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Contigo para siempre Kate Little 3º Mult. 20 Amber Court Contigo para siempre (2002) Título Original: The bachelorette (2001) Serie: 3º Mult. 20 Amber Court Editorial: Harlequin Ibérica Sello / Colección: Deseo 1126 Género: Contemporáneo


Protagonistas: Adam Richards y Meredith Blair Argumento: Después de una horrible experiencia en la que un desaprensivo le había roto el corazón, Meredith Blair estaba convencida de que no volvería a desear a ningún hombre, y menos aun a enamorarse. Pero Adam Richards, aquel hombre mayor que la «compró» en una subasta benéfica de solteras, parecía empeñado en demostrarle que estaba muy equivocada. Era rico, amable e increíblemente guapo, y además estaba muy interesado en ella, que no era más que una mujer de aspecto corriente. Adam no quería sólo una cita de una noche, sino algo mucho más… duradero. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 Era lunes por la mañana y Meredith no había comenzado bien el día. Había perdido el autobús, llovía a cántaros y no tenía paraguas. Además tenía una enorme carrera en las medias que llevaba puestas. Salió del ascensor y entró en su despacho, en el edificio de Colette, Inc., la casa de joyas conocida mundialmente. Por lo general, un poco de lluvia o una media rota no la afectaban tanto. Siempre tenía un aspecto cuidado que hacía que pasara desapercibida. Pero aquella mañana tenía que hacer una presentación delante de todos los altos cargos de la empresa. Meredith temía hablar delante de un grupo, o cualquier situación en la que tuviera que ser el centro de atención.


Estar empapada de los pies a la cabeza solo empeoraba las cosas. Trató de retocar un poco su melena rojiza, pero el pelo se le rizaba en todas las direcciones. Se peinó hacia atrás y se hizo una coleta. Tenía la tez pálida y algunas pecas en la nariz, pero rara vez trataba de ocultarlas con maquillaje, es más, por lo general no se maquillaba nunca. Mirándose al espejo, se quitó las gafas y secó los cristales con un pañuelo de papel. Le hubiera gustado llevar lentillas, pero nunca se había sentido cómoda con ellas y menos teniendo en cuenta que el trabajo de diseñar joyas requería mucha atención visual. Además, no tenía a nadie especial a quien quisiera impresionar. Llevaba una falda de flores que tapaba casi toda la carrera de sus medias. Pero el jersey, que normalmente le quedaba suelto y no resaltaba su figura estaba mojado y se le pegaba al cuerpo como si fuera una segunda piel. Su madre le había dicho muchas veces que su físico era una bendición, pero ella no opinaba lo mismo. Al contrario, se sentía acomplejada de tener mucho busto y de que por ello, los hombres se fijaran en ella. Meredith hacía todo lo posible para ocultar su silueta. El broche que llevaba en el jersey tiraba de la lana, así que Meredith se lo quitó con cuidado. Lo observó durante un instante sujetándolo en la palma de la mano. Era una pieza especial. Cualquiera se daría cuenta, pero para ella, que era diseñadora de joyas, era algo más evidente. Era uno de esos objetos que se podían encontrar en una tienda de artesanía o en un lugar que vendiera joyas antiguas. La noche anterior,


Meredith había ido a tomar café a casa de Rose Carson, su casera, y esta le había dado el broche. Rose lo llevaba puesto y Meredith se había fijado en él; entonces, Rose se lo quitó y se lo ofreció insistiendo en que lo llevara durante una temporada. —Rose, es precioso. Pero seguro que tú lo aprecias mucho… ¿y si lo pierdo? — le había preguntado Meredith. —No seas tonta, no lo perderás —había insistido Rose—. Toma, póntelo. A ver cómo te queda. Meredith estaba de acuerdo en que le quedaba estupendamente. Aun así, no le parecía bien aceptar esa pieza de joyería tan valiosa. Pero Rose no aceptó un «no» como respuesta. Nº Páginas 2—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Tenía un diseño redondeado. Era una base de varios metales en la que había incrustadas ámbar y otras piedras semipreciosas. Al mirarla, el brillo de las diferentes piedras con distintas formas y colores era cautivador, casi mágico. Cada vez que Meredith contemplaba el broche le entraba una extraña sensación, pero no sabía por qué.


Guardó el broche en el bolsillo de la falda, y pensó que allí estaría seguro. Rose decía que el broche siempre le había dado suerte y Meredith esperaba que a ella también se la diera para la presentación que tenía que hacer ese día. Siempre llevaba una bata larga y gris para proteger la ropa cuando estaba en el trabajo, y de paso, le servía para ocultar su cuerpo. La descolgó de detrás de la puerta y se la puso. «Sin ella parecería que estoy en un concurso de camisetas mojadas», pensó, y se abrochó los botones. Meredith sabía que no era una estupenda, como otras de las mujeres que había en la oficina. Ella era lo que los hombres llamaban una mujer normalucha; siempre había sido así y dudaba mucho de que aquello fuera a cambiar. Algunas mujeres nacían así. O lo tenían todo, o no. ¿No era eso lo que su madre le decía siempre de manera sutil? Si ese día estaba un poco despeinada, no importaba. Nadie se daría cuenta. Meredith se sentó junto a la mesa de dibujo y trató de pensar en cosas más importantes. Dejó la taza de café sobre la mesa y sacó una carpeta que contenía los bocetos de una nueva colección de anillos de boda. Sacó los bocetos y los repartió por la mesa. Era la colección que tenía que presentar a las once en punto y quería darle el toque final. Sus compañeros de trabajo decían que era una perfeccionista, pero Meredith pensaba que lo que provocaba verdadera impresión en una pieza


eran los detalles. Puesto que le resultaba tan difícil hablar en las reuniones, necesitaba acudir a ellas sintiendo que su trabajo estaba impecable. Cuando revisó los bocetos se sintió satisfecha de su trabajo. Estaba orgullosa de la Colección Para Siempre y deseosa de ver qué pensaban los demás. La colección de anillos de boda había sido idea suya y tenía un diseño sencillo pero elegante. Por un lado, le parecía irónico que le gustara tanto crear preciosos anillos de boda, cuando creía improbable que algún día un hombre deslizara una alianza de oro en su dedo anular y pronunciara los votos de amor eterno. Solo había tenido una relación romántica, durante el último año de estudios universitarios, y había sido un desastre total. Cuando diseñaba anillos de boda, o relicarios con forma de corazón, o cualquiera de los muchos objetos que se intercambiaban los enamorados, siempre sentía una ligera sensación de amargura. Intentaba distanciarse y convencerse de que era su trabajo y de que no debía ponerse sentimental. Después se iba a casa, se ponía ropa de trabajo y se encaminaba al estudio. Sola, en aquel espacio vacío, encendía el soplete y descargaba toda la frustración y la soledad en las esculturas abstractas de metal que construía. A veces le costaba creer que llevaba cuatro años trabajando en Colette. El tiempo había pasado muy deprisa. Era el primer trabajo que tenía desde que salió de la universidad, y aunque no esperaba quedarse tanto tiempo, ya la habían Nº Páginas 3—90 https://www.facebook.com/novelasgratis


promocionado dos veces y nunca había pensado en buscar otra cosa, a pesar de que otras firmas de la competencia habían intentado contratarla. Le gustaba el ambiente que había allí; la gente trabajaba en equipo y no había tanto clima de competencia como en otras empresas. Durante los años, había hecho buenas amigas en el trabajo, Jayne Pembroke, Lila Maxwell y Sylvie Bennett eran las más cercanas, y además vivían en el mismo edificio que ella, en la calle Amber Court. ¿Pero cuánto tiempo seguiría contratada en Colette, Inc.? Habían corrido rumores acerca de que alguien quería comprar la empresa y Marcus Grey, un importante hombre del mundo de las finanzas, estaba comprando todas las acciones que podía. La importante casa de joyas tenía pocos recursos para defenderse. Solo quedaba esperar, y en la empresa había cierto clima de desánimo. Pero como muchos otros empleados, Meredith había decidido llevarlo con optimismo. Por eso esos días estaba tan centrada en su trabajo. En lugar de esforzarse poco en sus diseños, como si ya nada importara, decidió entregarse a sus quehaceres por completo, de manera que pudiera recordarles a sus compañeros de trabajo que la empresa tenía futuro y que, al final, todo podía salir bien. Se fijó en el segundo grupo de bocetos y tomó el lápiz para añadir un detalle. El teléfono sonó justo en el momento que se disponía a dibujar.


—Meredith Blair —contestó. —Soy yo —le dijo Jayne Randolph—. Quieren que bajes a la sala de exposiciones para hacerte una consulta. —¿A la sala de exposiciones? ¿Tengo que ir? —Meredith sabía que parecía una niña pequeña, pero no podía evitarlo. Además, Jayne era su amiga e intentaría ayudarla. —En una palabra, sí —contestó Jayne. —Oh, vaya. Meredith odiaba ir a la sala de exposiciones. Prefería morirse de hambre antes de trabajar como vendedora y tratar con gente importante y de alto poder adquisitivo. Pero de vez en cuando, los diseñadores tenían que bajar para atender a los clientes y al personal de ventas. Una visita a la sala de exposiciones solía significar que alguna mujer adinerada y consentida no encontraba el anillo de diamantes o el collar que tenía en mente, y quería volver loco a alguien tratando de describirle su joya soñada. Meredith sabía que la mayor parte de las veces era algo inútil. Dudaba de que alguien pudiera satisfacer a ese tipo de clientela. Ella se sentía mucho más cómoda escondida en el estudio que de cara al público. Además, si bajaba no terminaría los bocetos a tiempo. —Vamos, Jayne. ¿No puedes llamar a nadie más? Estoy muy ocupada.


Tengo que presentar unos diseños en una reunión importante y todavía estoy haciendo los últimos retoques. ¿No pueden ayudarte Anita o Peter? Nº Páginas 4—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —He llamado a Frank primero —dijo Jayne—. Cuando le dije a tu jefe quién era el cliente, me dijo que te avisara a ti. Concretamente a ti, Meredith. —¿Quién es el cliente? —Adam Richards —contestó Jayne con un susurro, así que Meredith se imaginó que el señor Richards, fuera quién fuera, podía oírla. —¿Se supone que tengo que saber quién es? —preguntó. —No pretendo ofenderte, Meredith, pero… ¿en qué planeta vives? —le preguntó Jayne—. ¿Adam Richards? ¿El propietario de Richards Home Furnishings? ¿Uno de los clientes más importantes de esta casa? ¿Uno que se gasta montones de dinero todos los años en esta tienda? Un hombre convertido en millonario. —Ah, ese Adam Richards —dijo Meredith—. Últimamente me cuesta mantenerme al día con la lista de millonarios… ¿Qué está haciendo ahora? —Pasea de un lado a otro de la sala con cierto gesto de enfado. Ha elegido


algunas cosas que le gustan, pero quiere hablar con un diseñador para modificar algunos detalles. Voy a llevarlo a la sala número tres y a servirle un café. Será mejor que bajes enseguida. Creo que conoce a Frank personalmente — añadió. Meredith siempre se había llevado bien con su jefe. Él le había enseñado muchas cosas y le había ayudado a que desarrollara su talento creativo. Pero Frank Reynolds nunca había tenido concesiones con ella, a pesar de que Meredith era su favorita. Si Frank decía que tenía que ir, tenía que ir. —De acuerdo —dijo Meredith con un suspiro—. Dile al magnate impaciente que ya bajo. Meredith colgó el teléfono, agarró su cuaderno y la taza de café. Pensó que quizá debía comprobar su aspecto y ponerse un poco de brillo de labios, pero después desechó la idea. Qué importante. Adam Richards. Así que el hombre tenía dinero… mucho dinero. Nunca se había dejado impresionar por las cosas materiales, y además no le gustaba la gente que pensaba que se merecía un trato especial solo por tener dinero. Se comportaría de manera cortés y profesional, por supuesto. Con un poco de suerte, se desharía del «Millonario Imperioso» enseguida y tendría tiempo para


revisar la presentación que tenía que hacer. El ascensor que llevaba hasta la planta baja la dejó al final del pasillo que había detrás de la sala de exposiciones. Meredith vio a Adam Richards en la sala número tres. Estaba de pie y de espaldas a la puerta. Se fijó en que tenía anchas espaldas, que era delgado y que llevaba un impecable traje gris que cubría su figura atlética sin una sola arruga. Era un hombre alto. Meredith siempre se fijaba en la altura de los hombres porque ella era bastante más alta que otras mujeres y rara vez tenía que levantar la vista para mirarlos. «Con este sí tendré que hacerlo», pensó con una sonrisa. A medida que se acercaba a la puerta, sentía que la timidez se apoderaba de ella. Respiró hondo y trató de concentrarse para representar el papel de una Nº Páginas 5—90 https://www.facebook.com/novelasgratis empleada eficiente. Se retiró algunos mechones de pelo que le caían por la cara y que se habían soltado de la coleta. Cuánto antes comenzara, antes terminaría. Entró en la habitación con tanta decisión que casi se chocó con él. Llevaba la cabeza agachada y el cuaderno bajo el brazo. Él se volvió en cuanto ella entró y se echó a un lado. La miró fijamente, como sorprendido por la manera en que había entrado. Tenía los ojos marrones como el café, y su mirada transmitía una mezcla de ternura y curiosidad. Meredith lo


miró un instante y después desvió la mirada con timidez. Sintió que se sonrojaba y que el pulso se le aceleraba. Él era más joven de lo que esperaba. Rondaría los cuarenta. ¿Los millonarios no solían ser mayores? ¿Mayores… calvos y barrigudos… y mucho menos atractivos? Finalmente, levantó la vista otra vez. Él continuaba mirándola. —Señor Richards —tendió la mano para saludarlo—. ¿Cómo está? Soy Meredith Blair, una de las diseñadoras de esta casa. —Una de las mejores, me han dicho —le estrechó la mano con firmeza. Su voz era grave. El cumplido hizo que Meredith se sonrojara de nuevo, pero trató de ignorarlo—. Gracias por venir a verme. Me he dado cuenta de que debía haber concertado una cita. Espero que no haya interrumpido nada importante. —No, no se preocupe —mintió Meredith—. Por favor, siéntese señor Richards —hizo un gesto para que se sentara frente a ella junto a la mesa que había en el centro de la habitación. —Por favor, llámeme Adam —sugirió él con una sonrisa. Tenía la dentadura perfecta y cuando se reía le salían hoyuelos en las mejillas. El cambio en su expresión, las pequeñas arrugas que le salían en el contorno de los ojos y de


la boca, hicieron que Meredith sintiera algo extraño en su interior. O era un chico encantador, o era capaz de fingirlo a la perfección. Meredith sabía que ella sospechaba siempre de los hombres y de sus intenciones. Sobre todo, de los hombres mayores y atractivos. Pero no podía evitarlo. La experiencia había sido una profesora cruel pero buena. Colocó los objetos que había sobre la mesa y aprovechó para serenarse. La mesa estaba preparada para ver piezas de joyería. Tenía un cojín de terciopelo azul en el centro, un lente de aumento y una lámpara de gran intensidad. Meredith colocó la lámpara y la lente, y después se subió las gafas que se le habían caído hacia la punta de la nariz. Sentía que le temblaban las manos y confiaba en que él no se diera cuenta. —Intentaré ser breve y no ocupar mucho de su tiempo, señorita Blair —dijo él—. Éste es el problema. Me gustaría hacer un regalo a mis empleados en el banquete de la empresa que se celebrará dentro de un par de meses. Es parte de nuestro congreso de ventas nacionales y suelen asistir unos quinientos empleados — le explicó—. Ese día se anunciará el retiro de algunas personas y normalmente la empresa siempre les regala un reloj de escritorio con una inscripción. Pero este año Nº Páginas 6—90 https://www.facebook.com/novelasgratis


me gustaría hacer algo diferente. Un alfiler de corbata, quizá. O un llavero de oro con un medallón o una inscripción —sugirió—. Después están los premios por rendimiento extraordinario. Sobre todo en el área de ventas. Los empleados reciben una prima, por supuesto. Pero también me gustaría darles un regalo. Necesitaré cien unidades en total. ¿Cree que podrían estar listas para… la primera semana de diciembre? Meredith lo observaba mientras él hablaba. Tenía un rostro muy expresivo. Tenía la frente ancha, los pómulos y el mentón prominentes y una amplia sonrisa. Pensó que algún día le gustaría hacerle un boceto. También le gustaba cómo la miraba a los ojos, de manera directa. Cuando él terminó de hablar y continuó mirándola, ella se dio cuenta de que había estado tan distraída observándolo que apenas había oído una palabra de lo que le había dicho. —¿La primera semana de diciembre? —repitió ella. —¿Cree que no dará tiempo? Siempre dejo las cosas para el último momento — admitió él. Meredith se sorprendió al oír que su tono era casi de disculpa. ¿No se suponía que los millonarios eran airados y exigentes? ¿No se suponía que tenía que golpear la mesa con el puño o algo así? —Probablemente. Quiero decir, quizá, depende de qué es lo que desee —dijo


ella, y miró al cuaderno—. Haremos todo lo posible por ajustamos a la fecha, señor Richards. Lo miró a los ojos y vio que estaba sonriendo. Riéndose de su balbuceo. Oh, cielos. Parecía una idiota, y se sentía como tal. —Llámeme Adam —le recordó—. ¿Puedo llamarla Meredith? Ella asintió. Sentía un gran nudo en la garganta. No sabía qué le estaba pasando. Solía ponerse nerviosa cuando conocía gente nueva, sobre todo si eran hombres, pero solía ser capaz de disimularlo. Aquel hombre la estaba poniendo nerviosa y ella deseaba controlar sus nervios. Y el latido acelerado de su corazón. —Tienes razón. No he sido muy concreto, ¿verdad? —dijo él—. He visto algunas cosas que me gustan en la sala de exposiciones. Creo que la señora Randolph las ha dejado sobre la mesa para que pudiéramos verlas. —Sí, por supuesto. Ése será el comienzo —Meredith tomó una bolsa de terciopelo azul que estaba sobre la mesa y la abrió—. Veamos qué tenemos aquí… — murmuró. Sacó los objetos uno por uno y los fue dejando sobre el cojín. A medida que se concentraba en su trabajo se sentía cada vez más relajada. Le resultaba más sencillo tratar con los clientes cuando ya tenían algo sobre lo que trabajar. Tomó la primera pieza, un alfiler de corbata de oro de catorce quilates con un


asta grabada y una esmeralda de corte cuadrado. La piedra estaba engarzada en una montura con forma de corona que a Meredith no le gustaba demasiado. —¿Qué te parece? —le preguntó él. Nº Páginas 7—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella lo miró. No estaba segura de si debía ser sincera o no. No quería ofenderlo, pero por otro lado, le había pedido su opinión. —¿Sinceramente? —preguntó ella. —Por supuesto. —Me gusta el detalle del asta —dijo, y colocó la pieza bajo la lente de aumento para que él la viera mejor—. Pero no me gusta demasiado la montura. Es bastante corriente… y un poco hortera. —Yo pienso lo mismo —él asintió y esperó a que continuara. Meredith se sintió mejor. Tenía la certeza de que Adam Richards tenía buen gusto. Además se parecía al suyo, lo que facilitaba mucho las cosas. —Mucha gente se pondría una pieza pequeña como esta para acompañar a otras joyas —continuó ella—. Una montura más sencilla haría que la piedra resaltase más. Y también, chocaría menos con otras piezas.


Le dio la vuelta al alfiler y lo dejó sobre el cojín de terciopelo. Durante unos instantes, se quedó mirándolo. —Espera… tengo una idea —se levantó de la silla—. A ver qué te parece esto… Se acercó a un armario de madera y sacó un juego de llaves de debajo de su bata. Abrió las puertas del armario y dejó al descubierto tres hileras de cajones que contenían piedras preciosas de todos los tamaños y colores. Tardó un instante en encontrar lo que buscaba, sacó varias bolsitas de plástico que contenían piedras preciosas y las llevó hasta la mesa. —Quiero enseñarte estas piedras —dijo Meredith—. Se llaman cabochon. ¿Quizá las hayas visto antes? —No… no las he visto nunca —contestó Adam. —Son piedras que no están cortadas, pero sí pulidas. He elegido unos zafiros. Pero existen todo tipo de piedras sin cortar: rubíes, esmeraldas, amatistas. Mira, échales un vistazo —dijo ella, y giró la lente de aumento hacia él. Él observó las piedras con detenimiento y ella aprovechó para observarlo a él. Tenía el cabello oscuro y espeso, un poco ondulado. Lo llevaba corto y peinado hacia un lado, aunque de vez en cuando, le caía un mechón sobre la frente. Meredith se percató, de que a la luz, su oscura melena estaba salpicada con cabellos de plata. Tenía el ceño fruncido, la mandíbula prominente y un hoyuelo en la barbilla que le quedaba muy bien.


«Es guapo», pensó ella, «muy guapo». De pronto, Adam levantó la vista y vio que ella lo estaba mirando. Meredith se sintió insegura, como si al mirarla a los ojos él pudiera leer sus pensamientos. El sonrió y ella, al sentir que se ponía colorada, bajó la vista. —Bueno… ¿qué opinas? —intentó preguntar con naturalidad, pero su voz parecía forzada. Se quitó las gafas y limpió los cristales con el borde de la bata. Era Nº Páginas 8—90 https://www.facebook.com/novelasgratis algo que hacía cuando estaba nerviosa y que a veces no se daba ni cuenta de que lo estaba haciendo. —Preciosa —contestó él—. Muy sutil y natural. Muy… original. Sus palabras y la manera en que la miraba eran desconcertantes. Meredith estaba sorprendida consigo misma y no podía comprender por qué reaccionaba de ese modo. Era como si, en ese momento, él no estuviera hablando de las piedras, sino de ella. Pero eso era ridículo. Volvió a ponerse las gafas y se centró de nuevo en las joyas. —Ah… bien. Me alegro de que te gusten. Probemos a poner una en el alfiler — abrió el cajón que había en un lado de la mesa y sacó algunas herramientas y un tubo de pegamento. Un rato más tarde, había quitado la esmeralda del alfiler de corbata y en su


lugar había colocado un pequeño zafiro sin cortar. Se lo mostró a Adam. —¿Qué te parece? —Es precioso. Perfecto —exclamó él—. ¿Puedo mirarlo con la lente? Entonces, sin esperar a que Meredith le diera el alfiler de corbata, le agarró la mano y se la colocó bajo la lente. Su roce era suave pero firme. Ella sintió como si una corriente eléctrica recorriera su cuerpo y trató de permanecer inmóvil. Apenas respiraba. —Sí, es perfecto. El zafiro es una buena elección —comentó él sin soltarle la mano—. Aunque creo que me gustaría ver los otros montados con un rubí y una esmeralda, solo para comparar. Una vez que hemos decidido cambiar el diseño de la montura… Él retiró la mano y Meredith dejó el alfiler sobre el cojín de terciopelo. Abrió el cuaderno y se tomó un instante para ordenar sus pensamientos. —Sí, por supuesto. Un rubí y una esmeralda —dijo en voz alta, y lo apuntó en el cuaderno—. Esta es otra idea para un nuevo diseño —añadió. Tomó el lápiz e hizo el boceto de un nuevo diseño. Era una montura que envolvía a la piedra, como si fueran los pétalos de un capullo a punto de florecer. Adam se quedó quieto, observándola dibujar. Cuando ella levantó el


cuaderno para mostrarle el boceto, él inclinó la cabeza para mirarlo. Por la expresión de su rostro, Meredith supo que estaba impresionado por su destreza artística. Eso le parecía curioso. No pensaba que un hombre que había pasado toda su vida en un ambiente de negocios, reconocería o valoraría el talento artístico. Adam Richards no era lo que ella esperaba. —Esto es excelente, Meredith —la miró a los ojos—. Es el tipo de cosa que esperaba encontrar… pero no sabía cómo explicártelo —añadió con una sonrisa tan Nº Páginas 9—90 https://www.facebook.com/novelasgratis atractiva que Meredith sintió que se le aceleraba el corazón—. ¿Podrías hacer uno de muestra para que yo lo viera? —Por supuesto —dijo ella. De pronto era consciente de que estaban muy cerca y de que él tenía el rostro a pocos centímetros del de ella. Pestañeó y se sentó derecha. —Podría tenerlo listo para mañana por la tarde —dijo ella. —¿Tan rápido? Eso es estupendo. Deja que compruebe mi agenda para mañana a ver si estoy libre… —Adam sacó un pequeño libro negro del bolsillo de su


chaqueta y lo abrió. —No es necesario que vuelvas aquí; quiero decir, seguro que estás muy ocupado. Podemos mandarte la pieza con un mensajero —le explicó Meredith—. Después me llamas y me dices qué te ha parecido. ¿Estaba tartamudeando? La idea de tener otra reunión con Adam Richards la había puesto nerviosa. Respiró hondo y confío en que él aceptara su propuesta. —No hay problema. Esta época del año es bastante tranquila para mí — contestó él, y ella sintió un nudo en el estómago—. Además, tenemos que pensar algo aparte del alfiler de corbata —le recordó él—. Y tengo que volver a la oficina en pocos minutos —miró el reloj—. ¿Buscamos un hueco para reunimos mañana? —Sí, por supuesto —contestó Meredith. Miró hacia la mesa y frunció los labios con resignación. Prepararía el alfiler de corbatas para él. Eso resultaría entretenido… pero la idea de trabajar más adelante con él… la desconcertaba. Y no quería saber por qué. —¿Qué tal si quedamos para comer? —preguntó él. —¿Comer? Él se rio. —Ya sabes, ¿la comida que está entre el desayuno y la cena? ¿No comes… o


eres una de esas mujeres que siempre se mata de hambre? —Yo nunca hago dieta —contestó Meredith. En algún momento de su vida, sobre todo durante la adolescencia, sí que se había preocupado por su figura. Pero con el paso de los años, el exceso de peso había desaparecido de su cuerpo, y aunque todavía recordaba la imagen de su juventud, en la actualidad estaba delgada y su cuerpo era proporcionado. No hacía nada especial para mantenerse en forma, aparte de los largos paseos y las carreras que echaba por el parque con su perra Lucy. El duro trabajo que hacía con las esculturas también mantenía sus músculos en forma. No le gustaba la mayoría de los deportes, y la idea de hacer ejercicio en un gimnasio, frente a los espejos y delante de mucha gente la aterrorizaba. —¿Nunca haces dieta, eh? Qué alentador —contestó Adam—. ¿Así que mañana puedo llevarte a cualquier sitio que sirvan comida de verdad, en lugar de pienso para conejos? —insistió él—. Conozco el sitio adecuado. ¿Qué te parece Crystal's? Nº Páginas 10—90 https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Crystal's? Ese era el restaurante más elegante de Youngsville, Indiana. Ella nunca había estado allí, pero había oído que había que esperar un mes para conseguir una reserva. Por supuesto, eso no sucedía si se era un cliente habitual, y sin duda, Adam Richards lo era. —He oído que es un sitio estupendo. Gracias por la invitación… pero no creo que pueda comer contigo —dijo Meredith. Se puso en pie y agarró el


cuaderno y la taza de café. —¿Por qué no? Creo que podemos avanzar mucho durante la comida — insistió Adam. Se levantó y se colocó frente a ella, bloqueando su vía de escape. Estaba tan cerca que cuando ella levantó la cabeza para contestar, tuvo que echarse un poco hacia atrás. —Sí, estoy segura de que podríamos avanzar mucho —dijo con diplomacia, recordando que, después de todo, él era un cliente importante—. Pero me temo que estaré en una reunión que durará toda la tarde. Era mentira. No tenía ninguna reunión, pero no se le ocurría nada más que decir. —Entonces, ¿qué tal el miércoles? ¿Tienes alguna reunión el miércoles? — preguntó él. Su voz era dulce y su tono ligeramente divertido. Meredith pensó que él se había dado cuenta de que estaba mintiendo. Aun así, no comprendía por qué insistía tanto en invitarla a comer. —Tengo que comprobarlo. No estoy segura —apretó el cuaderno contra su pecho y se dispuso a marcharse—. Llamaré a tu despacho y te lo diré. —De acuerdo —él asintió y esbozó una sonrisa. Meredith pensó que lo que intentaba era contener una gran sonrisa, que se estaba riendo de ella. Que


encontraba divertido que una mujer se agobiara tanto por una simple invitación a comer. Se sentía estúpida… pero no podía evitarlo. Miró al suelo para evitar su mirada y se dirigió hacia la puerta. Quería marcharse, alejarse de él y quedarse a solas. Pero entonces, hizo algo aún más estúpido. Tenía tanta prisa por marcharse que derramó el café sobre sí misma. Sintió que el líquido caliente empapaba la bata y el jersey. Miró hacia abajo y vio lo que había sucedido. —Oh… maldita sea —murmuró en voz alta. Dejó caer el cuaderno al suelo y apoyó la taza en la mesa. Tenía una gran mancha marrón en la bata y no quería imaginarse cómo podía estar el jersey. —Déjame que lo recoja —dijo Adam, y se agachó para recoger el cuaderno —. Lo siento… ¿me he chocado contigo o algo así? —preguntó preocupado. —No… nada de eso. A veces hago estos desastres yo sola —explicó Meredith. —Pero yo estaba en tu camino. No podías pasar —dijo él disculpándola—. ¿Puedo ayudarte a quitarte la bata? —preguntó Adam con educación. —Oh, no… ya puedo sola, gracias. Nº Páginas 11—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Había llegado el momento de la verdad. Tenía que quitarse la bata porque


estaba goteando. Se desabrochó los botones y se quitó la bata. Después hizo una bola con ella para contener la mancha mojada. El jersey, que todavía estaba mojado por la lluvia, se adhería a su cuerpo como si fuera una segunda piel. Además tenía una horrible mancha marrón que cubría gran parte de la tela. Una de esas manchas que no resultaría fácil quitar. —Bueno, supongo que tendré que ir a buscar otra bata —dijo ella. Miró a Adam y vio un brillo extraño en sus ojos. Un brillo completamente masculino que la asustó muchísimo. Él no había estado observando la mancha durante todo ese rato, sino… observando su silueta. Estaba segura de ello. También estaba segura de que él no pensaba que debajo de esa bata gris pudiera haber algo que mereciera la pena mirar. Al menos, no se la comió con la mirada y rápidamente miró a otro sitio y puso una sonrisa. —Aquí tienes el cuaderno —era su turno para estar un poco avergonzado—. Y toma mi tarjeta —añadió—. Mejor pensado, le diré a mi secretaria que te llame para concertar una segunda cita. —Me parece bien —dijo Meredith, y caminó hacia la puerta. Llevaba el cuaderno apretado junto al pecho, aunque no le cubría demasiado. Su


secretaria. Bien. Así no tendría que buscar ninguna excusa. Sería mucho más sencillo. —Bueno, Meredith, gracias por tu ayuda —dijo él cuando ella se disponía a salir de la sala—. Estoy deseando ver el alfiler de corbatas. —Lo haré lo más rápido posible, señor Richards… Y ha sido un placer — dijo, recordando las buenas maneras. También recordó que debía llamarlo por su nombre. Pero no quería. Debía mantener la distancia entre ellos para conseguir que la relación fuera estrictamente de negocios—. Adiós —le dijo cuando salió. —Adiós, Meredith —contestó él—. Hasta pronto. Mientras se dirigía hacia el ascensor, Meredith pensó que Adam no hablaba de manera impersonal ni como si estuviera en una reunión de negocios. Nº Páginas 12—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 Nerviosa, Meredith entró en su despacho y sacó una bata limpia del armario. Después agrupó los bocetos que tenía desperdigados por la mesa de dibujo. Eran las once menos cinco y no tenía tiempo de revisarlos. «Al menos no llego tarde a la reunión», pensó y se dirigió a la sala de reuniones que estaba al final del pasillo.


