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El otro hombre Karen van der Zee El otro hombre (1997) Título Original: The other man (1995) Editorial: Harlequin Ibérica Sello / Colección: Bianca 861 Género: Contemporáneo Protagonistas: Aidan Carmichel y Gwen Silva


Argumento: Cuando Gwen se vio obligada a rechazar el hombre al que amaba, pensó que había tomado la decisión correcta… hasta que el destino volvió a reunirlos, resucitando la fuerte atracción que sintieron de jóvenes. Pero en doce años habían ocurrido muchas cosas, y cada uno tenía su propio pasado. Impulsado por la pasión, el amor y la culpa, tenían dos soluciones posibles para aquel torbellino emocional: romper de una vez y para siempre, u olvidar el pasado de una vez por todas y aprovechar la segunda oportunidad para amarse. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Uno El hombre la miraba fijamente, taladrándola con sus ojos azules plateados. El corazón de Gwen se detuvo. Reconocía los ojos, aunque hubiera cosas en él que le sorprendieran: la barbilla sin afeitar, el pelo largo. Aidan. Su cuerpo se derritió. Ya no podía sentir los huesos. No podía pensar, ni respirar. Lo único que sentía era una arrebatadora emoción que hacía que su corazón latiera fuertemente y que le hirviera la sangre en todo el cuerpo. No sabía muy bien si se trataba de miedo, ansiedad o dolor. Sólo esperaba no desmayarse sobre el plato de sopa, en un restaurante, delante de tanta gente. Respiró profundamente e intentó concentrarse en la voz de Joe, que hablaba del


libro en el que habían estado trabajando juntos. —Sí —dijo Gwen, sin saber qué estaba afirmando. Aferró fuertemente la cuchara sopera y miró por la ventana para evitar fijar la vista en la otra dirección. Aidan. El pequeño restaurante rústico estaba sobre los acantilados que daban al Pacífico. Contempló las turbulentas aguas que rompían en olas contra las rocas, convirtiéndose en espuma blanca. Estaban en junio. Los días eran largos, y ella estaba deseando ver la puesta de sol, pero el cielo estaba cubierto de nubarrones negros. Se estremeció. Quería ir a casa, huir de allí. Pero acababan de servirles la comida, y no podía pedir a Joe que la llevara de vuelta tan pronto. Su intención era buena. Le había dicho que tenía que salir, y disfrutar un poco. Tuvo que hacer acopio de fuerzas para no mirar a Aidan. Se concentró en la comida y consiguió comer un poco de sopa de marisco. Era su plato favorito, pero se había quedado sin hambre. Dejó la cuchara con una mano temblorosa. No podía tragar. No podía respirar. Habían transcurrido doce años desde que viera a Aidan por última vez. No entendía qué hacía allí. Volvió a mirarlo, incapaz de reprimirse. Ahora tenía el pelo entrecano, más largo de lo habitual y desordenado. Parecía mayor y más fuerte. Su refinamiento había desaparecido. Incluso sus ojos se habían hecho duros. Tenía el rostro bronceado, y más anguloso de lo que recordaba. Estaba con una mujer muy atractiva, de algo más de treinta años. Tenía el pelo


corto y negro, y los ojos muy grandes y expresivos. Hablaba animadamente, gesticulando con las manos. Parecía seria. Su esposa. Por supuesto, no debía dolerle. No debía sentir aquella fuerte punzada de celos en el pecho. Hacía años que sabía que estaba casado, pero el hecho de ver a su mujer hizo que asumiera lo que significaba. No podía dejar de decirse que la culpa era suya. Aidan se volvió de repente, como si hubiera sentido su mirada, y sus ojos volvieron a encontrarse. El corazón de Gwen se encogió. Se quedó mirando hipnotizada, incapaz de apartar la vista de sus ojos claros e hipnóticos. Nº Paginas 2-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué te pasa? —preguntó Joe preocupado. Gwen apartó la vista de Aidan y se levantó. —Disculpa. Ahora mismo vuelvo. Le temblaban tanto las piernas que fue un milagro que consiguiera llegar al servicio sin derrumbarse entre las mesas. Suprimió una risa histérica al imaginar la escena. Se apoyó en la fría cerámica del lavabo y cerró los ojos. «Cálmate», se ordenó. «Contrólate un poco. Ha vuelto, ¿y qué? Doce años son mucho tiempo. Todo ha pasado a la historia. Piensa en cualquier otra cosa.


En el libro, en la niña, en lo que sea». Abrió el grifo y dejó que el agua fría corriera sobre sus muñecas, salpicándole el vestido de seda. De color azul intenso, a juego con sus ojos. Se miró al espejo. Se notaba que estaba muy nerviosa. Cerró los ojos y gimió, sin poder alejar de la mente el rostro masculino. Estaba muy raro con la barba incipiente, pero habría reconocido sus ojos en cualquier parte. Aidan. Sus ojos se llenaron de lágrimas. —Aidan —susurró, queriendo oír su nombre—. Aidan. No quería sentirse así. No quería experimentar aquel terrible dolor, lleno de añoranza y arrepentimiento. Se preguntó cómo podía haberla asaltado de forma tan repentina e intensa. No era lógico que siguiera teniendo aquellos sentimientos. Debería haberlos enterrado en el olvido mucho tiempo atrás. Tenía que volver a la mesa. No podía quedarse allí toda la vida. Se pasó un peine por el pelo, recordando que doce años atrás lo llevaba mucho más largo. Recordaba las manos de Aidan acariciándolo. En una ocasión le había dicho que, al sol, parecía caoba pulida, cosa que a Gwen le pareció una forma muy exótica de


definir el color castaño. Se reprendió por seguir recordando cosas. Se retocó los labios, esforzándose por recuperar la calma, y salió del servicio con la cabeza muy alta. Aidan la miraba. Su frágil control se desvaneció. Estaba junto a la gran maceta de la palmera, con las manos en los bolsillos, inmenso e impresionante en la pequeña entrada. Peligroso. Ni siquiera se parecía al hombre que ella recordaba. Su aspecto descuidado le confería un aire siniestro. Llevaba ropa nueva, pero se trataba de un pantalón y una camisa de rayas muy normales. El hombre al que recordaba vestía ropa muy cara, de diseño. Siempre lucía un corte de pelo inmaculado y habría sido incapaz de salir a la calle sin afeitar. También tenía siempre una sonrisa en los ojos. Pero ahora no. Ahora tenían un turbador tono de gris que anunciaba emociones aún más oscuras. —Hola, Gwen —dijo con naturalidad—. Me pareció que eras tú. Su voz, profunda, masculina e íntimamente conocida, se deslizó por todo su cuerpo, aumentando su temperatura. Nº Paginas 3-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Tardó un momento en ser capaz de hablar. —Hola, Aidan —respondió con un extraño tono ronco. Se quedaron mirándose durante un momento eterno, en un silencio cargado


de viejos recuerdos y nuevas emociones. —¿Qué tal estás? —preguntó él al fin, en tono educado. No obstante, en sus ojos había una turbulencia que contradecía la calma de su cara y su voz. —Muy bien —se cruzó de brazos—. No sabía que hubieras vuelto. Por supuesto que no lo sabía. No había ningún motivo por el que pudiera saberlo. Habían transcurrido doce años desde que lo vio por última vez, y lo único que había sabido de él fue lo que leyó en un artículo de prensa. Era médico, especializado en medicina tropical, y se dedicaba a trabajar de cooperante en países del Tercer Mundo. En la época del artículo, su esposa, que también era médico, y él, dirigían un impresionante proyecto de investigación en Asia. Y ahora estaba de nuevo en Oregon. —Sólo he venido a pasar unos meses. Estoy en la casa de la playa. La casa que sus padres tenían en la playa estaba a unos pocos kilómetros, al sur. Se trataba de una casa de lujo, sobre un acantilado, con enormes cristaleras por las que se divisaba un paisaje impresionante. Había estado allí, durmiendo con él en la enorme cama. Se preguntó si ahora compartiría el mismo lecho con su esposa. —¿Qué tal están tus padres? —preguntó, intentando apartarse de los asuntos personales.


—Muy bien. Acaban de embarcarse en un crucero para dar la vuelta al mundo —se detuvo, mirándola—. Tengo entendido que tu madre murió. Aidan no había tenido una buena relación con la madre de Gwen. Enfermó gravemente un mes después de que Aidan se marchara del país, y tardó en morir tres meses. —Sí. Ya hace mucho tiempo. Pero en aquel momento, delante de él, todo le parecía muy reciente. Todos los sentimientos, toda la angustia, seguían allí, como si hubieran transcurrido días en vez de años. No lo entendía. —Sí —convino Aidan, examinando con frialdad el vestido de seda, las joyas y los caros zapatos—. Parece que la vida te ha tratado bien. No había ningún tono raro en su voz. Parecía estar haciendo una sencilla observación clínica, pero lo delató la forma en que arqueó las comisuras de los labios. —Sí. Era cierto, pero podía imaginar muy bien lo que él pensaba al verla así, sabiendo lo que sabía. Tragó saliva, sin saber qué más decir, desesperada por huir de Nº Paginas 4-106 https://www.facebook.com/novelasgratis allí. Se sentía joven de nuevo, incómoda y confundida, y se odiaba por ello. Casi tenía treinta años, no dieciocho.


—Tengo que irme —dijo, nerviosa. —¿Es tu marido? —preguntó Aidan, señalando el comedor con la cabeza. De modo que lo sabía. Alguien le había dicho que se había casado. Pero, evidentemente, su información no era demasiado actual. —No, Marcos… Mi marido murió hace un año y medio —le temblaba la voz —. Tengo que irme. No quería escuchar las educadas condolencias que Aidan tuviera reservadas para aquellas ocasiones. Volvió rápidamente a la mesa y se sentó frente a Joe con tanto ímpetu que estuvo a punto de tirar la copa. Vio de reojo que Aidan también volvía a su mesa, junto a su esposa. —Estaba a punto de enviar una expedición de rescate —comentó Joe, mirándola con curiosidad—. ¿Estás segura de que te encuentras bien? —Perfectamente —mintió. —Se te ha enfriado la sopa. —No importa. Ya me la había comido casi toda. Sigue hablándome de tus ideas para el libro nuevo. Estaba dispuesta a prestarle toda la atención, a no volver a mirar hacia Aidan.


En agosto saldría su primer libro. Gwen había estado recopilando las narraciones y los dibujos de los niños refugiados, y él había hecho las fotografías. Se trataba de una bella e impresionante colección de sonrisas, risas, furia y lágrimas. La historia de los niños olvidados. Por mucho que lo intentara, no podía concentrarse en el libro. No dejaba de pensar que Aidan estaba sentado a unos pocos metros. Le daba miedo levantar la vista y ver su rostro, ver a la mujer que había sentada frente a él. Le daba miedo captar algún gesto de intimidad, como una sonrisa, un contacto. Gestos que en otro tiempo le habían pertenecido a ella. Sentía que e estaba ahogando. Tenía que salir de allí, alejarse de Aidan. —¿Te importaría que nos marcháramos? preguntó a Joe cuando no pudo más — . No me gusta mucho estar fuera de casa. Tengo que volver con el bebé. Era una excusa, y se sentía culpable. Alice, la niñera, había estudiado enfermería, y era madre de tres saludables hijos. La niña no podía estar en mejores manos. Consiguió salir del restaurante sin mirar a Aidan. Fuera, el viento alborotó su vestido y su pelo, y aspiró una profunda bocanada de aire marino, húmedo y salado. Joe le abrió la puerta del coche y ella se acomodó en el asiento del acompañante. Durante cierto tiempo la carretera seguía la escarpada línea de la costa, ofreciendo preciosas vistas del mar y las rocas a un lado, y las boscosas montañas al Nº Paginas 5-106


https://www.facebook.com/novelasgratis otro. Las nubes se cernían sobre ellos, y las violentas olas atormentaban las playas y las rocas. Gwen se estremeció. Media hora después estaba en casa. Alice estaba sentada en el sofá, con unos vaqueros y una camiseta. Estaba haciendo un crucigrama, y tenía la televisión apagada. La niña seguía dormida, como cuando Gwen se marchó, le dijo Alice, algo decepcionada. —Esperaba que hubiera un poco de actividad —añadió con un suspiro. Se levantó y cerró la revista de crucigramas para metérsela en el bolso. —Por cierto —dijo, sacándola otra vez—. ¿Qué país asiático empieza por B? Diez letras. El corazón de Gwen se encogió. —Bangladesh —dijo rápidamente. —Es increíble —dijo, apuntándolo—. Ni siquiera has tenido que pensártelo. Gwen se encogió de hombros. —Casualidad. Alice se marchó, sin preocuparse por la lluvia, de vuelta con el hombre con el que llevaba veintisiete años casada. La casa quedó en silencio. Gwen caminó nerviosa de un lado a otro. Era una enorme casa, bonita y silenciosa. Marcos la había diseñado para que vivieran en ella. Era un arquitecto muy creativo, con mucho talento, que


contaba con una buena cartera de clientes. Se dedicaba a crear casas que encajaran en el paisaje y parecieran formar parte de él. Un trueno sacudió las ventanas. La niña empezó a llorar y Gwen corrió a su habitación. La sacó de la cuna y la abrazó fuertemente. —No pasa nada —susurró—. Estoy contigo. No llores. Le acarició el pelo oscuro y besó sus suaves mejillas. La niña se apretó contra ella, como si combatiera un mal sueño. Era muy ligera y frágil, demasiado pequeña para tener ocho meses. Un nudo se formó en la garganta de Gwen, que se sintió atemorizada. Encendió una lámpara y le cambió los pañales. Calentó un biberón y se sentó en la mecedora para darle de comer, hasta que se volvió a quedar dormida. Estuvo mucho tiempo apretando el cálido cuerpo de la niña, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. —He mentido, Aidan —susurró—. He mentido. Nº Paginas 6-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Dos —Tienes un aspecto horrible —le dijo Alice la tarde siguiente—. ¿Qué van a


hacerte? ¿Una endodoncia? Había ido a cuidar de Churi mientras dormía la siesta, para que Gwen pudiera ir al dentista. Gwen había planeado las cosas de tal modo que estaría de vuelta cuando la niña se despertara. La incomodaba estar fuera de casa mientras Churi estaba despierta. —Sólo voy a hacerme una revisión y una limpieza de boca —se encogió de hombros con despreocupación—. No he dormido muy bien. Alice hizo una mueca. —No me extraña, con esa tormenta. Mi casa temblaba hasta los cimientos. Gwen tomó las llaves y el bolso y llegó a la puerta antes de que la niñera le hiciera más preguntas. No había sido la tormenta del exterior la que la había mantenido despierta, sino la que se libraba en el interior de su cabeza. Era un precioso y soleado día de junio. Gwen levantó la capota del coche y arrancó. Por todas partes se veían los indicios de la destrucción ocasionada por la tormenta. Los impecables jardines que rodeaban las casas de lujo estaban destrozados. Los céspedes estaban cuajados de ramas y hojas caídas, y las flores estaban aplastadas por la lluvia. Por dentro, Gwen se sentía tan devastada como los jardines. El nudo de su


estómago crecía por momentos. Sólo había sido capaz de pensar en Aidan, recordando aquella noche, doce años atrás, la forma en que la había mirado. —¡Dime que no me amas! —le había gritado, sacudiéndola por los hombros —. ¡Dímelo! —De acuerdo —respondió angustiada—. De acuerdo. No te amo. ¡No te amo! ¡No te amo! Se quedó mirando sin ver la carretera que tenía ante ella. Se dijo que tenía que poner fin a aquello. No era bueno para la niña que estuviera tan alterada. Churi percibiría su malestar, y ya había tenido bastante en su corta vida. Se mordió el labio y se aferró con fuerza al volante. Tenía que resolver rápidamente aquella situación, apaciguar la avalancha de recuerdos y emociones que amenazaban con apoderarse de ella. Necesitaba calmarse. Por ella misma y por Churi. Disminuyó la velocidad y se dio cuenta de que estaba en la carretera principal que salía de la ciudad. Ni siquiera sabía cómo había llegado hasta allí. Llegaría tarde a la cita con el dentista, aunque casi lo prefería. No estaba en condiciones para sentarse en un sillón de dentista, quieta y dócil, con la boca abierta mientras le golpeaban los dientes con todo tipo de instrumental. Podía morder un dedo al Nº Paginas 7-106 https://www.facebook.com/novelasgratis


dentista, o gritar. Se la llevarían enfundada en una camisa de fuerza. Gimió. Tal vez fuera una buena idea que se tomara un calmante, de todas formas. No tomó conscientemente la decisión de ir a la pequeña cala, pero una fuerza desconocida la impulsó a hacerlo. Aparcó fuera de la carretera, junto a los arbustos. El estrecho camino seguía allí, semioculto por la vegetación y embarrado por las lluvias. Bajó lentamente a la playa desierta, llena de algas que las olas habían arrojado a la arena la noche anterior. Se quitó los zapatos hundió los pies en la arena húmeda, preguntándose cómo había vuelto después de tantos años, por qué se abría a recuerdos que haría mejor en mantener ocultos. Habían hecho el amor en aquella playa, a la luz de luna, sus cuerpos recorridos por una suave brisa. Noches de magia, romanticismo y amor. Resistió el impulso de huir y se dejó caer en la arena. Todo estaba igual que tantos años atrás. Pero todo había cambiado. El viento le arrojó el pelo contra la cara, y cerró os ojos, respirando el aire salado y escuchando a las gaviotas. Intentó pensar en cosas tranquilas. Le gustaba sentir el viento. Llegaba atravesando kilómetros y kilómetros de océano, desde islas tropicales llenas de bellas flores y palmeras. Pero no funcionó. No estaba en ningún paraíso tropical. Estaba allí, en Oregón, un sitio precioso, con sus costas escarpadas, sus altas montañas y sus verdes


bosques. Y Aidan Carmichael. Aidan Carmichael, al que había amado apasionadamente mucho tiempo atrás. Aidan estaba en la casa de la playa, bajando por la carretera. Tal vez debería ir a verlo para que se le pasara la locura. Tal vez lo que le ocurría fuera perfectamente normal. A fin de cuentas, había sido su primer amor. Había sido el primer hombre con el que se había acostado, y según los libros, era algo que dejaba una huella indeleble. Y normalmente desagradable, según las estadísticas. Pero en su caso había sido distinto. Para ella se había tratado de algo mágico. Aidan era muy cariñoso y considerado. Gwen se apretó las muñecas contra los ojos. Era mejor que pensara en otra cosa. Era mejor que lo dejara enterrado, como un maravilloso tesoro, para saber que estaba allí y no para mirarlo. Dejarlo oculto en las sombras del pasado. Un mechón de pelo se le metió en la boca, y se la apartó. Se había quedado muy impresionada al volver a verlo. Por supuesto. Pero lo superaría, sin lugar a dudas. Ya no tenía dieciocho años. Lo único que tenía que hacer era ir a hablar con él, y quedaría claro que el pasado era el pasado y que lo que habían compartido había acabado mucho tiempo atrás. Ahora era un hombre distinto, famoso en su especialidad. Y ella también era


distinta, muy distinta, de la chica insegura y asustada que había sido en el pasado. Si hablaba con él exorcizaría los fantasmas, los recuerdos, los sentimientos de antaño. Aidan era ahora un desconocido, con una vida en la que ella no tomaba parte. Nº Paginas 8-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando hubiera pasado unos minutos con él, entendería que no quedaba nada, y recuperaría la tranquilidad. Se puso en pie antes de que el valor la abandonara, y subió por el camino, hacia el lugar en el que había aparcado el coche. Bajó por la carretera, con un nudo en la garganta, rogando que se le pasara todo aquello. No quería seguir sintiendo aquellas sensaciones. Necesitaba recuperar la tranquilidad. Se detuvo en el estrecho camino que conducía hacia su casa, escondida en el bosque. El buzón de madera estaba invadido de campanillas trepadoras. Bajó la cabeza al volante, nerviosa, preguntándose qué ocurriría si estaba allí su mujer. Ni siquiera sabía qué iba a decirle. Tal vez que sólo había ido a comprobar que ya no la afectaba, que los dos habían cambiado y que la vida continuaba, como debía ocurrir.


Tal vez le pidiera perdón por lo que había hecho. —¿Gwen? Subió la cabeza de golpe, sobresaltada. Aidan estaba junto a su coche, mirándola. Sólo llevaba unos pantalones cortos y unas zapatillas de deporte. Cada centímetro de su bronceada piel brillaba de sudor. Tenía el ancho pecho ligeramente cubierto de vello negro, y respiraba con pesadez. Su cuerpo esbelto y musculoso era la viva imagen de la vitalidad y la fuerza. Gwen pudo oler el aroma de los pinos, la brisa marina y la piel húmeda y cálida. Aidan se enjugó el sudor de la frente con la muñequera de felpa. —Volvemos a vernos —dijo con naturalidad. Gwen sintió que se le secaba la garganta. Tragó saliva, incapaz de articular un sonido, consciente de que lo miraba con los ojos muy abiertos, como una estúpida. Añadiendo a aquello el pelo enredado, debía parecer una loca. Se sentía como una loca. Aidan recorrió con la mirada el Porsche rojo descapotable e hizo una mueca burlona. —Qué coche tan bonito. Por supuesto, decir que era un coche bonito era quedarse muy corto. Se trataba de un vehículo de lujo, un sueño convertido en realidad. Marcos se lo había


regalado por su cumpleaños, dos años atrás. No se lo había pedido. Jamás se le había pasado por la cabeza desear un deportivo de lujo. Igual que jamás había deseado las joyas caras y los preciosos regalos que le daba Marcos continuamente. «Por favor», le decía una y otra vez, «no tienes por qué comprarme tantas cosas. Ya me has dado todo lo que necesitaba». En una ocasión, él la había mirado con los ojos llenos de pesar, y le había preguntado si de verdad era así. El corazón de Gwen se encogió al recordar la angustia de su voz. Nº Paginas 9-106 https://www.facebook.com/novelasgratis No había dejado de hacerle regalos. Cuando le entregó las llaves del coche le dijo que se divirtiera, y que viviera un poco. Gwen recordaba lo que había dicho, pero no recordaba su rostro. Se sintió presa del pánico. No recordaba el rostro de su marido, del hombre con el que había estado casada durante más de diez años. Sólo era capaz de ver a Aidan, con sus ojos claros en la cara oscura, con los músculos de su pecho brillando bajo la luz del sol. Sólo era consciente del desastroso efecto que estaba causando en su sistema nervioso, y de la terrible hambre que desataba en su interior. —¿Te pasa algo? —preguntó Aidan. Gwen tragó saliva y se miró las manos. Tenía la lengua paralizada. Negó con la cabeza.


—Necesito beber algo —comentó Aidan al ver que ella seguía en silencio—. Sube y únete a mí. Hablaba con tono despreocupado, como si fueran viejos amigos, o vecinos cordiales. Pero debajo de las tranquilas palabras había un sutil tono imperativo. Aidan estaba acostumbrado a que le hicieran caso. Tenía un aire autoritario más pronunciado del que Gwen recordaba. Estaba en su postura, en su expresión enigmática, en la frialdad de su mirada. Gwen asintió, sin saber muy bien por qué. Parte de ella quería huir, pero otra parte quería hacer lo que él le había pedido. Le temblaba la mano cuando puso en marcha el motor y acercó el coche a la casa, siguiendo a Aidan, sin apartar la vista de sus fuertes piernas y sus anchos hombros. Tenía un proporcionado cuerpo de atleta. Aidan observó la elegancia con que se movían los músculos bajo su piel y sintió que se le volvía a secar la boca. Lo maldijo por no haberla recibido con un chándal ancho. Aparcó junto a la casa. Aidan le abrió la puerta y le indicó con un gesto la puerta trasera, que daba a la cocina. Gwen recordaba vagamente que sólo abrían la puerta principal cuando llamaba algún desconocido. La gran cocina, que también tenía una mesa de comedor, había cambiado poco.


Era luminosa y brillante, amueblada al estilo moderno, a diferencia de tantas casas de campo. Los Carmichael nunca se habían conformado con cosas sencillas. Cuando era joven se había sentido muy impresionada por la riqueza de la familia. Sonrió para sí al pensar en lo tonta que era. A veces, al volver la vista atrás, se sorprendía de haber cambiado y madurado tanto. Las ventanas daban a la costa rocosa. Se podía oír el canto de las gaviotas, y el rugido de las olas. Aidan fue al fregadero y se mojó el cuello y la cara. Después, sacó un paño de cocina de un cajón, para secarse. —Estás distinto —dijo Gwen, sólo para romper el incómodo silencio. Aidan se encogió de hombros mientras llenaba dos vasos con agua. —Tú también. Nº Paginas 10-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Claro que había cambiado. Era doce años mayor, y toda una vida más sabia. Intentó dar con algo que decir. —¿Dónde estabas trabajando antes de venir? ¿Aún en Bangladesh? —No. En Ecuador. Me marché de Bangladesh hace tres años —respondió, entregándole uno de los vasos. Apuró el suyo de un trago y lo volvió a llenar. Gwen contempló sus manos


mientras manejaba el grifo. Eran manos grandes pero delicadas. Se esforzó por apartar la vista. Aidan se volvió de nuevo hacia ella, mirándola fijamente. —¿Por qué has venido aquí? —preguntó con naturalidad antes de volver a llevarse el vaso a los labios. Era la pregunta que tanto temía Gwen. —Supongo que por simple curiosidad —acertó a sonreír—. Para ver qué tal estás, después de tanto tiempo. Aidan levantó una ceja. —¿Sí? Una sola palabra, un millar de significados ocultos. Gwen bebió un trago de agua. —¿A qué has venido? ¿De vacaciones? Aidan se apartó el pelo húmedo de la frente. —No. He venido a terminar un libro sobre mi proyecto de investigación. Después, volveré a Ecuador. Dejó el vaso vacío en la encimera. —¿Tienes intención de volver para siempre algún día? Aidan se apoyó en la encimera y la miró divertido. —No hay demasiada demanda de pediatras especializados en medicina


tropical por esta zona. —No, pero supongo que podrías escribir, o dar clases, o las dos cosas. —Prefiero practicar la medicina y escribir un poco para variar. Estaban manteniendo una conversación calmada y sencilla, pero Gwen se sentía muy tensa. Había muchas cosas que quería decirle, muchas explicaciones que quería darle, pero no encontraba las palabras. Su mente parecía haberse bloqueado. Aunque, por otra parte, no creía que lo que pudiera decir tuviera ninguna importancia para él después de tanto tiempo. Tenía la vida que quería y una esposa que la compartía. Se preguntó dónde estaría su mujer. —¿Qué has estado haciendo tú últimamente? —le preguntó Aidan con educación. —Soy profesora. Doy clases a niños de cinco años, de parvulario. Nº Paginas 11-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Aidan entrecerró los ojos ligeramente. —¿De verdad? Gwen se preguntó si se debía a su imaginación o si Aidan se había sorprendido. —Sí. Me encanta. Ahora los colegios están de vacaciones, así que no estoy


trabajando —se sentía ridículamente nerviosa, como si estuviera haciendo una incómoda confesión—. Normalmente, durante el verano trabajo como voluntaria en programas especiales para niños inmigrantes, pero esta vez no. Se preguntó por qué le estaba contando todo aquello. Probablemente porque deseaba su aprobación, porque quería demostrarle que no se limitaba a conducir su Porsche y vivir del dinero de su difunto marido. Era una persona por propio derecho, que había madurado y que había llegado a ser algo. Aidan la miró detenidamente. —Estás muy guapa —dijo de repente—. Ya no estás tan escuchimizada como antes. Gwen no pudo evitar sonrojarse. A los dieciocho años trabajaba demasiado y comía demasiado poco. Sabía que a lo largo de los doce años transcurridos había ganado algo de peso y había adquirido las curvas necesarias en los lugares precisos. —Ya no soy una adolescente —dijo, como si Aidan no lo supiera. Se maldijo por estar comportándose como una estúpida. Los años de separación eran como un abismo que los separaba. No podía tender un puente para mostrarle todos los acontecimientos y cambios que habían


tenido lugar. Ni siquiera sabía si quería hacerlo. —Ahora eres una mujer —convino, mirándola como si la estuviera diagnosticando. Detrás del frío gris de sus ojos, se encendió algo que provocó a Gwen un escalofrío. Tenía un nudo en la garganta. Tragó saliva. —Cuando nos conocimos, yo era muy joven. Era más que un simple comentario. Estaba rogándole que la entendiera. —Tenías dieciocho años —replicó él con dureza—. Los suficientes para casarte con Marcos. La miró con una cólera fría que le encogió el corazón. No había nada que pudiera hacer ni decir, nada que a él pudiera parecerle razonable. Pero no quería permitir que su cólera la afectara. Aunque le estaba ocurriendo, quisiera o no. Era como si una tormenta hubiera volcado su lancha e intentara no ahogarse en las aguas turbulentas. Le habría gustado no verse afectada por él de aquel modo. No quería sentir aquella avidez en su interior, el nerviosismo que le provocaba su mera presencia.


