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El Dolor de Amar Kathie DeNosky 3º Herederos Inesperados El Dolor de Amar (13.12.2006) Título Original: Betrothed for the baby (2006) Serie: 03 Herederos inesperados Editorial: Harlequin Ibérica Sello Colección: Deseo 1493


Género: Contemporáneo Protagonistas: Hunter O'Banyon y Callie Marshall Argumento: Había aceptado al hijo de otro hombre... por ella Aterrada de que la poderosa familia de su ex novio tratara de hacerse con la custodia de su futuro hijo, Callie Marshall sabía que había sólo un hombre al que podía acudir en busca de ayuda, su jefe, Hunter O'Banyon. Cuando él le ofreció protección y un nombre para su hijo, Callie aceptó, convencida de que estaba haciendo lo mejor para el niño. Pero entonces probó sus apasionados besos y olvidó que todo aquello no era real... DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Capítulo Uno Cuando Hunter O'Banyon miró a la bonita y pequeña rubia que había conocido hacía apenas unos momentos, la adrenalina comenzó a bombear por sus venas. Las mejillas de porcelana mostraban una mezcla de acaloramiento y excitación, y el destello de urgencia en sus ojos violetas le revelaba que le esperaba un viaje estupendo. —Espero que no te importe, pero esto va a tener que ir más deprisa que lo que tenía planeado —dijo ella, algo jadeante. Sonriendo, él asintió. —Adelante. Puedo ir todo lo deprisa que tú quieras. —Me gusta cómo piensas. La sonrisa de ella le desbocó el corazón. —Aguanta, hombretón. Puede que se torne salvaje.


Hunter respiró hondo y se preparó. —Quémalo, cariño. Al mismo tiempo que ella pisaba el acelerador hasta el fondo, alargó la mano para activar un interruptor en el salpicadero. Las luces y el chillido de las sirenas compitieron con el rechinar de las ruedas que soltaron una nube de gravilla y de polvo del sur de Texas cuando la furgoneta derrapó por la pista del Aeródromo Devil's Fork Community. Cuando Hunter descubrió que no había ningún vuelo comercial a la pequeña ciudad, se preguntó por qué el piloto del Cessna Skyhawk, que había alquilado para que lo llevara a Devil's Fork desde El Paso, había reído como una hiena cuando él lo había llamado aeropuerto. Todo consistía en una pista de asfalto que apenas cumplía los mínimos requisitos exigibles, un barracón que se ladeaba de forma precaria y un poste de madera con un indicador de viento justo encima de las banderas de los Estados Unidos y de Texas. Por lo que podía ver, ni siquiera tenía luz para guiar un aterrizaje nocturno. Sólo esperaba que la operación Life Medevac tuviera mejor pinta. —A propósito, me llamo Callie Marshall, la enfermera de vuelo del equipo de Evac II —comentó la rubia. Mientras se acercaban al linde de la ciudad, pensó que era un bonito nombre para una mujer bonita. —Yo Hunter O'Banyon. —Gracias a Dios —sonrió—. Cuando se apagó mi busca, no te di tiempo de presentarte, y de pronto se me ocurrió que quizá no fueras el hombre que se suponía que debía conocer. De pronto él tuvo que carraspear. Cuando sonreía, Callie Marshall no sólo era bonita, sino arrebatadora. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 2—91


DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —¿Qué posibilidades había de que otra persona viniera a Devil's Fork? — preguntó cuando al fin recuperó la voz. La risa encantada de ella fue uno de los sonidos más gratos que había oído en mucho tiempo. —Bien dicho —asintió—. Creo que eres la primera persona de la que yo tenga constancia que viene aquí desde mi llegada hace dos meses. —No me sorprende. ¿Llegaste en avión? —Imposible—movió la cabeza, haciendo que la coleta oscilara de un lado a otro—. Vine en coche desde Houston. No pensaba tomar uno de los vuelos de aquí. Mientras avanzaba por la Calle Principal, Hunter llegó a la conclusión de que si hubiera parpadeado, se habría podido perder toda la ciudad. Aparte del hecho de que Callie iba tan deprisa que apenas era algo más que una mancha borrosa, el distrito comercial tenía sólo un par de manzanas y la zona residencial apenas se componía de dos o tres manzanas. —Mary Lou, nuestra radio operadora, me ha comentado que eres de Miami. Puede que tardes un tiempo en acostumbrarte a Devil's Fork. Está a unos mil kilómetros de la playa más cercana y no es precisamente un semillero de vida social. —Sabía que este sitio era pequeño, pero esperaba algo un poco más grande. —Yo también —convino ella—. Después de atravesarlo en coche la primera vez, me costó creer que hubiera necesidad de establecer un centro de evacuación médico con base aquí. Pero me equivoqué. Hunter pensó en lo que había leído en el historial que se le había entregado sobre el negocio que su abuela le había dado para que dirigiera.


—Tal como lo entiendo, somos el único servicio de emergencia disponible para secciones de cinco condados diferentes. Ella asintió. —La población es tan escasa en esta parte de Texas, que no es rentable que las comunidades tengan sus propias ambulancias —metió el vehículo en un camino de tierra apisonada que conducía a un hangar grande con el cartel Life Medevac Helicopter Service pintado a un lado—. Además, si dispusieran de una unidad de tierra, tardarían mucho en llegar hasta la mayoría de la gente y aún más en llevarla al hospital. Nosotros somos su mejor esperanza para una urgencia médica. Cuando rodeó el costado del edificio, Hunter respiró un poco más relajado. La base de Life Medevac parecía en bastantes mejores condiciones que el aeródromo. Además del hangar bien cuidado, había dos helicópteros Bell EMS, nuevos y de primera línea, y toda la zona parecía tener iluminación de la máxima tecnología para despegues y aterrizajes nocturnos. —Te veré cuando regresemos —dijo ella, poniendo el coche en punto muerto al tiempo que apagaba el motor y abría la puerta—. He de pillar un vuelo. —Gracias por el viaje —dijo Hunter, bajando del vehículo. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 3—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Volviéndose, ella le dedicó otra de sus sonrisas devastadoras. —Casi lo olvidaba... cuidado con el café de Mary Lou. Te dirá que se el mejor que has probado jamás, pero no te lo creas —hizo una mueca—. Es horrible. Allí de pie, mirándola correr hacia el helicóptero que esperaba, pensó que algo sobre ella se le escapaba. Pero al verla desaparecer en el interior de la


cabina y cerrar a su espalda, desterró ese pensamiento. Luego el Evac II despegó. Aunque Emerald Larson le había asegurado que se había ocupado de que todo el equipo estuviera al día y superara el mínimo exigido por el estado, tenía intención de encargar nuevos monos de vuelo, de un color que resultara más fácilmente diferenciable de otros equipos de emergencia que ya pudieran hallarse en el escenario cuando llegara el equipo de Life Medevac. Y se aseguraría de que todos tuvieran la talla adecuada porque el de Callie le quedaba muy grande. —Tú debes ser Hunter O'Banyon, el nuevo jefe de este puesto. Al oír la voz femenina a su espalda, se volvió y vio a una mujer que calculó que andaría en los últimos sesenta o los primeros setenta años. Con el pelo blanco y ondulado, una cara perfectamente redonda y unas gafas estrechas para leer, parecía apropiada para el papel de la esposa de Santa Claus en un desfile navideño. Sonrió al extender la mano. —El mismo. Y tú debes ser Mary Lou Carson. —La misma —le estrechó con firmeza la mano mientras también sonreía—. Ven a la sala de radio a descansar un poco. Te serviré una taza del mejor café que hayas probado jamás y luego te enseñaré tu alojamiento. Hunter sacó su equipaje de la parte de atrás de la furgoneta y siguió a Mary Lou bajo el sol de finales de agosto hacia la oficina con aire acondicionado del hangar. Al ir hacia el despacho, miró las medallas militares enmarcadas que colgaban de la pared junto a la puerta. —¿Eran de tu marido? —preguntó con tono afable. —Algunas —fue a una pequeña zona de cocina en el otro extremo del cuarto para remover el contenido de aroma delicioso que había en el fogón eléctrico —. Las demás son mías.


Al regresar a su lado, le entregó una taza de café, luego le indicó que se sentara en una de las varias sillas que había frente a un escritorio de madera lleno de marcas. —Descansa, Hunter. —¿En qué cuerpo militar estabas? —Lester y yo éramos marinos de carrera —rodeó la mesa y un mostrador anexo, lleno de equipo de radio, un ordenador y varios teléfonos, y se sentó en un sillón de madera que parecía haber sobrevivido desde la Segunda Guerra Mundial—. Él era mecánico de aviones y yo enfermera. Murió en un accidente a bordo de un portaaviones poco antes de que se supusiera que debíamos jubilarnos. —Lo siento —él sabía muy bien lo que era perder a alguien de forma inesperada. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 4—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —No lo sientas —dijo—. Lester murió haciendo lo que más le gustaba... trabajar en un avión de combate. Es la mejor forma en que cualquiera de nosotros puede esperar marcharse de este mundo—. Por eso soy radio operadora aquí. Después de que mi artritis me obligara a dejar de trabajar en el hospital, acepté este trabajo. Cuando la gente llama con una urgencia, a veces me quedo en la línea y les hablo durante la crisis médica que puedan tener hasta que llega nuestro equipo. Es casi tan satisfactorio como ser enfermera. Hunter bebió un sorbo del café mientras estudiaba a Mary Lou. Pero a medida que el sabor amargo se extendía por su lengua, tuvo que obligarse a tragar. Con rapidez, dejó la taza en la mesa y apenas pudo controlar el impulso de


temblar. Lo que Callie le había dicho acerca de que el café era terrible era un eufemismo. Tosiendo, alzó la vista y vio que ella lo observaba expectante. Pudo ver que esperaba que le comentara lo bueno que estaba. —Te gusta el café fuerte, ¿verdad? —preguntó, tratando de no hacer una mueca. Ella se encogió de hombros. —Me gusta el café tal como me gusta que sea un hombre... fuerte y el mejor que jamás he tenido. No podría haber quedado más desconcertado aunque lo hubiera intentado. Incapaz de pensar en algo que decir, aguardó lo que ella pudiera comentar a continuación. A menos que la hubiera juzgado mal, no tardaría mucho. La sonrisa de ella le indicó que había sabido que su comentario lo dejaría mudo. —Hay algunas cosas sobre mí que es mejor que las conozcas ya, Hunt. No uso eufemismos. Digo exactamente lo que pienso porque soy lo bastante mayor como para poder hacerlo con impunidad y porque jamás me gustó andarme con rodeos. —Respeto eso —no tenía ni idea de adonde quería ir a parar, pero veía que aún no había terminado. —Me alegra oírte decir eso, porque lo que voy a decirte ahora quizá sea difícil de encajar. —Te escucho. —Te voy a tratar como trato a todos los demás, porque ya hay pocas cosas que me impresionen. Y eso incluye que seas el nieto de Emerald Larson. Hunter frunció el ceño. Le había pedido encarecidamente a Emerald que no


divulgara la relación que tenían. Para empezar, no necesitaba la presión añadida de tener que cumplir las expectativas de otros; y para concluir, aún no sabía si se había reconciliado del todo con el hecho de ser su nieto. —¿Cómo has sabido...? —Emerald y yo nos conocemos desde hace mucho. No siempre ha estado en lo alto de la cima. Siendo adolescente, trabajó detrás del mostrador de la cafetería de mi padre —Mary Lou sonrió—. Era como una hermana mayor para mí, y con el paso de Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 5—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados los años no perdimos el contacto. No le hizo mucha gracia tener a una amiga de toda la vida de Emerald trabajando para él. No le gustaba la idea de no poder dar un paso sin que lo supiera su manipuladora abuela. —Si te preocupa que vaya corriendo a informarle a Emerald de todo lo que hagas, no pierdas el tiempo —indicó Mary Lou—. No cuento historias. Si ella quiere conocer tu situación, tendrá que preguntártelo en persona. —Me alegra oír eso —no sabía por qué, pero la creyó. Mary Lou se acabó el café, dejó la taza en la mesa y se puso de pie. —Ahora que nos hemos quitado ese peso de encima, te mostraré dónde te alojarás y dejaré que te instales mientras termino el estofado de carne para la cena —señaló su taza—. ¿Quieres que te lo caliente? Él declinó con rapidez. —No soy un entusiasta del café —no quería herir sus sentimientos, pero como bebiera otro trago de ese brebaje amargo, no sabía lo que podía pasar. Ella movió la cabeza.


—No sé qué os pasa a los jóvenes. De los que trabajamos aquí, soy la única a quien le gusta. Mientras recogía la maleta y la seguía por un pasillo hacia la parte de atrás del hangar, sospechó que la renuencia de los demás a beber el café de Mary Lou tenía más que ver con la supervivencia que con el gusto por esa bebida. —Este es tu despacho —indicó al pasar ante una puerta en la parte de atrás del edificio. Señalando otra puerta de enfrente, añadió—: Y estos son los alojamientos para el equipo que hay de guardia. Tenemos tres equipos que se rotan en turnos de veinticuatro horas... dos días de guardia y cuatro libres. Desde luego, ante la remota posibilidad de que recibamos una llamada mientras un equipo está fuera, los primeros dos días que un equipo libra permanece disponible. —¿Y contigo? ¿Cuáles son tus horas de trabajo? —Yo estoy aquí las veinticuatro horas. Cuando no reparto el destino de un equipo, cocino y doy consejos a los que nadie parece prestar atención —rió al tiempo que señalaba el cuarto contiguo al de los equipos—. Ésta es mi habitación. Tengo un dispositivo que me despierta cuando tenemos una llamada nocturna o decido echarme una siesta. Hunter frunció el ceño. —¿Quién hace los repartos en tus días libres? Ella siguió caminando hacia la puerta del final del pasillo. —En las raras ocasiones en que me tomo un día libre, uno de los miembros de los equipos que está librando ocupa mi puesto. —¿No tienes días libres estipulados? —no le gustaba eso. Aparte de que Emerald Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 6—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados pudiera haberse aprovechado de Mary Lou, ni siquiera sabía si era legal que


alguien trabajara tanto. —No te alarmes, Hunter —le dijo como si le hubiera leído la mente—. No tengo familia y trabajar en Life Medevac es lo que me hace feliz y me mantiene en marcha. Me encanta lo que hago, así que ni se te pase por la cabeza la idea de querer darme días libres de forma regular, porque no lo aceptaré —abrió la puerta de la habitación de él y, retrocediendo, señaló su equipaje—. ¿Están todas tus cosas en esa maleta? Él asintió. —Puse el resto en un guardamuebles hasta que encuentre un sitio aquí, en Devil's Fork. —Buena idea —la mujer asintió con aprobación—. Ve a guardar tus cosas mientras yo llamo por radio a Evac II y me entero del estado de su paciente y a qué hora creen que regresarán a la base. Que trabajara tanto no se reducía únicamente a posibles cuestiones legales. También había que tomar en consideración su edad y bienestar. Podía parecer un torbellino con energía inagotable, pero trabajar veinticuatro horas los siete días de la semana, era duro para cualquiera. Al depositar la maleta en el borde de la cama para sacar sus cosas, decidió que había varias cosas que necesitaba hacer en el acto. No sólo debía encargar los monos de vuelo con las tallas adecuadas, sino que debería leerse las leyes laborales de Texas. Al guardar las últimas prendas, miró alrededor. Agradeció su costumbre de viajar ligero. La habitación apenas era lo bastante grande para la cama doble, una pequeña cómoda y una mesilla de noche. Habría sido imposible que dispusiera de espacio para algo más que no fuera su ropa. Aunque tampoco necesitaba mucho espacio. En los últimos cinco años, no le había preocupado la amplitud ni el emplazamiento de su alojamiento.


Después de trabajar en la construcción tan duramente que al final del día estaba demasiado cansado para pensar o recordar, sólo había necesitado un lugar donde dormir, ducharse y cambiarse de ropa. Con algo de suerte, habría suficiente trabajo para mantenerlo igual de ocupado en Life Medevac. Al oír el sonido de un helicóptero al aterrizar, fue por el pasillo hasta la oficina de comunicaciones. —No han estado ausentes mucho tiempo. Mary Lou asintió. —Juanita Rodríguez pensó que iba a tener a su bebé, pero resultó ser una falsa alarma —con una sonrisa, añadió—: Sólo tiene diecinueve años y es su primer embarazo. A su marido, Miguel, y a ella les preocupa no llegar a tiempo al hospital. En ese momento el equipo del Evac II entró en el cuarto de comunicaciones. Además de Callie, el equipo consistía de un hombre de pelo rubio que parecía tener unos cuarenta y tantos años y un joven de cara juvenil de unos veinte. —Me llamo George Smith —dijo el hombre, sonriendo al ir a estrechar la mano de Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 7—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Hunter. Casi tan alto como el metro noventa de éste, George tenía la complexión de un peso pesado, y si su apretón servía como indicio, era igual de fuerte. —Soy el piloto del Evac II —con la cabeza indicó al hombre más joven—. Ese chico es Corey Timmons, el paramédico del equipo. —Encantado de conocerlo, señor O'Banyon —dijo Corey, adelantándose para estrechar con entusiasmo la mano de Hunter—. Esperábamos con ganas que asumiera el mando.


—Llámame Hunter —no le sorprendía que los empleados anhelaran un cambio en la administración. Por el historial que se le había entregado, cuando Emerald compró Life Medevac, sus empleados llevaban varias semanas sin cobrar. Sonriendo, el joven de ojos castaños comentó: —Nos alegra que sobrevivieras al trayecto con Callie al volante. Hunter rió entre dientes. —¿Es que había alguna duda? —Después de venir a Devil's Fork con Crash Jenson a los controles de esa avioneta, nos preguntábamos si su conducción no te remataría —añadió George, riendo. —Como sigáis burlándoos de mi manera de conducir, dejaré de hacer esas galletitas de chocolate que tanto os gustan —advirtió de buen humor mientras cruzaba a la cocina, donde Mary Lou le daba los últimos retoques a la cena del equipo. —Nos retractamos —comentó Corey al acercarse con un plato para que Mary Lou le sirviera una generosa ración de estofado. —Puedes apostarlo —George asintió con vigor—. Sólo bromeábamos, Callie. No dejes de hacer esas galletitas —se volvió a Hunter y le confió—: Nunca has probado nada tan bueno en toda tu vida. —Ya tengo ganas de probarlas —comentó Hunter, disfrutando con esa conversación relajada. En ese momento, Callie abrió la nevera para sacar un bote de zumo de naranja y una vez más él notó lo grande que le quedaba el traje de vuelo. La tela azul marino era bastante holgada en todas partes menos en el vientre y daba la impresión de... Experimentó una sensación de frío. Callie Marshall no tenía unos kilos demás alrededor de la cintura. Estaba embarazada de varios meses.


Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 8—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Capítulo Dos Al pasar junto a Hunter para sentarse en una de las sillas que había ante la mesa de Mary Lou, Callie se preguntó qué diablos había hecho para ganarse un escrutinio tan completo. La mirada intensa de él la había seguido desde el momento en que había entrado en el cuarto y le había causado un hormigueo en la piel como si la hubiera tocado. Movió la cabeza para despejarla y decidió que su inusual reacción ante él debía deberse al desbarajuste de sus hormonas por el embarazo. Era la única explicación razonable que podía explicarlo. Sin duda esa mirada concentrada no era más que el resultado de que había notado su cintura ancha. Sin duda trataba de deducir si sólo era un poco regordeta o si estaba embarazada. Con cuidado de mantener la voz baja para no llamar la atención de los otros ante el hecho de que lo había sorprendido mirándola fijamente, sonrió al volverse hacia su intensa mirada verde. —Por si te estás preguntando a qué se debe mi forma peculiar, estoy embarazada de cuatro meses y medio. Él se alisó el pelo, en apariencia incómodo. —Yo... no era mi intención... —No te preocupes —sonrió, queriendo relajarlo—. No es un gran secreto. Y como puedes ver, yo no intento ocultarlo. —¿A tu marido le parece bien que vueles estando embarazada? —movió la cabeza—. Lo siento. No es asunto mío.


Era una pregunta rara, pero la preocupación reflejada en su rostro atractivo y en su voz profunda era auténtica. —No te preocupes por eso. No tengo marido, de modo que no es un problema — se encogió de hombros—. Estoy soltera, sin compromiso y satisfecha de encontrarme así. —No era mi intención sonsacarte —indicó, más incómodo que antes. —No es problema. De hecho, tengo ganas de ser madre soltera. Dio la impresión de que iba a decir algo, pero Corey eligió ese momento para acercarse y dejarse caer en la silla al lado de ella. —Si me disculpáis, creo que iré a ver mi despacho —dijo Hunter de repente, volviéndose para salir al pasillo. Mirando a su nuevo jefe, se preguntó qué había causado ese cambio brusco. Cuando lo conoció en el aeródromo, había sido sociable y extravertido. Pero en el espacio de unos minutos, su estado de ánimo se había vuelto taciturno y atribulado. ¿Le preocuparía que no pudiera desempeñar su trabajo? Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 9—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Se puso de pie con la intención de seguirlo a su despacho y garantizarle que era perfectamente capaz de desempeñar sus deberes, pero la radio eligió ese momento para cobrar vida. —Parece que tenemos otro trayecto —dijo Mary Lou, cruzando la habitación para contestar la llamada.


Mientras Callie escuchaba al patrullero transmitir el emplazamiento de un accidente de coche en la Interestatal 10 y la evaluación que hacía de las heridas del conductor, George, Corey y ella se dirigieron a la puerta. —Dile que vamos de camino. —Llegaremos en unos quince minutos —precisó George. —Mantén el estofado caliente —añadió Corey. Por el rabillo del ojo, Callie vio a Hunter entrar otra vez. La expresión preocupada que mostraba la reafirmó en su determinación de tranquilizarlo. Pero la charla iba a tener que esperar hasta más adelante. Sin importar que la creyera o no capacitada para ejecutar su trabajo, tenía una víctima que necesitaba atención de urgencia. Y no iba a hacer esperar a su paciente más de lo debido. Empapado en un sudor frío, Hunter despertó con una sacudida y, sacando las piernas por el borde de la cama, se sentó. Apoyó los codos en las rodillas y trató de desterrar el resto de la pesadilla. Hacía por lo menos seis meses que no soñaba con el accidente. Pero en ese momento era tan real como lo había vivido cinco años atrás. Su novia, Ellen Reichert, una residente de segundo año en el Centro Médico Monte Sinaí, y él habían volado a América Central para llevar suministros médicos y administrar primeros auxilios a algunos pueblos remotos azotados duramente por un huracán de grado cuatro. Todo el viaje había transcurrido sin incidentes hasta que había volado en círculo encima de la pista de aterrizaje antes de la última parada. Fue en ese momento cuando se desató todo el infierno y el curso de su vida cambió para siempre. El helicóptero de doble turbina que había estado pilotando de pronto había perdido presión de aceite y luego, antes de que pudiera posarlo a salvo en el suelo, se había calado. Recordaba pocos detalles de lo sucedido a continuación, sólo que había tratado de controlarlo sin éxito. El aparato se había ladeado peligrosamente en el aire y luego se había desplomado por el lado de estribor.


Su primer pensamiento había sido cerciorarse de que Ellen se encontraba bien, luego sacarlos de lo que quedaba del helicóptero. Pero la sangre en sus venas se había convertido en hielo cuando había pronunciado el nombre de ella sin recibir respuesta. Al apoyar los dedos en el costado de su cuello y detectar un leve pulso, se afanó por soltar los cinturones de seguridad que los sujetaban. Después de empujar la puerta izquierda del helicóptero, la había sacado con cuidado para trasladarla a distancia segura del aparato accidentado. Al recobrar la consciencia, los dos habían sabido que no le quedaba mucho tiempo de vida. Ella le había murmurado que había estado esperando el momento perfecto Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 10—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados para decirle que acababa de enterarse de que estaba embarazada. Con su último aliento, le había manifestado lo mucho que lo amaba y cuánto lamentaba tener que irse. Luego había cerrado los ojos y se había perdido lentamente. La investigación posterior había demostrado que el accidente se había debido a un fallo mecánico y que él no habría podido hacer nada para impedirlo. Pero aquel día había dejado de volar y había luchado consigo mismo durante los últimos cinco años, sintiéndose culpable porque se había librado con unas simples magulladuras y cortes, y echándose en cara vivir cuando la mujer que había amado y su futuro hijo habían muerto. Respiró hondo y trató de relegar los recuerdos perturbadores al fondo de la mente. No había duda acerca del motivo por el que el sueño horrible había reaparecido. Después de descubrir que Callie estaba embarazada, sólo había podido pensar en que en una ocasión había sido el responsable de las vidas de una mujer y de su hijo nonato.


Por fortuna, su turno había acabado cuando el equipo del Evac II había regresado de transportar al hospital a la víctima del accidente de coche. Eso significaba que disponía de cuatro días para pensar en un argumento convincente para que decidiera no volar más. —Un segundo —dijo Callie cuando dio la impresión de que quien llamaba a su puerta terminaría por arrancarla de las bisagras con los golpes insistentes. Limpiándose la harina en el mandil, bajó la música y corrió a abrir—. ¿Qué es tan importante...? Calló al ver a Hunter O'Banyon de pie en su diminuto porche. Era uno de los nombres más atractivos que jamás había visto. Llevaba puestos una camiseta negra y unos vaqueros viejos. La tela suave de la camiseta le resaltaba los hombros y las caderas estrechas. Al mirarle los brazos, la visión de esos bíceps abultados le provocó un escalofrío por toda la espalda. Se sacudió mentalmente. Se preguntó qué diablos le pasaba. ¿Y por qué, en nombre del cielo, se comía con la vista a un hombre como si fuera un brownie con chocolate derretido? —¿Te encuentras bien? —la expresión de él era de profunda preocupación. —Por... —tragó saliva—... supuesto. ¿Por qué no iba a estarlo? —aparte de sentirse abochornada por tener el pelo recogido de cualquier manera y los pantalones cortos y la camiseta que llevaba puestos de lo más viejo que había en su armario, se sentía perfectamente. —He estado llamando más de cinco minutos hasta que has respondido. Pensé que podría haber sucedido algo —se pasó la mano por la nuca—. Olvídalo. ¿Tienes unos minutos? Necesitamos hablar. ¿Qué podía creer que necesitaban discutir? ¿Y por qué tenía que aparecer después de que hubiera recibido una llamada de su madre? Al menos una vez por semana, desde que le hablara de que estaba embarazada, repetían la misma rutina, en la que su madre quería que le contara quién era el padre Escaneado por galshah y corregido por tallitach


Nº Paginas 11—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados y anhelaba saber por qué persistía en mantener la identidad en secreto. Frustrada más allá de las palabras ante la insistencia de su madre, al colgar ya había empezado a preparar una tanda de galletitas de chocolate. Algunas mujeres limpiaban la casa cuando estaban irritadas. Ella cocinaba. —¿Te molesta si paso? —preguntó Hunter. Su voz la devolvió al presente. —Lo siento. Por favor, adelante —retrocedió para dejarlo entrar en la pequeña cabaña—. Estaba preparando unas... ¡oh, no! ¡Mis galletitas! — recordando la fuente que había metido en el horno justo antes de oírlo aporrear la puerta, corrió a la cocina con él pegado a sus talones. —¡Diablos! Cuando preparas galletitas, no te andas con tonterías, ¿verdad? —dijo él, mirando alrededor. Sacó la fuente del horno y la depositó en la parte superior de la cocina, luego miró la mesa y las encimeras. Cada superficie disponible estaba cubierta con bandejas con galletitas. Movió la cabeza y se mordió el labio. La llamada de su madre debió de irritarla más de lo que imaginaba. —¿Te apetece un vaso de leche y galletitas? —sonrió—. Tengo muchas. —¿De verdad? —rió entre dientes—. ¿Qué vas a hacer con todas? —No durarán mucho con George y Corey. Abrió un armario para buscar algo donde guardarlas, pero sentir el torso ancho de Hunter contra su costado cuando se adelantó para bajar varios recipientes de plástico que había en el anaquel superior le provocó una descarga de excitación por todo el cuerpo. Cuando se los entregó y dio un paso atrás, le costó respirar.


