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Fácil de amar Leigh Michaels 2º McKenna Fácil de amar (1991) Título Original: A matter of principal (1990) Serie: 2º McKenna Editorial: Harlequin Ibérica Sello / Colección: Jazmín 805


Género: Contemporáneo Protagonistas: Patrick McKenna y Camryn Hastings Argumento: Desde que su esposo murió en un accidente aéreo, la vida no fue fácil para Camryn Hastings. Sin embargo, logró salir adelante gracias a los ingresos que obtenía de la posada en que convirtió su casa. https://www.facebook.com/novelasgratis Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Todo cambió el día en que el representante del banco, Patrick McKenna, irrumpió en su vida y amenazó con destruir todo aquello por lo que Camryn había luchado. Ella estaba decidida a defenderse. Pero no era fácil enfrentar a Patrick… ni como banquero ni como hombre… https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 2-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Capítulo 1 La primera hora de la mañana, con una taza de café y el aroma del pan en el horno, era el mejor momento del día para Camryn. Un momento de tranquilidad, antes de empezar a batallar con los huéspedes. Pero todo llegaba a su fin, se dijo mientras sacaba los panecillos. Cogió una


bandeja con un mantelito de lino y puso encima una jarrita de café y una cestita con dos panecillos. Contempló el resultado con el ceño fruncido… claro, faltaban las fresas. Solo iba a desayunar un huésped en Stone House aquel día, pero iba a recibir un trato de primera. Una niña entró en la cocina; el pelo rubio le cubría los hombros y llevaba un gato negro en los brazos. Estaba descalza y el camisón apenas le cubría las rodillas; Camryn suspiró al verla. —Buenos días, mamá —saludó entre bostezos. Al ver la bandeja, lanzó una mirada de reproche a Camryn—. ¿Es eso el desayuno de la señora Ashley? ¿Es que se va hoy? Camryn le besó la cabeza. —La vas a echar de menos, ¿verdad, Susan? La niña asintió. —Hoy van a dar de alta al señor Ashley en el hospital y se irán a su casa en avión. Suspiró. Ella también iba a echarla de menos. Si todos sus huéspedes fueran tan amables como la señora Ashley… «¡No vuelvas a pensar en eso, Camryn Hastings!», se ordenó a sí misma. «Todos son amables; lo que pasa es que algunos son más humanos que otros… Y te gusta tu


trabajo, ¡así que no empieces a compadecerte a ti misma!». —¿Quieres ayudarme a llevarle la bandeja, Susan? Suelta a Ipswich y lávate las manos. Susan abrió la puerta trasera y soltó al adormilado gato; se quedó pensando y anunció: —Voy a llevarle una flor a la señora Ashley. —Susan… ¡cálzate! —pero la niña salió corriendo por el césped. Volvió con dos flores. —Te he traído una a ti, mamá. Te quiero mucho. Camryn se emocionó. ¿Cómo se podía regañar a una niña así? Susan acababa de cumplir cuatro años y cuando la invadía un impulso generoso, era incapaz de pensar en algo tan mundano como los zapatos. Además, era junio y allí, en la ribera de Wisconsin del lago Michigan, no hacía frío. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 3-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Llevaron juntas el desayuno a lo que alguna vez había sido la habitación


principal de Stone House. Era el dormitorio más grande de los cuatro cuartos que había para huéspedes. Cuando la señora Ashley se fuera a su casa, Stone House quedaría vacía durante un día, antes de que llegara el próximo huésped. En aquel momento era normal encontrar la casa llena de huéspedes, pero había sido necesaria una ardua lucha para que el negocio de Camryn prosperara: durante el primer año de funcionamiento de Stone House habían pasado semanas con la casa vacía. Camryn todavía tenía que luchar contra ese miedo: «¿Qué pasará si la gente deja de venir?» No debía pensar así, se dijo. Aquello supondría un merecido descanso. Sería agradable estar en la casa solo con Susan e Ipswich, el gato… y claro, Sherry Abbott, que alquilaba el pequeño apartamento de arriba… Cómo había cambiado todo desde que Camryn vio Stone House por primera vez. Camryn miró la escalera bañada de sol con los ojos llenos de lágrimas. Irritada consigo misma secó una lágrima que empezaba a resbalar por su mejilla. Casi nunca lloraba. Al fin y al cabo, había pasado hacía mucho tiempo. La señora Ashley abrió la puerta. Se puso una horquilla en el moño de pelo blanco y sonrió al ver la bandeja.


—Me mimas demasiado, querida Camryn. Desayuno en la cama… —parecía triste—. Es una tontería, pero me he vestido deprisa porque me da miedo que dejen a Richard un día más en el hospital. ¿No has traído café para ti? —Tengo que vestir a Susan para que vaya a la escuela —miró a su hija, que parecía a punto de rebelarse, y añadió—: Solo va una vez a la semana durante el verano, pero hacen cosas muy especiales. Hoy van a ir al parque de bomberos. Susan miró el suelo, como si dudara. —Es hora de despedirse, Susan —susurró Camryn—. Ya te he preparado la ropa, pero tienes que vestirte. Susan empezó a hacer pucheros. La señora Ashley la abrazó. —Os voy a echar de menos. Camryn, no sabes cuánto me has ayudado. No sé cómo hubiese aguantado la operación de Richard si me hubiese quedado en un hotel, sola, sin nadie con quien hablar. —Ha sido un placer. —No, es mucho más que eso. Voy a sugerir que recomienden Stone House con más frecuencia. Camryn se sintió muy agradecida; aquel tipo de recomendaciones era


impagable y no podía permitirse el lujo de rechazar cuentes. Cuando volvió, después de haber dejado a su hija en la escuela, la señora Ashley ya no estaba. En la cocina, Sherry Abbott limpiaba los restos del desayuno de Susan. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 4-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —¿Qué le ha hecho a este pobre panecillo? —preguntó Sherry—. ¿Acaso lo separaba molécula por molécula? —Algo así —Camryn se sirvió café—. Dentro de quince minutos me pondré a limpiar. Toda la casa está hecha un desastre… —Pensaba que esta mañana ibas a ir al banco para lo de la hipoteca. —Fui ayer. Solo tenía que rellenar unos papeles para renovar la hipoteca. —Creía que una vez que se conseguía una hipoteca no se podía perder… ya sabes, hasta que la muerte nos separe —Sherry miró rápidamente a Camryn —. Lo siento. La aludida se forzó a reír. —Algunas hipotecas duran más que eso, incluso. Vamos, Sherry, Mitch murió hace cuatro años. No necesitas tener cuidado. A veces, pasan días sin que


piense en él… —Y a veces no —concluyó Sherry—. No me engañas, Camryn Hastings. Ni siquiera intentas conocer a otros hombres… —No tengo tiempo. —Ni ganas… Eres una hermosa viuda… —Come otro panecillo, Sherry. —Está bien, no tienes que cerrarte así. Sé que es un tema tabú ¿Quieres que vaya a buscar a Susan a la escuela? Tengo una clase a las diez, así que no me viene mal —cogió la mantequilla. —¿Sabes? No puedes mentir —rio Camryn—. Prefieres eso a limpiar. —Por supuesto —bromeó. —Has limpiado bastante este fin de semana y hasta mañana no vamos a tener huéspedes. Tengo tiempo para arreglarlo todo. Tómate el día libre… Ve al parque a leer a Proust o algo así. Sherry arrugó la nariz. —¿Te importa si lo sustituyo por D. H. Lawrence? Quizá eso atraiga la atención masculina —cogió sus libros y dos panecillos—. Si encuentro dos candidatos


adecuados, utilizaré las migajas de este pan para que me sigan —se fue antes de que Camryn pudiera replicar. —Es como una botella de champaña —comentó al gato que estaba acostado en al alféizar de la ventana—. Llena de burbujas y capaz de explotar en todas direcciones. Mientras que yo… «Mientras que yo, soy una lata de refresco que ha estado abierta en el refrigerador demasiado tiempo. Las burbujas han desaparecido…» Y aquello no le sorprendía a nadie, ni siquiera a Sherry. Después de todo, Camryn estaba a punto de cumplir veintidós años cuando Mitch murió. De no haber https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 5-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna sido por Susan, esa cosita de seis meses que tanto la necesitaba, Camryn no sabía lo que le hubiera pasado. —Basta —exclamó—. No tiene sentido pensar en ello. Tienes a Susan, tienes Stone House y una nueva vida. Y el hecho de que Sherry piense que necesitas un hombre para completar tu vida, no quiere decir nada. No, decidió, no se pasaría la vida esperando a otro hombre. Tenía que depender


de sí misma y eso era suficiente. A veces el destino interfería en los mejores planes… Camryn no oyó el teléfono hasta que apagó la aspiradora; pensó que debía haber estado sonando durante algún tiempo. Una voz masculina pidió hablar con la señora Hastings… una voz agradable, madura, pero joven aún. Era divertido predecir el aspecto de sus futuros huéspedes a partir de la voz que tenían. Camryn pensó que debía tener alrededor de treinta años. —Quisiera hablar con la señora Hastings, por favor —repitió con cierta aspereza. Un profesional, acostumbrado a dar órdenes, pensó Camryn. —Soy Patrick McKenna, del Lakemont National Bank. Frente a mí tengo la solución para una hipoteca y… Camryn sintió cierta desilusión. Hubiera sido divertido comprobar si había adivinado la edad y personalidad de su interlocutor. —Creo que habla de la renovación de una hipoteca —corrigió—. La hipoteca me la concedieron hace cuatro años… —Sí, lo sé. Aquí tengo su expediente, señora Hastings. —Bueno, es muy sencillo. Cuando la solicitamos se nos explicó que se trataba de una hipoteca global, lo que significa que cada cuatro años tengo que renovarla…


La voz áspera la interrumpió: —Señora Hasting, una hipoteca global significa que todo su préstamo vence dentro de sesenta días. Camryn se agarró a la barandilla de la escalera. —Eso es imposible. —A menos que se le conceda una nueva hipoteca. Camryn recobró la respiración: —Bueno, entonces, ¿por qué no lo hace ya? —bromeó—. Para eso están los prestamistas… no para asustar a los clientes honrados. —A veces, también tienen que hacer preguntas difíciles, señora Hastings… Tales como: ¿por qué no ha pagado este mes? Debía haberlo hecho la semana pasada. —El calentador del agua se estropeó y… —Me temo que eso no es una buena excusa. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 6-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Es obvio que usted no sabe lo que cuesta comprar un calentador. De cualquier modo, llamé al banco y expliqué que me iba a retrasar… —¿Con quién habló? —No me acuerdo —confesó—. No me imaginé que tendría que saber el


nombre de la señorita que me atendió. Se oyó un suspiro al otro lado del teléfono. —Creo que tendremos que hablar del tema. ¿Puede venir al banco hoy, señora Hastings? Maldijo para sus adentros y pensó en colgarle; tenía que limpiar la casa… «No seas tonta, Camryn», se ordenó. «¡Cuanto antes corrijas a este loco, mejor!». —Espero que pueda concederme unos minutos para llegar. Pero su interlocutor no pareció herido por el sarcasmo. —La estaré esperando, señora Hastings. Camryn colgó el auricular con fuerza. —Cuando termine con usted, será un placer hablar con su jefe —exclamó enfadada. Media hora después, Camryn empujaba las puertas del Lakemont National Bank y se dirigía a las oficinas del fondo. Se había cambiado de ropa y llevaba un traje color castaño, con zapatos de igual tono; se había maquillado un poco y había descargado su furia con el pelo, que brillaba como miel gracias al cepillado vigoroso que le había propinado.


Respiró hondo y se recordó que no ganaría nada si perdía la paciencia. Tenía que ser razonable y dulce. Mitch sí que hubiera sabido lidiar situaciones así. «Si Mitch estuviera vivo, usted no sabría qué hacer, señor McKenna». Estuvo a punto de tropezar con la orilla de la gruesa alfombra que señalaba el área de las oficinas, de los altos ejecutivos. Camryn se mordió el labio. La secretaria que la había ayudado a llenar las hojas de la hipoteca la miró asustada. —El señor McKenna la está esperando. «Así que es el tipo de hombre que aterroriza a la secretaria en sus ratos libres», pensó Camryn. La secretaria llamó a una puerta cerrada. Una placa anunciaba que Patrick McKenna era un vicepresidente. Camryn sonrió al preguntarse cómo habría reaccionado cuando lo llamó prestamista. Bueno, solo se habría irritado. En realidad el título no significaba gran cosa, pues había muchos vicepresidentes en los bancos. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 7-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna La oficina no era grande, pero sí elegante. Había tres paredes cubiertas por paneles de cedro y otra con cortinas de color azul pálido que daba al área de


recepción. Detrás de su despacho había un cuadro de unas olas estrellándose en un acantilado. El cuarto era muy silencioso… tanto que el ruido que hizo la puerta cuando la secretaria la cerró, sobresaltó a Camryn. Intentó calmarse para enfrentarse al hombre que estaba detrás del escritorio. Conservador… aquella palabra lo definía. Vestía el traje típico de los banqueros: azul oscuro con rayas blancas, corbata roja y una camisa muy blanca. Aunque no veía sus pies, pensó que tendría zapatos hechos a la medida y calcetines negros. Quizá, se aventuró, calzoncillos blancos… un hombre de su posición no usaría ropa interior con puntos de colores. Su pelo casi negro tenía un corte impecable, pero parecía rebelde. Y ningún código de vestir para banqueros habría aprobado la cadena de oro que colgaba del bolsillo de su chaleco: Y sus ojos eran color azul oscuro y tenían las pestañas negras más sorprendentes que Camryn había visto nunca. Pero en ese momento, brillaban irritados. Le había hecho perder su preciado tiempo, se dijo Camryn. Levantó la barbilla y comentó, sin el menor tono de disculpa: —Siento haberle hecho esperar.


Patrick McKenna le tendió la mano. Su apretón fue firme, cálido y sólido. —Por favor, siéntese, señora Hastings. Camryn advirtió que había calculado bien su edad. Apenas tendría treinta años. Era demasiado joven para ser un tirano, pero era evidente que había empezado a serlo muy pronto. Y además, no tenía sentido del humor. —Terminemos con este asunto pronto, ¿quiere, señor McKenna? Tengo que recoger a mi hija de la escuela, dentro de una hora. —Yo también quiero arreglar esto de una vez. Camryn reprimió su enfado. ¡No necesitaba ser tan claro! —A propósito, he averiguado quién fue la persona con la que usted habló la semana pasada. —Gracias —Camryn estaba rígida—. Me alegra saber que ya no hay sospechas acerca de mi honestidad. La miró durante un momento, casi sin expresión, y abrió la carpeta que tenía delante. —Después hablaremos del asunto del último pago. Pero, primero, me gustaría explicarle por qué ha surgido este problema ahora. Creo que usted no entiende


cuáles son los términos de su hipoteca actual. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 8-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —No sabía que hubiera nada que entender. Decidimos qué casa queríamos, rellenamos la solicitud, obtuvimos el préstamo y empezamos a devolver el dinero. Muy simple. No recuerdo el nombre del hombre que nos ayudó… —Lo que parece no recordar es que cuando usted y su esposo solicitaron la hipoteca, su liquidez financiera era muy dudosa. Camryn frunció el ceño. —El hecho de que no pudieran solicitar una hipoteca normal indica que no tenían mucho dinero —aclaró el hombre. —Supongo que es verdad —confesó Camryn—. Mitch estaba terminando sus prácticas y estaba preparándose para ejercer… —Como cardiólogo —concluyó. La vio sorprendida y explicó—: Todo está en su solicitud. —Pero… —Y usted no trabaja, ¿verdad? —Sí, pero cuando solicitamos el préstamo tenía un permiso por maternidad.


—Creo que voy entendiendo todo —asintió—. Un joven médico, sin mucho dinero, pero con un futuro prometedor… —Teníamos algo de dinero —señaló Camryn—. El padre de Mitch le dejó algo de ganado y lo vendimos. —Ya veo. El banco no quería ofender a quien quizá sería un buen cliente en el futuro. Pero tampoco quisieron comprometerse a treinta años, en caso de que el médico no resultara ser tan bueno. Por lo que la hipoteca global pareció ser una buena opción… así se obtenían cuatro años de hipoteca y, si todo marchaba bien, tendrían una hipoteca normal. Pero si el doctor Hastings decidía ejercer meditación en vez de medicina, el banco podría negarse a extender una nueva hipoteca. Aquello era muy sensato, desde el punto de vista del banco. Pero hizo sentirse muy mal a Camryn. —Parece ser que el banco ha cuidado de sus intereses a costa de los nuestros — comentó secamente. Patrick McKenna la miró de trente. —Debían habérselo explicado, señora Hastings.


—Supongo que así fue, pero… —negó con la cabeza. —Usted firmó los documentos. Todo es legal. Camryn sabía que él tenía razón; su firma estaba allí. —Verá, Mitch se hizo cargo de todo eso. Yo solo… firmé, y ya sé que no fue algo muy sensato; así que si tiene el descaro de decirme que soy una idiota, señor McKenna, lo estrangularé con la cadena de su reloj. Pero no lo hizo. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 9-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Ahora, todo eso no tiene importancia. Siento que haya ocurrido esto, señora Hastings; fue un descuido de mi antecesor, y es uno de los motivos por los cuales el Lakemont National ya no es un banco independiente. Sin embargo, el plazo de su hipoteca vence dentro de sesenta días… —¿Y eso significa que debo pagar el dinero restante para entonces? —dijo como si no le preocupara en absoluto. Y en realidad, no había ninguna diferencia en que fuera al día siguiente o dentro de sesenta días. Asintió.


—Por eso el retraso de su último pago no habría podido ocurrir en peor momento. Eso la hace parecer una persona irresponsable y dificulta la concesión de una nueva hipoteca que sustituya la anterior. —Pero no es algo imposible, ¿verdad? Por primera vez, sonrió. Era una sonrisa infantil, encantadora; sus dientes blancos brillaban. La piel formó unas agradables arrugas, y los ojos parecieron brillar también. —Creo que podremos arreglar la situación. Pero no podrá haber más retrasos, ¿de acuerdo? El problema es que cuando usted rellenó la solicitud, no teníamos la información pertinente —cogió una hoja de papel y la miró. Camryn reconoció su propia letra, precisa y limpia. Casi podía recitar lo que había escrito el día anterior—. Solo incluyó información acerca de sus ganancias y su negocio… ¿tiene una pensión en casa? Usted no lo mencionó en la primera solicitud. —No sabía entonces que la tendría. Patrick McKenna sacó de un cajón un montón de impresos. —Creo que será más fácil si comenzamos desde el principio —cogió una pluma de oro—. Puedo llenar el resto a partir de la solicitud original, pero ahora necesito saber algo sobre el doctor Hastings… cuáles son sus ganancias


anuales y… Camryn tragó saliva. —Creo que usted no entiende, señor McKenna. Mi esposo está muerto. Si hubiera arrancado la placa de la puerta para golpearlo, no lo hubiera sorprendido más. —Mitch murió en un accidente, en una avioneta, a los pocos meses de comprar la casa —explicó en un susurro. —¿Y usted se ha hecho cargo de la hipoteca desde entonces? —dejó la pluma —. ¿Nadie se lo ha impedido? —¿Acaso cree que he intentado engañar al banco? —le espetó bruscamente —. No ha sido así. No he ocultado la muerte de Mitch, señor McKenna. Salió en la primera página del periódico… —No, no. No he querido decir eso. Pero probablemente usted consideró otras opciones… https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 10-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —¿Qué opciones? De haber dejado de pagar, habría perdido mi casa, además


del dinero que habíamos invertido en ella. —Podía haberla vendido. —¿Y en dónde habría vivido? ¿Cómo habría ganado dinero? —Hay apartamentos, señora Hastings. Y trabajos. Una casa de este tamaño es un gasto enorme para usted. —Así es. Por eso pensé en lo que podía hacer… en cómo podría hacer que la casa se pagara sola, y entonces se me ocurrió poner una pensión. Y funciona muy bien, gracias. —Salvo el calentador de agua —dijo secamente—. Seguramente los gastos son tan grandes que la están haciendo perder dinero. Sería mucho mejor que se deshiciera de… —No tengo estudios, señor McKenna. Tengo una hija a la que mantener. ¿Alguna vez ha intentado cubrir los gastos de un niño con el salario de una secretaria? No, claro que no —miró la sobria elegancia de la oficina—. Créame, no tenía otra opción. Estoy en casa con mi hija y me mantengo. No es gran cosa, pero no nos falta nada. Y no permitiré que un banquero santurrón me diga qué es lo que debo hacer. Usted tiene toda la información que necesita para tomar una decisión. Miró detenidamente a Camryn. Estaba atónito.


—¿De verdad quiere que yo considere su solicitud para una hipoteca? —Así es. —¿Sabe?, la van a rechazar —su tono de voz era amable—. Tenemos reglas y no podemos ignorarlas. Usted gasta más de la mitad de sus ingresos en esta casa, señora Hastings… —Así es —contestó—. Pero, por favor, recuerde antes de rechazar mi solicitud, que no ha sido Mitch el que ha pagado la hipoteca durante estos cuatro años. He sido yo. A partir de mis ingresos, por muy poco adecuados que le parezcan a usted. Y solo he fallado una vez. Dio la vuelta a la hoja y la miró a los ojos. —No, faltaron dos mensualidades el primer año del préstamo. Camryn meditó: —De acuerdo, fueron dos. Pero en aquel momento, mi negocio estaba empezando. Sabe lo difíciles que son los comienzos… —El negocio ya no es nuevo —recordó—. Y ahora falta un tercer pago. —Esto es distinto. No falta, solo se ha retrasado. Y ha sido mala suerte… —Pero, ¿cuántas veces sucederá en el futuro? —parecía triste pero decidido, y apartó los documentos—. Señora Hastings, mi conciencia no me deja recomendar la aprobación de este préstamo.


https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 11-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna ¿Su conciencia?, pensó la joven. ¿Y qué pasaba con su conciencia? ¿Con la deuda que tenía con su hija…? La hija de Mitch no iba a ser educada por niñeras, sino por su madre. —¿Y el riesgo para el banco, señor McKenna? —dijo duramente—. ¿Está seguro de que no es ese el motivo por el cual tiene remordimientos de conciencia? —También eso —confesó—. No entiendo cómo lo ha logrado usted, pero no puedo permitir que esta situación se prolongue. Camryn miró una escultura de una niña saltando a la cuerda. ¿Cómo se podría acusar a alguien, con esa estatuilla en la oficina, de anteponer los intereses materialistas a los humanitarios? Se levantó, porque sabía que si permanecía cinco minutos más en la oficina, iba a hacer algo de lo que siempre se arrepentiría. —Solo le estoy pidiendo que sea justo, señor McKenna —concluyó—. Revise mi solicitud. Venga a ver Stone House. Y entonces haga lo que le dicte su conciencia… si es que tiene.


https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 12-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Capítulo 2 Patrick McKenna se levantó también. —Señora Hastings… —Estoy segura de que me llamará si necesita más información —se dirigió hacia la puerta rápidamente y el vuelo de su falda descubrió sus esbeltas piernas—. Y, claro, avíseme cuando haya tomado una decisión. —Entienda que el asunto no depende solamente de mí. Se detuvo para mirarlo; con el picaporte en la mano. —Señor McKenna —se quejó dramáticamente—, estoy escandalizada. No hubiera creído que fuera el tipo de persona que intenta eludir su responsabilidad — giró sobre sus talones haciendo brillar su melena. En la recepción, la secretaria la miró azorada. A su lado estaba sentada una joven rubia que levantó la vista de la revista que leía, para examinar a Camryn de pies a cabeza. —Santo Dios —murmuró—. Me alegro de haberte esperado, Patrick. Debes


estar deseando una buena comida y disfrutar de una compañía civilizada —se incorporó lentamente. Medía quince centímetros más que Camryn y su cuerpo delgado era todo elegancia y gracia al moverse. ¿Su esposa? ¿Su prometida? Seguramente no era una compañera de trabajo; Camryn dudaba de que cualquier empleada de banco pudiera costearse un vestido tan caro. La rubia cogió a Patrick McKenna del brazo. —Creo que podríamos ir a Branningan's —murmuró con voz sedosa y con la intención de que Camryn la oyera—. Tomaremos una copa sin hablar de cosas horribles —miró a Camryn fugazmente y luego a su compañero con admiración. Camryn se dijo que no debía molestarse por los comentarios hostiles de una rubia como esa. Pero mientras se dirigía hacia el coche, siguió pensando en lo que Patrick McKenna le había dicho, que era mucho más preocupante que las palabras de la rubia. Una sensación de miedo y desesperanza la invadía. ¿Iba a perder su casa? ¿Su adorada y hermosa Stone House…? Quería llorar. No, quería volver y tirar a Patrick McKenna del pelo hasta que le


garantizara que le daría la hipoteca. Susan la estaba esperando. En cuanto subió al coche, le contó a su madre su visita al parque de bomberos. Al cabo de unos minutos, se quejó: —Mamá, no me estás escuchando. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 13-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Camryn logró sonreír: —Lo siento, bonita, estaba pensando en otra cosa —aparcó el coche en el garaje de su casa y miró la piedra labrada de la puerta trasera. Comida en Branningan's, pensó. Quizá tomaría un whisky y le contaría a su encantadora acompañante la difícil mañana que había tenido en el banco y la poca sensatez de la señora Hastings. Volvería al banco, y revisaría los documentos durante una hora o dos, para convencerla de que de verdad había considerado la cuestión; después llamaría para decirle cuánto lo sentía, pero que no podía apoyar su solicitud de préstamo… —Susan, vamos a ir al campo esta tarde, ¿quieres. No tengo que trabajar esta tarde.


«Y no quiero estar en casa», pensó. Quizá en el parque se olvidaría del problema. No podían obligarla a vender su casa. Aunque el Lakemont National no le concediera el préstamo, había otros bancos que podían hacerlo, se consoló. Camryn se puso unos pantalones cortos, una camiseta y unas playeras, metió la comida en una cesta y pensó que lo bueno era que a cualquier niño le gustaba más la comida en el campo que en su casa. Pasó la tarde con Susan en los columpios jugando y corriendo como si también fuera una niña. Mientras veía a su hija jugar con la arena, Camryn pensó que aquello era lo que Patrick McKenna quería que abandonara. Deshacerse de la casa, trabajar con horarios fijos, meter a Susan en una guardería… eso era lo sensato. Bueno, se rebeló Camryn, Patrick McKenna no pensaría que era algo tan sensato si estuviera en la misma situación. Aunque dudaba de que él tuviera que enfrentarse algún día a esa situación. La rubia elegante contrataría una niñera para toda la jornada, para no tener que dejar de comer en Branningan's… Camryn no creía que una guardería fuera un destino terrible para un niño. Pero había muchos nidos y pocas guarderías buenas. Y si encontraba una, tendría


muchas dificultades para pagarla. Al poco tiempo de casarse, había estado trabajando como secretaria. Mitch también trabajaba, además de que estaba terminando la carrera de medicina, y vivían en una pensión para estudiantes. De aquella manera, lograron vivir bastante bien. Pero entonces no tenían a Susan… Al regresar a casa por la tarde, se dio cuenta de que seguía pensando en su problema. Recordó el desorden que reinaba en las habitaciones. La culpa era de Patrick McKenna. Al dar la vuelta en la calle Kenosha y ver la casa de piedra con el techo de teja roja, Camryn se deprimió. ¿Abandonarla, después de todo lo que se había esforzado para conservarla? —Nunca —apretó los dientes—. Tiene que haber una solución… Había un coche frente a la casa, un Mercedes plateado, descapotable. Camryn pensó que ninguno de sus amigos podía permitirse tener un coche así. Y como no esperaba a ningún huésped, no se dio prisa en llegar. https://www.facebook.com/novelasgratis


Nº Páginas 14-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Cuando Susan y ella llegaron a la casa, cogidas de la mano, Patrick McKenna se acercó a ellas. —No me sorprende que no me haya abierto —bromeó. Tenía la chaqueta sobre los hombros y las manos apoyadas en las caderas. «Quizá», pensó Camryn, «se gana más en un banco de lo que pensaba». Prefirió no pensar en su propio aspecto, después de haber pasado la tarde en el parque. Tenía calor, estaba sudorosa y llena de polvo; llevaba los pantalones arrugados y el pelo alborotado por el viento. Patrick McKenna no podía haber elegido peor momento. —De haber sabido que vendría, hubiera preparado café —Camryn sacó la llave y abrió la puerta principal. —Usted me ha invitado a venir a ver Stone House. —Para serle franca, no esperaba que lo hiciera… y menos tan pronto. —He pensado que usted querría que este problema quedara resuelto antes del fin de semana. —¿Es que no tiene que cuidar de otros clientes? —¿Por qué no se habría


quedado en casa aquella tarde?, se regañó a sí misma. Pero estaba esperanzada. Tal vez había tenido la oportunidad de inspeccionar el expediente y de darse cuenta de que sus pagos eran muy puntuales… bueno, casi. —No nos despedimos muy amistosamente esta mañana —recordó—. Me ha parecido que si podíamos terminar nuestra discusión, usted entendería mejor la posición del banco. Camryn se desilusionó un poco. Aquello no parecía muy prometedor. Notó que Susan le tiraba de la mano al ver a Patrick McKenna. Qué raro, pensó. La niña no era tímida, pero esa vez casi intentaba ocultarse del hombre. Aquella era la prueba de que los niños tenían instintos maravillosos. Tiburones, perros callejeros y banqueros… Susan tenía un miedo innato hacia los tres… —Como quiera, señor McKenna —entró en el amplio recibidor. Por la tarde, el recibidor siempre estaba en penumbra, salvo por la luz que entraba por la galería situada en el primer descansillo de la escalera. La galería, con la vista que tenía al jardín, era el lugar favorito de Camryn, pero también de Susan, y aquella mañana no había podido limpiarla. Así que condujo a Patrick McKenna a la sala. —Espero que no le importe que meta a Susan en la cama para que duerma una


siesta —lo vio asentir y corrió hacia el cuarto de la niña. Susan estaba agotada y se durmió enseguida. Camryn preparó café y puso en la bandeja una cesta de panecillos. Quizá si tenía la boca llena, la dejaría hablar y salirse con la suya… Estaba de pie en el otro extremo de la sala, cuando Camryn entró con la bandeja. Camryn habría jurado que estaba leyendo los títulos de los libros de las repisas que cubrían el muro. Pero como no mostró señales de timidez cuando la vio, https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 15-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Camryn concluyó que solo estaba mirando el jardín. Aquel otoño habría flores muy hermosas… «No seas tonta», se dijo. No era el tipo de persona que recomendaría Stone House a sus amistades. Las flores no debían importarle en absoluto. No debía olvidarlo… se trataba de luchar por su vida. Sirvió el café y trató de bromear. —Supongo que no ha venido a decirme que el banco me concede el préstamo. —No, me temo que no. Señora Hastings, ¿está usted segura de que no quiere


vender la casa? Ahora vale mucho más que cuando usted la compró… —¿Azúcar? —No, gracias —la taza de porcelana parecía muy frágil en su mano—. Tendría además cierto capital para invertir… —¿Bastaría para que viviera sin trabajar? —preguntó con calma. —No, claro que no, pero… —Por favor, no olvide que no solo se trata de la venta de la casa —señaló—. Eso significaría también abandonar mi negocio… mi forma de ganarme la vida — sacudió la cabeza—. Me quedo aquí. —Usted sabe que es poco realista pensar que puede costear una deuda como esa, ¿verdad? —Pero ya la estoy pagando. —Invirtiendo prácticamente todos sus ingresos. Cuando se hizo el préstamo, su esposo estimó que estaría ganando por lo menos diez veces más de lo que usted gana ahora… —¿Es que no debo decidir yo cómo quiero gastar mi dinero? Si quiero invertirlo casi todo en mi negocio…


—¿Qué pasaría si usted enfermara y no pudiera atender sola el negocio? Lo miró durante un momento y musitó: —Usted es un hombre poco común, señor McKenna… la mayoría de los hombres cree que atender una casa no implica nada más difícil ni pesado que coger un trapo. —No ha contestado a mi pregunta. Era obvio que no servía de nada adularle. —Tengo ayuda en la casa. Alquilo el cuarto grande de arriba, a cambio de ayuda en la limpieza cuando todas las habitaciones están ocupadas. —¿Qué pasaría si dejaran de llegar clientes, señora Hastings? —¿Esa pregunta se la puede hacer a cualquier pequeño comerciante? Eso no significa que vaya a suceder forzosamente. Sea sensato, señor McKenna. Sabe, puedo acudir a otro banco… https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 16-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Casi desearía que pudiera. Entonces quizá reconocería que estoy siendo muy sensato. ¿Tiene acaso otras pertenencias que no se mencionen en la solicitud? Si


pudiera pagar parte del préstamo, para no necesitar una hipoteca tan grande… Camryn negó con la cabeza. —Si quiere saber si tengo algunas acciones ocultas en una caja de zapatos… no, no tengo otras pertenencias. Tampoco tengo lingotes de oro bajo la cama. Pero, ¿es que mi carácter no cuenta para nada? —Bebió un sorbo de café—. Sé que no tiene que decirlo. Piensa que tengo mucho carácter, lo sé. Su boca se tensó y durante un instante hubo un brillo de diversión en aquellos ojos azul oscuro. Pero fue reprimido. —Usted misma ha dicho que no tiene ninguna habilidad. Probablemente habrá algo que usted pueda hacer. —Sí —partió el panecillo por la mitad y lo untó con mantequilla—. Soy muy buena atendiendo este negocio. Debería probar estos, están muy buenos. El gato negro saltó en el sillón junto a Camryn y miró el panecillo con gula. —¿Lo ve? —Le dio un pedazo al animal—. Incluso Ipswich los garantiza. Ése es otro motivo por el que quiero quedarme en la casa… tendría problemas para encontrar un apartamento, pero además sería más difícil encontrar uno en el que Susan pudiera quedarse con su gato.


