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La libertad del deseo Julie Cohen 2º Serie Jack y Oz La Libertad del Deseo (2007) Título Original: Being a bad girl (2006) Serie: 2º Jack y Oz Editorial: Harlequin Ibérica Sello / Colección: Bianca Especial 8 Género: Contemporáneo


Protagonistas: Oz Strummer y Marianne Argumento: Cuando era buena, era muy, muy buena… Cuando era mala, era aún mejor… Marianne estaba acostumbrada a no arriesgarse, pero al llegar a aquella nueva ciudad con una identidad nueva, de pronto las reglas dejaron de importar. Nada más ver a Oz sobre el escenario de aquella subasta benéfica, supo que debía hacerlo suyo… era alto, malo y montaba una moto magnífica. No podría ser más diferente a la vida que ella había dejado atrás. La atracción que sentía por aquel sexy desconocido la convirtió en una mujer atrevida y capaz de cualquier cosa, aunque corriera el riesgo de que el pasado le pasase factura… Y de descubrir que Oz no era lo que parecía… https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 —Muy bien. A ver si lo he entendido. Tequila, después sal y… Marianne colocó el salero sobre la coctelera. —¡Así no! —exclamó Warren agarrando su mano—. ¡No se pone sal en el margarita, se pone en el borde del vaso! Pero había sacudido la mano de Marianne al agarrarla y algo de sal cayó en el


cóctel. Miró desilusionada la coctelera, pero se le pasó pronto y sonrió. —Me parece que el tequila salado puede estar bueno —dijo mientras se llevaba el vaso a los labios—. ¡Vaya! Es… Es diferente —añadió con una mueca. Warren no pudo evitar reírse. —Vas a tener que practicar mucho antes de poder trabajar como camarera. Marianne tiró la mezcla por el fregadero y lavó la coctelera. —Dame un respiro, Warren, sólo hace un día que trabajo aquí. Lo intentaré de nuevo —le dijo mientras vertía una medida de tequila en el cilindro de aluminio. —Muy bien, nada de sal. ¿Qué añado ahora? Su primo apoyó una cadera en la barra, parecía algo más tranquilo. —Licor de naranja, sólo un chorrito. Marianne tardó unos segundos en encontrarlo. Colocó la botella sobre la coctelera, pero el tapón se salió y cayó más de la cuenta en la mezcla de tequila. —¡Marianne! La atractiva cara de Warren reflejaba toda su desesperación. Marianne lo miró y le entró tal ataque de risa que tuvo que apoyarse en la barra. —¿Cómo…? ¿Por qué…? —tartamudeó Warren desesperado—. Menos mal que


sé que eres licenciada y conseguiste un máster en una de las universidades más prestigiosas del país, porque cualquiera que te vea hacer cócteles pensaría que eres tonta. —No me enseñaron a hacer esto en el máster de negocios, lo siento —repuso ella mientras se apartaba algún mechón moreno de la cara. —Bueno, supongo que tampoco saliste demasiado por la noche mientras estuviste estudiando, ¿no? —Por eso siento ahora la necesidad de recuperar el tiempo perdido —replicó con una sonrisa. Warren echó la mezcla en el fregadero y miró a su prima a los ojos. —Sabes que puedes agotar mis existencias de tequila si eso es lo que quieres, pero la verdad es que ha sido una sorpresa verte aquí. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 2-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Marianne llenó un vaso de agua mientras pensaba en cuánto debería contarle a su primo. —Lo tienes todo en Webb —siguió él—. Eres la reina de esa ciudad. Fuiste la mejor alumna del instituto, la reina de la fiesta durante dos años


consecutivos… —Tres. —Tres. Eres más guapa aún de lo que pensaba. Conseguiste un máster en Duke como tu padre. He oído que tu prometido es muy apuesto y que tienes un excelente puesto de trabajo en Industrias Webb. Tienes toda la ciudad a tus pies. En realidad, todo el estado de Carolina del Sur. ¿Por qué has aparecido aquí en Maine de repente para aprender a hacer margaritas? Marianne suspiró. —Estoy harta de ser Marianne Webb. Hasta tal punto había estado presionada en ese sitio que había llegado a padecer un desorden alimenticio, pero ya lo había superado y no le pareció oportuno decírselo. —Sólo quiero poder ser anónima, Warren. Quiero ser una camarera anónima en una ciudad que no conozco —le dijo bebiéndose el agua de un trago y dejando el vaso con fuerza sobre la barra. —Y quiero divertirme. Ya es hora. Quiero hacer cosas por diversión y sin pensar. Quiero soltarme el pelo, salir a bailar y no tener que preocuparme por lo que la gente va a decir de mí al día siguiente. Quiero salir de marcha y no volver hasta que amanezca, después dormir hasta mediodía. Quiero nadar desnuda, conducir deprisa y estar con hombres poco adecuados. Sobre todo esto último.


—Entonces, me imagino que ya has roto el compromiso con Don Perfecto, ¿no? Marianne rió con amargura. —Sí, Jason y yo somos historia. —¿Qué es lo que ha pasado? Pensé que lo vuestro era para siempre. —A Jason le encantaba que yo fuera una mujer con éxito y que hubiera sido elegida reina de la belleza en varias ocasiones. También le gustaba mucho que mi padre fuera el hombre más rico de la ciudad. Creía que hacíamos muy buena pareja y que tendríamos un montón de niños muy guapos. Pero no me quería. Sólo quería lo que yo representaba en su vida. Y Marianne quería dejar todo eso atrás. —Lo siento, cariño —le dijo Warren—. Cuando nos escribíamos por correo electrónico, me parecía que estabas muy segura sobre lo que sentías por él. Pensé que habías encontrado tu media naranja. Ella negó con la cabeza. —Pensaba que Jason era el tipo de hombre con el que tenía que casarme, pero no lo quería y él tampoco a mí. Intenté convencerme de lo contrario porque él me Escaneado por Vale Black y corregido por Paris


Nº Paginas 3-138 https://www.facebook.com/novelasgratis parecía perfecto. Romper con él no me ha roto el corazón y no estoy buscando revancha. Lo único que quiero es cambiar de vida. —Así que la buena de Marianne Webb hizo las maletas hace un par de días y vino para aquí decidida a renacer como persona, como una chica mala. —Así es. —Bueno, has elegido la mejor noche. No sé si serán tan malos y rebeldes como los quieres, pero este sitio estará lleno de hombres dentro de hora y media. Hoy tenemos una subasta benéfica de solteros. —¡Vaya! Creo que será una buena noche —repuso con una sonrisa pícara—. ¿Vas a pujar? Warren negó con la cabeza. —No, seguro que todos son heterosexuales. ¡Qué lástima! Pero no me quejo. Dentro de una hora, el bar estará lleno de mujeres pujando para conseguir uno de los solteros. Tu primera noche trabajando en el local será bastante ajetreada. Tú te encargarás de recoger vasos y cosas de las mesas; así te irás haciendo con el sitio, ¿de acuerdo? —Puedo trabajar tras la barra —protestó ella mientras tomaba la botella de


licor de naranja. —Sé que puedes hacer cualquier cosa, basta con que te lo propongas. Pero, por esta noche, quiero que te encargues simplemente de recoger las mesas. Es mejor empezar poco a poco. No quiero que acabes con todas mis bebidas. Además, puede que veas algún soltero que te interese. ¿Quién sabe? —¿Qué es lo que consiguen al pujar? ¿La que gana tiene una cita con uno de los hombres? —Sí, creo que sí. Pero en cuanto pagues por él, el soltero elegido y tú podéis acordar lo que os parezca más adecuado. El teléfono sonó en la parte de atrás y Warren fue a por él. Marianne se quedó pensando en lo que acababa de decirle. Creía que le vendría bien, ahora que había decidido ser una chica mala, hacerse con la compañía de un chico malo. Necesitaba un hombre salvaje, inquieto y tremendamente sexy. Sonrió. Lo cierto era que no sabía si podría identificar a un chico así, nunca había conocido a ninguno. Creía que no lo reconocería aunque lo tuviera delante de


sus narices. Se sirvió un poco de tequila en un vaso y lo levantó. —Por los chicos malos —dijo antes de beberlo. —No me puedo creer que haya dejado que me convencieras para participar en una subasta para vender mi cuerpo en el mercado —le dijo Oz. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 4-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Se miró en el espejo del salón de Jack. Iba vestido de cuero. La chaqueta era suya y no le parecía demasiado extravagante. Las botas estaban cubiertas de clavos y cadenas. Se imaginó que a algunas personas les iban ese tipo de cosas, por ejemplo a los sadomasoquistas. Pero además llevaba pantalones de cuero negro que ceñían sus piernas y una camiseta con el logotipo de Harley Davidson que le había dejado Jack. —Creo que los pantalones de cuero son demasiado. —No, son perfectos —le aseguró Jack—. A las chicas les encanta ese rollo. —Bueno, supongo que tú eres el experto. —Hoy en día, sólo soy experto en Kitty. Y ella te diría que tengo razón —le dijo mientras miraba a su amigo—. Pero falta algo, quítate la chaqueta y la camiseta.


Oz negó con la cabeza. —No, de eso nada. No me he pasado nueve años estudiando en la universidad para después prostituirme desnudo encima de un escenario. —Relájate —le dijo Jack—. No se trata de que vayas desnudo. Aunque creo que podrías recaudar mucho dinero para la causa si lo hicieras. Sólo quiero que me des la camiseta. Y recuerda que todo esto es para construir el centro de jóvenes. Es por una buena causa. Yo mismo saldría al escenario medio desnudo si no estuviera felizmente casado. Oz suspiró y se quitó la chaqueta y la camiseta. —No creo que vaya a funcionar —le dijo dándole la prenda a su amigo—. ¿Quién va a creerse que esto es mi atuendo habitual? —Nadie. Ya lo sé. Portland es una ciudad pequeña y la mayor parte de las mujeres saben que eres el doctor Óscar Strummer, psicólogo clínico, profesor de universidad y soltero de oro. Pero vestido así les ofreces una fantasía que va a resultarles muy atractiva. Con rápidos movimientos, Jack arrancó una de las mangas de la camiseta y después la otra. —Ya está. Póntela ahora. Ahora pareces Oz, motorista duro y salvaje. Hazme caso, las pujas van a ser muy altas. A todas las mujeres les gustan los hombres


responsables e inteligentes, pero que también sean capaces de hacer alguna locura. Oz tomó la camiseta y volvió a ponérsela. —¡Vaya! —exclamó alguien detrás de él. Se giró y se encontró con Kitty, la mujer de Jack. Estaba apartándose su roja melena de la cara para poder verlo mejor. Oz se miró de arriba abajo. —¿Te gusta el conjunto que llevo? —le preguntó. Kitty asintió con entusiasmo. —Sí, claro. Estás muy buen. Pujaría por ti. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 5-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Ves? —le dijo Jack orgulloso mientras tomaba la mano de su esposa—. Será mejor que no te guste mucho, cariño —añadió mirando a Kitty. Ella lo besó en la mejilla. —¿Por qué no te compras unos pantalones de cuero, Jack? Creo que esa imagen de motorista salvaje te quedaría muy bien. Oz se miró en el espejo de nuevo. Intentó peinar su pelo rubio pero, como de


costumbre, no le sirvió de mucho. «Eres demasiado mayor y exitoso para sentir envidia de tu mejor amigo», se dijo. Jack Taylor nunca se había planteado casarse, al menos hasta que conoció a la mujer de sus sueños. Oscar Strummer, en cambio, siempre había soñado con casarse y aún no había conocido a la persona adecuada. —Cualquiera pensaría que teniendo una doctorado en psicología podría controlar mi propia mente —murmuró Oz mientras se ajustaba los pantalones. Esa prenda hacía que se sintiera desnudo, a pesar de que llevaba unos vaqueros viejos debajo de los pantalones de cuero. —Olvídate de tus títulos —le dijo Jack acercándose a él por la espalda—. Esta noche, sólo eres el objeto sexual de un montón de mujeres. Relájate y disfruta del momento. —Pero antes, dame tu brazo —pidió Kitty mientras lo tomaba de la mano—. No te va a hacer daño —le aseguró mientras colocaba un trozo de papel en la parte superior de su hombro. —¿Es un tatuaje temporal? —preguntó Oz resignado.


—Así es. Vas a quedar estupendo. —Creo que no me ponía un tatuaje falso desde el instituto. Cuando Jack y yo nos los pegábamos para parecer mayores y poder comprar cerveza. Kitty movió la cabeza con incredulidad. —Las chicas se ponen maquillaje para parecer mayores y los chicos tatuajes. ¿Pudisteis comprar cerveza? —¡Qué va! Tenía dieciséis años, pero aparentaba doce, a pesar del tatuaje — le dijo Oz—. Creo que era el mayor empollón del instituto. —Ya está —dijo Kitty mientras retiraba con cuidado el papel y contemplaba el fruto de su esfuerzo. En medio de sus bíceps había una espada con una serpiente enroscada a su alrededor. Dos símbolos muy fálicos. Estaba claro que Jack y Kitty no intentaban ser sutiles. —Bueno, ya no pareces un empollón. Ni tampoco aparentas doce años —le dijo ella con una sonrisa—. ¿Cuánto mides? ¿Uno noventa? —Algo más con estas botas. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 6-138 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Vas a estar genial encima de la moto. Oz la miró extrañado. —¿Qué moto? —Ven conmigo afuera —le dijo Jack sonriendo. No podía creérselo, pero cuando los siguió afuera y bajó las escaleras de su casa vio lo que había aparcado al lado de la acera. Era una motocicleta Harley Davidson, brillando con intensidad a la luz de las farolas, decorada con colores encendidos y metálicos detalles. Le parecía increíble que hubieran llegado tan lejos. Durante unos segundos, se quedó parado contemplando la moto. Se imaginó conduciéndola, haciendo que su motor rugiera y consiguiendo hacer un caballito. Pero volvió a la realidad muy pronto. Era un médico serio y respetado y un profesor de universidad muy prestigioso. —No voy a ir en una Harley —les dijo. Kitty se adelantó y comenzó a acariciar el manillar cromado de la moto. —Es preciosa, ¿verdad? Mi hermano Nick nos la ha prestado durante el fin de semana. Es su mayor orgullo. La quiere como a una hija. Y es muy rápida. Oz se dio entonces cuenta de lo que había estado pasando. A pesar de ser un hombre inteligente, había sido bastante lento esa vez.


Todo parecía preparado. La camiseta, las botas, el tatuaje, los pantalones de cuero. Y ahora la moto. No era algo que cualquiera pudiera juntar en cinco minutos. —Llevas mucho tiempo planeando todo esto, ¿verdad? —le preguntó a Jack. Su amigo, sabiéndose descubierto, levantó las manos en señal de rendición. —Es por tu bien, Oz. Necesitas tener a una mujer en tu vida. ¿Es que crees que no he notado que no has salido con nadie desde hace casi un año? —Mi hermana de diecinueve años ha estado viviendo conmigo —protestó Oz — . No es como si tuviera el piso para mí solo. Y no he tenido tiempo para salir con nadie desde que ella se fue. Tengo más clases en la universidad, además del tiempo que mis pacientes necesitan. Kitty acarició su brazo con amabilidad. —Creo que eso es parte del problema, Oz. Trabajas todo el tiempo, casi nunca descansas. Nos preocupas. Él también se había dado cuenta de que trabajaba demasiado. Lo sabía mejor que nadie. Creía que se trataba de una estrategia de desplazamiento. Notaba que una parte


de su vida estaba vacía y la llenaba centrándose en otra área, el trabajo y su carrera profesional. Las relaciones personales no existían y sólo le satisfacía su trabajo, donde tenía éxito de verdad. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 7-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Sabía lo que estaba haciendo y por qué. Pero eso no parecía ser suficiente para cambiar la situación y evitar que ocurriese. —Venga, hombre. Te garantizo que si vas a la subasta subido en esta maravilla, tendrás en tu bolsillo los teléfonos de cinco chicas antes de bajarte de ella. Y una de esas mujeres pagará dinero para tener la oportunidad de salir contigo. Dinero que, como recordarás, va a una buena causa —le dijo—. Queremos que te diviertas. Que encuentres una chica que te guste y salgas con ella unas cuantas veces. Puede que incluso tengas suerte y acabéis en la cama —añadió con un susurro. Oz miró a sus amigos y a sus caras de preocupación. Después volvió a mirar la Harley. Esa moto era un icono de la libertad. No era la solución a sus problemas. Eso lo tenía claro. Pero le daría la oportunidad de olvidarse de ellos durante unas horas.


Atravesó el césped y se sentó en la moto. El cuero se ajustó inmediatamente a la forma de su cuerpo. Su mano se adaptó al acelerador como si no hubiera hecho otra cosa en su vida. —Hace ocho años que no me subo a una motocicleta —les dijo. —Dicen que es como montar en bicicleta —repuso Jack—. Aunque bastante más rápida. Kitty le entregó las llaves. La Harley se encendió y vibró entre sus piernas, volviendo a la vida. Tocó el acelerador y todo el mundo se movió a su alrededor. Se despidió de sus amigos con un ademán. Sabía que Jack tenía razón al menos en una cosa. Iba a acabar la noche con una mujer de un modo u otro, por algo se trataba de una subasta de solteros. Se preguntó qué tipo de mujer sería. La sala estaba repleta. Marianne volvió como pudo a la barra, dejó encima la bandeja con los vasos vacíos y se limpió la frente con el brazo. Sólo llevaba vaqueros, sandalias y una camiseta de algodón sin mangas, pero hacía muchísimo calor esa noche en el


bar de Warren. Parecía que en Maine la gente no usaba el aire acondicionado en el mes de octubre. Pero lo cierto era que se lo estaba pasando bien. Ya habían subastado una docena de solteros. Por lo que había oído, entre ellos había un abogado, un pescador de langostas, un vendedor, un mecánico, un profesor y un electricista. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 8-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Cada uno de ellos había salido a escena al ritmo de la música. Caminaban hasta el centro del escenario y se detenían allí para que las mujeres pudieran observarlos con detalle. La directora del centro juvenil, una mujer de unos cincuenta años, anunciaba el nombre, profesión y lugar de nacimiento del candidato. Un par de ellos habían sido bastante monos. Pero la mayoría eran normales. No se trataba de una subasta de gente famosa, sino de gente de la ciudad que quería participar en el evento benéfico para echar una mano. El aspecto del soltero


no importaba demasiado, al menos no tanto como el recaudar dinero para la causa. Cada vez que salía uno nuevo, las mujeres presentes en la sala lo recibían con gritos, aullidos y aplausos. También se oían muchas risas. No era un evento decoroso ni muy correcto. Nadie parecía preocupado por mantener las apariencias. Nadie se lo tomaba demasiado en serio. Y los solteros menos que nadie. Pero por debajo del buen humor y la diversión había una corriente de calor que estaba cargando el ambiente del bar. Más de una vez, al recoger un vaso o limpiar una mesa, había encontrado algo especial en la mirada de alguna mujer. No era entusiasmo por la apuesta, era más que eso, era simple y puro deseo. Una mujer podía estar pujando para conseguir una cita, pero aspiraba a mucho más. Y eso era más que diversión, era muy excitante. Se metió tras la barra del bar y se sirvió un vaso de agua. Se abanicó con la mano mientras miraba desde allí el local. No lo había conocido hasta el día anterior, pero era exactamente como se lo había imaginado. Desde niños, su primo siempre


había coleccionado extraños objetos. Le gustaban los adornos para el jardín, la cerámica un poco especial, las obras de arte antiguas. Su bar era vivo, lleno de cosas y colores. Tenía ornamentos y reliquias de sus tiempos como pinchadiscos en Nueva York. Escuchó de repente el sonido de las guitarras y la batería. Reconoció al instante la canción. Era Born to be wild. Una canción perfecta para su estado de ánimo. Miró el escenario con una sonrisa en los labios. Se preguntó cómo sería el soltero que iba a salir. Pero el escenario estaba vacío. Creció la expectación entre el público femenino. Marianne podía sentir el estridente sonido de la canción en su corazón, como si estuviera también latiendo en su interior. Entonces oyó otro sonido, el de un motor. Y en el escenario apareció una extraordinaria imagen para la que no estaba preparada. Apenas distinguió la moto. Sólo vio el rápido contorno nervioso de la máquina y sus colores, rojo y plateado. Pero apenas se fijó en la moto, sólo tenía ojos para el conductor. Era alto, grande y fuerte. Llevaba una camiseta negra sin mangas que dejaba entrever los músculos de sus brazos. Vio un tatuaje en uno de ellos. No estaba


Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 9-138 https://www.facebook.com/novelasgratis segura, pero le pareció que con sus grandes manos podría abarcar su cintura completamente. Ese pensamiento hizo que se le quedara la boca seca, a pesar de que acababa de beberse un vaso de agua. Era rubio. Algunos mechones eran muy blancos, como si los hubiera aclarado el sol. No lo llevaba muy largo para ser un motorista, pero era bastante salvaje, como si lo agitara el viento. —Después de esa entrada, señoras, Oz no necesita más presentación —dijo la anfitriona del evento—. ¿Quién quiere empezar a pujar por nuestro motorista? ¿He oído ochenta dólares? Un montón de manos se alzaron en la sala y el chico sonrió. Tenía una boca grande, labios sensuales y unos dientes blancos y perfectos. Daba la impresión de que le gustaba sonreír. —¡Vaya! ¡Eres guapísimo! —susurró Marianne. Se quedó absorta mirándolo mientras se sujetaba al borde de la barra. Desde la


distancia, intentaba averiguar de qué color eran sus ojos. —Cien dólares ofrece la señora de azul. ¿He oído ciento veinte? Muy bien. Ciento veinte para la mujer de al lado de la barra. ¿Quién ofrece ciento cincuenta? La presentadora había dicho que se llamaba Oz. Le pareció que era un buen nombre para un motorista. Como el mago de Oz, sería un mago sobre la moto. Se preguntó si también sería un mago en la cama. Sólo pensar en ello hizo que se quedara momentáneamente sin respiración. Unos pantalones de cuero negros cubrían sus largas piernas. Marianne se imaginó el olor de la piel y la calidez del tejido al estar en contacto con él. Tenía un cuerpo realmente espectacular. Había músculos por todas partes. Era un hombre al cien por cien. Desde su pelo rubio hasta la punta de sus botas. Todo él era testosterona. Peligroso. —Y van doscientos cincuenta dólares. Chicas, es la puja más alta de la noche por ahora. Subamos tanto como podamos. Recuerden que se trata de una buena causa. Y de una cita con Oz, por supuesto. ¿Quién ofrece trescientos dólares? Aún había manos elevadas que impedían que lo viera con claridad. Se puso de puntillas para poder verlo mejor.


Pero no era suficiente. Los brazos le bloqueaban la vista. La puja se hacía cada vez más intensa. Marianne colocó las manos sobre la barra y se subió a ella de un ágil movimiento. Se quedó de rodillas sobre la resbaladiza superficie de madera. Desde allí veía bien. Lo suficiente como para observar que el tatuaje representaba una serpiente y una espada. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 10-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Se imaginó que no sería un hombre educado, que no estaría preocupado por respetar las normas. Seguro que hacía siempre lo que quería, sin importarle las consecuencias. Estaba segura de que ese hombre era un chico malo, el peor que había visto en su vida. Él la vio sobre la barra del bar. Se miraron a los ojos y él le sonrió. Le sonrió y aceleró el motor al mismo tiempo. Su sonrisa le recorrió todo el cuerpo como una corriente eléctrica. Y supo en ese instante que él era exactamente la razón por la que se había ido de casa.


Se puso de pie en la barra. Levantó la mano y gritó a pleno pulmón para que la presentadora la oyera. —¡Tres mil dólares! —exclamó. Y después se bajó deprisa, sorteando a todo el público presente para llegar al escenario y reclamar a su hombre. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 11-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 Marianne estaba sudando y no sabía si era por el calor que hacía en la sala o por culpa de él. Para cuando llegó al escenario, una fina película de humedad cubría su piel. A mitad de camino se dio cuenta de que todo el mundo estaba aplaudiéndola. Unas cuantas mujeres la felicitaron. Pero ella apenas se dio cuenta, estaba demasiado ocupada viendo cómo su chico malo se bajaba de la moto y se acercaba al borde del escenario. La estaba esperando con una gran sonrisa iluminando su apuesto rostro. La tarima no era muy alta, apenas un metro de elevación, pero el hombre parecía un gigante desde el suelo. Se inclinó y alargó las manos hacia ella. Marianne las aceptó y el corazón le dio un vuelco cuando él la levantó del suelo y la dejó sobre la plataforma.


—Hola —le dijo él con una voz profunda y cálida—. Soy Oz. —Hola, yo soy Marianne —repuso ella sin soltarle las manos. —Todos te están aplaudiendo, Marianne. —¿En serio? Pensó en echar un vistazo al público, pero no podía dejar de mirar a Oz. —En serio —repuso él soltando sus manos y tomándola en brazos con rapidez y agilidad. Ella rodeó su cuello con las manos. Uno de los brazos de Oz sostenía sus piernas, el otro la parte de alta de su cuerpo. Su mano descansaba sobre las costillas, justo por de bajo de su pecho. La mejilla de Marianne estaba al lado de su hombro desnudo. Le hubiera encantado poder saborear su piel. —Venga, saluda a la gente —le dijo él. Estaba tan cerca de su cara que pudo oler la pasta de dientes cuando le habló. Parecía que acababa de afeitarse. Aquello le sorprendió, pero se imaginó que los motoristas también se afeitaban y cepillaban los dientes. Ella saludó con una de las manos, manteniendo la otra en el cuello de Oz. La gente aplaudió y gritó con más fervor aún. —¿Por qué están aplaudiendo? —preguntó ella algo confusa.


—Bueno, te has puesto encima de la barra y gritado una puja que es diez veces mayor que el precio de salida. Creo que los has impresionado. —¿Y a ti? Él la miró a los ojos. Se dio cuenta de que eran de color avellana. Aquello tampoco se lo esperaba. Creía que serían negros como la noche o azules como los de un lobo. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 12-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —A mí también me has impresionado. No sabía por qué, pero tenía ganas de besarlo. A pesar de que sólo hacía cinco minutos que lo había conocido. Aunque en realidad, no lo conocía en absoluto. Aun así, tenía tantas ganas de besarlo que tuvo que morderse el labio para contenerse. Fue él el que la besó entonces. Sus labios, suaves y firmes, la pillaron por sorpresa, pero no le pareció inadecuado. Marianne cerró los ojos y apretó con más fuerza su cuello. Él alargó el beso y oyó cómo respiraba por la nariz, inhalando su aroma. Cuando soltó el aire, una suave brisa le acarició la mejilla y pudo oír, en la


parte de atrás de su garganta, un gemido sólo ahogado a medias. El corazón comenzó a latirle con fuerza y le zumbaban los oídos. Cuando dejó de besarla, se dio cuenta de que todo el mundo estaba aplaudiendo y gritando con más fuerza aún. Acababa de tomar a una completa extraña en brazos y besarla frente a un bar lleno de mujeres enloquecidas y entusiasmadas. A pesar de todo, creía que era lo mejor que había hecho en mucho tiempo. Mejor incluso que montarse en la Harley Davidson. Y eso era mucho decir, porque la moto era una máquina extraordinaria. Ella era preciosa. Delgada, con piernas largas y pelo castaño oscuro que se escapaba de su cola de caballo. Llevaba unos vaqueros que resaltaban sus curvas y una camiseta que se ajustaba a su pecho y dejaba a la vista sus hombros y clavículas. Por debajo de la camiseta podía incluso descubrir parte de su escote y un delicado sujetador de encaje. Sintió cómo se le paralizaba el aliento en la garganta. No había podido dejar de mirarla desde que la viera arrodillarse sobre la barra. Era lo bastante guapa como para ser modelo o actriz y tenía la elegancia de movimientos de una bailarina. Pero lo que de verdad le había llamado la atención


había sido su piel. Parecía clara, suave y tersa. La tenía tan cerca que podía admirar con detalle su perfección. El pecho le brillaba como si estuviera cubierto de una tenue lámina de sudor. Tenía las mejillas coloradas y le brillaban tanto como sus hermosos ojos azules. Su piel era perfecta, suave y cremosa y su perfume ligero y femenino. Había dejado que ese aroma lo embriagara cuando la besó. No podía creerse que esa exquisita criatura fuera a pagar tres mil dólares por él. También le resultaba increíble que hubiera respondido a su beso como lo había hecho, abrazándolo con fuerza y arqueando su cuerpo hacia él. —Estoy un poco aturdido —le dijo. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 13-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Yo estoy completamente aturdida —confesó ella. Tenía un acento suave y lento. Su voz se introdujo en algún lugar de su pecho, haciendo que le fuera más difícil aún respirar. Ella le sonrió y dos hoyuelos se formaron en sus mejillas. Sintió el deseo irracional de besarla de nuevo. También sintió que algo cobraba


vida entre sus piernas. Era lo peor que le podía pasar. Estar en medio de un escenario con una preciosidad en los brazos y que toda la multitud se diese cuenta de que estaba excitándose. Se giró y fue hacia la moto. Con cuidado, dejó a Marianne en la parte de atrás. Se montó y salió lentamente del escenario. En la parte de atrás había puertas dobles que daban directamente al aparcamiento. Se dirigió hacia ellas. Sintió la brisa nocturna refrescar su cara y sus brazos desnudos mientras salían del edificio. Pero el calor que recorría sus piernas y se hacía evidente en su entrepierna seguía allí. No entendía cómo podía seguir oliendo su aroma si ella iba detrás y el viento le golpeaba la cara, pero tenía claro que seguía inhalando su esencia. A lo mejor se trataba de una locura temporal o de alucinaciones olfativas. Oz sacudió la cabeza. No entendía lo que pasaba, ni siquiera había hablado con esa mujer durante más de un minuto. Apagó el motor y bajó la pata de cabra de la moto para sostenerla. Se bajó y le ofreció la mano para ayudarla. El silencio era absoluto allí fuera y sólo los iluminaba una tenue farola. Era muy


consciente de que aún tenía una erección y de que no sabía qué hacer. —Bueno, encantado de conocerte, Marianne —le dijo. Le pareció patético, pero no se le ocurrió otra cosa. —Yo también estoy encantada, Oz —repuso ella de nuevo con su suave acento. —No eres de por aquí, ¿verdad? —No, llegué ayer mismo. ¿Cómo lo has sabido? —Por tu acento. Pareces una dama del sur, como la Escarlata O’Hara de Lo que el viento se llevó. Y también se parecía a ella un poco, con su pelo brillante y sus relucientes ojos. Se llevó las manos a la cadera e hizo un mohín, resaltando la similitud entre ambas mujeres. —Y tú pareces el típico yanqui. Lo que el viento se llevó tenía lugar en Georgia. Yo soy de Carolina del Sur, nuestros acentos no se parecen en absoluto. —Muy bien —repuso él sonriendo—. Supongo que si alguien me dice que hablo como alguien de Boston también me sentiría ofendido. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 14-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —No sé cómo hablan los de Boston, pero la gente de Maine tiene un acento


que me hace bastante gracia. Habláis un poco como los ingleses. No sé por qué no pronunciáis las erres al final de las palabras. —No tenemos nada en contra de las erres. De hecho, nos gustan tanto que las reservamos para ocasiones especiales. —Bueno —dijo mirándolo con la cabeza ladeada—. Creo que esto es una ocasión bastante especial, ¿no te parece? —Pues sí —repuso él—. Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrr… Marianne se carcajeó con ganas. Era una risa profunda y gutural. Una risa casi indecorosa. No pudo evitar pensar en cómo sonarían sus gemidos si la tocaba. Se imaginó recorriendo sus pálidos muslos con las manos y oyendo sus gritos y gemidos. Al parecer, además de alucinaciones olfativas también estaba sufriendo otras auditivas. De repente, estaba obsesionado con ella y no dejaba de imaginársela en situaciones muy íntimas. Creía que estaba volviéndose loco. Pero nunca se había sentido tan bien. —¿Te gusta este sitio? —Sí —repuso ella mientras recorría su cuerpo con la mirada.


Al llegar a la entrepierna, vio cómo los ojos de Marianne se agrandaban. Estaba claro que se había dado cuenta de lo excitado que estaba y de la reacción que ella estaba teniendo en él. Esos pantalones de cuero no hacían nada por disimular lo evidente. Ella volvió a mirarlo a la cara y vio cómo sus mejillas se sonrojaban de nuevo. Marianne dio un paso para acercarse a él. Estaba lo bastante cerca como para sentir su aroma de nuevo y el calor que emanaba de su cuerpo. Sus pechos estaban a sólo un par de centímetros de su torso. —Me gusta mucho —añadió ella. La invitación era muy clara. Quería que Oz hiciera lo que más le apetecía en ese momento. Y eso era enredar las manos en su pelo, echarle la cabeza hacia atrás y besarla de nuevo. Esa vez, sería un beso más apasionado. Llenaría su boca con el sabor de Marianne mientras su cabeza seguía emborrachada con su aroma. Quería deslizar las manos por debajo de la camiseta y sentir su piel. Levantó la mano para tocarle el pelo, pero la dejó caer de nuevo. Su cuerpo la deseaba y era evidente que a ella le pasaba lo mismo. Pero eran


algo más que dos cuerpos. —Acabas de llegar a Portland —le dijo—. No sabes nada de mí. Ella siguió sonriéndole. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 15-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sé que me gusta tu Harley y que me gusta tu aspecto —repuso ella mientras le tocaba la pierna y acariciaba el suave cuero negro—. Y sé que me gustas lo suficiente como para pagar tres mil dólares por tener una cita contigo. Pero la moto era prestada y la ropa también. Le gustaban todas las cosas de él que no eran realmente suyas. Creía que había acertado al no querer llevar su relación física un poco más lejos. Dio un paso atrás. —Creo que eso no es suficiente, ¿no te parece? —¿Tres mil dólares no es suficiente por una cita? —repuso ella con incredulidad. —No. Lo que creo es que el hecho de que te gusten mi moto y mi apariencia no es suficiente para que pienses que te gustaría tener algo conmigo —le dijo él con sinceridad. Igual que él debía recordar que sus hoyuelos, su risa, su acento y su piel


perfecta no eran motivos suficientes como para tener una historia con ella. No eran buenos cimientos para una relación. Por supuesto, también le gustaban sus piernas, sus besos, sus vivos ojos azules, su pelo y el descaro con el que se había subido a la barra del bar para pujar por él. Además de la generosidad que había demostrado al entregar tres mil dólares a una buena causa. Pero tenía que convencerse de que todo eso tampoco era suficiente. Pensó que a lo mejor podía conocerla un poco mejor y darse una oportunidad. —¿Qué estás haciendo en Portland? Ella se retiró de la cara algunos mechones que habían escapado de su cola de caballo. —Trabajo como camarera en el bar de Warren —le dijo—. Y estoy buscando alguien como tú. Aunque no te conozco demasiado —añadió—. Por ahora. —¿Y por qué estás buscando alguien como yo? La expresión de la cara de Marianne hizo que se quedara sin aliento. Ella ni siquiera se movió, pero el aire entre ellos pareció espesarse por momentos, tal era la tensión sexual entre ellos. —Estoy buscando una fantasía. Y creo que tú puedes proporcionármela. Y con esas palabras, consiguió que su libido entrase en directa lucha con su


sentido común y con su naturaleza responsable. Intentaba controlar la peor parte de sí mismo para no dejarse llevar. Su miembro viril no era lo único que se había endurecido en su cuerpo. Cada músculo de su ser estaba en tensión. Tenía las manos cerradas en puños para controlarse y no tocarla. Quería hacer realidad la fantasía de Marianne allí mismo y en ese instante, en medio del aparcamiento. —¿De qué tipo de fantasía estás hablando? —preguntó él intentando aparentar calma sin conseguirlo. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 16-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella se quedó pensando unos segundos. Aunque a él le parecía que ella tenía muy claro lo que iba a decirle. —Bueno, Oz, para empezar, me gustaría que me llevaras a dar una vuelta en tu Harley. Nunca he montado en la parte de atrás de una moto. —¿Y después? —Después, haremos lo que nos apetezca —repuso ella sin dejar de mirarlo fijamente con sus ojos azules. Y entonces le guiñó un ojo. Le pareció lo más sexy que había visto en su vida.


«Una cita no consiste en atacar a una mujer que acabas de conocer en un aparcamiento detrás de un bar», se recordó Oz. —Después de pagar tres mil dólares, creo que debería llevarte a un restaurante caro e intentar conquistarte —le dijo. Aunque dudaba que fuera a encontrar un restaurante de lujo en Portland donde aceptaran a un hombre vestido de cuero y a una mujer con vaqueros y sandalias a esas horas de la noche. Ella levantó una mano y tocó el logotipo de Harley Davidson de su camiseta. —Pues yo creo que ya me has conquistado —le dijo. Esa mujer estaba consiguiendo hacer que quisiera abrazarla en ese mismo instante. —Te gusta mucho toda la estética de los motoristas, ¿no? Ella asintió. —Sí, me gusta. Sobre todo porque pareces un chico malo. Atónito, se dio cuenta de que ella creía que era un chico malo, un motorista duro y rebelde. Oz se pasó las manos por el pelo. Él podía ser muchas cosas, pero no era un chico malo, eso lo tenía muy claro.


—Marianne, hay algo que deberías saber —comenzó. Algo en la manera en la que había hablado hizo que Marianne cambiara de expresión y entrecerrase los ojos. Se retiró ligeramente de su lado. Casi parecía estar sufriendo o estar desesperada por algo. —No —le dijo. —¿No qué? —No me digas lo que debería saber. Por favor. Dame una vuelta en tu moto. Deja que viva esta fantasía. Por una vez. Su voz era aún fuerte, segura y tentadoramente dulce, pero había un tono de súplica en sus palabras que lo atrapó por completo. —Es tarde —dijo él. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 17-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —No tan tarde. Tenemos toda la noche por delante. Toda la noche para vivir la fantasía de Marianne. Y, a lo mejor, también la suya. Siempre le decía a sus pacientes que las fantasías eran normales. Que eran una manera muy saludable de expresar sus deseos sin herir a nadie. Y que no pasaba nada por querer llevarlas a cabo.


