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El talismán del amor Lori Wilde 2º Solteros de Bear Creek El talismán del amor (2003) Título Original: Eager, eligible and Alaskan (2002) Serie: 2º Solteros de Bear Creek Editorial: Harlequin Ibérica Colección: Julia 1349 Género: Contemporáneo Protagonistas: Mack McCaul ey y Camryn Josephine Argumento: El diablo vestido de azul… Gracias a las maquinaciones de sus tías, la tímida Cammie Jo Lockhart había ganado un viaje a Alaska para conocer al hombre de sus sueños. El único problema era que Cammie no se creía lo bastante atrevida como para enfrentarse a la "fauna" de aquel lugar. Hasta que recibió un extraño encantamiento y se convirtió en la sofisticada Camryn Josephine, una mujer fatal dispuesta a demostrarle al chico duro del pueblo que estaban hechos el uno para el otro. Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Prólogo «¡Se buscan mujeres atrevidas! ¿Te atreves a convertirte en una esposa de las tierras salvajes?» Cammie Jo Lockhart estaba sentada en la cama con las piernas cruzadas; a un


lado descansaba su ordenador portátil, y en las manos tenía una revista para mujeres abierta por la página ciento diez. Debería estar trabajando, pero las fotos de cuatro atractivos solteros de Alaska con el torso desnudo, eran mucho más interesantes que su tesis sobre «El papel del ordenador personal en la recuperación de archivos». Se había sentido fascinada por el número del mes de Junio de la revista Metropolitan, desde que la recibiera por correo a mediados de Mayo. Incluía un concurso de redacción y el premio era una estancia de dos semanas con todos los gastos pagados en Bear Creek, Alaska. A Cammie Jo le interesaba el viaje; los atractivos hombres que aparecían en las fotos eran sólo un incentivo añadido. Faltaba poco para que anunciaran a la ganadora del concurso, y Cammie Jo suspiró; había sido demasiado cobarde para participar. Miró la foto que disparaba sus fantasías por las noches: Quinn Scofield, guía, Caleb Greenleaf, naturista, Jake Gerard, dueño del pequeño hotel B&B, y por último aunque no menos importante, Mack McCaul ey, piloto del pequeño hidroavión que comunicaba Bear Creek con los demás pueblos. Los cuatro eran increíblemente guapos, pero Cammie Jo no podía dejar de mirar a Mack. ¡Menudo hombre! Era tan seductor, que le ardían las manos de sólo tocar la página.


Él era todo lo que ella siempre había deseado y nunca había tenido. Tenía un mentón varonil, el pelo corto de color castaño oscuro, las mejil as bronceadas y los ojos de color castaño oscuro. La expresión de su cara era desafiante y parecía decir: No temo a nada ni a nadie. Había algo en aquella valiente actitud que llamaba la atención de su asustadizo espíritu. En aquel momento l amaron a la puerta y Cammie Jo se apresuró a guardar la revista bajo las sábanas. No quería que sus tías descubrieran que ella, una seria estudiante universitaria, tenía debilidad por una frívola revista para mujeres, en la cual sólo aparecían tontos artículos sobre sexo, amor y romances. Se colocó las gruesas gafas de pasta negra y se recogió la rubia melena en un moño. —¡Adelante! La puerta se abrió y asomaron la cabeza sus tres tías, con las que compartía una casa cerca de la universidad de Texas, en Austin. —¡Adivina algo! —dijo su tía Coco en tono burlón. —¡Es muy emocionante! —exclamó su tía Hildergard, y sus azules ojos del mismo color que los de Cammie Jo brillaron. Nº Páginas 2-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —¡Has ganado! —gritó su tía Kika, y aplaudió incapaz de soportar el suspense por más tiempo.


—¿Qué he ganado? —preguntó Cammie Jo. —El concurso. —¿Qué concurso? —El que había en esa revista que te gusta tanto; el de los solteros y las vacaciones pagadas. —Pero si no llegué a participar —admitió Cammie Jo, al darse cuenta de que la habían descubierto. Aunque una sensación de preocupación se apoderó de ella, al mismo tiempo sintió que la euforia inundaba su corazón. Pensó en la breve nota que había escrito en un pedazo de papel y después había guardado entre las páginas de la revista, ya que en ningún momento se había planteado enviar aquella redacción de menos de treinta palabras: «Quiero ir a Alaska porque soy muy tímida y lo que más deseo es ser valiente. Si Alaska no me ayuda a superar mi timidez, nada lo hará…» —Encontramos tu redacción y la enviamos junto con la inscripción. —¡No! —exclamó Cammie Jo. —¡Sí! —exclamaron sus tías al unísono. Cammie Jo daría lo que fuera por conocer el lugar de nacimiento de su intrépida madre, pero le daba miedo volar, se ponía nerviosa en presencia de desconocidos, no era capaz de afrontar situaciones nuevas, le asustaban los animales salvajes, no le gustaba estar lejos de casa y le horrorizaba la posibilidad de


hacer el ridículo. —No puedo —afirmó ella. —Hemos aceptado en tu nombre. Los billetes de avión l egaron en el correo de esta mañana —dijo su tía Kika, mientras le tendía un sobre—. Sales mañana. —¡No puedo marcharme mañana! —Claro que sí —intervino Hildergard—. Hemos hecho tus maletas y yo he renovado la receta para tus lentil as. —¡Pero si no me gusta llevar lentillas! —Necesitas mejorar tu imagen. He pedido un color nuevo para que lo pruebes: Verde esmeralda. —No rellené la inscripción para buscar marido. Sólo quería conocer Alaska. —Pues aquí tienes la oportunidad de hacerlo —dijo Kika y le guiñó el ojo—. Estás de vacaciones de verano, así que no tienes excusa. —Tengo que terminar la tesis. —Pero tienes de plazo hasta Octubre. Cammie Jo sintió un escalofrío, y se metió las manos en los bolsillos del jersey. —Sabéis que soy demasiado tímida. Por eso no fui capaz de enviar la inscripción yo misma. Nº Páginas 3-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek


—Pero tú quieres ir, ¿verdad? —le animó la tía Hildergard. La respuesta a aquel a pregunta era la gran paradoja de su vida. A pesar de su extremada timidez, de sus reservas cuando estaba con otras personas, y a pesar del hecho de que se pasaba los días protegida en el entorno académico… Cammie Jo ansiaba algo de aventura en su vida. Sus tías intercambiaron miradas significativas. —Ha l egado el momento de contárselo —dijo Coco. —¿El qué? —inquirió Cammie Jo. —Lo del amuleto de los deseos —contestó Hildergard y miró a Coco—. Tienes razón. Tráelo. Esperaron en silencio mientras Coco iba a buscar el amuleto. Unos minutos más tarde, volvió con una caja de metal gris y una llave. —Cuando tu madre se dio cuenta de que no iba a vencer al cáncer, nos dio este collar para ti, pero nos hizo prometer que no te lo daríamos hasta que fueras lo suficientemente madura para controlar su poderosa magia… —susurró Hildergard. —¿De qué magia habláis? —preguntó Cammie Jo sin comprender nada. —Abre la caja —le instó Hildergard—. Dentro hay una carta de tu madre para ti. Las manos de Cammie Jo temblaban, mientras abría la caja y miraba el collar de cuentas que había dentro. De él colgaba una espantosa tal a como amuleto. —Vaya… Es… —farful ó Cammie Jo—. Es…


—Sí. Es muy vulgar. Pero la ordinariez de la talla no viene al caso —dijo la tía Kika y puso una mano sobre su hombro—. Lee la carta. Cammie Jo desdobló la carta y el delicado trazo de la escritura de su madre la sorprendió: «Querida hija, cuando leas esta carta habrán pasado muchos años desde la última vez que te abracé. Te dejo el único objeto de valor que poseo: El amuleto de los deseos. Posee unas propiedades mágicas que la mente no alcanza a comprender, pero el poder es real. Les pedí a tus tías que no te lo dieran hasta que tuvieras suficiente edad para conocer el verdadero deseo de tu corazón; sea lo que sea, se hará realidad. Pero está sujeto a ciertas condiciones: Sólo puedes pedir un deseo, siempre deberás llevar puesto el collar y no debes contarle el secreto a nadie. Cuando los médicos nos dijeron a tu padre y a mí que no podíamos tener hijos, deseé tener un precioso y sano bebé, y te tuve a ti. Piensa bien en lo que deseas y pídelo. Créeme, cielo, y el mundo será tuyo. Te quiere, tu madre.» Cammie Jo contuvo las lágrimas mientras leía la carta por tercera vez. —¡Dios mío! —exclamó mientras daba vueltas al collar en la mano. Su madre había llevado aquel collar tan extraño y había creído en su magia. Pues si a su madre le había dado resultado, a ella quizá también le resultara, así que retomó el control de sí misma y se lo puso. El amuleto quedó entre sus Nº Páginas 4-80


Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek pechos y sintió que desprendía un extraño calor, como si hubiera estado al sol en vez de encerrado en una caja durante quince años. —¿Pido el deseo ahora? —¡No! —exclamaron sus tías. —Debes esperar —advirtió Hildergard—, hasta que estés segura de lo que realmente deseas. Una vez que lo pidas, no hay vuelta atrás. —Recuerda que no puedes hablarle a nadie del amuleto o desaparecerá la magia —dijo Coco, agitando un dedo hacia ella. —Y no olvides tener cuidado con lo que deseas porque se hará realidad — añadió Kika. Nº Páginas 5-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Capítulo 1 —¿Es la primera vez que vienes a Alaska? —preguntó Mack McCaulley para entablar conversación. Eran las tres y media, y hacía una tarde espléndida de mediados de Junio. Llevaban volando quince minutos y su pasajera no había pronunciado ni una palabra. Mack empezaba a preguntarse si sería muda. La pequeña mujer que estaba sentada a su lado en el hidroavión asintió con la cabeza. El exceso de ropa que l evaba: Un abrigo con el cuello subido, un jersey de cuello alto y una toquilla de lana, le tapaban la cara casi por completo; y lo poco que no estaba tapado, quedaba oculto tras unas gruesas gafas de pasta negra.


Iba abrigada para un invierno en la Antártida, no para pasar unos días de agradable temperatura en Bear Creek. No había forma de saber cómo era su cuerpo debajo de tantas capas de ropa, aunque tampoco le interesaba. Era más bien el tipo de mujer que le gustaba a Caleb: Tranquila, estudiosa e introvertida. Mack sabía con sólo echarla un vistazo, que era demasiado tímida para ser una buena esposa en Alaska. Al menos para él… Mack consideraba que la fortaleza era la cualidad más importante que debía tener su compañera, y aquella mujer no la tenía. Se había montado en el hidroavión sujetándose a todas las agarraderas posibles, como si pensara que el aparato se fuera a desmoronar bajo su peso. Y cuando él puso una mano sobre su hombro para que no perdiera el equilibrio, ella se sobresaltó. Desde que despegaron, no había levantado la vista del suelo, y apretaba tanto las manos que los nudil os se le habían puesto blancos. —Sí… —susurró el a. Había tardado tanto en responder que Mack casi había olvidado la pregunta. Afortunadamente, no todas las mujeres que habían acudido a Bear Creek en respuesta al anuncio en la revista Metropolitan, eran tan poco comunicativas. Mack sonrió al recordar a su última pasajera. Una desenfadada pelirroja con un cuerpo


de escándalo, que le había dado su número de teléfono y le había susurrado que la llamara. Ella sí que parecía aventurera… Mack suspiró. Sus tres amigos y él tenían por delante un excitante verano. O mejor dicho, sus dos amigos. Quinn ya había seducido y estaba comprometido con la guapa Kay Freemont, la periodista de la revista Metropolitan que había viajado a Bear Creek para escribir el artículo. Aquel a muchacha sentada a su lado no despertaba ningún interés en él, y estaría mucho más contento cuando la dejara en el hotel de Jake. Después, podría volver a Anchorage a recoger las siguientes pasajeras, que eran integrantes del club Nº Páginas 6-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek femenino de la universidad de Las Vegas. Estaba seguro de que el as serían mucho más divertidas. Mack deseaba que su futura compañera fuera alegre. Quería una esposa entusiasta que realmente deseara vivir en Alaska; una mujer a la que le gustaran los largos y oscuros inviernos, y los soleados y activos veranos. Quería una amiga. Para Mack, la valentía era un poderoso afrodisíaco. En el bolsillo l evaba una lista de las cualidades ideales que debía tener su futura esposa. Aquella lista le recordaba que no debía dejarse embaucar por una cara bonita o un cuerpo seductor, que luego resultara ser todo lo contrario


a lo que él buscaba, como ya le había ocurrido en el pasado. Como último miembro vivo de la familia McCaulley, se había propuesto muy en serio casarse y tener hijos. Y era muy exigente en cuanto a lo que buscaba. —Pero mi madre nació en Alaska… —susurró ella de repente, sobresaltando a Mack—. Era piloto como tú. —¿De verdad? —preguntó Mack y ella asintió—. ¿De dónde era? —De Fairbanks. Aquel o explicaba el exceso de ropa. Fairbanks estaba muy cerca del círculo ártico, y por lo tanto hacía más frío que en Bear Creek, que estaba en una región costera del sur. —Así que casi se puede decir que eres de Alaska… —dijo él y sonrió. Mack se compadeció de el a; estaba seguro de que si le gritaba ¡buh!, la chica se desmayaría del susto. —Supongo que sí. —¿Y tu madre te ha dejado venir sola hasta aquí? —preguntó él. Estaba seguro de que no tenía más de dieciséis años. —Mis padres murieron cuando era pequeña. «Eres un verdadero bocazas, Mack McCaulley», se dijo a sí mismo. —Lo siento. Ella se encogió de hombros. —No te preocupes. No podías saberlo.


—¿Murieron al mismo tiempo? —No. Mi padre murió en un accidente de coche cuando yo tenía seis años. —Debió de ser terrible. —Mi madre entristeció tanto que dejó de cuidarse. Los médicos dijeron que la muerte de mi padre no fue la causa de que su cáncer se extendiera, pero yo sé que sí. Mis padres eran verdaderos compañeros el uno para el otro. Mi madre incluso renunció a vivir en Alaska y a su profesión como piloto, por mi padre. —Tu madre debió ser una mujer estupenda. Desgraciadamente, la hija no había heredado el temple de su madre. Nº Páginas 7-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —Sí. Lo era. —¿Así que eres huérfana? —Me han criado mis tres tías, de manera que nunca me he sentido huérfana. Pero echo de menos a mi madre. La chica había levantado un poco la voz, y Mack se dio cuenta de que tenía un bonito acento. Pensó que quizá fuera de Texas u Oklahoma. —Eso está bien. Me refiero a que no estás del todo sola. Afortunadamente, aquella muchacha no era una posible esposa, porque debía de parecer un idiota haciendo aquel os comentarios tan perspicaces.


—¿Tus padres aún viven…? —inquirió el a, susurrando de nuevo. —Mi padre murió el año pasado, y mi madre… —dijo él y se encogió de hombros. No quería hablar de su infancia—. Ella nos abandonó a mi padre y a mí cuando yo tenía ocho años. No soportaba los inviernos en Alaska. Ahora vive en Georgia, con su quinto o sexto marido, ya no lo recuerdo. —¿La ves de vez en cuando? —No demasiado. Odia Alaska. Dice que la vida salvaje le da miedo — explicó él, e hizo un gesto de impaciencia con los ojos—. Además, no se le da bien conservar las relaciones. —Quizá deberías intentar acercarte a ella. Es posible que se sienta sola. Mack gruñó. —Todos los días la invitan a alguna fiesta. No creo que esté sola. —Cuando se marchó, te hizo mucho daño, ¿verdad? Mack la miró de reojo. —¡Qué curioso! —espetó él—. Pareces demasiado tímida para ser tan entrometida. —No lo soy. Quiero decir… Bueno… ¿Cuánto queda para llegar a Bear Creek…? —murmuró el a. La había cortado por lo sano. Aquello no había sido demasiado amable por su parte, sobretodo habiéndose dado cuenta de lo que le costaba entablar conversación. Pero no quería hablar sobre su madre. —Unos treinta minutos —contestó él en un tono más amable. —Gracias.


—Por cierto, me l amo Mack McCaul ey —se presentó él, y le ofreció la mano a modo de disculpa por su mala educación. Ella la miró y dudó un instante antes de estrechársela. Después, la retiró apresuradamente. ¿Acaso tenía bichos en la mano?, se preguntó Mack. —Sé quién eres. Te he reconocido por la foto en la revista Metropolitan, en la que estáis sentados y sin camisa. —¡El infame anuncio! —replicó él con sorna. Nº Páginas 8-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek En aquel momento, el a le miró el pecho fijamente como si estuviera recordando su aspecto en la foto y se sonrojó. —Pues me l evas ventaja, porque yo sólo sé tu apellido —dijo él, dando unos golpes a su diario de vuelo—. ¿Cómo te llamas? —Cammie Jo. ¿Había dicho Tammie Jo? Mack no estaba seguro, ya que hablaba en un tono de voz muy bajo, pero aquel nombre parecía apropiado para el a. Era anticuado, dulce e ingenuo. Por alguna extraña razón, Mack sintió deseos de abrazarla para protegerla de los males del mundo. —Encantado de conocerte. —Lo mismo digo. Ella sonrió y por primera vez lo miró a los ojos, aunque inmediatamente retiró la mirada. Pero Mack pensó que aquella fugaz sonrisa hizo maravil as en su insulsa


cara. Volvió su atención de nuevo al frente. Se estaban acercando a la cadena montañosa que rodeaba Bear Creek casi por completo, y que como la gran mayoría de las montañas en Alaska, no tenía un nombre oficial. La gente de los alrededores la llamaba Tinglit Peaks. Cuando se acercaron a los majestuosos picos cubiertos de nieve, Mack inclinó el morro del hidroavión hacia arriba, y Cammie Jo inspiró en voz alta. Él giró la cabeza para mirarla, y vio que había cerrado los ojos con fuerza. —¿Te asusta volar en un hidroavión? Cammie Jo asintió y tragó saliva. —En cualquier tipo de avión —explicó el a. Había tenido que tomarse una infusión de camomila que le había preparado la tía Hildergard, además de escuchar una cinta de meditación, para ser capaz de tomar el avión de Austin a Dallas y después la avioneta hasta Anchorage. Si no fuera porque deseaba con todas sus fuerzas conocer Alaska, no se habría subido a aquellos aviones. Aunque no era lo único que le asustaba. Su principal fobia era entablar conversación con un extraño, y no uno cualquiera, sino precisamente con el guapo soltero de sus sueños. Por supuesto, no tenía la más mínima intención de competir con otras mujeres para convertirse en su esposa, y por culpa de su timidez Cammie Jo temía no encontrar nunca a su verdadero amor, tal y como sus padres se habían encontrado


el uno al otro. ¡Cómo deseaba tener el valor suficiente para coquetear con él! Cammie Jo sabía que no había impresionado a Mack; ella nunca había impresionado a ningún hombre. Él apenas la había mirado cuando se acercó a él en el aeropuerto. Nº Páginas 9-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Pero, ¿y el amuleto de los deseos que tenía guardado en el bolso a la espera de que tomara una decisión? ¿Y si realmente era mágico? Podría desear cualquier cosa: Valor, un marido, encontrar a su verdadero amor… «Pedir un deseo no lo hace realidad. No hay nada que demuestre que el col ar sea algo más que simple bisutería con la que te sugestionas», se dijo ella. Excepto la carta que su madre le había escrito antes de morir, y Cammie Jo deseaba creer en el poder mágico del collar con todas sus fuerzas. La forma en que Mack la miraba le resultaba desconcertante, como todo lo referido a él. Su aroma era masculino y potente, y sin embargo ella estaba acostumbrada a los delicados y suaves aromas femeninos de las lilas, la lavanda o las rosas; su profunda voz, en comparación con los dulces murmullos de sus tías, la impresionaba; su cara sin afeitar le l amaba la atención, acostumbrada como estaba a las suaves facciones de sus tías…


Mack era como un extraterrestre a sus ojos, con aquellos musculosos brazos, el despeinado pelo color castaño, y una orgul osa nariz aguileña. En su presencia, Cammie Jo temblaba como un flan. Giró la cabeza para mirar por la ventanil a, pero la cercanía de las montañas, junto con el pequeño tamaño del hidroavión, la ponían casi tan nerviosa como aquel hombre. Cammie Jo se movió incómoda en el asiento e intentó cruzar las piernas, pero con tanta ropa como l evaba no resultaba fácil. Sin querer, dio una patada al salpicadero, y la pequeña radio que había encima cayó al suelo. «Además de tímida, eres torpe», se dijo. —Lo siento —se disculpó Cammie Jo. Se agacharon los dos al mismo tiempo para recoger la radio y sus cabezas chocaron. —¡Ay! —exclamó él. —¡Ay! —exclamó ella y los dos se frotaron la cabeza—. Lo siento —se disculpó de nuevo. Sin pensar en lo que estaba haciendo, Cammie Jo alargó la mano para tocar la marca roja que había aparecido en la frente de Mack, pero él se apartó apresuradamente. —Estoy bien —dijo él con la voz ronca, y la mirada fija en el frente. Cammie Jo se sintió mortificada y se hundió en el asiento. «Recuerda que has venido para enfrentarte a tus miedos, a visitar el lugar de nacimiento de tu madre y a vivir una aventura, no en busca de un romance». Pero, ¿y si no era capaz de enfrentarse a sus temores más oscuros?


