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La esposa del italiano Lucy Gordon 4º Los hermanos Rinucci La esposa del italiano (2008) Título Original: The Italian's wife by sunset (2007) Serie: 4º Los hermanos Rinucci Editorial: Harlequin Ibérica Sello / Colección: Jazmín Miniserie 21 Género: Contemporáneo


Protagonistas: Carlo Rinucci y Della Hadley Argumento: ¿Quién había dicho que una aventura apasionada no podía convertirse en algo permanente? Una mujer inteligente y sensata como Della Hadley debería haber sabido que no debía tener una aventura con un playboy italiano seis años más joven que ella. El problema era que el sexy Carlo Rinucci era sencillamente irresistible… Della estaba segura de que la pasión que había surgido tan rápidamente se apagaría a igual velocidad, por mucho que Carlo asegurara que su amor era para siempre. Pero Carlo era italiano por los cuatro costados y tenía intención de conquistar el corazón de aquella mujer y de convertirla en su esposa. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Uno Era como si la imagen de la pantalla del ordenador llenara la habitación con alegría y buen humor. Mostraba un joven muy atractivo de pelo rubio y ojos azules con una sonrisa que transmitía cierta picardía. —¡Caray! —suspiró Jackie—. ¡Cómo está! Della se rió. Su secretaria era joven y se dejaba llevar por la belleza masculina.


Ella intentaba mantener cierta distancia. —No está mal —reconoció. —¿Que no está mal? —repitió Jackie—. Es un sueño. —Yo necesito algo más que una cara bonita. Necesito un hombre que sepa lo que hace, a ser posible, alguien que ya se haya hecho un renombre. —Della, estás produciendo una serie de televisión. Su aspecto es importante. —Efectivamente, es importante que parezca un especialista serio y no un niño. Carlo Rinucci no tendrá más de veinticinco años. —Según estos datos, tiene treinta —la rebatió Jackie señalando un papel—. Además, sabe mucho de ruinas, huesos y cosas de ésas. —Pero es italiano. No puedo ponerlo de protagonista en una serie inglesa. —Que transcurre en parte en Italia. Además, aquí dice que habla inglés perfectamente y tú has dicho que para que la serie sea rentable hay que venderla internacionalmente. Eso era verdad. Della era una eminencia en el mundo de la televisión. Tenía una productora y mucho prestigio. Sus programas gustaban, pero aun así tenía que tener en cuenta los aspectos materiales. Volvió a mirar a Carlo Rinucci y tuvo que reconocer que tenía algo especial. No era solo guapo. Su sonrisa tenía sagacidad, como si hubiera descubierto un secreto que no sabía nadie en el


mundo. —Yo tenía un tío —comentó Jackie— que era viajante y tenía una chica en cada ciudad. También tenía un encanto irresistible e, hiciera lo que hiciese, todas lo perdonaban solo por su sonrisa. Mi padre decía siempre que el tío Joe vivía la vida sin desperdiciar ni una migaja. ¿Crees que a él le pasa lo mismo? Yo me apostaría cualquier cosa. Della también, pero no lo dijo. Su cautela, que se había ganado a pulso, le decía que no debía entusiasmarse con ese joven solo porque fuera guapísimo. El informe que le había facilitado George Franklin, su ayudante en la serie, era impresionante. No te equivoques con este joven. Carlo Rinucci es una gran figura en su terreno. Ha realizado algunos trabajos magníficos y ha escrito un par de libros que han llamado la atención. Sus opiniones suelen ser poco ortodoxas, pero su obra es sólida. Nº Páginas 2—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Añadía un par de notas sobre el proyecto que Carlo Rinucci estaba llevando a cabo en Pompeya, al sur de Nápoles, y terminaba diciendo: Créeme, merece la pena examinarlo. —Merece la pena examinarlo —susurró Della. —Yo puedo examinarlo por ti —se ofreció Jackie—. Podría tomar un avión a Nápoles, echarle una ojeada y elaborar un informe. —Eres muy amable —replicó Della con sorna.


—¿Quieres decir que ya te lo has apropiado? —Quiero decir que voy a estudiar todas las opciones de una forma seria y realista, que sacaré una conclusión y que decidiré lo que sea mejor para el programa. —Lo que había dicho. Te lo has apropiado. —Bueno, ser la jefa tenía que tener alguna ventaja… —Della se rió. —¡En serio! Si lo utilizas, la audiencia será increíble. Todos los países querrán comprar tu programa y ganarás un prestigio enorme. —Hay gente que piensa que ya tengo prestigio —replicó Della con tono de ofensa fingida. —No como el que tendrías si trabajaras con él. —¿Crees que debería contratarlo para conseguir prestigio? Gracias, pero para lograr eso no necesito su ayuda ni la de ningún chico guapo que viva de su atractivo. —No sabes lo que su atrac… —¡Es tardísimo! Tienes que irte a casa. Jackie se fue, pero no sin antes mirar por última vez la pantalla. —¡No exageres! —Della soltó una carcajada—. Tampoco es para tanto. —Claro que lo es —Jackie suspiró y fue hacia la puerta. Para Della el trabajo no acababa nunca y se lo llevaba a casa, una casa flotante anclada en el Támesis, cerca de Chelsea. Era una casa muy querida y un


símbolo del camino que había recorrido desde que había empezado casi de la nada. Eran las seis de la tarde y su jornada laboral no había terminado, solo había cambiado de actividad. Tenía que hacer llamadas a otras partes del mundo con horarios distintos. La cara de Carlo Rinucci seguía en la pantalla, pero se negó a que la distrajera. Fue a borrarlo, pero la mano se detuvo como si tuviera vida propia. Desde el principio había insistido en que el presentador de su serie sobre grandes acontecimientos históricos tenía que ser alguien con mucho prestigio académico. —No quiero una cabeza parlante muy guapa que quedará como una tonta cuando no tenga el guión delante —dijo—. Es más, quiero que escriba gran parte del guión. Nº Páginas 3—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Había estudiado muchas posibilidades, todas ellas personas serias y con mucha reputación. Un hombre le había parecido el candidato ideal, porque era elegante, de unos cuarenta años, serio y atractivo, pero no sabía hablar delante de la cámara. —Seguro que a ti no te faltan las palabras —le dijo al rostro de la pantalla—. No hay más que verte. Puedes camelar a cualquiera. Lo cual te habrá ayudado para conseguir ese currículum tan impresionante. Se quedó mirándolo. Habría jurado que él le había guiñado un ojo.


—Ya está bien —lo reprendió—. Conozco a los de tu calaña. Mi segundo marido era como tú. ¡Eso era encanto! El inconveniente de Gerry era que solo tenía encanto, aparte de un talento especial para gastarse el dinero de los demás. Se sirvió algo de beber y se reclinó en la butaca mientras miraba la cara con un placer indeseado. —¿Estaré siendo irracional? ¿Estaré predispuesta contra ti porque otras personas lo están a tu favor? Dicen que soy complicada y terca, y eso que lo dicen mis amigos… Pero no me ha ido mal en la vida. Tengo una profesión que me ofrece lo que quiero y soy inmune al atractivo masculino, bueno casi inmune. No me afectas en absoluto. Della pudo notar que él no la creía. Lo miró fijamente y él le aguantó la mirada. —Me imagino —dijo ella lentamente— que no hay ningún motivo para que no pueda reunirme contigo y verlo con mis propios ojos. —Parece como si hubiera caído una bomba —comentó Hope Rinucci. Estaba revisando su casa. Pasó por la sala, el comedor y la terraza, que daba a la bahía de Nápoles, con el Vesubio a lo lejos. —Dos bombas —añadió al comprobar el desorden. Sin embargo, no lo decía con disgusto, sino con cierta satisfacción. La noche anterior había celebrado una fiesta y, en su opinión, una fiesta que no dejaba la casa asolada no merecía llamarse una fiesta.


Ruggiero, uno de sus hijos más jóvenes, entró cautelosamente en la habitación y se sentó. —Fue una noche fantástica. —Desde luego —confirmó ella—. Teníamos mucho que celebrar: primero, el nuevo trabajo de Francesco. Luego, que Pietro y Olympia están esperando un hijo y que los padres de Olympia habían venido desde Londres. Para colmo, Luke y Minnie también están esperando un hijo. —Sin olvidarnos de Carlo —comentó Ruggiero, refiriéndose a su hermano gemelo—. ¿Conseguiste enterarte de cuál de esas tres jóvenes era su novia? Nº Páginas 4—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —La verdad es que no —contestó su madre mientras le daba un café—. Fue como si todas llegaran juntas. Ojalá hubieran venido Justin y Evie, pero ella está tan embarazada con los gemelos que entiendo que no quisiera viajar. Me prometió traerlos a visitarme en cuanto pueda después de dar a luz. —Así podremos hacer otra fiesta —se alegró Ruggiero—. A lo mejor para entonces Carlo se ha dividido en tres partes. —¿Sabes con cuál de ellas se fue a casa? —preguntó Hope. —No lo vi marcharse, pero me pareció que se fueron todos juntos. ¡Es muy


valiente! —¿Quién es tan valiente? —preguntó Francesco mientras entraba en la habitación. Hope sonrió y sirvió otro café. —Carlo —contestó ella—. Anoche se trajo tres chicas. ¿Te fijaste? —Él no se fijó en otra cosa que en esa pelirroja —intervino Ruggiero—. ¿Dónde la encontraste? —Creo… que ella me encontró a mí. —Estábamos preguntándonos con cuál de las tres se fue Carlo a su casa — siguió Ruggiero. —No fue a su casa —le aclaró Francesco. —¿Por qué lo sabes? —preguntó su madre. —Porque está aquí. Francesco señaló un sofá que miraba hacia la ventana. Se asomaron por encima del respaldo y vieron a un joven plácidamente dormido. Todo él irradiaba satisfacción. —¡Eh! —Ruggiero lo sacudió. —Mmm… Ruggiero volvió a sacudirlo y Carlo abrió los ojos. A sus hermanos les


fastidiaba mucho que Carlo no se despertara aturdido, como todo el mundo. Estaba instantáneamente despejado, incluso después de una noche de excesos. —Hola —los saludó mientras se sentaba. —¿Qué haces aquí? —le preguntó Ruggiero con rabia. —¿Qué tiene de malo? ¡Café! ¡Qué bien! Gracias, mamma. —No hagas caso a estos dos —le recomendó Hope—. Tienen envidia. —¡Tres! —exclamó Ruggiero—. Viene con tres y se queda dormido en el sofá. —El inconveniente es que tres son demasiadas —le explicó Carlo—. Una es lo ideal, con dos puedes si te sientes ambicioso, pero más se convierten en un problema. Además, no estaba en plena forma al final de la fiesta y decidí no arriesgarme. Llamé a un taxi y las señoritas se fueron a dormir. Nº Páginas 5—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Espero que pagaras el taxi por adelantado —comentó su madre. —Naturalmente —replicó Carlo algo ofendido—. Me has educado muy bien. —De todos los gusanos… —Francesco estaba indignado. —Lo sé, lo sé —Carlo suspiró—. Estoy muy avergonzado. —¿Y te llamas un Rinucci? —le preguntó Ruggiero.


—Ya está bien —los reprendió Hope—. Carlo se ha comportado como un caballero. —Se ha comportado como un gallina —gruñó Francesco. —Es verdad —aceptó Carlo—, pero ser un gallina puede tener muchas ventajas. Consigue que las mujeres crean que eres un perfecto caballero y la vez siguiente… Se bebió el café, dio un beso a su madre en la mejilla y se marchó antes de que sus hermanos descargaran toda su rabia en él. El Hotel Vallini era el mejor que pudo encontrar en Nápoles. Estaba en la ladera de una colina y tenía unas vistas impresionantes de la bahía. Della, asomada a la terraza, miró al Vesubio, que estaba envuelto en una neblina por el calor. El volcán se divisaba desde todo Nápoles y tenía una mezcla de misterio y amenaza. Una erupción enorme, hacía casi dos mil años, había enterrado Pompeya en un día y se había convertido en una leyenda tal que Della la había escogido como el primer escenario de su serie. El viaje la había dejado cansada y pegajosa y fue un gran alivio ducharse y ponerse ropa limpia. Eligió una ropa poco llamativa, casi austera: unos pantalones negros de lino y una blusa blanca que, aunque sencilla, era muy elegante. Se dijo que le daba un tono serio y profesional. Lo cual era verdad solo en parte. La vestimenta también realzaba su figura alta y delgada, sus


pechos pequeños y su trasero respingón. Su cara transmitía algo sutilmente distinto. Su boca era carnosa y con un toque de voluptuosidad que contrastaba con su aspecto distinguido. Tenía un pelo castaño y abundante que a veces se recogía hacia atrás con cierta severidad. Ese día, sin embargo, lo llevaba suelto y le enmarcaba la cara para realzar su sensualidad. No le había comunicado a nadie su visita para poder hacer las indagaciones tranquilamente. Ni siquiera sabía si Carlo Rinucci estaría en Pompeya; solo sabía que estaba llevando a cabo un proyecto que se refería a ese lugar. Bajó a la calle. Era por la tarde temprano y tenía el tiempo justo para hacerse una idea que la ayudaría al día siguiente, cuando entrara en acción. Fue hasta la estación y compró un billete para el tren que la llevaría hasta Pompeya en media hora. Durante todo el trayecto estuvo mirando al Vesubio que se agrandaba poco a poco. Cuando llegó, compró una entrada y se adentró en la ciudad en ruinas. Nº Páginas 6—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Lo primero que le llamó la atención fue el sosiego. Los turistas recorrían las calles desoladas, pero el ruido no pasaba de ser un murmullo y, cuando entró en un patio vacío, se encontró casi en silencio. Fue una bendición, acostumbrada al bullicio de su vida.


—¡Ven aquí! ¿No me oyes? ¡Ven inmediatamente! El grito rasgó la quietud y enseguida comprendió a qué se debía. Un niño corría entre las ruinas perseguido por una mujer madura que intentaba correr y gritar a la vez. —¡Ven! —volvió a gritar ella. El chiquillo miró hacia atrás, se distrajo y eso permitió que Della lo atrapara. —¡Suélteme! —exclamó él mientras se revolvía. —Lo siento, pero no puedo —replicó ella amable pero firmemente. —Gracias —resopló la profesora—, Mickey, ya está bien. Vuelve con el resto de la clase. —Es muy aburrido —se defendió el niño—. Detesto la historia. —Es una excursión del colegio —explicó la mujer—. Una ocasión única. A mí me habría encantado viajar a Italia cuando estaba en el colegio, pero estos niños son todos iguales. Unos desagradecidos. —Es aburrido —insistió el niño. Las dos mujeres se miraron condescendientemente. El niño aprovechó la ocasión y salió disparado. Cuando las mujeres consiguieron salir en su persecución, él había desaparecido por una esquina. —¡Dios mío! ¡Mi clase! —se lamentó la profesora. —Vuelva con ellos y yo lo buscaré —se ofreció Della.


Fue más fácil decirlo que hacerlo. Era como si las piedras se lo hubieran tragado. Della recorrió las calles sin verlo. Por fin vio a dos hombres junto a un agujero muy grande en el suelo. Miraban a su interior con seriedad. Parecía como si el más joven hubiera estado trabajando en la tierra. Llevaba una camiseta sin mangas que permitía ver el brillo del sudor en sus músculos y tenía la respiración entrecortada. —¿Han visto pasar a un chico con una camisa roja? —les preguntó—. Se ha escapado de una excursión de su colegio y su profesora está desesperada. —Yo no he visto a nadie —contestó el mayor—. ¿Y tú, Carlo? Antes de que ella pudiera asimilar ese nombre, él se dio la vuelta y sonrió. Era la cara que había ido a buscar; atractiva, feliz y relajada. —No me he fijado… —empezó a decir—. ¡Allí! El chico apareció por un arco y echó a correr por la calle. Carlo Rinucci salió detrás de él, persiguiéndolo entre arcos y columnas. El ceño fruncido del niño se Nº Páginas 7—110 https://www.facebook.com/novelasgratis desvaneció para dar paso a una sonrisa. Carlo también sonrió y todo se convirtió en un juego. Entonces, los demás niños aparecieron y se unieron a la diversión. —Dios mío… —suspiró la profesora. —Déjelos —le recomendó Della—. Por cierto, me llamo Della Hadley. —Hilda Preston. Estoy al cargo de todos ellos. ¿Qué voy a hacer ahora?


—Creo que no hace falta que hagas nada —contestó Della—. Él está haciéndolo todo. Los niños se habían arremolinado alrededor del joven que, misteriosamente, los había calmado y estaba llevándolos hacia la profesora. Parecía el flautista de Hamelin, se dijo Della mientras lo miraba con la cabeza ladeada. —Muy bien, chicos. Se acabó —dijo él. —¿Qué es esto? —preguntó Hilda—. Os he dicho que tenéis que quedaros a mi lado. —Pero es muy aburrido —se quejó uno de los niños. —Me da igual —replicó ella con un arrebato de sinceridad—. Os he traído aquí para que adquiráis un poco de cultura y es lo que vais a hacer. Della oyó una tos detrás de ella y al volverse vio a Carlo, que estaba conteniendo una carcajada. Ella estaba haciendo lo mismo y fue un instante de perfecta sintonía. Los dos se llevaron la mano a la boca al mismo tiempo. —Lo ha hecho —susurró Carlo a Della—. Ha dicho la palabra prohibida, la que solo puede decirse con un susurro de temor; y la ha dicho en voz bien alta…


—¿Qué palabra? Él miró alrededor para cerciorarse de que nadie lo oía. —Cultura —contestó él con una voz casi fantasmal. —Ah, ya… —Della asintió con la cabeza. —Me imaginaba que una profesora moderna no lo haría nunca. ¿Lo hace a menudo? —No lo sé, yo no… —Della comprendió que la había tomado por integrante del grupo. —No importa. Hay que poner en marcha una operación de rescate. ¡Tranquilos! —exclamó—. Este sitio no tiene nada que ver con la cultura. Este sitio trata de la muerte de personas. De una muerte espantosa —añadió Carlo. —No debería decir esas cosas —Hilda estaba horrorizada—. Son niños… —A los niños les encanta todo lo truculento —replicó Della. —Trata de pesadillas y de la mayor catástrofe que ha conocido la humanidad. Miles de personas pasaban un día normal cuando oyeron un estruendo en la Nº Páginas 8—110 https://www.facebook.com/novelasgratis distancia y el Vesubio entró en erupción. Sepultó la ciudad y la gente murió mientras luchaba o comía; miles de ellos quedaron petrificados durante casi dos mil años.


Carlo había conseguido que lo escucharan con atención. —¿Es verdad que sus cuerpos están en el museo? —preguntó alguien con curiosidad. —No los cuerpos de verdad —contestó Carlo con el tono de alguien que tiene que reconocer algo de mala gana. Se oyó un murmullo de desilusión y Della, divertida, pensó que eran unas criaturas sedientas de sangre. —Quedaron atrapados en la lava —siguió él—. Cuando se hizo la excavación, varios siglos más tarde, los cuerpos se habían descompuesto, pero también habían dejado agujeros que revelaban cuál había sido su forma exacta y pudieron reproducirse en escayola. —¿Podemos verlos? —Sí, podéis verlos. Un suspiro de satisfacción demostró que se había ganado a la audiencia. Siguió con su explicación en un tono vibrante. Hablaba en inglés con fluidez, casi sin acento y con el sentido teatral de un actor. De repente, las calles se vieron pobladas de héroes, de malvados y de heroínas hermosas camino de sus quehaceres cotidianos que echaban a correr inútilmente para salvar la vida. Della aprovechó la ocasión para verlo en acción. Nunca daba las notas más altas, pero tuvo que reconocer que él


cumplía todos los requisitos. La belleza que había admirado en la pantalla del ordenador se veía aumentada por un pelo un poco largo que le caía en rizos sobre la cara. Parecía un fornido descargador de muelles que solo pensaba en cerveza, chicas y lo que iba a disfrutar esa noche. Parecía cualquier cosa menos un estudioso rebosante de títulos académicos. —La historia no trata de la cultura —los tranquilizó Carlo—. Trata de gente que vive y muere; que odia y ama, como cualquiera de nosotros. Ahora, acompañad a vuestra profesora y portaos bien si no queréis que os sumerja en lava. Las risas demostraron que la amenaza había gustado mucho. —Gracias —le dijo Hilda—. Realmente, se le dan muy bien los niños. Él sonrió y sus blancos dientes resaltaron contrastando con el leve bronceado del rostro. —Soy un exhibicionista por naturaleza —Carlo se rió. Della se dijo que era verdad, que, en realidad, era exactamente lo que ella necesitaba. Hilda también le dio las gracias a Della y se llevó a los niños. —¿No va con ellos? —le preguntó Carlo con sorpresa. —No, yo pasaba por aquí —contestó Della. Nº Páginas 9—110


https://www.facebook.com/novelasgratis —Y se ha encontrado en medio del jaleo, ¿no? Los dos se rieron. —Pobre mujer —contestó Della—. Quienquiera que la haya mandado aquí en un viaje cultural debería habérselo pensado dos veces. Él extendió la mano. —Me llamo Carlo Rinucci. —Sí, yo… —estuvo a punto de decir que ya sabía quién era—. Me llamo Della Hadley. —Encantado de conocerla, signorina. ¿O debería decir signora? —Para ser exactos, sí. Estoy divorciada. Él esbozó una sonrisa que la desarmó y no le soltó la mano. —Me alegro… Algo en el interior de Della la avisó de que tuviera cuidado, de que él jugaba sus cartas con maestría. —Carlo —intervino el otro hombre—, ¿no vas a devolverle la mano a la signora? Ella, cohibida, retiró la mano bruscamente. Carlo, sin embargo, no estaba nada cohibido. Se limitó a sonreír con esa sonrisa que sabía muy bien que se


ganaba a cualquiera. —Me había olvidado, Antonio. —No te preocupes por mí —replicó Antonio con buen humor—. Ya me he ocupado del trabajo mientras tú atendías a los invitados. —¿Por qué no terminamos por hoy? —preguntó Carlo—. Se hace tarde y la signora Hadley quiere un café. —Efectivamente, quiero uno con todas mis ganas. —Entonces, vámonos —la miró a los ojos—. Ya hemos perdido demasiado tiempo. Nº Páginas 10—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Dos Della esperó a que él se duchara a toda velocidad. Carlo apareció con una camisa blanca de manga corta y unos pantalones de color avellana. Incluso así, con esa vestimenta tan sencilla, parecía como si pudiera comerse el mundo. —Vamos a tomar ese café —propuso Carlo. Cuando llegaron a la cafetería, los dos se quedaron clavados en el suelo. Estaba rebosante de turistas que expresaban su buen humor a gritos.


—Mejor no —la agarró de la mano y salieron de allí—. Conozco muchos sitios mejores. Sin embargo, Carlo se paró súbitamente. —¿Dónde están mis modales? —se dio una palmada en la frente—. No te he preguntado si querías entrar allí. ¿Quieres que volvamos? —Ni hablar —contestó ella. Él sonrió. El coche era exactamente como ella se había imaginado: un elegante deportivo de color rojo de dos plazas. Todo él era una hábil mezcla de impresiones distintas. Tenía un cuerpo formidable, pero se movía con delicadeza y distinción. Las manos casi ni tocaban el volante, pero dominaban esa potente máquina sin esfuerzo. Della estaba dándole vueltas a la cabeza. Era lo que ella necesitaba. Era perfecto para el programa. Atractivo y encantador, con elocuencia y desparpajo. Nunca se quedaría mudo delante de la cámara, ni en ningún otro sitio. Se recordó que era una productora de televisión. Efectivamente, era el producto perfecto, se dijo para sus adentros. —¿Vives por aquí? —le preguntó Carlo. —No, estoy de visita. En el hotel Vallini. —¿Vas a quedarte mucho tiempo? —Todavía… no lo he decidido —contestó ella con cautela. Tomaron la carretera de la costa y avanzaron con el sol del atardecer


resplandeciendo sobre la bahía de Nápoles. Él, sin embargo, giró para entrar en un pueblecito de pescadores. Della vio los barcos anclados y las calles adoquinadas que serpenteaban entre edificios viejos. Carlo aparcó y fue hacia un pequeño restaurante. El hombre que estaba detrás de la barra lo saludó. —¡Eh, Carlo! —exclamó con simpatía. —¡Berto! —contestó Carlo mientras la llevaba a una mesa junto a la ventana. Berto se acercó con una cafetera y empezó a servir el café mientras la miraba fugaz pero intensamente. Ella estaba segura de que todas las semanas lo verían con una acompañante nueva. El café estaba delicioso y empezó a relajarse por primera vez desde que se había levantado esa mañana. Nº Páginas 11—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Estaba deseando bajarme de aquel avión —comentó ella. —¿Has venido desde Inglaterra? —Lo dices porque hablo inglés, ¿no? —Hay algo más. Mi madre es inglesa y tu voz tiene algo que me recuerda a ella. —Eso también explica muchas cosas de ti. —¿Por ejemplo? —preguntó él con curiosidad. —Hablas inglés casi sin acento. —Eso es obra de mi madre —Carlo se rió—. Todos teníamos que hablar su


idioma perfectamente, si no… —¿Todos? ¿Tienes muchos hermanos y hermanas? —Solo hermanos. Somos seis, con distintos tipos de relación. —¿Distintos tipos? —ella frunció el ceño—. Has dicho que erais hermanos… —Unos somos hermanos y otros somos una especie de hermanos. Cuando mi madre se casó con mi padre, ella ya tenía dos hijos, además de un hijastro y otro hijo adoptado. Ellos tuvieron otros dos. —Seis hermanos Rinucci… —dijo ella pensativamente. —Es terrible pensarlo, ¿verdad? El tono cómico hizo que ella se riera. —Incluso los más italianos tenemos algo de ingleses —siguió Carlo—, pero unos son más ingleses que otros. Aunque las diferencias se han difuminado. Mi padre dice que, en cualquier caso, todos somos de la piel del diablo. —Parece una gran familia feliz y encantadora —Della suspiró con envidia. —Lo será… —Carlo pareció pensárselo—. Nos peleamos mucho, pero siempre nos reconciliamos. —Y siempre podéis contar unos con otros. Eso es lo mejor. —Lo dices como si fueras hija única —Carlo la miró con interés. —¿Es tan evidente?


—Lo es para alguien con muchos hermanos. —Tengo que reconocer que me das envidia. Cuéntame algo de tus hermanos. —El primer marido de mi madre era inglés, pero su primera mujer era italiana, una Rinucci. Pietro es el hijo de ese matrimonio y es medio italiano y medio inglés. Luke, el hijo adoptado de ese matrimonio, es completamente inglés. ¿Me sigues? —Con cierto esfuerzo, pero te sigo. —Pietro y Luke se han insultado toda la vida, pero eso no significa nada, es una forma de comunicarse, sobre todo cuando estuvieron enamorados de la misma mujer. Nº Páginas 12—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Vaya! —Afortunadamente, eso no duró mucho tiempo. Pietro se casó con ella y Luke encontró otra mujer. Ahora sus mujeres los tienen a raya, como deben hacer las mujeres. —¿No me digas…? —preguntó ella irónicamente.


—Cualquier hombre criado en este país sabe que cuando la mujer habla, el marido escucha, si es sensato. Al menos, eso es lo que hace mi padre. —Cuando te llegue el momento, ¿elegirás una mujer que sepa tenerte a raya? —No, la elegirá mi madre —contestó él con solemnidad—. Tiene el corazón preparado para seis nueras y solo tiene tres. Cuando una mujer entra en casa, ella la analiza para ver si cumple los requisitos. Cuando haya encontrado la adecuada, me dará las instrucciones. —¿Y tú obedecerás? —preguntó ella con sorna. Él respondió con una sonrisa rebosante de vida. —Todavía falta mucho. No tengo prisa. —La vida es maravillosa, ¿para qué estropearla con una mujer? —Yo no lo diría así —replicó él con cierta incomodidad. —Claro que sí —replicó Della inmediatamente—. No lo dirías en voz alta, pero sí en lo más profundo de ti, donde crees que no puedo oírlo. —No estoy seguro de que no seas capaz de oír lo que estoy pensando. Él mismo pareció desconcertado, como si esas palabras lo hubieran sorprendido. Dejó escapar una risa un tanto incómoda que la afectó de una forma rara. Berto se acercó a la mesa para explicarles que tenía unas almejas maravillosas y


que podía preparar unos spaghetti alle vongole en un momento. —Pasta con almejas —le tradujo Carlo. —Suena muy bien. —¿Vino? —preguntó Berto. Carlo la miró con una expresión de interrogación. —Lo dejo todo en tus manos —le contestó ella. Carlo dijo una serie de cosas que Della no entendió y Berto se marchó. —Me he tomado la libertad de pedir algunas cosas más —le explicó Carlo. —Me parece muy bien. Yo no habría sabido qué pedir. —Vaya, te pones diplomática, ¿eh? —a Carlo le resplandecieron los ojos. —Soy una recién llegada. Hago caso del experto. Berto les llevó una botella de vino blanco y se retiró. Nº Páginas 13—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Así que crees que puedes ver dentro de mí, ¿no? —preguntó Carlo. —No, eso lo has dicho tú. —Tengo que reconocer que has acertado en un par de cosas. —Veamos cómo se me da el resto. Sé que los hombres italianos suelen quedarse en casa de sus padres más tiempo que otros, pero no creo que tú lo hagas porque la vigilancia de tu madre podría… cohibirte —aventuró ella.