Nº Paginas 12-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Después de tantos años, seguía allí. El mismo magnetismo, el mismo poder. Se sentía ridícula por haber albergado la esperanza de que sus recuerdos fueran sólo los sentimientos de una adolescente, románticos e idealizados. Que tal vez ahora, después de verlo con los ojos de una mujer madura y crecida, le pareciera que su atractivo no era tanto. Pero se equivocaba. Aquel hombre sobrepasaba todos sus recuerdos. Rezumaba una sensualidad que no había conocido o detectado antes, y a la que ahora reaccionaba de forma instintiva. Tal vez la hubiera adquirido con el tiempo, o tal vez sólo la pudiera captar una mujer madura. En el silencio vio que el rostro de Aidan se relajaba, adoptando de nuevo la expresión de frío distanciamiento. Le señaló una silla. —Siéntate. Gwen obedeció. —¿Cómo te enteraste de que me había casado? —preguntó, entrelazando las temblorosas manos en el regazo. Aidan se encogió de hombros. —Alguien me envió un recorte de prensa con el anuncio de tu boda. No


recuerdo quién —volvió a llenarse el vaso de agua—. Creo que tenía un nombre español, ¿no? —Sí. Se llamaba Marcos Silva. Nació en California, pero sus padres eran mexicanos. —¿A qué se dedicaba? Volvió a tomar un trago de agua. Gwen observó el movimiento de su nuez. —Era arquitecto. Se dedicaba a diseñar viviendas. Aidan asintió. —Estoy seguro de que su elección fue mejor que la mía. Tu madre debió aprobarlo. Había un mundo de significados detrás de aquellas frías palabras. Gwen se sintió indignada, y se esforzó por mantener la calma. —No llegó a conocerlo. Aidan levantó las cejas. —Entiendo. «No entiendes nada», estuvo a punto de decirle. «Nunca te has dado cuenta de lo que ocurre». Contuvo el impulso de darle explicaciones, de intentar que entendiera. Sabía que todo sonaría mal y que Aidan no estaba dispuesto a aceptar sus palabras.


El orgullo la mantuvo en silencio. No lo conocía así, con los ojos tan fríos, con la expresión tan dura. No era el mismo hombre al que había conocido; no se parecía en absoluto. No entendía por Nº Paginas 13-106 https://www.facebook.com/novelasgratis qué seguía incendiándole la sangre, por qué hacía que su corazón latiera a toda velocidad. No era el joven médico afable y entusiasta al que había amado cuando era joven. No tenía sentido que siguiera sintiendo ganas de arrojarse a sus brazos. Tal vez se tratara de una reacción ante los recuerdos, y no ante la realidad del presente. Apartó la vista para mirar por la ventana, pero vio de reojo que Aidan se había apartado de la encimera. Se acercó a ella, y se sintió atemorizada. Estaba demasiado cerca, era demasiado masculino, y ella se sentía expuesta y vulnerable. Aidan la tomó de las manos y la ayudó a ponerse en pie. Estaba temblando cuando lo miró a los ojos, de cerca, muy cerca. El calor de su pecho desnudo llegaba hasta sus brazos. Sentía su aliento en el rostro, podía oler el sudor fresco, la piel cálida y húmeda, el aire del mar. No podía respirar. Quería llevar los labios a su pecho y probar su sabor, perderse en su cercanía. Pero no quería sentir aquella terrible hambre, la necesidad de algo que durante años había intentado olvidar. El pánico la


asaltó, y luchó contra ello. Se esforzó por respirar mientras Aidan la miraba a los ojos. Sentía los golpes del corazón contra las costillas, y de repente la boca de Aidan se apoderó de la suya. Firme y sensual. El beso no consiguió apartar el dolor, ni el pánico, ni la tensión. Encendió un fuego en su interior, alimentado por el sabor conocido de Aidan, la sensación de su boca y su cuerpo. Rebelándose contra todos sus instintos, se debatió y apartó la boca. Aidan acabó por soltarla y se alejó. Gwen se apoyó en la mesa, temblando violentamente, pugnando por llenarse los pulmones. —¿Por qué has hecho eso? —preguntó con voz vacilante, pero teñida de rabia. Estaba furiosa consigo misma por sentirse como se sentía. Y estaba furiosa con él porque no tenía derecho a besarla. Pero sobre todo estaba furiosa porque se sentía aterrorizada. Si permitía que aquello la afectara, sólo tenía por delante el dolor. Aidan se encogió de hombros y sonrió. —Por los viejos tiempos. —Canalla —susurró.


Se oyó el sonido de un motor que se acercaba, y después, el de la puerta del coche al cerrarse. Gwen respiró profundamente y se aferró a la mesa para sujetarse. Se abrió la puerta y entró la mujer de Aidan, cargada con la compra. —He vuelto —dijo mientras dejaba las bolsas en la encimera. Llevaba una camisa azul y unos pantalones cortos que mostraban sus largas y esbeltas piernas. Miró a Gwen con curiosidad. —Hola —le dijo, frunciendo el ceño—. ¿No nos hemos visto antes? Ah, sí, anoche, en el restaurante. Se quedó mirando a Aidan, esperando que las presentara. Nº Paginas 14-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tengo que marcharme —dijo Gwen, sin saber muy bien cómo. Consiguió que sus piernas se movieran y las obligó a llevarla al coche. Sin darse cuenta, estaba en el coche, en la carretera, conduciendo demasiado deprisa. No tenía derecho a besarla, ni a tocarla. Ningún derecho. Estaba furiosa, y se sentía profundamente humillada. Aidan había visto las emociones en su rostro. Se había dado cuenta del efecto que tenía en ella y se había aprovechado, poniéndola en ridículo.


—Maldito seas, Aidan! —gritó. Pero el viento se llevó sus palabras. La sangría estaba deliciosa. La hija de Alice, que acababa de volver de estudiar un curso en España, la había preparando siguiendo la auténtica receta española. Se estaba haciendo tarde, pero la fiesta seguía y Gwen lo estaba pasando muy bien. Sus amigos se habían sobrepasado. Tenía flores por doquier, un montón de regalos, comida estupenda y una gran tarta de cumpleaños. Estaba bien tener tantos amigos, que hubiera gente que la quisiera y que se preocupara por ella. Cuando murió Marcos todo el mundo la colmó de atenciones, ayudándola en todo lo posible. Y ahora aquello. Sonrió y miró a su alrededor en el jardín, donde se habían congregado para celebrar su trigésimo cumpleaños. Treinta. Le sonaba maravilloso, como si ahora hubiera crecido y fuera de verdad una mujer madura. No era lo que pensaban muchas mujeres al llegar a la treintena, pero a ella no le importaba en absoluto. Le gustaba. Estaba bien sentirse independiente y segura de sí misma, y saber lo que quería. Era maravilloso poder tomar sus propias decisiones y confiar en lo que eligiera. Iba a vender aquella casa. No tenía que pedir permiso a nadie. Podía hacerlo porque le apetecía. Porque ya no era su casa. Era un lugar en el que había


pasado parte de su vida, una parte muy importante, pero que ya había quedado atrás. Marcos había muerto, y ya no era una mujer casada. También vendería el Porsche, y se compraría un coche más práctico y modesto. Sonrió para sí. Le gustaba ser la dueña de su propia vida, sentir que ella era quien tenía el control. Todo aquello tenía que agradecérselo a Marcos. La había ayudado a convertirse en la persona que era ahora. Cerró los ojos, esperando a que pasara la oleada de culpabilidad. Desechó el pensamiento con cierto esfuerzo y abrió los ojos. Aidan entraba en la habitación desde el jardín. Su corazón dio un vuelco. No sabía por qué tenía que aparecer siempre cuando menos lo esperaba. No entendía qué hacía allí, en su casa. Respiró profundamente, Nº Paginas 15-106 https://www.facebook.com/novelasgratis esforzándose por recuperar el control. Se dijo firmemente que no iba a estropearle la fiesta. No lo permitiría. Avanzaba hacia ella, moviéndose con pausada elegancia. Llevaba unos pantalones anchos y una camiseta. Estaba recién afeitado, no como cuando la besó.


Aún podía sentir su barba en el rostro, sus labios en la boca. El sentimiento de humillación volvió a apoderarse de ella. Quería gritarle que saliera de su casa, pero las palabras murieron en su garganta mientras él se acercaba. Gwen se advirtió que no debía permitir que Aidan supiera cómo se sentía. Tenía que comportarse con frialdad. Enderezó la espalda, echó los hombros hacia atrás e hizo acopio de fuerzas. —Feliz cumpleaños —dijo Aidan al llegar a su lado. Como si nada hubiera ocurrido. Como si fuera un amistoso conocido que se pasaba por su casa para felicitarla. —¿Cómo te has enterado? —preguntó ella alzando la ceja, con frialdad. Hablaba con firmeza. Bebió un trago de sangría e intentó parecer relajada. Tuvo que esforzarse muchísimo. Aidan se encogió de hombros. —Me he acordado por casualidad de que cumples años el último día de junio, así que he decidido venir a felicitarte. A fin de cuentas, treinta años es una cifra importante. ¿Estás deprimida? —¡En absoluto! —dijo rápidamente. La verdad es que estoy encantada. Aidan la miró, como si quisiera comprobar si había dicho la verdad. —A mi hermana le dio un ataque de nervios. Pensaba que se le había acabado


la vida. Hablaba divertido, sin dejar de mirarla a los ojos. —La mía está empezando. —¿Y eso? —preguntó levantando las cejas. —Digamos que por fin ha llegado el momento en que me siento a gusto conmigo —lo miró con un valor renovado—. Tengo los pies en la tierra, y me gusta la sensación. Dio una vuelta, para demostrárselo. El vuelo de su larga falda giró alrededor de sus tobillos. No estaba dispuesta a permitir que la pusiera de mal humor. Se sentía feliz, rodeada de amigos. —Admirable. —¿Quieres tomar algo? Tenemos sangría. La verdadera, de España. La receta, claro. Aidan se metió las manos en los bolsillos. —No, gracias. Es demasiado dulce para mí. Nº Paginas 16-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —El bar está en el porche. Sírvete lo que quieras. —Una exposición impresionante —comentó, mirando la mesa—. Ahumados, patés caseros, todo tipo de quesos…


—Tengo muchos amigos —sonrió—. Ellos lo han traído casi todo. Aidan la miró sorprendido. Gwen sabía lo que estaba pensando. Cuando era joven no tenía muchos amigos. Era una muchacha solitaria, tímida e insegura, que vivía con su madre en una pequeña casa de las afueras. Todo había cambiado. Aidan miró a su alrededor. —Es una casa preciosa. Veo que te han ido bien las cosas. Era un simple comentario, pero Gwen sintió, más que oyó, el desprecio subyacente en sus palabras. Aunque no estaba segura de no estar imaginándolo. No tenía motivos para ponerse a la defensiva, pero no pudo evitar tensarse. —Así es —respondió obligándose a mirarlo a los ojos. No había nada en ellos. Nada más que un gris frío e impersonal. De repente, en el fondo de sus ojos brilló algo más profundo, una sombra que intentaba esconderse. No era cólera ni desprecio. Era otra cosa. Aidan se sacó una mano del bolsillo y la pasó por el respaldo del sofá de cuero. —En ocasiones me he preguntado si tenías lo que querías. Gwen sintió una fuerte punzada de dolor, pero se esforzó por no demostrárselo. Bebió un trago de sangría para esconderse detrás de la copa. Sus ojos se encontraron como atraídos por un imán.


—¿Lo tienes? —insistió Aidan—. ¿Tienes todo lo que querías? —He tenido mucha suerte —acertó a decir—. Y según he leído, a ti tampoco te han ido mal las cosas —añadió, desesperada por cambiar de tema—. Estás haciendo un trabajo muy importante. Es lo que siempre quisiste, ¿no? —Sí. Su tono era frío, distante. Se dio cuenta de que algo más había cambiado en él. Hablaba y se movía con extremada calma. En otro tiempo, irradiaba energía, un entusiasmo que hacía que sus ojos centellearan cuando hablaba. Vio de reojo que Joe los observaba. Se acercó con una sonrisa y le pasó un brazo por los hombros, con aire protector. Se sintió agradecida y aliviada. Volvió a mirar a Aidan, que había entrecerrado los ojos. —Aidan, te presento a Joe Martínez. Joe, Aidan Carmichael. Se dieron la mano. Joe miraba al otro hombre con desconfianza. Con el pelo recogido en una coleta, unos vaqueros y una camisa de seda por fuera, tenía un aspecto bastante excéntrico en comparación con Aidan. Gwen se apartó de su brazo. Nº Paginas 17-106


https://www.facebook.com/novelasgratis —Disculpa —murmuró, huyendo hacia los otros invitados. Se estaba haciendo tarde, y empezaban a marcharse, despidiéndose de Gwen con abrazos y sonrisas que ella devolvía. Media hora después, Joe se acercó a ella. —Ese tipo sigue aquí. ¿Quieres que me quede? Gwen había estado contemplando a Aidan, que se había dedicado a explorar la habitación con curiosidad. Había estudiado los cuadros mexicanos del salón, había mirado por la ventana y hojeado un par de libros. —Parece aburrido. No tardará en marcharse —sonrió—. No te preocupes demasiado por mí. Joe había sido el mejor amigo de Marcos, y se sentía en cierto modo responsable de Gwen. —No me gusta la pinta de ese tipo —dijo frunciendo el ceño—. ¿Quién es? Gwen hizo un gesto de desinterés. —Alguien a quien conocí hace mucho tiempo. Aidan la contempló detenidamente. —Creo que hay algo más. Gwen se mordió el labio.


—Quería casarse conmigo, antes de que conociera a Marcos. —¿Y tú? ¿Querías casarte con él? Gwen dudó. Se le estaba pasando el buen humor. —Tenía miedo. El simple recuerdo de aquel miedo bastaba para que se le hiciera un nudo en la garganta doce años después. Recordaba las pesadillas, aquel lúgubre presentimiento del que no se había podido librar, como si fuera a ocurrir algo terrible. Algo terrible había ocurrido. Joe la miró extrañado. —¿Te daba miedo él? —No, no era eso. Por favor, Joe, no me apetece extenderme ahora sobre el tema. Joe la tomó de la mano. —Sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras. Si me necesitas, dímelo. ¿De acuerdo? —De acuerdo, Joe. Sabes que lo haré. Un rato después, estaba sola en la casa. Todo el mundo se había marchado, y no había ni rastro de Aidan. Se había ido sin despedirse. Gwen se encogió de hombros, sintiéndose aliviada. Nº Paginas 18-106


https://www.facebook.com/novelasgratis Se quitó los zapatos, se echó en el sofá y suspiró profundamente. Ni siquiera tenía que recoger; ya lo habían hecho sus amigos. Lo único que le quedaba por hacer era cerrar la puerta, ir a ver a Churi, y meterse en la cama. Cerró los ojos, sintiendo por primera vez lo cansada que estaba. Oía el viento contra las hojas de los árboles, y la cacofonía de insectos que cantaban en el fresco aire de la noche. De repente, oyó unos pasos en la terraza y se quedó helada. —¿Gwen? Era la voz de Aidan. Se incorporó de un salto. —¿Qué haces aquí? —preguntó con voz cortante. Aidan se encogió de hombros, con las manos en los bolsillos, y entró en la habitación. —Estaba dando una vuelta por el jardín. ¿Ya se ha ido todo el mundo? Gwen se puso en pie. —Sí. —¿Tu guardaespaldas también? Había una nota divertida en su voz. A Gwen no le gustaba, pero no se le ocurría una buena respuesta, de modo que no dijo nada y se limité a mirarlo con frialdad.


Aidan se acercó a una mesa y se puso a contemplar las fotografías enmarcadas que había sobre ella. Casi todas eran de Gwen con Marcos; navegando con el pelo mecido por el viento, sentados en el campo y cuchicheándose algo, y en la casa. También estaba la fotografía de su boda. Los dos sonreían. Joe había hecho casi todas las fotografías, captando las expresiones adecuadas, los estados de ánimo verdaderos. El aire estaba muy tenso. El estómago de Gwen se encogió cuando vio la postura rígida de Aidan. —Erais felices —afirmó con el tono de una acusación. Gwen tragó saliva, mirando las fotografías. Sentía una mezcla de emociones que hacía que le doliera el pecho. Las instantáneas se difuminaron y cerró fuertemente los puños. Parpadeó, intentando enfocar la cara de Marcos, pero fue inútil. Entonces miró fijamente a Aidan. —Sí. La contempló durante un momento, absorbiendo el vestido de fiesta rojo, mirándola con desdén. —No tienes pinta de viuda apesadumbrada. Aquellas palabras se clavaron en su corazón como una daga. La furia la


invadió. No podía creer que Aidan se estuviera atreviendo a juzgarla. Quería Nº Paginas 19-106 https://www.facebook.com/novelasgratis contestarle algo, decirle algo que le hiciera el mismo daño, pero no encontraba las palabras. De repente se oyó un llanto procedente del piso superior. Aidan, la cólera y la venganza desaparecieron al instante de la mente de Gwen, y se dirigió a toda prisa a la habitación de Churi. Sacó a la niña de la cuna y la abrazó. —No pasa nada —susurré—. Todo marcha bien, cariño. ¿Quieres tomarte el biberón? Bajó la escalera con el bebé en brazos, con cuidado de no pisarse la falda del vestido. Aidan estaba en mitad del salón, con las manos en los bolsillos y el semblante inexpresivo. No dijo nada. Se quedó mirando a la niña con una calma excesiva, sospechosa. Gwen respiró profundamente. —Fuera de mi casa —se oyó decir. Aquella voz no era la suya. Era dura y gélida, y no recordaba haber hablado así en su vida. Aidan se quedó mirando a la niña durante un momento más. Después, giró


sobre sus talones y salió al jardín. «¿Cómo se atreve? ¿Cómo se atreve?» Durante los días siguientes, aquellas palabras resonaban una y otra vez en su mente, alimentando su cólera. Le resultaba más fácil hacer frente al enfado que a las otras emociones, como el miedo, la añoranza y el dolor. Más fácil que el ansia que sentía cada vez que lo miraba. No podía permitirse sentir aquello. Era peligroso. El miércoles llevó a Churi al pediatra, para que le hiciera una revisión. Había engordado medio kilo. El médico se mostró encantado con su evolución. Después, fue al único supermercado de la pequeña localidad, abarrotado de veraneantes que iban a las playas y las montañas. La tienda olía a crema bronceadora. Con Churi sentada en el asiento, Gwen empujaba el carrito entre los mostradores, recogiendo pan, verdura, pañales y comida para niños, sin dejar de hablar con la pequeña, que estaba de mal humor porque le estaba saliendo un diente nuevo. Se encontró con una amiga y estuvo charlando un rato con ella sobre marcas de pañales y papillas. Después, se dirigió a comprar café. Había varias personas en el estante del café, pero cuando se dio cuenta de que uno de ellos era Aidan, era muy tarde para dar la vuelta, porque ya la había


visto. Su corazón dio un vuelco, Sentía las piernas débiles. Se recriminó por ello. No entendía por qué era incapaz de conservar la calma. Apretó con fuerza la barra del Nº Paginas 20-106 https://www.facebook.com/novelasgratis carrito y se obligó a mirar los distintos paquetes de café, para elegir una marca colombiana. —Hola, Gwen —dijo Aidan, con calma y cortesía. —Hola —respondió con frialdad, sin mirarlo. Aidan se quedó mirando al bebé, que lo contemplaba solemnemente. Gwen echó un vistazo al carrito de Aidan. Llevaba un enorme filete, un paquete de langostinos, una bolsa de arroz y varios comestibles. Tal vez su mujer y él se turnaban para hacer la compra. —¿Qué edad tiene? —preguntó. —Casi ocho meses. Disculpa. Pasó junto a él y siguió caminando. No podía evitar decirse que debía habérselo explicado. Claro que tampoco le debía explicaciones. Cuando rodeó el mostrador vio que llegaba la mujer de Aidan, con un racimo de uvas. Gwen siguió avanzando, fingiendo no haberla visto.


Una vez en casa, se preparó una taza de café y un sándwich, y dio de comer a Churi. A continuación, la dejó en la cuna para que durmiera la siesta. Tenía que intentar no pensar en Aidan. Tenía cosas que hacer. Quería vender la casa, y por tanto, tendría que encontrar otra. Pero ni siquiera sabía dónde quería vivir. Tal vez un poco más cerca de la playa, pero no demasiado lejos del colegio. Se compraría una casa sencilla y cómoda, no demasiado grande. Tendría que ponerse en contacto con un agente inmobiliario. Probablemente, Joe conocería a alguno. —¿Qué es lo que quieres? —preguntó después de que ella le contara sus intenciones. —Un agente inmobiliario que me ayude a vender la casa —repitió—. Es demasiado grande y lujosa para mí. Joe guardó silencio. A Gwen no le resultaba demasiado difícil adivinar qué pasaba por la cabeza del mejor amigo de Marcos. Su difunto esposo había diseñado la casa para ellos. Habían vivido allí durante la práctica totalidad de su matrimonio. —Tengo que seguir avanzando, Joe —dijo con calma. —Sí, sí, por supuesto. De repente adoptó un tono estrictamente comercial para darle el número de teléfono y el nombre de un agente al que conocía. —¿Has pensado en mi idea para el próximo libro? —le preguntó después.


En realidad, durante los últimos días sólo había pensado en Aidan y en la niña. —Lo siento, pero no he tenido mucho tiempo —reconoció—. Tal vez deberíamos esperar a ver qué tal se vende el primero. Sólo faltan dos semanas para que salga. Nº Paginas 21-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, claro. Estaba pensando en las posibilidades. Después de colgar el teléfono, Gwen miró a su alrededor. Cuando se mudara a una casa más pequeña, tendría que vender o regalar gran parte del mobiliario. Tendría una casa suya, sólo suya. De repente sintió una punzada de culpa. Marcos le había dado una casa, amor, seguridad y estabilidad. Todas las cosas que necesitaba la niña pequeña que había dentro de ella. Todas las cosas que su madre le había dicho que buscara. No, no era cierto. Su madre no creía en el amor. El amor era un sentimiento erróneo y peligroso que sólo podía existir en las fantasías de la gente. El amor provocaba siempre dolor y desilusiones. El amor no ayudaba a tener un techo sobre la cabeza y comida en la mesa. Su madre había sido una persona sin ilusiones. Aquella noche soñó con su madre. Estaba muy vieja, tendida en la cama del


hospital, con la cara demacrada. Estaba llorando. Su madre no lloraba nunca. —¿Qué va a pasar conmigo? —preguntaba una y otra vez—. ¿Qué va a pasar conmigo? —No me voy a marchar, mamá. Estoy aquí. Buscó la mano de su madre, pero no la encontró Se puso a buscar bajo las sábanas, pero no aparecía por ningún lado. —No me voy a marchar —repetía—. Dame la mano. Por favor, mamá, dame la mano. —Si te vas a África, me quedaré sola —sollozó su madre. —No me voy a África, mamá. Dame la mano. Por favor, dame la mano. Churi estaba en el parque, en la terraza, mientras Gwen regaba las plantas del alféizar de la ventana. El ambiente estaba cargado del delicioso aroma de las rosas. Acababa de recoger un enorme ramo del jardín. También tenía muchas plantas de interior. Le resultaba muy fácil mantenerlas. Le bastaba con cuidarlas un poco para que crecieran profusamente. Le gustaba que las cosas crecieran a su alrededor. Las plantas, la gente, los bebés. Un Mercedes de un color azul grisáceo apareció por la carretera y se detuvo, para girar por el camino. Todos os músculos de su cuerpo se tensaron, y contuvo la respiración al ver que Aidan salía del vehículo. Llevaba unos vaqueros desgastados y una camiseta negra, y tenía el pelo revuelto. Su aspecto contrastaba con el coche de lujo, que probablemente pertenecía a sus


padres. Aidan se apeó y caminó con paso seguro hacia la puerta. Gwen se preguntó a qué habría ido, qué pretendería. Sonó el timbre. Nº Paginas 22-106 https://www.facebook.com/novelasgratis «No quiero volver a verlo», pensó desesperada. «Quiero que se mantenga alejado de mí». Aquel hombre estaba amenazando su mundo, el autocontrol que tanto le había costado recuperar, su confianza y su tranquilidad. No podía permitir que lo hiciera. Respiró profundamente. Le dolía el pecho. Caminó hacia la entrada y abrió la puerta. —Buenos días —dijo Aidan pasándose una mano por el pelo, como si intentara acicalarse. En realidad, era así. Parecía necesitar urgentemente un afeitado y una ducha. —Buenos días —respondió, obligándose a hablar con calma y cortesía. No parecía que fuera un buen día para él. Parecía agotado, como si hubiera pasado toda la noche en vela. Tal vez había discutido con su mujer y ella lo había echado de casa. Tal vez había dormido en el coche. Pero no parecía una explicación muy probable. Aidan Carmichael no era un hombre al que


resultara fácil expulsar de un sitio. —¿Qué haces aquí? —preguntó con voz tensa, obligándose a mirarlo a los ojos. —Quiero hablar contigo. Sus palabras eran más una orden que un comentario. Gwen se cruzó de brazos. —¿Por qué? ¿Es que quieres seguir insultándome? —¿Insultarte? —frunció el ceño, como si intentara recordar a qué se refería, y se encogió de hombros—. No fue ningún insulto. Simplemente, parecías muy contenta con el vestido rojo. En efecto, había estado contenta. Apretó los dientes. —¿Y qué? ¿Es que tengo que disculparme por no estar llorando? Pues te aseguro que no tengo ninguna intención de quedarme aquí a discutir contigo. No deberías estar aquí. —Desde luego que sí. Sin decir nada más, le llevó las manos a los hombros, la apartó y entró en el gran vestíbulo. Gwen se quedó mirándolo con incredulidad mientras avanzaba hacia el salón, como si tuviera todo el derecho del mundo.


Nº Paginas 23-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Tres Su grosería la dejó sin palabras durante un momento. Aquél no era el Aidan al que recordaba, el de la educación impecable y los modales refinados. Lo siguió con los puños apretados, furiosa por la invasión. —¿Qué quieres? —le preguntó con frialdad. Aidan salió a la terraza, donde estaba la niña en su parque, jugando. Se quedó mirándola y se llevó las manos a las caderas. —¿No nos vas a presentar? —Se llama Churi. Márchate. —Hola, Churi —dijo Aidan, sonriendo al bebé. La niña lo miró con sus enormes ojos marrones, que parecían demasiado grandes para su cara. —¿Me invitas a una taza de café? —dijo Aidan, sin darse por aludido—. Muy fuerte, por favor. Gwen apretó los dientes y lo miró. No estaba dispuesta a permitir que siguiera dándole órdenes.