Cammie Jo tragó saliva. Sin duda alguna acabaría sus días siendo soltera, viviendo en la misma casa en Austin, dando clases en la universidad, y llorando por lo que pudo haber sido y no fue. Nº Páginas 10-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Pero se negaba a seguir escondiéndose de la vida. ¿Qué más le daba haber hecho el ridículo delante de aquel hombre? Lo superaría. No tenía sentido ponerlo en un pedestal. Quizá ella no fuera sexy, valiente y femenina de los pies a la cabeza, pero era lista. Había tenido buenas notas a lo largo de sus estudios hasta acabar la carrera de informática. Cammie Jo se sintió mejor al pensar aquello. En cuanto a él, a pesar de su aire de persona dura y autosuficiente, lo que hacía no era para tanto. Su propia madre había sido piloto, así que no podía ser tan difícil pilotar un avión. Él no era neurocirujano ni científico nuclear, y si a ella no le asustara tanto volar, podría ser piloto también. Aunque claro, era muy fácil ser valiente en su interior. «Mira por la ventanil a, observa el paisaje. Imagínate que estás pilotando el hidroavión», se dijo ella. Cammie Jo se obligó a mirar hacia fuera, e inmediatamente deseó no haberlo hecho. Las montañas estaban demasiado cerca, y Mack parecía volar


directamente hacia ellas. Cammie Jo contuvo la respiración y sintió que el pulso se le aceleraba. «No apartaré la vista. Soy valiente, fuerte e invencible. Soy la intrépida Camryn Josephine». El morro de la avioneta se inclinó hacia abajo y las alas temblaron. Cammie Jo abrió los ojos de par en par. ¿Sería normal aquella forma de volar? Miró a Mack de reojo y vio que él parecía tranquilo y en control, pero no podía ser de otra manera. Al ser un piloto profesional, sabía ocultar si algo andaba mal. El hidroavión descendió rápidamente hacia un val e entre las montañas. Cammie Jo miró el panel de control y vio que las agujas de los marcadores giraban como si estuvieran fuera de control. Intentó calmarse, pero no pudo, y sintió que el estómago le daba un vuelco al ver que estaban tan cerca de la montaña que podía distinguir los árboles y la vegetación. Continuaron bajando y el hidroavión se inclinó casi noventa grados. Aquello no podía ser normal, pensó ella y apretó los puños con fuerza e intentó controlarse, pero no pudo. «¡Socorro! ¡Vamos a estrellarnos! ¡Dios mío, no quiero morir virgen!» Totalmente fuera de control, Cammie Jo se giró en el asiento, se desabrochó el cinturón de seguridad y agachó la cabeza directamente sobre el regazo de Mack. Unos segundos más tarde, la avioneta se niveló y Cammie Jo se dio cuenta de


que tenía la cara cómodamente enterrada en la entrepierna de un extraño. Nº Páginas 11-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Capítulo 2 —¿Puedo ayudarte, cielo? Mack tuvo que hacer un esfuerzo por no reírse, y Cammie Jo se dio cuenta por cómo se tensaron los músculos de sus piernas y por la dificultad con la que le salieron las palabras, y levantó la cabeza con la misma rapidez con la que la había bajado. Estaba tan acalorada que Mack pensó que podría freír un huevo en sus mejillas. —Yo… Es que… El… Cammie Jo intentó explicarse, pero sólo consiguió farfullar palabras incoherentes. Desesperada se giró en su asiento, se colocó de nuevo el cinturón de seguridad y fijó la vista en sus pies. —Bear Creek suele impresionar a la gente cuando volamos a través del paso en las montañas. Algunas personas se ríen, otras suspiran, pero la verdad es que nadie había reaccionado como tú. Cammie Jo se sentía horrorizada por lo que había hecho, y pensó que nunca podría volver a mirar a Mack a la cara. Tendría que pasar las dos semanas de vacaciones sin salir del hotel y después tendría que buscar a otro piloto para que la llevara de vuelta a Anchorage. Al pensar aquello, enterró la cara en las manos.


—Es cierto que entramos en un ángulo muy inclinado —dijo él, ya sin humor en la voz—. Debería haberte avisado porque sé que la primera vista de cerca de las montañas puede impresionar. ¡Estupendo! Sentía lástima por ella. Cammie Jo no sabía qué era peor, que le resultara divertida o que le diera lástima. —Vamos a amerizar. Te lo digo para que no te asustes —dijo él, inclinándose hacia su ventanilla para señalar, y Cammie Jo percibió su delicioso aroma a hombre. Entreabrió los dedos y echó un vistazo al pequeño pueblo que rodeaba la bahía. Había un par de barcos y toda una flota de hidroaviones atracados en el embarcadero. Vio barcos salmoneros, kayaks en un pequeño afluente, y barcos de vela deslizándose elegantemente por la cala. Mientras Mack bajaba en círculos hacia el agua, ella se olvidó de su miedo y la vergüenza dio paso a la curiosidad. Bajó las manos del todo y observó detenidamente la fila de casas rústicas y tiendas que se alineaban a lo largo de la avenida principal. Bear Creek era magnífico, y Cammie Jo sintió que la emoción junto con una extraña sensación de nostalgia se apoderaban de el a. A pesar de no haber nacido al í y de no haber estado nunca en aquel lugar, recordó con toda claridad las historias sobre el magnífico estado de Alaska que su madre solía contarle. Se sentía como si estuviera en casa. Nº Páginas 12-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek «Esta es mi primera aventura», se dijo ella, y sintió deseos de tener el suficiente valor para subirse a un kayak, ir a pescar salmones o salir a caminar por


las montañas. Y la intensidad de aquellos nuevos deseos la alarmaron. Mack amerizó en la bahía. Allí había un chico esperando para atar el hidroavión cuando se detuviera. Después, ayudó a Cammie Jo a bajarse y recogió parte de su equipaje. —Por aquí, señorita —dijo el chico. Cammie Jo se volvió para mirar a Mack. —¿No vienes tú también? —le preguntó, y vio que él la miraba con ternura. —Tengo que ir a recoger más pasajeros a Anchorage. Jimmy Jones te l evará al hotel. —Entonces deberíamos despedirnos. Cammie Jo no sabía si estrecharle la mano o si darle una propina, pero antes de que pudiera hacer nada, Mack se dio la vuelta y se encaminó hacia el hidroavión. Sintió que el corazón le daba un vuelco, y la euforia que había sentido cuando vio Bear Creek por primera vez se disipó. Mack se había deshecho de el a sin más. —Señorita… Cammie Jo volvió su atención a Jimmy Jones que la miraba sonriente, y recogiendo el resto del equipaje se encaminó detrás de él hacia un taxi en el que ya había pasajeros.


—Por aquí —dijo el chico. De acuerdo, pensó el a. No necesitaba que Mack McCaulley la guiara por el pueblo, podía arreglárselas el a sola. Al fin y al cabo, aquello iba a ser una aventura. Cammie Jo apretó el paso, y en su prisa por seguir a Jimmy, tropezó con una tabla que sobresalía en el muelle. Gracias a la cantidad de ropa que l evaba no se hizo demasiado daño al caerse, pero las risil as que oyó procedentes del interior del taxi, hirieron su orgullo. Y cuando miró hacia atrás por encima de su hombro, y vio que Mack no sólo había presenciado su tercera humillación de aquel día, sino que además movía la cabeza en un gesto de desesperación, sintió que los ojos se le l enaban de lágrimas. Pestañeó para retenerlas y se colocó las galas en la nariz. «Soy fuerte», se dijo a sí misma, pero sabía que se estaba engañando, y el poco valor que había logrado reunir, se esfumó en aquel momento. Jimmy, que hasta aquel momento no se había percatado del accidente, corrió a ayudarla, pero Cammie Jo ya se había levantado. Y cuando se sentó junto a cuatro mujeres tan sofisticadas que parecían salidas directamente de la revista Metropolitan, su ánimo cayó por los suelos. Ellas no se molestaron en presentarse, y como Cammie Jo se sentía acomplejada ante el as y no era capaz de iniciar una conversación, se recostó en el asiento, cerró los ojos, y simuló dormir durante todo el trayecto hasta el hotel de Jake Gerard. Nº Páginas 13-80


Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek El vestíbulo del hotel B&B estaba l eno de mujeres igualmente guapas y atractivos hombres coqueteando con ellas. Nadie se fijó en Cammie Jo, haciéndola sentirse como un calcetín viejo en un cajón l eno de seductora ropa interior, y recordó por qué nunca se aventuraba fuera del mundo académico. Cuando se acercó a la recepción, reconoció al hombre que había al otro lado como uno de los solteros de la foto. —Hola. Soy Jake Gerard —se presentó él, sonriendo. Cammie Jo era demasiado tímida para hablarle a un hombre tan guapo, así que se limitó a hurgar en su bolso en busca de la reserva que la revista le había mandado junto con los billetes del avión. Al no encontrarla y sentir la mirada de Jake sobre ella, comenzó a ponerse nerviosa y notó que unas gotas de sudor le bajaban del cuello hacia el pecho. ¡Maldita sea! Llevaba demasiadas cosas en el bolso, pensó ella mientras apartaba el cepillo del pelo y el monedero. Y además estaba aquel feo amuleto que ocupaba tanto espacio. —¿Qué es eso? —preguntó Jake, señalando el amuleto. Sintiéndose avergonzada, Cammie Jo simuló no saber de qué estaba hablando. —Nada. Es sólo un caramelo. —Eso no. Lo otro —dijo él y volvió a señalar el col ar. —Es mi pintalabios —mintió ella.


—No, no. Lo otro —insistió Jake. —¿El qué? —preguntó ella, haciéndose la despistada. Los ojos de Jake estaban fijos en el amuleto. ¿Por qué no dejaba de mirarlo, por el amor de Dios? —A mí me parece un amuleto de la fertilidad. Esas cosas son muy poderosas —dijo Jake. —No lo es —espetó el a, y se metió el feo collar en el bolsillo del abrigo. —Ten cuidado —le previno Jake, guiñándola un ojo—. Los amuletos de la fertilidad poseen una magia muy poderosa. Cuando Cammie Jo se dio cuenta de que estaba coqueteando con ella, se sonrojó, agachó la cabeza de nuevo y continuó buscando con manos temblorosas. Finalmente encontró la reserva y se la entregó a Jake. —Bienvenida a Bear Creek, Camryn Josephine —dijo él—. Es un placer tenerte con nosotros. Enhorabuena por haber ganado el concurso. Cammie Jo se limitó a asentir. Quería alejarse de la recepción lo antes posible. Jake le entregó una llave. Nº Páginas 14-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —Tienes la mejor habitación del hotel. Es la número doce. Enseguida subirán tu equipaje. —Gracias… —murmuró el a.


—Si quieres apuntarte a alguna excursión, házmelo saber. La revista Metropolitan corre con todos los gastos. —¿Excursiones? —Sí. A pescar salmones, cicloturismo… —explicó Jake y la miró fijamente —. Aunque quizá prefieras algo menos agotador. Mañana a las siete de la mañana sale una visita guiada al Parque Nacional de Tongas. ¿Te interesa? —le preguntó y le entregó un folleto. Cammie Jo asintió. Estaba ansiosa por subir a su habitación y tranquilizarse. —Sí, claro. —Entonces te apuntaré. Con la vista fija en el suelo, Cammie Jo se alejó de la recepción y se apresuró a pasar entre la gente que había congregada al pie de las escaleras. Cuando subió, mientras caminaba por el pasillo en busca de su habitación, se encontró con un perro. Era un husky siberiano y Cammie Jo se detuvo gratamente sorprendida. Le encantaban los perros, pero debido a la alergia de su tía Coco, nunca había podido tener uno. Dejó sus bolsos en el suelo y se agachó. —Ven aquí… —susurró el a. Inmediatamente, el perro se acercó a el a y Cammie Jo le acarició la barriga. —Veo que ya conoces a Lulú, la perra de Jake.


Cammie Jo no había oído acercarse a nadie, y cuando levantó la cabeza y se encontró con Mack, sintió que el corazón le daba un vuelco. «Di algo, tonta». Pero la lengua se le había petrificado en la boca, y no se le ocurrió nada inteligente que decir. Nerviosa, se metió la mano en el bolsil o y sus dedos se deslizaron sobre el amuleto. «Desearía tener el suficiente valor para mantener una conversación seria con este hombre», se dijo el a. Mack se agachó a su lado y acarició la cabeza de Lulú. La perra gruñó extasiada. Mack se echó hacia delante y su rodilla rozó la de Cammie Jo. Ella pensó que si no se apartaba pronto, el a misma empezaría a gruñir. Mientras los dos acariciaban a la perra, Mack ladeó la cabeza y le dedicó una sonrisa a Cammie Jo. Nº Páginas 15-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —Es muy bonita —dijo ella, sin dejar de mirar a la perra. —Es una ladrona. Eso es lo que es —dijo Mack con ternura. —No puede ser —protestó Cammie Jo—. Parece demasiado buena. —No dejes que su apariencia te engañe, y no dejes nada de valor a su alcance. Lulú es cleptómana. —Estás exagerando. —No —dijo él, moviendo la cabeza—. Roba todo lo que puede. Joyas, caramelos, calcetines, lápices…


En aquel momento Lulú aulló, y los miró como si supiera que sus hábitos cleptómanos eran un lema de conversación habitual. —Sí. Estamos hablando de ti —le dijo Mack a la perra. Mack se puso de pie y se apoyó en la pared. Cammie Jo levantó la vista, y se dio cuenta de que tenía los ojos a la altura de la cremallera de los pantalones vaqueros de Mack. Nerviosa, se puso de pie apresuradamente. Mack la miró a los ojos y el a tragó saliva. —¿Qué… Estás haciendo aquí? —farful ó ella—. Creía que tenías que ir a Anchorage a recoger más pasajeros. —Así es —afirmó él. Cammie Jo sintió que su pulso se aceleraba ¿Acaso había ido a buscarla a el a? Y si era así ¿para qué? Su presencia era tan íntima, tan agradable, tan fuera de lugar, y sin embargo Cammie Jo sentía que la sangre corría aceleradamente por sus venas. —¿Para qué has venido? —Encontré algo debajo del asiento del copiloto del hidroavión. Pensé que quizá se te hubiera caído de la maleta. —¿Qué es? —preguntó el a, enarcando una ceja. ¡A saber qué se le habría caído en su afán por alejarse de él! Mack se metió la mano en el bolsil o del abrigo y sacó algo de seda de color rojo escarlata. Cammie Jo se colocó las gafas y miró lo que él le mostraba. Era un tanga.


¿Cómo podían las mujeres llevar aquel tipo de cosas sin sentir ninguna molestia? La sola idea de ponerse aquello le resultaba desagradable. —Aunque la verdad es que este tipo de prenda no parece tu estilo —dijo él —. Pensé que quizá perteneciera a alguna de mis anteriores pasajeras. Me siento como el príncipe de Cenicienta, yendo de puerta en puerta en busca de la dueña del tanga. Nº Páginas 16-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Normalmente, Cammie Jo se habría sentido avergonzada de ver a un hombre con ropa interior femenina en la mano, pero la expresión de autosuficiencia en la cara de Mack la irritó de tal manera que explotó. Parecía estar muy seguro de que era una mujer aburrida, que nunca se pondría algo tan atrevido como aquel o, y aunque fuera cierto, no tenía ningún derecho a dar nada por sentado acerca de el a, así que mintió. —Sí, es mío —dijo Cammie Jo. Le quitó el tanga de la mano y levantó la barbil a, desafiándolo a contradecirle. La expresión que se reflejó en la cara de Mack le hizo sentir algo nuevo a Cammie Jo. Quizá fuera atrevimiento, aunque después de sopesar la sensación, pensó que era algo mucho más que la mera audacia. Cammie Jo puso los brazos en jarras y Mack la observó. Parecía estar intentando imaginársela con aquel tanga puesto, y movió la cabeza como si no fuera capaz.


Ella fijó la mirada justo por encima de su cabeza; era un truco que había aprendido en la universidad para dar conferencias a los estudiantes: No mirar a los ojos. —¿Qué te creías? ¿Que llevo ropa interior de algodón blanco? Y era exactamente lo que l evaba puesto. A Cammie Jo nunca le había preocupado aquel tema lo suficiente para comprarse lencería seductora. Pero preferiría morir antes que decírselo a Mack, que creía saber exactamente qué tipo de ropa interior l evaba. —Yo no he dicho eso —dijo Mack de manera especulativa. En aquel momento Cammie Jo supo qué era exactamente lo que estaba sintiendo. Se sentía descarada y l ena de orgul o, preparada para enfrentarse a él. —Las apariencias engañan, señor McCaulley. Hay mucho más en mí que lo que se ve a simple vista. —Eso parece —dijo él. Parecía ligeramente contrariado. —El tanga es sólo la punta del iceberg. —¿De verdad? —Sí. —De acuerdo. Te creo. El tanga es tuyo. —¿Querías algo más? —preguntó ella descaradamente. Cammie Jo estaba sorprendida de sí misma. Aquella nueva sensación de


valor hacía que la cabeza le diera vueltas. —No. Supongo que eso es todo. No fue hasta que él se hubo marchado, que Cammie Jo se dio cuenta de dónde provenía aquel brote inesperado de valor. Del amuleto de los deseos que estaba en su bolsillo. Nº Páginas 17-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Capítulo 3 Una vez instalada en su habitación, Cammie Jo se quitó algo de ropa y se acercó a la ventana que daba a la calle Main. Le sorprendió la cantidad de gente que había paseando por la cal e entrando y saliendo de tiendas y restaurantes, porque no se había esperado encontrarse con tanta actividad. Las multitudes la ponían nerviosa. Un repentino golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos. ¿Sería Mack? Aguantando la respiración, se acercó a la puerta. ¡Maldita sea! No había mirilla ni cadena de seguridad. Tímidamente, abrió la puerta una rendija y echó un vistazo. Al otro lado había una mujer muy guapa que la miraba sonriente, con un bolígrafo y una libreta en las manos. —¡Hola! —dijo la mujer. —Hola —saludó Cammie Jo, impresionada por su elegante atuendo y su piel inmaculada.


—Soy Kay Freemont, de la revista Metropolitan. Yo saqué la papeleta ganadora y me gustaría hacerte una entrevista. —Sí. Pasa —dijo Cammie Jo, abriendo la puerta de par en par. Kay entró en la habitación y Cammie Jo cerró la puerta. —¿Has venido desde Nueva York sólo para entrevistarme? —No —contestó Kay y sonrió. Cammie Jo se dio cuenta de que aunque Kay parecía una sofisticada mujer de mundo, no tendría más de veintisiete años, dos más que ella—. Ahora vivo en Bear Creek. No demasiado a gusto en el papel de anfitriona, Cammie Jo le indicó una sil a junto a la ventana para que se sentara. Echó un vistazo al amuleto. Después del encuentro con Mack en el pasil o, lo había dejado sobre el tocador ya que no estaba segura de poder controlar las consecuencias de llevarlo puesto. —Gracias —dijo Kay sentándose junto a la ventana, mientras Cammie Jo se sentaba en el borde de la cama. Cammie Jo se pasó las manos por los muslos. Era una manía que tenía cada vez que se ponía nerviosa o se sentía insegura. —Relájate —dijo Kay, sonriendo ampliamente—. Te prometo que no te dolerá. —Nunca había estado lejos de casa —admitió Cammie Jo. —Alaska puede ser un poco intimidante, incluso para una persona acostumbrada a viajar —le aseguró Kay—. Yo vine por primera vez en Febrero, ¡y Nº Páginas 18-80


Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek vaya si me impresionó! —continuó y movió la cabeza—. Pero dime, Cammie Jo, ¿por qué quieres convertirte en una esposa de las tierras salvajes? —¿A qué te refieres? —Pues que supongo que participaste en el concurso para conocer al soltero de tus sueños, ¿no es así? —preguntó Kay. Tenía el bolígrafo y la libreta preparados para la respuesta de Cammie Jo. —Aunque debo decirte que Quinn ya no está disponible —añadió, y riendo le enseñó el anillo de compromiso que llevaba en la mano izquierda—. Nos vamos a casar el mes que viene. —Enhorabuena. —Entonces, ¿en qué soltero estás interesada? —preguntó Kay. —¿Puedo ser sincera contigo? —preguntó Cammie Jo, moviéndose incómoda. —Desde luego. Charlaron durante un rato y Cammie Jo le habló de sus tías y de cómo sus intentos por protegerla habían tenido como consecuencia que a el a le asustara su propia sombra. —Así que el matrimonio es lo último que tengo en la cabeza —dijo Cammie Jo —. Necesito expandir mis horizontes. Tengo que descubrir quién soy antes de estar lista para el matrimonio. Espero que eso no me descalifique del concurso.


Kay negó con la cabeza. —Tienes tus propias razones. Ganaste el concurso de una manera justa, y si no estás interesada en ninguno de los solteros, no pasa nada. No creo que a ellos les moleste. Desde que se publicó el artículo, no han parado de l egar mujeres a Bear Creek en busca de marido. ¡Y tanto! Cammie Jo había visto cientos de mujeres paseando por el pueblo. Kay sonrió. —Con la colaboración de la revista, los solteros dan una fiesta en el ayuntamiento esta noche. Empieza a las siete y tú eres la invitada de honor. Cammie Jo agachó la cabeza. —No me gustan las fiestas demasiado. —¿Pero no habías venido para superar tu timidez? Una fiesta es una estupenda manera de empezar. —Pero no tengo nada que ponerme. Kay la observó de arriba abajo. —Eres un poco más baja que yo, pero estoy segura de que usamos la misma talla. ¿Qué pie calzas? —Un treinta y seis. —¡Yo también! Traeré una selección de ropa y zapatos para que te pruebes. Después, te ayudaré a peinarte y a maquillarte. Nº Páginas 19-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Dos horas más tarde, y después de que Kay la ayudara en su metamorfosis, Cammie Jo se miró en el espejo.