A pesar de la desconcertante entrevista que había mantenido con Adam Richards, Meredith se las arregló para recobrar la compostura y hacer su presentación. Cuando se sentó, no recordaba nada de lo que había dicho. Sus amigas, Sylvie y Lila, que trabajaban en el departamento de Marketing, estaban presentes y continuamente sonrían a Meredith para darle ánimos. Ella estaba segura de que después pasarían por su despacho para hacer un análisis de su intervención. A juzgar por la reacción del resto de sus compañeros, sobre todo por la expresión de satisfacción que tenía su supervisor, Meredith pensaba que lo había hecho bien. Hasta el gerente de ventas más cascarrabias parecía encantado con la nueva colección. Meredith escuchó los comentarios y anotó las sugerencias que le hicieron, todo ello rebosante de orgullo. Animada por el éxito, regresó a su despacho y comió allí mientras trabajaba. Ya no le parecía tan grave lo que le había pasado delante de Adam Richards. Podía haberse reído de sí misma de no ser porque se había estropeado el jersey. Meredith había terminado de comer cuando la llamó Lila. Le dijo que creía que había hecho un buen trabajo en la presentación y que le encantaba la nueva colección. —Nick estaba muy impresionado —añadió ella. Se refería a su jefe, que era


el vicepresidente del departamento de Mercado Internacional y además el prometido de Lila—. Espero que la empresa empiece a fabricarlos pronto. Me encantaría tener un juego de alianzas a tiempo para nuestra boda. Lila y Nick todavía no habían fijado la fecha para la boda, pero Meredith sabía que estaban tan enamorados que tendrían un noviazgo muy corto. —No te preocupes, Lila. Siempre puedo hacer un par para vosotros —le prometió Meredith—, aunque la empresa decida no sacar la colección. «O, si Marcus Grey compra Colette y nos despide a todos», pensó, pero no dijo nada. No quería estropear un día tan bueno. Cuando terminó de hablar con Lila, Meredith se percató de que no había recibido la llamada de la secretaria de Adam. Se sorprendió. El parecía tan interesado en concertar una segunda cita… Su tarjeta estaba sobre la mesa de dibujo, sujeta con un clip. La miró, pero ni se le pasó por la cabeza la idea de llamarlo. Quizá era el tipo de hombre que se emociona en el momento, pero que diez minutos después está pensando en otra cosa. Oh, bueno. Mucho mejor. Quizá se había olvidado de todos los regalos de diseños y había decidido entregar unos paraguas con monograma. Quizá nunca


volviera a saber nada de él. Nº Páginas 13—90 https://www.facebook.com/novelasgratis La idea debía resultarle alentadora, pero por algún motivo no le gustaba. Un golpe en la puerta entreabierta interrumpió sus pensamientos. Meredith se volvió y vio que Sylvie estaba en la puerta. Sylvie solía visitarla al menos una vez al día, para hablar y ponerse al corriente de cómo iban las cosas. También se veían en casa, ya que Sylvie era vecina de Meredith. Después de conocerse, se percataron de que tenían muchas cosas en común. Aunque las dos tendían a ser personas bastante solitarias, en los últimos meses se habían hecho muy amigas. Como Meredith, Sylvie salía poco con chicos y recordaba su pasado con sentimientos confusos. Pero Meredith al menos había crecido con unos padres que la querían. Aunque ellos no se querían entre sí. Sylvie no tenía familia y se había criado en casas de acogida. Cuando cumplió los dieciocho años se independizó y más tarde entró a trabajar en Colette, Inc., donde ocupaba el puesto de director adjunto del departamento de Marketing. Mientras que con una infancia así era fácil volverse una persona triste y amarga, Sylvie era todo lo contrario. Era una mujer animada y cariñosa que enseguida hacía amigos. A todo el mundo le caía bien Sylvie… y les encantaba confiar en ella. Sylvie siempre sabía los cotilleos más jugosos de la empresa. Cuando Sylvie se sentó,


Meredith estaba segura de que iba a contarle las novedades sobre la compra. —Los has dejado impresionados, esta mañana. Marianne ya ha convocado una reunión para tratar la campaña publicitaria —le dijo Sylvie—. Un anuncio de página entera en una de las revistas de novias más importantes. Eso para empezar. Meredith solía recibir ese tipo de noticias con calma, pero se emocionó al oír que sus diseños habían tenido tanto éxito. —¿De verdad? Ni siquiera he comenzado a hacer las muestras. —Creo que será mejor que empieces. ¿En qué estás trabajando ahora? Sylvie se fijó en el alfiler de corbatas que Meredith había diseñado para Adam Richards. Meredith había trabajado en ello casi toda la tarde y ya lo tenía casi terminado. Sentía la necesidad de contarle a Sylvie cómo había sido la reunión con el millonario atractivo y aparentemente soltero, pero se contuvo. No quería hablar de él. Ni siquiera con Sylvie. Sentía un nudo en la garganta solo de pensar en él. Se estaba comportando como una adolescente. Retiró el alfiler de corbatas y miró a su amiga. —No es nada. Solo una muestra que tenía que montar para un cliente. ¿Alguna novedad sobre la compra? —preguntó para cambiar de tema. —Nada importante —Sylvie se encogió de hombros y retiró un mechón de pelo de su cara—. Creo que Grey ha comprado algunas acciones más, pero aún le queda


bastante para tener el cincuenta y uno por ciento —los ojos de Sylvie oscurecían cuando hablaba del enemigo de la empresa y Meredith sentía lo indignada que estaba su amiga—. La cosa es que una vez que obtenga el control de la empresa, piensa destruirla. Solo quiere ver que Colette se destruye. Nadie sabe por qué. Alguien tiene que detener a ese hombre. Nº Páginas 14—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, por supuesto —suspiró Meredith—, ¿pero quién? Tiene que ser alguien que tenga muchísimo dinero… o alguien que pueda llegar al corazón de Grey y lo haga cambiar de opinión. —Si es que ese hombre tiene corazón —dijo Sylvie—. Odio ver cómo la gente se desmoraliza a mi alrededor. No podemos abandonar. Eso es lo que él quiere. Tenemos que agarrarnos las faldas y continuar bailando —la expresión de Sylvie hizo que Meredith se riera—. Eso me recuerda, Meredith, que todavía no me has contestado si vas a participar o no en la subasta. Lo harás, ¿no? Primero perdí a Jayne, y después a Lila —dijo, refiriéndose a las dos amigas que se habían


casado y comprometido respectivamente—. Este año, tenemos escasez de mujeres estupendas y te necesitamos —suplicó Sylvie. Desde hacía años, Colette, Inc., patrocinaba una subasta de solteras y destinaba los beneficios a un orfanato de la ciudad. Era el mismo orfanato en el que Sylvie había vivido durante muchos años, así que ella siempre se implicaba mucho en la organización de la subasta. Ese año, el evento se iba a celebrar en el salón de baile del hotel más elegante de la ciudad, el Fairfield Plaza. La lista de invitados incluía a las personas más importantes del lugar. Meredith siempre compraba una entrada para contribuir con la causa. Pero nunca asistía. No le gustaban ese tipo de eventos. Sin embargo, ese año sus amigas insistían en que se inscribiera en el grupo a subastar. La idea aterrorizaba a Meredith y al pensarlo le entraban ganas de salir corriendo al aeropuerto y tomar el primer avión a Brasil. Por supuesto, no podía hacerlo. Pero tampoco podía ponerse un traje de noche, subirse a un escenario y esperar a que los hombres apostaran dinero para pasar una noche con ella. Preferiría meterse en aceite hirviendo. Preferiría… —Vas a hacerlo, ¿verdad? —preguntó Sylvie—. Esta noche puedo ayudarte para ver qué te pones. Jayne y Lila han dicho que también se pasarían por tu casa. Yo llevaré la cena. ¿Qué te parece comida china?


—Bueno… hoy no es un buen día —dijo Meredith. Intentó mirar a su amiga a los ojos pero no pudo. —Meredith… conozco esa mirada —dijo Sylvie—. Tienes que hacerlo. No voy a aceptar que me digas que no. Tenemos que hacerlo entre todas. La subasta es nuestra oportunidad para demostrarle a Marcus Grey que seguimos haciendo las cosas como siempre. Que no nos vamos a rendir. Aunque Meredith estaba de acuerdo con lo que decía Sylvie, no la convencía la idea de que si se subía a un escenario con traje de noche y zapatos de tacón, moviendo las piernas para que los hombres apostaran más dinero, conseguirían frustrar los planes del despiadado Marcus Grey. —Meredith, por favor. Sabes que esto es muy importante para mí. Este año tenemos que hacer una buena subasta. Tenemos que demostrarle a ese hombre de qué madera somos —insistió su amiga—. Sé que eres muy tímida y que esto es difícil para ti. En serio, lo sé. Pero también puede ser algo bueno para ti. Quiero decir, eres Nº Páginas 15—90 https://www.facebook.com/novelasgratis muy guapa… pero nadie, excepto yo y otras personas contadas, han tenido la oportunidad de comprobarlo. Quiero que todo el mundo de esta empresa sepa que


eres preciosa. Estarían meses hablando de ello —añadió Sylvie en tono de broma—. ¿Me ayudarás… por favor? Meredith quería negarse… pero no podía decepcionar a su amiga. Ese acto era muy importante para Sylvie, y para la imagen de toda la empresa. Si el acto benéfico salía bien, y normalmente ocurría así, demostrarían a Marcus Grey que eran fuertes y que estaban unidos. Había algo más en las palabras de Sylvie que era verdad. Quizá había llegado el momento de que dejara de esconderse como un ratoncito. Quizá fuera bueno para ella subirse a un escenario. Si tuviera más seguridad en sí misma, quizá no se pusiera tan nerviosa cuando un hombre la invitara a comer, como le había sucedido con Adam Richards. —Vale, me has convencido. Lo haré —aceptó Meredith. —¡Estupendo! —Sylvie se acercó y le dio un abrazo—. Sabía que no me decepcionarías. ¿Tienes algo en casa que te puedas poner? —¿Qué tal ese vestido de seda gris que me puse para la fiesta de Navidad? — preguntó Meredith. Sylvie frunció el ceño. —No sé si lo recuerdo… Ah, sí. El de seda gris. ¿Era de manga larga y cuello vuelto?


Meredith asintió. Sylvie sonrió y negó con la cabeza. —No te preocupes, yo te llevaré algunas cosas. Encontraremos algo perfecto — prometió Sylvie. Meredith estaba preocupada. Sabía que Sylvie y ella no coincidían en lo que consideraban perfecto. Pero no se dejó vencer por el miedo y puso una amplia sonrisa. —La comida china me parece bien. Y no te olvides de traer una ración extra para Lucy —siempre se acordaba de su perra—. No te preocupes, Sylvie. No voy a fallarte. —Lo sé —dijo Sylvie, y Meredith sabía que lo decía de verdad. Aunque Meredith no hacía amigos con facilidad, a los que tenía nunca los decepcionaba. —No te preocupes, será divertido —prometió Sylvie, y se puso en pie—. Oh, casi se me olvida… —Sylvie miró el paquete que tenía en la mano. Era una caja mediana envuelta en papel marrón—. La recepcionista me pidió que te diera esto — explicó Sylvie—. Lo trajeron hace un rato —miró la etiqueta mientras se lo daba a Meredith—. Hmm, es de Chasan's —dijo, nombrando una de las tiendas de ropa más caras de la ciudad—. Creía que hacías las compras en el centro comercial,


Meredith. ¿Te has ido a gastar dinero por ahí, sin avisarme? —Nunca he estado en Chasan's. Debe ser un error —Meredith miró el paquete y vio que su nombre estaba escrito en la etiqueta. Nº Páginas 16—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Sylvie se quedó hasta que Meredith abrió el paquete y encontró una caja azul cerrada con un lazo dorado. Desató el lazo y abrió la caja. Bajo una hoja de papel dorado, encontró un jersey de color rosa pálido muy parecido al que llevaba puesto. Bueno, de mejor calidad… y mucho más caro que el suyo. Meredith sacó el jersey y Sylvie se quedó boquiabierta. —Cielos… es precioso. ¿Quién te lo envía? ¿Es tu cumpleaños o algo así? —Mi cumpleaños es en junio. Ya lo sabes —contestó Meredith sin mirar a su amiga. Respiró hondo antes de leer la tarjeta que encontró dentro de la caja. Ya sabía quién le enviaba el regalo, pero le costaba creerlo. Meredith, ¿Estás segura de que no me he chocado contigo esta mañana? Insistías en que no, pero me siento responsable de haber estropeado tu precioso jersey. Por favor, acepta este regalo en agradecimiento a la ayuda que me has prestado hoy… y espero que nos veamos pronto. Adam.


Meredith guardó la tarjeta en la caja y cerró la tapa. Estaba asombrada. Al parecer, Adam había elegido el jersey. ¿Por qué se habría tomado la molestia? —¿Quién es Adam? —preguntó Sylvie, y Meredith se dio cuenta de que su amiga había leído la tarjeta por encima de su hombro. —Es una larga historia, Sylvie —contestó Meredith. —A juzgar por el color de tus mejillas, debe ser una buena —se rio Sylvie—. Será mejor que nos la cuentes esta noche, cariño —le advirtió—, o no llevo comida. —Supongo que tendré que hacerlo —contestó Meredith con una sonrisa—, pero no hay mucho que contar, en serio. Es solo un cliente, y le estoy haciendo unos diseños especiales. —Ya, conoces a un cliente esta mañana y te trae un regalo de Chasan's. Pero no hay nada que contar —Sylvie sonrió, y dijo—: Meredith, tenemos que hablar. —¿No tienes bastante con la tortura de esta noche? Encima no irás a darme una lección sobre los hombres —le advirtió con tono amable. —¿Yo? ¿Aconsejarte sobre los hombres? No seas tonta. Ese trabajo se lo dejo a Jayne y a Lila. Después de todo, Jayne está casada y Lila comprometida. Las dos


debían de saber mucho sobre esa especie —Sylvie se despidió con la mano y desapareció del despacho. Una vez a solas con su paquete sorpresa, Meredith miró la caja que tenía en el regazo. La abrió y volvió a sacar el jersey. Se fijó en la escritura de Adam; era bonita. Limpia y clara. Franca, igual que su persona. Oh, cielos. Estaba cayendo en el romanticismo. Aunque había intentado no pensar en Adam, seguía sintiendo cierta atracción por él. Nº Páginas 17—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Pero no podía permitir que eso sucediera. No podía permitirlo. Meredith se puso en pie y guardó la caja en el armario del despacho. Le devolvería el regalo con una nota educada, pero clara. Terminaría la muestra del alfiler de corbata, como le había prometido, pero le pediría a Frank que le asignara otro diseñador para el proyecto. No volvería a ver a Adam Richards. No a solas. No era tan ingenua con respecto a los hombres como su amiga Sylvie creía. Sabía de qué iba todo aquello; la subida de la montaña rusa era muy


emocionante, pero era la bajada y el choque final lo que la aterraba. La temía con todo su corazón. O con lo que le quedaba de él. Meredith solo había sentido lo mismo por un hombre, y tan rápido, una sola vez. Años atrás, cuando iba a la universidad. Jake era muy diferente de Adam, pero en muchos aspectos se parecían bastante. Jake era un profesor que estaba de visita en su universidad durante un año, y los estudiantes estaban encantados de tener la oportunidad de asistir a sus clases. Jake eligió a los estudiantes que consideraba que podían tener más futuro, y Meredith se sentía afortunada por haber conseguido una plaza en su clase de escultura durante el último año de carrera. Esperaba aprender mucho acerca del arte… no del amor. Pero desde el primer momento en que habló con él, se sintió como si la hubiera alcanzado un rayo. Guardó sus sentimientos en secreto durante semanas, y nunca imaginó que podría ser correspondida. Pero ocurrió un milagro, y enseguida se vio envuelta en una aventura con él. La mantuvieron en secreto para que Jake no tuviera problemas con las autoridades académicas. Que los profesores sedujeran a las alumnas iba en contra de la política universitaria. Él era mayor que ella, más maduro y tenía más experiencia. Un hombre con clase, que podía conseguir a cualquier mujer que quisiera. Se había enamorado de él y el deseo era demasiado fuerte como para resistirlo. Pero el romance, el primero que tenía Meredith, terminó mal. Muy mal. Meredith


estaba tan destrozada que se quedó en la cama durante semanas. Se sentía vacía, perdida, despreciada y humillada por el rechazo de Jake. Solo podía llorar. Aunque sabía que no todos los hombres eran tan egoístas e insensibles como Jake Stark, no podía arriesgarse. Creía que no era capaz de diferenciar a los hombres buenos de los farsantes, igual que hacían otras mujeres. No se fiaba de sí misma, y prefería no correr riesgos. Después de lo de Jake, tardó muchos años en recuperar la confianza en sí misma, y Meredith sabía que en muchos aspectos nunca la recuperaría. En esos momentos estaba contenta y sentía que tenía el control de su vida y de sus sentimientos. Quizá su vida no fuera perfecta. Quizá a veces se sentía sola y deseaba tener a alguien con quien compartir sus altibajos. Alguien a quien amar, y alguien que la amara. Pero el riesgo que tenía que correr era demasiado. El precio demasiado alto. Cuando se sentía triste se centraba en el trabajo. Podía contar con el apoyo de sus Nº Páginas 18—90 https://www.facebook.com/novelasgratis amigas, Sylvie, Jayne, Lila y Rose Carson, su casera. O incluso con el de su perra, Lucy, que siempre conseguía que sonriera. Al pensar en Lucy, Meredith miró el reloj. Eran las cinco pasadas, y Lucy la estaba esperando para dar su paseo. Recogió sus cosas y se marchó a casa. La tarde se había quedado estupenda. Era noviembre y no había ni una nube en el cielo. Tomó el autobús y se bajó en la parada de Ingalls Park, cerca de Amber Court.


Ella vivía en el número veinte de esa calle. En un edificio de principios de siglo. Antiguamente era una mansión, pero hacia los años setenta la convirtieron en cuatro plantas de apartamentos. A Meredith le encantaban las casas antiguas y nada más ver aquel edificio se enamoró de él. Además, Rose Carson, la dueña, que vivía en la primera planta, le había dado tan buen recibimiento que desde el primer día que se mudó allí se sintió como en casa. Cuando llegó al portal, abrió el buzón y sacó una revista y varias cartas. Una era de su madre. Al verla, Meredith se sintió confusa. La dirección del remite era de Malibu Beach, en California, donde su madre se había mudado después de divorciarse muchos años atrás. Meredith se imaginaba que su madre le escribía para invitarla a pasar el día de Acción de Gracias con ella. El sobre era tan grueso que incluso podía contener un billete de avión. Pero Meredith no quería ir a la costa oeste durante las vacaciones. Tendría que buscarse alguna excusa, por supuesto. No era el momento de pensar en ello, así que guardó la carta, junto a las demás, dentro de la revista. Su apartamento estaba en la tercera planta, y aunque el edificio tenía ascensor, Meredith solía subir por las escaleras. Mientras abría la puerta de su casa, oyó que Lucy estaba husmeando y gimiendo desde el otro lado. Cada vez que Meredith llegaba a casa, la perra le daba una buena bienvenida. Corrió hacia ella con una pelota de tenis en la boca y la dejó junto a sus pies. —Hola, Lucy. ¡Hola, bonita! —Meredith se agachó para acariciarla—. Gracias por traerme la pelota. Mira, hoy todo el mundo me hace regalos. Lucy se acercó a ella un poco más y le lamió la mejilla. Meredith se rio y le


acarició las orejas. —Eres un encanto. No sé qué haría sin ti —se puso en pie—. Ve por tu correa — le dijo—, vamos a dar un paseo. La perra saltó y dio media vuelta. Al segundo volvió con una correa azul entre los dientes. Meredith la acarició y le puso la correa. Después salió con ella para dirigirse al parque. Hacía un tiempo tan bueno que Meredith dio un largo paseo. Regresó a casa cansada pero llena de energía. Antes de que llegaran sus amigas, le dio tiempo a ducharse y cambiarse de ropa. Sylvie, Lila y Jayne llegaron con la comida china y con un montón de ropa de noche. —Aquí estamos —dijo Lila. —Justo a tiempo —dijo Sylvie. Nº Páginas 19—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Meredith apretó los dientes y sonrió. —¿Podrá la condenada comer su última comida en paz? —Lo siento, tendrás que comer mientras te peinamos y te maquillamos — dijo Jayne, y miró el reloj—. Tengo que estar en casa a las nueve porque llega Erik.


—Estás recién casada —dijo Sylvie—. No te preocupes, que no voy a preguntar por qué. —No seas tonta. Necesita que lo ayude con el ordenador —contestó Jayne. —Ya —dijo Sylvie. Meredith vio que Jayne se sonrojaba, pero no hizo ningún comentario. Si ella hubiese estado casada con Erik, también querría irse pronto a casa. Jayne lo había pasado muy mal en la vida, y era estupendo que hubiera encontrado la felicidad. Se había quedado huérfana a los dieciocho años y había tenido que cuidar de sus hermanos gemelos, que eran cuatro años más jóvenes. Jayne había trabajado mucho para poder pagarles la universidad. Los echaba de menos, pero también apreciaba poder estar a solas con su marido. —¿Estás lista? —preguntó Lila, mostrando una brocha de maquillaje. —Eso —dijo Sylvie—, ¿estás lista? —le preguntó a Meredith. —Más que nunca. Empecemos el juego… —dijo Meredith. Meredith se puso en manos de sus amigas. Mientras la maquillaban y la vestían de los pies a la cabeza, se acordó de los buenos momentos de los años que pasó en la universidad. Durante el instituto, había sacado muy buenas notas y se había convertido en un ratón de biblioteca. Tenía pocos amigos y todos eran de su mismo estilo.


Su padre, un abogado importante, casi nunca estaba en casa y cuando estaba, apenas tenía tiempo para ella. Siempre los entregaba su cariño y aprobación en pequeñas dosis. Su madre, una antigua actriz, siempre intentaba mejorar el aspecto de Meredith. —Tienes mucho atractivo, cariño —le decía—. Solo tienes que mostrarlo más — Meredith no encontraba el atractivo por ningún sitio y pensaba que su madre lo decía para que se sintiera bien. Creía que por mucho que cambiara su corte de pelo o se comprara ropa nueva, no conseguiría ser atractiva. Aun así, Meredith trataba de complacer a su madre y seguía sus consejos, pero se sentía estúpida. Con el tiempo, abandonó y recuperó su estilo propio; su madre le dijo que había hecho muchos esfuerzos para nada y que todo había sido una pérdida de dinero. Un día, incluso dijo que su hija era una causa perdida. Meredith se encerró más en sí misma y ocultó sus lágrimas detrás de una de sus novelas favoritas. Cuando se marchó a la universidad, Meredith hizo amigos que compartían sus mismos intereses y que la hacían sentirse bien porque la apreciaban. Por primera vez en la vida, empezó a pensar que realmente tenía un atractivo y que debía sacarlo a la luz. Nº Páginas 20—90 https://www.facebook.com/novelasgratis


Pasó unos años estupendos en la universidad, y consiguió que aumentara su autoestima. Incluso sus padres notaban la diferencia cuando ella regresaba a casa para las vacaciones. —Una flor tardía —le dijo su madre. Y aunque Meredith sabía que no se había convertido en la flor exótica que su madre deseaba, notó que Carolyn Blair estaba impresionada. Por supuesto, cuando se enamoró de Jake obtuvo un brillo especial. No había ninguna crema o maquillaje que mejorara el rostro de una mujer tanto como el efecto del amor. Pero todo terminó cuando se graduó. Fue entonces cuando Jake regresó a Nueva York, dejándole una fría nota, a pesar de que muchas veces le había prometido llevarla con él y presentarle a sus amigos. ¿Por qué la había tratado tan mal? Meredith sabía que nunca llegaría a comprenderlo. También sabía que tras perder a Jake, perdió su brillo especial. Regresó a Chicago triste y deprimida, y empezó a vestirse sin gracia otra vez, como para evitar llamar la atención de los hombres. Una hora más tarde, aunque a Meredith le parecía que había pasado un año, sus


amigas la dieron por terminada. No habían permitido que Meredith se mirara en el espejo durante todo el proceso. Ella se imaginaba algunas cosas de su aspecto por los comentarios que nacían sus amigas. —Me encanta el pelo así —dijo Lila. —Debería peinarse así todos los días —insistió Jayne. —Ha sido una buena idea —contestó Sylvie, felicitando a Jayne por el peinado—. Yo no había pensado en recogérselo, por los rizos. Pero le queda muy bien. —Pero tú las has maquillado. Tienes unos ojos azules preciosos. Nunca me había fijado —dijo Jayne—. Debía de ser por las cejas. —Eso dolía muchísimo —intervino Meredith. —Vamos, Meredith. Solo te he quitado dos o tres pelitos —dijo Lila—. Lo de los ojos ha sido fácil. Me gustan mucho los labios. Le pones un poco de lápiz de labios a esta mujer y parece la actriz de «Titanic». ¿Cómo se llamaba? —¿Kate Winslet? —dijo Sylvie—. Creo que se parece más a Julia Roberts. Kate Winslet tiene la cara redondeada. Meredith tiene mucho pómulo. Y no digamos ese cuerpo… Meredith ya había oído bastante. A pesar de que eran sus dos mejores amigas


las que no paraban de decirle piropos, se estaba sonrojando. —Gracias por los cumplidos, pero no me parezco a Julia Roberts… ni a Kate… como se llame. —Eres guapísima, Meredith. Vete acostumbrando —dijo Jayne. Nº Páginas 21—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Estás estupenda, amiga. Creo que será mejor que te demos una sombrilla o algo así para que puedas alejar a los hombres —añadió Sylvie—. El viernes por la noche, van a ofrecer un precio muy alto por ti. Apuesto a que serás tú la que bata el récord. El viernes por la noche. Un alto precio. La subasta… Con todo ese lío, Meredith casi se había olvidado. Sintió que se le secaba la boca y no fue capaz de contestar a sus amigas. Respiró hondo y notó que se le ponía la carne de gallina. ¿Podría hacerlo? Lo único que la salvaba era que con ese aspecto, nadie la reconocería. ¿Quizá podría aparecer con otro nombre? —Vale, ya estás. Ya puedes mirarte —la voz de Lila interrumpió sus pensamientos. Se puso en pie y se dirigió a su dormitorio para mirarse en el espejo de cuerpo entero que tenía detrás de la puerta. Sylvie, Lila, Jayne, y la perra Lucy, la siguieron.


