello acabó con la discusión. Cuando terminaron, era tan tarde que estaban prácticamente solos, ya que las camareras se habían retirado hasta las cinco, cuando empezaría el turno de la cena. Jordán, el cocinero y marido de Ruby, salió a saludarlos y los niños miraron sorprendidos a aquel hombre grande y calvo que llevaba un aro de oro en una


oreja. Pero su sonrisa era tan abierta como la de su esposa y su voz amable no tardó en tranquilizarlos. Cuando se retiró, Ruby se sentó con ellos. —Tengo que ocuparme de Amy —dijo Maddie. La sacó del cochecito y la instaló en el hueco de su brazo. —¿Piensa quedarse por aquí? —preguntó Ruby. —No sé si tengo mucha elección. ¿Qué ocurre, Noah? —preguntó al niño, que le tiraba de la manga. —¿Puedo ir a ver los caramelos? —Noah señaló un punto cerca de la caja. —Sí, pero llévate a tu hermana. Ivy Gardner entró en ese momento entre un revuelo de faldas. Saludó a Ruby ya Maddie y se sirvió una taza de café de la jarra de cristal que había detrás del mostrador. —Se está nublando —dijo, acercándose a la mesa. Se había recogido las dos trenzas alrededor de las orejas, lo que hacía que su rostro pareciera más redondo que nunca. Maddie se movió para hacerle sitio y en ese momento entró otra mujer, con el pelo naranja y lo que parecía una bata de peluquera de color púrpura.


Ella también se sirvió café detrás del mostrador, se acercó a la mesa y dio la vuelta a una silla para sentarse. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 48—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Casi me congelo por el camino —dijo. Sonrió a Maddie y le tendió una mano llena de anillos—. Soy Luralene Hasting, la dueña de la peluquería de más abajo. Y no te lo tomes a mal, ¿pero se puede saber quién te ha arreglado el pelo? Maddie se ruborizó. —¡Por Dios, Luralene! —exclamó Ruby—. El último teñido te ha alterado el cerebro. —Para tu información, yo no me tiño. Esto son unas mechas —miró a Maddie—. Y lo siento, querida. No pretendía insultarte. —No, no importa —repuso Maddie—. Hace meses que no me lo corto. Ivy le aseguró que su pelo estaba muy bien y luego empezaron a hablar de los muchachos Logan, como ellas los llamaban, y Maddie procuró prestar atención. Como Amy empezaba a hacer ruiditos con la boca, se desabrochó la blusa y la acercó al pezón. Ivy se sirvió otra taza de café. —Nunca he visto a dos personas más enamoradas que los padres de esos chicos —


dijo—. Pero ella tardó casi diez años en quedarse embarazada de Hank... Aquello llevó a varios minutos de historias sobre la infancia de los tres chicos, hasta que Luralene se echó hacia delante. —Lo que nadie entiende es por qué ninguno de ellos se ha casado —dijo. —Lo de Hank es fácil —repuso Ruby—. El pobre sigue sufriendo —contó a Maddie lo de la muerte de su novia. —Y lo que de verdad lo destrozó —intervino Ivy— fue que él era policía y no pudiera hacer nada para encontrar al asesino. Creo que utiliza ese motel a modo de terapia, pero no es sano pasar tanto tiempo solo. —Y Cal no parece que pueda decidirse por ninguna mujer —dijo Luralene—. Claro que... —miró a Ivy—, supongo que hay una razón para eso. La comadrona resopló. —Oh, vamos. Cal no ha visto a Dawn ni dos veces desde que ella se fue a la universidad. Lo suyo fue un amor de crios. Pero todavía es joven. Ya echará raíces cuando esté preparado. Después de varios minutos de comentarios sobre Cal y Dawn, la hija de Ivy, la conversación giró al fin al único tema que interesaba a Maddie.


—En cuanto al buen doctor... —musitó Ivy. Luralene la interrumpió. —Lo que me recuerda que todavía no me ha enviado la factura por mi última visita. —Y ahora que lo pienso, a nosotros tampoco de cuando Jordy se torció la muñeca — intervino Ruby—. He estado tan atareada que lo había olvidado. ¿Creéis que se han perdido en el correo? —Mmm.. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 49—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Las tres miraron a Maddie. —Bueno, no lo sé seguro, pero la mesa de su despacho está llena de papeles. Puede que todavía no las haya enviado. —Puede ser —dijo Ivy, jugando con una de sus trenzas—. Antes tenía a una mujer que se encargaba de eso, pero se casó y se fue del pueblo y no se ha molestado en sustituirla. —Ése sí que es introvertido —declaró Luralene—. Por lo menos Hank tiene


una excusa, pero Ryan lleva tanto tiempo solo que ya se ha convertido en costumbre. —Yo creo que se le ha metido en la cabeza que ninguna mujer soportaría sus horarios. —Bueno —repuso Ruby—, tampoco es una idea tan descabellada. Recuerda que el doctor Patterson se divorció dos veces. —¡Oh, por favor, Ruby! —dijo Ivy—. Sabes que yo lo apreciaba mucho, pero no sabía elegir mujeres. Además, Ryan no siempre pensó así. Cierto que en el instituto no tenía que quitarse a las chicas de encima como sus hermanos, pero salió con Suzanne Potts durante años. —Potts — Maddie arrugó la frente—. ¿El apellido de la mujer del atún incomible? Las otras tres soltaron una carcajada. —Suzanne es hija de Arliss —dijo Ivy—. Una chica muy simpática, pero en mi opinión un poco corta. Tenía que saber dónde se metía antes de prometerse. Y creo que todo fue bien mientras Ryan compartió la consulta con el doctor Patterson, pero


cuando éste murió, tres meses antes de la boda, Ryan tuvo de pronto mucho trabajo y, aunque a él no pareció importarle, a Suzanne sí. ¿Y os acordáis del brote de gripe que hubo esa primavera? Ruby y Luralene asintieron con la cabeza. —Ryan estuvo dos semanas sin parar —siguió Ivy—. Y según su madre, Suzanne tuvo la impresión de que siempre ocuparía el segundo lugar en su vida —se encogió de hombros—. Y canceló la boda. —¿Ella sigue aquí? —preguntó Maddie. —No, no. Se fue a Oklahoma City poco después y se casó con otro. No creo que haya vuelto a ver a sus padres más de dos o tres veces desde entonces. —¿Y el doctor no sale con nadie? —Cuando se marchó Suzanne, salió varias veces con chicas, pero nada serio. Y luego dejó de hacerlo. Sonó el teléfono en la parte de atrás del café y Jordy le gritó a Ruby que era para ella. Luralene miró su reloj y se levantó de un salto. —Olvidaba que tengo una cliente a las tres. Encantada de conocerte, Maddie. Salió del café y Maddie miró a sus hijos, que estaban tumbados boca abajo en dos


taburetes y daban vueltas como locos. Ivy le tocó la muñeca. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 50—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Hay algo más —comentó—. No lo he dicho delante de las otras porque Ryan no sabe que lo sé —achicó los ojos—. ¿Prometes no decírselo a nadie? —Lo prometo. Ivy se acercó más a ella. —Sé que hay un par de doctores que quieren formar una especie de centro médico para la zona, para poder sustituirse unos a otros a veces y quizá compartir dos enfermeras entre los tres. Se lo han propuesto a Ryan muchas veces en el último año, pero él no quiere. Maddie frunció el ceño. —¿Por qué? La comadrona se encogió de hombros. —No lo sé. —Pero si alguien necesita ayuda, es él. Ivy enarcó las cejas. Maddie se ruborizó.


—Me refiero a su consulta —aclaró, aunque sabía que Ivy pensaba que Ryan también necesitaba ayuda a un nivel más personal. Por suerte para ella, los niños empezaron a ponerse pesados, lo que le dio una excusa para marcharse antes de que la conversación se complicara más. Además, los sentimientos del doctor Ryan no eran de su incumbencia, pero era una realidad que necesitaba a alguien que la ayudara con sus papeles y se encargara de que comiera caliente de vez en cuando. Y ella tenía que pagar su factura médica y dar un techo a sus hijos hasta que pudiera trabajar por su cuenta. La solución era bastante evidente, ¿no? Cuando Ryan volvió a la casa, eran casi las siete. Después de dejar a Sherman en el hospital, recuperándose ya, lo habían llamado del instituto para que echara un vistazo a tres jugadores de rugby que se habían entusiasmado demasiado en un partido. Los chicos estaban magullados pero bien y, con un poco de suerte, nadie lo necesitaría hasta la mañana siguiente y podría dormir una noche seguida. En cuanto entró en la casa, lo embargó un olor a pollo frito y panecillos calientes y oyó las risas de Maddie y los niños. Cerró los ojos, dejó las botas al lado del felpudo y se acercó a la cocina en calcetines. En aquel momento no le parecía tan malo que


hubieran invadido su soledad. Dos cabezas pequeñas, una morena y una rubia, se inclinaban sobre la mesa de la cocina, coloreando algo. Amy miraba el mundo tumbada boca arriba en una silla columpio que había llevado una de las mujeres del pueblo. Y Maddie preparaba la cena. Katie lo vio y sonrió al instante. —Mira lo que he dibujado —le mostró el mapa de Oklahoma que coloreaba. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 51—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Muy bien, preciosa —Ryan tomó el mapa y fingió estudiarlo—. Me gustaría poder dibujar así. Miró a Noah, inmerso en su tarea. —¿Qué haces tú? —Nada —el niño se movió para tapar su papel —. No puedes verlo. Ryan miró a Maddie con aire interrogante. La joven se acercó a Noah y le acarició el pelo.


—Vamos, enséñale al doctor lo bien que dibujas. El niño tensó los hombros y negó con la cabeza. Maddie miró a Ryan con sombras en los ojos. Sonrió con tristeza. —Llega justo a tiempo —dijo—. Los niños han comido ya, pero su cena estará lista en diez minutos. Y después podremos comentar mi idea. —¿Idea? —repitió él. La sonrisa de ella no era muy estable. —Sí. Y ésta es mucho más razonable que la primera. Ryan había comido cinco trozos de pollo, acompañado de puré de patatas, brócoli hervido y panecillos. Luego Maddie se retiró a acostar a los niños y, cuando volvió a la cocina, suspiró. —Disculpe que Noah se haya comportado así antes, pero creo que es porque Jimmy lo criticaba mucho este último año y.. —Maddie —dijo Ryan—. No importa. El niño ha sufrido mucho. Y yo no me ofendo fácilmente. Ella sonrió un momento y se frotó las manos con nerviosismo. —La cena estaba muy buena —dijo él—. ¿Dónde has aprendido a cocinar así?


—Me enseñó mi madre adoptiva, Grace Idlewild —repuso la joven, con expresión sombría. —¿Y de dónde has sacado la comida? —preguntó Ryan—. Y no me digas que te has gastado tu dinero en eso. —Estaba todo rebajado —dijo ella—, y además, lo he considerado una inversión. —¿Una inversión? —preguntó él. Maddie se ruborizó. —Hoy he entrado en su consulta y he visto los montones de papeles que hay en su mesa y... Antes de casarme, trabajaba los veranos en una compañía de construcción y me encargaba de archivar papeles. Y he pensado que puedo ayudarlo con los suyos. Ryan frunció el ceño. —Esto es una consulta, no una empresa de construcción. La joven lo miró a los ojos. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 52—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Archivar es archivar, ¿no? Y yo aprendo deprisa. Sólo tiene que decirme


una vez lo que hay que hacer y lo entiendo. O decirme adonde llamar por lo de los seguros y que ellos me ayuden a rellenar las solicitudes. Pero por lo que he visto, yo diría que me necesita. Ryan nunca había visto una mirada que pareciera al mismo tiempo tan inocente y tan.. no inocente. Ni que tuviera tanto potencial para impulsarlo a hacer tonterías. Para querer hacer tonterías. Bajó la cabeza. —Sé lo que está pensando —dijo ella. —¿En serio? —Sí. Lo preocupa que pasemos mucho tiempo juntos y yo empiece a hacerme ilusiones. —No, no es eso. Maddie soltó una risita y tomó a Amy en brazos. —Bueno, a mí en su lugar me pondría nervioso la idea de tener a una viuda joven con tres hijos viviendo en mi casa. Pero le aseguro que, después de lo que he pasado, el matrimonio es lo que menos me apetece en el mundo, así que puede quedarse tranquilo. Para mí esto es sólo una solución temporal.


Sus ojos se encontraron un momento, y Ryan fue el primero en apartar la vista para poder pensar. —Sólo quiero un sitio donde vivir una temporada y un modo de pagarle lo que le debo hasta que pueda ahorrar para alquilar una casa. No busco nada más. Y sé que usted tampoco. —¿Y cómo sabes lo que yo busco? —preguntó él. La niña se había dormido. Maddie se puso en pie. —Una mujer percibe esas cosas —dijo con gentileza. Empezó a acunar a la niña—. Bien, ¿acepta el trato? Ryan suspiró. La suya era una situación imposible que lo llenaba de aprensión. Y no, no era perder su intimidad lo que temía, sino... Se echó atrás en la silla y cruzó los brazos. —¿Te apetece empezar a ordenar los papeles de la consulta ahora o prefieres esperar a mañana? Maddie dio un respingo, soltó un grito y se inclinó a darle un beso en la majilla. Y a Ryan le ardió la piel en el punto que habían tocado los labios de ella. Escaneado por Corandra y corregido por Pily


Nº Paginas 53—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 O TRA vez aquí? ¡Demonios, mujer! No comprendo por qué no puedes dejarme en paz. Maddie, que estaba acostumbrada a que Ned la recibiera así siempre que iba a verlo, ni siquiera parpadeó. —Porque usted es mi único pariente vivo y me preocupo por usted —sonrió a Charlie, el compañero de habitación de Ned, un negro mayor que tenía la pierna escayolada—. ¿Cómo se encuentra hoy? —Muy bien, señorita Maddie —miró la lata de galletas que sostenía la joven —. ¿Qué lleva ahí? —Como es casi Halloween, he pensado que les gustaría probar unas galletas de calabaza — abrió la lata y Charlie tomó una enseguida. Ned seguía murmurando a sus espaldas. —Muy buena —declaró Charlie—. Tiene canela, ¿verdad? Y nuez moscada. —Sí —sonrió la joven.


Charlie tomó otro mordisco y señaló a Ned. —El señor Cabeza Dura no sabe lo que se pierde. Son aún mejor que la de limón que trajo la semana pasada. —¡Oh, por el amor de Dios! —Ned estiró la mano y dio un leve golpecito a Maddie en el brazo—. Dame una de esas malditas galletas antes de que me volváis loco entre los dos. La joven se volvió y mantuvo la lata fuera del alcance del viejo. —A mí no me haga favores, tío Ned. Me da igual que las coma o no. —He dicho que me des una. Maddie le tendió la lata y él se apresuró a tomar una galleta. La miró mientras la masticaba. —Hay algo distinto en ti, ¿qué es? —Me he cortado el pelo. ¿Le gusta? Ned se encogió de hombros. —No está mal. Dame otra galleta. ¿El jersey también es nuevo? Maddie enarcó las cejas. Aquello parecía una conversación normal. Por supuesto, en la tele había anuncios, pero aun así, era lo más lejos que habían llegado hasta el


momento. Se sentó en el borde de la única silla que quedaba libre. —Ayer cobré mi primer sueldo —dijo con una sonrisa. Ned soltó un gruñido. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 54—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y lo primero que hiciste fue gastarlo en ropa. —Es sólo un jersey y estaba barato. Pienso ahorrar por lo menos la mitad de mi sueldo para poder alquilar una casa. Ned tomó una tercera galleta y achicó los ojos. —Eres una chica terca, ¿eh? —Sí, señor. Consiguió prolongar la conversación unos veinte minutos más, pero cuando se levantó para marcharse, después de dejar la lata de galletas donde los dos hombres pudieran alcanzarla, Ned preció casi... triste. —¿Ya te vas? Maddie procuró no demostrar sorpresa. Era la primera vez que al viejo parecía importarle si iba o venía.


—Tengo mucho que hacer antes de ir a buscar a los niños. Volveré dentro de un par de días. El viejo cruzó las manos en el regazo. —Por mí no te molestes. Cuando llegó a Haven, Maddie se alegró de poder aparcar justo delante del supermercado. Tenía que turnarse entre Ruby, Luralene e Ivy, ya que las tres querían quedarse con Amy cuando Maddie iba a ver a Ned. Y ese día la había dejado con Ruby. Tomó un carrito, aunque todavía le resultaba difícil creer que podía comprar todo lo que quisiera. Ryan le daba dinero para comida todas las semanas, aunque ella procuraba aprovechar las ofertas, ya que no era una persona inclinada a gastar más de la cuenta. —Hola. Maddie, ¿verdad? Miró a su alrededor, con una bolsa de pepinos en la mano, y estuvo a punto de dar un salto al ver ante sí a un hombre grande y alto al que le parecía conocer vagamente. —Perdone, no...


—Hootch Atkins. Fui el otro día a ver al doctor Logan. —Ah, sí —sonrió—. ¿Y está usted bien? —Sí, señora. Está usted muy guapa hoy, señorita Maddie. ¡Santo Cielo! Por algún motivo, parecía haber muchos hombres solteros en aquel pueblo. Y también muchas mujeres, aunque, por desgracia, la edad media de las mujeres era muy superior a la de los hombres, razón por la cual, suponía Maddie, ellos podían encontrar apetecible incluso una viuda con tres hijos. Hootch Atkins, que era un hombre amable, aunque no precisamente de los que podían suscitar pasiones salvajes Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 55—119 https://www.facebook.com/novelasgratis en una chica, era el tercero que le decía algo esa semana. Y aunque tales atenciones resultaban halagadoras hasta cierto punto, también eran cansadas. —Ah, gracias, Hootch... —¡Hola, Maddie! Cal Logan se acercó con una cesta en la mano y le tendió la mano libre.


—Hootch. —Cal —dijo el hombre alto—. ¿Qué haces aquí? —Lo que todo el mundo. Comprar. —¿No se ocupa Ethel de eso? —Ha ido a pasar la semana en Kansas City con su hija. Me ha dejado solo. Los dos hombres se miraron de hito en hito y Maddie deseó que se marcharan los dos para poder seguir con lo suyo. —Bien —pasó el carrito entre ellos—. Ha sido un placer verlos. Hootch captó la indirecta y se despidió. Cal no. —Tienes que ir con cuidado con ese tipo — dijo—. Intenta ligar con todo lo que lleve falda. —Hoy llevo pantalones. —Ya lo he visto. Bonito jersey. Y el pelo también me gusta. Maddie paró el carrito y miró el rostro sonriente de Cal. Él sí era un hombre que podía provocar pasiones en una chica, pero no en ella. —Y tú no estarás intentando ligar conmigo, ¿verdad? —¿Yo? ¡Cielos, no! —sonrió él. Maddie movió la cabeza y depositó un recipiente de cuatro litros de leche en el


carrito. Se había encontrado con el hermano de Ryan dos veces en las dos últimas semanas y siempre se mostraba igual, sonriente y amable como un cachorro grande. Excesivamente entusiasta, pero inofensivo en el fondo. —¿Cómo están los niños? —preguntó. —Muy bien —Maddie sacó ostensiblemente su lista de la compra y se dirigió al pasillo del arroz y las alubias. Tenía que comprar también algunas cosas para Mildred Rafferty, a la que iba a ver todos los martes con los niños—. ¿Deseas algo, Cal? —Vamos, Maddie, yo diría que quieres que me vaya. —Y acertarías —ella echó una bolsa de alubias en el carrito—. Tu hermano me advirtió contra ti. —¿Ah, sí? —Sí. Y por lo que me dijo, Hootch Atkins es un aficionado comparado contigo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 56—119 https://www.facebook.com/novelasgratis La sonrisa de Cal se hizo más amplia.


