Page 1


Camino hacia la desdicha Karen Van der Zee Camino hacia la desdicha (1983) Título Original: Love beyond reason (1980) Editorial: Harlequin Ibérica Sello / Colección: Bianca 66 Género: Contemporáneo Protagonistas: Victor Hoyt y Amy Morelli Argumento:


Amy estaba segura de que nada podía ser tan perfecto como los días pasados junto a Vic Hoyt en Nueva York… antes de que él decidiera formar parte de los Cuerpos de Paz en Kenia. Impulsivamente, Amy decidió seguirle, pero quedó sorprendida al encontrar a Vic adaptado a su nueva vida… y muy interesado en otra mujer. Amy tenía dos opciones: ser valiente y volver a casa o quedarse y pelear por el único hombre que amaba. https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 Había sido un terrible error. Amy se dio cuenta nada más ver la expresión fría y distante de Vic. No parecía el mismo hombre que ella había conocido. ¿Era él ese individuo con la barba de tres días, muy bronceado por el sol y vistiendo unos pantalones vaqueros viejos y sucios? Había algo en su cuerpo que le resultaba extraño; parada allí en medio de tanta gente vestida de manera extraña, con saris, turbantes y velos, Amy tuvo una increíble sensación de irrealidad. ¿Estaría viviendo una pesadilla, una alucinación o una ilusión óptica? Cerró los ojos un segundo para borrar el mundo extraño que la rodeaba, y sobre todo la presencia de ese desconocido que estaba frente a ella. Pero cuando le volvió a mirar seguía allí, en completo silencio, con las manos en los bolsillos y la ira reflejada en sus ojos.


Amy se sintió mareada y tuvo la impresión de que todo giraba a su alrededor. Y era lógico porque hacía más de treinta horas que no dormía, y estaba exhausta. Por otra parte, durante las últimas noches le había costado mucho conciliar el sueño, debido a la excitación por la inminencia del viaje y a las terribles ganas de ver a Vic. Respiró profundo y haciendo un gran esfuerzo por mantener el equilibrio se inclinó y cogió las maletas. Al hacerlo, su cabello le cubrió el rostro impidiéndole ver, y por una fracción de segundo deseó quedarse así para siempre, oculta por una cortina de pelo rojizo. Al enderezarse lo echó hacia atrás con un violento movimiento de cabeza, y fue en ese momento cuando Vic se acercó hacia ella y cogiéndola del brazo la acercó a su cuerpo, haciendo que las maletas cayeran de las manos de Amy que perdió levemente el equilibrio. —¿Cómo diablos se te ha metido en la cabeza gastar este tipo de bromas? — su voz era fría y también sus ojos, pero permanecía en ellos algo extraño que Amy no lograba descifrar. Miró hacia otro lado sintiendo otra vez esa especie de mareo, y de pronto todo el aeropuerto se convirtió en una mezcla de colores y movimientos. ¿Una broma? No exactamente; el haber venido a África no había sido una broma. Ella le había extrañado mucho desde que se había ido a Kenia. Deseaba estar con él, y sin pensarlo dos veces reservó el billete e hizo las maletas. Durante las


semanas que estuvo preparando su viaje sólo había tenido pensamientos agradables. Vic se alegraría de verla, porque seguramente la habría extrañado tanto como ella a él. Sería maravilloso estar juntos otra vez. Ella le amaba. Pero ese hombre parado frente a ella no se parecía a Vic, por lo menos al que ella conocía, con el rostro siempre bien afeitado y la ropa impecable. Nunca le había visto con pantalones vaqueros gastados y una camisa de trabajo con las mangas recogidas. Tampoco había visto antes tanta furia en esos ojos grises. —¿No se te ha ocurrido pensar que quizá yo no podía haber recibido tu telegrama? Para tu información, te diré que viajo mucho; he recibido tu cable esta mañana al volver de un safari. Casi me mato para llegar a tiempo a buscarte. ¿Qué hubieras hecho si no me llegas a encontrar? ¿Qué hubieras hecho sola en este lugar? Nº Páginas 2-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Amy tragó saliva. Se sentía débil por la tristeza y la fatiga y se encontró añorando la cama de su apartamento en Nueva Jersey, y deseando no haber venido. Se pasó la lengua por los labios resecos y trató de hablar. —Lo siento, lo siento mucho… no pensé…


—Ese es tu gran problema, que no piensas. Tus impulsos te van a causar un grave problema cualquier día de éstos. Casi lo logran esta vez —levantó las maletas y sin agregar una palabra más salió del aeropuerto. Amy le siguió sin protestar. Vic tenía razón: había sido muy imprudente. Siempre le habían sucedido cosas desagradables a causa de eso. En una ocasión abrió el grifo de la bañera pensando en darse un baño, pero luego había salido a hacer algo y al volver encontró la casa inundada. En otra ocasión, pensó que la pared de la cocina quedaría muy bien pintada de verde, pero al día siguiente se dio cuenta de que el color le resultaba espantoso y que le quitaba el apetito. Y ahora esto. Al salir, el sol era tan fuerte que la hizo llorar; rápidamente se puso las gafas oscuras. Nunca había visto un Land Rover, y menos aún montado en uno de ellos. Era un coche extraño para ser conducido por Vic, y una vez más le llamó la atención el contraste. Era muy antiguo y la pintura estaba en mal estado; Amy se sentía fuera de lugar sentada allí junto a Vic. Movió la cabeza tratando de aclarar su mente, de ordenar otra vez sus ideas, pero quedó más confundida todavía cuando el vehículo comenzó a circular por las calles céntricas en medio de una intensa circulación. Los coches parecían salir de los sitios más insólitos, como si aparecieran por arte de


magia, y Amy tardó en comprender que en ese apartado lugar del mundo se circulaba por la izquierda, lo que la hizo suspirar más tranquila. Salieron de Nairobi en absoluto silencio, cogiendo una carretera que bordeaba colinas y verdes valles. Tragando saliva Amy observó el perfil familiar: el mentón un tanto prominente, la nariz recta, la frente amplia y el pelo negro despeinado. Sin embargo, había algo diferente. La barba crecida le daba un toque extraño, a pesar de todo decidió que le gustaba, aunque no pudiera explicar por qué. Vic parecía más tosco, más masculino, pero también más desconocido. Miraba hacia adelante a través de las gafas oscuras, no había dicho una sola palabra desde que habían salido del aeropuerto. ¿En qué estaría pensando? ¿Qué haría con ella ahora que estaba allí? Dios mío, no tendría que haber venido, estaba claro que él no la quería a su lado. A medida que pasaba el tiempo y continuaba el silencio, Amy se iba sintiendo más humillada, y al mismo tiempo iba desapareciendo la confianza en sí misma. Jamás se le había ocurrido ir a África, hasta que de pronto se le cruzó por la mente que no tenía razón alguna para no hacerlo. Como maestra de escuela, tenía unas largas vacaciones y bastante dinero ahorrado. Vic estaba allí. Entonces,


¿por qué no podía ir? De pronto Vic la miró un segundo antes de volver la vista al frente. Nº Páginas 3-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Cansada? —Sí. —No falta mucho. Ves esos arbustos allí… son de té. —¡Qué hermosos! —parecían una alfombra verde. Vic siguió enseñándole cosas: plantaciones de bananas, piñas, etc. Le llamó la atención que la tierra junto a la carretera fuera rojiza, pero estaba muy cansada para preguntar. —Esto es Nyeri —dijo él un rato después—. Ya estamos muy cerca. Nyeri era una ciudad pequeña, con sus tiendas y sus calles llenas de gente. Mujeres africanas cargando pesados bultos en la espalda, hindúes vestidas con saris, y muchos niños de aspecto pobre. —Aquí llega mi correspondencia —explicó Vic—, y es aquí también donde hago la mayor parte de las compras —el enfado parecía haberse desvanecido y Amy se alegró. Terminó el tramo asfaltado y se metieron en un camino estrecho y polvoriento. Veinte minutos más tarde entraban en el pueblo. Amy tuvo la sensación de estar


viendo un documental de la televisión: chozas redondas con tejados en punta, unas pocas construcciones de cemento, calles de tierra y gente por todas partes. Los niños gritaban y reían subiéndose al Land Rover a medida que avanzaban lentamente. Las ancianas les observaban con curiosidad. Llevaban unos trozos de tela color naranja brillante o azul enrollados alrededor del cuerpo y sujetos en la cintura, con un hombro descubierto. Los lóbulos de sus orejas, por el peso de los pendientes, casi les llegaban hasta los hombros. El conjunto asustó bastante a Amy. Afortunadamente había unas muchachas más jóvenes luciendo vestidos estampados, con faldas amplias y pañuelos anudados a la cabeza lo que la tranquilizó un poco. En sus cartas Vic nunca había entrado en detalles ni descripciones del lugar, y en consecuencia no pudo hacerse una idea del ambiente de allí. Pero ahora que se hallaba en ese pueblo africano de chozas de adobe, la realidad de lo que había hecho la abrumó. Sintió que se le cerraba la garganta y que nunca había tenido tanto miedo en su vida. ¿Cómo había podido hacer semejante locura? ¿Por qué no lo había pensado dos veces antes de tomar esa decisión? Vic se paró frente a una gran casa semioculta por los árboles, pero que no se parecía para nada a las del resto del pueblo. —Este es mi castillo —dijo en tono burlón—. Perteneció a un colonizador bastante conocido.


Los niños habían rodeado el coche y muchos miraban a Amy a través de las ventanillas abiertas. Otros gritaban y reían diciendo: — Jambo, Jambo, Jambo, memsahib. En la confusión miró a Vic y vio que se estaba riendo de ella. —Te están demostrando su amistad. Te dicen ¡Hola! Repite Jambo para que se queden contentos. Nº Páginas 4-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Amy se sentía incómoda, tenía mucho calor, y deseaba poder entrar en la casa, pero sabía que Vic se quedaría allí parado hasta que ella dijera «Hola». — Jambo —les dijo a los niños que rieron a coro. —Muy bien —afirmó Vic con rostro inexpresivo. Amy bajó del Land Rover y les dijo algo a los niños que les hizo reír aún más. Estaba tan segura de que se reían de ella que se puso furiosa. En su trabajo era muy eficiente con los niños y sabía como tratarlos, pero éste no era su ambiente y además no sabía una palabra de swahili. Todo era diferente y ella era una extraña. Se sentía indefensa y sin control. La casa era fresca y oscura. La habitación donde entraron era muy grande y tenía una chimenea, pero muy pocos muebles… unas sillas viejas, una mesa y una


biblioteca. El viejo suelo de madera rechinaba bajo sus pies. Se abrió una puerta en el fondo de la habitación, y apareció un africano que dijo: — Jambo, bwana, jambo, memsahib. Vic le presentó como Kariuki. —Él organiza mi vida —explicó—. Cocina, hace la limpieza… pero por encima de todo es muy buen maestro. —¿Maestro? —preguntó Amy. —Sí, de idioma, costumbres, trabajos, etc. —Entiendo —Amy le sonrió a Kariuki. Era un hombre de reducida estatura y delgado, con una expresión muy agradable. —Kariuki va a ser padre por primera vez —prosiguió Vic—. Su esposa espera un niño en cualquier momento —le dijo algo a Kariuki en swahili y después cogiendo a Amy del brazo agregó—: ven, te enseñaré tu cuarto. Estaba en penumbra como el resto de la casa; tenía dos ventanas pequeñas y una chimenea. Había una cama cubierta con una sábana y encima un saco de dormir a rayas. Una mesa, una silla y una cómoda completaban el mobiliario. —Siento mucho no disponer de un lugar mejor donde alojarte, pero así son las


cosas aquí. Cuando llegué compré sólo lo indispensable, ya que mi sueldo no alcanzaba para mucho. Además, los muebles pertenecen al gobierno, y los distribuye el Ministerio del Trabajo. —Está muy bien. Siento haberte creado problemas. He sido muy imprudente. Yo… —se dio cuenta de que estaba a punto de llorar y volvió la cabeza hacia otro lado. —Hablaremos más tarde. ¿Por qué no descansas un poco? Toma un baño si quieres. La cena estará lista dentro de una hora —Vic parecía normal. —Está bien —asintió Amy. —El baño está frente a tu habitación —abrió una puerta y añadió—: Kariuki ha encendido un fuego debajo del depósito de agua, así que tendrás agua caliente. Nº Páginas 5-107 https://www.facebook.com/novelasgratis El baño era realmente antiguo. La bañera no tenía esmalte, y Amy la miró con desconfianza. Vic permaneció en la puerta observándola. —Todo está muy viejo, pero está muy limpio, por lo tanto no lo mires como si


temieras atrapar alguna enfermedad. —Estoy vacunada. —No tenemos mucha agua, por lo tanto utiliza la que realmente necesites — dijo Vic con una leve sonrisa. Cuando se retiró, Amy cerró la puerta y volvió a mirar a su alrededor. Había jabón una toalla limpia, y eso era todo lo que necesitaba. Después volvió a su habitación y abrió las maletas tratando de decidir qué se pondría. Faldas floreadas, blusas de encaje, vestidos de seda. ¿En un lugar así? No le quedaba más remedio que ponerse unos vaqueros y una camiseta. No tardó mucho en bañarse. Se vistió rápidamente y después de aplicarse crema en el rostro, se cepilló el pelo. Se miró en el espejo. Estaba pálida y sus ojos parecían más grandes que nunca. «Ojos marrones y pelo marrón», pensó. Sabía que no era muy bonita, pero tampoco era fea. Tenía el cabello fosco y brillante, y le caía por debajo de los hombros, pero era terriblemente lacio, sin una onda. Suspiró, diciéndose que al menos tenía un cuerpo muy bien formado, aunque en realidad no había nada llamativo en su aspecto. Muchas veces había soñado con tener algo que llamara la atención de los hombres, algo que les hiciera mirarla al pasar, pero nunca supo qué era en verdad: un busto perfecto, el pelo rojizo… no lo sabía. Vic una vez la había llamado hermosa, y ella recordaba el incidente con todos


sus detalles. Apresuradamente guardó todo y volvió a su cuarto tratando de no pensar en lo ridículo de su situación. Se acostó en la cama y cerró los ojos, inmediatamente la imagen de Vic comenzó a rondar en su mente. Pero no era el Vic sin afeitar y con ojos enfadados, sino el de antes, que siempre sonreía y que la miraba con inmensa ternura. Hasta le parecía recordar el tono profundo y cálido de su voz aquella noche en que le había dicho que era hermosa. La había llevado a cenar y a ver una obra de teatro en Nueva York. Habían cenado en un restaurante desde donde se divisaba toda la ciudad iluminada y ella había experimentado la sensación de estar flotando sobre el mundo, feliz junto a él. Existía algo mágico entre ambos, algo que nunca había podido explicar con palabras. Hacía pocos meses que se conocían, pero él la había invitado a salir con frecuencia, enseñándole todas las atracciones de Nueva York. Vic gastaba una fortuna cada vez que salían, pero Amy sabía que tenía mucho dinero. Era un hombre muy rico y eso era obvio por la forma en que vestía, el coche que tenía y su maravilloso apartamento en Manhattan. Aquella noche la había llevado de vuelta a su apartamento en Nueva Jersey, y ella le había invitado a tomar un café antes de volver a la gran ciudad.


En la cocina hablaron sobre la obra que acababan de ver, y cuando Amy hizo una broma, Vic había reído con ganas. Después se había puesto serio, y cogiéndole el Nº Páginas 6-107 https://www.facebook.com/novelasgratis rostro entre las manos, la miró a los ojos con tanta ternura que Amy se sintió desfallecer de amor. —Amy, ¡oh, Amy, qué hermosa eres! —después la había besado con ternura y suavidad, con un beso que decía más que muchas palabras. Fue un momento mágico donde la verdad quedó muy clara para Amy: amaba a Vic. Lo que estaba viviendo no era sólo un romance inocente. Era algo profundo, real y especial. —Eres hermosa —había repetido—. Por dentro y por fuera. Ella estaba segura de que, en otras palabras, le estaba diciendo que la amaba, y rodeada por los brazos de Vic se sintió llena de alegría y felicidad. Hubiera querido permanecer así toda la vida. —No me quiero ir —le dijo con voz profunda abrazándola con más fuerza—. Pero me iré. —¿Por qué? —preguntó ella que lo único que deseaba era tenerle sólo para ella, sin importarle si estaba bien o mal o si algún día se arrepentiría.


—Tú sabes muy bien por qué —le había dicho mirándola con ojos muy serios —. Muy pronto me marcharé hacia África. Amy se quedó acostada sobre la cama, intentando sin éxito borrar todo aquello de su mente. Vic había sido aceptado por los Cuerpos de Paz poco después de conocerla, y eso siempre le había resultado algo increíble. Los Cuerpos de Paz eran algo para idealistas universitarios, al menos eso había pensado siempre, y no para gente como Víctor Hoyt. Era un hombre de treinta y cuatro años que había creado solo una compañía con la que había hecho mucho dinero. Era un individuo que tenía éxito con todos los negocios. ¿Por qué quería unirse a los Cuerpos de Paz, sabiendo que tendría que vivir muy humildemente en algún lugar lejano del mundo? Justamente Vic, a quien le gustaba la buena comida, la ropa fina y todo lo que el dinero pudiera ofrecerle. —Estoy aburrido, simplemente aburrido. Mi trabajo ya no significa nada para mí. Podría montar otra empresa, pero sería lo mismo. Necesito un nuevo objetivo en la vida y no sé cuál es —había dicho con una expresión ausente en sus ojos.


Vendió la empresa, el apartamento y el coche y se marchó a África. Amy estaba desesperada. Vic nunca le había dicho que la amaba, ni que le esperara, tampoco que le siguiera, nada que indicara su interés en mantener la relación. ¿Acaso se había equivocado con él, le había interpretado mal? ¿Estaría imaginando amor donde no existía? Saber la respuesta que anhelaba era lo peor. Le había escrito y él le había respondido, pero nunca lo que ella deseaba escuchar… alguna palabra que revelara sus sentimientos hacia ella. Le solía describir su trabajo, pero sin muchos detalles, y Amy se daba cuenta de que era un mundo que no compartía con él, y con cada carta se desesperaba más y más. Nº Páginas 7-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Y ahora estaba en su casa, en su pueblo africano con chozas de adobe y gente vestida de manera muy extraña. Ahora estaba aquí y él estaba enfadado. Vic parecía un extraño, una persona a la que no reconocía. Pero no podía ser, no podía ser… Escuchó un golpe en la puerta y se puso en pie para abrir. Era Vic, que vestía pantalones vaqueros, pero más nuevos, y se había afeitado. —Kariuki tiene la cena lista —anunció—. ¿Estabas dormida?


—No, el viaje ha debido ponerme muy nerviosa. —Pasarán unos días hasta que te sientas bien. Sobre la mesa había un guiso de carne, guisantes, judías verdes y zanahorias. Amy se preguntó qué carne sería y se le ocurrieron posibilidades bastante desagradables. «No preguntes» se dijo a sí misma. «Mastica y traga, no trates de saborear». —No tengas miedo ni desconfianza —afirmó Vic—, no es nada extraño, simplemente guisado de carnero. Carnero, jamás lo había probado, pero estaba sabroso y comió en abundancia. Recordó las cenas en los lujosos restaurantes de Nuevas York y pensó en lo diferente que resultaba todo eso. Aunque en realidad no le importaba, porque lo único que deseaba era estar junto a Vic, escuchar su risa, su conversación y su voz profunda. Eso era lo que había ansiado todo el tiempo, pero no en esas condiciones. Vic habló muy poco durante la cena y el ambiente era tenso entre los dos, tanto que Amy sentía que no podía hablar con la libertad con que lo había hecho siempre. Además, no venía a cuento decir ahora las mismas cosas que hubiese querido cuando estaban juntos en los Estados Unidos.


Kariuki recogió los platos y trajo dos faroles que colocó junto a la chimenea. Eran apenas las seis y ya estaba bastante oscuro. Había refrescado. Vic se levantó y encendió los leños que ya habían sido colocados en la chimenea. —Ponte cómoda —le dijo señalando una de las sillas junto a la chimenea—. Hay libros en la biblioteca por si tienes ganas de leer. La lectura es mi único entretenimiento, no hay nada más para hacer —cogió un libro y se sentó. Amy leyó los títulos. En su mayor parte trataban sobre el desarrollo social y económico, cómo construir desagües y pozos de agua, etc. Siguió revisando y encontró un libro de texto swahili y lo cogió. ¿Resultaría difícil aprender el idioma? ¿Pero de qué le serviría? Seguramente dentro de unos días estaría en un avión de vuelta a Nueva York. Tiritó y acercó la silla al fuego. Vic alzó la vista del libro. —¿Quieres café? —Sí, por favor —Amy se puso en pie—. Yo lo haré. —Está bien, llévate el farol. El azúcar y el café están en el armario y hay leche en el frigorífico. —¿Tienes frigorífico? Creía que no había electricidad en la casa. Nº Páginas 8-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —No hay electricidad, el refrigerador es de keroseno.


—Oh —comentó sintiéndose muy torpe—. Jamás había oído hablar de un frigorífico que funcionara con otra cosa que no fuera electricidad. La casa parecía siniestra en la penumbra. La cocina estaba en el otro extremo como si hubiera sido agregada a la casa. Parecía más un cobertizo de jardín que una cocina. Las láminas de hierro estaban simplemente apoyadas sobre maderas, y el suelo era de cemento. Había también una vieja estufa de hierro contra una pared y frente a ella un fregadero, pero sin grifos. Sobre una mesa de madera había una especie de tinaja de barro; comprendió que debía ser el filtro del agua que Vic había mencionado en algún momento. Encontró unas tazas blancas, el azúcar y el café instantáneo. Llenó la cafetera con agua del filtro y la colocó sobre el fuego. Todo era tan primitivo que jamás hubiese podido imaginarlo. Cuando hirvió el agua, llenó las tazas y las llevó a la sala. Vic solía tomar el café solo, ¡pero hacía tanto tiempo que no tomaba café con él! Mucho tiempo y en un mundo diferente. —¿Sigues tomando el café solo? —Sí, por supuesto. ¿Por qué no? Tuvo ganas de responderle «porque todo lo demás ha cambiado, porque tú ya


no eres el mismo. Pareces diferente y actúas como un extraño». Pero en lugar de eso se encogió de hombros y respondió: —Sólo preguntaba. Amy se sentó en la suave piel de oveja frente al fuego. El silencio entre ambos era tan terrible que ella se sentía cada vez peor, sin saber qué hacer o decir. ¿Cómo era posible que ya no pudieran empezar una conversación? Siempre había sido tan fácil para ambos. Los recuerdos de las largas noches de música y vino en las que compartían sus impresiones sobre cada tema, volvieron a su mente. Tan absorta estaba en sus pensamientos que se asustó cuando Vic se sentó a su lado sobre la piel de oveja. —Lo siento, no he querido asustarte. Amy no respondió, sino que mantuvo la vista fija en las llamas, sintiendo que se le aceleraba el corazón. Él le cogió la mano suavemente. —¿En qué piensas? —Estaba pensando en lo extraño que es todo —respondió ella sintiéndose incapaz de mirarle—. Nada es como yo esperaba. —Tampoco es lo que yo esperaba.


Amy le miró un segundo y le vio sonreír levemente, pero no pudo leer la expresión de su rostro. ¿Qué había querido decir? ¿Que tampoco era la vida que él esperaba o que no había esperado que ella viniera? La mano de Vic estaba tibia y su proximidad la excitaba. Nº Páginas 9-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —No mires hacia otra parte, Amy —le dijo cogiéndole el rostro entre las manos, y ella bajó la vista consciente del latir de su corazón y rogando que él no se diera cuenta de su turbación. —Mírame, Amy —había urgencia en su voz, y cuando por fin alzó los ojos, descubrió los de Vic oscuros e interrogantes. Después la besó como en los viejos tiempos y el miedo de Amy se esfumó, rodeándole el cuello con los brazos apretándole con fuerza. Ese era el Vic que ella recordaba, lleno de calidez y dulzura. Y en sus brazos, todo quedó olvidado, la casa, el pueblo, el disgusto del primer momento, lo distinto que le había encontrado. Todo lo que importaba era sentirle contra su cuerpo, mientas la besaba. —¿Eso es lo que has venido a buscar? —le dijo alejándose un poco y sonriendo cínicamente. «Sí», tuvo ganas de responderle. «Te amo y te he extrañado mucho». Pero de


pronto volvió a la realidad, encontrándose otra vez en la vieja casa y en medio de las chozas de adobe, en brazos de un extraño. «Ahora va a decirme que me he equivocado. Que lo que sucedió allí pertenecía a otro mundo y a otro momento». Por eso, reuniendo todo el valor y el orgullo del que era capaz dijo: —Estoy de vacaciones, y como tenía ganas de conocer Kenia, pensé que tal vez no te molestaría alojarme unos días en tu casa. Se hizo un breve silencio y en seguida Vic lanzó una carcajada que retumbó en la habitación. La reacción la desconcertó y asustó. Vic la atrajo hacia sí y volvió a besarla, pero esta vez no había nada de ternura, sino una demanda egoísta. Ante su total falta de gentileza Amy se puso tensa y trató de separarse. —Relájate —le murmuró Vic al oído—. Relájate —sus manos se movían ávidas debajo de la blusa buscando la curvatura de sus senos, de forma deliberadamente ofensiva. Ella no conocía a ese hombre frío y brusco. No cabía duda de cuáles eran sus intenciones, y ella no quería que las cosas se desarrollaran de esa manera tan hostil y sin sentimientos.


—Suéltame —le empujó con tanta fuerza que cuando Vic le soltó, perdió el equilibrio y casi se cae hacia atrás. —Casi me convences, pero no del todo —había un frío desprecio en su voz. —¿Qué te sucede? —le espetó furiosa—. Nunca te habías comportado de esta manera en casa… como si fueras una especie de… animal. —Allí era agradable y galante, un perfecto caballero. ¿No es eso lo que tratas de decirme? —Sí —exclamó, aunque no era en realidad eso. No era lo que había hecho lo que le molestaba más, sino la forma de cómo lo había hecho, esa falta de cariño, la agresión que había empleado. Nº Páginas 10-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Cuando nos conocimos —dijo él sin mucha emoción—, yo sabía que me iría pronto, y decidí que no sería justo que ninguno de los dos se comprometiera en una relación seria. —¿Y es justo ahora? —Mira a tu alrededor, querida. Estamos muy lejos de la civilización y solos en


medio del monte. Has llegado a mí en el momento propicio. ¿Qué esperas que haga? Amy temblaba de pies a cabeza y no lograba controlarse. —Podrías controlarte, actuar con normalidad. —Querida, soy muy normal. ¿Por qué crees que quiero dormir contigo? —No me importa, quiero que me dejes tranquila —Amy se puso en pie, pero Vic la cogió de un brazo obligándola a sentarse. —Te lo advierto —le dijo en tono sereno—. No esperes que actúe como un santo. Si quieres utilizar mi casa como un hotel mientras estás de vacaciones, bienvenida, pero tendrás que atenerte a las consecuencias. Nº Páginas 11-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 Vic la soltó y, sin agregar una palabra más, Amy se puso en pie y salió de la habitación con la mayor dignidad que las circunstancias le permitían. Se arrojó sobre la cama sintiendo que temblaba de pies a cabeza, y cerró los ojos. ¿Estaría viviendo una pesadilla? Vic jamás se había comportado de esa manera y ella tampoco. Nunca antes se había resistido a sus caricias… le amaba, le deseaba, y había sido él el que siempre había puesto los límites diciendo: «Sabes muy bien porqué, Amy. Muy pronto me iré a África». ¿Qué era lo que le había cambiado tanto? Siempre había sido un hombre


considerado y la trataba como a alguien muy especial… muy indispensable. Hacía frío y Amy tiritó. ¿Cómo era posible que hiciera frío en África? Sin duda tenía que aprender muchas cosas. Se desvistió y se metió dentro del saco de dormir, cerrándolo hasta la barbilla. Vic no lograría sacarla de allí aunque quisiera. Estaba claro que había cometido un grave error al venir, pero no era tampoco el fin del mundo, así que no tenía por qué sufrir tanto. Había cosas mucho peores que un corazón destrozado. Podría haber nacido ciega, se dijo para consolarse, o muy fea, o con un pie deforme. A menudo, el pensar en cosas peores de las que le sucedían a ella le levantaba el ánimo, pero esta vez el recuerdo no dio resultado. Lloró como una niña hasta quedarse dormida. Tuvo sueños horribles, plagados de mujeres sin pelo y de niños muy extraños, además de imágenes de Vic sonriendo con cinismo en su rostro salvaje. Despertó alrededor de las nueve sintiéndose muy mal. Tenía la impresión de que le hacía falta dormir una semana, pero en un lugar silencioso en el otro extremo del mundo. Se levantó y fue al baño para lavarse. Afuera, el mundo aparecía brillante y muy quieto; dentro, la casa estaba sombría como su humor. Era un lugar enorme, lleno de habitaciones, ideal


como escenario de una película de terror. Las enormes chimeneas parecían preparadas para sacrificios humanos. Recorrió los cuartos comprobando que Vic sólo utilizaba el ala para huéspedes mientras que el resto estaba deshabitado. Volvió a la sala y decidió hacerse un café, cuando de pronto, apareció Kariuki como surgido de la nada, haciendo gestos y hablando algunas palabras en swahili y otras en inglés, intentándole decir que le traería el desayuno. Amy vio que la mesa estaba puesta para una sola persona; seguramente Vic ya se había ido a trabajar. Esto la alegró, porque no tenía ganas de verle todavía. Oyó un cacareo y se volvió: una gallina seguida por sus polluelos entró por la puerta principal y se acercó a la mesa para recoger las migas que había en el suelo. En ese instante apareció Kariuki que la echó fuera, haciendo un gesto a Amy que podía haber significado: ¿Qué podemos hacer? Era un individuo agradable, y a pesar de que sólo podía intercambiar algunas palabras, Amy se sentía a gusto con él. Nº Páginas 12-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Acababa de terminar de desayunar, cuando oyó que un coche se paraba en la puerta y al momento apareció Vic que la miró con ojos helados. —Veo que ya te has levantado.


—Así es. Sin decir nada más desapareció por el pasillo, volviendo después con una bolsa de yute. Amy bebía el café con los codos apoyados en la mesa y de pronto sus ojos se encontraron con los de Vic, fríos e indescifrables. Le vio dar cuerda al reloj, pero sin dejar de mirarla fríamente. —Te pido disculpas por mi comportamiento de anoche —le dijo distante y serio. Amy le miró con la misma frialdad, pero no respondió. ¿Qué estaría esperando? ¿Algún tipo de ovación? —Te he pedido disculpas —repitió él. —Y yo te lo agradezco desde lo más profundo de mi corazón. Vic apretó los dientes tratando de controlar su ira. Cogió el sombrero y se lo puso con un gesto casi automático. —Tal vez te alegre saber que no estaré aquí esta noche y probablemente tampoco mañana por la noche. —¡Aleluya! Vic cogió la bolsa y salió de la habitación ignorando su comentario. Pero de pronto Amy se dio cuenta de la realidad. «No quiero estar sola en este lugar, y menos de noche», pensó aterrada mientras


corría para alcanzarle. —¿Tienes que irte? —le preguntó cuando Vic ya estaba sentado frente al volante. —Tengo un trabajo, y parte de él es viajar de un lugar a otro. Además los caminos son muy malos y oscurece muy temprano, por lo que no puedo volver a casa todos los días. Si esperabas que actuara como tu guía de turismo, siento desilusionarte —arrancó el motor y se alejó lentamente. Amy le observó perderse en la lejanía. La horrorizaba la perspectiva de quedarse sola en esa casa, en medio de un pueblo africano y sin nadie que la comprendiera. El día se le estaba haciendo eterno, no encontraba qué hacer, ni tampoco se atrevía a aventurarse por las calles. Sentía que no estaba preparada para hacer frente a las extrañas mujeres del lugar. Salió un rato al jardín, que aunque estaba muy descuidado aún conservaba algo de su antigua belleza. Amy pensó que seguramente esa casa había pertenecido a algún colonizador inglés, e imaginó lo hermoso que debía haber sido todo con suelos brillantes y muebles de buena calidad, y el jardín lleno de flores. Mientras caminaba se encontró con Kariuki que estaba arrancando


vegetales. Evidentemente Vic comía las verduras de su propio huerto. El contraste Nº Páginas 13-107 https://www.facebook.com/novelasgratis volvía a surgir. El hombre de negocios de Manhattan, muy sofisticado y elegante, desaparecía cada vez más. A las cuatro de la tarde el cielo se oscureció y en pocos segundos comenzó a caer una lluvia torrencial. Amy sintió mucho frío y se preguntó si podría encender el fuego. Cuando estaba encendiendo el papel, entró Kariuki con una tetera y haciendo señas exclamó: — Chai —se refería a la tetera. —Gracias —respondió Amy, pero recordando las palabras del libro de texto swahili agregó—: Asante sana. — Mzuri sana —respondió Kariuki sonriendo. Amy se sintió tan contenta como si hubiera hecho algo extraordinario. Se sirvió el té y se quedó mirando cómo las llamas devoraban los troncos. No faltaba mucho para que anocheciera y su imaginación comenzó a crear imágenes sangrientas donde ella era siempre la víctima indefensa. Por eso, cuando oyó golpes en la


puerta, primero pegó un salto y después se quedó helada. La puerta se abrió y apareció una muchacha con una especie de toalla azul cubriéndose la cabeza y los hombros. Vestía unos vaqueros muy ajustados, una camisa roja y una chaqueta. Tenía el pelo corto y ojos muy azules que la miraron con sorpresa. —Hola. ¿Está Vic en casa? —No —respondió Amy poniéndose en pie—. Se fue esta mañana y me dijo que estaría fuera un par de días. —Oh —se quitó la toalla de la cabeza y sonriendo dijo—: me estoy comportando groseramente. Mi nombre es Tanya Palmer. —Yo soy Amy Morelli —dijo sintiéndose más tranquila. —He venido para devolverle la toalla a Vic; la dejó en casa el otro día —le entregó la toalla empapada y preguntó—: ¿Eres una V.C.P.? —¿V.C.P.? —preguntó. —Sí, una Voluntaria de los Cuerpos de Paz. Está claro que no —agregó Tanya sonriendo amistosamente. —Estoy aquí de vacaciones.