Creía que las fantasías podían ser una revelación, que podían dar la libertad. Recapacitó y se dio cuenta de que nadie podía salir herido con su pequeño juego. —Muy bien —le dijo. La miró de arriba abajo. Desde las uñas de sus pies, pintadas de rosa, pasando por sus vaqueros y su camiseta de algodón. Podía distinguir sus duros pezones en el suave tejido y se imaginó que no estaban así por culpa del frescor de una noche de octubre. —Antes de subirte a la moto tienes que cambiarte de zapatos. Necesitas algo más fuerte que unas sandalias. También has de ponerte una chaqueta o pasarás frío. Ella le dedicó la más increíble de las sonrisas. —De acuerdo. —Te veo frente al bar dentro de diez minutos. Marianne se puso de puntillas y lo besó en la mejilla. —Gracias —le dijo antes de irse. Oz se llevó la mano al lugar donde lo había besado. Había sido un gesto tierno e inocente que poco tenía que ver con las palabras seductoras que había usado antes. Se preguntó cuál de las dos mujeres era su fantasía personal. Por un lado estaba


la sexy seductora Marianne que buscaba un chico malo y, por otro, la Marianne desesperada y dulce que había confiado en él lo suficiente como para dejarse llevar. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 18-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 Marianne subió corriendo las escaleras traseras. Warren le había ofrecido la habitación que tenía libre en su piso, pero ella le había dicho que prefería la independencia que le daba el vivir en el apartamento vacío que había encima del bar. Le temblaban las manos cuando abrió la puerta de su piso. «Ya está. Lo voy a hacer. Por una vez en mi vida estoy haciendo lo que quiero», se dijo. Atravesó deprisa el piso y se arrodilló al lado de la vieja cama. Sacó la maleta de debajo. El sobre con el dinero estaba en uno de sus bolsillos interiores. Lo contó sin dejar de temblar. —Me faltan veinticuatro dólares —dijo suspirando. Había sacado dinero de su cuenta antes de irse de Webb, pero había gastado más de lo que pensaba en su viaje hasta allí. Tenía dos mil novecientos setenta y seis dólares. Era bastante dinero para


tenerlo escondido debajo de la cama en plena era de los bancos electrónicos. Pero no era suficiente para tener una cita con Oz. Tenía también cheques, una tarjeta de débito, varias cuentas y tarjetas de crédito, pero no quería tener que usarlas. Hubiera sido demasiado fácil encontrarla si dejaba rastro con las tarjetas y no quería que su familia diera con ella. Al menos, no de momento. —¡Vaya por Dios! —murmuró—. La chica más rica del condado de Webb no tiene el dinero suficiente para comprar un hombre. Se puso de pie deprisa y abrió uno de los cajones de la cómoda. Encontró un jersey. Se quitó las sandalias y se puso unas zapatillas de deporte. Cerró la puerta del apartamento y corrió escaleras abajo hasta el bar. Seguía la subasta de solteros. Había un tipo en el escenario posando y bailando para deleite de las féminas presentes. Ella atravesó el bar como pudo. —¡Warren! —gritó. Su primo sirvió un par de cócteles a una clienta y se giró para mirarla. —¡Marianne! —exclamó él—. ¡Eres una fiera! ¡No podía creérmelo! — añadió dándole un sincero abrazo. —Necesito que me prestes veinticuatro dólares —le dijo ella—. Y también que me des el resto de la noche libre. —Cariño, después de esa actuación, puedes tener todo lo que quieras —


repuso él sacándose la cartera del bolsillo—. ¿Quiere eso decir que la cita va a ser esta misma noche? Marianne sonrió. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 19-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Primo, esta noche voy a hacer todo lo que quiera. —En ese caso, deberías llevarte esto —repuso Warren sacando una cajita de debajo de la barra. Eran preservativos. Ver la cajita hizo que de repente todo le pareciese mucho más real. Iba a salir con un completo extraño. Llevaría preservativos en el bolsillo y ni siquiera sabía el apellido del motorista. Vaciló durante un momento. Warren la miró con detalle. —¿Marianne? ¿Sabes quién es Oz de verdad? No, no lo sabía y ése era el problema. Lo que iba a hacer iba en contra de todo lo que le habían enseñado desde pequeña, de toda su educación. Se iba con un hombre al que apenas conocía sin más


protección que una caja de preservativos. No conocía a Oz pero, por otra parte, sentía que sabía quién era. Recordó cómo la había tomado en sus brazos y besado como si ella fuese un preciado tesoro. Pensó en que le había sugerido que se cambiara los zapatos y que se abrigara. Con él, había sido tal y como quería ser y había dicho lo que había sentido a cada momento. Parecía un tipo peligroso pero, con él, se sentía extrañamente segura. —Sé cómo me hace sentir —le dijo aceptando la caja de profilácticos. —¡Ésa es mi chica! —repuso Warren sonriendo—. Disfruta de la noche. Pero, ten cuidado, ¿de acuerdo? Sólo llevas un día en esta ciudad. Y, aunque creo que está bien divertirse, recuerda que hace muy poco que lo dejaste con Don Perfecto. —Tendré mucho cuidado —prometió Marianne—. Sólo quiero divertirme, Warren. Necesito esto. No voy a enamorarme de ese tipo. Se acercó hasta la mesa donde dos mujeres pertenecientes a la asociación benéfica recogían el dinero de las apuestas. La recibieron con grandes sonrisas y abrazos. —Te has ganado un tipo de lo más apuesto y salvaje —le dijo una mientras Marianne contaba el dinero. —Sí, bastante salvaje. Me encantan los chicos malos. Las dos mujeres se miraron a los ojos.


—No eres de por aquí, ¿verdad? —No, pero creo que esta ciudad va a gustarme —contestó ella. Se guardó el recibo en el bolsillo donde ya tenía los preservativos y fue hacia la salida. La parte delantera del bar era una gran cristalera. Se detuvo antes de abrir la puerta y vio, frente al local, a Oz de pie al lado de la moto. Sólo había pasado unos Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 20-138 https://www.facebook.com/novelasgratis minutos separada de él, pero se le había olvidado lo sexy que era ese hombre. Sólo verlo allí hizo que el estómago le diera un vuelco. Las farolas de la calle iluminaban su pelo rubio y sus hombros. Tenía los brazos cruzados sobre el torso. Miraba la moto como si estuviera estudiándola. Parecía tranquilo y pensativo. Su corazón, en cambio, palpitaba sin parar. Se dio cuenta de que tenía dudas, de que estaba vacilando antes de abrir la puerta y salir. Cerró los ojos un segundo y tragó saliva. Se convenció de que quería hacer eso. Era lo que más quería en ese momento.


Había concentrado todas sus ilusiones en ese hombre, esa moto y esa noche. Abrió la puerta del bar. Él no esperó a que ella se le acercara. Fue a unirse con Marianne a medio camino y se quedó parado frente a ella, pero sin tocarla. —Estaba empezando a temer que todo hubiera sido un sueño —le dijo. —Me llevó un tiempo reunir los tres mil dólares. —Es la primera vez que alguien paga tanto dinero por el placer de mi compañía —confesó él. —Creo que merecerá la pena —repuso Marianne. No sabía por qué, pero cuando estaba a su lado le resultaba fácil mostrarse coqueta y seductora. Él la miró de arriba abajo y no pudo evitar estremecerse. —Las zapatillas de deporte están bien, pero vas a tener frío sólo con ese jersey. Toma —le dijo mientras le ofrecía la chaqueta de cuero. Marianne la tomó y se la puso. Le llegaba hasta medio muslo y las mangas le cubrían las manos. Se sentía cómo si él la estuviera abrazando de nuevo. La prenda olía a Oz. Le encantaba su aroma a cuero, jabón, especias y hombre. —¿No vas a tener frío? —le preguntó preocupada. —Creo que no —repuso él sin dejar de mirarla.


Sabía que lo había dicho con intención y el corazón le dio un vuelco al oírlo. —¿Estás listo? —Sí. Pero no fue hacia la moto. Se acercó a ella y le cerró la cremallera de la chaqueta. La mano de Oz rozó su barbilla cuando terminó y no la movió de allí. Sentía que de no estar sujetándola levemente podría caer al suelo en cualquier momento. —Ojalá tuviera un casco para ti —le dijo. No podía creer que un tipo tan duro como él estuviera preocupado por su seguridad en cima de la moto. —¿Tienes tú uno? Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 21-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Él negó con la cabeza. —No es obligatorio dentro de la ciudad, pero no me hace gracia arriesgar la vida de otra persona. Oz tenía el ceño fruncido. Ella alargó la mano y lo rozó con los dedos. Él tocaba su cara y ella la de él.


—Confío en ti y en que no tendremos un accidente. —Bueno, no tenemos otra opción. ¡Vámonos! —le dijo mientras la tomaba de la mano y llevaba hasta la Harley. Su mano era muy cálida y podía sentir callos en su palma. Se imaginó que se los habría hecho de tanto conducir la moto sin guantes. No pudo evitar pensar en cómo sería sentir sus fuertes manos en la piel de su estómago. Oz se subió a la moto y la dejó quieta hasta que se hubo montado ella. —¿Te has subido alguna vez a una moto como ésta? —le preguntó Oz. —No, nunca. —Este tipo de motos bajas se construyen así para la comodidad del conductor más que para correr, pero ésta va bastante deprisa de todas formas. Será mejor que te agarres a mí. No necesitó que se lo dijera dos veces. Se acercó hacia él en el asiento de piel. Hasta que sus muslos quedaron cerca de las piernas de Oz. Entonces rodeó su cintura con las manos y se apoyó en su espalda. Era maravilloso estar así. Su espalda era fuerte y ancha. Podía sentir cómo respiraba. Colocó la cabeza entre sus omoplatos y disfrutó escuchando el ritmo de su corazón. Su camiseta negra estaba impregnada del mismo aroma que la chaqueta, su


aroma. Limpio y masculino. Con las manos apoyadas en los firmes músculos de su abdomen, cerró los ojos y aspiró la esencia de Oz y de la motocicleta. Recordó que en el aparcamiento, después de que se besaran, él se había excitado. Había sido evidente el bulto en sus pantalones. Se preguntó si se encontraría aún en el mismo estado. Sabía que le bastaría deslizar sus dedos unos centímetros más abajo para salir de la duda. Lo que tenía claro era lo excitada que estaba ella. Con las piernas abiertas y Oz y la moto entre ellas, la costura de sus vaqueros le rozaba la entrepierna y estaba consiguiendo acrecentar la sensibilidad en sus genitales. Unos minutos antes, le había parecido que era buena idea llevar vaqueros, pero ya no estaba tan segura, le apretaban demasiado. Se recolocó en el asiento, resistiéndose para no acercarse más y frotarse contra él. No podía creer lo que le estaba pasando. Era como un animal en celo. —Intenta no moverte demasiado —le aconsejo Oz con su voz sensual y profunda—. Apóyate en mí y deja que sea yo el que nos guíe. Tenemos que dejar que nuestros cuerpos vayan al unísono con la motocicleta. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 22-138


https://www.facebook.com/novelasgratis Todos los músculos de Oz parecían estar duros allí donde lo tocaba. Era como si estuviera muy tenso. Lo vio sacudir la cabeza ligeramente y suspirar después. Marianne se apoyó de nuevo en él, dejando que sus pechos se comprimieran contra su espalda. —Relájate —susurró él. Marianne se preguntó si se lo diría a ella o si estaría hablando consigo mismo. De todas formas, relajó un poco los brazos que lo sujetaban. Oz encendió el motor y ella no pudo evitar sorprenderse. La moto rugía entre sus piernas y todo su cuerpo comenzó a vibrar con ella. En el escenario, había estado demasiado aturdida como para apreciar lo que era ir en una moto como aquélla con un hombre fuerte como Oz. Pero ahora era muy consciente de lo que estaba viviendo. Le temblaban las rodillas. La tela de su camiseta vibraba contra sus pezones. Su cuerpo y el de Oz se movían al unísono como si estuvieran compartiendo mil caricias por minuto. Y entre sus piernas sentía una palpitación cálida e irresistible. Era como si una insistente mano la estuviera torturando allí mismo. O una boca.


Nunca había vivido nada parecido, todo era una especie de juego sexual de lo más excitante. Y eso que aún no se habían movido, seguían en la acera frente al bar. El ruido del motor de la Harley llenaba la calle vacía. —Oz, ¿a qué estás esperando? —le preguntó ella acercándose a su oído para que pudiera escucharla. —Estoy intentando recordar que tengo que concentrarme en la carretera y no en el hecho de que rodeas mi cuerpo con el tuyo —le dijo él con suavidad. —¡Ah! —repuso ella. Le gustó saber que él se sentía igual que ella. Era incluso más excitante que la vibración de la moto. —Y… ¿Crees que podrás hacerlo? —Lo intentaré, sujétate bien. La Harley rugió y comenzaron a moverse. Sintió el viento en su pelo y la moto le dio un tirón al tomar velocidad que la empujó hacia atrás. No pudo evitar gritar de felicidad. Todo aquello le resultaba increíble. Ella, Marianne Webb, estaba montada en una moto muy salvaje con el hombre más atractivo que había visto en su vida. Una sonrisa de satisfacción apareció en su cara.


Pero el motor se apagó de repente y chocó de forma brusca contra la espalda de Oz. Él se giró al instante. —¿Estás bien? Marianne se frotó la nariz. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 23-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, estoy bien. ¿Qué ha pasado? Oz la miraba con timidez. —Se me ha escapado el pie del embrague y el motor se ha calado. Lo siento. No pudo evitar reírse. Parecía un niño pequeño al que acababan de pillar haciendo algo malo. —¿Es que no tenías la mente en la carretera? —No, es que nunca he… Es que hace mucho que no monto con un pasajero. Oz se giró de nuevo para mirar a la carretera. Al moverse, su trasero rozó accidentalmente la entrepierna de ella. Una ola de placer la invadió y le costó no gemir. Pero entonces el motor comenzó a rugir de nuevo y se le escapó un suspiro. Las


vibraciones estaban torturando todas las partes de su cuerpo que estaban más sensibles que de costumbre. Las sentía sobre todo en sus pezones, en su centro de placer y en el interior de sus muslos. Se preguntó si sería posible tener un orgasmo sólo por montarse en una moto. Pero entonces comenzaron a moverse de nuevo y dejó de pensar. Todo aquello era increíble. Llegaron al final de la calle y sintió cómo de pronto se ladeaba la moto. Oz estaba inclinándose a un lado. Los dos lo hacían. Y se dio cuenta de repente de que iban a caerse. Gritó con los ojos muy abiertos y el estómago le dio un vuelco. Pero no se cayeron, sino que giraron a la izquierda. Le parecía imposible que siguieran en pie. Después giraron a la derecha y los dos volvieron a inclinarse a ese lado. Sus cuerpos y la moto se movían al unísono, tal y como le había dicho Oz. —¡Vaya! —exclamó ella encantada. El viento agitaba su pelo y golpeaba su cara. Y entonces llegaron a una recta en la carretera. Oz aceleró y ella lo sintió en todo su cuerpo. Se imaginaba que no iban muy de prisa, estaban en el barrio financiero. Pero en una moto se sentía la velocidad de una forma mucho más significativa. Sus pies sólo estaban a unos centímetros del suelo, que pasaba


rápidamente bajo ellos. Levantó la vista para disfrutar de lo que iban dejando atrás. Los edificios, las luces, los semáforos, todo era más nítido que lo que veía tras el cristal de un coche. Por otro lado estaban los aromas. Podía oler las hojas de los árboles, el aire de otoño, el alquitrán de las carreteras enfriándose al anochecer, la gasolina… —¡Esto es genial! —gritó entusiasmada. Sintió cómo Oz se reía. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 24-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Espera a que lleguemos a la autopista —le dijo él. Sus palabras le llegaron con el viento. Giraron de nuevo a la izquierda, pasaron un puente y pudo oler el aroma salado y algo pestilente del mar. Allí el aire era más fresco. Llegaron entonces a la autovía. Cuatro carriles y dos sólo para ellos. Oz forzó el motor y aceleraron al instante. La velocidad hizo que le temblara todo el cuerpo. Los árboles que pasaban se convertían en una mera mancha borrosa con olor a pino. Respiró entusiasmada. —¡Sí! —exclamó contra el viento y las estrellas.


Todo se movía a su alrededor, estaba en cantada. Echó la cabeza hacia atrás y sintió cómo se le soltaba la coleta y su pelo comenzaba a volar. No sabía a qué velocidad iban, pero sabía que nunca había ido tan deprisa. Era como si estuvieran remontando el vuelo con ayuda del viento, aunque podía sentir aún la carretera cerca de sus pies. Todo era fuerza y energía. Y todo lo controlaba Oz. Y él estaba entre sus muslos. Rió con ganas. Sólo hacía dos días que había dejado atrás su antigua vida con la promesa de convertir se en algo distinto. Creía que estaba haciéndolo muy bien, todo había sucedido muy rápidamente. Era libre, era ella misma y podía hacer todo lo que quisiera, cualquier cosa. —¿Puedes oírme? —le preguntó a Oz tan alto como pudo. El viento agitaba con fuerza el cabello de Oz. Giró la cabeza, debía de haber sentido que ella le hablaba. —No puedo oírte —le dijo. El viento acercaba las palabras de Oz, pero él no podía oírla a ella. —¡Quiero que hagamos el amor de forma loca y salvaje! —le gritó.


—¿Qué? —repuso él. —¡Nada! —contestó ella mientras se levantaba para acercar su boca a la oreja de Oz—. ¡Más rápido! Le clavó los dedos en su duro abdomen y apretó con más fuerza sus muslos para sentirlo entre sus piernas. Ya sólo podía sentir la adrenalina recorriendo sus venas. Parecía que habían pasado horas cuando Oz por fin redujo la marcha y aparcó la moto a un lado de la carretera. Marianne no pudo ver más que arbustos y árboles. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 25-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Quiero enseñarte algo —le dijo él después de apagar el motor. Su voz parecía más alta que de costumbre y le sorprendió dejar de oír el rugido de la Harley. Oz se bajó de la moto y extendió la mano para ayudarla. Le temblaban las piernas cuando por fin pisó suelo firme. Todo parecía estar sacudiéndose aún bajo sus pies. Torpemente, dio un paso hacia delante y se agarró al brazo de Oz para que éste


la sostuviera. —¡Dios mío! Ahora entiendo por qué conduces un chisme de éstos —le dijo —. Es como sexo sobre ruedas, ¿no? —Esta vez más que en otras ocasiones —contestó Oz—. ¿Estás bien? —Claro. Ha sido increíble… Él le sonrió. —Sé cómo te sientes. Algo más segura de sí misma y de sus piernas, se llevó la mano al pelo para apartárselo de la cara. Toda su melena estaba llena de enredos. —Espera aquí —le dijo Oz—. Tengo que ir a mirar una cosa. Ahora mismo vuelvo. Le apretó la mano con fuerza antes de girarse y desaparecer entre los arbustos. Se preguntó qué tendría que hacer Oz allí mientras intentaba desenredarse el pelo con los dedos. Pensó que a lo mejor tenía que orinar o encontrar un lugar secreto donde solían encontrarse los motoristas. Oyó ruido entre los arbustos durante un tiempo, pero después sólo hubo silencio. Mucho silencio. Se imaginó que sería muy tarde. La brisa agitó algunas hojas caídas de los árboles. Podía oír el motor de la Harley tintineando al enfriarse y las olas rompiendo a lo lejos, estaban aún en la costa. Las casas al otro lado de la


carretera estaban todas a oscuras. Se imaginó que sería más de medianoche. Podía ver su aliento formando nubes bajo la luz de la luna. Se estremeció y decidió olvidarse de su pelo de momento. Metió las manos en los bolsillos de la chaqueta de Oz. Sus dedos se encontraron con algo dentro. Parecía una billetera y algo más. Decidió sacar ambos objetos. Era una billetera de piel negra y un paquetito que le resultó familiar. Había una nota adhesiva pegada a la caja. Oz: Recuerda que me debes una cerveza por cada uno que uses. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 26-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Jack Quitó la nota. Era una caja de preservativos idéntica a la que tenía ella en el bolsillo trasero de sus vaqueros. Colocó la nota de nuevo y guardó todo en la chaqueta de cuero.


Se preguntó si aquello era una señal o quizá una advertencia. Vio los arbustos separarse y una gran figura oscura apareció frente a ella. El corazón le decía que se trataba de Oz, pero dio un paso atrás de todas formas. «¿Qué estoy haciendo aquí, en medio de ninguna parte, de noche y con un motero al que no conozco de nada?», pensó de pronto angustiada. El corazón comenzó a latirle con fuerza y las palmas de las manos se le empaparon con un frío sudor. —Soy yo —dijo Oz. Era un hombre altísimo. No podía ver su cara, pero distinguía el contorno de sus anchos hombros y sus grandes manos. Se quedó parada, con la parte trasera de las piernas tocando la moto. Pero su corazón no se tranquilizó. No alcanzaba a comprender lo que estaba haciendo, qué pintaba ella allí. Por un lado, no conocía a Oz ni a nadie como él. Por otro lado, nunca se había visto en una situación como aquélla. Pensó que debería volver al bar de Warren y concentrar todas sus energías en aprender a hacer un margarita o un daiquiri. A lo mejor debería emprender su nueva vida poco a poco, sin jugar todo su dinero a una sola carta como estaba haciendo.


—Oz… —empezó ella. Entonces él se adelantó y la luna iluminó su pelo y su cara. Podía ver su nariz, estrecha y recta, sus gruesos labios, las arrugas que las sonrisas habían dejado en su cara. Sus ojos brillaban con intensidad. Era absolutamente perfecto. Tanto que no podía pensar con claridad. Supo en ese instante que no podía volver a casa y que tampoco quería. —¿Es Oz tu nombre verdadero? —No, es un apodo. —¿Por te lo pusieron? ¿Por el roquero Ozzy Osbourne? Él no pudo evitar reír con su pregunta. —No, me lo puso mi hermana pequeña, Daisy. Me llamo Óscar, pero cuando era pequeña no podía pronunciarlo y me llamaba Oz. Y me he quedado con ese nombre. Ella asintió. Se sentía un poco tonta. Había conocido a ese peligroso motorista en una subasta organizada con fines benéficos y su nombre se lo había puesto su Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 27-138 https://www.facebook.com/novelasgratis


hermana pequeña. Se imaginó que lo más probable era que no se tratase de un asesino o violador en serie. —Ya, supongo que no te pareces demasiado a Ozzy Osbourne. —Y tampoco hago lo que suelen hacer esas estrellas del rock, como romper guitarras y esas cosas —le dijo Oz acercándose un poco más a ella—. Me ha encantado tenerte en la moto, abrazándome desde tu asiento, pero creo que te prefiero así. Ahora puedo ver lo bella que eres. Le apartó su enredado pelo de la cara con la mano. Era grande, pero delicada al mismo tiempo. —No esperaba conocer a alguien como tú esta noche —añadió Oz. Marianne tuvo que hacer el esfuerzo consciente de volver a respirar. Era verdad que no conocía a ese hombre. Pero, tal y como le había dicho a Warren, sabía exactamente cómo le hacía sentir. Con él se sentía preciosa, salvaje y llena de deseo. Y así era como quería ser. Tomó la mano que le acariciaba la cara y la besó. Su piel era suave y olía levemente a aceite de motor. —¿Qué es lo que querías enseñarme? —le preguntó. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 28-138


https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 —Por aquí. Los arbustos bloqueaban la luz de la luna, pero Marianne pudo guiarse siguiendo la sombra de Oz frente a ella. Se acercó y notó que él sostenía una rama abierta para que pasara. —Hay un agujero en la valla —le dijo Oz—. Es un poco pequeño para mí, pero creo que tú pasarás sin problemas. No podía distinguir bien la valla, pero vio la luz de la luna al otro lado del agujero. —¿Qué hay allí dentro? —Pasa y lo verás. No podía creerse que fuera a hacerlo. Aquello era ilegal. Marianne nunca había quebrantado ninguna ley antes. Apenas tenía un par de multas de aparcamiento y nada más. Se coló por el agujero y siguió caminando entre arbustos hasta llegar a una gran extensión de césped muy cuidado. No podía ver ninguna casa a su alrededor. Había un camino blanco a su izquierda.


Supo que Oz ya había pasado y que estaba de pie tras ella. Lo supo sin mirar atrás. Lo notaba. —¿Dónde estamos? —susurró. —Al sur de Portland. Ven —repuso él tomando su mano y llevándola hacia el camino—. Solía colarme por ese agujero cuando era un adolescente —le contó mientras andaban—. Me parece increíble que no lo hayan arreglado aún. Hablaba en voz alta. Al parecer no le preocupaba que lo pillaran. —Y, ¿para qué venías aquí? —preguntó ella mientras miraba a su alrededor. Parecía una especie de parque. —Para estar solo. Tenía cinco hermanos pequeños en casa. A veces, simplemente quería un poco de paz —explicó él deteniéndose un momento —. Escucha. Es increíble pensar que estamos a dos o tres kilómetros de una ciudad. Oyeron a un perro ladrando a lo lejos. Después escucharon el silencio durante unos minutos y siguieron su camino. Marianne sentía una fresca brisa en su cara y podía as pirar el aroma del océano en alguna parte. —¿Tienes cinco hermanos? —Fui hijo único durante cuatro años. Después nació Michael, más tarde


Jennifer, los gemelos Alice y Joe y al final, la pequeña, Daisy. Hacían mucho ruido. —¡Vaya! Supongo que tu madre estuvo muy ocupada durante unos años con todos vosotros. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 29-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —No sabes hasta qué punto. Su tono había cambiado levemente. Su buen humor se había convertido en otra cosa. Lo miró, pero no pudo interpretar su expresión con la tenue luz de la luna. —¿Como fue ser miembro de una familia tan numerosa? —Bueno, aprendí mucho sobre peleas y rivalidad entre hermanos —repuso él otra vez con un tono más alegre. —Pero estaría bien saber que tus padres no habían puesto todas sus expectativas en ti —dijo ella. Se arrepintió nada más terminar de hablar. No sabía por qué lo había dicho. No tenía necesidad de contar a alguien al que acababa de conocer la presión que había sentido en su casa ni cómo había fallado a sus padres.


Sobre todo ahora que había dejado todo atrás para empezar una nueva vida. —Lo que quiero decir es que supongo que sería divertido casi siempre, a pesar del ruido y las peleas. —Sí, tengo unos hermanos fantásticos. Como era el mayor, me sentía responsable de ellos, pero al menos no tenía que heredar ropa usada —le dijo Oz—. ¿Eres hija única? —Sí. —Supongo que te sentirías algo sola. Ella se rió. —Me mimaban todo lo que quería —repuso ella guiñándole un ojo—. Soy el tipo de chica que busca satisfacción inmediata. En todo. —No me extraña en absoluto —le contestó él. Por primera vez, Marianne se dio cuenta de que, además de atractivo, tenía una expresión muy inteligente en el rostro. Intentó convencerse de que no había nada malo en ello. Los rebeldes como él también podían tener cerebro. Ella misma se consideraba una mujer despierta y había decidido rebelarse contra lo establecido y su vida anterior. Aun así, había algo en la mirada de Oz que le estaba inquietando. Era como si


pudiera leer su alma y ver su interior, todos sus miedos y sus fracasos. Ella apartó la mirada y vio entonces dónde se encontraban. —¡Vaya! Estaban justo encima de una pequeña cala de fina arena rodeada de rocas. Las olas parecían completamente blancas bajo la luz de la luna. Vio a su derecha una torre que parecía brillante y plateada contra la oscuridad reinante en la costa. Mientras miraba, una luz apareció en la parte superior y volvió a desaparecer. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 30-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Es el faro de Portland. El más antiguo del estado de Maine —explicó él mientras se sentaba en la hierba e indicaba a Marianne con un gesto que hiciera lo mismo. —Es precioso… —repuso ella dejándose caer. —Deberías escucharlo cuando hay niebla, es como un fantasma en medio de la nada. Oz la rodeó con el brazo y se acercó a ella. Su cuerpo era una roca sólida y cálida a la que aferrarse. Desde donde estaba, tan cerca de él, podía admirar la


perfección de sus rasgos y la intensidad de su mirada. Tenía unos labios muy sensuales. Miró de nuevo al faro, que brilló durante unos segundos. —Una columna de fuego en medio de la noche —dijo Oz—. Así lo llamaba Longfellow, el célebre poeta de esta ciudad. —Fuego frío, en todo caso —repuso ella—. Precioso, perfecto y solitario. Marianne se estremeció. Esas palabras le atravesaron el corazón. Él lo notó y la abrazó con más fuerza. —¿Estás bien, Marianne? Ella inhaló el aroma de Oz y del océano. Esa noche no estaba sola. Y ya no sentía que fuera como ese faro, perfecto y solitario. Se había mudado hasta esa ciudad para cambiar. Quería ser feliz y vivir de forma despreocupada. Y salvaje. —Deja de hablar y bésame —le dijo. Se giró, tomó la cara de Oz entre las manos y lo acercó a su rostro. Sus labios se juntaron y ella oyó de nuevo un gemido ahogado en su garganta. Su primer beso, en un escenario y frente a un montón de gente, había sido tierno, casi casto. Excepto por ese gemido, hambriento y profundo, de Oz. El beso en la playa no tuvo nada de casto.


Los labios de Oz estaban fríos, pero se abrieron enseguida y su boca estaba caliente y sedienta. Con la primera caricia, Marianne agarró con más fuerza su cabeza, enredando los dedos en su pelo y acercándolo aún más a su cuerpo. Se mordían más que besaban, como si se estuvieran devorando. Sus lenguas se encontraron. Él sabía a pasta de dientes y a algo muy dulce y sensual. Oz tenía la lengua dentro de su boca. Podía sentir su aliento sobre los labios. Mordisqueó su labio inferior y lo saboreó. Era delicioso. Él gimió de nuevo y la besó con más intensidad aún. Era fuerte, cálido, salvaje y todo lo que ella quería que fuese. Sintió cómo crecía el deseo que había estado acumulándose en su interior durante los últimos minutos. La recorrió de arriba abajo, sintiéndolo sobre todo entre sus piernas, en la boca y en el estómago. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 31-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Nunca la habían besado como él lo estaba haciendo. Después de aquello, no creía que pudiera siquiera llamar besos a lo que había tenido antes de Oz. Él agarró sus caderas y tiró de ella hasta dejarla en su regazo. Ni por un


segundo se separó de sus labios. Ella separó las piernas para sentarse a horcajadas sobre Oz. Podía sentir sus fuertes piernas bajo el trasero y su musculoso torso contra el pecho. Era un deseo salvaje. No había tiempo para el estilo, la educación ni la espera. Sintió cómo él intentaba bajarle la cremallera de la chaqueta de cuero. Se la quitó sin dejar de besarla y comenzó a acariciarle los brazos desnudos. Sólo oían el sonido de sus bocas al besarse. Un sonido húmedo y muy sexual. La boca de Oz era exigente e incansable. Marianne sintió cómo se le escapaba un gemido. Oz le tomó la cara entre sus grandes manos y se separó. Ella abrió los ojos y se perdió en la mirada clara y brillante de aquel hombre bajo la luz de la luna. Los dos respiraban con dificultad, como si les faltara el aire, pero sin dejar de besarse en la cara. —Marianne… —dijo Oz con voz ronca—. Eres increíble. Ella no quería hablar, sólo quería sentir. Lo besó en la mandíbula. A pesar de estar recién afeitado, su piel comenzaba a endurecerse. Sabía a limpio y un poco salado, como el aroma del océano. Después lo besó en el cuello y pudo sentir su pulso martilleando con fuerza. —Marianne… —suspiró él de nuevo. Su voz mezclaba placer y súplica.


Quería tocarlo con las manos como estaba haciendo con la boca. Dejó su pelo y las deslizó hasta sus anchos hombros. Era una delicia sentir sus músculos bajo las palmas de las manos. Recordó cómo había conducido y dominado la Harley y no pudo evitar estremecerse. Todo era negro, gris y plata bajo la luz de la luna, pero ella recordaba que la piel de sus brazos era en realidad dorada. Los acarició lentamente, sintiendo cada músculo y cada valle. La piel en su brazo derecho era algo más fría y suave. Recordó que allí era donde tenía el tatuaje. Era la primera vez que tocaba uno y pensó que quizá fuera la cicatriz la que hacía que la piel tuviera un tacto distinto. Él la besó en la frente y en las dos cejas. —Me estás volviendo loco —le confesó Oz. Marianne lo miró con una endiablada sonrisa en los labios. —Bueno, no me has traído aquí para que charlemos, ¿verdad? A él le sorprendió el comentario, pero no tardó en sonreír. —Bueno, me gusta hablar contigo, pero tengo que admitir que cuando te traje al sitio con el símbolo fálico más grande de la ciudad lo hice con la esperanza de que se te ocurrieran otras ideas. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris


Nº Paginas 32-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Oz acercó aún más sus caderas y ella pudo sentir con claridad su erección presionándole entre las piernas. Sentía su dureza y calor a través de dos capas de pantalones. —¡Vaya! Pues sí que es un símbolo fálico bastante descarado —dijo ella—. Y el faro tampoco está nada mal… No entendía de dónde sacaba los pícaros comentarios. Nunca había sido así, pero no le importaba. Se arqueó contra él, sintiendo con gran intensidad cómo su torso le presionaba los pechos. El placer era tan grande que era casi dolor atravesando su cuerpo. Su sensible entrepierna acarició la erección de Oz y el aliento se le detuvo en la garganta. Él no pudo ahogar un gemido. Oz tomó su cintura entre las manos y volvió a deslizarla sobre su excitado miembro. Desde la raíz a la punta y de nuevo hacia abajo. Fue ella entonces la que gimió sin poder controlarse. —No puedo evitar recordar de nuevo a Longfellow… —suspiró él. —¿De qué estás hablando? —repuso ella atónita.


—De su columna de fuego, ¿recuerdas? Eso es lo que siento ahora mismo… — contestó él besándola de nuevo. Ese beso fue más lento, menos sexual, pero mucho más sensual. Marianne estaba derritiéndose. Oz seguía moviéndola sobre su erección. El deseo y la tensión llenaban el ambiente. Tal y como se había imaginado, casi podía abarcarle por completo la cintura con sus grandes manos. Oz las deslizó hasta su trasero. Era delicioso sentir sus caricias. «Parece que he tenido a este hombre entre mis piernas durante horas y aún no le he quitado los pantalones», pensó ella abrumada por la situación. Sabía que todo sería muchísimo mejor cuando estuvieran desnudos. Gimió al pensar en ellos dos desnudos y en la misma posición. Se moría por sentirlo contra su piel, por rozar sus pechos contra el suave vello de su torso y tener sus brazos cubriéndola por completo. Y por tener su prodigioso miembro dentro de ella. Oz dejó de besarla de repente, con las manos aún en su trasero. —¿Qué es esto? —le dijo. —Bueno, si no sabes lo que es, no sé qué hago aquí —repuso ella. Oz se rió con ganas. —Me refería a esto —repuso mientras sacaba del bolsillo trasero de Marianne


un papel y una cajita. Eran los preservativos que le había dado Warren y el recibo por los tres mil dólares que había pagado por esa cita. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 33-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Vio cómo Oz intentaba leer lo que ponía en la caja bajo la tenue luz. Levantó las cejas y se lamió los labios al ver lo que era. Parecía un niño que acababa de descubrir un tarro lleno de caramelos y no pudiera terminar de creérselo. —¿Sueles llevar esto siempre contigo o es algo que has traído en particular para esta cita? —Sólo para esta cita —contestó ella. Al segundo siguiente, estaba tumbada sobre la hierba con él sobre ella. El césped estaba fresco y un poco húmedo. Era un agradable contraste con el cuerpo de Oz, cálido y excitante contra su piel y con un muslo entre sus piernas. Él la besó de nuevo con deseo y ternura en sus labios. Después, se incorporó apoyándose en un codo y le pellizcó levemente la mejilla. Recorrió con el dedo la cara de Marianne, dibujando sus rasgos. No era una


caricia sexual. Era un contacto íntimo, intenso y lleno de deseo. —¿Qué haces, Oz? —susurró ella. —Me aseguro de que eres real y no una de mis fantasías —repuso él mientras le acariciaba la mandíbula y el cuello. —¿Sueles tener problemas distinguiendo realidad y fantasía? Sus tiernas caricias la estaban excitando aún más que sus embistes de antes. —No, lo cierto es que suelo tener los pies en el suelo. Pero esta noche está siendo distinta. Oz bajó los dedos por el cuello, desabrochó el primer botón de su blusa e inclinó la cabeza en su escote. Podía sentirlo inhalando su aroma y acariciándola con los labios. —Sería imposible imaginar algo tan perfecto y puro como tu piel —le dijo mientras desabrochaba otro botón. Y después otro. La besó entre los pechos. Le hacía cosquillas con el pelo en el cuello. Acarició levemente el encaje de su sujetador y ella se dio cuenta de repente de algo que nunca había sentido. Deseaba que le acariciara los pechos, casi podía decir que lo necesitaba. Con una urgencia inusitada. Sentía que si no la tocaba en ese


instante, se volvería loca. Le habían acariciado antes el pecho, pero nunca había sentido la necesidad que estaba mortificándola en ese instante. Contuvo el aliento. Oz deslizó los dedos por debajo del encaje y tomó su pecho en la mano. Acarició su pezón con el pulgar y besó el otro pecho. Marianne dejó escapar un sonido que era casi un grito. —Preciosa —murmuró Oz mientras le bajaba el sujetador. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 34-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Su pezón quedó expuesto al frío aire de la noche, pero él lo cubrió de inmediato con su cálida boca. El placer era tan intenso que no sabía qué hacer. Instintivamente, arqueó la espalda hacia él, enredando su pierna izquierda en la de él y sacudiendo sus caderas contra las de Oz. Primero la besó y después sintió cómo le acariciaba el pezón con la lengua y los dientes. Ella rodeó sus piernas con más fuerza aún. La boca y las manos de Oz eran


deliciosas. El deseo crecía con fuerza en su interior. Lo sentía en su estómago. Le clavó las uñas en el hombro. Con la otra mano, agarró sus pantalones de cuero, intentando atraerlo aún más hacia su cuerpo. Oz levantó la cabeza y ella gimió. —Marianne —la llamó él. Ella intentó concentrarse en su cara, iluminada por la luna. —Dime lo que quieres —siguió él—. Dime lo que quieres porque voy a perder el control en cuestión de segundos. Dime que quieres esto tanto como yo lo deseo. Sus palabras hicieron que se estremeciera. Estaba tan cerca… Estaba al borde del precipicio. Sabía que le bastaría una caricia más, un beso más, para dejarse llevar por completo. Sólo podía pensar en él y en el placer que le daba. Lo deseaba. Era casi hambre. No había tenido esa sensación desde que… El recuerdo hizo que se paralizara entre sus brazos. Recordó que la última vez que había deseado algo tanto como deseaba aquello, casi había muerto en el intento. Se quedó helada y las manos que acariciaban a Oz se detuvieron.