—Eh, no pienso discutir eso, pero yo estaba pensando que podías traer a los niños al rancho el sábado. ¿Crees que les gustaría? —A ellos seguramente sí. A mí no. —Oh, vamos. Hace dos semanas nació un potrillo. Y seguro que a los niños les gustaría elegir algunas calabazas de nuestro huerto. —Seguro. ¿Y qué intentas lograr tú? Cal se echó a reír. —Mis intenciones son muy honorables — dijo con gentileza—. Lo juro. No sabía por qué, pero Maddie lo creía. —¿Seguro que no te molestarán los niños? —preguntó. —Me encantan los niños —le aseguró él—. Y ahora tengo un poni que pueden montar, si tú quieres. La joven tomó una lata de maíz y fingió estudiar la etiqueta. Pero en vez de ingredientes y valores nutritivos, sólo veía la mueca molesta de Ryan. Sonrió a Cal. —De acuerdo. ¿A qué hora? —Yo iré a buscaros —dijo él. Le pasó un brazo por los hombros y la atrajo un instante hacia sí—. Y quiero que sepas que siento no haberte visto yo antes.


Se alejó por el pasillo con la cesta golpeándole el muslo. Cuando Maddie terminó de hacer la compra, fue a buscar a los niños, recogió a Amy en casa de Ruby y acostó a los tres para que durmieran un rato antes de ir a casa de Mildred. A continuación entró en la consulta para trabajar un par de horas. Ryan, sentado a su mesa, leía una revista con el ceño fruncido. Llevaba todavía la bata blanca y el pelo de punta denotaba que había pasado varias veces los dedos por él. Como siempre, en la radio que tenía ante sí sonaba música clásica. Maddie lo observó en silencio. Algunos de los hombres del pueblo eran muy amables, pero ninguno conseguía que le latiera el pulso así. El doctor, sin embargo. . Se había cortado el pelo una semana atrás y él no había dicho nada todavía. Levantó la vista y la miró sorprendido. —¡Oh! —miró su reloj—. Es más tarde de lo que pensaba. —Puedo volver luego. —No, no —se levantó y se puso la revista debajo del brazo—. Puedes cambiar de emisora si quieres. —No, no, está bien así. ¿Qué es lo que suena?


—La sexta sinfonía de Tchaikovsky. ¿Te gusta? —He oído cosas peores. Ryan soltó una risita. Colgó la bata en la parte de atrás de la puerta. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 57—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Cómo te ha ido con Ned? —preguntó. —Mejor —ella se acercó a la mesa—. Creo que en veinte o treinta años más habrá dejado de gruñirme —tomó una ficha—. Tiene usted una letra horrible. ¿Qué pone aquí? El médico se acercó. —Quitar puntos. No hay factura —dijo. La miró—. Y tú has decidido cambiar a ese viejo. —No puedo evitarlo —repuso ella. —¿Ésa es la ficha de Luke Hawkins? —preguntó él. —¿Qué? Ah, sí. —Ese dinero es crédito, no factura. Aún no he terminado de pagarle el tejado que le puso a la casa hace dos años.


Maddie tomó nota y dejó la ficha a un lado para archivarla más tarde. —Me he encontrado con Cal en el supermercado —dijo. —¿Sí? —Sí. Se cree un regalo de Dios, ¿verdad? Ryan miró con atención la ficha que tenía en la mano. —Ten cuidado con él —dijo—. Su encanto puede ser letal. —Y bajo ese encanto, hay un hombre muy bueno —dijo ella sin mirarlo—. Y usted lo sabría si pasara más tiempo con él. —Olvídalo. Si mi madre no pudo conseguir unirnos, dudo que tú puedas. Maddie tomó un montón de formularios de seguros. —¿Por qué no? Ryan suspiró. —Mira, no nos odiamos ni nada parecido. Es sólo que hay una gran diferencia de edad. Hank y yo estábamos más unidos de niños pero luego llegó el instituto y descubrimos los deportes —hizo una mueca—. Y las chicas. Maddie inclinó a un lado la cabeza. —¿A usted no le gustaban las chicas? —Oh, sí me gustaban. Pero yo a ellas no.


—Eso me cuesta creerlo. Ryan se encogió de hombros. —Si vieras una foto mía con dieciséis años, lo creerías. Maddie guardó silencio un momento. —Ya no tiene dieciséis años —dijo con suavidad. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 58—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Hubo otro silencio. —No —repuso él al fin. Se frotó las manos—. ¿Alguna otra pregunta antes de que me marche? —De momento no. —Bien. Hasta luego, pues. Cuando se quedó sola, Maddie respiró hondo varias veces. Y pensó que era una suerte que tuviera intención de marcharse pronto o aquel hombre acabaría volviéndola loca. —¡Eh, Logan! ¡Despierta! Ryan, que estaba en la puerta del hospital, se volvió al oír la voz de Nelson Burell y sonrió. Nelson, un hombre moreno de huesos largos, era uno de los médicos que


llevaba un tiempo intentando convencerlo de que crearan un centro médico conjunto en la zona. —Hola —le estrechó la mano. No tenía nada contra él ni contra Trudy Masón, el otro médico de la conspiración, pero no estaba de acuerdo con su modo de pensar. Y sabía que, si pasaban más de medio minuto juntos, Nelson volvería a sacar el tema. El otro pareció leerle el pensamiento. —Puedes respirar tranquilo —dijo—. No te voy a hablar del centro médico. —¿No? Nelson soltó una carcajada. —No. Seguimos queriendo que te unas a nosotros, pero hemos decidido no darte más la lata. —Tú sabes que me parece buena idea. Para vosotros, no para mí. —No hace falta que justifiques tus motivos. Yo pensaba igual antes de casarme. ¿Cómo iba a dar mis pacientes el tipo de cuidado personal que merecen y esperan? Pero debo decir que la idea funciona y que es maravilloso tener una noche libre de vez en cuando —soltó una risita—. Puede que hasta tenga tiempo de hacer


ese bebé que Ellie y yo deseamos. Y resulta agradable sentirse parte de la raza humana. —¿Y quién dice que yo no lo sea? Nelson se encogió de hombros. —Tú no sé, pero yo estaba harto de sentirme solo. Muy atareado, sí, pero solo. —Me alegro por ti —repuso Ryan—. Pero a mí me gusta seguir así. —De acuerdo, de acuerdo. Pero si cambias de idea, nos avisas, ¿vale? Ryan asintió con la cabeza y salió del hospital. Le gustaba su vida tal y como estaba y lo molestaban las cosas que podían apartarlo de la ruta que se había marcado en los últimos años. Él era feliz y sus pacientes también. ¿Por qué entonces, cambiar algo que no necesitaba cambios? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 59—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Como Maddie y su pelo. A él le gustaba como estaba antes. Ahora era demasiado corto y apenas se movía. Aunque tenía que admitir que sus ojos se veían mejor ahora. Pero él no necesitaba ver mejor sus ojos. Y menos cuando lo miraban con


aire compasivo. ¿Qué narices había en él que impulsaba a las mujeres a querer salvarlo? ¿Acaso Maddie no tenía ya bastante con enderezar su vida? Puso el coche en marcha. Cuando volviera, serían casi las seis, hora de cenar. La noche anterior habían comido jamón asado, aunque él apenas había tenido tiempo de cenar antes de que apareciera Darryl Andrews con su hijo, quien se había caído del monopatín y se había roto la muñeca. Pensó en el equipo que Nelson había dicho que podían comprar para el centro médico gracias a algunos habitantes ricos de la zona y frunció el ceño. No sería como un hospital, claro, aunque en algunos aspectos, el centro mejoraría los servicios que él podía ofrecer solo. Se frotó la nuca. Pensaba demasiado y empezaba a sentir hambre. Pisó el acelerador en dirección a la cena, pero antes de que llegara al pueblo, sonó su móvil. —Tengo dos mamas a punto de parir al mismo tiempo —dijo Ivy—. ¿Cuál prefieres? Cuando Ryan llegó al fin a casa sobre las nueve y media de la noche, oyó a Maddie que hablaba con Amy en la sala de estar. Se acercó y vio a la joven sentada de espaldas en un sillón con la niña en los brazos.


—¿Quién es mi tesorito? —decía—. ¿Quién es el cielito de mamá? Ryan sonrió. Maddie se volvió de pronto y se cambió al sofá. —Hola —dijo con suavidad—. Parece agotado. Él se pasó una mano por el pelo. —El trabajo. —¿Qué ha sido? —Ryan la había llamado antes para decirle por qué iba a llegar tarde. —Un niño —sonrió él—. Cuatro kilos y medio —hizo una pausa—. Siento haberme perdido la cena. —Hay un plato en el frigorífico. Sólo tiene que meterlo un par de minutos en el microondas. —Gracias —se sentó en el sillón al lado del sofá con la vista clavada en la niña. Maddie se levantó y le puso a Amy en el regazo. —Voy a calentarle la cena. —No, no hace falta... Pero ella había salido ya y Ryan se reacomodó en el sillón para sujetar mejor a la niña.


—Y bien, princesa —dijo—, ¿has aprendido algo nuevo hoy? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 60—119 https://www.facebook.com/novelasgratis La niña movió los labios. . y los abrió en una sonrisa torcida. Los ojos de Ryan se llenaron de lágrimas. Se dijo que era porque una sonrisa infantil siempre es un milagro, porque estaba tan cansado que no podía pensar con claridad, porque una mujer loca y generosa le preparaba la cena en la cocina. Porque... Sintió un dolor en su corazón tan agudo como el de cinco años atrás. Apretó a la niña contra su pecho, debajo de su barbilla, y cerró los ojos contra los recuerdos que no podía evitar. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 61—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 C UANDO Maddie los vio, los dos dormían con la boca abierta. Sintió una punzada en el corazón y se acercó a tomar Amy, pero el médico se despertó en cuanto tocó a la niña y le sujetó la muñeca. —Sshh... No pasa nada —susurró ella—. Se ha quedado dormido. Sólo quiero


meterla en la cama. Pasó un segundo antes de que él soltara a la niña con un suspiro. Se llevó una mano a la boca. —Lo siento. —No se preocupe. Es bueno saber que nadie podría habérsela quitado. La cena está en la mesa, si es que consigue llegar hasta la cocina. Volvió a bajar unos minutos más tarde y lo encontró devorando la cena como si no hubiera comido en una semana. —¿Está buena? —preguntó desde la puerta, con las manos en los bolsillos de atrás del pantalón. —Sí —suspiró él—. Voy a echar esto de menos cuando te vayas. —Lo que me recuerda... —ella se acercó a la mesa—. Creo que he encontrado una casa. Ryan frunció el ceño. —¿De verdad? ¿Dónde? —En Emerson. Cerca de la escuela. Pero no estará disponible hasta enero, ya que la están arreglando. Lo cual está bien, porque no creo que pueda pagar un depósito


antes de entonces —se ruborizó—. Suponiendo que pueda quedarme aquí tanto tiempo, claro. —¿Cuántas veces tengo que decirte que los niños y tú podéis quedaros aquí todo el tiempo que necesitéis? —preguntó él con voz rígida—. Y no quiero oír nada más del tema —cortó un trozo de chuleta de cerdo y se la metió en la boca—. ¿Cuándo podemos ir a ver esa casa? Maddie lo miró sorprendida. —¿Para qué? Ryan tomó un trago de agua. —¿Cuántas casas has alquilado en tu vida? —Ninguna, pero sí unos cuantos apartamentos y... —No es lo mismo —repuso él, más concentrado en la comida que en ella—. Algunas casas viejas son muy poco seguras. No podría dormir sabiendo que los niños y tú estáis en un lugar que no he inspeccionado yo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 62—119 https://www.facebook.com/novelasgratis


Maddie lo miró de hito en hito hasta que él levantó la vista. —¿Qué? —Puede que esto lo sorprenda, doctor Logan, pero no tiene que cuidar del mundo entero. —No es mi intención —sonrió él—. Pero sí me siento responsable de mis pacientes, así que acéptalo. La joven sabía que era una tontería, pero las palabras de él la decepcionaron. Y no porque quisiera que pensara en ella de otro modo, porque no era así... Empezó a guardar los platos que había dejado antes escurriendo. —Pero yo no te pago mucho —dijo él a sus espaldas—. ¿Cómo te vas a arreglar con el alquiler? Maddie tragó salvia. —Para entonces ya podré llevar a Amy a la guardería y buscar un trabajo de jornada completa. —¿Y te apetece dejarla todo el día en la guardería? Maddie terminó de colocar los platos en el armario. —No creo que tenga mucha elección, pero encontraré trabajo sin problemas. Hootch


Atkins ha dicho que puedo ir a su tienda de pesca. El médico dejó de masticar. —¿Te has vuelto loca? —¿Qué tiene de malo? ¿Tiene algo en contra de la pesca? —No, pero de Hootch sí. —Pues parece muy simpático. —Seguro que sí —murmuró Ryan entre dientes—. Puedes seguir trabajando para mí y supongo que podría subirte el sueldo. —Gracias, pero seguiría siendo media jornada y no sería bastante. A menos que pueda complementarlo con otro trabajo —señaló el plato vacío—. ¿Quiere repetir? —¿Qué? Ah, no, gracias. ¿Qué haces? —Retirar el plato. ¿Lo molesta? —Lo que me molesta es que me sirvas. Maddie se detuvo en seco. —¿Eso es lo que cree que hago? —¿No es lo que haces? —No —llevó el plato y el vaso al fregadero—. Ser la persona que mejor puede hacer lo que hay que hacer no es lo mismo que servir a alguien —lo miró por


encima del Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 63—119 https://www.facebook.com/novelasgratis hombro—. Así que la próxima vez que yo esté sentada y usted de pie, puede hacer algo por mí. Ryan soltó una risita. —¿Puedo hacerte una pregunta personal? —¡Vaya! —exclamó ella—. Está muy dicharachero para alguien que se encontraba casi comatoso hace media hora. —Es un truco de los médicos. Diez minutos adormilados y podemos seguir cuatro horas más. Pero cuando Maddie aclaraba el plato, vio que él se tocaba la parte de atrás del cuello. Se secó las manos. —Déjeme que le dé un masaje. —No, no, no hace falta... —¡Oh, por el amor de Dios! ¿Por qué le cuesta tanto dejar que hagan algo por usted


para variar? Ryan quizá no sabía mucho de mujeres, pero sí sabía que estaba demasiado cansado para discutir con aquella, y eso pese a que la idea de que lo tocara le resultaba tan tentadora como terrorífica. —¿Entiendes algo de masajes? —preguntó. Pero ella estaba ya detrás de él y manipulaba el nudo que tenía en la base del cuello con pulgares sorprendentemente fuertes. —Baje la cabeza. Ryan reprimió un gemido. No había duda de que era buena. —¿Le hago daño? —No, no, estoy bien. No estaba bien, sino a punto de perder el juicio, pero se dijo que era porque hacía mucho tiempo que no lo tocaba una mujer. Y a continuación se dijo que era un mentiroso. ¿Cómo podían ser tan fuertes aquellas manos pequeñas? ¿Y cómo podía haber olvidado él lo maravilloso que era aquello? La joven le dio un golpecito en el hombro. —Eh, se supone que esto es para relajarlo. Y parece que está más tenso a cada minuto que pasa.


—Hay un motivo para eso —musitó él con suavidad. Las manos de ella se inmovilizaron. Y pronto no quedó otra cosa que el vacío donde antes estaba su contacto. —¡Oh, Dios! Lo siento mucho. Ryan se volvió en la silla. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 64—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —No tanto como yo. Ella retrocedió con las mejillas tan rojas que parecía tener fiebre. —Lo siento —repitió. Empezó a volverse, pero él la sujetó por la mano. —No te vayas. —Pero yo no pretendía nada con... —Ya lo sé. No pasa nada. —¿No? —¡Ah! —le soltó la mano y la miró medio sonriendo—. ¿Pensabas que ya no siento nada porque vivo solo? Ella enrojeció todavía más.


—Yo no pensaba nada —repuso—. Tenía que haberlo pensado, claro. He estado casada y Jimmy nunca necesitaba mucho para... —cruzó los brazos y cerró los ojos—. Debe de pensar que soy la mujer más estúpida en la faz de la Tierra. Ryan sintió una ternura repentina. Y algo más. —No —la miró—. Puedes sentarte. Ha pasado el peligro. Maddie se sentó con rigidez lo más lejos que pudo de él y aferrando con las manos la silla a ambos lados de sus piernas. Ryan la miró. —Serías una buena enfermera —comentó—. Te gusta cuidar de la gente. Maddie frunció el ceño. —Grace, mi madre adoptiva, también quería que me hiciera enfermera — levantó la barbilla—. Pero en este momento tengo que cuidar de mi familia. Quizá más adelante. —Eso me recuerda... —dijo el médico—. Quería preguntarte una cosa. —¿Sí? —Tengo la sensación de que te llevabas bien con tus padres adoptivos. —La mayor parte del tiempo, sí —repuso ella con nerviosismo. —¿Y qué ocurrió?


—Perdimos el contacto —se encogió de hombros—. Cosas que pasan. —¿Pero viven todavía? —Que yo sepa. . ¡Oh! Usted quiere saber por qué no los llamé cuando murió Jimmy. —Sí. —Porque.. porque quemé ese puente al casarme. —¿Pensabas que no te ayudarían? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 65—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —No es eso, es más bien que no tenía derecho a pedirles ayuda. Y ahora, si no le importa... —se levantó—. Amy querrá comer de nuevo dentro de poco, así que tengo que acostarme. Ryan se levantó también. —Podemos ir mañana a ver la casa de Emerson, si quieres. —No creo que... —A veces una persona piensa demasiado — dijo él. Cruzó los brazos y sonrió—. Si puedes ser amiga de mi hermano, me gustaría pensar que también puedes serlo de


mí. Y los amigos se ayudan entre sí. Maddie tardó un segundo en contestar. —Recuerde que eso lo ha dicho usted, no yo. Y se marchó. Al día siguiente, Maddie pidió la llave al agente inmobiliario que llevaba la casa de Emerson y fueron todos a verla. Las casas eran más pequeñas en aquella parte del pueblo, pero el barrio no estaba mal. Maddie tenía esperanzas de que, una vez arreglada, la casa quedaría tan bien como las demás de la zona. Ryan, sin embargo, no parecía muy convencido. —Hay una mancha en el techo —dijo, y su voz resonó en la habitación vacía y pintada a medias, llena de escaleras, latas de pintura y trapos manchados. —¿Qué? —preguntó ella. —Una mancha en el techo. Maddie miró el punto que señalaba. —Parecer ser que las tuberías del baño se han roto un par de veces, pero dicen que ya están arregladas y ahora sólo tienen que reparar los daños. El médico miró a su alrededor. —Parece pequeña. —Bueno, comparada con la suya, supongo que sí. Pero para nosotros está bien. Aquí


abajo hay dos habitaciones y un porche cerrado, además de la cocina; y arriba hay tres dormitorios y un baño. Ryan miró la estancia vacía. —¿Los muebles están en un almacén? Maddie se ruborizó. —Hay una mesa de cocina y sillas y algunas camas arriba. Podemos vivir un tiempo sin muebles en la sala... Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 66—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Algo chocó encima de ellos y el techo tembló. Katie gritó y el médico salió corriendo y subió las escaleras de dos en dos. Maddie sacó a Amy del cochecito y lo siguió con el corazón en la boca. —No pasa nada —dijo Ryan cuando la vio—. Se ha caído una escalera — miró a los niños con el ceño fruncido—. Aunque no creo que haya sido sola — su voz era más severa que de costumbre y Noah retrocedió hasta llegar al lado de su madre. Katie, siempre servicial, señaló a su hermano. —Ha intentado subir y se ha caído.


