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Arrastrados al ParaĂ­so Karen Templeton 5Âş Serie Amores por Sorpresa


. Arrastrados al Paraíso (10.10.2005) Título Original: Swept Away (2005) Serie: 5º Amores por Sorpresa Editorial: Harlequín Ibérica Sello / Colección: Sensaciones 528 Género: Contemporáneo Protagonistas: Sam Frazier y Carly Stewart Argumento: Carly Stewart se había retirado temporalmente de la danza y estaba desesperada cuando un tropiezo la obligó a empezar a trabajar en la casa de Sam Frazier, en el pequeño pueblo de Haven, Oklahoma. Pero lo peor llegó cuando se dio cuenta de que se sentía atraída por el guapísimo granjero y.. padre de seis hijos. Después de quedarse viudo, Sam se había convertido en un experto en señales; por eso sabía que aquella bella y testaruda mujer sólo pasaba por allí. Aunque lo cierto era que le estaba costando un terrible esfuerzo resistirse a sus encantos.. y debía hacerlo, porque tarde o temprano ella se marcharía


https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 Durante los tres años que habían pasado desde la muerte de su mujer, Sam Frazier se había enorgullecido de no haber caído en el abismo de desamparo que era tan común entre los viudos, especialmente entre los que tenían niños pequeños. No sabía si era por su deseo de hacer que Jeannie se sintiera orgullosa de él o por simple cabezonería, pero pensaba que lo estaba haciendo bien. Hasta aquella soleada mañana de septiembre, cuando su hija adolescente apareció más maquillada que una corista de Las Vegas, pero llevando menos ropa, y Sam se dio cuenta de que, a pesar de todo, tenía un pie en ese abismo. Sam tomó a Libby de la mano y la hizo girar sobre sus zapatos de plataforma. Se hizo el silencio en la cocina, roto sólo por los perros, que lamían agua en sus platitos, y Sam sintió algo parecido al terror al darse cuenta de que su pequeña ya no era nada pequeña, especialmente con aquel top que le dejaba el ombligo al descubierto y con aquel oscuro color de labios. Y sabía exactamente cómo reaccionarían todos los adolescentes del condado ante ese hecho. —Más ropa y menos maquillaje —dijo Sam con calma, mirando a su hija a sus


preciosos ojos castaños—. Ve a cambiarte. —No tengo tiempo, Sean ya está aquí… —Sean puede esperar —Sam le soltó la mano y señaló con la cabeza hacia su cuarto. —No voy a cambiarme —dijo ella elevando la barbilla y cruzándose de brazos—. Todas las demás chicas van maquilladas, y todos pensarán que soy una perdedora si no lo hago. —En primer lugar, pequeña, no todas las chicas se maquillan ni llevan ropa que parece haber encogido —ya que Sam hacía sustituciones en el instituto, Libby sabía que era mejor no discutir con él—. Y en segundo lugar, no he dicho que te desmaquillaras totalmente, sólo que no lleves pintura suficiente para otras tres chicas además de ti. Y sabes que las normas del instituto no te permitirán entrar con ese top. —Bueno, llevo una camisa en la mochila para ponérmela encima cuando estoy en clase. Esto es sólo para, ya sabes, antes y después. —Y esto, ya sabes, no admite discusión. Ve a cambiarte. O Sean tendrá que irse solo y tú tomarás el autobús. O mejor aún, yo te llevaré. —¡Eso es injusto! —exclamó ella—. ¡Sólo haces esto porque no te gusta Sean!


—Esto no tiene nada que ver con si me gusta o no —dijo Sam, aunque las hormonas del chico podían olerse a kilómetros de distancia. La idea de encerrar a Libby en una torre durante los siguientes diez años le parecía cada vez más atractiva—. Pero no confío en él. Libby se puso las manos en las caderas y sus ojos brillaron. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 2-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Lo que quieres decir es que no confías en mí! —Travis, de cuatro años, se puso al lado de Sam y pidió que lo tomara en brazos. Detrás de él, Mike y Matt, los dos mayores, preparaban sándwiches para el almuerzo—. ¡Dios! ¡Ojalá te eches novia o te cases de nuevo o.. o cualquier cosa para que dejes de obsesionarte con nosotros todo el tiempo! Cinco pares de ojos miraron a Sam mientras se preguntaba qué habría pasado con la dulce niña que solía vivir allí. Tomó a Travis en brazos y el niño se agarró a su cuello, mientras Wade, de ocho años, y Frankie, que ya estaba en primer curso, masticaban en silencio el desayuno sentados a la mesa. —Puedes pensar lo que quieras, Libby —dijo Sam en voz baja—, pero estás molestando a tus hermanos, estás haciendo esperar a Sean y vas a llegar tarde


a clase. Así que sugiero que te guardes tus opiniones para un momento más oportuno. Ahora muévete, pequeña. —¡No me llames así! —exclamó, y salió de la cocina. Sam dejó a Travis en el suelo y se volvió hacia sus otros hijos. —Se está haciendo tarde. Wade, ¿es mi imaginación o llevas la misma camisa de ayer? —frunció el ceño—. ¿Y anteayer? —el chico se encogió de hombros y Sam no pudo evitar sonreír—. Ve a cambiarte antes de que tu profesor te haga sentarte fuera, ¿de acuerdo? El niño salió de la cocina mientras, con una asombrosa precisión, los demás lavaban los platos, distribuían la comida y terminaban de vestirse. Llevar una granja era un reto, pero criar a seis hijos era aún peor. Pero era sorprendente lo bien que podían ir las cosas simplemente estableciendo unos parámetros básicos y asegurándose de que todos hacían su parte. Al menos, hasta el ataque de las hormonas asesinas. Todos los chicos excepto Travis salieron para subir al autobús de la escuela. Sam sintió un antiguo y conocido dolor en su pierna derecha y la liberó del peso de su cuerpo, pensando que no había razón para cambiar el método que tan bien le


había ido desde la muerte de Jeannie. Dios, la había echado tanto de menos durante los primeros meses que había pensado que se volvería loco. Pero el dolor había pasado o, al menos, había disminuido, al igual que la torpeza colectiva. Jeannie nunca había querido que todos dependieran de ella, y Sam lo sabía, pero hacer ella misma las cosas era algo que estaba en el carácter de su difunta esposa. Cuando murió de un aneurisma que nadie había podido detectar, y mucho menos prevenir, se hizo evidente lo inútiles que todos eran para las tareas de la casa. Pero aquellos tiempos habían pasado, y ahora que las cosas iban más o menos bien, no había ninguna necesidad de estropearlo todo añadiendo otro ser humano a la familia. Sam ya había conocido a su verdadero amor. No había durado tanto como habría deseado, pero nadie reemplazaría a Jeannie, y ni siquiera tenía intención de intentarlo. No importaba lo que Libby pensara. Ni la inmensa soledad que lo ahogaba. Su hija volvió a aparecer, esa vez con el ombligo cubierto y con un maquillaje que Sam consideraba más apropiado para una chica de casi quince años. La


agarró Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 3-133 https://www.facebook.com/novelasgratis de nuevo, en esa ocasión para darle un abrazo que ella soportó pacientemente durante un par de segundos antes de recoger su mochila y salir por la puerta trasera. Solo en la cocina, excepto por un perro o dos y un gato que debió de haberse colado cuando todos se marcharon, Sam volvió a decirse a sí mismo que lo estaba haciendo bien. Encontró a Travis en el salón, tumbado boca abajo en el suelo y viendo la tele. —Eh, chico grande, ¿has hecho tu cama? —Ajá. —Entonces, ve a hacer pipí y agarra tu chaqueta. Tenemos que comprar algunas cosas para arreglar vallas. Medio minuto después el niño regresó a la sala, intentando ajustarse los pantalones. Sus ojos, exactamente del mismo tono azul que el de su madre, miraron a Sam. que se acercó a él para ayudarlo a vestirse.


—¿Puede venir Radar? Sam le echó una mirada a su adquisición más reciente, un perro que parecía una mezcla de oveja y liebre gigante y que tenía las orejas más grandes que Sam había visto nunca en un animal. El perro había aparecido un mes atrás durante una tormenta y no parecía nada interesado en marcharse. Aunque Sam no se cansaba de repetir a sus hijos que no adoptarían más animales, todos los gatos y perros sin hogar de Mayes County parecían destinados a terminar en su casa. —No veo por qué no —dijo, y el niño y el perro salieron a la vez de la casa. Segundos después estaban todos en la camioneta. El sol había hecho desaparecer gran parte del frío de la mañana, dejando un brillante día capaz de animar a cualquiera, aunque tuviera que enfrentarse a un ejército de adolescentes cabezotas. Los pensamientos de Sam volaron hacia otra muchacha adolescente, cuyo rostro se ruborizaba violentamente por la recién descubierta pasión sexual durante las largas sesiones de besuqueos con otro joven que se moría por descubrir lugares en los que nunca habían estado. Sam había respetado el deseo de Jeannie de permanecer virgen hasta el


matrimonio, aunque la espera casi los había matado a ambos. Por eso no lo sorprendía que Jeannie se hubiera quedado embarazada en la misma noche de bodas, ni que Libby tuviera aquel carácter, siendo el producto de tanta pasión contenida. Teniendo en cuenta lo buena que había sido su vida sexual con Jeannie, no tenerla durante aquellos años no había sido tan malo como había pensado. La granja, sin embargo, estaba mejor que nunca, y eso le hacía pensar, mientras subía una colina tras una pequeña camioneta con matrícula de Ohio, que probablemente fuera el único granjero al que le gustaba repara vallas. Sus pensamientos se desintegraron cuando, con un chirrido de neumáticos, la camioneta que tenía delante se salió de la carretera, deteniéndose bruscamente en Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 4-133 https://www.facebook.com/novelasgratis una zanja. Sam sintió que la adrenalina le recorría todo el cuerpo mientras detenía su propio vehículo. —Quédate aquí. Voy a comprobar que todos estén bien —le dijo a Travis, desabrochándose el cinturón y saliendo del vehículo, justo a tiempo de escuchar una voz femenina, seguida de otra masculina.


La puerta del conductor de la otra camioneta se abrió y salió la mujer más delgada que Sam había visto en toda su vida, con la gracia de una mariposa saliendo de su capullo. La luz se reflejaba en los numerosos pendientes que llevaba. —,Estás bien? —preguntó Sam acercándose a ella. —Sí, estoy bien —dijo la chica, pasándose la mano por el cabello oscuro, que llevaba recogido en una coleta. Sus ojos azules se apartaron de Sam por un momento para mirar a la cabina de la camioneta—. ¿Papá? ¿Puedes salir? Sam se acercó para echar una mano justo cuando un par de piernas salían de la cabina, seguidas por una cabeza cana y unos anchos hombros. Con un gruñido, el hombre se puso en pie. —Sí, sí, estoy bien —le dijo a la chica. Sam extendió la mano para presentarse. —Sam Frazier. Tengo una granja a unos tres kilómetros. —Lane Stewart —respondió el hombre, dándole la mano con firmeza. Después señaló con la cabeza hacia la mujer, mirándola con una mezcla de exasperación y diversión—. Y ella es mi hija, Carly. A quien cierta ardilla debe su vida. Esas palabras provocaron que la chica pusiera sus hermosos ojos azules en


blanco, con un gesto que a Sam le recordó a Libby. Aquélla también llevaba ropa que parecía sacada de un catálogo de jóvenes, pero ya no era ninguna adolescente. Tenía pequeñas arrugas de expresión alrededor de los ojos, los pechos bien formados y se movía con una gracia tan hipnótica que Sam empezó a pensar en cosas que no tenían nada que ver con ayudar a unos desconocidos que habían tenido problemas con el coche. Eso era. Problemas con el coche. —¡Podréis mover la camioneta? —le preguntó al padre de Carly, mientras Travis y Radar salían del otro vehículo. —No tengo ni idea —contestó Lane, y Sam tomó sus palabras como una invitación para unirse al otro hombre y mirar debajo del vehículo. Un momento después, tras haber comprobado que el eje se había doblado, Lane tomó su móvil para buscar ayuda, mientras Carly y Travis se miraban el uno al otro. —Seguramente enviarán a Darryl Andrews. Es el único mecánico que hay en la ciudad —dijo Sam. —¿Y qué ciudad es ésa?