Ni siquiera discutió ese punto. En vez de ello, cogió un panecillo. —¿Su esposo no tenía un seguro de vida? —Sí, pero la mayoría del dinero fue para pagar los gastos de su carrera de médico. Yo invertí el resto en la pensión. —Me pregunto por qué el banco le dio el préstamo —gruñó Patrick McKenna— . Por lo menos deberían haberle exigido que comprara un seguro para cubrir la deuda. ¿Nunca se le ocurrió a él que usted podría necesitar otro ingreso? Su voz se tornó dura como el acero. —Si está insinuando que Mitch descuidó mí bienestar, déjeme asegurarle que no tenía intenciones de dejarme en esta situación. De cualquier modo, es demasiado tarde para discutir sobre lo que Mitch pudo o debió hacer. Si usted me quita la casa, no sé qué otra cosa podemos hacer Susan y yo para vivir. Desde un punto de vista financiero, creo que me convendría más unirme a las filas de los parados que intentar vivir con el tipo de trabajo que puedo conseguir. Patrick McKenna se levantó y paseó por la habitación. —Un parado no puede solicitar una hipoteca. Camryn preguntó en un susurro apasionado. —Entonces, ¿por qué no me ayuda usted? Usted puede darme una oportunidad…


https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 17-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Señora Hastings, los banqueros podemos ser despedidos por hacer cierto tipo de préstamos. Usted no tiene ahorros ni nada que la ayude a pasar por un periodo difícil. Una enfermedad o falta de clientes, bastaría. Si le hiciera el préstamo me jugaría mi puesto de trabajo. —Bueno, si no lo hace, mi vida estará al borde de la crisis —cerró los ojos. De pronto, estaba agotada, sin nada de energía. No tenía sentido intentar convencerlo. Deseó que se fuera, antes de empezar a llorar—. La filosofía de los bancos es muy simple, ¿verdad? No me prestará dinero a menos que pueda probar que en realidad no lo necesito en absoluto. —Por favor, no sea sarcástica, señora Hastings. Los bancos tienen normas… por buenas razones. Vamos a empezar desde el principio. ¿Hay alguien en su familia que pueda prestarle dinero?


Camryn no se molestó en abrir los ojos. —¿No cree que ya he pensado en eso? Mi madre vive en Arkansas con una pensión que le dejó mi padre al morir; mi único hermano es profesor de matemáticas en una escuela de Chicago. No tengo más familiares… ni ricos ni pobres. —Siento haberle preguntado —suspiró y susurró—. Lo malo es que cuando me explica por qué quiere permanecer aquí, me parece que tiene sentido… a pesar de las reglas. Abrió los ojos y lo miró fijamente. Parecía hablar en serio. —Si hay algo que pueda permitir una excepción… —parecía insatisfecho, como si no encontrara solución, pero Camryn no quería hacerle ninguna pregunta —. Quizá si pudiera revisar sus libros de contabilidad, eso me ayudaría a tener ideas. —Por supuesto —contestó en voz ronca—. Puede ver todo lo que quiera. Entonces Patrick McKenna sonrió y sus ojos azul oscuro brillaron divertidos. —Tenga cuidado con lo que dice —murmuró—. Puedo creer que intenta sobornarme. Camryn se sonrojó, avergonzada. —Eso es en lo último que estoy pensando —se tensó—. No tenía intenciones


de… El timbre sonó en aquel momento. Camryn se levantó y fue a ver quién era. En el porche una mujer esperaba. Parecía tener más de cincuenta y cinco años. Su vestido y abrigo debían ser caros, pero no parecían sentarle bien a su figura angulosa y sus rasgos duros. Detrás de ella había un joven, bastante nervioso. Tan pronto como Camryn abrió, se adelantó: —¿Señora Hastings? Soy John Marlow… he reservado un cuarto para mi madre este fin de semana. Camryn iba a decirle que se suponía que su madre debía llegar al día siguiente, pero se dio cuenta de que el joven parecía nervioso y que le pedía ayuda con la mirada. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 18-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna «Me pregunto en qué lío familiar me estoy metiendo», pensó la chica. —Claro. ¿No quiere pasar, señora Marlow? La mujer rezongó, pero entró. La expresión de gratitud infinita del joven fue


suficiente para Camryn. —Me gustaría ir a mi habitación —la señora Marlow estaba enfadada—. Ya tengo bastante con que me metan en una pensión en vez de quedarme con mi propio hijo… —Mamá, ya te he explicado que no hay sitio en el piso —el joven se dirigió a Camryn—. Comparto un piso con otros tres chicos mientras termino mi residencia, y no les puedo pedir a mis compañeros que se vayan este fin de semana. Y no tenemos un cuarto… —John, no quiero discutir nuestros problemas familiares con extraños. Señora Hastings, me gustaría retirarme a mi habitación. Camryn cerró los ojos un instante y recordó que la cama del dormitorio principal estaba deshecha y que el dormitorio del frente estaba mucho peor. Incluso había quitado las cortinas para lavarlas, consideró las otras dos habitaciones, pero las descartó; seguramente no eran suficientemente elegantes para satisfacer a la señora Marlow. No, tendría que colocarla en el dormitorio principal. —Claro —susurró—. Quizá quiera tomar una taza de café, mientras termino de arreglar su habitación —le señaló la sala y contuvo el aliento.


La señora Marlow protestó, pero dejó que la condujera a la sala. Se detuvo en el umbral y Patrick McKenna se levantó. —¿Es usted el señor Hastings? Camryn maldijo en silencio su suerte. Se había olvidado por completo de Patrick McKenna, pero allí iba a estar para verlo todo. De todo lo que hubiera podido presenciar en Stone House, la señora Marlow era lo peor. —Lo siento, pero me temo que no tengo ese honor —explicó con naturalidad. Se acercó a Camryn—. Señora Hastings… —Mire, primero tengo que atender a mi huésped —susurró entre dientes la joven—. Tenga paciencia hasta que le prepare una taza de café y le haga la cama… —¿Siempre deja todo para el último momento? —¡No descuido mi negocio! No la esperaba hasta mañana. Arqueó las cejas y Camryn suspiró. —Supongo que esto empeora la situación, ¿verdad? Pero le prometo una explicación concédame diez minutos y soy toda suya… —al advertir el doble sentido de sus palabras se ruborizó. Lo vio mirar el reloj de oro del bolsillo de su chaleco. —Me siento muy halagado, pero…


—No intento retenerlo por motivos personales —protestó. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 19-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Claro que no. Y me encantaría quedarme, para oír lo que tiene que explicarme, pero tengo una cita. Tendré que estudiar sus libros de contabilidad otro día —se fue, antes de que Camryn pudiera ofrecerle llevarle sus libros de contabilidad al banco. ¿Una cita? Debía tener un compromiso con la rubia, pensó Camryn. Ningún hombre se atrevería a hacerla esperar. ¿O acaso la cita era un pretexto? ¿Acaso no quería ayudarla? Debió haberle parecido una descuidada, una despistada que reservaba habitaciones y después lo olvidaba. Debía haber parecido todo, menos una mujer de negocios, pensó malhumorada. La puerta trasera se cerró de un portazo y Sherry entró, tarareando una vieja balada, desafinando, pero con entusiasmo. Se detuvo al ver a Camryn en el recibidor. —Adivina lo que me ha pasado —exclamó—. Proust ha funcionado… he encontrado a un chico nuevo en la biblioteca de la universidad.


La señora Marlow apareció en el recibidor de la sala. —Señora —se dirigió duramente a Camryn—, me temo que debo insistir en que este animal sea retirado de mi presencia inmediatamente. No soporto a los gatos — dio media vuelta y se sentó muy tiesa en un sillón que había junto a la chimenea. —¿Nueva? —preguntó Sherry sin necesidad de respuesta—. Encantadora, ¿verdad? Encerraré a Ipswich en mi cuarto mientras esté aquí. ¿No te importa que venga a cenar? Mi nuevo amigo, quiero decir, no Ipswich. Por desgracia, no creo que tenga un amigo para ti —sonrió sin arrepentirse—. Pero, por lo que he visto marcharse en un Mercedes, no te ha ido mal a ti tampoco. Dime, ¿qué has estado leyendo en el parque para atraer su atención… las memorias de Casanova? https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 20-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Capítulo 3 Camryn no durmió bien aquella noche y apagó el despertador en cuanto empezó a sonar. Bostezó y corrió las cortinas. Normalmente, desde su dormitorio


podía ver salir el sol, pero aquélla mañana lo ocultaban las nubes; parecía que iba a llover. El lago Michigan, en la distancia, era del mismo gris que el cielo. Camryn suspiró y se quitó el camisón. Aquel día no podría vestirse con sandalias y ropa cómoda. No se arriesgaría a recibir otra de las desdeñosas miradas de la señora Marlow. El ruido de la ducha despertó a Susan, que entró cuando Camryn se estaba vistiendo; se sentó en la cama con su oso de peluche. —Ipswich está muy solo encerrado en el cuarto de Sherry —anunció—. ¿Puedo ir a jugar con él? —No, hasta que Sherry se despierte. Y como es sábado, quizá tarde bastante — Sherry había salido la noche anterior con su nuevo amigo. Camryn se había ido a dormir después de la medianoche, pero no sabía a qué hora había llegado Sherry. No era raro que apareciese con el periódico de la mañana. —Tonta señora Marlow —gruñó Susan—. A Ipswich no le gusta que lo encierren. —Basta, Susan. Tienes derecho a que te gusten los gatos; pero los demás también tienen derecho a odiarlos. Y, queramos o no, tenemos que tratar a nuestros


clientes con respeto. Susan gruñó. Camryn estaba de acuerdo con ella; la señora Marlow era tan complicada como tres huéspedes normales juntos y por el momento no se había ganado su respeto. Menos mal que pasaría la mayor parte del tiempo con su hijo. Éste la recogería cuando su madre desayunara… en la cama, como había pedido. Y tendrían problemas si no le llevaban el desayuno puntualmente. No se necesitaba ser adivino para saberlo. Camryn se recogió el pelo con un pañuelo de un color parecido al de sus pantalones, y dijo: —Vamos, Susan. Me puedes ayudar a hacer galletas. En la calle llovía, pero las dos trabajaron a gusto en la iluminad cocina. Camryn hacía círculos con la pasta y la niña los cubría con mermelada. Sus cucharadas no eran muy precisas, pero se divertía mucho y su madre pensó que solo le servirían las mejores a la señora Marlow. Cuando el timbre de la puerta sonó, Camryn se sintió invadida por el pánico. No podía ser tan tarde. A menos que la tormenta hubiera cortado la luz la noche anterior y se hubieran retrasado los relojes…


https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 21-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Pero no era John Marlow el que llamaba a la puerta. Al abrirla, Camryn pensó al principio que estaba viendo visiones. No podía ser Patrick McKenna, con el pelo mojado y muerto de frío el que estaba afuera, ¿o sí? —Está empapado —era evidente. Lo importante era que estaba allí. Después de todo, no la abandonaba. Pero, ¿un sábado? ¿A esa hora? —Ha caído una tormenta en el instante en que he salido del coche —gruñó. —Me alegro de que la disfrutara —murmuró Camryn—. Lo he hecho a propósito, para que se divirtiera. La miró largo rato y se echó a reír. Era una risa muy agradable. Debería reír más a menudo, pensó Camryn. —Entre. Ésta es su casa. Moje la casa entera, si gusta. Estoy muy ocupada ahora, así que si quiere tomar una taza de café en la sala mientras tanto… —¿Puedo ver? —le recordó a Susan. La cogió por sorpresa y le sonrió casi como lo habría hecho con su hija.


—Claro que sí. Hasta que no entraron en la cocina no se le ocurrió el motivo de su visita. «Claro, quiere ver cómo trabajo; si en realidad soy tan desorganizada como le parecí ayer», se dijo la chica. Susan estaba de pie en una silla, decorando la segunda bandeja de galletas completamente absorta. Trabajaba muy concentrada y ni siquiera levantó la vista al oírlos entrar. Camryn miró la bandeja y protestó: —Susan, una cucharada, por el amor de Dios. No se cubre toda la superficie de la galleta… —Pero me gusta con mucha mermelada —explicó la niña. Miró al hombre. —A mí también —confesó éste—. Ayer no tuvimos oportunidad de conocernos, ¿verdad, Susan? —Estás todo mojado —comentó la niña. —Debo decir algo acerca de las mujeres Hastings —murmuró—. Son muy observadoras. Camryn le dio una toalla. —Éste es el señor McKenna, Susan. Susan trató de decir el nombre, pero no lo logró. Patrick McKenna le tendió la


mano. —¿Qué te parece si me llamas Patrick? Es más fácil. Susan le sonrió y se lamió un poco de mermelada de la mano, antes de estrechar la de Patrick. Patrick no respingó. Fantástico, pensó Camryn; era obvio que la timidez de su hija, del día anterior, solo se debía al cansancio. En aquel momento su hija estaba entablando amistad con https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 22-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna el hombre que iba a echarlas de casa… No era justa, se regañó, al fin y al cabo, él había dicho que quería ayudarlas. Lo vio observar la cocina. Las sartenes y las cazuelas de cobre brillaban. Los mostradores estaban cubiertos de azulejos blancos y azules. Por las ventanas, con cortinas de encaje, se veía el cielo nublado, pero en la cocina hacía calor y había mucha luz. Patrick suspiró. —Sabe, este lugar es muy atractivo. No esperaba encontrar una cocina así en una casa vieja.


—Empezamos a renovarla en cuanto nos mudamos aquí. Debería haberla visto antes —comentó Camryn. —¿Quién la diseñó? —Yo. No podíamos pagar a un arquitecto, así que… —rescató la bandeja de galletas de los talentos culinarios de Susan y le dio una bolita de masa para que jugara—. No puedo creer que usted esté aquí. Sonrió. —Supongo que significa que está encantada de verme, ¿verdad? —Terminó de secarse el pelo y le entregó la toalla—. Me ha extrañado… quizá hasta ha soñado conmigo. —Es verdad —Camryn fue seca—. He tenido pesadillas; muchos hombres, todos con su cara, me ordenaban salir de mi casa para llevarme a una parcela cubierta de nieve. ¿Para eso ha venido? —Siento desilusionarla, pero no es nada por el estilo. Usted dijo que podía ver sus libros de contabilidad. —¿Un sábado? ¿Qué ha pasado con el horario de los banqueros? De nueve a tres y los miércoles por la tarde libres para jugar al golf, ¿no?


—Eso únicamente es un rumor sin fundamento. Solo el director del banco lo hace. —Quizá, pero usted no me parece ser un banquero común… —Gracias. Intento ser original, porque quiero convertirme en el próximo director general. —De todas formas, ¿trabajar los sábados no está fuera del cumplimiento del deber? Arqueó las cejas. —Si no quiere que esté en su casa, señora Hastings, solo tiene que decírmelo. Tengo otros clientes que atender. Incluyendo a la rubia despampanante. O quizá trabajaba horas extra para compensar el tiempo que había pasado comiendo con ella… —Lo siento —se disculpó—. Por supuesto que quiero que esté aquí —se dio media vuelta para sacar las primeras galletas del horno. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 23-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Patrick —llamó Susan—, ven a ver el gatito que he hecho. —Susan, el señor McKenna no ha venido a jugar contigo… Pero él ya estaba cerca de la niña, aprobando la escultura de masa y moldeando


la caricatura de un perro, que hizo reír a Susan. —¿No crees que también nosotros deberíamos llamarnos por nuestros nombres de pila… Camryn? —preguntó sin mirarla. —Reconozco que cuando juega con Susan, parece que tenga cuatro años. —Sí, tenemos mucho en común —murmuró—. Por ejemplo, nuestro enorme interés por la masa… ¿En dónde has dicho que estaban tus libros? Se sentó en la mesa de la cocina y pronto empezó a inspeccionar todas las finanzas de la joven. Camryn intentaba no pensar en lo que estaba descubriendo Patrick. Se distrajo preparando la bandeja para el desayuno de la señora Marlow. Cuando estaba subiendo la bandeja, le sorprendió encontrarse a Sherry bajando por la escalera. Los sábados, Sherry solía dormir hasta el mediodía, a menos que tuviera que ayudarla a limpiar la casa. Pero aquel día, estaba vestida, con una falda y una blusa, y peinada… Camryn se detuvo en el descansillo. —¿No es maquillaje lo que veo en tus ojos? —fingió estar impresionada—. ¿Un sábado por la mañana y después de una noche excitante? Sherry se limitó a sonreír. —Se me ha ocurrido que añadir un toque de elegancia a un día aburrido era


una buena idea. —¿Por qué? ¿Tienes una cita? —No. No quería causarte problemas con la señora Marlow. ¿Quieres que le lleve el desayuno? Camryn le dio la bandeja, sin dudarlo. —No sé si estás haciendo méritos para alcanzar la santidad, pero no voy a discutir con mi buena suerte. Debió ser una cita muy agradable la de anoche. Sherry sonrió y llevó la bandeja al cuarto de la señora Marlow. Camryn regresó a la cocina, sorprendida. Dos minutos después, Sherry entró. —Vengo a por mi recompensa —anunció—. Después de lo que he hecho, me merezco una. Deme las galletas, señora… —vio a Patrick en la mesa y se interrumpió. Susan se bajó de la silla. —Ya se ha despertado Sherry —exclamó—. Voy a jugar con Ipswich, mamá. —Primero lávate las manos… —ordenó Camryn, pero su hija desapareció. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 24-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —No te preocupes —Sherry se sirvió café—. A Ipswich no le importará un


poco de mermelada en los dedos de Susan. De hecho, quizá se los lama —seguía observando a Patrick. Camryn se lo presentó. Sherry miró el montón de papeles que había sobre la mesa y preguntó: —¿Recaudador de impuestos? —Banquero —sonrió. —Ah, esa es una buena noticia, porque Camryn y yo tenemos por norma no salir con recaudadores, independientemente de lo atractivos que sean. Camryn abrió la boca. —No es lo que crees… —¿No va a venir el hijo de Lady Marlow en cualquier momento? —sonrió Sherry—. Me llevaré mis galletas a la sala y haré guardia frente a la puerta. Sería una pena que os interrumpieran —añadió en un susurro—. Y no vuelvas a comentar nada sobre mis excitantes citas, Camryn querida —se marchó. La aludida puso los brazos en jarras. —No puedo creer lo que me ha dicho. Como si nosotros… como si yo… — se interrumpió y afirmó—: Sherry no suele ser tan despistada. —No me ha parecido que lo sea —musitó Patrick. Después de estrechar la


mano de Sherry, arrastró su silla para atrás; jugueteaba con un lápiz. Camryn contuvo el aliento. Durante un instante, se preguntó lo que sentiría si esos largos dedos acariciaran la sensible piel de su cuello. Serían fuertes y también suaves, estaba segura… —Ha salido con un plato lleno de galletas, así que yo diría que sabe lo que hace —Patrick miró la bandeja esperanzado. Camryn tragó saliva. Quizá fuera un hombre muy atractivo, pero no tenía sentido complicar las cosas. Pobre Sherry… todos sus esfuerzos de alcahueta no servían de nada, porque a Patrick solo le importaban las galletas y no se había dado cuenta de lo que Sherry había insinuado. Le dio la espalda y empezó a limpiar la cocina. —No consideraría un soborno que me ofrecieras unas galletas —añadió. —¿No? —Lo miró por encima del hombro—. Entonces quizá no valga la pena que me tome la molestia. —Solo una, para un hombre muerto de hambre —pidió como si no la oyera —. No soy tan maleducado para suplicar un plato lleno. Le dio las galletas y una taza de café. —Solo para no tener que oírte —comentó irónicamente. https://www.facebook.com/novelasgratis


Nº Páginas 25-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Él sonrió y siguió revisando los papeles. Camryn se mordió la lengua; después de todo, era su día libre y le estaba haciendo un favor. Intentó no hacer ruido al limpiar la cocina, pero lo observaba con frecuencia. ¿Qué estaba encontrando? Lo vio frotarse la nuca, lentamente, como si le doliera, y estudió la forma graciosa en que su pelo se había secado y rizado en la nuca. Pronto, la cocina estuvo inmaculada, pero él seguía revisando papeles. Camryn empezó a limpiar manchas inexistentes, para mantenerse ocupada. Hacía como un cuarto de hora que la señora Marlow se había marchado con su hijo. Sherry no había vuelto a la cocina. «Quizá cree que nos estamos besando», pensó Camryn, «y que me hace un favor manteniendo alejada a Susan». Intentó reprimir un bostezo. Había trabajado mucho la noche anterior, limpiando, mientras la señora Marlow se fue a cenar con su hijo. —Este negocio es agotador, ¿verdad? Hay que trabajar mucho. Camryn giró rápidamente. ¿Por qué habría dicho eso?


—Sí, pero las cosas que merecen la pena cuestan —«será mejor que seas sincera», se dijo—. Y ayer tuve que trabajar hasta tarde… de no haber sido porque no hice nada durante todo el día, habría terminado mucho antes de la llegada de la señora Marlow. No contestó. Por fin, suspiró y la miró. —¿Y bien? —Ah, tus cuentas son muy meticulosas. Claro, eso no quiere decir que seas el sueño de todo prestamista. Supongo que habrás estado pensando en otras alternativas. No era un inicio prometedor, pensó Camryn, que comentó: —Si estás sugiriendo que me mude… —No pensaba hacerlo. Parpadeó: —¿Quieres decir que has cambiado de idea? —¿Acerca de tu estado financiero? No. ¿Acerca de tus posibilidades de conseguir un préstamo? Quizá no. Sobre ti y tu nivel de testarudez… sí. Camryn se sirvió una taza de café y se sentó frente a él. —Gracias por el cumplido. —No quería que lo fuera —señaló Patrick—. Pero creo que eres realista, también… y por eso estoy seguro de que has estado pensando en la situación.