—Sí, eso suponía —Ryan dio un paso hacia Noah, que se pegó con fuerza a su madre. —Ha sido un accidente —dijo con voz temblorosa—. Yo no quería. Por... por favor, no te enfades. Ryan miró un instante a Maddie y se acuclilló delante de él. —No estoy enfadado —dijo con gentileza—. Simplemente no quiero que juegues con algo que puede hacerte daño. —Pero tú eres médico. Puedes curar a la gente que se hace daño. La mirada de Ryan se ensombreció. —No siempre. Soy médico, pero no mago. Y por eso siempre es mejor evitar los daños que curarlos —se levantó y le puso una mano en el pelo—. Pero no importa lo que te diga o cómo lo diga, nunca debes tener miedo de mí, ¿vale? Noah esperó un segundo y asintió con la cabeza. Miró a su madre. —¿Puedo ir a jugar con Katie? —Claro que sí —esperó a que se alejaran y miró al médico—. Gracias —dijo —. Tiene que aprender que hay una diferencia entre ser fuerte y ser malo. Sus miradas se encontraron y él tragó saliva y pasó a la habitación contigua,


donde empezó a golpear las paredes con los nudillos con expresión seria. Maddie se echo a reír. —¿Qué te hace tanta gracia? —preguntó él. —¿Sabe lo que está buscando? Ryan frunció el ceño. Los niños bajaron en ese momento corriendo las escaleras y salió al rellano. —Los escalones pueden ser peligrosos — comentó—. Sobre todo cuando Amy empiece a andar. —Para eso hay puertas de bebés. —No siempre funcionan. Hay niños que saltan por encima. —¡Vamos, doctor Logan! —empezó a bajar con exasperación—. ¿Nunca le han dicho que es un agorero? Ryan la siguió de mala gana. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 67—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Cuánto dices que piden?


Maddie se lo dijo. —¿Y seguro que estará lista para Año Nuevo? —Me han dicho que sí. Y hablando de fiestas... —respiró hondo—. Quería preguntarle si puedo prepararle la cena de Acción de Gracias como un modo de darle las gracias por lo que ha hecho por los niños y por mí. Ryan la miró de un modo raro. —¿Tiene algo en contra de Acción de Gracias? —preguntó ella. —No, no, es sólo que hace tiempo que no... —se frotó un segundo la parte de atrás del cuello—. Y no quiero que te molestes. Ese tipo de fiestas suelen ser muy atareadas para mí. Accidentes en la cocina, comida en mal estado, indigestiones... — hizo una mueca—. Curar a los heridos después de una discusión familiar. Maddie se echó a reír. —Vale, vale. Pero también quiero hacerlo por los niños —miró a Amy, que intentaba meterse el puño en la boca—. Hace mucho que no celebran nada. —De acuerdo —repuso él—, pero no puedes contar con que yo no tenga que salir. —Lo sé. Hay una cosa más. —¿Cuál?


—Ya que soy yo la que cocina, ¿le importa que invite a otras personas, como Mildred o Ivy? —Invita a quien quieras. —¿A sus hermanos también? Ryan frunció el ceño. —Mis hermanos y yo no hemos celebrado nada juntos desde hace diez años. —Pues ya va siendo hora —se acercó al cochecito—. Usted invite a Hank y yo invitaré a Cal cuando vayamos el sábado al rancho. El médico apenas le dirigió la palabra durante el camino de vuelta a la casa. —Es muy hermoso —Maddie acarició el mantel de encaje que llevaba doblado al brazo y miró al hermano pequeño del doctor—. ¿Seguro que no te importa prestármelo? Habían recorrido la granja acompañados por un par de pastores australianos, un collie y otro perro de varias razas mezcladas. Luego los niños montaron en poni y ahora estaban en la parte de atrás, en un extremo del huerto que cultivaba Ethel, el ama de llaves de Cal. En la tierra no quedaban ya muchas cosas en esa época, pero


todavía había lechugas de invierno, coles de Bruselas y calabazas. Y los niños inspeccionaban estas últimas una por una con ayuda de los perros. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 68—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Nadie lo ha usado desde que murió mamá —dijo Cal—. Está ahí recogiendo polvo. Y gracias por invitarme. —De nada. —¿Qué le ha parecido la idea a Ryan? —No lo sé, aunque creo que piensa que estoy loca. Cal se echó a reír. —¿Sabes? No estaba seguro de que vinierais hoy. Maddie miró a los niños. —Yo tampoco. —¿Y por qué habéis venido? —Porque he pensado que a los niños les gustaría. Y porque... —se ruborizó. —¿Porque Ryan te dijo que no vinieras? —No me lo dijo. Por lo menos con esas palabras. Cal se echó a reír.


—¿Podemos llevarnos ésta? —preguntó Noah, señalando una calabaza muy grande. —Claro que sí. Ayuda a tu hermana a elegir otra y las cargamos en el coche de tu madre. Los niños se alejaron un poco más. —O sea que has venido para provocar a mi hermano —dijo Cal. —¡Claro que no! Bueno, un poco sí. ¿Y qué tiene tanta gracia? —Nada. Sólo que creo que me gustará tenerte de cuñada. —Cuña... —Maddie lo miró sorprendida—. Te has vuelto loco. ¿Por qué dices eso? —Por la actitud de mi hermano, por ejemplo. —Sólo se muestra protector, porque. . —¿Porque trabajas para él y vives con él. ¡Ah, vamos! Él no advierte a otras mujeres en mi contra. Y tú vas lo provocas adrede. ¿Qué nos dice eso? —¿Qué soy libre de ir adonde quiera? —No. Que quieres darle celos. —¡Eso es una locura! Los ojos verdes de Cal brillaban como esmeraldas. —Olvidas quién es el experto aquí. No hay ningún juego entre hombre y mujer que


yo no haya jugado en algún momento —se inclinó hacia ella—. Conozco todos los movimientos y sé que mi hermano no ha mirado a una chica como a ti desde... —se detuvo. —¿Suzanne? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 69—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Lo sabes? —Lo que me ha contado Ivy. Tu hermano no habla de ella. —No, claro —sacó una navaja para cortarle el rabo a la calabaza elegida por Noah—. Lo siento, pero ni él ni Hank llevan una vida normal. Y si tú puedes hacer que su corazón lata otra vez... Cargó la calabaza en la carretilla con un gruñido. —Olvidas algo importante —dijo ella. Cal empujó la carretilla en dirección a los niños. —¿Cuál? —Que estás loco. Cal se echó a reír. Maddie lo siguió.


—Vale, puede que sea hora de que tu hermano salga de su caparazón, pero yo no soy mujer para él. Cal cargó la segunda calabaza en la carretilla. —¿Por qué dices eso? —Soy mucho más joven. Él es médico y yo.. yo sólo puedo oír cierta cantidad de música clásica antes de ponerme a gritar. —Sí, ésa es una objeción —sonrió él. Maddie acercó el mantel a su pecho y frunció el ceño. —No negaré que me gusta —dijo—. Ha sido muy bueno con nosotros. Pero eso no cambia nada. En todo caso, tengo que irme de su casa antes de que... —¿Antes de qué? Ella movió la cabeza. —En otro tiempo creía en los sueños, pero he aprendido que no tiene sentido desear que las cosas no ocurran. La gente no puede evitar ser como es y ningún sueño va a cambiar eso. No sé lo que pasó entre Suzanne y él, pero creo que sigue sufriendo por ella. Cal guardó silencio un momento.


—Yo tengo algo que decir sobre sueños — señaló la casa por encima del hombro—. Mi padre soñaba con comprar esta granja cuando aún no tenía ni dos chelines a su nombre. Yo soñé con convertirla en un rancho de caballos aunque nadie creía que lo conseguiría. No, los sueños no se hacen realidad por desearlos, pero pueden ser la chispa que haga que ocurran cosas. Aunque sólo tengan sentido para nosotros mismos, eso no les quita valor. Y sin ellos, es mejor morir. Habían llegado al coche. Cal abrió el maletero para cargar las calabazas. La joven miró los pastos. —Quieres a tus hermanos, ¿verdad? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 70—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —No me lo ponen muy fácil, pero sí. Eran mis ídolos de niño y me pone enfermo ver lo que ha sido de ellos en los últimos años. Me gustaría verlos felices. Maddie lo miró. —¿Y cuáles son tus sueños ahora, Cal Logan? El sonrió.


—Ah, mi mamá me dijo que a veces tienes que conservar tus sueños cerca de tu corazón, cuidarlos y saber que florecerán a su tiempo — le guiñó un ojo—. Siempre que no renuncies a ellos. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 71—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 R YAN había pensado más de una vez en ir hasta el rancho de Cal para ver lo que ocurría, pero se había contenido porque sabía que era una reacción infantil y no quería dar ideas equivocadas a la gente. Pero estaba de muy mal humor. Por primera vez en meses, había tenido una tarde entera sin llamadas, lo que implicaba que había estado solo todo el tiempo. Disfrutando de la tranquilidad como solía hacer antes de que llegara Maddie. Como a él le gustaba. El reloj del vestíbulo dio la hora. Fuera ladró un perro. Un coche pasó de largo. La casa crujió. Ryan se acercó a la ventana y miró un rato la calle. Volvió a su mesa y miró con rabia el diario médico que intentaba leer. Un minuto después, la casa se estremeció de un


portazo, oyó voces de niños y el llanto de Amy. Y Maddie reía por encima de todo aquello. Resistió el impulso de salir corriendo a recibirlos. —¡Doctor! ¡Doctor! — Katie entró en su despacho con las mejillas coloradas y el pelo rubio revuelto y se subió a sus rodillas. Olía a aire frío, a champú infantil y a su madre—. Tenemos calabazas gigantes y hemos montado en poni y había gatitos en el granero y el tío Cal ha dicho que podemos llevarnos uno cuando mamá tenga su casa... —¡Katie Grace! —Maddie apareció en el umbral con Amy en los brazos. Las tres chicas llevaban monos vaqueros —. Deja en paz al doctor. Tenía los ojos brillantes, casi tanto como su sonrisa. Se apartó un mechón de pelo de la cara con gesto relajado. Lo había pasado bien esa tarde con Cal. ¿Y por qué quería él privarla de unas horas de placer inocente? —Espere que dé de comer a Amy —dijo ella—. Y he dejado hamburguesas descongelándose. ¿Prefiere espaguetis o tacos? —Lo que tú prefieras —repuso él, cortante. Al ver la mirada confusa de ella, se forzó a preguntar— : ¿Lo has pasado bien?


—Muy bien. Y Cal me ha prestado el mantel que usabais en las fiestas para la comida de Acción de Gracias. —¡Oh, Dios mío! —No muestre tanto entusiasmo —sonrió ella—. ¿Ha invitado ya a Hank? —No. No he tenido ocasión. —Bueno, todavía hay tiempo —miró a los niños—. Podéis ver la tele un rato mientras amamanto a Amy y luego cenaremos tacos. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 72—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Salieron los tres entre gritos. Y volvió el silencio, aunque no tan intenso como antes. Ryan los oía todavía en la otra parte de la casa, sentía su presencia a su alrededor, dentro de él. Se acercó de nuevo a la ventana y miró al exterior hasta que su cerebro dejó de hacer el tonto y decidió cooperar. Maddie Kincaid era la clase de mujer que había nacido para casarse, aunque no con él, sino con alguien que la apreciara y no sintiera su presencia como una invasión. Y él esperaba que encontrara pronto a alguien, porque cada día la deseaba más y eso


no era bueno. No era bueno querer lo que no se podía tener. Y todo sería mucho más fácil si ella se interesaba por otro. Un hombre sólido y estable que pudiera estar a su lado todas las noches y ser un marido de verdad. Que la amara como ella merecía que la quisieran. Durante la cena, Maddie sólo podía pensar en su conversación con Cal y en que Ryan parecía estar muy raro y no dejaba de mirar a los niños como si quisiera memorizar sus rasgos. Pero a ella apenas la miraba. Cuando Noah y Katie terminaron la comida y fueron a la sala de estar a ver su media hora de tele antes de acostarse, ella empezó a recoger la mesa. —¿Tanto lo ha molestado que haya ido a casa de su hermano? —preguntó. Ryan pareció sobresaltarse. Se levantó también y la ayudó a meter los platos en el microondas que había comprado la semana anterior. —¿Por qué iba a molestarme? A donde vayas no es asunto mío —¿Ni siquiera a casa de Cal? —No. Maddie se puso de puntillas para alcanzar un recipiente para el queso que había


sobrado. Ryan se acercó a ayudarla y sus cuerpos se rozaron un segundo. Pero bastó para que las hormonas de ella se pusieran en acción. —No sé por qué le digo esto —comentó, alejándose—, pero le juro que no hay nada ahí. Cal me cae bien, pero no me atrae. —Maddie —la miró a los ojos —. No me importa que veas a mi hermano. Volvió a los platos y ella lo miró confusa. Cal tenía razón, Ryan necesitaba dejar entrar a otra mujer en su vida. No a ella, claro, pero sí a alguien. Quizá actuaba raro porque tener niños cerca lo había hecho darse cuenta de lo mucho que había sacrificado por su carrera. Contuvo el aliento. Tal vez ella había llegado allí para salvarlo de su soledad.. tenía que haber al menos una mujer soltera por allí lo bastante altruista para casarse con un médico rural. —¿Estás bien? —preguntó él. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 73—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Maddie lo miró a los ojos. —Muy bien —se secó las manos en un paño de cocina—. ¿Qué tal se le da vaciar


calabazas? Pasó otra semana antes de que Ryan se decidiera al fin a invitar a Hank a cenar en Acción de Gracias. No estaba convencido de que fuera buena idea, pero Maddie se había empeñado y él había decidido complacerla. Hank no estaba en el despacho del motel. Ryan salió a la parte de atrás y escuchó. Un momento después oyó ruido en uno de los bungaloes al lado del lago y se acercó allí. Encontró a su hermano destejando la casita. A pesar del frío que hacía, no llevaba anorak y tenía un cigarrillo entre los labios. —¿Qué haces tú aquí? —preguntó al verlo. —Yo también me alegro de verte. Maddie ha insistido en que te invite a una cosa. —¿No has oído hablar del teléfono? —Pasaba por aquí. ¿Y qué narices haces fumando? Hank se quitó el cigarrillo de los labios. Tenía aspecto de no haberse afeitado en varios días. —Es una recaída —dijo—. ¿Maddie todavía vive contigo? —Por el momento, sí. Trabaja para mí en la consulta para compensar. —Aja —Hank apagó el cigarrillo en el tejado con la punta de la bota—. ¿Y qué


quiere? —Invitarte a la comida de Acción de Gracias. Hank lo miró fijamente. —No va en serio. —No ha sido idea mía. Se ha empeñado en sentarnos a los tres a la misma mesa... —Olvídalo. —No, no lo voy a olvidar. Y tú tampoco. Sólo serán dos horas de tu vida, así que podrás soportarlo. Hank lo miró un rato en silencio y se acercó a la escalera de mano apoyada a un lado. —Si no te conociera, diría que esto significa mucho para ti. —Significa mucho para ella, que es lo que importa. Supongo que lleva tanto tiempo sin celebraciones como nosotros. —Todo eso son tonterías —gruñó Hank. —Pues vete haciendo a la idea. Hank lo miró con ademán tormentoso. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 74—119 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Yo no celebro fiestas, ¿vale? Y menos ésa. Y si tu chica se siente herida, lo siento, pero lo superará. Ryan lo agarró del brazo para impedir que se alejara. —Maddie no es mi chica —dijo en voz baja—. Y me importa un bledo que sigas sufriendo después de dos años, pero ha llegado el momento de empezar a superarlo. Hank se soltó de él y apretó los puños. —Lo dice el hombre cuya novia lo dejó hace más de cinco años. Y ella está viva. El dolor de Hank resultaba palpable. Ryan respiró hondo y puso los brazos en jarras. Se le encogió el estómago al ver la angustia que se leía en los ojos de su hermano. —Maddie querrá saber por qué no vienes. Hank maldijo. —Pues dile que. . No, me importa un bledo lo que le digas mientras todos me dejéis en paz. A mediados de noviembre, los días coloridos del otoño dieron paso a un invierno prematuro y muy frío, pero el tiempo era la menor de las preocupaciones de Maddie, que estaba muy ocupada buscando una mujer por la que pudiera interesarse Ryan.


Y sin mucha suerte. Aparcó el coche en la casa de convalecencia a la que había ido Ned al abandonar del hospital y salió con un suspiro. Tenía que haber una mujer que lo quisiera lo suficiente para contrarrestar lo que quiera que fuera que le impedía llevar una vida plena. Alguien que no tuviera tres hijos y un tío abuelo gruñón. —¡Quiero irme a casa, maldita sea! —gritó Ned en cuanto la vio. Maddie dejó su lata de galletas en la mesilla con un suspiro. Como de costumbre, él veía la televisión, vestido con un mono y una camisa de franela a cuadros. —No puedes irte a casa —dijo—. Todavía necesitas cuidados. Además, tu casa es una pocilga. —A mi casa no le ocurre nada. —Sí le ocurre y tú lo sabes, así que ¿podemos dejar esa conversación? Vio sorprendida que los ojos del viejo se llenaban de lágrimas. —La comida de aquí no sería buena ni para los cerdos —dijo. Maddie no quería ni imaginar lo que habría comido cuando estaba solo. Por lo menos allí se recuperaba bien. Tardaría en volver a la normalidad, pero mejoraba bastante bien para sus años. Las enfermeras decían que se movía sin


problemas con el andador. —Ned, lo siento. No puedes volver a ese cobertizo. —¿Y puedo ir a tu casa contigo? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 75—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Maddie se quedó sin aliento. Cierto que el viejo estaba desesperado, pero. . —Si estuviera en una casa propia, podrías venir ahora mismo, pero todavía estaré mes y medio más con el doctor Logan —le tomó una mano—. Lo siento. Me gustaría poder hacer algo. La miró como un niño que acabara de descubrir que habían cancelado la Navidad y asintió con la cabeza. Maddie le tendió la lata con las galletas de arándanos que había hecho. —Aquí no se está tan mal, ¿verdad? Y tienes una habitación para ti solo... —Nunca había pisado un hospital —gruñó él; mordió una galleta—. Y ahora no puedo salir de uno. —Esto no es un hospital.