—Haven. Oklahoma. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 5-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Mientras Lane pedía una grúa, Sam se giró para mirar a Carly y a su hijo, que parecían haber entablado conversación. En ese momento, la mujer giró la cabeza hacia él. —Es mi papá —dijo el niño, y Carly se obligó a apartar la mirada de aquel hombre a quien encontraba tan fascinante. Tampoco había nada espectacular en él. Sólo era un tipo con vaqueros, una camisa abierta sobre una camiseta y una gorra de Purina, pero Carly se sentía atraída hacia él como un imán. Las tripas le sonaron, recordándole que no había desayunado. —Me lo figuraba —le contestó al niño, pensando que tal vez debería sonreírle o hacer algo—. ¿Cómo te llamas? —Travis. ¿Por qué llevas tantos pendientes? Carly se llevó la mano a una oreja, donde llevaba una hilera de pequeños pendientes y otros algo más grandes. —Porque me gustan. Y así no tengo que pensar cuál me pongo cada mañana.


—Mi hermana Libby también tiene agujeros en las orejas, pero sólo uno en cada una. ¿Te duele? —No —dijo Carly, mientras el perro, una masa de pelo gris y negro con unas enormes orejas, se acercaba a ellos. —Se llama Radar —la informó el niño. El perro ladró y Carly se rió, lo que Radar tomó como una invitación para saltar y ponerle las patas delanteras en los muslos. —¡Radar! ¡Abajo! —dijo Sam, tomando al perro por el collar. —No, no, está bien. De verdad —contestó Carly mientras miraba a Sam a la cara. Y se olvidó de respirar durante un par de segundos, porque en aquellos ojos castaños había algo extraordinario. Algo que era más que simpatía e inteligencia. Algo sensual. Era honestidad, pensó. La franqueza de un hombre que no tenía nada que ocultar. O tal vez nada que perder. —Darryl llegará en diez o quince minutos con el remolcador. Oye —dijo Sam cuando ella se balanceó ligeramente—, ¿seguro que estás bien? —¿Qué? Ah, sí, estoy bien. Es que tengo hambre. Me salté el desayuno.


Bueno —añadió—, gracias por haberte parado, pero no tiene mucho sentido que te quedes si el remolcador llegará enseguida. —En la cabina de Darryl sólo hay sitio para una persona, así que supongo que uno de vosotros tendrá que venir conmigo. Travis tiró de los faldones de la camisa de Sam. —¿Has visto cuántos pendientes lleva, papá? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 6-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí —contestó, observándola—. Los he visto —entonces su mirada se deslizó hacia abajo y Carly se dio cuenta de que sus pendientes no eran lo único que había visto. O aprobado. Bueno, ése era su problema. —¿De verdad te desviaste para evitar a una ardilla? —preguntó Sam. —Así es —contestó, haciendo una mueca al sentir que una de sus rodillas dejaba de sostenerla. Sam la tomó instintivamente por el codo para evitar que se cayera. —¿Qué ocurre?


—Es mi rodilla. O lo que queda de ella. Necesito sentarme. —¿Puedes subir a la camioneta? Ella asintió y Sam le pasó un brazo alrededor de la cintura para ayudarla a subir. Al hacerlo, Carly se dio cuenta de que olía muy... masculino, aunque no sabía muy bien qué quería decir eso. Se remangó la pernera del pantalón para masajearse la rodilla vendada. —¿Qué te ha pasado? —preguntó él, señalando la rodilla con la cabeza. —Varias lesiones. Soy bailarina. Era bailarina —añadió. —Supongo que no es un eufemismo para decir stripper. Aunque sentía intensas punzadas de dolor, Carly se rió. —No. No estoy dotada para ese tipo de trabajo. Sam le dedicó una sonrisa encantadora y ella pudo sentir el aroma masculino a ropa limpia y ese algo indefinible que conseguía que a una mujer se le hiciera la boca agua. —Me dedicaba al ballet —dijo ella—. En Cincinnati. —¿En serio? —Sam apoyó un brazo en el techo de la camioneta, cambiando de postura para evitar el dolor de su pierna derecha—. Siempre me he preguntado cómo podéis bailar sobre las puntas de los pies. —Con mucho dolor. ¿Y tú? —preguntó, señalando la pierna de Sam.


El hizo una mueca. —Tuve un encuentro con una vaca de mal carácter hace un par de años, el día de Acción de Gracias. Me dijeron que el hueso se había soldado perfectamente, pero la verdad es que puedo decirte cuándo ya a llover. Y... ¿qué os trae por aquí? Ella se bajó la pernera y miró a su padre, que estaba entretenido con Travis. Era una pena desperdiciar aquel potencial de abuelo con una hija que no tenía interés en ser la madre de nadie. —Sólo viajamos por la carretera. —¿Por qué tengo la sensación de que hay una historia detrás de eso? Ella sonrió y se incorporó en el asiento, intentando encontrar una postura cómoda para la rodilla. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 7-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Mi madre murió hace un par de años —dijo suavemente, sintiendo el dolor que su pérdida le había producido y del que aún no se había recuperado totalmente—. Papá insistía en que estaba bien y yo lo creía, porque me hacía la vida más fácil. Pero cuando realmente me fijé en él, no me gustó lo que vi. Así que le sugerí que nos subiéramos a la camioneta y que condujéramos hasta aburrirnos.


—¿Y funciona? —¿Con mi padre, quieres decir? Es difícil de decir. Es un maestro ocultando sus sentimientos. Supongo que eso es lo que se consigue estando veinte años en el ejército. ¡Oh! ¿Ese es el remolcador? Sam se dio la vuelta. —Así es. ¿Qué te parece si yo te llevo a la ciudad y tu padre va con Darryl? —Me parece bien —contestó Carly, aunque en realidad lo que le parecía era peligroso. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 8-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 —Vaya, vaya, vaya... ¿Has visto lo que tenemos ahí? Después de haber atendido un parto difícil que había terminado en el hospital de Claremore, Ivy Gardner no estaba segura de qué otra cosa podría ver. En aquel momento estaba empezando a pensar que ya era demasiado vieja para esas cosas, aunque le encantara su trabajo. Y también podría pasar sin Luralene Hasting, que no


hacía más que pincharla sin dejarla siquiera terminar el primer café de la mañana. Pero como sabía que la pelirroja propietaria de Hair Wc Are no pararía hasta que respondiera, le echó una mirada a la desconocida pareja que se sentaba en el último banco de la cafetería, leyendo los menús de veinticinco años de antigüedad que ya nadie del pueblo leía. Al mirar, su cerebro profirió un «mmm» de interés. Definitivamente, aquel hombre era atractivo, no podía negarlo, con aquellos hombros anchos y un cabello espeso y encanecido. Ivy se removió en su asiento, sintiéndose incómoda. —Me pregunto quiénes serán —dijo Luralene, pinchando a Ivy de nuevo. —¿Acaso importa? Unos exasperados ojos verdes, que desentonaban con la sombra de color turquesa de los párpados, la miraron. —¿Sabes, Ivy? Recuerdo cuando solías ser divertida. —Y yo recuerdo cuando solías ser sutil —tomó un sorbo de café y sacudió la cabeza—. Olvida lo que he dicho. Tú nunca has sido sutil. —Oh, oh... No mires ahora pero... ¡te está mirando! Por supuesto, Ivy levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los ojos


azules del hombre, haciendo que el estómago le diera un vuelco. Durante un momento Ivy se preguntó si el desconocido necesitaría gafas, pero después sintió una punzada de curiosidad. Entonces el hombre volvió a concentrar su atención en la joven que estaba con él, todo se esfumó e Ivy oyó que Luralene le preguntaba cómo iba la campaña para la alcaldía. De repente sintió el deseo casi incontenible de estamparle a la pelirroja uno de los pastelitos de frambuesa de Ruby en la boca. Todavía no sabía cómo se había dejado convencer para presentarse a alcaldesa, aunque le parecía recordar que los hermanos Logan habían tenido algo que ver en ello, especialmente el más joven, que era su yerno. Pero cuando el alcalde Cy Hotch kins, que ya tenía más de ochenta años, había decidido no presentarse de nuevo a las elecciones, Arliss Potts, la mujer del predicador metodista, más conocida por sus excentricidades culinarias que por sus cualidades de líder, se había presentado como candidata. Y Dawn, la hija de Ivy y única abogada del pueblo, había reunido suficientes firmas para lograr que Ivy entrara en las votaciones, y de repente se había convertido en una candidata política. Ella, una antigua hippie que había tenido el valor de criar a su hija ilegítima en un pueblo que no tenía fama de ser precisamente liberal. Al menos, no treinta años atrás.


Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 9-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Pero ahora todos pensaban que una mujer que había creído lo suficiente en el pueblo como para quedarse a pesar de las censuras era la persona perfecta para la alcaldía. Además, más de la mitad de la gente que no había aprobado su comportamiento años atrás ya había muerto, e Ivy había atraído los votos de muchos jóvenes. En realidad, sus posibilidades de victoria no eran pocas. —La campaña va bien —dijo finalmente, pero Luralene ya estaba escaneando de nuevo el local, como si tuviera un radar en la mirada. En ese momento entró en la cafetería Jenna Logan con su sobrina Blair, que sonreía radiantemente a todos, y Ruby exclamó: —¡Vaya, mira quién se ha quitado la ortodoncia! El comentario provocó que los desconocidos, padre e hija, suponía Ivy, levantaran la mirada y sonrieran, y entonces ella pudo ver todos los pendientes que adornaban las orejas de la mujer y los numerosos anillos que llevaba en las manos. Parecía un poco mayor para ir vestida como estaba pero, a decir verdad, Ivy no era la persona apropiada para juzgar el vestuario de nadie, ya que llevaba


una larga y amplia túnica bordada de la India. Por no hablar de sus sandalias de arco alto. El teléfono móvil del hombre sonó. Lo sacó del bolsillo de la camisa, dijo «ajá» y «comprendo» varias veces, colgó y frunció el ceño mientras le decía a la mujer algo que le hizo curvar los labios en una mueca. La chica se inclinó para recoger el bolso del suelo mientras el hombre pagaba la cuenta y alababa la cocina de Ruby, con lo que se ganó la sonrisa más brillante de la mujer negra. Los dos pasaron junto a los asientos de Luralene e Ivy al dirigirse a la puerta, y el hombre le provocó una subida de tensión a Ivy al mirarla a los ojos directamente, saludándola con la cabeza. ¿Has visto eso? —le preguntó Luralene. Pero Ivy no podía oírla, porque el torrente sanguíneo se le había acumulado en los oídos. Sam les había prometido a los Stewart que se reuniría con ellos después de haber hecho todos sus encargos para ver qué tal les iba, y eso era lo que pretendía hacer. Primero porque era un hombre de palabra y, segundo, porque no le parecía bien abandonarlos a su suerte. Sin embargo, no se sentía muy cómodo ante la idea de


ver otra vez a Carly, aunque no sabía muy bien por qué. Era evidente que la mujer despertaba cosas en él que prefería dejar dormidas. De todas formas, cuando llegó a la cafetería de Ruby, ya se habían marchado. —Y no parecían muy felices —lo informó Ruby, poniéndole delante el burrito que Travis y él iban a compartir como desayuno. La mujer de pelo canoso frunció el ceño—. ¿Cómo los conociste? —Íbamos detrás de ellos cuando su camioneta se metió en una zanja. El eje está roto y no tuve el valor suficiente de decirles que probablemente Darryl tardaría bastante en encontrar uno de repuesto, por lo que supongo que se quedarán una temporada. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 10-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Ruby le dirigió una mirada inquisitiva, del tipo que precedía a un comentario que seguramente no querría escuchar, así que se sintió más que agradecido cuando Blaír Logan apareció a su lado, sonriéndole.


