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La mejor boda Brianna Fairchild era una encantadora empresaria que se dedicaba a organizar bodas. Se pasaba los días atareada con vestidos de novia, ramos de flores y banquetes de boda... ¡pero de otras mujeres! Entonces apareció Spencer Lockhart y aunque se mostraba muy reacio a las bodas y afirmaba que casarse era una tontería, Brianna tenía esperanzas de que cambiara de opinión. Ella nunca se rendía cuando se proponía algo... ¡y tal vez tuviera que acabar solicitando los servicios de su propia empresa! Spencer Lockhart dejó el maletín en el suelo, frente al desocupado pupitre de recepción, e intentó mantener una expresión neutral mientras observaba el espantoso tono rosa con que, desde el suelo hasta el techo, estaba decorada la sala de espera. Introdujo las manos en los bolsillos de su abrigo y sintió un escalofrío al oír una risilla chillona. Notó que lo estaban mirando furtivamente, como si fuera el centro de atención de una docena de damas de honor. Miró el reloj y frunció el ceño: las tres menos cuarto. Debía haber llegado a las


dos, pero el tráfico lo había tenido atascado y, además, le había costado más de lo normal encontrar un sitio donde aparcar. -¿Hola?- dijo después de avanzar unos pasos por un pasillo. No obtuvo más respuesta que la de su propia voz reverberando por el corredor del vestíbulo, y el murmullo sofocado de una conversación lejana. Irritado, regresó al pupitre de recepción y de nuevo sintió que las damas de honor lo miraban y cuchicheaban. NO sabia qué hacer, y acabó sentándose en un sofá tapizado horrendamente con motivos florales, unas rosas del tamaño de una pelota de baloncesto. -¡Brenda! Una jovencita que acababa de entrar en el vestíbulo echó a correr al oír su nombre, para estrecharse en un fuerte abrazo con las damas de honor. Los decibelios de la sala alcanzaron cotas peligrosas mientras las chicas exclamaban histéricas al ver, supuso Spencer, el anillo de pedida de la tal Brenda. Cuando parecía que por fin iban a tranquilizarse, una mujer madura, que lucía un vestido vomitivo, provocó el enésimo revuelo de aquellas mujercitas, que acudieron al encuentro de la mayor como si fueran polluelas en busca de la


madre que les proporciona alimento. -Perdone, ¿le atiende alguien? Spencer se giró sobresaltado hacia el lugar de donde había provenido aquella suave voz, y se encontró frente a una mujer alta, con buen gusto para la ropa y de grandes ojos marrones. -No- respondió. Tenía hora para las dos, pero me pilló un atasco….Soy el señor Lockhart. Espero que pueda hacerme un hueco. -Vaya…no sé si…. La mujer llevaba una falda ajustada y movía las caderas sin exhibirse mientras caminaba hacia el pupitre de recepción. Spencer la observó mientras ella pasaba un dedo por una lista de nombres. Cuando levantó la cabeza, Spencer apreció que se trataba de una mujer muy guapa. Excepcional. -Lo siento- prosiguió ella. No podemos atenderlo hoy. ¿Qué otro día le viene bien? -¿Otro día?- repitió Spencer. De eso nada. Tengo que ocuparme de esto hoyafirmó, poniéndose lo más firme posible, a fin de intimidarla con su metro noventa de altura.


-De veras que lo siento, señor Lockhart; pero no es posible. -Me parece que no sabe con quién está hablando-alzó la barbilla. Haga el favor de llamar al dueño, o a quienquiera que esté al cargo, a ver si así podemos solucionar esto de una vez. -Me temo que no puedo llamar a nadie- replicó ella, enfurecida por el tono autoritario de Spencer. -¿y por qué no, si puede saberse! Ella se puso firme y, con los tacones tan altos que llevaba, casi alcanzó la misma estatura que él. Luego extendió la mano y esbozó una amplia sonrisa: -Bianna Fairchild, la dueña de esta empresa, señor Lockhart. Usted tenía hora a las dos y ha llegado media hora después. Y ahora, como le decía, ¿qué otro día le viene bien? -señorita Fairchild, puede que no me haya expresado con claridad. Tengo una agenda muy apretada y no puedo introducir cambios por un capricho, ¿está claro? Bianna apoyó las manos sobre el pupitre y miró a Spencer a la cara: -Señor Lockhart, es usted el que no parece comprender- repuso ella con voz firme y calmada. Yo también dirijo una empresa y, pro suerte, también mi agenda está muy apretada. Como le he dicho, hoy no puedo atenderlo. Los Franklin me están esperando y estoy segura de que no le parecería nada profesional por mi parte


que hiciera esperar a clientes que sí han llegado a su hora, para atenderlo a usted. Y ahora, pro favor, ¿qué otro día quiere venir?, ¿o tal vez prefiere que sea otra empresa la que se encargue de la organización de su boda? -¿De mi boda?- repitió Spencer. Luego suspiró. En fin, señorita Firchild. Me temo que me tiene contra las cuerdas. Dado que mi hermana está empeñada en que sea usted quien se ocupe de todo esto…..dejó la frase en el aire y se encogió de hombros con expresión resignada. -¿Su hermana?, ¿quiere decir que no es usted quien se casa? -¡No, por Dios!, ¡Casarme yo! -Ah…Está bien, señor Lockhart…. -Está bien, ¿qué? -¿Qué otro día le viene bien?- repitió Brianna lentamente, como si estuviera hablando con alguien que no entendiera su idioma. -¿Puedo usar su teléfono?- preguntó él, después de una pausa. Me he dejado el mío en el coche. -Por supuesto-.se lo entregó -Sí, señora Morgan….¿Sigo estando libre el viernes por la tarde?- preguntó Spencer, después de saludar a su secretaria. De acuerdo. Anote una cita para


las…¿dos?- consultó a Brianna con la mirada. -Para las dos y media- respondió ella, después de mirar su agenda. -Para las dos y media- informó Spencer a su secretaria. Sí, en seguida volveré. -¿Y cuando es la boda, señor Lockhart?- le preguntó Brianna, una vez que Spencer hubo colgado. -No sé. Por mayo, aproximadamente. -Me temo que tendrá que ser algo más concreto- dijo Brianna. -¿por qué?,¡Si todavía estamos en febrero! -Cierto. Pero mayo y junio son los meses en los que se celebran más bodas. Estoy segura de que a finales de esta semana tendré ocupada la mayoría de los díasexplicó Brianna. Mis servicios están muy solicitados- añadió. -Eso he oído- comentó Spencer, mientras miraba el cabello de Brianna, entre castaño y rubio. Luego recogió su maletín del suelo. La llamaré esta noche para fijar la fecha- concluyó. -Muy bien. Si llama después de las seis, deje el recado a quien lo atienda. Y si no tiene noticias mías, es que no hay ningún problema más- dijo Brianna. ¡Ah!. Otra cosa: aquí tiene una relación de todos nuestros servicios, con sus correspondientes tasas. Como ve, podemos encargarnos de todos los detalles de la boda, o de sólo algunos, según elija. Échele un vistazo a este folleto y ya


concretamos el viernes cuando venga- agregó Brianna, después de sacar un folleto de una carpeta. -De acuerdo. Entonces, hasta el viernes…..a las dos y media- convino Spencer. Metió el folleto en el maletín y, antes de marcharse, preguntó. ¿Ha dicho que los Franklin estaban esperando?. -Estoy preparando la boda de Allison Franklin, sí. ¿los conoce?. -Sí. Son amigos de la familia. Efectivamente, su padre, que había fallecido cinco años atrás, había sido amigo de Sam Franklin en el colegio. Los Franklin eran famosos por su gusto caro y exquisito, así como por lo difícil que era complacerlos. Spencer contempló a Brianna Fairchild con renovado interés. Parecía fresca y calmada, como una mañana de primavera, a pesar de que, justo a continuación, iba a tener que vérselas con una de las familias más exigentes de Atlanta. Asintió con la cabeza hacia Brianna, en un gesto cortés, se dio media vuelta y se obligó a pensar en la reunión a la que aún tenía que acudir aquella tarde. -¡Señora Franklin!, ¡no la había visto!- dijo Brianna, dirigiéndose a Delia Franklin.


Lamento haberla hecho esperar. -No te disculpes- la señora Franklin agitó la mano derecha y los brazaletes de oro de la muñeca tintinearon. ¿era Spencer Lockhart el que se acaba de ir?- le preguntó susurrando innecesariamente. -En efecto- Brianna siguió a la señora Franklin a una habitación adjunta. -Supongo que habrá oído hablar de la empresa Lockhart&Stern? -¿La que hace la competencia a Proctor&Gamble?- replicó Brianna. ¿Quiere decir que Spencer Lockhart está relacionado con la empresa? -No es que esté relacionado: es que es el dueño de la empresa. -¿El solo?. Creía que se trataba de un conglomerado enorme. -Y lo es. Pero lo que la mayoría de la gente no sabe es que los Lockhart compran todas las compañías que forman L&S; no las fusiona. En realidad, las acciones se las reparten nada más entre Spencer, su hermana pequeña y su madre- explicó Delia. Luego señaló un modelo del folleto. Este es bonito- comentó. Cuando Brianna inclinó el torso para ver a qué vestido del folleto se refería Delia, la señora Franklin le rozo la muñeca con la mano izquierda. -Trátalo bien, cariño- prosiguió Delia. Está forrado….y soltero- añadió con una amplia sonrisa.


Brianna reprimió un suspiro ante las indisimuladas intenciones casamenteras de la señor Franklin. Luego sonrió: de alguna manera, tenía la impresión de que su nuevo cliente estaba destinado a permanecer soltero. Al menos durante el siguiente millón de años, aproximadamente. -Señora Franklin, ya sabe que yo trato bien a todos mis clientes- repuso Brianna finalmente. Allison Franklin apareció en el umbral de la puerta, irritada y acalorada, e interrumpió la conversación de las otras dos muejres. -Señora Fairchild- protestó mientras se sujetaba los bajos de una falda aterciopelada. Tengo una entrevista con un cliente dentro de cuarenta y cinco minutos exactos, ¡y todavía no me he decidido por ningún vestido!. Quizá debería llevar el que me puse para mi presentación en sociedad y punto. -¡Eso jamás!- exclamó la señora Franklin, la cual se levantó, agarró a su hija por un brazo y se la llevó al vestuario. Ya te había dicho que una sola no puede elegir su vestido de novia. Déjame que te acompañe. Brianna siguió a ambas hasta el vestuario, en el cual había al menos una docena de vestidos, que Allison se había probado y quitado insatisfecha. En medio del vestuario había una mujer delgada: -Lo siento, señora Fairchild- se disculpó la vendedora. Es que la señorita Allison


está tan preciosa con cualquier vestido que no consigue decidirse por ninguno. Brianna sonrió al oír tan diplomática explicación de la situación. Puede que Allison Franklin fuera implacable y muy eficaz haciendo negocios, pero en esos momentos parecía indefensa y desesperada, dispuesta a tirar a la basura todos los vestidos de todo el mundo, y a todas las personas que la rodeaban. -Madge, ¿por qué no te acercas a ayudar a Betty con las damas de honor?- le propuso Brianna a su vendedora, con amabilidad. Yo atenderé a la señorita Franklin. Madge sonrió agradecida y salió del vestuario al segundo. A solas las tres, Brianna estiró un vestido y se lo colocó a Allison por encima, para que se hiciera una idea de cómo le sentaría puesto. Miró sobre el hombro de la novia al espejo y se sorprendió al ver lo mayor que parecía ella misma en comparación con Allison, siendo ésta muy pocos años más joven que ella. -Muy bien, Allison- Brianna se concentró en su cliente. Vayamos paso a paso. ¿Te gusta el escote? -No…no estoy segura- vaciló ella. -¿te has probado algún vestido con otro tipo de escote? -No…no quiero parecer una novia de una telenovela- dijo Allison. -Yo tampoco quiero que lo parezcas- Brianna rió, colgó el vestido en una percha y luego colocó las manos sobre los hombros de Allison. Empecemos de nuevo.


Tú relájate y espérame un momento. En seguida vuelvo-añadió. Y salió del vestuario. La mayoría de los vestidos de novia refinados, sólo asequibles para el bolsillo de las familias más ricas, se encontraban en un almacén. Pero, además, Brianna tenía en su despacho una docena de vestidos que ella misma había diseñado y que, según creía, acabarían con las angustias de Allison Franklin. Echó un vistazo a los vestidos y escogió uno que le pareció especialmente indicado para la novia. Luego regresó al vestuario y, una vez allí, como si fuera un torero ante un toro, Brianna extendió la falda del vestido. -¡Qué preciosidad!, ¿de dónde lo has sacado!-exclamó Allison, visiblemente complacida con la elección de Brianna. Se giró a su madre y empezó a moverse como si tuviera ganas urgentes de ir al servicio. Ayúdame a quitarme esto, mamá. ¡Tengo que ponerme ese vestido ahora mismo!. Brianna Extendió el vestido sobre una silla y luego ayudó a la señora Franklin a quitarle a Allison el que ya llevaba puesto. Cuando por fin se hubo desembarazado de él, Allison se acercó a la silla donde estaba el nuevo vestido y entonces, tímidamente, acarició con sumo cuidado las mangas, como temerosa de que fueran a romperse de delicadas que parecían. -Venga, Allison. Levanta los brazos- le dijo Brianna. Ésta obedeció sin rechistar y dejó que Brianna le introdujera el vestido por la


cabeza y los hombros. Luego lo soltó y cayó con suavidad sobre el cuerpo de Allison. Brianna apartó la cola hacia un lado y empezó a abrocharle los botones de la espalda. Luego se retiró unos pasos y observó a la novia, sonriente, contenta por lo bonita que estaba. Allison se recogió el pelo en un moño, sobre la cabeza, y luego se giró para contemplarse en un espejo. Los hombros de la novia quedaban perfectamente realzados y la tela se ceñía a la cintura con delicadeza. -¡Es el vestido más bonito del mundo!- exclamó Allison, entusiasmada. -Y también el más caro- apuntó la señor Franklin, la cual tenía en su palma la etiqueta con el precio del vestido. Allison se giró hacia su madre, miró el precio y se encogió de hombros. -Podemos permitírnoslo, mamá- afirmó Allison. Papá siempre dice que es posible conseguir cualquier cosa que se quiera, siempre que estés dispuesto a pagar lo suficiente….¡Y yo quiero este vestido!- insistió. Madre e hija se miraron un par de segundos, hasta que, finalmente, la señora Franklin asintió con la cabeza. -¿Bien!- entonces, decidido- dijo Brianna. Quítate el vestido y ahora vemos otro


día para que elijas el velo. Brianna ayudó a Allison a quitarse el vestido y lo colgó con cuidado mientras ésta se ponía su ropa de calle, después de lo cual salió del vestuario. Entonces, mientras Brianna apuntaba el vestido elegido, notó que le daban un golpecito en un hombro. Se dio media vuelta y vio que Delia Franklin la miraba pícaramente. -¿Qué desea?- preguntó Brianna. -No me trates de usted, granujilla.-respondió la señora Franklin, sonriente. Sabías de sobra que se volvería loca por ese vestido. -Yo sólo hago mi trabajo, señor Franklin-Brianna le devolvió la sonrisa y Delia rompió a reír. -El problema es que lo haces demasiado bien. Recuérdame que nunca juegue al póker contigo. -Tranquila, no me gustan las timbas- repuso Brianna. La señora Franklin se dispuso a salir del vestuario y, de pronto, se detuvo: -Mi pequeña va a ser la novia más guapa de Atlanta, ¿verdad que sí?comentó orgullosa. Todo el mundo hablará de ese vestido durante años. -Hasta mañana, señorita Fairchild. -Hasta mañana, Magde- dijo Brianna. Espero que la señorita Franklin no te haya


dado demasiado la lata. -He visto novias peores- respondió la vendedora. Pero no sé qué habría hecho si hubiera tendido que seguir atendiéndola yo sola más tiempo. -Suerte que aparecí para salvarte, ¿eh?- comentó Brianna sonriente. En fin, pásalo bien esta tarde. Minutos más tarde, después de que Magde se marchara, Brianna oyó murmurar a Zoe, una de sus empleadas: -Sé que estás por aquí, maldita carpeta. Brianna se acercó a recepción, lugar del que provenía la voz. -¿Esperas que la carpeta te responda?- bromeó. -Nunca se sabe-Zoe frunció el ceño. Cosas más raras se han visto. -Hablando de cosas raras- comentó Brianna mientras se sentaba frente al pupitre de recepción. Esta tarde vino un hombre, que…Por cierto, ¿dónde estabas hoy a las dos y media? -Salí a comer. Estuve fuera unos veinte minutos- explicó Zoe, que, de repente, localizó la carpeta que andaba buscando. Aquí estás. ¿Qué hacías ahí tan escondida? -Fui yo quien la puse ahí- dijo Brianna. Tuve que atender a un hombre que


había llegado tarde a su cita, del que te hablaba antes, y despejé la mesa para no liarme….¡Dios!. Si estamos hasta arriba de trabajo en febrero, no quiero ni pensar lo que pasará en mayo y junio. Ya casi no recuerdo cuándo fue la última vez que tuve un poco de tiempo libre para mí. El teléfono sonó en ese momento. Zoe miró la hora, se encogió de hombros y descolgó. -Un momento. Voy a ver si aún no se ha marchado-respondió. Luego se dirigió a Brianna en un susurro. ¿Spencer Lockhart? -¡Uf!- suspiró ésta. Extendió la mano para que Zoe le pasara el teléfono y ésta se lo dio y permaneció atenta a la conversación. Dígame, señor Lockhartarrancó Brianna. -Me alegro de hablar con usted- respondió una voz fuerte y clara. Ya sé el día de la boda. -Sí….-Brianna le indicó a Zoe que le pasara la agenda en la que anotaba las bodas que ya estaban concertadas. ¿Qué día será finalmente? -El veintitrés de mayo. Sábado. -¡Qué suerte!-comentó Brianna después de consultar el calendario. Tengo ocupada toda esa semana, excepto el sábado.


-Bien dijo Spencer. Resérvenos el día entero. -Pero…normalmente celebramos dos bodas los sábados…. -Ya lo sé, ya lo sé…He leído el folleto que me dejó y soy consciente de que cobran un extra sustancial por atendernos todo el día- se detuvo. Pero si no supone un problema para usted, le aseguro que para mí no lo es en absoluto. -Como usted desee, señor Lockhart- afirmó Brianna, con cortesía. Ningún problema. -De acuerdo. Entonces hasta el viernes. -Sí, hasta el viernes… -Por cierto, señorita Fairchild…añadió Spencer, antes de colgar. Me quedé muy impresionado con el folleto informativo…y con las condiciones del contrato que firmamos. De hecho, estoy pensado mandar a un para de mis abogados a su empresa para que aprendan a redactar contratos como los suyos. -Muchas gracias, señor Lockhart- respondió Brianna, tras vacilar un segundo. Me alegra que alguien de su categoría empresarial vea con buenos ojos los esfuerzos de una empresaria pequeña como yo- añadió. Brianna notó que, en realidad, aquel halago de Spencer incluía una muestra de


sorpresa por el hecho de que una mujer como ella fuera capaz de sacar adelante con éxito una empresa. -Nada más. Hasta el viernes- dijo Spencer. -Adiós, señor Lockhart- se despidió Brianna, colgando el auriculaza con fuerza. -¿Qué te pasa?- le preguntó Zoe. TE noto nerviosa. -No sé, doña Cotilla- bromeó Brianna. -No sabes, pero estás nerviosa- insistió Zoe. Al ver que Brianna no decía nada, suspiró. En fin, ya veré quién es ese hombre. Estoy impaciente porque llegue el viernesañadió, al tiempo que se ponía de pie. Luego se puso un abrigo y se sacó el pelo por fuera. -¿Por qué? -Porque….se encogió de hombros. Da igual, no importa -Zoe…. -Bueno, me voy- dijo ésta, sonriente y esquiva. Tengo que estudiar para los exámenes…y espero un ascenso cuando me licencie- dejó caer Zoe. -Sí, claro., NO te olvides de cerrar bien al salir, no se me vayan a congelar las ideas- de despidió Brianna.


-Eso es imposible- Zoe rió. ¿Cómo se te van a helar las ideas si no tienes nada en el cerebro?- la provocó. Brianna dejó que se marchara sin contraatacar y, ya a solas, bostezó en medio del silencio que se había adueñado del vestíbulo de la entrada. Como todos los días a esas horas, sólo se oía el suave y rítmico tictac del reloj de pared del otro extremo de la sala. A veces, el silencio de las últimas horas del día la envolvía como un cálido abrazo; otras, en cambio, le creaba una sensación de vacío.¿Qué sucedería esa noche?. Daba igual: estaba tan cansada que lo más seguro es que no tardara en dormirse. Se puso de pie, echó los cerrojos y subió las escaleras que subían a su apartamento, justo encima, en la segunda planta. Brianna encendió dos lámparas del salón, decorado en tonos canela y verde oscuro. No estaba satisfecha con los colores, pero desde que tres años atrás se había hecho cargo del negocio de las bodas, no había tenido tiempo libre para redecorar la casa. Tal vez el siguiente otoño… Brianna encendió el televisor y luego fue descalza a su dormitorio, pisando sobre una gruesa alfombra persa que había tomado de la casa de sus padres después de que su padre muriera. El murmullo del televisor le hacía compañía. Empezó a desvestirse, colgó toda la ropa en un armario y, temblando un poco, se puso un camisón azul y unas zapatillas de estar en casa. Fue a la cocina y decidió calentarse en el microondas una lasaña congelada.


Preparó también una ensalada y, al abrir la nevera para sacar un cartón de leche, vio que aún le quedaba un poco de tarta de queso. Colocó todos los platos en una bandeja y se llevó la cena al salón. La colocó en una mesa baja y se sentó en el suelo. En la televisión había un informativo….Perfecto, cualquier cosa le habría parecido bien para distraerse. Probó un trozo de lasaña y al levantar la mirada se encontró a Spencer Lockhart en la pantalla. Se giró para alcanzar el mando a distancia y subir el volumen. Allí estaba, rodeado por un grupo de ejecutivos japoneses, como Gulliver entre liliputienses, pensó Brianna. ¡Santo cielo!, ¡sí que era alto!. Brianna medía metro ochenta y recordó que, a pesar de haber levado tacones, había tenido que mirar hacia arriba para hablar con él. Al parecer, Lockhart&Spencer acababa de llegar a un gran acuerdo comercial con una empresa japonesa. Vídeos a cambio de papel higiénico, o algo así. Brianna se llevó un trozo de tomate a la boca y pensó, medio en broma, que se trataba de un trueque razonable. Masticaba sin descanso mientras miraba la imagen de Spencer. Se alegraba de poder mirarlo y mirarlo con descaro sin que él pudiera darse cuenta. Era muy atractivo…Tenía una nariz bien proporcionada, unos pómulos debidamente marcados y una mandíbula potente que, en conjunto, le daban un aire interesante. Por no hablar de sus ojos azules, que brillaban como joyas bajo su pelo plateado.


En realidad era gris, ¿no?. Le resultó curioso que no hubiera caído en ese detalle durante su encuentro con él. ¿Qué edad tendría?. Unos cuarenta y poco. Entonces, justo en ese momento y para cerrar la entrevista con Spencer, el cámara enfocó al reportero que cubría la noticia y éste comentó que había muy pocos hombres con tanta influencia en el mundo de los negocios con tan sólo treinta y seis años. ¿Treinta y seis?. En tal caso, sólo le sacaba tres años… El presentador dio paso a la información del tiempo y Brianna, después de hacer un barrido por los demás canales, apagó el televisor. Cerró los ojos y escuchó un silencio absoluto, que sólo se rompió fugazmente por un coche que pasó cerca de la casa. De pronto sintió que necesitaba ver algo, o tener algo que hacer, o alguien con quien hablar. ¿Y si se compraba un perro?. NO, los perros exigían mucha atención….Bueno, tal vez pudiera comprarse un gato la semana siguiente. Se levantó, encendió la radio, sintonizó su emisora favorita y se llevó a la cocina los platos sucios de la cena. Empezó a pensar en nombres de gatos y se le ocurrió que si se compraba uno gris, igual lo acababa llamando Lockhart. Se rió. Lavó los platos y los dejó en la pila para que se secaran, tal como hacía todas las noches. Con la diferencia de que esa noche, no podía dejar de pensar en un


para de ojos azules que se le habían metido en la cabeza de manera obsesiva. De pie frente al fregadero, se secó las manos con un trapo. Luego miró por la ventana hacia la oscuridad y empezó a hacerse preguntas acerca de su nuevo cliente. Ella siempre solía formarse una idea muy aproximada a la realidad, desde el primer encuentro, de cómo eran las personas con las que trataba, cualidad que le había venido muy bien en su negocio. Y, sin duda, la arrogancia con la que Spencer Lockhart se mostraba al mundo sólo era una fachada. ¿Acaso no escondía también Brianna su personalidad a sus clientes?. Pero, en los ojos de aquel hombre, había podido apreciar una expresión de ternura y amabilidad; una mirada muy, muy dulce…. Suspiró y, para su sorpresa, rompió a llorar. Spencer estrechó la mano del periodista que lo había entrevistado y abandonó el estudio. Se quitó con un pañuelo el maquillaje que le habían puesto y se alegró de ver que no le habían manchado el cuello de la camisa, pues no habría tenido tiempo de cambiarse antes de encontrarse con Charlotte, con quien había quedado para cenar. Después del calor de las cámaras, la brisa que soplaba en la calle le pareció una bendición. Le gustaba el frío, aunque los inviernos de Atlanta le resultaban un incordio, ya


que, por un lado, llovía y granizaba mucho, lo cual entorpecía el tráfico una barbaridad; pero, por otro, nunca llegaba a nevar en condiciones. Sabía que en Connecticut había caído una gran nevada y estaba convencido de que la casa que tenía allí estaría toda cubierta de copos. Quizá pudiera convencer a Charlotte para que se fuera con él a aquella casa durante el fin de semana. Detuvo el coche a la entrada del restaurante en el que Charlotte le había pedido que reservara mesa para cenar, y cruzó un par de palabras con el aparcacoches. Después, mientras atravesaba el elegante vestíbulo que conducía al comedor, sintió que lo estaban mirando, una sensación que él detestaba, pero que a Charlotte le encantaba. Se trataba de uno de los mejores restaurantes de la ciudad y no tenía ninguna queja de la excelente comida que se servía, ni del no menos estupendo servicio. Pero, para varias, a veces habría preferido cenar en algún lugar más discreto. Claro que, pensó luego, mientras miraba a Charlotte, iluminada ésta por la cálida luz de las velas que adornaban la mesa, si lo que quería era pasar inadvertido, se había equivocado de novia. Ciertamente, era poco menos que imposible que una mujer tan hermosa no despertara la admiración de cuantas personas la vieran. Su tez, tersa y suave, aparecía enmarcada por un cabello negro, que esa noche llevaba recogido en trenzas y descubría parte de sus hombros. Además, había elegido un vestido muy escotado y elegante, azul oscuro, que contrastaba con los tonos verdes y dorados del restaurante.


-¡Cariño!. ¿dónde has estado?-le preguntó ella, sonriente, al verlo aproximarse a la mesa. Spencer se inclinó y le dio un beso delicado en la mejilla, toda ella perfectamente maquillada y perfumada. Se sentó a su lado, en una mesa pequeña aunque no del todo íntima, situada en una esquina. -Lo siento. Mucho tráfico. -Tranquilo, no importa- le acarició la mano. Ya te he pedido una copa. Yo ya voy por la tercera…. -Bebe con precaución, cielo- dijo Spencer, después de fruncir el ceño -Te prometo que ésta es la última- afirmó Charlotte, llevándose una mano a los pechos. ¿Qué tal te fue la entrevista?- tomó la carta del restaurante. -Bien- respondió sin precisar, pues sabía que, en realidad, a Charlotte no le interesaban sus negocios. Como ella nunca había tenido que trabajar, ni probablemente tendría que hacerlo en toda su vida, no se trataba de un tema por el que se sintiera atraída. Spencer abrió su carta, si bien la presencia de Charlotte lo distraía y seducía más que cualquiera de los platos que se ofrecían. Sin embargo,t enía la sensación de que su relación con ella había empezado a caer en una cierta


rutina. Era, la verdad, una relación cómoda y agradable: Charlotte era guapa, inteligente y una agradable compañera. Por su parte, a Charlotte le gustaba ser la novia de un hombre tan importante como Spencer Lockhart. Pero no había nada que se pareciese al amor entre ambos. Antes bien, existía una distancia emocional y una falta de compromiso de la que los dos parecían satisfechos. -¿Has elegido ya, cariño?- le preguntó ella. -¿qué…?. Sí, supongo que sí. -Bien- Charlotte levantó la vista y sonrió a un atractivo camarero, que se acercó solícito a tomarles nota. Yo tomaré el lenguado con verduras y patatas, y una ensalada-le indicó al camarero. -¿Y qué tomará el caballero? -Un revuelto de setas y chuleta de cordero. -¿Ensalada, señor?. -Sí, por favor. -Muy bien, señor-el camarero tomó los menús y se marchó con discreción. Charlotte sonrió y movió la cabeza. Sus pendientes de rubí y diamante, un regalo que Spencer le había hecho por su último cumpleaños, reflejaron la luz de las velas. -Eres increíble, Spencer- lo provocó.-¿Es que no puedes cenar sin probar algo de


carne? -Siempre me ha gustado comer carne- se limitó a responder. -Pero no es bueno tener una alimentación tan poco variada. Deberías probar otros platos- Charlotte lo miró a los ojos. Yo te hice caso cuando me pediste que dejara de fumar. Spencer examinó el hermoso y sonriente rostro de Charlotte, y sintió un pellizco de culpa: puede que no creyera en el amor romántico, pero su novia era mucho más que una mera compañía agradable, como había pensado poco antes. Su relación con ella nunca habría durado tanto si no se sintiera especialmente a gusto a su lado. -Es verdad, cielo- Spencer tomó una de las manos de Charlotte y la besó. Luego sonrió coquetamente y susurró. ¿Te apetece pasar el fin de semana conmigo en mi casa de Connecticut? -Allí hace un tiempo espantos- Charlotte hizo un puchero. Y no hay nada que hacer. -Estoy seguro de que se me ocurrirá algo para que no nos aburramos- repuso Spencer en un susurro seductor. Luego le besó la punta de cada uno de sus dedos, uno a uno. Y para que estemos calentitos. -¡Serás sinvergüenza!-exclamó Charlotte. Apartó la mano y le dio un sorbo a su copa. Luego añadió. Mejor vamos a la casa de la Quinta Avenida en Nueva