—¿Me puedes recomendar algo? —¿Has pensado en casarte con un hombre rico? https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 26-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Ese comentario está de más. —Lo sé. Perdón —comió una galleta, pensativo—. ¿Nunca has pensado en hacer otra cosa? Ya sé, me has dicho que no estás preparada para hacer otra cosa. Pero puedes empezar ahora. Seguro que eres lo bastante inteligente para poder estudiar lo que quieras. Camryn miró su taza fijamente. —He hecho algunos cursos en la universidad… contabilidad, administración de empresas. Me han servido para llevar el negocio. Me gustaría seguir, pero ahora no tengo tiempo. Así que he decidido que cuando Susan esté en la escuela todo el día… —Pero eso no va a ser pronto. —Dentro de dos años —asintió Camryn—. Y quizá necesite tres años más para sacar un título. Tengo que vivir de alguna forma; mientras tanto, Patrick…


—¿Estás dando clases ahora? —No durante el verano… es la mejor época para mí. —¿Qué quieres hacer cuando obtengas un título? —¡Quiero tener una pensión! —estaba irritada por sus preguntas—. Patrick, he estado asistiendo a clase durante dos años y medio; y todavía me considero una novata. ¿Cómo voy a saber qué quiero hacer? —Inmediatamente, se arrepintió—. Mira, siento haberte gritado. Tú no tienes la culpa. Pero es qué no sé… ¡todo me resulta tan lejano! Creo que sería algo en administración. Por lo menos tiene que ver con lo que estoy haciendo ahora. Asintió. —Me parece bien. No quería molestarte. Pero lo que me intriga es que no lo hayas hecho antes. No entiendo por qué no has ido a la universidad. —No necesitaba un título —había amargura en su voz—. Tenía una licencia de matrimonio. —Pero Mitch, con toda su educación, tenía que entender el valor de… Camryn esquivó su mirada. —Entonces lo importante era que Mitch terminara su internado, su residencia y


que empezara a ejercer. Había tiempo de sobra para que yo hiciera algo, después. Y si decidía quedarme en casa a cuidar de mi hija, también estaba bien. Para entonces, ya estaría establecido y no necesitaríamos un segundo sueldo… Entonces sollozó. «No voy a llorar», se dijo. «No voy a darle esa satisfacción.» —Pero no hubo tiempo, ¿verdad? —susurró Patrick suavemente. Estaba a su lado. Se había acercado sin hacer ruido y Camryn no se había dado cuenta hasta entonces. Negó con la cabeza. Le puso la mano en el cuello. Camryn sintió el efecto tranquilizador de su mano sobre sus tensos músculos. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 27-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Eras muy joven cuando te casaste, ¿verdad? Tendrías unos dieciocho años. Camryn asintió y frunció el ceño. —¿Cómo lo sabes? —Vi tu foto de bodas ayer en la sala. ¿Os conocisteis en la universidad? —No. Mitch era mayor que yo… él y mi hermano se conocieron en la


universidad. Nos casamos cuando yo terminé el bachillerato —cerró los ojos. La suave caricia de Patrick era relajante. Camryn no se había equivocado al imaginar la fuerza de sus dedos—. He estado pensando en lo que puedo hacer. Y no lo sé. Patrick no comentó nada. —Ayer hablamos de tu familia, ¿pero qué hay acerca de los parientes de Mitch? —Su padre murió cuando él estaba estudiando medicina. Su madre vive en Tucson. No tiene problemas económicos… por lo menos viene todos los años en avión para celebrar el cumpleaños de Susan, pero… —Pero no te gustaría deberle ningún favor —la interrumpí amablemente. Camryn asintió, agradecida por su discreción. —Nunca me ha preguntado en qué estado financiero me dejó Mitch y presiento que cree que mi negocio es solo algo que hago para sentirme importante. Y en cuanto a la hermana de Mitch… la última vez que la vi me pidió un préstamo, así que no creo que pueda ser una gran ayuda. —No, creo que no —sonrió Patrick. Aquella sonrisa era suficiente para marear a cualquier mujer. Hacía que las luces de la cocina brillaran menos…


—Sin embargo, tendrá que venir de alguna parte —añadió suavemente—. ¿No hay nadie a quien le puedas pedir dinero prestado? ¿A los amigos de Mitch? —Ahora todos son afamados médicos. Pero… —¿Tienes alguna relación con ellos? —En realidad, no —confesó la joven—. Nos mandamos tarjetas de Navidad… eso es todo. Pero supongo que hay alguien a quien podría pedirle el préstamo. Él y su esposa se quedaron en Stone House el año pasado, porque él quería solicitar un trabajo en la universidad. Lo pasaron bien y a ella le interesó mucho la casa. Ahora están viviendo en Lakemont y supongo que quizá… —se interrumpió. —Vale la pena intentarlo, Camryn. Además, no le pedirás que te preste toda la cantidad de tu hipoteca, solo una parte. No haré nada hasta que hayas hablado con él. Cogió otra galleta de la cesta. «El problema está resuelto para él», se irritó Camryn. «¡Él no tiene que pedir dinero!». https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 28-103


Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Coge las que quieras —invitó fríamente—. Y, ahora que hablamos de préstamos, ¿tú no tendrás un poco de dinero ahorrado que te gustaría invertir en un negocio pequeño, Patrick? —No precisamente. ¿Por qué? —Estoy haciendo todo lo que puedo para cooperar… intento que me presten dinero. Si tuviera algo de efectivo, podría convertir la parte superior del garaje en un pequeño apartamento. Eso doblaría mis ganancias y… —Solo si tuvieras el doble de huéspedes. ¿Cuántos tienes hoy? —Solo a la señora Marlow —admitió, reacia—. Pero sigue siendo una buena idea. Hay hordas de huéspedes que acuden aquí cada vez que la universidad celebra algo; he tenido que rechazar clientes. Sería una buena oportunidad para ti… —¿Por eso te has tomado tantas molestias? —blandió la galleta—. ¿Para hacer que te prestara dinero de mí bolsillo? Mi madre siempre dice que el camino más seguro para llegar a la cartera de un hombre es a través del estómago. ¿Tengo razón? —Claro. Y, por si lo has olvidado, no sabía que ibas a venir, así que todo este trabajo no ha sido hecho para ti. —Qué pena —no pareció molestarse—. De cualquier manera, no creas que


yo puedo prestarte dinero. —Estoy decepcionada. Creía que los banqueros siempre tenían dinero. —Yo también —dijo con naturalidad—. Por eso escogí esta profesión… me pareció que si estaba cerca del dinero, terminaría por adquirir algo. Pero las cosas no han salido como las planeé. —No creo que alguien sin dinero pueda comprarse un Mercedes —señaló Camryn. Sherry entreabrió la puerta. —¿Se puede? —susurró. Llevaba la bandeja vacía del desayuno de la señora Marlow y detrás de ella estaba Susan. La niña iba vestida de todos los colores posibles. El gato negro estaba alrededor de su cuello; al parecer pretendía ser una estola de piel. La niña entró en la cocina para enseñarle su gato a su nuevo amigo. Camryn aprovechó la oportunidad para lanzarle una mirada asesina a Sherry, que se limitó a sonreír mientras dejaba la bandeja en la cocina. Las galletas estaban intactas y el café a la mitad. Camryn suspiró y se puso a fregar. No le molestaba haberle preparado el desayuno para nada, sino el desperdicio de comida. —Cuidado —advirtió a Patrick—. Ipswick deja que Susan lo trate como una muñeca de trapo, pero eso no significa que permita que cualquiera lo trate


como ella. Pero la advertencia fue en vano. Ipswick ya estaba acurrucado en los brazos de Patrick y estiraba el cuello para que una mano experta le rascara la garganta. Camryn podía oír con claridad el fuerte ronroneo. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 29-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Le gustas a Ipswick —anunció Susan—. También me gustas a mí y a Sherry. ¿Le gustas a mi mamá? —Claro que sí —murmuró Patrick. Camryn lo miró furiosa. —Bueno, quizá no —añadió—. Tres de cuatro no está mal. —¿Vas a salir con mi mamá? Sherry cree que sí. —No —declaró Camryn. —De hecho no me importaría —contestó Patrick al mismo tiempo. «No le importaría», pensó Camryn. «Hubiera podido decir cualquier cosa y aquella era la respuesta menos entusiasta. Patrick podía haber dicho que le gustaría hacerlo, pero que no era bueno mezclar los negocios con el placer. Pero, claro, si Patrick hubiera dicho algo así, quizá Camryn hubiera pensado que hablaba en serio.


Bueno, pues lo sacaría de dudas, se dijo Camryn. —Es muy amable de tu parte —replicó con frialdad—, pero, por favor, ignora a Susan. Creo que ha estado escuchando las tonterías de Sherry. Sherry no pareció oírla. —Yo puedo cuidar a Susan —se ofreció con una sonrisa—. ¿Qué te parece esta noche, Patrick? Echan una buena película en el cine. Camryn quiere verla, pero creo que es de terror y necesita un hombro fuerte en el que apoyarse. —¡Sherry! —Camryn quería hacerle una advertencia a la chica pero su voz se quebró. Patrick McKenna le entregó el gato a Susan con cuidado; al erguirse, Camryn se dio cuenta de que estaba intentando no reírse. Eso la irritó aún más. La molestaba que pensara que estaba tan desesperada por salir que necesitaba la colaboración de su amiga y de su hija. —A las siete en punto, Patrick —anunció Sherry—. La película empieza a las siete y media y luego podéis ir a comer una pizza. La voz de Camryn sonó fría como el hielo. —Creo que el señor McKenna no te ha preguntado a qué hora podía venir,


Sherry… —después se dio cuenta de que se estaba portando como una estúpida; la situación divertía a Patrick, que la consideraba como una farsa. Solo Camryn estaba exagerando las cosas. Se interrumpió y le sonrió a su amiga con frialdad, prometiéndole una larga conversación. Sherry añadió con rapidez: —Le he prometido a Susan que la llevaría a la biblioteca, Camryn. ¿Puedes mover tu coche, Patrick, para que pueda sacar el mío? ¿Qué has hecho con el descapotable, a propósito? Aunque supongo que el tiempo no es muy recomendable para conducir con ese coche —recogió un paraguas que había detrás de la puerta, cogió a Susan de la mano y condujo a Patrick afuera; siguió hablando, pero con tanta suavidad que Camryn no logró oír nada de lo que decía. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 30-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Camryn se quedó en el centro de la cocina, durante largo rato. Después maldijo, con fuerza y furia… Era algo que nunca se permitía hacer, puesto que Susan imitaba todo lo que oía.


Y Susan imitaba muy bien… sobre todo aquello que su madre no quería que repitiera. «¿Vas a salir con mi mamá?» ¡Claro! A Susan no se le había podido ocurrir por sí sola. Si Sherry hubiera pasado toda la semana pensando en una forma de avergonzar a su amiga, no hubiera encontrado nada más efectivo. —Voy a vengarme, Sherry Abbott —prometió Camryn al cuarto vacío—, aunque sea lo último que haga en mi vida. Pero al subir para cambiar las sábanas de la cama de la señora Marlow, se olvidó de Sherry. Lo que ocupaba su mente era la película que quería ver y el momento en el que había imaginado lo divertido que sería ir a verla con Patrick McKenna. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 31-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Capítulo 4 Sherry se disculpó sinceramente. —No sabía que era algo importante —comentó después de que Camryn le hubiera advertido que si volvía a comportarse así saldría volando por la ventana del último piso de la casa. —¿No lo sabías? —Camryn no daba crédito a lo que oía—. Dejó de partir la hamburguesa de Susan y blandió el cuchillo señalando a Sherry—. Se quedó


aquí para revisar cada una de las cuentas que he hecho en los últimos tres años, todos los cheques que he hecho y cada recibo que he dado, ¿y creías que solo era un pretexto para disfrutar de mi compañía? Sherry, tienes una cabeza de chorlito. —Bueno, hay hombres que nunca se deciden a pedir una cita —razonó la chica—. Pensé que era uno de ellos, por cómo estaban las cosas; no parecía estar avanzando mucho en lo que hacía y tú no estabas ayudándolo en absoluto. Claro, Sherry no había estado en el banco y no había visto a la rubia que se colgó del brazo de Patrick McKenna. De lo contrario, se habría enterado de que a él no le costaban mucho trabajo ese tipo de cosas. —El que no pareciera estar avanzando mucho se debía a la falta de interés. —Por eso le he dado una pequeña ayuda… —Una falta mutua de interés, Sherry. Además, a lo mejor está casado. Sherry se sirvió un vaso de leche. —No creo, no parecía estarlo. ¿Vas a comer aquí, Camryn, o esperarás a cenar algo con Patrick después de la película? O quizá te lleve a algún sitio elegante… Camryn cerró los ojos, irritada. —No creerás que voy a ir al cine con un hombre que ni siquiera me ha


invitado; además, estoy segura de que no va a venir a las siete. —Vendrá —aseguró Sherry—. Incluso, estoy dispuesta a hacer una apuesta contigo. ¿Qué quieres que hagamos por la noche, Susan, mientras tu mamá está fuera? Lo molesto del caso fue que Sherry tuvo razón, Patrick McKenna llamó a la puerta a las siete en punto; cuando Camryn fue a abrir la puerta, lo vio cuadrarse y saludar. —Me reporto y sigo las instrucciones, señora —anunció. Camryn intentó no gruñir. —¿De verdad te has tomado en serio esas tonterías? https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 32-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —¿No quieres ver esa película? Sherry me ha comentado algunas cosillas y me ha parecido que debe ser buena. Se apoyó en el marco de la puerta. A menos que no tuviera ningún sentimiento, Camryn no podía cerrarla y aplastarle los dedos. —No tienes que compadecerte de mí —declaró—. No voy a morir de tristeza


si me quedo en casa esta noche, aunque Sherry no lo crea. —El zapato está en el otro pie. —¿Qué quieres decir? —Es sábado por la noche. No tengo ninguna cita, ni compañía. No querrás que la gente empiece a hablar de mí, ¿verdad? —Durante un momento, pareció muy herido—. ¿De verdad prefieres quedarte en casa en vez de venir conmigo? —Depende —musitó Camryn—. ¿Por qué haces esto? —Porque me gusta conocer personalmente a mis clientes. Así los puedo atender mejor —hubo un brillo divertido en sus ojos. —¿Quieres decir que tendré más oportunidades de conseguir ese préstamo si salgo contigo hoy? —¿Es que me quiere sobornar, señora Hastings? —sonrió—. Siga hablando, esto se pone interesante. Camryn fingió no haberlo oído. —Si te pudiera convencer de que soy una persona responsable y de confianza, quizá me darías el dinero—. Por otro lado, si te aburres, quizá nunca lo obtenga.


Creo que sería mejor que me quedara en casa a atender mis asuntos. No puedes usar eso en mi contra. —No deberías ser tan cortante conmigo. —Lo sé —interrumpió, con voz tímida—. Tienes mi destino en tus manos… —¿Han llamado? —Sherry entró en el vestíbulo, con una taza—. Ah, hola, Patrick. Llegas justo a tiempo. Supongo que eso significa que no estás casado, ¿verdad? —le sonrió a Camryn con gran satisfacción y subió a la galería. —Dudo que esa chica viva una semana más —Camryn apretó los dientes. —Bueno, por lo menos así resolverías el problema de tu hipoteca. No vas a necesitarla en la cárcel. —Valdría la pena. Mira, te agradezco que hayas considerado lo de la película, pero, de verdad, no es necesario. —La gente responsable no concierta citas para romperlas después. —Esto no es una cita y yo no la he concertado. Es una maquinación y ninguno de nosotros va a disfrutar… https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 33-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna


—Entiendo por qué no quieres venir conmigo —señaló Patrick—. Tienes mucho donde escoger esta noche: puedes ir al cine, en donde ni siquiera tendrás que darme conversación, o puedes quedarte en casa para escuchar a Sherry. Hubo un largo silencio. Camryn suspiró. —Tienes una forma interesante de exponer las cosas McKenna. Está bien… Me cambio en cinco minutos —abrió la puerta—. Puedes ir a la galería y escucharla. Y si quieres ponerle un poco de arsénico en el café, hazlo con entera libertad. Le llevó diez minutos cambiarse; nada de lo que había en su armario la gustaba. Patrick vestía pantalones oscuros, una camisa abierta y una chaqueta deportiva. No era algo muy formal, pero tampoco informal, pensó Camryn. Por fin, decidió que no iba a ser una noche muy importante y se puso unos pantalones verde esmeralda y cogió un jersey de seda del mismo tono del armario de Sherry. No le parecía bien cogerlo sin su permiso, pero Sherry le debía unos cuantos favores. Al llegar a la galería encontró a Sherry en el sofá, envuelta en una colcha rosa. —Qué bonito jersey —sonrió—. ¿De dónde lo has sacado? Camryn le hizo una mueca.


—Te ha costado mucho decidir qué ponerte —comentó la chica y continuó viendo la televisión. Durante un momento, Camryn pensó que Sherry había querido decir que Patrick había cambiado de idea y que se había marchado. Antes de poder sentir cierto alivio, se percató de que Patrick prácticamente invadía el cuarto, pues estaba tumbado boca abajo en la alfombra, con un cuaderno de colorear enfrente. Susan, a su lado, estaba escogiendo una pintura. Levantó la mirada cuando entró su madre. —Mi mamá ya está aquí, Patrick, y no le gusta esperar. Será mejor que vayas. Patrick se rio, le acarició la cabeza y se levantó. —Mi popularidad aquí me sorprende —murmuró Camryn—. Quieren deshacerse a toda costa de mí. —Puedes ayudarme a terminar el dibujo la próxima vez —ofreció Susan, generosa. —Estoy segura de que el señor McKenna estará encantado… si es que vuelve — añadió Camryn—. ¿No me das un beso de buenas noches, Susan? —Y ahora tú también pisoteas mi «ego» —se quejó Patrick mientras la ayudaba a ponerse la chaqueta, en el recibidor—. Nunca me he sentido tan despreciado en mi


vida. Todo lo que he hecho es tratar de ser un buen chico y hacer lo que se esperaba de mí. Si no hubiera venido esta noche, creo que Sherry habría armado un escándalo en el banco el lunes… —Puedes tener razón, y no es una mala idea. Yo podría esposarme a la caja fuerte y empezar una huelga de hambre hasta conseguir mi préstamo. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 34-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Y vender la historia a los periódicos —asintió—. ¿Por qué no se me había ocurrido a mí? —Debería haber imaginado que encontrarías la forma de sacar dinero de este asunto —gruñó Camryn. —Es una idea maravillosa. He estado perdiendo el tiempo tasando tus muebles. Tienes algunos que son muy valiosos. —Algunos estaban en la casa cuando la compramos. —¿Has pensado en vender unos cuantos? —No. Tendría que sustituirlos. No se puede tener una pensión sin camas… —Pero no creo que los necesites todos. Y eso te ayudaría con tus ingresos. Camryn se detuvo ante un coche oscuro aparcado frente a casa. Era bastante


nuevo y bonito, pero no tanto como el elegante Mercedes. Camryn recordó que Sherry había dicho que aquella mañana tampoco había llevado Patrick el Mercedes. —Tú sí que puedes hablar de ingresos. ¿Tienes dos coches? ¿No me puedes prestar algo de dinero? —No necesitas un poco de dinero, Camryn —le abrió la puerta y se sentó frente al volante—. Y no tengo dos coches… el descapotable es de una amiga. Seguro que de una amiga rubia, pensó Camryn. Sí, el coche era del estilo de esa rubia. —Los descapotables no son prácticos —señaló él—. No me gustaría tener uno. —Pero siempre y cuando ella te lo quiera prestar… —era una insinuación muy sutil. —Eso es distinto —sonrió—. No me gusta ofender a nadie que me quiera hacer un favor. —Lo recordaré —comentó secamente. En el cine quiso pagar su entrada. —Esto no es una cita, lo sabes —protestó cuando Patrick compró las entradas —.


De hecho, yo debería invitarte a ti… —No olvides que he visto el estado de tus cuentas. —No he dicho que sea millonaria. Pero si los favores significan tanto para ti… Le sonrió y la llevó al puesto de palomitas. —¿Quieres caramelo en las palomitas? Estoy seguro de que si lo pensaras, Camryn, se te ocurriría una oferta mucho mejor que una entrada de cine. —¿Sabe?, debería dejarse bigote, señor McKenna —comentó ácidamente—. Eso iría de acuerdo con su personalidad. Patrick se rio y le dio una bolsa de palomitas. Se sentaron en la sala y Patrick estuvo viendo la película como todo un caballero; Camryn hubiera podido ir sola. Sherry estaría horrorizada, pensó Camryn y luego se ordenó no pensar en tonterías. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 35-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna ¿Acaso hubiera preferido la especie de partido de lucha libre que para Sherry era el sello distintivo de la diversión? Al fin y al cabo, la propia Camryn le había advertido que no era una cita, y en aquel momento se irritaba porque Patrick se comportaba tal como debía. No, no estaba irritada, sé dijo a sí misma. No exactamente.


Pero sí le dolía un poco el hecho de que Patrick ni siquiera intentara cogerla de la mano. Hacía tiempo que Camryn no salía con un hombre y el que Patrick McKenna no dejara de comer palomitas como si estuviera viendo la película con su hermana o con Susan, la molestaba. Camryn se movió incómoda en su asiento. —¿Estás asustada? —susurró él—. Me he olvidado… puedes apoyar la cabeza en mi hombro, si eso te hace sentir mejor. —Gracias —susurró y se sentó muy derecha. El oír su suave risa tampoco la consoló más. Después de la película, la llevó a una heladería que estaba cerca de la universidad. No era un lugar muy acogedor; estaba lleno de esculturas de neón que representaban toda clase de objetos, desde un estetoscopio morado hasta un cactus rosa. —Es muy moderno —logró decir Camryn. —Está bien iluminado —señaló Patrick—. Eso hará desaparecer los fantasmas de la película. No quiero tener pesadillas. Se sentaron en un rincón y Patrick pidió dos batidos de chocolate.


—¿Por eso me has ofrecido tu hombro? —preguntó Camryn—. ¿Porque tenías miedo? —Claro. Hubiera sido un consuelo que hubieras dependido de mí para sentirte bien. De hecho, contaba con que lo harías. —Basta, Patrick. Sherry no está aquí, así que no necesitas fingir. Patrick hundió la cuchara en el vaso y bajó la mirada. Sus largas y oscuras pestañas cubrieron sus ojos. Ni la intermitente luz verde de un neón podía ocultar que era un hombre muy guapo. Camryn era consciente de que casi todas las mujeres de la heladería lo miraban. Y aquello no debía importarle, se recordó a sí misma. Era todo suyo… en cuanto ella consiguiese el préstamo. —¿Siempre te han gustado las películas de terror? —preguntó Patrick después de un momento de silencio—. Como Sherry ha dicho que necesitabas compañía, esperaba que fueras una masa de nervios desde las primeras escenas de horror. Pero te has portado como una roca y he sido yo el que ha necesitado consuelo. —A veces, Sherry inventaba la realidad para hacerla más romántica — Camryn


se enorgulleció de poder hablar tranquilamente—. Piensa que toda mujer necesita un hombre; y yo tengo la costumbre de depender solo de mí misma. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 36-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —¿Y qué pensaría Mitch de eso? —preguntó como si no tuviera mucha importancia. Aquello la hirió y no la hizo sentirse bien darse cuenta de que era la primera vez que pensaba en Mitch. —Sería diferente, si Mitch estuviera vivo —se tensó. Patrick jugueteó con la cuchara. —De cualquier forma, ¿qué estaba haciendo en esa avioneta? —Sabes, la gente suele viajar en avión. Mitch no era ningún imprudente — contestó molesta. —Ya sé que no se dedicaba a pasear por las alas de los aviones en su tiempo libre —comentó Patrick con suavidad y cortesía—. Solo me preguntaba a dónde iba, Camryn. —¿Y por qué no estaba yo con él? —Eso también se me ha ocurrido.


No tenía ninguna buena razón para no contestarle, así que se lo explicó: —Uno de los amigos de Mitch sacó un permiso para pilotar y se compró una avioneta nueva. Era un genio para los negocios y pronto el negocio que había empezado en su garaje creció mucho. De cualquier manera, Jack iba a llevar a un par de empleados suyos a Canadá para cazar durante una semana e invitó a Mitch. —¿A ti no te importó? —No, Mitch necesitaba unas vacaciones. Estaba agotado cuando acabó la residencia. Además, Susan solo tenía unos cuantos meses y no me hubiera gustado dejarla sola. Patrick la miraba intensamente. Camryn tuvo que desviar su mirada. Aunque Patrick no le preguntó lo que había pasado con el avión, sintió la necesidad de continuar. Algo en su interior le exigía que le contara el accidente. —Hubo una tormenta… —se estremeció sin querer—. Mucho peor de lo que habían anunciado. El avión cayó en un bosque, en un parque nacional de Minnesota. Tardaron una semana en encontrarlos. —Diablos, Camryn… —No sobrevivieron al accidente. Es un consuelo. Por lo menos no tuvieron que


esperar, ni sufrir. —Lo siento. —Ya ha pasado mucho tiempo. —Quizá —no parecía satisfecho—. Pero… ¿tú lo has aceptado? Lo miró de nuevo; empezaba a reconocer aquel tono de voz. —¿Qué se suponía que debía hacer? Si vas a sugerirme que debía haber demandado a la compañía de Jack porque él estaba pilotando la avioneta… https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 37-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —No pensaba sugerirte nada así. Camryn guardó silencio un momento. —Pero supongo que has querido decir que un piloto con más experiencia hubiera podido evitar el accidente. Quizá —asintió, tensa—. Y después de uno o dos años de juicios, hubiera recibido diez dólares, que eso era lo que valía la compañía de Jack entonces. Sin su administración, quebró muy pronto — bebió su batido—. Lo cual nos lleva otra vez a nuestro viejo problema. Sigo necesitando un préstamo. Se hizo un breve silencio. —Lo sé. Y he estado pensando en ti todo el día.


Camryn contuvo el aliento. —En ti y en Susan. Sin embargo, las reglas no han cambiado desde ayer y yo no puedo hacer nada —parecía triste—. El presidente del banco puede hacer excepciones, así que pienso que deberías ir a verlo cuanto antes. Camryn lo pensó un momento. —¿Significa eso que le vas a recomendar que haga una excepción conmigo? Pensó que no le iba a contestar. Patrick fruncía el ceño pero levantó la mirada y la miró a los ojos fijamente. —Así es. Una sensación de alivio y felicidad inundó a Camryn. Alargó una mano y le apretó los dedos impulsivamente. —Patrick, ¡gracias! Sabía que tenía que haber alguna forma… —No cantes victoria —advirtió con dureza—. No te garantizo nada, Camryn. Y todavía debemos mejorar tu solicitud. Quizá tenga un carácter estupendo, pero a Warren Stanford le impresionan más los números. —No sé cómo… —se echó para atrás. —¿Qué ganarás con eso? Bueno, no puedes perder nada. Yo no puedo aprobar


tu solicitud, pero él sí. Pero eso no quiere decir que lo vaya a hacer. No tiene fama de saltarse las normas muy a menudo. ¿Puedes llamar a tu amigo el médico mañana? Cuando hables con él podemos pensar cómo le vamos a presentar tu solicitud a Warren. —He llamado a su casa esta tarde. Va a estar fuera durante el fin de semana, pero me llamará cuando vuelva. —Bien. Yo no haré nada hasta que no tenga noticias tuyas. Mientras tanto, creo que no sería malo pensar en alternativas… —¿Como vender los muebles? Vamos, Patrick… —Está bien, ya me lo has explicado antes. Pero, ¿y la vajilla de porcelana que has utilizado para servir el café? Es de buena calidad y debe valer algo, y seguro que puedes prescindir de ella. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 38-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Era de mi abuela —explicó Camryn. —Sin embargo, si se trata de… Camryn apoyó el vaso en la mesa, con estruendo. —No tienes sentimientos, Patrick McKenna. —Estoy tratando de analizar las cosas objetivamente.


—Bueno, ya que hablamos de vender cosas, estoy segura de que Susan tendría cierto valor en el mercado negro… ¿debo venderla? —Camryn, sé razonable. No puedo hacer desaparecer tus problemas con un toque de varita mágica… —Estoy siendo razonable. Trabajo mucho y estoy dispuesta a seguir haciéndolo. No pido un milagro, solo una oportunidad justa. —Tendrás que tomar esto en serio y estar dispuesta a hacer algunos sacrificios. —¿Tomarlo en serio? —Lo miró fijamente—. ¿Estás bromeando? ¿Crees que considero esto como una especie de broma? ¿Que creo que me has gastado una broma porque te morías de ganas de conocerme? —no pudo continuar. —Camryn… —Tú eres el que sugiere cosas absurdas. Yo he intentado conservar la calma y demostrarte que puedo enfrentarme a esta situación, que puedo resolverla, si me das la oportunidad de intentarlo… —sollozó y una lágrima resbaló por su mejilla. Ya lo había hecho, se dijo a sí misma. Era justo lo que necesitaba: empezar a llorar y hacerle creer que solo era una mujer inútil que no podía hacer otra cosa más que llevar un pañuelo… Ni siquiera tenía un pañuelo. Buscó en el bolso; se dio por


vencida y rezongó. Patrick suspiró y le tendió un pañuelo que parecía no haber usado en su vida. «Claro», pensó. «¡El banquero de modales perfectos nunca necesita limpiarse la nariz!». Debía haberse negado, pero no tenía más remedio que usarlo. Además, la gente empezaba a mirarlos. Había una pareja cerca de la entrada que la miraba, como si no pudiera creer lo que veía. Se secó las lágrimas y comentó: —Creo que no quieres que te lo devuelva. —No precisamente. ¿Nos vamos? Estaba avergonzado de ella, se imaginó Camryn. Aquello terminaba con la intención de causarle una buena impresión… Pero, en realidad, no importaba. Patrick era el culpable de todo, al decirlo que fuera realista, como si todo no fuera para ella más que una broma. —Es cierto, no creo que tengamos nada más que decirnos —se levantó y se dirigió a la salida. Pero Patrick la cogió del brazo, como para decirle que no hiciera https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 39-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna


una escena. En su interior, Camryn sintió deseos de venganza. ¿Qué haría si de pronto se apartaba y le decía a gritos que no volviera a ponerle un dedo encima…? —¡Maldita sea! —Patrick se detuvo de repente. Camryn lo miró sorprendida. —Mis padres están en la mesa que está al lado de la puerta —murmuró Patrick. Camryn siguió su mirada y quiso maldecir a su vez; su acompañante estaba mirando a la pareja que se había quedado atónita cuando empezó a llorar. —Bueno, tenemos que salir —la acercó a él y le puso la mano en el brazo, cubriéndola con su otra palma. —¿Los soldados de infantería no dijeron algo aparecido algún vez? —Si no lo hicieron, debían haberlo dicho —sonrió Patrick. Se paró al lado de su mesa—. ¿Os divertís? El hombre se dirigió a su esposa. —Ahora me creerás, ¿verdad, Kath? No tengo complejo de persecución; los niños nos vigilan. No podemos ni siquiera ir a tomar un helado sin que nos encontremos por lo menos con uno de ellos —se levantó y sonrió a Camryn tendiéndole la mano—. Soy Dennis McKenna. Mi esposa, Kathleen. Camryn hubiera podido reconocer esa sonrisa en cualquier lugar. ¿Era igual


que la de Patrick, aunque su padre sonreía más a menudo. Le estrecho la mano, pero no lo miró a los ojos al decir su nombre. —¿No queréis acompañarnos? —invitó Kathleen McKenna. —¿En dónde nos íbamos a sentar, mamá? —inquirió Patrick—. Además, ya nos íbamos. Camryn no se encuentra muy bien. —Sí, lo he notado —comentó Kathleen—. Todo el mundo está con alergia en esta época, ¿verdad? —sonrió un poco—. Es por culpa del polen. Patrick, te iba a llamar para hablarte de la fiesta del Cuatro de Julio, el próximo fin de semana. ¿Vas a traer… —se detuvo como si acabara de reparar en Camryn— … alguien? «Maldita sea», se dijo Camryn. Pero pensó que no debía molestarse, puesto que debía haber multitud de rubias elegantes en la vida de Patrick McKenna. —Trae a todos tus amigos —afirmó el padre—. Tu madre quiere hacer una fiesta de pintura. —Es lógico —murmuró Kathleen—. Así podríamos pintar toda la casa en un fin de semana. —Parece lógico, pero no sensato —declaró Dennis. Patrick les sonrió a los dos, le dijo a su madre que la avisaría si llevaba a alguien a la fiesta y salió con Camryn.


