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La Fuerza del Corazรณn Karen Templeton 2ยบ Serie Amores por Sorpresa La Fuerza del Corazรณn (16.08.2004)


Título Original: Fathers and Other Strangers (2003) Serie: 2º Amores por Sorpresa Editorial: Harlequín Ibérica Sello / Colección: Sensaciones 498 Género: Contemporáneo Protagonistas: Hank Logan y Jenna Stanton Argumento: Su sobrina necesitaba un padre, y ella un marido Jenna Stanton había criado a su sobrina Blair sin saber quién era su padre… hasta que un pedazo de papel la condujo a Hank Logan, un ex policía gruñón y arrebatadoramente atractivo. ¿Cómo podía decirle que Blair era su hija? Y más importante aún, ¿debería decírselo? Su instinto policiaco le dijo a Hank que la hermosa viuda y la encantadora niña no estaban en el pueblo por casualidad. Pero cuando descubrió la verdad se quedó absolutamente perplejo, porque en Blair y Jenna veía la oportunidad de asumir los dos papeles que había jurado no desempeñar jamás: padre y marido. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 — E HHHH! ¿Por qué paramos aquí?


Jenna Stanton paró el motor del Corolla y miró la cara enfadada de la chica de trece años a la que quería con todo su corazón. Procuró reprimir el miedo y forzó una sonrisa. Merengue maulló detrás de su asiento para protestar por su encierro en la cesta. —Éste es el pueblo del que te hablé —dijo Jenna, que seguía agarrando con fuerza el volante—. Vamos a pasar un mes aquí. Blair se metió un mechón de pelo rojo detrás de la oreja y estiró el cuello para ver mejor el motel Flecha Doble. —¡Es un motel! —exclamó, con la mueca de asco que solía reservar para el hígado frito y las películas de Disney. —No nos quedaremos en esta parte. Hay cabañas al lado del lago. Blair hizo una mueca. Y Jenna tuvo que reconocer que, desde ese ángulo, el Flecha Doble tenía el mismo aspecto de todos los moteles baratos: una planta de estuco beige con puertas y ventanas baratas. Unas doce unidades hasta donde alcanzaba la vista, con sólo tres coches aparcados fuera. Las cabañas no se veían desde allí. Aun así, el lugar no era tan vomitivo como su sobrina se empeñaba en hacer creer. Las sombras temblorosas de docenas de sauces y robles suavizaban la arquitectura


pragmática y acariciaban el césped bien cortado y los lechos de petunias y botones de oro. El aire era caliente, sí, pero el silencio resultaba espeso y exuberante, roto a veces por el trino de algún pájaro. Por lo poco que había visto, el pueblecito de Haven no estaba tan mal. —Es muy bonito, ¿no te parece? —Es aburrido. Jenna reprimió un suspiro. —Blair, a ti todos los sitios que tienen menos de un millón de habitantes te parecen aburridos. Los ojos azules de la chica la miraron con rencor. Había sido una niña muy guapa y alegre, pero el principio de la adolescencia no se estaba portando bien con ella ni en el plano físico ni en el psíquico. Su pelo era muy fino, sus piernas muy largas y sus dientes estaban prisioneros de un aparato muy caro. Y la pobre tenía más pecas que políticos hay en Washington. —No lo entiendo —protestó—. Tus libros siempre transcurren en Washington. Siempre. ¿Y ahora tienes que escribir uno que tiene lugar en Oklahoma? Habían tenido esa conversación quince veces como mínimo desde marzo, cuando Jenna se había dado cuenta de lo limitado de sus opciones. Tiró hacia abajo de la camiseta húmeda de sudor, pues el aire acondicionado había fallado a la altura de Nashville, e intentó sonreír de nuevo.


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 2—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya te lo he dicho. Me estaba quemando y necesitaba un cambio. —¿Y qué quieres que haga yo un mes entero aquí mientras tú escribes diez horas al día? —los ojos de Blair se llenaron de lágrimas y a Jenna se le partió el corazón—. Aquí no conozco a nadie. ¿Por qué no me has enviado a mí a un campamento? Jenna se pasó una mano por el pelo, que olía todavía a los productos químicos con los que se lo había teñido ella misma el día anterior. —Tú odias los campamentos y ya te dije que no pienso escribir mucho. Sólo repasaré las pruebas de imprenta del libro de diciembre y esbozaré un poco el nuevo, pero nada más. Esto es básicamente un viaje de investigación, así que iremos a ver paisajes y quizá también de acampada. Tú siempre has querido hacer eso. —Pero tú no sabes nada de acampar. —¿Y tú sí, listilla? —No. —En ese caso, podemos aprender juntas.


Hubo un silencio. Blair soltó el cinturón y abrió la puerta. —Tengo que ir al baño —anunció. Salió del coche y corrió hacia el cartel que ponía Oficina. Jenna suspiró, sacó su bolso de debajo del asiento y la siguió, tirando de su pantalón corto hacia abajo. No era justo para Blair arrastrarla hasta allí y se sentía culpable por no poder decirle la verdad, pero era demasiado pronto para eso. Siguió a su sobrina a la oficina y tragó saliva. Sólo había hablado con Hank Logan una vez, cuando llamó para alquilar una cabaña durante un mes, y recordaba bien su voz profunda y cargada de sarcasmo. Una voz que no encajaba con la imagen de un hombre que, según su información, había comprado un motel destrozado y lo había restaurado él solo ladrillo a ladrillo. Una voz que no encajaba con el césped bien cortado y los maceteros de petunias y botones de oro. —¿Qué desean? Sí. Esa voz. Blair fue la primera en volverse, con la mano en el picaporte de la oficina. Jenna miró a su sobrina, que no se parecía nada a Sandy, la hermana de Jenna, y que quizá se pareciera a Hank o quizá no. De no ser así, su plan podía ser una pérdida de


tiempo. Después de todo, lo único que tenía era un nombre en un diario, algunas coincidencias y nada más. No tenía pruebas. Entre la timidez crónica que nunca había superado del todo y lo extraño de aquella situación en particular, se volvió con un nudo en el estómago. Por suerte, Blair no se parecía nada a Hank Logan. Por desgracia, Blair no se parecía nada a Hank Logan. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 3—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Puedo usar un baño? —preguntó la chica. —Entra ahí y a la derecha. Está abierto — repuso él. Sus ojos se posaron en Jenna y a ella se le encogió el corazón. Hank tardó menos de un segundo en identificar a la mujer como la persona que había llamado desde Washington unas semanas atrás. No porque sus pantalones cortos caquis y su camiseta verde fueran precisamente elegantes, pero su postura, su modo de llevar las gafas de sol encima del pelo rubio revuelto y sus sandalias modernas indicaban quién era.


Apoyó la escalera que llevaba colgada al hombro en el tronco de un roble cercano y tomó su camiseta negra de la rama en que la había colgado antes. Intentó limpiarse con ella el sudor y el polvo de la cara y luego se la puso. La joven lo miraba como si nunca hubiera visto el pecho de un hombre, cosa que a él le habría divertido en otro tiempo, pero ahora lo irritaba. Aunque por otra parte, casi todo lo relacionado con mujeres lo irritaba ahora. —¿Es usted Jenna Stanton? —preguntó. Ella asintió; sus ojos azules parecían alerta y apretaba los labios. Hank calculó que tendría más o menos su edad... acercándose a los cuarenta o un poco más. La brisa le lanzó el pelo rubio y liso sobre la cara y ella lo apartó. Parecía tener calor. Y también parecía asustada. Como si le tuviera miedo. —¿Y usted es el señor Logan? —preguntó al fin. —Así es. La mujer hizo ademán de acercarse, pero no llegó a hacerlo. —Soy Jenna Stanton. Hablé con usted por teléfono hace unas semanas. —Sí. Suponía que era usted. —Sé que nos hemos adelantado, pero me gustaría saber si la cabaña está lista. Hank tomó la escalera y pasó delante de la mujer para apoyarla en la pared de la oficina. —Señora, está de suerte. Los anteriores ocupantes se han ido antes de lo


previsto. —¿Las cabañas tienen más éxito que esta zona? Hank sintió enojo, pero procuró reprimirlo. —Todavía es pronto. Esto se animará dentro de un par de semanas. ¿Quiere que le enseñe la cabaña? Ella le lanzaba en ese momento una de esas miradas de valoración que tan bien se les dan a las mujeres y tanto odiaba Hank. Metió las manos en los bolsillos y él decidió que tenía buenas piernas... para una mujer de su edad. —Olvidé preguntarle qué hay para cocinar. Hank enarcó las cejas. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 4—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Las cabañas tienen cocina. Y por cierto, no tienen aire acondicionado porque el viejo no servía y no he tenido tiempo de cambiarlo. Aunque todas las habitaciones tienen ventiladores en el techo. La joven torció la boca. —Entiendo. Bueno, señor Logan, tengo calor y llevo dos días en el coche con una adolescente que está convencida de que ha sido condenada al infierno, así


que, mientras haya agua corriente y colchones decentes y no haya chinches, me quedaré. Sus palabras sonaban a fuerza, pero sus ojos azules contaban otra historia, una historia que Hank desconocía, porque, como a casi todos los hombres, no se le daba bien comprender a las mujeres. Pero su instinto de ex policía le decía que allí pasaba algo raro. —Los colchones son nuevos, las tuberías funcionan y, si ve algún animal dentro, le enviaré a alguien para que le pegue un tiro — dijo—. ¿Qué le parece? Ella palideció. —Yo no quiero matar nada, sólo quiero que se quede fuera. Hank metió los pulgares en los bolsillos. —Bueno, querida, en el campo suele haber bichos. Y como ellos llegaron antes, suelen entrar en un sitio si les apetece. Los de cuatro patas saldrán solos si hace ruidos, y a los de seis u ocho puede aplastarlos. Bueno, quería una de dos dormitorios, ¿verdad? Entró en la oficina, donde había una mesa con un ordenador, un tablero de corcho con llaves, un teléfono y un par de sillas viejas. Oh, y unas fotos de la zona que


habían puesto allí los dueños anteriores y que Blair observaba con el ceño fruncido. Pelirroja y con pecas, tenía toda la pinta de ir a ser aún más alta que su madre, quien ya era más alta que la media. —Sí, dos dormitorios —dijo Jenna Stanton—. Y olvidaba otra cosa. Necesito una clavija de teléfono para mi conexión a Internet. Hank, que ya tenía una llave en la mano, hizo una mueca y la cambió por otra. Aquello no tenía sentido. ¿Qué hacía una mujer así en aquella zona y con una adolescente que seguro que se aburriría como una ostra allí? —En ésta hay clavija de teléfono —mostró la llave—. Los antiguos dueños vivían allí, así que tiene más servicios. ¿Pero puedo preguntarle qué piensa hacer durante su estancia aquí? —Soy escritora —contestó la mujer con una sonrisa—. Quiero investigar para mi próximo libro. —¡Ah! —abrió el libro de registros—. Muy bien, puede firmar aquí —le pasó un bolígrafo. Ella firmó con la mano izquierda, una mano que lucía una alianza y un anillo de compromiso. Hank dio la vuelta al libro.


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 5—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿El señor Stanton se reunirá con ustedes? —No. —¿Tarjeta de crédito? —Oh. Por supuesto —sacó una cartera del bolso y de ella la tarjeta de crédito. Llevaba las uñas cortas y no parecía usar maquillaje ni perfume, aunque lo que quiera que usara en el pelo olía lo suficiente para impregnar toda la oficina, quizá por el calor. —¿Y qué hace con el recibo? —preguntó ella. —Va a la caja fuerte hasta que se marche. Nadie puede verlo aparte de mí. Pueden ir a la cabaña, la suya es la segunda que se encontrarán, la del porche azul —vaciló—. ¿Necesitan ayuda para descargar el coche? La mujer lo miró a los ojos un momento. —No, nos arreglaremos bien —enderezó los hombros y miró a la chica—. ¿Blair? ¿Estás lista? —Sí, lista para vomitar —murmuró la chica; salió tras ella. Jenna miraba el paisaje de pie en el porche y procuraba relajarse. El lago, a


unos cincuenta metros de allí, era más bien un estanque grande, pero brillaba a la luz del sol y había un muelle en una orilla, por lo que quizá se podía nadar en él. En el otro extremo se veía un bosquecillo denso con mil tonos de verde distintos que complementaban los azules y púrpuras lejanos de las montañas Ozark. Hacía calor y los mosquitos estaban pesados, pero el lugar era muy hermoso. Inhaló profundamente y soltó el aire despacio. Lo mejor que podía decir de su primer encuentro con Hank Logan era que había salido relativamente ilesa. Era un hombre desarreglado, sin afeitar, que bordeaba la mala educación y no parecía sentir una afinidad especial por los niños. A Blair, al menos, no he había hecho ningún caso. Y a ella le había alterado las hormonas de un modo inesperado. Suspiró con rabia. No había duda de que llevaba tres años metida en una cueva. De no ser así, jamás se habría excitado con un hombre que parecía un cavernícola. Aun sabiendo lo que sabía de su pasado reciente, tenía que disculparlo hasta cierto punto; no podía permitir que nada, ni el pasado de él ni sus hormonas, nublaran su sentido común. Bajó a buscar la última bolsa, entró en la cabaña y la dejó en la alfombra gastada pero limpia que ocupaba casi todo el suelo de madera de la zona de estar. Se acercó a la ventana más cercana, la abrió y se fijó en que el mosquitero era


nuevo y el alféizar estaba recién pintado. Por desgracia, no había aire, lo que hizo que agradeciera más aún los árboles que daban sombra al exterior. Miró los dormitorios, que eran pequeños pero limpios y con muebles sencillos. Y sí, los colchones parecían nuevos, aunque las almohadas eran sintéticas y se alegró de haber llevado consigo la suya de plumas. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 6—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Volvió a la zona de estar, abrió más ventanas, conectó el ventilador del techo y miró la parte de la cabeza de su sobrina que sobresalía por encima del brazo del sofá pegado a una de las paredes de madera. Como siempre, Blair escuchaba música con la gata tumbada en su estómago. Jenna se acercó y retiró uno de los auriculares. —¿Qué habitación quieres? Blair hizo una mueca, se encogió de hombros, le quitó el auricular y volvió a ponérselo. Jenna decidió que no era un buen momento para perder la paciencia y abrió la última ventana, con lo que al fin consiguió tener algo de aire. Volvió a acercarse a Blair.


—Ven, tienes que ayudarme a meter la nevera y tenemos que hacer algo de cenar. No sé tú, pero yo estoy muerta de hambre. No era verdad. Lo único que quería era dormir una semana y olvidarse de sobrinas malhumoradas, revelaciones en diarios, informes de detectives y hombres sexys y sin afeitar con voz profunda que alteraban sus hormonas. Blair se dignó a levantarse del sofá y salir hasta el coche. Jenna la siguió algo más animada. —¡Jenna! ¡Jenna, despierta! Jenna abrió un ojo y miró a Blair. —¿Qué...? —El agua del inodoro se sale. Jenna sintió entonces unas ganas terribles de orinar. —Está inundando todo el baño. Tres segundos después, Jenna chapoteaba en unos tres centímetros de agua inesperadamente fría, que amenazaba con llegar rápidamente a la sala de estar. Lanzó una maldición y rezó para que hubiera una llave de paso debajo del inodoro. La había, pero desgraciadamente no se movía. Jenna salió maldiciendo del baño y entró en la cocina, cuya llave de paso sí se movió, cosa que detuvo la inundación


pero dejó sin agua toda la cabaña. Volvió a maldecir, entró en su habitación y tomó un rollo de papel higiénico de la cómoda. —Enseguida vuelvo. Salió al exterior con su pijama de pantalón corto y, cuando volvió al porche, Blair la miró horrorizada. —¿Has orinado fuera? —Sí, señorita —entró en la cabaña y buscó en las maletas aún sin deshacer. Estaba ya de mal humor. Su intención había sido dormir hasta tarde, no enfrentarse a Hank Logan antes del café—. Y no te preocupes. Sólo estábamos los pájaros y yo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 7—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Miró a su sobrina, cuya expresión de horror había dado paso a una de asco. Tomó su gorra de los Redskin de la mesilla y se la puso. —Voy a informar enseguida de esto. Vístete mientras vuelvo y nos iremos a desayunar al pueblo. —Todo esto ha sido una idea estúpida. Jenna vio que su sobrina tenía lágrimas en los ojos y se acercó a abrazarla.


—Siento que haya empezado tan mal —le susurró— pero te prometo que mejorará. Aunque ya habían pasado más de dos años, todavía había mañanas en las que Hank despertaba sudando y luchando por respirar, con la sensación de tener una carga de cemento en el pecho. Cerró los ojos y se sentó en el borde de la cama a buscar los cigarrillos. Las manos le temblaban tanto que le costó tres intentos conseguir que funcionara el mechero. El año anterior había dejado de fumar varios meses, pero entre los recuerdos del día y el terror de las noches... bueno, fumar parecía el menor de los males. Dio la primera calada y esperó a que su corazón se calmara. Ryan, su hermano y médico del pueblo, le daba siempre la lata con que dejara de fumar, uno de los motivos por los que procuraba no verlo mucho. ¿Y quién narices llamaba al timbre de la oficina tan temprano? Lanzó una imprecación, dio varias caladas más y apagó el cigarrillo. Se puso los vaqueros que había dejado al lado de la cama la noche anterior y fue a abrir. Jenna lo miró sobresaltada. —¡Señor Logan! ¿Y si llega a ser Blair? Por favor, vaya a terminar de vestirse. No tengo tanta prisa.


La única concesión de Hank fue abrocharse la cintura del pantalón. —Si viene a tocar el timbre antes de las ocho, tendrá que verme como me encuentre. Y supongo que no viene a invitarme a desayunar. La mujer lo miró a los ojos. —El baño se ha inundado. He cerrado la llave de paso, pero ahora estamos sin agua, así que tiene que arreglarlo enseguida. Hank se rascó la barbilla y pensó que tal vez se afeitara ese día. O quizá no. Tendría que pensarlo bien. —No tiene agua, ¿eh? ¿Quiere usar mi baño? —señaló hacia el apartamento. —No, no necesito usar su... baño. Ya hemos... Hank casi sonrió a su pesar. Hacía mucho tiempo que no se divertía tanto tomándole el pelo a una mujer. —Supongo, señora Stanton, que tendrá suficiente sentido común para no usar hojas para... Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 8—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Blair y yo vamos a desayunar al pueblo —lo interrumpió ella, con las mejillas


rojas—. Le agradecería que solucionara el problema antes de que volvamos. Dio media vuelta y empezó a alejarse. —¿Señora Stanton? Ella lo miró. Hank sacó un billete de cinco dólares del bolsillo. —Ya que van a ir al pueblo, ¿puede traerme un sandwich de beicon y huevo del Café de Ruby? Y patatas fritas. Oh, y... —sacó otros cinco dólares—. Tráigame también un batido de chocolate. Ella lo miró un momento con una expresión mezcla de sorpresa y lástima. Pero retrocedió y aceptó los billetes. —Supongo que es lo menos que puedo hacer a cambio de que arregle el baño a estas horas — se sonrojó aún más y carraspeó—. ¿Usted toma batido para desayunar? Hank sonrió. —Usted no conoce los batidos de chocolate de Ruby. Ella no dijo nada más. Se volvió y Hank se quedó mirando su trasero. Sí, Jenna Stanton tenía también sus encantos. Era la clase de mujer que hacía que un hombre quisiera ayudarla a relajarse y besarla hasta dejarla sin sentido. Y Hank sentía que tenía mucha suerte de ser lo bastante viejo y también lo bastante listo para saber que él no iba a ser ese hombre. Escaneado por Corandra y corregido por Pily


Nº Paginas 9—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 J ENNA había leído sobre lugares así... había incluso escrito sobre lugares así, pero hasta esa mañana no había visto uno en persona y, a juzgar por la expresión de Blair, ella tampoco sabía qué pensar del Café de Ruby. La chica se inclinó hacia delante. —Parece el escenario de una película. Jenna hizo lo mismo. —Lo sé. Blair hizo una mueca y se echó hacia atrás en el asiento. Una camarera morena vestida de rosa les había dado ya las cartas y servido café descafeinado a Jenna. El lugar estaba lleno de gente, en su mayoría hombres con distintas marcas de vaqueros y camisetas de algodón. Las risas, conversaciones y el chocar de platos se mezclaban con el crujido del beicon en la plancha detrás del mostrador, y a pesar del mal principio de la mañana, Jenna empezaba a sentirse un poco mejor. Hasta que levantó la taza y en ella volvió a ver a Hank Logan medio vestido, con el pelo revuelto y recién levantado. Blair frunció el ceño. —¿Qué te pasa? Estás colorada. —Nada. ¿Has dormido bien? —Charmaine me ha dicho que teníamos visita — dijo una voz encima de sus


cabezas. Jenna levantó la vista y se encontró con una cara redonda y morena de mujer con pelo corto blanco. Sonreía de oreja a oreja—. ¿Qué tal están? —Bien —musitaron Jenna y Blair al unísono. La mujer, ataviada con una camisa blanca amplia y pantalones azules de poliéster, rellenó la taza de café de Jenna. —Me alegro. Soy Ruby Kennedy. Mi marido Jordy y yo somos los dueños de esto, así que, si quieren algo que no esté en la carta, lo piden y veremos lo que podemos hacer. Aunque estoy pensando hacer tortitas de arándanos, si a alguien le interesan —miró a Blair, quien a su vez miró a Jenna casi con interés. —Adelante —rió ésta. —¿Puedo pedir también café? —Sabes que no. Zumo o leche. La chica suspiró y pidió tortitas de arándanos con zumo de naranja. —¿Quieres también beicon o salchichas? —preguntó Ruby. Blair se estremeció. —No como carne.


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 10—121 https://www.facebook.com/novelasgratis La mujer enarcó las cejas, pero no dijo nada. Miró a Jenna. —¿Y tú, encanto? ¿Quieres también las tortitas de arándanos? —No. Creo que me conformaré con un tazón de Special K y un pomelo partido por la mitad. Ruby se echó a reír. —Vaya, no me extraña que estés tan delgada, pero si eso es lo que quieres, ¿quién soy yo para criticarlo? Vale, enseguida viene. . —¡Oh, espere! —dijo Jenna—. Acabo de recordar que también tengo que llevarme el desayuno para el señor Logan. —¿El señor Logan? ¿Cuál de ellos? Jenna y Blair se miraron. —¿Hay más de uno? —Hay tres. Los tres hermanos. Aunque uno es el doctor Logan, no el señor Logan. ¿Para quién es el desayuno? —Ah. . Hank. El del motel Flecha Doble.


La mujer frunció el ceño y cruzó los brazos. —¿Os hospedáis allí? —Hemos alquilado una de las cabañas para un mes, sí. —¿De dónde eres, querida? —De Washington. ¿Por qué? —¿Y vienes hasta aquí para quedarte en una de las cabañas de Hank Logan? Jenna no supo qué decir. —Mi tía es escritora —intervino Blair—. Está aquí investigando para su próximo libro. Ruby miró a Jenna. —¿Es eso cierto? ¿Escribes algo que yo conozca? Jenna vio que varias cabezas miraban en su dirección y dijo su pseudónimo con miedo. A la dueña del café se le iluminó el rostro. —¿Tú eres Jennifer Phillips, la de los libros de misterio de Stella Moon? Los he leído tantas veces que están destrozados. Eh, Jordy —gritó hacia el mostrador, donde un hombre negro y calvo atendía la plancha con una camiseta blanca y un delantal—. ¿Sabes quién está aquí? Jennifer Phillips, la escritora. —¿En serio? —Jordy miró por encima del hombro, sirvió tortitas en media docena de


platos, las complementó con salchichas o beicon y llamó a gritos a las dos camareras. Se secó las manos en una toalla y se acercó a la mesa con una sonrisa amplia, que mostraba un diente de oro a juego con su pendiente de aro. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 11—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Escribe usted muy buenos libros, señora Phillips. Nunca sé quién es el malo hasta el final. Después de un minuto de conversación, Ruby y él volvieron a la cocina, pero no antes de que otras cinco o seis personas se acercaran a la mesa para felicitarla, preguntarle si le importaría firmar sus libros o darle ideas para su próximo libro. Jenna comprobó sorprendida que el pánico que siempre hacía que le sudaran las manos y se le cerrara el estómago en esos momentos no llegó a producirse. No sabía por qué, como no fuera porque, curiosamente, aquellas personas no le parecían extraños.


Ruby les sirvió personalmente y espantó a todo el mundo para que las dejaran comer en paz. Le preguntó a Blair cuántos años tenía y luego le dijo que Sam Frazier tenía una chica de la misma edad, vivía en una granja detrás del Flecha Doble y sería maravilloso que pudieran conocerse porque para Libby, que tenía cinco hermanos más pequeños, sería maravilloso tener otra chica con la que hablar. No se alejó de ellas hasta que llegó una mujer joven con los brazos cargados de lo que parecían cajas de tartas. —Seis de manzana, tres de melocotón y tres de cereza, ¿verdad? —dijo a Ruby, quien se acercó a liberarla de su carga. Hacia la mitad de su pomelo, Jenna notó que Blair la miraba con una expresión rara. —¿Qué pasa ahora? —Nada. Que debe de ser estupendo que toda esta gente te diga que les gustan tus libros — se metió un gran trozo de tortita en la boca—. A mí por lo menos me gustaría. —Bueno, sí, a mí también. Es mejor que las malas críticas. —¿Y por qué ya no vas a firmar libros? Jenna apretó la cucharilla con fuerza. —Ya sabes por qué. Blair frunció el ceño.


—¿Por qué tú sí puedes tener miedo, pero si lo tengo yo me dices que tengo que afrontarlo? Jenna respiró hondo. —Para mí no es bueno tener miedo —repuso—. Y en cuanto a afrontarlo... bueno, no es que crea que tus miedos no son válidos, es que sé cómo pueden paralizarte. —Pero aquí has estado bien. —Ya lo sé. Pero no sé por qué. ¿Podemos dejar el tema? Ruby reapareció en su mesa. —Lo siento, pero con tanto jaleo he olvidado preguntar qué quiere Hank para tenerlo listo cuando os vayáis, aunque me lo imagino. ¿Sandwich de beicon y huevo, patatas fritas y un batido de chocolate? Jenna sonrió. —Supongo que lo pide a menudo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 12—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Querida, los hombres son tan predecibles que es lastimoso. Y no, ahora viene muy poco, pero de niño venía todos los días y siempre pedía lo mismo.


Se volvió para gritarle el pedido a Jordy. —¿Y vosotras queréis algo más? —preguntó. —No —Jenna tomó el bolso, pero oyó en el otro extremo del restaurante el ruido de la máquina de batidos—. Pensándolo mejor... —Jordy —gritó Ruby—. Otro batido de chocolate. Blair levantó una mano. —Otros dos. Jenna y ella se miraron y se echaron a reír. Después de arreglar el inodoro, Hank debatió consigo mismo si debía volver a la oficina y esperar su desayuno allí y optó por quedarse. Después de todo, ya había dejado una nota en la oficina diciendo a la gente dónde podían encontrarlo. Dejó la caja de herramientas en el porche, al lado de la barandilla, se sentó en los escalones y miró el cielo. Encendió un cigarrillo y cuando oyó el Toyota de Jenna Stanton, se puso en pie. Era un coche más bien viejo, pero los dueños de los Toyota solían aferrarse a ellos hasta que se oxidaban. El coche paró al lado de la cabaña, se abrieron las puertas y salieron las dos mujeres chupando unas pajitas que salían de los vasos de plástico rojo de Ruby. Jenna llevaba una bolsa de plástico en la mano y se la tendió. La chica empezó a agitar el aire con la mano. Hank notó que tenía también los ojos azules, aunque más oscuros. —Fumar es asqueroso —declaró la chica.


—¡Blair! —la riñó Jenna. —No, tiene razón —Hank aplastó el cigarrillo en el suelo y lo pisó con la bota—. Pero me gustan las cosas asquerosas. La chica se estremeció, subió corriendo las escaleras y cerró con un portazo. —¿Quiere salvar el mundo? —preguntó Hank. —De persona en persona —la mujer chupó de su pajita un momento—. Bueno, ¿ya tenemos agua? —Sí. Toda la que quieran y sólo cuando la quieran. He cambiado también el grifo de la cocina. El gato puede confirmarlo. —¡Vaya! —chupó más de la pajita—. Tiene usted mucho talento. Y Merengue es gata. —Debí suponerlo —sin saber por qué, se sentó en los escalones y sacó el desayuno de la bolsa—. Y mi padre tenía un lema: «Si no puedes arreglarlo, no deberías tenerlo». Después de pensarlo un rato, Jenna se sentó a su vez y se apoyó en la barandilla opuesta. —Es una pena que esa filosofía no se pueda usar con los niños —dijo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 13—121 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Eh, su hija no es tan mala. Jenna tardó un momento en responder. —Blair no es mi hija, es mi sobrina. Hank levantó la vista. Ella seguía chupando de la pajita. —¿Y dónde está su madre? La mujer bajó el vaso y jugueteó un momento con la tapa de plástico. —Murió hace unos meses. Hank maldijo. —Eso es muy duro.. Yo estaba en el último año de instituto cuando murió mi madre y fue durísimo —tomó un mordisco—. Supongo que tiene derecho a ser un poco.. Ya sabe. Jenna no sonrió, pero su rostro pareció relajarse. —Sí, es cierto. —¿Y ahora vive con usted? —Ha vivido conmigo desde que era niña. La criamos mi esposo y yo. Mi hermana... no ha sido precisamente una constante en la vida de su hija. Hank tragó saliva, sin saber por qué lo molestaba tanto esa conversación. Su instinto de policía otra vez, quizá. La mujer señaló el sandwich.


—¿Qué tal está? —Muy bueno —dio otro mordisco y sacó su vaso y su pajita propios. Miró el vaso de Jenna y sonrió. —Eso no será batido de chocolate por casualidad, ¿eh? Ella sonrió también. —Lo cierto es que sí. Y es el mejor que he probado en mi vida. —Ya se lo dije. Jenna se levantó y metió la mano en el bolsillo del pantalón. —Casi lo olvido. . Aquí tiene el cambio — le puso los billetes y monedas en la mano y sus dedos rozaron la palma de él. Se ruborizó y Hank pensó que era una pena que estuviera casada. —¿Puedo preguntarle dónde está su marido? Lo último que esperaba Jenna era que Hank Logan se sentara a charlar con ella. Y aunque se suponía que era ella la que tenía que averiguar cosas de él y no al revés, supuso que no perdía nada contestando. Además, si todo salía bien, tendría que saber todo lo que pudiera sobre Blair. Y todo lo que la afectaba a ella afectaba a su sobrina. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 14—121 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Mi esposo murió hace tres años de cáncer —repuso. —Lo siento —musitó Hank, y a ella la sorprendió la gentileza de su voz. Lo miró y por un momento vio su vacío reflejado en el pozo negro de la mirada de él. Se estremeció levemente. —Phil era un luchador —dijo—, pero fue duro verlo sufrir. Así que cuando al fin se apagó, casi fue un alivio. Hank se metió unas patatas fritas en la boca y masticó unos momentos. —¿El suyo fue un buen matrimonio? —Sí —ella se encogió de hombros—. Simplemente se cortó antes de tiempo. Blair eligió ese momento para salir. Tenía el pelo húmedo. Parecía haberse duchado y llevaba pantalón corto y camiseta limpios. Cruzó el porche descalza, se sentó al lado de su tía y miró a Hank con cautela. —Aquí no hay nada que hacer —dijo. Hank hizo una mueca. Las féminas lo miraron. —Ése es el problema con la gente de la ciudad —dijo—. Que creen que no hacer nada es un crimen —arrojó un trozo de corteza de pan a la hierba—. Para los chicos de por aquí tener tiempo libre es una rareza, así que saben aprovecharlo. Puedes ir a explorar los raíles detrás del lago.


