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La trampa de Cenicienta Kate Walker La trampa de Cenicienta (1990) Título Original: The Cinderella trap Editorial: Harlequín Ibérica Sello / Colección: Jazmín 698 Género: Contemporáneo Protagonistas: Matt Highland y Clea Mallory Argumento:


El dinámico Matt Highland no asociaba a Clea, la despampanante modelo, con la adolescente decididamente poco atractiva que él había menospreciado años atrás. ¡Pero Clea no ha olvidado —o perdonado— y urde un plan para desquitarse! https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 —¿Cuál es, cuál es el jefe? Clea oyó con tal claridad el susurro de Penny que apenas pudo contener la risa ante la excitación de su compañera. Si no tenía cuidado, el jefe la oiría. Su diversión desapareció cuando miró al grupo de ejecutivos que acababa de entrar y era recibido por un hombre robusto y bajo, en traje de etiqueta: el administrador del hotel no pudo evitar una mueca despectiva al observar la deferencia con que trataba a los visitantes, en especial a uno de ellos. ¿No debía ser obvio para cualquiera, incluida Penny, que esa persona era Matthew Highland? Desde su brillante pelo oscuro hasta la punta de sus relucientes zapatos, proclamaba que era el dueño y director de la cadena de hoteles Highland. —Dime, ¿sabes quién es? —insistió Penny, a su lado, con la cara sonrojada por la emoción. Clea sorbió un poco de vino y le molestó comprobar que su mano no estaba


tan firme como hubiera deseado. Había estado preparándose para ese momento desde que le habían comunicado, hacía semanas, que asistiría a la inauguración del Argyle, el más moderno de los hoteles Highland. Entonces, ¿por qué se sentía tan nerviosa? —Dímelo —rogó Penny, impaciente. —El del medio —lo señaló con un ligero movimiento de su copa. —¿El alto y moreno? Es mucho más joven de lo que pensaba y… ¡fabuloso! ¡Nunca creí que fuera tan guapo! «Yo tampoco», pensó Clea. La había impresionado en fotografía y aún más en persona, cuando Barry lo había llevado de visita a su casa. Pero de eso hacía muchos años, ella era casi una niña. Los luminosos ojos verdes de Clea se ensombrecieron un momento, mientras paladeaba otro sorbo de vino. Agradeció que el leve temblor de su mano hubiera desaparecido. La preocupaba la posibilidad de que fuera un síntoma de que esa joven que un día había sido se encontraba escondida en el fondo de su alma, lista para salir a la superficie cuando menos lo esperaba. —¿Qué hora es? —las continuas preguntas de Penny empezaban a irritarla. —Ocho cuarenta y cinco. Las presentarían a Matthew Highland a las nueve. Desde que ella, Penny y


las otras dos chicas habían llegado al Argyle, las habían llevado de un lado para otro, dándoles instrucciones sin parar, hasta hacerlas sentirse más como piezas de una máquina que como personas. Y a Clea le molestaba formar parte del espectáculo que se ofrecía a Matthew Highland, causa y razón de ese alboroto. El lema de los hoteles Highland era «comodidad y eficiencia» y, por lo menos esa noche, lo cumplían. No había visto los dormitorios, pero si eran tan lujosos como el comedor, con sus candelabros, mullidas alfombras y cortinas de terciopelo, sin Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 2-90 https://www.facebook.com/novelasgratis duda confirmarían la fama de la cadena. Y debía admitir que la puntualidad del dueño era un ejemplo vivo de cómo dirigía sus hoteles. Su llegada estaba planeada para las ocho y treinta y a las ocho y veintinueve un murmullo indicaba que Highland se encontraba en el vestíbulo. —¡Sólo faltan quince minutos! —la voz de Penny reflejaba su excitación. Clea murmuró algo que podía interpretarse como una aceptación, mientras buscaba un lugar para dejar su copa. Incontables camareros circulaban entre los huéspedes con bandejas cargadas de bebidas, pero no parecían ocuparse de recoger


las copas vacías. Caminando con gracia de una manera que se había vuelto natural, en ella, después de muchas horas de práctica, Clea atravesó la habitación, sin siquiera notar las miradas que la seguían. También a eso estaba acostumbrada. Alta, tan delgada como un galgo y de pelo negro hasta los hombros, tenía muchas ventajas para ser modelo, pero demasiados inconvenientes si prefería permanecer en el anonimato. El tocador de señoras, decorado de rosa y blanco, era tan elegante como el comedor. Se contempló en un enorme espejo y comprobó que su maquillaje y su peinado estaban intactos. Mientras se ponía unas gotas de perfume, tuvo la desagradable sensación de que algunas mariposas revoloteaban en su estómago. ¡No estaba nerviosa! Después de años de aparecer en funciones sociales y pasar ante las cámaras, el público ya no la intimidaba, mucho menos Matt Highland. Además, no creía que la recordara; en realidad, deseaba que no lo hiciera, pues su plan se frustraría si él relacionaba a Clea Mallory con la Patti Donovan, de diecisiete años, que un día había conocido. Revisó su vestido, que acentuaba deliberadamente las curvas de su cuerpo, y una amplia sonrisa iluminó su cara. Una sonrisa que hubiera sorprendido a su agente y a los fotógrafos, acostumbrados a su expresión más bien fría e indiferente.


—Veamos qué piensa Matthew Highland de ti —dijo, guiñando un ojo a la imagen del espejo. Althea se reunió con ella en cuanto volvió al salón. —¿En dónde has estado? ¡Te he buscado por todas partes! —Fui a retocarme el maquillaje. —¡Clea, sabes muy bien que estás perfecta, como siempre! Pero apresúrate —la guió, cogiéndola del brazo, hasta el lugar donde Penny y la otra modelo esperaban—. El señor Browen traerá a Matthew Highland dentro de un minuto. —No te pongas nerviosa —la tranquilizó Clea—. Aún no son las nueve. Comodidad y eficiencia, las palabras se repitieron en su cerebro cuando un reloj de pie, en un rincón del salón marcó las nueve de la noche con unas campanadas. Matthew Highland y su grupo se dirigieron hacia ellas. Sorprendida, Clea se dio cuenta de que tenía las palmas de las manos húmedas y se las secó contra la tela del vestido, mientras ocupaba su lugar en la fila, tras Althea. —Ellas son las jóvenes que pasarán los modelos en la exhibición de mañana. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 3-90 https://www.facebook.com/novelasgratis


Quien las presentaba era Stan Bowen, el mismo hombre que las había recibido esa noche. «El esclavo del director», se dijo Clea con cinismo. Ellas todavía no podían aspirar a que las atendiera el dueño. —Ésta es la señorita Althea Austin. Clea miró de reojo a Matt. ¿Había cambiado mucho en los últimos años? No, el tiempo apenas lo había afectado. Quizá tenía ligeras arrugas alrededor de los ojos y la boca, pero las facciones eran las mismas. Poseía una mandíbula cuadrada que proclamaba una confianza en sí que rayaba a la arrogancia y un don de mando que era casi agresivo; cualidades que lo habían llevado a la posición en que se encontraba a los treinta y cuatro años. De cuerpo, parecía más sólido, pero sus caderas y su cintura seguían siendo delgadas, señal de que se mantenía en buena forma física. La única nota suave en su persona era el pelo castaño ondulado, que le caía sobre la frente dándole el aire de un muchacho. Pero Clea lo conocía demasiado bien para dejarse engañar. —Y, desde luego, la estrella de la exhibición, la señora Clea Mallory. Con un sobresalto, comprendió que la conversación con Althea había concluido y que el pequeño grupo de personas había continuado su ronda. Matthew Highland estaba delante de ella y le tendía la mano para saludarla.


—Es un placer conocerla, señorita Mallory. Rodeado y agasajado por sus empleados, especialmente por su subdirector, parecía un miembro de la familia real. —Desde luego, su nombre y su cara me son familiares. Estoy encantado de que haya tenido tiempo para este trabajo. Sé que está muy ocupada. —Sí, tengo muchos compromisos —la sonrisa de Clea era graciosa, pero fría, profesional, y lo miró a los ojos grises, casi negros—, pero no podía negarme a pasar la ropa de Raphael. Le agradó poder decirlo; significaba que eran los vestidos de uno de los más conocidos diseñadores lo que la había atraído, no la fama de los hoteles Highland, por muy prestigiosos que fueran. Matt Highland asintió. —He visto sus creaciones, son asombrosas. ¿La había reconocido? Su mirada fue tan aguda e inquisitiva que Clea sintió un estremecimiento por la espalda. Pero no, esos ojos oscuros no habían descubierto su secreto. Matthew se limitaba a mantener una conversación social. —Sí, sus vestidos son verdaderos sueños. —Y estoy segura de que su belleza aumentará la elegancia del diseño. «Muy adecuado, señor Highland». Clea bajó las pestañas e inclinó la cabeza como indicación condescendiente de que aceptaba el piropo. Sí, Matt poseía


todos los encantos de la buena educación y su voz profunda parecía encerrar una nota de sinceridad. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 4-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Raphael saca el mejor partido de cualquier mujer —replicó—. Sabe cómo destacar la silueta femenina. —Su silueta no necesita que la destaquen —su mirada recorrió con atrevimiento las formas más íntimas del cuerpo de la modelo. Clea había visto el mismo brillo en los ojos de muchos hombres; también en las pupilas de Simon Blake cuando la conoció—. Usted podría hacer que un saco de patatas pareciera un diseño de París. «Y apuesto a que le dice lo mismo a todas las mujeres que conoce», pensó Clea, pero el desdén se combinaba con la satisfacción de comparar el cumplido de Matt con la descripción que había hecho de ella la última vez que la había visto. —Le traeré una copa, permítame… Alzó una mano y un camarero apareció de la nada, con una bandeja llena de vasos. Clea aceptó el vino blanco que le ofreció, esperando que una vez cumplidas las formalidades, Matt se reuniera con Stan Bowen y el resto del


grupo. Para su sorpresa, prefirió quedarse allí. —Dígame, ¿qué le ha parecido Argyle? —Me gusta lo que he visto, en general, aunque no sea mucho: el vestíbulo principal y el comedor. Había un ligero temblor en la voz de Clea. Se daba cuenta de que Matt la había separado de las otras modelos y volvía a sentir esa extraña sensación en la boca del estómago. Tomó un trago de vino para que desapareciera. —¿Le gustaría ver el resto del edificio? «No contigo, muchas gracias», quiso replicar, pero esa respuesta hubiera traicionado lo que sentía hacia él, así que optó por mostrar un interés superficial. —Me agradaría ver qué clase de servicios ofrecen —le resultó imposible resistir la tentación de darle un tono provocativo a su respuesta—. He descubierto que las habitaciones de los hoteles son adecuadas para los varones, pero si desea atraer a las mujeres de negocios, tendrán que añadir varios detalles. —¿De verdad? —por un momento, adoptó una expresión pensativa—. Quizás deba usted darme su opinión al respecto. Antes de que comprendiera lo que pretendía, le quitó la copa de la mano, la dejó en una mesa, le pasó el brazo bajo el codo y la condujo hacia la puerta.


—¿Ahora? —Clea no fue capaz de ocultar su asombro. —¿Acaso podríamos encontrar mejor oportunidad? —Pero, ¿no nos echarán de menos? Matt descartó la posibilidad con un encogimiento de hombros. —Ya cumplí, he sido cortés con la gente importante. Ahora tengo derecho a divertirme un poco. Y además, el administrador del personal, Jense, es capaz de solucionar cualquier problema; de otra manera no lo hubiera contratado. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 5-90 https://www.facebook.com/novelasgratis El toque de arrogancia del último comentario le resultó muy familiar. A los veinticinco años, cuando lo conoció. Matt Highland poseía ya una confianza en sí mismo que la hacía sentir tonta e ingenua a la vez. Por un momento Clea dudó y la tensión contrajo sus músculos. ¿Deseaba estar a solas con ese hombre? No formaba parte de su plan. Todo lo que pretendía era observar cómo reaccionaba ante ella y su respuesta instintiva, espontánea, ya le había dado una satisfacción. Una leve y cínica sonrisa cruzó sus labios cuando pensó en la mirada de Matt… Oh, sí, la había mirado de una forma muy distinta que a aquella adolescente insegura, de diecisiete años. —Así que… ¿vienes? Dejó de sonreír al darse cuenta de que la evidente reacción del hombre no


había sido suficiente. No había aliviado la humillación de sus recuerdos: al contrario, había agravado la herida. Lo miró a la cara. Su rostro no reflejaba más que paciencia mientras esperaba su respuesta y se consternó al sentir que la ira la invadía. Tuvo que luchar para impedir que su furia explotara en palabras despectivas. Matt Highland había nacido con una buena provisión de atractivos y no estaba acostumbrado a la incertidumbre, a la inseguridad de alguien que trataba de abrirse paso en el mundo. Era como los demás hombres que ella había conocido, se dejaba deslumbrar por una cara bonita y un cuerpo sensual, sin pensar en la persona que había bajo el físico, cuyos sentimientos podían ser heridos. Si hubiera algún modo de mostrarle… Una idea germinó en su mente y se decidió. —Voy, señor Highland —contestó fríamente. Después del calor y el ruido del comedor, el área de recepción parecía fresca y tranquila. Clea se detuvo, agradecida, para aspirar una bocanada del aire limpio, mientras Matt se metía tras el mostrador de recepción y examinaba las filas de llaves que colgaban de la pared. —¿Qué habitación? —preguntó—. Escoja un número. Clea no lo pensó un momento: —Diecisiete —respondió, decidida, y Matt se volvió para seleccionar la llave;


ella volvió a sonreír pensando que él jamás descubriría la razón por la que había escogido ese número. Diecisiete. Diecisiete años en aquel entonces, hacía nueve, aún iba al colegio y era una adolescente tímida e insegura… y Matt Highland había tomado su frágil y vulnerable ego para aplastarlo con un cruel comentario. —Aquí está el diecisiete. El recepcionista, atraído por el movimiento y las voces del vestíbulo, salió de la oficina y, al reconocer a su jefe, lo saludó. —¿Puedo ayudarlo en algo, señor? —No, gracias, Dan —contestó él con indiferencia—. Le estoy enseñando a la señorita Mallory el hotel. ¿Sabía de memoria el nombre de cada uno de los empleados? Mientras lo seguía hacia el ascensor, Clea se dijo que era muy improbable que hubiera visto al Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 6-90 https://www.facebook.com/novelasgratis portero antes de esa noche, pues la contratación del empleado sería tarea del administrador de personal. Y, sin embargo, lo había llamado por su nombre. Debía tener una memoria excepcional. La idea la llenó de inquietud. ¿Qué pasaría si recordaba el verano de hacía nueve años? «No», se tranquilizó, «si lo hubiera hecho, yo lo habría visto en sus ojos». Además, ella no era la misma. Inconscientemente se pasó una mano por el pelo liso y sedoso, tan distinto a la melena enmarañada que solía


llevar a los diecisiete años. Luego se dio cuenta de que Matt la observaba con el ceño fruncido y una expresión de disgusto. ¿Por qué se había molestado? La contracción que sintió en el estómago nada tuvo que ver con el movimiento del ascensor. En el reducido espacio, Matt parecía más alto que nunca, a pesar de que ella tenía también una buena estatura. Su pelo castaño, brillaba con la luz fluorescente y el aroma de su colonia inundó el aire. Clea volvió a sentirse nerviosa. Decidida a no mirar esos ojos grises por miedo a que captaran una reacción de ella, fijó las pupilas en el lazo negro de su corbata y esperó a que el ascensor se detuviera. —Ya estamos. Matt retrocedió para dejarla pasar y ella salió en silencio al corredor alfombrado. Sin titubear, él la condujo a la puerta número diecisiete. El dormitorio no desilusionó a Clea. Las grandes ventanas le daban un aspecto claro y luminoso. Un cómodo sofá y dos butacas miraban al televisor junto a la entrada. Detrás estaban los muebles de dormitorio: un tocador, armarios dobles y una cama grande, cubierta con una colcha en tonos rosa y turquesa. —¿Y bien? —Muy agradable. Mantuvo su tono neutral con cierto esfuerzo. Era consciente de que se


encontraba sola con ese hombre en el ambiente íntimo de un dormitorio, aunque fuera el de un hotel. Todo estaba silencioso; los sonidos del tráfico de la ciudad apagados por los gruesos vidrios; ni siquiera se oía la música de la fiesta que se celebraba un piso más abajo. —Me gustaría revisar algunos detalles. Él alzó una ceja, incrédulo, y ese gesto enfureció a la joven. Era obvio que Matt Highland pensaba que no había subido para ver la habitación, sino que era una excusa para estar a solas con él. —Por favor, hágalo —murmuró. Se apoyó contra la pared, con los brazos cruzados sobre el pecho y una mirada de resignación. «Está bien, jugaré a tu modo», parecía decirle. «Si prefieres fingir un poco, no me importa. Puedo esperar». «Esperará hasta que le salgan raíces, señor Highland», le advirtió Clea desde el fondo de sus pensamientos. Sería un auténtico placer prolongar la inspección del dormitorio, sintiendo una maligna satisfacción al saber que sus ojos oscuros la Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 7-90 https://www.facebook.com/novelasgratis seguían con impaciencia mientras ella abría los cajones de la cómoda, inspeccionaba el armario y por fin se metía en el baño. Allí acarició las suaves toallas color turquesa y revolvió las muestras de champú, suavizante y


jabones colocadas en una canastita, cerca del lavabo. Luego regresó al dormitorio, abrió la pequeña nevera, curioseó un poco más y, por fin, dio su aprobación. —Han pensado en casi todo. —¿Casi todo? —repitió Matt como un eco. Con esfuerzo, Clea contuvo una sonrisa de triunfo. Él no esperaba que ella tomara el asunto en serio. —¿Qué le parecería un secador de pelo y una máquina de afeitar para hombre? —Ambas están a disposición de los huéspedes, lo mismo que el servicio de planchado. Sólo tienen que pedirlo a la camarera. ¿Satisfecha? Estaba más que satisfecha, impresionada, pero no era su intención demostrarlo. El matiz de ironía en la pregunta de Matt la irritó. Él aún creía que la inspección del cuarto era una farsa, una manera de hacerse la difícil, pero estaba decidida a desilusionarlo. Aunque admitía para sí que la habitación estaba a la altura del lema del hotel, cómoda y eficiente a la vez, deseó encontrarle defectos para molestar a Matt. —Me gustaría que hubiera más perchas, los hoteles nunca ponen suficientes y unas especiales para pantalones y faldas. —Me encargaré de eso. Su tono era firme y seco. Clea no dudó que seguiría su consejo. Sin duda, daría


las órdenes necesarias a primera hora de la mañana siguiente. La resultaba imposible no vanagloriarse de ese pequeño triunfo, de que le diera a su opinión tanta importancia. De pronto recordó que Matt jamás hubiera escuchado a Patti Donovan con la misma seriedad, pues apenas se había fijado en su existencia salvo para hundirla con esas palabras duras y crueles. —Ya he visto todo lo que quería, ahora creo que debemos regresar a la fiesta. Matt se enderezó. —¿Es eso lo que quieres? Sus ojos grises dudaban de la veracidad de su deseo tan claramente que se sintió ofendida. No tenía intención de ceder ante él. Matt Highland poseía una lengua hábil y siempre se había comportado con un seductor encanto. Habría sido a sus espaldas, cuando creía que no lo estaba oyendo, cuando dijo la verdad. —Desde luego. Tiene que atender a sus invitados —una vez más, los recuerdos endurecieron su voz—. Y yo debo irme a… —¿Tan pronto? Apenas son las diez. —Trabajo, señor Highland, y necesito dormir. Si no duermo ocho horas, me salen ojeras en las fotografías. Siempre me acuesto antes de las doce. —¿Siempre?


Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 8-90 https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Había una nota de diversión en su voz? Una rápida mirada a los oscuros ojos grises le bastó para captar un rayo de burla en las pupilas. —Siempre —repitió con firmeza, añadiendo con énfasis—, y sola. —¿Acaso sugerí que fuera de otra manera? —protestó el hombre con fingida inocencia. No, no había sugerido nada, pero se traslucía en su cara, en el brillo de sus ojos. Igual que muchos otros hombres, suponía que una modelo era una cara bonita, sin cerebro, disponible para cualquiera que deseara tomarla… Pues bien, esta modelo era la excepción a la regla. —Me gustaría volver a la reunión —insistió, dominando su indignación con bastante esfuerzo—. Gracias por enseñarme la habitación, señor Highland. —Ha sido un placer —replicó de inmediato—. Y, mi nombre es Matt. «Ya lo sé». Las palabras estuvieron a punto de escapar de su boca y tuvo que morderse el labio inferior para impedir que salieran. Si supiera cómo conocía su nombre, aun antes de verlo la primera vez. La conversación de Barry estaba


salpicada de «Matt esto» y «Matt lo otro». Ella había supuesto que, cuando el famoso Matt Highland apareciera, la realidad resultaría decepcionante. No había sido así, Matt había entrado en su vida con la fuerza de una explosión nuclear, destrozándola en el espacio de unas cortas horas. No había vuelto a ser la misma. Él se la acercó y Clea temió que notara la involuntaria tensión de su cuerpo alto y delgado y oyera el latir de su corazón. Con una sonrisa que la estremeció con su atractivo, levantó un dedo y recorrió suavemente su mejilla. Ella sintió ese contacto como una quemadura y retrocedió. La sonrisa del hombre no se alteró. Dejó caer la mano sobre el hombro de la joven, apretando sus delicados huesos y transmitiéndole su calor a través del delgado tejido de la chaqueta. —¿Quieres volver a la recepción? —preguntó con voz ronca. El seductor tono de su voz podía haber vencido el ánimo de una joven crédula muy fácilmente, pero hacía mucho que Clea había dejado de confiar en Matt Highland o de tomar en serio sus palabras. —Yo pensaba que celebraríamos nuestra propia fiesta… «Ahora estamos llegando a la verdad», pensó ella, «a la verdadera razón por la que me ha traído aquí». —¿En la habitación? —su voz subió de tono. Matt frunció el ceño, pero a la vez se encogió de hombros. —Donde quieras —contestó—. Podría llevarte a tu casa, si lo prefieres, o… Clea no lo dejó terminar.


—Preferiría regresar con mis amigas. Se estarán preguntando dónde estoy. El brillo de burla volvió a iluminar los ojos del hombre. —¿Tienes que informar de todas tus idas y venidas? —inquirió con tal ironía que la chica irguió la barbilla, con los ojos brillantes de indignación. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 9-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡No tengo! Es una amabilidad de mi parte… vine con ellas —«y volveré a casa con ellas», agregó para sí. La mano de Matt seguía apoyada sobre su hombro. No era así como había planeado las cosas; sólo había pensado en despertar el interés de Matt para lograr que la viera como una mujer diferente a Patti Donovan de diecisiete años, a la que había tratado con tanto desprecio. Lo había conseguido, pero más allá de lo que se había propuesto. Parecía decidido a no aceptar una negativa por respuesta. —¿Por qué estás tan ansiosa de volver a la fiesta? —por primera vez la irritación se reflejó en su voz y Clea se alegró de haber alterado su «imperturbable» calma—. Podía haber jurado que no te estabas divirtiendo, igual que yo. Así que había notado su malestar y, gracias al cielo, interpretado mal las razones que lo inspiraban. —Es una reunión social, parte de mi trabajo. En realidad debería…


Se detuvo, reducida al silencio por la mirada del hombre. Las pupilas grises estaban fijas en su cara y podía sentir cómo quemaban su piel. El brillo de esos ojos no le dejaba la menor duda acerca de sus intenciones. Iba a besarla. Tenía los labios secos y se los mojó con la lengua. Él bajó la mirada en ese momento y descubrió el leve movimiento revelador. Pero Clea se recuperó deprisa. Aquello no era nuevo. Había estado en la misma situación muchas veces y sabía cómo manejarla. Quizá la adolescente Patti se hubiera vuelto loca de miedo, pero ya no tenía diecisiete años y no recurriría a protestas inocentes. Cuando Matt inclinó la cabeza, se apartó a un lado, con cuidado y suavidad, de manera que los labios masculinos le rozaron el pelo en lugar de los labios, como él intentaba. Se enorgulleció de que su acción pareciera natural, como si se hubiera movido de forma espontánea. Desde la puerta, se volvió para mirar al hombre que se había quedado parado en medio de la habitación. ¿La ira había vuelto negras sus pupilas, endureciéndolas como si se hubieran convertido en rocas? No estaba segura. Le mantuvo la mirada, abriendo un poco su ojos en señal de reto. —Creo que ya es hora de que volvamos a la fiesta —observó con calma, y salió del dormitorio sin mirar atrás, para no darle más alternativa que seguirla. Matt la alcanzó cuando oprimía el botón del ascensor. Su mano cubrió la de ella, la obligó a girar sobre sí misma y antes de que tuviera tiempo de protestar, inclinó la cabeza y capturó sus labios con un beso violento que la dejó atontada, incapaz de resistirse. Esos segundos fueron suficientes para


que él hiciera lo que quería: tomar el beso que ella le había negado. Cuando llegó el ascensor y las puertas se abrieron, la soltó y le cedió el paso con una clara expresión de triunfo. Demasiado sorprendida para hablar, Clea pasó ante él, desconcertada al sentir que las piernas la sostenían con dificultad. Sus ojos verdes lanzaron chispas al encontrarse con los grises de Matt, pero eso sólo convirtió el gesto travieso de su cara en una amplia sonrisa. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 10-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ahora sí volveremos a la fiesta —afirmó y el tono de su voz la hizo sonrojarse. Se mantuvo rígida, delante de él, esperando en un silencio absoluto a que el ascensor descendiera. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 11-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 Cuando el taxi se detuvo ante el hotel, Dan, el portero, se adelantó para abrir la puerta y abrió un enorme paraguas para protegerlas de la lluvia que había empezado a caer mientras se celebraba la fiesta. Bajo su protección, Penny, Claire y Althea, se metieron en el coche. Clea estaba a punto de seguirlas cuando una alta figura masculina apareció en el vestíbulo y una mano grande la tomó del brazo con la


fuerza suficiente para impedir que se moviera. —Yo llevaré a la señorita Mallory a su casa, Dan —anunció Matt Highland. «¡Oh no, no lo harás!», gritó para sí, pero reprimió las palabras. No podía provocar una escena en la entrada del Argyle, con los huéspedes de la fiesta a poca distancia, esperando que les llevaran sus coches. —Preferiría irme con mis amigas —argumentó. El sonido se perdió con el portazo del taxi y el rugido del motor al ponerse en marcha. Era obvio que Dan sabía que la convenía obedecer a su jefe y no estaba dispuesto a molestarlo. Palideció al ver que el coche se alejaba. A la luz de las farolas de la calle, pudo ver a Penny estudiándola con abierta curiosidad. Tendría que contestar un largo interrogatorio al día siguiente; «lo que faltaba», pensó, de mal humor. Cuando el coche desapareció en la esquina, se volvió para enfrentarse con franca hostilidad al hombre que le había impedido marcharse. —No hace falta que me lleve a casa, señor Highland. Su empleado, el señor Bowen, ya había organizado que… —Yo lo he desorganizado —la interrumpió Matt con suavidad—. Creo que estarás más cómoda en mi coche que con tus tres amigas en un taxi. Además — continuó antes de que ella pudiera protestar—, vives al otro lado de la ciudad y tendrían que llevarte después de dejar a tus compañeras. Conmigo llegarás antes. Clea apretó los labios. ¿Cómo había averiguado eso? Stan Bowen sabía


dónde vivía, pero era poco probable que le hubiera dado esa información a su jefe, a menos que él la hubiera solicitado. La sospecha de que todo estaba bien planeado la hizo estremecerse. Después de que él la besara, en el ascensor, ella había entrado en el salón sin mirar atrás y sólo se relajó, cuando se perdió entre los invitados, ocultándose de la mirada penetrante de Matt. Durante el resto de la velada lo había evitado con cuidado, manteniéndose cerca de las otras modelos y deseando que llegara la hora de partir. Esperaba desaparecer sin despedirse siquiera de su anfitrión. Su súbita aparición en el vestíbulo del hotel le había estropeado la estrategia. —Éste es mi coche —anunció Matt cuando un empleado detuvo ante ellos un reluciente Jaguar negro. Abrió la puerta de los pasajeros y esperó a que ella entrara. Clea titubeó. No deseaba estar a solas con ese hombre, pero no tenía alternativa. Varios invitados la miraban con curiosidad. «¡Maldita sea, Matt Highland!», pensó y subió al coche, con la cabeza bien alta. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 12-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Hace una noche espantosa —comentó Matt al avanzar por la calle oscura, tratando de ver a través de la cortina de agua que caía sobre el parabrisas.


—Podía haberme ido en el taxi, ya se lo dije. —Y yo contesté que era más conveniente que te llevara yo —la miró un instante—. No voy a violarte, señorita Mallory, ni a venderte como esclava. ¿Por qué no te tranquilizas? La ironía de su voz la hizo reparar en la manera en que estaba sentada, derecha como una estaca y apretando el bolso contra su regazo. Se apoyó en el asiento y trató de relajarse, pero le fue imposible. La mano del hombre casi rozaba su pierna al cambiar las velocidades. —No eres la clase de hombre que acepte una sugerencia, ¿verdad? — preguntó con sequedad y lo escuchó lanzar una risita. —Oh, puedo aceptar una sugerencia, aunque a veces prefiero ignorarla. —¿Y esta noche es una de esas ocasiones? —Exacto —concedió, imperturbable. —¿Te importaría si indago la causa? —Desde luego que no, aunque estoy seguro de que lo adivinas. —No sé a qué te refieres. Matt volvió a reír. —Oh, vamos, Clea… eres muy guapa y lo sabes. No serías modelo en caso contrario. No acabas de salir del colegio, debes saber muy bien cuándo un hombre se interesa por ti.