—¿De verdad se ha creído tu madre que me ha dado un ataque de alergia? —¿Por qué? ¿Eso te preocupa? https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 40-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna La estaba poniendo en su lugar, se dijo Camryn. Claro que no importaba lo que su madre pensara de ella, y Patrick se lo estaba dejando claro. —Por supuesto que no —asintió fríamente—. Preferiría que me considerara una mujer maleducada que tiene la costumbre de montar numeritos en lugares públicos. —No te preocupes por eso —sonrió Patrick—. Si dice algo, será para regañarme por haberte tratado mal y hacerte llorar. Quizá debería invitarte a esa fiesta… —No te molestes tanto por mí. —Me interesa a mí, Camryn. Si aceptas la invitación, mi madre se convencerá de que, después de todo, no soy tan malo como cree. —No me ha parecido ser el tipo de madre que infunde temor a sus hijos — señaló Camryn. —¿Siempre juzgas tan rápidamente a la gente? —se quejó—. Parece que piensas


que soy un canalla, pero te aseguró que… —Oh, eres un tipo encantador —interrumpió Camryn—. Y estoy esperando que tu próxima sugerencia sea conseguir dinero aceptando a huéspedes con… ¿cómo podría decirlo? Una moral muy flexible y muchos amigos. —Camryn, vender una vajilla de porcelana no es lo mismo que tener una casa de mala reputación. Patrick tenía razón y Camryn se avergonzó de sí misma durante un momento. Guardó silencio durante un par de manzanas. —Lo siento —se disculpó—. Pero no creo que entiendas mi situación, Patrick. —Sí, la entiendo mejor de lo que te imaginas —aparcó el coche frente a Stone House y bajó para ayudarla a salir. —Gracias por la película, Patrick. —Te acompaño a la puerta. Camryn reprimió un gesto de protesta. Qué tonta, se regañó a sí misma. ¿Es que pensaba que iba a entrar en su casa a la fuerza? El vestíbulo estaba iluminado y la luz traspasaba el vidrio de la puerta, dibujando figuras geométricas en el suelo del pórtico. Patrick cogió la llave de


Camryn y abrió la puerta; cuando ella empezó a entrar, la cogió del brazo para hacer que lo mirara de frente. —¿Qué…? —pero fue interrumpida por un beso. Su boca era firme, pero no brusca ni exigente. Deslizó una mano debajo de su pelo y la dejó en su nuca, calentando la piel fría de Camryn. Dejó la otra mano en el marco de la puerta, como si así evitara la tentación de acariciarla de otra forma. Pero la falta de contacto corporal no significaba falta de sensaciones, descubrió Camryn. Solo acariciaba sus labios y su cuello; pero las oleadas de excitación recorrían todo su cuerpo. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 41-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Patrick deslizó su lengua con suavidad entre sus labios y delineó el contorno de sus dientes. Cuando, al fin, se apartó, Camryn estaba apoyada contra el marco de la puerta, mirándolo como si quisiera prolongar el último momento. —Sabes a chocolate —comentó él con un susurro. —¿Estás seguro de que soy yo? —ni siquiera oyó lo que le contestaba—. Hemos bebido lo mismo.


—Quizá debería intentarlo de nuevo, para estar seguro —sus ojos se encendieron. Camryn lo detuvo cuando se estaba inclinando para besarla y lo apartó, fingiendo diversión. —Está bien, ¿me puedes decir qué ha significado eso, Patrick? Le sonrió y sus ojos brillaban. —¿No crees que Sherry esperaba algo parecido? Durante un segundo, Camryn fue presa de la angustia. ¿Eso era todo? Pero se dijo que no debía pensar tonterías. —Pues no ha sido una velada de ese estilo. —Se sentiría muy decepcionada si se lo contaras. Y no querrás inventar nada para satisfacerla… —No tenía intenciones de inventar nada. —Lo tomaré como un cumplido. —No es un cumplido. De cualquier modo, ¿qué importa lo que Sherry piense? —Me gustaría que pensara que soy capaz de actuar por iniciativa propia — señaló Patrick. Camryn asintió mientras empujaba la puerta. No entendía bien lo que estaba pasando, pero no quería preocuparse por ello. Patrick no se movió.


—¿Camryn? La joven dio la vuelta. Lo vio sostener un pequeño objeto que brillaba con la luz del vestíbulo. —¿No quieres tu llave? —preguntó suavemente—. ¿O prefieres que me la quede? https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 42-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Capítulo 5 Sherry todavía estaba en la galería, envuelta en su colcha rosa y viendo la televisión. Apagó el aparato en cuanto Camryn entró. Ésta concluyó, por su expresión de satisfacción, que debía estar viendo una película romántica. —No te estaba esperando —explicó Sherry rápidamente—. Estaba a punto de bajar los platos y de revisar las puertas antes de ir a la cama, cuando he oído el coche… bueno, no he querido interrumpiros —sonrió con dulzura—. Ha sido una despedida tan bonita… Camryn se mordió la lengua. Maldita sea, Patrick había vuelto a tener razón. Miró con curiosidad la puerta de entrada. Nunca se había dado cuenta de lo bien que


se veían el vestíbulo y parte del porche desde la galería. Camryn se ruborizó al imaginar la escena vista desde allí. —Tendré que recordarlo —murmuró. Sherry sonrió como una niña. —La próxima vez, haz que pase a la sala y cierra la puerta —sugirió con voz sedosa. Camryn la ignoró. —La cita de hoy será de gran ayuda cuando Susan empiece a tener citas. —Quizá debes hacerle un favor a la niña el día que cumpla trece años y advertírselo —Sherry se levantó—. A propósito, está muy dormida. —Bien. —Lady Marlow también está dormida. Mañana no quiere desayunar pronto… su hijo la ha cansado mucho hoy. —Qué bendición. —¿Verdad? Creo que lo ha hecho porque le da pena que tengamos que aguantarla. —En realidad, no se ha portado tan mal. —Eso lo dices tú, querida, que has tenido otras cosas en qué pensar. Era verdad, reconoció Camryn, aunque las cosas que la preocupaban no eran


las que estaba pensando Sherry. —Dulces sueños, Camryn. Ah, no te avergüences porque os haya visto besaros. Ha sido muy decente. Es muy caballeroso, ¿verdad? Si hubiera tenido un cenicero a mano, Camryn se lo habría tirado. Pero comentó: —Sí, lo es. Hasta me ha presentado a sus padres esta noche. Y antes de que Sherry lograra cerrar la boca, Camryn subió a su cuarto. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 43-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Qué estúpida, se regañó después. En vez de hacer que Sherry terminara con sus comentarios lo único que había conseguido era darle otro elemento sobre el que especular. Se desnudó a oscuras y se deslizó desnuda entre las frescas sábanas. Había sido un día agotador y estaba rendida. —Si alguien te hubiera dicho esta mañana, Camryn Hastings, que terminarías el día en los brazos de Patrick McKenna, besándolo, hubieras pensado que se trataba de


una pesadilla —murmuró. Y tampoco había estado en sus brazos, pensó después. Había tenido mucho cuidado de que el beso solo fuera gentil y caballeroso, para que lo viera Sherry. Nada más que eso… Camryn apoyó la cabeza en la almohada, no podía dejar de pensar en el beso. Aquella vez, no era un beso caballeroso el que imaginaba. Era suave y tierno, pero también profundo, cálido y mucho más seductor. De hecho, Patrick la llevaba hacia su cuarto y cuando llegaban al último piso, ni siquiera había perdido el aliento, pero ella jadeaba, buscándolo a él… —Por el amor del cielo —se regañó. Se dio la vuelta y hundió la cara en la almohada. Era como si unos brazos la estuvieran abrazando. El roce de la sábana sobre su piel era como la caricia de una mano cálida… —¿Qué es lo que te pasa? —se espetó a sí misma. Una mano cálida que la acariciaba con dulzura y unos brazos fuertes que la abrazaban con firmeza; no con fuerza, sino con el convencimiento de que Camryn quería sentir seguridad, mientras que el resto del mundo daba vueltas… Camryn encendió la luz, jadeando. Durante un momento observó el cuarto, como si quisiera convencerse de que estaba sola.


—Pareces una maníaca sexual —murmuró y se estremeció al oír sus propias palabras. Durante meses, después de la muerte de Mitch, Camryn no había sentido nada de lo que la rodeaba. Actuaba mecánicamente; cada noche yacía en la cama que habían compartido y dormía porque estaba demasiado exhausta. Pero no sentía nada; la fuerte impresión había actuado como un anestésico en su interior. Al cabo de un tiempo, había vuelto a sentir confusión por lo que había sucedido y miedo por el futuro; tristeza por su pérdida y ternura y amor por la niña. Había empezado su negocio y se había cambiado a otro dormitorio. Y aunque a veces se quedaba despierta pensando en él, se había dado cuenta de que su apetito sexual había muerto con Mitch. Se había alegrado. La vida ya era bastante dura. Claro, después de un tiempo, había empezado a salir de nuevo. Hasta su madre le había aconsejado que lo hiciera. Pero Camryn y Susan estaban juntas y era inevitable que a veces la niña tuviera prioridad. Camryn había descubierto que no a muchos hombres les gustaba la idea. Solían distanciarse a alejarse después de un


https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 44-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna tiempo y ella no los había echado de menos. En realidad, no buscaba otra cosa que no fuera amistad. Pero aquella noche… en el porche, en los brazos de Patrick McKenna, había despertado otra parte de su ser, la parte que había creído muerta hacía tres años, en ese accidente de avión… —No seas tonta —se regañó—. No ha pasado nada. Y ni siquiera has estado en sus brazos. Pero era como si lo hubiera estado, declaró su conciencia. La separación entre una cosa y la otra no estaba clara. Y también debería controlarse en el futuro. No era malo pensar en la compañía de un hombre, pero había hombres mucho más seguros que el banquero. Patrick McKenna era una bomba disfrazada… Cogió la bata y fue al cuarto de Susan. El cuarto de la niña estaba al lado del de Camryn y una suave luz rosa brillaba en un rincón. Susan dormía boca abajo. La cama estaba deshecha. Su altura le sorprendió a Camryn. «Estaba creciendo muy rápido», pensó con tristeza. «Pronto mi niñita se volverá una adolescente».


Cuando había dicho que algún día Susan le daría un beso de buenas noches a un chico, todo le había parecido una broma. Pero en aquel momento no parecía algo tan lejano. ¿Cómo se enfrentaría a la situación?, pensó. ¿Cómo le podría enseñarle qué hacer, qué esperar? Mitch la hubiera ayudado. Una niña extraña a su padre, pero una niña mayor lo necesita aún más… Arropó a su hija. La niña suspiró y estiró un brazo; de debajo de la almohada asomó un objeto peludo. Camryn cogió el osito de peluche y los recuerdos la invadieron, Mitch le había llevado al osito Freddy al hospital el día que Susan nació… Camryn puso el oso cerca de Susan, que se movió, dormida, y lo abrazó con una ligera sonrisa. «Todo está bien», se dijo Camryn a sí misma. «Tenemos tiempo. Tal vez, después de todo, no tiene tanta prisa en crecer…» El Mercedes descapotable estaba cerca del Lakemont National Bank, el lunes por la mañana. Camryn lo miró preocupada. Sospechó que si Patrick lo hubiera llevado, lo habría puesto fuera del paso de los clientes. El hecho de que estuviera tan a la vista quizá significaba que la rubia estaba en el banco; y Camryn no tenía ganas de ver a aquella mujer.


Pero no tenía alternativa. Tenía que ver a Patrick, y cuanto antes, mejor. Desabrochó el cinturón de seguridad de Susan. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 45-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Deja la bolsa aquí —le ordenó a la niña cuando ésta cogió una bolsa con las zapatillas de gimnasia—. Solo nos quedaremos un par de minutos y luego te llevaré a clase. La niña frunció el ceño pero siguió a Camryn y entraron en el banco. Vestida con los leotardos y mallas de gimnasia, su hija parecía aún más alta, suspiró Camryn. Camryn depositó en su cuenta el pago de John Marlow por la estancia de su madre en Stone House y luego se dirigió a las oficinas de los ejecutivos. Susan la siguió, desenvolviendo el caramelo que le había dado el cajero. —El señor McKenna está en una reunión, dijo la secretaria. Si quiere esperarlo… Camryn se sentó en la puerta de la oficina de Patrick. Miraba su reloj casi cada treinta segundos. Sabía que había sido ridículo creer que Patrick la estaba esperando.


Había pasado todo el sábado con ella y aquello la había hecho sentirse importante, se regañó a sí misma. Susan miraba a su alrededor chupeteando el caramelo. —¿Aquí vive Patrick? —preguntó al fin. —No, querida. Trabaja aquí… en esa oficina. Susan se paró en el umbral y observó la habitación. —No está aquí. —Tal vez esté en otra oficina, en una de esas puertas. —¿Puedo ir a buscarlo? Llamaré a la puerta antes de abrir. —¡No! Está ocupado… saldrá a vernos cuando pueda. —Pero, ¿cómo sabe que estamos aquí? La lógica de una niña de cuatro años a veces podía hacer rendirse hasta al adulto más sensato, suspiró Camryn. Sacó un libro de cuentos de su bolso y Susan se sentó a su lado. Camryn se estaba poniendo nerviosa. Por fin, se acercó a la secretaria: —Creo que tendré que dejarle un recado. Por favor, dígale que he venido y que llame en cuanto pueda… Oyó una exclamación y vio volar el libro mientras Susan corría hacia una de las


puertas que se había abierto. Cuando Camryn se dio la vuelta, Susan ya estaba junto a Patrick, tirándole de la manga de la chaqueta gris. Éste la levantó en brazos. Y con lo pegajosas que tenía las manos, pensó Camryn, con pesar. Entonces vio a la rubia; su peinado y su maquillaje eran perfectos; su vestido rosa, muy elegante. Retrocedió un poco ante el entusiasmo de Susan y miró fijamente a Camryn. —Supongo que, después de todo, soy bastante popular —comentó Patrick—. Ven a conocer al señor Stanford, Camryn. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 46-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —De hecho, no tenía intenciones de… —se sintió muy torpe mientras se dirigía hacia la oficina, bajo la mirada de la rubia. No podía dejar de comparar sus vaqueros con la elegancia de aquella rubia. —¿A quién tienes ahí, Patrick? —Era una voz muy fuerte y el hombre que apareció en la puerta de la oficina era alto, fornido y musculoso. —A una de nuestras inversionistas más jóvenes —explicó Patrick—. Y a su madre… Te he comentado algo sobre la señora Hastings. El apretón de manos de Warren Stanford fue como una tenaza de hierro; su


mirada era muy penetrante. Tanto, que aterrorizó a Camryn. La chica casi sintió la necesidad de hacer una reverencia… o de darse la vuelta y huir. —No se preocupen por mí —ronroneó la rubia—. Ya me iba, de todos modos. —Vamos, Dianna —sonrió Warren Stanford—. Haz los preparativos del día de campo y deja que Patrick y yo trabajemos. Y veré si puedo llevarlo a cenar a casa para que nos comentes todos los detalles. La rubia miró a Camryn, a Susan y luego a Patrick. —Me parece bien, papá. «Papá». Bueno, pensó Camryn, en realidad no era una sorpresa. «Tengo intenciones de llegar a ser el presidente del banco», había dicho Patrick. Aquello explicaba cómo planeaba hacerlo. —Trataré de ir, Dianna, pero no te prometo nada —aclaró Patrick. —Trabajas mucho, muchacho —se quejó Warren Stanford—. Menos mal que se acercan las vacaciones… Eso me recuerda algo, señora Hastings. Como buena cliente de este banco, debería asistir a nuestro día de campo, el viernes por la tarde. Solo es un agradecimiento a nuestros clientes favoritos, ¿verdad, Dianna? Dianna Stanford miró a Camryn con un brillo helado en los ojos.


—Por supuesto —solo otra mujer hubiera podido percatarse de la frialdad de su voz—. Venga, señora Hastings. Creo que será muy interesante para usted — besó a su padre en la mejilla y salió. —Esa jovencita tiene ideas fijas —rio Warren Stanford—. Solo piensa en su día de campo. Patrick me ha dicho que usted tiene un problema en su hipoteca, señora Hastings. Venga a mi oficina para que lo comentemos. Camryn miró a Patrick y no intentó ocultar el pánico que la invadió. —Me temo que ahora tengo otro compromiso. Solo he venido para hablar un momento contigo, Patrick. El aludido arqueó las cejas y, por fin, comentó: —Sería mejor esta tarde, Warren. Camryn y yo podemos terminar de revisar los papeles durante la comida, para que todo esté listo para tu inspección. —Creo que es una buena idea —el presidente miró el reloj—. Yo también tengo una cita para comer. Os veré dentro de un par de horas. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 47-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna


Mientras el hombre salía a hablar con la secretaria, Camryn murmuró: —Claro que si el presidente del banco puede emplear dos horas en comer… —¿Qué te pasa, Camryn? Ya estaba todo preparado… estaba de humor para hablar contigo. ¿No te ha llamado tu amigo el médico? —En cierta forma, sí. Susan, ven, o llegarás tarde a tu clase. Patrick, ¿cuándo puedo hablar contigo. Patrick se dirigió a la puerta. Todavía llevaba en brazos a Susan. —Ahora mismo. Mientras comemos. —¿Tú también tienes dos horas para comer? —¿Vas a necesitar dos horas? —Quizá no. Pero los lunes, mi comida consiste en sentarme en el gimnasio para ver hacer gimnasia a Susan. —¿No te parece bastante importante tu hipoteca para perderte una clase? —Créeme, Patrick si hubiera hablado con el presidente, te habrías arrepentido —le explicó Camryn cuando llegaron al coche. —Está bien, podemos hablar mientras esperamos a Susan —se metió en el coche. —¿Tu trabajo incluye este tipo de servicios? —Camryn no esperó la respuesta— . Una de nuestras inversionistas más jóvenes —murmuró mientras se dirigían


al gimnasio—. ¿No habrás estado espiándome, Patrick? Si se te ha metido en la cabeza que puede servir de algo la cuenta de Susan… —suspiró—. Bueno, quizá ayudaría, puesto que son noventa y tres dólares. Patrick silbó: —No sabía que las cosas estuvieran tan mal. Creí que el médico te iba a ayudar. No contestó, hasta que aparcó el coche. —Voy a llevar a Susan adentro y cuando vuelva hablamos. Patrick no estaba allí cuando volvió. Camryn empezaba a enfadarse cuando lo vio cruzar la calle; en la mano llevaba una bolsa de papel. —He pensado que la discusión sería mucho más amena si comíamos algo — señaló un banco del parque—. ¿Te gustaría compartir conmigo una hamburguesa y un refresco? Es lo mejor que había… me temo que el jefe de vinos y el chef se han tomado el día libre. Camryn se sentó en el banco. Era un hermoso día de verano. Patrick le ofreció un sándwich y Camryn comentó:


—Sabes, eres muy amable. —Solo estoy intentando tranquilizarte. ¿Qué ha pasado, Camryn? Es evidente que el médico no está dispuesto a colaborar. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 48-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Ha querido ser amable. Ha venido a casa esta mañana, me ha escuchado y se ha ofrecido a avalar mi préstamo. Todo lo que yo tenía que hacer era asegurarme de estar disponible las noches que él no quiere estar con su esposa —miró con desinterés la comida—. Ha dejado muy claro lo que esperaba de mí. —Qué encantador de su parte —Patrick apretó los dientes. —Por lo visto, pensaba que yo lo había planeado todo —explicó desganada —. Como si hubiera estado soñando con él desde el día en que se quedó en Stone House y hubiera encontrado la forma de hacerlo volver. —Así que le has dicho que se fuera al demonio. —Por supuesto que sí —lo espetó furiosa—. Supongo que crees que debía haber aceptado. Maldita sea, Patrick, ha sido asqueroso… —estaba a punto de llorar—…


me he sentido sucia solo de oír su soez sugerencia. Le puso una mano en el hombro, pero Camryn se apartó. —Camryn, ¿por qué siempre piensas que tengo malas intenciones? Claro que te ha insultado. Si no lo hubieras echado de tu casa, yo habría limpiado el piso con él. Se mordió el labio. Era verdad que había sacado falsas conclusiones, pero no tenía ganas de disculparse. —No podrías hacerlo —dijo al fin—. Mide uno noventa y levanta pesas y… —Está bien —Patrick contuvo la risa—. Entonces habría destrozado la computadora de su banco. De cualquier forma, es más probable que el borrar su cuenta de ahorros le hubiera dolido más que una nariz rota. Camryn no pudo contener la risa. Patrick le puso una mano en el hombro, con cuidado, como si no lo sorprendiera que fuera a abofetearlo. Camryn se quedó muy quieta y sintió cómo le acariciaba los tensos músculos de la nuca. Al fin, reacia, dijo: —Creo que la clase de Susan ya ha terminado. —Y necesita comer también —la ayudó a levantarse—. ¿También le gustan las


hamburguesas? —La llevaré a casa —Camryn negó con la cabeza—. Es mejor. —Pero no tan divertido —la acompañó y Susan corrió hacia ellos. Patrick la cogió de los brazos y la hizo dar vueltas hasta que la niña estaba muerta de risa. —¿Qué hacemos ahora? —preguntó Camryn mientras se dirigían hacia el banco—. No tendré que hablar con el señor Stanford esta tarde, ¿verdad? —No, creo que deberíamos retrasar la entrevista por ahora. Buscaré algún pretexto. —El problema es que no se me ocurren otras ideas. Patrick guardó silencio. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 49-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Lo que haremos ahora es dejar que Warren te conozca bien —comentó por fin. —¿Eso puede ayudarme? —Es algo psicológico. Es mucho más difícil abandonar a una persona cuando la conoces, cuando sabes que tiene una familia, y no es solo un nombre en un papel.


Ven al día de campo del viernes y muéstrate encantadora… Camryn sonrió. —Me asombra que puedas decir eso con tanta seriedad. Susan levantó la cabeza. —¿Día de campo? —Puso las manos en el hombro de Patrick con confianza. —Te está manchando el traje… —se estremeció Camryn. —No te preocupes —ni siquiera se preocupó de mirar si le había manchado. —Sabes, eres muy bueno con los niños. —He tenido que aprender. Ha sido cuestión de supervivencia. Soy el mayor de cinco hermanos. —¿Cinco? Anoche tu padre dijo que siempre se encontraba con sus hijos, pero pensaba que… —¿Que uno solo ya daba suficientes problemas, verdad? —Algo parecido. Patrick sonrió. Camryn paró frente al banco y él le acarició la mejilla con naturalidad. —No te preocupes, Camryn… todavía no se me han acabado las ideas. Te veré el viernes.


—En el día de campo —suspiró—. Está bien, si insistes, iré. Pero cuando iba hacia su casa, se dio cuenta de que no había mencionado nada de llevarla… solo que la vería allí. «¿Qué esperabas?», se preguntó a sí misma. «La hermosa Dianna estará presente. Y con ella allí, será difícil que Patrick se fije en ti». No lo vio en toda la semana. Aunque casi no tuvo tiempo de pensar en él; tuvo mucho trabajo en Stone House, pues los cuatro dormitorios estuvieron ocupados varios días. Camryn tuvo que hacerlo todo; Sherry no fue de mucha ayuda; llevaba bandejas y cambiaba camas cuando se lo pedía, pero sin mucho entusiasmo. El viernes por la mañana, Camryn preparó dos dormitorios para los huéspedes que iban a llegar aquella tarde. Luego fue a atender sus cuentas, pues; tenía media hora libre antes de ir a buscar a Susan a la escuela. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 50-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna La pareja que había reservado la habitación principal había pedido té con pastel. Era un servicio que a Camryn le gustaba ofrecer porque la gente pagaba sin


quejarse y era fácil de preparar. Pero aquel día preferiría haber ido al parque con su hija, para reponer energías antes del maldito día de campo. La invitación estaba clavada en el tablero de corcho, frente a ella. —Es el primer día de campo para el que recibo una invitación —Camryn la miró fijamente. Claro que era normal que el banco lo hiciera; no se podía poner un anuncio en un periódico. Además, era obvio que no invitaban a todos los clientes del banco y que la invitación de Camryn había sido algo de última hora. La invitación había llegado el miércoles. Con una nota escrita por Dianna Stanford… «Patrick me ha dicho que sufrirá una enorme decepción si no viene». —«Patrick me ha dicho» —musitó Camryn—. Creo que aquella noche fue a cenar con ella. Y Dianna aclaraba, sin ningún esfuerzo, que de no ser por Patrick, Camryn Hastings no habría sido invitada. —Me encantaría no ir, pero no puedo —Camryn siguió hablando en voz alta. El teléfono sonó. Era la mujer que había reservado el dormitorio principal para ese fin de semana. —Siento llamarla tan tarde —parecía sincera—. Pero nuestro hijito está con gripe y no podemos dejarlo solo. Quizá podamos reservar una habitación para otro


fin de semana. Camryn contestó y anotó la reserva para un fin de semana de agosto. Colgó el auricular malhumorada. Las cancelaciones eran parte del negocio; Camryn lo sabía y planificaba sus gastos teniéndolas en cuenta. Pero no eran muy frecuentes y siempre eran una sorpresa desagradable. El perder el dinero de tres días en la habitación más cara además del dinero del té, reduciría sus ingresos aquella semana. Era poco probable que otro cliente la llamara para solicitar aquella habitación. Miró la tarta de chocolate que esperaba ser decorada en la cocina. La había preparado la noche anterior porque la mujer que había cancelado la reserva le había dicho que la tarta de chocolate era la preferida de su esposo. Otro esfuerzo para nada, pensó. —Sé positiva —se dijo en voz alta—. Puedes llevar al parque a Susan, después de todo. Y se dio cuenta de que había otra cosa buena. Por lo menos, Patrick no había estado en su cocina esa mañana. Sin duda hubiera hecho agradables comentarios acerca de las cancelaciones y de sus ingresos.


*** https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 51-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Después de correr por el parque, Susan se acostó en la galería con Ipswick y el osito Freddy, y se durmió. Camryn la tapó con una colcha y empezó a hacer unos bollos para el desayuno de la mañana. Empezó a anochecer; Susan seguía dormida y Sherry todavía no había vuelto a casa. ¿Qué le estaría pasando a Sherry?, se preguntó Camryn. Le había dicho que necesitaba que estuviera en casa, aquella noche iban a llegar unos huéspedes. Nunca había sido tan irresponsable. Cuando estaba sacando los últimos bollos del horno, oyó que un coche aparcaba frente a la casa. Suspiró aliviada, pero se sorprendió al oír el timbre. Pensó que Sherry debía tener las manos ocupadas se apresuró a abrir. Cuando vio la silueta masculina a través del cristal de la puerta, la abrió de golpe. —¡Patrick! —exclamó y la invadió la alegría. Pronto apaciguó su dicha. Claro que estaba contenta de verlo, pensó; no le gustaba nada, la idea de ir a esa fiesta sola, sin conocer a nadie. La miraba detenidamente, desde su pelo, recogido con un pañuelo, hasta sus


vaqueros más viejos, medio escondidos por un delantal blanco. —No pensarás ir así, ¿verdad, Camryn? —No, el delantal, no —replicó—. ¿Qué creías que me iba a poner, Patrick? — hizo una pausa para observarlo, con los ojos entrecerrados. Llevaba una chaqueta deportiva de lino y pantalones oscuros. Camryn lo invitó a pasar. Observó cómo brillaban sus zapatos y miró su corbata y su camisa, color azul claro. Era algo mucho más informal que lo que se ponía para ir a trabajar, pero no era ropa adecuada para ir al campo… por lo menos, no para Camryn. De alguna manera, supo que Patrick no era el que iba a desentonar. Cerró los ojos angustiada. Debía habérselo imaginado. ¡Con la suerte que tenía, no se podía tratar de un día de campo común y corriente! https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 52-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Capítulo 6 —Por lo menos, habrías podido advertirme que este día de campo no es de


los que incluyen tortilla de patatas y hormigas —comentó con amargura. —¿No te lo había advertido? —No te hagas el inocente. Hubiera podido llegar con mis playeras y pantalones cortos… —Habrías sido toda una sensación —concluyó—. Pero no tanto como si hubieras llegado en traje de baño —recorrió a Camryn con la mirada. —¿No pretenderás sabotearme, McKenna? —Por supuesto que no. Estoy aquí, ¿no? Camryn desvió la mirada. Era difícil concentrarse cuando Patrick la miraba como si intentara imaginar las curvas que ocultaba el delantal. Por fin añadió: —No tenemos tiempo para discutir, Camryn. —Está bien, me cambiaré. Será mejor que subas. —¿Para ayudarte? —Subió tras ella. «No lo tomes en serio», se dijo Camryn. «Solo está bromeando». —No estaba pensando en eso, Pero puedes subir a la galería y ponerte cómodo. —Sabía que ibas a proponerme algo aburrido —parecía un poco molesto. En la galería, Susan se sentó y se frotó los ojos. —¿Ya es hora de prepararnos para el día de campo? —preguntó adormilada.


Camryn reprimió un suspiro y se arrodilló para abrazar a su hija. —Es un día de campo distinto y creo que no vas a poder ir. Susan empezó a sollozar con el corazón desgarrado. Patrick no estaba impresionado. Se sentó en una silla junto a la puerta. Camryn pensó disgustada que Susan iba a cogerse un berrinche en el peor momento. —No suele reaccionar así —se sentó a la niña en su regazo—. Lo que pasa es que todavía está un poco dormida… —A mí no me lo parece. Camryn, vamos a llegar tarde. Ve a vestirte y yo me encargo de Susan. Lo miró preocupada. —Mira, Patrick, si Sherry no llega pronto no voy a poder salir de todos modos. Ha debido olvidar… —Bueno, primero vístete y luego ya veremos qué podemos hacer. Si no viene nos preocuparemos entonces. —Supongo que llevas contigo una lista de niñeras —exclamó Camryn. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 53-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Al oír aquella horrible palabra, Susan lloró aún más. Patrick se levantó, cogió


a la niña y se sentó con ella. Miró a Camryn y le hizo una seña para que subiera a cambiarse. Camryn se levantó y puso los brazos en jarras. —Está bien, veo que te portarás como un dictador. Pero no te atrevas a regañarla por estar triste. La culpa es mía y tuya también, podías haber aclarado desde el principio que no era una fiesta para niños. —Soy culpable. Así que vete para que repare mi error, ¿de acuerdo? — Acarició la cabeza de Susan, que dejó de llorar para mirarlo. Camryn se fue deseándole suerte en su interior mientras subía por la escalera. Susan no solía cogerse rabietas, pero cuando las cogía casi siempre se salía con la suya. Por qué se preocupaba por eso, se preguntó Camryn. Qué podía importarle lo que Patrick pensara de su hija. Llamaron a la puerta minutos después, cuando Camryn se estaba maquillando. Sherry asomó la cabeza. —Patrick me ha dicho que subiera a avisarte que había llegado a casa. ¿Por qué? ¿Creías que me había olvidado? —No parecía gustarle esa idea. Camryn estuvo a punto de confirmar sus sospechas. Pero no iba a hacer un


escándalo en aquel momento. —No sueles llegar tan tarde. He pensado que te había pasado algo. —Imposible —replicó Sherry antes de cerrar la puerta. Camryn miró la puerta fijamente un momento. Claro, era viernes por la noche y quizá había tenido que rechazar una cita, pensó. Pero era la primera vez desde que vivía en Stone House que se comportaba así… Le hubiera gustado ver lo que estaba pasando en la galería, pero no podía hacerlo sin que la escalera de roble crujiera. Susan se encontró con su madre en el umbral de la puerta. —¡Mañana voy a ir a una fiesta! —exclamó—. ¡Con Patrick! Una fiesta grande, con muchos niños y juegos y premios y… —¿Para reparar tu error? —preguntó Camryn mirando fríamente a Patrick. Éste observó el vestido color violeta que dejaba sus hombros al descubierto y asintió, con un gesto de aprobación. —Es una fiesta que hacen mis padres para celebrar la llegada del verano. Le he pedido a Susan que sea mi acompañante. —No deberías prometer lo que no puedes cumplir.