—¡Ah, sí, qué emocionante! Hank apretó los labios. —Desde mi punto de vista, tienes dos opciones. Pasarte un mes llorando o levantarte y buscar algo que hacer. Antes de que Blair pudiera responder, Jenna se le adelantó. —El aire acondicionado del coche no funciona —dijo—. ¿Hay un mecánico por aquí que pueda arreglar un Toyota? Hank y Blair se miraron un momento; él apartó la vista. —Sí. Darryl Andrews, en el pueblo. Trabaja bien y no es caro. Pero quizá tenga que dejarle el coche, está muy solicitado. Jenna frunció el ceño. Haven no era un lugar donde abundara el transporte público. Y allí sólo conocía a... —Supongo que usted no querrá seguirnos hasta el pueblo y traernos luego, ¿verdad? Blair se levantó y volvió a entrar en la cabaña. Hank frunció los labios y miró las patatas. —No sé. Esta mañana estoy ocupado. Se puso en pie y tomó la caja de herramientas que había al lado de la barandilla. Escaneado por Corandra y corregido por Pily


Nº Paginas 15—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Vale, mire, de todos modos pensaba ir mañana al pueblo a por provisiones. Supongo que no importa mucho que lo adelante un día. Pero dígale a su sobrina que, si viene con nosotros, yo no me meteré con ella si ella no se mete conmigo, ¿vale? Jenna se puso en pie. Aunque estaba encima del primer escalón, Hank seguía siendo más alto que ella. Tragó saliva. —Me parece bien. —Tengo algo que hacer antes de salir. Déme una hora y luego venga a la oficina. —De acuerdo, gracias. Una hora en punto más tarde, Jenna paró el Corolla al lado de la camioneta de Hank y tocó el claxon. Esperó varios minutos y entró en la oficina. —¿Señor Logan? No hubo respuesta. Dio la vuelta al mostrador y volvió a llamar. Como no pasó nada, golpeó la puerta con los nudillos y ésta se abrió. No era su intención cotillear, pero cuando se abrió la puerta no pudo evitar


mirar y quedó atónita ante el estado del apartamento. Había visto basureros más ordenados. Tardó un poco en notar la música, que apenas se oía por encima del ruido del aire acondicionado. ¿Ópera? ¿Aquel hombre escuchaba ópera? El rostro de Hank apareció de pronto a pocos centímetros de su cara. Jenna retrocedió de un salto. —He dicho que estaría listo en una hora. —De eso hace hora y cuarto. El hombre miró su reloj. —Lo siento —murmuró. Buscó su cartera, salió por la puerta y la cerró con firmeza— ¿No le han enseñado a llamar? —¿Ya usted no le han enseñado a recoger su ropa? Y no corra tanto, por lo que más quiera. Yo no tengo las piernas tan largas como usted. Hank se puso unas gafas de sol sin aminorar el paso. —Como tenga yo mi apartamento no es asunto suyo. —He llamado —se defendió ella—. La puerta estaba entornada. Habían llegado a los vehículos. —¿Dónde está la niña? —preguntó él.


—No quiere venir. Y he llamado, pero no me ha oído con la música. ¿Le gusta la ópera? Hank la miró un momento y entró en su coche. —Sí, me gusta la ópera. ¿Podemos irnos ya? No tengo todo el día. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 16—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Blair se sentó en la cama y lanzó Historia de dos ciudades al otro lado de la estancia. Ése era el peor verano de su vida e Historia de dos ciudades el peor libro jamás escrito. ¿Por qué tenían que hacerles leer cosas tan aburridas? ¿A quién le importaba lo que había pasado doscientos años atrás? Se sentía nerviosa, como cuando bebía una coca cola entera antes de acostarse, así que se levantó y salió a la sala de estar seguida por Merengue. Podía haberse ido al pueblo, pero Hank Logan era el hombre más raro que había visto en su vida y se creía muy guay porque fumaba y no se peinaba ni afeitaba. Y además no le gustaba nada cómo miraba a Jenna. Merengue maulló y Blair se agachó a acariciarla un rato y se sentó luego ante el ordenador portátil que había


instalado Jenna en la mesa de comedor. Entró en Internet, pero no había ningún conocido conectado, así que envió un par de mensajes a DeAnne y Tiffany, sus mejores amigas, pero como habían ido de campamento no sabía si recibiría contestación. Al final dejó una nota a Jenna, tomó una botella de agua y salió hacia la otra orilla del lago. Una vez allí, encontró un sendero que cruzaba el bosquecillo. Vaciló un momento y decidió seguir adelante. Si se cansaba, siempre podía dar la vuelta. Caminó quince o veinte minutos sin oír nada excepto los trinos de los pájaros, pero allí se estaba más fresco y el lugar era hermoso, con una luz verde dorada que era un poco como la que hay debajo del agua. El sendero desembocó de pronto en un camino ancho de tierra que llevaba a una especie de granja. Al otro lado del camino se mecía en la brisa un campo de hierba. Miró hacia los edificios de la granja y vio un maizal y detrás varias hileras de árboles pequeños. Un huerto, tal vez. Oyó una bocina de bicicleta y se volvió. Se puso la mano a modo de visera y tres bicicletas se detuvieron a su lado. —¿Quién eres tú? —preguntó un niño de unos siete u ocho años. Llevaba el pelo rubio tan corto que sus orejas sobresalían como aletas y casi


se le podía ver la piel de la cabeza, lo cual resultaba un poco asqueroso. Otro chico, un poco más pequeño y con el pelo igual de corto pero moreno y las orejas igual de grandes, se echó a reír. Pero la tercera bicicleta la ocupaba una chica morena con una camiseta púrpura y pantalón corto blanco. Parecía de la edad de Blair, pero a pesar de que llevaba una camiseta ancha, ésta veía que ya tenía pechos. Los niños iban descalzos y tenían los pies grises. —Soy Lobby Frazier —dijo la chica. Tenía el pelo muy largo, hasta la cintura, y era muy guapa—. Y éstos son dos de mis hermanos. Éste es Wade y éste es Frankie. No habla mucho porque sólo oye por un oído. —Hola. Yo soy Blair Stanton. La chica sonrió. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 17—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Eres nueva aquí? —Sí. Digo no. Estoy con mi tía en el motel Flecha Doble. —¡Oh! — Libby se rascó la nariz—. Vivimos allí —señaló la granja—. ¿Tú de dónde eres? —De Washington. —¿De verdad? —preguntó el niño rubio—. ¿Donde vive el presidente?


Blair se echó a reír a su pesar. —Sí. —No le hagas caso. Es tonto. —No lo soy. —Sí lo eres. —No. Lobby miró a Blair con aire de súplica. —¿Tienes hermanos? —No. —¡Qué suerte! Yo tengo cinco, todos más jóvenes. ¿Cuántos años tienes? Blair metió los pulgares en los bolsillos de atrás. —Trece. Libby sonrió de tal modo que casi le desaparecieron los ojos. —Yo también. Eh, ¿quieres venir a casa a oír música? Blair vaciló. Libby parecía maja, pero no se parecía nada a sus amigas. ¿Y si quería hablar de cosas de la granja o escuchaba todavía a Britney Spears? Pero por otra parte, seguramente sería mejor que hablar toda la tarde con el gato. —De acuerdo. Pero sólo si puedo llamar al móvil de mi tía y decirle dónde estoy. El rostro de Libby se iluminó.


—Bien. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 18—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 H ANK aparcó delante de la oficina del taller de Darryl, donde Jenna lo esperaba ya en la acera. —Gracias de nuevo por todo —dijo ella. Subió al asiento del acompañante y Hank metió la primera. —¿Qué ha dicho Darryl? La mujer suspiró. —Tiene que pedir una pieza, dice que tardará un par de días, pero no me ha pedido mucho dinero. —¿Tienes que comprar algo antes de salir del pueblo? Jenna negó con la cabeza. —Hemos traído mucha comida, así que aguantaremos unos días, pero me gustaría comprar leche y zumo frescos, si no es molestia. —En absoluto. Por el rabillo del ojo vio que se cruzaba de brazos y miraba al frente.


—¿Qué escribes? —preguntó él. Jenna se apartó el pelo de la cara. —Novelas de misterio. —¿Sí? ¿Con tu nombre? —No. Jennifer Phillips. —Ah, sí. Las he visto. Ella soltó una risita. —¿Qué? —preguntó él. —Parece que no eres un admirador. —No, pero no las he leído. No te ofendas —añadió con rapidez—. Simplemente me parecía que serían muy femeninas. Jenna soltó una carcajada potente. —Femeninas, ¿eh? ¿Y qué lees tú? Suponiendo que leas. —Sí leo. Mi madre adoraba la lectura y nos enganchó a todos desde muy temprano. Me gustan Stephen King, Koontz, Grisham, Lawrence Block. Hace poco que he empezado con Jeffrey Deaver. —Tienes buen gusto. King es uno de mis escritores predilectos. Y posiblemente la mayor influencia en lo que escribo.


—¿Sí? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 19—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí. Hank no hubiera pensado que a una mujer que se ruborizaba tan fácilmente como ella le gustara Stephen King, y menos que escribiera cosas parecidas. Pararon en la tienda de la gasolinera. Jenna fue a buscar la leche y el zumo y Hank compró un cartón de Marlboro y miró la hilera de libros de bolsillo al lado de las revistas. Sacó uno de Jennifer Phillips, abrió la cubierta y se encontró con una foto en blanco y negro de Jenna, maquillada, con el pelo ondulado en torno a la cara y los hombros y sonriente. —¿Has leído más libros suyos? Hank miró a Angela Creekwater, que estaba detrás del mostrador. La mujer, morena y cubierta de collares, llevaba unos veinticinco años trabajando allí y era toda una institución en el pueblo. —No —dijo él—. ¿Es buena? Angela se encogió de hombros. Llevaba el pelo negro recogido atrás con tanta fuerza que los ojos casi le llegaban hasta las orejas. —No está mal. Si te gustan esas cosas.


Hank pagó sus compras y metió el libro en la bolsa con los cigarrillos. —¡Eh! ¿Te han dejado salir por buen comportamiento? —preguntó una voz familiar a sus espaldas. Hank levantó la mano izquierda sin volverse y tiró de un golpe al suelo el sombrero de su hermano Cal. —¡Imbécil! —dijo éste. Se agachó a recogerlo, se lo puso y dejó en el mostrador las seis latas de cerveza que llevaba en la mano—. Pensaba llamarte —entregó un billete de veinte dólares a Angela—. Al fin he revisado las cajas del desván y he encontrado un montón de fotos de nosotros de niños y de mamá y papá. Deberías pasarte a ver si quieres alguna. La granja familiar había pasado a los tres hermanos, Hank, Cal y Ryan, pero Cal, que la había convertido en un rancho de caballos, estaba en proceso de comprar su parte a los otros dos. Hank negó con la cabeza. —No sé para qué iba a querer nada de eso. Cal se guardó el cambio que le pasó Angela. Sus ojos verdes se oscurecieron. —Pues yo insisto en que Ryan y tú paséis a verlas. Si luego no queréis nada, muy bien, pero lo menos que puedes hacer es molestarte en ir a la granja, demonios... Perdón, señora. Sonrió a Jenna, quien se había acercado a ellos. Tendió la mano y le quitó la cesta que llevaba al brazo. Cal tenía reputación de ligón y al parecer no era infundada. Su


sonrisa de hoyuelos desarmaba a las mujeres. —Creo que no la había visto nunca. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 20—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Déjalo, Cal. Es demasiado... lista para ti. Jenna lo miró con una media sonrisa, pero Hank estaba seguro de que no podía adivinar que había estado a punto de decir «mayor» en vez de «lista». —No creo —sonrió Cal. Hank suspiró. —Jenna Stanton, mi jovencísimo hermano Cal. Jenna se hospeda en el Flecha Doble. Cal enarcó las cejas. —¿En serio? Hank lo miró con ojos llameantes. —Encantada de conocerte, Cal —dijo Jenna—. Entregó una tarjeta de crédito a Angela. —Lo mismo digo, señorita Stanton —Cal se tocó el ala del sombrero y tomó sus cervezas—. Recuerda que tienes que venir a ver eso —dijo a Hank.


—Yo no he dicho que. . Pero Cal se había alejado ya y Jenna había terminado de pagar, así que salieron hacia el coche. El viaje de vuelta transcurrió en silencio. Blair levantó la vista de su plato de pasta vegetariana y dijo: —Y Libby dice que a veces tiene que cuidar ella sola de sus cinco hermanos. ¡Y tiene mi edad! ¿No es terrible? Jenna echó un poco de limón en su vaso de agua mineral y miró a su sobrina con reproche. —Yo creo que es fantástico que ayude así a su padre. ¿Qué le pasó a su madre? Blair se metió un mechón de pelo detrás de la oreja. —Murió de pronto hace dos años. Un coágulo de sangre o algo así. O sea que tenemos eso en común. Desde que Sam Frazier, el padre de Lobby, la dejara en el motel un par de horas atrás, la chica no había dejado de hablar de sus aventuras de ese día. Jenna no sabía si se había divertido de verdad o si simplemente agradecía la distracción, pero las niñas habían quedado en verse de nuevo al día siguiente y tanto Sam como ella habían dado su permiso. Y a Blair no podía hacerle daño una amiga de verano y, si había alguna posibilidad de que acabara volviendo por allí de vez en cuando, le vendría bien tener una chica de su edad con la que hablar.


Pensó una vez más en Hank y se estremeció. Todavía no podía contarle la verdad. Debía de haber algún motivo para que Sandy no se lo hubiera dicho, y tenía que descubrir más cosas de él antes de dar ese paso. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 21—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Miró a su sobrina, que parecía casi contenta por primera vez en varios días, y una sonrisa agridulce asomó a sus labios. No. Blair era lo único que tenía y no la compartiría con nadie hasta que no estuviera segura de que podía confiar sin reservas en esa persona. —¿Y te has criado con tus tíos? —preguntó Libby a la mañana siguiente. —Sí. Libby había terminado sus tareas y como aquél era uno de los días en que iba varias horas una mujer a ayudar, su padre le había dicho que fuera a dar una vuelta con Blair. A ésta le caía bien Sam, quien, aunque tenía que trabajar en la granja y cuidar de un montón de niños, siempre estaba sonriente y de broma, no gruñía todo el rato como el señor Logan. Libby decía que había estado muy triste después de la muerte de su madre, pero que procuraba que no se notara.


—Creo que considero a Jenna mi madre, ya que siempre ha estado conmigo — explicó. Como no había otra bici del tamaño de Blair, las dos chicas iban andando por el camino que acababa en la carretera donde se hallaba el motel. —¿Y te llevas bien con ella? —preguntó Libby. —Sí. Aunque a veces se pone un poco pesada con lo que puedo y lo que no puedo hacer. Libby se subió un poco la camiseta para dejar pasar el aire. Hacía mucho calor y le había contado que no le gustaba llevar ropa ceñida desde que habían empezado a salirle pechos porque los chicos la miraban mucho. Un problema que a Blair le hubiera gustado tener, hasta que su nueva amiga le dijo que se balanceaban cuando corría y que dolían cuando tenía la menstruación. —Pero si te sientes mejor, conozco a una chica que estaba plana como una tabla a los trece y a los catorce le crecieron hasta la talla ochenta. Así que nunca se sabe. Blair pensó que era curioso que ella encontrara muy guapa a Libby y ésta dijera que hubiera dado cualquier cosa por ser tan alta y delgada como ella. —¿Qué pasó con tu madre de verdad? — preguntó Libby. Saltó una valla de postes


hacia una zona en sombra situada a la misma distancia de la granja que del motel. La asistenta les había dado una bolsa con sándwiches, fruta y botellas de agua—. ¿Cómo murió? Blair la siguió con torpeza y se sacudió el trasero antes de sentarse, lo cual le dio tiempo a pensar hasta qué punto quería ser sincera. —Sobredosis de drogas. Libby levantó la vista de la bolsa de la comida. —¡No me digas! —Sí. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 22—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Libby sacó una manzana y le pasó la bolsa. Blair negó con la cabeza. Hacía demasiado calor para comer. —Nunca había oído hablar de una persona adulta que muriera de drogas. —Las estrellas de rock mueren a menudo de eso. —Ah, sí — Libby miró la manzana con una mueca—. Está asquerosa. La lanzó al maizal—. Yo nunca tomaré drogas. Es una tontería y además quiero vivir hasta los cien años —agarró el brazo de Blair—. ¿Oyes eso? —¿Qué?


—Viene de esas zarzamoras. ¡Vamos! Se levantó y echó a correr. Blair la siguió pensando que se había vuelto loca, hasta que ella también oyó los gemidos asustados. Segundos después llegaban hasta los arbustos. Libby se dejó caer de rodillas y soltó un gritito. —¡Es un cachorro! Se ha enredado en las ramas. —¿Dónde? ¡Déjame ver! —Blair se arrodilló a su vez y miró al cachorro negro, que estaba tan asustado que se le podía ver el blanco de los ojos. —¡Hay que sacarlo de ahí! —sin pensar lo que hacía, Blair tendió la mano para apartar las ramas, pero soltó un grito de dolor—. ¡Ay! ¡Maldita sea! —Hay que buscar ayuda —dijo Libby—. Si intentamos sacarlo nosotras, acabaremos peor que él —se sentó en los talones y miró por encima del hombro—. El motel está más cerca que la granja. ¡Vamos! Echó a correr hacia el Flecha Doble y Blair no tuvo más remedio que seguirla. Jenna acababa de sentarse ante el ordenador cuando las chicas entraron en la cabaña gritando que había un cachorro atrapado en unas zarzamoras y que no podían sacarlo y ella tenía que ir enseguida con algo que pudiera cortar ramas. La mujer se quitó las gafas de leer y procuró no dejarse afectar por el pánico de las chicas.


—Seguro que el señor Logan tiene algo que podamos usar. —¡No! ¡No se lo pidas! Jenna, que ya estaba en la puerta, miró a Blair con el ceño fruncido. —No tenemos más remedio. Yo no tengo ni un par de guantes de jardinero y no creo que podamos hacer mucho con un cortaúñas. Varios minutos después encontraron a Hank arreglando el porche de otra de las cabañas. Las chicas se quedaron atrás y fue Jenna la que habló. —¿Dónde está? —preguntó Hank a las chicas. —Por el camino abajo — Libby saltaba de un pie a otro—. ¿Sabe dónde están las zarzamoras? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 23—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, claro que sí —él se levantó y guardó el martillo en la caja de herramientas—. Volved con él y nos vemos allí —miró los ojos asustados de las chicas—. ¡Eh! Todo irá bien, ¿vale? Libby asintió, agarró la mano de Blair, que miraba a Hank como si éste acabara de


confesar que era marciano, y tiró de ella. —¿Tú te dedicas a rescatar cachorros? — preguntó Jenna, que en el fondo estaba casi tan sorprendida como su sobrina. —De vez en cuando —Hank tomó su caja de herramientas y bajó los escalones—. En esta época del año son muy sabrosos. Cuando llegó Hank, Jenna no sabía quién estaba más histérico, si las chicas o el cachorro. Le dolían las rodillas de las piedrecitas del suelo, donde se había arrodillado para intentar calmar al perrito con la voz. —Muévete —gruñó una voz profunda detrás de ella. Entre los gemidos de las chicas y los aullidos del perro, Jenna no lo había oído acercarse. —Adelante. —Hola, amiguito —dijo Hank con gentileza. Sacó unos guantes gruesos de cuero y unas tijeras de podar rosales—. ¿Cómo narices has podido meterte ahí? Mientras cortaba ramas, hablaba al cachorro, que acabó por calmarse con el sonido de su voz. Jenna miró a las chicas, en las cuales la voz parecía tener un efecto similar. Blair la miró con una mezcla de sorpresa y admiración. Cuando cortó la última rama, Hank tendió la mano hacia el perrito y examinó su cuerpo en


busca de heridas. Y cuando los rasgos duros de él se suavizaron y lo vio sonreír después de que el cachorro le lamiera la barbilla, Jenna sintió que algo cedía en su interior. Las chicas, por supuesto, se habían acercado a mirar. —¿Está bien? —preguntó Blair con voz cautelosa. —Creo que sí. Tiene algunos arañazos, pero nada importante. Aunque yo creo que lo han abandonado. No lleva collar y está muy delgado —le dio la vuelta en la mano y lo miró a los ojos—. ¿Estás solo en el mundo, amigo? El perro empezó a mover la cola con tanta fuerza que estuvo a punto de caerse de la mano. Hank se echó a reír y miró a Libby. —Tu padre tiene antiséptico que podamos usar, ¿verdad? —Sí —dijo la chica—. ¿Pero luego qué? Hank miró al animal y luego a las chicas. El perrito sacó la lengua, desesperado por llegar con ella a la nariz del hombre. La risa de él produjo en Jenna un cosquilleo que se instaló en la base de su corazón. —Yo no puedo quedármelo —dijo Blair de mala gana—. A Merengue le daría un ataque. —Y a mí también —añadió Jenna. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 24—121


https://www.facebook.com/novelasgratis Libby se echó a reír porque el perrito intentaba morderle el dedo. —Yo tampoco puedo. Papá dice que ya tengo muchos animales. Hank tardó un momento en hablar. —Bien, en ese caso, supongo que es mío —miró a las chicas con rabia fingida—. Pero tenéis que buscarle un nombre. A mí eso se me da fatal. A las chicas les pareció de perlas. Libby recordó su comida, que seguía en una bolsa de plástico al lado del camino, y pensó que al perrito podía gustarle una parte del sandwich de jamón, como así fue. Luego lo llevaron a la granja para enseñarlo y ponerle desinfectante y después Hank se ofreció a llevar a Jenna de vuelta a su cabaña. El viaje duró un par de minutos, que la mujer aprovechó para preguntarle por qué había acogido al perro. —¿Y se puede saber por qué no? —él se pasó una mano por el pelo—. Creo que es hora de que tenga alguien con quien hablar por las noches. Sus palabras encontraron un eco doloroso en el corazón de ella. Cuando salió de la camioneta, le dio las gracias y él la miró a los ojos. —Puede que me guste estar solo, pero no soy un ogro —dijo—. Y siento


haberte dado esa impresión. Jenna no encontró nada que decir, así que se limitó a asentir con la cabeza y entró en la cabaña, alejándose del anhelo que expresaban los ojos oscuros de él, anhelo del que posiblemente él no era consciente. Pero una vez dentro, se acercó a la ventana y lo observó alejarse, y cuando repasó en su cabeza todo lo ocurrido en la última media hora, comprendió que no había ningún motivo para no decirle a Hank Logan que tenía una hija. Ya sólo faltaba pensar cómo se lo diría. Las chicas llevaron de vuelta al cachorro una hora más tarde y se quedaron a jugar con él delante de la oficina. Seguían allí cuando apareció Cal en torno a las cuatro. La puerta estaba abierta, por lo que Hank vio a su hermano acuclillarse a jugar con el perro y charlar con las chicas antes de entrar en la oficina. Llevaba un montón de álbumes y sobres debajo del brazo. —Hola —entró y dejó su carga sobre la mesa—. ¿Tienes un perro? —Sí, tengo un perro. ¿Qué pasa? —Es pequeño, ¿no crees? —Ya crecerá. ¿Qué es esto? —Diez minutos. Es lo único que te pido. Lo miras, eliges lo que quieres y me llevo el resto. —No quiero nada. Cal se cruzó de brazos y lo miró casi con fiereza.


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 25—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Es la historia de tu familia —dijo en voz baja—. No te vas a morir por guardar un par de recuerdos. Y hay cosas que yo no recuerdo haber visto antes. Esto, por ejemplo —extrajo un sobre marrón del montón y sacó de él una fotografía rodeada por un cartón—. ¿La habías visto antes? Es mamá a los catorce años. Yo sólo la conocí con el pelo blanco, así que esto fue una sorpresa... Mientras Hank miraba la fotografía, paralizado, entró Blair abrazando al perrito contra su pecho. —Libby tiene que irse ya y yo quiero acompañarla. ¿Puedo dejar aquí al perro? Creo que está cansado. Hank levantó despacio la cabeza de la foto... y se encontró con una cara que se parecía muchísimo a la imagen que tenía en la mano. Al hacerlo, vio que Cal fruncía el ceño y miraba también a Blair. Cuando Hank pudo hablar, le dijo a la chica que dejara allí al perro y, en cuanto se quedaron solos, Cal le quitó la foto de la mano. —¡Santo Cié...! —miró a su hermano confuso—. ¡Qué cosa tan rara! ¿Hank? ¿Estás


bien? El interpelado le quitó la foto. —Cuida del perro —murmuró de camino a la puerta. Los golpes en la puerta de la cabaña hicieron que la gata se metiera corriendo en el dormitorio y le quitaron cinco años de vida a Jenna. Luego Hank gritó su nombre y el terror de la mujer se incrementó, pues pensó que le había ocurrido algo a Blair. Abrió la puerta y retrocedió al ver la furia con que la miraba Hank. Antes de que ella pudiera decir nada, él le puso una foto en la mano. —Es mi madre a los catorce años. ¿Te recuerda a alguien? Jenna palideció; allí estaba todo. . el pelo rojo, las pecas, hasta la forma de los ojos. —¡Santo Cielo! —susurró—. Podría ser... —Sí. ¿Por qué no me dices qué narices pasa aquí? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 26—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 J ENNA lanzó una imprecación y se sentó en el borde del sofá sin dejar de mirar la fotografía. —Esto no va como yo esperaba —dijo. —¿Y qué es lo que no va? Jenna miró la expresión de amargura de él.


—Mira, tienes derecho a estar furioso, pero no conmigo. —Eso lo decidiré yo. ¿Y bien? —¿Dónde está Blair? No puedo arriesgarme a que oiga nada de esto. Todavía no. —Ha ido a acompañar a Libby —él se cruzó de brazos—. Habla deprisa. Jenna sé levantó. Tenía la boca seca y se acercó al fregadero a buscar un vaso de agua. —Es muy posible que Blair sea hija tuya. —¿Qué narices estás diciendo? Jenna bebió un trago de agua. —Cuando murió mi hermana, dejó un diario. Y parece ser que tuvo una aventura contigo hace catorce años y se quedó embarazada. —Eso es una locura. Yo nunca he salido con ninguna mujer de apellido Stanton. —Ése es mi apellido de casada. Hollins. Sandy Hollins. ¿Te suena de algo? —Sí, me acuerdo de Sandy. Pero no tienes pruebas de que yo sea el padre de Blair. —No, no las tengo —recogió la foto de la encimera, donde la había dejado para servirse el agua, y se la tendió—. Pero tú sí. Hank la miró con expresión confusa.


—¿Y por qué no me dijo que estaba embarazada? —No se lo dijo a nadie hasta que se presentó en casa de mis padres en el octavo mes —hizo una pausa—. Había tomado drogas y estuvo a punto de perder a la niña. Hank la miró unos segundos con dureza y se acercó a la ventana a mirar la foto de su madre a la luz. —¿Y tú no sabías nada de mí hasta que leíste ese diario? —No, te lo juro. —Pero eso fue. . ¿cuándo dijiste? ¿Hace unos meses? —Me llevó tiempo encontrarte —contestó ella. Hank guardó silencio un momento. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 27—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Y leíste el diario de tu hermana? —Sólo después de su muerte. Mi hermana era un enigma —suspiró—. Mira, Blair creé que Sandy murió de sobredosis, lo cual es cierto, pero ella no sabe que al parecer fue deliberado. Hank maldijo. —Y pensé que quizá el diario me ayudaría a conocerla —continuó ella—. A saber por


qué era tan desgraciada. Lo último que esperaba era encontrarme con un nombre que ella se había negado a revelar durante trece años. Hank dejó la fotografía en la mesa y se pasó la mano por la mejilla. —Me cuesta creerlo. —Lo comprendo. —¿Lo comprendes? —rugió él—. ¿Acaso puedes imaginar lo que es descubrir de pronto que tienes una hija, que hace trece años que eres padre y nadie te lo ha dicho? ¡Maldita sea! —golpeó el sofá con el puño —. Nunca en mi vida he esquivado una responsabilidad y ésta no habría sido la primera. Habría cuidado de Sandy y de la niña. Probablemente me habría casado con ella, si ella hubiera querido. Jenna esperó un momento a que se calmara. —¿La querías? Hank se encogió. —Bueno... no. Creo que no estuvimos juntos ni dos semanas antes de que se largara. —Y entonces, ¿por qué te habrías casado con ella? —¿Eso qué es... una pregunta con trampa? Jenna reprimió el deseo de reír para liberar la tensión que amenazaba con


explotar en el interior de su cabeza. —¿Ella sabía que eras policía? —Sí. ¿Por qué? —Supongo que debió de resultarle muy duro estar limpia dos semanas enteras. O por lo menos ocultártelo a ti. Hank lanzó una maldición y se sentó en el sofá con un suspiro. —Esto no tiene ningún sentido. —Lo sé. Mira, cuando Sandy rehusó decirnos quién era el padre, asumí que era porque no lo sabía. Cuando vi tu nombre en el diario, seguía sin saber si lo había puesto allí porque eras el padre de Blair o porque era el único nombre que recordaba. —Pero has venido de todos modos. —Sí. —¿Por qué? ¿Por dinero? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 28—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —No. Yo puedo cuidar de Blair y mis padres le dejaron un fondo para ir a la universidad. Pero yo soy lo único que tiene y, si a mí me pasara algo, no le


quedaría nadie. Por eso tenía que investigar la posibilidad de que llegarais a conoceros. Pero comprende que tenía que mostrarme cautelosa. No te conocía de nada. —¿Y me buscaste con un detective? —Sí. Y no pienso disculparme por eso. —No quiero que lo hagas. Pero entonces sabías antes de llegar que era honrado. —Sí, pero no sabía si eras su padre o no. —¿Y pensabas pedirme que me hiciera la prueba? —Supongo. No lo había pensado aún. Hank la miró un momento a los ojos, se levantó y salió al porche. Jenna lo siguió al exterior y ambos oyeron a Blair, que subía cantando por el camino. —¿Qué hacemos ahora? —preguntó Hank con voz tensa. —Por el momento nada —Jenna vaciló y acabó por tocarle el brazo, reprimiendo el impulso que lo llevaba a abrazarlo—. Primero tienes que asimilarlo tú. Él asintió. Miró a su hija. —¡Maldita sea! Yo no sé nada de chicas adolescentes. La mujer sonrió. —¿Lo sabe alguien? Hank la miró con una angustia evidente, bajó los escalones y pasó al lado de su hija sin decir ni una palabra. —¡Eh!... ¿por qué tocaba Jenna al señor Logan?


