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La espera Karen Van der Zee La espera (1983) Título Original: Waiting (1982) Editorial: Harlequin Ibérica Sello / Colección: Bianca 101 Género: Contemporáneo Protagonistas: Alexander "Lex" Vermeer y Andrea ten Cate Argumento:


Lex sentía afecto por Andrea, sin embargo ¡nunca la amaría como a su esposa! Habían pasado tres años desde la muerte de Bart, el amado esposo de Andrea. La joven logró superar la primera etapa después de la pérdida y comenzaba a vislumbrar la posibilidad de un nuevo matrimonio. Creyó haber encontrado a su compañero en Lex Vermeer y al parecer, éste reciprocaba sus sentimientos. La mutua atracción era innegable y Andrea podía haber jurado que Lex la amaba tanto como ella a él. Sin embargo, él no hablaba de matrimonio. ¿Por qué? ¿Qué esperaba? https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 Olía a quemado. ¡Algo se estaba quemando! ¡Fuego! Con las llaves en la mano Andrea se detuvo frente a su apartamento, y durante lo que le pareció una eternidad permaneció inmóvil con la mirada fija en la puerta, presa del temor. Bajó la vista para observar su temblorosa mano que sostenía las llaves. No necesitaba recurrir a ellas, la puerta estaba abierta. ¡ La puerta estaba abierta! Nadie debía estar dentro ya que Sylvia se encontraba en Viena. ¡Alguien había


entrado en su apartamento! Poco faltó para que Andrea se volviera y bajara corriendo los cuatro pisos para retornar a la seguridad de la calle. Titubeó al darse cuenta del silencio. Con cuidado abrió un poco más la puerta. "No me gusta que vivas sola en una buhardilla en Ámsterdam. La ciudad está plagada de locos e individuos excéntricos y raros —la voz de su madre hizo eco en su memoria—. ¿Por qué no regresas a casa? —Esta es mi casa, mamá. —Vives sin compañía y te sentirás muy sola. —Lo mismo me sucederá en cualquier sitio, mamá. ¿No comprendes que no puedo huir de la realidad? De ahora en adelante tendré que arreglármelas sola". Su madre se había tranquilizado un poco al enterarse de que Sylvia compartía el apartamento durante parte del año. En ese momento, con cautela, Andrea dio unos pasos adelante después de abrir la puerta de par en par. Nadie, nada. Silencio. Sólo el fuerte olor a quemado. ¿Sería comida? Provenía de la cocinita, situada al fondo. Quizá su madre había tenido razón. Tal vez algún maniático había entrado provocando un incendio. Quizá se ocultaba en una de las dos minúsculas habitaciones, situadas a la izquierda. Pero no escuchó ruido alguno ni vio


señales de vida. Armándose de valor, se dirigió hacia la cocina. De una sartén salía humo a causa del pedazo de carne que dentro de él cada segundo que transcurría se carbonizaba más. Por un momento permaneció quieta. Eso era inconcebible. De forma automática cerró la llave del gas y observó de nuevo la sartén. ¿Quién había estado ahí? De pronto escuchó que cerraban una puerta y pisadas. Se volvió, atemorizada. Un hombre muy alto entró en la cocina y se sorprendió al verla. Tenía el cabello negro, cejas espesas y ojos oscuros. —¿Andrea ten Cate? —preguntó. Nº Paginas 2-92 https://www.facebook.com/novelasgratis La chica no lo conocía, jamás lo había visto. Era más alto y moreno que cualquier conocido y tenía los hombros anchos; le pareció demasiado fuerte y eso la asustó más. Él conocía su nombre. Sintió un nudo en la garganta y, petrificada, lo miró sin hablar. El hombre llevaba en la mano una hogaza de pan francés que colocó sobre la mesa. Enseguida miró hacia la carne calcinada, y el temor de la joven en ese momento se


transformó en furia. —¿Quién es usted? —inquirió—. ¿Qué hace en mi apartamento? ¿Trató de incendiarlo? —la furia la hizo formular una pregunta tras otra—. ¿Está loco? ¡Se pone a freír carne, abandona el apartamento y no se le ocurre apagar el fuego! ¡Descuidados como usted son quienes provocan los incendios donde mucha gente pierde la vida! ¿No lo sabía? —¡Por Dios, cálmese! —exclamó él, dando un paso para tomarla de los hombros y zarandearla antes de sentarla en una silla—. ¿No le parece que exagera? ¡Quemé un trozo de carne y no un edificio! ¿Exagerar? ¡Qué osadía! ¿Qué sabía él acerca de su sufrimiento a causa de la negligencia de un atolondrado? ¿Qué sabía de las innumerables y solitarias noches…? —Salga —ordenó la chica entre dientes—. ¡Salga de aquí! El hombre no obedeció, en cambio fue a servir un vaso con agua. Andrea sintió deseos de tirárselo de las manos, pero no tuvo la oportunidad. Él sostuvo el vaso con una mano y la barbilla de la chica con la otra para obligarla a beber. Al quedar el recipiente vacío lo colocó sobre la mesa y se alejó de Andrea. La


joven estaba consciente de que él la observaba, pero se negó a mirarlo. Mantenía la vista fija en sus temblorosas manos entrelazadas sobre el regazo. De pronto se sintió muy cansada, sin fuerzas y temerosa. —Lamento haberla asustado —se disculpó Lex después de un silencio no muy prolongado—. También siento haber quemado la carne. Acababa de ponerla al fuego cuando me di cuenta de que no tenía con qué acompañarla. Apagué la estufa, al menos eso pensé, y salí a comprar pan en la panadería al otro lado de la calle. —La estufa no quedó apagada. —Debí girar el botón en sentido contrario, la estufa de mi casa funciona al revés. —¿Quién es usted y qué hace en mi apartamento? —¿sería uno de los tipos raros que preocupaban a su madre? Parecía ser bastante peligroso. —Me llamo Alexander Yermeer, Lex para acortarlo. Soy primo de Sylvia. Ella me prestó su llave y prometió que le advertiría sobre mi llegada. Por lo visto lo olvidó. —¡No me dijo nada y ahora está en el extranjero! —la voz le tembló. —No se preocupe, no tengo malas intenciones. Sylvia es mi prima. Su madre y


la mía son hermanas. El padre de ella es dentista y tiene dos hermanos más jóvenes. Nº Paginas 3-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Viven en Apeldoorn. Sylvia estudia sociología en la universidad de Ámsterdam y durante el verano trabaja como guía de turistas. Ahora se encuentra en Austria. ¿Basta con esa información? Los datos eran correctos, pero Andrea seguía sin saber qué hacía él ahí ni con qué derecho preparaba comida en su cocina. Lex la miraba de arriba abajo sin expresión. El temor inicial de la chica había desaparecido, pero estaba lejos de sentirse cómoda. —¿Qué hace aquí y por qué le prestó Sylvia la llave? —no pudo imaginar por qué Sylvia olvidó prevenirla. La otra chica compartía con ella la buhardilla desde hacía un año y resultó ser una persona muy considerada que no se inmiscuía en la vida íntima de Andrea. Desde luego, sabía que había sido muy afortunada al hallar alojamiento en Ámsterdam. —Permaneceré en Holanda todo el mes de agosto. Viviré en Ámsterdam entre


semana, pero me ausentaré durante los fines de semana. Sylvia me ofreció su habitación ya que en este momento no la ocupa —habló con monotonía, como si no le importara que Andrea estuviese de acuerdo o no con el arreglo. A Andrea no le gustó el arreglo, no deseaba convivir con un extraño. El apartamento era demasiado pequeño e íntimo para tener que compartirlo con un desconocido. Tiempo atrás, una amiga comentó que era un nidito de amor. Y durante poco tiempo, menos de dos años, lo fue, oculto en la buhardilla de una vieja casa en el centro de Ámsterdam. —Lavaré la sartén y saldré a cenar —anunció Vermeer. Andrea vio que retrocedía. Deseó deshacerse de él, pero no se le ocurría cómo. No podía echarlo a base de fuerza física ni impedirle la entrada. Él tenía una llave. ¡Qué desconsideración de parte de Sylvia! Andrea se levantó de la silla y fue a su habitación. Llamarla así era pretencioso ya que en aquel espacio apenas cabían una cama individual, una silla y un pequeño ropero. Originalmente se planeó como cuarto, pero cuando Sylvia se instaló, el padre de Andrea hizo la división. Desde entonces, Sylvia ocupaba la habitación que Andrea había compartido con Bart.


Ahora, ese hombre la usaría. Cerró los ojos y se dejó caer en la cama, entrelazando las manos sobre el regazo. "¡Quiero que se marche!" pensó. Al escuchar que el hombre salía, se levantó y fue a la cocina para prepararse la cena. Todo estaba en su lugar, incluso la sartén limpia. A pesar de no tener apetito, comió una albóndiga y papas fritas. Durante los primeros meses después de la muerte de Bart comía poco, pero no tardó en comprender que eso no era vida. No podía seguir alimentándose con un huevo frito y alubias en salsa de tomate enlatadas. Comenzó a cocinar alimentos sanos, se impuso salir con amigos y se inscribió en un curso vespertino de español. Había pensado bien las cosas. Ser viuda a los veintiún años era una tragedia. Amó a su esposo, pero él estaba muerto. Tenía que seguir adelante y era preciso sobreponerse a como diera lugar. Decidida, poco a poco se desligó del pasado y de los recuerdos. Tres años más tarde halló cierta satisfacción, sin llegar a sentir una profunda felicidad. Vivía Nº Paginas 4-92 https://www.facebook.com/novelasgratis tranquila, contaba con buenos amigos y un trabajo agradable. Los recuerdos persistían, pero la insoportable angustia había disminuido. Ya no lloraba y


dormía bien por las noches. Lavó la loza, la guardó, y enseguida se preparó un café. Escuchó las noticias en la televisión mientras regaba las plantas. Al terminar las noticias se sirvió una taza de café y se acomodó en el sofá con un libro que sacó de la biblioteca. La Semilla del Tamarindo por Evelyn Anthony. Como disfrutaba leer no tardó en concentrarse y olvidar lo que la rodeaba, incluso al hombre que se entremetió en su vida. Cuando se acostó, a las once, Vermeer aún no regresaba. Inquieta, Andrea no pudo conciliar el sueño y cerca de la medianoche escuchó el ruido de la llave al entrar en la cerradura de la puerta principal. Segundos más tarde, la puerta de la habitación de Sylvia chirrió. ¡Maldición, había regresado! Se estremeció y se cubrió mejor con las mantas. Ese hombre con aspecto de gitano la atemorizaba. Al despertar, a las siete, él ya estaba levantado. Molesta, por no poder andar de camisón en su propia casa, buscó su bata. Cuando se dirigía al baño y pasó por la cocina vio que Lex echaba agua en la tetera. — Goeiemorgen —saludó al levantar la cabeza.


— Morgen —respondió Andrea. El baño olía a jabón y loción para después de afeitar, además la toalla estaba húmeda. Aquel hombre acababa de bañarse. La joven terminó de vestirse y maquillarse a las siete y media. No se animaba a salir de la habitación por no desear enfrentarse con Lex. Se aplicó un poco más de rímel, y color en los labios. Se soltó la cola de caballo que se había hecho y sonrió ante la imagen que vio en el espejo. ¿A quién quería engañar? ¿Para qué tanto esfuerzo en su arreglo si ese hombre le disgustaba y no se fijaba en ella? De todos modos no era el tipo de hombre que volvería la cabeza para mirarla dos veces. Era demasiado viejo, pasaba de los treinta y cinco años, según sus cálculos. Para él, ella no era más que una chiquilla. Él no sabía nada acerca de ella y no tenía importancia. Andrea, en cambio, se conocía bien y, desde luego, no se consideraba una chiquilla. Los recuerdos se agolparon en su mente. Bart, sonriente, y mirándola con amor le había preguntado en una ocasión. "—¿Qué piensas que busca un hombre en una mujer? ¿Sólo belleza y sensualidad? —Andrea siempre se había sentido acomplejada por sus pequeños senos, su rostro de jovencita y la nariz respingada. Bart le quitó ese complejo de


inferioridad y la hizo sentirse mujer. La amó, la deseó, hizo que ella adquiriera Nº Paginas 5-92 https://www.facebook.com/novelasgratis seguridad en sí y se considerara algo especial—. Me gusta tu sonrisa, la calidez de tu mirada y tu sensualidad. Een juweel van een vrouw. Una joya de mujer". En ocasiones era provechoso recordar esas palabras, aunque después quedara triste. Sería igual toda la vida. Ya no tenía complejo de inferioridad ni le preocupaba su físico. Se sentía libre y confiada. Si alguien inteligente, valeroso y apuesto como Bart la había amado, quizá en el futuro otro hombre la amaría por lo que ella era. Otro hombre… no sería fácil enamorarse de nuevo. Andrea no se conformaría con una relación mediocre. Deseaba todo o nada. Suspiró y se alejó del espejo. Era hora de desayunar con el desconocido. Vermeer tenía la mesa puesta y la tetera estaba sobre la lumbre. Por lo visto, se sintió en su casa. Tensa por el resentimiento, Andrea se sentó. —En el recipiente verde, a su espalda, hay un paquete de galletas tostadas — murmuró sin disimular la hostilidad y Lex lo colocó también sobre la mesa. —Veo que le gusta el color verde —comentó—. Cortinas, mantel, sofá, todo


en tonos de verde. Como un bosque —había un dejo de diversión en su voz. —Si no le gusta, búsquese un hotel, no faltan en Ámsterdam. —Todos a reventar, en el mes de agosto. Andrea no respondió. Lo ignoraría en vez de discutir. Tomó un pedazo de pan, le untó mantequilla y cortó unas rebanadas de queso. —¿Le sirvo un poco de té? —preguntó Lex. —Sí, por favor —la chica lo observó mientras decidía que si él hacía otro comentario sobre el color verde de la tetera se arrepentiría. —¿Azúcar? —Media cucharadita. —Su apartamento es muy bonito, pero ayer, poco faltó para que me arrepintiera de entrar al ver la escalera descuidada. Imaginé que sería una mísera morada temporal de estudiante, pero resultó muy acogedora y estable. —Gracias —bastante tiempo y esfuerzo le había costado transformar la buhardilla en un hogar. Recordó cuánto les entusiasmó hallarla. Bart casi la había convencido de que sería mejor buscar algo moderno en los suburbios, quizá en Osdorp. Pero a Andrea no le entusiasmaba la limpieza de los nuevos


edificios. En ellos todo era tan organizado y estricto al grado de ser aburridos. Le encantaba la vieja ciudad de antigua arquitectura; los sótanos convertidos en agradables bares y cafecitos, los puentes sobre los canales, las b outiques, las tiendas de antigüedades, en fin, todo el ambiente. Bart que era muy hábil se había encargado de las divisiones, así como de instalar el baño y la cocina. Compraron lo necesario en subastas y en el mercado de Waterlooplein. Nº Paginas 6-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Bart hizo un mueble con grandes cajones para guardar cosas. Andrea cosió cojines, grandes almohadas, forradas en color verde tenue. El apartamento tenía varios tonos de verde, el color de los árboles y las plantas, tranquilo, pero animado. Andrea tomó la segunda rebanada de pan y le untó mermelada. No era fácil olvidar los hábitos adquiridos en la niñez, su madre solía decir que primero una rebanada de pan con queso y luego otra con jalea o miel. —¿Más té?


La chica levantó la cabeza. Rechazaba la presencia del hombre y no le agradaban sus preguntas ni el comportamiento cortés. Él dominaba todo con su gran estatura y hacía que lo demás pareciera pequeño e insignificante. Lex le sirvió más té sin esperar respuesta. —Comprendo que no quiera mi compañía. Estoy seguro de que Sylvia pronto le escribirá. Si sus explicaciones no la satisfacen, me iré. Mientras tanto, haré lo posible por no entremeterme en su vida. Comeré en otro lado cuando sea conveniente y permaneceré en mi habitación. —Gracias —Andrea terminó de beber el té, se levantó y lo miró de frente—. Me voy al trabajo. Si sale, por favor asegúrese de apagar la estufa. En el primer piso hay un bebé y en el segundo, una viejita delicada de una pierna. Jamás lograrían salir en caso de incendio —no le preocupaba el hombre joven de abajo, un reportero que viajaba a menudo. Lex Vermeer la observó en silencio y Andrea esperó, sin quitarle la vista de encima, pero él no contestó. ¿En qué estaría pensando? Ella jamás había visto a nadie tan desprovisto de sentimientos ni con ojos tan inexpresivos. Nada parecía importarle. ¿Qué le pasaba a ese hombre? ¿No tenía sentimientos, tampoco se enfurecía ni reía? Se volvió y salió del apartamento. Minutos más tarde, la recibía el soleado de


verano. No tomaría el tranvía, caminaría hasta la oficina. En la esquina, la esposa del carnicero que lavaba la ventana del establecimiento saludó a la joven y ésta le correspondió. Al diablo con Lex Vermeer. No pensaría más en él, al menos ese día. El tránsito era pesado y ruidoso; cruzó el puente sobre el Herengracht y dio vuelta a la derecha. Ahí, no había tanto barullo puesto que no cabían los tranvías ni los autobuses. Muchas de las casas viejas habían sido transformadas en oficinas. La oficina de intercambio de estudiantes, organización para la cual trabajaba Andrea, se encontraba en el segundo piso de una modesta casa, situada entre dos impresionantes muestras de la arquitectura del siglo diecisiete. Todo estaba tranquilo cuando Andrea entró en la oficina. Fue la primera en llegar. El intercambio de estudiantes era una organización internacional cuya matriz estaba en Washington, Estados Unidos. Andrea era asistente de Annette Raadsma, encargada de la sucursal holandesa; un trabajo de responsabilidad, pero interesante y variado. En agosto no había mucha actividad en la oficina. Los estudiantes de intercambio regresaban a casa y los nuevos, veintitrés, procedentes de nueve países, habían llegado en junio y julio. Pasarían el año con una familia holandesa y asistirían Nº Paginas 7-92 https://www.facebook.com/novelasgratis a la escuela con los demás estudiantes. Aprenderían holandés, se desplazarían en


bicicleta y comerían queso al desayuno. Andrea sonrió al sentarse frente al escritorio. A los dieciocho años había participado en el programa, un año antes de su matrimonio con Bart. La enviaron a un pueblecito costero, al norte de California y no fue lo que había imaginado. La poblaban obreros que vivían en modestas casitas de madera. Había poca riqueza y mucho desempleo. El paisaje y las playas eran hermosos, pero el agua del océano bastante fría. Llovía mucho. Resultó muy diferente a las soleadas playas que había esperado encontrar en California, llenas de palmeras, con mansiones provistas de aire acondicionado, piscinas y canchas de tenis. Al parecer, todo eso, se encontraba más al sur. La familia con quien se alojó tenía una casa sin aire acondicionado ni piscina, televisión a color, pero pequeña. Se desplazaban en un modesto coche norteamericano y en una destartalada furgoneta japonesa. El señor Swanson era administrador de una tienda de ropa y la señora trabajaba como recepcionista en el consultorio de un médico. No pertenecían a ninguna: asociación deportiva ni jugaban golf o tenis. Vivir en Estados Unidos no fue como lo imaginó. A pesar de


todo fue un año interesante y la experiencia inigualable. Escuchó pasos en la escalera antes que la puerta se abriese de par en par. Annette entró empujando una bicicleta. Tenía el rostro encendido y el cabello rubio alborotado. Andaba cerca de los treinta y aún era felizmente soltera, al menos así se describía, a raíz de una terrible decepción amorosa con un francés. Le sonrió a Andrea mientras se acomodaba el cabello. —Perdona mi entrada poco digna. Pondré todo en orden después que me deshaga de esto. Dejaré la bicicleta en la terraza, no me arriesgaré a que los malditos ladrones se lleven lo que me pertenece. Andrea no la culpó porque ésa era la tercera bicicleta que Annette compraba en el curso de cuatro meses, y aunque juró que había encadenado la última a un poste, era descuidada. —Llegaste temprano, ¿qué prisa tenías? —inquirió Annette. —Anoche, un hombre estuvo en mi apartamento —Andrea suspiró y calló al ver la expresión de Annette. —¡No me digas que te asustaste y huiste porque olvidaste cómo manejar la situación después de tantos años de que ningún hombre te visita! —Te equivocas —rió y le relató el incidente con Lex Vermeer. Salió de la oficina temprano y caminó despacio a casa; se detuvo en la


carnicería a comprar un poco de jamón para la pasta que planeaba preparar para la cena. No halló correspondencia. Por lo general, Ria, le subía el correo y se lo dejaba en el último descanso de la escalera, que desembocaba en la buhardilla. Como de costumbre, a esa hora, escuchó el llanto del bebé. Le tenía conmiseración a Ria Nº Paginas 8-92 https://www.facebook.com/novelasgratis porque siempre parecía cansada e infeliz. Era muy joven y aunque se había casado, su esposo, mujeriego e irresponsable, nunca estaba en casa. Encontró muy tranquilo su apartamento. ¿Estaría Lex en la habitación cerrada? Ignorar si se encontraba le causó una extraña sensación, pero por nada en el mundo llamaría a su puerta para averiguarlo. Al poner el jamón sobre la mesa de la cocina vio el correo. De modo que el hombre había salido y recogido las cartas. Recibió la cuenta del teléfono, la usual publicidad y una tarjeta postal de una amiga, de vacaciones en Italia. Andrea suspiró, no había recibido nada de Sylvia. Encendió el radio y comenzó a preparar la cena. La cocinita brillaba de


limpia. Vermeer debió lavar la loza del desayuno. Andrea preparó la pasta, que a pesar de ser un platillo poco complicado, le gustaba. Hizo suficiente para dos, quizá Vermeer aceptaba cenar con ella, pero no lo invitaría. Él le había dicho que no estorbaría y que por lo mismo comería fuera. Lavó unas hojas de lechuga, cortó un tomate y un huevo duro para hacer la ensalada. Un plato, tenedor y cuchillo. Era ridículo. ¡No tenía sentido que Lex gastara dinero habiendo comida para dos! Iría a averiguar si estaba en casa. Con la radio encendida era lógico que ella no hubiese escuchado sonidos en la habitación del huésped. Llamó a su puerta. —Adelante. Estaba acostado sobre la cama, con los brazos debajo de la cabeza y la mirada fija en el techo. Suponía que él estaba en Ámsterdam por motivos de trabajo, pero no daba señales de actividad. No había papeles, libros ni expedientes. Nada. —Preparé unos macarrones —anunció—. Con jamón y queso —agregó—. Si desea, puede cenar aquí en vez de salir. Él volvió la cabeza y aunque la miraba al parecer lo estaba haciendo sin ver. —No, gracias —respondió con desaliento. La chica esperó a que agregara algo, pero como no lo hizo, salió y cerró la


puerta. Fue a la cocina, se sentó y comenzó a comer. Le extrañó que le temblara un poco la mano con la que sostenía el tenedor… El hombre causaba un extraño efecto en ella por la forma como la observaba y le hablaba. Parecía un ser sin sentimientos, algo muerto. ¿Qué le pasaría? Pronto olvidó el asunto y le echó un poco de sal a la comida. Después de comer con tranquilidad, lavó la loza y preparó café. No le ofrecería nada más, también lo dejaría en paz. Lex permaneció en su habitación. Andrea leía, sentada en el sofá. La trama de la novela era interesante y trataba de la vida de una chica inglesa que ayudaba a un espía ruso a huir de su país. "Espía", la palabra la intrigó. Quizá Lex era eso o algún agente secreto, ocultándose de algo o de alguien. Tenía aspecto misterioso. Rió de su tonta imaginación. Lex era primo de Sylvia, al menos eso había dicho. Nº Paginas 9-92 https://www.facebook.com/novelasgratis No sabía nada acerca de él, era un desconocido. Tenerlo en su casa la ponía nerviosa, aunque aceptó que no temía por su seguridad física. Le fue imposible dejar de pensar en él. Con los ojos bien abiertos, Andrea estaba en


la cama, atenta a cualquier sonido proveniente de la otra habitación. No escuchó nada a pesar de que los separaba una delgada división. ¿Estaría dormido o seguiría observando el techo? No cenó ni salió del cuarto. Cerca de la medianoche escuchó que caminaba de un lado a otro y, hecho extraño, Andrea se tranquilizó, durmiéndose de inmediato. En toda la semana no lo vio durante el desayuno ni al regresar del trabajo. Pero ella sabía que ocupaba su habitación. Se ausentó por el fin de semana y el lunes, al regresar de trabajar, percibió su presencia. "¡Dios mío, es como vivir con un espectro, un espectro en la buhardilla. No lo soportaré", pensó. Se sentó en el sofá y levantó las cartas que estaban sobre la mesita. ¡Maldición!, no había nada de Sylvia. ¿Qué hacer con esa sombra de hombre que vivía bajo su techo? No se le ocurrió más que salir de casa. Bajaría a visitar a Ria, bebería una taza de café aguado y escucharía la triste historia de ese matrimonio que zozobraba. Ria la deprimía, pero cualquier cosa era mejor que quedarse en casa con el hombre invisible. Por fin, el martes, recibió carta de Sylvia en la cual le pedía disculpas. Andrea no se calmó.


Ya debes haber conocido a ese hermoso espécimen de hombre, mi primo, Alejandro el Grande. (Espero que antes de presentarse a tu puerta se haya cortado el cabello). No tuvimos mucho tiempo para hablar y no sé qué hace en Ámsterdam. Creo que algún tipo de investigación. Trabaja en un proyecto de salud en Bolivia para las Naciones Unidas. De todos modos, necesitaba alojamiento por unas semanas, exceptuando los sábados y domingos. Supuse que no habría problema así que le ofrecí mi habitación y darte explicaciones. Olvidé comentártelo y de veras lo lamento. Esta vez lo he pasado a disgusto. Jamás tuve gente más quejumbrosa e insatisfecha que este grupo de vejetes. Ninguno tiene menos de cincuenta, te lo juro. Aunque no es usual que los ciudadanos mayores me den guerra. No sé de dónde sacaron esta partida. Andrea sonrió. ¡Pobre Sylvia! Guía de turistas, al parecer un trabajo interesante y sin embargo, estaba en Viena, tratando de mantener contentos a los abuelos y abuelas que integraban el grupo. Otra cosa, continuaba la carta de Sylvia. Le pedí a Lex que respetara tu vida íntima y que no se atreviera a tocarte, lo cual supongo que es una broma. Su madre me informó que no se ha fijado en una mujer desde el año pasado, cuando murió su esposa. Estarás segura, así que no te preocupes. Saludos, Sylvia. No te preocupes. ¿Acaso no tenía idea de lo que había hecho? Nº Paginas 10-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Andrea no podría seguir así. Se puso de pie, decidida a hablar con él. Lex la


invitó a pasar a su habitación. Leía, sentado en una silla. Había, unos libros sobre la cama y el escritorio. —Si le parece conveniente, quisiera hablar con usted unos minutos. —Prosiga. —Hoy recibí carta de Sylvia —hizo una pausa para causar efecto, pero él continuó en silencio, observándola con el rostro inexpresivo. Claro, él ya lo sabía puesto que había recogido la correspondencia. —Confirmó lo que usted me dijo. No es necesario que busque alojamiento en algún hotel. —Gracias, aprecio su hospitalidad —inclinó un poco la cabeza. —Sylvia paga parte de la renta, incluso durante el verano cuando se ausenta — era lo justó. Andrea no supo cómo proseguir. Observó la postura de Vermeer, con las piernas extendidas y los pies descalzos. Tenía puestos pantalón de pana y una camisa verde. Aún no había ido a la peluquería y no parecía ser un empleado de las Naciones Unidas. —No es necesario que se oculte al grado en que lo ha hecho. —¿Ocultarme? —En el curso de esta semana es la primera vez que lo veo. —Me informaron que a usted le gusta tener intimidad.