—Lo puedo cumplir. Habrá juegos, premios y muchos niños —afirmó Patrick. —Quizá, pero puede ser que Susan no vaya. Esto es un negocio, sabes, y no puedo dejarlo así como así… —Si insistes, supongo que podríamos llevar a alguien como acompañante — sugirió Patrick—. Me pregunto si Sherry querría ir. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 54-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Quiero que mi mamá vaya —aclaró Susan. —Ya la has oído —Patrick se encogió de hombros. —A eso me refería —acusó Camryn—. La ilusionas antes de saber si va a ser posible… —Ve a divertirte, Camryn —ofreció Sherry. Camryn ni siquiera la había visto cerca de la ventana, hasta qué la oyó hablar—. Yo no tengo ningún compromiso para mañana —y volvió a mirar hacia la calle. Camryn sintió ganas de ir a sacudirla y exigirle que le contara qué le pasaba. Pero Sherry ya era mayor y no podía obligarla. Camryn suspiró. —Supongo que ya podemos irnos —se dirigió a Patrick. Éste le dio un beso a


Susan. —Te veré mañana por la mañana —prometió. —Me gustaría que no la hubieras invitado —comentó Camryn mientras se dirigían hacia el coche—. Es una fiesta familiar y… —No, no lo es. Es una fiesta a la que acude todo el mundo y cada año es más grande. El verano pasado, la mitad de la universidad estuvo presente — Patrick la ayudó a entrar en el coche. —No deberías invitarla porque te sientas culpable de lo de esta noche. No deberías buscar el perdón dándole algo que no tenías intención de ofrecerle… Patrick se inclinó hacia ella y la hizo levantar la barbilla. —Calla —y la besó. Camryn sintió fuego en sus venas. Entreabrió los labios y sintió que su lengua se deslizaba por su boca, buscando, probando, explorándola. Gimió y Patrick empezó a acariciarle el cuello como si buscara algo… Por fin, la soltó, un par de minutos antes de que Camryn se derritiera. Patrick rodeó el coche y se sentó frente al volante. A Camryn le pareció que, aparte de que respiraba con dificultad, estaba perfectamente bien. Ella, sin embargo, no estaba nada bien. Se miró en el espejo y suspiró. Sus labios estaban un poco hinchados y sus


ojos, grandes, oscuros y húmedos. Sacó el pintalabios del bolso. —Ahora debo reparar el daño. ¿Por qué lo has hecho, ha sido a propósito? — Intentó aparentar naturalidad. —¿No lo sabes? Camryn lo miró, asustada. Parecía hablar en serio. No podía hacer frente a la situación, pensó, realmente no podía. Patrick le acarició dulcemente la mejilla. —Porque creo que es muy sexy ver a una mujer pintarse los labios, por eso. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 55-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna *** La idea que tenía Dianna Stanford de pasar un día en el campo era algo parecido a celebrar una fiesta en los jardines del palacio de Buckingham. Una sección de uno de los parques más grandes de Lakemont estaba acordonada y habían levantado una serie de casetas formando un cuadrado. Debía haberse imaginado que Dianna no iba a dejar que un detalle tan nimio como el césped interfiriera con la moda, pensó Camryn al mirarse sus propios zapatos de tacón bajo.


En una de las casetas había una banda musical y una pista de baile. Otra estaba llena de camareros y de enormes cantidades de comida. La siguiente tenía mesas pequeñas, con cubiertos, platos y copas. En la caseta contigua había un bar y multitud de gente bebiendo. Bueno, quizá no era mucha gente, algo más de cien personas, pero hacían mucho ruido. —¿Qué quieres tomar? —preguntó Patrick—. Hay champaña y estoy seguro de que pueden preparar cualquier cóctel. —En el último día de campo que asistí, la bebida era cerveza caliente, puesto que a la anfitriona se le olvidó el hielo. La otra alternativa era sacar agua del lago Michigan. Patrick se estremeció. —Traeré champaña —y fue a buscarlo. —Hola, querida —saludó la voz atronadora de Warren Stanford y le dio un beso en la mejilla a Camryn. Ésta pensó que debía haber tomado ya una o dos copas, o bien que no recordaba quién era ella, pero no quería ignorarlo. Por lo menos, el beso había sido menos destructivo que un apretón de manos, agradeció Camryn en silencio.


Le sonrió y lo saludó, y mientras buscaba algo interesante y encantador que decir, una señora de edad madura se acercó a ellas. Puso una mano en el brazo de Camryn y la otra en el de Warren Stanford. —Tenía que decirle que Patrick es un muchacho muy agradable. Siempre tan servicial y encantador. Qué bien, pensó Camryn. Tendría que contarle que las mujeres mayores lo halagaban delante de su jefe… si es que no lo sabía ya. —Es usted una mujer muy afortunada, señora McKenna —sonrió la señora. Patrick le entregó una copa que Camryn casi dejó caer, por la impresión. «¿Señora McKenna?» La anciana palmeó la mano de Camryn—. Quédese siempre a su lado. —¿Señora McKenna? —Patrick le sonrió a la señora—. Suena muy bien, ¿verdad, señora Johnson? A mi madre le gusta mucho y dice que solo lo compartiría con mujeres muy especiales; todavía no he encontrado a ninguna que obtenga su aprobación. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 56-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna


La señora Johnson se marchó desilusionada. Warren Stanford se rio. —Muy bien, muchacho. Camryn intentó contener un suspiro de alivio. Patrick le sonrió y la recomendó: —Bebe tu champaña. Al levantar la copa, Camryn vio de reojo a Dianna Stanford, enfundada en un vestido de seda roja. Iba cogida del brazo de un hombre muy guapo y prematuramente cano; pero miraba a Camryn con tanta envidia que parecía querer asesinarla. Patrick la cogió del brazo. —¿Nos mezclamos con la gente? Sabes, es mi deber. —Quizás deberías decirle a Dianna que esto solo es un asunto de negocios — susurró Camryn. —Quizá no quiera hacerlo —replicó, pensativo. —Entonces te sugiero que trates de esquivar las flechas que se dirijan hacia ti. Yo lo estoy intentando. —No te preocupes por Dianna. —¿Qué le pasa? —No gran cosa. Hace tiempo Dianna estaba convencida de que yo le pediría algún día que se casara conmigo, y no me ha perdonado que no lo haya hecho.


—En ese caso, tú no tienes por qué preocuparte —exclamó Camryn, sarcástica. —¿No es sarcasmo lo que percibo en tu voz? —¿Es que no te has enterado de lo que puede hacer una mujer despechada? —¿Quién ha dicho que está despechada? Yo no la he rechazado… lo que pasa es que nunca le he pedido nada, ni le he dicho nada —miró las burbujas de su copa— . Lo he pensado. Pero nunca he podido pedirle que nos comprometiéramos. —¿Por qué no? —preguntó con acidez Camryn—. Creo que tendría muchas ventajas para un joven banquero con aspiraciones. Porque si esto solo es un día de campo, me aterra pensar en lo que haría si se tratara de la fiesta de una boda — susurró con malevolencia. Camryn intentó contener la risa y casi se ahogó con el champaña. «No lo provoques», se dijo a sí misma, «no es necesario». —Además, ya tiene suficiente compañía masculina esta noche, sin contarme a mí —prosiguió Patrick—. Ése es el presidente de la principal industria de Lakemont, y si ella es lo bastante tonta para estar con él, eso solo confirma mi opinión. —¿Por qué? —Camryn miró de reojo al hombre en cuestión.


—Porque todavía no se ha divorciado. —Quizá solo sea un asunto de negocios entre Dianna y él. Como lo que pasa con nosotros. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 57-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Quizá. Cuando su esposa termine con él, va a necesitar una transfusión de dinero —tomó champaña—. Y si dices una sola palabra más sobre Dianna, te llevaré a un rincón apartado en donde te silenciaré con el único método, que he descubierto que funciona. —Ah —fue un susurro audible y Camryn recordó que aquel método había sido muy efectivo cuando Patrick ya no había querido seguir hablando de la fiesta ni de Susan—. Tendré cuidado. Sonrió, con los ojos brillantes. —Mejor no lo tengas —murmuró—. Me parece algo mucho más divertido que estar en este maldito día de campo. Era una hermosa noche y Camryn pensó que habría sido perfecta para un


verdadero día de campo, uno que tuviera cielo estrellado como techo y la canción de los grillos como música. Fue un alivio cuando, diez minutos después de que Warren Stanford se bajó de la pista de baile, Patrick preguntó: —¿Lista para ir a casa? Un alivio, pero también una decepción. La prontitud de su sugerencia significaba que el día de campo, y quizá también la compañía, lo aburría. Pero no pensaba tener que pasar por lo mismo al día siguiente, en la fiesta de los padres de Patrick. Camryn decidió que buscaría una excusa para explicar por qué Susan no podía asistir. —Es una hermosa noche, ¿verdad? —comentó al fin la joven—. La luna está llena, las estrellas… Asintió y aparcó el coche frente a la casa. —¿Te vas a acostar ya? —preguntó Patrick. ¿Estaría insinuando que no se molestaba en invitarlo a un café? —No, creo que voy a quedarme un rato en la terraza para ver la luna — explicó sin pensar. —¿Puedo acompañarte? —antes de que Camryn pudiera recobrar el aliento, añadió—: Vivo en uno de los edificios del centro, así que no tengo terraza.


—Además, en medio de la ciudad, la luna parece solo un poste de luz más — asintió Camryn. Lo condujo hacia la terraza de la parte trasera de la casa. Patrick miró los muebles y la luna. —Creo que tendremos la mejor vista desde aquí, ¿no crees? —no esperó su respuesta y la llevó a un sofá para dos; la hizo sentarse, le pasó un brazo por los hombros y la hizo apoyar la cabeza en su hombro. Patrick le acarició la sensible piel del lóbulo de la oreja. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 58-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Se quedaron así durante mucho tiempo y Camryn respiraba quedamente para no perturbar el momento. Lo miró con los ojos entrecerrados. La luz de la luna hacía brillar sus pestañas y proyectaba sombras sobre sus pómulos. Hacía mucho tiempo que no se sentía así con un hombre… mucho tiempo, en efecto, pues ni siquiera Mitch había tenido tiempo para sentarse a mirar la luna con ella. Había algo muy tranquilizador en Patrick McKenna, advirtió Camryn. Quizá se había equivocado y no lo había aburrido esa noche. De cualquier modo, no se preocuparía por eso…


—Camryn —susurró Patrick—. Tengo que preguntarte algo… Ella murmuró algo, una protesta por haber interrumpido aquel momento perfecto. —Cuando estabas casada, ¿te gustaba hacer el amor? Camryn abrió los ojos; no se apartó, pero se puso en guardia. —¿Qué quieres decir? —No huyas. Sé que la propuesta de tu amigo el médico te molestó mucho y entiendo muy bien por qué. Pero, ¿acaso solo fue por él? Cuando me lo contaste, parecía que la mera idea de acostarte con alguien te parecía repulsiva. Ella volvió a cerrar los ojos. —No, no es eso. Pero debo confesar que no entiendo por qué tanta gente enloquece con eso. Por ejemplo, mira a mi amigo el médico. Tiene una esposa muy agradable… ¿por qué iba a desearme a mí? Patrick guardó silencio tanto tiempo que al fin Camryn lo miró para cerciorarse de que no se había dormido. La observaba fijamente, con una expresión de incredulidad en sus oscuros ojos. Su forma de mirarla provocó una extraña sensación a Camryn. —¿De verdad no sabes por qué? —Su brazo la apretó, solo un poco—. Estoy


harto de mirar la luna, Camryn —susurró—. Prefiero verte a ti… El primer beso fue tierno. Los labios de Camryn se suavizaron de modo automático para besar los suyos; cuando se relajó, la boca de Patrick se tornó más posesiva, le acariciaba la mejilla, el suave cuello y volvía a sus labios. La acercó aún más y pronto Camryn sintió que sus cuerpos se confundían. Sentía que el corazón de Patrick latía con mucha fuerza sobre su seno… ¿o acaso se trataba de su propio corazón? Patrick le acarició la delicada piel de los hombros y un seno. El calor de su mano pareció disolver la delgada tela. Mandó una oleada de sensaciones a través de su cuerpo, que fue seguida por un pensamiento cuerdo… Estaban a punto de hacer el amor en la terraza… ¿Cómo podía estar tan loca? —Suéltame —susurró. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 59-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Quiero tocarte, Camryn, cada centímetro de ti —la frustración volvía áspera su voz—. Quiero hacerte el amor…


—Por favor, Patrick. Lo oyó jadear y durante un instante sintió miedo, pero la soltó. Camryn se alejó, hasta el otro extremo del sofá. Sabía que no era mucho, pero no tenía fuerza para moverse más. Patrick se pasó una mano por el pelo. Camryn advirtió que era la primera vez que lo veía despeinado y le pareció que estaba muy guapo. Levantó una mano para acariciar las oscuras ondas y se percató de que no sería lo más sabio que podía hacer en esos momentos. —¿Por qué te alejas, Camryn? —su voz era dura—. ¿Porque, si vienes a la cama conmigo, vas a sentir que no le eres leal a Mitch? —No, no creo que Mitch tenga nada que ver con esto. —Entonces, ¿te importaría decirme qué es lo que pasa? Estoy como si me acabara de atropellar un camión… —¿Quieres un poco de café? La miró largo rato y sonrió veladamente. —El café es tu solución cuando estas desesperada, ¿verdad? —se levantó—. No, gracias. Creo que será mejor que me marche a casa. Te veré mañana. —¿Patrick?


—¿Sí? —Lo siento —susurró. —Bueno, eso es un alivio —abrió la puerta del coche—. Ojalá que no duermas bien, Camryn. No durmió bien. Soñó que hacía el amor con él y se despertó al amanecer; se sentía exhausta y frustrada. —La semana pasada pensabas que nunca ibas a querer hacer el amor con nadie más, y ahora…—se regañó a sí misma. El solo hecho de pensar en las vívidas imágenes de sus sueños la hizo ruborizarse. Era evidente que su deseo no estaba muerto. Tan solo había estado hibernando en alguna parte, esperando una oportunidad para emerger de nuevo. Y aquello se convertía en un dilema. No podía decir que Patrick McKenna no le parecía un hombre atractivo, después de haber pasado parte de la noche en sus brazos. Y, habiendo resucitado su cuerpo, no podía pasarse los próximos veinte años bañándose con agua fría. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 60-103


Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Pero algo en su interior se oponía a la idea de tener que explicarle a Susan por qué había un hombre en su dormitorio… Había sido mucho más fácil la semana anterior, se dijo a sí misma. Tal vez todo desaparecería si no pensaba mucho en ello. Sherry llegó a la cocina cinco minutos después que Camryn y cogió un delantal. —Me encargaré de los huéspedes que quieren el desayuno en la cama —se ofreció mientras sacaba las bandejas. Camryn se quedó paralizada por la impresión, mientras Sherry preparaba las bandejas. Quiso pedirle una explicación, pero se dijo que era mejor dejar las cosas en paz y aprovechar su buena suerte. Camryn puso las bandejas de bollos en el horno, para que se calentaran, y empezó a revisar la lista de cosas para ese día. —Sherry, ¿puedes recoger las cosas de la lavandería? Voy a necesitar el mantel grande para el desayuno de mañana, y como hoy no estás ocupada… —con toda la confusión del día anterior sería una maravilla que solo se hubiera olvidado eso, pensó Camryn.


—¿Dije que no iba a estar ocupada? —Sherry dejó de llenar una tetera—. Ah, sí, ahora recuerdo. Eso fue antes de que hiciera planes. Susan entró en la cocina tarareando una canción. Tenía puestos sus pantalones cortos rosas y una blusa y llevaba unas sandalias en la mano. —¿Ya ha llegado Patrick? —quiso saber en el instante en que entró en la cocina—. Estoy lista para la fiesta. Camryn se sintió hundida, al verse atrapada entre los planes de Sherry y los de Susan. Si Sherry no pensaba quedarse, ella tendría que hacerlo y Susan no podría ir a la fiesta, lo que provocaría la rabieta más grande de toda la historia, pensó Camryn. Por otro lado, Patrick recibiría una buena lección si dejara ir sola a Susan. Suspiró, Susan iría a la fiesta, y aquello la entristeció aún más. —¿Qué planes, Sherry? —preguntó Camryn. —He invitado a alguien a comer, eso es todo. Pensaba que no te importaría. —Claro que no —una oleada de alivio invadió a Camryn. —Bueno, no dejes que esto interfiera en tu fiesta, por favor —añadió con sentimiento—. Ve y diviértete… —Y no vuelvas pronto, ¿verdad? —rio Camryn—. No te preocupes, Susan y yo no te molestaremos. ¿Quieres que llame antes de venir para asegurarme de que no


hay moros en la costa? —No, solo es una comida. Por fin llamó anoche… creía que nunca lo iba a hacer. A propósito, te he dejado una nota en el escritorio… he reservado un cuarto para su madre a finales de agosto. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 61-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —¿Tu nuevo amigo de la biblioteca? ¿Para qué querría reservar un cuarto para…? —¿Él? —Sherry la miró sin entender—. ¿Pensabas que esperaba que él me llamara? Me refería a John Marlow. Camryn cerró la boca con esfuerzo. —¿Lady Marlow va a venir otra vez? Sherry… —En realidad, no es tan antipática, una vez que se la conoce mejor —Sherry no parecía muy convencida, pero sí muy decidida. —¿Y estás saliendo con su hijo? —Yo no diría tanto. Una comida no es el principio de una relación. Pero, con algo de suerte… —Entonces, por eso el fin de semana pasado hiciste acopio de valor para


llevarle el desayuno a la señora Marlow, ¿verdad? Sherry asintió. —En aquel momento, me sentía como una verdadera idiota —confesó—. Su hijo pensó que tú eras maravillosa, pero no se fijó en mí. Pero el sábado por la noche, cuando trajo a su madre, cuando se dio cuenta de que soy una chica hogareña y de que había pasado la noche entera jugando con Susan… —Después de enviar a la madre de Susan al cine para que no estorbara — concluyó Camryn secamente. —Bueno, te divertiste, ¿verdad? —Sherry no mostraba arrepentimiento. —No estamos hablando de eso. —Pero no pareció haber dado resultado alguno… pasó una semana entera y ni siquiera me llamó. Pero anoche, cuando me llamó para reservar la habitación, charlamos un poco y luego… —Ya entiendo. Sherry Abbott, eres toda una estratega. —Sí, lo soy —sonrió la interpelada—. Pero, como tú dices, si vale la pena tenerlo, vale la pena hacer un esfuerzo para lograrlo. El timbre sonó y Susan corrió a abrir. Regresó un par de minutos después, cogiendo de la mano a Patrick. Éste se había puesto unos pantalones cortos,


unas playeras y una sudadera con el emblema de la universidad. —Qué pronto has llegado —comentó Camryn. Patrick miró con admiración las bandejas de bollos. Camryn le puso uno en un plato y se lo dio. Patrick lo mordió y sonrió: —Y ha merecido la pena. —Ya veo que has cambiado de imagen. ¿Estás cómodo así? Supongo que podrías pedirle a la lavandería que te plancharan mejor ésos pantalones… https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 62-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Créeme, me echarían de la casa si lo hiciera. Camryn, ¿no has aprendido que para ser elegante tienes que adaptarte a lo que te rodea? —se lamió los dedos y miró con esperanza la bandeja de los bollos. —Sírvete lo que quieras… no voy a estar pendiente de ti. ¿Tu madre se molestaría si uno de los invitados lleva comida? —Depende. ¿Qué piensas llevar? Camryn señaló el pastel de chocolate. —Todavía tengo que adornarlo. —¿A quién le importa lo que piense mi madre? Los demás estaremos muy


agradecidos. —Iba a coger un pedazo para mi comida… —se quejó Sherry. —¿Y demostrarle a John Marlow lo buena cocinera que eres? Olvídalo. Pero si te sirve de ayuda, me aseguraré de que Susan esté presente en todas sus citas. —Sé cuándo me han vencido —gruñó Sherry; cogió una bandeja y se alejó con actitud de dignidad ofendida. Patrick empezó a comer su tercer bollo. —Tengo que conservar mi energía —comentó cuando vio a Camryn arquear una ceja—. Y como no he dormido nada… ¿Tú has dormido bien? —No. —Me alegro. Te lo merecías. Pero Camryn pensó que parecía un poco sorprendido de oírla confesarlo. Y ella debía admitir que también estaba sorprendida de haberlo hecho. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 63-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Capítulo 7 Era por allí, pues el ruido podía oírse dos calles antes.


—Por eso han hecho una fiesta para el vecindario —explicó Patrick—. Es más fácil invitar a los vecinos que bajar el volumen de la música. Aparcó el coche frente a una antigua casa. En la fachada había manchas de todos los colores. Pero parecía sólida y bien conservada. Camryn buscó con la mirada botes de pintura y trapos, pero al llegar a la casa tuvo que concluir que, por fin, Kathleen McKenna había abandonado la idea de convertir la fiesta en una sesión de pintura. —¿De qué color es? —¿La casa? —preguntó Patrick—. Rosa, gris y color vino, creo… No parece muy estético, ¿verdad? Dennis McKenna los recibió en la entrada. —Patrick, puedes traer a esta muchacha a casa cada vez que quieras — comentó al quitarle de las manos el pastel a Camryn—. Me alegra de que hayas venido, Camryn, con o sin pastel. —Gracias, señor McKenna. —Llámame Dennis. Si me dices «señor McKenna», todos te mirarán como a una loca.


—De hecho, es el doctor McKenna. Si de verdad quieres hacerlo destacar entre las masas llámalo así —aconsejó Patrick—. Funcionaba muy bien cuando éramos pequeños y nos regañaba por no haber hecho los deberes… —¿Medicina? —preguntó Camryn a Dennis. —No, Matemáticas, en la universidad. Y tienes entera libertad para ignorar a Patrick, al igual que lo hacemos el resto de nosotros —colocó el pastel en una mesa y se arrodilló—. Tú debes ser Susan. La niña asintió, tímida, y apretó la mano de su madre, confundida por el ruido y la gente. Pero Dennis había criado a una familia de cinco hijos y en pocos minutos él y Susan eran amigos. La niña lo acompañó a ver un partido de voleibol que estaban jugando en el patio trasero. —Después de todo, no hacía ninguna falta —Camryn los vio marcharse. Pero no era broma del todo; se daba cuenta de lo mucho que estaba creciendo Susan. —Claro que no te necesitamos —sonrió Patrick—. Solo te he traído para que no me montaras un numerito porque te dejábamos en casa —la cogió de la mano —. Ven a conocer a mi abuela. Camryn lo miró sorprendida, pero luego se regañó a sí misma; «no seas tonta»,


se dijo. «Ningún abuelo somete a un interrogatorio a los amigos de sus nietos; lo que pasa es que Patrick quiere integrar a su abuela en la fiesta». https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 64-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —No debíamos haber dejado que mi padre se llevara a Susan, pero no creo que pase nada. A mi abuela le gusta conocer a los padres de mis acompañantes — murmuró Patrick. Camryn le pellizcó y él dio un respingo y fingió que estaba herido. La condujo de la mano hasta el comedor, en donde Kathleen McKenna estaba poniendo toneladas de comida en la mesa. Le sonrió a Camryn y siguió con su tarea. Su presencia en aquella casa no resultaba extraña, se dijo la chica. AI fin y al cabo, Kathleen le había dicho a Patrick que llevara a sus amigos. Le gustaba que la aceptaran como la amiga de Patrick, sin preguntas… La casa estaba bien conservada, pero tenía rasguños y golpecitos, se notaba que una gran familia había vivido allí. —¿Creciste aquí? —¿Es que no has visto la marca histórica que señala, a la entrada, que este fue


mi primer hogar? —se burló Patrick. —¿Te refieres a una placa de latón? No, no la he visto —contestó Camryn secamente. —No es una placa, son mis pequeñas huellas marcadas en el cemento. Mi madre pensó que si las estrellas de Hollywood podían hacerlo… —Puede que las huellas sean pequeñas, pero seguro que tu «ego» ya estaba muy hinchado. —Te diré que he sido un niño tan adorable que mis padres tuvieron cuatro más —replicó Patrick—. Eso ya es una recomendación bastante buena —abrió la puerta. El panel central de vidrio mostraba el diseño de una piña. —Qué bonito —Camryn lo acarició con un dedo. —Gracias. Yo mismo lo escogí y lo compré con mi dinero el verano que rompí el cristal original con una piedra. —Deberían haberte asesinado. —¿Por qué? Hasta mi madre dice que éste es más bonito. En el porche no había nadie, a pesar de que había sillas para sentarse. La mayor parte del jardín de enfrente parecía una trampa de arena abandonada. Pero una parte


había sido acordonada y ya se veía crecer algo de césped. —Está horrible, ¿verdad? —comentó Patrick—. Mi padre siempre ha querido tener un jardín muy bonito, pero a pesar de los años los lugares sin césped han ido aumentando. Cuando nosotros crecimos creyó que podría realizar su sueño, pero sigue sin poder evitar que los niños del vecindario pasen por aquí. Allí están. En un extremo del jardín, Camryn vio un grupo de adultos. Patrick bajó los escalones del porche de un salto y se dirigió hacia ellos. —Patrick, no te atrevas a arruinar mi jugada —dijo alguien duramente y Patrick cogió de la mano a Camryn, mientras una herradura de caballo pasaba volando y se enganchaba alrededor de una estaca. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 65-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Entre los niños y los adultos, no es extraño que mi padre esté a punto de abandonar la idea de tener césped en casa —murmuró y después alzó la voz —. Aquí está, Nell, y no me digas que no te has fijado. Te he sorprendido observándola cuando entramos en la casa.


La mujer que había lanzado la herradura se dio la vuelta. Era casi tan alta como Patrick y muy fornida; tenía el pelo blanco y sus arrugas evocaban una vida vivida intensamente. Llevaba pantalones vaqueros y una camiseta con una frase poco recatada. «¿Esta es su abuela?», pensó Camryn al estrechar la mano de Nell McKenna. Advirtió que tenía los ojos del mismo color que Patrick… —¿Juegas a las herraduras, querida? —la voz de Nell McKenna era áspera. —No, me temo que no. —Deberías hacerlo. Es un ejercicio excelente… te fortalecería los músculos de los brazos. Vosotros los jóvenes no tenéis buenas condiciones físicas. —Nell estuvo practicando el lanzamiento de peso hasta que cumplió setenta y dos años —explicó Patrick—. Dice que lo abandonó porque el médico la obligó a hacerlo… —Por la artritis de mi hombro —añadió Nell—. Estaba haciendo estragos con mi brazo de lanzar. —Es verdad que su promedio empezó a bajar —musitó Patrick—. Pero no creo


que se debiera a la artritis. Lo que pasaba es que le estábamos ganando demasiadas veces. Nell puso los brazos en jarras y entrecerró los ojos; se dirigió a Camryn: —¿No te parece que esos pantalones son indecentes? ¡Pasearte con las piernas desnudas así! Camryn parpadeó ante el súbito ataque. Sus pantalones no eran particularmente atrevidos… —Ah, no los tuyos, Camryn —prosiguió Nell—. Yo también llevaría pantalones cortos si tuviera unas piernas como las tuyas. Me estaba refiriendo a las rodillas velludas de mi nieto. Hacen daño a la vista. —Si intentas decirme que vaya a otro sitio para que puedas hablar con Camryn, solo tienes que pedírmelo, Nell —sonrió Patrick. —Muestra algo de respeto por tus mayores, Patrick, y aléjate. Y ya que lo dices, si de verdad quieres que tenga una mejor opinión de ti, ve a hablar con tu


madre. Todo este proyecto que tiene para pintar la casa va a matarme. —Nada podría matarte, Nell. Nos vas a ver morir a todos. Nell lo ignoró. —Ahora quiere también pintar el interior de la casa. Dice que lo lógico es hacerlo todo de una vez, aprovechando que los pintores están aquí. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 66-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Por lo menos no pretende que pintemos nosotros —Patrick se encogió de hombros. —¿Eso a quién le importa? No tiene importancia quién aplique la pintura; es el olor lo que me da jaqueca. Y como si eso no bastara, los colores que quiere usar… —Le hablaré del tema —interrumpió Patrick—. Pero no esperes que ninguno de nosotros te tome en serio, Nell. ¿Qué ha pasado con tu filosofía de que una vida limpia y el ejercicio terminan con todos los problemas? —No estoy enferma, solo es alergia. Si Kathleen tuviera algo de compasión… —


lo vio marcharse y le sonrió a Camryn—. Ahora que nos hemos deshecho de él… — se llevó a Camryn del jardín—. Quiero estar cerca de la casa cuando empiece la estampida para la comida —sonrió—. ¿Esa niña que estaba en el coche con vosotros es tuya? —Sí, es mi hija Susan. Los ojos de Nell brillaron de curiosidad. —¿Divorciada? ¿O nunca te has casado? —Ninguna de las dos cosas —se tensó Camryn—. Soy viuda. —No usas ningún anillo. Camryn se miró el lugar vacío de su dedo. Apretó las manos, irritada con Nell McKenna y consigo misma por haber sido tan tonta. Aquella mañana, después de pensarlo mucho, había decidido quitarse el anillo para evitar una confusión como la de la noche anterior. Bueno, pues era obvio que se había equivocado. —No creo que eso signifique nada —murmuró. —Así es —comentó Nell sin dudarlo. —Además, usted tampoco usa anillo, y aquí nadie ha sugerido que nunca haya


estado casada. Nell se rio. —Es cierto, tienes razón. ¿Quieres que te presente a todos? A Camryn le llevó casi todo el día conocer al resto de los McKenna, porque las presentaciones de Nell fueron interrumpidas por la hora de la comida. Por la tarde, Camryn se sentó en el porche y Susan se echó la siesta en su regazo; un joven, con un plato de pastel de chocolate, se sentó a su lado. —Soy el hermano pequeño de Patrick, Colin —sonrió. —Me lo había imaginado. Os parecéis bastante —pero no le confesó que el parecido no radicaba tanto en el pelo oscuro y los ojos azules como en el pedazo de pastel servido. No era justo, se lamentó la chica; ninguno de ellos tenía un gramo de grasa en el cuerpo. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 67-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Claro, lo de hermano pequeño es solo un término cronológico —prosiguió Colin—. Soy más joven, pero mido seis centímetros más que él, aunque a Patrick le moleste. De cualquier modo, he decidido conocer al chef pastelero. —¿No deberías esperar a probar el pastel? Sería terrible que te tuvieras que


quedar a comerlo delante de mí, si no te gusta. —Hace mucho que he tomado esa precaución —el chico sonrió—. Ésta es mi tercera rebanada. Para ser sincero, había escondido este trozo en la despensa para que nadie pudiera comerlo. ¿Te vas a casar con Patrick? Camryn miraba a Patrick, en ese momento jugaba al baloncesto en la calle. Al interceptar un pase, Patrick cayó sobre el asfalto y Camryn dio un salto como si ella hubiera caído al suelo. Susan se volvió y protestó adormilada. Camryn acarició a su hija y se relajó al ver que Patrick se levantó riendo, para unirse de nuevo al juego. Qué distinto estaba Patrick aquel día, pensó Camryn. El banquero elegante se había convertido en un joven cuya única meta era divertirse… «¿Casarme con Patrick?», pensó la chica. «No me importaría casarme con su familia entera» La idea la impresionó. Hasta aquel momento no se había dado cuenta de lo solitaria que se había vuelto. —¿Por qué lo preguntas? —Solo quería saber si podía contar con uno de tus pasteles en cada reunión familiar —sonrió Colin mientras comía. —No cuentes con ello.