El buen humor de Blair se disipó al instante. Se cruzó de brazos y subió los escalones pisando fuerte. Cuando estuvo lo bastante cerca, vio que Jenna tenía las mejillas sonrojadas. —¿Qué pasa? —preguntó. Su tía se puso todavía más colorada. —¿A qué te refieres? —¿Qué hacía aquí el señor Logan? —Quería ver si las tuberías funcionaban bien. —¿Y por qué tenías la mano en su brazo? Jenna se echó a reír, pero su risa no parecía muy sincera. —¡Oh, por el amor de Dios! ¿Y qué pasa si lo he tocado? Eso no significa que seamos novios. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 29—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Blair sabía que ocurría algo, algo importante. Jenna tenía la misma expresión que en los meses antes de decirle que su tío Phil estaba enfermo, esa estúpida máscara de alegría fingida que usan los adultos cuando creen que no puedes encarar la verdad. Blair entró en la cabaña, tomó a la gata en brazos, entró con ella en su cuarto y se sentó en la cama con las piernas cruzadas. Le ardían los ojos. ¿Y si a Jenna le gustaba el señor Logan? ¿Y si él empezaba a pasar allí la noche,


como hacían los novios de la madre de DeAnne? ¿Y si Jenna se enamoraba de él y se casaban y tenían que quedarse a vivir allí para siempre? Jenna llamó a la puerta, que estaba entreabierta, y se acercó a la cama. —¿Por qué estás tan alterada? —preguntó. Blair respiró hondo. —Prométeme que no te casarás con el señor Logan. Jenna abrió mucho los ojos. —¿Has llegado a esa conclusión por lo que has visto? —Es la primera vez que te veo tocar a otro hombre desde que murió el tío Phil. —Blair, por lo que más quieras, no tienes que preocuparte por eso. Conozco muy poco a ese hombre y no me interesa una relación en este momento —echó la cabeza hacia atrás y examinó a su sobrina—. ¿Y se puede saber qué tienes contra él? —¿Por dónde quieres que empiece? —preguntó Blair. —Mmm. Cuando rescataba al cachorro no te parecía tan malo. —Sí, bueno, ya has visto cómo ha pasado ahora a mi lado sin decir nada, como si estuviera deseando alejarse. —Y puede que eso no tuviera nada que ver contigo —musitó Jenna—. A lo mejor


está preocupado por algo. —O a lo mejor es un maleducado. Y si no te gusta, ¿qué te importa lo que piense de él? —Que no quiera casarme con él no significa que no me caiga bien. Mira, a veces es muy fácil engañarse con la gente. Cuando las personas son maleducadas a veces es porque sufren por algo. No digo que eso disculpe su comportamiento, pero ayuda a entenderlos, ¿vale? Blair se rascó una picadura de mosquito que tenía en el codo. —Supongo. —Bien. He visto que hay una parrilla fuera. ¿Quieres berenjena y pimientos para cenar? —¿Cómo que Blair es mi sobrina? Hank, apoyado en el capó de la camioneta de Cal con un Marlboro entre los dedos, miró a su hermano. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 30—121 https://www.facebook.com/novelasgratis


—No es una coincidencia que se parezca tanto a mamá. Cal se apoyó también en la camioneta con los brazos cruzados. —¿Me estás diciendo que te acostaste con la hermana de Jenna Stanton hace catorce años y que acabas de enterarte ahora? —La madre de Blair al parecer no pensaba que pudiera interesarme esa información —le contó lo que le había dicho Jenna. —¿Querías mucho a esa mujer? Hank respiró con fuerza. —Tenía veinticinco años y no estaba interesado en formar una familia. Supongo que no buscaba gran cosa, aparte de alguien que me animara un poco las noches. Si he de ser sincero, ni siquiera recuerdo su aspecto. —Fue hace mucho tiempo. —Sí, supongo. Pero no parece que esté bien tener un hijo con alguien a quien apenas recuerdas. —¡Eh! Ella no te lo dijo, así que no te sientas ahora culpable. Lo único que importa es lo que hagas ahora, ¿vale? Hank frunció los labios. —Sí, claro —terminó el cigarrillo y lo pisó en el suelo—. Pero no se te ocurra decírselo a Ryan.


—¿Por qué? ¿Crees que te va a reñir por no usar protección? —No lo sé y no estoy de humor para descubrirlo, ¿vale? Cierra la boca hasta que yo te diga otra cosa, ¿entendido? —Vale, vale —Cal miró a su hermano—. ¿Estás bien? —¿Tú qué crees? Cal se quitó el sombrero y volvió a ponérselo. Hank lo miró y notó por primera vez que ya no tenía cara de niño, que se acercaba a los treinta y los años habían endurecido sus rasgos. El perro se acercó, se sentó delante de él y lo miró. Hank se sobresaltó. ¿Cómo narices había ocurrido aquello? Después de lo de Michelle, su único objetivo en la vida había sido evitar a la gente y no hacerse responsable por nadie. ¿Y de pronto, en el espacio de una hora, había acabado con un perro y una hija? Cal se apartó un mosquito de la cara. —Supongo que eso significa que verás más a la tía, ¿eh? Ah, sí, aquello también. Hank maldijo en su interior; Cal tenía razón. No la perdería de vista cuando se acabara el mes, Jenna Stanton formaba ahora parte de su vida, igual que Blair. —Supongo —repuso con calma—. Aunque no he pensado mucho en esa parte. Escaneado por Corandra y corregido por Pily


Nº Paginas 31—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —No, claro, supongo que no. Bueno, tengo que irme —Cal subió a su camioneta—. Oye, si necesitas hablar, llámame, ¿vale? —¿Ah, sí? ¿Y de qué crees que serviría eso? —preguntó Hank. Su hermano se encogió de hombros. —No lo sé, pero puedo escuchar. A veces no viene mal contar con alguien que escuche. —Lo tendré en cuenta. Hank se apartó y observó alejarse el vehículo. Suspiró y cerró los ojos. No quería ser padre. Pero al parecer ya lo era, lo quisiera o no. Y lo mejor sería intentar conocer a su hija, aunque presentía que Blair no se lo iba a poner fácil. Y para lograrlo, tendría que llegar a conocer también a Jenna Stanton, cosa que deseaba aún menos. Y no porque no le gustara. Sino precisamente porque sí le gustaba. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 32—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 5 L OS MÚSCULOS de Jenna protestaban por verse obligados a trabajar de


nuevo después de una semana de vacaciones. Ella había echado de menos salir a correr, pero con todo lo que ocurría a su alrededor, había sido incapaz de levantarse al amanecer, la única hora a la que se podía correr. Esa mañana, sin embargo, dos días después del descubrimiento de Hank, se había despertado con los pájaros y tenía demasiada adrenalina para seguir en la cama, así que se había puesto las Nike y salido al campo. Cuando llegó a un cruce de caminos, corrió un momento en el sitio mientras ponderaba adonde dirigirse. Eligió el camino de la derecha, que estaba en la sombra. Llevaban ya casi una semana allí y Darryl Andrews le había llevado el Toyota arreglado el día anterior, pero aún no había conseguido reunirse con Hank para planear qué iban a hacer a continuación. Dobló un recodo y volvió a ver el motel. Sentía los pulmones a punto de explotar y le dolían los músculos de las piernas. Se prometió que ese día intentaría ver a Hank. Después de todo, había sido ella la que se había metido en aquel lío, ¿no? Cuando llegó a la zona del motel, dejó de correr y empezó a andar. Esa mañana había seis coches aparcados allí. —Buenos días —dijo una voz a sus espaldas.


Jenna se volvió con un sobresalto, pues no esperaba encontrarse tan temprano a Hank recién duchado, afeitado y con una camiseta blanca. El cachorro bajó los escalones de la oficina a su lado y se acercó a ella. —Veo que el perro sigue aquí —comentó la mujer. —Sí. Ayer lo llevé al veterinario y pregunté a algunas personas, pero parece que nadie lo echa de menos. Jenna sonrió. —Te has afeitado. Hank se pasó una mano por la barbilla. —He pensado que ya era hora. Aunque me ha costado diez minutos encontrar las cuchillas. —No me extraña. —No pensaba que habría nadie levantado a estas horas —dijo Hank. —Yo tampoco. ¿Se puede saber por qué no estás en la cama? El hombre se puso serio. —Supongo que tengo muchas cosas en la cabeza... Eh, Perro, sal de ahí — dijo al animal, que mordisqueaba alegremente una petunia.


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 33—121 https://www.facebook.com/novelasgratis El animal se alejó, pero no tardó en volver y colocó el trasero en la bota de Hank. Éste suspiró. Jenna también, pero no por la misma razón, sino porque de pronto fue muy consciente de que estaba empapada en sudor. —Sí, lo mismo digo —miró al animal—. ¿Todavía no tiene nombre? —No, pero espero que a las chicas se les ocurra uno pronto o finalmente se quedará con «Perro». La mujer carraspeó. —Ah, creo que Blair irá hoy a casa de Libby y me gustaría que nos viéramos para charlar. Hank bajó la mirada. —Ya suponía que antes o después dirías algo así. —Lo habría dicho antes, pero tenemos que ir con cuidado. Él la miró a los ojos. —¿Con cuidado? Jenna se ruborizó. —Blair nos vio el otro día en el porche, cuando te toqué. . y pensó que había


algo entre nosotros. Hank tardó un momento en hablar. —¿Y qué le dijiste? —Que no tenía nada que temer. Él hizo una mueca. —¿Por qué tienes miedo de mí? —preguntó con suavidad. Jenna se sobresaltó. —¿Por qué dices eso? —Bueno, es la impresión que da por lo nerviosa que te pones cuando estás cerca de mí. A ella se le aceleró el corazón. —Es por la situación, no por ti. No tengo miedo de ti. —Me alegro —repuso él con escepticismo—. Bueno, supongo que no tiene sentido posponer esto. ¿A qué hora? —Aún no lo sé. ¿Estarás por aquí? Hank frunció los labios. —Supongo que puedo hacerte un hueco en mi agenda. —Bien. Luego te busco.


Echó a correr hacia la cabaña. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 34—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Era cierto que tenía miedo de él, o al menos, de su reacción a él, una reacción que no comprendía. Antes de la enfermedad de Phil, sus relaciones sexuales habían sido buenas, pero cuando él murió, la libido de ella murió con él y su despertar la había pillado por sorpresa. Blair seguía durmiendo cuando volvió, así que Jenna se duchó y revisó su email. Tenía un mensaje de Ann Marie, su editora. Eh, ¿sabes que hay una librería en Tulsa que es donde más libros tuyos se venden? Sería fabuloso que quisieras ir a firmar mientras estás por allí. Creo que a tus lectores les gustaría. Hemos hablado con ellos y dicen que tanto el sábado día diez como el sábado diecisiete les vendrían bien. Dime lo que te parece, ¿vale? Jenna miró un rato el mensaje con el corazón oprimido. —Creo que deberías ir. La mujer se volvió con un sobresalto. —Me has asustado. ¿Qué haces levantada tan pronto? —Me ha despertado la ducha. Y lo digo en serio, Jenna. Deberías hacerlo — Blair se sentó enfrente de su tía—. Puedo ir contigo, como hacíamos antes. ¿Te


acuerdas? —Oh, no sé... —¿Sabes lo que creo? —¿Qué? Blair se agachó para dejar que la gata jugara con sus dedos. —Creo que eres tímida, pero no tanto. Que lo que ocurre es que pasas tanto tiempo sola que has olvidado cómo estar con la gente. Jenna sintió una oleada de amor por esa niña increíble que Dios había dejado a su cuidado y a continuación se sintió culpable por no hablarle de su padre; pero ahora tenía que considerar también los sentimientos de Hank y no sería justo decírselo antes de que él tuviera ocasión de asimilarlo. —¿Cómo eres tan lista? —preguntó. —Ya sabía que algún día te darías cuenta —rió Blair. Jenna sonrió. —¿Todavía odias esto? Blair se encogió de hombros. —Supongo que no está mal —se levantó de la silla—. Tengo que ducharme, Libby dijo que vendría sobre las nueve. Su padre va a ir a comprar a Claremore y nos


vamos con él. ¿Te importa? —Claro que no. Pero no olvides llamarme y decirme cuándo crees que vas a volver. Blair entró en el baño y miró el mensaje. La chica tenía razón, llevaba una vida muy recluida. Ya en vida de Phil habían tenido pocos amigos y, de ellos, una pareja se había mudado de ciudad, otra se había separado y Jenna había ido perdiendo el Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 35—121 https://www.facebook.com/novelasgratis contacto con sus amigas anteriores. Las únicas personas que había en su vida, aparte de Blair, eran las que creaba en sus libros. ¿Y se extrañaba de que Hank Logan la pusiera nerviosa? —No puedo creer que traigas al perro —dijo Jenna mientras rellenaba unos sándwiches. Las chicas estarían fuera hasta las tres por lo menos. Y después de una visita al supermercado del pueblo, Jenna había decidido invitar a comer a Hank, pero no había contado con el cachorro, que llevaba diez minutos intentado convencer a la gata, subida encima del frigorífico, de que él era uno de los buenos. —No puedo dejarlo en mi apartamento. Mastica todo lo que ve.


Jenna miró a Hank, sentado en el sofá con los brazos cruzados y con aire relajado. —¿Cómo lo sabes? —Muy graciosa. —¿Quieres beber algo? Tengo té, coca cola light y agua. —Té, pues. Jenna fue a la cocina y llenó dos vasos de té. Hank se levantó del sofá con un gruñido y se sentó a la mesa. Abrió una bolsa de patatas fritas, tomó un puñado y se la pasó a ella, quien la rehusó. —Todavía tengo que adelgazar dos batidos de chocolate. —Si adelgazas más, desaparecerás. Jenna mordió un trozo de sandwich. —Cuando Phil estuvo enfermo, engordé mucho. Tardé casi un año en perderlo y no quiero volver a recuperarlo. El perro se acercó a pedir comida, que Hank le ofreció sin vacilar. —¡De eso nada! —exclamó ella—. Los perros no comen pavo ahumado de catorce dólares el kilo. Los perros comen comida de perro. —Muy bien. ¿Tienes comida de perro? —No. —Entonces el perro come pavo —lanzó un trozo al perro y siguió comiendo patatas


fritas. Jenna jugueteó con su sandwich. —Vale, ¿quién empieza? —dijo. Hank la miró por debajo de las pestañas. —Tú. Nunca había conocido a una mujer que se ruborizara tanto como aquélla. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 36—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —No sé por dónde empezar —dijo—. ¿Quieres saber que descubrió el detective? —Vale. Ella suspiró. —Sé los años que tienes, que fuiste policía en Dallas hasta hace dos y que estabas allí cuando tuviste la aventura con Sandy, que llevabas un buen historial y que te iban a hacer teniente cuando... —vaciló—. Sé lo de tu prometida y que después de su muerte volviste aquí y compraste este sitio. Eso es todo —se sonrojó aún más —. Lo siento. Hank asintió y se recostó en la silla. —Voy a ser sincero contigo. Voy a lidiar con todo esto porque tengo que hacerlo,


pero no puedo decir que quiera. —Lo sé, sigues bajo los efectos de la sorpresa. —No es por eso. Ella lo miró atónita. —¿No quieres a tu hija? Hank suspiró con fuerza. —Es mucho más complicado que eso. No sé lo que siento. Siempre me ha gustado controlar lo que pasa y supongo que por eso me hice policía. Y la muerte de Michelle acabó con todo eso, pero no puedo evitar pensar que si no puedo controlar lo que ocurre a la gente que me importa... —Al menos puedes controlar quién te importa. —Más o menos, sí. Jenna jugueteó con un trozo de tomate en su plato. —¿Acaso preferirías que no te hubiera traído a Blair? —No lo sé. Y si eso me hace parecer malo, lo siento, pero no voy a fingir que esté encantado con todo esto. —Entiendo —ella lo miró a los ojos —. Bueno, no tengo por qué decírselo a Blair. Si tú no puedes lidiar con esto, regresamos a Washington al final del mes y se acabó. Sé que sufre pensando que su madre no la quiso y si sabe que su padre no quiere saber


nada de ella, será muy duro. —Yo no he dicho que no quiera quererla — musitó Hank—. Simplemente que no sé si podré hacerlo. No es lo mismo. —¿Ah, no? Explícale eso a una chica de trece años —se puso en pie—. Creo que debes irte. —No hemos decidido nada. —Yo creo que tú sí —se apartó el pelo de la cara—. A menos que puedas llegar a considerar que la paternidad es un privilegio y no una obligación, no tenemos nada Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 37—121 https://www.facebook.com/novelasgratis más que hablar. Tener un hijo no conlleva sólo responsabilidad, sino también alegría y un millar de cosas que nunca sabrás porque te da demasiado miedo arriesgarte. —Y con motivo. No puedo obligarme a sentir algo que no siento. —Eso lo comprendo. Y tu dolor también —los ojos de ella se llenaron de lágrimas—. Pero no todos tenemos la posibilidad de elegir si seguimos adelante o no. Cuando murió Phil, a mí tampoco me interesaba vivir, pero no podía encerrarme por


completo en mí porque había una niña que me necesitaba y que merecía toda la felicidad que pudiera encontrar. Agarra a tu perro y vuelve a lo que hacías antes de que llegáramos. Blair no sabe nada, así que no se pierde nada. Hank agarró al perro y se acercó a la puerta. —¿Sabes una cosa? Me gustabas mucho más cuando estabas nerviosa. —A mí no. Hank colocó la teja con más fuerza de la necesaria y se incorporó para mirarla. Volvió a agacharse y la enderezó. —Es la última vez que pienso ser sincero con alguien —gruñó. Se secó el sudor de la frente con el antebrazo y levantó la teja siguiente. —¡Hola, Hank! Empezaba a creer que no te encontraría nunca. El interpelado miró a Maddie Logan, que estaba de pie con los brazos cruzados sobre el estómago. Frunció el ceño. Apreciaba mucho a su cuñada, pero no quería compañía en ese momento. —Hola, ¿qué puedo hacer por ti? —preguntó. —Te he traído comida —Maddie tenía una de esas voces roncas que daban la impresión de que siempre estuviera resfriada y un fuerte acento de Arkansas —. Estofado de ternera. He hecho demasiado. Vale, tal vez la visita no estuviera tan mal. Aquella mujer sabía cocinar. Hank


guardó el martillo en su cinturón de herramientas y bajó del tejado por la escalera de aluminio. —¿Dónde están los niños? Cuando Maddie se casó con su hermano Ryan, el médico del pueblo, era viuda con tres hijos, un niño de seis años, una niña de cuatro y otra que aún no había cumplido el primero. Tal vez por eso su cuñada parecía mayor de los veinticinco años que tenía. Mentalmente por lo menos, ya que con lo delgada y pequeña que era, también podía pasar por doce años. —En casa —dijo ella con una sonrisa—. Están con Ryan. Tiene el día libre así que le he robado una hora para hacer unos recados. Oh, ¿quién es éste? — miró al perrito—. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 38—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Hola, tesoro. Se agachó para llamarlo—. ¡Oh! Cuando lo vean los niños, me darán la lata para que les busque otro igual. —¿Quieres éste? —Sí, vamos —tomó al perrito y le rascó entre las orejas mientras él le lamía la


barbilla—. Cal me ha contado cómo lo rescataste. Además, ¿has visto esas patas? No quiero un perro que va a ser más grande que yo. Hank dobló la escalera, se la colgó al hombro y echó a andar hacia la oficina. —Los perros grandes son fabulosos con los niños. —¿Y tú qué sabes? —preguntó ella, caminando a su lado con el perro en brazos. —De niños siempre teníamos perros grandes. Mamá decía que eran las mejores niñeras del mundo. No podíamos hacer nada prohibido sin que alguno de ellos empezara a ladrar como un loco para avisar a nuestros padres. —Ah. Entonces quizá debería pensármelo. Eh... —dijo, ya cerca de la oficina —. ¿Ésa no es la chica de Sam Frazier? Hank se hizo visera con la mano. Libby y Blair bajaban por el camino hacia ellos riendo de tal modo que apenas podían sostenerse erguidas. Hank había visto a Blair bastantes veces desde que descubriera que era su hija, la mayoría cuando ella no sabía que la miraba. Pero, por alguna razón, quizá por su enfrentamiento con Jenna, esa vez fue diferente.


Se dio cuenta de que Maddie lo miraba con extrañeza. —¿Qué? —dijo—. Ah, sí, es Libby. —¿Y la que va con ella? —Blair Stanton —dijo con un nudo en el estómago—. Está pasando un mes aquí. Está en una de las cabañas con su tía. Siguió andando. Cuando las chicas llegaron hasta ellos, Libby abrazó a Maddie y se la presentó a Blair. Hank permaneció en silencio, con la escalera colgada al hombro y muy incómodo. En algún momento vio que Blair lo miraba y no detectó mucha simpatía en sus ojos. Libby le contaba a Maddie que esa noche iban a montar una tienda para dormir en el campo si la tía de Blair les daba permiso. Se marcharon riendo en dirección a la cabaña y de pronto a Hank le pareció importantísimo oír algún día la risa de su hija pero dirigida a él. —¿Estás bien? —preguntó Maddie. Él asintió. —Demasiado sol —sonrió un poco—. ¿Dónde está ese estofado? —En el coche. Escaneado por Corandra y corregido por Pily


Nº Paginas 39—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Más tarde, mucho después de que Maddie se hubiera ido, hubieran llegado más huéspedes y cuando el sol estaba a punto de ponerse, Hank Logan dio un paseo con el perro alrededor del lago y llegó a la conclusión de que intentar controlar la vida era como construir una casa con hojas. Antes o después llegaría el viento y la volaría. Su vida sería más fácil si dejaba que se marcharan sin contarle la verdad a Blair, pero no podría vivir consigo mismo. Ahora que lo sabía, no podía rebobinar y fingir que no. Pero haría eso a su modo y Jenna no podría impedírselo. Aunque probablemente lo intentaría. Jenna se había puesto loción antimosquitos y se había instalado en una de las mecedoras de mimbre del porche. Se mecía con fuerza, sumida en sus pensamientos, cuando vio dos figuras que se acercaban en el crepúsculo, una alta, humana, con un cigarrillo encendido y otra pequeña, peluda, de cuatro patas. Dejó de balancearse y sintió que la sangre se le agolpaba en los oídos. La primera libélula de la noche cruzó a poca distancia de ella; el cachorro la miró con un sobresalto y dio un salto hacia donde había estado su luz un segundo antes. Merengue, a salvo detrás de la puerta de cristal, maulló suavemente, tal vez para reñir al perro o quizá porque también ella quería cazar libélulas.


La brisa le agitó el pelo. Hank hizo una mueca. —Si eso que llevas es un perfume nuevo, no me gusta nada. —No me lo pongo para gustarte, me lo pongo por los mosquitos —agarró con fuerza los brazos de la mecedora—. Pero supongo que tú crees que sólo los tontos usan loción antimosquitos. —No sé. A mí nunca me han molestado. —¿Los tontos o los mosquitos? Él sonrió un poco. —Ninguno de los dos. Ambos guardaron silencio un momento. —Bien, ¿qué haces aquí? —preguntó ella. Hank se metió una mano al bolsillo y se agarró a la barandilla del porche con la otra. —Vengo a decirte que no volverás a Washington sin hablarle a Blair de mí. A ella le latió con fuerza el corazón. —¿Has cambiado de idea? —¿Sobre lo que dije antes? No. —Entonces.. —Entonces nada —replicó él en voz baja—. No tienes derecho a ocultarle la verdad


ni a separarla de mí. Lo que yo sienta no importa. Si no puedo lidiar con esto, es mi problema. Puede que yo no sepa nada de chicas, Jenna, y desde luego, no sé nada de Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 40—121 https://www.facebook.com/novelasgratis mi hija. Y además tengo la impresión de que no le caigo muy bien, pero te prometo que no le haré daño si puedo evitarlo y no la abandonaré ni saldré de su vida como hizo su madre. Se inclinó hacia delante. La penumbra del crepúsculo no conseguía apagar la intensad de sus ojos. —Quiero saber qué notas saca en los exámenes, quiénes son sus amigas, qué sabores de helado le gustan, cuáles son sus sueños y cuáles sus miedos. Aunque me odie y aunque todo esto me dé mucho miedo, estaré ahí si me necesita y ella sabrá que es importante para mí. Y tú no puedes impedirlo. Perro, aburrido con las libélulas, subió los escalones y se acercó a Jenna lloriqueando para que lo tomara en brazos. Ella así lo hizo, agradecida a no tener que mirar a Hank. Aunque de todos modos no podía verlo porque las lágrimas le nublaban la


visión. Desde que Blair era pequeña, se había preguntado de dónde había sacado aquella determinación fiera que exasperaba y maravillaba a su tía. La niña había insistido en ir sola a preescolar el primer día aunque había vomitado tres veces esa mañana y se había enfrentado a un gamberro de la escuela diariamente durante dos semanas antes de que Jenna se enterara de que había un problema. Y ahora, escuchando a Hank, lo supo. Dejó el perro en el suelo, se levantó y se acercó a la puerta. —¿Jenna? Ella se volvió. —Te sacaría las fotos aquí, pero ya no se ve. A menos que tengas que irte ya. —He dejado una nota por si me busca alguien. Y la siguió al interior. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 41—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 Y ÉSTAS sólo son una parte de las fotos? —preguntó él. Jenna estaba sentada a su lado en el sofá, con un pie debajo del cuerpo, lo bastante cerca para que Hank pudiera oler la maldita loción antimosquitos pero no tanto


como para tocarla por accidente. —Phil y yo hacíamos muchas fotos —rió ella. Una obsesión que Hank empezaba a comprender. ¿Cómo elegir qué momentos preservar y cuáles no? Miró fotos de su hija en un triciclo, disfrazada para una fiesta, con una tarta delante o dormida en la cuna con las mejillas sonrosadas y la boca abierta. Había fotos de ella sonriendo, riendo o frunciendo el ceño, fotos de todas las fases de su vida, sacadas por unas personas que sin duda adoraban a esa niña que había aparecido inesperadamente en sus vidas. Lo invadió la melancolía por tener sólo fotos de esos años perdidos y estudió cada una de ellas con atención como si así pudiera convertir las imágenes en recuerdos. Luego Jenna le pasó una foto familiar, la primera en la que Blair no aparecía sola. A juzgar por las decoraciones, era Navidad y Blair, de dos o tres años, estaba sentada en el regazo de una mujer de aspecto elegante y distinguido, una mujer rubia y de ojos azules sentada en un sofá que rezumaba buen gusto. Una Jenna más joven y de pelo largo, vestida con un suéter verde y pantalón beige, se sentaba a su lado. Sandy, con vaqueros rotos y el pelo tan corto como el de un hombre, estaba al otro lado, con los brazos cruzados encima de una camiseta negra. Detrás de las mujeres había un hombre atractivo de pelo rubio y sonrisa cálida que apoyaba una mano en el hombro de Jenna.


Ella fue señalando cada figura. —Mamá; Phil. Y Sandy. No sé por qué decidió venir esas Navidades. No volvió a hacerlo nunca más. Phil y yo adoptamos legalmente a Blair poco después de eso. Hank miró a Sandy. —¿Tu hermana no se resistió? —Creo que se sintió aliviada. A su modo, creo que quería a Blair, pero tenía demasiados problemas para cuidar de ella. Hank asintió. —¿Tienes más fotos de Sandy? —No. Aquí no. Hank esperó en vano una punzada de afecto por la mujer que había dado a luz a su hija, pero sólo sentía culpabilidad. Sandy Hollins era una mujer a la que había conocido brevemente y que había compartido su cama unas cuantas veces. Nada más. Aun así, también sentía rabia, no sólo porque no se hubiera molestado en Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 42—121 https://www.facebook.com/novelasgratis


informarlo de la existencia de su hija, sino también porque no hubiera sido capaz de criarla. —¿Qué piensas? —preguntó Jenna con suavidad. Hank respiró hondo. —Pensaba por qué se molestaría Sandy en escribir mi nombre en el diario si tan empeñada estaba en guardar el secreto —dejó la foto encima de las otras, extendidas por la mesita de café. Jenna se levantó y fue a la cocina, de donde volvió con dos coca colas, light para ella y normal para él. Se sentó con las piernas cruzadas en un sillón enfrente del sofá y la gata se instaló en su regazo. —Sandy era un misterio para mí —contestó. Hank notó una vez más sus ojos profundos y su boca amplia, el modo en que la luz de la lámpara colocada al lado del su sofá resaltaba sus pómulos prominentes y su nariz recta. Su madre y Sandy tenían narices minúsculas y bocas pequeñas. —No te pareces a tu familia. —Porque me adoptaron de pequeña. ¡Merengue! ¡No! La gata cruzó la mesita en dirección al morro negro de Perro, que estaba al otro lado, y las fotos salieron volando en todas direcciones. El perro echó a correr, perseguido por el gato, y Hank y Jenna se dejaron caer a cuatro patas para recoger las fotos esparcidas. Del dormitorio llegó ruido de bufidos y lloriqueos. Jenna dejó un montón de fotos en la mesa y se apartó el pelo de la cara.


—Si hay sangre y pelos por todas partes, recuerda que tú has traído al perro. Hank se arrastró a recoger varias fotos al lado del sofá. —¿Y Sandy también era adoptada? —No. Aunque el embarazo fue una gran sorpresa. —¿Por qué? Ella se levantó del suelo y se dejó caer en el sillón. —Mamá procedía de una familia rica de Washington y papá se graduó muy joven en Annapolis, llegó a almirante muy joven y estaba firmemente atrincherado en el Pentágono cuando después de quince años de matrimonio sin hijos, se decidieron a adoptar —levantó las manos—. Para entonces, papá tenía casi cincuenta años, mamá treinta y ocho y los dos estaban muy metidos ya en sus costumbres — sonrió —. Creo que por eso me sentí más como un perrito mimado que como una niña. Hank se sentó de nuevo en el sofá y frunció el ceño. Ella se echó a reír. —Eso no es necesariamente malo. No eran los padres más efusivos del mundo, pero siempre me sentí querida, aunque a cierta distancia. Hacían lo que podían. Y conmigo tuvieron suerte. Escaneado por Corandra y corregido por Pily


Nº Paginas 43—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿En qué sentido? —Sacaba buenas notas y era una chica ordenada. Nunca tuve una pataleta y hasta me gustaban las coles de Bruselas. —¿De dónde te sacaron, de Marte? Jenna sonrió. —Fio, nuestra criada, decía que yo había nacido adulta —tomó un trago de coca cola y sonrió —. Hay mucho silencio ahí dentro. ¿Crees que debemos ir a ver? —No. —Yo tenía ocho años cuando mamá se quedó embarazada de Sandy. A los cuarenta y seis y después de veintitrés años de matrimonio. Fue un embarazo difícil y peligroso. Y Sandy fue una niña difícil y rebelde. —No como tú. Ella sonrió con tristeza. —Nunca supo lidiar con la rigidez de mis padres. Y todo empeoró cuando llegó a la adolescencia. Intentaron llevarla a psicólogos pero no consiguieron nada, aunque mis padres se esforzaban por ver mejoría. El problema con el


comportamiento autodestructivo es que es la persona la que tiene que querer mejorar y reconocer que hay un problema, y en el caso de Sandy no era así —guardó silencio un momento—. Francamente, lo único que me sorprende es que no se suicidara antes. Lo dijo con resignación, pero Hank notó que le temblaba la voz. —¿Y qué pasó con tus padres? —Papá murió cuando Sandy tenía quince años. Y mamá era incapaz de cuidarse sola y mucho menos de una adolescente problemática. Como yo ya estaba casada, Sandy vivió con Phil y conmigo hasta que cumplió los dieciocho y se marchó sin decirle a nadie adonde iba. La siguiente vez que la vimos fue cuando se presentó embarazada. Sonrió. —Como Blair era la única nieta que iba a tener mi madre, la mimó todo lo que pudo los tres años más que vivió. —¿La única nieta? —Yo no puedo tener hijos. Hank la entendió mal. —Pero todavía estás en edad, ¿no?