Los zapatos de tacón hacían que se tambaleara a cada paso. —No te preocupes. Te acostumbrarás —le prometió Jayne. Meredith lo dudaba, pero no dijo nada. Cuando se puso delante del espejo, no pudo creer lo que veían sus ojos y no fue capaz de pronunciar palabra. No podía creer que la imagen que veía reflejada era la suya. La habían transformado por completo. La habían peinado como a una actriz de cine francés, y el maquillaje hacía que resaltara el azul de sus ojos y el rojo de sus labios. Había aceptado ponerse las lentillas para el evento, y Jayne le había llevado un líquido que hacía que le resultaran más cómodas. Casi no las había notado en toda la noche. El vestido era de raso azul y resaltaba la figura de Meredith. No tenía tirantes y se acomodaba en su generoso busto. —¿No creéis que tiene demasiado escote? —preguntó a sus amigas. —Para nada —contestaron al unísono. —¿No es demasiado ceñido por detrás? —preguntó. —Así es como tiene que quedar —le aseguró Sylvie. —Además, no tienes nada que esconder, Meredith —añadió Lila. —Y no podría esconder nada, con este modelito —murmuró Meredith. —Estás guapísima, Meredith, de verdad —dijo Jayne—. Sé que vas un poco más sexy de lo normal, pero todas van a ir vestidas así. No te encontrarás


fuera de lugar. —Y recuerda, todo es por una buena causa —le dijo Sylvie—. Ah, casi se me olvida. Tienes que llevar algunas joyas. ¿Qué te parecen estos pendientes? Sylvie le dio unos pendientes largos de perlas. Meredith se los puso y se miró en el espejo. Tenía que admitir que estaba muy bien. Mejor que bien. Estaba preciosa… No pensaba vestir así el resto de su vida, pero para divertirse una vez… Nº Páginas 22—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Es como Cenicienta —dijo Sylvie. Después, al ver la expresión de Meredith añadió—: No te ofendas, Meredith. No lo decía en el mal sentido. —Lo sé —dijo Meredith con una sonrisa—. Es como Cenicienta… si su hada madrina comprara en Victoria's Secret. —Perfecto. Ahora solo nos queda conseguir al príncipe. De pronto, Meredith pensó en Adam Richards. Después se enfadó consigo misma. Pero pensó que le gustaría que la viera vestida así. Entonces, se aterrorizó al darse cuenta de que quizá él acudiera al evento. Tenía que enterarse de si iba a asistir. Sylvie era la organizadora del evento y seguro que tenía acceso a la lista de invitados.


Decidió no preguntárselo en ese momento. Sus amigas se pondrían curiosas y le harían miles de preguntas. —Bueno, ¿ya hemos terminado? ¿Puedo ponerme el chándal otra vez? — preguntó Meredith. —Ojalá, Rose pudiera verte. ¿Puedo llamarla? —dijo Lila. Con el paso del tiempo, todas se habían hecho amigas de Rose Carson. Ella era como una madre y todas la querían. Rose era la única persona a quien Meredith permitiría que la viera así. —Oh, sí. Vamos a llamarla —Meredith se volvió y descolgó el teléfono. —Espera, creo que no estará —dijo Jayne—. Los lunes trabaja en el albergue. —Es cierto. Me había olvidado —contestó Meredith y colgó el teléfono. Rose era una mujer muy activa y trabajaba dos noches a la semana en la cocina de un albergue para indigentes. Casi nunca llegaba a casa antes de las diez, y solo eran las nueve. —Va a ir a la subasta —dijo Sylvie—. Es más, creo que voy a encargarle que te acompañe para que no salgas huyendo en el último momento. —¿Quién yo? ¿Salir huyendo? —preguntó Meredith—. No seas tonta. Intentó desabrocharse el vestido y Sylvie la ayudó.


—Sin comentarios —dijo—. Lo único que tienes que hacer es ponerte el vestido y los pendientes. Yo te peinaré y te maquillaré en los camerinos. Al poco rato, sus amigas recogieron todo y se marcharon. Lila se marchó por el pasillo, Sylvie subió a la cuarta planta, donde estaba su casa, y Jayne se dirigió a la casa nueva que compartía con Erik y que solo estaba a unas manzanas de allí. Meredith salió para dar un rápido paseo con Lucy y después se preparó para irse a la cama. Necesitó casi un bote de crema y una caja de pañuelos de papel para quitarse todo el maquillaje. Cuando se metió en la cama y se disponía a apagar la luz, vio el vestido azul colgado en la puerta del armario. Con los zapatos a juego justo debajo, el vestido parecía el fantasma de su nuevo ser. «Mi gemela malvada», bromeó. ¿Sería capaz de participar en la subasta? Se lo había prometido a Sylvie y todas contaban con ella. No podía decepcionarlas. Nº Páginas 23—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Pero, ¿y si Adam Richards estaba allí? Entre toda la multitud no le resultaría difícil evitarlo. Ni siquiera tendría que saludarlo. Pero aun así, preferiría morir antes de permitir que él la viera haciendo ese espectáculo. No le quedaba más remedio que ir, independientemente de si él estuviera entre el público o no. Meredith no sabía qué iba a hacer cuando llegara la hora de la verdad. Y solo le


quedaban cuatro días para averiguarlo. Nº Páginas 24—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 El resto de la semana pasó deprisa. El personal del departamento de Ventas y de Marketing estaba muy emocionado con la Colección Para Siempre, y el jefe de Meredith le había pedido que hiciera las muestras de los anillos para la siguiente semana. Tendría que trabajar mucho todas las noches si quería cumplir el plazo, pero no le importaba. Tallar las piezas de joyería era su parte favorita del proceso y le encantaba ver cómo sus ideas iban tomando forma. Además, el hecho de tener mucho trabajo era la excusa perfecta para pasarle el encargo de Adam Richards a otro diseñador. Terminó el alfiler de corbata y se lo envió a Adam con un mensajero, junto con el jersey y una nota cortés pero distante. Esperaba que ahí terminara todo. No estaba segura de a quién le encargaría Frank el proyecto de Adam. Estaba Peter, un diseñador nuevo que tenía talento pero le faltaba experiencia. Anita Barnes era la mejor opción. Era bastante atractiva, soltera y, como todo el mundo sabía, buscaba un marido rico. Además, sabría cómo tratar a un hombre como Adam. «No le devolverá los


regalos caros tan rápido», pensó Meredith. Meredith no comprendía por qué la idea de que Anita trabajara con Adam la molestaba tanto. Pero así era. Igual que los papelitos que recogió durante toda la semana en Recepción, donde la avisaban de que Adam la había llamado varias veces. Ella se los llevaba al despacho, los observaba durante unos instantes, y los tiraba a la papelera. Cada vez que sentía ganas de llamarlo, recordaba lo que había aprendido en el pasado, apretaba los dientes y se ponía a trabajar. Aunque no pudiera quitarse a Adam de la cabeza, se alivió al enterarse de que no pensaba asistir a la subasta. Sylvie había averiguado que lo habían invitado, pero que él había presentado sus excusas junto con un generoso donativo para la asociación benéfica. El viernes, Meredith se marchó pronto del trabajo para que le diera tiempo a prepararse para la noche. Cuando entró en su apartamento, sintió un gran nudo en el estómago. ¿Cómo diablos se había metido en ese lío? Intentó no pensar en ello y se metió en la ducha. Después se vistió y se alegró de que Sylvie se hubiera ofrecido a peinarla y a maquillarla. Las manos le temblaban tanto que estaba segura de que no habría podido hacerlo. Meredith se puso los zapatos de tacón y se sentó en la cama mirando al infinito. Se había quedado helada de miedo. No podía evitarlo. No podría hacerlo.


Prepararía una bolsa de viaje, metería a Lucy en el coche y se marcharía de la ciudad durante el fin de semana. Sylvie se decepcionaría. Pero cuando pasara todo, la comprendería. Un golpe en la puerta interrumpió sus planes. Nº Páginas 25—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya voy —gritó Meredith. Pensó que sería Sylvie, pero se alegró al ver que era Rose Carson. La abrazó y la invitó a pasar. —Iba a llamarte, pero pensé que era mejor venir —dijo Rose—. Oh, cielos, estás preciosa —exclamó, mirándola de arriba abajo. —Tú también —contestó Meredith. Meredith nunca había visto a su amiga tan elegante y se quedó sorprendida. Rose llevaba un vestido plateado con un drapeado en el escote rematado con raso plateado. Iba más maquillada y mejor peinada de lo habitual. Era una mujer encantadora y Meredith se preguntaba por qué nunca se había vuelto a casar. Pero nunca se lo había preguntado. —Gracias, cariño. Me gusta ponerme elegante de vez en cuando es divertido, ¿no crees?


—Quizá… si lo único que tuviera que hacer fuera beber champán durante toda la noche. Pero subirme a un escenario y participar en esa subasta… — Meredith suspiró y retiró un mechón de pelo que le caía sobre los hombros—. No puedo hacerlo, Rose. No puedo. Rose la miró durante un momento, sin decir nada. Después le agarró la mano y dijo: —Sé que sientes pánico escénico, Meredith. Es normal —Rose la miró a los ojos—. Sé que todo esto de la subasta es una idiotez. Estoy de acuerdo contigo. Pero es por una buena causa y creo que será una buena experiencia para ti, cariño. No pienses en ello como si fuera algo serio. Hazlo solo para divertirte. —Para divertirme, creo que preferiría que me hicieran una endodoncia — Meredith la miró y no pudo evitar sonreír. —Vamos, Merri —dijo Rose—. No pienses en Sylvie. Ni en la asociación benéfica. Hazlo por ti. Es tu oportunidad para despegar el vuelo. Actúa un poco. Piensa que eres una actriz que representa un papel. Nunca has pensado que te gustaría ser otra persona, ¿una rompecorazones? —bromeó Rose—. Bueno, aquí tienes tu oportunidad.


—Sí, esa soy yo. La gran rompecorazones —murmuró Meredith. —Vamos. ¿Para qué tienes los ojos? ¿No has visto lo guapa que estás? Estoy segura de que vas a ser el éxito de la noche. Y quién sabe, a lo mejor conoces al hombre de tus sueños. —Pues alguien debería advertirle que a medianoche me convierto en calabaza —contestó Meredith. Además, ya lo había conocido. Pero lo había alejado de ella… —Algunos hombres prefieren la tarta de manzana… y otros la de calabaza. Eso es lo que hace girar al mundo —contestó Rose, y se encogió de hombros—. Entonces, ¿eso quiere decir que vas a hacerlo? Nº Páginas 26—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me has convencido, Rose —dijo Meredith, y se puso el chal de terciopelo sobre los hombros—. Además, Sylvie nos asesinará a las dos si no aparezco, y no me gustaría que te sucediera nada. —No te preocupes por mí, cariño. Puedo cuidar de mí misma —le guiñó un ojo. A veces, Meredith tenía la sensación de que su amiga era misteriosa. Rose guardaba algún secreto, eso seguro. —Oh, casi se me olvida. El broche que me prestaste —dijo Meredith. Buscó


un joyero en la mesita de noche y lo abrió—. Quiero llevarlo esta noche, ¿me ayudas a ponérmelo? —Será una placer —ayudó a Meredith a ponerse el broche en el vestido—. El toque perfecto —dijo Rose, y dio un paso atrás para verla mejor. Meredith se miró en el espejo del pasillo. Parecía que el broche estaba hecho a propósito para ese vestido. Se quedó como hipnotizada mirando el brillo de diferentes colores que producía el reflejo de la luz en las piedras. Experimentó una sensación extraña. Como si alguien le acariciara la espalda con las manos heladas y se le pusiera la carne de gallina. «Son los nervios», pensó. Pero aun así… —El vestido… no crees… ¿no crees que es demasiado escotado? —preguntó. —Para nada —le aseguró Rose. —El broche es precioso. Gracias otra vez por dejármelo —Meredith le dio un beso a Rose en la mejilla—. ¿De dónde lo sacaste? ¿Te lo regalaron? —Oh, es una larga historia, cariño. Algún día te la contaré. Pero te diré que siempre me ha dado suerte… Mira —Rose le mostró el reloj a Meredith—, se está haciendo tarde. Le prometí a Sylvie que te llevaría a las siete y media. Será mejor que nos vayamos. —Sí, será mejor —abrió el pequeño bolso de seda y comprobó que tenía todo lo


que necesitaba. Se alegraba de que Rose estuviera con ella. Sus palabras le habían calmado los nervios, y el broche le había dado la fuerza necesaria. Mientras se dirigían hacia el ascensor, Meredith acarició de nuevo el broche como si fuera su talismán secreto. Miró a Rose y vio que estaba sonriente. Quizá, después de todo, consiguiera sobrevivir aquella noche… Cuando Meredith y Rose llegaron al hotel, el recibidor estaba lleno de gente que acudía a la subasta. Entraron en el salón de baile y fueron a buscar a Sylvie a los camerinos. Después de que Sylvie la peinara y la maquillara, Meredith se dedicó a pasear por la sala durante el cóctel. Tal y como le habían dicho sus amigas, de pronto sintió que era como un imán para los hombres. Algunos la miraban boquiabiertos. Otros, a los que no había visto nunca, intentaban conversar con ella, pero Meredith consiguió Nº Páginas 27—90 https://www.facebook.com/novelasgratis deshacerse de ellos. Incluso un compañero del departamento de ventas, Rob Reilly, que siempre alardeaba de ser una máquina con las mujeres, se acercó a ella. A Meredith, aquello le pareció asombroso, ya que Rob nunca había mostrado el más mínimo interés por ella. Al cabo de unos momentos, Meredith se percató de que su compañero no la había reconocido y tras hablar un rato con él, decidió decirle


quién era. Él se quedó impresionado, y Meredith encontró su reacción un poco dolorosa. «¿Soy tan horrorosa en la vida real?», se preguntó. Pero enseguida se olvidó de todo y comenzó a disfrutar de su papel de mujer fatal. En parte, se sentía halagada, en parte divertida y en parte asombrada por cómo reaccionaban los hombres. ¿Eran tan superficiales que solo necesitaban un poco de maquillaje y un sujetador que realzara los pechos para volverse locos? ¿No había ningún hombre que se sintiera atraído por el tamaño del cerebro de una mujer… y no por el de su busto? Meredith regresó al camerino, convencida de que no iba a conocer a su príncipe azul entre esos solteros. Y menos si todos eran como los que había en el cóctel. Meredith tenía que salir la segunda a la subasta. Se quedó detrás de la cortina, medio mareada, viendo cómo subían las apuestas mientras la primera mujer se movía por el escenario. Solo había tomado una copa de champán, pero como no había comido nada se le había subido a la cabeza. —… y nuestra próxima jovencita es una empleada de Colette, Inc. Una diseñadora de joyas que se llama Meredith Blair —oyó que decía el presentador. Sabía que era entonces cuando debía salir al escenario, pero no era capaz de


moverse. —Meredith, ¿estás bien? —Meredith se dio la vuelta y vio que Sylvie la miraba preocupada. No dijo nada, y Sylvie la agarró del brazo y le dijo: —Vamos, Meredith, puedes hacerlo. —Pero, yo… —no le dio tiempo a terminar su respuesta. Sylvie le dio un empujoncito y Meredith se encontró en medio del escenario. El presentador la agarró del brazo y la llevó hasta donde estaba el micrófono. —¿A que es preciosa? —preguntó al público. La gente comenzó a silbar y a jalear, y Meredith sintió que se ponía colorada. —Mira al público, no a tus pies, cariño —le susurró el presentador tapando el micrófono—. Ya sabes, exhíbete un poco. Meredith pensó que el hombre debería estar agradecido porque ella no saliera corriendo. Miró al público y descubrió que gracias a los focos no podía reconocer a nadie. Respiró hondo y sintió que el cierre provisional que se había cosido en el escote estaba a punto de estallar. «Eso haría que comenzara la apuesta», pensó con una sonrisa. Pero las apuestas ya habían comenzado. Meredith estaba sorprendida por cómo los dólares aumentaban a cada minuto. Todo por unas horas en su compañía. La cifra ya era muy alta y parecía que todo estaba decidido. De pronto, un


nuevo jugador Nº Páginas 28—90 https://www.facebook.com/novelasgratis pujó tanto dinero que el público se quedó callado y Meredith sintió que se le secaba la boca. —A la una, a las dos… —dijo el presentador. Nadie pujó más. ¿Quién diablos iba a pagar esa cifra astronómica por ella?—. ¡Vendida! —gritó el presentador—. Muy bien, señor. Tiene un gusto excelente. Puede recoger su premio en los camerinos. Y le deseo que pase una noche estupenda —añadió, lo que provocó que la gente se riera. Meredith salió del escenario muerta de vergüenza y tratando de no tropezar con los centros de flores que decoraban el escenario. Cuando llegó a los camerinos, alguien le puso una botella de champán en las manos. Era otro premio para su comprador, pero ella apenas se enteró. Se sentía un poco mareada. Esperó a que llegara el hombre que la había comprado para una noche. Su voz le había resultado familiar, pero no había sido capaz de asociarla con un rostro. ¿Y si era alguien que trabajaba con ella? De pronto, alguien la agarró por el hombro.


—¿Meredith? Se volvió y se encontró frente a Adam Richards. Iba vestido con un esmoquin negro, una camisa blanca y vina corbata color burdeos, y parecía un auténtico millonario. ¿No le había prometido Sylvie que él no iba a asistir al evento? Al menos, el hombre que la había comprado aparecería en cualquier momento. —Adam… —dijo ella—. ¿Qué… qué estás haciendo aquí dentro? Él sonrió y la miró a los ojos. Meredith sintió que se le ponía la piel de gallina. —Me dijeron que pasara a recoger mi premio. ¿No lo recuerdas? —contestó sin más. Meredith no lo podía creer. No, no podía ser. Tenía que haber algún error. Adam Richards no era el hombre que la había comprado. Pero al mirarlo, se confirmaron todas sus dudas. —No, tú no… —Meredith suspiró y se puso la mano sobre la frente—. Cualquiera menos tú —soltó. —Meredith, eres tan sincera —se rio Adam—. Me temo que voy a tener que acostumbrarme.


Meredith se dio cuenta de lo que había dicho. —Oh, lo siento. No quería ofenderte —lo miró a los ojos y le tembló la voz. En el escenario estaban subastando a otra mujer. El público comenzó a aplaudir ya silbar de nuevo. Meredith no podía soportarlo más. Nº Páginas 29—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Vamos. Salgamos de aquí —le susurró Adam al oído—. Creo que te sentará bien un poco de aire fresco. La rodeó por la cintura y se abrieron paso entre la multitud. Cuando llegaron al pasillo del hotel, fuera del salón de baile, Meredith se detuvo y tomó aire. —Gracias —le dijo con timidez—. Creo que no estoy hecha para el espectáculo. Él sonrió y la soltó. «Es todo un caballero», pensó ella, «no se aprovecha de las circunstancias». Aunque tenía que reconocer que le había gustado que la agarrara. —No sé. Yo creo que lo has hecho muy bien. Estupendamente, diría yo — añadió con tono serio. La miró de arriba abajo y, en su mirada, Meredith notó que se sentía atraído por ella. Por algún motivo, su comentario y su reacción hicieron que Meredith se


pusiera nerviosa. En lugar de sentirse halagada, estaba enojada. Había pensado que él era distinto a los demás. Pero un poco de lápiz de labios y algo de escote lo habían descubierto. —Seguro que no me habías reconocido —contestó ella, y se cubrió los hombros con el chal. —Casi me engañas —admitió él—. Pero supongo que te reconocí justo a tiempo, ¿no? Meredith trató de evitar su mirada. —Bueno, espero que no te hayas decepcionado, pero solo es un vestido de fiesta. Es más, me lo han prestado. Y un poco de maquillaje. Debajo, está la de siempre —le advirtió. —Eso espero —dijo él. Se apoyó en la pared, se cruzó de brazos y la observó. Al final, Meredith levantó la vista y lo miró. —¿Por qué apostaste por mí? —preguntó. Se sorprendió por lo directa que era su pregunta. Quizá Rose tenía razón, y gracias a la subasta, había recuperado la confianza en sí misma.


Él arqueó las cejas y consideró la pregunta. —Es una buena pregunta —contestó. Después no dijo nada durante un buen rato—. Supongo que para que nadie más lo hiciera —admitió—. Parecía que estabas muy incómoda ahí arriba. Que hacías tu papel con valentía, por una buena causa, y todo eso. Pero… —¿Quieres decir… que decidiste rescatarme? —No lo había pensado así —contestó él—. Pero supongo que sí. ¿De verdad parecía tan forzada que Adam se había sentido obligado a rescatarla? Meredith se lo agradecía, pero estaba avergonzada. —En realidad no me gustan estas subastas de personas —dijo él, y Meredith sintió que lo decía con sinceridad—. Sé que son por una buena causa, pero ni siquiera tenía pensado asistir. Nº Páginas 30—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella sabía que eso era verdad. —Pero lo hiciste. —Sí, lo hice. Y el resto es historia —sonrió. Meredith respiró hondo. Si él continuaba mirándola de esa manera, estaba perdida.


—¿Y ahora qué hay que hacer? —preguntó ella. —¿Por qué no me lo dices tú a mí? ¿Te apetece ir a cenar, o a tomar algo a algún sitio? Ambas alternativas eran igual de aterradoras. Meredith no sabía qué decir. Y además no quería parecer desconcertada. Él tenía derecho a pasar la noche con ella. Sobre todo después de la cantidad de dinero que había pagado. Pero no quería ser ella quien decidiera. —Es tu noche —contestó ella—. Yo solo soy el trofeo que llevas a casa. No quería que pareciera una insinuación, pero al ver que Adam se ponía serio se dio cuenta de que sus palabras habían sido un poco provocativas. —Entonces, te llevaré a casa —dijo él, y le ofreció el brazo—. Mi coche está en la puerta. Tenemos que bajar por el hall principal. Meredith tragó saliva y se agarró a su brazo. ¿Se refería a su casa, o a la de ella? No tenía aspecto de ser un depredador… pero, ¿tampoco iba a pagar tanto dinero por un par de horas de conversación? —Meredith, tienes las manos heladas —comentó él—. ¿Quieres ponerte mi chaqueta? —No, estoy bien. De veras —le aseguró. Estaban de pie en el hall, y Adam le


había dado la ficha de su coche a un botones. Cuando le llevaron el coche, Adam la acompañó hasta la puerta del copiloto. Meredith nunca había montado en un deportivo. Era una noche de novedades. El coche era tan bajo que solo tenía sitio para el conductor y el copiloto. Meredith dejó la botella de champán en el suelo y se sentó en el asiento de cuero. Adam arrancó el coche y se dirigió calle abajo. Meredith trató de disimular su nerviosismo… aunque aún no tenía ni idea de adónde la llevaba. Nº Páginas 31—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 —Bueno, ¿hacia dónde vamos? —preguntó Adam. —¿Perdón? —dijo ella. —¿Cómo vamos a tu casa desde aquí? ¿Vives en la ciudad? —preguntó él. —Hmm… sí. Sí, no está muy lejos de aquí —contestó ella. Se alegró al ver que Adam no tenía intención de llevarla a casa de él—. Vivo en Amber Court, cerca de Ingalls Park. ¿Sabes ir hasta allí? —Ése es un vecindario estupendo. Me encanta —dijo él—. Sobre todo el parque. Voy a pasear o a correr por el camino que rodea al lago.


—Yo también —dijo Meredith—. Suelo ir con Lucy. No va al mismo ritmo que yo, pero le encanta. —¿ Lucy? ¿Es una amiga tuya? Meredith iba a explicarle que Lucy era su perra, pero después pensó que si no lo hacía tendría un poco de ventaja sobre él. —Uh… sí. Una amiga. Una muy buena amiga —contestó—. Vivimos juntas. —Ah, así que tienes una compañera de apartamento. ¿Era su imaginación, o Adam estaba decepcionado porque ella no vivía sola? Meredith contuvo una sonrisa. —Sí, compartimos el apartamento —en realidad, no mentía—. Es una amiga de verdad. Estoy segura de que me está esperando despierta. —Es importante tener buenos amigos. Es bueno compartir las experiencias con alguien al final del día, ¿no crees? —preguntó él. —Sí, por supuesto. Es muy bueno —contestó ella. No estaba pensando en Lucy, sino en él. Imaginaba llegar a casa y compartir sus experiencias con él. «Qué tontería», pensó. Miró por la ventana y después lo miró a él. Como el coche era muy pequeño, sus rostros quedaban muy cerca. Él era tan atractivo. Tan fuerte y masculino. Cuando estaba junto a él, Meredith sucumbía ante su atractivo y energía, como si una gran corriente la arrastrara hasta el fondo del mar. Él no tenía que hacer nada especial. Ni decir nada.


Era… él. Eso era lo que la asustaba. Cuando llegaron al cruce de Amber Court, ella dijo: —Es en este cruce. Tuerce a la derecha. Mi casa está en la mitad de la calle, en el número veinte. Él aparcó el coche y la ayudó a salir. Meredith sacó las llaves y abrió la puerta del portal. Nº Páginas 32—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bueno, supongo que tendrás que irte, así que buenas noches —dijo ella, y se volvió a mirarlo. Él estaba muy cerca. Lo bastante cerca como para inclinarse y darle un beso… si quisiera. Meredith dio un paso atrás y lo miró. Después se dio cuenta de que llevaba la botella de champán. —Oh, toma. Se me olvidaba —le dijo, y se la dio—. Es parte de tu premio. —Gracias —él tomó la botella, sin dejar de mirar a Meredith—. Y no, no tengo que irme. Me gustaría continuar con nuestra cita. Pero no me gusta el champán… ¿la quieres tú? —A mí tampoco me gusta demasiado. Me da dolor de cabeza. Él se rio. —A mí también —sus miradas se cruzaron y ella sintió que le flojeaban las


piernas. —¿Y un café? —le preguntó ella. —¿El café? Eso nunca me da dolor de cabeza —contestó él. —No… ¿te apetece tomar uno? Él se quedó sorprendido. Después, encantado. —Me encantaría… si no es mucho problema. —Ningún problema —le aseguró ella, y se encaminó hacia el ascensor. —¿A tu compañera no le importará? —preguntó Adam, y miró el reloj—. Es un poco tarde. —A Lucy no le importará. Le encanta conocer gente nueva. —Entonces, encantado —contestó él. Subieron en el ascensor hasta la tercera planta. Era casi medianoche, la hora mágica de los cuentos de hadas. Meredith abrió la puerta y oyó que Lucy se acercaba corriendo. —Hola, cariño —dijo Meredith, y se agachó para acariciarla—. ¿Te has vuelto a meter en mi cama, dormilona? Lucy se interesó por Adam. Le olisqueó las manos y las piernas y después le dio un lametón para saludarlo. —Hola, perrita bonita —dijo Adam, y miró a Meredith—. ¿Cómo se llama? Meredith se puso en pie y se estiró el vestido.