—Es una forma de decirlo… —aceptó Carlo con cautela. —Tienes un apartamento de soltero donde llevas a las chicas que no puedes llevar a tu casa porque no cumplirían con los requisitos de tu madre. Para ti eso está muy bien… —¡Basta! —la detuvo con tono de súplica—. ¿Cómo has sabido eso? —Muy fácilmente. Me ha bastado con mirarte. —Es evidente que no tengo secretos —comentó Carlo, abatido. —Bueno, a lo mejor he sido un poco injusta. —No. Me lo merezco todo. Mi madre diría que soy mucho peor. —Entonces, piensa en mí como si fuera una segunda madre —Della se rió. —Eso jamás —replicó él con delicadeza. Carlo la miró intensamente y ella se sintió más joven de lo que era; sintió que tenía un cuerpo delgado y firme gracias al gimnasio y unos ojos grandes y resplandecientes. Cada elemento de su cuerpo estaba ideado para provocar la admiración de los hombres. Ella lo sabía y en ese momento se alegró. Podía ser divertido. Él, sin duda, era divertido. Berto llevó la pasta con almejas, rompiendo la conexión que se había creado entre ellos. Para Della fue un alivio, porque no sabía a dónde quería ir a parar. Sin embargo, un instante antes no había habido elección posible. ¿Qué había pasado? —¿Te gusta? —le preguntó él.


—Mucho. Me encanta la comida italiana, pero no tengo muchas ocasiones de comerla. —¿No habías venido nunca? —Vine una vez a Italia de vacaciones, pero en general dependo del restaurante italiano que hay al lado de mi casa. —¿Dónde vives? —En Londres, en una casa flotante anclada en el Támesis. —¿Vives en el agua? Es increíble. Cuéntamelo. Tendría que haber aprovechado la ocasión para hablar de la seriedad de su vida cotidiana, de su trabajo y de las visitas esporádicas de su hijo, ya bastante mayor. Sin embargo, se encontró describiendo el río al amanecer, cuando las primeras luces iluminaban las aguas y las orillas surgían entre las sombras. Nº Páginas 14—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —A veces es una sensación muy rara. Estoy en medio de una ciudad enorme, pero el río es todo quietud antes de que la vida brote por cada esquina. Es como si el mundo me perteneciera por unos instantes. Tienes que atrapar ese instante porque se desvanece muy deprisa. La luz gana intensidad y la magia desaparece. —Sé lo que quieres decir —susurró él.


—¿Has estado allí? —No. Quería decir… otra cosa. Cuéntame algo más de ti. ¿En qué trabajas? —En televisión —contestó ella vagamente. —¿Eres una estrella? ¿Tu cara sale en todas las pantallas? —No. No se me ve. —Ya. Eres una de esas ayudantes de producción aterradoramente eficientes que les pone las pilas a todo el mundo. —Me han dicho que puedo ser aterradora y, efectivamente, la gente se pone las pilas cuando se lo exijo. —A lo mejor por eso pensé que eras profesora. —A ti se te dan muy bien los niños. —Sería un profesor espantoso —él hizo un gesto de desdén con la mano—. Nunca podría mantener la disciplina. Ellos se darían cuenta de que, en el fondo, soy un niño más. —Los mantuviste atentos a cada palabra que decías. —Porque me apasiona mi profesión y quiero que le apasione a todo el mundo. Creo que puedo llegar a ser un poco aburrido. —Desde luego. Estoy muriéndome de aburrimiento. Háblame de tu profesión.


—Soy arqueólogo. No, no lo digas… —se interrumpió a sí mismo—. Ya sé que no parezco un arqueólogo sino un hippy… —Yo iba a decir un vagabundo —replicó ella con sorna—. En cualquier caso, alguien poco respetable. —Gracias. Lo tomaré como un halago. No soy respetable ni pretendo serlo. ¿Para qué? —Para nada. Siempre que conozcas tu trabajo y tú, evidentemente, lo conoces. —¿Por qué? —Carlo sonrió—. ¿Porque aplaqué a unos chicos? Ésa es la parte fácil, la de actor. Pero no es la importante. Ella había estado repasando mentalmente todos sus títulos académicos, pero se recordó que, en teoría, no tenía por qué saberlos. —¿Qué es lo importante? —preguntó ella con fascinación. Él empezó a hablar. Della entendió algunas cosas y otras no, pero le quedó muy claro que sentía una devoción apasionada por la antigüedad y sus tesoros. Toda su Nº Páginas 15—110 https://www.facebook.com/novelasgratis vida había tenido grandes ambiciones y había detestado la idea de no poder echarlas a volar.


—En el colegio hacía novillos y mis profesores decían que acabaría mal porque no aprobaría los exámenes. Sin embargo, los dejaba en evidencia. La noche anterior me quedaba despierto y memorizaba todo para aprobar con matrícula —suspiró por los recuerdos—. Eso los desquiciaba. Ella no pudo evitar reírse al imaginárselo convertido en ese colegial rebelde. —No soporto los horarios estrictos —siguió él—. Ni en el colegio ni en el trabajo. Lo maravilloso de mi actividad es que te permite volar. —Claro, y cuando te acercas a la tierra, te estrellas —bromeó ella. —Efectivamente. Por eso nunca pude ser profesor o gerente de un museo. Quizá debería haber… —pareció desesperado. —Quizá deberías haber ¿qué? —le preguntó ella entre risas. Él miró por encima del hombro y bajó la voz. —Ponerme un traje y una corbata. Carlo lo dijo como quien acababa de decir algo increíblemente espantoso. Della asintió con la cabeza como si lo comprendiera. —¿Pero nunca te deprimes? —preguntó ella—. Tanto tiempo rodeado de muerte, sobre todo en Pompeya… Toda esa gente petrificada tal y como murieron hace casi dos mil años…


—No están muertos —replicó él casi con ira—. Me hablan y los escucho porque tienen muchas cosas que decirme. —¿No está todo dicho? Quiero decir que hace años que terminaron las excavaciones allí. ¿Qué falta? —No terminaron de excavar —Carlo estuvo a punto de tirarse de los pelos—. Se limitaron a empezar. Estoy trabajando en una zona intacta… Se paró y pareció como si hiciera un esfuerzo para sosegarse. —Perdona. Si empiezo, no hay forma de pararme. Ya te dije que soy un aburrimiento. —No estaba aburrida. Ni lo más mínimo. Estaba fascinada. Parecía dominado por la pasión y quería ver más, saber más. —Sigue —le pidió. Las palabras volvieron a brotar como un torrente impetuoso y ella captó el sentido de todo, incluso de aquello que no entendió. Al cabo de un rato desistió de intentar entenderlo. Era lo de menos. Lo importante era que él conseguía que viera a través de sus ojos. Era como si la transportara dentro de él y eso era cautivador. —Se te ha enfriado la comida —comentó Carlo. Nº Páginas 16—110 https://www.facebook.com/novelasgratis


En algún momento, habían pasado al plato siguiente y no habían llegado a tocarlo. —Me he olvidado —reconoció ella con cierto asombro. —Yo también… La voz de su conciencia, que normalmente regía su vida, la avisó de que Carlo era un encantador de serpientes. Sin embargo, el aviso se desvaneció sin dejar huella. Estaba pasando algo más, algo que tendría que haber hecho que se levantara y se marchara, si fuera juiciosa. Sin embargo, no quería ser juiciosa; quería seguir disfrutando con esa magia disparatada, como si fuera una adolescente. Le daba igual cómo terminara aquello. Iba a gozar de cada instante. Carlo la observó con disimulo. Empezaba a sentir la necesidad de «atraparla» en su mente, como si así pudiera clasificarla y saber qué hacer con ella. Afortunadamente, tenía horas por delante y tiempo para llegar a conocerla. Entonces, de soslayo, vio un conocido que entraba en el restaurante. Soltó una maldición para sus adentros. Era un tipo con buenas intenciones, pero muy tedioso. Si no hacía algo, la velada corría peligro. —Ahora mismo vuelvo —se disculpó mientras se levantaba precipitadamente. Sus peores temores se vieron confirmados. Su amigo lo saludó efusivamente y decidido a no soltarlo. Carlo consiguió escabullirse y volvió hacia la mesa con la intención de marcharse de allí. Al acercarse, ella estaba hablando por


el móvil. —Me encanta hablar contigo, cariño —oyó que decía Della. Lo que lo alteró no fue la palabra en sí, sino el tono de arrobo y el brillo de sus ojos. Se quedó perplejo. La conocía desde hacía unas horas, ¿qué podía importarle a quién llamaba «cariño»? Ella se reía y tenía el rostro resplandeciente de ternura. —Tengo que irme. Te llamaré pronto. Adiós, cariño —Della colgó. Carlo llegó a la mesa como si no hubiera oído la conversación, como si ni siquiera supiera que la había visto hablando por teléfono. —Creo que deberíamos irnos —dijo él. Ella asintió con la cabeza. Lo había visto hablando apuradamente con un hombre y tapándole el paso para que no los molestara. Una vez fuera, él la agarró de la mano y la llevó hacia el coche, pero se paró como si hubiera caído en la cuenta de algo. —¡Espera! Es el momento perfecto. —¿Para qué? —Ya lo verás… Él se dio la vuelta y la llevó en sentido contrario. Las casas fueron desapareciendo a medida que se acercaban a la playa. —Mira —dijo él. Nº Páginas 17—110


https://www.facebook.com/novelasgratis La marea estaba en su punto más bajo y los barcos de pesca descansaban sobre sus costados. Los últimos rayos de sol teñían de rojo los charcos que quedaba en la arena. Della se quedó pasmada ante tanta belleza. —Es mágico —consiguió susurrar. —Efectivamente. Nadie lo capta, pero me imaginé que tú lo captarías por lo que me dijiste del Támesis. Para algunos solo son barcos en la arena mojada. De día son viejos y destartalados, pero así… Carlo se detuvo como si esperara que ella acabara la frase. —Es otro mundo —siguió Della—. Un mundo especial que solo se presenta durante un momento. A Della le pareció que él soltaba un pequeño suspiro de placer. —Un momento —le pidió Carlo—. Pronto habrá oscurecido y la magia se habrá disipado. —Sin embargo, mañana se repetirá. —Quizá no. No es siempre igual. Tienen que darse las circunstancias ideales. Como has dicho, tienes que estar atento para captar el momento antes de que se desvanezca. Estaba llevándola hacia el mar. Estaban dejando atrás la seguridad conocida


de la tierra. Estaba adentrándose en un mundo inexplorado. —Espera —le pidió ella—. Voy a quitarme los zapatos antes de que se mojen. Se quitó los zapatos y los guardó en el amplio bolso que llevaba colgado del hombro. El también se los quitó. Ella los guardó en el bolso y lo agarró de la mano. En silencio, caminaron hacia el horizonte, hasta que el agua les cubrió los pies. —Es el momento perfecto —dijo él en voz baja. El agua era de un rojo deslumbrante y parecía como si los dos estuvieran de pie sobre fuego líquido, bañados por su luz misteriosa y ardiente. Carlo la miró con una sonrisa y ella se preparó para lo que se avecinaba. Sabía que era el momento exacto en el que un seductor tan diestro la besaría. Sin embargo, percibió algo extraño en su sonrisa, como una sombra de timidez. Mientras ella intentaba descifrarlo, él le tomó la mano y pasó su dorso por su propia mejilla. Ella lo miró fijamente, demasiado estupefacta como para reaccionar. Según lo previsto, él habría tenido que besarla. De haberlo hecho, ella habría sabido a qué atenerse. Sin embargo, Carlo se limitó a besar levemente la parte de su mano que hacía un instante había rozado su mejilla. Lo miró a los ojos y comprobó que estaba tan desconcertado como ella. Un segundo después, la luz cambió. Algo radiante había desaparecido. —Se ha acabado —comentó ella con desilusión. —Se ha acabado por el momento —concedió él—. Sin embargo, hay otras cosas. Vamos.


Fueron al coche y Carlo la llevó por la carretera de la costa hasta las afueras de Nápoles. Nº Páginas 18—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Te llevo al hotel? —le preguntó. —Sí, por favor. Tengo que hablar contigo donde no puedan molestarnos. Supo que no podía aplazar más el momento. Había brotado algo y, si iba a florecer, tenía que ser sincera con él. Mientras subían en el ascensor del hotel, fue pensando cómo explicarle que no había sido un encuentro accidental. Él era tan benevolente que no temía su reacción. Entraron en la habitación y ella cerró la puerta. Antes de que pudiera encender la luz, notó que la rodeaba con los brazos, que la estrechaba contra sí y que le apoyaba la cabeza contra su hombro. Ella se relajó al instante. Era lo que llevaba una hora deseando. No podía negarlo. Era bochornoso haber caído en la trampa cuando la había visto claramente, pero era lo que había pasado. Sin embargo, no era la trampa contra la que se había preparado. Podía sortear una labia habilidosa y unos modales halagüeños, pero la incertidumbre que había notado en sus ojos la había desarmado. Fue el peor momento para que sonara su móvil. Carlo la soltó con un gruñido, ella fue a la ventana y rebuscó en el bolso. Miró la pantalla y vio que tenía un


mensaje. —¿Quieres champán? —le preguntó Carlo. Ella no había creído que estaba tan cerca, dio un respingo y se le cayó el teléfono. —Perdona —se disculpó él—. Te lo recogeré; está debajo de la butaca. Se arrodilló, lo sacó y Della observó que se le borraba la sonrisa de los labios. Se lo dio en silencio. Ella se quedó helada al leer las palabras que había en la pantalla: ¿Has encontrado el rastro de Rinucci? George. Levantó la mirada y vio que Carlo había retrocedido y que también la miraba. En apariencia, su humor estaba intacto, pero pudo notar el distanciamiento en sus ojos. —¿Has venido a buscar mi rastro? —preguntó él con frialdad. —Sí —ella suspiró—. He venido a buscarte. —¿Qué he hecho para merecer ese honor? —Si me dejas que lo explique a mi manera… —Basta con que me lo digas —la calma de su tono no presagiaba nada bueno. —Eres perfecto para un programa de televisión que estoy preparando. Tengo una productora y estoy preparando una serie sobre acontecimientos conmovedores de la historia. Necesito a alguien que sea la cara visible y me dijeron que eras ideal.


—¿Has venido a hacerme una prueba? —No exactamente —respondió ella con nerviosismo. Nº Páginas 19—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Cómo lo llamarías? —Quería conocerte y… —¿Hacerme pasar por algunos aros para ver si estoy a la altura? He picado, ¿no? —Carlo, por favor… Es verdad, debería habértelo dicho… —Puedes estar segura. —Yo no podía prever lo que iba a pasar. Cuando te vi con esos chicos, me pareciste tan perfecto para mi propósito que no pude creerme la suerte que había tenido. —Perfecto para tu propósito —replicó él con un tono suave pero furioso—. Efectivamente, se trataba de tu propósito. Tú tirabas de la cuerda y yo bailaba. —¿Tan espantoso es que pensara en ti para un trabajo? —No, si hubieras sido franca. Lo que no puedo soportar es que me observaras desde detrás de una máscara. Mientras hemos estado juntos he pensado… da igual lo que haya pensado. ¿Planeaste todos los detalles?


—Claro que no. ¿Cómo iba a hacerlo? Sabes que pasan cosas que nadie ha planeado. —¿Lo sé? Ya no estoy seguro de nada. Sé que has sido muy hábil… sutil incluso para un italiano. Te felicito. Ha sido una actuación magistral. —No todo ha sido una actuación —replicó ella inmediatamente. —Creo que preferiría que lo hubiera sido. Simplifica las cosas. He sido un tonto, pero por lo menos lo he descubierto antes de que pasara algo grave de verdad. —Carlo por favor… si me escucharas… —Ya te he escuchado bastante —la cortó él con un tono engañosamente afable—. Zanjemos el asunto. Contéstale a George y dile que has encontrado mi rastro, pero que he dicho que os vayáis al infierno. Adiós. Desapareció. Ella quiso gritar de desesperación y levantó el móvil como si fuera a tirarlo contra la puerta. Sin embargo, apagó la luz y fue a la ventana. Vio el coche de Carlo aparcado delante del hotel. Luego, Carlo salió y se montó de un salto. Ella retrocedió por si él miraba hacia arriba, pero se limitó a quedarse sentado un rato con la cabeza apoyada en el volante. Cuando la levantó, dio un puñetazo en la bocina, puso el motor en marcha y desapareció en la carretera. No miró hacia la ventana de Della. Nº Páginas 20—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Tres


A los diecisiete años se habría echado a llorar. A los treinta y siete, se quedó tumbada con la mirada fija en la oscuridad, triste, pero sin alterarse. Incluso consiguió dormir. Sin embargo, a la mañana siguiente, cuando se despertó temprano, los recuerdos la asaltaron. Habría sido precioso. Podrían haber disfrutado el uno del otro hasta que él encontrara a alguien de su edad. Ella, sin embargo, lo había estropeado. No debería haberle ocultado la verdad, pero tampoco había podido pensar con claridad. Sonrió con melancolía. ¿Habría alguna mujer capaz de pensar con claridad cuando estaba con él? No lo creía. Ella había querido que ese momento se alargara y no había pensado en qué le parecería a él. ¿Qué podía hacer? ¿Tenía que volver a Pompeya para buscarlo? Al fin y al cabo, era perfecto para el programa. ¡Tonterías! Estaba buscando una excusa para volver a verlo. Lo consideraría solamente una experiencia y se marcharía de Nápoles al día siguiente. Se levantó de la cama, se desnudó y fue a la ducha. Abrió el grifo del agua fría para que le devolviera el sentido común. Estaba secándose cuando llamaron a la puerta. —¿Quién es? —Servicio de habitaciones.


No había pedido nada, pero quizá fuera alguna gentileza del hotel. Se puso la bata de seda y abrió la puerta. Vio a un hombre alto vestido de camarero. No vio nada más porque llevaba una bandeja en alto que le tapaba la cara. Scusi, signora. Él entró en la habitación, fue hacia la mesilla que había junto a la ventana y dejó la bandeja. A ella se le aceleró el pulso. No le había visto la cara, pero ese pelo era inconfundible. Instintivamente, se cerró más la bata. —Zumo de naranja —él se volvió con un gesto teatral—. ¿Fruta? ¿Cereales? —¿Ya no estás enfadado conmigo? —le preguntó ella entre risas. —No. El mal humor se me pasa enseguida. ¿Me perdonas? Se alegró tanto de verlo que se olvidó de todo y abrió los brazos. Él cruzó la habitación con dos zancadas y ella se encontró envuelta en un abrazo que estuvo a punto de dejarla sin respiración. —Tenía miedo de que hubieras hecho el equipaje y te hubieras marchado anoche —dijo él entre besos. —Yo tuve miedo de no volver a verte. Lo siento. Nunca pretendí que pasara como pasó… fue como si… —No importa. Yo tuve la culpa de montar un follón por nada. Nº Páginas 21—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tenía pensado decírtelo, pero fueron pasando cosas y se me olvidó todo lo


que tenía que hacer… —Ya. A mí me pasó lo mismo. Volvió a besarla antes de que ella dijera algo. La besó con anhelo y la estrechó contra sí. Della sintió todo lo que había previsto el día anterior: un cuerpo esbelto, musculoso, sensualmente grácil, apasionante. Sin embargo, era muy peligroso abrazarlo así cuando estaba medio desnuda. La bata no la protegía de la excitación que notaba en él ni de su propia excitación, que crecía igual de rápido. Esa desnudez a medias era insuficiente. Solo bastaba la desnudez completa, para él y para ella. Las caricias de Carlo eran cada vez más intencionadas y el deseo de ella amenazaba con desbordarla. Deseaba aquello. Lo deseaba a él. La intensidad de ese deseo la asustó. Hacía veinticuatro horas no lo conocía y en ese momento estaba dejándose llevar por fantasías de pasión desenfrenada. Tenía que parar aquello. Apartó la cabeza para que él pudiera ver cómo negaba. —No… Carlo… por favor… —Della… —el tono de él era apremiante, como si no pudiera parar. —Por favor… espera… Della notó que Carlo hacía un esfuerzo para contenerse. La consideraría una provocadora, pero cuando lo miró a los ojos solo vio comprensión. —Tienes razón —susurró él. —Es que… —Lo sé… lo sé… todavía es pronto… Él lo dijo con la respiración entrecortada, pero con domino de sí mismo.


Della deseó poder decir lo mismo. Tenía el cuerpo desbocado y la amenazaba con desmentir sus sensatas palabras. Se soltó, agarró unas prendas de vestir y fue al cuarto de baño. Cuando volvió, completamente vestida, él se había quitado la chaqueta de camarero, estaba sentado a la mesa que había junto a la ventana y servía una taza de café para ella. Parecía tranquilo, sin rastro de la agitación que había sentido un momento antes, salvo que a ella le pareció que le temblaba un poco la mano. —Hay algo de comer —Carlo señaló unos bollos—, pero si quieres algo más consistente, te invitaré a una buena comida después de que hayamos pasado por Pompeya. —¿Vamos a volver? —Solo durante una hora, lo que tarde en dar las instrucciones a mi equipo. Luego, tendremos todo el día para nosotros. Su actitud era discreta, como si no hubiera pasado ese momento de excitación física irresistible. Sin embargo, ella lo miró y se lo encontró mirándola con algo más que el recuerdo en los ojos, con un presentimiento que rayaba la certeza. —Siento lo que ha pasado —repitió ella—. Iba a decírtelo anoche, pero… Nº Páginas 22—110 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Ha sido culpa mía —él sacudió la cabeza—. Estuve todo el rato hablando de mí mismo. Mi madre siempre dice que, si me callara de vez en cuando, podría enterarme de algo. —Pero nunca has seguido su consejo el tiempo suficiente para comprobar si tiene razón —Della se rió. —Pareces ella —Carlo sonrió—. Ahora sé que tenía razón. Hoy vas a hablar solo tú, yo no voy a decir ni una palabra. —Mmm… —el tono de Della fue de escepticismo. —Me entiendes demasiado bien —Carlo parecía asustado. —Entonces, no tenemos nada más que decirnos. —¿Por qué? —¿Acaso no es ésa la pesadilla de todos los hombres? Que una mujer lo entienda, quiero decir. —Cada vez me asustas más. —Pues lo mejor será que te alejes de mí. Si llamo al aeropuerto, seguro que hoy hay algún vuelo a Londres. Él la agarró de las manos con firmeza. —Nunca huyo del peligro —replicó Carlo con desenfado—. ¿Y tú?


Ella dudó un instante porque algo le dijo que nunca se había encontrado ante un peligro tan grande. —Yo tampoco —contestó Della. —Perfecto, en ese caso… —Carlo no terminó la frase intencionadamente. —¿En ese caso…? —En ese caso, propongo que nos demos prisa en terminar el desayuno. Ella se atragantó con el café. Siempre caía rendida ante los hombres que le hacían reír. Su equipo estaba esperándolo en la cafetería de Pompeya. Ella se dio cuenta de algunas cosas que antes había pasado por alto. Observó cómo se iluminaron los rostros de las jóvenes del grupo cuando él apareció y cómo le dedicaban sus mejores sonrisas. No podía reprochárselo. Carlo tenía la capacidad de hacer brotar las sonrisas de forma natural. Della se quedó un rato mientras él hablaba con ellos en italiano y luego se fue al museo. Allí encontró lo que estaba buscando: los moldes en escayola de los cuerpos que habían quedado atrapados hacía casi dos mil años. Había un hombre que había caído por las escaleras y no había vuelto a levantarse. Otro se había acurrucado inútilmente hasta que las cenizas lo cubrieron. También había una mujer que había intentado


proteger a su hijo. Nº Páginas 23—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Sin embargo, lo que más la impresionó fueron los enamorados. Seguía siendo conmovedor ver al hombre y a la mujer que alargaban los brazos para alcanzarse antes de que la muerte se los llevara. —Qué cerca están sus manos… —susurró Della. —Sí, casi lo consiguieron —confirmó Carlo. Ella no sabía cuánto tiempo llevaba a su lado y se preguntó si habría estado observándola mientras se movía entre los cuerpos. —Ya nunca se alcanzarán —comentó ella—. Quedarán atrapados para siempre en una posibilidad frustrada. —No hay nada más triste que una posibilidad frustrada. Por eso prefiero ésa. La llevó a otra vitrina donde un hombre y una mujer se abrazaban. —Supieron que la muerte era inminente —explicó Carlo—, pero no tuvieron miedo porque estaban abrazados. —Es posible —replicó ella lentamente. —¿No lo crees? —Creo que dejas volar la imaginación demasiado. No puedes saber si


tuvieron miedo. —¿No? Míralos. Della se acercó y los miró con detenimiento. Las caras estaban borrosas, pero pudo ver que se miraban el uno al otro, no a la lava que se acercaba. Además, los cuerpos reflejaban una tranquilidad misteriosa, casi cierta satisfacción. —Tienes razón —reconoció ella—. Si estaban abrazados, no tenía nada que temer, ni siquiera la muerte. Era un sentimiento que desconocía, se dijo a sí misma. Se había casado dos veces, pero nunca había conocido esa entrega absoluta. Los hombres la habían convertido en una persona cautelosa y se sintió privada de algo. —¿Nos vamos? —preguntó él. Tomaron el coche y volvieron al pueblo de pescadores del día anterior. La marea estaba alta, no había barcos y el ambiente era distinto. Fueron al mercado donde los puestos rebosantes de color vendían toda clase de carnes y hortalizas frescas. También había algunos puestos que vendían una asombrosa variedad de sedas hechas a mano. —Es una zona famosa por las sedas —le explicó Carlo mientras le enseñaba unos pañuelos y unas blusas—. Son mejores que las que puedas encontrar en las


tiendas más afamadas de Milán. Esa no te sienta bien. No te va el color. —¿No? —preguntó ella con cierta irritación porque le había gustado. —No, ésta es mejor —él sacó una blusa con puntos de color azul marino—. ¿Cuánto es? —preguntó a la mujer del puesto. Nº Páginas 24—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Eh! Espera que vea la talla —protestó Della. —No hace falta —la mujer del puesto se rió—. Él siempre acierta con la talla. —Gracias —dijo Carlo precipitadamente mientras pagaba y se la llevaba de allí. —¡Qué descaro! ¿Qué es eso de comprarme ropa sin preguntar? —No hace falta que me des las gracias. —No pienso hacerlo, quería decir que eres un sinvergüenza. —Habladurías. Todo son habladurías —se había puesto rojo como un tomate. —Así que siempre aciertas con la talla a simple vista, ¿eh? —Vamos a comer algo —Carlo cambió de conversación. La agarró del brazo, se metieron por una callejuela y entraron en un pequeño café. Se sentaron y pidieron unos vasos de un vino blanco espumoso y muy delicado. —Ahora, haz lo que no pudiste hacer ayer. Háblame de ti. Sé que has estado


casada… —Me casé a los dieciséis años y embarazada. Ninguno de los dos sabíamos lo que estábamos haciendo y cuando él se largó, a los pocos meses, no pude reprochárselo. —Yo sí se lo reprocho —intervino él inmediatamente—. Tienes que ser responsable de tus actos. —Pareces muy mayor y sensato, pero ¿eras muy responsable con diecisiete años? —Mejor no entramos en eso —Carlo sonrió—, pero no debería haberse largado dejándote con un bebé. —No sientas lástima por mí. No me quedé en un cuartucho y sin un céntimo. Vivíamos con mis padres y teníamos un hogar muy acogedor. En realidad, creo que a mis padres no les importó nada que se marchara. —¿Tus padres le dieron un empujoncito? —Él dice que sí. Yo nunca lo he sabido, pero habría pasado antes o después. Fue para bien. No me gustaría estar casada con el hombre que es ahora. —¿Sigue siendo irresponsable? —Peor, es aburrido. —¿Sigues en contacto con él?


—Vive en Escocia. Solomon, nuestro hijo, va a visitarlo. Ahora mismo está allí. —¿Anoche estuviste hablando con Solomon? —Carlo lo vio claro. —Efectivamente. Carlo comprendió que no había otro hombre en su vida e hizo un cálculo muy rápido. Si lo tuvo siendo ella tan joven, él tendría unos doce años. Casi se mareó por el alivio. Nº Páginas 25—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Cómo entraste en la televisión? —A través de mi segundo marido y su hermano. —¿Segundo? ¿Estás casada? —preguntó otra vez inquieto. —No, salió mal y volví a divorciarme. Creo que no sé elegir. Gerry se largó y me dejó un montón de deudas. Tuve que trabajar para pagarlas. Lo único bueno que hizo fue presentarme a Brian, su hermano, que era productor de televisión. Brian me contrató como su secretaria, me enseñó todo lo que sabía y me encantó la gente que conocí, las cosas que podían hacerse y el torbellino constante de ideas. Brian me dejó dinero para que empezara por mi cuenta y me recomendó a todo el mundo. —Y ahora eres una celebridad —comentó él entre risas—. Ganas todos los premios… —¡Calla! —Della lo golpeó en el brazo.


—No irás a decirme que no has ganado ningún premio… La mirada de Carlo indicaba que sabía más cosas de ella de las que dejaba traslucir. —Alguna medalla que otra. —No eres la única que sabe usar Internet. Has ganado el premio al mejor documental del año… —Has estado husmeando, ¿no? —Claro, y para que veas lo listo que soy, también sé usar el teléfono. —¿De verdad? —Anoche hice algunas llamadas y hablé con alguien que conoce tu obra y la admira. Carlo no le dijo que su amigo no sabía nada sobre su vida personal y que eso le fastidió. —Dijo algo sobre un proyecto nuevo que tenías entre manos, pero no conocía más datos. Dijo que ellos tendrían que resignarse durante el año que viene mientras tú te llevabas todo lo que encontraras por tu camino. —Me has investigado como venganza —Della ladeó la cabeza. —Así estamos empatados. Tú viniste a investigarme. —Te recomendó tanta gente y tan fervientemente que empezaste a caerme mal.