—Hola, Blair —la saludó Sam, sonriendo a su vez a la mejor amiga de Libby. Era una chica tranquila y racional cuyos vaqueros y blusa de manga larga la hacían parecer más delgada, sin resaltar demasiado sus curvas. Blair no parecía estar encaminándose al lado oscuro, al contrario que Libby. Al menos, no de momento—. Ya te has quitado el aparato, eh? —Sí, esta mañana —contestó la chica mientras alzaba a Travis para darle un abrazo—. ¿Conoces a esos dos que estaban aquí antes? —En realidad, no. Sólo me paré para ayudarlos en la carretera. —Ah. La mujer parecía maja. Para alguien de su edad, quiero decir. De vuelta en la camioneta, cargada con suficientes vallas y herramientas como para circundar todo el estado, Sam condujo hasta el garaje de Darryl Andrews, situado a tres manzanas de distancia, mientras decidía no ver cómo Travis compartía su mitad del burrito con el perro en el asiento trasero. Carly y su padre estaban en la puerta del garaje, con expresión de no saber qué hacer. Sam sintió una punzada de deseo sexual al ver el cabello de la mujer cayendo sobre su largo cuello. Pensó en Libby y en sus hormonas descontroladas, en


que Blair creía que Carly era «maja», en que Libby vería en aquella mujer un espíritu afín y se maravilló de que su cerebro fuera capaz de producir tantos pensamientos a la vez. Se acercó a ellos y Carly se apoyó en la ventanilla del pasajero, diciendo: —Darryl dice que tardará una semana en arreglar el eje, así que parece que estamos atrapados —en ese momento Sam se dio cuenta de lo jugosos que parecían sus labios y pensó: «Esto es una locura». También se dio cuenta de que la mujer tenía la expresión resignada de alguien que sabe que enfadarse no llevaba a ninguna parte—. Supongo que necesitamos un sitio donde quedarnos unos días. ¿Hay algún motel por aquí cerca? Esa era la parte que él estaba temiendo, porque sabía cuáles eran las opciones. —Está el Flecha Doble cerca de mi granja, pero estará cerrado durante dos semanas más, hasta que los propietarios terminen de reformarlo. —Entonces, ¿no hay ningún sitio en el pueblo? —preguntó el padre de Carly —. ¿Una casa que alquile habitaciones o algo? Cualquiera podría haber estado detrás de Carly y de su padre cuando su camioneta se salió de la carretera aquella mañana, y cualquiera habría hecho la oferta que Sam estaba a punto de hacer. Pero no había sido cualquiera; había sido él, Casi podía oír a Jeannie diciendo «nada ocurre sin una razón», aunque su voz no le


pareció tan clara como solía ser. —No, sólo el Flecha Doble. Pero si no os molesta la vida familiar, podéis quedaros con nosotros. Libby, mi hija, tiene otra cama en su habitación, y hay un sofá cama en el salón. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 11-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Oh, bueno —comenzó a decir Lane, mientras su hija miraba a Sam como si no supiera qué pensar—, no queremos molestar… —No es ninguna molestia —dijo Sam porque, logísticamente, no lo era—. Además, no parece haber muchas más opciones, ¿no? El padre y la hija se miraron durante unos segundos y después dijo Lane: —Te pagaremos por darnos alojamiento. Sam se rió. —Estás hablando de una granja de noventa años de antigüedad seis niños y un solo baño. No me parecería correcto aceptar vuestro dinero. —Entonces haremos un trato —dijo el hombre—. Si tienes trabajo que hacer en la granja, cuenta con nosotros. Sam notó cierta ansiedad en la voz de Lane que lo sorprendió.


—Pensaba que estabais de vacaciones. —Créeme —contestó Lane—, si hubiera elegido yo mis vacaciones no estaría conduciendo por el país con este estorbo a mi lado —dijo señalando a Carly. —¡Oye! —protestó ella. Pero como nadie parecía tomar a nadie en serio, Sam pensó que él tampoco tenía por qué hacerlo. Así que subieron a la camioneta, y unos segundos después el vehículo estaba lleno de voces y risas. Y de un suave aroma a coco, que a Sam nunca le había resultado atractivo.., hasta ese momento. ¿Seis niños? Carly miraba al frente mientras la camioneta daba tumbos por la carretera, intentando no fijarse en las venas que sobresalían de las manos de Sam, aferradas al volante. ¿Quién demonios tenía seis hijos en aquellos días? Gracias a Dios que por lo menos su padre y ella no estaban solos, aunque no se sentía con muchos ánimos de dar gracias a nadie por la situación en general. Ya había pasado el suficiente tiempo desde su última relación como para que empezara a echar de menos el sexo. Y mucho. Había sentido varias veces la punzada del deseo sexual y sabía que sobreviviría otra vez. El problema era lo que tendía a hacer para sobrevivir. Sintió el aroma del aftershave de Sam y cerró los ojos, mientras repetía «mal, mal, mal» mentalmente. Los hombres, que no tenían ni idea de los nefastos demonios que poblaban su


mente, se habían enzarzado en una conversación sobre deportes o algo así. La verdad era que ella no estaba prestando mucha atención, ya que sus pensamientos orbitaban alrededor de una sola idea: que aquel viaje cada vez se alejaba más de su idea original de «ir donde la carretera nos lleve». No estaba especialmente preocupada por el asunto del eje, ni tenía ningún problema con el alojamiento. Dios sabía, aunque no su padre, que había pasado más de una noche en lugares sórdidos a lo largo de los años. Sin embargo, no le resultaba Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 12-133 https://www.facebook.com/novelasgratis muy reconfortante descubrir que, a sus treinta y siete años, sus hormonas parecían haber perdido el control, como cuando tenía veinte años. O quince. Carly había aceptado hacía tiempo el hecho de que le faltaban los instintos propios de otras mujeres hacia sus compañeros, y no sería muy sincero creer que sería capaz de tener una relación próspera con un hombre simplemente madurando un poco más. Así que sentirse atraída por un granjero con un montón de niños, y casado, seguramente


era bastante deprimente. Un momento. Sí Sam estaba casado… Carly se aclaró la garganta y dijo: —Hmmm… ¿no deberías avisar antes a tu mujer de nuestra llegada? Vio que las manos de Sam se tensaban mientras cambiaba de marcha para subir una colina. _Jeannie falleció hace casi tres años —dijo suavemente. Al oírlo, Carly sintió una oleada de compasión por aquel extraño que les había abierto las puertas de su casa. Era evidente que había amor en la voz de Sam, y también tristeza, algo que ella entendía bien. —Lo siento mucho —contestó finalmente, pensando, igual que hacía su padre, lo difícil que le debía de resultar criar a seis hijos él solo. Sam aceptó sus condolencias y después dijo: —La granja está ahí enfrente. No es gran cosa, pero la llamamos hogar. Pero Carly apenas vio los árboles frutales, los campos sembrados de trigo ni la modesta granja de dos pisos pintada de blanco y azul, que reposaba bajo las ramas de un enorme roble. Porque estaba pensando que, aunque Sam no tuviera


mujer, seis niños eran una buena supresión de la libido. Porque de ninguna manera se iba a involucrar con un hombre padre de seis hijos. De ninguna manera. Sentada sola en la hierba, fuera de la cafetería del instituto, Libby le dio un mordisco a su sándwich. Las risas de las chicas más populares le llegaban gracias a la brisa. La comida era un asco si Blair no estaba con ella. Y Sean tampoco le era de mucha ayuda, porque le gustaba pasar cada rato libre trabajando en los coches que había para reparar en Auto. Así que allí estaba, sola con su sándwich. Y con una bolsa de patatas fritas y una manzana. En realidad, el instituto no era tan malo. La mayoría de las clases estaban bien, aunque podría prescindir del señor Solomon, el profesor de inglés, que siempre se comportaba como si quisiera ser el mejor amigo de todo el mundo. No le ponían demasiados deberes, y había sacado más de un nueve en el primer examen de biología, pero la comida era un infierno. No sabía por qué la mayoría de sus amigos del colegio había decidido que seguir con los antiguos compañeros no estaba a la moda. Cuando se lo había comentado a su padre, éste le había dicho que no


se preocupara, recordándole lo difíciles que habían sido las primeras semanas en el colegio y lo bien que al final había salido todo. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 13-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Como si su padre supiera cómo se sentía. Él solía estar en la onda, hasta que se había vuelto demasiado protector. Corno si enseñar unos centímetros de piel o llevar maquillaje la fueran a convertir en una desvergonzada ¡Estaba en el instituto, por el amor de Dios! ¿Acaso no se daba cuenta? Libby bajó la vista hacia sus pechos, de talla 90C y creciendo, y suspiró, pensando que tal vez su padre se diera cuenta de más cosas de las que ella quería admitir. Entonces vio a Blair acercándose, con su cabello pelirrojo brillando a la luz del sol como si fuera fuego, y se sintió un poco mejor. —¿Dónde estabas? —preguntó Libby. —Ya te lo dije, esta mañana me quitaban el aparato. —Ah, sí. Lo olvidé. Déjame ver. Blair le enseñó los dientes, como si fuera un perro. —Me resulta extraño —dijo Libby—. Supongo que porque siempre te he visto


con el aparato. Blair y su tía Jenna, que habían llegado a Oklahoma desde Washington para buscar al padre de Blair, Hank Logan, y al encontrarlo Jenna se había enamorado de él y se habían casado, lo que Libby consideraba la historia más romántica que había oído nunca, llevaban viviendo en Haven poco más de un año. Blair y Libby se habían convertido en las mejores amigas en cuanto se conocieron. Libby a veces pensaba que esa rápida amistad podía tener algo que ver con que Jenna era muy parecida a Jeannie, su difunta madre, pero nunca se lo había dicho a nadie, por miedo a que se rieran de ella. —Yo también me siento extraña —dijo Blair, pasándose la lengua por los dientes—. Pero si me acostumbré a tener el aparato, supongo que también me acostumbraré a no tenerlo. —¿Has comido antes de venir? —Sí, Jenna me llevó a la cafetería de Ruby. ¡Oh! —se incorporó mientras sus ojos azules brillaban de excitación—. Casi se me olvida. Estaban esos forasteros, el hombre y su hija, esa mujer que parece tan guay, y creo que tu padre los ha llevado a tu casa. —¿De qué estás hablando? ¿Por qué iba mi padre a llevar a dos extraños a la


granja? ¿Y cómo demonios sabes eso? Blair tomó una patata frita de la bolsa de Libby y dijo: —Tu padre también estaba en el café de Ruby, y dijo que iban detrás de ellos cuando su camioneta se salió de la carretera y terminó en una zanja… —¡Oh, Dios mío! ¿Hay alguien herido? —No, creo que no. Pero creo que la camioneta va a estar fuera de servicio una temporada. Después Jenna y yo paramos en el garaje de Darryl para echar gasolina y los vi montarse en la camioneta de tu padre con todas sus cosas. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 14-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sólo porque mi padre se ofreciera a llevarlos no quiere decir que los vaya a meter en casa. Blair tomó otra patata. —¿Y a qué otro sitio podría llevarlos? Ya sabes que el Flecha Doble está cerrado hasta que mi padre y Joe terminen la reforma… Bueno, eso era cierto, pero aun así, una cosa no implicaba necesariamente la otra…