—¿Y tú… estás interesado? —sintió que se le secaba la boca. —¿Qué crees? —Creo que eres un arrogante y egoísta que no puede aceptar un no por respuesta. —Puedo —la corrigió con sequedad—, pero no tengo intención de hacerlo. Quiero conocerte. Guardaron silencio, mientras ella analizaba ese comentario. Las cosas se movían demasiado rápido para su gusto y no estaba segura de si le agradaba la dirección que tomaban. Había planeado demostrarle a Matt que era una persona diferente de la muchacha que había humillado en el pasado, y por el brillo que había encendido sus ojos al verla mirar sabía que lo había logrado… pero nunca se había propuesto que se interesaba de esa manera. —¿Y qué pasaría si yo me negara? —Sería un juicio precipitado —repuso él con falsa dulzura—. ¿He sido mal educado o hecho algo que te ofenda? Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 13-90 https://www.facebook.com/novelasgratis «Me besaste». Quería gritárselo, pero se contuvo con esfuerzo. No era el beso lo que la había molestado, sino el insulto, la arrogancia de tomar lo que quería


sin pensar en los demás. Y, sobre todo, al saber que deseaba besar a Clea Mallory cuando nunca se había sentido atraído por Patti Donovan. Un sabor amargo la invadió al recordar las noches en que había soñado con ese beso, creando una fantasía muy diferente a la realidad. El beso de Matt confirmaba su sospecha de que todos los hombres eran iguales: lo atraía sólo la belleza exterior y por esa razón lo despreciaba. —Mira —trató de parecer tranquila y razonable—. ¿No puedes aceptar que no me atraes aunque yo te atraiga? Pasa a menudo. —Si puedes darme una razón lógica, lo pensaré. ¡Darle una razón! La cabeza de Clea giró mientras trataba de reflexionar. No tenía otra explicación que ofrecerle excepto que era Patti Donovan y que, por motivos que no le parecían muy claros ni a ella misma, no deseaba que lo supiera todavía. —Lo único que te pido —le decía Matt—, es que me veas otra vez. No es demasiado pedir que pasemos una velada juntos, ¿o sí? —No. Se le escapó la respuesta antes de pararse a pensar si era prudente o no aceptar esa invitación. Implicaba una concesión, y no estaba dispuesta a ceder. Pero aun mientras reflexionaba, otra idea se formaba en su mente. Ya había admitido


que no era suficiente que Matt Highland mostrara interés en ella. En el fondo deseaba que él pagara por el dolor que le había causado a la Patti de diecisiete años, destruyendo su incipiente seguridad. Miró al hombre que estaba a su lado, dejando descansar sus ojos en el atractivo rostro que las farolas de la calle iluminaban intermitentemente. Quería destruir ese egoísmo, humillarlo, desconcertarlo. Y él le estaba brindando la oportunidad. —Hemos llegado, Cenicienta. Estás en tu casa y todavía falta media hora para que sean las doce de la noche. Clea miró por la ventanilla, asombrada. Absorta en sus pensamientos, no se había dado cuenta de que habían llegado a la calle donde vivía. Cuando el coche se detuvo ante su portal comprendió que había llegado el momento de tomar una decisión. Matt apagó el motor y se volvió a mirarle. —Clea… —empezó y el uso de su nombre la impulsó a la acción. No le había dado permiso de llamarla Clea, ni hecho nada que alentara esa familiaridad, sin embargo lo pronunciaba con una tranquilidad que sugería que eran amigos… nada más. Era típico que supusiera, en su inmensa vanidad que, ya que todas las mujeres lo consideraban irresistible, también ella caería rendida ante sus encantos. Desde luego se equivocaba y ella se daría el gusto de demostrárselo. —¿Una velada, dijiste? —preguntó, como si sopesara las consecuencias y


necesitara un poco más de persuasión para rendirse. —Podríamos cenar después del pase de modelos de mañana. ¿Estás libre? Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 14-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Tardó un momento en responder, pues seguía estudiando las posibilidades. ¿Sería capaz de llevar a cabo su plan? ¿Quería hacerlo? Un vistazo a la cara de rasgos fuertes, tantas veces soñada en sus fantasías de adolescente, la convenció. Le encantaría bajar a Matt Highland del pedestal donde él mismo se había colocado. Era posible que creyera que ninguna mujer se le resistiría, pero ella iba a desilusionarlo. ¿Cómo la había llamado? ¿Cenicienta? Quizás era un nombre apropiado. Patti se había transformado en una magnífica modelo, igual que Cenicienta en una dama de la corte ante el toque de la varita mágica de su hada madrina. Pero para ella no había habido ni una madrastra, ni dos malvadas hermanastras, sólo un padrastro que era la bondad misma y Barry… Matt esperaba su respuesta. —Está bien —contestó, despacio—, mañana cenaremos juntos. Una atractiva sonrisa iluminó su cara. —Asistiré a la exhibición, así que te recogeré cuando termine, digamos… ¿a las nueve y media?


—Me parece bien. Ahora tengo que irme. En cuanto lo dijo, Matt se inclinó hacia ella para soltarle el cinturón de seguridad. Luego no se apartó, sino que la miró muy de cerca, con una intención tan fácil de descifrar como la que había mostrado en el cuarto del hotel. Rápidamente, la chica se echó hacia atrás, y abrió la puerta del coche. —Buenas noches, señor Highland —dijo con firmeza—. Nos veremos mañana. Con eso pretendía dejar las cosas en claro y él lo sabía. Sin embargo, le cogió una mano con calma. —Buenas noches, Clea —murmuró y la desconcertó al besarle el dorso de los dedos suavemente—. Hasta mañana —añadió, con un tono que dejaba sin aclarar si se trataba de una promesa o una amenaza—. Oh y Clea… —agregó, cuando ella salió del coche—. Me llamo Matt, recuérdalo. ¡Recuérdalo! ¡Cómo si pudiera olvidarlo! Estuvo tentada a gritárselo antes de que el coche desapareciera calle abajo. No había olvidado su nombre en nueve años, menos en ese momento. El día siguiente, aparte de la exhibición en el Argyle, Clea no tenía compromisos. Eso significaba que podía permitirse el lujo de permanecer en la cama hasta tarde, pero ese sábado pese a ello, el sueño la eludía. Estaba inquieta y nerviosa y desde que había abierto los ojos a una mañana llena de sol, sin rastros de la tormenta que había caído durante la noche, comprendió que debía buscar algo que hacer. El tiempo que pasaría hasta las


seis de la tarde, cuando debería prepararse para la exhibición, se extendía ante ella seco y árido como un desierto. Tomando una decisión, apartó la colcha y la sábana, y se puso de pie sobre la alfombra. Unos minutos después, vestida con mayas rosas y azul, se dirigió a la sala y puso su disco favorito. Durante una hora se sometió a una serie de ejercicios vigorosos, usando cada uno de sus músculos, exigiéndose una perfección más Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 15-90 https://www.facebook.com/novelasgratis exagerada aún que en los días en que estaba decidida a adelgazar. Cuando el disco terminó, volvió a ponerlo y empezó de nuevo. Sólo se detuvo cuando oyó que llamaban a la puerta. Sabía quién era sin necesidad de preguntar. —¡Pasa, Maggie! —gritó, un tanto agitada por el ejercicio—. La puerta está abierta. Sonrió, dándole la bienvenida a su vecina. Maggie Fletcher, cinco años mayor que ella, había sido su amiga desde que se había mudado al apartamento, hacía cuatro. Una tarde Clea la había invitado a tomar café y habían congeniado. —Trabajando a esta hora… ¡el sábado! —exclamó Maggie—. Clea, eres una fanática.


—¿Te molesté? —preguntó la chica, pues el apartamento de su amiga quedaba debajo del suyo. Maggie negó con la cabeza, agitando sus alborotados mechones pelirrojos. —Ayer salí y he dormido hasta las dos de la tarde. Hubieras podido tirar la casa y no me hubiera despertado. Acabo de abrir los ojos. —¿Has desayunado? Podría… —No para mí, gracias —la interrumpió—. Ayer tomé unos postres tentadores. Demasiadas calorías, así que hoy haré penitencia para pagar por mis pecados —con una sonrisa traviesa observó la cintura delgada de Clea y sus estrechas caderas—. Tú en cambio puedes comer lo que quieras sin engordar un poco. La joven sonrió. —Sabes que eso no es verdad, Maggie. Has visto la evidencia. Maggie pegaba fotografías de mujeres bellísimas en su nevera, para luchar contra la tentación de comer, pero Clea sólo necesitaba recordar cómo había sido de adolescente para mantenerse en el camino de la autodisciplina. —Oh, no exageres —la regañó Maggie—. Hace años que no eres gorda y lo sabes. Quizá, pero los recuerdos la perseguían y deseaba aplastar al fantasma que la acosaba; aquél que, después del encuentro con Matt, había despertado.


—Pero no he venido a hablar de dietas. Algo tembló en el estómago de Clea al adivinar el próximo comentario de su amiga. —Me estoy muriendo por saber cómo te fue anoche. ¿Hablaste con ese odioso Matt Highland? —sus ojos azules brillaron de interés cuando Clea asintió—. ¿Y qué sucedió? La chica titubeó y después decidió ser sincera. —Cenaré con él esta noche. La respuesta de Maggie fue un largo silbido de asombro. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 16-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Que qué? Yo pensé que la idea… —Ya sé que no lo planeaba así —la interrumpió Clea—. Pero las cosas no salieron como había calculado. ¿Cómo podía explicarle lo que había pasado? Había tardado mucho tiempo en dormirse preguntándose por qué había permitido que la convenciera de volver a verlo y aún no lo comprendía del todo. —¿Aún es como lo recordabas?


—Sí, exacto —apretó los labios—. Igual de atractivo, arrogante y egoísta que antes. —Entonces, ¿por qué quieres verlo? Se pasó una mano por el pelo, pensativa. —No estoy segura. Quiero que me vea como alguien diferente de la adolescente que conoció, pero no es suficiente. Me hirió, Maggie, y quiero herirlo también, hacerle saber lo que se sufre cuando alguien nos aplasta y pensamos que jamás nos recuperaremos. —¿Qué harás? La sonrisa de Clea fue dura. —Saldré con él algunas veces y después, cuando se enamore, lo rechazaré… — vaciló—. ¿No lo apruebas? —¿Quién soy yo para aprobar o desaprobar tus actos? Entiendo tus sentimientos. Me contaste que Matt Highland se comportó como un cerdo contigo, pero eso ocurrió hace muchos años. ¿Vale la pena traer ese rencor al presente? Por un momento, Clea reconoció que Maggie decía la verdad. Sin embargo, la noche anterior, esas emociones habían despertado otra vez, haciéndola sentirse tan vulnerable como la adolescente que había conocido a Matt


Highland: la confianza que había adquirido a través de los años desapareció en unas cuantas horas. La imagen de la cara morena de Matt flotaba en su cabeza y volvió a estudiar el efecto que sus ojos grises tenían sobre ella. Había visto el mismo brillo en los ojos de otros hombres, como Simon Blake. Hombres que consideraban a las mujeres juguetes decorativos, para divertirse y descartarlas luego sin remordimientos. —No se trata sólo del pasado, sino del presente. Ayer se comportó igual que Simon. —¡Ah! —no hacían falta más explicaciones. Maggie conocía la historia de Simon Blake y muchos otros que, atraídos por la belleza de Clea, habían tratado de conquistarla pensando que era una presa fácil y luego la habían olvidado con frialdad al darse cuenta de que no estaba dispuesta a irse con ellos a la cama. —No puedes vengarte de Matt Highland por lo que te hizo Simon. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 17-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —No, pero conocer a Simon me permitió descubrir su tipo en Matt Highland. Era demasiado joven para manejar a Simon y me hizo mucho daño. Las cosas son distintas ahora —y Matt Highland lo sabría muy pronto.


—Entonces, ¿estás decidida a seguir adelante? Asintió con firmeza y sus facciones se endurecieron. —Ese tipo de hombres nos usan como si fuéramos objetos, Maggie. No somos más que una cara atractiva y un cuerpo bonito. Tú deberías saberlo —agregó, refiriéndose al divorcio de su amiga—. Doug era igual. Todo lo que haré es darle un poco de su propia medicina. Usaré a Matt Highland como a él le gustaría usarme. —Es tu decisión, niña —Maggie estaba seria—. Pero ten cuidado. A veces la venganza se vuelve contra nosotros mismos, cuando menos lo esperamos. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 18-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 «A veces la venganza se vuelve contra nosotros mismos». Las palabras de Maggie se repetían como un eco en los oídos de Clea mientras la maquillaban. «Es una tontería», se dijo con determinación y se concentró en poner en orden los vestidos que iba a pasar. Era una profesional y esa noche actuaría como nunca en su vida. A la mitad de la exhibición, vio a Matt. Estaba apoyado en la pared, en un rincón de la habitación, con un traje azul oscuro. No dejaba de observarla, como si pudiera ver más allá de los vestidos, quitarle el cuidadoso maquillaje


y descubrir a Patti Donovan. Clea vaciló un momento y estuvo a punto de perder el compás, pero se recobró con rapidez. Alzó la cabeza y siguió trabajando con una pose arrogante, aristocrática, escondiendo cualquier huella de nerviosismo bajo una máscara de seguridad. Patti ya no existía: ¡que Matt viera a la verdadera Clea! Durante el resto de la noche, evitó mirarlo, aunque no por eso pudo olvidar su presencia. Y cuando hizo su aparición final, con un traje largo, de falda abierta y mucho escote, sentía la mirada de él en la piel descubierta de sus brazos y hombros, quemándola. Por fin acabó la exhibición y Clea se dejó caer en una silla con un suspiro de alivio. El maquillador se apresuró a su encuentro para felicitarla. —Y te traigo un mensaje —añadió—. El señor Highland te espera en el bar. —Gracias, Lewis —replicó la chica sin prestar mucha atención. Había llegado el momento de tomar la decisión que había estado posponiendo durante toda la velada. ¿Iba a continuar con esa farsa o no? Todavía indecisa, se dirigió al bar y se detuvo ante las puertas de vidrio de la entrada. Ante sus ojos tenía la figura familiar de Matt, dándole la espalda. Hubiera sido muy sencillo llamar al portero y pedirle que le dijera que había cambiado de opinión y que no lo acompañaría a cenar. Pero eso sería una cobardía, la clase de comportamiento típico de la tímida Patti. Clea estaba hecha de un material diferente; si decidía cancelar la cita, por lo menos se lo diría a la cara. Sin embargo, no podía hacer que sus pies se movieran para cruzar el bar.


Desde donde estaba, observó la anchura de sus hombros bajo la chaqueta perfectamente cortada, la longitud de sus piernas y las ondas de su espeso pelo castaño. A los diecisiete años, se había sentido tan atraída por él que, cada vez que lo veía, sentía las piernas de gelatina y la cabeza echa un borrón, incapaz de pensar. Muy pronto aprendió que, por atractiva que fuera la envoltura, el contenido de ese paquete no era de su gusto. De repente le pareció que los años pasados se esfumaban, que la atmósfera que la rodeaba desaparecía y que ella tenía otra vez diecisiete años y vivía feliz con su madre y su padrastro a los que adoraba. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 19-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Quería mucho también, aunque lo veía poco, a Barry, su hermanastro. Era él quien había inventado para ella el apodo de Patti, burlándose de su nombre de pila que consideraba elegante para la chiquilla traviesa y despeinada que ella había sido. El apodo le había gustado tanto a Clea que insistió en que toda la familia lo usara. En su casa, todavía era Patti, a pesar de que había recuperado su nombre al convertirse en modelo profesional. Tenía dieciséis años cuando el nombre de Matthew Highland se mencionó por


primera vez en su casa. Barry, que trabajaba en Londres, había conocido a Matt en una fiesta y se habían hecho muy amigos. Cuando iba a casa, les hablaba con admiración de su nuevo amigo que, a pesar de su juventud dirigía la cadena de hoteles que había heredado de su padre. Resultó inevitable que un día Ned y la madre de Clea le pidieran que invitara a Matt a cenar. Clea recordaba vividamente la primera vez que había visto aquella cara morena en una colección de fotografías que Barry le mostró. —Aquí está Matt —señaló la figura alta de su amigo—. ¿Qué te parece, Patti? Clea se limitó a mirar, incapaz de dar crédito a sus ojos. A los diecisiete estaba descubriendo el hecho de que era mujer, apreciando los atractivos del sexo opuesto. Hasta ese momento, esos sentimientos se reducían a admirar a los artistas de moda, cuyas fotografías decoraban las paredes de su dormitorio, y a un enamoramiento fugaz y doloroso de un chico del colegio. Pero en el instante en que contempló las facciones de Matt y su cuerpo musculoso bajo los pantalones vaqueros y la camiseta, esas emociones inocentes se borraron para dar paso a una inquietud sexual. Matt Highland era la personificación de sus sueños, una fantasía hecha realidad, y pensó que lo amaba incluso antes de conocerlo. Ese sentimiento se transformó en pánico cuando su madre comunicó que Barry


los visitaría ese fin de semana y que lo acompañaría Matt Highland. Cada noche soñaba con conocer a su Príncipe Azul y dormía con su fotografía, que había sacado en secreto del álbum de su hermano. Imaginaba el momento en que se encontraran cara a cara y su imaginación inventaba los detalles más disparatados. El rostro masculino reflejaría sorpresa al verla y le diría que era maravillosa antes de tomarla en sus brazos y darle un beso apasionado. El sueño siempre terminaba con ese beso, porque no tenía la experiencia necesaria para ir más allá. Nunca la habían besado. Los chicos del colegio la saludaban al verla, pero enseguida se concentraban en las chicas más guapas y delgadas del plantel. Ese rechazo le dolía a veces, pero aún no había encontrado a nadie que le interesara tanto como para que le importara de verdad. Además, los pantalones y suéteres holgados que estaban de moda en ese entonces la ayudaban a ocultar su exceso de peso. De pronto sin embargo, empezó a desear parecerse a las otras chicas y empezó a ponerse ropa más femenina; se dio cuenta, con disgusto, de que los vestidos realmente bonitos y llamativos no le sentaban bien. Ned le hubiera comprado un nuevo guardarropa, pero la verdad era que nada le servía. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly


Nº Paginas 20-90 https://www.facebook.com/novelasgratis A medida que se acercaba el día de la llegada de Matt, Clea se sumía en una depresión cada vez más profunda. —¡No tengo qué ponerme! —se quejó a su madre y Ruth Donovan le sonrió. —No seas tonta, hija. ¿Por qué no usas el vestido azul? Clea frunció el ceño, disgustada. No era lo que quería. Era un vestido recto, sin cintura, le parecía como una inmensa tienda de campaña, lo menos favorecedor posible. —Quiero algo especial, como lo que se pone Steph. Stephanie Peters, una compañera de colegio que vivía en la misma calle, tenía siempre un grupo de admiradores alrededor, como abejas en un panal. Se vestía a la última moda y rara vez se la veía sin maquillaje; hasta para ir a la escuela se ponía rimel. Siguiendo un impulso, Clea cogió su chaqueta. —Voy a casa de Steph. Volveré a la hora del té. Era una magnífica mañana de sábado y Clea caminó con pasos ligeros de vuelta a casa. Hubiera bailado de alegría, pero los zapatos de tacón alto que había comprado el día anterior se lo impedían. Hasta caminar le resultaba difícil. Sentía la cara rígida bajo la gruesa capa de maquillaje y le pesaban las pestañas, cubiertas con rimel negro. La falda de lana, que Steph le había regalado porque era demasiado grande para ella le apretaba en la cintura, pero esa incomodidad le importaba


muy poco, pues sólo pensaba en el encuentro que la aguardaba. El coche de Barry ya estaba aparcado frente a la casa. Mejor, así su espectacular entrada causaría sensación. —Aquí está Patti —dijo su madre al abrirle la puerta. Clea apenas oyó sus palabras, ya que sus ojos volaron hacia el hombre que se había levantado de su asiento para saludarla. La emoción la aturdía, de modo que sólo tuvo una impresión confusa de altura y fuerza y unos ojos brillantes y oscuros. —Hola, Patti —el sonido de esa voz ronca la estremeció. Había soñado con ese momento, pero la realidad superaba a la imaginación. No esperaba el impacto de esos ojos grises, que se entrecerraban como si no pudieran creer lo que veían. La fuerza de esa mirada la desconcertó y, con timidez, bajó los párpados mientras Matt le tendía la mano. Un instante después recordó que deseaba parecer madura y sofisticada, así que agitó sus largas pestañas cubiertas de rimel y lo miró fijamente con sus claros ojos verdes. Su corazón saltó al tocar la mano de Matt y saboreó el tibio contacto de sus dedos durante unos breves segundos. —Es un placer conocerte —dijo en un tono bajo y sensual, tratando de imitar a una actriz que admiraba especialmente—. Barry nos ha hablado mucho de ti. —¿Y a mí no me saludas? —Barry rompió el encanto y le abrió los brazos de par en par—. Ven a saludar a tu hermano. ¿Me has echado de menos?


—Desde luego. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 21-90 https://www.facebook.com/novelasgratis En circunstancias normales, Clea se hubiera echado en sus brazos, pero en ese momento, consciente de la presencia del otro hombre en la habitación, apenas abrazó a Barry y de inmediato retrocedió, para impedir que le alborotara el pelo, como era su costumbre. Barry no la dejó escapar con tanta facilidad. —¡Hey! ¿Qué pretendes? ¿Huir de mí? —le dio un abrazo que le cortó el aliento y después la soltó, con un gesto de desagrado—. ¡Fuchi! ¿Qué te has echado? —era un comentario muy poco halagador para el perfume con que se había rociado en abundancia—. ¿Por qué te has emperifollado como si fueras al circo? ¿Y qué te has hecho en el pelo? —Me lo he rizado —explicó Clea, con un aire que ella esperaba fuera tranquilo y natural, pero en su interior ardía de vergüenza por la manera en que su hermano la trataba. En otra ocasión, hubiera tomado sus bromas con buen humor, pero no cuando Matt Highland estaba en la sala. Se echó el pelo hacia atrás, con un gesto que creía sensual y provocativo. La permanente era resultado de un último ataque de inspiración de Steph—. ¿Te gusta?


La pregunta estaba dirigida a Barry, aunque miró la cara de Matt, tratando de leer sus pensamientos. Estaba encantada de que la observara con atención, pero sus facciones y gesto eran imposibles de interpretar. —Parece como si te hubiera pescado un huracán —fue la respuesta de Barry y la chica deseó darle un puñetazo. —Es un poquito exagerado —comentó su madre con voz suave—. ¿Quién te lo hizo? —Steph, en su casa. De repente tuvo esa idea y la pusimos en práctica —le agradó explicarlo así, la catalogaba como una criatura impulsiva, ligera y espontánea, y por la sonrisa que cruzó la cara de Matt, supo que él la había interpretado de esa forma. Le correspondió con otra. —Barry nos comentó que administras tus propios hoteles, ¿es cierto? —Sí, es cierto —el tono del joven era cortés—. Están pasados de moda y bastante descuidados, pero pienso reformarlos. —Barry nos explicó que tenías muchas ideas. Debe ser muy interesante. No le fue difícil mantener un tono sofocado en la voz. Cuando la atención de Matt se centraba en ella, le costaba trabajo respirar y su corazón latía dos veces más rápido que de costumbre. —¿No te sientas, Patti? —intervino su madre, llamando su atención sobre el hecho de que Matt todavía estaba de pie. Obediente, Clea lo volvió a envolver con una brillante sonrisa.


—Oh, sí, por favor siéntate. Matt. Aquí no somos ceremoniosos. El joven le indicó un sofá doble. Fascinada porque fuera tan caballeroso para no sentarse hasta que ella lo hiciera, Clea tomó asiento. Su sonrisa desapareció en cuanto lo hizo. El cinturón la apretó todavía más, haciéndole daño, y la falda, demasiado corta ya cuando estaba de pie, casi desapareció al sentarse, descubriendo sus largas Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 22-90 https://www.facebook.com/novelasgratis piernas cubiertas con medias negras, pues según Steph ese color las hacía más delgadas. No obstante, su corazón saltó cuando Matt se sentó a su lado y se volvió hacia él decidida a ignorar su incomodidad. —¿Por qué no nos explicas lo que planeas hacer con tus hoteles, Matt? Más tarde, no pudo acordarse de una sola palabra de la explicación, pues estaba como hipnotizada por su físico, el aroma que exhalaba su cuerpo y su voz profunda. Pero no importaba. Él estaba allí, le hablaba y la posición del sofá, en una esquina del cuarto, excluía a los demás de su conversación. Y si Matt de repente se refería a su madre o a Ned, ella preguntaba algo y le ponía la mano sobre el brazo para que le hiciera caso. Coqueteó con él deliberadamente usando todo lo que había leído u oído


acerca del lenguaje corporal, para asegurarse de que él entendiera lo que ella sentía. —Me encantaría vivir en Londres —suspiró cuando el tema de la reforma de los hoteles se agotó. Se inclinó hacia Matt de modo que no pudiera pasar inadvertido cómo sus senos se oprimían contra la tela de la blusa. Vio cómo sus ojos se posaban en las suaves curvas y se quedó sin aliento; apenas pudo articular las siguientes palabras—: Debe de ser maravilloso, muy diferente de la vida que llevamos aquí. —¿Lo crees? —el tono del hombre era seco—. Yo más bien envidio tu vida en el campo. —¡No es posible! —replicó Clea con petulancia—. Es aburridísima. No hay nada que hacer. Eso no era verdad. Tenía una vida social activa y le gustaba el pueblo, pero no podía creer que un sofisticado londinense como Matt se conformara con unas cuantas fiestas y las contadas discotecas y no tenía el menor deseo de parecerle una provinciana poco interesante. —Entonces, quizá podrías quedarte con Barry en la ciudad. Si tengo tiempo, te enseñaré lo que hay que conocer. «¡Oh, sí, por favor! ¡Me encantaría!». Consiguió reprimir las palabras,


aunque la alegría coloreó sus mejillas y su sonrisa fue natural. Su reacción atrajo la mirada de los ojos grises con una expresión nueva y diferente, pero para entonces, Clea ya se había repuesto y recordaba el papel sofisticado que se había impuesto, repitiéndose los consejos de Steph de actuar con frialdad y hacerse la difícil. Transformó su sonrisa de adolescente en un gesto frívolo. —Sería agradable. Si alguna vez voy a la ciudad, te lo recordaré. Cometió un error. La sonrisa de Matt se apagó y una mueca ensombreció su cara. Clea maldijo a Steph en su mente. Su amiga estaba equivocada, los hombres necesitaban saber que estabas interesada; hacerse la difícil no daba buen resultado. Se propuso reparar el daño a la mayor brevedad. —¿Te quedarás con nosotros mucho tiempo? —preguntó, con una mirada llena de esperanza. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 23-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sólo una noche. Había pensado quedarme más tiempo, pero surgió un imprevisto y tendré que regresar mañana. «¿Tan pronto?», quiso protestar. Apenas empezaba a conocerlo. Pero parecía lamentar no poder quedarse y ese pensamiento la mantuvo animada el resto de la tarde y de la noche. Estaba encantada y la felicidad le soltó la lengua, de


manera que brilló en la mesa, asombrando a su familia que estaba acostumbrada a su manera de ser más bien tímida. Conservó sus más deslumbrantes sonrisas, sus más interesantes comentarios, sus miradas lánguidas para Matt, sentado frente a ella. Cuando por fin se retiró a dormir, sentía que flotaba en una nube color de rosa. En cuanto su cabeza descansó en la almohada, empezó a soñar con un hombre alto, de pelo oscuro y ojos grises. Despertó muy temprano y se sentó ante su tocador para luchar con los frascos y los polvos de maquillaje que Stephanie le había prestado. No era tan fácil como su amiga le había asegurado, pero al fin logró un efecto parecido al del día anterior y su atención se concentró en su pelo. La permanente le parecía una inspiración divina, pues la masa de bucles le daba un aire de gitana que bien valía la pena el tormento de desenredar su melena. Casi había terminado cuando oyó voces en el jardín, a través de su ventana entreabierta. —Creo que muy pronto estaré listo para la reinauguración —era la voz de Matt, hubiera reconocido ese tono profundo en cualquier lugar, pues durante toda la noche le había susurrado palabras de amor al oído, mientras soñaba. Se acercó a la ventana y espió. Matt y su hermano estaban debajo de ella, de espaldas a la ventana. Inclinándose tanto como podía, dejó que su mirada recorriera la figura musculosa, los anchos hombros y el pecho, y sintió la boca seca. Pensó que hasta había captado el significado de la palabra sensual. —Necesitaré más personal, desde luego, cuando acabe con las reformas — explicaba Matt—. No había suficientes empleados y, como si no tuviera bastantes problemas, la recepcionista acaba de anunciarme que se va porque espera un


bebé. —Quizá puedas encontrar una vacante para Patti —sugirió Barry—. Acaba el colegio este verano y no tiene ni idea de lo que quiere hacer. ¿Por qué no la contratas como recepcionista? El corazón de Clea dejó de latir. Un trabajo para ella, como empleada de Matt Highland, en uno de sus hoteles, donde lo vería con frecuencia. ¡Era un sueño hecho realidad! Cerró los ojos y cruzó los dedos, mientras aguardaba la respuesta de Matt. —¿Patti? ¿Como recepcionista? —su risa fue fría y el desprecio que encerraba su voz hirió las fibras más sensibles de la chica—. Ten compasión, Barry. Necesito una chica atractiva, que sea una buena propaganda para el hotel; alguien que haga que los huéspedes se alegren de haber escogido un hotel Highland, no una impertinente Lolita que los asuste. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 24-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 —Disculpe. Clea se sobresaltó y regresó al presente de golpe. Miró al hombre que le había hablado y se sonrojó al darse cuenta de que le impedía el paso. —¡Lo siento! Creo que soñaba despierta —murmuró, apartándose a un lado.