Cork y así aprovecho para comprar un par de cosas. Te prometo que por la noche haré lo que tú quieras. Spencer la miró fijamente, apretó con fuerza su copa con la mano y se recostó sobre el respaldo de la silla. -Olvídalo. Charlotte se acercó a él y le acarició el brazo de arriba abajo en un gesto afectuoso. -Lo siento, cariño. No quería…-suspiró. Es que no me gusta la casa de connecticut, Spencer. Y hace muchísimo que no voy a Nueva Cork. Aunque si significa tanto para ti…. -No, no…-cedió Spencer, el cual sabía que Charlotte, lo estaba manipulando. Si quieres ir a Nueva Cork, iremos a Nueva Cork. NO pasa nada. -Gracias, cariño- exclamó ella. Le dio un beso en la comisura de los labios y luego se separó de Spencer, pues el camarero se acercaba con las ensaladas. Te prometo que no te decepcionaré- añadió provocativamente, cuando se hubieron quedado solos. Spencer tomó el tenedor de la ensalda; pero ya no tení apaetito, de modo que


empezó a dar vueltas al plato mientras miraba a Charlotte, que ya se estaba llevando un trozo de tomate a los labios. Una débil sonrisa se dibujó en su cara. Por alguna razón, Spencer se sentía mucho mejor de repente. En esta ocasión llegó diez minutos antes. Le habían dicho que se sentara un momento, que la señorita Fairchild estaría con él en seguida. Y allí estaba, sentado en aquella sala horrorosa….Aunque al menos esa vez no había ningún grupo de damas de honor revoloteando alrededor. Hacía calor. El calendario decía que estaban a finales de febrero, pero afuera era primavera y las temperaturas habían subido inesperadamente en los últimos días. Se puso de pie, se quitó la chaqueta y volvió a sentarse, colocándola doblada sobre su regazo. Se acodó sobre el brazo del sofá y apoyó la barbilla sobre la mano. Luego cambió de postura, se cruzó de brazos, los descurzó y entrelazó las piernas. Y de pronto apareció la señorita Fairchild, extendiéndola la mano y ofreciéndole una sonrisa que iluminaba sus ojos marrones. UN jersey fino de un color parecido al de sus ojos le caía hasta la cintura y daba paso a una falda larga hasta los tobillos. En su cuello relucía un collar que destellaba ligeramente al moverse. -Todavía faltan cinco minutos para las dos y media-comentó Brianna. Pero ya podemos empezar. Al fin y al cabo, no tiene sentido que lo haga esperarañadió con


una voz tan liviana como una suave brisa. Spencer se puso de pie, sujetó la chaqueta tonel brazo izquierdo y le estrechó la mano conla derecha. Fue un apretón firme, suave y cálido al mismo tiempo. De alguna manera, Spencer se quedó impresionado y retiró la mano de inmediato. -Zoe, ¿te importa guardar la chaqueta del señor Lockhart?- preguntó Brianna. Luego se dirigió a él. ¿le apetece algo de beber?. ¿un café, una taza de té? -Eh…café, gracias- Spencer le entregó la chaqueta a Zoe. Solo, pro favorañadió. Zoe asintió y sonrió. Siguió a Brianna por un pasillo. A diferencia de otras mujeres altas, cuya estatura las hacía presumidas y petulantes, ella se movía con naturalidad y suavidad, como un felino, mientras sus caderas se marcaban contra la ceñida falda. Quizá hubiera sido bailarina tiempo atrás…. -¡Vaya, si no es rosa!- se le escapó al entrar al despacho de Brianna. -¿Decía algo, señor Lockhart? -Eh…No, que….-no sabía qué decir. Sólo que me gusta más la decoración de su despacho. -¿Verdad que el rosa de la entrada es el color más espantoso que existe?- le preguntó con complicidad, después de invitarlo a tomar asiento en una silla,


frente a su mesa. Luego se encogió de hombros. Se lo aseguro; yo no soy responsable- añadió casi riéndose. Su alegría era contagiosa. Spencer sonrió amplia y sinceramente mientras cruzaba una pierna sobre la rodilla contraria. -¡Menos mal!- exclamó a modo de broma. Ahora que me acuerdo, me parece que mi hermana me dijo que este centro lo llevaba otra mujer antes. -Sí, compré la empresa, y con ella el edificio, hace tres años. Antes lo llevaba luella Martin, que estuvo de directora unos cuarenta años. Tenía beneficios, pero su marido le pidió que se jubilara para que pudieran marcharse a Virginia junto a sus hijos y a sus nietos….-se detuvo de golpe y se llevó una mano a los labios.- Disculpe. Estoy segura de que a usted no le interesará nada de esto… -No, no, continúe, pro favor- la instó Spencer. Así que este sitio pertenecía a Luella Martin. No lo sabía. -¿La conocía? -Mi madre le compró varios vestidos. Creo recordar haber visto alguna caja con ropa de aquí. -La verdad es que es un sitio fantástico. Hice un gran negocio. -¿Sí?- se interesó Spencer, cuya vena de hombre de negocios nunca descansaba. Luella vendía vestidos; pero no se ocupaba de las flores, de los banquetes ni


de los fotógrafos, así que las novias y las madres de las novias tenían que recorrerse la ciudad par a organizar las bodas- comentó Brianna, cómodamente recostada en su asiento, jugueteando con un dedo con una de las cuentas del collar. Pero ella ya se había ganado la confianza de las mejores familias. La mayoría de las chicas jóvenes iban a la tienda de luella porque era allí donde sus madres habían comprado sus vestidos….Así que no sólo me quedé con el edificio, sino también con su cartera de clientes. Además, ella no supo explotar las posibilidades de esta empresa. -¿Y usted sí ha sabido? -Me bastaron unos minutos para darme cuenta de que la gente estaría dispuesta a pagar un extra si alguien se encargaba de organizar y coordinar el sinfín de detalles necesarios para celebrar una boda.-Brianna se encogió de hombros. No es que al principio tuviera pensado dedicarme a organizar bodas; pero contaba con el dinero suficiente para montar mi propio negocio y pensé que podría abrir una boutique o algo así. Y entonces me enteré de que Luella quería vender este local y la llamé para concertar una entrevista con ella. Le dije que no estaba segura…y que me lo pensaría. -Y consiguió que le rebajara el precio de venta. -¡Y cómo!. No se había interesado nadie más y resultó que el marido de


Luella no era lo que se dice paciente….-Brianna sonrió y, antes de continuar, miró un segundo por la ventana. Solo la casa en la que vivo en la segunda planta vale más de los que les pagué en total. Y, tal como imaginaba, ofrecer el servicio de organizar todos los pormenores de la boda me rindió grandes beneficios desde el principio; así que rentabilicé la inversión en los primeros seis meses- concluyó. -Parece que fue muy sagaz, efectivamente- la halagó. No le pareció que Brianna se hubiera inventado aquella historia para echarse flores. Luego señaló hacia el resto del despacho. Entiendo que esta decoración tan…encantadora es obra de Luella, ¿no? -sí. -¿Por qué no le ha dado un toque personal? -Simplemente, no he tenido tiempo…Eh, bien…-sonrió a Zoe, que acababa de entrar con los cafés. Aquí está el café. Justo cuando iba a tomar su taza, sonó el teléfono. Zoe descolgó el auricular y se lo entregó a Brianna después de suspirar. Luego salió del despacho. -Sí señor Crosby…De acuerdo…Sí…Espere un segundo, señor Crosby. En seguida la atiendo…-pulsó el botón de espera y se dirigió a Spencer. Lo siento mucho: ¿le importa que atienda esta llamada?. Es la madre de una novia. Me llama todos los días; aunque nunca habla mucho tiempo- explicó, bajando la voz, como si


no se fiara del botón e espera. -Adelante, pro favor- dijo Spencer. Mientras Brizna atendía a la llamada, Spencer dio un sorbo al café y pensó en la conversación que acababan de a mantener, y en lo que le iba a costar la boda de su hermana. Tenía la impresión de que Brianna era una empresaria muy eficiente que en nada se acercaba a la imagen que él se había formado de una mujer que organizaba bodas. Se había imaginado a una mujer mayor, con el pelo teñido, ropa antigua y una voz desagradable, sin embargo, era evidente que se había equivocado, pensó, gratamente sorprendido, mientras la miraba de reojo. -Muy bien- dijo Brianna después de colgar, para llamara la atención de Spencer. Luego miró al teléfono como si éste fuera una víbora y suspiró. Le juro que hace falta tener más paciencia que un santo para soportar a algunas e estas mujeres- comentó. -Y usted no es una santa, ¿no?- bromeó Spencer, sonriente. Lo miró sobresaltada, como si acabara de darse cuenta de que estaba hablando con un cliente, y luego rió:


-La verdad es que no; pero, por favor, no se lo diga a mis clientes. No me gustaría desilusionarlos después de tres años. Y ahora, señor Lockhart…-sacó una carpeta y un bolígrafo.,-¿es posible!. ¡Ni siquiera sé el nombre de su hermana todavía! -Kelly- se recostó cómodamente y se pasó el dedo índice por los labios, analizándola con atención y no precisamente por motivos profesionales. Tenía un aura elegante y un peinado que realzaba su largo y delicado cuello, sus pómulos salientes y su mandíbula, que acababa en una barbilla pequeñita. Quizá era por la barbilla, o tal vez por unas pecas que le salpicaban la nariz y las mejillas, pero se le parecía un poco a uno de esos duendes de los dibujos animados. Y también la relacionó, aunque en rubio, con Audrey Hepburn… pero más real. Más accesible. De pronto se dio cuenta de que dos grandes ojos marrones lo estaban mirando: -¿Su dirección?- le preguntó Brianna. -Aquí tiene. Use la dirección de la familia- Spencer sacó una tarjeta de su cartera, le dio media vuelta, escribió la dirección en el anverso y se la entregó. Cuando Brianna se inclinó para tomar la tarjeta, Spencer notó un aroma floral delicado, de primavera. El collar le colgaba mientras escribía algo con la mano izquierda, y las cuentas, de color whiskey, brillaban al recibir los rayos del sol que entraban por la ventana. -Le he puesto la dirección de Buckhead, y los números de fax y teléfono de Kelly en Nueva Cork. -¿Nueva Cork?. ¿estudia allí?


-Sí. ¿Por qué lo pregunta? -Yo me licencié en la Universidad de Nueva Cork y cursé estudios en su Instituto de Diseño. Me preguntaba si su hermana va a la universidad en la que yo estudié -¿tiene dos títulos universitarios?- preguntó Spencer. -En realidad, tres- contestó, al tiempo que señalaba con un dedo sus títulos de psicóloga, modista y economista. -¿Y hace esto? -Resulta que esto me permite aplicar todos mis conocimientos- lo miró fijamente a los ojos. Sobre todo, los estudios de psicología me vienen muy bien para tratar con los clientes. -Sí…-Spencer se dio cuenta de que había sido un poco despectivo. Sonrió, e intentó corregir su error. A juzgar por lo bien que ha manejado a la señora que la ha llamado, seguro que era usted la primera de su clase. -Lo era- afirmó Brianna, curvando los labios en una bella sonrisa. -Pues sí, Kelly también está estudiando en la Universidad de Nueva Corkcomentó Spencer, el cual, de repente, se sintió intimidado por Brianna. -¿Sí?. ¿Y que estudia? -Idiomas. Quiere ser intérprete de congresos. -¿Idiomas?- Brianna pareció sorprenderse.¿Y por qué en la Universidad de Nueva


Cork? -Colin O´Brien- respondió Spencer, sonriente. -No entiendo…. -Es su prometido. Se conocieron hace dos años, un fin de semana que Kelly vino conmigo. Colin es hijo de un socio mío de allí y da la casualidad de que da clases de antropología en la Universidad- Spencer hizo una pausa y volvió a sonreír. Kelly se mudó al siguiente semestre. Y ahora se van a casar. -Ah…Tiene que ser amor verdadero. -Sí- Spencer se detuvo. Estoy seguro de que ellos lo creen. Brianna captó el escepticismo que subyacía tras aquel comentario: pero ¿qué más le daba a ella lo que Spencer Lockhart pensara acerca del amor? -¿Ha decidido Kelly dónde quiere que se celebre la boda?. Puede que, a estas alturas, haya algunos problemas para reservar los sitios más prestigiosos. .-Por eso no hay problema: quiere que la boda se celebre en la casa de la familia. -¿cuántos invitados habrá?- preguntó. -No sé….supongo que entre doce y quinientos. -Entiendo- Brianna tragó saliva. Doy por sentado, entonces, que la casa es lo suficientemente grande como para acomodar a toda esa gente. -Eso creo- Spencer esbozó una amplia sonrisa. Claro que podrá comprobarlo en


cuanto usted quiera. Brianna deseó que Spencer dejara de mirarla tan intensamente. Aunque, al mismo tiempo, no pudo evitar sentirse halagada, pues, sin duda, la expresión de aquellos ojos azules era de agrado….Claro que tampoco podía decir que estuviera coqueteando con la mirada, pensó luego, decepcionada. O aliviada. No estaba segura. -Sí…cuanto antes, mejor- respondió por fin. ¿Usted vive en la casa donde se va a celebrar la boda? -Me crié en ella. Pero ahora vivo en otra casa, cerca de la otra. Aunque imagino que también será mía en algún momento- cambió de postura. Hace un tiempo que sólo vive allí nuestra madre. Con los criados, por supuesto. Pero ahora mismo está en Europa, hasta mediados de marzo. Creo que será mejor que espera a que ella regrese para verla…si le parece bien. -Por supuesto- Brianna apuntó “mediados de marzo” en la carpeta de la boda de Kelly. Bien…¿Sabe si Kelly quiere buscar su vestido de novia en Nueva Cork? -No. No lo sé- Spencer frunció el ceño.


-¿Y las invitaciones?. ¿Quiere enviarlas desde allí? -Me temo que no tengo ni la menor idea de qué planes tiene- Spencer se encogió de hombros. Brianna lo miró: a pesar de su pelo plateado y de ser tan alto, le recordó aun niño pequeño perdido, de repente, en un patio lleno de niñas. -Señor Lockhart- dijo Brianna, haciendo grandes esfuerzos por no echarse a reír-,creo que lo mejor será que le diga a Kelly que me llame cuando le venga bien. No creo que usted…vaya a poder ayudarla demasiado. Spencer clavó sus ojos azules en Brianna y luego empezó a reírse, a la vez que denegaba con la cabeza. Ella notó que la naturaleza de la relación entre ambos acababa de variar radicalmente. -No, probablemente no le pueda ser de mucha ayuda…Pero que conste que esto no ha sido idea mía-dijo aún riéndose. De pronto la miró y chasqueó los dedos. ¡Espera un momento!. ¿Por qué no vienes conmigo a Nueva Cork este fin de semana y hablas con Kelly directamente?- le propuso, tomándose la libertad de tutearla. -¿Quieres decir…mañana?- Brianna sintió un calambre en el estómago. -No, esta noche. Yo voy a ir en cualquier caso. ¿qué te parece? -No..no sé. No estoy segura de si tengo algo pendiente…Aunque este fin de semana no tengo que organizar ninguna boda- Brianna tragó saliva. Los cambios de


planes inesperados siempre la desconcertaban. Además…Es que tú eres un hombre muy importante, y pasar el fin de semana contigo, solos…Bueno, podría llamar la atención. Dar lugar a malentendidos…. -Ya veo- Spencer sonrió. Bueno, si te tranquiliza saberlo, Charlotte Westwood vendrá también con nosotros. Ella y yo llevamos juntos desde hace…algún tiempo -Ah, bueno…-Brianna sintió una gran desilusión; pero ¿cómo no iba a tener ya novia un hombre así?, se preguntó-. En tal caso, supongo que no hay problema…Sólo déjame que compruebe una cosa… ¿Y qué importaba que Spencer fuera o no fuera acompañado?. Al fin y al cabo, ella no se sentía atraída hacia él, ¿no? -¿Qué tenemos pendiente para mañana, Zoe?- le preguntó a su ayudante, por el interfono, sin prestar atención a los fuertes latidos de su corazón. -No mucho- respondido ella, tras consultar la agenda. Vendrán los Brier. Yo tengo la boda de Madison mañana por la mañana. ¿Pasa algo? -Escucha: llama a los Brier y diles que su cita se pospone a la semana que viene.


Su boda no es hasta finales de agosto…Y Madge y Bette se encargarán de cualquier imprevisto -¿A qué viene esto, Brianna? -Esta noche salgo de la ciudad. -¿Qué? -Ya te contaré luego. Adiós- Brianna colgó y se encogió de hombros. Bueno, pues me apunto- le dijo a Spencer. -¡Genial!- se levantó de la silla como un resorte. Llamaré a un coche para que pase a recogerte a eso de las siete, ¿de acuerdo?. ¿Le digo al coger que venga aquí? -Spencer…. -¿Sí? -No es que no me fíe, pero ….necesito una señal. Brianna notó que el brillo de los ojos de Spencer desapareció de golpe. Este se inclinó sobre la mesa, sacó su libreta, le extendí un cheque y se lo dio de mala manera. -Ahí tiene…Espero que con eso tenga suficiente. Su brusco cambio de actitud fue como una bofetada en la car. Brianna, que se sintió como una niña pequeña a la que castigan por algo que no ha hecho, se


enfrentó con resentimiento a los ojos indignados de Spencer. Tomó el cheque, lo miró y asintió levemente con la cabeza. Después guardó el cheque en un cajón y se agarró al borde de la mesa para sostenerse. Aunque le disgustara, notó que las lágrimas se le agolpaban en los ojos; pero, de alguna manera, logró controlar el tono de voz: -Puede que mi pequeña empresa no genere miles de millones de dólares de beneficio. Y puede que yo no tenga un millar de empleados trabajando para mi. Pero lo que yo hago tiene tanto valor como lo que tú hace, pro mucho que te desagrade la naturaleza de mi negocio- arrancó con calma. Tengo gastos que cubrir todas las semanas y he descubierto que pedir señales me permite tener solvencia y no parecer una idiota frente a mis clientes ni frente a mis proveedores. Sólo intento dirigir mi empresa con profesionalidad, y no me agrada en absoluto que me hagan sentir que estoy pidiendo algo que no merezco. Entre tanto, Spencer no había dejado de mirarla a la cara. Envalentonada por la rabia, Brianna le sostuvo la mirada con insolencia durante varios segundos, hasta que, poco a poco, vio que la expresión de hielo de él se iba derritiendo. -Tienes toda la razón del mundo, y te pido disculpas- dijo Spencer, después de suspirar. La inesperada suavidad de su voz estuvo a punto de deshacerla. Spencer miró al techo un memento y luego volvió a centrase en Brianna.


Lo que pasa es que…toda esta historia de la boda me tiene tan…-sus azules ojos parecían estar pidiendo ayuda. ¿Tan desorientado?- sugirió Brianna, desaparecido ya cualquier sentimiento de animadversión. -Exacto- se rozó la nariz un segundo y luego dejó caer la mano con un fuerte suspiro. Brianna se dio cuenta de pronto de que seguía agarrada a la mesa, de modo que apartó las manos de ésta, se acercó a Spencer lentamente y rozó una de sus manga: -Para eso estoy yo aquí. De verdad, ya puwedes dejar de preocuparte por la boda. Después de todo….-lo acompañó a la puerta-, estoy segura de que tienes cosas mucho más importantes que hacer. Spencer enarcó una ceja, carraspeó y salíó del despacho sin articular una sola palabra más. -Cuéntame, cuéntame- le pidió Zoe, que no tardó ni diez segundos en ir a ver a Brianna. -Está claro que no puedo acusarte de no tomarte interés por los asuntos de la empresa, ¿eh?- replicó Brianna sonriente, mientras introducía en el ordenador la


información que tenía de Kelly Lockhart. ¿O debería decir por mis asuntos? Zoe se sentó en el mismo asiento que Spencer había ocupado un minuto antes, apoyó los codos sobre la mesa de Brianna y reposó la barbilla entre las manos. -Por tus asuntos, pro supuesto. ¿Vas a algún lado con ese hombre tan alto y guapo? -No te emociones tanto. Su novia también irá. -¿Su novia?. ¿Adónde? -A Nueva Cork. Esta noche. Vuelo el domingo- pulsó la tecla de aceptar para grabar la información que acababa de introducir. El hombre comprendió que no podía ni intentar ayudar a su hermana para organizar su boda; así que, como ella está allí y yo estoy aquí, decidió que lo más conveniente era que lo acompañara para hablar con la hermana directamente….Lo siento, pequeña. Eso es todo- se encogió de hombros. -Tú ten cuidado de todos modos-le advirtió Zoe. -¿Qué se supone que quieres decir con eso? -Que tengo una extraña corazonada sobre él…y tú- respondió Zoe, al tiempo que cruzaba las piernas. -¿Estás loca o qué?.¡Si acabamos de conocernos!.-exclamó Brianna. Además, ya te he dicho que tiene novia….¿Es el mismo tipo de corazonada que tuviste con Tom


Zimmerman?- añadió después de dura un segundo. -Para nada. Con Tom sentí algo inquietante. -¿Y ahora? -Ahora veo la posibilidad de una relación seria-contestó Zoe. -¿Se trata de un vestigio de tu ascendencia china, o de una habilidad paranormal para adivinar el futuro?- preguntó Brianna. -Me parece que has leído muchas novelas de Amy Tan- Zoe sonrió. Yo no hablo con fantasmas ni nada de eso. Esto es puro instinto….y cierta capacidad para detectar cuándo salta la chispa entre dos personas. Brianna miró los brillantes ojos negros de su ayudante durante varios segundos. -Entiendo- comentó finalmente.-¡No es justo!. ¿Por qué tiene que venir con nosotros?-Charlotte dobló un jersey y lo metió en su maleta. -Vamos, Char- Spencer le hizo una caricia en el cuello. Estás exagerando. Su presencia no cambiará nuestros planes lo más mínimo. Charlotte rechazó su caricia y se tiró sobre la cama con tanto impulso que su maleta se desplazó unos cuantos centímetros. -Yo creía que éste iba a ser nuestro fin de semana-protestó, llevándose las manos a las caderas. Spencer suspiró. ¿Acaso no pasaban suficiente tiempo a solas?. Pensó


Spencer. Pero sabía que o debía decir eso, pues Charlotte podría interpretarlo equivocadamente. Se sentó en la cama junto a ella y la rodeó con un brazo por los hombros. -Y lo va a ser, cielo. Te aseguro que ella no va a dormir con nosotros, en nuestra misma habitación. Y estará ocupada con Kelly la mayoría del tiempo… Además, tú misma dijiste que ibas a aprovechar el día para ir de compras. -Bueno…supongo que tienes razón-respondió después de meditar unos segundos los argumentos de Spencer. Lo siento- se disculpó, ya sonriente. -¿Esta es mi chica!- le dio un beso en la frente. Por cierto, tengo la impresión de que la señorita Fairchild te caerá bien. Charlotte suspiró, se puso de pie y retomó la tarea de preparar el equipaje. -¿Y por qué me iba a importar a mí un pimiento cómo sea la señorita Fairchild?replicón con agresividad. Abrió un cajón del armario y empezó a elegir qué joyas se llevaría consigo. -Tranquila, Char: no tienes por qué pensar en esa mujer si no quieresSpencer


sintió ganas de reírse. Sñolo he dicho que te caerá bien: es una mujer agradable, nada más….¿vas terminado?. Tenemos que marcharnos en diez minutos- le dijo tras consultar el reloj. Charlotte le estaba dando la espalda, pero Spencer vio que había asentido con la cabeza. Todo apuntaba a que iba a ser un fin de semana muy especial…. A pesar de que viajaba con frecuencia, a Brianna no le gustaba volar en avión, aunque no estaba segura de si era por miedo a estrellarse o a marearse y vomitar. Fuera por lo que fuera, cuando el coger la dejó delante del jet particular de Spencer, notó que el estómago le empezaba a dar vueltas. Necesitó subir y bajar las escaleras tres veces para meter todo su equipaje y sólo entonces se animó a entrar en la parte principal del avión. Spencer, que estaba irresistiblemente atractivo con un traje y una pajarita negra, ocupaba uno de los doce cómodos asientos del avión, junto a una mujer morena despampanante. Brianna deseó haberse puesto más elegante para la ocasión, en vez de haberse decantado por unos prácticos pantalones vaqueros. -¡Ya estás aquí!- exclamó Spencer, el cual se levantó nada más verla para darle la bienvenida con una sonrisa tan cálida que le pulso de Brianna se aceleró.


Empezábamos a preguntarnos qué te había pasado. -Calles mojadas y viernes por la noche: una combinación terrible- respondió ella. Entonces llegó el momento de las presentaciones. Mientras Brianna le extendía la mano a Charlotte, notó que ésta, por su constitución, habría de tener cuidado toda la vida para no ponerse gorda; riesgo que, evidentemente, tenía de sobra controlado en esos momentos. -Encantada de conocerla, señorita Fairchild- dijo Charlotte con poco convencimiento y una sonrisa forzada. Brianna sintió un ligero complejo de inferioridad adolescente al ver la perfección del cabello y del maquillaje de Charlotte, la cual, al parecer, ya le había sonreído todo lo que le iba a sonreír durante el fin de semana entero. -La cena se servirá en cuanto despeguemos- comentó Spencer. ¿Te apuntas? -No, gracias. Ya he cenado- mintió Brianna. Aunque su estómago no estuviera revuelto, no parecía muy animada a acercarse mucho a Charlotte. Si no os importa, voy a mirar las citas que tengo la semana que viene. Me sentaré allíseñaló el asiento más alejado que había. -Como prefieras- Aunque pensé que a Charlotte quizá le apetecería charlar con otra mujer durante el viaje. Spencer apretó la mano de su novia. -Sí, es una pena que esté ocupada, señorita Fairchild- añadió Charlotte, que seguía tratando a Brianna con formalidad, a pesar de que Spencer la había


tuteado. Spencer me ha hablado mucho de usted y de su pequeña empresa, y tenía muchas ganas de saberlo todo sobre cómo dirige su agencia de bodas. Pero entiendo que tenga trabajo. -Gracias- Brianna se alegró aún más de haber elegido un asiento tan alejado de aquella mujer tan hipócrita. Quizá encontremos un momento durante el fin de semana. -Eso, quizá. Brianna se sentó, se puso el cinturón de seguridad e intentó, en vano, pensar en cualquier cosa, para no prestar atención al despegue del avión. “¿De verdad piensa que me intimida con esa actitud?”, se preguntó Brianna. Luego suspiró. “Desde luego, los hombres son un poco obtusos. Seguro que le ha hablado de mí, sin saber lo mal que reaccionamos las mujeres al recibir ese tipo de información”, se dijo. Contuvo el aliento y trató de imaginarse el interior de su estómago, como intentando ayudar a su correcto funcionamiento mientras el avión echaba a correr. Pero daba igual; fuera lo que fuera lo que Spencer le hubiera contado a su novia, a ella le daba lo mismo. Cuando las luces se apagaron, Brianna se quitó el cinturón de seguridad y sacó


una carpeta con bocetos de vestidos, sin advertir que alguien estaba mirando su trabajo. -Es bonito. Casi nolo oyó, amortiguada la voz por el ruido de los motores. Brianna miró a Spencer y luego hacia Charlotte, que seguía sentada, hojeando una revista y golpeando una de sus páginas con una uña, al ritmo de la música que estaría oyendo con los cascos. Brianna se alegró de que Charlotte no la estuviera controlando y se permitió sonreír a Spencer. -Gracias. Aunque aún no está terminado. -¿NO?- Spencer se puso en cuclillas junto a Brianna, la cual aspiró el grato aroma de su loción de afeitar, cuya fragancia parecía más intensa, probablemente, pEro el hecho de estar tan cerca en un espacio cerrado. -No,. La novia quiere muchos lazos y encajes. -¿Por qué?- Spencer arrugó la nariz. Así está bien; sencillo, sin complicaciones…. -Esoty de acuerdo- Brianna se detuvo.-Pero mi trabajo consiste en complacer a las novias: y esta quiere lazos. Se quedó mirando el boceto, frunció el ceño, borró un par de líneas y se alarmó


cuando Spencer le tocó la mano para llamar su atención de nuevo: -Mira, quiero….disculparme otra vez por la reacción tan brusca que tuve antes. A veces olvido que no todas las personas con as que me encuentro son potenciales rivales a los que debo derrotar….supongo que empezamos con el pie izquierdo; pero soy consciente de que tu empresa tiene mucho prestigio. Por eso quería Kelly que tú organizaras su boda. Y yo mismo he tenido ocasión de comprobar tu talento- le extendió una mano y sonrió. ¿Amigos? -Amigos- le devolvió la sonrisa y le estrechó la mano sin pensárselo dos veces. Sólo se trataba de un gesto sin ninguna trascendencia…. Pero, entonces, ¿por qué se había quedado sin saliva al tocarlo?, ¿por qué, después de separar las manos, se había quedado mirándolo a la cara?. -No sabes cuánto me alegro que seas tú la que se encargue de la boda de mi hermana. -Yo también me alegro. -¿Cariño?-Charlotte reclamó la presencia de Spencer. -A ver que quiere- le susurró éste a Brianna, la cual se quedó sola, pensando en la disculpa de Spencer. Estaba segura de que no era un hombre que acostumbrara a pedir


perdón. Luego pensó en su novia: ¿qué hacía un hombre como Spencer Lockhart con una mujer como Charlotte Wetwood? Y también pensó en su propia reacción al darle la mano; pero, al final, simplemente, decidió que no todas las cosas tenían un explicación Brianna estaba en a terraza del piso de Spencer, en la Quinta Avenida, con vistas a Central Park. Soplaba una suave brisa de febrero, que apagaba el murmullo del tráfico, veinte pisos abajo. Miró hacia unos focos de luz que avanzaban, que debían pertenecer a los taxis que iban al teatro o llevaban a la gente de dinero a cenar a restaurantes caros. Más allá del parque, y a través de la contaminación urbana, se veían las luces de Nueva Jersey. -Oye, no me apetece llevarte de vuelta el domingo hecha un cubito de hielobromeó Spencer, que apareció en la terraza con una chaqueta para abrigarse del viento. -No tengo frío-mintió Brianna. Además estaba deseando contemplar la vista que hay desde aquí arriba. -Lo entiendo. He estado en un montón de países en todo el mundo, pero para mí


no hay ningún sitio como Nueva Cork- Spencer se acodó sobre la barandilla y suspiró. Luego la miró y sonrió. ¿Seguro que no tienes frío?. Tiemblas tanto que no logro verte bien. Anda…-se quitó la chaqueta y empezó a colocársela sobre los hombros. -Yo no haría eso si fuera tú- dijo Brianna, rechazando el abrigo de la chaqueta. -Si tú lo dices….Pero no creo que fuera a pasar nada- dejó la chaqueta sobre una silla y volvió a apoyarse en la barandilla. -¿Dónde está Charlotte? -Se ha ido a la cama- se detuvo. Sola. Brianna se puso colorada, así que evitó mirar a Spencer para que éste no notara su sonrojo, visible a pesar de la oscuridad. Un golpe de viento hizo que sus dientes comenzaran a castañear. -¿A qué….hora….vendrá Kelly mañana…?-preguntó. -¿De verdad no quieres la chaqueta?- Spencer volvió a colocársela por encima. El tacto de sus manos sobre los hombros la hizo sentirse como si un rayo la hubiera partido en dos. Por una parte, quería abandonarse al deseo y recostarse sobre el pecho de Spencer, dejarse envolver en sus brazos; pero, por otra, sintió un miedo irracional que la hacía querer huir lo más lejos posible.


-Eres un poco testaruda- bromeó Spencer. Si no quieres la chaqueta,¿qué te parece si entramos al salón? -Sólo un minuto más- acertó a decir. Es tan agradable sentir el aire después de un viaje en avión….-decidió ponerse la chaqueta de Spencer. -Kelly llegará sobre las diez, así que podrás dormir tranquilamente-informó él. -¿dormir tranquilamente?-Brianna rió. NO lo creo. Tengo demasiado trabajo…..Por cierto, mi habitación es preciosa. Me alegro de que te guste…aunque no sea rosa- Spencer le guiñó un ojo y el corazón de Brianna le dio un vuelco. Mira, si te apetece quedarte aquí helándote, como quieras; pero yo me meto dentro. ¿no te importa? -No, no. Por mí no te preocupes, pro favor….-lo invitó a que se marchara con un gesto de la mano. En seguida voy…de verdad- añadió, al no verlo muy convencido. -Está bien- Spencer entró al salón. Brianna se sentó en una de las sillas de la terraza, arropándose con la chaqueta de Spencer, que olía agradablemente a él. Pensó que no se había equivocado, tal como había intuido al verlo pro televisión, Spencer era un hombre amable y caballeroso…No recordaba la última vez que alguien se había tomado el menor interés por ella. ¿No sería bonito si…?


“¿Hola?¿doña fantástica?. Recuerda que tiene novia”, se dijo Brianna. Suspiró… Puede que su intención fuera levantarse a las siete, pero su cuerpo parecía tener su propia opinión al respecto y, cuando por fin logró despegar los párpados, ya eran las nueve y cinco de la mañana. Se levantó disparada, pero tuvo que sentarse de nuevo, pues se sintió un poco mareada. Después de recobrarse, se metió en la ducha, se peinó, se maquilló y, luego, permaneció quieta, en albornoz, en medio de la habitación sin decidir que ponerse. -¿Se puede saber a qué viene esto?- se preguntó en voz alta. No voy a ver a la Reina, ¿no?. Basta con que me ponga cualquier cosa. Eligió un jersey, unos vaqueros y unas zapatillas deportivas, pues preveía que le iba a tocar andar mucho en compañía de Kelly, y no quería calzarse unos zapatos que fueran a estar doliéndole a la media hora. Además, nadie se vestía elegantemente en Nueva York salvo que fuera absolutamente obligatorio, se dijo. Antes de salir de la habitación, se puso unos pendientes. El pasillo estaba cargado con un perfume muy intenso, prueba incuestionable de que Charlotte había pasado por allí. De alguna manera, Brianna supo que la morena


había salido del apartamento hacía tiempo. Entró en la cocina ys e encontró con Spencer, el cual llevaba un jersey ajustado que realzaba aún más la amplitud de sus hombros. Estaba sentado frente a una mesa pequeña cercana a la ventana, sujetando una taza de café con una mano y el periódico con la otra. Notó que los ojos se le iluminaron al verla y Brianna sintió un cosquilleo en el estómago, probablemente debido al hecho de no haber desayunado aún. ¿O no? -Con que ibas a madrugar, ¿eh? -Te mentí- Brianna se encogió de hombros y sonrió. Luego tomó un trozo de pan que había junto al horno. -El desayuno no está listo todavía; pero está claro que tú sí lo estás- bromeó Spencer en tono relajado. ¿quieres café? Brianna asintió y tomó asiento frente a él. Una mujer canosa le llenó una taza amablemente. -Brianna Fairchild, Colleen O´Hara-Spencer las presentó. Si no fuera por ella, este apartamento sería un completo caos. -Buenos días, señorita- la saludó Colleen. No le haga mucho caso al señorito. Le gusta hacerla la pelota-añadió en broma. Luego se retiró.