—¡Hola, cariño! —Sean le dirigió una brillante sonrisa mientras se dejaba caer en la hierba, junto a ella—. Hola, Blair —añadió—. ¿Cómo estás? —Bien respondió la amiga de Libby, y ésta ahogó un suspiro, porque Blair y Sean no se llevaban muy bien. Libby no estaba segura de por qué, pero sospechaba que tenía que ver con el deseo de no querer compartirla. Bueno, tendrían que acostumbrarse, ¿no? Libby sonrió mirando a Sean a sus maravillosos ojos de color café e intentando no suspirar. Sabía que quería besarla, pero las normas del instituto no permitían ningún gesto de afecto. Sean era uno de los chicos más monos del instituto y podría haber conseguido a cualquier chica, por eso Libby se había sorprendido cuando había empezado a rondarla. Y casi no podía creérselo cuando una semana atrás se había ofrecido a llevarla a casa en su coche y, al despedirse, le había dado el más dulce de los besos. Se habían besado algo más, bueno, en realidad mucho más, desde entonces y a decir verdad, lo que Libby sentía cuando se besaban casi la asustaba. Como cuando era


pequeña y jugaba a girar sobre sí misma hasta que se mareaba y se caía. Pero pensaba que era como ser nueva en el instituto, y que poco a poco se acostumbraría. —Pensé que estabas trabajando en el coche de Dawn Logan. Sean sonrió. —Y así era. Pero me di cuenta de que, si pasaba allí toda la hora, no vería a mi chica en otras tres horas y media. Blair hizo un extraño sonido con la garganta y Libby le lanzó una mirada que quería decir «no lo digas» antes de devolverle la sonrisa a Sean. Nadie la había llamado «mi chica» antes y estaba dispuesta a disfrutar cada momento. El timbre sonó para anunciar el comienzo de las clases y, antes de que Libby pudiera levantarse, Sean ya se había puesto de pie y le ofrecía la mano. Libby se ruborizó al verse tratada como una dama y también de vergüenza al pensar que tal vez Sean no podría con su peso. Resolvió el problema apoyándose en una rodilla para que él no pudiera hacer todo el trabajo y volvió a ruborizarse cuando él le besó la mano. Detrás de Sean, Blair puso los ojos en blanco. Libby decidió que sólo era porque estaba celosa, pero era lo suficientemente amable como para no enfadarse con


ella. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 15-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Duchada y vestida con su blusa favorita y unos pantalones de flores, Carly estaba sentada en el columpio que había en el porche de Sam, con mirada ausente y sosteniendo en las manos una taza de café que ya se había enfriado. Había tenido la esperanza de que la ducha y el café le aclararan la cabeza, pero se había equivocado. A pesar de esas dos cosas, del cielo despejado y del agradable olor a heno, no podía sacudirse la sensación de que estaba a punto de ser puesta a prueba de alguna manera. Todos los hombres, junto con los perros llevaban fuera dos horas. Habían dicho algo de ir a reparar vallas, y Sam se había marchado sin preocuparse, aparentemente por dejar a una desconocida sola en su casa. Carly se levantó, tiró lo que quedaba del café al campo y después estiró los brazos por encima de la cabeza. Tomó aire y se inclinó hacia delante despacio hasta


que las palmas de sus manos tocaron el suelo por delante de sus pies. La idea de perder la flexibilidad y el control de su cuerpo la horrorizaba. Y hablando de horrores… Se había estremecido al entrar en la casa y encontrarla tan imposiblemente ordenada. Todo estaba colocado, almacenado O colgado en su lugar correspondiente, y no había ni una telaraña en el techo, ni una pelusa en el cuarto de baño. Hasta las botas estaban ordenadas con precisión militar en un rincón, por tamaños, excepto unas pequeñas botitas rojas que estaban caídas. Por toda la casa había fotos familiares, y la esposa de Sam estaba en, por lo menos, la mitad de ellas. Era una mujer guapa y regordeta que, sin lugar a dudas, había estado enamorada de su marido, de sus hijos de su vida. A Carly se le encogió el corazón al pensar en el vacío que habría dejado en su familia. Llevó la taza vacía a la cocina, donde una docena de notas pegadas por todas partes daban instrucciones, en ese caso, a ella, de fregar lo que se había ensuciado o de meterlo en el lavavajillas. Sonriendo, La limpió y la guardó en el armario, y después pensó que podría hacer algo para comer, ya que los chicos volverían pronto. Otra nota pegada en la puerta de la nevera recordaba que había que pensar qué


era lo que se quería antes de abrir el refrigerador, pero ya que ella no sabía lo que había dentro, decidió que podrían perdonarla por abrir y curiosear. Sólo por esa vez. Encontró muchos de los ingredientes que recordaba haber visto en la casa de sus abuelos durante los veranos: jamón, queso, lechuga, jugosos tomates, mostaza y pan blanco. Estaba segura de que la leche sería fresca, ya que había oído los mugidos de las vacas mientras estaba sentada en el porche. Y si quería agua, ahí estaba el grifo, del que, estaba segura, saldría un agua fresquísima. Con un gato enroscándosele en los tobillos, empezó a cortar rodajas de tomate sobre una tabla de madera, y frunció el ceño al ver una pizarra dividida en secciones, donde se apuntaban las actividades que cada uno debía realizar. Hasta el pequeño Travis estaba allí, encargado, según pudo leer, de darle de comer a las gallinas y recoger los huevos. Se dio cuenta de que siempre había algún otro hijo mayor con las mismas actividades del pequeño, por lo que supuso que Travis aún estaba aprendiendo. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 16-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Oyó el motor de una camioneta en el exterior y un minuto después la cocina se


llenó de risas y de bufidos del gato al ver que Radar entraba. Travis entró seguido del padre de Carly y después llegó Sam. Los dos hombres tenían en su mirada el brillo inconfundible de la satisfacción del trabajo bien hecho. O, al menos, simplemente hecho. Su padre, especialmente. ¿Cuándo era la última vez que lo había oído reírse así o que había visto esa sonrisa en su rostro? —He preparado algo de comer —anunció ella, señalando la mesa—. Sándwiches. De jamón y de queso. O de las dos cosas, si os sentís aventureros. —Creo que necesito darme una ducha rápida primero —dijo su padre— si no hay inconveniente —añadió, mirando a Sam. —Adelante —contestó éste, y el padre de Carly desapareció. Sam colgó su gorra en un perchero que había cerca de la puerta y, al quitársela, algunos mechones de pelo le cayeron sobre la frente. Se los apartó mientras veía cómo Travis alargaba la mano para tomar un sándwich. Sam lo detuvo diciendo: —No sin antes lavarte las manos —entonces su mirada se encontró con la de Carly y dijo—: No tenías por qué haberte molestado en preparar la comida. —No pasa nada —contestó ella, deseando desesperadamente hacer o decir algo


que aliviara un poco el ambiente, que de repente parecía haberse cargado—. No tenía nada que hacer. ¿Qué quieres beber? —Estoy muy sudado —dijo él, sin dejar de mirarla a los ojos, y lo único que pudo pensar Carly fue «menos mal que mi padre ha salido de la cocina». —¿Quieres hablar de sudor? Imagínate a cincuenta bailarines metidos en un pequeño estudio sin aire acondicionado en julio. A su lado, no tienes nada que hacer. Por lo menos ese comentario logró arrancarle a Sam una sonrisa, y fue como si el hielo se rompiera un poco. Sam llevó a Travís al fregadero, aupándolo para que pudiera lavarse las manos, y después humedeció un papel de cocina para enjugar la cara del niño; Carly no dejaba de observarlo, preguntándose cómo era posible que, después de todos los cuerpos hermosos que había visto en movimiento durante años, no pudiera apartar la mirada de aquel vaquero. Entonces oyó una pequeña risa y se dio cuenta de que la estaba mirando, y sintió una punzada de deseo tan fuerte que casi perdió el equilibrio. Tal vez, sólo tal vez, estuviera madurando finalmente.


Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 17-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 Había pasado mucho tiempo desde la última vez que una mujer le había preparado la comida. Y mucho más desde la última vez que el sexo había llamado a su puerta. De acuerdo, había llamado un par de veces en los últimos tres años, pero Sam no había tenido tiempo, interés o energías suficientes para abrir la puerta. En cualquier caso, el problema con las mujeres y el sexo era que Sam no necesitaba, ni quería a ninguno de los dos en su vida. Aunque Carly lo miraba de una manera que… Oyó vagamente el quejido de las viejas cañerías mientras Lane abría el grifo de la ducha. —Y… —la palabra brotó de los labios de Carly como si le hubiera lanzado un dardo, como si ella estuviera teniendo pensamientos parecidos. Sam se dio cuenta de que podía ver a través de la fina camisa que llevaba y, aunque tenía un top debajo, la visión era devastadora para su sentido común— ¿por qué tenéis


todas esas notas pegadas? No era lo que Sam habría esperado que dijera pero después de echarle un rápido vistazo a la cocina, entendió por qué lo preguntaba. —Hmm. Hay unas cuantas, ¿verdad? —Doce —contestó ella—. Sin contar eso —señaló con la cabeza hacia la pizarra. Sam sujetó una de las sillas para que Travis no la volcara mientras se encaramaba a ella. —La verdad es que me cansé de repetir las cosas, y así nadie puede decir que no sabe lo que tiene que hacer. Carly se sentó a la mesa, poniendo frente a ella un plato que contenía casi únicamente lechuga. ¿Y no te parece que es un poco… autocrático? —Es la única forma de organizarse cuando tienes seis hijos. A menos que se te ocurra una idea mejor… Por cierto, tengo que decir que a tu padre lo ha impresionado lo bien que funcionan las cosas así. —No me extraña —contestó Carly—. Aunque mi padre nunca recurrió a notas o listas. Solía confiar más en el método de gritarme y lanzarme miradas furibundas


—hizo una mueca con la boca—. Y con razón. Sí, Lane le había contado algunas cosas sobre su hija, historias que seguramente a Carly no le habría gustado que se supieran, pensó Sam con una sonrisa mientras Henry, un viejo gato que había decidido pasar sus horas despierto atormentando a los perros, olfateaba el trasero de Radar, que se había tumbado bajo el fregadero. El perro, atónito, se puso en pie de un salto y se encogió contra la puerta de un armario, con las orejas pegadas a la cabeza y los ojos llenos de terror. Satisfecho, Henry Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 18-133 https://www.facebook.com/novelasgratis levantó el rabo y se alejó. Travis dejó escapar una risita y Carly le dedicó al niño una sonrisa que a Sam le pareció de lo más dulce. —Sí —dijo él, incapaz de apartar la mirada de aquella sonrisa—, Lane me dio la impresión de que eras un poco traviesa. Ella sonrió. —¿Bromeas? Le hacía la vida imposible —miró a Travis con cariño y luego de nuevo a Sam con ojos brillantes y desafiantes, como su maquillaje, que, aunque era todo menos sutil, no era de mal gusto—. Digamos que llevé el concepto de


desafiar la autoridad a cotas insospechadas. Lo que me lleva a preguntar… — levantó un brazo, señalando con él las notas— ¿funcionan? —La mayoría de las veces. Al menos, desde que se han dado cuenta de que esto es serio. —¿Y cuántos años tiene tu hija? Sam sintió un escalofrío por la espalda. —Casi quince. Lo único que hizo Carly fue sonreír. Y cambiar de tema, mirándolo con una expresión de triunfo que decía que había ganado aquel asalto. —Entonces… ¿arreglasteis esa valla? —Todavía sigues haciéndolo, ¿verdad? —dijo Sam. Carly lo miró a los ojos, con el tenedor lleno de lechuga a medio camino hacia su boca. —¿El qué? —Desafiar a la autoridad. Ella se encogió de hombros, haciendo tintinear los pendientes más largos. —No puedo decir que se me dé bien cumplir las normas. ¿Qué hay de esa valla? —La arreglamos —contestó Sam, poniéndose varias mitades de sándwich en


el plato antes de dirigirse a la nevera. Carly le había puesto a Travis un vaso de leche, pero Sam prefería té helado—. Gracias a tu padre. No recuerdo cuándo fue la última vez que vi a alguien arreglar una valla con tanto entusiasmo. —Sí, así es mi padre —Carly agarró una servilleta y enjugó una gota de leche de la barbilla de Travis, lo que le valió una tímida sonrisa del niño. Ella le devolvió la sonrisa, pinchó un poco de ensalada y dijo—: Supongo que no hablaríais todo el rato de mi rebeldía. —Sólo durante el camino de ida. Y el de vuelta. Y cuando estábamos los suficientemente cerca para oír lo que decía el otro. —Nunca hubiera pensado que habría tanto que decir. —Y aun así, tuve la sensación de que tu padre no había hecho más que empezar. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 19-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Carly lo miró unos instantes antes de decir: —Creo que mi padre echaba de menos el trabajo físico. Mi madre siempre decía que había comprado aquella vieja casa a propósito, para tener siempre algo


que arreglar. Y así fue. Sólo con la cocina estuvo casi un año —sonrió—. Todos los dependientes de Home Depot ya lo conocían por su nombre. Si está sin hacer nada, se vuelve loco. Tras jubilarse de su trabajo en el ejército, creó su propia empresa de seguridad. Pero cuando mi madre enfermó lo vendió para poder pasar con ella el mayor tiempo posible. Después, cuando ella murió, se deshizo de la casa y se mudó a un apartamento. Entiendo por qué lo hizo, pero desde entonces no tiene nada que hacer. Sam sintió su propia oleada de tristeza y, por un momento, casi envidió a Lane, que era capaz de valorar lo que tenía, de decir adiós. Perder a Jeannie tan repentinamente había sido como caer desde un acantilado a un pozo de agua helada, pero al menos no había sufrido. No podía imaginarse lo duro que tenía que ser ver cómo se apagaba poco a poco la vida de la persona amada. —¿Había demasiados recuerdos en la casa? —preguntó Sam finalmente. —Eso fue lo que supuse, aunque mi padre nunca dijo nada. —He terminado —dijo Travis—. ¿Puedo irme?