—Esto no es un restaurante. —Ya lo sé —respondió con una calma crispante, sin dejar de mirar a la niña —. ¿Ha estado enferma? —No —respondió Gwen muy tensa, a punto de perder la calma. Quería que Aidan se marchara de allí cuanto antes. —No deberías estar aquí —insistió—. Este sitio es muy pequeño. La gente hablará. Aidan la miró levantando una ceja. —Me da exactamente igual lo que diga la gente —hizo una significativa pausa—. Yo no estructuro mi vida con arreglo a los deseos y las opiniones de los demás. Gwen suponía que aquello era precisamente lo que creía que había hecho ella tanto tiempo atrás. Su furia aumentó. Quería abofetearlo, pero consiguió controlarse haciendo un esfuerzo. Durante un instante volvió a oír su voz, vio su cara tal y como la había mirado aquella noche, doce años atrás. «No puedes permitir que tu madre decida qué debes hacer y cómo debes vivir», le había dicho. «No tienes diez años. Tienes que vivir tu propia vida». Desechó el recuerdo, apretando los labios como si fuera un esfuerzo físico. —¿Qué pretendes? —le preguntó con frialdad, intentando mantener alejadas


las turbadoras sensaciones del recuerdo. Nº Paginas 24-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tenemos que hablar de una cosa. —No tenemos nada de qué hablar. —Ya se nos ocurrirá algo —respondió con calma—. Hay muchos asuntos pendientes. —Todo terminó hace doce años. —¿Ah, sí? Entonces, ¿por qué te presentaste el otro día en mi casa? Se acercó un poco más a ella, sin dejar de mirarla. El corazón de Gwen empezó a latir a toda velocidad. —¡No te acerques! —dijo con voz temblorosa. Volvía a sentirse como una niña, y no le gustaba. Odiaba la inseguridad que le provocaba Aidan. —¿De qué tienes miedo? —preguntó con cierto tono burlón. Gwen se dio cuenta de que había leído las emociones en su rostro. Dio dos pasos atrás. El no la siguió, ni la rozó; se quedó mirándola fijamente, perforándola con sus ojos grises. —¿Qué hay de ese café? —insistió Aidan—. No me vendría mal un poco de


cafeína. Se frotó la frente, y Gwen se dio cuenta de lo cansado que parecía. —Y después, ¿qué? Aidan se encogió de hombros. —Hablaremos. —¿Qué quieres de mí? ¿Una disculpa? ¿Te marcharás si te pido perdón? —No. Quiero un café. Después hablaremos. Resultaba evidente que no tenía intención de marcharse, y no podía llevarlo a rastras a la puerta. Decidió que prepararía el café, porque a ella tampoco le iría mal. Pero no hablaría. Aún le quedaba el control necesario. Una vez en la cocina, apoyó las manos en la encimera y dejó escapar un prolongado suspiro, esforzándose por recuperar la calma. Llenó la cafetera de agua, sacó un filtro y llenó el molinillo de café. Después lo abrió con demasiada fuerza, derramando el café molido. Maldijo entre dientes y lo recogió con las manos temblorosas. Echó al filtro el café restante y encendió la cafetera. Mientras se preparaba el café, sacó un par de tazas, leche y azúcar. Volvió a respirar profundamente antes de volver al salón. Aidan estaba sentado en una mecedora de la terraza, con Churi en el regazo. Gwen se quedó paralizada al ver la escena. Oyó que Aidan hablaba con la niña,


con suavidad, mientras la examinaba cuidadosamente. —¿Qué demonios crees que estás haciendo? ¡Dámela! Nº Paginas 25-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Aidan no hizo ademán de obedecer. Churi dejó escapar un gemido al oír el grito. —Necesita cuidados médicos —respondió Aidan con frialdad. —Ya la estoy llevando a un pediatra. ¿Qué derecho tienes a irrumpir en mi casa y ponerte a examinar a la niña? De repente se dio cuenta de que aquél era el motivo por el que se había presentado allí. Sin duda le había pedido un café para librarse de su presencia durante unos minutos. Churi se había puesto a llorar, y Gwen la tomó en brazos. Aidan se la entregó sin objeciones. Gwen la abrazó, intentando tranquilizarla. Sin duda, el tono de su voz la había asustado. Aidan se puso en pie. —Esa niña está desnutrida, y pesa menos de lo normal. ¿Cómo es posible que haya ocurrido? No quedaba en él nada del médico, nada de la calma con que debía hablar a los


familiares de los pacientes. Estaba furioso. Gwen estaba temblando. —Tú eres el experto. Debes haber visto miles de niños desnutridos. ¿Cómo suele ocurrir? Aidan se quedó mirándola con dureza. El silencio se apoderó del ambiente. Gwen conocía las respuestas. Una de ellas era la pobreza o la ignorancia de los padres. La otra era peor. Tranquilizó al bebé, sin dejar de mirar a Aidan, retándolo a acusarla, a pronunciar una palabra negativa. Una abeja pasó zumbando junto a ellos. El aire estaba cargado con el perfume de las rosas. Gwen vio que la cólera desaparecía de su rostro lentamente. La línea de su mandíbula se suavizó. —No es hija tuya, ¿verdad? —preguntó en tono más bajo. Acarició el pelo de la niña, sintiendo una punzada de dolor. Le gustaría ser su madre, biológica o no, y poder quedársela. —¿Por qué la tienes? ¿La has adoptado? —preguntó Aidan, mirándola con intensidad. Gwen sintió un nudo en la garganta. —Márchate de mi casa. No tienes derecho a estar aquí, y no es asunto tuyo. La mandíbula de Aidan se volvió a tensar. —El bienestar de los niños es asunto de todo el mundo. No voy a marcharme


hasta que haya averiguado qué pasa con esta niña. Hablaba con dureza. No parecía dispuesto a darse por vencido. Nº Paginas 26-106 https://www.facebook.com/novelasgratis El sentido común luchaba contra la furia. El interés de Aidan no resultaba sorprendente, y desde luego no era censurable. Era médico pediatra, y quería asegurarse de que aquella niña estaba recibiendo los cuidados necesarios. Gwen no podía culparlo por los motivos, pero su actitud la enfurecía. Se había presentado en la casa como si fuera el dueño, y la había acusado de negligencia. Aidan era médico, y pasaba su vida en países pobres, cuidando a niños indefensos porque era lo que quería hacer, lo que le parecía correcto. No había querido abrir una consulta de lujo en una gran ciudad, aunque era lo que sus adinerados padres esperaban de él. Quería cuidar a los niños que más lo necesitaban. Doce años atrás había estado locamente enamorada de él, y había admirado sus sueños y su idealismo. A sus ojos, era un héroe. Y seguía siendo un idealista. La admiración pudo más que la cólera. Tragó saliva. —Hace algo más de un mes que la tengo —le explicó—. Sus padres tuvieron


un accidente. Acababan de venir de México. Siguen hospitalizados, bastante graves, pero se recuperarán. —No. —¿Y por qué tienes tú a la niña? —Me presenté voluntaria para hacerme cargo, de forma provisional, de niños que no se pudieran dar en adopción, para evitar que tengan que estar internados en un hospicio. Te recuerdo que soy pedagoga. Aunque cuidar bebés no es mi especialidad, soy perfectamente capaz de hacerlo, y está ganando peso. Además, la llevo al pediatra con regularidad. Aidan se metió las manos en los bolsillos y la contempló durante un momento. El silencio estaba cargado de preguntas sin plantear. Gwen esperaba que las dejara así. —¿No tienes hijos? —le preguntó. —No. —Querías tener muchos hijos. Suponía que a estas alturas ya tendrías varios. —Pues no es así. —Lo siento. Gwen se mordió el labio y apartó la mirada. Fijó la vista en la cabeza de la


niña y la acarició con suavidad. No estaba dispuesta a sincerarse con él, a explicarle lo decepcionada que se sentía. Los ginecólogos habían llegado a la conclusión de que era fértil. Marcos quería ir al médico para averiguar si era estéril, pero no había llegado a hacerlo. No quería la compasión de Aidan, ni la de nadie. Tampoco quería seguir con aquella conversación. —Voy a traer el café —dijo, inclinándose para dejar a Churi en el parque. Nº Paginas 27-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Una vez en la cocina, se dio cuenta de que tenía los ojos llenos de lágrimas. Aidan le había dicho que ella quería tener muchos hijos. Era cierto. Habían hablado de ello, y él se acordaba. Por supuesto. Era hija única, y se había criado soñando con montones de hermanos. Se había prometido que un día tendría su propia familia, y que sus hijos nunca se sentirían solos. Pero no había sido así. Sacó la jarra de la cafetera y llenó las tazas, parpadeando para no llorar. Se preguntó si Aidan y su mujer tendrían hijos. Estaba casi segura de que no había ningún niño en la casa, pero aquello no significaba nada. Era posible que los hubieran enviado a un campamento de verano. Niños sanos y felices, de ojos brillantes y sonrisa rápida. Dos, tal vez tres.


No quería saberlo. En realidad, no quería saber nada sobre él. Le resultaba demasiado doloroso, por más que su razón se opusiera. Deseaba que no hubiera vuelto nunca. —¿Quieres que te eche una mano? —preguntó una voz a su espalda. Aidan levantó las tazas y murmuró una maldición al mirarla. Gwen se apartó rápidamente y cortó un trozo de papel de cocina para enjugarse los ojos. Lo maldecía por haberse presentado allí. Lo último que deseaba era que Aidan la viera llorar. En realidad, no tenía motivos para lamentarse. No le iban mal las cosas. Tenía amigos que la querían, y una casa preciosa. No pasaba apuros económicos, y su trabajo le encantaba. Por añadidura, tenía a Churi, aunque fuera durante poco tiempo. Tenía mucho más de lo que podía esperar, una vida mejor de la que había tenido su madre. Debería sentirse agradecida. Se recordó que se sentía agradecida, recriminándose por estar compadeciéndose de sí misma. Notó las manos de Aidan en los hombros y se volvió para mirarlo. —Lo siento —dijo él—. No quería hacerte llorar. Siento haber sospechado que no cuidabas adecuadamente a la niña —hablaba con dificultad—. Ha sido


injusto. Yo, mejor que nadie, debería haber sabido que serías incapaz de hacer algo así. Le pasó las manos por la espalda y la abrazó fuertemente. Durante una décima de segundo, Gwen sintió el consuelo del calor de su cuerpo y su conocido aroma. Durante una décima de segundo, recordó las otras ocasiones en que la había abrazado, sintió el deseo que se apoderaba de ella. Sus bocas se encontraron. La tentación era irresistible. De repente, se desencadenó una alarma en su cerebro, y se apartó de él, presa del pánico. —¡No! —sollozó—. ¡No hagas esto! Aidan la soltó, mirándola con el rostro ensombrecido. —¡Eres un canalla! —gritó furiosa, enjugándose las lágrimas—. ¿Qué intentas demostrar? Nº Paginas 28-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Aidan la miró sin ninguna expresión, con los ojos vacíos. —Nada —respondió en tono neutro. En aquel momento sonó el teléfono. Gwen le dio la espalda y levantó el


auricular. Le temblaba la mano. —¿Diga? Era la madre de Marcos, que llamaba desde California. Gwen quería mucho a su suegra, pero habría deseado que llamara en cualquier otro momento. Veía la terraza desde la ventana de la cocina, Churi estaba jugando tranquila. Como de costumbre, habló en español con su suegra. A lo largo de diez años de matrimonio, aderezado con clases de español y varias visitas a México, había llegado a dominar el idioma. Por supuesto, la ayuda de Marcos había resultado muy valiosa. Cuando colgó el teléfono cinco minutos después, se volvió y se encontró con que Aidan se había ido de la cocina. Caminó al salón y lo encontró tumbado en el sofá, profundamente dormido. Se dedicó a limpiar la casa, intentando no pensar continuamente que Aidan estaba en su salón, durmiendo. Parecía tan cansado que no tuvo valor para despertarlo y decirle que se marchara. Dormido no la podía molestar. Por lo menos mientras no lo mirara, mientras no pensara en el pasado y en los recuerdos que encerraba. Las ventanas estaban abiertas, y el aire que entraba por ellas olía a verano. La casa era muy bonita, soleada y espaciosa. Las vistas al jardín y a los bosques eran preciosas. Sin embargo, no podía evitar tener la sensación de que aquél no era su


sitio, como si algo la llamara desde su interior. Otro sueño, otro mundo. Estuvo jugando con Churi, hizo unas cuantas llamadas telefónicas, dio de comer a la niña y la echó en la cuna para que durmiera la siesta. No parecía que Aidan fuera a despertarse. Se quedó mirando su cuerpo, con todos los músculos en tensión. Tenía la cabeza apoyada en un brazo, y la otra mano tendida sobre el estómago. Unas delgadísimas líneas blancas marcaban las comisuras de sus ojos. Tenía la boca entreabierta. Estuvo mirando su respiración rítmica, deseando poder colocar la mejilla en su pecho y oír los latidos de su corazón, como había hecho tantas veces en el pasado. Se sintió incómoda. Sabía que no podía permitirse pensar aquello, que no debería estar allí mirándolo, deseando poder tocarlo, deseando pasarle los dedos por el pelo. Pero era demasiado tarde. Ahora estaba casado con otra mujer. El corazón de Gwen se encogió, dolorido. En una ocasión, muchos veranos atrás, cuando ella era joven y pobre, y estaba llena de sueños, aquel hombre había sido suyo. La había amado. Ella lo había amado a él. Nº Paginas 29-106 https://www.facebook.com/novelasgratis


Había sido un verano mágico, el verano de su decimoctavo cumpleaños. Estaba enamorada del doctor Aidan Carmichael, que la correspondía. Decía que era especial. Nadie la había hecho sentirse tan bella y tan feliz de estar viva. Aidan Carmichael era el hombre más maravilloso que había conocido en su vida. Ella estaba trabajando de monitora en un campamento de verano para niños inmigrantes. Un día un niño se puso enfermo, y tuvo que llevarlo al hospital. Y allí estaba Aidan, con una bata blanca, irresistiblemente atractivo. El corazón de Gwen se detuvo cuando la miró con sus hipnóticos ojos grises, y apenas fue capaz de responder a sus preguntas sobre el estado y los síntomas del niño. De repente se sentía torpe e incómoda. La monitora confiada y competente había desaparecido, para convertirse en una joven avergonzada por la suciedad de sus zapatos y su pelo enredado. Ingresaron al niño en el hospital para observarlo durante la noche. Gwen se quedó a su lado hasta que llegaron sus padres, dos horas después. Ya había terminado su turno, y se podía ir a casa directamente desde el hospital. Mientras caminaba hacia el coche, Aidan la siguió, sin la bata blanca. Su corazón le dio un vuelco. No sabía nada de ropa de hombres, pero no necesitaba ser ninguna experta para darse cuenta de que la del médico era clásica y cara.


—¿Sigues aquí? —le preguntó. —He esperado a que llegaran sus padres. Aidan sonrió. —Lo trataste muy bien. —Tú también —respondió, devolviéndole la sonrisa—. Claro que es tu obligación, como pediatra. —Y la tuya, como monitora. ¿Hablas español? —Un poco. Lo estudié en el instituto, y ahora me enseñan los niños. Casi todos son latinoamericanos. De México, Guatemala, Honduras… Pasan casi todo el verano en el campamento, mientras sus padres trabajan —frunció el ceño—. Lo siento por ellos. —¿Por qué? —Tienen una vida muy dura. Los inmigrantes desempeñan los trabajos más duros y peor pagados. Algunos de ellos viven en caravanas, y en muchos casos sus padres tienen muy poco tiempo para dedicarles se encogió de hombros—. En fin, supongo que ya sabes todo eso. —Lo he leído, y he oído hablar de ello. No es lo mismo que saberlo.


El tono suave de su voz hizo vibrar algo en su interior. —Supongo que nunca podremos saberlo. Nº Paginas 30-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Aidan negó con la cabeza. —No. Se quedaron en silencio, mirándose. Gwen jugueteaba nerviosa con las llaves del coche. —¿Te vas a casa? preguntó Aidan. Gwen asintió. —¿Tienes tiempo para tomar un café? preguntó señalando el establecimiento que había al otro lado de la calle. Aquella pregunta tan sencilla sorprendió a Gwen desprevenida. Los hombres como el doctor Carmichael no solían invitarla a tomar un café. Normalmente, los hombres como el doctor Carmichael ni siquiera la veían, y mucho menos hablaban con ella o la invitaban a tomar algo. —Si, supongo —respondió vacilante, sonrojándose—. Pero a las siete tengo que estar en el trabajo.


Aidan levantó las cejas. —¿No te basta con pasarte todo el día en un campamento de verano? Estaban en la acera, esperando a que el semáforo se pusiera verde. —Trabajo cuatro tardes por semana en el videoclub. Sólo son tres horas, hasta las diez —añadió rápidamente—. Estoy ahorrando para ir a la universidad. El semáforo se abrió, y cruzaron la calle. Gwen tenía que caminar muy deprisa para mantener el paso de Aidan. —Entonces no tendrás tiempo para comer —comentó Aidan mientras le abría la puerta del bar. —La verdad es que no suelo comer mucho, pero no pasa nada. Por supuesto, Aidan no estaba de acuerdo en que no pasara nada, e insistió en invitarla a una ración además del refresco, a pesar de sus protestas. Se sentaron en una mesa y estuvieron charlando. Entre bocado y bocado, Gwen le habló de su trabajo en el campamento, y de lo mucho que le gustaba jugar con los niños. Le dijo que quería estudiar pedagogía, y que le gustaría trabajar de profesora en una guardería. También le comentó que era hija única, y que siempre había deseado tener hermanos, y que cuando se casara tendría una familia muy numerosa. Le dijo que no sabía dónde estaba su padre, que


había abandonado a su madre antes de que ella naciera, y que su madre trabajaba de camarera en un restaurante de carretera. Al cabo de un rato, se calló, al darse cuenta de repente de que estaba diciendo cosas personales que no podían interesar a su acompañante. Se puso en pie, cohibida. —Tengo que irme. No entendía qué la había impulsado a hablar tanto sobre sí misma. Se metió en el coche y fue a su casa sin darse cuenta de que estaba conduciendo, sin dejar de Nº Paginas 31-106 https://www.facebook.com/novelasgratis pensar en lo ocurrido. No era muy charlatana, y desde luego, no solía hablar de su vida con los desconocidos. Ni siquiera contaba demasiados detalles a la gente que conocía. Se sentía avergonzada por haber aburrido tanto al médico. Era algo patético. Unos días después, cuando salía del campamento, se lo encontró en la entrada. —He pensado que igual te apetecía otro refresco —dijo, dedicándole una sonrisa cautivadora. Gwen no pudo evitar sonreír, poseída por una oleada de alegría. —¡Estás vivo! —exclamó. Aidan levantó las cejas sorprendido. —Eso creo —contestó divertido—. ¿Te extraña?


—Pensé que te habrías muerto de aburrimiento. La semana pasada hablé demasiado. Lo siento. —No lo sientas. He vuelto para que sigas hablando conmigo. Sus ojos reían, y el corazón de Gwen dio un vuelco. Los pájaros cantaban, y el aire olía a césped recién segado. Era el principio de un cuento de hadas. Un cuento de hadas lleno de magia y aventuras maravillosas. Un cuento de hadas con un final infeliz. Le resultaba difícil creer que el hombre que estaba dormido en el sofá, con los vaqueros desgastados, el pelo largo y la cara sin afeitar era el mismo que el joven médico bien vestido e impecable de la sonrisa en los ojos. Sin embargo, sentía la misma atracción, el mismo deseo de acercarse a él. Pero no podía permitir que tal cosa ocurriera. No podía sentir aquello. No era correcto. Tenía que poner fin a aquella locura. Apartó la mirada y se volvió de golpe, golpeando la mesita con el muslo con tanta fuerza que tiró al suelo el enorme libro de fotografías que había encima. Se frotó el muslo y murmuró una maldición, mientras se agachaba a recoger el libro. Gwen abrió los ojos, desorientado. —¿Qué pasa? ¿Me he quedado dormido?


—Llevas varias horas en el sofá —respondió Gwen, dejando el libro en la mesa. —Dios mío —murmuró. —Supongo que no habrás dormido en toda la noche. Aidan se incorporó y se pasó las manos por el pelo. —Aciertas. Nº Paginas 32-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Gwen se preguntó qué opinaría su mujer de aquello, y si estaría preocupada. —Tal vez deberías llamar a casa —propuso. —No hay nadie —bostezó. Sé que estoy abusando de tu hospitalidad, pero, ¿podrías traerme otro café? Gwen asintió y fue a la cocina. Le daba pena. Se preguntó si su mujer lo habría abandonado. Tal vez aquél fuera el motivo por el que no había dormido en toda la noche. Gruñó y sacó dos tazas. —No quiero tener nada que ver con esto —murmuró para sí—. Aidan y sus problemas domésticos no son asunto mío. Preparó rápidamente dos sándwiches de jamón y queso y sirvió el café, esforzándose por no escuchar la voz de su interior que le decía que era idiota por estar pre parándola comida, que debía exigirle que se marchara de su casa


inmediatamente, y que si quería un café, podía irse a una cafetería. Volvió al salón y se encontró a Aidan mirando una copia del libro que había escrito con Joe. Su corazón dio un vuelco. Dejó la bandeja en la mesita, consciente de que Aidan la miraba con curiosidad. —Muy interesante —dijo en voz baja—. Joe es un buen fotógrafo. Gwen asintió. —Sí. —¿Y tú has recopilado las historias y los dibujos? —Sí. No dejo de pensar que si consigo que la gente lea lo que dicen esos niños y sabe lo que hay en su cabeza entenderá la realidad de sus vidas. Se sentó, sin dejar de pensar en los ojos de Aidan, que la estudiaban. —Recuerdo el día que nos conocimos —comentó—. Cuando viniste al hospital con aquel niño —bajó la vista al volumen—. Es un libro precioso. —Gracias —empujó la bandeja hacia él—. ¿Quieres un sándwich? Me he preparado uno, y he pensado que tú también tendrías hambre. No quería hablar del pasado, del tiempo en que todo era muy distinto entre ellos, cuando tenían amor, esperanza y sueños. Aidan miró la comida y volvió a fijar los ojos en su rostro. —Sigues intentando ayudar a los demás, ¿eh? En su voz no había rastro de


condena ni de sarcasmo. Gwen se encogió de hombros. —He supuesto que no habrías desayunado. Aidan bebió un largo trago de café. —Aciertas otra vez. —¿Qué has estado haciendo toda la noche? —no era asunto suyo, pero lo preguntó antes de poder evitarlo—. ¿Cantar, bailar y beber? Sabía perfectamente que, fuera cual fuera la respuesta, no era aquélla. Dio un bocado a su sándwich. Nº Paginas 33-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tengo una vida nocturna secreta —dijo Aidan en tono lúgubre—. Llena de perversiones —hizo una mueca y se frotó el cuello—. He estado trabajando. Teníamos que terminar una parte del libro. Elle ha tenido que irse a Berkeley esta mañana para impartir un cursillo, y no podrá volver hasta fin de mes. Elle. Gwen no podía tragarse el bocado. No recordaba el nombre de su mujer. Se le había olvidado después de leer el artículo del periódico. Probablemente lo había olvidado de forma consciente. Era un mecanismo de autodefensa. Centenares de preguntas se agolparon en su mente. Necesitaba respuestas, y a la vez no quería oírlas. Cuanto menos supiera, menos sufriría. Se levantó. —Si quieres, tómate otro café. Después, creo que deberías marcharte. Intentó hablar con calma y frialdad.


—Por supuesto. Respondió con la voz del antiguo Aidan, el hombre de modales impecables, y no con la del que irrumpía en las casas ajenas, daba órdenes a los propietarios y se quedaba dormido en el sofá. En cuanto se terminó el sándwich y el café, se puso en pie. —Siento haberme quedado dormido en tu casa —dijo mientras lo acompañaba a la puerta—. Gracias por el café y por la comida. —De nada. Aidan se detuvo para mirarla, y el corazón de Gwen se disparó. Abrió rápidamente la puerta, antes de hacer alguna locura. —No te preocupes por Churi —le dijo al recordar el motivo de su visita. Aidan negó con la cabeza. —Descuida. Sin decir nada más, salió de la casa y caminó hacia su coche. Gwen cerró la puerta antes de que se subiera. Suspiró profundamente, apoyó la espalda en la pared y cerró los ojos. —No quiero volver a verlo nunca más —dijo en voz alta. Quería recuperar la tranquilidad y la confianza. Quería olvidarlo. Quería… Se cubrió la cara con las manos y se puso a llorar. Pero el destino no se compadeció de ella. Aquella misma noche encontró la


cartera entre los cojines del sofá. Tenía que ser de Aidan. La levantó, arrastrada por una fuerte tentación. Una cartera era una fuente de información valiosísima. Nombres, números, tarjetas de crédito, fotografías de seres queridos. La esposa y los hijos. Nº Paginas 34-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Estaba a punto de abrirla cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo. No tenía derecho a irrumpir en su intimidad, y además, no quería saber lo que pudiera descubrir. Por otra parte, se dijo que tal vez ni siquiera fuera suya. Tal vez debería buscar algún documento que acreditara la identidad del propietario. Pero en el fondo sabía que la cartera era de Aidan. Aspiró el aroma del cuero. La cartera estaba muy nueva, suave y algo rígida. Era probable que Aidan se la hubiera comprado poco tiempo atrás. Resistiéndose a la tentación, dejó la cartera en la mesita y sacó la guía telefónica, para buscar el número de Aidan. El mero hecho de llamar a su casa hacía que se le acelerara el pulso. Golpeó los números con más fuerza de la necesaria y se quedó mirando por la ventana, esperando a que contestara. —Diga —respondió su voz un momento después. Parecía molesto. Era posible que estuviera trabajando y no quisiera


interrupciones. Pero no podía evitarlo. —Hola, soy Gwen. ¿Tienes la cartera? —¡No! —exclamó tras un momento de silencio—. ¿Me la he dejado en tu casa? —Me la he encontrado en el sofá, y he supuesto que sería tuya. Aidan suspiró. —En fin, será mejor que vaya a buscarla, si no te viene mal. —No, puedes venir. No pienso salir de casa. Media hora después el Mercedes apareció por el camino. Abrió la puerta, con la cartera en la mano. No tenía intención de invitarlo a entrar. No hacía falta. Se había cambiado de ropa. Llevaba unos pantalones cortos de color caqui y una camiseta verde. Su paso enérgico indicaba que había superado el agotamiento. Parecía lleno de vigor, y su cuerpo irradiaba vitalidad. Gwen tragó saliva y se enderezó. —La he encontrado entre los cojines —le explicó, tendiéndole la cartera—. Se te habrá caído del bolsillo. Aidan asintió, tomó la cartera y se la metió en el bolsillo. —Gracias. Me alegro de que la hayas encontrado. —Si se hubiera metido más entre los cojines, podría haber tardado más


tiempo en verla. Aidan sonrió. —Habría sido terrible para mí. ¿Qué te parece si amos a cenar mañana por la noche? Nº Paginas 35-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Gwen no daba crédito a sus oídos. Su mujer acababa de marcharse y ya intentaba salir con ella. Se sintió furiosa. —No —dijo muy tensa. —¿Qué día te viene bien? Gwen se tensó más aún. —No, Aidan. No quiero cenar contigo. Prefiero que te mantengas apartado de mí. Aidan levantó una ceja. —No te creo —dijo con absoluta confianza. Gwen apretó los dientes. —Lo que creas o no, no es problema mío. Aidan entrecerró los ojos. —Entonces, ¿qué problema tienes? ¿Joe? se metió las manos en los bolsillos —. No te ofendas, pero no me parece que hagáis buena pareja.


Gwen lo miró desafiante. —Mi vida privada no es asunto tuyo. Simplemente, no quiero tener nada que ver contigo. Algo brilló en los ojos de Aidan, pero desapareció rápidamente. —¿Ni siquiera una sencilla e inocente cena? Pensé que sería interesante que pasáramos algo de tiempo juntos. Me intriga ver que te has convertido en una mujer tan madura y refinada. —Ahórrate las adulaciones. —No pretendía adularte. ¿Qué tiene de malo una cena agradable con una conversación agradable? —Todo espetó—. Lo tiene absolutamente todo de malo. Aidan se apoyó en el marco de la puerta y la miró con curiosidad. —¿Por Joe? —¡No! ¡Por Elle! No tengo por costumbre salir con hombres casados. Aidan la miró sorprendido. —¿Elle? ¿De dónde demonios has sacado la idea de que estoy casado con ella? Su reacción dejó a Gwen confundida. —Parecía evidente —acertó a decir. —Elle es mi compañera de trabajo. Es médico, y ha estado trabajando conmigo


en Ecuador. También estamos escribiendo a medias el libro que hemos venido a terminar —frunció el ceño y se pasó la mano por la barbilla—. No he llegado a presentártela, ¿verdad? Nº Paginas 36-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —No. Se sentía desorientada, como si el mundo se hubiera vuelto del revés. Elle no era su mujer. Pero sabía que estaba casado. Se dijo que no debía preguntarle dónde estaba su mujer, la que mencionaba el periódico. Respiró profundamente. —Entonces, ¿qué hay de tu mujer? —se oyó decir—. La que trabajaba en Asia contigo. Nº Paginas 37-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Cuatro —Te refieres a Sophie —dijo Aidan—. Pero, ¿cómo supiste de su existencia? —Lo leí en el periódico, en un artículo que escribieron sobre ti cuando estabas en Asia, en Bangladesh.


Gwen no entendía nada. Si estaba casado con Sophie, no comprendía dónde se encontraba ahora. No sabía si se habían divorciado, si estaba muerta, si se había quedado en Ecuador o si se encontraba en alguna otra parte, visitando a familiares o amigos. Deseó poder sentarse en una silla, pero se encontraban en la entrada de la casa porque no había querido invitarlo a entrar. Aidan asintió. —Sí, recuerdo el artículo. Sin embargo, Sophie y yo no estábamos casados. Vivíamos juntos, y la gente pensaba que habíamos contraído matrimonio. Considerando las circunstancias, y las anticuadas costumbres de Asia, pensamos que sería más prudente mantener el equívoco. —Oh. Entonces, ¿no estás casado? —preguntó, intentando asumir lo que acababa de escuchar. Las palabras de Aidan la habían estremecido hasta sumirla en un estado de profunda confusión. Las cosas no eran lo que parecían. No lo habían sido nunca. Y el enfado que había sentido cuando la besó había perdido con ello toda justificación. —No, nunca lo he estado. Hace más de tres años que no veo a Sophie. Soy libre, no estoy comprometido, y sigo soltero. Cena conmigo mañana, por favor. Gwen sabía que, ante una invitación parecida, se habría formado una larga


cola de mujeres. Quería aceptar la proposición, pero aún se sentía confusa y dubitativa. Tanto como para quedarse sin habla. —Además, también soy impaciente —continuó él. Gwen respiró profundamente. De repente su cabeza estaba peligrosamente embotada con un sinfín de esperanzas y nuevas posibilidades. —De acuerdo, acepto. Mañana por la noche iremos a cenar. —Es hora de que empieces a salir con otros hombres —declaró Alice, con su típico tono de enfermera. Aidan se acababa de marchar minutos antes, con su cartera. Alice se había pasado por allí para tomar una taza de café y para devolver a Gwen el libro que le había prestado. Nº Paginas 38-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Ah, sí? ¿Eso crees? —preguntó Gwen, arqueando una ceja mientras encendía la cafetera. Aún no había tenido la oportunidad de contarle que Aidan la había invitado a cenar. Ni de pedirle, por otra parte, que cuidara mientras tanto de la niña. De todas formas, pensó que Alice tenía una especie de sexto sentido. Su amiga se había colocado el bebé sobre su generoso regazo y jugueteaba,


ausente, con sus pequeños pies desnudos. —Sí, por supuesto que sí —contestó con ironía—. Has pasado demasiado tiempo escondiéndote tras Joe. —¿Escondiéndome? Gwen apoyó las manos sobre el montón de ropa de bebé que acababa de lavar y que estaba a punto de doblar para guardar en el armario. —Claro. Mientras se encuentre cerca de ti, tienes una excusa perfecta para no fijarte en otros hombres. —No seas ridícula espetó, con demasiada rapidez. Gwen clavó la mirada en la pequeñísima camiseta blanca que estaba entre sus manos. Sabía de sobra que su amiga tenía razón. Sin embargo, no había considerado el tema en aquellos términos. —No estás enamorada de Joe, pero no demuestras interés por salir con otros hombres. Sin embargo, no puedes enterrarte en vida, y lo sabes. —Gracias por tu sabio consejo, Alice. Churi intentó escapar del abrazo de Alice, que le dio un juguete para calmarla, con éxito momentáneo. —Sé que Marcos era un verdadero príncipe —continuó su amiga, con más


suavidad—, pero hay más hombres interesantes en el planeta. —No lo dudo —declaró mientras doblaba un jerseicito rosa. —A Marcos le gustaría que volvieras a ser feliz, ¿no te parece? —Sí —asintió—, le gustaría. —Eres joven y necesitas un hombre —dijo Alice, mientras acariciaba el cabello de la niña—. Y por si fuera poco quieres tener hijos. Deberías darte prisa, mujer. Gwen rió sin poder evitarlo. —¿Y por dónde empiezo? ¿Pretendes que consulte las páginas amarillas? Haces que parezca tan fácil… —Porque lo es. Eres generosa, cariñosa, una profesora maravillosa y una mujer inteligente, atractiva e independiente. Lo tienes todo a tu favor. Entonces, ¿qué te resulta tan complicado? —Encontrar a un hombre. Enamorarse. No son cosas que se consigan así como así, porque una lo desee. Nº Paginas 39-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Desde luego, pero no las conseguirás si no te abres. Podría decirse que envías


«mensajes» equivocados a los demás. —¿Ah, sí? ¿Y qué mensajes son esos? —Intentas hacer el vacío a tu alrededor. Es como si llevaras un cartel al cuello en el que pudiera leerse: «¡Manténgase lejos de mí! ¡No me toque! ¡Desaparezca!» Gwen rió de nuevo. —Desde luego, hablar contigo siempre merece la pena. Alice suspiró. —No estás prestando atención a lo que digo, ¿verdad? —Al contrario, te presto toda mi atención. De hecho, mañana por la noche voy a salir a cenar con un hombre. Si puedes encargarte de la niña, claro está. —Por supuesto que puedo. —Muchas gracias. —Ten cuidado —dijo Alice, con voz de madre preocupada—. Hay muchos tipos raros en el mundo. ¿No será uno de ellos? —¡Alice! Gwen se encontraba fatal. Había tardado dos horas en vestirse y se había probado, al menos, diez indumentarias diferentes. No recordaba haberse sentido tan nerviosa e insegura en mucho tiempo, tal vez en varios años. Resultaba patético.