—Como si lo fuera —masticó despacio y miró a su alrededor con tristeza—. El único miedo que he tenido en mi vida es que me dejaran morir en un sitio así. Maddie sintió que se le partía el corazón. —Veré lo que puedo hacer para sacarte de aquí, ¿vale? Pero no puedo prometerte nada. —Sólo serían seis semanas, menos si pueden darme la casa antes de Año Nuevo. Después de pensar cómo podía abordar el tema con Ryan toda la tarde, Maddie había optado por el enfoque directo. Amy dormía, Ryan amontonaba hojas en el jardín con el rastrillo y los niños corrían y jugaban cerca de allí. Se apoyaba en el rastrillo y todavía no había dicho nada. Maddie se lamió los labios. —Sé que no tengo derecho a pedirle nada más, pero su seguro no pasará más de un par de semanas y no puede volver a su cobertizo. Bueno, aquello no era cierto del todo, pero no podía decir simplemente que a Ned no le gustaba estar allí, ¿verdad? ¿Pero por qué no decía nada? —Puede quedarse en el dormitorio de abajo, que tiene baño propio y...


—Maddie. —¿Qué? —Ned es veterano de guerra. El Estado cubre todos sus gastos médicos. —¡Oh! —se sonrojó ella—. Perdón. —¿Por qué? ¿Por contarme una historia o por querer ayudar a Ned? —Por meterlo más en mis problemas. Debería ser capaz de... —Deberías ser capaz de sentir que puedes pedirme ayuda —volvió a juntar hojas con calma—. Sin tener miedo. No me importa que Ned se quede aquí. —Oh. Gracias. —De nada. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 76—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Maddie, confusa, empezó a alejarse. —Por cierto —dijo él—. Te toca tu revisión de las seis semanas. Ella se volvió con la cara roja. —¿De verdad cree que...? —Supongo que preferirás que la haga Ivy —dijo él a las hojas. —Sí. Gracias. —De nada.


Oyó a los niños gritar y reír. Y sin pensar lo que hacía, tomó un montón de hojas de un montón cercano y se las echó a Ryan por la cabeza. —¿Qué demoni...? —¡Te la quedas! —gritó ella. Echó a correr. Sabía que a él no le costaría mucho alcanzarla si se lo proponía. Miró por encima del hombro y soltó un grito. Iba tras ella con un montón de hojas en ambas manos. Y la expresión de su cara denotaba que tenía intención de vengarse. Maddie se echó a reír y siguió corriendo alrededor de la casa. Se agachó detrás de un seto y fingió que se consideraba ya perdida hasta que él se acercó, lo esquivó en el último momento y volvió a correr sin dejar de reír. Y él también se reía. —¡Ven aquí, enana! —¿A quién llamas enana? —gritó ella. Gritó al ver que se acercaba lo bastante para lanzarse las hojas, algunas de las cuales le entraron en la boca. Sin dejar de reír y de escupir, se armó de hojas, volvió a echar a correr... y tropezó con una raíz de árbol saliente. Ryan, que estaba demasiado cerca para parar, chocó con ella y los dos cayeron al suelo. Cayeron en un montón de hojas jadeando y riendo con tanta fuerza que a


Maddie le faltaba aire en los pulmones. Apenas si fue consciente de la proximidad de los niños y de que Katie le preguntaba si se encontraba bien. Pero sí era muy consciente de la pierna de Ryan encima de la suya y de su rostro manchado de hojas a poca distancia del de ella. —¿Estás bien? —preguntó él con preocupación. —Sí —dijo ella, aunque no podía pensar y, por lo que sabía, podía tener una docena de huesos rotos. En ese momento sólo existía el cuerpo de él encima del suyo, fuerte, cálido y seguro, y los dedos que retiraban hojas de su pelo. Y algo en los dulces ojos azules de Ryan que hacía que su corazón quisiera creer de nuevo en sueños. Lo miró con atención. —¡Tienes una araña en la ceja! Ryan se puso de rodillas con rapidez y se llevó una mano a la frente. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 77—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡La tengo! —Quiero verla —gritaron los niños. Cuando Ryan se la enseñó, hicieron muecas de


asco y se alejaron corriendo para seguir jugando. Maddie se incorporó despacio y empezó a quitarse las hojas del pelo como si fuera lo más natural del mundo, como si no temblara por dentro como una posesa. —Sólo a ti se te ocurre empezar a jugar con un hombre que ha olvidado cómo se juega. —Pensé que ya era hora de que alguien te refrescara la memoria. Ryan suspiró. Y recorrió despacio la mejilla de ella con los nudillos. —No nos convenimos nada el uno al otro, Maddie Mae. La joven vaciló y lo miró a los ojos. — ¿Por qué? —dijo, con voz que le costaba mucho mantener firme—. ¿Porque te hago reír? —Sí. Porque me haces reír. Exasperada de pronto, con él, consigo misma y con el mundo en general, se sacudió las hojas del trasero y echó a andar hacia la casa. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 78—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 10


E NTRE los preparativos de la comida de Acción de Gracias y ayudar a Ned a instalarse en la casa, los diez días siguientes pasaron en una nube y Maddie tuvo poco tiempo de pensar en nada, incluido el médico que empezaba a poner en peligro su buen juicio. Pero con Jimmy había aprendido que no tenía sentido soñar con un hombre que no te convenía. Y al menos con él había tenido la excusa de la juventud, pero ahora ya no tenía diecisiete años. Por desgracia, como su corazón parecía dispuesto a combatir a su lógica en ese tema, Maddie se volvió más decidida que nunca a sacar a Ryan Logan de su estupor y conseguir que volviera a fijarse en las mujeres, aunque, por supuesto, una cosa era buscarle a alguien y otra muy distinta conseguir que saliera con ella. Pero todo podía ser. En ese espíritu asistió a la reunión de padres de la clase de Noah y miró con nuevos ojos a Taylor Mclntyre, la profesora. Era atractiva, de unos treinta años, con los dedos limpios de anillos, inteligente, simpática y una mujer de carrera. ¿Qué más podía desear un hombre? Y cuando descubrió que la señorita Mclntyre no pensaba ir a su casa en Texas en


Acción de Gracias, bueno, hubiera sido muy poco hospitalario por su parte no invitarla a la comida, ¿no? A continuación, Maddie se juró a sí misma que se retiraría y dejaría que la naturaleza siguiera su curso. También se juró que no se enfadaría si ocurría. Cuando sonó el despertador a las cinco y media el día de Acción de Gracias, Maddie dio un salto y lanzó un gemido. ¿Por qué se le había ocurrido fijar la comida para la una en punto? Bostezó y escuchó con atención, pero sólo oyó la respiración acompasada de Amy. Se quitó el camisón y se puso los mismos vaqueros y la sudadera del día anterior, sin molestarse en ponerse sujetador ni en pasarse un peine por el pelo. Entró en el baño a lavarse la cara y los dientes y bajó las escaleras. Y en la cocina encontró a Ryan tomando café recién hecho. Lo miró sorprendida. —¿Se puede saber qué haces levantado a estas horas? —He pensado que necesitarías ayuda para meter el pavo en el horno. ¡Eh! — protestó cuando ella encendió la luz de arriba—. Avisa antes de hacer eso. —¿Y por qué necesito ayuda para meter el pavo en el horno? —preguntó ella. —Porque es más grande que mi camioneta y no podrás levantarlo sin romperte algo. ¿Se puede saber cuánto pesa? —Once kilos — Maddie sacó apio, cebollas y champiñones de un cajón—. Y


supongo que no se te ha ocurrido pensar que ya lo metí sola en el frigorífico y en el carrito de la compra — empezó a cortar apio— y que lo traje sola aquí. —¡Y yo que pensaba que eras una de esas personas a las que les gustan las mañanas! — exclamó él. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 79—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Mientras siga oscuro, es de noche. Ryan se levantó de la silla y se desperezó con lentitud. —Te recuerdo que todo esto fue idea tuya. Colocó un zumo de naranja delante de la joven, que dejó de cortar cebolla y lo bebió de un trago, cosa que la animó un tanto. Miró a Ryan, que sacaba el ave gigante del frigorífico, y decidió que no era mala idea dejarlo lidiar con él. —Muy bien —dijo—. Puedes ayudar, pero en cuanto metas el bicho en el horno, te vas a la cama, ¿me oyes? —Sólo si no me necesitas para nada más. —Créeme —le aseguró ella, volviendo a las cebollas—. Lo mejor que puedes hacer


por mí es quitarte de en medio. Si voy a hacer el ridículo, prefiero no tener espectadores. Ryan colocó el pavo en el fregadero y buscó un par de tijeras para cortar el plástico que lo envolvía. —Creía que habías dicho que sabías lo que hacías. —En teoría sí. Ayudé varias veces a Grace a preparar la comida de Acción de Gracias, pero es la primera vez que me ocupo yo sola. Ryan tiró la envoltura de plástico a la basura y frunció el ceño. —¿Y por qué lo haces ahora? —Ya te lo dije. Para darte las gracias. —¿Y por qué más? Maddie enarcó las cejas, pero siguió cortando cebolla. —¿Quién ha dicho que haya algo más? —Nadie. Se me ha ocurrido a mí solo. La joven pensó un momento. —Vale, supongo que lo veo como una especie de rito de paso. Después de preparar esta comida, ya soy una mujer. —Lo lavo con agua fría, ¿verdad? —Sí. —Y por cierto, yo diría que hace tiempo que eres una mujer.


Maddie se quedó inmóvil. Eran las cinco y media de la mañana, estaba allí sin sujetador, sin duchar, con el pelo revuelto y, si no se equivocaba, el aire estaba cargado de sexualidad. Claro que podía ser una alucinación por su parte, ya que sólo un hombre ciego podría desearla en su estado actual. —¡Y yo que pensaba que no me mirabas como a una mujer! Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 80—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Sintió la mirada de él en su cara; luego Ryan colocó el pavo en la bandeja y se lavó las manos. Maddie siguió cortando verdura. Pero se sobresaltó cuando él le tomó la barbilla y la volvió hacia él. Y antes de que pudiera reaccionar... la besó en los labios. Su bigote hacía cosquillas, pero de un modo agradable. Y sus labios... ¡Oh, sus labios! Se alegró de haberse lavado los dientes. Luego se alejó y ella se quedó mirándole la espalda con expresión estúpida. —¿Ryan? Él se volvió desde la puerta.


—Cuando quieras que meta el pavo en el horno, grita —dijo—. Estaré en mi despacho. Maddie frunció el ceño. Aquello no presagiaba nada bueno para el resto del día. ¿Qué demonios le había ocurrido? Ryan se pasó las manos por el pelo y gimió. Faltaban aún cinco semanas para Año Nuevo. Cinco semanas más teniendo a Maddie donde podía verla, olería y desearla. . Se volvería loco. Completamente loco. Un ligero ruido le hizo levantar la vista. Maddie estaba en el umbral con los brazos cruzados y una expresión entre perplejidad y enfado. —¿Quieres hacer el favor de explicarme a qué ha venido eso? —preguntó. —Yo... —Ryan frunció el ceño y negó con la cabeza—. No. —¿No, no quieres o no, no puedes? —Las dos cosas. —¡Hombres! — Maddie se volvió y se alejó por el pasillo. Ivy llamó sobre las diez. —Siento hacerte esto en el último momento, pero no puedo ir. Maddie casi se desmayó. —¡Oh, no, no me digas eso! Te necesito.


La comadrona tardó en responder. —Eso no suena muy bien. —Mmm, necesito tu apoyo moral, nada más. Además, ¿quién va a ir a buscar a Mildred? —Oh, yo te llevaré a Mildred, no te preocupes por eso —bajó la voz—. Dawn se ha presentado en casa hace unos minutos. —Pues tráela contigo. No pasa nada. —Cal. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 81—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Oh, por el amor de Dios! ¿Cuánto tiempo hace de eso, diez años? Y no ocurrió nada, ¿verdad? Ivy suspiró. —Lo sé, pero... —Ya es mayorcito, Ivy. Supongo que puede soportar pasar un par de horas con su ex... lo que sea. Además, tú no tienes pavo en tu casa porque pensabas venir aquí.


—Parece que está prometida —dijo Ivy en voz aún más baja—. Y él viene con ella. Maddie dejó de cortar para pensar en ello. —A menos que ese hombre tenga pulgas, tráelo también —dijo—. Cal tendrá que lidiar con ello. Y si todavía siente algo, puede qué eso lo cure. Del mismo modo que ella tenía que lidiar con Ryan y su beso cuando no quería pensar en ello porque era una mujer adulta y las mujeres adultas no se vuelven locas por un sencillo beso. —Si estás segura... —Claro que sí. Nos vemos a la una. Acababa de resolver aquella crisis cuando Noah la llamó desde la sala. —¡Mamá! ¡Katie ha vomitado en el suelo! —¿Cuánto narices piensas servir esa comida, muchacha? — Ned entró en la cocina y le bloqueó la salida—. Estoy muerto de hambre. —Cómete un panecillo. Así aguantarás hasta la una. —¿La una? Me moriré antes. Maddie reprimió las ganas de golpearlo con la cuchara de madera. —Lo dudo mucho. Además, hace una hora que te di cereales.


El viejo hizo una mueca. —¡Cereales! Pretendes envenenarme. Yo necesito huevos con beicon, no comida de señoritas. —¡Mamá! —¡Ya voy! ¡Ya voy! Pasó al lado de Ned y chocó con Ryan, quien se llevaba ya a Katie en dirección al baño. —Me parece que se ha comido una bolsa de galletas de chocolate —dijo, sin mirarla—. No tiene fiebre ni le duele nada, sólo diez kilos de Oreos a medio digerir en el suelo de la sala. Tú vuelve a lo tuyo, esto está controlado. Genial. Vómitos delante y Ned detrás. Una elección difícil. ¿Por qué demonios aquello le había parecido alguna vez buena idea? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 82—119 https://www.facebook.com/novelasgratis El resto de la mañana pasó sin traumas y, cuando los invitados empezaron a llegar a las doce y media, Maddie, ataviada con un suéter nuevo beige de cuello alto y mallas


a juego, se sentía más o menos en control. El pavo estaba en el horno, la salsa hecha, el puré de patatas también y todo lo demás o estaba acabado o en proceso de estarlo. Y la mesa... bueno, se veía bastante bien aunque las sillas no hicieran juego. Entre el mantel de encaje, la porcelana de la madre de Ivy y los cubiertos nuevos que había comprado Ryan... —No sé qué me gusta más —comentó éste, a espaldas de la joven—. Si cómo huele aquí o el aspecto de la mesa. Maddie se hinchó como un pavo. Miró la mesa con el ceño fruncido. —¿Crees que les importarán los vasos de plástico? —Con toda la comida que tienes, dudo mucho de que se fijen en eso. Hubo un silencio. —Siento mucho lo que pasó esta mañana — dijo él. Maddie abrió la boca. —Yo no —repuso sin pensar. Tardó un segundo en darse cuenta de que el zumbido que oía en su cabeza era el sonido de los latidos de su corazón. —Quiero decir. . —intentó explicar ella, sin saber cómo— que hacía mucho tiempo que no me besaban, eso es todo.


Sonrió. La voz de Cal los sobresaltó a los dos. —¡Eh, huele muy bien aquí! —dijo. Llevaba vaqueros, camisa de franela abierta en el cuello y una chaqueta de flecos, y sonreía como de costumbre. Dio una palmada a Ryan en el hombro y se acercó a abrazar a Maddie. Le dio un ramo de crisantemos amarillos y granates. —¿Para mí? —preguntó ella. —Bueno, no son para nadie más, preciosa —miró la mesa y lanzó un silbido —. Si esto no trae recuerdos, no sé qué puede hacerlo —dijo con suavidad. Contó los platos y frunció el ceño—. ¿Once personas? ¿A quién habéis invitado? —Oh, tenemos un par de invitados con los que no contábamos —repuso Maddie de modo casual. Arregló por enésima vez el centro de mesa que había preparado con plantas del jardín. Y se preguntó si una persona podía llegar a morir de buenas intenciones. Tres horas más tarde seguía preguntándoselo. Ivy le tendió la bandeja del pavo para que la secara.


—Yo diría que en conjunto no ha ido mal. Maddie reprimió una risa algo histérica. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 83—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Quieres decir sin tener en cuenta que Cal y tu futuro yerno casi se pegan? —Todas las fiestas necesitan algún tipo de distracción. Y ha venido Hank. —¿Cuánto? ¿Veinte minutos? —Es un comienzo, querida. O mejor dicho, es un milagro. Y es obra tuya. Maddie dejó la bandeja en la encimera y se sentó en una silla. Sonrió a Katie, que se acomodó en sus rodillas. Había sido un día difícil, sí, pero en la parte positiva, había salido airosa de la prueba de la cocina y Amy había dormido la siesta sin problemas. Había habido también una parte negativa. Hank, para empezar. Había aparecido en mitad de la comida, sí, pero apenas si cruzó tres palabras con nadie, aparte de felicitar a Maddie por la comida, y se marchó antes del postre. En cuanto a sus planes para Ryan y la profesora de Noah... bueno, no había tenido en cuenta a Cal, quien entró a matar antes de que Ryan tuviera ocasión de saludar a la joven. Aunque era evidente para todos que Cal sólo miraba a Taylor en beneficio de


Dawn, o mejor dicho, de Andrew, el novio de Dawn. Al que Maddie había sorprendido mirando los vasos de plástico con el ceño fruncido. Y sí, Ryan había tenido que salir. Diez minutos antes de que llegara Hank. Maddie vio que Katie se había dormido en sus rodillas y se levantó para acostarla. Le dijo a Ivy que volvería enseguida. Al pasar por la sala, observó a Noah y a Ned que veían un partido de fútbol en la tele sentados juntos en el sofá. Mildred Rafferty, ataviada con un vestido azul que seguramente tendría unos treinta años, se sentaba en un sillón cercano, en espera de que Ivy la llevara a casa. Al verla, le preguntó cómo iba todo y Ned le dijo que se callara hasta los anuncios. Cuando Maddie subía las escaleras, oyó a Mildred decirle a Ned que era un viejo antipático que debería avergonzarse de sí mismo. La joven miró por encima de la barandilla y vio que Ned hacia una mueca. Cuando Ryan volvió alrededor de las diez, encontró a Maddie fregando el suelo de la cocina. —Es increíble lo mucho que puede ensuciar una persona sólo para hacer una comida —dijo ella con voz más grave que de costumbre. Apretó los labios y frotó con la fregona un punto cerca de la cocina de gas.