— Lucy —dijo sin más. Se mordió el labio inferior y esperó a ver cómo reaccionaba él. Al principio parecía asombrado, después, frunció el ceño, y finalmente, se rio. —Hola, Lucy —dijo él—. Encantado de conocerte, pequeña. Meredith se rio y se marchó a la cocina para llenar la cafetera. Él tenía buen sentido del humor, y eso le gustaba. Nº Páginas 33—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tienes una casa muy bonita —dijo Adam, desde la puerta de la cocina—. Me gusta cómo la tienes decorada. Meredith nunca se había preocupado mucho por la casa. Los muebles eran modernos y tenía una butaca y un sillón de cuero. En el suelo, había una alfombra y en las paredes colgaban los posters de algunas exposiciones y algunas esculturas suyas. En la zona que se suponía que debía estar el comedor, Meredith había puesto una mesa de dibujo y utilizaba el espacio como estudio. A veces se llevaba trabajo a casa, pero allí solo hacía los bocetos. Como sus obras eran grandes y de metal, había alquilado un almacén que utilizaba como estudio y donde almacenaba todos los materiales. Cuando llevó la bandeja con las tazas al salón, vio que Adam estaba mirando su estudio. Al cabo de un momento, volvió y se sentó junto a ella en el sofá.


—¿Has hecho tú las esculturas, Meredith? —preguntó mientras tomaba una taza de café. Ella asintió. —La mayoría son de hace muchos años. Ahora hago cosas mucho más grandes. De metal, en su mayoría. Tengo un estudio cerca del río —le explicó—. Voy allí los fines de semana, o cuando tengo un rato libre. —Esos diseños son muy interesantes —él agarró una de las esculturas y la miró de cerca—. Me gusta el sentido de profundidad y la forma en que las líneas crean una imagen ascendente —dijo él—. ¿Vendes tus obras en una galería? Meredith sonrió y dijo: —No soy tan buena. En serio. —Tonterías. Eres muy buena. Tienes mucho talento —insistió él—. Me gustaría ver otras obras tuyas, ¿podría? Ella se encogió de hombros. —Por supuesto. Quizá puedas ir a mi estudio un día —añadió. Estaba segura de que nunca iría. Además, él solo trataba de ser amable, de tener una conversación agradable. Meredith notó que se le había metido un poco de maquillaje en el ojo y trató


de quitárselo con un pañuelo. —¿Estás bien? —preguntó Adam, y se inclinó hacia ella, preocupado. —Sí. Sí, no te preocupes —contestó—. No estoy acostumbrada a llevar maquillaje. —¿Por qué no te lo quitas? —sugirió él—. Te esperaré. —¿Estás seguro de que no te importa? Tardaré un rato —le advirtió. —Para nada. Además, he de admitir que me gustas más sin toda esa… porquería en la cara. Nº Páginas 34—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Creo que no hago muy bien el papel de supermodelo, ¿verdad? —dijo ella, convencida de que había hecho el comentario con mala intención. Él le tomó la mano. —No, no quería decir eso —le dijo—. Estoy seguro de que te has divertido haciendo que los hombres te miraran, y sin duda, estás preciosa. Pero no necesitas maquillarte, Meredith, ni ponerte un vestido así para estar atractiva. Además, creo que no es tu estilo ir como las muñecas Barbie, ¿no? —No… no lo es —admitió entre risas. —A mí no me resulta atractivo —añadió él—. Cuando miro a una mujer, me gusta que haya un poco más de misterio. Para mí, la mayoría de las mujeres


que han subido al escenario hoy, iban demasiado disfrazadas. —Debías de ser el único hombre que pensaba eso —contestó ella. —Bueno —Adam se encogió de hombros—. Puede que sea anticuado, pero cuando estoy con una mujer, no me gusta que todo el mundo la mire. Hay cosas que hay que guardar para los momentos íntimos, cuando las dos personas están a solas. De otra manera, una relación íntima no sería tan exclusiva, ¿no? Meredith no sabía que decir. ¿Intimidad? ¿Exclusividad? ¿Relaciones? ¿Por qué estaban hablando de esos temas? —Enseguida vuelvo —prometió ella, y se levantó del sillón. —No corras. Me quedaré aquí hablando con Lucy. Ella se rio y se dirigió a su dormitorio. Él le gustaba. Le gustaba mucho. Y estaba allí con ella, en su casa. Esperándola en la habitación contigua. Tal y como lo había imaginado. Meredith se quitó el maquillaje y después, se puso unos vaqueros y un jersey en lugar del vestido. Pensó en ponerse las gafas, pero decidió que mejor se dejaba las lentillas. Llevaba poniéndoselas varios días, así que no estaba demasiado incómoda con ellas. Decidió que hablaría un rato más con Adam y que después lo convencería para que se fuera. Él era muy amable y se iría sin crearle ningún problema.


Cuando Meredith regresó al salón, Lucy estaba sentada junto a Adam, con la cabeza apoyada en su rodilla y los ojos medio cerrados. Él la acariciaba. —Es una perra estupenda —dijo él. —Es un pedazo de pan —contestó Meredith—. Aunque normalmente no se hace amiga de los extraños con tanta rapidez. «Hasta los perros lo quieren», pensó ella. —¿Quieres más café, Adam? —preguntó y se sentó a su lado. Pronto comenzaría a bostezar para insinuarle que se fuera. Nº Páginas 35—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —No, gracias —él se volvió hacia Meredith y ella se dio cuenta de que se había desabrochado la corbata y el cuello de la camisa. Se fijó en que su vello oscuro asomaba por la abertura. Sintió que se le secaba la boca y miró a otro lado. —Me pregunto qué estarán haciendo los otros ganadores en estos momentos — dijo él, y miró el reloj. —Sí, yo también —dijo ella. Meredith se percató de que había tenido suerte de que la comprara Adam. Parecía que él no tenía ninguna intención de obtener ningún favor especial. Seguro que podía haber terminado con otros hombres que no


tenían las mismas intenciones. Recordó la variedad de predadores que había en el cóctel y se estremeció al imaginarse las posibilidades. —Por cierto… gracias por pujar por mí. Me ha salido bastante bien, creo. —Ni lo menciones —él sonrió. Después se reclinó en el sofá y colocó las manos detrás de la nuca—. Lo consideraré como el acto de caballerosidad de esta semana — añadió—. Además, la noche aún no ha terminado. Ella se aclaró la garganta y se sentó un poco más derecha. ¿Se había acercado a ella un poco más… o se lo imaginaba? —Esta noche te he hecho un favor bastante bueno, Meredith. Ahora podías hacerme uno tú a mí. —¿Yo? ¿Qué estás pensando? Él se rio. —En nada indecente, te lo prometo. Quiero que vuelvas a trabajar para mí otra vez. Eso es todo —dijo él—. El alfiler de corbata que hiciste es perfecto. —Gracias. Me alegro de que te gustara —dijo ella—. Pero no puedo hacer las otras piezas, de verdad, Adam. Tengo que terminar un gran encargo. Las muestras para una nueva colección. Me han dicho que me centre en ella por completo.


—Sí, eso es lo que me dijo la otra diseñadora… ¿Cómo se llama? ¿Andrea? —Anita —contestó ella. Así que le habían asignado a Anita para que terminara su encargo. Meredith se sintió celosa y se asombró por cómo había reaccionado. —Sí, eso es lo que Anita me dijo. ¿Pero por qué no contestaste a ninguna de mis llamadas? —Lo siento… he estado muy ocupada esta semana y me enteré de que te habían asignado a otra diseñadora. Él parecía dolido porque Meredith no hubiera contestado a sus llamadas, y ella deseó haberlo hecho, al menos para explicarle la situación. —Y el jersey. No tenías por qué devolvérmelo. ¿No te gustó? —Por supuesto que sí. Era precioso. Me encantó —contestó con sinceridad. —Entonces, ¿por qué me lo devolviste? —preguntó él. Se sentó derecho y se pasó la mano por el pelo. Su cabello parecía suave y espeso, y ella sintió ganas de hacer lo mismo. Nº Páginas 36—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Meredith miró a otro lado. Le resultaba difícil concentrarse con él tan cerca. Cada uno de sus movimientos, cada una de sus respiraciones, la distraía.


—El regalo era muy extravagante y… completamente innecesario —dijo ella tratando de elegir las palabras con cuidado. —Los mejores suelen ser así, Meredith —contestó él. Ella se volvió y lo miró a los ojos. —Lo consideré inapropiado. Teniendo en cuenta nuestra relación. —¿Quieres decir que no era algo impersonal y propio de una relación de negocios? —Sí, eso es. —Bueno, si ya no vas trabajar para mí, entonces ya no tenemos una relación de negocios, Meredith. Podías haberte quedado con el regalo. Adam puso una sonrisa juguetona y Meredith lo miró. Después se puso la mano sobre la frente. La cabeza le daba vueltas. —No puedo trabajar para ti, Adam. Ya te he dicho que tengo un encargo especial. Un trabajo que corre mucha prisa. —Esperaré a que lo termines. Si corre tanta prisa como dices, pronto lo habrás terminado, ¿no? Al parecer, siempre tenía una respuesta para salirse con la suya. —Me siento muy halagada. De veras —contestó ella—. Pero los demás diseñadores del departamento también son muy buenos. Estoy segura de que


Anita hará exactamente lo que tú quieras. «Lo que quieras, dentro y fuera de la oficina», pensó Meredith. —Estoy seguro de que es muy buena en su trabajo. Pero no tanto como tú. Y tú no haces exactamente lo que yo quiero, Meredith. Tú haces lo que tú quieres… y sale mucho mejor que todo lo que yo había sugerido. Ésa es la diferencia. —Gracias. Se sintió atrapada por sus argumentos… y por la atracción que sentía hacia él. No le gustaba la idea de no volverlo a ver. Si no volvía a trabajar para él, no tendría un momento de tranquilidad pensando en él y en Anita. —Creo que podría hacerte las otras piezas. Solo tengo que convencer a mi jefe de que puedo arreglármelas con los dos encargos a la vez —contestó ella. —Magnífico. Esperaba convencerte. —Bueno, te debía un favor, por lo de esta noche. —Así es. Ya estamos en paz, ¿vale? Ella asintió. Él seguía mirándola a los ojos y sintió cómo se le aceleraba el corazón. Estaban tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo e inhalar el aroma de su piel. Nº Páginas 37—90


https://www.facebook.com/novelasgratis Meredith no sabía qué decir. Él le rodeó los hombros con el brazo. Ella quería separarse de él, pero estaba encandilada. Adam le retiró un mechón de pelo que le caía por la frente. —Me encanta el color de tu pelo —dijo él—. Es tan especial. Ni siquiera voy a preguntarte si es natural porque estoy seguro de que así es —añadió con una sonrisa—. Todo lo que tienes es tan real. Tan genuino… y bonito. Las palabras de Adam llegaron a lo más profundo del corazón de Meredith. Ella sabía que era sincero. Era como si él pudiera ver más allá de la imagen externa y se sintiera atraído por la verdadera personalidad de ella. Meredith le acarició la mejilla, obnubilada por su sonrisa. Cuando él se inclinó y la besó en los labios, ella se percató de que deseaba que la besara desde hacía mucho tiempo, quizá desde el momento en que se conocieron. El roce de sus labios era emocionante. Embriagador. Irresistible. Antes de que pudiera pensar en retirarse, se sintió abrumada y la atracción que sentía por él borró todas las dudas de su cabeza. Él saboreó su boca con cuidado, y cuando sintió que se rendía ante él, la abrazó


con fuerza. La besó con ardor hasta que ella abrió la boca y sus lenguas se fundieron en un baile apasionado. Meredith se recostó en el sofá y él se colocó encima de ella. Le acarició los brazos y los pechos, después las caderas, la cintura y el vientre. Ella necesitaba acariciarlo también. Sentir sus músculos y el calor de su piel bajo la tela de la camisa y de los pantalones. Adam comenzó a besarle el cuello y la piel del pecho que quedaba al descubierto por el escote del jersey. Después, estiró del jersey hacia un lado y dejó uno de sus hombros y de sus pechos al aire. La besó con delicadeza y metió la mano bajo el jersey para acariciarle los pezones. Meredith se estremeció al sentir que una ola de deseo recorría sus piernas. Se agarró con fuerza a los hombros de Adam y comenzó a moverse rítmicamente, apretando las caderas contra él. Él la besó de nuevo en la boca y se movió un poco, de forma que ambos cuerpos quedaran encajados. Ella sintió la fuerza de su miembro viril contra la entrepierna y trató de acercarse aún más a él, repitiendo los movimientos del baile del amor. ¿Qué estaban haciendo? Lo que había comenzado como un beso de buenas noches se había convertido en un torbellino. Como si una simple cerilla hubiera encendido el fuego. Así fue como ocurrió con Jake. Un beso, y ella era suya, en cuerpo y alma. Sucedió tan rápido que no tuvo tiempo ni para pensar, ni para valorar las consecuencias. Tampoco habría importado. Confiaba en Jake… y en sus propios


sentimientos. Nº Páginas 38—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Pero esta vez sabía mucho más. Ya pesar de que deseaba a Adam más que a nada en el mundo, Meredith consiguió tener la fuerza de voluntad necesaria para tratar de separarse de él. Adam lo notó, levantó la cabeza y la miró. —¿Meredith? ¿Estás bien? Ella estaba debajo de él, con la cabeza girada hacia un lado. Suspiró y le empujó los hombros con las manos. —Esto no está bien… No es lo que quiero. Deja que me levante, por favor. Él se quedó sorprendido, pero se retiró enseguida. Respiró hondo y se pasó la mano por el pelo. —Lo siento —dijo al fin—. Solo quería darte un beso de buenas noches… no quería llegar tan lejos. Lo último que quería era asustarte. Meredith sintió que él deseaba acariciarla de nuevo. Se puso en pie y se alejó un poco de él. No quería que notara cómo la habían afectado sus besos. Él no tenía que saber lo mucho que lo deseaba. Eso haría que las cosas fueran más difíciles. —No me has asustado —dijo ella. «Lo que me asusta es mi propia reacción


ante ti», pensó en silencio—. Me gustas, Adam. De verdad. Pero no quiero involucrarme contigo de esta forma. Él arqueó las cejas sorprendido. —¿De veras? Eso no es lo que parecía hace unos minutos. —No sé cómo explicártelo —dijo ella, aunque en realidad es que no quería hacerlo—. Tendrás que confiar en mi palabra. O si no, no podremos mantener ningún otro tipo de relación. Adam se puso muy serio. Ella se preguntaba si se había enfadado. Teniendo en cuenta cómo había actuado, tenía todo el derecho a enfadarse. —¿Tienes novio, o algo así? ¿Estás saliendo con alguien más? —preguntó él. —¿Novio? No, no tengo novio —dijo ella—. No es eso —le aseguró. Él no dijo nada, y continuó mirándola. Después se puso en pie y buscó su chaqueta. Parecía cansado, pero estaba más guapo que nunca. —De acuerdo —dijo él despacio—. Será mejor que me marche. Meredith llevaba toda la noche esperando que se marchara. Y cuando ya se iba a marchar, se dio cuenta de que deseaba que se quedara. «No seas ridícula», pensó. Él se dirigió hacia la puerta y ella lo siguió.


—Buenas noches, Meredith —dijo Adam, y se puso la chaqueta—. Ya hablaremos. Meredith lo miró. No parecía estar enfadado con ella. Parecía calmado. Resignado, quizá. ¿Habría aceptado las condiciones? Dudaba de que fuera así, Nº Páginas 39—90 https://www.facebook.com/novelasgratis teniendo en cuenta lo persistente que era. Parecía que había perdido la batalla… pero que otro día volvería a retomar la lucha. «Ya veremos», pensó Meredith. No iba a solucionarlo esa noche. —Por cierto —añadió él, una vez en el pasillo—. Me alegro de haber ido esta noche a la subasta. Ha sido una noche interesante. —¿Has amortizado tu dinero, después de todo? —Sin duda. Puede que esta sea la mejor inversión que he hecho nunca —le dedicó una sonrisa sexy y Meredith se sonrojó. «Maldito seas, Adam Richards». No podía sentirse tan vulnerable cuando estaba junto a él. Ni cuando estaba junto a cualquier hombre. Él se dio la vuelta y se alejó por el pasillo. Meredith se apresuró a cerrar la puerta. Nº Páginas 40—90 https://www.facebook.com/novelasgratis


Capítulo 5 Durante todo el fin de semana, Meredith se preguntó si volvería a saber algo de Adam. Por si acaso, dejó el contestador automático conectado para no tener que hablar con él. Pero cuando vio que no la llamaba, se sintió decepcionada. Quizá había decidido que no quería nada con ella. Un hombre como Adam podía tener a cualquier mujer que quisiera. Para el lunes por la mañana, Meredith ya se había convencido de que no volvería a saber de Adam nunca más, ni siquiera para lo relacionado con su encargo de Colette. Se quedó sorprendida cuando Anita Barnes entró en su despacho para devolverle los bocetos y los apuntes que había hecho para el encargo de Adam. Al parecer, Adam había llamado a Frank y lo había arreglado todo. Anita parecía un poco molesta, pero Meredith la ignoró. Cuando se marchó de su despacho, le deseó suerte para la próxima vez, pero en voz baja. Así que Adam no la había rechazado del todo. ¿Pero habría aceptado el hecho de que ella no quisiera ningún romance con él? Solo el tiempo lo diría. El lunes por la tarde, Meredith decidió que podía trabajar en los dos proyectos a la vez, y a pesar de que Adam estaba esperando a que ella terminara la


Colección Para Siempre, decidió llamarlo a su despacho para concertar una cita con él. Confiaba en que fuera la secretaria de Adam quien buscara el día adecuado para la cita, pero en cuanto Meredith le dijo quién era, la secretaria pasó la llamada a Adam. —¿Adam? Soy yo, Meredith. Me han vuelto a encargar tu proyecto. —Qué bueno oír tu voz. Estaba pensando en ti —le dijo Adam. Meredith trató de mantener la compostura. ¿Tenía que decirle cosas así todo el rato? Se quedaba completamente descolocada. —Sí, bueno… llamaba para concertar una cita contigo. ¿Qué día te viene bien? —Hmm, veamos… —oyó que movía unos papeles y pensó que estaba mirando la agenda—. Esta semana estoy muy ocupado. Estaré fuera desde mañana hasta el viernes… Meredith permaneció en silencio. Quizá se libraría de verlo en esa semana. Eso sería un alivio para ella. Así, a lo mejor, cuando volviera a verlo, ya controlaría mejor lo que sentía por él. —¿Qué tal esta noche? Podría pasarme por tu oficina sobre las seis. Podemos ir a cenar.


—¿Esta noche? No suelo reunirme después del trabajo —contestó ella. —Quizá puedas hacer una excepción —sugirió él—. Si no, me temo que no podré reunirme contigo hasta el fin de semana. —¿El fin de semana? Oh, no. El fin de semana yo no puedo. Nº Páginas 41—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Tienes planes? Sí que tenía planes. Pero no los que él pensaba. Había decidido que se quedaría en el estudio para terminar una escultura que había empezado varias semanas antes y que quería presentar a un concurso. —No puedo quedar el fin de semana, así que supongo que tendremos que quedar esta noche. Notó que Adam estaba contento por haberse salido con la suya una vez más. Meredith pensó en comprarse algo de ropa a la hora de comer, pero después recordó que él le había dicho que le gustaba cómo era y decidió que asumiera sus palabras. Llevaba un vestido verde de punto y manga larga. Por la mañana le había parecido el vestido adecuado para ese día, pero después de quedar con Adam, pensó que quizá debía ponerse algo más elegante. Ese día había ido a trabajar con lentillas, y suponía que el cambio de aspecto


no era muy notable ya que algunos compañeros no se habían dado ni cuenta. La mayoría de la gente no se fijaba en los demás, solo en ellos mismos. Adam, sin embargo, parecía fijarse mucho en ella. Eso la halagaba, pero a la vez la ponía nerviosa. Después de aquella cita, no sería necesario que tuviera demasiado contacto con él para terminar el trabajo. ¿Podría pasar unas horas con él sin dejarse vencer por la atracción? Solo tenía que asegurarse de quedar en un restaurante… y después, no invitarlo a su casa para tomar café. Hacia las cinco y media, Meredith dejó lo que estaba haciendo y se preparó para encontrarse con Adam. Se quitó la horquilla que se había puesto por la mañana y decidió hacerse una larga trenza. Se puso un poco de lápiz de labios, un poco de sombra de ojos y un poco de rímel. Cuando se disponía a cerrar el bolso, encontró la cajita de terciopelo azul que contenía el broche de Rose. Tenía pensado pasar por su casa para devolvérselo en persona. El broche era demasiado preciado como para dejárselo en la puerta de casa o en el buzón. Meredith abrió la caja y miró el broche una vez más. Pensó que seguramente lo


habría hecho un diseñador como ella y que era una pieza única. Se preguntaba quién lo habría hecho. ¿Y cómo había llegado hasta las manos de Rose? ¿Quizá era un regalo? Rose le había dicho que era una larga historia, y Meredith decidió que tenía que preguntárselo. Lo sacó de la caja y se lo puso en el vestido. Estaba preparando algunos trabajos para llevárselos a casa cuando oyó que alguien llamaba a la puerta. Se volvió y vio a Adam. Iba vestido con un traje azul oscuro, una camisa blanca y una corbata de seda. Parecía un ejecutivo. Y estaba muy guapo. —No quería asustarte —dijo él con una sonrisa, y entró en el despacho—. La recepcionista no estaba, así que entré y te busqué. Nº Páginas 42—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bueno, aquí me tienes —dijo Meredith. Adam seguía sonriendo y ella se estremeció. Bajó la vista y agarró la bolsa donde llevaba los cuadernos y los bocetos. —¿Me permites que la lleve yo? —preguntó él. —No, gracias —dijo ella, y salió del despacho. Necesitaba algo donde agarrarse. Algo que pusiera un poco de distancia entre ellos. Salieron del edificio y caminaron hasta un restaurante cercano que Adam sugirió. Él pensaba que sería un sitio tranquilo donde podrían hablar. Meredith


nunca había estado allí, así que no sabía si sería un lugar tranquilo o no. Había oído hablar del sitio… y sabía que sería caro. Los camareros saludaron a Adam por su nombre, y le dieron una mesa con vistas al jardín. «No es un lugar con ambiente de trabajo», pensó Meredith mientras intentaba leer la carta en la semioscuridad. No dudaba de que Adam hubiera elegido ese sitio porque era un lugar romántico. Todo el mundo del local lo conocía. Probablemente era su lugar favorito para sus citas románticas. Pero ella no podía ceder ante su estrategia, ni ante el deseo que sentía por él. Ya le había dicho que no tendría una relación amorosa con él. Y estaba decidida a mantener su palabra. Un camarero les trajo la bebida y les tomó nota de la comida. Mientras Adam bebía un sorbo de vino, Meredith sacó el cuaderno de dibujo y lo puso sobre la mesa. —Bueno, ¿y qué has pensado para las otras piezas? —le preguntó. Adam sonrió. Durante un momento, ella pensó que iba a soltar una carcajada. —¿Dónde te has dejado las gafas de concha, Meredith? ¿Las has perdido? — bromeó. —Llevo lentillas —dijo ella. Miró el cuaderno y garabateó sobre el papel—. Como si no lo supieras. Él se rio. —Estaba bromeando. Lo siento —le tomó la mano. Meredith lo miró a los


ojos—. Es difícil resistirse. Me encanta hacer que te sonrojes. Ella suspiró y bajó la mirada. —Ojalá no me sonrojara tan rápido —confesó ella—. Es horrible. —No, no lo es —dijo él—. Es maravilloso. Tienes una piel preciosa. —Y sin duda, tú sabes meterte bajo mi piel y ponerme nerviosa —admitió Meredith. —¿De verdad? —soltó una carcajada—. Gracias, Meredith. Creo que esa es la cosa más bonita que me has dicho nunca. Meredith lo miró un instante. No podía contemplar durante demasiado rato el brillo de sus ojos y la cálida expresión de su rostro. Se sentía muy atraída por él. Bajó la vista y se fijó en la copa de vino blanco. Adam continuaba agarrándole la mano y le acariciaba los dedos. Ella sintió que estaba a punto de derretirse. Nº Páginas 43—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Terminaremos el trabajo, no te preocupes —le prometió él. —Será mejor, o me meteré en un lío —dijo ella. —Frank no te dirá nada. Somos viejos amigos. No estaba segura de que le gustara que Adam pudiera entrometerse en su trabajo. Pero sentía curiosidad por la relación que él tenía con Frank Reynolds.


—¿De qué conoces a Frank? —preguntó. —Hace algunos años, recibí clases de diseño en Taylor School of Art. Frank fue uno de mis profesores. Nos hicimos buenos amigos. —¿Estudiaste arte? —preguntó ella con sorpresa. —Solo un par de cursos. Cuando empezaba con mi negocio. Tenía que comprender lo que los diseñadores me decían. Sabes, a veces los artistas habláis vuestro propio lenguaje. —Hmm, a veces los hombres de negocios, también —contestó ella, y lo miró a los ojos. —Sí, lo sé. Pero cuando las palabras fallan, tenemos que recurrir a la comunicación no verbal —se inclinó, y la besó en los labios con delicadeza. Meredith cerró los ojos y saboreó el dulzor de su boca. Él se retiró despacio, y ella sintió que ambos deseaban más. —Lo siento… probablemente no querías que hiciera eso, ¿verdad? —se disculpó él. —De hecho… sí quería —admitió ella—. Así que no necesitas disculparte. Él sonrió. —Te has sonrojado otra vez. Ella suspiró y ambos se rieron.


—Sí… lo sé. De pronto, Meredith se sintió culpable porque durante todo el tiempo que habían pasado juntos, nunca le había preguntado a Adam nada acerca de su pasado. Él debía de pensar que era egocéntrica. Pero no era así. Anhelaba saberlo todo acerca de él. Dónde se había criado. Si prefería el campo o la ciudad. Los lagos, o el mar. ¿Cuándo era su cumpleaños? ¿Cuál era su nombre completo? Su postre favorito. Quería saberlo todo… pero no se atrevía a pronunciar palabra. Todo era demasiado perfecto entre ellos, como para estropearlo hablando. Se quedaron en silencio, agarrados de la mano. Meredith se sentía feliz. Adam era tan buena persona, y había sido muy paciente con ella. Le parecía imposible que un hombre como Adam se sintiera atraído por una mujer como ella. Era algo que no se podía resistir. El camarero les sirvió el primer plato, y mientras comían, Meredith aprovechó para preguntarle a Adam sobre su pasado. Se había criado en Greenbrier, Wisconsin. Era el único chico de la familia y tenía tres hermanas más jóvenes que él. Meredith Nº Páginas 44—90 https://www.facebook.com/novelasgratis


pensó que por eso tenía esa actitud de protección hacia las mujeres. Su padre poseía una ferretería y su madre se había dedicado a criar a sus hijos… y después, a cuidar de sus nietos. Meredith sabía, por la manera que él hablaba de su familia, que había crecido en un hogar lleno de felicidad. Lo envidiaba. Le contó que ella se había criado en un hogar completamente diferente. Lo que más recordaba de su infancia eran las amargas discusiones que mantenían sus padres. Su madre siempre se había arrepentido de haber dejado su carrera de actriz para casarse y tener un bebé. Su padre pasaba muy poco tiempo con la familia debido a su trabajo. Ambos eran personas muy sensibles, y Meredith sospechaba que los dos tenían relaciones extramatrimoniales solo para hacer daño al otro. El matrimonio de sus padres era como un campo de batalla, y ella, que era hija única, siempre estaba en el medio. Cuando se fue a la universidad, sus padres se divorciaron y ambos eran mucho más felices desde entonces. Su padre se había jubilado y viajaba mucho con su segunda esposa. Su madre se había ido a vivir a California y había retomado su carrera como actriz. Meredith no sabía por qué habían permanecido tanto tiempo juntos, aunque ellos siempre decían que lo habían hecho por su bien. —Debió de ser muy difícil para ti —dijo Adam. —Sobreviví. Hay mucha gente que ha tenido una infancia peor —insistió ella


—. A veces pienso que si hubiera crecido en un entorno feliz, no habría leído tantos libros maravillosos y nunca me habría interesado tanto por el arte. Adam le dio la razón, pero siguió mirándola con preocupación. —Lo único que yo quería hacer era jugar al béisbol. Estaba en la calle desde que amanecía hasta que oscurecía, jugando al béisbol con mis amigos. A veces, mi padre tenía que salir a buscarme después de que se hiciera de noche. —Creo que todos los niños quieren ser jugadores profesionales de béisbol, ¿verdad? —Así es. Estoy seguro de que es culpa del cromosoma Y —bromeó él. Adam debía de haber sido un buen jugador. Asistió a la universidad de Wisconsin con una beca de deporte, y allí se licencié en Económicas. Todavía tenía el cuerpo de un atleta, y Meredith suponía que iba al gimnasio para mantenerse en forma. Sentía curiosidad por cómo había comenzado con su negocio. No había tenido ayuda, ni dinero familiar, y se preguntaba cómo había llegado tan lejos con tanta rapidez. Adam le explicó que decidió montar su propia empresa después de trabajar en otra que él consideraba que estaba muy mal organizada y que no podía


competir en el mercado. Sabía que había montones de familias que necesitaban muebles con estilo, pero económicos, y él tenía algunas ideas para introducirse en ese ámbito. Pero su jefe nunca le hacía caso, así que decidió montárselo por su cuenta. Al principio tuvo problemas para conseguir suficiente capital, pero al final consiguió financiación y se esforzó para que su empresa funcionara. Nº Páginas 45—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Durante los primeros años, pasaba el día y la noche en la oficina. Incluso tenía mudas de ropa allí. Teníamos poco personal, y a veces, después de trabajar todo el día en mi despacho, tenía que conducir un camión y hacer repartos por la noche. —Estás bromeando, ¿verdad? —preguntó Meredith, incrédula. —Ojalá… ¿ves estas canas? Me salieron antes de tiempo. Meredith se rio. —Te quedan muy bien. Él sonrió. Después volvió a ponerse serio. —Era difícil conseguir que las cosas funcionaran. Más de una vez pensé que no lo conseguiría. Sé que mi matrimonio se vio afectado por las largas horas que pasaba en la oficina.