-¿Charlotte se ha marchado ya?- preguntó Brianna después de dar un sorbo de café. -Sí, sí. De hecho, ya debe de estar haciéndoselas pasar canutas a algún vendedor- respondió Spencer. Colleen empezó a llevar platos de comida y el estómago de Brianna aulló tanto que ésta apenas lograba concentrarse en al conversación. Me asombra ese convencimiento que tiene, de que aquí va a encontrar algo que no pueda conseguir en Atlanta. -¿Perdona?- Brianna rió. Lo siento. Es que tengo tanta hambre que la cabeza no me funciona como es debido…¿Cuándo decías que iba a venir Kelly? -Ya estará al caer. -Bien- se detuvo.¿Desayunarás con nosotras? -Yo sí me he levantado muy temprano y hace unas horas que desayunérespondió. -Ah… -Además, ¿de verdad piensas que me puede apetecer estar encerrado en una habitación con una novia y….-fingió que temblaba-…y una organizabodas?Spencer sonrió.


-No, supongo que no- Brianna le devolvió la sonrisa y dio otro sorbo de café. Entonces tampoco nos acompañarás si salimos a comprarle algún vestido, ¿no? -Tú lo has dicho- repuso él. Pero, por mí, podemos quedar después, para comer. Así podrías conocer al novio. -¿Y Charlotte? -No dará señales de vida hasta que cierre la última tienda, te lo aseguroSpencer vaciló. Por cierto, ella y yo tenemos dos entradas para la ópera esta noche. Las compré antes de saber que ibas a venir con nosotros. Lo siento. Ya sé que es muy grosero que nos vayamos, dejándote… -¡Por favor, no te preocupes!-Brianna denegó con la cabeza. Además, quizá aproveche para visitar a una antigua compañera de la universidad. -¿Seguro que no te molesta? -Segurísimo. -Me alegro- dijo Spencer, aliviado. Entonces sonó el timbre de la puerta y Brianna oyó que una voz brillante y femenina saludaba a Colleen y se acercaba a la cocina. -¡Spencer!- exclamó una mujer joven a la que le llegaba el pelo hasta la cintura. Kelly corrió a abrazarse con su hermano.


-Hola pequeña- ambos siguieron abrazados durante varios segundos. ¿Has visto lo que te he traído? Ni más ni menos que a la mujer que va a organizar tu boda- añadió Spencer, mirando a Brianna con una sonrisa. Ésta estrechó la mano de su guapa clienta, la cual, al igual que Brianna, no estaba muy desarrollada como mujer; tenía poco pecho, pocas caderas y escaso trasero. Vestía una blusa suelta, con unos vaqueros azules que desaparecían bajo unas botas de cuero. Pero, a pesar de su aspecto y su forma de vestir, resultaba muy femenina. Sus facciones eran muy delicadas, tenía una piel casi transparente y un cabello rubio albino, reluciente, que, en conjuto le daban un aura etéreo de belleza. Seguro que estaría preciosa el día de la boda. -¡Eres mucho más joven de lo que imaginaba!-exclamó Kelly con naturalidad. Luego miró a su hermano y se echó a reír. ¿Y querías hacerme creer que esto iba a ser un tremendo engorro para ti?.¡Ni que tuvieras que tratar con una mujer desagradable y horrible!- añadió jovialmente, sin prestar atención al sonrojo de su hermano y de Brianna.


-¿Te apetece desayunara?- le ofreció Spencer. -Me muero por desayunar- afirmó Kelly. ¿nos acompañas?- le preguntó a su hermano.-Ya sabes lo que dicen: tres son multitud. -Entonces, hasta luego- le dijo Kelly, haciéndole gestos con la mano para que la dejara a solas con Brianna. Luego cuando ya estaban solas desayunando, Brianna soltó una carcajada. -¿Qué pasa?- preguntó Kelly sonriendo con afabilidad, mientras echaba sirope de caramelo a unas tortitas con nata. Brianna notó que, a pesar de lo pálida que era Kelly, ésta iba a cara lavada. Ni siquiera se había dado sombra en los ojos. -Es que…tenía tanta hambre que pensaba que ganaría un concurso de gulaBrianna miró el plato de Kelly. Pero ya veo que tendría una seria competidora. -Y tanto- Kelly se llevó el tenedor a la boca. Creo que ahora mismo podría comerme un caballo. Estaba sentada en un extremo de la mesa, con Brianna a su derecha. Y se hallaban tan ocupadas masticando que ninguna de las dos dijo nada durante diez minutos. Finalmente, Brianna se recostó sobre el respaldo de la silla y sonrió. -Creo que ya me voy sintiendo persona otra vez- comentó mientras se servía


un zumo de naranja. ¿Tú que tal? Kelly asintió y, en ese momento, apareció Spencer. -Estaré en el despacho trabajando, pro si me necesitáis. ¿Dónde queréis que quedemos para comer? -Ahora mismo soy incapaz de pensar en más comida- Kelly señaló su plato, totalmente vacío. Además, no sé qué planes tiene Brianna para mí- añadió. -Sean los que sean, tranquila, que comer forma parte de ellos- Brianna rió. ¿Qué tal si quedamos enfrente de Bergdorf a la una y media? -Por mí perfecto- dijo Kelly. Si crees que para entonces habremos tenido tiempo de ver algo… -Confía en mí. -Muy bien, señoritas- intervino Spencer. Entonces, hasta la una y media. Y no se te ocurra llegar tarde, Kelly. -Confía en mí –repitió su hermana, abriendo mucho los ojos y llevándose la mano al pecho. Después, cuando se hubo asegurado de que Spencer ya no las oiría, arrugó la


nariz y le preguntó a Brianna: -¿Qué te parece Charlotte? -¿Cómo dices?-se sorprendió Brianna, que a punto estuvo de atragantarse. -Yo tengo la esperanza de que lleguen los extraterrestres y le devuelvan su verdadera personalidad. ¿verdad que es rara? -Creo que no tengo derecho a decir… -¡Tonterías!-atajó Kelly. Luego suspiró. Está bien, lo entiendo: no debería ponerte en una situación tan comprometida. Pero es que…me encantaría tener a alguien que también pensara que esa presumida no le conviene en absoluto a Spencer…No entiendo qué puede ver en ella- murmuró Brianna habría dado su ojo derecho por sacarle más información a Kelly al respecto, pero no se atrevió. Al fin y al cabo, no era, en modo alguno, asunto suyo. -¿Más zumo?- le ofreció a Kelly. Ésta asintió y le acercó su vaso. Luego suspiró. Brianna se quedó mirando a su clienta: aqué no había sido un suspiro de novia enamorada. -¿Tanto te fastidia la relación de tu hermano con la señorita Westwood, Kelly?-le preguntó con confianza. -Sí, la verdad es que me revienta; aunque no es eso lo que me inquietaba ahora.


-¿entonces? -No se…Todo este lío de la boda…-se encogió de hombros. No…no tiene nada que ver conmigo. -Pero….yo creía que era idea tuya- comentó Brianna, extrañada.-Creía que habías sido tú la que había insistido en que yo organizara tu boda. -Sí, sí, lo de elegirte a ti sí fue idea mía- volvió a suspirar y se echó el pelo hacia un lado. De hecho, les dije a mi madre y a Spencer que si tú no podías, que no se encargaría nadie. -¡Vaya!. Me siento halagada. Gracias- Brianna sonrió. Pero no entiendo… Kelly levantó los brazos por encima de la cabeza y se estiró tanto que Brianna pudo oír el crujir de sus vértebras. Luego dejó caer las manos sobre la mesa. -Es que todo me parece una bobada. Colin y yo llevamos ya un año viviendo juntos y celebrar ahora una boda me parece tan…hipócrita… -¿Es genético? -¿Cómo?¿ -Lo de la aversión de tu familia a las bodas. Da la impresión de que a tu hermano también le parecen un suplicio. -Lo de él es completamente distinto…dijo Kelly.


-Perdona, y ya sé que me meto donde no me importa, pero… -Lo dejaron plantado- se adelantó Kelly. -¿Perdona? -Por favor, no le digas que te lo he contado- Kelly agarró a Brianna por la muñeca. Me despellejaría si se enterara de que he abierto la bocaza. -Pues claro que no le diré nada… -Entonces, adelante- dijo Kelly, dispuesta a darle más detalles. Resulta que una tal Bárbara lo dejó plantado en el altar. Yo sólo tenía doce años, pero ella tampoco me gustaba. Yo estaba deseando que rompieran, así que cuando no apareció por la iglesia, pensé que mis plegarias habían sido escuchadas. Me alegré una barbaridad, hasta que comprendí lo desgraciado que se sentía Spencer. Al final necesité tres años de terapia para dejar de sentirme culpable y convencerme de que yo no había sido quien había roto el corazón de Spencer. -Así que por eso es tan reacio a las bodas…-murmuró Brianna. -A mí me pasa igual. Supongo que nos dan mala espina; algo así como si trajeran mala suerte. -Entonces…-Brianna retomó el rumbo de la anterior conversación, procurando no prestar atención al cariño que le despertaba aquella pareja de hermanos. ¿quién quiere que se celebre boda?


-Nuestros padres, por supuesto- explicó Kelly. Sin ir más lejos, creo que si no me casara con él o y simplemente viviéramos juntos, mi madre me consideraría culpable de algún delito peor que el asesinato. -Ah…Pero a ti no te importa casarte con Colin, ¿no? -¡Qué va!- exclamó Kelly. Si no fuera porque nuestras familias podrían enfadarse, por nosotros, nos casaríamos mañana mismo. -¿Sabes?. Hace tiempo que descubrí que las bodas, como los funerales, no son para los protagonistas, sino para todos los demás. Tal como lo veo, mi trabajo consiste en organizar una fiesta que entusiasme a los invitados y, además, conseguir que los novios pasen un rato lo menos embarazoso posible. Lo único que tendréis que hacer es aparecer, decir “si quiero” y marcharos. ¿Crees que podréis soportarlo?- le preguntó Brianna. -Sí, creo que sí- Kelly se levantó y le dio un abrazo cariñoso a Brianna. Luego volvió a sentarse.- Te saldrá una boda bonita, ¿verdad? -Te lo aseguro, jovencita- Brianna sacó un libro con muestras. Veamos, tienes cuarenta y cinco minutos para elegir un modelo de tarjeta de invitación. Y luego iremos a comprar ropa. ¡Así que empieza!- le dio el libro. Kelly sonrió y empezó a mirar los distintos modelos. Salieron de Saks a la una y cuarto, según el reloj de Brianna, lo que les dejaba


quince minutos para atravesar la multitud de la Quinta Avenida y llegar a Bergdorf a la una y media, donde habían quedado con Spencer y Colin. Complicado, pero no imposible. Echaron a andar a un ritmo tan rápido que no tardaron en sofocarse. -¡allí están!- exclamó Kelly minutos después. -¿Dónde?-Brianna intentó localizar a Spencer en aquel mar de cabezas. -¡Allí!. NO tiene perdida: Colin es el pelirrojo. Brianna volvió a mirar. Efectivamente, el novio de Kelly podría haber servido de faro para orientar a los barcos camino del puerto. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca como para que los dos hombres las vieran, Kelly agarró a Brianna por la muñeca repentinamente. -No tan rápido- dijo, y Brianna comprendió: aún tenían dos minutos para llegar, tiempo suficiente para ir despacio y recuperar el aliento. -Vaya, vaya…parece que lo habéis logrado- comentó Colin, después de besar a Kelly en los labios. -Pues claro que lo hemos logrado. -¡Claro, claro!.¿Acaso lo dudaba alguien?- intervino Spencer, con ironía. Y decidme, ¿hay algún vestido de novia en esas bolsas?


-No- respondió Kelly. Eran todos para ahorcarse. -¿Sí?- Spencer miró a Brianna. -La verdad es que eran espantosos- reconoció ésta. Pero al menos ya sé lo que Kelly no quiere y, puedo diseñar algo para ella. -Y ahora vamos con lo que importa- Kelly se llevó la mano al estómago. ¿Dónde comemos? -En cualquier sitio, pero que esté cerca. Me estoy quedando helado- Spencer se sopló las manos para calentárselas. Brianna empezó a sentir que el frío traspasaba su jersey de lana, recuperada ya del sofoco de las prisas por llegar a tiempo. -Bueno, ¿vamos a un chino al que solía ir yo por aquí cuando vivía en Nueva York?. Hacían un cerdo agridulce estupendo- propuso Brianna, tiritando. Y tienen unas salsas picantes que seguro que nos quitan el frío. -Por mí, perfecto. Está cerca, ¿verdad? - A unos pocos minutos en coche. -De acuerdo- Spencer se puso en la calzada y alzó la mano para llamar la atención de alguno de los muchos taxis….que iban en dirección contraria al


restaurante chino. -Spencer…-dijo Kelly. ¿Qué? -Creo que llegaríamos antes si tomáramos un taxi que no fuera en dirección contraria- comentó Kelly , que intuía a qué restaurante chino se refería Brianna. Venga, será mejor que crucemos la calle y paremos uno desde la otra acera. Spencer aceptó el tono jocoso que había empleado su hermana y tomó a Brianna por el brazo para cruzar. Sin embargo, un sexto sentido la previno y ésta se separó de él sin brusquedad: habría jurado que había vito a Charlotte con una docena de bolsas en cada mano, mirándolos con una expresión que avejentaba a la novia de Spencer al menos diez años. Charlotte salió del baño, aún e albornoz. Spencer la había estado esperando, leyendo una revista en un sofá. Miró el reloj y frunció el ceño. -¿Por qué no estás vestida todavía? -Lo siento, Spencer…-Charlotte se sentó en la cama y dejó que el albornoz se le abriera, para que se le viera un camisón a juego que se había comprado ese mismo día.


-¿Qué pasa?- Spencer dejó la revista y pensó lo joven que parecía Charlotte sin maquillaje. Claro que en realidad era mucho más joven que él, pues sólo tenía veinticinco años. -Me duele muchísimo la cabeza. Me tomé un calmante hace una hora, pero o me hace efecto- esbozó una tímida sonrisa. Lo siento… -Ah….-Spencer comprendió que Charlotte no quería ir a la ópera y se sorprendió al descubrir que se sentía más aliviado que contrariado. No te preocupes. Estas cosas suceden…Supongo que entonces no quieres ir a la ópera. -Lo último que me apetece en estos momentos es oír a cien personas gritando a pleno pulmón- puso una mueca de dolor. -¡Pobrecita!. ¿Quieres acostarte?- le preguntó. Charlotte asintió y él empezó a retirar el edredón de la cama. Venga, yo te arropo. Le diré a Colleen que te traiga una cena ligera y una taza de téañadió. -Espera- lo llamó cuando Spencer se disponía ya a salir. La miró extrañado. Yo…tenemos que hablar. -¿Ahora?- sintió un escalofrío: Charlotte nunca quería hablar. Creía que no te encontrabas bien… -Tenemos que hablar cuanto antes- insistió.


-Está bien, como quieras- se sentó en la cama al lado de Charlotte. ¿De qué quieres hablar? -Creo que va siendo hora de que nos casemos, ¿no crees? A las siete menos cuarto, Brianna entró en casa con la llave que Spencer le había prestado y se sorprendió de encontrarlo de pie, en medio del salón, mirando hacia la chimenea con las manos en los bolsillos. -¡Brianna!- exclamó él al verla. Creía que pasarías toda la tarde fuera. Ven, déjame que te ayude con el abrigo. Se quitó los guantes y se desabrochó el abrigo. Lugo se frotó las mejillas para entrar en calor. -Lo mismo te digo. ¿no ibas a la ópera? Spencer le quitó el abrigo y lo colocó sobre una silla. -Charlotte no se encuentra bien, así que suspendimos la salida- Spencer respondió en tono crispado. ¿Y tú?. ¿por qué no sigues con tu amiga? -Decidí que dos horas eran suficientes para una visita- respondió, algo cohibida pro la proximidad de Spencer. -¿Te apetece beber algo?- le ofreció él. Brianna negó con la cabeza. El caso es que yo pensaba que erais muy amigas- insistió Spencer, preso de la


curiosidad. -Y lo éramos. Es más, lo somos. Y no nos habíamos visto desde hacía mucho; pero el marido de Robin…-Brianna sonrió. Sólo se me ocurren dos palabras para describir a Giles: sombrío y desagradable. Después de dos horas, no podía seguir aguantándolo. -Así que te ha caído bien- bromeó Spencer. Lo raro es que una mujer a la que tú consideras una buena amiga haya elegido a un hombre tan repelente. Brianna se sintió complacida por aquel halago. Luego se encogió de hombros y se sentó en un sofá. -Sí que es raro, sí. -¿Y qué piensas hacer el resto de la tarde, ahora que estás libre? -No sé. La verdad es que no he pensado nada. Supongo que leeré un poco. En tu librería he visto varios libros que me han llamado la atención. -Lo digo porque ya sabes que tengo dos entradas para la ópera y…. -¿Cómo?. Sí, ya, pero…NO creo que… -Ya sé, ya sé: Charlotte- la interrumpió Spencer. Pero olvídate de ella. Se va a quedar el resto del día en la cama. Además, seguro que lo comprende. Es que me


parece una vergüenza tirar dos entradas de cien dólares…¿Qué me dices? “A la porra Charlotte”, pensó Brianna. “Me están ofreciendo una entrada gratis para ir a la ópera” -Está bien. Pero dame cinco minutos para que me cambie. -No tardes. -Cinco minutos- repitió Brianna. ¿siete?-añadió cuando ya se dirigía a su habitación. -Sí, como quieras…-se quedó callado. Si a la ópera llegamos sin problemas. Lo que me da rabia es que no tenemos tiempo para cenar antes. -Conozco un sitio perfecto- Brianna sonrió. Una multitud los rodeaba a la entrada de la ópera, mientras Brianna miraba su perrito caliente con atención. Spencer rió: -Nadie te obligó a echarte tanta salsa de mostaza. Seguro que está muy resbaladizo. -Lo sé. Pero me gusta tanto la mostaza…No pude controlarme.- El primer mordisco se saldó con un chorretón de mostaza al suelo. Por suerte, había tenido suficientes reflejos para moverse rápido y no mancharse la ropa. -Yo creía que ya estabas acostumbrada a lidiar con peritos calientes- la provocó


Spencer. -NO seas malo. Hacía mucho que no me tomaba uno- miró a Spencer y vio en él una expresión tan absurda, que echó a reírse. -Bueno, gracias a tu inspirada elección gastronómica, aún tenemos quince minutos antes de que empiece la función.¿Entramos ya? -No. Es más divertido mirar las pintas que se ponen los que van entrando, ¿no te parece?- terminó el perrito caliente, se limpió con una servilleta y la tiró a una papelera. -Como la dama prefiera- se agachó reverencialmente. Aunque la dama está locaañadió. Brianna pensó, con cierto remordimiento, que se lo estaban pasando de maravilla y que se llevaban demasiado bien. Sentirse tan a gusto a su lado, la hacía desear que las cosas fueran diferentes, y no quería engañarse ni concebir esperanzas. -El hombre ese de allí no deja de mirarme- comentó Brianna, en un intento de seguir la velado con naturalidad. ¿Es que tengo mostaza en la cara?- elevó la barbilla. -A ver…déjame…-Spencer sacó un pañuelo de bolsillo. Sí, aquí había un


poco….- le rozó la barbilla con los dedos y el calor del contacto estuvo a punto de dejarla sin respiración. Sus caras estaban tan pegadas que apenas había unos pocos centímetros entre sus bocas. Brianna notó que le temblaban las piernas y el estómago. De repente se sintió asustada y desconcertada. Ella no había esperado algo así. Nunca había sentido nada parecido…No podía ser bueno. -Y otro poco de mostaza aquí- prosiguió Spencer, cuyos ojos azules la estaban radiografiando. Ya está,. Por lo menos, si sigue mirándote, puedes estar segura de que tienes limpia la cara. Intentó serenarse y trató de distraerse mirando a una mujer que llevaba unos tacones escala rascacielos, una minifalda de cuero y una chaqueta de leopardo. -Esa mujer no te quita el ojo de encima. Y tú sí que tienes la cara limpiacomentó Brianna. Spencer se incomodó por la presencia de aquel a mujer que no dejaba de guiñarle el ojo sin recato y que parecía estar convencida de ser mucho mejor compañía para él que Brianna. -¡Un momento!- exclamó Brianna. ¿Ves ese reloj de ahí?. ¿el que hay junto a la fuente?.¡Tú reloj va diez minutos atrasado!


Sin mediar más palabras, Spencer la agarró por el brazo y ambos corrieron, abriéndose paso entre el gentío. Le entregó las entradas al portero y entraron en el vestíbulo, sofocados y riéndose. Por supuesto, los asientos que Spencer había reservado eran de primera fila y estaban bien centrados, de modo que tuvieron que molestar a las personas que ya se habían sentado. Justo cuando, por fin, se hubieron acomodado, sonaron las primeras notas de una flauta. Brianna tuvo que realizar un gran esfuerzo para dejar de reírse. Miró de reojo y, a juzgar por la cara se Spencer, éste estaba teniendo el mismo problema que ella. Fue en ese momento cuando Brianna sintió que se estaba enamorando de él. No sabía qué podía hacer al respecto, pero, cuando menos, debía ser sincera consigo misma y, por mucho que le pudiera doler, reconocer la verdad. Tragó saliva y procuró prestar atención a la representación; pero entonces, para disimular una carcajada, Spencer empezó a toser. -¿Quieres que te traiga agua?- le susurró Brianna. Spencer negó con la cabeza y tosió más alto. Brianna buscó en su bolso algún


caramelo de menta, pero no encontró ninguno. Entonces notó que la mujer de alado le ofrecía un mentolado. -Tome- la mujer miró a Brianna, a Spencer, y de nuevo a Brianna. Ya podía haber venido cuando su novio no estuviese resfriado- añadió. Y con tal observación, Brianna estuvo a punto de perder definitivamente la batalla que estaba librando por controlar sus propias ganas de reír. Con todo, lograron aguantar hasta el final de la ópera. Estaban en la calle, charlando animadamente, mientras un río de personas iba de un lado a otro como una marea humana. Spencer no quería que la noche se acabara aún; no quería afrontar la realidad. Tomó a Brianna por un brazo y echaron a andar hacia Broadway. -¿Volvemos en taxi?- le preguntó. Prefiero ir andando, si no te importa- respondió Brianna. -¿Puedes?- Spencer apuntó hacia los tacones de ella. -Mientras no vayamos corriendo- se echó a reír y a Spencer lo asustó darse cuenta de lo celestial y armoniosa que le sonaba su risa. Brianna suspiró. Me encanta Nueva York por la noche; pero, por mucho que creas que estoy loca, no me atrevo a pasear sola pro aquí después de que anochezca. Es agradable sentirse acompañada-


esbozó una tímida sonrisa. Sí que era agradable. Caminaron en silencio durante varios minutos, cada uno con las manos en sus respectivos bolsillos. -No naciste en Atlanta, ¿verdad?- le preguntó Spencer por fin. -No. Soy de Carolina del Norte. Y luego viví varios años en Nueva York, como ya te he dicho. -¿Y entonces? -Entonces volví a mi casa para estar con mis padres- Brianna hizo una pausa. Mi madre estuvo enferma mucho tiempo. -¿Cómo está ahora? -Murió cuando yo tenía veinticinco años. -Oh…lo siento…¿Y como lo lleva tu padre? -También murió: hace tres años. Brianna se encogió de hombros. -Vaya, he vuelto a meter la pata- dijo turbado. -NO te preocupes. NO pasa nada, de verdad –le dio un golpecito en un brazo. Además, no podías saberlo. -¿Y cómo es que acabaste en Atlanta? –Spencer prefirió retomar la conversación inicial, aunque notó que un velo de tristeza había cubierto el rostro de


Brianna. -Un poco de carambola –respondió. Mi padre había invertido con acierto sus ahorros y, cuando falleció, heredé una buena suma de dinero…NO quería seguir viviendo en Carolina del Norte y tampoco me apetecía instalarme en Nueva York. Elegí Atlanta como podía haber elegido cualquier otro sitio. Luego vi. la oportunidad de comprar la empresa de Luella…. Y aquí estoy. -Eres hija única, ¿verdad? -Sí. Mis padres ya tenían casi cuarenta años cuando yo nací. Fui su pequeña mocosa mimada. -Pues no parece que hayas sido una niña mimada, créeme. -Ya, bueno….-Brianna no sabía qué decir. Te aseguro que estuve muy mimad. Aunque supongo que despabilé a los veinte años. -¿Por qué?. -No sé. Simplemente, me hice mayor. Aprendí que yo no era el centro del mundo y que había personas mucho más listas e importantes que yo, eso es todo. -Me parece que hay muy pocas personas que se acerquen siquiera a ti en cuanto a inteligencia, Brianna. Esta se giró hacia Spencer con una media sonrisa y un cierto…algo en la mirad


que él no quiso ver. -Gracias –le susurró con una voz más suave que una caricia. Spencer estaba cada vez más desconcertado y, tras el halago, llegó la crítica: -Pero lo que sigo sin comprender –arrancó- es qué demonios haces organizando bodas. Con tu formación y tu inteligencia, estoy seguro de que podrías hacer un montón de cosas…que merezcan más la pena. ¿Había oído bien?. Brianna se detuvo y lo obligó a que también él frenara. -Da la impresión de que para ti es un trabajo deplorable, como si me dedicara a traficar con drogas –comentó en un tono un poco cortante. -¿Pero no entiendes que…? -No, Spencer; eres tú el que no entiende- lo interrumpió, súbitamente exhausta, confundida e irritada. Creía que habíamos firmado una tregua en este sentido; pero de pronto tengo la impresión de que mi trabajo te produce tanto rechazo como la primera vez que nos vimos. No entiendo qué tienes en contra de cómo me gano la vida, no me gusta y, sobre todo, no quiero volver a hablar del tema –añadió, al tiempo que reanudaba la marcha. -Perdona –Spencer le dio alcance. Pero no puedo evitar lo que siento. Y pienso que lo de las bodas es todo un fraude.


-¿Ah, sí?- Brinna se giró y lo miró a la cara. ¿Y qué piensas del matrimonio, también es un fraude? -Si te refieres a que dos personas pueden estar enamoradas eternamente, un gran fraude, sí –respondió sin poder evitar una turbia mirada. -Pues resulta que hay muchas personas que no piensan como tú –espetó enojada. Echó a andar, sin importarle que Spencer la siguiera o no. ¡Y para ellos sí tiene valor lo que yo hago! –gritó. -Brianna, no pretendía decir que lo que tú haces sea una perdida de tiempo…. -¿Cómo que no? –Brianna se giró y lo miró con incredulidad. Suspiró profundamente. Mira, te guste o no, la gente va a seguir casándose. Y a algunas personas les gusta celebrar grandes bodas. Sin ir más lejos, tu madre y los padres de Colin, ¿no es cierto?. Pues organizar una boda así es como dirigir un espectáculo de Boadway, en el que hay que coordinar muchas cosas y a muchas personas al mismo tiempo. Yo me gano la vida así, soy buena en mi trabajo y la gente me paga por satisfacer sus caprichos en un día tan señalado, Spencer. Es mi trabajo, nada más –concluyó. -¿Por qué te pones tan a la defensiva con esto, Brianna?. -¿Defensiva yo?, ¿y tú qué? –esperó alguna respuesta, pero no la encontró.


Me pongo a la defensiva porque tú me obligas a defenderme….Y porque quiero que apruebes lo que hago…Porque quiero gustarte –añadió de pronto, sin pensárselo dos veces. No recordaba cuándo la agarró por los hombros ni cuando estrelló su ardiente boca contra la de ella en un beso desesperado. Todo pasó tan rápido que ni siquiera se dio cuenta de qué era lo que estaba pasando. Cuando se alejó de ella, la cara de Spencer reflejaba una gran agonía interior. -Oh, Dios…Lo siento mucho, Brianna. Ha sido una estupidez por mi parte…. -Spencer –Brianna le acarició una mejilla, no tienes por qué sentirlo…. -¿No? –preguntó sorprendido. Bueno, pues seguro que mañana sí lo sentiremos. -NO te entiendo…. -Charlotte quiere que nos casemos. Brianna se quedó inmóvil, incapaz de moverse ni de hablar durante muchos segundos. Y, de repente, un tumulto de sensaciones se le agolparon en la cabeza y provocaron una risa irracional que le nacía de la boca del estómago. Le temblaban las piernas y casi no lograba tenerse en pie. -¡Esta sí que es buena! –exclamó próxima a la histeria. Quiero decir, piénsalo: ¿no


eras tú el que hace dos minutos estabas diciendo que el matrimonio era un fraude?. Tienes que reconocer que resulta irónico….Pero la cuestión es, ¿tu quieres casarte con Charlotte? –añadió algo más calmada, después de una pausa. -No, la cuestión es si estoy dispuesto a contraer matrimonio, con la mujer que sea –contestó Spencer, con un ruido a medias entre un gruñido y una risotada. -¿Y cuál es la respuesta? – le preguntó Brianna. Al ver que no contestaba, añadió. Bueno, pues espero que seas feliz. Subieron juntos en el ascensor como si no se conocieran. Como así era casi en realidad, a pesar de que sus labios aún sentían el fuego del beso que habían compartido. Charlotte nunca lo había besado de esa manera…. Pero no podía romper su relación con ella por una mera perturbación glandular, por muy profunda y agradable que fuera. Spencer tomaba todas sus decisiones con arreglo a la lógica, no guiado por las trampas que su corazón pudiera tenderle. El jamás se permitiriía volver a enamorarse. Lo que muchos llamaban amor no era para Spencer sino una cruel ilusión, abocad a desvanecerse y a hacer sufrir a los incautos enamorados. Salieron del ascensor y Brianna permaneció recta, en silencio, mientras Spencer


abría la puerta… Y allí apareció Charlotte, de pie en medio del vestíbulo, con las manos en las caderas. NO dijo nada, pero les lanzó una mirada enrabietada….Y llena de celos. Y como si estuviera poseído por el demonio, Spencer corrió hacia Charlotte yl a estrechó entre sus brazos. Dos segundos después, escuchó la puerta de Brianna cerrarse de un portazo. Brianna se apoyó contra la puerta de la habitación y dejó que las lágrimas le cayeran por las mejillas. Luego empezó a pasear e intentó calmar las virulentas emociones que la enfurecían y atormentaban. Pensó que era lógico que prefiriera seguir con la mujer con la que llevaba viéndose más de un año a iniciar una incierta relación con otra mujer a la que había conocido cuatro días antes. ¿Acaso esperaba fidelidad eterna por un sólo eso?. Puede que Spencer tuviera sus dudas respecto al matrimonio, pero eso no tenía nada que ver con ella, sino con el sacramento en sí, en general. Quería tirar algo y, tras mirar por toda la habitación, acabó lanzando las almohadas de la cama contra una silla. Cuando el brazo empezó a dolerle, se tiró al suelo. ¿Cómo podía haberse permitido enamorarse de Spencer? Después de varios minutos de continuos sollozos, se quedó inmóvil…¿Qué habría hecho ella misma si hubiera existido alguna remota posibilidad de entablar


una relación adulta y seria con Spencer? No tenía asentido seguir pensando al respecto, se dijo. Y, finalmente, moviéndose como una autómata, se fue desvistiendo y poniendo el camisón. Luego retiró el edredón, se metió en la cama, se sonó con un pañuelo de papel y apagó la lámpara de noche. Después suspiró y se tumbó boca arriba, mirando hacia el techo a la débil luz de la luna. Entonces empezó a repetirse, una y otra vez, las cosas que tenía que hacer al día siguient; los detalles que tenía que concretar con Kelly antes de regresar a Atlanta. Por ejemplo, tenía que hacer algún hueco en su agenda para volver a quedar con ella. Se forzó a levantarse de la cama y se sentó frente a una pequeña mesita, bostezando mientras abría su agenda y, de pronto, se le pasó el sueño de golpe. Miró una anotación personal del mes anterior y rápidamente consultó las páginas más recientes, en busca de lo que sabía que no encontraría, pálida del susto. Le entraron unas ganas despiadadas de reír: ella, que siempre había estado tan orgullosa de los organizada que era, había tenido un descuido que podía alterar su vida.