Nerviosa, la mano le tembló al aceptar los botes. —Gra... gracias. Él asintió y se apartó más. —Creo que aceptaré el ofrecimiento de leche y galletitas. Sirviendo dos vasos, dejó uno en un extremo de la mesa y comenzó a sentarse en el otro. Hunter de inmediato se situó detrás de ella para apartarle la silla y su proximidad la perturbó tanto, que estuvo a punto de soltar el vaso. ¿Qué demonios le pasaba? No sólo se sentía más nerviosa que un conejo asustado, sino que de pronto se había convertido en una torpe de primera. Al sentarse frente a ella, estudió la variedad de galletitas. —¿Con qué me sugieres que empiece? —Me gustan las de harina de avena, pero probablemente se deba a que con ellas uso trozos de chocolate y no pasas —tomó una. Él asintió y tomó otra. Dio un mordisco y abrió mucho los ojos. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 12—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Corey y George no exageraban... es una de las galletitas más ricas que jamás he probado. —¿De qué querías hablar? —preguntó ella, con la esperanza de que cuanto antes expusiera el tema de su visita, antes se marcharía. Necesitaba recobrar la serenidad. Él respiró hondo, dejó la taza vacía sobre la mesa y la miró.


—Me preocupa que tu trabajo pueda ser demasiado para una mujer en tu estado. Ella rió. —En contra de lo que puedas pensar, el embarazo no es una discapacidad. —Eso lo entiendo —asintió—. Pero estoy seguro de que en ocasiones es extremadamente agotador. —No voy a fingir lo contrario —se levantó para poner los vasos en el lavavajillas, luego comenzó a acomodar galletitas en los recipientes para congelarlas—. Pero también hay ocasiones en las que nos pasamos un día o dos sin ninguna urgencia y me siento extenuada de puro aburrimiento. Además, mi obstetra no ha puesto ninguna objeción en que trabaje como enfermera de vuelo, de modo que si te preocupa que sea demasiado agotador para mí, olvídalo. Corey y George son muy meticulosos y no dejarán que levante nada pesado. Y cuando no estamos de guardia, duermo bastante. —Sí, pero hay que tomar en consideración otras cosas, como la turbulencia o el error de un piloto. —Confío en George. Es un buen piloto. —No digo que no lo sea. Cerró la tapa y luego comenzó a llenar otro bote. —Entonces, ¿qué es lo que estás diciendo? Él se frotó la nuca, como si quisiera aliviar la tensión. —¿No te preocupa tener que realizar un aterrizaje forzoso o un posible accidente? —En realidad, no —no terminaba de entender por qué estaba tan preocupado. Todos los pilotos que conocía consideraban que volar era el método más seguro de transporte—. Si algo así ocurriera, no corro más peligro que si no


estuviera embarazada. —Pero... —No veo ningún motivo para tu preocupación, pero si lo consideras importante, ¿por qué no repasas los historiales de los empleados y me pones con el equipo con el mejor piloto? Para su sorpresa, él apoyó las manos en sus hombros y la volvió para que lo mirara. Pero en vez de insistir en el punto de vista del que quería convencerla, la miró durante varios segundos largos antes de musitar un juramento en voz baja y bajar la cabeza para tomarle los labios con un beso. Cuando la boca le cubrió la suya en una caricia delicada, el pulso de Callie se Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 13—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados desbocó y sus entrañas comenzaron a hormiguearle. Lo último que había esperado era que la besara. Pero en vez de apartarlo, como debería haber hecho, se agarró a sus bíceps para estabilizarse. La sensación de esos músculos tan duros le envió una descarga de excitación por la espalda y le aflojó las rodillas. Si tuviera algo de sentido común, le pondría fin de inmediato y le exigiría que se marchara. Pero los labios firmes y cálidos la hacían sentir cosas de las que sólo había leído en las revistas femeninas y en las novelas románticas, y no quiso que esas sensaciones deliciosas terminaran. Cuando la rodeó con los brazos y la pegó a él para profundizar el beso, la sensación de su fuerza superior le encendió fuegos diminutos por todo el cuerpo. Abriéndose a él, sintió que el corazón le saltaba unos latidos cuando le introdujo la lengua para explorarla con una ternura que hizo imposible formar


un pensamiento coherente. Apoyando la mano en su espalda, a la altura de la cintura, la atrajo hacia delante, pero la sensación del vientre pequeño y redondeado pegado a su estómago lo devolvió a la realidad. De pronto se quedó del todo quieto; luego la soltó y con cuidado la separó de él al tiempo que retrocedía unos pasos. —Esto no debería... haber sucedido —se pasó una mano agitada por el pelo castaño—. Creo que lo mejor será que me vaya. —No te preocupes. Abochornada y más que un poco confusa por su inusual comportamiento, Callie comenzó a guardar más galletitas en los botes de plástico. ¿Por qué no lo había detenido en vez de aferrarse a él como si se encontrara desesperada por recibir la atención de un hombre? Hunter O'Banyon podía ser alto, moreno y atractivo como una estrella de cine, pero no estaba más interesada en él que en otro hombre. Aunque tuvo que reconocerse que sabía besar. Sintiendo las mejillas como en llamas, le plantó un bote de plástico en las manos. —Llévatelas al hangar para Mary Lou y el equipo de guardia. —Callie... yo... Como no se marchara pronto, se tiraría toda la noche cocinando. —Se hace tarde y estoy segura de que debes volver —fue al salón y le abrió la puerta delantera—. Gracias por pasar. Agradezco tu preocupación y lo analizaré. —A propósito, sé que es con poco tiempo de antelación, pero pasado mañana a las diez de la mañana voy a celebrar una reunión del personal —dijo—. ¿Podrás asistir? Ella movió la cabeza.


—Tengo cita con el médico. Pero pasaré después del chequeo y alguien me pondrá al corriente de lo que se haya tratado en la reunión. La miró lo que pareció una eternidad antes de asentir. —Buenas noches, Callie —dijo, saliendo al porche. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 14—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Que tengas un buen resto de velada, Hunter —dijo ella, cerrando la puerta. Fue directa a la cocina y guardó los botes en el congelador, luego sacó los ingredientes para una tanda de brownies. El perturbador beso de Hunter la había sumido en un frenesí de repostería, y por alguna extraña razón, todo lo que quería preparar tenía algo de chocolate. Mientras medía el cacao y la harina, algo que había escuchado una vez en un programa la paralizó. Comer chocolate liberaba en el cerebro las mismas endorfinas que se liberaban al practicar el sexo. Desde luego, unas galletitas eran mucho menos peligrosas para su paz mental que Hunter O'Banyon. Al bajar los escalones e ir a la furgoneta blanca con las palabras Life Medevac pintadas en el costado, movió la cabeza. No la culpaba por haberle acelerado hacia la salida. De hecho, se merecía mucho más que eso. Se había comportado como un adolescente febril de sexo en su primera cita. Pero le costaba analizar la causa. Arrancó y cruzó el pueblo. Pero en vez de meterse en el camino que conducía al hangar, continuó la marcha hasta que las luces de Devil's Fork se perdieron en la distancia a su espalda. Necesitaba pensar, y aunque podría meterse en su habitación en busca de soledad, había descubierto que contemplar la vastedad de una noche iluminada por las estrellas siempre lo ayudaba a situar las cosas en perspectiva.


Al aparcar y mirar por la ventanilla las estrellas encima de las Montañas Apache en la distancia, no pudo evitar preguntarse qué diablos le había pasado. Sólo había ido a la casa de Callie a tratar de convencerla de ver la conveniencia de quedarse en tierra hasta después del parto. Pero cuando apoyó las manos en sus hombros y clavó la vista en esos hermosos ojos violetas, le habría sido tan fácil detenerse como obligarse a no respirar. Respiró hondo. Aunque no estaba excesivamente orgulloso de ello, no había llevado una vida de monje desde la muerte de Ellen. Pero siempre había tenido especial cuidado en estar con mujeres que sólo habían querido de él una satisfacción mutua, sin ninguna expectativa ulterior. Y, desde luego, Callie Marshall no era esa clase de mujer. Aunque, pensándolo bien, él había estado tan ocupado en los últimos meses, que había abandonado por completo cualquier tipo de vida social. Y aunque distaba mucho de ser un adolescente lujurioso, un hombre de treinta y dos años tenía unas necesidades que no podía soslayar. Frunció el ceño. Pero nunca en toda la vida una mujer embarazada le había resultado irresistible. Contempló una estrella fugaz que cruzó el cielo oscuro. Teniendo en cuenta su estado de celibato, conjeturó que era natural que Callie lo atrajera aunque estuviera esperando un bebé. Era una mujer muy bonita con una sonrisa demoledora, una risa encantadora y unas piernas que podrían empujar a un santo al pecado. Si sumaba todo eso a su descuidada libido, no le extrañaba haberse sentido impulsado a besarla. Satisfecho de haber descubierto la razón para su poco habitual comportamiento Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 15—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados cavernícola, arrancó el vehículo y puso rumbo hacia la base de Life Medevac. Una vez que tenía las cosas en perspectiva, no había motivo para que Callie y él no dejaran lo sucedido en el pasado y continuaran como jefe y empleada.


Diablos, hasta quizá pudieran ser amigos. Pero mucho más tarde, tumbado en la cama tratando de obligarse a dormir, no parecía poder olvidar el sabor dulce de los labios suaves de Callie o la sangre en sus venas al encenderse cuando ella le devolvió el beso. Y, le gustara o no, lo último que había en su mente era la amistad. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 16—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Capítulo Tres De vuelta de la cita con el médico, Callie pensó en la visita de Hunter y en lo tonta que había sido. El beso que habían compartido había sido muy agradable, pero no significaba nada. Sabía que él había estado frustrado por la negativa que le había dado de permanecer en tierra y había quedado tan sorprendido como ella de sus actos. No había motivo para agitarse tanto ni darle un significado que no poseía. Pero había pasado el resto de la noche preparando brownies y una tarta de chocolate. Y cuando se había ido a la cama, la luz gris del amanecer había empezado a desterrar las sombras de la noche. Movió la cabeza. No cocinaba tanto desde que había descubierto que estaba embarazada. Al rememorar aquel día, aún podía verse saliendo de la consulta del ginecólogo en un estado absoluto de conmoción. Siempre había querido tener hijos, pero se había imaginado felizmente casada y esperando el feliz acontecimiento con el hombre que amaba y que a su vez la amaba. No se suponía que debiera quedarse embarazada del hombre que anteponía el rango social a una relación profunda. La primera vez que vio a Craig Culbertson, la había cautivado con su encanto y consideración. Pero no había necesitado mucho para descubrir que no era el hombre que había creído. Había ocultado su verdadera naturaleza detrás de una sonrisa y modales encantadores, y cuando se habían separado, superficial, ególatra y egoísta eran las únicas palabras que se le ocurrían para


describir a esa taimada serpiente. Luego, al descubrir que un mes después de la separación estaba embarazada, su desilusión con Craig se había transformado en un intenso temor. Uno de los factores que la habían ayudado a decidir poner fin a la relación, había sido el profundo disgusto que había sentido cuando él le revelara que a la edad de diecinueve años había dejado embarazada a una novia y que su hermano de doce años en realidad era su hijo. Le había dicho que en cuanto sus padres se habían enterado del embarazo y descubierto que la chica no tenía el mismo rango social que la familia, habían utilizado el dinero que poseían, aparte de la buena posición que ostentaban en la sociedad de Houston, para conseguir la custodia del bebé, adoptarlo y criarlo como hijo propio. Experimentó un escalofrío. Sólo podía imaginar la devastación e impotencia que debió de sentir la joven madre al perder el contacto con su hijo. Y ésa era la razón por la que ella había tomado la decisión de abandonar su trabajo de enfermera de urgencias en uno de los hospitales de Houston para aceptar el puesto de enfermera de vuelo en Life Medevac. Si Craig averiguaba lo de su embarazo, no estaba segura de que sus padres no intentarían hacer con ella lo mismo que habían hecho con la madre de su primer hijo. Ella no había nacido en una familia rica con privilegios, por lo tanto, no cabía duda de que la considerarían una candidata indeseable para criar a un heredero Culbertson. La llevarían ante los tribunales y perdería. No poseía el dinero que requeriría librar una batalla por la custodia contra unos abogados poderosos. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 17—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Provenía de un hogar de clase media de madre única donde el dinero no había abundado. Y aunque su padre no se hubiera perdido en el mar durante una tormenta mientras trabajaba en una plataforma petrolífera en el Golfo de


México, su rango social no habría variado mucho. Al girar hacia el camino que conducía al hangar de Life Medevac, apoyó la mano en su vientre. Quizá no había nacido con una cuchara de plata en la boca, pero amaba a su pequeño con todo su corazón y nadie se lo iba a quitar. Al aparcar, respiró hondo y se obligó a olvidar Houston y a los implacables Culbertson. Iba a hablar con Hunter O'Banyon para decirle que había reflexionado en la petición que le había hecho de que dejara de volar. Incluso había hablado de sus limitaciones físicas con su obstetra, y juntos habían llegado a la conclusión de que no había motivo alguno para adelantar en unos meses su baja por maternidad. Lo único que debía hacer era explicárselo a Hunter —Hola, Mary Lou —saludó al entrar en el cuarto de comunicaciones—. ¿Está Hunter en su oficina? La mujer mayor asintió. —Creo que está haciendo una lista con las tallas de cada uno y los números de monos de vuelo que va a pedir —rió—. ¿Cómo estás de rojo? —¿Vamos a llevar monos de vuelo de color rojo? —Es lo que ha dicho —Mary Lou se mostró reflexiva—. Ahora que lo pienso, a nuestros equipos los identificarán más fácilmente entre otros personales de emergencias en el lugar de un accidente. —A veces resulta confuso cuando otros llevan el mismo tono azul de nuestros trajes —convino Callie. —¿Ha ido todo bien en la consulta del médico? —preguntó la anciana. Desde que se enterara del embarazo, se había tomado como su misión supervisar el progreso y el bienestar de Callie. Sonriendo, ésta asintió. —Me ha hecho una ecografía y dice que el tamaño del bebé es el correcto para un feto de cuatro meses y medio —rió—. Pero no creo que pueda


achacar mi exceso de tres kilos a mi hijo. —Eso se debe a todas las galletitas que preparas y comes —Mary Lou sonrió. Al ir hacia el despacho de Hunter, determinó que Mary Lou tenía razón. Como no dejara de cocinar, no habría ni un mono lo bastante grande como para acomodar su creciente figura, estuviera o no embarazada. Llamó a la puerta de Hunter y esperó un momento antes de entrar en la oficina. —¿Tienes tiempo para ponerme al corriente de cómo fue la reunión del personal o vuelvo más tarde? El movió la cabeza y señaló el sillón de piel marrón que tenía delante de su mesa. —Siéntate. Te estaba esperando. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 18—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Eso suena mal. —En realidad, no —sus intensos ojos verdes no dejaron de mirarla mientras se sentaba en el sillón. —Antes de que pueda encargar los nuevos monos de vuelo, necesito saber si has reflexionado algo más sobre mi sugerencia de que no vueles hasta después de que haya nacido el bebé. —Sí, lo he hecho —lo miró a los ojos—. Incluso lo discutí con mi obstetra esta mañana. —¿Y? —albergaba pocas esperanzas de que hubiera cambiado de parecer, pero como había sido el pensamiento primordial durante los últimos dos días, necesitaba saberlo.


—El doctor y yo hemos coincidido en que mientras evite cargas pesadas, lleve una dieta sana y descanse mucho, no hay motivo para que no continúe como enfermera de vuelo del equipo del Evac II. —Pero... —Pero nada —su expresión determinada le advirtió que no iba a ceder en el tema—. No sólo soy capaz de desempeñar mi trabajo, sino que necesito el dinero que voy a ganar entre este momento y el instante en que dé a luz para pagar el hospital y al médico. Tuvo que concentrarse para apartarse del pensamiento de que poseía los ojos violetas más hermosos que había visto jamás. —¿Y no hay nada que pueda decir para que cambies de idea? —No. Pero como ya te dije la otra noche, si que siga volando te molesta tanto, ponme con el mejor piloto. Eso debería eliminar algunas de tus preocupaciones, al menos en lo concerniente a un error de pilotaje. Hunter respiró hondo y suspiró con resignación. —Preveía tu decisión y ya he hecho los arreglos pertinentes para que Corey y tú seáis trasladados al Evac I. —Ése es tu equipo. Si la consternación en su rostro servía de indicio, la había dejado atónita. Sin estar contento por la situación, asintió. —George y Mike, los pilotos del Evac III, son buenos, pero yo soy mejor. —¿No crees que tu suposición de que eres mejor piloto es un poco arrogante? No parecía más contenta que él por la decisión que había tomado. Hunter movió la cabeza.


—En absoluto. Es una cuestión de experiencia. Yo tengo más horas de vuelo en un helicóptero Bell que George y Mike juntos. Hasta que se retiró de las fuerzas armadas hace unos años, George pilotaba Sikorskys. Y Mike llevaba Apaches para el ejército. Durante los últimos doce años, yo he pilotado casi en exclusiva un Bell — calló a punto de decir que si hubiera estado a los mandos de un Bell el día del accidente, y Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 19—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados no de un aparato militar reconvertido regalado a la organización humanitaria para misiones de auxilio, su prometida probablemente seguiría con vida. —¿Cuándo tendrá efecto esa reasignación? —Con efecto inmediato —bajó la vista a las tallas de los monos—. ¿Qué talla crees que necesitarás hasta después de haber tenido al bebé? Al observarla morderse el labio inferior, sintió que la frente se le humedecía por el sudor. El recuerdo de la suavidad de Callie y de su dulce sabor al besarla, le agitaba la tanto tiempo descuidada libido. Dándole la talla que creía que iba a necesitar para vestirse en su avanzado embarazo, le preguntó: —¿Durante la reunión se habló de algo más que yo deba saber? El se reclinó en el sillón. —Mary Lou sirvió tus galletitas y todo el mundo estuvo de acuerdo en que si alguna vez decidías abandonar tu profesión de enfermera, deberías dedicarte a la repostería. Ella le dedicó una sonrisa a medias mientras se levantaba. —No creo que fuera una buena idea. Sólo cocino cuando estoy... —calló de repente y movió la cabeza—. No importa. ¿Cuál es mi nuevo horario?


Hunter se puso de pie. —En vez de venir esta noche, tendrás que estar pasado mañana. —¿A la hora habitual? ¿O también cambiaste eso? —Seis de la tarde —asintió. Cuando ella giró hacia la puerta, añadió—: A propósito, la otra noche noté que tienes una tabla floja en uno de los escalones del porche. Será mejor que le digas al propietario que la arregle. No debes correr el riesgo de caerte. —Si tuviera un propietario, le diría que se ocupara de la reparación —se encogió de hombros—. Pero como compré el lugar al trasladarme a Devil's Fork, supongo que tendré que comprar un martillo y unos clavos y ver cómo puedo solucionarlo yo misma. Por motivos que ni siquiera quería analizar, no le gustó la idea de que fuera ella quien se pusiera a llevar a cabo la reparación. —Iré esta tarde a ocuparme del escalón. —No te preocupes por eso —fue hacia la puerta—. El mantenimiento forma parte del trabajo de todo propietario. No creo que meter un par de clavos sea tan difícil. Hunter supuso que sabía cuál era el problema y rodeando el escritorio, se acercó a ella y apoyó las manos sobre sus hombros. Comprendió que había cometido un gran error de cálculo en cuanto la tocó. Una descarga eléctrica subió por sus brazos y tuvo que luchar contra el anhelo abrumador de abrazarla. —Callie, en cuanto a la otra noche... Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 20—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados


—Por favor, no —movió la cabeza—. No fue más que un simple beso y estoy segura de que para ti no significó más que para mí. Ya fuera una cuestión de orgullo herido o porque no había sido capaz de olvidar lo suave y entregada que había estado en sus brazos, esa afirmación fue como un golpe físico, y tuvo la intención de demostrarle que se equivocaba. —Encanto, ese beso fue cualquier cosa menos simple —bajó la cabeza despacio y sintió como si pudiera ahogarse en sus ojos—. Y creo que tú lo sabes tan bien como yo. En cuanto le tocó los labios, dio la impresión de que una chispa se encendía en su interior, haciendo que el calor se extendiera por todo su cuerpo. Si tuviera algo de sentido común, llamaría a Emerald Larson, le diría que había cambiado de idea acerca de hacerse cargo del servicio aéreo de ambulancia y pondría tanta distancia como pudiera entre Callie Marshall y él. Pero en vez de apartarla y disculparse por comportarse como un adolescente en celo, la rodeó con los brazos y la atrajo. El cuerpo delicado y pequeño de Callie encajó contra el suyo mucho más grande y le desbocó el corazón. Cuando los labios perfectos se separaron con un suspiro suave, aprovechó su consentimiento y profundizó el beso. Le introdujo la lengua y probó esa dulzura exclusiva de Callie. Para su satisfacción, ella le rodeó la cintura con los brazos y se fundió contra él al tiempo que iniciaba una pequeña exploración propia. Pero con cada caricia de la lengua, el fuego que se había iniciado en su vientre descendía un poco y el cuerpo se le tensaba por el deseo. Aturdido por la intensidad de su necesidad, rompió el beso. Contemplando la confusión imperante en esa cara bonita, tuvo la impresión de que reflejaba igual desconcierto. —Yo, mmm, creo... podría ser una buena idea... si no repitiéramos esto — dijo ella casi sin aliento.


—Creo que tienes razón —la soltó y se frotó la nuca para liberar parte de la tensión allí acumulada. No sabía por qué se convertía en un neandertal cada vez que estaba con ella—. Yo... te veré esta tarde… cuando vaya a reparar el escalón. Fue a la puerta. —De verdad que no es necesario. Yo puedo arreglar... —He dicho que me ocuparía yo —movió la cabeza—. Yo podría pilotar un helicóptero con un dedo hinchado. Pero si tú te golpeas el dedo pulgar, tendrías problemas para instalar un goteo o entablillar una extremidad rota. Lo miró durante varios segundos antes de asentir, luego se marchó con rapidez. Al verla partir, cerró los ojos y contó hasta diez, luego veinte. ¿Por qué diablos no podría haberla dejado en paz? ¿Qué demonios había querido demostrar? ¿No había dejado zanjada la noche anterior la cuestión de la atracción que le Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 21—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados inspiraba? Llevaba casi un año sin estar con una mujer y eso era tiempo suficiente para lograr que cualquier adulto normal tuviera ganas de subirse por las paredes. Una aventura de una noche podría ayudarlo con sus necesidades básicas, pero un encuentro vacío no podría llenar la falta de compañía en su vida. Movió la cabeza y regresó al escritorio. Se sentó. Ni Callie ni él buscaban una relación romántica, pero no veía motivo para que no fueran amigos. Los dos eran nuevos en la ciudad, estaban solos y ella necesitaba a alguien que de vez en cuando la ayudara con el mantenimiento de su casa. Si era capaz de recordar eso y de dejar de aferrarla como un cavernícola y de


besarla hasta que los dos terminaban por necesitar respiración artificial, todo iría bien. Mientras trataba de convencerse de que podía lograrlo, sonó el teléfono. Comprobó el número entrante y gimió al reconocer uno de los números privados de Emerald Larson. Activó el manos libres y saludó a su abuela. —Hola, Emerald. —Buenas tardes, Hunter. ¿Cómo está mi nieto mayor? Casi rió. No era lo bastante tonto como para pensar que lo había llamado para saludarlo. Emerald Larson tenía un objetivo en todo lo que hacía. Y eso incluía la llamada a uno de sus nietos. —Bien. ¿Y tú? —Planeando una pequeña cena para mis nietos y sus esposas para final de mes — hizo una pausa—. Vendrás, ¿verdad? —Claro —repuso, sintiéndose de pronto más solo que en toda la vida. Hacía unos meses que se había enterado de la existencia de sus hermanos, y aunque habían formado un vínculo de amistad que sabía que resistiría la prueba del tiempo, Caleb y Nick se habían casado hacía poco. Y eso hacía que Hunter representara el número impar. Por desgracia, siempre lo sería. El matrimonio y la familia no figuraban en las cartas que le habían repartido. Amar a alguien sólo abría a una persona a más dolor del que valía la pena. Su madre había amado a Owen Larson y terminado sufriendo una vida de soledad. Owen la había abandonado a una maternidad sola y jamás había mirado atrás al regresar a Harvard después de conquistarla durante unas vacaciones en


Miami. Luego, él mismo había estado a punto de perder la cordura por haber sobrevivido al accidente de helicóptero que se había llevado las vidas de Ellen y su hijo no nacido. No, la inversión y los riesgos emocionales aparejados con amar a alguien no valían el alto precio que había que pagar. —Hunter, ¿sigues ahí? —Lo siento —respiró hondo—. ¿Qué decías? Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 22—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Que voy de regreso a Wichita desde Houston y pensé que podía pasar a veros a ti y a mi vieja amiga Mary Lou. Debería haber sabido que no iba a resistir la tentación de comprobar de vez en cuando cómo le iban las cosas. Había hecho lo mismo con sus hermanos y las empresas que les había dado. ¿Por qué él iba a ser distinto? Aunque le había dado Life Medevac para que la llevara como lo considerara oportuno, seguía bajo el techo de Emerald Inc., y no se había hecho una de las mujeres de negocios más rica y de más éxito del mundo por permanecer sentada y dejar que otros supervisaran su holding. —¿Cuándo estarás aquí? —preguntó. —Mi piloto ha dicho que deberíamos aterrizar en el aeródromo de Devil's Fork en cinco minutos. Se frotó la nuca y suspiró. —Estaré allí en unos minutos para recogerte.