Amy notó que la mirada de la muchacha se endureció de pronto y se hizo un corto silencio entre ambas. —Entiendo. Bueno, me tengo que ir porque me están esperando. Saluda a Vic de mi parte cuando regrese —abrió la puerta y desapareció en la lluvia. Amy se quedó en pie con los ojos fijos en la toalla que tenía en las manos. Tanya Palmer. ¿Quién era? ¿Y qué hacía la toalla de Vic en su casa? Amy se sentó en la silla sintiendo la garganta muy seca y un terrible malestar en todo el cuerpo. Todo estaba muy claro ahora; cada pedazo del rompecabezas Nº Páginas 14-107 https://www.facebook.com/novelasgratis encajaba perfectamente. Ahora entendía por qué Vic estaba tan furioso cuando la vio en el aeropuerto, porqué no había querido que ella viniera: ¿Por qué nunca se le había ocurrido pensar que él pudiera encontrar a otra mujer en Kenia? Había soñado con él y le había extrañado, como una perfecta tonta, cuando seguramente Vic la consideraba sólo un recuerdo agradable. Ella pertenecía al pasado y a otra etapa de su vida, en cambio Tanya significaba el presente, es decir su realidad actual.


¿Podía culparle? Vic nunca le había dicho que la amaba, tampoco había prometido nada, ni exigido nada. La había tratado con ternura y respeto, sólo ella era la culpable de lo que estaba sucediendo. Contempló el fuego pero sin sentir calor, sólo la amargura que la embargaba. ¿Cómo pudo haber sido tan ingenua? Sentía la garganta cerrada y los ojos le ardían por las ganas de llorar. Cogió la taza de té y la bebió de un trago, pero sabía a agua sucia. De pronto oyó que se detenía un coche en la puerta. Al abrir se encontró con un hombre parado bajo la lluvia. Tenía el rostro cubierto de pecas y el pelo mojado y pegado a la cabeza. Amy se apartó hacia un lado para permitirle entrar. —Buenas tardes —le dijo en un acento que podía ser sueco—. Mi nombre es Gunner Hornsrud —le ofreció la mano y Amy la estrechó diciendo: —Mi nombre es Amy Morelli, soy amiga de Vic y estoy aquí de vacaciones —no supo por qué dijo eso, por qué la necesidad de justificarse. Después de todo no le debía ninguna explicación a ese individuo. —Kenia es un lugar hermoso para venir de vacaciones, aunque en un día como éste resulte difícil creerlo —comentó el hombre sonriendo. Después se acercó al


fuego y se frotó las manos. Era muy delgado, tendría unos veinticinco años aproximadamente. —He venido a invitar a Vic a cenar el sábado por la noche. Una de las enfermeras del Cuerpo de Paz regresa a su país y le vamos a hacer una pequeña despedida. Mi esposa va a preparar una comida noruega. Si aún estás aquí quedas formalmente invitada. —Muy amable por tu parte… pero no puedo asegurarlo… me refiero a que desconozco los planes de Vic. Tal vez no vuelva hasta el sábado —y tal vez no iba a querer llevarla a una reunión y tener que explicar su presencia a todo el mundo—. ¿Quieres una taza de té? Tengo la tetera llena y estoy sola para tomarlo. —Oh, sí, por favor —se sentó en una silla y estiró tanto las piernas que pareció que iba a poner los pies en el fuego—. Estoy mojado y helado. Como había una sola taza sobre la bandeja, Amy fue a la cocina a buscar otra. —¿Eres noruego? —preguntó al regresar. —Sí, mi esposa y yo somos voluntarios aquí. Ella es instructora de maestros y yo soy veterinario. El individuo aceptó la taza que Amy le alcanzaba y le agregó leche y cuatro


cucharadas de azúcar. Nº Páginas 15-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me gusta muy dulce —explicó. —Así parece —sonrió Amy—. ¿Te agrada estar aquí? —Claro que sí —afirmó con genuino entusiasmo—. Pero fue muy difícil acostumbrarme. —Sí, ya me estoy dando cuenta, llegué ayer. —¿Ayer? Y Vic ya te ha dejado sola. —Tenía que irse… además no sabía que yo llegaba. —¿Kariuki está contigo? ¿No te sientes mal sola? —Kariuki está aquí y me siento muy bien —mintió—. Claro que todo me parece un poco extraño, pero no me importa. Se hizo un breve silencio y Gunner Hornsrud aprovechó para observarla con atención. De pronto por encima de la taza preguntó: —¿Estás asustada? No era susto lo que sentía sino pánico. —¿Debía estarlo? —No, estás muy segura en este lugar, pero las emociones no siempre corresponden con los hechos. Durante el primer tiempo mi esposa temblaba


de pies a cabeza. —Debo admitir que este lugar por momentos me hace estremecer —confesó —, pero ya me acostumbraré. El hombre se sirvió más té y después dijo: —Será mejor que te vengas al centro conmigo. Puedes quedarte en casa hasta que vuelva Vic. De todas formas vendrás el sábado a la fiesta. —Oh, no, no es necesario. Eres muy amable, pero me puedo arreglar aquí. No le creía una palabra de lo que decía, era evidente por la manera en que sonreía. —Escucha, África está bien tomándola en pequeñas dosis, y estar encerrada sola en una aldea Kikuyu llena de mamas extrañas no es la mejor forma de hacerlo. —Es que no me parece correcto ir a darle trabajo a tu esposa. —A Inger le encanta tener compañía. La casa está siempre llena de gente, no te preocupes por eso. Amy titubeó. Era una invitación tentadora. Posiblemente estaría más segura en ese lugar. Después de todo no tenía por qué hacerse la valiente.


—¿Vienes conmigo? —preguntó mientras removía el té. —¿Estás seguro de que no seré un problema para vosotros? —Ninguno. Puedes recoger tus cosas mientras hablo con Kariuki y se lo explico. Le dejaré un mensaje a Vic. Nº Páginas 16-107 https://www.facebook.com/novelasgratis La lluvia había cesado un poco, pero los caminos se habían convertido en una masa de barro resbaloso, tanto que Amy iba aferrada del asiento con todas sus fuerzas, y suspiró cuando llegaron a un camino firme. Gunner la miró y sonrió. —Este barro es terrible —comentó—. Duro como piedra cuando está seco, pero muy peligroso después de la lluvia. Es espantoso quedarse atascado. No necesitaba convencerla, porque Amy durante el trayecto se había imaginado parada en medio de aquello y al lado de un extraño. Amy pensó en la situación y le pareció absurda. Hacía menos de una hora, no conocía a ese hombre, y ahora iba con él en el coche, rumbo a su casa para presentarle a su mujer, o al menos eso había dicho. En su país eso jamás hubiera sucedido porque nadie le daba confianza a un extraño. Hacía dos días que


había dejado los Estados Unidos y ya estaba haciendo cosas que nunca había imaginado. Esto era un mundo diferente, con sus propias leyes y reglas. Miró a Gunner de reojo. Parecía un hombre inofensivo. —¿Sueles recoger a muchachas desconocidas y llevártelas a tu casa? —Sólo los jueves —respondió sonriendo. La casa de Gunner situada en las afueras de Nyeri, era pequeña y estaba amueblada con los mismos elementos que otorgaba el gobierno. Su esposa, como Gunner había afirmado, era una mujer muy agradable que hablaba con el mismo acento que él. —Esta noche cenaremos sopa y crepés —le dijo Inger a Amy—. Según tengo entendido, no es una combinación muy americana. A medida que avanzaba la noche Amy se sentía cada vez de mejor humor. Era agradable estar lejos de esa vieja casa y de la realidad de su situación. Se acostó temprano, durmió doce horas y se levantó contenta. Su cuerpo se iba recuperando rápidamente, y su ánimo también.


Inger estaba en la cocina preparando unos pasteles y al verla le ofreció montones de cosas para desayunar. Huevos, queso de cabra traído de Noruega, café. La atendía como si fuera una invitada muy querida. Por la tarde la llevó al centro a hacer algunas compras para la fiesta del día siguiente. La mayor parte de las tiendas pertenecían a comerciantes hindúes y, mientras caminaban, el olor a incienso les salía al paso. La tienda de víveres olía a especias fuertes y exóticas. Todo eso no tenía nada que ver con el África que Amy había imaginado, y nuevamente, una especie de confusión invadió su mente. Era como una especie de sueño muy enredado, donde las imágenes se mezclaban con rostros conocidos y figuras irreales y extrañas. En ese mundo desconocido seguía ella al hombre a quien amaba; un hombre de rostro afeitado, manos suaves y sonrisa en los ojos. Pero al que había encontrado era un individuo hosco, vestido con ropa sucia, que la miraba enfadado y que la abrazaba sin ternura. Había dos mujeres africanas sentadas frente a la tienda, vendiendo frutas y verduras. Vestían ropa floreada y una especie de turbantes enrollados a la cabeza, como las jóvenes de la aldea. Nº Páginas 17-107 https://www.facebook.com/novelasgratis


— Jambo Memsahib —le dijeron a Inger al verla y repitieron el saludo a Amy. Inger compró una piña grande, tomates, mangos y otras frutas y, después de ponerlas en una bolsa, se la entregó a Amy. —Si no te importa llevar esto, yo llevaré la caja de la tienda. Creo que ya tengo todo lo que necesito. Vayamos a comprar unas pastas y tomaremos el té con las enfermeras. Qué extraño era todo aquí. Hombres llevando mujeres desconocidas para que la esposa las atendiera, gente yendo de visita a cualquier hora. Aparentemente así eran las cosas. Sin prestar mucha atención, Amy escuchaba la explicación de Inger sobre las enfermeras. —Cindy es la tímida, es la que se va la semana que viene. Y Bunny… — sonrió—. A Bunny tienes que conocerla. Las encontraron en el apartamento en el que vivían las dos. Estaban leyendo la correspondencia. Bunny, un rostro lleno de vida, de cabello castaño y muy rizado, estaba descalza y vestía un exótico caftán de color naranja. Al verlas, se puso en pie y cogió inmediatamente la bolsa de samosas que le ofrecían. —¡Es la hora del té! —exclamó dirigiéndose a la cocina a poner el agua a hervir


mientras cantaba una canción con voz fuerte y un poco desentonada. Junto a la vibrante personalidad de Bunny, Cindy parecía desvanecerse. Pequeña, tímida y silenciosa, parecía estar siempre asustada. Tendría que haber en ella algo más que su apariencia, de lo contrario no se hubiera unido al Cuerpo de Paz. Se oyó un golpe en la puerta y apareció Tanya sonriendo. —Hola, Cindy, Bunny —gritó, pero al ver a Amy algo nubló sus ojos. —¿Conoces a Amy? —preguntó Inger. —Sí, nos conocimos ayer en casa de Vic —respondió en tono tranquilo, pero había algo de rechazo que no pasó desapercibido para Amy. —¿Quieres quedarte a tomar té y pastas? —preguntó Cindy con una voz tan tenue y descolorida como todo su ser. —Me encantaría, pero no puedo porque me voy a Nairobi. Sólo pasaba para preguntarle algo a Bunny… oigo que está en la cocina. ¿Cuándo aprenderá a entonar un poco? —desapareció en la cocina y Amy las oyó conversar riendo. —¿Qué te sucede? —era la voz de Bunny—. ¿Qué tienes en la cabeza? Minutos después entraron las dos en la sala con la bandeja de té riendo a carcajadas. Durante la hora siguiente Amy siguió la conversación pero sin participar


mucho en ella. Observaba a Tanya, buscando señales… ¿señales de qué? No lo sabía muy bien. Quizá algo que le indicara el tipo de relación que mantenía con Vic… si es que había alguna. Tanya le hablaba a Amy con toda naturalidad y de cosas normales. Era maestra de una escuela de niñas internas. Le gustaba Kenia, la mantequilla de cacahuete, y Nº Páginas 18-107 https://www.facebook.com/novelasgratis pasear bajo la lluvia. Amy tuvo que reconocer que era agradable, y se preguntó por qué le sorprendía tanto. Pero rápidamente se dio cuenta. No era lógico que Tanya le cayera bien siendo su rival. Siempre la «otra mujer» tenía que ser malvada, con uñas largas pintadas de rojo, una voz melosa y un cuerpo voluptuoso… es decir una mujer frívola vestida para impresionar y oliendo siempre a perfume. —Dime —le dijo Bunny—. ¿Qué te ha traído a este lugar? ¿Un hombre, unas vacaciones o ambas cosas? ¿Cuántas veces más tendría que pasar por eso? Antes de terminar la semana sería una perfecta actriz… aunque tal vez mentirosa fuera el término más adecuado. —Estoy de vacaciones —respondió con la mayor serenidad posible—. Me


quedaré en casa de Vic unos días hasta que pueda orientarme un poco más, y después iré a conocer los campos de caza y otras regiones del país. Supongo que también iré a Nairobi para apuntarme a un safari —mordió la pasta, masticó y sintió que se ahogaba. La pasta estaba rellena de una mezcla de especias que le quemaron la lengua y la garganta. Inger explicó que era un plato típico hindú, que lo llamaban samosa, pero lo que no había dicho era que resultaba una tortura para un paladar desacostumbrado. Amy bebió el té y se limpió los ojos humedecidos. Todas se rieron de ella y le sirvieron más té, diciendo que pronto se acostumbraría. Amy terminó la samosa que tenía en la mano y comió otra sin pestañear. No eran tan desagradables después de todo, sino bastante sabrosas. Eran muchas las cosas a las que se tendría que acostumbrar. La noche siguiente Vic llegó temprano a la fiesta y Amy estaba sola en la sala cuando él entró. Sus ojos se encontraron durante un instante por lo que Amy se iba sintiendo presa de sus emociones. —Hola —dijo Vic en voz alta dejando la bolsa en el suelo. Estaba vestido con ropa de trabajo, con la barba crecida otra vez y todo cubierto con un polvo rojo. Su aspecto era igual que el primer día en el aeropuerto, el de un extraño.


Se quitó el sombrero y la contempló con una leve sonrisa. —No estoy exactamente vestido como estabas acostumbrada a verme, ¿verdad? —¡Ah, así que eres tú! —dijo pensando en los trajes a medida, las camisas caras y los zapatos italianos—. Continuamente me da la impresión de estar ante un caso de falsa identidad. —Soy yo —dijo en tono sereno—. O lo que ha quedado de mí. —Hola Vic —saludó Inger que entraba en ese momento—. Me alegro de que hayas podido llegar a tiempo. ¿Has visto el mensaje de Gunner? —Sí, gracias. —¿Qué te sucede? —preguntó Inger mirando a Amy. Nº Páginas 19-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Es la sorpresa de verme —contestó Vic—. Me conoció en mi antigua vida y aún no se ha acostumbrado a la metamorfosis —le hablaba a Inger, pero sus ojos cargados de burla miraban a Amy. —Será mejor que te vayas a dar una ducha, Vic; ya conoces el camino — sugirió Inger.


—Sí, gracias —Vic desapareció en el baño y Amy siguió a Inger a la cocina. —Tenemos un baño comunitario —explicó Inger—. Todos los pobres que viven en el monte y tienen problemas de agua vienen a bañarse aquí. Cindy y Bunny también hacen lo mismo. Por lo menos Vic es de los que traen sus propias cosas, porque muchos piensan que yo tengo la obligación de prestarles toallas, jabón, champú, etc., y que además debo limpiarles la bañera cuando terminan. —Pero eso es terrible —exclamó Amy azorada. —Lo es, sobre todo porque muchos de ellos han tenido que recorrer el monte durante bastante tiempo, y no han visto el agua en muchos días. —¿Puedo ayudarte en algo? Estás haciendo tú sola el trabajo. —No, no es necesario. Joseph vendrá enseguida y terminará lo que falta. Además no le gusta tener gente en la cocina cuando está trabajando. —Bueno, si estás segura de que no me necesitas, iré a mi cuarto a recoger mis cosas, para no tener que hacerlo en el último momento. No tardó mucho en guardar todo, luego ordenó la habitación y echó una mirada para ver si no había olvidado nada. Al pasar junto al espejo, se miró, cogió un cepillo y se arregló el pelo. Oyó que llamaban a la puerta y por el espejo vio que al abrirse aparecía Vic. Se había bañado y afeitado y estaba muy atractivo vestido de


sport; llevaba un pantalón marrón y un jersey beige de cuello alto que contrastaba mucho con el bronceado de su piel. —¿Puedo pasar? Amy asintió y bajó el cepillo dándose cuenta de que le temblaba la mano. Vic cerró la puerta y Amy se quedó inmóvil mientras él se acercaba y le colocaba las manos sobre los hombros, mirándola a través del espejo. —No sabía que tenías miedo de quedarte sola —dijo en voz baja—. Debía haber pensado en eso. —No tiene importancia —Amy podía sentir el calor de su piel y su aliento contra la mejilla. —¿Por qué no me lo dijiste? —No lo sé —no podía mirarle—. No pensé… Las manos de Vic se acercaron a su cuello y comenzaron a acariciarlo con suavidad. —Veo que tienes puesto el collar que te regalé. Nº Páginas 20-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, me gusta mucho —Vic sé lo había regalado como despedida. Era muy sencillo, una sola vuelta de oro sin ningún otro adorno. A Amy nunca le habían


gustado mucho las alhajas, pero ésta era algo especial. Levantó la vista y vio que Vic sonreía. —Cuando lo elegí sabía que te iba a gustar. Tú no eres de las chicas a las que les gustan los brillantes. ¿No es así? —Efectivamente. Amy recordaba cada momento de la despedida. Le parecía escuchar la voz de Vic cuando la llamó para decirle que pasaba a despedirse. En cuanto le vio entrar en el apartamento, se dio cuenta de su estado de ánimo. Le dijo que no deseaba salir a ninguna parte, y que si a ella no le molestaba llamaría a un restaurante para que les llevaran algo de cenar. Mientras esperaban, abrió una botella de vino y sirvió dos copas. Amy preparó la mesa, encendió unas velas, y puso música pero nada servía ya. La habitación parecía estar envuelta de tristeza. La comida no tenía sabor y Amy apenas si conseguía tragarla. Le resultaba imposible mirar a Vic sin tener presente que sería la última vez que le tendría a su lado. Cuando volvió de la cocina con el café, le encontró junto a la ventana. —Ven aquí, Amy. Tengo algo para ti. Ella dejó la bandeja sobre la mesa, y con piernas inseguras caminó hasta él, aceptando el estuche que le entregaba. Era demasiado grande para ser un anillo.


«¡No quiero joyas!», pensó. «¡Te quiero a ti!» Era un collar. Una gruesa cadena de oro que Vic colocó alrededor de su cuello besándola suavemente. Se comportaba de una manera extraña y distante, como si ya se hubiera ido. —Gracias por los hermosos momentos que hemos pasado juntos, Amy —le había dicho. Pero ella quería oír algo más que eso. ¿Por qué no le decía que la amaba? O que regresaría a buscarla, Amy tenía ganas de gritar su angustia y decirle lo mucho que le amaba. Lo había mirado como tratando de grabar su rostro en la mente. «Lo voy a perder», pensó. «Me está dejando por otra vida, él no sabe que le amo y yo no sé cómo decírselo». Le abrazó y murmuró con voz quebrada por la emoción: —Gracias a ti por el maravilloso collar —aunque en realidad no era eso lo que tenía en mente. Después le besó con desesperación diciendo—: Abrázame, Vic, abrázame. El gimió suavemente pero le quitó los brazos de alrededor del cuello exclamando:


—Por Dios Amy, por favor no lo hagas —había desasosiego en su voz y angustia en sus ojos y ella sabía el motivo. Nº Páginas 21-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Estaba en África, sola con él en esa habitación, pero todo entre ellos había cambiado. Las manos de Vic seguían en su cuello. —¿Por qué estás tan triste? —¿Triste? No estoy triste —tragó saliva y trató de cambiar su expresión. Sonriendo con nerviosismo trató de soltarse de Vic—. Me voy abajo… Inger me está esperando. Pero Vic no la soltó sino que la cogió de los hombros con fuerza como para impedir que escapara. —¿Qué sucede, Amy? —Nada, no sucede nada. —¿Por qué tratas de escapar de mí? —No estoy intentando escapar, sólo quiero ir abajo. —¿Me tienes miedo? —No seas ridículo. —Puedo recordar épocas en las que no estabas tan ansiosa por escapar de mí —


le apretaba tanto los brazos que le hacía daño. —Eran épocas diferentes —afirmó ella con tono helado. —Claro —asintió Vic apretando las mandíbulas—. Estás aquí de vacaciones. —Correcto —era mejor que lo creyera. —Entonces —Vic inclinó la cabeza y le besó el cuello—. ¿Qué te parece un romance de vacaciones? ¿De qué valen unas vacaciones sin alguna aventura? —sus manos descendían lentamente acariciándole los senos. Amy no podía moverse y por un momento creyó que se iba a desmayar. Las caricias eran sensuales y los labios cálidos y tiernos contra su piel. Amy permaneció así largo rato, con los ojos cerrados, abandonada al despertar de sus emociones, pero sintiendo también la falta de sinceridad de él. —¿Qué dices a mi propuesta? Será muy agradable, tú y yo… —Por favor —dijo con voz temblorosa—, suéltame. Pero Vic no le hizo caso, y en lugar de soltarla la hizo volverse y la apretó contra su cuerpo. Amy tuvo que luchar con todas sus fuerzas contra el apremiante deseo de relajarse en sus brazos. Pero Vic estaba jugando con ella y Amy lo sabía. No era el hombre al que ella amaba y deseaba. ¿O sí lo era? Vic la besó con una urgencia contra la que no pudo luchar, exigiendo una respuesta que no le pudo negar.


Durante meses había añorado el contacto de su cuerpo y sus caricias, sintiéndose vacía de amor después de su partida. Ahora estaba en sus brazos y los recuerdos la traicionaron permitiendo que finalmente se abandonara a su necesidad de amor. De pronto Vic la soltó. No sonreía y sus ojos parecían apagados. Nº Páginas 22-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Así está mejor —comentó y salió de la habitación. La noche pasó entre risas, rostros nuevos y voces que parecían llegar desde muy lejos. Amy sólo era consciente de los movimientos de Vic, de sus gestos y de sus ojos helados cada vez que la miraba desde algún lugar de la habitación, y crecía en ella la horrible sensación de que el hombre que una vez había conocido, se había ido para siempre, y que nunca le volvería a encontrar. No prestaba ninguna atención a la conversación de su alrededor, hasta que un nombre la volvió a la realidad. «Tanya». El nombre le causó un shock. Se puso tensa y sus oídos captaron el resto de la conversación. —¿Tanya ha hecho eso? Es algo muy típico de ella. —Está loca.


Risas. —No —era la voz de Bunny—. No está loca, lo que pasa es que es muy dulce. Esa chica tiene un corazón de oro. Amy cerró los ojos, sintiendo que el miedo era cada vez mayor. Tanya. El rostro de la joven apareció en su mente con toda nitidez… un rostro bonito… un corazón de oro. Tanya, una chica encantadora. —¿Estás viendo fantasmas? Era Inger que se sentaba junto a ella. —Me siento rara, cansada. Supongo que deben ser los efectos del viaje. —A veces uno tarda días en reponerse. Oye, te he querido preguntar desde hace un rato, qué quiso decir Vic con eso de la metamorfosis. ¿Acaso hacía algo secreto o excitante antes de venir aquí? —No, no exactamente. ¿Qué le cuenta a la gente de su vida anterior? —Nada… sólo que es ingeniero y que trabajaba en Nueva York. Pero yo siempre he tenido la sensación de que había algo más. No sé qué, pero Vic es diferente al resto de los voluntarios. Es mayor, claro, pero… —¿Hablabais de mí? —era la voz de Vic. —Claro. ¿De quién si no? —respondió Inger sonriendo—. Estoy tratando de


desvelar los misterios de tu pasado. —Oh. ¿Y estás llegando a alguna conclusión? —No, creo que Amy no me va a decir nada —suspiró desilusionada. Vic miró a Amy con rostro inexpresivo. —¿Por qué no lo haces, Amy? Anda, dile qué clase de hombre era yo. Nº Páginas 23-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 A Amy no le gustó nada la situación. Vic intentaba algo, pero ella no lograba darse cuenta de qué era. ¿Qué clase de tipo había sido Vic? Diferente a todos los que había conocido. Había algo extraño y muy especial en él. No se mostraba orgulloso de su situación. Daba importancia al dinero, pero no demasiada. Era interesante, atento y lleno de sorpresas. Un día le regaló una maceta con una planta para que la pusiera en la ventana de la cocina. La escuchaba con atención cuando ella le hablaba de sus problemas y de sus alegrías, así como de sus alumnos de la escuela. Solía llevarla a restaurantes muy caros, aunque prefería cenar en casa de ella. A Amy le gustaba cocinar para él platos italianos que sacaba de un libro de recetas. Al terminar


de cenar era siempre Vic el que fregaba los platos. —¿Qué clase de tipo? No sé a qué te refieres —dijo Amy en voz alta. —Si lo sabes —Vic sonreía, pero la sonrisa no llegaba a sus ojos, estaba dedicada sólo a Inger. —Quiero saberlo —dijo Inger—. Estoy verdaderamente intrigada. —¿Por dónde quieres que comience? —preguntó Amy a Vic—. ¿Por tu compañía, por el apartamento o por el tipo de vida que llevabas? —Por donde prefieras. Si eso era lo que deseaba, ella le daría gusto. —Su aspecto era muy diferente —comenzó a decir Amy—. Yo nunca le había visto con ropa de trabajo hasta llegar aquí. Solía vestirse con trajes o ropa de sport muy cara. En Nueva York vivía en un ático desde donde se veía toda la ciudad, con muebles diseñados especialmente, y verdaderas obras de arte en las paredes; el apartamento era espectacular. Era dueño de una gran compañía que él mismo había creado. Además, conducía un Jaguar y acostumbraba a llevarme a restaurantes muy elegantes y a los mejores teatros de Broadway —Amy era consciente de la presencia


de Vic apoyado contra una pared, observándola con atención y decidió que sería lo mejor ignorarle mirando hacia otro lado. —Deberías haber conocido el apartamento. Era maravilloso —siguió diciendo a Inger. Después explicó cómo eran los muebles, la decoración de la cocina y del baño, con el más mínimo detalle. Los ojos de Inger se iban abriendo cada vez más; no cabía duda de que estaba muy impresionada. —¿Debía tener mucho dinero, verdad? —Muchísimo —respondió Amy—. Pero vendió el apartamento y los muebles y hasta se deshizo de la compañía —sonrió de manera muy extraña, al recordar el lujo y la opulencia. Nº Páginas 24-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Estaba segura de que había algo diferente en ti —dijo Inger a Vic—. Era el dinero… eso siempre se nota. Tal vez deba llamarte señor. No sé cómo comportarme con gente adinerada. De haber sabido todo esto no te hubiera invitado a comer pierna de cordero con coles… —lo dijo en un tono entre burlón y serio.


Vic le sonrió con esa vieja y encantadora sonrisa que Amy conocía tan bien. —Yo no me preocuparía demasiado si estuviera en tu lugar, porque como habrás notado, no he traído todo el dinero conmigo y además no me perdería tu cordero por nada del mundo. —¿Un tipo encantador, verdad? —preguntó Inger guiñando un ojo a Amy—. Tan modesto a pesar de tener tanto dinero. —Creo que es un tipo encantador justamente por todo ese dinero —observó Amy sin mirarle. Inger rió con ganas, pero Vic no reaccionó. Cuando Amy le miró se dio cuenta de que la observaba con una ira contenida. Por eso, sonriéndole con la mayor inocencia, le preguntó: —¿Estás enfadado? —En absoluto, en absoluto —respondió cambiando de expresión. Era tarde cuando abandonaron la fiesta. Amy hubiera deseado quedarse en casa de Inger y Gunner, pero no quería levantar sospechas, así que se vio obligada a regresar con Vic. Tenía la sensación de estar metiéndose de lleno en el desastre. Viajaron todo el tiempo en silencio. Extrañas vibraciones parecían emanar de Vic, y


Amy decidió que lo mejor era permanecer callada. Sabía que acababa de meterse en un juego peligroso y estaba arrepentida. ¿Que había sido lo que la había hecho actuar de esa manera tan ridícula? —Espero que te hayas divertido esta noche —afirmó Vic cuando entraba en la aldea. —Sí, claro que sí, son todos muy agradables. —Todos menos yo —era una afirmación y no una pregunta. —Estás tan diferente —respondió Amy mordiéndose el labio y sin comprender por qué le temblaba la voz—. Lo siento —se disculpó, aunque sabía que de nada serviría. —¿Diferente? —preguntó Vic mientras abría la puerta de la casa—. Te aseguro que tú tampoco pareces la chica que conocí —buscó el farol y lo encendió—. Esa pequeña actuación con Inger me ha dejado realmente sorprendido —la habitación quedó iluminada con una tenue luz. —¿Qué quieres decir? —sabía muy bien de lo que estaba hablando, pero quería que él se lo dijese.