Enamorarse de Spencer no era absolutamente nada en comparación con aquello. Hacía seis semanas que no tenía el periodo. Eres un completo estúpido, Spencer- le dijo su madre a la mañana siguiente. -Creía que lo correcto en estas ocasiones era decir: ¡enhorabuena!. Espero que seas muy feliz” -Nunca había dicho nada hasta ahora, porque tenía la esperanza de que te dieras cuenta tu solo; pero está claro que me equivocaba – Edwina Lockhart lo miró con severidad. Puede que lo mejor es que me vuelva a Europa. Todavía no he deshecho el equipaje – añadió. Spencer se sirvió otra taza de café y sonrió. A pesar de lo grande que era su madre, que casi medía tanto como él, nunca se había sentido intimidado por ella. -Tú no te vas a ningún sitio, madre, y lo sabes –removió el café con una cucharilla. En realidad no conoces bien a Charlotte. ¿Acaso has hablado con ella más de cinco minutos seguidos? -No tengo que hablar con esa niñata para saber que no te convienes. Y que tú no la amas.


-¿Amarla? –Spencer se encogió de hombros y suspiró. No cabe duda de que siento afecto por ella. Y ya sabes lo que pienso del amor romántico. Charlotte será una buena esposa y tal vez te dé el nieto que siempre has deseado. -Nadie quiere un nieto a ese precio. Además, que yo sepa, los niños nunca te han vuelto loco. -Tengo que reconocer que nunca he tenido un instinto paternal muy desarrollado; pero últimamente he empezado a ver a los hijos de otras personas y he comenzado a preguntarme qué tal sería tener uno propio –Spencer suspiró. De veras, creo que estoy preparado para ser padre. ¿Qué más puedo decirte? Su madre lo radiografió con la mirada durante bastantes segundos. Luego se levantó y llevó los platos de su desayuno al fregadero. -Todavía no me has contado todo –afirmo Edwina. Nunca habías sugerido siquiera la posibilidad de casarte con esa niña y ahora, de repente, me dices que la boda será dentro de tres meses. ¿Es que está embarazada? -No, madre. -¿Estás seguro? -Sí, completamente –Spencer rió. Dado que hacía bastante tiempo que él y Charlotte no tenían una noche íntima, no le cabía la menor duda al respecto. Además, en caso de que estuviera embarazada, no esperaríamos tres meses


para casarnos, ¿no te parece?. Por cierto, que va a venir la señorita Firchild. Estoy seguro de que te caerá bien. Es una mujer muy inteligente –comentó para cambiar de tema. -Me alegra oír que hay alguien inteligente por aquí- rezongó Edwina. ¿Y cuándo dices que viene? -Sobre las nueve. Debe de estar al caer. -Perfecto: puede que hablar de la boda de tu hermana me ayude a olvidar la tuya. Aquel último día en Nueva York había sido una pesadilla. Entre que seguía sin llegarle el periodo y que Spencer le había anunciado su compromiso con Charlotte, lo único que Brianna había querido había sido escapara cuanto antes. Después de atender a Kelly precipitadamente, se había dedicado a visitar museos a solas, incapaz de desembarazarse de una sensación depresiva que le atenazaba el corazón. A pesar d todo, había recobrado en parte los ánimos, en gran medida porque había tenido que ocuparse de tantos compromisos que le había sido imposible encontrar un segundo para preocuparse por nada más. Claro que tendría que ir al médico cuanto antes. -Creía que o tenías relaciones sexuales de ningún tipo –comentó el doctor


Steinberg, que en todo momento se mostró muy amable y atento. -NO las tenía la última vez que vine…ni las tengo ahora. -Entonces, ¿el padre ha desaparecido del mapa? -Más o menos. -¿Por qué no se puso un preservativo? -Me dijo que se había hecho la vasectomía –respondió Brianna, roja como un tomate. -Bueno, al menos no hay problemas añadidos. -¿Cómo dice? -Que no te ha contagiado ninguna enfermedad venérea- aclaró el doctor. -Ah… -Has tenido mucha suerte, Brianna. Deberíais haberos protegido, pro mucho que te dijera que se había operado –apuntó el doctor, que la estaba mirando fijamente a través de las gafas. Bueno, pequeña…¿qué quieres hacer? Brianna sabía a qué se refería….Y ya había tomado una decisión. -Voy a tenerlo, doctor- anunció con una débil sonrisa, a pesar de lo asustada que estaba. Entonces, de pronto, rompió a llorar. El doctor le dio unas palmaditas cariñosas en la espalda y le comentó que era


normal que experimentara cambios de humor repentinos debido a las variaciones hormonales. Luego le dio hora para una siguiente cita. Hacía dos semanas de aquella consulta y estaba a punto de ir a casa de los Lockhart. Se sentó en su furgoneta, se puso el cinturón de seguridad, arrancó y salió a la carretera. “voy a tener un bebé”, se dijo. Una y otra vez pensaba acerca de su inminente maternidad y cada vez le parecía más real, menos espeluznante. A pesar de que iba a llevar todo el peso del embarazo, del parto y de la crianza del bebé ella sola, y a pesar de que aquel bebé no había sido fruto del amor, ni siquiera del placer, poco a poco se iba haciendo a la idea. Tenía treinta y tres años y ya casi había renunciado a la posibilidad de ser madre. En cambio, cada vez que ahora veía un cochecito con un bebé, sentía una emoción incomparable. Una emoción que la había ayudado a enfrentarse al viaje a casa de los Lockhart, en Buckhead. Iba siguiendo las indicaciones de un mapa que Spencer le había pasado por fax esa mañana. Después de torcer por varias calles, llegó a una flanqueada por dos hileras de casas maravillosas y volvió a torcer a la derecha. Siguió conduciendo unos pocos minutos más, hasta alejarse de la ciudad y llegar a


un sendero en medio del campo. En otras circunstancias, tal vez habría disfrutado del viaje; pero en esos momentos estaba demasiado tensa para contemplar los árboles que salpicaban el paisaje. Cuanto más se acercaba a su destino, más se le revolvía el estómago. ¿Podría finalizar el día sin tener que vomitar? Paró la furgoneta al llegar a un pequeño aparcamiento que había a un lado de la casa y, nada más bajarse del vehículo, vio que Spencer se acercaba hacia ella, con una camisa tan azul como sus ojos. Notó un pinchazo en el estómago. Por algún motivo, había supuesto que él no estaría allí. -Buenos días, señorita Fairchild –la saludó con frialdad. -Señor Lockhart –replicó ella con igual formalidad. Notó que un sudor frío le recorría la nuca. Vi el anuncio de su boda en el periódico del domingo – añadió, al tiempo que se llevaba una mano al cuello de su blusa de seda. -Sí. A Charlotte no le gusta nada cómo ha salido en la foto –comentó Spencer, que parecía tan poco entusiasmado con la boda como días atrás. Se detuvo y la miró a los ojos. No se lo pregunté la última vez que nos vimos, pero quería…queríamos saber si está dispuesta a organizar nuestra boda….¡Dios!!. ¿te encuentras bien? –se interesó Spencer, alarmado, retomando el tuteo sin recuperarse aun del susto.


Un mareo la había obligado a apoyarse en la furgoneta. Acto seguido, vomitó. -No…no me encuentro muy bien esta mañana –comentó, toda pálida. -¡Santo cielo!. He visto cadáveres con mejor aspecto que tú. Spencer la rodeó con un brazo y la llevó hacia casa. ¿Seguro que no tienes gripe? Brianna se encogió de hombros, tragó saliva e intentó no descomponerse hasta llegar a la casa, a pesar de que las rodillas le temblaban cada vez más. -¿Crees que podría usar la habitación de invitados? –preguntó en un susurro en cuanto abrieron la puerta. Se sintió mucho mejor después de vomitar de nuevo, pero seguía teniendo muy mala cara. Apoyó las manos en el lavabo del baño y se quedó mirándose al espejo, preguntándose quién podría ser aquella mujer pálida y ojerosa del reflejo. Desde luego, no se trataba de la verdadera Brianna. Metió las manos en su neceser y sacó algo de colorete y un pintalabios, a fin de arreglarse un poco antes de que alguien se asustara al verla. Spencer parecía haberse aterrorizado minutos atrás. Débil, pero recompuesta, salió del baño y se encontró con una mujer mayor de


gran estatura. Tenía el pelo corto y sus ojos azules la miraban con amabilidad y preocupación. -¿Te encuentras mejor, cariño?- le preguntó la mujer. Tal como había hecho Spencer, la rodeó con un brazo por la cintura para ayudarla a caminar. -No creo que ésta sea la mejor forma de visitar la casa de alguien por primera vez –comentó Brianna, esbozando una débil sonrisa. -Vamos pequeña, no te preocupes por eso- dijo la mujer después de soltar una risotada. Por cierto, soy Edwina Lockhart; por si no lo habías imaginado ya. -Sí, si, lo suponía –Brianna volvió a sonreír. Poco a poco se sentía mejor. -Sentémonos y charlemos un rato antes de ver la casa. NO parece que esas piernas delgadillas que tienes puedan mantenerte de pie todavía – la señor Lockhart condujo a Brianna a la biblioteca. Había dos paredes con estanterías repletas de todo tipo de libros, mientras que las otras dos estaban libres, pintadas de amarillo. En un extremo de la pieza había tres ventanas, en una de las cuales había un gato blanco con unos ojos tan azules y vivos como los de Spencer, pensó Brianna, sonriendo para sus adentros. -Siéntate –Edwina la instó a que ocupara uno de los dos sofás blancos de la librería. ¿Te apetece un té?


-Sí, gracias. Seguro que me sentará bien. Edwina pidió té a través de un interfono y luego se sentó en el segundo sofá, frente a Brianna. -Spencer está atendiendo una llamada en otra habitación. Vendrá después. Dice que también vas a organizar su boda. -En realidad no he tenido ocasión de discutirlo con é.- Brianna notó que se había sonrojado. Bajó la cabeza y vio que tenía las manos agarradas. Entonces sintió que le iba a dar una nueva arcada y prefirió cambiar de tema. Me preocupaba cómo podría acomodar a todos los invitados de su hija en una casa particular; pero ya veo que mis temores eran infundados. -Y sólo has visto la biblioteca y el baño –apuntó Edwina, dispuesta a seguirle la corriente. -Aun así, supongo que no tendrá asientos para mil personas dentro de esta cas…..¿Te importa si te tuteo? -En absoluto, por favor –Edwina sonrió. Y claro que no los sentaremos dentro. Para algo tenemos jardines. Si Dios quiere y hace un día soleado, todo irá sobre ruedas. -Por desgracia, eso no puedo garantizárselo yo.


-De todos modos, creo que hemos decidido que sólo asistan a la ceremoia la familia y unos pocos amigos íntimos. El resto vendrá para el banquete, que es lo único que les interesa en realidad….NO habrá más de doscientas personas en total, así que podremos acomodarlos a todos en una sala de baile que luego te enseñaré. -Suena bien- Brianna sonrió. Una asistenta discreta entró con el té, dejó la bandeja en una mesita que había frente a la señora Lockhart y se marchó sin interrumpir. Brianna se dio cuenta de que Edwina la estaba mirando, de modo que le preguntó sin rodeos: ¿pasa algo? -No, no –Edwina denegó con la cabeza y suspiró. Cuando una se hace mayor, se distrae con frecuencia- se inclinó hacia delante y sirvió té para las dos. -Créeme: la edad no tiene nada que ver con eso – Brianna rió. Yo soy la primera que me quedo pensando en las musarañas cada dos por tres. -¿Leche o azúcar?- le preguntó Edwina, después de lanzarle una cálida sonrisa. -Las dos, pro favor. Gracias. -¿Y qué te parece mi pequeña?- le preguntó Edwina después de darle el té a Brianna. -Oh, Kelly es un encanto. Estoy deseando terminar los bocetos preliminares de


su vestido de novia. ¿Los tienes aquí? –preguntó Edwina, a la que se le había iluminado la cara. -No…Kelly me hizo jurar que no se los enseñaría a nade hasta que ella no diera su aprobación. -Tienes toda la razón. Lo último que Kelly necesita es que su madre meta las narices donde no le importa – le dio un sorbo a su té. Supongo que ya te habrá dicho que ella no quiere celebrar una boda por todo lo alto, ¿verdad? -Sí-admitió Brianna. -¿Y tú qué le dijiste? -Que haría lo posible para que la ceremonia le resultara lo menos embarazosa posible – se encogió de hombros y suspiró. No me dejo convencer fácilmente para abandonar un encargo de trabajo…. Edwina miró a Brianna y luego se echó a reír: -Ahora veo a qué se refería Spencer….Y hablando del rey de Roma…¿Crees que ya estás en condiciones de ver la casa?- se interesó Edwina. -Sí –se apresuró a responder Brianna. Ya me encuentro bien –añadió, levantándose del sofá. Entonces notó que, probablemente, a medida que pasaran los siguientes meses, no podría moverse con tanta facilidad.


Edwina había insistido en que fuera el mismo Spencer quien le enseñara la casa y los jardines, alegando que ella tenía que llamar a un para de personas. Brianna no había podido negarse, para no despertar ningún tipo de sospecha en la señora Lockhart. Y ahora, a pesar de los esfuerzos que estaban realizando por charlar con desenfado, el aire que los rodeaba estaba cargado de tensión. -Es una casa increíble –observó Brianna. Es una de las casas más preciosas que he visto en toda mi vida –añadió. -Gracias –Spencer la miró de reojo. Aunque no puedo atribuirme el mérito de que sea tan bonita. Kelly y yo somos la tercera generación que vive en esta casa. -Me gustaría colocar algunos toldos por aquí, pro si le diera por llover el día de la boa- comentó Brianna cuando se hallaron en un jardín con mucho césped. Se giró hacia Spencer y se apartó un mechón de pelo que le caía sobre la cara. ¿Qué te parece? Debía de haber estado observándola, porque desvió la mirada de inmediato y se puso a jugar con unas llaves que tenía en un bolsillo. -Tienes carta blanca para hacer lo que quieras. Ya lo sabes. -Sí…pero me interesa tu opinión. -¿Y qué importa mi opinión?- la miró sin sonreír. No es mi boda -No, no lo es – Brianna disimuló el latigazo que sintió en el pecho. Respiró profundamente. Pero, ¿qué pasara con la tuya?. ¿También la celebrarás aquí?


-Entonces, ¿tienes pensado organizarla tú?- contra-preguntó Spencer. -Si quieres, sí- replicó, asombrada de lo firme que había sonado su respuesta. -Ya veo –Spencer se detuvo y luego habló en voz baja. La verdad, te aseguro que Charlotte preferiría morirse antes que celebrar una boda parecida a la de mi hermana. Estoy convencido de que querrá algo totalmente diferente. -Me parece normal –dijo Brianna. Supongo que a mí me pasaría lo mismo, en las mismas circunstancias –añadió. Caminaron en silencio durante un para de minutos. Brianna parecía haberse acostumbrado al dolor que le oprimía el pecho cada vez que veía a Spencer o pensaba en él. Aunque no hubiera estado Charlotte de por medio, nunca habría podido iniciar una relación con él, toda vez que había descubierto su embarazo. Pero entonces, ¿por qué no lograba aceptar la situación y se olvidaba de él? A fin de no dejarse pensar, para no hurgar más en a herida, decidió seguir hablando: -Charlotte tiene que venir a verme cuanto antes para hablar de su vestido. Lo diseñe yo o lo encarguemos en cualquier otro sitio, llevará unas ocho semanas tenerlo listo.


-Sí, claro – Spencer se paró. Le diré que te llame. Brianna respiró hondo. No soportaba la total ausencia de entusiasmo con la que hablaba de su próximo matrimonio. -Spencer, ¿por qué te casas con Charlotte? –se atrevió a preguntarle finalmente. La miró a la cara con tal intensidad que Brianna sintió la necesidad de dar dos pasos atrás. -¿Y a ti que te importa, si puede saberse? -Ya sé que no es asunto mío; pero….- Brianna se tragó las lágrimas y se esforzó por controlar el temblor de sus rodillas-…me duele verte así. Hace tres semanas parecías preferir encerrarte en una cueva de serpientes a contraer matrimonio. Y ahora, de pronto, estás dispuesto a casarte….me has pedido que organice vuestra boda y no me siento cómoda trabajando en un proyecto en el que uno de los protagonistas se muestra tan indiferente y desapasionado –improvisó Brianna, cuyo interés por Spencer era mucho más personal que todo eso. -Por favor, Brianna,¿no pretenderás hacerme creer eso? – le lanzó una mirada implacable. ¿Es que ninguno de tus anteriores clientes ha tenido dudas ni se ha puesto nervioso en el último momento? -Por supuesto que sí –Brianna se sentó en un banco de piedra. Pero eso no es lo


que te pasa a ti. Y tú lo sabes. Está claro que te vas a casar con una mujer a la que no amas –acertó a decir, a pesar de los trepidantes latidos de su corazón. Spencer se había quedado de pie, mirando a un punto inconcreto a cien o doscientos metros. Una mariposa blanca revoloteó delante de ambos. -¿Y tú qué sabes del amor? –contraatacó Spencer con clama y crispación contenida. -Más de lo que tu te crees –replicó, sin importarle cómo pudiera interpretar sus palabras. Brianna vio que Spencer estaba luchando por mantener el control. Para mí, el único motivo por el que deberías casarte con Charlotte es que la amaras. Pero lo que vas a hacer no tiene ningún sentido, sencillamente. -Estaré en Japón las siguientes seis semanas- dijo con voz neutra después de unos segundos, dando por concluida la anterior conversación. Kelly o mi madre te atenderán durante mi ausencia- añadió. -Ah…está bien –se levantó, se alisó la falda y emprendió el camino de vuelta a casa. En tal caso, estableceré un plan de trabajo y se lo enseñaré a tu madre. Se había levantado con brusquedad. Tanta que Brianna sintió un ligero mareo tras andar unos pocos metros. Extendió una mano para agarrarse a una poyete y sobreponerse y, aunque esperaba que su fugaz desvanecimiento hubiera pasado


inadvertido, lo cierto era que, por dentro, el cuerpo entero le temblaba con virulencia. -Y, por favor, dile a Charlotte que se ponga en contacto conmigo.-..-prosiguió Brianna-…para empezar a organizarnos. Se retiró del poyete y se alejó a toda velocidad de Spencer, deseosa de llegar a la casa, recoger sus cosas y marcharse. Pero el terreno empezó a ondularse bajo sus pies y el camino serpenteó peligrosamente. -Brianna…..-Spencer la agarró antes de que ésta cayera al suelo. “Por favor, no pretendas ser amable encima”, pensó ella. “no lo soportaría”. Tragó saliva, se esforzó por mantener la cabeza despejada y apartó a Spencer de su lado. -¡Déjame!. Lo miró a los ojos durante un segundo y después de ver una cierta veta de angustia, se giró y siguió hacia la casa, rezando porque Spencer no la siguiera. Spencer miró por la ventana y vio alejarse la furgoneta de Brianna. -Ya es mayor, Spencer- le dijo su madre. Deja que se marche tranquilamente -Ya, pero no está bien del todo –intentó no parecer más preocupado que los demás. Pero, ¿qué pasa si vuelve a tener un desfallecimiento mientras conduce?


-Spencer, ¿Qué paso en el jardín? -Nada –respondió, esquivando la mirada de su madre. -¿eres consciente de que tienes mucho peor aspecto que ella? -Me he asustado, eso es todo- contestó Spencer en voz baja. No estoy acostumbrado a que las mujeres se desmayen delante de mí. -No, supongo que no lo estás. Edwina se arrellanó en uno de los sofás y cruzó los brazos. No lo estás llevando nada bien: lo sabes, ¿verdad? -NO tengo ni idea de a qué te refieres, madre. -sí, claro que la tienes- replicó con serenidad. Te vas a casar con la chica equivocada. -No seas ridícula –dijo Spencer, después de toser y recuperarse de la impresión. Charlotte será una esposa perfecta. -Piensa lo que quieras…pero es a Brianna a quien quieres. Tú sabrás si prefieres seguir atormentándote. Y ahora. ¿vas a ir al trabajo hoy, sí o no? -Sí, tengo que arreglar un montón de cosas antes de ir a Tokio –se levantó y tomó su maletín. Escucha, voy a decirle a Charlotte que se ponga en contacto con BRi…l señorita Fairchild para lo del vestido. Al parecer, hacen falta ocho semanas para


tenerlo listo….¿Te importaría vigilar mientras estoy fuera? -¿Vigilar a quien?-Edwina enarcó una ceja. -Vigilar en general, madre. Asegurarte de que todo va bien –Spencer se detuvo. Y procura controlar a Charlotte. Simplemente, no quiero que incordie demasiado a la señorita Fairchild. -Entiendo –Edwina rió. -¿qué te hace gracia? -No, nada… -Está bien, lo que tú digas –dijo él justo antes de disponerse a salir de casa. -¿Spencer? –Edwina escudriñó el rostro de su hijo. -¿Sí? -Recuerda que estás hablando con tu madre y que a mí no puedes engañarme ni ocultarme nada, porque te conozco de sobra y puedo leer tu cara como si fuera un libro abierto. Y déjame decirte que si pretendes hacerme creer que tus sentimientos hacia Brianna no rebasan un mero afecto sin trascendencia, eres mucho pero mentiroso de lo que pensaba. Spencer se rascó la nuca y deseó que su madre no tuviera esa desquiciante


capacidad para leer sus pensamientos tan claramente. -Es que la señorita Faichild no tiene a nadie más –dijo por fin. No tiene familia y, que yo sepa, tampoco amigos de verdad. Ella no lo admitiría, pero pienso que se siente muy sola. -Eso mismo me ha parecido a mí. Aunque lo que no comprendo es por qué una mujer tan joven y encantadora puede estar sola –Edwina se acercó a la ventana y acarició la cabeza del gato. Por cierto, tenías razón. -¿Sobre qué? -Sobre ella. Brianna me ha caído muy bien. Y no cabe duda de que es muy inteligente –Edwina sonrió. Y muy guapa, si me permites decirlo. ¿Qué podía responder él ante eso? Spencer estaba sentado en su asiento giratorio de cuero, delante de la mesa de su despacho, con las manos entrelazadas detrás de la cabeza. ¡Menos mal que su conversación con Charlotte había durado tan poco! No le había sentado muy bien enterarse de que tenía que marcharse seis semanas al Japón. Por su parte, y, aunque no le gustaba reconocerlo, desde que se habían comprometido, Spencer pensaba que se estaba poniendo muy caprichosa y que, más que nada, era un incordio de mujer. Pensó que se trataba de los típicos


nervios previos a una boda; pero no se lo creía del todo. Bueno, al menos había conseguido que le prometiera que iba a llamar a Brianna para fijar una primera cita. Consultó la hora. Por sorprendente que fuera, había conseguido despachar todos los asuntos pendientes que le quedaban y aún tenía una hora antes de salir para el aeropuerto. Se levantó de la silla y se acercó al mueblebar, con intención de servirse un martín. Una vez allí, en cambio, s le pasaron las ganas. Sonrió y dejó la botella en su sitio. Luego se miró al espejo que había sobre el mueblebar y vio la expresión angustiada de sus ojos. Entonces pensó en la angustia que también había visto en los ojos de Brianna, horas atrás, en el jardín, cuando ella le había pedido que la dejara después de sentir aquel segundo mareo. Cambió de parecer una vez más y decidió servirse el martín. Le gustara o no, su madre tenía razón. No estaba sabiendo llevar nada bien todo aquello. Por supuesto que Charlotte sería una buena esposa, pero, tal como no dejaban de recordarle, él no la amaba. Y jamás la amaría, al menos en el sentido romántico de la palabra. Aunque también era cierto que hasta hacía sólo dos semanas, no se creía capaz de amar a


ninguna mujer. Pero, entonces, ¿estaba reconociendo que se había enamorado de Brianna Fairchild?, ¿era por eso por lo que su preciosa cara, y no la de Charlotte, se le imponía obsesivamente en sus pensamientos?, ¿Por qué se moría de ganas por tocarla, pro estrecharla entre sus brazos y decirle que nunca más volvería a estar sola? Dejó el martín a medio terminar y regresó a la mesa de trabajo. El nunca había creído en el amor, y mucho menos en el amor a primera vista. Y, sin embargo, precisamente de eso se trataba en esa ocasión. ¿O no? Brianna era una mujer irresistible, fogosa y elegante, encantadora, valiente y nada presumida ni arrogante. Además había demostrado ser muy sincera y tener sentido del humor….¿Es que no se iba a dar la oportunidad de ser feliz con ella? Echó las manos a unos papeles que necesitaría durante el viaje y giró la cabeza con rabia.¡Maldita sea!. ¿Cómo podía haber sido tan idiota como para comprometerse con una mujer cuando su corazón y su alma se sentían atraídos por otra?. Pero, ¿cómo podía romper una relación con una mujer con la que llevaba saliendo durante casi un año?. Aunque sólo fuera eso, Spencer siempre se había considerado un hombre honorable y de palabra. El no rompía sus promesas, ni en sus negocios ni en su vida


personal. Pero entonces cayó en la cuenta de que él nunca le había prometido a Charlotte nada, aparte de tenerle respeto y consideración, lo cual había cumplido. Lo del matrimonio había sido idea de ella. Se hundió en el asiento giratorio y se tapó la cara con las manos. Entonces, ¿por qué había accedido a casarse con Charlotte?. Porque Brianna Fairchild no podría acercarse a él si ya estaba casado con otra persona, le respondió una vocecilla. Spencer suspiró como si se acabara de desclavar una espina oculta que hubiera estado retorciéndole el pecho…. Pero Brianna sí se había acercado a él. Y demasiado. -¿yo no quiero estar enamorado!. ¿Está claro!- le gritó al aire, al tiempo que le daba un puñetazo a la mesa. Estar enamorado…..El mero hecho de decirlo le resultaba desconcertante, increíble. Y si algo detestaba Spencer era perder el control de su vida. Con Charlotte, en cambio, siempre dominaba la situación. Lo de Brianna era totalmente distinto, como bucear en un lago sin fondo. Por mucho que le apeteciera bañarse, podía resultar muy peligroso, pues no había forma de tener los pies en la tierra y se podía uno ahogar


“Aunque también podría relajarme y flotar alegremente”, se dijo mientras cerraba su maletín, deseando poder cerrar el flujo de sus pensamientos. Se acercó al armario y dejó la malet en una silla. ¿A eso conducía toda esa tontería del amor, el romanticismo y el matrimonio?. ¿a sentirse mortificado?. El, un hombre adulto, se había convertido en un chiquillo inseguro. Descolgó su abrigo de una percha y cerró el armario con fuerza. Un chiquillo inseguro que no tenía ni la menor idea de qué hacer. Se puso el abrigo y dio gracias a Dios porque su viaje a Japón fuera a alejarlo de Brianna durante un tiempo. Si dejaba de verla, tal vez pudiera dejar de pensar en ella. Y en cuanto a Charlotte, quizá la distancia aumentara el cariño…aunque sin exagerar. Y ojalá no confundiera los sentimientos y le sucediera al revés. La mera idea de querer aún más a Brianna le produjo un escalofrío. Ve a ver a Clarece-Zoe asomó la cabeza por el despacho de Brianna. Está preciosa. -¿Sí?, vale, ahora mismo me acerco. Cuando Zoe se hubo marchado, Brianna le dio un mordisco a una galletita salada. Seguía delicada, pero parecía que el estómago sí aceptaba aquellos antojos. Se sacudió unas migajas de la blusa y se dirigió al vestuario. Brianna esbozó una


amplia sonrisa al ver a la novia, la cual era su contable desde que Brianna le comprara la empresa a Luella. -¿Caramba!. ¡Los vas a dejar a todos boquiabiertos!- exclamó Brianna. -¿Verdad que estoy guapa?. No quiero quitarme el vestido- añadió entre risas. -Pues no lo hagas. Aunque te advierto que cuando lo lleves puesto dos semanas no tendrá el encanto de la novedad- bromeó Brianna. -Cierto- la contable se quitó el vestido. Creo que te vas a ocupar de la boda entre el señor Lockhart y la señorita Westwood. Seguro que nos reportará una buena suma. -Sí , se supone que va a ser todo un acontecimiento- comentó Brianna, olvidándose de la repentina opresión que le atenazaba el pecho. -¡Si es que consigo que la novia tome alguna decisión!- se sentó sobre el brazo de una silla que había en el vestuario y se cruzó de brazos -¿Ha elegido ya el vestido?- le preguntó Clarece mientras se ponía una blusa. -Sí, aunque se niega a que sea un diseño mío original. Brianna no se molestó en disimular el tono despectivo de su voz. Después de trabajar durante dos semanas con Charlotte Westwood, Brianna podía afirmar que la futura esposa de Spencer


no le gustaba lo más mínimo. -¿Me tomas el pelo? -ojalá. El caso es que le dije que yo podía copiarle el diseño de cualquier modelo que encontrara en las revistas y, ¿sabes lo que hizo?. Me trajo una revista con una foto de un vestido de unos tres millones de pesetas y me dijo que ése era el que más le gustaba. -¡Menuda….!. Clarece dejó la frase en el aire. Se abrochó la blusa y se puso la falda. ¿Y qué contestaste? -Creo que podré conseguirle el vestido, ¡pero no veas la de llamadas y faxes que me está costando! -Francamente, me parece que esa Charlotte tiene que ser un poco tontaClarece se alisó la falda. ¿Cómo está llevando el novio el jaleo de los preparativos? -Ha optado por lo más fácil y ha huido al Japón durante seis semanas. Acertó a responder Brianna, sonriente incluso. -Ya veo. Te apuesto lo que quieras a que conozco a otro hombre al que le gustaría estar en Japón en estos momentos. Seguro que preferiría hasta estar en


Liberia antes que aquí- bromeó Clarece mientras se calzaba. Muy bien, doña Bodas, ¿estoy lista? -Sí. Pásate otra vez tres días antes de la boda en caso de que decidas engordar seis kilos de aquí a la ceremonia; pero, por lo demás, estás lista. -Me parece más probable que pierda seis kilos a que los gane. Con los nervios que me entrarán a medida que se acerque el día…-Clarice suspiró. ¡Me volveré loca!. Por cierto, ¿has arreglado todo con la floristería? -Todo. Y también le hemos dicho al restaurante el menú del banquete y hemos hablado con el fotógrafo- Brianna sonrió y acompañó a la contable a la puerta del vestuario. Anda, vuelve al trabajo y olvídate de problemas. Tu limítate a repetirte que todo está bajo control, ¿de acuerdo? -Sí, claro, eso es muy fácil de decir.¡Como no es tú boda….! Nada más salir del vestuario, en el pasillo, Zoe las interrumpió. -Está aquí….-susurró. -Déjame que adivine….¿Charlotte Westwood?- intervino Clarece. -NO sólo ella- repuso Zoe. También ha venido su madre. -Por tu propio bien- Brianna se dirigió a Clarece,- te aconsejo que desaparezcas cuanto antes.


-Vamos, no será tan terrible… -Claro que sí- aseguró Zoe. Si Atila tuvo madre, seguro que se parecía a la de Charlotte- añadió. Zoe se quedó con Clarece y ambas vieron alejarse a Brianna, que ya estaba saludando a Charlotte y a su madre con la más amable de sus sonrisas. Charlotte sola se bastaba para convertir en una pesadilla cada una de sus citas; pero la presencia de su madre convertiría ese encuentro en algo infernal. La señor Wetwood era una versión envejecida de Charlotte. Llevaba una faja que le estrangulaba la cintura y que sólo servía para que la carne sobrante se le distribuyera por otras zonas del cuerpo, en especial, por el trasero. Brianna tuvo miedo de que la mujer se quedara encajada para siempre en una de las sillas sin poder levantarse. Además, se había hecho tantas liposucciones que tenía la piel tiesa y estirada, tensa, y daba la impresión de que la señora Wetwood siempre estaba sobresaltada, tratara de lo que tratara la conversación. Al igual que su hija, estaba perfectamente maquillada; pero, mientras que en Charlotte el efecto resultaba impactante, en la madre era más bien macabro. -¡Ya era hora, señorita Fairchild!- bramó la señora Wetwood al ver a Brianna. ¿Es que no sabe que no causa buena impresión hacer esperar a los clientes? -Lo siento mucho- Brianna intuyó que acabaría la cita con dolor de cabeza.