—Tengo cuarenta y un años, así que, sí, todavía podría... si tuviera todo lo necesario, claro. —Oh. Perdona. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 44—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —No importa. Después de veinte años, lo tengo más que asumido. Pero.. —¿Qué? —A pesar de lo irresponsable que era mi hermana, a Phil y a mí nos hizo un regalo maravilloso al darnos esa niña preciosa. Y ahora que él ha muerto, bueno. . me siento muy agradecida por Blair. Hank pensó en ello. La niña era la única familia que le quedaba y, sin embargo, la había llevado allí y estaba dispuesta a sacrificar lo que más le importaba en el mundo para hacer lo que debía. ¿Qué clase de mujer podía amar tanto? La vio bostezar y se dio cuenta de que se había ido hundiendo cada vez más en el sillón. —Se hace tarde —dijo—. Será mejor que me vaya y te deje dormir. —Perdona —sonrió ella. Recogió las fotos y las metió en un sobre marrón grande—. Llévatelas para mirarlas a gusto.


—¿Quieres que te las devuelva? —Creo que tú las necesitas más que yo. Hank le dio las gracias. Ella se acercó a la puerta del dormitorio y se echó a reír. —Ven a ver esto. Él se acercó. El gato y el perro estaban tumbados en el centro de la cama, tan juntos que no se sabía dónde empezaba uno y acababa el otro. Los ojos del gato estaban cerrados, pero Perro los tenía abiertos, aunque no parecía interesado en levantar la cabeza. Miró a Hank y movió la cola contra la colcha. —Supongo que ha subido por ahí —Jenna señaló unas maletas y cajas colocadas a los pies de la cama. —¿Una escalera al paraíso? —preguntó él. La mujer carraspeó. —No parece que quiera irse. El ventilador ronroneaba en el techo. El perro movió la cola cinco, seis veces contra la colcha. —No —entró en la habitación y tomó al animal en brazos. Volvieron en silencio a la


sala de estar, con Perro protestando un poco de vez en cuando. Jenna abrió la puerta y Hank salió y dejó al animal en el suelo. Se volvió, sin saber qué decir o hacer, aunque estaba seguro de querer decir o hacer algo. Quedarse, tal vez. O por lo menos besarla. Besarla estaría bien. —He leído uno de tus libros —dijo. —¿Sí? —Sí, y está bien. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 45—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿No es muy femenino? —preguntó ella, con ojos brillantes. Hank sonrió. —No. Y es más gracioso y más sexy de lo que suponía. Vio la mirada de regocijo de ella y notó que se ruborizaba. Retrocedió y levantó el sobre marrón. —Gracias. —De nada. —Hasta mañana. —Hasta mañana. Hank se volvió para marcharse.


—Quería decirte... —musitó ella—. Blair tuvo un padre durante diez años. Un padre muy bueno. No va a ser fácil ocupar el lugar de Phil, pero creo que tienes aptitudes para lograrlo. Él la miró un momento. —Gracias, pero no deseo ocupar el lugar de nadie; sólo quiero hacerme uno propio. Y se marchó. Jenna encontró la foto entre los cojines del sofá cuando fue a encender la lámpara. La sacó de su escondite y se echó a llorar. Fuera, en la distancia, sonó un trueno, pero la tormenta no parecía estar cerca. Se sentó y se secó las lágrimas. Lloraba por la pena de sus padres al no poder comprender a su segunda hija, por Sandy, por Phil que había muerto tan joven y también por ella, por echarlo todavía de menos en momentos así. Se habían conocido en el primer año de universidad y casi enseguida habían empezado a salir. Él había sido su primer y único amante y su mejor amigo. Habían pasado casi veinte años juntos y se habían pasado volando. Habían compartido pasión y risas y la alegría tranquila de la amistad. Habían compartido a Blair y él había alentado la vocación de ella por escribir. A cambio, ella dio clases en un instituto durante diez años para que él pudiera pintar. Y la misma semana en que ella vendió su primer libro, él consiguió una exposición en una galería de Washington y era difícil saber quién se alegraba más por el otro.


Ahora la imagen de Phil le sonreía, como le había sonreído miles de veces, y casi podía oírlo decir: —Adelante, preciosa. Ve a por ello. ¿Pero... a porqué? El miedo le oprimía el corazón. —No puedes hablar en serio —susurró. Se levantó y entró en la cocina. Sacó una bolsa de patatas del armario, echó un montón en un plato y volvió a la sala. Cerró los ojos un instante. Hank la atraía, de Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 46—121 https://www.facebook.com/novelasgratis eso no había duda. Y más aún, tampoco había duda de que empezaba a gustarle como persona. Ella sólo había hecho el amor con Phil y resultaba raro contemplar la posibilidad de estar con otra persona. ¿Pero qué era lo que contemplaba exactamente? No quería una aventura con Hank Logan. Y además, tenía que pensar en Blair. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 47—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7


A L DÍA siguiente, cuando Hank fue a devolver el recipiente del estofado, le dijo a Maddie que buscaba un encargado para el motel, sabedor de que ese método era más eficaz que poner un anuncio en el periódico local. Primero, porque su cuñada se había hecho amiga de todo el pueblo y, segundo, porque entre su posición de esposa del médico y que todos los días pasaba por el Café de Ruby a entregar tartas, le había pillado el pulso al pueblo mejor que nadie. A pesar de todo ello, no esperaba unos resultados tan rápidos como los que tuvo. Acababa de regresar al motel con una de las hamburguesas dobles de Ruby, patatas fritas y un batido de chocolate, cuando sonó el teléfono. —¿Tienes un límite de edad para la persona que buscas? —preguntó su cuñada. Hank dejo la bolsa de la comida y miró el correo que había recogido al llegar y que incluía un paquete grande que estaba dirigido a Jenna. —Lo bastante mayor para votar. ¿Por qué? ¿Tienes un candidato? —Tengo dos —bajó la voz—. No debería decirte esto, ya que es confidencial, pero sé que Sue Ellen Tibbs acaba de descubrir que está embarazada porque la puerta de la consulta estaba abierta cuando yo archivaba unos papeles detrás y. . Además de hacer tartas, Maddie ayudaba a Ryan con facturas y papeles de la


consulta. —... y la pobre decía que ahora Danny y ella tendrán que casarse en vez de esperar a que él termine la universidad y está muy preocupada porque no sabe lo que van a hacer. Hank podía imaginarlo. Sue Ellen había terminado el instituto ese año y Danny el anterior. En el pueblo todos sabían que el chico quería ser ingeniero y, por supuesto, no entraba en sus planes ser padre tan pronto. —Y he pensado —continuó Maddie—, que si tuvieran un lugar donde vivir gratis, quizá Danny podría seguir estudiando y quizá podríais llegar a un acuerdo con las fechas. Y ya sabes lo simpática que es Sue Ellen, seguro que sería una recepcionista perfecta. Hank pensó un momento. Eran jóvenes pero listos y muy trabajadores, los dos habían trabajado durante el instituto y sacado además buenas notas. Y Hank suponía que no sería muy difícil añadirle una habitación para el niño al apartamento. —¿Le has dicho algo? —preguntó. —Oh, pues claro que no. Se supone que yo no sé nada. Pero puedo llevar mi coche al taller para que Darryl, el hermano de Danny, le haga una revisión y dejar caer que


buscas a alguien. Hank soltó una risita. —Lo dejo en tus manos —dijo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 48—121 https://www.facebook.com/novelasgratis En ese momento entró Jenna en la oficina, con ojos brillantes, en contraste con la sudadera de color azul apagado que llevaba con unos vaqueros anchos. Se había hecho una coleta, pero flotaban muchos mechones sueltos en torno a su cara y tenía una mirada fiera que le daba un leve aire rebelde. —He pasado la mitad de la noche despierta pensando en Blair y en ti. Creo que deberíais pasar algo de tiempo juntos antes de decírselo —comentó en cuanto él colgó el teléfono. Hank sacó la hamburguesa de la bolsa. —¿Quieres un trozo? —preguntó. Ella negó con la cabeza. Él miró la hamburguesa. Nada lo asustaba tanto como la idea de pasar tiempo a solas con una chica de trece años.


Sacó el batido y se acercó a los vasos de plástico que guardaba al lado de la cafetera. Echó batido en uno y se lo pasó a Jenna. —No, no puedo. . —Tienes aspecto de necesitar beber algo y esto es lo más fuerte que tengo. Ella lo aceptó. Él pensó que, si comía, quizá pudiera engañar a su cuerpo y hacerle creer que todo estaba normal. Se obligó, pues, a dar un mordisco a la hamburguesa. —Esto es en lugar de que tú y yo pasemos tiempo a solas, ¿no? —preguntó, aunque ya sabía que posiblemente no le gustaría la respuesta. Jenna tomó un sorbo de batido e intentó analizar la reacción de Hank. Había visto el miedo en sus ojos cuando le sugirió que pasara tiempo con Blair, pero ahora había vuelto a encerrarse en su caparazón. —No necesariamente —mintió—. Simplemente se me ha ocurrido que sería más fácil para los dos si ella te conoce un poco mejor antes de decírselo. Además, sé que tienes mucho que hacer y no quiero que pierdas el tiempo. . Hank la miró de hito en hito. —¿Crees que anoche perdíamos el tiempo? Jenna se ruborizó.


—No, no. Claro que no. —Me alegro, porque esto es importante para mí —dejó la hamburguesa en la caja abierta y volvió la atención al correo que tenía delante. —Supongo que ése es para mí —ella señaló el sobre grande—. Le dije a mi editora que enviara aquí las galeradas de mi próximo libro. Hank se lo tendió sin palabras y empezó a sortear el resto del correo. —Bueno, ¿apruebas mi idea? Él la miró con expresión inescrutable. Aunque no del todo, porque lo cierto era que casi se podía oler su miedo. Se encogió de hombros. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 49—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Puede que funcione. O puede que ella sospeche algo. —No si le ofreces un trabajo. Hank dejó de sortear el correo e hizo una mueca. —Sí, claro. Seguro que eso le gustaría. —Lo digo en serio. No puede pasar todo el día con Libby y no hay mucho más que pueda hacer. Si le encargas algunas cosas por aquí... —carraspeó—. Yo puedo darte


el dinero que le pagues. Él la miró con intensidad. —¿Cómo dices? —Puesto que es idea mía, no me parece justo que le pagues tú. Sobre todo porque tu negocio no parece ir de maravilla. Hank soltó una risita. —Querida, si tuviera que vivir de este sitio, hace tiempo que habría muerto. Creo que puedo pagar algo de dinero a una chica por unas horas de su tiempo. De hecho, voy a contratar a alguien para que me ayude y no estar atado aquí las veinticuatro horas. —¿Oh? —Sí —apartó las manos del correo y volvió a la hamburguesa, que terminó en dos bocados—. Tú no eres la única que ha estado despierta pensando. Hoy he abierto una cuenta para Blair. Jenna parpadeó. —Ya te dije que no necesita... —¡Maldita sea! Puede que no sólo importe lo que necesite ella —se limpió la


boca con la servilleta y la tiró a la basura—. Blair es la única hija que voy a tener. Todo lo mío será suyo, así que no creo que importe que empiece a planearlo ya. Jenna apretó el sobre de las galeradas. —Tú no sabes con seguridad que no tendrás más hijos. Podrías casarte y... —No, no lo haré —sonó el teléfono—. Sondea a Blair sobre el trabajo. Puede empezar mañana. ¿Sabe usar un rodillo de pintar? —Supongo que sí. —Bien. Dile que venga a las nueve y que se ponga ropa vieja. Descolgó el teléfono y Jenna salió de la oficina con el perro trotando a su lado. Pero las palabras «no, no lo haré» resonaban dolorosamente en su cabeza. Se volvió y le dijo a Perro con irritación que volviera con su amo. Blair no podía creer lo que oía. —¿Que has dicho qué? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 50—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —El señor Logan ha dicho que necesitaba a alguien que lo ayudara —repuso Jenna, que cortaba con calma una lechuga—. Y he pensado que tú podías distraerte.


No es mucho dinero, pero serán pocas horas a la semana. —¿Y estabais juntos por casualidad y el tema ha surgido por casualidad? Jenna la miró con los labios fruncidos. —No me ha ofrecido un trabajo a mí, ¿vale? ¿Y puedes hacer el favor de olvidar esas tonterías sobre el señor Logan y yo? Blair se cruzó de brazos. Su tía se había puesto muy roja y eso le daba mala espina. —Como quieras, pero no pienso trabajar para él. —Sí lo harás. —No puedes obligarme. Eso es explotación infantil. Su tía soltó una carcajada. —No te va a tener catorce horas limpiando letrinas. Serán unas pocas horas de vez en cuando y no te vas a morir por eso. Y es hora de que empieces a pagarte tú algunas cosas. Blair la miró horrorizada. —¿Por qué me obligas a hace esto? Y no digas que es por mi bien. —Vale, no lo diré. —¡No puedo creer que seas tan injusta! — salió de la cocina y se tumbo en el sofá. Merengue saltó a su lado. Blair tenía los ojos llenos de lágrimas, pero no pensaba


permitir que su tía la viera llorar. Parpadeó con furia y subió a la gata a su regazo. —Vale —gritó—. Si yo tengo que trabajar para el señor Logan, tú tienes que ir a firmar libros. Habían hecho tratos de ese tipo desde que ella era pequeña. Cambiar ayuda con los deberes por limpiar su cuarto, galletas caseras por cambiarle la bandeja a la gata, y estaba segura de que Jenna no aceptaría la proposición. —Vale, me parece justo. Algo que tú no quieres hacer por algo que yo no quiero hacer. —¿Qué? —Y ahora me alegro de haber metido esos vestidos en el último momento. —Jenna, era una broma. Yo no pensaba... —Demasiado tarde. Ya he aceptado, no puedes echarte atrás —se inclinó para inspeccionar los macarrones con queso en el horno—. El señor Logan te espera en su oficina a las nueve y dice que lleves ropa vieja que no te importe ensuciar. Vale, ¿quieres aceite y vinagre en la ensalada o mayonesa? —No tengo hambre — Blair se levantó del sofá, entró en su cuarto y cerró la puerta


con un portazo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 51—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Un rato después volvió a salir, se sirvió un plato de macarrones y se sentó enfrente de su tía, que comía en la cocina. —¿Puedo hacer lo que quiera con el dinero? —preguntó. —Dentro de lo razonable —repuso Jenna. —Bien —dijo Blair. Su tía consiguió reprimir una sonrisa. Aunque creía estar preparado, Hank se sobresaltó cuando salió de cambiar el filtro del aire acondicionado en la unidad nueve y vio a Blair sentada en los escalones de la oficina con los codos en las rodillas y una mueca en la cara. Perro lo abandonó al instante y corrió hacia ella, que sonrió al animal, aunque sin alegría. —Te estás haciendo muy grande —dijo, acariciándolo. Retrasó mirar a Hank hasta el último momento y cuando al fin lo hizo, anunció: —Quiero que sepa que he venido presionada. Él la miró inexpresivo. —¿Sí?


—Sí. —Porque no te caigo muy bien. Ella abrió más los ojos y en sus mejillas aparecieron dos manchas sonrosadas. Pero mantuvo la compostura. —No mucho, no. —¿Y sabes por qué? Blair se encogió de hombros. —Por nada en particular. —Sólo porque no. —Supongo. Hank no sabía si alabar su sinceridad o reñirla por juzgar a una persona con tan poca base. Decidió que no era el momento indicado para ninguna de las dos cosas. —¿Y por qué has venido? —Porque me ha obligado Jenna y porque dice que puedo gastar el dinero en lo que quiera. Pero sólo tengo trece años. ¿Quién hace trabajar a sus hijos a los trece años? —Aquí trabajan la mayoría. Libby lo hace, ¿por qué tú no? Ella lo miró con disgusto. —Trabaja en la granja y cuidando de sus hermanos. Es distinto.


—¿Por qué es distinto? —No lo sé, pero lo es. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 52—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Hank decidió abandonar el tema por el momento. —Sígueme —tomó el camino de las cabañas y el perro y ella lo siguieron, el primero con más entusiasmo que la segunda. —¿Adonde vamos? —Ya lo verás. Quiero pedirte consejo sobre algo. Ella tenía piernas largas para su edad, pero aun así tuvo que correr para alcanzarlo. —¿Consejo? ¿Sobre qué? —preguntó. —Ya lo verás. Siguieron andando en silencio. Pasaron todas las cabañas y siguieron el camino que llevaba a la otra casa, un atajo que había descubierto Hank poco después de comprar la propiedad. Unos diez minutos después llegaron a la casa, un edificio de dos pisos asentado en un claro pequeño rodeado de árboles y tan lleno de maleza que era difícil distinguir lo que en otro tiempo habían sido el jardín de delante y el de atrás.


—¿Qué es esto? —preguntó Blair. —Mi nueva casa —dijo él. Se abrió paso entre la maleza hasta llegar al porche delantero. La pintura blanca estaba muy deteriorada, pero el conjunto no parecía en mal estado. Blair lo siguió. —¿Por qué? —inquirió con disgusto. —Porque voy a contratar a alguien para que me ayude a llevar el motel y les voy a dejar el apartamento para vivir. Y Perro necesita un patio de verdad —movió repetidamente la llave en la cerradura hasta que consiguió abrir. —¿Por qué? ¿No te gusta? Abrió la puerta y algo salió volando. Blair soltó un grito y se agachó. —¿Qué era eso? —Un murciélago, supongo. ¿Vienes dentro? Ella retrocedió dos pasos y negó con la cabeza. —De eso nada. —Tú eres más grande que los murciélagos. —Me da igual. No pienso entrar ahí. —Perro ha entrado. —Me alegro por él.


La terquedad de la chica empezaba a poner nervioso a Hank. Hasta que la miró, vio que le temblaba el labio inferior y comprendió que estaba muy asustada. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 53—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Vale —dijo con toda la gentileza de que fue capaz—. ¿Qué te parece si hago un reconocimiento en busca de murciélagos y te doy un grito si no hay nada? Porque es cierto que necesito tu consejo. —¿Para qué? El perro salió de la casa, cubierto de telarañas. Hank movió la cabeza. —Colores. Hay que pintar la casa, pero yo no entiendo nada de esas cosas. —¿Y cree que yo sí? —A las chicas se os dan mejor esas cosas. Ella hizo una mueca. —Eso es machismo. —Eh, aquí en el campo las mujeres hacen las cosas bonitas y los hombres las disfrutan. Aunque una de sus novias del instituto había pintado su habitación de púrpura


oscuro con reborde naranja. Y su madre solía estar tan ocupada dando clases de piano y arreglando la vida de la gente, que dedicaba poco tiempo a la parte doméstica. Así que quizá Blair tenía razón. —Es usted muy raro —dijo ella. —En ese caso deberíamos llevarnos de maravilla. La chica levantó los ojos al cielo. —Es su casa. Píntela como quiera. —Vale —Hank intentó reprimir su irritación—. Pero te vas a cansar mucho del blanco. Blair suspiró. —De acuerdo, elegiré los colores. Pero cuando se hayan ido los murciélagos. Iba a ser una mañana muy larga, pensó Hank. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 54—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 D URANTE el viaje a Claremore para comprar pintura, Blair no había mostrado mucho interés por hablar. Hank intentó entablar conversación dos o tres veces, básicamente porque la clarividencia no era un buen método de conocer a


nadie, y guardó también silencio. Una vez en la tienda, ella pareció soltarse un poco, sobre todo cuando le dejó comprar unos pendientes azules brillantes, aunque no sabía qué opinaría Jenna de ellos. Cuando hubieron terminado de elegir la pintura, que estaba al lado de la sección de artículos deportivos, Hank no sólo la había visto mirar con ansia uno de esos aros portátiles de baloncesto, sino que había sido lo bastante listo para aprovechar la oportunidad y descubrir que le gustaba jugar. Esa información les permitió sostener algo parecido a una conversación durante medida docena de frases, aunque las respuestas de Blair estuvieran formadas básicamente por monosílabos. Al salir, la vio que miraba a un padre y una hija que discutían sobre algo riendo y notó que parecía entristecerse. —Todavía echas de menos a tu tío, ¿verdad? —preguntó cuando estuvieron en el coche. —¿Por qué lo dice? —Por cómo mirabas a ese hombre y la niña. —¡Oh! —la chica miró un rato al frente y al final asintió con la cabeza. —¿Quieres hablar de ello? —preguntó él.


Y de pronto se abrieron las compuertas y pasó media hora escuchando lo que hacía y decía su tío Phil. Sus recuerdos salían como si hubiera estado a punto de explotar de ganas de contarle a alguien sus sentimientos. Hank la escuchaba, cosa que le venía bien porque le evitaba hablar excepto para hacerle alguna pregunta que otra cuando quería que le clarificara algo. El torrente de palabras terminó con la misma brusquedad con la que había empezado, en un suspiro que Hank no supo si era de tristeza o de alivio. Blair lo miró un instante y volvió la vista al frente. —No puedo hablar del tío Phil con Jenna. —¿Por qué? —Porque se pone muy triste. Hank sintió una opresión en el pecho. —¿No habla de él? —Cuando acababa de morir, sí lo hacía. Pero hace tiempo que no. —Entonces tú tampoco has hablado de él. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 55—121 https://www.facebook.com/novelasgratis


La chica se encogió de hombros. —No importa. Es sólo que no quiero olvidarlo, ¿vale? Creo. . —¿Qué? Los grandes ojos azules de Blair se posaron en él. —A veces creo que Jenna prefiere ignorar algo a lidiar con ello. Es como lo de firmar libros. ¿Sabe que es escritora? —Sí, me lo dijo. ¿Qué pasa con lo de firmar libros? —No lo hace. No lo ha hecho desde una vez que fue a firmar a una librería en Washington y había mucha gente y se puso malísima. Es muy tímida y a veces tiene ataques de pánico. No muchos, sólo a veces. Pero aquél fue muy malo y yo me asusté mucho porque no sabía si estaba perdiendo el juicio. —¿Cuándo fue eso? —preguntó Hank. —Un par de meses después de la muerte del tío Phil. Hacía mucho tiempo que lo habían organizado y pensó que tenía que ir aunque no quisiera. Hank había vivido algo parecido. No con ataques de pánico, pero tampoco había sido muy sociable después de la muerte de Michelle. Y a pesar del tiempo transcurrido, la pena se aferraba todavía a él y alimentaba aquellas malditas pesadillas. .


Se dio cuenta de que Blair lo miraba con una expresión rara. —¿Qué pasa? Ella movió la cabeza. —Cuando Jenna me dijo que tenía que trabajar para usted, me enfadé. Su editora le ha pedido que firme libros en Tulsa dentro de un par de semanas y ella no quería. Y yo le dije que, si yo iba a trabajar... —bajó la voz—, ella tenía que ir firmar. —Eso no fue muy justo, ¿verdad? —preguntó Hank. Blair negó con la cabeza. —¿Y qué dijo ella? —Aceptó. Cosa que no me esperaba. Hank reprimió una sonrisa. —Porque creías que se negaría y no tendrías que trabajar conmigo. —Sí —suspiró la chica. —Puedes decirle que no hace falta que vaya. Si te sientes culpable... —No sé —se apartó el pelo de la frente—. Hace mucho tiempo que no tiene un ataque y cuando da clases no le pasa nada, así que a lo mejor es buena idea que lo haga. Cuando murió mi tío, yo al principio tampoco quería ver a nadie ni ir a ningún sitio, pero luego ya sí. Y Jenna lo único que hace es escribir y cuidar de mí. ¿Qué vida es ésa?


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 56—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —A lo mejor es la vida que quiere — Hank vaciló—. Yo pasé por algo parecido hace un par de años. Perdí a alguien muy cercano y te digo por experiencia que no se puede obligar a la gente a volver a la normalidad. Sintió la mirada de ella en su rostro. —¿A quién perdió usted? —A la mujer con la que me iba a casar. Se llamaba Michelle. —¿Murió? —Sí. Le pegaron un tiro en un atraco. Hace dos años. —¡Qué horror! —exclamó Blair. Hizo una pausa—. Sí, supongo que no se puede obligar a nadie a que se sienta normal otra vez. Y Jenna sí sonríe y esas cosas, pero está más apagada que antes. Y lo siento, pero me empiezo a cansar. Viajaron un rato en silencio mientras Hank intentaba aclarar sus sentimientos. ¿Por qué le importaba a él la felicidad de Jenna? Sobre todo teniendo en cuenta que él se había retirado de la vida después de la muerte de Michelle. Pero en su caso era distinto. ¿O no?


Frunció el ceño y cambió su tren de pensamientos para decidir que estaba orgulloso de su hija. Debajo de su rebeldía y su terquedad, había una chica con agallas para admitir que quizá se había equivocado, una chica que quería mucho a la mujer que la había criado y le deseaba lo mejor. Una chica a la que empezaba a respetar mucho, lo cual era inesperado, pero le gustaba la sensación. Se limpió los labios con el dorso de la mano y preguntó: —¿Hasta ahora ha sido muy terrible trabajar para mí? —Todavía no he hecho nada. —Contesta a la pregunta. —Bueno, no. Pero... —¿Pero? —Todavía no me gusta que fume. Hank sonrió. —De acuerdo. No lo haré cuando esté contigo. ¿Qué te parece eso? —Vale, pero no veo que eso le vaya a hacer ningún bien. Hank la miró. —¿Tu tío Phil fumaba? —¡Cielos, no! —exclamó ella—. Pero mi abuelo sí. Y mi madre también. Aunque no


fue el tabaco lo que la mató —lo miró—. ¿Sabe que mi madre se mató? ¡Y Jenna pensaba que la chica no conocía toda la historia! Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 57—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me lo dijo tu tía —hizo una pausa—. Debió de ser duro para ti. —Fue raro. Apenas la veía, así que no es que la eche de menos, pero pensar que alguien que conocía se mató... —¿Vas a llorar? —preguntó Hank al notar que se le quebraba la voz. La chica negó con la cabeza, pero él vio que tenía que combatir las lágrimas. —Eh, ¿qué te parece si paramos a comer en el Café de Ruby? —Vale, como quiera. Él tardó un momento en volver a hablar. —¿Sabes una cosa? —¿Qué? —Eres una chica fuerte. No muchas pasarían lo que has pasado tú sin derrumbarse. Y has ayudado mucho a tu tía. Blair dejó de fruncir el ceño y sus labios se curvaron levemente. —Sólo nos tenemos una a la otra —dijo.


Y Hank deseó poder decir que ahora lo tenían también a él, cosa que le dio un susto de muerte. Jenna miró las pruebas de imprenta con ganas de romperlas. Llamaría a su editora y le diría que no tenía intención de ofrecer algo tan malo a sus lectores. Pero, por otra parte, sabía que aquello le ocurría con todos los libros que escribía. Cuando llegaba a esa fase, los había leído tantas veces que le parecían estúpidos. Miró el reloj y la sorprendió ver que era más de mediodía y su sobrina seguía sin volver. Y ella se moría de curiosidad por saber lo que había pasado. Lo dejó, todo donde estaba, en la mesa de comedor, donde encontró una especie de mapa y una nota que decía que podían encontrar a Hank allí a menos que hubiera ido a Claremore, en cuyo caso volvería pronto e invitaba a dejar un mensaje en la pizarra con el problema de que se tratara. No había mensajes. Pero por otra parte, tampoco había coches en el motel, ni siquiera la camioneta de él. Jenna se dirigió al punto indicado en el mapa. Antes de llegar, vio la camioneta de Hank aparcada delante de una casa. Él fumaba un cigarrillo sentado en los escalones del porche y estaba manchado de la cabeza a los pies de pintura color melocotón. En los escalones había bolsas de plástico del Café de Ruby, lo que recordó a Jenna que ella no había comido. El cachorro, que dormitaba al sol cerca de la casa, se puso en pie y se acercó a ella, lo que hizo que Hank levantara la vista y sonriera. Jenna se detuvo al pie de los


escalones con las manos en los bolsillos de su pantalón corto. —Dime que el otro miembro del equipo no está aún peor que tú —pidió. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 58—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Hank apagó el cigarrillo y la miró a los ojos. —Pero casi hemos terminado de pintar la parte de abajo —dijo. —Color melocotón, ¿no? —Más o menos. —¿Elección tuya? —¡Oh, no! Jenna se echó a reír y se sentó a su lado.. o por lo menos en el mismo escalón. —¿Habéis ido a Claremore? —Sí. —¿Los dos solos? —Sí. —Eres un hombre valiente —la risa de él le hizo sentir cosas que no quería sentir—. ¿Dónde está? —Con Libby. Vino hace media hora.


—¿Ella también siguió tu mapa? —Sí. Se puso a ayudarnos, pero después de diez minutos dejé que se fueran porque estaba harto de sus risitas. Su expresión hizo reír también a Jenna. —Te acostumbrarás. —No sé. —¿Y cómo ha ido aparte de las risas? Hank cruzó las manos entre las rodillas y asintió con la cabeza. —No muy mal. Hemos hablado un poco — la miró y ella sintió que le vibraba la piel—. Es una buena chica. —Claro que sí — Jenna se levantó y miró la casa con las manos en las caderas—. ¿Qué es este sitio? —Es el sitio donde voy a vivir cuando encuentre a alguien que me ayude a llevar el motel —dijo él—. Ven, te lo enseñaré. La mujer lo siguió al interior, donde el brillo de las paredes la hizo parpadear. —¡Oh! Sí que te despierta bien, ¿eh? —Pensé que si le dejaba elegir los colores, eso ayudaría a romper el hielo. Jenna sintió un calorcillo interior y lo siguió al segundo piso, cuyas paredes


seguían siendo grises. —Dormitorio, dormitorio, baño —dijo él—. Oh, y una habitación cerrada en la parte de atrás. En caso de tornados. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 59—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella se acercó a la ventana del dormitorio más grande y miró el patio lleno de maleza. —¿Los hay a menudo? —preguntó. Hank se situó detrás de ella. —La última vez que hubo aquí uno fue en los años cuarenta —apoyó una mano en el marco de la ventana y miró también el patio—. Pero, claro está, nunca se sabe... — hizo una pausa—. No va a ser cada vez más fácil, ¿verdad? Jenna, que seguía en los tornados, se sintió confusa por un momento. —Ah, ¿te refieres a Blair? —se cruzó de brazos—. Me temo que no. Si acaso, creo que se vuelven más complicadas a medida que cumplen más años. La mirada de él hacía que le cosquilleara la piel. —Ha sido duro, ¿verdad? —preguntó con gentileza. —A veces —repuso ella.