—No hace falta. Hice que un servicio de limusinas enviara un coche desde Odessa para llevarme al hangar de Life Medevac. —Entonces, supongo que te veré en breve —indicó, resignado al hecho de pasar la tarde con su indómita abuela. Quince minutos más tarde, cuando salió al encuentro de la limusina en el aparcamiento de Life Medevac, no le sorprendió ver a Luther Freemont, el secretario de confianza de Emerald, de pie, erguido como un poste, abriendo la puerta de atrás de la estilizada limusina negra. —Hola, Luther. ¿Cómo va todo? —Muy bien, señor —respondió el hombre, tan formal como de costumbre. En cuanto ayudó a Emerald a bajar del asiento, le dedicó un gesto con la cabeza a Hunter—. Ha sido agradable verlo, señor. Cuando su abuela enlazó el brazo con el suyo y comenzó a caminar hacia la entrada de la oficina, notó que el secretario volvía a subir al coche. —¿Crees que Luther estará bien ahí solo? Después de todo, este lugar es como el infierno comparado con una oficina de empresa. —Pobre Luther, es un caballero y muy aferrado a sus costumbres —rió Emerald—. No termina de saber a qué atenerse contigo y tus hermanos. —La sensación es mutua. Aunque siempre es así de formal —rió. Hunter le abrió la puerta y esperó que lo precediera al interior, desde donde la escoltó al cuarto de comunicaciones. De camino a su despacho, le presentó al equipo Evac III, de guardia, pero adrede evitó llamarla abuela. Aún no se sentía cómodo pensando en ella como un miembro de la familia, ni necesitaba la presión añadida de los demás cuando se enteraran de que era nieto de ella. Escaneado por galshah y corregido por tallitach


Nº Paginas 23—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —¿Dónde está Mary Lou? —preguntó, sentándose en el sillón frente al escritorio. —Cuando se enteró de que venías, decidió ir a la ciudad a comprar unos refrescos. Regresará pronto. —Bien. Hace tiempo que no la veo y tengo ganas de que nos pongamos al día. Mientras se miraban, Hunter no pudo evitar pensar en lo fuera de lugar que parecía Emerald Larson. Era elegancia profesional desde el pelo blanco perfectamente peinado hasta las suelas de los zapatos italianos. El mobiliario de su oficina estaba a años luz de la opulencia de la que ella se rodeaba en el cuartel general de Emerald, Inc. —Hace unos meses, cuando te enteraste de que era tu abuela y te hablé de tu padre, no fuiste tan elocuente como tus hermanos Caleb y Nick acerca de tus sentimientos —lo miró—. He venido para despejar la atmósfera de una vez por todas. —¿Tenemos que hacerlo? —preguntó antes de controlarse. Sabía con certeza que ella no quería saber lo que pensaba de la interferencia que representaba en su vida. —Sí —había una determinación férrea en su voz. Le gustara o no, iba a decir lo que consideraba necesario—. Estoy segura de que te gustará saber por qué insistí en que tu madre mantuviera el silencio sobre la identidad de tu padre hasta que estuviera preparada para revelártela yo. Miró con ojos centelleantes a la mujer que hasta tres meses atrás sólo había conocido de leer sobre ella en los periódicos y en las revistas. Odiaba bailar al son que imponía. Pero tal como había señalado su madre antes de irse de


Miami, si no hubiera aceptado la oferta de Emerald de darle una de las empresas para que la dirigiera, los sacrificios que ella había hecho para garantizarle lo que era suyo por derecho habrían sido en vano. Mantener en secreto la identidad de su padre en una familia irlandesa había creado una fisura que nunca se había cerrado. Apretó los dientes con tanta fuerza que le dolió la mandíbula. —Aún tengo problemas con eso. ¿Qué te dio el derecho a presionar a mi madre para firmar un papel que estipulaba que no le diría a nadie, incluido yo, quién era mi padre? —Sé que estás amargado por el modo en que llevé todo —comentó ella con paciencia—. Probablemente, yo sentiría lo mismo. Pero, créeme, era lo mejor para todas las partes implicadas. Una furia ardiente le quemó las entrañas. «¿Para quién? ¿Para tu hijo y para ti?» —Nunca tomé en consideración el efecto que tendría sobre Owen o sobre mí — dijo, como si hubiera adivinado sus pensamientos—. Mi única preocupación era para tu madre y para ti. —Lo que le hiciste a mi madre, al igual que a las madres de Caleb y Nick, equivale a chantaje —no había querido sonar tan duro, pero la verdad no siempre era agradable. Para su sorpresa, Emerald no pareció en absoluto ofendida por su acusación. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 24—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Tú lo ves como chantaje, yo lo vi como proteger a mis nietos y a sus madres de los peligros de tratar con los paparazzi y un estilo de vida


corruptor —suspiró—. Estaba decidida a encargarme de que tus hermanos y tú no salierais como vuestro padre. Owen podría estar vivo hoy si le hubiera dado más de mi tiempo y atención en vez de todo lo que él creía que quería. Hunter respiró hondo en un intento por controlar su temperamento. —¿Llegó a saber que había dejado a tres mujeres embarazadas? Por primera vez desde que conociera a la poderosa Emerald Larson y descubriera que era su abuela, la vio bajar la cabeza como si pudiera estar avergonzada del hijo que había tenido. Casi pudo sentir pena por ella. Casi. —Sí, Owen sabía que tenía tres hijos. Pero, como de costumbre, confió en mí para evitarle que asumiera cualquier responsabilidad por sus actos —alzó la vista para mirarlo con expresión de desafío en la profundidad gris de sus ojos —. Reconozco que he cometido muchos errores y me he arrepentido de muchas cosas, pero sin importar que apruebes o no mis métodos para asegurar que ninguno fuerais como él, debes admitir que funcionó. Y no se puede decir que obligara a tu madre a firmar el acuerdo para guardar silencio acerca de tu padre. Simplemente, le dejé claro que si se llegaba a revelar que yo era tu abuela, tendría que negarlo con el fin de protegeros del frenesí mediático que ello crearía. Hunter podía entender su razonamiento, pero eso no cambiaba el hecho de que había esperado treinta y dos años para darle una pista sobre quién había sido su padre o que durante todo ese tiempo, había tenido a investigadores privados informándole de cada uno de sus movimientos y los de sus hermanos. —Quería que los tres ganarais ciertas experiencias vitales propias en vez de tener que cancelar la reputación de playboy de vuestro padre —expuso con pragmatismo—. Eso habría sido una carga tremenda para todos vosotros. Por no mencionar cómo os habría afectado descubrir que teníais un fideicomiso multimillonario y que con el tiempo heredaríais una sustanciosa parte de mis negocios.


Mientras Hunter meditaba en lo que decía, no pudo evitar estar de acuerdo con ella. Manejar el conocimiento de que de la noche a la mañana se había convertido en un millonario y propietario de sus propios negocios era bastante duro de sobrellevar incluso con treinta y dos años. No podía imaginar el efecto que habría tenido en él a edad más temprana. Pero antes de poder comentar algo, Emerald añadió: —Y antes de que lo preguntes, fue extremadamente duro para mí leer sobre tus logros en el informe del investigador privado y no estar a tu lado para verlo en persona —se adelantó, como para recalcar sus palabras—. Lo que hice y cómo lo hice fue por amor. Créeme, nada me habría complacido más que tener una relación tradicional de abuela contigo y tus hermanos. Pero tuve que renunciar a eso con el fin de protegeros. Comprendió que a pesar de lo difícil que había sido para él crecer sin saber quién Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 25—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados era su padre, debió de haber sido mucho más duro para Emerald. Ella había estado al corriente de su existencia y de la de sus hermanos, pero no había podido comunicarle a nadie lo que sentía. —Imagino que lo único que podemos hacer ahora es seguir adelante — comentó él, reflexionando en voz alta. —Creo que eso sería lo inteligente —convino ella—. Tomar las riendas de Life Medevac Helicopter Service es un buen comienzo para ti, y espero que lo hagas francamente bien —se levantó, rodeó la mesa y le dio un beso en la mejilla—. Es hora de que vuelvas a lo que haces mejor... pilotar helicópteros y ayudar a los necesitados, y dejar el pasado atrás, Hunter. Es historia y no se puede cambiar. Pero el futuro es una página no escrita y a veces se encuentra donde menos se lo espera. Escaneado por galshah y corregido por tallitach


Nº Paginas 26—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Capítulo Cuatro —Si no le pones freno a que Hunter O'Banyon te bese, te vas a poner más grande que un granero —musitó Callie, llevándose otra galleta a la boca mientras tomaba las medidas para una tanda de cookies de doble ración de chocolate. En cuanto llegó a casa de la reunión con Hunter, había ido directamente a la cocina, se había puesto el mandil y concentrado en cocinar. Cinco docenas de galletitas, una bandeja doble de cookies y una de brownies más tarde, no había sido capaz de olvidar la sensación de esos labios sobre los suyos. Cálidos, firmes y deliciosamente masculinos. La boca de Hunter bien se podía clasificar como un arma letal. Al menos para ella. Introdujo una nueva bandeja en el horno y preparó el temporizador. Luego se sentó a la mesa a esperar con la vista clavada en el espacio. No era inusual para una mujer embarazada en su segundo trimestre sentirse más sensual que nunca antes, pero no creía que las hormonas pudieran justificar la poderosa atracción que experimentaba con Hunter. Con una simple mirada, podía desbocarle el corazón. Y cuando la tocaba, prácticamente se derretía a sus pies. Jamás había tenido esa reacción con Craig, y era el padre de su hijo. Perdida en sus pensamientos, tardó un momento en darse cuenta de que alguien llamaba a su puerta. Sacó la bandeja del horno y fue al salón a abrir. Allí encontró a Hunter en cuclillas junto a los escalones. Había reemplazado la tabla vieja por una nueva y la estaba fijando con unos clavos. Tragó saliva al notar cómo el bíceps y los músculos del antebrazo se flexionaban con cada golpe. —Debería durarte un tiempo —dijo, irguiéndose en toda su estatura—. Y será mucho más seguro para ti. Cuando al fin encontró la voz, asintió.


—Gracias. Él se secó el sudor de la frente con la manga de la camiseta. —¿Hay algo más que necesite arreglo o que quieras que le eche un vistazo mientras estoy aquí? —No se me ocurre nada —señaló la puerta—. ¿Quieres pasar para refrescarte y beber un té helado? Sonriendo, asintió. —Suena estupendo —guardó el martillo y la caja de clavos en la parte de atrás de la furgoneta, luego subió los escalones hasta la cabaña de Callie. Cuando entraron en la cocina, ella le sirvió un vaso con té muy frío. —Habiendo vivido cerca del Golfo de México casi toda mi vida, no estoy acostumbrada al calor seco. —Hay que darle las gracias a Dios por el aire acondicionado. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 27—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Amén por eso —sonrió y apoyó la mano sobre su estómago redondeado—. Este verano he sentido más calor que en toda mi vida. —No me extraña, teniendo el horno encendido todo el día —riendo entre dientes, miró las bandejas con galletitas y brownies que había en las encimeras—. Veo que has vuelto al ataque. Ella sonrió. Ni soñando le iba a decir que la simple idea de que la besara la sumía en un frenesí de repostería. Él tomó un brownie.


—¿Qué vas a hacer con todo esto? Pensando con celeridad, se encogió de hombros. —Las escuelas siempre están celebrando ventas de galletitas. He pensado en donar parte de lo que he preparado para alguna de sus ventas para recaudar fondos. Y después de que nazca el bebé, dudo de que disponga de mucho tiempo, así que he congelado un montón. —Buena idea —sonrió—. Estoy seguro de que Corey lo agradecerá. —Seguro. Nunca parece tener suficiente —frunció el ceño—. ¿Todos los chicos comen como si sus estómagos no tuvieran fondo? —Casi —la miró—. ¿Vas a tener un niño? Callie asintió. —Es lo que indica la ecografía. —¿Para cuándo lo esperas? —Más o menos a principios de año. Por supuesto, eso no significa que no vaya a decidir adelantarse o retrasarse un par de semanas. —O sea que puede caer cualquier día entre la Navidad y mediados de enero. Se preguntó por qué Hunter se tomaba tanto interés en el día en que iba a dar a luz, hasta que se le ocurrió que necesitaría encontrar a alguien que cubriera sus turnos en Life Medevac. —Planeo tomarme el permiso de maternidad por Acción de Gracias y volver al trabajo no más tarde de mediados de febrero. Mary Lou sugirió que llevara al bebé a trabajar conmigo para que ella pudiera cuidarlo cuando yo saliera en una urgencia. ¿Te parece bien a ti?


Él asintió. —¿Estás segura de que es buena idea esperar tanto para el permiso de maternidad? —frunció el ceño—. No pretendo ofenderte, pero, ¿no será difícil subir y bajar de un helicóptero cuando estés tan adelantada en el embarazo? —No me siento ofendida. Sé que estaré bastante grande —introdujo una nueva bandeja en el horno y se volvió para mirarlo—. Si veo que eso representa un problema, me... tomaré el permiso antes... de lo planeado. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 28—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Avanzó un paso hacia ella. —¿Te encuentras bien? Riendo, Callie asintió. —No es más que el bebé moviéndose. Parece que hoy está especialmente activo. —¿Te duele? Sonó y dio la impresión de estar realmente preocupado. —No. En todo caso, es un cosquilleo —con cariño apoyó la mano sobre su vientre—. En esta fase del embarazo, es como tener una mariposa aleteando dentro de mí. Más adelante, tengo entendido que será como tener a un boxeador de pesos pesados. —Apuesto que será extraño —cuando saltó el temporizador del horno, él tomó el guante acolchado—. ¿Por qué no te sientas y levantas los pies? —Me encuentro bien.


El señaló una de las sillas de la cocina. —Siéntate —vio que no le hacía ninguna gracia, pero mientras se sentaba y alzaba los pies sobre otra de las sillas, él quitó las cookies del horno—. ¡Maldición! ¡Está caliente! —juró cuando con el dorso de la mano rozó la parte superior del horno. Ella llegó a su lado en un abrir y cerrar de ojos. —Deja que le eche un vistazo. Dejando que le examinara la mano a regañadientes, trató de no pensar en lo que sentía con esas palmas suaves sosteniendo las suyas duras. —No es nada. —Ya ha empezado a formar una ampolla —alargó la mano en busca de un frasco con una loción clara. —¿Qué es eso? —Aloe vera. Te frenará el dolor y ayudará a que cure más deprisa —abrió el bote, luego lo miró y sonrió—. Y no te preocupes, no te hará oler como una flor. Mientras observaba cómo extendía con suavidad un gel claro sobre la pequeña quemadura, una sensación de calidez comenzó a desplegarse por su pecho. Hacía mucho tiempo que una mujer no lo cuidaba. Y fuera inteligente o no, la sensación le gustaba más de lo que estaba dispuesto a reconocer. —Eso debería bastar —dijo Callie, cerrando el bote. Asombrado por lo mucho mejor que se sentía, flexionó la mano. —Esto funciona de verdad. Gracias. —De... nada. Sonó un poco jadeante y él supuso que la íntima proximidad surtía sobre ella


el mismo efecto que en él. Le costaba una barbaridad contenerse de tomarla en brazos y Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 29—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados llenarla de besos hasta dejarla sin sentido. —Creo que será mejor que me vaya. —¿Cuánto te debo por arreglarme el escalón? —preguntó, alargando la mano hacia la cartera que tenía en la encimera. —He comido galletitas y brownies suficientes para cubrir el trabajo. Fue hacia la puerta. Como no se marchara pronto de allí, iba a tomarla en brazos... y eso podía representar el desastre para sus buenas intenciones. Y lo habría conseguido si ella no lo hubiera tocado. —Hunter, deja de ser tan condenadamente obstinado. La mano pequeña apoyada en su antebrazo envió una oleada de calor por todo su cuerpo. Sin pensar en absoluto en las consecuencias o en que se había prometido que sería capaz de mantener las manos quietas, la tomó en brazos. —Cariño, los amigos se ayudan mutuamente todo el tiempo —le besó la frente—. Y no piden nada a cambio. Ella lo miró fijamente varios segundos antes de mover la cabeza. —No estoy segura de que tú y yo podamos ser alguna vez amigos. Y ahora mismo no busco nada más. —Ya somos dos, Callie —le rozó los labios con los suyos—. Pero creo que mientras recordemos eso, todo irá bien —la besó y luego se obligó a


apartarse e ir a la puerta. Dándose la vuelta, sonrió—: Te veré en el trabajo mañana por la tarde, amiga. —¿Dónde está Corey? —preguntó Callie al llegar al trabajo a la tarde siguiente—. No he visto su furgoneta en el aparcamiento. —Llamó para decir que se retrasaría un poco —repuso Mary Lou mientras abría un recipiente con brownies que Callie había dejado junto a la cafetera —. Le dije que si recibíamos una llamada antes de que se presentara a su turno, le daría una charla que nunca olvidaría. Callie frunció el ceño. —No es típico de Corey llegar tarde. ¿Ha dicho qué sucedía? —Dijo que su novia y él venían de camino de hablar con los padres de ella en Odessa. Debería llegar en una media hora —bajó la voz y se adelantó—. ¿Puedes guardar un secreto? —Por supuesto. La mujer mayor sonrió. —Corey va a ser papá en unos siete meses. —Bromeas —Callie rió—. Pero si él mismo no es más que un chico. —¿Qué sucede? —preguntó Hunter, entrando en el cuarto de comunicaciones. A Callie le dio un vuelco el corazón, luego se le disparó. Si había creído que estaba bien en vaqueros y camiseta, eso no era nada comparado con cómo le quedaba un Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 30—91


DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados mono de vuelo. El traje de una pieza resaltaba el ancho de sus hombros musculosos y la estrechez de su cintura. —Sólo una charla de chicas —dijo Mary Lou, guiñándole un ojo a ella. —¿A quién de nosotros estáis diseccionando? —quiso saber Hunter, sonriendo. —No te preocupes, grandullón —rió Mary Lou—. No te estábamos poniendo firme por nada. Esta vez. Él enarcó una ceja. —¿Esta vez? —Hablábamos de cuándo aparecería Corey —añadió Callie. La expresión escéptica de Hunter se transformó en una de comprensión. —Tenía asuntos importantes de los que ocuparse en Odessa. Vendrá en cuanto pueda. —Sabes lo que está pasando, ¿verdad? —insinuó Callie. —Vino ayer por la tarde para preguntarnos a Mike y a mí lo qué creíamos que debería hacer en esta situación —respondió, asintiendo. —Esa pequeña mofeta me dijo que era la única con quien lo había hablado — dijo Mary Lou, obviamente irritada porque el secreto no era tan grande como había imaginado—. Esperad a que... —calló cuando sonó el teléfono de urgencias. Callie prestó atención mientras Mary Lou formulaba varias preguntas en español. Corey aún no había vuelto y era el único del Evac II que dominaba ese idioma.


—Vamos, Callie. No tenemos tiempo para esperar a Corey —dijo Hunter, yendo hacia la puerta—. De hecho, vamos a tener que llevar a la cigüeña al hospital. —¿Es Juanita Rodríguez otra vez? —preguntó ella, agradecida de que Hunter evidentemente hubiera entendido la parte de la conversación de Mary Lou y pudiera hacer de traductor. El asintió mientras subía al helicóptero y se ponía los auriculares que le permitirían comunicarse por encima del ruido del motor. —Esta vez sí que está de parto. Por las preguntas que le hizo Mary Lou, creo haber entendido que ha roto aguas y que está sola en casa. —¿Dónde se encuentra su marido, Miguel? —En El Paso, en una reunión de fin de semana de la Guardia Nacional. Podemos llamarlo por radio y decirle que se reúna con nosotros en el hospital. Mientras Hunter arrancaba el motor, Callie se sujetaba con las correas al asiento de atrás y escuchaba a Mary Lou darle las coordenadas para el rancho de los Rodríguez. Tenían un vuelo de unos quince minutos, luego otros treinta hasta El Paso. Mary Lou iba a permanecer al teléfono con Juanita hasta que ellos llegaran y, con un poco de suerte, el bebé Rodríguez aguardaría a realizar su gran entrada en el mundo hasta que llegaran al hospital. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 31—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Al despegar, Callie comenzó a repasar mentalmente los procedimientos de parto de urgencia ante la posibilidad de que tuviera que traer ella al mundo al bebé de Juanita, y tardó un minuto en darse cuenta de que Hunter le había hablado. —Lo siento. ¿Qué has dicho?


—Pregunté si alguna vez habías ayudado a traer un bebé al mundo. Su profunda voz de barítono por los auriculares resultó extrañamente íntima y le provocó un escalofrío por la espalda. Se sacudió mentalmente. Oír la voz de Hunter por los auriculares no tendría que ser distinto que cuando se comunicaba con George o Corey durante un vuelo. —He traído al mundo a varios bebés... a uno de ellos en la parte de atrás de un taxi. —Pero no hablas ni entiendes español, ¿verdad? Suspiró. —No. Guardaron silencio y en lo que pareció un tiempo récord, Hunter posaba el aparato en el campo contiguo al rancho de los Rodríguez. Quitándose los auriculares y soltándose las correas de seguridad, Callie recogió uno de los maletines médicos que contenían gasas esterilizadas, guantes de látex y otros suministros médicos y abrió la puerta de atrás del helicóptero. Se inclinó un poco para evitar las aspas del rotor y una vez que estuvo lejos del aparato, corrió la breve distancia que la separaba de la casa. Por suerte, la puerta de entrada se hallaba sin el cerrojo y entró sin pensárselo dos veces. —¡Por favor, ayúdeme! Callie siguió los gritos angustiados y encontró a Juanita en uno de los dormitorios. Empapada en sudor, la mujer joven se hallaba prácticamente histérica y en vez de trabajar con las contracciones, parecía combatirlas. —¡El bebé está listo! —repitió Juanita, aferrando las manos de Callie.


—¿Qué dice sobre el bebé? —preguntó Callie cuando Hunter apareció en el umbral. —Que está listo para nacer. —Dile que necesito comprobar su grado de dilatación —se puso unos guantes esterilizados. Mientras Hunter le aseguraba a Juanita que todo iba a salir bien, Callie comprobó los centímetros que la mujer había dilatado. —La cigüeña va a ganar esta vez —dijo, buscando en el maletín unos fórceps, una sábana pequeña esterilizada y antisépticos—. La cabeza del bebé se está asomando. Mientras organizaba los suministros médicos que iba a necesitar para traer al mundo al bebé de Juanita, escuchaba cómo Hunter la reafirmaba. No tenía ni idea de lo que le decía, pero pareció serenar a Juanita. Siempre había creído que el español Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 32—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados era un idioma bonito y no creyó haber oído nunca un sonido más sexy que la voz profunda de Hunter pronunciando las palabras de forma impecable. —¿Tienes alguna experiencia como ayudante de respiración? —le preguntó Callie mientras preparaba a Juanita para el alumbramiento. Él negó con un gesto de la cabeza. —No. Lo cubrimos brevemente durante el entrenamiento de primeros auxilios, pero eso es todo. —Lo harás bien —empleando la radio fijada en la charretera de su mono, le comunicó la situación al hospital de El Paso, luego centró toda su atención en la tarea que la ocupaba—. Dile a Juanita que respire y luego muéstrale cómo. Se está tensando en vez de relajar la pelvis y permitir que el bebé pase por el canal del parto.


—Respira, Juanita. Respira. Cuando Hunter le mostró a la joven lo que quería, ella lo miró a los ojos con expresión de confianza y comenzó a concentrarse en hacer lo que él solicitaba. En cuanto dejó de luchar contra el dolor, progresó rápidamente hasta la siguiente fase del parto. Situándose de tal modo que pudiera alzarle los hombros cuando tuviera que empujar, siguió dándole ánimos y asegurándole que todo iba a ir bien. —Dile que deje de respirar entrecortadamente y que se ponga a empujar — indicó Callie, mostrándole a la mujer cómo colocar las manos sobre sus rodillas para hacer palanca. Animándola a empujar con todas sus fuerzas, él le sostuvo los hombros y después de un par de intentos, la cabeza oscura del bebé emergió del cuerpo de la madre. Hunter observó a Callie aspirar con eficacia y rapidez la nariz y la boca del bebé antes de que Juanita empujara el resto del cuerpo al mundo. Con un último y poderoso esfuerzo de Juanita, el bebé se deslizó a las manos de Callie. Sin que la instara a ello, la pequeña abrió la boca y chilló a voz en cuello. —Mi bebé —murmuró Juanita con lágrimas en los ojos. —Tienes una hija preciosa, Juanita —dijo Callie, colocando al bebé sobre el estómago de la madre. Asombrado por el milagro que acababa de presenciar, el momento fue tan agridulce que Hunter no habría sido capaz de hablar debido al nudo que tenía en la garganta ni aunque en ello le hubiera ido la vida. Aunque era feliz por la familia Rodríguez y su nuevo miembro, jamás sabría lo que era ver a su hijo o hija llegar al mundo. Después de perder a Ellen con su bebé nonato, no tenía intención de colocarse en una situación de amar a alguien y correr el riesgo de perderlo. Ya había estado en ese camino y apenas había logrado sobrevivir. Nada lo obligaría a volver a recorrerlo.