—Qué pena —parecía muy triste… pero solo por el bien de su apetito, se dijo Camryn. Dennis McKenna silbó para anunciar el inicio de una carrera de tres piernas. Susan se despertó y se frotó los ojos y llamó a Patrick; este acudió y preguntó: —¿Quieres ser mi compañera de equipo? —al levantar a la niña, rozó la pierna desnuda de Camryn con la mano. Le sonrió a Camryn mientras llevaba a Susan por el patio. El corazón de la joven dio un ligero vuelco. Aquello era algo nuevo, reconoció, reacia. Maldito Colín, por haber sugerido algo así. —Camryn, si todo lo que cocinas está tan rico, empezaré a comer en tu casa todos los días —comentó Colin al terminar el pastel—. ¿Dónde vives? —Lo siento, pero solo preparo el desayuno. Y solo para mis huéspedes. —¿Sabes? estás perdiendo a un cliente potencial —fingió haberse disgustado —. Un restaurante que sirviera este tipo de comida… podrías hacerte rica. ¿Cómo se llama? ¿Stone House? Incluso se me ha ocurrido un lema: «En donde la pasta es tierna y la casa sólida como una roca». La idea le gustó. Mientras observaba la carrera se preguntaba por qué nunca se


le había ocurrido algo así. Claro que no podía hacerse cargo de un restaurante, pero podría preparar una comida sencilla que se sirviera solo con previa petición. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 68-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Además, le gustaba servir el té con galletas de la tarde, algo que no se hacía en el resto de la ciudad. ¿Por qué no hacer algo así para el público? A juzgar por la reacción de Colin, podría haber una buena demanda… Y con el dinero extra que recibiría… deseaba saber sí Patrick opinaba que era suficiente para hacerle ese préstamo hipotecario. Patrick se sentó a su lado, con una sonrisa. —Hemos perdido. Susan ha ido a llenar globos de agua con el resto de los niños. Está aprendiendo muchos juegos nuevos hoy. Camryn se estremeció. —Creo que todavía no has hablado con tu madre, Patrick —comentó Nell mientras acercaba una mecedora y se sentaba. —Sí que lo he hecho —Patrick no abrió los ojos—. Ríndete, Nell. Para ser francos, la casa necesita pintura por dentro y por fuera. Además, has vivido con mi madre durante quince años y ya deberías saber que cuando se le mete una idea en la


cabeza, no para hasta verla realizada. —Es verdad —asintió Colin. —Será mejor que dejes que se salga con la suya con lo de la pintura — aconsejó Patrick—. Sabes que cuando esto termine, no volverá a mover un mueble en cinco años. —El que mueva muebles no me produce jaquecas —declaró Nell—. Y si tengo que estar oliendo a pintura durante días y noches enteras, no estaré viva para ver lo que pasa dentro de cinco años. Quizá no viva ni cinco días… —Entonces, duerme en un hotel —Patrick no parecía estar interesado—. Mejor aún, ve a quedarte en casa de Camryn durante una o dos semanas. Tendrás todas las comodidades de una casa, además de un delicioso desayuno. Tienes un cuarto libre para una anciana irascible, ¿verdad, Camryn? —Son mis huéspedes favoritos —murmuró la aludida. —Entonces le diré a mi madre que los pintores pueden venir el lunes — Patrick contuvo una sonrisa—. Ya está todo arreglado. —Es muy fácil para ti decirlo —insistió Nell—. Me gustaría saber quién va a pagarlo, ¿tú? Espero que no hayas pensado que Camryn va a hacerlo gratis…


—¿Qué te parece si lo hace por amor? Es una idea encantadora —sonrió Patrick. Camryn no logró evitar ruborizarse. —Creo que puedo hacerle un precio especial. —Confiaré en ti. Mándame la cuenta. Ese será tu regalo de cumpleaños, Nell. Y también el de mi madre —añadió en un susurro. —Ya que estás ofreciendo dinero, Patrick, tengo problemas para pagar las mensualidades de mi coche… —comentó Colin esperanzado. —Ve a verme al banco el lunes. —Sabía que era demasiado bueno para que durara —gruñó Colin. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 69-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Voy a hacer mi maleta —Nell se levantó—. Ah, Patrick, haré lo imposible para divertirme. Sería una pena que tu dinero no rindiera. La fiesta terminó al caer la noche y Patrick fue con Camryn y Susan a un parque que estaba cerca del lago Michigan para ver los fuegos artificiales de la ciudad reflejados en el agua del lago. Patrick extendió una manta en el pasto y Susan se


acostó y se durmió inmediatamente, pues estaba rendida. Al oír los estallidos de los cohetes, se despertó, dijo que eran muy bonitos y se durmió sobre la rodilla de Patrick. —Ésta es una verdadera pesadilla —musitó Patrick. —¿Por todo el ruido que la niña oye al estar dormida? —En realidad, no estaba pensando en las pesadillas de Susan… sino en las mías. Al mirarte, con la luz de los fuegos artificiales, pienso que es una pena que la despierte si me muevo, la despertaré —explicó Patrick. —¿Por qué quieres moverte? —preguntó Camryn. —Porque así ni siquiera puedo cogerte de la mano para acercarte aquí y besarte. —Ah —ni lo miró a los ojos. —¿Nadie te ha dicho que tienes un perfil muy bonito? —su voz era suave y ronca, Camryn se estremeció. Pensó que a Patrick se le daba bien hacer cumplidos seductores y atrayentes. Qué fácil le resultaría convencerse a sí misma de que él quería decir algo más que eso; qué fácil era quererlo… En el cielo estalló una explosión de luces verdes que después adquirieron un matiz dorado. Pero la explosión del cielo resultaba ridícula al lado de la que estallaba en el corazón de Camryn. «Lo amo». Le pareció estar gritando las palabras que solo imaginaba. «Me he enamorado de él.»


Por el rabillo del ojo, lo observó contemplar las luces. Querría acercarse, dejar que la abrazara, que la besara… hacer todo lo que él deseara. Y después, quería volver a casa con él, para siempre. Era demasiado pronto, se dijo a sí misma. Hacía poco tiempo que lo conocía. Pero estaba mucho más segura de lo que nunca lo había estado en su vida. Aunque pasara un mes a partir de aquel momento, un año, una década… no importaría. Seguiría enamorada de Patrick McKenna. ¿Y qué sentiría Patrick? Era una buena pregunta, pensó Camryn. La noche anterior había dicho que quería hacer el amor, pero no había dicho que la amara. Ese mismo día, la había llevado a casa de sus padres, pero solo porque le había prometido a Susan que iba a llevarla a una fiesta. ¿Y Susan? Patrick estaba muy quieto para no despertarla, pero, ¿qué significaba aquello en realidad? Un hombre podía disfrutar de la compañía de un niño y no desear tenerlo siempre a su lado. Y cuando una mujer tiene una niña de cuatro años, tiene que buscar una relación que las incluya a las dos, o de lo contrario no funciona. https://www.facebook.com/novelasgratis


Nº Páginas 70-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Camryn cerró los ojos y se imaginó el futuro de los tres juntos, en Stone House… Susan y Patrick, vestidos para ir a la fiesta de la escuela el Día del Padre… Ella misma y Patrick, sentados delante de la chimenea, en una noche fría de invierno… No debía hacerse ilusiones, se regañó a sí misma. Patrick había hecho más de lo necesario para ayudarla con la hipoteca, y parecía disfrutar de su compañía; pero no debía arruinar las cosas exigiéndole más. Quizá, con un poco de tiempo… Al fin y al cabo, todo había sucedido muy rápido. Cuando se arreglara lo de la hipoteca, entonces podría averiguar qué significaba de verdad para Patrick. La hipoteca. Eso le recordó que tenía algo que comentarle al respecto. —¿Patrick? —su voz temblaba. —¿Mmm? —parecía medio dormido. Camryn le contó el comentario de Colin y su proyecto de comida. —¿Un restaurante? —parecía dudarlo. —No tanto. Una especie de comedor privado —explicó la chica—. Mediante reservas. No podría hacerme cargo de grupos grandes, y la irregular clientela de un


restaurante normal pronto me llevaría a la bancarrota. Pero no hay muchos sitios bonitos en Lakemont en donde se pueda comer bien. ¿No les gustaría a los hombres de negocios tener un lugar privado en donde comer con sus clientes? Y nadie prepara el té de la tarde como yo… No sé por qué no se me ha ocurrido antes. Era muy de noche y no podía verle la cara, solo distinguía la vaga silueta de su cuerpo. —Camryn, ¿acaso es eso lo que quieres hacer durante el resto de tu vida? — preguntó con suavidad. Camryn se abrazó las rodillas y lo pensó seriamente. ¿Qué era lo que quería? ¿Podría hacerse cargo de un negocio así? Aquello significaría mucho trabajo y planificación antes de saber siquiera si tendría éxito. Pero, ¿el fin no justificaba los medios? —No me da miedo el trabajo. Patrick. Y es una manera de tener un ingreso extra y de disminuir la hipoteca. —No puedes hacerte cargo de un restaurante y asistir a la universidad. Será muy diferente a lo que haces ahora. —Sí, es verdad. Pero si me gusta lo que hago, quizá terminar mi carrera no sea


tan importante. Ahora no puedo ir a la universidad; eso está claro; entonces, ¿por qué no hacer eso? No contestó, pero no parecía muy convencido. —¿No me crees capaz de hacerlo bien? Se hizo un largo silencio. Al cabo de un rato, susurró: https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 71-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Creo que puedes hacer todo lo que decidas hacer. Camryn sintió una gran alegría al ver que confiaba en ella y eso la alentó a continuar. —Me llevará tiempo organizarlo todo y todavía más tiempo obtener algún ingreso. Mientras tanto, debo pensar en algo para el asunto del préstamo — comentó. Apretó los puños y se armó de valor—. Con la promesa de ganar más dinero, seguramente el riesgo no es tan grande, ¿verdad? Y dijiste que si alguien me avalaba el préstamo, sería mucho más fácil que me lo diesen. Quizá ahora esa persona no tenga ni siquiera que prestarme dinero, sino solo firmar como aval… —Algo así, pero… —¿Serás el aval de mi préstamo, Patrick? Quiero decir, personalmente… no como banquero.


En el fondo, sabía que le estaba pidiendo mucho más que eso. Le estaba pidiendo que hubiera algo para ellos en el futuro; si Patrick tenía intenciones de arriesgarse por ella, entonces significaba que no la abandonaría. Suspiró con fuerza y Camryn esperó, angustiada. —No puedo, Camryn —confesó al fin. —Pero es que no tendrás que darme dinero —exclamó, desesperada—. Te juro que te lo devolveré. Maldita sea, Patrick, hace un minuto has dicho que confiabas en mí. ¿Qué ha pasado? —No ha pasado nada. Pero hay reglas, bonita. El hecho de que yo te avale un préstamo es lo que pone nerviosos a los inspectores en los bancos. Me acosarían en cuestión de días… Camryn se tumbó en la manta y se tapó los ojos con un brazo. —Quizá debía haber aceptado la oferta del médico —comentó con cansancio. —Bueno, si te gustan ese tipo de acuerdos, al diablo con los inspectores del banco —era una broma, pero inmediatamente añadió—: Lo siento, Camryn. Lo he dicho sin pensar. —Es hora de volver a casa —se levantó—. Ya han terminado los fuegos artificiales.


Patrick guardó silencio; después se movió y se acercó para levantar a Susan del suelo. —Lo primero que haremos esta semana es llevarle este nuevo plan a Warren, y veremos cuál es su opinión. El ingreso adicional facilitará mucho el hacer una excepción… es probable que no necesites si siquiera un aval. Camryn no oyó bien sus palabras. Luego, se preguntó a sí misma si allí habría terminado todo, si la respuesta era tan simple como ésa. Simple… bueno, era un decir. Llevaría mucho trabajo y mucho tiempo. Y de todos modos, ella tendría que soportar sola la carga… Aquello no había cambiado, se dijo a sí misma. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 72-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna El trayecto a Stone House se hizo en silencio. Camryn intentó despertar a Susan, pero la niña se negó a moverse. —Está profundamente dormida —advirtió Patrick—. ¿Quieres que la lleve a la cama?


—Por favor —no le hacía mucha gracia tener que subir toda la escalera cargando a Susan. Patrick cogió a la niña en brazos como si no pesara nada. Era la primera vez que subían juntos y Camryn estaba muy nerviosa, aunque sabía que no tenía motivos para estarlo. Encendió la luz de noche en el dormitorio de la niña y observó cómo Patrick la acostaba cuidadosamente en la cama. Camryn solo le quitó las sandalias, el resto de la ropa de la niña servía como pijama. La tapó con las mantas, le metió en el brazo su oso de felpa y le dio un beso de buenas noches. Ninguno de los dos dijo nada mientras bajaban por la escalera. Patrick le dio un beso suave en la mejilla. —Buenas noches. —En realidad, no es tarde. ¿No quieres un poco de café? —ofreció Camryn. Patrick sonrió y Camryn recordó la noche anterior, la luz de la luna, su ofrecimiento, y empezó a ruborizarse. —No creo que sea prudente. —¿Por qué no? —pero Camryn se retractó—. Quiero decir… claro. No tienes que darme explicaciones. Patrick sonrió y explicó sinceramente: —Creo que sí debo explicártelo. Lo que pasa es que hay demasiadas cosas que deseo esta noche además de café, Camryn. Y no quiero que pienses que soy


de la misma clase que tu amigo el doctor —sacó las llaves del coche y se dirigió a la puerta. Camryn se quedó muy quieta y supo que si guardaba silencio más tiempo, la decisión ya no le pertenecería y Patrick no la culparía. Y sabía que no podía permitir que Patrick se fuera. Sin importar lo que el futuro le deparara, lo deseaba, lo necesitaba demasiado para dejarlo ir esa noche. —Patrick… —se tocó con los dedos la mejilla en la que la había besado. Él se dio la vuelta. La voz de la joven apenas fue un susurro—. Nunca se me ha ocurrido pensar que te pareces a él. Por favor, me gustaría que entraras… —Si lo hago, Camryn —dijo con expresión sombría—, puede ser que no me vaya. —Lo sé —fue tan solo un murmullo—. ¿No te das cuenta, Patrick? No quiero que te marches. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 73-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Capítulo 8


Durante unos segundos, el mundo pareció haberse detenido. Patrick cerró la puerta con llave y la miró. Por un momento, Camryn se sintió invadida por el pánico. Estaba loca, pensó. Sus hormonas la habían traicionado, como si hubiera retrocedido a los diecisiete años… Pero sabía que lo que sentía no era solo una necesidad física. Si ese hubiera sido el caso, hubiera terminado fácilmente con aquella necesidad; había muchos hombres que con gusto se habrían acostado con ella. Pero ninguno de ellos era Patrick y solo Patrick podría apaciguar su ansiedad aquella noche. Así que, cuando se acercó a ella, Camryn reprimió su miedo y le tendió la mano. Su dormitorio estaba en penumbra, la luna entraba por la ventana dibujando sombras en el techo y en la cama. Aunque la cama estaba hecha, había papeles y libros por todas partes y el tocador estaba hecho un desastre. Camryn se sintió insegura. El lugar no le parecía el mismo al intentar verlo a través de los ojos de un hombre. ¿Qué pensaría Patrick de su cuarto… y de ella? Patrick pareció leerle el pensamiento. —Papel pintado con rosas, cortinas blancas y tú, así lo he soñado. Camryn… —


susurró. Camryn lo abrazó, y al sentir el calor y la fuerza de su cuerpo supo que quería permanecer allí para siempre. No debía pedir la eternidad, se advirtió a sí misma. Solo tenía aquella noche. Nadie podía quitársela. Quería aferrarse a ella y atesorarla para siempre. Le transmitió todo su deseo a Patrick en el primer beso. Se puso de puntillas y se apoyó en su cuerpo fuerte, confiando en que la sostendría. El corazón de Patrick latía con fuerza; Camryn podía sentirlo sobre sus senos. Patrick metió las manos debajo de la blusa, para acariciarle la espalda; le desabrochó el sostén y la abrazó con fuerza, acariciando con los pulgares la curva sedosa de sus senos. —Esto no es muy cómodo —susurró Camryn—. El sostén… —¿Acaso es una invitación para que termine de desnudarte? —No esperó la respuesta y le quitó la blusa y el ofensivo sostén. Cuando le acarició los senos excitados, Camryn gimió; era un sonido gutural, de satisfacción… Patrick la besó provocando oleadas de placer que recorrieron su cuerpo. Camryn le acarició los brazos y los hombros y le hundió los dedos en el pelo. Los rizos oscuros eran mucho más suaves de lo que creía. Quería hundir la cara en su pelo, oler su aroma, ahogarse en aquella sensación.


Se apartó un poco, con gran esfuerzo, y le quitó la camisa para poder acariciarle el pecho. Intentó desabrocharle los pantalones y abrió los ojos con sorpresa inocente al oírlo gruñir. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 74-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Camryn, me estás haciendo perder el control —murmuró. —Pero si todavía no he empezado —susurró. Patrick murmuró algo y la levantó en brazos para acostarla en la cama. La desnudó y se desnudó sin ninguna pasión, y su respiración casi era normal cuando se reunió con ella en la cama, sin tocarla, mirándola a la luz de la luna. No podían seguir así, pensó Camryn. Le acarició la espalda suavemente. Patrick le sonrió. —¿Impaciente?—susurró. Camryn le echó los brazos al cuello para besarlo con labios ansiosos, cálidos y deseosos. —No pienso hacerte esperar —murmuró Patrick y entonces la tormenta los envolvió. Su pasión fue un huracán de deseos desbocados que los transportó en un


torbellino de sensaciones que no parecían tener principio ni fin. De vez en cuando, bajaban a la tierra otra vez, como si fueran sobrevivientes de un naufragio que llegan a una isla desconocida; se abrazaron mientras la tormenta amainaba, sus respiraciones se hacían más lentas y los latidos de sus corazones volvían a la normalidad… ¿Normalidad?, pensó Camryn, adormilada. ¡Como si, después de aquello, pudiera haber algo de normalidad! Patrick la hizo moverse en sus brazos para estar más cómodos y le besó en la mejilla. —¿Qué estás murmurando? —preguntó cuando Camryn protestó suavemente. «Que no tenías que haberte movido», pensó. Quizá si cierro los ojos y me concentro y tengo cuidado al respirar, podríamos estar juntos para siempre. Intentó ignorar los círculos lentos y sensuales que Patrick dibujaba alrededor del ombligo con un dedo. —Después de todo, no usas calzoncillos blancos —murmuró Camryn, solo medio consciente de lo que decía. ¡Estaba tan cansada! Lo vio sonreír gracias a la luz de la luna. —No sabía que se suponía que debía usarlos.


—Seguro que está en el código de los banqueros —Camryn bostezó. Patrick le cogió la mano para posarla sobre su pecho. —¿Te pasas mucho tiempo pensando en mi ropa interior? —Ése solo es un ejemplo. De hecho, McKenna, eres todo lo contrario a un banquero aburrido y torpe —pero estaba medio dormida, así que sus palabras sonaron como una broma. —Hago lo que puedo —susurró—. Si quieres aburrimiento y torpeza, Camryn… Camryn se acercó a él, hundió la nariz en su hombro y lo abrazó con un brazo. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 75-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Entonces creo que me quedaré a tu lado para abrazarte mientras duermes — comentó. Casi no lo oyó, pues empezaba a dormirse. Mucho tiempo después, Camryn se desperezó y estiró una mano; Patrick no estaba en la cama. Cerró los ojos y trató de recordar lo sucedido. Era real, se dijo con frenesí. «Ha estado aquí; no he podido imaginar todo eso solo por mi deseo…» Algo se movió en el cuarto y Camryn se sentó cogiendo la sábana para cubrirse


los senos. Una sombra se dibujó en la noche; la luz de la luna ya no entraba por la ventana. La sombra estaba levantando algo del suelo. —¡Patrick! Creía que… —había sorpresa en su voz. Lo vio incorporarse. Camryn pensó que el sentir qué se había levantado de la cama era lo que la había despertado. Todavía estaba desnudo. —¿Creías que era Mitch? —susurró. —No —contestó en un murmullo. Creía que era un sueño hecho realidad, quiso decirle—. ¿A dónde vas? —A casa. Me he imaginado que preferirías que me fuera antes de que amaneciera… considerando a tus huéspedes. Y a Susan, pensó Camryn, agradecida por la comprensión que demostraba. Pero aquella noche era suyo, se dijo a sí misma. Y todavía era de noche… Se tumbó sobre las almohadas. —Hay mucho tiempo, Patrick. Vuelve a la cama. —Camryn, pronto va a amanecer. Estás demasiado dormida para saber lo que dices. —No estoy dormida, sé que te deseo —confesó. —Créeme que me parte el corazón tener que discutir contigo, me encantaría


poder complacerte. Camryn sonrió y señaló la almohada que había a su lado. —Entonces deja de hablar y vuelve a la cama para ser complaciente —invitó con suavidad. Lo vio dudar y luego coger su ropa para vestirse lenta y tranquilamente. Lo observó detenidamente. ¿Es que no la deseaba? ¿Acaso él no había sentido la hermosura de lo que habían compartido? ¿O quizá quería irse antes de que Camryn intentara comprometerlo? ¿Temía acaso que lo obligase a algo si Susan los encontraba juntos? Miró el despertador. Tenía razón Patrick. El mundo iba a empezar a despertar de nuevo. La reconfortó saber que se había quedado a su lado todo el tiempo que se atrevía a hacerlo. Pero también estaba enfadada consigo misma. Había desperdiciado su maravillosa noche, durmiéndose en sus brazos como lo hizo… No, pensó. No había sido un desperdicio, pero le hubiera gustado quedarse despierta, para poder recordar cada momento… https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 76-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Patrick se sentó en el borde de la cama, para ponerse los zapatos. Se puso de


pie, Camryn se destapó para levantarse. —No salgas de la cama —ordenó, un tanto áspero—. No puedo hacer frente a la situación —no la besó, tan solo le acarició la mejilla y el sedoso pelo que se extendía por la almohada. Camryn alargó la mano y le acarició la mandíbula con barba naciente. Patrick respingó como si lo hubiera quemado el calor súbito que surgió entre ambos. Con una extraña sonrisa, salió de la habitación, y bajó la escalera. Camryn oyó crujir un par de escalones, pero solo porque se esforzaba en escuchar. Pensó que Patrick estaba teniendo mucho cuidado de no hacer ruido. Cogió su almohada, hundió la cara en ella y lloró, hasta que la venció el sueño, porque Patrick la había dejado sola. Se despertó tarde y tuvo que darse mucha prisa para preparar el desayuno. Para colmo de males, descubrió que Sherry no había pasado por la lavandería para recoger el mantel y tuvo que improvisar algo con lo que cubrir la mesa del comedor. Sherry estaba demasiado ensimismada con John Marlow para pensar en el negocio, se irritó Camryn. Pero advirtió que lo mismo le había pasado a ella. Si no hubiera ido a aquel día de campo o si hubiera vuelto a casa en vez de ir a ver


los fuegos artificiales… Se detuvo en medio de la cocina y sonrió para sí misma. No, no podía culpar a Sherry, no cuando prefería trabajar el doble aquel día que tener que haber sacrificado la noche anterior. Se preguntó si Patrick sentiría lo mismo. Esperaba verlo aquella mañana, lleno de planes. Podían ir a nadar o a pasear por el lago Michigan, o quedarse en casa para disfrutar de su compañía… Pero no apareció y, a medida que pasaban las horas, Camryn iba poniéndose más nerviosa. Estaría cansado, pensó. Quizá no había dormido la noche anterior por temor a quedarse dormido. Quizá solo se había ido a su casa para descansar… Quizá no iba a volver nunca más. Una vez que formuló aquel pensamiento, no pudo dejarlo abandonado en el fondo de su conciencia. Quizá la noche que habían pasado juntos no había sido algo especial para Patrick, sugirió ese demonio interior. Quizá el hecho de presentarle a su familia había sido solo una manera de seducirla. Basta, se ordenó a sí misma. Se estaba volviendo paranoica. Bañó a Susan, la abrazó y la hizo sentarse a comer su desayuno. Pero apenas


oía los comentarios de la niña acerca del día de campo. Camryn estaba haciendo huevos revueltos para los huéspedes, cuando una voz que pareció surgir de la nada, saludó: —Buenos días, Camryn. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 77-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna La interpelada dejó caer el cucharón al suelo. Susan ya se disponía a abrir la puerta de la cocina, pues veía que Patrick le sonreía a través del panel de vidrio. Camryn observó, algo resentida, que se había puesto traje y corbata. Aquello terminaba con su esperanza de ir a pasear por la playa. —¡Susan! —la regañó—. Estás llena de comida. Ve a lavarte las manos antes de saludar a Patrick. Susan la miró azorada ante su violento tono de voz y salió de la cocina, arrastrando los pies. —Las manchas de aceite no se quitan de la ropa —explicó Camryn, con un sentimiento de culpa. Fue a coger otro cucharón, pero Patrick estaba detrás de ella.


—Si eso es una amenaza, estoy dispuesto a arriesgarme —le cogió la cara entre las manos. Exploró su boca con un beso prolongado que tenía solo una pasión insinuada después de la noche anterior. Camryn sintió que se derretía. Por fin, la soltó y la abrazó sonriendo. —Patrick —la voz le temblaba. No sabía qué quería decirle, pero de hecho lo que dijo fue—: Mis huevos revueltos van a quemarse. La soltó. —Qué poco romántica —musitó y observó cómo terminaba de preparar y servir la comida—. ¿Ahora ya puedo besarte? —Cuando lleve esto al comedor —pero cuando regresó, negó con la cabeza al ver los brazos abiertos de Patrick—. Se han acabado el pan tostado y las salchichas — lo rodeó—. Por favor, Patrick, tendrás que dejarme sola un minuto. Patrick la contempló, pensativo. Luego se sentó en la mesa de la cocina. —Camryn, si empiezas con el restaurante, siempre va a ser así. —No es un restaurante, es… —Está bien, llámalo como quieras. De todos modos, siempre vas a estar así de ocupada.


Camryn pensó en ello mientras freía las salchichas. Susan volvió con las manos limpias y se sentó en la rodilla de Patrick. Camryn pensó que tenían el mismo aspecto: el de dos cachorros regañados. Aquello era ridículo, pensó y luego sonrió un poco. Patrick parecía estar celoso por no recibir la atención que creía merecer. Eso la reconfortó un poco. —Termino dentro de una hora. Todo estará limpio y tengo el resto del día libre —era como hacer las paces. ¿Lo aceptaría Patrick? —Tenemos tiempo —lo vio mirar el reloj de la cocina—. Te quiero llevar a comer a Lakemont Grand. Así que por eso se había puesto traje. Durante un instante, una gran alegría inundó a Camryn, nunca había podido comer en ese hotel porque era carísimo. Y era maravilloso poder ir con Patrick… https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 78-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Pero la realidad acabó con su ilusión. —El domingo por la mañana es difícil encontrar una niñera y Sherry ya se ha ido —replicó.