—Así es, pero de vez en cuando no me molesta saludar ni compartir una comida. El apartamento es pequeño y sé que está aquí. Al no verlo siento que vivo con un espectro. El hombre esbozó una sonrisa. ¡Dios santo, el hombre sonreía! —No sólo es franca sino también muy segura de sí —comentó. —Hago lo imposible porque así sea. A partir de ese momento, la situación mejoró. Sólo se veían durante el desayuno y la cena. Hablaban sobre el clima, la comida, las atestadas playas y el problema de la vivienda en las ciudades. De tácito acuerdo evitaron tocar asuntos personales. Después de dos semanas, Andrea seguía sin saber nada sobre Lex Vermeer. Nada, excepto una cosa. Nº Paginas 11-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 La aparente insensibilidad y la falta de interés en todo lo que lo rodeaba reflejaban un profundo pesar. Lex era un hombre sin ilusiones ni deseos de vivir. Andrea se identificó con él, porque tres años atrás había vivido esa misma experiencia.


Comprenderlo cambió sus sentimientos hacia él. Algo extraño le ocurrió. Se preguntaba cómo sería Lex si fuese feliz, con voz y mirada alegres. Ya no le temía, en cambio lo compadecía. Pensó en su difunta esposa. No sabía su nombre ni si había sido holandesa. Lex pudo haberse casado con una hermosa boliviana. Lo imaginó como esposo cariñoso, besando a su mujer, sonriendo. Era fuerte y sospechaba que podía ser gentil. Se preguntó qué se sentiría estar en sus brazos y recibir sus besos. Andrea no comprendió qué la hizo imaginar tal cosa. Un día Lex la sorprendió invitándola a cenar. —Le agradezco la hospitalidad —dijo—. Esta noche no cocinará, iremos a Leidseplein y encontraremos un buen restaurante —fue tanta la sorpresa de Andrea que no pudo hablar. Él sonreía cuando agregó—: ¿No quiere ir? —¡Al contrario, me encantaría! De alguna manera fue distinto estar a su lado en un restaurante, alejada del ambiente íntimo de la buhardilla. La conversación se hizo más fácil y agradable. Sin duda, el vino ayudó. Lex la llevó a La Belle Epoque, junto al teatro y fue como haberse transportado a otro mundo. La chica se atrevió a preguntarle sobre su trabajo en Bolivia y notó que él frunció el ceño. Deseó no haberse equivocado al hacer la pregunta y que no le hubiese echado a perder el buen humor.


—No es muy interesante —respondió, después de titubear. —¿No? Lo lamento… —se enfadó por haber hecho la pregunta—. Quería saber algo sobre Bolivia, pero sí… —Bolivia es muchas cosas, bella, fascinante y perturbadora; depende de dónde se esté o lo que se haga —hizo girar su copa y observó el vino. Prosiguió su relato sin mirarla. Como médico era jefe de un equipo destinado a organizar algunos tipos de atención para los indios en las zonas rurales. Las condiciones de vida eran deplorables. Había estado en muchos sitios, presenciado cosas desagradables. —En la zona donde trabajamos, el promedio de vida es de treinta y cinco años —levantó la cabeza—. El sesenta por ciento de la gente padece de tuberculosis y más de la mitad de los niños mueren antes de cumplir los cinco años —habló con cuidado, como si quisiese evitar los malos entendidos. Andrea se escandalizó. —¡Qué horrible! —exclamó. Nº Paginas 12-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Eso no les impide disfrutar la vida —murmuró Lex como si supiera lo que ella sentía—. Agradezca el hecho de ser una de las afortunadas —Andrea calló


porque en muchos sentidos era privilegiada—. ¿Le sirvo más vino? —levantó la botella y le llenó la copa—. No quise deprimirla. Ahora, cuénteme algo sobre su trabajo. A Lex le divirtieron algunas anécdotas que ella le contó sobre los estudiantes con quienes había tratado. Sonrió y movió la cabeza al escuchar la historia de la chica norteamericana que llegó a Ámsterdam con diez frascos de mantequilla porque creyó que en Holanda desconocían ese alimento y no sobreviviría sin él un año entero. Verlo sonreír le alegró, parecía menos extraño y distante. En esos momentos, Andrea imaginó al hombre que debió ser feliz y a la vez se preguntó qué se requeriría para derrumbar los muros que él había erigido, con el fin de aislarse y para que recobrara la alegría. Terminaron de cenar y bebían las últimas copas de vino cuando él tomó una mano de Andrea y observó sus dedos. —No lleva anillo —comentó. El contacto fue como un choque eléctrico y el corazón de la chica dio un vuelco; sin embargo, permaneció muy quieta. —No. Después de la muerte de Bart usó la argolla de su marido junto a la de ella, para


que todos supiesen que era viuda. Pero no toleró la piedad ni el asombro de la gente de modo que se las quitó y las guardó. No fue un rechazo al amor de Bart ni al matrimonio. Siempre serían parte de su vida y de sus recuerdos, pero no era asunto de los demás. Lex no le soltaba la mano y la chica notó cierto interés en él. —Andrea ten Cate, la señora ten Cate —murmuró—. Lo vi en su correspondencia. —Mi esposo murió hace tres años. —¡Dios mío! ¿Qué edad tenía usted? —Veintiún años —él la observó en silencio y Andrea comprendió que no le haría más preguntas—. Era bombero y murió en un incendio cuando intentó salvar a una madre con su recién nacido —ya podía hablar del suceso sin angustiarse. Había aprendido a soportar la pena. ¿ Y usted?, se preguntó. ¿ Qué pasó con su esposa, cómo murió? —Ahora comprendo —murmuró Lex. —¿Qué cosa? —Su reacción aquella primera noche cuando dejé calcinar el trozo de carne. Desde aquel día aciago Andrea le tenía pavor a los incendios y a cualquier


suceso relacionado con ellos. Le quedó una tendencia a verificar si la estufa quedaba apagada, si no había algún cigarrillo encendido después de haber recibido visitas. Sudaba frío cada vez que escuchaba la sirena de los bomberos. Nº Paginas 13-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Lex soltó sus dedos poco a poco y no le hizo más preguntas. Tendría que hablarle de sí para demostrarle que verdaderamente tenía interés en ella. Pero era un hombre introvertido y no sería fácil que derribara las barreras detrás de las cuales se protegía. Empapada hasta Los huesos por la lluvia de verano, Andrea regresó a casa el lunes y encontró la tetera en el fuego. Recordó sus días de escolar cuando su madre la esperaba al regreso de la escuela con té y galletas. Nada era mejor recibido en un día frío. Se cambió la ropa mojada por un pantalón y una camisa, y se cepilló el cabello húmedo. Le hacía falta un corte porque el flequillo casi le llegaba a los ojos. Tal vez se animaría a darse un enjuague o a teñírselo de rubio. El color castaño le parecía demasiado común. "¡Eres tan común!", sonrió al recordar las palabras de la niña de diez años de la familia norteamericana en California. "¡No te imaginé así!" La pequeña Cassy esperaba verla con trenzas, zuecos de madera y cofia. ¿No era así como se vestían las chicas holandesas? Se decepcionó al ver que


Andrea era igual a miles de norteamericanas: ojos azules y cabello castaño largo. Andrea le hizo una mueca a su imagen en el espejo. "Soy común, igual que miles de chicas suecas, alemanas e inglesas". Sirvió el té y llamó a la puerta de Lex para preguntarle si lo bebería en su habitación o en la sala. Él abrió y salió. —En la sala, si no tiene inconveniente. Necesito descansar. Al parecer él se sentía más desdichado que nunca. Preocupada, Andrea llevó la bandeja a la sala y la colocó sobre una mesita. Se sentó y observó que Lex se sentaba en la silla de mimbre que crujió con su peso. Con la mirada perdida y sin decir palabra bebió el té. —¿Se siente bien? —preguntó Andrea después de un momento. —Por supuesto —respondió extrañado, como si no comprendiese el motivo de la pregunta. —Prepararé Nasi Goreng para la cena —comentó Andrea para romper el silencio—. ¿Le gusta la comida indonesia? —Sí —contestó con indiferencia. —A mi esposo le encantaba. A menudo íbamos a esos restaurancitos cerca de la presa —no supo qué la había hecho darle esa información. Quizá quiso que Lex


comprendiera que le era fácil hablar de Bart. Algún día, no muy lejano, quizá Lex hablaría así acerca de su esposa. Quiso decirle que sabía lo dolorosa y difícil que era enviudar. Nº Paginas 14-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Lex no hizo comentario alguno, seguía con la vista fija en la taza vacía, abstraído. Andrea comprendió que no era el momento de acercársele y que quizá nunca lo lograría. Lex calló durante el curso de la cena y estuvo más tenso que nunca. ¿Qué lo había trastornado durante el fin de semana? ¿Habría ido a casa de sus padres? Andrea tenía muchas preguntas, pero ninguna contestación. Se dispuso a levantar la mesa e iba a tomar el plato de Lex, pero cambió de opinión y le tocó un brazo. —¿Le gustaría que le dé un masaje? Él la miró sin hablar y de pronto Andrea se arrepintió de haber sugerido tal cosa. El masaje era una actividad íntima, al menos siempre lo fue para ella. ¿Cómo se había atrevido a sugerírselo? —¿Un mensaje corporal? —preguntó por fin Lex. —Sí —la chica tragó en seco. —¿Sabe cómo darlo?


—Sí, mi hermana me enseñó. Es fisioterapeuta —Me enseñó para que ayudara a Bart, pensó. Quedaba tan tenso después de combatir algún incendio que no descansaba. Extendíamos un saco de dormir en el piso, se acostaba desnudo y yo le daba el masaje; empezaba con el rostro y terminaba con los pies. Sólo así lograba relajarse. En ocasiones se quedaba dormido, en otras, me halaba hacia sí y nos amábamos… levantó la cabeza y al notar que Lex la observaba, se ruborizó. —Me sorprende, Andrea. Me sorprende mucho con sus virginales rubores. ¿Qué los causan? —esbozó una sonrisa. La chica tomó un plato vacío y le dio la espalda. ¡Dios santo! ¿Qué estaría pensando ese hombre? Con gran esfuerzo recobró la compostura. —¿Le gustaría yogurt como postre o sólo café? —milagrosamente habló con calma. —Me encantaría el masaje. —Lamento haberlo sugerido, fue una tontería porque lo interpretó mal. —No es cierto… es usted muy generosa, Andrea. Un masaje me ayudaría, sé que estoy demasiado tenso —calló un momento porque Andrea le daba la espalda mientras lavaba la loza—. No me parece que usted sea una persona desesperada.


¿Desesperada? ¿Desesperada por amar a alguien y ser amada a su vez? ¡No a ese grado! El agua le caía sobre los inmóviles dedos. Tampoco Lex parecía desesperado. De pronto él se levantó y se le acercó. Andrea estaba consciente de su cercanía y guardó silencio, sin desviar la mirada del plato que tenía en la mano. —¿No responde? Es usted una persona muy callada. —También usted —Andrea levantó la cabeza. Lex le sostuvo la mirada antes de quitarle el plato de entre las manos. —Yo lavaré y usted secará. Nº Paginas 15-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Terminaron en silencio y Lex volvió a abstraerse. Andrea deseaba que hablara y se preguntó por qué no lo hacía. Eran desconocidos que compartirían una buhardilla por unas cuantas semanas. Lex llevó la taza con café a su habitación, tenía trabajo pendiente. Ya le había informado a Andrea que hacía una investigación, algo relativo a la nutrición y al tratamiento de la tuberculosis. La cifra de los afectados que mencionó la había


horrorizado. Andrea halló una revista de la semana anterior e intentó leer, pero no pudo concentrarse. Lex no se alejaba de su pensamiento. Como no volvió a hablar del masaje, Andrea creyó que ya no lo esperaba. Pensó en la angustia reflejada en sus ojos y la tensión en su cuerpo. ¿Qué estaría haciendo en ese momento? ¿Estaría trabajando o yacería sobre la cama, inmóvil, con los ojos fijos en el techo? Andrea se levantó y arrojó la revista. Regó las plantas, sacudió el estante de los libros y acomodó el contenido de un cajón. Era increíble la cantidad de cosas que había allí: una muestra de crema para bebés, una vieja postal de Sylvia, algunas monedas francesas, pastillas de menta y una bolsita de tabaco de mascar. ¡Tabaco de mascar! Andrea lo examinó antes de echarlo al cesto de basura, estaba totalmente seco. No tenía la menor idea de cómo había llegado ahí, seguro que lo había dejado alguno de los amigos de Sylvia. Eran casi las diez y no escuchaba sonidos provenientes de la habitación de Lex. La chica recordó su rostro y abrió uno de los cajones del sofá para extraer el


saco de dormir. Movió la mesita y una silla y lo extendió en el suelo, con una sábana encima. Se movía automáticamente y trataba de olvidar su nerviosismo. Eligió un disco y lo colocó. En la cocina, vertió un poco de aceite dentro de una botellita desechable de plástico y la colocó en una olla con agua tibia. Tendría que usar ese aceite de maíz. Escuchó ruidos en la habitación de Lex y estuvo a punto de llamarlo cuando la puerta se abrió para darle paso a Lex, que salía con su estuche de baño en las manos. El corazón de Andrea latió con fiereza. —Si aún lo desea, le daré el masaje. Él la miró con seriedad. —Me encantaría y quiero que sepa que no fue mi intención perturbarla. —No tiene importancia. —Me daré un baño, no tardo. Andrea se hizo a un lado para dejarlo pasar al baño. Minutos después, Lex salía envuelto en una toalla, de la cintura para abajo. —¿Qué me pongo? Estoy bien así no uso pantalón —no había la menor burla en su voz. —Basta con la toalla —respondió nerviosa al ver el torso desnudo. No podría


darle un buen masaje si la mitad del cuerpo estaba cubierta con un pantalón. "Debo estar loca", pensó llena de temor. "¡No es posible que me acerque y lo toque!" Una voz interior se burló de ella diciéndole: "No es la primera vez que ves a Nº Paginas 16-92 https://www.facebook.com/novelasgratis un hombre desnudo. Estuviste casada, ¿Qué diferencia hay y por qué estás tan nerviosa?" No sabía la respuesta, pero ya era demasiado tarde, de todos modos. Tendría que mantenerse calmada y no perder la cabeza. Lex se tendió sobre el saco de dormir y cerró los ojos, a la vez que extendía los brazos a sus costados, con los puños cerrados. —¿Le molestaría apagar esa luz? Está muy fuerte. —Eso iba a hacer —apagó la luz principal y sin perder tiempo se hincó a su lado. Tomó una mano de Lex y con gentileza, le abrió los dedos—. Trate de relajarse. Pondré un poco de música, eso facilitará las cosas —se levantó y conectó el tocadiscos. Una suave música de piano llenó la habitación. —Estupendo, muy adecuado —murmuró Lex. Andrea se hincó de nuevo, a la altura de la cabeza de Lex, y se frotó un poco de aceite en las manos. Colocó las palmas en la frente masculina, con los dedos


extendidos hacia sus sienes. Por más que intentó mantenerse calmada, su corazón latía con desenfrenó. Irritada, se dijo que sólo le estaba dando un masaje a un hombre desconocido, de modo que debía concentrarse en lo que estaba haciendo y olvidarse de lo demás. ¿Qué era lo demás? Cerró los ojos un momento y respiró profundo. —Por favor, concéntrese en la respiración —le explicó cómo hacerlo—. Por cierto, ¿usa lentes de contacto? De ser así, tendrá que quitárselos. —No los uso —respondió casi sonriendo. Con los pulgares, Andrea comenzó por el centro de la frente y los fue deslizando hacia las sienes. Luego, frotó la región alrededor de los ojos, las mejillas y la mandíbula. Notó la tensión en todos los músculos y los obligó a relajarse con el contacto de sus dedos. —Afloje los músculos —no cesó de mover los pulgares hasta que notó que éstos se liberaban de la tensión. —¡Dios mío, esto es maravilloso! —exclamó Lex. La habitación estaba iluminada sólo con una tenue luz que despedía una lámpara situada cerca del sofá. La música flotaba en el aire, pero no logró calmar a Andrea. Ver y tocar ese casi desnudo cuerpo masculino, tendido en el suelo, era una experiencia perturbadora que le traía recuerdos.


Mientras trabajaba lo examinó en busca de algún defecto, como si al encontrarlo la tarea le fuera más fácil. Satisfecha, concluyó qué no era un hombre perfecto. Tenía la barbilla demasiado angulosa y la nariz aguileña. Por lo demás, estaba bien proporcionado, aunque tenía los pies grandes. Un digno ejemplar, de anchos hombros, pecho fornido, cadera estrecha y piernas bien torneadas. Lex estaba quieto y tenía los ojos cerrados. Andrea le masajeó el cuerpo, hombros, brazos, pecho, y al poco rato notó que la tensión cedía. El trabajo era Nº Paginas 17-92 https://www.facebook.com/novelasgratis pesado y las manos le dolían. Hacía tiempo que no lo hacía. Al terminar con las piernas y pies, le pidió que se volviera para proseguir con la espalda. —No deseo moverme —murmuró Lex—. Olvide mi espalda. Andrea estaba sentada sobre los talones y al verlo soñoliento y tranquilo se sintió feliz. Con lentitud, Lex abrió los ojos. —¿Le molestaría si duermo aquí? — Nee. Traeré una sábana y una manta para que no le dé frío —Lex la tomó de una mano. —Manos milagrosas —murmuró y cerró los ojos—. ¿Qué aceite usó?


—De maíz, fue lo único que encontré. —¡Debo estar más resbaladizo que una angula! —Es provechoso para la piel —comentó Andrea con indiferencia y Lex abrió una vez más los ojos. —Ven —sugirió sin dejar de mirarla. De pronto, levantó el otro brazo para acercar a la chica hacia sí. La besó en la boca, y Andrea sintió que se le iba la respiración y su corazón daba un vuelco—. Gracias, gracias, dulce Andrea, hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien —la volvió a besar con suavidad. Luego la soltó y sonrió antes de cerrar los ojos de nuevo. No hubo resistencia de su parte cuando Andrea se alejó. La chica había hecho bien su trabajo porque de inmediato, Lex se quedó dormido. A la mañana siguiente, Andrea despertó al escuchar un suave sonido. Lex estaba parado, junto a su cama, con una taza de té en la mano. Incrédula lo miró y él sonrió, divertido por la expresión de la chica. —¿ Kopje thee? —Mmm… té en la cama, ¡qué lujo! —se incorporó, y a pesar de que su camisón era decoroso y estaba diseñado para la comodidad más que para la seducción, se


cubrió con la manta antes de coger la taza—. Dankjewel. Gracias, me siento mimada. —Es lo menos que podía hacer. Gracias a ti, dormí como no lo hacía en mucho tiempo. —¿Te quedaste en el suelo toda la noche? —preguntó y dio un sorbo al fuerte y humeante té. —No, desperté horas después y me fui a la cama, donde caí como tronco — se dirigió a la puerta—. Prepararé el desayuno. ¿Quieres un huevo tibio? —Sí, y gracias por el té. Al levantar la cabeza, durante el desayuno, Andrea notó que Lex la observaba. —¿Por qué me miras así? Nº Paginas 18-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me intriga que nunca me hagas preguntas. —Es por que no deseas que te las haga —estaba segura de ello. —Y tú, ¿no quieres formularlas? —Por supuesto que sí. Vives bajo el mismo techo que yo y no sé nada acerca de ti. En ocasiones me parece extraño.


—¿No te dijo nada Sylvia? —En su carta me informó que vives en Bolivia, que trabajas para las Naciones Unidas y que perdiste a tu esposa el año pasado —hubo un cambio en la expresión de Lex—. Es todo lo que sé. —Comprendo —mantuvo la vista fija en su taza. Al terminar de desayunar, Andrea se levantó y recogió la mesa. Lex la ayudó y guardó el queso y la miel—. ¿Te gustaría ir al cine esta noche? —No cobro por mis servicios —murmuró sonriendo. —Lo imaginé, pero no te invité por eso. Me gustaría distraerme un poco y será más grato si lo hago en tu compañía. —En ese caso, acepto. —¡Magnífico! —esbozó una sonrisa. Vieron una divertida comedia francesa, sobre las vicisitudes de una pareja que viajó desde París a Hong Kong en autobús. Andrea no había reído tanto en semanas y notó que Lex, también rió. Al parecer, olvidó todas sus penas durante unas horas. Cuando salieron de la sala de cine Lex sonreía.


—No tengo ganas de regresar al apartamento. ¿Te gustaría pasear un poco y luego tomar una copa? Caminaron despacio, sin hablar mucho, pero el silencio no fue opresivo. Los edificios y puentes estaban iluminados con luces de colores para festejar la temporada de turismo, y la ciudad era invitadora. La lluvia del día anterior dio lugar a un clima agradable y la noche era cálida. Tomaron la mesa que desalojó una pareja de alemanes, en un café exterior. La vela sobre la mesa proyectaba extrañas sombras en el rostro de Lex que le dieron un aspecto misterioso. Andrea ya se había preguntado con anterioridad si él no tendría sangre gitana. —¿Existió algún gitano en tu familia? —preguntó y él soltó una carcajada. —Creo que sí, hace varias generaciones. Según los rumores, uno de mis bisabuelos fue hijo ilegítimo de un miembro de una tribu errante de gitanos. —Suena romántico. —No debió serlo para su madre. —Supongo que no. —¿Qué te gustaría beber? —preguntó Lex cuando el camarero se acercó. Nº Paginas 19-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Un oporto.


Hablaron de varios temas sin importancia y Andrea estaba contenta. Hacía mucho que no se sentía tan calmada y no deseaba regresar a casa. Quería beber otra copa y observar a los turistas que pasaban frente a ellos. Deseaba observar a Lex mientras hablaba, pero él habló poco y ella, sin darse cuenta, olvidó lo que la rodeaba, sólo estaba consciente de la presencia de ese hombre que la excitaba en forma extraña. Deseó acariciarlo. Observó sus grandes y morenas manos y anheló que él tomara las de ella. En toda la noche no la tocó y ella sabía que no lo haría. Más tarde, en la cama, al pensar en Lex y recordar su sonrisa, se preguntó cómo se sentiría si él la cortejara. Soñó que Lex la tomaba de la mano al caminar por los canales. Recordó el sueño al despertar. Parecía infantil, igual a los que solía tener a la edad de catorce o quince años. No cesó de pensar en el sueño ni de analizarlo. Por fin se le ocurrió que las manos entrelazadas no significaban deseo sexual sino una demostración de mutua confianza. Confianza. ¿Por qué habría de confiar Lex en ella? ¿Por qué deseaba ella que eso hiciese? En toda la semana lo vio poco y el viernes, al regresar del trabajo, él ya se


había ausentado por el fin de semana. A Andrea le molestó aceptar que a menudo pensaba en Lex y que la inquietaba. Se preguntó si no estaría enamorándose de él. De todos los hombres que había conocido en los últimos tres años, él era el menos indicado para una relación afectiva, por lo mismo se enfadó consigo misma a raíz de sus sentimientos. El sábado fue un día glorioso. Al levantarse la chica abrió la ventana para permitir que entrara el aire fresco, y vio que el tránsito aumentaba y con éste el bullicio. La ciudad había despertado una vez más. Después de desayunar fue por las provisiones para la semana siguiente, la última que pasaría Lex en su apartamento. No soportó la idea de pasar el fin de semana sola. Como no había planeado ninguna actividad, no tenía nada especial qué hacer así que decidió ir a visitar a sus padres y tomó el tren hacia Tilburg. El lunes fue un día ajetreado en la oficina, recibió más llamadas que de costumbre y la secretaria no fue por estar enferma. Regresó a casa cansada y al subir los cuatro pisos, percibió el olor a comida de la viejita y escuchó el llanto del bebé de Ria. Una vez dentro de su apartamento se tranquilizó. Además, Lex estaba en su


habitación, percibía su presencia. Llamó a su puerta con deseos de saludarlo, pero no le contestó. Tuvo un mal presagio y se atemorizó. Abrió la puerta con sumo cuidado y asomó la cabeza. Nº Paginas 20-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Lex estaba sentado frente al escritorio y tenía la cabeza sobre los brazos. Había una botella de jenever y una copa sobre el mueble. Sin pensarlo, Andrea entró y le tocó un hombro. —Lex, ¿te sientes bien? —él levantó la cabeza y la miró con los ojos vidriosos. —Déjame sólo —murmuró ronco—. ¡Déjame en paz! Nº Paginas 21-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 Andrea lo miró antes de salir despacio y cerrar la puerta. Se sentó en la cocina e intentó pensar con lucidez. Al parecer, Lex estaba ebrio. Se enfadó y entristeció a la vez. La idea de tener a un hombre en ese estado en su apartamento no le agradaba, aunque a la postre, la preocupación venció al enfado. Faltaba poco para las seis y era hora de preparar la cena. No tenía apetito e ignoraba qué prepararía. Se le antojó una taza de café, fuerte y humeante. A


Lex le caería bien si acaso se animaba a salir de su habitación, hecho que Andrea dudaba sucediera. Lo dejaría en paz. No era conveniente perturbar a un hombre en estado de ebriedad. El teléfono sonó cuando se disponía a preparar el café, así que dejó el bote y levantó el auricular. Annette la llamaba. —Cuando llegué a casa encontré a mi hermano. ¿Recuerdas a Pieter? Lo conociste hace algunos meses. Andrea lo recordaba bien, era muy cómico. Una noche en su compañía bastaba para recordarlo toda la vida. Nunca dejaba de bromear ni de contar chistes. —Lo recuerdo —sonrió. —Trajo comida china, suficiente para un ejército y se me ocurrió que quizá te gustaría venir a compartirla con nosotros. Después iremos a la ciudad a tomar una copa. ¿Por qué titubeaba? Le convendría pasar un rato ameno y divertido al lado de Pieter. No existía motivo por el cual debía quedarse en casa. Estando Lex ebrio sería mejor alejarse de ahí. El dormiría toda la noche. Deseaba que lo dejara solo, en paz. Eso era lo que le había gritado.