—Claro —contestó Sam, y el niño se deslizó de la silla y se dirigió a la puerta trasera seguido por Radar, que ya se había recuperado del ataque del gato. Cuando se cerró la puerta, Sam y Carly se quedaron solos. Juntos. Con alguna dificultad, Sam se tragó el trozo de sándwich que tenía en la boca y dijo: —Tu padre tiene que aburrirse mortalmente en un apartamento. —No sabes cuánto —contestó ella, tomando un poco de lechuga. —Así que decidiste que necesitaba un viaje por carretera para animarse. —En realidad, los dos lo necesitábamos, y cuando lo sugerí se lanzó al coche de cabeza. —¿Cuánto tiempo lleváis viajando? —Alrededor de un mes. —¿Desde que perdiste tu trabajo? —En realidad, eso ocurrió hace tres meses. Cuando el médico deportivo me dijo que las opciones que tenía eran operarme, pero sin garantías de poder bailar otra vez, o dejar de bailar, y así el problema se resolvería solo —le contó, sin poder ocultar su frustración. —¿Y cuándo volvéis a casa? —Aún no lo hemos decidido. Tengo una media oferta de una antigua amiga de


la escuela de danza que quiere abrir su propia escuela y que me ha preguntado si me gustaría enseñar. —¿Y te gustaría? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 20-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Tras varios segundos masticando la lechuga, Carly se encogió de hombros. —Es una posibilidad. Las cañerías se quejaron de nuevo, aquella vez porque Lane había cerrado el grifo. —Pero no una que te emocione especialmente. —Tengo treinta y siete años. Aunque la rodilla estuviera perfecta, sólo me quedarían cinco años más —dijo con una risa seca—. Además, aunque la mayoría de los bailarines se dedican a la enseñanza al retirarse, creo que yo no estoy hecha para eso. Enseñar a una clase llena de preciosidades con leotardos de color rosa y tutús… No termino de verlo. No se me dan bien los niños. Sam recordó cómo le había limpiado la barbilla a Travis y sonrió. —Sí, ya me he dado cuenta. —No es que no me gusten —se apresuró ella a añadir—, es que nunca he


sabido qué decirles y cómo relacionarme con ellos. Mi reloj biológico no hace más que avanzar y me siento bien así, sin niños. Sam se llevó a la boca el último trozo de sándwich y se ayudó a tragarlo con lo que le quedaba de té helado. Cuando terminó, se reclinó en su silla. —¿Siempre eres tan franca con la gente? Ella se encogió de hombros. —Bastante. ¿Te molesta? —Es un poco desconcertante, pero no. A decir verdad, es bastante agradable rodearse de gente que no tiene ningún problema en decir lo que piensa. —La mayor parte de los hombres no estaría de acuerdo contigo. —Ese es su problema —dijo él suavemente—. Háblame de tu vida como bailarina. Carly enarcó las cejas. —Oye, esto no es una cita. No vas a ganar más puntos fingiendo estar interesado en lo que hago. —Dame ese placer. No todos los días tengo a una buena y sincera bailarina sentada en mi cocina. Y añadiría «comiendo mi comida», pero eso sería exagerar.


Carly siguió la mirada de Sam hacia su propio plato. —Ah —dijo con una sonrisita al comprender lo que quería decir—. No soy anoréxica, si es eso lo que estás pensando. Comí como un cerdo en el desayuno, eso es todo. —¿El qué? ¿Un trozo de tostada y medio pomelo? —Ja Tres tostadas francesas, salchichas y dos huevos revueltos. —Estoy impresionado. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 21-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Cómo se llama la mujer que lleva la cafetería? —Debes de referirte a Ruby. —Sí, eso es. Ruby. Quería saber dónde puse toda esa comida. En cualquier caso… ¿estás seguro de que quieres que te cuente de mi vida? De acuerdo, de acuerdo —dijo cuando él dejó escapar un suspiro de impaciencia—. Tampoco hay mucho que decir. He estado bailando desde que aprendí a caminar, aunque no recibí una formación en toda regla hasta los diez años, cuando mi padre se jubiló y dejamos de mudarnos cada cinco minutos. Estuve en campamentos de baile cuando era


adolescente. Después fui a la Escuela de Bellas Artes de Carolina del Norte para estudiar el instituto. Cuando me gradué, estuve bailando con una importante compañía de Nueva York durante un par de años, lo que para cualquier otra persona habría sido el trabajo de su vida. Pero me di cuenta de que quedarme allí consistiría básicamente en bailar en el coro de El Lago de los Cisnes durante el resto de mi carrera. Así que decidí que tendría más oportunidades en una compañía regional más pequeña, aunque eso significara cobrar menos. Nunca imaginé terminar en Cincinnati, pero eso fue lo que hice. Aparentemente, las palabras de Carly eran sencillas. Pero mientras hablaba, no miró a Sam y su mano izquierda estuvo jugueteando constantemente con un pendiente, por lo que Sam se preguntó si esa parte de su vida habría sido realmente tan sencilla. —¿Alguna vez te arrepentiste de esa decisión? ¿De dejar la compañía más grande? —No —contestó inmediatamente—. Bailar no es algo que hago, sino lo que soy, y en la compañía de Nueva York no podía ser nada. ¿Y tú? —preguntó tras mirarlo


unos instantes—. ¿Sabes bailar? —Nunca he conseguido dar dos pasos seguidos en mi vida. Carly se echó a reír, y el maravilloso y rico sonido de su risa llenó la habitación, como algo que hubiera sido liberado tras haber estado mucho tiempo confinado. Entonces sus miradas se encontraron y Sam sintió una oleada de deseo brutal. Tanto, que incluso se alegró de ver a Lane, que regresaba de la ducha. —Bueno —dijo, levantándose—. Aún tengo mucho trabajo que hacer antes de que los chicos regresen del colegio. Gracias por la comida —dijo con una inclinación de cabeza. Tomó su gorra y se la puso—. Y si necesitáis ir a la ciudad o simplemente queréis hacer turismo, no dudéis en llevaros la camioneta. Las llaves están en aquella estantería. «Una semana», pensó mientras se dirigía al granero. Seguramente podría ser lo suficientemente fuerte como para aguantar una semana. No tendría problemas en seguir en aquella casa una semana más, ¿verdad? Sólo una semana, siete insignificantes días. Tal vez menos, si arreglaban antes el eje… —¿Estás segura de que tienes bien la rodilla? Era la sexta vez que su padre se lo preguntaba desde que habían comenzado aquel paseo. Carly sabía que la rodilla podría resentirse, pero también sabía que no Escaneado por Corandra y corregido por birmayo


Nº Paginas 22-133 https://www.facebook.com/novelasgratis pasaría nada mientras no hiciera esfuerzos. Y sería mejor que quedarse en aquella casa… —Esto no es como correr una maratón, papá. Estoy bien. —Pero te conozco —respondió su padre—. Solías volvernos locos a tu madre y a mí, porque no admitías la derrota aunque tu vida dependiera de ello. Sí, era cierto, aunque en aquel momento no se sentía derrotada, sino atraída por un granjero con seis hijos, lo que era peor. Carly se rió. —Me conoces bien, pero no pasa nada, de verdad. Me sorprende un poco que sugirieras dar este paseo. Pensé que, después del trabajo de la mañana, no querrías hacer nada más. —Porque ya tengo un pie en la tumba, quieres decir —contestó su padre. —No, por supuesto que no. —Sólo tengo sesenta y tres años, Lee. Aún puedo vivir un poco más. Carly sonrió. Era cierto que el trabajo le había hecho mucho bien a su padre, y


eso la hizo sentirse un poco culpable por no haberlo empujado antes a… «¿Has visto cómo te miraba Sam?». «Cállate», le dijo a… quienquiera que fuese. Pero se dio cuenta de que cada vez le resultaba más difícil no pensar en aquel hombre. —¿Lee? ¿Estás bien? —Sí, papá —dijo con una brillante sonrisa porque, por muy grande que fuera aquella locura, no tenía intención de hablar de ella con su padre. En realidad, hasta aquel pequeño viaje, habían pasado años desde que su padre y ella habían hablado tanto. Y no porque no se quisieran, sino precisamente por lo contrario. En algún momento varios años atrás, después de que Carly asumiera que su padre y ella procedían de distintos planetas, había decidido no hablar de temas delicados. Es decir, de su vocación, que Lane toleraba, pero siempre había tenido la esperanza de que fuera algo temporal y de que Carly entrara en razón y comenzara una carrera «de verdad», de su estilo de vida y de su vida amorosa. Afortunadamente, su madre solía tomar partido por ella y, como Lane adoraba a su esposa, siempre terminaba perdiendo las batallas contra su hija. Y ahora, sin la presencia de su madre, Carly no se sentía muy inclinada a buscar la compañía de su


padre. De hecho, parte de su problema con Sam, aparte del hecho de que tenía seis hijos, era que le recordaba mucho a su padre. Todas esas notas y listas le traían muchos recuerdos, y en la mayoría de ellos su padre esperaba que hiciera las cosas de una manera y Carly hacía justamente lo contrario. Así que tras la muerte de su madre había sido muy fácil mantenerse alejados el uno del otro, más que esforzarse en realizar visitas que en realidad ninguno de los dos disfrutaba. No estaba orgullosa de ello, pero así había sido. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 23-133 https://www.facebook.com/novelasgratis En una de aquellas visitas, cuando estaban los dos aburridos viendo la televisión, ella había sugerido, en un momento de locura, que hicieran aquel viaje. Y realmente había sido una locura, teniendo en cuenta que casi se habían matado el uno al otro en las primeras cuarenta y ocho horas. Sin embargo, tras el choque inicial, habían descubierto un punto medio. No era que estuvieran de acuerdo en todo, pero al menos habían aprendido a disfrutar de la compañía del otro. Especialmente


durante aquellos largos y preciosos momentos que la gente llamaba «silencios amigables». El campo en aquella parte de Oklahoma solía ser montañoso, y la granja de Sam no era una excepción. El terreno no era particularmente grande, como unas veinte hectáreas, le había dicho su padre, pero Sam estaba dispuesto a aprovechar cada centímetro de tierra. En la mayor parte de los campos se cultivaba trigo, alfalfa y maíz, y había un gran huerto que no sólo producía lo suficiente para alimentar a la familia, sino del que también se podían vender productos en un pequeño mercado. Y luego estaban los árboles frutales: tres tipos de manzanos, los perales y los cerezos, por no mencionar las gallinas, las vacas y los dos cerdos, que tenían varias crías al año. Habían llegado en su paseo a un campo cubierto de hierba y flores, donde también había un roble solitario. Se sentaron a su sombra y tomaron largos tragos de sus botellas de agua. A una cómoda distancia, un par de vacas rumiaban tranquilamente. —A tu madre le habría encantado esto —dijo Lane—. Las montañas, los árboles… Solía decir que no había nada mejor que los aromas del campo.