—¡Ah! Eso lleva ahí desde siempre —la informó Ryan. —Pues ya es hora de que salga —ella se apartó el pelo de la cara con el dorso de la mano—. Y, por lo que más quieras, siéntate antes de que caigas redondo. Ryan no discutió. —Ha venido Hank —dijo ella. —¿Bromeas? —No. Pero no se ha quedado mucho —se agachó para rascar algo con la uña del pulgar y volvió a incorporarse—. Quizá la próxima vez llegue hasta el postre. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 84—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Se volvió a mirarlo. —Has estado fuera mucho tiempo. ¿Qué ha pasado? Ryan bostezó. —He tenido que ir a casa de Sam Frazier. Es un viudo con seis hijos que tiene una granja cerca del rancho de Cal. Una de las vacas lo ha coceado y le ha roto una pierna. La fractura era muy complicada para arreglarla aquí, así que he tenido que


llevarlo a Claremore y buscar a alguien que se quedara con los niños, ya que la mayor tiene sólo doce años. —¿Y el más joven? —Dos años. Su esposa murió de un aneurisma el año pasado. Tenía mi edad. Se sentaba a mi lado en la escuela en clase de Biología —un dolor extraño se extendió por su pecho—. Sam y ella eran pareja desde niños. —Eso es muy triste —suspiró Maddie. Movió la cabeza y metió la fregona en el cubo—. Pero supongo que para él es un consuelo pensar en todo el tiempo que pudo pasar con ella. Ryan miró su espalda delgada y sus manos pequeñas en el palo de la fregona. —Tienes una vena romántica, ¿sabes? Maddie tardó un momento en hablar. —Depende de lo que entiendas por «romántica». No pienso en el amor en términos de bombones, flores y un mundo de fantasía donde todo es perfecto —sacó la fregona y la pasó por el suelo—. Para mí el amor verdadero es que alguien te importe tanto como para. . superar juntos los malos tiempos y los buenos —se detuvo, un


poco jadeante, y se pasó la muñeca por la mejilla—. El amor significa no tener miedo de que alguien vea tus defectos. Y poder vivir con los de otro. —¿En otras palabras, estar dispuesto a aguantar hasta el amargo final? Maddie levantó las cejas. —No largarse a la primera señal de problemas, eso seguro. Y también tener el valor de ser sincero con la persona que quieres cuando ves que no ha elegido un buen camino. Y ahí fue donde me equivoqué yo con Jimmy. Apoyar a alguien no es lo mismo que verlo destruirse sin decir nada. Soltó una risita amarga y se acercó a vaciar el cubo al fregadero. —Yo me decía que seguía con él por el bien de los niños, cuando en realidad estaba contribuyendo al desastre. No volveré a cometer ese error. Ryan miró de nuevo los músculos de su espalda y lo invadió la ternura. —Por si te sirve de algo, creo que hacía años que no tenía una comida de Acción de Gracias tan buena —dijo. Maddie se volvió y se apoyó en el fregadero. —Lo poco que has tenido. Escaneado por Corandra y corregido por Pily


Nº Paginas 85—119 https://www.facebook.com/novelasgratis A Ryan no le pasó por alto su decepción. —Te advertí... —Ya lo sé. Y seguro que ese hombre y sus hijos te están muy agradecidos. —Pero tú estás molesta. La joven suspiró. —No porque hayas tenido que irte —frunció el ceño—. Es sólo que... no me parece bien que no tengas vida propia. —Mi vida es ésta. —Pero no tiene por qué ser así. No todo el día y todos los días sin saber nunca cuándo podrás terminar una comida o dormir una noche seguida. Ryan empezó a sentirse irritado. —La vida de un médico rural es así y tú lo sabes. —También sé que hay otros médicos que quieren que formes una clínica con ellos. Me lo ha contado Ivy. O sea que sí tienes otras opciones, pero, por algún motivo, no quieres hacer que tu vida sea más fácil. Es puro hábito, y no intentes negarlo. Ryan cruzó los brazos y la miró a los ojos.


—Cuando la gente de aquí me llama, quiere verme a mí, a la persona en la que confían. No tengo derecho a cambiarles las reglas del juego. —¿Tú conoces a los otros dos médicos? —Sí. —¿Y te fías de ellos? —Son buenos médicos. ¿Adonde quieres ir aparar? —A que, si les das ocasión, puede que tus pacientes también se fíen de ellos. A que puede que tomarte una noche libre muy de vez en cuando no suponga tanto trastorno para tus pacientes como te gusta creer. —Y puede que cómo viva mi vida sea asunto mío. Los ojos grises de ella lo miraron sin parpadear. —Sí, claro que sí. Pero yo cuando veo un problema lo digo. Tú puedes escucharme o no, a mí me da lo mismo. ¿Tienes hambre? Porque puedo calentarte algo. —¡Maldita sea, Maddie! —Ryan se levantó de la silla—. No, no tengo hambre. Y si tengo, puedo calentarme algo yo sólito. La joven retrocedió un poco y Ryan le puso las manos en los hombros para detenerla. Ella lo miró con ojos brillantes por las lágrimas.


—Lo siento —dijo él—. No quería gritarte. Estoy nervioso, eso es todo. Pero, por el amor de Dios, tú ya has pagado de sobra tu deuda. Tienes que dejar de poner las necesidades de todos por delante de las tuyas. Maddie soltó una risita estrangulada. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 86—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Mira quién habla! Ryan sonrió sin alegría. —Vale, pero conmigo es distinto. —No, no lo es. A ti te encanta cuidar de otros, igual que a mí. Sólo que yo lo hago cocinando y limpiando, eso es todo. Movió la cabeza. —¿Maddie? —Mira, cuando me casé, estaba llena de fantasías sobre lo que debe ser el amor y el matrimonio —miró al suelo y luego de nuevo a él—. Y supongo que he puesto demasiado empeño en la comida de hoy. Quería que fuera perfecta.


Ryan no la entendía del todo. —No te toca a ti arreglar el mundo —dijo. —¡Yo no quiero arreglar el mundo más de lo que tú quieres cuidar de todos sus habitantes! Sólo quería celebrar una fiesta como es debido por una vez en la vida. Ryan se apoyó en la encimera. —¿Como las que celebrabas con tus padres adoptivos? Maddie asintió con la cabeza. —Querer eso no es nada ilógico —dijo él. —No lo sé. —Dime —comentó él—. ¿Y lo de invitar a la profesora de Noah entraba en lo de querer que todo fuera perfecto? Ella tardó un rato en contestar. —Ya te lo dije —musitó al fin—. No tenía adonde ir. —¿Y lo de que esté soltera no influyó? Maddie levantó la barbilla. —Claro que no. —Vamos. Han intentado emparejarme demasiadas veces para que no reconozca la maniobra a un kilómetro.


—Sólo fue una idea —comentó ella—. Olvídalo. —Ésa es mi intención. Además, no necesito a nadie aparte... «De ti». Las palabras se le atragantaron en la boca mientras el corazón le latía con fuerza. —... a mí mismo —terminó. Maddie se echó a reír. —¡Oh, por el amor de Dios! Cualquier con dos dedos de frente puede ver lo solo que estás. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 87—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Solo? ¿Quién tiene tiempo de estar solo? Hubo un silencio. Maddie se volvió para salir, pero lo miró desde la puerta. —Pregúntate por qué me has besado esta mañana —dijo—. Y creo que encontrarás la respuesta. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 88—119 https://www.facebook.com/novelasgratis


Capítulo 11 E SA VEZ Hank sí estaba en la recepción del motel, de pie detrás del mostrador con expresión a juego con el tiempo tormentoso de fuera. Miró un instante a Ryan y volvió la vista a la pantalla del ordenador. —Límpiate los pies. Acabo de pasar el aspirador. —Sí, madre —Ryan colgó su sombrero empapado en el perchero al lado de la puerta—. Hace un día espantoso. Hank soltó un gruñido. —Supongo que no vienes a darme un informe del tiempo. —No —Ryan se desabrochó el abrigo—. Me han dicho que te pasaste ayer. Su hermano se encogió de hombros. —Pensé que ya que Maddie se había tomado tantas molestias... —Es una pena que no te quedaras más. Hank bajó la vista de la pantalla al teclado. —No pude. Lo intenté, pero... —No pasa nada, no te preocupes. Y no vengo por eso. Me preguntaba si podrías ayudarme con una cosa. Hank levantó la cabeza. —¿Con qué?


—Parece que Maddie perdió el contacto con su última casa de acogida cuando se casó. Sólo sé su apellido y que entonces vivían en Fayetteville, Arkansas. No es mucho, pero... Hank achicó los ojos. —¿Te ha pedido ella que los busques? —No. Me da la impresión de que hubo un malentendido entre ellos y de que ella no los busca porque tiene miedo. —Y tú no puedes dejar de meter las narices donde no te llaman. Ryan pensó en la conversación que había tenido con la joven en la cocina e hizo una mueca. —Es lo menos que puedo hacer. —Bueno, puedes empezar con la guía telefónica de Fayetteville. —Pero no me la voy a encontrar en Haven, ¿verdad? Hank tecleó algo en el ordenador. —¿Cuál es el apellido? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 89—119 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Idlewild. Grace y George Idlewild. Su hermano tecleó algo más. Y volvió la pantalla hacia él. Allí estaba el número de George Idlewild en Fayetteville, Arkansas. —Ha sido muy fácil —dijo Ryan, que anotó el número en su móvil. —Y que lo digas. —Maddie Kincaid —susurró Ruby desde su posición encima de la escalera de mano y con las manos llenas de espumillón plateado—. Estás loca. La joven, que revolvía la caja de decoraciones navideñas de Ruby en el café casi vacío, miró hacia la mesa en la que había aparcado a Mildred y Ned, quienes llevaban unos diez minutos sosteniendo una conversación civilizada mientras tomaban un tazón de sopa de pavo con fideos. Noah y Katie se hallaban en la cocina con Jordy, quien les había encomendado algún trabajo, y Amy dormía en su cochecito al lado de Mildred. —Sí, ya me lo han dicho otras veces —sonrió. Había sido una mañana dura. Había prometido llevar a Mildred al centro comercial cuando recordó que los niños no tenían colegio y Ned protestó tanto de que ya no salía nunca, que acabó llevándoselos a todos.


—¿Dónde quieres esto? —preguntó. Levantó un cartel de «Feliz Navidad» en tonos verde y oro. —Ése va en la ventana del centro —Ruby sujetó un trozo de espumillón al techo con una chincheta—. Casi me caigo de la escalera cuando te he visto entrar con esos dos. —¿Por qué? —preguntó Maddie. —Es evidente que no lo sabes. —¿Qué es lo que no sé? —Que Mildred fue el gran amor de Ned en otro siglo. La joven parpadeó. —¿Eso es cierto? —Sí. Aunque no creo que ella se diera ni cuenta, ya que siempre estuvo enamorada de TJ. —¡Oh! —Maddie los miró un momento—. ¿Por qué el doctor no me ha dicho nada? —Seguramente no lo sepa. Poca gente lo sabe. No creo que Mildred se diera cuenta. Y Ned nunca se lo dijo a nadie. —¿Y cómo lo sabes tú? —Por mi madre, que se lo oyó a mi abuela, que limpiaba para la madre de


Mildred. Cuando Ned dejó el Ejército y volvió aquí, hace casi treinta años, mi madre empezó a pensar en lo que le había dicho mi abuela y me lo contó. La abuela decía que lo veía Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 90—119 https://www.facebook.com/novelasgratis pasar cerca de la casa cuando creía que nadie lo veía. Y una vez le vio dejar un ramo de flores en la puerta y salir corriendo. Suspiró. —Por cierto, ¿cómo te fue ayer? Maddie le dio una versión reducida de los sucesos del día anterior. —Por cierto, como el otro día Jordy y tú dijisteis que no os gusta la repostería, quería preguntarte si te interesaría que hiciera tartas para el café. Sadie Metcalf pagó al doctor en melocotones este mes y tengo un saco lleno de manzanas que trajeron los Andrew hace dos semanas. Y sería una pena desperdiciarlos. Ruby inclinó la cabeza. —¿Haces tartas buenas? —Fantásticas. Pregúntale a Ryan. Ruby la miró fijamente a los ojos.


—¿Ryan? —preguntó. Maddie se ruborizó. Pero antes de que pudiera decir nada, entró Hootch Atkins en el café y, al ver a Maddie, se acercó a ella. —¿Puedo invitarla a una taza, señorita Maddie? La joven sonrió, pero rehusó con amabilidad. Ruby puso los ojos en blanco. Cuando hubo dejado a Mildred en su caravana y vuelto a casa con los demás, eran casi las dos y media. Ni siquiera Noah se negó a echar una siesta ese día. Amy seguía durmiendo y Ned se retiró enseguida a su cuarto. Maddie entró en la sala y se dejó caer en el sofá. Algún tiempo después se despertó con un sobresalto. Estaba desorientada y confusa. Miró a Amy, quien arrugaba la cara en el cochecito como hacía cuando quería comer. Pero entonces oyó ruidos en la cocina y tomó a la niña en brazos y se acercó a ver qué pasaba. Encontró a Ned, que abría y cerraba armarios agarrado a su andador. —¿Buscas algo? —preguntó. El hombre se volvió con un sobresalto. —¡Maldita sea, muchacha! ¿Por qué tienes que acercarte así?


—Yo no me he acercado de ningún modo. Y cuida tu lenguaje. No quiero que las primeras palabras que diga mi niña sean maldiciones. —Perdona —gruñó el viejo—. ¿Dónde están esas galletas que has comprando hoy? No las encuentro. Maddie se acercó con un suspiro y levantó la tapa de la lata de galletas. —¡Ah! Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 91—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué voy a hacer contigo? —preguntó ella con suavidad. Enchufó la pava, esperó a que hirviera y preparó una taza de té para el anciano. —Gracias —dijo éste. Señaló a la niña—. ¿Le vas a dar de comer? —Sí. ¿Te importa que...? —No, no, adelante. Maddie se instaló en una silla y colocó a su hija de modo que no se viera nada. Pero cuando levantó la vista, estuvo a punto de dar un respingo al ver lágrimas en los ojos del viejo. —¡Tío Ned! —estiró una mano y tomó la de él—. ¿Qué sucede?


No hubo respuesta. Maddie respiró hondo. —Háblame de Mildred —dijo. El la miró sorprendido, pero tardó más de un minuto en hablar. —¿Cómo sabes eso? —preguntó al fin. —¿Importa? —preguntó ella. Ned negó despacio con la cabeza. Y empezó a hablar. Cuando Ryan entró en la casa, oyó voces en la cocina. La voz ronca de Ned y la de Maddie, más clara. Se había acostumbrado a oír otras voces en su casa, pero había algo en aquéllas que... Se acercó despacio y se detuvo en la puerta. Ned estaba de espaldas a él y Maddie le sostenía la mano. Eso sólo era ya motivo de sorpresa, ya que era difícil imaginarse al viejo dejando que nadie lo tocara así. Maddie tenía el ceño fruncido y estaba tan absorta en lo que contaba Ned que no notó la presencia de Ryan. Tenía a Amy dormida en el otro brazo. Soltó la mano de Ned, cambió a la niña de posición y entonces vio a Ryan de pie en el umbral y sonrió. La clase de sonrisa que un hombre esperaría ver en el rostro de su esposa al final de un largo día. Pero Ryan no quería pensar en eso. Así que se dijo que acababa de interrumpir un


momento privado y se alejó por el pasillo. Se dijo que tal vez Maddie tenía razón y era hora de empezar a ejercer algún tipo de control sobre su vida, así que entró en el despacho, tomó la guía de teléfonos local y buscó el nombre de Taylor Mclntyre. Ned se instaló en el sillón del dormitorio de la planta baja y puso la televisión de segunda mano que había comprado Maddie en un mercadillo. Le había dicho que la cena estaría dentro de una hora y su sobrina era buena cocinera. Hasta podía preparar verduras que se podían comer sin vomitar. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 92—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Se rascó la cara y pensó que era curioso que no tuviera tantas ganas como antes de volver a su casa. Pensó en lo fácilmente que se acostumbraba uno a lo bueno. A la tele, por ejemplo. Tantos años sin ella, y ahora... Y si alguien le hubiera dicho que iba a contarle a otra persona sus sentimientos por Mildred, lo habría llamado loco. Pero los secretos son pesados de llevar, aunque sean de los que no perjudican a nadie. Y le gustaba que Maddie le hubiera dicho que


debería considerar decirle a Mildred lo que sentía y no que debería decírselo, como hubieran hecho otras mujeres, que estaban convencidas de tener línea directa con Dios. Y cuando él le había dicho que no le parecía buena idea, ella había retrocedido enseguida y le había prometido que nunca se lo contaría a nadie. Seguro que no sabía que había visto su expresión cuando Ryan se acercó a la puerta de la cocina. Y a menos que se equivocara mucho, ella sentía por Ryan Logan lo mismo que había sentido él siempre por Mildred. Aunque T.J. hacía casi veinticinco años que había muerto, las mujeres como Mildred... bueno, no podía culparla por su lealtad, cuando él no había mirado nunca a otra mujer. ¿Y por qué, entonces, no había tomado al toro por los cuernos después de la muerte de su marido? No de inmediato, claro, sino un par de años después, cuando el dolor de ella se hubiera apagado un poco. ¿Qué le había dado tanto miedo? Después de todo, lo habían condecorado dos veces por su valentía en Corea y una, mucho más tarde, en Vietnam. Sin embargo, no había tenido agallas para ir a por la mujer que amaba.


Y ahora... ahora era ya tarde. Ryan no recordaba haber tenido nunca una idea tan tonta. Y sólo le quedaba confiar en que fuera la última vez. En la semana transcurrida desde que Taylor aceptara la invitación a cenar hasta esa noche, había intentado convencerse de que quizá cuando llegara el momento no se sintiera como un idiota y de que Maddie no había actuado de forma rara cuando le contó que iba a salir con la maestra. Estaban en su despacho cuando se lo dijo y ella lo había mirado sorprendida. —¿No era eso lo que querías? —preguntó él. —Bueno, sí... es sólo que no me lo esperaba. No creía que lo hicieras. —Pues lo he hecho. —Ya lo veo. —Y deberías alegrarte. —Y me alegro. De verdad. Sólo tengo que acostumbrarme a la idea. A continuación dijo que creía que lloraba la niña y salió del despacho. Y en la semana siguiente, ninguno de los dos había mencionado la cita, aunque notó la ausencia de la joven cuando bajó con la chaqueta deportiva y la corbata que hacía siglos que no se ponía.