Vic la observó unos segundos con los labios apretados. Después repitió sus palabras: —«Creo que es un tipo encantador justamente por todo ese dinero». Nº Páginas 25-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tú te lo buscaste. —¿Por qué? —Me obligaste a hacerlo. ¿Qué esperabas que le dijera? Si tú juegas, yo también —Amy dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta, pero Vic la agarró del brazo. —¡Siéntate! —le ordenó. —No, es tarde y me quiero ir a dormir. —Quiero hablar contigo —la tenía aferrada del brazo y había determinación en su voz a pesar del tono bajo. —No creo que haya nada de qué hablar —contestó ella desafiante. —Yo sí lo creo y considero necesario que lo sepas, por lo tanto, siéntate. Como no tenía otra opción, Amy se dejó caer en una silla y al observarle, de pronto le vio cansado y molesto. —Es posible que pienses que lo que estoy haciendo aquí es algo pasajero y que


me aburriré en cuanto haya pasado la novedad. Eso es lo que piensan también mi familia y mis amigos —lanzó un suspiro—. Tengo una sorpresa para ti: no tengo ninguna intención de volver a mi antigua forma de vida, Amy. Eso quedó atrás para siempre, tienes que entenderlo. Yo puedo desarrollar mejor mis aptitudes en lugares donde realmente son necesarias. No me interesan para nada los trajes, los coches caros y los apartamentos lujosos. Si esa fue la razón por la que te enamoraste de mí, sólo me resta decirte: vete a casa, porque no hay nada para ti en este lugar. —¿Supongo que no pensarás que me gustabas por eso? —sentía un nudo en el estómago. ¿Acaso Vic, había tomado en serio las palabras que le había dicho a Inger? Con las manos apretadas sobre la falda alzó la vista, observó su expresión, y poco a poco la rabia se fue apoderando de ella. —Además, ¿qué tendría eso de malo? El hecho de que me invitaras a restaurantes caros y a los teatros no significa que sea lo único que me importa. ¿Qué es el dinero y el lujo si no existe nada más que eso? Había habido más, mucho más entre ellos pero no sabía cómo expresarlo en palabras. Oculto bajo el encanto y la justificación de la vida de Vic había algo más que la atrajo terriblemente. ¿Pero cómo decirle eso ahora? Vic se reiría de ella;


desapareció la rabia dando paso a una profunda tristeza. —Tú piensas que soy una especie de cabeza hueca buscadora de fortunas… — tragó saliva tratando de controlar sus emociones—. No he venido aquí en busca de dinero, Vic. No lo necesito y nunca lo he necesitado. Como ya te he dicho estoy de vacaciones… y nada más —por alguna extraña razón su voz era firme y serena. Además, no valía la pena enfadarse o entristecerse; ya era demasiado tarde. Vic no respondió una palabra, sólo miraba. Amy quiso ponerse en pie, pero él le bloqueaba el paso. —Por favor —le dijo ella—, quiero irme a descansar. Nº Páginas 26-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Vic la cogió las manos y la levantó, y aunque no había suficiente espacio entre él y la silla, no se apartó, sino que la apretó contra su pecho. Amy trató de liberarse, pero la abrazó con más fuerza y se sintió atrapada. Cerró los ojos haciendo un esfuerzo por no sentir el cuerpo de Vic apretado contra el suyo, pero resultaba imposible controlar el temblor que la sacudía de pies a cabeza. Sin duda Vic también lo sentía. Tomando aliento dijo:


—Por favor, suéltame. —Oh, Dios mío, Amy —murmuró Vic con voz ahogada—. Terminemos con toda esta tontería —inclinó la cabeza y buscó sus labios con urgencia. «Terminemos con esta tontería». Eso era exactamente lo que Amy deseaba. Olvidar los últimos días de disgusto y discusiones y volver a lo de antes. Amarle y sentirse amada por él. Los besos de Vic, tiernos y profundos vencieron a todas sus resistencias y se abandonó, al momento, sin importarle nada. Nunca se había resistido a la magia de las caricias de Vic. Nunca había podido hacer otra cosa que responderle con todo su ser. Y en ese momento reaccionaba igual que siempre, deseándole y amándole. —Puedo sentir el latido de tu corazón —le dijo Vic con la mano apoyada en sus senos y Amy sintió que su mirada le quitaba el aliento—. Amy, te necesito — su voz estaba cargada de deseo—. Quiero abrazarte y sentir todo tu cuerpo. Ningún pensamiento coherente penetraba en la mente de Amy, le miró con ojos llenos de añoranza, pero de pronto, por encima del hombro de él, pudo distinguir algo azul. La toalla. La toalla que él se había olvidado en casa de Tanya. Sintió que una


mano helada le apretaba el corazón volviéndola a la realidad. Los dedos de Vic abandonaron sus senos acariciándole tiernamente el rostro. —¿Qué sucede, Amy? —le preguntó con suavidad—. No hay nada de malo en que yo te desee. «Sí, lo hay», pensó con rabia. «Me deseas a mí o a Tanya, la que tengas más a mano». Vic no había querido que ella viniera, pero ahora que estaba allí, quería sacar el mayor provecho. ¿Era eso lo que pensaba Vic? El dolor que sintió fue peor que cualquier otra cosa en su vida. —¿Amy, tienes miedo? —Vic la contemplaba incrédulo—. No te voy a lastimar. —¡Suéltame! —exclamó ella con voz ahogada—. Por favor suéltame. Vic la separó un poco de su cuerpo y la miró a los ojos. —Estás llorando. Oh, Amy, lo siento, no he querido obligarte a nada con lo que no estés de acuerdo. Ella desvió la mirada odiándole por su dulzura y preocupación, y deseando poder creer en su sinceridad. ¿También sería así con Tanya o con cualquier otra mujer? ¿Acaso pensaba que siendo amable con ella lograría convencerla? Quizá, esa táctica funcionara con otras mujeres, pero ella no se dejaría manipular. No de


esa manera. Nº Páginas 27-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Amy, no podemos hablar de nosotros? —insistió Vic con ternura. Mientras hablaba le acariciaba suavemente la espalda, pero ella permanecía fría e indiferente, con los ojos clavados en la toalla. —Amy, contéstame. Respiró profundo y levantando la vista con la mayor dignidad posible dijo: —No quiero hablar de eso. —¿Amy, te has acostado antes con un hombre? —No es algo que te incumba —respondió sonrojándose. ¿Cómo se atrevía a hacerle una pregunta semejante? Tenía deseos de salir corriendo, pero no había manera de escapar de sus brazos. Vic la contempló en silencio, alisándote el pelo y con una leve sonrisa en los labios. —¿Por qué te pones a la defensiva? No es un crimen ser virgen. —Supongo que no. —Y además creo que es algo bastante importante hoy en día.


Vic tenía razón en eso, pero a pesar de que había salido con otros muchachos era el único hombre al que había deseado, pero la había abandonado. —No he querido asustarte, Amy. No hay nada que temer. Sentémonos y hablemos. —Estás equivocado. No quiero hacer el amor, pero no es por lo que tú piensas. No entiendes, no entiendes. Deseaba poder alejarse de él, porque nunca antes se había sentido tan acorralada. Vic permaneció un momento en silencio y ella podía sentir sus ojos fijos en ella, pero no se atrevía a mirarle. —No, tal vez no entiendo —dijo él después de suspirar—. Tal vez siempre haya estado equivocado —la soltó y alejándose agregó—: buenas noches, Amy. El domingo amaneció triste y lluvioso, no prometía nada bueno. La casa estaba silenciosa como una tumba. ¿Estaría Vic todavía en la cama? Esperando no encontrarle Amy fue a la cocina para ver que podía desayunar. Café pan, queso y mermelada. Lo puso todo en una bandeja, volvió a su habitación, se sentó en la cama y empezó a desayunar. «¿Que me sucede?», se preguntó mientras buscaba


una revista que había llevado. Miró los artículos y todos prometían cosas inalcanzables. Leyó su horóscopo. Predecía un viaje exótico, ¿se referirían a éste? y unos días magníficos junto al hombre tierno y sensual con el que soñaba. Evidentemente se habían equivocado. Nº Páginas 28-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Dejó la revista y buscó una pluma y papel. Querida Sue, escribió. Estoy sentada en mi cuarto que tiene una magnífica vista hacia una aldea de chozas de adobe bañadas por la lluvia. Mi única compañía son los insectos que merodean. Vic dice que son inofensivos y que resulta imposible exterminarlos, por lo tanto he decidido considerarlos mis amigos. ¿Romántico, verdad? ¿Aún lamentas no haber podido venir conmigo? Amy se detuvo, terminó el café y suspiró. Mientras miraba por la ventana se preguntó qué otra cosa podría escribir. Con seguridad Sue iba a querer saber todo con el más mínimo detalle, pero ella no estaba dispuesta a proporcionárselos. Comenzó a escribir otra vez. Victor, «el varonil», como solías llamarle, está por ahí cerca, aunque no sé dónde. Cuando bajé del avión, el encuentro fue apoteósico, pero no en el sentido en


que te imaginas. Lo que sucedió en verdad no lo sé. Pero sí sé una cosa: hubiese estado mucho mejor en casa, soñando con un amor perdido, y sintiendo lástima por mí misma. Al menos allí hubiera tenido la tranquilidad y la comodidad que me faltan aquí. Como te darás cuenta las cosas no marchan bien y no creo que me quede mucho tiempo. Gracias por cuidar de mi apartamento, te haré saber la fecha de mi vuelta.» Amy firmó la hoja, la dobló y la metió dentro de su bolso. Tendría que conseguir un sobre, los sellos y un correo. La carta la había hecho sentirse aún más desconsolada. No podía aceptar que todo había sido un terrible error, una idea loca, porque sus sentimientos eran reales y ella lo sabía. Se sentía como un animal enjaulado, atrapada por su propio amor, indefensa y sin fuerzas. ¿Acaso era incapaz de hacer alguna otra cosa que no fuera quedarse sentada pensando en Vic? Tanto su cuerpo como su mente parecían obsesionados con él y la fuerza de sus sentimientos le daba miedo. En la maleta tenía hojas de dibujo, pinturas y carboncillo y haciendo un esfuerzo por distraerse, se sentó junto a la ventana para tratar de dibujar el grupo de chozas que veía desde allí. No había gente en los alrededores y la escena resultaba bastante lúgubre, por lo que no sirvió de mucho para levantarle el ánimo y por otra parte no se sintió satisfecha con el resultado de sus esfuerzos. Irritada, arrugó


el papel y lo arrojó al suelo. En la escuela le habían dado varios cursos de dibujo; era buena, pero no lo suficiente como para vivir de eso. De niña había soñado con ser artista y vivir en París, en Roma o en Ámsterdam, ganando el suficiente dinero como para viajar y vivir bien. Había alimentado visiones románticas, imaginándose en París, hablando con otros artistas, bebiendo vino en algún restaurante romano, y pintando en alguna costa rocosa de Grecia. Todo eso en compañía de un hombre sensual y romántico… un sueco rubio de ojos azules… un poeta o un pintor. En lugar de eso, se había convertido en una simple maestra de escuela y se había enamorado de un ingeniero de pelo oscuro, y de mente cuadriculada. A Vic le gustaban sus pinturas y sus bocetos a carboncillo. Se había mostrado sinceramente impresionado al verlos, aunque ella, al principio, no quería enseñárselos, por temor a que él se sintiera con la obligación de fingir que le Nº Páginas 29-107 https://www.facebook.com/novelasgratis agradaban. En el apartamento de él había varias piezas de arte que Amy había reconocido como muy valiosas, y también había otras de artistas desconocidos, pero


que había comprado porque le gustaban. Más de una vez, Vic había elogiado mucho una pintura hecha por ella que colgaba en una de las paredes de su apartamento. Unas semanas antes de partir para Kenia, Vic había cumplido treinta y cuatro años, y como no tenía mucho dinero para hacerle un bonito regalo, decidió obsequiarle el cuadro. En cuanto lo vio abrió el paquete y supo que la decisión había sido acertada. —Gracias —le había dicho—. Nada me hubiera gustado más. —No he querido ser pretenciosa… sino que… como dijiste que te agradaba… De no haber sido por eso jamás hubiera soñado con regalártelo. Vic la había tomado en sus brazos y la había silenciado con besos que la hicieron temblar y aceleraron los latidos del corazón. —Sí, me gusta, pero es algo doblemente especial, porque es algo tuyo que me has dado —la había mirado a los ojos—. ¿Por qué habría de pensar que eres pretenciosa? Eres demasiado modesta. Tu trabajo es bueno y deberías tener un poco más de confianza en tu capacidad. Amy suspiró, sintió frío y cogió el saco de dormir y se lo puso sobre los hombros. ¿Habría alguna manera de recuperar ese amor, esa confianza y ese respeto?


¿Pero cómo ignorar lo que había adivinado en los ojos de Tanya? ¿Cómo podía estar segura de la sinceridad de Vic al abrazarla cuando se había mostrado tan furioso en el aeropuerto? A mediodía oyó que llamaban a la puerta. Era Vic vestido con pantalones de pana y un suéter gris claro que hacía juego con sus ojos. Se le veía imponente y lejano. Por un momento Amy sintió miedo, pero lo olvidó inmediatamente, al comprobar que no había ira en sus ojos y que estaba sereno y controlado, como una estatua de mármol o como un témpano de hielo. Era ella la que no conservaba su calma. Parecía un océano turbulento sacudiéndose bajo una tormenta tropical. Estaba temblando. ¿Era por él o porque hacía frío? —La comida está lista en la sala. ¿Por qué no comemos juntos frente a la chimenea? Hace mucho frío en esta habitación. —Gracias, pero no tengo hambre —respondió diciéndose a sí misma que se estaba comportando como una niña. Al mirar a Vic comprobó que él pensaba lo mismo. —Vamos, Amy, no seas infantil. No hay razón para que tengas que


esconderte de mí, o para que no podamos ser amigos. ¿Amigos? Debía estar bromeando. ¿Cómo podría funcionar algo semejante? Pero se encogió de hombros y añadió: —Está bien, voy. Nº Páginas 30-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Había una bandeja con comida sobre una pequeña mesita frente a la chimenea. Sopa caliente y emparedados. Comieron en silencio, pero el calor del fuego y la comida penetró en Amy que no se había dado cuenta, hasta entonces, del frío que había tenido durante toda la mañana. —No pensaba que podía hacer tanto frío en este lugar —observó, rompiendo el silencio. —Estamos en la estación de lluvias, y además esta zona es muy alta. El resto del año hace bastante calor durante el día, pero siempre refresca por la noche — dejando el plato de sopa sobre la mesa preguntó—: ¿Quieres café? —Sí, yo lo hago.


—Es mi turno. Amy no protestó porque no quería discutir. Vic se puso en pie, cogió la bandeja y abandonó la habitación. Cuando volvió le ofreció una taza y se sentó de nuevo junto al fuego. —He pensado que tal vez pudiéramos hablar de lo que te gustaría hacer mientras estés aquí. ¿Qué te apetecería? La pregunta la cogió por sorpresa. ¿Había logrado convencerle realmente de que estaba de vacaciones? —No estoy muy segura. Si tienes alguna sugerencia la oiré encantada. —Si quieres hacer como los turistas, estarías mejor en Nairobi, porque allí existen toda clase de safaris y excursiones organizados. Amy se imaginó un autobús pintado a rayas como una cebra, lleno de turistas procedentes de todo el mundo. —No, no me agrada la vida de turista —contestó tratando de parecer serena a pesar de sentir los ojos de Vic clavados en los suyos—. No me gusta pasear en grupo, preferiría algo por mi cuenta. —Sabía qué dirías eso —comentó Vic observándola detenidamente. Se puso en pie y comenzó a atizar el fuego—. Si quieres conocer la verdadera Kenia, estarás mejor aquí. No sé si sabrás que estamos en el corazón del país.


Lo sabía bien. Le bastaba asomarse a la ventana y ver las chozas, las mujeres nativas y los niños jugando en los charcos de barro. —Sí, lo sé, pero… —Si te quedas, podrías venir conmigo en alguno de mis viajes y estoy seguro de que Bunny estará encantada de enseñarte el hospital. —¿Me estás pidiendo que me quede aquí contigo? —Vic dejó el atizador y sentándose otra vez, puntualizó: —No te lo estoy pidiendo, te lo estoy sugiriendo, ofreciendo si lo prefieres — respondió con voz fría. Nº Páginas 31-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Amy apretó los puños. Está bien, lo había comprendido perfectamente, no tenía por qué preocuparse. —Eres muy amable, pero no quiero obligarte a nada. —No me estás obligando. La casa es lo bastante grande como para albergar a un ejército. Amy pensó que nunca sería lo suficientemente grande como para albergar a dos personas que no se entendían. Pero por otra parte no tenía otro lugar a dónde


ir, excepto Nairobi y hacer de turista, o volver a casa y abandonar esa absurda expedición y declararse vencida. Aceptar que había perdido a Vic en brazos de otra mujer y de otra vida. «Pero yo le sigo amando», pensó con tristeza. No podía renunciar sin intentar algo. ¿Pero qué? No lo sabía, pero lo que sí estaba claro era que si se iba, todo habría terminado y que si se quedaba, algo podía llegar a suceder. Necesitaría un milagro para que cambiase la situación. —¿Te resulta demasiado dolorosa la posibilidad de quedarte aquí? — preguntó Vic en tono burlón. —¿Qué quieres decir con eso? —Deberías verte la cara —respondió. —Me gustaría que dejaras de mirarme —exclamó enfadada. —Me gusta mirarte, siempre me ha gustado y tú lo sabes bien. No se le ocurrió ninguna respuesta. Nunca le había molestado que Vic la mirara, porque le agradaba lo que veía en sus ojos, pero ahora todo era diferente. —¿Por qué no volvemos a la discusión inicial? ¿Te gustaría quedarte aquí o prefieres ir a Nairobi?


No podía dejar de mirarle a los ojos; daba la impresión de que alguna fuerza oculta la atraía y no tenía fuerzas para desviar la vista. El corazón le latía con fuerza y el valor parecía haberla abandonado. —Me gustaría quedarme. El silencio que los envolvió pareció dar a sus palabras un matiz que ella no había querido darle. Vic no habló, se limitó a mirarla, pero nada de lo que pensaba se reflejó en sus ojos. De pronto Amy recordó las palabras de la primera noche. ¿Acaso pensaba cobrarle su hospitalidad? ¿Por eso deseaba que ella se quedara? Si así era… pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Vic se puso en pie y comenzó a apilar los troncos. —Perfecto —comentó con aire distraído—. Entonces ya está todo resuelto. Al día siguiente Vic se fue a trabajar; había dejado de llover y hacía calor. Amy reunió valor y se aventuró a recorrer la aldea. La gente la miraba y los niños reían Nº Páginas 32-107 https://www.facebook.com/novelasgratis mientras la seguían por los senderos. Trató inútilmente de ignorarlos; no podía gritarles, ni entendía el idioma, de modo que decidió aceptarlos. Caminando, llegó a una hilera de pequeños comercios; había una tienda de víveres, una lechería y una carnicería de la que salió una muchacha joven con un


niño dormido en la espalda y un paquete envuelto en papel de periódico en la mano. Sus grandes ojos negros contemplaron a Amy con curiosidad. ¿Se acostumbraría alguna vez a ser tan blanca? Era extraño sentir que destacaba entre todos, como si de pronto hubiera algo raro en ella, como si le hubieran crecido cuernos o alas en la espalda. De alguna parte le llegaron voces de niños cantando alguna canción, o al menos así le pareció. Siguiendo la música llegó a un cobertizo donde había un grupo de chiquillos sentados sobre bancos de madera. Frente a ellos una muchachita muy joven dirigía las canciones con gran entusiasmo. Amy se dio cuenta de que era una escuela, una especie de jardín de infancia para niños. Ellos no la podían ver desde el lugar en que estaba parada, y durante más de veinte minutos los observó fascinada. No había nada con qué jugar en la escuela, ningún material, sin embargo los niños estaban muy quietos en los bancos, primero cantando y después contando, al menos eso parecía. Luego la maestra les dejó ir; salieron corriendo y saltando, llenos de energía para sentarse en el suelo y jugar con el barro, latas vacías, palitos y hojas. Amy caminó hasta el límite de la aldea donde la tierra se extendía frente a ella,


formando pequeñas colinas; en la distancia se divisaba el Monte Kenia, majestuoso con su pico nevado apuntando hacia el cielo. Allí arriba vivía Mungu, el dios de la religión Kikuya. Alguien se lo había dicho, tal vez Vic… o Gunner, no lo recordaba. Al llegar a la casa cogió sus hojas y sus carboncillos y se instaló en el comedor para tratar de plasmar en el papel lo que acababa de ver. No era exactamente Roma o París o una isla griega, pero sí era mucho más exótico y romántico. De todas formas, era más interesante que las vistas de Nueva Jersey. Vinieron a su mente imágenes de los niños sentados en los bancos de madera. ¿Quién hubiera esperado encontrar un jardín de infancia para niños en medio del monte africano? ¿Habría algo que ella pudiera hacer para ayudar? Tal vez pudiera ofrecerles papel y lápiz, o juguetes sencillos, como pelotas o cubos de madera, o quizá algunos libros con dibujos. Pasó largo rato trabajando, haciendo rápidos bocetos. Y cuando por la tarde oyó que llegaba el Land Rover de Vic, tenía la mesa cubierta de escenas de la aldea: mujeres haciendo cola frente a la fuente para coger agua, niños jugando en el barro, una madre bañando a su hijo al aire libre. Vic entró en la habitación y arrojó el sombrero sobre una silla. Tenía un aspecto


sucio y cansado. —Hola —saludó sin ni siquiera mirarla, y Amy sintió que se le encogía el corazón ante tanta indiferencia. Lo que ella tenía ganas de hacer era algo muy diferente; el sólo verle le aceleraba el corazón y le despertaba unos deseos terribles de correr a sus brazos, de acariciarle y besarle. «Aún le amo», pensó con amargura. Nº Páginas 33-107 https://www.facebook.com/novelasgratis No entendía por qué, pero sabía que era así. A pesar de sus cambios, a pesar de saber que quizá hubiera alguien más en su vida, aún le amaba. Si al menos pudiera olvidar el amor que sentía hacia él, pero sabía que no lo iba a lograr fácilmente. —Hola —respondió mirando rápidamente hacia otro lado para que no le leyera los pensamientos, pero Vic ni siquiera la miraba. Se dijo que debía superar esa sensación de rechazo… si deseaba quedarse tendría que aprender a controlar sus emociones y mostrarse fría. Vic desapareció volviendo media hora más tarde con pantalones limpios y oliendo a colonia. Se paró a su lado y observó los bocetos sin decir palabra. Los


estudió minuciosamente uno tras otro durante largo rato. —Son buenos —comentó por fin—. Muy buenos, en especial éste —señaló el de los niños jugando en el barro con palitos y latas vacías. —Gracias —no supo qué otra cosa decir. —Estoy seguro de que los podrías vender en Nairobi. —¿Venderlos? ¿A quién? —A los turistas les encanta este tipo de cosas. Retócalos un poco y utiliza papel más grueso y habrás iniciado un negocio. Los marchantes de arte te pedirán una comisión. —No puedes hablar en serio —dijo Amy nerviosa—. Yo no soy tan buena. —No estás en Nueva York, compitiendo con famosos artistas. Tal vez nunca llegues a ser una Rembrandt, pero tienes talento. Lo sabes, te lo han dicho. Tu trabajo tiene mucho encanto. No te menosprecies, Amy —había algo del viejo calor en sus ojos, o tal vez lo imaginó. Pero duró sólo un momento, porque rápidamente su rostro adquirió la misma expresión fría y serena de los últimos días. —De todas formas, piénsalo —añadió. Amy lo pensó mucho esa noche y también al día siguiente. Como Vic se había


ido otra vez a trabajar tenía mucho tiempo para considerar la cuestión. El hecho de que la gente llegara a darle dinero por su trabajo le parecía increíble. Tal vez lo que les llamara más la atención fuera el tema de los bocetos, se dijo mientras los volvía a contemplar uno por uno. Lo que ella producía aquí no lo hubiera podido producir en su casa, y los turistas querían comprar lo que no podían comprar en su país. De pronto un ruido le hizo volver a la realidad y al alzar la vista hacia la ventana quedó horrorizada al descubrir un africano muy alto, con el torso desnudo y blandiendo una lanza mientras gesticulaba y gritaba. Amy sintió que el corazón se le apretaba en el pecho y miró rápidamente hacia la puerta. Estaba abierta, pero de nada valdría cerrarla porque no tenía llave. ¿Qué quería ese hombre? Imágenes horribles cruzaron por su mente y levantándose de la silla con piernas temblorosas se preguntó dónde estaría Kariuki. Intentó permanecer tranquila, tal vez el hombre no tuviera ninguna intención violenta en mente. Nº Páginas 34-107 https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Nada violento? ¿Y qué buscaba entonces? La gente pacífica no solía blandir lanzas frente a una mujer, y al volver a mirarle con la lanza en la mano cruzó por su mente una imagen terrible: un titular de periódico que rezaba: JOVEN


DE NUEVA JERSEY ASESINADA EN UNA ALDEA AFRICANA. El hombre se acercó más aún a la ventana llamándola y diciendo cosas incomprensibles para ella. La dominó el pánico. ¿Qué sucedería si el individuo al darse cuenta de que la puerta estaba abierta decidía entrar? Algo en ella le decía que no se pusiera histérica, que saliera para averiguar qué quería ese hombre, pero su lado racional no lograba sobreponerse al miedo que la mantenía inmóvil. Sus manos se aferraron al respaldo de la silla, las rodillas le temblaban sin poderlo remediar. El hombre repetía las mismas palabras una y otra vez y en tono cada vez más fuerte. Pensó en salir corriendo, pero sus pies parecían pegados al suelo. No podía moverse. Sintió que todo le daba vueltas a su alrededor y que no lograba mantenerse derecha. «Me voy a desmayar», pensó horrorizada. Nº Páginas 35-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 Cuando comenzó a sentir que perdía las fuerzas, alcanzó a ver el Land


Rover… y a Vic, bajando de un salto. El hombre se alejó rápidamente de la ventana. Amy seguía aferrada al respaldo de la silla y temblando de pies a cabeza. Lentamente se sentó, poniendo los brazos encima de la mesa, apoyó la cabeza y cerró los ojos. Cuando los volvió a abrir, el hombre había desaparecido y Vic estaba parado en el umbral con los ojos fijos en ella y expresión perpleja. —Santo Dios, ¿qué te sucede? —Yo… nada. ¿Qué quería ese hombre? —preguntó alisándose el pelo con los dedos temblorosos. —¿John? ¿Qué has pensado que quería? —No lo sé. Me gritaba blandiendo la panga, pensé… —tembló convulsivamente—, pensé… La expresión de Vic cambió mientras se acercaba a ella y Amy le oyó reír. —¿Has pensado que intentaba atacarte? No sólo eres impulsiva sino que además tienes mucha imaginación. Y él poseía la sensibilidad de un ladrillo, pensó Amy al ver su sonrisa. Se estaba burlando de ella, de lo que había pensado al ver al hombre de color sacudiendo su lanza. ¿Acaso su reacción había sido tan ridícula? La rabia mezclada con la vergüenza, hizo desaparecer toda su debilidad y se enderezó poniéndose a la


defensiva. —¿Extraño, verdad? —dijo con sarcasmo—. No sé de dónde he podido sacar semejante idea. Leo todos los días en los periódicos asesinatos que se cometen por cualquier motivo y ahora al ver a un hombre sacudiendo una lanza frente a mis ojos, ¿debo suponer que tiene ideas pacíficas en la mente? —se puso en pie y con gesto violento empujó la silla—. ¡Cómo te atreves a reírte de mí! —Lo siento, pero no he podido evitarlo —comentó con tono muy sereno—. Aunque debo reconocer que me ha extrañado. Ésta es una aldea africana pacífica y no la jungla de Nueva York. —Espero que sepas perdonar mi ignorancia —respondió Amy con ironía. —Relájate —le dijo poniéndole las manos sobre los hombros—. Estás reaccionando con demasiada violencia. Ya te he dicho que lo siento. El calor de las manos de Vic sobre sus hombros esfumó el disgusto como por encanto. Volvió a temblar como si su cuerpo necesitara descargar los restos de miedo y tensión. La proximidad de Vic despertaba en ella deseos de apoyarse en su pecho y buscar consuelo en sus brazos. Pero no debía ni podía dar ese paso; trató de controlarse. Se quedaron los dos muy quietos y sin hablar, rodeados por una atmósfera tibia y cargada de emociones extrañas.


De pronto, dando un paso atrás, Vic la soltó. Nº Páginas 36-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —John —dijo con calma—, es un excelente marido y padre de cuatro hijos. Es dueño de la carnicería donde compro la carne. Te aseguro que no tenía intención alguna de herirte. —¿Y qué era lo que deseaba? Se sentó en una silla y comenzó a desatar sus botas de trabajo. —John ha venido para devolverme la lanza —explicó sin mirarla—. Se la había pedido prestada a Kariuki, pero él no estaba. Cenaron un rato después, y ya no se volvió a mencionar el incidente. Hablaron del trabajo de Vic en las aldeas vecinas, donde instalaban sistemas de agua que él mismo había planeado y diseñado. Le agradaba su trabajo, Amy lo notó por el tono de su voz; había en él un entusiasmo que ella no había conocido en Nueva York. Vic le explicaba que lo que estaba haciendo tenía un impacto directo sobre la vida de la gente del lugar, y ahora se enfurecía al pensar el tiempo que había desperdiciado, diseñando puentes y


carreteras para una sociedad desarrollada, en la que consideraban su trabajo como una obligación, sin conocer siquiera su nombre. Amy rió diciendo que también los puentes y túneles eran importantes. Él estuvo de acuerdo, pero añadió que trabajar con la gente de la aldea que tenía una urgente necesidad, le daba un sentido más real a su trabajo, un toque humanitario del que antes carecía. Le preguntó si todo eso tenía algún sentido para ella y, cuando Amy le respondió que sí, la miró de una manera tan especial que su corazón comenzó a latir más aprisa. —¿Te gustaría venir conmigo mañana? Te enseñaré a lo que me refiero. —Me encantaría. Otra vez esa sonrisa y esa mirada. ¡Cómo le amaba! El tenedor se le cayó de los dedos golpeando en el plato. La comida había terminado y también la conversación. —Si no te importa trabajaré un poco —dijo Vic poniéndose en pie. Después de buscar unos papeles se sentó en un extremo de la mesa y comenzó a estudiar mapas y gráficos. La habitación no era la misma. La atmósfera había perdido su calidez. Algo había sucedido mientras hablaron y Amy lo sabía.


Durante el resto de la tarde Vic la ignoró por completo, como si no estuviera allí, o como si fuera parte del mobiliario. Cuando ella le ofreció una taza de café, lo único que recibió a cambio fue un automático gracias. Amy sintió deseos de coger la taza y derramarle el líquido sobre la cabeza, cualquier cosa con tal de que se diera cuenta de su presencia. El chisporrotear del fuego y el siseo de los faroles eran los únicos ruidos que interrumpían el silencio de la casa. Vic trabajaba con lo que a ella le pareció una Nº Páginas 37-107 https://www.facebook.com/novelasgratis intensidad obsesiva. ¿Era en realidad necesario concentrarse hasta tal punto que ni siquiera podía dirigirle una palabra? Durante un rato Amy se distrajo escribiendo una carta a su abuelo, describiéndole la aldea y la gente, contándole el incidente con John. Pensó que a él le gustaría mucho estar allí, por que le fascinaba hacer cosas fuera de lo común. Su trabajo como periodista le había hecho recorrer todo el mundo, y a veces, cuando la llevaba a pescar en las vacaciones, le relataba las aventuras vividas. Esos momentos pasados a su lado, eran recuerdos que Amy guardaba celosamente en su memoria. Terminada la carta se puso en pie y comenzó a remover los troncos. Fue entonces cuando Vic se levantó de su silla y se paró a su lado.


