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Esposa por correspondencia Kathryn Jensen 11ยบ Serie Multiautor Los chicos


Fortune II Esposa por correspondencia (2001) Título Original: Mail-Order Cinderella (2000) Serie Multiautor: 11º Los chicos Fortune II Editorial: Harlequín Ibérica Sello / Colección: Deseo 1016 Género: Contemporáneo Protagonistas: Tyler Fortune y Julie Parker Argumento: Ya que el solterón Tyler Fortune se veía forzado por sus padres a casarse, lo haría a su manera, ¡aunque aquello significara que tuviese que recurrir a una agencia matrimonial! Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II La sosa Julie Parker parecía la candidata perfecta. A cambio de convertirse en su esposa, lo único que la tímida bibliotecaria quería era un bebé. Y Tyler pensó que el matrimonio no le cambiaría demasiado la vida. Hasta que su dulce novia pasó por el salón de belleza… Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 2—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Capítulo Uno Tyler Fortune odiaba perder una batalla, pero acababa de perder una, y grande. Tendría que pagar por ello, y el precio era... el matrimonio.


Su único consuelo era que había perdido su libertad a su manera. Ni muerto permitiría que sus padres lo acorralaran, haciéndolo casarse con una engreída debutante de Tucson, o la hija de alguno de sus amigos ricos. Puso otra cinta en el vídeo de su oficina, situada en la quinta planta del edificio Fortune. La puso en marcha con el mando a distancia y se apoyó en el respaldo del sil ón para mirar la pantalla. Una mujer demasiado maquillada sonrió a la cámara y se presentó con voz irritantemente aguda. Tyler lanzó un gemido. El trabajo de buscar esposa era duro, estresante y probablemente una pérdida de tiempo. Le daba mucha rabia perder valiosos minutos que se convertían en horas. Horas que necesitaba desesperadamente invertir en el negocio familiar. ¿Por qué no lo comprendía su padre? Infiernos, ya podría haber ido a Dal as en el viaje del que habían hablado y cerrado otro contrato multimil onario. Salvo ocasionales excepciones, Tyler rara vez se tomaba tiempo libre del trabajo que amaba. Una sesión de gimnasia corta e intensa en el Saguaro Springs Health Club. Cena con una mujer hermosa en el magnífico Janos de Tucson seguida de una noche acompañado, porque, después de todo, era un hombre sano y viril. Alguna que otra vez, su compañero de habitación de cuando eran estudiantes, Dave Johnson, lo convencía de que fuese con él a hacer deportes de aventura: parapente en el Gran Cañón, rafting en los rápidos de Montana, montañismo en Colorado.


Los deportes de riesgo duplicaban la emoción y el riesgo de balancearse subido a una viga de acero o a cien metros del despiadado suelo, o cerrar un trato después de una dura negociación. La vida de Tyler era la empresa. Esa era la forma en que a él le gustaba. Y ¡diablos! Si se salía con la suya, así era como seguiría. Pero los persistentes intentos de sus padres de casarlos habían crecido drásticamente en los últimos meses. Y la abuela Kate había llegado de Minneapolis, el equivalente de la artillería pesada. Lo que Jasmine y Devlin tramaban para hacer que se casase habría resultado antiguo y ridículo de no haber sido en serio y dirigido a él. Ese mismo día, su padre le había dado un ultimátum. —Te casaras y tendrás una familia antes de los treinta, de lo contrario no heredaras tu parte de la empresa. Es por tu propio bien, Tyler. Y por el bien de esta familia. Se puso tenso otra vez al pensar en las complicaciones que una esposa y una familia le infligirían a su organizada vida de solteron y apretó con rabia el botón de “expulsar” del video. Metió otra cinta y se volvió a sentar, apoyando las botas en las que acababan sus largas piernas enfundadas en vaqueros en el borde de la mesa llena de planos, mientras mascullaba para si. Trato de concentrarse en la pantalla para defender su puesto como heredero de la vicepresidencia de la Fortune Construction Company.


Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 3—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Tyler enfoco sus ojos grises en la mujer a quien entrevistaban. Había un brillo demasiado ansioso en sus ojos. Llevaba lo l enos labios rojos de carmín y una onda de cabello color platino le caía seductora sobre un ojo. De acuerdo, esta era bonita. Haciendo un poco de esfuerzo, incluso hasta hermosa. Era joven, enérgica, rápida en sus respuestas y estaba dispuesta a tener niños dentro de un tiempo. Una alarma sonó en su subconsciente. «Dentro de un tiempo» quería decir «no me quiero arruinar la figura hasta que sea lo bastante vieja como para que no me importe». Lanzó una risa ahogada. La querida Kate tendría un problema serio con esta. Su vivaracha abuela octogenaria no intentaba disimular que quería bisnietos a montones inmediatamente. Sonrió y movió la cabeza, volviendo a sacar la cinta del vídeo. —La última que queda. Será mejor que seas buena, cielito —murmuró Tyler mientras deslizaba el último cásete y lo ponía en marcha. —Sinceramente espero que no sea lo que pienso que es —dijo una voz grave desde la puerta de entrada—. Yo no pierdo el tiempo con ese tipo de cosas. Las de


carne y hueso satisfacen mucho más. Tyler miró hacia atrás con una lacónica sonrisa a su hermano Jason, quien, con una sonrisa divertida, se apoyaba contra la jamba de la puerta. Igual de alto, nervudo y musculoso que su hermano menor, Jason tenía el cabello un poco más rojizo y los ojos ámbar en vez de grises. Sin embargo, ambos compartían la orgullosa herencia del padre de su madre, Natacha Lightfoot, un auténtico indio papago. Las facciones de ambos hermanos llevaban la impronta de su ancestro nativo: pómulos altos y angulosos, fuertes narices aquilinas, mandíbulas que podrían haber sido talladas en la dura roca arenisca de la meseta sagrada al norte de la ciudad. Jason observó la imagen que parpadeaba en la pantal a con burlona solemnidad. —El argumento no parece muy bueno. —No se supone que sea necesario —respondió a la burla Tyler, dándose la vuelta para encontrarse con un pálido rostro oval en la pantalla del televisor. Se quedó mirando fijamente, sorprendido. Aquel a era... diferente. La joven hablaba en voz baja, como si tuviese miedo de que alguien la oyese. No intentaba venderse o flirtear con la cámara como las otras antes que ella. Parecía que no llevaba maquillaje, ni joyas de ningún tipo. Si había una palabra para describirla, era «sosa». Sin embargo, había algo en esa mujer que atrajo a Tyler, capturó su atención de una forma que las otras no lo habían logrado. —¿Es una nueva técnica para entrevistar recepcionistas? —Futuras esposas. La súbita risa de su hermano retumbó en la habitación.


—Sí, claro —dijo, haciendo un esfuerzo por contenerse mientras se frotaba los ojos—. Futuras esposas. —Lo digo en serio. Si tengo que casarme en menos de un año, que me aspen si permitiré que me elijan una esposa. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 4—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —¿De verdad crees que papá lo ha dicho en serio? —Lo dejó bien claro a la hora de la comida hoy. Afortunadamente, tenía un plan preparado. —Esto no es un plan —dijo Jason, moviendo la cabeza—, es un desastre. ¡No puedes encontrar una esposa de esta forma, Ty! —¿Por qué no? —preguntó Tyler tercamente. Odiaba que le dijeran cómo tenía que vivir su vida, y el o no excluía a su hermano o sus primos, que trabajaban todos en la empresa familiar—. ¿Quién hace las reglas para elegir una esposa? ¡Infiernos, querían que te casases con Cara cuando la dejaste embarazada, cuando solo tenías veinte años de edad! Yo no quiero acabar como... Se interrumpió demasiado tarde. La última palabra, «tú», quedó silenciosamente suspendida entre los dos. Ojala se hubiese quedado cal ado. No había sido su intención parecer tan crítico ni recordarle a Jason su fallido primer matrimonio.


—Perdona, no quería... Jason hizo un gesto con la mano restándole importancia. —Mira, intenté decirle a papá que yo no tengo madera de esposo, pero se niega a escucharme. Y no tengo tiempo para hacer esto de otra forma. Había muchas cosas que Tyler se sentía capaz de hacer bien. Sabía cómo montar una viga de media tonelada a diez pisos del desierto, hacer unos cimientos que no se rajarían ni con el implacable calor de Arizona, poner los remaches con su cuadrilla y besar a una mujer hasta enloquecerla. Pero, ¿matrimonio? Jason parecía menos interesado en las explicaciones de su hermano que en la criatura menuda y nerviosa de la amplia pantal a del televisor. —Mírala. Te da la impresión de que la entrevistadora es un león a punto de devorarla. —Parece que está muerta de miedo —reconoció Tyler. Ella tenía los ojos enormes y pestañeaba, pestañeaba, pestañeaba como un animal salvaje que se hubiese quedado encandilado por las luces de un coche. Varias veces se humedeció los labios con la punta de la lengua. Por una vez, el gesto no pareció hecho a propósito, con afán de seducir. A pesar de ello, Tyler lo encontró atractivo, tentador en su inocencia. —No sé porqué la gente se presta a este tipo de comercio —suspiró Jason—, como si fuesen un filete puesto a la venta. Es igual de malo que ir a los bares de solteros. —Quién sabe. ¿Soledad? ¿El deseo de ser parte de algo? Una pareja...


familia. Pero Tyler ya tenía una familia. Y no quería nada más. Su hermano, sobrina, padres, abuela y primos formaban una familia bullanguera y trabajadora, un clan competitivo y orgulloso. Los quería a todos apasionadamente. No estaba interesado en meter a una intrusa en medio de ellos, y no entendía por qué sus padres insistían tanto en que lo hiciese. Sorprendentemente, no podía desviar la vista del rostro de la tímida mujer. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 5—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Julie —oyó que la entrevistadora le decía—, ¿por qué has recurrido a Almas Gemelas? Ella enderezó la columna, echó atrás sus estrechos hombros y levantó la barbilla para mirar directo a la cámara por primera vez. Tyler se dio cuenta de que el esfuerzo para hacer esos simples movimientos tenía que ser enorme. —Quiero un bebé —dijo ella. —Dios santo, con eso se ha cavado la tumba —murmuró Jason. Tyler movió la cabeza lentamente. .Alguien le tendría que decir que la sinceridad no la haría conseguir novio. Daba la impresión de que estaba desesperada. Y la desesperación no haría que los hombres se interesasen.


—Lo que quieres decir —sugirió la entrevistadora, intentando guiarla para que diese una respuesta más atractiva—, es que quieres encontrar tu alma gemela, alguien con quien compartir tus intereses, como la alta cocina o el amor a los niños? —No —dijo Julie lentamente, enfatizando cada palabra, como si contuviese un mensaje único—. Todo lo que quiero es un niño. Varios niños, en realidad. Tres, cuatro... más, si mi marido los quiere. Adoro a los niños. Tyler se preguntó si habría un mensaje escondido. —Que los niños eran estupendos, pero que no le gustaban tanto los hombres? —Comprendo —murmuró la entrevistadora. Se oyó el ruido de páginas que pasaban. La había descolocado totalmente. Julie... .—cuál era su apel ido? Tyler miró la carta que acompañaba las casetes de vídeo. Parker. Sí, Julie Parker era demasiado sincera para esa sofisticada agencia matrimonial con oficinas por todo el territorio de la nación. Tyler sintió vergüenza ajena. Apretó el botón para sacar la cásete, que se deslizó suavemente fuera del vídeo. —Una chica agradable —comentó Jason—. No tiene ni idea, ¿no? —¿Eh? Oh, no... —dijo Tyler, pensando todavía en los ojos de Julie Parker. No podía recordar su color Avellana, quizás. Un color suave para unos ojos que no llamaban mucho la atención, ni resultaban llamativos. Pero mostraban una cualidad nebulosa que le gustaría mucho explorar en persona. Y la puntita de la lengua rosada que se asomaba apenas de vez en cuando... Dios, el efecto que aquello tenía en sus ingles. Quizás debería poner la cinta otra vez, solo para volverla a ver.


—Pues bien, buena suerte, Romeo —dijo Jason, alegre—. Si quieres mi opinión, creo que si consiguieras que alguna novia te durase más de tres meses, quizás lograrías encontrar alguna que mostrase síntomas de poder ser algo más permanente. —Lo de permanente no me preocupa en ellas, me preocupa en mí. Oye, Jason, de hombre a hombre, la pregunta universal: ¿Podrá una mujer ser suficiente para mí... para el resto de mi vida? —Bueno, sí —se encogió de hombros Jason—. Nunca lo sabes hasta que llega la adecuada. Cuando es la chica que te corresponde, todo encaja. Mira la forma en que Adele hizo cambiar mi concepto del matrimonio —dijo, sonriendo como un niño, Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 6—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II una sonrisa que Tyler envidiaba. Lo que él no daría por sentirse tan feliz en el medio de lo que habían pasado las últimas semanas. —¿Qué te trae por aquí tan tarde? —le preguntó a Jason, cambiando de tema. Su hermano era vicepresidente responsable de Marketing y tenía relativamente poco que ver con el aspecto de construcción del negocio. —Algo que deberías saber antes de que la prensa se entere —dijo, poniéndose serio y cerrando la puerta de la oficina—. Link Templeton cree


que ha encontrado pruebas de que Mike Dodd fue... pues, que el ascensor en el que iba quizás no se haya estrellado quince pisos sin un poco de ayuda. Hacía unas pocas semanas, un accidente fatal en la obra del Fortune Memorial Children's Hospital había segado la vida de su capataz. Cuando la policía no dijo inmediatamente que había sido un accidente, los Fortune contrataron inmediatamente a un detective privado para que l egase al fondo de la cuestión rápidamente, para tranquilizar a los inversores. —¿Estás seguro? ¿Está seguro él? —preguntó Tyler, que apoyó las botas en el suelo con un golpe seco y se puso de pie. —Link es un tipo muy cauto. No se le ocurriría difundir una teoría de tal calibre si no tuviese pruebas. Cree que sabotearon el ascensor, lo cual significa que Mike murió intencionalmente. —Lo asesinaron, dirás —al oírlo, Tyler tuvo la sensación de que era cierto. Dodd había sido una pieza crucial en el proyecto del hospital, el cual era una labor de amor de los Fortune. Toda la familia colaboraba: recogían fondos, contribuían con horas de trabajo sin remunerar, donaban materiales, buscaban apoyo de la región y del estado y simpatía por un centro médico que serviría a la población joven y de diversas etnias alrededor de Pueblo. Una vez que el hospital estuviese terminado, los niños heridos y enfermos no tendrían necesidad de ir hasta Tucson, a veinticinco mil as al norte. Las familias Papago recibirían atención para sus niños sin tener que mostrar que tenían seguro médico ni pagar sumas astronómicas que no podían permitirse. Ese era el sueño de su familia desde que él estaba en el negocio. Si alguien quería hacerle daño a los Fortune, el sabotaje al hospital era una forma perfecta de hacerlo.


—Qué terrible. ¿Se lo has dicho a papá? —Estoy de camino al rancho ahora —dijo Jason, levantando una mano con gesto impotente. Tyler asintió con el rostro serio. Una familia no lograba la riqueza de los Fortune sin hacerse de enemigos por el camino. Pero no le gustaba pensar que la envidia y la codicia l evasen a alguien de Pueblo al asesinato. —¿Quieres estar conmigo cuando le dé la noticia a papá? —preguntó Jason. —No —dijo Tyler, que se encontró mirando la pantalla oscura del televisor —. Ve tú. Ya me enteraré de los detal es más tarde. Tengo mucho que hacer aquí. —No puedes encargar a una esposa de la misma forma que encargas una pizza —le dijo Jason, que movió la cabeza como si comprendiese por dónde iban sus pensamientos. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 7—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Los matrimonios se arreglaban antes con mucho menos que una cinta de vídeo —dijo Tyler, sacudiéndose una pelusa de la camisa. —Estás chiflado, ¿lo sabías? —le dijo Jason, abrazándolo y golpeándole cariñosamente la espalda. Minutos más tarde, Tyler se encontró de pie en el medio de su oficina, mirando la oscura pantal a del televisor. ¿Estaba loco por intentar gobernar su propia vida? Las mujeres exigían a los hombres. Los niños requerían amor sin límites y constante


atención a sus necesidades físicas. Todo el tiempo que un hombre utilizaba en relacionarse con los miembros de su familia, se comía valiosas horas de su trabajo y lo cambiaba, tanto si este deseaba cambiar como si no. La oscura y fría pantalla lo desafió. Alternativas. Necesitaba alternativas desesperadamente. Tyler volvió a agarrar el mando a distancia. El rostro pálido y delicado de Julie Parker se materializó delante de él. Prefería las pelirrojas. El cabello de la señorita Parker era del color marrón de las bolsas de supermercado. Lo derretían los ojos azules. Los de ella eran de un tenue tono musgo. Las mujeres altas de largas piernas lo atraían inmediatamente. Miró la carta que acompañaba la cinta. Ella apenas llegaba al metro sesenta. Le llevaría una cabeza. Físicamente, no era para él. Pero su modo tímido, la frecuencia con que se ruborizaba y el modo en que sus ojos se apartaban de la cámara le decían que no era una mujer asertiva. Quizás eso lo favoreciese. Y todo lo que ella quería era un bebé. Ella necesitaba un esposo, el necesitaba una esposa. Un simple intercambio. Casi había perdido las esperanzas, le quedaban diez días a los seis meses que Julie había pagado en la agencia matrimonial. No podía permitirse pagar otros, si apenas le alcanzaba para pagarse la renta mensual. Esa misma noche sonó el teléfono. —Hemos recibido una solicitud de un contacto personal —le informo la mujer al otro extremo de la línea—. Le puedo mandar una cinta del caballero. Infórmenos si quiera conocerlo personalmente. Parece un partido excelente para usted, señorita Parker.


Julie pensó con escepticismo que era un cebo para que contratara otros seis meses de servicio, pero cuando la cinta llegó con una breve biografía, se preguntó si no habría l egado el momento que esperaba. ¡Alguien estaba interesado en conocerla! Y sabía el aspecto que ella tenia, lo tímida que era con los desconocidos y lo que pretendía. El otoño pasado le había llevado hasta el último gramo de su coraje ponerse en contacto con Almas Gemelas, que entre todas las agencias matrimoniales era la que más confianza le había inspirado. Garantizaba confidencialidad y una excelente selección de los candidatos. Recibiría nombres y entrevistas grabadas en vídeo de hombres de todo el país que pensaban con seriedad en una relación matrimonial y estaban potencialmente interesados en ella. Los clientes de Almas Gemelas eran hombres v mujeres con una entrada fija que no pondrían objeción a tomarse un avión para ir a conocer a una pareja en potencia. Ahí no había vagos, presidiarios o desempleados, decía la agencia. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 8—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Al día siguiente. Julie se había gastado hasta el último céntimo de sus ahorros para hacer el último intento de encontrar al hombre que le podría dar lo que ella necesitaba tan desesperadamente.


El corazón le golpeteó desesperado en el pecho y sintió las manos húmedas mientas metía la cásete en el vídeo que había comprado por diez dólares en la tienda de objetos de segunda mano. Se sirvió una copa del vino que normalmente utilizaba para cocinar. Invertía el amor que hubiera dado a un niño en crear platos exóticos aunque no tuviese a nadie con quien compartirlos en su pequeño apartamento. Tomó tres rápidos tragos para darse valor y presionó el botón, retirándose de la pantal a con la barata copa de vidrio sujeta entre ambas manos. El hombre de la pantal a quitaba el hipo de guapo. Tenía que haber un error. Julie sacó la cinta del vídeo, inspeccionó la etiqueta, volvió a leer la carta que lo acompañaba. No, todo parecía estar en orden. Su nombre era Tyler Fortune, tal como la mujer del teléfono había dicho. Vivía en Pueblo, Arizona, al Oeste de Houston, donde vivía ella. Eso estaba bien. Se sintió mejor sabiendo que ambos vivían en el sudoeste. Volvió a poner la cinta. Se sentó y se abrazó las rodillas, conteniendo el aliento mientras el fabuloso hombre de la pantalla respondía una lista de preguntas que le hacía la entrevistadora. —¿En qué trabaja, señor Fortune? —En la construcción. Ah, pensó Julie. Por eso tenía esos músculos en el cuello y los hombros. De usar el pico y la pala, acarrear madera, llevar bolsas de cemento. Aunque l evase


traje, se notaba que tenía buen físico. —¿Y sus hobbies? —No muchos. —Nombre dos, por favor. —Yo, ejem, pues, me gusta el aire libre. ¡Genial! Los niños deberían jugar fuera mucho. Ella no era muy deportista, así que sería maravilloso que su padre los llevase a caminar, a pescar, a jugar a la pelota. —¿El matrimonio es una prioridad para usted, señor Fortune? —Desde luego que sí —respondió él solemnemente, sin que se le alterasen los ojos grises. Un corto grito de alegría se escapó de los labios de Julie. Tomó un trago de vino y lanzó una risilla. ¡Y a ese hombre le había gustado su cinta! —¿Y los niños? —Sí, decididamente tiene que haber niños en mi matrimonio. ¡No se lo podía creer! Quizás esos fueran los motivos por los que Tyler Fortune había encontrado atractiva su cinta. Era obvio que quería una familia tanto como el a. Era un hombre capaz de ver más allá de su aspecto normal y sus respuestas nerviosas y descubrir temas más importantes v prácticos. Para un futuro que podría ser bueno para los dos. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 9—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II


Pero había una cosa que la molestaba. Había aprendido a no confiar en los hombres guapos. Un hombre demasiado guapo generalmente era consciente de ello y lo usaba a su favor. A Tyler Fortune le tenían que sobrar las mujeres. Tenía que pasarle algo raro a ese hombre. Julie miró la entrevista hasta el final, rebobinó la cinta y la volvió a ver tres veces más, acompañándola con tres vasos más de vino. En vez de mostrar defectos, Tyler mejoraba con cada vez que lo veía y cada copa de vino. Parecía que la miraba directamente a sus ojos a través de la cámara. Solo a ella. Su mirada era directa, inteligente v a veces juguetona. Era un hombre que aunque no llegase a amar, al menos a ella le podría gustar. Era un hombre que la hacía sentir cosas raras dentro, como cosquil as. Apagó el televisor v agarró la carta que acompañaba la cinta. Se pasó la copa por la frente para refrescarse la piel enfebrecida. Pensó en las posibilidades, los sueños, un futuro. Y los riesgos. La carta decía que era ella quien tenía que contactar con el señor Fortune si se encontraba interesada en conocerlo. No se le había dado ni su dirección ni el número de teléfono, por si el a decidía no aceptar su invitación a que lo llamase. —No es una verdadera cita —susurró—. Es más una cita de negocios, ¿no? «Lo l ames como lo llames, esta puede que sea tu última oportunidad», le recordó una vocecilla frágil y preocupada que provenía de un rincón de su alma. —Lo sé —dijo ella—. Lo sé. Escaneado y corregido por dulceelaine


Nº Paginas 10—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Capítulo Dos Tyler estaba preparado para lo peor cuando llegó pronto y aparcó frente al Van Gogh, justo al Norte de Westheimer. El restaurante de moda de Houston se hal aba rodeado de jardines perfectamente cuidados. A lo largo de la hierba que descendía hacia el pantano, los famosos pavos reales hacían su cortejo para que los turistas les tomasen fotografías. Aparcó el coche cerca de la entrada principal con la esperanza de ver l egar a Julie. Si ella tenía un aspecto tan horrible que no podría casarse con el a, intentaría que la comida durase lo mínimo y le mandaría unas flores a su casa al día siguiente. La cortés nota que iría con ellas le agradecería su encantadora compañía y le explicaría que lo sentía mucho, pero no eran la pareja que él hubiese deseado. Sin embargo, mientras se sentaba inquieto en el Lincoln Continental que había alquilado esa mañana en el aeropuerto de Hobby, dudaba que los seis meses que le restaban hasta su cumpleaños le proporcionaran mejores perspectivas. Esperó nervioso, intentando recordar los puntos positivos de Julie. Parecía que era educada, de buena moral, que le gustaban genuinamente los niños y las tareas del hogar. Cuando hablaron por teléfono dos días después de que Tyler la


viese en el vídeo, el a le había mencionado dos veces que le gustaba cocinar. Suponía que con el tiempo ella se involucraría tanto con los niños y sus propios intereses que él no necesitaría preocuparse en cambiar su modo de vida. Si Julie ponía alguna objeción a las horas que él se pasaba trabajando, se lo dejaría bien claro, y ella, como parecía una mosquita muerta, seguro que no volvía a insistir. Algo le dijo que tampoco le exigiría mucho en la cama. Quizás era callada por naturaleza. Su voz por teléfono había sido igual de dulce y tímida que en la cinta. Le había comenzado a preguntar sobre su historia sexual, lo cual le había parecido una pregunta lógica entre dos personas que estaban considerando engendrar niños juntas. Pero el a se puso tan nerviosa que él inmediatamente abandonó el tema y decidió esperar hasta que lo pudiesen discutir cara a cara. Tyler se miró las manos, que apretaban el volante del Lincoln como si hubiese estado conduciendo a altas velocidades. Deliberadamente, lo soltó. Las mujeres nunca lo ponían nervioso, ¿por qué iba a hacerlo aquella ratoncita? Por fin, un viejo coche rojo se detuvo titubeante frente a la entrada del Van Gogh. La conductora parecía confundida cuando el portero intentó abrirle la puerta. Tyler no pudo evitar sonreír. Después de varios minutos de animada conversación, el hombre consiguió convencerla de que se bajase del coche para subirse él tras el


volante. La joven se quedó en el .bordillo, mirando su vehículo como si no lo fuese a volver a ver nunca más. Tenía que ser Julie Parker. Su encantadora ingenuidad le l egó a Tyler al corazón. Decidió que no podía dejarla entrar al restaurante y lidiar sola con Jean Paul. El frío gesto del maître francés haría que ella pusiese pies en polvorosa inmediatamente. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 11—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Rápidamente, Tyler salió del coche y atravesó la calle corriendo, apretando la llave electrónica para cerrar el coche automáticamente a la vez. Llegó a la puerta justo cuando Julie alargaba la mano trémula para abrirla. —Permíteme —dijo, pasando a su lado para abrir la puerta. Julie contuvo la respiración, como si no se hubiese dado cuenta de que había alguien detrás de ella. —Oh, gracias —dijo, elevando sus ojo* asustados hacia Tyler y a él le volvieron a llamar la atención los sutiles cambios de color de sus pupilas Q aliento que le l egó era dulce como una flor—. —Es usted el señor Fortune? —Tyler —respondió y apoyándole una mano en el nacimiento de la espalda, la guió adentro del restaurante. —Oh, pues, bien —logró decir ella.


—Permíteme tu abrigo —dijo Tyler. Hacia un poco de fresco para ser marzo en Texas. D sudoeste había tenido un invierno inusualmente frío. La gente l evaba abrigos de lana y bufandas que hacia años que no sacaban de los armarios. —Gracias —murmuró el a nuevamente, elevando los ojos para echarle una furtiva mirada antes de recorrer con ella el vestíbulo del restaurante. Estaba diseñado para parecer una gruta romana: piedra desnuda, arbustos verdes brotando entre las ásperas rocas grises. Una cascada caía suavemente al fondo, cerca del comedor. Él había elegido ese restaurante porque era su estilo. Rudo v refinado a la vez. Sofisticado, tranquilo, íntimo. Había volado con chicas a Houston para pasar el fin de semana cuando no quería que todo Pueblo se enterase de con quién salía el soltero más codiciado del pueblo. La atmósfera del restaurante estaba teñida de elegante seducción. —Perdona por no haberme dado cuenta antes de que estabas aquí —dijo Julie suavemente—. Iba mirando a ver si veía matrículas de Arizona en la calle. —Alquilé un coche en el aeropuerto —explicó él. —¿Has venido en avión? ¡Caray eso habrá costado una fortuna! —Estaba bastante ocupado en la obra y no quería...— se interrumpió Tyler antes de decir «perder el tiempo»— ...no quería estar ausente mucho rato. —Comprendo —elevó los ojos hacia él sonriente, como impresionada por su fuerte ética profesional—, sé perfectamente lo que es. Yo odio dejar un trabajo a medias —los ojos se le abrieron como platos al ver pasar a una mujer con un vestido


de crepé que tenía una raja hasta el muslo. Llevaba un brazalete de diamantes en el tobillo. Mirándose cohibida la falda y el sencillo conjunto de jersey y chaqueta de lana a juego, hizo una mueca—. Me parece que no estoy correctamente vestida para este sitio. —Estás bien —dijo Tyler, negando con la cabeza. Julie lo miró fijamente un instante, como intentando decidir si él lo decía sinceramente o si solo intentaba hacerla sentir bien. Él tenía la cara inexpresiva. Suspirando, cambió de tema. —¿Trabaja en la construcción? ¿Cuál es su trabajo exactamente? ¿Conduce maquinaria pesada? ¿Clava clavos y ese tipo de cosas? Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 12—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Normalmente no —rió él—. Aunque sé hacer ambas cosas. Jean Paul l egó en ese momento, ahorrándole una explicación que Tyler no quería dar en ese momento. A propósito, había evitado explayarse sobre su trabajo y su familia, como el hecho de que los Fortune eran los ciudadanos más ricos e influyentes del Sur de Arizona. Quería ver la reacción que Julie tenía hacia él antes


de desvelarle que la convertiría en una mujer rica. Cuando se sentaron, pidió el vino y sugirió dos especialidades de la casa. El sommelier les l evó un vino blanco Merlot, primero sirviendo un poco a Tyler para que lo catara y una vez que él lo hubo aprobado, escanció las dos copas. Finalmente, los dejaron solos. —Háblame de ti —le dijo él. —No hay tanto que decir —dijo Julie, l evándose la copa a los labios para tomar un cauto trago—. Casi todo estaba en la cinta que Almas Gemelas le ha dado —volvió a tomar otro trago y sonrió como un niño a quien le dan un dulce entre comidas. Él pensó que la chispa de culpabilidad de sus ojos era adorable. Le despertó una vena maliciosa que lo hizo pensar en lo divertido que sería sorprenderla y hacer que esos fascinantes ojos multicolores se encendiesen. Hizo un intento de desnudarla mentalmente, pero el conservador conjunto que el a llevaba no le daba alas a su imaginación. —Oh, caray, qué delicioso. A veces me doy el gusto de tomarme una copa de vino después del trabajo. Pero una botel a me dura un mes, y nunca ha sido tan bueno como este —dijo Julie, levantando la copa para tomar otro delicado trago. Entrecerró los ojos y echó la cabeza atrás mientras tragaba. El elegante cuel o resultaba tentador y, de repente, a Tyler le dieron deseos de alargar la mano y deslizarle la palma abierta por la piel de marfil.


—Podemos tomar un vino diferente con la comida, si quieres. —Oh, no, no debemos —exclamó Julie alarmada, abriendo los ojos de golpe —. Bastante cara va a ser ya la comida —se inclinó hacia delante y susurró—. Una cosa que debería saber, señor Fortune. —Tyler, y por favor, tutéame. —Tyler. Una cosa que deberías comprender —dijo ella con sinceridad—, es que no puedo casarme con un hombre que no sabe el valor del dinero. Si me quedo en casa con mis hijos... nuestros hijos..., tendremos que vivir de tu sueldo. El salario de un obrero de la construcción puede que sea suficiente para una vida cómoda, pero no permitiré que lo gastemos en muchas salidas como esta. —No, yo tampoco —dijo él. No había sido su intención mentirle, pero seguía necesitando saber un poco más de Julie antes de reconocer lo poco que se preocupaba por el coste de lujosas cenas para sus acompañantes femeninas. Ella se reclinó en el respaldo de la silla y lo miró solemnemente. —Siento tener que ser tan directa. Creo que hay que vivir dentro de las limitaciones de cada uno, nada más. —Perfectamente comprensible —le respondió él—. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 13—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II


Quiero saber exactamente qué pretendes de mí. Y seré muy sincero sobre lo que puedo y no puedo hacer por ti. Pero primero tienes que decirme quién es Julie Parker en realidad. Una persona está constituida por mucho más que un trabajo y algunos hobbies. —Pues, nací en Houston y nunca he vivido a más de dos millas del barrio donde he crecido. A lo más lejos que he llegado en un sentido es Nuevo México. En el otro, Arkansas. Me gradué en la Universidad de Houston, luego conseguí un empleo en la biblioteca pública. Siempre me han gustado los libros, han sido mis amigos desde la infancia. Me pareció natural ser bibliotecaria. —¿Entonces te pasas el día rodeada de volúmenes y silencio? —asintió él con la cabeza. —No me aburro nunca, si eso es lo que quieres decir —dijo ella con inesperada energía—. Pero, a veces, desearía poder viajar. Después de pagar las cuentas, no queda mucho para ir a Europa —se rió moviendo la cabeza, como si esa fuese una fantasía que la gente normal no se tomaba en serio. —Supongo que no —murmuró Tyler diplomáticamente. Él había estado en Europa quince veces desde acabar la facultad. —Bien —dijo ella con un largo y profundo suspiro que hizo que a él, de repente, le l amasen la atención sus pechos—. Soñar no cuesta nada. Lo importante es pasar el tiempo con los hijos, ahorrar para su educación, asegurarse de que estén bien protegidos y vestidos —lo miró—. ¿No te parece? —Por supuesto, los niños siempre tienen que ir lo primero —dijo, sintiendo que el a lo estaba sometiendo a prueba. ¿Era él quien había dicho aquello?