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 93—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Para entonces estaba más nervioso que en su primera cita con Roberta Whitson a los quince años, una experiencia que lo había traumatizado tanto que no había vuelto a invitar a salir a una chica hasta los dieciocho. Y ahora, al aparcar el coche delante de la casa alquilada de Taylor, después de lo que sólo podía describirse como una velada extraña, no pudo menos que decirse que era el hombre más estúpido del planeta. Y eso a pesar de que Taylor no parecía corroborar su opinión de sí mismo. De hecho, se había mostrado amable aunque acababa de pasar dos horas en la cocina amarillo brillante de Dixie Treadway, mientras él intentaba convencer a Gertie, la madre de ochenta y dos años de Dixie, que tenía lo que su hija llamaba «ataques», de que bajara de una vez del pajar. La llamada había llegado cuando estaban en mitad de la cena. Gertie estaba bien cuando tomaba su medicación, pero a veces le daba por esconder las pastillas y


entonces había problemas. Y Ryan era la única persona de la que se fiaba en tales momentos. A veces sólo tardaba unos minutos en tranquilizarla y otras veces tardaba más. Le explicó la situación a Taylor y ofreció llevarla antes a su casa, pero ella insistió en que no le importaba acompañarlo ni que se hubieran quedado sin cenar. —Lo siento mucho —dijo Ryan una vez más cuando bajaron del coche. Taylor se echó a reír. —Ya me lo has dicho —dijo con ojos a los que la bombilla del porche daba un tono verde intenso—. Pero no lo sientas. Me has recordado por qué no debo salir con un hombre que está casado con su profesión. Lo intenté una vez y descubrí, para vergüenza mía, que me cuesta mucho compartir a mi hombre con el resto de la humanidad. —¿Y por qué has salido conmigo? —pregunto Ryan con curiosidad. La joven se encogió de hombros. —Esto es un pueblo y no hay mucha gente con la que salir. Y si uno de los solteros más codiciados del lugar me llama para invitarme a salir. . —¿Debo sentirme halagado? —musitó él.


—Inmensamente. Ryan soltó una risita. —¿Y quién son los demás solteros codiciados de aquí? —Tus hermanos, por supuesto. —Por supuesto. —Pero dime una cosa. ¿Por qué me invitaste tú? Porque desde el momento en que has venido a buscarme estaba claro que tu corazón no estaba en esta cita. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 94—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Ryan enarcó las cejas. —Eso no es cierto. —Sí lo es. Se dice que hace tiempo que no sales con mujeres. ¿Por qué ahora? ¿Y por qué conmigo? —Porque he creído que ya era hora. Y... —¿Y? Ryan se echó a reír. —Porque eres guapa y simpática y pensé que sería buena idea. Y... lo siento, esto no


se me da bien. —Oh, lo haces muy bien. Es una pena que sea con la persona equivocada. —¿La persona equivocada? —Sí. El otro día me pareció que entre Maddie Kincaid y tú había. . ¿cómo decirlo? Sentimientos. Pero puedo equivocarme, claro. —No hay nada entre Maddie y yo —protestó Ryan. Taylor abrió la puerta de su casa. —Me duele ver que un hombre tan bueno se mienta de esa manera a sí mismo. Buenas noches. —Buenas noches —dijo él, rígido. Cuando llegó a casa, diez minutos después, Maddie daba de mamar a Amy en el sofá y veía la tele. —¿Y bien? —preguntó. —Hemos pasado la velada en casa de los Treadway. —¿Otra vez Gertie? —Sí. —Quizá vaya a verlos mañana y les lleve pastel de plátano. —Les gustará —dijo él—. No es buena idea —musitó—. Lo de Taylor y yo.


—¡Ah! —Maddie se pasó la mano por el pelo—. ¿Algún motivo en particular? Ryan movió la cabeza. —No se te ocurra intentar emparejarme con nadie más, ¿vale? —Vale. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 95—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 12 A MEDIADOS de diciembre a Noah se le había caído su primer diente y Amy había empezado a echar el primero; Katie se sabía de memoria el villancico de Navidad, Navidad, que cantaba continuamente, y Maddie se encontraba inmersa en el negocio de hacer tartas, ya que los clientes de Ruby las apreciaban bastante. Por otra parte, Mildred Rafferty se había roto una muñeca y había ido a pasar una temporada con ellos a instancias de Ryan. Maddie colocaba rodajas de manzanas sobre el bizcocho de una tarta, Katie Grace aplastaba las más altas con la parte de atrás de una cuchara de madera y Noah echaba encima una mezcla de azúcar, clavo y canela. Mildred, con el brazo en cabestrillo, distraía a Amy en su sillita, pero se levantó a por más canela y


chocó con Ned, que le preguntó desde su andador. —Lo único que necesito es que te quites de en medio antes de que me rompas otra cosa — gruñó la mujer. En medio de todo eso, Ryan entró en la cocina y Maddie contuvo el aliento. Teniendo en cuenta que tres meses atrás vivía completamente solo, no había duda de que se tomaba muy bien las cosas. El médico revolvió el pelo a Noah, besó a Katie y dejó que Amy le metiera el dedo en la nariz antes de servirse una taza de café y acercarse a Maddie. —¿Manzana? —dijo. —Sí. —¿Es para nosotros? —Ésta sí. —Acabas de alegrarme el día. ¿Estás bien? Te veo acalorada. —Es del horno —repuso ella. —Oh, vale. Bien, si alguien me necesita, estaré en el despacho. Se marchó y Maddie suspiró. Sabía ya que, a pesar de todas sus promesas a sí misma y de sus prevenciones, se había enamorado de Ryan Logan.


El amor esa vez era tan diferente a su primera experiencia que le había costado reconocerlo. Con Jimmy había sido como un viaje en montaña rusa donde casi no podía respirar. Con Ryan el sentimiento era suave y dulce, como la sensación de sostener la mano de un niño o de oler el aire después de una lluvia de primavera. Esa vez enamorarse era como un calor que se extendía por su cuerpo y llegaba a los puntos más secretos. Pero no tenía más remedio que controlar esos sentimientos, ya que era evidente que Ryan no la correspondía y sólo podían meterla en líos. Los sueños seguían siendo un lujo que no se podía permitir y cuanto más tiempo permaneciera allí más tendría que sufrir. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 96—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Lo único que tenía que hacer ya era sobrevivir a la Navidad. Cuando estuvieran todos en la nueva casa, quizá sus estúpidas hormonas se tranquilizaran y dejaran de darle la lata.


Se enderezó y sus piernas cedieron bajo ella. —¿Seguro que mamá se pondrá bien? — preguntó Noah cuando Ryan lo metió en la cama. Katie estaba ya dormida. Ivy había ido a la casa en cuanto Ryan le dijo que Maddie había sucumbido a la misma gripe que llevaba una semana atacando el pueblo, pero había tenido que salir para atender un parto. Ryan confiaba en que no lo llamaran a él también, ya que, a pesar de las protestas de Ned y Mildred, no le apetecía dejar a los niños a su cuidado. Se sentó en la cama y sonrió a Noah. —Claro que se pondrá bien. Te lo prometo. Sólo necesita descansar mucho para que su cuerpo pueda combatir el virus. Por eso está tan quieta, porque tiene mucha fiebre. Pero en un par de días más, estará como nueva. Noah salió de entre las mantas y lo abrazó con lágrimas en los ojos. Ryan se quedó sin aliento. El niño olía a champú, a canela y a su mamá. Ryan lo estrechó con fuerza contra sí y lo sentó en sus rodillas. —¿Puedes leerme un rato? —preguntó Noah. —Claro que sí. ¿Qué libro?


Noah se bajó de sus rodillas para alcanzar la mesilla. —Éste —dijo; de nuevo se sentó en su regazo. Ryan le leyó una historia sobre un niño que había aprendido a conquistar su miedo al «monstruo terrible» que vivía en su sótano. Cuando terminó, los ojos del niño estaban medio cerrados. —¿Ryan? —¿Sí? —Ya no te tengo miedo. —Me alegro —lo depositó en la cama y se inclinó a taparlo—. Yo tampoco te tengo miedo a ti. Noah abrió mucho los ojos. —¿Me tenías miedo? —Claro que sí. Un chico duro como tú. . al principio estaba muy preocupado. El niño se echó a reír. —Eres tonto —dijo. Le echó los brazos al cuello y le dio un abrazo. Ryan se incorporó emocionado y pasó a la habitación de Maddie, que dormía de lado con la frente arrugada. Se acercó a contemplarla y tragó saliva. Cuando la miraba


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 97—119 https://www.facebook.com/novelasgratis sentía como una guerra en su interior, lógica frente a sentimiento, miedo frente a necesidad, el impulso de huir frente al deseo de no marcharse nunca. Una indefensión completa frente a un gran sentimiento de protección. Haría cualquier cosa por ella, por verla feliz y saber que estaba segura. Cualquier cosa. Amy se movió en su cuna, situada al lado de la cama. El mayor problema de la enfermedad de Maddie era que seguía dándole el pecho a la niña y, aunque había pocas probabilidades de que le pasara la enfermedad, ya que la leche creaba sus propios anticuerpos, faltaba por ver si la joven estaba en condiciones de dar de mamar. Y el biberón podía hacer que Amy abandonara el pecho y resultara muy incómodo para Maddie. Odiaba tener que hacer eso, pero... Sacó a la niña de la cuna, le cambió el pañal, la acercó a la cama y tomó a Maddie en el hombro.


—Perdona, querida. Pero esto no puedo hacerlo yo. La joven tardó un momento en reaccionar. Luego asintió con la cabeza, se desabrochó el camisón y dejó que Ryan colocara a la niña donde pudiera alcanzar el pecho. Ryan se sentó al lado mientras ella dormitaba y Amy mamaba. Cuando retiró a la niña, Maddie ni siquiera se enteró. Ryan le frotó la espalda hasta que eructó y la devolvió a su cuna. La joven le había dicho que ahora dormía ya hasta las siete y pensó que, si no la oía llorar antes, volvería a esa hora. En la puerta se detuvo a mirar a la madre y a la hija, incapaz de apagar el anhelo que fluía por sus venas. Hacía mucho tiempo que no se permitía desear algo que no podía tener, mucho tiempo que no pensaba en sus propias necesidades. Movió la cabeza. La romántica era Maddie, no él. Aunque su romanticismo fuera más pragmático que el de muchas mujeres, eso no le impedía creer que el amor era suficiente. Y ahí había una diferencia importante entre ellos. Porque Ryan sabía que no lo era. Maddie se despertó con un sobresalto, con la piel fría y húmeda, sin saber si había dormido varios días o sólo unas horas. Lo último que recordaba era meter una tarta en el horno. ¿O había sido sacar? Luego sólo había una niebla en la que veía


imágenes vagas de Ryan o Ivy colocándole a Amy para que mamara, intentando que bebiera limonada, té o caldo de pollo, que odiaba desde niña. Y de pronto se sentía casi bien del todo. O por lo menos lo bastante bien para ducharse y cambiarse el camisón. Se puso la bata y bajó a ver qué era todo aquel jaleo. —¡Mamá! —gritó Noah, que corrió a tomarle la mano—. ¡Tenemos un árbol de verdad! Ryan nos ha llevado a casa del tío Cal y hemos ido al bosque a cortar uno. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 98—119 https://www.facebook.com/novelasgratis La joven miró a su alrededor hasta que sus ojos se encontraron con los de Ryan y decidió que parecía complacido consigo mismo. Sonrió con el corazón henchido de algo que iba más allá del amor. Los dos niños tiraban de ella hacia el árbol, que ocupaba casi la mitad de la sala. Por el rabillo del ojo vio a Ned desenredando luces sentado en un sillón y hablando con Amy, que estaba en su sillita a los pies del anciano y contribuía a la conversación con burbujas y ruiditos. Entonces Ryan le pasó una mano por la cintura para ayudarla a llegar al sofá


y ella estuvo a punto de echarse a llorar ante la gentileza de su contacto. —¿Cómo estás? —Bien. —A partir de ahora, la recuperación irá rápida —dijo él—. Mañana ni recordarás que has estado enferma. —Estoy deseándolo. ¿Dónde está Mildred? —Ha vuelto a casa —gruñó Ned, que tiró de una porción de las luces con más fuerza de la necesaria—. Dijo que ya podía arreglarse sola. —¡Mira, mamá! — Noah le puso una caja de cartón en las manos—. Cal nos ha dado muchas cosas para decorar el árbol. Maddie sacó con cuidado una casita de cristal y miró a Ryan. —¿Crees que estos dos pueden decorar el árbol? —Estas cosas sobrevivieron a nosotros tres — musitó él—. Y supongo que también pueden sobrevivir a ellos. Ya lo hemos hablado, ¿verdad, chicos? Los dos asintieron con entusiasmo. —No podemos tocarlas sin un adulto cerca —explicó Noah—. Porque son de cristal y


se pueden romper y cortarnos. Ryan extendió la mano y levantó otra caja que había en una silla. La abrió y se la pasó a Maddie. Estaba llena de ángeles de cristal, cada uno en una pose distinta. —Los coleccionaba mi madre. La Navidad era su época preferida. Maddie sonrió y acarició uno de los ángeles con el dedo. —La mía también. Aunque no haya habido muchas memorables. —Esperemos que ésta lo sea —dijo él. Y ella miró sus ojos azules y sintió que flotaba por encima de las nubes. Aunque también podía deberse a que todavía no estaba bien del todo. Ryan le preguntó si tenía hambre y Maddie descubrió con sorpresa que tenía bastante apetito, así que él le dijo que no se moviera y que le llevaría algo. Volvió unos minutos después con un sandwich, patatas fritas de bolsa y un vaso de limonada, aunque lo que de verdad ansiaba ella era una de las hamburguesas dobles con queso de Ruby y un batido de chocolate. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 99—119 https://www.facebook.com/novelasgratis


Cuando levantó la servilleta, se encontró con un paquete envuelto en papel de plata. —¿Qué es esto? —Ábrelo y lo verás —dijo él. Era un CD navideño de Tim McGraw y los ojos de ella se llenaron de lágrimas. —Pero tú odias la música country —dijo con suavidad. —Pero no lo he comprado para mí. Le quitó el disco de la mano y lo puso en la cadena musical. Los niños empezaron a bailar como locos delante del árbol y Ryan se echó a reír. Maddie mordió el sandwich y pensó que nunca había probado nada tan bueno. Entonces miró a Ned, que observaba a los niños con el ceño fruncido. Y mientras lo miraba, su ceño empezó a aclararse hasta que en la frente quedaron sólo las arrugas de los años. Luego, lentamente, empezó a dar palmadas al ritmo de la música y una sonrisa se extendió por su cara. Maddie cerró los ojos, como si así pudiera atrapar la felicidad en su interior. Aunque sólo había estado levantada un par de horas, cuando terminaron de decorar el árbol, Maddie estaba agotada, así que no protestó cuando Ryan insistió en


acostar a los niños mientras ella daba de mamar a Amy en su cama. —¿Ha terminado? —preguntó el médico cuando volvió a la sala, señalando a la niña. —Sí, creo que sí —apartó las mantas para levantarse, pero Ryan le quitó a la niña. —De eso nada. Quédate donde estás. La señorita y yo podemos arreglarnos solos. Maddie lo miró atender a su hija con manos grandes y capaces y su sensación de felicidad se mezcló con las mariposas que revoloteaban en su estómago hasta que dejó de saber lo que le ocurría. —Gracias —dijo, cuando él hubo depositado a la niña en la cama. Ryan la miró. —¿Porqué? —Por darnos la Navidad, entre otras cosas. Una sombra cruzó la cara de él. —Era lo menos que podía hacer. —¿Lo menos? Tú ya has hecho muchísimo. No sé cómo decirte lo mucho que te agradezco todo. Tenernos aquí, cuidarnos, ser mi amigo... y enseñarme cómo tiene


que ser un hombre. Vio que se sonrojaba de vergüenza. —Yo no soy.. —Sí lo eres. Tienes el corazón más grande que he visto nunca, aunque gruñas por las mañanas y no te guste la música country. Nadie es perfecto —sonrió ella—, pero mis hijos y yo tuvimos mucha suerte de llegar a este pueblo y quiero que lo sepas. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 100—119 https://www.facebook.com/novelasgratis El reloj del vestíbulo dio las nueve. Ryan avanzó lentamente hasta sentarse en la cama con expresión tierna y a la vez seria. Maddie contuvo el aliento. —Creo.. que el afortunado soy yo —dijo. Maddie le acarició la barbilla y él le sujetó la mano y apoyó la palma en su mejilla sin dejar de mirarla a los ojos. Le dio un beso en el centro de la palma y ella contuvo el aliento. Luego dejó la mano en el regazo de ella y empezó a levantarse. —¡No! —exclamó Maddie. Lo sujetó por el brazo y él miró la mano que lo agarraba y la cubrió con la suya. Maddie sintió un deseo intenso y también algo más: se dio cuenta de que hay sueños


por los que vale la pena arriesgarlo todo. —Estoy enamorada de ti —dijo, con una mezcla de esperanza y miedo—. Me he dicho que no estaba lista, que no podía dejar que pasara, pero ha pasado y, suceda lo que suceda, no me arrepiento. Ryan suspiró pesadamente y volvió a sentarse en la cama. —¡Oh, Dios, Maddie! Esto no es buena idea —dijo sin mirarla. —Bueno —repuso ella—, siempre he creído que es mejor decir la verdad. ¿Qué bien puede hacernos que guarde esto para mí? —Maddie, por favor... —la miró a los ojos—. No supliques. La joven abrió la boca sorprendida. —¿Suplicar? Yo no he suplicado nunca. Yo no pido, yo doy. Se incorporó y le echó los brazos al cuello. Lo besó en la boca y rezó para que no la apartara. Y sintió con alivio que él respondía al beso con pasión y le ponía una mano en el pecho. Y de pronto todo acabó. No había boca ni mano ni nada, sólo el aliento jadeante de él y sus frentes tocándose. —¡Maldita sea, Maddie! Yo no tengo que desearte tanto. —¿Quién lo dice? —Yo. —Pues quizá debas pensar mejor a quién escuchas. Él se apartó lo suficiente para contemplar su rostro y acariciarle los pómulos,


la nariz y la boca con los dedos. La besó con tal gentileza y amor que a ella se le llenaron los ojos de lágrimas. —Maddie, tesoro, no.. Yo no soy lo que necesitas. —¿Y si yo no estoy de acuerdo? Ryan soltó una risita triste. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 101—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Los niños me odiarían cuando no pudiera asistir a sus partidos de fútbol, a sus recitales o sus obras de teatro. ¿Y cuántas fiestas más tendría que estropearte antes de que tú también me odiaras? Créeme, nadie entiende mejor que yo lo que es querer algo, pero he aprendido que a veces queremos las cosas equivocadas, cosas que sólo pueden hacernos daño. ¿Comprendes lo que quiero decir? Maddie miró los ojos angustiados de él. —Sí, dices que soy muy joven para saber lo que quiero. —Digo que nuestra diferencia de edad influye en nuestra perspectiva de la vida y en nuestro modo de tomar decisiones. No tengo duda de que sabes lo que quieres, pero no sé si sabes lo que necesitas.


Maddie soltó un gruñido de frustración. —Yo no me rindo fácilmente —dijo—. Mira cómo seguí con Jimmy. —Sí, vamos a mirar eso —Ryan se puso en pie con los brazos en jarras—. Eso es lo que me temo que ocurra otra vez, que te sientas obligada a seguir con algo aunque no funcione. La joven respiró hondo un par de veces antes de hablar. —Estás diciendo que me apartas por mi propio bien. —No necesitas otro hombre que te haga daño. Hubo una pausa. Ella salió de la cama y se acercó a la cuna a mirar a su hija a través de una cortina de lágrimas. —¿Maddie? —¿Qué? —¿Sabes que estuve prometido una vez? — ella asintió con la cabeza—. Suzanne también creía que podría soportar las exigencias de mi trabajo, pero acabé haciéndole más daño del que habría creído posible. Y que me condenen si voy a hacer pasar otra vez por eso a nadie. Por eso no me he casado y no puedo tener una familia como todo el mundo, porque no es justo pedirles a una mujer y a mis hijos que se conformen con las sobras.