—Yo lo hago. —Está bien, no te preocupes. Sé cómo encender un fuego y mantenerlo —le dijo sin levantar la vista de las llamas. —¿Sabes? Está bien, entonces sigue —y volvió a su silla y al trabajo. Amy sintió deseos de gritar. «Al diablo con él», pensó. «Yo me voy a dormir». Después de guardar en su sitio el papel y la pluma, le deseó buenas noches. Vic levantó la cabeza, pero no parecía verla. —Que descanses —le dijo y regresó a sus planos. Pero no sentía sueño. ¿Por qué la había ignorado tan descaradamente? ¿Qué era lo que esperaba de él? Ella le había dicho que venía de vacaciones y no a un encuentro romántico. Pero eso no era cierto, lo único que deseaba era arreglar la situación entre los dos. Era una cosa que le parecía imposible de solucionar. ¿Sería Tanya una verdadera amenaza o estaría sólo imaginando cosas? Las únicas pistas que tenía eran la mirada en los ojos de la muchacha, y la toalla que Vic había olvidado en su casa. De todas formas «él no deseaba que yo viniera, no me debe nada», se dijo. «Nunca hubo ningún compromiso y él nunca me prometió


nada». Dio vueltas y vueltas en la cama hasta que por fin se puso boca abajo e intentó conciliar el sueño. Pero después de un rato se dio por vencida. Trató de pensar en la escuela y en los niños contando. ¿Cómo podría ayudarlos? ¿Hablaría inglés la maestra? ¿Cómo hacer para acercarse a ella? No podía presentarse directamente como una arrogante sabelotodo. Después se imaginó pintando más escenas de niños de ojos muy grandes y ropa raída, que le sonreían extendiendo sus manos hacia ella. Y de pronto apareció nuevamente el hombre con la enorme lanza. Entraba en la habitación gritando y blandiendo el arma. —No, no —pero no se podía mover, sus piernas se negaban a funcionar. Le veía acercarse con un brazo levantado y una sonrisa cínica que dejaba al descubierto sus Nº Páginas 38-107 https://www.facebook.com/novelasgratis dientes muy blancos. Con un gran esfuerzo se incorporó, empujándole con violencia a la vez que pensaba: «me va a matar, me va a matar». Con su brazo libre el individuo la cogía por los hombros atrayéndola hacia él


y poniéndole la lanza en su cuello. Eso la hizo gritar y gritar de horror hasta que quedó sin aliento. Luchaba con todas sus fuerzas para liberarse de él, pero el hombre la apretaba con más fuerza. Amy sentía todo el cuerpo paralizado por el miedo, pero de pronto sus músculos se relajaron. «Me estoy muriendo», pensó, pero no la asustó la idea. No sentía dolor alguno sino una extraña sensación de paz que la reconfortaba. Y poco a poco fue dándose cuenta de que no estaba muerta. Estaba despierta. Estaba despierta y envuelta por unos brazos fuertes, con el rostro apoyado sobre la piel desnuda y oyendo el latir de un corazón pegado a su oreja. No había necesidad de mirar para saber dónde estaba y quién la estaba abrazando. Volvió a sacudirse convulsivamente y después sintió que la tranquilidad se apoderaba de su ser. No estaba muerta, pero parecía estar en el cielo. —¡Menudo susto me has dado! —dijo Vic suavemente. —¿En serio? —Amy movía los labios contra la piel del pecho de Vic. —Has gritado tanto que he creído que te estaban matando. —Yo también. Se hizo un silencio. Vic, cariñosamente, le acariciaba el pelo como queriendo


hacer desaparecer los temores. —¿John? —Sí. —Dios mío, te ha impresionado muchísimo. —Sí —Amy volvió a temblar y los brazos de Vic la apretaron con más fuerza. Cerró los ojos sintiendo que el amor que le tenía colmaba todo su ser. Era consciente de extrañas y leves vibraciones ente ellos, y comprendió que debía hablar para llenar el silencio con palabras. —Sé que es absurdo tener miedo —le dijo tratando de parecer normal, para que él no notara el torbellino de emociones en el que se debatía. He visto cosas horribles de África en los periódicos y libros, tendría que estar acostumbrada. —África está llena de sorpresas. —Sí. «Te amo», pensó en silencio, «te amo…» Vic le acariciaba el pelo distraídamente. —Esas noticias suelen ser exageradas. —Sí, lo sé —respondió contra su pecho. «Ámame, ámame también, por favor». Nº Páginas 39-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Hay más de cincuenta países diferentes en África y la mayor parte están en


paz y son tan seguros como cualquier otro —hablaba de forma automática, como si su atención estuviera dirigida a otra parte. —Sí, supongo que sí. «No podría soportar que todo lo que hubo entre nosotros se terminara». Amy se sentía muy extraña. Como si fuera dos personas al mismo tiempo; una hablaba de manera muy racional, en tanto la otra estaba viviendo en un torbellino, sintiéndose arrastrada por el amor y el deseo. ¿Estaría Vic sintiendo lo mismo? Sus dedos le acariciaban la nuca y los hombros. —Sabes —le dijo con una voz que no denotaba emoción alguna—. Son siempre las historias de horror las que llegan a ser noticia. Nunca hablan de un país a no ser que haya sucedido algo horrible. —Nunca lo había pensado —confesó la muchacha. «Esto es una locura», pensó. «Estamos manteniendo una conversación formal como si estuviéramos sentados a dos metros de distancia». Pero la cercanía era innegable y la atmósfera estaba cargada de tensión. —¿Te sientes mejor? —le preguntó Vic al oído. Había una extraña nota en su voz que Amy no logró saber si era preocupación, ternura o sueño. Tal vez


deseaba volver a su cama. —Sí, —murmuró ella. «No me dejes», rogó en silencio. «Quédate a mi lado». Los minutos pasaban sin que hablara una sola palabra. Sus cuerpos se rozaban, pero ninguno de los dos se movía. «Bésame», rogó Amy para sus adentros. «Por favor, bésame…» Pero el cuerpo de Vic permaneció rígido contra el suyo y sólo el latir acelerado de su corazón y su respiración irregular daban cuenta de los sentimientos que le conmovían. «El también me desea», pensó feliz, «él me desea, de eso estoy segura». Con mucho miedo de ser rechazada levantó la cabeza y rozó con sus labios los de Vic. Fue como si una corriente eléctrica atravesara su cuerpo y le sintió temblar. —¡Amy! —fue como un suspiro dicho contra su boca. Vic la besó suavemente a la vez que la empujaba hacia la almohada. Se acostó a su lado. Amy adivinó que algo luchaba en el fondo de su mente, pero no había nada que pudiera detener la emoción


que la embargaba. La dulzura etérea de ese momento era la única realidad, y el amor fluyendo entre ambos la única verdad. Las manos de Vic acariciaban su cuerpo y Amy se sentía incapaz de responder; pero momentos después estaban uno en brazos del otro y nada había sido nunca tan sensual como el sentir la piel tibia de Vic contra la suya, haciéndola despertar al deseo que parecía fluir desde el centro de su ser, liberado por un amor que era real, verdadero e innegable. Ella sabía que así era… un sentimiento más allá de la razón. Nº Páginas 40-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Las manos de Vic iban descendiendo por su cuerpo en una tierna exploración, mientras sus besos muy tiernos le entibiaban los senos. —Vic, oh, Vic —gimió. Tenía ganas de llorar y reír al mismo tiempo y no entendía por qué. —Amy… —Vic la abrazó, tembloroso, dominado por su necesidad de ella. De pronto, en un esfuerzo agonizante, se apartó un poco y se apoyó sobre el codo. —¿Amy, estás segura? —le preguntó mirándola a los ojos, mientras una mano


seguía acariciando sus caderas. —Sí —susurró ella—. Claro que sí —la voz sonó extraña para los propios oídos de Amy. Pero le volvió a abrazar, atrayéndolo hacia ella otra vez. Le quería tener muy cerca, lo más cerca posible… quería fundirse con él—. Por favor — murmuró—. Por favor. —Amy, hay algo que quiero decirte. Yo… De pronto se oyó un golpe en la puerta y Amy se quedó helada. «No», pensó con rabia. «No, no, no», el cuerpo de Vic se puso rígido y maldijo en voz muy baja. — Bwana —era la voz de Kariuki que le llamaba nervioso. —Maldito sea —protestó Vic. Pero rápidamente, en voz alta, le respondió a Kariuki en su propio idioma. Cuando iba a levantarse de la cama, Amy trató de retenerle con fuerza y desesperación. —No te vayas, Vic. Por favor no me dejes ahora… no ahora. —Debo hacerlo. La mujer de Kariuki va a dar a luz y prometí llevarles a la clínica cuando llegara el momento —se separó de ella y caminó hasta la puerta. Con la boca y la garganta seca Amy se preguntó por qué había tenido que


suceder justo en ese momento. —Vic, yo… —No te disculpes, Amy. Tal vez sea mejor así —parecía muy cansado. —No sé lo que quieres decir. Vic se acercó a la cama y la contempló un momento en silencio. —Sí, lo sabes. Si hubiéramos llegado hasta el final, no hubiera resuelto nada. ¿No es cierto? Había lágrimas asomando a los ojos de Amy, y le ardían a causa del esfuerzo por no llorar. No respondió, se volvió hacia la pared para no verle. Vic le besó la mejilla diciendo: —Duerme, Amy. Te veré por la mañana. Tuvo que controlarse para no echarle los brazos al cuello y rogarle que se quedara, o decirle que volviera en cuanto llegara de la clínica, pero sabía que Vic no aceptaría. Nº Páginas 41-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Controlando las lágrimas se volvió para verle irse. —Buenas noches Amy —saludó Vic y salió de la habitación sin mirarla. Se había ido. Momentos después se oyeron voces fuera y enseguida el motor del Land Rover. Amy se quedó escuchando hasta que volvió a quedar todo en


silencio. Después hundió la cabeza en la almohada y lloró hasta quedar sin lágrimas. «Probablemente sea mejor así», había dicho él, y quizá tuviese razón, porque ella le amaba, pero no estaba dispuesta a compartirlo con Tanya, ni con ninguna otra. Además, había insinuado algo más, segundos antes de que Kariuki les interrumpiera: «Hay algo que quiero decirte». Pero no había podido continuar. ¿Qué habría sido? Estaba tan mortificada que se sentía incapaz de pensar con claridad. Lo único que deseaba era dormir y olvidar todo… al menos por un rato. Cuando Vic regresó media hora más tarde, seguía despierta. Con el corazón latiendo aceleradamente le oyó entrar en la casa, pero no se detuvo delante de su habitación. Era una mañana hermosa, fresca y soleada, muy distinta a su estado de ánimo. Después de estar durante horas despierta había decidido levantarse. Cuando entró en la sala, Vic estaba sentado frente a la mesa tomando café. —Tienes muy mal aspecto —le dijo con total falta de tacto. —Tú también —respondió Amy de mala gana.


—No ha sido lo que puede llamarse una noche placentera —comentó con una leve sonrisa. —No. Amy cogió un pan y comenzó a untarlo con mantequilla, muy despacio, esparciéndola uniformemente. De pronto apareció otra rebanada de pan en su plato, y al levantar la vista sus ojos se encontraron con una expresión divertida en los ojos de él. —¿Por qué no me preparas la mía? Estás haciendo un trabajo tan perfecto… —Está bien —Amy tomó un trozo de mantequilla, lo aplastó contra el pan y se lo entregó—. No me gusta cumplir órdenes —observó en voz baja. —¿No te parece asqueroso morder un trozo grasiento de mantequilla? —Procuro no pensar en ello. Te deseo suerte. —De todo corazón, me imagino. En ese momento entró Kariuki con un plato de huevos revueltos y una sonrisa radiante. ¿Por qué estaba tan contento?, se preguntó Amy y rápidamente se acordó. —¿Cómo está su mujer? —le preguntó a Vic cuando el hombre se hubo retirado. Nº Páginas 42-107 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Muy bien. Ha tenido su hijo esta mañana a las cinco. Una niña. —¿Y él no se ha quedado a su lado? —Claro, pero ha venido a pie. No está muy lejos. —¿Y qué va a pensar ese hombre? —preguntó Amy preocupada. —¿De lo de anoche? Lo normal, y no me importa en lo más mínimo. Probablemente no esperaba otra cosa. Sabía muy bien dónde encontrarme. La indiferencia de Vic le molestaba, aunque no sabía decir exactamente por qué. Él la miraba por encima de la taza de café. —De todas formas lamento mucho lo sucedido; pero no permitamos que eso nos estropee el resto del día —agregó. ¿Y qué habría querido decir con eso? ¿Que lamentaba que Kariuki los hubiera interrumpido, o acaso lamentaba el hecho de haber ido a su cuarto? Amy sintió que se le encogía el corazón. El recuerdo de las manos y de la boca de Vic contra su piel volvió a atormentarla. —¿Vic? Anoche, antes de que Kariuki te llamara ibas a decir algo. —Olvídalo. —¡Dímelo, por favor! Vic levantó la cafetera con rostro inexpresivo. —¿Quieres más café?


Estaba claro que no quería responderle. —Sí, por favor, necesitaré toda la ayuda posible para mantenerme despierta el resto del día. —¿Realmente tienes ganas de venir conmigo hoy? ¿O prefieres esperar y hacerlo otro día? —No, prefiero ir hoy, y no te preocupes, estaré bien —lo último que deseaba era quedarse sola todo el día en una casa desierta. Amy disfrutó del paseo en el Land Rover, sintiendo el aire fresco de la mañana en el rostro. En la mayoría de los caminos aún estaba mojada la tierra roja, por las lluvias. A medida que contemplaba los diversos animales corriendo en libertad por el campo, la dominaba cada vez más la sensación de estar formando parte de una película. Observó a Vic y sonrió levemente diciéndose que, en efecto, parecía un actor, recio, bronceado y atractivo. —¿Qué me dices de las manadas de elefantes que se ven en las películas? ¿Veremos alguna? —No lo creo. Durante el día se quedan en el bosque. En las zonas de caza se les encuentra por todas partes, junto con los rinocerontes y los búfalos. Aquí lo que más abundan son jirafas y avestruces.


Nº Páginas 43-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me encantaría participar en algún safari. Debe ser emocionante ver a esas enormes bestias deambulando libremente. Yo sólo los he visto en el zoológico y detrás de las rejas. —Antes de irte puedes pasar unos días en Nairobi y apuntarte en alguna excursión —su voz era normal, sin ninguna inflexión especial. «Pero no quiero volver a casa», pensó. «Me quedaré aquí, a tu lado». —Tal vez haga eso —afirmó sin convicción. —Parece que hoy no va a llover —comentó Vic mirando al cielo—. Ya hace bastante calor —con una mano en el volante comenzó a luchar para quitarse la chaqueta—. ¿Me echas una mano, por favor? Amy le ayudó y después Vic se arremangó las mangas de su camisa. Sus brazos eran musculosos y estaban bronceados por el sol, y cubiertos por el vello oscuro. Eran los brazos que la habían estrechado anoche, pero ahora ni siquiera se atrevía a tocarlos. En el pueblo fueron saludados por varios hombres. Dos de ellos subieron a la parte trasera del Land Rover y viajaron hasta un arroyuelo donde había sido instalada la bomba de agua. Vic revisó el mecanismo y le explicó a Amy


cómo funcionaba. El agua era bombeada hasta el centro del pueblo, así las mujeres se evitaban la ardua tarea de ir hasta allí y volver con los pesados debes. —¿Se llaman debes esas vasijas que todos llevan? —preguntó Amy. —Sí, antes eran envases de keroseno. Después Vic habló con algunos hombres que estaban cerca para asegurarse que conocían el funcionamiento de la bomba. Amy volvió a pensar en puentes y túneles, distinguió el brillo en los ojos de Vic, miró a la gente a su alrededor y se convenció de que amaba su trabajo. Se dijo también que ella le amaba, y que no le importaba dónde viviera ni lo que construyera. No le importaría tener que vivir allí el resto de su vida. Volvió a observarle. La ropa de trabajo acentuaba su masculinidad. Sintió que una extraña tibieza se apoderaba de ella, volviéndola más débil y vulnerable. En ese instante Vic la miró y ella le sonrió con frialdad, tratando de ocultar lo que con seguridad se reflejaba en su rostro. No faltaba más que eso. Que él la descubriera, absorta, mirándole como una adolescente enamorada. Momentos después subieron todos al Land Rover y volvieron al pueblo. Vic le enseñó dónde estaba la fuente de agua, y Amy observó a las mujeres


haciendo cola con los debes en la mano. —Vamos —Vic la cogió del brazo y la alejó de las hordas de niños curiosos —. Nos han invitado a tomar un poco de chai. Entraron en una especie de café, donde les sirvieron té en vasos de agua. Tenía también leche y mucha azúcar, y era algo totalmente diferente a lo que ella siempre tomaba. Mientras Vic hablaba con el resto de los hombres, Amy se dedicó a contemplar a otros dos clientes que jugaban a una especie de damas. El tablero era de Nº Páginas 44-107 https://www.facebook.com/novelasgratis cartón y las chapas de botellas hacían las veces de fichas. No dudaba que tenían mucha imaginación. Había muchas formas de ayudar a la escuela de la aldea de Vic. Se podían fabricar juguetes a partir de cajas vacías, latas o trozos de madera. De pronto su imaginación comenzó a volar a grandes alturas y fue la mano de Vic moviéndose ante sus ojos lo que la hizo descender nuevamente a tierra. —Estabas muy lejos —comentó levantándola del banco y sacándola del local.


«No tan lejos», pensó Amy, «no tan lejos». La siguiente aldea era muy parecida. Niños sonrientes, otra fuente de agua y las mujeres haciendo cola con sus debes. Comieron en la carnicería de la aldea. Vic pidió la comida porque Amy no sabía qué pedir. Se sentía muy cansada y le ardían los ojos por el sol y la tierra. Sentada en el banco de madera cerró los ojos. —¿Cansada? —Un poco, hace mucho calor. —No te sientes al sol. Amy abrió los ojos; había un poco de sombra en el banco junto a Vic. Para evitar el sol tendría que sentarse demasiado cerca de él. —Estoy bien aquí, gracias —dijo encogiéndose de hombros. —No seas ridícula. Vente aquí o te arrastro. No ofreció más resistencia. Se sentó a su lado, las piernas y brazos casi rozándose. —¿Quieres cerveza o coca? —¿Tienen coca en este lugar? —Por supuesto. ¿En dónde crees que estás? ¿En el fin del mundo? —No debemos estar muy lejos.


—No has visto nada todavía —aseguró Vic. La coca no estaba fría, apenas fresca. No había electricidad, ni frigoríficos, era realmente otro mundo. Amy observó a su alrededor: chozas de adobe, niños semidesnudos y mujeres cargando madera sobre la espalda como si fueran mulas de carga. —Yo creía que las mujeres africanas llevaban las cosas sobre la cabeza. —La mayoría lo hace, pero no las Kikuyu. —Debe ser muy incómodo. —No lo hacen como diversión —Vic jugaba con las llaves mientas bebía la cerveza. Nº Páginas 45-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Dentro del local, llamado duka, había un animal, demasiado pequeño para ser una vaca, colgado de un gancho y encerrado en una especie de vitrina. Fuera, un hombre asaba trozos de carne sobre una parrilla. —¿Eso es para nosotros? —preguntó Amy. —Sí —Vic se quitó las gafas de sol y la miró—. ¿Tienes hambre? —Sí. ¿Qué es?


—Carne de cabra. —¿De cabra? —Sí, aquí viene. El hombre colocó sobre la mesa una tabla de madera con trozos de carne dorada que Amy miró con desconfianza. —¿A qué sabe? —A carne de cabra. —Muy gracioso. —Se come así —dijo Vic, y tomando un trozo de carne con la mano lo pasó por un poco de sal antes de meterlo en su boca. —Jamás he comido carne de cabra —comentó Amy preguntándose si su estómago lo resistiría. —Supongo que no habrás hecho este viaje para comer hamburguesas —sus ojos la miraban burlones. Ella se encogió de hombros, pero no respondió. —Arriésgate. Pruébala. Tal vez hasta te guste —no cabía duda que a él sí—. No te vas a morir, lo sabes perfectamente. Amy levantó un trozo de carne, lo pasó por la sal y lo comió.


Era bueno, realmente sabroso. —¿Quieres otra coca? —Sí, por favor —tenía mucha sed. El sol iluminaba toda la aldea, y a cierta distancia un grupo de niños los miraba. —¿Llegas a acostumbrarte a que la gente te mire? —Supongo que hasta cierto punto. Aprendes a ignorarles. De la misma forma que estaba aprendiendo él a ignorarla a ella. El brazo de Vic rozaba el suyo cada vez que buscaba la sal o más carne, pero la proximidad no parecía alterarle, al menos su expresión no cambió en ningún momento. —¿Has pensado en vender tus bocetos? —¿Realmente crees que se venderían? Nº Páginas 46-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya te lo dije —sacó un poco de dinero del bolsillo y pagó la comida, y recogiendo las llaves se puso en pie—. Quiero pasar por Nyeri para recoger mi correspondencia. Además, podremos comprar provisiones en la tienda que hay. Amy le siguió al Land Rover, tal vez allí también encontrara algo para la escuela.


De pronto se sintió invadida por una ola de entusiasmo y le contó a Vic lo que había visto. —Es patético. No hay nada con qué jugar, sólo un techo y algunos bancos de madera. Me gustaría comprarles un poco de papel y lápices, algunos juguetes sencillos. —Otra vez estás metiendo la pata hasta el fondo. ¿Es que nunca aprenderás? — Vic tenía el ceño fruncido y parecía molesto. Su reacción la cogió por sorpresa. —Todo lo que quiero es comprarles un poco de papel y unos… —Utiliza la cabeza un poco. No harás tal cosa. —¿Por qué no? —preguntó enfadada. —¿Por qué no piensas un poco antes de hacer las cosas? —Vic la miró con una mezcla de impaciencia y frustración. —¿Y tú por qué no dejas de tratarme como a una niña? —Porque te comportas como si lo fueras. Primero dime una cosa: ¿Qué harás cuando se les acabe el papel? —Comprarles más. —¿Y si no estás aquí? —No… no lo sé… no había pensado en eso todavía. —Me lo imaginaba. Pero déjame decirte algo, estás tratando de rescatar las


cosas donde las dejaron los colonos, claro que con motivos más loables. Pero lo que estás logrando es crear una necesidad donde hasta ahora no existe, y así lo único que originas es una nueva dependencia. La autosuficiencia es la base del desarrollo, y tú no ayudas regalando cosas de esa manera —abrió la puerta del Land Rover y se sentó frente al volante. Vic tenía razón, ella nunca había mirado la situación desde ese punto de vista. Pero debía existir algo que ella pudiera hacer, algo que no fuera sólo tener dinero. Se sentó junto a Vic y suspiró. —Quiero ayudar. Soy maestra y mi experiencia servirá para algo. —Tal vez sí y tal vez no —Vic puso en marcha el motor. —Podría ayudar a la maestra, darle algunas ideas, enseñarle a hacer algunas cosas. —Amy, escúchame. ¿No se te ha ocurrido pensar que tal vez no quiera tu ayuda? La gente tiene su orgullo, eso lo sabes. Puede ser que todos estén contentos con la forma en que funciona la escuela. Eres extranjera y la muchacha puede molestarse por tu interferencia. No puedes inmiscuirte así como así. Nº Páginas 47-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —No pensaba hacerlo. —Esa no es la impresión que me has dado.


—No soy tan boba como crees —desvió la mirada y se mordió los labios. Se sentía inepta y falta de experiencia. Toda la situación era más complicada de lo que ella había imaginado. —¿La muchacha te ha pedido ayuda? —ella negó moviendo la cabeza—. Entonces acepta mi consejo. Espera hasta que te la pida, porque no llegarás a ninguna parte si ella no te quiere en su escuela. Amy no respondió y ni siquiera le miró. —¿Amy? —ya no había rabia en la voz de Vic. —¿Sí? —No quiero desilusionarte. Sé que eres una buena maestra y que tienes buena voluntad, pero no siempre las cosas son tan simples como parecen. «Tienes razón, papá, lo siento, papá, no volveré a hacerlo, papá». Amy tuvo ganas de gritarle, pero no pudo. En lugar de eso se encogió de hombros y mantuvo la vista fija en el camino. Durante el viaje a Nyeri casi no intercambiaron una sola palabra. Amy estaba muy cansada por la falta de sueño y los baches del camino de tierra no contribuían a que se relajase. Se alegró cuando por fin entraron en la ciudad. —¿Podrías echarme estas cartas cuando vayas al correo? —le preguntó a Vic. —Por supuesto. Cuando hayas terminado te espero en la tienda; necesito un


par de cosas. —De acuerdo, nos vemos dentro de un rato. Ambos se bajaron del Land Rover y Amy le miró mientras se alejaba. Era mucho más alto que la mayor parte de los transeúntes, caminaba con pasos largos, la cabeza erguida y los hombros derechos, se movía como un hombre que se conocía bien, y a quien no le importaba lo más mínimo lo que el mundo pensara de él. Desapareció dentro de la oficina de correos y Amy se dirigió en dirección contraria. No tardó mucho en conseguir lo que quería y metió todas sus compras dentro del Land Rover antes de entrar en la tienda. Al principio no le vio, pero le oyó reír con gana. Hubiera reconocido su risa cálida en medio de una multitud. Se adelantó, pero al verle se le paralizó el corazón y sintió un nudo en la boca del estómago. Estaba hablando con Tanya. «¿Qué tiene de malo?», se preguntó para tranquilizarse. También lo hace con los demás. Eso no significa nada. Pero el hecho de verles juntos era suficiente para que renacieran todas sus sospechas y temores. «Es absurdo», se dijo sintiendo que le temblaban las rodillas y que se le secaba la garganta. «Es ridículo y absurdo». Nº Páginas 48-107


https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Pero entonces por qué razón experimentaba ese miedo terrible cada vez que pensaba en Tanya o posaba sus ojos en ella? ¿Acaso eran sólo celos enfermizos basados en sospechas infundadas o era pura intuición femenina? Se quedó largo rato con los ojos clavados en la joven. Tenía una bonita figura y un atractivo rostro, pero no tenía aspecto de mujer frívola. Era sólo una bonita muchacha con un «corazón de oro». Una joven a la que le gustaba la mantequilla de cacahuete, los emparedados, los conejos y caminar bajo la lluvia. Tanya sonreía mientras miraba a Vic con ojos brillantes. No se necesitaba mucha intuición para interpretar su expresión. Tanya estaba enamorada de Vic. Nº Páginas 49-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 5 Vic estaba de espaldas a ella y Amy no le podía ver el rostro. Tampoco lo hubiese deseado. Amy se obligó a observar las estanterías llenas de detergente, jabón, pasta de dientes y champú. Apretando las mandíbulas fijó los ojos en un paquete de detergente y trató de leer el nombre intentando distraer su atención. Pero sus ojos


volvían hacia la joven que hablaba animadamente con Vic. En ese momento se estaba despidiendo. —Te veré el próximo jueves —dijo por encima del hombro y se dirigió hacia la puerta. Un repentino impulso hizo que Amy saliera de la tienda antes que Tanya, y comenzó a caminar sin rumbo por la calle, consciente solamente de las palabras que martillaban su mente: Te veré el próximo jueves. Te veré el próximo jueves… Después de caminar un buen rato se dio cuenta de que se había alejado mucho y de que ya era hora de volver. Una figura vestida de blanco llamó su atención al otro lado de la calle. Era Bunny vestida de uniforme, que la saludaba con la mano mientras cruzaba la calle a su encuentro. —Amy, estaba segura de que eras tú. —Hola. ¿Vienes del hospital? —Sí. ¿Está Vic contigo? —Sí, está en la tienda, yo estoy paseando —Amy se sentía incómoda pero no sabía por qué.


—Parece que hoy has estado de safari con él. —¿Se nota, verdad? —respondió Amy mirándose los pantalones vaqueros y la camisa llenos de tierra. —Claro, hasta pareces una de las maestras. ¿En dónde habéis estado? ¿Lo has pasado bien? Hablar con Bunny era fácil, sólo bastaba con escuchar mucho y decir muy poco. Su conversación variaba de un tema a otro en pocos segundos; los problemas y las alegrías de ser enfermera, lo horrible de vivir sola ahora que Cindy se había ido, la delicia de comerse toda la caja de dulces que le había enviado su madre. —Ella piensa que me estoy muriendo de hambre en el centro de la oscura África. Cree que sólo como carne de mono y hojas secas. Dice que lo ha leído en un libro. Yo ya le he explicado que como mejor aquí que en casa, pero no me cree. Bunny suspiró y deteniéndose en el medio de la calle se puso la mano en las mejillas. —Mírame, he aumentado cinco kilos desde que llegué a este lugar. —¿Has comido carne de cabra alguna vez? —preguntó Amy recordando su aventura de esa mañana.


Nº Páginas 50-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Oh, sí muchas veces. Me encanta, es muy sabrosa, pero nunca se lo he dicho a mi madre. Siguieron avanzando hasta entrar en la tienda, donde encontraron a Vic pagando sus compras. —Ah, ya estás aquí. Me preguntaba qué te habría pasado —dijo mirando a Amy. Aparentemente no esperaba una respuesta. Levantó la caja conteniendo las compras y mirando a Bunny dijo: —Hola. ¿Cómo estás? ¿Contenta de tener toda la casa para ti sola? —No, no mucho. No me gusta estar sola, necesito tener a alguien con quien hablar. —Hay montones de voluntarios en el monte. Estoy seguro de que les encantaría hacerte compañía. —Tan sola no estoy —afirmó Bunny frunciendo la nariz—. Me gusta elegir con cuidado. Estoy esperando a alguien rico y con clase, y por supuesto muy guapo, que me ofrezca una vida tranquila, una casa grande con sauna y piscina y


vacaciones alrededor del mundo. —¿Y por qué no un médico? —Jamás —su expresión era de verdadero disgusto—. No me gustan los médicos. —Pero eres enfermera. —Por eso —había mucho significado en esa palabra. —De todas formas, la mayoría de ellos no tienen dinero ni tiempo para viajar alrededor del mundo, a no ser que te busques a uno de cirugía plástica de esos que operan a las mujeres ricas. Bunny no respondió, pero su expresión era suficiente. Vic hizo un gesto con la boca y había risa en sus ojos. Levantando la caja con las compras dijo: —Vamos, Amy, creo que ya es hora de irnos. Pasaron varios días en los que Amy siguió trabajando en sus bocetos; a menudo paseaba por la aldea buscando nuevas ideas. Los niños aún la seguían, pero ya no le importaba. Querían tocarle los brazos y el pelo llenos de curiosidad. La gente la saludaba amablemente y una vez vio a John frente a su duka jugando con sus hijos.


Reía y hacía bromas y tenía el aspecto de cualquier padre feliz. Las ancianas, que en un principio la asustaban ya no le provocaban miedo. Vic también se mostraba más atento con ella, pero no hacía ningún esfuerzo por acercarse. Hablaba de Kenia, de su trabajo, tratándola todo el tiempo como si de Nº Páginas 51-107 https://www.facebook.com/novelasgratis verdad estuviera de vacaciones, y como si sólo fueran amigos. ¿Acaso no sentía el clima especial que existía cuando se quedaban solos? ¿Era ella la única que lo sentía? Para Amy las noches le resultaban casi insoportables. Vic trabajaba todo el tiempo y no le prestaba la más mínima atención. Amy se pasaba horas contemplando su espalda, sintiéndose terriblemente sola y deseando hallarse otra vez en sus brazos. Pero Vic nunca la había vuelto a tocar y ella no sabía cómo resolver sus miedos y dudas. Sólo le quedaba esperar y esperar. Wambui, la esposa de Kariuki ya había vuelto de la clínica y Vic llevó a Amy a ver a la madre y a la niña. El humo en el interior de la choza hizo toser a Amy y pasó un rato hasta que los ojos se le acostumbraron a la penumbra. Wambui estaba


sentada en una silla con la niña envuelta en una toalla verde sobre su falda. Impulsivamente Amy estiró los brazos. —¿Puedo cogerla un momento? La niña era hermosa, tenía los ojos cerrados y no los abrió cuando Amy la levantó. —¡Cuánto pelo tiene! —exclamó sorprendida acariciando la mata de rizos. —Nunca he visto un niño africano sin pelo —respondió Vic con las manos en los bolsillos. —Es hermosa —dijo Amy y devolvió la niña a su madre que comenzó a hablarle en swahili. Amy miró a Vic en busca de ayuda y vio que se reía. —¿Qué es lo que te resulta tan gracioso? —Dice que espera que pronto tengas un hijo. —¿Yo? —la mujer debía estar bromeando. —Claro. ¿No te gustan los niños? —No seas ridículo. —No hay nada ridículo en estar embarazada —estaba muy serio y con los ojos grises clavados en ella—. Es muy sencillo. Espero que te des cuenta de ello. Amy sintió que se ruborizaba, pero no quitó los ojos de él. —Lo sé. No soy tan ignorante y tonta. —Me alegra saberlo —volvió la mirada hacia Wambui que hablaba otra vez.


Más tarde, volvieron a la casa caminando en silencio mientras la oscuridad envolvía la aldea. Fue otra noche tranquila. Cenaron, tomaron café y luego reinó el silencio mientras Vic trabajaba. Más tarde, se sentó junto a Amy frente a la chimenea y le dijo que tenía que ir a Nairobi al día siguiente porque tenía una cita con el Ministro de Trabajo. Le preguntó si deseaba ir y así conocer la ciudad mientras él se entrevistaba, y ella aceptó. Después, se produjo de nuevo el silencio. —Odio este libro —dijo ella de pronto refiriéndose al que estaba leyendo. Nº Páginas 52-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tíralo al fuego. —¿Tíralo al fuego? —repitió. —Es basura, merece ser quemado. Es lo más morboso que he leído en mi vida, ni siquiera lo pude terminar —cogió el libro de las manos de Amy y lo arrojó al fuego disfrutando al ver las llamas que lo consumían. —Ahora nunca sabré lo que le sucedió a Yellow Peter. —Le asesinan como a todos los demás, le decapitan. ¿Quieres los detalles sangrientos? —No, gracias. —Me alegro, porque en realidad no leí esa parte, pero podría habérmelo inventado en el momento.