Tengo que reconocer que llegué a esperar que no sirvieras. Sin embargo, resultaste ser todo lo contrario y eso me molestó más todavía. —¿Así que has decidido ofrecerme el trabajo a regañadientes? ¿Quieres que te facilite las cosas y lo rechace? —No saques conclusiones antes de saberlo todo, Carlo. Voy a hacer episodios de ocho horas y cada uno tratará de un sitio donde ha pasado algo notable. No Nº Páginas 26—110 https://www.facebook.com/novelasgratis necesito solo una cara bonita, sino un arqueólogo e historiador con conocimientos sólidos. —¿Quieres decir que todos serán sobre sitios como Pompeya? —Habrá alguno submarino. —No me lo digas, sobre el Titanic… —No, el Titanic está demasiado manido, pero tenía dos gemelos y el Britannic también está hundido. Se usó de barco hospital durante la Primera Guerra Mundial, pero se hundió a los tres meses, seguramente, al chocar con una mina. Lo curioso es que cuando se hundió el Titanic, reformaron el Britannic para hacerlo más seguro. Sin embargo, se hundió más deprisa. Está en el mar Egeo y todavía hay muchas cosas que no se saben de él. Ante la sorpresa de Della, él se puso pálido. —¿Quieres que baje allí para…? Lo siento, pero no es mi especialidad.


—Claro que no. Tengo submarinistas profesionales, pero puedes bajar si quieres. —No, gracias. —¿Ni por curiosidad? —No. —¿Por qué? —Porque soy un gallina —reconoció él—. Subiré al pico que quieras, entraré en cualquier cueva, pero las profundidades marinas son una pesadilla para mí. —Eres muy sincero —a ella le encantó tanta sinceridad. —Prefiero reconocerlo a esperar a que te enteres —Carlo sonrió algo ruborizado—. De modo que tendrás que buscarte a otro. —No seas ridículo, lo presentarás desde tierra firme. —¿Me lo prometes? Si no, me marcho. —Claro que sí —Della soltó una carcajada. —No quiero malentendidos —Carlo volvió a acercarse—. Soy un cobarde de tomo y lomo. —De acuerdo, eres un cobarde. —Todos somos cobardes ante algo —declaró él con una repentina seriedad. —Supongo que es verdad. —¿Cuál es tu debilidad fatídica? —preguntó él inesperadamente.


—Mmm… Tengo una docena. —¿Ninguna que vayas a contarme? —Me protejo en exceso. Nº Páginas 27—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Me consideras un peligro ante el que tienes que defenderte? Lo miró, sonriente y amable, y supo que era el mayor peligro al que se había enfrentado. Sin embargo, no iba a defenderse de él. Aunque quisiera, sería inútil. —Tendrás que esperar al día del Juicio para que halague tu vanidad contestándote —replicó ella con un tono burlón. —¿La respuesta me halagaría? —Carlo empleó el mismo tono burlón. —Tengo los labios sellados. —Ahora sí están sellados. Carlo posó sus labios sobre los de ella. Fue un beso casi imperceptible, pero ella siguió notándolo después de que terminara. Él fue a la barra a por unas tazas de café y cuando volvió no comentó nada. —¿Qué hay del tercer barco? —preguntó Carlo. —¿Cómo dices? —preguntó Della todavía aturdida. —Dijiste que el Titanic tenía dos gemelos. ¿Qué pasó con el otro? —Navegó durante veinticuatro años. No le pasó nada terrible. Todavía estoy


investigando otros acontecimientos. Estoy casi decidida a tratar la batalla de Waterloo. Tengo muchos informes con ideas, pero ninguno es exactamente lo que quiero. —No puedes ajustarte a un informe. Tienes que ir a los sitios. Conozco algunos por aquí cerca, aunque habría que bajar un poco al sur, quizá hasta Sicilia. Podríamos ir… —¿Quieres decir…? —Sería un viaje de una semana aproximadamente. Si dispones de tanto tiempo. —¿Lo tienes tú? Trabajas en Pompeya… —Mi equipo sabe lo que quiero. Pueden prescindir de mí unos días. Además, estaré en contacto con ellos. Ella se quedó en silencio y alterada por la tentación. Estaría a solas con él, aislada del mundo real, libre pare entregarse a los sentimientos que empezaban a dominarla. Era como una visión del paraíso. —Puedo llamar a mi secretaria y decirle que tardaré unos días en volver. —Bébete el café y vámonos de aquí. De vuelta al hotel, Della se sentía entusiasmada. Era un disparate hacer eso con un hombre al que solo conocía de un día, pero no tenía dudas. Toda ella lo


anhelaba. Sabía que al aceptar el viaje respondía a una pregunta que no se había formulado. Se deseaban en todos los sentidos. Sintonizaban intelectualmente pero, en ese momento, era secundario ante la atracción física que necesitaban liberar. No habría aceptado la propuesta si no estuviera dispuesta a hacer el amor con él. Él lo sabía, ella sabía que él lo sabía y él sabía que ella lo sabía. Nº Páginas 28—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando llegaron al hotel, Della esperó que subiera a la habitación y la tomara en sus brazos. Sin embargo, se quedó encantada con la delicadeza de él al despedirla después de saludar a algunas personas que lo llamaron por su nombre. —Conozco a demasiada gente por aquí. Es como si todo el mundo nos mirara y eso… no es lo que queremos, ¿verdad? —No —contestó ella. —Esta noche iré a ver a mi madre para decirle que voy a marcharme unos días. Hasta mañana. Carlo miró nerviosamente a la recepcionista, que le sonreía, y se fue sin besar a Della. Nº Páginas 29—110 https://www.facebook.com/novelasgratis


Capítulo Cuatro Carlo llegó a la mañana siguiente, antes de que ella hubiera terminado de desayunar, extendió un mapa y le explicó que Italia estaba dividida en regiones. —He pensado que podemos ir a la región de Calabria. Es la punta de la bota, como si estuviera dando una patada a Sicilia. Hay algunos pueblos de montaña con mucha historia que te gustarán. Después… ya veremos. —Eso —susurró ella—, ya veremos. Salieron media hora más tarde y tomaron la carretera de la costa. Carlo le explicó que en Calabria, al revés que en el norte, todo era rudo y agreste. Las montañas era más altas y sus laderas estaban salpicadas de pueblos medievales. Llegaron a uno de esos pueblos con calles adoquinadas y un hostal. Carlo detuvo el coche y la miró con una sonrisa interrogativa. Ella asintió con la cabeza. —¿Cómo se llama este sitio? —preguntó ella, encantada. —No me he fijado. Es un hostal tan pequeño que a lo mejor no tiene nombre. Todo era perfecto. Un sitio desconocido y alejado del mundo donde se encontrarían el uno al otro. Un hombre risueño en mangas de camisa salió a recibirlos y les dijo que tenía dos habitaciones libres, una grande y otra pequeña. —Yo me quedaré la pequeña, la grande para la señora —dijo Carlo.


Della pensó que era todo un caballero y le gustó que no considerara que podía disponer de ella, aunque a ella le pareciera que estaba implícito. Las puertas estaban una enfrente de la otra en un rellano diminuto. Eran los únicos huéspedes. Donato, el dueño, les dijo que su mujer les cocinaría lo que quisieran, así que cenaron macarrones, ternera en salsa, salchichas con uvas pasas y unas galletas con nueces e higos, todo ello regado con vino de la tierra. Hablaron poco porque enseguida fueron el centro de atención. Las dos hermosas hijas de Donato aparecían constantemente para preguntarles si querían algo más y antes de retirarse miraban con arrobo a Carlo. Della contuvo una carcajada cuando él se tapó la cara con las manos. —Supongo que pasará allí donde vayas —comentó ella. —¿Qué quieres que diga? Si digo que sí, pareceré un engreído. —Si dices que no, un mentiroso. —¿No podemos cambiar de tema? —Me he fijado que las chicas te miran en todos lados. Unas, naturalmente, con admiración, pero otras como si quisieran recordarte algo. Él tuvo la delicadeza de sonrojarse y no dijo nada durante un rato. —Hubo otra vida —comentó con tono sereno—. Pero ya terminó. Fueron contactos fugaces que no dejaron huella aquí —se llevó la mano al corazón —. ¿Qué


me dices de ti? —preguntó a Della mientras le llenaba el vaso. Nº Páginas 30—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Dos maridos, un hijo y una profesión. No tuve tiempo para diversiones. —Me alegro —replicó él con calma. Poco después subieron a sus habitaciones. Él se paró delante de su puerta y esperó a que ella diera el paso siguiente. Ella extendió la mano. —Ven —susurró Della. Él se acercó lentamente, como si no pudiera creerse lo que estaba pasando. Entraron y ella cerró la puerta, pero no encendió la luz. Se encontraron envueltos por el resplandor de la luna. Él le acarició la mejilla y fue la sensación más delicada que ella había tenido en su vida. Lo deseó con todo su cuerpo. Carlo, por su parte, anhelaba arrastrarla con su pasión. A la vez, quería alargar la tensión y disfrutarla al máximo. La besó en los labios con una suavidad que parecía indicar que tampoco tenía prisa. Della se apoyó en él, que le pasó los dedos entre el pelo mientras la besaba lentamente. Ella se dejó llevar por el beso y le correspondió con toda su alma. Acarició su cuerpo y descubrió que era como lo había soñado: duro, fuerte y suyo. La deseaba más de lo que él mismo podía soportar y eso era el mejor afrodisíaco para Della. No supo quién empezó, pero estaba desabotonándole la camisa y él estaba haciendo lo mismo con la de ella. Iban descubriéndose poco a poco, un


trozo de piel, una curva irresistible, hasta que la demora se hizo insoportable y, repentinamente, empezaron a darse prisa. La prisa dio paso a la urgencia y antes de estar completamente desnudos se encontraron en la cama. A medida que aumentaba la pasión, ella fue menos consciente de su delicadeza y más de su vigor. Carlo se contuvo hasta que no pudo dominarse, se puso encima y la reclamó. Ella había pasado tanto tiempo sin hacer el amor que todo le pareció desconocido. Sin embargo, incluso aquellos recuerdos lejanos le parecieron muy distintos a aquello. Ningún hombre la había abrazado con esa mezcla de apremio y veneración ni la había poseído tan profundamente, tan satisfactoriamente, tan poderosamente. Era como renacer o como, sencillamente, nacer. Nunca había sentido nada igual y nada volvería a ser como él. Lo supo en ese instante. Cuando llegó el momento, él la miró a los ojos y buscó su complicidad así como la unión. Los dos se convirtieron en uno y luego, otra vez en dos, pero distintos. Ella era parte de él y él de ella y lo serían para siempre. Algo que no le había pasado jamás. Carlo se durmió primero, como un animalillo con los sentidos saciados. Della se quedó un rato disfrutando con el peso de su cabeza sobre su pecho, con el placer de pasarle los dedos entre el pelo, con la calidez de su aliento sobre la piel. Era una sensación insoportablemente dulce, tan insoportable que al cabo de un rato se bajó de la cama. No podía pensar con claridad si tenía su cuerpo sobre el de ella.


Fue a la ventana y se quedó mirando a la oscuridad, sin pensar, dejándose llevar por los sentidos, hasta que consiguió poner en orden las ideas. Tal vez se hubiera vuelto loca, pero le daba igual. Lo amaba y lo amaría siempre, pero aquello no duraría. Pasarían algún tiempo juntos y luego se separarían. Él se cansaría de ella Nº Páginas 31—110 https://www.facebook.com/novelasgratis y encontraría a otra persona. Eso estaba bien. Solo ella quedaría con el corazón hecho añicos y eso estaba bien. Cuando se despertó a la mañana siguiente, todos los pensamientos sobre corazones hechos añicos se habían disipado. Abrió los ojos y se encontró a Carlo apoyado en los codos y mirándola. Tenía una levísima sonrisa, pero sus ojos, ante la incredulidad de ella, expresaban cierta incertidumbre. La noche anterior la había seducido con destreza, pero esa mañana estaba inseguro de sí mismo. Ella levantó una mano y le acarició la mejilla. —Hola —susurró Della con una sonrisa. —¿No te arrepientes? —le preguntó él. —No me arrepiento. —¿No quieres marcharte? Podría haberse referido al viaje, pero ella entendió lo que quería decir. Había empezado otro viaje con destino desconocido. Ya se había decidido antes, pero después de pasar una noche entre sus brazos, nada la habría detenido. Cuando salieron del hotel, Della miró con admiración el coche.


—Si fueras un caballero, me invitarías a conducir. Fue gracioso lo deprisa que desapareció el enamorado para dar paso al hombre que defendía su preciado tesoro con uñas y dientes. —¿Un coche italiano por carreteras italianas? —preguntó él con espanto. —He conducido en Francia, estoy acostumbrada a conducir por el lado equivocado de la carretera y tengo permiso de conducir internacional. —Lo ingleses conducen por el lado equivocado de la carretera. Además, es mi coche nuevo. Ni lo sueñes, no soy tan caballeroso. —Me lo temía —replicó ella con decepción. —Móntate… en el asiento del acompañante. —¡A sus órdenes! Él sonrió, pero no cedió. Bajaron la colina y siguieron durante una hora hasta que paró en una carretera solitaria. Le pidió el permiso de conducir internacional y lo examinó con la meticulosidad de un burócrata. —Está impoluto. Dice que no soy un peligro para conducir por las carreteras europeas. —No dice nada de eso —gruñó él—. Dice que todavía no te han cazado. —No eres muy galante. —Ningún hombre es galante cuando se trata de su coche nuevo. Este permiso


de conducir no significa nada. En Inglaterra los dan como churros. Nº Páginas 32—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —A lo mejor me lo he ganado. Él la miró fijamente y se bajó del coche. —Cinco minutos. Ni uno más. Carlo le explicó algunas peculiaridades del coche y se pusieron en marcha. Los cinco minutos se convirtieron en diez, en treinta y en una hora. Ella se encontraba en la gloria. Los coches rápidos y caros eran su debilidad, pero vivía en el centro de Londres y ni siquiera tenía coche. Hasta Carlo tuvo que reconocer que era una magnífica conductora. —Bueno, no está mal. —Gracias —replicó ella irónicamente. —De acuerdo, conduces mejor de lo que me imaginaba y siento haber dudado de ti, pero vamos a parar para comer y que me tranquilice. Ella se rió y paró en un hostal que habían visto. Después de comer, él se puso al volante y mientras se dirigían hacia el sur le habló de Badolato, su siguiente destino. —Está cerca de la costa y lo conozco bien porque he estado buscando el Santo Grial.


—¿Allí? ¿Pero el Grial no está en…? —La cuestión es que nadie sabe dónde está ni qué era. Se cree que los templarios usaron Badolato como una base y que llevaron allí el Grial. Hay gente que dice que sigue en ese lugar. —¿Tú lo crees? —Creo que es un sitio muy curioso. Tiene trece iglesias para tres mil quinientos habitantes y un agua de una pureza legendaria. También tiene una playa. Ahí está. Ella levantó la mirada y lo vio en la ladera de una montaña. —Llamé al hotel donde suelo hospedarme. —Espero que esta vez hayas reservado una sola habitación. —Sí —contestó él con una sonrisa. —¡Es maravillosa! —exclamó ella al ver la playa—. Nunca había visto una arena tan blanca ni un mar tan azul… casi violeta. —Es un efecto de la luz, sobre todo a última hora de la tarde. ¿Quieres que paremos? —Sí, por favor. Me encantaría darme un baño. Bajaron a la playa, se metieron en el mar y todas las preocupaciones desaparecieron como arrastradas por el agua. Ella había visto su cuerpo en la oscuridad y conocía el contacto con cada centímetro de él, pero verlo a la luz


del día era un placer muy distinto. Sintió cierto remordimiento, como si fuera un placer perverso mirarlo mientras se zambullía en el agua. —¿Qué pasa? —le preguntó él al darse cuenta de que lo miraba. Nº Páginas 33—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Estoy disfrutando de la vista y pensando en mis cosas. —Cuéntame lo que piensas. Ella le acarició el pecho. —Ese tipo de pensamientos. —No hagas eso —le pidió él con voz temblorosa. Della apartó la mano y lo miró desafiantemente y con la cabeza ladeada. —Tampoco hagas eso —insistió él—. Estamos en un sitio público. Della se rió y de repente se dio cuenta de que estaba más oscuro y hacía más frío. Todo sucedió en un instante. —Vámonos —dijo él. La agarró de la mano y la llevó hacia tierra mientras el cielo se oscurecía más, hasta que estalló con un trueno que casi la dejó sorda. Se vistieron a toda velocidad y llegaron al coche con el destello del primer rayo. Ella llegó la primera y abrió la puerta del conductor. —Será mejor que conduzca yo… —empezó a decir Carlo.


—Móntate —ordenó ella. Se montó muy deprisa y salieron del aparcamiento para dirigirse hacia la montaña. Della se dio cuenta de que era más complicado de lo que se había imaginado. La carretera daba vueltas y vueltas y exigía toda su atención. Además, el diluvio lo complicaba más todavía. Afortunadamente, fue un viaje muy corto y llegaron a Badolato enseguida. —Gira a la izquierda —le indicó Carlo con voz lúgubre—. Luego, a la derecha. Lo hizo y se encontraron ante un hotel modesto pero de aspecto agradable. Carlo la miró con furia, pero no dijo nada hasta que ella apagó el motor. —¡Eres una estúpida! —Lo siento. —¿En qué estabas pensando? ¿Crees que conducir por una carretera tan escarpada en medio de una tormenta es…? —Sinceramente, no sé qué me ha pasado. Siempre soy muy sensata. —¡Sensata! ¡Ya! Parece que tienes cinco años. ¿He dicho algo gracioso? — preguntó Carlo al ver que ella había esbozado una sonrisa. —La verdad es que tengo muchos más que cinco años —contestó ella cautelosamente—. Carlo, siento de verdad haberme vuelto así de loca, pero no ha pasado absolutamente nada. Ni siquiera he arañado tu coche.


—¡Me da igual el coche! ¿Crees que es lo que…? —Tampoco le ha pasado nada a nadie. —Hemos tenido suerte de no habernos encontrado a nadie bajando. Nº Páginas 34—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Conduzco muy bien… —Eres tonta de remate —Carlo no se anduvo por las ramas—. He conocido a niños más juiciosos. Tú… tú… La abrazó con todas sus fuerzas. Della notó que él no sentía furia, sino una especie de espanto. —Podrías haberte matado. No me digas tonterías sobre que eres una buena conductora. No eres tan buena… Carlo se apartó, le tomó la cara entre las manos y la miró con unos ojos nublados por algo muy parecido a la desesperación. —No vuelvas a darme un susto así —la avisó tajantemente. Ella seguía dominada por la locura que se había adueñado de ella y que iba en aumento por los rayos que resplandecían y los truenos que parecían estallar dentro del coche. Sin embargo, lo más potente era cómo temblaba él por los sentimientos que lo desbordaban. —Si vuelves a darme un susto así…


—¿Qué…? —Ven. —Dime qué pasaría si vuelvo a darte un susto así —susurró ella provocativamente. —He dicho que vengas. Ella fue. Hacía todo lo que él quería rebosante de felicidad. —Estoy enamorado de ti. Lo sabías, ¿verdad? —¡Shhh! —¿Por qué? ¿No puedo decirlo? —Carlo, sé sensato… —Jamás. —Pero tres días… —Tres días, tres horas, tres minutos. ¿Qué más da? Nada más verte en Pompeya, en cuanto te oí reírte… —Cuando yo te vi haciendo el payaso con todos aquellos niños… —¿Por eso me quieres? ¿Porque puedo hacerte reír? —¡Eh! Yo no he dicho que te quiera. —Pero me quieres, ¿no? Dímelo, por favor… —Mmm. Nº Páginas 35—110


https://www.facebook.com/novelasgratis —Dilo, por favor. No me fastidies. —Paciencia. Tres días son muy pocos. —Dilo. —Demasiado pronto. Pasaron el día en Badolato y por la noche se quedaron en la habitación, pero Della no tenía toda la atención centrada en Carlo. Estaba impresionada por lo que había visto. —Tiene muchas posibilidades —Della ojeó sus notas—. Si encontrara más sitios así… —Vamos a darnos una ducha. Tendríamos que estar pensando en la cama. —Ya, pero no te das cuenta… —Podemos hablar en la ducha —replicó él mientras la desnudaba. En la ducha se dedicaron a otras cosas y, cuando se hubieron secado, la conversación no había avanzado. —Es un viaje de trabajo —se quejó ella, que estaba desnuda en la cama. —Hemos pasado todo el día trabajando —se quejó él mientas le acariciaba un pecho. —Pero no he conseguido suficiente para la serie —Della intentó disimular un


estremecimiento de placer. —¿Qué buscas? ¿Solo quieres sitios trágicos como Pompeya y el barco hundido o sitios misteriosos como éste? La voz de Carlo también tembló porque ella también estaba acariciándolo y no podía concentrarse. —¿Qué más hay? —preguntó Della. —Sitios alegres. —¿Los hay? —¿No conoces la historia de tu país? ¿No conoces el campo de la tela de oro? —¿Qué es eso? —preguntó ella con el ceño fruncido. —Si quisieras ser pedante podrías llamarlo la primera conferencia en la cumbre, pero en realidad fue una juerga monumental. —¿Una juerga monumental? —Della se rió—. Me gusta. —Hace cuatrocientos años, Enrique VIII de Inglaterra y Francisco I de Francia, con sus cortes respectivas, se encontraron en un campo a las afueras de Calais. Levantaron unas tiendas de campaña enormes hechas de seda y oro y organizaron


una fiesta tan descomunal que los lugareños todavía celebran ese día. Nº Páginas 36—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Carlo le acarició el interior de los muslos y a ella le costó recordar que estaban trabajando. —Pero me habías dicho que fue una conferencia en la cumbre —susurró ella. —Oficialmente se trataba de forjar una alianza, pero durante el día se dedicaban a los torneos y durante la noche al vino, las mujeres y los cánticos. Francisco y Enrique tenían unos veinte años y sabían divertirse. Duró tres semanas. —¿Tres semanas…? —Al final, celebraron un combate de lucha libre y Enrique acabó sentado en el suelo. Entonces, decidieron que había llegado el momento de volver a casa. —Qué razonables… —dijo ella medio aturdida—. ¿Sabes lo que te digo? —¿Qué? —Que Enrique VIII me importa un rábano —contestó ella mientras lo abrazaba. Siguieron viajando hacia el sur y tomaron el transbordador a Sicilia. Pasaron el día en Palermo, donde Carlo sufrió una transformación propia de una novela de ciencia ficción. El playboy desapareció y dio paso al estudioso arrebatado por


estar en una de sus ciudades favoritas y ávido de que ella la viera a través de sus ojos. —¿Qué miras? —le preguntó él al ver que miraba hacia el cielo. —Intento seguirte —contestó ella pesarosamente—. Todo está ahí arriba. —Perdona, intentaré que sea más sencillo. —Tendrás que conseguirlo cuando escribas el guión, pero ahora puedes dejarlo. ¿No puedes hablar de algo que no sea serio? —Estaba disertando… —Carlo pareció dolido. —No me riñas, yo soy la que riñe aquí —Della se rió—. Pero tengo que decir otra cosa. —¿Qué? —preguntó él con una mirada pícara. —Algo que no hace falta decir con palabras. —Vámonos —Carlo la agarró de la mano. Después de eso se olvidaron, más o menos, de la idea de trabajar. Pasaron los días visitando posibles escenarios y las noches entre cenas a la luz de las velas y hoteles pequeños donde solo podían pensar el uno en el otro. Fue lo más parecido a unas vacaciones y así se lo tomó ella; una temporada perfecta, alejada del mundo real, que recordaría con nostalgia, pero no con arrepentimiento. Tomó un montón de fotografías, que le perdurarían a lo largo de los años, y se alegró de ser tan juiciosa. ***


Nº Páginas 37—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya han pasado unos cuantos días. ¿Ya te conozco lo bastante como para quererte? —Eres muy impaciente. —Siempre lo he sido. Cuando deseo algo lo quiero al instante. Te deseo. ¿Sientes lo mismo? —Sí… —Entonces, ¿no puedes decir que me quieres? Querer, no solo desear. —Ten paciencia. Todo parece demasiado irreal. —Lo único real es que te quiero. Nunca había querido a una mujer. De verdad. Los encaprichamientos no son nada en comparación con lo que siento. Estaba esperándote a ti, a mi Della, porque siempre has sido para mí, incluso antes de conocernos. Mi Della… la única mujer que mi corazón amará siempre desde este momento. Dime que me crees. —Te creo. Puedo sentir tu corazón debajo de mi mano. —Es todo tuyo para siempre. —No hables de «siempre». Está demasiado lejos.


—No, está aquí y ahora, y lo estará siempre. Dime que me quieres. —No… todavía no… —Dilo… dilo… Nº Páginas 38—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Cinco A veces, Della se preguntaba qué habría pasado si la cruda realidad no hubiera caído sobre ellos. Quizá aquel sueño hubiera durado para siempre. —Era mi hermano Ruggiero —le comentó Carlo cuando colgó el teléfono—. Me ha recordado que dentro de unos días hay un cumpleaños con una fiesta familiar y que, si no estoy allí, soy hombre muerto. De mala gana, tomaron otra vez el transbordador y viajaron hacia el norte. De camino, Della llamó al Vallini y reservó una habitación. Eran casi las ocho de la tarde cuando Carlo la dejó en la puerta del hotel. —Tengo que pasar por mi piso, recoger el correo, llamar a mi madre y darme una ducha. Mejor pensado, la llamaré después de darme la ducha. —Pero tu madre no puede saber si estás limpio solo por hablar por teléfono. —No conoces a mi madre —Carlo sonrió—. Volveré dentro de una hora. La besó fugazmente y se marchó. Ella intentó ser racional mientras subía a la


habitación. Había llegado el momento de volver al mundo real. Aunque podía esperar otra noche. Se acercó a la ventana y vio el coche que se alejaba. Esperaría al día siguiente para ser fuerte. Un golpecito en la puerta la sacó de su ensimismamiento. Fue a abrir con la ilusión de que Carlo hubiera vuelto. Pero no era Carlo, era un joven robusto, atractivo y con una sonrisa cautivadora. —¡Solomon! —exclamó ella mientras abría los brazos a su adorado hijo. —Hola —contestó él mientras la abrazaba y cerraba la puerta con el pie. —¿Qué haces aquí? —le preguntó ella. —He venido a verte. Llevas fuera más tiempo del que dijiste que ibas a estar. —Sí… ha surgido algo. Toda una serie de ideas que quería investigar… — Della tuvo la sensación de estar balbuciendo—. Pero ya te lo conté por teléfono. —Sí, me hablaste de algunos días más, pero deberías haber vuelto ayer a Nápoles. En realidad, al principio dijiste que volverías a Londres la semana pasada. —¿Qué tal tu padre durante estos días? —preguntó ella para cambiar de conversación. —Haciendo el ridículo con una novia nueva. Así que me fui a casa y llamé a Sally. —¿Sally? —Della frunció el ceño—. Creía que se llamaba Gina. —No. Gina fue la anterior.


—No puedo seguirte. Entonces, Sally es la última. —Era la última. No podía durar —Solomon se encogió de hombros—. Así que como tenía unos días libres, pensé que me gustaría pasar algún tiempo con mi madre y vine a Nápoles, pero tú no estabas aquí. Nº Páginas 39—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —No me hables con ese tono de huérfano abandonado —Della intentó no reírse. —Entonces, no intentes cambiar de tema —la miró con picardía—. Vamos, cuéntame qué has estado haciendo. —¡Descarado! He pasado unos días con el señor Rinucci para ver si servía para el programa. —Normalmente no dedicas tanto tiempo para hacer una prueba a alguien. —Esto es distinto. No va a limitarse a ser el presentador. Es un arqueólogo e historiador con mucho renombre y ha estado enseñándome algunos sitios. —Estoy deseando conocerlo —afirmó Solomon con cierta ironía. —Vendrá dentro de una hora. Podemos cenar todos juntos… —Bueno, tengo un plan. —¿Ya tienes otra chica? No has perdido el tiempo…


—La conocí en el avión. Tiene miedo a los aviones y yo, naturalmente… —Naturalmente —Della se rió. Solomon miró la maleta abierta sobre la cama y pareció asombrado. —¿Has traído ropa suficiente para tu excursión? —Estaba pensando que tenía que comprarme algo en la tienda de abajo. —Buena idea. Vamos. Una vez en la tienda, Della comprobó, como había temido, que vendían ropa de hombre y de mujer. Él se dirigió inmediatamente hacia los percheros con la ropa de hombre de los mejores modistas italianos. Della lo miró con orgullo. Al fin y al cabo, ¿para qué estaban las madres? —Deberías probarte esto —le dijo él al acordarse de ella. Era un traje de noche negro, muy elegante y carísimo. —No creo que… —Vamos… ¿Es un poco caro? ¿Qué más da? Es el mejor diseñador de Italia y estarás maravillosa. Presumiré mucho de madre. —Y tus compras parecerán una ganga en comparación —bromeó ella. —Me ofende tu sospecha. —Muy bien, me lo probaré. Aunque le fastidiara, el vestido era perfecto y pensó en la mirada de Carlo


cuando la viera con él puesto. —¿Tenía razón o no? —preguntó Solomon. —Tenías razón, pero… —Pero te fastidia tener que reconocerlo. Nº Páginas 40—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella no dejaba de sorprenderse de que ese hijo de un padre tan aburrido y convencional pudiera tener tanto encanto. Aunque también conocía sus defectos. Era egocéntrico y presumido y creía que su atractivo y su aspecto le ponían el mundo a los pies. Si el mundo no se lo ofrecía, él alargaba la mano y lo tomaba a cambio de unas sonrisas. Sin embargo, habían sido compañeros de desgracias casi desde su nacimiento. Pasara lo que pasase, él había estado allí, con su sonrisa descarada y sus palabras de ánimo. Muchas veces solo había contado con su resistencia y su capacidad para hacerla reír. Había llegado a pensar que se había aferrado demasiado a él. Sin embargo, siempre había podido contar con su ayuda y nada era demasiado. —Ven —ella extendió los brazos—. No me preguntes por qué te quiero. Supongo que habrá un motivo. Carlo repasó el correo, tiró casi todo a la papelera, llamó a su madre para decirle que había llegado y le prometió que a la noche siguiente estaría en la villa. —Iré con una mujer —le comunicó con cautela.