—Me encantaría, pero no puedo —cerró los ojos. —¿Por qué no? Esta tarde me dijiste que no tenías nada especial qué hacer. —Mi compañero de apartamento está enfermo. Mejor me quedaré. —¿El tipo que llegó sin previo aviso hace algunas semanas? —Sí, y se siente mal —Andrea inventó la excusa, aunque en cierto sentido era cierto—. Me habría encantado ir —eso era verdad. Furiosa, colgó. ¿Por qué cometió esa tontería y no salía a divertirse? Unos granos de café se desparramaron cuando los echó a la cafetera. Suspiró y limpió la superficie del mueble. El instinto le aconsejaba que se quedara en casa. ¿Sería intuición femenina? Levantó los hombros y enchufó la cafetera. No creía que existiese tal cosa. Lo que pasaba era que le tenía lástima y por eso se quedaba. Sí, le tenía lástima porque comprendía que se sentía solo y desdichado. Por otro lado, nada podía hacer. Lex era un extraño que no le había hecho confidencias. Andrea no sabía nada acerca de él y no debía sentirse responsable por él. De todos modos, se quedaría en casa, tenía muchas cosas qué hacer, lavarse el Nº Paginas 22-92


https://www.facebook.com/novelasgratis cabello, hacer sus ejercicios de yoga, terminar de leer el libro, asear el baño y escribirle a Sylvia. Diez minutos más tarde, mientras se bebía el café, Lex salió de la habitación. Andrea se sorprendió de que se sentara frente a ella. —El café huele bien —habló con claridad. —Té serviré un poco —se levantó de la silla. Notó a Lex desmoralizado, igual que el lunes anterior. Tenía el rostro pálido y el cansancio se reflejaba en sus facciones y movimientos. De nuevo Andrea sintió curiosidad por saber lo que él hacía los fines de semana, fuera de Ámsterdam. Deseó tener la osadía para preguntárselo. Le entregó la taza y Lex le dio un sorbo con avidez, luego la miró con expresión indefinida. —No estoy ebrio, supongo que eso creíste. No me he emborrachado desde que cumplí veinte años, pero quizá me haría provecho hacerlo de vez en cuando —su voz sonó áspera. Andrea no habló, pero estuvo de acuerdo con él, ya que con la bebida se liberaría de las tensiones, hablaría e incluso lloraría. Lex parecía estar


encerrado dentro de una tumba emocional. Meses después de la muerte de Bart, ella había vivido en una total apatía, con un vacío emocional, sin querer aceptar la verdad, temerosa de que si se descuidaba y dejaba emerger sus sentimientos ya no podría controlarse. Pero fue imposible continuar igual, llegó el día que no pudo soportar más la situación y sufrió un colapso. Por fin aceptó la irremediable verdad. El hecho de que Bart estuviese muerto era real e irreversible. Sobrevivió. Pero en ese momento, al recordar, revivió su desesperación, angustia y soledad. Lo mismo le pasaba a Lex, lo notó en sus ojos, rostro y en todo lo que no dijo. Deseó acercarse a ese hombre desconocido, pero le pareció un disparate. ¿Quién era ella para que le importara? —Me quedé dormido, sentado frente al escritorio —explicó Lex—. Sólo tomé una copa, pero estaba agotado. Anoche no pegué un ojo —miraba sin ver. ¿Le decía eso para tranquilizarla? Andrea no estaba segura. Colocó la taza vacía sobre la mesa. ¿Qué esperaba él de ella? ¿Qué le hiciese preguntas? Lo miró y tragó en seco.


—Sé que la próxima semana te irás a Bolivia. Espero que no tengas ningún problema… —el silencio se prolongó y la chica experimentó un temor indescriptible. Con lentitud ella desvió la mirada hacia el atormentado rostro de Lex—. Lex… Lex… —Tengo una hija —murmuró por fin, al parecer, con gran esfuerzo. Andrea no lo podía creer ya que no esperó tal declaración. Una hija… ¡tenía una hija! La noticia la sacudió porque era lo primero que le revelaba Lex acerca de su vida íntima. —No lo sabía. —Ayer cumplió seis años —desvió la mirada. Nº Paginas 23-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿En dónde está? —En Apeldoorn con mi hermana. Esta semana inició su primer año escolar. Tengo que dejarla allá. —Pero en Bolivia debe haber escuelas. —En el desolado sitio donde trabajo no las hay —colocó su taza sobre la mesa. Se levantó y se alejó, meditabundo, con las manos dentro de los bolsillos—. ¡Está


muy contenta! Vive en una de esas limpias casitas en serie, en una callecita muy pulcra. Todas las casas son iguales: puertas azules, grandes ventanas con cortinas de encaje y plantas en los antepechos. Están rodeadas de cuadrados de pasto y de miles de pequeñines montados en triciclos, bicicletas o cualquier vehículo moderno de plástico. Eso le encanta. Andrea notó su enfado y supo que se trataba de un dolor disfrazado. —Todo es perfecto —continuó diciendo—. Mi hermana tiene una hija de la misma edad, con dos meses de diferencia, y parecen gemelas. Se quieren mucho. Deberías ver la habitación que comparten, con litera. También le encanta. —Me parece ideal —murmuró Andrea—. Si no puede estar contigo, es un magnífico hogar y no debes preocuparte. —¡Sí, perfecto, regresaré a mi maldito agujero y me olvidaré de ella! No me necesita, tiene todo en Apeldoorn, una vida familiar, una supuesta hermanita, amor y cuidados. ¿Para qué me necesita? ¡No le sirvo para nada! Se dejó caer sobre el sofá, con la cabeza entre las manos. —Será sólo durante el año escolar. Me dijiste que terminarás el trabajo en Bolivia el siguiente verano. Después de eso volverán a reunirse —se sentó al lado de Lex.


Él levantó la cabeza y Andrea entristeció al ver que sus ojos reflejaban desdicha y la más desvalida desesperación. —Un año es demasiado tiempo. También la perderé a ella. También la perderé. Lex había perdido a su esposa por muerte. Ahora, temía perder a su hija por distancia y circunstancias. Quizá su temor estaba justificado, pero ella no tenía forma de saberlo. Andrea no pudo hacer ni decir nada. Jamás se sintió tan desvalida. Lo miró a los ojos y por instinto lo abrazó. No tenía palabras de consuelo, sólo le ofrecía ese gesto primitivo y silencioso. Lex se mantuvo quieto. El rostro de Andrea tocó el de él y así permanecieron largo rato. Por fin él se movió y tomó el rostro de Andrea en sus manos y la miró a los ojos. —¡Ay, Andrea!, ¿por qué te tomas tantas molestias conmigo? —Nada hice. —Te equivocas. Siempre estás aquí, me miras con ternura, y aunque te haces muchas preguntas no las formulas en voz alta. Estás dispuesta a ayudarme con tus Nº Paginas 24-92 https://www.facebook.com/novelasgratis palabras tranquilizantes o con tazas de café fuerte. Me diste un masaje y ahora… escuchas con atención todos mis problemas. —Es poco —se estremeció al darse cuenta de lo cerca que estaban y sentir el


calor del que despedía el cuerpo masculino. No pudo dejar de mirarlo a los ojos. El ambiente sufrió un sutil cambio, algo que los envolvió y los hizo olvidar el resto del mundo. El corazón de Andrea se alocaba cada vez más. Lex acercó su rostro al de ella para besarla, tal como ella presintió que lo haría. Fue tierno y cuidadoso, pero se tornó apasionado. La acarició y un dormido deseo despertó en la joven. ¡Dios… era demasiado tarde para pensar con cordura! Temblaba en sus brazos, le correspondía las caricias. No existía nadie más que los dos y el calor de sus cuerpos estrechamente unidos por el abrazo. De pronto dejó de besarla y Andrea observó el rostro de Lex, pálido y horrorizado. Antes que pudiese hablar, él se puso de pie y salió del apartamento. La chica temía que el corazón le fallara por latir con tanta fuerza. Al correr hacia la ventana, con las piernas temblorosas, lo vio cruzar al otro lado de la calle, con la cabeza inclinada. Desapareció al dar vuelta en la esquina. —¡Dios mío! —gimió—. ¿Cómo pude permitir que esto pasara? El pecho le dolía y una terrible tristeza la invadió. Comprendió la reacción de Lex, no le cupo la menor duda de que él creyó estar besando a su esposa y no a ella. Había transcurrido media hora. Andrea permanecía sentada en el sofá, con la


vista fija en la reproducción de Monet, regalo de bodas de unos amigos. Imaginó a Lex vagando por las calles. Quizá se hallaba en un bar disipando sus penas. Recordó su mirada cuando dejó de besarla y su corazón dio un vuelco. Algo le estaba sucediendo a sus pensamientos, por lo mismo, le rogó al cielo que no estuviese enamorándose de él porque se iría la semana siguiente y sostener una relación con él sería imposible. Por segunda vez en esa noche le tuvo conmiseración, sabía lo que sufría. Inquieta, se levantó y regresó a la ventana. ¿Cómo era posible que no supiera lo que le pasaba y estuviese tan indecisa? No comprendía. Jamás dudó del amor que le tuvo a Bart. Lo había conocido desde niña y sabía todo acerca de él, incluso conocía a casi todas sus amistades. Esto era diferente. No eran más que dos desconocidos amistosos. El timbre de la puerta sonó y ahuyentó sus pensamientos. Suspiró y fue al descanso de la escalera para hallar el cordón que abría la puerta principal del edificio. Escuchó voces en el vestíbulo y se inclinó sobre la barandilla para ver quién había llegado. —¿Andrea? —eran Annette y Pieter. La chica gimió, no estaba de humor para recibir visitas, deseaba estar sola. Nº Paginas 25-92


https://www.facebook.com/novelasgratis —Suban —gritó al no tener otra alternativa. Subieron a la vez que Pieter silbaba. Él sonrió al llegar al último escalón. En una mano llevaba una botella de vino y con la otra libre, se quitó el sombrero de copa para ofrecerle una pomposa caravana. —¡Te traemos alegría… majestad! —exclamó y le entregó la botella. —Calla, Pieter y entra —Annette suspiró y le dio un empujoncito. Andrea fue a la cocina por unas copas. —¿Tu amigo, está en cama? —preguntó Annette. —No, salió —no tuvo más remedio que decir la verdad. —Comprendo —Annette miró a su hermano—. ¿Qué te pasa, no puedes abrir una botella de vino? —él lo logró por fin y Andrea deseó que la visita no fuese demasiado larga. —Gracias por haber venido y por el vino —forzó una sonrisa. —No nos quedaremos mucho tiempo. Pieter tenía ganas de saludarte y como no pudiste acompañarnos a la ciudad, te trajimos el vino a casa —explicó Annette. —Además, quería contarte mi último chiste belga —intervino el joven con fingida seriedad.


—Olvídalo, Pieter —gimió su hermana—. Es tan viejo como el camino que conduce a Roma. —¡Te equivocas, lo inventé esta tarde! Annette encogió los hombros y miró enfadada a su hermano. —Está bien, olvídenlo —Pieter levantó la botella para llenarles las copas por segunda vez—. Querida hermana, tú no me consideras buen cómico, pero existen algunas personas que sí aprecian mí talento. —Tienes razón. Anda, cuéntaselo a Andrea —Annette sonrió. —Hazlo tú, no quiero presumir —adoptó una postura modesta. —La semana pasada actuó solo en un asilo para ancianos, en Groningen. Fue todo un éxito y repetirá la actuación. —¡Fantástico, te felicito! —Andrea sonrió complacida. —Gracias —Pieter inclinó la cabeza. —No le pagan —comentó Annette. —¿Quién necesita dinero? La única recompensa que quiero es la risa del público. —Hasta que te ofrezcan dinero. —Por supuesto, y no dejaré de aceptarlo. Soñaba con convertirse en cómico famoso y así se lo habían comunicado a Andrea. Llevaba varios años estudiando en la universidad de Groningen.


Nº Paginas 26-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —El eterno estudiante —había comentado Annette—. ¡Si alguna vez le otorgan un diploma, será un milagro! Los dos jóvenes se fueron después de una hora. Andrea llevó su copa a la cocina y derramó el contenido. No estaba de humor para beber. Transcurrieron dos horas más y Lex no regresaba. ¿En dónde estaría? Quizá había ido a dar un paseo por Vondelpark. Tal vez lo habían asaltado. Rió por la ocurrencia. No atacaban a gente como Lex, era demasiado alto, fornido y peligroso. ¿Peligroso? ¿Qué la hizo calificarlo así? Más bien era fuerte y musculoso. No peligroso. Un hombre con problemas y preocupaciones, que luchaba contra la soledad. De nuevo se asomó por la ventana. ¿Qué haría al respecto? ¿Acaso era trabajadora social? También ella se sentía sola. A esa hora no había mucho tránsito. Unos cuantos coches, pocas bicicletas, menos gente caminando con sus perros. No vio a Lex. Suspiró y con los ojos cerrados, apoyó la frente contra el fresco cristal.


También ella estaba sola. Tenía familia y amigos, pero la intimidad que compartió con Bart no podía reemplazarse con nada. Seguía sintiendo el vacío que dejó a su deceso. Pensó en Lex solo en la oscuridad, en la esposa que perdió y en la niña que tendría que abandonar. Suspirando profundo, se alejó de la ventana. Tomó la regadera y roció las plantas. No necesitaban humedad, pero le daba algo que hacer mientras esperaba. La espera, pensó y fue una especie de revelación. Siempre esperaba a que Lex saliera de su habitación; a que regresara los lunes, a que hablara y confiara en ella. ¿Por qué le importaban tanto esas cosas? ¿Por qué deseaba que le hiciera confidencias? Recordó el sueño en que caminaba, tomada de la mano de él. Escuchó sus pisadas al otro lado de la puerta y la llave girando dentro de la cerradura. Lex entró, despeinado. —Creí que estarías acostada —habló calmado. —Te esperaba —era la verdad y no fingiría otra cosa. —No debiste hacerlo, estoy sobrio —Andrea no contestó—. Lamento lo sucedido. Perdí la cabeza. —No tiene importancia. —¡Sí la tiene! Yo… no merece la pena —se volvió con un gesto de derrota.


Andrea estaba a su espalda. —¿Crees que no lo sé y que no comprendo? —Comprender, ¿qué? —Lex se volvió. —Que no me abrazabas ni besabas a mí —le sostuvo la mirada. —¿Por qué no me lo impediste? —No… me di cuenta hasta después, al notar cómo me miraste. —¡Dios mío! —gimió—. No lo mereces, Andrea. Nº Paginas 27-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Hablas como si lo hubieses premeditado. —En el último año no me había acercado a ninguna mujer, y ahora… —se llevó las manos al cabello. —Tenía que suceder algún día —aspiró profundo—. No puedes fingir estar muerto en vida, Lex. —Créeme, no fingía —rió con amargura. —No puedes ignorar indefinidamente los sentimientos. Tarde o temprano tendrás que enfrentarte a ellos. Aprenderás a vivir, a reír y a… amar de nuevo. —Ahórrate tus palabras —desganado, cerró los ojos. —En estos momentos es lo único que te puedo dar —dominó su enfado.


—Lo lamento, no quise replicarte con altanería —murmuró después de observarla. —Olvídalo. Sé cómo te sientes, Lex, y cuánto te duele. Y lo que pasó esta noche no es nada extraño, ya me ha sucedido más de una vez —Lex la observó en silencio como si buscara algo en su rostro y quisiera saber más acerca de ella. —¿Amaste a tu marido? —Sí —lo miró de frente—. ¿Amaste a tu esposa? —Sí —se volvió como si no soportara hablar del asunto. —¿Por qué te tomas tantas molestias conmigo, Andrea? —le había hecho la misma pregunta con anterioridad. Debía existir la respuesta, tanto para ella como para él. Andrea tragó en seco mientras le miraba la espalda. —Quizá porque… porque me necesitas —de no haber estado Lex de espaldas no lo habría podido decir. Lex permaneció inmóvil y el temor la invadió. Era lo más descabellado y pretencioso que jamás había dicho… Lex se volvió y en sus ojos había una extraña expresión. —¿Te necesito? —inquirió en voz baja. Nº Paginas 28-92


https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 —Si —murmuró temblorosa y de frente, ya nada le importaba—. También los hombres grandes y rudos como tú, a veces necesitan de otra persona con quién hablar. Quizá me consideres muy joven, pero… me tocó vivir, y amar y… perder a mi compañero —hizo una pausa para aspirar profundo—. También yo quise morir. ¿No crees que comprendo? Lex la miró callado, sin expresión. Andrea volvió a aspirar y cobró valor. Ya no sé detendría, al diablo con las consecuencias. —No tienes por qué mostrarte tan valiente todo el tiempo, Lex. Tienes derecho a sentirte triste. Eres tan humano como los demás. No es un crimen estar afligido ni llorar. Quizá ése es tu problema, el no haber llorado. No es bien visto que los hombres lloren, ¿verdad? —¡Calla! —exclamó, ronco, antes de dirigirse a su habitación y cerrar la puerta de un golpe. Con los ojos fijos en la puerta cerrada, Andrea se preguntó cómo tuvo las


agallas para hablar así, pero no se arrepintió ni había terminado. Abrió la puerta y entró en la habitación de Lex. Él estaba acostado en la cama, con el rostro sumido en la almohada y aferrado a ella; su cuerpo rígido por la tensión. La chica se acercó y colocó una mano sobre su espalda, pero él no reaccionó. Se hincó junto a la cama y deslizó la mano hasta la cabeza masculina. Lex seguía inmóvil y callado. Algo terrible había en la inmovilidad y rigidez de su cuerpo. Una extraña fuerza de voluntad mantenía frenadas sus emociones. —Tranquilo, Lex, todo está bien —murmuró Andrea. Sus palabras desencadenaron los sentimientos controlados y un terrible estremecimiento sacudió el cuerpo masculino. Andrea colocó la cabeza contra la de Lex y le rodeó la espalda con el brazo. Al sentir el movimiento convulsivo también ella lloró con amargura. Una pena inconcebible la envolvió y no supo si era por ella o por él. No notó el paso del tiempo. En algún momento se presentó de que ambos estaban quietos y de que ella seguía abrazándolo, sin que él la hubiese rechazado. ¡ No la había rechazado! Experimentó una inexplicable alegría. De pronto, Lex se ladeó y la ciñó con los brazos. Tenía los ojos cerrados y parecía estar en paz. Andrea lo observó bastante tiempo antes de también cerrar los ojos. Tuvo deseos de besarlo… de calmar su dolor y soledad, pero el recuerdo de lo


sucedido unas horas antes se lo impidió. Lex respiraba tranquilo y pasados otros minutos, Andrea se preguntó si estaría dormido. Abrió los ojos y, aunque los de él se mantenían cerrados, supo que estaba despierto. Con suavidad se soltó y salió de la habitación. Preparó un poco de café. Todo le parecía irreal: la cocina, el mantel verde floreado y la azucarera que tenía en la mano. Se desplazaba como sonámbula, sin Nº Paginas 29-92 https://www.facebook.com/novelasgratis saber qué hacía. La puerta de Lex se abrió y él entró en la cocina. Le quitó la azucarera de la mano y la abrazó. —Jamás conocí a alguien como tú —confesó. Primero la besó con ternura, pero no tardo en apasionarse y en ese momento Andrea no dudó que él sabía a quién besaba. La chica no levantó la cabeza cuando él se alejó. El corazón le latía con fuerza y temía mirarlo a los ojos. Estaba confundida por su propia reacción. Momentos antes, nerviosa y osada, se le había enfrentado para decirle cosas que no teñía derecho a pronunciar. No sólo eso sino que lo siguió a su habitación y lo abrazó. Eso


era algo que la atemorizaba. Lex la tomó de la barbilla y sonrió. —Tengo hambre —murmuró. Andrea se tranquilizó porque tenía la solución para ese problema. —Yo también. —Prepararé uitsmijter —tomó jamón y huevos del refrigerador, sacó una sartén y encendió la estufa. El ambiente recobró la normalidad. Andrea se ocupó de poner la mesa, llevar el pan, la mantequilla y servir el café. —Tengo que ir a Ginebra para asistir a unas juntas —comentó Lex—. Partiré mañana temprano y regresaré el miércoles. —No lo sabía —murmuró sorprendida. —Por supuesto, no te lo había dicho —se sentó, levantó el cuchillo y el tenedor y comenzó a comer. El tiempo disminuía. Lex se marcharía el viernes, lo cual sólo dejaba las noches del miércoles y jueves. Andrea suspiró. —¿Quieres salir a cenar el jueves? —preguntó Lex poco después. —¿Cenar el jueves, una despedida? —Andrea tragó en seco. —Me gustaría.


Lex no regresó el miércoles y cuando Andrea llegó del trabajo el jueves, tampoco lo encontró. Quizá un imprevisto había impedido el regreso de Lex. Abatida, se sentó a la mesa de la cocina. No cenarían juntos ni se despedirían. Lex se alejaba de su vida en la misma forma que se había presentado: de improviso. Como eran casi las siete se prepararía algo de cenar, aunque no tenía apetito. Se levantó y encendió la televisión para escuchar las noticias. A la mitad de la transmisión, escuchó la llave dentro de la cerradura y llena de alegría, saltó de la silla. Pero al ver el rostro de Lex comprendió que su estado de ánimo no prometía nada bueno. Parecía estar furioso. Nº Paginas 30-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué pasó? —preguntó sin meditar. —No preguntes —se dirigió a su habitación y cerró la puerta de un puntapié. Poco después la puerta se abrió y Lex permaneció de pie en el umbral a la vez que se desanudaba la corbata—. Tenemos una reservación para las ocho. ¡ Puedes cancelarla! Andrea guardó silencio a tiempo. Estaba furiosa, pero logró dominarse. Lex no tenía derecho a hablarle con ese tono y ella no estaba dispuesta a pasar la velada en su compañía. Lex ya se desabotonaba la camisa, sin dejar de observar a la chica. Andrea olvidó su enfado al ver su expresión de cansancio, a lo mejor había tenido un día


pesado. —No es preciso que salgamos. Te noto cansado. —Quiero salir y lamento haber sido altanero, Andrea. No acostumbro a dar rienda suelta a mis frustraciones en presencia de inocentes. —No importa, puedo tolerarlo. —Lo sé y me parece admirable —sus labios temblaron. —Iré a cambiarme, no te esperaba —comentó la joven. —¿De veras? —Lex enarcó una ceja—. ¿Crees que me habría ido sin despedirme? —No sé. Parecía que el enfado de Lex se había disipado. Andrea no le preguntaría cuál había sido el motivo. Sin embargo, al entrar en su habitación se sentó sobre la cama, triste y desanimada. Deseaba saber más acerca de la esposa e hija de Lex, de su trabajo, pero era casi imposible lograrlo. Él se iría al día siguiente y quizá jamás volvería a verlo. Se levantó para cambiarse. Andrea nunca había estado en el Barbecue Castell, así que miró a su alrededor al entrar. Vio la inmensa parrilla de carbón, el bar acogedor, la chimenea y los reservados. En otras circunstancias, el rústico ambiente le habría encantado, pero esa noche estaba triste. Se sentaron a la mesa, en sillas de cuero y ordenaron unas


bebidas. La conversación giró en torno de temas banales, que era lo mejor ante la inminente partida de Lex. La chica bajó la vista a la carta, pero las letras le bailaron, no a causa de la bebida. Esa noche sería la última que pasaría con él y era una prueba muy dura. Lex había compartido su apartamento pocas semanas, lo cual equivalía a nada. Le pidió que ordenara por ella y aunque la petición lo intrigó, pidió langosta a la plancha para ambos y una botella de vino. La comida quizá fue la más sabrosa de su vida, pero no la entusiasmó. El vino tampoco. —¿Te sientes bien? —inquirió Lex. Nº Paginas 31-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Por supuesto —levantó la cabeza y notó que él la estaba observando. —¿Debí ordenar otra cosa para ti? —¡No, está delicioso! Lo lamento, esta noche no soy muy buena compañía. —Eres tranquila por naturaleza y a veces me pregunto en qué piensas. —Por lo general, en nada importante. —¿Y en otras ocasiones? —Pensamientos profundos —se burló de sí.


—Ya lo creo —se limpió la boca con la servilleta y terminó de beberse el vino—. ¿Te gustaría ordenar un postre? —No, gracias, sólo café, por favor —miró su plato. Logró terminar su platillo, pero no podría ingerir otro bocado. Recogieron la loza y les sirvieron el café. Lex se inclinó hacia adelante, con los codos apoyados en la mesa. —Andrea, ¿te fue difícil tenerme en tu casa estas últimas semanas? ¡Tampoco yo fui una compañía muy estimulante! ¿Cómo contestar a eso? No se le ocurrió nada diplomático qué decir. —¿Y bien? —No fue fácil —respondió con la verdad—. Pero no lo lamento ni estoy enfadada. —¿Segura? —ella asintió y Lex tomó una de sus delicadas manos—. Para mí fue muy provechoso estar contigo. Ojalá supiese cómo agradecértelo. —No es preciso que lo hagas. —De todos modos, gracias, Andrea, muchas gracias. Intranquila, la chica sonrió, sin saber qué decir. Lex soltó su mano y se inclinó


en el respaldo de la silla. La observó con atención. —Háblame de tu esposo —dijo al fin. La sugerencia la sorprendió por algún motivo. Ahora que él deseaba saber algo sobre Bart a ella no se le ocurría qué decir. No bastaba asegurar que lo había amado. Tampoco tenía la menor importancia que hubiese sido alto, de ojos azules, y fanático del fútbol. Todo parecía poco trascendental. —¿No deseas hablar acerca de él? —inquirió Lex con gentileza. —Por supuesto que sí, pero no sé qué quieres saber. —¿Fuisteis felices? —¡Sí! —¿Cuánto tiempo estuvisteis casados? —Dos años. Nº Paginas 32-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Te casaste muy joven. —Tenía diecinueve años y no me pareció que fuese demasiado joven. Estuve enamorada de él desde los catorce, fue tremendo. —¿Tremendo? —rió. —Éramos vecinos y nuestros padres, muy amigos. Bart me llevaba cuatro años


y me consideraba la chiquilla agradable del rumbo. Llevaba chicas a su casa y yo me sentía desgraciada. Todas eran bonitas y mundanas, al menos así me parecieron — suspiró—. En cambio yo, parecía una estaca. ¡Sufrí mucho! —De pronto, un día todo cambió… —Lex rió. —Así fue —le molestó ruborizarse. —No tienes que seguir hablando de eso —sonrió. Algunos recuerdos eran especiales y demasiado íntimos para compartirlos y Andrea le agradeció su comprensión. —¿Te gustaría casarte de nuevo, algún día? —Lo que no se tiene no puede perderse —calló y lo miró—. He pensado en ello todos estos años. Se me hace difícil creer que pueda amar de nuevo y en muchos aspectos sería más fácil no hallar a alguien, pero me asusta más la segunda perspectiva —Lex no contestó—. No es fácil encontrar a otro… soy muy exigente. —¿A qué te refieres? —Tuve lo mejor y sólo con lo mejor me conformaré. No quiero llevar una relación mediocre. ¿Te parece que pido demasiado? —No, eres sensata.


—¿Sensata? Quizá sea mejor decir ilusa. En ocasiones me pregunto si soy realista porque pido demasiado. Lex la observó de nuevo. —¿Crees que es posible enamorarse por segunda vez y ser feliz con otra persona? —Es preciso que lo crea, de lo contrario enloquecería. Durante un largo rato ambos se perdieron en sus propios pensamientos. De pronto, Lex se enderezó en el asiento y preguntó: —¿Qué tipo de hombre fue tu esposo? ¿Solía colocar los pies sobre la mesita de servicio y beber cerveza? Andrea rió. —Claro, mientras veía los juegos de fútbol en la televisión. —Agradable y normal —comentó él. —Por supuesto, no había motivo para que no lo fuera. —Tú eres algo especial. Nº Paginas 33-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Soy igual que las demás chicas de mi edad —respondió, perpleja—. En todo sentido.