Abrió los ojos de par en par. No podía creer lo que estaba viendo; aquella mujer no era ella. Cammie Jo sintió que el pulso se le aceleraba y que la cabeza le daba vueltas. Kay era una artista del maquil aje. —Si quieres, puedo enseñarte a maquillarte —dijo Kay. —¡Sí! —exclamó Cammie Jo en un susurro. La mujer del reflejo era una completa extraña. Era guapísima. Gracias a las lentil as, sus ojos no tenían el habitual soso color azul, sino un profundo verde esmeralda; sus redondas mejil as parecían más estilizadas; sus labios parecían más carnosos y su piel estaba radiante. ¡Y el pelo! En vez de la sencilla melena rubia, tenía unos brillantes y sedosos rizos. Cammie Jo contuvo el aliento. El cambio la había dejado completamente anonadada. —¡Dios mío…! —susurró. —Eso es lo que dirán todos los solteros de Bear Creek cuando te vean. Te dejaré para que te vistas e iré a hacer lo propio. He quedado con Quinn en el ayuntamiento. Cuando estés lista, acércate por al í. —De acuerdo —asintió Cammie Jo—. Gracias por todo. —Encantada de poder ayudarte. Cuando Kay se marchó, Cammie Jo se abrazó a sí misma; se sentía entusiasmada y asustada al mismo tiempo. No podía creer que hubiera cambiado


de aquella manera y que después acudiría a una fiesta en la que habría muchos hombres guapos. Sintió que un escalofrío le recorría todo el cuerpo. También habría muchas mujeres guapas contra las que competir. Pensó en que tendría que entablar conversación con extraños. Le había resultado bastante difícil hablar con Kay, pero aquella mujer tenía la facilidad de los periodistas para hacer hablar a la gente. Pero con pensar en tener que charlar con gente a la que no conocía, le entraban ganas de salir corriendo. Y sin embargo deseaba con todas sus fuerzas acudir a la fiesta. «Pide un deseo y tendrás lo que tu corazón ansía». Cammie Jo se acercó al tocador y recogió el collar. Apretó la mano alrededor del amuleto y cerró los ojos con fuerza. —Por favor… —susurró—. Concédeme mi deseo más preciado. Hazme fuerte y valiente; haz que mis miedos y mi timidez desaparezcan, y líbrame de mis inseguridades. Nº Páginas 20-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Cammie Jo se puso el collar alrededor del cuel o y se sorprendió de nuevo ante el inesperado calor que desprendía el amuleto. Desde luego parecía haber funcionado cuando habló a Mack con tanto descaro en el pasil o. Además, Jake le había dicho que era un amuleto de la fertilidad, y que poseía una magia muy poderosa.


A decir verdad, Cammie Jo sintió un repentino deseo de subirse al tejado y gritarle a todo el mundo que se preparara porque Camryn Josephine había l egado a Bear Creek. Mack no se cansaba de mirar a todas las guapas mujeres que llenaban las cal es de Bear Creek. Cuando sus tres amigos y él pusieron el anuncio, no se imaginó que acudirían tantas. Le gustaba la atención de la que era objeto. Tal y como había esperado, las chicas del club femenino de la universidad de Las Vegas eran mucho más divertidas que Tammie Jo, aunque sospechaba que se habían tomado demasiados cócteles en el avión. Una incluso se había atrevido a pellizcarle el trasero mientras descargaba su equipaje. Mack no estaba seguro de que aquello le gustara; obviamente prefería a las mujeres atrevidas, pero también pensaba que había que respetar las partes íntimas de un hombre hasta que se le conociera mejor. Recordó el momento en que la temblorosa Tammie Jo había hundido la cara en su regazo cuando creía que iban a estrellarse, y se rió. Ella también había invadido sus partes íntimas, pero no de manera intencionada. Sólo había estado asustada. Eran casi las siete y estaba de camino a la fiesta que Quinn y Kay habían organizado para celebrar la l egada de la ganadora del concurso. Mack se aflojó el rígido cuello del traje. Kay había insistido en que los cuatro solteros llevaran esmoquin, y los había comprado ella misma en una tienda en Anchorage. Mack odiaba l evar aquel traje tan ridículo, pero Kay le había dicho que se fuera acostumbrando, porque obviamente su futura esposa, quien quiera que fuera a ser, querría verlo con uno el día de su boda.


Mack había estado a punto de decirle que no se casaría con una mujer que pensara aquel o, pero se calló porque Kay era aquel tipo de mujer, y lo último que él quería era herir sus sentimientos. Mack soñaba con hacer algo audaz el día de su boda, como casarse en la parte más alta de un glaciar. Él quería unirse con una mujer intrépida y valiente, una mujer que fuera totalmente opuesta a su madre. Con la mente aún puesta en aquel os pensamientos, vio de reojo a una mujer caminando por la acera. Se movía con elegancia y segura de sí misma; el pelo, de un bonito color miel, le caía por la espalda en una cascada de seductores rizos. Llevaba un vestido negro que se ajustaba a sus curvas a la perfección, y que dejaba a la vista unas pantorrillas maravil osas. Era perfecta. Nº Páginas 21-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek A Mack se le secó la boca, sus ojos se abrieron de par en par, y sus manos comenzaron a sudar. ¿Quién demonios era? No recordaba haberla llevado de pasajera en su hidroavión en los últimos días, y pensó que habría viajado con algún otro piloto. ¡Hombre afortunado! Caminaba erguida, con la cabeza alta y la mirada al frente. Llevaba zapatos de tacón y pisaba como si el mundo fuera suyo.


Mack sintió una admiración instantánea por el a. Aquel era su tipo de mujer. Pero, ¿qué era lo que llevaba alrededor del cuello? Boquiabierto, Mack observó el lascivo amuleto que llevaba sobre el pecho y se quedó anonadado. Tanto, que cuando el a bajó de la acera para cruzar, él pisó el acelerador en vez del pedal del freno. ¡Cielos! ¡Estaba a punto de matar un sueño hecho realidad! Pisó el pedal del freno con fuerza, al tiempo que tocaba el claxon. Las ruedas chirriaron por la repentina presión y su estómago dio un vuelco. La mujer se volvió para mirarlo. Sus grandes ojos verdes reflejaban sorpresa. Mack se bajó del coche, apresurándose hacia la parte delantera, y cuando vio que se había detenido a escasos centímetros de su cuerpo se sintió devastado. Al principio, ella lo miró con indiferencia, como si hubiera sido culpa suya, pero inmediatamente parpadeó y habló con una voz que le resultaba vagamente familiar. —¡Cielos! ¿Me he puesto delante de ti sin mirar? —preguntó ella. —Sí —contestó Mack. Por ninguna razón aparente, Mack sintió que la timidez se apoderaba de él. —¡Menuda suerte he tenido de que tengas tan buenos reflejos! Mack no podía dejar de mirarla aturdido. No era capaz de casar la tranquilidad de ella con su propio estado de nervios. ¿Acaso no se daba cuenta de que había estado a punto de atropel ada? —Lo siento. Estaba distraída buscando el ayuntamiento y no te he visto. Mack se quedó boquiabierto. Sintió una urgente necesidad de tocarla y tuvo


que hacer un esfuerzo por controlar las manos. —¿Vas a la fiesta de la revista Metropolitan? Ella asintió. —Yo también. Vamos —dijo él y la agarró de la mano. Mack sintió un escalofrío. ¿Cómo era posible que una mujer lo descolocara de aquella manera? Inspiró profundamente. No podía dejar que ella se diera cuenta de lo mucho que lo había impresionado. Al menos por el momento. —Salgamos de la carretera. Nº Páginas 22-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —¿Perdona? —preguntó el a, y cuando parpadeó sus grandes ojos verdes, Mack sintió que estaba perdido. —Que debemos apartarnos de la carretera. —Sí, es verdad. Mack pensó que no parecía muy espabilada, pero no suponía ningún problema. Tenía un cuerpo de escándalo. «Recuerda la característica número siete de la lista», se dijo a sí mismo, y mentalmente hizo un gesto de impaciencia con los ojos. La inteligencia era la cualidad número siete en su lista de la esposa ideal. Pero se dijo a sí mismo que debía darle una oportunidad a aquel a mujer. Sólo por haberse puesto delante de su coche, sin mirar, no significaba que fuera tonta.


Todo el mundo cometía errores. Él mismo había pisado el acelerador en vez del freno. La acomodó en el asiento del copiloto y después se marcharon al ayuntamiento. Mack aparcó y mientras se dirigían hacia la puerta de entrada, todo el mundo se giró para mirarlos. ¿Cómo había llegado aquella exótica fantasía a aquel rincón de Alaska? Mack no podía dejar de maravil arse cada vez que la miraba, pero se recordó que él buscaba esposa, no una fantasía. Además, ni siquiera sabía si ella estaba interesada en el matrimonio. O tan siquiera en él. —Por cierto, me llamo Mack McCaulley —se presentó y le tendió la mano. Ella lo observó por un momento. —¿No nos conocemos ya? —preguntó ella en un susurro. —Desde luego que no. Nunca me olvidaría de una mujer como tú. Por alguna razón, aquella afirmación hizo que el a frunciera el ceño disgustada, y Mack se preguntó qué había hecho mal y si era posible que ya se conocieran, pero estaba seguro que de ser así, la recordaría. —Yo soy Camryn Josephine —dijo el a finalmente. —Es un nombre muy sexy —dijo él, enarcando las cejas. —Gracias. Mack abrió la puerta y los dos entraron en el ayuntamiento. Kay y Quinn se acercaron a ellos para saludarlos, y Camryn le susurró algo a Kay.


—¿De verdad? —dijo Kay y se rió, pero después le lanzó una mirada acusadora a Mack. Entonces fue Mack el que frunció el ceño. ¿Qué demonios había hecho? No le gustaba que hablaran de él a sus espaldas. Le traía malos recuerdos de la infancia, cuando su madre se marchó con otro hombre. Y de cuando su primera novia formal lo dejó por un programador que ganaba un buen sueldo. —¿Me estoy perdiendo algo? —le preguntó a Kay. —Por lo visto, sí —dijo Kay—. ¿Tienes idea de quién es el a? Nº Páginas 23-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —No —resopló Mack exasperado. —Es la ganadora del concurso. —¿En serio? Aquel a era una buena señal porque significaba que quizá sí estuviera interesada en buscar marido. Mack la miró con renovado interés, pero Camryn aún parecía ofendida con él por alguna razón. Tenía que arreglar aquella situación cuanto antes. Pero antes de que Mack pudiera hacer nada. Kay entrelazó su brazo con el de Camryn y se la l evó. —Enseguida te devuelvo tu cita. —No soy su cita… —murmuró Camryn en cuanto se hubieron alejado.


—Pero él cree que sí —replicó Kay, mientras subían por las escaleras a los aseos. Una vez dentro, Kay se detuvo delante del espejo, sacó un peine del bolso y se lo pasó por su bril ante y lacio pelo rubio. —Ni siquiera se ha dado cuenta de que soy la persona a la que recogió esta misma tarde en Anchorage. Piensa que soy una mujer maravil osa. Kay la observó de reojo. —La verdad es que en defensa de Mack, he de decir que pareces una mujer completamente diferente. —Pues resulta irritante. Cuando era Cammie Jo ni siquiera me miraba a la cara. Pero ahora que soy Camryn Josephine, no sabe qué hacer para complacerme —dijo Cammie, y cruzó los brazos sobre el pecho rozando el amuleto con la mano. —Así son los hombres. —Es precisamente por eso por lo que no me interesan. Da igual que tenga un alto coeficiente intelectual, sólo se fija en mí porque estoy guapa con este vestido. —No lo juzgues con tanta dureza —dijo Kay—. Tienes que recordar que en Bear Creek hay diez hombres por cada mujer. Por eso pusieron el anuncio. —Prométeme que no le dirás a Mack cómo soy realmente. —¿A qué te refieres? —preguntó Kay mientras se pintaba los labios. —Pues a que en realidad no soy tan guapa, ni sofisticada, ni tengo tanta seguridad en mí misma —contestó el a, señalándose. —¡Claro que lo eres! Sólo necesitabas un poco de ayuda.


Pero Cammie se dio cuenta de que Kay no lo comprendía. Aquella transformación no era el resultado de un poco de maquillaje o unas lentillas de color. Aquel cambio se debía al amuleto, pero no podía decírselo a Kay. Por una parte, no quería que pensara que estaba loca, y por la otra, no quería arriesgarse a que la magia se desvaneciera por contar el secreto. Nº Páginas 24-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —Por favor, no le digas a Mack que soy Cammie Jo, ¿de acuerdo? —De acuerdo. Como tú quieras —dijo Kay, y le apretó la mano. —Gracias. —Ahora, volvamos abajo. Les hemos hecho esperar demasiado. Cuando bajaron a la planta de abajo, la fiesta se había animado. Habían llegado más invitados y la orquesta estaba tocando una canción de moda. Mack estaba de pie junto a la puerta de entrada, y la miraba fijamente. Cammie pensó que el esmoquin le sentaba muy bien; era la cita soñada de cualquier mujer. Apenas había dado unos pasos hacia él, cuando Cammie Jo se encontró rodeada de hombres. Por un momento, sintió que el pánico la invadía, pero inspiró profundamente y se recordó que no había razón alguna por la que asustarse. Llevaba puesto el amuleto. Lo acarició con una mano y se dijo que no debía sentir vergüenza. Que coquetearan con ella si querían.


Eso le daría a Mack algo en lo que pensar. Nº Páginas 25-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Capítulo 4 Mack miraba furioso a Jake. Le había quitado a Camryn, y en aquel momento su amigo estaba bailando con la mujer de sus sueños. Aquel o no era justo. Él la había visto primero. Admiró los movimientos l enos de gracia de Carmín, y disfrutó viendo cómo su vestido se arremolinaba y giraba alrededor de sus piernas. En aquel momento, Jake le dijo algo y el a ladeó la cabeza y sonrió, y Mack sintió una punzada de celos. Pero se dijo que no debía ponerse celoso. Él no era un buen bailarín, así que dejaría que ella se divirtiera con un hombre que no era tan torpe como él en ese sentido. Pero entonces, ¿por qué sentía que le ardían las entrañas? Mientras bailaba, el pelo de Camryn se extendía en el aire como un abanico y Mack se quedó embelesado mirando aquella melena. Echó un vistazo a su alrededor y se dio cuenta de que muchos hombres más la miraban de la misma manera. Pero aunque fuera guapa, no era suficiente para Mack. En el fondo, le aterrorizaba la posibilidad de cometer un grave error al escoger a una mujer demasiado guapa y delicada para vivir en Alaska. Por eso había confeccionado la lista. Mack se l evó la mano al bolsil o de la chaqueta, pero recordó que l evaba esmoquin y que la lista se la había dejado en casa. Pero no importaba porque ya se


sabía las cualidades de memoria. Su compañera ideal tenía que ser valiente, luchadora, leal, digna de confianza, aventurera, sincera e inteligente. Igual que su abuela. Cuando le enseñó la lista a Jake, su amigo le dijo que lo que Mack quería era un boy scout, no una esposa. Mack pensó en aquel o durante unos días, y finalmente añadió sentido del humor y que le gustara mimar y ser mimada. Pero aquella parte de la lista no se la había enseñado a Jake. Podía soportar que le tomara el pelo, pero hasta cierto punto. Mack no sabía si Camryn poseía aquellas cualidades o no, sólo habían estado juntos durante un breve instante y tenían que conocerse mejor para saber si la atracción inicial era algo más que una simple atracción sexual. No podía perder el tiempo con cosas superficiales. Acababa de cumplir los treinta y uno, y aunque nunca había oído que los hombres tuvieran reloj biológico, él sentía que sí lo tenía. No quería ser padre a una avanzada edad como lo había sido el suyo. Cuando nació, su padre tenía cuarenta y dos años, y cuando Mack tan sólo tenía trece años, su padre ya estaba en sil a de ruedas. Él quería tener hijos mientras aún fuera lo suficientemente joven para jugar al béisbol con ellos, o montar en bicicleta, o jugar al hockey. Mack había aprendido que Nº Páginas 26-80


Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek la única manera de vivir plenamente era experimentado la vida al máximo. Porque nunca se sabía lo que podía ocurrir. «Y nunca averiguarás nada sobre el a si te quedas sentado en el banquillo», se dijo él. Cuando la orquesta cambió de canción y comenzó a tocar una lenta, Mack le dio unas palmadas a Jake en el hombro. —¿Te importa? —le preguntó a Jake, y después se volvió a Camryn—. ¿Me permites este baile? Jake se encogió de hombros y asintió. Camryn sonrió y tendió los brazos hacia él. Aquello era lo que más le gustaba de el a, la forma en que mantenía su mirada. Era directa y clara, sin nada que ocultar. No actuaba de forma evasiva y tampoco tenía una actitud agresiva como las chica del club femenino de la universidad de Las Vegas. Era sincera y abierta, y a primera vista, parecía tener todo lo que él buscaba en una mujer. —Hola —saludó él. —Hola —dijo el a, de manera sencil a y directa. Camryn se apartó un mechón de pelo de la cara e hizo un esfuerzo por no apartar la mirada. Mack estaba verdaderamente espléndido con aquel esmoquin. «No te asustes», se animó ella. «Llevas el amuleto y estás viviendo la


aventura de tu vida», se dijo. Ya no era la sumisa Cammie Jo, sino la valiente Camryn Josephine. Estaba preparada para todo lo que la vida le pusiera por delante, y empezaba a gustarle su nueva personalidad. Mack la tomó en brazos y ella sintió sus músculos y su vigorosa masculinidad. Aquel contacto era una experiencia completamente nueva para ella. El calor del cuerpo de Mack hacía que el suyo ardiera, y su aroma le embotó los sentidos, dejándola con una confusa sensación de deseo. Aquel o iba demasiado deprisa para el a. Aturdida, Cammie Jo se limitó a mirarlo ya que no era capaz de pensar con claridad. —No soy buen bailarín —se disculpó él. Entonces se dio cuenta de que Mack pensaba que lo estaba mirando porque la había pisado, aunque el a casi no se había dado cuenta, concentrada como estaba en aquel os seductores ojos que ardían de deseo al mirarla. —Quizá a mí no se me de muy bien —continuó Mack, y la miró las piernas con admiración—. Pero tú tienes unas piernas hechas para bailar. En el pasado, Cammie se habría sonrojado ante aquel cumplido, pero aquella noche aceptó la observación como algo normal. La verdad era que tenía unas piernas bonitas y ya era hora de que alguien se diera cuenta, pensó ella. —¿A qué te dedicas, Camryn? Nº Páginas 27-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek ¿Debería decirle la verdad? Cammie no sabía si se sentiría impresionado por una mujer con carrera universitaria o todo lo contrario. Pero no era capaz de mentir


aunque quisiera. —Soy informática. Ahora estoy trabajando en mi tesis y doy clases en la universidad de Texas. —¿De verdad? Me sorprendes. —¿Por qué? ¿Parezco tonta? —No. En absoluto. Pero la informática parece un trabajo apropiado para una persona introvertida, no sociable como tú. —¿Crees que soy sociable? —Por supuesto. Se nota que tienes don de gentes. Cammie estuvo a punto de reírse en voz alta. Nadie le había hecho nuca un cumplido así. Mack la observaba con detenimiento de arriba abajo. Sus ojos ardían de deseo, y Cammie Jo sintió cómo su cuerpo se incendiaba cada vez que él la miraba. Se movían por la pista de baile completamente desacompasados con la música, y Cammie Jo era totalmente ajena a cualquier estímulo que no fuera la peligrosa mirada de Mack. —¿Tienes sed? —preguntó él cuando la orquesta se tomó un descanso. Ella asintió. Su cuerpo ardía de tal manera, que Cammie Jo pensaba que iba a deshidratarse. —Podemos ir por unos vasos de ponche y salir a tomar el aire. —Me parece bien… —murmuró el a, y se sorprendió al escuchar el tono seductor de su propia voz. Mack fue a buscar los vasos de ponche y unas galletas, y después la guió hacia el exterior.


Cuando la puerta se cerró detrás de el os, Cammie Jo inspiró profundamente y miró al cielo. Le sorprendió ver que a pesar de ser más de las nueve de la noche, aún era de día. Así eran los veranos en Alaska. Miró hacia las montañas mientras se comía una gal eta, e intentó retomar el control de sí misma. La suave brisa acarició su piel, aliviándola de sus acalorados pensamientos. Entonces, Mack se colocó justo detrás de el a y Cammie Jo pudo sentir su masculina presencia. Sintió cómo él observaba todo su cuerpo. ¡Eso en cuanto a sobrecarga sensorial! Si no hubiera tenido el amuleto, ya habría salido corriendo a esconderse en el hotel. Y si era sincera consigo misma, nunca habría salido de la habitación en primer lugar. Se habría quedado en la cama, con una taza de chocolate caliente, viendo películas. —Toma tu ponche —dijo él y le ofreció un vaso. Nº Páginas 28-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Cuando ella lo tomó, sus dedos se rozaron por un instante. Cammie Jo se concentró en beber el ponche para evitar encontrarse con su mirada. —Eres muy guapa —dijo Mack, dando un paso hacia el a. —Gracias. «No me sonrojaré y no saldré corriendo». Camryn estaría acostumbrada a recibir aquel tipo de piropos, pero Cammie Jo no. —Supongo que te lo dicen continuamente.