Nunca había imaginado que diría algo semejante en su vida, pero sintió que, en ese momento, lo decía de corazón. Tyler tomó un rápido trago del frío vino blanco y le estudió la expresión de su rostro. Sabía que ella estaba batallando contra su timidez para no bajar los ojos. Quizás tenía más valor de lo que él había creído en un principio. Les llevaron sus platos, haciendo que dejasen de mirarse. Después de que ambos rechazaran la oferta de pimienta recién molida, él cortó un trozo de su grueso filete de lomo e intentó aclararse las ideas mientras masticaba. Si estaba considerando en serio casarse con esa mujer, había más preguntas que hacer. —¿Tus padres te enseñaron a ser ahorrativa? Vio alarmado cómo el a se ponía pálida. —Perdona —le dijo—. ¿He mencionado algo que no debía? Julie apretó los labios y clavó el tenedor suavemente en un sabroso marisco. —No recuerdo a mi madre —dijo—. Nos abandonó a mi padre y a mí antes de que yo cumpliese un año. A papá no se le daba bien la economía doméstica. Condujo camiones toda la vida, nunca ganó mucho dinero. En cuanto yo tuve suficiente edad para hacer las compras, me ocupé de que hubiese suficiente comida para l egar a fin de mes. —Comprendo —dijo Tyler, frunciendo el entrecejo.


Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 14—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —No fue una vida dura, pero pasé mucho tiempo sola. Mi padre falleció hace cuatro años. Desde entonces, vivo sola. El resto de la familia de mi padre vive en la costa este. Nos vemos muy poco. Tyler se la imaginó de niña, sin nadie que se ocupase de el a. Se la imaginaba hecha un ovil o en una esquina de la sala para niños de la biblioteca, concentrada en un cuento de hadas. Esa imagen iba con ella. Sintió un ramalazo de culpabilidad por todo lo que tenía y que daba por sentado. Cierto era que Devlin había trabajado la mayoría del tiempo y Tyler siempre había añorado la atención de su padre, pero nunca se le había pasado por la mente que podría faltarle la comida cuando tenía hambre. La miró a los ojos y vio en ellos una eternidad de soledad. Ya no necesitaba preguntarle por qué quería una familia. Pero había una cosa que no comprendía, —Tu biografía decía que tienes veintisiete años. —Sí —dijo ella y se quedó esperando, con la cabeza de lado y el tenedor suspendido sobre la comida. —Si siempre has querido tener una familia, ¿por qué no te has casado antes?


Con un suave bufido, el a dejó el tenedor pausadamente sobre el plato y lo miró como si él la hubiese abofeteado. —¿Estás tratando de reírte de mí, Tyler? —No —se asombró él—. Por supuesto que no, yo... —Mírame —le exigió ella. Él la miró. Lo que vio fue una encantadora explosión de fuego en sus ojos. Pero él no sabía si eso era lo que debía ver o algo más, así que no dijo nada. —No soy un buen partido. Paso desapercibida, no tengo una figura tan especial, llevo ropa cómoda, no de moda. Estoy nerviosa en las citas y no sé de qué hablar. Me pongo rígida cuando un hombre intenta besarme. Yo... —Tú cocinas —la interrumpió él—. Y tapizas muebles y adoras los libros. —Sí —asintió ella con un largo suspiro, mirándolo con desconfianza. —Y no eres una chica común en absoluto. Tienes unos ojos hermosos, Julie. Cuanto te ríes o te enfadas, como ahora, te bril an más que una llama de acetileno. —¿Es ese un chiste de tu gremio? —preguntó el a secamente. —No, es la verdad. Y tú deberías de reconocerlo, porque eres una persona sincera —alargó las manos para cubrirle las suyas sobre el blanco mantel de hilo y las retuvo allí, a pesar del intento que hizo ella de liberarse—. Aunque eres callada,


defiendes lo que te resulta importante. Eres inteligente, lo cual puede resultarle muy sexy a un hombre que tenga un poco de cerebro. Y no l evarás a un hombre a la bancarrota pretendiendo regalos caros. A mí me parece que eso es el tipo de mujer que muchos hombres querrían tener como esposa. Julie se lo quedó mirando fijamente. ¿Lo diría de verdad? Un hombre tan maravillosamente sexy y auto-suficiente como él le decía... ¿qué? ¿Que ella era digna de ser deseada? No, quizás eso no, porque ni siquiera había insinuado que le Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 15—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II producía deseo. No, era más como si reconociese sus cualidades y se diese cuenta de que podría considerarlas favorables al elegir una pareja. Pero eso era mucho más de lo que cualquier otro hombre había hecho jamás. —Gracias —murmuró—. Significa mucho para mí que digas algo tan amable. —Te mereces eso como mínimo —dijo él y antes de que ella pudiese reaccionar, le levantó la mano derecha y se la l evó a los labios v la besó tan suavemente que apenas si sintió su contacto. Mantuvo sus trémulas manos entre las suyas, más ásperas y cálidas—. Oye, comprendo por qué quieres casarte. Las familias son importantes. La verdad es que si decides que quieres seguir con esto,


tengo un clan bastante grande para compartir contigo. Una alegría irracional la invadió y se le hizo un nudo en la garganta. Parecía que él lo decía en serio. Hasta ese momento, no había creído que él pudiese l egar a quererla. —Tu familia —dijo, olvidándose de su cena—, ¿cómo son? Él pareció inseguro. —Te los describiré con mucho gusto, pero primero, para ser justos, me gustaría aclarar algunas ideas equivocadas que puedas tener con respecto a mí. —¿Ideas equivocadas? —preguntó, y su arcoiris de esperanza comenzó a borrarse. —Verás —comenzó él—, cuando te dije que estaba en la construcción, creo que tú interpretaste que... —No te preocupes —interrumpió ella—, aunque te dediques a hacer pozos, siempre que seas honesto y trabajes duro para ganarte el sustento, nos las arreglaremos. —No —dijo él, esbozando una sonrisa juvenil—. Estoy en el otro extremo de la escalera económica. —¿Lo que quieres decir —dijo el a lentamente, intentando comprenderlo—, es que eres jefe de cuadrilla... o capataz? ¡Qué fantástico, Tyler, me siento tan orgullosa de ti! —se entusiasmó, saltando en el asiento, pero se controló al ver que la pareja de la mesa más cercana se daba vuelta para sonreír en su dirección. —Soy el dueño de la compañía. Y es grande.


—¿Qué? —se lo quedó mirando ella fijamente. —La verdad es que le pertenece a mi familia: mi padre, mi hermano y mis primos —aclaró él, mirándole la palma de la mano como si le estuviese leyendo el futuro. Supongo que nunca habrás oído de Fortune Constructions. La mayoría de la gente no se fija en el nombre de las constructoras, aunque participen en proyectos grandes. Apuesto que se puede contar con los dedos de la mano la gente que sabe quién construyó el Centro Espacial de Houston. —No —dijo ella, llevándose la mano libre a los labios. —¿No, qué? —se le oscurecieron los ojos grises de incertidumbre. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 16—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —¿Eres uno de esos Fortune? La semana pasada leí en el periódico sobre una rica familia de indios americanos que estaba construyendo un hospital en algún sitio de Arizona. —Somos nosotros —sonrió Tyler, orgulloso. A Julie el corazón le dio un vuelco. Era terrible. No solo era guapo, sexy e inteligente, también era rico. Solo una cosa justificaba que quisiese tener algo que


ver con el a. Estaría mal de la cabeza. Sintió deseos de salir corriendo del elegante comedor y meterse en el coche, si lo podía encontrar, para alejarse lo más rápido posible de Tyler Fortune. Cerró los ojos, luchando contra el pánico que la invadía. Pero su profunda voz la l amó y el a volvió a centrarse en sus palabras. —No es solo de mi familia —decía Tyler—. Ha habido muchas donaciones para su construcción. Hay un montón de gente en el país que está contribuyendo. —No comprendo —dijo ella—. Debes de tener dinero a punta pala. Te podrías casar con cualquier mujer que quisieras. —No quiero que mi esposa sea cualquier mujer —le respondió secamente. —Entonces alguien especial. Como esa mujer de al í —dijo Julie, haciendo una seña a una mujer que se sentaba cerca de el os—. Es fabulosa. Mírala, con su perfecto cabello, sus joyas... y ese vestido —suspiró—. ¿Te das cuenta de que desde que entramos te está mirando? Apuesto a que las mujeres siempre te miran así. Él se encogió de hombros, como si estuviese tan acostumbrado a la atención del sexo opuesto, que ya no se sorprendía. —Mira el problema del matrimonio desde mi punto de vista. ¿Qué pasaría si esa mujer u otra cualquiera se casase conmigo porque yo la atravesé físicamente? ¿Cómo se sentiría ella dentro de cinco años? ¿O, si el dinero fuese el motivo de su afecto, estaría calculando, incluso antes de la boda, cuánto le pasaría yo de


pensión después del divorcio? —Estoy segura de que ha de haber mujeres atractivas que sinceramente... —¿Se enamorarían de mí? ¿Estarían dispuestas a aceptarme «en la riqueza y en la pobreza...» como dice la tradición? —Su risa tuvo un toque de amargura —. No me he cruzado con ninguna todavía, señorita. —Comprendo —suspiró ella. —¿Por qué tratas de convencerme de que no me case contigo? Ella lanzó una rápida mirada a esos ojos del color del humo. Si se quedaba lo suficiente al í, se perdería en ellos. Decididamente él era un hombre trabajador, inteligente, interesante, y mucho más peligroso. Soltó su mano de las de él. —No lo sé. Quizás porque no me puedo creer que esto sea verdad. No me puedo creer que puedas elegirme a mí en vez de a una mujer como esa. Tyler volvió a mirar a la rubia fabulosa que Julie le señalaba. —La mayoría de lo que ella ofrece podría comprarse, insertarse, pintarse o implantarse quirúrgicamente. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 17—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II


—Qué malo eres —ahogó Julie una risilla a pesar de su ansiedad. —Me has descubierto. Ella rió y era tan adorable que él decidió hacer que siguiese riendo. Pero primero tenía que poner sus cartas sobre la mesa. —Oye, no te mentiré. Tengo un motivo para querer casarme inmediatamente —dijo, observando como sus ojos perdían su chispa para abrirse enormes y asustados—. Tiene que ver con Fortune Construction y conservar mi parte en la empresa. Mis padres me han dicho que si no me caso antes de mi cumpleaños, me desheredarán. —Pero... —Julie movió la cabeza incrédula—... ¡pero eso no es justo! —Justo o no, han decidido que su hijo menor necesita una vida familiar estable para ser feliz y asegurar la continuidad de la compañía en la familia. —A ver si adivino... ¿te han presentado su propia lista de candidatas? —Un montón de chicas locales —asintió él con la cabeza—. Pero no quiero que nadie me busque esposa. Y no me casaría con ninguna de las mujeres con que he salido. —¿Y conmigo sí? —preguntó el a, incrédula. —Creo que contigo sí —dijo él, recorriéndole con la mirada las suaves facciones—. Tus necesidades son simples, y mientras dejemos las cosas claras desde el principio, podríamos llegar a algún tipo de acuerdo que resulte beneficioso para los dos. Si te ayuda, considéralo una mera transacción de negocios. —Parece terriblemente frío —asintió el a lentamente—, pero creo que podría


hacerlo. Ya había descartado los cuentos de hadas cuando me puse en contacto con Almas Gemelas. —¿Cuentos de hadas? —Eso de encontrar tu media naranja, ¿sabes? En caso de que eso existiese. Soy una persona realista, Tyler. Lo miró directamente a los ojos y él sintió como un salto en el vientre. Algo parecido al deseo. Tuvo que recordar con un esfuerzo que ella no era su tipo en absoluto. —En cuanto al sexo —susurró ella. —¿Qué? —¿la habría oído bien? Miró a su alrededor, pero nadie pareció haberla oído. —Ya sabes, acostarnos juntos —dijo ella en un nuevo susurro, ruborizándose. —¿Sí? —preguntó él, ahogando una sonrisa ante su vergüenza e intentando aparentar seriedad. —Tendrás que acostarte conmigo para que conciba. —Supongo que sí. —Bien, ya que hemos sido sinceros con todo, me gustaría decirte que no es necesario que tú... es decir que no tienes porqué hacerlo más de lo necesario. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 18—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Comprendo —respondió Tyler, preguntándose si ella creería que él se


sentía aliviado al oírlo. Sus palabras tuvieron el efecto opuesto. De repente, quiso saber qué aspecto tendría sin su serio conjunto de punto y su falda de lana. Se tuvo que acomodar en la sil a para compensar la tirantez de su ingle. Había llegado el momento de cambiar de tema. —Ya cruzaremos el puente cuando lleguemos a él —dijo rápidamente—. Mientras tanto, quiero que conozcas a mi familia y que visites Pueblo, donde vivimos, antes de que tomes ninguna decisión. —Tú también tendrías que estar seguro de mí —insistió el a. —Ya lo estaré. No me l eva mucho tiempo tomar decisiones. Julie tomó un último bocado a su marisco y retiró el plato, aunque todavía estaba medio lleno. —Estoy libre este fin de semana —dijo, mirándolo directamente—. Es decir, si quieres que vaya a Pueblo entonces. —Perfecto. —¿Qué les dirás a tus padres sobre mí? ¿Saben lo de Almas Gemelas? —¡Por Dios, no! —rió ahogadamente al pensarlo—. Y no es necesario que se enteren. Bastante se sorprenderán si nosotros nos casamos —pensó un instante —. Tendré que decirles que nos conocemos desde hace un tiempo, si no te importa. —No se me da bien mentir —advirtió ella. —No es necesario que mientas. Ya me inventaré alguna excusa para los dos. Tú sé tú misma. Ella inspiró aire profundamente, lo que lo hizo volverle a mirar el jersey, tirante donde se apretaba contra el borde de la mesa. Tenía unos pechos muy bonitos.


—¿Estás seguro de que este acuerdo nuestro será justo para ellos? —¿Eh? —Preguntó él, levantando la vista rápidamente para conectar con los preocupados ojos del color de la avellana—. ¿Y por qué no iba a serlo? — Probablemente yo no sea lo que ellos esperan. —Tienes razón. No lo eres — dijo, inclinándose sobre la mesa, esquivando los platos y las copas. Antes de que el a pudiese retirarse, la había besado en la boca. —Eres muchísimo mejor, señorita Julie Parker. Julie pensó en el beso de Tyler mientras conducía a su casa esa noche y durante todo el día siguiente en el trabajo. Se imaginó que sería un beso de buena suerte, no muy diferente a un beso en la mejil a, un apretón de manos, una forma de cerrar un trato. Sin embargo, su boca retuvo el calor de sus labios, haciéndola pensar en un beso más largo y más profundo que la podría estar esperando. Algún día. Pero hasta una cosa tan placentera como un beso la preocupaba. Tyler Fortune era un hombre cuya vida había estado decidida por su familia desde el día de su nacimiento. Se había enterado de ello durante la hora de la comida. Había encontrado varios artículos muy reveladores. El abuelo de Tyler, Ben, se había mudado a Arizona al separarse de su mujer, Kate. Debió de pensar que su matrimonio estaba acabado, porque había convivido con una nativa americana durante varios años, con quien había tenido gemelos: Devlin y Hunter. Devlin era el padre de Tyler y


Hunter Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 19—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II su tío. No fue hasta la muerte de Natasha Lightfoot, la amante de Ben, que Kate reconoció a Devlin y Hunter como hijos de Ben y consintió en darles el control de la compañía constructora de su marido cuando cumpliesen veinticinco años. Ben murió poco tiempo después. Julie encontró fotos de la familia en las páginas sociales de los periódicos de Atizona. Otros artículos en la sección de Negocios, le indicaron el aumento del poder de los Fortune año tras año. Su proyecto más reciente era el multimillonario Fortune Memorial Children's Hospital, situado entre la Reserva de indios papago y la más pequeña San Javier. Julie gradualmente se hizo una imagen del principio de una dinastía que le quitó el aliento. Ese hombre tenía tanto que darle: una orgullosa herencia, riqueza, los bebés que ella ansiaba. Pero, ¿qué tenía ella para ofrecerle? Esa era la pregunta que la atormentaba. ¿Por qué el a? Le había preguntado, pero él no le había dado una respuesta realmente satisfactoria. Todo el mundo tenía motivos para lo que hacían. ¿Cuál era el de Tyler?


Sin embargo, según avanzaba el día y sus preguntas no encontraban respuesta, encontró que no quería seguir pensando en el o. La cena con Tyler en el restaurante de moda de la ciudad había sido la experiencia más emocionante de su vida. De niña, los únicos restaurantes a los que había asistido eran las hamburgueserías. Durante la escuela secundaria no había salido tanto. Y en la universidad había salido con un par de chicos con los que había ido a comer a algún asador. Pero, oh... cómo le había gustado sentarse a la mesa con Tyler. Cuando había salido del Van Gogh, la cabeza le daba vueltas debido a la elegancia del sitio. Se había sentido como una pálida margarita al lado de la opulencia de rosas y amapolas de los demás comensales en el íntimo restaurante. Y Tyler era el más fabuloso de todos. Tenía un cuerpo musculoso y rudo que la había hecho imaginarse que conducía una grúa hasta que él le había dicho lo contrario. Su rostro estaba bronceado como un pergamino, pero fuerte y lleno de risa cuando ella había dicho algo que le causó gracia. Le gustaba hacerlo reír. Sus sonrisas la llenaban de calor. —¿Qué es lo que quieres de mí, Tyler Fortune? —se preguntó al meterse en la cama esa noche. Bostezó y cerró los ojos— ¿Cuál será el precio que tendré que pagar para conseguir lo que quiero de ti? Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 20—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Capítulo Tres


Julie nunca había viajado en avión. Mientras esperaba en el caliente asfalto el viernes por la tarde, mirando titubeante el jefe de la familia Fortune, decidió que el gasto de viajar no era la única razón para mantener los pies sobre la tierra. Para horror suyo, el avión era tan pequeño que parecía de juguete. No le parecía la mejor forma de comenzar a volar. Pero el vuelo fue deliciosamente tranquilo y no tardó mucho en hundirse en la suave piel del sillón al que el piloto la había acompañado y disfrutar de las nubes algodonosas que se recortaban sobre el azul de un cielo tan claro y delicioso que no pudo evitar suspirar. Julie se encontró pensando en Tyler. Recordaba los músculos del dorso de las manos con que había tomado las suyas. El fuerte cuello que se elevaba por encima de la impoluta camisa. Se imaginaba que el resto de su cuerpo sería igual de fuerte, magro y recio. La imagen de Tyler sin ropa la hizo estremecerse deliciosamente y las mejillas se le sonrosaron mientras el avión comenzaba el descenso. —Contrólate —se dijo. Pero dentro de su corazón sabía que ello era imposible. Se veía arrastrada a una emocionante aventura y no tenía idea de qué hacer, salvo dejar que lo que tenía que suceder, sucediese. «Esto no durará mucho», se tranquilizó, «lo mejor será que te diviertas mientas dure». Tyler o sus padres pronto se darían cuenta de que ella no era


para él en absoluto. Los Fortune la volverían a mandar a Houston con viento fresco al cabo del fin de semana y a otra cosa, mariposa. Pero al menos tendría unos bonitos recuerdos, si su cena en Van Gogh era un adelanto de lo que vendría. ¿Quizás el destino había decidido que Tyler fuese un regalo que le durase toda la vida? Conocer lo que era un romance. Un recuerdo para hacer su sencil a existencia más soportable. Quizás debería de dejar de estar asustada y aceptar el fin de semana como lo que era, pura fantasía. Cuando Julie se bajó del avión, miró la solitaria pista buscando a Tyler con el corazón latiéndole alocadamente en el pecho, pero él no estaba al í. Un hombre bajo, con ropa de trabajo se le acercó. Sonrió y alargó la mano. —¿Señorita Parker? Soy Joe Dan White. Trabajo para el señor Fortune. Me ha enviado para que la venga a buscar. —Oh —dijo el a, sintiéndose levemente desilusionada. No tenía que hacerse ilusiones, se advirtió. Si no tienes sueños, no te sientes desilusionada cuando no se hacen realidad. Joe Dan la l evó en una camioneta vieja con una pila de planos en el asiento entre los dos. No era conversador, pero a ella no le molestaba el silencio. Si él le hubiese preguntado qué hacía en Pueblo, no habría sabido qué respuesta darle. Veinte minutos más tarde, la camioneta se detuvo junto a una polvorienta caravana plateada en un edificio en construcción y Joe Dan se bajó de un salto. Julie Escaneado y corregido por dulceelaine


Nº Paginas 21—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II titubeó antes de bajarse del asiento y se tomó un minuto para mirar a su alrededor. Las montañas se elevaban en tres lados, enormes moles de roca y arbustos, pero majestuosas en su rudeza. —El señor Fortune está en la oficina al í —dijo Joe Dan, señalando la caravana con la cabeza mientras levantaba los planos del asiento—. Tengo que llevarle esto. Venga conmigo, señorita. Se le ocurrió pensar a Julie que Tyler no le había explicado quién era ella ni qué hacía allí. Sintió un poco de rabia por segunda vez. Cuadró los hombros y se dirigió a la caravana. Pero antes de que l egase a los escalones de metal, la puerta se abrió y por el a salió el hombre que llevaba en la cabeza desde hacía cuarenta y ocho horas. Reconoció asombrada que Tyler era aún más guapo en ropa de trabajo. Los vaqueros le moldeaban las delgadas caderas y las largas piernas. Llevaba desabrochados los dos primeros botones de la camisa vaquera y le podía ver el vel o del pecho. «Respira», se dijo Julie, sintiendo que le faltaba el aire. —¿Qué tal el viaje? —le preguntó él sonriente, bajando la mirada hacia ella. —¡Fantástico! —respondió. De repente, se había olvidado de todo su enfado —. El cielo estaba tan claro que estoy segura de que podía ver hasta California. Tyler levantó una mano para retirarse el mechón que le caía sobre la frente.


Miró preocupado el traje azul marino y los sencil os zapatos negros de tacón de Julie. —¿Pasa algo? —preguntó el a. —Ese traje se te va a llenar de polvo enseguida. Pensaba llevarte a dar una vuelta por el pueblo, un rato en coche y otro rato paseando. ¿No has traído algo más cómodo? La única ropa que tenía era trajes adecuados para ir a la biblioteca o cosas para ponerse en casa mientras cocinaba. Como salía poco, no necesitaba nada más elegante. —He traído un par de zapatos planos y un traje pantalón. —Tendremos que encontrarte algo más apropiado que eso. Esperaba que él no pretendiese que el a se comprara un traje nuevo. Solo tenía veinte dólares en su bolso, para una emergencia, y no quería gastarse dinero en ropa que no podría usar después de ese fin de semana. —Necesito hablar con algunos de mis hombres antes de marcharme. Puedes venir conmigo o quedarte en la caravana —levantó un casco de un banco junto a la caravana, y se lo ofreció. —Me gustaría ver el hospital —dijo ella rápidamente, aceptando el casco amarillo brillante y poniéndoselo. —Como quieras —dijo él, agarrando un segundo casco para sí—. A esta altura del proyecto, será difícil que te puedas imaginar lo que parecerá el edificio terminado.


Pero ella se lo pudo imaginar fácilmente. Mientras caminaban junto a un enorme cartel que indicaba que ese era el Fortune Memorial Children's Hospital, Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 22—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II miró el dibujo del edificio terminado. Un camino circular frente a una torre central rodeaba una fuente y árboles. Hacia un lado, había una zona de juegos y en la parte de atrás, una entrada de emergencia para ambulancias. El punto más alto de la estructura tenía quince pisos y todo se elevaba del desierto como un enorme cactus en flor. —Será maravilloso —murmuró apreciativamente. —Espero que sí —dijo Tyler, moviendo la cabeza, pensando lo mucho que habían avanzado y lo mucho que les faltaba todavía—, A veces me he preguntado si alguna vez lo lograríamos. Pero lo estamos haciendo, pasito a pasito. —Ha de ser maravilloso construir un sueño desde el suelo hacia arriba. Hacer algo con ilusión. El genuino entusiasmo de su voz forzó a Tyler a mirarla. Los ojos de Julie brillaban y una sonrisa iluminaba su rostro. Así era como él se sentía en un buen día, pero desde la muerte de Mike Dodd, los días buenos no eran tan frecuentes. —El momento que mi padre prefiere de una construcción es hacer el pozo


para los cimientos —murmuró Tyler—. Dice que siente algo místico cuando se levanta la primera palada de tierra. Pero a mí me gusta esto —señaló—. Construir las estructuras que dan forma y soportan todo el edificio. A propósito, hacemos algunas partes más rápido que otras. Estamos colocando los cristales en los pisos bajos del ala oeste esta semana. Así la gente se puede imaginar cómo quedará. —Eso está bien —dijo ella, levantando los ojos hacia él y sonriéndole—. Pensar en la gente. —Hay motivos prácticos también —le dijo con solemnidad—. A pesar de la importancia de este proyecto, hemos tenido que luchar para conseguir la autorización. Y estaba claro que Tyler Fortune era un luchador. Ella vio la decisión y el valor dibujados en cada rasgo de su anguloso rostro. Montado en un pinto, con una lanza levantada con un brazo y las riendas en el otro, habría sido un guerrero digno de cualquier enemigo. Aquel o la hizo pensar en cómo lograría sobrevivir la sociedad que él proponía. Él había propuesto una simple relación de negocios. Era lo que ella se había imaginado, pero eso era antes de haberlo conocido. El esposo que ella había estado buscando era un hombre tranquilo y sin pretensiones, con una personalidad similar a la suya. Pero Tyler estaba acostumbrado a salirse con la suya, y no era apocado en absoluto. Por otro lado, si él le hacía la propuesta en serio, y si ella no corría el riesgo, probablemente nunca más tendría otra oportunidad


de casarse o de una verdadera aventura. Tyler se alejó de ella para hablar con varios hombres de su cuadril a. Julie evaluó sus opciones mientras simulaba estudiar el dibujo del edificio. Cuando él volvió, haciendo una señal hacia la caravana para indicar que se podían marchar, el a lo detuvo apoyándole una tímida mano en el antebrazo. —¿Qué?—¿Lo dices en señor' ¿Lo de casarte conmigo? —No te habría pedido que vinieses si no fuese así. —Tyler —suspiró ella—, vives en el centro de un imperio. Él lanzó un bufido y abrió la boca para hacer una objeción, pero el a levantó una mano. —No, escucha —prosiguió—. Quizás esa no sea la palabra exacta, pero este sitio, tus empleados, tu familia, y los niños que vendrán aquí, todos importan Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 23—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II muchísimo. Cuando te cases, tendrás que tomar todo eso en consideración, particularmente tus padres. No tardarán mucho en darse cuenta de que yo no pertenezco a su entorno social. Tú me estás usando para asegurarte tu herencia. Ellos creerán que voy tras tu dinero. Me odiarán. —¿Y lo estás? —¿Estoy qué? Él sonrió.


—¿Estás tras mi dinero? Ella se quedó boquiabierta. No era fácil acostumbrarse a un hombre que decía exactamente lo que tenía en la mente. Haciendo un esfuerzo, lo miró directamente a los ojos. —No. Lo que yo quiero es una familia. Estaba dispuesta a aceptar un hombre decente y trabajador. —Entonces, ¿tampoco vas tras mi cuerpo? —su sonrisa apenas le levantó las comisuras de la boca. Le estaba tomando el pelo, y el a hizo un movimiento con la cabeza. —Se le da demasiada importancia al sexo —dijo. Pareció que su afirmación lo intrigaba, era como un desafío. Peor que peor. Eso era peligroso. —¿De veras? —se burló—. ¿Y usted ha hecho un estudio en profundidad del tema, señorita Parker? Julie cambió el peso de su cuerpo de uno a otro pie nerviosamente. Desvió la mirada, incapaz de seguir mirando esos ojos grises de lobo. —No... No sé cómo nos hemos metido en este tema —tartamudeó, rogando que ninguno de los obreros estuviese lo suficientemente cerca como para oírlo. —Perdona, pero suelo conectar los dos: el matrimonio y las relaciones íntimas. Si vamos a vivir juntos, lo justo es que yo deje de salir con otras mujeres, ¿no te parece?


—Pues, yo... —En tal caso, diría que tú, como mi esposa legal, tendrás la obligación de... — elevó una oscura ceja— ... satisfacerme. Julie tenía la garganta tan seca que le resultó difícil articular palabra durante unos instantes. —Yo, ejem...Yo creía que habíamos quedado en que la intimidad sería necesaria para crear nuestra familia, pero que no dormiríamos juntos. —Yo no he accedido a nada por el estilo —dijo él con calma, mirándola con una intensidad que la enervó aún más. —¡Y yo tampoco he accedido a ser tu... tu esclava sexual! —exclamó ella. A Tyler le dio tal ataque de risa que no pudo parar durante un rato, hasta que tuvo que secarse las lágrimas. Varios de los obreros se dieron vuelta a mirarlo. Julie sintió que las mejillas se le encendían. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 24—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Pues parece que eso es lo que pretendes —siseó indignada, y se dirigió a la caravana. —Esclava. Esclava sexual —repitió él, mientras lo seguían sacudiendo carcajadas ahogadas—. ¿Así ves tu relación con un hombre? ¿Que tendrás que hacer cosas desagradables como precio para poder tener hijos?


—Por favor, no hagas una escena —dijo Julie, apretando los ojos mientras seguía caminando. Se sentía a punto de llorar. Tenía la cabeza tan confusa por las emociones, que no podía pensar. Todo lo que se le ocurría era huir de Tyler Fortune y las sensaciones que él le suscitaba. —Creo —dijo Tyler con voz firme—, que será mejor que aclaremos ciertas cosas antes de que ninguno de los dos tome una decisión sobre lo que queremos hacer —la tomó del brazo y la l evó el resto del camino hasta subir por los escalones de metal. Tyler no tenía ni idea de lo que haría una vez que tuviese a Julie alejada de sus regocijados obreros. ¿Pretendía esa mujer que se casase con el a, pero llevase una vida de celibato? Por un lado, no podía evitar tenerle pena, por lo ingenua que era. Por otro, la pena no era la suficiente para permitir que le impusiese un futuro sin pasión. —La única forma en que esto quizás... quizás funcionase —dijo, forzándose a soltarle el brazo—, es que seamos sinceros. Completamente sinceros. ¿Estás de acuerdo en eso? Ella asintió dócilmente. —Bien, por algo se empieza —dijo Tyler, paseándose por la oficina, mientras el a se quedaba temblando junto a la puerta, a la que le lanzaba furtivas miradas mientras él hablaba. —Entonces...—dijo él, haciendo una profunda inspiración—, si fuera por mí, me quedaría soltero. Ya que eso no es posible, intento resolver la situación. El problema


es que yo tomo al matrimonio en serio. Si no lo hiciese, me podría casar con cualquiera, trabajar mis doce horas diarias, acostarme con otras mujeres, y no tener necesidad de ver a la señora de Tyler Fortune casi nunca. —Comprendo —murmuró ella, con los ojos enormes. —Pero yo no soy así, Julie. Sé que tendré que hacer algunos sacrificios, como pasar menos tiempo en el trabajo para estar con mis hijos, y tratar con respeto a la mujer con quien me case. No lo podría hacer de otra forma, ¿comprendes hasta ahora? Ella asintió, concediéndole una tenue sonrisa. Lo que seguía era lo más duro, lo que podría hacer que ella saliese corriendo de la caravana y de su vida. La parte que él no había tenido intención de decirle. —No te elegí porque sí de entre las cintas de Almas Gemelas. Vi algo en ti que me pareció que podía compartir, una calidad de mujer que me atrajo. —Quizás solo viste a una mujer que podías controlar —dijo el a, casi inaudiblemente. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 25—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Sí, pensó él, eso también. Ella se había acercado demasiado al otro lado de la moneda. Se acercó más a el a y tomó un mechón de su cabello con el pulgar y el índice. —No quiero controlarte —dijo, enroscándose el delicado pelo en el dedo. A pesar de sus palabras, sintió deseos de acercarse más. Quizás fuese interesante controlarla físicamente—. Lo que quería decir es que algo en tu


entrevista me llegó al corazón. Ella se puso tensa y elevó los ojos hasta él. —Y ahora que estás aquí —dijo él—, que no eres solo una imagen en una pantalla de televisión, hay algo muy agradable en ti, Julie Parker. Me gustaría dormir contigo y averiguar qué es, porque me está volviendo loco. Sintió que ella se estremecía al oír sus palabras. Se preguntó si sería de miedo o de excitación. Deseó con todo su corazón que fuese lo segundo. —¿Así te relacionas con todas la mujeres? —le preguntó el a tímidamente—. ¿Te acuestas con ellas? —No siempre —le respondió, sin poder evitar lanzarle una sonrisa maliciosa. Quizás no debiera tomarle el pelo cuando el a parecía tan vulnerable, pero tenía que romper el hielo de alguna forma. Además, atormentar a una mujer en broma era divertido—. ¿Te molesta pensar en mí haciéndoles el amor a otras mujeres? —¡No! —la respuesta fue tan rápida que hasta ella pereció sorprenderse—. ¿Por qué iba a preocuparme? —Esperaba que la mujer con quien me casase se tomaría la fidelidad de su esposo en serio —dijo, y se le ocurrió algo sorprendente—: A mí me molestaría si te encontrase con otro hombre. —¿De veras? —preguntó ella, más curiosa que asustada—. ¿Por qué? —Soy bastante posesivo por naturaleza —se encogió de hombros él. Quizás


era solo eso. —Y si nos casásemos, sentirías que eres mi dueño, ¿no es verdad? —No que fuese tu dueño —dijo él, apoyándole las manos en los hombros—. Supongo que me sentiría herido al pensar que no te satisfacía —no estaba seguro de dónde provenían esas confesiones, pero no eran tan dolorosas como se había imaginado. No estaba acostumbrado a hablar de sus emociones. Quizás porque se daba cuenta de lo frágil que era Julie, no se sentía vulnerable. —Oh —dijo el a, abriéndose como una flor que mira al sol. —Mira, no te prometo que te vaya a amar. Pero si l egase a suceder, con el tiempo, supongo que sería algo que podía aceptar. Encajaría en nuestras circunstancias, ¿no? —De acuerdo —susurró ella con tal confianza en los ojos, que él no pudo evitar besarla. Ella no retrocedió cuando él inclinó la cabeza. Pero al acercarse a ella, Tyler se dio cuenta de que ese beso no sería ni suave ni reconfortante, ni particularmente tierno. Ella comenzó a ponerse tensa, pero ya era demasiado tarde. Le apoyó la mano contra la nuca, hundiéndosela entre los cabel os para asegurarse de que ella no pudiese apartarse aunque quisiera. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 26—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II La sujetó mientras le cubría la boca con la suya, luego le separó los labios,


tocándola tan íntimamente como si lo hubiesen hecho una docena de veces antes. Había besado montones de mujeres. Todas habían respondido con entusiasmo, y él había respondido con idéntica reacción masculina. Pero esta vez era diferente. Quizá eran las promesas que se estaban haciendo. Fuera cual fuese la reacción, sintió que estaba reclamando a Julie Parker como suya, no solo por ese momento, sino... para siempre. Se tomó su tiempo, saboreando sus labios, hundiéndose en el os, sosteniéndola y acariciándole la garganta hasta que la sintió blanda y entregada en sus brazos. No quería soltarla, pero no había ninguna garantía de intimidad en la caravana. Cuando, por fin, se separó de el a para mirarla a los ojos, ella tenía los labios ligeramente hinchados y había una expresión soñadora en sus ojos. —¿Por qué... —tragó, conteniendo el aliento—... has hecho eso? —Probando si había potencial —dijo él, intentando restarle importancia, pero su voz sonó ronca y tensa. Carraspeó—. ¿Te interesa saber los resultados? Ella pestañeó, con miedo de preguntar. —Yo diría que promete, señorita Parker. Ella sonrió. Él le rozó los labios con la punta del dedo y la miró, sintiendo una extraña ternura por esa pequeña morena. Pero mantuvo la cara inexpresiva. No convenía que ella se diese cuenta de lo mucho que lo emocionaba. Todavía estaban en la etapa de negociación. Había que aclarar cuestiones importantes. —Creo que hemos llegado al punto en que deberíamos hablar de nuestras historias personales —le dijo.