—Eso no, no eres como todas. Azorada, Andrea no pudo decir nada. Caminaron a casa, a lo largo de los canales y por los puentes. Se detuvieron una que otra vez y ella deseaba no regresar a casa ni que Lex partiera. Nada podía hacer y se impacientó por no pensar con lógica. Al llegar al apartamento, Lex le deseó buenas noches y le dio un beso fraternal en la frente. —Te veré mañana temprano. — Ja. Welterusten —murmuró con un nudo en la garganta. Se volvió y caminó a su habitación. Tardó en conciliar el sueño. A la mañana siguiente, al levantarse se encontró con la sorpresa de que Lex había preparado el desayuno. Vestía un traje elegante y su maleta estaba junto a la puerta. Pasaría el fin de semana con su hija y el lunes tomaría el avión rumbo a América del Sur. Andrea temía despedirse y cuando llegó el momento de irse al trabajo se sentía tensa. —Si no salgo ahora llegaré tarde a la oficina —nada pasaría si llegaba con retraso ya que siempre era muy puntual. Lex se levantó. —Adiós, Andrea. Y gracias. —Sí —tragó en seco y se sentía torpe por la distancia que los separaba. Dio un


paso adelante y lo abrazó, como si en esa postura pudiese evitar que se fuera. Pero se marcharía y la joven lo besó con desesperación, sin saber por qué lo hacía. —Andrea, por favor… no… —Lo lamento —se disculpó—. Lo siento. —No pidas disculpas, no tienes motivos para hacerlo —con suavidad retiró los brazos de la chica de su cuello, y sosteniéndole las manos la miró a los ojos —. ¿Sabes lo que estás pidiendo, Andrea? —preguntó con ternura. —No pedía nada. —Quizá no. Nunca pides mucho, aunque dispuesta a darlo todo: comodidad, apoyo… cariño, pero necesitas que te lo reciproquen. A pesar de la confianza que te tienes y de tu independencia… —la miró con pesar y movió la cabeza de un lado a otro—. No puedo hacerlo, Andrea, todavía no. —Lo sé… lo sé —la voz le tembló y cerró los ojos para impedir que las lágrimas se desbordaran. Lex colocó la cabeza de ella en su hombro. —Encontrarás a alguien que pueda proporcionarte lo que necesitas y mereces. Pero… nunca te conformes con algo mediocre. Eres extraordinaria y mereces lo mejor.


Nº Paginas 34-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Lex estaba despidiéndose y jamás volvería a abrazarla. La garganta le dolía y los ojos le ardían. Lex regresaría a Sudamérica, lugar inalcanzable para ella. Permanecería allá con su dolor y soledad. Con el tiempo aprendería a vivir con su pena y algún día otra mujer se le presentaría. Recobraría la alegría de vivir. Levantó la cabeza y lo miró de frente. —Lex, algún día encontrarás de nuevo la felicidad. —Haré todo lo posible porque así sea —esbozó una sonrisa. "Ojalá yo pudiera dártela, sólo yo", pensó Andrea. Pero sus vidas eran muy diferentes y sus caminos se alejaban. Él era bastante mayor que ella y Andrea sabía muy poco acerca de su vida. Intentó sonreír, pero fracasó. Lo único que deseaba hacer era huir, pero él seguía sosteniéndola de las manos. De pronto Lex la besó con ternura, pero sin apasionamiento. —Adiós, Andrea. — Dag… daag… —se volvió y corrió hacia la puerta. Bajó la escalera haciendo lo imposible por contener las lágrimas. "Sobreviviré", se dijo al salir a la calle soleada. "He sobrevivido a peores cosas, lograré sobreponerme". No fue fácil vivir sola de nuevo, regresar a casa sabiendo que Lex no estaría. Pieter la visitó de nuevo y la invitó a salir. Ella aceptó. Necesitaba pasar unas


horas de risa, sin tensiones de ninguna clase. Unas semanas más tarde, Sylvia regresó con un envidiable bronceado. Durante; tres días, no habló más que de sus aventuras en Viena, los hombres que conoció, la vicisitudes del grupo de turistas y otras cosas. Sylvia sabía cómo hacer más agradable un relato, aunque la mitad de lo que decía quizá era pura invención. Andrea estaba contenta de su regreso porque la vida recobró la rutina normal. —¿Cómo te llevaste con mi primo? —preguntó Sylvia, un día mientras lavaban la loza de la cena. —Bien. —¿No te gustó? —No diría eso, es una persona callada y lo vi poco —Andrea secó un plato. —¿No te pareció atractivo? —inquirió Sylvia con curiosidad. —Supongo que sí —encogió de hombros. —¿No te interesó? —Sylvia de ninguna manera perdía el interés. —De nada me habría servido, Sylvia —suspiró la otra chica—. Por lo que sé y vi, no está en condiciones de llevar una relación seria con otra mujer. —Tienes razón y lo lamento —la expresión de Sylvia cambió—. La forma en que murió su esposa fue horrible.


Nº Paginas 35-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Lex nunca había hablado de eso y Andrea estuvo tentada a hacer preguntas, pero el deseo de no mencionar a Lex fue más fuerte. El otoño fue inclemente. Todas las noches Andrea regresaba a casa en la semioscuridad y eso la deprimía. Su vida cayó en una rutina. Añoraba el sol, el calor y las risas. Decidió hacer un cubrecama de retazos de diferentes colores: naranja, amarillo y café. Tendría algo qué hacer cuando se quedase en casa, en las largas noches de invierno. Se sentó en el piso y extendió los pedazos para acomodarlos. —Jamás la terminarás —presagió Sylvia. —¡Espera y verás! Sylvia estaba sentada en la silla de mimbre, con un libro en el regazo y fingía estudiar. Observó a Andrea mientras ésta se ocupaba de acomodar los pedazos de tela de acuerdo con la idea que tenía. —No tienes suficiente material. —Lo sé, tendré que comprar más. —¿Quieres ir a Lapjesmarkt? ¡Te acompañaré! —a Sylvia le entusiasmaba recorrer los mercados al aire libre y, en ocasiones a Andrea también le


gustaba. Ir al de telas fue buena idea. Lo disfrutaron porque el ambiente era bullicioso. Al recorrer puesto tras puesto, observaron a muchas mujeres que buscaban entre montones de ropa íntima alguna combinación o camisón que les quedara. Los vendedores entusiastas las animaban al alabar sus mercancías. Una jovencita de cabello largo examinaba, con ojo crítico, un anticuado mantel de sombríos colores. —¿Qué crees que hará con eso? —preguntó Andrea. —Se confeccionará una falda —respondió Sylvia—. Quizá un abrigo —se detuvo frente a un puesto en donde un abrigo usado esperaba al comprador. Lo descolgó y se lo probó—. Caray, ¡esto sí calienta! Una media docena de espectadores hicieron comentarios con el típico acento de Ámsterdam. Sylvia posó como profesional, agitando su largo y rubio cabello a la vez que sonrió. A la gente le encantó su actuación; al vendedor también, puesto que le ofreció un buen descuento en el precio de la prenda. —Pareces una actriz de cine, cariño —comentó el hombre y la gente le hizo coro, pero las chicas se alejaron sin la prenda. —Poco faltó para que lo comprara —confesó Sylvia riendo tanto que le era


difícil hablar. —¡Quién sabe qué plaga contenga esa piel! Nº Paginas 36-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Crees que todo está sucio, pero olvidas que puede enviarse a la tintorería —se detuvo en un puesto con saldos de telas—. Mira, esto viene directo de la fábrica. Andrea terminó comprando un buen surtido. El cubrecama quedaría precioso y lo imaginaba ya colocado. —Tengo hambre —comentó Sylvia—. Vamos a comer algo —se abrieron camino por el mercado y entraron en un acogedor y pequeño restaurante, lleno de gente, calor y alegría. Sylvia se quitó la chaqueta y se estremeció—. ¡Qué frío hace afuera! Debí comprar el abrigo —Andrea no respondió, estudiaba la carta. —Pediré unas croquetas de carne, pan y café. ¿Qué quieres tú? —inquirió Andrea. —Algo muy caliente —respondió Sylvia y se frotó las manos—. ¿Tienen sopa de guisantes? —Sí, hecha en casa, espesa y sabrosa, eso dice aquí. Pediré lo mismo — Andrea


cerró la carta. El platillo llegó caliente y estaba delicioso. Las hizo entrar en calor. A regañadientes se levantaron para volver a salir al frío. Andrea pasó algunas horas de la noche sola, cosiendo algunos pedazos y pensando en Lex. ¿Lograría olvidarlo algún día? En noviembre la ciudad cobró vida con luces multicolores que adornaban las ventanas de las casas y edificios, así como los escaparates. Todo en honor de Sinterklaas que llegaría de España en un gran barco blanco, lleno de presentes para todos los niños que se habían portado bien durante el año. Había un desfile en la ciudad, encabezado por el viejo obispo de barba, vestido de rojo y con una elegante mitra. Sentado majestuosamente sobre su caballo blanco, saludaba con la mano y tocaba la cabeza a los niños y adultos. El cinco de diciembre era el gran día y Andrea percibía la emoción en el ambiente, pero no se vio embargada por ella. Era mitad de semana, lo cual le impedía ir a casa de sus padres para celebrarlo con ellos. Esperaría hasta el sábado para hacerlo aunque no sería lo mismo. De niña solía esperar ese día con mucha ilusión y deseos de recibir ya fuese una muñeca o cualquier juguete. Recordaba con claridad. Su zapato colgaba frente a una


estufa de petróleo y había junto a ella, un plato con cuadritos de azúcar para el caballo. Con su hermana cantaba las canciones navideñas que conocían y esperaba que Sinterklaas la escuchara. Al terminar el ritual, se metía en la cama, emocionada. Si lograba mantenerse despierta el tiempo suficiente quizá vería o escucharía algo, pero el sueño siempre la había vencido. Después de la partida de Sinterklaas rumbo a España, el clima se tornaba más frío y húmedo. Andrea fue a casa de sus padres para la Navidad y el Año Nuevo y regresó a Ámsterdam, ciudad nublada y gris. Los adornos habían desaparecido. Nº Paginas 37-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Sylvia se encontraba con un grupo de turistas en Suiza y estaría ausente casi todo el mes de enero. Andrea tuvo mucho trabajo el primer día en la oficina. Habían llegado las nuevas solicitudes y tenían que ser leídas y valoradas. Era algo que Andrea disfrutaba hacer y entró de lleno a la tarea. El día se le hizo corto. Al salir de la oficina, se sintió deprimida con la humedad y oscuridad de la tarde. Caminó a lo largo del canal y cruzó un puente para tomar el tranvía. Varias personas esperaban en la parada, envueltas en sus abrigos y con las manos dentro de los bolsillos. El tranvía llegó con retraso y estaba tan lleno que le fue difícil


abordarlo. Sin embargo, pasado unos minutos pudo hacerlo sin problema. El viento helado la empujó al salir a la calle y en segundos volvió a sentir el frío. A pesar de llevar botas, tenía los pies mojados y fríos y se estremeció al cruzar la calle y dar vuelta en la esquina. Entumecida por el frío, al llegar al edificio de apartamento, subió por la escalera con lentitud, las piernas le pesaban como si fuesen de plomo. Estaba cansada y deprimida. Enero y febrero eran los peores meses del año. Se alargaban como un interminable mar gris. Con la llave en la mano, se detuvo asombrada al ver que la puerta de su apartamento estaba entreabierta. De inmediato un recuerdo asaltó su mente, aunque no experimentó temor alguno. Nº Paginas 38-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 5 Sin titubear, Andrea empujó la puerta y entró. Lex estaba sentado en el sofá, leyendo el Het Parool. Bajó el periódico y sonrió. —Hola, Andrea —habló como si estar ahí fuese lo más natural. La chica no


le quitó los ojos de encima, muda ante aquella imagen que recordaba bien, con sienes un poco encanecidas. —¡Lex! —arrojó el abrigo y los guantes sobre una silla—. ¡Lex! —repitió y comprendió que sonreía en forma tonta. Pero la depresión había desaparecido y se sentía eufórica. Él se puso de pie cuando ella le dio la mano. —No me quedaré estrechándote la mano —le murmuró al oído. La besó en los labios y fue como si un torbellino la envolviera. La abrazó y ella le correspondió con abandono, consciente sólo de que requería expresar su alegría. Lex sonrió al separarse de ella—. Vaya, fue una recepción inmejorable —rió al ver el rubor en sus mejillas—. ¿Podrás tolerar mi compañía unos días? Lex sé quedaría. —¡Sí, por supuesto! —Estoy enterado de que mi querida prima Sylvia está en Suiza con un grupo de esquiadores. —¿Volvió a darte su llave? No me dijo nada al respecto. —Yo se lo pedí, quise darte la sorpresa y ver tu reacción.


—Lo lograste —se sonrojó de nuevo. —Ya lo creo —había diversión en su voz. Se sentó en la silla de mimbre y estiró las piernas. Andrea también se sentó y no cesó de observarlo. ¿Era verdad que Lex estaba a su lado o se trataba de uno de esos engañosos sueños que parecían reales? —Tenía entendido que no regresarías a Holanda hasta el verano. ¿Pasó algo, está bien tu hija? —Está bien —la miró con ternura—. Quise pasar la Navidad con ella. Un año me pareció demasiado tiempo sin verla. "También la perderé". Andrea recordó la angustia en su voz cuando pronunció esas palabras, el verano anterior. Debió sentirse muy solo en los últimos meses… sin esposa ni hija, sólo recuerdos y la realidad de la lejanía de su pequeña. —Mi llegada me dará la oportunidad de terminar unos asuntos que tengo pendientes. Mañana asistiré a dos juntas y me gustaría pasar el fin de semana contigo, si es posible. —Me encantaría —murmuró, dominando los nervios. —¿No tenías planes para este fin de semana? —Nada especial. Nº Paginas 39-92 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Magnífico, puse muchas esperanzas en ello —con extrema agilidad se levantó—. ¿Te gustaría que preparara la cena? Traje filete, lechuga, pan francés y vino. ¿Bastará? Fue una cena maravillosa, mejor que en cualquier restaurante, porque Lex la había preparado en su cocina de tonos verdes. Andrea suspiró, satisfecha. —Es estupendo llegar a casa, encontrarte y cenar contigo. Lex sonrió, complacido. Andrea estaba tan feliz que tuvo ganas de abrazarlo. La extravagancia de sus sentimientos la inquietó. Deseaba brincar, besarlo, decirle que estaba contenta de verlo, pero su personalidad tranquila la obligó a callar. —Al llegar a casa me sentía muy deprimida. Odio el invierno porque es húmedo y los días, oscuros y fríos. Esperé mucho hasta que llegó el tranvía y los dedos de los pies casi se me congelaron. —Entonces realicé mi buena acción del día, logré animarte. ¿Quieres más vino? Andrea lo observó llenar la copa y se maravilló de esas fuertes y morenas manos. Estaban bien formadas y eran manos que brindarían apoyo. Con lentitud masticó el último pedacito de filete. Al terminar, alejó su plato y se enderezó. —¿Cómo está tu hija?


Lex le informó que Martha progresaba en sus estudios y que había disfrutado de la compañía de su padre. Habló acerca de su hija con ternura en los ojos y parecía haber olvidado parte de la tristeza que ella le conoció el verano anterior. También le informó que dimitiría cuando se venciera su contrato, y que deseaba regresar a Holanda. —Hallaré un empleo, buscaré una casa y le proporcionaré a mi hija un poco de estabilidad. Los últimos años han sido duros para ella, necesita sentirse segura. Sin duda, también habían sido años difíciles para él, pero no se habló de eso. De nuevo Andrea comprendió que sabía poco sobre Lex. Lo observó en silencio mientras él terminaba el vino. —¿En qué piensas? —inquirió Lex. —Cambiaste. —¿En qué forma? —No estás tan malhumorado ni deprimido. Te noto más tranquilo —Lex estiró el brazo y tomó la mano de la chica. —Quizá se deba a que no me siento tan infeliz —murmuró—. Pasó el tiempo y he meditado desde el agosto pasado —le sostuvo la mirada y algo surgió entre ellos,


un inexplicable sentimiento. Por fin soltó la mano de la chica—. Vamos a lavar la loza. Me alegro de haber cenado aquí y no en un restaurante —apiló los platos. —Igual yo. Me gusta estar en casa, sobre todo en días como éste —Andrea llenó el fregadero con agua y vertió un poco de detergente. —Eres muy hogareña, ¿no es cierto? Nº Paginas 40-92 https://www.facebook.com/novelasgratis La chica sumergió las copas en el agua espumosa y levantó los hombros. —Supongo que sí —sus amigos siempre la amonestaban diciéndole que así no atraparía a ningún hombre, pero ella no pensaba hacer tal cosa. Necesitaba a alguien como Lex, que se presentó solo a su puerta. En ese momento, él le dio un empujoncito. —Deja que yo lave tú secarás —le entregó el paño secador. Al terminar, prepararon café y llevaron las tazas a la sala. —¿Te gustaría escuchar un poco de música? —Lex fue al equipo de sonido y examinó los discos. Movió la cabeza de un lado a otro—. ¡Qué alma tan romántica tienes… Sinatra, Aznavour, Nana Mouskouri…!


—También tengo música clásica —se defendió—. ¿Viniste a analizar mi personalidad? No deseo escuchar ese tipo de comentarios. —¿No? —colocó unos discos y segundos después se escuchó música de piano. Lex se sentó al lado de Andrea, sonriente—. Aún no he terminado. Tengo más que decir sobre ti. —Apenas me conoces. —Eso crees, pero es probable que sepa más de lo que imaginas. Andrea se preguntó qué pensaba él de ella. ¿Que era romántica y hogareña? Nada emocionante. En realidad no era ese tipo de mujer y él debería saberlo. Recordaba las extrañas e irreales semanas que él había pasado en su apartamento, sin embargo, era más extraño ver su cambio. Ya no tenía la mirada vacía, sonreía y hablaba. —¿Más café? —tomó la taza de Andrea. —Por favor. Tú también eres hogareño. Ayudas a preparar la cena y a lavar los utensilios. —Me crié con tres hermanas, insistieron en que cumpliera con mi parte de las obligaciones en casa —rió—. ¡No tuve oportunidad de escapar! —fue a llenar las tazas—. ¡Tuve menos oportunidades que un centavo sobre un riel de tren!


—¡Yo solía hacer eso, quiero decir, colocaba monedas sobre la vía del tren. Me fascinaba la forma en que las aplastaba —había pasado mucho tiempo desde entonces. De pronto sonrió al recordar algo—. ¿Recuerdas los viejos buzones? ¿Esas monstruosidades rojas ornamentadas? —Sí. —Un día, a la edad de seis años, me subí sobre uno. Estaba al final de nuestra calle y pasaba por ahí todos los días cuando iba a la escuela. No sé cómo lo logré, pero recuerdo que me senté allí a observar el mundo. Todo me parecía extraño y diferente. De pronto, una viejita, se detuvo para ordenarme que bajara. —Obedeciste y corriste a casa. —¡De ninguna manera! No me moví y la miré dándole a entender que yo era más grande que ella y que nada podría hacerme. Me sentía invencible y fue una Nº Paginas 41-92 https://www.facebook.com/novelasgratis experiencia maravillosa. Recuerdo su rostro y que llevaba un chal rosado con rosas rojas. —No te imagino sentada sobre un buzón de correos, desafiando a la


autoridad. ¿Qué pasó? —Gritó más fuerte y me amenazó con llamar a la policía, pero yo seguía mirándola sin decir nada. No le tuve miedo. La señora estaba tan furiosa que de haberme alcanzado me habría bajado. Por fin se dio por vencida, pero volvió a amenazarme con llamar a la policía. Cuando desapareció de mi vista, bajé y corrí a casa. Nunca olvidaré ese sentimiento de poder. ¡Es algo maravilloso! —¡Conque tienes ansias de poder! —No… no fue eso —Andrea frunció el ceño—. Quise sentirme independiente, dueña de mi propia vida. Nunca me gustó que los demás me dijesen qué hacer. —¿Creciste aquí en Ámsterdam? —preguntó Lex después de un momento. —Sí, pero mis padres se fueron a Tilburg, su lugar de origen. —Una vez me dijiste que tienes una hermana. ¿Tienes hermanos? —¿Te das cuenta? ¡No sabes nada acerca de mí! —Sé lo que tiene importancia —murmuró con lentitud—. Pero tienes razón, todavía ignoro muchas cosas. Quizá averigüe más durante este fin de semana. El corazón de Andrea latía con fuerza. Cualquiera diría que sostenían una


conversación tranquila y normal, pero la chica estaba emocionada. —Te revelaré algo, mi color preferido es el verde. Lex gimió. —Lo deduje antes de verte por primera vez y eso me recuerda que tengo algo para ti —se puso de pie de un brinco y fue a su habitación, más bien a la de Sylvia. Regresó con algo pequeño envuelto, y se lo entregó. Era un objeto pesado y de forma extraña. Andrea rió al quitar el papel y ver lo que tenía en las manos. Era una ranita de cerámica verde. Parecía real y sus ojos, de una piedra brillante, parecían observarla. —Lo hallé en una solitaria tiendita en La Paz. Sólo tenían una y me hizo pensar en ti. —¡Muchas gracias! Lex sonrió. —El color me hizo pensar en ti. El monstruo se parece a mí. —Explica el comentario. —Olvídalo —era evidente que no explicaría nada. Lex no deseaba hablar acerca de sí, quería conocerla mejor a ella. Andrea, sentada a su lado en el sofá, le habló de su vida mientras sostenía la rana en las


Nº Paginas 42-92 https://www.facebook.com/novelasgratis manos. Le relató detalles que nunca había confiado a nadie. Habló sobre Bart, el amor que le tuvo y los recuerdos de los pocos años de matrimonio. —Entonces te casaste al regresar de California —comentó Lex. —Al mes. ¡Pobres padres! Se habían tranquilizado cuando me concedieron el intercambio. Creyeron que me sería provechoso ausentarme un año, vivir experiencias nuevas y olvidar mi enamoramiento —rió—. No dio resultado. Regresé y Bart me esperaba en el aeropuerto. ¡Lo demás sucedió rapidísimo! —¿Siempre sabes lo que deseas? —A veces —levantó los hombros. —Todo el tiempo —Lex le escudriñó el rostro—. No te he preguntado, pero necesito saber si existe alguien que objetaría que pase contigo este fin de semana. —¿Me preguntas si hay un hombre en mi vida? Lex hizo una mueca. —Te gusta ser franca y hablar claro. —En efecto y la respuesta es no. No tengo a nadie especial. Guardaron silencio y Andrea se preguntó por qué Lex había vuelto a su lado.


Nació una esperanza en su corazón. No se trataba de una visita de cortesía, eso era evidente. —No cesé de hablar en toda la noche —comentó Andrea—. ¿Por qué me haces tantas preguntas? —Durante los últimos meses pensé mucho en ti. En algunas cosas me pareció que te conocía a fondo, pero en otras, sabía muy poco acerca de ti. Eres un misterio y me fascinas. La respuesta la anonadó. Ella lo fascinaba. Momentos antes, había imaginado que Lex la consideraba una romántica hogareña. Quizá agradable, pero aburrida. Suspiró. —No soy misteriosa ni fascinadora, creí que lo sabías. —No te corresponde decidirlo —se levantó y la levantó. Cuando la chica estuvo a su lado la abrazó, haciéndola permanecer quieta. Andrea se sintió embargada por la emoción y al cerrar los ojos no tardó en recibir el tierno beso de Lex. Levantó los brazos y le rodeó el cuello. Lex la besó como nunca nadie lo había hecho. Por instinto le correspondió, plena de alegría y desesperación. No pudo evitar hacerlo. Cuando Lex dejó de besarla, le faltó el aliento, pero seguían abrazados. —Eres una mujer muy cálida —comentó.


—Lo lamento, por un momento me dejé llevar por mis emociones —susurró ruborizada. —¿Te das cuenta de que es peligroso? Podría meterte en un lío. Andrea lo sabía muy bien. Aspiró profundo. Nº Paginas 43-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sé cuidarme —respondió, sin embargo, no estaba tan segura de ello. Lex lo sabía, la chica se percató de ello por su expresión. Sintió miedo y no supo por qué. Lex la hizo revivir con su contacto, también desear ser amada. Esas emociones habían quedado sepultadas por mucho tiempo. Se maravilló y alarmó a la vez porque ya no podía tenerse confianza. Además, no le gustaba ser vulnerable. Lex no habló, en cambio la miró con comprensión. Andrea se soltó y las piernas le temblaron. —Me voy a la cama —anunció con nerviosismo, pero antes que pudiera moverse, Lex la abrazó de nuevo. Todo sucedía con demasiada rapidez y la joven no pudo captar el significado—. No, por favor, Lex, no… —suplicó junto a la boca de él. —Lo lamento, no pensé con lógica. Ha pasado tanto tiempo…


—También yo lo lamento… Lex le cubrió la boca con una mano. —No pidas disculpas. Andrea dio un paso atrás. —Me voy. —Sí y hazlo pronto —la voz de él tembló y al vislumbrar lo que había en sus ojos Andrea corrió. Una pesadilla. Todo el cuerpo le dolía y no sabía dónde estaba. Gimió de dolor al intentar levantar la cabeza y tuvo que apoyarla de nuevo en la almohada. Tenía la garganta seca e irritada y le fue doloroso tragar. Se estremeció debido al escalofrío, entonces se cubrió con las mantas hasta la barbilla. Un agudo timbre sonó y de forma automática apagó el despertador. Estaba despierta, en su cama y no tenía ninguna pesadilla. Su malestar era real. "Estoy enferma", pensó incrédula. "¡No puedo estarlo, jamás me enfermo!" Se palpó la frente y detectó calentura. ¡Estaba resfriada! Afligida, recordó las solicitudes que tenía pendientes sobre el escritorio y todas las entrevistas que era preciso programar. Con cuidado se incorporó. Bajó las piernas de la cama y cuando sus pies tocaron la alfombra se levantó, apoyada de una silla. Sólo se trataba de un leve


mareo. Le dolían los huesos, pero mejoraría después de dar unos pasos. Tomaría una aspirina. Lex. ¡Estaba ahí! Había llegado la noche anterior. ¿No sería parte del sueño? ¿Y la ranita verde? Sin duda era algo imaginado. Tenía el cerebro embotado por la fiebre. Aspirina. Había un frasco en el baño. Arrastró los pies al atravesar la sala apoyándose en varios muebles. Lex salió de la cocina. ¿Era real? — Goeiemórgen —murmuró Andrea con dificultad. Nº Paginas 44-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Dios santo! ¿Qué te pasa? —se acercó y al tocarle los hombros, Andrea perdió el conocimiento. Lo recobró, acostada en su cama. —¿Me desmayé? —preguntó al ver a Lex inclinado sobre ella. —Sí. —¡Jamás me había sucedido! —Tómalo como una experiencia más —comentó burlón. —¡No comprendes! —estaba enfadada. —No es un crimen, simplemente una pérdida de la conciencia debido a la falta de oxígeno en el cerebro.


—¡No me vengas con cátedras médicas! —exclamó, molesta. Le ardía la garganta y el dolor empeoraba al hablar—. Me repondré con una aspirina. —Primero te examinaré —respondió calmado. —¿No te basta con lo que viste? Tengo fiebre y la garganta irritada. Me siento mal. ¡Me desmayé y estoy resfriada! —Podría tratarse de difteria o una infección por estreptococos… —¡No me haces la menor gracia! —No es mi intención bromear. El cuerpo le dolía y Andrea estaba incómoda con la almohada debajo de sus pies. —Quiero mi almohada —exigió ronca y se incorporó para tomarla. Lex la empujó. —No. Debes mantener los pies en alto otro poco. —Esto no me gusta —murmuró mareada. Cerró los ojos, pero no sintió alivio —. No me gusta estar enferma. —Acéptalo. Te guste o no, te quedarás en la cama. Son órdenes del médico. —¿El médico? Ah, tú… —Yo y podrías mostrar un poco más de entusiasmo. —Me siento mal. Me duele todo el cuerpo.


—¿Tienes una linterna? Te examinaré la garganta. —Hay una en el cajón superior de la cocina. —¿Y termómetro? —En el botiquín del baño. Lex se valió de una cuchara para poder examinarle la garganta. A Andrea le disgustó estar acostada con la boca abierta. Se sentía desaliñada con el cabello alborotado y un camisón poco elegante. Lex le palpó el cuello y orejas a la vez que le Nº Paginas 45-92 https://www.facebook.com/novelasgratis hacía preguntas de índole médica. Andrea resintió verlo en el papel del médico calmado, aunque le faltaran la bata blanca y el estetoscopio. Los frescos dedos sobre su acalorada piel le dieron cierto alivio. Seguro que tenía varios ganglios inflamados, a juzgar por lo mal que se sentía y por el dolor. Lex tomó su temperatura y el termómetro marcó cuarenta grados centígrados. —Estás muy resfriada, pero sobrevivirás, el pronóstico es excelente. —Te lo dije. Además, de niña me inmunizaron contra la difteria. —Un buen médico jamás da nada por sentado —la miró sonriendo con indulgencia—. Habiendo establecido que por el momento no corres ningún peligro de muerte, proseguiremos con el tratamiento.