—No tanto como te piensas —dijo el a, y Mack se acercó otro paso. Cammie Jo sintió que el pulso se le aceleraba. —Me gustaría conocerte mejor. Ella no pudo evitar fijarse en el hoyuelo de su mejil a y en el seductor bril o de sus ojos. ¿Quería salir con el a? —¿En serio? —Sí. Debo admitir que de todas las mujeres que han llegado a Bear Creek durante las últimas dos semanas, tú eres la única que ha despertado mi interés. —¿Y eso porqué? Mack ladeó la cabeza y un mechón de pelo le cayó por un lado de la cara. —Eres un misterio, y me encanta resolver enigmas. —¿De verdad? Cammie Jo no podía creer la facilidad con la que estaba coqueteando con él, y cómo le aguantaba la mirada sin sonrojarse ni pestañear. Mordió la galleta y se humedeció los labios para ver el efecto que provocaba. —Sí —dijo él, siguiendo el movimiento de su lengua con los ojos. —Me alegro por ti. —Te estás riendo de mí. —En absoluto. —Dime, ¿de dónde has salido, Camryn Josephine? Él levantó una mano, y por un momento Cammie Jo pensó que iba a tocarla, pero en vez de eso él apoyó la mano sobre la pared y se inclinó hacia ella. Su


aroma era maravilloso, y estaba tan cerca que pudo ver lo largas y exuberantes que eran sus pestañas, y pensó que suavizaban su inquisitiva mirada. —De la nada. —Te creo… —murmuró él—. Eres única. Cammie Jo nunca había estado en una situación tan íntima y pensó que le gustaba estar tan cerca de aquel maravil oso hombre. —¿Te gusta la aventura? —¿A qué te refieres? Nº Páginas 29-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —¿Te gusta montar en bicicleta, en kayak o salir a pescar salmones? — preguntó Mack y esperó. Parecía contener la respiración. Cammie Jo pensó en el anuncio de la revista y recordó el reclamo que había debajo de la foto: «¡Se buscan mujeres atrevidas!» ¿Sería el a lo suficientemente atrevida para él? —Me atrevo con todo. Él silbó como si hubiera estado imaginando aventuras verdaderamente perversas. —¿Cualquier cosa? —Sí —afirmó el a, contenta de tener aquella maravil osa magia para que la


ayudara a aceptar el reto. —Espera un momento. De repente, se dio cuenta de que Mack la estaba mirando la boca de una manera extraña. ¿Se habría dado cuenta por fin de que no era la atrevida Camryn, sino la tímida Cammie Jo? Por un momento, Cammie Jo sintió que el miedo la invadía, hasta que recordó su deseo. Mack alargó la mano y pasó un dedo por la comisura de su boca, provocándole un escalofrío. —Tenías una miga —explicó él. —¡Ah! Pero la miga ya no estaba y él sí, con la cara muy cerca de la suya. Entonces, Mack inclinó la cabeza y puso sus labios sobre los de ella. Cammie Jo se sintió en la gloria. Pero cuando él apretó la lengua contra sus cerrados dientes, Cammie se apartó sorprendida. Mack parpadeó. ¿Cómo era posible que Camryn Josephine no supiera besar?, pensó él sorprendido. Estaba seguro de que aquella atrevida mujer había besado a decenas, sino a cientos de hombres. Después pensó que quizá no le hubiera correspondido porque no estaba segura de sus sentimientos. Mack se rascó la cabeza y la miró fijamente. Era tan bonita, y tenía unas curvas tan maravillosas en comparación con su duro y marcado cuerpo… Quizá ella no estuviera segura de sus sentimientos, pero él sí sabía lo que quería. Quería saborearla y explorarla. Quería averiguar si realmente era la mujer que estaba buscando. Mack puso un dedo bajo su barbilla y le levantó la cara. Se fijó en el pulso de su cuello, palpitando por la expectación, y


lentamente acercó los labios hacia aquel punto y le besó el cuel o con toda la suavidad de que fue capaz, para aumentar su excitación. La piel de Cammie Jo se calentaba por momentos. Cuanto más rápidamente movía él la lengua a lo largo de su cuello, más se le aceleraba a ella el pulso. Mack sintió que el a temblaba, y pensó que la excitación de ambos crecía al mismo ritmo. Nº Páginas 30-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Se preguntó si en su búsqueda de aventura, Cammie Jo también deseaba explorar el deseo carnal; él la deseaba con tanta fuerza que sintió una punzada de dolor en la entrepierna. Pero no podía dejar que el deseo le nublara la mente. Por mucho que lo quisiera, no la l evaría a casa para acostarse con el a. Pero sí saborearía aquellos labios de nuevo, para tener algo en lo que pensar. Volvió a besarla, aquel a vez con pasión, y el a abrió la boca para él. Tenía un sabor tan exquisito que Mack casi gruñó. Su femenino aroma le inundó los sentidos; sintió sus pechos estrechándose contra su torso. Enterró los dedos en su melena dorada y sostuvo su cabeza con la mano. Camryn se removió entre sus brazos. Todos sus sentidos estaban en alerta máxima. Aquello era demasiado para ella. Iban demasiado rápido y no era capaz de


asimilar todo lo que estaba pasando. «Claro que puedes. Tienes el amuleto». Cammie Jo se l evó la mano al cuello para tocar el col ar y absorber su fuerza, pero no lo encontró. Sintió que el pánico la invadía y se apartó de él apresuradamente, dejándolo aturdido. —¿Qué…? —preguntó él. Cammie Jo se miró el pecho. ¡El amuleto había desaparecido! Sin él, no tenía el suficiente valor para coquetear con un extraño, ni para besarlo. Era de nuevo la misma Cammie Jo de siempre; se sentía vulnerable, asustada y completamente fuera de lugar. Desesperadamente, miró a su alrededor en busca del col ar. Su angustia era tal, que comenzó a respirar con dificultad. —¿Camryn? ¿Qué ocurre? —preguntó Mack, y alargó el brazo para ponerlo sobre su hombro. Aquel contacto fue la gota que colmó el vaso. Cammie Jo tenía que alejarse antes de estropearlo todo. Tenía que esconderse de él para que no la viera como realmente era. Cuando se hubiera terminado la fiesta, volvería para buscar el collar. Pero en aquel momento, todos sus miedos se convirtieron en una gran preocupación: Que descubrieran que era un fraude antes de haber tenido la oportunidad de vivir su aventura. «¡Márchate ahora mismo!» —No puedo hacerlo —dijo ella, y dando media vuelta salió corriendo. —¡Camryn! —gritó Mack—. Cuéntame qué ocurre. Cammie Jo no dudó ni por un momento y continuó corriendo—. ¡Espera!


Ella oyó sus pasos justo detrás y en su afán por correr más deprisa se torció un tobillo, pero no se detuvo. Apenas podía ver por dónde iba ya que el pelo se le metía continuamente en la cara. Nº Páginas 31-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Dio la vuelta al edificio, esperando que él se diera por vencido. Si un hombre huyera de ella, captaría la indirecta y no saldría corriendo detrás de él. Pero Mack continuaba tras el a. Cammie Jo se dirigió a la entrada principal del edificio y se apresuró a pasar entre un grupo de personas que entraban en aquel momento, utilizándolos como barrera entre Mack y ella. —Lo siento. No quise pisarte —se disculpó Mack, pero el a no se detuvo ni un instante. Le quemaban los pulmones, tenía flato y sentía una punzada de dolor en el tobillo. Podía soportarlo todo, menos un encuentro frente a frente con Mack sin el amuleto. Con rapidez, cruzó la puerta, pasó por delante de una sorprendida Kay, y subió las escaleras hacia los aseos. Allí estaría relativamente segura. Una vez dentro, Cammie Jo paseó de un lado a otro, preguntándose qué podía hacer. No podía quedarse allí toda la noche. ¿O sí? La idea era tentadora, pero teniendo en cuenta cómo la había perseguido, Mack no se daría por vencido con facilidad. Probablemente mandaría a


alguien a buscarla. ¡Maldita sea! Entonces vio la ventana. Era bastante pequeña, pero el a también lo era, así que se subió al lavabo y abrió la ventana para mirar. El suelo estaba mucho más lejos de lo que había pensado, y además, justo debajo, había una fila de contenedores de basura metálicos. Cammie Jo se apartó de la ventana y sopesó sus posibilidades: O bien saltaba por la ventana, o bien se enfrentaba a Mack. ¿Qué sería lo más sencillo? Cerró los ojos con fuerza, deseando tener el amuleto. —¡Camryn! —gritó Kay desde el otro lado de la puerta—. ¿Estás ahí? Mack te está buscando. Tenía que hacerlo. Cammie Jo sacó las piernas por la ventana, inspiró profundamente y saltó. Nº Páginas 32-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Capítulo 5 ¿Qué demonios le había ocurrido?, se preguntó Mack mientras caminaba de un lado a otro del pasillo. Maldijo su tendencia a saltar de cabeza cuando quería algo. Unos minutos más tarde, Kay salió de los aseos y Mack la miró expectante. —No está ahí. —¿Cómo que no está ahí? La vi entrar con mis propios ojos. —Lo he comprobado y no hay nadie ahí dentro.


—La estás encubriendo —acusó Mack. —¿Me estás llamando mentirosa, Mack? —preguntó Kay, poniendo los brazos en jarras y sonriendo. —No. Claro que no —dijo Mack, arrepentido. —Pero te diré que la ventana estaba abierta. —¿Crees que pudo saltar? Kay se encogió de hombros. —Eso parece. ¿Qué la has hecho? —Nada en absoluto. —Camryn ha desaparecido después de salir afuera contigo. Quizá estabas yendo demasiado deprisa para ella… —¿Y por qué no me lo dijo? —preguntó Mack. Exasperado, se metió las manos en los bolsillos. —Eso tendrás que preguntárselo a ella. —De acuerdo. ¿Pero cómo lo hago si ni siquiera sé dónde está? —Se hospeda en el hotel de Jake. Por una parte, Mack se decía que debía olvidarla, pero por otra, no podía dejarla marchar sin pedirle una explicación. Y si él la había disgustado de alguna manera, quería disculparse. Así que salió del ayuntamiento, cruzó la calle y se dirigió al hotel de Jake. Entró en el vestíbulo y se acercó a la recepción. Allí sentado estaba el viejo Gus, el recepcionista del hotel.


—Hola, Gus. Gus gruñó a modo de saludo y apenas levantó la mirada del libro que estaba leyendo. —Tenéis una huésped que se llama Carmín Josephine. ¿Podrías decirme el número de su habitación? Nº Páginas 33-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —No damos esa clase de información. —Vamos, Gus… Tú me conoces. —Sí y eres un granuja. No me fío de ti. —Eso ocurrió hace veinticinco años, Gus. Aquel anciano no se cansaba de recordarle su falta. —Tengo buena memoria. —Ya lo veo. Y te pido disculpas de todo corazón. Era un niño terrible. Pero, ¿podrías al menos telefonear a su habitación? —No tienes ninguna oportunidad con esa mujer. Es demasiado sofisticada para los tipos como tú. —Eso es lo que dijiste acerca de Kay y Quinn, y te equivocaste. Gus resopló. Dejó el libro que estaba leyendo y marcó el número de la habitación de Camryn. Después de unos instantes, colgó el auricular. —No contesta.


Gus volvió a su lectura y Mack se dio media vuelta. ¿Dónde podía estar? Se había esfumado. Mack suspiró y atravesó el vestíbulo. Entró en la sala donde los huéspedes y la gente del lugar solían reunirse, y se desplomó sobre una silla. Aquel a noche la habitación estaba vacía excepto por aquel a tímida mujer con gafas gruesas. ¿Cómo se l amaba? ¿Tammie Jo? Quizá hubiera visto a Camryn pasar por allí. Mack se levantó y se acercó al sofá donde estaba sentada leyendo. Llevaba el pelo recogido de aquel a manera tan poco atractiva, una bata rosa de felpa y unas zapatillas de Bugs Bunny. A Mack no le sorprendió verla con aquel atuendo tan ridículo. A un lado del sofá, sobre una mesil a, había un vaso de leche y un plato con restos de galletas. ¡Menuda fiesta! Mack se sentó en el borde de la mesa que había delante del sofá. —Hola. Ella no levantó la vista del libro. Igual que Gus. ¿Acaso había una conspiración contra él, aquella noche? —¿Te acuerdas de mí? Ella asintió sin mirarlo. —¿Llevas aquí mucho tiempo? —le preguntó, y ella se encogió de hombros. ¿Cómo podía ser tan tímida que ni siquiera era capaz de mirarlo? Mack recordó el encuentro que habían tenido en el piso de arriba. En aquel


momento, ella se había mostrado algo más enérgica. Quizá la motivaran la ropa interior sexy y una charla provocativa. Nº Páginas 34-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —¿No habrás visto a una mujer pasar por aquí? Alta. Bueno, llevaba tacones —le explicó y la miró por un momento—. A decir verdad, debía de ser más o menos de tu estatura. Llevaba un magnífico vestido negro, y tiene el pelo de color miel. —Lo siento —espetó Tammie Jo—. No la he visto. Mack se dio cuenta de que no lo había planteado bien. Por lo visto, la señorita insulsa no quería oírle alabar a otra mujer, y tampoco podía culparla. Mack se puso de pie y sin mirarla dos veces, se despidió. —Gracias por tu ayuda. Ella no contestó, limitándose a continuar con su lectura. ¿Había viajado hasta Alaska para sentarse en un sofá a leer? Mack movió la cabeza y se marchó del hotel. Era hora de irse a casa y dejar de perseguir a la mujer de sus sueños. Al menos por el momento. Seguía sin reconocerla, pensó Cammie Jo furiosa. Estaba junto a la puerta trasera del ayuntamiento, de rodil as y con una linterna de bolsillo entre los dientes. Era más de medianoche y el sol finalmente se había puesto. ¿Es que aquel hombre era tonto? ¿O estaba tan cegado por la aparente belleza de Camryn, que no era capaz de reconocer a la sencil a mujer que tenía


delante como la misma con la que había estado coqueteando toda la noche? O quizá fuera más sencil o que todo eso. Quizá la hubiera etiquetado como una mujer no deseable, al igual que habían hecho todos los hombres a lo largo de los años. Sabía de sobra lo que él pensaba de ella: La ropa ancha, más las gafas gruesas, menos el maquillaje, más los libros… Equivalían a una aburrida solterona. Aquel pensamiento la puso furiosa. ¡Hombres! Eran tan simples, que se dejaban llevar sin más por las apariencias. Cammie Jo se sentía decepcionada, disgustada y furiosa. Y por alguna razón, seguía sintiéndose atraída por el fastidioso Mack McCaul ey, y no podía dejar de pensar en él. Como tampoco podía dejar de pensar en sus labios. Tenía que haberle dicho que ella era Camryn, pero no lo había hecho porque sin el amuleto, no tenía valor para decirle tales cosas. Cammie Jo lo apartó de su mente, porque de todos modos, no había ido a Alaska en busca de marido, sino en busca de aventura, aunque si no lograba encontrar el amuleto no podría realizar su deseo. Justo cuando estaba a punto de darse por vencida, su mano se topó con algo duro entre la hierba. ¡El amuleto! Cammie Jo gritó de alegría. Después de todo, podría ir a la excursión al Parque Nacional de Tongas. Nº Páginas 35-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Cammie Jo alumbró el collar con la linterna para ver por dónde se había roto, y tras hacerle un nudo se lo puso de nuevo. Inmediatamente se sintió fortalecida.


¡Al diablo con Mack! Mientras tuviera el amuleto, nada ni nadie iba a impedir que se lo pasara en grande. A la mañana siguiente, Cammie Jo se despertó al alba, lista para la excursión. Abrió la ventana y respiró el limpio aire de la montaña. Después se vistió, se puso unas botas para andar, le hizo otro nudo al collar, y se lo puso por encima del jersey. No quería arriesgarse a perderlo por segunda vez. Después de varios intentos, logró ponerse las lentillas; hizo todo lo que pudo por maquil arse tan bien como lo había hecho Kay el día anterior, y se cepilló el pelo, dejando que los rizos cayeran sobre sus hombros como la noche anterior. Finalmente se miró en el espejo y se sintió satisfecha. Camryn Josephine había vuelto. Bajó al vestíbulo y salió a la calle en busca del autobús de la excursión. Lo encontró aparcado a poca distancia del hotel y al acercarse, vio que ya se habían subido unas cuantas atractivas y jóvenes mujeres, además de alguna pareja de mediana edad. Cammie Jo se sentó en el asiento que había justo detrás del conductor. Su cara le resultaba familiar, y después de unos instantes, se dio cuenta de que era uno de los solteros que aparecían en la foto de la revista. También recordó haberlo visto en la fiesta de la noche anterior.


Era el hombre más guapo que había visto. Tenía el pelo de color negro azabache y los ojos azules. Cammie Jo pensó que probablemente él era la razón de que el autobús estuviera l eno de mujeres solteras a aquellas horas de la mañana. El atractivo de Mack provenía de sus duras facciones, pero la bel eza de aquel hombre provenía de la perfección de sus rasgos. A Cammie Jo le intimidó tanta belleza. Recordó que se l amaba Caleb Greenleaf, y que era naturalista. Además de conductor de autobús. Se subieron unas pocas mujeres más, y después de coquetear un poco con Caleb, se dirigieron a sus asientos. Después, él se levantó y contó el número de pasajeros. —Parece que habéis llegado todos menos mi ayudante. Le esperaremos unos minutos más porque es difícil que una sola persona guíe a un grupo tan grande. En aquel momento, un hombre con cazadora marrón se montó en el autobús. —¡Buenos días! —saludó Mack McCaul ey—. Siento haber l egado tarde. Mack se agarró a una barra y se quedó de pie, mientras Caleb cerraba la puerta y arrancaba el autobús. Nº Páginas 36-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Después, Mack tomó un micrófono y estaba a punto de comenzar a hablar, cuando se percató de la presencia de Cammie Jo. Ambos contuvieron la respiración y sus miradas se entrelazaron. Cammie Jo sintió que el corazón le daba un vuelco. ¿Qué estaba haciendo él al í? ¿Por qué no estaba pilotando su hidroavión?


Mack retomó inmediatamente el control de sí mismo, se presentó y comenzó a hablar de la excursión, pero Cammie Jo no escuchó ni una palabra de lo que decía. Su cabeza era un torbel ino. Agarró el amuleto con una mano y poco a poco, logró calmarse. Diez minutos más tarde l egaron al borde del parque, y Caleb aparcó el autobús. Después, dio instrucciones a los excursionistas para que se separaran en dos grupos de doce personas. Un grupo iría con él y el otro con Mack. Caleb se bajó del autobús y los excursionistas lo siguieron, pero Mack se quedó clavado en el sitio, sin dejar de mirar a Cammie Jo, y el a dudó sin saber qué hacer. Sintió que el pulso se le aceleraba y el estómago le dio un vuelco. No debería estar asustada, pero de repente se dio cuenta de que la emoción que sentía en su interior no era miedo, sino excitación mezclada con otra sensación que hasta entonces no había experimentado con tanta intensidad. Era excitación sexual. La atmósfera que los rodeaba estaba cargada de electricidad, y Cammie Jo notó que los pelos se le ponían de punta. Tragó saliva. De cintura para abajo se sentía caliente y húmeda. Mack y el a estaban completamente solos en el autobús, y él se acercó lentamente hacia ella. —Tenemos un asunto pendiente —dijo él. Cammie Jo miró a su alrededor en busca de una salida, no porque tuviera miedo de su carga de testosterona, sino todo


lo contrario. Debería haberse sentido asustada por su cercanía y su virilidad, y sin embargo, estaba más excitada de lo que podía imaginar—. No puedes huir, cielo… Mack estaba justo delante de ella, en medio del pasil o, y con una mano a cada lado apoyada sobre el respaldo de los asientos. —Si quieres bajarte del autobús, tendrás que pasar por encima de mí. Cammie Jo contuvo la respiración. La mirada de Mack, cargada de deseo, la mantenía clavada en el sitio. Normalmente, no le gustaba la confrontación y la evitaba a toda costa. Pero en aquel momento se sentía llena de valor, y estaba preparada para enfrentarse a él. —¿Por qué saliste corriendo anoche? —¡Mack! —gritó Caleb y ambos se sobresaltaron. Caleb se asomó a una ventanil a y dio unos golpes en su reloj. —¡Tenemos que salir ya! —añadió. —El deber te l ama —dijo Cammie Jo con dulzura. Nº Páginas 37-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —No creas que te vas a librar. Antes o después, tú y yo tendremos que hablar largo y tendido. —De acuerdo.


—Bien. Se miraron fijamente. —¿Vienes a la excursión? —preguntó él, ladeando la cabeza. —Por supuesto. Mack se apartó a un lado y extendió una mano. —Las damas primero. Altivamente y con la cabeza bien alta, Cammie Jo se levantó del asiento y caminó hacia la puerta, pero justo cuando iba a bajar por los peldaños, se pisó los cordones de las botas y aterrizó en el barro boca abajo. Llevaban caminando una hora por el denso bosque y Mack no podía dejar de mirarla. Sonreía cada vez que recordaba cómo se había puesto de pie apresuradamente después de caerse del autobús, y se había sacudido el barro antes de que él pudiera alcanzarla. Mack había hecho amago de ayudarla, pero ella lo había mirado con tanta rabia, que él se había limitado a dar un paso hacia atrás, levantando las manos en señal de rendición. Había demostrado a Mack que era una luchadora, y que poseía, sin lugar a dudas, la segunda cualidad de su lista. De vez en cuando, Mack detenía al grupo de excursionistas para darles una pequeña charla sobre la flora y la fauna del lugar. Durante aquel os intervalos, Camryn se afanaba en no mirarlo, simulando estar profundamente interesada en lo que tenía a su alrededor. No parecía darse cuenta de que Mack la observaba cada vez que ella lo miraba a escondidas. Él, por su parte, la miraba


abiertamente. No tenía nada que ocultar. Caleb y su grupo de admiradoras caminaban por delante de el os, a unos quinientos metros de distancia, y Mack apretó el paso en la retaguardia para evitar que nadie se despistara. Camryn se había adelantado al grupo, como si quisiera aumentar la distancia entre el os, uniéndose al grupo de Caleb. Mack admiró el movimiento de su trasero, perfectamente encajado en unos pantalones vaqueros ajustados. Le gustaba ver cómo se le movía el pelo de un lado a otro, y la forma en que la sudadera se ajustaba a sus pechos. Recordó el momento en que se habían quedado a solas en el autobús y él había intentado intimidarla con su masculinidad, en un intento de que el a le diera alguna explicación acerca de su extraño comportamiento la noche anterior. Pero en vez de sentirse intimidada como él había esperado, Mack estaba seguro de haber visto un brillo malicioso en sus maravillosos ojos verdes. Una involuntaria imagen del trasero de Cammie Jo en sus manos se formó en su cabeza e inmediatamente, Mack se excitó. Nº Páginas 38-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Se detuvo junto a un árbol y apoyó una mano en él; inspiró profundamente y se esforzó por controlar su cuerpo. En aquel momento alguien gritó, y Mack pensó que la voz se parecía sospechosamente a la de Camryn.