—Si te gusta el barro… —Eres demasiado joven para ser tan cínica —dijo Lane suavemente, y Carly pensó: «¿Joven? Me siento tan vieja como esas montañas». Pero, a decir verdad, los mejores recuerdos de su infancia eran de los veranos que pasaba en la granja de sus abuelos. Excepto que aquello había sido mucho tiempo atrás, y la niña pequeña que era entonces había desaparecido. —Me alegro de que decidieras hacer esto —dijo su padre, sacándola de sus pensamientos. —El paseo fue idea tuya, ¿recuerdas? —No me refiero al paseo, sino al viaje. Carly dobló las rodillas para apoyar los brazos en ellas y miró a su padre. —¿A pesar de que metí la camioneta en una zanja? —Especialmente por eso. Así tenemos una excusa para quedarnos por aquí algunos días, absorber todo lo que estamos viendo y conocer a la gente que vive aquí. —Supongo que sí —contestó ella, principalmente porque no quería discutir. Lane tomó otro sorbo de agua. —¿Tienes alguna idea de lo que vas a hacer cuando volvamos? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 24-133


https://www.facebook.com/novelasgratis Era una pregunta lógica viniendo de un hombre que esperaba que su hija de treinta y muchos tuviera un plan trazado. Carly había sugerido aquel viaje para evitar pensar en el futuro y ahora ahí estaba el futuro, plantado delante de ella. Pero su padre no sabía cuántas cosas había decidido Carly no contarle de su vida, algo que no tenía intención de cambiar. —Tal vez me piense lo de enseñar en una escuela de danza. Ya sabes que Emily me ha ofrecido un trabajo. —Eso sería en Chicago, ¿verdad? —Justo a las afueras. En el lago Charles. —Por ahí hace mucho frío. —Lo dices como si Cincinnati tuviera un clima tropical… —Sólo era un comentario. —¿Y tú? —preguntó Carly, devolviéndole la pelota a su padre—. ¿Tienes pensado apuntarte al campeonato de canasta del centro para mayores? Lane dejó escapar una carcajada y se apoyó en el tronco del árbol. Parecía extraño ver a su padre tan relajado. —Creo que todos estos baches que hemos estado sufriendo en el último mes


han debido de afectarme al cerebro, porque estoy pensando en abrir algún tipo de negocio de consultoría. Algo que pueda hacer desde casa, con un ordenador. Bien. Aquella era la primera idea positiva que había salido de boca de Lane desde la muerte de la madre de Carly. —¿En serio? —Sí. —Es una idea estupenda, papá. —¿En serio? —En serio. Su padre la miró. —Tú podrías ayudarme. —Sí, claro. ¿Haciendo qué, por el amor de Dios? —Todavía no he pensado en eso, pero seguro que se nos ocurre algo. —Papá, no sé nada de negocios. —Eres lista. Aprenderías pronto. Siempre he pensado que eres inteligente. Con lo que tenía dudas era con tu sentido común. —Un tema que has compartido con Sam, por cierto —dijo antes de darse cuenta de que las palabras habían salido de su boca.


Su padre se pasó una mano por el pelo, mirando a todas partes menos a ella. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 25-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bueno, tu nombre salió en la conversación un par de veces. —¿Quién lo sacó a relucir? —No me acuerdo ¿Importa? —Supongo que no. Pero no me gusta que me describan como «traviesa» delante de un completo desconocido. —Como si Sam no se hubiera dado cuenta después de estar cinco minutos contigo. Además, no me digas que no te has sentido siempre orgullosa de llevar la contraria. Eso era cierto. Pero estaba empezando a preguntarse si esa forma de vida le había beneficiado. Se levantó rápidamente. —¿Ya quieres irte? —le preguntó su padre. —Se me va a dormir el trasero de estar sentada en este suelo tan duro. Y tengo frío.


Lane se levantó, se quitó la fina chaqueta que llevaba sobre la camisa y se la dio. —Gracias —murmuró ella, metiendo los brazos por las mangas. El aroma de su padre la envolvió y por un momento se sintió transportada a aquellos tiempos en los que le encantaba abrazarse a su padre. Cuando aún dejaba que la gente se acercara a ella. Comenzaron a caminar hacia la casa de Sam, ambos perdidos en sus propios pensamientos. En realidad, había pasado mucho tiempo desde la última vez que dejó que alguien se acercara. No estaba segura de cómo había ocurrido, ni de si merecía la pena. Pero tenía que haber algo más que ese vacío crónico, un vacío que aumentaba con cada relación frustrada. Sí, había vivido a su propio ritmo, y seguiría haciéndolo, a riesgo de que la cabezonería se convirtiera en una enfermedad crónica. Aunque tal vez fuera su definición de las cosas lo que tuviera que cambiar… Tal vez. Tras un grupo de árboles Carly pudo ver un par de edificios, que aparentemente pertenecían a otra granja. Aunque le dio la impresión de que allí no vivía nadie, el granero le pareció bastante resistente. La casa era otra cosa y, sorprendida, se dio cuenta de que se sentía como ella: vieja, abandonada y decadente. Regresaron por la carretera, justo en el momento en el que, unos metros por


delante de ellos, el autobús amarillo de la escuela se detenía con un gemido de los frenos hidráulicos. Las puertas se abrieron y salieron cuatro chicos de diferentes alturas, todos vestidos con vaqueros, camisetas y zapatillas deportivas, con las mochilas colgadas de un solo hombro o en la mano. Las puertas se cerraron y los chicos echaron a andar hacia la granja, sin saber que los seguían. Y no era de extrañar, porque estaban demasiado ocupados empujándose los unos a los otros y bromeando. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 26-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Entonces, un Mitsubishi Eclipse de color verde metalizado los pasó, provocando una polvareda anaranjada y que el mayor de los chicos gritara: «¡Libby tiene novio! ¡Libby tiene novio!» Carly sólo alcanzó a ver una larga melena de color oscuro que asomaba por una de las ventanillas del vehículo. Los chicos llegaron a la casa y el Eclipse se detuvo. Una adolescente salió del coche y siguió al vehículo con mirada nostálgica mientras éste daba medía vuelta para volver a la carretera, pasando de nuevo a Carly y a Lane. El chico que lo


conducía los miró con curiosidad. Entonces Sam salió al porche y Carly sintió que el estómago le daba un vuelco al verlo. No pudo oír lo que decía, pero cinco cabezas se giraron en su dirección para mirarlos. Cuando su padre y ella llegaron a la casa, los chicos dijeron «hola» con varios grados de interés y entusiasmo, al ser presentados por Sam uno a uno. Como si Carly fuera a recordar todos los nombres… —Y ésta es Elizabeth, mi única hija. Pero todo el mundo la llama Libby — pasó un brazo alrededor de los hombros de la guapa joven y le dio un pequeño apretón—. Le dije a Carly que podría dormir contigo unos cuantos días. Pensé que no te importaría. Con una sonrisa en los labios, Carly se giró hacia Libby… y se quedó sin respiración. Libby Frazier y ella no se parecían ni en la constitución, ni en el color de la piel ni en la estatura, pero con una sola mirada a aquellos cálidos ojos castaños Carly tuvo la sensación de haber sido arrastrada al pasado, más de veinte años atrás… para encontrarse con ella misma. Y dudaba que fuera un encuentro alegre. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 27-133


https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 Como si no hubiera ya suficiente gente en la granja. Libby rodeó la casa y subió los escalones de la puerta trasera, dejando caer su mochila en la alfombra de color azul de su habitación. Vio lo que supuso que eran las cosas de Carly: una enorme mochila y un bolso de color rojo, y sintió una oleada de irritación. ¿En qué estaba pensando su padre al decirle a una extraña que podía quedarse en su habitación? ¡Y durante una semana! De acuerdo, Carly parecía estar en la onda, no como la mayoría de las mujeres de los alrededores, eso estaba claro. Pero ése no era el caso. Era lo que venía ocurriendo en los últimos días: su padre no la entendía. Tampoco era que ella se comprendiera a sí misma; a veces se sentía como si otra persona se hubiera adueñado de su cuerpo, porque la irritaban cosas que antes no solían molestarla. Como esa tormenta constante que parecía desarrollarse en su cabeza, interrumpida sólo ocasionalmente por débiles ratos de sol. Libby se quitó sus vaqueros buenos y el top y se puso unos pantalones viejos, una sudadera y las botas de goma. No había llovido en un par de días, pero Jasmine, una de las cerdas, había descubierto recientemente cómo quitarle el tapón a su


tanque de agua e inundar el corral, para disfrute de sus compañeros. Cuando Libby entró en el corral, la cerda, que retozaba alegremente en un charco de barro, pareció sonreírle. —Nadie puede decir que seas una remilgada, eso está claro. La cerda gruñó con satisfacción y se rebozó en el fango, y Libby sintió que su humor mejoraba un poco. Hasta que vio a su padre, que se dirigía a ella y se quedaba mirándola. —Qué pasa? —preguntó ella. —Ya sabes lo que pasa. No le has dado a nuestros invitados una cálida bienvenida exactamente. Libby dejó escapar un suspiro, contemplando a las vacas que pastaban en los campos, y por un momento deseó ser una de ellas. —No fui desagradable ni nada. —Exactamente. Volvió a mirar a su padre, y se dio cuenta de repente de lo viejo que parecía. A la luz del sol las arrugas alrededor de su boca y de sus ojos parecían más pronunciadas igual que las canas de su cabello. Aunque se había guardado la pena por la muerte de su esposa para él solo, Libby sabía lo difícil que había sido para él llevar la granja, cuidar de todos sus hijos y sonreír cuando no tenía ningunas ganas de hacerlo.


—Es que… me sentó mal llegar a casa y ver que una extraña se va a quedar en mi habitación. Sin que yo haya podido decir una palabra al respecto. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 28-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Lo sé. Y lo entiendo. Pero ha sido una de esas cosas inesperadas. Además, puedes hablar con Carly. Ya sabes, otra mujer. Libby abrió mucho los ojos con sorpresa al darse cuenta de que su padre había dicho que ella ya era una mujer, pero eso no cambiaba la situación. —Ya tengo otra mujeres con las que hablar. Como Blair. Y April. Con quien había planeado pasar la noche del viernes. Ahora supongo que no podré hacerlo. Sam apoyó una mano en la parte superior del corral y se metió la otra en el bolsillo de los vaqueros. —Y yo suponía que si habías aprendido algo todos estos años, era a enfrentarte a los contratiempos. Tienes que ser un poco más flexible. Estoy seguro de que se nos ocurrirá algo. Libby asintió con la cabeza, porque sabía que lo que estaba diciendo su padre era cierto, y sabía que estaba siendo terca. Pero no era ella, era esa extraña sensación en su interior que la hacía comportarse y sentirse de esa manera.


—¿Vuelves dentro? —preguntó su padre. —Todavía no. Voy a ver lo que tenemos que recoger de la huerta. Los tomates siguen creciendo como locos. —Veo mi futuro lleno de salsa de espaguetis. El comentario consiguió que Libby sonriera. Tenían un trato con algunas mujeres de la ciudad: ellas les envasaban conservas y les congelaban alimentos a cambio de huevos y carne. Pero la salsa de espaguetis, de una de las recetas de su madre, era la especialidad de Libby. —Sí, supongo que sí. Su padre le dirigió una de esas intensas miradas que conseguían ponerla nerviosa y se fue. Libby lo observó y después se dirigió a la huerta, esperando que sus nervios se calmaran. Pero no fue así. Carly estaba esperando a Sam junto a la puerta trasera, cruzada de brazos. Desde el interior se oían los gritos y risas de los chicos, que se estaban desquitando de haberse pasado seis horas encerrados en una clase de colegio. —¿Has dejado a tu padre solo con ellos? —preguntó Sam, y Carly sonrió ligeramente. —¿Bromeas? Estás hablando de un hombre que se ha pasado media vida


entrenando a la liga juvenil de fútbol y béisbol. Le encantan los niños. Especialmente los varones. —Y... déjame adivinar —Sam apoyó un pie en el último escalón del porche —. Tú eres hija única. —Sí. Y no se me ocurrió otra cosa que convertirme en bailarina. —¿El no lo aprobó? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 29-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Digamos más bien que no lo entendió —se encogió de hombros y desvió la mirada hacia la huerta antes de volver a fijarla en Sam—. ¿Acabas de hablar con Libby? —Ajá —creyó ver en los ojos de Carly preocupación y comprensión. —No tengo que quedarme con ella si eso la hace sentirse incómoda. Tengo un saco de dormir, podría quedarme en el salón con mi padre. O incluso en el granero… —Como si dejara que uno de mis invitados durmiera en el granero. —He dormido en sitios mucho peores. —¿Por propia elección?


Tras unos instantes, Carly dijo con suavidad: —La mayoría de las veces. —Bueno, pero ahora yo elijo dónde vas a dormir —dijo, pensando que lo que hubiera hecho esa mujer en el pasado no era asunto suyo—. Y ten por seguro que no va a ser en el granero. —Pero si Libby siente que estoy invadiendo su espacio… —No lo estás haciendo. Y Libby tendrá que aguantarse. Para su sorpresa, Carly se rió. —¿Porque lo dices tú? —Porque Libby suele ser la chica más amable y agradable que conozco. No tengo ni idea de por qué últimamente se está comportando así. —Porque tiene casi quince años, las hormonas le están nublando el cerebro y una desconocida está a punto de violar su espacio privado. Seguramente ahora se esté preguntando si su padre se ha vuelto loco. Sam bajó el pie del escalón y cruzó los brazos sobre el pecho. —¿Y eso qué significa? —La gente no suele ofrecer su casa a dos completos desconocidos. Podríamos estar perseguidos por la ley y robártelo todo.