Amy rió mientras el libro terminaba de consumirse. —Algunas veces —dijo Vic—, un poco de destrucción a sangre fría entibia el corazón, pero en este caso también los pies —y estiró las piernas hasta que sus pies quedaron muy cerca del fuego. Por alguna razón Amy lo interpretó como un gesto simbólico, como si estuviera quemando lo malo que existía entre ambos. Pero no era tan fácil, se podía quemar un libro, pero no una verdad, ni tampoco el miedo a las sospechas. A pesar de todo, en su interior, brillaba una llamita de esperanza que no se extinguía. En algunas ocasiones ardía con fuerza y todo parecía brillar entre ambos, pero en otras volvía a apagarse aunque no por completo. La inseguridad era su peor enemigo. Pasaban los días y no llegaba a convencerse si tenía o no sentido quedarse. ¿No sería una manera de torturarse? Vivir a su lado, amarle y desearle sabiendo que a medida que pasaba el tiempo estaba cada vez más lejos. ¿Cuánto tiempo podría soportar esa situación? Al día siguiente, después de un viaje de dos horas a través de la campiña verde bañada por el sol, llegaron a Nairobi. —Nos veremos en el New Stanley para comer —le dijo Vic mirando su reloj —.


Digamos a eso de las doce —y después de señalarle el sitio se alejó rumbo a su cita. Durante las horas siguientes Amy paseó por las calles, maravillándose de los enormes edificios, de las grandes avenidas y de las hermosas tiendas. Eso también era parte de África. Esa ciudad occidental, limpia y llena de gente mundana. Hombres africanos vestidos con traje y corbata y mujeres a la última moda. Le daba la impresión de estar a años luz de la aldea de chozas de adobe y de la gente que allí vivía. Pero a medida que se alejaba del centro, los edificios eran más bajos y las calles más viejas. Había montones de tiendas atendidas por asiáticos, de las que emanaba un terrible olor a incienso y a perfumes extraños. Nº Páginas 53-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Le encantó el lugar y se asomaba a las tiendas, fascinada, contemplando las alhajas de oro y plata, las telas de colores muy vivos y los adornos de cobre y bronce. ¿De dónde venía todo eso? ¿De algún barco contrabandista? Fuera de los locales, los niños de ojos muy negros jugaban con cuentas, granos y especias que ella no lograba identificar. Sentía la necesidad de captar esas


escenas y el ambiente que las rodeaba con el más mínimo detalle, pero lo único que tenía consigo era su cámara, así que tuvo que contentarse con tomar algunas fotografías. Dos mujeres vestidas con saris pasaron frente a ella hablando en alguna lengua asiática. Amy se asombró al pensar que la mayoría de esa gente había nacido en África, y no conocía la tierra de sus antepasados, y que sin embargo, después de varias generaciones seguían vistiendo, comiendo y hablando como sus bisabuelos, que habían llegado a Kenia para construir el ferrocarril de KampalaMombasa. Eran tan estrictos y cerrados en sus costumbres que no podían mezclarse con los africanos. Compró una bolsa de higos secos. Se los comió mientras volvía al centro de la ciudad, parándose de vez en cuando para observar alguna cosa. Llegó a New Stanley más temprano de lo que esperaba y se sentó en la terraza mirando a la gente que pasaba: africanos, asiáticos, europeos, cada uno vestido de diferente manera, mientras fragmentos de conversaciones en los más variados idiomas flotaban en el aire. No le importaba tener que esperar, no estaba aburrida, pero momentos después


distinguió a Vic abriéndose paso entre la gente. Al verle avanzar por la calle, Amy se dio cuenta de lo mucho que pertenecía a ese lugar. Confiado y seguro, era un hombre de mundo, que se sentía en cualquier parte como en su casa. Después de saludarla, se sentó estirando las piernas y se quitó las gafas de sol, guardándolas en el bolsillo de su chaqueta. —No vamos a comer aquí. Conozco un sitio donde preparan un curry delicioso. ¿Te apetece una aventura? —¿Estoy aquí, no es cierto? —No hay ninguna duda —la miró con un algo extraño en los ojos. —No he venido a África para comer hamburguesas, eso lo sabes muy bien — afirmó repitiendo sus palabras de hacía unos días, y Vic rió. —Supongo que tampoco esperabas probar curry. —Si se parece en algo a las samosas que comí en casa de Bunny, necesitaré unos cuantos vasos de agua para apagar el fuego de mi estómago. El curry era totalmente diferente a todo lo que había probado en su vida, y no se parecía en nada a como lo preparaban en su país. Era como comer fuego, y Amy tenía la sensación de que le salía el humo por las orejas. Después caminaron hasta una de las galerías de arte para enseñarle al dueño los bocetos de Amy. Estaba nerviosa, como una colegiala que asiste por primera


vez a la escuela. Su único apoyo era tener a Vic a su lado. Al entrar al local tuvo ganas de esconderse detrás de él, pero suavemente la hizo adelantarse. Nº Páginas 54-107 https://www.facebook.com/novelasgratis El gerente era un hindú que vestía traje y corbata negros y camisa blanca, y por su expresión parecía que iba a un funeral. «Mi funeral», pensó Amy. «El funeral de mi autoestima y de la confianza en mí misma». Pero sus temores eran injustificados, porque el hombre se deshizo en sonrisas y halagos en cuanto vio su trabajo, y afirmó que se sentiría muy halagado de vender sus bocetos. Otra vez en la calle, Amy no podía contener su alegría. Tenía ganas de cantar y bailar, y en un impulso rodeó con sus brazos el cuello de Vic. —Oh, Vic, le han gustado mis dibujos. —Por supuesto —Vic le sonreía mirándola a los ojos—. Ya te lo había dicho. Por un momento Amy estuvo completamente ajena a todo lo que sucedía a su


alrededor, sintiendo sólo que el amor crecía dentro de ella. —Gracias —murmuró con suavidad—. Gracias, Vic. —¿Por qué? —Por estimular la confianza en mí misma. —Eres extraña —le dijo, pero había calidez en su voz—. Vamos —agregó. Esa sensación de cercanía y de comprensión les envolvía otra vez a los dos, tanto que Amy tenía la impresión de volar sobre una nube. Sus figuras se reflejaban en los escaparates de las tiendas, y a Amy le agradaba lo que veía. Un hombre alto, de hombros anchos, vestido con un traje de color caqui y, a su lado, una muchacha delgada, de pelo rojizo y brillante flotando en el aire. «Formamos buena pareja», se dijo. Eso era la vida, el amor y la felicidad. Caminar por esas calles llenas de gente exótica, con el hombre que amaba y que creía en ella y compartía su alegría. Se detuvieron frente a una librería y Vic dijo: —Tengo que comprar un libro para Tanya. ¿La conoces? —¿Tanya? No… es decir, sí, la conozco. —Pero si no estaba en la fiesta del sábado —comentó sorprendido. —Fue a tu casa al día siguiente de mi llegada para devolver una toalla que habías dejado en su casa —las palabras salieron automáticamente como si las


dijera otra persona. Le miró tratando de ocultar sus emociones y le vio fruncir el ceño. —Ah, así que fue ella. Me pregunté qué hacía en la sala —su voz era tranquila y suave. Después se acercó al mostrador y preguntó si había llegado un libro que habían encargado a los Estados Unidos. Le dijeron que sí. Era de biología según pudo comprobar Amy. —¿Por qué quiere este libro? —preguntó ya fuera. Nº Páginas 55-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —No estoy seguro. Creo que necesita utilizar algo de su contenido. Le gusta hacer las cosas a su manera —sonrió—. Es un ser muy especial. El día había perdido su brillo. La alegría de Amy había desaparecido y el mundo a su alrededor pareció de pronto triste y oscuro. Había una cosa más para agregar a las cualidades de Tanya. «Era alguien especial», y lo peor era que lo había dicho Vic. «Estás loca», se dijo al día siguiente mientras arrancaba las hierbas del jardín de Vic. «Estás rompiéndote las uñas y arruinándote la espalda en su jardín». Pero


resultaba agradable meter las manos en la tierra sintiendo el sol en la espalda y en sus brazos y piernas. Tenía puesto un short y una blusa sin mangas. Era muy agradable tomar un poco de sol y broncearse mientras trabajaba. Su piel era bastante oscura, por lo que tomaba color rápidamente pero sin quemarse. Después de las lluvias había salido el sol y las hierbas habían crecido tanto que amenazaban con ahogar las verduras. Kariuki había comenzado la tarea, pero no había podido terminarla, así que Amy estuvo trabajando más de una hora, y satisfecha con el resultado obtenido, entró en la casa. Se bañó con agua fría y se lavó el cabello. Se sentía mejor. El trabajo físico era bueno de vez en cuando, pero muy sucio. Frunció el ceño al ver el estado de sus manos. Tenía las uñas rotas y la piel áspera. Se las limó hasta dejarlas bien cortas y se quitó los restos del esmalte. Por la tarde salió a pasear. Se sentía intranquila como un gato enjaulado. La falta de actividad comenzaba a perturbarla. En su ciudad, los niños de la escuela la tenían corriendo todo el día. Derramaban la pintura, se golpeaban, y hacían mil travesuras. Los extrañaba como cada vez que estaba de vacaciones. Su hermana Laura siempre le había dicho que estaba loca cuando Amy se ofrecía a cuidarlos durante el verano. Laura tenía tres hijos… les quería mucho, pero sólo


cuando estaban en la escuela o dormidos. La aldea estaba muy tranquila, no la seguía ningún niño esta vez. Amy andaba deprisa, para hacer un poco de ejercicio y al llegar al camino principal vio que un muchacho en bicicleta se le acercaba deteniéndose a su lado con una sonrisa. —Buenas tardes —saludó el joven. —Hola —respondió Amy. —¿Cómo estás? —Bien, gracias —contestó Amy intrigada. —Mi nombre es Kamau. —Yo soy Amy. ¿Vives en la aldea? —Sí, pero pronto me voy a ir a un internado. Y cuando termine los estudios allí, quiero entrar a la universidad para ser ingeniero. Ingeniero. Era un niño ambicioso. No tendría más de doce o trece años. Nº Páginas 56-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué clase de ingeniero? —Ingeniero de caminos, como el señor Hoyt. Él dice que soy muy inteligente y que lo lograré si estudio mucho.


—Estoy segura de que tiene razón —dijo Amy con una sonrisa y pensando en la cantidad de amigos que tenía Vic. —El señor Hoyt es un hombre muy bueno. Nos arregló la fuente de agua y me permitió que le ayudara. Hacía dos años que estaba rota, pero él supo cómo arreglarla. —Hablas muy bien el inglés —comentó Amy deseando poner punto final a la conversación y continuar con el paseo. —Estudio mucho —respondió el niño, hizo una pausa y agregó—: ¿Te gustaría conocer mi shamba? —Claro. ¿Por qué no? Había trigo, patatas, y otras verduras. Su madre y su hermana trabajaban en la shamba, mientras que su padre tenía una duka. Amy no supo bien cómo sucedió, pero casi sin darse cuenta estaba de pronto en una pequeña casita de madera donde la sonriente madre de Kamau le estaba sirviendo un plato de comida. Sentada en la única silla disponible, Amy contempló él gran plato con una sustancia verde, sintiéndose presa del pánico. «No puedo comer todo esto», pensó. «Es más de lo que como en tres días». Pero


recordó que una vez Vic le había dicho que nunca rechazara comida cuando se la ofrecieran. —¿Qué es? —preguntó a Kamau. — Irio —respondió el niño como si eso explicara todo. —Nunca lo he probado —dijo débilmente. —Sabe bien —aseguró Kamau. No dudaba de que estuviera bueno. El problema era que pertenecían a diferentes culturas. En su país no comían esas cosas, estaban acostumbrados a las hamburguesas y a los perritos calientes. Pensó que en ese momento sería capaz de vender su alma por una hamburguesa, o por unas pocas espinacas hervidas. Alzó la vista, pero no llegaba ninguna ayuda del cielo. Levantó la cuchara y comenzó a comer. No era tan malo como había esperado. Era blando y sin gusto, como si se hubieran olvidado de ponerle sal. Se dio cuenta de que lo que en realidad era, patatas mezcladas con legumbres. El problema era su consistencia. Era tan seco que resultaba casi imposible tragarlo. Por más que comía siempre seguía habiendo más en el plato. Por fin la mujer le trajo un vaso de leche… caliente, pero al menos le ayudaría a tragar esa pasta.


Al terminar sintió que tenía el estómago muy hinchado. No supo cómo logró regresar a casa. Al llegar a la habitación se tiró en la cama apretándose el estómago Nº Páginas 57-107 https://www.facebook.com/novelasgratis con una mano. Pero al hacerlo sintió que le quemaba todo el cuerpo y volvió a incorporarse. ¿Estaba demasiado quemada por el sol? Era imposible, a ella nunca le había sucedido. Sólo había estado expuesta poco más de una hora por la mañana. Pero al mirarse los brazos se convenció. Llorando con desconsuelo se puso lentamente de costado. Era lo único que le faltaba. Lloraba por su propia tontería, por la frustración que sentía, de rabia consigo misma. De pronto oyó que llamaban a su puerta. Tenía que ser Vic… todo le salía mal. —Vete —gritó con voz ahogada por el llanto. No se sorprendió al verle a su lado momentos después. —Vete —repitió. —Si acabo de llegar. ¿Dios mío… qué te ha sucedido? —Nada, no me ha sucedido nada. —Estás quemada. —Sí, sólo he estado una hora al sol, no entiendo por qué me he puesto así.


Por favor, vete y déjame en paz. —Es posible que tenga que ver con la altura y la latitud de este lugar. Buscaré algo para ponerte en la piel. —Mi piel no importa —gimió Amy—. Lo que más me duele es el estómago. —¿El estómago? —Me siento morir. Tengo una tonelada de irio adentro. —¿ Irio? —Vic echó la cabeza hacia atrás y lanzó una carcajada—. Me temo que has sido víctima de la hospitalidad Kikuya. —No necesito tu risa. ¿Por qué no desapareces? No te necesito. —Yo creo que sí —salió de la habitación y volvió a los pocos minutos con un vaso que contenía un líquido burbujeante y un frasco de aerosol. —Siéntate y bebe esto —le ordenó y ella obedeció. —Ahora date la vuelta y quítate la camisa. No tenía más remedio que obedecer. —Ahora el sostén. —No. Pero sin decir nada Vic se lo quitó. Amy sentía sus manos frías sobre la piel ardiente.


—No tenías por qué hacerlo, no es necesario. Amy miraba hacia la pared sin atreverse a mirarle de frente. Lágrimas de dolor y humillación llenaban sus ojos. —No seas tonta. Los camarones no me excitan —le echó el espray en la espalda y el líquido le calmó inmediatamente el dolor. Después, por encima del hombro dejó Nº Páginas 58-107 https://www.facebook.com/novelasgratis caer el aerosol sobre la falda de Amy—. Aquí lo tienes, el resto lo puedes hacer tú misma. No quiso cenar esa noche. Sólo se reunió con él en la sala para tomar un café. Vic le pidió los detalles de su aventura culinaria y ella se los dio, prometiéndose a sí misma que le daría un puntapié si llegaba a reírse. Pero Vic sólo sonrió, lo que no era razón suficiente para atacarlo. —Sólo trataban de darte la bienvenida —explicó Vic. —Nunca pensé que dar una bienvenida podría ser una experiencia tan dolorosa —bebió su café y agregó—: Kamau quiere ser ingeniero igual que tú. —Es un niño muy inteligente; si se lo propone lo logrará. «Míranos», pensó Amy con rabia. «Estamos hablando como dos ancianos. Lo


único que nos falta es un par de mecedoras y un gato que se duerma a nuestros pies. Dios mío, no soporto esto, no soporto esta manera de estar juntos». Deseaba que Vic la abrazara, quería que la amara como ella le amaba. Pero mañana sería jueves. Mañana vería a Tanya. De pronto Vic se puso en pie diciendo que tenía que trabajar, y le dio la espalda dejándola sola con sus pensamientos. «¿Por qué no me marcho? ¿Por qué no me decido a hacerlo?» Se acostó temprano y lloró hasta quedarse dormida. —Esta noche no dormiré en casa —anunció Vic cuando desayunaban—. Si quieres te puedo llevar al centro. Estoy seguro de que Bunny se alegrará mucho de verte. Algo explotó dentro de Amy. Sintió que perdía la vida quedándose vacía y fría. No sólo iba a ver a Tanya sino que se iba a quedar con ella toda la noche. Intentó parecer tranquila diciéndole que no le importaba quedarse sola, que ya no le daba miedo. Trabajaría en unos bocetos. Éste era el momento que tanto había temido. Ya no podía soportar más y ya nada importaba. Vic podía ir a ver a su Tanya y a ella le quedaba una sola


cosa por hacer: volverse a su casa. Nº Páginas 59-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 Amy le vio alejarse en su Land Rover envuelto en una nube de polvo rojo. —Adiós, Vic —dijo en voz alta—. Me ha gustado mucho haberte conocido. Entró y se dirigió a su cuarto. Sin una lágrima comenzó a preparar su equipaje; guardó su ropa y enrolló los dibujos. Kariuki no parecía muy complacido con su decisión de marcharse, pero de todas maneras la ayudó a llevar las maletas hasta el camino. Allí esperó temblando por el frío de la mañana, que pasara alguien dispuesto a llevarla hasta el centro. No tuvo que esperar mucho tiempo, porque en seguida pasó un coche y paró. Era un coche sport color verde conducido por un Sikh que llevaba puesto un turbante blanco y ropa occidental. Era joven y guapo y la sonrisa que le dirigió a Amy fue amplia y abierta. Parecía contento de llevarla hasta Nyeri. Lamentaba no poder llegar hasta Nairobi, pero si ella estaba dispuesta a esperar hasta el lunes, con todo gusto lo haría.


Conducía como si fuera por una autopista americana y no por un polvoriento camino de Kenia. Al principio Amy iba muy tensa, pero al ver que el individuo conducía con seguridad se fue relajando. ¿Qué iba a hacer? No lo había pensado. Tal vez fuese buena idea quedarse en casa de Bunny a pasar la noche y desde allí tratar de reservar algún hotel en Nairobi, y participar en algún safari. Tenía que aprovechar su estancia en África para poder contar a sus amigas alguna aventura. Cuando entraron en la ciudad, Amy recordó que Bunny no estaría en su casa hasta por la tarde. Al ver un restaurante cerca, le pidió al hombre que la dejara allí. Era un sitio donde podía tomar un café, y más tarde comer, y tal vez no les molestara cuidarle el equipaje mientras ella paseaba un poco para entretenerse. —¿Puedo invitarte a tomar algo? —preguntó el hombre mientras la ayudaba a bajar del coche. —En todo caso te invitaré yo como agradecimiento por tu amabilidad. —Por supuesto que no. Ha sido un placer para mí gozar de tu compañía, y me estás ofendiendo. —¿Es que no lo sabes? —dijo Amy pensando que bromeaba. —¿Saber qué?


—Que estamos en la era de la liberación femenina. La cogió del brazo y la llevó hasta una mesa. —Ah, vosotras las europeas. —No soy europea, soy americana. —Aquí todo da lo mismo. Para nosotros todos los blancos son europeos. La compañía de ese hombre le ayudó a pasar el tiempo, a pesar de que por momentos sus actitudes de donjuán le molestaban un poco. Era demasiado Nº Páginas 60-107 https://www.facebook.com/novelasgratis empalagoso y la trataba como si fuera una muñeca de porcelana china; pura apariencia pero nada de cerebro. Le preguntó si estaba segura de no poder esperar y viajar con él a Nairobi, a lo que ella respondió que debía irse al día siguiente. Deseaba llegar a conocer los alrededores, había tantas cosas interesantes en Nairobi. Cuando por fin se puso en pie para irse, le entregó una tarjeta con el número telefónico de su casa y el del trabajo. —Llámame alguna vez, y si necesitas un lugar donde quedarte —comenzó a escribir la dirección de su casa en el reverso de la tarjeta, de pronto levantó la vista y dijo—: tengo un apartamento muy bonito.


«Y no dudo que un hermoso dormitorio», pensó Amy. La saludó efusivamente y desapareció haciendo rechinar las ruedas del coche. —Al fin —dijo Amy en voz alta mientras rompía la tarjeta y tiraba los pedacitos en el cenicero. Bunny se puso muy contenta al verla. —Quédate todo el tiempo que quieras. Yo pienso ir a Nairobi la semana que viene… tengo una fiesta. Podríamos ir juntas. Tengo una habitación libre que puedes utilizar con toda confianza —hizo una pausa y agregó—: ¿no te importa ir haciendo el té mientras yo me cambio y me peino un poco? Volvió un rato más tarde vestida con unos pantalones vaqueros y una blusa naranja con una frase escrita: LAS ENFERMERAS LO HACEN TODO EL TIEMPO. Era bastante provocativa para llevarla sobre el pecho, pero había visto cosas peores. —¿Te gusta? —preguntó Bunny al ver la expresión de Amy—. Me la regaló mi padre. —¿Tu padre? —Sí, es un tipo formidable.


—Ya veo —respondió Amy en tono cortante. Mientras tomaban el té confió a Bunny sus planes, pero finalmente se dejó convencer para quedarse una semana. —Me encanta tenerte en casa. No me gusta estar sola —afirmó. Amy sabía que resultaría inútil tratar de no pensar en Vic, cada vez que lo hacía le daba un vuelco el corazón. No estaba dispuesta a sufrir más por él, y por eso con voluntad de acero, logró controlar las lágrimas; el dolor y la angustia que sentía. Nunca más, nunca más. Había cometido un error y ahora tendría que aprender a vivir con él o mejor dicho a olvidarle. Nº Páginas 61-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Pero no era lo suficientemente fuerte. Mientras no le viera, todo resultaría más fácil, pero cuando le vio parado en la puerta aquel viernes, sintió que no había defensa posible contra el enorme poder que su presencia ejercía sobre ella. No esperaba volver a verle, pero allí estaba, sucio, sin afeitar y furioso. —Sabía que te encontraría aquí —dijo entrando y cerrando la puerta de un golpe—. Quiero hablar contigo. —Hola —dijo Bunny que estaba sentada en un sillón leyendo un libro;


levantó la vista y los observó a los dos. —Lo siento, no te he visto. —Ya me he dado cuenta. Acabo de acordarme de que no tenemos pan, voy a comprarlo. —Hay una barra entera en el aparador. No necesitas salir. —¿Tenemos pan? Entonces tal vez necesitemos mantequilla o azúcar —dijo y salió del apartamento dejándolos uno frente al otro. —No entiendo por qué estás aquí —dijo Amy con violencia. —¿No lo sabes? —Vic se metió la mano en el bolsillo y sacó una nota y el dinero que ella le había dejado y lo tiró sobre la mesa diciendo—: ¿Qué se supone que significa esto? —¿El dinero? —Sí, el dinero… entre otras cosas. —Como ya te lo expliqué en la nota, es para pagar mi estancia. —No seas ridícula. —¿Ridícula? No lo creo. No hay ninguna necesidad de que tú pagues mi comida. No vine aquí para abusar de ti. No me gusta estar en deuda con nadie…


prefiero pagar a mi manera. —No parecía molestarte que yo pagara cuando salimos en Nueva York. —Eso era diferente. —¿Y porqué? —Porque tú me invitabas. —Entiendo —dijo Vic después de un momento de silencio. Amy no sabía qué más decir. Comenzó a recoger los platos y tazas y a llevarlos a la cocina. —Hay algo de lo que está sucediendo que no comprendo —dijo Vic—. ¿Por qué te fuiste con tanta prisa? ¿Por qué no podías esperar a que yo volviera? —Decidí que ya era tiempo de irme y no le di demasiada importancia al asunto. —Sabes que no tiene sentido lo que estás diciendo. —Tú tampoco. —¿Por qué tengo la sensación de que hay algo más? Nº Páginas 62-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —No me preguntes a mí, yo no lo sé. —¿Ah, no? —No. Y no entiendo para qué has venido desde la aldea hasta aquí. No


entiendo por qué haces tanto lío por tan poco dinero. —¿Así que soy yo el que está haciendo el lío? —Al parecer. —Tengo la impresión de que es a ti a quien le importa el dinero. Sabes perfectamente que yo puedo pagar tus comidas y que no me arruinaría, ni siquiera con mi sueldo de voluntario del Cuerpo de Paz. —¿Que a mí me importa el dinero? ¿A mí? —¿Por qué tienes tanto miedo de estar en deuda conmigo, como tú lo llamas? —No tengo miedo de estar en deuda contigo. Sólo pago las cosas que me corresponden. ¿No estás acostumbrado a eso, verdad? Eres tú el que siempre hace las compras y los regalos; pues bien, yo no lo necesito. Vic se acercó y ella retrocedió pero la alcanzó cogiéndola de los hombros y mirándola a los ojos. —¿Qué estás tratando de probar? —No estoy tratando de probar nada. ¿Por qué no te vas a tu casa? —¿Aún tienes miedo de que piense que has venido aquí a buscarme a mí y a mi dinero? —preguntó Vic ignorando sus palabras. —No me importa lo que pienses. Te crees muy especial por tu dinero… pues


olvídalo. Yo no pienso que el dinero sea tan importante. No hay nada que el dinero pueda comprar que yo necesite en este momento. —¿Ah, sí? —la observó con expresión burlona. —Sí, así es. Tengo un trabajo que me gusta y confianza en mí misma. Dime qué otra cosa podría necesitar. —¿Qué me dices del amor? Amy le miró azorada. —¿Y bien? —insistió al ver que ella no respondía. —El amor es algo que no se compra con dinero, aunque pienses lo contrario. —No estás diciendo más que tonterías. Si estoy tan enamorado del dinero. ¿Por qué no estoy en la calle ganándolo? —¿Cómo podría saberlo? No soy tu médico, por lo tanto no me pidas que entienda tu mente retorcida. Recuerdo que una vez me dijiste que estabas aburrido. Tal vez necesites un poco de diversión, algo que te saque de la rutina, algo con lo que puedas divertir a tus amigos… cuando vuelvas. Le había puesto el dedo en la llaga y lo sabía. El rostro de Vic parecía de piedra y sus ojos lanzaban chispas. Cegada por las lágrimas, Amy subió corriendo la Nº Páginas 63-107 https://www.facebook.com/novelasgratis


escalera en dirección de su cuarto y se arrojó sobre la cama. Le había herido, pero también le dolía a ella. —Repite eso si te atreves. Amy se puso tensa. Vic la había seguido y estaba parado junto a la cama. Se quedó muy quieta y no respondió, pero él la cogió de los brazos obligándola a sentarse. —Contéstame. —Lo siento, lo siento —murmuró tapándose el rostro con las manos para que no le viera las lágrimas—. No he querido decir eso —gritó con desesperación. —Me alegro —respondió Vic, y segundos después desapareció dando otro portazo. Amy se levantó de la cama, se lavó la cara y se peinó. Cuando bajaba la escalera oyó que entraba Bunny; la miró con curiosidad, pero no hizo ningún comentario. —¿Quieres un poco de café? He traído unas galletas. —No tenías por qué irte. —He estado a punto de volver, porque pensé, a juzgar por la expresión de Vic, que tal vez mi presencia fuera necesaria para impedir un asesinato —entró en la


cocina y Amy la siguió. —¿No te parece que ya es hora de cenar? Son las siete. ¿Tienes hambre? —No —respondió Amy moviendo la cabeza. —Perfecto, entonces al diablo con la cena. Tal vez así logre perder unos kilos. Después de decir eso, se sentó y se comió medio paquete de galletas. No resultaba difícil vivir con Bunny, sobre todo siendo una persona a la que no le molestaba el ruido excesivo ni las risas. Era muy alegre y se pasaba todo el día cantando, en la cocina, en el baño, en cualquier parte, en voz muy alta y desafinada. Era instructora de enfermeras en el hospital, pero cuando volvía a su casa quería seguir haciendo de enfermera, y Amy estaba convencida de que con su carácter y su buen humor sería capaz de resucitar a los muertos. —Amy —le dijo una tarde—. ¿Qué te parecería encontrar trabajo y quedarte aquí un tiempo? —¿Un trabajo? —Tengo una amiga que dirige una escuela para niños pequeños y necesita ayuda desesperadamente. Le he hablado de ti y quiere venir a conocerte esta misma noche. Te podrías quedar en mi casa hasta que el Cuerpo de Paz decida instalar a


otra persona, y además la escuela no está muy lejos… podrías ir andando; sería muy divertido. Nº Páginas 64-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Un momento. ¿Quién es esa amiga? —preguntó Amy intrigada. —Su nombre es Katherine Wangai. Es una excelente maestra, nacida en Kenia. Es una escuela privada y la ha organizado ella misma. Es pequeña y desea que se siga así. Espera a conocerla, es encantadora. Katherine era encantadora realmente. Amy la observó al entrar. Era alta y delgada y muy atractiva. Parecía más una modelo de Nueva York que una maestra de escuela. Por otra parte era diferente a lo que Amy hubiera esperado de una amiga de Bunny. Explicó la situación en pocas palabras. Había muy pocas maestras competentes, por eso había contratado a dos chicas que aún no tenían el título. Necesitaban adquirir experiencia y para eso requería los servicios de Amy. Sería un trabajo temporal pero no podía asegurar cuánto duraría.


¿Habría necesidad de pensarlo? Era una oportunidad que tal vez no se volvería a repetir, por lo tanto Amy aceptó encantada. A la mañana siguiente escribió una carta renunciando a su puesto en la escuela donde había estado trabajando. No le producía ningún remordimiento, porque la maestra suplente la reemplazaría. Caminó hasta el correo y echó la carta. Pero al salir del edificio se dio cuenta de lo que acababa de hacer. ¡He vuelto a actuar movida por un impulso! El día anterior todo le había parecido maravilloso. Una escuela pequeña, mucho material didáctico, muchos juguetes, y niños asiáticos, europeos y africanos. Pero, ¿por qué no se había parado a pensarlo? Porque no había querido hacerlo, ésa era la razón. Sus instintos le habían dictado que eso era lo que quería y no había permitido que su sentido común interfiriera en la decisión. Cuando volvió al apartamento preparó café y se sentó en la sala a hojear una revista. Al probar el café comprobó que estaba aguado y volvió a la cocina para vaciar la taza en el fregadero. Después se asomó por la ventana. Se dio cuenta de que había aceptado el trabajo porque no quería irse. ¿Qué diablos iba a


hacer con su vida? Una cosa estaba clara, no iba a poder mantenerse alejada de la vida de Vic. El viernes por la tarde apareció otra vez limpio y afeitado, vestido con pantalones grises y una camisa azul oscura. La saludó en tono frío entregándole una carta. —Esto estaba en el correo, es para ti. —Gracias. Dejó en el suelo la maleta que traía y se sentó en una silla. —¿Qué haces aquí? —Pienso quedarme a dormir —la miró desafiante, pero Amy permaneció en silencio. Nº Páginas 65-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me he encontrado con Bunny en el correo y me ha dicho que os vais las dos a Nairobi mañana y yo le he respondido que pensaba hacerlo hoy. Me tentó con una rica cena, con su agradable compañía y con su incómodo couch y he aceptado, por lo tanto iremos mañana los tres juntos. —Aún no he decidido si voy a ir o no. —Le he dicho a Bunny que no estás preparada. —Qué inteligente —respondió ella en tono helado—. ¿De qué quieres que


hablemos ahora? —pero ella lo sabía muy bien. —Bunny me ha contado que has aceptado un puesto de maestra —señaló Vic. —Así es. ¿Alguna objeción? ¿He vuelto a hacer algo incorrecto? —¿Algo incorrecto? No seas tan ingenua —con impaciencia se levantó de la silla y se paró frente a ella con las manos en las caderas—. ¿Es que no entiendes? No puedes desempeñar un puesto aquí tan fácilmente. Es ilegal. —Escucha —dijo Amy furiosa—. Me gustaría que te metieras en tus cosas. Soy bastante capaz de cuidar de mí misma. Desde el momento en que puse el pie en este país, has tratado de desanimarme, y ya estoy cansada —se volvió para alejarse, pero él la cogió de la muñeca obligándola a mirarse en sus ojos de acero. —Te vas a quedar aquí hasta que yo haya terminado contigo —exclamó. —Me estás lastimando. —Mejor, tal vez entonces me escuches. Amy no podía creer que fuera el mismo hombre que había conocido y del que se había enamorado en Estados Unidos. Había cambiado más allá de lo reconocible, y sin embargo, aún le amaba, aún necesitaba de sus besos y abrazos… aún seguía sintiendo esa añoranza más allá de la razón.