Pero estaba atendiendo a otra novia. Además, se han adelantado; su cita no es hasta la una y media- añadió, después de consultar la hora en el reloj. -¿Has avanzado algo en lo de mi vestido?- atacó Charlotte mientras se miraba el color de las uñas. -Entremos a la sala de ahí. Allí estaremos más cómodas. ¿de acuerdo? Zoe miró a Brianna como compadeciéndose de ella mientras ésta y las otras dos mujeres la seguían a una sala cercana. -Sí, ayer recibí un fax de París- Brianna respondió a Charlotte con una sonrisa forzada mientras entraban en la pieza. Si les encargamos el vestido esta misma semana, se comprometen a tenerlo listo para la boda. Pero me temo que habrá que pagar el vestido por adelantado- añadió. -¿Cómo?- la señora Wetwood se llevó una mano al cuello, como si la estuvieran estrangulando. ¿Y por qué demonios vamos a pagar algo antes de verlo? -Eso, ¿por qué vamos a pagarlo por adelantado?- se sumó Charlotte, arrugando la nariz. -Me temo que no puedo encargar el vestido de ninguna otra forma. Este


vestido se va a diseñar exclusivamente para Charlotte y no se puede devolver por ningún motivo- Brianna suspiró y, al ver la indignación de sus clientas, añadió. En caso de que al final no quieran o no puedan usar el vestido, la probabilidad de que pueda vendérselo a otra mujer es prácticamente nula. Estoy segura de que comprenderán que no puedo correr el riesgo de quedarme con un vestido tan caro. Madre e hija la miraron como si les hubiera pedido que se desnudaran por completo. Brianna sintió unas ganas enormes de echarse a reír: ¿Qué más le daba a ella dirigir aquella boda?. Si no estaban contentas con su forma de trabajar, que se buscaran a otra y punto… Si es que encontraban a alguien en toda la ciudad capaz de soportarlas. Una leve sonrisa cruzó su cara mientras se recostaba en su asiento jugaba con un boli que tenía en la mano. Se sentía como una jugadora de póker con una escalera de color. -Así son las cosas- prosiguió Brianna. Estaré encantada de conseguirles del vestido; pero una vez que haga el pedido a París, será suyo. Para siempre. Las dos morenas, una natural y otra teñida, intercambiaron una mirada. La señora Wetwood denegó con la cabeza. -¿Sabes?. El caso es que no estoy segura de que me guste tanto el vestido.


Todos esos encajes…-comentó Charlotte, después de un profundo suspiro. Creo que iban a realzar demasiado mi busto; así que…supongo que tendremos que empezar de cero. ¿Tienes algo nuevo desde la última vez que nos vimos?- le preguntó con una amplia sonrisa, que a Brianna le produjo un retortijón. -Lo siento, pero sólo recibimos nuevos modelos dos veces al año, en junio y en diciembre- dato que ya le había dicho a Charlotte al menos en tres ocasiones. Así que me temo que ya ha visto todo nuestro inventario. Aunque siempre puedo diseñarle algo nuevo… -Quizá deba intentarlo en Nueva YOrk- la interrumpió Charlotte, poniendo cara de puchero cruzando los brazos. -Por si no lo recuerda, señorita Wetwood, no hace ni un mes que he estado con Nelly en todas las tiendas de Nueva YOrk- espetó Brianna, que empezaba a perder la paciencia. Allí no hay nada que no puedan encargar aquí. Al menos, nada para una boda tan distinguida como la suya.-Está bien, señorita Fairchild. Tú ganas- dijo la señorita Wetwood, después de unos segundos de silencio. Supongo que tendré que resignarme a que me hagas tú el vestido- Charlotte la tuteaba con desprecio, a pesar de que Brianna la trataba respetuosamente de usted. No recordaba haber deseado pegar a nadie nunca, pero en ese instante podría haber abofeteado a Charlotte sin ningún problema, y convencida de que no


sentiría el menor arrepentimiento. De no ser por Spencer, habría rescindido el contrato, les habría devuelto el dinero y habría dado por terminada su relación con aquellas odiosas mujeres. Pero, a persar de lo que le dolía pensar que Spencer se iba a casar con esa arpía, se resistía a incumplir su promesa de organizarles la boda. -Estoy segura de que diseñaremos algo que sea de su agrado- dijo Brianna, al tiempo que sacaba un cuaderno en blanco de un cajón. Un vestido ajustado, bien apretado, ¿no le parece? Brianna sonrió y anotó unas indicaciones para la costurera…. Había asistido a una docena de bodas en el club de campo de Buckhead, lugar donde Charlotte había decidido que tendría lugar el banquete. Brianna conocía a las personas que allí trabajaban y sabía que la tenían en buena estima, pues nunca pedía nada que fuera imposible y siempre era muy generosa en los halagos. Sin embargo, cuando telefoneó para anunciar que quería reservar el salón más grande para el banquete de Charlotte, el manager se quedó callado. -¿Qué ocurre, Phil? -Bueno, nada- suspiró. Digamos que, si tenemos que celebrar esa boda, doy gracias a dios de que seas tú quien la dirige. -Esa Charlotte va creándose enemigos allá por donde pasa, ¿verdad? -Es inaguantable- reforzó Phil al otro lado de la línea. Supongo que le gustaría


que una orquesta tocara himnos militares para ella. Con el gusto que tiene… -Todavía notemos hablado de la música, pero tendré en mente tu recomendaciónBrianna rió. ¿Crees que podrás secuestrar al ejército para la ceremonia? -Difícilmente- Phil rió también. Me conformo con que la metas en la cabeza que me llamo Phillip Johnston, no David Copperfield; yo no puedo sacarme un millar de orquídeas de la chistera en el último segundo. -Tranquilo. De eso se encargarán en la floristería. Sabes que te ahorraré todos los problemas que pueda. -Lo sé, cielo- respondió Phil. En fin, te reservo el salón. Lo haremos lo mejor que podamos. -Muchas gracias, Phil. Me acercaré lo antes posible para empezar a organizar los detalles- Brianna miró su agenda. ¿Qué tal te viene el martes a las tres? -Perfecto. -Entonces hasta el martes- se despidió Brianna. Nada más colgar, sonó el teléfono. Fairchild, ¿en qué puedo ayudarle?- descolgó el auricular con el corazón en un puño. -¿Brianna?. Suspiró profundamente: aquella voz era inconfundible, por mucho que


estuviera a miles de kilómetros de distancia. -¡Spencer!.¿Qué…qué quieres?, ¿ocurre algo? -Nada, sólo llamaba para ver qué tal iba todo- respondió después de una pausa. -Todo bien- Brianna notó que le sudaban las manos. -¿Estás ya mejor? -Sí, si…gracias- respondió, emocionada por el sincero interés que había notado en la voz de Spencer. -¿Era la gripe? -No..Lo más seguro es que fuera algo que comí -Ah…-Spencer se quedó callado. ¿Has vuelto a mi casa desde que…desde queme fui? -Sí, un par de veces- Brianna asintió con la cabeza, como si él pudiera verla. Tu madre me obliga a que llegue a la hora de la comida para asegurarse de que me alimento bien. Por cierto, que he vuelto a quedar con ella para pasado mañana -Suena como si te hubiera adoptado. -Sí, eso parece. Y no es que a mí me importe.


-Entonces, ¿te cae bien? -Me cae de maravilla- aseguró Brianna. De hecho, me recuerda un poco a mi madre…¿Spencer?- preguntó, al no obtener ningún tipo de respuesta o comentario por parte de él. -Asegúrate de que mi madre te enseñe el jardín de la parte oeste. Cuando por fin respondió, su voz sonó como una caricia cercana. Los tulipanes tienen que estar preciosos a estas alturas del año. -Lo..lo haré- titubeó Brianna, a punto de romper a llorar. ¿A qué estaba jugando?. ¿Qué quería Spencer de ella? -¿Has hablado con Nelly últimamente? -Sólo por Internet. Pero nos mandamos mensajes por correo electrónico con bastante frecuencia- Brianna sonrió mientras una lágrima le resbalaba por la mejilla. A propósito, estoy segura de que te encantará su vestido. -¿Cómo es? -Bueno, de pocos lazos. -No me sorprende- Spencer soltó una risa serena que envolvió a Brianna como si se tratara de su jersey favorito. Si Nelly descubriera la forma de ir a la boda con botas camperas, iría con botas.


-¿Y quién te ice que o va a llevarlas?- preguntó . ¿Se daría cuenta Spencer de que estaba usando su sentido del humor como mecanismo de defensa? -¿No me irás a decir que… -Solo era una broma- Brianna jugueteó con el cable del teléfono y deseó que la conversación se prolongara un poco más, por mucho que le doliera luego. ¿Qué tal tiempo hace allí?- le preguntó. -No para de llover. Me iría de maravilla si les vendiera paraguas. -¡Qué lastima!. Porque aquí hace un tiempo estupendo. Todo está tan florido… -Ya me imagino. -Tampoco te costará tanto imaginártelo. ¿O pretendes hacerme creer que en Japón no hay flores?-Brianna rió. -Preferiría estar viendo el paisaje de allí- comentó Spencer en un susurro. Entonces, Brianna oyó que un segundo teléfono sonaba al otro lado de la línea. LO siento, tengo que atender esta llamada. El hotel me puso una segunda línea en la habitación. ¿Brianna….? -¿Sí? -Cuídate…


-Tú también- respondió. Pero Spencer ya había colgado. Brianna se quedó mirando el teléfono y juntó tanto las cejas que le acabó doliendo la cabeza. Un río de lágrimas arrasaron sus mejillas. ¿Por qué?. ¿por qué le estaba haciendo eso?, gritaba en silencio, escondiendo la cara entre las manos. Aquello no podía salir bien. Se secó los ojos con un pañuelo y deseó que hubiera laguna manera de librase de aquel compromiso. Aunque tuviera que seguir con la de Nelly, tenía que poder olvidarse de la boda de Charlotte. No podía evitar sentirse angustiada cada vez que relacionaba a esa mujer con Spencer. Pero Brianna sabía que no podía dar marcha atrás. Suspiró y tomó unos papeles que tenía sobre la mesa, aunque no logró prestar atención al trabajo. Tuvieron que pasar cinco minutos hasta que logró serenarse. Y varios minutos más para caer en la cuenta de que, a lo largo de toda la conversación, Spencer no había mencionado ni una sola vez a su prometida. Spencer despachó la llamada que había interrumpido su conversación con Brianna lo más rápido que pudo y luego se hundió en su asiento, abatido. A pesar de la distancia, la presencia de Brianna era tan real para él que casi sentía que podía tocarla con los dedos. Podía oler la fragancia de las flores de las que ella le había hablado y, si cerraba los ojos, podía evocar su cara, su mágica sonrisa, sus luminosos ojos, su


castaño y reluciente cabello. Aquello no podía ser bueno. Aún en pijama, se puso de pie y se acercó a la ventana de su habitación. Sólo eran las siete de la mañana en Tokio, pero la polución ya había ocultado las plantas superiores de muchos rascacielos. E igual de contaminada se hallaba su cabeza desde que había llegado al Japón. Sin embargo, después de aquella llamada impulsiva, la bruma había empezado a desvanecerse,¡no podía casarse con Charlotte!. Se acercó a la minicocina de su habitación a prepararse una taza de café y tuvo la corazonada de que iba a tener que sufrir las consecuencias de aquel dicho de “no hay mayor furia que la de una mujer burlada”, pues no creía que Charlotte fuera a tomarse con muy buen humor la noticia. Pero ahí no se acababa el problema. Tal como se había comportado, lo más probable era que Brianna no quisiera saber nada de él. Aun así, seguía notando algo en su voz que le hacía concebir esperanzas. Esperanzas…Nunca había imaginado que algún día tendría que aferrarse a la esperanza de que una mujer lo amara. Claro que tampoco había imaginado jamás que podría volver a enamorarse de aquella manera. Brianna se quedó inmóvil, extasiada, delante del jardín oeste de los Lockhart. Había miles de tulipanes escarlata, amarillos, rosa y color lavanda, dispersos


como una alfombra de ensueño en un cuento de hadas. La madre de Spencer se hallaba a su lado, con porte distinguido a pesar de verter ropa informal. -Al padre de Spencer le encantaban las flores- comentó son sigilo, como temerosa de destruir la paz que allí se respiraba. Aunque no te lo creas, él solo plantó la mayoría de estos tulipanes. Tardó tres años enteros en hacer todos los hoyos…Y ya hace cuarenta años que tenemos flores todos los añosañadió tras un suspiro. -Fuisteis felices en vuestro matrimonio, ¿verdad?- le preguntó Brianna unos segundos después. -Sí…Por supuesto, tuvimos alguna discusión; pero es imposible que en treinta y cinco años de convivencia no surja algún roce de vez en cuando. Yo siempre supe que me quería- Edwina suspiró. Y yo nunca le di motivos para que durara de mi amor hacia él..si, me alegra que este jardín florezca todos los años. Para mí es como si él viniera a visitarme- añadió con la vista perdida entre las flores. -¿Lo echas mucho de memos? -Hace cinco años que murió, así que ya no duele tanto. Pero siempre lo echaré de memos- miró a Brianna con una fuerza que la puso nerviosa. En cualquier caso, merece la pena extrañarlo a cambio de haber compartido tantos años y tantos sentimientos extraordinarios con él. Puedo asegurarte que se lo que es estar completamente enamorada. -Son realmente bonitos- dijo Brianna, en referencia a los tulipanes, para cambiar


de conversación. Se había puesto colorada. -Entonces, ¿tú también eres amante de las flores?- le preguntó Edwina, la cual agarró a Brianna por un brazo al iniciar el camino de vuelta a casa. Una suave brisa sopló y jugo con la falda de Brizna. -Estoy tan ocupada que no tengo tiempo para mimar mis plantitas; pero sí, me encantan las flores. Tengo muchas macetas….-Brianna sonrió. Bueno, a mí me parecen muchas. Aunque este año no aguantaba el olor de los narcisos, así que tuve que cortarlos antes de tiempo. Segundos después, Brianna notó un pellizco en el codo. -Yo tampoco soportaba el olor de los narcisos cuando estaba embarazadadijo Edwina de repente, con voz muy dulce y suave. Brianna se quedó helada, paralizada, y bajó la vista. Entonces…tenía razón- añadió con ternura. Brianna se apartó de Edwina para acercarse a un banco, haciendo esfuerzos por mantenerse en pie hasta alcanzarlo. Edwina se sentó a su lado. -¿Cómo lo has sabido? -Vamos cariño. No era tan difícil imaginárselo. Sobre todo, porque tienes los mismos síntomas que yo durante mis dos embarazos. Yo sabía que los mareos de hace


dos semans no se debían a ninguna gripe- Edwina sonrió. Y ahora que has recuperado el apetito, comes como una leona. La cocinera estaba contentísima contigo: te lo has comido todo. Brianna permaneció callada, aturdida, incapaz de reaccionar. Edwina le apretó una mano cariñosamente: -Lo siento. NO quería meterme donde no me llaman- prosiguió. Pero parecías necesitar a una amiga. NO es bueno estar sola en estos momentos. Brianna giró la cabeza lentamente y se tragó un sollozo. Era evidente que a aquella mujer le daba igual cómo se hubiera quedado embarazada. Las lágrimas se le acumularon el la cuenca de los ojos y acabó llorando como una niña pequeña en los brazos de Edwina, dejando que ésta la mimara y le dijera que estuviera tranquila, que o pasaba nada. Pasaron varios minutos antes de que las lágrimas de Brianna se agotaron y, finalmente, se puso recta, sacó un pañuelo y se sonó la nariz. -¿Quieres hablar de ello?- le ofreció Edwina. Brianna la miró fugazmente y denegó con la cabeza. Pero ese bebé tiene un padre. ¿Lo sabe él?- insistió. -No- respondió Brianna, con la mirada perdida en el jardín y el pañuelo arrugado


en la mano. -Y…¿no piensas decírselo? -No. Tampoco creo que la noticia fuera a entusiasmarlo- Brianna suspiró. De verdad, no hay nada de qué hablar. A lo hecho, pecho. Estoy embarazada y tendré que arreglármelas yo sola…..Sólo te pido una cosa. -Lo que sea- se apresuró a decir Edwina. -Por favor, no se lo digas a Spencer. Spencer se quitó la ropa que llevaba puesta desde hacía catorce horas y la tiró sobre la cama, impaciente por cambiarse y ponerse una camisa limpia. Se abrochó hasta el penúltimo botón, se puso otros pantalones y un par de zapatos nuevos, agarró las llaves y salió sin molestarse en oír los mensajes del contestador automático .Podían esperar. Todo podía esperar….Excepto eso. Talo vez fuera una locura, pensó mientras bajaba corriendo las escaleras, pero por una vez en su vida iba a actuar dejándose llevar por sus instintos, sin calcular los malditos pros y contras de su decisión. Mayo había despertado con una suave y cálida caricia. Dejó las ventanillas del coche bajadas mientras conducía y disfrutó del aire de Atlanta, relativamente limpio en comparación con el denso ambiente que ahogaba la ciudad de Tokio. Frunció el ceño al recordar su llegada, dos horas antes. No esperaba que Charlotte hubiera ido a recogerlo al aeropuerto y le costó


una barbaridad disimular su contrariedad cuando la vio moviendo los brazos arriba y abajo, saludándolo. Se había mostrado más amorosa que nunca; más que en todo el año que llevaban juntos. Pero ya era demasiado tarde. Charlotte Westwood ya no podía hacer nada que pudiera hacerle cambiar de opinión. Había puesto una cara de asombro inenarrable al rechazar Spencer la propuesta de Charlotte de jurarse amor eterno antes del matrimonio, Íntimamente, entre ellos. Spencer le había dicho que los juramentos eran una cosa muy seria y que era preferible esperar a la boda..aunque él sabía que no tenía la menos intención de casarse con ella. Pero entonces, ¿por qué no se lo había dicho directamente, en el coche?. ¿Por qué no había dejado zanjado el tema en ese preciso instante? Y en vez de hacerlo, ha había despedido, dándole a entender que todo seguía igual que siempre, cuando en realidad ni siquiera estaba pensando en Charlotte, sino en el miedo que le daba declararle su amor a Brianna. Ahora, después de aparcar el coche delante de la casa de ésta, ser preguntaba


cómo iba a afrontar aquella situación. Se mesó el cabello y soltó un enorme suspiro. No podía dejarlo para más tarde. La compra no se iba a hacer por sí sola y, tal como estaba comiendo en os últimos tiempos, no podía arreglarse con cualquier cosita. Se puso su vestido favorito, que ya le empezaba a estar justo, y bajó las escaleras. Se aseguró de que el portal quedaba cerrado y fue hacia su coche. -¿Brianna?. Se giró sobresaltada y se llevó la mano al pecho. Allí estaba, frente a ella, el mismísimo Spencer. -¿Qué demonios haces aquí?- espetó, con la respiración entrecortada. Pero en seguida suavizó el tono de su voz, sobre todo, tras notar la expresión de desilusión de Spencer. Perdona. Es que me has asustado. Me temo que no reacciono bien con las sorpresas. -¿NO?- Spencer se acercó a ella, sonriente; pero Brianna se apartó a fin de controlar el ataque de nervios que le estaba entrando. -No, mis padres me dieron una fiesta sorpresa cuando tenía seis años y estuve histérica durante una hora- sonrió débilmente. Nunca volvieron a darme otra. -Brianna…. -Voy a hacer algo de compra- lo interrumpió, apretando las llaves con la mano. Estaba realizando tal esfuerzo por no echarse a llorar, que apenas lograba respirar.


-¿no prefieres que cenemos juntos? -¿Y por qué íbamos a cenar juntos tú y yo?- se obligó a mirarlo a los ojos. -¿Por qué no? -Me parece que el vuelo te ha sentado mal y aún no te has recuperado- echó a andar y le dio la espalda. No tengo por costumbre salir a cenar con hombres que están prometidos. -Y yo no te lo ofrecería si lo estuviera- replicó Spencer, que la detuvo, colocando una mano sobre un hombro de Brianna. -¿Cómo dices?- preguntó ésta, como un resorte, sin prestar atención al devastador efecto de su tacto. -Tenías razón. Todo el mundo tenía razón; yo no amo a Charlotte y no tiene ningún sentido que me case con ella. -¿Has roto el compromiso?- preguntó boquiabierta. -Esa intención tengo, sí. -¿Intención?- sus miradas se cruzaron. Brianna no soportaba el vertiginoso ritmo de su corazón. ¿Me tomas por tonta?. Si no te importa, tengo algo de orgullo. ¿De verdad piensas que puedes aparecer, decirme que tienes intención de romper tu compromiso con tu prometida, invitarme a cenar y luego…?


-Brianna, déjame que te explique… -Olvídalo, Spencer. -¡POr Dios, escúchame !. ¡Yo no amo a Charlotte !. -¡Nunca lo has hecho!. ¿Y bien que estabas empeñado en casarte con ella hasta hace nada!- exclamó desesperada. Puede que esto te moleste; pero, ¿no piensas que tu comportamiento durante estas últimas semanas puede haber mermado tu credibilidad? Entonces pensó que daba igual que estuviera o no comprometido, ya que, dadas las circunstancias, resultaba imposible cualquier relación con él. Así, dijo lo primero que se le pasó por la cabeza: -Además, ¿nunca se te ha ocurrido pensar que tal vez no estoy disponible? -No- respondió con suavidad. NO se me había ocurrido….¿Es que hay alguien más?- se atrevió a preguntar, cabizbajo. -De alguna manera, sí. -¿Has conocido a alguien mientras he estado en Japón?.-No, sucedió antes. -¿Antes de que me acompañaras a Nueva YOrk? -No…no me di cuenta de que fuera algo tan serio hasta más tarde- contestó con la boca seca. -Dime que estás enamorada de otra persona- Spencer colocó las manos sobre los


hombros de Brianna- y no volveré a molestarte. Hasta ahí no podía llegar. Una cosa era hablar con ambigüedad y otra mucho más grave mentir. -Simplemente, no estoy sola. Spencer la soltó y echó a andar hacia su coche. No hubo ningún adiós, ninguna despedida, nada. Sólo el sonido de un portazo el chirriar de las llantas sobre la calzada…… Esa misma noche se lo diría a Charlotte. Spencer se dirigió a casa de su prometida, oyendo una sinfonía de música clásica en la radio, la cual lo ponía más melancólico de lo que ya se sentía. Pro, a pesar de que la mujer a la que verdaderamente amaba lo hubiera rechazado el día anterior, tenía que zanjar su relación con Charlotte. Habían reservado mesa en un restaurante para cenar con Edwina y con Nelly. Después acompañaría a Charlotte a su casa y allí le comunicaría su decisión de romper con ella. Aún no sabía cómo se lo iba a decir, pero supuso que encontraría las palabras llegado el momento. Antes de que Spencer llamara al timbre, Charlotte abrió la puerta. Había elegido un vestido morado, color que él detestaba con todas sus fuerzas.


-Hola- lo saludó, ofreciéndole los labios para recibir un besos que él despachó lo más rápidamente posible. Llegas pronto, pero ya estoy lista: vamos. -Tenemos la mesa para las seis… -Kelly se tenía que probar el vestido de novia, ¿no? -Sí… -Entonces podemos encontrarnos con ella y con tu madre en la empresa de la señorita Fairchild. -No hace falta. Ya nos veremos en el restaurante. -La señorita Fairchild me dijo que podía pasarme a ver si tenía un borrador de mi vestido. -¿Estás segura?. Creía que sólo admitía visitas previamente concertadas. -Pero hará una excepción conmigo, cielo- Charlotte rió y movió la cabeza como dando a entender que Spencer no podía comprender la complicidad que se creaba entre dos mujeres que preparan una boda. O algo parecido. Si no la presionara, esa mujer no haría nada. La verdad, no entiendo por qué pensaste en ella para organizar la boda de Nelly. No tenía sentido hacer ningún comentario. Unas pocas horas más tarde, podría discutir la opinión que Charlotte tenía acerca de la profesionalidad de Brianna; pero, por el momento, prefería no contrariarla.


-Cada vez estoy más nerviosa. -Natural: ya sólo faltan tres semanas para la boda- respondió Brianna mientras ayudaba a Kelly a introducir un brazo por una de las mangas. Kelly se miró con atención, como si no estuviera segura de estar viendo su propio reflejo, y sonrió. -¿Sabes?. Si hay más vestidos que me hagan estar así de guapa, acabaré llevándolos más a menudo. -Son preciosos, sí- Brianna sonrió. Pero ¿te imaginas ir por el metro toda de blanco y con una cola de tres metros? -¿En el metro?- imposible- Kelly dio un suspiro. Con un vestido así, hay que viajar en limusina. Y era cierto que el vestido era una maravilla y contrastaba perfectamente con la piel de Kelly. Sólo quedaba determinar si llevaría velo o no, aunque, tras una detenida deliberación, lo que sí había decidido era que se recogería su largo cabello albino en un moño, alrededor del cual luciría una corona de rosas. El día de la boda, las flores serían reales; pero, para hacer las pruebas, habían echado mano de unas rosas de tela. Brianna le colocó la corona sobre el moño, que Kelly ya se había sujetado con unos


alfileres, y luego giró a la novia para que su madre pudiera verla. -Bueno, ¿qué te parece? Edwina Lockhart, una de las mujeres más elegantes con las que Brianna había tratado, estaba sentada en un sofá, con las piernas cruzadas y la barbilla hundida sobre las manos. Sus ojos azules rebrillaban y parecía que estuviera haciendo un gran esfuerzo por contener las lágrimas de la emoción. ¿Quién me iba a decir que tendría la oportunidad de ver a mi hija como si fuera un ángel?- preguntó retóricamente, enternecida. Cuando todos sabemos que no lo eres- añadió. -¡Mamá! -Anda pequeña. Ya sabes que sólo era una broma-Edwina sonrió e instó a Kelly a que la dejara un momento a solas con Brianna. Y ahora, quítate el vestido en otra habitación, que tengo que hablar de unas cosas con Brianna. -¿Qué he hecho ahora?- preguntó ésta cuando estuvieron a solas. -No estoy segura.-Edwina le dijo que se sentara junto a ella. Sólo quiero que te sientes a mi lado y que me cuentes qué tal va todo. -Estoy bien, te lo aseguro- Brianna se sentó junto a Edwina como una niña obediente.


-¿A pesar de que mi hijo está haciendo el ridículo? -¿Ha hablado contigo?- preguntó algo alterada. -Sí- se detuvo- ¿Cómo lo llevas? -Le dije que… -Sí, ya sé lo que le dijiste. Y no te culpo ni un poco. Fue una tontería por su parte abordarte de esa manera por sorpresa. Pero, aun así…sabes que está enamorado de ti. Brianna se levantó y pensó que era curioso no haber oído antes tal declaración de labios del propio Spencer. -¿Y por qué me cuentas todos esto?. NO estoy precisamente en posición de… -¿En posición de decirle que tú también lo quieres?. ¿de hablarle del bebé? -¿Podríamos cambiar de tema?- preguntó Brianna con la voz casi quebrada. -De acuerdo- Edwina se levantó, se acercó a Brianna y le acarició la espalda. ¿Seguro que está bien?. Pareces un poco cansada. -Es que estoy cansada. Estoy… -Sí, ya sabemos cómo estás- se adelantó Edwina. Brianna bajó la cabeza y procuró mantener a raya las ganas de llorar. Empezaba a tener la sensación de que en los últimos días no hacía otra cosa que llorar y llorar. -Puede que parezca la observación más estúpida del siglo, pero es tan duro estar


sola en estos momentos…Y todavía no ha nacido el bebé siquiera. -Cariño, estás cosas son difíciles incluso entres dos personas. Edwina rodeó a Brianna por los hombros y la miró a los ojos. NO puedo ni imaginarme lo que tienes que estar pasando. No era extraño que Spencer fuera tan amable, pensó Brianna mientras miraba a la madre de aquel hombre, compasiva y comprensiva como ninguna otra mujer; una mujer capaz de querer a los demás generosamente…como su propia madre. ¿Qué te pasa?- le preguntó Edwina al ver que Brianna estaba a punto de llorar. Pensó que resultaba irónico que la única persona dispuesta a escuchar sus problemas fuera la madre de uno de los problemas. -Ha venido Spencer y Charlotte.- anunció Kelly, asomando la cabeza por la puerta. El estómago de Brianna se retorció al oír aquellos dos nombres juntos. -se suponía que habíamos quedado con ellos en el restaurante- dijo Edwina. -Charlotte quiere saber cómo va su vestido- informó Kelly en voz baja, como disculpándose. Lo siento. No he podido detenerla. -Tranquila, Kelly- Brianna sonrió e intentó aliviar a la hermana de Spencer. ¿Por qué había ido con Charlote?, ¿no había roto con ella?. Será mejor salga fuerase


encogió de hombros. -Escucha- Kelly agarró a Brianna por un brazo antes de que ésta saliera a atender a Charlotte. ¿Por qué no cenas esta noche con todos nosotros? -No, no creo que…. -Vamos, cielo- la animó Edwina. Te vendrá bien- añadió. Brianna la miró desconcertada: ¿por qué le hacía eso? -Pero ya tenéis las reserva y yo no… -¡Bah!- atajó Kelly. Con la cantidad de veces que vamos a ese restaurante, no habrá ningún problema para que añadan un cubierto más. -Y no acepto un “no” por respuesta, jovencita- la presionó Edwina. Mientras Brianna buscaba la cara de la señor Lockhart, convencida de que la buena mujer había perdido el juicio de repente por no sólo permitir, sino desear que ella y su hijo compartieran la misma cena esa noche, oyó que Kelly le susurraba al oído: -Yo que tú no discutiría. Apretó los puños cuando lo vio. Cuando los vio. ¿Qué sucedía?. Si tan decidido estaba a romper su compromiso con Charlotte, ¿qué hacía a su lado todavía?. -Hola Brianna- saludó Spencer, inclinando levemente la cabeza. Llevaba una chaqueta gris y una camisa blanca que resaltaba su bronceado y sus intensos ojos


azules. Brianna nunca le había dado una importancia desmedida al aspecto físico, pero en esos momentos, a pesar de que estaba deseando que Spencer desapareciera para siempre de su vida, no pudo evitar fijarse en lo irresistiblemente atractivo que estaba. Kelly está entusiasmada tonel vestido que le estás haciendo- comentó él, mientras la miraba a la cara….y tocaba el brazo derecho de su prometida. ¿O era Charlotte la que se apoyaba en Spencer? -Sí…intentó no tartamudear. El vestido ha quedado muy bonito. De repente, con la vertiginosa rapidez de un rayo, lo quiso con todo su corazón…a pesar de que siguiera unido a Charlotte; a pesar de que estaba embarazada y así no podía iniciar ninguna relación con nadie; a pesar de que el mero hecho de pensar en Sepncer le dolía más que un ataque de un batallón de avispas enfurecidas. Se quedó sin aliento al tomar conciencia de la profundidad de sus sentimientos. Brianna Fairchild nunca había sentido algo semejante. Jamás. Debían de ser las hormonas. Había leído en mas de un libro que las hormonas podían hacer que las mujeres se sintieran muy…amorosas durante el embarazo; en especial, duarante el segundo trimestre, que acababa de empezar. No encontraba otra explicación para aquel impulso prohibido e incomprensible que la azotaba con tal


intensidad que le dificultaba la respiración. Notaba que la pie le ardía…y estaba segura de que todos los presentes se estaban dando cuenta de que estaba deseando a Spencer con locura en ese preciso instante. -Señorita Wetwood- se obligó a dirigirse a Charlotte, Kelly me ha dicho que tenía una pregunta que hacerme. -Sólo tenía curiosidad por saber si ya está listo el diseño de mi vestido. -Me temo que no- Brianna logró fingir una sonrisa. Pero lo estará el martes que viene, que es en lo que habíamos quedado. -Sí, mi cita era para el martes, pero pensé… -Le prometo que estará listo para entonces- la interrumpió Brianna. ¿Le acompañará su madre? No oyó la respuesta de Charlotte. Brianna sólo se fijó en la mirada que Spencer le dedicó a su prometida, y en la posterior sonrisa nerviosa que ésta le ofreció a cambio. Brianna había insistido en tomar su propio coche para ir al restaurante, a fin de que nadie tuviera que llevarla luego de vuelta a casa. Así el viaje en coche le había dado tiempo para aleccionar a sus hormonas y pedirles que se comportaran con mayor comedimiento cuando estuviera frente a Spencer.


Se preguntaba si Edwina habría hablado algo con su hija, hasta qué punto notaban lo que se cargaba el ambiente cuando Brianna y él estaban cerca. Quedó sentada entre la madre y la hija, las cuales, intuyó Brianna, se estaban intercambiando miradas cómplices y conspiradoras. Por su parte, Charlotte parecía tan pendiente de su aspecto que no daba la impresión de notar nada extraño. -¿Volverás Nueva York después del fin de semana?- le preguntó Brianna a Kelly, pro romper el tenso silencio que envolvía la mesa. -No, me quedaré aquí hasta la boda- respondió. He adelantado lo que tenía que hacer para la universidad, así que puedo permitírmelo- añadió. -¡Pobre Colin!- Brianna sonrió. ¿Cómo le va solito? -No muy bien, a juzgar por su última llamada de teléfono- contestó Kelly, con una sonrisa traviesa. De hecho, creo que va a buscar a algún profesor que lo sustituya hasta después de la boda, para venirse aquí conmigo. -No me parece muy profesional- intervino Spencer. -No es nada fuera de lo común. En serio, hay muchos profesores que se toman unas vacaciones esta de vez en cuando- repuso Kelly. Luego dio un sorbo de vino. Además, necesito que esté conmigo.