Gimió ante su propia estupidez y después rió. Por fin se había decidido. Se miró al espejo y examinó el vestido de seda negra, ajustado, sin mangas, de diseño sencillo y con el bello complemento de un collar de ámbar. Su cabello mostraba un aspecto magnífico y brillante, y se curvaba suavemente alrededor de su rostro. Parecía elegante y refinada. De hecho, pensó que, modestia aparte, estaba espléndida. La confianza en una misma era algo magnífico. En el pasado, había sido una mujer muy insegura, y había aprendido con el paso del tiempo la importancia de la autoestima. Tomó el cepillo y dio los últimos retoques a su peinado. Ya estaba preparada cuando Aidan llamó a la puerta a las siete en punto. Corrió escaleras abajo para abrir la puerta y descubrió que Alice se le había adelantado. Se estaba presentando a sí misma mientras escudriñaba a Aidan con sus vivaces ojos. Gwen se detuvo al pie de la escalera y observó la escena. Aidan llevaba un traje y corbata; se había afeitado y cortado el pelo. Su familiar presencia la estremeció. Había perdido el aspecto siniestro que lo rodeaba y parecía más íntimo y familiar, como en el pasado. —No dejas de sorprenderme —dijo él, mirándola con una sonrisa. Estás preciosa. Nº Paginas 40-106


https://www.facebook.com/novelasgratis Gwen no supo cómo reaccionar. Le habría gustado decir que él también lo estaba, pero no lo hizo. Se dirigió a Alice para darle unas últimas instrucciones, pero su amiga alzó los ojos al cielo y prácticamente los echó de la casa. —Vamos, id y divertíos. Yo me encargaré de la niña. Aidan la llevó a un restaurante que habían inaugurado poco tiempo atrás. Parecía una típica casa alpina. Gwen contempló la decoración con interés. No había estado allí con anterioridad, y se preguntó si Aidan habría elegido el lugar por su carácter neutral. No había recuerdo alguno ligado a aquellas paredes. Ni con Aidan ni con el propio Marcos. Aún se sentía algo incómoda ante la perspectiva de pasar varias horas en su compañía. No sabía muy bien de qué hablar, o lo que debía o no debía decir. Aidan parecía completamente tranquilo, y le molestó no estar a la altura de su calma. Había perdido toda la confianza en ella misma. Cuando se acercó el camarero, pidieron algo de beber. Gwen notó el brillo divertido de sus ojos. —¿Qué te parece tan gracioso? —preguntó, intentando disimular que estaba a la defensiva. —Acabo de descubrir por qué reaccionaste tan mal cuando te besé. Fue sólo porque creías que estaba casado.


—No me gustan los maridos que se dedican a ir jugando por ahí. Ni las esposas. No me parece digno, ni apropiado. Supongo que aún tengo cierta ética. Aidan se mostró de acuerdo con ella, aunque su divertida expresión no desapareció. —Me gusta la gente con sentido ético. Sin embargo, no me agrada nada saber que pensabas que yo carecía de él, que era capaz de coquetear con otras mujeres a espaldas de mi hipotética esposa. El camarero apareció en aquel instante con la botella de vino. Gwen tomó un sorbito. —Hacía doce años que no te veía —explicó—. y a estas alturas no te conozco. Además, todo el mundo es capaz de ser infiel en esos términos. La cuestión estriba en no ceder a la tentación. Aidan tomó un poco de vino y la observó por encima del borde de la copa. —Pareces confiar mucho en ti misma. —Desde luego. Resistirse no es tan difícil. —¿Nunca fuiste infiel a tu marido en once años de matrimonio? —preguntó. —No —respondió con sinceridad, aunque con creciente nerviosismo—. Ha sido una pregunta bastante personal, ¿no te parece?


—Sí —asintió—. Discúlpame. Nº Paginas 41-106 https://www.facebook.com/novelasgratis De repente, sonó un fuerte golpe que rompió la tranquilidad del restaurante. Un objeto de cristal había caído al suelo y una mujer gritó asustada. —Oh, no —dijo Gwen, mientras contemplaba la desastrosa escena. Uno de los camareros había perdido el equilibrio y había dejado caer una bandeja llena de platos sucios y copas entre dos mesas. Pero en cuestión de minutos ya habían limpiado el suelo. Gwen lo sintió por el camarero, aunque agradeció mucho la distracción, que le había proporcionado el tiempo justo para tranquilizarse un poco. El vino empezaba a surtir efecto. Poco a poco, se relajó. Mientras comían unos aperitivos, Aidan habló sobre Elle y sobre el libro que estaban escribiendo. Después, se interesó por Churi. Gwen le contó que sus padres habían salido de México y que después de recorrer California tenían la intención de llegar a Oregón, haciendo autoestop o caminando. Allí les esperaban dos empleos en un hotel de la costa. Prosiguió con la narración hasta llegar al accidente que sufrieron poco antes de alcanzar su destino, y del que Churi había salido milagrosamente ilesa. Después,


añadió que su estado físico era tan lamentable que la recuperación de los padres estaba resultando más lenta de lo normal. El sonriente camarero llevó la comida y desapareció. Gwen empezó a hablar sobre su trabajo y sobre lo mucho que disfrutaba dando clases a niños pequeños. —¿Fuiste a la universidad estando casada? —Sí, claro. —¿Y cómo conociste a tu marido? Aidan se concentró en su filete mientras hablaba. Lo hacía con tranquilidad e interés, pero Gwen notó que estaba muy tenso. Parecía pensar que lo había conocido en una playa iluminada por la luz de la luna, o en una montaña paradisíaca, o en un crucero por el Caribe. La realidad, sin embargo, era bien distinta. —En un aparcamiento —contestó—. Y estaba diluviando. —Qué romántico —dijo con humor. —Fue una suerte. De haber sido capaz de salir de la depresión en la que me encontraba, me habría arrojado por el puente más cercano —declaró, mientras se limpiaba la boca con una servilleta—. Era uno de esos días en los que todo sale mal. —Empiezo a estar intrigado —arqueó una ceja. —¿Quieres saber todos los detalles?


—Todos y cada uno. Gwen dejó a un lado la servilleta y se prometió que sería concisa y que se atendría, única y exclusivamente, a los hechos. —Seré breve. Fue la semana después de que muriera mi madre. El casero me había dicho que debía marcharme de inmediato de la casa. Me había gastado todos mis ahorros en las facturas médicas de mi madre, y por si fuera poco mi coche se negaba a arrancar. Nº Paginas 42-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Uno de esos días —dijo con ironía. En efecto, uno de esos días. Imagínatelo. Me había quedado sin madre, sin casa, sin dinero y sin nadie que me cuidara. Y de repente surgió un atractivo extraño, bajo la lluvia, dispuesto a rescatarme. Habían pasado doce años, tiempo más que suficiente para que se lo tomara con cierto humor. Sin embargo, en su momento no le había parecido nada divertido. Estaba desesperada, sin esperanza alguna. Aidan se había marchado, su madre estaba muerta, no tenía casa. y ni siquiera podía usar el coche, algo bastante molesto porque en aquel lugar no había transporte público.


Marcos la encontró empapada. llorando de pura histeria mientras pegaba patadas al vehículo. A lo largo de los años. Marcos había embellecido la historia con detalles de toda clase, que gustaba contar a sus amigos. La presentaba como una especie de preciosa lunática de ojos salvajes que golpeaba con furia el coche mientras maldecía a los dioses por su mala fortuna. Los amigos, entonces, preguntaban qué había hecho. Alguno se adelantaba a su respuesta para saber si la había llevado a algún psiquiátrico. Y el contestaba siempre, con humor, que no, que se había casado con ella. Algo, sin duda, cierto. Tres semanas más tarde, Gwen descubrió que sus circunstancias habían cambiado de forma drástica. Era la esposa de un hombre maravilloso y vivían en una casa muy cómoda mientras cierto arquitecto, amigo de su esposo, diseñaba los planos de la mansión de cuento de hadas que iba a edificar para ellos. Estaba estudiando en la universidad y tenía un coche nuevo. Recordó que prometió a Marcos que le devolvería el dinero y que él se había limitado a reír y a decir que era su esposa y que todo lo suyo le pertenecía. Los padres de Marcos la querían mucho. Sus amigos la adoraban. Y sobre todo, su marido la amaba. Súbitamente el mundo parecía un lugar muy distinto, un lugar lleno de calor y de cariño, sin preocupaciones de ninguna clase. Después de los trágicos meses que había vivido, se dejó llevar por la bienvenida paz. Podía


respirar de nuevo, dormir de nuevo, hasta reír de nuevo. Sin embargo, no estaba preparada para confesárselo a Aidan, de manera que sonrió y cambió de conversación. —Bueno, ahora cuéntame cosas sobre tus aventuras a lo largo y ancho del mundo. Puedes empezar con Ruanda. Sólo sé que tiene selvas, gorilas y pigmeos. Pero estoy segura de que hay cosas mucho más interesantes. Gwen escuchó con suma atención mientras Aidan hablaba sobre su trabajo en el hospital y respondía a todas sus preguntas. Su tono de voz fue haciéndose más y más cálido y entusiasta. Después de pasar cinco años en África se había marchado a vivir a Bangladesh, desde donde partió a Ecuador. Gwen se alegró de encontrarse otra vez en compañía del viejo Aidan, de contemplar otra vez el brillo de sus ojos. Su nerviosismo había desaparecido como por arte de magia. El tiempo pasó poco a poco. Fueron unas horas maravillosas llenas de nuevas imágenes e ideas, nuevos puntos de vista sobre el mundo y ante todo una nueva perspectiva sobre el hombre que había conocido tan bien en el pasado. Hablaron, comieron y rieron en un Nº Paginas 43-106 https://www.facebook.com/novelasgratis ambiente tan distendido, que Gwen se sorprendió mucho del tiempo que había pasado, de la cena que habían dejado atrás y hasta del enorme pedazo de tarta


de chocolate que se había comido. Por desgracia, había llegado la hora de marcharse. —Gracias —dijo Gwen, mientras regresaban a su casa—. Me ha gustado mucho hablar contigo. Siempre le había gustado hacerlo. Aidan conseguía despertar en su interior una enorme curiosidad hacia las cosas que no conocía, una inquietud por descubrir lugares nuevos, conocer personas distintas e incluso enfrentarse al universo de las ideas, La llenaba de energía. Lograba que se sintiera viva en cuerpo y alma. Cuando llegaron a la casa, Aidan aparcó el vehículo y la acompañó a la puerta delantera. Gwen no deseaba dar por finalizada la velada. Quería seguir oyendo su voz. Quería ver su rostro y seguir sintiéndose tan viva como en aquel momento. Le habría gustado invitarlo a tornar un café, pero a pesar de todo no lo hizo. Y cuando admiró su fuerte y morena mano derecha, apoyada en el pomo de la preciosa puerta artesanal que Marcos había llevado de México, sintió que una poderosa fuerza la empujaba a no invitarlo. Alice había dicho que a Marcos le habría gustado que fuera feliz. Gwen lo


sabía de sobra, no lo dudaba, pero no pensaba dejar que entrara en la casa. —Gracias por la velada —dijo él. —De nada. De repente, toda su confianza la había abandonado. Una ligera brisa acarició su rostro. A su alrededor, el aire de la noche se llenaba de los cantos de los grillos. Aidan alargó los brazos de repente y tomó su cara entre las manos. Gwen lo miró y observó que sus ojos estaban llenos de emociones que no había contemplado en mucho tiempo, emociones que no había creído que Aidan sintiera. Sus manos eran fuertes, pero suaves al contacto con su rostro. Los latidos de Gwen se aceleraron y la sangre empezó a hervir en sus venas. Casi no podía tenerse en pie. En aquel instante la besó. Sin embargo, Gwen se resistió al beso con todas sus fuerzas. No podía ceder al deseo y a la necesidad que sentía porque reconocía una especie de poderosa fuerza tras él. Aidan se apartó de ella de inmediato, como si quemara. Tardó unos segundos en hablar. —Lo siento —susurró Gwen, a punto de llorar, arrepentida. —Buenas noches.


Gwen notó que su voz sonaba a duras penas controlada, aunque no supiera qué pretendía controlar. Aquella mirada había desaparecido de sus ojos. —Aidan… Sin embargo, Aidan no la oyó. Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia el coche. Nº Paginas 44-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Gwen regresó al interior de la casa y cerró la puerta a sus espaldas. Una vez dentro, se apoyó en la pared, respiró profundamente para intentar tranquilizarse antes de enfrentarse a la viva mirada de Alice. En cualquier caso, no tardó en averiguar que no debía preocuparse por su amiga. Estaba sentada en el sofá, viendo una película de terror en la televisión. Cuando Gwen entró en la sala, se limitó a saludarla con la mano, para alivio de ella, que se dirigió a la cocina para tomar un vaso de agua. Cuando Alice se marchó, Gwen se encargó de Churi. Después, caminó a su dormitorio y se sentó en el borde de la cama, algo mareada, sin comprender lo sucedido. Estaba enamorándose de Aidan, una vez más. O más bien, no había dejado de


amarlo. Aquella noche había tenido la impresión de que formaba parte de él desde hacía mucho tiempo. Una impresión que había conseguido que se sintiera viva y vibrante. Tomó una almohada y la apretó contra su pecho. No había querido que la besara, y no sabía muy bien qué la había empujado a resistirse. Tal vez, la necesidad de enfrentarse más tarde con emociones que no quería plantearse. Observó el retrato de Marcos que estaba en la mesita de noche. Sus ojos marrones la sonreían. De inmediato, Gwen empezó a llorar. Apretó los brazos sobre la almohada. —Lo siento —susurró—. Oh, Marcos, lo siento tanto… A la mañana siguiente, Alice llamó por teléfono para hablar con ella. —¿Fue un buen chico? —preguntó su amiga. —Muy buen chico —contestó Gwen, mientras daba de comer a Churi. —¿Te trató bien? —Sí. —Me alegro. Eso es lo más importante. Gwen no pudo evitar sonreír. —Y ahora, ¿qué vas a preguntar? Alice sólo intentaba cuidar de ella, y lo sabía. La había conocido en el hospital, cuando murió Marcos. Desde entonces la había tomado bajo sus


maternales brazos y se había convertido en parte importante de su vida. La necesitaba. Sus consejos y su vitalidad la equilibraban. —¿Tiene sentido del humor? Y ética? —Sí —sonrió Gwen—. ¿Qué más? —¿Te estás burlando de mí? Nº Paginas 45-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Oh, no. Sólo me preguntaba cuándo ibas a interesarte por su trabajo y por su situación económica. Apenas había terminado de hablar cuando Gwen recordó la voz y el rostro de su madre, con una claridad asombrosa. —Últimamente estás radiante —dijo su madre, mientras servía un puré de patata instantáneo—. ¿Es que estás saliendo con algún chico? Gwen miró el plato y se mordió el labio. Un chico. Aidan no era un chico, sino un hombre. —En realidad no —dijo. Su madre rió. —Entonces?


Su madre se pasó un mechón de pelo por detrás de la oreja. No tenía buen aspecto. Gwen no sabía qué hacer. En parte deseaba contárselo todo a su madre para compartir con ella la alegría que sentía, y en parte quería mantenerlo en secreto. El amor que sentía por Aidan era algo frágil, precioso. Y su madre no tenía mucha mano con las cosas frágiles y preciosas. —No es un chico, mamá. Es algo mayor que eso. —¿Algo mayor? ¿Cuánto? —preguntó con ojos entrecerrados, mientras encendía un cigarrillo. —Nueve más que yo. Tiene veintisiete años. —¿En qué trabaja? ¿Gana suficiente dinero? Gwen se sentía cada vez más incómoda. —Tiene un trabajo maravilloso, mamá. ¿Quieres más guisantes? El intento de cambiar de conversación no le sirvió de nada. —¿Qué clase de trabajo? —preguntó, sin quitarle la vista de encima. —Es médico. Pediatra. Trabaja en el hospital. Su madre pareció sorprenderse mucho, pero se recuperó de inmediato. —¿Médico? ¿De dónde has sacado un médico? Del hospital —rió—. Es un hombre maravilloso, mamá. —Seguro que sí —declaró con ironía y cierta amenaza—. Por Dios, Gwen,


¿es que no tienes cerebro? ¿Qué podría querer un médico de una simple niña como tú? Nº Paginas 46-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Gwen respiró profundamente y movió la cabeza como para librarse de la escena del pasado. Alice continuaba hablando al otro lado de la línea. —No tenía intención de preguntarte tal cosa. Mientras no sea un pirómano, un traficante de drogas, un asesino en serie o un político corrupto, no me importa en absoluto lo que haga para vivir. Siempre y cuando carezca de antecedentes penales importantes. —De hecho es médico. Pediatra. ¿Qué te parece? Alice permaneció en silencio unos segundos. Como enfermera, albergaba fuertes sentimientos hacia los médicos, y no siempre positivos. —¿Quién es? —preguntó, casi de forma amenazante. Su amiga temía que se encontrara en su lista negra de médicos. —No lo conoces. Ha estado trabajando al otro lado del planeta durante los últimos doce años. Se llama Aidan Carmichael. —Conozco el nombre. ¿Pero de qué?


—Puede que hayas oído algo de él. Es un especialista muy conocido en medicina tropical. Creo que ha ganado varios premios. Gwen continuó hablando acerca de los éxitos de Aidan, del trabajo que había realizado en varios países, de sus investigaciones, de su libro, y de todo lo que sabía sobre su carrera. —Sólo espero que te merezca —concluyó Alice. —Tengo un problema y me preguntaba si podrías ayudarme —dijo Aidan. Aidan se encontraba en la puerta con una bolsa entre las manos y actitud profesional. Hizo un gesto hacia el vehículo rojo que se encontraba en el vado, el coche nuevo que se había comprado Gwen. —¿Estás acompañada? No pienso molestarte mucho tiempo. —Oh, no. Es mi coche. Vendí el Porsche. —De verdad? ¿Por qué? —Éste es más práctico —contestó, encogiéndose de hombros. Había elegido un vehículo de color rojo, otra vez, porque le parecía un color lleno de vida. Le gustaba mucho. Aidan entrecerró los ojos durante un instante, pero no dijo nada. Gwen se preguntó qué estaría pensando. Tal vez creía que sólo era una mujer rica y mimada, y en ciertos aspectos cabía la posibilidad de que lo fuera, aunque nunca se había visto a sí misma de ese modo. Le gustaban los coches caros y la ropa de diseño, pero en el fondo seguía siendo la misma persona que era durante su juventud, cuando vivía en la pobreza. Tal vez fuera cierto que la riqueza no proporcionaba


necesariamente la Nº Paginas 47-106 https://www.facebook.com/novelasgratis felicidad, pero también lo era que la pobreza proporcionaba siempre la infelicidad más absoluta. No había sabido nada de Aidan en los dos últimos días, y cada vez que pensaba en la reacción que había tenido ante su intento de besarla se le revolvía el estómago. Mientras lo observaba sintió la arrebatadora necesidad de que la comprendiera, de que supiera algo de lo que ni siquiera ella estaba segura. Nerviosa, se metió las manos en los bolsillos del pantalón. —¿Puedo entrar entonces? —Sí, claro, por supuesto —contestó, haciéndose a un lado. Cuando cerró la puerta, se apoyó en ella y dijo: —Quiero disculparme contigo. —¿Disculparte? ¿Por no haber querido que te besara? —Sí, bueno, no. —No es necesario que te disculpes —declaró con tranquilidad—. Tenías todo el derecho del mundo a rechazarme. —No intentaba rechazarte, Aidan. Gwen se sentía como una perfecta idiota, como si fuera una quinceañera


insegura que no supiera cómo reaccionar ante su atractivo, ni ante el cúmulo de emociones que la dominaban y que apenas llegaba a comprender. —Sólo quería… no tuvo nada que ver contigo, ni con lo que sentía yo… —¿Se trata de Joe? —No, no. Joe sólo es un buen amigo. No tenemos ninguna relación romántica. Se trata de otra cosa. Se trata de mí. Aunque no sé… —No te preocupes, Gwen, sobreviviré. Deseaba explicar lo que sentía, pero no podía hacerlo. Al menos se alegró al pensar que no parecía que aquel suceso lo hubiera dañado de ningún modo. Sin embargo, la idea de que pudiera dañar el ego de Aidan bastó para que sonriera. Consideraba que Aidan era un hombre muy fuerte. O al menos eso había pensado en su juventud. Ahora, ya no estaba tan segura. Había muchas cosas bajo su apariencia fría. Se apartó de la puerta e intentó mantener la calma. —¿Qué tipo de ayuda necesitas? ¿Quieres tomar una taza de café? Aidan la siguió al salón. —No, gracias. Iba a la ciudad y pensé que podía pedir tu consejo —dijo, dando un golpecito a la bolsa que llevaba encima—. Tengo un material encima que no está


archivado en el ordenador, ni en ninguno de mis disquetes. Supongo que los dejé en Ecuador. —Siéntate, por favor. Nº Paginas 48-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Aidan lo hizo. Sacó los papeles y los dejó sobre la mesa. —Es un texto en español, y se supone que dentro de tres días debo enviarlo al traductor. Como ves, está hecho un desastre. No puedo enviarlo en tal estado. Hay que corregirlo un poco y grabarlo en un disquete. Y obviamente necesito a alguien que domine muy bien el español. Gwen tomó el documento, escrito a mano. El texto estaba lleno de correcciones y tachaduras, pero resultaba legible. Con todo, sabía que pasarlo a limpio sería un trabajo bastante pesado. —Nadie podría hacerlo en tan poco tiempo —continuó—, y tiene que estar preparado el lunes por la noche. Me preguntaba si conocerías a alguien que pudiera hacerlo. Un amigo, o algún profesor que esté de vacaciones. Alguien con el suficiente conocimiento del castellano como para poder pasarlo a limpio sin hacer un verdadero desastre. De todas formas, no tiene que ser perfecto. En cuanto esté grabado en un disquete, lo corregiré antes de entregarlo al traductor. Por desgracia, no tengo tiempo para hacerlo yo mismo.


Gwen sabía que la solución era bastante simple. El ordenador de Marcos se encontraba arriba, en su despacho. Podía hacerlo perfectamente, si quería. —Yo tengo un ordenador, y me las arreglo bastante bien con WordPerfect. Además, domino bastante el castellano. —En tal caso, reúnes todos los requisitos dijo con lentitud, mirándola fijamente—. ¿Lo harás por mí? Pon el precio que quieras. Lo que sea. —Lo haré, pero no quiero dinero a cambio. —Es un trabajo. ¿Por qué no quieres cobrar? —Es por el bien de los niños, ¿no es cierto? Además, no necesito dinero. Si insistes en pagar, puedes hacer una donación al hospital de Ecuador donde has estado trabajando, o al fondo de ayuda al inmigrante. —Trato hecho —se levantó—. Gracias. Unos segundos más tarde, se marchó de su casa. Para entonces, el corazón de Gwen latía a toda velocidad. Miró el documento y pensó que sería mejor que empezara de inmediato. El domingo por la tarde, Aidan la llamó por teléfono. —¿Qué tal te va? —Bien. Estará terminado mañana por la tarde. —Trabajas muy deprisa. No tienes idea de lo mucho que aprecio lo que estás haciendo.


—No hay problema. Por cierto, ésta no es tu letra, ¿verdad? La letra del documento era la típica letra enrevesada y pequeña de un médico, nada parecida a la de Aidan. Nº Paginas 49-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —No —rió—. Es del compañero ecuatoriano con el que estoy realizando la investigación. ¿Te gustaría cenar algo? —Tengo que encargarme de Churi. Pero prepararé algo más tarde. —No te molestes en cocinar. Llevaré algo de cenar. Necesito tomarme un descanso. Estoy destrozado. —No creo recordar que alimentarme formara parte del trato. Aidan rió. —Es lo menos que puedo hacer. Tengo que mantenerte en forma para que no caigas desfallecida antes de terminar el trabajo. Bueno, ¿qué te apetece? ¿Comida española? ¿Mejicana? ¿Tal vez china? —Española. —¿Algo en particular? —Lo que quieras. Elige tú mismo. Gwen cerró los ojos, intentando imaginarlo. Sabía que estaría a su lado en cuestión de minutos, y su cuerpo reaccionó de inmediato. Estaba tan


contenta, que sonrió para sus adentros cuando colgó el auricular. Aidan llegó una hora más tarde. Se sentaron a la mesa de la cocina y empezaron a comer acompañados por un buen vino. Aidan sentó a Churi sobre sus piernas y hasta consiguió que la pequeña riera. Obviamente, le gustaba. Se sentía a salvo con él. Gwen observó a la niña y al hombre que tanto la atraía, llena de emoción. —No le suelen gustar los extraños —dijo—. Pero se lleva muy bien contigo. —Es algo que sucede con muchos niños de su edad. Ten en cuenta que a esta edad empiezan a diferenciar rostros y voces. Reconoce a sus padres cuando vamos a visitarlos al hospital, aunque por su estado no puede verlos muy a menudo. —¿Llora mucho cuando te la llevas de allí? —No. Al principio me preocupaba, pero está cómoda a mi lado. —Sabe que la quieres. Gwen lo miró y se dejó llevar por un montón de imágenes y sueños que no se habían hecho realidad, pero que habían quedado en lo más profundo de su mente como si fueran reales. —Pensé que te habrías casado, y que tendrías hijos declaró, con cierta


inseguridad—. ¿Por qué no te casaste con Sophie? Sencillamente, las cosas no salieron así. Ella tenía otros planes, y el matrimonio no entraba en ellos. —Ya veo. Nº Paginas 50-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando terminaron de comer, Gwen metió a Churi en la cama y pidió a Aidan que la acompañara al despacho. Tenía que hacerle unas cuantas preguntas sobre el trabajo. En cuanto entraron en la habitación, Aidan miró a su alrededor. Había objetos típicos de arquitecto por todas partes. —Era el despacho de mi marido. Lo he dejado tal y como estaba, porque no sabía qué hacer con sus cosas… —sonrió mientras tomaba parte del documento—. Pensé que podías necesitar las partes que ya he pasado al ordenador. Aidan asintió y miró las fotografías que había en la pared. Fotografías de casas que había diseñado Marcos. —Debió de ser un arquitecto con mucho éxito. —Sí, lo era.


—¿Siempre trabajaba en casa? —Sí, éste era su único despacho. Aidan se metió las manos en los bolsillos y contempló una enorme fotografía de unas ruinas aztecas. Gwen estaba sentada sobre una roca al fondo, con el pelo mecido por la brisa. —¿Es en México? Gwen asintió. —Los padres de Marcos nacieron en una localidad cercana a las ruinas, en la península del Yucatán. Emigraron a los Estados Unidos en la década de los cincuenta, pero mantuvieron el contacto con su familia. Íbamos a México con bastante frecuencia. —Tu español es muy bueno. Te oí hablando por teléfono el otro día. —Bueno, lo he practicado mucho. —¿En qué otros países has estado? —Pasamos varios meses en España, y luego pasamos por Italia y por Grecia. A Marcos le encantaba todo lo relacionado con la arquitectura, y la arquitectura del sur de Europa es sencillamente maravillosa. —¿Te gustaba viajar? —preguntó. La pregunta era completamente inocente, pero el ambiente estaba cargado de


tensión. Aidan había apretado los puños en el interior de los pantalones, y el corazón de Gwen se había acelerado. —Sí. Me gustaba viajar y ver otros países, conocer otras culturas, otras gastronomías… Gwen se mordió el labio inferior. Temía haber hablado demasiado. Temía el río de emociones subterráneas que subyacía bajo una conversación en apariencia tranquila. Nº Paginas 51-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —El conocimiento de otras culturas sirve para ampliar perspectivas —dijo Aidan—. Mejora la visión del mundo y la visión que se tiene de uno mismo. —Es cierto. He madurado mucho en los últimos doce años. —Me alegro —declaró con cierta amargura y enfado. Gwen se cruzó de brazos y se abrazó a sí misma sin decir nada. Le habría gustado cambiar de conversación. —Cuando estuviste en España, ¿probaste la paella? El corazón de Gwen amenazaba con salirse de su caja torácica. Sabía muy bien lo que había debajo de tantas preguntas. De forma instintiva, dio un paso atrás y se puso en tensión, dispuesta a saltar. Lo miró y preguntó: —¿Pero qué diablos te ocurre? Si no te gusta esta conversación, no sigas


preguntando. Si no preguntas, no tendré que contestarte. Pero si tanto te interesa, te diré que sí. Probé la paella. Y la fabada, y los callos, y el cocido… Todo. ¿Satisfecho? Nº Paginas 52-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Cinco Aidan la miró durante unos segundos, tenso, antes de estallar. —¡Quería enseñarte el mundo, maldita sea! —declaró, antes de agarrarla por los hombros—. ¡Quería enseñarte el mundo! Deseaba abrirte los ojos. Deseaba que vieras que había muchas cosas más allá del pequeño universo en el que te mantenía tu madre, del mundo pequeño que insistió en que aceptaras, sin esperanzas, sin sueños. Siempre quiso que sirvieras a sus propios propósitos y expectativas. Impedía que vivieras la vida y no tenía derecho a hacerlo. —¡No te atrevas a criticar a mi madre! —espetó, intentando librarse. Aidan volvió a meterse las manos en los bolsillos y la miró en silencio. Gwen estaba tan nerviosa, que le temblaban las piernas. —Mi madre intentó hacer las cosas lo mejor que pudo. No era mala persona, sólo alguien atrapado en sus propias experiencias. —No tenía derecho a impedir que vivieras, a manipularte para que


permanecieras a su lado. —Sólo quería protegerme. —¿Protegerte de mí? —Del posible desengaño. —¿Y qué le hacía pensar que sufrirías un desengaño? —preguntó, furioso. —¡El hecho de que ella misma lo sufrió! Mi padre la abandonó cuando estaba embarazada de mí, y lo sabes. Su padre había sido un hombre muy inquieto, que tocaba la batería en un grupo musical y tocaba en clubs nocturnos. Su madre había viajado con él durante una época, pero cuando quedó embarazada la abandonó. —Una mañana se despertó en un motel y descubrió que la había abandonado continuó—. Ni siquiera recordaba dónde estaba. Mi padre había dejado un billete de diez dólares sobre la mesilla y una nota que decía: «Lo siento, pero esto no funcionaría». —Y pensó que yo te haría lo mismo… Gwen intentó tranquilizarse un poco. —Hizo lo que creyó mejor para mí. Además, en última instancia la decisión fue mía. —¿De verdad? —preguntó con amargura.