Se sobresaltó al notar que una lágrima bajaba por su mejilla, pero se sobresaltó aún más cuando el pulgar de él siguió el recorrido de la lágrima. —No —susurró. Se apartó, sorprendida por la reacción inmediata de su cuerpo a un contacto tan sencillo. Hank se alejó sin palabras, tomó una escoba vieja que había en un rincón y quitó unas telarañas del techo. —Lo siento —dijo ella, temerosa de haberlo herido en su ego. —No hay nada que sentir —la miró un momento y atacó otra serie de telarañas—. Blair me ha hablado mucho de su tío. Parece que se admiraban mutuamente. —Sí —repuso ella, todavía alterada. —Creo que tu esposo era un hombre estupendo, ¿no? Jenna tuvo la impresión de haberse sumergido en un río de sentimientos, donde intentaba desesperadamente agarrarse a una roca para no verse arrastrada por la corriente. El problema era que llevaba una eternidad agarrada a esa roca y tenía frío y estaba cansada y sola. Intentó controlarse. —El mejor —dijo—. Si no hubiera sido por Phil, no sé cómo me habría ido con Blair. —¿A qué te refieres?


—A que me preocupaba demasiado por ella. Hank dejó la escoba en el rincón. —¿Porqué? —No lo sé. Porque me aterrorizaba que pudiera ser como su madre, porque no quería meter la pata. Pero Phil no era tan melodramático como yo, siempre conservaba la calma y parecía saber lo que había que hacer y que decir. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 60—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Pero tu marido murió hace tres años y parece que desde entonces has hecho un buen trabajo con Blair —se acercó a ella—. Por eso no entiendo por qué no confías más en ti, ni por qué pareces tan segura de ti misma a veces y tan asustada otras — echó la cabeza a un lado—. Ni por qué estás temblando. Un sonido suave, mitad suspiro y mitad sollozo, brotó de los labios de ella. Intentó combatir el impulso de echarse en sus brazos. Y perdió la batalla. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 61—121


https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 H ANK respiró con fuerza y la estrechó contra sí. Jenna se abrazó a él sin llorar, sólo abrazándolo. Y él sintió ternura y vulnerabilidad... y sí, también deseo. Pero él no quería volver a sentir nada de eso. Aunque no era la primera vez. Aquello, el puñetazo entre los ojos, la sensación de que no tenía sentido luchar contra lo inevitable, sólo le había ocurrido una vez, con Michelle, y no había podido hacer nada. Y aquella vez no había habido obstáculos, pero ahora había muchos, entre ellos la propia mujer en cuestión, que quizá le dejara abrazarla en un momento de debilidad, pero no tardaría en recuperar el sentido común y darse cuenta de que él no era más que un sustituto de su esposo muerto. Pero ella levantó entonces la cara con una expresión embaucadora y antes de que él pudiera pensar los pros y los contras, bajó la cabeza y la besó. Casi esperaba que se apartara, pero cuando en vez de eso abrió los labios y respondió al beso, él no supo qué pensar, excepto que aquello le gustaba. Le gustaba tanto que sólo Dios sabía lo que habría podido ocurrir si en ese momento no hubiera gritado una voz desde el comienzo de la escalera: —¿Hola? ¿Hay alguien? Los dos se asustaron y se separaron de inmediato.


—Un momento —gritó él, a su vez. Notó que Jenna se había ruborizado hasta la raíz del cabello—. Quédate aquí si quieres —dijo. Y bajó a hablar con Danny Andrews y Sue Ellen Tibbs, a los que encontró sonrientes y tomados de la mano, demasiado jóvenes para saber los contratiempos que les deparaba la vida. Hank los miró con envidia. Danny le estrechó la mano. —Me han dicho que busca a alguien que lo ayude a dirigir el motel —dijo. —Te han dicho bien —repuso Hank. Estaba hablándoles del trabajo y el apartamento cuando oyó pasos que bajaban las escaleras. Los tres miraron a Jenna, que bajaba con el porte de una reina que se dispusiera a entrar en un baile y que esquivó la mirada de Hank. Saludó a los chicos, esperó que los presentaran y se disculpó enseguida. Cuando se marchó, Hank miró de nuevo a los jóvenes y sugirió que volvieran a la oficina, donde podía enseñarles el apartamento y hablar del sueldo, si querían el puesto. Cuando llegaron allí, se había convencido ya de que era bueno que Jenna se hubiera


retirado cuando lo hizo, porque sólo Dios sabía lo que habría acabado diciendo él de no ser así. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 62—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Te dije que no es tan malo cuando lo empiezas a conocer — Libby se dejó caer boca abajo en la cama al lado de Blair. Habían cerrado la puerta de su cuarto para que no las molestaran sus hermanos y subido la música para no oírlos tampoco—. Cuando papá se rompió la pierna el invierno pasado, Hank vino a arreglarnos el gallinero. Y cuando murió mamá, fue el primero que vino a ver si necesitábamos algo. Libby suspiró. —Además, sólo serán un par de semanas, ¿no? A mí me gustaría tener un trabajo de verano, pero aquí nadie te deja trabajar hasta los quince años por lo menos. Oh, casi se me olvida... —dio un salto y se sentó con las piernas cruzadas—. April Gundersen quiere hacer una acampada de una noche por su cumpleaños dentro de dos semanas y me ha dicho que puedes venir conmigo. ¿Quieres venir? Seremos ocho o nueve chicas, todas simpáticas. Blair sonrió. —Tendré que preguntarle a Jenna, pero sí, claro —echaba de menos a sus


amigas, pero había conocido a un par de las de Libby y le habían caído bien. Hablaron un rato de otros temas y al fin volvieron de nuevo a Hank, básicamente porque Blair no podía apartar de su mente la impresión de que había algo extraño detrás de aquel trabajo. —¿Como qué? —preguntó Libby. —No lo sé, pero a veces me mira raro, como si quisiera saber lo que pienso o algo así. Libby frunció el ceño. —A lo mejor le gusta tu tía y quiere caerte bien. . —Eso es una locura —repuso Blair, aunque sintió un nudo en el estómago—. Se conocen muy poco. —¿Y qué? ¿No has oído hablar de los flechazos? Sí había oído. A Jenna, que le había contado mil veces que se había enamorado de su tío Phil a los cinco minutos de conocerlo. —Estoy segura de que no se trata de eso — dijo—, porque ya le he preguntado a Jenna y me ha dicho que no. Libby abrió mucho los ojos. —¿Y por qué se lo has preguntado?


—Porque los vi juntos hace unos días y Jenna tenía la mano en el brazo de él. Libby arrugó la frente, como pensando en eso. —¿Sería tan horrible que tu tía se volviera a casar? —No lo sé, nunca lo he pensado. Como no sale con nadie, pensaba que no le interesaba. Pero no me la imagino con Hank. —¿Porqué? —Porque son muy distintos. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 63—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Por qué? ¿Porque no es de ciudad? —¡Claro que no! —exclamó Blair, exasperada. Se sentía confusa y no le gustaba—. ¿Tú nunca has tenido un presentimiento sobre algo pero no podías decir qué era exactamente? Libby se tumbó sobre la almohada. —Sí. El día que murió mamá. Sabía que pasaba algo ante de que Adam viniera a buscarme a la escuela. —Entonces sabes de lo que hablo.


—Más o menos. Pero mi mal presentimiento era porque había ocurrido algo malo y el tuyo es porque crees que podría pasar. —¿Y qué? —Que no es lo mismo. Y además, si tu tía dijo que no había nada entre ellos, ¿por qué te importa tanto? Blair frunció el ceño. —¿A ti no te resultaría raro si tu padre encontrara a otra mujer? —Puede que sí. Al principio sí. Pero nada va a hacer que vuelva mamá y estoy harta de ser la única mujer de aquí. La señora Stilton no está mal, pero no puedes hablar con ella de muchas cosas. Además, los adultos necesitan sexo. Si pasan tiempo sin él se ponen gruñones. Blair se sonrojó profundamente, pero no pudo evitar echarse a reír. —¿Quién lo dice? —Todo el mundo. ¿Tú no notabas cuándo lo hacían tus tíos? En tu casa no sé, pero aquí siempre había muchos silbidos y sonrisitas a la mañana siguiente. Blair no deseaba pensar en eso en aquel momento. —¿Pero y si a la nueva esposa de tu padre no le gustaran los niños? ¿O si quisiera toda la atención de tu padre para ella?


Libby enarcó las cejas. —¿Y por qué narices se iba a casar papá con una mujer a la que no le gustaran los niños? Y además, no estamos hablando de mi padre sino de tu tía y de Hank. Y como ya has dicho que te cae bien... —He dicho que no me cae mal. Nada más. —Mira, esta conversación es estúpida. Sobre todo si no hay nada entre ellos. Blair tenía que admitir que su amiga tenía razón. ¿Qué era lo que la molestaba? La verdad era que Hank le caía bien. Aunque fumara. Era sólo que... A veces deseaba poder ser pequeña todavía. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 64—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Jenna había vuelto corriendo a la cabaña y diez minutos más tarde seguía de pie en mitad de la sala de estar, con la mano en la boca y el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. ¿Qué la había impulsado a responder al beso de Hank? ¿Curiosidad? ¿Autocompasión? ¿Idiotez? ¿Las tres cosas? ¡Y qué beso!


Le fallaron las rodillas y se dejó caer en el sofá. Salir corriendo había sido una reacción infantil. Cierto que era su primer beso en años, pero aun así sólo había sido un beso. Tenía que olvidarlo y volver a concentrarse en el problema de cómo decirle a Blair que Hank era su padre. Cuanto antes lo hicieran, mejor. Así los dos podrían dedicarse a crear vínculos de padre-hija y ella podría permanecer al margen. Y eso sería lo que haría. Porque por mucho que se empeñaran sus hormonas y sus sentimientos, no tenía la menor intención de volver a enamorarse, ni de Hank ni de ningún otro hombre. Se puso en pie con determinación. Lo único que tenía que hacer era ver a Hank y disculparse por actuar como una tonta. Y todo volvería a la normalidad. Hank estaba de pie detrás del mostrador de recepción introduciendo los recibos de la semana en el ordenador cuando llegó Jenna con aire de determinación. —Puedes ahorrarte la saliva —dijo él; salió del programa y se cruzó de brazos—. Sé lo que vas a decir. —¿Lo sabes?


—Sí. Que el beso ha sido un error, ¿verdad? Ella se ruborizó. —Bueno... no pretendía usar esa palabra exactamente. —Pero similar. Jenna respiró hondo. —Tú tenías razón. Ha sido duro hacer esto con Blair. He tenido un momento de debilidad. —Sí, yo también. Ella lo miró sorprendida. —¿Tú también? —Sí. Una mujer hermosa se echa en mis brazos... —¡Yo no me he echado en tus brazos! —...y para mí también hacía mucho tiempo. Y al contrario de lo que piensa la gente, soy humano. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 65—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Oh! — ¿Era decepción lo que expresaba el rostro de ella?—. ¿Y no tenemos que preocuparnos de que vuelva a ocurrir?


La risa de él los sobresaltó a los dos. Tal vez el beso había ido insustancial para ella, pero él sólo tenía que recordarlo para sentir un dolor profundo. —Oh, yo diría que tenemos mucho de lo que preocuparnos. Ella lo miró con aprensión. —No podemos tener una relación. Yo no quiero. —Yo tampoco quiero —repuso él, porque eso era lo que se había programado para decir desde que el médico de Urgencias le dijo que no podían hacer nada más por Michelle—. Pero una cosa no tiene nada que ver con la otra. —Para mí sí. —¿Porque eres mujer? ¿Nada de sexo sin lazos emocionales? —¿Tan mal está eso? —preguntó ella. —No. Pero mírame a los ojos y dime que aquí no pasa nada. —Vale, hay una atracción. —De eso estoy hablando, querida. De química. —No significa que tengamos que hacer algo —ella arrugó los labios—. Nunca he tenido sexo porque sí. Conocí a Phil a los dieciocho años. Hank tardó un segundo en reaccionar. —¿Estás diciendo que él ha sido tu único amante? Jenna asintió.


Hank no sabía lo que le ocurría. Se había arreglado bien sin tener una mujer en su cama durante dos años. Y no necesitaba a aquélla, a pesar de que todos los síntomas indicaran que debería pensar en terminar pronto con la época de abstinencia. Y el problema era que no deseaba hacer eso con otra. Y que hacía mucho tiempo que no se permitía el lujo de desear algo. —Bien, ¿qué me dices? ¿Una vez para probar? —No —repuso ella—. No sé. No lo había pensado nunca —se llevó una mano a la boca. —¿Lo estás pensando ahora? —sonrió él. —No —levantó la barbilla—. Sabes tan bien como yo que no tendría sentido que nos acostáramos. —Pero podría ser divertido. Jenna se ruborizó. —Y Dios no permita que tú hagas algo sólo porque puede ser divertido — continuó él—. Sólo porque lo deseas. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 66—121 https://www.facebook.com/novelasgratis


—¡Oh, por el amor de Dios! —ella se apartó el pelo de la cara—. Esto no es como comprarse unos zapatos o pedir una pizza porque no te apetece hacer la cena. Hank rodeó el mostrador y se colocó frente a ella. Levantó la mano para acariciarle la mejilla y ella tembló un poco, pero no retrocedió. —Yo no pensaba que volvería a desear así a una mujer —susurró él, acariciándole la mejilla con el pulgar—. Y puede que no tuviera sentido hacerte el amor, pero la vida no tiene mucho sentido de todos modos, ¿verdad? Así que quizá no sea mala idea vivir el momento. —Mi hermana vivía el momento y yo nunca la envidié —repuso ella con sequedad. Hank aparto la mano y se la pasó por el pelo. Se acercó a la puerta. —Perdona —dijo—. Creo que eres demasiado dura contigo misma, pero no tengo derecho a decirte que un revolcón pueda ser la respuesta a tus problemas. Te pido disculpas. Hubo un silencio. —¿Y te portarás bien a partir de ahora? — preguntó ella. Él hizo una mueca. —Sí, lo juro. Vio que ella respiraba aliviada.


—Me alegro —dijo—, porque tenemos que hablar de Blair sin todos estos problemas de. . química por medio. Aquello lo decía todo, ¿no? Ella se sentía atraída, con la atracción de una viuda solitaria que hacía tiempo que no tenía sexo, y estaba tan habituada a pasar sin él que no le daba mayor importancia. ¿Pero de qué se quejaba? Él también había dicho que no quería nada serio. —Vale —dijo—. ¿Qué pasa con Blair? —Creo que hay que decirle la verdad. Hank respiró hondo. —¿Estás segura? —Estoy menos segura de seguir aplazándolo. —Pero acabamos de empezar a conocernos y… —Y si lo seguís haciendo con falsas premisas, la situación terminará por explotarnos en la cara. Él la miró a los ojos. —¿Cuándo? —Mañana. Si vais a trabajar en la casa, yo puedo llevar la comida y se lo decimos entonces. Hank abrió la puerta y esperó que ella saliera delante.


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 67—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —No hay un modo fácil de hacer esto, ¿verdad? Jenna miró hacia las cabañas y negó con la cabeza. —Cuanto más mayor me hago, más me parece que no hay un modo fácil de hacer nada —respiró hondo y se volvió a mirarlo—. Siento no poder aceptar tú... sugerencia. Lo siento de verdad. Pero no puedo. Hank la observó alejarse y recordó con cariño los viejos tiempos en los que bastaba con la lujuria. Al día siguiente, el presentimiento de Blair no sólo no había desaparecido, sino que había empeorado. Y no porque el trabajo fuera mal. Hank no se enfadaba si tiraba pintura al suelo o si no hacía bien el trabajo. Le hubiera gustado no tener que escuchar ópera, pero después de unas horas casi se había acostumbrado. La sensación empeoró aún más cuando llegó Jenna con la comida, sobre todo porque sorprendió varias miradas inquisitivas entre ella y Hank cuando creían que no se daba cuenta. Estaban arriba, terminando la última pared del dormitorio pequeño. —¿Dónde queréis comer? —preguntó Jenna—. ¿Fuera en el porche? No hace


calor. —Yo no tengo hambre —Blair metió el rodillo en el cubo de pintura con un gesto de furia. Era evidente que había algo entre aquellos dos. ¿Creían que estaba ciega? —Medio sandwich y un zumo —dijo Jenna—. No puedes seguir trabajando con el estómago vacío. La chica apretó el rodillo contra la pared. —No tengo hambre, ¿vale? —Pues al menos sal al porche con nosotros —dijo Hank detrás de ella—. Y bebe algo antes de que te deshidrates. Blair respiró hondo, dejó el rodillo en el cubo de agua para que no se secara y bajó las escaleras. Durante un rato no dijo nada, sino que escuchó a los otros dos hablar del pueblo y de la gente que vivía allí. Cuando hablaron del padre de Libby, recordó que todavía no había preguntado a Jenna si podía ir a la acampada del cumpleaños. —No veo por qué no —repuso su tía—. ¿Quién cumple años? —April no sé qué. ¿Guntherman? —Gundersen —Hank movió la cabeza—. Dale las gracias, pero no vayas. —¿Por qué? —preguntó Blair—. Ya le he dicho que iría. —Dile que has cambiado de idea o que tu tía había hecho ya planes y no lo


sabías. Además, ¿por qué has aceptado la invitación sin consultarlo con ella? —Porque nunca dice que no y no pensé que fuera nada importante. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 68—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Seguramente porque siempre conoce a la gente con la que vas, pero esta vez no. No es buena idea que pases la noche allí. April no está mal, pero sus hermanos son mala gente. —A mí me parecieron simpáticos. Hank frunció el ceño. —¿Cuándo has visto a los Gundersen? —El otro día en el Café de Ruby, cuando fui al pueblo con Libby. Entraron los dos más jóvenes y me los presentó Libby. ¿Por qué? ¿Qué tienen de malo? —Simplemente hay que ir con cuidado con ellos, nada más. A Billy, el mayor, se le ha relacionado con un par de robos en Prior, aunque no había pruebas. Y el año pasado hubo actos de vandalismo en el instituto y algunos dijeron que habían sido los chicos Gundersen. —¿Pero no se probó nada? —preguntó Blair.


—No, pero... —él hizo una pausa— no son precisamente unos caballeros y no me gusta que estés con ellos. —¡Eso no es justo! Es su hermana la que invita a dormir fuera, no ellos. Y la conozco a ella y a casi todas las demás chicas que van a ir y no son así. Además, si el padre de Libby la deja ir, ¿qué problema hay? —Libby los ha conocido toda su vida y dudo mucho que ninguno de los chicos se atreva a meterse con ella —sonrió—. Se ha enfrentado a más de un matón para defender a sus hermanos. Pero tú no eres ella. Blair abría la boca para protestar cuando sintió la mano de Jenna en el brazo. —Puede que Hank tenga razón. —Oh. ¿Ahora te pones de su parte? —Aquí no hay partes. —¿Y qué es lo que hay? —Blair miró a Hank de hito en hito—. Hablas como si tuvieras derecho a decirme con quién puedo salir y con quién no. Y no lo tienes. Se levantó con los puños apretados y los ojos llenos de lágrimas y miró a Jenna, que tenía esa expresión preocupada que Blair tanto odiaba. Pero tenía que decirlo porque no podía seguir haciéndose la tonta dos semanas más. —Me da igual lo que haya entre vosotros. Y por favor, Jenna, no me digas que no hay nada, porque no estoy ciega ni soy tonta y veo cómo os miráis. Pero eso no le da


derecho a decirme lo que tengo que hacer. Puede que sea tu novio, pero no es mi padre. Vio que su tía palidecía e intercambiaba otra mirada con Hank. Luego la vio asentir con la cabeza y a Blair se le formó un nudo en el estómago. Hank se levantó despacio con las manos en los bolsillos. —No soy el novio de tu tía —dijo con calma—. Pero sí soy tu padre. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 69—121 https://www.facebook.com/novelasgratis La chica se quedó paralizada, con la boca abierta. Algo empezó a zumbar en el interior de su cabeza. —¿Qué has dicho? Él no tenía buen aspecto, pero dijo de nuevo: —Soy tu padre. Por eso te trajo Jenna aquí, para que nos conociéramos. Blair retrocedió con una mano en el estómago y recordó que una vez había preguntado a su madre quién era su padre y ella se había echado a llorar. —No puede ser —movió la cabeza—. Mi padre está muerto. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 70—121 https://www.facebook.com/novelasgratis


Capítulo 10 SÓLO una vez en su vida se había sentido Hank tan impotente. Y al escuchar la respiración de Jenna detrás de él, adivinó que ella no se sentía mucho mejor. —¿Sandy te dijo eso? —preguntó Jenna. —Sí —Blair se secó las lágrimas con la palma de la mano—. Cuando era pequeña. Me dijo que él no me quería, que la dejó sola conmigo. Y que luego se había enterado de que había muerto. —Pues se equivocaba en todo —dijo Hank con suavidad. La chica lo miró con furia. —Mi madre tenía que odiarte mucho para decirme que habías muerto. —¡Blair! —Puede que sí —repuso él—. Aunque te juro que nunca le di motivos. Ella se fue de mi lado, creo que antes de saber que estaba embarazada, pero no volvió nunca a decírmelo. Dios es testigo de que yo no me enteré de tu existencia hasta hace un días. La chica miró a su tía. —¿Y por qué me dejaste creer todos estos años que mi padre había muerto? —Blair, por favor, créeme. Yo no sabía que tu madre te había dicho eso —la agonía de su voz fue directa al corazón de Hank—. Y yo tampoco sabía la verdad.


Sandy se negó a decirme quién era tu padre. No supe que Hank existía hasta que... Miró a Hank con preocupación, pero Blair interceptó la mirada. —¿Qué? —preguntó. Jenna enderezó los hombros. —Entre las cosas de tu madre había un diario. En una de las páginas, en torno a la fecha de tu nacimiento, daba el nombre de Hank como tu padre. De no ser por eso, yo seguiría sin saber quién era tu padre. —Ella murió en marzo —dijo Blair con frialdad—. ¿Por qué no me lo dijiste entonces? —No era tan fácil... —¡Por Dios, Jenna! No soy una niña pequeña. ¿Por qué no me lo dijiste en vez de inventar una historia estúpida para traerme aquí? ¿Por qué me mentiste? —se secó con las manos las lágrimas que rodaban por sus mejillas—. ¿Por qué me miente todo el mundo? —Yo no te he mentido. —Tampoco me has dicho la verdad, ¿no? ¿O es cierto que vas a escribir un libro que


tiene lugar aquí? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 71—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Jenna negó con la cabeza. —¡Te odio! ¡Os odio a los dos! —gritó Blair, que se alejó de la casa tan deprisa como podían llevarla las piernas. —¡Blair! —gritó Jenna con pánico. Hank le puso las manos en los hombros. —Deja que se vaya. Dale tiempo a asimilar esto. —No debería estar sola en este momento. —Sí debería —él le apretó los hombros con suavidad—. Y tú la vas a dejar porque también sabes que necesita estar sola. Jenna se apartó con un grito estrangulado. —¿Cómo puedes permitir que se sienta tan desgraciada? ¿Y cómo narices puedes estar tan tranquilo con todo esto? —¿Tranquilo? —rió él sin humor—. Estoy al borde de un ataque de nervios. Siempre pensé que tendría unos años de gracia con mis hijos antes de que me dijeran que me


odiaban. ¿Y cuánto he tenido? ¿Cinco minutos? —A eso me refiero exactamente. Hank apoyó una mano en uno de los postes del porche y la otra en la cadera. —Está enfadada y confusa, igual que yo cuando me enteré. Pero es una chica lista. —Tenía que habérselo dicho —Jenna caminaba por el porche como una bestia enjaulada—. O por lo menos haberla prevenido de algún modo. Tenía que haber supuesto que Sandy le había dicho algo y por eso no ha preguntado nunca por su padre —se dejó caer en el último escalón como una marioneta con los hilos rotos y enterró el rostro en las manos—. ¿Cómo puedo haber metido tanto la pata? Hank se sentó a su lado y le pasó el brazo por los hombros. —Tú no has metido la pata. —¿Cómo puedes decir eso? Has visto cómo me ha mirado. —Cálmate, se le pasará —Hank frunció el ceño—. ¿Tienes el número de Sam Frazier? —En la agenda del móvil. ¿Por qué? —Llámalo. Te apuesto lo que quieras a que Blair va para allá. Jenna sacó el teléfono e hizo la llamada. Un minuto después volvía a guardarlo.


—Sam dice que estará atento y nos llamará si aparece. —Aparecerá. —¿Y tú cómo lo sabes? —Por instinto. Ella puso las manos en las rodillas y miró el patio lleno de maleza. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 72—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Nadie te dice que, cuanto más mayor te haces, más cuenta te das de que no sabes nada. Al paso que voy, a los setenta seré una imbécil total. Hank lanzó un gruñido de asentimiento. —¿Qué hacemos ahora? —preguntó ella. —¿Por qué me lo preguntas a mí? —Porque eres más joven, te quedan más neuronas. Él la miró con una media sonrisa. —Dejarnos llevar por el instinto. —¿No se te ocurre otra cosa? —No —le tomó la mano y entrelazó sus dedos con los de ella—. ¿Todavía sientes que has metido la pata?


Jenna torció la boca. —¿Tú qué crees? Hank la miró a los ojos. —Bueno, por lo menos no estás sola. A Jenna le dio un vuelco el corazón y sintió que se acercaba más al borde del precipicio. Y supo que, si caía, no podría salir de él. —Hola, Sam —dijo Hank cuando entró en la sala de estar de los Frazier—. ¿Sabe que estoy aquí? Sam había cumplido su palabra y llamado en cuanto apareció Blair. Jenna había querido ir allí enseguida, pero Hank había logrado convencerla de que lo dejara a él hablar antes con ella. Sam, más alto y delgado que Hank, con mechones grises entre el pelo rubio, se encogió de hombros. —Depende de si ha oído tu coche o no. Lo miró con curiosidad y Hank le dio una palmada en el hombro. —Te lo explicaré pronto. —No te preocupes —sonrió Sam—. Te la envío y quito a los chavales de en medio. Menos de un minuto después, Hank oyó los pasos renuentes de Blair bajar despacio


las escaleras. Ella tenía una mueca en la cara. —Me parece que he visto esa expresión en mi espejo más de una vez —dijo él. No hubo respuesta. —Ven. Vamos fuera, donde podamos hablar. —¿Qué te hace pensar que yo tenga algo que decir? —¿Qué te hace pensar que yo no? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 73—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Hank consideró una pequeña victoria el hecho de que lo siguiera. Se alejaron de la casa, hacia un prado donde pastaban media docena de vacas. Cuando llegaron a la valla, Hank se apoyó en ella. —¿Se lo has contado a Libby? —preguntó. —No —repuso ella, después de un momento. Él levantó la vista y vio que ella se apoyaba también en la valla, pero a casi dos metros de distancia. —¿Por qué? La chica frunció el ceño.


—¿Estás loco? —He pensado que necesitarías hablarlo con alguien. Y Libby parecía la elección más lógica. —Pues no lo he hecho —ella miró las vacas—. ¿Dónde está Jenna? —En la cabaña. —¿Por qué no ha venido? —¿Quieres hablar con ella? —No he dicho eso. Sólo quiero saber por qué has venido tú y no ella. —Quería hacerlo, pero he pensado que era mejor que viniera yo antes. Está muy alterada por lo que le has dicho. —¿Ella está alterada? ¿Por qué? A ella no le ha mentido nadie, ¿verdad? Hank sintió que empezaba a perder los estribos. —Nadie excepto tu madre, que la dejó con la carga de tener que desenredar los líos de otra persona. Así que quizá deberías empezar a pensar en esto desde el punto de vista de tu tía. Después de más de doce años, se entera de algo que va a cambiar la vida de varias personas. Y no tiene a nadie a quien pedir consejo. ¿Y qué querías que hiciera? —Decirme la verdad —repuso ella con ojos llameantes —. Pero supongo que los


adultos no siguen las mismas normas que los chicos, ¿eh? —No —repuso él —. Cuando hay tantas cosas en juego, no. Y no pongas esa cara, como si fueras la única que ha pasado por esto. ¿Qué crees que sentí yo cuando me enteré de que tu madre no pensaba que merecía saber que tenía una hija? Trece años que no tendré nunca, que ninguna cantidad de fotos podrán reemplazar. Y para colmo, tu tía no me lo dijo enseguida, así que me sentí tan furioso como tú. Hasta que comprendí que sólo quería protegerte. —¿De qué? —De lo que no sabía. Tú eres lo más importante del mundo para ella y no sabía por qué tu madre había guardado en secreto mi identidad. Yo podía ser un delincuente, un drogadicto o un maltratador. Ella tenía que investigarme, y eso lleva tiempo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 74—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Pero si tú lo sabías y yo iba a trabajar contigo, no tenía derecho... —Tenía todo el derecho —dijo él con calma—. Y antes de que acabe el día deberías


pedirle disculpas, porque está muy preocupada. Blair tardó un momento en hablar. —Dime sólo una cosa. —¿Qué? Ella lo miró con ademán retador. —¿Querías a mi madre? Hank maldijo en su interior. —Nos conocimos muy poco tiempo —vio la mirada herida de ella—. El problema con la sinceridad es que a veces oyes cosas que no quieres. Yo sólo tenía veinticinco años y... —Sí, eso suponía — Blair dio media vuelta y salió corriendo. Ya casi había oscurecido cuando Jenna oyó la camioneta de Sam Frazier acercarse a la cabaña. Se obligó a permanecer en el sofá, donde llevaba una hora leyendo el mismo párrafo de la última novela de Grisham, e intentó adoptar una expresión tranquila. Hank la había llamado después de su conversación con Blair y Jenna sabía que el primer encuentro oficial entre el padre y la hija no había sido muy afortunado. La puerta se cerró detrás de Blair. Merengue abandonó a Jenna y trotó hacia la chica, quien la tomó en brazos. —¿Estás enfadada conmigo? —preguntó a su sorprendida tía.


—No, enfadada no. Preocupada. —Pues deberías estarlo —dejó a la gata en el suelo—. Me he portado mal. Jenna dejó el libro en la mesita de café y le abrió los brazos. Blair la estrechó con fuerza y su tía le besó el pelo una y otra vez. —Me gustaría que todo volviera a ser como antes —dijo la chica contra el pecho de Jenna—. Antes de todo esto. —Sí, lo sé, pero no es posible. Su sobrina se separó y la miró preocupada. —Pero volveremos a casa, ¿no es verdad? Tú no esperas que me quede aquí con él, ¿verdad? Jenna le apartó el pelo de la cara. —Por supuesto que no. Ninguno de los dos te obligaría jamás a estar donde no quisieras. En realidad todavía no hemos hablado de visitas, pero decidamos lo que decidamos, tú tomarás parte en el proceso. La expresión de Blair se endureció. —Yo no quiero tener nada que ver con él. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 75—121


https://www.facebook.com/novelasgratis —Blair, sé que estás alterada... —¡No puedes esperar que acepte de pronto a un desconocido como padre! —Nadie espera nada, tesoro. Por lo menos no de inmediato. —Tú no lo entiende. —No, no lo entiendo. Así que ayúdame a entenderlo, ¿vale? Blair se sentó en un sillón enfrente del sofá, pero no dijo nada. —Hank está tan asustado como tú —le aseguró Jenna. —Sí, vamos. Pues no parece nada asustado. ¿Por qué cree que puede decirme lo que tengo que hacer y pensar cuando ni siquiera me conoce? No es justo. —La vida no suele serlo. Pero tienes que darle una oportunidad. —¿Por qué nadie me ha preguntado a mí si quería esto? Que hiciera el amor con mi madre no le da derecho a meter las narices en mi vida. —Lamento que pienses así. Pero es tu padre... —No es mi padre. Y no pienso llamarlo así. Jenna levantó las manos. —Vale, vale, no hace falta que lo llames papá. Pero no puedes fingir que no existe, porque, te guste o no, Hank Logan es ya parte de tu vida, de nuestra vida —añadió— Y antes o después vas a tener que asimilar eso.