—Vaya, ya iba siendo hora —replicó Hope Rinucci. Se quedó atónito. No era la primera mujer que llevaba a su casa y sospechó que algo en su tono de voz había hecho que su madre captara que era distinta. Era la única. Se duchó y volvió al Vallini pensando en la noche que le esperaba. Habían pasado una semana todo el rato juntos, pero después de pasar una hora separados se había dado cuenta de que tenía unas ganas casi insoportables de volver a verla. Entró en el vestíbulo del hotel y, al pasar junto a la tienda de ropa, camino del ascensor, se quedó pasmado. Allí estaba Della vestida con un traje de noche muy elegante y mostrándoselo a un joven extremadamente guapo que tenía veintipocos años. Él la miraba con la cabeza ladeada y los dos se reían. Carlo los miró fijamente, petrificado. Della abrió los brazos, el joven hizo lo mismo y se abrazaron con fuerza. Oyó que ella le decía que no le preguntara por qué lo quería, que habría algún motivo. Carlo quiso salir corriendo y fingir que no había visto nada. Quizá el reloj retrocediera y no la vería en brazos de otro hombre. Sin embargo, también quiso entrar para separarlos. Quiso dar un puñetazo a ese hombre y acusar a Della de haberle destrozado el corazón. Pero no hizo nada de eso. Casi sin darse cuenta, se colocó delante de ellos. El joven fue el primero en verlo.


—Creo que tu amigo ha llegado —dijo despreocupadamente. Della levantó la mirada, sonrió e intentó soltarse del abrazo. —Hola, cariño. No conoces a mi hijo, ¿verdad? Carlo cerró los puños. ¡Su hijo! ¿A quién creía que estaba engañando? —Muy graciosa —replicó él con frialdad—. ¿Cuántos años tenías cuando nació? ¿Seis? Nº Páginas 41—110 https://www.facebook.com/novelasgratis El joven soltó una carcajada y Carlo quiso matarlo. —Eso te pasa por parecer tan joven —le dijo el chico a Della. —Tenía dieciséis años cuando tuve a Solomon. Ya te lo dije una vez — contestó ella. —Sí, pero… —Carlo se quedó en silencio. —Él tiene veintiún años —siguió Della—. Parece mayor porque está como un toro. Solomon sonrió y extendió la mano. Carlo, aturdido, la estrechó. —No sabíamos que ibas a venir —dijo Carlo, que se sentía ridículo. —Claro, se me ocurrió visitar por sorpresa a mi madre. Creía que ella iba a


pasar aquí un par de días, pero como no volvía, decidí venir para ver qué diablura estaba haciendo. Carlo decidió que podría detestar a Solomon si se lo proponía, pero prefirió ser cortés. —Espero que te quedes para conocer a mi familia. Mañana vamos a cenar con ellos y tienes que acompañarnos. —Me encantaría. Pero ahora tengo que irme —dio un beso en la mejilla a Della—. Estoy en la habitación enfrente a la tuya. Ah… claro… Se había dado cuenta de que los dependientes miraban con recelo su camisa nueva. —No te preocupes —le tranquilizó su madre—. Puedes ponerla en mi cuenta. —Que Dios te bendiga. Es más, he visto algunas… —Ponlo todo en mi cuenta y lárgate antes de que acabe en la ruina. —Gracias. Antes de llegar a la puerta se paró y se dio la vuelta. —Mmm… —¿Qué quieres ahora? —No sabía que esta ciudad fuera tan cara… —Solomon se detuvo insinuantemente.


—Tienes una tarjeta de crédito nueva. —Sí, pero… —No es posible que hayas superado el límite… Ni siquiera tú. Solomon se encogió de hombros con una sonrisa arrebatadora y Carlo lo observó detenidamente. —Toma —Della sacó un fajo de billetes del bolso—. Llamaré para que te amplíen el límite de la tarjeta. Nº Páginas 42—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Gracias, mamá. Adiós. —Volveré enseguida —le dijo Della a Carlo antes de entrar en el vestidor. Al cabo de un rato, volvió a aparecer con la ropa de calle, pagó la factura y dio el número de su habitación para que le llevaran el vestido. —¿Y las cosas del joven? —preguntó la dependienta. —Sí, mándemelas a mí también. Carlo vislumbró la factura y comprobó que se había gastado diez veces más en Solomon que en ella misma. Salieron de la tienda y fueron a la cafetería que había al lado. Carlo parecía pensativo y ella supuso que tenía que pensar en muchas cosas. —¿Me sienta bien el vestido o me lo ha dicho Solomon para que le pagara sus


cosas? —preguntó ella. —¿Qué podía importarle? Sabía que harías lo que él quisiera. —Es verdad. No te dejes engañar porque parece mayor. Solo tiene veintiún años y acaba de salir de la universidad. ¿Quién iba a pagarle sus cosas? —Podría empezar a trabajar —replicó Carlo. —Lo hará, pero antes tenía que visitar a su padre. —Me parece bien, pero ¿no se le ha ocurrido que podría ser menos caprichoso? —¿Por qué? Si me ve alojada en uno de los hoteles más caros de Nápoles, habrá supuesto que puedo pagarle algunas camisas. Carlo se encogió de hombros, pero seguía sin gustarle. —¿Su padre colabora? —preguntó al cabo de un rato. —Su padre tiene otros tres hijos de distintas madres. El primero nació un año después de nuestra separación. —Entonces, ¿siempre has trabajado para mantener a Solomon? —Soy su madre. —Y alguna mujer tendrá que serlo toda su vida —comentó él con cierta indignación. —¡Eso es impropio de ti! —No me hagas caso —Carlo intentó reírse—. Me llevé un disgusto cuando


os vi juntos. Creí que tenías otro hombre. Parece mayor. —Veintiún años, lo juro. Yo tengo treinta y siete. ¡Treinta y siete! —¿Por qué lo dices como si fuera el Juicio Final? —No habíamos hablado de mi edad. —¿Tenemos que hablar de eso? Hay cosas más interesantes que hacer. —Antes o después tenías que saber que soy bastante mayor… Nº Páginas 43—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Mayor? ¡Sandeces! —Carlo explotó con una rabia insólita en él—. Treinta y siete años no son nada. —Supongo que puede parecerlo cuando solo tienes treinta. —Eres bastante tonta, ¿lo sabías? —le preguntó él con ternura. —Lo sé desde que te conocí. —¿Qué quieres decir exactamente? —Que una mujer sensata te habría visto y habría salido corriendo antes de que le desbarataras toda su vida. —¿Por qué no lo hiciste tú? —A lo mejor no me importa que me desbaraten la vida. A lo mejor lo


deseaba. A lo mejor me he dicho que no me importaba lo que pasara después, porque habría merecido la pena. —¿Qué crees que va a pasar después? —preguntó él con el ceño fruncido. —No lo sé, pero no quiero mirar a un futuro muy lejano. Me encontraría con algo triste… —No puedes saberlo… —Lo sé porque siempre hay tristeza. —Entonces, la afrontaremos juntos. —Me refiero a después de eso —le aclaró ella lentamente—. Cuando haya terminado. —Siempre estás hablando de dejarme —Carlo la miró fijamente. —O de que tú me dejes. —¡Por Dios! Estás programando nuestra ruptura. —No estoy programándola. Solo quiero ser realista. Siete años es una diferencia considerable. Ya sé que debería habértelo dicho antes… —Es posible —susurró él—, pero no sé cuál habría sido el momento adecuado. Lo miró y se le amontonaron los recuerdos. ¿Cuándo debería habérselo dicho?


¿Cuando caminaban del brazo pensando en la noche que se avecinaba? ¿Cuando se despertaban juntos, somnolientos y satisfechos? No hizo falta que formulara las preguntas. La atravesaron como un cuchillo directo al corazón. —No hizo falta que habláramos de eso —siguió él con más delicadeza—. No tiene importancia porque no puede afectarnos. —Nos afectará. —¿Por qué? Yo sabía que eres mayor. —Un poco, no mucho mayor. Además, no finjas que no te impresionó. Hubo un momento en el que nos miraste a Solomon y a mí como si estuvieras conmocionado. Nº Páginas 44—110 https://www.facebook.com/novelasgratis La miró sin entender cómo era posible que dos personas que se querían tanto pudieran equivocarse tanto la una con la otra. Lo que había dicho era verdad, pero su conmoción no había sido por la edad, sino por verla en brazos de Solomon. Nada le había dolido tanto en su vida ni nada volvería a dolerle igual. Hizo que viera la certeza de su amor, la necesidad absoluta de estar con ella mientras vivieran. Aquel momento fue como si se la hubieran arrebatado, como si estuviera al borde de un abismo atroz. Ella, sin embargo, creía que estaba preocupado por una menudencia como la edad.


—Es verdad —insistió ella—. Tienes que pensarlo. —No estoy escuchándote —replicó él con impaciencia—. Dices tonterías. —Muy bien. Dejémoslo así. —No me des la razón —la miró con furia. —No quiero perder el tiempo con discusiones. —Y yo no quiero que lo rumies sola. —No va a esfumarse de repente… A no ser que se me esfumen siete años. —¿Te importaría dejar de hablar así? Treinta y siete años no son nada hoy en día. No tiene por qué preocuparnos si no queremos. —¿Vas a mirar a otro lado? —preguntó ella con cariño. —No. Siempre te desearé como eres. —Pero algún día a lo mejor tienes que hacerlo. Carlo la abrazó y la besó. Cuando se separaron, ella sonrió y suspiró sin darle más vueltas. Él necesitaría tiempo para asimilar la magnitud de lo que había descubierto. Se daría cuenta de que era imposible el amor duradero, de que podrían disfrutar mientras trabajaban en la serie y de que quizá algún día ya no les dolería demasiado. Durante la cena, él le contó más cosas de su familia para prepararla ante la celebración que la esperaba. —Justin y Evie no irán porque viven en Inglaterra y Evie está esperando gemelos. Pero Pietro y Olympia sí irán, como Luke y Minnie, que vendrán un


par de días desde Roma. Omitió, sin embargo, que Luke lo había llamado para avisarle de que las mujeres se habían confabulado. Carlo se rió. En el fondo, le encantaba que la familia maquinara para emparejarlo con Della. Aunque no sabían lo poco que tendrían que esforzarse para que se casara con ella. No obstante, la idea de tener a Solomon como hijastro hizo que se lo pensara un instante. Tendría que transigir con el joven al que había calificado como un majadero egoísta. Aunque comprobó que Della se resistía a aceptar que su hijo podía no ser perfecto. Nº Páginas 45—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué va a hacer para conseguir un trabajo? —le preguntó suavemente. —Lo conseguirá —contestó ella precipitadamente—, pero no voy a atosigarlo cuando acaba de salir de la universidad. —Bueno, un título le vendrá bien. —La verdad es que no tiene un título —reconoció ella—. Suspendió los exámenes. —Puede presentarse otra vez. —Dice que no merece la pena. Cree que es preferible conocer mundo y buscar lo que realmente le gusta. Carlo había oído a demasiados gandules dar ese argumento y no quiso


discutir. —Yo tuve un trabajo mientras estaba en la universidad. Había una excavación al lado de la ciudad y durante las vacaciones trabajaba como una muía quitando tierra. —Es distinto —replicó ella—. Hacías un trabajo que adorabas, era un paso en tu profesión… —En ese momento solo me partía el lomo para que mis padres no tuvieran que hacerse cargo de todo. —A lo mejor por eso no quiere volver a la universidad, para ahorrarme la matrícula… Carlo captó un gesto de obstinación que nunca había visto en ella y tuvo una sensación de peligro. Solomon podía distanciarlos y no iba a permitirlo. Esa noche hicieron el amor con una intensidad nueva, como si él quisiera recordarle lo bien que podían estar juntos. Siempre había sido un amante paciente y había esperado a que ella alcanzara su momento, pero esa noche la dedicación fue infinita y la delicadeza de sus besos hizo que ella casi llorara de emoción. —Mi amor… —susurró él—. Mi amor eterno… ¿Cómo iba a rechazar a un hombre que hacía que se sintiera así? ¿Cómo iba a


destrozarle el corazón y a destrozarse el suyo? —Mírame —le pidió él. Ya se lo había pedido antes. Siempre quería mirarla a los ojos cuando el placer los desbordaba. Sin embargo, esa noche fue casi una orden, como si él supiera los peligrosos derroteros que habían tomado sus pensamientos y quisiera recuperarla. —Mírame —repitió Carlo. Ella lo hizo y se encontró atrapada por su mirada mientras el placer aumentaba hasta arrastrarlos juntos. Entre otras cosas, lo amaba porque cuando terminaban, él se quedaba a su lado en cuerpo y alma, no se daba la vuelta, sino que apoyaba la Nº Páginas 46—110 https://www.facebook.com/novelasgratis cabeza en ella hasta que se dormía. Era un gesto que hacía que se sintiera valorada como no lo había hecho nada. Esa noche pasó lo mismo, aunque antes él se apoyó en un codo y la miró con veneración, como si así pudiera retenerla. —Creo que es un buen momento para hablar de casarnos —dijo él en voz baja. Nº Páginas 47—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Seis Casarnos. La palabra la dejó estupefacta. Ni en sus momentos más delirantes


había pensado en casarse. Como mucho, había llegado a pensar en una aventura larga. —¿Qué has dicho? —susurró ella. —Quiero casarme contigo. ¿Por qué pones esa cara? No puede sorprenderte. —Me sorprende… un poco. —Cuando la gente siente lo que sentimos nosotros, se casa. Eres la única mujer para mí. Lo he sabido desde el principio. ¿Quieres decir que yo no soy el único hombre para ti? —Lo sabes perfectamente —Della le acarició la cara—. Eres y serás mi amor. —Perfecto. Decidido. Mañana se lo diremos a todo el mundo. —No —replicó ella—. Es demasiado pronto, Carlo. —Es un festejo, una celebración familiar. ¿Qué mejor que decirles que va a haber otro miembro en la familia? —Bueno, a lo mejor no tiene importancia para ti, pero todavía no he aceptado. —Entonces, acepta y deja de perder el tiempo —replicó él con desenfado. Habría sido muy fácil decir «sí», la palabra que él anhelaba oír y su corazón decir. Había elegido perfectamente el momento; ¿qué mujer podría renunciar a un


hombre que la había amado con esa pasión y ternura? —No lo demoremos —insistió él—. Sabemos todo lo que tenemos que… —Cariño, no sabemos casi nada el uno del otro, compréndelo. —Sabemos que nos queremos. ¿Qué más quieres? —En un mundo perfecto, nada. Sin embargo, mi amor, no vivimos en una utopía. Somos personas adultas en un mundo real con vidas reales. —¿Vas a volver a esa bobada de la edad? Tenemos la misma edad. La tenemos desde que nos conocimos y nos amamos y siempre será así. ¿Por qué sonríes? —Me encanta oírte decir esas cosas. —Pero te parecen fantasías, ¿no? Efectivamente, se lo parecían en gran medida, pero no quiso reconocérselo. —¿Qué puedo hacer para convencerte? —preguntó Carlo. —No lo sé. Espero que se te ocurra algo. Me conoces muy bien… —No tan bien como voy a conocerte. ¿Por qué no…? Un estruendo fuera de la habitación hizo que él levantara la cabeza con un gesto de tensión y soltara un improperio al oír una risa conocida. Nº Páginas 48—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Dijo que estaba en la habitación enfrente de la tuya, ¿no? —Sí, pero no esperaba que volviera tan pronto —contestó.


Oyeron una risita de mujer. —Ésa es la explicación —dijo Carlo—. No pierde el tiempo… —No irás a decirme que no hacías lo mismo con veintiún años. —Bueno… da igual. ¿Adónde vas? Della se había levantado para ponerse la bata. —A lo mejor quiere hablar conmigo. —Querrás decir que a lo mejor quiere comprobar si sigo aquí —gruñó Carlo mientras se levantaba de la cama. Como había supuesto Carlo, Solomon entró tranquilamente, pero fijándose en el vestido de noche de su madre y en la ropa de calle que Carlo se había puesto deprisa y corriendo. Della se sintió cohibida. Nunca había hablado con su hijo de sus amistades masculinas ni había habido ninguna necesidad. Él nunca la había encontrado en una situación tan comprometida. —Solo quería comprobar que estabas bien —comentó él. —Estoy muy bien, cariño, pero ¿no habrás abandonado a tu amiga? —No. Ya te he dado la buenas noches y ahora mismo volveré con ella. Carlo pensó que ya había comprobado lo que quería comprobar. —Puedes invitarla a venir mañana con nosotros —le dijo en voz alta. —Claro, estaría muy bien —aceptó Solomon como si estuviera haciéndole un


favor. —¿Qué tal lo has pasado? —le preguntó Della. —Muy bien, gracias. Aunque me ha salido cara. Las tiendas abren hasta muy tarde y ella debe de pensar que estoy forrado. —¿De dónde habrá sacado esa idea? —preguntó Carlo a nadie en concreto. —Pero te has apañado, ¿verdad? —intervino Della. —Sí… pero hemos venido en taxi y no me queda suficiente para pagarlo. —Muy bien —Della sacó dinero de su bolso—. Ve a pagarlo. Se oyó una voz de mujer que llamaba a Solomon desde el pasillo. —Ya voy, corazón —contestó él antes de quedarse parado mientras intentaba devolverle el dinero a su madre—. Mamá, no puedo dejarla sola. Te importaría… —Sí le importaría —replicó Carlo con rabia—. Tu madre no va a bajar a la puerta del hotel a pagar tu taxi. Baja tú. —¡Eh! ¿Quién eres tú…? Nº Páginas 49—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —No pierdas el tiempo con discusiones —Carlo lo agarró de los hombros para girarlo hacia la puerta—. Baja a pagar el taxi o… —Carlo… —Della le tiraba del brazo—. No hay necesidad…


—Creo que sí hay necesidad. Baja, Solomon. ¡Ya! —Un momento… —¡Largo! Carlo lo sacó al pasillo, cerró la puerta y se apoyó en ella con gesto desafiante. —No irás a defender su actitud, ¿verdad? —le preguntó a Della. —No, pero… —¿Ibas a bajar para hacerle sus recados? No lo creo. ¿De qué te ríes? Della no pudo contener una carcajada antes de hablar. —Solo iba a llamar a recepción para pedirles que lo pagaran y lo apuntaran en mi cuenta. No pensaba bajar. La cara de Carlo expresó su humillación. Por un momento se quedó sin palabras. —He hecho el ridículo, ¿verdad? —No, claro que no. Me parece maravilloso que me hayas defendido. Solomon se pasa algunas veces. —¿Algunas veces? —De acuerdo, lo he malcriado. Pero durante mucho tiempo estuvimos los dos solos. Aun así, tengo que aprender a darle alas. Le irá bien en la vida y no me


necesitará. Carlo pensó decirle que no tenía que preocuparse, que Solomon no tenía ninguna intención de renunciar a sus exigencias, pero no quiso discutir. Prefirió abrazarla y olvidarse de todo. Toni Rinucci estaba esperando a su mujer a la entrada de su habitación. —Espero que vengas a acostarte —le dijo cuando ella llegó a lo alto de las escaleras—. Has estado todo el día trabajando y mañana volverás a trabajar. —Naturalmente. Es el cumpleaños de nuestros hijos y quiero celebrarlo. Va ser un cumpleaños especial. —Todos los años dices lo mismo. —Este año es distinto. —También dices eso todos los años —replicó él con cariño mientras le desabrochaba el vestido por la espalda. Nº Páginas 50—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Que Della Hadley vaya a una fiesta familiar lo cambia todo. —¿La conoces? —No, pero sé usar Internet. Es una productora de televisión de mucho prestigio. —Carlo nos dijo que Della estaba preparando una serie y que quería que él


participara. Por eso le enseñó algunos sitios, para que se inspirara. —No hacía falta que estuviera noche y día con ella durante una semana. ¿Te parece que eso es hacer una prueba? —preguntó Hope con cierta ironía—. ¿Crees que se ha acostado con ella para conseguir el trabajo? —A lo mejor no se ha acostado con ella —replicó suavemente Toni. —Estamos hablando de Carlo —le recordó su mujer con una mirada fulminante. —Ya, me había olvidado. Pero ella no puede ser muy joven, ¿has visto su edad? —No, pero decía que empezó a hacerse famosa hace diez años. Así que debe de tener treinta y muchos años. Toni, sé muy bien cómo es esa mujer. Para triunfar en ese mundo de hombres tiene que ser una profesional tiránica e implacable. Se ha propuesto cegar a Carlo para dominarlo. —Pero todas nuestras nueras son profesionales —le rebatió su marido—. Evie traduce; Olympia dirige una de las fábricas de Pietro aquí, en Nápoles; Minnie es abogada y Luke se trasladó a Roma para estar cerca de ella en vez de pedirle que viniera aquí. —Sí, pero… —Hope intentó encontrar las palabras—. No sé… Algo me dice que va a traer malos tiempos a esta casa. —Eso es una bobada.


—Ojalá pudiera creer que tienes razón. —Ven a la cama. Myra, la amiga de Solomon que Della conoció a la mañana siguiente, fue como cabía esperar: guapa, insustancial y un poco codiciosa, pero esencialmente buena. Era napolitana y se quedó con los ojos como platos de felicidad cuando se enteró de que iba a ir a Villa Rinucci, lo que decía mucho de la reputación de esa familia. Como en el coche de Carlo solo cabían dos personas, los Rinucci mandaron otro coche para que recogiera a Solomon y a Myra, lo cual fue un alivio para Della, que quería hablar con Carlo por el camino. Iba con el vestido de noche negro y sabía que estaba muy bien. Carlo estaba guapísimo con el esmoquin y la pajarita y más acicalado que de costumbre. Según él, si no lo hubiera hecho, su madre lo habría asesinado. —No me dirás que te da miedo —se rió Della. Nº Páginas 51—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me aterra. Nos aterra a todos. Nos educaron para estar sometidos a la autoridad de la mujer y no rechistar. Te será muy útil. Como era una referencia a su matrimonio, ella, diplomáticamente, prefirió no responder.


—Háblame de tu familia —le pidió Della. —¿Vas a cambiar de tema? —le preguntó él. —No lo sé. A lo mejor no me gusta un hombre que ya me llega sometido a la mujer. —¿Prefieres someterlo tú? —Como cualquier mujer. Eso te garantiza un resultado a tu medida. —Es verdad. No se me había ocurrido. Supongo que reducirlo a un estado de sumisión total no es tan divertido. —Ni mucho menos. —Entonces, cariño, voy a decepcionarte. He sido tu más rendido servidor desde el principio y no creo que pueda hacer otra cosa. —Imagínate que una noche llegas tarde y estoy esperándote con el rodillo detrás de la puerta. ¿Te defenderías? —Esa situación no va a darse. Si estoy fuera tarde, tú estarás conmigo. —¿No vas a discutir conmigo? —preguntó con un tono de espanto fingido. —No creo que supiera cómo hacerlo —contestó él con mansedumbre—. Me han educado para no responder a la jefa. —Entonces, ¿no serás mi amo y señor? —¡Dios mío! ¡Ni hablar!


—Vamos… sé un hombre. —Si ser un hombre significa eso, yo prefiero ser un ratón, siempre que sea tu ratón. No había forma de replicar a ese chalado. Podía hacerla reír cuando quería y la dejaba indefensa. Sin embargo, él siguió hablando con tono calmado. —No me gustan los hombres que tienen que intimidar a una mujer para sentirse varoniles. Eso la devolvió a esa zona tan peligrosa de la que había intentado escapar con el humor. Se acordó de que para ella era irresistible esa mezcla de fuerza serena y gentileza. La atracción sexual que las amalgamaba solo era una fachada. Si desaparecía, el amor permanecería. Lo miró mientras conducía y vio cosas en su perfil que no había notado antes. La firmeza de su mandíbula contrastaba con el tono manso que había adoptado para bromear. También contrastaba con su temperamento afable, que le pareció engañoso. No habían discutido, salvo algunos arrebatos que habían durado cinco minutos, y había llegado a pensar que él no Nº Páginas 52—110 https://www.facebook.com/novelasgratis podría discutir, que nunca se enfadaría de verdad. Los rasgos de su cara decían otra cosa. Era un hombre capaz de dominar su genio con humanidad,


pero tenía genio. Frenó un poco para dejar pasar a otro coche y aprovechó la ocasión para mirarla. Sonrió y ella notó con cierto sobresalto que era la sonrisa de un enamorado rebosante de confianza y felicidad, que no dudaba sobre la victoria que se avecinaba. Si ella hubiera podido parar el coche y desilusionarlo antes de que el sueño fuera a más, lo habría hecho. Pero era imposible. —Dime algo de la gente que voy a conocer esta noche —le pidió. Ella era hija única, como lo habían sido sus padres. Por eso, no sabía lo que era una familia numerosa y tenía curiosidad por la de Carlo. El ya le había hablado de ellos y los había retratado como una tribu grande, ruidosa y muy divertida. En ese momento comentó que le habrían dominado cada aspecto de su vida si se lo hubiera permitido. —Por eso tengo mi piso, como Ruggiero y como lo tuvieron Pietro y Luke antes de casarse. Los adoro, pero necesito un sitio donde pueda hacer lo que quiera. Carlo había hablado en general, pero en cuanto vio a su madre, Della comprendió de quién escapaba. Al llegar al patio, el porche se llenó de gente que los observaba. Con una mirada rápida, Della distinguió a un hombre y una mujer de unos sesenta años, a cinco hombres jóvenes y a dos mujeres también jóvenes. Todos sonreían de oreja a oreja y las sonrisas se convirtieron en vítores cuando Carlo los saludó con la mano. —¡Has vuelto! —exclamó uno de los hombres—. Creíamos que te habías esfumado.


—Querrás decir que esperábamos que se hubiera esfumado. Más risas y palmadas en la espalda. El hombre que había dicho aquello se parecía mucho a Carlo y Della supuso que sería Ruggiero, su gemelo. Hope y Toni Rinucci se acercaron y Della notó que estaban examinándola. A Hope no se le escapaba nada, aunque no era tan grosera como para mirarla fijamente. Recibió a Della con toda cortesía y una sonrisa perfecta. Sin embargo, faltó algo, un toque de calidez. Della correspondió al saludo con la misma formalidad, pero también con la misma frialdad. No llegó a saber si Carlo se había dado cuenta porque la atención de todos se dirigió hacia Solomon y Myra, que acababan de llegar. Della presentó a su hijo y captó el asombro de Hope al ver a un joven tan mayor. Myra causó sensación con su vestido minúsculo. Llegaron más familiares, tíos, tías, primos, sobrinas, y el mundo parecía repleto de Rinuccis. Carlo le lanzó una mirada entre divertida e impotente, la tomó de la mano y la llevó al meollo de la reunión. Sabía que la observaban. Todos fueron correctísimos, pero siempre había un leve destello de curiosidad cuando la presentaba. Empezó a imaginarse lo que pensaban. «Así que ésta es la mujer que tiene tan emocionado a Carlo». «No está mal con ese vestido, pero seguro que es demasiado mayor para él». Nº Páginas 53—110


https://www.facebook.com/novelasgratis Una vez se encontró con la mirada de Hope, una mirada cargada de inquietud. La mujer bajó los párpados inmediatamente, pero no pudo disimular la verdad. Unos minutos más tarde, se acercó a Della y le dio una copa de champán. —Quería conocerte desde que me enteré de quién eras en Internet. Cuando Carlo me dijo que conocía a una mujer famosa, me emocioné. Tengo que felicitarte por tus éxitos. Tiene que ser difícil triunfar en un mundo que todavía es un ámbito de hombres. —A veces es arduo, pero también hay muchos momentos estupendos. —Claro, tiene que ser estupendo dar órdenes y que ellos te obedezcan. Es un placer que las mujeres disfrutan pocas veces. Della pensó que estaba segura de que era un placer que ella disfrutaba muchas veces. Empezaba a tomarle la medida. Había que ser una mandona para conocer a otra mandona. Había empezado el baile y Ruggiero daba vueltas con Myra, algo que parecía no importar a Solomon, quien coqueteaba con otra mujer. —Todos hacen lo mismo con veintiún años —explicó Della a la defensiva. —¿Veintiún años? Creía que era mayor.