—¿Estuviste casado? —Meredith se quedó sorprendida. —Me casé con mi novia de la universidad. Mi única novia —admitió con una pequeña sonrisa—. Ella no estaba muy interesada en la empresa, y creo que se sentía descuidada. —¿Por eso os divorciasteis? —Bueno, no exactamente… había muchos otros motivos —hizo una pausa y ella notó que no quería discutir los detalles—. Envidio a las parejas que se conocen desde los veinte años y siguen casadas cincuenta años después. Mis padres son de esos. Todavía están enamorados. Se nota. Yo siempre había deseado un matrimonio así… pero no me salió bien. Suzanne y yo no maduramos de la misma manera. Tomamos caminos diferentes. Al final, apenas la comprendía. Ahora vive en Europa, y creo que los dos estamos contentos con nuestras vidas. «Es una triste historia», pensó Meredith. Los ojos de Adam brillaban con resentimiento mientras le contaba la historia de su matrimonio fracasado. Era incómodo pensar cómo un matrimonio podía comenzar tan bien… y terminar de forma tan dolorosa. Era difícil volver a intentarlo después de una cosa así. Meredith lo sabía muy bien. No había pensado en la posibilidad de que Adam también luchara contra los


fantasmas de su pasado. Eso hacía que tuvieran menos probabilidades aún de tener éxito. —¿Y tú, Meredith? ¿Has estado casada? —preguntó él. —¿Casada? No, yo no —dijo ella. Él la miró un instante. —Te has sonrojado, así que debiste tener a alguien importante en tu vida… Quizá, ¿todavía lo tengas? —No estoy saliendo con nadie, si te refieres a eso —contestó ella. Dobló la servilleta y la dejó a un lado. Nº Páginas 46—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Pero hubo alguien importante… ¿y no salió bien? —Algo así —contestó ella—. Fue hace mucho tiempo. Yo era muy joven e… ingenua. —¿Él era mayor que tú? Meredith lo miró. —Eres muy bueno adivinando cosas. —Quizá. Pero preferiría que tú me contaras la historia. Por cómo la miraba, Meredith sintió que podía contarle cualquier cosa y que él


no cambiaría su opinión sobre ella. Dudó un momento, pero decidió que era demasiado pronto para contarle la historia de Jake Stark. Era una persona reservada, podía tener una amiga desde hacía muchos años, y no haberle contado nada acerca de Jake. —Como te he dicho, ocurrió hace mucho tiempo… y no me gusta hablar del tema. Además, todavía tengo que hacerte más preguntas. ¿Tienes hijos? — preguntó de pronto. No estaba segura de por qué se le había ocurrido esa pregunta. —No tengo hijos —contestó él—. Me arrepiento de que mi matrimonio no saliera bien, pero sobre todo, de no haber tenido hijos. —Todavía eres joven. No es tarde para que formes una familia. —Me alegro de que digas eso, Meredith. Quizá todavía tenga alguna esperanza. El brillo de sus ojos le aclaró lo demás. El pensaba que ella lo estaba considerando como una posibilidad para el matrimonio. La idea era… absurda. Meredith bebió un sorbo de agua y se atragantó. Hijos. Por supuesto. Seguro que él sería un buen padre. Debía de tener unos cuarenta años, y muchos hombres formaban una familia a esa edad. Estaba segura de que había muchas mujeres dispuestas a casarse con él.


Pero tendría que borrar su nombre de la lista. Meredith pensaba que la maternidad no era para ella. A veces sentía ganas de tener un bebé, pero otras pensaba que como madre sería un desastre. No era algo que se pudiera aprender, sino algo que había que sentir. Estaba convencida de que sería incapaz de criar a un niño y de darle todo el cariño que un hijo necesita para convertirse en una persona feliz y segura de sí misma. No, los niños no eran para ella. Y ese era otro de los motivos que harían que su relación con Adam fracasase. Meredith se quedó en silencio, pensativa. Nº Páginas 47—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Pasa algo? —preguntó Adam—. Te he aburrido con la historia de mi vida y eres demasiado educada para admitirlo, ¿verdad? Ella sonrió y le acarició la mano. —Para nada. Todavía tengo un montón de preguntas que hacerte. Él parecía halagado. —La única cosa que creo que no te he contado es mi grupo sanguíneo. ¿Qué


más quieres saber de mí? —Muchas cosas —Meredith se encogió de hombros—. ¿Cuál es tu segundo nombre? Él sonrió. —No te lo puedo decir. Me da vergüenza. —No puede ser peor que el mío. —¿Cuál es el tuyo? Meredith respiró hondo. —Agatha. —Sí, ése no está mal —dijo, y le guiñó el ojo—. Supongo que tendré que decirte el mío. Es Sherman. —¿De verdad? No tienes pinta de llamarte Sherman. —Gracias. Tú tampoco tienes pinta de llamarte Agatha. Ella se rio. —Quizá porque me llamo Marie, de segundo nombre. —¿Me has engañado? —Me temo que sí. —Voy a tener que tener cuidado contigo. —Sí, eso me temo… Sherman. Tomaron un taxi para volver a casa de Meredith, y aunque ella trató de


convencer a Adam de que se quedara con el taxi y siguiera hasta su casa, él se empeñó en bajarse y en acompañarla hasta la puerta. Le temblaban las manos mientras abría con la llave. Sentía que él estaba muy cerca. ¿Iba a besarla cuando ella se diera la vuelta? ¿Debía invitarlo a subir? Era tarde, y ambos tenían que trabajar al día siguiente. ¿Qué hora era? Se lo había pasado tan bien que había perdido la noción del tiempo. Cuando abrió la puerta, miró el reloj. —Cielos… pobre Lucy. Debe de estar muñéndose por salir —sin esperar a Adam, Meredith comenzó a subir por las escaleras. Nº Páginas 48—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Adam la siguió. Lucy no había salido en todo el día, y normalmente, cuando Meredith no volvía a casa después del trabajo, le pedía a alguna de sus amigas que la sacaran a pasear. Pero la imprevista cita con Adam había hecho que se olvidara de todo. Meredith abrió la puerta de su casa, y Lucy salió a recibirla. Meredith tomó la correa y se la puso al cuello. —Vas a sacarla a pasear… ¿ahora? —preguntó Adam. Meredith salió corriendo porque Lucy se apresuró a salir de casa.


—Por supuesto. Voy a darle un paseo por el parque. La pobre lleva todo el día sin salir. Subieron al ascensor y Adam dijo: —Son más de las once. No puedes pasear por el parque a estas horas, Meredith. No es un lugar seguro. Su tono paternal la pilló desprevenida. No estaba acostumbrada a que nadie cuidara de ella. Ni a que le dijeran lo que podía o no podía hacer. —No seas tonto. Estaré bien —contestó Meredith. Llegaron al piso de abajo y salieron del ascensor. —Puedo sacarla yo. No me importa —insistió Adam. —En serio, no es necesario —contestó Meredith. Salieron a la calle y Lucy tiró de Meredith para dirigirse al parque—. Bueno, aquí puedes esperar a un taxi —le dijo a Adam. —De ninguna manera —insistió él—. Si no me dejas pasear al perro, te acompañaré. —En serio, Adam… —Insisto —Meredith se dio cuenta de que no tenía sentido discutir. Minutos más tarde, estaban paseando por el parque bajo la luz de la luna. Lucy iba trotando junto a ellos, olisqueando todos los árboles que había en el camino.


—El parque está muy bonito por la noche —dijo Adam—. Me alegro de haberte acompañado. Meredith lo miró y sonrió. —Yo también —dijo ella. Después, él le rodeó los hombros con el brazo y siguieron caminando en silencio. Cuando llegaron al lago, el agua estaba tranquila y en ella se reflejaban las estrellas. Se sentaron en un banco que había en la orilla. Adam la atrajo hacia sí y Meredith se relajó y apoyó la cabeza en su hombro. Sintió que él le besaba la cabeza. Volvió la cara y sus bocas se encontraron. Durante un buen rato, se besaron y abrazaron de manera apasionada. Nº Páginas 49—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Finalmente, Adam levantó la cabeza. Respiraba deprisa y Meredith sintió que trataba de mantener el control para no ceder ante el deseo que sentía por ella. —¿Ibas a invitarme a subir esta noche? —preguntó él. Ella se rio. —No sé… no estaba segura —contestó—. Es decir, me apetecía… pero… —Tenías miedo de lo que podía pasar —dijo él.


Ella asintió y se apoyó sobre su pecho. Él la agarró de la barbilla e hizo que lo mirara. —No iba a subir, aunque me invitaras —admitió él—. Aunque he de decirte que me habría costado muchísimo. No estaba seguro de poder controlarme una vez estuviéramos a solas. Te deseo tanto —confesó—. No quiero darte excusas para que te alejes de mí, Meredith. No quiero perderte. Meredith no sabía qué decir. Llevaba toda la tarde tratando de convencerse de que no quería nada romántico con Adam. Pero al parecer, él no pensaba lo mismo. —Como te he dicho antes, estaré fuera de la ciudad hasta finales de semana — dijo él. «Menos mal», pensó ella. Necesitaría una semana para recuperarse de ese encuentro—. ¿Podemos vernos el sábado por la noche? Tengo que asistir a una inauguración en el museo, aquí en el parque. No es nada formal. Será divertido, sobre todo si me acompañas —sugirió él. —Me encantaría ir —dijo Meredith. Ella visitaba el museo a menudo, pero nunca había asistido a una inauguración.


Suponía que Adam donaba grandes sumas de dinero a la organización y que por eso lo invitaban a ese tipo de eventos. Participaba en muchas obras benéficas, y era evidente que quería utilizar su dinero para ayudar a los demás. Era otra de sus buenas cualidades. Cuando más lo conocía, más lo admiraba y más se contradecían sus prejuicios acerca de los hombres ricos. —Supongo que tenemos que irnos —dijo Meredith al cabo de un rato. Adam asintió. —Supongo que sí. Se separó de ella despacio, y la besó un par de veces antes de soltarla del todo. Meredith sabía cómo se sentía, porque ella también sentía lo mismo. Ambos deseaban quedarse allí, abrazados hasta el amanecer. Se pusieron de pie. Lucy estaba tumbada junto al banco desde hacía un rato, y miró a Meredith. —Es una perra bien entrenada —comentó Adam con una sonrisa—. Ha sido muy considerada al no interrumpirnos. —Sí, se ha portado muy bien —Meredith no sabía por qué—. No le habrás dado galletas a escondidas ¿verdad? Nº Páginas 50—90


https://www.facebook.com/novelasgratis —No… pero me aprenderé ese truco para la próxima vez —dijo Adam. Tomó la mano de Meredith y comenzó a caminar. Meredith se reía, pero por dentro estaba temblando. Él había prometido que tendría paciencia. Y también que no la dejaría escapar. Tenía que fiarse de él, pero sabía que la próxima vez no conseguiría librarse de sus abrazos con tanta facilidad como aquella noche. La verdad era que Meredith sabía que no querría librarse… Nº Páginas 51—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 —Uau, ¿quién te ha enviado estas rosas? —preguntó Sylvie cuando entró en el despacho de Meredith el martes por la mañana. El gran ramo de flores que había sobre la mesa no podía pasar desapercibido, y por supuesto, Sylvie quería saber todos los detalles. —Un… cliente —contestó Meredith. Intentó contener la sonrisa que le salía cada vez que pensaba en Adam, pero no lo consiguió. Las rosas le habían llegado esa mañana con una nota que decía: Te echo de menos, Adam. Ella la había guardado en su bolso para que no la viera nadie. Por algún motivo, no le quería contar a nadie lo que había pasado entre ella y


Adam. Ni siquiera a Sylvie. Pero Sylvie la conocía muy bien, y sabía a qué se debía el brillo de sus ojos. Meredith intentó cambiar de tema. —¿Me he perdido algo importante en la reunión de esta mañana? Como tenía que trabajar en la Colección Para Siempre y en el encargo de Adam, su jefe le había dicho que no hacía falta que asistiera a la reunión. Meredith le estaba agradecida por ello. Sylvie se sentó junto a la mesa de dibujo de Meredith y cruzó las piernas. —Nada nuevo. Han tratado de fijar un calendario de producción para la Colección Para Siempre, pero estoy segura de que eso te lo contará Frank — Sylvie la miró dejando claro que no pensaba cambiar de tema—. Entonces, ¿hay alguna relación entre que llegaras tarde esta mañana y ese invernadero móvil? —Quizá —admitió Meredith. —¿Y este cliente, es el mismo que te envió un jersey la semana pasada? — continuó Sylvie. Meredith miró a su amiga. —En serio, Sylvie, deberías abrir una agencia de detectives. Eres muy buena. Sylvie se encogió de hombros y dijo: —Es Adam Richards, ¿verdad? Él fue quien te compró en la subasta, y Jayne me dijo que la semana pasada te llamó para que lo atendieras en la sala de exposiciones.


No llegué a verlo en la subasta, pero Jayne dice que es muy atractivo. ¿Por qué no nos has contado que estás saliendo con él? Meredith se reclinó en el asiento y dijo: —Por el amor de Dios, sí, me compró en la subasta, pero lo único que hicimos después fue tomar un café. Desde entonces lo único que hemos hecho ha sido cenar juntos. Una cena de negocios —añadió—. En serio, no ha pasado nada — insistió. Pero Sylvie la miraba como si no tuviera escapatoria—. Bueno… prácticamente nada. Quiero decir, no ha sucedido nada que la gente pueda pensar que es algo… Pero, por Nº Páginas 52—90 https://www.facebook.com/novelasgratis supuesto, como yo no salgo mucho con chicos, bueno no salgo nada… a mí me parece algo. Aunque, en realidad no fue… —Meredith, estás balbuceando —la interrumpió Sylvie—. Ese hombre te gusta de verdad, ¿no? —Sí… me gusta —admitió Meredith—. Y eso me asusta, Sylvie. Es tan… tan… —¿Perfecto? —preguntó Sylvie. —Es demasiado perfecto —contestó Meredith con un suspiro—. Es inteligente,


amable, considerado… Anoche me dijo que no iba a permitir que tuviera ninguna excusa para alejarme de él. Creo que lo dice en serio. —Parece como si ya te conociera muy bien —dijo Sylvie entre risas—. Pero si es tan maravilloso, ¿por qué ibas a querer separarte de él? —Tienes una visión muy optimista acerca de las relaciones. Ojalá yo pudiera hacer lo mismo. Pero yo no tengo mucha suerte con los hombres. Da igual lo maravillosos que parezcan, después nunca me sale bien. Sylvie miró a Meredith con cara de lástima. No le dio más consejos ni le hizo más preguntas, solo le tomó la mano y le dio una palmadita. Meredith no tenía muchos amigos, y en esos momentos apreciaba mucho el apoyo de Sylvie. —¿Vas a volver a verlo? Meredith asintió. —El sábado por la noche vamos a ir a una inauguración en el Bentley Museum. Dan un cóctel para los donantes importantes. —Uau, no puedes faltar. ¿Qué te vas a poner? —Aún no lo he pensado. Me ha dicho que no era un acto formal. ¿Pero qué significa eso para un millonario? Después de repasar el vestuario de Meredith, las dos mujeres decidieron ir de


compras el jueves por la tarde. Sylvie tenía mucho estilo y Meredith estaba encantada de que su amiga la aconsejara. —Entonces… después del sábado, ¿no vas a volver a verlo? ¿Eso es lo que piensas hacer? Meredith se levantó de la silla y paseó de un lado a otro del despacho. —No sé. No sé qué hacer. Sylvie también se puso en pie. —¿Por qué no te relajas… y vas poco a poco? Ya lo irás viendo. —Al menos una de nosotras confía en mi instinto para los hombres. —Confía en tu corazón, Meredith —le aconsejó Sylvie con una sonrisa. Sylvie cambió de tema y se puso a hablar de la subasta. Había sido un éxito y había servido para unir un poco más a los empleados de Colette. Meredith admitió que se alegraba de que sus amigas la hubieran convencido para que participara. Nº Páginas 53—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando Sylvie se marchó, Meredith se quedó a solas con las rosas y reflexionó sobre el consejo que le había dado su amiga. Meredith no esperaba que Adam la llamara mientras estaba de viaje, pero no podía evitar echarlo de menos. Pensó en él durante toda la semana, y por las


noches no conseguía dormir. El viernes por la noche se acostó temprano, pero el teléfono la despertó. Miró el reloj. Era casi medianoche. La única persona que podía llamarla a esas horas era su madre, que nunca se acordaba de que en California era dos horas más temprano que en Indiana. —¿Diga? —contestó Meredith medio dormida. —¿Te he despertado? Lo siento. Acabo de llegar y quería oír tu voz. Era Adam. El sonido de su voz despertó a Meredith de golpe. Se sentó en la cama y sonrió. —Me alegro de que hayas llamado. ¿Qué tal el viaje? —Agotador. Pero he avanzado mucho —le contó un par de detalles sobre su negocio y sobre los problemas con que se había encontrado. Meredith estaba encantada de que confiara en ella—. Estoy rendido… pero quería decirte hola. —Hola —dijo Meredith. Deseaba que estuviera junto a ella. Él dio un largo suspiro. —Te he echado de menos. —Yo también te he echado de menos —admitió ella—. Gracias por las rosas, son preciosas. —Me alegro de que te gustaran. Cuatro días es mucho tiempo. No quería que te olvidaras de mí.


Ella se rio. —Buena idea. Creo que ha funcionado —bromeó. —¿Mañana por la noche nos vamos a ver? —preguntó él. Meredith notó una sombra de duda en su voz, como si esperara que ella tuviera alguna excusa para decirle que no. —Sí, por supuesto. Tampoco me he olvidado de eso —le dijo. —Bien —dijo Adam. Su voz era cálida y Meredith podía imaginar el brillo en sus ojos oscuros. Hablaron un poco más y quedaron en que Adam pasaría a recogerla—. Buenas noches —se despidió—. Que tengas dulces sueños. Sin duda sus sueños iban a ser mucho más dulces. —Buenas noches, Adam —susurró Meredith, y colgó el teléfono. *** Nº Páginas 54—90 https://www.facebook.com/novelasgratis El sábado por la noche, Meredith se miró en el espejo momentos antes de que Adam pasara a recogerla. Se alegraba de que Sylvie la hubiera acompañado de compras. Meredith nunca se habría probado aquel traje. Era un vestido de tubo, corto y con escote redondeado. Resaltaba su bonita figura y dejaba al descubierto sus


largas piernas. Tenía una chaqueta a juego con largas solapas y un solo botón. Sylvie la había convencido de que era el modelito perfecto para la ocasión. Meredith se puso unos pendientes que había hecho ella, y en el último momento decidió ponerse en la chaqueta el broche que le había prestado Rose. Decidió llevar el pelo suelto y se maquilló un poco. La dependienta de la sección de perfumería le había enseñado a ponerse poco maquillaje, pero con mucho resultado, de forma que Meredith se sintiera a gusto. Cuando se puso los zapatos de tacón, se preguntó por qué se había tomado tantas molestias. ¿Para evitar la duda de que no estuviera lo suficientemente guapa para Adam? Eso no era una buena excusa, Adam le había dicho que le gustaba tal y como era. Esperaba que así, le gustara aún más. Momentos más tarde, cuando Meredith abrió la puerta para saludarlo, la expresión de Adam le dijo por qué había llegado tan lejos. —Estás preciosa —dijo él, y la miró fijamente—. ¿Cómo voy a fijarme en las obras de arte? Voy a estar distraído toda la noche contigo. —No seas tonto —dijo Meredith mientras él le ayudaba a ponerse el abrigo. Pero sus cumplidos hicieron que se sintiera muy atractiva, y cuando llegó al coche se sentía como si estuviera flotando. El museo estaba precioso por la noche. La entrada estaba decorada con luces


brillantes que anunciaban la nueva exposición, y las luces exteriores resaltaban el diseño arquitectónico del edificio. Meredith se imaginó que estaba entrando en un castillo. En el recibidor, había una multitud de hombres y mujeres muy elegantes que bebían champán. Meredith se puso un poco nerviosa. No le gustaban las fiestas, ni siquiera cuando conocía a la mayoría de los invitados. Adam notó que se estaba poniendo nerviosa y le dio la mano. —No te preocupes, Meredith, va a ser divertido —le susurró al oído—. Hay algunas personas que quiero presentarte. Gente que puede ayudarte en tu profesión. Nadie te va a comer, te lo prometo —bromeó. Ella se rio y dijo: —Adam, no seas tonto. —Todos menos yo, claro —añadió con una sonrisa—. Pero eso será más tarde. Meredith lo miró y una ola de deseo se apoderó de ella. Aquella tarde sería algo más aparte de la primera vez que salían juntos como pareja. ¿Eran una pareja? Todo sucedía demasiado deprisa. Si no tenía cuidado, pronto se convertiría en la amante de Adam. A pesar de que él le había prometido tener paciencia… —Adam, me alegro de verte —un hombre se acercó a Adam con una sonrisa.


Nº Páginas 55—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —David, yo también me alegro de verte. Esperaba encontrarte aquí —lo saludó—. Meredith, éste es David Martin. Es el propietario de la galería Pendleton-Martin, la que está en Pace Street. —¿Cómo estás, Meredith? —dijo David, y le tendió la mano. —Encantada de conocerte —dijo Meredith, y le estrechó la mano. —Y por cierto, solo soy el dueño de la mitad, la parte de Martin —aclaró David entre risas—. Mi socio, Tom Pendleton, se enfadaría si me llevo todo el mérito. —Bueno, según tengo entendido, tú eres el que elige las exposiciones —dijo Adam—. Meredith es una artista con mucho talento. Una escultora. Tienes que echar un vistazo a sus obras. Es muy buena, de veras. Meredith no podía creer lo que estaba oyendo. ¿Por qué Adam no le había advertido que iba a presentarle al dueño de una galería? Cuando David la miró, sintió que se le secaba la garganta. —Últimamente hay mucha demanda de esculturas. Todos los jóvenes ejecutivos tienen que decorar sus despachos y sus mansiones —bromeó—. Nosotros siempre


buscamos nuevos talentos —le dijo—. ¿Trabajas para alguna otra galería, Meredith? —Uh… no. No, durante los últimos años he participado en varias exposiciones, pero realmente soy diseñadora de joyas… así es como me gano la vida. David sonrió con indulgencia, y Meredith pensó que lo había estropeado todo. —Sobre todo, trabajo el metal. Ahora estoy haciendo obras muy grandes. Utilizo objetos fundidos y diferentes clases de metal —añadió. —Parece interesante —contestó David—. ¿Dónde montas las obras? —Tengo un estudio en State Street, en un almacén. —¿Puedo pasar por allí algún día? ¿O quizá puedas enviarnos algunas diapositivas? —sugirió. —Claro. Es decir, cualquiera de las dos cosas me parece bien. —Tenemos una exposición de grupo en diciembre. Quizá alguna de tus obras encaje en ella. Llámame. Le dio una tarjeta y le dedicó otra sonrisa. —Muchas gracias —contestó ella. —Si no te llama ella, te llamaré yo —le prometió Adam. David se rio. Miró a Adam y después a Meredith. «Así es como la gente te mira cuando eres una pareja», pensó Meredith.


—Si la contrato, tendrás que pedirle una comisión, Adam —bromeó David. —Soy un gran admirador —Adam miró a Meredith y ella sintió que se sonrojaba. —Sí, estoy seguro —dijo David, y miró a Meredith—. Encantado de conocerte. Pasadlo bien. Nº Páginas 56—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando David se marchó, Meredith seguía un poco asombrada. El dueño de una conocida galería de arte se había ofrecido para ver su trabajo. ¿Cómo podía haber sucedido con tanta facilidad? Levantó la vista y vio que Adam la estaba mirando. Adam podía hacer cosas como esas con solo chasquear los dedos. Conocía gente importante. Tenía influencias. —¿Te has enfadado conmigo porque te haya presentado a David? —le preguntó. —Se ha ofrecido para ver mi trabajo, así que creo que sería una desagradecida si me enfadara contigo —dijo ella. Adam se rio.