Patrick pareció decepcionado. Susan bajó de su regazo y miró a su madre con enfado y obstinación. —No quiero que salgas con Patrick. Camryn la miró azorado. Si Susan también se ponía celosa, no tendrían posibilidades de éxito. Pero, ¿cómo podría saber la niña que las cosas habían cambiado desde el día anterior? Antes no le importaba en absoluto que… —No creo que tengas que preocuparte por eso —murmuró la madre—. No voy a ir. Patrick miró a Susan a los ojos. —¿Por qué no quieres que tu madre salga, Susan? —Quiero que te quedes a jugar conmigo, Patrick —confesó la niña. Patrick miró a Camryn con un brillo de triunfo en los ojos. —Creo que podemos resolver este problema. ¿Tiene la niña algún vestido? —Un par de vestidos —contestó Camryn—. Pero no puedes llevar a comer a una niña de cuatro años a un hotel tan elegante… —¿Por qué no? ¿Hay alguna ley que lo prohíba? —No esperó la respuesta—. Enséñame dónde está tu armario, Susan, y esperaremos a que tu madre termine de trabajar. El hotel era muy elegante y los cambios que le habían hecho le daban un


nuevo aire, perfecto para una comida de domingo. Susan lo miraba todo. Estaba muy inquieta y Camryn pensó que parecía un angelito. Llevaba un vestido rosa y un lazo del mismo color en el pelo. Además, Patrick debía haber hurgado en todos los rincones del cuarto para encontrar los calcetines de encaje y los zapatos de piel de la niña. Como a Susan le encantaba arreglarse, Camryn necesitaba esconderlo todo para evitar que su hija se los pusiera para jugar en el parque. El pensar en la arena del parque le recordó el jardín de Dennis McKenna. —Debo enviarles una nota de agradecimiento a tus padres por el día que pasamos ayer. No tuve oportunidad de decirles lo mucho que me divertí… —¿Ah, sí? —La miró de modo sugestivo por encima de la copa de champaña —. Si quieres agradecérmelo, podemos encontrar la manera. El día que lo conoció, Camryn pensó que Patrick tenía ojos de seductor, oscuros, sedosos y rodeados por aquellas largas pestañas… ojos que provocarían envidia en cualquier mujer. Y cómo se atrevía a mirarla así en un lugar público… https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 79-103


Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna «Sé sincera contigo misma», se ordenó. «Podría mirarte de cualquier modo y te derretirías igual, porque no se trata de sus ojos, por bonitos que sean. Lo amas.» Patrick le sonrió como si hubiera adivinado lo que estaba pensando, y antes de que pudiera recobrar la compostura, sacó a Susan a la pista de baile. Todos los que bailaban sonrieron al verlos; una señora se detuvo en la mesa de Camryn y comentó: —Quería decirle que tiene una niña preciosa y que es muy afortunada al tener un padre que la quiera tanto. —Gracias —consiguió contestar Camryn. Se dijo que no tenía sentido explicar nada. Quizá algún día podría ser realidad, y acto seguido reprimió aquel pensamiento. Debía disfrutar lo que tenía en aquel momento y no llorar por lo que le faltaba. Cuando volvieron, Susan estaba feliz de haber sido tratada por primera vez en público como una niña grande. Camryn miró su tortilla y declaró: —Acerca de lo de ayer… de verdad quiero decirte que toda tu familia es increíble. —Ah, estabas hablando de mi familia —murmuró—. Debía habértelo


advertido. Es un poco abrumadora para los iniciados. —Sí, abrumadora, pero muy agradable. —Gracias por recibir a Nell, a propósito. Le gustará tener unas vacaciones… ya mi madre también. Camryn rio al oír el tono de su voz: —Dos mujeres que comparten una casa deben tener vacaciones de vez en cuando. —Ahora están mucho mejor. Pero antes de que nosotros nos fuéramos de casa, tuvieron una o dos peleas fuertes. Camryn se estremeció. —Yo no habría podido vivir con ninguna de las abuelas de Susan. Mi madre nunca sintió simpatía por Mitch y… —No puedo creer que a alguien no le agradara Mitch, dechado de virtudes — se mordió el labio—. Perdón, Camryn. Ésta decidió que lo mejor era ignorar el comentario. —Y nunca estuve muy cerca de la madre de Mitch. Parece considerar los objetos materiales como un sustituto de afecto. Por ejemplo, el vestido que Susan tiene


puesto se lo regaló su abuela, la Navidad pasada. Pero no se molestó ni en preguntarme la talla de la niña y no le quedaba bien. No puedes imaginarte lo que lloró en Navidad por no estrenar su vestido nuevo —Patrick le puso una mano sobre la suya—. Lo siento, no pretendía deprimirme. Solo quería decirte que tienes suerte de tener una familia a la que le importas. Patrick no se movió y no dijo nada. Un camarero colocó un plato de cristal frente a Camryn. Era una crêpe perfecta, rellena de helado. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 80-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —La comida es excelente, ¿no? —Intentó volver a alegrarse—. Es maravilloso comer cosas que yo no he guisado… Patrick la interrumpió. —Camryn, tenemos que hablar —su voz no parecía anunciar nada bueno. De pronto, Camryn se asustó. Cortó el postre de Susan y le arregló la servilleta. Pero sabía que solo estaba retrasando el momento y que no engañaba a Patrick. Lo miró a los ojos.


—Quiero que pienses mucho en lo que te voy a pedir que hagas —pidió Patrick—. Lo he pensado mucho, Camryn, y lo digo en serio. El corazón de la chica latió con fuerza y asió su servilleta. Patrick miró su propio postre, como para darse valor, y la miró. —No quiero que pongas ese restaurante. Camryn se mareó; lo único que la aferraba a la realidad era la servilleta. Se dio cuenta de que había esperado escuchar: «¿Te casarás conmigo?» o «¿Compartirás tu vida conmigo?» Pero lo que oyó no fue una pregunta, sino una orden. —Ya veo —contestó con una voz rígida por la tensión. Patrick se inclinó hacia adelante. —Camryn, creo que no te das cuenta de la cantidad de trabajo que estás teniendo ahora. No puedes trabajar veinticuatro horas diarias. Vas a matarte para ganar unos cuantos dólares. —¿No crees que eso debo decidirlo yo? —¿Así es como quieres que sea tu vida, como esta mañana? Todo ese ajetreo… —Ese ajetreo es mi forma de ganarme la vida, Patrick. —Pero, ¿todos los días? ¿Cada día? ¿Y también la mitad de las noches? —la miró detenidamente y musitó—: Y tú eras la que no quería tener un trabajo


de nueve a cinco. —Sí, porque quiero estar en casa con mi hija —respiró hondo—. Supongo que ahora vas a aconsejarme que venda la casa y deje a mi hija con una niñera. —No estaba pensando en eso. Pero, ¿puedes ser sincera y afirmar que estarás en casa a su lado, cuando estás tan ocupada que apenas te das cuenta de lo qué hace? Creo que daría lo mismo que fuera a una guardería. Camryn miró a Susan. No parecía prestar atención a la conversación, pues observaba el candelabro de cristal del techo. —¿Y qué sugieres que haga? Tengo una solución; me parece irresponsable cruzarme de brazos y esperar a que me toque la lotería. —Camryn, por favor… —¿Tienes una sugerencia mejor? Una vez dijiste que debía casarme con un millonario… ¿has pensado en algún candidato? https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 81-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Por favor, no te apresures tanto… —estaba muy tenso.


—Patrick, ¿podemos discutir de esto otro día, cuando Susan no esté delante? Aunque no tiene sentido, porque no voy a ceder. Voy a criar a mi hija como lo habría querido su padre… —Qué sentimiento más encantador —se burló. —¿Qué quieres decir con eso? —Camryn lo miró fijamente. Patrick dejó la taza en el plato, con ruido. —Quiero decir que me enfurece verte trabajar y preocuparte así y decir que lo haces porque eso hubiera deseado Mitch. ¡Maldito sea Mitch! Es obvio que nunca le importó nada de lo que pudiera ocurrirte a ti ni a Susan… —¡Basta! —No, no basta. Alguien tiene que abrirte los ojos. Me parece que cuando un hombre tiene una esposa y una hija, debe preocuparse por ellas más que por sí mismo. Maldita sea, Camryn, tu adorado Mitch ni siquiera se esforzó para dejarte algún dinero… —¡Sí, lo hizo! —susurró con furia—. Habría traído mucho dinero a casa. Olvidas que no murió a propósito. —Sé que no fue así, pero parece que pensaba que ser médico era una garantía en la vida. Para ser un tipo supuestamente inteligente, hizo cosas estúpidas…


—¡No quiero escuchar más! No tienes derecho a decirme lo que tengo que hacer. —¿Y lo de anoche, qué, Camryn? —murmuró, rígido. —Anoche no te di permiso para hablarme como un sargento que quiere obligarme a cumplir sus normas. Tus normas incluyen el que yo haga todo lo que a ti te parece mejor… ¿cierto? Patrick suspiró, como si le costara trabajó conservar la paciencia. —No exageres, Camryn. No he querido decir que quiero hacerme cargo de tu vida. Lo que pasa es que creo que consideras lo del restaurante como la solución única para tus problemas. No cierres la puerta al futuro. —Stone House y Susan son mi futuro, son lo único que me importa. Y haré lo que sea para sobrevivir —puso su servilleta en la mesa—. ¿Nos llevarás a casa o pido un taxi? Durante un momento, pareció no oírla. La miraba, pero no parecía verla. Sus ojos estaban mucho más oscuros, como nunca antes, oscuros, duros y distantes. Patrick se levantó sin decir palabra. Como Susan no quería dejar el postre, pidieron al camarero que lo envolviera. Patrick le entregó el paquete a Camryn, que lo esperó en la recepción


mientras él pagaba la cuenta. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 82-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Después de recorrer la mitad del trayecto hacia Stone House Patrick se disculpó, como si le costara trabajo hacerlo. —Camryn, lo siento. No debía haber hablado de Mitch. Camryn se mordió el labio hasta que pudo hablar sin la voz temblorosa. —Estoy segura de que no lo habrías dicho si no lo pensaras. No lo sientas por mí, Patrick. Me alegra saber qué es lo que piensas de mí en realidad. —Maldita sea, eso no es… —Tu mal humor termina con tus cualidades —señaló la chica. Patrick murmuró algo que Camryn se alegró de que su hija no oyera. Al llegar a la casa, Patrick aconsejó: —Camryn, haz lo que consideres mejor para ti y para Susan. Pero, por favor… deja de premiar y darle crédito a Mitch por lo que has logrado hacer tú misma. No lo conviertas en un héroe. Camryn cogió la caja que contenía el postre de Susan, y el bolso para buscar


la llave de la casa. Sus dedos tocaron algo suave y dijo: —Siempre se me olvida devolverte esto —le tendió un pañuelo, blanco, bien planchado. Y quizá aquella era la última oportunidad que tenía para devolverlo. Reprimió aquel pensamiento y añadió—: Es tu pañuelo… fuiste muy amable al prestármelo. —Pensaba que tal vez te gustaría conservarlo como un recuerdo de la primera vez que te hice llorar —parecía desilusionado y desalentado. Lo que había pasado la noche anterior era lo único que necesitaba para acordarse de Patrick, pensó. Sabía que la estaba mirando, pero no quería mirarlo a los ojos. Patrick suspiró. —Mañana por la mañana traeré a Nell a tu casa. Camryn contuvo un gruñido. Se había olvidado de Nell. —Y te llevaré al banco, en cuanto abra, para que le cuentes a Warren tus planes. Debía haberse alegrado de que Patrick no se opusiera a sus propios planes, pero no fue así.


—Yo misma puedo ir, gracias. Y me gustaría mucho más ir por la tarde. —Si eso es lo que quieres —murmuró al fin—. Yo esperaba olvidarme de una vez por todas de todo esto. Camryn se quedó de pie delante de la puerta viendo cómo el coche se alejaba. «No lloraré», se dijo a sí misma. «No se merece mis lágrimas.» https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 83-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Capítulo 9 El lunes por la mañana, Nell llegó como estaba previsto. Aparcó el coche del lado del garaje y se bajó llevando su maleta. Camryn se alegró al ver que Patrick no la acompañaba. Después de instalarse en el dormitorio, Nell bajó para anunciarle a Camryn que no quería que la mimara. —Mi idea de pasar unas vacaciones no es tumbarme en una mecedora mientras me atiendes. Eso me entristecería. He visto que tienes hierbas en el jardín. Sí no te importa, me gustaría hacer ejercicio y arreglarlo. No te preocupes en buscarme un sombrero y guantes. He traído los míos, por si las moscas. Antes de que Camryn recobrara el habla, Nell estaba en el jardín,


acompañada de Susan y de Ipswick. —Es una fuente de energía —comentó Sherry un par de horas después, observándola por la ventana—. Todos deberíamos ser tan activos a su edad. Incluso está haciendo que Susan plante semillas. —Y supongo que Ipswick está haciendo el siguiente surco. —No, está ahuyentando mariposas. —Qué alivio —Camryn no levantó la cabeza de los papeles que tenía delante. Si aquella tarde iba a ver a Warren Stanford, debía darle una buena impresión y eso dependía por entero de sí misma. No podía contar con el apoyo de Patrick. Y si al hombre le gustaban las hileras de números ordenados, como Patrick le había dicho, entonces Camryn haría algunas en su honor. Sherry se sentó en la mesa y miró los documentos. —¿También prepararás bodas, Camryn? Quiero decir, además de las comidas. —¿Y ofrecer un paquete completo de luna de miel? ¿Por qué no? —Camryn ni siquiera levantó la mirada—: No es una mala idea, Sherry. Podría pedir


referencias en tiendas para novias y estudios fotográficos… —No me refería a eso. De hecho, no lo consideraba como un negocio… —¿En qué estabas pensando? —En que me gustaría casarme aquí. Me imagino bajando esa escalera, vestida de encajes y declarando mi amor en la sala, delante de las ventanas, por las que entraría el sol, bañando de luz mi vestido… —¿John ya te ha propuesto matrimonio? —Camryn la miró por fin. —No, pero lo va a hacer. —No lo dudo, ahora que tú te has decidido. —Le falta un año más de residencia. —También tiene a una madre que está loca. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 84-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Si no consigo entenderme con ella, adoptaré un gato para mantenerla lejos — Sherry se encogió de hombros. —Veo que estás muy decidida —comentó Camryn—. Quizá alguien deba


advertirle a ese muchacho lo que le espera —estaba triste aunque su tono de voz era irónico. Encontrar una nueva inquilina para el apartamento de Sherry no era difícil, cori todos los candidatos de la Universidad. Pero Sherry no solo pagaba el alquiler; no iba a resultar fácil encontrar a alguien que tuviera su buen carácter, disposición para el trabajo y que fuera una amiga para Susan y ella misma. Camryn se dijo que había sido muy tonta al no darse cuenta de que Sherry no se quedaría en la universidad para siempre. Patrick le había preguntado lo que pasaría si Camryn enfermaba o los clientes faltaban, pero nadie había considerado lo que significaría perder a Sherry. Y todavía no la había perdido, se recordó Camryn. Pero sería mejor que tuviera presente que solo podía contar consigo misma. Sherry contestó el teléfono y se lo tendió a Camryn con una mirada de preocupación. —Es el departamento de salubridad. ¿Para qué te buscan? —Los he llamado para preguntarles los requisitos para abrir un restaurante — Camryn cogió el teléfono y pensó que tenía que encontrarle un nombre más adecuado. Sherry estaba estudiando en la terraza. En el jardín, Susan miraba las nubes,


junto a su gato, y Nell hundía las manos en la tierra. Camryn los observaba a través de la ventana. Todo parecía normal, si no tenía en cuenta que al otro lado de la línea telefónica, la voz impersonal de un inspector de salubridad había acabado con la última esperanza de Camryn de salvar su hipoteca, su negocio… su vida. Nadie pareció notar lo callada que estuvo Camryn durante el resto del día. Nell fue invitada por la vecina a tomar café en su casa, Sherry fue a la universidad para asistir a una clase vespertina y Susan salió a dibujar a la calle, con sus tizas de colores. Camryn salió a ver su obra, unos gatos rodeados de flores moradas, y pensó que no habría más tardes como aquella. Tendría que buscar un piso y un trabajo. ¿Cuánto tardaría el banco en echarlas de su casa? ¿Seis meses, un año? Lucharía. Pero su ilusión terminó pronto al recordar que una lucha legal requería dinero para pagar abogados. Y solo conseguiría retrasar lo inevitable; era mejor enfrentarse a los hechos. Además, ¿quería lidiar con Patrick durante un año más?, se preguntó. Parecía un esfuerzo destinado al fracaso… Un fracaso… ¿se refería a la casa o al amor que sentía por Patrick? ¿Todo había terminado? Había estado tan segura de amarlo… El problema era que todavía lo amaba. Pero él no sentía lo mismo. Se había convencido de que le importaba porque quería que la amara. https://www.facebook.com/novelasgratis


Nº Páginas 85-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Durante un momento, cuando lo vio aparcar delante de la casa, creyó que era cosa de brujería. Pero Susan corrió hacia él, llamándolo. Patrick salió del coche y cogió a Susan en brazos. Se dirigía a Camryn con una expresión de decisión en la cara que Camryn nunca le había visto. Fue necesaria una gran fuerza de voluntad para que Camryn no saliera corriendo. Sabía que debían tener una conversación algún día, y cuanto antes fuera, mejor. Patrick bajó a Susan, que le habló de sus dibujos y lo arrastró para que los viera. —Susan, por favor, ve a decirle a Nell que Patrick está aquí —Camryn interrumpió el entusiasmo de la niña—. Creo que está en la galería. Patrick se puso tenso, pero esperó a que Susan se fuera para que no lo oyera. —¿Ver dibujos está en la lista de cosas prohibidas? —Pensaba que venías a ver a Nell —Camryn se encogió de hombros. —En realidad he venido para llevarla a cenar —y para nada más, parecía implicar el tono de su voz. Patrick se sacudió una mancha de tiza de la chaqueta—: No has ido al banco. No contestó.


—¿Por qué, Camryn? —ya no había dureza en su voz—. ¿Es que lo del restaurante ya no te convence? ¿Piensas abandonar la idea? —¿Ahora que, por fin, he considerado tus argumentos y que me he dado cuenta de que es evidente que tienes razón? —Tu actitud no me gusta —contestó con voz gélida. —Siento desilusionarte, Patrick, pero no tengo ningún interés en mejorar mi personalidad —se dirigió a la casa, impresionada por su comentario. Sabía que le debía una explicación y que no tenía sentido portarse como lo estaba haciendo. Claro, Patrick la siguió a la galería, allí estaban Nell y Susan. —Hola, Patrick. Veo que has decidido venir a espiarme. Le sonrió a su abuela como si no pasara nada. —He pensado que tendrías hambre. Después de todo, aquí no se preparan más que desayunos. Lo olvidé cuando hice los arreglos. Y quería sacarla de allí, pensó Camryn, para no tener que volver y verla más. ¿Qué les había pasado? Tenían tanto que compartir… —Ah, Camryn y yo ya lo hemos arreglado esta mañana —anunció Nell con naturalidad—. Va a hacer una excepción conmigo. —Como tengo que cocinar para Susan, Sherry y yo, no es ninguna molestia


— explicó la chica. —Así que no te preocupes por mí, Patrick —continuó Nell—. De hecho, si te portas bien, Camryn puede invitarte a cenar también —su voz era inocente, aunque sus ojos expresaban malicia—. Me parece justo, ya que lo estamos cargando a tu cuenta. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 86-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Patrick negó con la cabeza. Ni siquiera quería pensárselo, se dijo Camryn. Quería salir cuanto antes de aquella casa… —Será mejor que vaya a ver cómo va el guiso —Camryn huyó a la cocina. ¿Qué esperaba? Sabía que su actitud hacia Patrick no había sido amable ni alentadora. Pero aquello no justificaba su actitud. Al fin y al cabo había intentado ayudarla con su problema. Incluso en el restaurante, a pesar de todo lo que Patrick había dicho, Camryn debía reconocer que había sido muy sincero. Además, no era culpa de él que


nada saliera bien. —Camryn —casi era un susurro. —Siento haberte tratado así, Patrick —Patrick caminó en silencio y casi la asustó cuando lo oyó a sus espaldas. —¿Por qué no has ido al banco esta tarde? —Porque no habría servido de nada. —¿No crees que es una decisión que Warren debe tomar? —Me habría dicho que no me puede ayudar —sacó unas zanahorias de la nevera—. Tu deseo se ha cumplido, Patrick… no voy a tener un negocio de comidas ni de tés. Hay demasiadas reglas —controló su voz con esfuerzo—. Hoy he hablado con la gente de salubridad y me han explicado que servir comida a gente que no se hospeda en mi casa, me situaría en categoría de los restaurantes —el dolor amenazaba con ahogar su voz?—. Por favor, no me digas que me lo advertiste… —No iba a hacerlo. —Para poder hacerlo, tendría que gastar como veinte mil dólares —añadió, con amargura. —Lo siento, Camryn.


—No es verdad. No parecía sorprendido y Camryn se preguntó el motivo. Quizá conocía las reglas de salubridad y sabía que iba a ser un golpe muy fuerte para ella. Quizá había querido evitar que resultara herida… Pero si ese hubiera sido el caso, hubiera podido contarte la verdad, pensó la joven. Terminó de cortar las zanahorias y le lanzó una mirada desafiante. —Por eso es por lo que no he ido a ver a Warren Stanford hoy… no tenía nada nuevo que decirle. Otra vez estoy como al principio, y el tiempo se acaba. —Lo siento, Camryn… —¿Puedes dejar de decirme que lo sientes? No necesito tu compasión — habló con más dureza de la que quería y añadió—: Ayer, antes de que discutiéramos, pensaba que tenías alguna alternativa en la cabeza para que yo pudiera conservar mi casa. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 87-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —En realidad no era una alternativa —susurró al fin—. Te iba a pedir que te casaras conmigo.


Camryn se aferró al fregadero para no caer al suelo. Su sueño más querido, pensó durante un instante. Y después se percató de lo que había dicho: «En realidad no era una alternativa». ¿Qué quería decir eso? Su negativa a abandonar el restaurante había sido muy importante para Patrick; ¿no le habría pedido matrimonio de todas maneras, si la hubiera querido de verdad? —Pero no te decidiste a hacerlo, ¿verdad? —mantuvo su voz alegre—. ¿Porque yo no colaboré? ¿Ibas a sacarme de apuros, pero solo si abandonaba la idea del restaurante? Qué encantador de tu parte, Patrick. Dime, ¿hay algo que todavía me quede por saber? Lo vio ponerse tenso. —¿Te basta con que no exista el restaurante o hay más cosas que te gustaría cambiar de mi vida? Ya me dijiste que debería deshacerme de Stone House… ¿forma eso parte del precio que debo pagar por tenerte? —Es cierto que no veo en mi futuro un negocio como éste —estaba tranquilo —. Hay otras maneras, Camryn… —Eres un hipócrita. Ayer sugerías que Mitch había sido un desvergonzado y


un estúpido por querer que yo fuera una mujer sin estudios. Sherry abrió la puerta de la cocina en ese momento y se quedó en el umbral. —No veo gran diferencia, ¿sabes? —prosiguió Camryn—. Mitch no quería que yo trabajara… ahora tú quieres que abandone el trabajo que tengo y que busque otra cosa que te guste más. ¿Así crees que debe funcionar un matrimonio, Patrick? ¡Qué decepción para ti! Sherry desapareció de la cocina. Patrick se apoyó en la mesa. —¿Pero no te das cuenta de lo enfadada que estás con él, Camryn? —Parecía tranquilo, desinteresado—. Te abandonó y ahora estás decidida a que no te vuelva a pasar lo mismo, al depender de un hombre… —No me abandonó. —No importa que fuera adrede o no; el hecho es que te dejó sola. Pero ni siquiera te das cuenta de eso, ¿verdad, Camryn? No te has enfrentado… —Por lo menos Mitch fue sincero al decir lo que quería; ¡no me manipuló! Voy a tomar mis propias decisiones, Patrick, quieras o no. Aprecio tu halagadora propuesta, pero no, gracias… —¿No te estás olvidado de algo? —Se paró en el centro de la habitación—. No


te he pedido que te cases conmigo… solo he dicho que pensaba haberlo hecho. De hecho, creo que me he escapado por los pelos. Gracias, Camryn, por haber dejado las cosas claras. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 88-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Le dolió tanto a Camryn que creyó que iba a desmayarse. Pero hizo acopio de valor y se irguió. —Estas en buena compañía, ¿no? Junto a Dianna Stanford y el resto de las chicas a las que has considerado proponerles matrimonio. Estoy tan halagada que no puedo soportarlo. —Deberías estarlo —comentó al fin—. Has acabado mejor que yo… he perdido contra el fantasma de Mitch. Supongo que da lo mismo. Stone House no es bastante grande para los tres, Camryn: tú, yo y Mitch. Dio un portazo al salir por la puerta trasera. Camryn se sentó en una silla y hundió el rostro entre las manos. Lo había arruinado todo. Lo había perdido todo… Stone House y a Patrick…


No, no había sido ella. La culpa había sido de Patrick. Pero no importaba de quién hubiera sido la culpa. Solo quería ir a la cama y llorar. Ni siquiera sabía qué la haría llorar más: Stone House o Patrick. Sherry miró la mesa. —¿Patrick no se queda a cenar? —¿Esperabas que lo hiciera? —replicó Camryn. —Bueno, no, supongo que no. Por lo que he oído, parecía que estabais discutiendo. Camryn la miró furiosa y Sherry vio a Nell. —Perdón. Camryn reprimió un escalofrío. Si Nell empezaba a hacer preguntas, se volvería loca. Pero la señora no pareció notar nada raro. Le puso una servilleta a Susan y olió con gusto la comida. Habló de cosas agradables durante la cena y Camryn empezó a relajarse. La vida no se terminaba allí, se dijo con firmeza. Le habían pasado cosas peores y había sobrevivido. Todavía tenía a su hija. Podía encontrar un trabajo que le permitiera terminar su carrera. Y algún día habría otra cosa y otro Patrick también. Pero sintió una punzada de dolor al pensar en otro desconocido… un hombre que no


fuera Patrick. Un hombre que nunca, nunca podría ser Patrick… La tarde transcurrió tranquila. Camryn se sentó en el alféizar de la ventana, en la galería, que estaba abierta. Camryn recordó que Sherry había hecho lo mismo, el fin de semana anterior, mientras esperaba que John Marlow la llamara. Y había tenido suerte. John la había llamado. Camryn estaba segura de que pronto se https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 89-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna casarían, pero la, boda no podría celebrarse en Stone House. Suspiró sin darse cuenta hasta que Nell comentó: —Parece que tu corazón se está rompiendo, Camryn. ¿Quieres contarme lo que te pasa? ¿Decirle a la abuela de Patrick que su nieto era un bruto antifeminista? ¿Confiarle que lo amaba?, pensó Camryn desesperada. —No creo que me ayude. Nell no contestó. Le estaba enseñando a la niña a bordar. Susan hacía lo que podía, pero parecía divertirse mucho. —¿Cómo has conseguido educar una niña tan femenina? —preguntó Nell—.


Claro, supongo que es más fácil cuando solo es un hijo. Yo intenté hacerlo con la hija más pequeña de Kathleen y Dennis, pero, con cuatro hermanos mayores, era imposible. Aquel día, Nell parecía una anciana común y corriente, salvo por las playeras que llevaba. —Es difícil sacar adelante a los hijos solos —comentó Nell. Susan se pinchó el dedo y gimió, buscando el consuelo de Nell. Ésta le besó el dedito, aplaudió el esfuerzo y guardó la tela remendada. Desearía estar junto a Nell, pensó Camryn, para ser consolada y ayudada. No tenía que contarle lo de Patrick… pero le gustaría contarle a alguien lo de la maldita hipoteca… Nunca supo cómo acabó en el regazo de Nell, llorando mientras le contaba toda la historia y mientras Nell le acariciaba la cabeza, como si Camryn tuviera la misma edad que Susan… —¿No has ido a otros bancos? —suspiró al fin. —No… Es absurdo, ¿verdad? Pero Patrick me estaba ayudando y me pareció que tenía más posibilidades si me conocían en el banco y sabían que tengo la costumbre de pagar mis deudas a tiempo —sonrió—. Bueno, casi con puntualidad. —¿Qué piensa Patrick de todo esto?