—No estás hablando en serio. La certeza de Sam de que ni Carly ni su padre eran ladrones ni nada parecido la pilló con la guardia baja, y su expresión hizo que Sam se preguntara cuánto tiempo habría pasado desde la última vez que Carly había confiado en alguien. Supuso que eso la hacía dura. Emocionalmente impenetrable. Sam, sin embargo, no lo veía así. La incapacidad para confiar en alguien podía darte cierta seguridad, pero no te hacía fuerte. Así que sonrió y dijo: —Bueno, no creo que hayáis roto el eje a propósito para poder quedaros una semana y, además, por si no te has dado cuenta, no hay mucho que robar. Pero si decidís llevaros un perro o un gato cuando os marchéis, no hay ningún problema — Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 30-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Carly se rió—. Relájate y preocúpate sólo de si el calentador del agua podrá con dos duchas más al día. —Trato hecho —contestó ella, pero algo en sus ojos le dijo a Sam que no estaba


convencida. —No te molestaré —le dijo Carly a Libby mientras agarraba su bolso, que estaba en el suelo, junto a la segunda cama. La chica estaba sentada en el ordenador, y Carly pudo sentir cómo se tensaba cuando entró en la habitación —. Voy a llevarme algunas cosas para cambiarme en el baño, y así no te molestaré cuando me vaya a la cama. —Está bien —Libby siguió tecleando. En un chat, pudo ver Libby cuando levantó la mirada. Carly abrió el bolso y sacó una camisa amplia de dormir y un cepillo de dientes. La incomodidad de la adolescente casi se podía palpar en el aire. —La cena ha estado estupenda, por cierto —dijo dirigiéndose a la puerta, con la camisa y el cepillo en la mano. Libby se encogió de hombros. —Sólo ha sido polio y maíz. Nada especial. —Hacía mucho tiempo que no comía maíz fresco. Desde que era una niña — dudó y luego añadió—: Espero que no conocieras al plato principal, eh… personalmente. —Aprendí hace mucho tiempo a no encariñarme con lo que podría terminar


siendo la cena —contestó Libby, y tecleó una respuesta en el ordenador. —Eso tiene sentido —pasaron un par de segundos y Carly dijo—: Oye, realmente siento todo esto. Le he dicho a tu padre que no me importaría dormir en el salón. O en el granero… —No te preocupes por eso. No pasa nada. —¿Estás segura? Por fin la chica se dio la vuelta y la miró. —No, pero no tengo elección. Mi padre parece tener un sexto sentido para encontrarse con gente en apuros. Y nunca ha sabido decir que no. Carly se dio cuenta de que Libby, más que enfadada, parecía resignada. —Excepto contigo, ¿verdad? Tras una larga pausa, Libby contestó: —Sólo cada cinco minutos. —Me resulta familiar —respondió Carly. —¿Tu padre? —Lo has pillado. —Sí, no tiene la pinta de dejarte salir con la tuya. Carly decidió no seguir por ese camino. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 31-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —De todas formas, si te hace sentir mejor… Prometo ser una buena


compañera de habitación. No pongo la música alta, no hago fiestas salvajes y nunca me han dicho que ronco. Libby hizo algo con la boca que podría haber sido una sonrisa. —Bueno, yo sí. No lo de las fiestas, pero sí pongo la música alta. Y mis amigas dicen que ronco. —Hmm… Tal vez duerma en el granero, después de todo —dijo Carly, y Libby se rió. —Siento haberme portado así antes. Es que… —No tienes que explicármelo. Lo entiendo perfectamente. Libby se levantó de la silla y se dejó caer en la cama, reclinándose hacia atrás y apoyándose en los brazos. —Ser la única chica en la casa es un auténtico infierno. —Me lo imagino —Carly volvió a entrar en la habitación y se sentó en la silla que Libby acababa de abandonar. Al fin y al cabo, no tenía nada que hacer, y ya que iba a compartir el cuarto con la chica, sería útil conseguir que no la viera como el enemigo.


—Y lo verdaderamente horrible es que ni siquiera puedo hablar con mis amigas de cómo me siento. Especialmente con Blair, que se está portando de una manera extraña desde que empecé a salir con Sean. —Sean... ¿Es el chico que te trajo a casa? —Sí. —Es una monada. Libby sonrió satisfecha. —Sí, ¿verdad? —se incorporó y se sentó con las piernas cruzadas—. A veces creo que Blair está… celosa. Pero después me da la impresión de que lo que le ocurre es que no aprueba mi relación con él, o algo así… —se interrumpió de pronto, como si se arrepintiera de habérselo contado. —Oye —dijo Carly suavemente—, sólo estoy de paso, así que si te preocupa que pueda decirle algo a tu padre… —No, no es eso. Bueno, un poco. En realidad es que… —dejó escapar un suspiro de exasperación—. Sean me trata como… como si fuera alguien especial, ¿sabes? ¡Y por el amor de Dios, ni siquiera tengo quince años! No estoy planeando escaparme con él ni nada parecido pero, si dependiera de mi padre, no me dejaría


tener novio hasta los treinta años. —Eso es lo normal —como Libby la miró como preguntando «y tú, ¿de qué parte estás?», añadió—: Todos los padres son así. Al menos, los buenos. Y sus hijas, no sólo consiguen soportarlo, sino llevar buenas vidas. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 32-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Libby negó con la cabeza, sin convencerse del todo. —Desearía que confiara más en Sean. O, al menos, en mí. No soy estúpida, sé cómo se hacen los bebés desde que tenía cuatro años. Y no voy a hacer nada de eso, al menos no durante un tiempo. Y Sean sabe cómo me siento y dice que nunca me obligaría a hacer nada que no quiera hacer. Carly se mordió la lengua, porque había conocido a muchos chicos así en su día, y había oído muchas promesas que resultaron ser todo lo contrario. Pero no era quién para aconsejar a la chica y, mucho menos, para romperle las ilusiones, así que preguntó: —¿Le has contado algo de esto a tu padre?


—¿Y qué sentido tendría? Seguro que no me cree. Carly tenía la sensación de que no era a su hija a quien Sam no creía. —Creo que se sentiría mejor si supiera lo que piensas. Si no dices nada… Dejó que la chica sacara sus propias conclusiones. Y Libby lo hizo en un par de segundos. —Sí, puede que tengas razón. Sin embargo, me pregunto… —¿Qué? —Si no estará exagerando porque es el único padre. No puedo evitar pensar que, si mi madre aún viviera, conseguiría tranquilizarlo para que no me agobiara tanto. Carly pudo sentir la nostalgia en su voz, una tristeza que se hizo eco en su propia cabeza. Y en su corazón. Aunque se había sentido secretamente agradecida al ver a su madre libre de la prisión de su enfermedad, y aunque no habían estado tan unidas como le habría gustado, no había terminado de aceptar que ya no podía descolgar el teléfono y llamarla, o pasarse por su casa para verla. La echaba de menos, aunque tenía más de treinta años cuando murió. No podía imaginarse cómo


se habría sentido Libby, al perder a su madre con once años. —No creo que eso hiciera las cosas diferentes —dijo Carly—. Cuanto más intentaba mi madre ponerse de mi parte, más cabezota se volvía mi padre. Lo que hacen los padres es intentar proteger a las hijas. —Sí, bueno, pero tal vez podría distraerlo un poco. Ya sabes a lo que me refiero. Carly se ruborizó y sintió que el cuello le ardía como el fuego. Así que se levantó, murmurando algo sobre tener que usar el aseo, y añadiendo que probablemente no regresaría hasta que Libby se hubiera acostado, ya que no solía irse a la cama antes de medianoche. —¿Car1y? —dijo Libby antes de que Carly pudiera llegar a la puerta. Esta se volvió—. Creo que no será tan malo que te quedes aquí. Porque puedo hablar contigo libremente, diciéndote lo que pienso, pero tú no dirás nada, ¿verdad? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 33-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Oh, Dios mío. Lo único que Carly quería era suavizar un poco las cosas, para no tener la sensación de que Libby la fulminaba con la mirada. Pero convertirse en la


confidente de una adolescente era algo muy distinto. —Claro —dijo con una débil sonrisa, y salió de la habitación, dándose cuenta de que ella tampoco había sabido nunca decir que no. El crujido del piso de madera le indicó a Carly que no estaba sola en el porche trasero. Se dio la vuelta y miró en dirección hacia donde había surgido el ruido, esperando a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad. —No quería asustarte —dijo Sam en voz baja y suave desde la oscuridad. —No lo has hecho —Carly se frotó el cuerpo con los brazos, para combatir el frío de la noche—. Creía que todos los granjeros os ibais a la cama a las nueve. El suelo de madera crujió de nuevo. Carly casi podía distinguir a Sam, sentado en una mecedora y apoyando un pie en la barandilla del porche. —Nunca he necesitado más de cinco o seis horas de sueño. Mientras me acueste a las once y me levante a las cinco, no hay problema. —Demonios, a esa hora creo que ni siquiera respiro. Sam se rió con suavidad. —¿Dónde está tu padre? —Viendo la tele.


—Ah. —¿Tú nunca ves la tele? —preguntó ella. Sus ojos ya se habían acostumbrado lo suficiente a la oscuridad como para poder ver que Sam negaba con la cabeza. —La verdad es que no le veo mucho sentido. Cuando quiero entretenerme, prefiero leer. —Ah, sí? ¿Como qué? —preguntó Carly, sentándose en una silla que había cerca de la de Sam. Lo suficientemente cerca como para poder mantener una conversación, pero lo suficientemente lejos como para permanecer en la zona segura. —Casi cualquier cosa que cae en mis manos. Historia, biología, novelas de misterio. . A veces leo a los clásicos: Hemingway, Dickens.. —No me digas que eres una de las dos personas en todo el planeta que se han leído Guerra y paz... —En realidad, es el próximo libro de mi lista. —Estás loco —contestó ella, y Sam se rió. Después añadió—: Se está bien aquí fuera, tengo que admitirlo. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo


Nº Paginas 34-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí. Por eso suelo venir casi todas las noches, incluso en pleno invierno. Me da la oportunidad para poner en orden mis pensamientos, pensar en todo por lo que debo estar agradecido. Una brisa fresca atravesó el porche, haciendo que Carly temblara ligeramente. —Sin embargo, esto no puede ser una vida fácil. No lo era para mis abuelos, aunque sé que les encantaba. —Supongo que eso me convierte en un hombre al que le gustan los desafíos — dijo Sam, y ella sonrió—. Entonces... ¿tus abuelos eran granjeros? —Sí, en Iowa. Eran los padres de mi padre. Tenían una vaquería. Yo solía pasar los veranos con ellos cuando era pequeña. —Y odiabas cada minuto. —En realidad, no. Me gustaba pasar allí pequeñas temporadas, pero no me veía viviendo en una granja el resto de mi vida. —Lo entiendo. El trabajo de una granja no está hecho para todo el mundo. O lo


llevas en la sangre, o no tienes nada que hacer —se reclinó en la mecedora, fijando la vista en la oscuridad—. Esta tierra ha pertenecido a mi familia durante cuatro generaciones. Pero mi padre no quería dividirla entre mi hermano Josh y yo, así que compró la alquería del terreno de al lado cuando aún vivía. Desafortunadamente, no tenía ni idea de que mi hermano no estaba nada interesado en ser granjero. —Entonces, ¿qué pasó? —Mi hermano se fue a Seattle y se hizo arquitecto. La alquería ha estado en venta desde entonces. Bueno, en realidad tuvo un comprador hace cinco años. Era un artista del este que empezó a reformar el granero. Creo que quería vivir en él y echar abajo la vieja granja… pero se quedó sin dinero. —Oh… debe de ser la casa que vimos mi padre y yo cuando fuimos a dar un paseo —observó el horizonte, intentando orientarse, y entonces señaló hacia el este— ¿Por allí? —Sí, eso es. He estado trabajando en la tierra hasta que encontremos un comprador. Sin embargo, la casa necesita muchos cuidados. La estructura es sólida, pero está muy abandonada. ¿Tienes frío? Carly no se había dado cuenta de que estaba temblando. —¿Qué? Ah, no. Estoy bien.