—Hunter, ¿podrías sostener al bebé, por favor, mientras preparo a Juanita para transportarla? —pidió Callie, sacándolo de su ensimismamiento. Lo último que quería hacer era sostener a un bebé. Sabía con certeza que sólo empeoraría su sentido de pérdida y dolor. Pero antes de que pudiera protestar, Callie Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 33—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados depositó al bebé en sus brazos. Al contemplar la carita roja envuelta en la delicada manta blanca, en vez del dolor esperado, no pudo evitar maravillarse por lo pequeña y perfecta que era. Le tocó con gentileza la manita y se sintió encantado cuando el bebé cerró unos dedos diminutos en torno a uno suyo. —Se agarra a mí. —Los bebés hacen eso —explicó Callie con una sonrisa. Mientras ella llamaba por radio al hospital para comunicar un nacimiento exitoso y libre de complicaciones, Hunter analizó cómo iban a trasladar a Juanita al helicóptero sin Corey. No iba a dejar que Callie alzara nada más pesado que su maletín de enfermera o el bebé, y la puerta y el pasillo eran demasiado estrechos para meter la camilla en la habitación. Eso dejaba sólo una alternativa. —¿Está todo listo para el transporte? —cuando Callie asintió, le pasó el bebé —. Tú lleva tu maletín y a la pequeña mientras yo llevo a Juanita al helicóptero. Explicándole a Juanita lo que iba a pasar, alzó el cuerpo ligero en brazos y la llevó al helicóptero. Una vez que la depositó en la camilla y Callie le entregó a su hija, las dos se sumieron en un sueño apacible. El vuelo a El Paso transcurrió sin incidentes y en cuanto dejaron a Juanita y a su hija ingresadas a salvo en el hospital, regresaron al helicóptero y pusieron


rumbo a la base de Life Medevac. —Has hecho un trabajo maravilloso calmando a Juanita —comentó ella mientras contemplaba por el parabrisas el vasto cielo azul que se extendía ante ellos. —¿No se notó que no tenía ni idea sobre lo que hacía? —preguntó con sonrisa tímida. Sonriendo, ella negó con la cabeza. —En absoluto. Juanita es joven y no sabía qué esperar cuando comenzaron sus contracciones. Y si a ello le sumas que estaba sola en casa y a kilómetros de la ayuda más próxima, no es de extrañar que estuviera asustada. Tú pudiste relajarla y le facilitaste mucho las cosas. Hunter se encogió de hombros. —Sólo hice lo que creí que ayudaría —los dos guardaron silencio un rato antes de que él preguntara—. ¿Quién va a estar contigo cuando tengas a tu bebé? Era lo último que ella había esperado. —¿Te estás ofreciendo voluntario para el trabajo? —Diablos, no. Callie rió al ver su expresión horrorizada. —Pero eres bueno. Él gruñó. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 34—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados


—Sólo porque no estaba Corey para ocuparse de la tarea. Soy el piloto, ¿te acuerdas? —También eres un enfermero diplomado. —Sólo porque mi abuela sugirió con vehemencia que sería una buena idea, ya que iba a ocuparme de las riendas de un servicio aerotransportado de ambulancia —se encogió de hombros—. Además, sin importar que el padre de tu bebé y tú estéis juntos, seguro que querrá hallarse presente cuando su hijo nazca. Él podrá dirigir tu respiración. La recorrió un escalofrío al pensar que Craig Culbertson pudiera estar cerca de ella o de su bebé. —Te puedo asegurar que no se encontrará cerca cuando dé a luz. —Quizá cambie de parecer. —No es una opción. Hunter guardó silencio un momento, luego giró la cabeza y la miró con curiosidad. —Ni siquiera sabe que va a ser padre, ¿verdad? —apretó los labios en una línea de desaprobación y movió la cabeza—. Olvida que lo he preguntado. No es asunto mío. Ella no había discutido con nadie, ni siquiera con su madre, por qué había tomado la decisión de no hablarle a Craig del bebé. Pero necesitaba que Hunter entendiera, sin divulgar demasiados detalles, la razón por la que sentía que no le quedaba más opción que guardar silencio. —Créeme, es lo mejor —colocó la mano de forma protectora sobre su hijo y movió la cabeza—. Aunque le hablara del bebé, no le importaría. —¿No crees que le debes la oportunidad de demostrar que te equivocas? —No. Es demasiado egoísta y ególatra como para que le importe algo o alguien más allá de sí mismo.


Hunter miró al frente y ella supo que le daba vueltas a lo que acababa de oír. —Ese hombre debía de tener algún mérito o no te habrías involucrado con él — indicó al final. Callie suspiró. —En los últimos meses, he dedicado innumerables horas a preguntarme por qué me dejé engañar por su insinceridad. —¿Y? —Llegué a la conclusión de que era el seductor consumado que está más interesado en la persecución que en mantener una relación significativa. —Conozco a ese tipo de hombre —comentó él disgustado—. Deja que lo adivine... te invitó a salir varias veces y tú declinaste. Fue ahí cuando hizo todo lo que estaba a su alcance para convencerte de que estaba loco por ti. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 35—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Es exactamente lo que pasó. Me convertí en un desafío que estaba decidido a conquistar —respiró hondo—. Y como una tonta, le permití acabar con mi resistencia y hacerme creer que podíamos tener un futuro juntos. Cuando Hunter le tomó la mano para darle un apretón cálido, la invadió un confort que nunca antes había experimentado y que le llegó hasta el alma. —No seas dura contigo misma. No es la primera vez que una mujer es engañada por un conquistador. Y, aunque es triste decirlo, no será la última.


Sabía que tenía razón, pero eso no hacía que se sintiera menos tonta por dejar que sucediera, en particular cuando tenía que enfrentarse sola a la maternidad. —Entonces, ¿comprendes mi razonamiento para mantener en secreto mi embarazo? —No del todo —entonces le soltó la mano, permaneciendo en silencio varios segundos antes de añadir—: ¿No crees que al menos deberías darle la oportunidad de redimirse? Sé que si yo estuviera en sus zapatos, me enfadaría mucho si descubriera que una mujer me había negado el derecho a conocer a mi hijo. Callie sabía con certeza que no podía correr el riesgo de contárselo a Craig. Pero no se hallaba preparada para exponerle sus motivos a Hunter. —Sólo vería al bebé como una molestia y mi hijo merece algo mejor que eso. —¿Piensas decirle alguna vez a tu hijo quién es su padre? —Estará mejor sin saberlo. —Todos los niños tienen el derecho de saber quiénes son y de dónde vienen — afirmó con rotundidad. Su tono no dejaba lugar a dudas de lo mucho que le importaba el tema—. Crecerá preguntándose si cada hombre ante el que pase por la calle es el responsable de su existencia. —¿Por qué te afecta tanto el tema? Lo vio respirar hondo y luego soltar el aire despacio. Justo cuando pensaba que le iba a decir que no era asunto suyo, respondió: —Crecí sin saber nada de mi padre y no fue hasta hace poco cuando me enteré de quién era... cuando ya llevaba muerto seis meses. —Oh, Hunter, lo siento mucho —entendió por qué le parecía tan importante que le informara a Craig del bebé—. ¿Tu madre no te habló de él?


—Él lo sabía —indicó—. Simplemente, decidió soslayar el hecho de que había tenido tres hijos con tres mujeres diferentes —la miró—. Pero la cuestión es que le dieron la oportunidad de saber sobre nosotros. Él fue quien tomó la decisión de mantenerse fuera de nuestras vidas. —Pero ella no te lo contó —Callie aventuró. Él movió la cabeza. —Tenía sus razones y sabía que un día averiguaría quién era. Pero eso no me lo hizo más fácil cuando crecía ni mitigó el resentimiento de que no se me dio la Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 36—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados elección de saber nada sobre él. Lo comprendía, pero sus propias circunstancias eran diferentes. Si le hablaba a Craig sobre el bebé, existía una alta posibilidad de que los padres de él trataran de separarlos, tal como habían hecho con aquella pobre chica doce años atrás. Era un riesgo que no pensaba correr. —Le hablaré a mi hijo sobre su padre cuando considere que está preparado —dijo con precisión—. Pero hasta ese momento, estaremos muy bien solos. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 37—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Capítulo Cinco Durante los siguientes días, Hunter no pudo dejar de pensar en la conversación que había tenido con Callie de regreso de El Paso. Algo en su voz lo había alertado de que en su negativa a hablarle al padre del bebé sobre el embarazo había algo más que no revelaba. No terminaba de percibir qué podía ser, pero sí que era lo bastante serio como para que considerara que la única opción que le quedaba era el silencio.


Se preguntó si ese hombre habría sido agresivo con ella. Por sus venas corrió una furia más fuerte que lo que jamás habría imaginado. No era un hombre violento por naturaleza, pero el simple pensamiento de que ese imbécil pudiera haber maltratado a Callie bastaba para que deseara destrozarlo con las manos. Con la súbita necesidad de moverse antes de empotrar el puño en la pared, recogió las gafas de sol y la gorra que tenía en el perchero al lado de la puerta de su oficina. Sentía que tenía tanta adrenalina en su cuerpo como para hacer pectorales con un Jumbo 747 con pasajeros y carga. Lo que necesitaba era un buen ejercicio físico para ayudarlo a eliminar su ira. Y sabía exactamente qué iba a hacer. Al conducir al almacén de madera, mentalmente repasó todas las cosas que necesitaban arreglo en la casa de Callie. Además de los escalones que ya había fijado hacía unos días, había notado que a la casa le iría bien una mano de pintura y una nueva cubierta en la parte de atrás que reemplazara un porche de cemento bastante deteriorado. Al comprar todo lo que necesitaba para las mejoras, quedó en una hora de entrega de la madera para el porche, luego cargó la furgoneta con una nueva escalera extensible, varios cubos de pintura, brochas y raspadores. Satisfecho de tener todo lo que necesitaba, se dirigió hacia la casa de Callie en las afueras del pueblo. Había pensado en hablar primero con ella antes de empezar a comprar los suministros y hacer planes, pero si la protesta que había planteado por el sencillo arreglo del escalón servía de indicio, habría rechazado su ofrecimiento. Y, le gustara o no, no pensaba aceptar un no por respuesta. En el caso del porche de atrás, era una cuestión de seguridad. Al aparcar y colocar la escalera contra el costado de la casa, no lo sorprendió que ella saliera para mirarlo furiosa. —¿Por qué diablos haces tanto ruido y qué le haces a mi casa?


Con el pelo rubio que le llegaba hasta los hombros en un desorden delicioso, los ojos somnolientos y los pies descalzos, parecía haber salido de la cama. También se veía más sexy que todos los demonios. —Buenos días a ti también —le sonrió y agarró un raspador.—¿Anoche te quedaste hasta tarde preparando galletitas? —De hecho, sí. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 38—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —¿De qué tipo? Ella movió la cabeza. —No cambies de tema. ¿Qué haces a una hora tan horrenda como las siete y media de la mañana? ¿Y por qué esa escalera está apoyada contra el costado de mi casa? —Una cosa por vez, cariño —dijo, subiendo a la escalera—. En contra de la creencia popular, las siete y media no es tan temprano. ¿Sabías que el almacén de madera y la ferretería de Devil's Fork abren cada día a las seis? Mirándolo con ojos centelleantes, plantó las manos en sus bonitas caderas. —Como no he tenido ocasión de ir a ninguno de esos establecimientos, no, no lo sabía. Hunter arrancó una tira larga de pintura descascarillada cerca del tejado. —El otro día noté que la pintura se hallaba en muy mal estado. —¿Por lo que tomaste la decisión de encargarte de pintar mi casa? Se la veía preciosa allí de pie con una camiseta rosa de una talla demasiado


grande y unos shorts de color verde, moviendo el pie sobre la tierra apisonada. —Tú no puedes hacerlo —dijo mientras continuaba quitando tiras de pintura del lateral de madera—. Y hay que hacerlo antes de que llegue el invierno. —Podría esperar hasta después de tener el bebé. El movió la cabeza. —Estarás demasiado ocupada cuando llegue el bebé. Además, bien puedo hacer algo constructivo con mis días libres. —Pero no puedo permitírmelo en este momento. —No tienes que pagarlo. —Sí que debo hacerlo. —Yo ya me he ocupado de los materiales. Ella emitió un sonido sospechosamente parecido a un gruñido. —Dime cuánto has gastado y te lo repondré. Él sonrió. —No. —¿Eres siempre tan... —calló, como si buscara la palabra adecuada—... tan entrometido? Dejó de raspar y la miró. —¿Y tú eres siempre tan obstinada cuando alguien trata de ayudarte? Frotándose las sienes con las yemas de los dedos, movió la cabeza. —Agradezco que intentes ayudarme. Pero ahora mismo no puedo pagar todas


las Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 39—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados mejoras y no puedo permitir que tú las pagues. —Considéralo un regalo de bienvenida —dijo, enviando más pintura flotando al suelo. —Eso es absurdo —frunció el ceño—. Tú eres más nuevo que yo en la ciudad. Él rió entre dientes. —Simple tecnicismo. —No puedo dejar que lo hagas. —No puedes detenerme —bajó de la escalera, dejó el raspador en la puerta trasera de la furgoneta y se plantó delante de ella—. Escucha, por aquí hay cosas que requieren atención y tú no eres capaz de hacerlas en tu estado. Ella puso los ojos en blanco. —Ya te lo he dicho, estoy embarazada, no discapacitada. —Lo que quieras. No puedes hacerlas y yo necesito algo que me mantenga ocupado en mis días libres —pudo ver que la resistencia de ella cedía. Callie suspiró. —Sí, pero no es justo que tú pagues por los materiales para mejorar mi casa. Incapaz de no tomarla en brazos, sonrió y la acercó a él, luego apartó del camino la visera de su gorra. —Si te molesta mucho, ¿por qué no hacemos un trato?


Ella se mostró suspicaz. —¿De qué trato hablas? —Yo haré algunas cosas en tu casa y tú puedes prepararme algunas comidas caseras —con el dedo índice le levantó el mentón para que sus miradas se encontraran—. ¿Te suena justo? —En realidad, no. Sigo pensando que yo me llevo la mejor parte del trato. El cuerpo suave pegado al suyo aniquilaba sus buenas intenciones, y antes de poder detenerse, bajó la boca a la de Callie. —Añade un par de docenas de brownies... —le rozó los labios perfectos—... unas cookies con trozos de chocolate... —ella los abrió con un suspiro—... y estaremos en paz —concluyó al profundizar el beso. La combinación del sabor dulce de Callie y del hecho de que le devolvía el beso le hirvió la sangre en las venas e hizo que la parte inferior de su cuerpo se contrajera con una necesidad que amenazó con doblarle las rodillas. Nunca en sus treinta y dos años de vida lo habían excitado de forma tan rápida o completa como en ese momento. Pero cuando le rodeó el cuello con los brazos y le pasó los dedos por el pelo de la nuca, el contacto delicado le avivó el apetito hasta llenarle cada fibra de su ser y la necesidad de tocarla se tornó abrumadora. Deslizó la mano por debajo de la camiseta Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 40—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados y cuando la palma tocó la piel satinada del costado de ella, el corazón le martilleó contra el pecho. Habían estado tan inmersos en la discusión por averiguar quién pagaba los arreglos de la casa, que él no había prestado atención al hecho de que no llevaba sujetador. Cuando le coronó el pecho pleno y pasó con gentileza el dedo pulgar por el


pezón, el gemido de placer de Callie se mezcló con el suyo de frustración. ¿Qué diablos creía estar haciendo? No sólo se besuqueaba con su enfermera de vuelo al aire libre para que cualquiera pudiera verlo, sino que estaba embarazada con el bebé de otro hombre. No buscaba una relación duradera con ninguna mujer. Y Callie no era una mujer que se entregara a una relación frívola. A regañadientes, sacó la mano de debajo de la camiseta y rompió el beso para mirarla a esos ojos de color violeta. —Cariño, creo que será mejor que tú vuelvas dentro y yo que regrese al trabajo. Las mejillas de porcelana de ella adquirieron un color rosa profundo y se apartó de él. —Estaré... fuera... un rato —comentó casi sin aliento—. He de ir al... supermercado. El frunció el ceño. —¿Para qué? Tus armarios y nevera están a rebosar. Ella dio varios pasos hacia atrás. —Quiero comprobar si tienen bolsas de harina de veinticinco kilos. Acomodándose otra vez la gorra, la observó girar y rodear la casa hacia el porche delantero. Nunca había visto a una mujer cocinar tanto como lo hacía Callie. Quizá era algún desequilibrio hormonal. Movió la cabeza y recogió el raspador de la furgoneta y volvió a subir a la escalera. Fuera lo que fuere, mientras estuviera en el interior de la casa cocinando y él en el exterior pintando, no habría más encuentros como el que acababan de compartir. Y si se lo repetía suficientes veces, tal vez empezara a creérselo.


Cuando oyó que alguien llamaba a la puerta de entrada, Callie miró el reloj que tenía sobre la cocina. Era imposible que Hunter hubiera conducido hasta el hangar de Life Medevac, se hubiera duchado y cambiado de ropa y luego regresado a su casa en tan poco espacio de tiempo. Después de finalizar la ardua tarea de raspar la pintura vieja, le había dicho que iba a regresar al hangar para limpiarse mientras ella terminaba la cena. Aunque no imaginaba qué podía ser, debía de haberse olvidado algo. Limpiándose las manos en un trapo de cocina, comprobó la carne que antes había puesto en el horno y luego fue a abrir. —Me temo que la cena todavía no... —calló cuando un miedo gélido le paralizó las Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 41—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados cuerdas vocales y se extendió por cada célula de su cuerpo. —Hola, Callie —Craig Culbertson le dedicó su sonrisa falsa mientras pasaba a su lado—. Como no sabías que venía a visitarte, no esperaba que me prepararas la cena. Pero estoy seguro de que lo que sea que estés cocinando estará delicioso. —¿Qué... qué haces aquí? —preguntó, apretando el pomo de la puerta con tanta fuerza, que no le habría extrañado dejar grabadas sus huellas dactilares. —Te he echado de menos —miró alrededor del pequeño y ordenado salón—. ¿En qué pensabas cuando te marchaste de Houston por esto? Ni siquiera es tan agradable como aquel minúsculo apartamento que tenías. No le hizo caso al insulto y repitió la pregunta: —¿Por qué estás aquí, Craig? Se volvió para mirarla y de su rostro desapareció la sonrisa encantadora, reemplazada por una expresión de absoluto disgusto.


—¡Santo Dios! Estás embarazada. Haciendo acopio de todo el valor que pudo, irguió los hombros y apoyó una mano protectora en su estómago. —Sí, lo estoy. —Es mío, ¿verdad? —preguntó con tono acusador. Sabiendo muy bien que no iba a creerla, movió la cabeza. —No. El bebé es... —Mío. Nunca en la vida se había sentido tan aliviada de ver a alguien como a Hunter cuando entró por la puerta abierta y le pasó un brazo por los hombros. Ni tan asombrada como al oírlo afirmar que el bebé era suyo. —Éste es Craig Culbertson, de Houston —dijo ella, agradeciéndoselo en silencio— . Hunter O'Banyon es mi... —Marido —interrumpió Hunter, dedicándole una mirada que le pedía que confiara en él. —¿Estás casada? —Craig movió la cabeza—. No puede ser. Tu madre dijo que te habías traslado aquí hace apenas dos meses. No es tiempo suficiente para encontrarte un marido que te dejara ese bombo. —Me ofende la palabra «bombo» en referencia al embarazo de mi mujer — dijo Hunter con voz tan dura como el granito. —Lo siento. Fue sólo una expresión, sin intención de ofender. Se retractó, aunque su tono no ofrecía arrepentimiento alguno, pero al parecer había llegado a la conclusión de que Hunter hablaba en serio y no era alguien


a quien hubiera que buscarle las cosquillas. Una oleada nueva de miedo recorrió a Callie al pensar en la última conversación Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 42—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados que había tenido con su madre y en cómo había intentado que le revelara quién era el padre. ¿Le habría insinuado inadvertidamente a Craig que podría estar esperando un bebé de él? —¿Por qué llamaste a mi madre? —preguntó, sorprendida de que su voz sonara tan ecuánime, teniendo en cuenta el estado de sus nervios. Craig le dedicó una sonrisa que en el pasado había considerado atractiva y que en ese momento sólo le producía náuseas. —Al descubrir que tu antiguo número de teléfono ya no estaba de servicio, recordé el nombre de tu madre, busqué su número y la llamé para averiguar cómo ponerme en contacto contigo —se encogió de hombros—. Fue reacia a contarme sobre tu traslado a Texas hasta que le dije que habíamos estado saliendo juntos antes de irte y lo mucho que te echaba de menos. Fue entonces cuando me sugirió que si alguna vez me encontraba en Devil's Fork, debería buscarte. Decidí despejar mi agenda para el resto de la semana y venir a esta tierra perdida a ver cómo te iba. No estaba tan enfadada con su madre como con Craig. Era evidente que le había dejado entrever lo mucho que le importaba y su madre había caído en la trampa. Por desgracia, Nancy Marshall nunca había conocido a Craig y no tenía idea de la serpiente que era. No le interesaba nada cómo le iba. El ego aún le escocía por el hecho de que había sido ella quien lo había dejado en vez de lo contrario. —De hecho, tu madre y yo charlamos un rato y me pareció una señora encantadora —añadió con tono solícito. —¿De verdad? —Callie movió la cabeza—. Es asombroso que ahora puedas


mantener una conversación extensa con mi madre cuando jamás quisiste tomarte el tiempo para conocerla cuando tú y yo salimos. —Siempre has tenido una relación estrecha con tu madre, ¿verdad, Callie? — preguntó Craig. Ella apretó los dientes. —Sabes que sí. —Es la razón por la que me resulta raro que ella no supiera nada sobre tu boda — se apoyó sobre los talones y señaló a Hunter—. Me parece que debería ser la primera persona a la que le hablaras de tu boda con O'Banyon. Cuando saltó el temporizador del horno, indicando que el asado estaba listo, con renuencia Callie dejó a los dos hombres mirándose con ojos centelleantes en el salón. No tenía ni idea de lo que iba a suceder ni cómo afrontarlo. La expresión de Hunter nada más atravesar la puerta había sido dura. Y Craig, como era habitual en él cuando se sentía amenazado, se había vuelto arrogante y condescendiente. Sacándolo del horno, regresó deprisa al salón antes de que empezaran a volar los puños. —Craig, estoy segura de que tienes mejores cosas que hacer con tu tiempo que estar aquí debatiendo mi estado marital. Él movió la cabeza. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 43—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados


—En realidad, no. Pero aceptaré esa invitación a cenar. —Yo no... Hunter se acercó a su lado y le dio un beso fugaz en los labios. —Estoy seguro de que tenemos suficiente para tres, ¿verdad, cariño? ¿Es que Hunter se había vuelto loco? Lo último que ella quería era pasar más tiempo en presencia de una víbora como Craig Culbertson. —Bueno, sí, pero... —Bien —se volvió hacia Craig—. ¿Por qué no te sientas mientras ayudo a mi esposa a terminar de poner la mesa? Craig le dedicó una sonrisa triunfal al dejarse caer en el extremo del sofá. —Creo que lo haré. En cuanto Hunter y ella entraron en la cocina, se volvió hacia él. —¿En qué diablos estabas pensando? —demandó, con cuidado de no levantar la voz—. Lo quiero fuera de esta casa, de este estado y de mi vida. Para siempre. Hunter asintió. —Ése es el plan. Lo miró como si le faltara un tornillo. —¿Y hacer que se quede a cenar es como piensas lograrlo? —Eso creo. Él respiró hondo, sin creerse todavía que hubiera afirmado ser su marido y el padre de su bebé. Pero al subir los escalones del porche y oír el enfado en la voz de Culbertson y el miedo en la de Callie, había hecho lo único que se le


ocurrió en el momento que no supusiera plantar el puño en la nariz del otro. —¿Querrías explicarme tu razonamiento? —preguntó al recoger un par de guantes para el horno—. Porque me está costando entenderlo. Al notar lo mucho que le temblaban las manos, le quitó los guantes y él sacó la bandeja con el asado. La depositó sobre una rejilla metálica, dejó los guantes sobre la encimera y luego le enmarcó la cara con las manos. —Lo primero que quiero que hagas es que te calmes, Callie. Te doy mi palabra de que mientras tenga un último aliento en el cuerpo, no dejaré que haga nada para dañarte a ti o al bebé. ¿Ha quedado claro? Lo miró durante unos segundos y el miedo que vio en sus ojos lo desgarró por dentro. —Sí —dijo ella al final, asintiendo. —Bien —sacó una bandeja de un armario. Se la pasó y explicó—: Es obvio que Culbertson necesita que lo convenzan de que estamos casados. —Eso me ha sorprendido también a mí —dijo ella, cortando la carne. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 44—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Él se frotó la nuca para eliminar parte de la tensión. —Entonces, es algo unánime, porque yo también me quedé aturdido. Pero es lo único que se me ocurre que podría lograr que te deje en paz. Y eso es lo que quieres, ¿no? —Absolutamente. En su voz no hubo titubeo alguno, y Hunter tuvo la certeza de que no quería


ver cerca de ella a Craig Culbertson. —Tal como yo lo veo, si podemos convencerlo de lo felices que somos y de lo mucho que anhelamos la llegada de nuestro primer hijo, recibirá el mensaje, regresará a Houston y nunca más volverás a oír nada de él —llevó la bandeja con carne a la pequeña mesa de la cocina mientras Callie ponía otro cubierto—. Ahora lo que tenemos que hacer es dejar claras algunas cosas. —¿Cuáles? Sacó tres copas de uno de los estantes, las llenó con hielo y luego con té frío de una jarra que había sobre la isla. —Querrá saber cómo nos conocimos, cuándo nos casamos y cómo vamos a llamar al bebé. Lo miró boquiabierta. —No tenemos tiempo para coordinar todo eso. Pensando con rapidez, Hunter dijo: —Sólo dime cómo quieres llamar a tu bebé y cuándo descubriste que estabas embarazada. Yo me ocuparé del resto. Sigue mis pautas y muestra tu acuerdo con lo que le diga a Culbertson. —Esto nunca va a funcionar —dejó en la mesa un cuenco con puré de patatas —. Hay demasiadas maneras en que puede ponernos zancadillas. La aferró por los hombros y la giró para que lo mirara. —Confía en mí, Callie. A menos que se te ocurra otra cosa, ésta es la única manera. La vio cerrar los ojos, respirar hondo, abrirlos y darle la información que le había pedido.


—Mas vale que tengas razón en esto, Hunter. No permitiré que me quite a mi bebé. —Eso le será imposible, cariño —afirmó, dándole un abrazo rápido. El corazón se le retorció al captar el miedo en su voz. Quería saber qué la había impulsado a estar tan aterrada de que Culbertson pudiera tratar de quitarle la custodia del bebé, cuando era evidente que el hombre no quería a los niños. Pero eso podía esperar. En ese momento, tenían que engañarlo para conseguir que dejara en paz a Callie para siempre. Cuando terminó la cena, los nervios de Callie se hallaban tensos al máximo. Sentada entre los dos hombres, los había escuchado discutir desde estadísticas de Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 45—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados béisbol hasta del tamaño del motor que preferían en sus coches. No estaba segura de si debía sentirse o no aliviada de que aún no hubiera salido el tema de su matrimonio con Hunter. Pero eso no había impedido que Hunter desempeñara su papel de marido devoto. Durante la cena le había dedicado sonrisas que habían amenazado con derretirla y había encontrado toda excusa imaginable para tocarla. Había sorprendido a Craig observándolo todo con gran interés, pero ni una sola vez había formulado las preguntas que ella sabía que debían bullirle en la mente. —¿Por qué no tomamos el postre en el salón? —preguntó Craig cuando Callie se puso de pie para cortar porciones de una tarta de chocolate alemán. —Ve a sentarte mientras ayudo a Callie a recoger la mesa —dijo Hunter, levantando los platos—. Nos reuniremos contigo en unos minutos. —No va según lo planeado —susurró ella cuando Craig se marchó.