Él se dio cuenta. —¿Marianne? ¿Qué ocurre? Abrió la boca, pero no consiguió articular palabra alguna. «No puedo. No puedo desear tanto. Se su pone que no puedo hacerlo», se dijo. Oz se incorporó y apartó de ella. Se tumbó a su lado en la hierba y le acarició un hombro. —¡Eh! No pasa nada. ¿Estás bien? Sin él encima, sintió de pronto frío. Se sentó y abotonó la blusa con dedos temblorosos. Su cuerpo deseaba tener a Oz a su lado. Su cuerpo se moría por recibir el orgasmo que él había estado a punto de proporcionarle. Se le daba bien ignorar los deseos de su cuerpo. Después de todo, se había pasado casi un año sin comer apenas nada. Quedándose más y más delgada hasta casi desaparecer. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 35-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Intentó apartarse el pelo de la cara, pero sus dedos se enredaban en él. Se miró.


Su blusa estaba arrugada y sentía los labios entumecidos por los besos. Se puso de pie y él también. Los dos respiraban con dificultad. —Marianne, ¿puedes decirme qué es lo que pasa? Él no la tocó, pero ella lo sentía muy cerca de todas formas. Pero se dio cuenta de que no podía contárselo ¿Qué iba a decirle? «Hacer el amor contigo me recuerda a cuánto sufrí en el pasado cuando casi acabo con mi vida», pensó ella. No, no podía decírselo. —Sólo quiero irme a casa, ¿vale? —le dijo ella cuando por fin pudo hablar. Oz la miraba con ternura. Se sintió de nuevo como si estuviera intentando conocer sus secretos y leer su alma. Ella se giró y empezó a limpiarse las hierbas que se habían pegado a sus vaqueros. Él recogió la chaqueta del suelo y se la puso de nuevo sobre los hombros. —Muy bien. Vámonos —le dijo. Ella asintió. Vio entonces el papel blanco y la caja al lado de sus zapatillas y se agachó a recogerlos. No pudo evitar sonrojarse. No era tan rebelde y despreocupada como pensaba. No estaba consiguiendo cambiar su vida. Ni siquiera había conseguido usar uno de los preservativos. Se lo metió todo en el bolsillo y se puso la chaqueta. Mientras andaban hacia el agujero de la valla, oyó la primera señal de niebla


del faro. Tal y como Oz le había dicho, sonaba como un fantasma en mitad de la noche. Marianne apretó los dientes y apoyó la cabeza en la espalda de Oz. El primer paseo en la Harley había sido excitante. Ése, en cambio, estaba siendo una tortura. Tenía a Oz de nuevo entre sus piernas, pero ahora recordaba lo que era tener sus manos sobre la piel y su boca acariciándola. Las vibraciones de la Harley masajeaban cada zona erógena de su cuerpo. Estaba volviéndose loca. Le recordaba su fracaso. Creía que no podía ser una chica mala si iba a arrepentirse de algo en el último minuto. Sobre todo si se trataba de hacer el amor con un hombre espectacular en un lugar mágico. Intentó respirar para tranquilizarse, pero sólo podía inhalar su aroma. Cerró los ojos y sintió el pelo revolviéndose en el aire. Se imaginó que nunca sería capaz de desenredarlo del todo después de aquello. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 36-138


https://www.facebook.com/novelasgratis «¿A qué chica mala le preocupa el estado de su pelo?», se preguntó decepcionada. Se sentía fatal. Frustrada y culpable. Cerró los ojos de nuevo y, apoyada en la espalda de Oz, soportó como pudo el resto del camino. Cuando llegaron. Oz aminoró la marcha y aparcó al lado de la acera. Ella se soltó y bajó de la moto. La puerta del bar estaba cerrada. Todo estaba vacío y en silencio. —¿Dónde vives? —preguntó Oz bajándose también de la moto. —Encima del bar. No hace falta que me acompañes. Gracias. —Es tarde y está oscuro. Te acompañaré hasta la puerta. «Así que el motorista rebelde es un caballero», pensó ella. Fueron hasta la parte de atrás del bar, al lado del aparcamiento. Se alegró de que la acompañara. Todo estaba muy oscuro y lleno de sombras. Se sentía segura a su lado. No podía creérselo, se sentía patética. Las escaleras que daban a su apartamento estaban al lado de la salida de


incendios del bar. Ella se detuvo allí mismo. —Buenas noches —dijo quitándose la chaqueta de Oz. —No, te acompaño arriba. Ella se giró y abrió la puerta de las estrechas escaleras. Aunque no podía verlo, sentía y olía su presencia tras ella mientras subían. En el rellano, encendió la luz de la escalera. Era demasiado brillante. La pintura de las paredes estaba llena de manchas, el techo estaba sucio y había una gran telaraña sobre sus cabezas. Oz, en cambio, estaba más guapo aún de lo que le había parecido a la luz de la luna. Se sentía estúpida. Una niña buena y estúpida. Se giró de nuevo para abrir la puerta del apartamento. —Marianne —le dijo él—. No puede terminar así. ¿Puedo invitarte a cenar mañana? Será una cita de verdad. —Tengo que trabajar en el bar. —Entonces por la tarde. Podemos ir a comer y charlamos. —Suena muy salvaje —repuso ella frustrada—. Comida y conversación. —Por favor, Marianne. Quiero conocerte. Quiero saber quién eres. No creía que alguien como él, libre y rebelde, pudiera estar interesado en alguien como ella, estrecha y tiesa. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris


Nº Paginas 37-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Se quitó la chaqueta. Estaba caliente y sintió que se desprendía de una parte de él. No quería renunciar a todo eso. De mala gana, le devolvió la chaqueta de cuero con más ímpetu del necesario y algo cayó al suelo. Era la billetera de Oz. Se agachó a recogerlo. Se había abierto y una tarjeta de crédito se había salido de la cartera. Una Visa Oro. Un motorista salvaje con una Visa Oro. La recogió y leyó el nombre. Decía Doctor Óscar Strummer. Abrió los ojos de par en par. Se levantó y se la entregó a Oz. A un Oz vestido de cuero, con un tatuaje, una Harley y una camiseta sin mangas. —¿Eres doctor? —preguntó estupefacta. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 38-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 5 —Sí —contestó Oz. —¿Un médico? ¿Un miembro respetado en tu comunidad?


—No soy médico. Pero tengo un doctorado. Y sí, supongo que soy un miembro respetado en mi comunidad. —¿Y por qué demonios te vistes como un motorista rebelde? —preguntó irritada. Oz se miró de arriba abajo. —Pensé que te gustaba. Marianne abrió la boca atónita. —Yo… Se quedó callada al ver el tatuaje de su brazo. A la luz del vestíbulo, pudo ver que la parte de abajo empezaba a pelarse. Recordó lo suave que le había parecido allí su piel y qué había creído que así era el tacto de los tatuajes. —Es falso, ¿verdad? —Sí. Menos mal. Las serpientes y las espadas no me gustan demasiado. —¿Qué? Ahora que sabía quién era, recordó todo lo que había pasado esa noche y se sintió fatal. Había intentado encontrar su lado salvaje con un hombre que tenía una Visa Oro y un doctorado. —¿Qué tipo de persona eres? —le gritó—. ¡Me has mentido! —No he…


Sintió cómo se le enrojecía la cara y el corazón comenzaba a latirle con fuerza en el pecho. —¿Es que eres un pervertido y te gusta disfrazarte para intentar seducir a gente que no conoces? Oz dio un paso atrás en el rellano y levantó las manos. —¡Eh! Espera un momento. Yo no he intentado seducirte. —¡Tenías preservativos en el bolsillo! —¿Qué? —preguntó él estupefacto. Ella señaló su chaqueta. Oz rebuscó y sacó la caja y la nota. —¡Ah! —exclamó mientras leía—. Son de mi amigo Jack. —Dice que tienes que pagarle una cerveza por cada uno que uses. ¿Qué es lo que hacéis? ¿Apostáis a ver cuántas chicas os podéis ligar en una noche? Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 39-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Oz negó con la cabeza. —No es una apuesta. Es un acuerdo que tenemos desde hace tiempo. Cuando Jack conoció a la mujer con la que se casó… —¿Apostó una cerveza contigo a que conseguía acostarse con ella?


Oz se quedó boquiabierto. —No creía que fuera tan tonta, pero supongo que lo soy —dijo entrando en el apartamento y cerrando la puerta tras ella. Pero Oz consiguió sujetarla antes de que la cerrara de un portazo. —Marianne —le dijo desde el umbral—. Cálmate y piensa en todo esto. Intenté decirte quién era, pero me pediste que no lo hiciera. Y tú también tenías una caja de preservativos en el bolsillo. Veo que estás enfadada, pero no es conmigo con quien estás enfadada. —¿Con quién estoy enfadada, entonces? —Supongo que contigo misma —le dijo sin dejar de mirarla y entrando en su apartamento. Fue ella entonces la que se quedó boquiabierta. Oz tenía razón. Él no había hecho nada que ella no le hubiera pedido que hiciera. Le había pedido que se callara, que no le dijera quién era en realidad. Era un caballero vestido de cuero y sobre una Harley. Si lo había juzgado por sus apariencias, era culpa de ella, no de él. Y estaba furiosa porque había tenido la oportunidad de empezar una nueva vida y no la había aprovechado. —Y, ¿qué demonios eres, una especie de psicólogo aficionado o algo así?


—No, uno profesional —dijo él buscando con la vista una silla donde sentarse. No la vio y acabó apoyándose en la pared. Ella se imaginó que esperaba con el gesto parecer más pequeño, que su tamaño no le impusiera tanto. Pero no funcionó. —Soy psicólogo clínico. Tengo mi propia consulta y doy clases en la universidad. Se giró para mirarlo a la cara. Marianne se tapó la cara con las manos. —¡Dios mío! Eres justo el tipo de hombre con el que a mis padres les gustaría que saliera. —¿Y eso es malo? Ella sabía que sí, sobre todo después de Jason. Y más aún cuando había decidido que quería ser una nueva persona, que quería cambiar. —¿Por qué te vestiste así? —preguntó levantando de nuevo la vista. —Mis amigos pensaron que me ayudaría a recaudar más dinero para el centro de jóvenes. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 40-138 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Bueno, supongo que funcionó —dijo ella con una sonrisa amarga. —No pretendía engañar a nadie. Pensé que todas las mujeres que iban a pujar serían de la zona. Así que ella había sido la única que había dejado que su aspecto la engañara. Recordó entonces cómo las dos mujeres a las que pagó la puja se miraron cuando les dijo que le gustaban los chicos malos. Seguro que ellas conocían bien a Oz. Se sentía estúpida. Más que nunca. —¿Y la Harley? ¿Es tuya? Él negó con la cabeza y Marianne suspiró. —Oz, doctor Strummer, me gustaría que se fuera, por favor —le dijo entonces. Él se acercó un poco más a ella. —Marianne, esto no tiene por qué ser un problema. Sus ojos estaban llenos de inteligencia y perspicacia. Podía mirar dentro de ella. No podía creerse que fuera un psicólogo clínico, era lo último que quería tener a su lado. —Gracias por su tiempo, doctor Strummer —le dijo con su suave voz de dama sureña—. Buenas noches. Él se quedó como si quisiera decirle algo más, pero cambió de opinión.


—Buenas noches —repuso él cerrando la puerta tras él. Marianne oyó sus botas de motero bajando las desgastadas escaleras del edificio. Se dejó caer sobre la cama y cubrió su cabeza con una almohada. Oz aceleró mientras se alejaba del bar y de Marianne. Llevaba toda la vida estudiando la naturaleza humana. Había empezado observando la conducta de sus hermanos pequeños mientras cuidaba de ellos. Pero, a pesar de toda su experiencia, no tenía ni idea de lo que acababa de pasar. La luz de la luna, el faro y la mujer más atractiva que había tenido nunca entre sus brazos. Había sido como una fantasía hecha realidad. Todo había sido perfecto y cada beso, cada caricia, había hecho que se volviera mejor aún. Pero esa mujer se había vuelto loca de repente. Sabía que no era la forma más profesional de definir lo que había pasado, pero no tenía otra. Estaba claro que tenía algún problema. Había evitado hablar de su pasado, así que se imaginó que ésa era la parte problemática de su vida, algo que le había pasado. Pero, al parecer, no tenía ninguna intención de solucionarlo. «No es el tipo de mujer que necesitas. Necesitas a alguien que te distraiga de tu profesión, no otro paciente», se dijo. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 41-138


https://www.facebook.com/novelasgratis Suspiró. Se imaginó que era mejor así, saber la verdad pronto. Antes de que se sintiera emocionalmente implicado. Las calles estaban desiertas a esa hora de la noche. Aceleró un poco más, justo por encima del límite de velocidad. Le sentaba bien que el aire fresco le golpeara la cara. Recordó las manos de Marianne en su cintura, el sabor de su piel y sus gemidos de placer. Se acordó de que cuando le gritó «¡quiero que hagamos el amor de forma loca y salvaje!» cuando pensaba que no la oía. Oz sonrió. Marianne había pagado tres mil dólares por él, lo había besado enfrente de todo el mundo y le había gritado aquello en la autopista. Si lo que quería era escaparse un poco de su aburrida rutina, no podía haberle ido mejor que con ella. Llegó al barrio de Jack y Kitty y aparcó frente a su casa. Le hubiera gustado darles las gracias por lo que habían hecho, pero la casa estaba a oscuras. Se imaginó que llevarían horas durmiendo. Dejaría las llaves de la moto en el buzón al día siguiente llamaría a Jack para decirle que había estado en lo cierto. Le había venido bien hacer un descanso. Creía que ahora podría concentrarse mejor en su trabajo. Se quedó sentado en la moto, mirando las ventanas de la casa. Recordó algo que


Jack le había dicho poco después de su boda. —Hay una cosa que nunca esperé que me ocurriera cuando me enamorara, Oz. Y es que me encanta dormir con Kitty. Simplemente dormir. Me gusta que sea lo último que veo cuando me duermo y lo primero por la mañana. Me encanta escuchar su respiración —le había confesado riendo—. Seguro que no esperabas que te dijera que me gusta dormir tanto como el sexo, ¿verdad? Oz retiró la mirada. Se sentía mal contemplando la casa mientras sus amigos dormían plácidamente en el interior. Era como si es tuviera entrometiendo en su felicidad. Tenía que dejar la moto, recoger su coche e irse a dormir a casa. Solo. Así podría levantarse al día siguiente algo descansado y seguir adelante con su rutina. También solo. Se quedó mirando la mano que sujetaba la llave. Aún no la había sacado del contacto. La hizo girar y encendió de nuevo el motor. Aún no había llegado la mañana y decidió que seguiría un tiempo más viviendo su aventura motera.


Con Marianne había ido hacia el sur, así que decidió ir hacia el norte esa vez. Condujo por la autopista hasta Freeport. Sólo pasó dos o tres coches. Le daba la impresión de que esa noche le pertenecía sólo a él. Pero, después de media hora, dio media vuelta y volvió a casa. La fantasía no funcionaba esa vez. La Harley era una máquina extraordinaria. Respondía con precisión y poder. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 42-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Pero sin conductor, sólo era un montón estúpido e inanimado de metal y caucho. Condujo hasta casa. Estaba a oscuras, pero no se molestó en encender ninguna luz en su camino hasta la cocina. Sabía dónde estaba todo y nadie más vivía en la gran casa victoriana. Nadie podía dejar cosas por el suelo. Todo había sido distinto durante la estancia de su hermana Daisy con él. Tuvieron que llegar a un acuerdo para que ella no dejara todo por el suelo. Ahora eso ya no era un problema. Abrió el frigorífico y tomó una botella de agua. Una vez más, se encontró con las latas de soda bajas en calorías que su hermana había olvidado cuando se mudó de allí un mes antes. Y, una vez más, pensó en llevarlas a la clínica al día siguiente. Se imaginaba que la recepcionista bebería ese tipo de refresco.


A lo mejor no la había llevado a la clínica aún porque, inconscientemente, le gustaba verlas allí y recordar la presencia de su hermana en la casa. Era como si no estuviera solo del todo. Se preguntó si Marianne bebería ese tipo de soda. Aunque no lo necesitaba. Tenía un cuerpo estupendo. Y su hermana tampoco, pero no dejaba de preocuparse por las calorías de todo lo que ingería. Pensó en el cuerpo de Marianne, en sus largas y esbeltas piernas a su alrededor cuando la había llevado en la moto. Recordó su pecho bajo su mano, henchido, cálido y lleno de vida. Su cintura. Su trasero encima del regazo. Pensó en lo triste que le había parecido durante un segundo cuando comentó que el faro parecía muy solitario. Le encantaba su sexy sonrisa y los hoyuelos que se le formaban en las mejillas. Oz se dio cuenta de que se había quedado mirando absorto el interior del frigorífico. Y volvía a sentir la presión de su excitación en los pantalones. Rió y cerró la puerta del frigorífico. Fue escaleras arriba mientras bebía de la botella de agua. No le sorprendía su reacción. Llevaba mucho tiempo reprimiendo sus impulsos sexuales y sabía que era una olla a presión. La luz de la luna se filtraba entre las cortinas de su cuarto. Se sentó en la cama y se quitó las botas. Le costó más trabajo deshacerse de los pantalones de cuero.


No pudo evitar pensar en cómo habría sido todo si hubiera sido Marianne la que se los quitara. Se preguntó qué tipo de cosas le habría dicho con su dulce acento sureño. Pero tenía todas las respuestas. Su acento era sexy. Su cuerpo era sexy. Toda ella lo era. Tenía que mantenerse alejado de Marianne. No necesitaba una mujer con tantos problemas como ella. Lo peor era que hasta sus problemas le parecían sexys. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 43-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Era una mujer audaz y atrevida, pero sin dejar de ser inocente. Era segura, pero también solitaria. Vivía en un pequeño apartamento encima del bar, pero tenía dinero y el porte de una princesa. Era atractiva, sensual y respondía de forma increíble a sus caricias. Pero había evitado acostarse con él. Se quitó la camiseta y fue hasta el baño en calzoncillos de tela. Encendió la luz e hizo una mueca al ver su tatuaje de pega. Tomó una esponja de la bañera y lo frotó.


Pero no se quitó. No tenía ni idea de cómo librarse de aquello. A Marianne le había gustado. Aunque después lo odió. Era tan difícil de quitar como la memoria de sus caricias. Decidió dejar de intentarlo. Mientras se cepillaba los dientes, pensó que Marianne no era sólo una mujer guapa. Era un verdadero puzzle intelectual. Sabía que sería un reto fascinante adivinar qué era lo que le sacaba de quicio, qué era lo que le preocupaba. Se agachó para abrir el grifo de la ducha y de su propio hombro le vino una fragancia femenina, sensual y pura. El olor lo trasladó de inmediato al parque al momento en el que, sentado sobre el césped, acariciaba y besaba a Marianne, a horcajadas sobre él. Con ella se sentía salvaje, libre, como si el mundo a su alrededor se abriera en un delirante baile de posibilidades. Cerró el grifo. No quería desprenderse del aroma de Marianne. Sabía que era una locura. Pero esa noche le pareció una buena idea. —Muy bien, Warren Webb. Cómete tus palabras. Marianne miró las bebidas que tenía alineadas frente a ella en la barra. Había tirado una caña de cerveza y preparado una margarita con hielo, un martini y un san francisco. Se había ido a la cama la noche anterior sintiéndose fracasada, pero la


mañana le había traído renovado optimismo. Era cierto, no se había atrevido a acostarse con un desconocido, pero eso no quería decir que no pudiera aprender cosas nuevas. Se convenció de que, simplemente, había enfocado mal las cosas. Había intentado saltar desde el trampolín más alto sin ni siquiera probar antes el agua de la piscina. Decidió que debía empezar poco a poco. Cuando se despertó ese día, miró el mundo de otra forma. No le deprimió vivir en un pequeño y anticuado apartamento. Tampoco dejó que le desilusionaran las grietas y manchas de las paredes ni las telarañas. Ni si quiera la pequeña ducha con su agua casi fría consiguió impedir que cantara mientras se lavaba. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 44-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Había tenido suficientes duchas de agua caliente y decoradores de interiores. Decidió que iba a disfrutar viviendo en la miseria durante un tiempo. Lo primero que iba a hacer era aprender a ser camarera. A lo mejor se pasaba algunas noches flirteando y charlando con la clientela. Puede que incluso se comprara unos zapatos de tacón alto y que se pintara las uñas de rojo pasión. A lo mejor le convenía también empezar a mascar chicle, decir palabrotas y salir a


bailar. Empezaría poco a poco, hasta llegar a algo más grande. Como Oz. «Alguien atractivo como Oz, pero que no tenga un doctorado en psicología», pensó. Miró la fila de bebidas y trató de pensar en otra que pudiera preparar antes de que apareciera Warren por allí. No se le ocurría qué hacer. Quizá una piña colada o un daiquiri. Marianne sonrió. Se abría ante ella todo un mundo de cócteles que estaban esperando a que ella los conquistara. Miró debajo de la barra. Warren guardaba allí un libro de cócteles. Su primo había doblado las esquinas de los cócteles con los nombres más sugerentes. Era típico de él. Encontró uno con tres ingredientes: vodka, Baileys y licor de cacao. Se imaginó que no sería muy difícil. Había una docena de botellas de vodka en la repisa de la barra. Eligió el que tenía la etiqueta más sencilla, se imaginó que sería el más barato. No quería usar el mejor por si la mezcla no salía bien. Midió con cuidado una parte de vodka y la echó sobre hielo picado. Después añadió el Baileys. La mezcla se cortó de inmediato y el licor de whisky se convirtió en una especie


de masa deforme. Miró de nuevo el libro. A lo mejor era un cóctel que había que masticar en vez de beber. Pero se imaginaba que no era así. Intentó mejorarlo añadiendo el licor de cacao, pero no surtió efecto. A lo mejor podía repararlo con una sombrillita de colores y un adorno de fruta. Se agachó para buscar esas cosas bajo la barra. Oyó la puerta del bar abrirse. —Warren, ¡tienes que ver la nueva especialidad de la casa! —le gritó a su primo. Pero no era Warren. Era Oz. —¿Son todas esas bebidas para ti o para escasos clientes que vienen los domingos por la mañana? —le preguntó él. Marianne se levantó tan deprisa que la cabeza comenzó a darle vueltas. Oz estaba frente a ella, al otro lado de la barra. Llevaba vaqueros, una camisa de franela Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 45-138 https://www.facebook.com/novelasgratis y su chaqueta de cuero. Su pelo rubio estaba revuelto una maravillosa sonrisa


iluminaba su cara. Instintivamente, ella dio un paso atrás. Creía que lo que le había atraído de él había sido su imagen de chico malo. Pero, ese día, no llevaba pantalones de cuero, tatuajes ni camisetas sin mangas y, aun así, estaba absolutamente irresistible. —Doctor Strummer —dijo ella forzándose por mantener un tono dulce y frío —. Me alegro de verlo de nuevo. ¿Desea tomar algo? —Es bastante temprano para tomar una copa —le dijo—. Además, me gusta la cerveza con más cerveza en ella —añadió mientras tomaba en sus manos la caña que había servido Marianne. Había más espuma que cerveza en el vaso. —No es fácil tirar una cerveza de grifo —se defendió ella—. Lo abrí y empezó a salpicarme. Oz asintió con comprensión. —¿Y eso qué es? ¿Un tipo de queso? —preguntó mirando el último cóctel de Marianne—. ¿Con salsa de chocolate? —Es un cóctel, se llama Superorgasmo —le dijo levantando la barbilla con orgullo.


Decidió que no iba a avergonzarse por decirle esa palabra. A pesar de que recordaba que había estado a punto de tener uno de ésos entre sus brazos la noche anterior. Oz sonrió aún más y ella sintió cómo se sonrojaba un poco. —Bueno, ¿en qué puedo ayudarlo entonces, doctor Strummer? —Prefiero que me llames Oz. No eres una de mis pacientes —dijo él mientras se sentaba en uno de los taburetes. —Tienes razón, no lo soy. Entonces, ¿en qué puedo ayudarte, Oz? — preguntó con el mismo tono distante y educado de antes. Vio cómo Oz miraba el resto de las bebidas que había preparado. Tomó la primera y la olió. —¿Un san francisco? Marianne asintió. Oz tomó una de las pajitas y probó el cóctel. Ella intentó controlarse, pero no pudo evitar quedarse ensimismada contemplando sus labios mientras sorbían. Su boca era perfecta y muy sensual. Sólo unas horas antes, la había sentido sobre su piel y alrededor de sus pezones.


No podía dejar de mirar esos labios. —Está muy bien —comentó Oz. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 46-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Se me da bien mezclar zumos, supongo —le dijo—. Pero aún no me has dicho qué es lo que quieres. No como la noche anterior. Entonces le había dejado muy claro qué era lo que quería. —He venido para pedirte que vengas a comer conmigo —le dijo Oz—. Te lo pregunté ayer, ¿te acuerdas? —Me acuerdo. Y también recuerdo que te dije que no. —Bueno, en realidad no dijiste «no». Mi identidad real te distrajo y empezaste a acusarme —dijo mientras se inclinaba hacia ella sin dejar de sonreír—. Así que decidí interpretar esa reacción como una respuesta afirmativa. Marianne tomó la copa del Superorgasmo con aspecto de queso y chocolate y lo tiró por el fregadero. —Estoy trabajando —le dijo.


—El cartel de la puerta dice que no está abierto hasta las dos. Sólo son las doce. —Estoy aprendiendo a hacer cócteles. —Bueno, ya sabes hacer san franciscos, Superorgasmos y servir cervezas. Los daiquiris y mojitos pueden esperar hasta más tarde. Se puso de pie de repente y agarró su muñeca. —Marianne, me gustas mucho. Quiero conocerte mejor. Por favor, acepta mi invitación. Sentir sus dedos en la piel le bastó para que un escalofrío recorriera su cuerpo. Se mordió el labio inferior. —Me gustas tanto que no pienso en otra cosa —siguió él en voz más baja—. Y dudo mucho que tú apostaras todo ese dinero sólo porque te gustaban mis pantalones de cuero. —No —admitió ella con dificultad para respirar—. No fue sólo por el cuero. Pero, Oz, yo… —Respeto tus límites —dijo él sin dejar de mirarla con sus ojos color avellana—. Vamos, Marianne. Ven conmigo. Arriésgate. Sólo necesitó eso para convencerla. Era un hombre apuesto y sexy que le estaba


diciendo que hiciera justo lo que ella había decidido hacer de todas formas: arriesgarse. Asintió con la cabeza. A pesar de su aparente seguridad, Oz pareció muy aliviado de haber conseguido una respuesta positiva. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 47-138 https://www.facebook.com/novelasgratis La Harley estaba aparcada frente al bar, en el mismo sitio de la noche anterior. Marianne se quedó parada al verla. —Pensé que la moto no era tuya —le dijo. —Y no lo es, es de un amigo. He decidido pedírsela prestada durante el resto del fin de semana —explicó Oz mientras acariciaba el asiento de cuero—. Hacía ocho años que no montaba en una moto, por eso se me caló anoche nada más empezar a conducirla —añadió sin dejar de sonreír—. Se me había olvidado cuánto me gusta montar en moto. —¿Por qué te gusta? Lo cierto era que aún recordaba las sensaciones que las vibraciones del motor


habían producido en ella la noche anterior. —Bueno, además de lo increíble que es tener a una mujer preciosa con sus piernas al rededor de las mías, me gusta la libertad que siento encima de ella —le dijo—. ¿Recuerdas que te conté que me escapaba a ese parque para estar solo y tranquilo, lejos de mi familia? Esto es igual, aunque un poco más rápido, claro. —Y, ¿de qué necesitas escapar ahora? —De las responsabilidades, mi trabajo, mi vida. De quién soy —repuso él mientras la miraba con la cabeza inclinada—. ¿No sientes tú a veces la misma necesidad? «La verdad es que sí», pensó ella. —Bueno, a lo mejor —contestó—. ¿Es que no te gusta quién eres? —Sí me gusta, pero a veces me gustaría ser otra persona —dijo Oz mientras se agachaba para recoger dos cascos que había en el suelo—. Esta vez me he traído éstos. Es más divertido no llevarlos, pero con ellos no se nos meterán los mosquitos en los ojos. Marianne se colocó el suyo. —¿Adónde vamos? —le preguntó. No sabía si podría oírlo a través del casco. Éste amortiguaba los sonidos.


—¿Confías en mí? Ella se encogió de hombros. Era muy raro. La noche anterior, cuando él no era más que un desconocido, había confiado en él plenamente. Ahora que sabía quién era y a qué se dedicaba, se sentía mucho más indecisa. —Mejor dicho, ¿confías en mí como conductor? —Sí, pero esta vez no dejes que se cale. —Sus deseos son órdenes para mí —repuso él colocándose el casco. Mientras se subía a la moto, se preguntó si lo decía en serio. Le había prometido también que iba a respetar sus límites. Pero no sabía si Oz iba a ser capaz de mantener la curiosidad que le daba su profesión de psicólogo lejos de su mente. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 48-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Por otro lado, ella tenía sus propios deseos. En cuanto rodeó la cintura de Oz con los brazos, sintió el deseo de deslizar sus manos por debajo y tocar la suave y cálida piel de su estómago. Quería incorporarse en la moto y hundir su cara en el cuello de Oz. Quería sentir su pulso y aspirar su aroma como lo había hecho la noche anterior.


Se preguntó si esos deseos serían también órdenes para él. «Bueno, guapa, será mejor ir poco a poco como te habías prometido», se recordó. Pero le gustaba la velocidad. —Ve más rápido —le dijo ella. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 49-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 Llegaron a un merendero cerca de la carretera. Oz se detuvo allí y apagó el motor. Marianne se sacó el casco y bajó de la moto riendo y jadeando. Le temblaban las piernas. Tropezó al descender de la moto y se hubiera caído si él no la hubiera sujetado con sus grandes manos. Estaba cerca de él de nuevo. Rodeó con sus dedos los brazos de Oz y lo miró a los ojos. Sus mejillas estaban sonrosadas. —¿Siempre te tiemblan las rodillas al desmontar máquinas potentes como ésta? —le preguntó él. —¿Nunca se cansan los psicólogos de hacer comentarios freudianos? —La verdad es que no. Es una de las ventajas de este trabajo —repuso él


acariciándole el pelo—. Tenía razón. —¿Sobre qué? —Es mucho mejor montar la Harley cuando tú vas también en ella. —Ha estado bien —dijo ella. Pero lo cierto era que le encantaba. Se sentía feliz y libre encima de esa moto. No sabía por qué. —¿Te gustaría conocer mi secreto más oscuro y siniestro? —le preguntó él. No dejaba de mirarla ni un segundo. Le hablaba con el mismo tono sugerente y algo ronco que había tenido la noche anterior en el parque. Se estremeció a pesar de que hacía calor y asintió con la cabeza. —Me han puesto dos multas por exceso de velocidad en los últimos dos años — dijo con solemnidad—. Las dos mientras conducía con mi coche por carreteras desiertas —añadió—. Bueno, ya está, ya lo sabes. Tú, yo y el Departamento de Policía de Maine. —¡Vaya! —exclamó ella fingiendo asombro—. El doctor Strummer lleva una doble vida como criminal. —Sí. Espero que la comida sea lo suficientemente buena como para que no te enfades y empieces a chantajearme con mi pasado. Fue hasta la Harley, abrió una de las alforjas de la moto y sacó una bolsa de


allí. —Hay un buen sitio para comer por aquí —dijo dándole la mano. Caminaron por un camino que llevaba a un bosque. Las hojas de los árboles llenaban de color el día. El sol brillaba a través de las ramas y todo era anaranjado, amarillo y rojo. —Me alegra ver que no eres tan virtuoso como parece —le dijo ella. Intentaba parecer calmada y que no notara cuánto le afectaba sentir la mano de Oz en la suya. Esos dedos con los que la había acariciado la noche anterior le Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 50-138 https://www.facebook.com/novelasgratis recordaban que ese hombre podía llegar a estar más cerca del pecado que de la virtud. Oz rió su comentario. —Seguro que anoche pensaste que había hecho algo peor que lo de las multas por exceso de velocidad —dijo mientras recogía un montón de hojas secas del suelo y se las tiraba a Marianne. —No —protestó ella sonrojándose—. No soy tan tonta como para juzgar a la gente por sus apariencias. Pero pensó que a lo mejor lo era. A pesar de que ella había vivido siempre


quejándose de que la gente la juzgara por lo que veían, sin conocerla de verdad. —No me importó que pensaras que era rebelde y algo salvaje —confesó él—. Me gustó ser tu fantasía. Oz dejó de andar y se acercó a ella. Marianne dejó de respirar, pensó que iba a abrazarla y besarla como lo había hecho la noche anterior. Creía que si lo hacía, nada podría evitar que quisiera quitarse la ropa para que la acariciara de nuevo. Pero la mano de Oz se detuvo en su chaqueta. Ella la miró y vio que sólo intentaba quitar una hoja seca que se había enganchado a su jersey. La hoja cayó al suelo, pero él no movió la mano. La dejó allí donde estaba, justo encima de su pecho. Se imaginó que podría notar el imparable latido de su corazón. —¿Podría seguir siendo tu fantasía ahora? —le preguntó. —¿A pesar de tu doctorado y tu trabajo fijo? —repuso ella sin mirarlo a la cara. Sabía que si veía su boca querría tenerla. Recordó su sabor y se lamió los labios. —Es aún peor de lo que piensas —le dijo Oz—. Mi padre es pastor protestante y mi madre enseña catequesis en la parroquia. Marianne no pudo evitar echarse a reír. —¡Dios mío! —exclamó—. ¡Y a mí me llamaban «santita»!


—¿Te llamaban «santita»? El tono de Oz era de curiosidad. Marianne lo miró a sus inteligentes ojos color avellana. —Bueno, no desde que me echaron del grupo de exploradoras —mintió ella. Apartó la mirada y soltó la mano que sujetaba Oz. —Bueno, ¿y por qué decidiste hacerte psicólogo? —preguntó ella andando de nuevo e intentando cambiar de tema—. ¿Te gusta analizar a la gente? —Me gusta entender a la gente —repuso él. —¿Por qué? ¿Es que eso te da poder sobre ellos? —¿Poder? —repitió Oz con el ceño fruncido—. No… No se trata… ¡Claro que no! —añadió él algo ofendido—. Necesito entender a la gente para poder ayudarla. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 51-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Y haces eso sólo con tus pacientes o con todo el mundo? —Con todo el mundo. Hasta conmigo mismo. Marianne se dio cuenta de que si le hablaba a Oz de su pasado, él la entendería. Podría hablarle de lo sola que se había sentido durante su infancia, de cómo


el amor de sus padres no había sido incondicional, de su anorexia… Sabía que él lo entendería todo. Se imaginó que estaría acostumbrado a tratar con personas que sufriesen desórdenes de tipo alimenticio. Pero ésos eran sus pacientes. No estaba segura de que quisiera que él la viera como a otra de sus pacientes. Aun así, le atraía la idea de ser entendida, de admitir sus errores a una persona que sabía que no la iba a juzgar como los demás. Era una idea que le seducía, casi tanto como el propio Oz. —¿Puedo preguntarte algo un poco extraño? —dijo Oz de repente. —¿Qué? No sabía qué iba a hacer si él le preguntaba sobre su pasado. —¿Puedo tomarte en brazos? Ella lo miró confusa. —Sí, hablo de repetir lo que hice anoche contigo sobre el escenario —repuso él sacándose las manos de los bolsillos—. Me gusta tenerte en brazos y no he dejado de pensar ni por un momento en hacerlo otra vez. Ella trató de respirar con normalidad, pero se había olvidado de cómo hacerlo.