—Había pensado en decírtelo antes —admitió—, pero no estaba seguro de si iba a estar aquí o no, y no quería que te hicieras ilusiones. —¿Ni que me pusiera nerviosa por si me enfadaba contigo? —añadió ella con una sonrisa. —Bueno… había pensado en esa posibilidad —admitió. Tendría que haberse enfadado con él, pero con lo atractivo que era y su maravillosa sonrisa, no había nadie que pudiera hacerlo. Adam la agarró por los hombros y la miró. —Solo quería ayudarte un poco. Aun así, eso no significa que quiera que cambies, Meredith —le prometió en un susurro. —Lo sé. La miró durante un instante y después dijo: —Vamos a ver la exposición, ¿vale? —la tomó del brazo y se dirigieron hacia la primera sala. Adam conocía a casi todas las personas que había allí. Al principio, Meredith sintió que la timidez se apoderaba de ella, pero después, recuperó la confianza en sí misma al ver que Adam no la dejaba sola ni un momento. Él hacía que se sintiera segura incluso cuando le presentaba a todas esas personas importantes, ya que lo


hacía con una nota de orgullo y afecto en su voz. Tal y como Meredith había imaginado, en la exposición había muchas mujeres que se acercaban a Adam para saludarlo. El hablaba con ellas de manera amistosa, y Meredith se alegró al ver que ninguna de ellas era capaz de provocar ese brillo especial en sus ojos. La luz que veía cada vez que él la miraba. Después de ver la exposición fueron a cenar a un pequeño café situado cerca de la casa de Meredith. Era uno de sus lugares favoritos y el sitio perfecto para intercambiar sus opiniones acerca de la exposición. Meredith pensó que la velada habría sido estupenda, de no ser porque ella estaba demasiado nerviosa acerca de cómo iba a terminar. Nº Páginas 57—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Miró a Adam y se percató de que nunca se había sentido tan atraída por él. Tenía miedo de enamorarse y de terminar con el corazón destrozado. De pronto, pensó que quizá Adam creía que estaba en deuda con él por haberle presentado al dueño de la galería. Sabía que él no era ese tipo de persona, pero no podía evitar preocuparse y decidió aclarar las cosas. —Adam, quiero darte las gracias por presentarme a David Martin. Has visto


muy pocas de mis obras, y has sido muy generoso al dar esa opinión sobre ellas. —Tonterías —él le agarró la mano—. No tienes que darme las gracias. Tienes mucho talento, Meredith. David es quien debería estarme agradecido. Estoy seguro de que le encantará tu trabajo. —Bueno… pase lo que pase, te agradezco el favor —dijo ella—. Pero espero que no pienses que esto… cambia nuestra relación de alguna forma. Él arqueó las cejas. —¿Cambiar nuestra relación? ¿Qué quieres decir? —Olvídalo —dijo ella. De pronto se arrepentía de haber sacado el tema. —No, quiero saber qué quieres decir con eso. ¿Cómo crees que podía cambiar nuestra relación? —insistió él. Meredith no estaba segura de si estaba enfadado. Estaba decidido a continuar con el tema. Ella respiró hondo y lo miró a los ojos. —Estaba preocupada por si pensabas que yo… te debía un favor. Eso es todo — admitió. Él soltó una carcajada. —Meredith, no me conoces ¿verdad? No necesito hacer favores para


conseguir que las mujeres se acuesten conmigo, si es a eso a lo que te refieres. Meredith se sintió avergonzada. —Lo siento. No era exactamente eso lo que quería decir —soltó—. En serio. Él suspiró. —Entonces, ¿qué querías decir? —Tengo miedo —admitió ella—. Tengo miedo de que nuestra relación se convierta en algo serio. Ya. Ya lo había dicho. Todavía no había sucedido nada. Pero esa noche era un punto clave, para bien o para mal. Quizá aún pudiera salir con el corazón intacto. Él se reclinó en la silla y la miró. Meredith notaba que se sentía dolido, y ella se sentía igual. De pronto, Adam puso una expresión ininteligible. —Al contrario, yo no siento lo mismo. Me gusta tu compañía, Meredith. Tú lo sabes. Pero si quieres que las cosas sean estrictamente platónicas entre nosotros… Creo que podré aceptarlo. Me conformaré con quedar contigo de vez en cuando. Me has ayudado mucho a mantener alejadas a todas esas mujeres que normalmente me Nº Páginas 58—90


https://www.facebook.com/novelasgratis asedian cuando asisto a uno de esos eventos. Ése es el único favor que esperaba — añadió. Sus palabras, y el gélido tono de su voz, llegaron a lo más profundo del corazón de Meredith. ¿Eso era todo lo que significaba para él? ¿Un señuelo para espantar a otras mujeres? Durante un momento sintió que no podía respirar. Sabía que era extraño que un hombre como Adam se interesara por ella. Cuando lo miró de nuevo, no encontró las palabras adecuadas, y notó que sus ojos se llenaban de lágrimas. —Bueno, si ése era el motivo por el que me pediste que te acompañara, creo que ha llegado el momento de marcharme —se levantó y agarró el bolso—. Adiós, Adam —dijo entre lágrimas. Se volvió y se marchó. —Meredith… espera —oyó que él la llamaba. Sabía que él tenía que pagar la cuenta y que eso le daría tiempo para escapar. En la calle, el aire era frío. Pensó en tomar un taxi, pero se percató de que estaba solo a unas manzanas de su casa. Apresuró el paso para que Adam no pudiera alcanzarla. Dobló la esquina de Amber Court y vio su edificio. Abrió la puerta del portal


y entró. Ni siquiera se molestó en mirar el buzón. Subió directamente hasta su casa y mientras abría la puerta se alegró de haberle pedido a Sylvie que sacara a Lucy a pasear. Así no tendría que bajar y no correría el riesgo de encontrarse con Adam. De pronto, oyó pasos en la escalera y Adam apareció al final del pasillo. Se volvió, y al verlo pensó que debía de haberse dejado la puerta abierta. —Meredith, espera, por favor —gritó Adam, y se acercó hacia ella. Ella lo miró y después se giró hacia la puerta. —Meredith, por favor… Quiero hablar contigo. —¿No tienes bastante con lo que has dicho? —dijo ella, y se volvió para mirarlo a los ojos. —Por favor, deja que te lo explique. Después me marcharé… te lo prometo. La expresión de su rostro hizo que Meredith perdiera fuerza. Además, no quería montar una escena en el pasillo a esas horas de la noche. No tenía más remedio que hablar con él. Y esperaba que fuera por última vez. —De acuerdo… entra —dijo con un suspiro. Nº Páginas 59—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 Entraron en la casa y Meredith cerró la puerta. Dejó el bolso y las llaves


sobre una mesita que había en el recibidor. Se desabrochó el abrigo pero no se lo quitó. Se volvió y miró a Adam, que todavía estaba junto a la puerta. —De acuerdo, dime lo que tengas que decirme, y márchate, por favor —le dijo cortante. —Meredith, por favor. Escúchame un segundo —todavía estaba cansado tras haber subido corriendo las escaleras—. Te he mentido. Lo que he dicho acerca de que quería que me acompañaras solo para alejar a otras mujeres… no era verdad. Para nada. —¿Ah? ¿Y cómo sé que ahora no me estás mintiendo? —Porque, en el fondo, sabes que no soy un mentiroso —dijo él, y se acercó a ella—. No te habría mentido. De no ser porque sé que tienes dudas respecto a continuar con nuestra relación, y que estás asustada por lo que sientes por mí. Tenía toda la razón, y Meredith tuvo que desviar la mirada para no enfrentarse a él. —Pensé que lo mejor sería inventarme una excusa para que no te sintieras amenazada. Supongo que estaba desesperado. Me horrorizaba pensar que ibas a decirme que no querías verme más… ¿no es así? Ella asintió y suspiró.


—Me has comprendido de maravilla —admitió ella. Así que Adam sentía algo por ella. ¿Era eso lo que le estaba diciendo? Meredith sintió que la cabeza le daba vueltas. Miró a Adam y él la abrazó. Cuando la atrajo hacia sí, ella no se resistió. Lo abrazó por la cintura y apoyó la cabeza en su pecho. —No podía soportar la idea de no volver a verte —susurró él—. Estoy loco por ti. Por favor, perdóname por haberte mentido. No quería herir tus sentimientos. Me crees, ¿verdad? Sus palabras eran sinceras. Meredith lo sabía. Y se sorprendió al ver que Adam se preocupaba tanto por ella. —Por supuesto que te creo —le dijo—. Yo también lo siento… por haber dudado de ti y… salir corriendo. —Ya te lo dije una vez, Meredith, no voy a permitir que te alejes de mí. —Me lo has demostrado —comentó ella. —Te lo demostraré una y otra vez, si fuera necesario. ¿Sería necesario? Meredith intentó separarse de él pero no pudo. Le gustaba mucho estar abrazada a él. Demasiado como para soltarlo. Él inclinó la cabeza para besarla, y ella levantó la suya para que sus bocas se encontraran. Se sentía satisfecha, Nº Páginas 60—90 https://www.facebook.com/novelasgratis apreciada y deseada. Habían terminado los días en que pensaba alejarse de él.


Estaba dispuesta a asumir que eso era imposible. Adam continuó besándola mientras le quitaba el abrigo y lo dejaba caer al suelo. Después, se separó un instante de ella para quitarse la chaqueta. Enseguida la abrazó de nuevo, y sus labios se encontraron con más pasión. Le acarició la espalda, la cintura, y las caderas. Meredith sintió que le desabrochaba la cremallera del vestido y, de pronto, una brisa de aire frío en la espalda le cubrió el cuello y los hombros con cálidos besos y después le retiró el vestido y lo dejó caer al suelo, dejando al descubierto la ropa interior de encaje negro que llevaba. Adam se separó un poco y la miró de arriba abajo. Ella podía oír su respiración acelerada y al ver el brillo de sus ojos sintió que una llama se encendía en su interior. —Cielos… eres increíble —susurró él, y la abrazó de nuevo. Deslizó las manos hasta el trasero de Meredith y la acercó más a él para sentir el calor de su cuerpo. Ella lo besó con una mezcla de deseo y desesperación, y le acarició la musculosa espalda y la cintura. Comenzó a desabrocharle la corbata y los botones de la camisa. Mientras se la quitaba, le besó el cuello y le acarició el pecho con los labios. Jugueteó con la lengua sobre sus pezones y disfrutó al oírlo gemir de placer. —Meredith… me estás volviendo loco —susurró Adam. Se separó de ella un instante y la miró fijamente. Después le tomó la mano y la llevó hasta la habitación.


Momentos más tarde, estaban abrazados y tumbados en la cama de Meredith. Adam la besó de manera persuasiva y ella apretó su cuerpo contra el de él. Entrelazaron las piernas y se acariciaron a la vez. Adam le besó el cuello, y fue bajando hasta que llegó a los senos, donde se detuvo para mordisquear sus pezones con delicadeza. Meredith se quedó casi sin respiración y se agarró con fuerza a los hombros de Adam, mientras olas de placer recorrían sus piernas. —Cielos, eres preciosa —murmuró Adam, y mientras la besaba en la boca, deslizó la mano bajo la ropa interior y se la quitó. Meredith arqueó el cuerpo y gimió al sentir que él la exploraba con los dedos y encontraba el centro de deseo de toda mujer. Sus bocas se encontraron de nuevo y juguetearon con pasión mientras Adam le acariciaba el cuerpo. Meredith notó la excitación de Adam y le acarició por encima del pantalón. Él retiró la cabeza para tomar aire y dijo: —Te deseo tanto, Meredith… si quieres que pare, tienes que decírmelo ahora. Ella lo miró a los ojos. —Quiero hacer el amor contigo, Adam… nunca había deseado algo tanto — susurró. Él la besó mientras ella le desabrochaba los pantalones y se los bajaba. Después cubrió sus pechos con las manos y Meredith, encantada por la sensación, deslizó la mano bajo la ropa interior de Adam. Sintió el calor del deseo y


comenzó a Nº Páginas 61—90 https://www.facebook.com/novelasgratis acariciarlo. Adam la besó despacio y se separó de ella un instante para desnudarse del todo; después la abrazó otra vez. Se tumbó sobre ella cubriéndole el cuerpo con el suyo. Levantó la cabeza y la miró a los ojos. La luz de la luna entraba por la ventana e iluminaba el rostro de Adam. Él se colocó entre las piernas de Meredith y con un movimiento suave, la poseyó. Meredith se estremeció de placer al sentir la unión de sus cuerpos. Hundió la cabeza en el hombro de Adam y se agarró a sus musculosos brazos. Él respiró hondo y comenzó a moverse en su interior. Acompasaron el ritmo y se movieron a la vez. Adam era un amante perfecto, la satisfacía plenamente, no como Jake, su primer amante. Le rodeó la cintura con sus esbeltas piernas y cuando creía que ya no aguantaba más, Adam la llevó aún más lejos, hasta un placer inimaginable. A medida que los movimientos eran cada vez más rápidos e intensos, Meredith sintió que se entregaba a Adam en cuerpo y alma. Se percató de que sus esfuerzos por mantenerse alejada de él habían resultado inútiles. Él le había robado el corazón desde el primer momento en que se vieron. Adam continuó


acariciándola y moviéndose en su interior hasta que ella tensó el cuerpo y llegó al éxtasis. Lo agarró con fuerza y pronunció su nombre. Él no paró de moverse, hasta que momentos más tarde, arqueó el cuerpo y gritó el nombre de Meredith. Se estremeció entre sus brazos y susurró su nombre una y otra vez. Meredith sintió que su corazón se llenaba de felicidad. Cuando Meredith despertó, no estaba muy segura de cuánto tiempo había pasado. Tenía la cabeza apoyada en el pecho de Adam y podía verle la cara. Se preguntaba si él estaba dormido. Pero al sentir que le acariciaba los cabellos, supo que también estaba despierto. No se movió, porque no quería romper el hechizo. Entre los brazos de Adam, se sentía apreciada, deseada y feliz. Cuando hicieron el amor, sintió una conexión completa con Adam, cosa que nunca había sentido con Jake Stark. Le quedaba la duda de si el encuentro había sido igual de satisfactorio para Adam. Después de todo, él tenía mucha experiencia con las mujeres, mientras que ella solo había tenido otro amante. Jake sabía que ella era virgen cuando la llevó a la cama, y por tanto no tenía grandes expectativas. Pero quizá debía haberle advertido a Adam que no tenía mucha experiencia. Quizá él esperaba algo diferente, y se había decepcionado. Levantó la cara y lo miró a los ojos para intentar comprender la expresión de su


rostro. Él sonrió, y al nacerlo se le formaron hoyuelos en las mejillas. Era muy atractivo, y aunque habían hecho el amor durante horas, ella lo deseaba todavía más. —¿Qué pasa? —preguntó él. —Hmm, nada —dijo ella. Nº Páginas 62—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sé que hay algo que te preocupa, cariño —contestó Adam—. Vamos, cuéntamelo. ¿Te arrepientes de que hayamos hecho el amor? —No… para nada —le dijo—. ¿Y tú? Él se quedó sorprendido por la pregunta. —Tampoco. ¿Por qué crees que podría estarlo? —No arrepentido, pero… —respiró hondo y tiró de la sábana para cubrirse el pecho—. Es que tú tienes mucha experiencia… y yo no —admitió en un susurro—. No ha podido parecerte algo muy bueno. Él se sentó en la cama. —Meredith, cariño, no seas tonta —al ver que ella no lo miraba, se agachó y tomó su rostro entre sus manos—. Hacer el amor contigo ha sido maravilloso. Eres


muy sexy, muy guapa y perfecta en todos los aspectos —añadió, y la besó en la boca—. ¿Cómo has podido pensar eso? —frunció el ceño—. ¿Es que algún cretino, hace mucho tiempo, te hizo sentir de otra manera, Meredith? —preguntó preocupado. —Solo he tenido un amante antes de ti, Adam. Cuando estaba en la universidad. El hombre que te mencioné la otra noche. Creo que aquella relación no alimentó mucho mi autoestima —admitió con un suspiro. Él la miró y le acarició el cabello. —Háblame de él. ¿Por qué no funcionó? A Meredith no le gustaba hablar de Jake, y menos en esos momentos, cuando se sentía tan unida a Adam. No estaba de humor para enfrentarse a los fantasmas de su triste pasado. Pero sabía que para Adam era importante conocer su vida anterior, igual que ella deseaba saberlo todo acerca de él. Le contó su historia con la mayor brevedad posible. Lo peor fue contarle la parte en la que Jake regresó a Nueva York y Meredith se enteró de que había tenido relaciones con, al menos, dos estudiantes más mientras estaba viéndose con ella. Adam se puso pálido y tenso. —Qué canalla. Un hombre como ese debería estar demasiado avergonzado como para vivir. No se merece… —se calló, después abrazó a Meredith y la


besó—. Ojalá te hubiera conocido entonces. Al menos te tengo ahora… Me honra saber que después de todo este tiempo hayas elegido estar conmigo —confesó con ternura—. Eres una mujer muy especial, Meredith. No te decepcionaré —le prometió. Meredith no fue capaz de responderle. Lo abrazó y lo atrajo hacia sí. Se besaron con ardor, y al sentir que Adam estaba preparado para volver a poseerla, lo recibió encantada. Sabía que Adam nunca le haría daño a propósito, pero se preguntaba si no sería ella quien lo decepcionara en un futuro. *** Nº Páginas 63—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Meredith y Adam se despertaron tarde y se tomaron mucho tiempo antes de salir de la cama y enfrentarse al mundo real. Después de ducharse y vestirse, fueron a dar un largo paseo con Lucy por el parque. El resto del día lo pasaron juntos. Adam estaba muy interesado en ver el estudio de Meredith, y puesto que ella tenía que hacer unas cosas allí, se acercaron a verlo. Adam le recordó a Meredith que tenía que llamar a David Martin, y le aseguró que sus esculturas eran muy buenas. El día perfecto terminó en casa de Adam, donde él preparó una cena ligera


que estaba exquisita. Meredith nunca se imaginó que a él le gustara cocinar. Él se rio al enterarse de que ella apenas sabía freír un huevo. Mientras Adam preparaba la cena, ella curioseaba su casa. Era un apartamento moderno situado en la planta vigésimo quinta de un elegante edificio que estaba en uno de los vecindarios más prestigiosos de la ciudad. Estaba decorado con estilo, y Meredith se enteró después de que todos los muebles eran de la empresa de Adam. Aunque Meredith se había propuesto regresar a casa después de la cena, le resultaba difícil separarse de Adam, sobre todo después de que él le diera el beso de buenas noches. Al final, la convenció de que pasara allí la noche y que se levantara temprano para pasar por su apartamento, sacar a Lucy, ducharse y cambiarse de ropa, antes de ir a trabajar. Después de haber pasado el fin de semana juntos, Meredith y Adam no podían estar sin verse y quedaron todas las noches de la semana. Adam siempre tenía invitaciones para asistir a actos benéficos y cuando decidía ir, le pedía a Meredith que lo acompañara. Al principio, ella solo aceptaba porque Adam le decía que no podría sobrevivir sin que ella estuviera a su lado. Poco a poco, Meredith llegó a disfrutar de esos actos y encontraba divertido conocer gente nueva. Notó que la timidez que la caracterizaba desde hacía mucho tiempo se desvanecía y daba paso a una mujer abierta y sociable. Sus amigas, Sylvie, Lila y Jayne, fueron las primeras en notar que Meredith


había cambiado. Después de pasar el fin de semana con Adam, Meredith se sintió segura acerca de la relación y decidió contárselo a sus amigas. Quedaron a comer en J.J's Deli, una cafetería que estaba cerca de Colette, y Meredith contestó a todas las preguntas que le hicieron sus amigas. Bueno, a casi todas. Sus amigas estaban encantadas de que a Meredith todo le fuera tan bien, y se felicitaron entre ellas por haberla dejado tan guapa el día de la subasta. A Meredith le parecía que había pasado mucho tiempo desde entonces, aunque solo habían pasado dos semanas. Una tarde, mientras limpiaba los cajones de su armario, descubrió que todavía no le había devuelto el broche a Rose. Bajó enseguida y llamó a la puerta de su casa. Rose se alegró de verla y le preguntó dónde se había metido porque hacía tiempo que no la veía. Meredith entró en la casa y aceptó el té que le ofreció Rose. El salón de esa casa era uno de los lugares que Meredith encontraba más apacibles y allí le resultaba fácil contar sus más íntimos secretos. Nº Páginas 64—90 https://www.facebook.com/novelasgratis No tardó mucho en contarle todo acerca de Adam. Rose la escuchó con una sonrisa, y Meredith sospechaba que estaba recordando alguna historia romántica de


su pasado. —Confía en tu corazón, Meredith, y no te dejes llevar por tus miedos —le dijo Rose una vez que ella había terminado de contarle la historia—. Cuando llegue el momento, sabrás qué es lo que tienes que hacer. Cuando Meredith le devolvió el broche, Rose no quiso aceptarlo. Meredith no comprendía por qué. Era una pieza valiosa y era evidente que para ella tenía muchísimo valor sentimental. Pero Rose insistió en que lo guardara algún tiempo más. Por mucho que Meredith se lo preguntara, ella no le explicaba cuáles eran los motivos, y estaba tan decidida a que se lo quedara, que Meredith no pudo rechazar el broche. Su relación con Adam hizo que cambiara en algunas cosas: tenía un aspecto diferente, actuaba de manera distinta e incluso tenía ideas nuevas tanto en el trabajo que hacía en Colette como en las esculturas que hacía en el estudio. Adam no se cansaba de decirle que era maravillosa y muy atractiva. Con él se sentía única. Cuando pensaba en la relación que había mantenido con Jake Stark, se preguntaba si realmente había estado enamorada de él. Nunca había sentido la conexión que sentía con Adam. Cada vez que hacían el amor, lo deseaba aún más. Nunca volvió a preocuparse por no ser la amante adecuada. Cuando hacía el


amor con él, descubría aspectos de sí misma que no sabía que existían. Jamás había respondido ante Jake de la misma manera que respondía ante Adam, y dudaba de que pudiera responder así ante ningún otro hombre. A veces, se preocupaba por el futuro. ¿Adónde iban a llegar? Aparte de sus miedos, sentía que Adam estaba más afectado por el fracaso de su matrimonio de lo que él pensaba. Una noche que estaban hablando, tumbados uno al lado del otro, él le confirmó sus sospechas y le dijo que Suzanne lo había abandonado por otro hombre. Aunque Meredith no podía verle la cara en la oscuridad, sí notaba el dolor que había en su voz. Lo abrazó y trató de que olvidara el sufrimiento. Comprendía muy bien cómo se sentía. Ella no quería hacerle daño, pero, ¿terminaría decepcionándolo algún día? Aunque todavía no le había dicho que la quería, cuando Adam hablaba del futuro siempre la incluía en sus planes. A Meredith le gustaba soñar que se convertía en la esposa de Adam, pero también sabía que él deseaba tener hijos, y que ella no estaba preparada para la maternidad… y que nunca lo estaría. Ese era el principal obstáculo con que se iban a encontrar. No quería pensar en ello. Cuando estaba lejos de él, se le ocurrían miles de motivos por los que la relación podría no funcionar y por los que debía cortarla antes de que le destrozara el corazón. Sabía que Adam le había ayudado mucho a superar sus inseguridades. Pero la idea de enamorarse de él, la aterrorizaba. Cuando Adam estaba con ella, su sonrisa hacía que todos sus miedos


desaparecieran. Le encantaba estar junto a él, oír su voz y mirarlo a los ojos. Sabía que nunca se cansaría de hacerlo. En los momentos en que sus miedos hacían sombra Nº Páginas 65—90 https://www.facebook.com/novelasgratis a su felicidad, Meredith recordaba el consejo que le había dado Rose: que confiara en su corazón y que cuando llegara el momento, tomaría la decisión adecuada. Tras la insistencia de Adam, Meredith se decidió a llamar a David Martin. Enseguida, concertaron una cita para que él pasara por el estudio para ver sus obras. Cuando Meredith colgó el teléfono, dio un salto de alegría y se puso a aplaudir. Llamó a Adam y le dio la noticia. —Hemos quedado el sábado por la mañana —le dijo—. Estoy muy nerviosa. ¿Irás conmigo, Adam? —Por supuesto. Si quieres que vaya… —contestó él. —Sí —dijo ella. Antes de conocer a Adam, nunca le habría pedido a nadie que estuviera presente en una entrevista tan importante. Pero con Adam era distinto. Él formaba parte de su vida. Lo necesitaba. —Será un placer. Y cuando te ofrezca hacer una exposición, abriremos una botella de vino y brindaremos por el éxito. —Oh, Adam, por favor —se quejó ella—. No digas eso… vas a conseguir


que me ponga más nerviosa. —Lo siento —contestó él entre risas—. Pero llevaré el vino. Cuando llegó el gran día, Meredith decidió que Lucy también debía acompañarla. Muchas veces la llevaba al estudio, sobre todo, cuando se quedaba trabajando allí hasta tarde. En parte lo hacía para tener compañía, y en parte para sentirse protegida. David Martin llegó justo a la hora. Meredith le ofreció algo de beber y él le pidió agua con gas. Después se pusieron a trabajar. Él sacó un cuaderno y una cámara de fotos y comenzó a mirar las obras. Meredith apenas podía respirar mientras lo veía observar y fotografiar sus esculturas con detenimiento. Se excusó y dijo que Lucy tenía que salir a dar un pequeño paseo. Adam la miró con curiosidad y le dijo: —Vale, pero no vayas muy lejos. David no pareció darse cuenta de que se había marchado. Meredith no sabía si eso era bueno o malo… Dio un paseó con Lucy alrededor de la manzana y regresó al estudio. David ya había terminado y estaba hablando con Adam. Al verla, le dijo: —Ya estás aquí; Meredith, tu trabajo es estupendo. Es muy original. No se parece a nada de lo que he visto con anterioridad. Meredith no sabía que decir. No esperaba que le dijera que su trabajo no valía


nada, pero sí que todavía no era el momento de que expusiera en una galería. Estaba completamente sorprendida por sus comentarios. Nº Páginas 66—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya te dije que era estupenda —dijo Adam con orgullo. Rodeó a Meredith por los hombros y le dio un pequeño abrazo. Meredith recibió el apoyo que necesitaba. —Gracias, David. Muchas gracias —consiguió decir al fin. David le dedicó una sonrisa. —Tonterías, soy yo el que debería darte las gracias por haberme traído aquí. O mejor dicho, debería dárselas a Adam —añadió. —¿Esto quiere decir que vas a incluir a Meredith en la exposición colectiva? — preguntó Adam. Meredith se alegró de que hubiera hecho esa pregunta. Ella no se atrevía a hacerla. Contuvo la respiración, y esperó a que David contestara. —Bueno… eso depende —dijo él con voz dubitativa. —No tengo el nivel de una profesional, ¿verdad? —dijo Meredith. —Oh, no. No es eso —se pasó la mano por el pelo—. Me preguntaba si estarías interesada en hacer tu propia exposición. Quizá pueda ser en enero.


—¿Mi propia exposición? —repitió Meredith con incredulidad. —¡Fantástico! —dijo Adam. —Tengo que hablar con mi socio, pero estoy casi seguro de que todo saldrá bien. Él se encarga más de los asuntos de negocios y me deja a mí el trabajo de elegir a los artistas —le explicó David—. Tendrás que trabajar duro hasta entonces. Necesitamos más obras para llenar la galería. ¿Crees que podrás hacerlo? —Sí, por supuesto. Trabajaré día y noche si hace falta —le prometió Meredith. —Bueno… espero que no sea necesario. No queremos quemarte antes de convertirte en estrella —dijo David con una sonrisa. —Meredith tiene algunas obras pequeñas en casa. Quizá esas también se puedan exponer —sugirió Adam. —Sí, puede ser una posibilidad —dijo David—. Quizá pueda pasarme por allí en algún momento y echarles un vistazo. ¿Qué te parece una tarde después del trabajo? —le preguntó a Meredith. —En cualquier momento. Suelo llegar a casa sobre las seis. Llámame —dijo ella. —Estupendo. Te llamaré la semana que viene para darte más datos —David recogió sus cosas y se preparó para marcharse—. Estoy muy contento con tu trabajo, Meredith. Tengo la sensación de que les va a gustar mucho a nuestros clientes.