—Entonces, ¿por qué no viniste a África conmigo? Gwen cerró los ojos, intentando no recordar el doloroso pasado. —Tenía miedo, Aidan. Nº Paginas 53-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Miedo? ¿Miedo de qué? ¡Iba a estar a tu lado! —Tenía sueños horribles, horribles premoniciones… No sé, tenía miedo. Entonces no sabía por qué, pero lo comprendí más tarde, Aidan. —¿Y qué fue lo que comprendiste? —preguntó con escepticismo. Gwen mantuvo su mirada. —De algún modo supe que mi madre me necesitaba. No por su obsesión protectora ni por su egoísmo, sino porque iba a enfermar y a morir. Entonces todo resultó demasiado confuso porque temía demasiadas cosas. Temía la perspectiva de vivir en África, pero lo habría hecho de no ser por lo que sentía. He pensado muchas veces en ello y he llegado a la conclusión de que tuve la premonición de que mi madre iba a morir. Aidan la observó durante unos segundos. —Dime una cosa. Si tenías tanto miedo de que muriera tu madre, ¿por qué no lo dijiste? ¿Por qué no me escribiste o me enviaste un telegrama?


—Todo sucedió muy deprisa, y no sabía cómo ponerme en contacto contigo. Estabas tan lejos… África era como otro planeta para mí. No pensaba que pudieras hacer nada, y además… creí que después de lo que yo había dicho, lo nuestro había terminado para siempre —declaró con profundo dolor. —Así que te casaste con él, tres semanas más tarde de conocerlo en un aparcamiento. —¡Me casé con Marcos porque era un gran hombre, bueno y amable conmigo! —apretó los dientes para que no le temblaran—. Me sentía muy mal. Sólo tenía dieciocho años, Aidan. Había pasado varios meses cuidando de mi madre antes de que muriera. Lo había perdido todo. No tenía casa, ni dinero, ni nadie en quien apoyarme. Necesitaba que me cuidaran, y él apareció en el momento adecuado. Era la única persona que me quería. Gwen notó su expresión férrea e irritada y supo que hacía esfuerzos por contenerse. —Tal vez debí ser más fuerte, pero era joven, sin experiencia, y Marcos me ofreció el cielo y las estrellas. No me arrepiento de lo que hice. Marcos me amaba, y fuimos muy felices en nuestro matrimonio.


Sus rodillas temblaban tanto, que temía que no pudieran sostenerla. Se apoyó en una silla y respiró profundamente. —No tengo intención de mentirte al respecto —sentenció. Aidan la observó con frialdad. —No esperaba que mintieras sobre tu maravilloso marido. —¿Sabes una cosa, Aidan? No tengo por qué dar explicaciones sobre mi matrimonio a nadie. Ni siquiera a ti. —Entonces, no lo hagas. Nº Paginas 54-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Gwen miró su rostro, el rostro del hombre que la había amado apasionadamente, el rostro que tantas veces había visto lleno de amor y de cariño. Se sintió tan arrepentida, que todo su enfado desapareció. —Sé que soy culpable de que las cosas no funcionaran entre nosotros. Pero eso no quiere decir que me arrepienta de haber estado al lado de mi madre. Sé que te hago daño, y no es mi intención. Sé que parece una simple excusa, pero es la verdad y no sé qué hacer para que lo comprendas. Ella misma había tardado mucho tiempo en llegar a comprenderlo, en aceptar que no siempre era posible obtener lo que se deseaba, aunque se deseara con todo el corazón. Había sido un largo y doloroso proceso, pero lo había asumido al final.


Y ahora, Aidan regresaba a su vida despertando con ello viejos recuerdos, sentimientos y pasiones. Se mordió el labio y miró hacia el exterior, hacia el cielo azul. Un pájaro cantaba en la distancia. —Ha pasado mucho tiempo —dijo Aidan al fin, como si quisiera borrar la conversación. Una vez más parecía haber recobrado el control y la calma. Como si nada hubiera sucedido. —Sí —dijo aliviada. Quiso decir algo más, pero no supo qué. Aidan se frotó la mandíbula. —¿Qué querías decirme sobre el trabajo? Gwen avanzó hacia el ordenador y tomó dos páginas, agradecida por el cambio de conversación. —No estoy segura de qué hacer con esto. No sé qué quiere decir. Aidan se detuvo a su lado. Tan cerca que podía sentir su calor. Se estremeció como si su cuerpo recordara contactos y sensaciones pasadas, a pesar del tiempo transcurrido. Cuando quiso tomar las hojas, Aidan la tocó durante unos segundos. De nuevo, se puso tensa. Pero esta vez no era una tensión relacionada con enfado


alguno. Fue una tensión que recorrió su cuerpo llenando el ambiente de una intensidad vibrante. Necesitaba que la tocara, que la besara. Necesitaba olvidar el dolor del pasado, recobrar la magia perdida en la vorágine del tiempo. Aidan la miró y Gwen notó en sus ojos el reflejo de sus propios sentimientos. El antiguo deseo, la profunda necesidad que compartían. Su corazón empezó a latir más deprisa. —No puedo leerlo… La voz de Gwen sonó en un susurro. Intentó leer la página, pero no podía apartar la mirada de sus ojos, ni del fuego que brillaba en su interior. Nº Paginas 55-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Entonces notó que el papel resbalaba de la mano de Aidan, cayendo al suelo. Un segundo después, la tomó entre sus brazos y la besó. Gwen se sintió perdida, asombrada por el ardor de aquel beso, por el deseo que sentía y por el abandono de su propia respuesta. Un verdadero huracán de emociones la estremeció durante varios segundos, hasta que recobró la cordura. Aidan la soltó y dio un paso atrás como si estuviera en trance, con la mirada perdida. Gwen se sentó en la butaca del escritorio, débil como si no tuviera un solo


hueso en el cuerpo. Temblaba de los pies a la cabeza, y apenas podía respirar. Pensó que la deseaba, y el simple pensamiento bastó para alimentar el fuego que sentía en su interior. Aquel deseo era recíproco, y quería recobrar lo que había perdido tanto tiempo atrás. Notó que Aidan hacía un esfuerzo por recobrar la compostura. Miró a su alrededor con intensidad deliberada y apretó los dientes. —Será mejor que me vaya dijo con frialdad. Momentos después, se había marchado. Aquella noche, mucho más tarde, se encontraba en la cama con los ojos abiertos, incapaz de dormir. No podía dejar de pensar en una frase que había dicho Aidan: «Quería enseñarte el mundo». Una vez le había ofrecido el mundo y ella lo había rechazado. Un montón de recuerdos la asaltaron. Evocaciones y palabras que había ocultado, intentando olvidar. Había llegado a la casa de verano en el pequeño coche de su madre. Aidan salió corriendo por la puerta con una carta en la mano, visiblemente excitado. —¡Lo he conseguido! —exclamó, mientras la abrazaba con fuerza—. Justo lo que quería, y antes de lo que pensaba. Quieren que vaya a Ruanda, a África, para


trabajar en un proyecto de la Organización Mundial de la Salud. Es maravilloso. —¿Cuándo tienes que marcharte? —preguntó con desesperación. Aidan la miró con intensidad y tomó sus manos. —Oh, Gwen, no pienso dejarte aquí. Nos iremos juntos. Nos casaremos en cuanto podamos. Gwen lo miró sin decir nada. No había imaginado que pudiera casarse con ella. aún recordaba que su madre había dicho que un médico no podía querer nada bueno de una simple niña. Nº Paginas 56-106 https://www.facebook.com/novelasgratis África. Igual le habría dado que hubiera dicho «la luna». No había salido de Oregón en toda su vida. Ni siquiera había estado en California. Aquello era demasiado. No podía pensar. Eran demasiadas emociones de golpe. —No te asustes —rió—. Será una maravillosa aventura. Iremos a Europa de paso, a pasar nuestra luna de miel. Te enseñaré Madrid, Roma, Lisboa, París… Te enseñaré todo el mundo. Gwen se sintió algo mareada y notó que su gesto de alegría se transformaba en


preocupación. —¿Te encuentras bien? —No sé qué decir —susurró—. No esperaba algo así. —Bueno, sabías que tendría que marcharme más tarde o más temprano. —Sí, pero no imaginé que fuera tan pronto. Intenté no pensar en ello. En realidad, no esperaba que quisiera que lo acompañara. No estaba preparada. Y de repente, le pedía que se casara con ella y que se fueran a vivir a África. Aidan la abrazó con fuerza. —Te amo, Gwen —dijo con sensualidad—. Eres lo más maravilloso que me ha sucedido en toda la vida. Lo sabes, ¿verdad? —No lo comprendo. No comprendo qué ves en mí. Aidan rió con suavidad. —Mil cosas. Amor, generosidad, sentido ético, fortaleza… eres real, y especial. No hay artificios en ti, ni juegos, ni motivos ocultos. Eres directa y consigues hacerme reír. Me haces sentirme querido. Es la primera vez que puedo estar con una mujer como estoy contigo. Es la primera vez que me aman por lo que soy, no por mi empleo, ni por mi estatus, ni por mi dinero. A tu lado soy feliz. Me siento tan confusa…


—Yo haré que dejes de estarlo —rió mientras la besaba. Tardó dos días en encontrar el valor necesario para decírselo a su madre. —Aidan quiere casarse conmigo declaró, mientras fregaba los platos. —¿Eso ha dicho? —Sí. —¿Por qué? —¿Qué quieres decir? —preguntó, frunciendo el ceño. —Quiere casarse contigo, pero eres demasiado joven para él. No encajarías en su familia. No tienes la suficiente educación, y ni siquiera es el momento más adecuado para él. —¡Basta, mamá! —No es necesario que grites. Debe tener algún motivo oculto, ¿no te parece? Nº Paginas 57-106 https://www.facebook.com/novelasgratis No hay nada extraño en ello, y punto. Quiere casarse conmigo y quiere que nos marchemos después a vivir a África. Su madre permaneció en silencio unos segundos. Después, rió y dijo: —Oh, Gwen, no puedes ser tan ingenua. Gwen agarró con tal fuerza el vaso que tenía entre las manos que lo rompió.


—¿Y por qué soy ingenua ahora? —preguntó con furia contenida. —Cariño, se va a África. Quiere tener una mujer a su lado porque le resulta conveniente. ¿Cuántas mujeres de su círculo aceptarían algo así? Gwen observó la sangre que manaba del corte que se había hecho. Apretó los dientes, entre confusa y enfadada. No sabía qué hacer. Pasó noches terribles, llenas de pesadillas. Lo amaba, y quería casarse con ella, pero no podía dejar sola a su madre. Cuando pensaba en África su miedo se incrementaba. Sería un mundo nuevo, con personas desconocidas y un idioma que no comprendía. No sabía dónde vivirían. Ni siquiera sabía qué comerían. Y por si fuera poco, no había subido a un avión en toda su vida. El miedo la dominaba. A la mañana siguiente, Gwen despertó entre sudores fríos. Churi lloraba en la habitación contigua. Se echó hacia atrás el pelo mientras intentaba olvidar la pesadilla. El brillante sol de la mañana iluminaba la habitación y una suave brisa entraba por la ventana. Un nuevo día, un día lleno de promesas. Sonrió y se levantó. El pasado había pasado. No debía permitir que enturbiara su presente. A las once, mientras continuaba con el trabajo de Aidan, sonó el teléfono. La asistente social le dijo que los padres de Churi saldrían del hospital al día siguiente, antes de lo que habían pensado, y que se marcharían a vivir a un pequeño


apartamento en la costa, en la localidad donde habían encontrado trabajo. De todas formas, había convencido a los padres para que permitieran que se quedara con la niña hasta el jueves. El corazón de Gwen se contrajo. El jueves. El jueves habría perdido a Churi, para siempre. Tres días. Cuando miró la pantalla del ordenador, no vio nada. De algún modo se las arregló para terminar el trabajo que había iniciado y llamó por teléfono a Aidan aquella misma tarde, mientras imprimía el documento. Nº Paginas 58-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya he terminado —le informó con tranquilidad—. Voy a llevar a Churi a la playa. Después, pasaré a dejarte el disquete y el texto impreso. Media hora más tarde, aparcaba el vehículo. Con Churi en un brazo y una caja con el texto y el disquete en otro, caminó hacia la parte trasera de la casa. Al pasar ante el balcón del salón, vio que Aidan estaba trabajando en su ordenador. Llevaba pantalones blancos y camisa azul. Al verla, le hizo un gesto par que entrase. Gwen lo hizo y dejó la caja sobre una mesita. —Hola, siento interrumpirte. —Necesitaba descansar un rato de todas formas se levantó y miró la caja—.


Muchas gracias por lo que has hecho. Sé que no ha sido fácil. —No te preocupes. —¿Estás segura de que no quieres cobrar? —Desde luego. Se sentía algo mareada. Resultaba difícil olvidar lo sucedido la noche anterior. Los dos se miraron en silencio, conscientes de la tensión que había entre ellos, de los rescoldos de aquel beso devastador. Gwen se alegró de tener a la niña en brazos. Aidan se acercó a ella y tomó al bebé. La niña empezó a reír enseguida. Últimamente reía mucho, después de haberse recuperado del trauma del accidente. —Tiene buen aspecto —dijo él. —Sí —dijo con inseguridad—.¿Ocurre algo malo? —Me ha llamado la asistente social. El jueves la devolverán a sus padres — contestó con un nudo en la garganta—. No esperaba perderla tan pronto. Gwen intentó recuperar a la niña, pero la criatura no quería que la abrazaran, así que la dejó sobre el sofá. —Estará bien, Gwen —dijo, intentando animarla. —Lo sé. Sus padres la quieren y la necesitan —se obligó a sonreír—. Sé que


las cosas deben ser así. Es lo mejor, pero la echaré de menos. No he podido evitar acostumbrarme un poco a ella. —¿Acostumbrarte un poco? ¿Así lo llamas? Gwen tomó a la niña y dijo: —Vuelve a tu trabajo. Voy a llevarla a la playa. Al final decidí pasar antes por tu casa. —¿Te importa si te acompaño unos minutos? No me importaría nadar un rato. —Claro que no. Churi estará encantada con tu compañía —dijo con humor. —¿Y tú? ¿También te gustará mi compañía? Nº Paginas 59-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Oh, no me importará. Así podré hablar con alguien. No sé si te has dado cuenta de que las niñas pequeñas no hablan demasiado. Aidan la observó durante unos segundos. —Te estás buscando problemas, ¿lo sabías? Ella fingió inocencia. —¿Por pretender mantener una simple conversación?


—Anda, vete a la playa. Yo iré dentro de un rato. —Sí, señor. Hasta luego sonrió. Gwen se sentó a la orilla y jugó con la niña un rato antes de recostarse y darle un poco de zumo. No había dormido demasiado. Al cabo de un rato, la dejó en su sillita con un chupete y una sombrilla que la protegiera de los rayos del sol. Gwen se quitó los pantalones cortos y la camiseta que se había puesto sobre el bikini antes de aplicarse la crema bronceadora. Justo entonces vio que Aidan se dirigía hacia ella. Llevaba un bañador negro y una toalla al hombro. Estaba tan atractivo como siempre. Tanto que su boca se quedó seca. De repente fue muy consciente de su propio cuerpo, apenas cubierto por el escaso bikini. Un cuerpo mucho más femenino que el cuerpo de la mujer de dieciocho años del pasado. Aidan dejó la toalla en el suelo y se sentó a su lado. —Hola —dijo, mirándola con discreción—. Parece que la niña se ha dormido. —Bueno, debe de estar cansada. La simple visión de Aidan despertó en ella todo tipo de recuerdos pasados y deseos. Casi no podía respirar.


—Voy a nadar un rato —dijo él, de repente. Gwen lo observó mientras luchaba contra sus sentimientos. Después, clavó la mirada en su bolso y sacó una lista de casas que estaban en venta; acto seguido, intentó concentrarse en ella. Tuvo la impresión de que había pasado mucho tiempo cuando Aidan regresó a su lado. Tenía el pelo mojado. Se secó con una toalla y después se tumbó apoyándose en los codos. —¿Estás trabajando? —No. Sólo buscaba otra casa que comprar. Tengo una lista. Quería algo pequeño y bonito. —Primero el coche y ahora la casa… Dime una cosa, ¿necesitas dinero? —¿Dinero? —rió. No, no vendo la casa por eso. Marcos le había dejado tanto dinero como para vivir sin agobios durante el resto de su vida. —Entonces, ¿por qué lo haces? —Porque es demasiado grande y elegante. Ya no me siento bien en ella. Nº Paginas 60-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Por qué? —No pertenezco a ese lugar.


—¿Después de doce años? ¿Es que de repente te arrepientes de tanto lujo? Gwen sonrió para sus adentros. —No, no tiene nada que ver con eso. —¿Entonces? —Marcos diseñó la casa para los dos, con la idea de que tuviéramos una familia. Pero estoy sola y sin hijos. ¿Para qué quiero una mansión tan grande? —¿Por qué no tuvisteis hijos, Gwen? —Sencillamente, no los tuvimos. —Ya, pero ¿por qué? ¿No fuisteis a ver a algún médico? —Yo sí. Me hice todas las pruebas para averiguar si era fértil. Y no encontraron razón para que no pudiera quedar embarazada. —¿Y tu marido? —No, y no me preguntes por qué. No lo sé. De repente, se sintió culpable, como si estuviera traicionando la memoria de Marcos de algún modo, del hombre que tan cariñoso y considerado había sido con ella. El hombre que le había dado una casa, que la había apoyado para que estudiara y se convirtiera en profesora. El hombre que la había escuchado cuando necesitaba hablar con alguien, que siempre la había ayudado, que le devolvió la fe en sí misma.


Sin embargo, no lo echaba de menos. Ni siquiera pensaba en él a menudo. Al menos, sabía muy bien por qué se sentía culpable. No permanecieron mucho tiempo en la playa. El ambiente entre ellos estaba demasiado cargado. El viento empezó a soplar y el tiempo amenazaba lluvia. Aidan la ayudó a recogerlo todo y a llevar a Churi al coche. No insistió en averiguar más cosas sobre Marcos, y aunque estaba bien claro lo que pensaba sobre él tuvo el buen gusto de no decirlo. Por fin, llegó el jueves. Gwen se encontraba guardando todas las pertenencias de Churi. Había llegado sin nada, y se marchaba con un verdadero tesoro en ropa y juguetes. Volvería con sus padres, que tanto la amaban. Era un día feliz para la pequeña, pero no para ella. Se sentía desolada. Sabía desde el principio que llegaría aquel día, que Churi sólo estaba a su cuidado durante un corto periodo. —Me las arreglaré —se dijo—. La quiero, como es lógico, y la echaré de menos. Es normal. Se encontró con la asistente social en su despacho. Cuando vio a Gwen, tocó su brazo con suavidad y dijo: Nº Paginas 61-106 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Es duro, ¿verdad? —Sí, pero es lo mejor para ella. Lo sé. —¿Quiere que se la dé a sus padres, o prefiere hacerlo usted? —Permita que sea yo. Me sentiría mejor. Juanita no pudo evitar llorar cuando tomó a su hija en brazos. Miró a Gwen y sonrió con debilidad. —Nunca la olvidaremos —declaró en español—. Es una mujer excelente, un verdadero ángel. Gwen estaba decidida a no dejarse llevar por la emoción, pero sus ojos se llenaron de lágrimas. Sin embargo, sacó fuerzas de flaqueza y se las arregló para sonreír al contemplar los felices rostros de sus padres antes de declarar que había sido un verdadero privilegio poder cuidar de su preciosa niña. Sin embargo, en cuanto llegó al coche rompió a llorar. Condujo de forma automática de regreso a casa, angustiada. Una y otra vez se repetía que no volvería a hacer lo mismo, que no volvería a cuidar a un niño del que tendría que desprenderse más tarde o más temprano. Era demasiado duro. Aidan se encontraba sentado en el porche delantero, esperando. Cuando salió del vehículo, la abrazó con fuerza, sin decir nada. Gwen cerró los ojos y aceptó su cariño. Agradecía su silencio, porque no habría podido soportar que dijera lo que ya sabía, lo evidente: que más tarde o más


temprano debía desprenderse de la niña, que sus padres eran maravillosos o que debía alegrarse por la pequeña, que tenía mucha suerte en comparación con otros niños. Sin embargo, sabía que Aidan no habría dicho una cosa así. Aidan sabía que cada ser humano, niño o adulto, era único e irremplazable. El abrazo de Aidan fue como un bálsamo. Le acarició el cabello y calmó su dolor. Su contacto era suave y delicado, y Gwen se relajó en sus brazos y se dejó llevar por el calor de su piel y por el rítmico sonido de sus latidos. —Gracias por estar aquí —acertó a decir. Entraron en la casa. Por alguna razón, subieron al dormitorio de Churi. Aún olía a ella. Gwen se preguntó cuánto tiempo tardaría en desaparecer aquel olor, cuánto tiempo pasaría antes de encontrar el valor suficiente para cuidar a otro niño del que tendría que volver a desprenderse. Respiró profundamente, intentando contener las lágrimas. —Soy una buena madre. Sé que lo soy. —Sí, lo eres —sonrió. —Siempre supe que lo sería, pero comprobarlo en la realidad es algo maravilloso. —Tienes un talento especial. El más importante del mundo.


Nº Paginas 62-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Siento ser tan sentimental, pero no te preocupes, estoy bien. El colegio empieza pronto, y en poco tiempo estaré muy ocupada. Aidan tomó su rostro entre las manos y la besó con una increíble suavidad. Después, sonrió y preguntó: —¿Qué te parece si damos un largo paseo por la costa y después vamos a cenar a algún sitio? Poco tiempo después, encontraron un pequeño restaurante y pasaron una deliciosa velada mientras observaban la puesta de sol en el Pacífico. Tras la cena, dieron un paseo por la playa, tomados de la mano. Caminaban descalzos, y la sensación era maravillosa y pacífica. El sonido de las olas llenó de paz a Gwen, que no dejaba de observar el cielo, cada vez más cuajado de estrellas. Se sentaron en la arena. Aidan pasó un brazo alrededor de sus hombros y ella apoyó la cabeza en su hombro. —Se está tan bien aquí… —dijo ella con suavidad. —Sí. Me encanta la playa por las noches. Siempre la echo de menos cuando me encuentro lejos. Ambos permanecieron en silencio un buen rato, concentrados en la oscuridad,


en el sonido del mar, en el sonido de sus propias respiraciones. Gwen cerró los ojos, dominada por un intenso calor. Lo deseaba con locura. Entonces la besó. Al principio con mucha dulzura, jugueteando. Gwen notó que un fuego intenso brotaba en su interior. Aidan empezó a acariciar sus senos y su estómago. —Te deseo dijo él—. Oh, Gwen, deseo tanto tocarte, verte desnuda… —Sí —murmuró. —Ven a casa conmigo. —No… quedémonos aquí. Apenas podía respirar. —Al animal que hay en mí le encantaría —declaró él con una sonrisa—. Pero no seré responsable de lo que pueda suceder. Aidan la besó de nuevo. Después la tomó de la mano, se levantó y la ayudó a incorporarse antes de abrazarla. Ella hundió la cabeza en su cuello, y el contacto de su duro cuerpo la estremeció. El ritmo de las olas contagiaba sus sentidos. Un ritmo antiguo, tan viejo como el tiempo. La mano de Aidan se cerró sobre su mano antes de decir: —Vámonos. Nº Paginas 63-106 https://www.facebook.com/novelasgratis


Capítulo Seis No sabía muy bien cómo llegaron a la casa. Su mente no había registrado nada más que la cercanía de Aidan y el sonido de su voz, como si estuviera flotando en otro nivel de consciencia en el que las sensaciones fueran la única realidad. Una vez en el dormitorio, Aidan le quitó la ropa rápidamente, besando y acariciando toda su piel, haciendo que cada una de sus células hormigueara al recobrar la vida. Era la sensación más exquisita del mundo. Las fuertes pero delicadas manos de Aidan recorrían las partes más sensibles de su anatomía. Él se quitó la ropa rápidamente y cayeron sobre la enorme cama, sin aliento, ávidos. Gwen lo besó, embriagándose de su cuerpo, de sus duros músculos y su suave piel. Gimió en su boca. La necesidad era tan fuerte que apenas podía soportarla. Había tenido fantasías en las que volvía a hacer el amor con él. Había soñado con ello, pero nada era comparable a la realidad del momento, a la tormenta de sensaciones y sentimientos que se había apoderado de su cuerpo. Jamás había conocido tal ansia, tal tormento. En un repentino momento de lucidez fue consciente de sus acciones y del frenesí de su cuerpo. Se detuvo. No se reconocía. Estaba comportándose como una loca, y de repente se sintió cohibida y atemorizada.


—¿Qué te pasa? Aidan se incorporó para mirarla. Gwen vio sus ojos iluminados por la débil luz de la luna. —Nada. Me estoy asustando. Aidan rió suavemente. —A mí no me asustas. Me encanta la pasión salvaje y sincera. Pero tengo que reconocer que no te recordaba así. Este maravilloso abandono que demuestras es muy excitante. —Me da vergüenza. —Eres una mujer adulta. ¿Qué tiene esto de vergonzoso? Es mágico. Me encanta verte desnuda, ver cómo te mueves, ver lo excitada que estás. Me encanta tocarte, besarte y sentir tu cuerpo contra el mío —gimió y la besó en los labios—. Y yo también estoy bastante enloquecido, por si no te habías dado cuenta. Se había dado cuenta. Sus palabras volvieron a alejar los pensamientos racionales, y su boca hizo que nuevas chispas de electricidad le recorrieran las venas. Siguieron besándose profundamente, sin descanso. Se abrazaron febriles, desesperados.


El cuerpo de Gwen reaccionó a los instintos y se movió en una primitiva danza de deseo, arqueándose contra Aidan, pidiendo más y más. Oyó el sonido Nº Paginas 64-106 https://www.facebook.com/novelasgratis entrecortado de su respiración, los latidos de su corazón, y absorbió el sonido, el sabor, la sensación de Aidan en su interior. Pronunció su nombre en un gemido susurrado, sin control, y él respondió con idéntico tono. Se movieron al unísono, abrazados, formando un solo ser, con las piernas y los brazos entrelazados, hasta que el movimiento alcanzó su punto culminante y estalló en una oleada de sensaciones. Agotados, sin apartarse, volvieron a caer contra el colchón. Gwen lo abrazaba fuertemente, temerosa de soltarlo, temerosa de perder la magia. Su corazón estaba embriagado de emociones, poseído por la alegría y un amor que florecía en su interior, frágil, precioso y de una belleza exquisita. Algo que no se podía expresar con palabras. Se quedó tumbada a su lado, saboreando las sensaciones de su cuerpo saciado. Aidan le acariciaba el pelo, lentamente, de forma rítmica. Gwen agradecía su silencio. Se despertó con sus caricias y sintió que iba a estallar de felicidad. Lo abrazó


fuertemente y se apretó contra él cuando el deseo renovado calentó su sangre. Podía oír por la ventana el canto de los pájaros y las olas del mar. La luz del sol iluminaba la habitación. La brisa movía las cortinas, y el aire olía a pinos. —Has cambiado en muchos aspectos —comentó Aidan suavemente—. Pero sigues siendo generosa y entregada, y me alegro. Eres una mujer muy especial, ¿lo sabías? Gwen rió temblorosa. —Antes me decías siempre lo mismo. No lo entendía del todo, pero me hacía sentir muy bien de todas formas. —Me gustaba hacer que te sintieras bien, y resultaba muy fácil. Estabas feliz, como si florecieras, si no te importa que me ponga poético. —Me gusta que te pongas poético. La besó con ternura, acariciándole los senos. —Creo que anoche estuve un poco… voraz. Gwen sonrió contra su pecho. —Me gustaría ser un poco más delicado —continuó Aidan, acariciándola. Gwen cerró los ojos. —A ver. La besó con ternura en los párpados, en las sienes, en la boca. Recorrió con la lengua el contorno de sus labios, abriéndolos. La acariciaba con infinita suavidad, explorando y encontrando lugares recónditos. Gwen suspiró, aún


soñolienta. La sensación era maravillosa, pero se sentía un poco culpable por no estar haciendo nada. Empezó a explorarlo con las manos, pero Aidan se las apartó. —Relájate —murmuró—. Déjame a mí. Nº Paginas 65-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Por supuesto, al final fue incapaz de quedarse quieta. Al final necesitaba responder. Tenía que besarlo, tocarlo, apretarse contra él. Pero todo fue como un sueño, lleno de placer lento y sexual, embriagador, que se disolvió en el éxtasis. Echaba mucho de menos a Churi. Echaba de menos la sensación de su cuerpo cálido y suave contra el pecho, sus ojos solemnes, su preciosa sonrisa. Las atenciones de Aidan la ayudaban a superar la tristeza, compensándola con la alegría del nuevo descubrimiento. A lo largo de las dos semanas siguientes era como si no tuvieran bastante el uno del otro. Se quedaba por las noches en la casa de la playa, compartiendo la enorme cama, cocinando con él la cena y el desayuno. Cuando Aidan se iba por las mañanas a trabajar en el ordenador, Gwen se marchaba a casa a regar las plantas y a prepararse para el nuevo curso, o salía en busca de la casa de sus sueños. Lo amaba, y la esperanza había renacido en su interior, Una esperanza frágil,


rodeada de sombras. Demasiadas sombras. Pero no quería pensar en la tristeza por el momento. Ahora que estaba buscando en serio una casa más pequeña había llegado el momento de repasar las posesiones acumuladas a lo largo de diez años de matrimonio, a decidir qué hacía con las cosas de Marcos. Seis meses atrás, había conseguido reunir el valor suficiente para donar su ropa, pero aún no se había atrevido a empezar con su estudio, sobre todo porque no sabía muy bien qué hacer con las cosas que había allí. Planos, archivos técnicos, libros y distinto material relacionado con su profesión. Joe acudió a su rescate diciéndole que algunas de las pertenencias de Marcos podían resultar útiles a los estudiantes universitarios. Hizo las disposiciones necesarias para donar la mesa de dibujo, el escritorio y el resto del equipo a las personas adecuadas. El sábado fue a la casa con un arquitecto, amigo de Marcos, que estuvo repasando sus planos y sus archivos. Era un trabajo interminable y aburrido, y agradeció mucho la ayuda. Al final, se marcharon los dos hombres, a última hora de la tarde, dejando a Gwen con sólo un par de cajones por vaciar. Estaba en la cocina, sirviéndose un refresco, cuando sonó el teléfono. —¿Qué tal va eso? —preguntó Aidan. El corazón de Gwen dio un vuelco al oír su voz. —Casi he terminado. Se han marchado ya, y se lo han llevado casi todo. —¿Te apetece que salgamos a cenar algo?