—Sé paciente, cariño —enjuagó los platos para ponerlos en el lavavajillas, luego preparó una jarra de café—. Si no se decide a preguntar, yo mismo sacaré el tema. —Jamás debí dejar que me convencieras de seguir adelante con esto —movió la cabeza ante su propia necedad—. Estoy segura de que sabe que se trata de una farsa. —No te preocupes. Todo va a salir bien. Al dejar que Hunter llevara al salón la bandeja que había preparado con los platos del postre, las tazas y la cafetera, rezó para que tuviera razón. Sus nervios no iban a poder aguantar mucho más. Ya sentía un impulso casi incontrolable de encender el horno y ponerse a verter medidas de azúcar y harina. —Tengo una pregunta para los dos —dijo Craig al depositar su plato vacío en la bandeja—. Si estáis casados, ¿por qué Callie no lleva una alianza? Sentada junto a Hunter en el sofá, acababa de beber un sorbo de leche del vaso que había traído de la cocina y le costó no atragantarse al oír la pregunta. La dominó el pánico. Había tenido razón. Craig sabía que estaban fingiendo. Se preguntó qué iban a hacer. —Tuvo que quitársela cuando se le empezaron a hinchar los dedos —dijo Hunter impasible. Le tomó la mano izquierda en la suya y se llevó a los labios el dedo anular—. En cuanto tenga el bebé, volverá al sitio que le corresponde. El gesto cariñoso le causó un cosquilleo ardiente por el brazo, que luego se extendió por todo su cuerpo. Le alegró que Hunter hubiera sido capaz de pensar con celeridad, porque en ese momento ella se creía incapaz de hacerlo. —¿Dónde y cuándo os conocisteis? —inquirió Craig. Hunter alzó la mano. —¿Ves esa pequeña cicatriz que tengo en la palma? Tuve que ir a urgencias


en Houston debido a un pequeño incidente que tuve con un anzuelo de pesca. En cuanto vi a Callie, supe que era la mujer para mí —le dedicó una sonrisa antes de darle un beso en la mejilla—. Nos casamos unos pocos días después y quedó Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 46—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados embarazada unas semanas más tarde. —¿Por qué la prisa? —preguntó Craig, con voz bastante suspicaz. —En cuanto veo algo que quiero, no dejo que se me escape —le pasó el brazo por los hombros y la acercó a su costado—. —Me temo que vas a tener que aceptar los hechos, Culbertson. Ahora está conmigo y no voy a dejar que ella o nuestro bebé se vayan de mi lado. Callie observó a Craig. Lo conocía lo bastante bien como para saber que no estaba del todo convencido. Había un agujero enorme en su historia, y aunque no había vuelto a preguntar por qué no le había contado a su madre que se había casado con Hunter, sabía que lo tenía en la cabeza. Pero sacando fuerzas del hombre que la rodeaba con el brazo de forma tan posesiva, decidió que si la cuestión volvía a surgir, simplemente le diría que no tenía que darle ninguna explicación, ni a él ni a nadie. —Bueno, supongo que debería irme —dijo Craig, poniéndose de pie—. Como siempre, tus platos estaban deliciosos, Callie. Cuando Hunter se incorporó y la ayudó a levantarse del sofá, comenzó a creer que quizá lo habían conseguido. Craig se iría de la ciudad y, con algo de suerte, nunca más sabría ni vería nada de él. —Que tengas un buen viaje de vuelta a Houston —dijo Hunter mientras todos iban a la puerta. Craig movió la cabeza. —Oh, no me iré hasta dentro de varios días. Mientras vosotros terminabais de


preparar la cena, busqué en la guía y encontré un bonito hostal justo calle arriba — sonrió—. He pensado en quedarme un tiempo para hacer turismo —rió al abrir la puerta—. Por experiencia propia, sé que se puede averiguar mucho de hablar con los habitantes de un pueblo del tamaño de Devil's Fork. Mientras Craig bajaba los escalones en dirección a su deportivo rojo, Callie tuvo ganas de ponerse a llorar. Se preguntó cómo había podido descontrolarse tanto su vida en tan poco espacio de tiempo. Volviéndose hacia Hunter, suspiró. —¿Alguna otra idea brillante? Él no parecía más contento que ella por el desarrollo de los acontecimientos. —Según lo veo yo, no tenemos muchas opciones. Voy a tener que venir a vivir contigo hasta que ese miserable se marche de la ciudad. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 47—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Capítulo Seis Dos horas más tarde, después de ayudar a Callie a limpiar la cocina, Hunter se encontró tratando de encajar en una posición cómoda su metro noventa de estatura en el sofá destartalado de ella. Musitando una palabra reservada para las situaciones extremas, se sentó, apoyó los codos en las rodillas y metió la cabeza entre las manos. ¿En qué diablos se había metido? ¿Y por qué? Si hubiera mantenido la boca cerrada, en ese momento estaría durmiendo en la cama confortable, aunque estrecha, del hangar de Life Medevac en vez de


torturarse en el mueble más incómodo conocido por el hombre. Ni tampoco estaría jugando a ser el hombre de la casa durante una semana con una mujer a la que ya empezaba a encontrar casi imposible de no tocar. Pero incluso mientras se castigaba por haberse involucrado, sabía que había hecho lo correcto. Después de conocer a Culbertson y de escuchar a Callie contarle cómo éste y sus padres habían empleado su dinero e influencia para arrebatarle el bebé a la primera chica que Craig había dejado embarazada, supo con absoluta certeza que los Culbertson no se pensarían dos veces tratar de hacerle lo mismo a Callie. Movió la cabeza, incapaz de creer en lo arrogantes que eran. ¿Qué derecho tenían a quitarle un bebé a su madre por el simple hecho de que en las venas del pequeño corría sangre Culbertson? ¿Qué clase de gente consideraba que la madre no estaba capacitada sólo por tener una cuenta corriente limitada? Mientras reflexionaba en lo implacables y egoístas que eran, se dio cuenta de que si Emerald Larson hubiera querido, en cualquier momento podría haberles quitado a sus hermanos y a él a las respectivas madres. Desde luego, tenía más poder y dinero que el que los Culbertson jamás soñarían con tener y habría encontrado pocos problemas en ganar su custodia. Pero en vez de considerarlos a los tres como posesiones, le habían importado lo suficiente como para contentarse con mirarlos crecer en fotos y recibir informes de detectives privados con el fin de asegurarse de que llegaran a ser todo lo normales y adaptados que fuera posible. Por primera vez desde que se enteró de los detalles de su parentesco, comenzó a apreciar los sacrificios que Emerald había hecho por ellos. Cualquier vestigio de ira que aún arrastrara porque se le hubiera negado el derecho a saber quién era su padre, quedó disipado. Aunque siempre tendría un problema con cualquier hombre que dejara a una mujer cuando más lo necesitaba, llegó a la conclusión de que Emerald y su hijo no eran del todo responsables por la furia y la confusión con las que había crecido. Había sido elección de Marlene O'Banyon aceptar los términos de Emerald. Y


aunque ésta no había exigido que su madre permaneciera soltera, a veces se preguntaba si había firmado el acuerdo de confidencialidad con la secreta esperanza de que algún día Owen Larson vería la luz y regresaría a Miami a buscarla a ella y al hijo que juntos habían creado. Pero Owen jamás había visto a ninguno de sus hijos, ni había vuelto a ver a las Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 48—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados madres. Y con su muerte ocho meses atrás en un accidente náutico en el Mediterráneo, eso nunca llegaría a suceder. Desde luego, su madre no tenía ni idea de que el viejo Owen había sembrado más que una semilla. Aunque era la primera mujer a la que había dejado embarazada, no había sido la última. Incluso dudaba de que Emerald estuviera del todo segura de que Caleb, Nick y él fueran los únicos vástagos de Owen. Pero eso ya no era importante. Lo crucial era que, en vista de cómo habían tratado una situación similar los Culbertson, entendía e incluso podía alabar a su abuela por manejar todo del modo en que lo había hecho. Perdido en sus pensamientos, tardó un momento en darse cuenta de que Callie se había levantado de la cama y caminaba de puntillas por el salón hacia la cocina. —¿No puedes dormir? —preguntó con voz suave para no asustarla. El grito sobresaltado que emitió habría servido para despertar a los muertos. —Soy yo, Callie. —Santo cielo, me has quitado un año de vida —dijo, llevándose algo a la parte frontal de la bata. —Lo siento —encendió la lámpara que había en un extremo del sofá—. No pretendía... —calló al darse cuenta de lo que llevaba—. ¿Qué diablos estás


haciendo con tu mandil a... —miró el reloj—... medianoche? —Estoy demasiado nerviosa para dormir —repuso a la defensiva—. Pensé en buscar algo para hacer. Él frunció el ceño. —¿Y te vas a poner a cocinar? Pasó a su lado de camino a la cocina. —Cada uno se enfrenta al estrés a su propia manera. Algunas personas beben. Otras comen. Yo cocino. Eso explicaba por qué había preparado suficiente repostería para abastecer a una cadena entera de supermercados. La siguió. Desde que se había enterado de que se hallaba embarazada, había estado aterrada de que Culbertson averiguara algo sobre la existencia del bebé. —Nuestro turno empieza en poco menos de dieciocho horas —bostezó— ¿No crees que sería una buena idea estar descansados para cuando vayamos a trabajar? Ella movió la cabeza y sacó un juego de vasos para medir y el bote de harina. —No te preocupes por mí, yo estaré bien. Eres tú quien necesita descansar para pilotar el helicóptero. Vuelve al salón y duerme. —Es más fácil decirlo que hacerlo —musitó. —Te prometo que no haré mucho ruido —vertió el vaso con harina que acababa de medir. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 49—91


DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Ése no es el problema —retiró una silla y se sentó a la mesa—. Soy demasiado alto. —¿Disculpa? Se la veía tan confusa y condenadamente bonita allí de pie con el camisón y el mandil, que tuvo que obligarse a recordar de qué estaban hablando. —El sofá apenas debe medir un metro treinta, mientras que yo mido un metro noventa. Haz tú la resta. Callie abrió mucho los ojos. —Oh, cielos. Lo siento. No había pensado en que sería demasiado corto para ti — movió la cabeza—. Pero no es problema. Puedes quedarte con mi cama que yo dormiré en el sofá. —Y un cuerno —no iba a dormir en una cama acogedora mientras ella soportaba ese instrumento de tortura en su estado. —¿Por qué no? —preguntó mientras limpiaba la harina que había vertido—. Soy por lo menos treinta centímetros más baja y no debería tener tantos problemas para ponerme cómoda. —Estás embarazada. —Y tú eres un mandón —sonrió—. Pero intento no tenértelo en cuenta. Su sonrisa le provocó una oleada de calor por el cuerpo. Tragó saliva. Seguir esa senda sólo podía lograr una de dos cosas. O haría que se implicara más profundamente de lo que le gustaba o lo volvería completamente loco. Y no estaba del todo seguro de no haber cruzado la línea en ambos campos. —Puedo dormir en uno de los sillones y...


—Despertar con un cuello terriblemente rígido —interrumpió ella, dejando caer un huevo sobre la enumera—. Maldita sea —tomó una toalla de papel y limpió—. Si voy a volar contigo, no sólo te quiero bien descansado, sino que me gustaría que dispusieras de todo tu espectro de movimientos. —Puedo lograrlo en un sillón —se puso de pie y se dirigió al salón, pero la mano suave de Callie en su espalda lo detuvo en seco y le causó una descarga eléctrica. —Creo que estamos pasando por alto lo obvio —dijo, volviéndose para echar más harina en un bol—. Lo más probable es que yo me quede levantada horas antes de relajarme lo suficiente como para poder dormir. No hay motivo para que estés incómodo cuando hay una cama vacía en la que podrías dormir. Y si yo me quiero ir a acostar antes de que tú te hayas levantado, tendré cuidado de no despertarte cuando me tumbe. Tenía razón. Era una tontería tratar de dormir en un sillón cuando podía echarse. Pero el hecho de saber que tarde o temprano Callie se metería en la cama con él, bastaba para ponerlo en órbita. —Supongo que podría funcionar —comentó, casi pensando en voz alta—. Y los dos somos adultos. No hay razón alguna para no manejar esta situación — y quizá si Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 50—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados se lo repetía muchas veces, empezaría a creérselo. —Exacto —con la mano le indicó que se fuera a la otra habitación—. Me estás distrayendo. Vete a la cama y deja que empiece con estas cookies. Bostezando, se rascó el pecho desnudo y fue al dormitorio de ella. Con un poco de suerte, quedaría fuera de combate en cuanto apoyara la cabeza en la almohada.


Aunque tampoco lo repitió las suficientes veces como para creérselo. Un par de horas después de que Hunter fuera a echarse en su cama, Callie apagó la luz de la cocina y se dirigió en silencio al dormitorio. Haber preparado varias docenas de galletitas la había ayudado, pero aún seguía con los nervios a flor de piel y no esperaba cambio alguno hasta no tener la certeza de que Craig se hallaba fuera de su vida. Mientras se quitaba las zapatillas y se volvía para taparse, olvidó sus problemas con Craig y se centró en la espalda ancha de Hunter. Por la tenue luz de la luna que se filtraba en la habitación a través de las delicadas cortinas, pudo ver que estaba boca arriba con la sábana cubriéndolo de cintura para abajo. Tragó saliva ante esa visión de deliciosa piel masculina. El juego de unos pectorales perfectamente definidos debajo de un ligero vello oscuro, la había fascinado hasta el punto de dejarla tan despistada como un elefante en una cacharrería. ¿Cómo demonios iba a poder dormir con esa masculinidad descarnada a simples centímetros de ella? ¿Y por qué la cama matrimonial de repente parecía como si se hubiera encogido hasta convertirse en un simple camastro? Lamentando no haber pensado en una casa de dos dormitorios en vez de en esa encantadora cabaña de uno, movió la cabeza al tiempo que volvía a enfundarse los pies en las zapatillas. Iría a la cocina, tomaría un puñado de galletitas de chocolate y se tumbaría en el sofá. —¿Vas a quedarte ahí el resto de la noche o vas a meterte en la cama? Se sobresaltó al oír la voz de Hunter y las mejillas se le encendieron al verse sorprendida mirándolo fijamente. Menos mal que no había suficiente luz para que viera su expresión de culpabilidad. —No... quería... molestarte. Giró y la miró.


—No dormía. —¿Qué sucede? —el modo en que antes de acostarse había estado bostezando hacía pensar que se habría quedado dormido nada más acostarse —. ¿El colchón es demasiado blando para ti? —No, es bastante cómodo. Frunció el ceño al tiempo que se sentaba con cuidado en el borde de la cama. —Entonces, ¿cuál es el problema? —He estado pensando... Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 51—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —No estoy del todo segura de querer oírlo —interrumpió con cautela—. La última vez que compartiste tus pensamientos, nos metimos en este lío. —¿Te vas a quitar la bata y echarte? Ella tragó saliva. Ya habría sido bastante duro tumbarse a su lado estando dormido. Pero, ¿despierto? El sólo pensamiento le provocaba una sensación de hormigueo por todo el cuerpo. —¿En eso has estado pensando? —No —rió entre dientes—. Pero tú has estado impulsada por la adrenalina toda la noche y creo que sería una buena idea, por el bien del bebé, que trataras de relajarte. Sabía que él tenía razón. Pero no sabía si iba a ser una opción, y menos teniéndolo tan cerca. —¿Vas a mantenerme en ascuas o vas a contarme qué se te ha ocurrido esta


vez? —cambió de tema. Él movió la cabeza. —No hasta que no te eches. Exasperada, agitó la cabeza. —Creo que será mejor que duerma en el sofá. —¿Por qué? No tendrás miedo de dormir en la misma cama que yo, ¿verdad? No podía captar su expresión en el cuarto en penumbra, pero sí la risa en su voz. —No seas bobo —mintió—. Sólo creo que ya que nos sentimos atraídos el uno por el otro, puede que no sea una buena idea. —Recuerda que somos adultos —musitó—. Te doy mi palabra de que no va a pasar nada que tú no quieras que pase. Mientras se levantaba para quitarse la bata, se dijo que no debería representar ningún problema. No sabía bien por qué, pero confiaba en él. Y sabía con certeza que no debía preocuparse por sí misma. Lo último que necesitaba o quería era relacionarse con otro hombre. Cuando se metió en la cama, él se puso de costado, apoyado sobre un codo. Callie hizo lo que pudo para soslayar el hormigueo que le provocaba su proximidad. —Creo que deberíamos casarnos. La voz sonó baja e íntima, y ella tardó un momento en comprender lo que había dicho. Cuando lo hizo, el corazón le martilleó en la caja torácica. —No puedes hablar en serio.


Cuando comenzó a levantarse de la cama, la detuvo con una mano en el brazo. —Piensa en ello, cariño. A Culbertson no le hará falta esforzarse mucho para descubrir que no estamos casados o que yo nunca he estado en Houston. —¿Y se te acaba de ocurrir? —se frotó las sienes súbitamente palpitantes—. ¿Por qué dejé que me convencieras de esto? Te dije que no iba a funcionar. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 52—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Por eso sugiero que nos casemos —explicó con paciencia—. No importa cuándo lo hayamos hecho, seguiremos siendo marido y mujer. —No sé qué hará eso salvo añadir una complicación más a una situación ya imposible —de pronto un pensamiento la paralizó y tuvo que respirar hondo para poder hablar—. Podría solicitar una prueba de ADN para demostrar la paternidad. —Podría, pero algo me dice que no lo hará. Ella emitió un sollozo. Si él y sus padres se enteraban de que el hijo que esperaba era de Craig, los Culbertson eran las clase de personas que intervendrían y le arrebatarían al bebé... no porque lo amaran, sino porque lo consideraban una de sus posesiones. Encontrarían una excusa para que la declararan incapacitada para criar a su heredero, igual que habían hecho con aquella pobre chica doce años atrás. —No hay escapatoria —experimentó un escalofrío—. Me van a quitar a mi hijo y no hay nada que yo pueda hacer para pararlos. Hunter la abrazó y la acunó. —No mientras yo esté presente para impedirlo.


—No veo cómo... —Quitarle un bebé a una madre soltera no es tan difícil como hacerlo con una pareja casada. —Sí, pero los Culbertson son muy ricos y pueden contratar a los mejores abogados. Y estoy segura de que se encargarán de que el caso lo lleve un juez que se mueva en sus mismos círculos sociales —apoyó la mano sobre su vientre—. Libraríamos una batalla perdida de antemano. —Que contraten a quien quieran o consigan el juez que crean más conveniente para su causa—le besó la frente—. Yo también tengo algunos contactos. Se apartó para mirarlo y movió la cabeza. —No estoy segura de a quién crees conocer, pero va a hacer falta más de uno o dos contactos para evitar que me quiten a mi hijo. —Puede que te sorprendas —con gentileza le apartó un mechón de pelo de la mejilla—. Deja que yo me preocupe de los Culbertson y sus abogados. Voy a realizar ciertas indagaciones, pero sospecho que en su visita hay algún motivo ulterior. Ella se sintió llena de furia y frustración. —Es la razón por la que detesto a los ricos. Creen que por tener dinero, los asiste el derecho de hacer lo que les plazca. —No todas las personas acaudaladas son como los Culbertson, Callie — murmuró—. La familia de mi padre tenía dinero, pero de ellos jamás salió una amenaza para alejarnos del cobijo de nuestras madres. Al recordar la conversación que habían mantenido mientras regresaban de El Paso, Callie se mordió el labio para no dejar que el miedo renovado lo hiciera temblar.


Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 53—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Diría que la familia de tu padre es una excepción, no la regla. —Es posible, pero apostaría a que está más cerca de ser lo opuesto —le acarició el brazo—. En cualquier caso, te prometo que mientras yo esté aquí, no tendrás nada que temer de los Culbertson. —Espero que tengas razón —dijo, tapando un bostezo con el dorso de la mano. Le besó la parte superior de la cabeza. —Seguiremos hablando por la mañana. Ahora mismo, los dos necesitamos descansar. A los pocos minutos, la respiración profunda y acompasada de Hunter le indicó que se había quedado dormido. Pero a pesar de lo cansada que estaba, ella no pudo dejar de pensar en la amenaza que representaba Craig o en el ofrecimiento de matrimonio de Hunter. Todo lo que decía tenía perfecto sentido y bien podría solucionar su problema. Pero la amistad tenía un límite. No podía creer que estuviera dispuesto a entrar en algo tan serio como el matrimonio sólo para ayudarla. ¿Qué esperaba conseguir para sí mismo? ¿Y qué sucedería si tenían éxito en evitar que los Culbertson le quitaran a su bebé? ¿Cuánto pasaría hasta que Hunter solicitara la anulación o el divorcio? Exhausta por la tensión de la inesperada visita de Craig y las especulaciones de lo que pasaría si aceptaba la loca sugerencia de Hunter, sintió que empezaba a dormirse. Pero en vez de tener pesadillas en las que Craig y la familia de él le quitaban a su hijo, soñó con un matrimonio con un hombre alto, moreno y atractivo, con una voz sexy y besos devastadores.


La sensación de un pelo suave contra su mejilla, el latido constante de un corazón debajo de su oído y la fragancia de limpia piel masculina invadió los sentidos de Callie mientras flotaba en el mundo surrealista entre el sueño y la vigilia. Cuando unos brazos fuertes se cerraron en torno a ella, sonrió y se acurrucó contra el duro cuerpo varonil que había a su lado. —Buenos días, dormilona. El sonido de la voz de Hunter hizo que abriera los ojos y ladeara la cabeza para encontrarse con su increíble mirada verde. Estaba con la cabeza apoyada en su pecho ancho, con el brazo sobre el estómago plano. Pero fue el darse cuenta de que tenía la pierna sobre su muslo musculoso y desnudo lo que le provocó un escalofrío de excitación y la impulsó a preguntarse si sería capaz de respirar. —¿Cuan... cuánto tiempo llevas despierto? —Más o menos una hora. Se le puso la piel de gallina al oír reverberar su profunda voz de barítono. Pero fue la sensación de su dura erección tensada contra los calzoncillos lo que la llevó a apartar con cuidado la pierna. Pisaban terreno peligroso y lo mejor sería establecer cierta distancia entre ellos. —¿Adonde vas? Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 54—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Su aliento cálido le agitó unos cabellos en la sien y le desbocó el corazón. —Creo... que debería levantarme y preparar algo para desayunar. Cuando intentó separarse de sus brazos, la pegó con firmeza a él. —Tengo apetito, pero no de comida.


Por sus venas fluyó un calor delicioso como nada que hubiera experimentado jamás al oír ese franco comentario. —No... no sería buena idea complicar las cosas más de lo que ya lo están. La risita de él hizo que el calor de su interior se le acumulara en la boca del estómago. —Cariño, besarse no es una complicación —le rozó los labios—. Es una de las formas más puras de placer que pueden compartir un hombre y una mujer. El sonido de su voz, sus palabras provocativas y la sensación de la palma de su mano acariciándole el costado a través del algodón tenue del camisón, fueron como una droga y de pronto le costó recordar su nombre, y más todavía por qué la situación se iba a complicar. Pero dejó de pensar por completo cuando la boca de él la reclamó y con ternura le recorrió los labios con la lengua. Le mordisqueó la mandíbula hasta llegar al hueco sensible debajo de la oreja. —¿Quieres que pare? —Debería exigirte que pararas y que salieras inmediatamente de mi casa. Le besó el cuello y bajó hasta la clavícula. —Pero no vas a hacerlo, ¿verdad? Con una miríada de sensaciones deliciosas surcando su cuerpo, tuvo que concentrarse en la pregunta. —No. —¿Por qué no? —preguntó mientras bajaba la palma de la mano por su costado hasta introducirla por debajo del camisón. Los dedos que le tocaban la piel hicieron que le resultara imposible respirar al tiempo que lograban que el calor que había bajado por su vientre se intensificara.


—Lo... lo que haces es... muy agradable. —¿Quieres que pare? Incapaz de pensar con claridad, movió la cabeza. —No te atrevas. Le acarició la cadera, luego los costados y continuó subiendo con lentitud. —¿Eres consciente de lo que va a pasar si continúo? Al cubrirle él el pecho con la mano y frotarle el pezón duro con el dedo pulgar, la necesidad la recorrió hasta concentrarse en su parte más femenina. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 55—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Ha... haremos el amor. La mano continuó acariciándole la piel sensibilizada. —¿Es lo que quieres, Callie? Mirándolo a los ojos verdes, el corazón le martilleó en el pecho. Desde el instante en que se conocieron, algo magnético los habían atraído, una química que ambos habían tratado de negar de forma infructuosa. Y con cada beso que se daban, la tensión entre ellos se había potenciado hasta convertirse en una fuerza irresistible de combatir. Ya fueran sus hormonas las que le provocaban un deseo más poderoso que nada que hubiera conocido jamás, u otra cosa, no quería que parara. Quería sentir el calor de los besos de Hunter y la pasión de su contacto cariñoso. —Es una pura locura. Pero, sí, quiero hacer el amor contigo, Hunter.


Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 56—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Capítulo Siete Cuando Callie reconoció que quería hacer el amor con él, el corazón le latió con tanta fuerza, que le sorprendió que no le hubiera saltado del pecho. Durante toda la noche la había tenido en brazos y con cada tictac del reloj, su cuerpo suave y su dulce fragancia femenina habían incrementado la tensión contra la que había estado luchando desde el momento en que la había visto. Pero al despertar y mirarlo con esos ojos violetas, había tenido la erección más dura de su vida y no habría sido más capaz de dejar de probarla y tocarla que el sol de salir por el este cada mañana. Pero a pesar de lo mucho que anhelaba hundirse en lo más profundo de ella, de oírla pronunciar su nombre mientras le daba placer, no podría soportar el pensamiento de que llegara a lamentar un minuto de lo que iban a compartir. —¿Estás segura de que lo que realmente quieres es hacer el amor, Callie? Notó que contenía el aliento al verla cerrar los ojos y permanecer en silencio durante varios segundos largos. Luego, para su alivio, los abrió y asintió. —Creo que entraría en una fusión nuclear si no lo hacemos. Hunter respiró hondo e intentó contener el fuego líquido que corría por sus venas. —Sé que debería haberlo preguntado antes de que las cosas llegaran tan lejos, pero, ¿a tu médico le parece bien que hagas el amor? Las mejillas de porcelana de Callie se sonrojaron al asentir. —El médico me ha dado el visto bueno para una actividad normal sin restricciones. Y eso incluye hacer el amor.