—Gracias… y eso espero —dijo Meredith. Adam acompañó a David hasta la puerta y ella se quedó allí de pie, un poco mareada. No podía creer lo que acababa de suceder. ¿Iba a exponer en una conocida galería? Era como un sueño… convertido en realidad. Adam regresó con una amplia sonrisa. Se detuvo frente a Meredith y ella se lanzó a sus brazos. Nº Páginas 67—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Gracias, gracias, gracias! —le dijo. —Son buenas noticias, ¿verdad? Pero yo no he hecho gran cosa. Solo te he presentado a David. Tú has hecho todo lo demás. Meredith ladeó la cabeza y lo miró. —Sí… pero tú confiaste en mí. Y eso es lo que ha cambiado las cosas —le dijo. Se percató de que Adam era la primera persona que confiaba en ella de verdad, la única que la había apoyado hasta el final. La oportunidad de exponer en una galería era un giro en su vida, y lo había dado gracias a Adam. Pero en muchos otros aspectos, su vida y su personalidad también se habían visto influidas por él. —Si me das la oportunidad, siempre te apoyaré, Meredith —le prometió. La


miró a los ojos y de pronto, la alegría se convirtió en algo serio y profundo. Meredith sintió que le había hecho una pregunta sin pronunciarla. Una pregunta acerca del futuro. Ella no sabía qué decir, así que se puso de puntillas y lo besó. Adam la acarició y la besó también. Meredith pensó que le sobraba la ropa y ayudó a Adam a que se la quitara. Después le quitó la de él y se acomodaron en una cama que había en una esquina del estudio. Hicieron el amor con mucho deseo y enorme pasión. Meredith siempre se maravillaba por cómo se sentía cuando Adam le hacía el amor. Cada vez era diferente, pero siempre mejor que la anterior. Cuánto más se conocían, más placentero y excitante les resultaba. Adam se sentó en la cama y se apoyó en unos almohadones contra la pared. Ella se sentó frente a él y le rodeó la cintura con las piernas. Él agachó la cabeza y le besó los pechos. Jugueteó con sus pezones hasta que se pusieron tersos y duros. Mientras la acariciaba con la boca, con los dedos exploraba el centro de su feminidad. Meredith gimió de placer y se movió para colocarse sobre él y permitir que la poseyera una vez más. Adam la besó en la boca y la agarró por las caderas para moverla rítmicamente. Meredith abrió los ojos y lo miró. Al hacerlo sintió que habían cruzado todas las fronteras y que se habían unido en cuerpo y alma. Jamás se había sentido tan


cerca de una persona, tan apreciada y deseada. Cuando Adam la llevó al éxtasis, Meredith supo que realmente lo amaba y que nunca podría amar a otro hombre tanto como a él. Más tarde, tumbados en la estrecha cama, hablaron acerca de la exposición de Meredith. —Tendré que pasar mucho tiempo en el estudio. No podremos vernos tanto por las tardes, durante una temporada —dijo ella—. ¿Te importa? —No te preocupes por mí —dijo Adam, y le acarició el cabello—. Esta es tu gran oportunidad. Tienes que trabajar duro. Créeme, lo comprenderé —le aseguró—. Recuerdo cuando intentaba establecer mi negocio. Tuve que pasar muchas noches en la oficina. Teníamos tan poco personal que a veces trabajaba en el despacho durante el día, y por las noches me iba a repartir pedidos. Sé que para Suzanne fue muy difícil. Pero los dos sabíamos que era algo temporal. Ella me hizo sentir tan culpable, Nº Páginas 68—90 https://www.facebook.com/novelasgratis que cualquiera hubiera pensado que salía todas las noches de juerga o que salía con otras mujeres. «Así que ese es otro de los motivos por los que su matrimonio fracasó», pensó Meredith. Sabía que ella habría tratado de ser más comprensiva e incluso habría


intentado ayudarlo. Pero no era el momento de seguir hablando de su exmujer. —Bueno, puedes venir a visitarme de vez en cuando —sugirió ella—. Tendré que hacer algún descanso. —Si esto es lo que consideras un descanso, vendré a verte —bromeó él—. Siempre me sorprendes, Meredith —añadió. —Adam… no bromees —dijo ella entre risas. Sintió que se sonrojaba. Era la primera vez que ella era la que daba el paso para que hicieran el amor, y el experimento había salido muy bien. —De hecho, la idea de que estés aquí sola por las noches no me gusta mucho. Sé que traerás a Lucy, pero sabes muy bien que no es un perro guardián. —Sí, lo sé —dijo Meredith con una sonrisa. —Te daré un teléfono móvil. Y no quiero que lo rechaces —insistió él—. Quiero que lo tengas a mano por si acaso. No quiero preocuparme por ti, ¿vale? Alguna vez había pensado en comprarse un teléfono móvil para el estudio, pero nunca lo había hecho. No le gustaba el uso que alguna gente daba a ese tipo de teléfonos, pero en ese caso le parecía útil. Unas semanas antes habría discutido con Adam por ese tema, pero como sabía que él se preocupaba mucho por ella, ni


siquiera se molestó en discutir. —Lo que tú digas, «jefe». —Ahora que lo dices —bromeó él, y le dio una palmadita en el trasero—, me gusta que mis mujeres… sean obedientes, y estén dispuestas a complacerme. —¿Ah, sí? Qué coincidencia. Eso mismo es lo que yo busco en mis hombres — contestó ella. —Vale, yo puedo hacerlo —le susurró al oído, y la abrazó. Meredith no pudo decir nada y se dejó llevar por la magia de sus caricias. —¿Era esto lo que estabas esperando? —le preguntó él. Ella suspiró con placer. —Hmm… exactamente. Nº Páginas 69—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 Todas las amigas de Meredith se entusiasmaron al enterarse de las buenas noticias y le desearon mucha suerte. Meredith creía que la vida no podía irle mejor; el diseño de la Colección Para Siempre iba sobre ruedas y su relación con Adam mejoraba cada día. Incluso los rumores acerca de la compra de la empresa habían disminuido.


Marcus Grey no había hecho ningún avance durante las últimas semanas. Los más optimistas decían que se había dado cuenta de que hacerse con todas las acciones de la empresa requería mucho esfuerzo y que había perdido el interés. Los pesimistas tenían una visión diferente del asunto: pensaban que el terrible depredador estaba tratando de conseguir que la empresa recuperara el clima de seguridad antes de pasar a la caza. Creían que atacaría pronto, presumiblemente durante las vacaciones, cuando todo el mundo estuviera pensando en otra cosa. El día de Acción de Gracias estaba próximo y Meredith tenía que decidir qué iba a hacer. Pasaba todo el tiempo posible en el estudio, y deseaba poder quedarse allí durante el largo fin de semana para concentrarse de lleno en sus obras de arte. Pero sabía que eso no sería posible. Por un lado, su madre la había invitado a Malibu para pasar el fin de semana. Aunque Meredith nunca había mantenido una estrecha relación con su madre, siempre había confiado en que cuando madurara las cosas cambiarían. Una vez que había establecido su relación con Adam, deseó ver a su madre e incluso pedirle algunos consejos. Pero el día que habló por teléfono con ella cambió de opinión. Su madre le contó todos los planes que tenía para las vacaciones: visitas a amigas y actos sociales. Meredith sabía que no pasaría mucho tiempo a solas con ella. Su madre tendría la casa llena de gente durante todo el día. O ella tendría que acudir a las fiestas que daban las amigas de su madre. Cuando por fin consiguió hablar ella y decirle a su madre que pronto haría


una exposición, su madre se alegró mucho e insistió en que iría a Indiana para la inauguración. Meredith ya le había contado a su madre lo de Adam, y cuando llegó el momento de tomar decisiones acerca de las vacaciones, le dijo que quería hablarlo con él porque no quería dejarlo solo el Día de Acción de Gracias. Eso era en parte verdad, no solo una excusa. Aunque se sentía muy unida a Adam, se sentía insegura al hablar de las vacaciones con él, porque consideraba que el tema otorgaba un grado de seriedad a la relación que la incomodaba. Estaba convencida de que amaba a Adam con todo su corazón. ¿Cómo no iba a amarlo? Era el hombre más amable, bueno y comprensivo que había conocido nunca. También era inteligente y trabajador, y se había convertido en millonario. Era un magnífico amante y con él se sentía protegida, respetada y admirada. Tenía todo lo que una mujer podía buscar en un hombre. Pero ése era el problema, Meredith consideraba que no era la mujer adecuada para Adam. Él se merecía algo diferente, algo mejor. Una mujer con seguridad en sí misma que pudiera ayudarlo en los negocios y en los actos sociales. Una mujer de su entorno social, y no una diseñadora de joyas medio bohemia que apenas sabía dónde Nº Páginas 70—90 https://www.facebook.com/novelasgratis


comprarse la ropa, cómo vestirse o cómo mantener una agradable conversación en un cóctel. Lo más importante era que Meredith nunca podría darle la familia que Adam tanto deseaba. Quizá, conocerla había sido algo positivo en su vida. Sin duda, Adam la había ayudado, pero ella también a él, ya que creía que gracias a su relación Adam había conseguido superar el divorcio y se había decidido a buscar la vida que quería tener. Pero eso no significaba que Meredith fuera la mujer adecuada para él, y ella sabía que pronto tendría que enfrentarse a esa cuestión. Puesto que Meredith evitaba hablar de las vacaciones, fue Adam quien sacó el tema. La había convencido de que se tomara una noche libre y no fuera al estudio, y después del trabajo la había invitado a cenar en Crystal's, el restaurante donde se citaron por primera vez. Adam lo había arreglado todo para que les dieran la misma mesa que aquel día. —Quizá todo sea demasiado apresurado, pero si no tienes planes para las vacaciones de Acción de Gracias, me gustaría invitarte a que vengas conmigo a Wisconsin para que conozcas a mi familia —le dijo Adam. Meredith lo miró, y al ver la vulnerable expresión de sus ojos, sintió que se le derretía el corazón. Se mordió el labio inferior y miró la copa de vino. Sabía lo mucho que para Adam significaba su familia. Se sentía muy unido a sus padres y a sus


hermanas, y ella lo admiraba por ello. Había visto fotografías de su familia y había oído hablar mucho de ellos. Sentía curiosidad por conocerlos. Estaba segura de que eran gente maravillosa. Sabía que Adam valoraba mucho la opinión de su familia, y que por tanto la invitación significaba que sus intenciones eran serias. Meredith estaba casi segura de que para Adam esa invitación era el equivalente a una propuesta de matrimonio, o quizá los preliminares de la misma. Todas esas ideas surcaron su cabeza en un segundo. Adam la observaba y esperaba una respuesta. Ella dudó y bebió un poco de agua. —Sé que todo es un poco repentino, pero hasta hoy no he estado seguro de que podría ir a verlos. Pero mis padres parecían tan decepcionados cuando les dije que a lo mejor no podía ir que he reorganizado mi agenda y he cambiado algunos de mis viajes… Pero ¿quizá tú tengas otros planes? —preguntó Adam. —Mi madre me ha pedido que vaya a California —le explicó Meredith—. Incluso me ha enviado el billete. —Ah, ¿así que vas a ir a verla? —Bueno, quizá —contestó Meredith. No creía que fuera a visitar a su madre, y no quería mentir a Adam. Lo quería demasiado—. Una vez más, mi madre y yo tenemos ideas muy diferentes de cómo celebrar el Día de Acción de Gracias; puede


Nº Páginas 71—90 https://www.facebook.com/novelasgratis que no vaya. La última vez que pasé unas vacaciones con ella, sirvió sushi y Martini junto a la piscina. Oh, sí… creo que había, una botella de zumo de arándanos en algún lugar de la cocina, por si algún tradicionalista quería tomarlo con vodka — añadió con una sonrisa. —Parece muy californiano —contestó Adam—. Entonces, ¿no vas a ir? —No, no creo —contestó Meredith—. Estaba pensando que quizá debiera quedarme aquí y trabajar en el estudio. Tengo que hacer un montón de trabajo para la exposición. —¿En serio? —Adam parecía desilusionado—. ¿No puedes tomarte unos días libres? No me gusta la idea de que te quedes sola durante las vacaciones. Eso era exactamente lo que ella sentía respecto a él. Pero Adam ya no iba a quedarse solo. Se iría con su familia y jugaría con sus sobrinos y sobrinas. Además, ella no podría soportar ver lo buen padre que podía ser. —Oh, estaré bien. Quizá quede con Sylvie —añadió. Sylvie no tenía familia ni novio, y no se habían visto mucho durante las últimas semanas. No estaría mal quedar con su amiga y cenar juntas.


Meredith tuvo el presentimiento de que algo estaba a punto de cambiar en su relación con Adam. Al ver cómo la miraba, sintió un nudo en el estómago. Era el principio del fin. Adam estiró el brazo y le tomó la mano. —Meredith, últimamente estás un poco… distante —admitió—. Sé que estás ocupada, preparándote para la exposición. Lo comprendo. Pero, respecto a las vacaciones, ¿estás tan ocupada como para no poder ir o es que tienes miedo de conocer a mi familia? Meredith respiró hondo. —Tengo un poco de miedo. Pero más por lo que significa la invitación. —Ah… ¿y qué significa? —preguntó él. —Que nuestra relación es seria. —¿No creías que era seria? —preguntó asombrado. —Yo… no estoy segura. No estoy segura de ser la mujer adecuada para ti, Adam —admitió. —¿Adecuada? Me gustas y me satisfaces en todos los aspectos. ¿Cómo has podido pensar que no es así? Meredith bajó la vista. Sabía que esa conversación iba a ser dura, pero no imaginaba que tanto. Él no la comprendía.


Al ver que ella no contestaba, Adam dijo: —¿No eres feliz conmigo? Creía que lo eras. —Lo soy —contestó ella sin mirarlo a los ojos—. Creo que estoy un poco confusa —admitió—, sé que juntos somos felices. Muy felices. Pero me preocupa el Nº Páginas 72—90 https://www.facebook.com/novelasgratis futuro. No estoy segura de poder darte lo que necesitas. Lo que te mereces — añadió. Quería decirle que se refería a formar una familia, a tener hijos. Que no sería una buena madre y que lo decepcionaría tanto que terminaría odiándola. Pero no podía confesárselo. No podía pronunciar palabra. Él la miró pensativo pero no contestó enseguida. Al cabo de un rato, le apretó la mano. —¿Por qué no dejas que sea yo quien se preocupe por eso? Así que no podrás venir conmigo a Wisconsin —añadió—. No te preocupes. Lo comprendo. Quizá la próxima vez. Ella lo miró. —Sí, quizá la próxima vez —dijo, convencida de que no habría próxima vez. Pero Adam le había prometido que no permitiría que se alejara de él, y


Meredith empezaba a comprender lo que quería decir con eso. Después de cenar, regresaron al apartamento de Meredith, y cuando Adam la tomó entre sus brazos sin decir palabra, Meredith sintió ganas de llorar. Lo amaba. Era difícil admitir que todo se derrumbaba a su alrededor. Se besaron con pasión e hicieron el amor con más entrega que nunca. A la mañana siguiente, se marcharon del apartamento deprisa, así que no tuvieron posibilidad de hablar. Tal y como Adam le había dicho, para poder irse a Wisconsin, tenía que adelantar un viaje de negocios y hacerlo durante esa semana. Se marcharía aquella tarde y estaría fuera hasta mediados de la siguiente semana. Al regreso, pasaría un día en Youngsville antes de marcharse a visitar a su familia, el día antes de Acción de Gracias. Meredith sabía que iba a echarlo muchísimo de menos. Recordó los días que él había estado fuera, justo después de conocerse, y que la semana se le había hecho interminable. Esa vez sería mucho peor. Adam le había dicho que la llamaría todas las noches, y ella sabía que cumpliría su promesa. Trató de no centrarse en los pensamientos tristes y aprovechar su ausencia para trabajar en el estudio. Después de todo, tendría que acostumbrarse a vivir sin Adam, porque era evidente que tarde o temprano dejaría de formar parte de su vida. Le resultaba difícil no pensar en él. Meredith trató de concentrarse en el


trabajo que estaba haciendo en Colette. Desde que había conocido a Adam, no era tan productiva como antes, pero hasta el momento, su jefe no le había dicho nada acerca de sus despistes o de las fechas límite que no había cumplido. Meredith hizo todo lo posible por ponerse al día con el trabajo y retomó otros proyectos, incluidos los encargos que tenía para la empresa de Adam. Los hacía mucho más contenta que al principio, porque no solo estaba haciendo su trabajo, sino que además era para el hombre al que amaba. Quería enseñárselos a Adam cuando regresara, y esperaba que le gustaran. Las dos noches siguientes, Meredith se quedó en el estudio hasta la medianoche. Adam la llamó al teléfono móvil y estaba preocupado porque era tarde Nº Páginas 73—90 https://www.facebook.com/novelasgratis y ella seguía allí. Sus conversaciones eran breves y un poco insatisfactorias. Ambos estaban muy cansados después de largos días de trabajo. Adam parecía agotado y más distante que nunca. De lo único que hablaban era de lo mucho que se echaban de menos. Meredith esperaba que Adam volviera a sacar el tema de las vacaciones, y al ver que no lo hacía, se sintió aliviada. La tercera noche que Adam estaba fuera de la ciudad llamó a Meredith y se


sorprendió al encontrarla en casa. Había mucho ruido de fondo y parecía que llamaba desde un teléfono público. —¿Meredith? Soy yo —la saludó. —Hola, Adam. ¿Dónde estás? Apenas puedo oírte —le dijo. —Estoy en un restaurante. Tengo que cenar con unos clientes y sé que no regresaré al hotel hasta muy tarde. Me alegra saber que te has tomado la noche libre y no has ido al estudio. Creo que necesitas descansar —añadió. —Sí, necesitaba un descanso —admitió. Pero había otro motivo por el que Meredith había regresado a casa. David Martin había ido a visitarla para ver las pequeñas esculturas. En esos momentos, estaba paseando por el salón tomando notas y sacando fotos. Meredith estaba cansada y no le apetecía tener visita—. David Martin está aquí —le dijo a Adam—. Ha venido a ver mis otros trabajos para ver si podemos usarlos en la exposición. —Sí, comentó algo de que tenía que ir a verlos —dijo Adam. Meredith no sabía si había notado cierto tono de disgusto en su voz. ¿No le gustaba que David estuviera allí?—. Bueno, dile hola de mi parte, ¿vale? —Por supuesto —dijo Meredith. —No te entretengo más si estás ocupada —dijo Adam—. Además, parece


que hay problemas en la línea. ¿Me oyes? —Un poco… —dijo Meredith—. Bueno, adiós. Te echo de menos —añadió con voz dulce. —Yo también —dijo él. Después le dio las buenas noches y colgó. Meredith se volvió y vio que David la estaba mirando. Él sonrió y bajó la vista para anotar algo en el cuaderno. —¿Era Adam? —preguntó. —Sí, está en un viaje de negocios. Dice que te diga hola. —Dile que yo también le mando saludos —contestó David. Sonrió de nuevo, pero había algo en él que a Meredith no le gustaba. —Lo haré —dijo Meredith. —¿Te llama todas las noches cuando está fuera? Meredith se sorprendió al oír la pregunta. ¿Y a él que más le daba? —Sí —contestó con frialdad. —Qué encanto —comentó David—. Parece que lo vuestro va en serio, ¿no? Nº Páginas 74—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Meredith intuyó adonde quería llegar David. No le gustaba la manera en que


David la miraba y era el momento de dejarle claro que no estaba interesada en él. Aunque eso pudiera significar que cancelaran la exposición. —Sí, nuestra relación es algo serio —dijo con seguridad—. Muy en serio. De pronto, sintió que era ridículo tratar de convencer a un extraño de algo que ni siquiera ella le había dicho al hombre que amaba. —Eso está bien —dijo David—. Hacéis muy buena pareja —añadió. —Gracias —contestó Meredith—. ¿Has terminado? Mañana tengo que madrugar mucho… —Sí… sí, por supuesto —contestó David. Miró el reloj—. Uau, qué tarde es. No tenía ni idea de que llevaba tanto tiempo aquí —metió el cuaderno y la cámara en su bolsa y se dirigió a la puerta. Meredith se alegró al ver que iba a marcharse. Lo adelantó y le abrió la puerta. —Ah, por cierto —dijo él—, Tom Pendleton, mi socio, quiere conocerte. Es lo habitual cuando montamos una exposición individual. He pensado que podíamos quedar para cenar algún día… digamos, ¿este viernes o sábado? Adam no regresaba hasta la semana siguiente, así que Meredith tenía libre el fin de semana. Deseaba que él estuviera allí para acompañarla a la cena. Esa


noche se había sentido incomoda con la presencia de David, y la idea de cenar con él y con otro desconocido no la atraía lo más mínimo. —No estoy segura… ¿quizá podíamos quedar la semana que viene? — preguntó. —La próxima semana es festiva. Tom se marcha de la ciudad y yo tengo que ir a Nuevo México para visitar a unos artistas —explicó él—. Es muy importante que conozcas a Tom —añadió David—. Siente mucha curiosidad por mi último descubrimiento. —De acuerdo —dijo ella—. ¿Qué tal el sábado por la noche? —Perfecto —contestó David con una gran sonrisa. Le indicó un restaurante que estaba cerca de su galería y quedaron en que se encontrarían sobre las ocho y media. Cuando Meredith cerró la puerta, suspiró aliviada. Nunca imaginó que tendría que hacer tantas cosas para poder organizar una exposición con sus obras, y sabía que no estaba en la posición de exigirle nada a David, puesto que se había portado muy bien al darle esa oportunidad. La cena con Tom Pendleton fue mejor de lo que Meredith esperaba. Tom era


un hombre más serio que David, pero bastante amigable. Ambos estuvieron hablando de arte durante toda la cena, tanto de lo que había en el país, como de lo que acontecía en Europa. Meredith añadía algún que otro comentario acerca de cosas que había leído o de exposiciones que había visitado. Nº Páginas 75—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Después le preguntaron por su trabajo en Colette y admiraron el colgante de plata y amatistas que llevaba y que también había diseñado. —¿Lo ves? —dijo David—. Tiene mucho talento. Quizá debiéramos exponer algunas de sus joyas —le dijo a Tom. Tom sonrió. —Creo que podemos comenzar con las esculturas, de momento —miró a Meredith—. No queremos saturar a nuestra clientela. —Por supuesto que no —contestó Meredith. No estaba segura de qué decir. Estaba agotada y deseaba irse a casa. No quería perderse la llamada de Adam. Tenía muchas cosas que contarle. Finalmente, Tom le pidió la cuenta al camarero. David le preguntó a Meredith si quería que la llevara a casa. Meredith sabía que Amber Court no lo pillaba


de camino puesto que él había mencionado que vivía en el barrio de la joyería. Pero no tuvo tiempo de contestar. El teléfono móvil comenzó a sonar, y lo sacó del bolso para contestar. Era Adam. Estaba muy contenta de oír su voz, a pesar de que en el restaurante había mucho ruido y no oía bien. —¿Adam? Apenas puedo oírte —dijo Meredith. Se puso de espaldas a la mesa y se tapó el oído con la mano. —¿Dónde estás? No estás en el estudio —dijo Adam. —Estoy cenando con David y Tom, su socio —le explicó Meredith—. David quería que nos conociéramos. Estamos a punto de marcharnos. Sabía que los dos hombres estaban pendientes de su conversación, así que no podía ser todo lo clara que deseaba. No podía contarle a Adam que David había insistido mucho para que ella aceptara la invitación, ni cuáles eran sus impresiones sobre la pareja. Tendría que esperar. —Bueno, pues me alegro de haber podido hablar contigo —contestó Adam. —¿Puedo llamarte un poco más tarde? Pronto llegaré a casa —dijo Meredith. —No… no creo que puedas. Estoy en Seattle, ¿recuerdas? Aquí son solo las ocho. Voy a salir a cenar. No volveré al hotel hasta tarde. —Entonces, quizá mañana —dijo ella—. Estaré en el estudio todo el día.


—Yo estaré todo el día de viaje —dijo él—. Pero intentaré llamarte por la noche. —Vale —dijo Meredith. Quería decirle lo mucho que lo echaba de menos y que no podía esperar a verlo, pero sabía que David y Tom estaban justo detrás—. Buenas noches, Adam. Mañana hablamos —le dijo. Adam le dijo adiós y colgó el teléfono. Meredith suspiró y guardó el móvil en el bolso. Tom ya había pagado y el camarero se estaba alejando de la mesa. Nº Páginas 76—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Ocurre algo? —preguntó David. —No… nada —le aseguró Meredith—. Gracias por esta cena estupenda. Ha sido un placer conocerte, Tom —añadió. —Lo mismo digo, Meredith. David me había hablado tan bien de ti, que le dije que no podía esperar más para conocerte —dijo entre risas—. Eres todo lo que él prometía, y más. Meredith sintió que se sonrojaba, pero trató de ignorarlo. —Bueno, gracias otra vez por fijaros en mi trabajo. Espero que os sea útil. —Seguro que sí —le aseguró Tom.


—No tengo ninguna duda —dijo David—. ¿Acaso dudas de mi gusto, Meredith? —No, para nada —contestó con una sonrisa. Los dos hombres se levantaron, y David ayudó a Meredith a separar la silla de la mesa. Salieron del restaurante, y una vez fuera, Meredith tuvo que insistir en que tomaría un taxi para volver a casa y no aceptar la oferta de David. Cuando llegó a casa, llamó al hotel donde se alojaba Adam y pidió que conectaran el contestador para dejarle un mensaje. Sabía que se había marchado, pero quería dejarle un mensaje privado diciéndole que lo echaba de menos y que deseaba verlo. Al día siguiente, Adam la llamó al estudio. Había oído el mensaje, y todo parecía haber vuelto a la normalidad. Hablaron durante largo rato y se enviaron varios besos por teléfono. Meredith se descentró tanto, que tuvo que salir a dar un paseo con Lucy antes de ponerse de nuevo a trabajar. Adam regresaba el martes por la tarde, y Meredith se había ofrecido a ir a recogerlo al aeropuerto. Al principio, él le dijo que no hacía falta, pero al ver que insistía, cedió. Parecía encantado de saber que ella tenía muchas ganas de verlo. Meredith no podía esperar más. Nº Páginas 77—90


https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 El lunes por la noche, Meredith se quedó trabajando hasta tarde en el estudio. Quería terminar la primera parte de una escultura que había empezado, antes de que Adam regresara. Lo había echado mucho de menos y sólo iba a pasar un día en Youngsville antes de marcharse a Wisconsin y de que tuvieran que separarse de nuevo. Meredith se preguntaba si se habría precipitado al rechazar la invitación que le había hecho Adam para que pasara las vacaciones con su familia. Se lo había contado a Sylvie, Jayne y Lila, y ellas la habían animado para que fuera con él. También le habían dicho que quizá si le contara a Adam qué era lo que la preocupaba de su futuro en común, él la comprendería mejor. Justo cuando pensaba en ello, alguien llamó al timbre. Miró por la mirilla antes de abrir y vio que David estaba al otro lado de la puerta. —David, ¿qué estás haciendo aquí? —Oh, pasaba por aquí. Vengo de visitar a otro artista, he visto luz en tu estudio y… ¿Te importa que entre? —Uh… no. Pasa, pasa. Estaba a punto de marcharme a casa —explicó Meredith.


Lucy se acercó y olisqueó a David. —Oh, ¿traes al perro aquí a menudo? —preguntó. —Me hace compañía —contestó ella. —Qué simpático —David se agachó y acarició a Lucy—. Buen perro — murmuró. Meredith notó que realmente no le gustaban los perros y que lo hacía por quedar bien. Normalmente habría ofrecido un café o algo de beber a sus visitas, pero por algún motivo, no quería que David se sintiera muy cómodo. Comenzó a recoger las cosas y preguntó: —¿Querías decirme algo? Sobre la exposición, quiero decir —quería saber por qué la había ido a visitar. —No, en realidad no —David paseaba por el estudio mirando algunos de los bocetos de Meredith. Llevaba un jersey de cuello vuelto y una chaqueta de cuero. Meredith sentía que la observaba mientras ella recogía, pero no levantó la vista para mirarlo. Sabía que tenía un aspecto horrible, pero no le importaba. Iba vestida con su ropa de trabajo, un peto lleno de pintura y una camiseta vieja. Tenía el pelo recogido para que no la molestara mientras utilizaba el soplete, y no llevaba nada de maquillaje. Como tenía los ojos irritados a causa de los productos químicos que utilizaba, se había puesto las gafas. —¿Ha regresado ya Adam? —preguntó él.


—Llega mañana por la noche. Iré a recogerlo al aeropuerto. —¿De veras? —dijo David con sorpresa—. ¿Es que no puede tomar un taxi? — bromeó. Nº Páginas 78—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Quiero ir a recogerlo —dijo ella, y lo miró a los ojos. Él se cruzó de brazos. —Sí, recuerdo que me dijiste que teníais una relación seria. Meredith lo miró, pero no contestó. Sentía que él intentaba acosarla de algún modo. Decidió que lo mejor sería ignorarlo y tratar de marcharse de allí cuanto antes. —Meredith, sé que no te conozco bien, pero te considero una amiga. He estado pensando acerca de tu relación con Adam, y sinceramente, estoy preocupado —dijo él. —¿Preocupado? ¿Sobre qué? —preguntó ella. «Oh, cielos. Tenía que haberme escapado antes», pensó. David se acercó a ella y le dijo: —Bueno, por un lado… ¿no crees que Adam es un poco mayor para ti?


—¿Mayor? —Meredith se puso la chaqueta—. No seas ridículo. Nos llevamos muy bien —dijo ella. —Lo hacéis ahora, por supuesto. Todo el mundo se lleva muy bien al principio —dijo él—. Pero dentro de diez, o de quince años, puede que pienses de otra manera. Meredith respiró hondo. Ese hombre tenía coraje. Le puso la correa a Lucy y agarró su mochila. —Gracias por interesarte. Pero no creo que tengas que preocuparte por cómo me sentiré dentro de diez o quince años, David —le dijo cortante—. Creo que es la hora de irse. Tú primero —le ordenó—. Tengo que apagar las luces y cerrar. —De acuerdo —dijo sin más. Meredith apagó las luces. Esperaba que él saliera, tal y como ella deseaba, pero no lo hizo. —Lo siento si te ha molestado lo que he dicho, Meredith —dijo él con suavidad—. Sé que Adam ha hecho mucho por ti… pero ahora tu vida va a cambiar muy rápido —la agarró del hombro—. La verdad es, que yo puedo hacer mucho por ayudarte en tu carrera. Meredith estaba tan sorprendida por su insinuación que se quedó sin habla.