Volvió a observar la espalda de Matt. Necesitaba recuperar un cierto grado de compostura antes de enfrentarse a él. Matt hablaba con un hombre rubio y delgado que estaba a su lado. En ese momento sonreía y formaba con sus manos un ocho en el aire, para dibujar las formas femeninas. Matt asintió y rió. Los labios de Clea se apretaron en una línea fina. No había manera de que interpretara mal ese gesto. Había visto a muchos hombres describir a una mujer de ese modo, acompañado, por lo general, con un comentario lascivo. Levantó la cabeza y, habiendo tomado una decisión sin ser por completo consciente de ello, entró en el bar. Matt volvió la cabeza al oír que la puerta se abría y la miró de arriba abajo antes de consultar su reloj. La irritación hizo que los ojos verdes de Clea, brillaran. —Lamento llegar un poco tarde —dijo secamente y su tono sugería que no lo sentía en absoluto—. ¿Me has esperado mucho tiempo? —Un rato —contestó sin alterarse—. Pero te aseguro que vale la pena esperarte. «Creí que sería más original, señor Highland», pensó la chica. Y los elogios no lo llevarían a ninguna parte, en particular acompañados de esas miradas descaradas. Igual que en su primer encuentro, hacía nueve años, Matt se puso de pie, pero Clea ya no era una colegiala ingenua que tomara esos gestos como la prueba de que era un perfecto caballero. Un hombre necesitaba algo más que esos


rasgos de cortesía para ganarse su respeto. —¿Te gustaría tomar una copa? Ella seguía alterada por las humillantes palabras que había oído hacía nueve años y que todavía se repetían en su mente con tanta claridad como si hubieran sido pronunciadas el día anterior. Mirándolo ahora, en su traje de corte perfecto, se preguntó si recordaría alguna vez la chica con la que había hablado unas horas y si se había extrañado de que no hubiera bajado a desayunar, quejándose de que se sentía enferma. No había sido capaz de bajar a despedirse y esa vivencia la hizo querer replicar que no, que no deseaba una copa, ni nada de él. Pero tendría que comportarse de un modo correcto, si pretendía llevar a cabo su plan y, además, estaba sedienta, después de aguantar los reflectores en la exhibición. Se obligó a sonreír. —Agua mineral —pidió y vio cómo alzaba una ceja. —¿No te apetece algo más fuerte? —inquirió y Clea negó con la cabeza. —No, gracias. El alcohol no ayuda mucho a mi cutis, ni a mi figura. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 25-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Con toda deliberación, se alisó los pliegues de la falda con las manos, para


acentuar sus delgadas caderas y observó con satisfacción que la mirada de Matt seguía ese movimiento. Los hombres eran tan torpes… ¡y pensar que un día había considerado a ese hombre en particular como la personificación de sus sueños! Sin ser llamado y mucho menos deseado, el recuerdo de esa falda que le quedaba pequeña se presentó en su mente. Jamás olvidaría las crueles palabras de Matt y sus ojos se convirtieron en dos pedazos de esmeralda cuando él se volvió para pedirle el agua al camarero. Después Matt señaló al hombre rubio que estaba a su lado. —Mi cuñado, Chris Lawton. Chris, la señorita Mallory. Clea le tendió la mano. Sin embargo, cuando comprendió el significado de lo que Matt decía, la sonrisa que se estaba formando en sus labios desapareció. Su cuñado… ¡ese hombre estaba casado con la hermana de Matt! Al evocar la forma gráfica que había usado para describir el cuerpo femenino, apenas pudo contestar con una fría inclinación de cabeza a la sonrisa de él. —Encantado de conocerla, señorita Mallory. He visto su pase. ¡Sensacional! —¿Le gustó a su esposa también? —su tono era helado. —¿A Liz? No pudo venir esta noche. No se siente bien. —Lo lamento —con un esfuerzo, logró que sus palabras sonaran corteses. Sintió


simpatía por la ausente Liz. ¿Qué hubiera pensado si hubiera visto a su esposo referirse a una mujer voluptuosa de esa forma? —Tu bebida —le susurró Matt al oído. —Oh, gracias… —tomó el vaso y sorbió la fresca agua burbujeante, mientras su cabeza se llenaba con pensamientos furibundos al recordar que Matt se había reído en respuesta al comentario de Chris. —Bueno, me voy —anunció Chris Lawton, terminando su bebida—. Liz debe estar esperándome y estoy seguro de que ustedes desearán quedarse a solas. Ha sido un placer conocerla, Clea. Quizá Matt quiera llevarla a nuestra casa a cenar. A Liz le encantaría. Estaba muy desilusionada por no haber asistido a la exhibición de esta noche. —A mí también me agradará conocerla. Las palabras no reflejaron su irritación porque hubiera asumido que ellos deseaban estar solos. De repente, tuvo el absurdo deseo de detener a Chris y charlar con él, todo menos quedarse a solas con Matt. Pero el otro hombre ya estaba en la puerta, desde donde agitó la mano en señal de despedida. Volvió a beber, agradeciendo el frescor del agua mineral que aliviaba su garganta reseca. Cada uno de sus nervios despertaba con la presencia del hombre que se encontraba a su lado. Estaba acostumbrada a ser tan alta o más que los hombres que le presentaban, así que la altura de su compañero la inquietaba. La


hacía sentir pequeña y vulnerable; sensaciones a las que no estaba habituada. —¿Subimos? —la pregunta de Matt la sobresaltó. —¿Subir? —repitió y él asintió. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 26-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me hospedo en el hotel esta semana para no viajar de un lado a otro todo el tiempo. Tengo un apartamento y pensé que podíamos cenar allí. Clea tragó saliva sin saber qué decir. Al aceptar la invitación, había supuesto que cenarían en un restaurante, un lugar público e impersonal. Estar a solas con él, en la intimidad de un apartamento de hotel, no era lo que había planeado. Implicaba… ¿Qué implicaba? Intentaba que Matt creyera que la atraía para después humillarlo, igual que él había hecho hacía años. Forzó una sonrisa brillante y cálida, y tuvo la satisfacción de que los ojos grises se oscurecieron en respuesta a ese gesto. —Estoy lista —dijo en tono superficial. La mano del hombre descansó en su cintura mientras la conducía hacia el ascensor y pudo sentir su tibieza a través del lino de su traje. En lugar de rechazar ese contacto posesivo, como estaba deseando, se apoyó en él para que la ligera


presión aumentara y sintió que los dedos masculinos la acariciaban. —¿Qué te pareció la exhibición? —preguntó mientras el ascensor subía, esta vez al piso número seis. —Muy bien organizada —contestó en un tono neutro y Clea sintió que le picaba el orgullo. Había esperado un comentario halagador de su parte. —¿Te gustó el vestido rojo? —continuó, tratando de alentarlo a que le dijera un piropo. —Prefiero el azul —murmuró secamente. Un brillo irónico en sus ojos indicaba que se había dado cuenta de lo que la chica pretendía. —¡Ése me cubría de la cabeza a los pies! —Exacto —el brillo divertido de su mirada se intensificó—. Creo que esa sutil sugestión es más sensual que la piel al desnudo. Cuando una mujer es tan hermosa como tú, no tiene que mostrar todos sus atractivos, como en un escaparate. Un hombre prefiere creer que esos deleites están reservados para sus ojos. Durante un segundo, la joven fue incapaz de responder. —El vestido rojo es lo mejor de la exhibición —declaró, a la defensiva—. Todos


consideran que es el diseño estrella de Raphael este año. —Quizá —aceptó Matt cuando el ascensor se detuvo—, pero yo prefiero el azul. Clea tuvo que reconocer que la había desconcertado. ¿Qué otras sorpresas la aguardaban? Entrar en el apartamento de Matt no contribuyó a tranquilizarla. El dormitorio que había visto la noche anterior le había gustado, pero aquél, en el último piso del hotel, le pareció magnífico. Estaba decorado en los mismos tonos que el diecisiete, pero constaba de tres habitaciones: una sala, una alcoba matrimonial y un baño. Un enorme ventanal ocupaba una pared entera del cuarto y desde allí se podían admirar las luces de Londres. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 27-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ponte cómoda —se quitó la chaqueta, la dejó caer en la silla más próxima, y se aflojó la corbata. Luego le tendió una carta encuadernada en piel que sacó del cajón de una mesita. Clea apenas pudo mirar la lista de platos. Ya antes estaba nerviosa y, tras el comentario de Matt acerca del vestido rojo estaba segura de que no podría pasar un bocado. —Tomaré ensalada de gambas, gracias.


El hombre frunció el ceño. —¿Y nada más? Tienes que comer, estás demasiado flaca, —Estoy delgada, no flaca —lo corrigió la chica—. Y debo conservarme, es mi trabajo —lo retó con la mirada—. Ensalada de gambas, por favor —repitió con firmeza. Matt asintió y cogió el teléfono. —En seguida lo traerán —afirmó después de haber ordenado lo que deseaban—. ¿Te gustaría tomar algo mientras esperamos? Clea reflexionó. Deseaba conquistar a ese hombre, pero si quería lograrlo, tendría que relajarse. Quizás una copa de vino la ayudara a calmarse. —Vino blanco, Matt. Él sirvió dos copas y se sentó en una butaca, frente a ella. —Háblame de ti —le pidió—. ¿Tienes familia? Clea tomó un sorbo de vino. Sabía que esas preguntas llegarían, pero, ¿cómo responder? —Sí, mis padres y un hermano. No viven en Londres, sino en un pueblecito, al norte. Por lo menos su madre y Ned estaban allí; pero no podía explicar que Barry se


había marchado a Estados Unidos porque quizá él lo supiera y descubriera la verdad. Desde la visita fatal, nunca había vuelto a hablar de Matt con su hermanastro. Sus padres habían tenido noticias de él un par de veces después de su visita y les enviaba tarjetas navideñas, pero desde que Barry se había marchado el contacto se había roto. —¿Siempre quisiste ser modelo? —inquirió Matt. —¡Oh, no! Cuando estaba en la escuela no tenía ni idea de lo que quería ser. Además… —se interrumpió y tomó otro trago de vino para ocultar su error. Había estado a punto de decir: «era demasiado gorda para pensar en eso». —¿Además? —repitió Matt al verla titubear. —No creí que tuviera oportunidad de sobresalir. La competencia es terrible. —¿Cómo empezaste? Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 28-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Gané un concurso organizado por una revista. Me inscribí por sugerencia de mi madre, y para mi sorpresa gané el primer premio y mis fotos salieron en la revista —abrió las manos—. El resto es historia. «Una historia recortada para adecuarla a la ocasión», pensó.


No mencionó que el año anterior al concurso lo había pasado siguiendo una dieta estricta y haciendo ejercicios extenuantes. Había asistido a clases de baile y gimnasia y leía todos los artículos de belleza que conseguía para practicar las técnicas descritas. Así, había ido adquiriendo una autodisciplina férrea a medida que moldeaba su cuerpo. Su madre, sorprendida por ese cambio radical, la apoyaba sin reparos y pagaba las visitas que hacía al mejor salón de belleza. Graham fue el primero que le cortó el pelo al estilo egipcio. Ese toque exótico le consiguió el favor de los jueces y la hizo empezar su vida profesional con su nombre de pila original. «Fue una suerte», pensó. De otra manera, jamás hubiera engañado a Matt. ¿Y si él la descubría? Se agitó en su silla con inquietud. «No», se dijo, «eso no sucederá». En ese momento llamaron a la puerta y dos camareros prepararon la mesa y sirvieron la cena. A partir de entonces, Clea procuró mantener la conversación en un tono superficial, contando historias de sus años en Londres y evitando caer en la trampa de referirle anécdotas de su niñez y vida familiar. Le resultó fácil, pues tenía un caudal de aventuras que le habían ocurrido durante sus viajes y podía bromear acerca de cómo se había puesto un traje de baño cuando nevaba o exhibido un abrigo de piel en un caluroso verano. Cuando le contó que había caído al agua desde un barco por inclinarse demasiado sobre la barandilla, Matt soltó una carcajada. —¡Debió ser una fotografía estupenda! —exclamó. —Lo fue —luchó porque su voz sonara natural. Cuando él reía de esa


manera, casi olvidaba que lo conocía de verdad—. Lo único que salió fue un par de pies con unos zapatos carísimos. Desde luego, se estropearon, lo mismo que mi maquillaje. Se puso seria; otro recuerdo indeseado la asaltó. Estaba hecha un desastre cuando la sacaron del mar, el maquillaje le manchaba la cara y el pelo se le adhería a la piel en mechones largos. Al salir a la playa, con la ropa y los zapatos empapados, se encontró frente a frente con Simon. Nunca olvidaría la mirada de horror que le dirigió. Simon era un hombre que amaba las cosas bellas, su casa estaba llena de antigüedades que había coleccionado a lo largo de los años, y ella era otro artículo que había agregado a sus posesiones. Esa noche le comunicó que su relación había terminado. El recuerdo le dejó un amargo sabor en la boca y empujó su plato para apartarlo, aunque apenas había comido la mitad. —¿Es todo lo que vas a comer? —Matt hizo un gesto de desaprobación. —Estoy satisfecha —lo retó—. Nunca he tenido buen apetito. Era mentira. Al empezar su dieta, había tenido que luchar para no tomar la clase de comida que le gustaba. Soñaba con sabrosas pizzas y enormes raciones de espagueti a la boloñesa. Luego, sus gustos habían cambiado, a fuerza de costumbre. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 29-90


https://www.facebook.com/novelasgratis —Las mujeres no necesitan tantas calorías como los hombres —agregó. Era consciente de que él había devorado una cena sustanciosa, gozando su comida y, sin embargo, estaba en plena forma física. Por un momento pareció como si fuera a continuar discutiendo, pero después encogió los hombros. —Entonces, ¿te sirvo una taza de café? —inquirió con voz suave: algo en el fondo de sus ojos oscuros hizo que los nervios de Clea se estremecieran. —Sí, por favor, sin azúcar —indicó con intención y lo vio hacer una mueca. —Desde luego —murmuró—. Lo sospechaba. Pasaron al sofá, para estar cómodos mientras tomaban el café. Clea, después de un leve titubeo, se acomodó en el de dos asientos y se permitió una sonrisa de triunfo al ver que él ocupaba el contiguo. Por el momento debía fingir que Matt la atraía. —¿Te quedas con frecuencia en uno de tus propios hoteles? —preguntó, apoyándose en el respaldo y volviéndose hacia él. —Cuando me necesitan. Es más conveniente que viajar a mi casa todos los días. Después de esta semana, regresaré a mi hogar. —Entonces, ¿no vives en Londres? —eso era nuevo. Barry les había contado que Matt vivía en un apartamento en la ciudad. Habían pasado nueve años y no


era raro que las cosas hubieran cambiado. El hombre negó con la cabeza. —Ya he vivido en la ciudad demasiado tiempo. Me gusta escapar al campo cuando puedo. ¿Tú no lo echas de menos? —¿El campo? —repitió la chica, vacilante. La cercanía del hombre y el tema de conversación la hacían revivir los malos recuerdos de su primer encuentro, cuando habían hablado del mismo asunto. Una ola de vergüenza la invadió sus intentos fallidos de parecer sofisticada y su declaración de que encontraba la vida del campo aburrida. —Hay muchos pueblos en el norte —replicó por fin fríamente—. Algunos tan agitados como Londres. ¿Por qué los sureños siempre piensan que la civilización termina en Watford? —No era eso lo que quería decir —el tono de su voz convirtió sus palabras en un leve reproche—. Y no desconozco del todo los atractivos del norte. Tenía un buen amigo cuya familia vivía en Yorkshire y yo mismo compré una cabaña en Dales. —¿Ah, sí? —murmuró, sin aliento. La mención del buen amigo le llegaba demasiado cerca para sentirse cómoda—. Supongo que no tienes muchas oportunidades de ir allí a descansar.


Con alivio, observó que Matt negaba con la cabeza. Yorkshire era un condado bastante grande, pero de cualquier manera le resultaba difícil asimilar la idea de que hubiera estado en el norte, quizá muy cerca de donde ella vivía, sin que lo supiera. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 30-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Claro que ella sólo había vivido un par de años más en el pueblo después de la visita de Matt. Luego se había mudado a Londres y, a pesar de que trataba de visitar a sus padres con frecuencia, la presión de su trabajo se lo impedía. De pronto, la asaltó un sentimiento de nostalgia tan agudo, que las lágrimas asomaron a sus ojos. —No tantas como quisiera —oyó explicar al hombre como a través de la nube de algodón que llenaba su mente—. Me las arreglo para pasar un fin de semana de vez en cuando, pero no es suficiente. Uso mi cabaña como un refugio, para alejarme de todo. No tiene teléfono y el pueblo más cercano está a diez kilómetros. Cuando estoy allí, nadie puede localizarme. Me olvido de los hoteles Highland, y descanso. —¿Y a qué te dedicas allí? —estaba intrigada de verdad. Ésa era precisamente la parte de la personalidad de Matt que intentaba descubrir. Daba la impresión de ser un solo poderoso hombre de negocios, absorbido por


su trabajo, gozando del ruido y la actividad de Londres. Sus comentarios acerca de la vida del campo, en su primer encuentro, le habían parecido simples formalidades dentro de una conversación social. —Leo, escucho música, camino varios kilómetros, trabajo en el jardín… todas esas cosas que no tengo tiempo de hacer aquí. —Suena idílico. No pretendía que su observación sonara a ironía, pero así debió parecerselo a su anfitrión, porque afirmó: —Lo es. ¿Te gustaría pasar un fin de semana en mi cabaña? —Mucho. No pudo ocultar su sincero entusiasmo. Imaginó las praderas cercanas a su casa y cómo le gustaba de adolescente recorrerlas. Hacía mucho que no experimentaba esa sensación de libertad. La nostalgia volvió a abrumarla. —Bien, quizá podríamos arreglar algo… —No será fácil —lo interrumpió rápidamente, relegando sus recuerdos a un rincón de su mente, con gran esfuerzo. No iría con ese hombre a una cabaña aislada como la que él había descrito—. Como te dije ayer, tengo muchos compromisos en las próximas semanas. No contaré con tiempo libre hasta agosto.


—No hay prisa —replicó Matt—, yo también estoy abrumado de trabajo. Agosto me parece un buen mes para tomar unas vacaciones. Ya nos pondremos de acuerdo después. Clea murmuró algo que podía interpretarse como asentimiento, demasiado desconcertada para emitir una respuesta coherente. No planeaba pasar sus vacaciones con Matt y, sin embargo, parece que ya se había comprometido. «Lo único bueno», se dijo, «es que faltan aún dos meses para ello». Muchas cosas podían ocurrir en ese lapso. Algo suave le rozó la mejilla, sacándola de sus reflexiones con un sobresalto. Su sorpresa aumentó al darse cuenta de que se trataba de la mano de Matt, cuyos dedos Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 31-90 https://www.facebook.com/novelasgratis la acariciaron de la frente a la mandíbula, deteniéndose bajo la barbilla para hacerla volver el rostro hacia él. «Me besará», pensó. «¡Tranquilízate!». Su mente le transmitió el mensaje a su cuerpo a tiempo para impedir la instintiva tensión de sus músculos cuando Matt se le acercó y le pasó un brazo sobre los hombros. Debía actuar como si gozara de ese instante, como si eso fuera lo que hubiera deseado toda la noche. Inclinó la cabeza, ofreciéndole su boca, y él aceptó esa invitación de inmediato. Sus labios fueron tibios y firmes al cerrarse sobre los de ella, al principio con


suavidad, después aumentando la presión hasta que la chica abrió la boca, permitiendo la invasión de su lengua. «Muy persuasivo», se dijo, y su mente permaneció ajena a la caricia. Si intentaba hacerle creer que la atracción era mutua, debía hacer algún movimiento, no quedarse inmóvil como un bloque de cemento. Le resultó muy fácil rodearle el cuello con las manos y dejar que sus dedos jugaran con el suave pelo castaño de la nuca. Notó que él sonreía cuando lo tocaba y una llamarada de ira la quemó por dentro. Estaba demasiado seguro de sí, convencido de que ninguna mujer sería capaz de resistírsele. Pues bien, ya le demostraría ella otra cosa. Deliberadamente aumentó la presión de su boca en la de él, y jugueteó con su lengua en una silenciosa provocación; después se relajó en sus brazos, sonriendo triunfante ante la apasionada respuesta del hombre. Ése fue su último pensamiento coherente, pues cuando las manos masculinas le cubrieron los senos, su mente se sumió en la niebla y sintió las caricias como un fuego abrasador que atravesaba su blusa y le quemaba la piel. Suspiró de manera inconsciente y le inclinó más la cabeza hasta que al fin, con renuencia, él se separó para respirar. —¡Dios, eres preciosa! Las palabras de sus sueños de adolescente, la hicieron volver a la realidad. Sacudió la cabeza para aclarar sus ideas, disipar la neblina de placer que la ofuscaba y obligarse a reflexionar con cierta lógica, antes de que fuera demasiado tarde. Había planeado ese beso, quería que Matt reaccionara de


ese modo, pero… ¡nunca esperó que le gustara! Miró los ojos del hombre con cautela y vio que se habían oscurecido por el deseo. De pronto, una alarma sonó en su cerebro. Las cosas habían ido demasiado lejos. Tenía que poner un alto. Había conseguido provocar a Matt, que se confiara, pero era preferible tomar las cosas con más calma. Cuando él volvió a acercársele, Clea volvió la cabeza con un movimiento lento que quería ser espontáneo, miró su reloj y exclamó: —¡Dios mío! ¡Mira qué hora es! Con un ágil movimiento lo eludió, escapó de sus brazos y se puso de pie. —Tengo que irme. Quería parecer superficial y se sorprendió de haberlo conseguido. Sólo un ligero temblor en su voz traicionaba el sentimiento de pérdida y frío que la invadía, lejos del calor del hombre. Intentó sonreír, pero perdió el valor al ver que sus ojos se Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 32-90 https://www.facebook.com/novelasgratis entrecerraban y que los músculos de su mandíbula se tensaban en forma amenazadora. —¿Tan pronto? Le sorprendió la rapidez con que Matt se había dominado. Indicaba una


fuerza de carácter que haría bien en recordar en el futuro. Matt Highland no iba a caer en su trampa con tanta facilidad como había supuesto. —Te lo dije… debo meterme en la cama antes de medianoche. —Ah, sí, olvidaba que te conviertes en una calabaza después de las doce —la ironía de su voz hizo desaparecer la cuidadosa sonrisa de Clea. Se estiró con pereza y se levantó—. Está bien, Cenicienta. Te llevaré a casa. —Recogeré mi bolso. Al cruzar la habitación, Clea miró su imagen en un espejo que colgaba de la pared y se sorprendió al ver sus mejillas arreboladas y la luminosidad inesperada de sus ojos. Su pelo estaba despeinado y la pintura de sus labios había desaparecido por completo. Parecía muy joven y poco experimentada; lo contrario de lo que deseaba. Ocupada en arreglar su aspecto, se dio cuenta de repente de que un silencio total reinaba en el cuarto. Miró a través del espejo y descubrió a Matt observándola, con una expresión indescifrable. Algo en la manera en que estaba parado o en la tensión de sus músculos, le contrajo el estómago. ¿La había reconocido, adivinado en ella a la Patti de diecisiete años? ¿O era sólo que no había recuperado la compostura con tanta rapidez como había fingido? Bajó la mirada rápidamente, temiendo que leyera la incertidumbre de sus ojos. A sus espaldas lo oyó moverse con impaciencia. —¿Estás lista? —preguntó en tono brusco y seco. Clea, como no se sentía capaz de mirarlo, se concentró en aplicarse una segunda capa de lápiz labial con un


pincel y él explotó—: ¡No necesitas ponerte toda esa pasta! ¡El hotel está vacío y las calles como la boca de un lobo! —Siempre trato de estar lo mejor posible —replicó, volviéndose a mirarlo al fin—. Tengo una imagen que sostener; es parte de mi trabajo. No le gustó la manera en que aquellos ojos de acero la recorrieron, con un brillo muy parecido al desprecio. Por instinto se enderezó hasta llegar a su máxima altura, lista para pelear si era necesario. Matt encogió los hombros y cogió su chaqueta. —Se te hace tarde —dijo, sin expresión—. Si no nos vamos, sonarán las doce campanadas… y ya sabes lo que le sucedió a Cenicienta entonces. ¿Vienes? —se puso la chaqueta mientras se dirigía hacia la puerta. Confundida, Clea lo siguió. ¿Qué había sucedido para transformar al amante apasionado de hacía unos minutos en ese hombre frío y distante? No parecía muy ansioso de volver a verla, mucho menos de enamorarse de ella para que luego lo rechazara. Observó las facciones duras, mientras esperaban el ascensor, y no supo qué pensar. Él siguió silencioso y abstraído, como si ni siquiera se diera cuenta de su presencia. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 33-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Su silencio duró todo el trayecto al apartamento y la chica tuvo tiempo de pensar y cambiar de opinión. Era probable que hubiera humillado a Matt al rechazar sus pretensiones sexuales. Si decidía no volver a verla, no le


importaba. Había hecho lo que se había propuesto: probar que lo atraía. De esa manera, se vengaba del insulto que había sufrido la Patti de diecisiete años. Estaba tan convencida de que no volverían a concertar una segunda cita que se llevó una sorpresa cuando, al detener el coche ante la entrada del edificio, Matt se volvió hacia ella y le dijo: —Me gustaría verte otra vez. Me temo que estaré muy ocupado los próximos días, pero después tendré tiempo. ¿Qué te parece el jueves? Clea negó con la cabeza de forma automática. Pasaba los jueves con Maggie, descolgaban el teléfono y descansaban, olvidándose de sus problemas de trabajo. —Me temo que el jueves está descartado. Se las ingenió para que pareciera como si lo sintiera mucho, esperando que Matt creyera que ansiaba volver a verlo. Sacó de su bolso una pequeña agenda y la consultó. —El viernes también me es imposible —continuó, ignorando que esa página estaba en blanco—. No tengo compromisos el sábado. —Entonces, el sábado. Saldremos todo el día. Te recogeré a las diez. «No me lo pide por favor ni me pregunta si estoy de acuerdo», pensó la chica, irritada. La invitación de Matt tenía todas las características de una orden, que él esperaba que obedeciera sin titubear. —A las diez —confirmó, cerrando la agenda con fuerza innecesaria para


expresar su disgusto. Abrió la puerta y bajó del coche—. Buenas noches, Matt y… gracias por la cena. —Gracias por acompañarme —la respuesta fue rápida, pero ese convencionalismo no la tranquilizó. Sólo cuando las luces posteriores del Jaguar desaparecían calle abajo, adivinó la razón de sus emociones. Esperaba que la besara para despedirse y ya había calculado hasta el último detalle la forma en que reaccionaría. Respondería con cierto agrado, y nada más. Sin embargo, como Matt no había intentado tocarla y ni siquiera había detenido el motor del coche, puso la mano en las llaves para encender el motor antes que ella se desabrochara el cinturón de seguridad, su plan de acción había fracasado. Movió la cabeza, desconcertada. El comportamiento de Matt no concordaba con la pasión que había mostrado antes. Parecía decidido a poner cierta distancia entre ellos y, sin embargo, le había pedido otra cita. Caminó lentamente hacia la puerta y metió la llave en la cerradura. Se alegró de que no hubiera luz en el apartamento de Maggie. Si su amiga le hubiera preguntado cómo había pasado la velada, se habría visto en la necesidad de admitir que lo ignoraba. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 34-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 5


—Te dije que te pusieras cómoda —Matt no se molestó en saludar cuando Clea abrió la puerta de su apartamento, el sábado por la mañana. La crítica implícita en su tono la puso nerviosa. —Esto es cómodo —replicó secamente señalando el conjunto de algodón que llevaba. Después de que él la llamara para proponerle un día de campo, si el tiempo lo permitía, ella había revuelto todo su guardarropa para escoger algo adecuado y había decidido que ese traje era ideal. La expresión de disgusto del hombre se convirtió en burla cuando observó las sandalias de cuero blanco. —¿Puedes caminar con eso? —¡Claro que puedo! Son muy cómodas. Cruzó los dedos detrás de su espalda, por la mentirijilla. Y dudaba de que pudiera caminar una distancia considerable con los tacones altos y finos. Le habían costado una fortuna, pero se había enamorado de ellos a primera vista y aún no había encontrado una oportunidad para usarlas… y combinaban a la perfección con su conjunto. Matt encogió los hombros, como si no le importara. Él sí estaba vestido para ir al campo. Llevaba una camisa azul de algodón, abierta en el cuello, que dejaba


entrever la piel bronceada y el nacimiento de un vello rizado y oscuro. El pantalón vaquero se ajustaba a sus caderas y los zapatos náuticos parecían viejos y muy cómodos. —¿Estás lista? —la impaciencia tiñó su voz—. Hace un día precioso… demasiado, para quedarse dentro de la casa. —Estoy lista —luchó porque la irritación no se reflejara en su réplica, aunque no lo logró del todo—. Además, has llegado antes de la hora. La sonrisa de Matt descartó la importancia de esa acusación con una indiferencia que la sulfuró. —Sólo unos minutos. Tuviste tiempo para arreglarte. Haciendo un gran esfuerzo, Clea apretó los labios para no contestar con toda la furia que amenazaba desbordarse como la lava de un volcán. —¿Hace mucho sol? ¿Necesitaré sombrero? El hombre alzó las cejas con incredulidad. —¡Un sombrero! —repitió como un eco, asombrado—. ¿Para qué? —Para proteger mi piel —repuso ella secamente. Solía ponerse un sombrero de ala ancha en verano, pues no le gustaba que el sol le llenara la cara de pecas. Matt la estudió de cerca y analizó el cuidadoso maquillaje que había tardado veinte minutos en aplicar sobre su tez.


Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 35-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Crees que los rayos del sol atravesarán esa capa para quemar tu cara? — inquirió y el desprecio que se reflejaba en su voz tuvo el efecto de un latigazo sobre ella—. No sé para qué te pones esa porquería. —Siempre trato de estar… —Lo mejor posible —la interrumpió con énfasis satírico—. Ya sé… me lo dijiste. No puedo dejar de preguntarme cómo serías sin ese arco iris en el rostro. Pálida y fea. La respuesta llegó a la mente de Clea sin que la buscara. Como una versión delgada de la Patti Donovan de hace años. Ese pensamiento endureció a su voz cuando replicó: —Todas las mujeres usan maquillaje para mejorar su aspecto. No se trata de un arco iris, como tú lo llamas —por lo menos, no el que ella usaba. Estaba orgullosa de la sutileza con que se arreglaba. Si se hubiera referido a los colores que le había puesto Steph cuando tenía diecisiete años, quizá le hubiera dado la razón. En ese momento, se equivocaba por completo—. ¿Acaso no estás de acuerdo? La expresión del hombre era indescifrable y Clea decidió no esforzarse en interpretarla ni obligarlo a responder. Tomó su bolso, cerró la puerta de la entrada y bajó la escalera, detrás de Matt.


Pensaba que el principio del día no vaticinaba buenos resultados. Se suponía que lo estaba convenciendo de que se sentía atraída y en lugar de eso, lo atacaba como un perro rabioso y le daba una impresión que no deseaba. «No es mi culpa», se dijo indignada. Matt había hecho comentarios poco halagadores, calculados para enfurecer a cualquier mujer que se respetara. Sin embargo, era preciso que cuidara su lengua si pretendía llevar a cabo su venganza. Le resultaba más difícil de lo que había imaginado no mostrar sus verdaderos sentimientos, pues Matt Highland no actuaba como ella esperaba. La excursión tampoco resultó agradable. Cuando Matt le sugirió que fueran de día de campo, imaginó que se trataría de un paseo de adultos, como los que organizaban Maggie y ella de vez en cuando, comiendo pollo y ensalada en sillas plegables no lejos de la carretera donde dejaban el coche. La idea de Matt era un día de campo tradicional, con ensalada y mantel, al lado de un arroyo. Si le hubiera aclarado sus intenciones, se hubiera vestido de un modo diferente; la tierra y la hierba ensuciaban sus pantalones blancos. Tuvieron que caminar lo que a ella le parecieron kilómetros para llegar al lugar elegido. Y a los pocos metros se dio cuenta de que había sido un error ponerse las sandalias. Se enterraban en sus pies sin compasión y mientras se arrastraba cuesta arriba por una vereda, que ni siquiera podía llamarse camino, los tacones se convirtieron en un serio peligro para mantener el equilibrio. Matt, desde luego, no se enfrentaba a esos problemas y caminaba con paso seguro a una velocidad que ella encontraba imposible de seguir, a pesar de que él llevaba la canasta y un tapete para sentarse. Pensó en quitarse los zapatos y


continuar descalza, pero darle la oportunidad a Matt de decirle: «Te lo advertí», le parecía peor que la incomodidad, por lo que apretó los dientes y continuó sin quejarse. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 36-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Con un suspiro de alivio se sentó por fin sobre el tapete que el hombre extendió sobre la hierba y estiró las piernas. En cuanto los pies dejaron de dolerle, pudo admitir que el sitio era hermoso. El sol le calentaba la espalda, el aire estaba lleno de los trinos de los pájaros y el arroyuelo hacía un ruido agradable al saltar sobre su lecho de rocas. Cuando era joven, Clea solía quitarse los zapatos, recogerse los pantalones y chapotear en el agua fresca, gozando al sentirla en su piel. Pero esos días habían pasado hacía mucho, reflexionó con nostalgia, recordando ese tiempo libre de preocupaciones. Para no entristecerse, volvió la cabeza y se asombró de la cantidad de comida que Matt sacaba de la canasta. —¡Has traído provisiones para alimentar a un ejército! —Lo mejor de un día de campo es la comida —replicó él y algo en su tono y en su mirada le dio a Clea la incómoda sensación de que la estaba probando. ¿Quería ver qué firme esa su resolución? Era la única explicación posible a las bandejas de pastelillos deliciosos cuando él añadió al resto de los platos. ¿O


había visto algo que le recordaba a Patti Donovan y pretendía que ella misma se delatara? A los diecisiete, no hubiera dejado de probar cada uno de los platos que Matt llevaba, pero Clea era una persona diferente y lo demostraría. No le resultaba muy difícil, pues había adquirido una disciplina de hierro a través de los años. Se sirvió carnes frías y ensalada, consciente de que Matt la observaba, y esa mirada fija la puso tan nerviosa que su mano tembló al poner unas rebanadas de tomate sobre su plato. Cuando acabó de servirse, se puso tensa, esperando oír un comentario irónico y dispuesta a responder de igual forma. Sin embargo, Matt guardó silencio, aunque apretó los labios al ver lo que se había puesto en el plato. «¿Qué me importa lo que piense?», se preguntó, molesta con Matt y consigo misma. La tensión se desvaneció cuando, olvidando su desaprobación, Matt inició una charla ligera contándole lo que había hecho la semana pasada. También ella había estado muy ocupada, con varias sesiones de fotografía, que apenas le habían permitido respirar, así que se sentía feliz de poder sentarse y descansar. Disfrutó del relato, salpicado con un sentido del humor que la hizo sonreír sin reservas e incluso reír a carcajadas. Así que, cuando Matt terminó al fin de comer, apartó su plato a un lado y murmuró: —Ven —a Clea le pareció la cosa más natural del mundo obedecerlo. Se sentó a su lado y apoyó la cabeza en su hombro, mientras él le pasaba un brazo por la


cintura. Empezó a devolverle los besos en la boca con una facilidad que hubiera juzgado imposible poco antes. Con esa sonrisa podía hipnotizar a una serpiente y su truco de mirarla constantemente a los ojos mientras hablaba la hacía sentirse muy especial, como si fuera alguien importante en su vida. Se obligó a recordar que era un truco y nada más. Demasiadas veces había leído las columnas de sociedad para ignorar que Matt Highland iba siempre acompañado de una mujer, una belleza de la aristocracia, o una estrella de cine que iniciaba su carrera, aunque ninguna permanecía a su lado. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 37-90 https://www.facebook.com/novelasgratis En uno o dos meses desaparecían y otra, igual de decorativa, las reemplazaba. Pues bien, eso no le sucedería a ella. Más o menos una hora después, Matt contempló el cielo y frunció el ceño. —Creo que el tiempo nos traicionará. Esas nubes indican que va a llover. Sorprendida, Clea siguió la dirección de su mirada y por primera vez notó que unas nubes grises tapaban la luz del sol. Sólo entonces se dio cuenta de que el calor de la tarde había desaparecido y que la atmósfera había refrescado de tal manera que, cuando el tibio cuerpo de Matt se alejó de su lado, la hizo temblar.


—Será mejor que recojamos y volvamos al coche. Puede empezar a llover en cualquier momento. Metió la comida en los cacharros y luego dentro de la canasta, con movimientos precisos y eficientes. Clea se apresuró a ayudarlo, lanzando miradas ansiosas al cielo. Las nubes se espesaban con rapidez y su humor empeoraba tanto como el clima. Sobre todo porque cada vez que sus manos rozaban las de Matt al colocar la comida en la cesta, sentía extraños estremecimientos a lo largo de su columna vertebral. No le gustaba esa excitación tan parecida a la que la había dominado al conocer a ese hombre, así que dejó de ayudarlo y se concentró en sacudir el mantel con un movimiento brusco y agresivo, antes de doblarlo en cuatro. —Todo listo —anunció Matt, echándose el mantel sobre un hombro y alzando la canasta—. Creo que tendremos que correr. Las primeras gotas empezaron a caer antes de que llegaran al coche. Clea se tambaleaba sobre las sandalias de tacón. En unos cuantos minutos, el pelo, peinado con tanto cuidado, se le pegó a la cara y tuvo que parpadear con fuerza para poder ver a través de las gotas de lluvia. Al fin llegaron al coche y la chica entró con un suspiro de alivio mientras Matt metía la cesta y el mantel en el maletero. —¡Qué chapuzón! —exclamó, riéndose, al sentarse al lado de Clea.


Rápidamente encendió el motor y la calefacción—. No te preocupes, en un momento nos secaremos. La chica no lo escuchó. Estaba revolviendo el interior de su bolso, buscando un espejo. —¿A dónde quieres ir ahora? —preguntó Matt. —No sé… —su voz se debilitó al verse en el pequeño espejo. Aparte del pelo pegado a la cara, se le había corrido el rimel. Volvió a meter la mano en el bolso, buscando pañuelos desechables para limpiarse. —¿Clea? —una nota de impaciencia tiñó la voz del hombre. —Yo… Se revisó la cara. Las manchas negras desaparecieron, pero también el resto de su maquillaje, llevándose con él su seguridad personal, de manera que la pretensión Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 38-90 https://www.facebook.com/novelasgratis de que Patti Donovan no existía se convirtió en una burla. Nunca atraería a Matt en ese estado. —Quiero irme a casa. El silencio del hombre se hizo amenazador. —Quiero irme a casa —repitió, con menos firmeza.


—¿Para qué? —Yo… mi pelo está empapado… —Ya encendí la calefacción. Pronto se secará. Sí, se secaría, pero no estaría peinado como a ella le gustaba. Si lo dejaba en su estado natural, se rizaba y se convertía en una masa sin forma, muy parecida a la que Matt había visto el día que la conoció. —Quiero irme a casa. Estoy mojada, tengo frío y… —¡Maldición, Clea! —la interrumpió, furioso—. Sólo se trata de un poco de lluvia, no de una catástrofe para que te pongas histérica. No vas a derretirte. —¡No estoy histérica! —repuso, humillada por el sarcasmo con que la había tratado—. Y ya sé que no voy a derretirme, pero eso no impide que esté fría e incómoda. Todo lo que quiero es tomar un baño caliente y ponerme ropa seca lo antes posible, así que te agradecería que empieces a conducir y me lleves a mi casa. Durante un largo, silencioso momento, los ojos verdes se enfrentaron a los grises, los de él pensativos, los de ella brillantes de indignación. Por fin, Matt encogió los hombros y puso las manos sobre el volante. El coche empezó a moverse y Clea lo miró de reojo. Estaba muy serio. También ella estaba enfadada, pero no le convenía pelear con él en ese momento. La relación no había madurado y debía mostrarse dulce y complaciente si quería llevar a cabo su plan. Aunque, ¿acaso quería seguir adelante? Matt Highland la hacía sentir incómoda y sus emociones se mezclaban de tal modo en su interior que no podía definirlas. Quizá fuera preferible olvidar


la idea. «¡No!». Rechazó la idea mientras se formaba en su mente. Sería más fácil, pero no satisfactorio. Deseaba vengarse de los comentarios humillantes que había hecho y demostrarle que no podía tratar a las mujeres como objetos, sin preocuparse de sus sentimientos; para lograrlo, necesitaba una reconciliación. Con esfuerzo, se obligó a extender una mano y tocar suavemente el brazo de Matt. —Me comprendes, ¿verdad? —preguntó en un susurro—. Tú también debes estar empapado. Matt no apartó la mirada del camino. —Me mojé un poco —contestó fríamente—. Ya me estoy secando. Era cierto. El algodón de su camisa apenas estaba húmedo y Clea pudo sentir la tibieza de su piel bajo la tela. La sensación la inquietó y llamó su atención hacia otros detalles: la fuerza de los músculos, la manera en que la ropa acentuaba las líneas del pecho y los hombros, el sutil aroma de su cuerpo, tan cerca del suyo. De repente, le pareció que el espacio del coche se reducía. Luchó para no apartar su mano. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 39-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Es una lástima que este día se haya estropeado, pero habrá otros… La mirada que Matt le lanzó de reojo fue indescifrable y el corazón de Clea se


contrajo al pensar que quizá no habría más oportunidades. —Me encantó el día de campo. El silencio de él no la alentó. Al girar el volante para tomar una curva, separó el brazo de la mano de Clea, que cayó sobre el asiento. —La comida me gustó mucho —volvió a intentarlo—. Tienes que agradecerle a tu… —¡Ni siquiera comiste lo suficiente para opinar! —la interrumpió, rompiendo al fin su silencio. ¡Otra vez! ¿Estaba obsesionado con la cantidad de alimentos que ella comía? Se tragó la áspera protesta que subía a sus labios. —Me gustó lo que comí y me agradó tu compañía —se sorprendió al darse cuenta de que hablaba con sinceridad. Se había divertido y era inútil negarlo. —Todavía podemos pasar un rato juntos. La atención de Matt seguía concentrada en la carretera, pero su voz se había dulcificado un poco y Clea reprimió una sonrisa de triunfo. —Necesito cambiarme de ropa. ¿Parecía sincera? Quería que él comprendiera que se sentía apenada porque debían separarse y que le gustaría pasar más tiempo a su lado, pero ignoraba si lo había logrado.


El resto del trayecto se hizo un silencio tenso que alteró los nervios de Clea. Cuando se detuvieron ante el edificio de apartamentos, no tenía ni idea de lo que iba a pasar entre ellos. —Aquí estás, sana y seca —no podía pasar por alto la ironía deliberada de Matt. La chaqueta y los pantalones estaban casi secos y, con la típica perversidad de un verano inglés, el sol había vuelto a brillar, calentando la tarde. Mientras titubeaba, indecisa, el sonido de los dedos del hombre tamborileando sobre el volante le pareció amenazador. —Gracias otra vez por este hermoso día de campo. —Fue un placer. ¿Qué estaba pensando él? ¿Planeaba volver a verla o la descartaría por completo? Por un momento, se quedó sentada, esperando algo que no podía catalogar. Matt no trató de abrazarla o darle un beso de despedida. Estaba abstraído, distante y, dominando el deseo de preguntarle qué le pasaba, Clea abrió la puerta y salió. —Adiós, Matt. Él levantó una mano en señal de despedida y, antes de que ella se relajara, puso en marcha el vehículo y desapareció. Clea apretó los labios, furiosa. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 40-90 https://www.facebook.com/novelasgratis


«¡Maldito seas!» ¡Ni siquiera le había respondido! Su plan de atraparlo y humillarlo se había esfumado. Pues bien, tenía mejores cosas que hacer que perder el tiempo jugando con un hombre tan egoísta que nunca pensaba en los demás. ¡Menos mal que se había librado de él! Un largo baño caliente la ayudó a recuperar la compostura. Se remojó en el agua perfumada, sintiendo que sus músculos se relajaban, lo mismo que su mente, hasta que se encontró en paz con el mundo entero. Era un alivio pensar que Matt Highland había salido de su vida para siempre. La presión de fingir que la atraía era la causante de la tensión que la invadía a su lado. Pero no siempre había estado tensa. Dejó de secarse con la suave toalla, al recordar la facilidad con la que habían charlado junto al arroyo, antes de que la lluvia interrumpiera su día de campo. Había gozado esos instantes y respondido con interés a la conversación inteligente e ingeniosa de Matt. Desde luego, eso no significaba que le molestara que todo hubiera terminado, estaba segura. Era un hombre agradable, un perfecto anfitrión y un compañero entretenido, pero esa fachada ocultaba su egoísmo y arrogancia. Sus movimientos se volvieron más bruscos y le frotó la piel con una fuerza que la hizo brillar. Le hubiera encantado darle una buena lección para que supiera lo que era sentirse humillado por primera vez en su vida. Se había puesto unos pantalones vaqueros y una blusa de algodón cuando oyó


el timbre. Dejó de cepillar su pelo, lacio y brillante. —¿Quién será? —preguntó con el ceño un poco fruncido. No tenía ni una gota de maquillaje y sus mejillas estaban sonrosadas y frescas. «Parezco una quinceañera», pensó y saltó cuando el timbre sonó de nuevo—. Voy —se dirigió al desconocido que llamaba. Apenas distinguió la figura oscura que se recortaba contra la puerta de cristal antes de abrirla, por lo que no se preparó para la sorpresa de ver a Matt ante ella. —¡Oh! —retrocedió, tocándose la cara con una mano y abriendo los ojos por el asombro—. ¡Ho… hola! Su incertidumbre aumentó al observar que los ojos oscuros de Matt le recorrían el rostro, entrecerrándose, como un eco de su propia sorpresa y después quedándose quietos, fijos en su cara. Parecía como si nunca la hubiera visto antes y ese pensamiento, combinado con el escrutinio que sufría, la puso muy nerviosa, haciendo que sus palabras salieran con dificultad. —¿Qué… qué haces aquí? —Dejaste esto en el coche —sacó de su bolsillo un reloj de pulsera de oro—. Pensé que lo necesitarías y te lo traje.


Su mirada no había abandonado la cara de Clea y a ella la invadió un miedo irracional, como si temiera que él fuera capaz de leer sus pensamientos. ¿La reconocería y echaría a perder su plan para siempre? —Siempre me lo dejo en cualquier parte. Creo que el broche está flojo y… haré que lo arreglen. Gracias por traerlo. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 41-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —De nada —el tono de Matt era educado pero, observándolo de cerca, Clea apreció un extraño brillo en sus pupilas—. No tenía nada que hacer. «Nada mejor que hacer», lo corrigió la chica para sí, mientras una punzada de irritación la estremecía. Lo miró con más atención y admitió que era el tipo de hombre con el que cualquier mujer se sentiría orgullosa de salir. De repente, sintió un deseo intenso de ponerse algo más elegante que esos vaqueros. —Yo… —Clea… El titubeante comienzo de ella y su nombre en labios de él coincidieron, provocando que ambos se interrumpieran y guardaran silencio, incapaces de continuar. Antes de que esa pausa se volviera incómoda, alguien los saludó desde la calle. Maggie se acercaba, cargada con varios paquetes.


—¡Hola! —sonrió al llegar junto a ellos—. ¿Ya de vuelta? ¿Os llovió? Frunció el ceño al ver que su amiga no estaba maquillada y llevaba una ropa informal. —Nos sorprendió el aguacero y tuvimos que regresar a casa —explicó Clea. Mantuvo la vista fija en la cara de Maggie, temiendo mirar a Matt—. Dejé mi reloj en el coche y él me lo trajo. —Me estoy muriendo por tomar una taza de café. ¿Les apetece una? La pregunta incluía a Matt y Clea maldijo en silencio la hospitalidad de su amiga. No creía poder soportar la compañía masculina durante más tiempo. Necesitaba estar a solas para recuperarse y arreglarse; quizá entonces lo enfrentaría con mayor seguridad… «si es que vuelvo a verlo», agregó con rapidez, recordando cómo se habían despedido horas antes. —Me temo que debo marcharme. Tal vez otra tarde —murmuró Matt y acompañó sus palabras de una mirada intensa a la cara de Clea. ¿De verdad tenía otro compromiso o no estaba ansioso de pasar más tiempo en su compañía? Y esa otra, ¿insinuaba que deseaba una nueva cita? Clea no lo sabía y se refugió en aceptar la invitación de su amiga, como si de eso dependiera su vida. —Adiós, Matt —dijo por encima de su hombro, mientras se dirigía a la puerta del apartamento de Maggie—. Y gracias por traerme el reloj… Déjame ayudarte —


agregó, cogiéndole unos paquetes para que pudiera buscar la llave al mismo tiempo. En la confusión de sujetar dos bolsas llenas de víveres, Clea no vio irse a Matt, pero oyó el rugido del motor, como una exclamación de ira exasperada. —¡Así que es el detestable Matt Highland! —Maggie se dejó caer en una silla y se quitó los zapatos—. ¡Es guapísimo, niña! Casi me desmayo cuando abrí la puerta esta mañana y lo vi. Estuve tentada a decirle que no estabas en casa, y pensé meterlo en mi apartamento y tenerlo para mí sola. ¡Es un espécimen maravilloso! —Te dije que era muy atractivo —el tono de Clea era seco; la posibilidad de que Maggie se quedara a solas con Matt la molestaba—. Pero no es el exterior lo que Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 42-90 https://www.facebook.com/novelasgratis cuenta, sino la manera de ser. Matt es arrogante, egoísta y no piensa en nadie más que en él. —Si tú lo dices… —parecía desilusionada—. Es una lástima. ¿Todavía quieres vengarte? «Dudo que lo logre», estuvo a punto de declarar. Titubeó al recordar la mirada de Matt al pronunciar su nombre. Por un segundo, su expresión se había dulcificado, volviéndose casi cálida, y una luz inesperada había brillado en


esos ojos grises. ¿Qué iba a decirle? ¿Qué le habría dicho si Maggie no los hubiera interrumpido con su llegada a destiempo? ¿Le iba a pedir que salieran otra vez? De ser así, ¿qué hubiera respondido ella? —No lo sé —contestó lentamente, tanto a su propia pregunta como a la de Maggie—. Para confesarte la verdad, no lo sé. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 43-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 Clea estaba en la cocina, dando los últimos toques a la comida que había preparado para su invitada, cuando sonó el teléfono. —Yo contestó —gritó Maggie desde el salón—. Sí, aquí está —dijo después de un momento—. Ahora se pone… ¡Clea! —y, cuando la joven apareció en el umbral de la puerta, en respuesta a su llamada, susurró—: ¡Es él! —visiblemente, emocionada. Aunque el corazón le latía muy rápido, Clea no se dio prisa en atravesar el cuarto y tomar el auricular de la mano de Maggie. Sólo había una persona que su amiga pudiera describir de esa forma, poniendo énfasis en el pronombre. ¿Para qué la llamaba Matt? Había pasado una semana desde el día de campo


y no había tenido noticias suyas. Ya había dejado de preguntarse si la llamaría, aunque no había conseguido dejar de pensar en él. Aún la intrigaba lo que Matt había estado a punto de decirle en la puerta, antes de que su vecina los interrumpiera. —Hola —la sorpresa hizo que su voz sonar débil y temblorosa. —¿Clea? —en contraste, la de Matt sonaba firme y llena de confianza, como siempre—. ¿Cómo estás? —sin esperar a que le contestara, continuó—: ¿Estás libre el viernes? —No lo sé —replicó, tratando de ganar tiempo para organizar sus pensamientos a pesar de que minutos antes de que el teléfono sonara le decía a Maggie que por una vez en la vida tenía por delante un fin de semana sin compromisos—. ¿Por qué? —Estuve hablando con Chris, ¿recuerdas?, mi cuñado. Lo conociste la noche de la exhibición. —Oh, sí, lo recuerdo —apretó el auricular. Recordaba a Chris Lawton, y también el gesto que le había hecho tanta gracia a Matt. —Entonces también recordarás que sugirió que quedáramos para que conocieras a Liz. Nos ha invitado a cenar a su casa el viernes. «¡Nos ha invitado!». Eran, desde luego, palabras arrogantes. Ni una disculpa por no haberla llamado en toda la semana, ni un «te gustaría venir», tan sólo


la seguridad de que ella iría, si podía. —No creo que… —empezó y de repente se detuvo. Recordó su plan de vengarse, que había archivado ante la aparente falta de interés por Matt. ¡Iría, maldita sea!—. ¿Puedes esperar mientras consulto mi agenda? Tapó el auricular y se volvió hacia Maggie, que escuchaba la conversación sin ninguna vergüenza. —¿Y bien? —Quiere que cenemos con su cuñado y su hermana —explicó en voz baja. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 44-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Para conocer a la familia, ¿eh? —parecía a punto de soltar una carcajada —. Es obvio que el señor Highland piensa en serio. ¿Irás? —No estoy segura —frunció el ceño. ¿Pensaba Matt en serio, como decía Maggie? Ese «nos» indicaba que eran una pareja, por lo menos para él, y una invitación para conocer a la familia podía indicar que le daba más importancia de la que ella presumía. Bien, mucho mejor… no tendría que esperar demasiado para poner su plan en acción—. ¿Debería?


La sonrisa de Maggie estaba llena de complicidad. —¡Claro que sí! También Clea sonrió. Levantó el auricular con decisión. —¿Matt? Estoy libre el viernes. Elizabeth Lawton era muy distinta de lo que Clea había imaginado. No tenía la altura imponente de su hermano, ni su pelo castaño. Al contrario, era bastante más baja que Clea y su pelo y sus pupilas mucho más claros que los de Matt. Además, no era elegante y sofisticada, como había supuesto, conociendo a su hermano. Liz no usaba maquillaje y la melena rubia le caía sobre los hombros en desorden. Parecía joven y dulce, sacada del cuento de Alicia en el País de las Maravillas que recordaba haber leído de niña. «La melena es demasiado pesada», pensó, observando a su anfitriona desde el otro lado de la mesa. Demasiado pelo para aquellas facciones delicadas. Y eso que era una hermosa mujer, o más bien podría ser si se peinara de un modo diferente y usara maquillaje para hacer resaltar sus ojos y los ángulos de su cara. Quizá por esa razón su marido se fijaba en otras mujeres. Clea hizo una mueca de disgusto al recordar el gesto que había visto. Con un poco de esfuerzo, Liz podría convertirse en una mujer a la que su marido le fuera fiel. Después de todo, poseía un buen cuerpo, aunque su busto y sus caderas fueran más generosos de lo que dictaba la moda. —¿Clea? —la voz de Matt interrumpió sus pensamientos, sobresaltándola. Se recobró con rapidez y le sonrió, disculpándose. —Lo siento, estaba distraída. ¿Qué decías?


—Liz decía que todo el mundo cree que la profesión de modelo es fascinante — su tono era seco, con un leve reproche—. Por lo que me has contado, no es cierto. —Ah, sí —se volvió para explicárselo a su anfitriona—. La gente ve las fotografías en las revistas y cree que sólo se trata de ponerse un vestido y posar frente a una cámara. No tienen idea del esfuerzo que supone conseguir una toma perfecta. Se requiere mucha disciplina para mostrarse feliz cuando a uno le duele la cabeza y los pies la están matando. Después de varias horas, tu sonrisa parece una máscara. —Lo imagino. La sonrisa de Liz era dulce y agradable. ¡Cómo podía Chris pensar en otras! Clea miró con disgusto a su anfitrión. Delgado y elegante, con traje azul marino y camisa blanca impecable, Chris Lawton era el mismo tipo de hombre que Matt. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 45-90 https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Sería ésa la razón por la que Liz se había casado con él? Era evidente que idolatraba a su hermano mayor; su pálido rostro se había iluminado al verlo entrar y escucharle con suma atención cada palabra que pronunciaba. Y también era obvio que Matt sentía una gran ternura por su hermana, debía admitirlo. La trataba con delicadeza, comportándose de modo muy diferente al


hombre agresivo que ella conocía. ¿No sufriría la adoración de Liz si supiera que su hermano se había reído cuando Chris hizo ese gesto soez? —¿Tomamos nuestro café en el estudio? —preguntaba Liz en ese momento —. Si habéis terminado, quiero decir… Clea, ¿estás segura de que no te has quedado con hambre? Tú… —He comido muy bien, gracias —respondió con rapidez, esperando evitar el comentario de que apenas había probado bocado. Sintió que Matt la miraba con atención y se sonrojó, agregando de prisa—: Todo estaba delicioso, eres una cocinera excelente. También Liz se ruborizó ante el elogio. —Me gusta cocinar —admitió con suavidad—, lo que es una ventaja, porque Chris devora como un lobo y, en cuanto a mi hermano mayor… —contempló a Matt con ternura, parado a su lado, como una torre—. Dudo que alguien pueda llenar su estómago. Sin embargo, no engorda porque corre de un lado a otro, como tú. —Sí, yo hago mucho ejercicio —encontró difícil mantener su voz calmada. Por alguna razón, las palabras de Liz acerca del cuerpo ágil y delgado de su hermano la habían turbado. —¿Te gusta correr? —intervino Chris—. Mi cuñado corre varios kilómetros todos los días.