Maddie se volvió, casi temblando de rabia. —Pero tú si puedes vivir de las sobras, ¿verdad? Ryan movió la cabeza y salió de la habitación. Maddie lanzó la almohada con rabia contra la puerta. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 102—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 13 E N LA superficie, todo seguía igual unos días después. Ryan había encendido fuego en la chimenea, Maddie envolvía regalos sentada en el suelo con las piernas cruzadas y rodeada de lazos y cintas, y el conjunto formaba una escena prenavideña idílica. Pero la revelación de Maddie unos días atrás había dejado algo inacabado entre ellos y, cuando anunció que la casa de Emerson estaba lista para que se trasladaran cuando quisieran, Ryan tuvo la sensación de que le habían dado un martillazo. El regalo que más le habría gustado hacerle a Maddie, un reencuentro con sus padres adoptivos, parecía cada día más improbable, ya que los Idlewild no habían respondido al mensaje que les había dejado en el contestador y en conjunto tenía la


sensación de que no podía hacer nada bien. —Supongo que estarás contenta —comentó. Ella asintió. —Pero creo que esperaremos a después de Navidad —dijo—. Ya que aquí tenemos el árbol —terminó de colocar un lazo en un paquete verde para Noah y lo puso a un lado. —Maddie —dijo él—. Ya sabes que no es preciso que os vayáis. La joven lo miró. —Tú tienes que recuperar tu vida —dijo; cortó otro trozo de cinta—. Y yo tengo que seguir adelante con la mía. —Sé que ahora estamos un poco tensos, pero... —No puedes tener las dos cosas —musitó ella—. No podemos volver a lo de antes, y sé que la culpa es mía. —¡Eh! — Ryan le tomó una mano y se la apretó para que no la soltara—. Nadie tiene la culpa y podemos superar esto. No necesitas esa carga económica. Maddie soltó su mano con ojos brillantes. —Sobreviviré. Ruby me compra cuarenta tartas a la semana y tengo también lo que


me pagas tú. Y Ned va a poner parte de su pensión para el alquiler y comida. . Ryan nunca creyó que vería ese día, pero el viejo había limpiado su propiedad y la había puesto a la venta. —Todo irá bien —resumió ella—. Ya verás. Ryan la miró. —No voy a dejar de preocuparme por vosotros sólo porque os vayáis. La joven bajó los ojos. Él miró el árbol en busca de valor. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 103—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —No sabes lo mucho que me tienta tu oferta —dijo—. Y no quiero que te vayas sin que sepas que no la rechazo porque no te quiera, porque te aseguro que te quiero con todo mi corazón. Pero sería un egoísta si dejara que me amaras. Ella lo miró largo rato en silencio; la confusión de sus ojos dio paso a la derrota. Sonó el móvil. Ryan lanzó una maldición y lo sacó del cinturón. Pero cuando volvió a mirar al lugar donde estaba Maddie, ella había desaparecido. —Pero yo no me quiero ir. A Katie y a mí nos gusta esto. Y a Amy también. La habitación de los niños estaba llena de regalos. Maddie no había contado


con que mucha otra gente también les compraría cosas. —Hace un mes te gustaba la nueva casa — dijo a su hijo. —Me da igual. Quiero quedarme aquí con Ryan. —Yo también —musitó Katie. Por lo menos los niños habían tenido una buena Navidad, aunque para ella las últimas cuarenta y ocho horas habían sido un infierno. —No podemos. Ésta no es nuestra casa, pero Ryan ha dicho que podéis venir siempre que queráis. Noah la miró de hito en hito. —¿El tío Ned viene con nosotros? —preguntó. —Claro que sí. Y ahora tenéis que acostaros. Mañana va a ser un día muy atareado. Esperó a que se metieran en la cama y besó a Katie, pero cuando fue a hacer lo mismo con el niño, éste apartó la cara. Maddie le tomó la mano entre las suyas. —Lo siento, cariño, pero es para bien. Noah la miró con gesto acusador y ella se inclinó y le besó la frente. —Sé cómo te sientes —susurró. No tenía mucho que trasladar, aparte de las pocas cosas que había llevado consigo


desde Arkansas, los regalos de los niños y toda la parafernalia que la gente del pueblo había dado a Amy desde que nació, pero todo ello junto no pesaba tanto como su tristeza. Tristeza que rehusó irse ni siquiera cuando Cal apareció con su camioneta y Maddie vio la hermosa cómoda de madera de arce y la mecedora que éste dijo haber encontrado en el desván esperando que alguien las adoptara. Ryan no estaba allí, lo habían llamado y no podía ayudar con la mudanza. Y Maddie se alegraba de ello. Durante toda la tarde pasó gente con comida y regalos para la nueva casa, entre ellos tres cafeteras, y Ruby, Ivy y Luralene se presentaron con cazuelas, platos y cubiertos. Al fin las cuatro mujeres se sentaron alrededor de la mesa de la cocina, donde la peluquera mecía a Amy mientras Noah y Katie exploraban el jardín. Ruby había Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 104—119 https://www.facebook.com/novelasgratis investigado entre los regalos de comida y acabó eligiendo un pastel casero de Didi Meyerhauser.


—Esa mujer sí sabe cocinar —dijo—. ¿Tienes servilletas? Maddie dijo que no, pero se levantó para buscar un rollo de papel de cocina, lo cual le dio una excusa para moverse y dejar de sonreír un rato. Lo cierto era que tenía los ojos llenos de lágrimas y no podía sacudirse la tristeza. ¿Cómo iba a poder seguir trabajando con él? Si hubiera tenido elección, lo habría dejado, pero no era fácil encontrar trabajos de media jornada bien pagados. Respiró hondo, sacó el rollo de papel de una caja y volvió a la mesa, donde las tres mujeres la miraron compasivas. —Ese hombre es un idiota —declaró Ruby. —Amén —dijeron Ivy y Luralene al unísono. Y Maddie se echó a llorar. La casa estaba en silencio. Ryan colgó las llaves de la camioneta en el gancho al lado de la puerta de la cocina y dejó el maletín en la mesa. No se molestó en quitarse las botas, aunque rodeó la alfombra recién lavada que había ante el fregadero en vez de pisarla y se acercó a poner la radio. Como era de esperar, estaba en una emisora de música country. Ryan giró el dial y pensó lo agradable que iba a ser encontrarlo siempre donde lo


dejara. En el frigorífico había una nota que decía que había jamón, patatas y guisantes para un par de días. Estaba escrita en la parte de atrás de un sobre de la compañía del gas y la caligrafía florida de Maddie se elevaba en los puntos en que lo hacía el papel. Arrugó la nota y la tiró a la basura. Entró en la sala, donde el árbol de Navidad parecía burlarse de él. —¿Qué narices podía hacer? —preguntó en voz alta—. Lo he hecho por ella y por los niños. Pero el árbol no contestó. Sonó el teléfono fijo y contestó de mal humor. —¿Diga? Hubo un momento de silencio. Luego oyó una voz de contralto. —¿Doctor Logan? Soy Grace Idlewild. ¿Nos dejó usted un mensaje que decía que sabe dónde está Maddie? Para el miércoles, todo el pueblo sabía ya que Maddie se había mudado. Antes de que acabara el jueves, Ryan sabía bien lo que los buenos ciudadanos de Haven opinaban del tema. —Creo que Maddie ha alquilado una casa—le dijo Alden Lancaster cuando


pasó a verlo para procurar que su última afección respiratoria no volviera a terminar en neumonía. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 105—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Ryan se quitó el estetoscopio y lo miró. —Era lo que ella deseaba. —Y supongo que usted le dio su bendición. —No la necesitaba. Es una mujer adulta y puede ir a donde quiera. Alden lanzó un gruñido. Y Ruthanne, su callada hija, se mostró más callada aún que de costumbre cuando lo acompañó a la puerta. Adondequiera que iba, alguien tenía un comentario sobre la mudanza de Maddie que decía mucho más de lo que se podía esperar de un comentario. Y lo peor de todo era que, al no decir mucho, no le daban la oportunidad de defender su posición. El viernes estaba de peor humor que un oso con una espina clavada en la pata y cuando Ned lo llamó y le preguntó si podía pasar a verlo porque hacía un par


de días que no se sentía bien, Ryan se descubrió odiando hacer una visita por primera vez en su vida. —¿No puedes venir a la consulta? —Maddie no está aquí. Esta mañana le toca ir a la guardería, así que no puedo salir —tosió un par de veces—. ¿Oyes eso? —Sí, Ned, lo oigo. —Pues suena diez veces peor en persona. Y colgó. —Se ha limpiado mucho en la última hora —murmuró Ned. Estaba sentado en la cama de su nuevo cuarto—. Pero tú has oído la tos. —¿Quieres ir al grano? Tengo más visitas. Ned arrugó la cara y se abrochó la camisa. —Muy bien. No puedo creer que hayas dejado marchar a Maddie, muchacho. Ryan suspiró. —Bueno, todo el mundo parece pensar lo mismo, pero te recuerdo que ella se ha ido porque ha querido. Le dije mil veces que podíais quedaros todos allí. El viejo soltó un bufido.


—¿Como qué? ¿Invitada? ¿Ama de llaves? —¿Qué significa eso? —Oh, no te hagas el tonto conmigo. Yo llevo un mes con los dos y no me vas a decir que no sabes lo que siente esa chica por ti. —No quiero hablar de esto. —Claro que no. Y a menos que yo me haya vuelto ciego, tú también estás loco por ella. Ryan se cruzó de brazos y lo miró. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 106—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Y qué si es así? —¿Y qué? ¿Lo estás o no lo estás? Ryan levantó su maletín con el ceño fruncido. —Me vuelve loco. ¿Eso cuenta? —Déjame decirte algo, muchacho —musitó Ned. Miró a Ryan con un nudo en la garganta—. Yo era más joven que tú cuando perdí mi corazón por una mujer, una mujer que quería a otro. No tuve más remedio que apartarme y dejarle vivir


su vida. Tú sí puedes elegir. No seas idiota y procura elegir bien porque te aseguro que la soledad es una... —Tío Ned, ¿va todo bien? Los dos se volvieron hacia la puerta. Maddie estaba allí y los miraba con severidad. —¿Se puede saber por qué has vuelto tan pronto, muchacha? —Sólo han aparecido tres niños aparte de Katie, así que Didi ha dicho que me fuera —se cruzó de brazos—. Pero tú no contabas con eso, ¿eh? Ryan, de pie en el porche, tenía un aspecto tan deplorable que Maddie pensó que quizá había justicia en el mundo después de todo. —No puedo creer que Ned haya hecho esto —dijo, de pie en la puerta abierta. Ryan se encogió de hombros. —Olvídalo —la miró a los ojos—. ¿Qué tal os estáis instalando? Maddie había acordado con él no ir a trabajar hasta después de Año Nuevo. —Estupendamente. ¿Tú comes bien? Ryan sonrió. —Anoche terminé el jamón —señaló la puerta—. Más vale que entres antes de que te


congeles. —Sí, claro. Bien, nos vemos el lunes. Él se tocó el ala del sombrero y se volvió. Maddie se dijo que sería una idiotez verlo marcharse. Además, tenía un viejo al que reñir. —¡No tienes derecho a meterte en mi vida! —¡Maldita sea, muchacha! Alguien tenía que decir algo. —¿Y para qué? —echó agua caliente en la taza del té y procuró que no le temblara mucho la mano—. ¿No crees que es algo entre Ryan y yo? ¿O que puede que no tenga arreglo? —Tal vez. Pero él y tú sois las dos únicas personas en el mundo que se han preocupado por mí y no me gusta ver que dejáis pasar una oportunidad así. —Lo dice el hombre que lleva más de un cuarto de siglo sin decirle a una mujer que la quiere. Se miraron uno al otro en silencio. Él fue el primero en apartar la vista. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 107—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tienes razón. Dame las llaves del coche. Creo que llego veinticinco años tarde a


una cita. Maddie lo miró sorprendida. —Estaría loca si te dejara conducir mi coche. Pero te llevo yo. Ned se echó atrás en el acto. —¿Y si se ríe en mi cara? —Mala suerte —Maddie empezó a marcar el número de Ivy—. El mundo es así. Tres cuartos de hora más tarde, aparcaban delante de la caravana de Mildred. Ned estiró el cuello y se arregló el nudo de la corbata. —¿No me vas a preguntar si quiero seguir adelante con esto? —No. El viejo frunció el ceño. —Parecerá raro que estés presente. —No pienso entrar. Sólo estoy aquí de chofer —aclaró ella. Salió del coche y sacó el andador de él del asiento trasero—. Sal de una vez y dile a esa mujer lo que sientes antes de que los dos os arruguéis aún más. Ned frunció el ceño y soltó una carcajada. Ella lo ayudó a salir del coche. —Ese idiota no sabe lo que se pierde —dijo el viejo. Se acercó despacio a la puerta de Mildred.


Maddie esperó al lado del coche hasta que vio a la anciana abrir la puerta con una expresión de placer indiscutible. A Ryan le costó trabajo reconocer a Suzanne, aunque, por otra parte, no esperaba encontrársela en el supermercado, cuya parte de congelados recorría en busca de algo que lo mantuviera con vida. Era el día anterior a Nochevieja, nevaba fuera, había mucha gente en la tienda y Ryan deseaba acabar cuanto antes y marcharse, así que no estaba precisamente de buen humor cuando dobló un recodo y su carrito chocó con el de Suzanne. Abrió la boca, pero no dijo nada. Un mínimo de diez personas dejaron lo que estaban haciendo para mirarlos sin disimulo. Hasta que Ryan los miró con fijeza y apartaron enseguida la vista. —¡Ryan! — Suzanne se había ruborizado y soltó una risita nerviosa. Su pelo rubio, que en otro tiempo le llegaba hasta la cintura, iba recogido ahora en una coleta y no llevaba joyas que quitaran severidad a su atuendo de pantalón y jersey de color oscuro. Pero seguía teniendo los mismos ojos azules y los mismos rasgos perfectos que en otro tiempo dejaban a Ryan sin aliento.


—¡Santo Cielo! —exclamó ella—. No se me había ocurrido que... Se interrumpió. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 108—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué te trae por aquí? —preguntó él. —Las fiestas. Hacía tiempo que los niños y yo no veníamos. Suelen ser mis padres los que se desplazan. —¿Cuántos años tienen tus hijos? —preguntó él, comprensivo con la incomodidad de ella. —Toby tiene tres y Amanda dos. Mamá se ha quedado con ellos —se llevó una mano a la frente—. Tú sigues con tu trabajo. . —Sí. —¿Eres feliz? —preguntó ella. —No puedo quejarme —repuso él. — ¿Y tú? —Oh, no estoy mal —vaciló un momento—. Me divorcié el año pasado. — ¡Vaya! Lo siento. Ella sonrió.


—No lo sientas. Era más cuestión de rectificar un error que otra cosa. Hubo un silencio incómodo. —Bueno, ¿cómo están tus hermanos? Y cuando terminaron de decirse lo poco que tenían que decirse y desearse lo mejor, Ryan pagó y se encaminó a su coche. Acababa de poner el motor en marcha cuando oyó un claxon a sus espaldas. Miró y vio a Suzanne que saltaba de un Lexus azul y corría hacia la puerta del acompañante de su coche. Ryan se inclinó para abrírsela y ella entró deprisa. —No puedo creer que tengas todavía esta camioneta vieja. Ryan dio un golpecito en el volante. —Todavía sirve —dijo. Miró a su antigua novia—. ¿Qué pasa, Suzanne? — preguntó con gentileza. La mujer vaciló. —Ha sido una sorpresa encontrarte y estar en casa me ha hecho pensar así que, puesto que ha surgido la ocasión... —respiró hondo—. Quiero que sepas que no te culpo por lo que pasó. Sé que entonces lo parecía, pero estaba confusa y no pensaba


con claridad. Ya sé que no es excusa, pero... —se miró las manos—. Me porté como una idiota. Me asusté y cuando empecé a darme cuenta de lo imbécil que había sido... bueno, a veces no tiene sentido volver atrás, ¿verdad? —No —musitó Ryan—. Supongo que no. —Bien, sólo quería decir eso —abrió la puerta—. Espero por tu bien que tú sepas elegir mejor que yo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 109—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Ryan seguía pensando en esa conversación cuando llegó a su casa y se encontró a Hank sentado en una mecedora del porche que nadie usaba ya. Llevaba el abrigo medio quitado y se sujetaba el brazo izquierdo con el derecho. Al verlo se levantó con una expresión de dolor en el rostro. —¿Qué te has hecho ahora? —preguntó Ryan, sacudiéndose la nieve de las botas. —Se me ha escapado un destornillador. —¿Es grave?


—Lo bastante para venir aquí. Entraron en la consulta, donde Ryan inspeccionó el brazo y movió la cabeza al ver la brecha que recorría unos quince centímetros del antebrazo. —Buen trabajo. —Gracias. —Ha dejado de sangrar, pero ahora tengo que abrirla para limpiarla —tomó un paquete de gasas y el Betadine—. ¿Desde cuándo no te pones la inyección del tétanos? —Ni idea. —Vale. ¿El destornillador estaba limpio? —Oh, claro. Tengo la costumbre de esterilizar todas mis herramientas antes de trabajar. Varios minutos después, cuando la Lidocaine hubo hecho efecto y Ryan empezaba a coser la herida, Hank respiró hondo. —¿Encontraste a esa gente que buscabas? ¿Los padres de Maddie? — preguntó. —Sí. La madre adoptiva me dijo que vendrían en cuanto mejore el tiempo. —¿Lo sabe Maddie?


—No. Hank enarcó las cejas. —Se ha ido, ¿verdad? —Sí. Hace unos días. Hank lo miró coser el brazo. —Supongo que será un alivio. Debía de ser difícil lidiar con una tentación así todos los días. Ryan lo miró fijamente con la aguja en el aire. Hank hizo una mueca. —Oh, no me refiero a una tentación de ese tipo, no te enfades, sino a la que hace olvidar a un hombre por qué prefiere estar soltero —señaló el brazo—. ¿Cuántos más piensas hacer? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 110—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Dos o tres. Y yo no cuento nada en esto. Lo he hecho pensando en Maddie, en lo que ella necesita. Sintió la mirada de Hank clavada en su cara. —No digas tonterías. Decimos a las mujeres que tenemos miedo del


compromiso, pero lo que queremos decir es que tenemos miedo, punto. De que nos dejen, nos rechacen, de que no nos encuentren satisfactorios, de que se mueran... Estás mejor así. El dolor no vale la pena. Ryan terminó el último punto y vendó la herida. La amargura de su hermano por la muerte de su prometida había alterado su perspectiva sobre todo y sobre todos, algo agravado todavía más por su reclusión. Le puso la inyección del tétanos. —¿Quieres algo para el dolor? —preguntó—. Cuando se pase el efecto de la anestesia local te va a doler. —Sobreviviré. ¿Puedo irme ya? A primeros de enero se sucedieron una serie de temporales de nieve que paralizaron la mayor parte de Arkansas, Oklahoma y buena parte del este de Texas. Pero al fin terminó por aclarar, los niños volvieron a la escuela y la guardería y Maddie a su trabajo. —Preguntan por ti.