Blair se puso en pie con un gruñido, dio varios pasos y la miró con lágrimas rodando por sus mejillas. —¿Por qué no dejaste las cosas como estaban? ¿Por qué tuviste que decírselo? Jenna hubiera hecho lo imposible por ahorrarle a Blair la confusión y el dolor que sentía. Pero su sobrina también tenía que entender que ella no era la única que intervenía en aquel asunto. —Porque en conciencia yo no podía ocultarle algo así a otro ser humano. Porque él merecía conocerte — se levantó del sofá y procuró que no le temblara la voz —. Y porque, lo creas o no, tú mereces conocerlo a él. Lo que no es justo es echarle la culpa de algo cuando no la tiene. No puedo obligarte a que quieras a tu padre, ni siquiera a que te caiga bien, pero Hank Logan es un buen hombre y tú llegarás a conocerlo aunque sea lo último que logre yo en esta vida. Empezando por cenar con él mañana por la noche. —No. —Sí. Y no se te ocurra esconderte en casa de Libby, porque estarás aquí aunque tenga que atarte a la silla. Blair la miró un momento atónita y luego se levantó y entró en su cuarto con un portazo.


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 76—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 11 DÓNDE está? —En su habitación —dijo Jenna. Se apartó para dejarlo pasar—. De mal humor. Bastó una mirada a la cara de la mujer para que a Hank se le encogiera el estómago. Una lástima, porque el olor a salsa de tomate con ajo resultaba casi tan tentador como para hacerle creer que tenía hambre. Y ver a Jenna con aquella falda larga y camiseta sin mangas y el pelo recogido encima de la cabeza con montones de mechones sueltos suponía otra tentación muy diferente. Dejó los álbumes viejos en el mostrador que separaba la cocina de la sala de estar y se arremangó la camisa. —Bueno —preguntó Jenna mientas aliñaba una ensalada—. ¿Cómo va el trabajo? —Mejorando —él frunció el ceño—. ¿Ha estado dura contigo? —No exactamente. No me ha dicho ni tres palabras desde anoche. —¡Maldita sea, Jenna! Puede que esto no sea buena idea. —¿Tienes tú una mejor? —ella sacó del horno un recipiente de algo cubierto de queso burbujeante. —No —admitió él—. ¿Qué es eso?


—Berenjenas con queso parmesano. Te gustarán. —¿He dicho yo algo? —No hacía falta. Mira —dijo ella en voz baja—, sé que esto no es ideal, pero es lo mejor que se me ha ocurrido. Y no me refiero a las berenjenas. O sea, que tú y yo vamos a actuar con normalidad y disfrutar de la cena. Ella tiene que estar presente, pero le he dicho que puede o no participar en la conversación. Hank suspiró. Señaló los álbumes. —Son unas fotos familiares que me trajo Cal. Por si Blair quiere verlas. Jenna asintió con la cabeza. —Y se lo he dicho a Ryan —dijo él—. Mi otro hermano. Cal ya lo sabía — torció los labios—. Y algo me dice que Ryan y su esposa Maddie también lo sabían. Y todos están deseando conocerla, así que nos han invitado a los tres a comer el Cuatro de Julio en casa de Ryan. —¡Pero sólo faltan dos días! Él se encogió de hombros. —Puede que lanzarla de golpe a la parte más profunda de la piscina sea la única forma de salir de esto. Y quiero que conozca un poco a su familia de aquí antes de


volver a Washington. Jenna miró la puerta del cuarto de Blair con un suspiro. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 77—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bien, vamos allá —dijo. Se secó las manos en la falda y Hank sintió un fuerte impulso de abrazarla. —Y ésta es una foto de tu abuela cuando tenía tu edad. Jenna miró a su sobrina esperando su reacción. —Ahora sabes de dónde te viene el color del pelo —dijo él—. Le gustaba mucho la música clásica y dio clases de piano casi toda su vida. La expresión de Blair seguía siendo inescrutable. —Tú habrías sido su primera nieta —dijo él. Estaba sentado al lado de Jenna en el sofá, con la chica enfrente de ellos en el sillón. —Y ése soy yo —dijo—, con tu tío Cal y tu tío Ryan cuando los tres éramos chicos. ¿Te acuerdas de Cal? Lo viste el día que rescatamos a Perro. El animal, que estaba tumbado en el suelo, gruñó al oír su nombre. Lo cual fue más


de lo que hizo Blair. —Ryan y Maddie van a dar una comida el día cuatro y he pensado que es una buena ocasión para que los conozcas a todos. Aquello provocó la primera reacción de la chica en toda la noche. —¿Se lo has dicho? Jenna notaba que Hank sopesaba sus palabras. —Eres su sobrina. Me despellejarían vivo si les ocultara algo así —hizo una pausa—. Están deseando conocerte. Tú eres la primera chica de esta generación. Y los lazos familiares son muy importantes por estas partes. —¿Puedo retirarme ya, Jenna? —preguntó Blair—. No me encuentro bien. Su tía asintió. —¿Necesitas algo? —No. Cuando se cerró la puerta de su cuarto, Hank se hundió en el sofá con un suspiro. Un segundo después oyeron música de rock. —¿Debería irme? —preguntó él con suavidad. Jenna negó con la cabeza. —Me alegro —musitó él—. Eso me ahorra la molestia de tener que discutir contigo.


Ella se echó a reír y pensó en lo agradable que era volver a tener un amigo. Claro que estaba el pequeño problema de querer meterse en la cama con el amigo, pero eso pasaría. O así lo esperaba. Levantó una foto donde aparecían sus padres de edad mediana. Mary, su madre, tenía ojos brillantes y una sonrisa aún más brillante, mientras Hank padre lucía la expresión satisfecha de un hombre que ha conseguido todo lo que quería. Jenna sabía Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 78—121 https://www.facebook.com/novelasgratis que habían tardado quince años en tener hijos y luego habían nacido Hank y Ryan muy seguidos. Después habían pasado otros ocho hasta que llegó Cal. Sabía que Mary había muerto de cáncer cuando Hank y Ryan estaban todavía en el instituto y que su padre había muerto también cinco años más tarde. —Se llevaban muy bien —dijo Hank, detrás de ella—. Siempre estaban riendo y haciendo bromas. A veces se peleaban, pero sus peleas eran como tormentas de verano, acababan con rapidez y dejaban el aire limpio — se inclinó y tomó la foto —. Supongo que su amor me influyó para no conformarme con nada menos que lo que


ellos tenían. Un temblor recorrió el cuerpo de ella. Hank había tardado treinta y cinco años en encontrar a la mujer de su vida y luego la había perdido de pronto. Estaba a punto de pedirle que le hablara de su prometida cuando él se le adelantó. —Blair me dijo que estás pensando en firmar libros en Tulsa. —Gracias por recordármelo —repuso ella, malhumorada. Se levantó a recoger la mesa de la cena. Él la imitó. —¿Es que no te gusta firmar libros? —preguntó. —Vale ya —ella entró en la cocina detrás de él—. ¿Qué te contó Blair? —Me dijo que habías tenido un ataque de pánico hace unos años y que no has vuelto a firmar libros desde entonces. —Sí, eso fue más o menos lo que pasó. —Y que aceptaste hacerlo ahora si ella venía a trabajar para mí. —Sí. —¿Ya has superado lo que te ocurría entonces? —No —comprobó con irritación que empezaban a temblarle las manos—. De hecho, sólo pensarlo me da náuseas.


—¿Porqué? —¡Ojala lo supiera! Puedo dar clases y en otras situaciones funciono bien. Pero de niña tenía problemas de timidez y a veces reaparecen sin previo aviso. Nunca me ha gustado firmar libros, pero aquel día —cerró los ojos y movió la cabeza— perdí los estribos y no he vuelto a hacerlo. Hank se cruzó de brazos. —¿Y por qué es diferente ahora? —Porque necesito superarlo, sobre todo si espero que Blair sí afronte las cosas que le dan miedo. El le tomó una mano. —Todo irá bien. Jenna hizo una mueca, pero no apartó la mano. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 79—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Quieres que te acompañe? —pregunto él. —Eres muy amable, pero te aburrirías... a menos que disfrutes viendo sudar a escritoras neuróticas. —¡Eh! Si yo puedo sobrevivir a tres horas con una adolescente, tú puedes


soportar a unos cuantos admiradores. —Espero que lo recuerdes cuando te vomite encima de los zapatos —al fin se soltó la mano de mala gana y fue a buscar los álbumes de fotos—. No te los dejes. —Quédatelos —dijo él—. Que los vea cuando le apetezca. —Buena idea. Se miraron los dos un rato. —Bien, supongo que debo irme —dijo él—. Se hace tarde... Jenna los acompañó fuera a Perro y a él. —Supongo que no querrás venir mañana a Claremore a ayudarme a elegir muebles para la casa —comentó Hank—. Con Blair, claro. —No creo que sea buena idea. Deberíamos darle un día o dos para que asimile todo esto. —Tienes razón. ¡Ah! Eso me recuerda... — sacó un sobre doblado del bolsillo de atrás—. Su primer sueldo. Jenna tomó el sobre. —Se lo daré —dijo. En un impulso lo besó en la mejilla y se detuvo un segundo más de lo necesario para captar su aroma, tan diferente al de Phil. Hank volvió la cabeza y le rozó los labios con los suyos antes de desaparecer con el perro en la oscuridad.


Hacía siglos que Jenna no la arropaba por las noches y era agradable volver a sentirse una niña pequeña. —¿Te sientes mejor? —preguntó su tía. —Sí. —¿También con lo de Hank? Blair suspiró. —No sé. Un poco. Creo que ya no estoy tan furiosa, pero tengo miedo. —¿De que? La chica se encogió de hombros. —No lo sé. De quererlo... no sé. —¿Por lo que pasó con Phil? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 80—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —No sé. Puede. O quizá porque de pronto aparece un hombre que es mi padre y se supone que tengo que quererlo aunque no lo conozca y todo eso es muy raro. —Es raro para todos, querida. Pero no hay prisa. Lo único que podemos hacer es tomar las cosas como vengan. —Y luego... —Blair se apoyó en los codos—. Le pregunté si había querido a mi


madre y me dijo que había sido sólo sexo. —¿Te dijo eso? —Bueno, no exactamente, pero más o menos. Y fue como si el hecho de que yo naciera hubiera sido un error. Mi madre no me quería y ni siquiera le habló de mí a mi padre y. . No quería llorar, pero ya no pudo evitarlo. Jenna la abrazó y le dijo que ella no era un error sino un regalo, cosa que animó bastante a la chica porque sabía que en lo referente a su tía era verdad. —¿Pero por qué no me quería ella? Jenna suspiró pesadamente. —No lo sé. Hace mucho tiempo que dejé de intentar entender a tu madre. Lo que importa aquí es que tu tío y yo sí te queríamos y que tu padre quiere hacer lo que pueda si tú le das una oportunidad —estrechó a su sobrina con fuerza—. Eres más querida de lo que puedas empezar a sospechar. ¿Vale? Blair tardó un momento, pero terminó por asentir con la cabeza. —Sé que ahora te sientes un poco perdida —murmuró Jenna—. Nosotros también. Pero todo sucede por una razón. —¿Lo crees de verdad?


—Sí, claro que sí. Aunque no siempre lo entendamos en ese momento. Blair empezó a sentirse un poco mejor. No mucho, pero sí un poco. —Vale, Ryan es simpático —dijo Hank, cuando aparcó el coche detrás de la camioneta de Cal en la tarde del Cuatro de Julio—. Y su esposa Maddie no conoce el significado de la palabra «extraño». Además tiene una vena romántica, así que todo esto de la hija perdida le encantará. Blair, sentada entre su tía y él, levantó los ojos al cielo, pero al menos no parecía asqueada, cosa que Jenna agradecía profundamente. Salieron todos del vehículo, incluido Perro; Jenna, que llevaba una ensaladera con ensalada de patatas, miró la casa victoriana más grande y rara que había visto en su vida. Sabía que Ryan era el médico del pueblo, que se había casado con Maddie dos meses atrás y que Cal Logan era el soltero de la familia y criaba caballos. Y eso era todo. —¿Hay niños? —preguntó Blair. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 81—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Se había acercado otro coche a la casa, del que bajaron un niño moreno, una niña rubia y una mujer gruesa ataviada con una falda amplia y con una coleta de


pelo castaño y entrecano al hombro. —Sí —repuso Hank—. Maddie tiene tres, una muy pequeña. ¿Te gustan los niños? —Me encantan —sonrió Jenna—. ¿Quién es la mujer? —Ivy Gardner, la comadrona del pueblo. Era muy amiga de mi madre. ¡Oh, vaya! ¿Qué hace ella aquí? —¿Quién? ¿Ivy? —No, la otra. Su hija Dawn —detrás de Ivy había salido una chica joven vestida con una túnica amarilla sin mangas y sandalias. Su pelo, castaño rojizo, iba recogido en una trenza idéntica a la de su madre. —¿Un viejo amor? —preguntó Jenna. —¿Qué? No. Por lo menos no mío. Pero Cal y ella tenían una amistad rara desde pequeños y creo que a Cal le gustaba en el instituto. Y no sé qué pasa, pero siempre que los dos coinciden en el mismo sitio, hay tensiones. Y yo creía que ella estaba casada o prometida o algo así. Cuando se acercaron, Jenna vio que la joven no llevaba ningún anillo. —¡Hank! Me preguntaba cuándo ibas a llegar. Jenna se volvió hacia la voz. Supuso que el hombre alto y delgado de bigote y la


mujer bajita de pantalón corto eran Ryan y Maddie Logan. Hubo risas, presentaciones y saludos de bienvenida y Blair terminó con la niña pequeña en brazos, una cosita sonrosada y regordeta de ojos oscuros y pelo castaño. Poco después los hombres se alejaron por su cuenta, Hank con la ensalada de patatas, y Maddie acompañó a Blair y Jenna hasta la cocina, donde la escritora vio varias manchas de colores en la pared, algunas tan brillantes que prácticamente vibraban. —Ryan y yo no nos ponemos de acuerdo con el color —explicó Maddie—. Básicamente porque a él le pone nervioso todo lo que no sea blanco. Sonrió ampliamente y Jenna la reconoció de pronto como la mujer que había llevado las tartas al Café de Ruby la primera mañana que desayunaron allí. —Y he pensado que si lo amenazaba con los turquesa y verde lima, tendría posibilidades de acabar con ese amarillo pálido de la izquierda. Jenna se echó a reír. —¿Qué puedo hacer para ayudar? —Nada —Maddie colocó vasos de té frío delante de ellas—. Hablar conmigo mientras termino la ensalada. Esto es muy emocionante —le dijo a Blair con una risa cálida y contagiosa—. Eres mi primera sobrina —pasó un biberón con zumo a Amy,


su hijita pequeña—. Se te dan bien los niños, ¿eh? Blair sonrió. —Me encantan —miró a Maddie—. ¿Dónde están los otros dos? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 82—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Aquí no, por suerte. ¿Por qué no sales a buscarlos? Blair se puso a la niña sobre la cadera y desapareció de inmediato. Jenna soltó una risita. —Si alguna vez necesitas una canguro, cuenta con ella. —¿Sí? ¿Pensáis quedaros aquí en Haven? Jenna se ruborizó. —¡Oh, no! Me refería a cuando Blair venga a visitar a su padre. Yo no... Maddie acudió en su auxilio. —¿Por qué no traes tú los panecillos? — ella tomó el cuenco enorme con la ensalada y salieron al porche de atrás, donde se detuvo y dio un codazo a Jenna—. ¿Has visto eso? Jenna miró, pero sólo vio a los tres hermanos alrededor de la barbacoa. Cal se ocupaba de los perritos calientes y las hamburguesas y los otros dos miraban de brazos cruzados con una cerveza en la mano.


—¿Qué? —preguntó Jenna. —Los tres juntos. Hacía mucho tiempo que no sucedía, sobre todo con Hank y en fiestas —Maddie suspiró—. En Acción de Gracias conseguí que viniera veinte minutos y en Navidad aguantó una hora. Pero míralo ahí, relacionándose con la gente como un ser humano normal. ¡Por Dios, pero si hasta sonríe! ¿A qué crees tú que se debe? —¿Gases? —preguntó Jenna. Maddie soltó una carcajada que llamó la atención de los hombres. Ryan guiñó un ojo a su esposa, quien le hizo una mueca. Hank miró a Jenna y le dedicó una sonrisa tan seductora que ella sintió que le temblaban las rodillas. Maddie miró a Jenna y enarcó las cejas. —No tengo que preguntar lo que ha causado eso —musitó. Y llevó la ensalada a la mesa de picnic. Hank, con el estómago lleno, apoyó un pie en el primer escalón y miró a Ryan, que acunaba a Amy en el columpio del porche. —¡Vaya, vaya! Eres la viva imagen de la felicidad doméstica. Ryan sonrió debajo de su bigote. —Es el mejor truco del mundo para no recoger platos.


La risa de los niños a poca distancia hizo que Hank volviera la cabeza. Blair era feliz dirigiendo el juego de los niños y el perro, todos los cuales adoraban claramente el suelo que pisaba. —¿Todo bien con Blair? —preguntó Ryan. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 83—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Es demasiado pronto para decirlo — Hank subió los escalones y se sentó en un sillón de mimbre—. No empezamos con buen pie. —Eso es comprensible. —Supongo que sí —se cruzó de brazos—. Es buena chica y muy lista. —¿Has llegado ya a algún acuerdo de visitas con Jenna? —No, todavía no. Supongo que vivirá en Washington con ella y vendrá aquí en vacaciones —se encogió de hombros—. Nadie desea alterar su vida más de lo imprescindible. —No tiene sentido precipitar las cosas — musitó Ryan. —No pienso hacerlo. —Yo no hablo sólo de Blair. A Hank se le aceleró el corazón. Los dos últimos días habían sido angustiosos. No


podía dejar de pensar en Jenna. —¿Tan evidente resulta? Ryan soltó una carcajada que hizo que la niña se sobresaltara en sueños. —En las dos horas que llevas aquí, Maddie dice que has tocado dieciséis veces a esa mujer de un modo u otro. Sin contar las que ella no ha visto. —¿Se dedica a contarlas? —Por supuesto —Ryan carraspeó—. Bueno, ¿te atrae físicamente o es algo más? Una semana atrás, a Hank lo habría molestado que Ryan y Maddie metieran la nariz donde no debían. Ahora ni siquiera le importaba. ¿Cuándo había empezado a derrumbarse el muro que había levantado en torno a su corazón? Aún no había desaparecido del todo, pero ya podía asomarse por encima de él. Y la vista no era mala. —¿Hay algo que diga que no pueden ser las dos cosas? —preguntó. —No —musitó Ryan. Hizo una pausa—. Y sería muy conveniente que acabaras con Jenna. Por el bien de Blair, quiero decir. Hank sintió una opresión en el pecho. —No estés tan seguro. Su vida está en el este y la mía aquí. Además, ella ha dicho


claramente que no le interesa. —¿No le interesas tú? —No le interesa nadie. Ryan reacomodó a la niña en los brazos. —¿Por lo de su marido? —Supongo. —¡Eh! Si tú has cambiado de idea, ella también puede hacerlo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 84—121 https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Era eso lo que había hecho él? ¿Cambiar de idea? —Así de pronto, ¿eh? —Yo no he dicho que no lleve tiempo, pero si esa mujer es responsable de la expresión que hay hoy en tus ojos, serías un idiota si no fueras a por ella. Si es lo que quieres. —¿Y ésa es tu opinión profesional? —Sí. Puedes dejar veinte dólares en la mesita del vestíbulo al salir. Hank se levantó y metió las manos en los bolsillos. Miró el patio, donde Blair corría detrás de los niños y Cal e Ivy charlaban sentados en sillas metálicas. Escenas normales. Escenas buenas. ¿Estaba preparado para volver a eso? ¿Lo bastante para


cortejar a una mujer que estaba segura de no estar preparada? —Antes de Michelle tú nunca tenías miedo de correr riesgos —dijo Ryan a sus espaldas—. En los dos últimos años, parece que alguien te hubiera succionado el alma y dejado sólo la cáscara, pero hoy he visto retazos del hermano al que solía conocer. Del que echaba de menos. —Debes de estar loco. Yo no dejaba de atormentarte. —Vale, eso no lo echaba de menos —sonrió Ryan—, pero tú me defendías y luego me enseñaste a defenderme solo y afrontar los momentos difíciles. No me habría hecho médico de no ser por ti. Hank sintió una punzada en el pecho. —¿Seguro que hablas de mí? —Sí. Hank apartó la vista. —¿De verdad crees que debería intentarlo? —De verdad. Maddie llegó en ese momento un poco sofocada. —Elmer Forbes pregunta si estás de guardia hoy. No he podido decirle que no; dice


que han hecho estallar un petardo debajo de su ventana y que le suenan los oídos. —Dile que venga y lo examinaré. Maddie le quitó a la niña. —Ya está aquí. Ryan se levantó del columpio y miró alejarse a su mujer con una expresión que dio envidia a Hank. —No hagas lo que hice yo —dijo—. No tengas miedo de lo que pueda salir mal. Yo fui un tonto al perder tantos meses en empezar a cortejar a Maddie. Se alejó y Hank se quedó de pie, con los brazos en jarras, pensando en sus opciones. De pronto vio a Jenna dirigirse hacia la parte frontal de la casa con el aire más solitario que había visto en su vida y supo cuál era su elección. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 85—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 12 J ENNA, que se sentía llena. . llena de comida y de pensamientos, se alejó con la esperanza de encontrar algo de paz en la parte delantera. Pero se equivocó.


Cal Logan y Dawn Gardner discutían acaloradamente al lado del coche de Ivy. Sus voces eran demasiado bajas para oír lo que decían, pero su lenguaje corporal no dejaba lugar a dudas sobre la intensidad de su conversación. Jenna había oído a Ivy y Maddie comentar que el prometido de Dawn había roto el compromiso y que ella había ido allí ese fin de semana para huir del calor de Nueva York, que no podía ser peor que en Haven, y despejarse la cabeza. Y de pronto Dawn se echó en brazos de Cal y éste empezó a mecerla. —¡Oh! —susurró Hank a sus espaldas—. Eso no puede ser bueno. —¿Por qué? —susurró también Jenna. —Porque no. Ella atraviesa un mal momento y él siempre ha sentido debilidad por ella. Se marchó corriendo en cuanto terminó el instituto y jamás volvería aquí. Y Cal jamás dejaría su granja de caballos. —¡Caray! Y luego dicen que las mujeres siempre sacamos conclusiones antes de tiempo. A lo mejor sólo la está consolando. —Aja —musitó Hank. Le pasó un brazo por la cintura—. Vamos. Ryan está preparando fuegos artificiales. . ¿Qué? —preguntó al ver que ella se soltaba. —Me gustaría que no hicieras eso. Hank se metió las manos en los bolsillos.


—Y a mí me gustaría que te aclararas con si te gusta que te toque o no. —La cuestión no es si me gusta o no — dijo ella—. Y si dejaras de hacerlo, no tendría que aclararme. —Muy bien. Vale. Si no quieres que te toque, no te tocaré. Jenna sintió deseos de llorar. —Perdona —dijo—, pero ahora no sé actuar de otra manera. Tengo la sensación de que tiran de mí en mil direcciones distintas y no soy lo bastante fuerte para resistir ninguna de ellas. Y no resulta muy agradable. Hank la miró a los ojos. —¿Y una de esas direcciones es hacia mí? Ella se estremeció. —¿Y si digo que sí? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 86—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Él sonrió. —¿Seguimos hablando de sexo? —Ya no lo sé —repuso ella. —Vaya. Eso es un cambio interesante. A ella se le aceleró el pulso. Hasta ese momento no se había dado cuenta de hasta


qué punto dependía su autocontrol de la ayuda de Hank. Y si él empezaba a dar muestras de querer algo más que sexo... —Eso no es justo —susurró; movió la cabeza—. Tú no puedes. . —Lo sé —él dio un paso hacia ella—. No pensaba hacerlo, pero ha surgido así. Ahora considero cosas a las que no habría prestado atención hace un mes. La mujer buscó algo que decir, pero no se le ocurrió nada. Soltó un grito suave y volvió a la parte de atrás de la casa. Cal tomó un trago largo de cerveza. —O sea que la has espantado. ¡Por todos los santos, Hank! ¿Por qué no puedes ser más sutil? Hank pidió otra ronda al barman y resistió el deseo de encender un cigarrillo. Entre el ruido de las conversaciones y la máquina de discos, era difícil oírse. Pero después de su fiasco con Jenna el Cuatro de Julio, Hank pensaba que había llegado el momento de pedir una segunda opinión. No porque necesitara consejo, no, simplemente porque quería hablar con un hombre que entendiera de mujeres. Su invitación había sorprendido a su hermano pequeño, aunque Hank sospechaba que también lo había complacido. Hizo una mueca. A ese paso, los tres iban a acabar más unidos que los hermanos Cartwright de Bonanza.


Frunció el ceño, convencido de que casi podía oír el suspiro de alivio de su madre. —Yo no soy sutil —dijo al fin. —Pues podías empezar a serlo. —Yo creía que a las mujeres les gusta que los hombres sean francos con ellas. Cal soltó una risita. —Eso sólo funciona si las cosas van como ellas quieren. ¿Cómo empezaste con Michelle? —Fue muy diferente. Fue algo mutuo e inmediato, ¿vale? No teníamos que intentar averiguar lo que pensaba el otro ni lo que esperaba de ti —tomó un trago de cerveza—. Era más fácil. —¿Y con Jenna no? —No. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 87—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Una rubia de mucho pecho y edad indefinible se coló entre ellos para pedir una copa y miró insinuante primero a Cal y luego a Hank. Ninguno de los dos mordió el anzuelo y, cuando llegó su bebida, se alejó con una mueca.


—Me parece que a ésa podrías conquistarla sin mucho esfuerzo —comentó Cal. —Sí, bueno, una cosa es fácil y otra desesperado. Su hermano lo miró un momento. —¿Te das cuenta de que nunca me habías hablado de Michelle? —No sólo a ti, a nadie. —Supongo que es bueno que hables de ella —Cal le dio un codazo y tomó su cerveza—. El billar está libre. —Hace diez años que no juego. —Mejor, así te ganaré seguro —Cal dejó diez dólares en la barra y Hank lo siguió a la mesa—. ¿De qué estábamos hablando? Ah, sí, de Michelle. Hank se apoyó en su palo y movió la cabeza. —De Michelle no. De Jenna. Cal lo miró de soslayo. —Vale, lo primero que tienes que preguntarte es qué quieres de esto. —¿Y si te digo que no estoy seguro? —Pues yo te digo que es difícil formular un plan sin un objetivo específico en la cabeza —Cal señaló las bolas—. Tú empiezas. Hank reprimió un gemido, tomó posición y lanzó el palo. Las bolas salieron disparadas en todas las direcciones, pero ninguna de ellas entró por un agujero.


Excepto la blanca. —No se te ocurra reírte —advirtió a su hermano—. Ya te he dicho que hacía mucho tiempo. Cal dio tiza a su palo y sacó la bola blanca. Se colocó en posición y metió una bola rayada. —Mira, tienes que sopesar tus opciones, decidir lo que quieres hacer y luego preparar el tiro —metió otra bola—. Y conseguirás lo que quieres. —Cortejar a una mujer no es como jugar al billar. Cal, que preparaba el próximo tiro, lo miró un instante. —¿Eso es lo que quieres hacer? ¿Cortejarla? Hank se pasó una mano por el pelo. —No lo sé. Sí. Puede. Cal lanzó el tiro y se enderezó. —¿Porqué? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 88—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Porqué? —Sí, ¿por qué? Porque hasta que no puedas contestar a eso, no tiene sentido seguir


hablando —dio un trago de cerveza y volvió a dejarla en su sitio—. Para empezar, ¿seguro que has superado lo que pasó con Michelle? —Lo bastante para no querer dejar pasar esto. —¿Pero no del todo? Hank negó con la cabeza. —No sé si eso ocurrirá alguna vez. —¿Y crees que es justo para ella? Porque si te metes en esto sólo a medias, puede que te estalle en la cara. —¿Y si no puedo hacer otra cosa? —Entonces volvemos a la primera pregunta. ¿Por qué ella? ¿Y por qué ahora? Hank se apoyó en la pequeña pared que separaba la mesa de billar del resto del bar y observó a Cal meter una bola tras otra. —¿Porque me sorprendo buscando motivos para estar cerca de ella? —apretó los labios—. Porque nunca sé qué va a decir a continuación. Ah, no sé... — suspiró con frustración—. Me gusta lo que siento cuando estoy con ella, ¿vale? Me gusta cómo soy cuando estoy con ella. —¿Y estás seguro de que no sientes eso porque es la tía de Blair? Hank soltó una risita.