—¿Cuál será? —Descanso en cama, aspirina cada cuatro horas o cuando sea necesario, muchos líquidos y yo. —¿Tú? —Aunque no lo creas soy buen enfermero. —Quizá, pero con una aspirina me sentiré bien. Debo ir a la oficina, tengo mucho trabajo y… —Desvarías y tienes fiebre. Permanecerás aquí y no acepto discusiones. Lex tenía razón, estaba enferma, pero le disgustaba sentirse desvalida. —No me gusta sentirme así —gimió. —Es lógico, siempre deseas tu independencia. —Bastante trabajo me costó —tenía los ojos llenos de lágrimas y la cabeza le daba vueltas. —Hay épocas en la vida que todos necesitamos de alguien. Nadie puede ser independiente todo el tiempo. —Tengo sed. ¿Me darás la aspirina y un poco de agua? —¡Al instante! —se dirigió a la puerta. Andrea durmió unas horas y su mente se convirtió en un caleidoscopio de confusas imágenes creadas por la fiebre. Despertó cerca de las diez. Se sentía mejor, aunque incómoda por el sudor que causó la fiebre. Más que nada deseaba darse un


baño y cepillarse los dientes y el cabello. Se sentó en la cama y en ese instante Lex entró. —Tienes mejor semblante —comentó. —Efectos de la aspirina —bajó las piernas de la cama—. Quiero ir al baño. Después de bañarme seré la misma de siempre. —Prohibido. —¿Desde cuándo decides lo que debo o no hacer? Nº Paginas 46-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Desde esta mañana, cuando te desplomaste en mis brazos. No te bañarás. Si vuelves a perder el conocimiento podrías lastimarte seriamente y eso nos daría un grave problema. —¡No volverá a suceder! —¿Quién lo dice? —¡Yo! —Andrea, no puedo creer que esté hablando contigo —la observó, exasperado—. ¿Qué le pasó a la tranquila y sensata mujer que conocí? ¡Por Dios, pareces una chiquilla obstinada y caprichosa! —¡Lamento causarte tantas molestias! ¿Por qué no me dejas en paz? ¡Puedo


cuidarme sola! —Ahora comprendo por qué nunca te enfermas. Dios les tiene piedad a las pobres almas que tendrían que cuidarte. —No te pedí que me atendieras. Por favor, quítate, quiero ir al baño. Lex se hizo a un lado, pero la tomó del brazo al pasar. Irritada, Andrea trató de zafarse, pero él no se lo permitió. —No seas tonta. Saldrás del baño en tres minutos exactos y dejarás la puerta sin llave. Si escucho la ducha, entraré y te sacaré. —¡Me siento sucia, pegajosa, quiero bañarme! —sabía que estaba derrotada, pero necesitaba desahogarse. —Puedes asearte en cama. Te traeré una palangana con agua, igual como en el hospital. —Jamás he estado en un hospital. —Entonces, cuídate para que no termines en uno. Créeme, las enfermeras no muestran piedad por las chicas como tú. —¡Como médico no tienes buen trato con tus pacientes! —Depende del paciente —sonrió y abrió la puerta del baño—. Cuidado, estaré aquí afuera y esperaré sólo tres minutos.


De nuevo en cama, Andrea tuvo que aceptar que no tenía fuerzas para permanecer de pie mucho tiempo. Lex llegó con una palangana con agua, jabón y una toalla. —¿Podrás sola o quieres que te ayude? Encontraré la forma de dejarte bien limpia —comentó divertido. —No lo dudo, pero no, gracias, lo haré sola —replicó. Nada era igual que una ducha y a Andrea no le gustó asearse con una toallita húmeda. Estaba segura de que no había logrado quitarse todo el jabón, pero eso era mejor que nada. Nº Paginas 47-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Se puso un camisón limpio, se cepilló el cabello y se lo recogió. Al observarse en el espejo de su bolso notó que tenía peor aspecto de lo que imaginaba, pero no sentía deseos de maquillarse. Poco después Lex le llevó té, un panecillo y mermelada de fresa. —Gracias —tenía sed y hambre. —¿Te sientes refrescada? —Sí, lamento haber sido tan insoportable, pero no pude evitarlo. —No te preocupes, soy rudo —sonrió.


—¿Qué te hizo gracia? —Tus camisones, camisas de dormir o como se llamen esas cosas que usas en color azul o verde. No se diseñaron para incitar a los hombres, te lo aseguro. —Son cómodos —repuso—. Y no me hables de eso, recuerda que estoy enferma. —¿Cómo olvidarlo? —rió y Andrea tuvo deseos de arrojarle algo. —¡Qué bien que te divierto! —comentó la chica con sarcasmo—. Aunque no imagino cómo lo hago. —¿No? Supongo que fue la sorpresa de conocer esta faceta en ti. Me alegro de haber descubierto que no eres tan perfecta como te recordaba, controlada en cualquier situación, sin perder la calma. Fuiste paciente y considerada conmigo y hubo momentos en que tuve ganas de gritar. Andrea lo miró por encima de la taza. —¡Tienes suerte de haber regresado porque ahora ya sabes el monstruo que soy al emerger mi verdadera personalidad. Lex no contestó, se limitó, a mirarla. Andrea se sintió acalorada, pero eso no tuvo nada que ver con la fiebre. Fijó la vista en el pan y terminó de desayunar. No


comprendía su debilidad, pero de ahí en adelante tendría conmiseración por los enfermos de catarro. Pasó casi todo el resto del día durmiendo. Lex le atendía con esmero. Ella estaba de mal humor y lo trató como esclavo; divertido, la incitaba a mostrarse más despiadada. Lex no merecía ese tratamiento. Le permitió que se sentara un rato en la sala y, sintiéndose desgraciada, Andrea se acurrucó en el extremo del sofá. Acabó con una caja de pañuelos desechables. Lex le llevó una almohada, la cubrió con una manta y fue a prepararle una bebida caliente. Había perdido todo el día por ella y lo único que Andrea hacía era quejarse. —¡Lex, no fuiste a tus juntas! —exclamó de pronto, sintiéndose culpable—. ¡Pude haberme quedado sola! —Las pospuse para la semana que viene —encogió los hombros—. Nada se ha perdido, pero necesitaré quedarme aquí otra semana. Nº Paginas 48-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Otra semana, ¿y tú regreso a Bolivia? —También lo pospuse, tengo confirmado el nuevo vuelo. No te preocupes.


—Lo lamento, por mi culpa se arruinaron tus planes y tu fin de semana… —Tendremos el siguiente fin de semana —comentó con paciencia—. No me iré de aquí sin antes pasear contigo. Anda, toma tu bebida —se sentó en el suelo, frente al sofá. —Ocupo todo el mueble, ¿por qué no te sientas en una silla? —Estoy cómodo aquí —aseguró, sin dar lugar a una discusión. —Lex, quiero que vayas a Apeldoorn —le dio un sorbo a la deliciosa bebida —. No vale la pena que te quedes aquí estando yo enferma. Me las arreglaré y para el próximo fin de semana estaré como nueva. —No me moveré de aquí. —No es preciso que te quedes. —Son mis deseos, dulce Andrea —hablaba con paciencia. —¿Por qué? Lex se movió hacia adelante, apoyó los brazos en el borde del sofá y acercó su rostro al de Andrea. —Porque me necesitas —susurró. Nº Paginas 49-92 https://www.facebook.com/novelasgratis


Capítulo 6 Sorprendida, Andrea lo miró antes de volver el rostro hacia la pared. No quería que él viese que las lágrimas asomaban a sus ojos. Lo necesitaba y no sólo por estar enferma. Sintió que él tomaba su mano y que las lágrimas le quemaban el rostro. "Me necesitas". Las palabras eran un eco del pasado. En una ocasión ella le había dicho lo mismo. Logró controlarse y se enjugó las lágrimas. —Lo recordaste —murmuró al volverse. —Cada palabra, cada gesto, cada momento. Andrea inclinó la cabeza y observó la mano que ceñía la de ella. Aún no comprendía cómo se había atrevido a decirle eso el verano anterior. Fue presuntuosa al hablarle de esa forma a un desconocido; sin embargo, él no la despreció por ello. La necesitó tanto como ella lo necesitaba en ese momento. Estaba enferma y se sentía sola en aquella pequeña buhardilla. Añoraba tener a un hombre que la cuidara, que compartiera su vida y que le sostuviera la mano tal como Lex lo estaba haciendo. —Durante los últimos meses no dejé de pensar en ti y me pregunté por qué me toleraste. Tu paciencia no me pareció normal. Fui el individuo más displicente, desdichado y poco sociable que jamás conociste —le dio un apretón en la mano.


—Eras infeliz. —Y tú, ¿acaso conoces la infelicidad? —Un poco. —Pero aprendiste a sobreponerte. Comprendí que tú sabías algo que yo ignoraba. Eres valiente y fuerte y en tu corazoncito no hay sitio para la amargura ni el rencor… —Por favor, no me describas como… —¿Un dechado de perfecciones? No lo eres. Hoy me di cuenta de ello —la miró con ternura—. Mientras más pensaba en ti, más comprendía lo débil que era yo por refugiarme en mi desdicha sin hacer el menor esfuerzo por salir de la depresión y seguir adelante… —¿Crees que no pasé por lo mismo? No me conociste entonces, pero quedé deshecha, amargada… tardé mucho tiempo en sobreponerme —esos días constituían un terrible recuerdo, difícil de borrar y doloroso de evocar. —Sin la ayuda que me brindaste, es posible que jamás me hubiese sobrepuesto —Lex sonrió con tristeza—. Me ayudaste cuando nadie más logró hacerlo. Por eso quería verte otra vez —murmuró.


Andrea, terminó de tomar la bebida caliente, y Lex le quitó la taza de las manos, colocándola sobre la mesita. —A la cama, estuviste levantada demasiado tiempo. ¿Cómo te sientes? Nº Paginas 50-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sin fuerzas —se puso de pie, pero las piernas le temblaron. Lex la abrazó para conducirla a la habitación y la chica con la cabeza apoyada en su pecho deseó que él la siguiese protegiendo. —Lamento haberme enfermado —dijo Andrea. —Considéralo como una intervención divina —Andrea detectó el buen humor en su voz, pero tardó en comprender el significado. —También me arrepiento de mis caprichos de anoche. Actué como una adolescente. Supongo que esperabas más cordura de mi parte. —Lo único que me interesa es saber cómo te sientes. —¿Sabes cómo me sentí anoche? —preguntó, contenta de no poder verle el rostro. —Por supuesto. Estabas confusa y temerosa de lo que sentías. Después de todo no esperabas hallarme en casa.


—No tengo experiencia en este tipo de cosas. —Estuviste casada. —Eso fue diferente y no es lo que quise decir. —Tienes razón. Lo que quisiste decir es que no has compartido otras camas. Jamás, pensó. Al negarlo con un movimiento de cabeza, su mejilla rozó el suéter de Lex y él le besó la cabellera. —Vamos, te arroparé y te daré otra aspirina. Esta noche dejaré la puerta abierta. Llámame si necesitas algo. En la cama de nuevo, Andrea pensó en los cuidados que le proporcionaba Lex. Era maravilloso no tener preocupaciones. Cerró los ojos y se acurrucó debajo de las mantas. Cuando despertó a medianoche, acalorada y sedienta, Lex estaba a su lado. Le palpó la frente y le dio otra aspirina. —Escuché que te movías inquieta y vine a verte. Andrea deseó que se quedara a su lado y le sostuviera la mano. Era una locura y estaba consciente de ello, sin embargo, lo deseaba. Durmió inquieta y no supo si Lex volvió a visitarla. A la mañana siguiente no hubo mejoría en su estado.


Pasaron varios días antes que recuperara fuerzas. Lex no le permitió darse una ducha ni lavarse el cabello. Él dirigía sus acciones y Andrea cesó de luchar contra él. Era cómodo y seguro tener a ese hombre alto y moreno a su lado. Nº Paginas 51-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Conforme pasaron los días notó lo mucho que Lex había cambiado. Por la forma como actuaba y por lo que decía, comprendió que su terrible depresión había pasado. Dejó de ser introvertido y le habló sobre aspectos de su vida, de su hija y del trabajo. Le explicó con lujo de detalles el programa de salud y nutrición que realizaba en Bolivia. Incluyó los éxitos, los reveses y los problemas que parecían insuperables. Fascinada y agradecida de poder conocerlo mejor, Andrea escuchó con insaciable curiosidad. Hablaron mucho, pero él no mencionó a su difunta esposa y Andrea no le hizo preguntas al respecto. Habló sobre su hija y pareció complacido por el interés de Andrea. Sacó una foto de su billetera para mostrársela. Era una chiquilla de cabello castaño rizado, grandes ojos, sonriente, y le faltaban dos dientes delanteros. Andrea estudió la foto bastante tiempo. Seguro que se parecía a la madre. El corazón le dio un vuelco y


enseguida devolvió la foto. —Es preciosa —comentó con sinceridad—. Parece muy espontánea. —Así es, no posó para la foto. —¡Qué bueno que pasaste la Navidad a su lado! No te había olvidado, ¿verdad? —No, mi hermana se encarga de eso —se interrumpió un momento—. Fui a hablar con su maestra para informarme de sus progresos en la escuela y me dijo tener algo especial, una cinta grabada. Había realizado un experimento en "oratoria" con sus alumnos. Les pidió que eligieran un tema, animales de caza, vacaciones, intereses, lo que fuera, y grabó sus discursos. —Te apuesto a que la mitad de los chiquillos no se atrevieron a hacerlo. —Así fue. —Pero Martha sí se arriesgó. —¡Mi chiquilla lo hizo! —sonrió y Andrea notó el orgullo y cariño en los ojos de Lex. —¿Sobre qué habló? —Sobre mí —declaró, sin ocultar su satisfacción. —Espero que haya sido positivo —murmuró la chica con burla. Deseó escuchar


la cinta, pero no lo sugeriría. Era algo muy personal entre padre e hija. De repente se sintió muy sola. "Quiero ser parte de eso", pensó. "Quiero pertenecer y compartir lo que tienen". Pero era ajena y no existía motivo para lograrlo. ¿Por qué se sentía tan marginada? —¿Te gustaría escuchar la grabación? —la pregunta la tomó por sorpresa. —¡Ay, no! Quiero decir, creo que no debo —¿habría Lex adivinado sus pensamientos? —La tengo aquí y me gustaría que la escucharas —habló con sinceridad. —¿De veras? —inquirió titubeante. Nº Paginas 52-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Por supuesto —fue a su habitación, sacó la cinta y la pequeña grabadora de Sylvia. La voz de Martha sonó clara y segura: " Mi papá vive en Bolivia, que está muy lejos. También yo viví allá, pero ahora no puedo hacerlo porque tengo que venir a la escuela. Vivo con mis tíos y mi prima." Se escuchó la profunda aspiración de la chiquilla y ambos sonrieron. " Mi papá es médico, pero no de los que uno va a ver cuándo no se siente bien. Es un doctor muy especial, me resulta difícil explicarlo. Él… bueno… trata de que la gente no se enferme". Se escucharon las risitas de sus compañeros. " En ese lugar la gente se enferma con frecuencia. Hay muchos indios, pero no de los que llevan plumas en la cabeza o algo parecido. Casi todos son


gente común y corriente. Usan faldas largas, sombreros grandes y otras cosas. Son un poco pobres y no van al médico cuando se enferman porque los doctores están muy lejos y además les tienen miedo. Ya saben cómo es eso". Volvió a aspirar. "Los indios no tienen mucha comida y la gente que trabaja con mi padre les enseña a plantar para que coman mejor. Mi papá dice que si comemos bien no nos enfermaremos mucho. De todos modos, mi amiga india me dijo que no le gustaba lo que plantaban y que no lo comerá. Sólo le gusta la papa". Suspiró. " No sé qué pasará. Mi papá le pide a la gente que le lleven a los recién nacidos y a los niños para que los vacunen y no se enfermen tanto, pero eso tampoco lo hacen. Papá dice que le tienen miedo a las inyecciones porque creen que es brujería o algo parecido…" Los alumnos rieron. "¡ No es chistoso!", exclamó indignada y las risas cesaron. " Bueno, quizá lo sea, pero mi papá nunca se rió de eso". Andrea vio que Lex se observaba las manos entrelazadas y sonreía. " Así que mi papá es muy especial. Mi tía habla mucho de él y dice que debo estar muy orgullosa de él. Regresará en las vacaciones de verano y estaremos juntos otra vez", suspiró. "¡ Estoy impaciente!". Lex apagó la grabadora y miró a Andrea. En el pequeño discurso no hubo sentimentalismo, pero Andrea se enterneció. Al escuchar la vocecita de Martha, imaginó sus grandes ojos, la vitalidad de su pequeño rostro y barbilla firme. Martha era una niña valiente. —Tu hija es algo especial —murmuró al fin. —Por supuesto, es mi hija —sonrió. Andrea ya permanecía levantada casi todo el día, aunque sin dejar de toser. No


era forma de atraer a un hombre. La imagen en el espejo le mostró un rostro pálido, con grandes ojos. Gimió de frustración al ver que a su cabello le faltaba brillo. ¡No era justo! No comprendía por qué Lex no había huido de su lado. Por el contrario, parecía no molestarle el hecho de que estuviera y se mostraba satisfecho de poder cuidarla. —¿No estás aburrido? —le preguntó—. No he sido buena compañía. Nº Paginas 53-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Concedo que no era esto lo que esperé, pero tengo esperanzas de que la situación mejore —Lex rió al verla suspirar—. No te acongojes, te veo mucho mejor. —¿Quieres decir que mi aspecto era peor? —Sí. Andrea se enfadó consigo misma y con él. —Quiero salir —murmuró con rebeldía—. Ir a un cine o algo. Ya no soporto este encierro, me está causando claustrofobia. —De acuerdo, saldrás mañana. —No. ¡Esta noche! —Esta noche, no —respondió calmado.


—¡Estoy muy aburrida! Leí varios libros y revistas. Guardé suficiente cama para toda la vida. ¡Deseo hacer algo! —De acuerdo, haremos algo —la abrazó y besó. Sorprendida, Andrea lo empujó con todas sus fuerzas. —No, te contagiarás. —Las probabilidades son casi nulas. ¿No sabes que los médicos estamos inmunizados? Además, estás mucho mejor y tampoco yo soporto más — volvió a besarla y a acariciarla. Andrea revivió, llena de amor. Lo amaba… —¿Sigues aburrida? —le murmuró al oído. —No bromees conmigo —el aliento le faltó. Lex seguía ciñéndola y ella colocó la cabeza en su hombro—. Quieres aprovecharte de mí porque estoy débil y enferma —alegó, pero la felicidad la embargaba. —Y tú no sabes cómo manejar a los hombres —había diversión en su voz. —Acepto que no puedo contra alguien como tú —confesó después de un corto silencio. —Andrea, quiero que comprendas que no vine para correr una fugaz aventura sentimental contigo.


—Lo sé. —¿Me creerás, a pesar de lo que suceda? —Sí —¿cómo no creerle después de todo lo que había hecho por ella? Él le levantó la barbilla para que lo mirara de frente. —Gracias —dijo con seriedad—. Mira lo que logré, hacer que tus mejillas se colorearan —sonrió. —Se supone que eso debes hacer, eres mi médico. —No creo que mis métodos sean los más ortodoxos en la medicina. Pero para ti, cualquier cosa, por supuesto —le dio un empujoncito—. Ahora, a la cama. Nº Paginas 54-92 https://www.facebook.com/novelasgratis *** Al día siguiente, viernes, Andrea despertó recuperada del todo, aunque seguía pálida, aunque eso tenía remedio. Después que Lex se fue a sus juntas, se bañó y se secó el cabello con aire caliente. Se puso un pantalón y suéter calientes. El azul de las prendas hacía juego con sus ojos. No escatimaría esfuerzos para mejorar su aspecto ese fin de semana. Se maquillaría, eso haría la diferencia. "Maravillosa", se dijo al mirarse en el espejo y lanzó un suspiro "Absolutamente maravillosa o por lo menos muy cerca de serlo".


Se sentía bien, eufórica, emocionada, como si fuese su primera cita. No era malo sentirse así. De pronto, recordó que Lex se marcharía el domingo. No debía ilusionarse demasiado porque al ausentarse él no existía futuro. Haría bien en olvidarlo, pero no deseaba seguir ese curso. Lex estaba ahí, lo amaba y por el momento eso era lo único que tenía importancia. Un llamado a la puerta interrumpió sus pensamientos. Abrió y vio a Ria, vestida con pantalones vaqueros viejos y un suéter que vio mejores días. —Hola, Ria, entra, hace mucho que no te veía. —¡Yaya, si tienes suerte! —Andrea ignoró el tono sarcástico. —Siéntate, prepararé un poco de café. —Hace un momento lo vi salir, así que aproveché la oportunidad para subir a verte —la siguió a la cocina—. Estuvo aquí toda la semana, ¿verdad? —Así fue —Andrea vertió el agua en la cafetera. —¿No es el mismo que estuvo aquí el verano pasado? ¡Un hermoso ejemplar! — hablaba con cierta envidia y su comentario irritó a Andrea. —¡No es un ejemplar, Ria! —Estás enamorada, ¿verdad? —Ria sonrió—. De seguro fue una maravillosa semana. —¡Estupenda, la pasé en cama! —respondió a secas.


—Bromeas —la miró con incredulidad. —Créeme, estuve enferma, resfriada y con fiebre —sacó las tazas, azúcar y crema y los colocó sobre una bandeja. Sabía que tenía galletas y las buscó—. Vamos a la sala. Por cierto, ¿y tu bebé? —Esta mañana mamá lo cuidará —Ria se dejó caer sobre una silla y suspiró. —Muy bien, te hará provecho disfrutar de unas horas libres. —El tiempo me sobra y lo sabes. Mi marido sale con los amigos por las noches, al menos eso me dice —le dio un sorbo al café—. Tu café es estupendo. Cuéntame acerca de tu "Adonis". Tengo mucha curiosidad. —No quiero hablar sobre él. Nº Paginas 55-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Eso temí —Ria suspiró. Una hora después, salió de la buhardilla con una taza de arroz y unas revistas que pidió prestadas. Lex regresó por la tarde con una caja y Andrea se alegró al ver dos deliciosos trozos de pastel, cubiertos con crema. —¿No recuerdas lo que dijo tu hija? Esto es malísimo para la salud. Contiene demasiada azúcar…


—Tíralos, si no los quieres. —¡Jamás! —Perfecto. No tiene sentido ser fanático. Además, los compré para celebrar tu recuperación. Vamos, mujer, prepara té, café o lo que quieras. Más tarde la llevó a un restaurante acogedor. La música flotaba en el aire y a Andrea le dio gusto ver que se trataba de un pianista y no era una grabación. Los condujeron a la mesa y tomaron el pedido de bebidas. La mesa fue un regalo para la vista con el blanco mantel, cubiertos de plata, flores frescas… tenues luces. ¡Cuánto lujo! Suspiró, y Lex rió. —Es fácil ponerte contenta —comentó. —¿Fácil? —la cena le costaría una fortuna. —¿Sabes qué me gusta de ti? —preguntó al observarle el rostro. —Mi nariz —¡oh, ésa ridícula nariz respingada! —Tienes una hermosa nariz, pero me refería a tus ojos. ¿Sabes que son extraordinarios? —estiró el brazo y tomó su mano—. Son transparentes y dejan que asome la sinceridad. Me gusta tu forma de ser porque no te vales de engaños. No finges ni juegas. Dices lo que piensas y no das motivos para dudar de ti. —Gracias —una deliciosa calidez le recorrió el cuerpo.


—Gracias a ti. La comida resultó deliciosa y la saborearon con lentitud mientras observaban a las parejas que bailaban. —¿Gustas bailar? —le preguntó Lex al terminar el platillo principal. La aceptación inmediata lo hizo reír. Bailaron al ritmo de la música y Andrea, con los ojos cerrados, permitió que la felicidad la invadiera. Ese era el sitio que le correspondía, entre los brazos de Lex, segura y apoyada. Lo amaba tanto que deseó confesárselo, pero no era el momento indicado. Lex bajó la cabeza. —Supongo que te gusta este tipo de música —le murmuró al oído. —De hecho, prefiero la música "disco" —levantó el rostro. Nº Paginas 56-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Mientes —esbozó una sonrisa. —¿Cómo lo sabes? —Lo sé. Después del exquisito postre pidieron café. Andrea se reclinó en el respaldo de la silla y suspiró satisfecha. Frente a ella estaba el hombre que amaba. Observó las ya conocidas facciones, el cabello que encanecía en las sienes,


los ojos que antes fueron tristes y que ahora reflejaban alegría. De pronto, la depresión hizo presa de ella. El lunes siguiente partiría Lex y quizá jamás volvería a verlo. Además, durante los meses de su ausencia cualquier cosa podría suceder. Tomó su taza y bebió otro poco de café. —¿En dónde vivirás cuando regreses? —En donde consiga trabajo y que sea compatible con las necesidades de Martha —levantó los hombros—. No quiero estar lejos de ella todo el tiempo. Necesitamos normalizar nuestras vidas. Normalizar sus vidas sin esposa ni madre. Lex todavía no había hablado acerca de su esposa, Andrea no sabía siquiera su nombre y sólo esperaba el momento oportuno para preguntárselo. Lo miró con fijeza sabiendo que lo amaba y que era indispensable saber su pasado junto a otra mujer, su amada esposa. Sus miradas se encontraron. Al parecer Lex, en forma extraña, comprendió lo que ella estaba pensando. —¿En qué piensas? —inquirió él. El corazón de Andrea latió con desenfreno. Temía cometer una imprudencia y


echar a perder lo bueno que existía entre ellos, pero era preciso preguntar y saber. Tragó en seco y lo miró de frente. —Lex… por favor, háblame acerca de tu esposa. Nº Paginas 57-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 —¿Por qué? —inquirió Lex, extrañado. —Me parece raro no saber nada acerca de ella —Andrea lo miró de frente y ya no estaba nerviosa—. Nos hemos llegado a conocer bastante bien. Me hablaste de ti, de tu hija, de tu trabajo, pero existe un vacío en alguna parte y creo que no llegaré a conocerte del todo si no sé nada acerca de tu esposa ni de tu matrimonio —estaba calmada. Si Lex no confiaba en ella, lo demás no merecía la pena. —¿Por eso me hablaste sobre tu esposo? —Sí —titubeó—. Quise que me comprendieras y supieras de mi matrimonio con Bart. Fue parte de mi vida y como tal jamás la olvidaré —no cesó de mirarlo—. Parte de mi ser siempre le pertenecerá a Bart. Lex le oprimió la mano con tanta fuerza que la lastimó. No habló de inmediato,


pero la observó de forma diferente, como si acabara de descubrir algo. Después de un largo silencio se levantó y sugirió: —Vamos a bailar —la ciñó como si temiese que la chica huyera. La música sensual los envolvió mientras giraban como en sueños. No existía nada mejor en el mundo para Andrea… que ese hombre. La música terminó demasiado pronto y la joven tuvo la sensación de que perdía algo cuando despertó del ensueño. —Vámonos a casa —murmuró Lex. El trayecto en taxi no tomó más que unos minutos. Subieron despacio la escalera y los escalones chirriaron. Después de todo, era agradable llegar a la buhardilla en una noche fría de invierno. Después de guardar los abrigos, Lex haló a la chica para sentarla en el sofá, junto a él. Tomó su rostro y le dio un beso fugaz. —Te hablaré de Anja. —Anja —Andrea repitió el nombre que escuchaba por primera vez—. ¿Cómo era ella? —Cabello castaño, ojos grises, un poco más alta que tú. No era una belleza según las normas, pero para mí lo tenía todo. Vivía alegre, siempre reía, al menos así la recuerdo —se abstrajo en sus recuerdos. De pronto, tomó la mano de Andrea y la miró a los ojos—. La amé, la amé con locura.