Hunter no pudo creer el grado de alivio que lo envolvió. Si le hubiera dicho que existía una posibilidad remota de experimentar algún problema o la más leve incomodidad para ella, habría encontrado una manera, sin importar lo difícil que hubiera sido, de apartarse. Pero saber que no había nada que le impidiera vivir una experiencia placentera y satisfactoria le lanzó una oleada renovada de calor a la entrepierna. Por desgracia, fue efímera. No había planeado pasar la noche con Callie, y menos hacer el amor con ella, de modo que la protección ni había cruzado por su mente al salir la tarde anterior del hangar. Pero en ese momento sí que pensaba en ello. O, para ser más exactos, en que no la tenía. Pero al mirar a la mujer en sus brazos, comprendió que no existía la posibilidad de que la dejara embarazada. Y la verdad era que no le importaría aunque no esperara un bebé. El pensamiento de Callie embarazada de su hijo le resultó más atractivo de lo que habría imaginado, y debería haberlo asustado. Era algo que no entendía, con lo que no se sentía cómodo y que, en ese momento, no quería analizar. Lo único que importaba era darle placer a ella, adorarla como había que adorarla. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 57—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Sin vacilar, la acercó aún más y le cubrió la boca con la suya. Los labios suaves se moldearon a los suyos con una desesperación codiciosa que le lanzó fuego por las venas a la velocidad de un río desbordado. Cuando se abrió a él para profundizar el beso, Hunter pensó que podría llegar a perder la cabeza al acariciarle la lengua con la suya y entregarse a un juego erótico de avance y retirada. Le hacía saber que sentía la pasión con la misma hondura que él, que lo deseaba de igual manera. Interrumpiendo el beso, le mordisqueó el cuello hasta llegar al borde del camisón.


—Levanta las caderas, cariño —susurró sobre su piel satinada. Una vez que le hubo quitado las braguitas y el ligero camisón, con rapidez se desprendió de los calzoncillos, tiró todo al suelo y la tomó en brazos. Al sentir esa piel contra la suya, el deseó se renovó en sus venas y tuvo que luchar contra un deseo casi incontrolable de cubrirla con el cuerpo y hundirse hasta el fondo en ella. Todo su ser palpitaba con la necesidad urgente de reclamarla, pero estaba decidido a no precipitar las cosas, sin importar qué le exigiera su cuerpo. —Eres tan suave... —le besó la base del cuello, luego bajó hasta la pendiente de los senos—. Tan dulce. Mientras la excitaba con una leve caricia circular, él se sintió cada vez más excitado, y mucho más cuando ella lo acercó hacía sí. Arqueando la espalda, ella le ofreció un mejor acceso al pezón duro y llevándoselo a la boca, Hunter comenzó a lamerlo con la lengua. —Por... favor, Hunter. —Aún no, cariño —bajó la mano por su costado, más allá de su cadera y con la palma le coronó la unión de los muslos—. Quiero hacer que estés lista para mí. —Si lo estuviera más... me calcinaría —su voz sonó jadeante. No le cupo la menor duda de que se hallaba tan excitada como él. Separándola, la acarició, luego la tocó de forma íntima. Su calor húmedo y el gemido de placer le aseguraron que lo necesitaba de la misma manera que él la necesitaba. —Quiero que me prometas una cosa —pidió mientras seguía acariciándola. —Lo que sea... me estás volviendo loca —gimió. La vio cerrar los ojos y morderse el labio inferior.


Tuvo que respirar hondo varias veces para obligarse a bajar el ritmo. —Quiero que me prometas que si experimentas la más ligera incomodidad, me lo dirás. —Lo prometo. Por favor... hazme el amor, Hunter. Al abrir los ojos para mirarlo, el deseo que vio en esas profundidades violetas lo dejó sin aliento. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 58—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Incapaz de seguir negándose ese placer a ambos, le separó las rodillas y se situó encima de ella. Al colocar la parte inferior ante su entrada, la besó en la boca al tiempo que avanzaba. Despacio, cuidadosamente, la penetró y la sensación de su cuerpo compacto derritiéndose alrededor de él al hundirse más y más, hizo que apretara los dientes mientras se debatía por retener el control. Pero cuando Callie levantó las caderas para tener más de él, la tenue voluntad que lo contenía se quebró y se enterró por completo en esas profundidades femeninas. Con cada músculo de su cuerpo tenso por la necesidad de completar el acto de amarla, se forzó a quedarse completamente quieto. Callie necesitaba tiempo para adaptarse a él y él necesitaba tiempo para saborear la sensación de estar con la mujer más deseable que jamás había conocido. La abrazó y le besó los labios dulces. —Trataré de ir despacio, pero te deseo tanto que ya no estoy seguro de que eso siga siendo una opción. La sonrisa de ella amenazó con consumirlo y lanzarlo fuera de control. —Yo te deseo del mismo modo.


Sin dejar de mirarla a los ojos, comenzó a embestirla una y otra vez. Al sentir cómo respondía y salía a su encuentro, incrementó el ritmo con cada embate, y al rato notó que Callie tensaba el cuerpo alrededor de él, indicándole que se hallaba al borde de encontrar la liberación. Cuando le rodeó la cintura con las piernas para pegarlo a ella, la presión del cuerpo de Hunter se multiplicó por diez y a duras penas pudo mantenerse a raya. Pero no iba a disfrutar de su satisfacción sin ella, por lo que introdujo la mano entre ambos y la tocó mientras la embestía una última vez. El gemido de placer y los temblores de sus músculos interiores al encontrar satisfacción activaron el orgasmo de Hunter. El calor y la luz centellearon detrás de sus párpados cerrados mientras se entregaba a la tormenta y, sintiendo que su mundo quedaba reducido justo a ellos dos, se vació dentro de ella. Mientras lentamente flotaba de regreso a la realidad, una emoción que no se atrevió a nombrar llenó su pecho. Jamás había experimentado algo tan asombroso como lo que acababa de compartir con Callie. La respuesta apasionada de ella lo había excitado de maneras con las que sólo había soñado, y se sentía más vivo que en años. —¿Estás bien? —preguntó cuando al fin encontró las fuerzas para ponerse en el costado de ella. —Es... estoy bien. La voz quebrada lo impulsó a levantar la cabeza y mirar su rostro tan hermoso. Las lágrimas que vio caer de sus ojos lo asustaron como pocas cosas. Como la hubiera lastimado de algún modo, jamás se lo perdonaría. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 59—91


DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Callie, cariño, ¿qué sucede? —Nada. Hacer el amor contigo ha sido una de las experiencias más bonitas que nunca he vivido —apoyó la palma de la mano en su mejilla y sonrió—. Gracias. Esa sonrisa iluminó los rincones más oscuros de su alma. Aliviado, movió la cabeza. —Yo debería estar dándote las gracias. Has estado increíble —al verla contener un bostezo, le dio un beso en la cabeza—. Te has quedado hasta tarde y aún es muy temprano. ¿Por qué no duermes un poco y luego hablamos del desayuno? —apenas había terminado de hablar cuando la respiración de ella le indicó que se había quedado dormida. Mientras contemplaba las sombras de la habitación disiparse con la luz del amanecer, abrazó a Callie y pensó en lo que iban a hablar más tarde. Después del accidente que le costó la vida a Ellen, jamás había tenido la intención de pedirle a otra mujer que se casara con él. Pero en ese momento imperaban otras circunstancias. Callie y él no iban a casarse por amor. Lo harían sólo para desanimar a Craig Culbertson de tratar de quitarle el bebé. Cerró los ojos y trató de pensar en otra forma de ayudarla. Desde el momento en que se había ido a la cama hasta el que ella había entrado en el dormitorio, sólo le había dado vueltas al modo en que podrían detener a Culbertson y a su familia. Desconocía cuáles eran las motivaciones de ese hombre, pero debía de haberse enterado del embarazo de Callie por la madre de ella y aparecido para confirmar sus sospechas de que él era el padre. Teniendo en cuenta el disgusto en su voz cuando con tono acusador le había preguntado si el niño era suyo, lo sorprendió que no hubiera saltado de alegría ante la oportunidad


de que otro hombre asumiera la responsabilidad. Pero no lo había hecho, y tenía la intención de averiguar por qué. Sabía con quién contactar para que lo ayudara a indagar la cuestión. El secretario de confianza de Emerald le había dado el nombre de un detective privado discreto, a quien llamaría para que descubriera todo lo posible sobre Culbertson. Si hubiera querido, le habría podido pedir directamente a Emerald que interviniera en beneficio de Callie y no le cabía duda de que así lo habría hecho. Pero ése no era su estilo. Ya fuera por orgullo o por férrea obstinación, libraba sus propias batallas. Se había ofrecido a ayudar a Callie y sería él quien concluiría el asunto. Otra razón por la que no quería que se involucrara Emerald era que no estaba preparado para que nadie, y en especial Callie, en Life Medevac, supiera la relación que tenía con la indómita señora Larson. Para empezar, aún tenía que demostrarse que podía llevar el negocio que ella le había dado. Callie tenía problemas con cualquiera que tuviera dinero. Si descubría que era el nieto de Emerald Larson y que había recibido un fideicomiso lo bastante grande como para dejar huella en la deuda nacional, aparte de ser uno de los herederos de Emerald Inc., automáticamente daría por hecho que era como los Culbertson y rechazaría su ayuda. Y eso era algo que Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 60—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados ambos sabían que no podía permitirse. La miró durmiendo apaciblemente en sus brazos y se preguntó si casarse plantearía una amenaza para el corazón de alguno de los dos. Pero de inmediato descartó su preocupación. No iban a casarse por amor, y mientras mantuvieran las cosas en perspectiva y sus emociones a raya, no debería haber ningún problema.


Satisfecho de tener todo bajo control, se relajó y cerró los ojos. Estarían juntos el tiempo que hiciera falta para arreglar el asunto de los Culbertson, luego evaluarían la mejor manera de llevar la disolución del matrimonio. El pensamiento le causó un aguijonazo de pesar en el pecho. Callie y él en ese momento eran amigos y seguirían siéndolo cuando sus caminos se separaran. Y así era como debía ser. —¿Dónde está tu marido, Callie? Callie se quedó absolutamente quieta al oír la voz familiar. Se había detenido en la farmacia para comprar las vitaminas prenatales antes de ir a empezar su turno en Life Medevac. No tenía ni tiempo ni deseo de tratar con alguien como Craig Culbertson. —No es asunto tuyo, pero Hunter es el dueño del servicio aéreo de ambulancias y tenía que ocuparse de papeleo —repuso, regresando al coche. Podría comprar las vitaminas en otra ocasión. En ese momento lo único que deseaba era poner la máxima distancia con él. Pero antes de poder abrir la puerta del coche, la sujetó por el brazo. —¿Qué prisa hay? Seguro que tienes tiempo de hablar con un viejo amigo. Soltándose, se volvió para mirarlo. —No somos amigos y jamás lo seremos. Y ahora, si me disculpas, he de ir a trabajar. Él hizo una mueca desdeñosa. —Si tu marido es el dueño del negocio, llegar tarde no debería representarte ningún problema. Aferró el asa de la puerta. —He de llegar puntual para relevar al equipo de guardia.


Él movió la cabeza mientras apoyaba la mano en la puerta con el fin de mantenerla cerrada. —Lo que tienes que hacer es responder unas pocas preguntas. —No. —Oh, yo creo que sí —le pasó el dedo índice por la mejilla—. Parece que nadie en la ciudad sabía nada de que O'Banyon y tú estabais casados. De hecho, el señor Jones, del supermercado, se quedó muy sorprendido al enterarse. Al sentir el contacto de Craig, experimentó un escalofrío. Debía de haber tenido Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 61—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados anteojeras para no haber visto que su encanto era sólo un arma, no una cualidad simpática. No entendía cómo había llegado a sentirse atraída por semejante reptil. Separó la mano y movió la cabeza. —No vuelvas a tocarme jamás. —Solía gustarte que lo hiciera, Callie —afirmó, fingiendo una expresión dolida. —Eso es historia —trató de quitarle la mano de donde la había puesto para mantener la puerta cerrada—. Lo único que deseo ahora de ti es que me dejes en paz. Él entrecerró los ojos y la expresión herida pasó a ser de desdén. —¿Es ésa la forma de hablarle al padre de tu bebé? —El hecho de que seas capaz de fertilizar un óvulo no te convierte en padre. Para eso se requiere ser especial —logró abrir la puerta y comenzó a sentarse


—. Alguien capaz de amar a un bebé. —¿Como O'Banyon? —Sí. Exactamente como Hunter. La risa sarcástica de él hizo que apretara las manos hasta que los nudillos le dolieron. —¿Por qué no dejas la charada, Callie? Los dos sabemos que no estás más casada que yo. Si vuelves ahora a Houston, quizá olvide que O'Banyon y tú habéis tratado de engañarme y hacerme creer que el bebé es de él —se encogió de hombros—. ¿Quién sabe? Puede que incluso me deje convencer de que tengas derecho de visita. Un temor poderoso amenazó con doblarle las rodillas. —Mientras tenga aliento en mi cuerpo, no me arrebatarás a mi hijo —dijo, esforzándose por mantener la voz firme. La sonrisa de él le puso la piel de gallina. —Eso está por verse, querida. Al sacar el coche del aparcamiento y recorrer la corta distancia que la separaba del hangar de Life Medevac, le temblaba el cuerpo y las lágrimas le caían por las mejillas. Por motivos que no tenía tiempo ni inclinación de analizar, sólo podía pensar en ir a ver a Hunter. Sabía que no era lógico, teniendo en cuenta lo poco que se conocían, pero con él se sentía más segura que lo que lo había estado en toda la vida. Y aunque odiaba ser vulnerable y depender de algo o alguien, la presencia tranquilizadora de él le daba fuerzas. Aparcando en el lateral del hangar, fue a toda velocidad al cuarto de comunicaciones. Por suerte, el equipo de guardia y Mary Lou estaban ocupados jugando al póquer. Sabía que ofrecía un aspecto atribulado y no le


apetecía soportar un interrogatorio de Mary Lou. —¿Está Hunter en su despacho? —preguntó al pasar a su lado. —Lleva toda la tarde hablando por teléfono —repuso la mujer mayor sin alzar la vista. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 62—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Cuando llegó al despacho, no titubeó en abrir la puerta y entrar. Craig podía pensar que tenía ventaja, pero no pensaba quedarse de brazos cruzados y dejar que se llevara a su hijo sin oponer resistencia. Y si eso significaba casarse con un hombre al que apenas conocía, entonces, era exactamente lo que iba a hacer. —Si aún estás dispuesto a casarte conmigo, mi respuesta es sí. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 63—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Capítulo Ocho Hunter se puso de pie y rodeó la mesa en un abrir y cerrar de ojos. Callie daba la impresión de haber visto a un fantasma y las lágrimas que caían por sus mejillas le partieron el corazón. —¿Qué ha pasado? Cuando la tomó en brazos, ella se refugió en el cobijo que le ofreció. Al hablarle sobre el encuentro y la arrogancia mostrada por el otro, la furia le quemó las entrañas. —¿De verdad crees que tendríamos alguna posibilidad de detenerlo si nos casáramos? —preguntó, temblando contra él.


—No albergo ninguna duda, cariño. Si en ese momento hubiera podido ponerle las manos encima a Culbertson, lo habría estrangulado. No cabía ninguna duda de que era el ser humano más deplorable que jamás había tenido la desgracia de conocer, y le iba a causar un gran placer darle a ese imbécil arrogante una buena dosis de realidad. Había dedicado toda la tarde a hablar por teléfono con el secretario privado de Emerald, Luther Freemont, y con el investigador de Emerald Inc., contratado para comprobar los historiales de los empleados potenciales de todas las empresas de Emerald. Después de conversar largo y tendido con ellos, tenía la seguridad de que si había cualquier cosa que pudiera usar para combatir el intento de Culbertson de obtener la custodia del bebé de Callie, el detective la encontraría. Y ante la poco probable posibilidad de que Culbertson estuviera limpio como un bebé, lo cual sabía que no podía ser, Callie y él se establecerían como una pareja casada con una vida hogareña estable que ningún abogado, juez o asistente social podría discutir que era excelente para criar a un hijo. —No quiero que dediques más tiempo a preocuparte por Culbertson o lo que va a hacer —le dijo, acariciándole la espalda para eliminar la tensión. Se echó para atrás para mirarlo, y la ansiedad que él vio en la profundidad de sus ojos expresivos hizo que se le atenazaran las entrañas. —Es más fácil decirlo que hacerlo. —¿Confías en mí, Callie? —Sí —en su respuesta no hubo ninguna incertidumbre. —Te doy mi palabra de que todo va a salir bien —le sonrió—. Cuando todo esto se arregle, Craig Culbertson regresará a Houston con el rabo entre las piernas. —Espero que tengas razón. —La tengo.


Selló su promesa con un beso, y cuando alzó la cabeza, tenía el cuerpo tan duro como un trozo de granito. Respiró hondo y apoyó la frente contra la de ella. No sabía Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 64—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados cómo había conseguido meterse bajo su piel tan deprisa, pero no podía negar que le resultaba la mujer más excitante que había tenido la fortuna de conocer en los últimos cinco años. Y el pensamiento de hacerle el amor cada noche, para luego abrazarla, bastaba para que sintiera como si lo atravesara un láser. —¿Por qué... estás dispuesto... a hacer esto por mí, Hunter? —preguntó, tan jadeante como él—. ¿Qué obtienes tú? Él se había hecho la misma pregunta al menos una docena de veces y la respuesta había sido asombrosamente sencilla. —Aunque la familia de mi padre no tiene problemas económicos, mi abuela creyó que mis hermanos y yo estaríamos mucho mejor criados por madres amorosas que nos enseñaran unos valores sólidos en vez de darnos todo lo que quisiéramos, como había hecho ella con mi padre —sonrió—. Su lógica debió de funcionar, porque todos hemos salido personas adaptadas y productivas, y no egoístas e irresponsables como su hijo. —Tu abuela debe ser una mujer muy especial y sabia. —Decididamente, es única —comentó de forma evasiva—. Pero la cuestión es que creo que cada niño merece la oportunidad que ella nos dio a mis hermanos y a mí. —En otras palabras, ¿haces esto por el bien de mi hijo? Hunter asintió. —Sé que serás una madre estupenda y que lo educarás con el amor y la orientación que necesite. No recibirá eso de Culbertson y su familia.


—Terminaría por ser como Craig —movió la cabeza con desaprobación—. Hedonista, egoísta y superficial. —Exacto —le besó la frente—. Y para responderte a tu segunda pregunta, lo único que espero obtener de nuestro matrimonio es la satisfacción de saber que he impedido que algo así ocurriera. —¿Cuánto...? Le puso un dedo sobre los labios y movió la cabeza. —Vayamos paso a paso. Después de ocuparnos de Culbertson hablaremos de cómo queremos llevar... las cosas —no sabía por qué, pero no fue capaz de decir anulación o divorcio. La observó morderse el labio inferior mientras lo miraba varios segundos. —¿Significa eso que te vas a venir a vivir conmigo una temporada? —Los matrimonios por lo general viven juntos, cariño —sonrió—. Por supuesto, siempre podrías venirte tú a mi cuarto aquí en el hangar. Por primera vez desde que entró en el despacho, ella sonrió. —No creo que eso funcionara bien, teniendo en cuenta que tu cama es de matrimonio. —Oh, creo que podría funcionar a la perfección —compartir cualquier cama con Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 65—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Callie le sonaba demasiado bueno. Le dio un beso fugaz en los labios—. Cuando no estemos haciendo el amor, puedo abrazarte mientras dormimos. La preocupación desapareció de los ojos de Callie.


—Podría funcionar una temporada. Pero, ¿qué pasará cuando mi barriga esté más grande que un globo demasiado inflado? —Bien expuesto —se preguntó qué sentiría al tener al bebé de ella en las manos. Lo atravesó un aguijonazo de pesar al saber que nunca podría tener a su propio hijo en brazos, pero se esforzó en no demorarse mucho en ello. Sintiendo de pronto como si se ahogara, añadió—: Quizá tu cama sea lo mejor. —¿Cuándo quieres hacerlo? Él rió, aliviando parte de la tensión. —Si hubiera dependido de mí, esta mañana no nos habríamos levantado de la cama. Las mejillas de ella adquirieron una tonalidad rosada que lo fascinó. —Quería decir, ¿cuándo crees que debemos casarnos? —Lo sé —le dio un beso rápido y retrocedió antes de ceder a la tentación de probar su cama—. ¿Qué te parece mañana? —Imposible —sonrió—. Aparte del hecho de que vamos a estar de guardia, en el estado de Texas hay un período de espera de tres días desde el momento de obtener la licencia. —Da la casualidad de que sé que en Nuevo México no hay período de espera —la tomó de la mano y la condujo a la puerta—. Y recuerda que yo soy el jefe. Puedo hacer que el equipo del Evac II esté de guardia durante el día mientras tú y yo hacemos un viaje a Carlsbad. Pareció un poco aturdida mientras salían al pasillo. —Todo esto va tan deprisa. —Las cosas irán más despacio pasado mañana —le pasó el brazo por los


hombros esbeltos y la pegó a su costado—. Y ahora exhibe tu mejor sonrisa, cariño. Tenemos que anunciárselo a nuestros compañeros. —Calantha Marshall, ¿tomas a este hombre por legítimo esposo? En la riqueza y en la pobreza... El juez de paz corpulento continuó, pero Callie no tuvo ni idea de si recitaba las palabras de la tradicional ceremonia de boda o si intentaba subastar una parcela de tierra. Estaba demasiado nerviosa para pensar en cualquier cosa que no fuera el hecho de que no sólo había dejado que Hunter la convenciera de casarse con él, sino que lo estaban haciendo de verdad. Cuando el honorable Juan Ricardo carraspeó y la miró expectante, tragó saliva y se obligó a concentrarse en lo que le había preguntado. —Sí, quiero —dijo, sorprendida de que la voz le sonara tan firme, dado el estado Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 66—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados en que se hallaban sus nervios. El juez asintió con aprobación y luego le formuló la misma pregunta a Hunter. La voz de él sonó fuerte y segura al contestar: —Sí, quiero. —¿Tiene un anillo? —inquirió el juez de paz, mirando a Hunter con expectación. Las mejillas de Callie se encendieron cuando él negó con un gesto de la cabeza. Probablemente, eran la pareja peor preparada que había visto ese juez. —En cuanto aceptó casarse conmigo, no quise dedicar el tiempo a comprar


un anillo —repuso Hunter, mirándolo con complicidad—. Temía que pudiera cambiar de opinión. El juez Ricardo rió entre dientes. —Entonces, por el poder que me otorga el estado de Nuevo México, yo los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia, hijo. Cuando Hunter la tomó en brazos para sellar su unión, el beso hizo que la cabeza le diera vueltas y que sintiera como si sus rodillas fueran de goma. Alzó la cabeza y la miró unos segundos antes de girar hacia el juez de paz y darle las gracias; después, la tomó de la mano y salieron del registro civil. Al subir al vehículo de Life Medevac para el trayecto de vuelta a Devil's Fork, ella seguía sin poder creer que todo ya hubiera tenido lugar. —En nombre del cielo, ¿qué hemos hecho? Cuando él le tomó la mano, la embargó una sensación de bienestar. Fue completamente inesperado e hizo que contuviera el aliento unos segundos. Se preguntó si la atracción que le inspiraba Hunter podía ser por algo más que por unas hormonas desbocadas. Había dado por sentado que ésa era la causa natural por la que había cedido al deseo y la pasión cuando había hecho el amor con Hunter. Pero, ¿y en ese momento? ¿Podría estar enamorándose? Se dijo que no era posible. Si apenas lo conocía desde hacía unos días, y aunque la atracción que le inspiraba era más poderosa que cualquier cosa que hubiera podido sentir en la vida, eso no significaba que lo amara. —Estás muy callada —dijo él, llevándose la mano de Callie a los labios para darle un beso en el dorso. Pensando con celeridad, ella sonrió. —Me preguntaba si mantener mi apellido de soltera, unirlo o adoptar el tuyo.