—Como todo el mundo —intervino Carlo desde detrás de ellas—. Es porque está como un roble. Yo era igual, mamá, y decías que acabaría muy mal. Carlo miró fijamente a Della mientras hablaba. —Vamos a bailar —le pidió Carlo a Della. —Pronto llegará el momento —Hope dio una palmada a su hijo en el brazo —. Acuérdate. —¿Qué momento? —le preguntó Della mientras se alejaban. —El momento exacto en el que nacimos. Ruggiero y yo nos llevamos una hora de diferencia, pero lo deja en el punto medio. Dentro de diez minutos anunciará que hace exactamente treinta y un años que vinimos al mundo. Nos abochorna, pero ella es feliz. Efectivamente, a los diez minutos, Hope pidió silencio, se puso delante de una tarta de cumpleaños enorme y pronunció su discurso. Los gemelos se miraron como si quisieran que se los tragara la tierra, pero hicieron y dijeron todo lo que ella quería y todo el mundo aplaudió. —Ya tengo treinta y un años, así que solo eres seis años mayor que yo —le dijo Carlo a Della cuando volvió con ella. —Pero mi cumpleaños es el mes que viene y entonces volveré a ser siete años


mayor. Treinta y ocho son dos menos que cuarenta y… La calló con un dedo en la boca, pero tenía la mirada sombría y no bromeaba. —Lo digo en serio. Sabes que tenemos que estar juntos. No tenemos otra posibilidad. Nº Páginas 54—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Cuando hablas así, casi me convences —Della suspiró. —Perfecto, vamos a decírselo a todos. —¡No! —lo agarró con fuerza—. He dicho «casi». No es tan fácil como piensas. —Lo es —insistió él—. Es tan fácil como quieras que sea. Estaban bailando un vals, la estrechó contra sí y la besó en los labios. Fue un beso muy delicado y ella se dejó caer contra él al ritmo de la música. —Te quiero —susurró él. —Te quiero —susurró ella. —Déjame que lo diga. Antes de que ella pudiera decir algo, se encontraron abrumados por una oleada de aplausos. La música cesó, él la soltó un poco y Della pudo comprobar que los invitados los habían rodeado y sonreían mientras aplaudían con fervor.


—Me parece que ya se lo has dicho —comentó ella con tono de reproche. —No con palabras. Lo que importa es lo que ven. No te enfades conmigo. —No me enfado, pero deja de sonreírme así. No es justo. No vas a decir nada a nadie. —¿Es una orden? —Sí. Dijiste que serías un ratón sumiso. ¿Te acuerdas? —Sí, pero eso será después de la boda. Hasta entonces, puedo opinar. —No —replicó ella tajantemente—. Soy la jefa. Él hizo una mueca con los labios y la miró burlona y profundamente hasta derretirla. —Pórtate bien —siguió ella riéndose—. Si no, sacaré el rodillo. Él le tomó las manos, se las llevó a los labios y le besó las palmas, los dorsos y los dedos. Todo el mundo lo vio. Nº Páginas 55—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Siete Solomon apareció en la habitación de su madre a la mañana siguiente. Tenía un aspecto espantoso. —Tu madre está en la ducha —le dijo Carlo mientras lo dejaba pasar—. ¿Qué


tal el resto de la noche? —Un asco. Myra desapareció. Ni siquiera la vi para despedirme. Carlo no se inmutó. Le quedó claro que Myra había ido a la fiesta con la esperanza de atrapar a un Rinucci y al parecer había dado en la diana. —Pero el coche te trajo sano y salvo —siguió Carlo con tono compasivo. —Cuando me di cuenta de que vosotros dos os habíais ido sin mí… —Intentábamos ser discretos. Al fin y al cabo, las cosas podrían haberse arreglado con Myra, o con otra… ¿Quieres café? Solomon se dejó caer en una butaca mientras Carlo le servía una taza. Luego, llamó al servicio de habitaciones y pidió un desayuno. —¿Cuál es el plan para hoy? —preguntó Solomon con un bostezo—. Me he quedado tirado. —Mi plan es pasar el día con tu madre —Carlo lo dijo con firmeza—. Los dos solos. Solomon se quedó pensativo un instante. —Menudo espectáculo disteis anoche mi madre y tú —comentó. —Cuidado con lo que dices —le advirtió Carlo con calma. —Claro, pero ¿cómo hablar en serio? Vamos… la gente piensa que tenemos casi la misma edad. ¿Cómo voy a decirles que eres mi padre?


—Eso es asunto mío. Si das el más mínimo problema a tu madre, prepárate. —¿Qué quieres decir con «problema»? Me llevo maravillosamente bien con ella. —Ya… ella da y tú recibes. No te lo reprocho del todo. Cuando yo tenía tu edad también era egocéntrico y codicioso, pero tuve más suerte que tú. Tenía un hermano gemelo tan celoso de mí como yo lo estaba de él y unos hermanos mayores dispuestos a no consentirnos ninguna tontería. También tenía un padre que se ocupaba de mi madre. Della no tiene a nadie… hasta ahora. Sin embargo, Solomon tenía un as en la manga. —Si tú me das algún problema, tendrás que vértelas con mi madre. Solomon lo dijo con un tono ligeramente desafiante, pero muy ligero porque había captado algo en la mirada de Carlo, algo que casi nadie captaba, pero que lo contuvo. —Es posible —replicó Carlo pensativamente. Nº Páginas 56—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Entonces, ¿nos entendemos? Carlo esbozó una sonrisa que habría helado la sangre de alguien más perceptivo que Solomon. —Te entiendo perfectamente —contestó Carlo—. Tú también me entenderás


con el tiempo. Llamaron a la puerta con el desayuno que había pedido Solomon y cuando Della salió de la ducha, su hijo estaba muy ocupado con la comida. —No le hagas preguntas —le dijo Carlo amablemente—. Ha tenido una noche muy mala. —Pobrecito —Della lo abrazó—. ¿Qué vas a hacer ahora? —Vamos a pasar el día juntos —intervino Carlo—. Tú y yo tenemos que volver a Pompeya para empezar a trazar un plan y Solomon está deseando acompañarnos para enterarse. La sonrisa resplandeciente de Della sofocó cualquier queja de Solomon. —Solomon, es maravilloso. ¿De verdad te interesa? —Claro. Me muero de ganas de ver… todo. —Nos encontraremos abajo —Carlo fue hacia la puerta. Empleó esa hora en alquilar un coche lo suficientemente grande para los tres y cuando los vio salir del ascensor, se acercó a ellos. —Me han llamado de la excavación. Me están esperando en Pompeya para comentar una serie de asuntos y es muy urgente —le explicó a Della—. Tenemos que


irnos ya. —Pero… a Solomon le gustaría hacer unas compras antes… —Lo siento, pero no hay tiempo. Vamos. Antes de que nadie pudiera rechistar, estaban montados en el coche camino de Pompeya. Della estaba algo sorprendida, pero también supuso que Carlo tendría que comprobar cómo había ido el trabajo durante su ausencia. Además, agradeció que sentara a Solomon a su lado y fuera contándole las maravillas que les esperaban. Aunque Solomon no parecía agradecerlo tanto. —Eres perverso —le susurró a Carlo una vez aparcado el coche. —Espera, lo mejor está por llegar —replicó Carlo con una sonrisa. El equipo los recibió ruidosamente y saludó a Solomon con mucho afecto. A él se le iluminó la cara cuando Lea, una joven con pantalones muy cortos y top, le sonrió. —¿Has venido a ayudarnos? —preguntó a Solomon—. Hay que excavar mucho. Mírame. Las piernas le brillaban por el sudor y el top se le había pegado al cuerpo. —Creo que no me importaría echar una mano —contestó Solomon.


Nº Páginas 57—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Carlo le pasó un brazo suavemente por los hombros a Della. —Tú y yo tenemos que hablar de trabajo. Mientras se alejaban, Della no pudo evitar volver la mirada por encima del hombro. —No —Carlo la agarró del brazo con fuerza—. Está muy bien. —Se hartará dentro de diez minutos. —Eres injusta con Lea. Por lo menos tardará una hora. De ahora en adelante eres mía. Tendría que haber contestado que era una mujer independiente y que no era de nadie, pero pasó la mejilla por la mano que él tenía en su hombro. —Me gusta la idea. No tuvieron la oportunidad de estar solos. Primero, Carlo tuvo que hablar con el colega que lo había llamado por teléfono. Luego, tuvo que dar nuevas instrucciones y ella lo observaba, admirándose de que las instrucciones que daba no parecían órdenes, sino que resultaban convincentes por su encanto. Fue muy impresionante y la inspiró para idear esa parte de la serie. Comieron con Solomon, quien tenía calor y no estaba de muy buen humor. —Un chico tan fuerte como tú… —bromeó su madre.


—No es eso —replicó él—. Es aburrido. —¿De verdad? —intervino Carlo—. Mis amigos están muy contentos contigo. Es más, si quieres un trabajo, ellos estarían encantados de… —No me veo como arqueólogo —contestó Solomon. —Claro, exige cerebro —volvió a bromear Della. —Tengo cerebro —Solomon se ofendió. —El resultado de tus exámenes no dice lo mismo —le recordó Della. —Ya te he dicho que fue un error. —Entonces, vuelve a hacer los exámenes —le propuso Carlo. Renato, uno de los compañeros de Carlo, pasó por allí y saludó efusivamente a Della. Ella se volvió para hablar con él y Carlo pudo dirigirse a Solomon. —Entonces, piensa en algo. Piénsalo deprisa, antes de que te dé una patada en el trasero. Tu vida no va a ser una vacación perpetua a costa de tu madre. ¿Está claro? Solomon lo miró con rabia, pero no dijo nada. Carlo notó que estaba pensándoselo y no insistió. Renato se sentó y la conversación se hizo general. Hasta que comentó algo muy concreto de la excavación y Carlo y él hicieron un pequeño aparte.


—Es verdad, podría volver a la universidad… —le dijo Solomon a su madre. —Me encantaría que lo hicieras —Della lo dijo con entusiasmo. Nº Páginas 58—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Y el precio? —Olvídate del precio si te ayuda para tu porvenir. —Entonces, volveré a casa para organizarlo. Creo que ya he tenido bastante de Nápoles. Della lo adoraba, pero la idea de pasar algún tiempo más con Carlo era irresistible. —Es una buena idea, cariño. —¿Qué es una buena idea? —preguntó Carlo, que había vuelto a hacerles caso. —Solomon va a volver a la universidad otro año. —Es fantástico. Solomon dirigió una mirada fugaz a Carlo. Della lo vio, como vio la expresión indiferente de Carlo, y se imaginó parte de la verdad. —¿Han sido imaginaciones mías? —le preguntó ella mientras volvían a la excavación.


—¿El qué? —Lo sabes muy bien. No me pongas cara de inocencia. Sé que eres un manipulador. —Bueno, me conoces mejor que nadie. —Lo has tramado todo, ¿verdad? Has estado todo el día forzando las cosas. Primero, lo has aburrido… —Luego he hecho que trabajara como un mulo. ¿Estás furiosa conmigo? Ella fue a decirle que no tenía derecho a entrometerse entre Solomon y ella, pero cayó en la cuenta de algo. —No —reconoció pensativamente—. Debería estarlo, pero llevo intentando que vuelva a la universidad desde que le dieron las notas. —¿Lo has intentado? Creía que habías aceptado su idea de buscar algo. —Fingí creer algunos de los disparates de Solomon porque no tenía otra posibilidad. ¿Qué has hecho que yo no haya hecho? —Asustarlo con la alternativa —contestó Carlo con una sonrisa—. Es un hombre adulto. Ya era hora de que hiciera algo por su cuenta en vez de acudir siempre a su madre. Le vendrá muy bien, te lo aseguro. —Lo sé. —Volvamos a la ciudad para organizarlo todo antes de que se arrepienta. Esa noche ofrecieron a Solomon la mejor cena de Nápoles y a la mañana


siguiente lo llevaron al aeropuerto. —Ahora, sacaremos tus cosas del hotel y las llevaremos a casa —le dijo Carlo cuando volvían a la ciudad. Nº Páginas 59—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿A casa? —Nuestra casa. —No he dicho que vaya a vivir contigo. —Lo he dicho yo, así que deja de discutir. —Vaya, es el mismo hombre que se llama un ratón sumiso. —Te prometo que cuando estemos juntos en casa, seré todo lo dócil que quieras. —Cuando te hayas salido con la tuya, ¿no? Su casa era un pequeño apartamento de soltero en un tercer piso. En dos lados había unos ventanales que daban uno al mar y el otro al volcán. Ella estaba disfrutando de la vista cuando Carlo la agarró por la espalda. —Me parece que hace siglos que no hacemos el amor —susurró él. —¿No deberíamos trabajar? —Todo a su tiempo…


Después de hacer el amor, ella pasó una hora mandando correos electrónicos y haciendo llamadas para aliviar su conciencia. Luego, ideó algunas cosas más para la serie y, cuando Carlo se despertó, trabajaron juntos durante otra hora. Era fascinante verlo adoptar una personalidad nueva; serio, concentrado y erudito. Aunque cuando la miraba a los ojos, se daba cuenta de que el otro Carlo seguía allí. Por la tarde, fueron a Pompeya para recorrerla juntos y comentar algunas cuestiones técnicas. Una vez en el museo, Della fue a ver sus figuras favoritas, las de los enamorados abrazados. Carlo la observó fijamente, como si pudiera interpretar algo. —Es el amor absoluto —susurró ella—. La entrega total que hace desaparecer todo lo demás. —Te preguntas cómo pudieron evadirse de la lava que los acorralaba, pero lo consiguieron… porque se tenían el uno al otro. —«¿Cómo lo amo?» —susurró Della—. «Contaré las maneras». —¿Qué dices? —Carlo la miró fijamente. —Es uno de mis poemas favoritos. Lo escribió una mujer. Enumera las distintas formas de amar a su marido y termina así: «Si es el deseo de Dios, lo amaré más después de la muerte». Elizabeth Barret Browning nació unos dos mil años después que está pareja, pero sabía lo mismo que ellos.


—Lo que saben todos los enamorados —añadió Carlo—. Cuando conoces a la mujer con la que quieres casarte, entonces no hay muerte posible. Está fuera de la realidad. Nº Páginas 60—110 https://www.facebook.com/novelasgratis La miró de una forma que hizo que a ella se le acelerará el corazón, como si esperara una respuesta que ella no podía darle. —Sin embargo, esto es real —siguió él—. Lo he sabido desde el principio. Dime que tú también. Dime que me amas —fue una súplica, no una orden. —Sabes que te amo —contestó ella. La tomó de la mano y le besó la palma. —¿Cómo me amas? —le preguntó él con un tono levemente burlón—. ¿Puedes contar las maneras? —No —respondió ella con delicadeza—. Ya estás bastante pagado de ti mismo. —No será por lo que has hecho tú. —No podría decirte lo mucho que te amo. Él la tomó entre los brazos y apoyó la frente en la de ella. —Creo que podrías intentarlo. Es lo único que quiero de ti. Bueno, no lo único.


Hay algo más, pero eso ya lo sabes. Podemos comentarlo luego. —Sí, luego. Él estaba arrastrándola hacia la decisión que no quería tomar. —Cuando quieras. Sé que no vas a negarme lo que más quiero en el mundo. Es lo que tú también deseas, ¿no? Me has tenido en ascuas, pero… —Cariño… —Lo sé, lo sé. Dije que no te apremiaría y es lo que estoy haciendo. —No puedes evitarlo —ella intentó quitarle hierro al asunto—. Estás demasiado acostumbrado a salirte con la tuya. —Es verdad. Me gusta conseguir lo que quiero, y quiero… —Sshhh —ella le tapó la boca con un dedo—. No es el sitio ni el momento. —Lo que diga la señora. Unos colegiales entraron y ellos se separaron y se marcharon. El resto del día, él lo pasó tranquilo y feliz, satisfecho de estar con ella. Sin embargo, eso la desasosegaba. Carlo era un hombre sin preocupaciones, convencido de cuál sería su respuesta. Las dudas que la abrumaban no le afectaban a él. Pronto tendrían que tener una charla en serio. Una charla sobre lo mayor que era para él. Eso, sin embargo, no sería el final. El matrimonio era imposible, pero podrían estar juntos mientras rodaban la serie; quizá durara un año. Para entonces, ya se habría dado cuenta de que era demasiado mayor para él y todo terminaría de forma natural.


Era feliz de vivir con Carlo, de despertarse con él, de estar con él en cada momento, de dormirse en sus brazos sin tener que esperar a que llegara ni de tener Nº Páginas 61—110 https://www.facebook.com/novelasgratis que despedirse ni de temer a nadie más. La única nota discordante llegó una noche que cenaron en la villa. Luke y Pietro habían vuelto a sus casas, pero Francesco seguía allí, como Ruggiero, que había llevado a Myra. —Fue idea de mi madre —le comentó Carlo. —Debería habérmelo imaginado —susurró Della. Le hizo gracia la forma tan poco sutil que tuvo Hope de recordarle que Myra conectaba directamente con su hijo. Sin embargo, no se dijo ni una palabra. Hope era demasiado inteligente como para abundar en el asunto y trató impecablemente a Della. La trató como a la invitada de honor y transmitió con mil detalles que si ésa era la elección de su querido hijo, ella estaba dispuesta a aceptarla. Todo el mundo, menos Myra, sintió alivio cuando terminó la velada. Della respondió a la implacable sonrisa de Hope con otra que esperó que fuera igual de firme y se relajó en cuanto se montó en el coche. —Incluso a mí me han parecido un poco abrumadores —comentó Carlo. No volvieron a hablar del asunto hasta que estaban a punto de acostarse. —No le caigo bien a tu madre y nunca le caeré bien. —Es una fase pasajera porque sabe que eres la definitiva. Nadie me ha importado como tú. Espera a que Solomon encuentre a su mujer definitiva — Carlo se rió—. Harás exactamente lo mismo.


—Gracias a Dios es demasiado joven. La universidad ha aceptado volver a matricularlo, así que yo me lavo las manos. —Me alegro. Bueno, me alegraría si me lo creyera. Con el tiempo, ella recordaría esos comentarios con ironía, pero en ese momento prefirió dejarlo todo en el aire y acurrucarse contra él en la cama. Hicieron el amor tranquilamente. El placer lánguido la cautivaba, hacía que todo estuviera en el mismo sueño, un sueño donde el mundo era más sencillo. —Di sí —susurró Carlo—. Di que te casarás conmigo. Es muy fácil. Tenía razón. Era muy fácil. La palabra le colgaba de la punta de la lengua. En otro momento, la diría y tomaría la decisión. Muy fácil… Sonó el teléfono de ella y rompió el hechizo. —Si es Solomon, le retorceré el cuello —dijo Carlo. Efectivamente, era Solomon y parecía desesperado. —Mamá, ¿eres tú? —Sí, soy yo. Solomon, ¿qué te pasa? —Gina ha venido a verme. —¿Gina? ¡Ah, sí! Es la anterior a Sally, ¿no? ¿Qué tal está? —Está embarazada. —Está ¿qué? —Della se sentó en la cama. Nº Páginas 62—110 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Embarazada. Va a tener un hijo. Dice que es mío. —¿Tú lo crees? —Bueno, es… probable. Durante un tiempo fue muy intenso y no creo que ella tuviera muchas oportunidades de… ¿entiendes? —Me hago una idea. —Mamá, ¿qué puedo hacer? Dice que quiere tenerlo. —Hace bien. —¡Es un desastre! —exclamó él—. Voy a ser padre. —Por favor, tranquilízate. —¿Cómo voy a tranquilizarme? Es espantoso. —Ya se nos ocurrirá algo. —¿No vendrías para hablar con ella y que entrara en razón? —No para lo que quieres. Iré a ofrecerle mi ayuda y apoyo. —Para que te haga abuela. ¿Es lo que quieres? —¿Qué más da lo que yo…? ¿Qué has dicho? —He dicho que va a hacerte abuela. ¿Vas a apoyarla en eso? Mamá, ¿sigues ahí? —Sí… Solomon, te llamaré luego. —¿Cuándo vas a volver? —Pronto. Adiós, cariño. No puedo hablar ahora.


Della colgó y se quedó como si el mundo se hubiera parado. Nada volvería a ser lo mismo. Iba a ser abuela. —¿Qué pasa? —le preguntó Carlo al ver su cara. Ella no contestó. —Della, ¿qué ha pasado? ¿Qué te ha dicho Solomon? Ella recordó a su abuela. Una anciana de pelo gris. —Cariño, estás asustándome. ¿Qué ha pasado? Della, por el amor de Dios… ¿estás riéndote? —Sí, creo que sí —susurró ella—. He debido de volverme loca. Al menos, he vuelto a la tierra a tiempo —temblaba con una risa amarga. —No tengo ni idea de qué estás hablando. Carlo intentó parecer despreocupado, pero empezaba a sentir un miedo irracional. —Creo que yo tampoco lo sé —Della intentó serenarse antes de que la dominara la histeria—. He vivido en una fantasía. Ha sido como una locura que no quería que terminara, pero tenía que terminar y ha terminado. Nº Páginas 63—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Empezó a reírse otra vez. Era como un gemido entrecortado que estaba desquiciándolo.


—Basta —la agarró de los hombros y la sacudió un poco—. ¡Basta! —repitió con miedo. —De acuerdo —ella cesó súbitamente—. Ya he ordenado las ideas. —Por lo que más quieras, dime qué ha pasado. ¿Le pasa algo a Solomon? —Sí. Tengo que volver a Inglaterra para ayudarlo. —Entonces, tenemos que casarnos antes. No quiero que vuelvas sin mi anillo. No lo niegues, estabas a punto de aceptar. —Efectivamente, porque había enloquecido. Ahora he recuperado la cordura. Cariño, no puedo casarme contigo. Nunca podré. Nº Páginas 64—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Ocho Carlo se quedó un rato en silencio, resistiéndose a que esas palabras lo alarmaran. —Todavía no me has dicho qué ha pasado. ¿Qué te ha dicho Solomon? —Ha dejado embarazada a una chica. Dentro de unos meses seré abuela. ¿Qué te parece tan gracioso? Carlo había soltado una carcajada, pero se dominó rápidamente y la miró a los


ojos. —Lo siento. No he podido evitarlo. Si hay un joven en el mundo que no me extraña que se haya metido en ese lío, es Solomon. No me dirás que a ti te sorprende. Supongo que te habrá llamado para que lo resuelvas. —Carlo, ¿me has oído? Voy a ser abuela. —Pero ¿por qué haces una tragedia de eso? ¿Crees que dentro de cinco minutos tendrás canas y arrugas? ¿Vas a comprarte un bastón? —No te rías de mí. —Es cómico. Das importancia a nimiedades. —Voy a ser una abuela. —¿Y qué? No has cambiado. Sigues siendo la misma que hace cinco minutos. No tienes ochenta años de repente. —He ascendido de generación —insistió ella. —Entonces, te acompañaré —se ofreció él desenfadadamente—. Nos compraremos unos bastones y nos arrastraremos juntos. Ahora, vuelve a la cama. Solomon me ha dado una idea muy interesante. Intentó volver a meterla entre las sábanas, pero ella se resistió. —¿Te importaría ser sensato?


—¿Para qué? ¿Qué ha aportado la sensatez a alguien? Lo adoraba cuando estaba en ese estado de ánimo, pero esa vez no podía seguirlo. Aquello era demasiado grave. —Me gustaría que me hicieras caso. Della lo mantuvo a raya y él la miró sin entender nada. —Nada ha cambiado, sigues siendo la misma. La mujer que amo y que amaré siempre. —Sí ha cambiado —ella sacudió la cabeza con impotencia. —¿Por qué? No has envejecido en un segundo. —¿No? De repente me he visto envejeciendo. Nº Páginas 65—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Por una palabra? «Abuela» solo es una palabra —intentó abrazarla—. Cariño, no te dejes llevar por absurdos. Nada de eso nos afecta. Della se dio cuenta de que él no lo entendía. Sus palabras eran lógicas, pero no paliaban el pavor gélido que atenazaba su corazón. —Es algo más que una palabra. Es una idea y una imagen. Tú mismo la has visto; pelo gris, arrugas, bastón… Hace que tenga que afrontar algo que siempre he sabido en el fondo de mi corazón. Della se tapó la cara con las manos como si quisiera reunir valor.


—Me engañé al pensar que lo nuestro podría salir bien —siguió ella—. Tenemos algo maravilloso y no quise estropearlo. Sigo sin quererlo. Podemos conseguir todo lo que queramos… menos el matrimonio. —¿A qué «todo» te refieres? —Tardaremos meses en hacer el programa y podemos pasarlos juntos. Luego… ya veremos qué pasa. —¿Crees que luego me portaré como un mocoso caprichoso que cuando se ha divertido, se deshace de la mujer y pasa a la siguiente? ¿Te das cuenta de que me has ofendido? —No quiero ofenderte. Creo que tenemos que tomarnos las cosas como surgen. —No —Carlo se levantó de la cama—. Crees que no soy suficientemente adulto para comprometerme. No piensas que seas mayor, sino que soy demasiado joven, que no doy la talla. ¿Por qué no eres sincera? —Porque no es lo que pienso —replicó ella con vehemencia. —¿No? Della, tengo treinta y un años. Normalmente, se considera que un hombre de esa edad puede tomar decisiones. Tú misma lo comprenderías si no tuvieras esa obsesión con la edad. A lo mejor te parezco un crío, pero nadie más lo piensa.


—Un hombre de treinta y un años sigue siendo joven, pero yo ya me acerco a la madurez —insistió ella con pasión—. A lo mejor no quieres verlo, pero yo tengo que hacerlo. —Es un argumento absurdo y lo sabes. Quizá sea una excusa para algo mucho peor. —¿Qué insinúas? —Creo que has decidido que ya no me necesitas —contestó con una voz y una mirada gélidas—. ¿Me has dado falsas esperanzas? ¿Me has engatusado para conseguir material para el programa? —Eso es una bobada. Si solo quisiera información, tengo gente que la busca. —Pero no como lo hemos hecho. Viviéndola, sintiéndola. Además, te has tomado unas vacaciones muy agradables. Parece un tipo con posibilidades, vamos a ponerlo a prueba. Si es un buen juguete en mis manos, a lo mejor también es un buen presentador. Nº Páginas 66—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —No te atrevas a decir algo así. Ni se me ha pasado por la cabeza. —Pues lo parece. —Nunca te he considerado un juguete en mis manos.


—Me considerabas alguien a quien podías usar; alguien a quien podías tratar como a un niño. Tendría que haberme dado cuenta el primer día, cuando no me dijiste la verdad sobre tu motivo para estar en Nápoles. Creí que había conocido a la mujer de mis sueños y tú estabas examinándome todo el rato para ver si era lo que buscabas. Tuve un aviso, pero no le hice caso, como un idiota, porque… da igual. Se dio la vuelta y se alejó de ella. —Me retendrías hasta que te viniera bien —Carlo siguió hablando por encima del hombro—. Para ti solo era un juego. —Creía que para ti solo era un juego —replicó ella con tristeza—. Debería haberlo sido. —¿Debería haberlo sido? —repitió él atónito—. ¿Qué significa eso? —Al principio… —Della no pudo seguir por la emoción. —¿Qué? —preguntó él implacablemente. —Al principio pensé que era una aventura para los dos. Para mí tenía que serlo y, sinceramente, creí que tú estabas pasando el rato. Las mujeres han entrado y salido de tu vida, ¿no? —Sí —reconoció con pesar—. Demasiadas, pero ninguna de ellas ha significado nada en comparación contigo. Siempre has sido distinta. Intenté que lo comprendieras, pero, evidentemente, no lo conseguí.


—Pensé que solo sería una más. Ha sido maravilloso, pero no podía durar. Pensé que podíamos pasarlo bien durante un tiempo. Pensé sinceramente que tú lo darías por terminado. No pensé que tus sentimientos llegaran tan lejos. —Me trataste como a alguien sin sentimientos —le reprochó—. Sin embargo, no seguí el guión, ¿verdad? Me enamoré y quise casarme contigo —dejó escapar una carcajada amarga—. ¡Qué chiste! Te habrás muerto de risa. —Te juro que estás equivocado. Escúchame, Carlo. Te amo más de lo que nunca pensé que podría amar a un hombre y he intentado creer que las cosas podrían salir bien entre nosotros. Ahora sé que no es posible. —Ya te lo he dicho. Me importa un rábano tu edad. —Te importará con el tiempo. Tendré cuarenta y cinco años cuando tú sigas teniendo treinta y tantos. Llegaré a los cincuenta mucho antes que tú. Tú estarás impecable y yo tendré que hacerme cirugía plástica. —Ni se te ocurra. Te quiero como eres. —Cariño, cuando tenga cincuenta años no estaremos juntos… —Deja de decir eso. Seguiremos juntos dentro de cien años. Nº Páginas 67—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Pasaron de discutir a hablar del futuro como si no hubiera pasado nada. Ella


quiso reír y llorar al mismo tiempo. La negativa de Carlo a ver la barrera que los separaba hizo que lo quisiera más todavía, pero el esfuerzo por hacerle entrar en razón la desinfló. —Es posible que estemos juntos más tiempo del que había imaginado — concedió ella—. No digo que vayamos a separarnos inmediatamente… —Hasta que termine el programa. Te serviré hasta entonces. —No, durará lo que quieras. No me casaré, pero viviré contigo. —¿Cómo? —preguntó él—. Cuando termine la serie, viviremos en países distintos. ¿Vas a dejar tu profesión para seguirme por el mundo? —No puedo, pero… —¿Debo dejar yo mi profesión para vivir a tu sombra? —Claro que no, pero podemos encontrar la forma de estar juntos siempre que podamos. —Un fin de semana sí y otro no. Hasta que un día llegue temprano y tú no levantes la cabeza del ordenador porque no tengas tiempo… —O hasta que un día yo llegue temprano y te encuentre con una joven sexy que tiene todo lo que yo ya no tengo… —¡No vuelvas a decir eso! —¿Por qué? —exclamó ella—. Algún día tendrás que ver la realidad. ¿Por qué no ahora? Pasará y no te lo reprocharé porque será lo natural. ¿No te das


cuenta de que la única forma de amarnos es estar preparados para soltar amarras cuando llegue el momento? —¿Y si no quiero soltar amarras? —preguntó él con rabia. —Entonces, seguiremos juntos mientras quieras. —Estás muy segura de que seré yo el que rompa, de que yo te traicionaré. ¿Crees que mi amor no vale tanto como el tuyo? —No, nunca lo he pensado, pero esos siete años pesan. Sé que ahora no lo crees, pero algún día lo comprobarás. —¿Quieres decir que con el tiempo llegaré a estar de acuerdo contigo? —Cuando veas que me salen arrugas, que pierdo la fuerza mientras tú conservas toda la tuya… entonces… —Entonces, ¿qué? —Entonces te darás cuenta del error que cometiste. Pero todavía puedes evitarlo. —Tu concepto de mí es espantoso, ¿verdad? —preguntó él con calma—. Creía que nos habíamos amado, pero me has tratado como a un niño, con indulgencia. Nº Páginas 68—110 https://www.facebook.com/novelasgratis


Ella intentó negarlo, pero no encontró las palabras. Aunque pareciera horrible, podría tener algo de razón. Había tomado todas las decisiones sobre la relación sin decírselo. El primer día le había ocultado el motivo de su viaje y luego le ocultó su edad. Siempre se había dicho que era lo mejor para todos. ¿Acaso no era eso lo que hacían las madres? —Escúchame —el tono de Carlo fue más amable—. Pido más que tu amor. Quiero todo lo tuyo para el resto de tu vida; todo tu corazón, tu cuerpo y tu cabeza. Quiero saber que confías en mí lo suficiente como para comprometerte en vez de buscar una salida fácil. —Una salida para ti… —No —él volvió a enfurecerse—. Ése es el barniz que le pones, pero estás protegiendo tu orgullo. Si acabo siendo tan infame como esperas… ya lo tenías previsto, ¿no? —Solo quiero dejarte una puerta abierta… —No, casi estás empujándome por ella. Parece generoso, pero es una forma de control. Tú dices cuánto durará, tú impones las condiciones de la ruptura. Incluso has escrito la escena final. Volverás de repente y me encontrarás en brazos de una joven voluptuosa. Entonces, ¿qué haré? ¿Balbuciré algo como: «No esperaba que te enteraras así»?