A partir de ese momento habló atropelladamente y con sentimiento. Dio la impresión de haber guardado las palabras para soltarlas en el momento oportuno, ante la persona adecuada. Andrea no lo interrumpió ni hizo preguntas. Sentada a su lado, escuchó con atención y se formó una imagen de la vivaz mujer que fue su esposa y la madre de su hija, esa bella chiquilla cuya foto vio. —Durante los primeros meses del embarazo, tuvo náuseas desde la mañana hasta la noche. No toleraba la comida y ninguna medicina la ayudó. Yo me sentía culpable de haberle causado ese malestar —sonrió—. Toda mi educación y mi capacidad para razonar no me sirvieron de nada; sólo sentí culpa y furia ante ese Nº Paginas 58-92 https://www.facebook.com/novelasgratis sufrimiento. Gracias a Dios pasó y comenzó a recuperarse y a ganar volumen y peso —rió—. Yo la veía hermosa. ¿De veras quieres escuchar todo, Andrea? —Sí —respondió con franqueza. Andrea experimentaba sensaciones desconocidas e incomprensibles. Estaba enamorada de ese hombre y sin embargo, lo escuchaba hablar del amor que tuvo por otra mujer. Añoraba que Lex


también la amara a ella. ¡Ámame como la amaste a ella! Aunque las palabras hicieron eco en su corazón, no pudo pronunciarlas. No le pediría cariño, ése era un regalo que debía ser ofrecido por voluntad propia. Lex continuó hablando del nacimiento de su hija, los siguientes años y la vida en Bolivia. Recuerdos placenteros, tristes, graciosos, combinados para crear una imagen de alegría y amor. —Acostumbraba caminar por la casa con una copa de vino, llena de refresco que bebía de mañana a noche. Solía dejar las copas por doquier y yo las hallaba en el baño, en la habitación, en el coche. Me molestaba, pero ella reía. Como no vendían refresco en el pueblo, teníamos que llevarlo de la Paz en grandes cantidades —miró a Andrea sonriendo con tristeza—. Después de su muerte ya no hubo copas, las extrañé y deseé qué estuviese viva. Andrea tragó en seco y volvió el rostro. Las lágrimas se acumularon en sus ojos, y furiosa se preguntaba ¿por qué reaccionaba así? ¿Por qué quiso escuchar la historia del amor que Lex tuvo y perdió? Se levantó y fue a la cocina. Se sirvió un poco de agua y la mano le tembló. Aspiró profundo y regresó a la sala. Lex seguía sentado en el mismo sitio, con la cabeza apoyada en el respaldo y los ojos cerrados. Cuando ella se sentó a su lado, él entreabrió los ojos. —No me has dicho cómo murió —murmuró Andrea.


—A causa de un accidente. Solía dar largos paseos para gastar las energías que le sobraban. Su actividad no aminoró en esa altitud. Donde vivo no hay más que senderos accidentados, alrededor de las montañas y grandes pendientes por las laderas. Debió tropezar y caer —su voz se quebró—. La hallamos al día siguiente, se había roto el cuello y la espalda y seguro que murió al instante. —¡Dios mío! —la terrible tragedia la conmovió—. ¡Qué horror! —Fue una pesadilla —la miró de soslayo—. Me repetía una y otra vez que era horrible para que fuese realidad. Me negaba a creerlo. —¿Fue un accidente? Más bien parece que alguien debió empujarla. —Lo sé, yo pensé igual —su boca se torció con un gesto de amargura—. Casi deseé que así fuese para poder descargar mi furia en alguien. Quise culpar a otro, hacer responsable a un tercero para poder estrangularlo —suspiró—. Pero no existía motivo ni evidencia. La policía hizo una exhaustiva investigación y yo me devané los sesos buscando una explicación. No la hallamos. Fue un accidente, así de sencillo. Se levantó y caminó de un lado a otro por la habitación. Se detuvo frente a la reproducción de Monet, colgada en la pared. La observó en silencio, pero


Andrea sabía que no veía el cuadro. Andrea se le acercó y le tocó el brazo. —Gracias por decírmelo. Nº Paginas 59-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Lex sonrió y movió la cabeza. —Las gracias te las doy yo por escucharme. No conozco a otra mujer que hubiese estado dispuesta a hacerlo —Andrea guardó silencio—. Ahora me doy cuenta de la necesidad que tenía de hablar de nuestra vida en común. Tienes razón, una parte de mi ser siempre le pertenecerá. Tú lo comprendes y me alegro de que así sea —la abrazó con ternura—. Andrea… —poco a poco Lex se tranquilizó. Por fin se alejó, tocándose el cabello—. Te noto cansada, debiste estar en cama hace horas. ¡Soy un pésimo médico! —Lex tenía razón porque Andrea se sentía exhausta, tanto física como emocionalmente. —Sí, más vale que vaya a acostarme —la chica suspiró. —Que duermas bien —la besó suavemente. — Welterusten. Acostada, en medio de la oscuridad, Andrea escuchó los movimientos de Lex


en la otra habitación. Pensaba en lo que él le había dicho. Por la forma en que Lex habló comprendió que aún no aceptaba del todo la muerte de su esposa y que seguía extrañándola. Se enjugó las mejillas húmedas. Ella lo amaba, pero no podía tener la más mínima esperanza hasta que Lex aprendiera a estar en paz con su pasado. Quizá le tenía un poco de cariño a ella, pero, desde luego, no se comparaba con la profunda pasión y amor que le profesó a su esposa. Lex necesitaba comprar unas camisas y un par de zapatos antes de irse a Bolivia. —¿Me acompañas? Ta consejo me será muy útil. —La ropa de hombre no es mi especialidad. —¿Nunca compraste ropa para tu esposo? —Jamás, fui su esposa, no su madre. Estaba capacitado para comprarse lo que necesitaba. —No muchas mujeres piensan que sus esposos pueden hacerlo. Bart debió ser muy especial. —Lo fue y tenía buen gusto —Andrea sonrió y miró de frente a Lex. —También tuvo estupendo gusto en cuanto a las mujeres.


—Por supuesto, me eligió. —Te tienes mucha confianza, ¿no? —la acariciaba con la mirada. —Sí —asintió contenta. Andrea se preguntó si algún día Lex podría hablar acerca de Anja en esa forma ligera. ¿Podría mencionar su nombre sin demostrar dolor? A ella le tomó mucho tiempo sobreponerse y lo mismo sucedería con Lex, aunque ya se estaba operando un cambio en él. Recobraría la alegría de vivir. ¡ Se repondría! Nº Paginas 60-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Fue un día perfecto, fresco, pero soleado, y la ciudad estaba llena de gente haciendo compras u observando los aparadores. Un organillero alegraba el ambiente con sus tonadas populares. Cerca del dique, un grupo de Hare Krishnas entonaba una monótona letanía, acompañados de sus címbalos. Las horas transcurrieron rápido y Andrea cada vez se alegraba más. Sentía como si de nuevo tuviera diecisiete años. Lex también estaba contento, se notaba en la forma como miraba y asía de la mano a la chica. Al regresar a casa esa noche, la besó y Andrea se aferró a él. Lo amaba, lo deseaba y sólo existía una forma de terminar el día…


No sucedió así. La alegría se desmoronó cuando Lex se apartó de ella. Respiraba con agitación y tenía los puños cerrados a sus costados. Andrea se le acercó, pero él le impidió proseguir al hacer un movimiento negativo con la cabeza. Afligida, Andrea se dejó caer en la silla más cercana. No se le ocurrió decir nada, aunque de todos modos no deseaba hablar. —Andrea… —murmuró Lex—. Fue un día bello y perfecto, y no quiero que te arrepientas por lo que pudo haber sucedido. —¿Arrepentirme? ¿Cómo puedes decir eso? —No lo sé —su voz cambió de tono—. Quizá yo me arrepentiría… por aprovecharme de tu generosidad, por abandonarte de nuevo sabiendo que necesitas el amor de un hombre. Podría pasar la noche contigo y luego desaparecer al irme a otro continente. A Andrea se le hizo un nudo en la garganta porque comprendió que Lex pensaba y se preocupaba por ella. —Sé cuidarme, Lex. No necesitas preocuparte por mí. —¿Eso crees? ¿Debo satisfacer mis deseos? Pasado mañana me iré y quiero que


la separación sea lo menos difícil posible para ambos. Andrea no respondió. Bajó la cabeza y se cubrió el rostro con las manos. ¿Por qué tenía que ser así? Años de soledad y cuando por fin había hallado a quien amar, ese ser tenía que abandonarla. —Ponte de pie, Andrea —la tomó de una mano, y al mirarlo a los ojos la joven notó que la tristeza de él igualaba a la suya. Lex la soltó y el contacto entre ellos desapareció—. Por favor, vete a la cama. El último día juntos. Saberlo cubrió todo de sombras y opacó la perfección de los momentos compartidos, la risa y la alegría de estar acompañados. Lex también lo sintió y lo demostró en la forma como la miraba y le hablaba. "Es la última vez", pensó Andrea al subir la lóbrega escalera. Las palabras hacían eco en su mente. Lex abrió la puerta y permitió que ella lo precediera. Se quitaron los abrigos y él sacó una botella de vino y sirvió dos copas. Andrea ocupó la silla de mimbre y Lex se sentó en el sofá. Nº Paginas 61-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Siéntate aquí, a mi lado —le ordenó. Andrea obedeció y él la abrazó y jugueteó con su cabello—. Estás muy callada, no has dicho una palabra desde que


tomamos el taxi. —No se me ocurre nada qué decir —respondió, acongojada. —A mí sí. En primer lugar, estoy contento de haber regresado porque pude conocerte mejor; segundo, quiero que concertemos una cita para el próximo verano. Me gustaría verte de nuevo. —También a mí me gustaría —hizo un esfuerzo por sonreír. —Hecho. Afgesproken —se levantó, fue al equipo de sonido y eligió un disco. Una tonada alegre llenó la habitación. La reacción inicial de Andrea fue sorpresa, pero luego se enfadó y al levantarse de prisa derramó el vino de su copa. —¡No quiero escuchar esa música! —la voz le tembló y sus ojos echaron chispas—. ¡No estoy de humor para eso! —Lo sé y de hecho, tampoco yo lo estoy —respondió calmado. —Por favor, apágalo. —No. —Lex, no necesitas allanarme el camino. No soy tu responsabilidad. Lex la observó, bajó el volumen y ella se le acercó. Lex la abrazó. —Sé que sabes cuidarte, lo has hecho bastante tiempo —dijo enternecido—. Permite que esta noche te cuide y me cuide —calló—. Te irás a tu cama y yo a la mía.


—Está bien —se alejó de los brazos de Lex, levantó las copas vacías y la botella para llevarlas a la cocina. Cuando regresó a la sala, encontró a Lex sentado, con los ojos cerrados. —Me voy a la cama —anunció la joven—. Welterusten. —Buenas noches, Andrea —abrió los ojos. Cuando la chica pasó frente a él, Lex la atrapó para sentarla sobre sus piernas. La besó con violencia y la soltó. No habló y entonces Andrea se dirigió a su habitación antes de ir al baño. Lex había subido de nuevo el volumen de la música y la joven tenía ganas de gritar. No supo soportar el bullicio y ocultó el rostro en la almohada y se tapó las orejas con las manos. ¡Al diablo con Lex! No quería cortejarla a pesar de que compartía el apartamento. Andrea reunió todas las fuerzas para no llorar de desesperación. De pronto, la música cesó y el silencio fue total. Poco después escuchó los movimientos de Lex al desplazarse. Entró, salió y volvió a entrar a su habitación. Media hora más tarde seguía despierta, molesta por el silencio. Estaba acostaba boca abajo y tenía los puños cerrados junto al rostro. Escuchó movimiento en la habitación contigua y contuvo el aliento cuando llamaron a su puerta. No respondió.


Nº Paginas 62-92 https://www.facebook.com/novelasgratis La puerta se abrió y vio la silueta de Lex que se acercaba. Cerró los ojos y ocultó el rostro en la almohada. Lex se sentó en el borde de la cama. —Andrea, ¿estás despierta? —Sí —la almohada ahogó su voz. —Lo lamento —le acarició el cabello. —¿Qué cosa y por qué? —Por lastimarte. —No me lastimaste —mintió con desfachatez. —Andrea, no sabes cuánto te deseo. Desde que regresé… por favor, siéntate. —¿Por qué no deseas dormir conmigo? —preguntó nerviosa y Lex le escudriñó el rostro en medio de la penumbra. —No hay nada que desee más que eso y estoy enloqueciendo. Traté de explicarte que no es conveniente porque te considero demasiado joven, sólo tienes veinticuatro años y yo, treinta y seis. —¡No puedo creer lo que estás diciendo! —rió nerviosa—. En nuestra relación, nuestras conversaciones, en todo lo que hicimos juntos… la edad no fue impedimento.


—Lo sé. —Hablas como si fuese una virgen de diecisiete años. —Sé que no lo eres, pero en ocasiones me pareces muy inocente. Crees en todo lo que es correcto y bueno. Eres franca, honesta y sensible. No quiero lastimarte, bastante has sufrido. —Soy una mujer madura, Lex. Repito, no soy tu responsabilidad. —Pero soy responsable de mis actos —sonrió con tristeza—. No se puede interferir en las vidas ajenas sin asumir responsabilidades —calló un momento—. Andrea —le levantó la barbilla—. No te imaginas todo lo que me has dado. No quiero irme de aquí mañana pensando que me aproveché de ti. —Nunca me exigiste nada, sólo tomaste lo que de buen gusto te di —los ojos le ardían por las lágrimas. —¡Andrea, me vuelves loco! —gimió y la ciñó con tanta fuerza que le hizo difícil respirar. La soltó un poco para observarla, lleno de deseo. Andrea se estremeció de emoción y Lex suspiró—. Es la situación más extraña que me ha tocado vivir con una mujer. —En efecto, no imagino que alguna vez hayas dejado de amar a una mujer


que deseabas. —No eres alguien que se desea sólo para compartir una cama —Andrea desvió la mirada—. ¿Crees que estoy loco? Nº Paginas 63-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, porque en el fondo sabes que no me lastimarías —lo observó en la penumbra. —¡Bésame! —suplicó Lex. Andrea obedeció y él le correspondió con pasión. —No te vayas, por favor, quédate conmigo —imploró Andrea. Lex no respondió, estaba más allá de las palabras; le acariciaba todo el cuerpo. Nada existía más que ellos dos y el mutuo deseo que los consumía. Necesitaban amarse y se abrazaron con fuerza. Después de remontar la cima del éxtasis permanecieron en silencio. —¡Andrea, qué gran mujer eres! —murmuró por fin Lex y le cubrió el rostro de besos. Hacía mucho tiempo que Andrea no se sentía tan feliz ni tan satisfecha emocionalmente. Las lágrimas le inundaron los ojos y comenzó a llorar. Lex


se puso tenso. —Estás llorando. ¡Dios mío, Andrea, lo lamento! —la abrazó con desesperación—. Por favor, no llores. —Estoy bien —susurró entre sollozos y, débil, se apoyó en él. —Andrea, por favor, dime qué te pasa —habló con ternura. —Nada malo —respondió temblorosa—. Sólo que… qué… —¿Qué cosa? —ella ocultó el rostro en el hombro de Lex. —Comenzaba a pensar que algo malo había en mí. En silencio él tomó su rostro entre las manos para obligarla a mirarlo a los ojos. —Nada malo hay en ti, absolutamente nada. ¿Por qué se te ocurrió? —sonrió. —En los últimos años no… hice el amor con nadie. No pude —hablaba en voz tan baja que él casi no la escuchaba. Pero lo que acababa de decir era cierto. El recuerdo de Bart entorpeció cada relación que formó. Justo o injusto, nadie le había ayudado a superar esa situación… excepto Lex. —¿Por qué? —inquirió Lex. —No lo deseé y algo siempre se interponía. —¿Los recuerdos? —Sí.


—¿Y esta noche? —Los olvidé —titubeó—. Sólo te deseé a ti. —¡Ay, Andrea! —la besó con ternura—. Lo mismo me sucedió y jamás podré describir lo maravilloso que fue. Andrea despertó a medianoche experimentando una dulce sensación. Medio abrió los ojos y vio la luz de la luna, filtrándose a través de las cortinas. Suspiró, tranquila, y cerró los ojos de nuevo. Le sucedía algo maravilloso y especial. Tomó conciencia del cuerpo de Lex, junto al suyo. Él comenzó a acariciarla con sensualidad Nº Paginas 64-92 https://www.facebook.com/novelasgratis y ella se mantuvo quieta, disfrutando de la languidez que le producían las caricias. Luego se movió y sin darse cuenta gimió. Lex la besó y se amaron una vez más con pasión. Andrea volvió a conciliar el sueño, pero al despertar por segunda vez, Lex ya no estaba a su lado. Se sintió privada de algo, desamparada y su único deseo era tenerlo a su lado por el resto de la vida. Pero la realidad era otra, Lex la abandonaría ese mismo día. Regresaría a Apeldoorn para visitar a su hija y en unos días más estaría volando rumbo a América


del Sur. Pasarían meses antes que regresara y cualquier cosa podría suceder. Quizá jamás volvería a verlo. Pensar en esa posibilidad la atemorizó. Se acurrucó bajo las mantas y cerró los ojos, como si con eso escapara de la realidad. Un sonido la obligó a abrir los ojos. Lex estaba de pie, junto a la cama, con una taza de té en las manos. —Por fin despertaste. Goeiemorgen —Andrea aceptó la taza sonrió. —Me echas a perder con tus mimos. —Los mereces —la miró con cariño, como si recordara la noche que pasaron juntos y de pronto, de forma ridícula, Andrea se sintió cohibida. Se sonrojó y Lex soltó la carcajada—. ¡No puede ser que te avergüences delante de mí! —¡No te burles! —poco faltó para que se atragantara con el té. —Al contrario, lo disfruto. Me gusta verte descontrolada. No es fácil lograrlo contigo —se sentó en el borde de la cama y se inclinó hacia ella—. ¿Cómo te sientes? —inquirió con cariño. —Muy bien —lo miró de frente. —¿No te arrepientes? La joven no le tuvo confianza a su voz de modo que se limitó a mover la cabeza. ¿Cómo podría arrepentirse de amarlo? Lex se enderezó y esperó a que ella terminara el té para quitarle la taza y colocarla sobre la mesita de noche.


—Andrea, antes de marcharme necesito decirte algo —declaró muy serio. —¿Sí? —lo observó sorprendida y él tomó sus manos. —Con relación a lo de anoche… quiero agradecerte la confianza que depositaste en mí y por ser tan franca en cuanto a tus sentimientos. Ese es uno de los mejores regalos que nos podemos dar: confianza y sinceridad — había ternura en su voz. Andrea se ruborizó de nuevo y la emoción la embargó—. ¿Recuerdas que hablamos acerca de la responsabilidad? Comprendo que anoche nos arriesgamos y no puedo pasarlo por alto. No fue sólo tu responsabilidad, fue también mía — calló y le escudriñó el rostro—. Andrea, si llegas a quedar encinta quiero que me avises. La chica no pudo hablar y bajó los ojos a sus manos entrelazadas. Lex la tomaba en cuenta y su amor por él aumentó al comprender que se preocupaba por ella. —Prométeme que me lo dirás, Andrea. —Lo prometo. Nº Paginas 65-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y por favor, también prométeme que en caso de estar encinta no tomarás ninguna medida drástica —la miró con tanta insistencia que Andrea comenzó


a temblar. —¿Por qué? —inquirió. —Porque la vida es un don divino. —Gracias —murmuró parpadeando para evitar que las lágrimas fluyeran. —¿Por qué me das las gracias? —sonrió antes de abrazarla con cariño. —Por preocuparte por mí. —Andrea, me preocupo porque me interesas mucho. Vístete mientras preparo el desayuno, después te irás al trabajo. —¿Ir a trabajar? Hoy te irás, y no quiero dejarte antes de lo necesario. —Será mejor que no faltes. Así no te dejaré sola en casa. Si salgo y dejo el apartamento solo, la despedida me será menos difícil —sonrió de su propio sentimentalismo. Andrea le agradeció la sugerencia porque tampoco a ella le gustaban las despedidas. Además, trabajando, el día se le haría más corto. Seguro que, Lex también había tenido eso en cuenta. Se despidió de Lex en la puerta con un beso rápido. Él le prometió que regresaría en julio. Corrió escalera abajo con los ojos inundados de lágrimas. Al salir a la calle la lluvia le humedeció el rostro. Corrió a la esquina, a la parada del tranvía y tuvo suerte porque no esperó. Pasó el día muy activa. Tuvo mucho que organizar y varias solicitudes que


estudiar. Podría llevarse algunas a casa, pero a las cinco estaba agotada y lo único que deseaba era meterse a la cama. Por lo visto todavía no recuperaba todas sus fuerzas. Con pesadez caminó y subió la escalera. Le faltó aliento al llegar frente a su puerta. Nadie la recibiría. Lex ya no estaba y Sylvia aún no regresaba. Abrió la puerta y entró. Silencio total y todo en su lugar. No había ni una señal de que él había estado allí semana y media. Sola de nuevo, era la historia de su vida y no lo toleraba. Quiso llorar pero no se dejaría vencer. Se las arreglaría como otras veces al entrar en la cocina vio una pincelada de color sobre la mesa. El corazón le dio un vuelco de alegría. Lex le había dejado algo. Nº Paginas 66-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 Era una hermosa rosa roja de largo tallo, dentro de un florero de cristal. Había una nota frente a la flor. " Querida Andrea, no lo olvides, regresaré en julio". Los ojos se le humedecieron. ¡ Lex regresaría! La situación no era desesperante porque Lex le acababa de hacer el obsequio de la esperanza. Pero de enero a julio era mucho tiempo y en ocasiones los días le parecían interminables. No fue fácil la espera y a veces le parecía insoportable la soledad. En ausencia de Lex, el apartamento le parecía lóbrego. A fines de enero, Sylvia regresó muy bronceada y con una nueva colección de


anécdotas. La vida recobró la rutina normal. Andrea no había quedado encinta, aunque jamás creyó en esa posibilidad. De haber sido lo contrario se las habría arreglado sola. Le escribió la carta a Lex. Como no le gustaba escribir, lo hizo con torpeza manifestándole que ella era responsable por las decisiones que tomaba en la vida. Lex contestó y Andrea intuyó que tampoco a él le gustaba escribir. Mencionó estar contento de su bienestar y que el tiempo se le hacía muy largo a pesar de trabajar duro. Le refirió algo de lo que hacía y en términos generales, la carta parecía escrita por un extraño, dirigida a una desconocida. Andrea tuvo ganas de llorar. "No somos desconocidos", se dijo con fiereza. "Lo que pasa es que no sabemos escribir y no transmitimos lo que verdaderamente deseamos comunicar". Guardó la carta sin releerla. En dos ocasiones intentó escribirle de nuevo, pero las dos veces rasgó el papel. Sentía la necesidad de mantener algún contacto sólo para que no le pareciera que Lex era inalcanzable. Lo que deseaba decirle no podía escribirlo y lo que escribía no tenía la menor importancia. No deseaba abrumarlo con sus sentimientos. Terminó escribiéndole unas cuantas palabras para comunicarle el regreso de Sylvia y


comentar sobre el trabajo y el clima. Una noche, interminables semanas después, halló una carta sobre la mesita de la sala. Temblando la levantó y abrió el sobre. Resultó ser una carta amistosa y torpe. Saltaba la vista que Lex estaba acostumbrado a escribir con estilo objetivo y científico. No escribió sobre sus pensamientos ni sentimientos, pero ella tampoco lo había hecho. De pronto, Sylvia salió de su habitación, la saludó animada y anunció que prepararía Hutspot para la cena, si es que Andrea no ponía objeción. Para complementar, recalentarían unas albóndigas que quedaron de la noche anterior. Andrea estuvo de acuerdo. Hutspot era uno de los pocos platillos que Sylvia preparaba con acierto. —¿Cómo está Alejandro el Grande? —preguntó Sylvia mientras cenaban. Nº Paginas 67-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Alejandro el Grande. El apodo la irritó porque no tenía nada que ver con el hombre que conocía. Recordaba la tristeza en su mirada, la angustia cuando lo abrazó por primera vez y su regreso en enero, cambiado y cariñoso. —¿Dije algo equivocado? —preguntó Sylvia sorprendida.


—¿Cómo se te ocurrió ese apodo tan tonto? —Sus hermanas se lo pusieron —encogió los hombros—. De jovencito era un Donjuán y según me contaron, las chicas lo perseguían. Todo fue antes de mi época. De todos modos, el sobrenombre se le quedó. Al terminar de limpiar la cocina, Sylvia fue a visitar a unos amigos y Andrea se acomodó para trabajar en el cubrecama. Avanzaba y los alegres colores quedaron combinados a su gusto. Lo único malo era que sólo cubriría una cama sencilla. Se vería mejor más grande, sobre una cama doble. No cesaba de pensar en Lex. Recordaba sus palabras y sus acciones y en el momento menos esperado, le venían a la mente algunas frases como: "Me necesitas… la amé mucho… ¡Ay, Andrea, eres toda una mujer…!" ¿La amaría él bastante como para olvidar o ignorar el pasado? El clima mejoró en abril y mayo. Sol y cielo azul. Los narcisos y tulipanes florecieron en los parques, jardines públicos y en las macetas de las casas. Ámsterdam se engalanaba de nuevo para la estación turística y los extranjeros comenzaban a hacer su aparición. Era época de hacer la limpieza de primavera. Andrea cumplió a medias con la


obligación y se alegró de que su madre no pudiese ver el poco esfuerzo que desplegó. El apartamento no estaba sucio y no vio la necesidad de trabajar más de la cuenta. Lo hacía por tradición. Aburrida, pasaba día tras día sin mostrar entusiasmo por nada. Se distrajo con una corta gira que tuvo que hacer por el país para entrevistar a los candidatos al intercambio de un año de estudios en el extranjero. Al menos fue un rompimiento de la monótona rutina. Sylvia fue a la casa de su familia, antes de tomar a su cargo un grupo de turistas en Venecia. A Andrea no le pareció demasiado quedarse sola porque julio ya estaba cerca. Lex regresaría pronto. Repetía esa frase una y otra vez, sintiéndose mejor que en los meses anteriores. Le correspondían sus vacaciones en julio y Annette aceptó no fijar la fecha exacta. Recibió otra carta de Lex. Nerviosa, rasgó el sobre y leyó las palabras escritas sobre el delgado papel. ¡No regresaría en julio! El corazón le dio un vuelco y las lágrimas de enfado y desilusión llenaron sus ojos. No pudo seguir leyendo y estrujó la hoja de papel. ¡Maldito, por hacerle eso!