Sus palabras se habían enganchado a ella como si fueran manos recorriendo su cuerpo de arriba abajo, acariciándola y erizando sus sentidos. Asintió. No podía ni siquiera hablar. —¡Genial! —repuso él. Con un simple y rápido movimiento, la tomó en brazos, con un brazo bajo sus rodillas y otro en su cintura. Ella se agarró a su cuello e inhaló su masculino aroma. Era muy fuerte, pero también delicado. Nunca le habían atraído antes ese tipo de hombres. Jason había sido fuerte, pero algo brusco en su manera de tratarla. Había sido agresivo, como todos los hombres que aspiraban a cargos directivos. El resto de sus novios habían sido deportistas en su mayoría, pero Oz estaba seguro de su fuerza y se sentía cómodo con su cuerpo. Era distinto a todos los hombres con los que había estado antes. Le daba la impresión de que era especialmente cuidadoso con ella. Entre sus brazos se sentía como un tesoro, algo muy valorado. La mejilla de Oz acarició su sien y sintió cómo contenía el aliento. Intensificó la fuerza con que la sujetaba por la cintura y las piernas. —Pensé que anoche me sentí como lo hice por culpa de algún tipo de locura transitoria —le dijo Oz—. Pensé que me despertaría esta mañana y que todo volvería


Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 52-138 https://www.facebook.com/novelasgratis a la normalidad. Pero, cuando me levanté, me sentía igual —añadió él con voz suave—. No podía pensar en otra cosa que no fuera verte de nuevo. Empecé a pensar en maneras de conseguir tocarte otra vez. Vio cómo la recorría con la mirada y después volvía a centrarse en sus ojos. —Nunca he conocido a alguien del que me sintiera atraído al instante, como contigo —le confesó Oz—. Ni siquiera sabía tu nombre y ya estaba seguro de que te deseaba. Me ocurrió en cuanto te vi en el bar. Aún no sé nada de ti, pero no puedo pensar en otra cosa. Sé que es una locura. No lo entiendo. —Yo tampoco lo entiendo —le dijo ella. Había decidido que no quería sentirse como lo hacía, que él no era el tipo de hombre que más le convenía. Pero, aun así, lo deseaba, tanto que sintió cómo sus pechos se hinchaban y sus pezones se endurecían por estar cerca de él. Oz comenzó a andar con ella en brazos. —Me he preparado durante mucho tiempo para entender este tipo de conducta,


pero no consigo descifrar lo que está pasando. Me siento como un cavernícola en plena temporada de apareamiento. Ella no pudo evitar reírse, aunque no consiguió relajarse. Sentía la misma tensión sexual. El movimiento de Oz acrecentaba aún más la presión sobre sus pechos. —Es una pena echar a perder así una mente tan cultivada como la tuya. —¿Qué me vas a contar que no sepa? ¿Crees que es culpa de las feromonas? ¿Crees que en tu aroma hay algo que estimula mi sistema olfativo? — preguntó él mientras inclinaba la caza para inhalar su olor. El roce de piel, sutil y sensual, era como el beso. —¿Sistema olfativo? —repitió ella. Oz asintió con la cabeza. —Es la parte del cerebro que controla las emociones y que reacciona ante un estímulo como el olor —explicó—. Tiene que haber alguna explicación química para entender por qué quiero arrancarte toda la ropa ahora mismo, en medio de un merendero público y a plena luz del día, y hacer el amor contigo. —Yo… —intentó ella sin mucha suerte. —Y tú te sientes igual —repuso él.


No dejó de andar, pero sus ojos la quemaban. —Siento tu corazón latiendo contra mi pecho —le dijo Oz—. O tienes miedo de mí o estás excitada. Y no te doy miedo, ¿verdad, Marianne? No tenía miedo, estaba aterrada. Aterrada de que la hiciera sentir como lo hacía. Era como si hubiera perdido la capacidad para respirar o para pensar. Sólo sentía deseo en su interior. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 53-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Yo, asustada? —repuso ella intentando aligerar la tensión sexual con humor—. ¿Cómo iba a tener miedo del hijo de un pastor de la iglesia? Vio cómo Oz sonreía. Sus labios se separaron dejando entrever sus blancos dientes. —Ya hemos llegado —anunció Oz parándose. Estaban en la orilla de un río. El agua era azul, pero tan oscura que casi parecía negra. Había grandes rocas de granito a ambos la dos de su cauce y brillaban con fuerza bajo la luz del sol. Había estado tan concentrada en su conversación con Oz


que ni siquiera había escuchado el sonido del agua a su lado. Los árboles que los rodeaban mostraban sus mejores colores otoñales y parecían estar en llamas en contraste con el perenne verde de los pinos un poco más lejos. Oz la dejó en el suelo, pero no apartó el brazo de sus hombros. Estaban de pie sobre una gran roca. —¿Quieres comer ya? Marianne pensó que quería muchas cosas comer no era una de ella en ese instante. Pero asintió de todas formas. La comida haría que se sintiera segura. Era una actividad menos arriesgada que tener las manos de Oz recorriendo su piel y su musculoso y duro cuerpo contra el de ella. Sabía que si simplemente comían, podría controlar la situación. Oz la ayudó a sentarse sobre la roca y se colocó a su lado. El sol había calentado el granito y era muy agradable estar allí. Él abrió la bolsa y sacó dos bocadillos envueltos en papel de plata. —Tengo uno de mantequilla de cacahuete y mermelada y otro de queso. Lo siento, pero no he tenido tiempo de hacer la compra últimamente —explicó


con gesto de disculpa. —Me quedo con el de mantequilla de cacahuete —repuso ella. Al tomar el bocadillo, sus dedos se rozaron y su cuerpo se estremeció ante el contacto. Los colores que los rodeaban eran tan brillantes que se sentía como si fuera una princesa metida en un cuento de hadas y acabara de despertar a la vida en ese instante. Oz la sostenía con una mano. No había nada sexual en el gesto y, sin embargo, ella podía notar en su cuerpo que estaba controlándose. —¿Cómo llamaría un psicólogo lo que acabas de hacer, cambiar de tema de manera tan radical? —le dijo ella mientras abría el bocadillo—. Has pasado del sexo a la mantequilla de cacahuete. —Seguro que alguno al que le guste leer las mentes de una manera literal podría interpretarlo y asumir que tengo alguna rara perversión —repuso él—. Pero lo cierto es que sólo estoy intentando encontrar algo que me distraiga. Suspiró y elevó la mirada para contemplar el cielo azul y despejado. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 54-138 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Esto no tiene sentido para mí —añadió Oz—. La lujuria puramente física no puede ser tan fuerte como lo que siento. Si lo fuera, podría haber reaccionado como lo hago ahora a otras mujeres, pero no me ha ocurrido, nunca he deseado a nadie con tanta intensidad. Tú eres distinta —le dijo mirándola fijamente a los ojos—. ¿Por qué eres distinta, Marianne? —No lo sé. Pero sí lo sabía. Siempre había sido distinta. Había crecido siendo la hija de la familia más rica del condado. Había tenido criados en casa, había sido guapa y vestido las mejores ropas. Al crecer, supo que otros niños se habían sentido intimidados por su apellido y su posición social. Además de por el hecho de que siempre sacaba sobresalientes y de que podía mantener conversaciones con adultos de forma natural. Había entendido que se sintieran así, pero eso no había hecho que dejara de dolerle. Warren había sido su único amigo, el único con el que se había sentido bien. Pero había estado demasiado ocupada como para poder pasar mucho tiempo con él. Algún tiempo después, Warren se fue de Webb para buscarse la vida en otro sitio. Había tenido citas con chicos y había sido la reina del festival del algodón de su


localidad. Sólo había salido con los que sus padres consideraban apropiados y nunca había dejado que pasaran de los besos en un coche. No perdió la virginidad hasta que cumplió los veinte y estuvo en la Universidad de Duke, lejos de casa. Después se comprometió con Jason, el segundo hombre con el que se había acostado en sus veinticinco años de vida. Sabía que era distinta. Suponía que era casi rara. Tomó un bocado del bocadillo, lo mordió enfadada y tragó. Al menos ya podía comer sin sentirse mal. Ya no era rara también por culpa de sus hábitos alimenticios. —Creo que hay una razón —dijo Oz—. Creo que si llego a conocerte, entenderé por qué me siento como lo hago —añadió él probando también su bocadillo —. ¿Vas a hablarme de tu pasado, Marianne? Hablaba como si lo que estaba diciendo fuera algo meramente intrascendental, como el tiempo o el fútbol, pero ella sentía que estaba poniéndola a prueba. El corazón le latía con tal fuerza que sentía que se le iba a salir del pecho. Oz aún la sujetaba por los hombros. Su mano jugaba con algunos mechones de su pelo que se habían escapado de la cola de caballo. Hasta ese ligero gesto era


excitante. Pensó en lo sincero que estaba siendo él al confesarle cuánto la deseaba. Recordó sus palabras. «Quiero arrancarte toda la ropa ahora mismo, en medio de un merendero público y a plena luz del día, y hacer el amor contigo». Creía que la entendería si le hablaba de su pasado, pero no volvería a mirarla del mismo modo. No la vería como una mujer misteriosa y excitante sino como a una mujer con problemas. Un caso clínico. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 55-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué es lo que quieres saber? ¿Por qué me echaron del grupo de exploradoras? Creo que es usted un pervertido, doctor Strummer —repuso ella bromeando. Tomó otro bocado del emparedado para tener la boca llena y no sentir la tentación de hablar, de contarle todo su pasado. Vio cómo Oz fruncía el ceño. —Muy bien. ¿Podemos entonces hablar del presente? Debía de ser la persona más inteligente que había conocido en su vida.


Marianne sabía que Oz tenía un plan. —Muy bien, habla. Quiero ver lo listo que eres. Oz volvió a comer, quitando importancia a la conversación. A pesar de que ella sabía que estaba midiendo mucho sus palabras. —No eres camarera. Nunca lo habías hecho antes. —Estoy aprendiendo. Oz levantó las cejas. —¡Tus bebidas parecen hechas de queso! —¡Eh! No es culpa mía si no puedes reconocer un orgasmo cuando lo ves — repuso ella metiéndose en la boca el resto del bocadillo. —Muy bien. Has venido hasta esta ciudad para aprender a ser camarera. ¿Es que no tienen bares en tu pueblo? —No me gustaban. Odio la música del sur. —Has huido del sur para vivir en el estado más yanqui que has podido encontrar. En Maine todo es distinto. El acento, la política, el clima. Son opuestamente diferentes a lo que tenéis en el sur. ¿Por eso te mudaste a Portland? —Quería probar cosas nuevas. —¿Vas a quedarte en Maine? Se paró un segundo antes de responder.


—No lo sé. —No tienes planes a largo plazo. —No, no los necesito. Oz sacó una botella de agua de su bolsa. —Sólo tengo una. ¿Te importa compartirla? Ella negó con la cabeza y tomó la botella. El agua estaba deliciosa y mucho más fresca que ella. Se la pasó a Oz y esperó a que siguiera con su interrogatorio. Creía que podía soportar el tipo de preguntas que le estaba haciendo. No se avergonzaba de haberse mudado a Maine para empezar una nueva vida. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 56-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Pero, en vez de seguir preguntándole, Oz tomó la botella y bebió. Marianne no podía dejar de mirarlo. Acababa de rozar la boca de esa botella con sus labios y ahora eran los de Oz los que la rodeaban. Saboreaba el agua como la había saboreado a ella la no che anterior al besarla. El agua corría por su lengua y sus dientes y entraba en su cuerpo perfecto. Se derretía con solo mirarlo. Oz bajó la botella y se limpió la boca con el dorso de la mano. No entendía cómo podía resultarle tan sexy un gesto tan simple como aquél. De


repente se encontraba algo incómoda y calurosa sobre la roca. —Marianne, te veo comer ese bocadillo y no puedo pensar en otra cosa que no sea besarte y ver cómo sabe la mantequilla de cacahuete en tu boca —confesó él mientras se pasaba las manos por el pelo—. Supongo que tengo algún tipo de perversión por la mantequilla de cacahuete después de todo. —Y yo por las botellas de agua —admitió ella. Oz miró la botella que sostenía en su mano y sonrió. —Esta forma de comportarse no es lógica, ¿verdad? Es increíble. Es la primera vez que me siento así. Pero no puede ser real, Marianne. Las relaciones de verdad no se basan en no saber nada de la otra persona más que cuánto la deseas. Quiero compartirlo todo con una persona de la que esté seguro que no va a acabar largándose. —Nunca dije que quisiera una relación —repuso ella—. Sólo te compré para salir contigo una vez, ¿recuerdas? —Está muy claro que no quieres una relación. Has llegado hasta aquí huyendo de alguna cosa. Ella abrió la boca para protestar, pero él la interrumpió. —Puedes negarlo, pero está muy claro. Cualquiera que sepa mirar lo puede


ver. Y la gente que huye descubre después que sus problemas acaban por dar con ellos allí donde estén. Cuando eso ocurre, tienen dos opciones. Pueden seguir huyendo o volver a donde todo empezó. De un modo u otro, no vas a quedarte aquí mucho tiempo. Marianne abrió la boca atónita. Y, furiosa, se puso en pie de un salto. —Espera un segundo. Acabas de decir que no sabes nada de mí. Sólo porque tienes un doctorado en psicología, no pienses que puedes llegar aquí y predecir lo que voy a hacer. Él levantó la cabeza y la miró con seguridad. Eso la enfureció aún más. —Te has vuelto a enfadar conmigo sin razón. Creo que he dado con una verdad con la que no te sientes cómoda. Marianne formó puños con sus manos. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 57-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Con lo que no me siento cómoda es estando aquí si vas a seguir intentando


leerme la mente. Me fui de mi casa porque quería empezar una nueva vida y eso es lo que pienso hacer. Me da igual si piensas que soy capaz de ello o no. Él también se puso de pie. —¿Y cómo vas a ser una nueva persona si estás huyendo de quien eres en realidad? El corazón le latía con tanta fuerza que lo sentía en todo su cuerpo. —Para empezar, ¡voy a hacer exactamente lo que quiero por una vez en la vida! —repuso ella enfadada y sin saber muy bien lo que hacía o decía—. Voy a hacer cosas sin pensar en las consecuencias. Cosas… Cosas como ésta. Y sin más, se abalanzó sobre él, tomó su cara entre las manos y lo besó con pasión y urgencia. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 58-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 Y en cuanto estuvo entre sus brazos, Marianne se sintió de nuevo fuera de control. Cuando sus labios se tocaron, supo que lo deseaba con fuerza. Todo. Quería esconderse bajo su ropa, arrancársela y explorar cada centímetro de su dorada piel.


Quería que Oz la echara sobre la roca en ese instante, a plena luz del día. Quería abrirse a él y sentirlo hundiéndose dentro de ella. Nunca había deseado tanto a un hombre. Sabía que él había tenido razón en todo lo que le había dicho antes. No era sólo lujuria. Creía que había algo más. Aunque, fuera lo que fuese, estaba claro que también había lujuria. Enredó sus dedos en el pelo de Oz, agarrándolo con fuerza. Él la sujetaba por las caderas muy cerca de su cuerpo y le devolvió el beso con la misma intensidad. Era como si el muro que los separaba se hubiera venido abajo de repente y hubieran quedado los dos en la misma situación en la que habían estado la noche anterior. Dos extraños con una atracción irresistible entre ellos. Pero algo había cambiado, ya no eran dos completos extraños. Y eso hacía que lo que sentían fuera más fuerte aún. Deslizó las manos hasta los hombros de Oz y se separó de él. Se miraron a los ojos con la respiración entrecortada por el esfuerzo. Su mirada era brillante y clara bajo la luz del sol. Se imaginó que sus ojos estarían llenos de conmoción por lo que acababa de pasar. —Te… Te he gritado —le dijo atónita. —Ya me he dado cuenta.


—Pero yo no grito a la gente. —Supongo que ahora sí. Se quedó mirándolo y trató de recordar si habría estado alguna vez tan furiosa con alguien como lo había estado con Oz. Había estado enfadada cuando rompió con Jason, pero había sido sobre todo desdén al conocer la verdad. No se había parecido en nada a lo que acababa de sentir con Oz. Una pasión que había dado paso a otra de muy distinto calibre en cuanto sus labios entraron en contacto. Lo que había hecho iba en contra de todo lo que le habían enseñado desde pequeña. Sentía un cosquilleo incesante en su piel y le parecía poder percibir su sangre corriendo libre por las venas. Cada nuevo aliento estaba lleno de vida y color. Pensó que ésas eran las sensaciones que había ansiado experimentar, tanto como para irse de su casa. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 59-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Oz le acarició los labios con un dedo. Ella quería abrirlos y saborear la piel de Oz con la lengua, quería sentirse aún más viva. —No puedo hacer esto —le dijo Oz. Y ella no pudo evitarlo. Rodeó el dedo de Oz con los labios y saboreó su piel


salada. Sintió cómo contenía la respiración. Oz retiró la mano y ella vio que estaba frunciendo el ceño. —No quiero algo temporal —le dijo—. Por muy bien que esté. —Yo quiero seguir sintiéndome así —susurró ella. Quería seguir sintiendo. Sintiendo simplemente que estaba viva. Oz se inclinó sobre ella. Estaba tan cerca que podía sentir su aliento en la mejilla. Se le detuvo el corazón. Pero algo sonó cerca de ellos. Se quedaron helados y el sonido volvió de nuevo. —Mi teléfono —explicó Oz enderezándose. Sacó un teléfono móvil del bolsillo de su chaqueta. Lo miró. Estaba a punto de apagarlo sin contestar cuando vio la pantalla. —Lo siento, Marianne, pero tengo que atender esta llamada —dijo mientras le daba la espalda. Ella se cruzó de brazos algo irritada. Estaba claro que el teléfono era más importante que ella. —Daisy —dijo al descolgar el aparato—. ¿Qué te pasa, cariño? Marianne no pudo evitar sentir celos al oírlo. Pero tampoco le extrañaba que un


hombre tan atractivo como él tuviera a unas cuantas mujeres a su alrededor. Se acordó entonces de lo que le había dicho la noche anterior. Su hermana pequeña, la que le había puesto el sobrenombre de Oz, se llamaba Daisy. A pesar de saber que no era otra de sus conquistas, siguió sintiendo algo de envidia. Su voz sonaba muy paciente y cariñosa al hablar con su hermana. —Cálmate —le dijo—. Daisy, de verdad, todo va a ir bien. Confía en mí. Venga, deja de llorar y dime qué es lo que pasa. Intentando distraerse con algo, Marianne se agachó y comenzó a recoger los restos del almuerzo. En parte se alegraba de que el teléfono los hubiera interrumpido. De no haber sido así, sabía que se habría dejado llevar y no quería tener nada que ver con Oz, sabía que era un hombre que no le convenía. —Muy bien. Estaré allí en diez minutos como mucho. Ahora te veo —dijo Oz despidiéndose de su hermana—. Marianne, ¿te importa acompañarme a un sitio? Después te llevaré a casa. Es que mi hermana tiene una emergencia. Ella frunció el ceño sorprendida. —¿Está bien? Escaneado por Vale Black y corregido por Paris


Nº Paginas 60-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sobrevivirá. Es un poco melodramática —explicó él agachándose al lado de ella—. Marianne, lo siento —añadió Oz. —Sólo quiero que te mantengas fuera de mi cabeza, doctor Strummer — repuso ella sin querer mirarlo a los ojos. Estaban demasiado cerca y temía que la llama volviese a encenderse entre ellos. No sabía qué le asustaba más, la pasión que sentía por él o la furia que había despertado en ella. —Si sigo viéndote, no sé si voy a poder —le dijo Oz. Ella metió la botella de agua en la bolsa y se puso de pie. —Vamos a ver a tu hermana y a asegurarnos de que está bien —le dijo mientras se dirigía por el camino hacia la Harley. El viaje en motocicleta fue tan intenso como antes y Oz era igual de atractivo que siempre, pero Marianne no consiguió que aquello le acelerara el corazón como las otras veces. Había decidido esa misma mañana no tener nada con Oz. Lo había sabido en


cuanto se dio cuenta de que era médico. No sabía por qué podría molestarle que él no quisiera volver a verla. No entendía muy bien qué era lo que había cambiado entre ellos. Todo lo que habían hecho había sido comer un par de bocadillos juntos. Estaba tan ensimismada en sus propios pensamientos que se sorprendió al sentir que Oz paraba de repente la moto. Apartó los brazos de él y se sacó el casco. Estaban en el aparcamiento de un pequeño centro comercial. Se abrió de repente la puerta de una de las tiendas. —¡Oz! —gritó alguien. Marianne vio a una chica rubia corriendo hacia ellos. Caminaba como podía sobre unos tacones de aguja y llevaba puesto el vestido de novia más feo que Marianne había visto en su vida. Su hermana parecía haber estado peleando contra metros y metros cuadrados de satén blanco. Y, por su aspecto, ella había perdido la batalla. —¿Qué demonios es eso que llevas puesto? —exclamó Oz. Daisy rompió entonces a llorar. —¡Ya lo sé! —dijo entre lágrimas—. ¡Es horroroso! ¡Y no consigo que me escuchen! —añadió echándose a sus brazos. Oz le dio tiernas palmaditas en la cabeza.


—Ya, ya, todo va a salir bien —dijo mientras miraba a Marianne por encima de la cabeza de su hermana—. Ésta es mi hermana Daisy. Está preparando su boda. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 61-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya veo —repuso ella mientras asentía. Marianne no podía dejar de mirar el horroroso vestido de novia. —Tendré que suspender la boda… —dijo Daisy—. No puedo casarme vestida así. —No tendrás que suspenderla, cariño. Seguro que hay otros vestidos en la tienda. A no ser que éste se los haya comido a todos —repuso Oz. Su hermana lloró con más fuerza. Marianne se acercó a ellos y colocó una mano en el hombro de la joven. —Vamos, cariño. No es el vestido adecuado, pero podemos encontrar algo mejor —le dijo con voz dulce mientras lanzaba a su hermano una mirada asesina—. No la estás ayudando con esos comentarios, Oz. Éste levantó las manos en señal de rendición. —¿Quién eres? —preguntó Daisy levantando la cara.


—Soy Marianne y, puede que no sepa muchas cosas, pero sé cómo comprar y lo hago muy bien. Vamos a entrar de nuevo en esa tienda y quiero que me digas qué es lo que quieres —dijo mientras la tomaba por los hombros y conducía de nuevo hasta la puerta. Oz siguió a las dos mujeres con un gesto de impotencia en la cara. Segundos después, Marianne y Daisy estaban hablando sin parar y usando palabras que él no había oído en su vida. Se sentía fuera de lugar. Poco después, comenzaron a mirar todos los vestidos que había colgados en la tienda. Sacaron algunos para mirarlos mejor, otros los descartaron desde el principio. Estaban completamente absortas en su búsqueda del vestido perfecto. Se quedó mirándolas. Daisy había dejado de llorar y se limpiaba el rimel de la cara con el dorso de la mano mientras asentía a lo que le decía Marianne. Ésta sostenía la parte baja de un vestido y tocaba la seda color marfil con dedos delicados y expertos. No pudo evitar recordar cómo lo había agarrado y besado con pasión sólo unos minutos antes. —¿Eres el novio?


Aquella pregunta lo devolvió de nuevo a la realidad. Al lado de él, una mujer mayor con el pelo gris lo miraba con curiosidad. —No, es mi hermana la que se casa —repuso. —¡Ah! Bueno, me alegro de que haya venido tu novia a ayudarla porque la pobre estaba un poco agobiada y no hacía caso de mis consejos —le dijo la mujer. —Así es mi hermana —contestó Oz sin preocuparse en desmentir que Marianne fuese su novia. No lo era y sabía que nunca lo sería. —¡Oz! —exclamó Daisy llamándolo. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 62-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Se acercó a donde estaban las dos jóvenes. Pensó que a lo mejor necesitaban su ayuda. —Toma —le dijo Marianne mientras dejaba en sus brazos unos cuantos vestidos cubiertos en plástico—. Sujeta éstos mientras encontramos alguno más. Quiero que tu hermana se pruebe distintos estilos de traje para ver cuál es el que le gusta más.


Tomó los vestidos y los sujetó con solemnidad, se sentía como una percha humana. Las siguió mientras miraban el resto de los vestidos. Daisy se adelantó un poco y Marianne aprovechó el momento para mirarlo. —¿Por qué está haciendo esto ella sola? —le preguntó en voz baja—. ¿Por qué no está tu madre o una de tus hermanas con ella? —Ha discutido con ellas —le dijo—. Creen que es demasiado joven para casarse. De modo que Daisy ya no se habla con ellas. Marianne frunció el ceño. —¿Cuántos años tiene? Daisy apareció de pronto a su lado. —Me gusta bastante uno que hay aquí con mucho volumen, Marianne —dijo antes de desaparecer de nuevo. —Tiene veinte años —susurró Oz—. Acaba de cumplirlos. —¿Era animadora en el instituto? Oz asintió con la cabeza. —Eso explica muchas cosas —repuso ella acercándose un poco más a él—. Tenemos que alejarla de los vestidos con mucho volumen. Son un poco cursis. Oz asintió de nuevo. Fueron a donde estaba Daisy y la encontraron mirando un vestido que


abultaba aún más que el que se había probado. Ése era casi peor, con grandes lazos por todas partes. Oz abrió la boca e intentó pensar en algo que decir, pero Marianne se adelantó. —Cariño, es precioso, pero apuesto a que te vas a enamorar de la seda salvaje en cuanto la veas. Ven y pruébate éstos. Si no te gusta ninguno, entonces probaremos con ése, ¿de acuerdo? Le hablaba con la dulzura y encanto propios del sur. En su tono había seguridad. Tanta que su testaruda hermana acabó asintiendo y yendo contenta hacia los probadores. Él fue hasta allí al lado de Marianne. Se sentía demasiado grande y torpe para estar en una habitación llena de encajes, satenes y sedas como aquélla. Estaba fuera de lugar. —Ya habías hecho esto antes, ¿verdad? —le preguntó a Marianne. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 63-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, no es la primera vez que voy de compras. —Hablo de comprar un vestido de novia. Marianne se detuvo y descolgó otro vestido más. Supo que sólo fingía interés


en él para no tener que contestar su pregunta. —¿Crees que Daisy es demasiado joven para casarse? —le preguntó ella después de devolver el vestido a su sitio. —Aún está estudiando en la universidad. Se fue de casa de mis padres y estuvo viviendo conmigo. Después se prometió con Steve y empezó a vivir con él. No ha tenido la oportunidad de ser independiente y valerse por sí misma. —Así que crees que es demasiado joven… —Me preocupa que esté dando salida a los miedos que tiene sobre esta relación con todos estos ataques de ansiedad por culpa de la boda. —Crees que es demasiado joven, pero no le dices nada al respecto porque tienes miedo de que deje de hablarte a ti también. Llegaron entonces a los probadores. Marianne tomó los vestidos que aún sostenía él y desapareció tras las cortinas. —Pruébate primero el de seda salvaje —le dijo a Daisy una vez dentro. Después volvió a salir a su lado. Oz la tomó de la mano y llevó hasta detrás del expositor de velos para que su hermana no los oyera. —No me he enfrentado a Daisy porque ella va a hacer lo que le dé la gana por


mucho que le diga que no lo haga. Es mi hermana pequeña, casi la crié yo solo. Me moriría si la viera sufrir. Pero es lo bastante mayor como para tomar sus propias decisiones. Marianne había sido muy dulce con su hermana, pero con él, sus ojos azules brillaron con ira. Estaba claro que no le gustaba que estuviera juzgando a su hermana. Marianne se empeñaba en ocultar su pasado, pero le iba dejando pistas con cada reacción y cada gesto. —Creo que la gente tiene derecho a cometer errores, ¿no te parece? —le preguntó él. Vio cómo Marianne contenía la respiración durante un segundo. Sabía que la pregunta le era muy cercana. Pero pronto recobró la compostura. —Muy bien, supongo que puede cometer errores si quiere, pero no voy a permitir que compre uno de esos vestidos tan cursis y voluminosos. ¡Por encima de mi cadáver! Se preguntó cuál sería el error que no le habían dejado cometer a Marianne en su pasado. O qué era lo que había hecho para que ni ella fuese capaz de perdonarse y siguiera aún castigándose por ello. Se imaginó que nunca llegaría a confesarle de qué se trataba.


—¡Oz! —exclamó Daisy con entusiasmo. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 64-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Le recordó el tono que usaba cuando era pequeña y volvía orgullosa del colegio con algún premio en la mano. El tono era el mismo, pero la voz ya no era la de una niña. Volvieron a los probadores para verla. Oz se quedó helado. El vestido era de color marfil, un tono que hacía que la piel de su hermana brillara. Tenía un corpiño ajustado y bordado que dibujaba a la perfección las curvas de su hermana. La falda era ligera y elegante, proporcionaba movimiento al vestido. —¡Daisy! —dijo emocionado—. Pareces una princesa. Y también parecía una mujer hecha y derecha. Ella le sonrió, se arregló un poco la falda y se volvió para mirarse en el espejo. Parecía muy contenta. Oz se quedó allí quieto. Estaba rodeado de símbolos de inocencia y eternidad. No pudo evitar preguntarse cómo había pasado y cuándo se había convertido su hermana en una mujer adulta que ya no lo necesitaba.


—¿Qué te parece? —preguntó Marianne. —Me encanta —repuso Daisy—. No me gustó mucho cuando lo vi colgado. Pero es… —Perfecto —terminó Oz por ella. Se acercó a su hermana, la abrazó y enterró la cara en su pelo. Se acordó de cuando era sólo un bebé y olía a leche y polvos de talco. La abrazó con más fuerza aún. —¡Oz, vas a arrugar el vestido! —protestó su hermana. Él la soltó. —Es verdad, es perfecto —asintió Marianne—. Estás preciosa. ¿Quieres probarte algunos más para estar más segura? Daisy no podía dejar de mirarse en el espejo, pero se mordió el labio inferior y asintió. De mala gana, volvió a entrar en el vestidor. Miró a Marianne. Tenía un gusto excelente a la hora de elegir vestidos de novia. Eso sólo consiguió hacer que la deseara aún más. —Necesito hablar contigo a solas —dijo tomándola de la mano y llevándola hasta otro de los probadores. Era un vestidor grande, con paredes de verdad y una silla en una esquina.


Cerró la puerta tras ellos. Se dio cuenta entonces de que, aunque la habitación era grande, todo le parecía más pequeño cuando tenía a Marianne a su lado. Ella lo miraba sorprendida y supo que se sentía también incómoda por su proximidad. Se apoyó en uno de los espejos y se cruzó de brazos. Era un gesto de autoridad y ése no era el efecto que quería crear, pero temía abrazarla si no contenía sus manos de alguna manera. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 65-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tengo que explicarte algo —le dijo—. Así entenderás por qué no puedo volver a verte, a pesar de que quiero hacerlo. —Muy bien, explícate —repuso ella cruzándose también de brazos. —Soy el mayor de seis hermanos. He tenido que compartir mi habitación, juguetes y libros desde los cuatro años. También el cariño de mis padres. Ellos estaban siempre muy ocupados con el trabajo de mi padre como reverendo y todo lo que conlleva una parroquia. Y muchas veces prestaban más atención a los pobres y a


los necesitados que a sus propios hijos. Yo tuve que criar a mis hermanos. No me arrepiento de ello, porque mis hermanos son fantásticos y mis padres no tenían mala intención. Pero nunca he tenido nada que fuera sólo mío. Ni siquiera mi tiempo. Había un vestido de novia colgando en una percha justo detrás de Marianne. Recordó que acababa de ver a su hermana con un traje nupcial y se pasó las manos por el pelo. —Tenía nueve años cuando Daisy nació y fue mía desde entonces. Yo era su hermano mayor favorito. Hacía cualquier cosa por ella. Solía volver a casa desde Harvard sólo para verla actuar en las obras de colegio. Ahora es una mujer adulta y ya no tengo a nadie. Marianne seguía con los brazos cruzados y la barbilla levantada. Su gesto era desafiante, pero sus ojos la traicionaban. Eran tristes y melancólicos. —Por eso no puedo seguir viéndote —continuó Oz—. Necesito algo y a alguien más permanente, Marianne. Ella frunció los labios y levantó un poco más la barbilla. —Entiendo —dijo—. Bueno, todo eso es muy razonable. ¿Te parece bien que vaya ahora a ayudar a Daisy con el resto de los vestidos? Él se apartó de la puerta para que ella pudiera pasar a su lado sin rozarlo. Salió


del probador de manera muy digna. Oz la siguió. Daisy estaba ya lista y frente al espejo, pero aún llevaba el vestido de seda de antes. —No necesito probarme ningún otro —dijo al ver que se acercaban a ella—. Este es el que quiero. —Creo que tienes razón —repuso Marianne—. Para algo así, tienes dejar que te guíe tu corazón. O algo está bien o no lo está. A lo mejor sólo estaba imaginándoselo. Pero le pareció que Marianne no hablaba exclusivamente para su hermana, sino también para que la escuchara él. —¿Me vas a ayudar a elegir el velo, los zapatos y el resto de las cosas? —le preguntó Daisy—. Sé que acabo de conocerte, pero tienes muy buen gusto y parece que sabes perfectamente lo que necesito y quiero. Marianne miró el reloj. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 66-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bueno, necesito que Oz me lleve al trabajo, pero me encantaría ayudarte. ¿Qué te parece la semana que viene? —dijo mientras miraba también a Oz—. Creo


que puedo conseguir quedarme aquí al menos durante ese tiempo… Era lo peor que le podía pasar. La mujer que deseaba, pero que no podía tener, estaba trabando amistad con su hermana. Claro que él ya no veía muy a menudo a Daisy. Ahora llevaban vidas separadas. No había razón para que sus caminos volvieran a cruzarse. Decidió que la llevaría de vuelta al bar, sufriendo durante una última vez la exquisita tortura de tener sus piernas alrededor en la moto. Después, no tendría que volver a verla. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 67-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 —Entonces, ¿de qué va todo esto? —le preguntó Jack caminando a su lado —. Hace siglos que no salimos entre semana. ¿Vamos a algún sitio especial? —Vamos a un bar —repuso Oz. «Seguro que ahora se mete conmigo por trabajar demasiado», pensó. —¿A un bar? ¿A las once de la noche de un miércoles? ¡Espera un momento! ¿A qué hora tienes que levantarte mañana? —Tengo un paciente a las ocho. Me levantaré a las seis y haré algo de ejercicio.


—¡Eres un juerguista! ¿Vas a contarme por qué vamos a desperdiciar tus valiosas horas de trabajo en un bar? Oz siguió andando en silencio durante un rato antes de contestarle. —He conocido a alguien. Jack se detuvo de golpe. —Que has… ¡Oz, eso es genial! ¿A quién has conocido? ¿Y dónde? Espera un segundo… Fue gracias a la Harley, ¿verdad? —Sí. —¡Lo sabía! —exclamó su amigo entusiasmado mientras le daba una palmada en la espalda—. Y me llevas a ese bar para que la conozca porque estás loco por ella, ¿verdad? —Bueno… La verdad es que no dejo de pensar en ella. Y se quedaba corto. Pensaba en Marianne, soñaba con ella, saboreaba cada recuerdo que tenía de ella. No había hecho otra cosa durante la última semana y media. Había devuelto la moto a Nick, el hermano de Kitty, y había vuelto después a su vida normal. Intentó olvidarse de ella porque sabía que no era lo que necesitaba.


Se distrajo con sus pacientes, sus clases en la universidad y largas horas en las máquinas del gimnasio para poder acabar con el sentimiento que lo quemaba desde dentro. Intentaba volver a su vida normal. Pero ya no se acordaba de cómo era su vida sin ella. —No me gustaría tener que decirte que ya te lo dije, pero… —dijo Jack sin perder su energía—. No, espera un momento, de hecho estoy deseando hacerlo. ¡Te lo dije! Por fin, después de tantos años, Jack Taylor tiene razón en algo y Oz Strummer no tiene ni idea. Sabía que cuando encontraras a una mujer ibas a que darte como si te hubiera alcanzado un rayo y que no tendrías ni idea de qué hacer. Ya te avisé el día de mi boda. Bueno, estás de suerte, doctor Strummer, porque desde que conocí a Kitty soy todo un experto en temas de amor. Oz no pudo evitar reírse. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 68-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Está Kitty de acuerdo con esa afirmación? —Dice que soy un aficionado con talento, pero que mejoro cada día —repuso Jack—. Bueno, entonces, te has enamorado a primera vista.


—Ya te lo he dicho otras veces, no creo en el amor a primera vista. El amor es algo que crece del mutuo respeto y entendimiento. Jack fue entonces el que se rió. —Claro, claro. Y por eso estás tan preocupado e inquieto por culpa de las otras mujeres a las que entiendes y respetas. Llegaron a la calle donde estaba el bar de Marianne. Recordó la última vez que había estado allí. Sobre la Harley y con las piernas de Marianne a su alrededor. Sólo pensar en ello hizo que se estremeciera y una ola de calor y deseo se concentrara en su entrepierna. Creía que era una obsesión, algún tipo de conducta obsesiva, y la culpa de todo la tenía su libido. Pensó que debería empezar a darse duchas de agua fría de manera habitual. —Es más que preocupado e inquieto —le confesó a su amigo—. Mi cerebro le ha perdido la batalla a los genitales, ellos son los que gobiernan ahora mismo mi cuerpo. —Eso es genial. —No, no tiene nada de bueno. Estoy hecho un desastre. Jack asintió con comprensión.