—Por favor, suéltame. Te escucharé —rogó Amy porque realmente le dolía mucho la muñeca. —Está bien —la soltó y metió las manos en sus bolsillos—. La señora Wangai, la mujer que te ha contratado ¿te ha hablado de algún permiso de trabajo? —No. —Eso me temía. En este país existe un paro de un cuarenta y cinco por ciento, por lo tanto no es ningún favor para ellos que un extranjero ocupe un trabajo aquí. —Yo no le estoy quitando el trabajo a nadie. Lo único que pretendo es enseñarles a que hagan mejor su trabajo. Es un trabajo temporal y casi no recibiré dinero por él. —Es posible que para la ley no haya diferencias. Tienes que asegurarte de que la señora Wangai arregle tu situación legal, o te podrías ver metida en graves problemas. ¿Graves problemas? ¿Qué problemas? ¿La meterían en la cárcel? ¿La deportarían? Nº Páginas 66-107 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Está bien, se lo diré —respondió de mala gana por tener que aceptar sus consejos. Pero por otra parte Vic tenía razón y no era justo que se enfadara por eso. «Me está cuidando», se dijo, «y no quiero que lo haga». «No quiero sentir que dependo de él». Deseó poder alejarse de él, no pensar más en él, no amarle y no necesitarle, pero Vic ya era una parte muy importante en su vida, de sus sueños y de sus esperanzas. ¿Cómo podría olvidarle? —Voy a preparar café. ¿Quieres una taza? —Por favor. La siguió a la cocina. Llenó la cafetera y encendió el fuego mientras los rodeaba un extraño silencio frente al cual no encontraban palabras. Por eso cuando los brazos de Vic la rodearon, no se resistió. La volvió hacia él con mucha suavidad sin decir nada ni hacer ningún ruido. Con los ojos cerrados Amy se apoyó en él, y la fortaleza y el calor de su contacto hicieron que el mundo se desvaneciera. La besó, y fue diferente a lo que jamás había sido. Parecía un sueño, algo completamente irreal. Por eso, cuando silbó la cafetera rompiendo el hechizo, pareció como si de alguna manera extraña e incomprensible todo hubiese cambiado.


—Te ayudo —ofreció Vic buscando las tazas. Amy apagó el fuego y cogió la cafetera. Se sentía un poco mareada, como si acabara de despertar de un sueño muy profundo. La Bella Durmiente despertaba por el beso del príncipe. De pronto oyeron que se abría la puerta de la calle. —Ya he llegado —exclamó Bunny entrando en la cocina con una enorme piña— . Siento haberme retrasado, pero me acordé en el último momento que no teníamos pan —con gesto ampuloso dejó la piña sobre el aparador y sonrió. Vic no había dicho para qué iba a Nairobi y Amy no se lo había preguntado. No había ninguna razón para que ella fuera si no iba a volver a su país, pero Bunny había insistido en que la acompañara y al fin se alegró de hacerlo. Necesitaba distraerse y eso lo conseguiría al lado de Bunny. Ella conocía a mucha gente, o tal vez era mucha la gente que la conocía a ella, de eso Amy no estaba segura. Esa noche terminaron en una fiesta en uno de los barrios más residenciales de Nairobi. Amy nunca pudo averiguar quién era la dueña de la casa. Había gente de todas partes del mundo, unidas por un elemento común: el alcohol. Amy estuvo hablando con un


guitarrista italiano que recorría el mundo tocando en la calle para ganarse algo de dinero, también con un sikh que había estudiado en Texas y que hablaba con acento sureño, y también con una muchacha irlandesa que fumaba en pipa. El italiano estaba muy interesado en Amy, pero ella no. Estaba fascinado con su nombre y lo repetía una y otra vez. —Amy Morelli. Morelli. Tu nombre es italiano —parecía haber hecho un gran descubrimiento. Nº Páginas 67-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, lo es —respondió Amy. Y de pronto el hombre comenzó a hablarle en italiano y Amy no entendía una sola palabra. —Lo siento, pero no le entiendo —le interrumpió. —Estoy hablando en italiano. Hace dos meses que no lo hablo —parecía a punto de llorar—. Morelli, Morelli. ¿Estás segura de que no hablas italiano? —Siento desilusionarle, pero mis abuelos eran inmigrantes italianos. Yo soy norteamericana… hasta la médula —viendo que el hombre la miraba sin comprender agregó—: de todas maneras no importa. No hablo italiano, al menos no como para


mantener una conversación profunda. —¿Te interesan las conversaciones profundas? —Sólo cuando estoy aburrida. El hombre se quedó en silencio tratando de entender lo que había querido decir, pero de inmediato Amy agregó: —Conozco solamente tres palabras: spaghetti, pizza y ciao —y se alejó. El mundo estaba lleno de gente como ese hombre, y era igual aquí que en los Estados Unidos. Fue a buscar a Bunny y la encontró hablando con un japonés, sobre el budismo. Esa sí que era una conversación profunda. Se alejó justo en el momento en que el individuo afirmaba que era católico, porque era más conveniente y mucho más universal. «Conveniente», no era exactamente la palabra adecuada. Pero, sin embargo, sonrió. Una fiesta era para divertirse y decidió buscar algo que beber para levantarse el ánimo. Una buena compañía sin duda la ayudaría. Deseó que Vic estuviera en la fiesta, pero rápidamente cambió de opinión. ¿Es que nunca iba a dejar de pensaren él? Un inglés la rescató de sus tristes pensamientos, le ofreció otra copa y charló con ella el resto de la noche. Era un tipo agradable y de conversación amena. Durante ese fin de semana Amy lo pasó muy bien en compañía de Bunny y sus


conocidos. No vio a Vic, aunque sabía que estaba en algún lugar de la ciudad. También sabía que él se quedaría hasta el lunes y que Bunny y ella tenían que encontrar la manera de volver a Nyeri. Al final volvieron en el magnífico coche de un amigo de Bunny que iba rumbo a Nanyuki. El lunes Bunny regresó a su trabajo y Amy se quedó en la cama hasta las diez, disfrutando del momento. Más tarde fue a ver a Katherine Wangai para hablarle de permiso de trabajo, diciéndole que su entusiasmo por el trabajo no era tan grande como para arriesgarse a que la deportaran. Katherine rió y aseguró que no había nada de qué preocuparse porque su marido se estaba haciendo cargo de eso y que todo estaría en orden antes de que comenzaran las clases. No había razón alguna para no creerle. Katherine le ofreció café y hablaron un rato sobre la escuela, los niños y las maestras. Mientras caminaba de vuelta a la casa, Nº Páginas 68-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Amy pensó que Katherine era una persona muy agradable y que se llevarían muy bien en el trabajo. No esperaba ver a Vic hasta el viernes, cuando viniera a recoger su


correspondencia, pero llegó esa tarde cuando estaban empezando a cenar. —Siéntate y cena con nosotros —ofreció Bunny, y él aceptó con entusiasmo. —Se nota que no has hecho tú la comida —le dijo a Bunny; era una afirmación y no una pregunta—. Está delicioso. —No necesito que critiques mi comida —respondió Bunny mostrándose dolida—. Pero tienes razón, yo no la he hecho, Amy me preguntó si podía ocuparse de la comida y yo acepté con mucho gusto. —Amy es una muchacha inteligente —comentó él—. Está dispuesta a sobrevivir a la odisea de compartir el apartamento contigo —sonreía con malicia y por primera vez Bunny no tuvo una respuesta inmediata. —Algún día pagarás por lo que acabas de decir —le dijo en broma. Vic rió y mirando a Amy añadió: —Tengo algo para ti —y sacando un sobre del bolsillo se lo entregó. Bunny comenzó a quitar la mesa y mirando con rabia a Vic dijo: —Haré un poco de café y mi café no es malo. —Tienes razón —respondió Vic sonriendo. El sobre contenía un cheque de la galería de arte por los cuatro bocetos. Sin decir una palabra Amy contempló el cheque. Por fin levantando los ojos preguntó:


—¿Tanto dinero? —Un turista alemán ha comprado los cuatro. —¿Cómo lo sabes? —Esta mañana pasé por allí y me lo dijeron, y además me dieron el cheque para que te lo enviara. —¿Y quieren más? —¿Y tú que crees? —Pues entonces creo que no tendré que preocuparme por conseguir dinero para vivir, aunque el sueldo de maestra sea muy escaso. —Eso me recuerda algo. ¿Ya has hablado con Katherine Wangai sobre el permiso de trabajo? —Su marido se está encargando de eso —respondió poniéndose tensa y a la defensiva. Se produjo un corto silencio. Bunny volvió y les sirvió una taza de café a cada uno. Vic miró a Amy con rostro inexpresivo. —¿Has pensado en algún momento que cuando vuelvas a tu casa estarás sin trabajo? No es fácil conseguir un puesto de maestra y tú lo sabes muy bien. Nº Páginas 69-107 https://www.facebook.com/novelasgratis


Vic la hacía sentirse como una niña que tenía que justificar ante su padre cada uno de sus actos y eso no le gustaba. No quería discutir con él, pero Vic parecía dispuesto a provocarla. Apretando los dientes replicó: —Sí, ya lo sé, no tendré trabajo, perderé el apartamento, pasaré hambre, dormiré en los bancos de las plazas, cogeré una pulmonía y moriré. ¿Deseas agregar algo más? —No, creo que el cuadro es bastante completo. —¡Por el amor de Dios, deja ya de hostigarla! —exclamó Bunny—. Es soltera, no tiene ataduras de ningún tipo, y puede darse el lujo de hacer lo que quiera. Dentro de diez años estará sentada en su casa rodeada de tres criaturas y un perro, y su única libertad será ir al supermercado sola mientras su marido cuida a los niños. —Está bien, fin de la discusión —afirmó Vic sonriendo. No era propio de Vic terminar así una disputa; seguramente se había dado cuenta de que Amy estaba a punto de explotar y no deseaba una escena frente a Bunny. —Tres niños y un perro. ¿Qué otra cosa ves en mi futuro? —preguntó Amy sintiendo que la tensión había desaparecido. —Creo que un gato… y un par de canarios —respondió Bunny después de


pensarlo un momento. El mes de agosto transcurrió entre días de sol y de lluvia, gracias a eso toda la vegetación se iba poniendo más verde. Amy estaba ocupada preparándose para la escuela, aprendiendo swahili y haciendo bocetos. Todos los viernes Vic iba al centro para hacer sus compras y retirar la correspondencia y después pasaba a verlas. Bunny solía invitarle a cenar y él siempre aceptaba. Como agradecimiento les llevaba verduras de su shamba que les duraba toda la semana. Trataba a Amy con mucha amabilidad, aunque nunca estaban solos, pero por la noche, cuando se iba, Amy no podía dormir; se quedaba horas despierta recordando y añorando. Las clases comenzaron en septiembre y Amy estaba contenta de volver a lo conocido, los niños, el olor a tiza, los juguetes y los lápices. La risa infantil era música para sus oídos. Ése era su mundo, su dominio. Había niños de todas las razas y nacionalidades, y el verlos llegar a la escuela el primer día, fue una experiencia que Amy nunca olvidaría; africanos inmaculadamente vestidos, europeos, niñas asiáticas con los ojos y las uñas pintadas, y vestidos de encaje, niños Sikh con largas fajas alrededor de la cabeza. En apariencia eran todos diferentes, pero en el interior tenían el mismo miedo y la misma vergüenza por el primer día de escuela.


Nº Páginas 70-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Amy los adoraba a todos y a los pocos días de comenzar, ya conocía sus nombres y sabía perfectamente cuáles eran los tímidos, cuáles los vitales, los tranquilos y los alborotadores. Había uno, Ricky, que parecía feliz y contento, pero al momento se sentaba muy quieto en un rincón chupándose el pulgar. Algo andaba mal, su instinto se lo decía. Linda Muriuki, la maestra de Ricky y una de las chicas que estaba aprendiendo también habían notado algo extraño. Amy no sabía qué era lo que podía andar mal, y decidió que le observaría hasta averiguar lo que le sucedía. Amy disfrutaba viviendo con Bunny. Los fines de semana no estaban solas. Siempre desfilaban muchachos noruegos, alemanes, holandeses, ingleses, canadienses y norteamericanos en busca de una ducha, de una comida, o de un poco de compañía, de alguien que los escuchara y sirviera de consuelo para la vida solitaria que llevaban en el monte. —¿Has puesto una pensión? —preguntó Vic a Bunny una mañana. —No —respondió ella moviendo la cabeza—. Es más bien una organización sin


fines lucrativos. ¿Verdad, Amy? —Sí, una institución de caridad. —Pero pierdes mucho si tienes en cuenta la clase de huéspedes que aceptas. —No lo hago para ganar dinero, lo hago de buen corazón. —Tienes un corazón muy grande —comentó Vic muy serio. —Sí, lo sé —respondió Bunny con una sonrisa. —¿Y cómo anda la búsqueda del hombre de tus sueños? —Todavía nada. No tengo prisa. —¿No serás demasiado exigente? —Escucha, soy un buen partido. Una buena ama de casa, una madre para sus hijos. —Una mala cocinera —interrumpió Vic. —Ignoraré tu comentario. Decía que una buena ama de casa, una madre para sus hijos, una amante ardiente, una enfermera dedicada a su familia —se encogió de hombros—. No pienso venderme barata. —Hablas como si fueras una mercancía —intervino Amy. —Así es —agregó Vic—. Como una de esas máquinas de coser que hacen todo, cosen, bordan, colocan botones, cierres, etc… —La vida es un negocio, ésa es mi filosofía —afirmó Bunny imperturbable.


—Ten cuidado, no vayas a quedarte sólo en los trámites del negocio — comentó Vic; Bunny cogió una revista y se la lanzó a la cabeza, pero él logró esquivarla… *.*.*. Nº Páginas 71-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Amy debía haber adivinado que Tanya y Bunny eran buenas amigas, aunque discutían mucho. Tanya era inteligente y agradable y Amy no podía evitar que le resultara encantadora, aunque eso le molestaba. En una ocasión Tanya llegó con Vic, y a juzgar por su conversación, él había pasado la noche en su casa. «Tal vez sea todo muy inocente», se dijo; «tal vez no tenía dónde quedarse después de trabajar todo el día», pero no lograba convencerse y menos al mirar a Tanya que parecía radiante junto a Vic. Cada vez que Tanya las visitaba, Amy se deprimía mucho, cada vez que Vic lo hacía, también, incluso se deprimía cuando no estaban. Una tarde Tanya entró en el apartamento arrastrando los pies como si hubiera caminado cien kilómetros. Se dejó caer en una silla como una muñeca de trapo y suspirando dijo:


—Estoy agotada. —Tienes un aspecto terrible —confirmó Bunny. —Sí, he trabajado con Vic todo el día. —¿Has tenido que equipar el Land Rover? ¿Dónde está tu maleta? Creía que te ibas a quedar en casa esta noche. —He cambiado de plan, me quedo con Vic. Nada tenía sentido, Amy miró a Bunny y se dio cuenta de que ella tampoco entendía nada. —¿Te vas a quedar con él… dónde? —pero de inmediato levantó la mano—. Está bien, no importa, no tengo por qué saberlo. —¿No lo sabías? —preguntó Tanya sorprendida—. Ha conseguido una casa en el centro. Le he ayudado a mudarse esta tarde. Nº Páginas 72-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 —¡Estás bromeando! ¿Por qué no nos ha dicho nada? —Porque no lo sabía. Hace meses que llenó la solicitud y de pronto se la han aceptado. Tendríais que haber visto el lugar, estaba terriblemente sucio. Yo le he


ayudado a limpiarlo. Sabéis cómo son los hombres. Amy estuvo a punto de reír en voz alta. ¿Tenía ella idea de cómo vivía Vic antes? Lo dudaba y se preguntó por qué razón él no se lo había dicho. —¿Cómo es? —preguntó Bunny. —Es una casa pequeña pero muy lujosa. Imaginaos, tiene electricidad y agua corriente. Como Bunny no hizo ningún comentario Tanya añadió con ironía. —Claro que algunas personas no saben lo que es vivir sin eso. Algunos de los pobres voluntarios disponen de apartamentos en el centro. Su comentario fue motivo de una nueva discusión entre ellas. Amy no había dicho una palabra y sólo escuchaba a medias la conversación, haciendo un terrible esfuerzo por digerir la noticia. Vic tenía una casa en el centro y Tanya se iba a quedar con él esa noche. De pronto se sintió mal y comenzó a dolerle la cabeza. ¿Por qué no podía aceptar la situación con naturalidad? —Prepararé el té —anunció Bunny—. ¿Viene Vic? —Sí, primero llevará a Kariuki a la aldea —y volviéndose a Amy agregó —: me ha dicho que tiene unas cartas para ti. Además, me ha contado que has vendido más bocetos.


—Sí —respondió Amy haciendo un esfuerzo para sonreír. —¿Me vas a enseñar algún día tu trabajo? —Por supuesto. Tengo uno aquí que está casi terminado —Amy se acercó a la ventana y cogió el boceto que estaba sobre la mesa. Representaba a una mujer kikuyu llevando madera sobre la espalda. Tanya observó el trabajo con admiración. —Es realmente precioso —aseguró. Y Amy estaba convencida de su sinceridad. Cerró los ojos por un momento, pero sin saber lo que deseaba ocultar. ¿Por qué Tanya tenía que ser tan agradable? ¿Por qué no podía ser una joven odiosa para que al menos pudiera odiarla sin ningún remordimiento? —¿Te pasa algo? —Tanya la miraba confundida. —Me duele mucho la cabeza, creo que voy a ir a tumbarme un rato —su habitación parecía un refugio bastante tranquilo. No deseaba ver a Vic ese día, y menos junto a Tanya; no lo podía soportar. Nº Páginas 73-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tómate una aspirina —le aconsejó Tanya—, y yo te subiré una taza de té en cuanto esté listo.


—Gracias —respondió y comenzó a subir la escalera. En ese momento oyó que alguien llamaba a la puerta. ¿Sería Vic? Tal vez fuera Jerry, uno de los voluntarios que solía ir con frecuencia al apartamento. Se acostó mirando al techo. En realidad no era dolor de cabeza lo que sentía, sino una gran depresión. Momentos después oyó la voz de Vic y su risa cálida. Cerró los ojos reprimiendo el deseo de bajar a verle, de estar cerca de él. Cuando oyó el golpe en la puerta comprendió lo tensa que estaba; el cuerpo rígido y los puños apretados. —Pasa —se sentó en la cama tratando de relajarse. Un té le sentaría bien, aunque si fuera whisky seguramente sería mejor. Pero no fue Tanya la que entró, sino Vic, con una taza en la mano mientras sus ojos buscaban los de Amy. —¿Estás enferma? —No, sólo un ligero dolor de cabeza. Gracias por el té. «Vete», pensó. Pero no se fue, sino que arrimando una silla se sentó a su lado con una mirada extraña en los ojos. —Tengo una casa en el centro —dijo después de un corto silencio. —Sí, ya me he enterado. Tanya me ha dicho que has tenido que esperar mucho


para conseguirla. —Sí, entregué la solicitud nada más llegar a Kenia. —¿No te gustaba la casa de la aldea? —era una pregunta tonta porque no había nada en esa casa vieja y lúgubre. —No me gustaba mucho, además resultaba un poco incómoda. Vic parecía muy cansado y además había algo extraño en él que Amy no lograba descifrar. —¿Por qué han tardado tanto tiempo en dártela? —Así son las cosas aquí. —¿Y Kariuki? —Ha venido hoy para ayudarme a la mudanza. Vivirá otro voluntario en la casa y probablemente trabaje para él. Yo conseguiré otra persona aquí. —¿Ya has terminado la mudanza? ¿Lo has podido hacer todo en un día? —Sí. Tanya me ha echado una mano. Considera que un hombre solo no puede organizar una casa. Volvió a mirarla y en ese momento Amy se dio cuenta de qué era lo extraño. Vic no sólo estaba cansado físicamente sino deprimido. Jamás le había visto así. Nº Páginas 74-107


https://www.facebook.com/novelasgratis —Pienso hacer una fiesta —le dijo—. Creo que ya es hora de que haga una. Podemos asar una cabra. —¿Quieres que lleve algo? ¿Una ensalada, un pastel? —Habla con Tanya. Ella se ha ofrecido a organizarlo todo. Yo me encargaré de la cabra y ella de todo lo demás. Según mi criterio es una masoquista, pero de todas maneras se lo agradezco. Amy se dijo que no deseaba ir a esa fiesta. ¿Pero cómo podría evitarlo? Todo el mundo iba a estar presente. Tenía que pensar en alguna excusa. Terminó el té, pero Vic no se iba. —Tengo una carta para ti —dijo sacándola del bolsillo. Amy la cogió y al notar que era de su madre, presintió que algo malo pasaba, porque le había escrito hacía sólo unos días. Rasgó el sobre apresuradamente y leyó: su abuelo había muerto. —Oh, no —gimió mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. —¿Qué sucede? —preguntó Vic. —Mi abuelo… ha muerto la semana pasada. —Lo siento —su tono fue dulce—. ¿Le querías mucho, verdad?


Amy asintió. Eran tantas las horas que había pasado a su lado cuando era niña, pescando, caminando o simplemente hablando. Había sido un amigo muy especial para ella, le había llenado la infancia de recuerdos muy queridos. —¿Era muy mayor? —¿Mayor? Tenía ochenta y dos años, pero… tanta vitalidad que jamás pensé en él como un anciano. —Como mi abuela —sonrió Vic. —Sí. Amy recordaba a su abuela. Una mujer de setenta y nueve años, pero con el entusiasmo de una joven. Le gustaba hacer cerámica, se interesaba en astrología, cocina oriental. Volvió atrás en el tiempo y le pareció estar otra vez en aquel domingo por la tarde cuando Vic la había llevado para que la conociera. Recordaba el viaje hasta un pueblo del norte de Nueva York y también la casita encantadora y muy limpia, llena de plantas y libros. Había sido una cena deliciosa. La abuela había hablado de energía solar, de la pesca en las profundidades del mar y de las propiedades medicinales del ajo. «Quiero envejecer como ella», pensó Amy, «y no venirme abajo física y mentalmente como la mayor parte de la gente».


«Gracias por venir conmigo», le había dicho Vic mientas la llevaba de vuelta a su casa. «No sabes lo que representa para mí». «No me lo agradezcas, lo he pasado muy bien». Estaba oscuro y las luces titilaban a su paso. Amy se sentía feliz. Nº Páginas 75-107 https://www.facebook.com/novelasgratis «Yo suelo visitarla dos veces al mes, pero eres la primera chica que me acompaña». «¿Por qué? Tu abuela es una persona encantadora y muy interesante». «Eso pienso, pero la mayor parte de las chicas que conozco no tratarían siquiera de averiguarlo. El hecho de pasar medio día junto a una persona de casi ochenta años les parece una pérdida de tiempo». «No saben lo que se pierden». «Oh, Amy, eres una entre un millón», aminoró la marcha y dejando la carretera, apagó el motor. «No puedes detenerte aquí», afirmó Amy. «En una emergencia sí», la abrazó con fuerza. «Y esto es una emergencia. Me volveré loco si no te beso en este momento». La abrazó tan fuerte que Amy apenas podía respirar. Después sus labios


buscaron los de Amy con tanta pasión y urgencia que ella no pudo hacer otra cosa que responderle de la misma forma. Recordaba todo con terrible claridad, como si hubiera sido ayer y sin embargo, hacía tanto tiempo que no estaba en sus brazos como entonces. ¿Por qué vivía recordando el pasado? ¿Por qué no intentaba olvidar? Se levantó de la cama y fue hasta la ventana. Todo en su vida estaba mal, se encontraba en el otro extremo del mundo, con su abuelo muerto. —Ni siquiera he podido asistir al entierro. Dicen que no hubiera llegado a tiempo y de todas maneras él no hubiera querido que yo interrumpiera mis vacaciones por eso —las lágrimas corrían por sus mejillas—. Él ni siquiera quería un funeral. Una vez me dijo que prefería una fiesta, porque su vida había sido muy agradable y eso debía ser motivo de alegría y no de tristeza —Amy lloraba en silencio sin poderlo evitar, oyó que Vic se levantaba y se paraba detrás de ella. «Dios mío, no permitas que me toque», rogó. —Está bien que llores —le dijo con dulzura. Ella deseaba llorar, deseaba estar en brazos de Vic para que la consolara. Pero el


consuelo no era suficiente, quería su amor. Pero esa noche Tanya estaría con él y no podía fingir que no le importaba porque no era así. —No estoy llorando —afirmó, aunque era absurdo, pero no sabía qué decir. Las manos de Vic estaban apoyadas en sus hombros y Amy temblaba sin poderse controlar. —Ven aquí —le dijo Vic volviéndola hacia él y apretándola contra su pecho. Algo estalló dentro de ella y comenzó a llorar convulsivamente, dando rienda suelta a la tristeza y al dolor y también al miedo de perderle. ¿Lloraba por su abuelo, por Vic o por ambos? Nº Páginas 76-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Finalmente se le secaron las lágrimas y por un rato se quedó apoyada en el pecho masculino sin decir palabra. Después trató de separarse, pero Vic no se lo permitió. —Por favor, Vic, suéltame. —¿Por qué? —Por favor. No he querido estallar así. Lo siento. —No tienes por qué disculparte de nada. Intentó soltarse nuevamente y esta vez Vic lo permitió. Dándole la espalda se


secó los ojos y se sonó la nariz. —¿Amy, qué tiene de malo que yo te consuele? —la voz de Vic sonaba cansada. «Porque tu consuelo no es suficiente». —Nada, pero ya estoy bien, y además te están esperando abajo. —No me importa. Lo que quiero saber es ¿por qué actúas así? ¿Acaso te parezco repelente? Desde que has llegado has estado actuando de manera muy extraña. —¿Porque no acepto un amorío de vacaciones como tú lo sugeriste? —Dios mío. ¿Es eso lo que piensas? —¿Y por qué no? Fue lo que una vez dijiste. —Sí, lo hice porque me enfureciste al tratar de convencerme de que sólo habías venido a pasar unas vacaciones. No lograba entender por qué y todavía no lo comprendo —metió las manos en los bolsillos y suspiró. Después, con voz más serena agregó—: lo siento, Amy. Sé que no es el momento para discutir —le tocó la mejilla con mucha suavidad—. Ven abajo conmigo, no quiero que te deprimas cuando te quedes sola en tu habitación. El cambio de humor la cogió por sorpresa. Se mostraba tan dulce y


preocupado que la confundía. Era más sencillo pelear con él, estar enfadada… —Vete bajando, yo iré en unos segundos. —Está bien —y salió cerrando con suavidad la puerta. Amy suspiró y exhaló el aire lentamente. Bajaría a tomar una taza de té y se comportaría como una muchacha normal, feliz y sin problemas. En la escuela al menos alguien la quería. El pequeño Ricky la seguía como un cachorro perdido. Cada vez que tenía oportunidad se le sentaba en la falda y se quedaba allí, dejándose acariciar y mimar, pero la necesidad que tenía de ella no le parecía normal y le preocupaba. Algo andaba mal en la vida del niño y era hora de averiguarlo. —¿Te gusta que te besen y abracen, verdad? —le preguntó con dulzura. Nº Páginas 77-107 https://www.facebook.com/novelasgratis El niño asintió con el pulgar en la boca. —¿Tú abrazas y besas a tu madre y a tu padre? Volvió a asentir y comenzó a jugar con un mechón de pelo de Amy. —Mi mamá tiene el pelo igual que el tuyo. —¿En serio? Cuéntame cosas de tu madre.


—Es igual a ti. Es muy guapa. —Me gustaría conocerla. —Ella no está, se ha ido muy lejos. Amy comprendió de inmediato que la madre de Ricky había muerto y por eso abrazó al niño con más fuerza. —¿Y hablas de eso con tu padre? —Sí, él dice que va a volver pronto. Amy se sintió presa de la indignación. ¿Cómo era posible que le hicieran creer semejante mentira a un niño? Le besó una vez más y en ese momento Ricky agregó: —Ahora me voy a jugar —y se alejó de un salto. El problema le preocupaba tanto que ese mismo día habló con Katherine del asunto y decidieron que lo mejor era enviarle una nota al padre para hablar con él. Amy escribió la nota y se la dio a la sirvienta de Ricky cuando fue a recogerle a la escuela. Eran poco más de las cinco cuando apareció el padre del niño en el apartamento, cansado y preocupado. —Su nota parece importante —comentó y aceptó la invitación de Amy.


—Creo que la situación lo es, debemos hablar. —Vayamos al Outspan y así podemos tomar una copa. He tenido un día terrible y me sentará bien. Amy se dijo que también a ella le hacía falta y aceptó. El hombre la condujo hasta su pequeño coche. —¿Le molesta si me detengo a recoger la correspondencia? —No, claro que no. Aparcó y bajó rápidamente del coche. Amy le miró alejarse, era alto, guapo y masculino. Pero de pronto sus ojos se detuvieron en alguien más alto, más apuesto y más varonil. Era Vic que sin duda también había ido al correo. Al verla se acercó con rostro inexpresivo. —No hay nada para ti. Nº Páginas 78-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Creo que voy a pedir un apartado de correos para mí. Odio tener que molestarte con mi correspondencia. —A mí no me molesta —respondió él mientras miraba indiferente sus cartas —. La fiesta es el domingo a las tres, no sé si te lo he dicho. —No creo que pueda ir —las palabras salieron antes de poder evitarlo.


—¿Tienes algo mejor que hacer? —preguntó observando a Mike, el padre de Ricky que estaba hablando con un anciano. —Prefiero no ir —respondió sin tener en cuenta el comentario de Vic. —No es muy cortés por tu parte rechazar una invitación —declaró apoyándose en el coche y mirándola de reojo. —Lo siento mucho —respondió ella. Cortés o no, no deseaba ir. —¿Me tienes miedo? —preguntó Vic desafiante. —¿Miedo de ti? —Eso es lo que he dicho. —Debes estar loco. —¿Estás segura? Le miró y se dio cuenta de que Vic se estaba riendo de ella y eso la enfureció. ¿Por qué no regresaba Mike? No deseaba estar allí contemplando la expresión irónica de Vic. No, no le tenía miedo a él sino a sí misma; tenía miedo de sus propios pensamientos y reacciones. —Bueno, si no me tienes miedo, espero verte en casa el sábado —aún se reía, pero no esperó respuesta. Saludó con la mano en alto a Mike que regresaba en ese momento y desapareció doblando una esquina. Él también conocía a Mike. Todos parecían conocerse en ese lugar. No era de


extrañar en un sitio tan pequeño. —Siento mucho haber tardado tanto —se disculpó Mike. —No tiene importancia. ¿Conoce usted a Vic? —Por supuesto. Es un gran tipo. Trabaja más que cualquiera de los que conozco —encendió el motor y comenzaron a avanzar—. Pero no me pregunte qué hace aquí alguien como él de voluntario. «No necesito preguntar», pensó Amy. «Ya lo sé». El hotel Outspan no estaba muy lejos. Mike la condujo a un reservado junto al bar. Después de dejarla en una silla cerca de la chimenea fue a pedir las bebidas. —Es un sitio muy bonito, no había estado nunca aquí —comentó Amy. —Es un famoso hotel para turistas. Desde aquí se hacen excursiones a diversos lugares. Nº Páginas 79-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Por fin llegaron las copas acompañadas con una bandeja con queso y cacahuetes. —¿Por qué no me dice qué sucede con Ricky? —preguntó Mike directamente. —Creo que extraña mucho a su madre —respondió Amy con los ojos fijos en


su copa, como tratando de elegir cuidadosamente las palabras. —Lo sé —respondió el hombre con tranquilidad. —Dice que me parezco a ella. —Un poco tal vez, el color de la piel, el cabello, los ojos. Pero usted es más alta. —Parece necesitar mucho afecto, aunque no creo conveniente permitir que se pegue mucho a mí. —No, tal vez no. En realidad no estoy muy seguro de cómo manejar la situación. Es muy niño y no entiende todo; a veces se pone obstinado y de malhumor. —Lo que me preocupa es que él parece creer que su madre va a volver. ¿Se lo ha dicho usted? —Sí, claro que sí —respondió sorprendido. —Pero no es cierto. —¿Cómo que no es cierto? Amy se sintió muy incómoda. Algo andaba mal y no estaba segura de qué era. —¿En dónde está su esposa? —preguntó en tono sereno. —En los Estados Unidos terminando sus estudios de magisterio.