—Pero si ya te dije que mis padres... oh —dijo Julie, interpretando tardíamente el mensaje de sus ojos—, esa clase de historia —retrocedió un paso hacia la mesa y se apoyó contra ella—. Supongo que ya te habrás dado cuenta de que tengo menos experiencia que tú. Sé que puedo brindarte un hogar agradable, amar a tus hijos y ocuparme de el os. Pero yo no...—Levantó un delgado hombro y lo dejó caer —... espero que no pretendas que sea como una de esas mujeres de película que hacen que los hombres se enloquezcan con trece posiciones diferentes. Esta vez no pudo evitar sonreír. Era adorable. —No te preocupes por eso. —Pero... —Yo te enseñaré todo lo que necesitarás saber para darme placer, Julie. Y nunca te forzaré a hacer el amor conmigo. Tiene que ser algo que tú también quieras. Cuento con que nuestro deseo sea mutuo. Ella desvió la mirada, dirigiéndola al suelo. —No soy una persona a quien le interese tanto... eso. —No te creo. —Dijiste que tenía que ser honesta contigo. Intento serlo —insistió ella tristemente. —Si tú lo dices —dijo, aunque no creía que la mujer que había sentido derretirse en .sus brazos un momento antes no compartiese su pasión si se le brindaba la oportunidad. Alargó la mano y se la apoyó en la mejil a. Parecía que ella


Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 27—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II no podía mirarlo en ese momento—. Venga, vivir conmigo no es lo peor que te podía pasar, ¿no? Ella negó con la cabeza y esbozó una débil sonrisa. —En absoluto —murmuró. —Entonces —dijo él, mirando su expresión esperanzado—. ¿Lo hacemos? Ella elevó la mirada para unirla a la suya y lo miró profundamente mientras se mordisqueaba nerviosamente el labio inferior. Ojala pudiese leerle los pensamientos en ese momento, pero dudaba que ella misma comprendiese la mezcla de dudas, necesidades, miedos y sueños que vio reflejados en sus expresivos ojos del color de la avellana. Cuando ya estaba seguro de que su titubear se debía a que había decidido decir que no, el a lanzó un suave suspiro de resignación y murmuró una palabra que él apenas oyó. —¿Qué? —preguntó, con el corazón latiéndole aceleradamente en el pecho. Julie levantó los ojos hacia él. —Sí —le dijo más claramente—. Sí, me casaré contigo.


Casi sin darse cuenta, la mañana se había convertido en tarde. Una vez que le dio su respuesta a Tyler, este parecía dispuesto a mostrarle cada uno de los sitios importantes de Pueblo. Este no era tan grande como Tucson, pero sí lo suficiente como para tener su propio centro comercial, muy exclusivo, según le pareció a Julie, un restaurante estilo años cincuenta que se l amaba Copper Mine y un asador, el Camel Corral. Tyler describió al último establecimiento como «un local para hombres». Su hermano y él se reunían allí una vez a la semana para tomarse un jugoso filete y una cerveza. Las oficinas centrales de Fortune Construction ocupaban la mayoría de la manzana de Feather Road. Tyler la hizo subir hasta una de las plantas superiores. Los pasillos estaban adornados con magníficas mantas indígenas y óleos de los ancestros de Tyler. Un bronce original de Remington ocupaba un sitio de honor en el vestíbulo. Finalmente, volvieron a atravesar el pueblo en su camioneta hasta llegar a una urbanización de blancas casas estilo Mediterráneo. —Aquí vivo yo —le dijo—. Volveremos dentro de un rato, pero me gustaría que conocieses a mis padres primero. —¡Tan pronto! —exclamó Julie, sin aliento. —Cuanto antes, mejor. No te preocupes, que no se comen a los texanos. Julie le observó el perfil mientras él entraba la camioneta a un camino privado y conducía entre una elegante hilera de álamos vestidos con su follaje nuevo verde claro. Él hacía que la gente se diese vuelta a mirarlo, ella pasaba totalmente desapercibida. ¿Cómo podría sobrevivir en su sombra?


Tyler detuvo el coche frente a un portón de hierro forjado y bajó la ventanilla para marcar su código. Las altas puertas, con una F en cada hoja, se abrieron lentamente. A unos ciento cincuenta metros se hal aba la casa, una extensa Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 28—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II edificación de estuco y tejas rojas, lo más parecido a una mansión que ella había visto en su vida. —¿Aquí es donde has crecido tú? —preguntó ella. —Sí. Mis padres viven allí ahora, y mi abuela Kate ha venido a pasar el invierno con ellos. Sterling, con quien se casó hace varios años, se ha ido de viaje de negocios por unas semanas. Pero, con un poco de suerte, mi hermano o mis primos vendrán a comer. Con un poco de suerte, pensó Julie ansiosa. Bastante tenía ella con conocer a los padres de Tyler sin tener que hacer su gran aparición frente a toda la familia. Tyler abrió una puerta sin llamar antes. —¿Hay alguien en casa? —gritó y su voz retumbó por la gran casa. —En el salón Ty —respondió una suave voz. —¿Tienes una hermana también? —preguntó Julie, mirando a Tyler. —Es mi madre, Jasmine. Le encantará enterarse de que pensaste que tenía veinte años. Ven, no tengas miedo —rió él ahogadamente. Mirando las frescas baldosas de mármol rosado bajo sus pies, Julie intentó pensar en lo que le diría a la madre de su prometido, porque eso era lo que


Tyler era ahora. Su prometido. La idea la excitaba y aterrorizaba a la vez. «Me alegro de conocerla, señora Fortune. Conozco a su hijo desde hace menos de un día y he decidido casarme con él». ¿Haría semejante cosa una mujer en sus cabales? Sin embargo, Tyler parecía un hombre práctico que no corría riesgos ciegamente. Si creía que se podrían casar para beneficio propio y hacer que funcionase, ¿por qué no iba a creerlo ella también? Después de todo, él había tenido mucha más experiencia con las relaciones que ella. Dieron vuelta a una esquina y entraron en un salón espacioso, decorado en colores crema, tonos de tierra cocida y turquesa. La habitación era tan grande como dos veces su apartamento, con gruesas vigas de madera oscura en el alto techo y una chimenea que ocupaba toda la pared del fondo. Una pareja se sentaba en un sofá, lo bastante cerca como para tocarse. El hombre era delgado, alto y fuerte. El cabello comenzaba a encanecérsele en las sienes. Julie inmediatamente vio su parecido con Tyler. Una roca tallada con la orgullosa nariz de un guerrero y ojos alertas. Al ver a su hijo entrar a la habitación con una mujer del brazo, Jasmine se quedó perpleja. Una mujer mayor que se sentaba frente a los padres de Tyler se dio vuelta para sonreírles cortésmente. Tenía el cabel o blanco, arreglado en ondas alrededor del rostro. Miró a Julie con unos ojos azules y penetrantes. Debía se ser Kate, la


matriarca del clan, pensó Julie. Kate pareció saber instintivamente cómo llenar el incómodo momento. —Ah, qué agradable sorpresa. Has traído a una amiga, querido Tyler. ¿Os quedáis a comer? —Si alcanza para todos —dijo él, tirando vigorosamente de Julie cuando ella se quedó frenada y atrayéndola contra sí con un poderoso brazo. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 29—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —¡Genial! Seremos un montón, entonces. También esperamos a Jason y Adele, que vienen con la pequeña Lisa, por supuesto. Me encanta cuando toda la familia se reúne en torno a la mesa —dijo, guiñándole un ojo a Julie —. No sucede con suficiente frecuencia en esta familia. Todo el mundo está tan ocupado. ¿Quién es esta preciosa criatura que traes? Julie sintió que los músculos del brazo de Tyler se tensaban a pesar de que su expresión seguía sorprendentemente relajada. —Os presento a Julie Parker, una vieja amiga. Nos volvimos a encontrar hace poco en Houston. Ella vive allí. Julie asintió con la cabeza tímidamente al grupo y murmuró algo sobre estar encantada de encontrarse en Pueblo. —Qué raro —dijo Jasmine, su voz con tono de disculpa—. No recuerdo haberte oído mencionar antes, Julie.


—No te presento a todas las chicas con las que salgo —dijo Tyler suavemente. —No nos presentas a ninguna —lo corrigió su abuela. Miró a Julie con una cortés sonrisa—. Tienes que ser alguien muy especial para haberte ganado ese honor. No eres el tipo de chica con quien sale normalmente, gracias a Dios. Apruebo totalmente. —Gracias —dijo Julie, sofocando una risil a nerviosa con la mano. Estaba claro de dónde sacaba Tyler su forma de hablarle directamente a la gente—. Qué hermosa casa, ¿es muy antigua? —Mi esposo la construyó para la familia —explicó Kate—. Devlin y Hunter ya eran adolescentes. Hunter vivió aquí hasta que se casó. Devlin no se ha marchado nunca, y Jason y Tyler han crecido aquí —miró a su alrededor con amor en los ojos —. Espero que Tyler, Jason o alguno de sus primos la herede algún día. Me daría mucha pena que se vendiese fuera de la familia —miró primero a su hijo y luego a su nieto intencionadamente. —Comprendido, mamá —le dijo Devlin con afecto. Kate volvió a mirar a Julie. —Estamos tomando una copa mientras esperamos a los demás. Siéntate aquí y háblanos de ti, Julie —dijo, dando una palmadita al sitio junto a ella en el sofá. Era más una orden que un pedido, así que Julie aceptó una copa de vino y se


sentó entre el a y Tyler en un mullido cojín de color arena. Él le estrechó la cintura con el brazo. Ella se puso tensa un instante antes de recordar que parecería extraño que su prometido no hiciese algún gesto de afecto. Se recostó contra su brazo y tomó un trago de vino, intentando aparentar que estaba acostumbrada a alternar con mil onarios y hablar de sí misma. —No es nada interesante —comenzó, con la esperanza de que no siguieran con el tema si el a no parecía interesada—. Trabajo para la Biblioteca de Houston y crecí allí. Nunca he salido de Houston. —¿Eres bibliotecaria? —Se asombró Kate—. Qué estupendo. Espero que todos mis nietos sean ávidos lectores, pero me temo que con los videojuegos y las películas... —hizo un gesto de exasperación. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 30—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Los niños todavía leen mucho. Las páginas educativas de Internet alientan a los niños a que lean libros tradicionales —se entusiasmó Julie por el tema al ver que los ojos de Kate bril aban de interés. Vio que Tyler la miraba con una curiosa expresión en el rostro y, de repente, se dio cuenta de que hablaba mucho más animada que en cualquier momento


desde conocerlo. Parecía divertido, pensativo y un poquitín menos seguro de sí mismo. El tiempo pasó volando. Jasmine le contó sobre el primo de Tyler, Shane, un experto en culturas nativas americanas. Kate le aseguró que Shane querría consultar con ella sobre una investigación que estaba haciendo sobre la tribu papago. Y cuando Jasmine finalmente le preguntó sobre su familia, Julie pudo contestar con total sinceridad. —La familia es terriblemente importante para mí. Estaré eternamente agradecida de haber tenido a mi padre tanto tiempo, pero siempre envidié a los niños que tenían una caterva de hermanos. Se dio cuenta de que Jasmine y Kate intercambiaban una mirada de esperanza. Tyler aprovechó el instante. —Antes de que l eguen los otros, me gustaría anunciaros algo —dijo, mirando a Julie, como pidiendo su aprobación, aunque ella sabía que solo lo detendría un tornado texano. Lo único que podía hacer era seguirle el tren. —Lo que a ti te parezca mejor, querido —murmuró. Los padres de Tyler y su abuela lo miraron fijamente, luego a ella, luego a él nuevamente. Atrayendo a Julie hacia sí, Tyler le dio un sonoro beso en la coronil a. Aunque el a sabía que era parte de su actuación, una oleada de calor le recorrió el cuerpo. —Nunca sucede nada en esta familia de la forma usual —comenzó Tyler—. Los tres me habéis perseguido durante años para que siente la cabeza y me case. Pero siempre tenía la sensación de que no había encontrado a la mujer adecuada.


Estaba equivocado. Julie cerró los ojos intentando tomar fuerzas del círculo protector de los brazos de Tyler. Se acercaba el momento en que ellos le dirían que ella no era digna de Tyler y la echarían de la casa. Deseó desesperadamente que todo acabase pronto. Sin darse cuenta de lo incómoda que ella se hallaba, Tyler relató la historia de su corto noviazgo mientras le hundía el mentón en el cabello. —No me di cuenta de lo especial que era Julie cuando salimos hace años. Fue al encontrarme con ella nuevamente cuando me di cuenta de lo que era obvio: es la mujer con quien me quiero casar. Julie esbozó una nerviosa sonrisa mientras observaba los rostros de sus futuros parientes políticos cambiar de asombro a placer, mientras Tyler seguía inventando su historia de amor. Su Julie lo había cautivado con su dulce ternura. Lo tenía totalmente fascinado no solo con su alta cocina sino también con su inteligencia. Tenían tantas cosas en común, incluso el tema de los niños. Lo cierto es que excepto sus sentimientos por ella, todo lo demás era verdad. Y el a casi &e creyó lo demás también. Cuando Jason llegó con su nueva esposa, Adele, y su hija, Lisa, la mesa se hallaba servida y todos felicitaban a la feliz pareja, ofreciéndole a Julie palabras de Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 31—101


Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II aliento y bienvenida al clan. Julie estaba estupefacta. ¿Se lo habían creído realmente? La prueba estaba en que seguía en la casa y todos la abrazaban, hasta la cocinera, que parecía ser un miembro más de la familia. Jason ofreció un brindis al principio de la comida. —¿No serás un agarrado con tu novia, verdad, Ty? —¿Se puede saber a qué te refieres? —le preguntó Tyler, con una mueca. —No veo un anillo el dedo de la bel a dama. Julie se dio cuenta de que Tyler no sabía qué responder. Las palabras se le escaparon de la boca antes de que pudiera pensar en qué decir. —Porque yo le pedí que esperara. —Es verdad, lo hiciste —dijo Tyler lentamente, mirándola mientras intentaba descubrir qué era lo que el a pensaba decir—, porque... —Porque quería que se lo dijeses a la familia primero. —Ah, sí —retomó la historia, lanzándole una mirada agradecida—. Mirad si será boba que pensó que quizás no os gustase. Solo Dios sabe por qué. Yo le dije que todos la adoraríais. —Sin embargo, le tendrías que haber comprado una sortija. Es la tradición, Tyler —lo recriminó Jasmine—. A veces, juraría que te crees que puedes hacer las reglas como a ti te convenga. —Mamá, yo no... —Le pedí que comprásemos la sortija juntos —lo rescató Julie una segunda vez—. Tenía miedo de que él eligiese una piedra demasiado grande. Tengo


las manos tan pequeñitas que me quedaría mal una joya muy ostentosa. —Querida —rió Kate, enjugándose los labios con una servilleta de damasco —, un diamante nunca es demasiado grande para una mujer. Si quieres un consejo, elige el diamante más grande que te pueda comprar mi nieto, y te aviso, eso sí que puede ser grande. ¡Ha tenido bastante tiempo para ahorrar para ello! Julie le devolvió la sonrisa de conspiración. —Lo recordaré cuando vayamos al joyero mañana —dijo, lanzándole a Tyler una dulce mirada inocente. —¿Mañana? —preguntó este. —Mañana —repitió el a, orgullosa de que su voz no temblase. Quizás su valor provenía de la aprobación con que Kate la miraba. —Bien, ahora que ya está resuelto eso —dijo Kate con alegría—, tenéis que poner fecha, buscar la iglesia, elegir la tarta y el fotógrafo, encargar las flores... —¿Puedo ser dama de honor? —Preguntó Lisa, saltando en su sil a—. Ensayaré mucho. —Eso lo decidirá Julie —replicó Kate—. Al igual del sitio donde se casen. ¿Has pensado en alguna iglesia? —La verdad es que no —respondió Julie—. Supuse que como la familia de Tyler es tan grande y la mía es tan pequeña, nos casaríamos en Pueblo. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 32—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II


—¡Genial! —Exclamó Kate—. La recepción será, por supuesto, aquí, en la casa. —Julie y yo hemos decidido que sería una boda sencilla e íntima —asintió Tyler con la cabeza enfáticamente—. Con la obra que se ha retrasado y la muerte del capataz, no tengo tiempo para... —¿No tienes tiempo para tu propia boda? —Exclamó Jasmine—. Oh, Tyler. —Julie tampoco quiere mucho jaleo —insistió—. ¿Verdad, querida? Todos la miraron. —¿No habrá boda? —preguntó Lisa l oriqueando. Julia miró a Tyler a los ojos. Estaba claro que era un hombre al que no le gustaba que le l evasen la contraria. —¿No es ciento, mi amor? —repitió él, más tenso. Julie no se atrevió a tentar más la suerte. —Ah, sí... —susurró—. Una ceremonia íntima. El registro civil bastará. Pero no pudo evitar sentirse desilusionada. ¡Flores, cristalería, una fiesta enorme! Qué divertido habría sido. —¡Pues, a mí, no me parece nada bien! —Exclamó Kate, lanzando su servilleta sobre la mesa, como si fuese el guante con el que retaba a Tyler a duelo—. Será mejor que no permitas que tu hijo se salga con la suya, Devlin. Todas las chicas se merecen una boda decente. Dile que no puede l evar a esta dulzura de niña a una horrible oficina a hacer sus promesas matrimoniales. ¡No es justo! Devlin no tuvo oportunidad de hablar. —¡Por supuesto que no lo hará! ¿No es verdad, Tyler? —la mirada que Jasmine le echó a su hijo podría haber derretido


tranquilamente una de sus vigas de acero. —Pues, yo... —dijo Tyler, dándose por vencido. —Julie —interrumpió Kate con voz suave, como si ya todo estuviese arreglado—, conozco una tienda genial en el centro comercial de Saguaro Valley que hace vestidos de boda exclusivos, de todos los estilos. Yo te lo regalaré. Mañana por la tarde iremos al í, después de que tú y Tyler elijáis la sortija —dijo, desafiando a su nieto con una mirada—. Ya me la enseñaréis. Y mientras nosotras elegimos el vestido, Tyler puede ir a la iglesia para pedir fecha. —¡Pero quizás no haya fecha hasta dentro de meses!—protestó él. Se hizo un silencio. Jason tosió diplomáticamente. —¿Quieres decir que queréis casaros pronto? —Pues... —dijo Tyler, cohibido —Julie y yo pensarnos que nos queríamos casar la semana que viene. Y no creáis que es por el motivo en que estáis pensando. —La semana que viene —repitió su abuela secamente—. ¿Te das cuenta de lo que l eva hacer imprimir las invitaciones? ¿Reservar un servicio de comidas? Y tienes que avisarles con tiempo a los invitados para que hagan sus planes. Tyler les lanzó una mirada que indicaba que había perdido la paciencia con todos el os. —Escuchad, si queréis comprarle un vestido de boda, ver que nos casamos en una iglesia, y planear una boda por todo lo alto, adelante. Pero os digo que yo no tengo tiempo para la tontería esa de hacer planes para una boda elaborada.


Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 33—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —¿Y a ti, Julie? —Le preguntó Kate, del otro lado de la mesa—. ¿Qué te parece? Julie necesitó un segundo para recobrar la compostura. —Lo único que quiero es casarme con Tyler y comenzar mi nueva vida — dijo en voz baja. Después de todo, era la verdad—. No necesito una ceremonia cara. No es necesario que os preocupéis tanto por mí. Nadie habló durante un instante. Aunque Tyler la miraba con aprobación, Julie se dio cuenta de que los otros se preguntaban por qué dejaba que Tyler le pisotease el derecho a tener una boda tradicional, cuando no era una cuestión de gasto. Finalmente, Kate rompió el silencio. —Yo misma l amaré al pastor y veré si puede haceros un hueco la semana que viene. Puede que las flores y el fotógrafo sean un poco más difíciles de conseguir — miró a Adele—. ¿Te atreves, querida? La bonita mujer de Jason sonrió, con los verdes ojos chispeantes. —¿Después de lo que tú hiciste por mí? Te seguiría hasta el fin del mundo y vuelta, Kate. Comencemos a l amar por teléfono en cuanto terminemos de cenar.


Antes de que Julie le pudiese enviar a Tyler un mensaje silencioso indicándole que sentía que lo hubiesen acorralado, aunque la verdad era que no lo sentía en absoluto, Kate la miró a los ojos. —Estoy tan feliz de que nuestro Tyler te haya encontrado, querida —le dijo —. No te preocupes, que todo saldrá bien. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 34—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Capítulo Cuatro Tyler conducía en silencio. Julie sintió su tensión, que no podía haber sido peor que la suya propia. —Lo siento —dijo por fin, tocando los controles de la ventanilla. —¿Qué es lo que sientes? —gruñó él. —Todo el tema de la boda con tu familia. Tienes razón, quizás deberíamos fugarnos para casarnos. Pero al oír a Kate hablar del vestido de boda, las flores y la iglesia, se le habían despertado unos sentimientos inesperados. «Es una fantasía romántica», se dijo Julie. «Como en la tele: una boda con encaje, flores y música de órgano». Algo que cientos de novias habían actuado en las pantallas de todo el mundo. Aunque era obvio que los Fortune se podían permitir el gasto, ¡no le parecía justo que tuviesen que pagar por algo que su hijo ni siquiera quería! ¿Y el vestido?


—Supongo que no podremos convencer a tu familia de que abandonaran esos... planes que tienen —dijo con un suspiro. —Lo dudo —rió Tyler secamente—. Kate es la jefa de la banda. Ni se le ocurre pensar en el fracaso. Creo que la única forma de que nos casemos pronto sin discutir con toda la familia es darnos por vencidos. —¿Quieres decir, dejar que tu abuela planee una boda por todo lo alto? —No nos lo perdonarán nunca si nos fugamos y nos casamos sin ellos — asintió él sombríamente. Se dio vuelta a mirarla—. Te lo prometo, una vez que se saquen el gusto con esto, solo insistirán en una cena familiar de vez en cuando. Podrás volver a tu vida normal, igual que lo haré yo. Pero su antigua vida de ermitaña ya no le resultaba tan atractiva. La energía de Kate y el brillo de sus ojos era contagioso. Además, ¡qué divertido sería disfrazarse de novia! —Creo que lo más sencil o será —dijo Julie, intentando aparentar que se resignaba a cumplir con una tarea desagradable— que les lleve la corriente. —Gracias por ser tan comprensiva —dijo Tyler, lanzando un largo suspiro. Te debo una. Julie miró por la ventanilla para que él no viese que esbozaba una pequeña y secreta sonrisa. Qué interesante era pensar que Tyler Fortune le debía una. Se sintió un poquitín traviesa mientras se le ocurrían las posibilidades de cobrársela. Un momento más tarde salió de su ensueño con un sobresalto cuando la camioneta entró en la zona residencial de Saguaro Springs.


—Oh, pensé que me l evarías al hotel. ¿Me has reservado una habitación, no? —Mi familia me conoce perfectamente —le guiñó un ojo—. Supondrán que ya estarnos durmiendo juntos. —Por supuesto —respondió el a, con el corazón en la garganta—. ¿Qué pasaría si descubriesen que nosotros... no... ejem... ya sabes, no hemos tenido... relaciones.' Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 35—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Se darían cuenta de que había algo raro. Y podrían encontrar la forma de detener la boda. —Pero tú has dicho que querían verte casado. —Felizmente casado, con una mujer que el os consideren que es la correcta para mí. Afortunadamente para nosotros, parece que tú cumples sus expectativas. —Comprendo. ¿Y el motivo por el que suponen que nosotros nos estamos acostando es porque tú... perdona por ser tan personal... porque tú te has acostado con muchas mujeres? —Supongo que mi reputación es un poco exagerada —dijo él, lanzándole una mirada de reojo—. Cuando te consideran el soltero más codiciado de Arizona, conviene que la gente crea que eres un donjuán. Después de un tiempo, las caza maridos abandonan la cacería.


—Ya veo —dijo ella, conteniendo una risilla. Pasaron junto a un club de tenis, una piscina privada, el restaurante y siguieron por un camino que bordeaba el campo de golf. —Hay una tienda de comestibles —dijo él, señalando una pequeña edificación. Pero si quieres algo más que pan y leche, mejor que vayas al centro comercial. Mi padre dice que lo construyó para mi madre. Es una adicta a las compras. Quería tenerla cerca de casa. —¡Qué gracioso! —rió Julie. —Estoy casi seguro de que es verdad —dijo, aparcando el coche en una plaza numerada, le abrió la puerta de la casa y entró, comenzando a encender las luces. De pie en el centro del salón, con su bolsa de fin de semana en la mano, Julie pensó en lo que quedaba de la noche. Mil preguntas se le agolpaban en la mente y una de ellas era cómo se las arreglarían para dormir. Nunca había estado sola con un hombre en su casa. Sentía temor, intriga y le causaba... cierta ilusión. Tyler debió de pensar en lo mismo, aunque quizá un poco más práctico. Señaló al centro de la habitación. —Ese es un sofá cama. Supuse que preferirías que yo durmiese aquí hasta que nosotros... —Gracias —dijo ella rápidamente, agradeciendo la intimidad que él le ofrecía.


Sin embargo, se sentía un poquitín desilusionada. Desde que se había embarcado en esa aventura, su mente insistía en imaginarse a Tyler sin ropa. Parecía que tendría que esperar un poco más para ver si la realidad estaba a las alturas de su imaginación desbocada. En cuanto a tener un contacto físico, eso era algo que no se podía permitir visualizar todavía. Le parecía imposible que él la desease después de tener a otras mujeres que ya sabían cómo satisfacer a un hombre. Estaba segura de que, cuando llegase el momento, ella no sabría qué hacer. Tyler tendría que ser paciente y tomar las riendas de la situación. Pero a él le gustaba mandar y tomar decisiones, así que quizá no acabase tan mal. Julie decidió no preocuparse por ello hasta que llegase el momento. Y tendría que llegar, si ella quería que se cumpliese su parte del trato. Sería ingenua, pero no Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 36—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II tanto como para no saber que había una sola forma de hacer un bebé además de en una probeta. —Gracias —le dijo—. Te agradezco que me cedas tu cama.


Hubo una larga pausa hasta que ella finalmente se dio cuenta de que Tyler estaba de pie, observándola con tal intensidad que sintió su mirada ardiente en la nuca. Se dio la vuelta para mirarlo a la cara, y, de repente, él dio un paso adelante. Ella instintivamente adelantó un brazo para detenerlo. —Me lo imaginaba —dijo él en voz baja. —¿Qué? —Me tienes miedo. —No... no —dijo Julia, enderezándose y retirando la mano. —Tu cuerpo indica que sí. Te pones tensa cuando me acerco demasiado. De camino aquí, en la camioneta, estabas lo más lejos de mí que te permitía el cinturón de seguridad. Y ahora parece que estás lista para salir corriendo. —Exageras —insistió el a—. Estoy solo un poquito nerviosa. Cualquier mujer dispuesta a casarse con un extraño en menos de una semana lo estaría. Una expresión peligrosa en los ojos de él le indicó a Julie que él volvía a estar juguetón. —Quizás sería mejor que hiciésemos algo al respecto —dijo él. —¿A qué te refieres? —le preguntó con desconfianza. —Tengo la sensación de que si no tomamos medidas para lograr que la futura novia se relaje un poco, quizá ella no apareciese en la iglesia. —Prometí que lo llevaría a cabo y así lo haré —insistió el a con los dientes apretados. Tyler estaba jugando con el a. Se sentía en peligrosa desventaja al no saber en qué pensaba él. —No dudo de tus sinceras intenciones —avanzó él cautelosamente mientras


sus labios esbozaban una maliciosa sonrisa—. Lo que pasa es que creo que necesitas una oportunidad para entrar un poquitín en calor. «Dios me ayude», pensó ella. —Si lo que dices es lo que creo que dices...— dijo. —Tranquilízate. Si no quieres consumar esta relación hasta después de la ceremonia, por mí, está bien. Pero no es normal reprimir las emociones durante tanto tiempo como lo has hecho tú. —Mis emociones se encuentran muy bien donde están —respondió ella secamente. Pero se sentía curiosa—. ¿Y tú, qué sugieres? —El doctor Fortune sugiere que te cambies a algo más cómodo, luego disfrutes de una copa de vino con él frente a la chimenea. Quizás vendría bien un poco de caricias terapéuticas. —¿Y luego? —Luego... —esbozó una maliciosa sonrisa—... tanto o tan poco como tú quieras. Depende de ti. Como mínimo, pasar un rato juntos logrará que te tranquilices un poco, créeme. —No sé —murmuró el a, dubitativa. ¿Cómo iba a decirle que cuanto más tiempo pasaba con él, sus fantasías se hacían más vividas? ¿Cómo podía reconocer Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 37—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II que esas tentadoras fantasías estaban entretejidas de trozos de películas, novelas y lo que sabía por otras mujeres? Lo máximo a lo que había l egado, era a besar a un hombre, lo cual se debía tanto al miedo como a la falta de oportunidad.