Se apresuró hacia la cabecera del grupo y llegó justo a tiempo para ver cómo Camryn rodaba terraplén abajo. Nº Páginas 39-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Capítulo 6 Cammie Jo cayó rodando por una inclinada cuesta hasta un pequeño arroyo. Quizá el amuleto curara la timidez, pensó ella, pero desde luego no ayudaba en los casos de torpeza crónica. Al pensar en el amuleto, Cammie Jo se l evó la mano apresuradamente hacia el cuello. ¡Gracias a Dios, aún seguía al í colgado! Sin embargo, se sentía desolada por su torpeza. —¡Camryn! —gritó Mack—. ¿Estás bien? Ella levantó la mirada hacia arriba, y vio la silueta de Mack con el sol a sus espaldas. —¡Sí! —contestó ella y agitó una mano. Cammie Jo oyó cómo bajaba corriendo por el terraplén y sintió que el pulso se le aceleraba al darse cuenta de que él bajaba a rescatarla. En pocos segundos l egó hasta donde estaba ella y la agarró de los brazos para sacarla del arroyo. Cammie Jo tenía la espalda contra su pecho, y levantó la cabeza girándola hacia él. La barbilla de Mack estaba tan cerca de su boca que el a se olvidó de todo, y sólo fue capaz de percibir el aroma de su piel y la dureza de su musculoso cuerpo. Sintió que el deseo la invadía, y le sorprendió la magnitud de las eróticas sensaciones


que se apoderaban de el a. Lo deseaba ardientemente. Allí mismo, en medio del bosque, sobre el arroyo. Mack era magnífico, era sexy, era… ¡Se estaba riendo de el a! —¿Qué te parece tan divertido? —exigió saber Cammie Jo, mirándolo con los ojos entrecerrados. —Tú, cielo. —No soy tu cielo. Y deja de reírte. —No puedo. Deberías verte, doña remilgada. Tienes el pelo lleno de ramitas y tienes barro en las mejil as y la cazadora. —¿A quién estás l amando remilgada? —Como si no lo supieras… —¿Dónde está todo el mundo? —preguntó el a, mientras se sacudía el pelo. —Les dije que continuaran con Caleb. —¿Así que estamos solos? —Sí —afirmó él con la voz ronca, y Cammie Jo vio una peligrosa mirada en sus ojos. —¿Por qué has venido a la excursión? ¿No deberías estar recogiendo pasajeros en el aeropuerto? —¿Quieres que me marche? —No he dicho eso.


Nº Páginas 40-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Mack ladeó la cabeza. —Desde que pusimos el anuncio, Caleb ha tenido mucho trabajo. Y como los martes son los días más flojos para mí, le echo una mano. —Además de echarle un vistazo a los traseros de unas cuantas guapas mujeres. —También —dijo él sonriendo y la sujetó con fuerza—. Y el tuyo es el mejor que he visto. —Mentiroso. —Palabra de boy scout —dijo él, levantando la mano. —¿Fuiste boy scout? —Sí. —Pues me cuesta creerlo. Aunque también le costaba creer que estuviera a solas en un bosque con el hombre más deseable del mundo. —Pues es cierto. —Supongo que tendré que fiarme de tu palabra. —¿Si te beso, saldrás corriendo otra vez? —No… —susurró el a. —¿Por qué lo hiciste? —Porque… Se me había metido algo en el ojo.


—Entonces, ¿por qué saliste por la ventana del baño, dejándome con el corazón roto? —preguntó él, l evándose una mano al pecho con exagerado dramatismo. Cammie Jo resopló. —No es cierto. —Sí que lo es —dijo él, y por la expresión de sus ojos, Cammie Jo supo que había herido su orgullo. —Las mujeres también tenemos derecho a dudar. —¿Eso fue lo que pasó? Sin ella darse cuenta, Mack la había dado la vuelta y estaban frente a frente. Cammie Jo se encontró con su boca justo delante de el a, esperando a ser besada. —¿Y ahora tienes dudas…? —murmuró él. —Ahora tengo los pies mojados. Se me olvidó ponerme unos calcetines de lana, tal y como sugieren en las guías. Mack chasqueó la lengua, y Cammie Jo se preguntó qué sentiría si hacía aquel movimiento dentro de su boca. —Nunca serás una buena esposa de la naturaleza, con tan mala memoria. —Ni por la forma en que caigo rodando por las cuestas. Nº Páginas 41-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —Cierto. Mack le quitó una ramita del pelo y Cammie Jo sintió cómo deslizaba los


dedos entre sus rizos. ¿Cuántas veces había soñado con que un hombre la abrazara de aquella manera? —Aunque supongo que tienes otras habilidades para compensar la falta de memoria y la torpeza. —Supones bien. Se miraron fijamente y ninguno de los dos apartó la mirada ni pestañeó. —Sólo estoy adivinando, pero estoy seguro de que tienes muchos talentos ocultos. ¿Sabes cocinar? —No. —¿Y coser? —Tampoco. —¿Se te dan bien los números? —Me temo que no. —¡Vaya! No parece que tengas ninguna habilidad. —Yo no he dicho eso. —¡Ah! —exclamó él y sus pupilas se dilataron. —Tampoco es eso. —¿Cómo sabes en qué estoy pensando? —Por el malicioso brillo de tus ojos. El calor del cuerpo de Mack y el brillo de sus ojos, en contraste con el frescor del bosque y la poca luz que había, hicieron que el cuerpo de Cammie Jo despertara


a la vida como una flor. —Me gustaría besarte —dijo él—, pero me asusta dar el primer paso, sobretodo teniendo en cuenta tus dudas. —Eres muy considerado. —Así soy yo. Don considerado. —Yo diría más bien Don engreído —dijo ella sonriendo. —Entonces, ¿qué hacemos? ¿Subimos a buscar a los demás o…? —¿O qué? —Dímelo tú. Cammie Jo no soportaba continuar con aquel juego del gato y el ratón. Deseaba besarlo. Así que pasó los brazos por detrás de su cuello y tiró de él para que se echara encima de el a. Camryn Jo lo deseaba, pero resultaba obvio, al igual que la noche anterior, que no era una experta besando. Y si no tenía experiencia en besar, tampoco la tenía haciendo el amor… Nº Páginas 42-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek A Mack le costaba asimilar aquello, ya que Camryn tenía edad suficiente y era lo bastante sexy para haber tenido unos cuantos amantes. Pero no podía obviar su inexperiencia. Cuando él comenzó a mordisquearla el cuello, succionando ligeramente al mismo tiempo, el a se sobresaltó. —¿Qué estás haciendo? —preguntó, y Mack se dio cuenta de que se había tensado.


—Te estoy mordiendo. —¿Me estás haciendo un chupetón? —preguntó ella horrorizada. —Lo sería si te mordiera más fuerte. Pero no lo haré. Pienso que es una señal de inmadurez. Además, no lo haría sin tu permiso. —Me alegra saberlo. —¿Nadie te había besado así? —preguntó él. —No —contestó ella moviendo la cabeza. —¿Y así? Mack deslizó la boca por su cuello y le acarició el borde de la oreja con la lengua. Percibió su aroma de mujer seductora. Cammie Jo sintió un escalofrío y se le puso la piel de gal ina. —¿Te gusta? —Pues… La verdad es que no. —¿No te excita? —preguntó él. Ninguna mujer se había quejado nunca de su técnica. —La verdad es que preferiría que no me metieras la lengua en la oreja. Mack no pudo evitar reírse. —Me gustas. Eres sincera. No te preocupes, no lo volveré a hacer. —¡Hola! ¿Necesitáis ayuda? La voz de Caleb resonó entre los árboles, estropeando aquel momento. Mack se apresuró en ponerse de pie.


—¡No! Está todo bajo control —contestó él. —¿Así es como lo llamáis? ¿Vais a volver a casa con nosotros? —Enseguida subimos —dijo Mack y suspiró. Justo cuando las cosas empezaban a ponerse interesantes entre ellos… ¿Hasta dónde habrían llegado si Caleb y los demás no hubieran aparecido? «No muy lejos. No tienes preservativos y el a desde luego tampoco», se dijo Mack. Subieron por el terraplén para reunirse con los demás y volvieron al autobús. Una vez dentro, Mack se sentó junto a ella. —¿Quieres cenar conmigo esta noche? —preguntó él. —Creo que será mejor que no. Aquel a respuesta lo sorprendió. Mack había esperado que aceptara. Nº Páginas 43-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —¿Tienes dudas otra vez? Cammie Jo sonrió. —Más o menos… Mack no dijo nada. Se sentía confuso, no sabía si ella se sentía atraída por él o no. A juzgar por sus besos, Mack pensaba que sí, pero había rechazado su invitación. —Está bien —dijo él, y cruzando los brazos sobre el pecho se recostó en el asiento.


—¿Por qué no? —dijo ella después de un rato—. De acuerdo. Cenaré contigo. ¿Qué podía ponerse? Cammie Jo miró los vestidos que Kay le había prestado. Todos eran preciosos y resultaba difícil elegir uno. Lulú estaba sentada junto a la cama, dando golpes con la cola en el suelo, y observándola mientras se probaba los vestidos. El amuleto le estorbaba cada vez que se ponía o se quitaba uno, así que finalmente Cammie Jo se lo quitó y lo dejó sobre la cama. Se decidió por un conjunto de blusa y falda de seda color azul lavanda. Canturreando, sacó de un cajón ropa interior limpia y se marchó a darse un baño antes de vestirse. Una hora más tarde, y después de arreglarse el pelo y maquillarse, se puso la bata y volvió a la habitación. Consultó el reloj y vio que eran las siete y veinte. Echó un vistazo y vio que Lulú se había marchado; había dejado la puerta abierta para que saliera cuando quisiera. Cammie Jo cerró la puerta y comenzó a vestirse. Se puso la falda y la blusa, unas medias y zapatos de tacón. Después, miró por encima de la cama en busca del amuleto… ¡Y no estaba! ¿Qué extraño? Cammie Jo estaba segura de haberlo dejado encima de la cama. Miró encima del tocador, pero tampoco estaba allí. Comenzó a sentir que el pánico hacía presa de el a. Se agachó y buscó debajo de la cama, pero seguía sin aparecer. Revolvió la colcha y sacudió


las almohadas, abrió todos los cajones y rebuscó en el armario. Nada. De repente recordó que Mack le había dicho que la perra era cleptómana y supo lo que había ocurrido. Lulú se había llevado el collar. Consultó el reloj de nuevo. Ya eran las ocho menos veinte y comenzó a ponerse nerviosa. No podía dejar que Mack la viera así. Se miró en el espejo y efectivamente, la recta y confiada pose de Camryn había desaparecido. Tenía los hombros alicaídos, el pelo le caía sin gracia sobre los hombros, el rímel se le había extendido alrededor de los ojos y se había quitado el carmín al morderse los labios nerviosamente. Estaba hecha un adefesio. No le quedaba otra elección. Tenía que cancelar la cita. Hurgó en su bolso en busca de la tarjeta de Mack, y con manos temblorosas marcó su número de teléfono. Dejó un mensaje en el contestador, diciéndole que no se encontraba bien. ¿Camryn acababa de cancelar la cita? Recién salido de la ducha y con una toal a alrededor de la cintura, Mack escuchó el mensaje por tercera vez. Estaba Nº Páginas 44-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek furioso. Telefoneó al hotel y pidió que le pusieran en comunicación con su habitación, pero ella no contestó la llamada. ¡Más le valía estar ocupada en el cuarto de baño! De lo contrario, tendría que darle unas cuantas explicaciones. «No merece la pena preocuparse por una mujer caprichosa. Olvídala». Aquel era un buen consejo, pero su orgullo no se lo permitió. ¿Qué había hecho mal? Mack resopló. ¡Mujeres!


Se pasó la mano por el pelo. Sintiéndose furioso, comenzó a vestirse. Quizá si paseaba por las cal es de Bear Creek, la encontrara abrazada a otro hombre. Mack apretó los dientes al pensar aquello. ¿Y qué haría entonces? Lo mejor sería ir a buscar a Jake y salir a tomarse un par de cervezas. Había mujeres de sobra en el pueblo, ansiosas por estar con los solteros del anuncio. Y en aquel momento, lo que él necesitaba era salir con su amigo y coquetear con todas las mujeres que se le pusieran por delante para olvidarse de Camryn. Pero ahogar las penas en cerveza y compañía femenina, no era su estilo. En el fondo, Mack era hombre de una sola mujer; ansiaba una relación estable y le asustaba la posibilidad de no encontrarla. Le preocupaba no ser capaz de tener mejor tino que su padre a la hora de escoger esposa. ¿Por qué siempre se sentía atraído por mujeres como Camryn? Aunque ella no era tan descarada como pretendía aparentar. Sus ingenuos besos la delataban. Mack inspiró profundamente y suspiró con fuerza. El hecho era que aparte de su tendencia a jugar con él, Camryn era la perfecta compañera. Y aunque se dijo que tenía que dejar de pensar en el a, no era capaz de quitársela de la cabeza. Mientras conducía hacia el hotel de Jake, tuvo que hacer un esfuerzo por no mirar por la ventanil a en busca de la estilizada figura de Camryn. Aparcó detrás del hotel y entró por la puerta trasera. Oyó voces procedentes de la cocina y pensó que


a aquella hora del día no era de extrañar que hubiera gente al í. Cerró la puerta y se dirigió hacia la cocina. Cuando entró, lo que vio lo dejó paralizado. Allí estaban Jake y Camryn, sentados a la mesa de la cocina. Tenían las cabezas juntas, en un gesto muy íntimo y hablaban en voz baja. Los dos estaban de espaldas a él. Camryn llevaba el pelo recogido de mala manera, pero aquello no parecía molestar a Jake. De hecho, en aquel momento, alargó el brazo, dio unas palmadas a Camryn en la mano, y murmuró el nombre de Mack. Estaban cuchicheando sobre él. De la misma forma en que la gente lo había hecho cuando su madre se marchó. Mack sintió que se le helaba la sangre. Pero lo que verdaderamente le revolvía el estómago y lo enfurecía, era la familiar escena que tenía delante: Su mejor amigo coqueteando con la mujer que a él le gustaba. Se les veía demasiado a gusto el uno con el otro. Invadido por los celos, Mack cruzó la habitación y puso una mano sobre el hombro de Camryn. —Te encontrabas mal para salir conmigo pero no para salir con Jake… — dijo él en un tono tan duro, que ni siquiera él mismo se reconocía. Pero cuando ella se giró, Mack se dio cuenta del error que acababa de cometer. Aquella mujer no era Camryn. Tenía el mismo color de pelo, pero el


parecido terminaba ahí. Sus ojos eran azules y llevaba unas gruesas gafas de pasta negra. Y aunque tenían las facciones parecidas, aquella mujer no tenía el aspecto descarado y de confianza en sí misma que tenía Camryn. Su atuendo tampoco era Nº Páginas 45-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek uno con el que Camryn se dejaría ver: Un jersey gris de cuello alto y unos pantalones anchos de color marrón. Y para rematar, no era capaz de mirarlo a los ojos… ¿Era Tammie Jo? Mack frunció el ceño. No podía ser que a Jake, amante de las fiestas y la naturaleza, le gustara aquel a tímida chica. —Lo siento —se disculpó Mack y dio un paso hacia atrás—. Me he equivocado. Buscaba a otra mujer. Cammie Jo aventuró una mirada a Mack, e inmediatamente apartó la vista. Sintió que el miedo y la decepción se apoderaban de ella porque efectivamente, Mack deseaba a Camryn, no a Cammie Jo. Pero debía desear mucho a Camryn para haber ido allí a buscarla. Cammie Jo sintió un nudo en el estómago. —Pues yo no veo a más mujeres por aquí, ¿y tú? —preguntó Jake. —No —respondió Mack. —Quien quiera que sea, parece que te ha sacado de tus casillas —continuó Jake. Cammie Jo fijó la mirada en la mesa. La asustaba mirarlo a la cara. «Que no


me reconozca, por favor… ¿Por qué no me reconoce?» ¿Acaso su aspecto físico era tan poco atractivo como su personalidad, que Mack ni siquiera veía el parecido? Cammie Jo sabía la respuesta a aquella pregunta. —Tienes razón… —suspiró Mack y se pasó una mano por el pelo. —¿Merece la pena que te preocupes tanto? —preguntó Jake—. Casi nunca te había visto así. Cammie Jo contuvo la respiración mientras esperaba su respuesta, e hizo un esfuerzo por pasar desapercibida. —Es maravillosa, Jake. —Hay quinientas mujeres nuevas en el pueblo que encajan con esa descripción. —Tiene un cuerpo glorioso. Cammie Jo enarcó una ceja, y se miró a sí misma. ¿Mack pensaba que tenía un cuerpo glorioso? No pudo evitar sonreír al pensar aquello. —Entonces, ¿cuál es el problema? —preguntó Jake. —Creo que tiene otra aventura. Cammie Jo sintió una punzada de dolor en el corazón y se mordió el labio. Odiaba causarle dolor a Mack. —¿Qué hay de malo en eso? —preguntó Jake—. Yo lo hago continuamente. De hecho, tengo cuatro citas para este fin de semana. —Yo no soy como tú —dijo Mack—. Soy hombre de una sola mujer, y quiero una mujer de un solo hombre.


«Sólo quieres a una mujer y ni siquiera existe», pensó Cammie Jo. —¡Tranquilo, chico! La acabas de conocer. Nº Páginas 46-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —Es especial. —No dejes que tu afán por casarte te haga cometer alguna estupidez. Sé que Quinn hizo que el amor a primera vista pareciera algo sencil o, pero Kay y él atravesaron malos momentos también. No te precipites. —¿Cómo voy a hacerlo si ni siquiera puedo encontrarla? Cammie Jo no soportaba ver a Mack sufriendo por Camryn. Apartó la silla y señaló hacia la puerta. —Tengo… Tengo que marcharme. Mack se volvió para mirarla, y la expresión que vio en sus ojos le mostró la terrible realidad. Se había olvidado de que ella estaba allí. Nº Páginas 47-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Capítulo 7 —Llegas tarde —dijo Jimmy a la mañana siguiente, cuando Mack l egó al muelle. —¿No me digas? —Tú nunca l egas tarde. —Pues hoy sí. Gracias a Camryn, no había podido conciliar el sueño.


—¿Estuviste persiguiendo mujeres? Mack resopló. —No. —¿Por qué no? —preguntó Jimmy sonriendo—. Yo sí. —Pero si sólo tienes diecisiete años. —¡Es la mejor edad! —dijo Jimmy y movió las cejas—. Tengo que daros las gracias por poner aquel anuncio. Estoy disfrutando de las consecuencias. —Pues quizá deberías estar disfrutando de tu trabajo. ¿Has l enado el depósito del hidroavión? —Por supuesto. Mack sacó un lápiz de su bolsillo, consultó el horario que le dio Jimmy, y comprobó la lista de vuelo. —Tienes una persona más para el vuelo a Juneau —le dijo Jimmy—, así que irás completo. Los miércoles Mack tenía una ruta fija; llevaba a los turistas a la excursión por los rápidos del río Mendenhall que había todas las semanas. —¿De verdad? —dijo Mack intrigado. Sabía que las chicas del club femenino estaban apuntadas—. ¿Quién es el otro pasajero? —Camryn Josephine. Mack estuvo a punto de soltar el lápiz. ¡Maldita sea! Aún no estaba preparado para enfrentarse a Camryn, necesitaba tiempo para prepararse mentalmente. Ella no le debía ninguna explicación, y el hecho de que él sintiera lo contrario demostraba que esperaba demasiado de el a, cuando aún era demasiado pronto.


«Cálmate y actúa con normalidad», se dijo a sí mismo. En aquel momento, un taxi liego al muelle y se bajaron tres mujeres: Las chicas del club femenino y Camryn. Mack sintió que el estómago le daba un vuelco. Las chicas del club femenino l evaban gafas de sol y tenían aspecto de haber salido de fiesta la noche anterior. Se apoyaron la una en la otra mientras caminaban Nº Páginas 48-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek por el muelle, y cuando l egaron hasta Mack, emitieron unas risillas a modo de saludo. —¡Oohh! —se quejó una de ellas—. Creo que voy a devolver. —No, Deanne. Aquí, delante de Mack, no —dijo su amiga, y se volvió hacia Mack—. Se tomó demasiados cócteles anoche —le explicó. —¡Ni los menciones! —dijo Deanne. —¿Quieres volver al hotel? —le preguntó su amiga Pam. «¡No! No me dejéis sólo con Camryn». —Tengo bolsas en el hidroavión por si os mareáis —ofreció Mack. Deanne se levantó las gafas de sol y echó una ojeada a Mack. —Lo intentaré —dijo el a. Mack sentó a Deanne en el asiento delantero y colocó a Camryn justo detrás de él, pensando que como no estaría en su campo de visión, no pensaría en ella durante el vuelo. Pero se equivocó. Se había olvidad del sentido del olfato. Su aroma inundó el interior del hidroavión y confundió su cerebro.