Entonces no estaba muerta. Todo había sido un terrible error. Le miró sin saber qué decir. —¿En qué piensa? —preguntó Mike sin comprender. —Yo… por lo que Ricky me dijo pensé que estaba muerta. —¿Muerta? Dios mío, qué horror. ¿Qué fue lo que le ha dicho exactamente? —Cuando le comenté que me gustaría conocer a su madre, me respondió que ella no estaba, que se había ido muy lejos, y por la tristeza con que lo dijo interpreté que había muerto. Lo siento, no sabe cuánto lamento esta equivocación. —No se preocupe —respondió Mike dándole unas palmadas en la mano—. Y me alegro de que se haya equivocado, porque quiero mucho a mi esposa. —Me pregunto si no habré perdido la intuición —dijo Amy—. Se supone que yo debo estar en condiciones de interpretar estas cosas. —Bébase otra copa, creo que la necesita. —No se imagina lo mal que me siento por todo esto. —No tiene por qué. Me alegro de que haya notado de que algo andaba mal, y que haya querido hablar conmigo. Nº Páginas 80-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Llamó al camarero y pidió otras dos copas, luego agregó:


—Sé que Ricky extraña mucho a Janice. Hemos tenido muy mala suerte de que me hayan destinado a este lugar, pero para ella creo que es mejor, porque al no tenernos cerca, estudiará más y terminará antes. Eso siempre y cuando no pierda mucho tiempo pensando en nosotros. No le hubiera resultado extraño, porque parecía un hombre muy agradable. Cuanto más lo pensaba más se daba cuenta de que tendría que asistir a la fiesta, por orgullo aunque no fuera por cortesía. «Si no me tienes miedo espero verte en casa el sábado», le había dicho Vic. Por lo tanto allí estaría para demostrárselo. A la mañana siguiente mientras desayunaba pensaba en eso, y tenía tanta furia que levantaba los huevos revueltos como si fueran parvas de heno. De pronto alzó la vista y vio que Bunny estaba observándola. —Por tu expresión parece que estás planeando algún asesinato. —No —respondió, pero al ver que Bunny le echaba cátsup a los huevos agregó—: no sé como pueden gustarte los huevos así. —No juzgues lo que no conoces, pero de todas maneras te felicito por haberte animado a decirlo. Veo que ejerzo una influencia positiva sobre tu carácter. Dame un mes más y verás cómo te transformas en alguien tan resuelta como


yo. —No estés tan segura. —Tú me lo estás demostrando. Hace un mes no te hubieras atrevido a hacer algún comentario sobre mis hábitos. Están sucediendo cosas importantes en esa cabecita tuya, de eso estoy segura. Amy preparó otra rebanada de pan y se preguntó si debería preguntar a Bunny qué clase de relación había entre Tanya y Vic. —Bunny… me he estado preguntando… —comenzó a decir—. ¿Sabes tú si… quiero decir… existe…? —pero la dominó el pánico y las palabras no le salían. Bunny dejó de comer y la miró sin comprender nada. —¿Si existe qué? —¿Existe algo entre Vic y Tanya? —No estoy segura. Tanya habla mucho, pero no de eso —respondió la joven sin su alegría habitual—. A veces tengo la impresión de que sí, pero no estoy segura. ¿Por qué no se lo preguntas? —Oh no, claro que no, sólo era curiosidad. —No lo dudo —Bunny se puso en pie y comenzó a retirar los platos. Era una


muchacha muy habladora, pero sabía muy bien cuándo no debía hacer preguntas ni comentarios al margen. Nº Páginas 81-107 https://www.facebook.com/novelasgratis La proposición de Bunny comenzó a rondar su cabeza. ¿Por qué le parecía algo absurdo preguntárselo a Tanya? Y a partir de eso comenzó a imaginar las mil formas de hacerlo: «Tanya, ¿puedo hacerte una pregunta? Sólo para estar segura de que no me voy a llevar una desilusión… Tanya, ¿estás enamorada de Vic? Te lo pregunto para prevenirte. Vic te dejará como a un coche viejo en cuanto se le presente algo mejor. Lo sé por experiencia». Pero cuando apareció Tanya el día antes de la fiesta todo se desvaneció como por arte de magia. Amy miró azorada el pelo de Tanya. Su hermosa cabellera se había transformado en una especie de maraña gris. —Tanya. ¿Qué te has hecho? —exclamó sin poder contenerse. —¿Por qué, no te gusta? —Es que tenías un pelo precioso.


—Estaba cansada y quería verme diferente. Como me suspendieron las clases esta tarde vine al centro y… voilá. —Supongo que es lo que se lleva ahora. —Al menos la mayoría de la gente de este país lo lleva así, y por lo general le crece naturalmente. —Pero eso es distinto. —Tal vez. No veo el momento de que llegue el lunes, mis alumnas estarán horrorizadas. Algunas de ellas darían un brazo o una pierna por tener el cabello lacio. Y vivo diciéndoles que son hermosas, pero ellas siguen tratando de estirarse el pelo y poniéndose cremas blanqueadoras en la piel. —Tal vez al verte cambien de idea. —Lo dudo, pensarán que me he vuelto loca. Y Amy les daría la razón, aunque no se lo dijo. —Necesito algunas sugerencias para la fiesta de mañana; Vic me ha dado carta abierta, pero prefiero ser moderada con el dinero de otra persona. —¿Piensas asar una cabra? —Sí. ¿Qué otra cosa podríamos comer con eso? —Supongo que mucha ensalada, pan y fruta. No creo que nadie espere una comida de restaurante.


—Supongo que sí —Tanya parecía desilusionada. Al llegar Bunny y ver el pelo de Tanya lanzó exclamaciones de admiración. —A Amy no le gusta —comentó Tanya. —Yo no he dicho eso. —No necesitabas decirlo. Nº Páginas 82-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Claro que no le gusta. Es muy seria y no va con su personalidad —afirmó Bunny, y pasándose los dedos por sus propios rizos agregó—: este corte ha sido diseñado para mujeres arriesgadas y locas como nosotras. Ambas comenzaron a discutir cosas como solían hacer y Amy las escuchaba en silencio, preguntándose por qué no tenía aunque fuera un poco de su chispa y de su alegría. Por fin Bunny anunció que se iba a cambiar de ropa, y así Amy tendría la oportunidad de preguntarle a Tanya lo que quería saber. «Debo hacerlo ahora», se repetía una y otra vez. «Si no lo hago perderé la oportunidad. Tiene que ser ahora o nunca». Buscó las palabras y cogió las más directas y sencillas.


—Tanya quiero preguntarte algo. —Por supuesto. Con la garganta seca, y casi sin prestar atención a la joven, sino sólo a las palabras que estaba por pronunciar, dijo: —Tanya, ¿estás enamorada de Vic? Nº Páginas 83-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 Los ojos de Tanya adquirieron una expresión más curiosa y Amy no logró darse cuenta de qué cosas pasaban por su mente. Durante unos segundos que se hicieron interminables, la joven tuvo la mirada fija en la pared de atrás de Amy. Después la miró a los ojos, y pareció a punto de decir algo, cuando de pronto cambió de idea y se puso en pie. Caminó hasta la ventana y se quedó mirando hacia fuera, razón por la que Amy sólo le veía la espalda y los hombros ligeramente encorvados. —Sí —asintió con calma—. Estoy enamorada de Vic —no había mucha emoción en su voz. Amy no se extrañó. Después de todo ya conocía la respuesta. Ni siquiera debía


haberlo preguntado. Bastaba con mirar el rostro de Tanya. Además, él dormía en casa de ella y ella en la de él. Vic la llamaba «algo especial». «Es una joven inteligente y guapa». ¿Cuántas razones, cuántas pruebas necesito? Sentía un gusto amargo en la boca y tragó saliva para tratar de formular alguna respuesta. —Lo siento, tal vez no he debido preguntártelo. Por otra parte no es algo que me incumba. Tanya se encogió de hombros y aún de espaldas agregó: —Allí viene. Ha estado en Nairobi, tal vez haya vendido algún otro boceto. Momentos después entraba él, irradiando energía, vitalidad y masculinidad. Al ver el nuevo peinado de Tanya exclamó: —Dios mío. ¿Qué te has hecho en el pelo? —¿No te gusta? —preguntó Tanya. —No. Pero no te preocupes, tienes suerte de seguir estando tan encantadora hagas lo que hagas. —¿Que has querido decir? ¿Un cumplido envuelto en un insulto o un insulto envuelto en un cumplido? —Adivínalo y hazme saber la respuesta —después volvió hacia Amy sus ojos de hielo y preguntó—: ¿Te divertiste anoche? —¿Anoche? —Amy frunció el ceño pero inmediatamente recordó—. ¿Te


refieres a…? —A Mike Saunders. Que pensara lo que quisiera. Ella tenía derecho a tomar una copa con quien le diera la gana, y eso no era algo de su incumbencia. —Sí, me divertí mucho. ¿Hay algo malo también en eso? —Depende. Tanya los observaba. Estaba clara la rivalidad entre ambos y eso no le agradaba. Nº Páginas 84-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Además, no creo que hayas venido a discutir mi vida social —comentó tratando de parecer serena. Antes de que Vic pudiera responder, llegó Bunny con una de sus extrañas creaciones. —Hola, Vic. Parece que no puedes estar lejos de nosotras, las mujeres. ¿Qué te trae por aquí? —Dos razones. En primer lugar tengo más dinero para la artista, y en segundo, tendremos que posponer la fiesta una semana. Tengo que ir a Nakuru mañana por la mañana y no volveré a tiempo.


—Pero ya has comprado la cabra —exclamó Tanya desencantada. —Esperará. Hay bastante hierba en el jardín. —¿Está vivo el animal? —preguntó Amy y se arrepintió al ver la burla en sus ojos. —Suelen estarlo antes de que los maten. Tanya y Bunny estaban de un humor especial esa mañana y entablaron con Vic una discusión política que los llevó a analizar la situación mundial en media hora, con inteligencia y una buena dosis de optimismo y utopía. Aparentemente, Vic notó que Amy no participaba en la conversación y le preguntó: —¿Por qué estás tan callada? —No es mi nivel —respondió subestimándose—. A veces hasta me cuesta ponerme a la altura de los niños de cuatro años. Vic rió sin malicia y la miró con calidez. —No permitas que eso te deprima —le aconsejó con ternura, y su expresión era tan especial que Amy sintió deseos de llorar. La escuela era su refugio, su santuario. Ése era su lugar, allí era útil, la necesitaban y la querían, y también lograba alejarse un momento de su propio dolor,


atendía a los problemas de sus pequeños alumnos; el zapato perdido, la rodilla herida o la madre que estaba lejos estudiando. —¿Sabes lo que puedes hacer, Ricky? Puedes escribirle una carta a tu madre. El niño estaba sentado otra vez en su falda, con el pulgar en la boca. Al escucharla movió la cabeza. —¿Por qué no? —No sé escribir. —Pero no tienes por qué escribir. Puedes hacer un dibujo. Le mostrarás lo que haces o lo que piensas con un bonito dibujo. Nº Páginas 85-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Y si ella no lo entiende? —preguntó después de reflexionar un momento —. Tal vez sólo sepa palabras. —Claro que entenderá. Las madres saben todo y entienden ese tipo de cartas. —¿Y sabes cómo se la podemos enviar? —Le pediré la dirección a tu papá. —¿Y la pondrás en un sobre con sello y todo? —Por supuesto.


—Quiero que vengas a mi fiesta de cumpleaños —dijo cambiando de tema —. Voy a cumplir cinco años. —¡Qué bien! Te estás haciendo muy mayor. —Pero ahora sólo tengo cuatro —afirmó como si eso en realidad fuera algo lamentable, algo que había que soportar con paciencia. —¿Y cuándo será la fiesta? —Tres días más y será mi fiesta. Quiero que vengas, por favor. —Creo que primero tienes que preguntárselo a tu padre. —Está bien, lo haré. Mike Saunders pareció un poco incómodo ante la petición de su hijo. —No creo que una fiesta infantil sea lo que usted necesite al salir de la escuela —le dijo a la mañana siguiente. —Me gustan los niños y me gustan las fiestas. —Para Ricky será muy importante su presencia. —Iré y tal vez pueda ayudar. Podemos organizar juegos para que se diviertan. —¿Habla en serio? —preguntó el hombre contento—. Yo no soy muy bueno para entretener niños. Supongo que es la falta de experiencia. La fiesta fue muy bonita y ver a Ricky contento valía la pena. Una vez que todo


había concluido y los niños ya se habían ido a sus casas, convencieron a Amy de que se quedara a comer hamburguesas, la comida preferida por Ricky. Las prepararon fuera, sobre una parrilla y cuando comenzó a oscurecer, el niño apenas lograba mantener los ojos abiertos. —¿Le molesta si lo acuesto antes de llevarla a su casa? —preguntó Mike. —Claro que no. —Quiero que los dos vengáis a cantarme canciones —dijo el niño semidormido. Amy aceptó antes de que Mike tuviera tiempo de oponerse y al darse cuenta de que se sentía molesto le dijo: —Está bien, no se preocupe. Nº Páginas 86-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Después de dejar a Ricky dormido y al cuidado de su aya, salieron rumbo a la casa de Bunny. —No sé cómo agradecérselo —le dijo Mike en la puerta. —No tiene nada que agradecer. Ha sido muy divertido y Ricky se ha quedado muy contento, y eso es lo importante. Es triste no tener a la madre a su lado el día del cumpleaños, sobre todo a esa edad.


—Sí, lo sé. Lo que no entiendo es cómo hace para soportarlos todos los días. Hoy creía que me iba a volver loco. Amy tuvo ganas de invitarle a tomar un café, pero después, al recordar que Bunny no estaba, decidió no hacerlo para no dar lugar a malas interpretaciones. —Quisiera demostrarle mi agradecimiento invitándola a cenar una noche en el Outspan. —Pero no hay ninguna necesidad —aseguró ella. —¿Por qué no? Me gustaría cenar con usted. Amy titubeó y levantó la vista preguntándose qué había detrás. Pero Mike le sonrió y dijo: —Sé lo que está pensando. Le aseguro que no tengo ninguna mala intención. Quiero a mi esposa, y una cena inocente con una mujer adulta me haría bien. Llevo mucho tiempo sin salir de casa, además a ella no le molestaría, y no tiene por qué preocuparle a usted. —Tengo por costumbre mantenerme alejada de los hombres casados para evitar problemas —exclamó Amy con una sonrisa. —Le prometo que será sólo una cena y que no habrá problemas.


El día siguiente fue un desastre. Se levantó con dolor de cabeza, se quemó la mano con aceite hirviendo y al llegar a la escuela se enteró de que Linda Muriuki estaba enferma y que no iría ese día. Durante la primera media hora apareció un niño sangrando por la nariz. Los demás estaban histéricos porque había sangre por todas partes. Amy le curó, vio que no era grave y trató de manejar la situación con la mayor tranquilidad posible. Más tarde los hizo entrar a todos en el salón y después de servirse una taza de café, les explicó la técnica del collage para hacer un jardín florido sobre una gran hoja que había en la pared. Les entregó tijeras y revistas explicándoles que debían recortar todas las cosas que suelen haber en un hermoso jardín florido. Pero se dio cuenta de que estaba haciendo todo como un autómata, sin cariño ni paciencia. ¿Qué le estaba sucediendo? Y de pronto recordó que al día siguiente era la fiesta de Vic. «No tengo que ir a la fiesta», pensó. Pero una voz en su interior le decía que sí, que recordara las palabras de Vic. Si no me tienes miedo espero verte en casa el sábado. Nº Páginas 87-107 https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Por qué pensaba Vic que ella podía tenerle miedo? ¿Qué había que temer en una fiesta como ésa? «Utiliza tu imaginación y seguramente algo


descubrirás», se dijo. Los niños estaban muy ocupados cortando con las tijeras o con los dedos montones de fotografías de cosas que no pertenecían a un jardín. Amy cerró los ojos un instante, pero de pronto oyó un alarido. Una niña acababa de pegarle a un compañero en la cabeza con una revista y la pelea que eso provocó la hizo olvidar durante un rato sus preocupaciones. —Me quería besar —exclamó la niña con rabia. No era la única que tenía problemas con un hombre. Hoy en día los niños aprendían muy rápido. —Es muy bonito que la hayas querido besar —le dijo al niño en cuestión—. Pero la próxima vez pregúntale primero si ella quiere. El niño la miró encolerizado. —Nunca la volveré a besar —afirmó con furia por tener su orgullo herido—. Ya no estoy enamorado de ella. Eso sí que era un cambio drástico. A los cinco años se podía decidir no estar más enamorado. «Qué maravilloso», pensó Amy, «si yo pudiera hacer lo mismo». A medida que pasaba la mañana Amy se sentía cada vez peor y con menos


paciencia. —Tienes muy mal aspecto —dijo Katherine mientras miraban a los niños jugar en el patio—. No me digas que tú también te vas a poner enferma. Amy no respondió. Se limitó a contarle la experiencia del collage colectivo y de sus desastrosos resultados. —Dame tu taza de café que te voy a traer más, de paso le echaré un vistazo a la nueva obra de arte. Esa noche antes de irse a dormir se miró al espejo. Al ver su rostro pálido y los ojos sin vida sintió que algo en ella se rebelaba. Cogió el cepillo y comenzó a cepillarse el pelo con vigor. —No permitas que nadie lo destruya —le dijo a su reflejo en voz alta. Nadie iba a tenerla en ese estado de desesperación por mucho tiempo. «Debes ser optimista», le solía decir su padre; «mantén la cabeza en alto», le decía su madre; «acuérdate de rezar por la noche», decía su abuela. Pero sabía que todo eso no serviría para resolverle el problema. La casa de Vic era pequeña de color gris y estaba situada en medio de un jardín muy verde. Al llegar a la puerta Amy oyó voces y risas y percibió el olor a carne


asada. Mientras hacía esfuerzos por no tropezar con las sandalias de tacón alto, Amy se dijo que tal vez debería haber venido con pantalones y playeras, pero por otra Nº Páginas 88-107 https://www.facebook.com/novelasgratis parte estaba contenta de que la ocasión le permitiese ponerse algo diferente. Sabía además que le quedaba muy bien ese vestido amarillo. Había un grupo de gente sentada sobre el césped debajo de un árbol de aguacate, y ella se aproximó, notando que Vic no estaba allí. ¿Estaría dentro de la casa? Gunner Hornsrud la vio y la saludó efusivamente invitándola a sentarse con ellos. —Hace calor —comentó levantándose el cabello de la nuca. —Con todo ese pelo tendrías calor hasta en medio de la nieve —comentó alguien. —¿En dónde está Bunny? —preguntó Inger. —Se ha quedado a esperar a Jerry, que no sabía venir hasta aquí —al menos eso era lo que Bunny le había dicho. —Mentira —comentó alguien—. Yo le di un mapa hace dos días —y todos


rieron. Amy les miró preguntándose qué era lo que ellos sabían y ella no. Bunny y Jerry, Jerry y Bunny. De pronto lo vio todo muy claro. Había estado sucediendo delante de sus ojos y no se había dado cuenta. ¿Cómo he podido estar tan ciega? Había estado demasiado preocupada con su relación con Vic que no se había dado cuenta de lo que sucedía a su alrededor. Se puso en pie diciendo que iba a ver la cabra que estaban asando. Junto al fuego había dos hombres riendo y hablando en swahili mientras partían los trozos de carne. En eso vio que Vic salía de la casa. Sus ojos se encontraron por un momento, pero inmediatamente ella desvió la mirada y caminó hasta un limonero lleno de frutos. Sabía que Vic estaba detrás de ella y ésa era la razón por la cual el corazón le latía con tanta fuerza. —Muchacha valiente —le dijo en tono burlón. —Oh, estás aquí —comentó ella. —Has venido, por lo tanto debo entender que no me tienes miedo. —Hazme el favor de decirme por qué habría yo de tenerte miedo. —Todavía no lo tengo muy claro. —Tal vez porque no haya nada que aclarar —le desafió.


—Tienes miedo de algo, tal vez no de mí, pero sí de algo —respondió Vic contemplándola como si tratara de verle lo que le pasaba—. Veo el miedo en tus ojos y en tu rostro; lo he visto muchas veces. —Imaginas cosas —murmuró Amy apretando los puños. Cogió un limón y comenzó a pasarlo de una mano a la otra para ocultar su nerviosismo. Vic se lo quitó con mucha suavidad. Nº Páginas 89-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Estás temblando y no me lo estoy imaginando. Nunca has podido ocultar bien tus emociones. Hay momentos en que tu rostro es como un libro abierto. —¿Es por eso por lo que me entiendes tan bien? —comentó con ironía, y vio que Vic sonreía sin malicia. ¿Qué pretendía él de ella? —No entiendo. Es posible que pueda leer tus emociones y reacciones, pero no las sé interpretar. —Tal vez un psicólogo te pueda ayudar —quería herirle, pero sabía que sus esfuerzos eran inútiles. Vic era tan duro como una roca. Vic suspiró como si estuviera hablando con una persona obstinada. —Siempre existe una manera muy sencilla de solucionar las cosas. —¿Cómo?


—Diciéndote todo. —¿Diciéndote qué? —Amy —dijo entre dientes—, sabes perfectamente bien de qué estoy hablando. —¿Ah sí? —¿acaso Vic pretendía que ella le confesase que había viajado a ese lugar por una sola razón? Él. Estaba loco, nunca se lo diría. Vic la contempló en silencio. Se dio cuenta de que estaba furioso. —No comprendo a qué estás jugando —añadió en voz baja—, pero te prevengo que le pongas punto final o te vas a arrepentir —las palabras encerraban una amenaza y lograron en cierta manera su objetivo. Le vio alejarse, y luego se acercó al grupo sentado debajo del árbol de aguacate. Poco después la comida estuvo lista y todos llenaron sus platos y comieron. Las botellas de vino iban pasando de mano en mano y el aire estaba colmado de risas. Todo el mundo lo estaba pasando muy bien, excepto Amy que tenía una terrible sensación de aislamiento. Como si le resultara imposible que la risa penetrara en su mundo de tristeza. Más tarde Vic se unió al grupo y se sentó frente a ella. Ya no parecía enfadado,


pero sus ojos helados la herían más que su furia. Entonces Amy se puso en pie y se alejó. No podía soportar la tensión que había entre los dos. Entró en la casa y buscó el baño. Al pasar por el pasillo todas las puertas estaban abiertas. Alcanzó a distinguir una habitación que supuso era la de Vic y al lado otra donde había unos pantalones vaqueros, unas sandalias y un bolso. Eran de Tanya. Amy sintió un deseo terrible de gritar. El baño estaba muy blanco y limpio y de los grifos salía abundante agua fría y caliente. Ha vuelto al lujo, pensó angustiada. Salió otra vez al jardín y paseó un poco. No entendía por qué se sentía intranquila, como si estuviera esperando que algo sucediera. Nº Páginas 90-107 https://www.facebook.com/novelasgratis El jardín de la parte posterior de la casa era bastante amplio y terminaba en una pequeña plantación de maíz. Amy se quedó observando las enormes plantas y de pronto vio a dos muchachas jóvenes cortando las mazorcas con sus machetes.


Vestían faldas floreadas y unos grandes pañuelos les tapaban la cabeza hasta la mitad de la frente. Una de ellas la miró y después de decirle algo a su compañera se acercó tímidamente. —Dame agua —le dijo en un inglés muy pobre. Parecía una orden pero rápidamente por la actitud de la joven, Amy advirtió que esa no había sido su intención. —Ahora te la traigo —respondió Amy y la muchachita sonrió tímidamente bajando la vista. Quizá las dos habían estado trabajando desde por la mañana bajo el agobiante calor y sin comer nada. Como había sobrado mucho, colocó en un plato carne, tomates y piña, llenó una botella de agua, puso todo dentro de una caja de cartón y se la llevó. Las encontró sentadas en el césped esperando con aspecto de estar agotadas. Puso la caja frente a ambas. —¿Tenéis hambre? —les preguntó en swahili y vio que miraban sorprendidas la comida. — Ndio —murmuró una de ellas y agregó—: asante sana. Cuando Amy se volvió para alejarse vio acercarse a Vic con las manos en los


bolsillos. —¿Qué estás haciendo? —Me han pedido un poco de agua y yo me he tomado la libertad de darles un poco de comida —respondió con voz desafiante. ¿Qué me sucede? ¿Por qué estoy hablando de esa manera? —Entiendo —comentó Vic mirando la comida sin interés. —Espero no haber cometido otro crimen —volvió a desafiarle con la sola intención de quebrantar su aparente tranquilidad. Pero por otra parte no entendía muy bien por qué o para qué actuaba de ese modo. Él sólo había preguntado por curiosidad, era ella la que estaba dando más importancia de la que lo tenía al asunto. Al mirar a Vic comprendió que había logrado su objetivo. Le vio apretar las mandíbulas y dar un paso adelante, cogiéndola por los hombros con mucha fuerza. Petrificada le miró a los ojos. Eran como un témpano de hielo. Sus cuerpos estaban tan juntos, que un estremecimiento recorrió el cuerpo de ella. —¡Ya basta Amy! —ordenó en voz baja y amenazante—. Te digo que basta. Por segunda vez esa tarde la dejó parada allí mientras se alejaba a grandes pasos.


Si no lograba que él la amara, al menos tenía el poder de volverle loco. Pero era una victoria amarga que no le producía alegría alguna. Nº Páginas 91-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Lentamente regresó a la fiesta. Ya comenzaba a oscurecer y alguien estaba tocando la guitarra y cantando con voz muy clara. Amy supo sin verla que era Tanya. También sabía cantar, un punto más a su favor. Aceptó un vaso de vino, lo bebió y se sirvió otro. ¿En dónde estaba Vic? ¿Acaso le importaba? Seguramente estaría dentro con el resto de la gente. El sol se había puesto y había refrescado, Amy tiritó de frío. Bebió otra copa más con lo que logró entrar en calor, y fue en ese momento cuando notó que Tanya había abandonado el grupo, y que era otra persona la que cantaba una melodía de amor y añoranza. Amor. Parecía estar en todas partes, nunca podría huir de él. Vio a Bunny y Jerry sentados muy juntos, sus piernas y brazos rozándose. Se puso en pie, ya no podía soportar más. Caminando con cuidado en la oscuridad, llegó de nuevo hasta la plantación de maíz y recogió la caja con el plato y la botella vacíos. Después decidió llevarla a la casa. Pasó por la sala para dirigirse hacia la cocina que


estaba al final del pasillo. Avanzó otro poco y desde el hall alcanzó a verlos. Vic y Tanya estaban besándose en la cocina. Amy tuvo la sensación de que iba a desmayarse. Apretando la caja contra su pecho salió corriendo al aire libre, y después de respirar profundo y recuperar el control entró nuevamente en la sala. No deseaba sentir ni pensar y el vino le ofrecía esa posibilidad. Eran muchos los que ya habían abandonado la fiesta y otros estaban sentados frente a la chimenea contando chistes y hablando animadamente. Acurrucada en un rincón, con las rodillas debajo de la barbilla, Amy escuchaba pero no con mucha atención. Después de varias copas más de vino vio que Vic se había unido al grupo, pero no vio a Tanya. Observarle no parecía molestarle ahora; era una especie de sombra como todos los demás. Tenía la sensación de estar sola en una caja de cristal que le impedía ver y oír con claridad como si todo estuviera sucediendo muy lejos. Se sentía tan segura en su caja de cristal que decidió dormirse un rato. No supo cuánto tiempo había pasado, pero cuando por fin despertó y levantó la cabeza, sólo quedaban dos personas. Tal vez se iban a quedar a pasar allí la


noche. Amy se puso en pie sintiéndose mareada y buscó el cuarto de baño donde pasó largo rato dejando correr el agua sobre sus manos y muñecas y refrescándose la cara. Tenía la impresión de que las piernas no la podrían sostener mucho tiempo y gimió de rabia y frustración. ¿Cuánto vino había bebido? No podía acordarse, pero debía haber sido bastante. «Necesito tomar un poco de café, si no, no podré llegar a casa», pensó. Sintiéndose un poco mejor tomó aliento y abrió la puerta del baño. Con la cabeza en alto y con paso firme caminó hasta la cocina. Al pasar por la habitación de huéspedes comprobó que ya no estaban los vaqueros, ni las sandalias, ni el bolso. ¿Se habrá mudado a la habitación de Vic para dejar la suya a los huéspedes? Cogió la cafetera y mientras la estaba llenando de agua oyó a alguien a sus espaldas. —Ah, estás aquí —exclamó Vic. —Efectivamente —le respondió con una sonrisa encantadora. Después colocó la cafetera sobre la cocina con un poco de ruido y frunció el ceño mientras buscaba las Nº Páginas 92-107 https://www.facebook.com/novelasgratis cerillas. Tuvo que hacer tres intentos antes de poder encenderla—. Me estoy haciendo un café —levantó la vista y le miró a los ojos—. Con tu permiso, por


supuesto. Vic no dijo nada porque no había nada que decir. Amy sonrió para sí misma. Se sentía muy segura esa noche. Se apoyó contra el fregadero tratando de recordar qué estaba haciendo. Ah, sí, café, eso era. —¿Dónde tienes el café? No conozco esta cocina. —Aquí —le entregó el frasco—. Tendrá que ser instantáneo. De todas maneras no creo que te des cuenta de la diferencia. —No importa —respondió con los labios apretados. Pero rápidamente Vic comenzó a moverse buscando platos y tazas y quitándole el café de las manos lo preparó. Su actitud autoritaria le molestó. —Yo puedo hacerlo —trató de mostrarse segura, pero se tambaleó al intentar moverse. Vic la miró de pies a cabeza, había desprecio en sus ojos. —Estás bebida —le espetó. Amy se separó del fregadero en el que estaba apoyada, pero todo comenzó a dar vueltas a su alrededor.


—¿Y qué? ¿Quieres aprovecharte de la situación? —lo volvió a desafiar. —¡Maldita seas! —exclamó Vic iracundo—. ¡Maldita seas! Al ver que se acercaba, Amy gritó: —No, por favor, no. —Sí, claro que lo haré —se le tiró encima y la besó con fuerza, pero a la vez con tanta frialdad que a Amy se le helaron los sentidos, quitándole el estado de embriaguez. Trató de liberarse de sus brazos, pero Vic no la soltaba empujándola hacia su cuarto. Una vez dentro cerró la puerta de un puntapié, con una expresión que no dejaba nada a la imaginación. —Por favor no lo hagas, Vic, por favor —pero al mirarle seguía habiendo hielo en sus ojos. No le respondió, y con la fuerza de su pecho la aprisionó contra la pared, mientras que con las manos intentaba desvestirla. Una vez que el vestido cayó al suelo, la levantó sin ningún esfuerzo y la arrojó sobre la cama. Amy se sentía totalmente indefensa para luchar contra las terribles emociones que había despertado en él. «Por favor, Dios mío», rogó. «Así no, por favor».