—Yo no estoy seguro de nada. ¡Ojala supiera lo que hago! ¿Qué tiene tanta gracia? —Cuando se trata de mujeres, no hay ningún hombre que sepa lo que hace. O hay chispa o no la hay. —¿Quieres decir que todo es cuestión de suerte? —Más o menos. —¿Y toda esa basura de objetivos y planes de acción? Cal se encogió de hombros. Metió la última bola. —Es sólo un truco para que pienses lo que deseas. Ahora las colocas tú. Hank así lo hizo, con el ceño fruncido. —¿Puedo preguntarte qué pasó con Dawn el Cuatro de Julio? —No. —¿Pasó algo con Dawn? Cal dejó la bola blanca en la mesa. —Creía que hablábamos de Jenna. —Como no me convencen mucho tus consejos, he decidido cambiar de tema. —Eso es chantaje. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 89—121 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Sí. Cal estudió las bolas con atención un momento. —Vale, si crees que de verdad quieres esto, tienes que ir a por ello pero con calma. Puede que Jenna también esté sufriendo, pero yo vi cómo te miraba en casa de Ryan y me parece que está tan confundida como tú o más. Si te lanzas de golpe, la espantarás. Una mujer vulnerable puede estar dispuesta a dejarse seducir, pero las consecuencias luego son desagradables. —¿Habla la voz de la experiencia? Cal soltó una risita amarga. —Oh, sí. —¿Dawn? Cal lo miró de hito en hito. —Vale, puede que tengas razón —dijo Hank—. Pero si no actúo, volverá a Washington y no pasará nada. —Yo no he dicho que no hagas nada. Como Blair es hija tuya, tienes un buen motivo para estar cerca, ¿no? Haced cosas juntos y dejad que todo siga su rumbo. Tráelas a mi casa, llévalas al cine y a cenar a Claremore. Seguramente lo mejor sea actuar a través de Blair. Sugiérele que vayáis los tres a cenar y deja que sea ella la que


se lo diga a Jenna. Hank hizo una mueca. —Esa mujer no es tonta. Y mi hija tampoco. Su hermano se encogió de hombros. —O Jenna se enamora de ti o no. En último término, el movimiento decisivo tiene que ser de ella, pero si tú no te colocas en posición de que haga ese movimiento.. — volvió a encogerse de hombros —. Y hablando de movimientos, esta vez intenta meter otra bola que no sea la blanca, ¿vale? —Has colgado algunos cuadros —dijo Blair cuando llegó a la casa al día siguiente. Dejó la bolsa de comida que le había dado Jenna en la mesa, se quitó las deportivas y se acercó a mirar descalza. Como siempre, vestía camiseta ancha y pantalón corto y llevaba los pendientes azules brillantes que le había comprado Hank el día que eligieron la pintura. En general se habían entendido bien durante el último día, posiblemente porque él había retirado sus objeciones a la fiesta de cumpleaños de April Gundersen. Pero lo había hecho porque se había encontrado con Keith y Derek, los dos chicos más jóvenes, y ellos le habían dicho que Billy, el hermano mayor, ya no vivía en


la casa, que sabían que Hank les arrancaría la piel si le ocurría algo a Blair y que April deseaba de verdad que Blair fuera a la fiesta. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 90—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Hank sabía que Cal tenía razón en que necesitaba ir despacio con Jenna, pero no estaba dispuesto a que se le escapara lo mejor que le había ocurrido en los dos últimos años. Sólo tenía que encontrar el modo de armonizar las dos cosas. Comprendía que Jenna tuviera miedo. Él también lo tenía. Pero por primera vez desde la muerte de Michelle, lo preocupaba más el bienestar de otra persona que el suyo y estaba decidido a borrar la tristeza de los ojos de Jenna. Pero sabía que tenía que ir con cuidado. Sobre todo si Blair seguía oponiéndose a la idea de que hubiera algo entre su tía y él. —¿Qué? —dijo ella, sin volverse. Hank se dirigió hacia el sofá, de color melocotón acuoso y estilo sureño, que era lo único que había podido encontrar que pegara con las paredes. —Ven a sentarte un momento. Quiero hablarte de algo. Ella no se movió.


—Es de Jenna, ¿verdad? —¿Cómo lo sabes? Blair enarcó las cejas. —No irás a decirme que no estabas muy cariñoso con ella el Cuatro de Julio. —No —repuso él—. Pero hasta ahora no ha habido nada que decir, te lo juro. Y lo cierto es que tampoco estoy seguro de que lo haya ahora. —¿Y por qué quieres hablar? Hank consiguió no irritarse, pero sólo porque, si quería que aquello funcionara, necesitaba a Blair en su lado del campo. —Porque he pensado que te gustaría que fuera sincero contigo. Me gusta mucho tu tía, Blair. No me lo esperaba ni lo he buscado, así que estoy tan sorprendido como tú. Y ahora, ¿quieres venir a sentarte aquí a hablar conmigo o prefieres quedarte de pie y con cara de mal genio el resto del día? La chica frunció el ceño y apretó los labios, pero al menos no salió gritando de la habitación, sino que se sentó en el sofá con un gran suspiro. Hank se acomodó en la tumbona de cuero marrón que había comprado al mismo tiempo que el sofá. —Vale. Te gusta mi tía —dijo ella—. ¿Qué significa eso exactamente? —No tengo ni idea. Sólo que me gustaría pasar más tiempo con las dos antes de que


os vayáis. Para conoceros más. —¿Y luego qué? —Supongo que eso depende de ella, ¿no? —¿Yo no tengo nada que decir? —¿Sobre lo que yo sienta por Jenna? No —vio que lo miraba con furia—. ¿Se puede saber cuál es tu problema con todo esto? ¿Acaso crees que no soy lo bastante bueno para ella? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 91—121 https://www.facebook.com/novelasgratis La chica lo miró sorprendida. —No es eso. —¿Y qué es? —No lo sé. No puedo explicarlo. —¿Y cómo narices voy a poder arreglar lo que te preocupa si no puedes explicarlo? —Yo no quiero que arregles absolutamente nada. Sólo quiero... —cerró la boca y movió la cabeza. Hank suspiró.


—Blair, querida, escúchame. Hace más de tres años que murió tu tío. Creo que tu tía está muy sola. Sé que la quieres y quieres cuidar de ella, pero eso no te da derecho a decidir con quién debe salir, ni tampoco a imponer límites a lo que yo sienta por ella. Blair metió los pies debajo de su cuerpo y se enrolló un mechón de pelo en el dedo. —¿Jenna siente lo mismo por ti? —No lo sé. Aunque de momento no parece muy entusiasmada con la idea. —Porque quería muchísimo al tío Phil y tú no puedes competir con él. Hank cerró los puños sobre las rodillas. —No me voy a alejar de ella porque haya querido a otro hombre. Si no está preparada, vale, eso lo entenderé, pero no me apartaré sin decirle por lo menos cuáles son sus opciones. —¡Ella no necesita opciones! —los ojos de Blair se llenaron de lágrimas—. Lo que necesita es que la dejes en paz y todo vuelva a ser como era antes. —Eso no es posible y lo sabes. —Y no necesita a alguien que sólo va a estar con ella hasta que se aburra. Un puñetazo en el estómago le habría producido menos impacto a Hank. —¿Se puede saber de qué hablas? La chica se tocó la mejilla con el dorso de la mano. —¿Cuánto tiempo estuviste con mi madre? ¿Dos semanas?


Hank maldijo en su interior. —Te dije que me dejó ella. —Sí, pero también me dijiste. . —Sé lo que te dije y sé que no era lo que querías oír. Pero no puedo cambiar lo que pasó hace catorce años. Además, lo que ocurrió entre tu madre y yo no tiene nada que ver con esto. Yo no quiero una relación esporádica con tu tía, créeme. ¿Por qué iba a arriesgarme a que tú me odies si no fuera en serio? —¡Y yo qué sé! —una lágrima rodó por la mejilla de ella—. Yo no te conozco. —Pues entonces tendrás que aceptar mi palabra. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 92—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella lo miró con recelo. —Sí, bueno, sería muy conveniente que los tres fuéramos una familia feliz, ¿eh? —¿Tú qué crees? A mí me parece que, pase lo que pase, o alguien cambia su vida o tú y yo vamos a pasar la mayor parte del año separados. Créeme, que me guste tu tía no facilita las cosas. —¿Y te molestará, aunque sea un poco, que vivamos alejados? Hank tenía la sensación de haberse perdido algo. —¿Qué pregunta es ésa? Claro que me molestará. ¿Por qué iba a querer perderte si te acabo de encontrar?


Blair se encogió de hombros. —No lo sé. Supongo que he pensado que te sientes responsable porque soy tu hija, pero... —se interrumpió. —¡Oh, por todos los santos! —Hank se pasó una mano por la boca y movió la cabeza—. Tú eres lo más increíble que me ha pasado jamás. Me das mucho miedo y me confundes mucho, pero siempre que te miro y pienso que eres mi hija me quedo sin palabras. —¿Y no te gusta Jenna más que yo? —¡Ah, tesoro! —a Hank se le partió el corazón—. Ven aquí. Blair se levantó del sofá con un sollozo estrangulado y se echó en sus brazos. Él la estrechó contra sí y la dejó llorar con suavidad. Y mientras abrazaba a su hija por primera vez en su vida, empezó a comprender algunas cosas. Lo cual estaba bien, ya que dudaba mucho de que la chica supiera qué era lo que la confundía tanto y la hacía desgraciada. Sacó un pañuelo de papel de la caja colocada en la mesita y se lo pasó. —Tesoro, lo que pueda pasar o no pasar entre tu tía y yo no tiene nada que ver con lo que siento por ti. Y déjame decirte algo más, yo nunca en mi vida me he cansado de la gente a la que quiero. Puede que tú y yo aún tengamos que conocernos mucho,


pero tú eres parte de mí y de esta familia. Y nada en el mundo puede cambiar eso. ¿Entendido? Ella asintió contra su pecho y Hank suspiró, en parte de alivio y en parte por el esfuerzo de haber hecho el discurso más largo de toda su vida. Blair se enderezó y lo miró. —Acampar —dijo. —¿Cómo dices? —Jenna dijo que podíamos ir de acampada, pero ella no sabe nada de eso. ¿Tú sí? Hank sonrió. —Lo suficiente para evitar que nos coman los osos. ¿Tú quieres ir de acampada? —Sí —ella apoyó de nuevo la cabeza en su pecho—. ¿Hank? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 93—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Sí, querida? —Si nos haces daño a alguna de las dos, no te lo perdonaré nunca. —Lo tendré en cuenta —dijo él. Escaneado por Corandra y corregido por Pily


Nº Paginas 94—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 13 Q UIERES decir que para ti es la primera vez? —Sí — Jenna miró a Hank clavar la última estaca de la más pequeña de las dos tiendas—. A mamá no le gustaba mucho el campo. Hank le sonrió y ella sintió un nudo en el estómago. Blair se había ido a investigar un lago cercano, dejándola sola con un hombre que cada día la confundía más. Prácticamente había entregado las riendas del motel a Danny para poder pasar más tiempo con ellas. Habían ido a cenar, al cine, a ver paisajes. Pero no la había tocado ni una sola vez. Se había mostrado solícito, sí, pero distante. A lo mejor había terminado por hacerse entender y enfriar su ardor. Y por supuesto, el hecho de que él mantuviera las distancias producía en ella el efecto contrario y se sentía cada vez más... hambrienta. Había agotado dos bolsas grandes de patatas fritas, un montón de helados que ni siquiera estaban muy buenos y chocolatinas. Los sujetadores le apretaban, los vaqueros se pegaban a su cuerpo como una segunda piel y había tenido que desechar dos pares de pantalones cortos porque no se los podía abrochar. Aquello no era nada bueno.


Hank se acercó y sacó una soda de la nevera por encima de las piernas de ella. Ni siquiera llegó a tocarla y ella sintió un escalofrío y sus pezones se endurecieron. Hank se incorporó con aire inocente. Pero ella había notado su mirada en los pezones. —¿Tienes frío? —preguntó él. —No. Él se levantó con una risita y volvió a su tienda. Ella lo siguió. —Vale, ¿qué pasa aquí? —¿A qué te refieres? —¿Estás coqueteando conmigo, sí o no? —Si crees que voy a arriesgarme a algo así, estás loca. Pásame ese palo. Ella obedeció y lo siguió al otro lado de la tienda. —Si crees que te vas a librar fácilmente, te equivocas. Hace una semana no podías dejar de tocarme y ahora no lo haces nunca. Hank frunció el ceño. —Creía que era eso lo que querías. —Ésa no es la cuestión. —¿No?


Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 95—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —No. La cuestión es que te propones algo y lo sé. —No me propongo nada. Si hay algo que tengo claro es que el próximo paso tiene que ser tuyo. —¿Qué significa eso? —Que me cuesta mucho no tocarte, pero no pienso darte motivos para decir que te estoy presionando para que tomes decisiones para las que no estás preparada. —Eso significa que todavía me deseas. —Muchísimo. Bueno, aquello aclaraba al menos algo. —Dime una cosa —pidió él—. Y perdóname que meta las narices donde no me llaman. ¿Tu marido y tú teníais una vida sexual satisfactoria? Jenna se sobresaltó, pero asintió con la cabeza. —Bueno, sí. Yo pensaba que sí. —¿En una escala de uno a diez? —Un nueve.


Él enarcó una ceja. —Nadie es un diez. Lo siento. —¿Y qué hacía que fuera tan, bueno? —Esto es estúpido. . —Contesta. —Que los dos nos queríamos, ¿qué iba a ser? Con la tienda ya erguida, Hank se agachó a por una estaca y pasó una cuerda por ella. —¿Te atrajo físicamente otro hombre mientras estuviste casada? —Por supuesto que no. —¿Y te ha atraído físicamente otro hombre desde que murió tu marido? Jenna no contestó. —Querida, yo tampoco había deseado a otra mujer desde que murió Michelle. Así que quizá deberíamos pensar en eso, ¿eh? Miró a Blair, que llegaba en ese momento. —Hola —se acercó a la camioneta y sacó tres cañas y una caja—. Es hora de capturar la cena. Blair lo miró como si acabara de crecerle otra cabeza.


—Yo no como carne. —Carne no, pescado. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 96—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Vas a pescar dejándole tragarse un anzuelo y morir luego de asfixia. ¡Es horrible! —¡Ah, Blair! —miró a Jenna, quien se encogió de hombros—. Vale, nada de pescar. ¿Qué vamos a cenar? —Oh, he traído setas —dijo Jenna—. Podemos asarlas en una hoguera. Hank arrugó la nariz. —¿Setas? Blair se echó a reír al ver su expresión. —Son muy buenas, ya lo verás. Hank se dejó caer al suelo fingiendo un desmayo y la chica se rió aún más. Jenna pensó que no la había oído reír así desde la muerte de Phil.. y casi enseguida se dio cuenta de que a ella le pasaba lo mismo. A Hank lo despertó un ruido fuera de la tienda. Eran las dos de la mañana y al principio el saco de dormir no quería abrirse, pero acabó por conseguirlo y se


arrastró al exterior a tiempo de ver, a la luz de la luna, a Jenna desaparecer detrás de unas rocas en dirección al lago. Sacudió las zapatillas y se las puso, comprobó que las dos tiendas tenían la cremallera subida y salió tras ella. La encontró vestida con los vaqueros y la camiseta y sentada en una bolsa de plástico, mirando el agua con las manos alrededor de las rodillas. —Veo que no tienes un sueño muy profundo —dijo ella sin mirarlo. —Si tengo un par de mujeres inexpertas a mi cuidado, no. ¿No te he dicho que no te alejes sola, sobre todo de noche? —Estoy muy cerca de las tiendas. Hank se sentó a su lado. —Te vas a mojar el trasero —dijo ella. —Sobreviviré. ¿Qué haces aquí fuera? —Nunca he sido muy dormilona, y desde que empecé a escribir, duermo todavía peor. Siempre tengo varias historias a la vez en la cabeza —lo miró—. No se lo digas a nadie, pero oigo voces. —Lo creo —dijo él. Ella le dio un puñetazo juguetón. —Puede que escriba un libro sobre esta zona después de todo. Está bien. —Pero no te gustaría vivir aquí. Jenna tardó un momento en contestar.


—No sé. Siempre me he considerado una persona de ciudad grande. Pero esto es muy hermoso. Hank guardó silencio un rato. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 97—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Sigues pensando ir a firmar libros el sábado? —preguntó luego. —Sí —ella lo miró con ojos que la luz de la luna volvía plateados—. Pero tú no puedes venir. Él apartó la vista, sorprendido por lo mucho que le dolía esa negativa. Jenna le puso una mano en el brazo. —Phil me acompañaba a todas las firmas y creo que no tenía motivos para superar el miedo porque él estaba siempre allí para ayudarme si me derrumbaba. ¿Y qué pasó la primera vez que tuve que ir sin él? —Que te derrumbaste. —Exacto. Por eso quiero hacer esto sola; necesito probarme que puedo. —De acuerdo —repuso él—. ¿Pero puedo invitaros a cenar después a Blair y a ti? —Vale.


—Te gusta escribir, ¿verdad? —Sí —sonrió ella—. ¿Y a ti te gustaba ser policía? —¿Tengo que contestar ahora? —No, pero algún día me gustaría saberlo. Y también lo que pasó con Michelle. Hank se puso tenso. — ¿Por qué? —Por muchas razones —repuso ella. Él respiró hondo. Tardó un minuto en empezar a hablar. —Acabábamos de prometernos. Yo se lo había dicho a Ryan y Cal, pero ella quería decírselo a su familia en persona, así que decidimos ir en Acción de Gracias. Vivían en uno de los suburbios de Dallas, yo estaba de servicio hasta las cuatro y Michelle se adelantó para ayudar a su madre con la comida. Se les terminó algo y Michelle fue a buscarlo al 7 Eleven, a poca distancia de su casa. Guardó silencio un rato. —Cuando llegué yo, sus padres me dijeron dónde estaba y de pronto tuve un mal presentimiento. No dije nada, pero salí a buscarla —movió la cabeza—. Un poco antes de llegar, supe lo que había pasado. No me preguntes cómo, simplemente lo supe. Fui el primero en llegar. El atracador se había largado, el tipo detrás del


mostrador estaba muerto y Michelle. . Jenna se acercó y pasó un brazo alrededor del de él. —Ella vivía —siguió Hank con voz estrangulada—. Estaba inconsciente, pero viva. Murió dos horas más tarde, en el quirófano. No supo que yo estaba allí. Jenna le apretó la mano y apartó el brazo. —¿Cómo os conocisteis? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 98—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ella era profesora y mi compañero se había comprometido a ir a hablar a sus alumnos de nuestra profesión, pero su esposa se puso de parto y lo sustituí yo — movió la cabeza—. Me enamoré desde el momento en que la vi. —¿Sigues en contacto con sus padres? —Muy poco. Es demasiado doloroso. Ella era hija única. Jenna suspiró compasiva. —¿Y no pillaron nunca al culpable? —No. No había habido atracos previos en la zona ni los hubo después. No había testigos ni ninguna pista. Pudo ser alguien de paso, algún delincuente con


suficiente sentido común para usar guantes y enterrar la pistola donde nadie pudiera encontrarla. —¿Y eso te volvía loco? ¿No poder encontrarlo? —Todavía me pasa. No constantemente como antes, pero no hay ni un día en que no se me pase por la cabeza —la miró—. ¿Eso supone alguna diferencia? —¿Te refieres a nosotros? —Sí, a nosotros. —No hay ningún «nosotros», Hank. —Todavía. El grito suave de un búho se filtró a través del lago. —¿Crees que podría funcionar? —preguntó ella. —No tengo ni idea —repuso él. —Pero a ti te gustaría intentarlo. Hank asintió. Jenna se apartó el pelo de la cara y volvió a mirar al agua. —No sé —musitó. —¡Eh! —los dos se volvieron al oír la voz de Blair—. ¿Qué hacéis los dos ahí? —Hablar —repuso Jenna—. Ven aquí.


—De eso nada —Blair se estremeció—. Hace frío y no me gusta. Sólo quería saber dónde estabas. Jenna se levantó y se acercó a su sobrina. —Vamos, volveré contigo. Me parece que tenemos que descansar si queremos andar todo lo que ha planeado tu padre para mañana. Lo miró por encima del hombro y le dedicó una sonrisa que no dijo nada a Hank. Pensó que quizá estaba bien que hubiera llegado Blair, porque todo aquello de dejar que Jenna diera el primer paso iba a acabar con él. Sobre todo porque tenía el triste presentimiento de que no lo daría nunca. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 99—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Al regreso de la acampada, Jenna tenía el triste presentimiento de que se había metido en una batalla perdida de antemano. Al día siguiente llevaron los dos a Blair a casa de April Gundersen y luego volvieron a la cabaña. Jenna permaneció un momento sentada en el coche, pensando que tenía que decir algo. ¿Pero qué? El tiempo amenazaba tormenta y se oían truenos en la distancia. Otra vez. Salió del coche.


—Que pases una buena velada... —dijo Hank—. Sola. Ella se volvió. —Voy a tomar notas para mi nuevo libro, el que quiero que transcurra aquí. —Me parece bien —Hank puso la marcha atrás del coche. Jenna retrocedió un paso; se sentía como una tonta. —No te enfades, por favor. Hank la miró sorprendido. —No estoy enfadado contigo. En todo caso conmigo, por creer. . —¿Qué? —No importa. Dio la vuelta al coche y se alejó. Jenna suspiró y entró en la cabaña. Se duchó y decidió ponerse crema por todo el cuerpo porque no se había puesto en cierto tiempo. Y como ya tenía la piel suave, pensó que sería divertido usar ropa interior de encaje y raso para variar. Después de cambiarse tres veces de ropa, se decidió por un vestido rosa que resaltaba las caderas y el escote y, como no había nada en la casa que le apeteciera comer, subió al coche y fue al supermercado. Se fijó en el paquete de bistecs. Había dos, pero podía congelar uno para otro día. Y ya que estaba, podía comprar también cosas para ensalada. Pero mientras pagaba, se dio cuenta de que allí pasaba algo. La ducha, la loción, la ropa interior, los bistecs. ¿A quién se creía que engañaba? Dio un respingo y corrió con las bolsas al coche, donde entró y cerró la puerta con fuerza como si así pudiera alejarse de... de...


Lo inevitable. Por alguna razón, en cuanto se permitió aquel pensamiento, tuvo una sensación de paz. Pensó que era la misma sensación de paz que debía de tener una persona a punto de ahogarse cuando al fin dejaba de debatirse y se entregaba al agua, pero aun así... Cerró los ojos un momento, recitó una plegaria para darse fuerzas y puso el coche en marcha para volver al Flecha Doble. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 100—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 14 V ES ESTO? —preguntó Jenna en cuanto Hank le abrió la puerta. Señaló la bolsa de comida que llevaba en la mano, y en ella la bolsa de cortezas más grande que él había visto en su vida. Perro, que presentía que había comida cerca, se acercó a investigar. —Ah... ¿cortezas? —Sí, cortezas —ella entró en la casa y permaneció en mitad de la sala de estar como si no supiera dónde dejar la bolsa. Perro se sentó delante de ella, dispuesto a tomar parte en el proceso de decisión—. ¿Y sabes lo que iba a hacer con ellas? —preguntó con agitación. —¿Comértelas? —¡Exacto! ¿Y sabes por qué?


—¿Porque tienes hambre? —¡Oh, sí! Tengo hambre —dejó la bolsa en el suelo, al lado de la tumbona. Hank miró al perro. —Ah, querida, no creo que sea buena... —Sí, eso es lo que iba a hacer. Iba a ir a casa y comerme la bolsa entera como he hecho con incontables bolsas de patatas y ganchitos en las dos últimas semanas. Lo miró a los ojos. —Me estás haciendo engordar, Hank. —¿Qué dices? Ella se encogió de hombros y sonrió con resignación. —Que no sé adonde va a llevar esto, pero no puedo resistir intentar descubrirlo. Hank se acercó y le puso las manos en los hombros. No le gustaba el tono de histeria de la voz de ella. —¿Por qué? —preguntó con suavidad. —Ya te lo he dicho. Porque, si no, me comeré las cortezas. Hank se apartó y espantó al perro de la bolsa. Miró el interior. —¿No deberías meter esto en el frigorífico? —Tienes diez segundos —dijo ella. Y él notó que respiraba deprisa. Entró corriendo en la cocina, metió la bolsa entera en el frigorífico y volvió a


la sala. Ella no estaba. Hank sintió pánico. —Estoy aquí —dijo Jenna desde el segundo piso. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 101—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Hank subió corriendo las escaleras y un trueno sacudió la casa. Ella había encendido la lámpara de la mesilla y miraba la habitación sentada en el borde de la cama. —¿Dónde está el desorden? —La perfección lleva tiempo. Sólo hace una semana que estoy aquí. El colchón nuevo apenas se hundió cuando se sentó a su lado. Le tocó la nuca y ella acercó la cara para un beso que pasó de exploratorio a desesperado en cuestión de segundos. —¿Estás segura de esto? —preguntó él. —¿De este momento? Sí. ¿De cualquier otra cosa? —negó con la cabeza. Bajó la mano al pecho de él—. Pero recuerda dos cosas. Una, que ha sido idea tuya. Y dos, que puede que acabes cargando conmigo. Hank le acarició la pierna. Recordó que no se había afeitado. —Puede que te rasque.


—Promesas, promesas —repuso ella. Hank se desnudó con rapidez y luego la desnudó a ella. Pensó que la vida era hermosa. —Eres muy directa para ser tan tímida — dijo cuando estuvieron abrazados. Ella sonrió. —Sólo soy tímida con desconocidos. Cosa que demostró segundos después, acercando la mano al miembro viril. —¡Oh, bien! —susurró, claramente complacida—. Me ha tocado la lotería. Por supuesto, ella no sabía que él llevaba semanas excitado. —¿Me estás diciendo que estás preparada? —Compruébalo tú mismo si no me crees. Naturalmente, él aceptó la invitación. Y el gemido de placer de ella le sacó la vena perversa. De todos modos había pensado esperar veinte minutos, ¿no? —¿Qué haces? —preguntó ella, cuando él empezó a acariciarle los pechos, las costillas, el vientre. . Su piel pálida era casi traslúcida. Y olía tan bien que él estuvo a punto de llorar. —Tú me has atormentado durante dos semanas —contestó—. Ahora me toca a mí. —No es justo —ella introdujo los dedos en su pelo—. Yo no lo he hecho... adrede. —Yo sí.


Jenna le tiró del pelo para levantarle la cabeza. —O me penetras ahora o sufrirás las consecuencias. —¿Y cuáles son? —inquirió él. Se movió para cambiar los dedos por la boca. Fuera brilló un relámpago. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 102—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Villano! —gritó ella, aunque su modo de abrirse arqueando las caderas indicaba que no hablaba en serio—. Estoy a punto.. —¿Quieres que pare? —susurró él. Le besó el cuello, le lamió un pezón y la miró para ver si le gustaba. —Quiero que... —Te penetre, lo sé —acarició el punto con los dedos—. ¿Qué tal así? Ella soltó un grito estrangulado y se estremeció con un orgasmo tan fuerte que él casi le tuvo envidia. Siempre se había preguntado si lo que se decía de las mujeres cuarentonas era una exageración. Ahora tenía la prueba positiva de que no lo era. Y luego hubo silencio. Mucho silencio. Excepto por la tormenta, que estaba en su apogeo. Hank medio oyó al perro entrar en el cuarto y tumbarse en el suelo con un


gruñido. Jenna yacía tumbada de espaldas, con una rodilla doblada y un brazo sobre los ojos. Respiraba todavía con fuerza y sus pequeños pechos subían y bajaban a cada aliento que tomaba. Hank se incorporó sobre un codo y levantó una mano para apartarle el pelo de la cara. —¿Estás enfadada? Ella lo miró por debajo del brazo con expresión inescrutable. —Te he dicho que no podría aguantar mucho. Hank le acarició el estómago. —Algo me dice que puede haber más donde ha salido ése. —¿Después de ése? En unas tres semanas quizá. Al fin la vio sonreír y respiró aliviado. —Olvidas con quién estás en la cama — dijo. Jenna gruñó y volvió a taparse los ojos. Hank empezó a acariciarle un pezón y ella bajó el brazo hasta el estómago y lo miró. —¿Por qué no me has penetrado antes? —Porque quería asegurarme de que estabas preparada. Ella adoptó una expresión comprensiva. —Si no fuera así, no estaría aquí, así que acércate y déjame devolverte el


favor, ¿eh? Cosa que procedió a hacer con la naturalidad de una mujer que sí había tenido una buena vida sexual con su esposo. El grito del orgasmo de él coincidió con un trueno fuerte. Hank se quedó tumbado con los ojos cerrados y acarició la espalda de ella. —¡Vaya, es la primera vez que me deja ciego! —exclamó él. Jenna se echó a reír con ganas y él supo en ese instante que haría casi cualquier cosa por mantener a esa mujer en su vida. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 103—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Estaban sentados en la mesa de la cocina a la luz de las velas, con Perro gimiendo por el olor de los bistecs. Hank se había puesto los pantalones vaqueros y ella la camisa de él y las bragas, aunque sin sujetador. El corte de electricidad no parecía haber afectado al motel ni a ninguna de las cabañas, aunque cuando Jenna llamó a Blair, supo que los Gundersen tampoco tenían luz. Las chicas habían trasladado la fiesta al interior de la casa y decidido dormir allí todas juntas. Jenna no le había dicho dónde estaba. Hank le tomó la mano a través de la mesa. —¿Todo bien? —preguntó. Jenna lo miró a los ojos.


—Sí —repuso—. ¿Por qué no iba a ser así? Él se encogió de hombros. —Sólo quería saber si tenías dudas. —No te voy a mentir y decir que no, pero eso no significa que me arrepienta. —Quédate el resto del verano —dijo él de pronto—. Seguro que a Blair no le importa. —No puedo. Tengo que dar una clase. —¿ Cuándo empiezas ? —A mitad de agosto, pero necesito tiempo para prepararla. Tengo que leer y criticar veinte obras. —Pues que te las envíen aquí. Resultaba tentador, sobre todo cuando él le acariciaba la muñeca de aquel modo. —Pienso mejor sin presiones —dijo. Hank acercó la mano de ella a la boca y la besó. —¿Te estoy presionando? —No me lo estás poniendo fácil. El acercó los labios a los de ella. —De eso se trata —se levantó, tiró de ella y se dirigió hacia las escaleras—. Si sólo tengo tres días para hacerte cambiar de idea, más vale que empiece ya, ¿no te parece? —Bueno —dijo Libby—. ¿Y tú qué crees que hay entre ellos?


Blair miró a Jenna desde el otro lado de la librería. Había ido mucha gente a la firma de libros, pero su tía no daba señales de pánico. —No lo sé exactamente, pero ella tiene esa expresión... ya sabes, la de la mañana siguiente que decías tú. Libby dio un respingo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 104—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿De verdad? —Sí. Y suelta muchas sonrisitas. —¡Pero eso es genial! Si se casaran, os mudaríais aquí, ¿no? Blair sintió una punzada en el pecho. En aquello no había pensado, por lo menos no en serio. No podía imaginar a su padre viviendo en Washington, pero sería terrible tener que renunciar a todos sus amigos. Libby no estaba mal, pero... —No sé —dijo—. Eh, tengo que irme. Acaba de entrar Hank. Hablamos luego, ¿vale? Metió el teléfono en el bolso, pero no se movió, sino que observó la reacción de su tía y su padre. Cuando Jenna lo vio, su rostro se iluminó de un modo que Blair no había visto en mucho tiempo. Y cuando Hank llegó hasta ella, se inclinó para darle un beso. No fue un beso muy largo, pero sí lo suficiente para que se rieran algunas


mujeres que andaban cerca. Blair los observó hablar un momento e intentó descubrir lo que sentía. Decidió que en conjunto no se sentía muy mal. La semana anterior había sido divertido estar con los dos y Hank había cumplido su promesa de no dejarla al margen cuando Jenna estaba presente. En cierto modo, era como cuando su tío Phil vivía, aunque Hank era una persona muy distinta. Y era bueno ver contenta a Jenna. Hank la vio, sonrió y la saludó con la mano. Y Blair sonrió a su vez. Y de pronto no consiguió imaginar lo que sería no conocerlo, lo que implicaba que al fin admitía que su tía había hecho lo correcto al llevarla allí para que se conocieran. Se acercó a ellos y hasta se dejó abrazar por su padre. Y le gustó. Todo aquello ocurría demasiado deprisa para que estuviera segura de nada, pero tal vez todo acabaría bien. De regreso a Haven, Jenna no dejaba de sonreír. No sólo no había sentido pánico, sino que había disfrutado de la firma de libros. El miedo que la había paralizado durante tres años se había desvanecido. Y si podía caminar hacia delante en ese campo, tal vez estuviera también preparada para hacerlo en otro.