Nº Paginas 68-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Aspiró profundo y contuvo el llanto. ¡No lloraría, aunque explotara! Alisó el papel y prosiguió con la lectura. Lex le informaba que habían surgido complicaciones inesperadas y necesitaría seis y ocho semanas para arreglar el asunto. Regresaría no antes de mediados de septiembre. ¡ Septiembre! "No podré soportar esta interminable espera". Tenía el cuerpo tenso por el esfuerzo de no llorar, gritar o arrojar objetos. Se acurrucó en un extremo del sofá, apoyó la cabeza en las rodillas y cerró los ojos. Insensible se mantuvo en esa postura largo rato. Pocos días después recibió una tarjeta postal de Sylvia. Tenía la foto de uno de los típicos canales de Venecia, lleno de góndolas. " Los canales están sucios", escribía con letras pequeñas. " Pero igual están los nuestros, así que no tengo derecho a criticar. Lo paso bien con este agradable grupo. La hija de Lex se reunirá con él en Bolivia y se quedarán durante el verano. Oí decir que de nuevo él anda en pos de las mujeres… ¡Ojalá así sea! Groetjes, Sylvia. Espero que no te hayas enamorado de él". Andrea rasgó la tarjeta. Estaba tan tensa que el estómago le dolía. Tomó un suéter, salió del apartamento y corrió escalera abajo en busca de la calle. Poco faltó para que tropezara con Pieter al dar vuelta en la esquina. —Me alegro que estés lista, vámonos —el joven sonrió, pero Andrea lo miró con los ojos agrandados—. ¿Qué te pasa? —Nada —movió la cabeza de un lado a otro.


—¿Adónde ibas? —No sé… a ningún lado. —Perfecto, yo también voy para el mismo lugar. Andrea continuó caminando, con la cabeza inclinada y Pieter la siguió. Después de un rato ella levantó la cabeza. —¿Venías a verme? —Sí y debo decirte que tienes mal semblante. Vamos a tomar una copa a algún sitio. Más que nada, Andrea deseaba estar sola y caminar hasta que el cansancio la venciera. Pero, dadas las circunstancias, sería mejor acompañar a Pieter y beber no una, sino dos o tres copas. —Gracias, acepto. Al terminar una mala comida china, Pieter logró hacerla reír. Exhausta, la chica se durmió tan pronto colocó la cabeza sobre la almohada. A la mañana siguiente, mientras desayunaba, el teléfono sonó. Nº Paginas 69-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Cómo estás? —preguntó Pieter.


—Bien, gracias —respondió sorprendida. —Quise verificarlo. Mantente animada, chiquilla. —Así lo haré, gracias —no supo qué otra cosa decir. —Te veré pronto —colgó. Andrea colocó el auricular en su sitio. La conversación fue corta, pero la preocupación de Pieter la conmovió. A partir de ese encuentro, Pieter fue a verla en varias ocasiones. Se pasó horas contándole chistes y anécdotas tontas. La risa le hizo mucho bien a Andrea. —Las personas como tú me hacen ver que mis esfuerzos valen la pena — comentó Pieter en una de sus visitas. Hecho extraño no bromeaba. —¿A qué te refieres? —preguntó Andrea. —Es fácil reír cuando se es feliz —explicó—. No todos lo están. Cuando te hago reír y veo brillar tus ojos, me siento satisfecho. Haces que me sienta útil ya que le da fuerza a los planes que tengo para el futuro. Muchos no me toman en serio porque no comprenden que ser cómico es un trabajo como cualquier otro. Contar chistes no es lo importante. Lo que cuenta es divertir y entretener a los demás, hacerlos reír y que olviden sus penas, aunque sea por unos momentos —eso era lo que Pieter hacía con ella—. Eres una chica demasiado seria, por el momento constituyes el mayor reto de


mi vida. El reto era hacerla reír, no cortejarla. Ni una vez se propasó con Andrea, hecho que la tranquilizó. No necesitaba más complicaciones en su vida. Pieter la trataba con el tierno, cariño de un hermano y no se aventuró a inmiscuirse en lo que no le correspondía. Pareció intuir que ella agonizaba, estar esperando el regreso de otro hombre. ¡De modo que Lex perseguía de nuevo a las mujeres! "Ojalá así sea", había escrito Sylvia. Andrea se preguntó hasta qué grado sería cierto. Se dedicó a limpiar el estante de los libros para desahogar la furia. La postal de Sylvia le había perturbado. Tenía miedo y se sentía amenazada, pero más que eso, estaba furiosa por encontrarse lejos de Lex y no poder hacer algo al respecto. ¿Qué pasaría si él hallaba otra mujer y cambiaba de opinión en cuanto a regresar a Ámsterdam? Se acercó a la ventana abierta y sacudió el plumero. De enero a septiembre era mucho tiempo. La gente cambiaba, la vida también. Andrea ignoraba si Lex había llegado a amarla. Todo sucedió demasiado rápido y sería injusto esperar su cariño.


Andrea no deseaba su gratitud ni que la amara por las razones equivocadas. Sólo le quedaba esperar el momento en que él se librara del yugo, de su tragedia y de su pesar. Nº Paginas 70-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Se inclinó sobre la ventana y observó la calle. Era una bella mañana de un sábado. Al otro lado, los chiquillos jugaban. Dos adolescentes desarmaban una motocicleta. Una mujer joven empujaba el cochecito de su bebé. Andrea se estremeció de frío. Los demás gozaban del sol, pero ella estaba al otro lado de los cálidos rayos del astro. Su incertidumbre aumentaba a medida que transcurrían los días. Su confianza disminuía al igual que su entereza mental. Por las noches le resultaba difícil conciliar el sueño a causa de la preocupación. ¿Por qué llegó a pensar que podría compartir su futuro con Lex? Él le tenía afecto, quizá un poco de cariño, pero por agradecimiento y comprensión. No era un sentimiento duradero ni parecido al profundo amor que le tuvo a su esposa. Aspiró profundo y cerró los puños. A la larga el hombre se aburriría de ella. Necesitaba a alguien más extrovertida y vivaz. Ella no se parecía en nada a la mujer vibrante que fue su esposa, era lo opuesto. Tranquila, introvertida, amante de la


lectura y de su casa. ¡Aburrida, aburrida! ¡Era una locura! ¿Perder la confianza en sí? ¡No era aburrida! Nadie la había acusado de tal cosa. Bart la amó por ser como era y pudo haber elegido entre muchas chicas bonitas. Le disgustó lo que le estaba pasando. Se debía al cansancio y necesitaba unas semanas de vacaciones en alguna playa de España o Italia, acompañada de un chico que la adulara y le devolviera la seguridad en sí. Pero ese tipo de aventura no era para ella, no tenía la personalidad para flirtear. Era una tonta por preocuparse y estar esperando en una buhardilla en Ámsterdam. La lucha interna que libraba no tenía objeto. Había cancelado sus vacaciones de julio y las pospuso para septiembre. Annette se tranquilizó porque el mes de julio era muy ajetreado a causa de los últimos detalles requeridos para la llegada de los estudiantes extranjeros en agosto y la partida de los holandeses hacia el exterior. Muchos detalles emergían a pesar de la organizada planeación. Annette estuvo de acuerdo en que septiembre era un mes más tranquilo para que Andrea se ausentara. Andrea le escribió a Lex para comunicarle que lamentaba la demora y que se había enterado de que Martha estaba a su lado. Les deseó lo


mejor y terminaba diciendo que esperaba verlo en septiembre. Agosto pasó y un poco antes de lo esperado, Sylvia regresó con su acostumbrado buen humor. —Espero que no te moleste, pero me mudaré de aquí —rió al ver la sorpresa de Andrea—. Conocí al hombre de mis sueños y viviré con él. —Me alegro por ti —respondió Andrea, después de sobreponerse. —Gracias. Por supuesto, vendremos a visitarte. Quiero que lo conozcas. Te bastará correr la voz para que de inmediato arriendes mi habitación. Conozco por lo menos media docena de personas que se instalarían desde mañana. Nº Paginas 71-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Sylvia se fue con sus pertenencias. El hombre de sus sueños recogió sus objetos en un camión prestado. Cuando Andrea regresó esa noche, abrió la puerta de la habitación de su amiga. Al verla vacía sintió algo extraño. La cama no tenía sábanas y no había ningún cuadro en las paredes. Todos los libros de Sylvia habían desaparecido. Aunque Andrea vivió sola todo el verano, lo había soportado pensando en el regreso de su amiga. Ya no sería lo mismo. No le gustó la idea de que una


desconocida llegara a compartir el apartamento con ella. Quizá tendría hábitos y gustos diferentes a los de ella. Llegar a conocer a otra persona requería esfuerzo y tolerancia y no se sentía con ánimos de intentarlo. Se las arreglaría, aunque tuviese que pagar toda la renta. Cerró la puerta y deseó no tener que seguir viviendo ahí. Muchas cosas le habían sucedido y estaba cansada. Ya no le gustaba ese ambiente. Llamaron a la puerta y Andrea suspiró profundo. Deseó que no se tratara de Ria, esa noche no la aguantaría. A regañadientes fue a abrir. Nº Paginas 72-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 —¡Lex! Inmóvil y apoyada en el marco de la puerta, Andrea lo observó. Se sentía tranquila y contenta. —¿Permites que entre? —inquirió Lex, sin quitarle los ojos de encima. —Sí, por favor —murmuró la chica. Lex entró y se volvió para mirarla de nuevo. Andrea seguía apoyada en la puerta y lo miraba como si estuviese hipnotizada. Veía a ese hombre alto, de ojos oscuros y boca decidida que en ese momento sonreía. Soltó la puerta y fue a su


habitación donde se desplomó sobre la cama. Los sollozos la sacudían y no podía controlarse. Lex no tardó en seguirla, la levantó y abrazó. De inmediato le dio seguridad y ternura y logró calmarla. —¡Qué forma de recibirme! —comentó con amabilidad a la vez que le daba un pañuelo—. Creí que te alegrarías al verme. —Lo estoy y lo sabes. Nunca me sentí tan contenta —embozó una sonrisa. —¿Por eso llorabas? —No pude evitarlo. Tuve miedo mucho tiempo. —¿Miedo? —preguntó con ternura. —Ignoraba que regresarías y temí no volver a verte —de nada le serviría mentir. —Te dije que regresaría —le acomodó un mechón de cabello. —Lo sé, pero fue hace muchos meses y el tiempo cambia las cosas y… los sentimientos. Soy realista. —Pero tus sentimientos no cambiaron… ¿verdad? —Andrea movió la cabeza de un lado a otro—. ¿Por qué no me lo dijiste en tus cartas…? Nunca me revelaste nada. ¿Por qué no me comunicaste que me esperabas? —No supe cómo hacerlo y no habría sido justo —inclinó la cabeza—. Yo…


—¿Justo? —habló muy quedo—. ¿A qué te refieres? ¿Por qué no habría sido justo? —No quise que pensaras… no quise pedirte nada. Necesitabas tiempo — levantó la cabeza para mirarlo a los ojos. —¿Tiempo para qué? —en sus ojos había una extraña expresión y el corazón de Andrea se desbocó. —Para que ordenaras tu vida y tus sentimientos, para que olvidaras tu dolor y rebeldía —tragó en seco—. No me quedó más que esperar, era lo único justo. Lex la miró con infinita ternura mientras le acariciaba el cabello. Nº Paginas 73-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Eres valiente, generosa y cariñosa. —Siempre dices lo mismo. —Es la verdad. —No quise que regresaras por… —¿Obligación? —Quería que regresaras únicamente por qué lo deseabas. —Aquí estoy. —Sí —se miraron con cariño y Andrea recobró el calor en el alma—. Me delaté,


¿no es cierto? —En efecto, pero es parte de tu encanto. Me gusta saber qué terreno piso — le acarició una mejilla—. No te preocupes por eso —la acercó para besarla en los labios y Andrea cerró los ojos. Se estaba haciendo realidad lo que tantas veces había soñado en los meses de soledad. Era el momento de disfrutar el éxtasis del amor que la hacía perder los sentidos. —Andrea… pensé en ti todos esos meses, semanas y días… —se alejó para poder admirarla—. Mis sentimientos no cambiaron y por eso regresé — Andrea cerró los ojos y se apoyó en el pecho fornido. —¡Qué felicidad! —Lex la tomó de una mano y la hizo levantarse, conduciéndola fuera de la habitación. De nuevo en la sala todo recobró la normalidad, como si nada hubiese sucedido. —¿Cenaste? —preguntó Lex. —Llegué del trabajo minutos antes de que te presentaras. S tienes hambre, prepararé algo. —No, te invito a un sitio agradable y luego iremos a bailar. —Me encantaría, hace siglos que no bailo —sonrió y miró a su alrededor—. ¿No trajiste maleta? ¿Te irás a Apeldoorn tan tarde?


—Dejé la maleta en el descanso de la escalera. No quise dar por hecho demasiado. ¿Ya regresó Sylvia? —Andrea notó el brillo en sus ojos. —Ayer, pero hoy se mudó. Lo sabías, ¿verdad? —¿Se mudó? —fingió inocencia. —Sí y te lo dijo, ¡no finjas! —La vi el pasado fin de semana en Apeldoorn —rió. —¡Esta vez no te dio sus llaves! ¿Cómo entraste al edificio? —Ria, tu amiga, fue muy servicial. —Ya lo creo, imagina que eres el epítome de la hombría. Nº Paginas 74-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Maravilloso, ahora sé adónde ir si me echas esta noche —Lex rió. —Es casada —le recordó Andrea. —Cierto, ¿es fornido su esposo? —¡Déjate de bromas! —se volvió, sonriendo—. Iré a cambiarme. Veinte minutos más tarde bajaban la escalera. —Caminemos —sugirió la chica. Se sentía llena de vida, su estado de ánimo no cambió durante la velada. Su euforia era notoria. —Tus ojos parecen luces encendidas en la época de Navidad —murmuró Lex mientras tomaban el café—. No sabes cuánto me preocupaba nuestro


reencuentro. ¿Preocuparle? Jamás imaginó que eso podría preocuparlo. —De enero a septiembre es demasiado tiempo y pudieron pasar muchas cosas. —Ambos nos preocupamos —habló con seriedad y Andrea deseó abrazarlo y besarlo—. Si pudieras verte, se te ve el corazón a través de los ojos. —No me cohíbas —las mejillas se le encendieron. Lex era diferente a cualquier hombre que conocía, y a pesar de que no era la primera vez que bromeaba con ella, nunca la había afectado igual. —No te reconocí en tus calmadas cartas. La primera que me escribiste… me hizo dudar de la verdad de tus palabras en cuanto a que no estabas encinta. Al principio me preocupé. —¿Y después? —Recobré la cordura. Me habías prometido ser franca y decidí confiar en ti. Andrea bajó la vista. Lex se había preocupado por ella, le tuvo confianza y creyó en ella… —Andrea, mírame —tomó su mano y ella obedeció—. ¿Me dijiste la verdad? —Por supuesto, tenías derecho a saber la verdad, tal como te lo prometí. —Gracias —le dio un beso en la mano antes de soltarla—. ¿Quieres ir a bailar o


regresamos a casa? —Regresemos a casa —aceptó emocionada al ver la expresión de Lex. Con calma caminaron por Leidestraat. Observaron los escaparates de los elegantes establecimientos que exhibían pieles, joyas y antigüedades. Dieron vuelta en el Kiezergracht, oscuro y misterioso a esa hora. Andrea jamás se atrevería a caminar sola por ese rumbo de noche, pero al lado de Lex, los peligros reales o imaginarios, no la atemorizaban. Al cruzar el puente se detuvieron para apoyarse en la barandilla y observar el agua del canal. —Lex, ¿qué habrías hecho de haber estado yo encinta? —se atrevió a preguntar en la oscuridad. —Habría regresado para pedirte que te casaras conmigo —levantó la cabeza. Nº Paginas 75-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Eres anticuado —comentó después de un momento de silencio. No sabía si la declaración la había sorprendido o enternecido. —En muchas cosas lo soy. Cuido lo que es mío. —¿Crees que habría resultado?


—Lo habríamos logrado, ambos tenemos experiencia —repuso él con calma. —¡Ah! —El matrimonio tiene éxito cuando hay amor —Andrea no habló y permitió que las palabras se grabaran en su mente. —¿Me habrías llevado a Bolivia? —No, yo… Andrea no quiso escuchar más después de la negativa tan contundente. ¡Por supuesto que Lex no la habría llevado a Bolivia, allá vivió con su esposa! Desesperada y con frío tragó en seco. —Lo lamento, no escuché lo que decías —comentó al darse cuenta de que Lex no había cesado de hablar. —Dije que no habría sido el sitio adecuado para ti por la altura, el clima y el cambio de vida. Habría sido pedirte demasiado en estado de gravidez. —Yo… —cerró los ojos y buscó la mano de Lex. Había cometido un error. —Habría renunciado y regresado a Holanda. —¿Habrías abandonado tu trabajo? —preguntó incrédula. Lex se alejó de la barandilla para acercarla hacia sí. —Quizá no lo creas, pero no soy indispensable. Otro habría terminado mi trabajo. Tú habrías sido lo más importante en mi vida. —¡Oh, Lex! —la voz se le quebró. Feliz, le agradecía lo que habría hecho por


ella en caso de haber sido necesario. Lex le besó los párpados. —No llores. ¿Por qué siempre te hago llorar? —Eres muy amable conmigo —quiso decirle que deseaba ser amada. Hacía tiempo que estaba sola y era maravilloso contar con alguien que se preocupara por ella. Quería recobrar la felicidad. —¿Soy amable contigo? ¡Por Dios, Andrea… vámonos de aquí! —habló con aspereza. Inexplicablemente, Andrea llegó muy nerviosa al apartamento. El corazón le latía con fuerza, pero desde luego, se debía al ascenso por la escalera. Cuando no pudo meter la llave en la cerradura, Lex se la quitó, abrió y permitió que lo precediera. Sin dejar de observarla, cerró la puerta y le devolvió las llaves. —¿Quieres café? —preguntó Andrea. —No, gracias. Nº Paginas 76-92 https://www.facebook.com/novelasgratis La chica puso un disco con música de Chopin. La melodía ayudó porque era una presencia en la habitación que rompió el silencio y disminuyó las tensiones.


—Ven a sentarte a mi lado —Andrea obedeció y él la abrazó—. ¿Qué es eso? — señaló la tela que se hallaba doblada junto al costurero. Los colores naranja, oro y café contrastaban con el verde de la habitación. —Un cubrecama, aún no lo he terminado —suspiró—. Resultó ser más trabajoso de lo que imaginé —la verdad era que no se había dedicado mucho a él. —¿Por qué no usaste tonos de verde? —Mi etapa de verde pasó, es tiempo de hacer cambios —encogió los hombros y se miraron a los ojos. —¿Qué esperas de la vida? —Vivir feliz para siempre —suspiró a la vez que sonreía. —Hmmm… primero tendrás que besar a la rana —comentó después de un breve silencio. Andrea levantó la cabeza y dirigió la vista a la ranita de cerámica, colocada en uno de los entrepaños del estante de los libros. Luego notó que Lex le extendía la mano. —¿Me besarás? —inquirió él. Andrea obedeció sin titubeos, pues acababa de recordar las palabras que había dicho Lex al regalarle la rana: "El monstruo se parece a mí"—. ¿Qué ves? —le preguntó después de haberse mirado a los ojos.


—Un príncipe que nunca fue rana. —Ah, sí, ¿ya lo olvidaste? —¿Olvidar qué? —El hombre que era cuando me conociste. No era ningún príncipe. Me diste valor y me hiciste reír de nuevo. —No exageres… —por supuesto que recordaba aquellos días que lo vio tan angustiado y con la mirada perdida. Un año más tarde él pensaba distinto de la vida y además lo decía con orgullo. Andrea se sentía feliz por el cambio operado en Lex. —Es cierto y tú lo comprendiste, ¿verdad? Fuiste la única que lo comprendió. Al verte tan joven y vulnerable, pero fuerte y valiente, supe que tendría que hallar el camino para seguir tu ejemplo. Me demostraste que es posible —se inclinó hacia adelante y le acarició el rostro. Fue un inolvidable momento de comprensión y comunicación entre ambos. Lex suspiró y, por un instante, cerró los ojos. —Andrea… —Lex, no sabes cuán feliz estoy de tenerte a mi lado otra vez —escuchó los latidos del corazón de Lex. —Sí… —aspiró profundo y la besó con ternura. Pero la pasión se desencadeno


y Andrea sintió que la transportaba a la cama. Nº Paginas 77-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Había pasado mucho tiempo… ella lo amaba con delirio y lo deseaba con toda el alma. Lo necesitaba con la angustia de una interminable espera. Estaban juntos y era agradable hallarse en sus brazos y poder amarlo de nuevo. Lex le pertenecía y nada era más importante. Nada le causaría más placer que sus caricias. El mundo dejó de existir y sólo quedaron esos dos seres que se amaban sin barreras… El tiempo, el espacio, los pensamientos desaparecieron hasta que algo cambió. Andrea no supo que fue. De pronto Lex dejó de besarla y se puso tenso. Un instante después temblaba. La chica notó la angustia en su expresión y sintió que se sofocaba. No podía respirar, en ese momento su sueño se había convertido en pesadilla. Lex se sentó en el borde de la cama, aún tembloroso, y se cubrió el rostro con las manos. Andrea, presa del temor, se incorporó para tocarle la espalda desnuda. —Lex… Lex… —murmuró. —Lo lamento —repuso en un agónico susurro. No la miró ni la tocó. Sin


decir más, se levantó y tambaleándose salió de la habitación. Andrea bajó de la cama, pero las piernas le flaquearon. Cayó sobre las mantas, se volvió y ocultó el rostro en la almohada. Permaneció inmóvil, sin derramar lágrimas, insensible. De pronto sintió frío y se metió debajo de las frazadas. Algo terrible había sucedido. A la mañana siguiente despertó cuando llamaron a su puerta. Parpadeó al vislumbrar la brillante luz del día que se filtraba por la ventana. Las cortinas estaban corridas… había ropa tirada en el piso. ¡Dios Santo! Se cubrió el rostro con las mantas en su intento de obstruir la luz y olvidar los recuerdos. —¿Andrea? La chica se descubrió el rostro y lo vio entrar. Lex que vestía pantalón y suéter verdes se sentó sobre la cama y la observó preocupado. —Quiero que sepas que me siento muy mal por lo de anoche. —No comprendo qué sucedió —logró balbucear, dolorida. —Yo mismo no lo sé —la angustia retornó a sus ojos—. De veras lo lamento. Al mirarlo de nuevo, una fuerza interna desplazó el temor y el dolor. Lex la necesitaba, ella lo amaba y no soportaba verlo atormentado. Tomó su mano. —Nada pasó, olvidémoslo.


El alivio de Lex fue inconfundible. Le acarició la mejilla. —No te merezco —dijo antes de salir de la habitación. Pasaron un día agradable. El recuerdo de la noche anterior no se interpuso, parecía que todo había sido olvidado, como si el incidente perteneciera a otra época. Pasearon por la ciudad a pie y en tranvía; además compraron las provisiones para el domingo, en establecimientos exclusivos. Nº Paginas 78-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —También tendremos que comprar café, algo exótico —decidió Lex. —Quizá no nos guste —respondió Andrea. —Eres una pesimista. ¿Sabes dónde lo venden? —Hay un establecimiento en Warmoesstraat, es estupendo, muy a la antigua, con grandes recipientes llenos de granos, balanzas de cobre y… —Justo lo que me gusta, vamos allá. —No puedo creer que te guste todo esto. Se supone que a los hombres les disgustan las compras. —Hace mucho que no vivo en Ámsterdam y me hace mucha falta. Ningún lugar del mundo se le parece. —¡Así habla un habitante de Ámsterdam! —rió.


—Ahora dime, ¿existe en el mundo otra ciudad que tenga un museo de alcancías? —se detuvo y la miró con fingida seriedad. —¿Qué cosa? —inquirió incrédula. —¡Un museo de alcancías! —No me digas que aquí hay uno —no pudo contener la risa. —Ya lo sabes, Ámsterdam es inimitable —siguió caminando y Andrea lo siguió. A eso de las cuatro, de la tarde, Andrea estaba exhausta. —Estoy cansada, quiero irme a casa, sentarme o hacer cualquier otra cosa. Lex miró el reloj de pulsera. —Es temprano para tomar una copa, tomaremos té. ¿De acuerdo? —Sí —repuso. Cualquier cosa siempre y cuando no vuelvas a abandonarme, agregó en silencio. Lex la ayudó a atravesar la calle. —Es muy fácil complacerte. ¿Jamás discutirás ni pelearás conmigo? —abrió la puerta de un pequeño restaurante para que Andrea lo precediera. Hallaron una mesa en un rincón y casi de inmediato se les acercó un camarero. Lo mismo había sucedido en el almuerzo y en otras ocasiones en que Andrea había salido con Lex. Les presentaban servicio inmediato. Nadie ignoraba a Lex Vermeer, nadie lo hacía


esperar. Lex ordenó una jarra de té—. ¿Quieres algo para acompañarlo? —le preguntó a la chica. — Appeltaart —respondió—. Me gusta el pastel de manzana con mucha crema batida. ¿Puedo? —Por supuesto —ordenó el pastel y el camarero se alejó—. Pero no me has contestado —agregó. —¿Qué cosa? —¿Alguna vez estarás en desacuerdo conmigo y discutirás conmigo? —Únicamente si te vuelves imposible —respondió a la ligera. Nº Paginas 79-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me viste en mis peores momentos —calló—. ¿Recuerdas el año pasado? —No necesitabas que me disgustara contigo. —Confieso que en ocasiones deseé que te enfadaras, pero lo único que me brindaste fue la calma en tus ojos azules. Eres la Mujer Serenidad en persona. —Siempre he sido calmada —levantó los hombros. —¿Nunca te enfadas? —¡Por supuesto que sí! ¿Por qué lo preguntas? —Creo que por simple curiosidad. —Sí me enfado. Después de la muerte de Bart hubo momentos en que me


sentía furiosa con la vida, con Dios, con el destino… incluso con Bart por morir y abandonarme —embozó una sonrisa—. Sé cómo enfadarme —de pronto recordó algo—. Además, me viste furiosa cuando te conocí. Tuve ganas de estrangularte. —¡Cómo olvidarlo! —rió. Les sirvieron el té y el pastel y Andrea lo comió con calma. Al terminar, tenía la sensación de haber ingerido una comida completa. Lex la observó, divertido. —Perdiste el apetito, no podrás cenar. —No te preocupes, lo recobraré más tarde —observó el plato vacío con sentimiento de culpa. —Vámonos a casa y en el momento en que tengamos hambre comeremos queso y paté. Tenemos suficiente para alimentar a un ejército. Tomaron un taxi y Andrea descansó los pies doloridos por tanto caminar. —Sube —sugirió Lex después de abrir la puerta principal del edificio—. Iré a comprar vino y fruta para acompañar el queso. No tardo. Agotada, Andrea subió con lentitud. No había dormido bien la noche anterior y no acostumbraba a caminar tanto. Al entrar en el apartamento, arrojó los zapatos y se dejó caer sobre el sofá. Estaba cómoda, satisfecha y contenta.


Había sido un día perfecto. Dormitaba cuando Lex regresó, pero abrió los ojos. —No te duermas —sugirió Lex—. Es temprano —llevó los paquetes a la cocina. Regresó de inmediato y se sentó en el borde del sofá—. ¿Cansada? —Agradablemente perezosa. —Te veo contenta… y eres muy bella —comentó Lex, sin dejar de mirarla. Andrea se sintió complacida, pero, de pronto, se le hizo difícil respirar. Lex estaba muy cerca, pero no la tocaba y ella deseaba que la abrazara y acariciara. Él se limitaba a observarla detenidamente. El nudo que se le hizo en la garganta le impidió a la joven gritar. Se estremeció como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Lex se puso de pie y se alejó. De nuevo se mostraba angustiado, temeroso y Andrea no lo Nº Paginas 80-92 https://www.facebook.com/novelasgratis comprendía. En silenció le rogó que no la mirara así. ¡Dios, no le gustaba que la mirara de esa forma! Muda, lo vio caminar hacia la cocina. Escuchó que abría la alacena, el tintinear de unas copas y poco después, él apareció con dos copas de vino.