—No lo hagas —susurró ella. —Quizá sea mejor: «Della, hay algo que quería decirte». Dime, ¿todavía no has escrito mi réplica? —Carlo resopló—. Nuestro amor, lo que yo creía que era nuestro amor, no es una serie que puedes escribir una y otra vez hasta que se ajuste a lo que buscas. Ella se quedó en silencio, descorazonada por su dictamen, tan descarnado y, sin embargo, tan cercano a la realidad. Carlo se acercó y le puso las manos en los hombros; había recuperado el dominio de sí mismo. —Lo decía en serio. Tiene que ser el matrimonio, el compromiso absoluto, o nada. No te pido que renuncies a tu profesión. Solo que cambies de residencia. Puedes producir tus programas desde aquí. Te quiero como esposa, no como una novia con cláusula de rescisión que me trata como a un idiota. Quiero saber que confías en mí como marido, que no soy un inferior del que hay que protegerse porque va a abandonarte. —Es una forma tremenda de plantearlo. —Es como lo veo. —Carlo, solo ves lo que quieres. Una vez me dijiste que persigues aquello que


te ha llegado al corazón, pero no sabes cómo es un matrimonio. Yo sí. He pasado por dos y sé que los sentimientos mueren. No de golpe, sino poco a poco. Los pequeños enfados que se agigantan cuando ocurren por milésima vez, el aburrimiento, las veces que quieres darte de cabezazos contra la pared, la cotidianidad interminable… No lo sabes. Nº Páginas 69—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tampoco lo sabe casi nadie que se casa. Según eso, nadie se casaría. Pero la gente se casa porque se quiere lo suficiente para correr el riesgo y porque es la forma de demostrarse que confían el uno en el otro. Si no confías en mí tanto como para casarte, no tenemos ningún porvenir juntos, ni siquiera los meses que me has concedido. —¿Qué quieres decir? —Della lo miró con inquietud. —Quiero que me lo prometas ahora o hemos terminado. No te molestes en volver cuando vayas a Inglaterra. —No lo dices en serio —susurró ella. —Sí lo digo en serio. Has estado jugando conmigo y se ha acabado. Antes de que te marches, quiero que le digamos a mi familia que vamos casarnos. Mi madre está esperando el anuncio y la dejaremos preparando la boda.


—Cariño, no puedo hacerlo. Carlo se apartó y la miró con frialdad. —Claro que no puedes. La respuesta iba a ser negativa desde el principio. Lo fue cuando todos nos vieron juntos en la fiesta y supieron que te adoraba. Viste lo que pensaban y lo que yo pensaba, pero no hiciste nada por impedirlo. Pudiste decirme la verdad en cualquier momento, pero preferiste no hacerlo. —No —susurró ella con espanto—. No fue así. —¿No? Mírame a los ojos y dímelo sinceramente. ¿Hubo un segundo siquiera en el que quisieras casarte conmigo? —Carlo… —¡Contéstame! —No sé realmente lo que quería. Siempre supe que debería renunciar, pero… —Pero te venía mal, ¿no? —No. Sencillamente, no podía soportarlo. Era maravilloso y quería que durara. A veces me engañaba y me decía que era posible. No quería reconocer que no podía suceder, así que lo posponía una y otra vez. —Muy ventajoso —dijo él en voz baja—. La verdad es que te has burlado de mí. —Te juro que no.


—Demuéstralo. Por última vez, ¿me darás el compromiso que te pido? Si no, no tenemos nada más que decirnos. —¿Estás dándome un ultimátum? —Della se indignó. —Me temo que sí. —No lo hagas, Carlo. No soporto que me intimiden, y menos para que me case. —Supongo que es tu respuesta. —Tiene que serlo. Nº Páginas 70—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Todas esas noches que estuviste entre mis brazos y me susurraste… todos esos sueños que me dejaste albergar… Sabías que yo vivía en un paraíso inalcanzable y me tuviste allí porque te convenía. —No podía llegar a ninguna parte. No puedes verlo porque quieres que yo… —Della, no soy un niño al que tienes que proteger. No me ofendas. —De acuerdo —ella ya no podía soportar más la escena—. Quizá tuvieras razón cuando dijiste que quiero protegerme para no estar cerca cuando la desilusión se adueñe de ti. No quiero estar presente cuando te preguntes cómo pudiste hacer semejante tontería. No quiero presenciar cómo miras a otro lado para no tener


que ver lo que está pasándome. No quiero comprobar que haces florituras para ser delicado conmigo. La cara de Carlo adquirió una expresión que ella no había visto nunca y se asustó. Era parecida al desprecio. —Por fin la verdad —dijo él. —Es una verdad —ella suspiró con pena—. Hay muchas verdades. No te quedes con ésa. —¿Estás segura de que hay más verdades? —preguntó él con una voz gélida. —No lo sé. Quizá no —contestó Della al cabo de un rato. Carlo intentó pensarlo con calma antes de recoger los pantalones que había tirado al suelo la noche anterior, de ponerse la camisa y de dirigirse a la puerta. Ella se quedó inmóvil como si esperara su vuelta. No podía creerse que la hubiera dejado de esa manera. No era propio de él. Sin embargo, pasaron los minutos y tuvo que aceptar la realidad. Se había confundido con él. Solo había visto su lado afable y su risa fácil, pero no había captado la dureza de su corazón y la había tratado con crueldad. Ella había estado preparada para ese dolor, pero no para su furia y su desprecio. —Es el precio del conocimiento —se dijo con ironía—. Ninguno de los dos entendimos ni conocimos bien al otro. Es mejor así. Se levantó, llamó al aeropuerto y reservó un billete en el vuelo de la tarde a


Londres. Todo había terminado. No volvería a verlo. Se lo repitió una y mil veces para intentar asimilarlo. Se metió en la ducha y no oyó ni notó nada hasta que cerró el grifo y abrió la puerta. Fue tal la impresión que se habría caído al suelo si él no la hubiera sujetado firmemente con un brazo. La cubrió con una toalla y la llevó al dormitorio sin soltarla. Él no dijo nada ni ella esperó que lo hiciera. Su cara reflejaba una tristeza que no podía expresarse con palabras. La secó y ella intentó retener la toalla para taparse, pero él la tiró a un lado y la estrechó contra su pecho. No se había abotonado la camisa y el contacto de su piel fue una conmoción, como si no la hubiera sentido nunca. Lo cual, era verdad. Durante la última hora se habían adentrado en un mundo distinto donde todo era desconocido. Nº Páginas 71—110 https://www.facebook.com/novelasgratis La tumbó en la cama y se quitó la ropa hasta que estuvieron desnudos. Ella intentó decir que era un disparate, pero él se limitó a poner la cabeza entre sus pechos. Della, sin poder evitarlo, la tomó delicadamente con las manos. Empezó a besarla por todos lados entre susurros. Un placer y una felicidad agridulces se adueñaron de ella. Sería la última vez, pero la dicha del momento era innegable, era ardiente y superaba cualquier otro pensamiento. Lo amaría en ese momento y luego sobreviviría como pudiera. Carlo le hizo el amor como no se lo había hecho antes, como si fuera la cúspide de las veces anteriores. Puso en práctica todo lo que había aprendido sobre ella para que gozara más, despertó un torbellino de recuerdos con cada


movimiento, alargó cada instante para que la tensión aumentara y ella pidiera a gritos la culminación. Sin embargo, la hizo esperar. Le recordó cuánto disfrutaba, lo largos que se le harían los años que se le avecinaban sin la pasión de su amor; le planteó si podría vivir sin aquello. La respuesta la aterró, pero había tomado la decisión y no iba a permitir que él sospechara que ya se le había destrozado el corazón. —No te vayas —susurró él—. Sigue conmigo. Antes de que pudiera contestar, Carlo entró en ella y se contoneó con pasión y delicadeza hasta que ella gimió de placer. Cuando se acercó al clímax, se aferró a él y lo miró a la cara, rebosante de amor y miedo. La separación fue como una muerte. La cruda realidad seguía allí, expectante, implacable. —Quédate conmigo —volvió a susurrar él. Sin embargo, el rostro de Della expresaba desesperación, no lo que él buscaba. —Nada ha cambiado, ¿verdad? —preguntó Carlo con tono abatido. —Nada, lo siento. Carlo se levantó y se marchó sin mirarla. Solo podía vestirse y desaparecer. —Te llevaré al aeropuerto —se ofreció cuando ella se acercó. —No hace falta. Tomaré un taxi. —Te llevaré al aeropuerto —insistió tajantemente. El viaje fue algo irreal. No hablaron y, cuando lo hicieron, fue de


banalidades; del billete, del equipaje… Él la acompañó dentro del aeropuerto hasta que facturó las maletas. —Voy un poco tarde —comentó Della mientras miraba el panel—. Tengo que irme. —Sí, date prisa. Por cierto, naturalmente, no podré hacer la serie. —Me lo imaginaba. —Encontrarás otro presentador —afirmó Carlo con frialdad—. Los hay a montones. No voy a enfadarme contigo —susurró—. Della, por favor, olvídalo todo; olvida lo que he dicho y lo que has dicho tú. Da igual. Olvidémoslo y amémonos como antes. Nº Páginas 72—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella sacudió la cabeza con fuerza. —Yo te amaré siempre, pero solo había sido un sueño… —¿Y puedes dejar que se desvanezca? —preguntó Carlo—. ¿Tan poco te importa? —Nunca sabrás cuánto me importa —Delia cerró los ojos—. Pero no podemos


cimentar una vida con eso. Algún día comprenderás que tenía razón. —No tienes razón —la agarró de las manos con todas sus fuerzas—. Estás arrastrándonos al desastre y no te das cuenta. Te lo pido por última vez, no nos hagas esto. La megafonía avisó de que era la última llamada para su vuelo. —No —Carlo siguió agarrándola—. No te dejaré marchar. Te quedarás conmigo. Ella sacudió la cabeza con un gesto mudo de tristeza. Él la soltó. Della cruzó la puerta con la intención de no mirar atrás, pero en el último momento quiso saber si él seguía allí y se volvió lentamente. La multitud empezaba a arremolinarse y vio su cara entre las de otras personas. La observaba inmóvil, como si estuviera quedándose sin vida. Nº Páginas 73—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Nueve Della despegó de Nápoles con un día radiante y aterrizó en Londres entre la lluvia. Solomon estaba esperándola. —Me alegro de que hayas vuelto, mamá —la saludó mientras la abrazaba. Ella no tuvo fuerzas de responder y fueron a buscar un taxi. —La he limpiado un poco para que te la encuentres reluciente —le dijo Solomon cuando llegaron a la casa flotante.


—¿La has limpiado un poco? —preguntó Della. —Jackie me ha echado una mano —reconoció Solomon. —Mmm. La casa estaba inmaculada y ella comprendió que había sido labor de su secretaria, pero no dijo nada. Solomon le llevó el equipaje, le dijo que se sentara y le preparó un café. —La situación tiene que ser espantosa para que te portes como un caballero — comentó ella con un tono algo burlón pese a la tristeza. —No sé qué pensar. ¿Qué voy a hacer con un hijo? —Creía que querías que yo lo arreglara todo. —Eres maravillosa —le dio un beso en la mejilla. —No lo dudes —replicó ella con ironía. Della consiguió evadirse de la realidad durante un rato. Llegó a pensar que lo superaría fácilmente. Incluso se durmió enseguida. A la mañana siguiente comprobó lo equivocada que estaba. Se despertó al amanecer y salió para ver la salida del sol sobre el río. Fue un error. Revivió el día que conoció a Carlo y le contó esa escena. —Tienes que atrapar ese instante porque se desvanece muy deprisa. Lo dijo para expresar la magia del amanecer sobre el agua, sin saber lo bien que se ajustaba al tiempo que habían pasado juntos. Se había desvanecido sin


atraparlo. Ese recuerdo estaría esperándola todos los amaneceres. A los Rinucci no les extrañó que Della tuviera que marcharse una temporada. Tardaron en darse cuenta de que no volvería. Carlo no propició las preguntas. Solo dio alguna explicación a su madre. —No habría salido bien y los dos lo sabíamos. Nuestras profesiones eran incompatibles. —¿Vuestras profesiones? —preguntó ella con incredulidad. Nº Páginas 74—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Claro —contestó él despreocupadamente—. Siempre serían un obstáculo. —¿No puedes decirme la verdad, hijo? —Fue la diferencia de edad —reconoció Carlo con un suspiro—. Ella le daba demasiada importancia. En realidad, era una excusa. No me quería. —¿Ella te rechazó? ¡Bobadas! —Increíble, ¿no? —preguntó él con ironía—. ¿Hay alguna mujer que pueda rechazarme? —Debe de ser la única. Está loca, estarás mejor sin ella. —Claro, madre, si tú lo dices… —No me hables con ese tono —le espetó ella. —¿Qué tono?


—Condescendiente. Sé lo que significa. Significaba que se había recluido en algún lugar que nadie podía alcanzar y Hope lo miró con rabia contra él, contra Della y contra el mundo por haber hecho daño a su hijo. Esa noche se lo contó a su marido. —Pero es lo que querías —replicó Toni—. Siempre pensaste que no era buena para él. —Pero quería que él la rechazara. —Él nunca lo habría hecho —dijo Toni, que veía más cosas de las que decía. Carlo, como si quisiera aliviar sus temores, empezó a pasar más tiempo en la villa. A veces se quedaba a pasar la noche e, incluso, llevaba compañía femenina, pero siempre la despedía en un taxi. Parecía el de siempre, risueño, seductor y siempre dispuesto para la diversión. Sin embargo, cuanto mejor se lo pasaba, más se preocupaba Hope. —¿Sabes algo de ella? —le preguntó una vez. —Nada. ¿Qué iba a saber? —Aquel proyecto que teníais juntos… —Ya no saldrá nada de eso. —Había pensado que si volvíais a veros, a lo mejor…


—Mamá, no tiene sentido hablar de eso. Olvidémoslo. —¿Vas a olvidarlo, hijo? —No —Carlo sacudió levemente la cabeza—. Nunca. Pero eso es porque tengo esa maldición. Sería maravilloso saber olvidar, pero no sé cómo se hace. Hope asintió con la cabeza. Conocía esa maldición. Nunca había hablado de eso, pero se preguntó si su hijo pequeño se habría dado cuenta de su secreto. Ella, en parte, seguía considerándolo el niño de la familia, pero en ese momento comprobó Nº Páginas 75—110 https://www.facebook.com/novelasgratis que ese hombre tenía una sabiduría dolorosa que también se reservaba para sí mismo. —¿Puedes aceptarlo? —le preguntó ella con serenidad. —Me apaño. No voy a amargarle le existencia a todo el mundo con mi tristeza. Hay muchas buenas noticias en la familia. Los gemelos de Justin, por ejemplo. —Tienes razón. Aun así… —Hope se calló. —¿Qué? —Te veo vacío y dolorido por dentro y me pregunto cuánta culpa tengo yo. —¿Qué culpa vas a tener tú?


—Quizá no la recibí como debería haberla recibido. No era lo que quería para ti. Hice y dije lo correcto, pero ella captó que no lo decía con cariño. Hijo, ¿la he espantado y he destrozado tu vida? —Claro que no —Carlo estaba desconcertado—. No sabes cómo estábamos. Nada la habría alejado de mí si ella no hubiera querido irse. Teníamos nuestro mundo y no había nada más. Salvo que lo estropeé porque no era el hombre que ella quería. —Pero… —Intenta entenderlo y no volveremos a hablar de esto. Solo fue mi culpa. Para ella, yo no estaba a la altura. Así de sencillo. Hope lo entendió. Estaba diciéndole que hasta ella carecía de importancia frente a su amor. Lo dijo con mucha delicadeza, pero lo entendió perfectamente. Por un instante, odió a Della con una intensidad que la asustó. Había tenido todo ese poder y lo había desdeñado. Había abandonado a su hijo en un desierto infinito. —No la odies —le pidió Carlo como si le hubiera leído el pensamiento—. Hazlo por mí. —De acuerdo, no lo haré. Es más, creo que deberías ir a Inglaterra. Arregla lo que tengas que arreglar si eso es lo único que puede hacerte feliz.


—¿Perseguirla? —Carlo endureció el gesto—. ¿Suplicar a una mujer que me ha rechazado por no estar a la altura? ¿Por quién me has tomado? —Cariño, no dejes que el orgullo se interponga en tu camino. —Un hombre debe conservar el orgullo. Es importante. —Bueno, ¿puedo ayudar? Si hablara con ella… Hope se calló al ver el destello de ira en los ojos de su hijo. —Ni se te ocurra. Ni por un instante. ¿Me has entendido? —Sí —ella vaciló—. No haré nada que no quieras que haga. Había vislumbrado una firmeza furibunda en él y casi se había asustado. —Perdóname por hablarte así —Carlo le pasó un brazo por los hombros—, pero no debes entrometerte. No puedes hacer nada. Nº Páginas 76—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Entonces, ¿qué se puede hacer? —Nada —contestó él sin alterarse—. Nada en absoluto. Lo primero que hizo Della fue ir a la floristería donde trabajaba Gina. Vio a una chica muy guapa de unos diecinueve años con aspecto cansado. —¿Puedo ayudarla en algo, señora? —le preguntó Gina. De repente se sintió mareada y se tambaleó.


—A mí me pasaba lo mismo —la tranquilizó Della mientras la sentaba en una silla—. La llevaré a su casa —añadió al ver a la jefa—. Soy su tía. Gina vivía en un apartamento a poca distancia de la tienda. No se resistió cuando Della llamó a un taxi y se la llevó. El apartamento era como Della lo había imaginado: muy austero, pero limpio y ordenado. Ordenó a Gina que se sentara en el sofá, preparó un té y se sentó junto a ella. —Soy la madre de Solomon. He venido a ver cómo eres. —¿La ha mandado él? —preguntó Gina con una emoción que impresionó a Della. —No. Me temo que no. Si yo fuera tú, no esperaría gran cosa de Solomon. —Lo sé. No quiere saber nada del bebé. —¿Y tú? —Lo quiero —contestó ella—. Voy a tenerlo, me da igual lo que digan los demás. Della no había esperado que la chica le gustara, pero se sintió muy cerca de ella. —Así se habla. —¿De verdad? Entonces, ¿no ha venido para decirme que…? Sé que a Solomon


le espanta la idea. —Olvídate de Solomon. No tiene nada que decir sobre este asunto. Es muy inmaduro. —Sí, se aburre fácilmente. Sé que está harto de mí. —Algunos hombres son así —dijo Della con calma—. Pero no todos son iguales. Hay hombres en los que se puede confiar, que quieren quedarse contigo para siempre y afrontarlo todo juntos. —¿Le pasa algo? —preguntó Gina de repente. —No. ¿Por qué lo preguntas? —Se ha quedado mirando al infinito. —¿De verdad? No me he dado cuenta. Háblame de tu familia —añadió Della. Nº Páginas 77—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Mi madre murió y mi padre ha vuelto a casarse. Mi abuela materna vive todavía, pero mi padre se peleó con ella cuando murió mi madre. Dice que es una entrometida y no deja que nos visite. —Entonces, vas a necesitar ayuda y para eso he venido. Della decidió que le pagaría una asignación a la chica y casi le ordenó que dejara el trabajo. Afortunadamente, Gina reconoció la buena voluntad que


había en tanta rotundidad y se mostró dispuesta a hacer lo que le decía. Della volvió más feliz a su casa, pero ligeramente sorprendida consigo misma. Se encontró algo mandona, como si organizara las cosas de los demás sin preguntarles lo que sentían. No se había dado cuenta hasta ese momento. El trabajo en Pompeya estaba terminando. Carlo pasaba allí todo el tiempo, volvía a su piso para dormir y se levantaba temprano para volver al trabajo. Una tarde, levantó la cabeza y se encontró con la mirada perpleja de Ruggiero. —¿Qué pasa? —le preguntó Carlo. —No te reconocía. ¿Qué te has hecho en el pelo? —Me lo he cortado. —¿Por qué tan corto? —Fue un accidente. Me derramé un engrudo en un lado de la cabeza y no pude quitármelo. Tuve que cortarme el pelo. —Y te lo has cortado tú mismo… —Tenía prisa. —¿Por eso hace siglos que no vienes por casa? ¿No te atreves a enfrentarte con mamá? —Prefiero que me crezca un poco.


—Recoge tus cosas y acompáñame. —¿Adónde? —Primero, al peluquero para que te devuelva un aspecto humano. Luego, a tu piso para que te duches y estés presentable. Más tarde, saldremos por la noche. Necesitas emborracharte urgentemente. —Vamos. Muchas horas más tarde, cuando Villa Rinucci se preparaba para pasar la noche, Toni se quedó petrificado y giró la cabeza hacia la puerta. —¿Oigo cánticos? Nº Páginas 78—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Creo que por lo menos intentan ser cánticos —contestó Hope con ironía. A los pocos segundos, los gemelos aparecieron por la puerta sujetándose el uno al otro. —Buenas noches —balbució Ruggiero. —¿Con quién vienes? —le preguntó su madre con perplejidad. —En realidad, es Carlo —contestó Ruggiero—. Aunque no lo parece. —¿No habréis venido en coche? —el tono de Hope fue de preocupación. —No, hemos tomado un taxi. También fuimos en taxi…


—Así que salisteis dispuestos a emborracharos… —intervino Toni. —Efectivamente —confirmó Ruggiero. —Podríais haberme llevado con vosotros. —La próxima vez, papá, te lo prometo. —Dejad de decir sandeces —los interrumpió Hope—. Sentaos antes de que os caigáis. Llegaron hasta el sofá y Carlo se dejó caer con la camisa medio abierta. Hope lo miró e intentó encontrar al perfecto playboy que había visto otras veces. Se acordó de la noche, no hacía mucho tiempo, cuando durmió en ese mismo sofá después de una fiesta. Aquél había sido un hombre que vivía la vida sin reservas. El que tenía delante era un hombre que quería olvidar. Miró a Ruggiero y notó que pensaba lo mismo. Él sacudió la cabeza como si contestara a una pregunta que se habían formulado en silencio. A principios de diciembre, el tiempo empeoró mucho y hubo días en los que Della casi no podía salir por la lluvia. Empezó a pensar en la Navidad, cuando volvería a ver a Solomon y se enteraría de qué tal le iba en la universidad. Se había hecho amiga de Gina y la acompañaba a la clínica siempre que podía. También la había ayudado a reconciliarse con su abuela y en ese momento estaba


pasando una temporada con ella. Della estaba sola. Se propuso salir por las noches. Así podría pensar que volvía a tener citas y que Carlo pertenecía al pasado. Sin embargo, esas citas solían ser con hombres a los que trataba por motivos profesionales. Una noche, al volver a casa, se encontró una luz encendida. —¿Qué haces aquí? —le preguntó a Solomon—. No me dirás que te han expulsado… —No, no es tan grave —contestó con un tono meloso que le ablandó el corazón—. Solo me han invitado a que adelante las vacaciones de Navidad para que me tranquilice. Nº Páginas 79—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Tranquilizarte? ¿Por qué? —Unos cuantos montamos una juerga, pero llegó un poco lejos, acabó en una pelea y…bueno, llamaron a la policía. Él se encogió de hombros y sonrió como si fuera una tormenta en un vaso de agua. Había dado resultado muchas veces, pero Della ya lo veía con otros ojos. No era un niño. —Creo que llamaré al rector de la universidad. —Pero si ya te he contado lo que ha pasado… —Sí, pero él me contará lo que pasó en realidad. No me tomes por tonta,


Solomon. Vete a la cama. Mañana te diré lo que he decidido. Ahora no estoy segura. Solomon se quedó boquiabierto y se fue a la cama. Ella se quedó dándole vueltas al asunto. Sabía que desde que había vuelto a la universidad, Solomon había seguido siendo un derrochador, pero se temía que eso era mucho peor. Lo había malcriado toda su vida y solo una persona se había dado cuenta. Carlo había sabido cómo tratarlo. No se había puesto insoportable, sino que había sido implacable con tranquilidad y el joven se había doblegado a la autoridad. Deseó que estuviera allí para aconsejarla. Al día siguiente, hizo la llamada y se enteró de lo peor. —El rector me ha dicho que eres una gran decepción —le dijo más tarde a Solomon—. Llevas una vida social por todo lo alto y trabajas lo menos posible. ¡Muy bien! Voy a dejarte sin asignación. Tendrás que buscarte un trabajo para mantenerte. —Pero no sé hacer nada… —Es la mayor verdad que has dicho en tu vida. Pero, aun así, hay trabajo para esas personas. Trabaja de barrendero si es necesario, pero consigue un trabajo. —No me des órdenes, no soy un niño. —Mientras dependas de mí, serás un niño. Si quieres ser un hombre, gánate


la vida. Solomon tenía que tomarla en serio. Algo le decía que ella había cambiado. Su golpe maestro fue conseguir un trabajo como repartidor de paquetes y una noche volvió a casa con su primer sueldo en el sobre. —Ni siquiera lo he abierto —le dijo a su madre con tono de honradez. —Perfecto —replicó ella mientras se lo arrebataba—. Hoy me han llamado de tu banco. Has superado el límite de tu tarjeta de crédito. Esto vendrá muy bien. —¿Pero no podrías…? —No —contestó ella sin vacilar—. No puedo. La prudencia hizo que él no dijera nada y que volviera a trabajar arduamente para que ella se lo replanteara. Della cedió un poco y con el nuevo año él volvió a la universidad para «empezar de cero». Della no tuvo muchas esperanzas, pero sí tuvo Nº Páginas 80—110 https://www.facebook.com/novelasgratis cierta sensación de éxito. Solomon la trataba con un respeto cauteloso y supo que tenía que agradecérselo a Carlo. Se lo agradeció con el corazón y se preguntó dónde estaría y qué estaría haciendo. ¿Se acordaría alguna vez de ella? ¿Qué recuerdo tendría? Los gemelos de Evie habían nacido a finales de noviembre. Carlo entró en la


villa y se encontró a su madre al teléfono, a su padre dando saltos y a Ruggiero con una sonrisa en los labios. —Niño y niña —le dijo a Carlo. —Qué alivio… —Hope colgó el teléfono—. El parto se retrasó unos días y estaba preocupada. El pobre Justin estaba tirándose de los pelos. —¿Justin? —exclamó todo el mundo a la vez. Justin Dane, el primer hijo de Hope, se había separado de ella nada más nacer y había reaparecido en sus vidas hacía tres años. Durante ese tiempo se había integrado muy bien en la familia, aunque les había costado al principio porque estaba muy marcado por la vida tan complicada que había tenido. Era hosco y taciturno y se había creado un caparazón que lo protegía del contacto humano. El amor de Evie lo había suavizado y ya había aprendido a ser feliz. Aun así, la idea de imaginárselo demostrando sentimientos hizo que los tres hombres soltaran una carcajada. —¿Tirándose de los pelos? —bromeó Ruggiero. —Es una forma de hablar —se defendió Hope—. No habla mucho, pero yo lo sé. Toni y ella se marcharon a la mañana siguiente, pasaron tres días fuera y volvieron con cientos de fotografías.