Desesperado, comenzó a hablar sobre el campo, los glaciares, el tiempo y todo lo que se lo ocurría, con tal de no pensar en Camryn. Cuando finalmente l egaron a Juneau y Mack se bajó del hidroavión para acompañarlas hasta el autobús que debía l evarlas a los rápidos. Cammie le hizo una seña y se lo l evó aparte. —¿Puedo hablar un momento contigo? —preguntó el a. Se sentía de nuevo fortalecida. Jake había encontrado el collar la noche anterior en la caseta de Lulú, y Cammie Jo lo l evaba de nuevo al cuel o. Mack pensó que sería una dulce venganza decirle que no, montarse en el hidroavión y marcharse, pero no quería hacerlo realmente. Además, tenía que llevarlas de vuelta a Bear Creek cuatro horas más tarde, así que había pensado hacer compras en Juneau mientras esperaba. Mack asintió y tomándola del brazo, la guió hasta un lugar apartado. Ella parecía nerviosa y se llevaba la mano al amuleto continuamente. —Siento haber cancelado la cita de anoche. —No pasa nada —dijo él, haciendo un esfuerzo por mantener el tono de voz calmado—. Me habría gustado verte, pero si estabas enferma, ¿qué se le va a hacer? —De eso precisamente quería hablarte —dijo el a y bajó la mirada. ¿Por qué tenía que ser tan guapa?, pensó Mack. ¿Y por qué de repente parecía tan vulnerable? No lograba convencerse de que aquella mujer de dulce aspecto fuera una caprichosa rompecorazones. —No estaba enferma. —¿Ah, no? —No. Nº Páginas 49-80


Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Mack esperó. Ella levantó la cabeza y lo miró valientemente. Mack pensó que al menos aquella actitud era un punto a su favor. —Cancelé la cita porque estaba asustada. —¿Cómo? —preguntó Mack y enarcó incrédulo una ceja. Él había esperado oírla decir que tenía un romance con otro hombre. —Me intimidas, Mack. —¿Yo?—exclamó él—. ¿Cómo? Mack pensó que quizá hubiera tenido una mala experiencia en una relación anterior, y por eso le asustaba comprometerse. Pero si era así, ¿por qué había ido a Alaska en busca de marido? —No es que no me gustes —continuó el a—, el problema es que me gustas demasiado. —¡Eso sí que es bueno! —Me asusta comprometerme con demasiada rapidez. —Cielo, a mí también. Pero la única forma de saber si lo nuestro resultaría es explorándolo. Tienes que arriesgarte de vez en cuando si quieres llegar a alguna parte. —No sé si estoy preparada para eso. —¿Y cenar conmigo habría sido ir demasiado lejos? —Sí. No. No lo sé.


—¡McCaul ey! —gritó un hombre encargado de la excursión por los rápidos. —Estarán listos para salir —dijo él. —Sí. Mack acompañó a Camryn al autobús. Sentía que su floreciente relación aún tenía esperanzas. Tenía que convencerla a que se arriesgara. Quizá su relación no tuviera futuro, pero si lo tenía podía ser maravil osa. —Nos falta un guía —dijo el encargado de la excursión—. Tú solías ser guía, ¿verdad? —Sí. —¿Tienes algo que hacer durante las próximas cuatro horas? —Pensaba hacer compras. —Vente a hacer rafting con nosotros. No te arrepentirás. Mack dudó. —Vamos —dijo Camryn—. Ven con nosotros. Mack simuló considerar la oferta, aunque ya se había decidido. —De acuerdo —dijo él. Nº Páginas 50-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Unas horas más tarde y después de una accidentada excursión por los rápidos, durante la cual todo el mundo se había caído al agua, volvieron al punto de encuentro. Cammie Jo aún temblaba del frío, y se sentó junto a una hoguera para entrar en calor. Alguien le dio una taza de té caliente y ella se la bebió agradecida.


También habían preparado una mesa en la que habían puesto unos tentempiés, pero Cammie Jo tenía demasiado frío para comer. Mack se acercó a un puesto de camisetas, y a el a le resultó extraño que él quisiera comprar un souvenir de un río que conocía como la palma de su mano. En aquel momento, él se dio la vuelta y vio que ella lo observaba. La señaló con el dedo y ella se l evó la mano al pecho a modo de pregunta. —¿Yo? Él asintió. Cammie Jo tiró la taza de papel a la basura y se dirigió hacia Mack, que se había acercado al borde del bosque que rodeaba el punto de encuentro. Cuando llegó, la tomó de la mano y la guió a través de los árboles. —¿Qué ocurre? —preguntó ella. —Aquí tienes ropa seca —dijo él y le entregó una bolsa. Cammie Jo miró en el interior y vio dos camisetas, un pantalón de chándal y un par de calcetines de lana. —¡Me has comprado ropa! —exclamó ella—. ¡Qué amable! Mack se encogió de hombros. —No podía dejar que me mojaras el hidroavión. Ella sonrió. Entonces, mientras Camryn lo miraba, Mack se quitó la cazadora y la camiseta. Al verlo con el torso desnudo, Cammie Jo se quedó boquiabierta y se olvidó del frío y la humedad. No había punto de comparación con la foto de la revista.


Nada podía haberla preparado para aquel a deliciosa visión. Aunque el pelo de su cabeza era de color castaño oscuro, el vello que le cubría el pecho era prácticamente negro. Lo tenía rizado pero no demasiado espeso. Tenía los abdominales perfectamente marcados bajo la piel, y el vel o que los separaba bajaba estilizadamente hasta su ombligo, lo rodeaba y desaparecía por debajo de sus pantalones. Cammie Jo ansiaba acariciar su viril torso. La intensidad de sus sensaciones le secaron la garganta. Vio que él la miraba de reojo y que se había dado cuenta del efecto que había causado en el a. No parecía tener prisa por vestirse, así que metió la mano en la bolsa, sacó una de las camisetas y se la tiró. —¡Por el amor de Dios, vístete! —¿Porqué? —Por si alguien te ve. —Alguien ya me ha visto —dijo él y se acercó a ella. Nº Páginas 51-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Cammie Jo sintió que el pulso se le aceleraba. —¿Tienes idea de lo guapa que estás con el pelo despeinado y la ropa arrugada? —No —dijo ella, y se apartó unos mechones húmedos de la cara.


—Sí lo sabes. Pareces una mujer de las tierras salvajes. —¿Y eso te excita? —¡No sabes cuánto! Mack se inclinó hacia ella, y Cammie Jo estaba segura de que la habría besado si el a no hubiera reaccionado. Le preocupaba que su desaliñado aspecto la hiciera parecerse demasiado a Cammie Jo, y que él se diera cuenta de lo que estaba pasando. —¿Hay algún sitio donde pueda cambiarme? —preguntó ella. Estaba desesperada por alejarse de la fuerte atracción que tenía su cuerpo sobre ella. Mack señaló hacia los árboles. —No puedo desnudarme en medio de los arbustos. —Vamos. Yo vigilaré. Cammie Jo miró a su alrededor. El resto del grupo estaba a cierta distancia, y nadie parecía prestarles atención. —De acuerdo. Pero no mires… —Pero entonces no es divertido. —Prométemelo —dijo el a moviendo un dedo. —Lo prometo —dijo Mack, y sonrió como si no tuviera la más mínima intención de mantener su palabra. Ella se internó entre los árboles en busca de un sitio más resguardado.


Entonces, oyó un crujido y se sobresaltó. —¡Mack! —llamó el a—. Hablo en serio. No mires. —No estoy mirando —contestó él—. No seas paranoica. Pero Cammie Jo no se fiaba un pelo de él, y se alejó un poco más. Cuando se detuvo, apenas podía verlo, lo cual significaba que él tampoco podía verla a ella. Se sentó sobre una roca y se quitó las botas y los calcetines. Después se quitó la camiseta y los pantalones mojados y los colgó en una rama cercana. Y cuando se dio la vuelta para recoger la bolsa que había dejado en el suelo, se encontró con un gran oso negro. Nº Páginas 52-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Capítulo 8 —Mack… —Te prometo que no estoy mirando. Exasperado, Mack se pasó una mano por el pelo. ¡Cualquiera diría que tenía un fortín debajo de la ropa con aquel empeño porque no la viera! —Mack, no es eso. —¿Entonces qué? Se negaba a darse la vuelta. Una promesa era una promesa y no iba a mirar por mucho que lo deseara. —Necesito tu ayuda.


—¿Qué te pasa? —Hay un oso sentado sobre la bolsa de la ropa. —¡Qué! En un segundo, Mack estaba corriendo entre los árboles en dirección a Camryn. Se maldijo por haberse dejado el repelente para osos en el hidroavión. Cuando l egó hasta el a, la encontró de pie detrás de un árbol, tapándose con los pantalones mojados. Estaba descalza y el feo amuleto colgaba de su cuello. No parecía asustada, sino más bien avergonzada de que la hubieran sorprendido en aquella situación tan comprometedora. Aquel o lo sorprendió. Camryn se había quedado tranquilamente de pie y había pedido ayuda con calma. Mack sintió un cosquilleo en el estómago. Su valor y su desnudez lo estaban excitando. Tragó saliva y luchó contra su erección. Después, volvió la mirada hacia donde estaba el oso. El animal se puso sobre dos patas y olfateó el aire. Después, abrió la boca y emitió un extraño sonido, y Mack comenzó a reírse. —¿Qué es tan divertido? —preguntó Camryn, frunciendo el ceño—. Ese oso intenta robarme los pantalones que me has comprado. Mack se acercó al oso y agitó las manos. —¡Fuera! Vamos, márchate, Leroy. —¿Leroy? ¿Le estás poniendo un nombre? —Ya lo tenía. —¿A qué te refieres? El oso se puso a cuatro patas y le dio un zarpazo a la bolsa. Mack se acercó y la recogió. —Aquí no hay comida, tonto. Y aunque la hubiera, ¿cómo te la ibas a comer


si no tienes dientes? Vamos. Márchate. Leroy agitó la cabeza y se marchó. Nº Páginas 53-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —¿No tiene dientes? —preguntó Camryn, apartándose del árbol. —Ni uno. La gente de los alrededores lo conoce y le dan comida, aunque no deberían. ¿Cómo va arreglárselas sin dientes sino? Probablemente creyó que le habías traído comida. Camryn se rió y movió la cabeza. —No puedo creer que no estuvieras asustada. —Tampoco estaba totalmente tranquila, pero parecía bastante inofensivo. A pesar de sus esfuerzos por no mirarla, no pudo evitar comérsela con los ojos. Literalmente la devoró. Aquello estaba mal y él lo sabía. Ella estaba expuesta y era vulnerable, pero no podía dejar de desearla. Sus ojos exploraron su desnuda piel, su cuello, las suaves curvas de sus pechos por encima del sujetador blanco… Nunca había visto un sujetador más sexy. Bajó la mirada hacia su cintura y la suave curva de sus caderas, y se detuvo en el triángulo que había entre sus muslos, apenas camuflado por sus braguitas mojadas. —Disculpa —dijo ella y se aclaró la garganta. —¡Ah! Sintiendo las mejillas acaloradas, se dio la vuelta.


Mack no entendía lo que estaba pasando. La noche anterior la había tachado de la lista, decidiendo que no era la clase de mujer que quería en su vida, pero aquel día su comportamiento había dejado a Mack más confuso que nunca. Hacía mucho tiempo desde que una mujer lo excitaba de aquella manera, pero… ¿Acaso su afán por casarse le estaba nublando la mente? ¿Era realmente tan perfecta para él como pensaba? ¿O la estaba atribuyendo cualidades que realmente no poseía? —Ya puedes mirar —dijo ella casi sin aliento. Él se dio la vuelta para encontrarse con Camryn vestida. ¡Menos mal! —Será mejor que volvamos. El autobús se marchará dentro de poco —dijo él, y miró en dirección al punto de encuentro. —Antes de que volvamos, ¿puedo pedirte algo? —Puedes pedirme lo que quieras, cielo. Ella sonrió. —Quiero que cenes conmigo esta noche. Yo invito. —¿No tendrás dudas como anoche? —preguntó él con aparente despreocupación. —No —le aseguró el a. *** Cammie Jo era una mujer completamente distinta. Tenía una cita con Mack y llevaba su amuleto colgado al cuello. Se sentía liberada, sexy y valiente.


Nº Páginas 54-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Se había puesto un vestido de color rojo que se había comprado el día anterior en una tienda en Juneau, y Kay le había prestado unos zapatos rojos de tacón. Se estaba embarcando en la aventura más peligrosa de su vida. El día anterior había decidido seducir a Mack McCaul ey, pasara lo que pasara. Explorar su latente sexualidad era una de las facetas más interesantes de su nueva personalidad, y no se imaginaba a mejor amante para ello que Mack. Le gustaba su sentido del humor, era apasionado, leal, bueno y considerado. Era fuerte, valiente e intrépido. Y además muy sexy. Durante la cena hablaron de todo; del trabajo de Cammie Jo y de la abuela de Mack. La mujer que lo había criado y con la que él parecía comparar a todas las demás. Cuando volvieron a su bungalow, salieron a caminar por la oril a. Camryn debería haberse sentido nerviosa, pero no fue así. En vez de eso, se maravilló ante el hecho de que tenía una cita con un hombre atractivo. ¡Ojalá pudieran verla sus tías! El amuleto era realmente increíble. —Esto es precioso… —murmuró ella. Eran las diez de la noche y el sol aún brillaba con fuerza, las nubes cubrían los picos de las montañas, y el mar, azul como el hielo, estaba en calma. —Yo sigo maravillándome cada día —dijo él. —¿Siempre has vivido aquí? —le preguntó ella. Mack le tomó la mano y ella contuvo la respiración.


—Toda mi vida. —¿Cómo es crecer aquí? —Es maravilloso. El problema es que todos nos conocemos y en ocasiones la gente puede llegar a ser muy entrometida. Pero nadie lo hace a mala fe. —¿Alguna vez has querido vivir en otro lugar? —No —dijo él, negando con la cabeza—. Esto debe de ser muy distinto de donde tú vives. Cammie Jo asintió. No quería contarle demasiadas cosas, por si le revelaba algo acerca de la introvertida vida de Cammie Jo y se delataba a sí misma. —Esto es mucho más bonito. —¿Crees que podrías vivir en Alaska? —preguntó Mack. Cammie Jo sintió que el corazón le daba un vuelco. Nada le gustaría más que vivir en Alaska. Lo único que la retenía en Austin eran sus tres tías. —No lo sé —contestó el a finalmente. Mack asintió y se detuvo. Cammie Jo también se detuvo. Sus dedos se entrelazaron, y Mack la abrazó con delicadeza. El rítmico sonido de las olas invadió los oídos de Cammie Jo, batiendo al mismo tiempo que los latidos de su corazón. Nº Páginas 55-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Entonces, Mack agachó la cabeza y sus labios se juntaron. Se deseaban y estaban cansados de contenerse. Cammie Jo pasó los brazos por detrás de su cuello y él enterró las manos en su pelo. Ella había deseado aquel o toda su vida y ni siquiera se había dado


cuenta de la magnitud de aquel deseo. Se besaron con pasión. Cammie Jo percibió el aroma de Mack, mezclado con el aroma de Alaska, de la brisa del océano, y sus sentidos se embotaron. En aquel momento supo que nunca podría separarlo de aquel lugar. Mack era Alaska y Alaska era Mack. De repente, sintió un pinchazo, y después otro, y otro… ¿Qué estaba pasando? Cammie Jo abrió los ojos de par en par. ¿Qué era aquella nube negra que los rodeaba? ¡Eran insectos del tamaño de pájaros! Mack gruñó y le agarró la mano justo cuando el a se daba cuenta de lo que eran. ¡Mosquitos gigantes! —¡Corre! —gritó él—. Son capaces de sacarte medio litro de sangre en cinco minutos. —Estás exagerando, ¿verdad? —preguntó Cammie Jo, mientras Mack tiraba de el a hacia el bungalow. —Sólo un poco. —¡Ay! —exclamó ella, y se l evó una mano al cuello. Mack abrió la puerta, se abalanzaron al interior y cerraron la puerta de golpe. —¡Parecen salidos de una película de terror! —Los mosquitos de Alaska son unos insectos feroces —dijo Mack, y se


volvió para mirarla—. ¿Estás bien? —Sí. —Veamos esas picaduras… Será mejor que te eches alcohol y un poco de pomada. Así no se te hincharán ni te picarán. —¿De verdad? —Ven conmigo —dijo él, y la guió por el pasil o hasta el cuarto de baño. Cammie Jo se sorprendió al ver la caprichosa decoración del cuarto de baño; todo eran motivos marinos. Mack bajó la tapa del inodoro. —Siéntate. Cammie Jo obedeció mientras él hurgaba en el botiquín. —Veamos —dijo él. Sacó algodón, alcohol, un bote de pomada y se agachó delante de ella. Nº Páginas 56-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —No parece que tengas demasiadas —dijo él mientras le estudiaba la cara—. Diez o doce como mucho. —¡Tantas! —exclamó Cammie Jo, y se l evó la mano a la cara—. No creo que haya tenido diez picaduras en toda mi vida. Aquel o se debía a que apenas salía, pero Mack no tenía por qué saberlo. —Teniendo en cuenta la cantidad de ellos que nos estaban atacando deberías considerarte afortunada.


—Desde luego. Mack le sujetó la mano para que no se rascara. —No te rasques. Es lo peor que puedes hacer. Mack humedeció un trozo de algodón con alcohol y se lo aplicó con suavidad en las picaduras, y Cammie Jo sintió alivio casi inmediatamente. —Me horroriza pensar que algo pueda estropear tu maravil osa piel —dijo él, mientras le acariciaba la mejil a con un dedo. Sus miradas se encontraron, y Mack se deleitó en sus increíbles ojos verde esmeralda. Tan verdes como Alaska durante el verano. —Ahora, la pomada —dijo él con la voz ronca. Le aplicó la pomada rosa en todas las picaduras, y cuando terminó, se echó hacia atrás. —Me toca —dijo el a. Con delicadeza, curó las picaduras de Mack, y éste sintió que una ola de calor lo invadía al notar el roce de sus dedos sobre su piel. De repente, su lengua se inflamó al recordar el sabor de Camryn. Quería besarla otra vez. —Parece que tienes el sarampión —se burló el a. —¿Yo? —dijo él. Se puso de pie y la ayudó a levantarse—. Mírate en el espejo. Los dos se miraron en el espejo, y después de examinarse cada uno la cara, se miraron el uno al otro. Ella estaba preciosa. Tenía el pelo revuelto de una manera muy seductora y su dulce cara estaba cubierta de pequeños puntitos rosas. Apenas le l egaba por encima del hombro y su delicada figura le hacía sentirse fuerte y viril, y


capaz de protegerla de cualquier cosa. Mack se dio cuenta de que ella también lo observaba. Tenía la mirada fija sobre sus labios. —Dame eso —dijo él, y le quitó el algodón y la pomada de las manos. Lo dejó todo sobre un armario y se dio la vuelta para abrazarla. No había tenido intención de llevarla a su bungalow. No porque no quisiera tenerla allí, sino precisamente porque era lo que más deseaba. La deseaba tanto que no se fiaba de sí mismo, pero no estaba preparado para dar el siguiente paso. Nº Páginas 57-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek No quería cometer ningún error con ella. Quería estar seguro, y un revolcón probablemente los embarcaría en algo para lo que ninguno de los dos estaba preparado. Pero a pesar del sentido común y la razón, Mack necesitaba saborear sus labios de nuevo. Aún a sabiendas de que corría peligro. Camryn percibió sus dudas y tomó cartas en el asunto. Con valor y atrevimiento, Camryn se puso de puntillas y lo besó. ¡Cómo lo excitaba aquella mujer! Mack emitió un ronco sonido y la abrazó. Camryn se deshizo en sus brazos, como si aquel siempre hubiera sido su lugar. Él agachó la cabeza y le besó el cuel o, al hacerlo, el a suspiró y se agarró con fuerza a sus hombros para no perder el equilibrio. Mack se sorprendió ante la presión que notó en su entrepierna. Cada vez que


el a estaba cerca, su cuerpo se ponía duro como una roca. Los suaves gemidos de el a incitaron su deseo aún más. Tenía que andarse con cuidado, pero no era capaz de apartarse de el a. Camryn apretó las caderas contra él y comenzó a moverse de una forma tan erótica, que Mack no pudo pensar en otra cosa más que en tomarla. Ella lo deseaba y no se sentía avergonzada por su deseo. Si no estuviera buscando esposa, si la hubiera conocido un año antes, la habría tomado sin pararse a pensar. Pero ya no tenía la libertad para disfrutar del sexo según le viniera. Quería más de la vida y quería más de Camryn. Quería una familia. Pero el a parecía dispuesta a hacerle perder la razón. Su cuerpo se estremeció contra el de Mack. Con la lengua, Camryn le acarició la barbil a mientras le acariciaba el torso con los dedos. ¡Al diablo con todo! Ambos se deseaban. Sopesaría las consecuencias después. En aquel momento, estaba cegado por el deseo, y lo único en lo que podía pensar era en entrar en su caliente y suave cuerpo. Al estrecharla contra él, aquel horroroso amuleto se interpuso entre los dos. Cada vez que la besaba, se le clavaba en el pecho. ¿Por qué le tenía tanto apego? No era su estilo. Irritado, Mack intentó quitarle el collar, pero se encontró con que se había enredado en un botón de su camisa. Con la respiración entrecortada, intentó liberar el botón del collar. —¿Qué estás haciendo?


Ella se apretó contra él y Mack sintió que su erección se endurecía aún más. —Estamos colgados. —Déjame a mí —dijo ella. —Ya lo tengo. —No. Déjame a mí. —Espera. Está muy enredado. Nº Páginas 58-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek ¡Cielos! ¿Qué podía hacer ella? Mack levantó los brazos y se sacó la camisa por encima de la cabeza, al mismo tiempo que le sacaba el collar a Camryn. Ella jadeó casi sin aliento y se llevó la mano al cuel o. ¡No! ¡Le había quitado el amuleto! Pero la visión de su torso desnudo la paralizó. Ya le había visto desnudo en el bosque, pero no tenía comparación con estar a dos centímetros de él. Su piel estaba bronceada y sus músculos eran duros y firmes. Sus pezones eran oscuros y estaban erectos. Cammie Jo se quedó sin aliento. —Ya está —dijo él, y arrojó la camisa y el amuleto al otro lado de la habitación. Paralizada, Cammie Jo vio cómo el col ar volaba por los aires y después caía al suelo. Tragó saliva varias veces. Mack sonrió burlonamente y agachó la cabeza para besarla de nuevo.