—La cosa no va bien, ¿eh? ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Intentaste analizarla, le dijiste lo que estaba pensando? Oz frunció el ceño. —Sólo intentaba comprenderla mejor. —¿Y qué hizo ella? —Se puso furiosa. Y después me besó. Jack echó la cabeza hacia atrás y rió con ganas. —Suena fenomenal. Me muero de ganas de conocerla. —Bueno, estás a punto de hacerlo —le dijo. Estaban frente a la puerta de cristal del bar. Sobre ella brillaba el neón azul y rosa. El corazón de Oz comenzó a latirle con fuerza en el pecho. Tenía muchas ganas de volver a verla. Pero también tenía miedo porque algo había cambiado en su vida desde que la conociera. «Los cambios dan miedo», se repitió como un mantra. Siempre le decía eso a sus pacientes para tranquilizarlos y hacerles ver que lo que estaban sintiendo era algo normal. Siempre había entendido ese concepto de una Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 69-138 https://www.facebook.com/novelasgratis


manera racional, pero nunca lo había sufrido en sus propias carnes. Ahora ya no lo comprendía. Se convenció de que sólo iba a entrar allí para verla. A lo mejor incluso llegaba a hablarle. Puso una mano en el pomo para abrir la puerta, pero no lo hizo. —¿A qué esperas? Miró a Jack, pero siguió sin abrir la puerta. —Seguro que no me gusta tanto como creo. Lo más seguro es que haya estado pensando en ella demasiado y que me haya acabado por hacer una idea equivocada de cómo es en realidad. ¿Te he hablado de la teoría de Lacan sobre la imposibilidad del deseo? Jack sacudió la cabeza. —¡Dios mío! Estás peor aún de lo que pensaba. Venga, tengo sed. Oz respiró profundamente y abrió la puerta. —Lo más seguro es que ni siquiera esté aquí —dijo. Pero se detuvo antes de terminar la frase. Ella estaba tras la barra. Ni siquiera tuvo que mirar a su alrededor para dar con ella de inmediato. Era como un imán para sus ojos, a pesar de encontrarse al lado opuesto del bar. Su brillante y oscuro pelo rodeaba suelto su cara. Podía


distinguir su piel clara y pura y una sonrisa maravillosa. Pero no le sonreía a él. Ni siquiera lo había visto. Estaba limpiando la superficie de la barra con un paño y hablando con alguien a su lado. Desde allí, Oz casi podía distinguir el suave acento sureño de su voz. Era como miel que nublaba sus sentidos. Podía sentir la suave piel de la mejilla de Marianne bajo sus labios y la curva de sus caderas en sus manos. Podía aspirar desde allí su femenino y dulce aroma. —¿Cuál es? —le preguntó Jack a su lado. Su pregunta lo devolvió a la tierra. La música estaba muy alta. Estaban al otro lado del bar. Sabía que no era posible que hubiera oído su voz, sentido su piel u olido su aroma. —¿Es que hay más de una mujer en el bar? —murmuró. Se dio cuenta entonces de que Marianne estaba sonriendo a un hombre que había a su lado. Era alto, moreno, esbelto y atractivo. El estómago le dio un vuelco. Estaba celoso. —Es la morena que está hablando con Warren, ¿verdad? Oz miró de nuevo y suspiró aliviado. Jack formaba parte de un grupo de jóvenes emprendedores de la zona. De eso conocía a Warren, Oz se había ido de copas con ellos alguna vez y también habían jugado juntos al fútbol. Sabía que Warren era homosexual.


También recordó entonces que era del sur, como Marianne. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 70-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Los dos son de Carolina del Sur —le dijo a Jack—. Seguro que se conocían de antes. —¡Genial! —repuso Jack—. Si quieres saber algo de ella, no tienes más que preguntárselo a Warren, Es un tipo estupendo. Y un gran admirador de Marlon Brando. Pensó que Warren podía ayudarlo a comprenderla. Y si lo conseguía, podría encontrar la manera de que se quedara allí a vivir. Marianne levantó la vista en ese instante y lo vio. Se le paró el corazón. No podía respirar. Vio cómo su sonrisa flaqueaba y desaparecía durante unos segundos, después volvió a sonreír con dulzura y un par de hoyuelos se formaron en sus mejillas. Creía que era la criatura más bella que había visto en su vida. —No puedo pedirle a Warren que me hable de ella —dijo sin ser muy consciente de que hablaba en voz alta—. Sería como traicionarla.


Jack silbó. —En serio, estás peor de lo que me imaginaba. Oz se encaminó hacia la barra. El resto de la gente y la música desaparecieron de nuevo. Sólo podía ver sus ojos azules, sus son rosados labios, su esbelto cuello y el resto de su fabuloso cuerpo. —Hola —le dijo cuando llegó a su lado. Después, respiró por fin. Sentía como si su aroma fuera el oxígeno que necesitaba para vivir. Y llevaba diez días sin tenerlo. —Oz —repuso ella. Le gustó tanto cómo dijo su nombre que sólo le faltó gemir de placer. Se miraron a los ojos durante un instante. —Pensé que habías decidido no volver a verme. —Eso pensaba yo también. —Bueno, como ves, aún no me he ido a ninguna parte —respondió ella burlona. Su sonrisa y el modo en el que ladeaba la cabeza añadía sarcasmo a su comentario. Llevaba unos vaqueros de cintura baja y un pequeño top que se ajustaba a la perfección a sus curvas, acabando justo encima de su ombligo. Ver su estómago al


aire era más de lo que podía soportar. Quería abalanzarse sobre la barra, tomarla entre sus brazos y besarla contra la estantería de las botellas hasta que los dos se quedasen sin respiración. Ella carraspeó antes de hablar. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 71-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué puedo hacer por ti, Oz? —Creo que no debería contestar a esa pregunta en un lugar público. Marianne sonrió aún más intensamente. —Bueno, quizá eso lo hace más excitante. Oz abrió la boca para responder, pero Jack apareció entonces a su lado. —Hola, Marianne —se presentó mientras extendía la mano sobre la barra—. Soy Jack, amigo de Oz. Hace mucho, mucho tiempo que quería conocerte. Marianne cruzó los brazos sobre el pecho y miró la mano que le ofrecía Jack. —Jack —dijo con voz fría y dulce—. Encantada de conocerte. Supongo que te preguntas si Oz te debe una cerveza o no. Jack la miró atónito. Después miró a Oz y de nuevo a ella. Fue entonces cuando sonrió.


—Viste mi nota en el paquete de preservativos, ¿verdad? Ésa en la que ponía que Oz me debería una cerveza por cada uno que usara, ¿no? —Sí. La vi. Y será mejor que saques tu propia billetera si quieres beber en este bar —repuso ella mientras le daba la mano con coqueta timidez. Después tomó dos vasos y fue hasta el grifo de cerveza. Jack asintió. —Me gusta. Es bonita, inteligente y respondona. —Me alegra que lo apruebes. —¿Por qué no has conseguido acostarte con ella? ¿Es que no le gustas? —Sí que me gusta —repuso ella llegando en ese instante—. Y eso es todo lo que necesitas saber. El resto no es asunto tuyo —añadió mientras le guiñaba un ojo a Oz. Sintió cómo se le revolucionaba la sangre en las venas, sobre todo en la entrepierna. —Lo siento —se disculpó—. Mi amigo está obsesionado con el sexo. Sigo aconsejándole que haga terapia, pero… —Mi mujer se sentiría muy decepcionada si me curara —interrumpió rápidamente Jack. Los dos vasos de cerveza eran perfectos. Sólo tenían un centímetro de espuma


en la parte superior. —¡Eh! Has aprendido a tirar cerveza de grifo —dijo Oz sorprendido. —Y muchas otras cosas —repuso ella con picardía—. ¿Te gustaría probar uno de mis mejorados Superorgasmos? Jack le dio un codazo a su amigo. —¿Te he dicho ya que esta mujer es perfecta para ti? Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 72-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Perdónanos un segundo —dijo Oz llevando a Jack hasta una mesa de la esquina—. Jack, déjalo ya —le dijo en cuanto estuvieron lejos de Marianne —. No está interesada en ningún tipo de compromiso. Vas a conseguir asustarla. —No creo que sea fácil asustar a esa mujer —repuso Jack sentándose a la mesa y probando la cerveza—. He visto las chispas entre vosotros desde el momento en que la viste. Era como si estuvierais solos los dos en el universo. Oz se detuvo con el vaso a medio camino de su boca. Así había él descrito lo que Jack y Kitty tenían, como un universo para sólo dos personas. Dejó el vaso sobre la mesa.


—¿Por qué te sorprendió que supiera servir cervezas? —Hace diez días era la camarera más incompetente que he visto en mi vida — dijo mientras buscaba a Marianne con la mirada. Ella llevaba en ese instante una bandeja con bebidas a una mesa de hombres cerca de la de ellos. Se dio cuenta entonces de que llevaba un par de zapatos rojos y de tacón alto. Dejaban los dedos al descubierto, que también estaban pintados de rojo. Contoneaba las caderas al andar, pero sostenía la bandeja con destreza, sin que se moviera nada. Colocó las bebidas sobre la mesa. Vio cómo la miraban todos los hombres de la mesa. Se imaginó la vista que tenían de su estrecho top desde donde estaban. Apretó el vaso de cerveza con fuerza. —Eh, guapa —le dijo uno de los hombres—. ¿Qué haces después del trabajo? —Estoy ocupada, gracias —repuso ella. —Dame una oportunidad. Puedo hacer que te lo pases muy bien —dijo mirándola con lascivia—. Tengo dedos mágicos —añadió mientras hacía un obsceno gesto con la mano. Oz se echó hacia delante en la silla, estaba listo para ir hacia allí. Marianne se sonrojó de inmediato.


—No, gracias —dijo volviéndose. —Venga, chica sexy. Si te veo desnuda, podré morir feliz. Oz se puso en pie y fue hacia la mesa. Pero Marianne ya se había girado y miraba al hombre con el ceño fruncido. —Sí, pero sí yo te veo desnudo, me moriré de risa —le dijo. El resto de los hombres se rió y Oz observó a Marianne acercándose a la barra con una sonrisa triunfante. —Bueno, parece que ya no es una camarera incompetente. —No —repuso Oz sentándose de nuevo en la silla—. Es muy buena. Jack se acercó a su amigo. —Lo que no entiendo es por qué no estáis juntos. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 73-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya te lo he dicho. No le interesa comprometerse en nada. —No saques conclusiones tan rápidamente, amigo. ¿Cómo vas a conseguir que se comprometa a nada contigo si estás tan preocupado con ello que no le das la oportunidad de conocerte mejor?


—Tienes razón —dijo Oz—. Pero no se trata sólo de eso. Tiene algunos problemas. —Bueno, eso no debería molestarte. Te gusta la gente con problemas. Fíjate que has sido mi amigo durante catorce años. —Marianne es distinta. Lleva mucho tiempo controlando su ira. Y no sé por qué, pero creo que también ha estado reprimiendo su sexualidad. Jack miró a su amigo, después a Marianne y de nuevo a Oz. —Si hablas así es porque eres tú el que está reprimiéndose. Esa chica es preciosa y está claro que os atraéis mucho. ¿Por qué te mantienes alejado de ella? ¿Es por culpa de todas esas locas teorías de Lacón sobre la imposibilidad del deseo? —Es Lacan, no Lacón. Pero se dio cuenta de pronto de la razón por la que había llevado a su amigo al bar. Jack había sido siempre el que lo había con vencido para hacer las mayores locuras. Lo apreciaba mucho como persona, por supuesto, pero creía que no era una casualidad que su mejor amigo fuera alguien enérgico y desenfadado como Jack. Igual que él había elegido como amigo a alguien responsable e intelectual como Oz.


Cuando había querido hacer algo divertido y loco, siempre había podido echarle la culpa a Jack. Y cuando éste hacía lo correcto, culpaba a Oz por haberlo sermoneado. Pero Jack siempre había tenido un lado sensato, lo descubrió cuando se enamoró de Kitty. Y Oz también tenía un lado más salvaje. Esa noche, Oz estaba haciendo lo de siempre, confiando en que su amigo Jack lo convenciera para que hiciera lo que quería hacer de todas formas. Se sintió algo tonto de repente. —Sabía que ibas a decir eso —le dijo a Jack—. ¿Por qué necesitaba que me lo dijeras en vez de confiar en mis propias emociones? Jack se encogió de hombros. —Supongo que es una especie de maldición. Te pasas la vida interpretando lo que quieren los demás y ya no confías ni en ti cuando sabes que tienes razón —le dijo mientras miraba el reloj—. Vaya. Oz, voy a tener que irme. Proyectamos dentro de un rato Cowboy de medianoche en el Delphi. Oz miró a su amigo. —¿Quién me iba a decir hace unos años que ibas a ser este hombre de negocios responsable capaz de dar consejos sobre relaciones y amor?


—Todos cambiamos, Oz. A lo mejor ha llegado ahora tu turno. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 74-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Jack se fue y Oz se acercó de nuevo a la barra. Marianne se acercó a él en cuanto lo vio. Tenía la cara colorada. —¿Has visto? —le dijo—. ¿Has visto cómo he puesto a ese idiota en su sitio? ¡Soy la mejor! —exclamó entusiasmada. Levantó las manos en señal de victoria y comenzó a moverse al ritmo de la música. —¡Eso es, guapo! —dijo cantando—. Soy la mejor y puedo bailar una canción de Metallica. Oz no pudo evitar reír. Se inclinó sobre la barra, tomó su mano y la hizo girar varias veces. Después se soltaron y ella siguió girando hasta que los tacones la hicieron tropezar. Intentó sujetarla a tiempo, pero Warren llego antes. —Doctor Oz —saludó Warren también con acento sureño—. Espero que trates bien a mi prima después de los tres mil dólares que pagó por ti. —¿Tu prima? —repitió Oz atónito.


Vio cómo Marianne fulminaba a Warren con la mirada. Ahora ya sabía que él era familia y que probablemente sabía algo de Marianne que ella no quería que supiera. Eso le daba más razones aún para no hablar con Warren sobre ella. —La trataré bien. Marianne se separó de su primo y se apoyó en la barra. El gesto hizo que se le aplastara el pecho contra la madera. Oz tenía una buena perspectiva de su escote, pero prefería concentrarse en su cara El brillo de sus ojos y de su sonrisa lo tenían poco menos que hipnotizado. —¿Qué te apetece? —Lo que quieras darme —repuso él sin apartar la mirada. Sintió que estaba haciéndole una promesa, como cuando le había dicho a Warren que la trataría bien. —¿Qué te parece, doctor Strummer? —repuso ella con picardía—. ¿Le apetece divertirse con la nueva chica mala de Portland? ¿Que si le apetecía? Era mucho más que eso. Sintió su miembro endurecerse ante la mera sugerencia de Marianne. A lo mejor había estado reprimiendo su sexualidad en el pasado, pero la nueva Marianne era una auténtica seductora. El tipo de mujer capaz de subirse a la barra de un bar y pagar tres mil dólares


por un hombre. Y lo cierto era que le gustaba mucho ese lado pícaro de ella, sobre todo porque sabía que detrás de esa seguridad había una mujer tierna y vulnerable. —¿Qué puedes ofrecerme? —le preguntó. Marianne inclinó la cabeza a un lado y pensó durante unos segundos. —Cerramos el bar dentro de quince minutos. ¿Podrías quedarte un rato más? Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 75-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Era una noche entre semana. El viejo Oz no lo habría hecho, pero ya no necesitaba a Jack para animarlo, podía hacer lo que quisiera, sin excusas. —Sí. Ella se acercó hasta estar a sólo dos centímetros de su cara. —¿Te apetece echar una partida de strip póquer? Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 76-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 El bar estaba cerrado y completamente vacío excepto por ellos dos. Casi todas


las luces estaban apagadas y de la gramola llegaba música soul. —Estoy listo si tú lo estás —le dijo Oz. Estaba guapísimo. Había dejado la chaqueta de cuero sobre el respaldo de la silla y llevaba una camisa azul que acentuaba sus anchos hombros y unos pantalones de pana marrón que resaltaban los músculos de sus muslos. Se había pasado las manos por el pelo tantas veces desde que entrara en el bar que lo tenía casi de punta. Ella, con sus nuevos zapatos rojos, estaba lista para comenzar a jugar con el hombre más atractivo del mundo. Fue entonces cuando recordó que sólo había jugado una vez en su vida al póquer. Siguió barajando las cartas con indecisión. —¿Se te da bien jugar al póquer? —le preguntó algo preocupada. Él sonrió. Una sonrisa devastadora y de lo más sexy. —Lo suficiente como para poder verte en ropa interior después de sólo dos manos. «¡Dios mío!», pensó ella alarmada. Continuó jugando con las cartas. No sabía si quería distraerlo o si sólo intentaba ganar algo de tiempo. No le venía mal tener las manos ocupadas. De otro


modo, podía echarse sobre él y quitarle la ropa sin tener que jugar a las cartas. —Pareces muy seguro de ti mismo. No me gustaría darte una paliza jugando a algo a lo que crees ser tan bueno. ¿Por qué no escogemos un juego distinto? Él le sonrió más aún. —No sabes jugar al póquer, ¿verdad? No podía creer que le hubiera leído el pensamiento. —¿A qué preferirías jugar? Pensó durante un instante. No recordaba juegos de cartas a los que supiera jugar. Durante su infancia, no había tenido demasiado tiempo libre como para dedicarlo a ese tipo de actividades. Solía observar a su abuela cuando invitaba a sus amigas a casa para jugar a la canasta, pero no le atraía la idea de repetir un juego de ancianitas tomando el té en ese contexto, no parecía adecuado cuando estaba en un bar a medianoche con el hombre más sexy del mundo. Entonces recordó algunas tardes de su infancia con Warren. Habían construido una cabaña con cojines y mantas en casa de su primo y solían jugar a las cartas, intercambiar historias de miedo y comer galletas de chocolate allí dentro. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 77-138


https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué te parece si jugamos al burro? Oz se mordió el labio. Estaba claro que estaba intentando no reírse. —Strip burro, ¿no? —dijo él con seriedad—. Supongo que un juego así haría que ninguno de los dos saliéramos con ventaja. Marianne se sentó a la mesa y repartió las cartas. —¿Por qué no me recuerdas las reglas de este juego? —le preguntó Oz—. ¿Cuándo tenemos que empezar a quitarnos la ropa? —Tienes que conseguir cuatro cartas del mismo palo —le explicó ella—. Si necesitas una carta, tendrás que pedírmela. Si no la tengo, has de tomarla de la baraja. —Y entonces me quito una prenda. —Veo que aprendes muy deprisa —repuso ella dejando el montón de cartas sobre la mesa. Le temblaban las manos y tenía las palmas algo húmedas. «No hay por qué estar nerviosa. Esto es genial. Estoy haciendo lo que me prometí que haría. Y me estoy divirtiendo», se recordó para tranquilizarse. Se estaba divirtiendo tanto como cual quiera que intentaba ser quien no era. —Muy bien. Yo he repartido, así que empiezas tú. Oz miró las cartas que tenía en la mano con gran concentración.


—Vaya… Es la decisión más difícil que he tenido que tomar en todo el día. ¿Tienes alguna reina? —¡Burro! —repuso ella. Él no se movió. Siguió simplemente mirándola. —¿No vas a tomar una carta del montón? —¿Qué quieres que sea lo primero que me quite? «Todo», pensó ella. —¿Tus zapatos? No entendía nada. Sólo media hora antes había sido una estupenda chica mala. Había estado sirviendo copas como una profesional, había sido contestona con los clientes e incluso había sugerido al hombre más sexy del bar que se quedara con ella después para jugar al strip póquer. Pero todo había cambiado y no se le había ocurrido otra cosa que sugerirle que se quitara los zapatos. —Y los calcetines —añadió con confianza. Oz sonrió y se agachó. Lo miró mientras soltaba los cordones de sus botas de cuero y se las quitaba. Después hizo lo propio con los calcetines. Sus pies eran bonitos, igual que sus manos, tenían definición y parecían fuertes. Y grandes.


Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 78-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Es verdad lo que dicen sobre los hombres con los pies grandes? Oz la miró y sonrió. —Tendrás que decir «burro» unas cuantas veces más para averiguarlo. —Ésa es la idea —repuso ella con ligereza y algo más animada—. ¿Tienes algún diez? Él negó con la cabeza. —¡Burro! —le dijo—. Y quítate esos bonitos zapatos de tacón, por favor. Decidió que tenía que ser seductora. Así que se puso de pie, fue hacia él y, apoyándose en la mesa para no caerse, puso uno de sus zapatos en las manos de Oz. Su pie parecía muy pequeño en sus manos. Él sujetó con una mano el tobillo y le quitó el zapato con delicadeza. Pero siguió sosteniendo el pie. Acarició el empeine con su pulgar y lo deslizó hasta los dedos. Ella sintió un cosquilleo por todo su cuerpo y tuvo que sujetarse con más fuerza a la mesa para no perder el equilibrio. Descubrió, por primera vez en su vida, que los pies eran una de las zonas más eróticas del cuerpo. Oz dejó con cuidado el pie sobre el suelo. Sentía frío el suelo de madera, pero


agradeció el frescor. Todo su cuerpo ardía. Colocó el otro pie en su mano. Marianne tenía los nudillos blancos de la fuerza con la que se asía a la mesa. Esa vez, Oz le quitó el zapato mucho más lentamente. Observó su cara, parecía muy concentrado mientras dibujaba con sus dedos cada curva de su pie, desde los tobillos hasta la punta de cada dedo. No pudo evitar preguntarse cómo sería poder sentir ese mismo tipo de caricias en el resto de su cuerpo. Pensó que si era tan exhaustivo con los pies, debía de ser una delicia ser acariciada por él. Se mordió el labio e intentó controlarse para no gemir. Él acarició la parte superior de su planta, justo por debajo de los dedos. La sensación era tan intensa y erótica que comenzó a temblarle la otra pierna. Oz levantó la vista y le sonrió. —Tienes que tomar una nueva carta —le dijo él mientras dejaba su otro pie en el suelo. Ella fue como pudo hasta la silla y se dejó caer en ella. Tomó una carta. —¡Un diez! Es justo lo que quería. ¡Bien! Me toca otro turno. —Genial. Otra oportunidad para gritar «burro» —repuso él acomodándose en la silla.


—¿Tienes algún dos? —¡Burro! —repuso él de inmediato—. Tu camiseta, por favor. —¡Ni siquiera has mirado tus cartas! —repuso ella con el corazón a mil por hora. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 79-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tengo una memoria muy buena —le dijo él sonriendo—. Por ejemplo, recuerdo a la perfección tu aspecto sin la blusa la otra noche y estoy deseando verte sin la camiseta de nuevo. Aquello hizo que se acordara de la otra noche, cuando había sido demasiado tímida como para hacer el amor con él. Pero se convenció de que todo había cambiado en esos días, ya no era la misma. No se lo pensó dos veces. Tomó la parte baja del top y se lo levantó y quitó por la cabeza, tirándolo a continuación al suelo. Su sujetador era de satén y encaje rojo. A juego con sus nuevos zapatos de tacón y el tono de sus uñas. El conjunto de ropa interior que llevaba era el más sexy que había encontrado en la tienda. Se había gastado las propinas de toda una semana en su nuevo vestuario de chica mala. Miró la cara de Oz para comprobar si había


merecido la pena la inversión. Estaba completamente quieto y la miraba con intensidad. Tenía la boca ligeramente abierta. No parecía que estuviera respirando. Una mirada tan intensa que la sentía como si fueran manos acariciando su piel. Sintió cómo se le endurecían los pezones bajó el suave satén del sujetador. Estaba claro que había merecido la pena mejorar su vestuario íntimo. —¿Es lo que ves tan bueno como lo que recordabas? —preguntó ella con la voz ronca. Oz asintió muy despacio, sin dejar de mirarla ni por un segundo. —Mejor —murmuró. Tomó sus cartas de nuevo y fingió mirarlas con interés. Intentaba parecer despreocupada, como si estuviera acostumbrada a jugar a las cartas en sujetador y enfrente de hombres. —Te toca a ti —le dijo. —¿Tienes algún as? —preguntó él con su sexy voz y sin mirar las cartas. Tenía tres, pero no estaba dispuesta a ser la única que se quitara la ropa. Además, se imaginó que las chicas malas siempre hacían trampas cuando jugaban. —¡Burro! Quítate la camisa, por favor.


Oz se desabotonó los puños. Sus muñecas eran perfectas, fuertes y estaban cubiertas de vello rubio. Lo miró mientras se sacaba la camisa de los pantalones y comenzaba a desabotonársela con mucha tranquilidad. Después, la abrió para revelar su torso. También muy despacio. Vio primero el largo triángulo que formaban su cuello, los músculos de sus hombros y sus definidas clavículas. Después descubrió sus hombros, sus pectorales y sus pequeños pezones. Dejó para el final su estómago. Era firme y muy sexy Marianne pensó que el ombligo tenía el tamaño perfecto para la punta de su lengua. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 80-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Por debajo de él, una línea de vello más oscuro llegaba hasta la cintura de los pantalones. —¿Cómo has conseguido un torso así? —preguntó con admiración. —Fui un joven bastante delgaducho. Así que me uní al equipo de remo de Harvard y conseguí ponerme en forma. Durante estos últimos días, además, he ido bastante al gimnasio. No sé por qué, pero tenía un montón de energía que necesitaba consumir de algún modo —añadió Oz con picardía. Cruzó los brazos sobre el pecho y la miró con intensidad.


—Tienes que ayudarme, Marianne, porque no consigo entenderte. Eres la mujer más sexy que he conocido en mi vida, llevas ropa interior pecaminosa y no paras de decir picardías. Pero me sugieres que echemos una partida de strip póquer y ni siquiera sabes jugar. Después te sonrojas cuando te pido que te quites la blusa. —Supongo que soy una persona complicada —repuso ella. —Ya me he dado cuenta. ¿Cómo has conseguido convertirte en una camarera tan buena? —Practicando. —Dijiste que eras la nueva chica mala de Portland. ¿También has estado practicando esa faceta? Era increíble. Sentía como si pudiera leerle el pensamiento. Era difícil concentrarse en mantener su nueva imagen de chica dura cuando no podía dejar de mirar su torso desnudo. Sus brazos también eran muy fuertes, parecían esculpidos en piedra. Vio que ya no tenía su tatuaje. Tampoco tenía demasiado vello en el torso, sólo el suficiente como para acariciarle los pezones cuando estuviera contra él. Tragó saliva para borrar esa imagen de su mente. —¿Es que no te gustan las chicas malas?


—Me gustas tú. Por eso quiero saber quién eres de verdad. Sus palabras le conmocionaron tanto que sintió cómo le quemaban los ojos. No recordaba cuándo alguien le había dicho algo así, que quería conocerla de verdad. Nadie se había preocupado nunca por conocer a la verdadera Marianne, la que se escondía bajo la imagen que solía proyectar. Aunque lo cierto era que ni ella misma tenía muy claro quién y cómo era en realidad. Tomó las cartas de nuevo y las miró con intensidad. La verdadera Marianne estaba asustada y llena de dudas. Estaba tan aterrada al ver lo que de verdad deseaba que se había quedado helada con las palabras de Oz. Le resultaba más fácil intentar ser una chica dura. Necesitaba ser valiente, segura y contestona. —¿Tienes alguna reina? —le preguntó. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 81-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Burro! —repuso él. Ella se puso de pie y se colocó frente a Oz. Muy despacio, comenzó a


desabotonarse los vaqueros. Observaba los ojos de Oz mientras lo hacía. Habían estado mirándola a la cara hasta que metió los pulgares por debajo de la cintura del pantalón y comenzó a moverse para deslizarlos por sus caderas. Entonces sus ojos se trasladaron al triángulo de satén rojo que comenzaba a asomar. Era un intelectual y un lector de mentes, pero también era un hombre. Parecía estar completamente hipnotizado con lo que veía. Se desvistió despacio. Le encantaba observarlo mientras lo hacía. Se sentía poderosa. Los vaqueros fueron bajando hasta quedar alrededor de sus tobillos. Sacó primero un pie, luego el otro, y quedó frente a Oz casi desnuda. Él se pasó la lengua por los labios. Vio cómo respiraba con dificultad. Abrió la boca y después volvió a cerrarla. —¡Vaya! El doctor Strummer está sin palabras. Seguro que es la primera vez — dijo ella burlona. Él no se movió y siguió mirándola. No dejaba de hacerlo. Marianne se sintió poderosa y valorada. —Cualquier cosa que diga te sonará a estereotipo.


—Dilo de todas formas —le pidió ella. —Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida —confesó mientras se pasaba las manos por el pelo. Ella sonrió. Todo el mundo le había dicho lo bonita que era desde el día que nació, pero nunca le había sonado tan bien como de los labios de Oz. —¿Y qué más? —No me pidas más. Apenas puedo pensar, Marianne. ¡Hasta estoy salivando! —Eso sí que no lo había oído nunca —repuso ella mientras se apartaba el pelo de la cara se inclinaba sobre la mesa para tomar una carta del montón. Lo hizo de forma deliberada. Sabía que Oz tendría así una mejor perspectiva de lo que ocultaba su sujetador. Vio cómo tragaba saliva de nuevo. Había sacado un seis de picas. Pensó que a lo mejor era su carta de la suerte. —Te toca —le dijo. Él volvió a hablar sin mirar siquiera sus cartas. —¿Tienes algún seis? Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 82-138


https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Burro! —repuso ella ignorando su pregunta. Oz se puso de pie. Ahora le tocaba a ella quedarse hipnotizada con el espectáculo. Se quitó el cinturón de cuero y desabotonó sus pantalones. Se los bajó y los tiró al suelo. Cuando él se incorporó de nuevo, Marianne dio instintivamente un paso atrás. Llevaba unos calzoncillos blancos que resaltaban su anatomía. Sus estrechas caderas, sus poderosos muslos y la erección más grande que había visto en su vida. Era larga, dura y abultada. Apuntaba hacia arriba y ligeramente hacia la izquierda. Pensó que podía escaparse en cualquier momento de la prenda. Ensanchaba la tela de los calzoncillos y vio cómo se alargaba aún más mientras la miraba. —Creo que no necesitas que te diga en qué estoy pensando —le dijo Oz. Apenas lo oyó. Estaba imaginando con mucho detalle cómo sería acercarse a él en ese instante y colocar la mano sobre su virilidad. Pensó que sentiría su cálida piel y que podría rodear su contorno con los dedos. Se preguntó cómo sería oír los gemidos de Oz mientras ella lo acariciaba.


Sabía que una chica mala lo haría sin si quiera pensárselo. Pero era algo tan descarado y desesperado que no conseguía reunir el valor para hacerlo. Sería como mostrarle que era mujer débil y que sus deseos la manejaban a voluntad. No quería empezar a hacerlo y después arrepentirse y quedarse parada a medio camino. «Sería mucho más fácil si él tomase la iniciativa. Si me agarrara y tomara la decisión por los dos», pensó. Se imaginó que ésa era la solución que necesitaba. Sólo tenía que conseguir que él fuera el que diera el primer paso. Sonrió y se acercó un poco a él. —¿Y qué es exactamente en lo que estás pensando? —le preguntó con cara inocente. —Lo mismo en lo que he estado pensando sin descanso desde que te conocí — confesó Oz—. En hacerte el amor. Y hacerlo hasta el amanecer. Lo único que cambia es que mis pensamientos son ahora mismo algo más… Más urgentes. Ella se acercó más aún. Estaba a sólo unos centímetros de su cuerpo. Podía sentir el calor de su piel, oír su entrecortado aliento e inhalar su aroma. —¿Cómo de urgente? —dio un paso más.


Sus pechos acariciaban el torso de Oz y sintió su erección contra el estómago. Era tan dura y caliente como se había imaginado. «¡Tócame!» le pidió sin palabras. Oz cerró los ojos y sus cuerpos se juntaron más, intensificando las sensaciones. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 83-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Después los abrió de nuevo y la miró. Su mirada avellana, luminosa e inteligente, parecía llena de dolor. —¿Es esto lo que quieres de verdad? —le preguntó—. ¿Quieres que nuestra primera vez sea sobre la mesa de un bar y después de jugar a las cartas? Ella frunció el ceño. —Quieres hacerlo, ¿no? —Claro que sí —repuso él. —Pues venga —lo animó ella con su sonrisa más pícara. —No has contestado mi pregunta —le dijo Oz—. ¿Es esto lo que quieres? La sonrisa desapareció de su boca. —Yo… Se quedó parada, no podía decirlo. Él esperó. Pasaron los segundos sin que nadie hablara.


No podía decirlo. Era demasiado. Todo era demasiado difícil, demasiado nuevo. —Quieres que sea yo el que tome tus decisiones, ¿verdad? —le preguntó Oz con amabilidad. Ella asintió. Oz tomó su brazo. No fue un gesto sexual, pero hizo de todas formas que le atravesara una corriente eléctrica desde la cabeza a los pies. Oz la llevó hasta su silla para que se sentara. Se arrodilló en el suelo frente a ella y tomó sus manos. —Cuando haga el amor contigo, quiero que los dos lo queramos. No quiero que suceda sólo porque me estoy dejando llevar por tu belleza. Y tampoco quiero que tú estés fingiendo ser alguien que no eres. Levantó una de sus manos y la besó con delicadeza. —Hagamos que sea especial, Marianne —le dijo—. Porque tú también lo eres. Se puso de pie y recogió sus pantalones. Ella lo observó mientras se vestía. Aún estaba muy excitado. —Eres muy honrado —le dijo ella. —Bueno, no estoy muy orgulloso ahora mismo de eso —le dijo mientras le entregaba su ropa.


Ella tomó los vaqueros y su top y él le dio un beso en la frente. —Pero acabaremos haciéndolo, Marianne —le prometió Oz—. No sé cuándo, pero ocurrirá. Cuando estés lista, yo también estaré allí. Y la espera sólo va a conseguir que sea aún más increíble. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 84-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 10 «¿Se supone que tiene que ajustarse tanto a mi trasero?», se preguntó Marianne mientras se miraba en el espejo del probador. El traje de vinilo rojo dibujaba cada curva de su cuerpo como una segunda y brillante piel. Se giró y miró la parte de delante. Lo cierto era que no le sentaba nada mal. No era algo que pudiera ponerse para ir a dar un paseo por el parque cualquier domingo, pero ella no lo quería para eso. Quería estar guapa y sexy. Además de diabólica. Durante la semana posterior a la partida de cartas, Oz había ido al bar casi todas las noches. Solía tomarse muy despacio una sola cerveza y hablar con


ella. Oz le había dicho la noche del striptease que esperaría, pero que acabarían por hacer el amor. Suponía que eso era lo que estaba haciendo todas las noches en el bar, esperando. Pero no sentía que estuviera esperando la oportunidad de acostarse con ella, simplemente charlaban como dos amigos. Hablaban sobre las nuevas crisis de Daisy, unas veces por culpa de los centros florales para el banquete, otras por las damas de honor. Conversaban sobre la música de la gramola y sobre las pequeñas cosas que tenían en común. Como sus películas favoritas, sus peores profesores y cómo los dos adoraban el olor de las naranjas. Dos días antes, Oz la había invitado a la fiesta de Halloween que su amigo Jack celebraba en el cine. Los disfraces tenían que estar relacionados con alguna película. Era una cita de verdad. Y, tal y como siempre hacía cuando tenía una cita, se había pasado horas pensando en qué ponerse. Como seguía empeñada en ser una chica mala, se había decidido por un traje de diablesa rojo. Bajó los ojos y se miró el pecho. La cremallera del frontal del traje los empujaba casi hasta su barbilla. No entendía cómo la gente podía respirar con ese disfraz. Se miró en el espejo y


ensayó nuevos gestos. Probó con una mirada sofisticada, otra sexy y una última algo satánica. Se quitó el traje y se vistió de nuevo. Salió del probador dispuesta a encontrar otro disfraz. Se imaginó que no tenía sentido querer ir de chica mala cuando lo único que le preocupaba era si iba a poder respirar dentro de aquella tortura de vinilo rojo. Miró los disfraces que tenían para alquilar sacudió la cabeza. Quería encontrar algo cómodo y de lo que no tuviera que preocuparse durante toda la noche. No entendía cómo le había resultado tan fácil encontrar el vestido perfecto para el día más importante de la hermana de Oz, y eso que entonces apenas la conocía, y le era tan complicado elegir un simple disfraz para ella. Podía ir de Marilyn Monroe, pero entonces tendría que llevar peluca y las pelucas eran incómodas. Los disfraces de Lara Croft, Catwoman eran tan estrechos Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 85-138 https://www.facebook.com/novelasgratis como el de diablesa. Y si iba de Cruella DeVil, la malvada de 101 dálmatas, tendría que llevar demasiado maquillaje. Empezaba a desesperarse. Tenía que elegir algo, cualquier cosa. No sabía por qué le preocupaba el disfraz. De todas formas, la noche de Halloween era


para vestirse de algo distinto de lo que era. No tenía que elegir algo que fuera de chica mala. Además, Oz le había dejado muy claro que no se tragaba su nueva personalidad. Cerró los ojos y movió la mano sobre las perchas. Decidió que elegiría cualquier cosa con los ojos cerrados. Siempre y cuando fuera cómodo y no un traje de gorila. Sus dedos tocaron algo de algodón. Abrió los ojos y vio que estaba sujetando un vestido de campesina. Marianne sonrió, le pareció bien. Esperó a que llegara Oz dentro del bar, al lado de la puerta. Él se había ofrecido a recogerla en el apartamento, pero Marianne no quería que fuese, todo estaba allí sucio y en mal estado. Le había dicho que se verían directamente en el cine, pero él insistió en recogerla. Todo un caballero. Ajustó un poco su disfraz. En vez de una modesta blusa se había puesto una camiseta blanca un poco más escotada y sexy. Tampoco se había puesto calcetines blancos, sino medias y zapatos rojos. Se había arreglado el pelo en dos inocentes trenzas, pero los labios los llevaba pintados de rojo.