-Yo lo único que digo es que no va a cumplir con su responsabilidad- insistió Spencer, poco convencido por los argumentos de su hermana. -Vamos, Spencer- terció Edwina. No seas tan impertinente. Colin es uno de los muchachos más concienzudos que conozco. -Es verdad- reforzó Kelly, asintiendo con la cabeza entusiasmada. Ya tiene preparado cómo dar las lecciones del resto del semestre. Cualquiera podrá seguir sus indicaciones. Aunque Kelly y Edwina no parecían muy disgustadas por los reparos de Spencer, Brianna notó que éste estaba muy tenso. NO sabía por qué, pero sentía la necesidad de aliviar su preocupación… -La verdad es que Colin me pareció un hombre de lo más sensato cuando lo conocí. Y cada uno sabe cómo debe hacer frente a sus responsabilidades, Spencer. Estoy segura de que nadie se verá perjudicado por que haya decidido venir a pasar unas semanas con su prometida- dijo en cambio Brianna, poniéndose en el bando de Edwina y Kelly. -Tienes toda la razón- aceptó Spencer, al tiempo que le lanzaba una tímida sonrisa y alzaba su copa. Su mirada, a través de las velas de la mesa, descontroló el palpitar de su corazón.


Y Charlotte lo noto. Su reacción pasó desapercibida para todos menos para Brianna, que sí se fijjó en la expresión de disgusto de la señorita Wetwood. Aun así, para alguien que escuchara la conversación desde fuera, parecería que los cinco estaban charlando cordialmente mientras cenaban juntos Sin embargo, Charlotte, que al servirse el segundo plato ya había bebido más de la cuenta, había pasado de ser una mujer joven, refinada y de exquisitos modales, a convertirse en una maleducada. No prestaba la menor atención a nada de lo que decían los demás y trataba a toda costa de monopolizar la atención de Spencer, al cual no paraba de toquetear de tal manera y con tamaño descaro que a Brianna empezó a revolvérsele el estómago. -Spencer, cariño, ¿me pasas la sal?- le había pedido, a pesar de que el salero estaba más cerca de Brianna. ¿Tengo algo en la cara?. Me moriría de vergüenza si tuviera algún resto de comida, le preguntó después. Brianna sonrió al recordar la noche que habían ido a la ópera y Spencer le había limpiado la barbilla tras comerse un perrito caliente. Sin embargo, ahora era Charlotte la que centraba la atención de Spencer, y estaba coqueteando con él, mostrándole los labios, delicadamente pintados de rojo, de manera insinuante.


Presenciar aquella escena acabó con la tendencia que Brianna había experimentado durante los anteriores días, consistente en acabar con cualquier cosa comestible que viera a su alrededor. Se preguntaba si alguien se habría dado cuenta de que llevaba varios minutos removiendo las mismas judías verdes de un lado a otro del plato. Y entonces empezaron los ataque. Al principio, las pullas de Charlotte fueron más bien patéticas, pero, debido al estado emocional de Brianna, ésta se sintió afectada más de lo normal. -señorita Fairchild, llevo tiempo queriendo comentarle una cosa acerca de su empresa. -¿Si?- preguntó Brianna alarmada, sin saber qué se proponía Charlotte. -sí…es que me parece que vendría bien volver a empapelar algunas paredes, ¿no cree? -Sí…de hecho, espero redecorar todo el piso este otoño- respondió Brianna. -¿En otoño?- repitió Charlotte, como si esperar hasta entonces fuera una barbaridad. Por favor, las dos sabemos que hay paredes que no aguantarán tanto tiempo. Hay más tiras despegadas que pegadas. Hace feísimo y acumulan muchísimo


polvo… Brianna se puso recta. Sabía que el empapelado de la planta era un poco viejo, pero no era cierto que las paredes estuvieran sucias. Sin embargo, prefirió no rebatir tales acusaciones, pues había que Charlotte sólo estaba buscando un pretexto para discutir. -¿De veras?- respondió por fin. Supongo que he estado tan ocupada que no me he dado cuenta. Me aseguraré de que se limpien, señorita Wetwood. Notaba que Spencer la estaba mirando y que el enojo de éste hacia su prometida aumentaba por segundos. Pero no se atrevió a hablar, tal vez porque, de hacerlo, quizá no pudiera controlar a la bestia que llevaba dentro. No quería montar una escena en un sitio público. Por el contrario, Edwina no parecía dispuesta a tolerar aquellos ataques tan ruines: -Mientras Brianna atienda correctamente, no veo por qué tienes que preocuparte porque haya un poco de polvo en las cortinas, Charlotte- comentó en un tono amenazante. -¿Y quien ha dicho que me está atendiendo correctamente?- contraatacó Charlotte. -Charlotte…- la voz de Spencer sonó tan inflexible como el acero. -Es que es verdad, Spencer- Charlotte puso cara de puchero. Yo quería un


vestido e Paría y ella se negó a conseguírmelo- mintió Brianna suspiró. -Yo no me negué a pedir aquel vestido…. -Es verdad, señorita Fairchild. Pero poco menos que me obligó a que me olvidara de comprarlo. Me dijo que no podría devolverlo una vez que hiciera el pedido y que tendría que quedármelo lo usara o no. Se detuvo para dar más realce a sus palabras. Me pregunto qué quería decir con eso. -NO quería decir más que yo no podría quedarme con el vestido- respondió Brianna. -Pues yo creo que insinuaba algo muy concreto. Usted no cree que me vaya a casar con Spencer, ¿verdad?. Usted no quiere que me case con él- se puso de pie y se liberó del brazo de Spencer, que estaba intentando que volviera a sentarse. NO quiere que me case con Spencer…¡para poder quedárselo usted! -¡Charlotte!- exclamó él, enfurecido.¡ Ya basta!.¿Siéntate!. Pero ésta no hizo caso a su prometido. -Para poder quedárselo usted…..¡Y darle un padre a su bebé!- añadió. -¡Charlotte!- ¿Se puede saber de qué demonios estás hablando?- preguntó Spencer. Brianna permaneció inmóvil y agradeció la presión de la mano de Edwina bajo la mesa. No podía soportar el tono triunfante y despectivo de Charlotte.


-Mi madre lo notó en seguida. Ella dice que siempre se da cuenta de cuándo está embarazada una mujer. Y nunca se ha equivocado…. -Pues esta vez es la primera, Charlotte… -No, Spencer, tiene razón- intervino Brianna, la cual dobló su servilleta con serenidad y la colocó sobre su plato. Se movía lentamente, como si estuviera en un sueño, y se enfrentó a la mirada de Spencer sin sentirse culpable ni atemorizada. Le daba igual lo que pudiera decir. Estoy embarazada. Y voy a tener un bebé en octubre. Y ahora, si me disculpáis, creo que debo marcharme- miró a Edwina y, con la mirada, le dijo que sentía mucho aquel desenlace. -No creo que debas conducir en tu estado- le dijo la madre de Spencer, sujetándola por un brazo. -De verdad, estoy bien- Brianna le apretó la mano y sonrió agradecida. De hecho, ahora me siento mejor de lo que me he sentido en los últimos dos meses. El hecho de que Brianna hubiera reconocido con tan buen talante las acusaciones de Charlotte, había tenido el mismo efecto en ésta que una inyección intravenosa de café, pues, para cundo llegó al coche de Spencer, ya estaba totalmente sobria. Además, a juzgar por su silencio, daba la impresión de que tenía miedo de lo


que Spencer pudiera decirle. Y con razón. Exceptuando a su madre, a su hermana y a su más que eficiente secretaria, Spencer habría mandado a todo el género femenino a alguna estación espacial desconocida en esos momentos. No sabía si estaba más enfadado con Charlotte o con Brianna tras aquella desastrosa noche; pero como era su prometida la que estaba más cerca, fue ella la que recibió la primera acogida de su ira. Permaneció en silencio durante muchos minutos mientas la llevaba a su casa, apretando el volante con tanta fuerza que las manos le dolían. A decir verdad, no sabía qué sentir acerca de la situación de Brianna. Estaba demasiado conmocionado como para pensar fríamente al respecto. Pero a la que no podía comprender en absoluto era a Charlotte. Habría entendido que se hubiera mostrado tensa, tirante, o incluso celosa; pero vengativa, en cambio, era excesivo. Charlotte tenía la mirada clavada en la carretera y no se atrevía a moverse por temor a enfadar a Spencer. Por fin, decidió disculparse: -Lo siento, Spencer. -No gastes saliva, Charlotte- alzó la mano para interrumpirla. Hemos terminadole habría gustado comunicárselo de otra manera, pero él no tenía la culpa de que las cosas se hubieran precipitado de esa forma


-¡No!, por favor, Spencer; por favor…Dame otra oportunidad… -¿Y por qué iba a dártela?. Tu comportamiento esta noche ha sido inexcusableespetó, mirándola de reojo con virulencia. ¿Tienes idea de lo incómodos que nos has hecho sentir a todos con tu ridícula actuación?. Claro que la tienes: porque nunca en mi vida he visto a nadie tan determinado a herir a alguien como tú has querido herir a esa pobre mujer esta noche. -Es verdad, ¿no?. La amas…-preguntó Charlotte entre sollozos. -Eso ya da igual- prefirió no darle una respuesta directa. Pero, desde luego, ahora mismo tengo mucha mejor opinión de la señorita Farichild, embarazada o no, que la que tengo de ti. -Entiendo- miró por la ventana. ¿Es tuyo el bebé? -¿Cómo dices?. ¡No puedo creerme que me preguntes algo así! -Bueno, perdona- dijo con brusquedad. Pero había tan atracción entre vosotros que creía que iba a morir aplastada por estar entre medias. Y como ella está embarazada….Tampoco me parece una pregunta tan ilógica ¿no? Spencer tardó en responder. Finalmente suspiró: -No, Charlotte. El bebé no es mío. NO estoy teniendo, ni he tenido, una aventura con Brianna Fairchild- contestó. Dios sabe que he intentado que mi relación contigo funcionara, Charlotte; pero creo que es una estupidez seguir esforzándose.


-Eso no tiene nada que ver con lo de esta noche, ¿verdad?- preguntó después de una pausa. -No realmente- no le quedaba maś remedio que ser sincero. -Tú nunca me has amado. -Lo que tampoco te sorprenderá, ¿verdad?- contestó, mirándola de reojo, pero sin descuidar la carretera. -No, no me sorprende- Charlotte suspiró y se giró para mirar a Spencer a la cara. Pero tú sabes que yo sí te amo. Y yo creía que al menos te gustaba. Supongo que esperaba que algún día me tomaras más cariño. -Charlotte…te tengo cariño, lo sabes. Nunca habríamos salido tanto tiempo si no te lo tuviera. Y te juro que habría sido un marido fiel. -¿Lo habría sido?- preguntó Charlotte, si bien había pronunciado las palabras más para sí misma. Luego lo miró con ojos suplicantes. Por favor, no rompas conmigo, Spencer. Haré lo que quieras. Hasta le pediré disculpas a la señorita Fairchild. Habían llegado a casa de Charlotte. Spencer se detuvo, paró el motor y cerró los ojos, intentando desesperadamente organizar sus pensamientos y recuperar el control de la situación. Pero no era tan simple. Recordó la decisión que había tomado en Japón, lo


asombrado que se había quedado cuando Brianna había reconocido que estaba embarazada, la cólera que seguía abrasándolo tras el comportamiento tan despreciable de Charlotte… Pero sobre todo, recordó la templanza, la serenidad y la belleza de Brianna; la sensación tan gloriosa que había descubierto cuando sus labios y los de ella se habían unido mágicamente. Y no sabía si debía dejar guiarse por el corazón o por la cabeza…y le daba igual. Salió del coche y lo rodeó para abrir la puerta de Charlotte. Luego, después de ayudarla a salir, como siempre había hecho, le puso las manos en los hombros, a muy poca distancia de su cara. Ella, que empezó a dibujar una tímida sonrisa, pensó que Spencer estaba a punto de besarla, para perdonarla y hacer las paces. -me da lo mismo lo que decidas hacer- le dijo en cambio, implacable. Lo que tú hagas no cambiará nada entre nosotros- añadió. Entonces observó que la expresión de cordero degollado con que Charlotte lo había estado mirando empezó a cambiar, a tornarse salvaje, como un animal enfurecido que defiende su territorio: -¿Estás seguro?- preguntó con una sonrisa falsa. Yo que tú no lo estaría tanto. Se alejó y subió lentamente las escaleras que daban a su casa, moviendo el


cuerpo sinuosamente como si fuera una cobra venenosa. Una pareja de ardillas enzarzadas en una disputa territorial justo delante de la ventana de Brianna, la despertó a una intempestiva hora del lunes. Seguía adormilada, se giró sobre un alado y observó a los animalillos corretear por un roble, hasta que de nuevo se agarraron y empezaron a pelear. Luego, una de las ardillas se quedó mirándola. -¿Y tú qué miras?- le preguntó Brianna tras soltar un suspiro. Se recostó sobre la almohada y se echó la mano sobre el estómago. Sabia que era demasiado pronto para notar nada aún, pero todas las mañanas hacía esa pequeña prueba, con la esperanza, quizá desesperada, de que sentir a su bebé pudiera aliviar en parte el sufrimiento por los recientes acontecimientos. Las bodas del fin de semana la habían mantenido lo suficientemente ocupada como para impedirla pensar en la cena del anterior viernes. En Spencer. Así, sin desesperarse todavía, decidió dejar aparcados y escondidos todos esos pensamientos, al menos durante un día más. Bostezó y se estiró en la cama. Afuera el sol madrugaba y empezaba a iluminar con sus rayos y Brianna pensó que debía dedicar el día a sus plantas y a sus flores, en vez de atormentarse inútilmente con cosas que no podía cambiar. Después de un suculento desayuno, Brianna se puso una camiseta y unos


vaqueros. Se miró en el espejo de su habitación y se preguntó cuánto cambiaría su línea en los siguientes meses. Entonces tomó su bolso y las llaves y salió hacia la puerta. Luego, una hora después, y tras acudir a un vivero a por nuevas plantas, descubrió el coche de Spencer aparcado frente a su casa. Estaba de pie, apoyado en el coche con los brazos cruzados. ¿Qué se suponía que debía hacer?. Salió de su furgoneta y procuró no prestar atención a Spencer. -¿Brianna?- la llamó con una voz tan suave como una caricia. -¿Por qué sigues haciendo esto?- se giró a preguntarle. -Haciendo, ¿qué?- cotrapreguntó Spencer, después de sujetarle una maceta que llevaba entre los brazos. -Aparecer en la puerta de mi casa, volverme loca- contestó. Spencer dejó la maceta de Brianna en el suelo y agarró a Brianna por los hombros. -Tenemos que hablar. -No sé para qué- Brianna se apartó, para no prolongar el contacto. -Pero yo sí- Spencer siguió a Brianna, que había echado a andar. Charlotte tuvo un comportamiento imperdonable el viernes….Te habría llamado antes, pero sabía que


estarías ocupada todo el fin de semana. Además quería decirte esto en persona. -Decirme, ¿qué?- le contestó, después de sacar la última maceta de la furgoneta, esta vez de petunias blancas. No pretendo que te disculpes en nombre de Charlotte. Además, tampoco fue para tanto- suspiró. -Se portó fatal. Intentó herirte por todos los medios. -Mira, es verdad que no fue la mejor noche de mi vida; pero te aseguro que no dijo nada que no vaya a ser de domino público dentro de unas pocas semanas-dejó la maceta de las petunias junto a las otras. NI tú ni Charlotte me debéis nada. Y menos una disculpa. Volvió a su furgoneta para cerrar la puerta trasera y vio de reojo que Spencer se había sentado en las escaleras de su porche. ¿A qué esperaba para marcharse? ¿a qué lo invitara a una limonada? -Le dije a Charlotte que habíamos terminado- arrancó Spencer. -¿Por fin?- replicó con tono sarcástico. -Te aseguré que lo haría, ¿n es cierto? Después de luchar un segundo consigo misma, Brianna se acercó a él lentamente. Cuanto más se acercaba, más se agrandaba la sonrisa de Spencer. Brianna se


sacudió la suciedad que tenía en las manos de haber llevado las macetas. -Me alegro por ti; pero eso no cambia nada- dijo con serenidad. Ya te dije que o podíamos iniciar una relación de pareja. -Y ahora sé pro qué lo decías. Era el bebé la otra persona de la que hablabas. ¿verdad? -Cierto. Pero él lo cambia todo- respondió. -No he pensado en otra cosa durante todo el fin de semana, todo el rato intentando descubrir qué pensaba en realidad- repuso tras una pausa. La miró a los ojos. Reconozco que me sorprendí mucho el viernes. Y yo no soy de los que se sorprenden fácilmente. -Ya supongo. -Siéntate, por favor- Spencer se sentó en un escalón y le pidió con la mano que Brianna hiciera lo mismo. Después de dudar uno segundo, Brianna cedió. Ya me había dado cuenta de que casarme con Charlotte habría sido un terrible error; pero cuando te dije que iba a romper con ella todavía no era consciente de lo mucho que me iba a costar comunicarle mi decisión…NO tengo mucha experiencia rompiendo compromisos y, si puedo, prefiero enfrentarme a un grupo de mastines hambrientos antes que a


Charlotte….Vaya, me alegra que aún puedas sonreír. -Algunas veces. -Esa sonrisa es la razón de que esté aquí sentado ahora mismo- prosiguió Spencer, rozándole la barbilla con un dedo; de que me diera cuenta de que lo que siento por ti no puede cambiar, por muchas sorpresas que me tengas preparadasañadió. Brianna desvió la mirada y notó que la mano de Spencer se posaba ahora, levemente, sobre su espalda. -Mira, ¿te importa…si entramos en tu casa?- le preguntó Spencer. NO hace falta que todos tus vecinos se enteren de qué estamos hablando. Brianna asintió, se puso de pie y juntos subieron las escaleras que daban a la puerta de la casa, en el segundo piso. NO ocurría nada por dejar que Spencer entrara en su casa; sin embargo, su presencia allí, la había dejado sin palabras, incapaz de pensar racionalmente. -¿Te apetece una taza de té helado?- le ofreció por fin -Sólo si ya está preparado- replicó el. Brianna sintió y, a pesar de que la sonrisa de Spencer resultaba demoledora, pensó que, si no llegaban a rozarse, tal vez lograra superar aquel encuentro,.


La siguió a la cocina y la observó mientras sacaba dos tazas limpias que había en una de la dos pilas del fregadero. Cuando vio que le temblaban las manos, en cambio, comprendió que se debía a su presencia allí, y decidió mirar para otro lado. Spencer se dirigió hacia la puerta y se quedó en el umbral, a distancia, entre la cocina y el salón, contemplando con agrado la decoración de la casa, mucho más personal y acertada que la de la planta de abajo, la de la empresa. -Tienes un apartamento muy bonito. Se acerca mucho a la imagen que me había formado de él- comentó. -¿De verdad?- le entregó su taza de té y sonrió nerviosa. -Sí. Los colores, la luz, el olor….eres tú- dio un sorbo de té y se fijó en un armario antiguo de caoba. Ese armario es estupendo. ¿Dónde lo encontraste? -En una subasta, hace unos años- respondió algo más relajada. Me gustó nada más verlo. Parecía muy usado, como si tuviera mucha historia y me sentí impulsada a cómpralo. En realidad, fue casi más una adopción. Desde que había empezado a hablar, Spencer no había dejado de mirarla a la cara, animada y serena al mismo tiempo. Pero en cuanto Brianna se sintió observada, volvió a ponerse nerviosa. Spencer le agarró una mano y ella se soltó. Estaba apunto de perder el control. -Spencer….-Se le quebró la voz. Intentó mantener la compostura, pero, finalmente, se llevó las manos a la cara y rompió a llorar.


Spencer dejó la taza de té en el primer sitio que vio y corrió a abrazarla y mecerla, acariciándole el cabello mientras sus lágrimas le mojaban la camisa. -Tranquila, cariño…..No pasa nada, calma…La serenó. Brianna se sintió más gusto entre los brazos de Spencer de lo que jamás había podido imaginar. Ya lo se; tenemos un problema. -No. Yo tengo un problema- suspiró y se secó los ojos tonel anverso de una mano. -Pero no estas sola, cariño- la miró a la cara y se hundió en la contemplación de aquellos preciosos ojos marrones. Ya no estás sola- repitió. Volvió a deshacerse en sollozos y gimoteos; pero esta vez se apartó, se dio media vuelta y apoyó las manos en el fregadero. -Mira, está claro que no conozco los detalles de cómo has llegado a esta situación. Pero, por lo que sé de ti, estoy convencido de que será algún energúmeno el que tenga la culpa; no tú- Spencer suspiró y se colocó junto a Brianna, que se giró para miralo. Mamá me dijo que lo sabía desde hacía dos semanas…NO imaginas las ganas que me entraron de echarle la bronca por no habérmelo dicho antes. -Ella lo adivinó…Y yo le hice prometer que no te lo contaría- respondió Brianna. No quería que te enteraras. -¿Por qué no?- la rodeó por la cintura.


-¿Acaso habría cambiado las cosas? -Tal vez. -Oh, Spencer…..esto no tiene nada que ver contigo- Brianna apoyó las manos en el pecho de él. Yo no quería…no quiero que te compadezcas de mí. -Creeme. No siento pena por ti- Spencer sonrió. -Entonces…¿qué sientes por mí?- se atrevió a preguntar. -Esto…. Cubrió la boca de Brianna con la suya, aunque controló sus deseos de apretarla con fuerza, por miedo a asustarla o a estrujarla. A pesar de que era alta, Brianna se sentía ligera como un copo de nieve entre los brazos de Spencer, mientras su beso se iba haciendo más y más profundo. Una ola de calor lo envolvió cuando ella lo abrazó y le acarició la nuca. Interrumpió el beso, la miró un segundo para contemplar el milagro que tenía frente a sí, y retomó su boca, desesperado por hacerla comprender que él la necesitaba. -No- dijo Brianna de repente, aterrorizada. -Brianna por favor- a Spencer le partía el corazón ver el sufrimiento de la mujer a la que amaba. No piense que tengo intención de comportarme como….como quien quiera que te dejara en esta situación. -No puedo permitir que esto me vuela a suceder se dijo en voz alta. -¿Qué no te puede volver a suceder, cariño?- le preguntó .Ella seguía negando


con la cabeza, como intentando convencerse o darse fuerzas. Brianna, corazón yo no quiero tener una aventura contigo. Yo quiero casarme contigo- desveló. -Que quieres, ¿qué?- preguntó incrédula. -casarme contigo. Pasar el resto de mi vida a tu lado- se acercó a Brianna con cuidado para no apabullarla. Quiero ayudarte a criar y educar a ese bebé. -No seas absurdo… -Estoy hablando en serio, Brianna. -¡Por Dios,. Spencer!. Casi no nos conocemos…y yo no quiero un matrimonio de conveniencia- se resistió incapaz de creer lo que oía. -Por favor, Brianna…dada tu situación, no eres lo que se dice una mujer muy conveniente, ¿no te parece? -En eso tienes razón- respondió después de soltar una risa triste y apagada. -Por supuesto que tengo razón- le acarició una mejilla con el pulgar y, aunque se reprimió, deseó volver a besarla. La primera vez que te vi, despertaste sentimientos que creía haber enterrado hacía mucho tiempo; que quería que permanecieran enterrados…me asustaste como no me había asustado nunca ninguna mujersuspiró y deslizó una mano por uno de sus delicados brazos. -Esta sí que es buena: hasta ahora nunca me habían dicho que aterrorizara a los


hombres- se permitió bromear y sonreír débilmente. ¿Y ahora? -Todavía me asustas- Spencer sonrió y le rozó con cariño la punta de la nariz. Pero estoy aprendiendo a disfrutarlo- añadió animado. Sin embargo, la cara de Brianna volvió a nublarse. -Es imposible: no puedo casarme contigo y tú lo sabes. -Yo no sé nada de eso. ¿por qué diablos no podemos casarnos? -Spencer…piénsalo bien- lo miró a los ojos con dulzura. ¿Qué iba a parecer?.¿Primero rompes tu compromiso con Charlotte y luego te casas conmigo? ¡Dios!. Charlotte sería capaz de echarme el mal de ojo o practicar vudú con alguna foto mía….Resultaría extraño aunque no estuviera embarazada; pero ya en mi estado…_se encogió de hombros. -¿De verdad piensas que todo eso me importa?- la rodeó por la cintura. -Puede que ahora mismo no te importe, aunque estoy segura de que lo hará más adelante. Pero, en cualquier caso, a mí sí que me importa. Me he metido en un lío enorme, pero te aseguro que no pienso dejarme rescatar a tu costa, exponiéndote a la opinión y a los rumores de todo el mundo- afirmó con decisión y tristeza al mismo tiempo. No podría vivir sospechando que tus conocidos y los socios de tus negocios


cuchichean a nuestras espaldas acerca de las circunstancias de nuestro matrimonio. NO sería justo para nosotros…ni para el bebé- concluyó. -Eso es ridículo, Brianna. La gente se casa en circunstancias extrañas todos los días. -Cierto. Pero no son personas conocidas en todo el mundo, Spencer. NO me apetece aparecer en las portadas de todos los periódicos sensacionalistas. -Eso no ocurrirá… -¿Cómo puedes estar seguro de eso?, ¿acaso puedes garantizármelo?preguntó compungida. Además, ¿por qué ibas a querer ser padre de un bebé que no es tuyo? -Porque el bebé es tuyo- Spencer la miró con ternura a los ojos. Porque el bebé tendrá tu bondad, tu belleza, tu inteligencia…. -Exacto: la inteligencia es uno de mis puntos fuertes- lo interrumpió, hablando con ironía. -¿Qué pasa?. ¿Es que te vas a castigar toda la vida por haber tenido un desliz en una ocasión?-. la presionó Spencer. De acuerdo, es verdad que cometiste un error grave, pero te estoy ofreciendo la oportunidad de que lo corrijas.


-¿Cómo?, ¿casándome contigo?- se apartó de él. Como si eso fuera a solucionarlo todo… -¡Maldita sea, Brianna!. ¡Yo te amo! Brianna lo miró en silencio durante varios segundos y luego miró hacia la ventana y habló en voz baja: -Sigues siendo tan arrogante y autoritario como el día que entraste en mi empresa por primera vez, ¿verdad? -Brianna, por favor. No quiero que te lo tomes así…-Spencer tragó saliva. Tenía que seguir luchando. Escucha, cariño: no estoy intentando arreglar las cosas, ni salvarte, ni nada parecido. Sé que no será fácil, pero quiero casarme contigo. Y el único motivo por el que quiero que nos casemos es porque te amo. Sólo quiero estar a tu lado y ayudarte en lo que me dejes. ¿por qué no puedes comprenderlo? -Porque éste es mi problema; no el tuyo- dijo con clama. Además, aunque te sorprenda lo que voy a decir, ¿no te parece que podría sentirme confundida contigo?. ¿Por qué aceptaste casarte con Charlotte cuando tú mismo admites que ya entonces te sentías atraído por mi?


-Eso es algo que aún no he logrado comprender- Spencer se mesó el cabello. Sólo se me ocurre responder que quizá me sintiera obligado a aceptar a Charlotte. Tenía miedo… -Eso dices. Tenías miedo de mí. -No sólo de ti…-Spencer se acercó a la ventana y miró a lo lejos. ¿Alguna vez te habló mi madre de Bárbara? -No- respondió después de vacilar. -No, por supuesto que no te habló de ella- Spencer se giró para mirarla. Brianna se había sentado en una silla. Puede que mi madre tenga algún defecto, pero no es la indiscreción…-luego se quedó callado. ¿Cómo podía empezar a hablar de alguien en quien ni siquiera había querido pensar durante años? -Bueno…¿quién es Bárbara?- le presionó Brianna. -Ella fue la única mujer que logró hacerme sentir algo parecido a lo que siento por ti. -Ah…-Brianna no supo qué decir; pero aquel a palabra contenía una mezcla de tristeza y comprensión.


-Pero ya sabes de qué te estoy hablando, ¿verdad?- adivinó Spencer, después de estudiar el rostro de Brianna. -Sí, un poco- esbozó una sonrisa que iluminó el corazón de Spencer. Nelly me lo contó, en Nueva York. Me juró que no te lo dijera. -¿Cómo tú con mi madre? -Algo parecido, sí- Brianna no sabía cómo se lo estaba tomando Spencer. No te enfades, por favor. -Ya da igual- se encogió de hombros. Aquello pasó hace mucho tiempo. Yo era muy joven y ella lo era todavía más…Me tomó el pelo. Me dejó plantado en el altar…Bueno, supongo que ya lo sabes. -Sí…pero no es lo mismo oírtelo contar a ti- lo miró a la cara. ¿Qué fue de ella? -Ni idea. Simplemente, desapareció. Y, desde entonces, mi actitud con las mujeres ha sido siempre muy reservada- se detuvo. NO creía que fuera capaz de volver a amar de nuevo. NI quería. Entonces te conocí…Pero la mera idea de abrir mi corazón de esa forma-….- NO sabía explicarlo. -Entiendo- dijo Brianna con suavidad. Se puso de pie y se acercó a él. ¿Y


cómo encaja Charlotte en todo esto?. Estaba tan cerca de ella que podía oler el champú de su cabello, fresco como el aire primaveral que entraba por la ventana. -Aunque viviera cien años más, creo que nunca podré entender cómo sucedióreconoció Spencer. Sólo sé que he estado muy cerca de cometer un error catastrófico- estudió la cara de Brianna, la cual tenía las manos en la espalda, como para asegurarse de no entrar en contacto con él. Spencer tragó saliva y volvió a mirar por la ventana. Por algún motivo, tenía la sensación de que no se iba a salir con la suya. -.-Aquella noche, en Nueva York, cuando nos besamos…-Spencer se corrigió. No, incluso antes de que nos besáramos, supe lo que sentía por ti, pero no podía manejar mis sentimientos. Sé que parece una excusa barata, pero es verdad: me sentí incapaz de controlarme, como si hubiera perdido las riendas de mi destino. Entonces llegó la propuesta de matrimonio de Charlotte, y aquello me pareció una red a la que agarrarme; como si comprometiéndome con alguien a quien no amaba, fuera a dejar de amarte…Una salida cobarde, ¿no? -Bueno- Brianna se echó a reír- yo creo que hace falta mucho valor para


casarse con Charlotte, no creas. Spencer, al ver aquella muestra de desenfado, se atrevió a rodearla con un brazo, muy lentamente, para no asustarla. -Visto así, puede que tengas razón. No se recostó en Spencer, pero tampoco se apartó mientras el le acariciaba el cuello y el pelo y la miraba de reojo. El embarazo le había redondeado la cara un poco, lo cual le restaba sensación de fragilidad, pero, de cualquier modo, la hacía aún más guapa. Entonces deseó saber cuál sería la expresión de Brianna cuando hicieran el amor. Luego suspiró y se preguntó cómo podía haberse enamorado de una mujer embarazada. Pero estaba dispuesto a hacer frente a lo que fuera, a cualquier cosa, con tal de tenerla a su lado. -¿Brianna? -¿Sí? -Sé que corro el riesgo de sonar prepotente, pero.-…¿tú me amas? -Con todo mi corazón- susurró lanzándole una mirada llena de dolor. -¿Entonces? -Lo siento mucho, lo siento. Pero no puedo casarme contigo, Spencer- colocó dos


dedos en la boca de éste para acallar sus protestas. No digo que no quiera; simplemente, no puedo. -En tal caso, no servirá de nada que sigamos hablando, ¿¿no es cierto?- retiró su brazo, se dio media vuelta y se dirigió a la puerta. Brianna intentó convencerse de que no era una idiota por haber rechazado a Spencer. Por mucho que racionalizara su decisión, seguía sintiendo que había echado a su lado a su Príncipe Azul. Ni siquiera se molestó en secarse los ojos cuando, veinte minutos después, oyó que el coche de Zoe se aproximaba. -Oye, esas petunias son precio…-Zoe se paró en seco. Mujer, ¿qué te pasa?se sentó junto a Brianna e intentó consolarla. -Bueno, supongo que es hora de revelar algunos secretillos- Brianna sacó un pañuelo y se sonó la nariz. Estoy embarazada. -Que estás, ¿qué?- preguntó Zoe, boquiabierta. -Lo que has oído. -¿Hace cuánto que…? -Tres meses- se adelantó Brianna. -Un momento, has dicho algunos secretillos. ¿Es que hay más?. _Spencer Lockhart me ha pedido que me case con él y acabo de rechazarlo. -¿Fue él quien te dejó embarazada?- Zoe no podía estar más asombrada. -No, no, qué va- Brianna se rió. Lo creas o no, las dos cosas no están


relacionadas. -Me dejas de piedra- Zoe tomó asiento y se golpeó la frente con la palma de la mano. Nunca pensé que el motivo de que te encontraras mal por las mañanas últimamente fuera que estabas embarazada. -¿Habías notado que estaba mal? -Por favor, ¿no irás a decirme que creías que no nos habíamos dado cuenta?. Pero ninguna nos atrevíamos a preguntarte- hizo una mueca con la boca. Aunque supongo que alguna tendría sus sospechas. Aun así, una no va diciendo por ahí que su jefa está embarazada, ¿no? -¿Es que no parecía posible? -No parecía probable- matizó Zoe. Quiero decir, nunca te hemos visto quedar con ningún hombre. -Gracias por recordármelo- bromeó Brianna, a duras penas. -Excepto una vez…¡Oh, dios mío!- Zoe se quedó sin aliento. ¿Te has quedado embarazada de Tom Zimmerman!. -Sí…Sólo tengo una cosa que decir, para que quede claro. Bueno, dos cosas en realidad; una, que puedes quedarte embarazada con un solo encuentro; y dos, nunca


creas a un hombre si te dice que se ha hecho la vasectomía…a no ser que te enseñe el certificado d e la operación. -Mujer…no sé cómo decirte esto, pero …digamos que eso ya lo sabíacomentó Zoe. -Ya me lo imaginaba- Brianna suspiró. Todas las mujeres deben de saberlo. Excepto yo… -Oye, oye, no te martirices ahora con eso- dijo Zoe. A todo esto. ¿Dónde está el padre del bebé? -Supongo que en su casa, con su esposa y sus tres hijos. -Oh…. -Sí, oh… -Aun así….-Zoe apoyó la barbilla en una mano. ¡Chica, qué valor!. ¿Vas acriar a esa criatura tú sola? -Eso parece. -¿Y estás contenta? -¿La verdad?. Al principio estaba demasiado aturdida para estar contenta. Pero luego me entró el instinto maternal y decidí seguir adelante- miró a Zoe. Puede que la ley me ofrezca otras salidas, pero mi corazón sólo me permite una. -Sí, te entiendo…


-¿De verdad? -Sí- Zoe miró hacia el vientre de Brianna. ¿Ha empezado a moverse -Todavía no- Brianna había comenzado a engordar. Aún es pronto. -¿Y puedo ser tía Zoe?- preguntó ésta con una amplia sonrisa. -Por supuesto- acertó a responder Brianna, emocionada por el cariño que le estaba mostrando Zoe. -Déjame que te ayude con esas macetas- dijo ésta poniéndose de pie de repente, tras señalar unas pocas que había en el suelo. -Creía que habías venido a adelantar algo de trabajo. -El trabajo puede esperar. -Entonces, encantada- aceptó Brianna. ¿Puedo pagarte invitándote a comer? -Te tomo la palabra- contestó Zoe, mientras recogía un par de macetas. Oye, ¿es verdad que las mujeres embarazadas están obsesionadas con la comida? -Digamos que al ritmo que voy este bebé va a pesar veinte kilos al nacer. -Como ves, he sido muy buena- afirmó Zoe, cuando hubieron terminado conlas plantas. Estaban sudorosas y se habían sentado en el porche con sendas limonadas para refrescarse.