—Te lo prometo —dijo Tyler, alargando la mano para tomar la de el a—. No te pasará nada malo. Hasta ese momento, él no la había engañado en ningún momento. Si se iba a comprometer a casarse con el a, tenía que confiar en él. —De acuerdo —dijo, levantando su bolsa y dirigiéndose al dormitorio con un nudo en la garganta. Le pareció oír a Tyler tararear algo en el salón y luego el tintinear de copas. El estómago le dio un vuelco. ¿En qué se estaría metiendo? La espaciosa habitación donde Tyler dormía estaba toda decorada de un solo tono de arena, desde las paredes, las cortinas venecianas, la colcha y la alfombra. Ni una nota de color. Agradeció que no hubiese ni una foto de otra mujer, ni una nota. No sabía lo que habría hecho de ser así. Sacudiéndose de encima esa súbita oleada de posesividad, dejó la bolsa sobre la cama. Su camisón era de franela blanca con flores en rosa, y aunque era muy discreto, sabía que se sentiría incómoda en el salón. Además, no quería parecer una mojigata. Eligió unas mal as color piel que usaba cuando estaba en casa y un jersey color turquesa que le dejaba la curva de los hombros al descubierto y le llegaba hasta las caderas. El color era muy favorecedor. Optó por no l evar zapatos. Mejor sería comenzar a ponerse cómoda. Después de cepillarse el cabello rápidamente, se puso un poco de perfume en el cuello y las muñecas y un brillo rosa pálido en los labios. Inspiró profundamente para darse ánimos y salió al salón. El fuego ardía. Tyler estaba en medio del salón, mirando la puerta del dormitorio como esperando que el a saliese. Le alargó una larga copa de


cristal de burbujeante líquido dorado. —Me da la impresión de que eso es champán —dijo ella, aceptando la copa con cautela. —Me pareció que la ocasión lo merecía. —¿Un fuego y un poco de caricias se merecen champán? ¿Qué sirves cuando una dama accede a pasar la noche? —se sentía un poquitín maligna al tentarlo, pero él esbozó una lenta sonrisa. —Supongo que tendrás que esperar para verlo. Sus ojos grises se oscurecieron y ella se sintió como un conejo bajo la mirada de un lobo hambriento. Pero un segundo más tarde él sonrió. Julie se sentó lentamente en el sofá y Tyler lo hizo junto a ella, muy cerca. Como sus padres en su casa, pensó Julie. Quizás él estaba repitiendo patrones de conducta que había observado en su hogar. —El fuego está hermoso —susurró, mirando las llamas devorar los troncos. Al tomar un trago de champán, se sintió más relajada. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 38—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Cuando era pequeño, me fascinaba el fuego, hasta que un día mi padre me pilló en el patio trasero. Yo sabía lo que hacía, tenía una manguera a mano, pero


mi padre no quiso escuchar mis explicaciones. —¿Te castigó? —¡Me dejó un mes sin tele! —Te daría rabia que no quisiera escucharte —tomó otro trago de champán, disfrutando de la imagen de Tyler de niño. —No me molestó no poder ver mis series favoritas —asintió él—, pero me dolió que creyese que yo sería una amenaza para la familia. A Julie la emocionó la historia. La confianza era importante para él. Era una virtud en la que creía y que, además, admiraba. Mientras Tyler hablaba, le pasó un brazo por los hombros. Ella no puso objeción a su gesto. Pero cuando la atrajo hacia sí, sintió sus dedos cálidos en la fresca piel del hombro, donde el jersey se había deslizado. Cuando levantó la vista para intentar leer su expresión, él la estaba observando pensativo y se inclinó hacia delante para dejar su copa de champán sobre la mesa de café. —Ahora voy a besarte —le dijo. Era como si comprendiese que ella necesitaba prepararse para ello. —Sí —dijo ella—. Lo sé. Tyler bajó la cabeza lentamente hasta que sus labios se encontraron. Cuando la besó, comenzó tan suavemente que el a apenas sintió su presión. Pero un agradable calorcillo la invadió, extendiéndose desde sus labios por su barbilla y su


garganta, hasta que sus pechos se sintieron ruborizados y l enos. Tyler movió la punta de su lengua entre sus labios. Ella dejó que él le abriese la boca, sintió que la presión y el calor aumentaban. Solo cuando el a comenzó a devolver su beso con un suave gemido, él la apretó contra los cojines y penetró sus labios profundamente. A Julie le tembló la mano y una gota de cosquilleante bebida le mojó la muñeca. Tenía la piel tan caliente que tendría que haberse evaporado. Como si Tyler supiese que estaba a punto de dejar caer la copa, se la quitó de los dedos y la puso junto a la suya. —¿De veras crees que esto me ayudará a relajarme? —le preguntó el a, escéptica. Por el contrario, se sentía más tensa todavía. —Desde luego. Date un poco de tiempo —dijo él, levantando la mano y pasándole perezosamente las yemas de sus dedos por la garganta. Ella se estremeció, disfrutando del contacto. Él le dio un beso en el escote del jersey y luego más abajo, entre sus pechos. —Ahora no es el momento de sentirte vergonzosa y no decir lo que quieres, Julie. Dime que me detenga si no te gusta lo que hago. Pero ella se sintió incapaz de comunicar un solo pensamiento lógico. No estaba segura de lo que quería o no. Lo único que podía hacer era dejar que él la tocara y luego reaccionar a cada sentimiento. Escaneado y corregido por dulceelaine


Nº Paginas 39—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Y, en aquel momento su cuerpo parecía estar reaccionando de forma muy placentera. Partes de su cuerpo que habían sido pasadas por alto todos esos años parecía que comenzaban a vivir, aunque, supuestamente, no tenía porqué sentir nada por Tyler Fortune. Cuando el momento de hacer el bebé l egase, ella había supuesto que sería una relación rápida y mecánica con el hombre con quien se casase. No había previsto que él fuese tan encantador, tan tierno, tan bueno besando y acariciando. Lo bastante bueno como para encenderle hogueras en sitios que siempre habían estado fríos como el invierno. Más aun, nunca había supuesto que Tyler quisiese estar con ella de esa forma. Una intimidad ocasional, necesaria sería el precio que él accedería a pagar para asegurarse una esposa que necesitaba tan desesperadamente por motivos de negocios. Sorprendentemente, parecía que estaba invirtiendo mucha energía en lograr que el a se sintiese deseada. Y parecía que él se lo estaba pasando bien. Es solo una buena actuación, pensó, dejándose ir. Entregada al momento, entregada a sus manos mágicas y cálidos labios. —¿Julie? ¿Te encuentras bien? —Sí —respondió, sin estar demasiado segura de si era la primera vez que se lo preguntaba—. Estoy muy bien. En algún momento que el a no pudo definir, su mano le abarcó le seno por fuera del jersey, y comenzó a acariciarla en círculos. Ella sintió deseos de llorar de


alegría y levantó los brazos, dejándoselos caer sobre los musculosos hombros relajadamente. Arqueando la espalda, hizo fuerza contra la palma de su mano. Él llevó sus labios desde la garganta hasta la suave lana sobre su pecho y se quedó quieto, como esperando una señal por su parte. Julie no quería pensar en que ese momento se acabase. Lo único que ansiaba era más pasión suya, más de su perfecta actuación, si era eso lo que estaba haciendo. Era un inesperado atisbo de lo que podía ser el cielo. —Dímelo ahora, Julie. ¿Qué quieres que haga? —le susurró roncamente al oído—. Puedo detenerme ahora. —¡No! —la palabra se le escapó de los labios y abrió los ojos de golpe—. Por favor, no te detengas. —¿Estás dispuesta a aceptar lo que venga, no? —le preguntó él con voz ronca. Ella se estremeció al oír la promesa en sus palabras. No podía hablar. Separándola de los almohadones, él le levantó el jersey y se lo pasó por encima de la cabeza en un fluido movimiento. El aire fresco le acarició la piel y su impulso fue cubrirse con los brazos, pero se detuvo a tiempo. Manteniendo los brazos a los costados rígidamente, levantó la barbilla y dejó que él la mirase. El le tocó el encaje del sujetador y luego se lo bajó suavemente hasta que el pezón apareció oscuro y rosado contra la pálida puntil a. —Hermosa —susurró. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 40—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II


Julie apretó los párpados, incapaz de mirarlo. Se debatía entre salir corriendo de la habitación muerta de vergüenza y apretar a Tyler contra su seno y no dejarlo ir nunca. Su cálido aliento le rozó el pecho y sus labios se cerraron en torno a un enhiesto pezón. Una llamarada de fuego la atravesó cuando sus dientes mordisquearon suavemente su tieso botón, reduciéndola a brasas. La atormentó con los labios y la lengua, llevándola hacia el éxtasis. Arqueándose más hacia él, se aferró a sus cabel os, apretándolo contra sí. No era en absoluto lo que ella se esperaba. Creía que el deseo sería solo de Tyler, pero era de ella también. Y ni siquiera había sabido que eso existía. Respiraba fuerte, tomando el aire en bocanadas cortas, gloriándose y muriendo a la vez con sus caricias. Julie oyó su propio alarido y luego ahogó el segundo, más agudo, en el oscuro cabello que olía a pino y a arena del desierto. Después de un momento, se dio cuenta de que Tyler se había detenido. Oía su fuerte respiración, tenía la boca entreabierta y la cabeza apoyada entre sus pechos, uno todavía cubierto por el sujetador, el otro expuesto y trémulo. Ella lo miró, porque necesitaba saber lo que pensaba. El tenía los ojos abiertos y sorprendidos. —¿Tyler? —susurró ella—. Lo siento. ¿He hecho algo mal? —Dios santo —gimió él. —No fue mi intención gritar de esa forma. Tyler se separó de el a y después de una última y rápida mirada a sus pechos, la cubrió con el jersey. Se sentía como si le hubiese pasado por encima una de sus máquinas.


—No has hecho nada mal, no te disculpes. Tú... —intentó buscar las palabras —. No creo que tú estés preparada para seguir, por el momento. La verdad era que él era quien no se encontraba preparado. No había estado preparado para que su tímida prometida despegase como un cohete con unas cuantas caricias. Para él, había comenzado como un juego. Tenía curiosidad por saber cuan lejos podría llegar antes de que ella lo parase. ¡Pero ella no había hecho ni un intento de detenerlo! Lo que no había esperado era su propia reacción, a niveles que nunca había experimentado antes. Había clasificado a Julie como casi frígida, diciéndose que le llevaría semanas convencerla con ternezas y esfuerzo para lograr que el a abriese esas dulces piernas de bibliotecaria. Pero había estado equivocado. Ella le había dado paso libre y él casi había perdido el control, inmerso en la tormenta de su propio deseo. Estaba casi seguro de que los dos gritos que se le habían escapado a el a de los labios indicaban que había tenido un clímax. Y lo único que había hecho era acariciarle los pechos. En cuanto había comenzado a tocarla y besarla, al principio de la forma estudiada que sabía que le gustaba a las mujeres, se había dado cuenta de que ella era diferente. Era apasionada de una forma natural e inocente, como ninguna mujer que conocía. Valiéndose de su propia experiencia de las mujeres, sabía que Julie era virgen. Y, sin embargo, estaba madura como una mora en agosto,


lista para reventar de suculento sabor. Si se hubiese dejado dominar por sus hormonas, le habría arrancado la ropa y habría estado dentro de ella antes de que ninguno de los dos dijese ni pío. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 41—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Pero no le había parecido lo correcto. Era salvaje aprovecharse de su inexperiencia. ¿En qué estaría pensando? Lo peor de todo era que sentía algo por la mujer con la que se iba a casar. Las emociones eran la complicación peor de cualquier acuerdo comercial. Y esta mezcla desconocida de culpabilidad y ansia de mimar a la mujer que tenía en los brazos era un sentimiento peligroso de sentir por un socio comercial. Con un remordimiento profundo por la dolorosa erección de una parte de su anatomía, Tyler se separó de Julie en el sofá. Le l evó unos minutos más tranquilizar su acelerado corazón y reunir la voluntad necesaria para alejarse de ella. Se puso de pie. —Eso fue un error —le dijo roncamente. Le resultaba imposible hilar los pensamientos en esos momentos. No se podía imaginar palabras apropiadas que decirle. Cruzando el salón lo más rápido que sus temblorosas piernas se lo permitieron, rogó que esas palabras le sirviesen de disculpa. Se quedó de pie en medio de la cocina durante cinco... diez minutos... quizás


más tiempo, intentando recobrar el aliento, intentando comprender los últimos minutos. Se preguntó si los suaves sonidos que provenían de la otra habitación eran los sollozos ahogados de Julie. Tenía miedo de mirar. Antes de encontrar el coraje para volver a entrar en el salón y enfrentarse al daño que había hecho, Julie apareció en el umbral, con los ojos secos pero sospechosamente rojos. Evitó la preocupada mirada de él cruzó la cocina y puso agua al fuego. —Me haré una taza de té, si tienes —dijo sucintamente. —Perdí el control —murmuró él—. Lo siento. Julie asintió con la cabeza. —¿Bolsitas de té? —Podría haberte hecho daño —dijo él, señalando el armario a su derecha. Cuando el a sacó las cosas para hacerse el té y no respondió, él carraspeó, pensando si le daría una buena sacudida para que le prestase atención, pero descartó la idea. Bastante nerviosa la había puesto por una noche. —Es mejor así. Esperaremos. Después de la boda, haremos tu bebé, pero... —Pero no haremos el amor —susurró ella—. Amor de verdad, no. Él la miró incrédulo. Unas pocas horas antes, no habría creído que sus dulces facciones podían ponerse duras. Pero los adorables ojos castaños de Julie se habían puesto duros como el acero y decididos. Su débil sonrisa parecía que se iba a quebrar. La tetera comenzó a silbar. Tyler estaba confundido. —Hay formas clínicas para que una mujer tenga un hijo. Pero pensaba que tú


no querías... —¡No tienes ni idea de lo que yo quiero! —exclamó Julie, mirándolo de frente, con la tetera en una mano y la otra cerrada en un puño. Sacudió ambos. —No —dijo él con cautela—, supongo que no. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 42—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Nunca había sabido qué hacer cuando una mujer se enfadaba. ¿Un rápido beso? ¿Una palmada en el trasero? ¿Flores? Su madre reaccionaba bien con los abrazos. Supuso que ella le tiraría la tetera encima si intentaba hacer cualquiera de esas cosas en ese momento. —Julie, dime porqué estás tan enfadada —dijo, quitándole la tetera y poniéndola sobre la cocina, fuera de su alcance. Ella lo miró directo a los ojos, y él estaba seguro que sus ojos nunca habían estado más hermosos que en ese momento, relucientes de rabia. —No te lo puedo explicar —le dijo, mordiendo las palabras. —Quizás estás reaccionando ante la situación, no por mí —sugirió él esperanzado—. Es un poco raro. Ambos sabemos que no estamos enamorados... y probablemente no lo estemos nunca. Si hubieses tenido otras relaciones antes, sabrías que es complicarse la vida simular otra cosa.


—¿Cómo sabes que no he tenido toneladas de novios antes que tú? —dijo ella, lanzando l amaradas por los ojos. Tyler hizo un esfuerzo para no reírse. Logró simular que le había dado un ataque de tos. —Supongo que me lo he imaginado, ya que me dijiste que no habías salido con muchos chicos. Perdona si supuse... —Lo menos que puedes hacer es disculparte. Se la quedó mirando fijamente. ¿De dónde sacaba semejante coraje? —Lo hacía por protegerte. Pensé que era lo mejor para ti —intentó explicar. —Tú no me conoces. ¿Cómo puedes saber lo que es mejor para mí? —De acuerdo. Tienes razón —dijo, sacando dos tazas del armario. Él también necesitaba tomarse un té, a falta de algo más fuerte. Puso una bolsita en cada una y les echó agua. Y sin esperar, se tomó tres tragos de la infusión débil pero ardiente. Dejó la taza en la encimera con un golpe sordo—. Ya hemos jugado bastante — dijo con firmeza—. Me vas a decir lo que quieres... ahora mismo. La exigencia pareció sorprenderla. Elevó los ojos hacia él, y casi le pudo ver la pregunta dándole vueltas y vueltas en la mente. Era fascinante ver cómo se le suavizaron las facciones, los ojos le tomaban una expresión distante con la concentración, apretaba los labios mientras pensaba. Era adorable. —¿Quieres que te haga el amor?


Un relámpago de pánico le iluminó los ojos. —Yo... bien...— inesperadamente, lanzó una risa nerviosa—. ¿Cómo se dice? ¿Creo que ha pasado el momento? Desgraciadamente, no había pasado para él. La había deseado cuando la tenía apretada en los almohadones y el a se derretía en sus brazos. Y la deseaba en ese momento, aunque su adorable aire de indefensión había sido reemplazado por un intento de voluntad. Quizá el a estaba ofendida por la forma en que él la había besado y acariciado, pero seguía deseándola. Y lo que más rabia le daba era que... sabía que la desearía igual aunque ella no sintiese nada por él. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 43—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Supongo que sí —mintió. Pero no pudo evitar tener esperanzas de que volviese. Si no por la mañana, al menos en algún momento del día siguiente... o al otro... o, al menos, pronto. Rezó para que fuese pronto. «Estoy en un punto decisivo de mi vida». El pensamiento la asaltó a las tres de la mañana, cuando, desvelada, miraba el techo de la habitación de Tyler Fortune acostada en la cama de Tyler Fortuna y recordaba la sensación de los labios de Tyler Fortune contra los suyos. Julie sabía en el fondo de su corazón que lo que había sucedido esa noche y lo que decidiese hacer esa mañana, decidiría su futuro. Era como si un poder que excedía su imaginación hubiese bajado del cielo y la hubiese levantado de las polvorientas cal es de Houston, dejándola caer en Pueblo, Arizona. Que bien podría


haberse l amado Fortuneville, por el poder que la familia de Tyler tenía en ese pueblo. Y ya que se encontraba al í, se veía forzada a elegir entre dos tipos totalmente diferentes de vida. El problema era que le gustaba y temía ambas opciones por diferentes motivos. Se dio vuelta en la cama. ¿Cuáles eran sus opciones? Volver a su vida segura y humilde, ajena del mundo, evitando el contacto con los desconocidos. Sola. No era una mala vida, pero honestamente, no podía decir que sería feliz de esa forma. O podía cumplir con su palabra y dar un salto al vacío y caer en el mundo de la familia Fortune. Sería lo más peligroso que habría hecho jamás. Llevaba toda una vida esperando amar y ser amada, y los niños eran una garantía de ese amor. Los hombres eran diferentes, pensó frustrada, poniendo las manos detrás de la nuca. Los hombres eran incapaces de amar... al menos no el amor que experimentaban las mujeres. Simulaban sinceridad y devoción para conseguir lo que pretendían. De la misma forma en que Tyler había simulado pasión por ella esa noche, porque le apetecía tener sexo y ella estaba disponible. No lo culpaba. Hacía lo que era natural que hiciesen los machos de cualquier especie. Pero, por un segundo, se había dejado llevar por la fantasía que él había urdido entre los dos. Y eso había hecho que fuese más doloroso el hecho dé que él se apartara de ella, después de haberla hecho desearlo. No dejaría que volviese a suceder. Si realmente se quedaba en Pueblo y él se le volvía a acercar otra noche, le entregaría su cuerpo porque eso era parte del trato,


pero no le daría su corazón. Cuando comenzó a amanecer, Julie se levantó y sacó de la bolsa una falda vaquera, una camisa rosada, ropa interior y medias, y se dirigió al cuarto de baño. Cuando se acabó de duchar, y lavarse el pelo se secó con dos de las gruesas toal as que había bajo el lavabo y luego se secó el pelo con el secador. Oyó que el teléfono sonaba en la habitación. Le llevó a Tyler cuatro l amadas para atenderlo. Era obvio que él dormía como un niño, sin que el drama de la noche anterior lo afectase. Un momento más tarde, mientras se ponía un poco de brillo en los labios, él golpeó la puerta. —Adelante —dijo el a secamente. El entreabrió la puerta, pero no entró. A el a le llamó la atención la expresión de humildad de su rostro. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 44—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Es mi abuela. Quiere saber si te parece bien las doce para ir de compras. ¡Su vestido de novia! En cuanto permitiese que Kate le comprase el vestido, no habría vuelta atrás. ¿Irse... o quedarse? Tenía que decidirlo. ¿Volver a la seguridad de su vida gris o lanzarse por un acantilado de emociones para aterrizar de cabeza


en una familia atractiva pero aterradora? —Las doce está bien. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 45—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Capítulo Cinco —Ya sé que te lo dije anoche, pero vale la pena repetirlo. Estoy tan contenta de que nuestro Tyler te haya encontrado, querida. Tyler me preocupaba tanto — dijo Kate al detener su Mercedes plateado en el aparcamiento del elegante centro comercial de Saguaro Val ey. Julie no se imaginaba lo que esa orgullosa y elegante señora sentiría si supiese la verdad sobre ella. Sentía que no se merecía en absoluto esa extravagante salida de compras. —Gracias —dijo—. Espero cumplir sus expectativas. Kate sonrió y sus ojos azules se iluminaron de alegría. —Seguro que sí, querida, seguro que sí. Ahora, vamos a divertirnos un rato. Cuanto atravesaron las puertas acristaladas para entrar al centro art noveau, Kate alargó la mano para que Julie le diese la suya. —Permíteme que le eche otra mirada a ese diamante. Julie sonrió y le mostró la mano izquierda. Era una hermosa sortija de dos perfectos quilates, un solitario redondo montado en oro blanco sin nada que


distrajera la atención de su fuego blanquiazul. —¿Te gusta, querida? —le preguntó Kate. —Oh, sí —dijo ella—. Le dije a Tyler cuando entramos a la joyería que no quería nada muy elaborado. Ni otras piedras ni diseños modernos raros. Un sencillo solitario. Para mí habría sido suficiente un solo quilate, pero él me dijo que usted se lo haría devolver si no tenía al menos dos. —¡Cómo conoce este chico a su abuela! —rió Kate regocijada. Aunque Kate la alentó para que se probase cuantos trajes le gustasen, Julie inmediatamente se decidió por un sencillo vestido de pesado satén, sin ningún tipo de ornamento. Ni encaje, ni perlas, ni pedrería. Un escote barco le marcaba modestamente los hombros. Las mangas tres cuartos se ajustaban bajo el codo con pequeños botones forrados de la misma tela. El corpiño se ceñía a su cuerpo como una segunda piel hasta la cintura, donde se abría en una amplia falda hasta los pies, alargándose por detrás para hacer una pequeña cola. Al darse cuenta de con quién se casaba Julie, la vendedora intentó convencerla de que se probase trajes con pedrería, con apliques de brillante encaje, bordados en perlas y cuentas de cristal. Kate también quiso interesarla en vestidos más elaborados, pero Julie los rechazó a


todos con delicadeza. Ese era su vestido. —Te queda bien —aprobó Kate por fin—. Igual que la sortija. Él día de tu boda tienes que llevar solo lo que te haga feliz. Eligió el velo con igual rapidez. Había que hacer pocos arreglos, solo acortar unos centímetros el vestido. Pero cuando Kate le informó a la dueña de la tienda que el a recogería el vestido personalmente a los dos días, la mujer se horrorizó. Julie esbozó una sonrisa al salir. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 46—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Una boda tan apresurada... seguro que se piensa lo peor y ya está dispuesta a divulgarlo. —Seguro que sí. Pueblo es muy pequeño y conservador, a pesar de sus tiendas y edificios modernos. Todos nos conocemos. En unas horas todo el mundo sabrá la fecha y la hora de la boda, dónde tendrá lugar la ceremonia, el nombre del servicio de comidas y cuántos invitados habrá. —La iglesia —frunció el ceño Julie—. Ese es el verdadero problema, ¿no? —Ya está solucionado —le aseguró Kate con un movimiento de la mano y una cabezadita—, aunque el resultado es distinto de lo que habíamos planeado originalmente. —¿Por qué?


—Oh, esta mañana fui a desayunar con el pastor. No podía haceros un hueco sin tener que mover a otra pareja, así que he decidido que os caséis en el jardín del rancho. —Eso sería hermoso —accedió Julie. —Y también conseguí el servicio de comida para la recepción y le encargué a Adele que consiguiera el fotógrafo y un cuarteto de cámara. Asombrada, Julie movió la cabeza e intentó tragar el nudo que se le había hecho en la garganta mientras caminaban por el centro comercial l eno de gente. —Se están tomando tanto trabajo. Le debe de parecer raro, que nos casemos tan rápido. —Oh, no te disculpes, querida —lanzó Kate una risa ahogada—. Tyler nunca ha hecho nada como todo el mundo. Es muy personal y, cuando quiere algo, intenta conseguirlo, y lo más probable es que lo logre. Parece ser que tú eres lo que él quiere y no está dispuesto a esperar —sonrió regocijada—. Yo creo que es muy romántico, que un hombre te desee con tanta pasión. Casi nada —le guiñó el ojo —. Pero tú ya lo sabrás, «No me desea ni me quiere», quiso decirle. «Esto es una farsa, no se lo crea». Pero la advertencia no solo era para Kate, sino para sí misma también. Si no tenía cuidado, acabaría creyéndose esa fantasía. ¿Y entonces, qué? Cuando volviese a la


realidad, el dolor la mataría. Una vez que eligieron el vestido y todos los complementos, Kate la llevó a tomar un ligero almuerzo y luego a un salón de bel eza que se hallaba en un extremo del centro comercial. Allí, le hicieron un cambio de imagen bajo la supervisión personal de Kate. Aunque Julie intentó convencerla de que no quería que le hicieran nada drástico para cambiarle el aspecto, Kate estaba decidida, y no se arredraba ante nada. No Habló con el estilista, la manicura y la maquilladora. Todos se pusieron a trabajar en equipo. Al acabar la tarde, le habían cortado el cabello, dado color, maquillado, dado un masaje y vestido con un traje de seda azul que Kate había comprado en la tienda contigua mientras Julie estaba atrapada en el sillón del estilista. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 47—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —No siento que soy yo —suspiró, cuando se marcharon del salón, despedidos por las exclamaciones admiradas del personal—. Soy un fraude con un vestido elegante y un cabello que no es mío. —No seas boba —dijo Kate—. Sencillamente le estás sacando partido a lo que tienes, y el resultado es encantador. Decididamente encantador, querida. —¿Cree que a Tyler... le gustaré así? —¿Te gusta a ti tu nuevo aspecto? —preguntó Kate, acelerando el paso. —Pues, yo... yo no lo sé, en realidad —tartamudeó—. Me llevará un poco...


sí creo que sí. —Entonces, lo que Tyler piense importa poco. Él te ama y aprenderá a apreciar las cosas que tú haces para sentirte más atractiva. A Julie se le fue el corazón a los pies. Si la aprobación de Tyler dependía de su amor por ella, estaba perdida. Sabía que los sentimientos que Tyler sentía por el a no tenían nada que ver con el amor. Mientras miraba a una joven bajarse del coche de su abuela. Tyler se preguntó qué habría hecho Kate con su prometida. Su enfado se esfumó mientras observaba a la estilizada belleza que sacaba bolsas con compras del coche. Tyler había trabajado toda la tarde en las oficinas centrales, pero le había resultado difícil concentrarse. Se imaginó que Kate habría arrastrado a Julie como un torbellino de tienda en tienda y que luego la dejaría en su casa a media tarde. Pero cuando llegó a su casa, no había señales de Julie. Ya estaba a punto de subirse al coche para comenzar a buscarlas por la ciudad, cuando el coche de su abuela se detuvo. Aunque no sabía exactamente qué cambios había conjurado su abuela, decidió que eran agradables. Lo suficiente para realzarle a Julie sus puntos fuertes. Le habían hecho un corte de pelo que le enmarcaba el rostro con una melena brillante de color castaño, un poco más rojizo que su tono normal. El maquil aje era lo más inteligente de todo. Era discretísimo, una ligera sombra y delineador le resaltaban los ojos, un lápiz de labios de color coral acentuaban sus labios


llenos. Un poco de colorete le marcaba los pómulos. Hasta parecía que su andar era más provocativo mientras sacaba las bolsas y seguía a Kate por el sendero, sonriendo y riendo de algo que su abuela había dicho. Solo cuando ella comenzó a subir los escalones y retomó su titubeante paso habitual, recordó Tyler a la tímida mujer que había llevado a cenar. Por dentro, era tan insegura como antes. Se tranquilizó. No era una amenaza. Seguía siendo... solo Julie. Julie con lápiz de labios y un vestido nuevo. Con eso podía lidiar. —Buenas tardes, señoras —dijo con tono de broma cuando ellas entraron al salón—. ¿Necesitan ayuda con las bolsas? —Tyler, querido, me alegro tanto de que estés aquí —dijo Kate, cruzando el salón con sorprendente energía para una octogenaria. Dejó en el suelo cuatro enormes bolsas y se sentó en el sofá de piel color habano—. Sírveme una copa de vino blanco, por favor. ¡Qué tarde! ¿Julie? ¿Vino, querida? —Yo generalmente no...—levantó la vista hacia Tyler. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 48—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Si no aceptas una copa —sonrió él—, mi dulce abuelita se creerá en la obligación de acabarse la botella ella sola.


—Pues, entonces —dijo Julie con una sonrisa—, supongo que tendré que echarle una mano. Después de servir sendas copas de vino y un whisky escocés para sí, se sentó en su sil ón favorito para ser el público adecuado para que le contasen sus aventuras. Mientras Kate parloteaba y sacaba prendas de las bolsas, aprovechó para estudiar a la nueva Julie. Parecía más animada de lo que la recordaba. Su rostro se iluminaba, se suavizaba, y se fruncía concentrado mientras Kate describía sus compras. Se dio cuenta del placer que le causaba la alegría de Julie por una sencilla tarde de compras y se preguntó si alguna vez ella se habría dado ese gusto. Lo más probable era que nunca se hubiese permitido el lujo de tomar por asalto un centro comercial. Cuando por fin Kate dijo que estaba exhausta y se fue, Julie se quedó en la ventana del salón, tomando delicadamente la copa entre los dedos, mirando irse a Kate con una expresión de pena en los ojos. Tyler se emocionó. Había pasado de ser una adorable mujer a una niña que veía irse a su compañera de juegos, que necesitaba que le aseguraran que habría más días para jugar, tan felices como ese. Se puso detrás de ella y la agarró de la cintura suavemente. —Le gustas mucho. —¡Lo pasamos tan, pero tan bien! —dijo ella, con tono de admiración. —Mi abuela es divertidísima —rió él—. Pero puede ser muy complicada si sus planes no coinciden con los tuyos. —Creo que todas sus ideas son maravil osas ^suspiró Julie, y luego giró la cabeza para mirarlo por encima del hombro—. Excepto, quizás, por el


vestido. —¿Discutisteis por el vestido de boda? —Oh, no —se apresuró a decir el a—. Solo que yo tenía una opinión diferente de lo que debía ponerme. —¿Y estás muy desilusionada con lo que Kate eligió para que te pusieras? —Yo no he dicho que diese el brazo a torcer —sonrió Julie. —¿Te quedaste con un vestido que tú has elegido? —se asombró él. —Yo sabía lo que quería, y Kate estuvo de acuerdo en que me quedaba bien. —No me lo puedo creer —movió él la cabeza—. Puede ser tan terca como... —Es adorable —lo interrumpió el a—. He pasado un día maravilloso con ella. Tampoco se podía creer que ella lo interrumpiese de aquel a manera. Había hundido el rostro en su cabel o, inhalando el perfume del champú. Fresas, pensó. Luego se dio cuenta de que sus fuertes muslos se apretaban contra el redondo trasero. Ella se movió un poco, como si también se diese cuenta de lo íntimo de su postura. Se quedó silenciosa en el círculo de sus brazos. Tyler quiso dejarla, pero no pudo. Juntos miraron la puesta del sol tras las montañas, con sus tonos de rosa y lila. El cuerpo de ella se hizo más cálido contra el suyo. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 49—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —¿Qué estamos haciendo? —susurró el a por fin.


—No sé tú, pero yo estoy pensando. —¿En qué? —En ti —dijo él. ¿No era acaso verdad? Se había pasado el día reflexionando sobre muchas cosas que tenían que ver con el a. Como, por ejemplo cuánto la seguía deseando. Y lo vividamente que recordaba la noche anterior. Sentado ante su escritorio, se había imaginado la curva aterciopelada de su seno bajo su mano. Vio cómo se le endurecía el pezón y, mentalmente, lo había vuelto a devorar. —¿En mi nuevo corte de pelo? —preguntó el a inocentemente. ¿Lo dijo jugando? —No, solo... pues, sobre distintas cosas. Viene a casa a las tres, pensando que tú habrías vuelto de las compras y estarías sola. —Ah —dijo el a. Deseó poder verle la expresión, pero el a miraba hacia otro lado. —Supongo que no debí preocuparme. —Hace mucho que vivo sola, Tyler —pareció ella relajarse un poco más en sus brazos. Ella le apoyó la cabeza en el pecho. Tyler le l evaba más de una cabeza. Aunque siempre le habían gustado las mujeres grandes, le gustaba la forma en que las curvas del cuerpo de Julie se amoldaban a las suyas—. Estoy acostumbrada a encontrar formas de entretenerme. —Supongo que sí —dijo él. De repente, quiso ser quien le l enase el tiempo, al menos un poco—. ¿Qué quieres comer? —No lo sé. Si quieres, puedo cocinar algo. —Ah, claro. Te gusta la alta cocina. Ya mí me gusta comer. Sin embargo,


podemos salir a comer, si quieres. —Prefiero que nos quedemos en casa esta noche —dijo ella, con voz un poco ronca—, si te parece bien. Ya sabes, para que me vaya acostumbrando a la cocina —añadió apresuradamente. —Por supuesto. —Veamos lo que tienes en la nevera —dijo el a, entusiasmada y prácticamente salió corriendo hacia la cocina. Él se quedó donde estaba, pero todos sus sentidos estaban atentos a la mujer que hacía ruido alegremente en la cocina. Sabía exactamente dónde estaba por el sonido de sus pisadas. La puerta de la nevera se abrió. —¡Tienes unos filetes de lomo en el congelador! —exclamó el a—. Y unas patatas en la despensa. Sí no te molesta comer verduras de bote, creo que podemos tomar una comida bastante razonable. —No te molestes demasiado —dijo él, aunque la idea de filetes con guarnición de verduras y patatas en casa sin tener que actuar como si estuviese «sacándola a cenar» le parecía fantástico. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 50—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Da igual cocinar para uno que para dos —dijo ella alegremente—. No como carne con frecuencia, pero no me molesta tomarme un filete de vez en cuando, especialmente si tiene tan buena pinta como este. —Entonces, adelante —dijo él, cruzando el salón hacia la puerta de la cocina.


La miró sacar el paquete de carne del congelador, desenvolverlo, poner la carne en una fuente y meterla en el microondas—. ¿No lo irás a arruinar, no? —le preguntó, horrorizado. —No, bobo. La estoy descongelando. —Oh —apoyándose en la jamba de la puerta, la siguió con la vista mientras el a se movía por la cocina buscando lo que necesitaba. Le resultaba imposible retirarle los ojos de encima. A pesar de que el a se sentía incómoda con extraños y en lugares públicos, al í, en la cocina, estaba como pez en el agua. Cuando la comida estuvo lista, llevaron los platos a la pequeña mesa de roble al final de la cocina. Él encendió una vela y la puso entre los dos. Los ojos de Julie brillaron cuando él bajó la intensidad de las luces de arriba. Se sentó frente a ella. —Qué buen aspecto —dijo, refiriéndose a algo más, además del filete. Ella le sonrió y cortó un trocito de su filete. Luego lo masticó, cerrando los ojos para saborearlo. Tyler deseó lamerle el jugo de los labios. Le pareció asombroso poder sentirle el sabor a la comida. A pesar de que estaba muy buena, su atención se centró en Julie, no en los alimentos. ¡Era una experta cocinera! Cuando el a acabó por fin de comer y dejó los cubiertos en el borde del plato, él la detuvo poniéndole una mano sobre la suya cuando estaba a punto de levantarse de la mesa. —Quédate sentada y termínate el vino. Tú has cocinado, yo fregaré. —Pero no es necesario...