Cuando se miró en el espejo vio que se parecía a Dorothy, la protagonista de El mago de Oz. Estaba claro que no era una chica mala, pero tampoco tenía por qué ir vestida como una monja. Se preguntó qué se habría puesto Oz. Pensó que a lo mejor volvía a vestirse de motero. Cerró los ojos recordando su aspecto aquella noche y sonrió. Se abrió la puerta del bar y apareció Oz. Llevaba vaqueros, una camisa marrón de franela, una cuerda a modo de cinturón y un viejo sombrero. Había paja saliendo de sus muñecas y tobillos. —¡Eres el Espantapájaros! —exclamó ella. —¡Eres Dorothy! —gritó él al mismo tiempo. Los dos comenzaron a reírse a la vez. —Eres una Dorothy de lo más sexy —le dijo Oz mirándola de arriba abajo. Sintió cómo se ruborizaba. —Fue el primer disfraz que me encontré. No… De repente se dio cuenta de por qué se había disfrazado como el Espantapájaros. Era por su nombre. Igual que la película de El mago de Oz. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 86-138 https://www.facebook.com/novelasgratis


—No lo elegí por tu nombre —explicó ella—. Lo que quiero decir es que cerré los ojos y elegí uno cualquiera. ¿Qué? Vas a decirme que las casualidades no existen, ¿verdad? —añadió mirándolo a los ojos. —Es una teoría muy conocida y respetada la que dice que nuestro subconsciente se expresa en cosas que no hemos elegido hacer de forma consciente —repuso él entre risas. Se imaginó que podía tener razón. Había estado pensando en Oz cuando eligió el disfraz, a pesar de haberlo hecho con los ojos cerrados. Se encogió de hombros. —Lo que tú digas, doctor. Con tal de que no se te suba a la cabeza —le dijo mientras salía por la puerta. —No te preocupes por eso. Ahí arriba sólo tengo paja —repuso él tomándole el brazo. La zona centro de Portland no era muy grande. El cine Delphi estaba bastante cerca del bar de Warren, pero nunca había estado allí. Oz abrió la pesada puerta de madera para que pasara ella y entraron de pronto en un mundo fantástico. El teatro era enorme, los techos muy altos y todo estaba cubierto de madera. El


vestíbulo estaba lleno de gente disfrazada de distintos personajes. Vio vaqueros, a King Kong y a otros héroes del cine. Todos bebían y bailaban sobre el suelo de parqué. Se les acercó una mujer. Llevaba el vestido blanco y el peinado de la princesa Leia de La guerra de las galaxias. —¡Oz! —lo saludó mientras le daba un beso en la mejilla—. Soy Kitty Taylor — añadió mirando a Marianne—. Supongo que eres Marianne. Mi marido, Jack, me ha hablado de ti. —Encantada de conocerte —le dijo ella—. Creo que fui un poco maleducada con tu marido la última vez que lo vi. —Seguro que se lo merecía —repuso Kitty—. Yo tengo que leerle la cartilla al menos una vez al día. Me alegra que hayas podido venir a la fiesta. Marianne miró de nuevo a su alrededor. —Este sitio es precioso —le dijo—. Es como meterse en un túnel del tiempo. —Tiene ochenta años de antigüedad. Fue construido en 1926 y empezó siendo un cabaret —le dijo Jack acercándose a ellos vestido como Luke Skywalker —. Kitty y yo terminamos de restaurarlo el año pasado. Me encantará explicarte después más


cosas sobre la historia de este sitio si te interesa… —¡Deja que se tome primero una copa! —lo interrumpió Kitty—. Jack puede pasarse horas hablando de este sitio —le dijo a Marianne. —Y que no se te ocurra sacar el tema de las películas —le aconsejó Oz. Jack fingió estar ofendido mientras miraba a su amigo. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 87-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué llevas puesto? El Espantapájaros no tenía cerebro y tú sí. Eso es lo que consigue meterte siempre en problemas. —¿No has oído hablar de la ironía? Jack se rió. —Vale, vale, tienes razón. Marianne, te queda muy bien el disfraz de Dorothy. —Pero el acento no es de Kansas —repuso Kitty mientras caminaban hacia el bar. —No, soy de Carolina del Sur. —¿En serio? Tienes un acento maravilloso. ¿De qué parte eres? Estuve trabajando en una firma de diseño en California con una mujer que era de Charleston.


Kitty le pareció encantadora. Le gustaba cómo discutía con Jack y sus brillantes ojos verdes. Pero no quería hablar de Webb con ella. —Soy de una ciudad al sur de Charleston. ¿Creciste tú en Maine? Kitty la miró un segundo antes de contestar y Marianne supo que había percibido que estaba intentando cambiar de tema. Pero no dijo nada, simplemente le contó cómo había vivido siempre en Portland hasta que se fue a vivir a California. —Después volví a casa para empezar mi propio negocio —le explicó mientras le servía un poco de ponche—. Pensé que iba a ser fácil. Pero fuera donde fuera en Portland, siempre terminaba por acordarme de mi pasado. Es difícil empezar de cero. Pero ha merecido la pena —añadió mientras levantaba su vaso para brindar con el de Marianne. Se dio cuenta de que los amigos de Oz eran bastante inteligentes. Kitty se había dado cuenta de que ella no quería hablar de su pasado y le estaba diciendo, sin hacerlo de forma expresa, que respetaba su decisión de intentar ser una nueva persona.


—Eso espero —repuso ella probando el ponche. —¡Prima! —exclamó Warren acercándose a ella. Llevaba su pelo negro engominado y una camiseta interior blanca. Parecía Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo. Iba con una mujer vestida de Peter Pan. —Hola, Kitty. Hola, Marianne. Quiero presentaros a Lizzie, la presidenta del centro de jóvenes de Portland. Creo que la recuerdas de la otra noche. Lizzie se acercó a Marianne y la abrazó. —Eres la persona más generosa que he conocido nunca. Gracias, muchísimas gracias por tu donación. No esperábamos conseguir tanto dinero y no sabes cuánto lo necesitamos. —Eh… De nada —repuso ella algo sorprendida por el entusiasmo de la mujer— . Me temo que mis motivos para pujar fueron más bien egoístas. Lizzie miró a Oz, que estaba con Jack tras el mostrador del bar. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 88-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Quién podría culparte? —preguntó guiñándole un ojo—. Oz Strummer es un partidazo. Y nos ha ayudado mucho con alguno de los niños más problemáticos. Yo fui su profesora en el colegio. Era muy delgado y siempre estaba serio.


Conocía las respuestas antes de que le hiciera las preguntas —le contó la mujer—. Y esta chica estaba en el curso inferior a ellos. Era muy tímida, a pesar de lo llamativo de su roja cabellera —añadió mirando a Kitty con cariño. Esta no pudo evitar reír. —¿Lo entiendes ahora, Marianne? Vaya a donde vaya, alguien me recuerda mi pasado. —Lizzie me estaba contando que, aunque recaudaron más dinero del que pensaban en la subasta, el centro sigue sufriendo para sobrevivir —les contó Warren—. Necesitan a alguien que los ayude de forma voluntaria con la recaudación de donaciones y la administración. A lo mejor alguien con experiencia en el mundo de los negocios y las ventas. Warren la miraba mientras hablaba. —Sí, eso es justo lo que necesitamos —les dijo Lizzie—. Yo tengo experiencia con niños, pero los negocios no son lo mío. Como no podemos pagar, no hay gente interesada en ayudarnos. —¿Qué te parece, Marianne? —le preguntó Warren de forma directa. Warren sabía que había hecho un máster en dirección de empresas y que había


trabajado de ejecutiva de ventas para Industrias Webb. Le había prometido que no iba a hablar de su pasado, pero no lo estaba cumpliendo. Sabía que si quería podía ser de mucha ayuda en el centro de jóvenes. Había sido buena en su trabajo en Webb. Y se imaginaba que sería aún mejor en un trabajo con tantos alicientes como ése. Le sentaría bien usar sus conocimientos y experiencia en algo más importante que conseguir que una gran empresa hiciese aún más dinero. Pero si se presentaba voluntaria, tendría que decir la verdad sobre quién era y cuáles eran sus aptitudes. —¿Por qué no habláis con empresas locales? —le sugirió a Lizzie—. Otra posibilidad sería contactar con la Cámara de Comercio de Portland. Seguro que pueden ayudaros a encontrar a gente que pueda trabajar de forma voluntaria en el centro. —Es buena idea —asintió Lizzie. Marianne evitó mirar a su primo a los ojos y se distrajo contemplando a Oz, que traía bolsas de palomitas recién hechas. —Hola, Lizzie. Hola, Warren —les dijo Oz al llegar a su lado—. Marianne, ¿quieres palomitas o prefieres bailar?


—Bailar —repuso con seguridad. No quería seguir al lado de Warren y Lizzie. Se sentía muy egoísta. Además, la idea de bailar y poder tocar a Oz le atraía mucho. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 89-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ésa es la respuesta que esperaba —dijo Oz entregándole las palomitas a Lizzie. Sobre la pista de baile, él colocó una mano en su cintura y unió la otra a la de Marianne. Olía a champú, a paja y a franela. Dejó la mano sobre su hombro y se dejó llevar por el ritmo de la música. Sentía que era egoísta y también una cobarde. Toda la gente que estaba conociendo en Maine se mostraba cordial con ella pero, aun así, no confiaba en ellos lo suficiente como para hablarles de su pasado. —Oz, ¿por qué te gusto? —le preguntó—. Y no me refiero a la parte sexual. —¿Hablar de la parte sexual que aún no hemos disfrutado? —repuso divertido con su pregunta. —Lo que quería decir es que no me refiero a la atracción física que sentimos. No te he contado nada sobre mí. No sabes quién soy. ¿Por qué crees que te gusto?


—No creo que me gustas. Sé que me gustas. —¿Por qué? Oz inclinó la cabeza y la miró con atención. —Al principio, pensé que me gustabas por que suponías un reto para mi inteligencia. Me parecía que tenías tantas contradicciones… Quería saber qué era lo que hacía que fueras así. —Y, ¿lo has adivinado ya? —La verdad es que no. Pero ya no es ese reto lo que me atrae de ti. Eres tú. Me gusta tu sentido del humor, lo vulnerable que eres, tu testarudez y tu inteligencia. Me gusta cómo te enfadas conmigo de repente y me gusta que me hagas preguntas inesperadas. —Como ésta. —Como ésta —repitió él con una sonrisa y sin dejar de bailar—. Y me gusta comprobar que te han enseñado a ser ligera como una pluma cuando bailas. Su padre había sido el que le había enseñado a bailar. Él había llevado el paso en la pista de baile y en todos los demás aspectos de su vida. Por lo menos hasta que salió de Webb. —La gente cree que nos disfrazamos para ocultar quiénes somos de verdad —le dijo Oz—. Pero yo empiezo a entender que es cuando fingimos ser otras


personas cuando revelamos cómo somos en realidad. Yo, por ejemplo, me sentí bastante estúpido vestido de motorista cuando me vi por primera vez. Pero cuando te conocí y me di cuenta de cómo me veías, supe que llevaba demasiado tiempo reprimiendo mi lado más salvaje. —Pero no eres como el Espantapájaros. Tú tienes cerebro. —No, es verdad. Soy lo opuesto. Siempre ha sido mi lado intelectual lo que me ha definido. Pensaba que eso era lo que me hacía distinto. Al final de la película, el Espantapájaros se da cuenta de que siempre ha tenido cerebro y no lo sabía. Yo he Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 90-138 https://www.facebook.com/novelasgratis sido el típico estudiante aplicado toda mi vida, Marianne. Ahora no tengo aspecto de empollón, pero así es como soy por dentro. Empiezo a darme cuenta de que tengo algo más que cerebro. —Por supuesto que hay más —repuso ella—. Y tu corazón es más grande que el del Hombre de Hojalata.


—Y tú, como Dorothy, has tenido que ir hasta muy lejos para darte cuenta de que no hay ningún sitio como el hogar. Ella lo miró atónita. —No, de verdad, elegí este disfraz por casualidad. —No, no fue una casualidad. Igual que no ha sido una casualidad que eligieras los otros disfraces que has usado en tu vida —le dijo mientras la acercaba a su cuerpo—. Espero que algún día confíes en mí lo suficiente como para hablarme de tu pasado. Hasta entonces, estoy disfrutando conociéndote a través de tus máscaras. Oz se pasó el resto de la noche bailando con ella y presentándole a sus amigos. Estuvieron mucho tiempo hablando y bromeando con Jack y Kitty. A medianoche, todos fueron a la sala de proyecciones para ver Halloween. La sala tenía paredes adornadas con guirnaldas de pan de oro, los asientos eran de terciopelo granate y un millar de estrellas plateadas refulgían en el oscuro y abovedado techo. Oz se sentó rodeando con el brazo sus hombros y la apretaba con fuerza cada vez que el asesino aparecía en pantalla y ella se sobresaltaba. Se despidieron de casi todos después de la película. Warren estaba demasiado ocupado hablando con un chico disfrazado de John Travolta. Oz y ella salieron del


cine de la mano. Afuera hacia un poco de frío. Marianne se estremeció y Oz la atrajo contra su cuerpo para darle calor. —¿Por qué no haces chocar tus zapatos rojos, Dorothy? Así podríamos volver a casa de inmediato y no pasarías frío —le dijo Oz. —No hay nada como el hogar —repuso ella repitiendo las palabras de Dorothy mientras taconeaba con los zapatos. La noche había sido tan mágica hasta el momento que no le hubiera sorprendido que un tornado hubiera aparecido en ese instante para llevarlos a Kansas. «No hay nada como el hogar», se repitió. Pero no sabía dónde estaba su hogar. No sabía si era Webb o algún otro sitio donde la gente la aceptara sin tener en cuenta su pasado ni su reputación. Eso era lo que le había pasado esa misma noche. —¿Tienes hambre? —le preguntó Oz al pasar al lado de un restaurante que abría toda la noche. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 91-138 https://www.facebook.com/novelasgratis


Los olores de la cocina llegaban hasta la acera e hicieron que le rugiera el estómago. —La verdad es que sí —repuso ella. Entraron y se sentaron a una mesa cerca de la ventana. Pidieron hamburguesas y patatas fritas. Juntaron lo que tenían suelto para poner canciones en una antigua gramola y discutieron sobre qué temas deberían elegir. Oz intentó encontrar una canción que se llamase Marianne, pero no tuvo suerte, así que eligieron otras. Mientras comía su hamburguesa, Marianne recordó todas las cosas que habían cambiado en su vida en muy poco tiempo. Antes nunca habría pedido algo como lo que estaba comiendo entonces y menos aún para comérselo en público y al lado de la ventana. Ahora usaba los dedos para comer las patatas fritas y se limpiaba con la lengua el queso que había caído en su mano. Todo eso habría sido una señal de debilidad algún tiempo atrás. Observó a Oz mientras comía. Era una delicia verlo morder su hamburguesa. Sus labios y sus dientes eran perfectos. Sentía que había viajado hasta muy lejos, pero aún no había llegado a casa. Si lo estuviera, pensaba que podría expresar lo que sentía por Oz con la


misma facilidad con la que estaba comiéndose la hamburguesa. Podría también hablar de su pasado con seguridad. —Me lo he pasado muy bien esta noche —le dijo Oz. —Yo también —contestó ella. —Aún te debo una cita de verdad. Una elegante, con cena en un sitio caro y todo eso. El tipo de cita por la que se pagan tres mil dólares. Esa cantidad de dinero le recordó que no estaba siendo lo suficientemente fuerte como para superar su pasado y trabajar como voluntaria con Lizzie. —Me basta con la fiesta, la película y una hamburguesa. Dona lo que te fueras a gastar al centro de jóvenes —le dijo. —Haré las dos cosas —repuso mientras se cubría la boca para ocultar un bostezo—. No me estoy aburriendo, de verdad. Pero esta mañana me he levantado muy pronto para estudiar el caso de un paciente. —Un día muy duro analizando pacientes y una noche muy dura analizando disfraces —dijo ella—. Kitty no bromeaba cuando me dijo esta noche que trabajas demasiado. —Sí, trabajo demasiado —confesó Oz mientras se levantaba—. Pero mis


pacientes son mi responsabilidad. No voy a huir de ellos. Hacía más frío aún que antes. Mientras caminaban hasta su apartamento, Marianne reflexionó sobre las palabras de Oz. Normalmente, cuando le decía algo con doble significado, ladeaba la cabeza a un lado y la miraba a los ojos. Pero no lo había hecho cuando le había asegurado que no huía de sus responsabilidades. Se imaginó que hablaba sólo de lo que ocurría a él. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 92-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Aun así, sus palabras le habían afectado. Ella había abandonado todas sus responsabilidades. Había dejado atrás su familia, su trabajo y su piso en Webb. Por segunda vez, deseó con fuerza que Oz fuera tal y como se lo había imaginado nada más conocerlo. Y no sólo porque su lado salvaje le proporcionaba la coartada perfecta para hacer ella también de chica mala, sino porque todo lo bueno que sabía ahora de él le recordaba todo lo malo que había en su propia vida. Oz la acompañó a través del aparcamiento del bar y hasta la puerta del apartamento. —Gracias por una noche maravillosa —le dijo él sin soltarla aún.


—Lo mismo te digo. Sentía la urgente necesidad de abrazarlo y que Oz la consolara y le hiciera sentir mejor. —Quiero darte un beso de buenas noches, pero me temo que si lo hago no me iré nunca. Ella asintió. Se puso de puntillas y lo besó en la mejilla. Aprovechó para inhalar su aroma. —Buenas noches —susurró ella. Se dio media vuelta y subió corriendo las escaleras hasta su piso. Sus brillantes zapatos rojos refulgían en medio de la oscuridad. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 93-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 11 El hielo de la coctelera de aluminio hacía que sonara como una maraca cuando la agitaba. Con destreza, Marianne quitó la tapa y colocó un colador antes de verter la mezcla en un vaso alto lleno de hielo picado. Sin mirar, tomó la botella de zumo de naranja de debajo del bar y rellenó el vaso casi hasta el borde. Después, con cuidado, colocó la botella de ron añejo boca abajo y formó una capa del licor encima de la


bebida. Colocó una cereza y un trozo de piña en el vaso. Agregó una sombrillita de papel y colocó el cóctel enfrente de Warren. Él tomó un sorbo y cerró los ojos para disfrutar mejor del sabor. —Has hecho un Zombi perfecto. Y todo en menos de un minuto. Eres una camarera profesional. Marianne miró el manual de cócteles que tenía a su lado. —De la A a la Z en tres semanas. Sólo hay que practicar para conseguirlo. Warren apoyó los codos sobre la barra. Era domingo por la tarde y había poca gente en el local. —Es más que eso. Es dedicación. Siempre has sido capaz de hacer cualquier cosa que se te metiera en la cabeza —le dijo antes de beber un poco más—. No puedo beberme todo esto a las dos de la tarde. ¿No quieres probar tu propia creación? —No, gracias. La verdad es que no me gusta el alcohol —le dijo mientras tiraba la mezcla por el fregadero y se comía los adornos de fruta. Warren no pudo evitar reír. —¿Ves? Eres buena hasta con lo que no te gusta. Debería haber saboreado más esos primeros días en los que no podías ni servir una cerveza de grifo. ¡La única vez en la vida en la que he sido mejor que tú en algo!


—¿Es que estás celoso? —Cariño, siempre he estado celoso de ti. Ponme una tónica, por favor. No podía creerse lo que estaba oyendo. Su primo siempre había sido un joven alegre y libre. Su madre era muy cariñosa y familiar y tenía una habitación llena de cosas interesantes y curiosas. —Pero tú eres mucho mejor que yo —protestó ella—. Siempre has hecho lo que has querido, sin tener que preocuparte por nada. —¿Qué dices —repuso él sacudiendo la cabeza—. Tenía muchas preocupaciones. Imagínate lo que pudo ser crecer siendo homosexual en un sitio como Webb. Sobre todo con nuestro apellido. —Pero a tu madre no le importó nunca que lo fueras. Siempre le había gustado su tía Judy. Solía soñar con que su madre se pareciese más a ella. Su tío Graham, el hermano pequeño de su padre, había muerto de joven y Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 94-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Judy y Warren habían formado una familia unida y mucho más relajada que la de


Marianne. —No, a mi madre no le importo. No. Dijo esa frase con un énfasis que ella no comprendió. Él siempre había sido él mismo, siempre auténtico, no había tenido que luchar para cumplir las expectativas de sus padres. Nunca se le ocurrió pensar que no hubiera sido feliz la mayor parte del tiempo. —Pero te fuiste de allí por que quisiste, ¿no? —le preguntó ella—. Querías ir a Nueva York, donde todo era más excitante y salvaje, según decías. —Bueno, no me quedó más remedio. Yo… Se detuvo un segundo y tomó un sorbo de la tónica. —¿Qué más da? El caso es que nunca fui como tú, Marianne. Tú encajabas en un sitio como Webb. Era como si el resto del mundo hubiera sido hecho a tu medida. Me sorprendió muchísimo que decidieras dejar lo todo y venir para acá. Ella hizo una mueca. —Siento lo de Lizzie, Warren. Lo cierto es que quiero ayudarla. Pero es que… No sé, es demasiado pronto para que la gente sepa de dónde vengo y cómo soy.


Él asintió. —Muy bien, cariño, como quieras. Piénsate lo un poco. La verdad es que no creo que nadie te juzgara. Está muy claro que eres tan popular y querida aquí como lo eras en Webb. —Es una manera muy extraña de mirar a lo que está pasando —repuso ella —. Porque lo cierto es que nunca sentí que encajara en Webb Siempre era la niña especial. Siempre distinta a los demás. Desde que vivo aquí, he tenido que trabajar y también luchar para encajar en esta sociedad. Se dio cuenta al decirlo de que estaba intentando con demasiado empeño encajar, como si fuera de verdad un trabajo. Había vivido tantas emociones nuevas desde que llegara a Portland que había habido momentos de dolor y momentos de miedo. Había estado también enfadada y contenta como nunca. Todos esos momentos habían hecho que se sintiera muy viva. Como cuando se subió encima de la barra para pujar en la subasta o como cuando observó cómo Oz la miraba mientras se quitaba los pantalones. Pero cuando se sentía feliz de verdad era en momentos como ése, cuando no tenía que fingir quién ser otra persona. Le gustaba estar con Warren porque él


lo sabía todo. También había disfrutado estando con Oz y escuchando historias sobre su familia o bailando con él la noche anterior en la fiesta. Se sentía viva cuando él le sonreía y miraba con intensidad. —Ahora me doy cuenta de que también fue duro para ti estar en Webb —le dijo Warren asintiendo con la cabeza—. Solía pensar entonces que lo tenías todo. Bueno, Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 95-138 https://www.facebook.com/novelasgratis fuera como fuera, lo cierto es que casi me alegro de no haber estado contento allí porque me hizo pensar en quién era y en qué era lo que quería. Pensé que sería feliz en Nueva York, pero después vi que me gustaba más la vida tranquila de Maine. Se abrió la puerta del bar y Warren se giró para ver quién entraba. Era un tipo delgado con el pelo de punta. Llevaba algunas bolsas en la mano. Vio a Warren y lo saludó con la mano. Marianne se dio cuenta de que era el tipo que había estado disfrazado de John Travolta la noche anterior. Su primo sonrió entusiasmado y se


puso en pie de un salto. —Bueno, tan poco es tan tranquila la vida aquí —añadió guiñándole un ojo a Marianne. Ella aclaró el vaso del Zombi y lo metió en el lavavajillas. Observó a Warren ya su amigo mientras sacaban las compras de las bolsas y las colocaban sobre una mesa. Había un gnomo de jardín, un antiguo anuncio enmarcado y algo con plumas. Estaba claro que eran algunos tesoros más para decorar el bar. Warren parecía muy feliz mientras charlaba y reía con su nuevo amigo. Estaba claro que había tenido que ir hasta Maine para encontrarse a sí mismo. Ella había hecho el mismo viaje, pero creía que no había tenido tanta suerte. Al menos de momento. Estaba claro que ser una chica mala no era lo suyo. Oz tenía razón, era sólo un papel que estaba representando y no con demasiada suerte. Le gustaban algunas cosas de ser una chica mala. Por ejemplo el poder que le hacía sentir. Pero ésa no era ella. Se secó las manos en un paño y subió a su apartamento, dejando a Warren a


solas con su amigo. Era su día libre. Sólo había bajado al bar a ensayar un último tipo de cóctel y a charlar con su primo. Además, tampoco tenía muchas otras maneras de llenar su tiempo. En cuanto supo cómo preparar las bebidas su trabajo de camarera dejó de ser un reto. Era divertido y a veces relajante. Le gustaba conocer a la gente que iba al bar, pero no era el trabajo de su vida. Entró en el piso. Miró a su alrededor. Estaba segura de que Oz podría ir a casa de alguien y descubrir cosas sobre sus personalidades sólo por el estado en el que tenían su mesa de la cocina. Intentó interpretar lo que de ella decía un apartamento en el que había vivido durante tres semanas. El suelo de linóleo estaba agrietado. Lo cubrían algunas alfombras de distintos estilos. Una de las puertas de un armario de la cocina colgaba de una bisagra medio rota. Las cortinas parecían compradas en un rastrillo y el frigorífico y el horno eran de un horroroso color verde aguacate. Una araña atravesó el suelo delante de sus pies. A juzgar por la cantidad de telarañas que había por todas partes, debía de haber una auténtica colonia de arañas en el apartamento. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 96-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Viendo el apartamento, se podía interpretar que era una amante de los setenta,


sucia y con pasión por los insectos de ocho patas. —¡Ya basta! —exclamó. No le gustaba vivir de esa manera. A lo mejor estaba bien para una chica mala, pero no para ella. Quería tener un cómodo sofá donde se pudiera sentar a charlar con sus amigas. Quería una cama que no se hundiera en el medio. No quería tener que pasarse el día matando arañas. De hecho, tampoco quería una ducha, quería una gran bañera. Deseaba más que nada darse un largo y relajante baño caliente. Quería pasar su tarde libre con alguien que le gustara. Quería estar bien y divertirse. No quería tener que fingir ser alguien que no era. Cerró la puerta tras ella y fue hasta el frigorífico. Había una tarjeta de visita colocada en la puerta con un imán. La tomó y miró el número que estaba escrito en la parte de atrás. Oz escribía de forma clara y cuidadosa. Reflejaba su personalidad, no como ese apartamento, que no reflejaba la de ella. Tomó el teléfono para llamarlo. Creía que ya era oficial, se había vuelto toco. Oz se quedó de pie frente a su casa, con las manos en los bolsillos y mirando la Harley. La que ahora era su Harley.


Su moto roja y plateada. Era todo un símbolo de libertad encima de dos ruedas. Le había costado buena parte de sus ahorros y otra buena parte de su dignidad. Había tenido que rogar de rodillas a Nick Giroux, el hermano de Kitty, para convencerlo de que le vendiera la moto. Tal y como le había dicho ella, la moto era todo el orgullo y la alegría de su hermano. Había tenido a Kitty de su parte en las negociaciones. Le dijeron que con el dinero de la venta podría comprarse otra Harley más barata y arreglarla según su gusto. Sabía que su conducta estaba siendo obsesiva, manipuladora y extravagante. Pero no había podido resistirse. En otras palabras, se había comprado una moto sólo porque le recordaba a Marianne y, en pequeña proporción, le hacía sentirse tan bien como cuando estaba con ella. Había sido demasiado responsable como para acostarse con ella, a pesar de que había estado claro que ella también lo deseaba. Y sólo porque le pareció que no era el momento ni el lugar adecuados. Así que había canalizado su obsesión en esa moto para distraerse. Aún no podía creérselo, había comprado una Harley. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 97-138


https://www.facebook.com/novelasgratis Inhaló con fuerza y le pareció que el aire olía levemente a algo metálico. Llevaba toda su vida en Maine y sabía que eso significaba que pronto iba a nevar. A pesar de que sólo era el primer día de noviembre. —Esta moto va a ser completamente inútil encima de la nieve —dijo para sí mismo. Tenía pacientes. Tenía dos trabajos. Tenía responsabilidades. Había pasado muchas noches en el bar de Warren y se había gastado mucho dinero en una moto que no iba a poder usar durante los siguientes cinco meses. Además, en vez de estar dentro de su casa preparando las clases de la universidad, se había pasado media tarde mirando la Harley Davidson. Y cada vez que la miraba se acordaba de Marianne. Se la imaginaba encima de ese asiento y con sus piernas alrededor de él. Recordó cómo la había visto en el bar, casi completamente desnuda, a excepción de dos piezas de encaje rojo que casi lo vuelven loco. Suspiró y abrió la puerta del garaje. Metió la moto dentro, al lado de su coche para que la nieve no la cubriera. No pudo evitar mirarla por última vez antes de cerrar la puerta del garaje. Entró de nuevo en la casa. Era una máquina preciosa. Preciosa, rápida, ruidosa y


completamente inútil. Algo que había comprado sólo por capricho. Sonrió. Pero cuando abrió el frigorífico para tomar una botella de agua, volvió a ver los refrescos que su hermana dejara atrás. Los sacó y dejó sobre la encimera, al lado del fregadero. Se las llevaría a su recepcionista al día siguiente. Creía que los refrescos simbolizaban la necesidad de tener a alguien en su vida, alguien a quien querer de forma incondicional, como lo que sentía por su familia. Sabía que era ilógico mantenerlos en casa y que hacían que se distrajera cada vez que los veía. Ya tenía bastante con la moto. Sonó su teléfono. Se imaginó que sería Jack, llamándolo para meterse con él por haber comprado la Harley. Cuando Jack compró el alto y fálico edificio del Delphi, él se había pasado meses tomándole el pelo y diciéndole que lo había adquirido porque llevaba un año sin relaciones sexuales. Tomó el teléfono y lo descolgó. —No estoy sufriendo una crisis y no quiero oír nada sobre mi vida sexual — dijo a modo de saludo—. La quería y ya está, ¿vale? Hubo una pausa al otro lado de la línea. —Muy bien. Me gustan los hombres que saben lo que quieren. Su voz era cálida y dulce.


—¡Marianne! —dijo mientras se pasaba las manos por el pelo—. ¿Cómo estás? —Estoy bien, pero tú pareces un poco angustiado, si no te importa que te lo diga. ¿Tienes bañera? —Sí. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 98-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Contestó automáticamente, pero estaba atónito. —¿Te importaría que la usara? —Eh… Oz se imaginó de inmediato a Marianne desnuda en su bañera, con su perfecta piel sonrojada por el calor, su pelo húmedo y la habitación oliendo a su aroma. Podía ver la espuma cubriendo casi por completo sus pechos, sus pies apoyados a un extremo de la bañera y dejando al descubierto sus esbeltos tobillos y sus pantorrillas. Tragó saliva e intentó volver a la realidad. —¿Quieres darte un baño? —Esa era la idea. Hace siglos que no disfruto de uno y necesito relajarme un poco. ¿Te importa?


No podía pensar en nada que le importara menos que tenerla metida desnuda en su bañera. «Ha dicho que quería relajarse, no que quisiera hacerlo en la bañera», se recordó. Claro que no había mejor manera de relajarse que haciendo el amor, pero prefirió no pensar más en eso. —Por supuesto que no me importa —dijo intentando hablar con normalidad —. Ven cuando quieras. —¿Dónde está tu casa? Le explicó cómo llegar mientras se preguntaba si era otro de los trucos de Marianne para seducirlo, para hacerle perder el control. —Estaré allí en media hora —le dijo ella—. Llevo mis propias sales y gel de baño, pero puede que tenga que pedirte prestada una toalla. Oz agarraba con tal fuerza el teléfono que creyó que iba a romperlo. —Muy bien, te veo dentro de un rato. Colgó el teléfono y se dejó caer en la silla más cercana. Se había prometido, y también se lo había dicho a ella, que no tendrían relaciones íntimas hasta que ella estuviese preparada. Había algo que la acechaba, seguramente algo de su pasado de lo que no podía deshacerse. Y él no quería


que su tiempo juntos estuviese manchado por la más mínima sombra de duda. Eso quería decir que Marianne se bañaría sola esa tarde. Tenía una Harley Davidson completamente inútil en su garaje y en menos de media hora la mujer más atractiva que había conocido estaría desnuda en su casa. Pero no iba a permitir que ocurriera nada entre ellos. Apoyó la frente en la fría superficie de la mesa. Si no estaba ya loco, lo estaría muy pronto. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 99-138 https://www.facebook.com/novelasgratis *** Se dio cuenta enseguida de que aquello era justo lo que necesitaba. Marianne alargó el pie para abrir el grifo del agua caliente y dejar que el baño, que ya se estaba enfriando, volviera a templarse. Toda la habitación estaba llena de vapor y del aroma de las sales de baño florales que se había comprado de camino a casa de Oz. Los dedos de sus manos y pies estaban blancos y arrugados por el tiempo que llevaba en el agua. Todo su cuerpo se sentía tranquilo y relajado. Se preguntó qué estaría haciendo Oz en ese momento.


Se había sorprendido al ver lo bonita y majestuosa que era la casa victoriana de Oz. Le había abierto la puerta cuando llegó y la condujo directamente al baño de invitados en el piso superior. Había puesto énfasis en el hecho de que era el de los «invitados». La había tratado con cortesía, pero también con algo de frialdad. Pero su voz y sus manos lo traicionaban. Ella se había puesto unos vaqueros y un jersey, nada demasiado sexy. Pero sabía cuándo un hombre la estaba devorando con los ojos. Y Oz lo había hecho con ella. No había ido allí para seducirlo, pero no pudo evitar fijarse en él. Recordó cómo se habían mirado a los ojos mientras él le abría la puerta del baño para que pasara. Suspiró y se sumergió durante un segundo en el agua. Esa mirada había sido de lo más excitante y había podido leerle los pensamientos de forma clara. Sabía que Oz era muy consciente de que estaba allí desnuda y que quería unirse a ella en el baño. —Disfruta del baño —le había dicho él con tensión en la voz—. Voy a preparar la clase de mañana. Si me necesitas, llama. Se detuvo un momento antes de irse del todo. —Quiero decir que, si necesitas algo, me llames.


—Ya te había entendido —repuso ella. Marianne se estremeció a pesar de estar en un baño de agua caliente. No pudo evitar sentir el deseo dentro de ella. Tenía claro que Oz la deseaba y mucho. Intentaba no hacer nada al respecto, pero no podía esconder sus sentimientos. Se preguntó si de verdad estaba trabajando en la planta baja. A lo mejor sólo estaba pensando, como ella, en la atracción que existía entre los dos. Sonrió. Estaba disfrutando mucho con el relajante baño en la elegante y antigua bañera de hierro. La esperaban suaves toallas y Oz, que debía de estar abajo imaginándosela desnuda. Eso era lo que quería, momentos como aquél. Era algo confortable, seguro, pero también excitante. No tenía que cumplir ninguna expectativa ni intentar agradar a nadie. Sólo tenía que disfrutar del baño y después ir abajo y ver en qué estaba pensando Oz. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 100-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Se estiró una vez más. Después, se puso de pie y salió de la bañera. Mientras se


secaba, siguió pensando en Oz. Eran sus toallas. Se preguntó si él habría secado también su cuerpo desnudo con ellas. A lo mejor había acariciado con esas toallas su torso y sus fuertes muslos. Colocó un pie sobre el borde de la bañera mientras se secaba las piernas y pensó en cómo sería acariciar las de Oz. Se imaginó arrodillada frente a él y secando sus muslos con esa misma toalla. No dejaría sin tocar ni un centímetro de su piel. Quería escuchar sus gemidos. Se preguntó a qué sabría después de un baño. La toalla cayó entre sus piernas y dejó de respirar mientras se frotaba su sensible piel. Durante unos segundos, se quedó allí de pie disfrutando de las sensaciones de sus propias caricias. Igual que el baño, esa tarde y el hombre que la esperaba abajo. Todo le daba placer sin esperar nada más. Se preguntó qué haría Oz si entrara y la viera así en ese instante. Se lo imaginó quitándole la toalla de las manos y dejándola con cuidado en el suelo. Después deslizaría sus dedos entre los suaves rizos de su feminidad, comprobando lo caliente y húmeda que estaba. Lista para él. Ella enredaría sus manos en el pelo de Oz para sujetarse. Él acariciaría su clítoris con la yema de un dedo, de manera sensual y lenta, para después


deslizarlo en su interior. Las imágenes se nublaron en su cabeza cuando comenzó a sentir cómo el mundo giraba violentamente a su alrededor. Se movió el suelo. Se movieron las paredes. Toda la habitación se movió. Su cuerpo se sacudió con fuerza. Las piernas apenas la sostenían y le faltaba el aliento. Se apoyó en la pared para no caerse al suelo y entonces se dio cuenta de lo que había pasado. Se echó a reír. Le latía el corazón con fuerza y su piel estaba sonrojada. Todo su cuerpo se sentía muy relajado y vivo. Se acababa de proporcionar un orgasmo. Por sus propios medios y casi por error. Y no había habido una razón para ello, simplemente por el puro placer de hacerlo. Sonrió mientras se vestía y cepillaba el pelo. Colgó la toalla del radiador y bajó al piso inferior para buscar a Oz. Aún le latía el corazón más deprisa de lo habitual. Cruzó canturreando el vestíbulo. Se sentía fenomenal. La casa de Oz era grande, limpia y ordenada. Y parecía muy cómoda. Las paredes eran blancas y los suelos de madera antiguos, pero bien cuidados. Llegó


hasta el salón. Los sofás eran grandes y confortables, pero algo gastados, igual que la alfombra. Nada hacía juego. La mesa de centro tenía algunos arañazos. Seguramente porque usaba el borde como abrebotellas. Las estanterías que llenaban las paredes estaban repletas de libros. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 101-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Estaba muy bien. Era más cómodo que elegante, pero le pareció una elección muy masculina. Era muy distinta a la casa, siempre perfecta y artificial, en la que había crecido ella. Siguió caminando y llegó a la cocina. De las seis sillas que rodeaban la mesa, sólo dos hacían juego. Había unas cuantas latas de refresco bajo en calorías en la encimera. No era su marca habitual, pero tenía sed y tomó una de ellas. Miró la habitación de nuevo mientras bebía. Se quedó helada. Había estado tan feliz, relajada y ensimismada mirando la casa de Oz, que no se había dado cuenta de lo que pasaba al otro lado de la ventana. Todo era blanco. Blanco puro. El viento movía miles de copos de nieve danzarines que iban cayendo al suelo.