La mirada de Clea se clavó en Matt. Así era como se mantenía en forma. Sin desearlo, admiró el soberbio corte de su traje, que se ajustaba al musculoso cuerpo, de delgadas caderas y largas piernas. Después, furiosa consigo misma, respondió a la pregunta de Chris. —No, prefiero el aerobic. Voy a clase dos veces por semana y los demás días practico en casa. —Algunas veces pienso que debería ir a clases de gimnasia —comentó Liz —. Pero… —Todo el mundo debería hacer ejercicio —declaró Clea con firmeza—. Sólo contamos con un cuerpo y tenemos la responsabilidad de mantenerlo en las mejores condiciones posibles. En el breve silencio que siguió a sus palabras, vio que Chris y Matt cruzaban una rápida mirada. —Estás bien así, Liz —aseguró Matt, dándole unas palmaditas en la espalda —. Te queremos tal como eres. «¡Te queremos!». Clea sofocó la risa cínica que amenazaba con escapar de su garganta. Si tanto quería a su hermana, ¿cómo era posible que se riera cuando su Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 46-90 https://www.facebook.com/novelasgratis


cuñado describía a otra mujer con un gesto lascivo? La resolución de darle a Matt una lección se afirmó en su interior. —Lo siento, pero debemos irnos —anunció Matt poco después, demasiado pronto para Clea, que se estaba divirtiendo con la agradable conversación de su anfitriona. —¿Tan temprano? —preguntó Liz, adelantándose a la protesta de Clea por unos segundos—. Apenas son las once y media. —Clea tiene que dormir para conservar su belleza —el tono de Matt esa inflexible—. Mañana tiene un día muy ocupado. Clea admitió para sí que había caído en su propia trampa, recordando la sesión de fotografía que había inventado durante el trayecto a la casa de los Lawton. Estaba decidida a mantener a Matt a distancia, jugando a hacerse la difícil para que no perdiera el interés creyendo que estaba disponible cada vez que se le antojara. La mentira se había vuelto y sólo pudo asentir en silencio mientras se ponía de pie. —Lo he pasado muy bien —le dijo Liz cuando Chris fue a buscar sus abrigos —. Debes obligar a Matt a que te traiga otra vez. —Lo intentaré —la palabra tuvo un sabor amargo en su boca. Liz le había caído muy bien, pero, ¿cómo reaccionaría cuando llevara a cabo el resto de su plan?


Sintiendo tanto cariño por su hermano, no estaría bien dispuesta hacia alguien que lo tratara como ella pretendía. Era una lástima, le hubiera gustado tenerla como amiga. —Quizá te gustaría tomar una taza de café conmigo cuando vayas a la ciudad —hizo la invitación de forma espontánea, sin considerar si era conveniente o no—. Llámame para asegurarte de que estoy en casa. Me encantará verte otra vez. «Y quizá pueda hacer algo para ayudarla», reflexionó en privado. Unos cuantos consejos sobre el uso del maquillaje y un buen peinado podrían impedir que los ojos de Chris vagaran en dirección prohibida. —¿Teníamos que irnos tan temprano? —preguntó cuando estuvieron en el coche. —Tú misma dijiste que debías estar en la cama a las doce, Cenicienta —fue la suave réplica que la obligó a guardar silencio. Había olvidado ese comentario, inventado como una excusa para escapar de Matt, pero él lo recordaba a la perfección y lo utilizaba en su contra. Bien, sería un arma arrojadiza entre los dos. Antes de que el suave ronroneo del motor del Jaguar se apagara, ella ya se había desabrochado el cinturón de seguridad y se despedía de su compañero. —Estoy segura de que no te importará que no te invite a pasar —consultó su reloj y sonrió con falsa dulzura—. ¿Para qué molestarte en subir por un cuarto de hora? ¿El brillo de sus ojos era signo de enfado o diversión?


—Dime —inquirió Matt con sarcasmo—, ¿qué te sucede a la medianoche? ¿De verdad te conviertes en una calabaza? Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 47-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Necesito dormir —trató de apaciguarlo con otra sonrisa. Matt permaneció impasible. —Eso dices —su tono era una mezcla de broma y exasperación—. ¿Nunca relajas ese riguroso régimen que te has impuesto? Todos tenemos que divertirnos alguna vez. —Me he divertido mucho esta noche —elevó la voz, molesta. —Lo supongo. Cuando no contabas las calorías ni te preocupaba si esa maldita máscara que usas se había descompuesto un milímetro. —¿Qué máscara? —el enfado, la incertidumbre y los remordimientos que sentía porque planeaba traicionar la confianza de Liz, se combinaron para que su voz temblara. Su estómago se contrajo al pensar que Matt la había descubierto y que siempre había sabido quién era.


—La pintura con que te cubres. ¡Maldición, mujer! ¿Eres incapaz de pasar frente a un espejo sin admirarte? Su ira aumentó ante ese comentario mordaz, pero a la vez se mezcló con un alivio profundo al darse cuenta de que sus temores eran infundados. —Supongo que preferirías que fuera como Liz, gordita y anticuada, sin que mi aspecto me preocupara en lo más mínimo. Se arrepintió de sus palabras tan pronto como las pronunció y una ola de vergüenza la invadió por criticar a Liz a sus espaldas. —¡Por lo menos Liz es sincera! Permite que la gente la vea como es, no se esconde bajo una capa de pintura. —Yo no me escondo —negó con vehemencia, quizá demasiada, pues las palabras de él se acercaban peligrosamente a la verdad, poniéndolo muy nerviosa. —¿No? Entonces, ¿por qué estabas tan inquieta cuando te devolví el reloj? Estabas como un gato sobre un tejado caliente, incapaz de unir dos palabras con coherencia… y todo porque temías que te viera sin tu cara de domingo. —¡Oh, no seas ridículo! No esperaba que regresaras, eso es todo. Me cogiste por sorpresa.


—¿Qué clase de sorpresa? —la preguntó él, desconcertándola otra vez—. ¿Te gustó que volviera? ¡Oh! ¿Qué podía contestar? Una niebla de confusión empañó sus pensamientos. ¿Cuál era la verdad? Hasta hacía muy poco tiempo hubiera dicho que lo último que deseaba era que la presencia inquietante de Matt Highland descompusiera su vida, pero las cosas ya no eran tan simples. La compañía de Matt le parecía estimulante y excitante, aunque a veces desagradable. También emanaba de él una energía imposible de ignorar. Los días en que no la había llamado, cuando pensó que no volvería a verlo, le habían parecido aburridos y opacos. Y esa noche… había experimentado una extraña emoción mientras se arreglaba para la cena… «Pero eso es porque estoy más cerca de mi meta», se dijo, «y nada más». Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 48-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Y bien? —inquirió Matt—. ¿Qué me contestas, Clea? ¿Quieres que continuemos con esta relación o nos separamos y seguimos nuestros respectivos caminos?


—No —la palabra se le escapó sin pensar. Luego trató de racionalizar su decisión: si ya había llegado hasta allí, sería absurdo dejar que se perdiera todo lo que había logrado—. Me gustaría volver a verte, Matt, de verdad. Tuvo que luchar para enfrentarse a esos ojos oscuros con cierto grado de confianza. Su afirmación fue recibida con una pequeña y, según su opinión, irritante sonrisa de triunfo. Era obvio que había esperado esa respuesta. «¡Que se vaya al infierno!», pensó furiosa, estuvo tentada a retractarse. —Entonces te llamaré durante la semana para quedar en algo —el tono indiferente de su voz le picó el orgullo a Clea, al pensar que su afirmación significaba poco para él. Tendría que trabajar con más ahínco para que su rechazo final le doliera tanto como ella deseaba. Con esa idea, se volvió hacia él una vez más. —No quise insultar a tu hermana. Discúlpame —no tuvo que esforzarse porque su voz sonara sincera, pues estaba avergonzada de sus palabras. —Por supuesto —aceptó secamente y Clea tuvo que hacer un esfuerzo especial para ignorar la ironía que encerraban esas dos palabras. —Por favor, dile que me divertí mucho en su casa. Calculando con cuidado el efecto que deseaba producir, alzó una mano y la apoyó sobre la mejilla del hombre, mirando sus ojos grises. —Mucho —trató de que su voz fuera seductora. La respuesta de Matt fue la que esperaba. Sus ojos se oscurecieron hasta


volverse casi negros, con una mano se desabrochó el cinturón de seguridad rápidamente y con la otra le rodeó los hombros para atraerla hacia sí. Su beso fue largo, dulce y persuasivo. Clea no tuvo dificultad en corresponderle mientras seguía tocándole la mejilla, sintiendo la tibieza de su piel y la fuerza de su mandíbula. Se apoyó en él, aspiró el aroma de su cuerpo y la embriagó el calor de su piel que penetraba a través de la tela del vestido. Matt separó sus labios y le besó los párpados cerrados. Cuando los dedos masculinos se cerraron sobre la suave curva de uno de sus senos, Clea lanzó una exclamación ahogada. Le pareció haber recibido una descarga abrasadora que la quemaba de la cabeza a los pies, como si la bañaran los rayos de un sol de verano y no la fría luz de la luna que iluminaba el cielo. —Clea —susurró Matt a su oído—. Adorable Clea, subamos para terminar esto con comodidad. Algo muy parecido al pánico la invadió. ¡Eso no era lo que había planeado! Las cosas se movían demasiado rápido, incluyendo sus propias reacciones, que la habían cogido por sorpresa, dejándola azorada y sin el control que era vital para llevar a cabo su plan con éxito. Se puso tensa en los brazos del hombre, tratando de encontrar la forma de concluir esa situación antes de que fuera demasiado tarde. Oyó a lo lejos Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 49-90


https://www.facebook.com/novelasgratis la campana de una iglesia y, haciendo un esfuerzo supremo para alejarse de Matt y de la ardiente pasión que sus manos despertaban, empezó a contar las campanadas: una… dos… tres… —Diez, once, doce… Consternada, se dio cuenta de que las palabras no flotaban en su mente, sino que Matt contaba en voz alta, sonriendo con ironía. —Medianoche —murmuró con tono burlón—. Y nada terrible ha sucedido. No te has convertido en calabaza, ¿o era en ratón? No me acuerdo. —Ninguno de los dos —contestó, satisfecha con que su voz sólo temblara un poco. La sorprendía poder hablar, pues tenía la boca seca y el corazón le latía desenfrenadamente. Además, las caricias de Matt, le habían dejado un terrible sentimiento de pérdida que la confundía. ¿Cómo lo había logrado? ¿Por qué reaccionaba de esa manera con alguien que ni siquiera le gustaba, cuando otros hombres más agradables no la habían afectado? Matt tenía mucha experiencia y era, debía admitirlo, un amante hábil. Sabía que botones pulsar, que movimientos hacer y ella, como una tonta adolescente, respondía por instinto. Con una sonrisa encantadora, miró la cara varonil a unos centímetros de la suya.


—La carroza se convirtió en calabaza y los caballos en ratones —su confianza aumentó a medida que la excitación cedía y el resplandor rojo que invadía su cerebro empezaba a apagarse—. Desde luego, el cochero se transformó en una rata — subrayó, traviesa, la última palabra. La risa del hombre fue un sonido inesperado y, tuvo que admitirlo, agradable. —Eso piensas de mí… ¡no es muy halagador! La soltó y Clea se apoyó en el respaldo de su asiento. —¿Así me consideras? —la voz de Matt sonó diferente, con una nota sensual que encerraba un ruego que ella estaba decidida a ignorar. «Sí, eres una rata», Matt Highland, le dijo en la seguridad de sus propios pensamientos. —No sé lo que pienso de ti —¿de verdad había dicho eso? Apenas podía creer que había musitado esas palabras, pues eran opuestas a lo que pensaba—. Dame tiempo para conocerte y luego te responderé. —¿Tiempo? —repitió Matt como un suave eco—. Está bien, mi hermosa Clea, te daré tiempo… Pero no tardes demasiado. No soy un hombre paciente. Cuando veo algo que me gusta, lo tomo y no permito que nada se oponga a mis deseos.


La frase se repitió una y otra vez en el cerebro de la chica mucho después de haberse metido en la cama, pues no lograba dormir. Matt la deseaba y esa certeza debía causarle una profunda satisfacción, ya que estaba a punto de alcanzar su meta y vengarse. Al mismo tiempo, recordaba la mirada de acero de Matt, la firmeza de su voz, y no podía evitar preguntarse si se había metido en la boca del lobo. La incertidumbre no había desaparecido cuando por fin logró conciliar el sueño. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 50-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 —Entra, Liz, qué bien que hayas venido —Clea abrió la puerta de par en par y le dio la bienvenida a la visita con su mejor sonrisa—. Estaba preparando café. ¿Quieres una taza? Su sonrisa se llenó de compasión cuando Liz hizo un gesto de disgusto. —Me pone enferma —explicó con resignación—. Es curioso, siempre me ha gustado el café, pero ahora… —No importa —la consoló Clea mientras la hacía pasar al salón—. No durará para siempre. ¿Cuánto te falta?


—Cuatro meses y medio. A veces me parece una eternidad. Todavía tengo náuseas y vivo en un continuo letargo. El calor no me ayuda mucho; menos mal que, cuando esté más gorda, refrescará. —En diciembre no sólo refrescará, sino que helará —rió Clea—. ¿Prefieres un vaso de zumo de naranja? —¡Estupendo! —se dejó caer en un sillón con un suspiro de alivio—. Justo lo que el bebé y yo necesitábamos —acarició su redondo vientre con suavidad —. Por lo menos empieza a notarse el embarazo. Al principio, me parecía un fraude. —Te creo. Nunca lo hubiera adivinado si no me lo hubieras dicho —observó Clea por encima de su hombro, mientras se encaminaba a la cocina. «No, no hubiera sospechado que esperaba un bebé», pensó, al recordar la primera visita que le había hecho la hermana de Matt. Pero en cierto momento de esa tarde, Liz le había revelado la noticia de que, después de meses de frustrados intentos, al fin estaba embarazada. Clea se alegró por ella, aunque no pudo evitar acordarse de su primer encuentro con Chris y su desagradable gesto. Tuvo que morderse la lengua para no mostrar su ira. —Matt me ha dicho que vais a pasar una semana en la cabaña —señaló Liz cuando Clea volvió de la cocina con el café y el zumo de naranja—. Te envidio. En esta época del año, Dales es divino. Clea murmuró algo inarticulado que podía pasar por asentimiento. Sin saberlo,


Liz había tocado un tema que le causaba muchas inquietudes y algunas noches de insomnio. Cuando Matt le propuso un viaje a Yorkshire, agosto le pareció muy lejano. Estaba segura de que, para entonces, su relación ya habría terminado. Sólo tenía un recuerdo, con el brillo de la satisfacción de haber logrado su venganza. De algún modo los días habían pasado y Matt todavía formaba parte de su vida, aunque no sabía por qué ni cómo. Salían una o dos veces por semana, desde la noche que habían cenado en casa de Liz y Chris. En cada ocasión había buscado algo interesante que hacer y había sido un acompañante atento y cortés. Ella había usado todos los trucos que conocía para conquistarlo, esmerándose en escoger su ropa, poniendo especial cuidado en su maquillaje y esgrimiendo el pretexto de que debía regresar a su casa a las doce para Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 51-90 https://www.facebook.com/novelasgratis mantenerlo interesado. El tiempo que pasaban juntos era muy agradable. Siempre tenía tema de conversación y le sorprendió la cantidad de cosas que tenían en común. En cuanto a la venganza, no parecía muy cerca. La verdad era que Matt no parecía tan cautivado como para considerar que estaba a su merced. No se había repetido la pasión con que la había besado más de una vez. Si no hubiera sido por el recuerdo de esa firme declaración: «cuando veo algo que me gusta, lo tomo», Clea hubiera claudicado, a pesar de que le molestaba sospechar que Matt aceptaría que su relación terminara con indiferencia.


Así que, cuando le propuso pasar sus vacaciones en la cabaña de Dales, en Yorkshire, consideró que sería el último intento de conseguir lo que se proponía. Esa semana sería un todo o nada en lo referente a Matt. Si no podía lograr que le declarara que la necesitaba, cuando estuvieran a solas, jamás lo haría. —¿No lo crees, Clea? ¿Clea? —la voz de Liz interrumpió sus pensamientos —. ¡Estás soñando! No has oído ni media palabra de lo que te he dicho. —Lo siento. Estaba pensando en… —¿Mi hermano? —una sonrisa traviesa curvó los labios de la joven—. Me temo que muchas mujeres se enamoran de él. Ya sé que es mi hermano y lo quiero muchísimo, en especial desde… —se interrumpió y pensó mejor lo que había estado a punto de decir—. Pero es incorregible; a veces creo que nunca sentará cabeza y me desespera. Debo admitir que desde que te conoció tengo grandes esperanzas. Nunca se había mostrado tan interesado por nadie. «Entonces, lo oculta muy bien», se dijo Clea con mal humor, mientras en su mente se mezclaban emociones conflictivas. No se sintió triunfante al descubrir que Matt estaba más interesado en ella de lo que suponía; en lugar de eso, la invadió la desolación de comprender que perdería la amistad de Liz cuando rechazara a su hermano. —¿Qué habías dicho? —preguntó para ocultar su confusión.


—Te contaba lo contenta que estoy de haber seguido tus consejos y haberme cortado el pelo —tocó su pelo rubio, peinado con un estilo ligero que encajaba mejor con sus finas facciones—. Hasta a mi madre le gusta. Clea ya había percibido antes el tono que Liz usaba cuando se refería a su madre: una nota triste, que no encajaba con la personalidad abierta y espontánea de la chica. No había conocido a la señora Highland, pero había visto su fotografía: una dama de cincuenta y cinco años, alta, elegante y con rostro aristocrático. No se parecía a su hija, pero sí a Matt. —Ese peinado te queda muy bien —afirmó con sinceridad. Le había dado a Liz una nueva imagen en el corto tiempo en que habían sido amigas. ¡Quizá la belleza de su esposa impidiera que los ojos de Chris vagaran por terrenos prohibidos en el futuro!—. Y me agrada que uses un poco de maquillaje porque de otra manera estás muy pálida —la estudió con aire crítico—. Aunque ese colorete no está bien aplicado. —Lo sé. Traté de hacerlo como me enseñaste, pero no lo logré. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 52-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Te daré otra lección —se puso de pie—. Ven, siéntate frente al espejo y observa cómo lo aplico. Es muy fácil.


Dedicaban muchas visitas a esas lecciones de maquillaje. Al principio, Liz se había mostrado reacia; luego le había tomado gusto a esa nueva experiencia y ya usaba con entusiasmo las técnicas que le indicaba Clea. Como una estudiante aplicada, preguntaba sus dudas y a veces telefoneaba a la modelo, cuando no podía ir a verla en persona. —Aquí es donde va —tocó los pómulos de Liz suavemente—. Y lo mezclas una y otra vez, hasta que parece natural. «Por lo menos, sé mucho más de maquillaje que Stephanie», pensó mientras trabajaba, recordando el efecto que su amiga había logrado esa fatídica tarde de hacía nueve años. Para sus adentros, reconoció que había debido quedar como un fenómeno. Riendo y charlando como dos adolescentes, no oyeron que la puerta del edificio se abría. Clea la había dejado abierto, pues esperaba a Maggie en unos minutos, así que ambas se sobresaltaron cuando una figura alta y sombría apareció en el apartamento y una voz masculina exclamó: —Así que aquí es donde te refugias, ¿eh, Liz? Chris casi se vuelve loco pensando que te habían ocurrido varias catástrofes. Tuve que luchar para que no llamara al hospital preguntando si habías tenido un accidente. Me dijo que quedaste en verlo hace una hora.


—¡Una hora! —Liz se puso en pie de un salto, quitándose la capa—. No sé cómo ha pasado el tiempo. Lo siento, Clea, tengo que irme… —¡No hemos terminado! —protestó la chica, tomándose la libertad de dudar que Chris estuviera tan preocupado como Matt decía—. ¿No puedes?… —No, no puede —la interrumpió él con firmeza y la frialdad de su voz atrajo la atención de Clea, que descubrió por primera vez la furia que se reflejaba en sus ojos. Un estremecimiento de aprensión la sacudió al pensar que su enojo estaba dirigido a ella, pues ignoraba qué había hecho para merecerlo—. ¿Quieres que te lleve a casa? —preguntó Matt, con más suavidad, a su hermana. —No, gracias, tengo el coche fuera —recogió su bolso y se dirigió hacia la puerta—. Siento irme de esta manera, pero ya sabes cómo es esto… ¡Adiós! Cuando escuchó las rápidas pisadas bajando por las escaleras, Clea pensó que si Liz no amara tanto a su marido, quizás él tendría más miedo de perderla. Ella jamás estaría a la merced de un hombre, fuera o no su esposo. Ese pensamiento le recordó la presencia de Matt y se volvió hacia él. —¿Tenías que estropearlo todo? ¡Liz se estaba divirtiendo! —Quizá —el tono de Matt era despectivo—. Pero Chris estaba muy preocupado. —¡Preocupado! —no pudo reprimir una risa sarcástica—. Aunque eso no le


impida admirar a otras mujeres. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 53-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Otras mujeres? ¿Chris? —un asombro total reemplazó a la ira en los ojos de Matt—. ¿De qué demonios hablas? Chris adora a Liz, todo el mundo lo sabe. Y ahora le preocupa cuánto ha cambiado y tú tienes la culpa, con tu obsesión por tu apariencia y el maquillaje. —¡No es una obsesión! —protestó ella, indignada—. Sólo me gusta estar lo mejor posible y he ayudado a tu hermana a hacer lo mismo. Me lo pidió y… —se interrumpió, recordando que al principio Liz se había negado y que había tenido que convencerla. —¿Te lo pidió o tú le impusiste tu ayuda? Mi hermana no tiene tiempo para pretensiones o artificios. Nunca le habían gustado las poses o los trucos que usan otras mujeres… hasta que te conoció. Estaba muy enojado y sus palabras herían a Clea como latigazos. ¿Qué había desatado esa tormenta? Matt se comportaba como si hubiera cometido un crimen cuando ni siquiera sabía de qué la acusaba. —Ahora se pasa las horas arreglándose el pelo y maquillándose. Ha cambiado


por completo y Chris no sabe qué hacer con ella. —¡Mejor! —declaró, recuperando un poco la compostura—. Ahora quizá la aprecie como Liz merece, y no coquetee con otras mujeres. La reacción de Matt fue violenta. —¿De dónde demonios has sacado esa idea? Conozco a Chris, lo he tratado durante años, y jamás ha mirado a otra mujer. —¿Ah, no? —la convicción de Matt la sacaba de quicio—. ¡Entonces explícame ese gesto! No soy ciega, ni estúpida y… —¿Qué gesto? —la interrumpió—. ¡Maldición, mujer, no puedes hacer esa clase de acusaciones sin tener una prueba! —avanzó un paso hacia ella, que tuvo que dominarse para no retroceder—. ¿Qué gesto? —repitió, furioso. —La noche de la exhibición… —deseó tener más control sobre su voz, que disminuía y aumentaba de volumen, traicionando su nerviosismo—. En el bar… él… No encontró las palabras adecuadas, así que curvó las manos haciendo la forma de un ocho, como Chris. —¡A eso te referías! Consternada, vio que Matt echaba hacia atrás la cabeza y soltaba una carcajada.


Su reacción era tan distinta a la que había esperado que lo observó en silencio hasta que él se puso serio de repente y su mirada de desprecio borró la risa de su cara. —¿Siempre juzgas por las apariencias? —preguntó con una voz tan dura como su expresión—. Chris estaba describiendo a Liz. Pese a que Clea no se atrevió a expresar su incredulidad, su mirada era bastante escéptica. Matt se pasó una mano por el pelo. —Me informaba de que Liz estaba embarazada. Ya lo sospechaban, desde luego. Liz siempre había tenido el cuerpo de un muchacho desde pequeña… Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 54-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Se interrumpió de pronto. —Cuando concibió al bebé, se llenó de curvas y eso le encantó. Chris me lo describía. Clea giró sobre sí misma para darle la espalda. No tenía razón para dudar de la veracidad de las palabras de Matt y se sentía una tonta por haber llegado a una conclusión equivocada. ¿Qué clase de hombre era Matt Highland? Creía que lo sabía, pero en las


últimas semanas había llegado a dudar de sus juicios. No había intentado seducirla. Se había portado en todo momento como la personificación de la cortesía. Ni una vez había tratado de llegar más lejos de lo que ella deseaba lo cual, después de la técnica exigente e indigna de Simon para conquistarla, le pareció una maravilla. Sin embargo, esa manera de actuar no concordaba con su arrogante declaración de que siempre que le gustaba algo, lo tomaba. ¿Ella le gustaba, o no? Se volvió para mirarlo y no descubrió en su expresión el menor signo de amor, ni de deseo. Y no obstante, Liz le había asegurado que… De repente se dio cuenta de que Matt esperaba que hablara y se obligó a pronunciar las palabras pertinentes. —Yo… me equivoqué por completo. Lo siento —su disculpa no pareció tener ningún efecto calmante sobre la ira del hombre. —Debes sentirlo. ¿Comentaste eso con Liz? —sus ojos la taladraron, como si quisiera leer la respuesta en su mente. —¡Oh, no! —la sinceridad se reflejó en la voz de la joven. Con alivio, vio que la tensión de Matt disminuía y que sus hombros se relajaban. —¡Gracias a Dios! —murmuró, preocupado—. La hubieras herido muchísimo. Si sugeriste…


—¡No sugerí nada! —exclamó ella con rapidez—. ¡Matt, tienes que creerme! Volvió a estudiarla con intensidad. —¿Quién fue, Clea? —le preguntó, sorprendiéndola. —¿Quien fue, quién? —El hombre, supongo que fue un hombre, el que destruyó tu vida, convenciéndote de que la apariencia es lo único que vale. —¡No sé de qué hablas! La miró con un gesto de escepticismo tal que la enfureció. —¡Mi pasado no te interesa! —le gritó—. Pertenece a mi vida privada y te agradecería que no te metieras en lo que no te incumbe. No era eso lo que deseaba decir. Quiso gritarle: «¡fuiste tú! ¡Tú, el que me heriste!». Las palabras le quemaban la lengua y tuvo que cerrar la boca por miedo a que se le escaparan. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 55-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me importa —la contradijo él, pero Clea no estaba dispuesta a dejarse impresionar. —Pues es una lástima. ¡No tienes derecho, ningún derecho! No te pertenezco, Matt Highland. Yo… Se calló, silenciada por el brillo de los ojos grises. Había dejado al


descubierto sus verdaderos sentimientos, destruyendo sin duda su única posibilidad de vengarse. Hubiera sido mejor confesarle la verdad y terminar con ese asunto. De una cosa estaba segura, podía olvidarse de pasar una semana en Dales. Contuvo el aliento ante el dolor que le producía esa idea. —Muy bien —decía Matt en ese momento—, no puedo obligarte a que hagas confidencias, pero piensa en lo que te he dicho… quizás aprendas a conocerte mejor. Y tal vez la semana próxima… —¿La próxima semana? ¿Quieres decir… todavía deseas que vaya a Dales contigo? —¡Oh, sí! —replicó él con una voz tan baja que ella se estremeció sólo de oírla— . Quiero que me acompañes. Lo deseo más que nunca. Clea no estaba preparada para el placer que las palabras de Matt le provocaron. Esa sensación corrió por sus venas, como el calor del sol de verano, haciendo que su piel brillara y que sus labios se abrieran en una amplia y sincera sonrisa. —¡Magnífico! —exclamó, impulsiva—. Me encantará ir. Mucho, mucho después, tuvo que admitir que, al decir esas palabras, no había pensado en sus planes de venganza. —¡Qué hermoso lugar! —la exclamación escapó de los labios de Clea


cuando el coche tomó una curva del sendero montañoso y ante sus ojos apareció la cabaña donde pasarían una semana. Era más pequeña de lo que había supuesto. Más firme y sólida que bonita, construida en una colina y rodeada de verdes campos. Las piedras grises de sus muros causaban cierta sorpresa a los visitantes, acostumbrados al ladrillo y los cristales de los edificios de la ciudad. A cambio, un sentimiento de relajación y paz los invadía al instante. A Clea le pareció que había vuelto a su niñez. En cuanto el coche se detuvo salió y se estiró, aspirando grandes bocanadas del aire tibio y puro. El trayecto desde Londres había sido largo, caluroso y extrañamente difícil. Había intentado conversar, pero Matt, taciturno, le contestaba sólo con monosílabos. Al final, también ella había guardado silencio contentándose con observar cómo las áreas pobladas de la ciudad iban desapareciendo para dar paso a la campiña, más familiar a medida que se acercaban al condado donde había nacido. —Uno se olvida de lo fresco que puede ser el aire en el campo —comentó y la alegría de su tono era natural, espontánea. Cuando se volvió a mirar a Matt, le sonrió. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly


Nº Paginas 56-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Para su tranquilidad, algo de su buen humor se le contagió, pues pareció relajarse y sus labios se curvaron, aunque sin sonreír. Después sacó del bolsillo unas llaves. —Ven, pasa —la invitó y el hecho de que ya no le hablara en un tono seco, casi hostil, aumentó el optimismo de Clea, mientras lo seguía al interior de la cabaña. La casita era cómoda y acogedora, con dos cuartos en la planta baja, amueblados y decorados con objetos bastante usados, que la hicieron sentirse como en su casa. En la sala, los sillones parecían suaves e invitaban al descanso, junto a una chimenea y dos estanterías repletas de libros. —Cuando compré la cabaña, aquí estaba la sala y la cocina —le explicó Matt —. Yo construí una ampliación en el segundo piso, con una cocina y un baño. Los albañiles usaron el mismo tipo de piedra para no alterar el conjunto. —¡Es precioso! Le gustaba. Tanto como le había gustado la casa de Matt en Londres. Después del estilo modernista con que estaba decorado el Argyle, le agradó descubrir que el gusto personal de Matt se inclinaba hacia lo conservador. A ella le resultaba imposible relajarse en el ambiente de vidrio y acero que sus amigas, las


modelos, preferían. —¿Puedo ver el otro piso? Su anfitrión la condujo a un dormitorio decorado en verde y blanco, con el tocador y la cama hechos de madera de pino. La vista de la ventana era la que se contemplaba desde la entrada y, con una exclamación de placer, Clea atravesó la habitación para observar el magnífico valle que se extendía ante sus ojos. —¡Es maravilloso! Ahora comprendo por qué te gusta tanto venir aquí. Es muy tranquilo… comparado con Londres. Algo en el silencio del cuarto hizo que callara y se volvió para descubrir que Matt la observaba de cerca, con una expresión indefinible. El techo era bastante bajo y su cabeza casi lo tocaba. Parecía tan alto y fuerte que de repente el dormitorio le resultó muy pequeño. Con sobresalto, Clea se dio cuenta de que su reacción al entrar en la cabaña no era la esperada en una mujer sofisticada. ¿Había cometido un error imperdonable al ir al campo? Quizá Yorkshire despertara el recuerdo de Patti Donovan en la mente de Matt. Su estómago se tensó, anticipando algún comentario que revelara que había sido descubierta, pero él se dirigió hacia la cama, donde bajó la maleta y el neceser que ella había llevado. —Te dejo para que te instales —le dijo, con una voz profunda no tan firme como de costumbre. Parecía distraído, como si hubiera tenido que arrancar


sus pensamientos de un problema complicado. —Gracias. Me gustaría cambiarme y arreglarme un poco. La expresión de Matt se oscureció ante esas palabras. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 57-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Mi ama de llaves me preparó una comida sencilla antes de que saliéramos de Londres, no creas que vamos a cenar en el Ritz —vaciló y luego prosiguió—. Por el amor de Dios, Clea, ¿nunca te pones cómoda? ¿Jamás eres tú misma? —Si ser yo misma significa usar la ropa que me gusta, eso es exactamente lo que hago. La réplica sonó seca. Si era sincera, reconocería que la sencillez de la cabaña le había causado una gran sorpresa. Nunca había creído en la descripción que le había hecho Matt de su refugio campestre. Había esperado encontrar algo más elegante, más de acuerdo con la fama de importante hombre de negocios de su anfitrión. La realidad la turbaba. Le recordaba mucho la casa donde vivía con su madre y Ned. Ése era el único lugar donde podía descansar por completo. Allí pasaba días en que se olvidaba de la dieta rígida que se imponía en Londres y que era ella misma,


vistiéndose con lo que encontraba a mano y sin maquillarse. En su mente, vio su propia imagen, en la última visita, relajada y libre, con unos viejos pantalones vaqueros y una camisa de hombre, recorriendo los campos. Una intensa nostalgia la invadió, pero no podía arriesgarse a hacer algo parecido cuando Matt estaba cerca. —Entonces, te dejo. Cenaremos a las ocho. ¿Dos horas serán suficientes para que estés lo mejor posible? Clea apretó los puños, aunque logró responder con una fría sonrisa. —Serán suficientes, gracias. «Sólo será una semana», se dijo cuando Matt se fue. Siete días y después, de una manera u otra, él ya no formaría parte de su vida. Debía recordar que fingir la ponía nerviosa, y sería aún más difícil en la cabaña, siempre con Matt, sabiendo que dormía a su lado. Se detuvo bruscamente, con la maleta a medio deshacer. ¡Dormitorios separados! Había esperado que él sugiriera que compartieran una habitación… y una cama. Lo hubiera desilusionado en ese punto, desde luego, pero hubiera sido la demostración de que él sentía algo, que la deseaba. Sin eso, no tenía esperanzas de alcanzar su meta y esa expedición sería inútil. Lo que Matt sentía, si es que sentía algo, lo ocultaba detrás de una fachada encantadora y atenta, que era lo único que le permitía ver. Con un suspiro de frustración, colgó el último vestido en el armario sin cuidado, cosa poco característica en ella. Esa semana conquistaría a Matt o rompería su relación. Empezaría su campaña en ese momento. Se vestiría


para estar lo mejor posible… y sabía qué ponerse. Escogió un vestido de seda con un escote pronunciado, que se adhería a su cuerpo como un guante. No era lo más apropiado para el campo, pero no había ido allí para divertirse, sino a tender una trampa y para ello necesitaba todas las armas disponibles. La cena resultó poco agradable. Matt volvió a sumirse en un humor taciturno y no propició la conversación, absorto en sus pensamientos. Su silencio sacó de quicio a Clea y la puso tan nerviosa que apenas pudo probar la comida. Su falta de apetito no provocó ninguna reacción en Matt y ella se dio cuenta de que la ignoraba a Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 58-90 https://www.facebook.com/novelasgratis propósito, sin hacer comentarios acerca de su vestido o del maquillaje que con esmero se había aplicado. Las cosas no mejoraron después de la cena. Tan pronto como recogieron los platos, Matt abrió el periódico y permaneció escondido tras él, sin pronunciar una palabra hasta que, aburrida y furiosa por su comportamiento, Clea anunció que se iba a la cama. Entonces consultó su reloj. —Te retiras temprano esta noche, Cenicienta —se burló—. Falta una hora


para las doce. —Ha sido un día difícil y estoy cansada. Su voz tembló, pues la ironía de Matt la hizo revivir recuerdos de otras noches, siempre con la sarcástica referencia al cuento de la Cenicienta cuando, la llevaba a su casa antes de la medianoche. Hubo veces, más de las que deseaba admitir, en que la molestó sobremanera, porque abrevió unas veladas que hubieran podido prolongarse. Ese recuerdo endureció su tono al concluir: —Por lo tanto, me despido. Buenas noches. Matt asintió con una leve inclinación de cabeza. —Que duermas bien. Oh, a propósito, mañana iré al pueblo a comprar víveres. Saldré mucho antes de que te despiertes. La suposición de que se quedaría metida en la cama hasta tarde la irritó aún más. «Debería dar media vuelta y salir del cuarto», se dijo, incapaz de entender por qué permanecía allí como si esperara algo. Se dio cuenta de que deseaba un beso de despedida, por lo que la manera en que los ojos de Matt volvieron al periódico, fue la gota que derramó el vaso. —Si vas a continuar comportándote como si yo no existiera, no comprendo la razón por la que me has traído. Ese comentario hizo que los ojos grises la miraran de una manera tan hostil y helada que lamentó haber hablado.


—¿Ah, no? —murmuró Matt con suavidad—. Pues, para decirte la verdad, yo tampoco. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 59-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 —Asi que ya te levantaste —la saludó Matt, depositando la caja con comestibles sobre la mesa de la cocina, y el comentario no mejoró el humor de Clea. Se había levantado nerviosa, después de pasar la noche moviéndose de un lado a otro de la cama, sin que su inquietud tuviera nada que ver con el hecho de que dormía en un lugar extraño o que no estaba acostumbrada al silencio del campo. El comportamiento de Matt la noche anterior la había molestado y preocupado. Su total indiferencia y la ausencia de un beso de buenas noches le habían dejado un sentimiento de frustración que la había mantenido despierta durante horas. No era sólo que esa falta de interés amenazara con hacer fracasar sus planes de venganza, llegaba más lejos, tocaba sus emociones íntimas, obligándola a preguntarse si, como mujer, significaba tan poco para él. Así que, para recuperar su propia seguridad tanto como para atraerlo, puso especial cuidado en su arreglo, vistiéndose con un traje amarillo, sin mangas. Pero, una vez más, Matt apenas la miró y continuó hablando sin esperar a que


ella le respondiera: —Hace un día maravilloso. Creo que empezaré a arreglar el jardín, hay que cortar la hierba. ¿Te saco una tumbona para que te acuestes? Clea se tragó la protesta que subía a sus labios, recordando justo a tiempo que no concordaba la imagen que quería que Matt tuviera de ella. De adolescente, había ayudado muchas veces a Ned a cuidar el jardín de su casa y habían pasado muchas horas agradables. Se había sentido entonces infinitamente orgullosa de las frutas y verduras que cultivaban y le hubiera encantado ofrecer su ayuda a Matt. Por desgracia, él no deseaba su ayuda y el orgullo le impidió demostrarle que la había herido. —No, gracias —contestó secamente—. No me gusta tomar el sol. He visto demasiadas pieles arrugadas por… No terminó de hablar, pues unos dedos firmes la cogieron por la barbilla y le hicieron girar la cabeza hacia el sol que entraba por la ventana. La mirada de Matt era tan intensa, que casi parecía un golpe físico y ella hizo un gesto de dolor que nada tenía que ver con la fuerza con que le sujetaba la cara. —¡Maldita sea, Clea! ¿Tienes que ponerte tanto maquillaje? ¿Sabes cómo eres bajo esas capas de pintura? —había algo extraño en su voz; al desprecio y la ira se unía un elemento desconocido que ella no podía interpretar—. Aquí no tienes que guardar las apariencias, nadie te verá. «Estás tú, tú me ves», quiso decir, pero no pronunció las palabras.


—No guardo nada —con un movimiento brusco liberó su cabeza—. ¿Y cuántas veces tengo que decirte que no me maquillo para nadie, excepto para mí misma? El pensamiento de que deseaba atraparlo de verdad, de que Matt cayera en una trampa que ni siquiera imaginaba, hizo que de repente le resultara difícil mirarlo a la Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 60-90 https://www.facebook.com/novelasgratis cara y agachó la cabeza. Observó uno de sus pies, en su frágil sandalia de cuero, taconeando con una impaciencia que descubría sus verdaderos sentimientos. Era imposible no darse cuenta del contraste de su calzado con el de Matt, cómodo y apropiado para el campo. Muy despacio, como si la arrastrara una fuerza magnética poderosa e irresistible, su mirada ascendió a lo largo de las piernas masculinas cubiertas por el pantalón vaquero. La tela se ajustaba a sus caderas y debajo de la camisa blanca se adivinaban las fuertes líneas de su pecho y hombros. No se había afeitado esa mañana y la brisa del exterior lo había despeinado, haciendo que un mechón cayera sobre su frente. Clea sintió el deseo casi irresistible de levantar una mano y alisarlo. Matt olía al aire fresco de la campiña combinado con su propio aroma, y esa mezcla tuvo un efecto abrumador sobre la chica, que no pudo dejar de contemplarlo.


—¿Quién eres, Clea? —preguntó él de pronto y la intensidad de su voz la asustó casi hasta el pánico. Sus ojos se agrandaron, destacando en su pálida cara, como los de un animal atrapado que contempla a un depredador hambriento—. ¿Quién eres debajo de esa máscara que enseñas a todo el mundo? ¿En dónde está la persona? —¡No sé de qué hablas! —la confusión y el alivio al comprender que no sospechaba que ella y Patti Donovan eran una misma persona, hicieron que su voz temblara—. ¡De verdad, Matt, esto es ridículo! Yo creí que cualquier hombre se sentiría halagado si una mujer tratara de estar atractiva para complacerlo. —Eso contradice lo que dijiste hace un momento —fue la seca respuesta—. Se suponía que tú hacías un esfuerzo para complacerte a ti misma. Y yo no soy cualquier hombre. «Eso es verdad», reconoció la joven. En las semanas que lo había tratado, Matt nunca había reaccionado como ella esperaba. Empezando con su declarada preferencia por el vestido azul cuando cualquier otro hubiera preferido el rojo, la había sorprendido constantemente y en más de una ocasión le había gustado como era. Se esforzó por apartar esos pensamientos de su mente y cambiar el tema de


conversación. Se acercó a la mesa y comenzó a sacar las provisiones de la caja. —Aquí hay suficiente comida para alimentar a un ejército. La pondré en su lugar, si quieres. La mirada que le dirigió él a través de los párpados entrecerrados reveló que no lo engañaba con sus tácticas para distraerlo. Después de unos segundos de tenso silencio, se encogió de hombros y asintió. —Hay otras bolsas en el coche. Las traeré. Su voz sonó tranquila, pero algo en su tono le erizó a Clea el pelo de la nuca. La joven sospechó que en esos momentos de silencio, él había tomado una decisión, aunque no tenía ni la más vaga idea de lo que se trataba. La caja de los víveres estaba medio vacía cuando Matt regresó, pues Clea trabajaba con rapidez y eficiencia, poniendo las latas en la alacena y la comida fresca en la nevera. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 61-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Eso es todo —anunció Matt. Dejó caer en el suelo la bolsa llena de frutas y verduras y arrojó las llaves del coche sobre la mesa. Sin embargo, después de dirigirle una breve mirada a Clea, pareció arrepentirse, las recogió y se las


guardó en el bolsillo del pantalón. A la chica le pareció bastante extraño, pero continuó colocando los víveres. Un par de horas más tarde, estaba acurrucada en un cómodo sillón leyendo el libro que había cogido de uno de los estantes. Rara vez tenía oportunidad de descansar en Londres y la novela que había elegido la absorbió desde el principio, así que no se dio cuenta cuando Matt entró en la habitación. —Tengo una pregunta que hacerte. —¿Sí? —metió un dedo en el libro para marcar la página que leía y lo miró. Matt había trabajado en el jardín toda la mañana, pero era lo que sostenía en las manos sucias de tierra lo que la hizo parpadear con incredulidad. ¡Su elegante neceser de maquillaje! —¿Cuáles de estas cosas necesitas de verdad? —preguntó secamente. —¿Qué? —Clea lo observó sin comprender. Las facciones del hombre estaban rígidas y sus ojos grises casi lanzaban chispas—. Yo… no entiendo. —Es muy simple —su tono la preocupó. Era frío, cortante e inflexible, como su expresión—. Quiero saber si hay algo en esta… —hizo un mohín e inyectó una nota de desprecio en su voz—, en esta basura que te es esencial. La mente de Clea parecía trabajar en cámara lenta. Las preguntas de Matt no tenían sentido para ella.


—¿Qué? —repitió, mientras su estómago se encogía. —¡Vamos, Clea! Puedes contestarme. Mira —para horror de la chica, vació sobre la alfombra, ante la chimenea, el contenido del maletín. Botellitas, frascos, cepillos, pinceles, lápices de labios y sombras cayeron en desordenado montón. —¿Qué estás haciendo? —tartamudeó, furiosa. Sus cosméticos eran caros; como se proponía destacar en el mundo de la moda, había comprado lo mejor que ofrecía el mercado—. ¡Ten más cuidado, se puede romper algo! —exclamó, levantándose de su asiento para recoger sus cosas. Él se lo impidió con una mano y la devolvió a su asiento de un empujón. Una mirada bastó para que Clea optara por no arriesgarse y permaneciera en su sitio. Se quedó quieta, aunque sus ojos brillaban de furia. Matt removió el montón de cajitas y frascos con la punta de un zapato sucio. —¿Qué es de verdad importante, Clea? —inquirió con una voz baja y controlada, lo que lo hacía aún más peligroso. —La crema hidratante —logró contestar. Hizo un amago de recogerla, pero no lo hizo debido a la mirada de advertencia de Matt—. El que está allí —señaló con un dedo trémulo. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 62-90


https://www.facebook.com/novelasgratis Sin pronunciar palabra se inclinó, recogió el tubo verde pálido que ella le indicaba y se lo dejó en el regazo. Luego contempló la pila multicolor sobre la alfombra durante un largo y silencioso momento y por fin, acuclillándose, la revisó con rapidez. Revolvió cajas y estuches con repugnancia. Seleccionó otras dos botellas, un limpiador y un tónico, y las dejó sobre el sillón; por último, recogió los artículos restantes y se levantó. —¿Qué vas a hacer? ¡Matt! —gritó cuando él la ignoró y se dirigió hacia la puerta—. ¡Eso es mío! ¡Quiero saber qué harás con mis cosas! ¡Matt! Durante un segundo se quedó sentada, paralizada. Después oyó que la puerta de la cocina golpeaba con fuerza y vio a Matt pasar frente a la ventana, rumbo al jardín. Se puso de pie de un salto y corrió. Cuando llegó al sendero, su corazón latía muy deprisa. El espectáculo que vio al rodear la esquina de la casa, la hizo detenerse, horrorizada. La fogata todavía brillaba al final del jardín de una manera que la hubiera deleitado en cualquier otra ocasión. En ese momento, su mente se quedó en blanco al ver que Matt arrojaba primero uno y luego otro artículo de su preciosa colección de maquillaje en el centro de las llamas. El asombro la congeló mientras miraba cómo el fuego se apoderaba de una caja de sombras, derritiendo la tapa de plástico para luego, con un súbito rugido, devorar el estuche, lanzando llamas multicolores. —¡No… no! —descubrió que podía moverse de nuevo y se abalanzó sobre Matt en el instante en que repetía la operación con otro par de cajitas del montón


que sostenía en las manos—. ¡No! ¡Detente! Le cogió un brazo, y tiró de él, desesperada. Con increíble facilidad, la apartó y lanzó el resto de los productos al corazón de la fogata. —¡Oh, no! Sin pensar, avanzó con los brazos extendidos, con la esperanza de recuperar algo antes de que el fuego lo destruyera. Unas manos fuertes la obligaron a retroceder. —Clea, no seas tonta —la voz del hombre era dura—. ¡Te quemarás! Sin prestar atención a sus palabras, le dirigió un puntapié a las piernas, y rió al escuchar su gemido de dolor. Pese a ello, Matt no la soltó y un momento después la fogata se convirtió en un crujiente infierno. Clea se quedó quieta y observó cómo las llamas devoraban hasta la última de sus posesiones. Sintió como si una parte de sí misma se hubiera convertido, literalmente, en cenizas. Con una fuerza que ignoraba que poseía, se libró de las manos de Matt y dio media vuelta para contemplar la satisfacción que se leía en su rostro. Una ola de furia la invadió, y sin recapacitar, se lanzó contra él con los puños cerrados. Lo golpeó en los brazos y el pecho, pero cuando volvió a atacarle, Matt se movió con celeridad y la sujetó por las muñecas, mientras evitaba otro puntapié dirigido contra sus espinillas. —¡Cálmate, Clea! Estás histérica —le ordenó fríamente. Ella alzó la cabeza y lo fulminó con la mirada. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 63-90 https://www.facebook.com/novelasgratis


—¡Te odio! ¡Te odio! Lo miró a los ojos y la mirada calculadora que descubrió en ellos fue como un balde de agua fría, apagando su ira de repente. Permaneció inmóvil, temblando un poco, mientras él la mantenía prisionera. Durante tensos minutos el único sonido que pudo oír fue su respiración agitada, en la quietud del jardín. Después, alzando la barbilla con decisión, habló con voz gélida. —Puedes soltarme. No te haré daño, no me gustaría tocarte. La sonrisa que cruzó la cara de su compañero amenazó con destruir su frágil compostura. Por fortuna, la liberó sin hacer comentarios, retrocediendo un paso y observándola con cuidado. Tan pronto como estuvo libre, Clea dio media vuelta y caminó hacia la cabaña. No miró hacia atrás y se metió, decidida, en la casa. Una vez allí, subió por la escalera, entró en su habitación, sacó la maleta del armario y la puso sobre la cama. Después, sacó un montón de ropa de un cajón y fue metiéndolo en la maleta sin importarle que se arrugara. —¿Qué haces? —le preguntó una voz irónica y Clea lanzó una mirada furiosa hacia la puerta, donde Matt se apoyaba lánguidamente, con una mano detrás de la espalda. —¿Qué crees? Recojo mis cosas y… me iré tan pronto como haya acabado. —¿Y cómo te irás? —la burla que se traslucía en su tono la sacó de quicio, pues no había pensado en ello.


—Me llevaré el coche hasta el pueblo más cercano. Tú puedes… —se interrumpió cuando él negó con la cabeza. El movimiento de una mano palmeando el bolsillo de su pantalón le recordó el momento en que había recuperado las llaves de la mesa de la cocina. ¡Así que lo había planeado todo con cuidado! ¡Había imaginado su reacción y había tomado las medidas necesarias para vencerla! Una ira inmensa la enmudeció. —El pueblo queda a diez kilómetros de distancia —le recordó él con suavidad—. Y te aseguro que esa maleta pesa mucho cuando está llena. Nunca lograrás llevarla hasta allí. Lo ignoró, aunque su mente burbujeaba con pensamientos frenéticos. ¿Podía caminar diez kilómetros con su equipaje? Furiosa, se maldijo por haber llevado varios pares de sandalias de tacón alto y ningún zapato apropiado para una larga caminata. Quizá, si dejaba la maleta en la cabaña… al llegar al pueblo alquilaría un coche o por lo menos cogería algún autobús. Aunque tuviera que esperar horas… —Y otra cosa —la suave voz burlona interrumpió sus pensamientos—. ¿Qué harás cuando llegues al pueblo? —¡Ya me las arreglaré! ¡Traje suficiente dinero! —como él alzó una ceja, comprendió que tenía otra triquiñuela entre manos.


—Lo trajiste, pero no puedes gastarlo —le informó, sacando la mano que ocultaba tras su espalda para que ella pudiera ver lo que sostenía. Un rayo de furia la Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 64-90 https://www.facebook.com/novelasgratis estremeció cuando reconoció su bolso, con el monedero, el talonario de cheques y todas las tarjetas de crédito. —Eres un… —se abalanzó contra él, tratando de arrebatárselo, pero Matt lo mantuvo en alto, fuera de su alcance—. ¡Dame eso! La sonrisa que curvaba sus labios le parecía satánica. —De ninguna manera —negó, inflexible—. Lo guardaré en el maletero del coche, del que sólo yo tengo las llaves, y no te lo devolveré hasta que considere que ha llegado el momento oportuno —le dio un empujón que la hizo trastrabillar y caer sentada en la cama—. Así que ya ves, mi querida Cenicienta, cómo no irás a ninguna parte. A través de sus lágrimas de frustración, lo vio caminar hacia la escalera. Unos cuantos minutos después escuchó sus pisadas en el exterior y el golpe del maletero al cerrarse y comprendió que había llevado a cabo su amenaza. Con amargura, aceptó que estaba atrapada. Aun si llegaba al pueblo, sin dinero o tarjetas de crédito, no tenía esperanzas de viajar más lejos. No sabía por qué Matt estaba tan decidido a que permaneciera en la cabaña o qué se proponía si ella se quedaba; tan sólo sabía que, por el momento, había ganado la partida.


—¡Lo odio! —exclamó en voz alta, dándole un puñetazo a la almohada—. ¡Lo odio! Pero tuvo que reconocer que su voz poseía la falsa y temblorosa nota de una mentira. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 65-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 —¿Clea? ¿Clea, estás despierta? Al escuchar la voz de Matt, se cubrió con la colcha como si quisiera defenderse, pese a que sabía que la puerta de la habitación estaba cerrada. —¡Vete! —Tendrás que salir algún día. No puedes esconderte ahí para siempre. Te traigo café —agregó, tratando de tentarla. Aunque estaba decidida a no claudicar, le fue difícil mantenerse firme. Apenas había comido desde el día anterior, pues sus sentimientos desordenados y su ira le impidieron tomar más de unos cuantos bocados de la merienda que Matt le preparó. Se obligó a bajar la escalera para que él no creyera que la obligaba a enclaustrarse en el dormitorio, pero le resultó difícil soportar su presencia


hasta el momento de meterse en la cama. —Está bien, haz una rabieta si quieres —la impaciencia endureció la voz de Matt—. Te dejo el café cerca de la puerta, pero tómalo pronto o se enfriará. Estaré en el jardín, si me necesitas. «¡Si me necesitas!», pensó Clea con amargura, oyendo cómo descendía por la escalera. Se moriría antes de admitir una cosa parecida. También le hubiera gustado ignorar la taza de café, pero pensar en un líquido caliente resultaba demasiado tentador y, cuando oyó que la puerta posterior se abría y cerrada, salió de la cama con sigilo. Con la taza entre las manos, se acercó al tocador y se miró al espejo. Frunció el ceño con disgusto al ver sus mejillas pálidas y los párpados inflamados. No dejaría que él la viera así. «¿Acaso sabes cómo eres debajo de esas capas de pintura?», las palabras acudieron con tanta claridad a su mente, que alzó la mirada, asustada, casi esperando ver a Matt en el espejo. No había examinado su rostro la noche anterior, al quitarse el maquillaje, pues sólo anhelaba meterse en la cama y perderse en el olvido del sueño. Además, limpiarse la cara era una rutina automática, que llevaba a cabo con tanta frecuencia que rara vez pensaba en lo que hacía. La noche anterior había adquirido, sin embargo, un nuevo significado. Era consciente de que el limpiador, el tónico y la hidratante eran lo único que se había salvado del destructor incendio. Sentía que se estaba quitando las capas exteriores de experiencia que había


adquirido a través de los años, las que le habían convertido en una mujer elegante y sensual. Sin el maquillaje, dejaba al descubierto a la tímida y poco atractiva Patti. «¡No exageres, Clea! ¡Hace años que no pareces una adolescente!». La frase de Maggie se deslizó en sus pensamientos, obligándola a analizarse de nuevo. ¿Realmente se parecía a Patti? Con la pérdida de peso, sus facciones habían cambiado. Sus pómulos se habían definido con más claridad, dándole a su rostro una forma distinta. Sin los cosméticos, carecía de contrastes y parecía vago, indefinido. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 66-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Quizás, en cierta manera, Matt tenía razón. Hacía bastante tiempo que no veía su cara sin maquillar. Matt, pensar en él la sacó de sus reflexiones. Tendría que salir de su cuarto alguna vez y aunque la había dejado en paz en esa ocasión, sospechaba que volvería y no sería tan paciente. Quizás el cambio de su apariencia en nueve años fuera suficiente para protegerla. Iba a arriesgarse y, si la reconocía, ya no le importaba. Matt seguía en el jardín cuando Clea al fin se aventuró a bajar por la escalera, pero apenas estaba entrando en la cocina cuando escuchó sus pisadas que se dirigían hacia la casa. De inmediato se puso en acción, luchando contra el


impulso de huir. Se acercó al fregadero, llenó de agua la cafetera y fingió estar muy ocupada cuando él apareció en el marco de la puerta. Se quedó helado cuando la vio, y ella se puso tan tensa que se burló para sus adentros de su anterior declaración de que no le importaba si la reconocía o no. —Clea —la voz de Matt fue inesperadamente suave—. Clea, mírame. Rebelde, se negó a hacerlo. Entonces, una mano firme la cogió por la barbilla y la obligó a volver la cabeza, con dulzura, pero sin ceder. Ella cerró los ojos con fuerza y su estómago se contrajo. No se atrevía a corresponder a la mirada del hombre, pues temía que la reconociera. Pero también había algo más. Matt poseía un atractivo irresistible. El brillo del sol sobre su piel y el aroma del aire fresco y puro que permanecía en su cuerpo, combinado con su olor personal, asaltó los sentidos de la joven de un modo que ni siquiera las más caras colonias habían logrado. —¡Oh, Clea! La suavidad de su tono le causó un fuerte impacto. Abrió los ojos y lo que descubrió en el rostro de su compañero la hizo perder el aliento. Sus ojos se habían oscurecido, hasta volverse casi negros. Clea olvidó lo que la rodeaba. La cocina, los cantos de los pájaros en el jardín, la tibieza del sol en su espalda, todo se borró mientras observaba cómo se le acercaba y entreabría los labios con anticipación. El beso de Matt fue lento y tierno. Aunque sentía que lo indicado era despreciarlo, librarse de sus manos y ordenarle que la dejara en paz, que no deseaba que la acariciara, le resultó imposible moverse. Y, en realidad, ni siquiera la tocaba con las manos, pues apenas rozaba su boca. Sin embargo, ese delicado contacto, por muy leve que fuera, le parecía imposible de


romper. La había besado antes, muchas veces, pero era diferente en ese momento. No tenía el ardor de la noche de la exhibición de modas y a pesar de ello contenía algo que la hizo darse cuenta de lo poco emotivos que habían sido los otros besos, como si Matt se hubiese mantenido a distancia durante esas semanas. Clea se sentía como un bosque seco, quemado por los rayos del sol de verano, que necesitaba una pequeña chispa para incendiarse y cuando al fin Matt levantó la cabeza, descubrió que estaba temblando como una hoja. La sonrisa que cruzó la cara del hombre no la ayudó a tranquilizar su agitado pulso y con un brusco movimiento se pasó la mano por la cara, como queriendo romper el contacto de su mirada. —No, Clea. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 67-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Con dulzura le quitó la mano, separándola de su cara sonrojada y el suave contacto fue como una descarga eléctrica en cada uno de sus nervios. —No había planeado besarte, pero te vi tan hermosa —le confesó en voz baja —, que no pude evitarlo. Eso era más de lo que la chica podía soportar. Aún azorada por el beso y su propia reacción, le parecía que esos ojos grises estudiaban su cara con demasiada insistencia para que se sintiera cómoda. Bruscamente, liberó su brazo de la suave presión de Matt.