—Evie parece feliz —comentó Ruggiero al verlas. —¿Cuándo los conoceremos? —preguntó Carlo. —Van a venir por Navidad —contestó Hope. Todos los Rinucci se reunieron por Navidad. Pietro y Luke llegaron con sus mujeres; Francesco viajó desde Estados Unidos; Ruggiero llevó una novia nueva y Justin y Evie volaron desde Inglaterra con los gemelos y Mark, el hijo de Justin, con quince años, de su primer matrimonio. Él fue quien juntó a Evie y Justin cuando ella era profesora de idiomas en su colegio y Mark era su mejor alumno, aunque tenía tendencia a no ir a clase. Le encantaba el italiano, que aprendió de Evie, y le apasionaba viajar a Italia. Un día, Carlo se lo encontró absorto con un artículo sobre Pompeya. —¿Lo entiendes? —le preguntó Carlo con una sonrisa. —Lo suficiente para saber que trata de ti —contestó Mark. Nº Páginas 81—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —No, trata del yacimiento. Yo aporté algunas opiniones, pero un buen arqueólogo nunca es el protagonista de la historia. —¿No vas a hacer toda una serie? —No, eso quedó en agua de borrajas. —Pero Evie dijo…


—¿Qué te parece Pompeya? —lo interrumpió Carlo con cierta desesperación —. ¿Quieres verla? Mañana haré mi última visita. Al día siguiente fueron juntos a Pompeya. Mark era al alumno ideal. Carlo empezó de forma muy parecida a como lo había hecho con los colegiales el día que había conocido a Della y Mark disfrutó muchísimo. —Pero hay mucho más, ¿verdad? —preguntó Mark de repente. —Mucho más —contestó Carlo, que reconoció un alma gemela. Le enseñó todo y habló con él como si fuera un colega de profesión. Mark se quedó cautivado con el museo. Sobre todo, con la figura de la madre que protegía al hijo. —¿Qué tal te llevas con Evie? —le preguntó Carlo. —Es estupenda —contestó él inmediatamente—. Mi padre es mucho más amable desde que está con ella —dejó escapar una risita—. La noche que estábamos esperando en el hospital me dijo que quería tener una conversación conmigo de hombre a hombre. —¡Caray! —Ya, pensé que iba a ser espantoso, pero solo quería hablarme de Evie. Me dijo que cuando me llegara el momento, no me precipitara porque un hombre


tiene que esperar a la persona ideal, aunque tarde años y años. —¿Justin dijo eso? —Carlo intentó imaginarse a su taciturno hermanastro. —Bueno, los gemelos estaban naciendo… —contestó Mark como si eso lo explicara todo. Carlo dejó a Mark charlando con Antonio, un integrante de su equipo, y se alejó un poco dándole vueltas a lo que acababa de oír. Hasta Justin había encontrado el secreto que le rehuía a él. Caminó sin rumbo y acabó en un sitio donde los enamorados se abrazaban, como él había hecho con Della el día que se conocieron; como hicieron la última vez que estuvieron allí, cuando todo parecía perfecto entre los dos, cuando creía que sería algo eterno. Sin embargo, se había equivocado. No la había entendido en ningún momento. «¿Cómo lo amo?» decía el poema «Contaré las maneras». Para él, las maneras eran tantas que no podían contarse. Para ella, eran tan pocas que no merecía la pena contarlas. Se habían separado y no había quedado nada detrás. —Ya me voy —dijo una voz a su lado. —¿Cómo? —Carlo volvió a la realidad con un respingo. Nº Páginas 82—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me voy —repitió Antonio—. ¿Te pasa algo?


—No, nada, nada… —El trabajo ha terminado. Ya no hay motivo para quedarse. —Efectivamente, no hay motivo para quedarse. Nº Páginas 83—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Diez Fue Hope quien propuso a Evie que invitaran a Carlo a acompañarlos a Inglaterra. —Es una buena influencia para Mark —le comentó su suegra—. Ese chico se interesa mucho por todo tipo de cosas serias. —Sí, es un intelectual en ciernes —Evie sonrió—. Nos encantaría que viniera Carlo. Si Carlo tuvo algún recelo sobre los motivos de su madre, no dijo nada y aceptó la visita con mucho gusto. Al segundo día de estar allí, Evie contestó el teléfono y tapó el auricular para dirigirse a Carlo. —Tu fama te ha precedido. ¿Irías esta noche a un programa de televisión en directo? Se han enterado de que estás aquí y necesitan a un especialista para que comente un descubrimiento. Le dijo el descubrimiento. Se trataba de uno magnífico que había encantado a Carlo. Aceptó con entusiasmo y esa noche se presentó en el estudio dispuesto a


hablar. La discusión se acaloró cuando otro de los participantes se mostró envidioso y desdeñoso. Carlo puso toda su energía en defender al colega que tanto admiraba. Todos disfrutaron enormemente. —No es frecuente que sea tan apasionado —le comentó con entusiasmo el productor al final del programa—. Por cierto, ¿no ibas a hacer una serie con Della? ¿Qué ha pasado? —No pudimos encajar nuestros compromisos —contestó Carlo mientras intentaba contener el estremecimiento. —¡Qué lástima! Todo lo que toca se convierte en oro. Se rumorea que dentro de un par de semanas van a darle otro premio. —No me extraña —replicó Carlo sin saber lo que decía—. Si me disculpas, tengo que irme. La visita fue muy agradable. Un día Justin lo invitó a comer en un restaurante que estaba cerca de su oficina y hablaron de Hope. Estaba fascinado con la infancia, como si intentara imaginarse una época con su madre que no había conocido. Carlo se emocionó e intentó satisfacerlo todo lo que pudo. Cuando llegaron los licores, eran buenos amigos y los dos lamentaron para sus adentros que los interrumpieran. —Carlo, te presento a Alan Forest —le dijo Justin—. Un amigo de negocios. Forest era un hombre corpulento, algo mayor y muy extrovertido.


—Anoche te vi en la televisión. Fue muy divertido. Siguió hablando sin que pudieran interrumpirlo. Resultó estar divorciado, tener mucho dinero y ser arqueólogo aficionado. Dijo tonterías, pero Carlo sonrió y las consintió. Nº Páginas 84—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Quiero que mañana tu familia y tú seáis mis invitados —declaró Forest animadamente—. Tengo reservada una mesa para una ocasión especial, pero, inesperadamente, me he quedado solo. Los dos sonrieron mientras pensaban una excusa. —Es la ceremonia de unos premios de televisión —siguió Forest—. Se celebrará en un hotel mío, así que han tenido que darme una mesa. Es el acontecimiento del año. —Eres muy amable, pero estamos muy ocupados… —empezó a disculparse Justin. —No creas —lo interrumpió Carlo—. Mañana por la noche no tenemos nada que hacer. Justin rectificó precipitadamente y se citaron para la noche siguiente. —Creo que no estás bien de la cabeza —le recriminó Justin en el coche.


—Es verdad —aceptó Carlo—. Desde hace mucho tiempo. Della no lo reconoció al principio. Era tarde y estaba medio dormida delante del televisor. Oyó la voz de un hombre. —Bastante se ha hecho con el sentido de la proporción… El otro hombre empezó a hablar y se sintió desconcertada. Era la voz de Carlo, pero el hombre no lo parecía. Parpadeó y se fijó bien. Era él, pero con el pelo mucho más corto. Estaba casi irreconocible. Se dio cuenta de que su aspecto infantil se debía en gran medida al pelo descuidado. En ese momento, parecía alguien serio, profundo y documentado. No entendió nada de lo que dijo, aparte de que estaba defendiendo un descubrimiento ante quienes lo despreciaban. Tenía una actitud apasionada y enfadada, casi despectiva. Fue raro verlo como no lo había visto nunca y aun así reconocerlo. No era el joven que la había amado ardientemente durante las noches largas y cálidas y se había reído con ella durante los días soleados. Ese hombre era firme e irradiaba la convicción de que el mundo tenía que aceptarlo como era o no aceptarlo en absoluto. Sintió una punzada en el corazón. En algún momento sonreiría y sería la misma


sonrisa que había adorado, la que había iluminado el mundo. Sin embargo, el programa acabó de repente y él no había sonreído. Comprobó que estaba inclinada hacia delante con todo el cuerpo en tensión. Quiso alargar la mano para tocarlo, pero él no estaba allí. Nunca había estado allí y nunca lo estaría. Las lágrimas le caían por las mejillas. Intentó concentrarse en la entrega de premios que se avecinaba. Decidió ponerse el vestido de noche negro que se había comprado en Italia. Había adelgazado un poco durante las últimas semanas y tenía una figura juvenil que el Nº Páginas 85—110 https://www.facebook.com/novelasgratis vestido resaltaba. Esa noche sería su gran noche y la aprovecharía todo lo que pudiera porque el éxito profesional sería la única satisfacción que conocería durante el resto de su vida. Su acompañante sería George Franklin, su ayudante, que se lo merecía tanto como ella. —Todo el mundo dice que has ganado —le dijo George mientras separaba la silla de la mesa. —Venga ya —Della intentó no hacerse demasiadas ilusiones—. Seguro que nos han dicho lo mismo a todos. Él sonrió y Della pensó en lo distinto que estaba con esmoquin. Normalmente lo veía con vaqueros y jerséis viejos, pero afeitado y elegante estaba bastante


atractivo y llevaba con soltura los cincuenta años. La ceremonia empezó y primero se dieron los premios a los programas generales, pero al cabo de una media hora el presentador leyó los cinco nombres de los candidatos a los mejores documentales. —La ganadora es… Della Hadley por El pasado es el futuro. Una ovación la acompañó hasta el escenario. Pronunció un breve discurso y volvió rápidamente a su sitio entre más aplausos. Los destellos la habían cegado y cuando recuperó la visión se encontró mirando a la persona que había creído que no volvería a encontrarse jamás. El mundo se paró y ellos fueron sus únicos habitantes. —Enhorabuena —le dijo él como si hablara a kilómetros de distancia. —Gracias. Carlo no dijo nada más y se quedó mirándola con algo en los ojos que la entristeció. —No esperaba verte aquí —siguió ella por decir algo. —Me invitaron en el último momento. Estás muy bien. —Tú también, pero no te habría reconocido si no te hubiera visto anoche en la televisión. —¿Lo viste? —Machacaste a tus oponentes. No sé de qué hablabais, pero eso lo entendí. Yo tenía razón. Te mueves muy bien delante de una cámara.


—Gracias —dijo él lacónicamente—. Por cierto, ¿qué pasó con la serie? —Sigo con ella, pero utilizo distintos presentadores. —¿Vas a ir a los mismos sitios? —No a todos. He incluido el hundimiento del Britannic. —Entonces, has encontrado a alguien que no sea un gallina. —Sí… Nº Páginas 86—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me alegro de que sigas haciendo la serie. —Yo también estoy contenta. Hacía meses que no se veían y el ambiente estaba cargado con recuerdos y sentimientos. Sin embargo, solo podían decir esas trivialidades. Se organizó un pequeño remolino de gente que quería pasar. —Estamos estorbando —comentó ella—. Me alegro de haberte visto. —Lo mismo digo. Carlo la miró mientras iba a su mesa con la esperanza de que se volviera, pero no lo hizo. Sí vio a un hombre maduro que la rodeaba con el brazo y la besaba en la mejilla. Había dicho que ella estaba muy bien, pero estaba maravillosa. Después de que


ella dijera que estaba envejeciendo, aquello era como otro rechazo para él. Cuando volvió a su mesa, su familia lo miraba con curiosidad y Alan Forest con admiración. —¿La conoces? —le preguntó con los ojos como platos. —Nos conocimos hace varios meses —Carlo seguía de pie mirándola. —Invítala a la mesa… lo celebraremos todos juntos. —Seguro que tiene sus planes —replicó Carlo intentando disimular la tensión. —Bobadas. Lo pasaremos en grande. —Creo que no debemos molestarlos —intervino Evie—. Ella tiene su grupo. La gente estaba felicitándola y su acompañante la miraba con orgullo. Carlo comprendió que todo el mundo los consideraba pareja. Por un instante, ella se volvió y sus miradas se cruzaron. Le pareció que ella sonreía más y que sus ojos tenían un brillo triunfal, como si quisiera decirle algo. Lo entendió. Le iba muy bien sin él. Ella quiso avisarlo, pero él, con una arrogancia ridícula, se negó a verlo. —Creo que tenéis razón —reconoció Alan Forest—. Esa mujer no nos necesita. Tiene todo lo que puede desear en este mundo. —Efectivamente —musitó Carlo. Evie lo agarró de la mano con un gesto comprensivo. Al día siguiente, Carlo se volvió a Nápoles. Era el premio más prestigioso y le llovieron las ofertas. Además del trabajo, se


ocupó del embarazo de Gina, pero pronto se dio cuenta de que la chica ya no la necesitaba. La visita a su abuela en Navidad fue un acierto y la señora Burton la invitó a vivir con ella. —Me gustaría que siguieras formando parte de la vida del bebé —le explicó Gina—, pero… Nº Páginas 87—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Pero quieres estar con tu familia. Es natural. —Nunca olvidaré lo que has hecho por mí. Su nueva casa estaba a ciento y pico kilómetros de distancia, lo justo para que visitarla no fuera fácil. El último día de febrero, Della la acompañó y fue un día muy feliz. La señora Burton era una mujer de sesenta y tantos años, muy vigorosa y lo suficientemente bien situada para aceptar esa responsabilidad. Fue un final feliz, pero mientras Della volvía a su casa se dio cuenta de que estaba más sola que nunca. Llegó a su casa flotante en medio de una tormenta. Se alegró de entrar, se secó e hizo todo lo posible por entrar en calor, pero algo no iba bien. Una parte de ella seguía helada. Miró el premio para buscar consuelo, pero solo consiguió recordar el rostro de Carlo, tenso y vacío. Algo estaba destrozándolo, como estaba destrozándola a ella. Se preguntó si él, como ella, sentiría ese dolor en el corazón que no cesaba un instante. ¿Habría tomado la decisión acertada? Rebuscó en un cajón y sacó una carpeta con fotos de cuando estuvo en Nápoles. También había un vídeo que había grabado un hombre muy amable que pasaba por allí. No


había vuelto a verlo desde que volvió, pero lo metió en el aparato. Era como mirar a unos desconocidos. Aquella pareja estaba completamente enamorada. Nadie habría dicho que ella estaba pensando en dejarlo. Él transmitía una inocencia indefensa porque confiaba plenamente en ella. Estaba equivocado, se dijo Della con lágrimas en los ojos. No debería haber confiado en ella porque iba a traicionarlo. Nunca lo sospechó porque era la honradez personificada y cuando lo descubrió, se quedó destrozado. Incluso entonces, él intentó recuperarla y ella lo rechazó porque no tenía ni la décima parte de su valor. Le resultaba casi imposible mirar a aquel joven radiante de felicidad. Ya no existía. Se había convertido en el hombre con mirada hosca y distante que había visto en la entrega de premios. Ella lo había convertido en eso. Apagó el vídeo y se quedó un rato en la oscuridad. Si iba a Nápoles, se daría cuenta de que no podía vivir sin él. ¿Cómo iba a decirle eso después de lo que había pasado? El orgullo también tenía su importancia, ¿no? El ruido de la lluvia en el tejado le dio la respuesta. Una vida vacía y sin amor o la emoción tan intensa que sentía al pensar en volver a verlo. Podría decirle que lo amaba y que se había equivocado. Quizá todavía pudieran encontrar una solución. En cualquier caso, si ya era tarde, podría decirle que lo lamentaba. Mientras esperaba a que la llamaran para embarcar en el vuelo, sonó su teléfono móvil. —¿Dónde estás? —le preguntó Solomon—. Acabo de recibir un mensaje que


dice que te marchas unos días… —Voy a Nápoles. —¿Vas a verlo? Nº Páginas 88—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —No —contestó inmediatamente porque no quería que su hijo lo supiera todavía—. Sigo buscando escenarios, cerrando asuntos… Estaremos en contacto. —Claro. ¿Cuánto tiempo vas a quedarte? —No lo sé. Tengo que dejarte. El vuelo duró tres horas y no dejó de preguntarse qué iba a hacer. Aparte de reservar una habitación en el Vallini, no había planeado nada más. Ni siquiera sabía si él estaría en Nápoles. Intentó no pensar en que podría ser demasiado tarde. Podría pasar el resto de su vida obsesionada por no haberlo encontrado a tiempo. De repente, todo el mundo en el avión se alteró. —Señoras y señores, estamos atravesando una ligera turbulencia. Por favor, abróchense los cinturones… Se lo abrochó, se quedó muy quieta y tomó aliento. Notó que estaban descendiendo, ya estaba a punto de terminar todo aquello. Sin embargo, oyó unos gritos y comprendió que no, que lo peor estaba empezando.


—Entonces, ¿te vas a Egipto? —preguntó Hope. —Creía que habías dicho que Egipto era para los muertos —comentó Ruggiero. —Es una escala en el camino —aclaró Carlo—. Luego voy a Tailandia y luego… Me he olvidado. —Parece que te da igual —el tono de Hope fue de preocupación—. Antes, cuando empezabas un trabajo nuevo, estabas emocionado. Ahora, te encoges de hombros. —Te lo inventas, mamá. Claro que no me da igual. Mi contrato con el señor Forest me permite ir a cualquier sitio e investigar lo que quiera. —Además, te mantendrá alejado una temporada muy larga… que es lo que quieres, ¿verdad? —preguntó ella con perspicacia. Estaban desayunando en la terraza y Carlo estuvo a punto de encogerse de hombros otra vez, pero se contuvo ante la mirada atenta de su madre. Efectivamente, había aceptado la oferta de Alan Forest porque le financiaba sus investigaciones y le daba la libertad de viajar a cualquier sitio durante el tiempo que quisiera. Cualquier arqueólogo habría hecho lo mismo, independientemente de lo que insinuara Hope. —Eres afortunado por poder escaparte —señaló Ruggiero. —No estoy escapándome —replicó Carlo tajantemente. —¡Seguro! Incluso intentaste disuadir al señor Forest de que se alojara en el


Vallini. —Porque hay hoteles mejores en Nápoles. Ruggiero imitó una gallina. Nº Páginas 89—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me voy —concluyó Carlo. —No has terminado el desayuno —le reprochó Hope. —Prefiero no oír las sandeces de ése —Carlo señaló a su hermano con la cabeza. —Me gustan los hombres sinceros consigo mismos —puntualizó Ruggiero —. Salir corriendo al otro extremo del mundo es todo lo contrario. —Escuchadme los dos —el tono de Carlo era el de un hombre harto—. No salgo corriendo a ninguna parte. Sencillamente, no voy a pasarme el resto de mi vida dándole vueltas a la cabeza. Se acabó. Della tomó una decisión y no hay vuelta de hoja. Además, cuanto más lo pienso, más acertada me parece. La vida sigue. Me voy —se bebió el contenido de la taza—. Tendríamos que haber firmado el contrato hace dos días, pero más vale tarde que nunca. —¿Cuándo volveré a verte? —le preguntó Hope. —Eso está en manos de los dioses —Carlo la besó en la mejilla y se fue.


—Está muy cambiado —susurró Hope con un suspiro. —Desde luego —confirmó Ruggiero—. En otro momento me habría matado. Sabes por qué está pasando todo esto, ¿verdad? Porque la vio en Inglaterra. —Nunca habla de eso —se lamentó Hope—. No lo habríamos sabido si no nos lo hubiera dicho Evie. —Carlo pensaba que Della se pondría en contacto con él. —¿Te lo ha dicho? —No, pero daba un salto cada vez que sonaba el teléfono. —¿Por qué no la ha llamado él? —Mamá, ¿todavía no lo conoces? Ella lo rechazó. No va a suplicarle. —Tal vez ella ha llamado cuando no estabas. —No, nunca llamó. —¿Por qué estás tan seguro? —Porque Carlo se marcha —contestó Ruggiero. Carlo se quedó atónito al ver a Alan Forest. Llevaba un brazo en cabestrillo y tenía un ojo morado. —¿Te han atracado? —le preguntó Carlo. —No, iba en el avión que se estrelló hace dos días en el aeropuerto. Supongo que lo verías en las noticias. Fue espantoso. Murieron quince personas y se cree que todavía morirán algunas más.


—Pero cuando me llamaste para decirme que se iba a retrasar la firma del contrato, no me dijiste nada del accidente. Nº Páginas 90—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Estaba bajo el efecto de los sedantes y solo quería dormir. Pero ya estoy bien. —¿Seguro? —le preguntó Carlo con preocupación. —Te aseguro que fui uno de los más afortunados. Los demás… Había alguien a quien conocía de vista. Esa productora de televisión que saludaste en la entrega de premios. —¿Qué? —exclamó Carlo. —Della no sé qué… —¿Estaba en el accidente? —Vi que se la llevaban en camilla y que no se movía. En estos momentos podría estar muerta. ¿Adónde…? La pregunta quedó en el aire porque Carlo había desaparecido. Llegó al hospital como un autómata. Ella llevaba dos días a escasos kilómetros de él, sola y quizá muriéndose. Aparcó y entró corriendo en el hospital. —¿Dónde está la señora Hadley? —preguntó a la recepcionista.


—¿Es familiar de ella? —No, pero… la conozco muy bien. —Me temo que tenemos normas muy estrictas… —¡Por el amor de Dios! Dígame si está viva —suplicó Carlo—. ¡Dígamelo! —Está viva —contestó la recepcionista con gesto asustado—. Por favor, no me obligue a llamar a seguridad. —No… —él se pasó los dedos por el pelo—. Solo quiero saber si está muy grave. Estaba en el accidente. —Efectivamente. Estaba en el accidente y la trajeron aquí —confirmó ella con lástima. —Sigue viva, ¿verdad? Usted lo ha dicho… —Sí. Está viva, pero le advierto… Quizá lo mejor sea que hable con su hijo. —¿Está aquí? —Lo llamamos enseguida. Si sube al segundo piso, lo encontrará allí. Carlo había desaparecido antes de que la recepcionista terminara la frase. Estaba aterrado. Vio a Solomon en cuanto entró en el pasillo. Él estaba mirando por la ventana y no se percató de la presencia de Carlo. Incluso cuando se dio la vuelta, no reconoció al hombre que se le acercaba corriendo y con la cara desencajada.


—¿Qué tal está? —preguntó Carlo. —¡Eres tú! Carlo estuvo a punto de perder el domino de sí mismo. Nº Páginas 91—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué tal está? —Lleva inconsciente desde que la sacaron del avión —contestó Solomon con un tono inexpresivo—. Los médicos dicen muchas incoherencias, pero todos sabemos lo que va a pasar —se le quebró la voz—. Va a morirse y no pueden hacer nada. Nº Páginas 92—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Once —No puede ser verdad —replicó Carlo con aspereza—. No me lo creo. —¿Crees que no he pensado lo mismo? —preguntó Solomon—. Cuando llegué aquí y la vi inconsciente, pensé que se despertaría en cualquier momento, pero no se ha despertado. Cuanto más tiempo pase, peor. Tienen que operarla, pero ya debería haber vuelto en sí. —¿Dónde está? —En esta habitación. Me pidieron que saliera un momento porque iban a


hacerle algo con un aparato. No sabes la cantidad de máquinas que tiene conectadas al cuerpo —cerró los ojos un instante—. Dicen que se dio un golpe tremendo en la cabeza. Aunque se recupere, no se sabe cómo quedará… si reconocerá a la gente, si sabrá quién es ella… Sé que los médicos creen que se morirá en cualquier momento, estoy seguro. No lo dicen claramente, pero se nota por cómo expresan las cosas —de repente miró a Carlo con ira—. Te ha costado venir, maldita sea. —He venido en cuanto me he enterado, que fue hace media hora. —Claro, como si no supieras que estaba viniendo… ¿Por qué no la dejaste en paz? —¿Qué dices? —preguntó Carlo con rabia—. No he hablado con ella desde que se marchó. —¡No me cuentes cuentos! ¿Para qué iba a venir a Nápoles si no era para verte? —No lo sé. —¡No te creo! La llamé cuando estaba en el aeropuerto y… No lo sé… —¿Te dijo que venía a verme? —No, lo negó. Pero yo lo supe. —¿Qué te dijo? —¿Qué más da? —¿Qué te dijo? ¡Maldita sea! Carlo había puesto las manos en los hombros de Solomon y por un instante


pareció que iba a zarandearlo. —¿Qué dijo? —insistió Carlo bajando las manos. —No lo recuerdo exactamente —contestó el chico mientras se alejaba un poco— . Algo sobre cerrar asuntos… —Eso puede significar cualquier cosa —Carlo se sintió aturdido—. Podría ser trabajo. ¿No dijo nada más? —Que no sabía cuánto tiempo iba a estar fuera… Nº Páginas 93—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Carlo quiso agitarlo, pero se alejó unos pasos por el bien de ambos. Se sentía desorientado. Había anhelado que ella volviera, pero no a ese precio. Prefería vivir solo toda su vida antes que verla herida. —No sabía que iba a venir —insistió Carlo con voz ronca—. Me he enterado hoy de que iba en el avión. Solomon lo miró con la cabeza ladeada, con un gesto de escepticismo. Carlo lo odió. Entonces, notó que el joven estaba pálido y tenía el rostro descompuesto, como si algo hubiera atravesado su coraza de egocentrismo. El odio se disipó. Los dos amaban a la mujer que se debatía entre la vida y la muerte y no iba a pelearse con su hijo.


—No sabía que iba a venir —repitió Carlo—. Si lo hubiera sabido, habría estado en el aeropuerto. Nada me lo habría impedido. Pero no me lo dijo y creo que te equivocas, que vino por otro motivo. Solomon se encogió de hombros y los dos se volvieron precipitadamente cuando oyeron la puerta que se abría. —Señor Hadley —dijo una enfermera. —¿Ha vuelto en sí? —preguntó Solomon. —Me temo que no, pero ya puede entrar. Solomon entró en la habitación y Carlo intentó seguirlo, pero la enfermera no le dejó. —Lo siento, pero solo puede entrar una persona cada vez. La puerta se cerró y se quedó fuera. Se quedó con la mirada clavada en la pared blanca. Había vuelto para verlo y tal vez tuvieran un porvenir. Estaba muriéndose y su vida se desvanecía con la de ella. Iba a volverse loco. Cuando no pudo más, intentó entrar. —Lo siento —le enfermera se lo impidió—. No puede… —Déjelo entrar —dijo la voz de Solomon desde la cama—. Déjele que vea lo que ha hecho.


Lo que vio fue una pesadilla. Della tenía la cabeza vendada y los ojos tapados. —¿Qué le ha pasado? —preguntó Carlo. —Se golpeó la cabeza y hubo que operarla —contestó la enfermera—. También se ha dañado los ojos, pero todavía no sabemos de cuánta gravedad. —Eso, si vive —añadió Solomon con una furia contenida. Carlo miró a los aparatos con luces parpadeantes. Un tubo entraba implacablemente en su boca y tenía otros tubitos metidos en la carne; en la mano, en el brazo y en el cuello. Si hubieran estado solos, le habría dicho un montón de cosas, pero solo pudo mirarla con impotencia. Sonó un zumbido y la enfermera contestó inmediatamente. Nº Páginas 94—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí… De acuerdo. Voy ahora mismo. Tengo que marcharme un momento — comentó a los dos hombres—. Si hay algún cambio, llamen a ese timbre — añadió antes de salir. —Pareces agotado —le dijo Carlo a Solomon—. ¿Por qué no vas a tomar un café? Solomon se encogió de hombros, como si no quisiera discutir, y se marchó.


Carlo se sentó al lado de la cama sin apartar la mirada de ella. Quiso hablar, pero no le salieron las palabras por el dolor. Estaba inmóvil, como si llevara allí dos mil años. Eso hizo que se acordara del día que ella había irrumpido en su vida, trastocándola de cabo a rabo. Los dos se habían quedado mirando a los enamorados silenciosos y ese recuerdo le destrozó el corazón. Se inclinó sobre ella hasta casi rozarle la mejilla. —¿Te acuerdas de aquel día? Cómo se abrazaban… Entonces supe que nosotros también nos abrazaríamos así. ¿Tú lo supiste? ¿Por qué venías a Nápoles? ¿Era por mí? ¿Dónde estás ahora? ¿Estás en ese camino con una luz cegadora al fondo? ¿Sabes que estoy llamándote? ¿Qué puedo hacer para que vuelvas? ¿Sabes que te quiero? Te quiero independientemente de dónde estés, de lo que te haya pasado, de lo que nos pueda deparar el futuro. Si vives, te amaré. Si mueres… solo te amaré a ti. Nunca nos separaremos y algún día volveremos a estar juntos. No sé dónde ni cuánto tardaremos, pero lo nuestro no acabará nunca. Hasta entonces, te pertenezco tan plenamente como tú a mí, como si lo hubiéramos afirmado en un altar —puso la mano suavemente debajo de la de ella—. Dicen que el oído es el último sentido que se pierde. ¿Es verdad? ¿Puedes oírme? Si pudieras decírmelo… ¿Puedes apretarme un poco la mano? Se abrió la puerta y apareció un hombre con bata blanca que se sorprendió al verlo.


—La enfermera ha tenido que irse —le explicó Carlo. —Pero no le había visto antes. ¿Quién es usted? —Soy su marido —contestó Carlo mientras se levantaba. La oscuridad iba cambiando de intensidad. Unas veces era impenetrable y otras estaba salpicada de destellos de colores. Además, había un ruido detestable. Cuando el avión chocó contra la pista, se dio un golpe tremendo en la cabeza. Recuperó un poco la consciencia, pero le dolió tanto abrir los ojos que no volvió a intentarlo. Se quedó tumbada, oyendo los gritos de dolor y de auxilio. —¡Una ambulancia aquí! —gritó alguien. —Está muerta. ¿Quién es el siguiente? —replicó otra voz con más calma. Un estremecimiento de dolor y espanto atravesó todo su cuerpo y los ruidos se desvanecieron. Solo quedó la oscuridad, el calor y un torbellino en la cabeza. Recuperó y perdió la consciencia tantas veces que llegó a no distinguir un estado del Nº Páginas 95—110 https://www.facebook.com/novelasgratis otro. Empezó a hacer frío; las voces fueron cambiando; el dolor se disipó; todo fue quietud. El mundo se desdibujó y se sintió aislada. Los espectros la rodearon; Carlo alargaba los brazos para llevarla a una vida que ella había rechazado; Solomon estaba con Gina, pero ella se desvaneció y él también. Solo quedó Carlo y estaba alejándose. Sabía que había ido a Nápoles, pero no quería saber nada de ella. Se sintió cansada, pero solo tenía que andar un poco más para llegar a un sitio donde descansaría. Sin embargo, él apareció de repente. Estaba detrás de ella y la llamaba, suplicaba, le exigía que volviera porque era su marido.