—Lo justo es lo justo —dijo él con firmeza—. Esto es una sociedad, ¿recuerdas? Julie lo miró durante un momento, luego se volvió a sentar pensativamente. —Sí —dijo en voz baja—. Recuerdo. Le pareció que esa cena era la más romántica que había compartido con un hombre. Aun mejor que su cena en el Van Gogh . Sin embargo, estaba claro por el silencio de Tyler durante la comida que él no tenía ideas románticas, al menos en lo que a ella concernía. Con un estremecimiento, ella retiró su mano de la de él y obedientemente se tomó lo que le quedaba del vino. —¿Por qué no guardas tus compras —le sugirió él, mientras enjuagaba los platos antes de meterlos en el lavavajil as— y te pones cómoda para pasar la noche? Ella se levantó mecánicamente y se dirigió al dormitorio. Bueno, al menos a él parecía que le gustaba su forma de cocinar. Se había devorado el filete con su salsa y las patatas al horno como si llevase una semana sin comer. Encontró perchas en el cambiador e hizo espacio para su nueva ropa en el extremo de la derecha, para no amontonar la ropa de Tyler. Alargó la mano para Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 51—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II


tocar una camisa blanca de vestir perfectamente planchada. Seda, pensó, recordándolo para el futuro. No llevaba almidón. Toda su ropa, hasta la que llevaba para ir a trabajar, parecía cara. Excepto por las exquisitas prendas que Kate le había comprado, toda la ropa que el a tenía era práctica, y estaba gastada y pasada de moda. —¿Qué haces? —le preguntó Tyler desde el umbral. —Cuelgo mis trapos nuevos —dijo ella, sin mirarlo. Le pasó la mano por la manga a un vestido de punto de color melocotón que Kate había insistido en comprarle. Era una mezcla de angora con lana y seda. Cuando se lo probó, era deliciosamente suave. —¿Te gustan? —le preguntó, detrás de ella. —Oh, sí —dijo el a, encantada—. Tu abuela tiene un gusto exquisito. —Pruébate el que te guste más para mí. —¿Qué? —no pudo evitar reírse al darse la vuelta. —Ponte el traje que te guste más. Muéstrame cómo te queda —insistió él. La desafió con los ojos. —Bueno, supongo que sería el vestido de noche azul —dijo el a, pensándoselo —. Pero pronto lo verás. Tu abuela me dijo que me lo pusiera para la recepción que va a dar para que conozca al resto de la familia. —Preferiría verlo ahora —dijo él, retrocediendo hasta la cama. Un bril o malicioso le iluminaba los ojos, preocupándola. Al principio pareció juguetón, pero


luego se convirtió en el guerrero papago, persiguiendo la presa. «Es solo un hombre, no es demasiado distinto de los demás» se dijo. Descolgó la percha con el vestido de lentejuelas azul verdoso del armario y se dirigió al cuarto de baño. Cuando estaba por entrar, Tyler carraspeó. —¿Qué pasa ahora? —preguntó el a, con un toque de exasperación. —¿No te parece que esconderte en el cuarto de baño para cambiarte es innecesario? —¿A qué te refieres? —Después de todo, pronto voy a ver tu bonito cuerpo desnudo. —Mi cuerpo no es bonito —le espetó ella. Julie se horrorizó por haberlo dicho. Había revelado demasiado de sí misma con esas breves palabras. La expresión de la cara de Tyler cambió de entusiasta a intrigada. Se estiró, alto y delgado, sobre la cama, con las botas apoyadas en el borde de metal de los pies y las manos detrás de la nuca, observándola. —¿Cómo has llegado a esa conclusión? Ella se encogió de hombros, irritándose bajo su mirada. —Conozco mis propios puntos débiles y fuertes. Soy buena cocinera. Sé hacer mi trabajo. Pero no soy modelo. No tengo la cintura mínima, piernas largas o grandes... ya sabes —estaba segura de que las mejillas no se le podían poner más rojas. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 52—101


Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Quizá —reconoció él, sin decirle si estaba de acuerdo con ella o no—. Pero creo que sea lo que sea que escondes debajo de esa ropa es más que suficiente para satisfacer a cualquier hombre. Yo ya he tenido oportunidad de ver dos de tus puntos válidos —le dijo, mirándole significativamente el torso mientras se volvía a levantar. Fue tan rápido que ella no tuvo tiempo de reaccionar antes de que él cruzase la habitación y la tomase en sus brazos. El vestido se le cayó de la mano por la sorpresa. —¿Qué... qué haces? —No necesito verte desnuda, Julie Parker —dijo, simulando no haber oído su pregunta—, para imaginarte las formas y saber lo que sería hacerte el amor. Puedo sentirte el cuerpo a través de la ropa ahora mismo. Tienes una forma muy agradable —la apretó contra sí, rozándole con los labios el cuel o—. Y sé por experiencia que un hombre podría disfrutar alegremente de tus pechos durante mucho rato. Temblando, ella apretó la frente contra su pecho y cerró los ojos. —Por favor, no me tomes el pelo. —Te lo digo totalmente en serio, Julie. Tú dices que quieres bebés, no sexo. Pero, ¿por qué no te relajas y disfrutas del proceso de quedarte embarazada? No me tienes miedo ¿verdad?


—Por supuesto que no, yo, pues... no tanto como antes —¿cómo se lo podía explicar? Apenas si comprendía su reticencia a acercarse a los hombres. Cualquiera. —Yo no te haría daño —murmuró él—. Y sé que te dije que deberíamos esperar. Pero te deseo de una forma que no te imaginas, mujer. Si alguien te hizo daño en el pasado, lo siento. Pero ese no fui yo, ¿comprendes? Ella asintió lentamente con la cabeza y se atrevió a mirarlo. —Lo haré lentamente —le prometió, al verle los ojos de cervatillo asustado —. Tú dime si hay algo que te asuste o que no te guste, ¿de acuerdo? —Sí —susurró el a débilmente. Antes él había tenido relaciones con mujeres que aceptaban tranquilamente proposiciones de hombres ricos o guapos, que nunca amenazaban su libertad, y él no les tenía pena al separarse porque sabía que no lo echarían de menos. Pero en aquel momento, con la frágil Julie en sus brazos, se preguntó si ese tipo de relación vacía y egoísta volvería a satisfacerlo alguna vez. Quería reconfortarla, acariciarla, hacerle el amor suavemente, tomándose días, semanas si fuese necesario, para enseñarle las alegrías de ser amada por un hombre. Más aun, sabía que era el único hombre que podría hacerlo. Pero también era consciente de su delicado estado emocional. Tantos cambios, tanta gente nueva, una mudanza, una estilo de vida diferente. Tendría que


hacerla olvidarse de ello, luego darle solo un poco, para despertarle el sexo poco a poco. El problema estaba en que él no sabía si podría controlarse a sí mismo de esa forma. Le deseaba cada centímetro de su cuerpo, en ese momento. Los dulces besos de un novio y los largos instantes soñando en los brazos del otro no le satisfarían su hambre canina. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 53—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Olvídate del vestido por ahora —dijo tensamente, rozándole el cabello con los labios—. Ven aquí conmigo. Hablemos. Ella levantó la cabeza que le apoyaba en el pecho cuando él se dio la vuelta hacia la cama. —Quieres hacerlo ahora, ¿no? —susurró, tan bajo que él apenas si la pudo oír. —Me gustaría mucho hacerte el amor —reconoció él. Lo que iba a decir era muy duro—, pero no lo haré. —¿Por qué? —preguntó ella, mirándolo, herida. —Porque no estás lista. —Pero me voy a casar contigo, ¿no? —Contrariamente a lo que creía antes —rió él ahogadamente—, una cosa no tiene nada que ver con la otra. Al menos en tu caso. Ven —dijo él, dando unas palmaditas en la cama—. Siéntate.


Ella lo obedeció, pero él sintió cómo su cuerpo temblaba. —Dime ahora lo que he hecho para aterrorizarte. ¿O es que todos los hombres te afectan de la misma manera? Ella inspiró profundamente, lanzó el aire y volvió a inspirar. Como si negase un terror secreto, ella movió la cabeza lentamente de lado a lado. —Una sociedad de cualquier tipo requiere comunicación —dijo, tomándole la mano y poniéndosela en el regazo—. Si nos vamos a casar, cada uno tiene que comprender los deseos de la otra persona, sus miedos, sus necesidades. Si nos metemos en esto ciegamente, no funcionará. —Tienes razón —dijo el a, después de titubear un instante—. Pero nunca he hablado de... de este tema con nadie, ni siquiera con otra mujer. —¿Sobre el sexo? —se extrañó él. Ella se encogió de hombros y él se dio cuenta de lo difícil que le resultaba. Estaba tirando abajo barreras que habían controlado su vida entera. Ella pestañeó, controlando las lágrimas. —No me gusta pensar en ciertas cosas. Como en lo fuerte que un hombre es físicamente y lo débil que es una mujer... al menos alguien como yo... y en cómo no hay... no hay forma de impedir que... —¿Impedir qué, Julie? ¿Que te haga daño? Ella inclinó la cabeza a un lado y lo miró, como acusándolo. Un profundo dolor lo atravesó. Maldito el hombre que le había hecho eso. —¿Te violaron, Julie? —No... no —tartamudeó el a, apretándole la mano como para tomar fuerzas.


Afortunadamente no era eso—. Yo no, no... no fue así. Aprendí a no confiar en los hombres porque...—inspiró y se secó las lágrimas con el dorso de su mano libre —. Fue durante mi primer año de universidad. Yo casi no había salido con ningún chico en el instituto, porque se corrió la voz entre ellos de que no los dejaba hacer las cosas que a ellos les gustaba hacerles a las chicas —sonrió débilmente. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 54—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Típico, hasta ahora —comentó él, dándole un abrazo tranquilizador—. Cuando las hormonas adolescentes de los hombres fluyen, podemos ser un sexo muy insistente. Prosigue. —Y estaba en un colegio mayor de chicas solamente, pero el de los chicos estaba cruzando el patio. Hacíamos fiestas por turnos. La mayoría de las chicas no tenía más experiencia que yo, pero estaban dispuestas a un poco de aventura. Y las fiestas sin bebida eran aburridas. —Así que se bebía cerveza a mares —adivinó él.


—Sí, y una vez que las chicas de mi colegio mayor se emborracharon, los chicos nos convencieron de que... jugásemos a un juego. Apagaron las luces en una habitación y mandaron a una chica dentro. Luego un chico entró y le dijo una tontería. Ella tenía que adivinar quién era. Un juego bobo, realmente, y al principio parecía totalmente inocente. —Ya veo —dijo él, casi seguro de en qué acabaría el jueguecillo, pero dejó que el a terminase la historia. Tenía que liberarse de los fantasmas del pasado, y si necesitaba su tiempo para el o, era tiempo bien invertido. —Bien —continuó el a, titubeante—, luego siguieron los besos. Ya sabes, la chica tenía que adivinar quién la besaba. No me pareció mal, pero cuando uno de los chicos decidió que yo tenía que identificar algo que no eran sus labios, me asusté y me fui. A pesar del tono serio de ella, Tyler rió ahogadamente—. —Perdona. Sé que te habrá horrorizado y asustado, pero no pude evitar imaginarme a un chico borracho bajándose los pantalones —dijo él cuando Julie le lanzó una mirada acusadora, que se suavizó cuando se encogió de hombros, disculpándose—. Supongo que fue para bien que te fueses. —A la mañana siguiente —asintió ella solemnemente—, tres de las chicas de la fiesta no estaban en su habitación. Habían tenido que ir a la enfermería. Las habían violado. Estaban magulladas y terriblemente heridas, tanto física como emocionalmente. A mí me horrorizó la violencia y supuse que la policía actuaría inmediatamente. Pero mi amiga Eleanor, una de las chicas heridas, me dijo que no iban a hacer nada. La policía dijo que ellas habían participado voluntariamente en un


juego sexual con los chicos y que no se podía considerar violación. A Tyler no lo horrorizó la anécdota. Había oído incidentes similares y lo enfermaban, haciéndolo alegrarse de nunca haber tomado parte en ese tipo de cosas Lo aliviaba que Julie no hubiese sido una de las tres desafortunadas jovencitas. —¿Así que no hubo más fiestas para Julie? —Correcto —dijo ella—. Y decidí que salir con chicos que no conocía no era seguro. El único problema era que yo soy bastante tímida, así que incluso después de acabar la carrera y comenzar a trabajar, no hice demasiados amigos. —Así que te quedaste virgen. Querías un bebé, pero no necesariamente un hombre. —Algo por el estilo —dijo el a, riendo cohibida—. Intenté tener amigas mujeres, pero siempre me estaban buscando novio. Y la idea de novio que tenían para mí eran tipos con los que yo no hubiese compartido una conversación ni diez minutos. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 55—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —No todos los hombres son monstruos, Julie —dijo él, después de pensárselo un momento—. ¿Qué te parece si nos tomamos un tiempo para conocernos? Cuando te encuentres lista para dar el siguiente paso, me lo dices. Antes de la boda o después. Te prometo que seré paciente.


Durante un largo rato, ella se lo quedó mirando a los ojos, como buscando la mentira escondida, el truco. Pero cuando no encontró nada que la alarmase, sonrió tímidamente. —De acuerdo. Agradecido de que el a al menos hubiese accedido a permitirle que le acercase, Tyler se estiró en la cama y se puso una almohada debajo de la cabeza. Luego le dio unas palmaditas a la de ella y después de titubear un instante, ella se acostó rígidamente mirando el techo. Era evidente que Tyler tenía un buen trabajo por hacer. Julie intentó que sus músculos se relajasen. Quería confiar en él, pero querer y sentir eran dos cosas distintas cuando uno tenía que tirar abajo hábitos de toda una vida. Cerró los ojos y lo escuchó hablarle. —Siempre me imaginé que sería una forma agradable de conocerse. Estar solos en una cama y hablar, compartir sueños, enterarse de los miedos del otro, sus intereses, sus esperanzas para el futuro sin la presión del sexo. —¿Propones que hagamos eso? —le preguntó el a con temor. —¿Te asustaría compartir una cama conmigo, totalmente vestida como estás ahora? —No —reconoció el a, lanzándole una mirada de aprecio—. Me parece que no.


Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 56—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Capítulo Seis Su primera noche ella se puso una camiseta enorme y las mallas; él fue a la cama en sudadera y calzoncillos y tuvo exquisito cuidado en no tocarla. Se echaron de espaldas uno a cada extremo del colchón, mirando el blanco techo, hablando en susurros de todo lo que se les pasaba por la cabeza. Ella le dijo a Tyler en la oscuridad cosas que no le había dicho nunca a nadie. Dulces confidencias que apenas se había atrevido a pensar. Él también le hizo confidencias. Sus sentimientos contradictorios sobre su papel en el clan Fortune, su temor a que algo interrumpiese la construcción del hospital,* como una investigación sobre la muerte de su capataz. Odiaba hacer cola y adoraba a los perros. Nunca dudaba en tomar riesgos físicos que lo llevaban a hacer montañismo o bajar una pista de las más difíciles en esquís, pero les tenía terror a las arañas. Tyler no se lo dijo, pero Julie estaba segura de que nunca le había hecho esas confesiones a una mujer. Saber que él confiaba en que el a guardase sus secretos era como meterse en una tranquilizadora ducha de confianza. Pero, inevitablemente, la tristeza volvía, porque se daba cuenta del motivo por el que no lo había hecho antes: había estado demasiado ocupado haciéndoles el amor. Era obvio que él no la encontraba tan irresistible, y eso le dolía. La tercera noche que compartió la cama con Tyler hacía un calor de pleno


verano. Julie había dejado las ventanas abiertas para que entrase la ocasional brisa del desierto. Tyler se puso una camiseta limpia en vez de la sudadera, pero Julie le vio las gotitas de sudor en la nuca. —Pareces tan incómodo —comentó, mientras se metían en la cama, cada uno por su lado—. Seamos sensatos —murmuró en la oscuridad—, antes de que viniese yo, ¿qué te ponías para dormir? —Nada. Ella se dio cuenta de que él sonreía. ¿Le estaba tomando el pelo? —¿Qué te parece si te quitas la camiseta pero te dejas los calzoncil os? —¡Gracias a Dios! —dijo él, exagerado. Lo vio en la luz de la luna quitándose la camiseta. Contuvo el aliento mientras él titubeaba, con los pulgares enganchados en el elástico de los calzoncillos, como si estuviese pensando en dejarlos caer al suelo también. —¡No te atrevas! —le advirtió. Él sonrió, encogiéndose de hombros y se volvió a meter en la cama. —Ahora te toca á ti. A Julie se le secó la boca. Intentó tragar, pero no pudo. —¿No tienes nada más ligero que esa enorme camiseta?


—No lo he traído. —Pues al menos quítate los calzoncillos largos. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 57—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —No son calzoncil os largos —lo corrigió el a—. Son mallas. —Lo que sean. Necesitas dormir bien esta noche porque mañana es el gran día. El ensayo y cena con la familia. Ella no lo había olvidado, tenía razón. Sentía una necesidad tremenda de una buena noche de sueño. Se había pasado el día telefoneando a unos y a otros, renunciando a su trabajo en la biblioteca, avisándole al dueño del piso que se iba y que iría por sus cosas después de la boda, cancelando cuentas, cerrando una vida para abrir una nueva. La idea la asustaba tanto como la ilusionaba. Julie giró la cabeza en la sedosa almohada para mirar a Tyler. Él la miraba con una expresión indescifrable. Daría cualquier cosa por saber lo que pensaba. —Al menos quítate esas mallas —repitió él. —No puedo. —¿Por qué? —No l evo nada debajo —dijo ella, reticente. La blanca sonrisa en la oscuridad la hizo estremecerse. —Qué interesante. Pero esa camiseta te llega hasta las rodil as. Estarías


decente igual, aunque te quitases esas cosas. Ella estaba tan cansada que no quiso discutir con él. Se las quitó por debajo de las sábanas y las dejó caer junto a la cama. —¿Contento? Ahora que estamos los dos satisfechos, podremos dormir un poco. Buenas noches, Tyler. Se quedó muy quieta, escuchándolo respirar. ¿Por qué no le respondía? Un segundo más tarde, su mano se le acercó, y ella se puso tensa. Pero sus largos dedos solo le estrecharon los suyos suavemente, dándole fuerzas. «Qué bonito», pensó el a. Un momento más tarde, le masajeó suavemente la muñeca con el pulgar. Julie sintió que se relajaba. Se puso de costado^ y le apoyó la mano sobre la mejilla y miró a los ojos. Él la esperaba, conteniendo la respiración. Ella le rozó el rostro cautelosamente con los dedos: la bronceada mejilla, la amplia frente, los labios sensibles. Él no intentó besárselos. Esperaba. De repente, insegura, ella retiró la mano. —Por favor, no pares —susurró—. He tenido un dolor de cabeza terrible todo el día. Me hace bien. ¿Cómo podía negarle una caricia tan simple? —¿Te duele aquí? —le preguntó, tocándole delicadamente la tensa frente, luego le recorrió la piel de alrededor de los ojos y le masajeó las sienes. —Maravil oso —murmuró él. Ella lo siguió acariciando para aliviarle el dolor. Cuando él levantó la mano para apoyársela contra la garganta, ella no se puso tensa. Estaba pensando en lo agradable que aquel o resultaba cuando Tyler movió la cabeza unos centímetros, le agarró las puntas de los dedos entre los dientes y se los mordisqueó con suavidad.


Ella lo miró, transfigurada por la intimidad del gesto y no se apartó. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 58—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Lentamente, sus labios se abrieron para tomar un dedo entre los blancos dientes. La yema del dedo recibió una caricia húmeda y tibia de su lengua. Ella se estremeció y miró fascinada mientras él soltaba un dedo para agarrar otro. Un fuego la recorrió. Dejó caer la cabeza hacia atrás y apretó los ojos, pero las sensaciones que la recorrían parecieron intensificarse. —¡Tyler! —dijo, en un ahogado grito. —¿Sí, querida? —dijo él, cuando, por fin, le soltó el trémulo meñique. ¿Era diversión lo que se oía en su voz o algo más profundo, más oscuro? —Nada. La mano se le deslizó, lacia, desde los labios entreabiertos de él hasta su pecho. Intentó apoyarla contra su esternón para poder incorporarse y alejarse un poco, pero sintió su corazón latiendo bajo su palma. «Esto es un hombre», pensó. «En cuerpo y alma». Y le estaba tratando de comunicar algo, suave pero insistentemente. Ella le apretó los dedos contra el esternón, descubriendo los sitios donde estaba más duro y donde se convertía en músculo. Sintió el vello oscuro entre los trémulos dedos al acariciarlo. No tenía ya miedo. Se encontraba demasiado concentrada en escuchar su mensaje y conocer su cuerpo. Miró


hacia abajo, donde la sábana le rodeaba la cintura. —Tócame donde quieras —susurró él. —No, no iba a... —Sí, lo ibas a hacer —rió él, ahogadamente. —Pues, quizá sí —admitió el a. Tyler le tomó la mano lentamente y se la l evó a la cintura, luego se la apoyó en el vientre, plano y duro. Ella levantó la mirada hasta sus ojos. ¿Pretendía que ella...? Él no bajó los ojos. Sí. —Nunca has tocado a un hombre antes, ¿no? Ella negó con la cabeza. Seguro que él pensaría que era una mojigata, pero ya sabía en su corazón lo que quería hacer. Quería hacerlo sentirse bien. El sexo quizás se convirtiese en una obligación para ella una vez que aprendiese cómo causarle placer, pero estaba claro que a él le gustaba mucho. Y si él se tomaba el tiempo para enseñarle lo que le gustaba, ella haría todo lo posible por hacerlo feliz. Después de todo, según le había dicho, estaba dejando a otras mujeres por el a. Inspiró profundamente y le deslizó la mano por los músculos del estómago, bajo las sábanas. Encontró la cintura elástica de sus calzoncil os. Intentando no pensar en lo que encontraría unos centímetros más abajo, cerró los ojos y pasó la mano por debajo. Sus dedos se encontraron con el frondoso vel o, no demasiado distinto del de su pecho, y luego con su sexo suave, duro y muy caliente. Julie se quedó paralizada. Ahora que estaba allí, ¿dónde quería él que... qué se suponía que debía hacer?


—¿Julie? —¿Mmm? Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 59—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —¿Quieres parar? Ella abrió los párpados, pero no pudo mirarlo a los ojos. —No. —Una pequeña sugerencia, entonces —dijo él, moviéndose ligeramente—. ¿Qué te parece si me rodeas con tus adorables dedos? Ella lo hizo, y se asombró de lo agradable y firme que era su tacto. —¿Y ahora? —Quizás yo debería colaborar un poco —dijo él. Ella no estaba segura de lo que él quería decir, hasta que sintió su mano deslizándose por la parte exterior de su muslo, debajo de la camiseta. Le gustó su contacto cuando él le acarició la cadera y le abarcó la nalga. —Me gusta —murmuró. —¿Me prometes que me dirás cuando deje de gustarte? —Sí —asintió ella. Quería sentirlo todo, ya que lo tenía. Tocarse le pareció maravilloso. Conocerse mutuamente. Movió la mano lánguidamente a lo largo de él lo


más que pudo y luego la subió. Le agradó oír que su caricia producía un ronco gemido masculino. Le observó la cara contorsionarse de placer y lo volvió a hacer. Él arqueó la espalda y un sonoro rugido de placer surgió de su garganta. Ella experimentó una extraña sensación de poder. Se hal aba tan concentrada en las texturas y las formas de Tyler que apenas se dio cuenta cuando su mano se deslizó por su cadera hacia delante y se hundió suavemente entre sus muslos. Le apoyó la palma sobre el monte de Venus. Y solo cuando la temperatura bajo su mano subió hasta convertirse en un deseo que latía, su atención se centró en su propio cuerpo en vez del de él. Se quedó con los ojos abiertos, mirando los de él mirarla. Se echó hacia atrás en la almohada, y él se incorporó sobre el a, con sus grises ojos en los suyos. Suavemente, le apartó los labios externos y el a sintió que algo se estremecía dentro. Él presionó más arriba, unos centímetros entre los delicados pliegues y se quedó quieto, esperando. Ella lo miró, consciente de que él estaba esperando su permiso, confiando que él se detendría si ella se lo pedía. Sus dedos lo apretaron un poco más, concediéndoselo. La sonrisa que él esbozó fue a la vez tranquilizadora y traviesa. Cuando él comenzó a acariciarla, ella sintió que su cuerpo respondía caliente y húmedo, una sensación profundamente dulce. Volvió a deslizar su mano por él con mayor confianza y lo sintió firme y henchido.


Deseó poder decirle que, aunque le resultara incómodo al principio, quería sentirlo dentro de sí. Lo recorrió de arriba abajo otra vez, sintiendo una oleada de emoción mientras dejaba escapar un gemido y la habitación giraba a su alrededor en un caleidoscopio de color. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 60—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Un alarido, parecido al de una criatura herida, la sacó de su ensoñación. Le llevó un momento darse cuenta de que el sonido provenía de Tyler. De repente, su mano se hallaba vacía y se dio cuenta de que él no estaba a su lado. . Con una exclamación, parpadeó, intentando despejar sus ojos nublados de rosa. Él se encontraba junto a la cama, subiéndose los calzoncillos. Ella estaba echada entre las sábanas, con la camiseta subida hasta la cintura. —¿Qué pasa? —preguntó con voz trémula. Se sentía caliente y húmeda y su sexo henchido de anticipación. Se tironeó la camiseta hacia abajo, cohibida. —Lo siento —dijo Tyler, respirando tan fuerte que el aire le raspaba los pulmones— ¡Demonios, lo siento! —¿Por qué? No comprendo —dijo el a, con lágrimas en los ojos. Él negó con la cabeza, con los claros ojos más decididos que nunca. —Te prometí que esperaríamos hasta después de la ceremonia, pero te quiero toda para mí, señorita.


—Oh —dijo el a, ilusionada inicialmente con sus palabras, pero luego pensó que si él la deseaba tanto como el a a él, se olvidaría de las fechas. Él se estaba poniendo la bata. Tenía que detenerlo—. ¿No te vienes a la cama? —Si me quedo un segundo más en esa cama contigo, señorita —dijo, lanzando una carcajada sin humor. Se pasó la mano por el cabel o—. No creo que pueda dormir aquí esta noche. —¿Dónde vas? —dijo el a. Sentía el cuerpo l eno de energía, dispuesto a cualquier misterio que Tyler le quisiese ofrecer. —Cerca. Estaré en el sofá. —Por favor, quédate —el susurro se quedó suspendido en el aire entre los dos. Él titubeó, mirando el sitio en la cama donde había estado hasta hacía un segundo. —No. Créeme, no puedo. No sería lo bastante delicado en el estado en que me encuentro —dijo él, y tocándose una imaginaria ala de sombrero con dos dedos, esbozó una tranquilizadora sonrisa—. Luego, señora. En ese momento Julie se dio cuenta de que lo amaba. Cuando él se fue, ella hundió su rostro en la almohada, inhalando su perfume y tocó el sitio junto a ella en la cama, aún caliente por su cuerpo. —Julie Parker —se dijo—. Para bien o para mal le has entregado tu corazón. A la mañana siguiente Julie se despertó sobresaltada, se puso la bata y corrió al salón, encontrando el sofá vacío. El corazón le dio un vuelco. Ya se había marchado al trabajo. —Buenos días. Se dio la vuelta, sonriente. ¡No, no se había ido!


Tyler la miraba por encima del hombro desde la cocina. Ya estaba vestido para irse a trabajar, había desayunado y estaba aclarando su taza en el fregadero. Esbozó una trémula sonrisa. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 61—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —No parece que hayas dormido demasiado —comentó el a, al verle las ojeras cuando se acercó a él. —Tú tampoco pareces demasiado descansada. Todavía es temprano. ¿Por qué no te metes en la cama un rato más? —se secó las manos y se acercó a ella, pero luego pareció pensárselo mejor. —Estoy acostumbrada a levantarme temprano —dijo ella—. Prefiero quedarme levantada. ¿Trabajarás todo el día? —lo único que deseaba en ese momento era convencerlo de que se volviese a meter en la cama con el a, si no en ese momento, más tarde. Sus ojos se cruzaron por encima de la encimera. La expresión de Tyler se intensificó, y luego se suavizó. Ella casi le podía leer los pensamientos. Casi. Le pareció que todavía la deseaba, y el pensamiento la alegró inmensamente. —Pensaba en tomarme la tarde libre —le dijo él, analizándola con la mirada —. Podríamos ir hasta la Meseta Lightfoot. Te gustará. Los españoles la incluyeron en


un antiguo mapa de la región. A la entrada de una cueva, hay una estructura de adobe que Shane cree que fue construida alrededor de 1795 por nuestros ancestros papagos. Desde allí se pueden ver kilómetros y kilómetros de desierto. Es un sitio hermoso. —Me encantaría —dijo ella, sonriendo. —Bien —dijo él, cruzando rápidamente frente a ella para ir al salón y agarrar una bolsa de lona que parecía contener planos y una chaqueta de cuero. —Si estás aburrida, llama a Kate. A las ocho de la mañana ya estará levantada armando jaleo. Le harás a mi madre un favor si la sacas de la casa unas horas. —Quizás lo haga —asintió Julie, encantada con la idea. Tyler se dio la vuelta para mirarla una vez más antes de irse. —Me gusta como te queda el pelo de esa forma. Te favorece a la cara. Y luego se fue, y la habitación, de repente, pareció vacía. El mundo pareció vacío. —Que Dios me ayude —gimió, dejándose caer sobre el sofá, donde él había dejado sus sábanas dobladas en un montón. Hundió el rostro en el as e inhaló su perfume. No había sido su intención enamorarse de él. Se suponía que era una transacción de negocios. La única forma en que el amor funcionaba era si ambos se amaban de igual manera. Tyler quizá la toleraba, o incluso disfrutaba con ella en la


cama, pero no se estaba enamorando de ella. Sí, puede que momentáneamente estuviese interesado en enseñarle sexo. Eso era algo que a cualquier hombre le inflaría el ego, pero de eso al amor había un abismo. En cuanto se le fuese el entusiasmo inicial, la trataría de forma distinta. No creía que pudiese soportar ver la límpida y embriagadora luz de sus ojos apagarse. Lo más sensato sería marcharse en aquel momento, antes de que él dejase de ser dulce con el a. Marcharse antes de que el flirteo se convirtiese en aburrimiento y luego rechazo. Si el a rompiese el compromiso, no necesitaría por qué sufrir el dolor de su rechazo. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 62—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Pero se lo había prometido. Le había dicho a Tyler y a su familia que se casaría con él. Le había permitido que le comprase una sortija, había aceptado que su abuela le comprase el vestido de novia. Y Julie no había roto una promesa en su vida, así que tendría que quedarse a cumplirla. ¿Cuánto tiempo más podía arriesgarse a quedarse con Tyler en Pueblo? ¿Un mes? ¿Una semana? Quizá menos, suspiró Julie. ¿Y su bebé? ¿Podría quedarse en Pueblo lo bastante para que Tyler se lo diese? Si sucedía rápido, quizá pudiese aguantar hasta estar segura del embarazo antes de irse. Sí... si esperase lo suficiente... quizá podría irse a casa con su niño y los dulces recuerdos del corto tiempo que había pasado con el hombre más fascinante que había conocido en su vida. Al menos así, podría seguir viviendo.


Pero, ¿cómo se sentiría Tyler ante su abandono? Probablemente ni la echaría en falta. Tendría lo que había deseado en un principio: un certificado de matrimonio para contentar a su familia. Por lo que ella sabía, no se había hablado nada sobre cuánto tiempo tendría que permanecer casado. Devlin y Jasmine no podrían culparlo si su mujer lo abandonaba aunque él no hubiese hecho nada malo. Durante la siguiente hora, Julie ordenó la casa, limpiando lo que ya estaba inmaculado, con tal de l enar el tiempo. Sentía un peso en el corazón al pensar que ese hogar no sería suyo por demasiado tiempo. A las ocho llamó al rancho, esperando no despertar a nadie. La asistenta respondió alegre. —Hola, Louisa —dijo Julie—. Soy Julie Parker, ¿ya se ha levantado Kate? —Oh, sí, señorita Julie, está conmigo en la cocina, tomándose un café. Enseguida se pone. —¡Buenos días, querida! —sonó casi inmediatamente la voz de Kate—. Esperaba que me l amases pronto. Todos los preparativos van sobre ruedas, ¿estás emocionada? —Sí —replicó el a, dándose cuenta de que era verdad. La boda no le parecía real, pero no podía evitar sentirse ilusionada. —Tengo el traje aquí en casa. Es hermoso —dijo Kate—. ¿Estás lista para el ensayo y la cena esta noche?