—Prueba esto, quizá te guste —sin expresión le entregó una de las copas. Andrea tuvo ganas de arrojársela al rostro. ¿No se daba cuenta él, no le importaba? ¿Cómo permanecía sentado, mirándola, como si nada hubiese sucedido? ¿Qué le había dicho a él esa tarde? Que era una persona calmada. Enfadarse en ese momento no solucionaría nada. La copa tembló en su mano mientras le daba un sorbo y luego otro. —Me gusta. ¿Qué vino es? —le pareció que Lex se tranquilizaba. — Moulin á Vent, irá bien con el queso de cabra y con el brie. —Aceptaré tu palabra —se sentía mareada. De pronto el timbre sonó y ella se sobresaltó. —Iré a ver quién llama —Lex se levantó. Andrea escuchó una voz masculina desde el piso inferior, pero no la reconoció. Lex asomó la cabeza a la sala—. Es un hombre, al menos eso creo. —¿De veras? —Podría tratarse de un espantapájaros o un monstruo. ¿Le permito entrar? —Ha de ser Pieter y es inofensivo —Andrea sonrió muy a su pesar. —¡Qué, alivio!


Pieter ya estaba en el descanso superior de la escalera y Lex le indicó que pasara. Andrea jamás vio a Pieter vestido en forma tan extraña, se había sobrepasado. Los hombres se presentaron y la chica notó diversión en los ojos de Lex. Pieter se quitó el sombrero y saludó a Andrea con una venia. —¿Qué te parece mi atuendo? —Poca cosa —repuso. —A los chiquillos les encantó —anunció satisfecho—. Vengo del Hospital Infantil —aceptó tomar una copa de vino y se sentó mientras Lex iba a la cocina—. No me quedaré mucho tiempo. —¡Por favor, quédate! —¿Hasta que él se vaya? —pareció sorprendido. —No, más o menos una hora, por favor —Lex no se iría tan pronto. Pieter compartió el queso, pan y paté con ellos. Su compañía fue un bálsamo qué calmó el nerviosismo y enfado de Andrea. Sus chistes aligeraron la tensión. Cuando se dispuso a salir, las sombras del atardecer oscurecían la habitación. Andrea suspiró y terminó de beber el vino de su copa. Lex, sentado junto a ella, estiró las piernas y se acomodó. —¿Se parecen tus amistades a Pieter? —preguntó. Nº Paginas 81-92


https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Cuánta gente semejante crees que existe? —inquirió riendo. —Tienes razón —mostró sorpresa—. Jamás imaginé que tendrías amigos como él. Me sorprendes. —Perfecto, porque no me gustaría que pensaras que soy aburrida. —¿Aburrida? ¡Por Dios, jamás! Andrea no pudo verlo bien porque se sentía un poco mareada. Lex no la consideraba aburrida. Eso era un motivo menos para preocuparse. Recordó las veces que Pieter la había animado sacándola de la depresión. —Pieter me brindó su compañía como si yo fuese un caso de caridad… parte de un proyecto —rió de sus palabras. —¿Un proyecto, un caso de caridad? —inquirió Lex, después de un corto silencio—. ¿Qué significa eso? —¡Olvídalo! —rió divertida y apoyó la cabeza en su hombro—. Me alegro de que estés aquí —suspiró. —También yo. —¿Sabías que hablo demasiado cuando tomo vino? —Sí, ya tuve la oportunidad de notarlo —Andrea sonrió y frotó la mejilla contra


el hombro de Lex. Estaba en paz—. ¿Quieres café? —No, me gusta estar aquí, sentada a tu lado. No te vayas. —De acuerdo, no me iré. —No me gusta que te alejes. —No volveré a ausentarme, te lo prometo —Andrea sonrió de nuevo y cerró los ojos—. Te estás durmiendo —la zarandeó con suavidad. —No es cierto, descanso los ojos. —Oh, por supuesto —Andrea no se estaba durmiendo, creía flotar en una nube de euforia. —¿Sabes lo que deseo? —murmuró la chica. —No. —Que me beses. —¿Complacida? —preguntó Lex después de darle varios besos en todo el rostro. —Sí… debes ser el hombre que mejor besa en el mundo. —Eso espero. —¿Me consideras tonta? —¿Crees que lo eres? Nº Paginas 82-92


https://www.facebook.com/novelasgratis —No lo sé, pero esto me gusta —suspiró y Lex rió. Andrea deseaba permanecer en sus brazos para siempre—. ¿Sabes qué deseo en realidad? —Dímelo. —Quiero que me ames para corresponderte —el largo silencio fue su contestación. Las lágrimas se le acumularon en los ojos y fluyeron por sus mejillas—. Por favor, Lex, por favor… —No, Andrea, no —respondió en voz baja. La levantó en sus brazos y la llevó a la habitación donde la colocó sobre la cama. Andrea se aferró a su mano. —Por favor, ámame, no me abandones… lo prometiste. —No me iré —tenía el rostro desfigurado. Lex la desvistió y suspirando, Andrea cerró los ojos. Sin motivo aparente, la chica despertó a medianoche. De inmediato se percató de que estaba en ropa íntima y sola en la cama. Dolida, recordó lo sucedido. —¡Dios mío! —gimió y se encajó las uñas en las palmas de las manos. Lex no estaba a su lado. Ella le había pedido que se quedara a su lado. Sacó el camisón de debajo de la almohada y se lo puso. Necesitaba analizar lo que sucedía entre


ella y Lex. Tres copas de vino no la embriagaron, quizá la atontaron y la hicieron hablar más de la cuenta. Dadas las circunstancias, también se sintió amorosa. Pero, ¿por qué Lex no quiso amarla? Algo estaba mal y nada tenía sentido. Lex la amaba porque lo demostró con lo que le había dicho, Andrea no estaba equivocada. Entonces, ¿por qué? ¡Anja! Su corazón dio un vuelco. ¿Seguiría Anja viviendo en sus pensamientos y dominando sus emociones? ¿Sería que Lex no podía entregarse por completo a otra mujer por haber amado mucho a su esposa fallecida? —¡Dios mío! —gimió—. No permitas que esté equivocada —se llevó las manos al rostro. Le había entregado a Lex todo lo que podía ofrecerle. ¿No había sido suficiente? ¿Cómo proceder, qué hacer? Andrea se enderezó como si así pudiese defenderse. "No competiré con una mujer muerta", pensó al borde de la histeria. "¡ Quiero que Lex me desee, me ame. Y si no puede, será mejor que se aleje de mí!" Golpeó la almohada y las lágrimas de frustración rodaron por sus mejillas.


Esperó, rogó que Lex se sobrepusiera para rehacer su vida. Esperó mucho tiempo, pero ya no podía esperar más. Se sentía atormentada y herida. Planeó hacer las cosas con calma y paciencia. Aceptó, comprendió y fue racional en todo. ¿Acaso no comprendió que Lex quiso a otra mujer, igual que ella a otro hombre? No mostró celos. Nº Paginas 83-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Pero las cosas no resultaron porque después de todo, de nada le sirvió la aceptación. Sólo le quedó el dolor y no podía seguir así. Tendría que hablar con él para decírselo. A las seis bajó de la cama, se vistió y preparó té. Ahogaba sus penas en la tercera taza de té cuando Lex salió de su habitación para entrar en el baño. Andrea se levantó y preparó té fresco para el desayuno. Lex le dio los buenos días, se sentó y comenzó a desayunar como si nada hubiese sucedido. Andrea estaba casi enferma de dolor. No pudo comer y sabía que él la observaba. No lo soportó un minuto más. Empujó la silla y a pesar de que las piernas le temblaban se puso de pie.


Lex la imitó y dio un paso hacia ella con la mano extendida. Ella retrocedió. —No me toques —murmuró—. Por favor, no me toques. —Andrea, ¿qué te pasa? —inquirió y bajó las manos. —Me preguntas que me pasa, ¡qué gracioso, lo mismo iba a preguntarte! ¡Dímelo! Lex no contestó, se limitó a mirarla y por la expresión de sus ojos, Andrea comprendió que Lex sabía a lo que ella se refería. —Lo lamento —repuso al fin, como si ella lo hubiese acusado de algo—. Lo lamento, Andrea. Nº Paginas 84-92 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 10 —Dime, ¿por qué me haces esto? Anoche me obligaste a rogarte, algo que no acostumbro hacer —no pudo reprimir las lágrimas—. ¡Cómo pudiste! — extendió la mano para apoyarse en el respaldo de la silla frente a ella. Sin miramientos Lex la empujó fuera de la cocina y la sentó en el sofá. —¡Por Dios, dormitabas! ¡Habías estado de pie casi todo el día y además bebiste! ¡Te acosté y antes que terminara de desvestirte te quedaste dormida! —¡Pudiste… haberte quedado a mi lado! —sollozaba con desconsuelo—.


Pero no lo deseaste, ¿verdad? —Andrea, escúchame. —¡No! —tambaleante, se puso de pie—. Me evitas. ¡Crees que no lo sé? Algo sucede y no quieres decírmelo. ¡No sé lo que sea ni qué esperas de mí! —su voz ya no ocultó la furia y el dolor que la consumieron durante las últimas horas—. ¡No lo soporto más! ¡No tolero que te alejes de mí todo el tiempo! Se trata de Anja, ¿no? ¡Sigues deseándola! —Lex se puso pálido, pero la histeria en ella aumentaba —. Tengo razón, ella sigue en tus pensamientos y en cualquier cosa que hagas o desees. ¡No intentaré competir con Anja! —¡Calla! —gritó a la vez que la sacudía. —Suéltame —murmuró Andrea—. Por favor, suéltame. Lex obedeció y dio un paso atrás. —Nada tiene que ver con Anja —dijo él—. No en la forma que piensas. Por favor, créeme —ante la súplica, Andrea se calmó un poco. —Lo lamento, yo… —¿qué quería decirle, que temía… perderlo ante el recuerdo de su difunta esposa a quien amó y que tenía miedo de lo que les pasaba


durante esos incomprensibles momentos? Andrea lo observó. Detectó desesperación en sus ojos y parecía un león enjaulado, desprovisto de su libertad y sin posibilidades de escapar. ¿Libertad? ¿Estaría Lex atrapado ahí con ella? ¿Ella le hizo eso con su amor y él no hallaba la forma de escapar? La mente se le aclaró en ese horrible momento. Lex necesitaba la libertad más que ella. —Lex… —se sentó, inclinó la cabeza y ocultó el rostro entre las manos. Tendría que hacer lo más difícil de su vida. —Dime —respondió, acongojado. —Lex, quiero que… te vayas. Andrea deseó morir. Todo, había terminado. No debió amar de nuevo ni quedar tan sensible. Lo arriesgó todo y perdió. Levantó la cabeza y vio que Lex la miraba, horrorizado, estaba pálido. —No lo dijiste en serio, Andrea. Nº Paginas 85-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí —susurró al sentir que las fuerzas se le escapaban—. Sí, fue en serio. Quiero que regreses al lado de tu hija, que empieces una nueva vida y le des


un hogar estable… todo lo que deseas hacer —" todo lo que deseé compartir contigo", pensó. —No comprendo, ¿por qué, Andrea? —¿No lo sabes, no lo ves? No estás preparado para… para iniciar otra relación. ¡No deseo que te quedes a mi lado si no lo deseas! Por favor… —la voz le falló y levantó las manos en un gesto de desvalidez—. Ya no sé qué más hacer —se enjugó las lágrimas—. Te amo, Lex, te amo mucho, pero eso no basta. —Te equivocas —se acercó para abrazarla—. También yo te amo —gimió —. ¡Dios mío, te amo con locura y jamás te abandonaré! —terminó de hablar y la besó, pero no había ternura en la caricia. Fue una lucha violenta, no contra ella, sino contra sí. Luchaba contra algo que Andrea desconocía. Jamás la besó en esa forma, había temor, desesperación y deseo en aquel beso. Lex la estrujaba con la fuerza de un hombre enloquecido. —¡Me lastimas, Lex, por favor, me lastimas! —él la soltó de inmediato y, anonadado, la observó. —Lo lamento. Lo lamento —repitió y aspiró profundo mientras se alisaba el


cabello. Parecía un hombre perseguido por una pesadilla. —No tiene importancia —murmuró, conmovida por el exabrupto. Estaba confusa. Lex se dejó caer en el sofá y la haló. Ambos temblaban y la chica recordó la ocasión en que lo había abrazado y él por fin se desahogó de la pena que lo atormentaba. Pero en ese momento, Andrea desconocía lo que le sucedía. —Lex —susurró con timidez—. ¿Qué pasa? Él se inclinó hacia adelante, con los codos sobre las rodillas y se cubrió el rostro con las manos. —Soy muy tonto. Andrea le tocó el hombro. —¿Por qué, a qué le temes? Por favor, dímelo. Lex levantó la cabeza y la miró de frente. —Temo perderte, tengo miedo de que algo pueda sucederte. Andrea tardó un segundo en comprender lo que él decía. La confusión desapareció y la claridad la iluminó: "No se pierde lo que no se tiene". Ella había dicho esas palabras, hacía más de un año. —Ay, Lex… yo… Lex… no puedo prometer que no moriré. —Lo sé muy bien —la abrazó para consolarla. La chica se apoyó en él mientras se enjugaba las lágrimas y pensaba en lo que le


diría para calmarlo. Los minutos transcurrieron en silencio. Nº Paginas 86-92 https://www.facebook.com/novelasgratis *** El domingo por la mañana todo estaba muy tranquilo, la gente aún dormía y casi no había tránsito que perturbara la paz. La luz se filtró por la ventana e iluminó el cubrecama a medio terminar, doblada sobre el piso. Dentro de pocas horas las campanas de la iglesia llamarían a los feligreses. No era el momento para las crisis o las confrontaciones. Lex por fin se movió. —Andrea, te he amado durante mucho tiempo —murmuró—. Creo que lo sabes. —Eso pensé —asintió. —Poco faltó para que te lo confesara en enero, pero… no estaba seguro de que me motivaran las razones correctas. Nuestra relación no era común. Callé y regresé a Bolivia —su voz cobraba seguridad—. Intenté llevar una vida social, asistir a fiestas en La Paz y salir con otras mujeres. No dio resultado. Nada ni nadie me interesó. No dejé de pensar en ti. A mi regreso, me abriste la puerta y desde aquel momento que vi tu rostro, tus ojos, comprendí que tú eras la única que deseaba y que te amaba por las razones correctas —Andrea sintió que el brazo que la rodeaba se ponía tenso—. De pronto, me acongojé y tuve miedo. Pensé… ¡Dios mío! que no podía repetir la


experiencia. ¿Qué pasaría si… murieses mañana, atropellada por un coche o sólo Dios sabe cómo? Si eso sucediera, yo moriría. Andrea al ver sus ojos llenos de emoción también se estremeció. No se tuvo confianza para hablar. Lex aspiró profundo. —Fue cobarde de mi parte no querer enfrentarme de nuevo a los riesgos de la vida, decirte que te amaba y aceptar las posibles consecuencias. Cada vez que te abrazaba y que te deseaba con toda el alma, me atemorizaba. Tuve pánico del dolor. —¡Ojalá lo hubiese sabido…! —tragó en seco. —Lamento haberte lastimado, no fue mi intención —le levantó la barbilla—. Andrea, ¿te preocupan los recuerdos que tengo de Anja? —Supongo que sí —confesó angustiada—. Anoche, al despertar y no encontrarte a mi lado, pensé… no dejé de pensar que siempre que te acercabas a mí, pensabas en… —¿por qué no podía hablar y lloraba de nuevo? —¿Que yo deseaba a Anja y no a ti? —Sí, lo lamento mucho y ni yo misma me comprendo. Actuabas en forma muy extraña. Me preocupé porque ella fue muy diferente a mí. —Así fue —enjugó las lágrimas de Andrea—. Tenía una personalidad distinta a


la tuya. No te pareces a ella en nada y no quisiera que fuese lo contrario. No eres una sustituta. Eres tú y te amo por lo que eres. También te amo en forma diferente, ni más, ni menos, sólo de manera diferente —había recobrado la calma y de nuevo se mostraba seguro y fuerte—. No creo que dos relaciones afectivas puedan ser iguales. ¡No te atrevas a decirme que me parezco a tu héroe, el bombero con quien estuviste casada! Nº Paginas 87-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡No! —rió con nerviosismo—. Lo sé y tienes razón. Me puse muy sensible y tuve miedo de lo que pasaba. No comprendía. Llegué a creer que en alguna forma, quizá yo era parte de tu problema y que estarías mejor lejos de mí. Como dijiste que Anja no tenía nada que ver en el asunto, supuse que se trataba de mí. —Por eso me pediste que me fuera —su voz cobró un extraño tono—. Pensaste en mí primero, ¿no? —Te amo. —No me cabe la menor duda —la abrazó y besó con ternura—. Ahora sabes que no era a causa de Anja ni de ti, todo estaba en mí. Me sobrepondré a


estos sentimientos, dadas las circunstancias, los considero normales. Jamás te abandonaré y no iré a ningún lado si no me acompañas —se puso de pie y la haló para abrazarla y besarla con pasión—. Te amo, te amo, te amo —repitió como si quisiese recuperar el tiempo perdido—. ¿Te das cuenta del placer que me da decírtelo? —la besó sin esperar respuesta—. Serás mía y nada ni nadie me lo impedirá —la miró a los ojos—. Andrea, te deseo… no imaginas el infierno en que viví estas últimas horas. No sé por qué… ni cómo… —cerró los ojos y Andrea escuchó los fuertes latidos del corazón de Lex, mezclados con los suyos—. Vamos —murmuró y la alzó. Permanecieron de pie junto a la cama, sin cesar de mirarse. Lex jamás la había mirado así y Andrea sintió que la emoción la embargaba Lex era suyo para amarlo y hacerlo feliz. —Andrea, aquí estamos solos, los dos, tú y yo. Nada se interpone, ningún secreto, ninguna duda. ¿Estoy en lo cierto? —ella asintió—. Nada —repitió mientras la desvestía. Andrea cerró los ojos cuando Lex le acarició y besó el rostro. Se aferró a él,


impaciente, buscando sus labios y correspondiéndole con toda el alma. Sin separarse se tendieron sobre la cama, las caricias de Lex cada vez más atrevidas la llevaron a un mundo diferente. No existían palabras adecuadas para declararle el gran amor que le tenía. Pero lo que hacían era mucho mejor… sus manos, sus bocas, sus cuerpos no necesitaron palabras. Andrea quería darle felicidad. Después de la larga espera, llena de incertidumbres, sabía qué debía hacer. —¡Dios mío! ¿Sabes lo que me estás haciendo? —preguntó Lex con los ojos agrandados. —¿Te quejas? —le preguntó la chica y él la besó con fiereza. Andrea recordó los largos y solitarios meses. Era maravilloso tener ese cuerpo junto al de ella para sentirse viva de nuevo. Lex ya no se mostraba reservado, no se reprimía, era demasiado tarde para eso. Inmóvil y muda, Andrea estaba en sus brazos. Se sentía abrumada por la maravillosa experiencia. Sentía el calor que emanaba del cuerpo masculino. De pronto suspiró sin darse cuenta y Lex abrió los ojos. Nº Paginas 88-92 https://www.facebook.com/novelasgratis


—¿Contenta? —sonrió. Andrea apoyó el rostro en el cuello de él y volvió a suspirar. —Sí, con delirio y sin defensas. —¡Ojalá siempre sea así! —rió. —¿Te comenté que me corresponden tres semanas de vacaciones? — inquirió. —Sí, iremos a la playa. Mi hermana mayor y su esposo tienen una cabaña de veraneo cerca de Bergen aan Zee. Podemos usarla durante unas dos semanas. —¿Cómo lo sabes? —inquirió recelosa y Lex sonrió complacido. —La semana pasada lo consulté con ellos, por si encontraba una hermosa mujer dispuesta a pasar unos días a mi lado. —Me halagas por considerarme hermosa. ¿Cuándo partiremos, hoy? Descansaban sobre la arena, protegidos del viento con jeans y playeras. El sol brillaba, pero la frescura del otoño se sentía en el aire. —¿Qué piensas? —preguntó Lex. —¿Acerca de qué? —Nosotros, tú y yo, el sol, la arena y el cielo. —Todo es maravilloso. —Estupendo —murmuró al delinearle la nariz y los labios—. ¿Cómo te sientes?


—Satisfecha. —Lo mismo me sucede. ¿Qué haremos al respecto? —¿Sobre qué? —Nosotros —explicó Lex. —Todo. —Perfecto —la besó y metió las manos bajo la playera de ella. —¡Aquí no! —rió y se movió, pero Lex la acorraló contra la arena y no pudo escapar. —¡No huyas! —le ordenó. —Haré lo imposible por no hacerlo —repuso con humildad antes de cerrar los ojos para protegerse del sol. —Quiero preguntarte algo. —Hazlo. —¿Por qué no nos casamos? Nº Paginas 89-92 https://www.facebook.com/novelasgratis El júbilo la invadió en forma gloriosa. El asunto no la había preocupado porque jamás dudó que llegaría el momento. De todos modos la pregunta fue un exquisito


regalo, una joya, una ofrenda de amor. Entreabrió los ojos, fingiendo soñolencia. —¿Qué dijiste? —Escuchaste bien, pero repito, casémonos. —Déjame pensarlo, creo que aún no nos conocemos bien —observó el rostro de Lex a través de las pestañas. Primero, lo notó incrédulo, pero él no tardó en soltar la carcajada. Ella aprovechó el momento para zafarse. Deseaba correr, bailar y gritar de alegría. Se levantó, resbaló, se incorporó y corrió. Lex corrió detrás de ella y al resbalar y caer también la tomó del tobillo. —Te propuse matrimonio —gruñó—. No me contestaste. —Tengo que pensarlo —se movió inquieta, pero estaba indefensa. —No, lo decidirás en este momento… muchas candidatas esperan. Andrea tuvo un ataque de risa hasta que Lex la calló con un impaciente beso. Cuando ella abrió los ojos de nuevo lo notó muy serio. —¿ Ja of nee? —inquirió él en voz baja—. ¿Sí o no? —Sí —acercó el rostro al de Lex para darle un apasionado beso—. ¡Sí, sí, sí! ¡No tenías que preguntármelo, sabías la respuesta! —Quise escucharla de tus labios. —Deseo formar un hogar contigo y comenzar a vivir juntos. Te haré muy feliz


—seguía susurrando, como si tratara de comunicarle un secreto—. Haré lo imposible por ser buena madre para Martha… si ella me lo permite —tragó en seco al ver la expresión de Lex—. Quiero que regreses a mi lado todas las noches, que me hables sobre tu trabajo del día, no sólo de lo bueno sino también de lo malo. Quiero compartir una gran cama contigo, con la colcha que estoy haciendo y despertar cada mañana entre tus brazos —sonrió—. Es lo único que deseo, nada especial. —En efecto, y te juro que nunca lo daré por sentado —la besó con pasión, pero de pronto se detuvo, se acostó sobre el vientre y descansó el rostro en los brazos. —¿Qué pasa? —Andrea le acarició el cuello, riendo. —Nada y no finjas inocencia. ¿Quieres que te haga el amor aquí, en las dunas? —Pensándolo bien, sería romántico. Lex gimió y levantó el rostro para mirarla, con ojos atormentados. —¡Basta! De por sí, sufro bastante —la alejó y volvió a apoyar la cabeza sobre los brazos. Sonriendo, Andrea se acostó y observó el cielo azul; las nubes se desplazaban movidas por una continua brisa. Las gaviotas revoloteaban y a lo lejos, se


escuchaba el romper de las olas. Calmada, se estiró, aspiró profundo y percibió el aroma a sal. Echó una ojeada al cuerpo tranquilo de Lex. Tenía arena hasta en el cabello. ¿Estaría durmiendo? Suspiró y volvió a cerrar los ojos. Nº Paginas 90-92 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Te das cuenta de que con excepción de Sylvia no he conocido a ninguno de tus parientes? Ni siquiera a tu hija. —Ya los conocerás. —¿Qué pasará si no le agrado a Martha? —Martha te adorará y tú a ella —se volvió y sonrió. —¿Quién lo dice? —Yo, ella es inteligente, receptiva y sensible… —¡Lex, por favor, habla con seriedad! —se sentó. —Lo estoy haciendo —también él se sentó, pero ya no sonreía—. ¿Te preocupa? —Por supuesto. —De hecho, hace tiempo que preparo a Martha. —¿De veras? ¿Desde cuándo? —Desde el verano pasado, cuando estuvo conmigo en Bolivia. Le hablé del


matrimonio en términos generales. No le hablé sobre ti porque no estaba seguro, pero le expliqué que sería maravilloso formar una nueva familia. Le sugerí que me gustaría tener esposa y que a ella le haría mucho bien contar con una nueva madre. Andrea calló. Recogió un puñado de arena y dejó que se le deslizara por entre los dedos. Recordó los ojos brillantes, los rizos de la foto, y la clara voz en la cinta. ¿La aceptaría Martha como su nueva madre? —Lex, ¿podríamos traer a Martha por unos días, la semana entrante? ¿Antes que me presentes a otros familiares? ¿Podríamos estar juntos sólo los tres? — calló al verle el rostro. —Sólo los tres —repitió Lex y cerró los ojos antes de acercarla hacia sí—. ¿En realidad quieres que venga? Andrea lo abrazó. —Si es tuya, es mía. —Te amo… ¡cuánto te amo! —exclamó Lex. —Hay algo que quiero que sepas —murmuró Andrea después de un largo silencio—. Cuando… Martha quiera saber algo sobre… sobre su madre, sobre Anja, quiero que te sientas libre de hablar de ella frente a mí.


—Andrea… —enternecido, le acarició el cabello que retiró de su rostro—. Ojalá supiese qué decirte. De algún sitio en la cabaña, Lex descubrió un inmenso cometa, en colores naranja, azul y verde. Estaba eufórico por el hallazgo y Andrea rió cuando él insistió en ir a la playa para echarlo a volar. Ella permaneció sentada en la arena, mientras Nº Paginas 91-92 https://www.facebook.com/novelasgratis observaba cómo Lex hacía girar y elevaba a ese dragón. Parecía un chiquillo, encantado. Agotado por fin, se dejó caer junto a Andrea con el cometa. Los ojos le brillaban y un mechón de cabello le cubría la frente. —¿Qué tal lo hice? —¡De maravilla, eres fabuloso! —Lo sé —sonrió con malicia y se alisó el cabello con las dos manos. De pronto, se puso serio y abrazó a la chica—. No creí poder sentirme así de nuevo ni que sería tan feliz. Andrea frotó su mejilla contra la de él. —Tú y yo envejeceremos juntos, lo sé, lo presiento —continuó diciendo Lex —. Nada te pasará, nada me sucederá. Llegaremos a la ancianidad juntos —habló


convencido como si hubiese pactado con el destino. —Sí, lo sé, pienso igual —comentó la chica, sonriendo embelesada. Fin Nº Paginas 92-92

La espera karen van der zee  

Argumento: Lex sentía afecto por Andrea, sin embargo ¡nunca la amaría como a su esposa! Habían pasado tres años desde la muerte de B...

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Argumento: Lex sentía afecto por Andrea, sin embargo ¡nunca la amaría como a su esposa! Habían pasado tres años desde la muerte de B...

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