Intentó pensar cómo era posible, pero todo era muy confuso y al final supo que daba igual; que él la había reclamado y estaba a salvo. Solomon volvió a las dos horas con un aire más dócil. —Me he quedado dormido en la cafetería —explicó. —No te preocupes. —¿Ha habido algún cambio? Un médico y una enfermera entraron antes de que Carlo pudiera contestar. —Es curioso ver cómo pasa inesperadamente algunas veces —comentó el médico después de mirar los aparatos. —¿Qué pasa? —preguntó Carlo. —Las constantes vitales empiezan a mejorar sin motivo aparente. El pulso, la respiración, la presión sanguínea… Todo ha mejorado. Vamos a desconectar la respiración artificial. Si su esposa puede respirar por sus medios, será un gran avance. Solomon se quedó desconcertado al oír la palabra «esposa», pero no dijo nada y los dos se apartaron mientras desconectaban el aparato. Se hizo un silencio que pareció eterno. Entonces, el pecho de Della se hinchó y empezó a respirar. La enfermera sonrió, el medicó suspiró y Carlo y Solomon se dieron unas


palmadas en los hombros. Carlo se dio la vuelta y salió de la habitación para que no lo vieran sollozar. Se quedó un buen rato mirando por la ventana del pasillo para intentar rehacerse. —¡Carlo! Se dio la vuelta y vio a su madre que se acercaba por el pasillo. Ella extendió los brazos y él se arrojó a ellos. —¿Qué haces aquí? —le preguntó Carlo con la voz quebrada. —El señor Forest llamó a la villa interesándose por ti. Cuando nos contó lo que había pasado, lo entendí todo. ¿Qué tal está ella? —Está muy mal, madre. Acaba de empezar a respirar por sus medios, pero eso solo es el principio. Sigue inconsciente y puede estar ciega. Nº Páginas 96—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tienes que tener paciencia, hijo. Puede ser largo. Te he traído una bolsa con ropa limpia y las cosas de afeitarte. Supongo que te quedarás un tiempo. Llámanos todo lo que puedas. Quiero estar al tanto. Cuando ella se marchó, Carlo llamó a Alan Forest para disculparse, darle una explicación y agradecerle que hubiera llamado a Hope.


—No digas nada más —replicó Alan amablemente—. Me lo imaginé en cuanto saliste corriendo. Buena suerte. A lo mejor trabajamos juntos algún día. Cuando Carlo volvió a la habitación, el médico estaba hablando. —Parece que está mejor, pero es demasiado pronto para echar las campanas al vuelo. Supongo que sabrá que ha tenido un ataque al corazón. —No, no lo sabía. —Ocurrió el primer día. Fue leve, pero en su estado todo es grave. Un par de días después, declararon a Della fuera de peligro. El personal se resistió a permitir que los dos estuvieran juntos en la habitación, de modo que Carlo y Solomon hicieron turnos. A medida que pasaban las horas, los aparatos fueron indicando que cada vez estaba mejor. Sin embargo, Carlo se encontraba siempre con el muro de no saber qué futuro les esperaba. Le parecía espantosa la posibilidad de no estar presente cuando volviera en sí. Entró y se encontró a Solomon feliz justo cuando ella volvía a quedarse inconsciente. —¿Qué ha dicho? —le preguntó Carlo. —Poca cosa —contestó Solomon—. He tomado su mano y le he dicho quién soy. Me ha reconocido. Tiene la mente despejada. —¿Le has dicho que yo estoy aquí? —No. No sé si puede asimilarlo todavía. El médico ha dicho que no la atosiguemos.


Era lógico, pero Carlo sintió una decepción muy amarga. Solomon captó el esfuerzo que hizo para tragársela y se dirigió a él con un respeto que había sustituido a la hostilidad. —De acuerdo, hay algo que tienes que ver. Tuve que revisar sus cosas y encontré esto en su equipaje de mano —le dio un sobre muy grueso. Solomon se marchó antes de que Carlo pudiera decir algo. El sobre estaba lleno de fotos. Carlo las esparció por la cama y vio su cara repetida cientos de veces, sola o con la de ella. Las habían tomado durante la primera y maravillosa semana juntos. Quizá las hubiera mirado durante el viaje. Había vuelto por él. Sin embargo, la primera sensación de alegría se desvaneció cuando examinó las fotos. Lo mostraban como otro hombre. Aquél era un hombre enamorado, pero también posesivo. Había hecho bromas sobre ser su siervo, pero siempre la agarraba con fuerza, como si temiera que al librarla ella tomara sus decisiones. ¿Cuántas veces Nº Páginas 97—110 https://www.facebook.com/novelasgratis la había presionado para que hiciera lo que él quería? ¿Cuántas veces le había pedido ella más tiempo? Había acabado asfixiándola. Él tenía la culpa de que ella estuviera allí. Se sentó junto a ella y la miró a la cara mientras suplicaba en silencio que le dijera algo. Solo quería decirle cuánto lo lamentaba. Se quedó unas horas con Della hablándole y rezando para que lo oyera, pero cuando terminó su turno, ella no había mostrado ningún cambio. Solomon entró en la habitación. —¿Alguna novedad? —No —Carlo señaló el sobre—. Gracias.


—¿Te ha dicho lo que querías saber? —Me ha dicho mucho más de lo que quería saber. Incluso creo saber por qué no me dijo que iba a venir. —Bueno, podréis aclararlo la próxima vez que vuelva en sí. Carlo fue hacia la puerta, pero se volvió con una mirada de esperanza hacia Della. Tuvo que hacer un esfuerzo enorme para ver su sufrimiento sin poder consolarla. —Solomon… La voz que llegó de la cama era tan débil que casi ni la oyeron. —Solomon, ¿estás ahí? —Della alargó una mano. —Sí —Solomon tomó la mano—. Estoy aquí, como la última vez. —Creía que te habías ido. —No. Me quedaré hasta que quieras. —Perdona, digo tonterías. Se me ocurren cosas raras. —¿Qué cosas? —Fantasías. Me había imaginado… Solomon miró a Carlo por encima del hombro y él le dijo con los labios que se lo dijera. —Tengo que decirte una cosa —Solomon se dirigió a Della—. Carlo ha


estado aquí. Se enteró de lo que pasó y está preocupado. Carlo esperó que sonriera, que preguntara por él, pero ella se puso muy nerviosa. —¿Lo has dejado entrar? —preguntó con la voz quebrada—. Prométeme que no. —Mamá… —No dejarás que entre, ¿verdad? —Pero creía que todavía… —¿Qué creías? Nº Páginas 98—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya sabes… —¿Que todavía lo amo? —Sí… eso… Carlo se puso en tensión mientras esperaba la respuesta. El silencio le pareció eterno. —Claro que lo amo —declaró Della suavemente—. Siempre lo amaré. Pero ya es tarde. No podría soportar que me viera así. No habrás dejado que entre, ¿verdad?


Solomon notó que cada vez estaba más agitada. —No, te lo juro. Vio que Carlo levantaba los brazos y se encogió de hombros con un gesto de impotencia. —¡No puede verme! —exclamó Della—. Prométemelo… prométemelo… —Te lo prometo, pero creo que te equivocas. Él te ama. —Me amaba como era antes, pero nunca me ha visto así y no quiero que lo haga. Carlo le dijo con los labios que no le importaba. —A lo mejor no le importa —repitió Solomon. —Es lo que diría él —susurró Della—. Lo diría en serio porque es bueno y generoso, pero no podría echarle esa carga sobre los hombros. No sería justo. —A lo mejor el amor no es justo —Solomon repitió otro mensaje de Carlo. —No lo es. Si el amor fuera justo, quizá yo encontrara la manera de no amarlo tanto. Lo he intentado; creí que podría olvidarlo y ser fuerte, pero él siempre estaba presente. No, no es justo… Solomon lo miró para recibir alguna instrucción, pero Carlo estaba apoyado en la pared con la cara desencajada y las manos muertas a los costados. Era como si esas palabras de Della lo hubieran noqueado. —A lo mejor no quieres realmente que desaparezca —improvisó Solomon.


—Eres muy listo, hijo. Es verdad. No quiero perder lo que tuvimos, pero solo puedo conservarlo si dejo que desaparezca y mantengo el recuerdo. —Déjame que lo traiga —le pidió Solomon. —¡No! No puedes. Solomon, estoy confiando en ti. Puedo confiar en ti, ¿no? No me engañarías, ¿verdad? —No… Claro que puedes confiar en mí. —¿No entiendes por qué nunca podría permitir que Carlo me viera en este estado? Quiero que me recuerde como era la última vez que me vio —esbozó una repentina sonrisa—. Fue la noche del premio. Iba de punta en blanco y estaba guapísima, como nunca. Él estaba allí y me vio. Nunca volveré a estar así, pero no me importa porque él no lo sabrá. Me recordará como esa noche y es lo que quiero. Nº Páginas 99—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Pero piensa en lo que te queda de vida… —empezó a argumentar Solomon. —Me apañaré si sé que él está bien. No podría soportar tenerlo atado cuando tendría que estar volando. —¿Volando? —El primer día me habló de sus ambiciones, de cuánto quería hacer algo que lo


llevara de un lado a otro. No quería un traje y una corbata. Yo también quiero eso para él. No soportaría ser quien se lo impidiera. —¿Realmente podrás vivir siempre del recuerdo? Ella volvió a sonreír. Fue una sonrisa increíble, conmovedora por la felicidad que irradiaba. —Es el mejor recuerdo que se puede tener. Se hizo el silencio. Solomon miró hacia la puerta, pero Carlo se había marchado. Nº Páginas 100—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Doce Junto al hospital había una calle estrecha con tiendas y cafés, algunos con mesas en la acera. Carlo estaba sentado bebiendo un café y con la mirada clavada en el suelo. —¡Mira quién está aquí! Carlo levantó la mirada y vio a Ruggiero con dos sillas; una para él y la otra para Hope. Su hermano llamó al camarero y pidió otros dos cafés. —¿Es ésa su ventana? —preguntó Hope señalando al hospital. —Sí. La tercera. ¿Cómo sabíais que estaba aquí? —Hemos estado espiándote, claro —contestó Ruggiero. —¿Por qué no estás con ella? —le preguntó Hope—. Allí es donde tendrías que


estar. —Eso creía yo —replicó Carlo con pesar—. Pero estaba equivocado. No quiere verme, la mera idea la desquicia. —¿Ya no te quiere? —Cree que no la querré porque está herida. —A lo mejor tiene razón —concedió Hope con cautela—. Será una responsabilidad muy grande. —¿Crees que me da miedo? —preguntó Carlo con los ojos echando chispas. —No —contestó ella pensativamente—. No lo creo. —Pero ella sí lo cree. —Tendrás que convencerla de lo contrario. Debería ser fácil cuando te quiere tanto. Al fin y al cabo, vino a buscarte. —Sí, pero el accidente lo ha cambiado todo. No para mí, sino para ella. —Bobadas. Sigue queriéndote. Nada ha cambiado —dijo Hope rotundamente — . Lo dice tu madre y tu madre siempre tiene razón. —En su momento no te gustaba —comentó Carlo con una leve sonrisa. —Entonces era una estúpida. No la entendí, pero sobre todo, no te entendía a ti. Hope vio que Carlo miraba hacia la ventana desde donde un joven le hacía


señas. —Es Solomon —le aclaró él. —¿Os habéis hecho amigos? —le preguntó Ruggiero con escepticismo. —No tanto, pero nos ayudamos. No es tan malo —Carlo se levantó y besó a su madre en la mejilla—. Gracias por todo. —Transmite mi cariño a Della. Nº Páginas 101—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Encontró a Solomon en el pasillo. Estaba muy nervioso. —La hemos fastidiado —le dijo el joven—. ¿Por qué le dijiste al médico que eres su marido? —¿Qué ha pasado? —Él se lo ha contado, pero ella no lo sabía y me ha hecho un montón de preguntas. Ha atado cabos y no sé qué hacer. —Yo sí. Quédate aquí y no entres. El médico estaba junto a la cama de Della e intentaba serenarla. —Por favor, déjenos —le pidió Carlo. —Señor, no sé quién es usted, pero no puedo… —Soy su marido y le pido que nos deje.


El médico se marchó. Había visto algo en Carlo que lo disuadió de discutir. Carlo había oído los lamentos de Della y se sentó al lado de su cama, le tomó las manos y las besó. —No, no te resistas o acabaremos enredados con los cables de los aparatos. —¿Eres tú? —susurró ella. —¿Quién iba a ser? Della, mi amor… mi amor… Ella se quedó muy quieta. Sabía que tenía que oponerse, pero también sabía que no le quedaban fuerzas. Carlo estaba allí, esperándola. Entonces, sintió lo que la había obsesionado en los sueños, el delicado peso de su cabeza sobre ella. Instintivamente, la tomó entre las manos y la acarició posesivamente. No era lo que había querido hacer, pero ya no era dueña de sus actos. —¿Creías que ibas a mantenerme al margen? —preguntó él—. No pudiste ni podrás. No intentes dejarme otra vez. No lo soportaría. —Mírame —replicó ella con aspereza—. Estoy deshecha y medio ciega… Carlo miró su cara vendada. —Me da igual mientras nos amemos. —Pero… —No digas nada —Carlo le puso un dedo en los labios—. Las palabras son un obstáculo. Se abrazaron en silencio durante un buen rato.


—¿Les dijiste que eres mi marido? —preguntó ella de repente. —Sí, porque lo soy. No voy a dejar que nadie me contradiga, ni siquiera tú. Dime una cosa, ¿por qué viniste? —Para buscarte. Nunca debí haberme marchado y quería decírtelo. Aunque ya no me quisieras… Nº Páginas 102—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Nunca podría dejar de quererte —Carlo la besó suavemente en los labios —. Si supieras cuánto he deseado que vinieras a buscarme… Cuando vi las fotos, empecé a creérmelo, pero necesitaba oírtelo decir. —¿Incluso aunque esté así? —No veo la diferencia. Solo veo que estás herida y por fin me necesitas. Ella empezó a derramar lágrimas entre las vendas y Carlo se las secó con un beso. A partir de entonces, tuvieron que ser pacientes porque Della mejoró muy despacio. Le quitaron los vendajes de la cabeza, aunque no de los ojos, y le creció el pelo. —No será gris, ¿verdad? —le preguntó con angustia a Carlo. —No —contestó él entre risas—. Es rubio y con rizos, como una oveja


esquilada. —No puedo soportar no verme. ¿Cuándo van a quitarme las vendas? —Ten paciencia… ¿Qué haces? Intentó detenerla, pero ella había levantado un poco la venda y había vuelto a bajarla inmediatamente. —¿Qué pasa? —preguntó él—. Cariño, no te asustes… —Creo que puedo ver —dijo ella casi sin aliento—. El ojo derecho está desenfocado, pero puedo distinguir formas y colores. Voy a ver. Se abrazaron en silencio, hasta que Della, con una repentina decisión, se llevó las manos a la cabeza. Carlo la detuvo. —No, querida. Antes de precipitarnos, se lo preguntaremos al médico. —Él me dirá que tenga paciencia y estoy cansada de oír siempre lo mismo. —Poco a poco. —Perdona —Della apoyó la cabeza en el hombro de Carlo—. Estoy harta de estar aquí sin poder moverme bien y sin saber qué está pasándome. Estoy harta. —Empiezo a darme cuenta de que va a ser complicado cuidarte —Carlo se rió. —No tendrás que cuidarme. —Pienso hacerlo. En cuanto salgas de aquí voy a llevarte a casa y a cuidarte hasta que estés lo suficientemente bien para casarte.


Se oyó un ruido y se separaron. Era el médico. —Puedo ver —le dijo Della inmediatamente—. Solo con un ojo, pero puedo ver. —Entonces, vamos a echar una ojeada. Nº Páginas 103—110 https://www.facebook.com/novelasgratis Contuvieron el aliento mientras el médico le quitaba las vendas lentamente. Della parpadeó antes de decir: —¡Cada vez veo más nítidamente con el ojo derecho! —exclamó Della. —¿Y el izquierdo? —Nada. —Bueno, a lo mejor podemos hacer algo más adelante. —Que sea solo un ojo es una diferencia enorme —afirmó ella con ardor. El médico le hizo algunas preguntas y se marchó con aire satisfecho. —Me encanta volver a verte. Creí que no volvería a hacerlo —Della parpadeó— . Voy mejorando. Volveré a trabajar. —¿No puedes esperar a haberte repuesto del todo? —Carlo se tiró de los pelos. —Perdona, no puedo evitarlo. Él estaba feliz por la alegría de ella. Solomon apareció también exultante.


—Me he encontrado al médico y he ido a comprar esto —sacó una botella de champán. Se la bebieron en vasos de papel y brindaron rebosantes de felicidad. —Cariño —dijo Della—, me encanta que estés aquí, pero ya que estoy mejor quiero que te vuelvas. Dentro de nada tendrás los exámenes. —Sí, y esta vez tengo que aprobarlos. Tengo que encontrar un trabajo para mandar dinero a Gina. Su abuela me ha dicho que podré visitarlas en cuanto haya nacido el bebé. —¿Has hablado con ella? —Encontré el teléfono de la señora Burton entre tus cosas y pensé que debía hacer algo. Es mi hijo. —Bien hecho —intervino Carlo. Al día siguiente, llevó a Solomon al aeropuerto y tomaron un café mientras esperaban a que embarcara. —¿Sabes una cosa? —le dijo Solomon pensativamente—. El año pasado no estuviste muy acertado. —¿A qué te refieres? —A eso de «cásate conmigo o no tenemos nada más que hablar». —¿Te lo contó tu madre? —preguntó Carlo espantado. —Claro que no. Se lo contó a Jackie, su secretaria. Son amigas.


—¿Y Jackie te lo contó? Nº Páginas 104—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —No. Lo oí sin que se enteraran. —¿Cómo no se me había ocurrido? —Siempre supones lo peor de mí. —Creo que ya no. Han cambiado muchas cosas. Sigue con lo que estabas diciendo. —Mi madre es terca como una mula y si le das un ultimátum hará lo contrario. Tendrías que haberle dado largas. —¿Aceptar una aventura porque ella pensaba que era demasiado joven? —Eso era palabrería. Cuando se hubiera acostumbrado a vivir contigo, se habría dado cuenta de que eras lo que quería. Cuando hubiera tenido que marcharse, no habría sido capaz. En estos momentos estaríais casados. Era una verdad tan evidente que Carlo estuvo a punto de soltar una carcajada. —Si alguien me hubiera dicho que iba a estar sentado aquí y oyendo tus consejos, no me lo habría creído. Lo acompañó a la puerta de embarque y dio una palmada a Solomon en el hombro. —Buena suerte. Volveremos a vernos pronto.


El día que Della dejó el hospital, Hope se ocupó de todo. Cuando Carlo le dijo que pensaba llevarla a su apartamento, su madre se negó rotundamente. —Está en un tercer piso y es muy incómodo. —Hay ascensor, mamá —replicó él sin mucho convencimiento. —No hay nada que discutir. He decidido que venga a casa con nosotros. Della tuvo la oportunidad de comprobar cómo era Hope cuando tuvo de convencer al hospital para que la dejaran marcharse. El médico vaciló, pero Hope lo llevó a la villa, le enseñó las habitaciones de la planta baja acondicionadas para un inválido y le aseguró que siempre estaría acompañada. Della también comprobó cuánto se parecían Carlo y su madre. Los dos tenían la misma firmeza serena. El día que abandonó el hospital, el médico hizo un aparte con Carlo. —Señor, hay cosas que tiene que saber. Está mejor, pero su salud está maltrecha y siempre lo estará. Tuvo un ataque al corazón justo después del accidente y siempre estará expuesta a tener otro. Si está pensando en tener hijos… —No —lo interrumpió Carlo—. No voy a hacer nada que sea un riesgo para ella. —Perfecto. Eso le alargará la vida. —Pero no mucho… —replicó Carlo sin alterarse—. ¿Es eso lo que quiere decir? Nº Páginas 105—110


https://www.facebook.com/novelasgratis —Con muchas atenciones, unos veinte años. Pero podría ser menos. —Sea lo que sea, es más de lo que había temido. —Me alegro de que sea realista. Va a necesitarlo. Carlo fue en la ambulancia con ella. En la villa los esperaban Toni y Hope, Ruggiero y Pietro y Olympia. También había flores de los demás miembros de su nueva familia que no habían podido estar allí. Le habían preparado una habitación que podía ser la de un hospital. La habitación de al lado era la de la enfermera y Carlo estaría en una bastante cercana. Della durmió durante dos días y cuando se despertó se sintió como hacía mucho tiempo que no se sentía. Carlo la acompañaba todo el tiempo, incluso cuando la enfermera la atendía. Aprendió todo lo que hacía. Él la ayudó a levantarse y a intentar andar. Primero anduvo apoyada en un bastón con una mano y en el brazo de Carlo con la otra, pero pronto dejó el brazo de él. —Mejoras deprisa —la animó Carlo—. A este paso, podemos ir planeando la boda. —¿Seguro que quieres seguir adelante? —le preguntó ella con cierta fatiga —. Es un compromiso… —¿Quieres decir que no crees que puedas vivir para siempre conmigo? —


replicó él con tono burlón. —Sabes lo que quiero decir. Para ti será mucho más complicado ahora. —No puedo creerme que sigamos hablando de esto. Lo zanjamos hace mucho tiempo. Para mí, ya eres mi esposa. Ahora lo serás ante los demás. No hay más que hablar. —¿No me das ninguna alternativa? —¿Todavía no te has dado cuenta? —Pero algún día… —Della se calló al ver la mirada de Carlo. Iba a decir que no quería atarlo; que podía divorciarse cuando quisiera. —¡No! —exclamó él tajantemente como si hubiera leído su pensamiento—. No digas eso jamás —la besó—. Sería tratarme como a un niño, como si no pudiera tomar decisiones. Ya hemos pasado por eso. Cuando nos casemos, será para siempre. —Pero no puedo tener hijos —le recordó ella. —Entonces, tendremos que querernos más todavía. Pasaron muchas tardes hablando en la terraza. Ella se dio cuenta de lo poco que habían hablado cuando la pasión desenfrenada no les había dejado tiempo para hablar. En ese momento, sin embargo, él parecía tener miedo de tocarla.


—No voy a romperme —le dijo ella una vez que él acabó un beso precipitadamente—. Podemos ir a mi cuarto y… —¿Hacer al amor antes de la noche de bodas? —bromeó él—. ¡Qué escándalo! Nº Páginas 106—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bueno, a lo mejor va siendo hora de que sepas la verdad —ella siguió la broma. Carlo la agarró de la mano. —Basta. ¿Crees que soy de piedra? —Me divierte comprobarlo. Empezaron a reírse y Hope apareció para ver qué era ese jaleo, pero a pesar de las risas, Della captó la seriedad de Carlo, que no estaba dispuesto a que corriera ningún riesgo por mucho que le costara a él. Ella sabía que, efectivamente, le costaba mucho. Hubo tardes en que él se apartaba bruscamente para no dejarse arrastrar por el deseo, que seguía siendo el mismo de siempre. Ella también lo amaba por eso. Sin embargo, lo que más amaba era lo que había descubierto durante aquellas charlas y pudo contarle el trayecto que había recorrido cuando estaba en el hospital. —Todo era oscuro, desorientador y espantoso. Hasta que te oí hablándome, diciéndome que todo saldría bien porque eras mi marido y me cuidarías. —Entonces, ¿por qué intentaste alejarme de ti cuando despertaste? —Porque cuando volví a la realidad todo cambió. Supe que todo había sido


un sueño maravilloso y que tenía que ser juiciosa. —Ser juiciosa es una manía espantosa, ya va siendo hora de que te la quites. —Te prometo que no volveré a ser juiciosa. A veces se miraba al espejo preocupada porque ese calvario podría haberla envejecido. Estaba más delgada y tenía unas cicatrices alrededor del ojo izquierdo que, según la enfermera, se convertirían en unas arrugas muy finas. En cambio, el pelo no estaba gris. —No como el mío —le comentó un día Carlo—. Mira. Le habían aparecido algunas canas por las sienes y ella se preguntó si habría sido por el sufrimiento. —Vas a tener que cuidarme. Estoy decrépito —siguió él con tono de broma. —No dejes que te engañe, hija —dijo Toni—. A los Rinucci nos salen canas enseguida. —Eres un aguafiestas. La tenía en el bote —replicó Carlo. —Cuando te llames Rinucci, también te pasará a ti —Toni guiñó un ojo a Della. —No creo que sea tan grave —Della se rió. —¿No me crees? Si te casas con ése, te echarás diez años encima. Todo el mundo se rió y a ella le pareció que el mundo era mucho más resplandeciente, en parte, porque él la había llamado «hija».


Poco a poco, comprobó que su aspecto había cambiado, pero no en el sentido que ella había temido. El pelo se le había rizado y podía llevarlo más corto. —Pareces un elfo —comentó Solomon. Nº Páginas 107—110 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Qué gracioso! —No, si está muy bien… Solomon estaba de visita con un cargamento de fotos de su hijo. Se había licenciado y tenía un trabajo esperándolo cuando volviera a Inglaterra. Hope estaba emocionada. —Nuestro primer bisnieto —dijo ella. —Mamá… —intervino Carlo—. No es… —¿Quieres decir que Della no es de la familia? —Sí, pero… —Entonces, el bebé también es de la familia —zanjó Hope. Un día, cuando Della ya podía moverse casi con normalidad, Carlo desapareció y volvió por la tarde para contarles que había aceptado un trabajo en un museo de la ciudad. Solo tendría que ir tres días a la semana y así podría seguir con sus proyectos en casa, pero era el tipo de trabajo convencional que siempre había detestado. —¿Qué te propones? —le preguntó Hope cuando estuvieron solos.


—Dinero —contestó él—. Llevo meses sin trabajar y estoy quedándome sin dinero. —Nos has dado mucho… podemos… —Sé que mantener a Della aquí es muy caro y no quiero que corráis con todos los gastos. —Como si nos importara a tu padre y a mí… —Me importa a mí. Voy a aceptar ese trabajo. —¿Hasta cuándo? Él se encogió de hombros. —¿Y aquellas expediciones? —siguió su madre. —No puedo dejar a Della. Cuando esté mejor podremos hacer algunos viajes cortos. Hope no dijo nada más. Su hijo con más talento iba a renunciar a un porvenir brillante y aun así estaba feliz. En otro momento se lo habría reprochado a Della, pero ya no. Y fue Della quien sacó el tema cuando la encontró sola esa tarde. —Me odiarás —le dijo lentamente a Hope. —No tengo motivos para odiarte. Ni se te ocurra pensarlo. —No querías que me casara con él y ahora tienes más motivos. Estoy atándolo cuando tendría que estar dedicándose a su profesión.


—Yo también lo habría pensado en otro momento, pero ahora sé que lo que hace es mejor para él que cualquier profesión. Antes, todo era demasiado fácil. Hasta Nº Páginas 108—110 https://www.facebook.com/novelasgratis que tuvo que luchar por ti y se hizo un hombre. No intentes detenerlo. Acepta lo que te ofrezca porque al hacerlo le darás el amor que más necesita. La noche anterior a la boda, Hope se encontró a Carlo en el jardín. —¿Qué estás leyendo? —le preguntó ella mientras le quitaba el libro—. ¿Poesía inglesa? —Los sonetos de Elizabeth Barret Browning. Los he conocido gracias a Della. —«¿Cómo lo amo?» —leyó Hope—. «Contaré las maneras». —Mira el último verso. Lo he leído infinidad de veces. «Si es el deseo de Dios, lo amaré más después de la muerte» —susurró Carlo. —¿Piensas mucho en eso? —Hope se sentó a su lado. —Todo el tiempo. Veinte años como mucho. —Entonces, te quedarás solo. Sin hijos; con recuerdos. Sin embargo, serás joven para… —No. No volveré a casarme. —No puedes saberlo.


—Sí puedo —insistió él lentamente—. Te sorprendería saber lo que puedo predecir. Es como si la niebla se hubiera disipado y viera todo el camino hasta el final. —Cuando llegues allí, ¿soportarás estar sin ella? —No estaré sin ella. Della me acompañará siempre. Me amará como yo la amaré. No te preocupes por mí, ella no me dejará nunca. Tenía los ojos brillantes y ella tuvo que mirar hacia otro lado, pero Carlo la abrazó. —Venga, no llores. No pasa nada. Mañana es la boda. Voy a casarme con la mujer que quiero y soy el hombre más feliz del mundo. Al día siguiente, todas las mujeres de la familia se ocuparon de vestir y arreglar a Della y de acompañarla al salón de la casa, donde estaba toda la familia menos Carlo y Ruggiero, que se habían ido a la iglesia. Solomon sería el padrino y cuando la ayudó a bajarse del coche, ella tiró el bastón porque no lo necesitaba. En el altar estaba esperándola el hombre que la amaba. Solomon sonrió y le ofreció el brazo. Ella lo tomó y recorrieron juntos el pasillo que la llevaba a Carlo. A medida que se acercaban, ella pudo distinguir su expresión de felicidad. Su corazón empezó a dirigirse a él en silencio. Lo amaba porque desde el primer momento la había aceptado plenamente, solo le había pedido que fuera de él. Al valorarla tanto, le había enseñado a valorarse a sí misma. Lo amaba porque le había enseñado a sentir el amor, cuando creía que nunca lo sentiría.


Lo amaba porque le había enseñado que el corazón de un hombre podía ser tan Nº Páginas 109—110 https://www.facebook.com/novelasgratis profundo y poderoso como no se había imaginado. Además, le había entregado ese corazón y le había renovado la vida. «Si es el deseo de Dios, lo amaré más después de la muerte». Fin Nº Páginas 110—110


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