Julie titubeó, un torbel ino de dudas volándole dentro de la cabeza como pájaros antes de una tormenta. —Supongo que sí, que estoy lista. —No pareces demasiado feliz. ¿Te pasa algo, querida? Julie se estremeció. Hasta una extraña le podía leer la mente. —Nada. Estoy un poco perdida esta mañana, eso es todo. Tyler se va a tomar la tarde libre, pero hasta entonces... —Sé exactamente lo que necesitas —exclamó Kate—. Te pasaré a buscar dentro de veinte minutos y nos iremos a un club exclusivo reservado para nosotras, las señoras. Hay un sitio discreto donde hacer un poco de gimnasia, una sauna y un jacuzzi. No puedes quedarte metida en la casita de Tyler todo el día, te volverás loca. Aquí puedes hacer un poco de ejercicio, conocer a algunas de las otras Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 63—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II mujeres de Pueblo, relajarte. Es más un club social que un gimnasio. Creo que te gustará. Julie nunca había estado en un club de esos. No podría haberse permitido la cuota mensual. Y dudaba sentirse cómoda en uno. Pero lo intentaría por Kate. —El club es mi segundo hogar en Pueblo, especialmente cuando Sterling está de viaje. Un poco de gimnasia tres veces por semana y puedo seguirle el tren a Lisa y pronto, espero, a mis otros bisnietos. ¿Pensáis tener niños pronto?


—Muy pronto, espero —respondió ella, sinceramente. Pero, ¿cómo podía decirle a esa encantadora mujer que, en cuanto concibiera, se l evaría al niño? —Oh, ¡qué maravilloso! —dijo Kate—. Apuesto que vuestros niños serán hermosos. —Sí —dijo Julie, pero no pudo evitar darse cuenta de cuándo la odiarían Kate, Devlin y Jasmine cuando se marchase de su mundo con el niño de Tyler. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 64—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Capítulo Siete —Allí está —dijo Tyler, señalando a través del desierto hacia una elevación de piedra rojiza en el horizonte—. La Meseta Lightfoot. Julie miró fijamente al sitio que los ancestros de él consideraban sagrado. —Qué majestuoso. —La familia Lightfoot guardó de esa meseta durante siglos. Pero cuando Natasha Lightfoot dio a luz sin casarse a mi padre y a mi tío, sus padres se negaron a que ella heredase esas tierras y se las vendieron a los abuelos de Brad Rowan. Mi prima Isabelle está prometida con Brad, y él se las dará como regalo de boda. —Qué idea más romántica —comentó Julie.


—Es lo menos que Rowan puede hacer —se encogió de hombros Tyler—. Su familia no le ha prestado atención en absoluto durante décadas, pero la cueva dentro de la meseta ha seguido siendo un sitio de retiro espiritual de las tribus locales. —No veo una cueva —dijo Julie, entrecerrando los ojos mientras escrutaba la elevación frente a el os. —La construcción de adobe que protege la entrada se hará visible en cuanto rodeemos un poco la meseta. Finalmente, Tyler detuvo la camioneta, se bajó de un salto y dándole la vuelta, abrió la puerta de Julie antes de que el a pudiese hacerlo. En vez de parecer más relajada cuando estaba con él, como había esperado, el a había vuelto a encerrarse en sí misma. Sin embargo, al preguntarle si había algún problema, el a le había quitado importancia. Cuando él pasaba por malas rachas, muchas veces había recurrido a la antigua cueva. Quizás a el a la ayudase también. —Cuando era pequeño, solía venir aquí a jugar con mis amigos. —¿Estás seguro de que está bien que yo entre? Como no soy papago... — preguntó Julie. —Tú eres la persona perfecta para estar conmigo aquí —le sonrió él, tomándola de la mano—. La leyenda dice que la cueva guía el corazón. Mis ancestros venían a la cueva a jurarse amor eterno. Según podía recordar, uno solo de sus parientes había incumplido esas promesas recientemente. Sus abuelos se habían separado durante los tormentosos años que siguieron a la trágica muerte de su hijo. Al menos las emociones no intervendrían en su matrimonio. Ni él ni Julie se lo podían permitir. Había otros intereses en juego. No tenía nada que ver con el corazón. Lo cual era afortunado, porque se podía imaginar amando


profundamente a una mujer como Julie. Si no se controlaba... pero se controlaría. Sin embargo, al tomarla de la mano y subir el pedregoso terreno siguiendo los pasos de sus antepasados, no pudo evitar sentir una atracción inexplicable, casi mística, por la mujer que iba a su lado. Tenerla a su lado, eso era lo que quería. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 65—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Julie nunca había tenido un protector en su vida antes, y él quería serlo. Si ella se abriese a él y aprendiese a confiar en él, haría todo lo que estuviese en su mano para estar al í para el a. «No porque la ame», les dijo silenciosamente a los espíritus que los observaban, «pero porque quiero ser su amigo». Encendió el farol de queroseno que había junto a la entrada de la construcción de adobe que protegía el acceso a la cueva. —La leyenda dice que cuando un hombre y una mujer están juntos en la cueva, unidos por el amor, y se juran fidelidad, nunca se separarán —dijo, levantando el farol y mirando como Julie daba la vuelta a la cueva, mirando y tocando las paredes decoradas con dibujos de animales y plantas o raspados en la superficie de la piedra con instrumentos punzantes. —Es un sitio maravilloso —susurró el a. Los ojos le bril aban enormes a la suave luz amarillenta del farol—. Se siente la presencia de generaciones aquí. Es


casi como estar en una catedral antigua... tan hermosa y tan íntima y tranquila. —Sí —dijo él, porque también lo sentía así. Pero también tenía otros sentimientos. Era como si estuviese siendo arrastrado a un destino que no había previsto. La sensación de unión con Julie se intensificó. ¿Era el matrimonio más que un estado legal y una complicación en su vida? Intentó luchar con la idea del destino tomando control de su vida. Impulsivamente, cruzó la cueva, tomó las manos de Julie en las suyas y se hincó en el frío suelo, tirando de ella para que también se arrodillase. —Juro por los espíritus de mis ancestros —entonó con burlona solemnidad —, tomarte a ti, Julie Parker, como mi única y legítima esposa. Respetarte... —¡No! —gritó ella, mirándolo horrorizada—. ¡No hagas eso! —sus hermosos ojos de color avellana se l enaron de lágrimas. Antes de que él le pudiese asegurar que estaba bromeando, ella se soltó de un tirón y se puso de pie. —¿Qué? Solo estaba tonteando. Ya sabes, por la magia que se supone que tiene este sitio —dijo, levantándose él también. Alargó las manos para tomarle las suyas, pero el a las apartó—. Son leyendas, como los cuentos de hadas de otras culturas. —No —insistió ella con sorprendente emoción—. No tendrías que tomarte a la ligera tus tradiciones —las lágrimas le corrían por el rostro y no se molestó en secárselas. —No lo hice con maldad —protestó él. Ella se dio la vuelta violentamente. Tyler se le acercó, la envolvió en sus brazos y la apretó contra su pecho


mientras el a lloraba suavemente. —Dime porqué este sitio y lo que acabo de decir son tan importantes para ti. —No te lo puedo explicar —se atragantó el a. —Inténtalo. —Tienes una familia tan maravillosa con unas tradiciones tan ricas —le dijo, mirándolo llorosa—. Daría todo lo que tengo por haber tenido una infancia como la tuya. La miró, asombrado. Lo decía en serio. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 66—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Perdóname —le dijo en voz baja—. A veces me olvido de la suerte que tengo —dijo, abarcándole la nuca con una mano y alisándole el cabello con la otra. Lo volvió a hacer, porque era tan agradable—. Perdóname, Julie. Ella levantó los ojos hacia él como un niño perdido y Tyler se preguntó si había algo más que el a seguía sin decirle y que se guardaba en el corazón. —Recuerda que mi familia pronto será tuya también —le susurró. Ella asintió con la cabeza, pero no dijo nada. Tyler se consoló pensando que pronto aprendería a comprender sus estados de ánimo y cómo tranquilizarla cuando el a se encontrara angustiada. Tenían tiempo... mucho tiempo.


Si Julie tenía temores, él los buscaría para vencerlos. No le parecía particularmente importante que ninguno de los dos pudiese decir las palabras que otras parejas decían: Te amo. Ni siquiera estaba seguro de que eso que se llamaba amor existiese en realidad. Pero quizá Julie tenía razón sobre las leyendas y los votos. Parecía haber alguna fuerza poderosa en ese lugar sagrado, algo que la atraía a él. Desde luego que él no quería ser irreverente. Solo había buscado una forma de romper la tensión. Tyler le levantó la barbilla y la miró a los ojos color del musgo con chispas doradas a la titilante luz del farol. —Será un placer volver a casa, donde me estarás esperando —murmuró. Ella le echó los brazos al cuel o y lo atrajo hacia sí con una fuerza tan inesperada que él no tuvo oportunidad de tomar aire antes de que su boca se cerrara sobre la de él. —¡No quiero... no quiero... no quiero irme! —exclamó, entre besos urgentes. —¿Marcharte? —rió él, apretándole los labios contra las leves líneas de preocupación de su frente—. No tenemos porqué ir a ningún lado. Podemos quedarnos aquí si quieres. Ella elevó los ojos hacia él como si quisiese decirle algo más, pero no lo hizo. —Sí —accedió finalmente—. Un rato. Aquí —dijo, e inesperadamente, retrocedió unos pasos y se quitó el grueso jersey por encima de la cabeza. Lo puso sobre el suelo de piedra y se sentó sobre él, alargando la mano para hacer que se sentase junto a el a en la suave lana. A él le hizo gracia que ella insistiese tanto en quedarse en la cueva.


—¿Sería muy ofensivo para tus antepasados si nosotros... ya sabes? — preguntó tímidamente. —¿Hiciésemos el amor en la cueva? —preguntó él, levantando una ceja interrogante. Ella asintió con la cabeza apresuradamente. —Supongo que cuando mi abuelo hablaba de las parejas que se juraban amor eterno —dijo él, lanzando una sonora carcajada—, se refería a una unión física, además de espiritual. Nosotros, los papagos, somos un pueblo muy apasionado. —¿Quieres? —¿Hacer el amor contigo en el suelo? —preguntó, alegrándose de que ella tuviese un nuevo cambio de humor, aunque de repente se dio cuenta de que no traía protección encima—. ¿Seguro que estás preparada? Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 67—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Sí —dijo ella, los labios apretados en una firme línea y los ojos mirándolo directamente a los suyos— No quiero esperar hasta la boda. —Pero no estarás cómoda en este suelo tan duro. No quiero hacerte daño. —No lo harás, Tyler —le dijo, esbozando una adorable sonrisa torcida. Sospechó que fue un intento de mostrar valentía—. Me pareció ver una manta en la parte de atrás de tu camioneta. —No sé cuánto durará el queroseno. Quizás una hora o dos.


—¿No bastará con eso? —preguntó el a inocentemente. Quiso tumbarse encima de el a en ese preciso momento. Estaba deliciosa con la luz del farol proyectándole sombras doradas en el rostro.. Pero él sabía que acabarían magullados y raspados por el suelo de la cueva si no iba a buscar la manta. ¡Sería mejor que no cambiase de idea antes de que él volviese! Tyler bajó la ladera corriendo hasta la camioneta y agarró dos mantas tejidas a mano apresuradamente. Cuando volvió, sin aliento y con la frente perlada de sudor, Julie se había quitado los zapatos y estaba arrodillada frente a una pared, pasándole la yema de los dedos a uno de los diseños. Parecía completamente en calma hasta que se dio la vuelta para mirarlo. Entonces, una pasión tan fuerte como el sol del desierto se fijó en él. Tyler titubeó un momento a la entrada de la cueva antes de sacudir las mantas y ponerlas una encima de la otra. —Nadie nos molestará —susurró. —Lo sé —dijo ella, sentándose en el medio del diseño del telar—. Uno se siente seguro aquí. —¿Más seguro que en casa? Ella frunció los labios y le lanzó una extraña mirada. —Sí, en cierta forma. Más que eso, parece que es el sitio adecuado para hacer un bebé. A él se le hizo un nudo del tamaño de Texas en el pecho al mirarla. Las emociones lo bombardearon. Quizá no era realmente deseo lo que había visto reflejado en sus ojos hacía un instante. Quizá todo lo que le interesaba a ella era el bebé que hacía tanto que deseaba. Una familia. Y él era el vehículo para


conseguir lo que quería. Era solo una herramienta. Se sintió rechazado con un aguijonazo tan fuerte como si el a lo hubiese golpeado. Casi se dio la vuelta y se marchó, pero se contuvo. No era ese momento de dejarse vencer por el orgullo masculino. Si Julie no lo quería, ¿qué tenía de malo? Él no lo había deseado al principio y no debería sentir que le faltaba algo en ese momento. Aquella tarde haría el amor a su Julie lo mejor que sabía. Al día siguiente se casarían y ambos lograrían lo que deseaban. Al menos él. El bebé, la parte del acuerdo de ella, quizá llevase más tiempo. —Eres consciente —dijo, echándose al lado de ella— de que una mujer no se queda embarazada a la primera, supongo. Quizá tengamos que hacerlo durante un tiempo —dijo. Con un poco de suerte, pensó, les llevaría meses... años. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 68—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Ya lo sé —dijo ella, con nueva timidez—. ¿Pero no crees que si tiene que suceder, sucederá aquí? Era adorablemente ingenua. Tanto, que le daba pena cambiarla. Pero completar su destino de mujer la iba a cambiar. No había dudas al respecto. —¿Quieres que haga algo? —preguntó el a, estirándose en las mantas y mirándolo con confianza.


—Sí —sonrió él—, besa a tu futuro esposo como si lo amases más que a tu vida. Los ojos se le agrandaron durante un segundo antes de que él bajase la cabeza y presionase su boca contra los frescos labios. Pero su sorpresa no duró mucho. Tyler sintió cómo alargaba el cuello, echaba la cabeza hacia atrás y abría la boca. La saboreó, con delicadeza al principio. Incapaz de satisfacerse, se hundió más en sus labios, con un ansia que lo sorprendió. Julie le pasó el brazo por el cuello y lo atrajo hacia sí, por encima de ella. De repente, no pudo recordar lo que ella llevaba, o dónde se encontraban. Solo existía para él su cuerpo. Lo demás se evaporó en una nube azul de pasión. La exploró con sus manos, deslizándoselas por debajo de las capas de ropa, buscando el calor de su piel por donde iban. Encontró sus pechos, le rozó con las callosas yemas de sus pulgares los ya enhiestos pezones, disfrutando cuando ella se arqueaba contra él. Cada beso pareció durar una eternidad, sin embargo ninguno era lo bastante largo para satisfacerlo. De repente sintió que ella era la agresora, la seductora, aunque el a no había hecho más que reaccionar a su contacto. Nunca se había sentido de esa forma antes y se sorprendió por el o. También se sintió confundido, porque le gustaba esa sensación de haber perdido el control. Todo parecía nuevo, fresco, intensamente erótico, prohibido y, sin embargo, perfectamente natural. Desde luego que había habido otras mujeres. Demasiadas quizás. Pero Julie tenía algo especial. Una conexión primaria pareció crecer entre los dos,


llenando la cueva. Ella tenía igual ritmo y ansia que él, haciendo que aumentase la suya propia. Tyler le levantó la blusa y le deslizó el sujetador por encima de sus pechos. Un ligero estremecimiento de ella le recordó lo nuevo y misterioso que era para ella. —No te haré daño —dijo suavemente, bajando la cabeza para besarla desde el ombligo hacia arriba por la suave piel—. Quiero besarte por todos lados. Por todos lados —le repitió con énfasis. —Oh —dijo el a. Era una combinación de gemido y exclamación de sorpresa. —¿Quiere eso decir que sí o que no? —Ah ...oh, Dios... —lanzó ella un profundo gemido cuando la boca de él se cerró en torno a su pezón y tironeó del oscuro círculo entre los dientes—. Sii i ... — dijo ella roncamente cuando todos los músculos se le tensaron, de la cabeza a los pies. Él disfrutó jugueteando sin piedad con sus pechos con la punta de la lengua y los dientes hasta que la respiración de el a se hizo entrecortada y jadeante. Hasta que Julie lanzó un agudo ^alarido que ahogó metiéndose el puño en la boca. Él no estaba seguro de que ella se diese cuenta de lo que significaba lo que acababa de suceder, ese primero de los muchos clímax que le causaría. Pero estaba encantado


Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 69—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II de su respuesta. Sintió una oleada de poder, seguida inmediatamente por una voz de advertencia: Despacio, despacio. Demasiado pronto y la asustaría. No quería tener que interrumpirse como la otra noche. Por encima de todo, no quería que ella se sintiese indigna, sucia o utilizada. Tyler necesitaba que ella supiese lo mucho que la quería proteger, pero no estaba seguro de cómo demostrárselo. Lentamente, la desvistió prenda por prenda, hasta poder ver cada centímetro de su piel pálida a la dorada luz del farol. Era la primera vez que nada la separaba de él. Le acarició el costado del cuerpo, por la cintura, y lentamente para disfrutar de la curva de su cadera. La palma de su mano le cruzó el muslo para agarrarla. Allí, se forzó a esperar y mirarla a los ojos vidriosos... y sostenerle la mirada. Lo suficiente para hacerle saber que seguía teniendo el poder de acabar con eso con un ligero movimiento de cabeza. Ella sonrió, y luego dejó que sus ojos se cerraran. Tyler alargó los dedos cautelosamente hacia el delicado centro de su femineidad. Encontró lo que suponía. Julie ya estaba empapada de su respuesta a él.


—¿Qué voy a hacer contigo? —susurró, sonriéndole—. Ya me llevas uno de ventaja. Ella abrió los ojos, asombrada. —Pero tú ni siquiera... ¿Quiere decir que ya se ha acabado? —Ni lo pienses, querida —dijo él, sacudiendo la cabeza de lado a lado lentamente. Ella esbozó la sonrisa más dulce que él había visto en su vida. —Entonces, bésame, futuro esposo, como si me quisieras más que a tu vida. La besó con tanto sentimiento que él mismo casi se creyó que era verdad. Y mientras la besaba más y más profundamente todavía, subió sus dedos por los delicados pliegues de la sedosa piel y presionó cuidadosamente contra el sello de su virginidad, hasta que lo sintió ceder. Ella lanzó un leve gemido de dolor. Cuando él intentó levantar su cabeza para mirarle el rostro y asegurarse de que estuviese bien, el a tiró de él y lo besó con fuerza. —¿Estás lista? —le preguntó él finalmente. Sabía que la había preparado físicamente, y esperaba que emocionalmente todo saliese bien. Si hacía algo demasiado rápido, con demasiado fuerza o demasiado... lo que fuese, la asustaría, nunca la recuperaría y nunca se perdonaría por haberlo hecho. Como respuesta, el a le bajó la cremallera de los vaqueros y lo tocó tímidamente. La columna de su masculinidad se percibía claramente por debajo de


la tela de los calzoncil os. Ella lo miró, como pidiéndole permiso. Él le guiñó un ojo. Ruborizándose, ella lo rodeó con la mano. A través de la tela, él la sintió temblar y una l amarada de fuego lo recorrió. Deseaba hundirse en ella inmediatamente, pero, a la vez, quería que ese momento durase para siempre. Esos breves momentos antes de que el a finalmente comprendiese de lo que se trataba. Esos preciosos segundos antes de que perdiese la inocencia para siempre y ella se diese cuenta de que él era un hombre más. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 70—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Porque en aquel momento el a lo miraba como si hubiese sido un dios y al día siguiente él sería solo Tyler Fortune, un hombre que podía interpretar un plano y soldar una viga. Deseaba desesperadamente que ese brillo de adoración no desapareciese de sus ojos. Tyler se deslizó los vaqueros y los calzoncil os por las caderas, revelándose a el a al completo, henchido de necesidad. —Tyler —susurró ella y alargó la mano, menos tímidamente que antes. Cuando sus dedos lo agarraron esa vez, los sintió cálidos y firmes. Ya no temblaban. Ella le deslizó la mano por toda su longitud y Tyler echó la cabeza hacia atrás y cerró los


ojos en éxtasis. Rápidamente le agarró la mano, deteniendo su movimiento. —¿He hecho algo mal? —le preguntó, preocupada. —No —logró decir él—. Eso estuvo... perfecto. Pero, hazlo una vez más y hoy no engendraremos bebés. —¿Ah, sí, no? —sonrió el a, y su expresión un poco maliciosa lo preocupó un poco. Ya estaba aprendiendo. —Sí, ah sí —repitió él, besándola rápidamente en los labios y volviéndola a echar en la manta. Una vez que estuvo encima de ella, la miró a los ojos y dijo —: Ahora puedes soltarme. Ella lo hizo pero su mano, intencionadamente, estaba seguro, le rozó la piel sensible, haciéndolo dispararse hasta la estratosfera. Era una amante nata. ¿Cómo podía habérsele ocurrido que hacer el amor con Julie le resultaría pesado? Aquella era una responsabilidad de la que disfrutaría durante mucho tiempo. Pero en ese momento tenía que concentrarse en hacer que esa primera experiencia fuese lo más especial posible. Ella ya había tenido un clímax, al menos. Quería averiguar cuántas veces eran lo correcto para él. Una vez era lo que él necesitaba generalmente. Con el a, sentía la tentación de probar más veces. Pero lo


mejor sería que la satisficiese a ella antes de buscar su propio placer. Ella le apoyó ligeramente las manos en las caderas mientras él se metía suavemente entre sus muslos. Sintió que el a se ponía tensa un instante y luego se relajaba cuando sus ojos le buscaron los suyos y encontraron su expresión tranquilizadora. —No te volverá a doler —le susurró—. Ya me he encargado de ello. Ella asintió con la cabeza y se abrió a él, que se introdujo lenta y suavemente. Pronto llegó a su límite. —Soy demasiado pequeña —susurró ella, disculpándose. —Eres perfecta. —Pero tú... —... y yo encajamos perfectamente —le acabó la frase—. Y cuantas más veces te haga mía, más lejos podré ir, hasta que me puedas recibir entero. Sucederá, créeme. Tyler le retiró unos mechones del rostro delicadamente, le besó con ternura las dos ruborizadas mejillas, la dulce boca, el sedoso cuel o. Se movió dentro de el a con el ritmo eterno que une al hombre y la mujer, haciendo una euforia con el legado de amor que se transmite a la siguiente generación. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 71—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II


Sintió cómo el a levantaba instintivamente sus piernas largas y elegantes y le abrazaba las caderas con el as, abriéndose un poquito más, dándole más cabida. Él se contuvo lo más que pudo, disfrutando con su fuego y sus dulces gemidos, enterrando su rostro en la suave curva del cuello mientras perdía la cuenta del número de veces que ella se elevaba en éxtasis y luego se relajaba, para elevarse nuevamente. Las llamas lo envolvieron y quemaron, quemaron, quemaron... hasta que lo único que sintió fue una presión en sus ingles y un fuego tan intenso que se consumaría en cualquier momento. Sintió que Julie temblaba violentamente y luego lo apretaba dentro de sí mientras volvía a tener un clímax. Sería inútil intentar contenerse más. Arqueó y alargó la fuerte espalda, apoyándose en las palmas de las manos. Y cuando la penetró con fuerza una vez más, no pudo contenerse más. De entre sus labios brotó un grito de guerrero que llenó la cueva mientras Tyler Lightfoot Fortune tomaba a su mujer bajo la mirada aprobadora de sus antepasados. A Julie le pareció que alguien, en algún momento de su vida, tendría que haberla preparado para aquello. O quizá no había forma de comprender las sensaciones, los matices, las alturas y los abismos, las increíbles sensaciones que asaltaban a una mujer cuando se liberaba para estar con un hombre. Todas las reservas que tenía habían volado de su corazón en el momento en que Tyler comenzó a hacerle el amor esa tarde. Nunca había vuelto la vista atrás. Nunca había cuestionado si lo que hacía era correcto, inteligente o arriesgado. No es que dejase de lado sus temores intencionalmente, porque confiar en él era algo que no podía evitar hacer. Era la primera vez que se había permitido experimentar una situación sin analizar, encontrar una excusa, o sentirse rara.


En los brazos de Tyler, unida a él, había simplemente existido en el nivel más sublime imaginable. Se quedó muy quieta bajo él, sintiéndole latir el corazón casi tan rápido como el de el a, pero con una resonancia más profunda. Sintiéndolo inspirar y soltar el aire con esfuerzo. La apretaba con su peso, pero a el a le gustaba la presión. Lo seguía sintiendo henchido y duro dentro de sí, y eso también le gustó. Intentó imaginarse yéndose sola de la cueva, sin Tyler tocándola, quedándose con el a, siendo parte suya, y no pudo. Se preguntó si él sentiría eso también, esa magia. Apenada, supuso que no. Se suponía que los hombres funcionaban sexualmente sin todo el bagaje emocional que las mujeres añadían a las relaciones físicas. Levantó una mano y se la apoyó ligeramente en la nuca, tocándole el corto cabello, disfrutando de las últimas sensaciones de su cuerpo, dentro y fuera de ella. Había cumplido con su compromiso, incluso antes de la boda. Si ella se quedaba embarazada como resultado de esa vez, no necesitaba volverla a tocar. Aunque él había estado increíblemente cariñoso, estaba seguro que la mayoría de las cosas que le había dicho eran para tranquilizarla y ponerla cómoda. Los hombres como Tyler Fortune, que salían con modelos, herederas e hijas de poderosos políticos no se volvían locos por modestas bibliotecarias. Sin embargo, parecía que él se lo había pasado bien, y si ella interpretaba bien la postura inerte en que se hallaba, estaba totalmente satisfecho. Una pequeñísima


parte de sí misma se felicitaba. Quizá no volviese a suceder nunca, pero estaba segura de que no había desilusionado al hombre de su vida. Sonrió. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 72—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —¿Qué es lo gracioso? —le murmuró Tyler al oído. —¿Cómo sabías que estaba sonriendo? —Sentí que se te movían los músculos de la cara. —Quizás estaba haciendo una mueca porque me estás aplastando —le dijo el a. —¿En serio? —comenzó a levantarse él. —No. Solo bromeaba. —Me lo temía. —¿Qué? —le preguntó ella, preocupada por su tono de voz. —Ya te he cambiado. Antes de que hiciésemos el amor, eras incapaz de bromear... no tenías ni un ápice de sentido del humor. —¿Cómo? —exclamó ella, empujándolo. Pero al caer hacia atrás y rodar hacia un costado, se reía. —¿Ves? Otro cambio. Tu naturaleza inherentemente violenta se está dando a conocer. —Puede que sea muchas cosas, pero violenta, eso sí que no —rió ella, feliz.


Entonces, él pareció alejarse de el a, solo durante un momento mientras se metía la camisa por los pantalones. Ella se vistió también y luego permaneció sentada, esperando que él le dijese algo. Pero él estaba de pie en el medio de la cueva mirando las paredes como si buscase un mensaje personal en el as. —¿Pasa algo? —le preguntó ella. —No, —se encogió él de hombros—. Solo que te tendría que haber explicado algo de mi historia antes de que hiciéramos esto. La pasión y el humor deliciosamente íntimo, de repente parecieron a kilómetros de distancia. Ahora vendría el momento en que le rompería el corazón. —Has estado con otras mujeres —murmuró—. Está bien. —No está bien —dijo él, tenso—. No quiero que te preocupes por ciertas cosas. ¿Qué intentaba decir? —No te comprendo. —Como te he dicho, yo me he ocupado de que me crean un donjuán. Era conveniente. Hasta ahora, esa imagen alejaba al matrimonio —hizo una pausa —. Quiero asegurarte que hace más de seis meses desde mi último... encuentro —le sonrió diplomáticamente—. Y que cuando me decidí a usar Almas Gemelas, le pedí a mi médico que me hiciese los exámenes pertinentes porque quería poderle decir a mi futura esposa que era perfectamente sano, aunque siempre había practicado el sexo seguro y sabía cuáles serían los resultados. —No se me hubiese ocurrido nunca hacerme las pruebas.


—En tu caso, no era necesario —sonrió él, como si el o le causase placer. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 73—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Julie se quedó sentada en el suelo de la cueva, poniéndose los zapatos y observándolo. Le quería preguntar si había cumplido sus expectativas, pero no sabía cómo hacerlo. —Me lo dirías, ¿no, Tyler?, quiero decir, si no fuese buena... ya sabes... Él se rió tan de buena gana que ella sintió un calorcil o en las entrañas. —Mi querida mujer, no tienes ni idea de lo maravillosa que eres, ¿verdad? La levantó en sus brazos y la apretó en un enorme abrazo de oso. Y cuando el a estuvo a punto de ponerse azul por falta de oxígeno, la separó de sí para mirarle la cara como si quisiese grabarse en la memoria cada pestaña, cada detalle de su suave contorno. —Será mejor que nos vayamos ahora. No quiero que llegues tarde a la cena familiar. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 74—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Capítulo Ocho


Julie se despertó la mañana de su boda con el sonido del teléfono. A su lado, Tyler se movió en la cama para contestarlo. —No, no vengas aquí. Estoy de acuerdo en que tenemos que hablar, pero... — dijo con voz tensa mientras se pasaba los dedos por el pelo revuelto. Julie se levantó y se puso la bata. Fue a la cocina a hacer café para que él tuviese intimidad durante lo que parecía ser una conversación importante. Cortó unas rebanadas de tarta de café con nuez que había hecho el día anterior y luego puso la íntima mesita de roble de la cocina. —Bien, claro que es importante —oyó que Tyler decía en el dormitorio—. Por eso estaba a punto de sugerir que nos reuniésemos en la obra. Puedo estar allí en veinte minutos. Julie suspiró al sentarse y tomar un trago de café. ¿Pensaba trabajar el día de su boda? Tyler colgó con estrépito. Un momento después, aparecía en el salón en calzoncil os. A pesar de que él no estaba con espíritu romántico en absoluto, Julie sintió una oleada de calor al verle el amplio pecho y el estómago plano y musculoso. Los recuerdos de la noche anterior la asaltaron. Habían hecho el amor otra vez después de la cena. —Hay problemas —dijo, sin necesidad de preguntar. Tyler asintió con la cabeza, frotándose el puente de la nariz con un nudillo. —Era Link Templeton. Parece que ha encontrado más pruebas de que la muerte de Mike Dodd no fue accidental.