Hunter asintió. —Esta mañana investigué en Internet y encontré un sitio Web con una lista de lo que necesita hacer una novia después de la boda. En ella figuraba cambiar los documentos y la identificación personales —le sonrió—. Depende de ti, cariño. Pero creo que Callie Marshall—O'Banyon o sólo Callie O'Banyon suena muy bien. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 67—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Como nuestro matrimonio es sólo temporal, supongo que tendría más sentido unirlos. —Entonces, que sea Callie Marshall—O'Banyon. —Por ahora. —Exacto. Por ahora. Al continuar el viaje en un silencio relativo, Callie no pudo evitar preguntarse por qué el pensamiento de que la modificación de su apellido no iba a ser permanente le causaba una profunda tristeza. Desde el principio había sabido que se casaban para frustrar los planes de Craig de quitarle al bebé. Entonces, ¿por qué la embargaba tanta melancolía? Pero al analizar su reacción, supuso que era natural sentirse un poco deprimida. Siempre había pensado que una vez que se casara y adoptara el apellido de su marido, sería para el resto de su vida. Desde luego, eso había sido cuando era más idealista y creía que el único motivo por el que alguna vez se casaría sería por amor. Mirándolo, no pudo evitar pensar que Hunter poseía todas las cualidades que había soñado que tuviera un marido. Era amable, considerado y, por encima


de todo, cariñoso. A muy pocos hombres les habría importado lo suficiente que una madre soltera se quedara o no el bebé si a cambio tenían que abandonar de forma indefinida su libertad. Suspiró y miró al frente. No sabía muy bien qué los esperaba una vez que volvieran a Devil's Fork o cuánto tiempo serían marido y mujer. Pero en su mente no tenía duda alguna de que sin importar lo que pasara, podría contar con Hunter para que estuviera a su lado ante cualquier cosa que intentara Craig. Cuando los dos entraron en el cuarto de comunicaciones de Life Medevac, Mary Lou y el equipo de turno les dedicaron una ovación. —¡Felicidades! Sonriendo, Mary Lou dio un paso al frente. —Todos lo hemos hablado y os vamos a dar la noche libre. —Sí, hemos decidido que no podíais tener una noche nupcial decente en el hangar, con todos nosotros por aquí —corroboró Corey. Su sonrisa hizo que las mejillas de Callie se encendieran. —Yo ocuparé tu puesto, Hunter —dijo George—. Y Marc, el enfermero del Evac III, vendrá a ocupar el tuyo, Callie. —¿Y qué pasa con los que deben estar de guardia por si se solapa alguna urgencia? —inquirió Hunter. —Lo hemos previsto —expuso Mary Lou, situándose entre ambos. Pasó los brazos por los de ambos y comenzó a guiarlos hacia la puerta—. El resto de los chicos se hará cargo de eso. Y ahora volved a la casa de Callie y pasad la noche como debería ser la primera de una luna de miel. Callie sentía como si el calor en sus mejillas fuera a manifestarse en llamas en Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 68—91


DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados cualquier momento. Debería haber imaginado algo así de parte de Mary Lou. —¿Hunter? —se sentía mal porque todos cedieran su día libre para cubrirlos. Lo menos que podían hacer era plantear una protesta simbólica. Pero la sonrisa sexy de él fue elocuente acerca de lo excelente que le parecía la idea del personal de Life Medevac. —Me parece perfecto —asintió. La tomó de la mano y la condujo por la puerta; luego, girando, añadió—: Volveremos a las ocho de la mañana para acabar nuestro turno. Cuando varios minutos más tarde entraban en la casa de ella, Callie respiró hondo y lo miró. —No me siento bien en relación a esto. Él frunció el ceño al tomarla en brazos. —Estamos casados, cariño. El amor es algo que los maridos y las mujeres hacen. Ella movió la cabeza y trató de recordar qué había estado a punto de decir. Tenerlo tan cerca parecía causarle un cortocircuito a sus procesos mentales. —Me refería a que nuestros compañeros perdieran su día libre. —¿Por qué? —inclinó la cabeza para mordisquearle la piel sensible de la columna que era su cuello—. A mí me ha parecido un gesto agradable. —Lo... es —un escalofrío de excitación le disparó el pulso cuando le besó la base del cuello—. Pero no tienen ni idea... de que no hemos hecho un... compromiso de por vida. Él levantó la cabeza, apoyó la mano en su mejilla y la miró largamente. —No te preocupes por eso, Callie. Ahora estamos comprometidos el uno con el otro, y por el tiempo que haga falta para cerciorarnos de que Culbertson no


vuelve a molestarte nunca. —Pero... —Darnos la noche libre era algo que querían hacer, y saben que haremos lo mismo por ellos cuando necesiten tiempo libre. La voz profunda y suave y la expresión de sus ojos verdes lograron que se olvidara de la culpabilidad o de los motivos. La sensación de sus manos bajándole por la espalda le causó escalofríos de placer, y de pronto no importó por qué se habían casado o si era para siempre. Que Dios la ayudara, pero quería volver a pasar la noche en los brazos de Hunter, quería sentir sus manos sobre ella y la sensación de ser atesorada mientras los cuerpos se volvían uno. Se lo habría dicho, pero cuando la boca de él se posó sobre la suya, el contacto fue tan tierno que hizo que le saltaran lágrimas y le robó toda capacidad de habla. Hunter profundizó el beso y la lengua le acarició la suya, llena de promesas. La deseaba y se lo comunicaba sin rodeos. Cuando la alzó en vilo y fue al dormitorio, los labios en ningún momento Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 69—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados quebraron el contacto, y mientras se tumbaba con gentileza en la cama, a Callie le dio un vuelco el corazón. Con las piernas entrelazadas y la fuerza de la erección pegada a su muslo, su cuerpo respondió con lujuriosas palpitaciones de necesidad. Los labios de Hunter se aferraron a los suyos un momento antes de levantar la cabeza y sonreírle. —Te deseo tanto, que puedo probarlo. —Y yo te deseo de la misma manera —el cuerpo le hormigueaba de tal


forma, que le temblaba—. Por favor, hazme el amor, Hunter. El aspecto somnoliento de él la estimuló hasta las profundidades del alma al levantarse para quitarse los zapatos y los calcetines, y luego, tomándola de la mano, ayudarla a incorporarse. Le apoyó las manos en su torso y le dedicó una amplia sonrisa. —Hagámoslo juntos, cariño. Excitada por la perspectiva de quitarle la ropa, Callie se puso de puntillas para darle un beso en el cuello, justo por encima de la banda elástica de la camiseta roja, al tiempo que se la sacaba de la cintura de los vaqueros. Deslizando la mano por debajo de la tela suave, sintió que los músculos de él se contraían al levantársela despacio. Cuando Hunter alzó los brazos para ayudarla, permitió que él mismo se la sacara por la cabeza y la tirara al suelo. —Tu cuerpo es perfecto —dijo ella, acariciándole con suavidad los pectorales bien definidos. Cuando se puso a trazar círculos alrededor de las tetillas con sus uñas, él contuvo el aliento. —A pesar de lo que me gusta tener tus manos en mi pecho, ahora es mi turno. Alargó las manos y le quitó la cinta que le sostenía el pelo en una coleta y pasó los dedos por el cabello largo hasta los hombros. —Es como hebras de fina seda dorada. Ladeó la cabeza para un beso rápido, luego, con meticulosidad, se ocupó de los tres botones de la parte superior del amplio polo. Lentamente, se lo quitó por la cabeza al tiempo que la mantenía inmovilizada con la mirada y llevaba las manos a su espalda para desprenderle el sujetador. Cuando terminó de bajarle la prenda de seda y encaje por los hombros y la tiró sobre las camisas de ambos, la respiración de los dos sonaba como si acabaran de terminar una


maratón. La mirada de él la inundó de calor mientras llenaba las palmas de las manos con sus pechos y frotaba las cumbres sensibles con los dedos pulgares. —Eres tan hermosa, Callie. Bajó la cabeza para capturar uno de sus pezones con la boca, y ella tuvo que apoyar las manos en los hombros de Hunter para evitar derretirse en un charco a los pies de él. Con la lengua excitó primero un capullo y luego el otro y Callie sintió como si su sangre se hubiera vuelto miel templada a medida que los tentáculos del Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 70—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados deseo se abrían paso por sus extremidades con un vacío palpitante, hasta la unión de sus muslos. Cuando al fin él levantó la cabeza, la expresión hambrienta en esos ojos verdes la dejó sin aliento. Sin decir una palabra, ella le desabrochó el cinturón. Pero cuando desprendió el botón de la cintura de los vaqueros, se obligó a ir despacio. Mirándolo, le sonrió al tiempo que bajaba la abultada cremallera casi de un diente metálico por vez. —Esto parece incómodo. Creo que te sentirías mejor si te los quitaras. —Yo no lo creo, cariño, lo sé—manifestó con voz ronca. Le bajó los vaqueros por las caderas estrechas, por los muslos musculosos y luego por las pantorrillas. Cuando él sacó los pies de ellos, Callie se incorporo acariciándole las piernas velludas hasta los calzoncillos azul marino. Le encantó la forma en que contraía los músculos a su contacto. —¿Estás mejor ahora? La sonrisa sexy de él potenció el calor acumulado en su interior. —Oh, sí —alargó la mano hacia la cintura de los vaqueros premamá de ella.


La mirada encendida la mantuvo cautiva al tiempo que deslizaba los dedos debajo del elástico. El tacto de las palmas cálidas fue maravilloso sobre su piel mientras se arrodillaba para bajarle los pantalones. Tocándola entre las piernas a través de las braguitas de seda, aplicó una leve presión sobre el punto más sensible de su cuerpo, logrando que de allí salieran oleadas de placer que abarcaron todo su cuerpo. —¿Te gusta, Callie? —preguntó cuando de la boca de ella escapó un diminuto gemido de placer. Incapaz de formar un pensamiento coherente, sólo pudo asentir. Cuando se puso de pie, como por acuerdo tácito, los dos se centraron en las últimas barreras que los separaban. Sin dejar de mirarse a los ojos, al mismo tiempo se desprendieron del calzoncillo y de las braguitas. Callie abrió mucho los ojos al contemplar ese cuerpo magnífico. Cuando había hecho el amor la otra mañana, no había habido suficiente luz para que pudiera verle bien. Pero al mirarlo en ese momento, se maravilló de la perfección con que estaba hecho. Los hombros anchos, el pecho y los muslos estaban bien definidos por unos músculos que, de algún modo, supo que no se habían desarrollado en un gimnasio. Al bajar la vista, contuvo el aliento ante esa erección orgullosa y plena. Tenía una complexión impresionante, se hallaba absolutamente excitado y, al mirarlo, vio que la contemplaba como si fuera la criatura más hermosa de la tierra. —Eres asombrosa —musitó él con voz llena de pasión. —Pensaba lo mismo sobre ti —quizá se hubiera sentido un poco insegura sobre su figura cada vez más amplia de no haber sido por el brillo de aprecio en los ojos de él y el deje de reverencia que detectaba en la voz de Hunter. De forma titubeante, alargó la mano para tocarlo. La recorrieron unos temblores Escaneado por galshah y corregido por tallitach


Nº Paginas 71—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados ardientes y hambrientos de deseo al rodearlo con la mano y notar que el cálido y grueso poderío se erguía ante su contacto. Recorriendo la extensión con la mano, lo miró a los ojos cuando emitió un gruñido. Tenía los ojos cerrados y un músculo le palpitaba en la mandíbula, como si apretara los dientes ante las intensas sensaciones que le creaba su caricia. —¿Te gusta, Hunter? Cuando abrió los ojos, la luz intensa de las profundidades de sus ojos la hizo temblar con una necesidad más poderosa que nada que hubiera experimentado con anterioridad. Pero en el momento en que le coronó los pechos y bajó la cabeza para lamer cada pezón por vez, se vio alzada por unos remolinos de calor y tuvo que abandonar la exploración que había estado realizando sobre él para apoyar las manos en sus hombros. —Por... por favor... —¿Qué quieres, Callie? El aliento cálido sobre su piel le hizo pensar que podría estallar en llamas en cualquier momento. —A ti. —¿Cuándo? —¡Ahora! —¿la estaba volviendo loca y quería jugar a las preguntas? Riendo entre dientes, alzó la cabeza, la rodeó con los brazos y la pegó a él. En cuanto sus pieles se encontraron, Callie renovó su gemido de placer. —Vayamos a la cama mientras aún tenemos fuerzas —manifestó Hunter con voz ronca. La ayudó a acostarse y se tumbó a su lado. Callie sintió un placer inmenso cuando las palmas de las manos de él le acariciaron los costados del torso y la


parte inferior de los pechos. Sintiendo como si ardiera de dentro afuera, juntó las piernas en un esfuerzo por mitigar la palpitación que él había creado ahí. Hunter debió de darse cuenta de lo que necesitaba, porque bajó la mano para coronarla con suavidad, antes de separarla con los dedos y acariciarle el pequeño botón del placer oculto. La recorrió una onda de calor y sintió que enloquecía de deseo. Llenándole de besos el cuello y los hombros, introdujo más el dedo para acariciarla por dentro. —¿Es ahí donde me quieres, Callie? —Sí... sí. —¿Me quieres ahí ahora? —Hunter... por favor... —Sólo un poquito más, cariño —dijo mientras los dedos implacables seguían acariciándola. —No... no aguanto más. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 72—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Cuando apartó la mano, de inmediato le separó los muslos con la rodilla y se situó en posición. Le cubrió los labios con los suyos y Callie cerró los ojos ante la exquisita sensación de su miembro contra ella un momento antes de sentir que se introducía lenta e imparablemente dentro de ella. —Mírame, Callie. AI abrir los ojos, la mirada ardiente de Hunter la sostuvo mientras establecía un ritmo relajado, y demasiado pronto ella sintió que su cuerpo se tensaba en busca de una dulce liberación de la tensión que él había creado en su interior. Hunter debió de notar la contracción alrededor de sí, porque incrementó las


embestidas hasta que la espiral de necesidad de Callie se quebró y la lanzó a un reino de intenso placer. Lo oyó decir su nombre a él al mismo tiempo que el cuerpo se le ponía rígido y después temblaba dentro de ella al encontrar la liberación propia. Cerrando los brazos en torno a la ancha espalda de él, lo pegó a su cuerpo mientras palpitaba con dulce satisfacción. Cuando los cuerpos de ambos comenzaron a enfriarse, se mordió el labio inferior para contener las lágrimas. Había hecho lo impensable. Había luchado contra ello desde el instante en que se conocieron, pero ya era inútil seguir negándolo. Se había enamorado de Hunter O'Banyon. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 73—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Capítulo Nueve A la mañana siguiente, cuando Hunter y Callie entraron en el cuarto de comunicaciones, Mary Lou indicó un papel que había sobre su mesa. —Hunter, tienes un mensaje de alguien apellidado Barringer —movió la cabeza con desaprobación—. No quiso decirme la naturaleza de lo que quería tratar contigo. Pero sí que era importante que lo llamaras en cuanto te fuera posible —señaló una caja enorme que había en un rincón—. Ayer por la tarde nos entregaron los nuevos monos de vuelo que pediste. —Bien —dijo Callie, acercándose para mirar dentro de la caja—. Apenas puedo abrocharme el actual. Reconociendo el nombre del investigador privado que había contratado, él asintió. —Mientras devuelvo la llamada, ¿por qué Callie y tú no cotejáis todos los monos con las tallas del personal —se acercó para darle un beso en la mejilla


a Callie—. Vendré a ayudar en unos minutos —al ver que se ruborizaba, pensó que jamás la había visto más bonita. —Mary Lou y yo podemos ocuparnos de esto. Ve a hacer tu llamada. —Desde luego, sé quiénes son unos recién casados —rió Mary Lou—. Si no puedes alejarte el tiempo suficiente para hacer una llamada, lo tuyo es serio. Hunter no sabía por qué, pero parecía incapaz de dejar de sonreír mientras recogía el papel con el número de Barringer e iba a su despacho. Quizá era porque el investigador había respondido con celeridad. Pero le daba la impresión de que tenía más que ver con el hecho de que acababa de pasar la noche más maravillosa de su vida con su asombrosa esposa. Callie era la mujer más receptiva y sensual que jamás había conocido, y estaba impaciente porque acabaran el turno para poder regresar a la casa de ella. A menos que los llamaran para estar de guardia, dispondrían de cuatro días para reanudar la luna de miel... y tenía la intención de aprovechar al máximo hasta el último minuto. Su cuerpo se endureció con ese pensamiento y maldijo que aún les quedaran ocho horas para terminar. Al cerrar la puerta del despacho a su espalda, respiró hondo varias veces para calmar su libido desbocada, luego se acercó a la mesa y marcó el número de Barringer. En cuanto le dio su nombre a la secretaria, ésta le pasó con Joe Barringer. —He descubierto varias cosas sobre Culbertson que creo que le resultarán interesantes —anunció sin preámbulos. —Tiene toda mi atención —repuso, dejándose caer en su sillón. —Craig Culbertson está en bancarrota. Se ha jugado el fideicomiso que le había dejado su abuelo y parece que ha empezado a desviar dinero del asignado a su hijo.


—Pero, ¿no son sus padres los que tienen el control del dinero? —preguntó. Juraría que Callie le había dicho que los Culbertson habían adoptado al hijo de Craig, Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 74—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados a quien habían criado como si fuera propio. —Sí —confirmó Barringer—. Pero había una cláusula en el testamento del abuelo que ponía que cuando Craig cumpliera los treinta años, también obtenía el control de ese fideicomiso. —¿Algo más? —inquirió, preguntándose cómo usar esa información para ayudar a Callie. Hasta el momento, no había oído nada útil. —Sí. Parece que también hay cláusulas para futuros hijos. Se irguió en el sillón. Estaba seguro de que iba a enterarse del motivo de Culbertson para su presencia en Devil's Fork. —¿Qué tipo de cláusulas? —Un segundo —Barringer se puso a hojear unos papeles un instante antes de añadir—: Cualquier futuro hijo de Craig Culbertson tendrá un fideicomiso de un millón de dólares y... —Deje que lo adivine —pidió Hunter—. Culbertson es el administrador. —Exacto —el disgusto en la voz de Barringer fue evidente—. Su abuelo debió de esperar que Culbertson tuviera más aventuras. En vez de dejarle la parte principal de su fortuna, el viejo estipuló que casi todo el dinero se pusiera en fideicomisos para futuros herederos —consultó unas notas—. Y Culbertson debe tener la custodia de cada niño antes de que le adjudique un fideicomiso. —Eso explica muchas cosas —manifestó Hunter.


—Otra cosa que quizá le resulte interesante... Culbertson tiene a varios personajes de mala fama respirándole en el cogote por sus deudas de juego. No estoy seguro de que pueda esperar hasta que la señorita Marshall dé a luz. Necesita el dinero ahora —concluyó el detective. —¿Y qué pasa con sus padres? ¿No puede recurrir a ellos? —si realmente estaba metido en esa clase de problemas, sería la elección obvia. —Harry y Alice Culbertson prácticamente se han lavado las manos de lo que le suceda a su hijo —respondió el investigador—. Lo han rescatado varias veces, y por lo que he podido averiguar, la última vez dijeron que se acababa, que ya no le pagarían más deudas de juego. —En otras palabras, está desesperado por conseguir efectivo y si puede contener a sus corredores de apuestas hasta que Callie tenga a su bebé, dispondrá de otro fideicomiso del que poder robar —movió la cabeza pensando en la necedad del hombre. —Prácticamente, eso lo resume todo. Si averiguo algo más, lo llamaré — afirmó Barringer—. Pero creo que ya dispone de la información más relevante. Nada más cortar, Hunter llamó al banco, a Luther Freemont, el secretario de Emerald y luego al hostal donde se alojaba Craig Culbertson. Satisfecho de tenerlo todo bajo control, en cuanto recibió el fax de Emerald Inc., dejó la oficina y regresó al cuarto de comunicaciones. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 75—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Tengo otras cosas de las que debo ocuparme —dijo, rodeando a Callie con un brazo—. Cuando vuelva de la ciudad, necesito contarte una cosa. Ella frunció el ceño preocupada.


—Suena serio. —Nada que deba preocuparte, cariño —sin importarle que Mary Lou y Corey fueran espectadores ávidos, le dio un beso rápido—. Volveré en cuanto pueda. De camino a Devil's Fork, lo dominó la impaciencia por enfrentarse a Culbertson. Iba a hacerle una oferta que no podría permitirse el lujo de rechazar. Y en el próximo par de horas, esperaba que ese sujeto estuviera de camino a Houston y fuera de la vida de Callie para siempre. —He de reconocer que tu petición de tener esta reunión ha sido algo sorprendente, O'Banyon. Sentados en la parte de atrás del Longhorn Café, Hunter se hallaba frente al ser humano más despreciable que jamás había tenido la fortuna de conocer. Con su buena apariencia, su aire sofisticado y su sonrisa juvenil, podía entender por qué las mujeres encontraban atractivo a Craig Culbertson. Pero conocía a esa clase de sujetos. Las personas como Culbertson empleaban sus encantos para ocultar la verdadera naturaleza que tenían, y aunque jamás habría creído posible reconocer algo así, el hombre que tenía ante sí era más vil que Owen Larson. Así como éste había sido un irresponsable en dejar embarazadas a las mujeres y abandonarlas a su suerte ante la maternidad, jamás había usado a los hijos para que lo sacaran de un apuro. —Voy a hacerte una oferta única, Culbertson. Y si eres tan listo como tratas de hacer creer a la gente, la aceptarás. —Oh, ¿de verdad? La expresión desdeñosa del hombre hizo que Hunter tuviera ganas de estirar la mano y agarrarlo por el cuello. —Voy a rellenarte un cheque por medio millón de dólares y luego vas a


firmar un documento renunciando a todos los derechos sobre el hijo de Callie —supo que en cuanto mencionó el dinero, tuvo la atención del otro—. Te marcharás de la ciudad y nunca más molestarás a Callie o a su hijo. —¿Qué te hace pensar que se me puede comprar con tanta facilidad? — preguntó, sin siquiera molestarse en sonar ofendido por las exigencias de Hunter—. ¿Y quién puede afirmar que una vez que firme ese papel no descubriré que tu cheque no es bueno? —Créeme, el cheque es bueno —se adelantó y bajó la voz hasta un gruñido amenazador—. Y da la casualidad de que sé que si no consigues dinero pronto, tu vida no valdrá un pimiento. Culbertson se puso pálido. —¿Qué te hace decir eso? Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 76—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Es asombroso lo que puede descubrir un buen detective privado, como que unos corredores de apuestas van por ti por unas deudas de juego —sacó del bolsillo el fax que había recibido del departamento legal de Emerald Inc. y lo empujó por la superficie de la mesa—. Es un acuerdo de confidencialidad y custodia. Fírmalo, acepta mi cheque y lárgate de la ciudad o corre el riesgo no sólo de perder el fideicomiso que se pondrá a nombre del bebé de Callie, sino también tu vida. —¿Es una amenaza, O'Banyon? Hunter movió la cabeza. —En absoluto. Aunque me gustaría arrancarte los miembros uno a uno, no tendré que hacer nada. Tus corredores de apuestas se ocuparán de eso por mí —alzó la mano para llamar la atención de la camarera—. Voy a pedir una taza de café. Cuando la haya terminado, más te vale haber firmado ese


documento o la oferta quedará anulada y podrás correr el riesgo con los corredores de apuestas y los tribunales. Después de que la camarera le llevara el café, Culbertson le dedicó una sonrisa arrogante. —¿Por qué debería conformarme con medio millón? Si quisiera, podría conseguir la custodia del bebé de Callie en un abrir y cerrar de ojos y terminar con un millón a mi disposición. —Yo no contaría con eso —le sonrió con certeza—. Para empezar, Callie y yo somos realmente marido y mujer. Eso la ayudará mucho. —Oh, fantástico —Culbertson rió—. Eres propietario de un miserable servicio aéreo de ambulancias en mitad de la nada que apenas podrá cubrir gastos, y esperas que me crea que mis abogados y mi amigo el juez Howell preferirán ver a un bebé criado por Callie y tú antes que en el estilo de vida que le puedo proporcionar yo. Hunter bebió un sorbo de café, luego dejó la taza en el plato. —No lo entiendes, ¿verdad, Culbertson? —¿Qué hay que entender? Puedo tener este caso dando vueltas en los tribunales durante años y sé que Callie no dispone del dinero para aguantar los gastos que generaría eso —movió la cabeza con expresión condescendiente—. Y la verdad es que dudo mucho que tú lo tengas. —Te sorprendería descubrir quién puede hacer dar vueltas a quién en los tribunales —rió con dureza—. Además, no creo que tus corredores de apuestas quieran esperar tanto antes de empezar a sacar el dinero de tu miserable pellejo — pudo ver que le había dado algo en lo que pensar, pero el tipo era más arrogante y ególatra de lo que había pensado. —¿Y si digo que medio millón no es suficiente? ¿Y si quiero más? —Depende de ti —bebió un buen trago de café—. Pero me queda poco café.


Si no has firmado para cuando haya acabado, Callie y yo te veremos en los tribunales — sonrió—. Siempre que, por supuesto, aún quede algo de ti cuando el caso llegue al juzgado. Cuando empezó a levantar la taza, vio que Culbertson miraba el contenido y luego Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 77—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados el documento que tenía delante. —¿Seguro que el cheque es bueno? Hunter asintió. —Te lo garantizo. —¿Cómo sé que puedo confiar en ti? —Es algo que tendrás que aceptar como un acto de fe —alzó la taza y a punto estuvo de soltar una carcajada cuando Culbertson saco una pluma del bolsillo interior de su chaqueta y rápidamente plasmó su firma en el documento antes de que él se pudiera acabar el café. Le empujó el documento y lo miró furioso mientras volvía a guardarse la pluma. —Puedes quedártelos a los dos. Y ahora, ¿dónde está mi dinero? Hunter sacó un cheque del bolsillo con cremallera de su mono de vuelo, y entonces, antes de poder contenerse, agarró a Culbertson por la pechera de la camisa. Lo acercó hasta que sus narices quedaron pegadas y se aseguró de que el otro captara la amenaza que había en su voz.


—Que no vuelva a oír nunca más que empleas ese tono de voz cuando te refieras a mi mujer y a nuestro bebé. ¿Lo has entendido? —La amas de verdad, ¿no? —Sí —al comprender lo que había dicho, soltó la camisa de Culbertson y lo apartó. Luego se levantó y arrojó el cheque sobre la mesa—. Y ahora lárgate de Devil's Fork y no dejes que te vuelva a ver. Al salir de la cafetería y subirse a la furgoneta, el corazón le palpitaba con fuerza en el pecho y tuvo que obligarse a respirar. Amaba a Callie. Al perder a Ellen, se había jurado que jamás amaría a otra mujer ni correría el riesgo de perderla. Pero a pesar de lo mucho que había querido a su prometida, los sentimientos que le había inspirado no podían compararse con la profundidad de lo que sentía por Callie. En las últimas semanas se había sentido más vivo que en toda su vida y sabía con certeza que si llegara a perderla, nunca sobreviviría. ¿Cómo diablos se había permitido ir tan lejos? ¿Cuándo había sucedido? ¿Y por qué no lo había visto llegar? En algún momento entre aquel trayecto desde el aeródromo cuando ella fue a recogerlo y el día anterior, cuando habían intercambiado los votos nupciales, había soltado el pasado y mirado hacia el futuro. Un futuro con Callie y su hijo. Movió la cabeza. No era lo bastante tonto como para pensar que porque comprendiera que la amaba podrían hacer que el matrimonio funcionara. Cuando le sugirió que se casaran, ella había mostrado casi muchas más reservas que él. Y el único motivo por el que habían llegado a dar ese paso había sido para evitar que Culbertson le quitara al bebé. Una vez que éste ya no representaba una amenaza, desaparecía la causa para permanecer juntos. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 78—91


DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Respiró hondo y se metió en el sendero que conducía al hangar de Life Medevac. Sabía que Callie lo quería. La respuesta a sus besos y la pasión que habían compartido al hacer el amor lo demostraban. Pero, ¿lo amaba? Le había dicho que confiaba en él, pero eso tampoco significaba que quisiera quedarse con él el resto de su vida. Y recordaba con claridad que cuando se conocieron le había dejado bien claro que estaba más que satisfecha de permanecer soltera. También recordó que Callie tenía un problema con cualquiera que poseyera dinero. ¿Cómo se lo tomaría cuando descubriera que se había casado con un hombre con una cuenta corriente multimillonaria y que iba a heredar una parte sustanciosa de Emerald Inc., la poderosa empresa que su abuela paterna había levantado de la nada? Al aparcar la furgoneta, bajar e ir hacia el hangar, no estuvo seguro de cómo se resolverían las cosas para ellos. Pero tenía toda la intención de averiguarlo. Le diría lo que sentía, le explicaría todo sobre él y rezaría para que lo entendiera y también lo amara. —Estaba a punto de llamarte por el busca —dijo Mary Lou, colgando el teléfono. —Ha habido un accidente en el rancho de los Thompson y nos necesitan allí lo más pronto posible —añadió Callie al pasar a su lado de camino a la puerta. —¿Dónde está Corey? —preguntó, siguiéndola. —Aquí mismo, jefe —dijo el aludido, corriendo tras ellos. Cuando todos estuvieron sujetos a los asientos, Hunter encendió el motor y agarró el mando. No le hacía ninguna gracia tener que postergar la charla con Callie, pero no se podía evitar. Una víctima de accidente los esperaba y tenía prioridad sobre los asuntos del corazón.