—Dice… —Camryn se corrigió—. Una vez dijo que si dependiera de él, me otorgaría un préstamo. Pero su jefe… —Ya entiendo —rezongó Nell—. Nunca he podido soportar a ése camisa almidonada para el que Patrick trabaja. Warren Stanford no debería ser banquero… debería tener un negocio de venta de coches de segunda mano. Es un experto para revender cosas más caras y convencer al cliente de que es una ganga. Camryn rio. Se sonó la nariz y se sentó a los pies de Nell abrazándose las rodillas. —A mí tampoco me gusta. Pero es mejor ser educado con alguien que te va a prestar dinero. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 90-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —A mí no me lo parece —gruñó Nell. —Y ahora Patrick… —Camryn tragó saliva—. Bueno, está muy enfadado conmigo, así que me temo que ya no puedo contar con su ayuda. —Patrick es muchas cosas, además de ser impaciente y tonto a veces, pero no es mezquino. Y es un hombre de negocios. No te negará un préstamo solo por el placer


perverso de ver cómo te echan de tu casa. —Bueno, ya no cuento con que me ayude —murmuró Camryn—. Creo que Patrick se alegraría de que tuviera que dejar la casa. Nell no contestó, solo apretó los labios. Qué idiota era, se dijo Camryn, había olvidado con quién estaba hablando. Sonrió para darle a su comentario la apariencia de una broma, pero la anciana era demasiado perspicaz para ser engañada. —De cualquier modo, no importará lo que piense Patrick. Me van a echar de aquí. —A menos de que puedas convencer a Warren Stanford de que eres buena para los negocios —comentó Nell con naturalidad. Como si aquello no fuera un problema. Pero no podía culpar a Nell por pensar que no era un obstáculo; ella misma lo había creído así al principio—. O a menos de que alguien más sea tu aval. ¿De acuerdo? —De acuerdo —asintió la joven cansada—. Pero no es tan fácil, Nell. No es fácil encontrar a alguien que avale mi préstamo… tendrían que pagar si yo no lo hago. Lo peor del caso es que sé que puedo pagar, porque lo he estado haciendo todo este


tiempo —hundió el puño en un cojín—. Pero nadie cree en mí. Por lo menos no lo suficiente para apoyarme. Nell se meció en la mecedora durante medio minuto. Después, anunció: —Yo confío en ti, Camryn. Y voy a ser el aval de tu préstamo. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 91-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Capítulo 10 Al principio Camryn se lo tomó a broma; era evidente que Nell McKenna no entendía que Warren Stanford no aceptaría la palabra de cualquiera cuando se trataba de garantizar el préstamo de una hipoteca. —Nell, dudo que el señor Stanford crea que tu aval es suficiente —Camryn intentó ser muy suave. —Quizá no me crea a mí —contestó Nell plácidamente—. No tiene una opinión muy buena de las mujeres, ¿no te has fijado? Pero si apoyo mi promesa con un gran depósito en su estúpido banco… —siguió meciéndose en la mecedora. Camryn se dio cuenta de que tenía la boca abierta. La cerró haciendo un esfuerzo y preguntó:


—¿De verdad podrías hacer algo así? —A través de los años, he conseguido algo de dinero gracias a mí pasatiempo favorito —explicó la señora. —Eso no es algo de dinero, Nell… es una fortuna. ¿Qué clase de pasatiempo es ése? —He invertido en bolsa —confesó Nell al cabo de un rato, con el mismo tono de voz que hubiera utilizado si se tratara de una afición secreta por las películas pornográficas. —Nell, nunca hubiera imaginado que tú… —Camryn tragó saliva. —Estoy segura de ello, querida —su voz era inexpresiva y serena. ¿Pretendería ser sarcástica?, se preguntó Camryn, asustada. ¿Creería que había planeado todo eso para hacerla prestarle su dinero, como si Camryn hubiera sabido que lo tenía? ¿Tendría algún motivo para dejarse caer en la trampa? —De haberlo sospechado, nunca te habría contado lo de mi hipoteca —dijo Camryn después de aclararse la garganta. —Hubiera sido una pena, ¿no crees? Sé razonable, niña. No he vivido tanto tiempo para no ser capaz de saber cuándo me quieren engañar, y sé que eres incapaz


de hacer algo parecido —se meció con tranquilidad y añadió—: Patrick sería capaz. Pero nunca hablo de dinero con él. No me gustaría que me empezara a molestar para que depositara mi dinero en un sitio más seguro, como su banco. —Pero si su banco no te gusta, ¿por qué consideras la idea de invertir en él? —Bueno, ahora ya no importa tanto. No confío en los bancos, en general… pero ahora ya no me importa tanto el lugar en donde tenga mis inversiones. Dios sabe que ya no me tengo que preocupar por guardar dinero para la vejez… ya soy vieja. Camryn negó con la cabeza; estaba atónita. —De todos modos, no entiendo nada. Discutisteis acerca de quién iba a pagar tu estancia aquí… yo estaba presente, Nell, lo oí todo… https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 92-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —No hay necesidad de que yo gaste mi dinero si Patrick está dispuesto a gastar el suyo —señaló Nell. —No te voy a cobrar nada, ni se me ocurriría nada parecido —añadió Camryn


rápidamente—. Pero… —¿Qué clase de mujer de negocios eres, Camryn? Será mejor que cobres o entonces me lo pensaré dos veces antes de arriesgar mi dinero contigo. Además — sonrió—, está a la cuenta de Patrick, no a la mía, ¿recuerdas? De momento, hasta que te cases con él, yo soy un cliente más. Después… Camryn se mareó un poco. Claro, pensó. Por eso quería sacarla de apuros. Creía que así ayudaba a Patrick también. Cerró los ojos para disminuir el dolor de cabeza. Solo le quedaba una cosa por hacer. No podía aprovecharse así de Nell, tenía que decirle la verdad, aunque así terminara con aquella nueva esperanza. —No voy a casarme con él —susurró. —¿Ah? —Nell arqueó las cejas—. ¿Te puedo preguntar el motivo? Camryn quiso maldecir. ¿Qué podría contestarle? Decidió no entrar en detalles. —Sobre todo, porque no me lo ha pedido. Nell, esta noche no hemos tenido solo una pequeña discusión. Ha sido algo… definitivo —tragó saliva—. Entiendo que eso te haga cambiar de parecer en el asunto de la hipoteca. Debía habértelo contado antes.


—¿Qué diferencia hay? —Nell estaba azorada. —¿No la hay? —Claro que no. Yo no le he prometido nada a Patrick. Pero, de todas maneras, no lo dejes aún, Camryn. Y recuerda, querida, que una tiene que hacer concesiones. Un muchacho enamorado no es la criatura más racional que existe. Camryn no continuó la discusión. «No lo dejes», pensó cínicamente. ¡Como si yo todavía lo quisiera! Pero no era el momento de destruir las ilusiones de Nell. El tiempo se haría cargo de ello. Ella le había contado la verdad. Si Nell quería convencerse de que lo blanco era negro, aquel no era el problema de Camryn. Aquella noche, mientras acostaba a Susan, ésta preguntó por qué Patrick no se había quedado a jugar con ella. —Estaba ocupado. Solo ha venido a ver a Nell. —Sherry le dijo a Nell que estabas peleando con él —comentó Susan—. ¿Es verdad? Sherry debería ser fusilada, pensó Camryn. Intentó conservar la calma. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 93-103


Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Sí, nos hemos enfadado un poco. ¿El osito Freddy quiere un besito de buenas noches? Susan le acercó el oso. —¿Cuándo va a venir a vernos? No podía mentirle. —No lo sé, querida —susurró—. Ahora duérmete. Susan se metió bajo las sábanas y Camryn bajó a su despacho, en donde ni siquiera Sherry la molestaría. Lo olvidaría. Con un poco de tiempo, Susan olvidaría todo sobre aquel hombre encantador llamado Patrick. —«Pero, ¿tú lo olvidarás?», se preguntó. Trató de recordar la discusión de aquella noche, pero solo conseguía recordar el dolor que había sentido cuando Patrick dijo que había escapado por poco. Nunca la amaría, no podía amarla y decirle aquellas cosas. Pero ella tampoco se había callado, le recordó la voz de su conciencia. Debería medirlo con el mismo rasero.


«Un muchacho enamorado no es la criatura más racional que existe…» Bueno, pensó Camryn, estaba de acuerdo con Nell en ciertas cosas. Estaba segura de que no había sido muy racional. Le había pedido a Camryn que hiciera cosas que ninguna mujer haría por ningún hombre. Abandonar su casa… Pero, ¿de verdad se lo había pedido?, preguntó la vocecita. En los últimos días, Patrick había buscado formas de que Camryn ganara dinero para conservar su casa, eso era cierto… ¿O había fingido que lo hacía? Camryn sacudió la cabeza; estaba muy confundida y no recordaba nada. No importaba lo que hubiera dicho de la casa. Lo que había dicho de Mitch era algo imperdonable. ¿Cómo se había atrevido a insinuar que Mitch había sido un estúpido despreocupado que solo pensaba en sí mismo? ¿Con qué derecho podía decir que ni ella ni Susan le importaban a Mitch? Basta, se ordenó. No ganaba nada al darle vueltas al asunto. Ya había decidido que ella también había escapado por poco. ¿Por qué seguir pensando en él? Él no era importante, no le importan las cosas que a ella sí…


¿Cosas como Susan?, inquirió la vocecita. ¿Estaba diciendo que Susan no le importaba? En una semana había pasado más tiempo con la niña del que había pasado Mitch en los seis primeros meses… Cerró los ojos y recordó varias imágenes: Patrick llevando a Susan a la cama; Patrick enseñándole a bailar; Patrick sin importarle que Susan lo recibiera con las manos llenas de tierra y de polvo de tiza… —Mitch habría montado un escándalo —murmuró para sí misma—. Y me habría culpado a mí, porque mi trabajo consiste en mantenerla limpia. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 94-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Fue como si una presa se abriera en su mente; cuando apareció aquella pequeña fisura, todos los recuerdos fluyeron… Mitch nunca había cambiado un pañal a Susan. Siempre le entregaba a la niña para que ella la cambiara. Y no soportaba que la niña llorara… —Era muy pequeña cuando él murió —murmuró—. Habría cambiado cuando creciera la niña y tuviera una personalidad más fuerte. A Mitch le encantaban los


niños… quería tener muchos. Niños perfectos, pensó. Niños que siempre estuvieran limpios y sonrientes y que llegaran a ser profesionales con éxito. Camryn empujó la silla como si con ello pudiera romper, sus pensamientos. Pero, al entrar en la sala, fue a ver la foto de la boda. Mitch, el joven médico seguro de sí mismo. Ella, la esposa joven y complaciente. Los dos eran dos extraños para Camryn. Por primera vez, se forzó a imaginar lo que habría sucedido si Mitch no hubiera muerto. ¿Cómo habría sido aquella noche de julio? Lo que imaginó la dejó helada. No habría problemas financieros en Stone House, eso era seguro, y tampoco habría huéspedes durmiendo en dos cuartos de la casa. Quizá habría otro niño… eso dependería de lo que Mitch hubiera sentido en realidad por Susan, y Camryn no tenía muy claro lo que podía haber pasado con ese tema. La casa estaría silenciosa, Susan estaría en la cama. Mitch no estaría en casa; si no estuviera en el hospital, estaría en el gimnasio, o jugando a las cartas con sus amigos… o en Canadá, pescando o cazando.


¿Y ella?, se preguntó. ¿Sería feliz esperando a Mitch? ¿O solo sería un ama de casa aburrida, consolándose con alcohol… o con un hombre dispuesto? Podría haberse acostumbrado a la vida que le parecía tan atractiva cuando tenía diecinueve años y estaba enamorada? Pero Mitch murió y Camryn había tenido que madurar. «No lo conviertas en un héroe», había dicho Patrick. «Deja de agradecer a Mitch lo que tú sola has hecho.» Había estado sola tres años y había cambiado. Perder a Mitch la había hecho mucho más fuerte e íntegra de lo que habría sido de haber seguido a su lado, como su esposa. Mitch la habría odiado, reconoció. Quería que su esposa lo esperara en casa, que dependiera de él, para sentir que valía algo ante sí mismo y los demás… Y ella también hubiera terminado odiándolo. Pero había muerto y Camryn dependía de sí misma. Y se sentía afortunada, pero no agradecida porque hubiera muerto. Después de todo, lo había amado. Pero se sintió afortunada por haber escapado de una trampa que ella misma se había tendido… https://www.facebook.com/novelasgratis


Nº Páginas 95-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Era una paradoja, concluyó. Al no depender de Mitch para obtener apoyo, dignidad, integridad, tenía mucho más que ofrecerle a un hombre. Como no dependía de nadie, estaría mejor preparada para compartir su vida con él… —El problema es que el hombre al que quiero no me quiere a mí —susurró. Y, por fin, concedió que deseaba y quería a Patrick. La verdadera pregunta era si no habría esperado demasiado para reconocer lo que Patrick había visto con mayor claridad que ella misma. Después de toda la preocupación y el trabajo, le pareció increíble obtener la hipoteca con tanta facilidad. Minutos después de que Camryn y Nell se sentaran con Warren Stanford, la solicitud fue aprobada. Nell y Warren se mostraron amables, aunque Camryn advirtió el esfuerzo que le costaba a Nell. Hubiera sido algo gracioso, de no ser porque se trataba de un asunto de mucha importancia. Y, reconoció la chica, hubiera sido gracioso compartir aquella situación con Patrick. Pero éste parecía no estar en ninguna parte.


Cuando entraron en el banco, Camryn sintió alivio al ver que la oficina de Patrick estaba a oscuras. Necesitaba disculparse con él y no quería hacerlo delante de Nell y Warren Stanford. Además, tendría que explicarle su presencia en el banco y quizá Patrick se molestaría o se enfadaría por no haber sabido que su abuela tenía ese tipo de recursos. O, lo que hubiera sido peor aún, tan solo se encogería de hombros, inundado por el alivio de no tener que lidiar con los problemas económicos de Camryn nunca más. Pero, al ver que continuaba la entrevista y no se mencionaba el nombre de Patrick, Camryn se puso nerviosa. ¿En dónde estaba, un martes por la tarde? Warren Stanford le entregó unos papeles a Camryn para que los firmara. —A Patrick le encantará saber que este asunto está saldado —comentó—. Qué pena que se haya tomado la tarde libre; sé que le hubiera gustado presenciar este momento. —Tendré que decirle que no deje su trabajo —murmuró Nell—. Ahora que estoy invirtiendo dinero en esta organización, espero que se quede cerca para vigilarlo. Warren Stanford se rio para ser amable. —Se lo diré. De hecho, está tomando el té con mi hija Dianna esta tarde.


Camryn apretó la pluma con tanta fuerza que la sorprendió que no se rompiera. No le había llevado mucho tiempo, pensó. La noche anterior pensaba proponerle matrimonio. Y aquel día estaba tomando el té con Dianna… https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 96-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Bueno, si eso era lo que quería se alegraba de que se hubiera dado cuenta, se dijo Camryn. Si se hubiera casado con ella y descubierto después que prefería a Dianna… Eso le hubiera destrozado el corazón, se confesó en silencio. —Dianna lo considera un muchacho muy especial, Nell —prosiguió Warren Stanford—. Y yo también. Han tenido varias peleas, pero confío en que todo salga bien con el tiempo —sonrió al ponerse de pie—. Ahora llevaré estos documentos al cajero y esto terminará pronto. Cerró la puerta y Nell rezongó. —Ese hombre siempre ha sido una víbora. Camryn cerró los puños para que no temblaran tanto. —Tiene buenos motivos para pensar que Patrick y Dianna… —se interrumpió


al darse cuenta del dolor que sentía al pronunciar sus nombres—. Eso lo ayudaría en su carrera. —No digas tonterías —ordenó Nell—. Que Warren Stanford crea que es algo importante, no quiere decir que lo sea. Yo no me preocuparía… ¡Té con Dianna! Patrick es demasiado sensato para no saber que su carrera vale menos que eso. Camryn no discutió. Warren Stanford regresó y la entrevista terminó. Camryn trató de alegrarse de que su casa, por fin, estuviera a salvo. Debería sentirse contenta por ello, ¿o no? AI fin y al cabo, eso era lo que importaba… la única cosa importante que quedaba. Le envió una nota a Patrick al día siguiente para agradecerle todo el esfuerzo que había hecho. Eso fue todo. El resto de lo que tenía que decirle no podía ser escrito. Tendría que esperar a verlo. Pero los días pasaron y no fue a verla… ni siquiera a Nell. Camryn supo que todo había terminado. Así que la vida siguió su curso; Camryn acompañaba a Susan al parque y se hacía cargo de sus huéspedes, como antes; se mantenía ocupada para no pensar.


Cuando Kathleen McKenna llamó para anunciar que los pintores se habían marchado, Camryn sintió auténtica pena. Se había hecho amiga de Nell y Stone House pareció vaciarse con la partida de la anciana. Camryn no pudo soportar más el silencio, así que llevó a Susan a la biblioteca para pasar la tarde. Al salir de allí, vieron que estaba a punto de caer una tormenta. —No sé si vamos a poder ir de paseo —murmuró Camryn—. Es probable que nos mojemos, Susan. Pero subestimó la tormenta. No habían dado dos pasos cuando empezaron a caer las primeras gotas. Justo cuando pasaban delante del Lakemont National Bank, Camryn dudó. Se empaparía si no entraba. Además, algún día iba a tener que volver https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 97-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna puesto que tenía una cuenta allí. Por otra parte, en su bolso llevaba unos cheques que necesitaba depositar. ¿Por qué no hacerlo ese día? y luego estaba Patrick. Después de hablar con el cajero y que éste le diera un caramelo a Susan, Camryn se dirigió a la puerta.


—Esperaremos en la entrada a que pase la tormenta, Susan… —dijo antes de darse cuenta de que la niña ya no estaba a su lado. Claro, solo había un lugar al que podía haber ido. Camryn se dirigió a las oficinas. Quizá tuviera tiempo para alcanzarla antes de que… Llegó a la puerta de la oficina de Patrick justo en el momento en que Susan se subía a su regazo y lo abrazaba. Por lo menos estaba limpia, aunque mojada, pensó Camryn. Y confiaba en la bienvenida que iba a recibir, añadió para sí misma. Le hubiera gustado estar tan segura como su hija de lo que pasaría si fuera a abrazarlo… El dolor que le producía aquel pensamiento endureció un poco su voz. —Me la llevaré —ofreció—. Creo que Susan no entiende de negocios. —No interrumpe nada. ¿O es que quieres mantenerla lejos de mi influencia nociva? —replicó Patrick. —Claro que no. —Entonces, ¿me estás eludiendo por tu propio bien? Fue como recibir un jarro de agua helada. —Creo que eres tú el que ha estado eludiéndome —se acaloró Camryn—. Ni siquiera has ido a casa para ver a tu abuela…


—¿Esperabas que lo hiciera? La chica miró la alfombra recordando la última discusión. —No, supongo que no. Patrick… —Además, Nell me ha contado lo bien que se lo ha pasado, lo cual es un poco raro en ella. Claro, como ha decidido ayudarte con la casa… —Así que eso te molesta. Te aseguro, Patrick, que no le pedí ayuda —el silencio se alargó. ¿Qué sentido tenía explicarle nada? Camryn añadió—: Vámonos, Susan. Susan no se movió de su sitio. —Todavía está lloviendo. Nos vamos a mojar —comentó prudentemente. —¿Habéis venido andando? —Bueno, cuando salimos de la casa no parecía que fuera a llover —explicó la joven. —Os llevaré a casa —se levantó—. No discutas, Camryn… no va a escampar pronto y de todos modos pensaba ir a pagarte la cuenta de Nell. Para eso me ha llamado… para decirme que no podría dejar de saldar sus gastos. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 98-103


Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —No hay cuenta. —¿Es así como manejas tu negocio? —Ella dijo lo mismo. Sin embargo, creo que os debo algo… por todos vuestros esfuerzos… —Sé que estás muy agradecida. He recibido tu nota —dijo con ironía. —Y a Nell por haberme sacado del lío. —Te felicito —cogió un paraguas—. Me preguntaba si lo haría o no. Camryn se detuvo en medio de la oficina. —¿A qué te refieres? —Te dije que tuvieras paciencia, Camryn, y que no te precipitaras… que había tiempo. —¿Sabías que tenía dinero? —Lo sospechaba. Nunca he revisado sus documentos, solo su correspondencia. Pocos ancianos reciben cartas de compañías de Nueva York, de cadenas de televisión de Colorado y de compañías petroleras de Tejas, en un mismo día. Y Nell las recibe. —Así que nos has manipulado a Nell y a mí —observó Camryn.


—No, me he limitado a reunir los ingredientes y he esperado a ver qué pasaba. No podía enviarte a otro banco… no ibas a conseguir nada. Y no podía sugerirte que acudieras a Nell en busca de ayuda. Pero podía darte la oportunidad —lo dijo sin darse importancia. Pero gracias a él, Camryn había podido conservar su casa. Después de todo, no la había forzado a venderla… En el recibidor se encontraron con Warren Stanford, que miró a Camryn fijamente. —¿Le digo a Dianna que vas a ir a verla? —preguntó a Patrick—. Ahora que se encuentra mejor, sé que le gustaría verte. —Creo que no voy a poder ir, Warren. Así que Dianna había estado enferma, concluyó Camryn. Cuando llegaron a Stone House, la lluvia y el viento azotaban las calles. Como Camryn aparcó el coche en el garaje, tuvieron que correr hasta el porche y, a pesar del paraguas, se mojaron mucho. Susan reía y tiraba de la mano a Patrick. Camryn abrió la puerta y pensó que si Patrick se marchaba, su hija armaría un escándalo.


«Vamos, sé sincera», se ordenó a sí misma. «No te preocupa mucho Susan. Eres tú la que no quieres que Patrick se vaya…» —Entra y tómate un chocolate caliente y espérate a que pase la tormenta — invitó Camryn—. Tiene que amainar algún día. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 99-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna Patrick pareció dudarlo. Susan le pidió que le leyera un cuento y él sonrió. De ser por Camryn, hubiera lidiado con la tormenta, pensaba Camryn mientras esperaba a que hirviera el chocolate. Pero por Susan… Al entrar en la galería, la sorprendió el silencio. Vio a Susan en el sofá, cubierta con una manta, y a Patrick cerca de la ventana. Al oír el ruido de la bandeja sobre la mesa, se acercó rápidamente. —Solo le he contado un cuento. La he tapado para que no se enfríe. —Cuando está muy inquieta, basta con que disminuya un poco su ritmo para que se duerma —comentó. Cogió la corbata de Patrick que estaba sobre el respaldo de una silla—. Tus cuentas de tintorería deben ser altísimas desde que nos conoces. —Está bien, Camryn —sonrió un poco—. No tienes que esforzarte tanto. Creo


que será mejor que me vaya —dejó su taza en la bandeja. —Susan se va a poner triste cuando se despierte y no te vea. —El mundo no gira en torno a Susan —contestó duramente. Cogió la corbata para ponérsela. —¿Vas a ir a ver a Dianna? —pensó que era la pregunta más tonta que había hecho en su vida. Había perdido su dignidad… —¿Acaso te importa? ¿Y por qué habría de importarle la dignidad?; hasta entonces no le había servido de nada. Quizá había llegado la hora de ser sincera… —Sí, me importa —susurró. Calló un momento y continuó—. Me importa mucho, Patrick. La miró durante largo rato. Le quitó la taza de las manos y la abrazó con fuerza. Había un ansia salvaje y desesperación en su beso, como si nunca más fueran a estar juntos, ni a compartir aquella realidad maravillosa… —No debía haberlo hecho —murmuró al soltarla; terminó de anudarse la corbata con manos temblorosas… Para Camryn fue como un jarro de agua fría. —¿Por qué no? ¿Porque puedo hacerme ilusiones? —No sé cómo podrías tenerlas, Camryn. He sido muy claro y no me voy a


disculpar ahora. Aunque daría cualquier cosa para poder decir que no hablaba en serio, no puedo. Es demasiado importante para mí… —¿Lo que dijiste sobre Mitch? —susurró. —No voy a retractarme, Camryn. Ningún hombre puede competir con un santo y no lo pienso intentar. —No te lo pido —estaba muy tensa—. Patrick, tenías razón. He idealizado a Mitch y he recordado solo lo que he querido de nuestra relación… La incertidumbre de su rostro la hirió. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 100-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Es muy fácil decir eso ahora —estaba amargado—. Ahora que su recuerdo está a salvo —hizo un gesto señalando la casa y los alrededores. —¿La casa? —susurró—. ¿Es eso lo que crees? ¿Qué estoy tan decidida a conservarla porque sustituye a Mitch? «Stone House no es bastante grande para ti, para mí y para Mitch», había dicho Patrick. —Si de verdad odias la casa… —se interrumpió. ¿Qué podía ofrecerle… la


promesa de venderla? Pero aquello significaría vender su negocio, su independencia… —No es la casa. Es lo que significa. —Pero no es así, Patrick. En realidad nunca fue la casa de Mitch. Él quería una en las afueras. Yo quería mucho espacio, una casa vieja. Por fin, me dijo que la decisión dependía de mí… yo era la que iba a pasar más tiempo aquí. —Camryn… —estaba realmente sorprendido. Pero ella continuó, como si no lo oyera: —Tenías razón. Estaba en casa un par de noches a la semana… a veces un día. A veces ni siquiera eso. Yo pensaba que era necesario, que ayudaba a la gente. Intentaba quitarle importancia. Supongo que algún día habría explotado, pero él murió; así que yo he preferido ocultarme la verdad, hasta que tú me has obligado a verla. —Lo siento, Camryn —parecía incómodo. —No me interrumpas. Tengo que hacerlo… lo he guardado dentro demasiado tiempo —suspiró—. No quería que hiciera aquel último viaje. Esperaba que se


quedara en casa, conmigo y con Susan. Lo habíamos visto poco durante semanas y la niña crecía muy rápido. Él ni siquiera sabía que ya se ponía de pie… nunca lo supo. Después de su muerte, supongo que solo quise probarme á mí misma que yo podía con todo, que mi amor por él no había sido en vano… —Camryn… —No habría podido seguir siendo lo que él quería, Patrick. Pero no puedo borrarlo de mi recuerdo por completo. Quiéralo o no, forma parte de mi vida. No era un santo, pero tampoco un mal hombre. Después de un largo silencio, Patrick musitó: —Lo sé. Y no te pido que lo olvides, tampoco. —¿No? —Aparecía insegura. —No… porque es parte de ti, Camryn, parte de la mujer a la que amo. Solo recuérdalo como en realidad fue, eso es todo lo que te pido —alargó los brazos y Camryn se refugió en ellos—. Porque —continuó lentamente—, estoy seguro de que algún día, en los próximos cincuenta años, yo también caeré del pedestal en el que me has colocado…


https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 101-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —No estás en un pedestal —negó con la cabeza—. Desde que te conocí, me pareciste irritante, molesto, mandón… —¿Ves como no puedo competir con un santo? —sonrió con ironía. —Aquel día tampoco yo te gusté mucho —tenía el rostro hundido en su hombro y allí quería permanecer siempre. —Es cierto. Pero no suelo juzgar a la gente rápidamente. Después me di cuenta de que no me disgustabas tú… sino el anillo de bodas que utilizabas como armadura —le cogió la cara con las manos—. ¿Usarás el mío en vez de ése? ¿Vas a casarte conmigo? —¿Y Stone House, Patrick? —Sigue con tu negocio, si quieres. No pretendía obligarte a que dejaras de trabajar; solo quería asegurarme de que tuvieras tiempo para mí —hablaba dulcemente—. Para mí, un matrimonio es como una sociedad, Camryn… un trato entre iguales. No podemos ordenarnos el uno al otro lo que debemos hacer; tan solo


podemos compartir esperanzas, sueños y problemas. —¿Y recuerdos? —dudó—. ¿Qué pasará con los recuerdos que no compartamos, Patrick? —Siempre y cuando los afrontemos con honestidad, podremos superarlos. Camryn, tendrás que tener paciencia conmigo. Sí, estoy celoso de Mitch… de todo lo que compartiste con él. Pero ya no le tengo miedo —no se podía negar la sinceridad de su voz. Camryn sintió los ojos llenos de lágrimas. ¿Miedo de Mitch? Sí, podía entender por qué lo había sentido. —Te amo —susurró la joven. Fue un beso diferente; tierno, sincero y con la promesa de que el mundo les pertenecería… Mucho tiempo después, Camryn aclaró: —No tienes que estar celoso de Mitch… eso pertenece al pasado. Igual que Dianna. —¿Quién? —Estaba sentada en su regazo y Patrick le besaba el perfil. Parecía distraído. —Me has oído. Tomaste el té con ella la semana pasada, ¿verdad? Debías tener


un buen motivo para sufrir… —Era una ocasión muy especial —rio—. ¿Recuerdas esa noche en el día de campo, cuando ella y su amigo se alejaron para meterse entre los arbustos? Dianna se pasó la semana siguiente acostada en un cuarto a oscuras, con sarpullido provocado por el veneno de una planta. Warren me pidió que fuera a alegrarla un poco y ella me echó de casa cuando yo le pregunté cómo se las arreglaba para meterse en lugares tan interesantes. Camryn se rio. https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 102-103 Leigh Michaels – Fácil de amar – 2º McKenna —Creo que por fin ha renunciado a la idea de casarse conmigo. Supongo que soy de la clase media y para ella, es insufrible. Prefiero comer hamburguesas contigo en un parque a pedir caracoles en el Ritz con Dianna —susurró y colocó la mejilla en su cabello—. Y prefiero admirar dibujos en el frente de mi casa, hechos con tiza, que ir a ver cuadros al Louvre. Eso me recuerda… Susan… —Gracias a Dios, Susan está aquí. De no haber sido por ella, hoy te habrías marchado. Negó con la cabeza. —No para siempre. Pensaba volverlo a intentar, aunque tuviera que derribar


la puerta principal de la casa. No se me había ocurrido utilizar a Susan, no habría sido justo —suspiró—. Camryn, te juro que no hago esto para borrar a Mitch de tu vida ni de la de Susan; pero, ¿te gustaría que yo la adoptara? No quiero que sea una niña diferente… que tenga el apellido distinto. Quiero ser su padre. —¿Vamos a tener más niños? —preguntó. Pero contuvo el aliento, no sabía si era por la idea de tener más McKenna de ojos azules, con decisión y un gran encanto, o si era por las deliciosas caricias de Patrick sobre sus senos—. No me sorprendería. Sonrió pero lo había dicho seriamente. —¿Y pensarás en lo de Susan? —No tengo que hacerlo, Patrick. No podría pedir un mejor padre para ella. —No te arrepentirás, te lo prometo. ¿Vas a casarte pronto conmigo? —Sus labios le recorrían el cuello y con el pulgar dibujaba círculos sensuales sobre su pezón. —Creo que sería mejor que lo hiciera, ¿verdad? —Sus caricias le cortaban la respiración. —Bueno, podría seguir así hasta que te rindieras. —En ese caso, Patrick, puede ser que necesite una o dos semanas para pensarlo.


—Y Nell me había dicho que una muchacha enamorada no era capaz de ser racional —rio Patrick. —¡Qué gracioso! A mí también me lo dijo —apoyó la cabeza en su hombro —. ¿La llamamos para decirle que hemos recobrado la sensatez? —Después —murmuró Patrick—. Al fin y al cabo, tiene toda la paciencia del mundo. Fin https://www.facebook.com/novelasgratis Nº Páginas 103-103

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Facil de amar leigh michaels  

Serie: 2º McKenna Sinopsis: Desde que su esposo murió en un accidente aéreo, la vida no fue fácil para Camryn Hastings. Sin embargo, logró...

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Serie: 2º McKenna Sinopsis: Desde que su esposo murió en un accidente aéreo, la vida no fue fácil para Camryn Hastings. Sin embargo, logró...

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