-¿En qué sentido? -No te he preguntado por el señor Lockhart. -Ah- Brianna se encogió de hombros y trató de aparentar indiferencia, a pesar de que oír nombrar a Spencer le desgarraba el corazón. O hay mucho que contar, la verdad. -Te pidió que te casaran con él- insistió Zoe. Me da que hay un poco más que contar de lo que dices. -Sí, bueno… -¿Por qué lo rechazaste? -¿Tú qué crees?- Brianna se llevó la mano a su vientre. -Eso no es motivo- Zoe denegó la cabeza.- Ese hombre está dispuesto a casarse contigo, sabiendo que estás embarazada de otro hombre: ¿?es que eso no te dice nada? -¿Qué ha perdido el juicio? -¡Vamos, Brianna!. Ningún hombre se declara, independientemente de las circunstancias, salvo que haya perdido el juicio. Es una ley tan infalible como la de la gravedad-Zoe sorbió un trago de limonada con la pajita. ¿Lo amas?. Brianna no logró dar voz a sus sentimientos, de modo que se limitó a asentir con


la cabeza. -Entonces eres tú la que ha perdido el juicio- replicó Zoe. -No es tan sencillo, Zoe. Ya sabes lo importante que es Spencer. Y ha estado prometido… -¿Ha estado?. Entonces, ¿por fin ha roto con la señorita Westwood?preguntó Zoe. ¡No sabe de la que se libra!. -Mujer, tampoco… -No te pongas en plan santa: Charlotte Westwood es una bruja y tú lo sabesatajó Zoe. Luego frunció el ceño. Lo siento, pero si ella ha desaparecido, ya sí que no veo el problema. -Simplemente, no me parece bien… -¿En qué siglo vives, Brianna?- la interrumpió Zoe. ¿no te parece bien? -Todavía me queda un poco de orgullo. -¿Y de qué te va a servir todo ese orgullo cuando el bebé eche en falt a un padre?. Afróntalo, Brianna; cometiste un error quedándote embarazada de Tom, pero sólo depende de ti que seas feliz con Spencer. -Ya da igual- Brianna suspiró y miró al vací. Después de rechazar su propuesta, me miró con unos ojos….no creo que vuelva a dirigirme la palabra en toda la vida, Zoe. Estoy segura.


-Señor Lockhart- la señorita Morgan, la secretaria de Spencer, bajó la voz. Charlotte Westwood está en su despacho. Le dije que no sabía cuándo vendría; pero insistió en esperarlo. Espero que no le importe. Spencer frunció el ceño: lo último que necesitaba después de su desastroso encuentro con Brianna era aguantar a Charlotte. -Tranquila- Spencer sonrió a su secretaria. Detenerla habría sido como intentar parar un tifón. Charlotte estaba de pie, junto a la ventana. Se giró cuando advirtió que Spencer había entrado. -Tu secretaria me dijo que podía esperar… -¿Qué quieres, Charlotte?- espetó Spencer. Se acercó a él contoneándose. Llevaba un vestido muy ceñido que marcaba sus cinturas y redondeaba aún más sus pechos. Se detuvo a dos pasos de Spencer, como tanteando el terreno. -He pensado que tal vez podríamos comer juntos. -Lo siento, ya he quedado para comer dentro de quince minutos- se acercó al minibar y sacó una botella de agua mineral. Si tienes algo que decirme, hazlo ahora.


-Está bien. Aprovecharé el tiempo del que dispongo- Charlotte sonrió nerviosamente. Sólo quería….volver a disculparme por mi comportamiento de la otra noche en el restaurante…y suplicarte que me des otra oportunidad. -Charlotte, no tiene sentido… -Al menos ven conmigo a la boda de Allison Fraklin este sábado- lo interrumpió. Será un gran acontecimiento y si aparezco sola…-dejó la frase suspendida en el aire. Spencer apretaba con fuerza su vaso de agua mineral. De pronto, se fijó en que Charlotte aún llevaba puesto el anillo de pedida que le había regalado poco después de regresar de Nueva York. Era evidente que para ella el compromiso seguía en pie. Luego pensó en la fútil conversación que había mantenido con Brianna, en lo hermética que se había mostrado, a pesar de lo mucho que él había intentado convencerla. Estaba furioso. Y dolido. Y asombrado por el comportamiento de Brianna. Y sabía que ella se encargaba de la boda de Allison Franklin. Miró un momento por la ventana, pero en seguida volvió a centrarse en Charlotte. -Por si no te has enterado- dijo por fin, tú y yo hemos terminado. Si quieres ir


a la boda de Allison, tendrás que ir sola o buscarte a otro acompañante. Observó con cierta satisfacción que Charlotte se ponía roja. Luego, sin abrir la boca, tomó su bolso y salió del despacho. Di…diga?- Brianna casi se murió del susto al oír el teléfono. Abrió los ojos y miró el reloj; eran las seis y cuarto de la madrugada. ¿Sí. ?. Está bien…Sí… Cálmese, señora Franklin…Lo arreglaré… Se giró y corrió las cortinas: el día amanecía gris y oscuro. Bostezó. -No, no me ha llamado….-prosiguió Brianna. Sí, claro que tiene que llamarme… “Pero a estas horas no están despiertos ni los gallos, señora Franklin”, pensó Brianna. -No…por favor, no se preocupe…-continuó ésta. Por supuesto que llegaré pronto…Se lo prometo…¿Se ha despertado Allison ya?. ¿No?. Bueno, mejor para ella….¿El tiempo?.Lo más probable es que aclare, seguro…Ojalá pudiera, señora Franklin. Pero mis servicios serían mucho más caros si pudiera garantizar que iba a hacer buen tiempo, ¡aparte de todo lo demás!. Venga, tómese un café y tranquilícese…Hasta luego.


Colgó y se hundió en las almohadas entre bostezos. La ceremonia no era hasta las cuatro de la tarde; el banquete hasta las seis…Tenía mucho tiempo. De pronto, se incorporó y telefoneó a Zoe. -Sí, ya sé la hora que es. Lo siento. Escucha, no te lo vas a creer: los dos ayudantes de Marcel han llamado esta mañana diciendo que estaban enfermos…NO, todavía no he hablado con él. Al parecer, ha hablado primero con la señora Franklin…o tengo ni idea de por qué. Pero, bueno, ya sabemos que Marcel es un hombre muy extraño…Pues claro que estoy bien, tonta….Hasta luego entonces. Cuando colgó esta segunda vez, oyó que empezaba a llover, como si alguien hubiera abierto la cremallera de las nubes. A Brianna la extrañaba no haber oído nada del temporal que estaba azotando a Atlanta. Llovía con tanta fuerza que los limpiaparabrisas no daban abasto, de modo que tuvo que extremar la precaución y conducir muy lentamente. Cuando por fin llegó a casa de los Franklin, tenía toda la ropa empapada. -La novia está histérica- la informó Zoe, que había llegado antes. Y Marcel también, a pesar de lo que le he traído. -¿Y qué le has traído exactamente? -A tía Rose y a mi prima Sheila- respondió mientras conducía a Brianna a la


cocina de los Franklin. -¿Te has traído a la familia? -Sí, bueno…Digo yo que podrán prestar algo de ayuda. -Supongo que las has elegido por su destreza culinaria ¿no? -Sí…Digamos que saben desenvolverse en la cocina. Mientras Marcel salve el inconveniente de que tía Rose no habla apenas inglés… -Dime que es una broma. -No…Pero, oye, anímate. Mientras Sheila esté a su lado para traducir lo que Marcel diga, todo irá bien. Brianna miró en derredor y sonrió a las dos mujeres que estaban desayunando en una mesita. -¿Dónde está Marcel?- le preguntó a Zoe. -No sé. Estaba aquí hace un segundo. Brianna cerró los ojos un momento e intentó no perder la calma. Notó una mano de zoe sobre los hombros y abrió los ojos. -¿Te encuentras bien?- se interesó la ayudante. -Me lo vas a preguntar quinientas veces hasta el quince de octubre, ¿no?preguntó Brianna, frunciendo el ceño.


-Probablemente- respondió Zoe. ¿Lo esperas para ese día?. No me lo habías dicho. -No nos entretengamos con eso ahora. -Está bien. Marcel…-Zoe se encogió de hombros. No tengo ni idea de dónde estará. ¿En el bar? -Dios, espero que… -Señorita Fairchild, ¡gracias a dios que por fin has llegado!- la saludó Delia Franklin, con una docena de rulos naranjas en la cabeza. Las flores… -¿Qué pasa con las flores?- Brianna intuía que no iban a ser buenas noticias. -El repartidor ha tenido un accidente de camino aquí. ¡Dios!- Brianna conocía a aquel hombre desde hacía tres años. ¿Está bien Jimmy? -Sí, sí. Me llamó por teléfono para avisarme de que se retrasaría; pero dice que sólo ha sido un susto. Tiene que esperar a otra furgoneta para traer las flores, es decir, que vomos con una hora y media de retraso… -No, no tanto- Brianna se mesó el cabello. -¿No? -No, -Brianna sonrió. Siempre dejo un margen de tiempo extra para los imprevistos. Puede que tengamos que darnos un poco de prisa, pero no es un


desastre….¿Te tomaste la taza de café que te dije? -No…. -Entonces, haz el favor de tomártela ahora. Todo saldrá bien, de verdad- dijo, más convencida de lo que estaba en realidad. Luego se dirigió a Zoe. ¿Vamos a ver a Allison? -Yo ya he hablado con ella- fingió una inclinación reverente. Esta vez te cedo el honor de dirigirle tú la palabra. Se la encontraron en pijama y agarrada a un osito de peluche de la infancia. Brianna sintió simpatía por aquella joven que tenía la cara arrasada de lágrimas. -¡Oh, señorita Fairchild!. ¡Esto es horrible!.- se arrojó a Brianna sollozando. Está lloviendo a cántaros, mi peinado va a ser desastroso y estoy nerviosísima…. Brianna sentó a Allison en la cama y le acarició el pelo, tratando de confortarla, como si fuera una niña pequeña. -Tranquila…¿Has hablado con Robert? -No- respondió después de sonarse la nariz con un pañuelo. Da mala suerte ver al novio antes de la boda. -Verlo sí, pero hablar con él no, tonta- Brianna rió. ¿Por qué no lo llamas?. Estoy segura de que él también se alegrará de hablar contigo.


-Robert no estará nerviosos. El nunca se pone nervioso- comentó Allison. Brianna pensó en el joven cirujano que iba a casarse con aquella mujer que estaba al borde de un ataque de nervios. Era cierto que, normalmente, parecía imperturbable; pero se trataba del día de su boda… -Venga, ¿por qué no lo llamas de todos modos? Seguro que te tranquilizará. -¿Tú crees? -No lo creo; lo sé- Brianna le dio una palmadita en la espalda. Y luego te das un baño caliente y desayunas un poco…. -No, seguro que me sienta fatal. -Un té y una tostadita no te puede sentar mal. No quiero que te desmayes después de que te pongas el vestido. -¡El vestido!. ¡Se pondrá perdido!. ¡Con lo que está lloviendo!. ¿Cómo voy a llegar a la iglesia? -¿Es que crees que eres la primera mujer que se casa en un día de lluvia?intervino Zoe, sonriente. Te pondremos una especie de chubasquero transparente encima del vestido y te retocaremos en la iglesia. Te aseguro que cuando llegues al altar, tu vestido estará perfecto y tú, más seca que en pleno agosto. -NO se…- se resistía Allison.


-Escucha- intervino Brianna, con un tono a medias entre la firmeza y el afecto. Está lloviendo: es inevitable y no lo podemos cambiar. De modo que tenemos que adaptarnos: en eso se basa la supervivencia de las especies, ¿no?. Si sigue lloviendo, te pondrás el vestido en la iglesia y así no te lo mojarás de camino, ¿te parece? -Bueno…-Allison logró sonreír. Peor sería que desapareciera el cocinero, ¡¿no? Y Brianna no se atrevió a mirar a Zoe. Las doce del mediodía. Llovía con más intensidad si cabe. Marcel estaba de un humor de perros y había despachado a Zoe con un gruñido cuando ésta le había comunicado que serían sus familiares quienes lo ayudarían. Llevaba veinte minutos sin parar de quejarse por cualquier cosa y Brianna empezaba a irritarse. -¡Ya basta, Marcel!. Haz el favor de calmarte, ¿quieres? -Perdona, pero si no me gusta la iluminación, la nevera ni el horno, digo yo que al menos tengo derecho a protestar. -A esta cocina no le pasa nada y lo sabes- replicó Brianna. Tú mismo habías dicho que te gustaba cuando la examinaste hace un mes. Todo va a salir bien, así que deja de rabiar. Así sólo conseguirás disgustar a tus ayudantes. -¿Mis ayudantes?- repitió en tono despectivo.


¿Y cómo se supone que me van a ayudar esas dos mujeres si no han cocinado nunca para una boda? Por el rabillo del ojo, Brianna vio que Sheila le estaba traduciendo la conversación a tía Rose. -Muy bien, Marcel. Entonces hazlo todo tú solito. O eso, o aprendes a cooperar- Brianna se cruzó de brazos. Te pago muy bien, así que podrías ser un poco más flexible. -¿Qué me pagas bien?. Por favor, no me vengas con ésas… -¡No, no me vengas tú a mí con ésas!. Se de sobra lo que ganabas antes de que yo apareciera en escena; una birria. Pero yo sé que eres el mejor cocinero de la ciudad, y, por eso te pago el doble de lo que te ofrecían en cualquier otro sitio. Ahora bien, como sigas adoptando esta actitud, al final no querrá contratarte nadie.-miró a Marcel a los ojos. Y ahora, venga: o te pones a trabajar como es debido o es la última vez que te llamo,¿lo has entendido? -¿Acaso crees que puedes amenazarme, señora todopoderosa?. Tienes una docena de bodas el mes que viene. ¿A quién vas a contratar en tan poco tiempo? -Cocinaré yo si es necesario- replicó con firmeza. Y recuerda esto: si dejas de trabajar para mí, créeme, nadie volverá a solicitar tus servicios. Se miraron en silencio durante diez largos segundos, hasta que, por fin, Marcel se giró, se acercó a tía Rose y Sheila y les explicó lo que quería.


Brianna suspiró y notó que se le avecinaba una jaqueca. El enfrentamiento que acababa de tener con Marcel era el tercero en tres semanas. Era un buen cocinero, pero parecía que necesitaba que le dieran dos gritos para ponerse en marcha. Brianna no estaba para soportar mucho estrés, al menos ese día. Se intentó masajear la parte inferior de la espalda y luego fue a ver cómo iba la cuestión de las flores. Volvió a mirar por la ventana y siguió encontrándose con el mismo cielo gris y encapotado. Maldijo para sus adentros. -¿Te encuentras bien, Brianna? Ella y Zoe se estaban vistiendo en una de las habitaciones de invitados. Brianna le lanzó una mirada amenazadora. -Lo digo en serio- insistió Zoe mientras subía la cremallera de la espalda del vestido de Brianna. ¿Has comido algo en todo el día? -Lo que he podido picar cuando Marcel no miraba- Brianna se puso unos pendientes. Zoe, estoy embarazada, estoy cansada y la boda todavía no ha comenzado. Creo que tengo derecho a tener mal aspecto. -¡Dios existe: ¡mira!- exclamó de repente Zoe, después de mirar por la ventana.


-¿El qué?, ¿qué pasa? -.El cielo, ¿no lo ves?- Zoe señaló hacia la ventana. Ha salido el sol. No queda ni una nube. La iglesia era demasiado pequeña para tantos invitados; pero era tan bonita que a nadie le importó estar un poco apretujado. El aparcamiento estaba lleno de Mercedes y Cadillacs, amén de algún Range Rover que otro. La mayoría de los invitados ya se había sentado cuando Brianna oyó el murmullo que caracteriza a la llegada de los novios en sus bodas. Brianna fue hacia la entrada de la iglesia a recibir a Allison, cuyo vestido fue alabado por todos. Zoe había logrado desalojar a muchos de los curiosos que llenaban el vestíbulo, epro entre la novia, el padrino y las damas de honor, quedaba poco espacio para moverse. -Bueno, ¿qué te parece?- le preguntó Zoe a Brianna, alzando la voz por encima de los chillidos de las damas de honor. -No, Zoe. La cuestión es,¿qué le parece a la novia?- replicó Brianna. Allison esbozó una sonrisa radiante. -No puedo ser más feliz, señorita Fairchild- estaba más guapa que nunca.


¡Y estoy segura de que has tenido algo que ver con que el sol haya salido!. De hecho, le he dicho a mi padre que os dé una buena propina. El señor Franklin emitió un gruñido por toda respuesta y se ajustó la faja del pantalón. Parecía que, finalmente, las cosas iban saliendo adelante. Marcel estaba aleccionado, las flores habían llegado a tiempo, había dejado de llover y la novia estaba preciosísima. Brianna se colocó detrás de Allison para colocarle el velo y, de pronto, se qudó helada al oír una voz masculina muy familiar. -Señorita Faichild- intervino una de las damas de honro. ¿voy bien vestida así?preguntó inoportunamente. Apenas oyó a la dama de honor, ni la rápida respuesta de Zoe, ni ninguno de los otros miles de ruidos del vestíbulo. Tenía sus cinco sentidos concentrados en el hombre al que había rechazado, el cual estaba de pie, a muy pocos metros de distancia. Y, a su lado, luciendo un vestido de color turquesa carísimo, se encontraba la mujer con la que se suponía que ha´bia roto, a pesar de que el anillo que ésta exhibía en el dedo indicaba a las claras lo contrario. -¡Dios, Allison!- exclamó Charlotte. ¡Estás absolutamente fantástica!. ¿Verdad que sí, cariño?- se dirigió a Spencer. Antes de que Brianna pudiera pensar nada, sus miradas se cruzaron un segundo,


suficiente para advertir el torbellino de emociones que él sentía. -Bueno, Allison…¡Llegó el momento!- Brianna se esforzó porque su voz sonara alegre. Luego le habló a Zoe. Si no te importa… -Adelante- le susurró ésta. Sal de aquí. Brianna le dio las gracias y se marchó del vestíbulo. Luego se apoyó contra una de las paredes de la iglesia y se tapó la boca con una mano. La música del organista empezó a inundar hasta el último de los rincones…. ¡Maldita Charlotte!. La muy ladina había esperado a Spencer a la entrada y se había unido a él en el último momento para que todos los que los vieran interpretaran que seguían juntos. Lo había calculado perfectamente para que Brianna los viera unidos. El dolor que Spencer había notado en sus ojos lo devastaba. Se sentó en el primer sitio que vio y no logró ver ni oír nada de la ceremonia, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera lo cansada e infeliz que parecía Brianna. Y las ganas que tenía de estrecharla entre sus brazos, de explicarse. Cualquier intento de zafarse de Charlotte habría conllevado, con toda seguridad, una escena por parte de ésta, y Spencer no estaba dispuesto a que su ex novia fuera a empañar la boda de nadie. Por eso había permitido que la vieran con él. De modo que allí estaba, pegada a él con un vestido cegador, moviendo de vez en


cuando el anillo para que dentelleara. Spencer pensó en los miles de tratos que había negociado, pactando con los socios más inaccesibles: en aquellos casos, él nunca había dudado de su capacidad para cerrar un buen trato; pero tener que manejar a dos mujeres le parecía un problema irresoluble. Se sentía completamente perdido. -¿Tú la estás viendo?- le preguntó Delia Franklin a Brianna. Siempre hemos dicho que es nuestra princesa, pero hoy lo parece más que nunca. Brianna miró por la ventana y vio a Allison, que estaba posando junto a su flamante esposo, sonriendo a todos los invitados, los cuales no paraban de hacerles fotos. -¿Alguna vez has visto a una mujer más guapa?-insistió la señor Franklin, orgullosa de su pequeña. -No, respondió Brianna, sonriendo a su cliente. Todavía te niegas a jugar al póker conmigo? -Ni lo sueñes- la señora Franklin rió. Pero contaré contigo para el siguiente vestido de novia que necesitemos. -Trato hecho- Brianna rió y recordó que Allison tenía aún tres hermanas solteras. ¿No tenías que estar atendiendo una fiesta?- le preguntó Brianna. -Sí- asintió la señora Franklin. Y tú no te quedes aquí dentro. Tengo que presentarte a mucha gente. Gente con hijas.


-Te prometo que saldré pronto. “Salvo que pueda evitarlo”, pensó Brianna. Aún impactada por el inesperado encuentro con Spencer, Brianna se había encerrado en la cocina con la excusa de ayudar a Marcel. Aunque, teniendo en cuenta el ambiente que se respiraba allí, no estaba segura de haber tomado una buena decisión. -¡No, no, no!- exclamó Marcel. Había dicho que quería los rábanos cortados en trozos más pequeños. -¿Qué pasa ahora, Marcel?- le preguntó Brianna, mientras untaba unos canapés de paté. -Que alguien me ayude a que estas dos mujeres aprendan a seguir instruccionesdijo el cocinero, como pidiendo socorro. Brianna miró las bandejas que ya estaban listas para ser servidas: estaban fabulosas, mejor presentadas incluso que las bandejas habituales de Marcel. Y, de pronto , lo comprendió: -¡Estas celoso!- lo acusó Brianna. -¡Mentira!. -Claro que sí.Estas mujeres están haciendo un trabajo sensacional.- giró la


cabeza y suspiro. De veras que no te entiendo, Marcel. Sabes que todo está perfecto y que tú te llevarás el reconocimiento. Mis clientes dan grandes propinas si quedan satisfechos….Así que escucha bien: o haces el favor de cambiar de actitud o te marchas y no vuelves. Estoy hablando en serio. Y me niego a seguir discutiendo contigo cada dos por tres. -Allison se ha hecho un enganchón en el vestido con una rama- anunció Zoe, asomando la cabeza por la puerta de la cocina. Tiene un descosido grande. -¿Grande?- Brianna se olvidó de Marcel pro unos instantes. ¿Dónde está el costurero? -En el dormitorio. Allison está llorando otra vez. -Ya me imagino- Brianna sonrió. Probablemente, se lo tome como una señal de mala suerte. Como si también pudiera desgarrarse su matrimonio a las primeras de cambio, o algo parecido. Un coche arrancó al otro lado de la cocina y salió a toda velocidad, haciendo chirriar los neumáticos contra el suelo. Zoe miró por la ventana y se quedó pálida: -Era Marcel- le comunicó a Brianna, la cual miró en derredor, pro si Zoe le estaba gastando una broma. ¿Y ahora qué hacemos? Brianna miró las bandejas que ya estaban listas para ser servidas y miró un cuaderno que Marcel se había olvidado, donde apuntaba todos los preparativos de los


banquetes. -Según sus notas, ya está preparada la mitad de la comida. El problema será la otra mitad… -Nos arreglaremos- Zoe se encogió de hombros. -¿Sí?, ¿qué tal se te da cocinar? -¿A mí?. De pena. Pero no te he contado que tía Rose acaba de mudarse a Atlanta para estar más cerca de mi madre. -¿y qué tiene eso que ver, Zoe? -Adivina que hizo mientras estuvo viviendo en San Francisco… -¡Zoe!. -Organizar la comida de los banquetes de boda- respondió, con una inmensa sonrisa. Brianna necesitó veinte minutos para remendar el vestido de Allison, y otros veinte para tranquilizarla. Para entonces, ya había decidido que aquélla boda se ha´bia ganado el honor de ser la más desastrosa de todo 1998. Por primera vez desde que se iniciara en aquel negocio, consideró seriamente cambiar de actividad. Después de enseñarle a Allison cómo podía colocarse el velo a modo de fular para que pudiera bailar, Brianna entró en un dormitorio y se sentó a descansar.


Casi no oyó que habían llamado a la puerta. Se levantó de mala gana. Lo más probable era que se tratara de una dama de honor en busca de Allison. -¡Edwina!-exclamó tras abrir la puerta. -Zoe me dijo que estabas aquí- Brianna se echó a un lado e invito a la señora Lockhart a que pasara. Esta la miró y puso mala cara. También me dijo que estaba preocupada por ti. Y ahora lo entiendo…No puedes seguir así, Brianna. No si quieres que tu bebé nazca sano. -Hoy ha sido un día especialmente ajetreado, eso es todo- Brianna volvió a hundirse en un asiento. Dentro de unas horas todo habrá acabado, volveré a casa y me acostaré. -¿Para levantarte mañana y otra vez igual? -Mañana descanso. -Bueno, algo es algo- Edwina se detuvo. Mira, sé que no es el mejor lugar para hablar de esto; pero Spencer me ha dicho que te ha pedido que te cases con él…Y que lo has rechazado. Los ojos de Brianna empezaron a poblarse de lágrimas y a ver borroso. -Pero mírate, cariño- dijo Edwina con ternura. ¿Por qué lo has rechazado? -¿Qué más da, Edwina?.¿O es que no has visto con quien ha venido hoy?. ¿Quién


sigue llevando el anillo de prometida?- Brianna no lograba contener sus lágrimas. -Te pudo asegurar que eso cambiará esta misma noche. -¿Sí?. ¿es que está planeando prepararle una pequeño accidente?- Brianna sonrió. -L verdad es que sólo con el vestido que se ha puesto ya dan ganas de estrangularla- Edwina rió. Pero no; aunque la idea sea tentadora…Conozco a mi hijo, Brianna. Me ha dicho que Charlotte no le devolvió el anillo y él es demasiado caballeroso para pedirle que se lo entregue. -Pero eso no significa que tuviera que venir con ella a la boda, ¿no? -Spencer le dijo que no iba a acompañarla- Edwina sonrió. Pero ya se sabe que las mujeres pueden ser muy astutas cuando se proponen algo. -No…no te entiendo. -Cariño, Charlotte forzó la situación. Tenías que haber visto la cara de Spencer al acabar la boda. Esa mujer tiene suerte de seguir con vida- Edwina rió, pero luego se puso seria. Estaba muy disgustado porque tú los hubieras visto juntos…a pesar de que lo has rechazado. Brianna bajó la cabeza y esperó lo inevitable: -Así que, ya que Charlotte no está por medio…-prosiguió Edwina. -Es que no puedo cargarle con un bebé que no es suyo- se adelantó Brianna,


alterada. No pudo cargarle con una mujer idiota que se deja embarazar… -¡Brianna!- bramó Edwina, autoritariamente. ¡Que no te vuelva a oír castigarte de esa manera!,¿está claro!. NO hay ninguna persona que no meta la pata de vez en cuando. El único error sería negarte a ser feliz con el hombre al que amas. No tiene sentido:¡si los dos estáis locos el uno por el otro! -Edwina, te tengo mucho cariño y te agradezco… -Lo sé, lo sé :me tienes mucho cariño, pero quieres que me largue- Edwina se levantó y se puso frente a Brianna, que también acababa de dejar su asiento. Pero no puedo. Resulta que, desde el primer día que te vi, pensé que tú sí que serías una nuera perfecta. -¿De verdad? -Estoy segura de me tomaste por una loca cuando insistí en que cenaras con nosotros aquella noche….-Edwina sonrió. -algo de eso pensé, sí. -Lo hice a propósito. Era necesario que la tensión estallara por algún lado. -Pues no cabe duda de que estalló. ¡Y bien que atacó Charlotte! -Pero eso era inevitable, cariño. Era imposible solucionar el problema hasta que Charlotte no se enfrentara contigo. Sé que no me crees, pero es verdadEdwina le dio un pellizco afectuosos a Brianna. Spencer y tú estáis hechos el uno para el otro. Y si él te vuelve a pedir que seas su esposa, por Dios, dile que sí, ¿de acuerdo?


“si fuera así de sencillo”, pensó Brianna, mientras ofrecía una débil sonrisa a modo de respuesta. Había demasiada gente en la casa. Después de veinte minutos, la falta de aire y el incesante murmullo de conversaciones triviales sacaron a Spencer del salón y lo llevaron al exterior. Decidió pasear hasta un mirador que había a unos cien metros, mientras el cielo se iba coloreando en el horizonte con colores naranjas, rojizos y asalmonados. Avanzó lentamente sobre el piso de madera del mirador, hasta alcanzar un extremo desde el que se veía los campos que se extendían hacia el Oeste. El aire del anochecer le llevó la fragancia de las rosas y petunias, aroma que le recordó a la casa de Brianna. -Spencer, cielo. ¿Quieres decirme qué haces aquí? Se giró y vio a Charlotte, que se acercaba hacia él, dejando que su minifalda revelara parte de sus firmes muslos. -Respirar- contestó. La dejó sin palabras por uso segundos, pero pronto se decidió a seguir adelante, aproximándose a él con las intenciones dibujadas en el rostro. Paseó un dedo por uno de los bancos de madera del mirador y apartó unas gotas


de agua: -Sigue mojado- comentó Charlotte, intentado seducirlo con una sonrisa. ¿Sabes?. Podrías besarme. Nadie nos vería y… -Charlotte, ya basta- la interrumpió. Pero ella perseveró, se colocó a su lado y le acarició la espalda. -Te prometo que no gritaré…Charlotte desplazó las manos hacia el pecho de Spencer, pero éste le agarró las muñecas a tiempo. -No- dijo con autoridad. Los ojos de Charlotte se apagaron. Dejó pasear la vista por el mirador y se dirigió a la salida, cruzando los brazos por la espalda. Suspiró. -Bueno, nadie puede culpar a una mujer por intentarlo- comentó. Luego se dio media vuelta y miró su anillo de compromiso. Se lo sacó, se acercó a Spencer de nuevo y se lo ofrecio con manos temblorosas. Por favor, tómalo antes de que me arrepienta. Spencer dudó, recogió el anillo y experimentó un inmenso alivio al sentirlo en la palma de su mano. -Gracia- la miró a la cara y vio que Charlotte estaba haciendo esfuerzos por no llorar. Lo siento mucho. -No lo sientas. Intenté forzarte y no funcionó: eso es todo- se encogió de


hombros. Nadie puede evitar sentir lo que se siente…Me fijé en tu cara cuando la vimos en el vestíbulo de la iglesia antes de la boda y en ese momento supe que había perdido la batalla. La quieres hasta la adoración, ¿verdad?- le preguntó tras una breve pausa. -Sí- respondió él, mientras se metía el anillo en el bolsillo. -¿Vas a casarte con ella?- preguntó con la voz quebrada. -No lo sé. -¿No lo sabes?- lo miró sorprendida, sonriente. -Ella está…confundida. Creo que es el término correcto. -Para mí que está loca, no confundida- corrigió Charlotte, después de pensar en el calificativo que Spencer le había dado a Brianna. -¿Cómo vas a llevar lo de… -¿Cancelar la boda?- se adelantó Charlotte. Spencer la miraba con los brazos cruzados, pensando que, a pesar de su comportamiento de los últimos días, no era una mujer tan detestable. Todavía faltan seis semanas y aun no hemos mandado las invitaciones. Supongo que perderemos la señal del vestido, del restaurante, la floristería… -Por favor- la cortó Spencer. Olvídate de eso. Yo correré contados esos gastos. Es lo menos que puedo hacer.