—Desde luego. En algún sitio ruidoso y alegre. —¿Te encuentras bien? Nº Paginas 66-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, pero estoy cansada. Si vamos a un restaurante tranquilo y elegante, me quedaré dormida encima del plato de sopa. Sería bochornoso. —No quiero que te quedes dormida en la sopa. Quiero que te quedes dormida en mis brazos, pero mucho después, después de que haya hecho contigo todo lo que tengo en mente. Gwen dejó escapar un suspiro exagerado. —Eres demasiado exigente. —Y a ti te encanta. —Bueno, lo intentaré. Pero debo reconocer que no siempre resulta fácil. —Eres una mentirosa. Siempre resulta fácil. Muy, muy fácil. De hecho, eres la mujer más fácil… —Creo que deberías dejarlo así. Aidan rió. —Tú te lo has buscado, cariño. —Me las pagarás. Nadie puede llamarme mujer fácil y salir impune.


—Estoy impaciente. —Pues tendrás que esperar. Antes tengo que terminar con esto. La verdad es que no me hace mucha gracia estar manteniendo esta conversación por teléfono. —¿Por qué? —Porque no puedo besarte. No puedo tocarte. No puedo quitarte la ropa. No puedo ponerte las manos encima. No puedo… —suspiró—. ¿Quieres que siga? Gwen se mordió el labio. —Sí, desde luego, sigue. Las palabras de Aidan tenían un efecto desconcertante sobre su sistema nervioso. —Creo que será mejor que espere un poco. Controlaré mis frustraciones hasta que llegue el momento. —Todo un caballero —bromeó. —Nos veremos dentro de un rato. Colgó el teléfono, sonriendo para sí, y miró el reloj. Si se daba prisa, podría terminar con el estudio antes de ducharse y prepararse para la cena. En los cajones, había sobre todo material de papelería: cajas de lápices, clips, gomas de borrar y objetos similares. En la parte trasera, encontró una


preciosa caja de madera labrada. No la había visto nunca. Intentó abrirla y se encontró con que estaba cerrada con un candado. Buscó la llave a su alrededor, frunciendo el ceño. Nº Paginas 67-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Aquella tarde se había encontrado una diminuta llave en el cajón delantero del escritorio, entre un montón de chinchetas, monedas y gomas elásticas. La había tirado a la basura. Sentada en el suelo, con la cajita entre las manos, sintió una extraña aprensión. Se preguntaba qué contendría, y por qué estaría cerrada. Pero lo que más le extrañaba era no haberla visto hasta entonces. Marcos no era una persona muy reservada, y no recordaba que le hubiera ocultado nada nuca. Podía romper el cierre, o el candado, pero algo en su interior se rebelaba contra la destrucción. La caja era preciosa. Tenía que encontrar la llave. Había tirado la basura en una enorme bolsa de plástico. La llave debía de estar entre la correspondencia comercial, las viejas revistas de arquitectura y un montón de objetos inservibles. Bajó corriendo las escaleras, dejó la caja en la mesa del salón y salió al garaje, a buscar la bolsa de la basura. Entró con ella en el salón y volcó su contenido sobre el brillante suelo de madera. Se arrodilló y empezó a buscar. Su corazón latía a toda velocidad, y respiraba de forma entrecortada, como si hubiera realizado un


esfuerzo físico. Buscó durante un rato, cada vez más nerviosa, con la esperanza de encontrar la pequeña llave de latón. Se dijo que estaba comportándose como una verdadera demente. Lo más probable era que la caja contuviera recuerdos del instituto o algo parecido. No creía que estuviera llena de monedas de oro. Al cabo de diez minutos frenéticos, encontró por fin la llave. Se quedó mirándola, y su corazón latió más deprisa aún. Esperaba que abriera el candado. Tomó la caja de la mesita e intentó meter la llave en la cerradura. Le temblaban tanto las manos que tardó un poco en conseguirlo, pero al fin la llave giró. Levantó la tapa, y su corazón dio un vuelco. Una fotografía. Marcos y una preciosa joven sonreían a la cámara. Nº Paginas 68-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Siete Fotografías. La caja estaba llena de fotografías. Con el corazón en un puño, las sacó. Debajo había unas cuantas cartas, atadas con una goma elástica. Miró las fotografías rápidamente. En varias de ellas aparecía la mujer sola, en


primeros planos que mostraban la felicidad en sus ojos verdes y la suavidad de su piel. También había otras fotografías en las que aparecía junto a Marcos. Estaban abrazados debajo de un árbol, de pie junto a una barbacoa, sonrientes, y paseando por la playa. Marcos estaba muy joven, feliz y radiante. Se dio cuenta de que nunca lo había visto tan feliz, tan enamorado, en más de diez años de matrimonio. Estaba temblando. Dejó las fotografías en el suelo y sacó las cartas. Tiró de la goma, que se rompió al instante, cuarteada por los años. Abrió la primera carta y la alisó sobre el suelo. No tardó demasiado, a pesar de que tenía los ojos llenos de lágrimas, en darse cuenta de que se trataba de una carta de amor. Se detuvo al cabo de unas líneas y pasó al final. Siempre te amaré. Julie. Julie. Nunca había oído aquel nombre. Nunca había visto a la mujer de las fotografías. Sin pensarlo, se inclinó y levantó el teléfono de la mesita auxiliar. Marcó el número de Joe, como en trance. La última parte racional de su mente se preguntaba si ya habría llegado a casa. Respondió a la segunda llamada.


Gwen tragó saliva. —Háblame de Julie. Joe guardó silencio. Gwen pudo percibir su conmoción a través de la línea telefónica. —¿Cómo te has enterado de lo de Julie? —preguntó al cabo de un momento. —He encontrado fotografías y cartas suyas en la mesa de Marcos. ¿Quién es? —Iban a casarse. —¿Qué ocurrió? Se sorprendió de estar hablando con tanta calma. —Murió en un accidente de escalada —dijo como si le costara un terrible esfuerzo hablar—. Una semana antes de la boda. Gwen cerró los ojos y tragó saliva. —¿Cuándo ocurrió eso? —Gwen —dijo con delicadeza—. Volveré a tu casa y hablaremos de ello. Nº Paginas 69-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —No —su voz sonaba como la de una desconocida—. Simplemente contéstame. ¿Cuándo iban a casarse? Dímelo, por favor. —Un par de meses antes de que os conocierais. El nerviosismo de Joe resultaba evidente. Sabía lo que aquello significaba


para ella. —Ya veo —respondió con voz extrañamente tranquila. —Gwen —dijo Joe—. Marcos te amaba. Lo sabes. —Sí. Lo sé. Volvió a colocar el auricular en su sitio, con suavidad, y examinó la primera fotografía que había visto al abrir la caja. —Me amaste —susurró—. Pero nunca tanto como a ella. Se quedó sentada con la fotografía en la mano. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas. —Oh, Marcos —susurró—. ¿Por qué no me lo contaste? No sabía cuánto tiempo pasó sentada en el suelo, con la fotografía en la mano. No tenía fuerzas para moverse. Lo único que podía hacer era dejar que fluyeran las lágrimas, mientras la tristeza recorría todo su cuerpo. Se sentía triste por Marcos, por Julie y por sí misma. Oyó unos pasos que se acercaban, pero aun así fue incapaz de moverse. —¿Gwen? ¿Qué haces? —preguntó Aidan al verla sentada entre el contenido de la bolsa de basura—. ¿Qué es todo esto? Alzó la vista con dificultad. Aidan la miró alarmado.


—¡Dios mío! —exclamó—. Estás llorando. Se puso de cuclillas a su lado y miró las fotografías. Después levantó la carta abierta y la miró rápidamente. A continuación la soltó como si se hubiera quemado. —Vaya, vaya —dijo lentamente, con un tono duro en la voz—. Parece que tu marido perfecto se ha caído de su pedestal. Gwen se puso en tensión, y durante un momento se preguntó si lo odiaba. —Cállate —dijo con la voz cargada de rencor. Aidan la miraba con una expresión que no había visto nunca en él. —¿No te ha hecho gracia descubrir que tu marido te era infiel? La cólera que sintió la asustó. —¡No me fue infiel! Y no se ha caído de su pedestal. Era el marido perfecto —no le importaba hacer daño a Aidan—. No sabes nada de él. ¡Nada! —Sé lo suficiente. Estás decidida a sentirte en deuda con él durante el resto de tu vida, ¿no? Ocurra lo que ocurra, no dejarás de considerarlo una especie de dios infalible que te salvó de vivir en la calle. Nº Paginas 70-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Todos los músculos del cuerpo de Gwen estaban en tensión. Le amargaba la boca. —Nunca me hizo sentir como si le debiera algo.


—Sí, desde luego, era una persona superior a todas las demás —dijo con sarcasmo, mirando las fotografías—. Entonces, ¿a qué viene esto? —Todo esto es de antes de que nos conociéramos. Aidan examinó la parte trasera de las fotografías y miró la fecha. Se levantó y se metió las manos en los bolsillos, mirándola confundido. —Entonces, ¿por qué lloras? Hablaba como un desconocido. Lejano, extraño. —Me gustaría haberlo sabido. —¿Por qué? —Fui el segundo plato y no llegué a enterarme. Me habría gustado que me lo contara. —¡El segundo plato! —su voz la congeló—. ¿Por qué querías que tu marido te dijera que eras el segundo plato? Gwen tenía un nudo en la garganta. Tragó saliva con dificultad. —Me habría resultado más fácil. No fui la esposa perfecta para él. —¡Por favor! Nadie es perfecto. Gwen cerró los ojos. —Me sentía tan culpable —susurró—. Siempre me sentí tan culpable. —¿Por qué? —Porque era demasiado bueno conmigo. Me amaba, y era mi amigo. Me


sentía incómoda porque no le podía dar lo que merecía. —¿Y qué merecía? —Merecía que yo lo amara más. —Y tú merecías que él te amara más. Te negó la posibilidad de tener hijos. Ni siquiera fue al médico. —¡Cállate! No te atrevas a criticarlo. —No me lo puedo creer. Apoyó la frente contra la pared y respiró profundamente. Gwen se dio cuenta de que estaba esforzándose por mantener la compostura. Un interminable momento después, Aidan se volvió lentamente hacia ella, mirándola con una expresión inescrutable. —¿Qué era lo que deberías haberle dado? ¿Por qué crees que merecía que lo amaras más? Nº Paginas 71-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Gwen se cubrió la cara con las manos, deseando que cesaran las lágrimas. Quería decirle que debía haber sido más apasionada, pero no podía hablar. Le resultaba demasiado doloroso, a pesar del tiempo que había transcurrido desde su


muerte. Sacudió la cabeza aturdida, pensando en todos los años de matrimonio, en todos los años que había pasado con la sensación de que debía a Marcos más de lo que era capaz de darle. Se preguntó si ella había sido la única que no había aportado la pasión necesaria. De repente, se daba cuenta de que tal vez no fuera suya toda la culpa, como siempre había dado por supuesto. Abrió los ojos y miró la fotografía. Era posible que a Marcos le ocurriera lo mismo con ella. La preciosa cara de la joven irradiaba amor. —Estaba enamorado de ella —susurró—. Y se casó conmigo porque no podía tenerla. Murió una semana antes de la boda. —¿Y tú no llegaste a enterarte? —No —volvió a llorar—. Si lo hubiera sabido… Alcanzó la caja de pañuelos de papel y se enjugó los ojos. Marcos se lo había ocultado. Claro que ella también le había ocultado algo a él. Nunca le había hablado de Aidan. No había querido hacerle daño. Se mordió el labio al darse cuenta de que Marcos no le había contado lo de Julie porque no quería


hacerle daño a ella. Ahora veía la verdad con toda claridad. Marcos y ella eran dos personas doloridas, que se habían proporcionado consuelo mutuamente. Todo estaba bien. Sintió una especie de mareo, una intensa sensación de alivio, como si se hubiera quitado un terrible peso de encima. Era libre. Era completamente libre. Dejó cuidadosamente las fotografías y las cartas en la caja, y la cerró. Miró a Aidan, muy tranquila. —Ya estoy mejor. Voy a recoger todo esto. Volvieron a llenar la bolsa de plástico con el contenido de los cajones y los archivos de Marcos, y Aidan se la llevó al garaje. Volvió al salón y la miró a los ojos. —Siento haberte hecho daño —dijo con dificultad, como si le costara trabajo pronunciar las palabras. Gwen asintió. —No pasa nada. Siento que me hayas encontrado así. Aún había cierta distancia entre ellos. Gwen sabía que los doce años transcurridos no podían desecharse ni olvidarse. Ni siquiera quería. En cierto modo, tampoco habían sido años malgastados. Los dos tendrían que encontrar la forma de asumir el pasado, por doloroso que resultara en ocasiones.


Nº Paginas 72-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me ducharé rápidamente y me prepararé para ir a cenar —dijo caminando hacia la escalera—. Aunque, ahora que lo pienso, ¿te importa que nos quedemos aquí? No me apetece demasiado salir. Aidan dudó durante un momento. —Vamos a mi casa. Prepararé algo de comer. No le gustaba estar en su casa. Nunca habían pasado allí la noche, y nunca habían hecho el amor allí. Gwen quería recordarle que Marcos había muerto, y que la casa no estaba encantada. Se tragó las palabras y asintió. —De acuerdo. Prepararon la comida juntos, sin hablar demasiado, y cenaron en la gran terraza con vistas al mar. Gwen escuchaba el tranquilizante sonido de las olas que rompían contra las rocas. Tenía una profunda sensación de libertad y serenidad, aunque era consciente de que Aidan no se sentía igual. Lo tomó de la mano. Los dedos de Aidan se cerraron sobre los suyos. No se habían rozado en toda la noche, y el calor de su mano le confirió valor. Sentía la imperiosa necesidad de aliviar tu tensión, de demostrarle que lo amaba. —Vamos a la playa —propuso. Podemos llevar el vino, y una manta para sentarnos. Soplaba una suave brisa fresca. Se bebieron el vino en silencio, mirando las


aguas oscuras, y la luz de la luna reflejada en la espuma de las olas. Gwen se volvió hacia él, lo rodeó con los brazos y lo besó. Aidan estaba completamente inmóvil, y Gwen se sintió atemorizada. Tal vez no deseara su cercanía. Pero de repente Aidan se tendió en la manta, arrastrándola. Gwen siguió besándolo, hundiéndole los dedos en el pelo y acariciándole el cuello y los hombros. Sentía la necesidad de tranquilizarlo, de hacerle comprender lo que sentía por él. Era algo que iba más allá de las palabras. No podría expresarle lo mismo hablando. Puso todo su amor en el contacto, sin dejar de besarlo. Aidan se quedó tumbado, pero la tensión no abandonó su cuerpo. Gwen podía sentir la dureza en cada uno de los músculos que tocaba. Irradiaba de su piel. Entonces se volvió de golpe y entró en acción. La abrazó fuertemente y la besó con pasión, asumiendo el control. Su boca y sus manos le recorrían todo el cuerpo, besando y acariciando cada centímetro de su piel, hasta que Gwen sintió que empezaba a disolverse en una sensación sin tiempo ni forma. Pero no podía dejarse llevar del todo. Vagamente, en los límites de su conciencia, se daba cuenta de que faltaba algo, aunque no era capaz de identificar la sensación. Había algo que no funcionaba, algo en la intensidad de Aidan que no había observado nunca. Desechó la incomodidad y lo abrazó fuertemente, dejando que la pasión la arrastrara con él a un lugar donde el pensamiento no importaba.


Después, se quedaron tumbados juntos sobre la manta, sin tocarse. Aidan no decía nada, y ella también guardaba silencio, sin saber qué decir. Se quedó mirando el cielo, tendida de espaldas. Aquello no era lo que deseaba. El acto desesperado había carecido de ternura. Ahora entendía perfectamente lo que había ocurrido. Nº Paginas 73-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Aidan le había hecho el amor como si necesitara reafirmar su posesión, marearla con su cuerpo. Gwen no sabía muy bien si estaba enfadada, triste o atemorizaba. Una sombra oscura se cernía sobre ellos, entre ellos, separándolos. Enterró la caja de cartas de amor y fotografías junto a la tumba de Marcos, y plantó un rosal encima. Era un día soleado, empapado de los aromas de las flores y el césped segado. Las abejas revoloteaban alrededor de los arbustos en flor, y las nubes blancas se desplazaban lentamente por el infinito cielo azul. Se sacudió la tierra de las manos y se quedó mirando el rosal, sonriendo entre las lágrimas. —Espero que os hayáis vuelto a encontrar —dijo suavemente—. Sed felices. Se levantó lentamente y levantó la cabeza, sintiendo en la piel el calor del sol, que llegaba hasta su corazón, llenándolo de paz. Joe llamó aquella tarde.


—¿Has estado hoy en la librería? —le preguntó. El corazón de Gwen dio un vuelco. —No. ¿Ha salido el libro? —Está en el centro del escaparate. También han añadido nuestra fotografía, y un cartel en el que pone que somos de aquí. Está muy bien —rió—. No podremos andar por la calle sin que se fijen en nosotros. —Voy ahora mismo a mirarlo. Gwen estaba encantada. El periódico local había publicado un artículo sobre ellos, relatando la historia que había tras el libro. Joe estaba organizando una fiesta para el sábado, para celebrar la publicación. —,Qué opina Aidan del libro? —le preguntó. —Le ha gustado. La verdad es que le ha impresionado bastante, como es lógico. —Sí, es lógico —hizo una breve pausa—. ¿Cuándo se marcha? —En septiembre. —¿Te irás con él? Se le secó la boca. No era algo en lo que quisiera pensar. —No lo sé. No hemos hablado de ello. Hablaba con tono normal, como si estuvieran tratando un asunto técnico que pudieran resolver con rapidez en cuanto tuvieran un poco de tiempo.


Nº Paginas 74-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Pero no sentía toda la confianza que aparentaba. En una ocasión Aidan le había pedido que se fuera al extranjero con él. Era posible que no se lo volviera a pedir. Joe le estaba haciendo una pregunta que ella no se había atrevido a plantearse. Pero tampoco tenía mucho sentido que desechara los pensamientos incómodos. Su relación era muy frágil, y las sensaciones, como tiernos brotes a los que se hubiera negado la lluvia durante demasiado tiempo. Resultaba muy fácil destruirlos. Unas pocas palabras bastaban para arrancarlos. —No quiero que sufras, Gwen —dijo Joe tras un momento de silencio. —No te preocupes. Sé cuidarme. Cerró fuertemente los ojos, asaltada por los recuerdos. La voz de su madre, las palabras de su madre. No quiero que sufras, Gwen. —¿Se puede saber qué se te ha perdido en África?—preguntó su madre, apartando el plato vacío—. ¡Es muy peligroso! Además, ¿estás segura de que existe un país llamado Randa? Nunca he oído hablar de él. —Ruanda, mamá. Es un país pequeño. Y pobre. Había ido a la biblioteca y había consultado varios libros. Se había informado


sobre la jungla, los gorilas y la malaria, pero decidió que sería mejor no comentárselo a su madre. No creía que fuera a servirle de consuelo. A ella tampoco le servía. —Te has vuelto completamente loca —dijo su madre, apartándose el pelo de la cara. Hacía tiempo que no se teñía, y se le veían las raíces blancas. Estaba envejeciendo. Su rostro tenía una palidez cérea, y a menudo parecía cansada. —¿Y qué va a ser de mí? —preguntó—. ¿Qué voy a hacer yo? Gwen aferró el tenedor con fuerza, con un nudo en la garganta. Sabía que llegaría aquel momento. No dijo nada, y se quedó mirando la comida de su plato, aunque no podía comer. —Eres todo lo que tengo —continuó su madre—. No quiero que te vayas a un sitio del que ni siquiera he oído hablar. Si por lo menos te mudaras cerca, podría ir a visitarte. Gwen se sintió culpable. No sabía qué hacer. —Volveré, mamá. Te aseguro que volveré. —Me sentiré muy sola. Eres lo único que tengo. Gwen apretó los dientes. Quería gritar algo terrible, para hacerle daño, pero las palabras no salían de su garganta.


—Lo que necesitas es encontrar a un hombre fiable —prosiguió su madre. Alguien que te proporcione una casa decente, y seguridad. No llegarás a ningún sitio Nº Paginas 75-106 https://www.facebook.com/novelasgratis con un tipo que se dedica a recorrer el mundo sin vivir en ningún lado el tiempo suficiente. No quiero que sufras, Gwen. —¡Aidan no es ningún nómada sin oficio ni beneficio! —espetó, dejando el tenedor en el plato. —Como tu padre, quieres decir. —Yo no he dicho eso. —Pues sí que lo que era. Desde luego, era un hombre muy guapo, muy amable y todo eso, pero al final… Bueno, ya sabes lo que me pasó al final. El miedo y la furia constituían una mezcla venenosa. —¡Aidan no es como él! —gritó. Su madre hizo una mueca de dolor y se llevó la mano al estómago. No me hables así —dijo palideciendo. —¿Qué te pasa? —preguntó su hija, preocupada. —Nada, nada. Tienes que creerme, cariño. Eres demasiado joven para entender los problemas de la vida. Aidan no es de los que se asientan en un lugar.


¿Cómo puedes fiarte de un hombre que quiere irse a un sitio rarísimo y ni siquiera sabe cuánto tiempo va a pasar allí. —Quiere casarse conmigo, mamá. —Eso no significa demasiado. ¿Qué pasa si llegas allí y decide que ha cometido un error y que no quiere cargar contigo? ¿Qué vas a hacer si te abandona? No tienes dinero. Sólo está jugando contigo, y no quiero que sufras. —¡Es médico, mamá! Tiene un trabajo muy importante en una organización de solidaridad. No es ningún irresponsable. Quería añadir que lo amaba, y que conocerlo había sido lo más maravilloso que le había ocurrido en toda su vida. A su lado se sentía bien, se sentía alguien. A su lado creía ser la persona más especial del mundo. Pero no dijo nada. Su madre habría respondido con una carcajada fría y amarga, que Gwen podía oír en la imaginación. Se levantó. Le temblaba todo el cuerpo. No podía más. —Ahora tengo que irme al trabajo —le dijo. Salió corriendo de allí, huyendo de su madre y de sus palabras. Aidan estaba pasando unos días en California, y se sentía sola y asustada. De vez en cuando, tenía un arrebato de valor, que el miedo acallaba rápidamente. Todo era muy extraño. Cuando caminaba por la noche, sentía que la


oscuridad la acosaba, llena de peligros desconocidos. Soñaba con junglas envueltas en la bruma, llenas de insectos monstruosos y serpientes venenosas. Se sentía aliviada cuando estaba en el campamento con los niños, haciendo cosas normales, rodeada como mucho de inofensivas ranas. Nº Paginas 76-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Al final, volvió Aidan, alegre y radiante, con una docena de rosas. La llevó a un restaurante y le propuso que probara la paella. El comedor estaba lleno de gente adinerada, y se sentía como la Cenicienta con su vestido barato de algodón. A Aidan no parecía importarle. Nunca parecía avergonzarse de su compañía. Le decía que le encantaba el color de su pelo, sus ojos risueños, su boca, que invitaba a besarla. A su lado, se sentía maravillosa. No estaba acostumbrada a que le dedicaran palabras de admiración. Cuando Gwen vio los caracoles de la paella, perdió el apetito de inmediato. —Si comes almejas y ostras —dijo Aidan divertido—, ¿qué tienen de malo unos caracoles? —No tengo dinero para comer almejas y ostras. Lo siento, pero los caracoles me dan asco.


No se había sentido peor en toda su vida. Dejó caer el tenedor, temblando. —No pasa nada. Pide otra cosa. Sus ojos se llenaron de lágrimas. —No tengo hambre. Dejó la servilleta en la mesa y se levantó. Salió corriendo del restaurante, llorando a lágrima viva. Aidan se reunió con ella unos segundos después. —Siento que te hayas molestado. —Esto no va a funcionar —gimió—. No puedo casarme contigo. No puedo ir contigo a África. —¿Porque no quieres comer caracoles? —Porque tengo miedo. Porque no puedo dejar sola a mi madre. Porque tú y yo pertenecemos a mundos distintos. El cuerpo de Aidan se tensó. —¿De dónde has sacado eso? ¿Quién te lo ha dicho? ¿Tu madre? —Tiene razón. —No la tiene. Lo único que ve es su estrecho mundo, y lo mira todo con ojos críticos. —No estoy dispuesta a tolerar que te metas con mi madre —dijo apartándose de él—. Ni siquiera sabes nada sobre ella.


—Sé lo que he visto el par de veces que he hablado con ella. Sé lo que me has dicho al contarme cosas sobre ella —se metió las manos en los bolsillos y la miró con seriedad—. No quería decírtelo, Gwen, pero no tengo más remedio. Tu madre tiene una visión muy negativa de la vida, y eso te está impidiendo evolucionar a ti. —¡Cállate! Nº Paginas 77-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Se volvió y corrió hacia el aparcamiento. De repente, se dio cuenta de que sólo podía marcharse en su coche. No tenía dinero para un taxi, y estaban a muchos kilómetros de la ciudad. Aidan la siguió y abrió la puerta del coche. Gwen se subió y se quedó inmóvil, mirando por el parabrisas, con las manos tan apretadas que le dolían los dedos. Llévame a casa, por favor. —Antes quiero hablar contigo. —Yo no. Sonaba como una niña caprichosa, y aquello la enfurecía más aún. Aidan no dijo nada y puso en marcha el motor. En vez de llevarla a casa, la


llevó a la casa de la playa de sus padres. Gwen se quedó sentada, inmóvil, mientras Aidan disponía una bandeja con uvas, manzanas, pan y varios quesos de olor espantoso. Sirvió dos copas de vino, olvidando que Gwen no bebía nunca. Aquello la hizo sentirse peor aún. Ni siquiera había cumplido los veintiún años, edad a la que estaría autorizada a consumir bebidas alcohólicas en lugares públicos. Era demasiado joven para él, y por añadidura, no encajaba en un mundo sofisticado en el que la gente comía caracoles y queso enmohecido. Intentó no pensar en lo que comería la gente en África. Aidan se sentó delante de ella. —Sé que no quieres oír esto, pero no puedes permitir que tu madre decida por ti. Eres dueña de tu propia vida. No tienes diez años. Los padres tienen que conceder libertad a sus hijos a medida que crecen. Tienes que vivir tu propia vida, Gwen. —Estoy viviendo mi propia vida. Aidan la tomó de la mano y la miró a los ojos. —Entonces cásate conmigo y vente a África. Un miedo desesperado y una oscura premonición nublaron su mente. Casi pudo oír la voz de su madre, diciéndole que se quedaría muy sola. Apartó la mano y se levantó. —¡No puedo, Aidan! ¡No puedo! Él también se levantó.


—No me amas. —¡No digas eso! —¿Por qué? Es la verdad, ¿no? Dímelo. Dime que no me amas. La sujetó por los hombros y se acercó a ella. —Vamos a terminar con esto, Gwen. Dime que no me amas y no volveré a molestarte. Pero tienes que decírmelo. ¡Dime que no me amas! ¡Dímelo! Estaba angustiada, dolida y atemorizada. Temblaba de forma incontrolable. Nº Paginas 78-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —De acuerdo. De acuerdo. No te amo —se puso a sollozar, y era como si otra persona pronunciara las palabras—. ¡No te amo! ¡No te amo! Gwen encontró la casa perfecta al día siguiente. Tenía unas preciosas vistas de las montañas. La chimenea de piedra y los brillantes suelos de madera proporcionaban una sensación agradable y acogedora. La casa tenía dos dormitorios, una pequeña y funcional cocina, un cuarto de baño y un salón bastante espacioso. Era lo que necesitaba. No estaba demasiado lejos de la playa ni del colegio. Se alegraba de que Aidan se hubiera tomado el tiempo necesario para acompañarla. La casa estaba vacía. El agente había tenido que salir, y como era amiga de Joe, le había dado la llave para que fuera a ver la casa ella sola.