—¿Dónde estábamos? Cammie Jo sintió que todos sus miedos se apelmazaban en su cabeza, y sin el amuleto, no era capaz de controlar la situación. Estaba a solas con un hombre. ¿En qué había estado pensando? ¿Cómo había podido l egar a aquella situación con un hombre al que apenas conocía? El pánico se apoderó de ella. Sintió que se le revolvía el estómago, que se acaloraba y que se desmayaba, todo al mismo tiempo. Aquel o era terrible. Un momento era Camryn, valiente y sexy, y al siguiente era Cammie Jo otra vez. Pero Mack continuaba besándola como si nada hubiera cambiado y ella no se hubiera transformado. «Corre, Cammie Jo. Antes de que él descubra la verdad». Pero no podía moverse. Sus piernas estaban paralizadas y él continuaba recorriendo su cuerpo con aquel a maravillosa lengua. Se dijo que debía ser valiente, pero aquello era imposible sin el amuleto. El latido de su corazón llegó hasta los oídos de Cammie Jo. Su propio corazón estaba bombeando adrenalina con fuerza por todo su cuerpo. Sus cuerpos encajaban a la perfección, y si no hubiera estado tan asustada y tan fuera de control, habría podido disfrutar de aquel perfecto acoplamiento. Mack le acarició el cuello con la barbilla mientras deslizaba los dedos por su nuca. —Eres muy sexy, Camryn. Me vuelves loco. Pero ella ya no era Camryn. Su cabeza era un auténtico torbellino de emociones y no conseguía librarse de la sensación de pánico. No podía disfrutar de


lo que estaba pasando. Mack comenzó a desabrocharle el vestido. Le acarició la piel, inundándola con eróticos mensajes que le recorrieron el cuerpo. Nº Páginas 59-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Sintió que su estómago daba un vuelco. No podía hablar, ni siquiera era capaz de reunir el valor suficiente para decirle que había cambiado de opinión. Él la estrechó contra su cuerpo y su masculino aroma inundó los sentidos de Cammie Jo. Su sabor l enó su boca y sintió la presión de su erección contra su cadera. Estaba completamente duro. Y grande. Aquel o era demasiado para la tímida Cammie Jo. Inspiró profundamente, miró a Mack a los ojos y se desmayó. Nº Páginas 60-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Capítulo 9 Aquel a era la primera vez que sus besos hacían que alguien se desmayara. Una vez más, Mack se sintió confuso por la paradoja que ella representaba. Por una parte parecía una mujer de mundo, sofisticada y completamente en control de sí misma. Y sin embargo, había ocasiones en las que parecía tan inocente e ingenua como una niña. A Mack le costaba diferenciar cuál era la verdadera Camryn y qué era lo que él mismo esperaba de ella. Sintiéndose aturdido, Mack observó a la mujer que tenía entre los brazos. Sus


ojos estaban firmemente cerrados y la cara relajada. La magnitud de su belleza y la presión que sintió en el pecho al admirarla lo preocuparon. No podía negar que había chispa entre ellos, no podía obviar la reacción de su cuerpo hacia ella ni viceversa. Ella era valiente y luchadora, inteligente y aventurera, y le gustaba su jovial sentido del humor. Pero pensó en las otras cualidades que él buscaba en una compañera. Tenía la sensación de que ella le ocultaba algo, pero no era capaz de imaginarse qué podía ser, y la idea de que el a no se sentía lo suficientemente a gusto con él como para revelarle sus secretos, lo preocupaba. Y en cuanto a su lealtad, aún no sabía si podía fiarse de el a o no. Con suavidad, la llevó en brazos a la habitación y la echó en la cama. Le quitó los zapatos y el vestido, y se sentó a su lado para abanicarle la cara con la mano. Pensaba que quizá hubiera sufrido un vahído. —Cam… —dijo Mack, dándole golpéenlos en las mejillas—. Camryn, cielo, despierta… —el a se movió, suspiró suavemente y se enrolló junto a su pierna —. Despierta y dime que estás bien. Mack empezaba a preocuparse. Si no se despertaba pronto, avisaría a Meggie, la hermana de Quinn, que era enfermera. —Camryn —insistió él, y le acarició la barbilla. Lentamente, ella abrió los ojos y lo miró, y Mack pensó que tenía la mirada de una niña perdida. Sintió que la presión en su pecho aumentaba. Camryn parpadeó y fijó la mirada en su torso desnudo. Inmediatamente, sus mejillas se sonrojaron y abrió los ojos de par en par. Rápidamente, apartó la


mirada. —Mi amuleto…—susurró el a. —¿Qué? Cammie Jo extendió la mano. —¿Me puedes dar mi col ar? Mack frunció el ceño. Aquella mujer tenía una preocupante fijación con aquel obsceno objeto. —Espera… —Y quizá sea mejor que me lleves de vuelta al hotel. Nº Páginas 61-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Él se levantó, recogió el amuleto del suelo, y se lo entregó. Ella se lo quitó ansiosamente de las manos y se lo puso. —Gracias. —De nada. Cammie Jo se incorporó en la cama y miró su torso fijamente, sólo que aquella vez no apartó la mirada. De hecho, se humedeció los labios. Y al í estaba otra vez aquel extraño cambio en su personalidad. Un momento estaba reticente y al siguiente era atrevida de nuevo. Lo miró como si estuviera hipnotizada. —Camryn, ¿estás bien? —Sí. Sí. Habrá sido la emoción.


—Cielo —dijo él, sintiéndose aún ligeramente desconcertado por aquel os cambios—, si te desmayas con los preámbulos, no quiero ni imaginar que ocurrirá después. Al día siguiente Mack estuvo todo el día ocupado transportando a más mujeres a Bear Creek. Alguna que otra lo miró sugerentemente, pero él se deshacía de el as con una sonrisa. Tenía la cabeza demasiado ocupada con Camryn para pensar en nadie más. A última hora de la tarde, Mack no podía dejar de pensar en que quería volver a verla. Cuando la noche anterior la dejó en el hotel, no hicieron ningún plan. Ella había parecido ansiosa por subir a su habitación. Pero Mack esperaba que Camryn acudiera con él a la fiesta del salmón que Caleb había organizado para aquella noche. Entró en el vestíbulo del hotel y se dirigió a la recepción. Le pidió a Gus que llamara a la habitación de Camryn, pero después de un rato, Gus se encogió de hombros. —No contesta. Mack se dio la vuelta y salió por la puerta de atrás. Y se encontró a Camryn y Lulú jugando con un frisby en el jardín. La miró fijamente durante un instante antes de darse cuenta de que era el a. Mack admiró la forma l ena de gracia con que se movía, la forma en que su pelo se


agitaba sobre sus hombros y su bonito trasero, cómodamente ajustado dentro de unos pantalones vaqueros blancos. ¡Maldita sea! Se estaba excitando sólo con mirarla. Camryn se movió para arrojar el frisby a Lulú, y Mack observó la delicada línea de sus suaves brazos. Levantó la vista hacia sus hombros y después la bajó de nuevo hacia sus pechos, y finalmente se detuvo en un punto por debajo de su cintura. Nº Páginas 62-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Mack inspiró profundamente, e hizo un esfuerzo por no pensar en cosas seductoras. Tenía que deshacerse de aquella erección. Quería acercarse a ella para hablar, pero no quería asustarla de nuevo con su flagrante erección. Lulú ladró y Camryn lanzó el frisby por los aires. El disco fue directamente hacia Mack y le dio en la nariz. —¡Por el amor de Dios! —gritó él, sintiendo una punzada de dolor—. Ten cuidado con dónde lo tiras. —¡Mack! —exclamó ella y se acercó a su lado—. Lo siento. No sabía que estuvieras aquí. —Me he dado cuenta. —Déjame ver… —dijo ella y se inclinó sobre él—. ¿Te sangra la nariz? Mack se retiró la mano de la cara. —Creo que no. Ella se puso de puntil as y le tocó la nariz con un dedo. El dolor desapareció inmediatamente.


Estaba lo suficientemente cerca para besarla, y Mack agachó la cabeza con intención de hacerlo, pero en aquel momento ajena a lo que él quería hacer, Cammie Jo se apartó y le dio con la cabeza en la nariz. —¡Ay! —¡Cielos! —exclamó el a, l evándose una mano a la boca—. Te he vuelto a hacer daño. —Y tanto. —¿Intentabas besarme? —Sí. Lo intentaba. —Lo siento —se disculpó. Puso las manos detrás de la espalda y se puso de puntillas—. Puedes besarme ahora. —Lo siento. Pero ha perdido la gracia. Aun así, no pudo evitar darle un suave beso en los labios. Después, Mack dio un paso hacia atrás, y ella suspiró y sonrió. —Besas de maravilla. —A ti tampoco se te da mal —dijo él—. Ya casi no tienes picaduras. —Gracias a ti. Sus miradas se encontraron y Mack sintió que se le cortaba la respiración. —¿Dónde está tu amuleto? Mack hizo aquel comentario más bien para distraerse a sí mismo que para entablar conversación. —¿Cómo? —exclamó ella y se llevó la mano al cuel o—. ¡No está! Nº Páginas 63-80


Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Camryn se tiró de los pelos. ¿Cómo era posible que lo hubiera vuelto a perder? Desesperada, miró a su alrededor y vio que Lulú había desaparecido. Mack la miraba de la misma extraña manera en que la había mirado la noche anterior, cuando se marcharon de su bungalow. Si continuaba perdiendo el maldito amuleto, acabaría pensando que estaba loca. Aun así, no podía evitar reaccionar de aquella manera. «Probablemente lo perdiste antes de besarlo y no te asustaste». Quizá fuera cierto, pero en aquel momento estaba asustada. De hecho, le costaba respirar, le temblaban las rodil as y sintió cómo cambiaba de Camryn a Cammie Jo delante de los ojos de Mack. ¡Tenía que alejarse de al í cuanto antes! —¿Qué hora es? —preguntó Cammie Jo nerviosamente. Simularía que tenía una cita. —Son las cinco y media. —Lo siento —farfulló ella—. Pero tengo que marcharme. Hay algo que tengo que hacer —añadió y señaló por encima de su hombro. Mack estaba entre ella y la puerta, bloqueando su vía de escape hacia el hotel. Sintió que el corazón le daba un vuelco. —¿Y qué tienes que hacer? —Eh… ¡Maldita sea! Ni siquiera era capaz de pensar con claridad sin el amuleto.


—¿Y bien? —Tengo que ir a un sitio. —¿Adónde? —A… A… —tartamudeó ella. No sabía mentir—. Voy a ver a Kay. —Kay y Quinn están en Anchorage. —¡No! —Sí. Yo mismo los llevé hace apenas tres horas, y no tengo que ir a recogerlos hasta mañana por la mañana. —¡Ah! —Dime la verdad, Camryn. ¿Qué está pasando? No podía hablarle del amuleto porque se desvanecería la magia, y ya nunca podría convertirse en la mujer que a él le gustaba. Cammie Jo vio que Mack la miraba furioso. Abrió la boca pero no supo qué decir. No podía ni mirarlo a los ojos. Cammie Jo corrió hacia un lado y Mack se tiró por el a, pero Cammie era más pequeña y más rápida que él, y Mack se quedó con un trozo de su camisa en la mano. Nº Páginas 64-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Cammie oyó cómo se rompía, pero no miró hacia atrás. Se abalanzó al interior del hotel, atravesó la cocina y subió corriendo por las escaleras. —¡Camryn! Vuelve aquí ahora mismo —gritó Mack furioso. Ella subió al primer piso y entró en su habitación. No se molestó ni en echar el cerrojo y se metió en el armario de cabeza.


Tenía que cambiarse de ropa. Tenía que quitarse la ropa de Camryn y ponerse el aburrido atuendo de Cammie Jo; tenía que quitarse las lentillas y recogerse el pelo en un moño. De aquella manera si él la encontraba, haría lo de siempre: Ignorarla por completo. Ya había tenido bastante. Incluso un hombre paciente tenía sus límites, y Mack no era precisamente paciente. Camryn estaba a punto de hacerle perder la razón. Quería una explicación y la quería en aquel mismo instante. Quería saber por qué se empeñaba en huir de él. —¡Camryn! —gritó Mack, sin importarle que los demás lo oyeran. Mack era un hombre al que no le gustaba que hablaran a sus espaldas, y ella le estaba obligando a ponerse en evidencia. Pero estaba tan furioso, que no le importó. Cuando l egó al piso de arriba, se dio cuenta de que no sabía cuál era su habitación. —¡Camryn! —llamó de nuevo, pero no se sorprendió de que ella no contestara. Se encaminó por el pasillo y vio que la puerta de una de las habitaciones estaba entreabierta. Mack llamó con los nudil os. —Hola. Desde el armario, Cammie oyó cómo se abría la puerta y se hundió todo lo que pudo. Cerró los ojos con fuerza y entonces recordó que en su afán por esconderse, no se había dado cuenta de cerrar la puerta de la habitación. —Hola —insistió Mack.


Cammie oyó sus pasos acercándose hacia el armario y su cuerpo se paralizó. Le asustaba moverse y que él la oyera. Abrió los ojos de par en par, pero debido a la oscuridad del armario, no pudo ver nada. De nuevo oyó pasos, pero no supo si se alejaba o si es que estaba dando vueltas por la habitación. En aquel momento, un jersey de lana que estaba colgado en el armario le rozó la nariz. Ella se apartó la manga de la cara y sintió que el labio le picaba. —¡Achús! Cammie estornudó y contuvo la respiración. Inmediatamente, oyó un suave golpe contra la puerta del armario. —Camryn —dijo Mack y ella pensó que tenía el mismo tono de voz que cuando un padre regañaba a su hijo—. Sé que estás ahí. Puedo oírte respirar. Nº Páginas 65-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek «¡Mentiroso! Me estoy aguantando la respiración». —Vamos, sal de una vez. Quizá si lo deseaba con suficiente fuerza, se despertaría en su cama, en Austin. —Creo que me merezco una explicación. Quiero saber qué está pasando. Cammie Jo suspiró. —¿Por qué sales corriendo cada vez nos ponemos íntimos? ¿Tienes algún oscuro secreto que quieras contarme? ¿O es que sales con otro hombre? —


preguntó él—. Necesito saberlo, Camryn. No soy el tipo de hombre al que le guste compartir a su mujer. ¿Compartir a su mujer? ¿Mack la consideraba su mujer? —Tengo que saberlo. ¡Estaba celoso! Cuando Cammie Jo se dio cuenta de aquel hecho, sintió un extraño poder femenino dentro de ella. Ningún hombre se había puesto celoso por el a. ¡Pobre Mack! Todo aquel tiempo había creído que ella salía corriendo porque tenía citas con otros hombres. Cammie Jo ansiaba abrazarlo y susurrarle palabras de cariño al oído. Pero si le contaba la verdad, no sabía si Cammie Jo le inspiraría los mismos sentimientos. —Por favor —dijo él—. Sal y habla conmigo. Cautelosamente, Cammie Jo abrió la puerta del armario y asomó la cabeza. Vio que Mack estaba sentado en el borde de la cama, con los hombros alicaídos y con aspecto de estar dolido, disgustado y abatido. —No salgo con ningún otro hombre… —susurró ella. Mack levantó la cabeza y la miró fijamente con aquellos oscuros ojos. —¿De verdad? —preguntó él y el a asintió—. Porque si lo hicieras, me harías mucho daño. Mi madre se lo hacía a mi padre constantemente, y era algo muy triste


de ver. Me juré a mí mismo que nunca me casaría con una mujer infiel —le explicó Mack—. Estuve comprometido en una ocasión y ella me dejó por otro hombre con más dinero, así que discúlpame si soy un poco desconfiado. Si hay alguien más, dímelo y me marcharé sin resentimiento. Pero por favor no me mientas. Cammie Jo deseaba acercarse a él y abrazarlo, asegurarle que ella era mujer de un solo hombre. Pero no podía. No, sin el col ar. —No salgo con ningún otro hombre —repitió el a. —¿No tienes otra cita esta noche? —No. Él se levantó y se acercó a el a, pero Cammie Jo se ocultó en el armario. —No estoy vestida —se excusó ella. Nº Páginas 66-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —¿Por qué no vamos juntos a la fiesta de Caleb esta noche? —sugirió él—. Después, podemos hablar largo y tendido. ¿Cómo iba a ir a la fiesta sin el amuleto? La sola idea de tener que estar rodeada de personas a las que no conocía la hacía temblar. —Lo siento… —murmuró ella—. No puedo. —De acuerdo —dijo él y apretó las manos—. Supongo que esto es todo. Quizá no haya otro hombre, pero obviamente hay alguna razón por la que no quieres estar


conmigo. Camryn, o vienes conmigo esta noche, o me despido de ti en este instante. ¿Quería acabar con su romance? ¿Incluso antes de haber tenido la oportunidad de satisfacerse mutuamente? No podía permitirlo. Pero la seria expresión de su cara le dijo que si no acudía con él a la fiesta, no volvería a verlo. Cammie Jo tragó saliva y se l evó la mano al cuello. ¡Maldita perra cleptómana! —Camryn, ¿qué decides? Necesito una respuesta porque empiezas a importarme, y no quiero encariñarme de una mujer que no es capaz de comprometerse. Así que si no sientes lo mismo, dímelo ahora. ¡Cielos! ¿Ella le importaba? Cammie Jo bajó la mirada. Hasta allí habían l egado. Su relación se acababa casi incluso antes de haber empezado. Pero el a no podía haber esperado otra cosa. ¿Cómo iban a mantener una relación seria basándose en un amuleto? Cammie Jo no sabía qué hacer. Finalmente, negó con la cabeza, completamente incapaz de hablar. —De acuerdo. Se acabó. Nº Páginas 67-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Capítulo 10 —¡Lo he estropeado todo! —lloró Cammie Jo por teléfono a sus tías. Ella les contó todo lo que había sucedido.


—Pero tú eres Camryn, querida —dijo su tía Coco. —No, sin el amuleto. Somos tan distintas como la noche del día. —Tonterías —dijo la tía Kika—. Eres la misma persona. —Y cuando estoy con Mack me siento como un gran fraude y una mentirosa. —Pero si tú nunca has dicho una mentira, Cammie Jo —dijo la tía Hildergard y chasqueó la lengua. —Pues ahora sí. Mack cree que soy una mujer valiente y maravillosa, y no lo soy. El amuleto de los deseos ha sido más una maldición que un regalo del cielo. —Pero sin él, nunca habrías tenido el valor de salir con Mack —le recordó su tía Coco. —Empiezo a pensar que habría sido mejor así —contestó entristecida Cammie Jo—. Nunca lo había pasado tan mal. —Cielo, a todas nos gustaría que estuvieras aquí para poder consolarte… — suspiró la tía Coco. Cammie Jo también suspiró, y sintió deseos de reservar un billete de avión a Texas y marcharse sin decirle nada a nadie. Pero aquello era de cobardes. Y ella había utilizado aquel método demasiadas veces en su vida. Se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo escondiéndose detrás de sus tías y dependiendo de ellas, porque no era capaz de enfrentarse al mundo. Cammie Jo se sintió avergonzada de sí misma. —Ahora Mack piensa que soy una bruja rompecorazones.


—Pues tendrás que demostrarle que está equivocado —dijo la tía Kika. —¡No puedo! —lloró Cammie Jo—. No tengo el amuleto. —Siempre puedes volver a casa si no puedes enfrentarte a la situación —dijo la tía Coco. —O… —interrumpió Hildergard—. Puedes quedarte al í y poner Alaska patas arriba hasta que encuentres el amuleto. Tal y como habría hecho tu madre. Cammie Jo se quedó cal ada. La tía Hildergard nunca la había hablado de aquella manera. —¿Cómo dices? —Verás querida, si pediste un deseo, lo menos que puedes hacer es arreglar la situación. Cammie Jo, arriésgate —le pidió Hildergard. —¿Y si no me ama? Nº Páginas 68-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —Pues volverás a casa como una mujer nueva —intervino Kika—. Un poco dolida, más sabia, y tan libre y valiente como tu madre. Cammie Jo se despidió de sus tías y colgó el auricular. Abatida, se echó sobre la cama. Aunque era emocionante ver la fe que sus tías tenían en el a, Cammie Jo pensó que estaba totalmente fuera de lugar. No tenían ni idea de lo perdida, sola, e indefensa que se sentía. Sin el amuleto estaba completamente paralizada. El sonido de una campanil a atrajo la atención de Cammie Jo hacia la puerta.


Lulú estaba al í sentada, moviendo el rabo y con algo en la boca. —¡Lulú! —exclamó Camryn, poniéndose de pie de un salto—. ¡Tienes mi amuleto! Cammie Jo caminaba por la cal e Main con unos pantalones vaqueros cortos, sandalias de tacón y una camiseta ajustada de colores. Los hombres se volvían para mirarla, la silbaban y tocaban el claxon a su paso. Ella sonrió. Llevaba el amuleto colgado al cuello y se dirigía a conquistar a Mack de nuevo. Canturreaba en voz baja mientras columpiaba la cesta de picnic que llevaba colgada del brazo. Giró por la cal e Inlet hacia la casa de Mack. Caminó por el muelle donde estaban atracados los hidroaviones y vio el de Mack. Estaba desatándolo y parecía estar a punto de marcharse. Cammie Jo comenzó a correr, gritando y agitando la mano para que se detuviera. Mack levantó la cabeza y sus miradas se encontraron. —¡Espera! —gritó ella—. ¡Espérame! Mack esperó. Cammie Jo se detuvo a unos pocos pasos de él, sin aliento. Él la miró con seriedad. —¿Qué quieres, Camryn? —Vengo a hacer las paces —dijo el a y le mostró la cesta de picnic—. He traído bocadillos. —Espero que no hayas cancelado ninguna cita para esto, porque no me interesa.


Cammie Jo dio una patada al suelo. —¡Maldita sea, Mack! Deja de ser tan testarudo. No salgo con ningún otro hombre. —¿Entonces por qué no quisiste ir a la fiesta de Caleb conmigo? —Porque no me gusta que me den un ultimátum. —Entiendo. Nº Páginas 69-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —¿Adónde vas? —preguntó el a. —Necesito estar a solas para pensar. —¿Quieres compañía? El corazón de Cammie Jo latía aceleradamente. Tenía miedo de que él la rechazara, pero una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Mack y abrió la puerta del asiento del pasajero. —Entra. Cammie Jo se subió al hidroavión. Mack los l evó por encima de las montañas y el a no sintió miedo. —¿Adónde vamos? —A mi escondite favorito. —¡Qué bien suena eso! Unos minutos más tarde, amenizaron en un lago cercano a una verde pradera.