Se quedó quieta y callada durante un par de segundos, hasta que por fin, asintió con la cabeza. Luego permanecieron en silencio otro minuto, cada uno en un extremo del mirador. Entonces se acercó aún más a él, esta vez con paso natural y sin insinuarse. -Nunca deberías haberme dicho que te casarías conmigo. -Lo sé- Spencer se apoyó enana barandilla del mirador. -Y yo no debería habértelo pedido- se enrolló una bufanda que le caía por un hombro. Ninguno de los dos habría sido feliz, ¿verdad? -Y menos tú- dijo con calma. -Y menos yo- repitió Charlotte. Cubrió el espacio que los separaba, colocó una mano suavemente sobre el pecho de Spencer y le dio un beso ligero en una mejilla. Cuando se separó, tenía los ojos llenos de lágrimas-. No diré que no me duele, porque sí me duele; pero sé que yo me lo he buscado y…Y sé que lo superaré. Ahora…ahora me apetece volver dentro y distraerme en la fiesta. Mañana anunciaremos que hemos roto; pero esta noche quiero beber mucho champán- Charlotte se alejó, bajó las escaleras del mirador y se dio media vuelta una última vez. Spencer la siguió lentamente cabizbajo. Tocó con la mano el anillo del


bolsillo y se preguntó cómo era posible sentirse tan apenado y exultante al mismo tiempo. Brianna esperó cinco minutos después de que Edwina saliera de la habitación en la que habían estado hablando. Bajó las escaleras hacia el piso en el que se celebraba la fiesta. Al menos todo parecía ir bien. En todas las salas y salones de la planta baja se oían risas y los invitados comían y bailaban animados. Durante la siguiente hora, recibió muchas felicitaciones por la organización de la boda mientras iba de sala en sala. -¿Entonces es usted la señorita Fairchild que ha diseñado ese vestido tan maravilloso?. No he visto a una novia más guapa en toda mi vida… -Las flores son preciosas…muy elegantes… -¿Cómo se te ocurrió organizar un buffet de comida china?. Es el mejor banquete de bodas al que…Brianna se encontró cara a cara con Charlotte. Y con Charlotte sola: -Me alegra que esté divirtiéndose, señorita Westwood- le dijo -Por favor…llámame Charlotte- la lengua se le trababa al hablar. Brianna miró la copa de champán que Charlotte sujetaba en una mano y se preguntó cuántas habría bebido ya. ¿Cómo se encuentra la futura mamá hoy? Brianna cerró los ojos y se alegró del alboroto que había alrededor.


Afortunadamente, nadie la habría oído. -Estoy bien-respondió en tono neutro, después de abrir los ojos. -Me alegró mucho… Pero, de pronto, Brianna empezó a sentirse mareada. Volvió a cerrar los ojos, suspiró y se sintió mejor…hasta que sus rodillas flaquearon y el salón empezó a darle vueltas. Intentó apoyarse en la mesa donde se servía la comida, pero sólo consiguió tirar un plato. Una salsa le salpicó el brazo y entonces, justo antes de que todo oscureciera, oyó junto a ella la suave voz de Spencer, que la había recogido a tiempo de evitar su caída contra el suelo. Sabes?.cuanto más tiempo pasa, más me asombra lo resistente que es la especie humana- comentó el doctor Steinberg, después de tomarle la tensión a Brianna. Esa criaturita que llevas dentro está bien, a pesar de cómo la tratas. Brianna se apoyó en la almohada para incorporarse, sonrió y bebió un sorbo de zumo de naranja: -Yo nunca haría daño a propósito a mi bebé… -Ya lo sé, cielo- el doctor apretó la mano de Brianna. Pero, sinceramente, el trajín al que te has sometido hoy no lo soportaría ni un luchador de sumo. Puede que me consideres anticuado, pero una mujer no puede encargarse de todo estando embarazada. Y cuidar del bebé es lo que más te debe preocupar ahora mismo. -Me alegro de que estuvieras cerca- Brianna bajó la cabeza, como dándole la


razón. -Yo también me alegro. Ahora necesitas comer y descansar. Como te digo, el bebé está bien- el doctor sonrió a Brianna. ¿Te llevará este apuesto hombre a casa?añadió. -En cuanto ella se sienta con fuerzas- respondió Spencer, que había estado al lado de Brianna todo el tiempo. Acompañó al doctor Steinberg a la salida y luego regresó junto a ella. Brianna suspiró. No tenía sentido, pero él era la única persona a la que quería tener cerca en ese momento. -Me has dado un susto de muerte, pequeña- le dijo dulcemente, acariciándole una mano. -Supongo que tendré que darme de baja en la empresa, ¿no?- comentó Brianna, con lágrimas en los ojos. -eso estaría bien, Sí- Spencer le dio un beso en los dedos. Tengo que enseñarte algo- le dijo segundos después. Brianna enarcó las cejas interrogativamente y vio a Spencer meterse la mano en un bolsillo y sacar algo; algo que brilló en la palma de su mano cuando la abrió para que lo viera: el anillo. -¿Me crees ahora?- le preguntó.


El corazón le dio un vuelco. Ya no había ningún impedimento para aceptar la propuesta de Spencer, aparte de su propia reticencia. Y ambos lo sabían. Brianna cerró la mano en la que él le estaba mostrando el anillo. Luego se levantó de la cama en la que la había atendido el médico y plantando los pies en la moqueta del suelo. -¿Nos vamos?- le preguntó. -Brianna, corazón, mi oferta sigue en pie. Lo miró y colocó la mano sobre un hombre de Spencer afectuosamente. -Lo sé. Pero…. -Pero. Siempre pero… -Hola soy yo. ¿Qué hacéis los dos encerrados a solas?-. Zoe llamó a la puerta. -¿Siempre se preocupa por salvar tu honor?- le preguntó Spencer a Brianna, en referencia a Zoe. -Siempre. -Está bien- Spencer se levantó para abrir la puerta. -En cuanto te despidas de todos, te voy a llevar a casa, te voy a meter en la cama, te voy a preparar algo para que cenes y luego vamos a hablar…toda la noche, si es necesario. Hasta que arreglemos esto- le dijo a Brianna antes de abrir la puerta. Estoy acostumbrado a salirme con la mía, Señorita Fairchild. -Pues en caso de que no lo haya notado, señor Lockhart- replicó Brianna con


tranquilidad, tus tácticas autoritarias no funcionan muy bien conmigo. Spencer le quitó los zapatos antes de posarla sobre la cama y luego se despojó del abrigo y de la corbata, se remangó y se metió en la cocina. No es que estuviera repleta de alimentos, pero algo era algo. Y, pro supuesto, pensó sonriente, todo estaba tan estratégica y lógicamente colocado, que pudo localizar los utensilios que necesitaba con un solo golpe de vista. Veinte minutos después, entró en el dormitorio de Brianna con una tortilla de queso a las finas hierbas, un vaso grande de leche y una ración de tarta de queso. -Se te da muy bien hacer de inválida- le dijo Spencer, sonriente, mientras le acercaba la bandeja, conteniendo unas ganas tremendas de besarla. -No soy ninguna inválida; aunque reconozco que, temporalmente, resulta una idea atractiva- se puso una servilleta en el cuello y sonrió. Esta tortilla tiene una pinta estupenda….Está deliciosa…¿Es que te dedicas a cocinar en tus ratos libres?- le preguntó. -Me preparo algo casi todas las noches- respondió mientras tomaba asiento en una silla cercana. Mi madre insistió en que aprendiera y, aunque no te lo creas, a pesar de que siempre he tenido asistentas y criados, he tenido que cocinar desde pequeño. -Así que tú no fuiste un niño mimado, ¿eh?


-¿Con mi madre?. Imposible- se recostó en la silla y la miró comer mientras bebía un sorbo de té helado. Llevaba un camisón de manga larga muy recatado. Probablemente, pensó Spencer sonriéndose, lo habría elegido adrede. Se quedó mirando los botones que iban del cuello a la cintura, los cuales insinuaban sus pequeños pero elevados pechos bajo la fina tela del camisón. Rebosaba feminidad y una sensualidad que excitaba cada nervio del cuerpo de Spencer. Se había soltado el pelo y ahora le caía sobre los hombros. Brianna lo miraba con una mezcla de curiosidad y diversión. -¿Qué?- le preguntó Brianna, después de limpiarse la boca con la servilleta y colocar la bandeja a un lado de la cama. -Nada…-Spencer se puso de pie. ¿Has terminado? -Sí, gracias- se recostó sobre las almohadas mientras él recogía la bandeja. Ha sido todo un banquete. Gracias. -NO hay de qué. Sólo tardó quince segundos en ir a la cocina y volver, pero ya la echó de menos. Cuando regresó, tras un momento de duda, se sentó junto a ella a un lado de la cama y buscó sus ojos. Luego se atrevió a acariciarle una mejilla. Entonces la incorporó y la estrechó entre sus brazos y Brianna cerró los ojos


mientras él le cubría la boca con un beso posesivo. Notó que Brianna le acariciaba la espalda, que estaba disfrutando, de modo que, envalentonado, paseó un dedo por su barbilla, bajó al cuello y siguió la ruta de aquellos botones que tan fielmente la protegían y escondían al mismo tiempo Brianna se puso tensa, interrumpió el beso y evitó prolongar el contacto con Spencer. Estaba roja como un tomate. -Cariño….-susurró él con la levedad de una pluma. Yo sólo quería darte un beso. -No insistas- dijo Brianna, desesperada, conlos ojos cerrados. No puedo casarme contigo. NO puedo…-abrió los ojos y una lágrima resbaló hacia la mejilla. Spencer se quedó perplejo. Le secó la lágrima con el pulgar, se apoyó sobre un codo en la cama y tomó con ternura una mano de Brianna. -A ver si lo entiendo: estoy perdidamente enamorado de ti, no tengo ningún compromiso con Charlotte, me da igual lo que la gente diga sobre nuestro matrimonio y, sin embargo,¿dices que no puedes casarte conmigo? -Es que no logro…- no consiguió mirarlo a los ojos…- no logro superar el qué dirán cuando tenga al bebé después de llevar casados sólo cinco meses- dijo jugueteando


con la sábana. Estaba mintiendo. Spencer estaba convencido. Fuera lo que fuera lo que inquietara a Brianna, estaba seguro de que no tenía nada que ver con eso. -¿Y te parece mejor que el bebé nazca sin estar casada? -Tampoco sería un sacrilegio. Tal como lo dices, parece que estuviéramos en el siglo diecinueve- respondió. Hoy en día hay muchas mujeres que tenen a sus hijos solas- añadió. Encogió las piernas y se sentó apoyándola cabeza sobre las rodillas. -No te creo, Brianna- le dijo Spencer, que de tanto mirarla la había hecho sonrojarse. NO te creo en absoluto. Los dos sabemos que no tiene sentido lo que dices- añadió. Brianna no respondió y él se atrevió a acariciarle un antebrazo. Entonces volvió a ponerse rígida, así que Spencer retiró la mano. -Cariño- prosiguió él-, ¿de qué tienes miedo? -¿Miedo?- repitió Brianna. ¿De que iba a tener miedo?- añadió. Pero Spencer notó que había puesto el dedo en la llaga. -Eso mismo me pregunto yo- contestó él. -No puedo…no- se puso rojísima y empezó a temblar. Escondió la cara entre las


manos y empezó a girar la cabeza denegando. -¿Tiene algo que ver con….lo de quedarse embarazadas?- preguntó Spencer con mucho tacto. La cara le abrasaba. Brianna se limitó a asentir con la cabeza y, entonces, Spencer tomó sus manos y la obligó a que lo mirara a los ojos. -Brianna…yo te amo. No sé de qué tienes miedo; pero puedes contármelo, sea lo que sea. No podía dejar de temblar. Quería contárselo, pero se sentía incapaz. -¿No se lo dirás a nadie?- cedió por fin. -Mi amor, esto sólo nos concierne a ti y a mí- le acarició una mejilla. A nosotros. Nosotros….Aquella palabra los había convertido en una unidad, en un todo que excluía al resto del mundo. -El padre del bebé es Tom Zimmerman- confesó tras exhalar un profundo suspiro. Pensó que spencer lo concocería, pero éste se limitó a encogerse de hombros. Lo conocí en una de mis bodas. Era el primo del novio, un abogado con una carrera muy prometedora en Dallas…Yo había pasado unas navidades horribles. Estaba muy sola y ni siquiera tenía con quien compartir la cena de Navidad…-poco a poco, Brianna iba descargando la tensión acumulada, dejándose acariciar por Spencer.


-¿Y Zoe?- preguntó éste. -Se había marchado a San Francisco a pasar las vacaciones. Así que no….el caso es que me deprimí mucho, a pesar de que sabía que con la vuelta al trabajo a mediados de enero, me recuperaría. Luego, no sé por qué, la boda del primo de Tom volvió a hundirme- Brianna se detuvo y cuando siguió hablando, su voz adquirió un tono impersonal. Aparentemente, Tom era encantador y pareció que congeniábamos. Quedamos para cenar después de la boda y nos divertimos mucho. Me dijo que llevaba divorciado varios años, y hasta me enseñó las fotos de sus hijos. Dijo que levantaba no poder verlos con más frecuencia…Siguió en Atlanta durante una semana más después de la boda y nos vimos todas las tardes. En honor a la verdad, nunca me presionó para que tuviéramos una aventura, aunque sugirió con descaro que podía ser una buena….compañía- cerró los ojos y tragó saliva. -¿Lo querías? -No- se apresuró a responder Brianna, emocionada por la celosa mirada con que Spencer la estaba mirando. Yo sólo me sentí…halagada- se quedó callada e intentó organizar sus pensamientos.


-Brianna -Por favor, no me metas prisa….Estoy haciéndolo lo mejor que puedo. Para mí esto es muy doloroso. -Lo sé corazón- se acercó a ella y la envolvió con los brazos. Sólo pensaba que…sería mejor si lo soltabas de golpe. Brianna empezó a hablar en tono monocorde mientras reposaba la cabeza sobre el pecho de vencer y oía los latidos de su corazón. Cada caricia suya le daba fuerzas para referir una parte más de su penosa historia: -Era la última noche que iba a estar en la ciudad. La velada había sido perfecta; él había estado perfecto. Recuerdo que entré en el servicio y me miré al espejo- tomó aire y prosiguió. Entonces vi el reflejo de una mujer virgen de treinta y tres años y me pregunté si volvería a tener la oportunidad de….-se quedó sin palabras. -¿Puedo hablar?- preguntó con cuidado. -Es muy raro que hoy día una mujer llegue a los treinta sin haber tenido ninguna experiencia…-suspiró. Mi madre siempre decía que yo era muy remilgada. Y los chicos con lo que había salido decían cosas peores….. -¿Y decidiste demostrarles lo contrario? -Es posible. No sé.


-Sólo quiero que sepas, antes de que digas nada más- le dio un beso en el cabello, que hay una gran diferencia entre ser remilgada y selectiva. -Sí, bueno…pues esa noche estuve la mar de selectiva- cerró los ojos y se enfrentó a un cúmulo de imágenes que había deseado borrar una y mil veces, como si fuera un fichero de uno ordenador. Él…se trasformó por completo en cuanto nos quedamos a solas en la habitación de su hotel. Fue horrible. Yo nunca había estado con un hombre y no sabía qué debía esperar, cómo se suponía que tenía que sentirme- comenzó a temblar y dejó que las lágrimas brotaran libremente. Me dijo que si no fuera tan fría…que si no fuera tan frígida, disfrutaría con lo que me estaba haciendo; que casi prefería hacer el amor con el palo de una escoba….Dijo que no lo extrañaba que siguiera virgen, con un cuerpo como el mío…-recordó entre sollozos. Dio un profundo suspiro y notó que Spencer la abrazaba con más fuerza todavía. ¿estaba él también temblando?. Cuando notó que recuperaba el control, más calmada, continuó: -Después, mientras yo estaba tumbada en la cama de su hotel con la sábana


cubriéndome mis deficientes pechos, sintiendo como si alguien me hubiera puesto un cuchillo ardiente entre las piernas, él se rió de mí y se mofó y disfrutó diciéndome que en realidad no estaba divorciado, que se había peleado con su mujer y que ésa era su forma de vengarse. Todo su odio y su rencor había ido dirigidos hacia ella; no hacia mí. -Pero eres tú la que está embarazada- intervino Spencer. ¿Ese cerdo ni siquiera se puso un preservativo? -Me dijo que se había hecho la vasectomía- rió amargamente. -Si te digo la verdad, me sorprende que quieras tener este bebé. -El bebé es mío- replicó con una fiereza que a ella misma la sorprendió. Nunca sabrá nada de su padre. -Brianna….este bebé tiene que tener un padre. -¿No!. Ese hombre jamás… -No te estoy hablando de…como se llame. Me refiero a mí. -Spencer. -No. Ahora escúchame tú a mí; lo que ese hombre te hizo es mucho más que censurable. Eso no es amor, cariño. NI siquiera sexo- la miró a la cara y le retiró un mechón que le caía sobre la nariz. Hacer el amor puede ser apasionado, hasta frenético a veces. Pero siempre debe ser dulce, respetuoso y debe hacer que las dos personas sientan que el mundo


es maravilloso- le dio un beso fugaz en los labios y bajó la mano por su brazo. Brianna desvió la mirada, pero él le giro la barbilla con suavidad y le pidió que lo mirara. Cuando se atrevió a enfrentarse a los ojos de Spencer, Brianna sintió que, pro fin, se encontraba a salvo. -Soy yo, corazón. No un estúpido irracional. Yo jamás trataría a una mujer de esa manera.- le aseguró Brianna se estremeció al sentir que los ojos de Spencer la estaban recorriendo todo el cuerpo, mirando a través de su camisón. Eres tan bonita que me dejas sin respiración cada vez que te veo. ¿sabías? Brianna apoyó la cabeza contra el pecho de él y denegó con la cabeza. -Pues lo eres- sentenció Spencer. Le levantó la barbilla con los dedos y volvió a besarla, suavemente. Recuerdo que la primera vez que te vi pensé que eras una mujer extraordinaria….Te quiero como no he querido jamás a nadie. Y, cuando te sientas preparada, consideraré un honor hacer el amor con la mujer más bella del mundo, para demostrarte que eres fabulosa. Pero esta noche no. Ahora mismo no estás en condiciones para eso, ni física ni mentalmente…¿Brianna? -¿Sí?


-¿Confías en mi? -Sí- respondió, hipnotizada por aquellos ojos azules, cálidos y tiernos. -Entonces, si conseguimos que venzas tus miedos los dos juntos, ¿reconsiderarás lo de casarte conmigo?+ Brianna ya sabía la respuesta. Desde hacía algunos minutos. Pero a veces, pensó, era mejor no poner todas las cartas sobre la mesa demasiado pronto…Puede que, en el fondo, la señor Franklin tuviera razón y ella fuera una gran jugadora de póker. -Lo…reconsideraré- concedió. Podría haberse echado a llorar al ver la felicidad que brilló en los ojos de Spencer, el cual seguía acariciándole el pelo y el cuello. -¿Recuerdas cuando te pregunté si me querías?- dijo con suavidad. Brianna asintió. ¿Y qué me respondiste? -Que con todo mi corazón- susurró. -¿Lo ves?. Estoy seguro de que todo saldrá bien- la empujó hacia las almohadas, meciéndola contra el pecho, acariciándole el pelo y dándole besitos cariñosos. Brianna empezó a adormilarse al arrullo de los mimos de Spencer, tierno y sumamente afectuoso, y sintió que todo su cuerpo se relajaba.


Entonces le dio un beso en los labios y ella lo aceptó confiada y abrió la boca para recibir su lengua, que la exploró con dulzura mientras la abrazaba con cuidado, como temeroso de que Brianna pudiera romperse. Spencer se separó , la miró a los ojos y alzó las cejas a modo de interrogación. -De momento, bien- dijo ella con una risilla mientras un escalofrío le recorría la espalda. Volvió a besarla con una pasión y un ternura que encendió una lluvia de chispas por todo el cuerpo de Brianna, la cual contuvo la respiración, pero esta vez no por aprensión, sino por la expectativa de la siguiente caricia, por puro placer, sentimiento de dicha y excitación. Lentamente fue desabrochándole los botones del camisón y no dejó de mirarla mientras iba descubriéndola. Sólo cuando la destapó hasta la cintura su vista se distrajo y Brianna sintió que su piel se enardecía. -Tal como imaginaba, son perfectos. En absoluto deficientes- susurró Spencer mientras contemplaba los pechos de Brianna. Luego la abotonó hasta arriba y, de nuevo cubierta, la besó. ¿Sigues teniendo miedo? Brianna denegó con la cabeza, sin apenas poder respirar. Luego le lanzó una sonrisa irrepetible. Spencer sonrió también, aliviado, y ella se dio cuenta de que no había sido la única que había pasado miedo. -La verdad- le susurró al oído, pensé que te rendirías antes- bromeó Spencer. -¡Serás arrogante!- exclamó Brianna entre siras, fingiendo indignación. Le dio un


almohadonzazo y un beso. Lo amaba tanto. -Bueno….-Spencer le acarició el cuello. ¿has reconsiderado mi propuesta? -Sí- dijo con suavidad. -¿Y? -Sí -¿De verdad?- la miró fijamente a los ojos. -De verdad. -¿cuándo nos casamos? -Pues…-Brianna rió.-…no creo que tenga mucho sentido esperar, ¿no? La abrazó y le dio un beso tan dulce que Brianna pensó que iba a desmayarse. Cuando abrió los ojos, se encontró con una pequeña cajita de terciopelo. -Ábrela- le dijo Spencer al tiempo que se la entregaba. -Oh, Spencer…¡es precioso!- exclamó cuando vio el anillo.-¿cómo…. - La llevo encima desde que volví de Japón, cambiándolo de un pantalón a otro, por si llegaba el momento- se adelantó Spencer. -¿Por si llegaba el momento?- repitió Brianna, sonriente. ¿Qué voy a hacer contigo?. -después de que nos casemos, lo que quieras. -Muy gracioso- se elevó para recompensar sus labios y Spencer le acarició el cuello y la besó con mayor fuerza. Cuando la soltó, Brianna se sentó en la


cama y miró el anillo con detenimiento. Es muy antiguo, ¿no? -Perteneció a mi bisabuela- Spencer sonrió. Mi madre lo sacó de la caja fuerte hace dos semanas y me lo entregó. No tuve que preguntarle por qué. Ella siempre ha tenido claro que acabaríamos juntos….Anda, póntelo. Los anillos están para llevarlos en el dedo, no para estudiarlos. Mientras hablaba, tomó el anillo y lo introdujo en el dedo anular de Brianna, la cual seguía maravillada con el zafiro y os pequeños diamantes que lo rodeaban. -Si hubiera sabido que esto formaba parte del trato- Brianna sonrió, habría aceptado mucho antes….¡aú! -¿Qué pasa?- le preguntó Spencer, alarmado -No estoy segura, pero…¡sí, sí!- Brianna sonrió y colocó una mano de Spencer sobre su vientre. El bebé se ha movido-. Es la primera vez que se mueve. -No, no se ha movido- Spencer acercó el oído al vientre de Brianna, como para oír alguna patadita. -¡Que sí, que sí!. Estoy segura. Tú deja la ano un poco más… -¡Es verdad!- exclamó Spencer, emocionado, algunos segundos después. ¡Se ha movido nuestro bebé! -Buenos días, perezosa.


-De perezosa, nada- Brianna se estiró y bostezó-. Yo ya me había levantado antes. -¿Sí?, ¿ y dónde estaba yo? -Dormido. Por eso he vuelto a la cama- volvió a bostezar. ¿Qué hora es? Las nueve pasadas. Brianna sonrió, se incorporó e intentó enfocar a Spencer, que estaba de pie junto a la cama con la bandeja del desayuno. La encantaba verlo ligeramente despeinado, con la camisa abierta y el pecho casi al descubierto, todavía sin afeitar. -Tú sí que me estás mimando- Brianna sonrió. -Es domingo por la mañana- repuso él mientras le colocaba la bandeja sobre los muslos. Además, después de anoche, es lo menos que puedo hacer…Me encanta cuando haces eso. -¿El qué? -Sonrojarte- Spencer le mordisqueó un labio con suavidad. Llevamos dos años casados y cada día es igual de maravilloso que el primero- le hizo una caricia que se deslizó de una mejilla al cuello. Brianna se estremeció, lo miró coquetamente y sonrió. Aún con la sábana subida sobre los pechos, señaló hacia su bata, que estaba sobre un asiento en el otro


extremo del dormitorio. -¿Me la acercas, por favor?- Brianna se rascó el cuello. ¿Y el periódico? -Estás exigente esta mañana, ¿eh?- Spencer sonrió, le acercó la bata y le llevó el periódico a la cama. -¿Dónde está Melissa? -Mi madre ha salido con su nieta. Dios sabe adónde. Dijo que nos veríamos para comer. Así que….- se sentó con cuidado en la cama para no tirar la bandeja….tenemos la mañana para nosotros. ¿Qué te apetece hacer?- los ojos le brillaron de manera inequívoca. -¡Como si no supiera cuál es tu opción favorita!-Brianna dio un sorbo a su zumo de naranja y sonrió malévolamente. -Venga, ¿has terminado de desayunar? -No te quites la camisa tan rápido- Brianna alzó una tostada que tenía en la mano. Spencer protestó en broma y empezó a hacerle cosquillas en los pies a través de las sábanas. -Por cierto, Zoe ha dejado un mensaje en el contestador. Algo de venir a recoger


el boceto para el vestido de Heather Franklin el martes. -Ah…vale. Supongo que tendré que retocarlo mañana. Mientras comía, sus pensamientos vagaban errantes. Después de licenciarse, había ascendido a Zoe, tal como le había prometido. Dirigía la empresa con la misma eficiencia que Brianna y vivía en el piso de arriba, como ésta antes. Aunque Brianna ya no asistía a ninguna boda personalmente, salvo en calidad de invitada, aún realizaba el diseño de algunos vestidos de vez en cuando, y estaba pensándose el crear su propia línea de vestidos de novia. Algún día. A veces echaba de memos su anterior apartamento y los nervios de las bodas; hasta el silencio de los atardeceres. Pero no con mucha frecuencia y nunca demasiado tiempo Estaba encantada en la casa de Buckhead y la entusiasmaba que Edwina le hiciera compañía mientras Spencer estaba trabajando. Sus temores acerca de lo que dirían los amigos de su marido por casarse con una mujer embarazada habían sido infundados, pues, según Spencer, los pocos que habían dedicado a cuchichear no merecían la pena en realidad; pero, por lo general, la mayoría de sus amigos eran gente normal, como los Lockhart, que incluso se habían sentido aliviados de que Spencer no hubiera acabado casándose con Charlotte. Y todos parecían aceptar y querer a Melissa con verdadero aprecio. Brianna sonrió.


¿Acaso podía ser más feliz?. Tenían a la niña más bonita del mundo, la cual era una copia en miniatura de Brianna. Esta, por su parte, daba gracias a Dios todos los días por haber tenido la suerte de compartir su vida con un hombre que la amaba con cada sonrisa que le dedicaba, que la adoraba con cada una de sus caricias. Y, además, pronto… -¿Brianna? Se sobresaltó al oír la voz de Spencer. Había estado tan absrota que no se había dado cuenta de que ya había retirado la bandeja del desayuno y estaba en la cama. -¿Alguna vez te has arrepentido de no haber celebrado una boda por todo lo alto? -¿A qué viene eso ahora?- Brianna rió. -No lo se….Pero a veces tengo la sensación de que te sientes estafada: tanto tiempo organizando bodas fastuosas para los demás… -Precisamente por eso estoy tan contenta con la que tuvimos nosotrosBrianna recordó la ceremonia, pocos días después de haber consentido en casarse, acompañados sólo por Edwina, Nelly, Colin y zoe. Me pareció muy romántica….Y muy excitante, por si no te acuerdas. Spencer deslizó un dedo por los hombros de Brianna, le bajó un poco el cuello de


la bata y empezó a besarla por toda la piel. -Un momento- Brianna volvió a subirse el cuello de la bata y se giró para hojear el periódico. Mira, ¿has visto esto?- le pasó el diario por la sección de sociedad y sonrió mientras Spencer le acariciaba los muslos. Este se puso las gafas, se apoyó en la almohada y leyó el artículo que le había indicado Brianna, al lado del cual había una foto de…Rió. -Espero que esta foto le guste más que la última -Bueno- Brizna apoyó la mejilla sobre la palma de una mano-, si no le gusta, al menos le queda el consuelo de que su futuro esposo es cirujano plástico. Spencer se quitó las gafas, tiró el periódico al suelo y se quedó unos segundos en silencio. -Espero que Charlotte sea feliz, de verdad- dijo por fin. -Lo sé- Brianna sonrió. Y yo también lo espero en realidad. -¡Dios, cuánto te quiero!- exclamó Spencer acto seguido, lanzándose sobre ella. -¿Spencer?- logró decir, con la respiración entrecortada. -¿Sí?- le preguntó mientras le mordisqueaba el lóbulo de una oreja. -¿Te acuerdas del día de navidad?, ¿en la casa de Connecticut, con Nelly, Colin y su pequeño Edwin?


-Perfectamente- Spencer sonrió con picardía y volvió a bajarle el cuello de la bata. Le besó los hombros y los brazos y luego le quitó el cinto de la bata. Fue el mejor día de Navidad de toda mi vida, te lo aseguro. -Pues creo que vamos a tener un regalito para recordar ese viaje- Brianna tomó una mano de Spencer y se la colocó sobre el ombligo. Mientras tú estabas durmiendo tranquilamente esta mañana, yo me he hecho la prueba del embarazo y….-se limitó a sonreír. -¡Pero bueno!- exclamó Spencer. ¿Por qué no me has despertado? -Quería ver cómo dormías y saborearlo unos pocos minutos yo sola. Brianna recibió un beso delicioso. -Y …¿no te importa tener otro bebé tan pronto? -¿Bromeas?- Brianna paseó los dedos por el fornido pecho de Spencer.¡Si es la única manera de que me crezcan los pechos! Spencer se echó a reír y le dio un pellizco en el hombro. Siguieron tumbados unos segundos, suspendidos en el tiempo, hasta que Brianna sintió que la mano de su esposo empezaba a acariciarle el vientre, liso ya tras dar a luz Melissa. -Entonces, ¿estás contenta?- preguntó mientras jugueteaba, rodeando con un dedo el ombligo de Brianna.


-¿Contenta?- Brianna le dio un beso en los labios y miró los ojos tiernos y azules de su marido-. Estoy absolutamente entusiasmada. Entonces inclinó la cabeza, le ofreció los labios con dulzura y Spencer la volvió a besar, colmado de alegría. Karen Templeton - Serie Bodas deslumbrantes 1 - La mejor boda (Harlequín by Mariquiña)

La mejor boda karen templeton  

Brianna Fairchild era una encantadora empresaria que se dedicaba a organizar bodas. Se pasaba los días atareada con vestidos de novia, ramos...

La mejor boda karen templeton  

Brianna Fairchild era una encantadora empresaria que se dedicaba a organizar bodas. Se pasaba los días atareada con vestidos de novia, ramos...

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