—Es muy bonita —comentó Aidan—. Pero es bastante pequeña. Va a ser un cambio considerable, teniendo en cuenta que estás acostumbrada a vivir en un palacio. A mí me parece perfecta. No necesito nada más. Sin embargo, de repente se sentía muy rara. Aquello era exactamente lo que quería. Debía estar feliz. —Estás muy callada —comentó Aidan en el viaje de vuelta. —Estoy pensando. Tengo muchas cosas que hacer. No sé qué hacer con todos los trastos que tengo acumulados, y además, tendré que poner mi casa en venta. Había decidido esperar a encontrar algo antes de vender su casa. Tenía las manos pegajosas. Se frotó con ellas la pernera de los vaqueros. De repente, le costaba trabajo respirar. Una vez en casa, Aidan la siguió al interior. Gwen se quedó de pie en mitad del salón, mirando a su alrededor, y de pronto se sintió aterrorizada. Recorrió la casa, como si estuviera contemplando por primera vez sus amplias y luminosas habitaciones. Fue de un dormitorio a otro y volvió a bajar. Su corazón latía a toda velocidad. Su cuerpo estaba cubierto de sudor frío. Sólo podía pensar en huir, en escapar cuanto antes de aquella casa, lejos del terror que parecía sacarle el aire de los pulmones. Corrió a la terraza y se dejó caer en la tumbona, llevándose las manos al pecho e intentando respirar.


Le ocurría algo. Estaba sufriendo un ataque al corazón. Iba a morir. Nº Paginas 79-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Ocho Aidan corrió a su lado y le tomó el pulso. Gwen se derrumbó contra su pecho. —Me estoy muriendo —dijo con voz apenas audible. —No te estás muriendo —repuso él con calma. Intenta relajarte y respira profundamente. Ahora suelta el aire, muy despacio. Concéntrate en la respiración. Gwen intentó hacerle caso, consciente de sus dedos en la muñeca. Su presencia hacía que se sintiera mejor. Muy bien. Ahora incorpórate y vuelve a hacerlo. Respira profundamente, despacio, y suelta el aire. ¿Ves como ya te sientes mejor? Lentamente, el miedo empezó a abandonarla. Fijó la vista en un arbusto de hibisco mientras seguía las instrucciones de Aidan. Como por arte de magia, el ritmo de su corazón recuperó la normalidad, poco a poco, y se sintió más tranquila. De nuevo era consciente de lo que la rodeaba. El canto de los pájaros. El olor de


las flores. El cielo, brillante y azul, con nubes blancas de algodón. Siguió las nubes con la vista. Resultaba muy relajante. Volvió a mirar a Aidan al cabo de un rato. —No sé qué me ha pasado —dijo insegura—. Ha sido horrible. Se estremeció al sentir la fresca brisa en la piel húmeda y miró hacia abajo, sorprendida al ver que tenía la camiseta empapada de sudor. —Dios mío. ¿Qué es esto? —Has tenido un ataque de ansiedad. ¿Te había pasado alguna vez algo parecido? Gwen negó con la cabeza lentamente. Los ataques de ansiedad eran algo sobre lo que había oído hablar en alguna ocasión, pero ni siquiera se había preguntado en qué consistirían. —No. ¿Qué me pasa? —Nada malo. Tienes el corazón perfectamente. Un ataque de ansiedad es una reacción física a la tensión. —No estoy tensa. Me encontraba muy bien. La observó con calma. —¿Qué estabas haciendo justo antes de que te pasara? —Ya lo sabes. Estaba recorriendo la casa. —¿Qué estabas pensando? Hablaba con distanciamiento, como si la tuviera en la consulta. La miraba con


educada frialdad. Gwen apartó la vista. —No puedo —susurró. —¿Qué es lo que no puedes? Nº Paginas 80-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Vender la casa. No puedo vender esta casa. —¿Por qué? Era una pregunta sencilla, pero su voz había perdido el tono profesional. Gwen sacudió la cabeza, aturdida. —No lo sé —cerró los puños, frustrada—. No lo sé, pero no puedo hacerlo. Ahora no. —Entonces no la vendas —dijo con tranquilidad—. Si no necesitas el dinero, no tienes por qué deshacerte de la casa. Gwen asintió. —Voy a llamar ahora mismo al agente inmobiliario. Le dejaré un mensaje en el contestador y le diré que ya no necesito otra casa. Resultaba sorprendente lo bien que se sentía después de hacer la llamada. Aidan fue a la cocina a buscar una jarra de agua, y volvieron a sentarse en la terraza.


—No lo entiendo —comentó Gwen—. Hace un momento me sentía como si me estuviera muriendo, y ahora me encuentro perfectamente. —El poder de la mente sobre el cuerpo. Hay una explicación médica que tiene que ver con la química, pero no creo que te interese. —Sean cuales sean los motivos médicos, supongo que ha sido un signo. No debo vender esta casa. Miró a su alrededor, observando el enorme jardín, lleno de rosales. Tenía que dedicarle mucho tiempo para que no se echara a perder. Bebió un trago de agua. —No lo entiendo —continuó—. Estaba convencida de que lo que quería era una casa más pequeña. No necesito un sitio tan grande para vivir yo sola —se mordió el labio inferior, confundida—. Creía que quería salir de aquí. —Estoy seguro de que era lo que creías a nivel consciente. Pero tal vez tu subconsciente no estuviera de acuerdo. Hablaba con voz tranquila, pero sus ojos eran inexpresivos. Le tomó el pulso y le confirmó que todo marchaba perfectamente. Gwen se levantó. —Es una locura, pero me encuentro muy bien.


—Estás muy bien. No te preocupes. —Estoy empapada —dijo bajando la vista a la camiseta—. Voy a ducharme. Sírvete lo que quieras mientras bajo. Cuando llegó al salón, después de ducharse, se encontró con que Aidan seguía en la terraza, donde lo había dejado, mirando al jardín, sin tomar nada. Fueron a un pequeño restaurante chino, a cenar con unos viejos amigos de Aidan. La velada fue bastante agradable, pero había algo que no funcionaba. Nº Paginas 81-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Después, en vez de ir a la casa de la playa, Aidan llevó a Gwen a su casa y la acompañó a la puerta. —¿Quieres entrar a tomar un café? —preguntó. Aidan negó con la cabeza. —Me queda algo de trabajo por hacer esta noche, así que será mejor que vuelva. La besó rápidamente, rozando sus labios, pero Gwen lo rodeó con los brazos. —Bésame mejor —murmuró Gwen. Aidan gimió, la abrazó y la besó fuertemente, con pasión. —Quédate conmigo —susurró Gwen. Aidan dejó escapar la respiración y la soltó.


—No puedo —tenía el rostro sombrío—. Me he pasado del plazo. Necesito un par de días para terminar con esta sección del libro. Nos veremos el sábado, en la fiesta de Joe. Gwen asintió, con un nudo en la garganta. Faltaban dos días para el sábado. Una eternidad. —¿Ocurre algo? —le preguntó. —Simplemente, estoy ocupado le apretó la mano Hasta el sábado. Aquella noche, Gwen soñó con niños. Rostros conocidos. Los niños de su última clase de parvulario, los que aparecían en las fotografías del libro, veinte o treinta de ellos que recorrían la casa riendo, cantando y bailando. Los días siguientes fueron activos y extraños. La gente llamaba para felicitarla por el libro, y para decirle que era maravilloso y que se lo regalarían por navidad a todos sus amigos. Joe estaba radiante de alegría, y Gwen se dejó contagiar por su estado de ánimo. El editor llamó desde Nueva York para preguntar cuándo iban a tener preparado el siguiente libro. La fiesta estuvo muy bien. Gwen se sentía una celebridad, rodeada de admiradores y amigos. Y también estaba Aidan, muy atractivo con el traje y la corbata. Le había enviado un ramo de flores y una tarjeta, en la que ponía «Para la mujer más atractiva y con más talento que he visto en mi vida».


Aquella noche, cuando terminó la fiesta, fueron a casa de Aidan. Gwen estaba muy nerviosa, y él encontraba divertido su entusiasmo. Hicieron el amor fuera, bajo las estrellas, riendo y bromeando. Fue perfecto. Pero Gwen no podía desechar los miedos que la acosaban. Nº Paginas 82-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando Gwen llegó el lunes a la casa de Aidan eran casi las siete. Aparcó frente a la casa y se dirigió a la puerta de la cocina, cargada con la compra. Oía los agudos cantos de las gaviotas. Era una tarde de verano maravillosa. El sol brillaba, y el aire estaba impregnado del aroma del mar y los pinos. Respiró profundamente y sonrió. Se sentía feliz. La puerta estaba abierta. Entró, llamando a Aidan. Dejó la bolsa en la mesa de la cocina y pasó al salón. De repente vio la maleta. Oyó unos pasos que se acercaban, y Aidan apareció en el salón, con una bolsa de viaje. Tenía el pelo revuelto y la mirada sombría. Su corazón dio un vuelco. —¿Qué pasa? —preguntó, sintiendo un oscuro presentimiento. —Llevo varias horas intentando llamarte. No estabas en casa.


—He tenido una reunión en el colegio, para preparar las cosas para el curso que viene, y después me he ido de compras. ¿Qué pasa? La expresión de Aidan no auguraba buenas noticias. —Tengo que volver a Ecuador. Es una emergencia. Me marcho esta noche. —¿Esta noche? Aidan asintió y se pasó las manos por el pelo. —Trabajo con otros dos cooperantes, un matrimonio. Tienen que volver inmediatamente a Estados Unidos, porque uno de sus hijos, que está en la universidad, ha tenido un accidente de coche. Es posible que no sobreviva. —Es horrible. Aidan se pasó la mano por el cuello. —Sí. No tengo más remedio que volver, o el hospital quedará desatendido. —Sí, claro. ¿Quieres que prepare la cena? Se dijo que tenía que mantener la calma. No podía dejarse dominar por el pánico. Respiró profundamente. Aidan negó con la cabeza. —No tengo tiempo. He pedido un taxi para ir al aeropuerto. Tengo que tomar el avión que va a San Francisco a las nueve, y volaré a Quito a primera hora de la mañana. —¿Quieres que prepare un café o algo?


Todo le parecía irreal, como si no estuviera ocurriendo. —Puedes ponerme un whisky. Con hielo. Mientras Aidan hacía algo en el ordenador, Gwen sirvió dos vasos de whisky, como en trance. Estaba aturdida. Aidan recogía unos papeles, muy serio. Nº Paginas 83-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué pasará con tu libro? —le preguntó. —Elle vendrá el viernes, para seguir trabajando, y el resto tendrá que esperar. Quería preguntarle qué pasaría con su relación, pero no dijo nada. Albergaba la esperanza de que fuera él quien lo dijera, sin esperar a que ella preguntara. Quería que le pidiera que lo acompañara. Pero Aidan seguía repasando los papeles, en silencio. —Voy contigo —se oyó Gwen decir—. Haré los preparativos y estaré allí la semana que viene. Aidan se quedó inmóvil. No la miró. Siguió con la vista clavada en los papeles. —No. Gwen. No. Se le hizo un nudo en el estómago. El miedo le impedía moverse. —¿Por qué no?


—No es el momento adecuado para tomar una decisión así. No funcionaría. —¿Por qué no iba a funcionar? Al final, Aidan se volvió para mirarla, con el semblante inexpresivo. —No tienes nada que hacer en un pueblo perdido de Ecuador. Es un lugar muy pobre y aislado. —No te preocupaba que tuviera algo que hacer o no cuando me pediste que fuera a África contigo —espetó. —Eso pasó hace mucho tiempo. Las cosas han cambiado desde entonces. —Sí, han cambiado —se pasó las manos por la falda—. Ya no soy una niña asustada e insegura. —Eso es cierto. Sabía lo que Aidan estaba pensando. Era una mujer adulta e independiente que era dueña de su propia vida y tenía mucho dinero. Una mujer acostumbrada a una serie de lujos y comodidades a los que no podría renunciar tan fácilmente. —Sé lo que quiero, Aidan, y no eres quién para decidir dónde encajaría y dónde no —le temblaban las piernas, pero hablaba con firmeza—. Encajaría en cualquier sitio donde estés tú. Sólo quiero estar a tu lado.


—Por favor, Gwen —dijo Aidan, perdiendo el control y poniendo sus manos sobre los brazos de ella—. No hagas esto. No lo hagas más difícil de lo que es. —No lo entiendo —dijo con voz temblorosa—. No entiendo a qué viene esto — se esforzó por hablar con calma—. ¿Tienes intención de volver? —No sé qué voy a hacer, pero creo que no volveré pronto. —Dime la verdad, Aidan. ¿Por qué no puedo ir contigo? —Porque no funcionaría repitió, volviéndose de nuevo hacia la mesa. Nº Paginas 84-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Porque me he convertido en una mujer rica? ¿Porque estoy acostumbrada a una vida cómoda? ¿Porque tengo una casa muy grande? Pues te aseguro que ninguna de esas cosas me importa. Tiró un montón de papeles a la papelera y la miró. —¿No? —¡No!—se apartó el pelo de la cara con impaciencia—. Por favor, Aidan, quiero estar contigo. Estaba rogándole que no la apartara de su vida. No se lo podía creer. Se preguntó dónde estarían su madurez y su orgullo.


Un bocinazo anunció la llegada del taxi. Aidan la abrazó y la besó. Fue un beso apasionado y terrorífico, como una despedida. —Sé feliz. Gwen —dijo con voz entrecortada. Volvió a sonar el claxon. Aidan la soltó y levantó el equipaje. Sin decir una palabra más, sin volverse para mirarla, salió de la casa. Gwen estaba sentada a la mesa de la cocina de Alice, con la cabeza apoyada en las manos. Últimamente, tenía la impresión de que su cuello no podía sujetarle la cabeza. Era como si todo su cuerpo hubiera perdido la fuerza. —Pareces un muerto viviente —le comentó Alice—. No te preocupes, Aidan volverá. Sirvió una taza de café y se la puso delante. —No va a volver. Por lo menos, no conmigo. Hasta su voz sonaba hueca, tal y como ella se sentía. Era como si su espíritu hubiera desaparecido junto con la alegría y la felicidad. Aquella tarde no soportaba la soledad de su enorme casa, de modo que se metió en el coche y fue a visitar a Alice. Se oía el sonido de las risas enlatadas del programa de televisión que estaba viendo con su marido. —Tenía prisa —le recordó la enfermera—. Ten en cuenta que estaba sometido a


una gran presión. Piensa en la responsabilidad que constituye eso de llevar él solo todo un hospital. Dale un poco de tiempo para que ponga sus ideas en orden. Había transcurrido una semana desde la partida de Aidan, y Gwen no había tenido noticias suyas. Apenas dormía, y pasaba todo el tiempo intentando comprender lo ocurrido. No conseguía entender el comportamiento de Aidan. Algo ocurría. Unos días antes de que él se marchara había tenido la sensación de que ocurría algo, pero no sabía qué podía ser. Incluso en el caso de que no quisiera que ella fuera a Ecuador, podría haber hecho otros planes. Podría haberle dicho que volvería en cuanto pudiera. Que la amaba. Que ya buscarían la forma de conseguir que su relación funcionara. Nº Paginas 85-106 https://www.facebook.com/novelasgratis No habían intercambiado promesas ni palabras de amor. Su relación estaba abocada a terminar, desde el principio. Después de que Aidan se marchara en el taxi, Gwen se quedó de pie, en la casa vacía, aturdida por la furia, el miedo y la impotencia. Volvió a su casa como si el coche tuviera piloto automático, y los días que siguieron estuvieron sumidos en una marea de desesperación. «No puedo volver a perderlo», se decía una y otra vez. «No puede decidir por


mí qué es lo que quiero y lo que necesito». —Ya sabes dijo Alice, sentándose frente a ella, que hacen falta más de dos meses para salvar un abismo de doce años. ¿Qué esperabas? ¿La perfección instantánea? ¿Que os casarais inmediatamente y que fuerais felices y comierais perdices? —Sí. Alice rió. —Bueno, me gusta ver que aún quedan personas románticas, pero también hace falta un poco de realismo. —Pues me ha rechazado. ¿Te parece bastante realista? Alice hizo una mueca. —Creo que no se me da muy bien animarte. —No es culpa tuya. Nadie me podría animar —suspiró—. Empiezo a sentirme mal conmigo misma. Supongo que no es un buen síntoma. —Es un buen síntoma. Tal vez hagas algo para evitarlo. Gwen se levantó. —Tendré que hacerlo, porque empiezo a aburrirme —acertó a sonreír—. Allá voy, en busca de un estado anímico positivo.


Era fácil decirlo, pero no hacerlo. Ahora que no tenía a Churi ni a Aidan, su vida parecía vacía. Su casa parecía vacía. Al día siguiente, se dedicó a recorrer las habitaciones, como había hecho desde que Aidan se marchara. Todo estaba en silencio. Aquella casa necesitaba el sonido de los niños. Había cometido un error al decidir no venderla. Se quedó de pie en el umbral de la habitación de Churi, y pensó que podía cambiar de idea de nuevo. Podía volver a llamar al agente inmobiliario y poner la casa en venta. Bajó las escaleras, sin aliento. Levantó el auricular del teléfono y sintió que el pánico la dominaba. Su corazón empezó a latir cada vez con más fuerza, golpeándole las costillas. Respiraba con dificultad, y un sudor frío recorría su cara. —Oh, Dios mío —murmuró—. Otra vez no. Se sentía como si fuera a desmayarse. Marcó el número de Alice, rogando que estuviera en casa. Tuvo suerte. —Alice —acertó a decir—. Ayúdame. Ven, por favor. Nº Paginas 86-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué te pasa? —preguntó con calma. Gwen intentó tragar saliva, pero no pudo. Tenía la boca tan seca que apenas


podía hablar. —Creo que estoy teniendo un ataque de ansiedad. Voy a desmayarme. —Voy corriendo. Tumbada en el sofá, esperó que llegara la oscuridad, pero no fue así. Sintió que los latidos de su corazón empezaban a decelerar. Intentó respirar como le había dicho Aidan la primera vez. Cuando oyó que llegaba el coche de Alice, casi se sentía normal. —Ya estoy aquí anunció la enfermera, entrando en el salón. —Creo que ya estoy bien —dijo Gwen temblorosa—. Estaba asustada. Tenía taquicardia, y no podía respirar. —Estás agotada —dictaminó Alice, sentándose junto a ella y tomándole el pulso—. ¿Te había pasado alguna vez? Gwen respiró profundamente. —Sí. Le contó lo ocurrido cuando había regresado a casa después de haber ido a ver con Aidan la casa que había estado a punto de comprar. —Dijo —concluyó— que probablemente mi subconsciente se resistía a vender esta casa. —¿Y esta vez? ¿Qué te ha pasado?


Gwen tragó saliva con dificultad. —Estaba recorriendo la casa y decidí que había cometido un error al no venderla. No tiene sentido que me la quede para vivir sola. Decidí cambiar de idea, llamar al agente inmobiliario y poner la casa en venta. Vine al teléfono y entonces me pasó. Alice sonrió divertida. —No soy psicóloga, pero yo diría que no quieres renunciar a esta casa. No lo entiendo. ¿Por qué? —Marcos la construyó para ti. —Ya lo sé. Pero Marcos ha muerto, y nunca tendremos los hijos que queríamos. —La mente tiene unos mecanismos muy extraños. Gwen no pudo contener una sonrisa. A lo mejor es que me estoy volviendo loca. —No te estás volviendo loca. Simplemente, tu cuerpo reacciona a la tensión. Si lo piensas, tienes mucha suerte, porque tienes la posibilidad de eliminar la tensión. Olvida la idea de vender la casa. Probablemente necesitas más tiempo. Nº Paginas 87-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Para qué?


—Tal vez creas que ya has superado la muerte de Marcos, pero es posible que no sea así. Gwen sacudió la cabeza lentamente. Una idea empezó a cobrar forma en su mente, pero se desvaneció antes de que pudiera identificarla. Alice estaba equivocada. Había firmado la paz con el pasado y con las circunstancias de su matrimonio de Marcos. Después de que se marchara su amiga, se metió en la bañera y se lavó la cabeza. Tenía el pelo húmedo por el sudor. Le resultaba relajante estar en el baño, e intentó apartar de su mente las ideas turbadoras. Aquella noche volvió a soñar lo mismo. La casa estaba llena de niños que bailaban y reían. En aquella ocasión, todos la abrazaban y le daban besos en las mejillas. Se despertó sonriendo, abrazada a la almohada. Se quedó tumbada, quieta, resistiéndose a renunciar a la sensación del sueño. De repente, se dio cuenta del motivo por el que no quería vender la casa. No tenía nada que ver con el edificio en sí, ni con el hecho de que lo hubiera construido Marcos. La casa era simplemente un símbolo de su visión, representaba


su esperanza de tener muchos niños a los que cuidar, el sueño que había tenido toda su vida desde que era una niña solitaria. No era a la casa a lo que no podía renunciar. No quería renunciar a su sueño. Una sensación de alegría la llenó. Todo estaba muy claro. Si deseaba tanto tener hijos, podía tenerlos. Podía acoger más niños de forma provisional, y podía adoptar todos los que pudiera. No era necesario estar casado para adoptar un niño. El rostro de Aidan flotó delante de sus ojos, y un profundo dolor ocupó el lugar de su alegría. —Aidan —susurró—. Te amo, Aidan. Había dejado unas cuantas cosas en casa de Aidan, y fue a recogerlas al día siguiente. Sabía que Elle estaría allí. La encontró en la cocina, sacando una lata de refresco de la nevera. Llevaba unos vaqueros cortos descoloridos, y una camisa de algodón azul. Estaba descalza. Tenía las uñas de los pies pintadas de color frambuesa. —Sé que estás trabajando, y siento interrumpirte —dijo Gwen, ridículamente nerviosa—. Pero estaba por aquí y me he pasado a recoger unas cuantas cosas que me dejé. Nº Paginas 88-106


https://www.facebook.com/novelasgratis Elle sonrió. —No pasa nada. Adelante. Gwen entró en la cocina. Se sentía rara. Miró a Elle, que le devolvió la mirada. —Creo que Aidan no llegó a presentarnos —dijo tendiéndole la mano—. Me llamo Elle Morton. Trabajo con Aidan. Gwen le devolvió la sonrisa. —Yo soy Gwen Silva. Al principio pensé que eras la mujer de Aidan. Elle levantó las cejas y rió. —No, yo tengo novio —le mostró la lata de refresco—. ¿Quieres una? —No quiero entretenerte. —No he visto a nadie desde que llegué, hace tres días, con excepción del ama de llaves. Y es bastante reservada. Siéntate. Se sentaron en la mesa, una frente a otra. —¿Sabes algo de Aidan? —preguntó Gwen con tono despreocupado. Elle negó con la cabeza. —No. No es muy fácil comunicarse por teléfono, y supongo que ya tendrá bastantes problemas con la organización del hospital. Al parecer, Elle sabía bien cómo marchaban las cosas por allí. —¿Cuándo va a salir el libro?


—Habría ido mejor si Aidan se hubiera quedado y yo hubiera vuelto a Ecuador —dijo con impaciencia—. Pero no conseguí convencerlo. Estaba empeñado en irse. «Estaba empeñado en irse». Gwen repitió aquellas palabras en su mente, una y otra vez, asumiendo su significado. Aidan no se había visto forzado a marcharse. Elle podría haberse ido en su lugar. Habría sido mejor para acabar el libro a tiempo. El libro que tanto le importaba. Pero se había ido porque estaba empeñado en irse. Se sentía enferma. —¿Te dijo por qué quería ir él en tu lugar? Elle alzó la vista, exasperada. —Decía que, ya que él era el coordinador del proyecto, era su responsabilidad. No quería que nada marchara mal. Casi me sentí insultada, como si no confiara en mi capacidad —sonrió—. Es demasiado responsable. A veces resulta insoportable. Gwen bebió otro trago de refresco, esforzándose por mantener la compostura. Dejó la lata en la mesa y se levantó. —Será mejor que me vaya. ¿Te importa que vaya a buscar mis cosas? —No, claro que no.


Nº Paginas 89-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Como en trance, recorrió la casa, recogiendo sus cosas: algo de ropa, un bañador, cosméticos y un libro. —Gracias por el refresco —dijo al marcharse—. Y suerte con el libro. —Gracias —Elle la miró dubitativa—. No sé si te interesa, pero que yo sepa, Aidan no tiene ninguna relación con nadie en Ecuador. Gwen apretó las cosas contra su pecho y miró a la médico. —Gracias —dijo con voz vacilante—. No creía que tuviera ninguna relación. La verdad era que aquella posibilidad no se le había pasado por la cabeza. No le parecía que Aidan fuera capaz de jugar a algo así. Fueran cuales fueran los motivos que había tenido para marcharse, sabía que serían de otra naturaleza. Pero se había empeñado en marcharse. Las palabras de Elle siguieron acosándola durante todo el día, y hasta bien entrada la noche. Estaba en la cama, tumbada sin poder conciliar el sueño, considerando el hecho de que Aidan se había marchado cuando podría haberlo hecho otra persona en su lugar. Se preguntó si de verdad se debería a su excesivo sentido de la responsabilidad. Pero no lo creía.


Había vuelto a Ecuador para librarse de ella. Abrazó la almohada fuertemente, intentando rechazar la angustia. —Oh, Aidan susurró en la oscuridad—. ¿Por qué? Debía haber un motivo. De nuevo, una idea estuvo a punto de cobrar vida en su mente, pero se desvaneció antes de que pudiera transformarla en un pensamiento consciente. Por la ventana abierta veía el cielo, tachonado de estrellas. Se quedó mirándolo, esperando un milagro. Dos días después estaba repasando el calendario, contando los días por tercera vez. Le temblaba la mano. No era posible. No podía ser posible. Habían tomado precauciones. Contó los días una y otra vez. No había duda. Por primera vez en su vida se le había retrasado la menstruación. Nº Paginas 90-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Nueve —Me he hecho tres pruebas de embarazo —dijo Gwen al médico—. Todas


han salido positivas, así que no se atreva a decirme que se han equivocado. El ginecólogo rió. —Voy a examinarla y hacerle unas preguntas antes de diagnosticar nada. Un rato después, concluido el examen, confirmó los resultados de las pruebas caseras. En efecto, está embarazada. Felicidades. Vístase y pase al despacho. Se puso la ropa en un abrir y cerrar de ojos y se sentó al otro lado del escritorio del médico. Había estado sentada en aquella misma silla en innumerables ocasiones, llena de esperanzas. —Es un milagro, ¿sabe? le dijo—. Fuimos muy responsables y cuidadosos. No debería estar embarazada, pero lo estoy. Es un milagro. —No me parece que tenga nada de milagroso, por lo que me ha contado. La verdad es que, por lo que me ha dicho, las posibilidades eran muy remotas desde un punto de vista estadístico, pero aun así, no era imposible. No quiero saber nada de estadísticas. Prefiero pensar que ha sido un milagro. El ginecólogo inclinó la cabeza, riendo. —Para mí, todas las concepciones son un milagro. Gwen sonrió. —Pero la mía es más milagrosa. «Ha sido una señal», añadió en silencio.


—Por supuesto —dijo sin dejar de reír. Más tarde, cuando salió de la fría consulta, alzó la cabeza al sol, sintiendo la brisa y el calor, con una alegría inmensa. —Gracias —susurró. Alzó los brazos, dio un salto y rió en voz alta. Unos silbidos le devolvieron a la realidad. Se detuvo y se encontró frente a tres obreros sonrientes, apoyados en las palas. —Vuelve a hacerlo —le gritó uno de ellos. Gwen rió. —La próxima vez. «Voy a tener un hijo. Voy a tener un hijo». Nº Paginas 91-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Su desesperación había desaparecido. No había lugar para nada que no fuera la alegría. Ningún problema le parecía irresoluble. Ni siquiera el problema de Aidan, el padre del niño, que se escondía de ella en otro país. Ya no era una muchacha asustada. Podía enfrentarse a todos los problemas. Lo que no sabía era cómo iba a resolver aquél, pero sólo tenía que poner a trabajar la imaginación, y ya se le


ocurriría la manera. En efecto, se le ocurrió casi en el acto. En cuanto abrió los ojos y vio el libro de fotografías que tenía sobre la mesita. Su corazón empezó a latir a toda velocidad. Por supuesto. Marcó el número de teléfono de Joe. Una semana después, estaban de camino hacia Ecuador. El mercado de la ciudad era un espectáculo de color y sonido. Las mujeres, con blusas blancas y faldas de colores, seleccionaban cuidadosamente las frutas y las verduras para la cena. Casi todas llevaban el pelo recogido en trenzas, como en las fotografías. A ojos de un turista podía parecer que tenían un aspecto festivo, pero conocía su miseria y estaba dispuesta a reflejarla. Aun así, tenía una fuerte sensación de irrealidad, como si todo fuera un sueño. Las imágenes de Aidan dominaban su pensamiento. Sólo podía pensar en que por la tarde volvería a verlo. Se preguntaba cómo reaccionaría cuan d la viera, qué le diría. Era importante que no se desanimara, pero no le resultaba fácil dejar de tener miedo. Imaginó varias escenas posibles, aunque prefería concentrarse en las más alentadoras. Compró fruta y empanadas para comer. —Será mejor que volvamos al hotel —dijo a Joe, que estaba fotografiando a una anciana que llevaba a su nieto en un caco a la espalda—. No quiero perder el avión.