La luz de la calle se filtraba por las ventanas, y en la penumbra, parecía que David iba a besarla. Ella abrió la puerta para salir de allí. Nada más abrir la puerta, Lucy tiró de la correa y comenzó a ladrar. Meredith levantó la vista y al ver a Adam en la acera, junto a la puerta, sintió que le daba un vuelco el corazón. Se puso la mano sobre el pecho y exclamó: —¡Adam! Me has dado un susto de muerte. ¿Qué estás haciendo aquí? Nº Páginas 79—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Lucy consiguió que Meredith soltara la correa y se acercó a Adam moviendo el rabo. Él la acarició y dijo sonriente: —He conseguido escaparme de Chicago un día antes. Quería darte una sorpresa. —Estoy muy contenta de verte —le dijo Meredith. Se acercó a él, lo abrazó y lo besó. Cuando Adam levantó la vista, ella sintió que se ponía tenso. —David… ¿qué estás haciendo aquí? Meredith casi se había olvidado de él. Soltó a Adam y se volvió. David estaba en el umbral de la puerta, sonriendo. —Ah, el héroe ha regresado, con todo su equipaje —comentó David.


Meredith no se había dado cuenta, pero Adam tenía una maleta y un maletín a sus pies. Era evidente que acababa de llegar en taxi desde el aeropuerto. —Sí, aquí estoy. Adam, al rescate —contestó con frialdad. —Nada que temer, viejo amigo. Solo estoy de visita —dijo David—. ¿Qué tal el viaje? —Excelente. Ha sido muy fructífero —contestó Adam con seriedad. —Me alegro —comentó David. Salió a la calle y se dirigió hacia su coche—. Buenas noches —se despidió. Adam y Meredith le dijeron adiós. Después Adam la miró. Ella se sintió incómoda al ver la expresión de su rostro, e inmediatamente se sintió culpable, como si tuviera algo que ocultar. Cuando en realidad, no había hecho nada malo. Decidió ignorar la expresión de Adam y actuar con normalidad. —Debes de estar muy cansado. —Estoy agotado —admitió él. —Vamos a casa, y yo cuidaré de ti —dijo ella. Se agachó y agarró el maletín. Él se colgó la maleta en el hombro. Un poco más tarde, entraron en el apartamento de Meredith y dejaron el


equipaje junto a la puerta. Sin molestarse siquiera en encender una luz, Adam la abrazó y comenzó a quitarle la ropa. Meredith también deseaba sentir el roce de su piel y pronto acabaron en la habitación. Se tumbaron en la cama y comenzaron a besarse. Ella nunca había tardado tan poco en desear que la poseyera, y él nunca se había apresurado tanto para unir sus cuerpos. Hicieron el amor con ferocidad y llegaron al éxtasis a la vez. Después se quedaron dormidos, y a mitad de noche se despertaron para hacer el amor despacio. Cuando la luz del sol entró por la mañana, Meredith se despertó. Deseaba dormir durante todo el día, pero no podía. Se percató de que la cama estaba vacía y de que olía a café. —Buenos días, dormilona —la saludó al verla. Llevaba un albornoz azul y estaba sentado en la cocina. Tomaba café y leía el periódico. Ya se había duchado y afeitado, y el pelo mojado resaltaba los rasgos de su rostro. Nº Páginas 80—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella no pudo resistirse y le acarició la mejilla. —Hmm, como la del trasero de un bebé —bromeó. —Exacto —comentó él, y le dio una palmadita en el trasero. Ella se rio y se alejó de Adam. Se sirvió un café y se sentó frente a él. —Te he echado de menos —le dijo otra vez—. He echado de menos verte así


por las mañanas. —¿Con pelos de loca y los ojos hinchados? —se rió. —Y tu voz ronca —añadió él—. Creo que eso es lo que más me gusta. Tienes una voz muy sexy. —Adam, ¿cómo va a ser sexy? —preguntó ella, y dio un sorbo de café. —No lo sé. Toda tú me pareces sexy —admitió con una sonrisa, y le tomó la mano—. He estado pensando en la conversación que tuvimos el otro día, Meredith —le dijo—. Es más, he pensado mucho en ella mientras estaba fuera. —¿Te refieres a lo de que te acompañe a Wisconsin? —preguntó ella. Si volvía a invitarla, lo acompañaría. —Sí, a eso… Pero más a lo que tú me dijiste después. A eso de que no estabas segura acerca de nuestro futuro y de que fueras la mujer adecuada para mí. —Oh, sí, ya recuerdo —contestó Meredith. Se estremeció y separó la mano de la de él. —He tenido mucho tiempo para pensar mientras estaba fuera —dijo mientras se ponía en pie y se acercaba a ella—. Me he dado cuenta de una cosa, de algo muy importante —se puso frente a ella y colocó las manos sobre sus hombros.


—¿El qué? —preguntó Meredith mirándolo a los ojos. —Me he dado cuenta de que nunca te he dicho lo mucho que te quiero. Te quiero, profunda y sinceramente. Meredith sintió que se le derretía el alma. —Yo también te quiero —contestó en un susurró—. Te quiero mucho. Él la abrazó y la besó. Después la miró. —Quiero que te cases conmigo, Meredith. Sé que no nos conocemos desde hace mucho, pero estoy seguro de que es lo que quiero. Estoy convencido de que estamos hechos el uno para el otro. Sé que tienes tus dudas, pero no hay nada que no podamos solucionar juntos —le aseguró—. Por favor, dime que sí, y dime que vendrás a Wisconsin conmigo para conocer a mi familia. Meredith se quedó de piedra. Se separó de él y se dirigió al salón. —Adam… esto es tan repentino. No sé qué decir —contestó dubitativa. —Solo di que sí —dijo él—. Sabemos que nos queremos. Y que no podemos estar separados… ¿Qué más hay que saber? Nº Páginas 81—90 https://www.facebook.com/novelasgratis


Ella se volvió para mirarlo. —Mucho más —dijo con tristeza—. Hay que pensar muchas otras cosas. Te quiero con todo mi corazón —le prometió—, pero eso no lo soluciona todo. Él se acercó y la miró con asombro. —¿Qué es lo que hay que solucionar? —entornó los ojos y le preguntó—. ¿Es David Martin, verdad? Estás viéndote con él… o quieres hacerlo —la acusó. —Adam, ¡no seas ridículo! Entre David Martin y yo no ha pasado nada. Y nunca pasaría, aunque no te hubiera conocido a ti. —Ojalá pudiera creerlo —dijo Adam enfadado—. Pero todo empieza a cuadrar. Lo distante que has estado estos días. Tan ocupada. Tu negativa a venir conmigo a Greenbrier. Cada vez que te llamaba la semana pasada, estabas con él, e incluso anoche, él estaba contigo en tu estudio. —Apareció. Yo no lo invité —le aseguró Meredith. —¿Qué pasa, que es más joven? ¿O es que crees que ya me has dejado atrás? — preguntó Adam, y comenzó a pasear por la habitación—. Como una mariposa que sale del capullo. Una vez que te han salido las alas, te vas a buscar algo mejor, ¿no?


—Adam… —estaba tan disgustado. Meredith nunca lo había visto así. Por lo general, era él quien la animaba a ella, pero se habían intercambiado los papeles. Se acercó a él y le acarició la espalda—. Adam, por favor. Escucha. David no significa nada para mí. ¿Cómo puedo demostrártelo? Si me pides que abandone la exposición y que nunca más hable con él, lo haré. Adam frunció el ceño y la miró. Ella sintió que sus palabras le habían llegado al corazón y que comenzaba a creerla. —¿Harías eso por mí? —Sí, si me lo pidieras. Si eso te convenciera de que no ha pasado nada entre David Martin y yo. Él suspiró y pasó los dedos entre el cabello. —Nunca te pediría que hicieras eso, Meredith. Y te creo —admitió. Se separó de ella y se acercó a la ventana—. Siento haber desconfiado de ti. Supongo que ha sido un acto reflejo producto de mi anterior matrimonio —le dijo—. Pero aún no me has explicado el motivo por el que no aceptas mi propuesta. —Mis dudas acerca de casarme contigo no tienen nada que ver con David, ni con mi carrera, ni con nada de lo que has dicho hasta ahora. —Entonces, ¿qué es? —Adam la miró—. Me debes una explicación, ¿no crees? Meredith respiró hondo. Le resultaba difícil contarle cuáles eran sus miedos,


pero sabía que debía hacerlo. —Adam, me encantaría casarme contigo. Todo el tiempo, imagino compartir mi futuro contigo —comenzó—. Pero no quiero tener hijos, y sé que para ti es muy importante formar una familia. Por lo que me has contado, parece que ese era uno de los motivos por los que tu primer matrimonio fracasó. Nº Páginas 82—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Adam se quedó helado. Tragó saliva. —Sí, supongo que eso es cierto… pero tú nunca me has dicho que no quieres tener niños, Meredith. —Bueno… nunca hemos hablado de ello, ¿no? —señaló—. Creo que diste por sentado que compartía tu opinión… o quizá piensas que todas las mujeres desean tener hijos —suspiró y se sentó en el sofá. —Pero… ¿por tu carrera? Podemos tener toda la ayuda que quieras, Meredith. Cuando nos casemos, podrás dejar de trabajar en Colette y dedicarte solo a la escultura. —Oh, Adam. No es que no quiera tener hijos contigo. A veces sueño con ello —


admitió, y sintió que las lágrimas afloraban a sus ojos—. Pero me aterroriza convertirme en madre. Sé que lo haría fatal. Mi madre nunca me enseñó cómo hay que hacerlo. No sé cómo se da el amor que un niño necesita para crecer bien. Sería un desastre. Lo sé. Terminaría decepcionándote, y tú acabarías odiándome —le dijo. —Meredith… —se puso de rodillas y colocó las manos en sus hombros—. Nunca podría odiarte. ¿Qué estás diciendo? Serías una madre maravillosa. Mira cómo cuidas a Lucy. La tratas como si fuera un bebé, y está muy mimada — añadió con una sonrisa, para intentar alegrarla. —Oh, Adam… —le acarició la mejilla—. Por favor, créeme… —comenzó a llorar otra vez—. Lo haría si pudiera. Pero no puedo. Él la abrazó y dio un largo suspiro. —No llores, Meredith. Por favor. Intento comprenderte, en serio —dijo él. El tono de su voz era tan áspero que Meredith se preguntó si él también iba a llorar. Cuando se calmó y pudo mirarlo a los ojos, se percató de que había acertado. Adam tenía los ojos llenos de lágrimas. Le acarició la mejilla y él le tomó la mano y le besó la palma. Se puso en pie, y respiró hondo. —Será mejor que vaya a vestirme —dijo él—. Tengo que ir a la oficina.


—Sí, por supuesto —dijo Meredith. Se quedó allí sentada y vio cómo Adam desaparecía en la habitación. El día había empezado muy bien, pero después… a pesar de que el sol brillaba en el exterior, lo veía todo negro, como si fuera medianoche. Meredith hizo un gran esfuerzo para ir a trabajar. Al mediodía, le contó sus problemas a Sylvie, quien le ofreció todo su apoyo pero ninguna solución. Después de hablar con ella, Meredith se sintió mejor. Sabía que solo ella podía resolver ese problema. Cuando aquella noche llegó a casa se encontró con Rose, que salía del portal. Nº Páginas 83—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Meredith, ¿cómo estás? Hace mucho que no te veo. Debes de estar trabajando mucho para la exposición. —Sí, paso en el estudio todo el tiempo que puedo. —Tengo muchas ganas de ver tus nuevos trabajos. Seguro que son maravillosos —dijo Rose—. Pareces cansada, cariño. Espero que no estés abusando del trabajo. Meredith sabía que ese día tenía muy mal aspecto. Había llorado sin parar y tenía los ojos hinchados. Se sentía agotada y quería meterse en la cama.


—Estoy bien —le dijo a Rose—. Me voy a acostar prontísimo. —Muy bien, dormir es lo mejor que hay. Lo cura todo —comentó Rose—. ¿Adam no ha vuelto todavía? Meredith evitó su mirada y contestó: —Sí, volvió anoche. Pero se va mañana a visitar a sus padres en Wisconsin. —¿Ah? ¿Y tú no vas con él? —Me lo ha pedido —confesó Meredith—. Pero he decidido no ir. «También me ha pedido que me case con él», pensó, pero no pudo decírselo a Rose. —Ah —exclamó Rose. Meredith pensó que iba a hacerle más preguntas, pero no fue así—. Si no tienes planes, estaré encantada de que vengas a casa. Vendrán Sylvie, Erik y Jayne, los gemelos —añadió—. Puede que Lila y Nick también se pasen. Será divertido —le prometió. —De acuerdo —dijo Meredith—. Gracias por la invitación. No podía soportar la idea de quedarse sola, y menos cuando le iban tan mal las cosas con Adam—. ¿Qué tal si llevo una tarta de calabaza? —Estupendo. Es mi favorita —contestó Rose. Meredith no recibió noticias de Adam, ni esa noche, ni el día siguiente.


Terminó el alfiler de corbatas y los llaveros que le había encargado y pensó en mandárselos al despacho. Lo habría hecho si hubiera sido otro cliente. Pero no quería que pareciera que trataba de forzarlo para que la llamara, así que decidió guardar las piezas durante el fin de semana. Después, hablaría con él por última vez. El miércoles, cada vez que sonaba el teléfono en su despacho, se sobresaltaba. Después, por la tarde, pensó que Adam ya se habría marchado al aeropuerto y que no la había llamado para despedirse. ¿Habían terminado y ella no era capaz de asumirlo? Quizá nunca más volviera a saber de él. No podía esperar que después de rechazar la propuesta de matrimonio de Adam, él volviera para arrodillarse ante ella. Él no iba a suplicarle que aceptara la propuesta. De eso estaba segura. Nº Páginas 84—90 https://www.facebook.com/novelasgratis El miércoles por la noche, cuando Meredith regresó del supermercado encontró un mensaje de David Martin en el contestador automático. Se sorprendió al oír su voz. Se preguntaba si estaría enfadado por cómo había reaccionado ella ante sus insinuaciones, y si habría cambiado de opinión acerca de la exposición. Pero sin Adam, la exposición ya no le parecía importante.


Sin embargo, David parecía animado y lo único que quería era darle algunas instrucciones acerca de cómo enviar las esculturas a la galería. Al parecer, él iba a actuar como si nada hubiera pasado y todo le indicaba que eso era lo que ella debía hacer también. David le dijo que iba a estar fuera de la ciudad unos días, y que si necesitaba algo contactara con su ayudante. Después le deseó que Adam y ella pasaran unas buenas vacaciones. «Vaya ironía», pensó Meredith. «Estas van a ser las peores vacaciones de mi vida». El Día de Acción de Gracias, se puso a preparar la tarta por la mañana. Estuvo a punto de buscar alguna excusa para no ir a casa de Rose, pero sabía que todas iban a insistir para que fuera y que no podría librarse. Así que, hacia la una del mediodía, se vistió y bajó. Sylvie, Jayne y Erik ya estaban allí. El aroma a pavo invadía la casa y Meredith sintió que se le hacía la boca agua. Rose salió de la cocina con un delantal y recibió a Meredith con un gran abrazo. Después, puso cara de asombro y Meredith se dio cuenta de que Rose se había fijado en que llevaba su broche en el vestido. —Oh, Rose, me lo he puesto para que no se me olvide devolvértelo. Toma — comenzó a quitárselo.


—No seas tonta. Quédatelo, solo un día más, Merri —le dijo Rose—. Te queda muy bien con ese vestido, y prefiero vértelo puesto que guardado en un cajón. Además —añadió Rose—, estoy pensando en prestárselo a Sylvie. Se lo daré más tarde, después de la cena. Siempre le ha gustado, y ahora que Jayne, Lila y tú, ya lo habéis usado, creo que le toca a ella. Meredith aceptó, pero prometió en silencio que cuando terminara la cena se lo devolvería. Reunirse con sus amigas y una buena comida era lo que Meredith necesitaba para olvidarse durante un rato de que su relación con Adam había terminado. Aun así, Adam estaba siempre presente en sus pensamientos, y a veces, se abstraía de la conversación y lo imaginaba en Greenbrier rodeado de su familia. Después de la cena, comenzaron a hablar de la compra de Colette, y Meredith se metió en la conversación. —He oído que ha comprado más acciones —dijo Sylvie con preocupación—. Ya no queda mucho. Nº Páginas 85—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Quizá a alguien se le ocurra cómo detenerlo. ¿No hay ninguna postura legal


que pueda adoptar la empresa? —preguntó Lila. —Sí, los abogados están buscando la manera de detenerlo —dijo Jayne—. Pero se las sabe todas. —Me pregunto cuáles son sus motivos —dijo Nick. —Es evidente que sabe que si lo consigue va a destrozar la vida de mucha gente, pero no parece importarle —interrumpió Sylvie—. Debe de ser un hombre miserable. —Sí —dijo Meredith—. Eso mismo pienso yo. —Bueno, ya vale de pesimismos —dijo Rose—. Puede que después de todo, salga bien. —Ya sabes lo que dicen en el béisbol —dijo Erik—. No ha terminado hasta que ha terminado. Rose se rio. —Bueno, esta fiesta no termina hasta que nos hayamos comido todo el postre. ¿Quién me ayuda a traer el café y las tartas? Creo que hay una para cada uno. —Yo voy, Rose —se ofreció Meredith. Esperaba poder marcharse después del café.


Justo en ese momento, llamaron al telefonillo. Rose fue a contestar desde el recibidor. Meredith la oyó hablar con alguien y después vio cómo apretaba el botón para abrir la puerta del portal. ¿Estaba esperando a otro invitado? No había dicho nada, pero como tenía tantos amigos… Mientras Meredith sacaba las tazas, alguien llamó a la puerta. —Meredith, ¿puedes abrir, cariño? —le preguntó Rose. Ella estaba sacando una tarta de manzana del horno. Meredith se acercó a la puerta y abrió. —¡Adam! —exclamó—. Creía que te habías ido a Wisconsin. Después sintió un nudo en la garganta. —Me fui, pero di media vuelta y regresé. Adam la miró fijamente y ella sintió un fuerte deseo de lanzarse a sus brazos, pero se contuvo. No, no podía hacerlo. No sabía por qué había regresado. Probablemente solo para aclarar las cosas antes de volver a marcharse. No era el tipo de hombre que se marchaba sin dar explicaciones. —¿Podemos hablar en privado? ¿En tu casa? —preguntó él. —Sí… sí, por supuesto. Espera un momento. Voy a decirle a Rose que me marcho. Nº Páginas 86—90


https://www.facebook.com/novelasgratis Regresó a la cocina y le dijo a Roes que Adam y ella tenían que hablar en privado. —Tómate tu tiempo. Te guardaré un poco de postre —contestó. Sin que el resto de los invitados se diera cuenta, Meredith salió de la casa y se fue a su apartamento con Adam. Una vez dentro, sintió un nudo de temor en el estómago. —Has venido desde muy lejos… ¿qué quieres decirme? —le preguntó. Adam se colocó frente a ella. Era tan atractivo… demasiado maravilloso para dejarlo marchar. —Que te quiero de verdad —dijo él—. Y que quiero que seas mi esposa. No me importa si no quieres formar una familia. Te quiero, Meredith. No creo que pudiera vivir sin ti… Y no quiero intentarlo —confesó—. Si aceptas casarte conmigo, seré el hombre más afortunado del mundo. Meredith se quedó de piedra. Ella también había pensado en los problemas que tenía con Adam, y había llegado a nuevas conclusiones. Pero no creía que iba a poder compartirlas con Adam. Comenzó a llorar y se tapó la cara con las manos. Eran lágrimas de felicidad. Adam la abrazó y la besó en la frente. —Meredith, ¿qué pasa? Por favor, cuéntamelo.


Ella respiró hondo y sonrió. —He estado pensando, Adam —le dijo—. Me has ayudado mucho. Tu amor y tu respeto han hecho que muchas cosas fueran posibles para mí. Por una vez en la vida, he conseguido superar mis inseguridades. Y me he dado cuenta de que, en el fondo, siempre he deseado tener hijos, solo que siempre lo he negado y he permitido que el miedo controlara mis sentimientos. Quiero casarme contigo, Adam, y tener hijos tuyos. Sé que a tu lado, puedo hacer cualquier cosa —le confesó—. Y detesto pensar que algún día tendrás un hijo con otra mujer —añadió—. Quizá tenga miedo de la maternidad, pero eso no podría soportarlo —añadió, y le acarició el rostro. —¿Lo dices de verdad? —preguntó él, con expresión de sorpresa y felicidad. —Completamente. Él sonrió y la besó. —Eres la única mujer de mi vida, Meredith. Ahora y siempre. —Lo mismo digo —murmuró ella, y lo besó otra vez. Antes de que las cosas llegaran demasiado lejos, Adam se retiró. —Espera, casi se me olvida. Tengo algo para ti… —sacó un caja de terciopelo


azul del bolsillo. Meredith reconoció en seguida el logotipo de Colette y sintió que le temblaron las manos cuando él se la dio. —Bueno, ¿no vas a abrirla? —preguntó él con una sonrisa. —Por supuesto —dijo ella, y abrió la caja. Nº Páginas 87—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Oh, Adam… ¿cómo lo sabías? —preguntó con incredulidad. Era su anillo de compromiso favorito de la Colección Para Siempre. El anillo con el que siempre había soñado y que deseaba que le entregara un hombre muy especial. Su sueño se había convertido en realidad. Adam tomó el anillo y lo colocó en el dedo de Meredith. —Te queda perfecto —dijo con orgullo. Levantó su mano y la besó—. Frank me dijo que era tu favorito, y me ha hecho éste a partir de tu diseño. ¿Así que voy a tener el honor de que te cases conmigo, Meredith? —Sí, era mi favorito —dijo ella, y miró a Adam y después el anillo—. Diseñaré nuestros anillos de boda —le dijo, y lo tomó de la mano y lo llevó hasta el dormitorio—. Creo que el grupo que está en casa de Rose puede pasar sin nosotros, ¿no crees? —le preguntó Meredith con un susurro sexy.


—No les quedará más remedio —el brillo de los ojos de Adam y el tono de su voz, la excitaron—. Menos mal que es un fin de semana largo. Meredith se rio y él la tomó en brazos y la llevó a la cama. —Hmm… tienes razón. Qué bien. Adam se colocó sobre ella y se besaron durante largo rato. Se querían tanto que necesitarían más de diez vidas para expresar su amor o satisfacer su deseo. Durante los días siguientes, Adam y Meredith permanecieron perdidos en su mundo particular y no le contaron a nadie que se habían comprometido. El sábado por la tarde, decidieron contar la noticia. Adam llamó a su familia y Meredith se puso al teléfono para saludar. Sabía que toda la familia de Adam se preguntaba por qué había regresado a Youngsville el Día de Acción de Gracias. Los padres de Adam parecían gente encantadora, y les hicieron prometer que irían a visitarlos en Navidad. La madre de Meredith también se alegró al oír la noticia, y ya tenía dos buenos motivos para ir a Youngsville. Meredith sabía que su madre se quedaría impresionada con Adam. Incluso se sorprendería de que Meredith le hubiera robado el corazón. Cuando Adam se fue a su apartamento para hacer unas cosas, Meredith bajó a


casa de Rose. Quería contarles la noticia a todas sus amigas a la vez, pero no encontró a Lila ni a Sylvie en casa, y sabía que Jayne había ido a visitar a la familia de Erik. —Tengo que darte una buena noticia, Rose —dijo Meredith nada más entrar —. Adam y yo estamos comprometidos. —¿De veras? ¡Eso es magnífico! —Rose le dio un gran abrazo—. Ya me imaginaba que pasaba algo así, he visto que su coche lleva aparcado ahí abajo desde el jueves. Nº Páginas 88—90 https://www.facebook.com/novelasgratis Meredith se rio y se sonrojó. No habían salido del apartamento ni para comer. —Sí, bueno… gracias por la comida —contestó ella, refiriéndose al paquete con comida que Rose le había dejado en la puerta. Después cambió de tema—. Adam me ha regalado un anillo. Creo que sabía antes que yo que iba a aceptar su propuesta. —Déjame verlo —Rose le tomo la mano—. Qué diseño más bonito. ¿Es de Colette? Meredith asintió. —De la nueva colección que he estado preparando. Frank, mi jefe, se lo ha hecho para mí.


—Qué detalle. Por todo lo que me has contado, Adam parece un hombre maravilloso. Me alegro mucho por ti, Merri. —Gracias, Rose. No puedo esperar a que lo conozcas. —Yo tampoco —Rose sonrió, y Meredith supo que Adam y Rose se llevarían estupendamente—. ¿Por qué no lo invitas a cenar aquí esta semana? Le diré a Sylvie, Lila y Jayne que vengan también. Tampoco lo conocen, ¿verdad? Haremos una pequeña celebración. —Por favor, Rose. No quiero que te molestes. Ya has celebrado el Día de Acción de Gracias para todos nosotros. —No es ningún problema —contestó Rose—. Haremos algo sencillo, te lo prometo. Cuando te vas haciendo mayor, Merri, te das cuenta de lo importante que es celebrar algo siempre que se puede. Vosotras cuatro sois como mi familia. Me encantará teneros aquí a todas y conocer a Adam, ¡por favor, déjame! Las palabras de Rose llegaron a lo más profundo del corazón de Meredith. Las chicas de Amber Court también eran como su familia. La familia que nunca había tenido. —Por supuesto —contestó Meredith con una sonrisa—. Para mí será un honor,


pero tienes que dejar que te ayude. —De acuerdo —dijo Rose. Después, cuando Meredith estaba a punto de marcharse, recordó que llevaba una cajita en el bolsillo. —Casi se me olvida —le dijo a Rose—. Te he traído el broche. Muchas gracias por prestármelo. —De nada. Me encanta ver que alguien lo usa. Las joyas bonitas no deben quedar guardadas en un cajón y sacarse solo en ocasiones especiales. —Estoy de acuerdo. Pero yo trabajo en ese campo… y tú hablas como si también lo conocieras bien —añadió Meredith entre risas. —No digas tonterías, cariño. No soy ese tipo de mujer, créeme —Rose abrió la caja y miró el broche—. Pero me gusta saber que tú y las otras chicas habéis utilizado este broche. Creo que voy a dejárselo a Sylvie. Es la única que todavía no lo ha tenido. Nº Páginas 89—90 https://www.facebook.com/novelasgratis —Es verdad —dijo Meredith. Rose cerró la cajita y la puso sobre la mesa. —Se lo daré la próxima vez que la vea. Puede que le levante el ánimo. Está


bastante preocupada por la situación de Colette. —Sí, se lo ha tomado muy en serio —dijo Meredith—. Más que nadie — Meredith se sintió culpable—. He estado tan ocupada con Adam y preparando la exposición, que apenas he estado pendiente de ella —admitió. —No te preocupes —dijo Rose—. Eso es lo que pasa cuando una se enamora. El resto del mundo desaparece. Estoy segura de que Sylvie lo comprenderá — miró la caja que contenía el broche—. Y si no lo comprende ahora, lo hará cuando le suceda a ella. —Eso espero —Meredith pensó en la felicidad que había encontrado con Adam y deseó que a Sylvie le ocurriera lo mismo—. Espero que pronto encuentre a alguien que le guste —añadió Meredith—. Se merece lo mejor. —Por supuesto que sí. Pero ya sabes que no se puede buscar la felicidad. Hay que esperar a que ella te encuentre a ti. Pero tengo la sensación de que pronto encontrará a Sylvie. Meredith miró a Rose y, una vez más, notó ese brillo misterioso en su mirada. Un brillo que le producía curiosidad acerca de su pasado. «Algún día, Rose nos contará su secreto», pensó Meredith. Sin embargo, se contentó con dedicarle una sonrisa a Rose, y preguntarse si la intuición que tenía sobre Sylvie se convertiría en realidad. Eso esperaba.


Fin Nº Páginas 90—90


Document Outline Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9

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Serie 03, Mult. 20 Amber Court Sinopsis: Después de una horrible experiencia en la que un desaprensivo le había roto el corazón, Meredith...

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