Corrió a la ventana y miró el jardín de Oz. La nieve lo cubría con su manto inmaculado. Toda esa nieve había caído mientras se bañaba. —¡Oz! —gritó entusiasmada. Salió corriendo de la cocina con la lata en la mano y se puso a buscar el estudio de Oz. Lo encontró en la parte de atrás de la casa, después de buscar sin éxito en un comedor y otra sala en la que había aparatos de gimnasia. La puerta estaba entreabierta. Marianne la abrió y se detuvo un instante en el umbral, mirando a su alrededor. No había más que libros y papeles. Estaban por todas partes. Había diplomas por las paredes y fotografías en las estanterías. Era un auténtico caos. Oz estaba sentado en un sillón de piel negra, leía algo que tenía sobre el escritorio. Su pelo estaba tan desordenado como el resto de la habitación. —¡Oz! —gritó de nuevo. Él levantó la vista y la contempló. Lo vio mirar su cara enrojecida por el agua caliente, su pelo mojado y hasta la lata de refresco en la mano. —Eres la mujer perfecta, ¿lo sabías? —le preguntó él completamente ensimismado. —¡Está nevando! —Lo sé —repuso él sacudiendo la cabeza—. Y sólo es uno de noviembre. Es


temprano injusto para Maine. Entró sorteando libros que había por el suelo y tomó su brazo. —Venga, Oz, vamos a salir afuera —dijo tirando de él. Era tan grande que era como intentar arrastrar un coche, pero se acabó poniendo de pie por propia voluntad y salió con ella del estudio. —¿Es que nunca habías visto nieve? —Claro que sí, pero nunca tanta y tan rápido. Venga. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 102-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Eres un poco mandona, ¿no te lo habían dicho nunca? —le dijo él sin dejar de sonreír—. Espera. Llegaron al lado de la puerta de entrada y se pusieron los zapatos. Él abrió un armario y sacó su chaqueta de cuero y un abrigo que le ofreció a ella. —No sé si has aprendido esto en el sur, pero la nieve está fría. Hay guantes en los bolsillos. El abrigo le llegaba hasta las rodillas. Se puso los guantes, pero se sentía demasiado impaciente como para detenerse a abrocharse el abrigo. —Venga, venga, va a desaparecer —le dijo.


—No te preocupes, con el frío que hace, la nieve no va a irse a ninguna parte — repuso él mientras abría la puerta para que saliera ella. Bajó las escaleras de un salto y corrió por la nieve. Los copos eran como plumas blancas y brillantes cristales. —¡Vaya! —exclamó encantada. Había ya quince o veinte centímetros de nieve en el suelo. Le cubría los zapatos. Todo parecía distinto y mágico. La nieve tenía una especie de aroma propio y un sonido, una especie de murmullo que amortiguaba el resto de los sonidos. Levantó la cara hacia el cielo y recibió mil besos de hielo. Caía tan deprisa que le daba la impresión de que era ella la que se movía, ascendiendo. Oz se acercó a ella. Notó su cálida presencia. —¿Te gusta? —le preguntó él. —Brilla más que en Carolina del Sur. Es como tener millones de cristales brillantes a tu alrededor. Y huele distinto. —También hace más frío —dijo él mirando a su alrededor—. Es un temporal bastante importante. Sólo llevaban un minuto fuera de la casa, pero Oz tenía ya copos acumulándose


en su pelo y en sus pestañas. —Demos un paseo —sugirió ella agarrándose de su brazo. Caminaron hacia la calle. Todo estaba en silencio. Miró hacia atrás y vio sus pisadas. Unas pequeñas y otras grandes, unas al lado de otras. —¿Podemos hacer un gran muñeco de nieve? —le pidió ella. Pero él sacudió la cabeza. —Hace demasiado frío. La nieve no se compactaría. Pero creo que sí que podrías hacer una bola de nieve. Si te quitas los guantes, claro. Se agachó y tomó un montón de nieve entre las manos, apretándolo hasta formar una bola. Ella lo soltó y corrió riendo hacia la calle. Tomó también nieve para defenderse de su ataque. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 103-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Oz la golpeó con la bola en el hombro. Ella alzó el brazo y tiró la suya. Se desintegró antes de llegar a él. —¿Llamas a eso bola de nieve? —se burló Oz mientras formaba otra pelota. Sin dejar de reír, ella tomó más nieve. Esa vez la apretó con más fuerza antes de tirarla. Le dio en un lado de la cabeza. —¡Aprendo deprisa, doctor Strummer!


—Ya veo. Esto es como una repetición de la guerra civil —murmuró él corriendo hacia Marianne. Ella echó a correr, pero sus zapatos la hicieron tropezar en la nieve y caer. Intentó levantarse como pudo sin dejar de reír, pero no le sirvió de nada. Oz llegó antes de que se incorporara y la tomó por la cintura echándose sobre ella. —¡Suéltame, grandullón! —gritó ella riendo. Con los dos tumbados en la nieve, intentó recuperar el aliento. El rostro de Oz estaba rodeado de copos. Era una cara perfecta y sus ojos brillaban con fuerza. Estaba sobre él y podía percibir su calor a través de los abrigos. —Marianne —susurró él con voz ronca. —Dijiste que nuestra primera vez sería especial. —Sí. —Creo que esto es bastante especial —repuso ella en un susurro. Vio cómo Oz se mordía el labio inferior y después se relajaba. —Siempre ha sido especial. Lo besó en ese instante. Despacio y de forma sensual. Tal y como quería hacerlo. Los labios de Oz estaban fríos, como los de ella. Siguió besándolo hasta que entraron en calor.


Después se separó y lo miró a los ojos. —Te deseo —le dijo con voz clara y segura. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 104-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 12 En cuanto se lo dijo, Marianne se sintió entusiasmada y feliz, como sobre la moto. Se sentía poderosa y esa vez no tuvo que fingir que era alguien distinto. —Oz, te deseo —repitió. Él se había quedado mirándola a los ojos y con gesto muy serio. Su sonrisa apareció poco a poco. —Muy bien —le dijo—. ¿Y me deseas dentro de la casa o aquí fuera? —Dentro —repuso ella con intención. —Genial. Creo que podría hacerlo aquí, pero acabaría congelándome el trasero. Oz se incorporó sin dejar de tocarla y la tomó en brazos, muy cerca de su torso. —Y eso significaría la pérdida irreparable de un trasero perfecto —le dijo ella. —Deberías esperar a decirlo cuando lo veas. Marianne hundió la cara en el hueco de su cuello.


—Méteme entonces en casa —murmuró. Él comenzó a correr calle arriba, hasta la entrada de su casa. Entró y cerró la puerta de una patada. Tenía las mejillas coloradas por el frío y no dejaba de mirarla a los ojos. —¿Estás segura? —Nunca he estado tan segura de nada. —¿Al dormitorio? —Sí. Oz dejó pisadas de nieve y pequeños charcos en el piso de madera y en la escalera. No podía esperar más. Estaba deseando tocarlo. Le besó su pelo húmedo y su helado rostro. Enterró las manos bajo su chaqueta y su camisa de franela para tocarle la piel des nuda de los hombros. —Quiero quitarte la ropa —le susurró en el oído en cuanto llegaron al dormitorio. Oz gruñó entre dientes y la dejó en el suelo, besándola con ferocidad. Ella comenzó a quitarle la ropa sin dejar de besarlo. Tiró la chaqueta al suelo y empezó a desabrocharle los botones de la camisa. Fue besándole el torso centímetro a centímetro, según lo iba desnudando. Acarició el vello rubio que crecía en el centro de su pecho y deslizó los dedos por cada uno de los músculos que lo formaban.


Notó que él estaba intentando quitarle el abrigo, así que se separó un instante para ayudarlo. Después lamió y chupó uno de sus pequeños pezones, igual que había hecho él con ella la primera noche. Oz le quitó el jersey y ella siguió explorando su torso con la boca y las manos. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 105-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Marianne —susurró él mientras la tomaba por los hombros para besarla de nuevo en la boca. Fue un beso aún más urgente y desesperado que el anterior. Los labios de Oz ya no estaban fríos, sino que ardían y le quemaban la piel. Casi le arrancó la camiseta al quitársela y sólo dejó de besarla un segundo para hacerlo. Los dedos impacientes de Marianne luchaban por quitarle el cinturón. —Ayúdame —le pidió ella. Y, de alguna forma, Oz fue capaz de quitarse los zapatos y los pantalones sin dejar de besarla ni por un segundo. Los vaqueros de Marianne estaban húmedos y sabía que le sería difícil quitárselos. Se sentó al borde de la cama. Se quitó las zapatillas y los vaqueros. No dejó de observar a Oz mientras lo hacía. Él llevaba calzoncillos de tela blancos y


verdes. Podía percibía su erección a través de la prenda. Terminó de desvestirse y se puso de pie. —Bueno, ya estamos de nuevo en ropa interior —dijo ella. Le latía el corazón con tanta fuerza que podía oírlo. Sospechaba que Oz podría también notarlo a través de su sujetador rosa. Oz movió la cabeza con incredulidad mientras sus ojos la recorrían de arriba abajo. —Eres absolutamente preciosa —le dijo—. No puedo creer que te tenga en mi habitación. —Fui reina de la belleza en mi ciudad —repuso ella. Se dio cuenta de que era la primera vez que le decía voluntariamente algo sobre su pasado. —No me extraña. Pero tu belleza va más allá de todos esos concursos. Eres preciosa. Preciosa de verdad. Se acercó a ella y tocó con un dedo el tirante de su sujetador. Lo recorrió hasta pasar al lado de su pecho y por la cintura hasta el borde de las braguitas. Su ropa interior era cómoda y sencilla, no era especialmente sexy. Era completamente opuesta a su con junto rojo de chica mala.


Pero Marianne supo que nunca se había sentido tan deseada. —Quiero ver cómo te quitas los calzoncillos —le dijo ella. Oz asintió sin dejar de sonreír. Ella también lo hacía. No podía creer que estuvieran desnudándose y que ella le estuviera diciendo lo que tenía que hacer. Los dos sonreían como tontos. Pero cuando él se quedó completamente desnudo, ella se puso seria de repente. Oz era espectacular. Como un dios pagano. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 106-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Los músculos de la parte baja del abdomen formaban un triángulo hasta su entrepierna. Era asombroso, tanto como su erección. No creía que fuera a sorprenderle tanto esa visión. Después de todo, ya había visto el contorno erecto de su miembro en más de una ocasión, pero siempre a través de la ropa. Recordó la fantasía que había tenido esa misma tarde en el baño y se lamió los labios. —¿Qué es lo que quieres, Marianne? —le preguntó Oz con seriedad—. Dímelo.


—Quiero… No pudo seguir hablando. Lo quería todo y sentía que era capaz de expresarlo por primera vez en voz alta. —Quiero tocarte —le dijo—. Quiero saborearte. Quiero tenerte en mi boca. Fue entonces Oz el que se quedó sin palabras. Cerró la boca y abrió mucho los ojos. Volvió a abrir la boca y a cerrarla de nuevo. Cuando por fin asintió, Marianne se acercó a él con la palma de la mano extendida. Pudo sentir el calor que desprendía su erección antes incluso de tocarla. Cuando por fin lo hizo, rodeó el miembro con sus dedos, sintiendo toda su virilidad. Lo acarició lentamente, saboreando el momento. Observó la cara de Oz mientras lo hacía. Quería ver su reacción. Era increíble. Oz tenía las pupilas dilatadas y respiraba de forma entrecortada. Se arrodilló frente a él y lamió la punta de su miembro viril. Le encantó su sabor. Era todo con lo que había fantaseado y mucho más. Su piel era de terciopelo y algo salada. Abrió la boca y dejó que se deslizara dentro. Él gimió al instante. Le encantaba escuchar ese sonido. Sintió cómo Oz dejaba


las manos sobre su cabeza y le acariciaba el pelo con delicadeza. No cabía todo en su boca, pero acarició con su lengua la parte superior y chupó tan profundamente como pudo. Se sentía poderosa y deseada. Sólo unos segundos después, Oz la tomó por los hombros para levantarla. Sintió su miembro, duro y húmedo, contra el estómago mientras se ponía de pie. —No podría aguantar mucho más —le dijo él besándola por toda la cara—. ¿Cómo has sabido qué hacer para volverme completamente loco? —Solía ser una niña muy buena, de verdad —repuso ella con una sonrisa. —Aún eres buena. Muy, muy buena —le dijo él mientras la empujaba hacia la cama. Los dos quedaron tumbados en ella y mirándose a los ojos. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 107-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Quiero que disfrutes al máximo, Marianne —le dijo Oz mientras la tomaba por la cintura y abrazaba con fuerza—. ¿Te puedes creer que diez minutos después de conocerte por primera vez ya soñaba con oír tus gemidos? —¿En serio?


—Sí —repuso él acariciándole la cadera—. Me muero de ganas de ver si es como me lo he estado imaginando. —Yo tuve una fantasía también. Esta misma tarde —le contó ella sin darse tiempo para arrepentirse de lo que iba a decirle—. En tu baño. —¿Sobre qué? —le preguntó Oz sin dejar de acariciarla. —Sobre ti y tus caricias —le confesó—. Tuve un orgasmo sólo pensando en ello. Él la hizo girar para que quedara boca arriba y se echó sobre ella. —¿Te he dicho alguna vez que eres la mujer perfecta? —No desde hace algunos minutos. —Pues lo eres. Y estoy dispuesto a hacer todo lo que pueda por conseguir que las fantasías de los dos se hagan realidad. Oz comenzó a besar y mordisquear su cuello, sus hombros y su pecho. Desabrochó el sujetador con destreza y le rodeó los pechos con las manos. Después besó uno de los pezones y lo acarició con su lengua. Ella estaba en el cielo. Le encantaba todo lo que le hacía. Hacía mucho tiempo que esperaba sentirse como lo hacía en ese instante. No pudo evitar gemir de placer. Oz dedicó todo el tiempo del mundo a un pecho y luego al otro. Era un hombre muy meticuloso y delicado. Ella enredó


los dedos en su pelo. Aún estaba húmedo por culpa de la nieve. Ahora era él el que estaba en control de la situación. Y todo lo que tenía que hacer ella era dejarse llevar y confiar en él. Podía bajar las defensas y ser ella misma, disfrutando simplemente de su propio placer y de sus deseos. —Adoro tu piel, no me canso de tocarla —murmuró Oz mientras besaba su estómago y bajaba hasta el elástico de sus braguitas. Oz la besó y mordisqueó hasta hacerla casi gritar de placer. Levantó después las caderas para ayudarla a quitarle lo que quedaba de su ropa interior. Lo primero que sintió fue el aliento de Oz en su zona más íntima. Después notó su lengua cálida y húmeda. No pudo ahogar una exclamación cuando sintió el placer más intenso recorrer su cuerpo. Oz encontró su clítoris y lo lamió con cuidado y muy lentamente. Los círculos que dibujaba con su lengua eran exquisitos y expertos, empujándola más y más hacia un nuevo nivel de excitación. Arqueó la espalda hacia él. Quería sentir todo lo que Oz pudiera ofrecerle. —Oz —gimió ella cuando él comenzó a lamerla con más intensidad. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris


Nº Paginas 108-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Apenas era consciente de lo que estaba pasando. Sólo en algún recóndito lugar de su mente se dio cuenta de que estaba agarrando con fuerza el edredón, sacudiendo la cabeza, mordiéndose el labio y gimiendo sin control. Sintió entonces cómo Oz deslizaba un dedo en su interior de forma muy lenta. Era tal y como se lo había imaginado. Elevó sus caderas de la cama y gritó al sentir un fuerte orgasmo sacudiendo todo su ser. Él no dejó de tocarla. Y ella siguió sintiendo deliciosos espasmos de placer. Siguió así un tiempo, no supo cuánto, hasta que quedó agotada y rendida sobre la cama. Abrió despacio los ojos. —¡Vaya! Oz se colocó a su lado y la miró a los ojos. —Lo mismo te digo. Has estado espectacular. Ella lo besó y se saboreó a sí misma en la boca de Oz. Acarició su piel mientras comenzaba a sentir de nuevo el hambre en su interior. Oz dejó de besarla y se apartó de ella.


—¿Adónde vas? —protestó Marianne. —Preservativos —contestó él—. Están en la mesita de noche. Ella no pudo evitar reír. —¿Vas a pagarle una cerveza a Jack mañana? —Espero poder pagarle más de una —repuso él abrazándola de nuevo. Se volvieron a besar con pasión. Podía sentir su erección entre las piernas. Se moría de ganas de tenerlo dentro. —Quiero sentirte en mi interior —le dijo—. Quiero que te vuelvas loco y pierdas el control. Él gruñó entre dientes y la besó con tanta fiereza que la dejó sin respiración. La giró hasta quedar encima de ella y se rodeó la cintura con sus piernas. Oz agarró sus manos las colocó por encima de su cabeza. Después, con un simple y único impulso, se introdujo en su interior. Fue tan intenso y poderoso que no pudo evitar gritar de nuevo. —Marianne —susurró él—. ¡Dios mío! No sabes cómo es estar dentro de ti… Ella sabía cómo era sentirlo dentro. Pare a grande, muy grande. Más de lo que le había parecido en su boca. Se sentía completa y tan excitada que no necesitaba siquiera que se moviera en su interior para sentir el más absoluto de los placeres.


—Más —dijo ella sin poder casi hablar. Él comenzó a moverse muy dentro de ella. Le soltó las manos y le agarró la cadera para poder profundizar aún más. Ella le clavó las uñas en los hombros y comprobó atónita cuánto placer podía llegar a sentir entre sus brazos. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 109-138 https://www.facebook.com/novelasgratis La frente de Oz brillaba con el sudor y tenía los ojos nublados por el deseo. Sus cuerpos se movían a la vez, igual que lo habían hecho encima de la Harley. —Móntame —le pidió Oz mientras giraban por el colchón sin que él se saliera. Ella quedó sentada sobre él. Oz, con las manos en sus caderas, le marcaba el ritmo frenético de sus movimientos. Se sentía fuera de control y completamente libre. Entreabrió los ojos y vio que él estaba sonriendo. Apenas podía respirar y veía cómo latía su pulso en el cuello. Pero lo que más le llamó la atención fue su sonrisa, sabía que podría reconocerla en cualquier sitio. Sintió cómo llegaba de nuevo al borde del abismo y gritó su nombre mientras se sacudía con violencia encima de él.


Oz apretó sus caderas con más fuerza y, con un gruñido casi animal, explotó también. Marianne se dejó caer encima de él y Oz la abrazó con fuerza. Ella, como él, respiraba con dificultad y su piel estaba cubierta por una fina y brillante capa de sudor. Aún estaba dentro de ella y podía sentir las contracciones posteriores a su orgasmo. La quería. La besó en la frente y sintió cómo sus corazones latían al unísono. Ahora que por fin se había dado cuenta de lo que sentía, le era más fácil entenderlo todo. Su conducta errática e irracional de las últimas semanas era normal, estaba enamorado de ella. De hecho, supo que lo había estado desde que la conoció. —Ha sido increíble —le dijo ella. —Lo más increíble que he hecho nunca —repuso él. «Tanto que me ha cambiado la vida», pensó. —Hagámoslo de nuevo —le pidió ella. —¿No has quedado satisfecha? —Más que satisfecha. Pero quiero sentirme más que satisfecha unas cuantas veces. —Ni siquiera he recuperado el aliento —le dijo él riendo—. Dame cinco minutos.


Ella levantó la cara y lo miró. Sus mejillas estaban sonrosadas y le brillaban sus ojos azules. —Te doy cuatro. —Marianne, no seas tan exigente. Me has interrumpido cuando estaba trabajando, me has hecho salir a la fría calle, me has dado en la cabeza con una bola Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 110-138 https://www.facebook.com/novelasgratis de nieve, me has arrancado la ropa y después te has aprovechado de mí. Necesito un poco de tiempo para recuperarme. Ella sonrió con picardía y comenzó a acariciarlo. —Muy bien, dos minutos —consintió él. La observó con detenimiento. Era preciosa, exquisita. Además de lista y divertida. Había algo muy digno en ella, era toda una dama. Pero en su cama estaba completamente abandonada y relajada. Sintió algo muy fuerte en su interior y la sensación se desplazó hasta su entrepierna. —A lo mejor basta con un minuto —le dijo él. Ella se quejó con un gesto cuando él salió de su interior, pero no tardaría


mucho en volver a estar dentro. Inclinó la cabeza y empezó lo que sería una exploración exhaustiva de toda su piel. Comenzó besando el hombro de Marianne. Mientras lo hacía, no dejaba de pensar en lo que acababa de descubrir. Estaba enamorado de ella. Y había sucedido a primera vista, tal y como Jack había predicho. Le había costado mucho reconocer sus sentimientos porque no creía posible tener una conexión tan fuerte con alguien al que apenas conocía. Sobre todo cuando esa persona se negaba a hablarle de su pasado. Además porque sabía casi a ciencia cierta que Marianne acabaría por irse también de Portland. Eso hizo que se detuviera a medio camino entre su hombro y su clavícula. Marianne, que había estado acariciando su espalda, dejó también de hacerlo. —¿Pasa algo? —le preguntó. Oz la miró. Ahora que sabía cuánto le importaba y lo que sentía por ella, su cara le parecía aún más hermosa. Negó con la cabeza. —No, nada. Todo es maravilloso.


Lo que estaban compartiendo era increíble. No era algo de lo que alguien quisiera prescindir. Estaba claro que ella tenía algún tema pendiente en su pasado, pero pensó que juntos lo podrían solucionar. Se tomaría todo el tiempo del mundo en llegar a comprenderla y hacerle ver que podía confiar en él por completo. Se besaron de nuevo. Marianne le acariciaba el trasero y lo atraía más hacia ella. Todo lo que le hacía le volvía loco. Se dio cuenta de que no necesitaba más tiempo para recuperarse. Se apoyó en un codo para acariciar uno de los pechos de Marianne mientras se deslizaba de nuevo en su interior. Esa vez con más ternura y lentitud. Volvió salir de ella y entró de nuevo mucho más despacio. Era una delicia. Una tortura para los sentidos. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 111-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Ya no podía pensar en nada. Se abandonó simplemente a lo que estaba viviendo. A las texturas de la piel de Marianne, a sus sonidos y la fricción que creaban sus cuerpos. En su cama y en ese instante, estaban los dos solos en el universo. Marianne comenzó a gemir y lo acariciaba con más urgencia, pero él siguió


tomándose su tiempo. Le acarició los pezones. Sintió cómo ella se aproximaba al clímax, podía percibir cómo todo su cuerpo se tensaba y dejaba de respirar. Entonces redujo de nuevo la marcha para retrasar el momento final. Sus movimientos eran casi imperceptibles, pero extremadamente excitantes. Cuando ella por fin llegó al clímax, éste fue tan intenso que lo arrastró con ella, explotando los dos en un mundo de increíbles sensaciones. Oz se dejó caer sobre la cama. Todos y cada uno de los músculos de su cuerpo estaban completamente extenuados, pero él no se había sentido más relajado y feliz en la vida. —¡Estoy sin palabras! —dijo ella con voz temblorosa. Él la abrazó y se acurrucó a su lado. —Creo que será mejor que te quedes aquí el resto del día y toda la noche. No vas a poder conducir hasta casa en medio del temporal. Además, hay muchas cosas que quiero hacer contigo todavía… —le dijo mientras hundía la cara en su melena—. Quédate, por favor. No la vio, pero sintió cómo asentía. —De acuerdo. Oz sonrió y cerró los ojos. Intentó convencerse de que todo iba a salir bien. De


hecho, mucho más que bien. Lo tenía todo planeado. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 112-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 13 —¿Dónde está el resto del mundo? —preguntó Marianne frente a la ventana del dormitorio de Oz con una taza de café en la mano. No se veía nada al otro lado del cristal. Todo era blanco. Se imaginó que debía de haber estado nevando durante toda la noche. Todo el vecindario había desaparecido. El resto de las casas, los coches, los árboles, todo estaba cubierto de un blanco y espeso manto. Oz se acercó a ella por detrás y la abrazó por la cintura. —Todo ha desaparecido. Sólo quedamos nosotros. —Eso suena fenomenal —dijo ella dejando su café sobre la mesa y apoyándose en el cuerpo de Oz—. Me encantaría que sólo estuviéramos tú y yo en el mundo. Sobre todo si sigues haciendo lo que has hecho toda la noche. Él la besó en el oído.


—Ojalá. Por desgracia, tengo clases esta mañana. Y no tengo nada preparado. Es culpa tuya por distraerme ayer por la tarde. Y anoche. Y esta mañana. —¿No crees que se cancelarán las clases por culpa de la nieve? Las carreteras están cubiertas. —Esto es Maine. Ahora que ha dejado de nevar, vendrán las máquinas quitanieves y dejarán las calles limpias en cuestión de minutos. —Voy a tener que desenterrar mi coche para volver a casa —dijo ella suspirando. —No tienes por qué irte —repuso él mientras la hacía girar para mirarla a la cara—. Puedes quedarte aquí. Yo volveré a la hora de comer. —No, le prometí a Warren que lo ayudaría con la contabilidad. Odia los números y a mí se me dan bien. —¿Sí? Marianne pensó durante un segundo antes de contestar. —Así es. Tengo un máster en gestión y dirección de empresas. Fui a la Universidad de Duke. Él levantó las cejas con admiración. —Eso es impresionante. —Sí, supongo que los dos hemos estudiado más de lo que necesitamos — repuso ella.


Era increíble. Le había dicho algo sobre su pasado y no había ocurrido nada. El mundo no había dejado de girar. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 113-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Te veré esta noche —le dijo—. Ven al bar y te invitaré a una cerveza. —Suena fenomenal —repuso él besándola—. Pero no puedes conducir. Las quitanieves no han pasado aún. Te acompañaré e iremos andando hasta tu casa. Mantendré tu coche aquí como rehén. Así tendrás que volver a por él y pasar la noche conmigo. —Eso también suena bien. Pero estas citas ya son gratis, ¿no? Después de todo, ya me he acostado contigo. No me quedan otros tres mil para gastar en ti, ¿sabes? Oz rió con ganas. —Gratis… y espero que muy frecuentes. ¿Quieres tomar algo más antes de irte? Ella negó con la cabeza y miró el colchón. Estaba lleno de migas del desayuno que él había preparado y traído a la cama.


—No, ya me he tomado tres tostadas. Además, no creo que la vieja mesa de tu cocina pueda soportar otra de nuestras comidas —dijo ella con picardía. La noche anterior, habían bajado a la cocina a comer y beber algo. Necesitaban reponer la energía perdida. Oz había preparado pasta y ensalada. Apenas les dio tiempo a terminarla antes de que el hambre que sentían el uno por el otro los llevara a otro momento de pasión. Estaba claro que él también estaba acordándose de esa escena. —Ya —repuso—. Vístete y te acompaño. Si te preocupa la mesa de la cocina, esta noche probaremos con el sofá. —O la bañera —sugirió ella mientras iba a buscar su ropa. —Va a ser una clase muy entretenida —murmuró Oz entrando en el baño. —¿Sobre qué es? Oz apareció en la puerta del baño con la cuchilla en la mano y la cara cubierta de espuma para afeitar. —Sobre las adicciones sexuales —repuso él con un gesto cómico. Ella no pudo evitar reír y correr hacia Oz para besarlo. Bajó a la cocina y metió en el lavavajillas los platos que habían usado la noche anterior. Oz apareció poco después en la cocina. Estaba afeitado, peinado y


llevaba un traje. Ella dejó los platos y silbó de forma apreciativa. —¿Quién iba a pensar que encontraría un hombre que está tan guapo con traje como con pantalones de cuero y tatuajes falsos? —se preguntó en voz alta. —Y he traído además unos cuantos accesorios muy sugerentes para ti —dijo enseñándole unos calcetines de lana—. Póntelos y dame después tus pies. Los calcetines eran demasiado grandes, pero mucho más cálidos que los que llevaba de algodón. Cuando terminó, Oz se arrodilló frente a ella y tomó uno de sus pies, metiéndolo en una pequeña bolsa de plástico. —¿Qué estás haciendo? Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 114-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya sé que no es muy elegante, pero mantendrá tus pies secos mientras andamos sobre la nieve. —Has hecho esto durante años con tus hermanos pequeños, ¿verdad? —Sí —repuso él mientras colocaba el otro pie también en una bolsa—. Éramos seis y siempre había alguien al que no le valían las botas de nieve. —Vas a ser un gran padre algún día. Lo dijo sin pensar, pero cuando él levantó la vista hacia ella sus ojos estaban


llenos de esperanza. Se le borró la sonrisa de la cara. Oz miró de nuevo su trabajo. Parecía satisfecho. —Ya está —le dijo poniéndose de pie—. Ponte las zapatillas, mi abrigo y mis guantes. Creo que eso será suficiente. No le extrañaba que Oz quisiera tener hijos algún día. Se había criado en una familia numerosa y tenía una casa demasiado grande para un hombre soltero. Lo siguió hasta el vestíbulo y dejó que él le pusiera el abrigo y un gorro. Oz se colocó su chaqueta de cuero, un gorro de lana y botas de nieve. —Es el típico atuendo de Maine —le dijo él con una gran sonrisa. Mientras andaban, él tomó su mano. Sus guantes eran demasiado gruesos como para que sintiera nada, pero le servía de apoyo al andar Era difícil caminar sobre treinta centímetros de nieve Fue más sencillo cuando llegaron a la carretera Parecía claro que la habían limpiado un poco durante la noche. Todos los sonidos estaban amortiguados por la nieve. Sus pasos y sus voces mientras charlaban. El cielo estaba despejado y azul y había tanta luz que no podía mantener los ojos abiertos. Pensaba que él le explicaría lo que acababa de pasar en la cocina y le diría que esperaba tener hijos y una gran familia. Eso hizo que se sintiera fatal.


—Háblame de la clase que tienes que impartir esta mañana —le dijo ella. Estaba interesada, pero sabía que le preguntaba sobre todo porque quería hablar de otra cosa que no fuese el futuro. Oz aceptó encantado su petición. Era buen profesor. No le hablaba con condescendencia, pero le explicó las características clínicas de una adicción en términos que pudiera comprender con facilidad. Claro que ella tenía su propia experiencia en temas de conducta compulsiva. Ese recuerdo le aguijoneó el corazón. —Pero creo que voy a empezar a dar menos clases —le explicó Oz—. Voy a hablar hoy mismo con el jefe del departamento. —¿Por qué? —le preguntó ella—. Parece que te encanta enseñar. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 115-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Una máquina quitanieves pasó a su lado. Era un gran camión con imponentes cuchillas en su parte frontal. Iba quitando la nieve a su paso y echando sal y arena después. Hacía tanto ruido que no se oían, pero cuando se fue pudieron andar sobre la despejada carretera. —También voy a dejar de aceptar nuevos pacientes durante un tiempo —le dijo


él—. He estado trabajando demasiado últimamente. Y necesito más tiempo para jugar. Oz se detuvo en medio de la calle. La tomó entre sus brazos y besó sus labios. Cuando se separaron, una amplia sonrisa se dibujaba en su rostro. —Pareces muy feliz —le dijo ella. No entendía por qué no se sentía igual. —Lo soy —le dijo él—. Creo que por fin lo tengo todo claro. —Eso debe de estar bien. Oz no pareció darse cuenta del sarcasmo con el que había hablado. Se alegró de que fuera así. Él estaba tan entusiasmado y contento que no quería estropearle el momento. No quería que supiera lo asustada y agobiada que se sentía en ese momento. Sobre todo después de percibir que él quería tener hijos. Y quizá con ella. Pensaba que los niños serían una maravilla. Sobre todo los hijos de Oz. Pero todo es taba sucediendo demasiado deprisa. Llegaron al bar y Oz la acompañó hasta la puerta del edificio. —Bueno, gracias por acompañarme —le dijo ella mientras tomaba las llaves —. Supongo que te veré más tarde…


La puerta se abrió sin que ella tuviera que meter la llave en la cerradura. Frunció el ceño. —¿La dejaste abierta ayer? —le preguntó Oz. —Normalmente se cierra con un solo portazo —le dijo—. A lo mejor no la cerré con la suficiente fuerza. Oz la apartó a un lado y subió las escaleras delante de ella. La puerta de su apartamento estaba abierta de par en par. —Quédate aquí —le dijo Oz antes de entrar dentro. Ella permaneció en el umbral y miró desde allí. Su silla estaba rota. Fue lo primero que vio. Sólo había una silla en todo el apartamento y estaba en el suelo y con las patas rotas. «Tendré que sentarme en la cama», pensó. Pero entonces vio el resto de las cosas. Había platos y tazas rotos por el suelo. Su ropa encima de la cama, su maleta abierta. Todo era un gran caos. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 116-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Después de que la policía los llevara de vuelta a casa de Oz, caminaron en silencio hasta la puerta de entrada. Él cargaba con su maleta. En cuanto entraron, la dejó en el suelo y se arrodilló para quitarle las zapatillas de


deporte y las bolsas de plástico. —¿Estás bien? —le preguntó mientras colgaba sus abrigos. —Podía haberme quedado en el piso —repuso ella sin mirarlo. No sabía por qué no lo miraba. No entendía por qué llevaba sintiéndose mal toda la mañana ni por qué estaba enfadada con Oz. Él había hecho todo lo correcto. La había abrazado cuando se dio cuenta de lo que había pasado en su apartamento y había comprobado que ya no había nadie dentro. Después había llamado a la policía y se había sentado con ella en la cama hasta que los agentes llegaron y comenzaron a hacerle preguntas. Antes de irse, la había ayudado a recoger un poco y a guardar su ropa en la maleta. Había sido fuerte como una roca y comprensivo. Había llamado para cancelar las clases y había insistido en que fuera a su casa. Sabía que no debería estar enfadada con Oz sino con la persona que había entrado en su casa y destrozado sus cosas. De alguna forma, se sentía como si la hubieran violado. Pero, a pesar de tenerlo todo claro, seguía enfadada con Oz. —Tu piso no es seguro —le dijo él—. Las puertas están rotas. Cualquiera podría


entrar. El ladrón podría volver de nuevo. —¿Por qué iba a hacer algo así? No tengo nada que pueda robar y ahora lo sabe. —Creo que si hubiera querido robar habría entrado en el bar, no en tu piso — le dijo Oz con seriedad. —No digas tonterías —repuso ella poniéndose de pie y yendo hacia la cocina. —Estoy siendo realista —dijo él siguiéndola—. Eres una mujer preciosa y cualquiera puede haberte visto subiendo a tu apartamento después del trabajo — añadió mientras comenzaba a preparar café—. Estarás mejor aquí, al menos hasta que arreglen las puertas. De todas formas, no me parece un sitio muy seguro para ti. —No quiero café —replicó ella de mala manera. Él se encogió de hombros. —De acuerdo. Yo sí que quiero —dijo él sentándose a la mesa. Ella permaneció de pie. —Podía haber ido al piso de Warren. Es mi primo y cuidamos el uno del otro. —Warren está en el bar y tú tendrías que estar sola en su casa. —Bueno, tú también tienes que trabajar. ¿No tienes pacientes esta tarde?


Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 117-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Los he llamado para cancelar las consultas. Necesitas que alguien esté contigo. Está claro que estás muy disgustada. Cada vez estaba más irritada y no sabía cómo controlarlo. —No estoy disgustada. Y esta noche voy a ir a trabajar. Así que no tiene mucho sentido que me quede aquí toda la tarde sin hacer nada. Oz se puso de pie y se acercó a ella. —¿Crees que deberías volver al bar? —preguntó mientras le acariciaba la mejilla—. A lo mejor deberías tomarte un par de días libres. Quédate hasta que descubran quién lo ha hecho. —¡Estás actuando como mi padre! —gritó ella fuera de sí. Se dio cuenta de lo que acababa de decir y se cubrió la boca con la mano. Palideció al instante. Así que de eso se trataba. Oz acarició su brazo. —Marianne, acabas de gritarme. ¿Por qué estás tan enfadada? Ella se zafó. Estaba furiosa con ella misma, pero lo pagó con él.


—Déjame en paz —le dijo—. Deja de controlarme. Deja de analizarme. Deja de pensar que soy tu idea de la mujer perfecta. Deja… Déjame. Oz se quedó helado. —¿Es eso lo que piensas de mí? —Sí —repuso ella sin poder respirar. —¿Crees que intento controlarte? ¿Crees que en eso se basa nuestra relación? —Sí, pero no creas que eres especial, me pasa con todo el mundo. Oz se pasó desesperado las manos por el pelo. —Estaba intentando conocerte para entenderte. ¡No intento controlarte! — dijo él con impaciencia. —Es lo mismo. —¡No! Marianne dio un salto. Nunca lo había oído hablar en ese tono. Estaba muy enfadado. Había explorado cada centímetro de su cuerpo con su boca y sus manos, pero nunca le había parecido tan fuerte como en ese momento. No era una presencia violenta ni peligrosa, pero sí poderosa. —No es lo mismo, Marianne —añadió con los ojos brillantes—. Tú me


importas. Yo no te controlo ni te digo lo que tienes que hacer. No me gustan esos juegos. Siento que hayas sufrido en el pasado, pero no es culpa mía. —Yo… Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 118-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y antes de que me digas que me largue, tienes que dejar de culparme cada vez que descubres algo de ti que no te gusta. —Debe de ser genial sentir que me conoces tan bien —repuso ella con una sonrisa falsa. Dio media vuelta, salió de la cocina y abrió la puerta de la calle sin molestarse en volver a ponerse los zapatos. Cuando llegó a la calle se dio cuenta de que hacía mucho frío, tanto que le dolía todo el cuerpo. Oyó la puerta abrirse tras ella. Oz se quedó mirándola desde el umbral y vio que sólo llevaba puestos los calcetines. Fue al garaje y salió segundos después con una pala. Fue hasta donde estaba ella y se la entregó. —Toma —le dijo—. Para que desentierres tu coche. Me imagino que no quieres que te ayude. Tomó la pala que le ofrecía y Oz entró de nuevo en la casa.