Después de estabilizar la fractura doble de la pierna de Carl Thompson y transportarlo al hospital de El Paso, Callie estaba preparada para regresar a la base. —Espero poder echar una cabezadita en el vuelo de regreso —comentó Corey. Cuando cerró los ojos y quedó en silencio, Callie centró su atención en Hunter. Mientras miraba, él se puso los auriculares y activó interruptores en el panel de control. El corazón le dio un vuelco y tuvo que recordarse respirar. Si viviera hasta los cien años, no creía que llegara a ver a un hombre más sexy que él con el mono de vuelo y las gafas de aviador. Aunque la verdad era que lo consideraba sexy, punto, sin importar lo que llevara puesto o no. Respiró hondo. A pesar de lo mucho que se había afanado en no amarlo, había logrado atravesar sus defensas y llenar un vacío en su vida que ni siquiera había sabido que existía. Por desgracia, eso no significaba que pudieran tener un futuro juntos. Él había dejado bien claro que se casaba para ayudarla a mantener la custodia de su hijo, y que una vez que acabara la amenaza que planteaba Craig, lo mismo sucedería con el matrimonio. Además, una cosa era fingir que estaban felizmente casados y que Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 79—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados esperaban el nacimiento del bebé, y otra bien distinta aceptar permanentemente el papel de marido cariñoso y padre expectante. Sintió un nudo en el pecho al pensar en una vida sin Hunter. No quería pensar en no poder ver su cara atractiva cada día, oír su risa animada o sentir el calor de su contacto. Sin embargo, se preguntó si tendría el valor para contarle lo que sentía y que quería seguir casada con él una vez se acabaran los problemas.


—¡Maldita sea! El juramento vehemente de Hunter a través de los auriculares la sacó de su introspección. —¿Qué sucede? —Veo una climatología que no me gusta —dijo, señalando un banco de nubes. Atenta a la radio para el parte meteorológico de la torre de control del aeropuerto de El Paso, la alivió escuchar que la tormenta se alejaba de ellos. Nunca la había asustado mucho una turbulencia en un avión, pero no estaba segura de querer experimentarla en un helicóptero. —Parece que estamos del lado bueno —dijo él, elevándose y poniendo rumbo a Devil's Fork. —¿Conseguiste solucionar tus asuntos esta mañana? —preguntó ella para entablar una conversación. Él asintió. —Cuando regresemos a la base, tenemos que hablar de algunas cosas. —Eso suena más bien mal —por el tono serio de su voz, no estuvo segura de querer oír lo que tenía que decir. —No te preocupes, cariño. No es tan malo como suena. Eso la tranquilizó y volaron en agradable silencio durante un tiempo antes de que Hunter encadenara una serie de juramentos que terminaron con una palabra que la mayoría de los hombres reservaba para los momentos extremos. —Casi me da miedo preguntar, pero, ¿a qué se ha debido eso? —preguntó Callie. —El viento ha cambiado y estamos a punto de meternos en el corazón de ese


frente tormentoso —dijo mientras una ráfaga de viento sacudía el helicóptero. Mientras Hunter luchaba con el mando, Callie ciñó más las correas del asiento e hizo todo lo que pudo para no gritar cuando oscilaron de forma precaria. Rezando para que estuvieran cerca de la base de Life Medevac, el corazón se le hundió al mirar por el costado y ver los picos dentados de las montañas. —Espero que pueda encontrar un sitio donde aterrizar —dijo Hunter mientras seguía luchando con los controles—. Necesitamos pasar esta tormenta en el suelo. —Me parece una buena idea —convino ella. Mirando a Corey, no pudo creer que no se hubiera despertado. —Esto va a ser arriesgado —dijo Hunter con los dientes apretados—. Quiero que Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 80—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Corey y tú os sujetéis bien. Aferró los lados del asiento eyectable. —No sé cómo, pero Corey todavía duerme. —¿Tiene las correas del asiento bien sujetas? —Sí. Pero ha desconectado los auriculares. —No pasa nada —dijo—. Lo único que importa es que esté bien sujeto. Callie sintió como si tuviera el corazón en un puño. Sabía lo suficiente de helicópteros como para saber que aterrizar en una zona montañosa era arriesgado en las mejores circunstancias. Pero durante una tormenta con viento racheado, iba a ser extremadamente peligroso. De pronto sintió que el aparato se ladeaba y, cerrando los ojos, no dejó de


rezar mientras aguardaba lo que fuera a suceder a continuación. Al divisar un sitio relativamente seguro en la base de una de las montañas, Hunter apretó los dientes y empleó todas sus fuerzas para mantener el helicóptero lo más estable posible. Por su mente pasaron imágenes fugaces de otro aterrizaje forzoso y del devastador resultado. Pero en esa ocasión sería diferente. Estaba decidido a que, en ese momento, la mujer a la que amaba y su hijo aún no nacido estuvieran a salvo e ilesos. Cuando los skids golpearon con fuerza el suelo y luego rebotaron para volver a posarse con una sacudida poderosa, Hunter apagó el motor del rotor y se soltó las correas del arnés del asiento. Con una plegaria silenciosa por un aterrizaje seguro aunque agitado, fue a la zona de la cabina para comprobar el estado de sus pasajeros. Tomó a Callie en brazos y la pegó a él. —¿Te encuentras bien? Ella asintió, devolviéndole el abrazo. —Sí. Se volvió hacia Corey y le preguntó: —¿Y tú? ¿Estás bien? Pálido como un fantasma, con los ojos muy abiertos por la sorpresa, el joven asintió. —¡Vaya aterrizaje! ¿Dónde nos encontramos? Hunter miró por la ventanilla del costado de estribor las montañas circundantes. —A mitad de camino entre El Paso y Devil's Fork. La adrenalina que lo había estado impulsando desde que comprendiera que se hallaban en curso de colisión con la tormenta, comenzó a menguar y sintió


como si los músculos se le hubieran vuelto de gelatina. Activando el micrófono sujeto a la charretera del mono de Callie, llamó a Mary Lou para ponerla al tanto de la situación. Después de asegurarle que se encontraban bien, le dijo que emprenderían Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 81—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados el regreso en cuanto la tormenta amainara. Incapaz de dejar de pensar en lo cerca que había estado de revivir la pesadilla en la que había estado inmerso cinco años atrás y sin querer que Callie viera que aún le temblaban las manos, se excusó diciendo que debía comprobar el sistema del aparato y regresó al asiento del piloto. Se preguntó qué habría hecho si hubiera perdido a Callie tal como había perdido a Ellen. ¿Cómo habría podido vivir consigo mismo? Respiró hondo y luego soltó el aire despacio. La respuesta era sencilla. No podría. Y con súbita percepción supo exactamente lo que tenía que hacer. En cuanto regresaran al hangar, le entregaría a Callie el documento que Culbertson había firmado, le diría que disponía de libertad para solicitar una anulación del matrimonio y luego la despediría de Life Medevac. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 82—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Capítulo Diez Cuando Hunter, Corey y ella regresaron al hangar, se terminaba su turno y Callie tenía más que ganas de pasarle el relevo al equipo del Evac II e irse a casa. Aún tenía los nervios a flor de piel por el aterrizaje forzoso y necesitaba hablar con Hunter.


Desde el incidente, él apenas había dicho unas pocas palabras y veía que algo le molestaba. Pues ya eran dos. Mientras esperaban que amainara la tormenta, Corey había charlado de todo, desde que le costaba despertarse hasta de su novia embarazada y de la inminente boda, pero no le había prestado mucha atención. Había estado demasiado preocupada con los pensamientos sobre el bebé y lo cerca que había estado de perderlo. —He de ocuparme de un par de cosas en la oficina —dijo Hunter, caminando detrás de ella—. Si no te importa, llegaré un poco tarde. Se volvió para mirarla y su sonrisa se desvaneció al ver la expresión seria. —¿Hay algún problema? Él titubeó antes de negar con un gesto de la cabeza. —No. Lo que pasa que no me apetece nada el papeleo que me espera. —Anoche dejamos mi coche aquí y, de todos modos, necesito llevarlo a casa. Te veré en un par de horas —al verlo asentir y comenzar a girar para volver a su despacho, añadió—: ¿Qué te gustaría cenar? —No te preocupes por mí. No tengo hambre —sin decir otra palabra, desapareció pasillo abajo. Apenas lo conocía desde hacía un par de semanas, pero eso no importaba. No le cupo ninguna duda de que sucedía algo grave y tenía todas las intenciones de averiguar qué era. Pero un hangar lleno de gente no era el lugar idóneo para mantener una conversación abierta con su marido, así que decidió que lo mejor era tomarse su tiempo. Cuando Hunter fuera a casa, se enteraría de lo que lo inquietaba y luego le contaría las conclusiones a las que ella había llegado. Iba a concederle el deseo que tanto anhelaba y dejar de volar, al menos hasta después de que naciera su hijo. Y, a menos que cambiara de parecer, existía la gran posibilidad de que abandonara por completo su trabajo de enfermera


de vuelo. Al recorrer la corta distancia hasta su casa, apoyó la mano en el vientre. Sabía que Hunter iba a necesitar un tiempo para encontrarle un reemplazo, pero no se podía evitar. Con efecto inmediato, iba a presentarle su dimisión de Life Medevac para concentrarse en ser madre y estar para su hijo mientras éste crecía. Aparcando la furgoneta en la entrada de vehículos de Callie, permaneció varios minutos sentado con la vista clavada en la pequeña casa. En las últimas dos semanas había sido más feliz al visitar esa cabaña acogedora que en cinco años, y lo Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 83—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados desgarraba pensar que después de esa noche ya no sería bienvenido allí. Pero lo que iba a hacer era lo mejor para todas las partes implicadas y sabía que, con el tiempo, Callie lo entendería. Y aunque no fuera así, al menos podría dormir por las noches, sabiendo que había hecho todo lo que estaba a su alcance para protegerla a ella y a su bebé. Al bajar de la furgoneta, recogió la carpeta con los documentos que iba a entregarle y despacio subió los escalones y llamó a la puerta. Nada más acabar con eso, tenía la intención de ir hasta aquel punto que había encontrado unos días después de llegar a Devil's Fork, desde donde podía contemplar las estrellas. Quizá si se quedara allí el tiempo suficiente, se reconciliaría con el hecho de que, para proteger a la mujer y al bebé que amaba con todo su corazón, tenía que abandonarlos. —¿Por qué has llamado? —preguntó ella al abrir y hacerse a un lado para que pasara—. ¿Por qué no entraste directamente? De pie allí, con el sedoso cabello rubio alrededor de sus hombros, con harina en el mandil y la sonrisa más bonita que jamás había visto, hacía que el corazón se le estrujara en el pecho y sin siquiera saberlo.


Pasó al salón y esperó que cerrara la puerta, luego la encaró. —Tenemos que hablar. La sonrisa de Callie se desvaneció. —¿Esto tiene algo que ver con lo que pasó esta tarde? Porque si es así... —Esta tarde fuimos muy afortunados —la cortó. No había sido su intención sonar tan duro, pero sólo la fuerza de voluntad lo frenaba de tomarla en brazos y abandonar el curso de acción que sabía que debía tomar. —¿Hunter? Extendió la mano y avanzó un paso, pero, moviendo la cabeza, él se retiró. Sabía más allá de toda duda que si lo tocaba, perdería su batalla interior. Y era una lucha que necesitaba ganar. —Creo que será mejor que te sientes para esto —dijo, atemperando el tono de su voz. Ella se dejó caer en el sofá y lo miró con ojos atribulados. —Empiezas a asustarme. —No es mi intención —respiró hondo y abrió la carpeta para extraer el documento que Culbertson había firmado ese mismo día. Se lo entregó y le explicó lo que había averiguado por el investigador privado—. Nunca más volverás a saber nada de él. Ha regresado a Houston y ya no os molestará ni a ti ni a tu hijo. Lo miró con incredulidad. —¿Lo compraste? Hunter se encogió de hombros. Escaneado por galshah y corregido por tallitach


Nº Paginas 84—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Supongo que lo podrías llamar de esa manera. —Dios mío, no puedo permitir que hagas eso. Es una cantidad de dinero exorbitante. —Demasiado tarde, cariño. Ya está hecho. Miró el papel durante varios segundos, luego alzó la vista y movió la cabeza. —Tú no puedes permitírtelo y, desde luego, yo no puedo devolvértelo. —No te lo pido —aseveró—. Considéralo un regalo para el bebé. —Al bebé se le compran pañales, biberones y cunas. No se le da algo tan extravagante como medio millón de dólares para que alguien me deje en paz. —No te preocupes por eso. Yo no lo hago. —Hunter, por favor... Cuando fue a levantarse del sofá, la frenó con un movimiento de la cabeza. —Todavía no he terminado. Ahora que se ha acabado la amenaza de Culbertson, eres libre de solicitar ante un tribunal la anulación de este matrimonio. Ella contuvo el aliento. —¿Es lo que quieres? Era lo último que quería, pero no podía decirle eso. —Creo que ése era nuestro acuerdo. Ella se puso de pie y caminó hacia él.


—No me has contestado. —No importa lo que yo quiera —le entregó la carpeta—. Después de que le eches un vistazo a esto, estoy segura de que coincidirás en que la anulación es lo mejor. Al estudiar la carta de despido y el cheque por el salario de un año, lo miró furiosa. —¿Por qué me despides? ¿Y por qué me das tanto dinero? —Porque es la única manera que se me ocurre de evitar que vueles. Hay suficiente dinero para pagar tu estancia en el hospital por el parto y también para que te puedas quedar en casa con tu hijo durante varios meses —había sabido que a Callie no le gustaría, pero no se podía hacer nada. Era por el bien de ella y su propia paz mental. —Esto no me impedirá volar —dijo, tirando la carpeta sobre la mesilla—. Soy una enfermera de vuelo experimentada. Si quisiera, podría conseguir un trabajo con otro servicio aéreo de ambulancias. Pero he decidido... —Será mejor que no lo hagas —antes de poder detenerse, la aferró por los brazos—. Lo que pasó hoy no ha sido más que una pequeña parte de lo que podría pasar cada vez que subas a un helicóptero para ir a atender una emergencia. Prométeme que buscarás trabajo en un hospital. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 85—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —Hunter, ¿por qué... me... haces esto? —preguntó con voz vacilante. Él cerró los ojos unos instantes, y al abrirlos, las lágrimas sobre esas mejillas de porcelana le produjeron un dolor tan agudo que amenazó con postrarlo de rodillas.


No le gustaba hablar del accidente, pero tenía que hacerle entender por qué no soportaba la idea de que volara. —Hace cinco años estaba a los controles de un helicóptero que cayó en Centroamérica. Fue un problema mecánico y no hubo nada que yo pudiera hacer para evitar el incidente. Aquel día perdí a mi prometida y a nuestro hijo nonato — rodeó a Callie con los brazos y la pegó a él—. No puedo dejar que algo así te suceda a ti. —Por eso quisiste que me quedara en tierra desde el día que llegaste. Incapaz de hablar, asintió. Ella se echó para atrás y lo miró. —¿Por qué, Hunter? ¿Por qué no puedes dejar que eso se repita? —Porque te amo, maldición —comprendiendo lo que acababa de decir, la soltó de inmediato, dio un paso atrás y se frotó la tensión que empezaba a acumulársele en la nuca—. Cuando estés preparada, pasa por el hangar para vaciar tu taquilla. —¿Has terminado ya con lo que has venido a decirme? Esperando que le exigiera que se marchara, se dirigió hacia la puerta. —Sí. —Bien —se plantó ante él y le clavó un dedo en el pecho—. Ahora vas a escucharme a mí. —No voy a cambiar de parecer. Los ojos violetas centellearon con furia. —No me importa. Tú ya has hablado y ahora es mi turno.


Le pareció justo. Aunque no quería estar mucho tiempo ahí, aguantando el deseo de tomarla en brazos otra vez. —De acuerdo. Pero sé breve. —Primero, tardaré lo que quiera en decirte lo que pienso. Segundo, tienes que dejar de ser tan mandón y aprender a escuchar —con una mano delicada señaló la puerta—. Desde el momento en que entraste, he tratado de decirte algo sin que tú me dejaras intervenir. —No veo que vaya a cambiar nada. Ella cruzó los brazos y movió un pie descalzo sobre el suelo. —¿Por qué no te sientas y me escuchas antes de emitir juicios? Él negó con la cabeza. —No creo... Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 86—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados —¡Siéntate! Dejándose caer en el sillón, la miró. Empezaba a encenderse y no creyó haberla visto nunca más hermosa. Aunque tal como la amaba, no pensó que pudiera haber algún momento en que no le pareciera hermosa. —Si me hubieras dejado hablar antes, nos podríamos haber evitado bastante angustia —de pie delante de él, plantó las manos en las caderas—. Iba a decirte que después de lo que pasó hoy, comprendí que ya no quiero ser una enfermera de vuelo. Así que puedes meterte ese despido y tu cheque de compensación por donde quieras. Sintiendo como si le hubieran quitado un peso de los hombros, se irguió en el


sillón. —¿Ya no quieres volar más? —No —apoyó la mano en su vientre—. Lo sucedido hoy me recordó lo que es importante. Hunter no pudo creerse el grado de alivio que lo embargó. —No te haces idea de lo contento que estoy de oír eso. —Y otra cosa —comenzó a caminar por el salón—. ¿Qué te da derecho a decirme lo que crees que debo hacer sobre nuestro matrimonio? ¿Se te ha pasado en algún momento por la cabeza que tal vez no quiera una anulación? Tampoco podía creer que quisiera lo mismo que él... intentar hacer que el matrimonio funcionara. Como con miedo a tener esperanzas, preguntó con cautela: —¿No la quieres? —No. Una anulación es lo último que quiero —movió la cabeza—. Aunque ahora mismo, cuestiono mi cordura y el motivo por el que te amo, cabeza de aserrín. No podría haberse quedado en el sillón ni aunque en ello le fuera la vida. Se puso de pie de un salto y la abrazó. —¡Gracias a Dios! —le dio un beso que los dejó a los dos sin aliento. Al levantar la cabeza, sintió como si su alma se hubiera visto liberada al contemplar el amor en los ojos brillantes de Callie—. Quiero vivir el resto de mi vida contigo, cariño —posó una mano sobre el vientre redondeado—. Y si te parece bien, quiero ser un padre para tu bebé. —Me encantaría —le acarició la mejilla con lágrimas en los ojos—. Eres un hombre especial, Hunter O'Banyon. —Eso no lo sé, pero te prometo que seré el mejor padre y marido que se puede llegar a ser —la volvió a besar—. Y lo primero que voy a hacer para


mi nueva familia, es añadirle un par de habitaciones a la casa —le mordisqueó el hueco entre el cuello y la oreja—. O, si quieres, puedo construirnos una casa nueva con montones de dormitorios para los bebés, además de cuartos de invitados para las suegras que vengan de visita. —¿Podemos permitirnos algo así? —temblando de deseo, cerró los ojos cuando Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 87—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Hunter le acarició un pecho y le frotó el pezón duro a través de la tela de la camisa—. Tuviste que gastarte un montón de dinero para deshacerte de Craig —al notar que la mano de él se paralizaba, abrió los ojos—. ¿Qué? —Hay otra cosa que no sabes de mí —dijo, con expresión algo incómoda. —Has hipotecado Life Medevac para pagarle a Craig —conjeturó, odiando que hubiera puesto su negocio en peligro por ella—. No te preocupes, soy enfermera colegiada. Una vez que nazca el niño, veré qué trabajos hay disponibles. —Eso no será ne... —Te prometo que el trabajo será en tierra —se apresuró a tranquilizarlo. —Pero, cariño... —Sea el puesto que sea, podré ayudar con los pagos del préstamo, aparte de recortar gastos aquí y allá... Él rió entre dientes y le tapó la boca con la mano. —Y ahora, ¿quién es el que no deja hablar a quién? —Te amo —murmuró ella, besándole la piel de la palma.


Él tembló antes de apartarla. —Yo también te amo, Callie —su expresión se tornó seria—. Pero hay algo más que necesito contarte sobre mí. —¿De qué se trata? —instó con aprensión. —¿Recuerdas que te mencioné que no supe quién era mi padre hasta hace unos meses y que su familia tenía dinero? Ella asintió. —Fue cuando averiguaste que tenías dos hermanos y los motivos de tu abuela para mantener en secreto la identidad de tu padre. —Exacto —respiró hondo, reacio a decir más. —Seguro que no puede ser tan malo. Él negó con la cabeza. —La mayoría de la gente no lo creería, pero tal vez tú pienses de forma diferente. —¿Por qué dices eso? —Porque no sientes un aprecio especial por la gente rica—le sonrió con timidez—. Cariño, soy rico —agitó la cabeza—. De hecho, no es que sea rico, es que soy asquerosamente rico. —¿Qué? —de todas las cosas que habían pasado por su cabeza, que fuera rico no era una de ellas. Desde luego, no se comportaba como toda la gente rica que ella conocía. —Cuando mi abuela finalmente nos contó a mis hermanos y a mí quién era nuestro padre, también nos informó de que tenemos un fideicomiso multimillonario Escaneado por galshah y corregido por tallitach


Nº Paginas 88—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados y que un día heredaríamos una empresa billonaria. Callie se quedó boquiabierta y no fue capaz de hilvanar dos palabras seguidas. Cuando al fin encontró su voz, dijo: —¿Quién es tu abuela? Él sonrió. —Emerald Larson. —¿Esa Emerald Larson? —La misma —asintió—. Espero que no me lo eches en cara. Ella se mostró desconcertada. —No puedo creer... quiero decir, nunca actuaste de forma diferente que los demás y no tenía idea... Silenció sus desvaríos con un beso, y cuando levantó la cabeza a ella ya no le importaba el dinero que tenía ni de quién pudiera ser nieto. Lo único que importaba era el hombre al que amaba más que a la vida misma y que la abrazaba. —Hunter, no me importa cuánto dinero tienes... como si no tienes un céntimo. Te amo y eso es lo único que importa. —Y yo te amo a ti. Nunca lo dudes —le sonrió con ternura—. A propósito, ¿qué tenías planeado para el próximo mes? —Lo mismo que para el resto de mi vida... amarte —le besó el cuello y le provocó unos escalofríos de placer—. ¿Por qué?


Cuando ella le devolvió el gesto y comenzó a besarle el cuello, Hunter gimió y la alzó en brazos. —No importa. Ahora mismo no soy capaz de pensar más allá de ir al dormitorio para empezar con el resto de nuestra vida. —Me gusta cómo piensas, aviador —le rodeó los hombros con los brazos y le susurró al oído—: Te amo, Hunter. —Y yo a ti, Callie —la depositó con suavidad en la cama, se tumbó al lado de ella y la volvió a tomar en brazos—. Y pretendo dedicar el resto de mi vida a demostrártelo. Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 89—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados Epílogo Mientras Emerald Larson observaba a sus tres nietos y a sus esposas circular entre los invitados de la cena que había ofrecido en honor de ellos, se dio una palmadita mental en la espalda por un trabajo bien hecho. Específicamente había elegido las empresas que les había entregado a cada uno, al igual que organizado que conocieran a las mujeres que había sabido que serían perfectas para ellos, y no podría haberse sentido más complacida con los resultados de sus esfuerzos. Al mirar a su nieto menor, Caleb, sonrió con cariño. Éste había demostrado ser un genio con el enfoque de dirección creativo e innovador que había implantado, con el que no sólo había levantado la moral en Skerritt y Crowe Financial Consultants, sino que en unos meses había incrementado la productividad en un cincuenta por ciento. Junto con su esposa, Alyssa, se estaban labrando una reputación sólida como una fuerza a tener en cuenta en el mundo financiero. Centrando su atención en su nieto intermedio, no pudo haberse sentido más


orgullosa. Al regresar al Rancho Sugar Creek, Nick no sólo había reclamado lo que le correspondía por sangre, sino que con valor se había enfrentado a su némesis y obtenido venganza después de trece largos años. Con la ayuda de su esposa, Cheyenne, Emerald no tenía dudas de que su plan de convertir la empresa ganadera en una operación de pastos abiertos encontraría un éxito absoluto. Y en la primavera, cuando naciera su primer hijo, al fin cumplirían su sueño de criar una familia en ese enorme y hermoso rancho bajo el inmenso cielo de Wyoming. Cuando su mirada se posó en Hunter, su nieto mayor, suspiró satisfecha. Era el que más le había preocupado. Después de perder a su prometida y a su hijo nonato, había dejado de pilotar los helicópteros que tanto le gustaban y levantado un muro alrededor de su corazón que temió que nunca pudiera derribar. Pero cuando llegó para hacerse cargo del Life Medevac Helicopter Service, no sólo había reavivado su amor por el vuelo, sino que había conocido a Callie, una joven mujer embarazada cuyo amor lo había ayudado a superar el pasado y a sanar su corazón herido. —¿Quería verme, señora Larson? —preguntó Luther Freemont, situándose junto a ella. Como secretario privado, Luther era altamente eficiente y su lealtad insuperable. Pero como hombre, era la persona más estirada que había conocido nunca. —Quiero darte las gracias por ayudarme a lograr mi objetivo —dijo, sin dejar de observar a sus nietos y esposas—. Nuestros esfuerzos han salido bastante bien, ¿no crees? —Yo diría que han sido un sonado éxito —convino Luther. —He disfrutado viendo a mis nietos demostrando su valía con los negocios que Escaneado por galshah y corregido por tallitach


Nº Paginas 90—91 DeNosky, Kathie — El Dolor de Amar — 03 Serie Herederos Inesperados les di, a la vez que los ayudaba a encontrar al amor de sus vidas —suspiró—. Es una pena que no tenga más nietos. Contuvo el aliento y su estado de ánimo se aligeró de forma considerable cuando Luther le dedicó una de sus raras sonrisas. —Bueno, de hecho... Fin Escaneado por galshah y corregido por tallitach Nº Paginas 91—91

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El dolor de amar kathie denosky  

Sinopsis: Había aceptado al hijo de otro hombre… por ella Aterrada de que la poderosa familia de su exnovio tratara de hacerse con la cus...

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