La joven se sobresaltó, ya que no había oído a Ned entrar en la cocina. Levantó la vista de la cazuela que llenaba en el fregadero para hervir patatas. —¿Por mí? ¿Quién es? —No lo sé. Es la primera vez que la veo. Maddie cerró el grifo. —¿Y no se te ha ocurrido preguntarle el nombre? —Claro que sí, muchacha. ¿Por quién me tomas? Pero no me lo ha dicho. Dice que es una sorpresa. La joven, intrigada ya, se secó las manos en un paño de cocina y salió a la sala de estar. La visitante, una mujer alta y delgada que llevaba un traje de pantalón y chaqueta y el pelo rubio corto, estaba de pie de espaldas a ella y miraba una foto de los niños que Maddie había colgado unos días atrás en la pared. —¿Desea algo? La mujer se volvió y Maddie se quedó sin aliento. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 111—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Santo Cielo, querida! — Grace Idlewild sonrió de oreja a oreja, aunque tenía los


ojos llenos de lágrimas—. Me empezaba a desesperar no volver a verte — abrió los brazos—. Ven y déjame que te abrace. —Has aprendido a hacer muy buen café — comentó Grace unos minutos después, sentada a la mesa de la cocina. —Gracias — Maddie seguía en estado de shock, aunque había empezado a preparar el rollo de carne para la cena—. ¿Dices que te llamó el doctor Logan? —Dijo que había encontrado mi número en una guía de teléfonos en Internet. Dejó un mensaje en mi contestador, pero yo había ido a Idazo a ver a mi hermano y mi cuñada. Maddie, de espaldas a ella, echó una lata de salsa de tomate encima de la carne y pan rallado en el bol. Si no veía su figura delgada, su estilo juvenil y su pelo teñido, podía imaginar que había vuelto a su cocina de Fayetteville. —¿Por qué... por qué no has llamado antes? —Le dije al doctor Logan que esto era arriesgado, pero él insistió en hacerlo así. ¿Te importa? Maddie tomó el salero. Negó con la cabeza. —Me alegro —rió Grace—. No puedo creer que tengas tres hijos. Maddie se secó una lágrima de la mejilla. —Sí. Un niño y dos niñas. La pequeña tiene poco más de tres meses.


—¿Dónde están? —Noah está en casa de un amigo hasta las seis y Katie Grace y Amy están durmiendo, pero despertarán pronto. —¿Katie... Grace? Maddie asintió con la cabeza y hundió ambas manos en la carne para mezclar todos los ingredientes. Grace se acercó a ella. —¿Por qué no nos llamaste nunca? Tú sabes que te habríamos ayudado si nos necesitabas. Maddie mantuvo la vista fija en la carne. —Creía que no tenía derecho a pediros que me sacarais de un lío en el que me había metido sola. —Entiendo —Grace arrancó una hoja muerta de la violeta africana que Mildred había regalado a Maddie por Navidad—. ¿Y asumiste que habíamos renunciado a ti? —No ocultasteis que no queríais que me casará con Jimmy. —Estábamos preocupados por ti, querida —dijo la mujer con gentileza—. Nos habría gustado que fueras a la universidad y esperaras unos años para casarte.


—Con otro que no hubiera sido Jimmy. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 112—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Grace tardó un momento en hablar. —¿Tú querrías que una de tus hijas se casara con alguien como Jimmy Kincaid? Maddie pensó un momento. —Antes la encerraría —dijo al fin. Grace soltó una carcajada y le pasó un brazo por los hombros. —No creo que haya una mujer en el mundo que no se haya sentido atraída por alguien como Jimmy. Un hombre que parece personificar la magia y los sueños. Y el amor verdadero es mágico, no te quepa duda, pero no del tipo de magia que creen los Jimmy Kincaid de este mundo. Lo que no significa que hicieras mal en quererlo ni en seguir con él cuando tu matrimonio se puso difícil. —¿Cómo lo sabes? —El doctor Logan me contó lo que sabía — bajó el brazo y se apoyó en la encimera. Ese hombre tiene una elevada opinión de ti. Es raro encontrar a un. . amigo


así. Maddie se ruborizó, pero no mordió el anzuelo y cambió el tema de conversación. —¿Cómo está George? Grace tardó un momento en contestar. —Murió hace dos años. Fue una muerte pacífica, mientras dormía, dos semanas antes de cumplir los setenta años. —Lo siento mucho —suspiró Maddie. —No hay nada que sentir. Tuvimos muchos años maravillosos juntos — sonrió Grace—. Mezclados con otros no tan maravillosos, pero el matrimonio es así. —Estoy enamorada de él —dijo Maddie de pronto—. Del doctor Logan, me refiero. Me he enamorado de un hombre que está convencido de que lo honorable es apartarme de él —miró con ojos brillantes a la única mujer con la que siempre había podido hablar—. Y yo no sé qué hacer. Grace sonrió y le puso una mano en la mejilla. —Yo también he notado el amor en su voz, querida —se encogió de hombros —. Por desgracia, a veces lo único que se puede hacer es esperar. Otras veces. . — volvió a


encogerse de hombros— hay que ponerles un petardo debajo del trasero. Maddie hizo una mueca. —¿Y cómo narices propones que haga eso? Grace se echó a reír. —Aquí puede ocurrir una de dos cosas. O tu doctor Ryan lamenta el día en que dejó ese mensaje en mi contestador. . —¿o? —O no podrá encontrar palabras suficientes con las que agradecérmelo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 113—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 14 G RACE Idlewild sí tenía varias ideas sobre el tema de petardos en el trasero, pero Maddie no se decidió a ponerlas en práctica y optó por quitarse de en medio y acudir a trabajar cuando sabía que él no estaría allí y, en conjunto, dejar las cosas como estaban durante enero... febrero... y marzo. La vida no se detuvo durante aquellas semanas largas y miserables. Grace permaneció una semana con ellos antes de volver a Arkansas y prometió volver en la


primavera. Nevó tres veces más, una de ellas lo bastante para cerrar la escuela, y tuvieron una racha de varios días buenos en los que empezaron a brotar los tulipanes. Katie cumplió cuatro años y aprendió a escribir su nombre. Amy echó tres dientes más y dejó claro que había terminado de tomar el pecho. Noah empezó a hacer amigos nuevos y acabó por olvidar que Maddie era el enemigo. Ned y Mildred acudieron juntos al baile anual de invierno de los jubilados, mostrándose así oficialmente como pareja. Maddie pidió prestada una Singer vieja a Didi Meyerhauser y cosió cortinas de cuadros blancos y azules para la cocina, añadió tartas de natillas a su repertorio, cumplió veinticinco años sin decírselo a nadie y pasó el primer aniversario de la muerte de Jimmy sin decírselo tampoco a nadie. Ruby y Jordy compraron un sofá nuevo y le dieron el viejo a Maddie. Ryan le dio otro aumento de sueldo. La joven pensó que era por remordimientos, pero lo aceptó de todos modos. Y a principios de abril, se dio cuenta de que el agujero de su corazón, si no curado, al menos había dejado de doler tanto. Por lo que cuando Hootch


Atkins la invitó a salir por cuarta o quinta vez, aceptó. En las semanas y meses que siguieron a la primera semana de enero, Ryan diagnosticó veintitrés casos de gripe, retiró media docena de objetos de orificios infantiles, arregló cuatro huesos rotos y permaneció despierto a menudo por la noche pensando si había perdido el juicio. La echaba mucho de menos. Aunque todavía la veía cuando iba a trabajar o se la encontraba por el pueblo, no era lo mismo. No era lo mismo en absoluto. Y durante esos meses recordó una y otra vez las palabras de Ned y de Hank y acabó por reconocer la verdad que encerraban: que en los últimos años había empleado mucha más energía en salvar su pellejo que en curar a sus pacientes. Y de ningún modo estaba mejor sin Maddie, pensara lo que pensara Hank. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 114—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando decidió que tenía que hacer algo sobre aquella revelación, decidió también


que necesitaba un corte de pelo. Y mientras estaba en la barbería, a Coop Hastings se le escapó que Hootch Atkins había presumido de que Maddie Kincaid había aceptado al fin salir con él. Maddie creía haberle dejado claro a Hootch que salían sólo como amigos y él le había asegurado que estaba de acuerdo. Y durante la primera parte de la velada, en que la llevó a un asador popular cerca de Prior, se mostró como un caballero. Hasta la mitad de la comida, en que se hizo evidente que no sabía beber y tres cervezas lo emborrachaban. Y aunque Maddie sabía que podía llamar a distintas personas para que fueran a buscarla, no sabía cómo salir del problema sin poner en evidencia a su acompañante. —¡Hootch! —le dio un golpecito en el brazo—. Le he pedido a la camarera que te traiga café. La miró sorprendido. —No quiero café —la camarera no hizo caso y se lo sirvió de todos modos —. Estás muy guapa con ese vestido, Maddie. Era un vestido de punto, de color malva, con flores blancas pequeñas. —Pero seguro que estás más guapa sin él — terminó el hombre.


—Tómate el café. —No quiero... Maddie se inclinó hacia él. —O te tomas ese café o me largo. ¿Está claro? Él parpadeó varias veces, pero al fin se llevó la taza a los labios. Maddie suspiró. Los hombres eran criaturas patéticas. —¿Maddie? ¿Estás bien? El corazón casi se le salió del pecho. Se volvió y vio a Ryan de pie con los brazos cruzados y mirando a Hootch con tal rabia que éste se puso en pie y cerró los puños. —¿De dónde narices sales tú? —preguntó. —Eso no importa. Estás borracho. —No lo estoy. —Vamos, Maddie. Te llevaré a casa y llamaré a Cal para que venga a buscar a Hootch. —No —dijo ella. Ryan la miró como si se hubiera vuelto loca. —No puedes dejar que te lleve él. —Claro que no. Pero puedo solucionar sola esta situación. ¡Oh! Escaneado por Corandra y corregido por Pily


Nº Paginas 115—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Hootch había lanzado un puñetazo contra Ryan, falló y cayó sobre la mesa contigua. Ryan lo agarró, se disculpó con los clientes y lo sacó fuera antes de que hiciera más daños. —¡No puedes meterte en mi cita! —protestó Hootch. Cuando Ryan lo soltó, se tambaleó y lo amenazó con el puño—. Es mía. Tú la dejaste marchar. Ella te quiere pero tú eres demasiado... —eructó— tonto para reconocer algo bueno cuando lo ves. Cuando terminó de hablar, Hootch se derrumbó en las escaleras de fuera del restaurante y cerró los ojos. —Luego no recordará nada de lo que ha pasado —dijo Ryan, cuando aparcó delante de la casa de Maddie. —¡Pues qué lástima! —exclamó ella, con los brazos cruzados. Ryan se ajustó el sombrero con un suspiro. —Querida, yo fui a la escuela con Hootch. Es poco recomendable y siempre lo ha sido. Cuando me enteré de que ibas a salir con él, yo... —¿Cómo te enteraste?


—Hootch se lo dijo a medio pueblo. Además, vuestra camarera me avisó en cuanto entrasteis en el restaurante. —Y sentiste que tenías que acudir al rescate. Ryan apretó el volante. —Tú no lo entiendes. —Claro que lo entiendo. Pero algunos no tenemos intención de pasarnos la vida sentados en casa llorando por lo que hemos perdido. Puede que Hootch no sea la mejor elección, pero podía haber solucionado sola el problema. Y quiero que entiendas que no necesito tu protección, así que déjame en paz. ¿Vale? Salió de la camioneta y dio un portazo. —Y por cierto —dijo antes de alejarse—. Que a mí me parece que la terquedad tampoco es una muestra de madurez. Ryan se quedó un momento sentado; después puso el coche en marcha y se alejó. Dejaría que se calmara y luego hablaría con ella. Al día siguiente, a Maddie le dio un vuelco el corazón al ver acercarse la camioneta de Ryan. Cuando le abrió la puerta, él le entregó un ramo de tulipanes y ella lo miró esperanzada.


—¿Te has decidido? Él enarcó las cejas. —Me había decidido antes de ese asunto con Hootch, pero tú no te callaste ni un rato para que yo dijera lo que quería. —¿Y qué es lo que quieres decir? Ryan la miró con exasperación. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 116—119 https://www.facebook.com/novelasgratis —Que pensar en ti con otro hombre me vuelve loco, pero no tanto como intentar vivir sin ti. Así que aquí estoy, con el corazón en la mano. ¿Es suficiente? Ella le tendió la mano. —Sí. Ryan le tomó la mano y la siguió. Nadie dijo nada en los siguientes minutos, en los que estaban demasiado ocupados besándose e intentando subir las escaleras sin matarse para hablar. Pero cuando llegaron al dormitorio, Ryan preguntó dónde estaba todo el mundo. —Han salido — Maddie se sacó la camiseta por la cabeza—. Noah y Katie


están en una fiesta de cumpleaños. Ivy se ha llevado a Amy un par de horas. —¿Y Ned? —Ryan se quitó también la camisa. —En casa de Mildred. Quítate los pantalones. Él obedeció con torpeza. Maddie estaba ante él con sujetador y bragas blancos de algodón y el labio inferior entre los dientes. A pesar de los siete u ocho kilos que había aumentado en los últimos meses, parecía tan delicada como una mariposa. Pero no lo era. —¿Cuánto tiempo tenemos? —preguntó él. Ella sonrió. —Suficiente, imagino —dejó caer el sujetador al suelo—. Tócame —susurró. Y él lo hizo. Exploró su cuerpo, vacilante, despacio, desesperado por complacer hasta que ella lo montó a horcajadas y le puso las manos en los hombros. Un rayo de sol besó sus pechos pequeños y perfectos y Ryan hizo lo mismo. —Te quiero, Maddie Mae —susurró. Y vio lágrimas en los ojos de ella. La joven se inclinó a besarlo y él volvió a colocarla debajo. La poseyó pensando que


era media tarde de un sábado, que estaban solos y que, además de estar haciéndole el amor a la mujer de su vida, estaba haciendo las paces consigo mismo. Reclamando un regalo que casi había sido demasiado estúpido para aceptar. Los dedos de ella le acariciaron la mejilla y la boca. Sonrió. —Ahora —dijo. —No he traído... no esperaba... —¿Importa eso? Ryan la miró a los ojos. —¿Te casarás conmigo? Ella lo miró con malicia. —¿Puedo pensarlo? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 117—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Ryan se echó hacia atrás. Maddie soltó una carcajada. —Vale, vale, sí. Me casaré contigo, Ryan Logan —susurró con los ojos fijos en los de él—, porque está claro que vine aquí para eso. Ninguno de los dos dijo nada en mucho rato. Maddie fue la primera en hablar.


—¿No llevas teléfono móvil? —preguntó. —No. Ella lo miró a los ojos. —¿Te has unido al centro médico? —Sí. La semana pasada. Tengo una noche de cada dos libre y un día entero a la semana. —¿Y estás seguro de que es eso lo que quieres? —Sí —la besó en la boca—. Estoy seguro. —Entonces me alegro por ti —apoyó la cabeza en el pecho de él—. Pero a mí me daría lo mismo. —Lo sé —dijo él—, pero al fin entendí que lo que me daba miedo no era quererte, sino perderte y que te fueras. —Eh, yo no soy Suzanne. —Lo sé. —Y no quiero que te sientas responsable de mi felicidad. ¿Está claro? —¿Ah, no? —la abrazó con fuerza y se echó a reír—. Si quiero hacerte feliz, lo haré. Y tú no podrás impedírmelo. —Bueno, vale —musitó ella—. Si significa tanto para ti...


—Claro que sí. Se abrió la puerta de la casa. —¡Maddie! —gritó Ivy—. Hemos vuelto — se echó a reír—. Y si el coche de Ryan está ahí fuera y no estáis abajo, no hay que ser muy listo para adivinar lo que pasa, así que Amy y yo nos vamos otra vez... No tengáis prisa. Maddie y Ryan se miraron y se echaron a reír. Y decidieron aceptar la oferta de la mujer porque no sabían cuándo volverían a tener una tan buena. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 118—119 https://www.facebook.com/novelasgratis Epílogo H ABÍA llegado el día de la boda y Maddie estaba ya en la iglesia con el estómago en la garganta. Ivy, la madrina, se había llevado a los niños para dejarla unos momentos a solas con Grace, quien vestida de amarillo mecía en los brazos a Amy, ya de siete meses. —Llegará, no temas —dijo—. Los novios siempre llegan tarde a la iglesia. George hizo lo mismo. —Lo sé, pero...


Mildred entró en la sacristía con el pequeño velo torcido. —Ya está aquí, ya está aquí. Pero juro que si ese viejo buitre vuelve a hacerme algo así, no llegará a su setenta y seis cumpleaños. A continuación fue Ivy la que asomó la cabeza. —Ya que todos los novios están presentes, el reverendo dice que podemos empezar. Las damas intercambiaron una ronda de besos y salieron a la parte de atrás de la iglesia. Mildred, quien aseguraba que T.J. le había dicho que era hora de que siguiera con su vida, al principio se había negado a una boda doble porque no quería quitar protagonismo a Ryan y Maddie. Hasta que la joven le hizo ver que no estaba en contra de un día lleno de felicidad. Bajaron, pues, hacia el altar. Los pequeños delante, aunque Katie paró en cierto momento para subirse el vestido y rascarse la pierna; luego iba Grace, con Amy en los brazos; a continuación Ivy, de azul pálido, con las trenzas alrededor de la cabeza; después Mildred, con un vestido de raso rosa con chaqueta a juego; y finalmente Maddie, con el vestido de novia color marfil de Mary Logan, las piernas temblorosas pero la sonrisa tan brillante como el sol de


mayo que entraba por los ventanales. Ocupó su lugar al lado de Ryan, que le sonrió y le tomó la mano. La joven miró a Ned, que se apoyaba en el bastón y le guiñó un ojo. Mildred y él habían decidido quedarse a vivir en la casa de Emerson, donde los niños irían a verlos siempre que quisieran. Miró después a Noah, que sonreía de oreja a oreja, y posó al fin los ojos en Ryan. Y después de que hubieran intercambiado sus votos y el reverendo los declarara maridos y mujeres, miró a Ned y a Ryan y movió la cabeza diciendo: —Y el buen Dios sabe que ya era hora de que los dos demostrarais algo de sentido común. Y la congregación gritó: «Amén». Fin. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 119—119

Muy personal karen templeton  

Argumento: ¡Necesitaba un médico! Viuda y sin un céntimo, Maddie Kincaid se dirigía con sus dos hijos pequeños hacia el pu...

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Argumento: ¡Necesitaba un médico! Viuda y sin un céntimo, Maddie Kincaid se dirigía con sus dos hijos pequeños hacia el pu...

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