Nº Páginas 93-107 https://www.facebook.com/novelasgratis De un tirón se quitó su propia camisa haciendo saltar los botones, y la tiró sobre una silla sin mirar y sin apartar los ojos de ella, como si de esa manera la estuviera atando a la cama. —¿En dónde están todos? —murmuró ella. —Se han ido. —Pero Tanya… —Tampoco está aquí. ¿Te has equivocado, verdad? De pronto, sin saber de dónde ni cómo, la furia se apoderó también de Amy. —No te atrevas —exclamó—. No te atrevas o grito. —Anda, grita. Dudo que alguien te oiga. Tú lo has deseado de esta forma y así será. Nº Páginas 94-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 Miró a su alrededor pero no había manera de escapar. Vic era como un animal salvaje listo para saltar sobre su presa. Amy se tapó los ojos porque ya no soportaba ver la furia y la violencia que se habían apoderado de él. De pronto, sintió que la cama se hundía bajo el peso de él y después le sintió a su


lado. Le quitó las manos de la cara, y Amy cerró los ojos para no verle. —No me digas que tienes miedo —le dijo en tono áspero—, porque si fuera así sólo tú tienes la culpa. Te mereces todo lo que está sucediendo. —¿Merecer? —la furia se apoderó de Amy—. ¿Con eso arreglas todo, no es así? ¿Qué tienes en mente? ¿Estás planeando torturarme? Para sorpresa, Vic rió y con la risa desapareció parte de su ira. —No, voy a hacer el amor contigo. —¿Amor? ¿A qué llamas amor? Violación es la palabra —trató de levantarse de la cama, pero el peso del cuerpo de Vic se lo impidió. —Oh, no, no te escaparás. Tú y yo vamos a hacer el amor con ternura y pasión —le acarició el rostro y el cabello con dedos sensuales, habiendo desaparecido por completo la ira y la violencia. Tampoco había ya frialdad en su voz o en sus ojos. Le entró el pánico. Ella sabía perfectamente que a eso no se podía resistir. Si la tomaba por la fuerza, sería distinto, pero si la seducía con dulzura, toda su resistencia quedaría en la nada. —Para hacer el amor son necesarias dos personas. —Tienes razón —respondió Vic mientras le acariciaba los senos.


—¿Y tú crees que vas a poder seducirme? ¿Te crees tan irresistible? —Seguro que sí —respondió con una sonrisa. Lo peor era que tenía razón. Ella no se sentía capaz de luchar contra él o contra sus propios instintos. Lograría mantenerse bajo control un rato, pero no por mucho tiempo. —Te lo demostraré —dijo Vic bajando la cabeza, y comenzó a besarla con una leve presión de sus labios. No había siquiera rastros de furia en sus caricias, sino una dulce calidez que derretía en ella toda intención de lucha. Después Vic levantó la cabeza y la miró con tanto amor y añoranza que la dejó sin aliento. Levantando los brazos lo atrajo hacia ella, y Vic la volvió a besar, descendiendo poco a poco hacia su cuello, haciéndola flotar en una especie de océano sensual. —Amy —murmuró contra sus senos—, eres tan suave, tan cálida, y tan hermosa… te deseo tanto… tanto… Esas palabras la hicieron estremecerse y se apretó a él abandonándose, consciente solamente de su profundo amor que buscaba consumarse en cada célula Nº Páginas 95-107 https://www.facebook.com/novelasgratis


de su cuerpo. Lanzó un gemido y Vic levantó la vista sonriendo con ternura mientras le acariciaba los labios con el dedo índice. —¿Sigues pensando que esto es una violación? —había una leve burla en su voz, pero la miraba con dulzura mientras le apartaba el cabello del rostro. Sin embargo las palabras fueron para Amy como un balde de agua fría que la volvió otra vez en la realidad. Quedó como congelada en sus brazos, sintiendo rabia y vergüenza y una terrible desolación. —Dios mío, Amy. ¿Qué te sucede? —¿Qué me sucede? ¿Qué te sucede a ti? ¿Qué crees que estás haciendo? — explotó otra vez furiosa. —Pensé que estábamos haciendo el amor. —¿Amor? El amor no tiene nada que ver con todo esto. Lo único que deseabas era seducirme para demostrarme tu poder. Pues ya lo sabes. Soy tan vulnerable como cualquier mujer. ¿Eres bueno para esto, verdad? Un verdadero maestro en el arte. Se echó a llorar y Vic la observaba sin tocarla ni pronunciar palabra. —Ahora ya lo sabes. No lo puedo evitar, por lo tanto… por lo tanto… haz conmigo lo que quieras, pero deja el amor fuera.


Hubo un momento de silencio durante el cual Vic la miró con expresión indescifrable. —No, gracias. —Entonces déjame ir. La ira había vuelto, pero no con la violencia de antes, sino tensándole el cuerpo y dándole la rigidez de una piedra. —Vístete —ordenó, y levantándose de la cama salió de la habitación. ¿A dónde iría? Oyó la ducha. Qué agradable, una ducha fría le sentaría muy bien. Amy se levantó y se vistió. ¿En dónde estaban sus zapatos? Se sentía débil y un poco mareada y volvió a sentarse en la cama para pensar qué había hecho con las sandalias. En algún momento se las había quitado, pero no recordaba dónde. Todo en su mente estaba muy confuso. No estaba muy segura de cómo había llegado a la habitación, ni qué había sucedido en la fiesta. Suspiró, y de pronto algo le llamó la atención. Miró hacia la pared y se dio cuenta de que allí colgado estaba el cuadro pintado por ella; el que le había regalado el día de su cumpleaños. Vic regresó al cuarto con una toalla alrededor de la cintura. —¿Aún no has terminado? —le preguntó en tono impaciente. —Es que no encuentro mis zapatos —explicó Amy poniéndose en pie mientras


se alisaba el cabello. —Están junto a la chimenea —Vic empezó a vestirse. Estaba claro que no le molestaba lo más mínimo que ella estuviera presente mientras se vestía. Tenía un cuerpo perfecto y muy masculino. Amy no lograba quitarle los ojos de encima. Nº Páginas 96-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Parecía aun más alto y más fuerte, con la piel bronceada y el vello oscuro. Tuvo unos deseos desesperados de tocarlo, de estar otra vez en sus brazos, de sentirlo renacer junto a ella, pero Vic parecía tan lejano y ausente que se convenció de que no habría caricia que lo ablandara en ese momento. Sentándose en el borde de la cama le contempló mientras se vestía, preguntándose por qué seguía allí, en esa habitación, en lugar de irse a su casa. Los ojos de Vic la miraron hirientes y desdeñosos. —Ya es tarde, nena —le dijo en tono sereno, y Amy comprendió que había leído su expresión. La humillación la obligó a guardar silencio—. Levántate y haz un poco de café —le ordenó de pronto. Amy se levantó y caminó como un autómata hasta la puerta. Fue a la sala, se calzó y luego abrió la puerta y salió a la noche estrellada. No había necesidad de café, todo lo que quería era volver a su casa. Pero apenas había dado unos pasos cuando


se abrió la puerta y salió Vic corriendo para agarrarla de un brazo. —Por el amor de Dios. ¿Qué crees que estás haciendo? Amy no tenía energías para discutir ni pelear. Se sentía mareada y sin emociones. —Contéstame. —Me iba a casa. —¿Y pensabas irte andando a la una de la mañana? ¿Te has vuelto loca? Amy se encogió de hombros. No le importaba lo que Vic dijera. Podía gritar a su antojo, ya nada tenía importancia. —No entiendo por qué no. Conozco el camino y además está cerca —se miró las uñas de los pies distraídamente, y se sorprendió llorando. «¿Por qué lloro? Si no siento nada, estoy como muerta por dentro». Las manos de Vic le cogieron la barbilla. —¿Por qué diablos estás llorando? ¿Qué es lo que quieres? —la soltó y cogiéndola de un brazo la obligó a entrar en la casa—. ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué? ¿Acaso has venido hasta aquí sólo para atormentarme, como una especie de venganza?


—¿Venganza? —murmuró Amy —¿Por qué? —Por dejarte. —No, yo sabía desde un primer momento que te ibas, que te venías a África. No existía… compromiso entre nosotros. —Eso es. ¿Y sabes por qué? —Supongo que por algo muy claro, no me amabas —le miró a los ojos, pero su expresión era impenetrable. Vic la soltó y dejó caer los brazos a los costados del cuerpo. Nº Páginas 97-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Te equivocas, Amy. Yo te amaba mucho. Te amaba más de lo que jamás amé a nadie. Amy se dio cuenta de que hablaba en pasado; algo peor a lo que había sufrido hasta entonces se apoderó de ella. Tenía deseos de gritar, pero sentía la garganta seca de desesperación. «Por favor, ámame ahora», tenía ganas de decirle. «Por favor, ámame otra vez», pero las palabras no surgían de su boca. Luchando por contener las lágrimas le dio la espalda y murmuró: —Nunca me dijiste que me amabas.


—No podía hacerlo, Amy. —¿Por qué no? —Iba a haber un gran cambio en mi vida, yo no sabía qué me esperaba aquí, ni cómo me acostumbraría. Tampoco sabía qué iba a hacer con el resto de mi vida. Y no pensé que fuera justo para ti arrastrarte a tanta incertidumbre. Sabes Amy, te quiero es mucho más que dos palabras. No te lo podía decir porque en ese momento no era capaz de ser consecuente con ese sentimiento. Vic hizo una pausa y Amy, sin mirarle, trató de comprender lo que estaba diciendo. El silencio se prolongó tanto que finalmente se volvió hacia él y le encontró observándola con ojos nublados. ¿Por qué la miraba de esa manera? ¿Qué estaría pensando? No se le ocurría nada para romper el silencio, y por fin él, fijando los ojos en un punto lejano dijo: —Pero el tiempo pasa y las situaciones cambian. Y aquí estamos en otro tiempo y en otro lugar. —Sí, lo sé. Vic la había amado una vez, pero había renunciado a ella por otra vida, en donde no había lugar para ella. Quizá en Tanya había encontrado a un ser más acorde con esta existencia, o tal vez sólo estaban viviendo un amorío pasajero.


Vic la llevó hasta su casa en el Land Rover, y sólo intercambiaron alguna que otra frase sin importancia. Se despidieron como extraños y Amy entró al apartamento haciendo el menor ruido posible. Después, tratando de no pisar a la gente que dormía en el suelo, subió a su habitación. Estuvo horas despierta recordando cada una de sus palabras. Le había dicho que la había amado más que a cualquier otra persona, pero tal vez para él el amor tenía otro significado. Quizá fuera algo temporal, algo que era hermoso mientras duraba, pero que podía olvidarse cuando las circunstancias lo requirieran. Como le dolía la cabeza se levantó y tomó dos aspirinas. Cuando por fin amaneció, bajó en silencio a la cocina para preparar café. La gente también comenzó a despertarse y a rodar por la casa buscando comida. De no ser por la aparición de Bunny en la cocina, el desayuno podría haber sido conflictivo. —Amy y yo prepararemos el desayuno y vosotros limpiaréis todo después — les dijo, y todos aceptaron gustosamente. Nº Páginas 98-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Amy sacó las tazas y los platos y los puso sobre una bandeja. Después comenzó


a servir el café. —Alcánzame la leche, por favor —le dijo a Bunny. —¿Te divertiste en la fiesta? Te vi paseando por todas partes como una huérfana perdida. —Lo pasé muy bien —mintió Amy—. Y me sorprende que me vieras, porque estabas muy ocupada. —¿Qué insinúas? —Que me di cuenta de que no parecías estar presente, por así decirlo. Dabas la impresión de estar flotando sobre alguna nube. No sabía lo de Jerry y tú hasta ayer. Bunny comenzó a romper huevos dentro de una fuente. —Te aseguro que no he intentado ocultarlo, lo que sucede es que últimamente tienes la mente en otra parte. De hecho… —¿Entonces la búsqueda ha terminado? —interrumpió Amy porque no deseaba hablar de sí misma. —Sí, eso espero. —Es bastante guapo, ¿pero qué ha pasado con tus aspiraciones financieras? ¿Cómo podrá darte todo lo que pretendes de la vida? Una casa grande con piscina,


viajes alrededor del mundo, etc., etc. —Piensa heredar —respondió Bunny muy seria—. Su padre está en el negocio del petróleo. —¿De petróleo? —Sí, su padre es dueño de una gasolinera en algún lugar perdido de Kentucky —Bunny reía con los ojos. —Me temo que eso no sea suficiente para colmar tus sueños. ¿Qué ha sucedido con todo lo que tenías pensado? —Me he enamorado —afirmó Bunny dramáticamente—. No se puede tener todo. Mira lo que recibe él, yo no soy un buen negocio, y tú lo sabes bien. Soy una mala ama de casa, tengo varios kilos de más y mi cuenta en el dentista es terrible. —Oh, Bunny, estás loca. —Sí, eso también. —¿Estás sola? —era Tanya que estaba parada en la puerta. Una Tanya que Amy jamás había visto; pálida y con grandes ojeras. —Pasa, ya se han ido todos. Después de dejar el bolso sobre una silla y dándole la espalda exclamó:


Nº Páginas 99-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Quiero hablar contigo. —Está bien —respondió Amy que no sabía qué actitud adoptar. —Quiero decirte —tragó saliva y la miró de frente—. ¿Recuerdas que me preguntaste si estaba enamorada de Vic? —Sí. —¿Puedo hacerte la misma pregunta? Amy miró a Tanya, sus ojos azules se veían oscurecidos y preocupados. —¿Estás enamorada de Vic, Amy? —Sí —respondió mirando hacia otra parte. —¿Y hace mucho tiempo que lo estás, verdad? —Sí. Sé produjo un corto silencio, las dos se miraron especulativamente. Los secretos ya no existían y las barreras habían sido derribadas. —Amy, yo quería decirte —Tanya tomó aliento y fijó los ojos en el techo para evitar que se le escurrieran las lágrimas—, que no existe nada entre Vic y yo. —Pero tú dijiste que le amabas —murmuró Amy desconcertada. —Le amo, pero él no me ama —Tanya se retorció las manos.


—¿Cómo puedes estar segura de eso? —Él me lo ha dicho. Yo nunca he tenido la intención de cruzarme en tu camino, Amy, hubiera sido algo muy sucio. Pero sinceramente no sabía… quiero decir que cuando llegaste me pregunté si existía algo entre vosotros, pero como te quedaste muy poco tiempo en su casa pensé que sólo erais amigos. Por eso seguí soñando y tratando de lograr que me quisiera. Y por supuesto haciendo el ridículo a la vez. Le ayudé a cambiarse de casa, le organicé la fiesta. Me convencí a mí misma de que me necesitaba. De nuevo el silencio reinó en el cuarto. Amy hubiera deseado decir algo, pero no se le ocurría qué. Vivía en ese momento una extraña mezcla de emociones; todas sus sospechas y miedos se habían hecho pedazos dejándola en un estado de absoluto desconsuelo. Miró a Tanya y al ver el desconsuelo y el dolor reflejados en sus ojos, se sintió muy triste. —No me mires así, Amy. No tienes por qué tenerme lástima. Sobreviviré. Ya me ha sucedió antes… me refiero a enamorarme de hombres que no son para mí. Soy buena en eso… de enamorarme. En lo que no soy tan buena es en recuperarme —


sonriendo agregó—: en realidad tendría que haber escarmentado, porque tengo bastante práctica. —¿Y qué quieres decir con todo esto. Tanya? —Yo… empecé a notar diferencias entre Vic y tú y me pregunté si acaso no era yo la culpable. Y cuando me preguntaste si yo estaba enamorada de él, lo supe. Nº Páginas 100-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Todas las piezas del rompecabezas encajaban perfectamente. No tienes por qué preocuparte, Amy. Él no me ama, yo quisiera que sí, pero no me ama. —Pero él se queda a veces en tu casa, yo lo sé —dijo con gran esfuerzo. —Sí, no hay ningún sitio donde quedarse en varios kilómetros a la redonda, por eso le ofrecí mi casa. En un principio me agradaba su compañía; a veces me siento sola allí arriba, sin poder hablar con nadie a no ser con los habitantes de la aldea y mis alumnas. Pero poco a poco me fui enamorando, aunque él jamás hizo nada para darme esperanzas. No te rías, pero lo único que hemos hecho de noche ha sido jugar a las cartas.


Amy hubiera querido reír, pero de pronto apareció en su mente la imagen de Vic y Tanya, besándose en la cocina. —Anoche en la fiesta —se detuvo y tragó saliva—, os vi en la cocina. —¿Nos viste? Yo había bebido, estaba desesperada… yo… Tanya se enderezó como dispuesta a sufrir con dignidad. —Yo me arrojé en sus brazos. También soy buena para eso, pero de todas maneras Vic me apartó y con mucha gentileza me llevó a la habitación para hablarme, con mucha ternura, con mucho tacto, pero ése fue el fin. Sonrió con valentía. —Y ahora quisiera una taza de café, luego me retiraré. Amy fue a la cocina y apoyándose en el aparador lanzó un profundo suspiro. «Ella es algo especial», había dicho Vic. «Tiene corazón de oro», había dicho Bunny. Y era verdad. Cuando Tanya se levantó para irse, Amy la abrazó emocionada. —Gracias por decírmelo —murmuró. Tanya sonrió levemente, pero la sonrisa que estaba en su rostro y en sus ojos, era sincera. —Me alegro de habértelo dicho. Me agradas, Amy, y en ningún momento he querido lastimarte. Y no te preocupes, sobreviviré. De un modo u otro


siempre lo logro. Amy estaba demasiado extenuada para pensar con claridad. Eran apenas las tres de la tarde, pero después de una noche sin dormir ya no podía mantenerse en pie. Subió a su cuarto y se tiró en la cama. Pasó una semana sin saber nada de Vic, aunque ella no dejaba de pensar en él día y noche y las palabras que Vic le había dicho hacían eco en su mente a cada momento. «Es demasiado tarde,» se decía una y otra vez. «Ya es demasiado tarde». Bunny le aconsejaba leer para distraerse, pero no había libro que le entretuviese. Nº Páginas 101-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Lo pasó bien la noche que salió con Mike a cenar. Disfrutó de su compañía y le agradeció la posibilidad de poder hablar de otra cosa que no fueran sus problemas. Todas las mañanas Mike se quedaba charlando con ella en la puerta de la escuela cuando llevaba a Ricky y un día se encontraron a la salida y él la invitó a tomar una copa. Se sentaron en la terraza de un pequeño restaurante, y antes de que


llegaran las bebidas, Amy se dio cuenta de que Mike tenía algo en mente. —¿Qué sucede? —le preguntó. —¿Creerías si te dijera que hablan de nosotros en la ciudad? Sólo por una inocente cena —se le veía muy molesto. —Sí, no han tardado mucho, lo que sucede es que es una ciudad pequeña y los rumores corren muy aprisa. —¿Te molesta? —Mi vida está arruinada y mi reputación mancillada para siempre — respondió Amy en tono burlón. —Pero no todo está perdido —rió Mike—. Aún tienes buena salud y una conciencia tranquila. «Y mi virtud», estuvo a punto de agregar Amy, pero no lo hizo. —Creo que en efecto me molesta un poco —afirmó mirando fijamente su copa—. Es tan ridículo. ¿Qué pasará contigo? ¿Qué pasará con tu esposa? —No me preocupa. Ya le he escrito hablándole de ti, de lo mucho que ayudaste en la fiesta de Ricky y también que te invité a cenar. Ella no es celosa, y sabe que no tiene por qué estarlo. Dudo mucho que tome el siguiente avión y traiga un abogado para pedir el divorcio.


—Entonces ignoremos todos los comentarios. Y cuando venga tu esposa os invitaré a cenar, para que todos nos vean, y si es posible lo anunciaré en el periódico para que tengan de qué hablar. —Sabes, eres formidable. Sí, era realmente boba, se dijo más tarde en su casa. Vic se enteraría del supuesto romance y aparecería en cualquier momento echando chispas. No tuvo que esperar mucho, pero se había equivocado respecto a una cosa: no hubo tormenta que acompañara su llegada. Las piernas de Amy comenzaron a temblar nada más verle. «Le amo», pensó desesperada: «Le amo tanto». Estudió detenidamente sus rasgos. Hacía dos semanas que no le veía y tenía muchas ganas de hacerlo. —¿Qué te parece si cenamos? ¿O ya lo has hecho? —No, Bunny no está en casa, así que pensaba comer sólo un emparedado. —Perfecto, entonces te llevaré a cenar. ¿Vamos? Amy se miró la camisa y los vaqueros. Nº Páginas 102-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Espera, voy a cambiarme de ropa. —No es necesario —afirmó Vic cogiéndola del brazo—. No iremos al Outspan.


No, ése era el lugar donde la había llevado Mike y él seguramente lo sabía. —Iremos paseando —dijo Vic, y ella no preguntó por qué. En una calle estrecha entraron en un restaurante donde había varios hombres tomando cerveza, y una pareja joven cenando: La condujo hasta una mesa. De inmediato apareció un camarero que tomó nota de lo que pidieron. —¿Quieres cerveza o coca? —Coca. El camarero se retiró y Vic se apoyó en la silla tamborileando los dedos en la mesa con gesto nervioso. —¿Cómo has estado? —Bien —respondió ella. —¿Has hecho más bocetos? —Sí, pero no puedo venderlos. —¿Por qué no? —Porque no son buenos. He tenido la mente en otras cosas. —¿En Mike Saunders? —No. El camarero trajo las bebidas y Vic se tomó la cerveza de un trago. —¿Has estado saliendo con él, no es así?


Al fin había hecho la pregunta que tanto esperaba. Allí estaba de nuevo, tratando de proteger su reputación. —¿Por eso me has invitado a cenar? ¿Por qué te preocupa tanto mi vida social? ¿A ti qué te importa? —Eso me pregunto continuamente. Supongo que sigo pensando que algún día, movida por tus impulsos vas a hacer alguna locura y yo seré el único que esté a tu lado para recoger tus pedazos. —¿Qué te hace pensar que te necesito a mi lado para ayudarme? —preguntó furiosa. —No lo sé. La tranquilidad de la respuesta la dejó cortada, y aún trataba de encontrar algo que decir cuando les trajeron la comida. Eran dos enormes platos con carne, patatas fritas, tomate y salchichas. —No es una comida muy exótica —comentó Vic—. Pero para un voluntario significa comer bien por poco dinero —hizo una pausa y después insistió—: Aún no has respondido a mi pregunta. ¿Has estado saliendo con Mike? Nº Páginas 103-107


https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí. Y supongo que no estás de acuerdo. —Está casado, Amy —le dijo con tono tranquilo. —Lo sé —respondió ella impaciente. Esperaba que Vic explotara en cualquier momento, para darle una lección de moral, pero no sucedió nada. Alzando la vista comprobó que no había furia en sus ojos, sólo algo extraño que no lograba descifrar. —¿Amy, por qué estás haciendo esto? —¿Haciendo qué? ¿Saliendo con Mike? Supongo que porque me resulta agradable… y además se encuentra muy solo. —¿Y tú? ¿Estás sola? —Sí —respondió cansada ya de tratar de ocultar todo lo que le sucedía—. Sí, estaba sola, mucho más sola de lo que nunca había creído que estaría. Una soledad que era a la vez un enorme vacío y que no había nada que lo calmara… ni la escuela ni el dibujo. —¿Por qué te haces esto a ti misma, Amy? —preguntó Vic cogiéndole la mano—. No te va a llevar a ninguna parte. ¿Qué ha pasado con la muchacha que conocí una vez? No hubieras sido capaz de acercarte a un hombre casado ni


por casualidad. —No existe nada entre nosotros. Hemos salido un par de veces nada más que para hablar de su hijo. —Amy no se defendía, sólo estaba afirmando una realidad—. ¿No me crees, verdad? —Sí, te creo —afirmó mirándola a los ojos con una leve sonrisa. —¿Qué estás pensando entonces? —¿Realmente quieres saberlo? —Sí —la respuesta fue apenas un murmullo y Amy no supo porqué. —Estoy pensando en lo mucho que has cambiado. Me gustaría que siguieras siendo la chica que conocí en Nueva York, la chica con la que podía hablar con facilidad y que me comprendía. ¿Qué ha sucedido, Amy? —Yo no he cambiado, Vic. «Eres tú el que ha cambiado, pero aún te amo», hubiera querido decirle. —Sí, has cambiado Amy y ya no te entiendo —parecía enfadado, ¿o era algo diferente? De pronto le vio tomar los cubiertos y atacar la comida con desesperación como si no hubiese comido en varios días. Al terminar empujó el plato hacia atrás y bebió el resto de la cerveza. —¿Por qué no comes? Está bueno, no hay nada extraño en esta comida.


—Sé que no hay nada extraño en esta comida. Cómo… cómo me gustaría que dejaras de decir estas cosas. —¿Qué cosas? Nº Páginas 104-107 https://www.facebook.com/novelasgratis —Oh, no sé. Desde que llegué me has tratado como si pensaras que nada me gusta, como si todo lo hiciera mal y me culpas por no entender o por no saberlo todo. —¿Es lo que sientes que he estado haciendo? —Sí. Sé que he hecho algunas cosas muy tontas y que he cometido errores, pero creo que es algo normal. No puedes esperar que conozca todo en un sitio al que nunca había venido. No es necesario que me hagas sentir tan… tonta a cada momento. Y tampoco entiendo por qué piensas que nada me gusta. No vine aquí esperando encontrar las mismas cosas que hay en Norteamérica, ni buscando el modo americano de vida. ¿Crees en verdad que deseo comer langosta, beber champán e ir a restaurantes caros? ¿Qué te ha hecho pensar eso? Vine aquí por propia voluntad, sin saber lo que me esperaba, ni la obligación de quedarme. Pero tú pareces…


Vic le cogió la mano silenciándola con su caricia. —Está bien, Amy, lo siento. —Quiero un poco de café —dijo Amy mordiéndose los labios. El camarero limpió la mesa y luego les llevó el café. Amy lo probó, pero como estaba muy caliente lo volvió a dejar sobre la mesa. —Yo no soy la única que ha cambiado, sabes. Tú parecías un extraño cuando llegué. —Yo sabía que iba a cambiar. Nadie que viene a África y trabaja de la manera en que lo hacemos nosotros puede dejar de cambiar. Sabía que iba a suceder, por eso quería venir aquí —se hizo un silencio y otra vez Amy notó esa expresión lejana en sus ojos. —¿Qué sucede? —Tenía que irme, Amy. —Yo lo sabía. Lo comprendí perfectamente. —¿En serio? —Sí, lo hablamos. No estabas contento y querías comprobar si podías hacer algo más significativo en tu vida. «Yo quería formar parte de esa vida, quería amarte y que me amaras, pero tú no


dijiste nada. Sólo te fuiste». El dolor seguía estando allí y nunca desaparecería. Levantó la taza y lentamente bebió su café, sin atreverse a decir todo eso. —Tal vez cometí un error —dijo Vic, y había tanta tristeza en su voz que por un momento Amy sólo pudo mirarle sorprendida. —No te entiendo. —Yo te amaba, Amy, y cuando llegué aquí te necesitaba terriblemente. Quería tenerte conmigo, y comencé a pensar en alguna manera de pedirte que vinieras. Tenía planes, pero todo se hizo pedazos cuando llegaste precipitadamente. Nº Páginas 105-107 https://www.facebook.com/novelasgratis No tenían ningún sentido sus palabras. Amy no sabía qué decir, pero Vic no parecía esperar respuesta. De pronto se puso en pie. —Vamos —ordenó como si toda la conversación hubiera terminado. —Yo pago —exclamó ella en un impulso y cogió la cartera. —¿Y por qué? —Porque quiero, porque tengo más dinero que tú actualmente. Vic rió con ganas, y Amy agregó:


—Nunca pensé que algún día podría decir eso. —Creo que no, pero nadie me va a acusar de ser machista, por lo tanto paga tú, dama adinerada. Anduvieron un rato en silencio y de pronto Vic se metió las manos en los bolsillos y comenzó a acelerar el paso. —Sabes, Amy —empezó a decir reanudando la conversación que ella creía terminada—. Te iba a escribir una carta muy larga diciéndote que había decidido no volver a los Estados Unidos. Te iba a decir que una vez que concluyera mi misión en el Cuerpo de Paz, iba a buscar un trabajo en ultramar, África, Asia, América Latina, cualquier parte. Te iba a explicar también cómo me sentía con lo que estaba haciendo. Quería que me entendieras para poder pedirte que te unieras a mí. No hubiera sido una vida fácil para ninguno de los dos, pero hubiera sido hermosa y satisfactoria. Esperaba que me amaras lo suficiente como para correr el riesgo de dejar tu vida cómoda y segura para casarme contigo y entonces… —se interrumpió y dejó de andar volviéndose hacia ella. Estaba demasiado oscuro para que Amy pudiera leer su expresión, pero sentía que profundas emociones emanaban de Vic.


—Y entonces —siguió diciendo mientras le pasaba el brazo por los hombros —, de pronto estabas allí, frente a mí, y yo no había tenido oportunidad de prepararte. Tampoco había podido conseguir un lugar decente donde vivir. Mi primera reacción fue de furia porque en mi interior sabía que nada iba a funcionar. Pensé que después de echar una mirada a la aldea, a la vieja casa sin electricidad y llena de arañas, saldrías corriendo. —Pero no lo hice. —No, me dijiste que habías venido de vacaciones. La soltó con tanta violencia que Amy casi perdió el equilibrio. Después comenzó a caminar otra vez deprisa. Amy corrió tras él, y se detuvieron frente al apartamento. Eran tantas las cosas que ella deseaba decirle y explicarle que no sabía por dónde empezar y tampoco sabía si Vic le iba a creer. La incertidumbre la dejó muda y se miraron a los ojos largo rato. —Bunny está en casa —comentó al ver la luz en la sala. Vic miró hacia la ventana y después cogió el rostro de Amy entre sus manos. —Amy, ven a casa conmigo, por favor —había urgencia y ruego en su voz —. Tenemos que hablar, no podemos seguir así.


Nº Páginas 106-107 https://www.facebook.com/novelasgratis Amy se sentía aturdida e incapaz de pensar con claridad. ¿Serviría de algo hablar? ¿Lograría cubrir con explicaciones la distancia que los separaba? —Amy, por favor. Amy asintió como hipnotizada y siguieron caminado. Vic era como una sombra a su lado; estaban solos en la oscuridad de la noche sin una sola señal de vida a su alrededor. Amy tenía la impresión de que estaban entrando en otro mundo, como si hubieran dejado la realidad. Era un mundo en el que las palabras y las explicaciones eran inadecuadas para revelar la verdad. Una verdad que sólo era perceptible por medio de los sentidos, y definida sólo en términos de pura emoción. «Él todavía me ama». No era un pensamiento ni una explicación ni una razón. Era saber y sentir por encima de todo. De pronto Amy percibió el amor que vibraba en el aire que los rodeaba; era hermoso y brillante e iba haciendo desaparecer las oscuras sombras en su interior. La calidez del contacto con las manos de Vic era como vino corriendo por sus venas. Algo fluía entre ambos y más que el contacto físico, era un reencuentro espiritual.


—Te amo tanto —murmuró. —Lo sé —respondió él suavemente—. Yo también te amo, siempre te he amado y siempre te amaré. Se abrazaron en la oscuridad sin pronunciar una palabra más, tranquilos y seguros de su amor. Algo hizo que Amy levantara la cabeza y por entre las ramas de los árboles se divisaban las estrellas y una luna creciente que daba a la escena una mayor sensación de irrealidad. —Amy —murmuró Vic besándole la mejilla—. Tengo algo para ti —metió la mano en el bolsillo—. Hace mucho que lo llevo conmigo —extendió la mano y sobre la palma había una alianza de matrimonio, simple y sencilla, de oro. No tenía esmeraldas ni diamantes ni rubíes. La miró a los ojos con tanto amor que Amy sintió que las lágrimas asomaban a ellos sin poder contenerlas. —Amy, esto es un símbolo de lo único que tengo para ofrecerte, una vida y un amor que es simple, sólido y sincero, sin nada especial ni brillante, sólo un amor puro. ¿Quieres ser mi esposa y compartir mi vida? ¿Aceptas este anillo? Amy no podía hablar. Asintió con un movimiento de cabeza y los ojos llenos de


lágrimas. Él le cogió la mano y deslizó el anillo en su dedo. Después la abrazó y en ese momento Amy supo que eso era todo lo que siempre había añorado… un amor verdadero. Fin Nº Páginas 107-107

Camino hacia la desdicha karen van der zee  

Argumento: Amy estaba segura de que nada podía ser tan perfecto como los días pasados junto a Vic Hoyt en Nueva York... antes de que é...

Camino hacia la desdicha karen van der zee  

Argumento: Amy estaba segura de que nada podía ser tan perfecto como los días pasados junto a Vic Hoyt en Nueva York... antes de que é...

Advertisement