Parecían estar a miles de kilómetros de distancia de cualquier lugar. Mack la ayudó a bajarse del hidroavión, sacó una manta del maletero y la extendió sobre la hierba. Él se echó a un lado y dio unas palmadas sobre la manta para que ella se echara junto a él. Cammie Jo se puso de rodillas en la manta y lo observó. Nunca había sido tan consciente de otro ser humano. El musculoso cuerpo de Mack ocupaba casi todo el espacio, haciendo que el enorme paisaje de Alaska pareciera más pequeño. Comieron en silencio, disfrutando de la tranquilidad y saboreando la comida. Pero cuando terminaron de comer, se les acabaron las distracciones. Mack esta echado de espaldas, con las manos cruzadas debajo de la cabeza. Tenía la vista fija en el cielo azul. Cammie Jo estaba sentada junto a él, admirando su masculino cuerpo. —Lo siento —dijo él—. Siento haberme comportado como un cavernícola. No tenía derecho a darte ningún ultimátum. —Eso es cierto. —Estaba siendo egoísta. Eres una mujer tan maravil osa que no quería compartirte con nadie —dijo Mack, y pasó un brazo por su cintura—. ¿Podrás perdonarme, cielo? —Claro que sí. A Cammie Jo le encantaba que la l amara cielo. Le encantaba la mirada de sus ojos cuando se lo decía. Y su suave y seductor gruñido le hacía sentirse


especial. Toda su vida había sido demasiado tímida para acercarse tanto a un hombre, y no sabía cómo actuar en presencia de los hombres. Había reprimido sus necesidades sexuales, sustituyéndolo por los logros académicos. Se había creado una burbuja a su alrededor, desde la cual miraba el mundo. El amuleto la había liberado de aquella burbuja, dándola la oportunidad de escoger. La había liberado para que explorara las profundidades de sus deseos ocultos. Nº Páginas 70-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Cammie Jo quería que Mack le hiciera el amor. Lo deseaba con todas sus fuerzas. ¿Pero cómo iba a hacer el amor con él bajo falsos pretextos? ¿Y cómo iba a hablarle del amuleto, sabiendo que en cuanto lo hiciera, las cualidades que él más apreciaba en ella desaparecerían? Mack deslizó un dedo por su brazo mientras le besaba el cuel o. Cuando Mack la echó sobre su espalda y deslizó su ardiente lengua por su cuello, Cammie Jo miró hacia el cielo. Había ido allí en busca de aventura y la había encontrado. El mañana estaba demasiado lejos y todo lo que importaba era aquel momento. Ella estaba viviendo su fantasía: Un guapo, deseable y casadero, soltero de Alaska la estaba besando. Y algo más, por lo que parecía.


Le había desabrochado la camiseta y le acariciaba la piel con sus dedos. Mack parecía saber exactamente dónde tocarla para producir el mayor número de sensaciones en su receptivo cuerpo. La acarició y la mordisqueó. La besó y la abrazó. La lamió y la chupó. La pradera se convirtió en una montaña de sensaciones. La hierba susurraba y el fresco aroma del sol y el aire de la montaña despertaron la libido de Cammie Jo. Allí estaba ella, comportándose como la valiente y salvaje mujer que él creía que era, y algo en los besos de Mack, o en la atmósfera, o en el amuleto, liberó el espíritu de la mujer de Alaska que llevaba tan adentro. No había nacido allí, pero su madre sí, y parecía que aquel lazo atravesaba el espacio y el tiempo. Cammie Jo se sintió unida a aquella maravillosa y primitiva tierra. La camiseta se deslizó por sus hombros y Mack mordisqueó su piel, y después enterró la cara en su pelo inspirando profundamente. —¡Hueles tan bien…! —murmuró él, con tal delicadeza que le tocó en lo más profundo de su ser—. Como el verano mismo. Mack le desabrochó el sujetador, lo arrojó a un lado y agachó la cabeza para tomar un pezón en su boca. Cammie Jo gimió. Él levantó la cabeza y sus miradas se encontraron. Durante un largo rato, las mantuvieron el uno sobre el otro. Y cuando vio la expresión de sus maravil osos ojos oscuros, el a supo lo mucho que él la deseaba. «Desea a Camryn Josephine. No a ti», se recordó ella. En aquel momento, él puso su boca sobre la de el a y Cammie Jo sólo fue consciente de su pasión. Temblando, Cammie Jo se olvidó de todo y se


rindió. Mack la miraba sobrecogido. Sus pezones estaban duros y erectos sobre sus maravillosos pechos, y su piel brillaba con un resplandor etéreo bajo la luz del atardecer. Sólo con mirarla la deseaba. Nº Páginas 71-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Y sin embargo, el riesgo de iniciar una relación con la mujer equivocada, en el momento equivocado, lo contuvo. Pero, ¿y si era la mujer adecuada y el momento adecuado? Quería confiar en el a con todo su corazón, pero no sabía si se atrevía. Mack se apoyó sobre un codo y la miró a los ojos. —Carmín… —murmuró él. Tenía intención de hablarle de su lista de la esposa ideal y susurrarle que ella era la mujer perfecta para él. —Dime, Mack. —Quisiera pedirte algo. —¿Sí? Cammie Jo se incorporó y cruzó las piernas. Algo, Mack no sabía muy bien el qué, aunque sospechaba que era miedo, lo detuvo. Y en vez de revelarle lo que desnudaría su alma y colocaría su corazón en las manos de ella, le preguntó otra cosa.


—¿Te apetece venir conmigo a subir por un glaciar la semana que viene? Nº Páginas 72-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Capítulo 11 Cammie Jo estaba haciendo las maletas. Con el corazón apesadumbrado, había decido marcharse de Bear Creek un día antes, ya que no tenía sentido quedarse al í. Había perdido el amuleto y por lo tanto su aventura había terminado. Y Mack no le había pedido que se quedara. La excursión que hicieron al glaciar fue accidentada. Mack se cayó por un agujero, y Cammie Jo, que entonces se dio cuenta de que había perdido el amuleto, tuvo que sacar fuerzas de flaqueza para volver al hidroavión a pedir ayuda por radio. Mientras esperaban a que l egara la ayuda, Cammie Jo le había confesado todo lo relativo al amuleto. Mack se había sentido muy confuso respecto a muchas cosas, y le había dicho que necesitaba tiempo para pensar. Después, se marchó sin tan siquiera mirar atrás. Cammie Jo sintió una punzada de dolor en el estómago. En aquel momento, alguien llamó a la puerta. Quizá fuera Kay que quería despedirse. Se colocó las gafas sobre la nariz y abrió la puerta. Era Mack. Cammie Jo contuvo la respiración. —Hola —dijo él finalmente.


Cammie Jo no contestó. Sentía que su cuerpo había revivido ante la cercanía de Mack, pero no consiguió formar ninguna palabra con la boca. —¿Estás bien? —preguntó él. Sus ojos reflejaban preocupación. Ella asintió. —¿Quieres pasar? —le preguntó y se apartó a un lado. Él entró en la habitación, cerró la puerta, y sacó algo del bolsillo de su cazadora. —Lo encontré en el hidroavión —dijo él, y le entregó el col ar. Cammie Jo sintió el familiar calor extendiéndose por su mano, y lo miró con ojos incrédulos. —¿Lo perdí antes de que subiéramos al glaciar? —Por lo que parece, estuviste saltando y corriendo por el hielo con tu propia energía. —Claro. En aquel momento recordó lo que su tía Hildergard le había dicho el día anterior, cuando habló con ella por teléfono. Por lo visto, el amuleto estaba hueco, y dentro había otra carta de su madre. Nº Páginas 73-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Cammie Jo lo abrió y sacó un pequeño rollo de papel. Lo desenrolló con cuidado ya que el papel estaba pasado y la tinta había empezado a borrarse. Lo levantó hacia la luz para leer: «Adiós, mi niña.


Espero que hayas logrado el deseo de tu corazón. Sea lo que sea que desees, lo conseguirás. El poder para l evar a cabo tu destino y la magia del amuleto siempre estuvieron en tu mente. La fuerza de tu creencia es lo que convirtió la magia en realidad. Así que ya sabes la verdad. Tú eres la creadora de tu propio futuro. Estoy segura de que harás las elecciones adecuadas. Te quiere, mamá.» Aturdida, Cammie Jo leyó la nota una y otra vez. El amuleto no poseía ninguna magia. Camryn, la sombra de su yo, había estado enterrada en ella todo el tiempo. Su potencial estaba en su interior y sólo hacía falta tener fe para liberarlo. Había actuado con valentía porque el a creía que era valiente, y aquello le había l evado a enfrentarse con sus miedos, que a su vez, le había proporcionado paz y tranquilidad, y todos los deseos de su corazón. Miró a Mack y sintió una punzada de dolor en el corazón. —¿Qué es? —preguntó Mack. —Es una carta de mi madre —le explicó, y se la entregó para que la leyera. Al hacerlo, sus dedos se rozaron y él sonrió. —¡Vaya! —dijo él un rato después. —Por lo visto no te he mentido. —Nunca pensé que lo hubieras hecho. —Pero anoche…


—Calla —dijo él suavemente, y colocó un dedo sobre sus labios—. He venido por varias razones. Cammie Jo abrió los ojos de par en par. —He estado pensando en muchas cosas y me he dado cuenta de algo. —¿El qué? —Que lo de la lista de la mujer ideal es una tontería. Mack sacó la lista de su bolsil o y la rompió en pedazos mientras caminaba hacia ella. —No se puede apuntar los ingredientes para una buena esposa como si fuera una receta. —No —dijo Cammie Jo, y dio un paso hacia atrás. —No —repitió él, y dio un paso hacia delante. —¿Entonces cómo vas a encontrar a la mujer perfecta? Mack la miró a los ojos y dio otro paso hacia delante. —Creo que ya la he encontrado. Nº Páginas 74-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —¿Alguna de las chicas del club femenino? —adivinó ella, y continuó retrocediendo. —No. Mack dio un par de pasos hacia delante. —¿Entonces quién es…? —susurró el a.


—Como si no lo supieras… —¿Camryn? Mack negó con la cabeza. —Cammie Jo. Cammie sintió que el pulso se le aceleraba y que la sangre corría alocadamente por sus venas. —Te amo, Cammie Jo. Amo a la valerosa Camryn y la parte de ti que bebe chocolate caliente y lleva zapatil as de Bugs Bunny. Te amo con las lentil as y sin el as, con maquillaje y sin él. —¿Estás seguro? Mack tomó su mano. —Nunca había estado tan seguro de algo. Pero si no estás preparada, lo entenderé. Si necesitas tiempo para pensar, no te preocupes, no te presionaré. Sólo hace dos semanas que nos conocemos. —Siento como si te hubiera conocido durante toda la vida. —Yo siento como si llevara toda la vida esperándote. —Eres especial, Mack McCaul ey. Un verdadero héroe de Alaska. —Múdate a Bear Creek. Puedes alquilar una habitación en el hotel de Jake, y en Juneau necesitan a un especialista en informática para la biblioteca municipal.


Además, puedes terminar la tesis por Internet. —¿Cómo lo sabes? —Hice una l amada antes de venir aquí. —¿De verdad? —Podría l evarte en hidroavión todas las mañanas a trabajar. —O mejor aún —dijo ella—, podrías enseñarme a pilotar. En aquel momento, Mack se dio cuenta de que había estado aguantando la respiración, esperando a ver la reacción de Cammie ante su declaración de amor. —¿Significa que considerarás la posibilidad de mudarte a Bear Creek? —¡Mack…! —suspiró ella—. Nunca había deseado algo tanto. Mack arrojó la lista hecha pedazos por encima de su hombro, le quitó las gafas con suavidad y la besó. El corazón de Cammie se aceleró por la emoción. No por el miedo. Y absorbió su aroma, su sabor y su deseo. Nº Páginas 75-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Quería más. Y ya no había razón alguna por la que seguir reprimiéndose. Cammie Jo deseaba a aquel maravilloso hombre que acababa de declararle su amor. Gimió suavemente, y le sorprendió su propia pasión y la lenta pero creciente presión que ardía en su vientre. Cammie Jo sabía que no iba a arrepentirse de nada de lo que hiciera, y gimiendo de placer, lo arrastró hacia la cama.


Mack abrió los ojos de par en par. —¿Qué pasa? —¿Tú qué crees? Mack sonrió. —¿No te desmayarás, verdad? —No me desmayaré. Te lo prometo. Mack inspiró profundamente cuando ella se echó sobre la cama y tiró de él. —¿Estás segura de que quieres hacerlo? Quiero que el momento sea el adecuado. —¿Tienes un preservativo? —Sí. —¿En serio? —Sí. —Entonces es el momento perfecto, cariño. Ella estaba preparada, dispuesta y con ganas de hacerle el amor al hombre de sus sueños. Había esperado tanto tiempo a que l egara aquel momento y cuando por fin había l egado, no se sentía asustada. Sabía que con Mack no tenía nada que temer. Él la hacía sentirse segura y amada. Y estaba dispuesto a complacerla en sus fantasías más perversas. Mack gimió y la besó con verdadera pasión. Unos minutos más tarde, tuvieron que separarse para respirar. —Antes tengo que decirte algo… —confesó ella.


¿Más secretos? Mack se tensó y se preparó para lo que fuera que el a le iba a decir. Porque dijera lo que dijera, él no iba a marcharse de aquella habitación. Amaba a aquel a mujer con todas sus fuerzas. Lo que tuviera que decirle, fuera cual fuera el problema, lo solucionarían juntos. —¿Qué es, cielo? Mack la miró a la cara y contuvo la respiración. Sintió que el estómago le daba un vuelco. —Nunca… Nunca lo he hecho. Mack parpadeó. —¿Eres virgen…? —susurró sobrecogido. Nº Páginas 76-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —Sí. ¿Crees que será un problema? Mack se rió. —No te preocupes. Nos tomaremos las cosas con calma. Sus maravil osos ojos azules lo miraron fijamente. Ella lo había hecho sentir capaz de saltar edificios enteros. Por ella, haría lo que fuera por mantener aquel a sonrisa en su cara y el brillo de confianza que había en sus ojos. Lentamente, le desabrochó la blusa y después el sujetador.


Era preciosa, suave. Su pecho subía y bajaba tembloroso cada vez que respiraba. Mack sintió una miríada de emociones abalanzarse sobre él, y todas eran buenas. Él le acarició el estómago con los labios y ella se rió. La certeza de saber que él sería su primer y único amante hizo que la cabeza le diera vueltas. Sus pezones se habían puesto duros y erectos en respuesta a los besos que él la estaba dando, y Mack acudió a besarlos. Primero chupó uno y después el otro, prestándoles la misma atención. Besó la fina capa de traspiración que se formó entre los pechos de Cammie Jo. Mientras sus labios besaban el cuerpo de el a, sus dedos lentamente bajaron la cremallera de su falda y después se metieron por debajo de la cinturilla. Con ternura, Mack acarició aquel caliente y húmedo lugar que había entre sus muslos. Cammie Jo gruñó y arqueó la pelvis contra su mano. Su hambre aceleró el cuerpo de Mack y sintió que el fuego del deseo lo consumía. ¡Eso en cuanto a tomárselo con calma! —¡Mack! ¡Mack! Te deseo. No creo que pueda aguantar mucho más. —Yo tampoco, cielo. —Hazme el amor ahora. ¡Corre! Azuzado por su ansia, Mack se quitó la ropa y se puso un preservativo. Después, desvistió a Cammie Jo por completo, y en pocos segundos sus cuerpos yacían entrelazados sobre la cama. Mack se echó sobre su espalda y colocó a Cammie Jo sobre él. Su erección palpitaba ansiosa junto a la seductora curva de su trasero.


—Si te duele, dímelo y paramos. —No tengo miedo… —susurró el a—. Confío en ti. Aquel as palabras le tocaron en lo más hondo de su ser. Confiaba en él y jamás haría algo que traicionara aquella confianza. Lentamente y sin dejar de mirarla, Mack la colocó sobre su pujante erección. ¡Qué bien se acoplaron! Ella estaba prieta y húmeda, y Mack estuvo a punto de perder el control. Cammie Jo gimió y él se detuvo, sujetándola por la cintura. Nº Páginas 77-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —¡No pares! —exclamó Cammie Jo. —Pero te estoy haciendo daño. —No… —jadeó ella y abrió los ojos extasiada—. Es que me siento maravillosamente llena. ¡Sigue! Después de unos minutos, encontrándose con ciertas resistencias, finalmente se introdujo de l eno en ella y gimió con fuerza, maravillándose por entrar allí. Ella era suya. Y él era suyo. Juntos, se hicieron uno solo. Cammie Jo se balanceó adelante y atrás con tanta habilidad, que Mack tuvo que cerrar los ojos y morderse el labio para no gritar. Cuando los abrió de nuevo, vio que el a estaba llorando. Inmediatamente, sintió que el miedo lo invadía. —¡Cammie Jo! Te he hecho daño. Lo siento. Lo siento.


Ella negó con la cabeza y sonrió. —Lloro porque es maravilloso, porque soy feliz de estar aquí contigo. Pensaba que este día nunca l egaría. —Amor… —susurró él con la voz ronca y los ojos llenos de lágrimas. Sujetó su cabeza con la mano y la llevó hacia sí para poder besar sus dulces labios. Ella interrumpió el beso minutos después, y comenzó a balancearse sobre su erección en un ritmo lento y seductor que le puso la piel de gallina. Lentamente, hicieron el amor. Ella experimentó el clímax antes que él. Mack sintió cómo sus músculos se tensaban alrededor de él, oyó los gritos de sorpresa y placer, y percibió el aroma de su feminidad. Poco después, él alcanzó su propio clímax. Cammie Jo se quedó echada sobre su cuerpo, envolviéndolo. Tenía el pelo húmedo y el corazón le latía con rapidez. Apenas se atrevía a respirar por miedo a que todo fuera un sueño. Así que aquel o era lo que se había estado perdiendo durante todos aquellos años… Era increíble. —Te amo, Cammie Jo Lockhart… —susurró Mack en su oído, mientras pasaba una mano entre su pelo—. Ahora y siempre. No lo olvides. —Y yo te amo a ti, Mack McCaulley. Te amaré hasta el final de mis días. Nº Páginas 78-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek Epílogo


«Cammie Jo Lockhart: ¡La auténtica esposa de la naturaleza!» Cammie Jo leyó el artículo que Kay había escrito para la revista Metropolitan y después miró a su amiga. Kay estaba resplandeciente con su vestido de novia. Las dos esperaban en la rectoría de la iglesia a que comenzara la boda; en breve, Kay Freemont se convertiría en la señora Quinn Scofield. —Pensé que te gustaría verlo antes de que salga publicado —dijo Kay sonriendo. —¿Por qué te preocupas por mí? Este es tu día especial. —Pero tú eres mi mejor amiga, y me preocupo por ti. El artículo saldrá en el número del mes de Octubre. He incluido el anuncio de vuestro compromiso y la historia del amuleto de los deseos, aunque aún me cuesta creer que quisieras que les revelara tu secreto a nuestras lectoras. —Si mi historia ayuda a una sola mujer tímida a superar sus miedos y a lograr los deseos de su corazón, significará que el poder del amuleto es más poderoso cuando se comparte. La verdadera magia consiste en creer en una misma. —Estoy muy contenta de que hayas decidido mudarte a Bear Creek —dijo Kay —. Y de que hayas aceptado ser mi dama de honor. —Hace dos meses no podría haber imaginado que tendría una amiga tan estupenda, ni que tendría el coraje para caminar hacia el altar como su dama de honor. —Estoy muy orgullosa de ti. —Y yo de ti. Kay y Cammie Jo se abrazaron y los ojos se les l enaron de lágrimas.


—No l ores —dijo Cammie Jo y le ofreció un pañuelo—. Se te estropeará el maquillaje. Kay se secó las lágrimas con suavidad. —Dentro de poco tú también caminarás hacia el altar. Mack es un hombre estupendo. Me alegro de que os hayáis encontrado el uno al otro. —Yo también. Me ha abierto todo un mundo y me ha puesto en contacto con mi pasado. Incluso me llevó a Fairbanks la semana pasada. Buscamos a la familia de mi madre y he descubierto que tengo tíos y primos de los que no conocía su existencia. Además he averiguado muchas cosas sobre mi madre. —Eso es estupendo, Cammie Jo. —Y ahora que mis tías Hildergard, Coco y Kika se van a mudar a Bear Creek también, no podía ser más feliz. —Te mereces toda la felicidad del mundo. Nº Páginas 79-80 Lori Wilde – El talismán del amor – 2º Solteros de Bear Creek —Tú también. El comienzo de la marcha nupcial las interrumpió. Cammie Jo le dio unas palmadas en el hombro a Kay. —Es hora de marcharnos. Con un ramo de flores en las manos, Cammie Jo abrió la puerta y comenzó a caminar delante de la novia por el pasillo. La iglesia era rústica, el órgano era viejo y muchos de los invitados iban


vestidos con camisa y vaqueros. Pero Cammie Jo pensó que era la boda más romántica a la que había asistido, y se sintió honrada de ser parte de ella. Se colocó en la parte delantera de la iglesia. Al otro lado estaba Mack, el padrino de Quinn. Al verlo, el corazón de Cammie Jo se inflamó de amor al ver a su guapo piloto. Su hombre. Él la sonrió y sus ojos bril aron con amor. «Dentro de poco seremos nosotros», le dijo él en silencio. Y en aquel momento, con cuidado de que nadie más lo viera, sacó el amuleto de su bolsillo. «Para la buena suerte», le dijo él con la mirada. Cammie Jo movió la cabeza. No necesitaban buena suerte porque tenían fe en su amor. Sabía que les esperaban muchas aventuras por delante y que sería el viaje más maravilloso de su vida. Fin Nº Páginas 80-80

El talisman del amor lori wilde  

Solteros De Bear Creek 02 RESEÑA: El diablo vestido de azul... Gracias a las maquinaciones de sus tías, la tímida Cammie Jo Lockhart habí...

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