—¿Entonces, no hay dudas de que lo mataron? —preguntó ella, bajando la taza. —No, pero hasta ahora no parece haber un motivo lógico. Mike era un tipo muy trabajador. Se l evaba bien con todo el mundo. —Bien, entonces tendrás que ir —dijo ella con pena, mirando las dos tazas de café sobre la mesa. Era tan agradable poner la mesa para dos, en vez de uno. —Tenía esperanzas de que pasásemos la mañana juntos —dijo él, como si le leyese los pensamientos. El brillo de sus ojos la ilusionó—. Solos. Aquí. Ella sintió que enrojecía. Con solo pensar que hacía el amor con Tyler, le subía la presión. —Quizás —sugirió tímidamente— haya tiempo más tarde. —Kate ha montado el jaleo para la una —le recordó. Julie se puso de pie y dio la vuelta a la mesa para abrazarle el cuello. —¿Quizás puedas volver dentro de una hora? —se sentía decididamente traviesa y le encantaba esa nueva emoción desconocida antes. —Espero que sí —dijo él tomándola por la cintura y acercándosela a sí—. ¿Estarás aquí? Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 75—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Desde luego —sonrió Julie. Él la besó y luego volvió al dormitorio a vestirse. Al salir por la puerta la besó nuevamente, pero el a se dio cuenta de que ya tenía la mente en otro


lado. Ella se quedó en el ventanal mirándolo irse y una sensación de pérdida profunda e irreparable la envolvió. Antes de saber que amaba a Tyler Fortune, había podido mirar su relación con él de forma tan simple. Pero él le había hecho el amor. No habían tenido solo sexo, el acto físico para engendrar un bebé. Habían hecho el amor, al menos el a sí que lo había hecho. Y por más que lo razonara, ello no podía olvidarse de lo que sentía por él en ese momento. Él le había l enado un vacío en su vida. Hacía que le resultase más fácil sonreír, tener esperanzas, soñar e incluso le parecía a veces que hasta respirar. Tyler Fortune la poseía. Ya no era su propia persona. Y eso la aterrorizaba. Si él la abandonaba alguna vez porque se enamoraba de veras de otra mujer... el a lo seguiría amando. Si él se cansaba de ella y dejaba de tocarla en sitios mágicos, lo seguiría deseando.; Si él se sumergía en su trabajo durante meses, olvidándose de que el a existía, no le haría ninguna diferencia a la forma en que ella sentía. Era parte de ella, dentro de su cuerpo y su mente, lo tenía envuelto en el alma. Otro pensamiento, igual de amenazador, se le ocurrió: ¿Y si algo terrible le ocurría a Tyler? ¿Algo que lo apartara de ella aunque él quisiese quedarse? Si era verdad que alguien había matado al capataz, entonces ¿qué impediría que esa persona volviese a matar? Tyler mismo lo había dicho: nadie sabía el motivo del asesinato. Y él también le había dicho que había oposición al hospital. Si alguien era tan loco como para matar a una persona con la esperanza de parar la obra, ¿había alguna razón por la que el asesino no siguiera matando? ¿Y qué mejor objetivo que


Tyler, el brazo fuerte detrás del proyecto? Una mano de hielo la atenazó, estrujándola hasta que todos lo adorables recuerdos de su cuerpo, su risa, su contacto desaparecieron. Si algo le llegaba a ocurrir a él, el breve atisbo de felicidad que ella había conocido nunca se repetiría. Julie miró por la ventana, apoyándose contra el marco de madera. Tan fácilmente... podía desaparecer todo. Sin embargo, ¿por qué la molestaba, cuando el a ya se había hecho la idea de marcharse antes de que Tyler o el destino le pudiesen propinar un golpe del cual no se recuperaría nunca? El cuarteto de cámara tocó un adagio de Bach cuando Julie salió al jardín y Adele le extendió la cola del vestido en abanico. Un camino de seda blanco se extendía desde la puerta del patio hasta el improvisado altar frente a una fuente de piedra. Lisa iniciaba la procesión echando pétalos de rosa delante de ella. Cuando los invitados se dieron vuelta para mirarla, Julie se sorprendió por su número. Eran todos desconocidos, excepto los parientes de Tyler que ya le habían presentado y algunos amigos de Houston. Sus primos de la costa este no habían podido viajar. Gracias a Dios que Kate no había seguido la tradición de sentar a los parientes de la novia de un lado y a los del novio del otro. El corazón le latió más rápido cuando miró al ministro, casi esperando que Tyler no se encontrase allí. No lo habría culpado si él se hubiese arrepentido en el último momento. Después de todo, ¿quién era el a para merecerse que la tratasen como a una princesa? Escaneado y corregido por dulceelaine


Nº Paginas 76—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Pero Tyler se hallaba al í. Estaba al í y estaba guapísimo con el chaqué negro que se ajustaba perfectamente a sus anchos hombros. Esbozaba una sonrisa que se amplió cuando sus ojos se encontraron. Julie sintió que se derretía. —¿Lista? —le preguntó Devlin Fortune y la tomó del brazo justo a tiempo. Sus ojos reían como si supiese lo nerviosa que se hallaba. ¿Qué estaba haciendo allí, por el amor de Dios? ¿Cómo se le había ocurrido alguna vez que podría llevar a cabo esa estratagema? Quizá solo hubiese sido cuestión de que Tyler y ella se casasen y se fuesen a vivir a otro pueblo donde nadie los conocía. Pero no solo se casaba con él. También lo hacía con esa magnífica familia, con su historia, sus tradiciones y expectativas. ¡No podía hacerlo! ¡No era capaz! —Eres mucho mejor de lo que él se merece... y todo lo que se merece —le dijo Devlin, su voz penetrando el torbellino de emociones cuando los violines comenzaron a tocar la marcha nupcial—. Eres lo mejor que le ha podido ocurrir a ese chico. Lo miró fijamente, l ena de asombro, pero la idea de discutir con él ni siquiera se le ocurrió. Sus palabras tenían cierta autoridad. Si él creía en el os como pareja, quizás tuviesen una oportunidad. Quizá. —Gracias —susurró. Bajando la vista hacia el río de seda a sus pies, Julie dijo una plegaria silenciosa y luego comenzó a andar del brazo de su futuro


suegro. Había algo indefinible en la mirada de Tyler mientras la miraba acercarse. Se preguntó si estaría recordando la cueva, pensando en sus cuerpos entrelazados a la luz del farol, unidos en un mismo espíritu. Pasase lo que pasase en el futuro, nunca olvidaría la expresión de sus ojos cuando la hizo suya. Nada la haría olvidarse de ese hermoso momento. Julie se dio cuenta de que habían l egado al altar. Antes de marcharse de su lado, Devlin le estrechó la mano y se la entregó a Tyler, que la apretó entre sus dedos, acercándola a su lado. De repente, todo pareció suceder tan rápido que a Julie le resultó imposible recordar los detal es. La música se detuvo, el ministro hablaba. La gente se puso de pie, luego se sentó. Más música, más charla. Todo el tiempo, la mirada tranquilizadora de Tyler en la suya, reconfortándola. Oyó las palabras del ministro, pero no comprendía lo que quería decir. Era como si estuviese escuchando a alguien hablar un hermoso idioma extranjero, solo distinguía los sonidos y los tonos de voz. Cuando, por fin él se interrumpió y la miró, expectante, el a miró a Tyler, que le sonrió y asintió con la cabeza. —¡Sí, quiero! —murmuró ella. —Y tú, Tyler Benjamin Fortune, tomas a Julie Anne Parker como tu...


—Sí, quiero —se apresuró a decir Tyler. El ministro sonrió ante su prisa y, una vez intercambiados los anillos, el pastor los declaró marido y mujer. Tyler la tomó en sus brazos y la besó profundamente en la boca, hasta marearla y dejarla sin aliento. Los primos Fortune gritaron alentándolos y la concurrencia se puso de pie para aplaudirlos, mientras Julie y Tyler se iban al umbrío patio detrás de la casa. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 77—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Ya vez, señora Fortune, ¿no te dije que mi abuela organizaría una boda por todo lo alto? —dijo Tyler, con fingida seriedad. Los ojos le brillaban y Julie hubiese jurado que se estaba divirtiendo. —¡Nunca soñé que habría tanta gente! —exclamó, sin aliento. —¿Has visto al gobernador y su esposa sentados junto al rosal? —¡No me tomes el pelo! —rió ella, golpeándole el pecho con el puño. —¡Es verdad! Estaban sentados junto al senador Davies y su mujer. No te enumeraré el resto de las personalidades, si el o te molesta. Julie sintió que se ahogaba. El corazón se le había acelerado, pero no de miedo, sino de una alegría desbordante. No se lo podía creer, pero era real. Estaba


que reventaba de orgullo por no haber cometido ninguna torpeza y se lo iba a decir a Tyler cuando Kate entró al patio, seguida de Devlin y Jasmine. —¡Oh, estabais tan guapos los dos allí arriba, que casi me echo a llorar! — exclamó. —Sí que lloraste —bromeó Devlin. —¡Qué va! —dijo el a, con la cara radiante de alegría—. Ahora, vosotros, al vestíbulo para tomaros las fotografías. Los invitados os estarán esperando en el salón. Si hubiese sabido que el tiempo estaría tan bueno, lo habría planeado fuera, pero... supongo que a ti te da igual, mientras puedas escaparte lo antes posible con tu esposa. —¡Cómo me conoces, Kate! —rió él, dándole un abrazo de oso. Julie se ruborizó mientras trataba de evitar la mirada de Tyler. Los músicos entraron y comenzaron a tocar una selección de temas de Chopin mientras les hacían las fotografías. Cuando Tyler y Julie se unieron a los invitados otra vez, los camareros ya circulaban con bandejas de exquisita comida fría y caliente. Tyler se mantuvo al lado de Julie todo el tiempo mientras los invitados se acercaban a felicitarlos. De repente, los músicos comenzaron a tocar un vals y la pista se despejó. Todo el mundo buscó con la mirada a Tyler y su esposa. —Oh, no —susurró Julie—. Yo no sé bailar el vals.


—Pues, nunca mejor momento para aprender —sonrió Tyler maliciosamente —. Tú sígueme. Tyler bailaba como hacía todo lo demás. Para él, era como otro deporte, que hacía con la misma atención que ponía en levantar un edificio: la barbilla en alto, la mirada al frente, la pareja firmemente sujeta en sus brazos. Se movía con soltura por la sala y Julie no tuvo que pensar apenas en lo que sus pies tenían que hacer para seguir los pasos elegantes. Cuando la música paró y los rostros de los invitados dejaron de girar alrededor de ellos, Julie jadeaba y rió regocijada cuando la concurrencia aplaudió y silbó su aprobación. Entonces, todos se unieron a ellos y la pista de baile se l enó. Tyler se la l evó aparte y, tomando dos copas de champán, le ofreció una, que golpeó ligeramente con la otra. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 78—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Por la novia, que no solo es ligera de pies, sino también divertida. —¡No sabía que bailabas tan bien! Fue genial. —¿Te he dicho ya que eres una novia preciosa? —No soy preciosa, es el vestido —dijo ella, mirando dentro de su copa.


—No seas boba —murmuró él. Ella lo miró a los ojos, temiendo que él estuviese enfadado con ella, pero la expresión de él era tierna y pensativa cuando acabó su copa y la dejó en una bandeja. —No tienes ni idea, ¿verdad? —le dijo, rozándole la mejil a con el dedo—. Pocas mujeres resultan atractivas sin maquillaje, pero tú sí. Y, cuando añades un toque de lápiz de labios y un peinado que quita el hipo, estás arrebatadora. Ella sospechó que él lo decía por hacerla sentirse especial el día de su boda. Siempre recordaría lo bueno que había sido con el a, su consideración. Su aceptación de ella tal como era, sin el roce o la sofisticación de esas mujeres con las que estaba acostumbrado a... ese era un tesoro que siempre guardaría en su corazón. La fiesta continuó. Finalmente, cuando Julie sentía que no podía comer un bocado más o dar otro paso de baile, Tyler se inclinó hacia el a. —Ha l egado el momento de irse, señora Fortune —le susurró al oído. Señora Fortune. La señora Julie Ann Parker Fortune. ¡Qué elegante le parecía! Tyler la tomó de la mano y la llevó a una esquina de la habitación, donde se encontraban sus padres. —Nos has hecho muy felices —le dijo Jasmine, besándola en la mejilla. Devlin le estrechó la mano a su hijo, reventando de orgul o. Les tiraron arroz y les gritaron felicitaciones mientras corrían hacia la puerta. Pero Tyler se detuvo de golpe ante la escalinata, bajando la vista hasta el camino circular de entrada a la casa.


—Dios santo. Frente a la casa se encontraba la camioneta de Tyler, adornada con tiras de papel azul. Del parachoques de atrás pendían réplicas de herramientas recortadas en latón. —Parece que tu hermano ha estado ocupado —comentó Julie. Riéndose a carcajadas, Tyler la ayudó a sentarse y meter la cola del vestido en el asiento del acompañante, pero en cuanto estuvieron fuera de vista de la casa, detuvo la camioneta. —¿Qué haces? —Pongo a mi coche en condiciones —dijo él, bajándose para arrancar las tiras azules y los ruidosos trozos de metal. Abrió la guantera y sacó un trapo, con el que borró las palabras «Recién casados» que estaban escritas con jabón en el cristal trasero. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 79—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Algo en el interior de Julie se rompió, porque su, comportamiento le indicaba que estaba haciendo algo más. Se había acabado la parodia. Tenía la esposa que le garantizaría su parte en la propiedad de los Fortune. No tenían más necesidad de simular para los invitados. Fue una fiesta hermosa —murmuró Julie cuando él se volvió a meter en la cabina. Él la miró de costado y gruñó algo ininteligible. Su corazón se achicó un


poco más, se enfrió, se hizo más sabio. Condujeron hacia el pueblo varias millas más antes de que Tyler volviese a hablar. —Mira, me han quedado un montón de cosas que resolver en la obra. Supongo que ya que decidimos no tomarnos una luna de miel, no importa lo que hacemos con el resto del día. —Su... supongo que no —susurró Julie, luego recordó lo que Kate la había dicho sobre enfrentarse al obcecado de su nieto. Si ella no le indicaba lo que sentía y necesitaba, se sentiría desgraciadísima. Pensó en las palabras adecuadas que le hicieran comprender lo desilusionada que se sentía de que no estuviesen juntos su noche de bodas. —Escucha —dijo él, titubeante—. No tenía pensado dejarte sola tan pronto, no te molestes. Lo que pasa es que hay tanto que hacer, y tan poco tiempo — dijo Tyler, deteniendo la camioneta frente a la casa, pero sin bajarse. —Comprendo —dijo ella rígidamente, recogiendo su enorme falda de satén como si estuviese, recogiendo ropa limpia. ¡Demonios, ni siquiera entraba con ella. Tendría que cruzar el umbral sola el día de su boda! Tyler la agarró del brazo antes de que pudiese salir. —No comprendes lo importante que es esto, Julie —le dijo. —Oh, sí.


—¡No! —dijo él con fiereza, tirando de el a a través del asiento para tomarla en sus brazos de repente. La besó posesivamente en la boca—. Te lo prometo. Esta noche te demostraré dónde quiero estar en realidad. A Julie se le agarrotó la garganta y se le secó la boca de anticipación. Levantó los ojos hacia él y se asustó al ver el deseo abrasador de sus ojos. Una emoción que no tenía nada que ver con accidentes, construcciones o investigadores. —¿De verdad? —susurró. —En serio. Y no te preocupes en preparar nada para la cena. Traeré algo que podamos compartir... en la cama. Las noticias no eran buenas. Link Templeton se paseaba por la oficina de Tyler en el edificio Fortune, sacudiendo la cabeza rubia mientras miraba el suelo que pisaba decidido. —No sabes cómo siento arruinarte el día de la boda, pero pensé que tú y Jason teníais que saberlo. Y te digo que estoy casi seguro que fue hecho por alguien de la empresa. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 80—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —¿Qué dices? —preguntó sorprendido Tyler, después de mirar primero a Jason y luego al investigador que la familia había contratado para demostrar rápidamente que la muerte de Mike Dodd había sido un accidente—. ¿Que uno de mis obreros mató a Mike?


—Lo que quiero decir es que fue planeado. Lo que yo creo es que conocían a Dodd y conocían la obra. Y todos son sospechosos. Hasta la familia. —¿Mi familia? —dijo Tyler, sin poder dar crédito a sus oídos—. Olvídalo — espetó—. Eso es imposible. —¿De veras? —Ningún Fortune tenía motivos para matar a Dodd. —Pues, hasta que averigüemos porqué manipularon al ascensor y qué fue lo que l evó a Dodd a la obra a media noche, no eliminaré a ningún sospechoso. Tyler se repetía las palabras de Link mientras conducía hacia su casa esa noche. Paró en un restaurante chino para comprar una variedad de comida y cuando entró por la puerta, tenía la cabeza l ena de las posibilidades. Confiaba en cada una de las personas que trabajaba para él, y nunca creería que un miembro de su familia fuese capaz de matar a alguien. Totalmente concentrado en sus pensamientos, entró al salón, pasó a la cocina y comenzó a abrir los recipientes de comida. —¿Te pasa algo? Le l evó un momento darse cuenta de lo que decía la dulce voz de Julie. —No, nada. —Pareces... enfadado. —Te he dicho que no es nada —gruñó—. Nada que no pueda solucionar. Cenemos antes de que se enfríe la comida.


Sacó con violencia unos platos del armario y cubiertos de un cajón. Dándose vuelta, los depositó con estrépito sobre la mesa de la cocina. Entonces se dio cuenta de que ella no se había movido de donde se hallaba mirándolo junto a la puerta de la cocina. La miró por primera vez esa noche... y se quedó perplejo al ver el camisón y la bata blancos que ella l evaba. Seda y encaje que llegaban hasta el suelo. ¿Por qué no l evaba su habitual camiseta larga? Tenía el cabello cepillado y brillante, y su único maquillaje era un poco de lápiz de labios pálido. Estaba hermosa, demonios. Entonces recordó... era su noche de bodas. La de él también. —¿Y? —gruñó—. ¿No tienes hambre? —No comeremos hasta que te calmes y me digas qué es lo que pasa —dijo el a, con una firmeza que lo sorprendió. —No pasa nada. —No me vengas con historias —dijo el a. Tenía la voz un poco tomada, pero no dejaría que él se saliese con la suya—. Es obvio que estás molesto por algo. Mantenerme al margen no hará que el problema desaparezca. ¿No crees que hablar de él quizás te ayudaría? —No comprendes —protestó él. Escaneado y corregido por dulceelaine


Nº Paginas 81—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Ella le dio la vuelta a la mesa y la seda y el encaje se movieron con el a, dejando entrever la tentadora piel, una sombra íntima, un rosado pezón. Se detuvo al lado de él y le acarició la mejilla de barba incipiente con el dorso de la mano, y luego le apoyó los frescos dedos en la sien, como si fuese un niño a quien le estaba tomando la fiebre. —Dame una oportunidad. Por favor. Si otra mujer le hubiese hecho eso, la habría mandado a la porra, pero el a era una Fortune, también. Y la expresión de los ojos de ella le decía que el a no lo hacía por chismosa o manipuladora. Quería ayudar. —Link tiene una nueva teoría sobre el incidente del ascensor —dijo, apoyándose contra la encimera—. Cree que alguien involucrado en la construcción del hospital está detrás de lo que sucedió. —Oh, Tyler, no —dijo ella, tocándole el hombro. —Link incluso insinuó que alguien de la familia podría haber tenido algo que ver. Pero no puedo creer... sin embargo, parece probable que fuese alguien que conocía la obra y tenía bastantes conocimientos técnicos para sabotear un ascensor.


—Lo siento —susurró ella—. Es terrible. —A mí me da la impresión de que alguien lo citó en la obra. No había ningún otro motivo para que estuviese allí tan tarde. Tenía que ser alguien en quien él confiaba, alguien por quien hubiese estado dispuesto a sacrificar su tiempo libre. —O quizás, él fue quien citó a alguien —sugirió ella. —Honestamente no veo el porqué —dijo él, agarrándole los dedos y llevándoselos a los labios—. Debo haber parecido un loco cuando entré. —No, solo un oso gruñón —dijo Julie suavemente. —No soy una compañía agradable cuando las cosas salen mal —rió Tyler ahogadamente—. No me gustan los errores, el descuido, el trabajo mal hecho, la ignorancia o el robo en el trabajo. Esto excede el peor problema que haya tenido nunca. Su corazón se contrajo por él. Era un hombre capaz, práctico. Veía un problema y se disponía a resolverlo. Cuanto antes, mejor. Pero en ese momento se encontraba indefenso y eso lo mataba. —¿Puedes hacer algo ahora? ¿Algo que puedas hacer para descubrir la verdad más rápido? —preguntó Julie, que ya sabía la respuesta, pero quería que él mismo la dijese. —Supongo que no —dijo Tyler, inspirando profundamente para luego soltar el aire entre los labios apretados—. Link es un detective capaz, según Shane. Ha encontrado más en unas pocas semanas que lo que nosotros sospechábamos nunca, aunque no sea lo que nosotros queríamos oír. —Cuando tú contratas a un fontanero o a un yesero, ¿te preocupas cuando


está haciendo su trabajo? —No —dijo, mirándola abatido—. Contrato gente capaz y dejo que haga su trabajo. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 82—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Y tú mismo has dicho que Link sabe lo que hace. —Comprendo a lo que vas —dijo él, asintiendo con la cabeza—. Tienes razón. Link tiene que hacer su trabajo, y yo tengo que hacer el mío, que no ha cambiado. Tengo que erigir ese hospital —suspiró, haciendo que a Julie se le moviesen los cabellos que le caían sobre la frente mientras lo miraba, observando su expresión —. Lo que pasa es que es duro, sabes, no poder controlar algo como eso. Se dio cuenta de que Julie lo acariciaba, recorriéndole los omóplatos, bajando por la espalda, quitándole la tensión por donde pasaban. Los músculos y las tensiones se soltaron y liberaron. Cerró los ojos y dejó que el a lo calmase. Ella le rozó con los labios el áspero mentón, luego el cuel o. Se sintió flotar. Estar con el a de esa forma no le resultaba ningún esfuerzo. —Qué agradable —murmuró. Tyler sintió que se comenzaba a mover por


debajo del cierre de sus vaqueros. —A ver qué cosas tan ricas tienes ahí —susurró ella. Tyler abrió los ojos de golpe, azorado. Julie miraba con expresión hambrienta los recipientes de comida. Alargó la mano para agarrar un plato. —No los necesitaremos —dijo el a. El leve tono de autoridad en su voz lo sorprendió. Julie agarró los recipientes y dos tenedores—. Pero podrías servir dos copas de vino —sugirió, yéndose al dormitorio. Tyler la miró irse, con la delicada bata notándole detrás. ¿Era esa la misma mujer que había conocido hacía poco tiempo? La apocada y nerviosa bibliotecaria virgen? No puede ser, pensó, moviendo la cabeza. Cuando l egó al dormitorio con las dos copas de vino, Julie había extendido una sábana extra sobre la cama para usar de mantel y abierto la comida. El aroma era delicioso: jengibre, hierbas, especias picantes. —Siéntate —le dijo el a, dando unas palmaditas a su lado. —Sí, señora —dijo, divertido ante su nueva actitud. Daba las órdenes de forma tan dulce, que era adorable. Le dieron deseos de hacerla suya en ese mismo momento, pero recordó que el a todavía era muy inexperta. No quería asustarla y arruinar todo. Julie le puso un trozo de comida en la boca, y luego se lamió los dedos provocativamente. —Pensé que querías comer —le dijo con voz ronca. —Comer y relajarme. —Comprendo. ¿Y se le ocurre alguna forma de relajarse a esa cabecita tuya?


—preguntó, mientras le daba una gamba gorda y rosada. —Ya ves —dijo el a, juguetona—, que me he puesto la ropa adecuada. —Me daría mucha rabia mancharme los vaqueros nuevos —dijo, mirándose la ropa de trabajo. En cuanto llegó a la oficina se había quitado el chaqué. —Justamente lo que estaba pensando —dijo el a en un tono tan exageradamente modosito, que a Tyler le dio la risa. —No estoy seguro de lo que pretendes, jovencita. Pero me parece que es un poco peligroso quedarse en esta habitación contigo. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 83—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Qué suerte que estamos casados —respondió el a con una sonrisa apenas maliciosa. Quizás unos extraterrestres le habían raptado a su esposa y le habían dejado en su lugar esa adorable y tentadora mujer, o quizá ella había reprimido su sensualidad durante tanto tiempo que no sabía ni que la tenía. Se quitó la camisa y la arrojó sobre la sil a junto a la ventana, luego hizo lo propio con los pantalones y las botas. Se dejó los calzoncillos y la camiseta, pero cuando se sentó junto a Julie y alargó la mano para servirse un poco de comida, ella le levantó el borde de la camiseta para rozarle con sus trémulos dedos por debajo. Tyler sonrió. Era reconfortante darse cuenta de que el a no estaba tan segura de sí


misma como simulaba. —Adorable —murmuró. Las tiernas caricias se intensificaron a la vez que el calor lo hacía en la parte inferior de su cuerpo. Se separó de ella lo suficiente para quitarse la camiseta—. Tengo que haber estado loco para dejar a mi esposa sola el día de mi boda —dijo, tomándola en sus brazos y besándola con una pasión arrolladora. —Tenías algo importante que hacer —murmuró ella. Pero quizá debió decirle a Link que su reunión debía esperar hasta la mañana siguiente. Con solo pensar en la investigación, se le ponían los hombros tensos. Como si el a comprendiese las emociones que se debatían en su pecho, Julie le apoyó la cabeza y le besó la musculosa superficie por encima del corazón. Suavemente, las manos, delicadas como plumas, le quitaron la tensión de los hombros. Infiernos, qué mujer se había encontrado. ¿Sería el destino o algo espiritual que los había unido esa noche en la cueva? Cualquiera que fuese el motivo, estaba al í con él y, milagrosamente, tenía el derecho de dormir con ella todas las noches durante toda la vida. ¿Tenía importancia que él no la amase o que ella no lo amase a él? Había comenzado esa empresa con la certeza de que el amor nunca sería un factor en su relación. Había perdido la cabeza por algunas chicas cuando estaba en el instituto y en la universidad, había tenido algunas relaciones tórridas, pero estaba convencido de que nunca había estado enamorado.


Si él y Julie tenían mucha suerte, se divertirían juntos, harían un sexo espectacular y luego se enfriarían hasta aprender a tolerarse. En unos cinco años probablemente viviría cada uno su propia vida, hablando solamente lo necesario para transmitirse información sobre sus hijos o pasarse mensajes telefónicos. Pero él le sería fiel porque eso era lo que se debía hacer. Siempre tendría sus necesidades, e imaginaba que ella tendría las suyas. Pero él nunca había pretendido más que un acuerdo práctico en lo que a sexo se refería. Los dos se desilusionarían si pretendiesen más. Ella le besó el pecho, luego el abdomen. El estómago se le contrajo y con antelación antes de cada ligero contacto de sus labios. Más y más abajo, hasta que el a se tuvo que arrodillar. —No te imaginas lo que le haces a un hombre cuando bromeas de esa forma —rugió él, acariciándole el pelo cuando el a le besó el vello por encima del elástico de sus calzoncillos y luego debajo. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 84—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II


—Me lo imagino —sonrió ella, con aspecto cada vez más confiado al ver su reacción. Sí, estaba excitado y quería rogarle que le hiciera el amor con su dulce boca, pero era tan inexperta que tenía miedo de horrorizarla. Tendría que contentarse con lo que ella pudiese darle hasta entonces. Se hundiría en ella y le murmuraría al oído lo maravillosa que estaba en su noche de bodas y agradecería poder hacer eso. Un movimiento suave como el pétalo de una flor hizo que saliese de su ensoñación. Ella le había deslizado la mano dentro de la ropa y lo acariciaba. La vio inclinar la cabeza hacia él. —¡No! —exclamó—. No quiero que hagas nada que te haga sentir... —¿Sentir qué, Tyler? —le preguntó ella, con los ojos relucientes. —No es necesario que hagas nada que te avergüence solo por darme placer a mí. —No lo haré, no te preocupes —le prometió el a, dándole un rápido beso en su erecto sexo. Fuego fundido le corrió por las ingles. En su inocencia, no sabía lo que su boca podía hacerle sentir. Quería ser tierno con el a. La respetaba y, como su esposa, ella se merecía lo mismo que antes de la ceremonia. Pero se lo estaba poniendo difícil. Tyler se sentó de golpe, echándola de espaldas sobre la blanda cama y levantándole la blanca seda y el encaje por encima de la cintura.


—¿Quieres que te demuestre lo que le haces sentir a un hombre? Fue la única forma que se le ocurrió de retrasar su peligroso juego lo suficiente para que ella dejase de hacer locuras. Sus expertos dedos pronto encontraron el centro de su femineidad. Los ojos se le pusieron vidriosos cuando apretó dos dedos dentro de los sedosos pliegues húmedos de miel. Ella arqueó la espalda, se los apretó, lanzando un dulce gemido. La acarició suavemente, provocando más húmedo rocío. Ella abrió los ojos más todavía. Le temblaban los labios, pero no dijo palabra. —Di algo para que yo sepa lo que piensas —le susurró Tyler con urgencia. —Sí, demuéstramelo —exclamó ella, sin aliento—. Por favor. Tyler deslizó su cuerpo hasta tocarle con los labios la parte superior del muslo. Luego, le besó el otro antes de hundirse entre los dos. Julie inmediatamente le agarró el cabello. Él se quedó quieto, esperando que ella lo rechazase. Sus dedos se le enredaron en el pelo, se aferraron a él, y lo sujetaron contra sí. —Por favor —susurró roncamente—. No... no te detengas —y se abrió a él. Delicadamente, él la rozó con la punta de la lengua, y el a se estremeció. La rozó con la lengua una y otra vez, probando del néctar que le indicaba que el a ya se encontraba subida a una ola que la llevaría por encima de las montañas. Sin titubear ya, él la tomó de las caderas para hundirse más en ella, hasta que ella se retorció y lanzó un alarido de placer. Incluso cuando Tyler pensó que ella había tenido suficiente e intentó


separarse, el a lo sujetó. Pero no podía esperar más. Se subió a la cama para estar a la par con Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 85—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II el a, la penetró rápidamente y la l evó por las salvajes cimas de su pasión mientras el a tenía un clímax tras otro. La siguió con apenas unos segundos de retraso. Se perdió en una poderosa explosión dentro de ella, igualando su placer con el suyo. Luego, lo único que pudo hacer fue quedarse tendido sobre el a, sin fuerzas, estremeciéndose, asombrado de lo que eran capaces de hacer juntos. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 86—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Capítulo Nueve A Julie le pareció que sus días no podrían haber sido más felices. Aunque seguía temiendo no llegar nunca a acostumbrarse a ser una Fortune, agradecía serlo. Disfrutaba de su nueva libertad: de comprarse un vestido elegante si le daba


un capricho, darse un masaje en el club o comprar un recipiente especial para cocinar alguno de los platos exquisitos que preparaba para el a y Tyler. Se sentía útil al saber que podía cuidar de Tyler y darle un hogar. Tyler le había dado una tarjeta de crédito, diciéndole que podía comprar lo que necesitase para ella y la casa. Julie no era frívola, pero le encantaba saber que podía comprar lo que quisiese en Pueblo. Disfrutaba de su nueva vida al máximo, pero seguía sin confiar en ella. Tyler le hacía el amor prácticamente cada noche, sumergiéndola en un mundo de sensaciones tan hermoso que ella deseaba encontrar más formas de satisfacerlo. No tenía ninguna duda de que estaba enamorada de él, pero no se atrevía a decírselo. ¿No habían hecho un pacto al principio? El nunca mencionaba la palabra «amor» mientras se acariciaban, aunque le susurrase otras palabras tiernas o a veces gritase su nombre en la cúspide de su éxtasis. Pero a los diez días de su boda, comenzó a notar un cambio sutil. Tyler parecía distraído y preocupado cuando hacían el amor y comenzó a pasar menos tiempo en casa. Rara vez sonreía, y lo sentía lejano. —¿Te pasa algo? —le preguntó una mañana cuando él se iba a la obra. —Nada que no pueda resolver —le respondió él con una evasiva. Ella suspiró al verlo marcharse, deseando saber si su actitud se debía a un problema en la obra, algún nuevo dato preocupante en la investigación del caso de asesinato, o algo que ella había hecho. Quizá era lo lógico que sucediese en


una relación, que él se aburriese de el a. Una vocecilla le advirtió que sus días juntos estaban contados y ello la entristeció mucho más que toda la soledad que había sentido en el pasado. Él era su esposo. Era imposible compartir comidas, un hogar y una cama con él y mantener una distancia emocional. No sabía lo que^ podría permanecer en Pueblo observándolo alejarse más y más de el a cada día. Tyler se reunía con sus capataces todas las mañanas y les daba instrucciones sobre los trabajos más urgentes que había que completar. La obra del hospital avanzaba, pero nunca lo bastante rápido para él. Y culpaba a Julie de ello. Sentía que quería terminar el trabajo para correr a los brazos de su esposa. Ansiaba sentarse junto a ella para compartir una comida tranquila y una copa de vino. Prefería estar en cualquier sitio con el a en vez de la obra. Nunca había antepuesto nada a su trabajo, y ese cambio lo turbaba. El objetivo de su matrimonio era solucionar un problema, no convertirse en un problema más. Sí, tenía su herencia asegurada, pero se enfrentaba a un laberinto emocional que le resultaba imposible de salvar. Por un lado, estaba confuso, enfadado y resentido por la súbita intrusión de Julie en su vida. Por otro, se sentía invadido por la gratitud, el afecto y un deseo físico tan intenso que lo aterrorizaba. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 87—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Sabía que tendría que aclarar sus sentimientos por ella y aceptar su


matrimonio, pero eso tendría que esperar hasta que terminase la obra y resolviesen el caso de asesinato. Cada día que pasaba, Tyler tenía que hacer un esfuerzo por no volver corriendo a los brazos de Julie, y para ello se forzaba a trabajar más y más tarde. Se concentraba en papeleos, contratos, fechas de entrega. ¿Era eso amor? Ya no podía jurar que esa emoción no existía, ni que él era inmune a ella. Peor aun, temía que si alguna vez le confesase sus sentimientos a Julie, se sentiría perdido. Si la amaba y ella no le correspondía a su amor, no habría nada que la ligase a él. Era obvio que el dinero no lo haría. Simplemente se alejaría de su vida, dejándolo hecho polvo. Una noche, Tyler se reunió con su primo Shane en el Camel Corral. El interior del popular restaurante de Pueblo era oscuro y masculino. —Perdona que te haga venir aquí —dijo Shane, tomando un largo trago de su jarra de cerveza—. Necesitaba que nos viésemos para discutir una entrevista que daré a la prensa. Necesito saber qué es lo que puedo o no puedo decir cuando me pregunten sobre la investigación. —Buena idea —dijo Tyler, asintiendo con la cabeza—, ¿qué tipo de entrevista es? Shane tenía una consulta médica en Pueblo, pero también era el experto de la familia en cultura aborigen americana. —Con mi hermana Isabel oficialmente comprometida con Brad Rowan, parece que pronto podremos reclamar la meseta de Lightfoot. —¿Tienes idea de cuándo será el traspaso del título de propiedad? ¿No tendríamos que comenzar a ver presupuestos sobre la restauración de las


inscripciones de la cueva, dado en estado de deterioro en que se encuentra? —No tenemos fecha todavía, pero voy a dar una conferencia de prensa para informar a los medios locales sobre la historia de los papagos y la importancia cultural de la meseta. Quiero que el público sepa lo importante que será para nuestro pueblo. —Será mejor que informes a Rowan también. La última vez que hablé con él, pareció dar por sentado que explotaríamos la zona para atraer al turismo. Me parece que no sabe que si decidimos abrir la cueva al público, cualquier beneficio que saquemos irá a los niños de la tribu. —De acuerdo. —En cuanto a la investigación —dijo Tyler, yendo al grano—, creo que será mejor que hables con Link Templeton para ver cuánta información ha entregado a la' policía. Informó a su primo de su última conversación con Link. Cuando acabó, Shane se lo quedó mirando fijamente. —Increíble. ¿Cree de verdad que uno de nosotros lo ha hecho? —No estoy seguro de lo que piensa. Lo que sé es que me dijo que nadie estaba fuera de sospecha. Y no favorecerá en nada al proyecto verse envuelto en un escándalo. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 88—101


Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Desde luego que no. Creo que lo que haré será derivarle la pregunta a Link y dejar que él trate con los periodistas. Parece ser un tipo despierto. —Buena idea —asintió Tyler. —¿Cómo te va la vida de casado? —preguntó Shane al acabar su cerveza. Le l evó a Tyler un momento cambiar de tema. —Genial —respondió por fin. —Julie parece una mujer encantadora —dijo Shane, estudiándole la expresión. —Lo es —dijo Tyler con una débil sonrisa—. Es fantástica. —¿Pero? —¿A qué te refieres? —le preguntó Tyler, lanzándole una aguda mirada. —Jason me contó una historia increíble. Algo sobre que la habías elegido en un catálogo de una agencia —le dijo Shane, mirándolo con expresión divertida. —Este Jason, siempre de broma —masculló Tyler, con ganas de colgar a su hermano del árbol más próximo. —Sea donde fuere que os hayáis conocido, parece que estáis destinados el uno para el otro. —Eso es lo que me preocupa —dijo Tyler, acabándose la cerveza mientras Shane lo miraba sin comprender. Quizás le ayudase hablar con alguien. Podía confiar en que su primo sí que guardaría un secreto. Cuando acabó de contarle los detal es a Shane, este resumió


la situación. —Así que ahora estás casado y no sabes qué hacer. —Exacto. Supongo que estoy tratando de averiguar qué hacer con mis sentimientos. Pensé que podría hacerlo de forma tan sencil a, ¿sabes? Los términos del contrato. Tratarla como a otro proyecto de construcción. Se suponía que sería una propuesta de negocios. Claro y sencillo. —Pero es más que el o —adivinó Shane. —Muchísimo más —dijo Tyler, moviendo la cabeza. Shane le sonrió mientras giraba la jarra vacía entre las manos sobre la oscura mesa de madera. —Parece que vosotros dos os habéis enamorado sin daros cuenta. —¡Amor no! —objetó Tyler y luego vio la expresión escéptica de Shane—. Al menos, a mí no me lo parece. Es... no sé, no puedo definirlo. —Hace mucho tiempo, casi me ocurrió a mí —dijo Shane en tono distante, lleno de añoranza. —¿Te refieres al amor? —preguntó Tyler, levantando la cabeza. —Quizás sí. No esperé lo suficiente para averiguarlo. ¿Recuerdas mi novia de la universidad, ¿Cynthia McCree? —¿La que estudiaba criminología, rubia de ojos azules? Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 89—101


Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Sí. Tuvimos una relación apasionada pero breve. —¿Por el a, o por ti? —Por mí. Me dio pánico. Pensé que me estaba enamorando de el a y no supe qué hacer, así que la dejé. —¿Lamentas haberlo hecho? —preguntó Tyler. —A veces pienso en ella. Me pregunto qué habrá sido de el a desde entonces, y qué podría haber sucedido si hubiésemos seguido juntos. —¿Quieres decir que te hubiese gustado intentar el matrimonio? —Quizá. Al menos podría haberle dado a nuestra relación una oportunidad — dijo, mirando a Tyler—. Podría haber valido la pena arriesgarse para tener una buena mujer a mi lado y la posibilidad de formar mi propia familia. —Lo que sucede es que yo no puedo olvidarme de algo. Mi padre. —¿Qué pasa con él? —preguntó Shane. —Que no sé si yo seré mejor que él en lo que respecta a una familia e hijos. —Pero, si os lleváis bien con él... —Ahora sí. Pero cuando éramos niños... no era fácil. Estaba demasiado ocupado levantando una empresa de construcción para pasar tiempo con sus hijos. Si tengo hijos, quiero que sea diferente. —Quizá sea suficiente con ser consciente del problema —reflexionó Shane


—. De ese modo, se puede hacer algo al respecto. Tyler movió la cabeza tristemente. Era muy fácil decirlo, pero ¿estaba dispuesto a asumir el reto? ¿Podría alguna vez dejar el negocio lo bastante para permitir que Julie y los niños cobraran verdadera importancia en su vida? —No lo sé —dijo. —¡Eh! —llamó una voz conocida desde el otro lado de la sala. Jason se acercaba por entre las mesas. Dio vuelta una silla y se sentó a horcajadas en ella. —Os he estado buscando por todo el pueblo —dijo. Miró a Tyler—. Llamé a tu casa. Julie dijo que no sabía dónde estabas. —¿Qué pasa? —dijo Tyler, sintiéndose culpable. Ya estaba comportándose como un mal esposo. —Pasaba por la obra y me pareció ver a alguien caminando por dentro de la cerca de seguridad. Me detuve a mirar. Era Brad Rowan. —Rowan no tiene por qué estar merodeando por la obra a esta hora —dijo Shane, mirando a Tyler—. ¿No? —¡Por supuesto que no! —lanzó un bufido Tyler—. Está bien que su familia nos provea de mucho de los materiales, pero eso no le da acceso a la obra durante las veinticuatro horas —se puso de pie—. ¿Estás seguro de que era él? —Parecía él —titubeó Jason—. ¿A dónde vas? —A ver qué pasa —respondió Tyler, dejando un bil ete de veinte dólares sobre la mesa—. Lo más probable es que sea una cuestión de robo de herramientas. No quiero llegar mañana por la mañana y encontrarme con que falten cosas.


Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 90—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Espera —dijo Jason, deteniéndolo con una firme mano en el brazo—. Te acompañamos. Hasta que Templeton descubra lo que sucedió con Mike, ninguno de nosotros debería ir al í solo. —De acuerdo —dijo Tyler—. Vamos. Una hora más tarde, Tyler entró silenciosamente a su casa. Julie le había dejado la luz del salón encendida. La apagó y se desnudó en el cuarto de baño para no molestarla. Aunque habían ido a la obra con Shane, Jason y el guardia de seguridad, no habían encontrado a nadie y tampoco parecía que faltase nada. Una complicación más, pensó Tyler amargamente. Quizá no había forma de cambiar su obsesión por el trabajo, ni la forma en que funcionaba su negocio. Quizá, ser un buen padre no dependiese solamente de una decisión. Se deslizó en la cama junto a ella, intentando no sacudirla. Suavemente, la abrazó y se acomodó a la redonda curva de su trasero mientras hundía su rostro en el fragante cabel o. La sostuvo como un secreto. Un secreto que ni se atrevía a decir en voz baja.


Julie se hizo una taza de té en la cocina mientras Tyler acababa de ducharse antes de ir al trabajo. Se acomodó en su sillón favorito frente al ventanal y miró el amanecer del desierto. Se sentía cansada por falta de sueño y el corazón le pesaba en el pecho como una piedra de la cueva papago. Se dio vuelta al oír los pasos de Tyler que se aproximaban. «Qué guapo es», pensó, hipnotizada al verlo. Cuando él la vio en el sil ón, se detuvo y ella creyó por un segundo que le iba a decir algo importante. Pero el momento pasó y él bajó los ojos. —Me he olvidado algo —murmuró. Entró al despacho y salió con una carpeta con papeles. Se detuvo frente a el a y se la quedó mirando con gesto de desaprobación. —Tienes aspecto de cansada. ¿Por qué no te vuelves a la cama? —No podía dormir —dijo ella con tristeza. —¿Algún motivo en especial? Ella suspiró. Se encogió de hombros. ¿De qué valía darle explicaciones, reconocer que se había enamorado de él, a pesar de las reglas que habían establecido para su relación? ¿Qué saldría ganando con el o? —No. Inquieta, supongo. Él la miró un largo rato, y luego se fue murmurando algo sobre la época del mes. Julie se quedó diez minutos más, mirando sin ver un día que prometía ser


cálido y dulce. Finalmente, se dio cuenta de lo que él había dicho y pensó que quizá eso explicase su depresión. Había estado tan ocupada desde su llegada a Pueblo, que se había olvidado de sus ritmos biológicos. ¿No era hora ya de tener el período? Nunca se le retrasaba. Ni un día. Sus ciclos femeninos eran tan predecibles como los de la luna. Y sin embargo... Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 91—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Se levantó a buscar un calendario. Según sus cálculos, la regla le tendría que haber bajado hacía seis días. Si estaba embarazada, debió de haber concebido la primera vez que hicieron el amor, en la cueva. Era improbable, pero no imposible. De repente, todo lo que hasta ese momento le había parecido difícil se le hizo insuperable. Inspiró profundamente para reunir coraje. No se podía sentar y sentir pena por sí misma. Lo primero era lo primero. Tenía que cerciorarse de sus sospechas. Después de darse una ducha, se puso ropa cómoda y se dirigió a la farmacia. Quince minutos más tarde, se hal aba en el cuarto de baño mirando la tirita del test de embarazo, sorprendida ante la confirmación de lo que sospechaba. Estaba embarazada. Durante unos segundos de éxtasis sintió que flotaba, que era el momento más feliz de su vida. ¡Su sueño se había hecho realidad! ¡Iba a ser madre! ¡Su


familia había comenzado a existir! Pero, igual de rápido, volvió a la realidad. El padre de su hijo no la amaba, y nunca la amaría. ¿Qué iba a hacer? Julie pensó nuevamente en hablar con Kate. Era tan comprensiva... Pero reconocer ante Kate que se había casado con su nieto por su esperma y su dinero era algo que no podía hacer. Se sentía totalmente avergonzada. Con amarga determinación, l amó a la biblioteca de Houston. Por suerte, no habían contratado a nadie todavía. Una segunda l amada le confirmó que su antiguo apartamento había sido alquilado a una pareja, que se mudaría el mes siguiente. Pero había otro disponible en el mismo edificio, y podría trasladar sus cosas de uno al otro fácilmente. Los planes se le agolpaban en la cabeza. No tendría demasiado dinero porque no le parecía bien pedirle una pensión a Tyler para el niño, después de haber roto el compromiso. En cuanto a Tyler, él estaría bien sin el a, se dijo. Sus padres la culparían a ella de la ruptura, así que seguro que no perdería su herencia. Y el a estaba dispuesta a defenderlo si Devlin amenazaba con quitársela. Ambos tendrían lo que deseaban. ¿No era aquello suficiente? Desesperada, hizo a un lado la respuesta que no había querido oír. ¡No, no era suficiente! ¡Ya no! El corazón le latía alocado mientras arrojaba ropa dentro de la bolsa que se había l evado a Pueblo el primer día. Con lágrimas en los ojos, miró una última vez


el armario lleno de la hermosa ropa que Kate le había comprado. No sería correcto llevársela. Sería como robar. Los vestidos, los regalos de boda, las hermosas sortijas que él le había regalado, las cosas que había comprado con tanto amor para la casa... no se l evaría nada de ello. Bastante ladrona se sentía al separar al bebé de Tyler. Una hora más tarde, después de muchos intentos fallidos, logró acabar la nota de despedida y la dejó sobre la mesita donde habían compartido las comidas más hermosas de su vida. Le enganchó una punta de—. bajo del cuenco con flores frescas que había comprado el día anterior para que no se volase. La tocó con dulzura con los dedos, como si la bendijera, y luego agarró su bolsa para irse. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 92—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Mientras se dirigía hacia el este, a través de Tucson y luego hacia las Montañas Rincón, de vuelta a Houston y su antigua vida, pensó en un hombre tan magnífico como las montañas de Arizona. Un hombre que nunca olvidaría. El único hombre que había amado jamás o jamás amaría. Tyler no se marchó de la obra hasta las ocho de esa noche. Se había pasado el día pensando en Julie, intentando buscar las palabras para expresar lo que sentía por el a, para poder decírselo. Pero sus emociones eran un jaleo imposible de descifrar.


¿La amaba? No, en realidad tenía que preguntarse si se atrevía a amarla, porque, una vez que lo admitiese, el a tendría el poder para destruirlo. Pero, al l egar a su casa, se dio cuenta de que el coche de ella no se encontraba allí. Mejor, pensó. Le daría más tiempo para aclarar sus pensamientos. Tenía que hablar con ella esa noche. No podía permitir que las cosas siguiesen como estaban. Miró en la cocina para ver lo que el a le había preparado de cenar, pero no lo esperaba ningún plato l eno de sabrosa comida. Algo raro sucedía. El contestador. Si el a se había retrasado en el pueblo, habría dejado un mensaje. Corrió al despacho. La luz del contestador titilaba. Apretó el botón y esperó ansiosamente que la cinta se rebobinara. —Julie, llámame si quieres venir conmigo al club. Me marcho dentro de media hora, querida —dijo Kate, con su alegre voz. Sonrió. ¿Había estado su mujer con su abuela durante todo el día? —Julie, por favor, l ámame cuando l egues —decía el siguiente mensaje—. Han llegado más regalos de boda retrasados —la voz de Jasmine titubeó—. Y aunque no los pases a buscar hoy, l ámanos. Kate no ha recibido respuesta a su mensaje y está mohína. Era increíble cómo su familia había aceptado a Julie. —Julie —decía el último mensaje de Kate—, son casi las siete de la tarde y me tienes un poco preocupada, querida. Creía que me habías dicho que estarías libre hoy. Me gustaría saber si te encuentras bien.


La alegría de Tyler se desvaneció. ¿Cómo era tan desconsiderada? Se había pasado el día fuera de la casa sin avisarle a nadie a dónde iría. ¡No tenía ninguna obligación de informarle a la familia de todo lo que hacía, pero al menos le podría haber dejado una nota a él! Dos horas más tarde, Julie seguía sin aparecer. Tyler había pasado del enfado a la desesperación. Cuando llamaron al teléfono de la cocina, se lanzó a responder. —¿Se puede saber dónde estás? —¿Tyler? —Oh, hola, mamá. Perdona —dijo, dándose con la mano en la frente. —¿Julie no ha vuelto todavía? —No. Lamento que no haya devuelto tu l amada y las de Kate. —No te preocupes. Sterling ha vuelto de su viaje y quería conocer a tu esposa. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 93—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Pues, si pudiese encontrarla, me encantaría presentársela. —¿Tyler? —preguntó su madre—. ¿Está todo bien? Me refiero a si Julie es feliz contigo. —Por supuesto que es feliz. ¿Cómo no iba a ser feliz, dadas las circunstancias?


—Oh, Tyler —suspiró ella. —¿Qué? —preguntó. Mejor que no lo culpase a él. No había hecho nada malo. —A veces estás tan metido en tu mundo que no puedes ver más allá de tu nariz. Se sentó, preparándose para un sermón. Pero dio con el codo al cuenco con flores que había sobre la mesa, volcando el agua. Sujetó el auricular en el hueco del hombro para buscar una bayeta con que secar el agua y levantó el cuenco para secar el charco que se había hecho. Sus ojos se fijaron en un pequeño papel. Mientras leía las palabras que Julie le había escrito, la voz de su madre reprendiéndolo se hizo un murmullo en la distancia, y el charco de la mesa comenzó a caer al suelo. Tyler, lo siento, creí que podría hacerlo, pero no puedo seguir simulando que somos algo que nunca seremos. Por favor, perdóname si te he causado algún problema. Dile a tu familia lo que quieras. No ha sido mi intención hacerles daño. Con cariño, Julie P.D.: Las sortijas están sobre tu mesilla. —Mamá —dijo Tyler secamente—, ya sé dónde está. Ya puedes dejar de preocuparte. Parece que sabe cuidarse —y, prometiendo que ya le explicaría, Tyler colgó.


Apretando la nota en el puño, Tyler lanzó un aul ido de rabia, dando un puñetazo sobre la mesa. El dolor le subió desde los nudillos por el brazo. Corrió al dormitorio. Allí, junto a la lámpara, se hallaban el solitario y la alianza que habían elegido juntos. Los barrió de la mesilla con el dorso de la mano, haciéndolos caer contra la pared. Le daba igual donde hubiesen ido a parar. Al diablo con Julie Parker. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 94—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Capítulo Diez Su primer día en Houston fue el más difícil, pero Julie logró mantenerse lo bastante ocupada como para llegar exhausta a la noche, sin tiempo para pensar en lo que había dejado en Pueblo. Mudó sus cosas del apartamento a su nuevo hogar, más pequeño todavía. Devolvió el coche a la agencia de alquiler y pagó para que lo enviaran a Pueblo. Rellenó los documentos necesarios para que la volviesen a contratar en la biblioteca y pidió hora con el ginecólogo. Ante todo, se concentró en pensar en cosas que, si bien no eran felices, al menos fuesen esperanzadoras. En unos ocho meses, según le confirmó el médico,


sería madre. Tendría a su bebé. Otro pensamiento positivo la asaltó unos días más tarde. Desde su vuelta, sus compañeros la trataban de forma diferente. Parecían más amigables, más interesados en ella. Llegó a la conclusión que tendría más que ver con su propia actitud que con el os. Sentía más confianza en todo lo que hacía. Ya no evitaba a los extraños. Escuchaba más a la gente y también expresaba su opinión. Caminaba todas las mañanas para hacer ejercicio y se sentía más a gusto con su cuerpo. Su corta estancia con los extrovertidos Fortune parecía haber tenido un efecto interesante en el a. ¡Había tanto para experimentar en la vida, y ella quería experimentarlo todo! Juró que le pasaría ese entusiasmo a su bebé. Su niño no crecería siendo una víctima, temeroso hasta de su sombra. El ser que el a y Tyler habían creado juntos amaría la vida, se enfrentaría a ella y aceptaría sus desafíos. Desgraciadamente, nunca podría agradecerle a Tyler lo que había hecho por el a. Y nunca le mostraría el niño que habían engendrado, porque quizás él quisiese quitárselo. No para sí, sino para su familia. Su poderosa familia, que se mantenía unida en la alegría y en la adversidad. Querría a su hijo, aunque no la quisiese más a el a. Cuatro días después de haber vuelto de Pueblo, se sentó en su diminuta cocina y hundió la cara en las manos, pero no lloró. Pensar en Tyler siempre la haría ponerse triste, debido a lo mucho que lo había amado y la idea de que no lo volvería a ver. Pero casi todos los recuerdos eran dulces. Y los regalos que él le había


dado serían suyos para siempre: su niño, el conocimiento de sí misma como mujer y el valor para enfrentarse a la vida. Gradualmente, Julie se dio cuenta de un ruido que se oía a la distancia, como si alguien estuviese golpeando una pared. ¿Estarían haciendo arreglos en la urbanización? Le pareció un poco pronto para ello. Eran solo las siete de la mañana del sábado. Cuando acabó de ducharse y vestirse, el ruido era todavía más fuerte. Además, se oían voces. Levantó la cortina que cubría la única ventana de su apartamento, que daba a la calle, y vio a un hombre, con el puño en alto, golpeando en la puerta de enfrente. Cuando esta se abrió, él le dijo unas palabras a la persona que abrió, e inmediatamente se dirigió a la siguiente puerta para a golpear en ella. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 95—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II ¿Qué diablos estaría haciendo? ¿Vendiendo algo? ¡Y con esa actitud tan agresiva! Se quedó hipnotizada, mirándolo. Era alto, l evaba vaqueros y una camisa a cuadros. Un sombrero negro le hacía sombra en el rostro. «Dios mío», pensó, «que no sea él».


El hombre llegó hasta el apartamento de una mujer que Julie conocía desde hacía años. Habló brevemente con el a, luego se dio la vuelta y miró hacia su casa. —¡Oh, no! —exclamó ella, retirándose de la ventana. ¿Por qué la habría perseguido? Solo se le ocurría un motivo para ello. Agarró su bolso y sus l aves y se dirigió a la puerta trasera. Pero él ya se encontraba golpeando la puerta de entrada y los vecinos le gritaban que dejase de hacer ruido. —Julie, sé que estás al í. ¡Abre! —¡Vete, Tyler! Los golpes cesaron. Ella se dirigió silenciosamente a la puerta. ¿Se habría ido? No, oía su respiración agitada del otro lado. —Julie, déjame entrar. Te juro que si no me abres, romperé la puerta. Ya sabes que puedo hacerlo —ya no gritaba. Desde luego que podía hacerlo. Era capaz de aparecer con una taladradora y tirar abajo la pared para entrar. —Espera —dijo, alargando la mano para quitar el cerrojo. Lo único que la tranquilizaba era que todos los vecinos habrían oído sus golpes y seguro que alguien ya habría llamado a la policía. Abrió la puerta unos centímetros. Él no esperó a que el a abriese la puerta del todo. La abrió de un empellón y luego la cerró de un portazo. —¿Qué diablos crees que estás haciendo? —le gritó. Ella se quedó en el medio de la habitación, plantándole cara.


—Me estaba preparando para ir a trabajar. Te dejé una nota. ¿No la encontraste? —¡Claro que encontré tu nota! —gritó junto a el a—. ¿Qué te hizo pensar que me podías dejar plantado así? —No iba a funcionar —dijo el a, con voz inexpresiva. —¿Por qué no? —Porque... —levantó los ojos hacia él. Estaba furioso. Nunca lo había visto en ese estado y era aterrorizador—... porque no podía simular ser ante tu familia algo que no era. —Por eso te marchaste —rugió él. La agarró de los brazos antes de que ella pudiese alejarse. Ella lanzó un leve gemido, pero su curiosidad, fue más fuerte que su miedo. —¿Por qué crees que me marché? Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 96—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —Me engañaste como una profesional. Me dijiste que lo único que te interesaba era un bebé. Y la ironía es que decías la verdad. En cuanto conseguiste lo que querías, te volviste a tu casa. Ella abrió la boca para negarlo, para gritarle que no había sido su intención hacerlo sufrir, pero no logró articular palabra.


—Encontré el test de embarazo en la papelera del cuarto de baño dos días después de que te marchases —prosiguió él, enfurecido—. No lo escondiste demasiado bien, Julie. La verdad era que el a ni había pensado en esconderlo. Se preguntó si, inconscientemente, lo que quería era que Tyler supiese que iba a ser padre. Pero no tenía sentido. ¿Para qué había huido de él, entonces? —Lo siento —dijo, encogiéndose de hombros. —¡Maldita sea, Julie! —dijo él, sacudiéndola por los brazos—. He conocido muchas mujeres, pero ninguna tan calculadora como tú. Nos engañaste a todos. —No... no... no —sol ozó el a, sin poder enjugarse las lágrimas porque él la tenía agarrada—. No traté de engañar a... —Si crees que podrás quedarte con mi hijo, bruja manipuladora... —¡Tú no querías un bebé, fue idea de tu familia! —lo miró, aterrorizada—. ¡Ni siquiera querías una esposa! ¿Cómo puede ser que estés tan alterado ahora que te librarás de los dos? Pero él no la escuchaba. —Puedo hacer que vuelvas a Pueblo y te quedes allí hasta que nazca el niño. Sería perfectamente legal. Y después, podría l evarte a juicio para lograr la custodia de mi hijo. Ella se soltó de un tirón y trastabilló hasta encontrar apoyo en el lavavajillas. —No serías capaz de hacerlo. —Los Fortune tenemos muy buenos abogados —dijo él con frialdad.


—Y tendrían que luchar con uñas y dientes para ganar —dijo ella, mirándolo con mayor frialdad si cabe. Un relámpago de admiración, le cruzó a Tyler el rostro. ¿O se trataba de excitación? Pero desapareció antes de que ella pudiese definirlo. Luego se la quedó mirando fijamente, más perplejo que enfadado, pero con una furia latente que afloraría en cuanto ella dijese algo equivocado. —Tyler, no te mentiré. No podía soportar quedarme en Pueblo. Sé que prometí casarme contigo si me dabas un niño. Y sé que tú has cumplido con tu parte del trato. Pero no contaba con que... —¿Con qué? ¿Con que te quedarías embarazada tan pronto? ¿Pensaste que tendrías que esperar unos meses, o incluso un año, hasta ver cumplido tu deseo? —No —dijo ella tristemente—, aunque pensaba que podría quedarme... mucho tiempo. —¿Qué intentas decirme? —preguntó él, aún más perplejo. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 97—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Se oyeron las puertas de un coche que se cerraban fuera. Unos pasos sonaron por las aceras entre los apartamentos. Julie apartó la distracción de su mente para concentrarse en lo que le tenía que decir al hombre que le había ganado el corazón para rompérselo luego. —Pensé que podía ser como tú —susurró ella—. Que podría tratar nuestra relación como un negocio. Disfrutar de las ventajas de ser una Fortune, e


incluso del placer físico de dormir contigo sin sentir nada. Estaba equivocada. Me enamoré de ti, Tyler. Levantó los ojos hacia él, que tenía la cara totalmente rígida e inexpresiva. —Te marchaste porque te enamoraste de mí —repitió Tyler, sin expresión en la voz. Un ruido cerca de la puerta hizo que ella desviase la mirada un instante. Luego volvió a mirar a Tyler. —¿Cómo podía quedarme? —preguntó—. No podía vivir en el mismo pueblo que tú, en la misma casa, sabiendo que no sentías nada por mí. Estaba dolida, Tyler. ¿No te das cuenta que iba de mal en peor? Lo siento, lo intenté, pero no pude hacerlo. Una expresión de asombro le iluminó los ojos. Comenzó a hablar, pero sus palabras se vieron ahogadas por un vozarrón que provenía del otro lado de la puerta. —¡Policía! Abran la puerta. Julie miró la puerta. —¿Se encuentra bien, señorita? Sus vecinos dicen que un hombre se ha metido en su apartamento. Señorita, abra la puerta, si puede. Tyler abrió la puerta. Dos policías uniformados entraron de golpe en la habitación, armas en ristre. —¡Benditos sean los vecinos! —dijo Tyler, haciendo un gesto de exasperación.


Julie se lo quedó mirando, más interesada en las palabras que se había perdido que en la presencia de la policía en su casa. —¿Qué acabas de decir? —¿Se encuentra bien, señorita? ¿Conoce a este hombre? —Creía que sí —dijo el a suavemente, sin quitarle los ojos del rostro a Tyler —. ¿Qué acabas de decir? —Dije que te quiero, Julie. El corazón le dio un vuelco. —Lo dices para que vuelva contigo, por el bebé. Los policías se miraron. —No —dijo él—. Te digo que te quiero porque es la verdad. Shane me dijo algo la noche en que te fuiste que tenía que haberme hecho dar cuenta en ese momento de lo que sentía por ti. Pero me llevó un par de días hacerlo. Te quiero desde el momento en que te vi en el vídeo ese. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 98—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II Los dos policías se interesaron más todavía. —¿De veras? —preguntó Julie, sin prestarles atención, acercándose más a Tyler, que la tomó en sus brazos.


—Supe que eras especial desde la primera vez que te vi, solo que no supe a qué atribuirlo. Y cuando fuiste a Pueblo, me di cuenta de que ese era tu sitio, que te encontrabas bien en mi casa y en mis brazos. Uno de los policías masculló algo a su compañero y ambos enfundaron sus armas. —Señorita, la próxima vez que tenga una riña con su novio, al menos dígale adonde va, para que no aterrorice a todo el vecindario intentando encontrarla. Julie sonrió y les pidió disculpas. Se marcharon y los oyeron decir a los vecinos que todo estaba controlado. —Tyler, por favor, no me engañes. Dime la verdad, no un cuento de hadas para que me sienta bien. Si no me amas, dímelo. Ahora que sé que el bebé resulta importante para ti, intentaremos solucionar las cosas de algún modo. —¿Te he dicho alguna vez algo que no sea verdad? —le dijo, rozándole los labios con los suyos. —No —susurró el a. —No te imaginas cómo me sentí cuando te marchaste —dijo él, volviendo a besarla tiernamente—. No me di cuenta hasta ese momento de lo mucho que te amaba. Pero no podía ir tras de ti entonces, porque no creía que podrías corresponder a mi amor. Cuando hicimos nuestro pacto, lo único que querías era un niño. Pensaba que eso seguía siendo lo que querías. No quería mendigarte tu amor. —Oh, Tyler. Lo siento tanto. Te amaba tanto, que tuve que marcharme. Estabas tan distante, tan lejano que no podía conectar contigo.


Él le apretó la cabeza contra su pecho, y ella sintió los latidos de su corazón. «Este es mi sitio», pensó. «Con el hombre que amo, que me ama». —Pensaba que no quería ser padre —explicó él—, porque pensé que sería un desastre. Anoche hablé con Jason sobre cómo lo ha resuelto él con su hija. Si él puede hacerlo con Lisa, yo también puedo encontrar una forma de ser un buen padre para nuestros hijos. Te lo prometo. Pero también quiero ser un buen esposo. Durante el poco tiempo que estuvimos juntos, aprendí todo lo que una mujer buena puede hacer para darle sentido a mi vida. Tú eres esa mujer, Julie. Luego la abrazó y la besó hasta hacerla perder el sentido. Y Julie supo que, mientras viviese Tyler Fortune, nunca volvería a sentirse sola. Era finales de marzo y la primavera florecía con vigor en el desierto. Tyler se pasaba la mayor parte del día entre la oficina y la obra, pero cuando llegaba a su casa, compartía con Julie los triunfos y problemas del día. A el a le gustaba que su proyecto fuese tan importante para él. Y también él consideraba importantes las tradiciones, la familia, los niños. Ello era una buena señal. Un hombre tan honesto, que sentía tan profundamente que esas cosas fuesen importantes... merecía ser amado. Una noche» mientras se encontraban en la cama, abrazados después de hacer el amor, Julie le habló del hospital de Houston, que poseía un aula maravil osa para Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 99—101


Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II los niños internados. Tyler escuchó atentamente su descripción del programa de enseñanza para pacientes de larga internación en el hospital y de la biblioteca en la unidad de juegos. —Creo que sé cómo podemos incorporar algo similar al diseño de nuestro hospital —dijo él lentamente, mientras le masajeaba suavemente la muñeca —. ¿Te gustaría reunirte con los arquitectos para ver un nuevo diseño de una de las alas? —Me encantaría —dijo Julie, ilusionada—. Y, si quieres, puedo hacer una lista de los libros que podríamos comprar para la biblioteca infantil y los materiales que deberían usar los maestros —dijo ella, cada vez más entusiasmada ante la idea —. Lo único que necesitarías sería un maestro. Los demás podrían ser voluntarios. Me encantaría hacerlo yo misma, si... —Me da la sensación de que ya eres completamente Fortune —dijo él, sel ándole los labios con los suyos—. Si logramos construir este hospital, será como


tu segundo hogar. —Sí —dijo ella, segura de que él tenía razón. Y esa noche, cuando se durmió en sus brazos, soñó con todo lo que podía hacer para ayudar a los niños necesitados mientras criaba su propia tribu con Tyler. Tyler despertó a Julie el sábado por la mañana con un beso en la frente. —Vístete —le susurró—. Tengo algo que mostrarte. Te espero en la camioneta. Esperó mientras ella se pusiese un par de vaqueros que todavía le cupiesen a pesar de su barriga y se subiese, medio dormida, a la camioneta. Le alcanzó un jarro de café como a el a le gustaba: dos terrones de azúcar y mucha nata. —¿Qué pasa? —le preguntó, después de tomar un trago y acurrucarse contra él. —Vamos de picnic. —¿Para desayunar? Se dirigieron a las afueras del pueblo y luego cruzaron el desierto. Al cabo de un rato, él se dio cuenta de que el a creía que sabía adonde iban. Sonrió para sí, disfrutando de los últimos minutos de su secreto. —¿Ya se ha iniciado la restauración de la cueva? —preguntó el a. —Eso tendrá que esperar hasta que la propiedad cambie oficialmente de manos. Ella le lanzó una mirada de reojo. Pareció sorprenderse cuando el os circundaron la Meseta Lightfoot y prosiguieron durante unas mil as más. El terreno comenzó a elevarse en colinas recubiertas de retama y algunos árboles


achaparrados. Eran unas tierras hermosas, salvajes y rudas. Tyler frenó junto a la carretera, se bajó y sacó una cesta de la caja de la camioneta. Abriendo la puerta, le ofreció una mano para ayudarla a bajarse. Julie se bajó y miró a su alrededor. —¿Qué es este sitio? —Nuestro —dijo él. Escaneado y corregido por dulceelaine Nº Paginas 100—101 Kathryn Jensen — Esposa por correspondencia — 11º Multiautor Los chicos Fortune II —¿Estas tierras son tuyas? —le preguntó el a. Él asintió con la cabeza mientras extendía una manta en un claro protegido en tres lados por la ladera de la colina. A la sombra de las montañas crecían rosales silvestres, retama y salvia en flor. A la distancia, se veía el val e, con la Meseta Lightfoot en el centro. —Es magnífico —dijo Julie, sentándose en la manta. —Me alegro de que te guste, porque después de que acabemos el hospital, quiero construir una casa en este sitio —dijo él, observando cómo su expresión cambiaba de sorpresa a regocijo. —¡Oh, Tyler! —exclamó, abrazándose a sus piernas con tanta fuerza que él se tambaleó, riéndose, y cayó en la manta a su lado—. No se me ocurre mejor sitio para que vivamos y criemos a nuestros niños —lo besó, feliz, en la boca y alargó la mano para sacar un recipiente con melón recién cortado de la cesta—. Supongo


que lo mínimo que puedo hacer es darte de comer. —Primero, creo que tenemos que inaugurar el sitio donde construiremos nuestro hogar —dijo él, dejando el recipiente de lado. —¿Tendremos que esperar mucho hasta poder hacer el amor en nuestra nueva casa? —preguntó el a, con los ojos radiantes. —Espero que no —dijo él, y una nube oscureció un segundo su semblante. Le rozó los labios con un dedo tiernamente—. Eso dependerá de lo que la policía y Link puedan descubrir en los próximos meses. Hasta entonces, ¿crees que nos bastará con nuestro pequeño apartamento y este sitio, bajo el cielo de Arizona? Ella esbozó una alegre sonrisa. —Desde luego que nos podremos apañar —susurró—. Ahora, bésame como si me quisieras más que a tu vida. Y eso fue lo que él hizo. Fin.


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Esposa por correspondencia kathryn jensen  

RESEÑA: Ya que el solterón Tyler Fortune se veía forzado por sus padres a casarse, lo haría a su manera, ¡aunque aquello significara que tuv...

Esposa por correspondencia kathryn jensen  

RESEÑA: Ya que el solterón Tyler Fortune se veía forzado por sus padres a casarse, lo haría a su manera, ¡aunque aquello significara que tuv...

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