—Estaba haciendo café —dijo secamente—. ¿Quieres una taza? Agradeció los breves momentos en que se distrajo poniendo las tazas en los platos y sirviendo el café. Necesitaba tiempo para recobrarse de la impresión. Algo había pasado, algo que no entendía. Sólo sabía que se sentía como si le hubieran puesto cabeza abajo y la hubieran vaciado de su contenido; y, por mucho que lo intentara, no podía recuperar el odio que había sentido por Matt el día anterior y, sin esa emoción, no sabía cómo actuar. Al final, él le facilitó las cosas. Inició una conversación trivial que ella podía seguir sin dificultad y su tensión empezó a desvanecerse mientras le explicaba lo que había hecho en el jardín, intercalando uno o dos comentarios graciosos. Esa actitud, marcó la pauta del resto del día. Matt se comportó con cortesía, ofreciéndole su agradable y amistosa compañía, que Clea aceptó agradecida. No trató de persuadirla de que hiciera nada, sino que la dejó sola, dedicándose a arreglar el jardín y permitiéndole hacer lo que quisiera. Para Clea, las tranquilas horas en el campo contrastaban con la agitación y el ruido de su vida profesional, las prisas para llegar de una cita a otra y la tensión de pasar de un experto del maquillaje a un estilista del peinado para ser fotografiada cientos de veces, hasta que el fotógrafo quedaba satisfecho. A medida que el tiempo pasaba, se daba cuenta de lo que se sentía al descansar y poco a poco empezó a ver su carrera con nuevos ojos. El éxito la había esclavizado, dejándole muy poco espacio para los detalles pequeños y personales de su vida, y por fin comprendió que un sin número de veces se había considerado a sí misma una marioneta que sólo se movía si alguien tiraba de las cuerdas.


Por fin comprendía del todo por qué Matt se refugiaba en la cabaña, por qué se alejaba de Londres, de los hoteles Highland y de las exigencias de su trabajo. Con ese nuevo punto de vista, sintió una súbita e inexplicable necesidad de ver a Matt y, sin considerar qué la motivaba, salió al jardín, en la parte posterior de la casa. Matt estaba trabajando en un área con plantas muy crecidas, entre dos enormes manzanos cargados de fruta, que se alzaban contra el muro más lejano del jardín. Se había quitado la camisa y Clea lo observó en silencio. Estaba despeinado, su espalda brillaba por el sudor y no daba la imagen del hombre de negocios a la que estaba acostumbrada. «Sé tú misma», le había dicho, y ella se había enfadado. Pero, ¿no había realmente una parte de sí que había sofocado para que Clea Mallory, la modelo Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 68-90 https://www.facebook.com/novelasgratis famosa, triunfara? Con un sentimiento de tristeza, que se agrandaba cada vez más, admitió que en otras circunstancias no se hubiera quedado allí, observando a Matt, sino que lo hubiera ayudado. Pero había elegido un papel diferente y debía seguir actuando. Comportarse de otra manera implicaba arriesgarse a que él la comparara con Patti y se diera cuenta de que lo había engañado. Sospechar que quizá Matt hubiera preferido, por lo menos como compañera, a la Patti de antaño, sólo


agudizó su inseguridad. «Sé tú misma». Con un suspiro francamente envidioso, Clea pensó que él lo tenía fácil. Vestido con un viejo pantalón vaquero y zapatos sucios, no perdía el aura de poder y energía que siempre lo rodeaba. Su físico saludable no requería de ropa cara ni de los trucos que los mortales de menos categoría usaban para destacar. Volvió a suspirar. Con gusto cambiaría cada prenda de su guardarropa por la oportunidad de vestirse con comodidad, estar con Matt y compartir con él la otra parte de sí misma. Aunque fue muy leve, Matt oyó el suspiro de la joven y se volvió rápidamente. Al verla, parada en la mitad del camino, se pasó una mano por el pelo húmedo para quitárselo de la frente y, sin hablar, le sonrió, deseando poder calmar la inquietud que reflejaban aquellos ojos verdes. A Clea le pareció que su corazón había cesado de latir. Era ilógico, irracional, pero le parecía que nunca había visto sonreír a Matt, como si, al igual que los besos que le había dado, él siempre se hubiera mantenido a distancia. Esa sonrisa en cambio, era cálida y le daba la bienvenida, iluminando sus ojos, al mismo tiempo que su rostro. Por un momento, Clea creyó que el sol brillaba en todo su esplendor. —Yo… venía a preguntarte si querías beber algo —tartamudeó de prisa, avergonzada de que la sorprendiera observándolo a sus espaldas—. Hace mucho calor. Debes tener sed.


—Tengo sed —le agradeció que aceptara ese pretexto, con su voz suave y agradable. Algo en sus ojos la hizo agitarse inquieta—. Hay una cerveza en la nevera que me sentaría de perlas. Sólo tardó unos segundos en llevarle la bebida, y después podía haber vuelto a la casa, pero no tuvo ganas de dejar a Matt y se quedó a su lado mientras bebía hasta que dejó a un lado el vaso vacío, con un suspiro de satisfacción. Había un poco de barro en su mejilla y Clea levantó la mano y se lo limpió, antes de darse cuenta de lo que hacía; desconcertada por ese impulso inesperado, la bajó. —¿Qué harás aquí? —preguntó, indicando con la cabeza el área en la que Matt trabajaba—. Sería el sitio ideal para hortalizas. —Es cierto, pero temo que no puedo planear algo tan ambicioso. No vengo con la frecuencia necesaria para vigilarla y las malas hierbas las invadirían. —Es una lástima. Ned siempre… Se calló, asustada por lo que había revelado sin advertirlo y, bajando la cabeza, murmuró: —Me llevaré esto y lo lavaré —cogió el vaso vacío y huyó hacia la casa. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 69-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Al entrar en la cocina, se dio cuenta de que la expresión de los ojos de Matt era la misma de la noche de la exhibición de modas, cuando la había tomado


en sus brazos y el deseo había agrandado sus pupilas. ¿Por qué había surgido de repente? ¿Por qué ahora, si no había demostrado ningún interés en las semanas transcurridas entre la cena de Liz y esas vacaciones? Un estremecimiento helado le recorrió la espalda al pensar que estaba atrapada en esa casa con Matt, sola e indefensa. Antes, su único temor era que él descubriera su verdadera personalidad; pero de pronto empezaba a sentirse amenazada de una forma diferente. —¿Fue Ned el hombre que te hirió? La inesperada pregunta interrumpió la conversación superficial que habían mantenido durante la cena. Por un segundo Clea no estuvo segura de haber oído bien. ¿Herirla? Ned le daría el mundo entero, si se lo pidiera. Entonces, el sentido de la pregunta se le aclaró y negó con la cabeza. —No —sintió alivio al comprender que sus palabras impensadas no la habían traicionado por completo—. No, no fue Ned. Demasiado tarde comprendió que su respuesta sincera la sometería a un nuevo interrogatorio. —Entonces, ¿quién fue? ¿Qué te hizo, Clea? Atrapada en una trampa que ella misma había tenido, no pudo encontrar la


respuesta adecuada. Si hubiera tenido valor, había aprovechado la oportunidad para confesarle la verdad. Su tonto plan de venganza se había hecho añicos y, si Matt supiera quién era y por qué estaba allí, le daría su bolso y la dejaría partir. Los nervios le fallaron y al mismo tiempo le llegó la inspiración. —Se llamaba Simon Blake —trató de mantener firme la voz, pero sólo logró un susurro vacilante—. Era diez años mayor que yo… frívolo, elegante, con mucha experiencia. Pensé que me amaba y lo que lo atraía era que fuera la modelo del año, la estrella del mundo de la moda. Quería que lo vieran conmigo y me exigió una relación física, como no acepté, me dejó —consciente del dolor que reflejaba su voz, forzó una sonrisa que, a juzgar por la expresión del hombre, resultó poco convincente—. Es la misma historia de siempre. Sucede a cientos de muchachas y seguirá ocurriendo en el futuro. —Pero quizás otras muchachas reaccionan con menos sensibilidad. El tono de Matt hizo que Clea se quedara inmóvil en su asiento. Aunque había hablado con voz suave, llena de simpatía, había algo en las profundidades de sus ojos que la hizo observarlo con atención hasta descubrir un brillo de ira en las pupilas grises. ¡Ira! ¡Matt estaba furioso por la manera en que Simon la había tratado!


La mente de Clea giró, al tratar de asimilar ese nuevo e inesperado acontecimiento. ¿También él despreciaba a ese tipo de hombre? Y, ¿qué quería decir al afirmar que otras mujeres reaccionarían con menos sensibilidad a la misma experiencia? —Clea… —se inclinó hacia ella, muy serio. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 70-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Todo sucedió hace mucho tiempo —lo interrumpió ella, asustada de pronto por lo que él pudiera decir—. Es mejor olvidarlo. «Sin embargo, Matt pronunció esas crueles palabras muchos años antes», le susurró una vocecilla indiscreta, «antes de que conocieras a Simon, y no las has olvidado». Una leve caricia en su brazo atrajo la atención de su sorprendida mirada hacia los dedos bronceados de Matt, que resaltaban contra la blancura de su piel. Estaba demasiado cerca y esos ojos grises la interrogaban con insistencia. —No debes sufrir por hombres como Blake, Clea —musitó y su dulzura la conmovió de una manera que ni su ira, ni sus sátiras burlonas habían conseguido antes. No podía soportar la simpatía que le demostraba, no en ese momento. Cuando los dedos de Matt empezaron a cerrarse sobre los suyos, apartó su


mano como si la hubiera quemado y se lanzó a hablar para llenar el silencio que los envolvía: —Creo que me gustaría oír un poco de música, ¿a ti, no? —indagó, trémula. Se inquietó cuando vio que la frente de Matt se fruncía, pero un momento después se borró ese gesto y su voz continuó siendo tranquila, como si quisiera calmar a un pajarillo asustado al que se proponía domesticar. —¿Qué te gustaría oír? Clea se dio cuenta de que no podía recordar el nombre de ninguna canción ni de un compositor. —Oh, cualquier cosa… lo que tú escojas. Se arrepintió de sus palabras poco después, pues escuchó las notas de una canción que conocía muy bien. Había comprado el disco cuando tenía diecisiete años y en aquellas primeras semanas después de que Barry le enseñara la fotografía de Matt, con frecuencia se encerraba en su habitación para mirarla, mientras escuchaba la melodía y murmuraba «Matt Highland» una y otra vez. Ese recuerdo fue demasiado para sus emociones y, sin importarle la sorpresa de Matt, ni su exclamación de angustia, se puso de pie y subió por la escalera corriendo. Matt no se lo impidió. Varias horas después, Clea todavía estaba despierta, con la vista fija en el techo de su cuarto a oscuras, mientras en su mente se repetía el recuerdo de su primer


encuentro con Matt y las palabras que había pronunciado al día siguiente bajo su ventana, como si se tratara de una película loca, sin principio, ni fin. Había sucedido hacía mucho tiempo. ¿Por qué no era capaz de olvidar ese episodio, como había hecho con el de Simon? Decirle a Matt lo que había pasado entre ella y ese hombre no le había causado dolor; entonces, ¿por qué aquellos comentarios continuaban supurando dentro de ella, como una herida infectada que la había obligado a buscar una venganza infantil? ¿Por qué unas cuantas palabras tenían el poder de herirla mucho más que el egoísta comportamiento de Simon? Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 71-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Se dijo que le dolían porque amaba a Matt pero en el momento en que se daba esa explicación, supo que no era correcta. A los diecisiete sólo había experimentado un capricho de colegiala, poderoso mientras duró, pero en última instancia temporal e inconsecuente. ¿Así que?…Y después, en un momento de claridad deslumbradora, supo la verdad. Las palabras de Matt la habían herido porque las esperaba. Porque siempre se


había sentido fuera de sitio con su propio cuerpo. Las burlas de sus compañeros de escuela habían reforzado ese sentimiento y, cuando descubrió los atractivos del sexo opuesto, la imposibilidad de usar los vestidos de moda, además de las bromas de que había sido objeto, le habían producido un terrible complejo de inferioridad que había tratado de ocultar detrás de una máscara de maquillaje y una permanente mal hecha y poco atractiva. En el fondo, nunca había esperado que Matt la viera como algo más que una adolescente gorda y fea. Si la hubiera aceptado, no hubiera sabido qué hacer. Sus palabras la habían destruido no porque le parecieron injustificadas, sino porque la enfrentaban con algo que ya sabía de antemano. ¿Qué haría con sus planes de venganza, ahora que veía el pasado con una luz nueva y diferente? Para su sorpresa, descubrió que después de haberse agitado en la cama durante tanto tiempo, por fin empezaba a tener sueño. Lo último que se le ocurrió antes de dormir fue que quizá debería estarle agradecida a Matt, en lugar de odiarlo. Como resultado de la humillación, había reaccionado y se había propuesto modificar su apariencia. De hecho, nunca hubiera alcanzado tanto éxito en su carrera profesional si no hubiera sido por Matt Highland. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 72-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 10 El sol entraba a raudales por la ventana de la habitación, cuando Clea despertó de un profundo sueño reparador. Mientras se estiraba, supo que ansiaba salir y sentir la tibieza del sol sobre su piel, gozar de esas vacaciones como si estuviera en su casa.


Se vistió de prisa, con una camiseta azul y unos pantalones cortos. Sólo cuando se dirigía al jardín se dio cuenta de que ni siquiera había pensado en el maquillaje sino que, actuando como en su juventud, se había pasado un cepillo por el pelo de forma automática y ya corría a la calle. Matt, subido en una escalera de madera, con la cabeza metida entre las ramas de un árbol, cortaba manzanas y las echaba en un cajón que tenía en el suelo. Clea lo observó en silencio y después, sin poder contenerse, avanzó un paso. —Vas a estropear esas manzanas. Matt tardó en responder y como ocultaba su cara entre las ramas, ella no pudo ver su expresión. —Entonces, ¿por qué no me ayudas? —dijo al fin—. Te las pasaré y tú las pones en la caja. —Vale. Durante un rato trabajaron en silencio, Matt recogía la fruta y se la pasaba a Clea, que la colocaba con cuidado en el cajón. El calor y la paz del jardín le recordaron los días que había pasado ayudando a Ned, cuando era mucho más joven, así que se concentró en su tarea y muy pronto sus nervios se calmaron. No sabía cuánto tiempo había pasado cuando por fin Matt se detuvo y bajó de la escalera. —Es todo por ahora. Ya no alcanzo las manzanas más altas y creo que es hora


de que comamos. Gracias por tu ayuda. Se volvió hacia la chica, sonriente, y los labios de ella se curvaron en una respuesta automática. Al verla, el rostro de Matt se transformó. La miró de arriba abajo y sus pupilas se oscurecieron con franca aprobación. Clea sintió que su tranquilidad desaparecía para ser sustituida por una intensa atracción. Unos cuantos días antes, estaba convencida de que participaba en una batalla perdida al tratar de que Matt se sintiera atraído por ella. Todos sus trucos habían fallado y, de pronto, cuando no hacía el menor esfuerzo, él no podía dejar de admirarla. La ironía de la situación torció sus labios en lo que quiso ser una sonrisa; había conseguido lo que se había propuesto y no sabía cómo actuar. Todo lo que sabía era que los sentimientos de ira y amargura que la impulsaron a tratar de vengarse, se habían esfumado y que sin ellos se consideraba perdida y vulnerable. —¿Tienes hambre? —inquirió y su voz tembló un poco—. Te prepararé algo. Matt asintió, sin quitar la vista de su cara. De pronto, pareció reaccionar bruscamente y sonrió de forma natural. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 73-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Algo rápido y fácil —le pidió—. Hay pan, queso y fruta. Comeremos fuera.


Yo limpiaré mientras tú traes la comida. En la cocina silenciosa, Clea cortó una larga rebanada de pan francés con movimientos nerviosos. ¿Qué había pasado entre ellos hacía un momento? Nada, en su relación previa con Matt, la había preparado para esa sensación turbadora que hacía que sus nervios vibraran. «Debe ser a causa del sol», pensó. Hacía calor fuera y un vistazo al reloj le dijo que habían trabajado durante dos horas. No estaba cansada, sin embargo le pareció que el tiempo había volado. Matt estaba acostado en el césped cuando ella salió al jardín, llevando una bandeja con viandas. Al ver su cuerpo relajado su pulso se aceleró de tal forma que sus manos temblaron y la bandeja se sacudió. El tintineo de los vasos chocando entre sí, alertó al hombre. —Ven, déjame ayudarte —se puso de pie. Su mano rozó la de ella al quitarle la bandeja y un cosquilleo delicioso le recorrió el brazo, se sonrojó y tuvo que bajar la cabeza para que su melena ocultara su rostro. Comieron en silencio, pero en un silencio que Clea encontró tranquilizador y amigable, hasta que Matt se estiró cuan largo era, sobre el césped, y suspiró de satisfacción. —Exquisito —murmuró—. Puedes quedarte con la alta cocina francesa, prefiero la comida simple. Y a ti también te gustó, ¿verdad? —agregó y sonrió—. Esta es la primera vez que veo que comes bien desde que te conozco.


Un estremecimiento de inquietud la recorrió. Adormecida por esa nueva relación de paz que reinaba entre ellos, había olvidado la posibilidad de que Matt pudiera relacionar ese saludable apetito con el recuerdo de la joven Patti, y se había concentrado en saborear la fruta fresca, el pan crujiente y el cremoso queso. —Yo… no me di cuenta de que estaba tan hambrienta —explicó tartamudeando. Se interrumpió de pronto cuando Matt, interpretando mal su reacción, le cogió suavemente una mano. —No, Clea —le pidió—, no me digas que te morirás de hambre en la cena para no engordar. ¿Me lo prometes? ¿Qué había pasado con el frío y duro Matt de dos días antes? Estaba desconcertada. Era como si se hubiera evaporado y lo hubiera reemplazado otro hombre. Con el mismo físico, pero con un carácter tan diferente que no podía ser el Matt Highland que ella había conocido. Y, ¿cuál era su propia reacción ante ese cambio? Se sentía arrastrada por dos corrientes opuestas: el deseo de decir toda la verdad para poder empezar de nuevo, y el miedo de que esa paz se destruyera sin haberse consolidado. Lo vio sonreír y se dio cuenta de que, bajo la influencia de esa nueva manera de ser de Matt, suave y persuasiva, no se fijaba nunca en lo que estaba haciendo. Ya no tenía ningún cuidado. Era otra vez espontánea y natural… Como Patti. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly


Nº Paginas 74-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —De cualquier manera, eliminarás con el ejercicio lo que has comido —le aseguró mientras se levantaba—. Tenemos que limpiar otro manzano y es tu turno de subir a la escalera. Clea titubeó, contemplando la mano que le tendía para ayudarla. «Ése era el hombre que ha quemado mi maquillaje», se recordó. Hacía apenas dos días pensaba que lo odiaba… Matt le sonrió con travesura y sus ojos grises brillaron con buen humor. —Está bien, yo subiré —concedió, interpretando mal sus titubeos, y una vez más su sonrisa la desarmó. Le dolían todos los músculos, pero era un dolor agradable. Satisfecha, salió de la bañera y empezó a secarse. Hacía mucho que no trabajaba con tanto ahínco y de una forma tan distinta a las horas que pasaba ante las cámaras. En su habitación, seleccionó un vestido sencillo color crema, con escote cuadrado y delicados tirantes de encaje y se lo puso, alisando la suave tela antes de estudiarse en el espejo. «Podía estar peor», decidió. El sol había dado color a sus mejillas, así que su palidez había desaparecido, pero era una lástima que no pudiera agrandar sus


ojos con rimel. Mordiéndose los labios, registró el tocador. La superficie de madera pulida parecía desnuda sin los frascos y los estuches. En fin, al menos había perfume y pudo rociarse con generosidad en las muñecas y el cuello, donde su pulso latía. No se molestó en ponerse medias, pues hacía calor, y se sentó en la cama para calzarse. Cuando se inclinó para atarse las cintas de las sandalias, un golpe en la puerta la sobresaltó. —La cena está lista —le anunció Matt y el sonido de su voz la puso tan nerviosa que sus manos fueron incapaces de cerrar la hebilla. —¿Clea? —la llamó él—. ¿Me has oído? —¡Sí! —le resultó imposible evitar que su voz reflejara impaciencia—. Ya voy… ¡Maldición! —explotó cuando falló un nuevo intento. A sus espaldas oyó que la puerta se abría. —¿Te pasa algo malo? Parecías molesta. No se volvió para mirarlo, pero un escalofrío en la base de la nuca la avisó de lo sensible que era a la presencia de Matt en la habitación. Contempló el suelo fijamente. —No me puedo atar esto —explicó, procurando que su voz sonara natural.


—Déjame ayudarte —atravesó el cuarto y se arrodilló ante ella, tomándole el pie y colocando la cinta rebelde en su lugar—. No ha sido tan difícil. Ahora el otro… Alzó la vista al hablar y sus miradas se encontraron en lo que les pareció una eternidad. Las manos de Matt le transmitían tibieza a la piel de Clea. Él también se había cambiado de ropa y la camisa limpia y blanca contrastaba con su piel bronceada por el sol. —Clea… —musitó con voz ronca. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 75-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Con un esfuerzo inmenso, la chica desvió la mirada y levantó el otro pie para que pudiera atarle la sandalia. Le cogió el tobillo, pero no hizo ningún movimiento para levantar la tira del zapato, sino que acarició la suave piel. Las caricias ascendieron lentamente y un momento después, Clea contuvo el aliento al sentir la tibieza de sus labios donde sus manos se habían posado. No pudo impedir que se le escapara un gemido de deleite. Matt la había encerrado en la cabaña, había destruido sus propiedades, le había quitado su dinero y la mantenía cautiva. Pese a todo, no podía revivir la ira que debería sentir y, como si tuvieran voluntad propia, sus manos acariciaron la cabeza de Matt, y susurró su nombre. Él se levantó y se sentó en la cama, junto a ella. Exploró su boca con la suya


y la obligó a abrir los labios, permitiéndole ahondar y prolongar ese beso de una manera que la llenó de placer y relajó todos sus músculos. Los delgados tirantes del vestido ofrecieron una débil resistencia a los fuertes dedos masculinos y la suave piel de los hombros quedó al descubierto. Con los labios, Matt siguió el camino de sus manos, descendiendo hasta los senos. Desató así una necesidad urgente dentro de Clea, quien murmuró su nombre con una voz espesa y extraña. —Clea —musitó él con voz ronca—. ¡Clea, te deseo mucho! —Yo también. Las palabras escaparon de modo involuntario. Una necesidad apremiante dirigía sus acciones, mientras sus dedos tiraban de los botones de la camisa pasándolos por los ojales para acariciar su pecho, ansiosa de sentir la piel desnuda, bajo las yemas de los dedos. Las suaves curvas del cuerpo de Clea lo invitaban a acariciarla, del mismo modo que ella hacía con él. Los pocos minutos que tardó en desvestirla y después quitarse la ropa, le parecieron eternos, pero se resarció al sentir sobre ella el cuerpo de aquel hombre. Sus caricias alimentaban el fuego de la pasión, hasta que creyó que iba a morir si no la poseía. El sentir los labios masculinos tirando con suavidad de sus pezones, le causó un placer tan intenso que casi se convirtió en dolor. Lo envolvió con las piernas, implorándole en silencio que la liberara del tormento de esa espera. Ignoraba que una pasión semejante pudiera existir y jamás había comprendido que el deseo fuera una fuerza que consumiera al que lo experimentara.


Un segundo después ya no pensaba, sólo sentía. Sentía la tibieza y la fuerza de Matt y todo dejó de existir, excepto sus cuerpos unidos. Su grito de gozo y la ronca exclamación de Matt vibraron en el aire al mismo tiempo. Luego permanecieron inmóviles, respirando con dificultad. Matt alzó la cabeza y contempló la cara de Clea, con las pupilas nubladas por la pasión. —¡Dios, eres hermosa! —murmuró—. ¡Bellísima! En un rincón oscuro de la mente de Clea, esas palabras despertaron el eco de las que había oído en sus sueños de adolescente y una oleada de duda e inseguridad la invadió. Se tocó la cara, tapándosela para protegerla de la mirada de Matt. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 76-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Clea, no! ¡No te escondas de mí! —le apartó las manos con firmeza y las mantuvo entre las suyas—. ¿Sabes que te veo más bonita sin esa pintura? Después, como ella negó con la cabeza, sonrió y repitió con lentitud: —Eres hermosa, Clea. No necesitas artificios para aumentar tus atractivos, eres hermosa así… —con un dedo le recorrió la mejilla. Ella no dudaba de la sinceridad de Matt, que se proyectaba en su voz y en sus


ojos, pero conocía sus rasgos y sabía que sin maquillaje era sólo una chica más. —¿Hermosa? —repitió, con voz apenas audible. —¿No confías en mí? Entonces, déjame enseñarte que tengo razón. Se levantó y, cogiéndola de la mano, atravesó con ella la habitación y se detuvo ante el espejo del tocador. —Mírate bien. No —la reprendió con suavidad cuando ella trató de alejarse —. Obsérvate, Clea. Le puso una mano bajo la barbilla, para que viera la imagen de! espejo. Una exclamación ahogada escapó de sus labios. Le pareció como si se contemplara por primera vez. Su pelo negro estaba despeinado y formaba un halo alrededor de su rostro, confiriéndole una apariencia más femenina y delicada; los labios tenían un tinte sonrosado por los besos de Matt y sus mejillas brillaban sin necesidad de colorete artificial. Pero, sobre todo, sus ojos parecían esmeraldas, más grandes que nunca. De repente se dio cuenta de que, desde el día de la fogata, cuando apareció sin maquillaje, él la había deseado con una intensidad que la había hecho perder la cabeza. Creía que había dejado atrás a Patti y sus inseguridades de adolescente, pero el


complejo de inferioridad que la acompañaba desde entonces había oscurecido su vida… hasta ese momento. Porque la pasión de Matt había quemado esa última duda y al fin se contemplaba tal como era. La mujer que estaba ante sus ojos no necesitaba maquillaje, su cara tenía personalidad sin la ayuda de un pincel, irradiaba una belleza natural. Matt la llamaba Cenicienta y en el fondo siempre se había visto como la heroína del cuento: una criatura opaca, transformada en princesa gracias a los vestidos elegantes y la magia de los cosméticos, destinada, al final del día, a convertirse otra vez en una fregona. Matt le había entregado un don mucho más maravilloso que el que le hubiera podido dar su hada madrina: había borrado sus dudas, le había dado confianza en sí misma. —¿Comprendes lo que quiero decir? Sólo pudo asentir en silencio. Veía lo que quería mostrarle, pero no encontraba las palabras para contestarle. «Una mujer enamorada es siempre hermosa». De repente esa frase surgió de la nada y se deslizó en su mente. Su imagen se borró y observó la cara de Matt, sus Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly


Nº Paginas 77-90 https://www.facebook.com/novelasgratis facciones firmes, sus ojos grises y su pelo sedoso, enfocándolos con una nueva intensidad. También sus pensamientos adquirieron la claridad del cristal, como si la niebla hubiera desaparecido para dejar paso a la luz del sol. Sólo conservó una idea: amaba a Matt con un amor auténtico, profundo y duradero. Recordó su plan original, la tonta idea de atraer a Matt para que cayera en su trampa y luego abandonarlo para hacerlo sufrir como ella había sufrido a los diecisiete años. Ahora veía las cosas de modo diferente y sabía que jamás podría llevar a cabo su plan. Las palabras de Maggie la perseguían. «A veces la venganza se vuelve contra nosotros mismos, cuando menos lo esperamos». Era eso lo que había sucedido. Hacía unos minutos, Matt la había deseado con una intensidad igual a la que ella había soñado en el pasado. Se lo había demostrado con cada uno de sus besos y caricias. Sin embargo, no le había dicho una palabra de amor. Sintió como si una mano helada le oprimiera el corazón, estrujándolo con una fuerza asfixiante, atrapada por sus pensamientos de venganza, no había comprendido lo que le sucedía. Demasiado tarde, descubría la verdad. Le había


tendido una trampa a Matt Highland, y al final era ella la que había caído. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 78-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 11 —¡Ay, cómo me alegro de estar en casa! —se dejó caer en una silla y se quitó los zapatos, suspirando de alivio. Maggie le sonrió con simpatía. —¿Tuviste un día agitado? —Como de costumbre. No me adapto a la rutina de mi trabajo con la facilidad de antes. No sé porqué, pero siempre me siento cansada. Maggie frunció el ceño. —Tú no eras así. Además, acabas de volver de vacaciones. Las mejillas de Clea se tiñeron de color escarlata al oír a su amiga. No necesitaba que le recordaran la semana que había pasado en Yorkshire, pues cada día estaba grabado en su memoria. En cierto modo, ese período podía clasificarse como descanso, ya que ella y Matt habían pasado bastante tiempo en la cama… Sin embargo, la actividad que habían desarrollado no podría considerarse cansada. El día que hicieron el amor por primera vez pareció encender una explosión de deseo que resultaba imposible


contener. Ambos fueron atrapados por esa fuerza de una manera que no dejaba tiempo para pensar, dudar o reflexionar en el pasado o el futuro: el presente era lo único que importaba. También vivieron momentos tranquilos, explorando los alrededores o trabajando en el jardín. Pero esas horas sólo servían para estimular sus necesidades, que saciaban en las noches pasadas uno en brazos del otro. Fue una experiencia gloriosa para Clea. En esos días suspendidos en el tiempo, había absorbido a Matt con la vista, el oído y el tacto, maravillada por el descubrimiento de su amor. Por desgracia, el idilio no podía durar para siempre. Tenían que volver a la realidad, regresar a Londres. Habían pasado cinco semanas desde sus vacaciones y, durante ese lapso, Matt había sido una constante presencia en su vida. Era un compañero agradable y un amante apasionado, pero nada más. Ni siquiera una vez le dedicó una palabra de amor. Al principio, Clea se dijo que no necesitaba semejante declaración. Amaba a Matt, no podía vivir sin él y si su compañía y pasión eran lo único que deseaba darle, le bastarían. En los últimos días, sin embargo, la idea de que no bastaba empezaba a arraigarse en su mente. Esa relación sin responsabilidades la hacía vulnerable, porque preveía un dolor insoportable si algún día Matt la abandonaba. A veces pensaba que sería mejor alejarse de él, que vivir con la angustia de que el dolor era inevitable, que le haría daño en el futuro. Incluso mientras lo


pensaba, sabía que no sería capaz. Su vida se centraba en Matt y hasta su trabajo había dejado de satisfacerla. Se arrastraba durante el día y sólo revivía por las noches, cuando estaba con él. —Me falta entusiasmo —le confió a Maggie—. Nunca me había dado cuenta de lo mezquino y egoísta que es el mundo de la moda. Toma por ejemplo, Althea perdió su cepillo, un cepillo común y corriente, pero se puso histérica. Acusó a todos de Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 79-90 https://www.facebook.com/novelasgratis habérselo robado y se negó a continuar con la sesión de fotografía a menos que alguien se lo devolviera. —¡Dios del cielo! —exclamó Maggie, asombrada—. Una saludable preocupación por tu apariencia es una cosa y otra muy distinta llevarla hasta ese extremo. Clea asintió, distraída, pues sus pensamientos volaban otra vez hacia Matt. Ella había llevado las cosas a ese extremo y él le había demostrado lo obsesiva que se había vuelto, destruyendo sus cosméticos que un día había considerado esenciales y que habían pasado a parecerle una frivolidad. Era sorprendente con cuanta facilidad se había adaptado a no usar maquillaje. Tanto que, después de la larga preparación para la sesión de fotografía de la mañana, estaba aburrida y sentía la cara rígida y pesada por las capas de pintura que le habían aplicado. —Y hablando de apariencias —continuó Maggie—, ya sé que dices que estás


cansada, pero en realidad estás floreciendo, nunca habías estado tan guapa. Te veo mucho mejor desde que regresaste de Yorkshire y dejas que tu pelo se ondule con naturalidad, fue un detalle genial. ¿Qué dice Raphael? —Lo aprueba —sonrió, recordando con placer la sorpresa de su estilista cuando apareció por primera vez con el pelo ondulado en lugar de lacio. En realidad, todos habían hecho comentarios favorables sobre su aspecto. Excepto, claro, lo que le había dicho Raphael esa mañana. —Quizá la fatiga se deba a la menstruación —sugirió Maggie y sus palabras se mezclaron con los pensamientos de Clea, que se agitaban con frenesí. —¿Has engordado, queridita? —le había preguntado el diseñador con su cara infantil desfigurada por una mueca de disgusto—. Me parece que estás más gordita que de costumbre —señaló las curvas del busto. En ese momento, Clea sólo pensó que debía comprobar su peso cuando regresara a casa. No lo había hecho desde que había vuelto de Yorkshire. Ahora, relacionando las palabras del estilista y las de Maggie, empezó a analizar las fechas en su cabeza. La semana que había pasado en la cabaña no había tomado ninguna precaución en la tormenta de sensualidad que la asaltó. Conociendo los malestares que Liz había sufrido durante los primeros meses de su embarazo, nunca había considerado la posibilidad de…


—¿Clea? —preguntó Maggie, inquieta por el silencio de su amiga. Después, mirándola a los ojos, exclamó—. ¡Oh, Clea, no estás!… —dejó la frase sin acabar, pues el resto era evidente. Con lentitud, Clea asintió. —Sí, Maggie. Creo que lo estoy. —Te noto fatigada —dijo Matt cuando le abrió la puerta esa noche. Clea sonrió. En ese momento, lo último que sentía era cansancio. Desde que había comprendido que esperaba a un hijo, quería cantar, gritarle al mundo que algo maravilloso había sucedido. No tenía la menor duda: amaba a ese bebé, más de lo que hubiera podido expresar, y ese pensamiento le había inyectado Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 80-90 https://www.facebook.com/novelasgratis energía. Sin embargo, al ver a Matt, seguro de sí, elegante y educado como siempre, su euforia se evaporó para ser reemplazada por dudas tormentosas. ¿Cómo reaccionaría ante la noticia? Nunca había expresado el deseo de tener un hijo. ¿Compartiría su emoción o se pondría furioso, pensando que trataba de atraparlo por ese medio? Palideció al imaginar que él usara el pretexto de su embarazo para terminar con su relación.


—Creo que necesitas sentarte —Matt notó que el color había abandonado las mejillas de la joven—. ¿Qué te sucede, Clea? ¿No estás bien? —No… yo… —sentía la lengua pesada y no se le ocurría nada. —¿Comiste bien? —inquirió, con cierta dureza. ¿Comer? Aparte de un bocadillo a mediodía, no había tomado nada más. Ni siquiera había pensado en comer mientras esperaba a Matt. Negó con la cabeza, en silencio. —Pensé que ya te habías curado de esa tontería —en su voz había impaciencia. Se quitó la chaqueta y la lanzó sobre un sillón—. Te prepararé algo… No, quédate donde estás… —agregó cuando Clea intentó levantarse—. ¿Te gustaría una taza de café primero? —Me encantaría —se obligó a pronunciar esas palabras, aunque nada le apetecía. Sabía que no podría probar bocado hasta que viera la reacción de Matt ante la noticia que le daría. Sin embargo, no lo siguió a la cocina. No sería capaz de hablarle mientras estuviera de mal humor. Quizá más tarde, cuando se hubiera calmado, estaría dispuesto a escucharla. —Clea, ¿en dónde guardas el café? —gritó él a través de la puerta abierta.


—En la alacena —respondió ella de forma automática—. A la izquierda. Un momento después se dio cuenta de su error y corrió hacia la cocina. No llegó a tiempo. La puerta de la alacena estaba abierta y Matt miraba, asombrado y confuso, la fotografía que había allí pegada: era Clea a los diecisiete años. Se quedó helada en el quicio de la puerta, mientras su corazón latía muy deprisa. El silencio le puso los nervios de punta y estuvo a punto de gritar. —¿Quién es ella? —preguntó Matt al fin, con voz ronca. —Es… —le falló la voz. Tragó saliva y trató de contestar cuando él la interrumpió. —¿Por qué tienes la foto de Patti Donovan? —se volvió para mirarle, sombrío. —Porque… soy yo —logró murmurar. No esperaba que reconociera a la muchacha de la foto con tanta rapidez. —¡Tú! Los ojos de Matt volvieron a fijarse en la fotografía y, siguiendo la dirección de sus pupilas, Clea se sonrojó. El pelo rizado, el maquillaje exagerado y la ropa ridícula le parecieron espantosos. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 81-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Tú eres Patti Donovan? —la incredulidad se reflejaba en su voz—. ¿La


hermana de Barry? —No lo soy en realidad —apenas se la oyó. Parecía como si todas las confusas emociones de su corazón se acumularan en su voz, ahogándola—. El padre de Barry se casó con mi madre cuando yo tenía diez años y con el tiempo, me adoptó legalmente —de repente las frases se atropellaron en su prisa por contarle la verdad—. Patti era el apodo que Barry me puso, y que toda mi familia empezó a usar. En casa siempre me llamaron Patti, nunca Clea —su voz disminuyó de volumen hasta desaparecer, al ver el ceño fruncido de Matt. —¿Por qué no me lo dijiste? Volvió a tragar. ¿Cómo responder esa pregunta? Le pareció que pisaba un terreno minado. Una ojeada al rostro inflexible de Matt le indicó que sólo aceptaría la verdad. —Al principio no tenía importancia. Había sucedido hacía tanto tiempo que no pensé que te vería de nuevo, hasta que nos encontramos en el Argyle. Después tú me demostraste que estabas… interesado… y… —¿Y? —la invitó a continuar. —Ya no quería que supieras quién era. Deseaba que me vieras como una mujer, como alguien diferente de la adolescente que habías conocido hace años. Trataba de que me desearas… incluso de que me amaras… —sabía que


estaba siendo incoherente, pero no podía detenerse—. Deseaba que supieras lo que se sentía cuando alguien te hería como tú hiciste conmigo. —¿Yo? —preguntó él, incrédulo, interrogándola con la mirada. —¡Sí, tú! —era imposible evitar que un eco del sufrimiento que había sentido se filtrara en esa acusación—. Le dijiste cosas horribles a Barry acerca de mí… cuando sugirió que podía trabajar en uno de tus hoteles. La expresión de Matt cambió. —¿Me oíste? —Sí. Estaba en mi habitación con la ventana abierta… ¡lo oí todo! —Entonces… —encogió los hombros, como si de repente se sintiera agotado, y se pasó una mano por el pelo, mientras seguía mirándola con fijeza—. Entonces, esto… nuestra relación… el tiempo que pasamos en la cabaña… ¿no era más que una forma de venganza? —¡Sí… no! —Clea no sabía cómo responder—. Al principio intenté vengarme pero… No le dio oportunidad de terminar. En el momento en que dijo «sí», su rostro se


convirtió en una roca y, sin pronunciar otra palabra, la empujó a un lado para dirigirse a la sala, deteniéndose sólo para coger su chaqueta antes de salir del apartamento. —¡Matt! ¿Adonde vas? Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 82-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Al infierno! —¡Oh, por favor, no lo hagas! Tengo algo que decirte… —antes de que acabara la frase, Matt se había ido. —¿Es definitivo? Clea asintió en silencio. Esa mañana había recogido los resultados de los análisis y, en efecto, estaba embarazada. Esperaba un hijo de Matt. —¿Y qué harás? ¿Vas a tenerlo? —¡Desde luego! —exclamó, decidida—. Jamás abortaría —acarició su vientre, todavía plano. —Me preguntaba… no he visto a Matt por aquí últimamente… —Es cierto —su expresión se ensombreció. Hacía una semana que Matt se había ido y no había vuelto a llamarla. Ante


esa actitud, sólo podía asumir que se había alejado de ella para siempre. —Matt y yo hemos terminado —afirmó con nostalgia. —¿Y sabe lo del bebé? —negó con la cabeza y Maggie protestó—: ¡Deberías informarlo! —Es mi hijo. —Tuyo y de Matt. Debes decírselo… por lo menos así te dará dinero. —Puedo mantenerme sola —levantó la barbilla, con orgullo—. He ahorrado durante años. Tengo suficiente. —Pero Matt… —Pero Matt nada. Se acabó, Maggie… —se ahogó al decirlo—. Ha salido de mi vida y no lo obligaré a regresar sólo porque… La interrumpió el sonido del timbre, insistente. —Veré quién es. Parece decidido a que le abran —señaló Maggie. Cuando su amiga salió de la habitación, Clea buscó un pañuelo en su bolso y se limpió la nariz, luchando por contener las lágrimas que le quemaban los ojos. Desde lejos, oyó el murmullo de una conversación y luego Maggie la llamó. —Clea, alguien te busca. Con desgana, se dirigió hacia el vestíbulo y se quedó paralizada al ver la figura alta y fornida de Matt en el umbral de la puerta. ¡Debió suponerlo! ¡Un


sexto sentido debió alertarla! Sólo existía un hombre que oprimiera el timbre como si llamara para dar órdenes. —Hola, Clea —saludó con voz baja. —Matt —su voz apenas se oyó. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 83-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Quiero hablar contigo —los ojos oscuros se clavaron en su cara, sin revelar la menor emoción y ella se obligó a mostrarse indiferente—. ¿Puedes concederme cinco minutos? No supo qué contestarle. Una multitud de sentimientos conflictivos amenazaba con desgarrar su corazón. Por una parte, gozaba por el simple hecho de verlo, por la otra, su mente le gritaba que no debía quedarse a solas con él, pues se arriesgaba demasiado. Era muy sensible a la vista, la voz y hasta el aroma de ese hombre; y la reciente confirmación de su embarazo la hacía más vulnerable. Por instinto, cruzó los brazos sobre su vientre como si temiera que esos agudos ojos grises descubriera la verdad. Si pasaba un rato con Matt podría ceder y confesarle todo. —No creo… —empezó, pero Maggie la interrumpió. —Por favor, discúlpenme, he dejado un pastel en el horno —mintió e, ignorando el gesto de reproche de su amiga, se dirigió a la cocina y cerró la puerta con firmeza. Clea la maldijo en silencio. Se volvió hacia Matt con recelo y por primera vez se fijó en que llevaba un paquete en las manos.


—¿Qué quieres decirme? —preguntó, sintiendo sus labios duros como piedras. —No podemos hablar aquí. ¿Subimos a tu apartamento? —antes de que pudiera negarse, la había cogido por un brazo y la guiaba hacia las escaleras. No quería, pero la tentación de apoyarse contra él fue enorme y el pánico de ceder a ese impulso hizo que tirara de su brazo para liberarlo. El problema era que deseaba estar con él; lo seguiría hasta el fin del mundo si le decía que la amaba. «Es una esperanza vana», se dijo con los ojos llenos de lágrimas mientras luchaba para meter la llave en la cerradura. Impaciente, Matt se la quitó y abrió la puerta, retrocediendo para permitir que pasara. La vista de sus pertenencias le dio a Clea la confianza que necesitaba y, aspirando una bocanada de aire, se volvió hacia él, al mismo tiempo que consultaba el reloj. —Cinco minutos, dijiste. Ya han pasado dos, así que te quedan tres antes de que te vayas. —Siéntate, Clea —Matt colocó el paquete sobre la mesa. —Prefiero quedarme de pie —por lo menos así podría mirarlo sin alzar los ojos. Su altura era imponente y, si se sentaba, se sentiría inferior. —Como quieras —se pasó una mano por el pelo. Para su sorpresa, Clea notó que se movía con cierta rigidez, como si estuviera agobiado por una tensión interna. «Parece inseguro», pensó, y después descartó esa idea. Matt inseguro… ¡jamás!


Su silencio la puso nerviosa. —Matt, ¿a qué has venido? —A disculparme. —¿Qué? —inquirió con voz desmayada. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 84-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —A disculparme —repitió él con más firmeza y un rayo de esperanza iluminó la mente de Clea. —¿Por… qué? —Por lo que le dije a Barry acerca de ti. La llamita de esperanza tembló como una vela al viento y murió, dejando un gran vacío. Había ido a disculparse por el pasado, pero a ella el pasado ya no le importaba. Era el futuro, el porvenir de su hijo, lo que le preocupaba. —No sabía que me estabas escuchando —continuó Matt—, y, para ser sincero, no me di cuenta de cuánto podían herirte mis palabras si las oías. Fui irresponsable y cruel; por eso te pido perdón. —No importa —sin saber cómo, consiguió que su voz permaneciera firme—. Sucedió hace mucho tiempo y, en cierto modo, quizá me benefició el comentario.


Aprendí algo ese día. Me di cuenta de que había descuidado mi aspecto y, en realidad, debería agradecértelo. Me obligaste a verme como era en verdad y no me gustó lo que vi. Me pusiste en el camino que después seguí. Es probable que hoy no fuera modelo si no hubieras sacudido mi apatía. Matt movió la cabeza lentamente. Cierta tensión escapó de su cuerpo, pero sus ojos seguían opacos. —Lo hubieras logrado sin mi humillación, Clea. Eres hermosa, una mujer deslumbrante. Quizá te impulsé, pero eso fue todo. Había olvidado que la consideraba bellísima, pero, gracias a él, se sentía atractiva. También adivinaba que la deseaba, pero no era suficiente, en especial porque esperaba un hijo suyo. El dolor hizo que su voz sonara dura, cuando volvió a hablar. —Pues si has dicho ya lo que querías… —¡No! —la interrumpió—. No he terminado. Hay algo que debo confesarte. ¡Escúchame! Había una nueva nota en la voz de Matt, titubeante, casi temerosa, y sus ojos encerraban una súplica que Clea no pudo resistir. Asintió con la cabeza. —Te escucho. Matt entrelazó sus dedos, apretándolos hasta que los nudillos se pusieron


blancos. Clea se estremeció al comprender que esa señal de inquietud significaba que lo que iba a confiarle era muy importante. —Todavía no conoces a mi madre —las palabras la desconcertaron, de modo que asintió en silencio. Trató de recordar la fotografía que Liz le había mostrado; en esa ocasión pensó que el rostro de la señora Highland era más bien frío y orgulloso. —Era casi veinte años más joven que mi padre cuando se casó. Apenas tenía veintiuno cuando yo nací. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 85-90 https://www.facebook.com/novelasgratis Una vez más, Matt se pasó la mano por el pelo y arrugó la frente. El corazón de Clea se encogió. Comprendió que le resultaba difícil proseguir; debía significar mucho para él. —Mamá era una mariposa social… aún lo es —sensible a cada cambio en su tono de voz, Clea descubrió un ligerísimo temblor que revelaba el esfuerzo que hacía por mantenerse tranquilo—. Supongo que, a su manera, amaba a mi padre, pero también amaba su dinero. Le fascinaba salir a cenas, bailes, teatros y estaba obsesionada con su apariencia, su pelo, su maquillaje, para ser perfecta. La miró y ella vio un rayo de emoción en sus ojos.


—En realidad, no deseaba tener hijos, mucho menos un varón. Quizá si su hija hubiera nacido primero se habría comportado de un modo diferente con nosotros, pero nunca supo qué hacer conmigo, después de que dejé de ser un bebé. Yo era demasiado bruto, sucio y ruidoso. Los juegos que deseaba compartir con ella le arrugaban el vestido, o la despeinaban, y la mayoría del tiempo me mandaba con mi niñera, hasta que tuve edad para asistir a un internado. Cada noche la veía durante media hora. En ese momento ya se había cambiado para ir a cenar o cualquier otra cosa y me escuchaba con impaciencia mientras le contaba lo que había hecho durante el día, antes de meterme en la cama. —Al menos te daba el beso de buenas noches —susurró Clea, deseando consolarlo. Matt lanzó una carcajada y no la engañó cuando encogió los hombros y respondió con tono indiferente: —Un beso le hubiera estropeado la pintura de los labios. —¡Oh, Matt! —el corazón de la joven vibró de piedad por el niño solitario, carente de la ternura a que toda criatura tiene derecho. Comprendía por fin por qué le molestaba tanto su obsesión por la apariencia y la razón por la que había quemado sus estuches de maquillaje. Él identificaba entre esas cosas y la falta de cariño—. ¿Y Liz? —no se dio cuenta de que había hablado hasta que él le contestó. —Liz trató de ser como mi madre. Se puso a dieta, hasta que enfermó de


anorexia, y Chris tuvo que luchar a brazo partido para que comiera de manera normal. Después reaccionó rebelándose contra todo lo que mi madre significaba y dejó de importarle la ropa y el maquillaje. Hasta que había intervenido ella, cambiando ese patrón de conducta. ¡Con razón se había enfadado Matt tanto! Debía temer que su hermana cayera otra vez en su comportamiento obsesivo. —Por todo esto, siempre odié la manera en que las mujeres se ocupan de su apariencia. Cuando te vi en Yorkshire me asqueó pensar que alguien tan joven y bella… Oh, sí —una sonrisa curvó sus labios, sorprendiendo a Clea—, aun bajo las capas de pintura me daba cuenta de que un día serías una belleza auténtica y detesté que echaras a perder tu hermosura natural tratando de parecer sofisticada. Sin embargo, nunca debí decir lo que dije y cuando vi la fotografía, entendí que te empujé a obsesionarte con tu físico; por eso me sentí culpable, avergonzado, incapaz de enfrentarme a ti. Necesitaba tiempo para pensar, pasé toda la semana Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 86-90 https://www.facebook.com/novelasgratis reflexionando y… —hizo un gesto de resignación—. De verdad, lo siento — la miró a


los ojos—. ¿Puedes perdonarme? —Desde luego —no había el menor titubeo en su voz—. Pero nada hay que perdonar, ya te lo dije. Desde luego, me alegro de que hayas confiado en mí. Ahora entiendo por qué te comportaste como lo hiciste y por qué quemaste mis cosméticos. —Eso es algo distinto —afirmó y, como si de repente recordara algo, se volvió hacia la mesa y recogió el paquete que había colocado allí—. Esto es para ti —se lo entregó—. Para que sepas que te pido perdón por ese acto. El corazón de Clea se agitó ante esas palabras. ¿Sería tan tonta para albergar una pequeña esperanza? —Matt —musitó, titubeante, ignorando el regalo—, ¿por qué eso es distinto? Él negó con la cabeza. —Primero, ábrelo —le pidió—. Después te lo diré, si todavía quieres oírme. Las manos de Clea temblaban al romper la envoltura dorada. Lo que vio le arrancó una exclamación de asombro, mientras se llevaba una mano a la cara. Uno por uno sacó los frascos, las botellitas y los estuches y los fue colocando sobre la mesa. Allí estaban todos los artículos de maquillaje que él había quemado. Para un hombre con motivos poderosos para odiar esas preocupaciones femeninas, eran el signo de una gran generosidad. Durante un momento se quedó callada, aunque sabía que Matt la observaba, esperando que comentara algo.


—Clea… —susurró por fin y el temblor de su voz hizo que la joven alzara los ojos. Vio la vulnerabilidad reflejada en la cara de Matt. —¡Oh, no necesito esto! —musitó con suavidad—. Ya no los uso. Tenías razón, estaba obsesionada con mi apariencia, casi tanto como tu madre. Lo que hiciste me afectó tanto que me enfrenté a la realidad, igual que las palabras que le dijiste a Barry hace mucho tiempo. ¿Recuerdas que me llamabas Cenicienta? Yo era realmente así. No podía entender que la ropa y el maquillaje eran un adorno, no la parte esencial de mi ser. Tú me ayudaste a comprenderlo. Ahora ya no uso esto — indicó con la mano el montón de cosméticos—, porque dejaré de ser modelo. Yo… —se interrumpió de pronto, asustada de lo que iba a revelar. Matt le había pedido perdón con sinceridad, pero no le había dicho una palabra de amor. No podía confesarle que esperaba un hijo suyo. —¿Dejarás de trabajar? ¿Por qué? Mientras buscaba una respuesta convincente, recordó las palabras de Matt. ¿Significarían lo que ella esperaba? Tendría que arriesgarse y averiguarlo. —¿Me podrías explicar esto primero? —inquirió con voz trémula, con los ojos muy abiertos. Ante su asentimiento, continuó con más confianza—. Dijiste que cuando quemaste mis cosméticos era algo diferente… —la importancia de lo


que él pudiera responderle la abrumó y no pudo seguir. —Lo era —aseguró Matt y una repentina sensualidad en su voz y una nueva suavidad en sus pupilas le confirieron la seguridad que ella necesitaba. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 87-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Por qué? Le sonrió y su cara se iluminó. —Cuando hablaba con Barry, reaccioné de forma negativa al ver que una chica muy bonita en potencia estropeaba su belleza con un maquillaje exagerado. Cuando quemé tus cosméticos, mi reacción fue más honda. Destruía algo que, una vez más, me separaba de la mujer a la que amaba. Hasta ese instante, Clea no se dio cuenta de que había contenido el aliento mientras él hablaba. De repente suspiró, feliz, con los ojos brillantes como esmeraldas. —¿Me amas, Matt? —preguntó en un murmullo y al ver que los ojos grises se oscurecían, su corazón se exaltó de dicha.


—¡Maldición! ¡Estoy loco por ti! No podía alejarme de ti, desde un principio, a pesar de que, por lo menos en la superficie, eras la clase de mujer que yo detestaba. El día que hicimos esa excursión al campo y te traje de regreso a tu apartamento, te vi como yo adivinaba que eras en realidad, sin esas capas de maquillaje, tan fresca, natural y hermosa, que me quedé sin aliento. Perdí mi corazón en ese momento, pero… —una sonrisa lo hizo parecer joven y vulnerable. Clea ansió abrazarlo y borrar con besos todas sus dudas—. Temía confesártelo. Eso podía entenderlo con facilidad. Después de años en que su madre rechazaba sus muestras de ternura, no deseaba bajar la guardia y arriesgarse a que lo hirieran otra vez. —Clea… —murmuró Matt con voz ronca—, necesito saber lo que tú sientes por mí. —Oh, Matt. ¿Qué es lo que la Cenicienta sentía por el Príncipe Azul? —¡Qué Príncipe Azul tan odioso! —exclamó, burlándose de sí mismo—. Te insulté, te mantuve prisionera, quemé tu… —se calló cuando ella le puso una mano sobre los labios para silenciarlo. —Te repito que no necesito esos cosméticos. No tenías que regalármelos. —¿No? —los dos se miraron con una clara confianza—. Entonces, tal vez


aceptes esto. Sacó de su bolsillo un estuche. Al verlo, Clea empezó a temblar como una hoja. No tenía duda de lo que contenía y comprendió que había llegado el momento de decirle la verdad. —Traía esto conmigo el otro día —continuó Matt—. Planeaba pedirte que nos casáramos, pero cuando vi la fotografía y me di cuenta de que yo tenía la culpa de que te hubieras convertido en la clase de mujer que mi madre era, me sentí culpable como un condenado al infierno, en especial cuando dijiste que lo único que querías era vengarte. Su voz se endureció al pronunciar las últimas palabras y una vez más la incertidumbre pareció dominarlo. Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 88-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Así empezó todo —admitió con sinceridad—. Pensé que te odiaba, pero después, en la cabaña, todo cambió. Cuando me hiciste el amor, me di cuenta de mis sentimientos. No te odiaba, te amaba. Te amo, Matt —su voz reflejó la convicción profunda que sentía—. Te amo con todo el corazón. Esta última semana apenas he vivido sin verte: te amo, te deseo y te necesito… y ahora especialmente.


Matt frunció el ceño. —¿Ahora? —repitió sin entender. Clea asintió con los ojos brillantes. —Necesito que seas el padre de nuestro hijo. Sus palabras fueron recibidas en un silencio total. La cara de Matt era la imagen de la sorpresa y un estremecimiento de duda la recorrió. —¿Tú… vas a tener un hijo? —inquirió lentamente. —Sí… el próximo mayo. Oh, Matt, ¿te molesta? —¿Molestarme? ¡Estoy feliz! ¡Dios, Clea! ¡Si supieras cuánto envidiaba a Liz y a Chris! Oh, mi amor, ¿estás segura? —Completamente. Lo confirmé esta mañana, yo… El resto de la explicación se le olvidó porque él la abrazó con tal fuerza que le quitó el aliento. —Me has hecho el hombre más dichoso del mundo —suspiró Matt—. No sabes lo que esto significa para mí. Clea podía adivinarlo. Le entregaría a su hijo toda la devoción y el amor que requiriera. Debilitada por la repentina felicidad, se relajó en los brazos de Matt, apoyándose en su fuerza. Después, se le ocurrió una idea y se volvió para mirarlo. —Esos estuches de maquillaje —murmuró, sin saber cómo formular la pregunta.


—Úsalos —le rogó Matt, con los ojos llenos de sinceridad—. Úsalos o tíralos, como prefieras… ya no me importa. Para mí siempre serás la mujer más hermosa sobre la Tierra, la única mujer, mi esposa. —Tu esposa —repitió ella, alucinada. Esas palabras poseían un sonido maravilloso. De repente, la expresión de Matt cambió y una risa traviesa bailó en sus ojos. —Sólo necesito saber una cosa más, Cenicienta —murmuró, acercándosele tanto que sus labios le rozaron la mejilla—. ¿De verdad te transformas a la medianoche? Detestaría despertar y encontrarme con una calabaza sobre la almohada. La risa burbujeó en su interior. —Ya deberías saber la respuesta. ¿No recuerdas las noches en la cabaña? —No me acuerdo —afirmó Matt, acercándose a su boca con pequeños besos, mientras sus manos la acariciaban con fuego—. ¿Te importaría recordármelo? Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 89-90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Con mucho gusto… Las palabras se perdieron bajo la presión de los labios de Matt y su último


pensamiento coherente fue el final del viejo cuento de hadas que tantas veces había oído de niña… «y la Cenicienta se casó con el príncipe y vivieron felices…», también ellos vivirían felices para siempre. Fin Escaneado por Dolors-Mariquiña y corregido por Taly Nº Paginas 90-90

La trampa de cenicienta kate walker  

Sinopsis: El dinámico Matt Highland no asociaba a Clea, la despampanante modelo, con la adolescente decididamente poco atractiva que él ha...

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