—Pareces muy contenta —musitó Hank. —Sí —repuso ella. Hank miró a Blair por el espejo retrovisor. —¿Y qué tal el cumpleaños? —preguntó. —Bien —contestó la chica desde el asiento trasero del Toyota—. Los hermanos de April entraron en la cocina cuando hacíamos palomitas, pero pudimos librarnos de ellos. Son idiotas. Jenna vio que Hank apretaba el volante con fuerza. —¿Por qué? ¿Qué hicieron? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 105—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —No hicieron nada, sólo decían estupideces. Se creen muy guays porque están en el instituto, pero April dice que son tontos. ¿Por qué tienen que ser tan estúpidos los chicos? Hank soltó una risita. —Mi madre preguntaba a menudo lo mismo. Cuando llegaron a Haven, Hank paró en su casa para ver al perro y luego las llevó a la cabaña. Jenna sugirió que se cambiaran y fueran a tomar un helado.


—Yo estoy muy cansada —alegó Blair—. Si no os importa, me voy a la cama. —¡Oh! Pero sólo son las diez. —Lo sé —la chica retrocedió hacia su cuarto—. Pero estoy agotada, de verdad. Nos vemos por la mañana, ¿vale? Hank la miró atónito. —Creo que ha cambiado de idea respecto a nosotros —dijo cuando Blair cerró la puerta de su habitación. —Eso parece —suspiró ella. ¿Puedo cambiarme y vamos a buscar ese helado? Hank la miró sorprendido. Jenna se echó a reír. —Será estupendo, ya lo verás. El chocolate me suelta mucho. —En ese caso deja de hablar y vámonos. Jenna se puso un pantalón corto y una camiseta amplia, dejó una nota para Blair por si salía de su cuarto antes de amanecer y tomó su bolso. Echaron a andar juntos de la mano, charlando y riendo como dos adolescentes. A mitad del camino, Hank tiró de ella hasta colocarla detrás de un árbol y la besó con pasión. —¿Todavía necesitas helado? —le susurró al oído. —Más que nunca —rió ella. Él la estrechó contra sí y le acarició el pelo.


—Hay cosas que un hombre quiere darle a menudo a una mujer —dijo—, pero no a cualquier mujer —le acarició la espalda—. A la mujer indicada. «Te amo». Esas dos palabras brillaron en la mente de ella con la fuerza de una explosión de fuegos artificiales. Acarició los labios de él con el dedo. —Quizá pueda quedarme otra semana — dijo. Hank volvió a tomarla de la mano y regresaron al camino. —Vamos a por ese helado. La tienda de la gasolinera estaba vacía, cosa nada sorprendente teniendo en cuenta la hora. Angela, que debía de estar aburrida, charló con ellos unos minutos y volvió a la revista del corazón que leía. Hank tiró de Jenna hacia el congelador. Estaban mirando los helados cuando sonó la campanilla encima de la puerta. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 106—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué te apetece más, ése de.. ? La frase terminó en un grito porque Hank tiró de ella y la empujó detrás de las latas de comida. Se llevó un dedo a los labios. —No te muevas —susurró. Señaló la parte delantera. Jenna se asomó con cautela y vio a un hombre


grande vestido con vaqueros anchos y con la cara cubierta por un pasamontañas que apuntaba a Angela con un arma grande y de aspecto mezquino. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 107—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 15 J ENNA pensó que era una ironía que, después de haber vivido siempre en el área de Washington sin que le ocurriera nunca nada, se viera envuelta ahora en un atraco en un lugar donde la tasa de crímenes era básicamente nula. —No te muevas —susurró Hank. Se puso en pie y ella lo miró acercarse lentamente al atracador y el corazón empezó a latirle a mil por hora. Paralizada y con la boca seca, lo vio indicar algo por señas a Angela, quien tuvo la suficiente presencia de ánimo para no dejar traslucir nada, sino que procedió a vaciar con calma tensa la caja registradora. —¿Qué ha sido eso? —el atracador, obviamente nervioso, giró la cabeza hacia la puerta. La pistola se apartó un poco de su objetivo, pero muy poco. Hank se quedó inmóvil detrás de él. —El viento —contestó Angela, con voz más aguda que de costumbre pero movimientos todavía tranquilos. El hombre de los vaqueros anchos agitó la pistola en el aire.


—¡Date prisa! No tengo toda la noche. Hank avanzó un paso más... Y Jenna casi se mojó los pantalones al ver que un gato gris feo con media oreja y colmillos horribles saltaba de pronto entre Hank y ella. La miró un instante, se desperezó y echó a andar hacia Hank, que, por supuesto, no podía verlo. Jenna intentó llamar la atención del gato con una pantomima frenética, pero el animal la ignoró y se metió entre los pies de Hank mientras lanzaba un gruñido digno del motor de una Harley. Después de eso, todo se volvió borroso. El atracador se dio la vuelta y apuntó a Hank, ya a menos de metro y medio de él. Angela soltó un grito. —No te acerques más o disparo —dijo el de los pantalones anchos. En ese momento el gato se lanzó hacia su bragueta y Jenna tomó una lata de comida y la lanzó al rincón más lejano de la tienda. Se oyó ruido de cristales rotos, el gato salió volando en dirección contraria y el atracador se dio la vuelta de nuevo. Hank aprovechó la oportunidad para agarrar la pistola con rapidez. El atracador echó a correr, pero Angela salió de detrás del mostrador, se puso delante y los dos cayeron al suelo con fuerza.


Jenna miró con atención y vio que Angela se retorcía de un modo grotesco para colocar sus casi cien kilos en la espalda del atracador, que estaba debajo de ella con las extremidades muy abiertas. Jenna decidió que ya podía salir de su escondite y comprobó entonces que le temblaba todo... las rodillas, el estómago y las manos. Se agarró a los estantes y Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 108—121 https://www.facebook.com/novelasgratis avanzó hacia el frente, muy consciente de que se hallaba al borde de la histeria. Hank hablaba por teléfono y Angela seguía sentada encima del atracador con aire satisfecho. Los temblores arreciaron aún más. Hank colgó el teléfono y la sujetó por los hombros. —¿Estás bien? —Sí. —¿Seguro? —Sí —se esforzó por sonreír—. Vete. Hank la miró un segundo y se acercó al atracador. —No puedo. . respirar —dijo éste—. Dígale... que se quite.


—¡Caray, Billy! No me vas a decir que ahora estás asustado, ¿eh? —Lo siento, señor Logan. —Escúchame bien, Gundersen, siempre sospeché que no tenías mucho cerebro, pero jamás imaginé que fueras tan estúpido. ¿Qué narices te creías que hacías? —Yo no quería hacerle daño a nadie —dijo él—. Lo juro. La pistola es de mentira. Hank tiró del cuello de la camiseta del chico hacia atrás, impidiéndole respirar. —Sí, ya lo he visto —dijo—. Después de que casi nos provocaras un infarto a todos. Y supongo que también pensabas devolver el dinero, ¿no? —soltó la camiseta y se acuclilló más cerca—. Ya imagino cómo le va a sentar esto a tu madre. ¿Y tú? El chico no contestó. Permaneció callado hasta que llegaron los dos únicos policías que había en el pueblo y se lo llevaron. Durante ese tiempo, Jenna estuvo apoyada en el mostrador, con los brazos cruzados con fuerza y temblando de vez en cuando. Angela pasó detrás del mostrador y la miró. —No tienes buen aspecto, querida —dijo. Hank desapareció un momento en la parte de atrás y volvió con un gran recipiente de helado Godiva. Sacó el billetero y dio dinero a Angela. —¿Has visto eso? —enseñó la mano a Jenna—. Me he arrancado una de las


uñas de plástico. Metió el helado en una bolsa, comentó con Hank el tiempo que tardaría en volver a llover y Jenna y él salieron de la tienda. Ella consiguió llegar hasta la carretera antes de derrumbarse. Hank dejó caer la bolsa al suelo y la estrechó contra sí. Hacía tiempo que no oía llorar a una mujer con tanta fuerza. —Podían haberte matado —dijo, aferrándose a él. —Querida, he corrido más peligro con ese maldito gato que con Billy. —Pero yo no lo sabía. Y tú tampoco —lo miró con el rostro empapado en lágrimas—. Cuando te ha apuntado con la pistola... Lo siento. Sé que ha sido una tontería tirar la lata... Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 109—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Claro que no, has estado muy bien — metió la mano al bolsillo y le dio un pañuelo—. ¡Eh! Ya ha pasado. Y con un poco de suerte, Billy se habrá asustado lo suficiente para no repetirlo. Ella se sonó la nariz y se cruzó de brazos sin mirarlo. El labio inferior le temblaba todavía. Un segundo después, se volvió y echó a andar por la carretera. —¿Jenna?


Ella se volvió. —Has hecho eso para compensar por lo que no pudiste hacer por Michelle, ¿verdad? —¿Qué? ¿A qué viene eso? —No pudiste detener al que mató a tu prometida y querías compensarlo con esto. —Yo sólo he visto a un imbécil al que había que parar antes de que hiciera daño a alguien. Soy policía, Jenna. Estoy entrenado para estas cosas —vio que ella lo miraba con escepticismo—. Vale, está bien, me ha gustado ganar esta vez, pero lo que ha pasado no ha tenido nada que ver con Michelle. Hace un año, o incluso un mes, sí se me habría pasado por la cabeza la idea de vengarme, pero ya no. —¿Estás seguro? —preguntó ella. Hank suspiró. —Mira, después de la muerte de Michelle, estuve como loco durante semanas. El psiquiatra de la policía me sugirió unas vacaciones porque dijo que, en una situación parecida, los recuerdos podían hacerme cometer estupideces. Yo pensé que me tomaría seis meses libres para calmarme, pero no sólo no me calmé, sino que a medida que pasaba el tiempo estaba más frustrado y furioso. Por eso presenté mi dimisión.


Se detuvo y miró a Jenna. —Esta noche ha sido una prueba para mí. Y aunque estaba furioso, no he perdido los estribos. Mi adrenalina podía estar por las nubes, pero controlaba la situación. Jenna echó a andar de nuevo sin decir nada y él se colocó a su lado. —Y no he tenido la sensación de revivir una situación. Eran otras personas y otro resultado. Y lo bueno de lo que ha pasado esta noche es que ahora estoy seguro. —¿De qué? —De que estoy preparado. Hasta ahora, la idea de desearte me daba miedo, pero ya no. —Yo nunca había vivido algo así —musitó ella. Respiró hondo—. ¿Y estás dispuesto a volver a ser policía? —No —repuso él—. ¿Para qué? Ésa es una fase de mi vida que ya ha pasado. —¿Y ahora qué? —preguntó ella. Hank tardó un rato en responder. —No lo sé. He disfrutado arreglando el motel. Quizá lo venda y monte un negocio de remodelación de casas. O siga dirigiendo el motel. O decida ampliarlo. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 110—121


https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Serías feliz con eso? Él se encogió de hombros. —¿Por qué no? Hasta ahora no lo había pensado. Hank le pasó una mano por la cintura y ella frotó la mejilla contra su pecho. —Sé que tenías planes para esta noche —dijo—, pero necesito tiempo para pensar. —Me parece bien —susurró él—. Habrá otras noches —la soltó y le pasó el helado—. Llevaré el desayuno. ¿A las nueve? Jenna sonrió. —A las nueve está bien. Lo besó en los labios y Hank la observó alejarse con un suspiro. No le gustaba aquello, pero si ella se quedaba una semana más, tenía ese tiempo para convencerla de que podía confiar en lo que había entre ellos. Entró en la oficina, donde encontró a Danny detrás del mostrador. Hank se acercó y empezó a sortear el correo. —¿Qué es esto? —preguntó. Era una nota con la caligrafía casi indescifrable del chico.


—Oh, ha venido un hombre y ha dicho que era un constructor de Tulsa. Se ha empeñado en ver esto y me ha preguntado si te interesaría venderlo. Le he dicho que no sabía y ha dicho que te llamará. Ha dejado su tarjeta. Hank separó la tarjeta de la nota y la guardó en el bolsillo de atrás. Si decidía vender, no había motivo para que no se trasladara a Washington para estar cerca de Blair. Y de Jenna, si todo salía bien. Seguramente no le costaría encontrar trabajo allí. De repente se sentía tan cansado que le costaba trabajo moverse, así que dio las buenas noches a Danny, llamó a Perro y se dirigió a la casa rezando para que los pensamientos de Jenna no tomaran una dirección que él no pudiera seguir. —¿Y Hank le quitó la pistola sin más? — preguntó Blair. Estaba comiendo una tostada en la mesa del comedor con los ojos abiertos como platos. —Sí — repuso Jenna, que sólo tomaba café—. Pero la pistola no era de verdad. —¡Qué imbécil! —exclamó Blair—. Me refiero a Billy —miró a su tía—. ¿Pasaste miedo? —Mucho. Y me alegro de que no estuvieras con nosotros. —¡Oh, no sé! Habría sido estupendo ver a papá en acción. Jenna dejó la taza de café en la mesa.


—¿Papá? Blair sonrió y se encogió de hombros. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 111—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Lo estoy probando. Para ver cómo suena, ¿vale? —Pues desde aquí no suena mal —sonrió Jenna. Un momento después, sonaba el claxon del coche de los Frazier y Blair se levantaba de un salto. —¿Estoy bien? —giró sobre sí misma para enseñar el mini vestido que habían comprado en Tulsa el día anterior. Libby la había invitado a ir con ella a la escuela dominical, y para sorpresa de Jenna, Blair había aceptado. —Muy bien. Aunque es demasiado corto. La chica le dio un beso en la mejilla y se acercó a la puerta. —¿Sabes? —dijo —. Me gustaría que no tuviéramos que irnos ya. ¿No podemos quedarnos unos días más? —Esta vez no —contestó Jenna—, pero volverás de visita. En Acción de Gracias, tal vez.


La chica frunció el ceño. —Pero yo creía. . —miró a su tía—. Yo creía que Hank y tú estabais juntos. —¿Cómo dices? Yo pensaba que eso era lo último que querías. —Sí, bueno. Puede que no fuera tan horrible. Jenna movió la cabeza. —Lamento decepcionarte. —Pero... —Vamos, vete, no los hagas esperar. Hablaremos luego, ¿vale? Blair la miró fijamente un momento y salió dando un portazo. Genial. Ahora también había decepcionado a Blair. Aunque ella lo superaría bien. Hank, por otra parte... La llamada en la puerta la sobresaltó. —Adelante —retiró el plato de Blair. Hank dejó una bolsa con distintos tipos de bollos en la mesa y entró en la cocina, donde le pasó el brazo por la cintura y la besó en la sien. —¿Dónde está mi hija? —preguntó, mientras se servía una taza de café. —Ha ido a la iglesia con Libby. —¿Le has contado lo de anoche? —Sí. Cree que tú eres fantástico y Billy Gundersen un imbécil.


—Supongo que debo dar gracias de que no sea al revés. Conque a la iglesia, ¿eh? Supongo que debería pensar en volver yo también. —Y yo —musitó ella—, pero la verdad es que nunca he ido mucho. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 112—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Se volvió hacia él. Estaba sentado en el sillón, con los brazos cruzados y una pierna estirada. Deseó ardientemente sentir de nuevo su piel, deseó que los próximos minutos hubieran pasado ya. Aunque temía mucho el vacío que quedaría después de ellos. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 113—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 16 Q UÉ PASA? —preguntó él con suavidad. Jenna respiró hondo. —No me voy a quedar otra semana. Hank no mostró ninguna reacción visible. —¿Te importa decirme por qué? Ella tardó un momento en contestar.


—Porque tengo miedo. Anoche. . —Lo de anoche fue un hecho aislado. Es la primera vez que atracan a Angela en más de veinte años. —Ya lo sé. No es el crimen lo que me preocupa. Pero lo nuestro no funcionaría. No puedo dejar mi trabajo ni sacar a Blair de su entorno. —¿Nunca? Jenna se lamió los labios. —Nuestra vida está en el este. No es que no me guste Haven, pero no es mi hogar. Y Blair tiene allí sus amigas. —Puede hacer amigas nuevas. Ya las ha hecho. Y toda su familia está aquí. —¡No se te ocurra salir con ésas! Yo era su familia antes que ellos, en todos los sentidos. —Nadie ha dicho que no lo seas. Lo que digo es. . —Ya sé lo que dices. —Vale. Me iré yo a Washington. A ella la invadió el miedo. —¿Qué? —Me iré —repitió él—. Tengo una oferta por el motel. Lo venderé y me iré


al este. —Pero tú tienes a tu familia aquí... —Me he perdido trece años de la vida de mi hija, prefiero no perder más. Jenna se volvió hacia el fregadero. —No he cambiado de idea. No te he prometido nada y lo sabes. —Eso es cierto —ella lo oyó levantarse y acercarse a ella—. Pero hasta lo que ocurrió anoche, los dos parecíamos ir por el mismo camino. Y ahora de pronto quieres dar marcha atrás. O interpreté mal lo que pasaba... —No —musitó ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Parpadeó para reprimirlas—. No me voy porque no te quiera. Tengo que irme porque te quiero. Hank la miró confuso. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 114—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Eso no tiene mucho sentido. —¿No lo entiendes? No podría soportar perder otra vez a alguien. Hasta anoche, hasta que vi que te apuntaban con la pistola, pensé que podía volver a vivir el momento y no preocuparme por el futuro. Pero después de una noche enferma de


miedo, de revivir el horror que pasé con Phil.. Apartó la vista. —Lo siento mucho, de verdad. Me siento como una idiota. Pero tengo la sensación de llevar diez años llorando a gente y estoy cansada. No sé si es porque quiero demasiado, pero sé que sufro mucho cuando mueren. —Yo no pienso dejarte todavía. Ella se secó el rostro con la mano. —Tampoco lo pensaba Phil. Hank la miró de hito en hito. —Blair seguirá su camino en unos años — dijo con suavidad—. ¿Y luego qué? ¿Piensas pasarte el resto de tu vida sola? —Tengo mi trabajo. Estaré bien. Él la miró con rabia. —Por si lo has olvidado, yo también he perdido a mucha gente a la que quería. Así que sé muy bien lo que es pensar que es más fácil estar solo que vivir. Pero llegaste tú y me enseñaste lo estúpido de mi postura. Le tomó la cara entre las manos y acercó la boca a la de ella. —Y vi a alguien aún más sola y confundida que yo, tan sola que no me quedó más


remedio que salir del abismo en el que llevaba dos años sumido para rescatarla. Por lo que más quieras, ¿no lo entiendes? Prefiero pasar diez minutos contigo a una vida entera sin ti. La besó con sorprendente ternura y luego la estrechó contra sí hasta que ella creyó que iba a morir de angustia. —Créeme, Hank —dijo—, nada me anula tanto como el miedo. Mientras esté así de asustada, tú no querrás pasar ni diez segundos conmigo. Lo siento mucho. Él la soltó bruscamente. Se acercó a la puerta. —Estoy aquí porque creo que podríamos ser felices juntos —dijo—. Pero que me condene si voy a seguir tendiendo la mano sólo para que tú me la apartes de un golpe. Salió y cerró la puerta con cuidado. Cuatro semanas después del día que se marcharon de Haven, Blair entró en el estudio de Jenna en pijama y se sentó en el sillón situado frente al escritorio. —¿Tu padre está bien? —preguntó su tía. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 115—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Hank llamaba a su hija cada dos días, aunque Jenna había conseguido evitar hablar


con él hasta entonces. Deslizó la mano en la bolsa de patatas fritas que llevaba una hora intentando ignorar y se metió varias en la boca. —Sí —contestó Blair—. ¿Te he dicho que va a convertir el motel en un complejo hotelero? —¿De verdad? —Sí. Pensaba venderlo, pero luego cambió de idea y ahora el hombre de Tulsa que quería comprarlo y él se han asociado para crear un hotel y un restaurante con piscina, pistas de tenis y seis cabañas más. Aunque también van a arreglar las que ya había. —¡Vaya! Eso es mucho dinero. Blair se encogió de hombros. —Sí —jugó un momento con un mechón de pelo—. Me ha preguntado cómo estabas. Jenna se puso tensa y se metió más patatas en la boca. —¿Y qué le has dicho? —Que estás con un libro nuevo y vas a empezar las clases. No he querido decirle la verdad. —¿La verdad? —Sí, que eres desgraciada. —No digas tonterías. Estoy un poco nerviosa por el libro, pero sabes que


siempre me pasa eso al principio. —No es verdad. Ahora estás peor que cuando murió el tío Phil. Jenna se quedó sin aliento. —¡No es cierto! —Sí lo es. Estás como un zombi, no haces más que trabajar y comer basura. Si no entrara yo aquí, no hablaríamos nunca. Y lo que no entiendo es por qué no probaste con papá. Estáis locos el uno por el otro. Jenna miró la pantalla del ordenador. —Mi relación con tu padre es algo entre él y yo. Blair tardó un momento en contestar. —A mí también me asusta esto, ¿vale? Jenna la miró. —¿Qué? —Empezar a querer a otra persona —arrugó el ceño—. ¿Pero no es más tonto pensar que sólo se nos permite un cierto número de personas en la vida y si se mueren o se van, se acabó? —Sí —repuso Jenna—. Eso sería idiota. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 116—121


https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Y entonces? —¿Entonces qué? —¿Por qué no haces algo con papá? Jenna se recostó en la silla. —Blair, querida, me gustaría ser como tú, pero no puedo. —Quiero ir a vivir con papá. Jenna la miró horrorizada. —¿Qué has dicho? —Ya me has oído. —Pero... la escuela... tus amigas... —DeAnne se traslada el próximo mes y Tiffany está con un grupo nuevo y.. no sé. Ya no es lo mismo —se encogió de hombros—. De todos modos tengo que volver a empezar y prefiero hacerlo allí. —En Haven. —Sí. Me gusta más de lo que pensaba. Y me gustan Maddie, el tío Ryan y el tío Cal. Y los niños. Y papá no está mal. Y no puedo soportar más tiempo verte tan desgraciada sin saber lo que puedo hacer. —¡Oh, tesoro! —Jenna se levantó y se acercó a abrazarla—. Siento mucho


haber sido tan llorona. Procuraré mejorar. Lo prometo. Blair movió la cabeza. —Ya le he dicho a papá que quiero ir —se apartó y se secó los ojos—. Y me ha dicho que de acuerdo —se sonó la nariz—. Siempre que tú lo apruebes. Y tú dijiste que podía decidir dónde quería vivir. Jenna sintió un escalofrío en la columna. —Sí, lo dije —le acarició el pelo sin molestarse en ocultar su angustia—. De acuerdo, puedes irte. Pero no puedes cambiar de idea dos semanas después. Si te vas, es para quedarte. —Lo sé. Puedo venir en Acción de Gracias.. —Más te vale —quizá era mejor no poder respirar, porque eso sólo conseguiría remover el cuchillo que tenía clavado en el corazón—. ¿Cuándo quieres irte? Blair se mordió el labio inferior. —Este fin de semana, porque allí ya ha empezado la escuela. ¿Puedo llevarme a Merengue? —Claro que sí —repuso Jenna. Blair la abrazó, no con el abandono de una niña que consigue el regalo que quiere


por Navidad, sino con la cautela de una persona que no está segura de haber conseguido lo que quería. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 117—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Y Jenna entendía mucho de eso. —Libby ha llamado tres veces hoy —dijo Hank, cuando consiguió salir del tráfico del aeropuerto de Tulsa y entrar definitivamente en la autopista. —Estoy deseando verla —repuso Blair, pero sin mucho entusiasmo. Hank la miró. —¿Te arrepientes de haber venido? La chica tardó un rato en contestar. —Sí y no. Quería venir pero no quería dejar a Jenna. Aunque tampoco podía soportar seguir con ella, pero pensaba... —¿Qué? —Que si yo me iba, a lo mejor ella cambiaba de idea y se venía también. Hank apretó el volante con fuerza. —¿Quieres decir que sólo has venido porque querías conseguir que Jenna te siguiera? —No, no te lo juro.


Él hizo una mueca y Blair suspiró. —No sabía qué más hacer, ¿vale? Está peor ahora que cuando murió el tío Phil. No sonríe nunca, nunca se ríe y no te imaginas la cantidad de bolsas de patatas que come. Tienes que hacer algo. —¿Yo? ¿Y qué puedo hacer yo? —Dile que es una tonta. Ella te quiere. Hank sintió aquellas palabras con la fuerza de una puñalada. —Pero eso no significa nada cuando se tiene tanto miedo como tiene ella. Nadie puede hacerla cambiar de idea hasta que esté preparada. Lo sé porque he pasado por lo mismo. Y sabía que el miedo de la gente rara vez tiene que ver con cosas racionales. —¿No quieres estar con ella? —preguntó Blair. —Claro que sí. —Entonces.. —Lo siento, pero es un problema que tiene que arreglar tu tía, no yo. ¿Quieres pasar a comer por el Café de Ruby? Blair se cruzó de brazos. —Me da igual.


Los dos guardaron silencio un rato. —Puedo quedarme con Maddie y el tío Ryan. O con Libby —dijo Blair al fin. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 118—121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿De qué estás hablando? —De cuando vayas a Washington a hablar con Jenna. Hank reprimió un gemido. —¿No has oído lo que te he dicho? —A lo mejor cambiaría de idea si te viera. —Y a lo mejor sólo sería una pérdida de tiempo. —Bueno, si no lo intentas no lo sabrás, ¿verdad? Esa vez Hank no se molestó en reprimir un gemido. En las seis horas que hacía de la partida de Blair, Jenna había terminado el tercer capítulo de su nuevo libro, charlado con su agente y su editora, hecho la compra, contestado correo de fans y se había sentado en el sofá hasta que la oscuridad envolvió el apartamento. Y allí seguía en ese momento. Sola. Sin niña ni gato ni nada excepto el ruido ocasional del frigorífico o el de un coche que pasara por la calle.


Pero estaba a salvo, ¿no? Mortalmente aburrida, pero a salvo. El hambre la impulsó al fin a levantarse y entrar en la cocina, donde descubrió que había olvidado reponer las patatas fritas, así que se hizo un sandwich de jamón y queso y lo llevó al estudio con una botella de agua. En una de las paredes había muchas fotos. . de sus padres, de Blair. . de Phil. De Phil, que se había negado a permitir que cediera a los miedos que le habrían impedido perseguir su sueño. Que no había permitido que su enfermedad le robara su alegría de vivir ni siquiera al final. ¿Y así honraba ella su recuerdo? ¿Escondiéndose en una habitación con la única compañía de un montón de libros? —Lo siento mucho —susurró, aunque no sabía si se lo decía al hombre que había amado durante más de veinte años... o al que amaba ahora con todo su corazón. Levantó el teléfono para llamar a la jefa de su departamento y pensó que lo único bueno de la estupidez era que no tenía por qué ser terminal. Un hombre de edad mediana que salía le sostuvo la puerta abierta. —¿Se ha hospedado antes aquí? —preguntó con una sonrisa, sin notar al parecer que ella tenía todo el costado izquierdo mojado.


La ventanilla del coche se había atascado a unos tres centímetros del borde superior al pasar San Luis y una tormenta le había hecho compañía el resto del viaje y le había dejado, los vaqueros y la sudadera empapados y pegados a su cuerpo como una segunda piel. —Sí —repuso con una sonrisa nerviosa—. Este verano. —Es muy agradable, ¿verdad? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 119—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella asintió y él siguió su camino. Jenna empujó la puerta de la oficina. Danny y Sue Ellen estaban detrás del mostrador, donde una pareja con dos niños pequeños firmaba en el libro de registros. Detrás de todos ellos, Blair y Hank discutían sobre algo que veían en la pantalla del ordenador. Sue Ellen, que llevaba un jersey amplio de premamá, fue la primera en verla y dio un codazo a Danny, que entregaba en ese momento las llaves a la familia. Ésta salió de la oficina y Jenna miró a Danny con un dedo en los labios; el chico se volvió hacia Hank y Blair, enfrascados todavía en algo que habían visto en Internet. —Papá, ese vuelo llegará a Washington antes de la hora de comer. —Vale, vale, está bien —Hank agarró el ratón. —¿Vais a alguna parte? —preguntó Jenna. Blair levantó la cabeza con una sonrisa enorme y soltó un grito. Corrió a abrazarla, pero Jenna sólo veía a Hank, que seguía sentado ante el ordenador y la miraba como


si fuera un fantasma. Él se levantó despacio y dio la vuelta al mostrador, con ojos cargados de interrogantes y de esperanza. Un segundo después estaban solos. Él le abrió los brazos y Jenna se lanzó hacia ellos con un grito de alegría y se aferró a él con fuerza. Permanecieron largo tiempo abrazados, con la mejilla de él apoyada en la cabeza de ella. —Estoy muy mojada —dijo ella al fin. —Es lo mejor que he oído en todo el día — le tomó el rostro entre las manos y la besó hasta que se mojó aún más. Al fin separaron sus bocas. —¿Por qué? —preguntó él. —Porque no podía permitirme ropa más ancha —dijo ella. Hank soltó una risita y le besó la oreja. —Y porque me parecía tonto llorar a alguien que todavía está vivo —añadió ella con suavidad—. Es lo que tú dijiste. Prefiero pasar diez minutos contigo a una vida sin ti. Él la estrechó con más fuerza. —¿Pensabas ir a verme? —preguntó ella. Hank la miró con amor. —Quería inculcarte un poco de sentido común. —¿A pesar de todo lo que te dije? —Sí —él le acarició los pómulos.


—Gracias por no dar mi caso por perdido. —De nada, preciosa —contestó él—. ¿Sabes que tu sobrina es muy cabezota? Jenna sonrió, mareada casi por efecto del amor que había estado a punto de negar a los dos y que, al fin, era más fuerte que todos sus miedos juntos. —Lo sé. Supongo que somos afortunados, ¿eh? Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 120—121 https://www.facebook.com/novelasgratis Hank sonrió a su vez. —Muchísimo, querida. Muchísimo. Jenna, Blair y él cenaron en el Café de Ruby para celebrarlo. Quedaban aún detalles por arreglar, como el trabajo de profesora de Jenna y cuándo podrían casarse. Hank era partidario de una boda rápida en el juzgado, ya que parecía que Jenna no querría compartir abiertamente su casa, ni su cama, mientras no estuvieran casados, pero Blair insistía en que tuvieran una boda de verdad porque quería ser dama de honor, lo que implicaba que Hank la vería durmiendo muchas noches en casa de Libby, ya que él no pensaba estar tanto tiempo sin tocar a Jenna. Pero, en general, los mayores contratiempos habían quedado ya atrás. Y el futuro se presentaba esperanzador y lleno de promesas.


Jenna, sentada a su lado, le tomó la mano mientras escuchaba a Blair hablar sobre las tonterías que había hecho uno de los hermanos pequeños de Libby. Y Hank sonrió y pensó que todo iba bien y no había ningún motivo de queja en el mundo. Fin. Si quieres conocer la historia de Cal Logan no te pierdas el Sensaciones titulado LA APUESTA DE SU VIDA. Escaneado por Corandra y corregido por Pily Nº Paginas 121—121

La fuerza del corazon karen templeton  

Argumento: Su sobrina necesitaba un padre, y ella un maridoJenna Stanton había criado a su sobrina Blair sin saber quién era su...

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