En un par de horas, volarían a la ciudad donde vivía Aidan, un lugar aislado, al norte. Había tardado varios días, y había puesto mucha paciencia, para hacer los preparativos. Empezó a volver sobre sus pasos, abriéndose camino entre la gente. Joe la seguía a regañadientes. Desde que llegaron, Unos días atrás, estaba como poseso con la cámara. —¿Estás seguro de que no quieres que vaya contigo? —le preguntó un rato después. Estaba en la puerta abierta que separaba sus habitaciones de hotel, mientras ella llenaba la bolsa de viaje. —Creo que no deberías viajar sola —insistió, comiendo un bocado de su empanada. Nº Paginas 92-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Gwen negó con la cabeza y miró por la ventana, contemplando los tejados recordados contra las mon taña volcánicas. —No pasa nada, Joe. Así podrás trabajar en paz, y yo volveré a trabajar con los niños dentro de unos días.


Habían pasado varios días en aquella ciudad colonial española, hablando con los niños y sacando fotografías. A Gwen le encantaba aquel lugar, con las calles llenas de gente y los edificios con balcones. Le encantaba el colegio, con los niños que los miraban con curiosidad. Se encontraba muy bien. Sólo tenía náuseas por las mañanas, pero se alegraba siempre que las sentía, porque nada más despertar recordaba que estaba embarazada. Cada vez que lo pensaba se sentía llena de alegría. Pensó en el hijo que estaba esperando y sonrió a Joe. —No me pasará nada, de verdad. No me perderé ni nada parecido. El avión me dejará justo donde quiero ir. Se sentía radiante. Quería ponerse a bailar, pero no era una buena idea. Probablemente la tomarían por loca. Por otro lado a la gente le gustaba cantar y bailar en ese país. Joe la miraba divertido. —¿Qué te pasa? No recordaba haberte visto nunca tan contenta. —Debe de ser la baja densidad del aire. —Normalmente tiene el efecto contrario —frunció el ceño—. No me gusta la idea de que Aidan no sepa que vas. Me preocupa que no te encuentres lo que esperas. ¿Estás segura de que haces lo correcto?


—No. Pero voy a hacerlo de todas formas. Unas horas después, un bimotor la dejó en el aeródromo de la pequeña ciudad montañosa, cerca del hospital. Habían sobrevolado la sierra, con sus valles verdes y fértiles y sus montañas volcánicas. Gwen contemplaba el paisaje ensimismada. Las colinas verdes contrastaban con las áridas mesetas en las que la vegetación se negaba a crecer. En el aeródromo había un todoterreno del hospital, que había ido a recoger los suministros, y el conductor se prestó a llevarla. Se trataba de un pequeño edificio encalado, con los marcos de las ventanas pintados de azul cielo. Mientras se apeaba del vehículo oyó que el avión levantaba el vuelo. Cuando lo vio perderse en el horizonte se sintió de pronto sola y aterrorizada. Se sentó en un banco, intentando recuperarse. Ya estaba allí, y había llegado el momento de que se enfrentara al destino. Gruñó ante su propia frase melodramática. Miró a su alrededor. El edificio de dos pisos era sencillo pero bonito, y el color de las ventanas, junto con las macetas de flores, lo alegraban. Era más grande de lo que esperaba. Así que aquél era el lugar en el que trabajaba Aidan. Debía de estar en algún lugar, en el interior del edificio, examinando a los pacientes. Nº Paginas 93-106 https://www.facebook.com/novelasgratis


No lo había visto en un mes. Tenía un nudo en la garganta. Cada vez le resultaba más difícil evadirse del miedo. Entonces lo vio. Apareció caminando con paso firme por el camino, ataviado con una bata blanca, de cuyo bolsillo salía un estetoscopio. Tenía el pelo más largo. Parecía serio y preocupado, y tenía la vista perdida en la distancia. Aquél era Aidan, su hombre, el hombre al que amaba con el corazón y con el alma. Le dio un vuelco el corazón. Quería correr y rodearlo con los brazos, besarlo, abrazarlo y sentir su cuerpo. Quería ver su rostro iluminado por una sonrisa de sorpresa. Estaba tan atractivo, que sonrió ante la posibilidad de ver su sonrisa. Contuvo la respiración, consciente de que la vería en cualquier momento. De repente, se paró en seco y se quedó mirándola. —¡Gwen! Se puso en pie de un salto. —¡Aidan! —sonrió, incapaz de controlarse—. Me alegro de verte. Vio que Aidan tragaba saliva, y que su cuerpo se tensaba. Las esperanzas que había albergado de ver iluminarse su rostro se evaporaron. Varias emociones recorrieron el semblante de Aidan en una décima de segundo, hasta que consiguió adoptar una expresión neutra.


—¿Qué demonios haces aquí? —Trabajar. Joe y yo hemos venido para preparar otro libro. No era del todo falso. Aidan parecía aturdido. —¿Qué? —Estamos preparando otro libro. Joe hace las fotografías, y yo me encargo de las entrevistas. Deberías ver lo que tenemos ya. Sólo llevamos aquí unos días y hemos recopilado mucho material. Es un sitio precioso —no pudo evitar entusiasmarse al hablar del lugar—. Es una antigua ciudad colonial española, con balcones que cuelgan sobre la calle, y el increado es maravilloso, y… Aidan la sacudió por los hombros. —Tranquila. ¿Qué te pasa? Gwen rió. No podía evitarlo. —¿Qué tiene de malo que haya venido a trabajar a Ecuador? ¿Qué tiene de malo que esté preparando un libro sobre los niños indios? —¿Y tus clases? —Hemos encontrado un sustituto. Todo está organizado para satisfacción de todo el mundo —sonrió—. Resulta sorprendente que todo haya encajado tan bien.


Nº Paginas 94-106 https://www.facebook.com/novelasgratis La eficacia con que había realizado todos los arreglos sólo había servido para reafirmarla en la convicción de que su decisión de ir a Ecuador era correcta. —No me mires así, Aidan continuó. Es una oportunidad maravillosa. Estaba convencida de que me esperaba algo muy importante en un lugar lejano, pero no sabía en cuál, así que decidí que podía ser Ecuador. Quiero hablar contigo sobre la posibilidad de trabajar con los niños del hospital. Me gustaría que me cuenten su historia, y que me hagan dibujos. ¿Crees que esto es divertido? —¿Divertido? No sé, pero no me había sentido mejor en toda mi vida. Soy feliz. Eso está bien, ¿no? ¿Eres feliz, Aidan? —¿Se puede saber qué demonios te pasa? —¿Qué quieres decir? —¿Es que ya has probado la marihuana de por aquí? preguntó con frialdad—. ¿Estás borracha? Gwen rió. —Sí. Estoy borracha de vida. Estoy completamente embriagada. —¿Tomas drogas? —Tomo vitaminas —dijo mordiéndose el labio, intentando mirarlo con


solemnidad. Pero no puedo evitar volver a reír. Aidan le bajó el párpado inferior, como si quisiera asegurarse, y ella le permitió la intromisión. No tenía nada que ocultar. Le tendió la muñeca. —También puedes tomarme el pulso, si quieres. Seguramente lo tendrás muy alto. Gwen asintió. —Claro que sí. Es culpa tuya. Se mordió el labio de nuevo, intentando no reír. No sabía qué le ocurría. Una fuerza salvaje se había apoderado de ella, haciendo que perdiera todas las inhibiciones. —Tendrías que verte dijo Aidan, mirándola preocupado. —Ya lo hago. Siempre que paso por delante de un espejo aprovecho para mirarme, y creo que estoy bastante guapa —sonrió. La verdad es que estoy radiante. ¿No crees? Aidan alzó la vista al cielo, como si pidiera ayuda divina. —No tengo tiempo para esto. ¡Por favor, Gwen, no puedes estar aquí! Gwen se cruzó de brazos con firmeza. —Por si no te habías dado cuenta, ya estoy aquí.


Nº Paginas 95-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Pues vuelve —dijo con dureza. Gwen no se dejó amilanar, ni apartó la vista. —Nada de eso. Tengo trabajo, y no volveré hasta que no lo decida yo misma — sonrió con determinación. Soy una persona muy independiente, y tomo mis propias decisiones. —Admirable —dijo con frialdad—. Pero yo soy el que decide quién entra en el hospital. Y tú no vas a entrar. El estómago de Gwen se encogió, presa de una repentina ansiedad. —Tenemos que hablar. Aidan se metió las manos en los bolsillos de la bata. —No, y no puedes quedarte aquí. —¿Ni siquiera esta noche? ¿Vas a dejarme en la calle? El rostro de Aidan era una máscara inescrutable. —Supongo que hoy no hay elección. Tendrás que quedarte en mi casa. Pero mañana por la mañana te meteré personalmente en el autobús, con rumbo a donde quieras ir.


Nº Paginas 96-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo Diez —Vamos. Aidan levantó la bolsa de viaje y empezó a caminar. Gwen se quedó inmóvil durante un momento, mientras él se alejaba. Su alegría había desaparecido. —¡Aidan, espera! Se detuvo y se volvió lentamente. Todo su cuerpo estaba en tensión. —¿Voy demasiado deprisa para ti? —Sí —lo miró a los ojos. ¿De verdad te molesta tanto verme? Durante un momento, Aidan no dijo nada. Gwen vio en sus ojos un signo de batalla interna. Una llama de esperanza se encendió en su interior. Tal vez no fuera tan frío como intentaba demostrar. —No te esperaba —dijo en tono oficial—. No estamos demasiado organizados como para recibir visitantes sanos. Visitante. Tragó saliva. No sonaba muy prometedor. —No soy una visitante muy exigente. —Me alegro, porque silo fueras quedarías bastante descontenta. —Ya estoy quedando bastante descontenta —contraatacó, y no precisamente por la falta de comodidades.


Aidan se volvió sin contestar y siguió andando. Gwen recogió la bolsa de fruta que había comprado aquella mañana en el mercado y lo siguió. No tenía otra opción. Con la vista clavada en su ancha espalda, lo maldecía, sin dejar de preguntarse qué le ocurría. Aidan la llevó a una pequeña casita, en el terreno del hospital. Era sencilla, pero bastante cómoda. Una pared del salón estaba llena de estanterías que llegaban hasta el techo. No había televisión, pero había un radio-casette y una colección impresionante de cintas. Le presentó a una mujer india que limpiaba las instalaciones. Tenía unos ojos negros muy penetrantes, y llevaba las tradicionales trenzas. Gwen le entregó la bolsa. —Esta mañana he comprado fruta en el mercado —explicó a Aidan—. Recuerdo que dijiste que aquí era difícil conseguirla. —Gracias —dijo con amabilidad—. Voy a enseñarte tu habitación. Era una habitación pequeña, amueblada sólo con una cama, una silla, un armario y una mesilla de noche. Por la ventana se veían las montañas, recortadas contra el cielo azul. Aidan dejó la bolsa de viaje en la cama.


Nº Paginas 97-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —El cuarto de baño está al final del pasillo. Si necesitas algo, pídeselo a María. Ahora mismo volverá para hacer la cama. —Gracias —dijo de nuevo, sintiendo que su ánimo decaía más ante su tono educado. No quedaba nada de su pasión. No quería que estuviera allí. Resultaba humillante. Aidan se cruzó de brazos y la miró con frialdad. —Por tu bien, te aconsejo que no pienses en quedarte aquí. No funcionaría. —¿Hay alguien más? —preguntó sin pensarlo. Un músculo se contrajo en su mandíbula. —Eso no tiene ninguna importancia. Ahora, si me disculpas, tengo que volver al hospital. Vendré a cenar sobre las siete. Gwen se quedó sentada en la cama, sintiéndose como un paquete rechazado. Pero no había vuelta atrás. Estaba atrapada en aquella ciudad perdida, por lo menos hasta el día siguiente. Se preguntó por qué hacía aquello, qué esperaba. En el fondo, hasta aquel momento había albergado la esperanza de que, como en un cuento de hadas, Aidan


la abrazara fuertemente y le dijera que había estado a punto de morirse de tristeza, que nunca volverían a separarse y que la amaría durante el resto de su vida. Lo que esperaba era un príncipe azul, pero se había encontrado frente a frente con un ser humano imperfecto cuyas razones y motivaciones no entendía. Un hombre que tal vez hubiera dejado de amarla. Las paredes de la casa parecían cerrarse sobre ella. Le resultaba difícil respirar, lo que no era extraño, teniendo en cuenta la altura. Salió del edificio. No sabía adónde quería ir, pero tenía que irse de allí. Empezó a caminar por los terrenos del hospital y salió por las puertas que daban a la carretera que conducía a la ciudad. Muchas de las casas estaban hechas de adobe. Contempló a las mujeres que pelaban patatas frente a los edificios. Otras estaban cocinando en hogueras al aire libre. Los niños la miraban con curiosidad. Los pollos, libres, buscaban comida por el suelo. Un perro la siguió durante un rato y después desapareció. Nada de lo que vio contribuyó a levantarle al ánimo, de modo que volvió a la casa. María había hecho la cama. Se tumbó y se quedó mirando el cielo, por la ventana. No había ni una nube. Era un cielo precioso, limpio y brillante. Respiró profundamente e intentó tranquilizarse. Estaba muy tensa. Fue relajando todos sus músculos, uno a uno, empezando por los dedos de los pies y subiendo lentamente. Marcos le había enseñado a hacerlo, muchos años atrás. Marcos. Ahora podía pensar en él sin culpa, sin dolor. Nº Paginas 98-106


https://www.facebook.com/novelasgratis No sabía muy bien cuánto tiempo estuvo tumbada, mirando el cielo, cuando de repente recordó las palabras de Alice. «Tal vez creas que ya has superado la muerte de Marcos, pero es posible que no sea así.» Se dio cuenta de que era posible que Aidan hubiera pensado lo mismo, que siguiera pensándolo. Se levantó de un salto. Por fin, había entendido el motivo de la extraña conducta de Aidan. Todo encajaba, como en un rompecabezas. Los recuerdos recorrieron su mente. Palabras que Aidan había dicho, la forma que había tenido de comportarse, las expresiones que no había comprendido. Todo tenía una explicación. Volvió a tumbarse y gimió, cerrando los ojos. No entendía cómo podía haber sido tan sorda y tan ciega. Tenía que haberse dado cuenta. Aidan volvió un poco después de las siete. Gwen estaba sentada en una silla, intentando no parecer muy nerviosa. No le resultaba fácil. Aidan cerró la puerta a su paso y la miró durante el tiempo imprescindible para hablar con ella. —Voy a ducharme. Luego cenaremos —le comunicó.


La cena consistió en un sencillo estofado con patatas y verduras, que había preparado María. Algunas de las frutas que había comprado estaban en una bandeja. Ni siquiera sabía cómo serían por dentro. Aidan comió en silencio, y Gwen se dio cuenta que sería mejor empezar cuanto antes con una conversación que no resultaría fácil. Quería quitársela de encima cuanto antes. —Hace un par de semanas, después de que te fueras empezó. Me pasé por tu casa a recoger unas cuantas cosas que me había dejado. Estuve hablando con Elle. —¿Sí? —levantó la mirada con cortesía. —Me dijo que se había ofrecido a volver a Ecuador, pero que insististe en venir tú. —Es cierto. Su tono no delataba sus emociones. —He venido porque quiero saber por qué me dejaste de esa forma. Me debes la verdad. —No me pareció que hubiera ningún motivo para continuar con nuestra relación.


Las palabras eran frías, y afiladas como cuchillas. Gwen se echó hacia atrás como si la hubiera abofeteado. Hizo acopio de valor, consciente de que sólo había una forma de traspasar la barrera. —Tenías celos de Marcos afirmó con el mismo tono frío e impersonal—. Ahora lo entiendo. Nº Paginas 99-106 https://www.facebook.com/novelasgratis Aidan levantó una ceja con arrogancia. —Marcos está muerto. —En efecto. Gwen no vaciló. Se quedó mirándolo desafiante, examinando su rostro, intentando traspasar la máscara. El silencio vibraba con la tensión. Un músculo se contrajo en la mejilla de Aidan. —No estabas preparada para abandonar su memoria. Ni siquiera eras capaz de vender su maldita casa. El corazón de Gwen se encogió. —No era porque no hubiera superado su muerte. Te aseguro que no era eso. —Pues no se me ocurre otra explicación.


—¿Por eso te marchaste? ¿Porque pensaste que seguía pensando en Marcos? — tragó saliva—. Estabas celoso. Porque me enseñó el mundo, porque lo amé, porque no podía renunciar a la casa, o porque pensabas que no podía. —Gracias por el análisis —dijo con sarcasmo—. En mi opinión, eras incapaz de librarte de su recuerdo. No querías oír la verdad sobre él y su egoísmo. Parecías convencida de que era un personaje superior al resto de los mortales. Te dio un ataque de ansiedad ante la mera idea de vender su casa. Perdóname, pero comprenderás que no confiara demasiado en las posibilidades de nuestra relación. Ahora, ¿podemos cambiar de tema? Gwen apretó las manos en el regazo. Temblaba tanto que le resultaba difícil hablar. —No, no he terminado. Me resistía contra la idea de vender la casa, pero eso no tenía nada que ver con Marcos. —¿De verdad? —preguntó con sarcasmo. —Si, de verdad. He tardado cierto tiempo en comprenderlo. La casa era sólo un símbolo del sueño que tuve desde que era pequeña.


Aidan no dijo nada se limitó a apoyarse en el respaldo y a mirarla con escepticismo. —Sabes que siempre quise tener hijos —prosiguió. Si me hubiera comprado la casa pequeña que estuvimos viendo juntos, no habría podido tener tantos niños. No podía vivir allí y mantener viva la ilusión, y era a eso a lo que no podía renunciar. Esa esperanza formaba parte de mí, y no podía renunciar a ella, por irreal que me pareciera. Por eso tuve el ataque de ansiedad — respiró profundamente—. La casa simbolizaba para mí la posibilidad de tener hijos. —Y tu matrimonio —añadió con frialdad. —Marcos está muerto. Fue una parte muy importante de mi vida, pero ya pasó, y he llegado a aceptar las realidades de nuestra relación. Nº Paginas 100-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Lo amabas. —Sí. Hay muchas clases de amor, Aidan. —¿Y qué clase de amor era esa? —Éramos amigos. Nos queríamos y nos respetábamos. Los dos sufríamos, y nos prestábamos apoyo mutuamente.


Aidan la miró en silencio. Poco a poco, la comprensión llegaba a su rostro. Pero iba acompañada de cierto recelo. —Ya te dije que me sentía culpable por no haberlo amado más —dijo con dificultad—. Me sentía culpable porque sabía cómo podía ser el amor apasionado, y no era eso lo que sentía por él. Lo sabía porque era lo que sentía por ti. Lo que hubo entre nosotros fue muy especial, y con Marcos nunca fue lo mismo. Nunca podría ser lo mismo con ninguna otra persona. Lo que tenemos tú y yo no es sólo respeto, ni es sólo amistad. Es amor verdadero. —Por lo que tengo entendido, lo que tuviste con Marcos fue bastante verdadero. Gwen estaba desesperada y furiosa. —No sé qué voy a tener que hacer para convencerte. Es posible que nunca llegaras a sentir lo mismo que yo. A lo mejor fue sólo una ilusión por mi parte. Es posible que este verano no sintieras nada especial por mí. Tal vez fue una simple aventura pasajera. Fui estúpida al pensar que podíamos seguir amándonos después de tantos años, que esta vez conseguiríamos que funcionara. Se echó hacia atrás, pensando sólo en una cosa. Alejarse de él. De repente alguien llamó a la puerta, y abrió sin esperar a que le dieran permiso. Una joven enfermera dijo algo de su accidente. Antes de que Gwen hubiera


llegado a entender lo que ocurría, Aidan se había levantado y había salido por la puerta. Sola en la casa, empezó a sentir la desesperación. Estaba agotada, como si hubiera usado todas sus fuerzas para escalar una montaña. Incluso ducharse le resultó difícil. Cuando terminó, se metió en la estrecha cama, esperando que el sueño le proporcionara la evasión que tanto necesitaba. No podía preocuparse demasiado. Tenía que descansar. Pero el sueño no acudió en su ayuda, y su mente bullía con pensamientos incómodos. Era posible que no consiguiera convencer a Aidan. Era posible que él no confiara en su amor, o que ya no la quisiera. Aún no le había dicho que estaba embarazada. Se llevó la mano al abdomen. Aidan tenía derecho a saberlo. Sombras del pasado. Imágenes de su madre de joven, sola en una habitación de motel, embarazada y con diez dólares en el bolsillo. Pero aquello era distinto. Ella no estaba sola. Tenía amigos que la querían y le prestarían su apoyo. No era ninguna adolescente, tenía bastante más de diez dólares y podía permitirse criar Nº Paginas 101-106 https://www.facebook.com/novelasgratis a un niño o a varias docenas. Era una mujer independiente, con su propia


vida. Tenía casa y trabajo. La maternidad sería una alegría para ella, y no una carga. Pero no quería tener al niño sola. Quería que estuviera a su lado. Se estremeció y se dio cuenta de que tenía frío. La ventana estaba abierta, y estaban en la montaña. Se levantó para cerrar la ventana y volvió a refugiarse entre las sábanas. Era posible que Aidan no la quisiera, pero estaba segura de que querría a su hijo. Sería incapaz de darle un billete de diez dólares y abandonarla. La idea le resultó tan cómica que empezó a reír. Por supuesto, Aidan podía decirle que no creía que el niño fuera suyo, que probablemente sería de Joe o de cualquier otra persona. Pero no creía que fuera a reaccionar así. Se dijo que todo saldría bien. Tenía que salir bien. No podía permitirse pensar lo contrario. Se esforzó por dejar de dar vueltas al asunto. Ya tendría tiempo de sobra al día siguiente. Soñó con los niños del colegio que había visitado con Joe. Soñó con Aidan, que sonreía y le acariciaba la cara, cubriéndola de besos.


Todo era un error. La amaba, y no volvería a separarse de ella. Dejó de tener frío. Sentía sus manos en el cuerpo. Era una sensación maravillosa. Su aliento en la cara, sus labios acariciándole los párpados, las sienes, todo su cuerpo sobre ella. Suspiró y se estiró, girándose levemente. Oyó un sonido procedente del exterior, probablemente el canto de un pájaro. Gimió, sin abrir los ojos. No quería despertar. Quería seguir soñando. —Aidan susurró—. Te amo. —Yo también te amo. Sonrió, suspirando de nuevo, y volvió a sentir la boca de Aidan sobre la suya, besándola. Era una sensación muy real. No estaba soñando. Rozaba con la mano piel caliente. Había alguien en la cama, junto a ella. No era fruto de su imaginación. —¿Aidan? —susurró, sin atreverse a abrir los ojos. —¿Si? —Creía que era un sueño —dijo en voz baja, temerosa de romper el encantamiento. —¿Qué estabas soñando?


—Que hacia el amor contigo. Tenía miedo de despertarme —lo abrazó con tanta fuerza que le arrancó un gemido de protesta—. Oh, Aidan, ¿de verdad estás aquí? Nº Paginas 102-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Claro que sí. Cubrió su boca con los labios antes de que Gwen pudiera decir nada. La besó apasionadamente, hasta que dejó de pensar. Lo único que podía hacer era sentir la alegría y la excitación, el deseo que se despertaba en su cuerpo, recorriéndole la sangre. No tenía dudas, ni preocupaciones, ni miedos. Obraron juntos la magia. Una magia muy especial que les pertenecía sólo a ellos. —¿Qué pensaste cuando me viste ayer? —susurró Gwen mientras el amanecer entraba por la ventana. Aidan le pasó un brazo por los hombros. —No pensé. Sólo sentí pánico. —No parecías tener miedo. Parecías furioso. Aidan hizo una mueca. —Es sorprendente lo que podemos llegar a hacer para ocultar los verdaderos


sentimientos. —¿Por qué sentiste pánico al verme? —Me daba miedo no poder resistirme. —Pues no te has resistido —rió—. ¿Ha sido tan terrible? La verdad es que a mí me ha gustado bastante. Jugueteó con el vello de su pecho. El la tomó de la mano. —A mí también. —¿Qué te ha hecho ceder? ¿Por qué has cambiado de idea? Aidan cerró los ojos, y una expresión de dolor cruzó su semblante. —Anoche vino a buscarme la enfermera porque un autobús había tenido un accidente. Había varios heridos. Estaba en el quirófano, operando a niños pequeños, y lo único en lo que podía pensar era en que la vida es demasiado corta para desperdiciarla con enfados, orgullos heridos y esas tonterías. En el fondo sabía que estaba renunciando a la posibilidad de ser feliz contigo por culpa de mi orgullo mal entendido y mis celos infundados. Sólo necesitaba algo que me hiciera reaccionar para reconocerlo. —Debe de haber sido terrible. Lo siento. —No pensemos en ello. Sólo quiero abrazarte, besarte y volver a hacerte el amor —la besó con ternura—. Repíteme lo que me dijiste anoche. —¿Qué te dije?


—Que lo que tenemos es especial. Nº Paginas 103-106 https://www.facebook.com/novelasgratis El corazón de Gwen dio un vuelco. —Lo es, y lo sabes. Lo que siento por ti no lo he sentido nunca por nadie. Nos pertenece sólo a nosotros. Aidan. Siempre ha sido así. —He sido un idiota celoso. Siento haberte hecho daño. —Yo también te he hecho daño a ti hundió la cara en el hueco de su hombro —. Oh, Aidan, quiero que empecemos otra vez desde el principio, que seamos felices. —Sí —le acarició el pelo—. Te he echado mucho de menos. Me sentía fatal después de que nos separáramos. —Yo también. Por lo menos durante cierto tiempo. —¿Cierto tiempo? —Sí. Después decidí dejar de sentirme mal. —¿Y eso? Lo miró a los ojos y sonrió. —Ha ocurrido un milagro. Un signo divino, un presagio, algo increíble. Aidan se tapó la cabeza con la almohada y gimió.


—No creo en los milagros. —Tendrás que creer. —Intenta convencerme. Le apartó la almohada de la cara y sonrió. Era como si todo su ser estuviera sonriendo. Un cálido resplandor emanaba de ella, envolviéndolo. —Estoy embarazada. Vamos a tener un hijo. Aidan la miró asombrado y después sacudió la cabeza. —Debes estar equivocada. Su incredulidad no la sorprendió, y mantuvo la sonrisa. —No estoy equivocada. —Pero si siempre tuvimos mucho cuidado. No puede ser —se pasó la mano por la barbilla—. Bueno, sólo recuerdo aquella vez… Pero estadísticamente… Gwen rió y le tapó la boca con la mano. —No me hables de estadísticas. Ha sido un milagro. —¿Estás completamente segura? Gwen asintió. —Me lo han confirmado tres pruebas de embarazo de farmacia y un ginecólogo de pelo blanco con muchísimos años de experiencia. Aidan la abrazó y la apretó fuertemente contra su pecho.


—Oh, Gwen, te amo. Te amo con todo mi corazón y con toda mi alma. Nº Paginas 104-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Yo también te amo. Con todo mi corazón y con toda mi alma. Estuvieron un rato abrazados, en silencio, saboreando las palabras que acababan de pronunciar y la intensidad de sus sentimientos. —¿Tres pruebas de embarazo? —preguntó Aidan de repente. Gwen rió. —Sí. Quería estar segura. —¿Por qué no me lo dijiste inmediatamente? —Antes quería que se arreglaran las cosas entre nosotros. Quería que supieras que siempre te he amado, que… —se detuvo y respiró profundamente—. Que Marcos y mis recuerdos no constituyen una amenaza para ti, para nosotros. Sabía que querrías al niño, pero no quería que me aceptaras a mí por eso —le temblaba la voz. Quería saber que me amas por mí misma. Aidan la abrazó. —Por culpa de mi estúpido orgullo podría haberos perdido a los dos. —Te habría dicho que estaba embarazada independientemente de lo que decidieras sobre mí, pero quería que el momento en que te lo contara fuera especial.


—Te amo —dijo Aidan entre besos—. Te amo. Te amo. Siempre te amé, y siempre te amaré. No volveré a perderte de vista hasta que nos hayamos casado. —Yo tampoco estoy dispuesta a perderte de vista. Aidan se sentó en la estrecha cama, sin dejar de abrazarla. —Tendremos que decidir qué hacemos. —Voy a quedarme aquí contigo. Aidan frunció el ceño. —No será fácil. —Te aseguro que no se me van a caer los anillos. Aidan asintió. —Ya lo sé. Mi parte del proyecto terminará dentro de un año, y después seré libre. —Podemos irnos a vivir a otro país —propuso. —O podemos volver a casa, y yo me dedicaré a la enseñanza y a la escritura. —Prefieres practicar la medicina —le recordó—. Y no estoy dispuesta a impedírtelo. Además, hay muchos lugares del mundo en los que no he estado y a los que me gustaría ir. Puedes enseñármelos. —Eres una mujer fantástica —le dijo sonriendo, con los ojos llenos de amor.


Gwen le devolvió la sonrisa. —Claro que sí. Te voy a dar un hijo. Nº Paginas 105-106 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me vas a dar un hijo —repitió lentamente, saboreando las palabras—. Un hijo mío. Un hijo nuestro. Tuyo y mío. La garganta de Gwen se cerró de la emoción. —Sí. Piensa en ello, Aidan. Un niño nuestro, sólo nuestro. No tiene nada que ver con el pasado. El niño es el futuro. Aidan suspiró, como si se hubiera quitado un enorme peso de encima. —¿Cuándo darás a luz? —El doce de abril, aproximadamente. —¿Qué tal te sientes? —Estupendamente. Drogada de vitaminas. Borracha de felicidad. Aidan gimió. —Supongo que me lo merecía. —¿De verdad pensaste que me había dado por las drogas? —No entendía qué demonios te pasaba. Gwen rió. —Vaya médico. Debiste darte cuenta de que eran los efectos de las hormonas


femeninas. —No soy perfecto. —No, pero te acercas bastante —tomó su mano, se la llevó al abdomen y lo miró a los ojos—. Por lo menos sabes hacer milagros. Fin Nº Paginas 106-106

El otro hombre karen van der zee  
El otro hombre karen van der zee  

Argumento: Cuando Gwen se vio obligada a rechazar el hombre al que amaba, pensó que había tomado la decisión correcta... hasta que el destin...

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