Estaba claro que no iba a ayudarla para que no pudiera acusarlo de nuevo de estar intentando manipularla. Entró en la casa. Por fortuna, él no estaba en el vestíbulo. Se puso las zapatillas y recogió su maleta. Después volvió hasta el coche. Empezó a quitar la nieve que bloqueaba las ruedas delanteras. Estaba convencida de que no necesitaba su ayuda ni la ayuda de nadie. Había llegado hasta Maine, había empezado su nueva vida y era libre para hacer lo que le viniera en gana. Se repitió que era una mujer fuerte y lista. El tiempo había mejorado un poco y la nieve no estaba suelta como el día anterior, sino dura como el hielo. Se empapó enseguida las zapatillas y los calcetines. Tenía los pies congelados. Intentaba convencerse de que nada de eso le importaba. Pero se estaba mintiendo. Si estaba tan enfadada era porque le importaba. Se dio cuenta, muy a su pesar, de que Oz tenía razón. Se detuvo y miró hacia la casa, no lo veía por ninguna parte. Era mejor así, no quería que se riera de ella. Empezó a retirar de nuevo la nieve. Le dolían los brazos y las manos.


Sabía que Oz le importaba mucho. El problema era que siempre que le importaba alguien sentía de inmediato que tenía que agradar a esa persona. Así había sido como se había hecho tanto daño en el pasado, tanto como para intentar morirse de hambre. Intentaba agradar a sus padres, a su prometido y al resto de la ciudad de Webb. Cuando hubo salido de esa situación, huyó a Portland para ser otra persona, pero eso había sido otro error, otra manera de hacerse daño y dejar de ser ella misma. No podía volver a hacerlo. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 119-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Terminó de quitar la nieve. Abrió el maletero y metió allí su equipaje. Entró en el coche y encendió la calefacción. Tuvo que esperar unos minutos para entrar en calor antes de ponerse a conducir. Además, le costaba trabajo irse de allí. En casa de Oz había sido muy feliz, más que nunca. Pero, como de costumbre, había acabado por fastidiarlo todo. Encendió el coche y se alejó de allí. Oz se quedó sentado en la silla de su despacho después de que saliera el último


paciente. Había tenido muchas consultas durante toda la tarde, pero no estaba seguro de haber podido ayudar a nadie. Su trabajo siempre le había servido para distraerlo de su realidad, pero parecía que esa estrategia ya no le servía. Se había quedado soñando despierto mientras hablaba Marie Dunn, su paciente de las cuatro y media. La mujer podía hablar por los codos durante horas, pero eso no era excusa, su deber era escucharla. Después había terminado por discutir con Andy Lucia, un paciente con trastornos de personalidad y tendencia agresiva. Tenía claro que estaba perdiendo la cabeza. No entendía por qué se había enfadado con Marianne. La mujer tenía problemas con la gente que intentaba controlarla y él no había sabido enfrentarse a la situación. Hundió la cabeza entre las manos. Se había enfadado porque pensó que ella estaba siendo injusta con él. Pero, después de pasarse toda la tarde con un montón de pacientes, se dijo que a lo mejor Marianne estaba en lo cierto. Quizá estuviera intentando controlarla. A lo mejor había elegido esa profesión porque le gustaba analizar a la gente y cambiar sus vidas. Eso le daba poder. Tanya, su recepcionista, entró en ese instante.


—Oz, hay un tipo aquí que quiere verte. Ha estado esperando durante media hora y no ha sido muy paciente —le dijo con una mueca de desagrado. —¿Qué es lo que quiere? —No me lo quiere contar. Dice que es personal. ¿Quieres verlo o le digo que estás ocupado? Oz suspiró. Se imaginó que no le vendría mal estar distraído un rato más. —Dile que pase. El hombre que entró en su despacho segundos después tenía el pelo brillante y grisáceo. Llevaba un elegante traje y un anillo de oro en la mano. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 120-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Doctor Strummer —dijo el hombre con fuerte acento sureño—. Soy Robert Webb y quiero hablar con usted sobre mi hija Marianne. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 121-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 14 Lo inesperado de la visita dejó a Oz congelado durante unos segundos, pero se


recuperó rápidamente. —Señor Webb, encantado de conocerlo —dijo dándole la mano. Era un hombre alto, pero no muy fuerte. Él también analizaba a Oz con la mirada. —Por favor, siéntese —le dijo—. ¿En qué puedo ayudarlo? El hombre le soltó la mano, pero permaneció de pie. —Es muy sencillo, señor Strummer. Quiero que la lleve a casa. Oz señaló el sillón que tenía frente a él y esperó a que el señor Webb se sentara para contestar. Le había sorprendido la elección de palabras que había hecho. Estaba claro que la trataba como a una niña pequeña. —Es una petición muy extraña. ¿Por qué me lo pide? —Mi hija abandonó a su familia, su prometido y su trabajo. Creo que es obvio que necesita volver a casa. Oz se quedó paralizado y sintió un gran dolor en su interior. —¿Su prometido? —Sí. Rompió el compromiso antes de irse, pero está claro que no es ella misma desde hace algún tiempo —dijo mirando a Oz con interés—. ¿No le había dicho que se escapó de casa?


—No, supongo que decidió no comentarme eso —repuso Oz tragando saliva. —Se fue sin más, sin decir adónde iba. Sólo dejó una nota para decirnos que se marchaba. Es directora adjunta de marketing en Industrias Webb, pero tampoco dijo en su trabajo que no iba a volver. Se fue dejando atrás todas sus responsabilidades y la gente que la quiere. Eso no es propio de ella. Como puede imaginarse, mi mujer está preocupadísima. Y dejó todo eso para venir aquí y trabajar en un bar — añadió con una desagradable mueca. —Bueno, es una mujer adulta y toma sus propias decisiones. —No se está comportando como una adulta ahora mismo, doctor Strummer. Es una jovencita muy enferma —le dijo—. ¿Puede creerse que ni siquiera nos contó a su madre y a mí que la habían hospitalizado? Oz sintió cómo sus palabras lo golpeaban, dejando un profundo desasosiego en su interior. —¿De qué habla? —Me temo, doctor Strummer, que el secreto con el que lleva su vida es una muestra más de lo mal que está. Nosotros no lo supimos hasta que Jason, su prometido, nos lo contó.


Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 122-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Oz tenía ganas de agarrarlo por las solapas y sacudirlo. —¿Por qué la hospitalizaron? —Anorexia. Fue el año pasado. Cuando ingresó estaba al borde del colapso. Mi pobre niña… No podía creérselo. —Marianne no tiene anorexia. —Sí. Casi se muere. El amor y la comprensión que sintió por ella en ese instante lo golpearon como un puñetazo en el estómago. Tenía un problema de anorexia. Estaba claro que tenía todos los síntomas. Evitaba que nadie intentara controlarla y tenía una gran capacidad de concentración y disciplina. Normalmente constreñía su ira. El día que se conocieron reprimió también el deseo que sentía por él. Y ella había sido lo suficientemente valiente como para superar todos esos miedos a su lado. «Eres increíble, Marianne», pensó. Pero se maldijo por haber reaccionado


con ella como lo había hecho. —He tratado a mucha gente con problemas de desórdenes alimenticios, señor Webb, y estoy seguro de que Marianne ya no sufre anorexia. Desde que la conozco, no ha mostrado ningún tipo de conducta patológica con la comida. De hecho, tiene una actitud más sana a la hora de comer que mis tres hermanas, y ellas tampoco sufren anorexias ni bulimias. El hombre se incorporó en la silla. —Entonces, ¿por qué la está tratando? —¿Qué? —dijo Oz antes de darse cuenta de la confusión—. Señor Webb, no soy el psicólogo de Marianne. —¿No? —repuso el señor Webb poniéndose de pie—. ¿Qué es entonces? ¿Su amante? —añadió enfurecido. Oz se quedó mirándolo, pero no se levantó. —Así es —respondió de manera tranquila. El hombre no supo cómo tomarse su sinceridad, pero pareció tranquilizarse un poco.


—Bueno, aun así le pido que la convenza para que vuelva a casa. Si le importa algo, haga que vuelva con su familia. Su madre y yo la queremos mucho. Su voz se suavizó un poco y Oz se sintió mal por él. A pesar de las apariencias, estaba claro que quería a su hija y que había sufrido mucho al saber de la gravedad de su enfermedad. Marianne lo había acusado de ser como su padre y la verdad era que en el fondo no eran tan distintos. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 123-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Oz cerró los ojos y dejó que el dolor lo inundara. —¿Qué piensa Marianne de volver a casa? El señor Webb se sentó de nuevo. —Está enferma. Necesita a su familia y que cuiden de ella. Seguro que entiende que es lo mejor para ella. —Espere un minuto —dijo Oz de repente—. Si ha hablado con Marianne, ¿por qué ha venido a verme? ¿Y por qué creía que era su psicólogo? —El detective privado que contraté para que diera con ella encontró su tarjeta en el apartamento de Marianne.


Oz había intentando comportarse y permanecer calmado. Había intentado comprender el punto de vista del padre de Marianne, a pesar de que veía que era un hombre insensible y que no entendía a su hija. Pero decidió que había llegado el momento de relajarse y dejar que su enfado saliera a la luz. —¿Contrató a alguien para que entrara en el apartamento de su hija y la asustara? —gritó mientras se ponía de pie. El hombre también dejó la silla. —¡Su madre y yo estábamos muertos de miedo y angustia! Habríamos hecho cualquier cosa para conseguir que volviera. ¡La queremos! —¡Entonces intente escucharla! Se dio cuenta al decirlo de que él también había intentado escucharla sin conseguir nada. —Señor Webb —dijo con la voz más tranquila—. Yo también quiero a su hija y espero llegar a ser algún día su yerno. Pero ahora mismo estoy bastante irritado con usted y me gustaría que saliera de mi despacho. Miró a aquel hombre a los ojos. Eran azules, pero más claros que los de Marianne. Había mucho que no sabía de ella, mucho que no había querido compartir con él ni con su padre.


Segundos después, el señor Webb asintió y se preparó para salir del despacho. —Muy bien. Me voy. Se sintió fatal. Tanya apareció al instante en la puerta. —Oz, ¿estás bien? Me pareció oírte gritar. —Estoy bien —mintió él. —No, no es verdad. Estabas gritando. Y nunca lo habías hecho. ¿Quién era ese tipo? —El padre de mi futura esposa. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 124-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Ah! —repuso ella atónita—. Y los planes de boda no marchan bien, ¿verdad? —No creo que vaya a haber boda —dijo mientras se ponía en pie y tomaba las llaves del coche—. ¿Puedes cerrar tú? Tengo que ir a ver a alguien. —¡A por ella, Oz! —exclamó Tanya. Marianne colgó el teléfono y se guardó la tarjeta de crédito en el monedero. —Te vuelves.


El corazón le dio un vuelco al oír una voz a sus espaldas. Se giró y vio a Warren en la puerta. No lo había oído subir las escaleras. Entró en el piso y colocó las manos sobre sus hombros. —Pensé que querías empezar una nueva vida, Marianne. —Y lo voy a hacer. —Entonces, ¿por qué acabas de reservar un vuelo sólo de ida a Carolina del Sur? —Porque Webb es mi hogar, tal y como me dijiste. Si quiero saber quién soy, tengo que estar allí. —Cuando viniste a Maine, me dijiste que en Webb no podías ser tú misma. Dijiste que allí todos esperaban algo de ti. Marianne suspiró y se sentó en la cama. —No era Webb. Era yo. Nunca aprendí a defender mi terreno y decirle a la gente lo que quiero. Si no puedo hacerlo allí, no podré hacerlo en ningún sitio. Warren se sentó a su lado. Tenía el ceño fruncido. —Marianne, yo… ¿Estás segura de que quieres hacer esto? —No, no quiero hacerlo. El dolor era insoportable. Sólo quería volver a lo que había tenido esa misma mañana, cuando había estado contemplando un mundo blanco desde la ventana de


Oz. Ni obligaciones, ni planes, ni problemas. Sólo ellos dos juntos en todo el universo. Pero eso no podía suceder. No podía empezar su vida de cero. Tenía un pasado y tenía que aceptarlo. Sólo esperaba hacer lo correcto. —No quiero, pero tengo que hacerlo —le dijo con firmeza. —¿Y Oz? Pensé que había algo importante entre vosotros. —Oz no me quiere a mí. No sabe quién soy. Estaba solo desde que su hermana se fue y necesitaba a alguien para llenar ese espacio. Encontrará a otra persona. —¿Y vas a irte a Webb y dejar que encuentre a otra persona? Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 125-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Le dolía pensar en Oz con otra mujer. Tanto que tuvo que levantarse y seguir haciendo la maleta para distraerse. —Lo he intentado aquí —dijo ella doblando con extremo cuidado cada prenda—. Pero no ha funcionado. Tengo que volver a Webb y arreglar mi relación con la gente que me quiere. Su primo la miraba con preocupación, más aún que antes. Parecía muy


incómodo. —Marianne… Hay algo que nunca te he contado. Ella se preocupó al verlo tan serio. Él nunca estaba así. —¿Qué? —Nunca te he dicho por qué me fui de Webb. Warren suspiró profundamente antes de hablar. —Tuve un novio mientras estaba en el instituto. Él no era de Webb, era de un pueblo cercano y solíamos encontrarnos a escondidas. Pero alguien nos vio un día — le dijo con dificultad—. Poco después recibí una llamada de tu padre. Quería que fuera a verlo a la oficina. Pensé que iba a ofrecerme un trabajo para ese verano o hablar sobre mis solicitudes para universidades. —Pero no fuiste a la universidad… —No. El tío Robert… Verás. No quería que supieras esto, pero si vas a volver a Webb has de saberlo. Tu padre me dijo que alguien me había visto con mi novio. Me recordó mis responsabilidades como miembro de la familia Webb. Me recordó que llevaba años manteniéndonos a mi madre y a mí. Me dijo que si quería que me


pagara la universidad, tendría que comportarme como debía. Si no cambiaba de actitud, me dijo que tendría que ir a estudiar al otro extremo del país y no volver por allí. Se quedó atónita y no supo qué decir. —Le dije que no quería su dinero. Así que me fui a Nueva York en cuanto terminé el instituto. —Nunca me lo dijo… Y tú tampoco. —Yo… —Warren, ¿por qué no me lo habías contado? —Tu padre me dijo que su principal razón para querer que me fuera era porque era una mala influencia para ti. Pensé que… Se sintió furiosa. —Pensabas que te había echado por mi culpa. Y eso es lo que hizo… Warren, lo siento muchísimo. —Cariño, supe que no era culpa tuya en cuanto me enviaste la primera carta. Acabé superándolo. Tu padre te quiere y quiere lo mejor para ti. No lo culpo por ello. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 126-138


https://www.facebook.com/novelasgratis —Warren, si se demuestra el amor echando a personas de tu vida, creo que no lo necesito. Se levantó y siguió recogiendo lo que quedaba de ella en el apartamento. Sabía que le iban a poner otra multa por exceso de velocidad. Y eso podía implicar la retirada del carné. Pero no le importaba. Aceleró y condujo tan deprisa como pudo desde su clínica al bar. Pensó en lo que iba a decirle mientras conducía. Se prometió que no perdería los nervios y que hablaría con lógica. Le diría que sentía muchísimo lo de esa mañana y que la apoyaba en todas sus decisiones. Le contaría que su padre había ido a verlo y que le había contado lo de su anorexia. No sabía cómo iba a reaccionar cuando lo hiciera, pero no pensaba ocultárselo. Le diría que la admiraba mucho por haber superado algo así y que su padre le había pedido que la convenciera para volver a casa. No pensaba decirle nada más. No quería darle consejos ni decirle lo que sentía en su corazón porque no quería presionarla. Estaba claro que Marianne tenía asuntos sin resolver en casa y él sabía que cualquiera que quisiera avanzar en su vida y cambiar tenía que afrontar su


pasado tarde o temprano. Llegó a la calle del bar y respiró profundamente para calmarse. Hablaría con corrección de su padre y no le diría que la quería. Si le pedía su opinión, sólo entonces le diría que debía volver a Carolina del Sur para solucionar sus problemas. Aunque no quería que se fuera. —Puedo hacerlo —se dijo en voz alta. Había un taxi aparcado frente al bar con el motor en marcha. Marianne estaba en la puerta, cerrándola tras ella y con una maleta en la mano. Se iba de allí. Iba a dejarlo. Salió del coche de un salto sin molestarse en quitar las llaves. Corrió por la acera hasta donde estaba ella. Agarró uno de sus hombros y la abrazó con fuerza. —No te vayas, Marianne —le dijo con desesperación. Ella se apartó. —Mi vuelo para Charleston sale dentro de una hora. Me lo dijiste tú mismo, Oz, la gente no puede huir de sus problemas. No estoy mejor aquí que allí. Vuelvo para arreglar las cosas, tal y como debí haber hecho desde el principio. —Estaba equivocado —repuso él—. Es distinto contigo. Quédate aquí


conmigo. Solucionaremos juntos las cosas. Ella negó con la cabeza y le sonrió con tristeza. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 127-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —No puedo, Oz. Tengo que hacer esto yo sola —dijo yendo hacia el taxi. No podía creer que fuera a quedarse solo de nuevo, después de haberla encontrado. No podía pensar. Por primera vez en su vida, sólo sentía sus emociones, puras y en carne viva. —¡Marianne! —dijo corriendo tras ella—. Sé lo de tu pasado, lo de tu enfermedad. Ella se quedó helada. Había miedo y suspicacia en su cara. —¿Cómo lo has sabido? —Tu padre vino a mi clínica esta tarde. —Así que él también lo sabe —repuso ella con la cabeza muy alta—. Bueno, mejor así. Estoy harta de guardar secretos. ¿Lo llamaste tú? —No. Créeme, yo no lo llamé. —Entonces fue él el que se puso en contacto contigo. Espero que disfrutarais


hablando de mi enfermedad —dijo continuando su camino. No sabía qué decirle para convencerla y conseguir que se quedara. No podía pensar en nada. Se acordaba de que había tenido un plan, pero ya no recordaba de qué se trataba. —Marianne —la llamó desesperado—. Te quiero. Era la primera vez en su vida que se arriesgaba, que ponía las cartas sobre la mesa sin importarle las consecuencias. Ella se giró para mirarlo. Estaba pálida y parecía distante. —Adiós, Oz. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 128-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 15 Observaban cada bocado que daba Marianne. Probó un experimento. Tomó un trozo de carne con el tenedor. Se lo llevó a la boca para después volver a dejarlo en el plato sin comerlo. Su madre frunció el ceño preocupada. Volvió a hacerlo y vio cómo su padre la observaba con atención.


Llevaba tres días de vuelta en Webb y sus padres la habían invitado a cenar todas las noches. Había vuelto al trabajo el día anterior y su padre había insistido en invitarla a almorzar. Al principio pensó que era porque se alegraban de verla, pero se dio cuenta de que contaban cada caloría que ingería. —Mamá, papá. Ya no padezco anorexia. Como igual que una persona normal. Podéis dejar de vigilarme. —No pretendía molestarte. Pero es que no sabíamos qué hacer —explicó su padre. —Eras como una desconocida —añadió su madre. Marianne miró a sus padres. Los dos eran elegantes y distinguidos. Estaban igual, pero algo había cambiado en las tres semanas que había estado en Maine. Se había pasado todo el viaje de Portland al aeropuerto pensando en Oz. Recordaba su imagen en la acera mientras el taxi se alejaba después de que le dijera que la quería. La idea le asustaba tanto que no quería ni pensar en ello. Así que se distrajo pensando en lo que le había contado Warren. Y cuando llegó al aeropuerto y vio a su padre en la sala de espera se había sentido fuera de control. Se había sentado a su lado sin saludarlo. —Echaste a Warren de Webb —le dijo con gesto acusatorio. Él levantó la vista.


—Así es. Sólo intentaba hacer lo mejor para ti, pero no lo hice bien. Por primera vez en su vida, había visto a su padre como un hombre que cometía errores, alguien que no lo sabía todo de la vida. Sólo era una persona. Igual que su madre e igual que toda la gente que vivía en Webb. Nadie podía manipularla para que fuera lo que no quería ser. —¿Fue culpa nuestra que enfermaras? —preguntó su madre con gesto de dolor—. ¿Por qué no nos lo contaste? ¿Hicimos algo mal? Le sorprendieron las preguntas de su madre. Las cenas en casa eran siempre formales, nunca hablaban de sentimientos. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 129-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Pensó que le sería fácil culpar a sus padres por eso. O a todas las familias de Webb por haberse preocupado sólo por los modales de sus hijos durante generaciones. Pero ahora se daba cuenta de que ser perfecta había sido una manera de esconder sus propios sentimientos. Nunca mostraba miedo, ira o pasión. —Todo ha quedado atrás —dijo tomando con amabilidad la mano de su madre—. Ya estoy bien y la enfermedad me ha enseñado que puedo quereros sin


intentar ser perfecta. La enfermedad la había ayudado a ver que era una mujer fuerte, capaz de superarla, y que tenía que valorarse. Pero no había si la anorexia la que la había ayudado a ver que podía ser ella misma. Había sido Oz. Se le hizo un nudo en la garganta. —Oscar me dijo que ya estabas bien —comentó su padre—. Pero sólo hace poco que nos enteramos de que habías estado enferma, por eso estamos tan preocupados y pendientes. —¿Óscar? —repitió ella—. ¿Oz te dijo que ya estaba curada? Su padre asintió. —Tuvimos una charla muy clarificadora. Es un buen hombre, tu Óscar. Un hombre fuerte. Había sabido que a sus padres les encantaría Oz en cuanto vieran que era doctor. —Tiene mucho éxito —comentó ella aburrida con la conversación. —Y sentido común. A él tengo que agradecerle que estés aquí con nosotros. —¿Qué quieres decir? —Cuando hablé con él, se negó a convencerte para que volvieras, pero es obvio


que al final te convenció, ¿no? —No —repuso ella—. Oz no me dijo que viniera. De hecho, me suplicó que me quedara allí con él. Volví a casa por decisión propia. Su padre asintió. —Óscar me dijo que eras lo suficientemente mayor como para tomar tus propias decisiones. Y tenía razón. Por eso me venía de vuelta a casa sin hablar contigo. Sus ojos se le llenaron de lágrimas. Recordó una habitación llena de vestidos de novia, cada uno de ellos esperando a una afortunada mujer que los llevara y llenara de amor. Y se acordó de las palabras de Oz. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 130-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —Creo que la gente debería tener derecho a cometer errores, ¿no te parece? —le había dicho él. Se dio cuenta de que había sido un error dejarlo. Había pensado que era una sustituta de su hermana, sólo un cuerpo que evitara


que se sintiera solo, pero nunca le había pedido a su hermana que volviera y tampoco había invitado a nadie más para que lo acompañara en su soledad. Había creído que intentaba controlarla cuando todo lo que había hecho había sido darle su libertad. —Mamá, papá —les dijo a sus padres—. He tomado una decisión que espero que no os disguste demasiado. Lo despertó el sonido del teléfono. Oz abrió los ojos. Todo el mundo a su alrededor era blanco. Parpadeó un par de veces y se dio cuenta de que el montón de papeles que tenía a su lado se le había caído encima mientras dormía. Buscó el teléfono. —Estoy ocupado —dijo al descolgar. —Ya, ¡menuda novedad! ¿Qué estás haciendo? ¿Enterrándote vivo entre historiales de pacientes? —le preguntó Jack al otro lado de la línea. —Tengo mucho que hacer. Jack suspiró con impaciencia. —Óscar. Si te enamoras, no puedes rendirte ante el primer obstáculo que aparezca y volver a recaer en tu obsesión por el trabajo. —¿Sí? Si no recuerdo mal, cuando pensaste que Kitty no podía quererte, tu


primera reacción fue ir a un bar e intentar ligar con unas chicas. Pero, claro, ni siquiera pudiste hacerlo. Al menos yo estoy haciendo algo constructivo con mi dolor —le dijo. —Sí. Recuerdo que cuando tenía el corazón roto, me aconsejaste que me comprara unas rodilleras y que le suplicara a Kitty que volviera conmigo. ¿Por qué estás aún en Maine? Lleva casi una semana fuera. Ve a buscarla. Oz dio vueltas por la desastrosa oficina mientras hablaba con su amigo. —No puedo. Para empezar, pensaría que estoy intentando controlarla, que es la razón por la que se fue. Además, su padre también la persiguió y no quiero hacer lo mismo que él. Es un cerdo arrogante. Y lo más importante de todo, ella no me quiere. Así que no tendría sentido que fuera a buscarla. —Pero… Sonó en ese instante el timbre de su puerta. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 131-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Jack? ¿Estás llamándome desde el móvil frente a mi casa? Porque estoy muy


ocupado. No tiene gracia. —No, no soy yo. Estoy en casa. Oz fue andando hasta la puerta. —Es Marianne —le dijo Jack—. Tengo un presentimiento. Oz se detuvo y miró el teléfono. Jack estaba convencido de que tenía poderes parapsicológicos, porque tuvo un sueño con Kitty antes de conocerla. —No creo en ese tipo de cosas —le dijo—. Si eres tú el que estás detrás de la puerta, te voy a partir la nariz, así que será mejor que te agaches. Abrió la puerta. Era Marianne. Verlo de nuevo fue como verlo por primera vez. Sintió un estremecimiento recorriendo su cuerpo. Pero ahora lo conocía y eso hacía que ese momento fuera aún más duro, pero también más dulce. —Hola —le dijo ella—. ¿Puedo pasar? —Eh… Pensé que… Sí, claro —repuso apartándose de la puerta para que entrara. Oz tenía su móvil en la oreja. —Tenías razón. Te llamo luego —le dijo a alguien al otro lado de la línea. Había viajado durante horas y horas para llegar allí y ahora se había quedado sin palabras.


Oz parecía algo suspicaz y algo descuidado, como si acabara de despertarse. Después de verlo, ella se sentía también algo aturdida. Le latía el corazón con fuerza y sus labios estaban hambrientos. Se sentía viva, no se había sentido igual durante el tiempo que había estado fuera de Maine. También estaba muy asustada. Había vuelto a irse de Webb y esa vez estaba arriesgando aún más. Oz carraspeó antes de hablar. —¿Qué tal Carolina del Sur? Estaba muy callado y tranquilo. Recordó la última vez que lo vio, frente al bar y con un gesto agónico en el rostro. Ahora no sabía qué estaba pensando. Estaba a la defensiva y nunca había estado así. Supo que era culpa suya. Sabía que había cometido un error. No era el primero ni sería el último. Lo que le dolía era haber hecho daño a Oz. —Ha sido duro —le dijo—. Mis padres no están contentos con algunas de mis decisiones. Les da miedo ver que no soy la niña perfecta que siempre creyeron que Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 132-138 https://www.facebook.com/novelasgratis


era. Soy adulta y tengo muchos defectos. Y una vida propia —añadió riendo —. Por cierto, le encantas a mi padre. Oz se quedó mirándola sin entender. —¿Lo dices en serio? Si casi lo estrangulo. —Le gustan los hombres fuertes. Y también las mujeres fuertes. Me he dado cuenta de que podía haberme enfrentado a él hace años y de que al final todo habría salido bien. Me quieren de verdad, aunque a veces no lo demuestran como debieran. A mi padre le importaba tanto que no vio otra manera de demostrarlo que controlándome. —¿Igual que crees que hago yo? —No, tú no haces eso. Eso fue culpa mía. Mis miedos me impedían confiar en ti. Eres la única persona que me ha conocido sin saber de dónde venía y que ha querido saber quién soy. Ninguno de los dos se había movido desde que entraron en el vestíbulo. Estaban de pie y a un metro de distancia. Oz se movió entonces. Durante un segundo, Marianne pensó que se acercaba a ella, pero todo lo que hizo fue meterse las manos en los bolsillos. —¿Por qué has vuelto a Maine? —le preguntó.


—Para decirte que siento haberte hecho daño y no haber confiado en ti. Siento haber huido de ti cuando me dijiste lo que sentías. —No era mi intención decírtelo, tenía muy pensado y razonado lo que iba a contarte, como hago siempre. Pero me olvidé de todo eso y preferí no pensar y decirte lo que sentía. Era la primera vez en mi vida que hacía algo así, pero tú te fuiste de todas formas. Se le llenaron los ojos de lágrimas. —Hice exactamente lo que predijiste que haría. La razón por la que no querías enamorarte de mí. —Pero tenías que hacerlo —repuso él. Marianne asintió. —Lo sabía. A veces desearía no entenderte tan bien como lo hago. —Yo me alegro de que sea así. Oz la miró. Ella había ido hasta su casa directamente desde el aeropuerto. Aún llevaba su fina chaqueta y zapatos. Eran perfectos para Webb, pero demasiado fríos para Maine. —¿Vas a volver a Webb? —le preguntó él. —No. Quiero empezar de nuevo. Y esta vez lo haré bien. No pienso fingir


que soy alguien distinto. Sólo quiero ser yo misma y estar contigo. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 133-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Inhaló con fuerza para tener el valor de dar un paso al frente y acercarse a él. Tomó su cara entre las manos. —Yo también te quiero —le dijo mirándolo a los ojos. Se puso de puntillas y lo besó. Sus labios eran firmes y suaves, tal y como los recordaba. Sintió cómo Oz respiraba por la nariz e inhalaba su aroma. Después oyó un ahogado gruñido en su garganta. Placer y deseo contenidos. El corazón saltaba de alegría en su pecho, como la primera vez que se besaron. Pero esa vez no estaban en un escenario ni enfrente de una multitud. Estaban solos y juntos. Los dos solos en un mundo nuevo de oportunidades. Y Oz la abrazó entonces. Abrieron sus bocas y sus lenguas se juntaron. Enredó los dedos en su pelo e intensificó el beso. Sentía las manos de Oz por todo su cuerpo, acariciándola y atrayéndola más hacia él. Lo deseaba con todo su ser. Dentro de ella y a su alrededor, una y otra vez.


Quería hacer el amor con él, reír y charlar con él. Quería compartirlo todo con Oz. Para siempre. Cuando se separaron, los dos estaban jadeando. —Te quiero —dijo él cubriéndole de besos la cara—. Te quiero y deseo casarme contigo, tener hijos y hacerme viejo a tu lado. Sé que es mucho y que hace poco que nos conocemos, pero podemos ir a tu ritmo, tomándonos las cosas tan despacio como necesites. Sólo deseo que me dejes estar siempre a tu lado. Ella le sonrió. Era su chico malo y su buen hombre. Llevó los labios hasta su oído mientras se pegaban sus cuerpos y sentía su erección. —La verdad es que podemos ir tan rápido como quieras —le dijo. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 134-138 https://www.facebook.com/novelasgratis Epílogo Era la boda perfecta. El traje de novia era precioso, las damas de honor llevaban vestidos de seda roja muy simples y elegantes. Las flores añadían su exquisito aroma al evento y estaban perfectamente coordinadas. Había rosas rojas y lirios. El novio y sus padrinos


llevaban trajes hechos a medida para la ocasión y chalecos rojos. Marianne lo había elegido todo ella misma. Miró a Oz. Estaba guapísimo con su traje. Estaba peinado, pero su pelo seguía siendo indomable. Quería abrazarlo y besarlo, pero no era el momento adecuado. Sobre todo porque el que dirigía la ceremonia era el propio padre de Oz. Era casi tan alto como él, pero su pelo era castaño. Tenía la misma sonrisa amable de su hijo. Marianne estaba de pie cerca del altar. Jennifer y Alice, hermanas de Oz, estaban a su lado. Y él estaba con sus hermanos Michael y Joe. Con sus manos unidas, Daisy y Steve se miraban a los ojos frente al pastor, repitiendo las palabras que los convertirían en marido y mujer. Tuvo que luchar para no llorar de emoción cuando se besaron. Miró a Oz y vio que él la estaba observando. Sonreía. La tomó por el brazo mientras caminaban por el pasillo central tras los recién casados. —Ven conmigo, tengo algo que enseñarte antes del banquete —le dijo Oz al oído. Ella asintió y lo siguió hasta una sala próxima a la iglesia. Allí enseñaba catequesis su madre. La habitación estaba llena de pequeñas mesas y sillas y


coloristas dibujos del arca de Noé. —Todo ha sido precioso —le dijo ella cerrando la puerta tras ellos. —Gracias a ti —repuso Oz—. Gracias a tu buen gusto en ropa y flores. Y a tu diplomacia al conseguir que Daisy se hablara de nuevo con mi madre y mis hermanas. No pudo evitar sonreír. —¿Quién iba a decir que se me iban a dar bien las reconciliaciones familiares? —Yo lo habría dicho —repuso Oz abrazándola—. Puedes hacer cualquier cosa que te propongas. —¿Ya no piensas que tu hermana se está casando demasiado joven? Él negó con la cabeza. —No. Nunca la he visto tan feliz. Y he aprendido que no puedes controlar el momento en que te enamoras. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 135-138 https://www.facebook.com/novelasgratis La besó con ternura y pasión. Había estado deseando hacerlo durante toda la ceremonia.


Oz la miró inclinando la cabeza hacia un lado. Parecía estar pensando o planeando algo. Entonces, de repente, la tomó en brazos y la llevó hasta la mesa de despacho que había en la sala. La dejó sobre ella y la besó en la frente. —Tengo algo que preguntarte —le dijo mientras se arrodillaba en el suelo. Hacía poco más de tres meses que había vuelto de nuevo a Maine después de su breve viaje a Carolina del Sur. Llegó el ocho de noviembre y ya era catorce de febrero, el día de San Valentín. Se había pasado todo ese tiempo al lado de Oz, enamorándose aún más de él, conociendo a su familia y amigos. Se lo habían tomado con calma. Con relativa calma. Y cada uno de esos días había soñado con verlo arrodillado frente a ella, como en ese instante. —La respuesta es «sí». Él hizo una cómica mueca de desesperación. —Deja al menos que te lo pregunte, llevo mucho tiempo ensayando esto. —Y yo llevo mucho tiempo esperando. Estaba empezando a pensar en decirle a Lizzie que hiciera una subasta de posibles maridos para mí.


—No tienes vergüenza —repuso él metiéndose la mano en el bolsillo y sacando una caja de terciopelo. Cuando la abrió, apareció el anillo más bonito que había visto en su vida. Era una simple banda de oro con un único e impresionante brillante en medio. Brillante y puro como la primera nevada que habían disfrutado juntos. —Marianne Webb, ¿quieres casarte conmigo? —¡Sí! Sí, sí, sí, sí. Más que nada en el mundo. Ponme el anillo. —Me encanta cuando me das órdenes —repuso él colocándolo en su dedo anular con delicadeza. Después la abrazó y la besó con tanta fuerza que perdió la noción del tiempo por completo. —Oz —le dijo entre besos mientras Oz la acariciaba por debajo de la falda—. Una limusina nos está esperando para llevarnos al banquete. —No. —Sí, es verdad. Daisy me pidió que la reservara. —No —dijo él de nuevo. Se puso de pie y, de la mano, la sacó de la sala. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 136-138 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Tenemos nuestro propio medio de transporte —anunció mientras abría la puerta de la iglesia. Vio la Harley frente a ellos en la acera. El manillar estaba decorado con lazos blancos. Marianne rió. Oz la sentó en la parte de atrás de la moto y le puso su chaqueta de cuero y un casco. Ella se levantó la falda hasta medio muslo y rodeó a Oz con sus piernas y brazos. —¿Estás lista para el viaje más excitante y sensual? —le preguntó él mientras ponía la moto en marcha. Sintió las vibraciones del motor por todo su cuerpo. —Siempre estoy lista para eso. Volaron por las calles de Portland hasta el hotel donde se celebraba el banquete. Desde los ventanales del edificio se contemplaban hermosas vistas de la bahía y del faro. Marianne lo había elegido ella misma. Pero no quería llegar al hotel, quería seguir en la moto con Oz. En ese instante sentía que eran las dos únicas personas en todo el universo. Cuando llegaran al hotel sería el día de Daisy y Steve. Pensó que pronto sería su día especial, pero de momento se conformaba con estar abrazando a Oz y saboreando ese momento. Aparcaron frente al hotel y se sacó el casco.


—Bueno, eso es lo que se consigue yendo tan rápido —dijo de mala gana—. Que se llega antes al sitio adonde vas. —Espero que eso no sea un problema —repuso él tomando su mano para entrar en el hotel. El exterior estaba decorado con globos blancos y guirnaldas. Oz apretó su mano y abrió la puerta de entrada. La sala estaba llena de gente, eso no le sorprendió, pero sí el enorme grito con el que la recibieron. Todos los invitados aplaudían y sonreían al verlos entrar. Se dio cuenta de que el aplauso era para ellos. Marianne vio a gente que no había estado en la iglesia. Estaban Lizzie y otros empleados del centro de jóvenes donde ella había estado trabajando como voluntaria desde hacía unos meses. Hasta algunos de los adolescentes del centro estaban allí. También vio a Warren, vestido como un padrino. La abrazó y la llevó de la mano hacia el otro lado del salón. Allí, delante de los ventanales con las hermosas vistas del faro, estaba el padre de Oz con su traje de oficiante. Al lado de él estaban Jack con traje, Kitty vestida como una dama de honor y el resto de la familia de Oz. También vio a sus propios padres, vestidos de forma muy elegante y con los ojos llenos de lágrimas al ver a su hija yendo hacia el altar. Su madre se acercó y le entregó un ramo de rosas y lirios. Escaneado por Vale Black y corregido por Paris


Nº Paginas 137-138 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Te he dicho que quería que te casaras conmigo enseguida? —preguntó Oz con una sonrisa. Marianne lo besó y todo el mundo aplaudió a su alrededor. Después, con las manos entrelazadas, caminaron juntos hacia el futuro que los esperaba ya. Fin Escaneado por Vale Black y corregido por Paris Nº Paginas 138-138

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La libertad del deseo julie cohen  

Argumento: Cuando era buena, era muy, muy buena... Cuando era mala, era aún mejor...Marianne estaba acostumbrada a no arri...

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Argumento: Cuando era buena, era muy, muy buena... Cuando era mala, era aún mejor...Marianne estaba acostumbrada a no arri...

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