—Las noches son frescas en esta época del año —dijo Sam, inclinándose hacia delante para quitarse la chaqueta—. Toma, póntela por encima de los hombros. —No, estoy bien, en serio… Sam se levantó y se acercó a ella con la chaqueta en la mano. —Échate hacia delante —le dijo con suavidad. Después de un par de segundos, Carly obedeció, y sintió un pequeño escalofrío cuando el tejido le cubrió la espalda y los hombros—. ¿Así mejor? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 35-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí —se arrebujó en la chaqueta, que estaba impregnada del aroma de Sam y de su calor—. Gracias. Sam volvió a la mecedora y se sentó, mientras Carly pensaba: «Esto no es bueno. Tienes que levantarte y marcharte de aquí». Pero entonces Sam dijo: —Veo que has sobrevivido a la primera cena con mis hijos. Hacen un poco de ruido cuando se juntan todos. ¿Un poco? Carly había asistido a conciertos de rock que no habían sido tan ruidosos. Entonces se oyó a sí misma decir:


—¿Tu mujer y tú planeasteis tener seis hijos? —La verdad es que nunca pensamos en el número de hijos que nos gustaría tener. —¿Habríais tenido más? —No, creo que con seis se puede decir que cumplimos —se rió suavemente —. Siempre dices lo que piensas, ¿verdad? Carly pensó en su conversación con Libby. —No. No siempre. —¿Libby y tú solucionasteis lo de compartir habitación? —preguntó, como si le hubiera leído el pensamiento. —Nosotras… hablamos un poco después de la cena. —Será mejor que no me atreva a preguntar sobre qué, ¿no? —No. —Eso creía. Sé que echa de menos a su madre. Era maravilloso verlas juntas. —Tú también echas de menos a tu mujer, ¿verdad? Sam se tomó su tiempo antes de responder. —Un día, me di cuenta de que había pasado una hora entera sin pensar en ella. Al principio pensé que no estaba bien no sentir dolor, después de haberla amado


tanto. Pero cuando la hora se convirtió en dos, y a veces hasta se alargaba a casi un día, me di cuenta de que echar de menos a alguien implica tener un vacío de algún tipo, un agujero en tu vida donde esa persona solía estar —sacudió la cabeza —. Todos mis hijos me recuerdan a ella de alguna manera. Travis tiene sus ojos; Frankie tiene esa forma peculiar de mirarlo todo, igual que ella. Y Libby tiene su boca. Además, fue Jeannie quien decidió pintar algunas paredes de la casa con esos colores tan brillantes —se giró a mirar a Carly, con una sonrisa en los labios —. Supongo que a mucha gente le harían daño tantos recuerdos, pero para mí son un consuelo. Después de todo, es difícil echar de menos a alguien que está por todas partes. Incapaz de moverse, Carly permaneció sentada mirando el horizonte mientras la noche absorbía las palabras de Sam. Nunca había sido particularmente religiosa, pero pensó que aquello era lo que la gente llamaba «gracia»: la capacidad no sólo de aceptar una situación y sacar lo mejor de ella, sino de estar por encima. Y, sin previo Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 36-133 https://www.facebook.com/novelasgratis aviso, el arrepentimiento la invadió. No porque no hubiera experimentado una pérdida similar, sino porque nunca había amado, ni sido amada, con aquella intensidad. Y tal vez no lo hiciera nunca.


Inspiró profundamente y se levantó despacio de la silla. Consciente de que Sam la estaba mirando, se quitó la chaqueta de los hombros, sintiendo inmediatamente el fresco de la noche en la espalda. —¿Te vas dentro? —preguntó él, tomando la chaqueta. —Sí. Estoy más cansada de lo que pensaba. Además, he interrumpido tu momento de reflexión. —No has interrumpido nada, Carly, créeme. Si hubiera querido estar solo, te lo habría dicho. En la distancia, se oyó el silbido de un tren, un sonido reconfortante y triste al mismo tiempo, y Carly pensó que aquel tren tendría un objetivo, una dirección. Como Sam. Como ella en el pasado. Dios mío, estaba totalmente sensiblera aquella noche. Tomó aire y dijo: —Mi padre y yo pensamos que sería buena idea ver los alrededores. ¿Estás seguro de que no necesitarás la camioneta? —Seguro. Llevárosla cuando queráis. A Carly se le hizo un nudo en la garganta al pensar en la amabilidad y generosidad de aquel extraño. Entonces, antes de que se metiera en la casa, Sam le


agarró la mano. —¿Estás bien? —le preguntó. —Sí, sólo estoy un poco cansada. Bueno… buenas noches. Sam la soltó. —Buenas noches. Ah, si oyes pisadas en el piso de arriba, soy yo, comprobando que los chicos están bien antes de irme a dormir. Ella asintió con la cabeza y se fue. En lugar de levantarse y echarle un último vistazo a los animales, Sam se quedó en la mecedora, escuchando el silencio y sintiendo el perfume de Carly en su chaqueta. Menos mal que aquella mujer se había ido, fue lo único que se le ocurrió pensar. Había algo en Carly que lo alteraba, algo que no necesitaba sentir. No cuando había tardado tres años en encontrar la paz y la tranquilidad que ahora tenía. Se obligó a levantarse y, poniéndose la chaqueta, se dispuso a comprobar el corral y la porqueriza. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 37-133 https://www.facebook.com/novelasgratis


Capítulo 5 El sol brillaba en un cielo sin nubes, dando la sensación de mucho más calor de los dieciocho grados que seguramente había. Lane tomó un sorbo de su botella de agua fría y se secó la frente con la manga de la camisa. Hacía más de cuarenta años que no olía el maravilloso y acre olor de la alfalfa recién segada. Cuando Carly le había sugerido que hicieran aquel viaje, lo último que había sospechado era que terminaría conduciendo un tractor, ayudando a un granjero con la última cosecha de la temporada. O que hacerlo le daría mucho más sentido a su vida que cualquier otra cosa desde la muerte de Dena. Desde donde estaba podía ver la granja abandonada, y distinguir vagamente el cartel desteñido de «se vende». Se obligó a desviar la mirada y a decirse que no. Sólo era un capricho, se dijo, la novedad de estar allí, haciendo algo diferente. O, simplemente, haciendo algo. Pero sólo llevaban allí cuatro días, por el amor de Dios… —Toma —dijo Sam, desviándolo del camino de la locura. Le dio un sándwich de jamón de la neverita que habían llevado y después


llamó al chico que había estado trabajando con ellos aquella mañana. Billy no-sé-qué. Era un chico alto y tímido de unos veinte años, pensó Lane, bastante trabajador, pero poco dado a conversar. Billy tomó un par de sándwiches y una botella de leche y, después de dar las gracias, se alejó para sentarse solo a la sombra de una de las enormes balas de alfalfa. Lane se dejó caer sobre la fresca hierba, bajo el roble que había en un extremo del campo, y observó a su anfitrión, preguntándose qué habría bajo aquella gorra que llevaba. No estaban lejos de la casa y podrían haber regresado para comer, pero Sam había dicho que, ya que había tenido que hacer sustituciones en el instituto los dos últimos días, quería terminar de segar antes de que cambiara el tiempo y perdiera toda la cosecha. De acuerdo. Lane no tenía nada en contra, pero había oído bastante de la conversación de Sam con su hija la primera noche en el porque para darse cuenta de que había algo borboteando entre ellos, y de que ninguno de los dos tenía ni idea de qué hacer con ello. Probablemente no tuvieran que hacer nada porque, por lo que había podido escuchar, no parecían tener mucho en común. Una pena, porque a Lane le


parecía que Sam era alguien con quien una mujer, o cualquier otra persona, podía contar. Un hombre sólido y estable, palabras que, desafortunadamente no podía usar para definir a su hija, por mucho que la quisiera. Sí, Carly era una mujer adulta, y no era asunto suyo cómo decidía vivir su hija. Pero verla ir de relación en relación y esforzarse por quitarle importancia a cada fracaso le había hecho preguntarse si realmente lo que guiaba a su hija era su deseo de libertad o simplemente la costumbre. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 38-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Sam se sentó junto a Lane, mordiendo una mitad de sándwich, y Lane se obligó a pensar en otra cosa. Señaló con la cabeza a Billy. —¿Cuál es la historia de ese chico? —¿Quieres decir por qué está aquí? Está cumpliendo horas de servicio comunitario ayudando a varios granjeros y rancheros de la zona. —¿Qué ocurrió? —preguntó Lane algo sorprendido, porque el chico, al menos a


primera vista, le había parecido educado y trabajador. —Hace un año, Billy tuvo la brillante idea de atracar una tienda de comestibles con un arma de fogueo. El juez pensó que enviarlo a la cárcel no tendría mucho sentido, así que se decidió por los servicios a la comunidad. Lane miró al joven durante unos segundos y luego preguntó: —¿Y crees que el juez tomó la decisión adecuada? —Sin duda. He visto cómo ha cambiado el chico en los últimos meses. Sigue siendo muy reservado, pero no hace tonterías ni es insolente, y casi se puede palpar la confianza en sí mismo que desprende después de un trabajo bien hecho —Sam tomó varios sorbos de agua y dijo con suavidad—: Todos cometemos errores a lo largo de nuestra vida, pero me parece, especialmente con chicos como Billy, que el truco está en tomarlos a tiempo y hacerlos cambiar antes de que ellos mismos se crean su mala reputación —se recostó contra el tronco del árbol y estiró una pierna— Creo que, en el caso de Billy, lo único que se necesitaba era alguien que creyera en él. —¿Y ése fuiste tú? —No sólo yo, sino el juez, en primer lugar. Y luego todos los que dijimos que le


daríamos una oportunidad —miró a Lane, y sus ojos brillaron con algo que iba más allá de la fe ciega—. No siempre funciona, pero creo que la mayoría de la gente agradece una mano que los ayude a salir del agujero que ellos mismos han cavado. Lane dejó que su mirada vagara por el campo, salpicado de balas de alfalfa. —Hablas como mi mujer. No sé cómo habría soportado la adolescencia de Carly sin Dena. Ella era siempre la tranquila. La que tenía confianza. —Sí, sé lo que quieres decir —Sam dejó escapar el aire sonoramente—. Tengo seis hijos, Lane. Y Dios sabe que estoy intentando hacerlo lo mejor que puedo, pero incluso los mejores niños a veces cometen los errores más grandes. Y me gustaría pensar que, si por alguna razón no estoy aquí y uno de ellos toma un camino equivocado, habrá alguien que le dé una oportunidad para enmendarse. Eso es todo. —Estás preocupado por Libby, ¿verdad? Sam se quedó quieto, con la botella de agua a medio camino hacia sus labios. —¿Por qué piensas eso? —Porque yo todavía me preocupo por Carly, aunque dejó la adolescencia hace casi veinte años. Y odio decirte esto, pero al ver la mirada de tu chica ha sido


como sentirme transportado en el tiempo. —¿Sabes?, preferiría haber pasado el día sin saber eso. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 39-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Lane se rió, pero dejó de hacerlo al darse cuenta de que Sam quería decir algo más. —¿Y...?—lo animó. —No te lo tomes a mal, pero tenía mis dudas sobre que durmieran juntas. —¿Tenías miedo de que mi hija corrompiera a la tuya? —preguntó Lane. —Yo no diría eso, exactamente… —Sí, claro que sí. Pero no pasa nada. Probablemente yo habría pensado lo mismo si estuviera en tu lugar —contestó Lane—. De todas formas, no estabas obligado a alojarnos en tu casa. —Lo sé. Pero pensé que una chica que decide llevarse a su padre de viaje por carretera no puede ser tan mala. Lane sonrió. —Ahí has acertado. —Puede que me equivoque, pero algo me dice que bajo su actitud tiene una parte suave y débil que no deja que mucha gente vea —comentó Sam. —Creo que tienes razón —contestó Lane, pensando de nuevo en Dena y en


que no se había dado cuenta, hasta aquel preciso momento, de cuánta fortaleza había tomado de su mujer—. ¿Crees que volverás a casarte? —dijo, sorprendido él mismo por la pregunta que acababa de hacer, al igual que Sam. Sam tomó otro sorbo de agua y dijo: —Hoy por hoy te diría que no, pero hace tiempo que aprendí que el destino no está escrito. Lo que ahora te parece perfectamente lógico, puede no tener sentido dentro de cinco minutos. Lo único que puedo decir ahora es que me llevó mucho tiempo acostumbrarme a vivir sin Jeannie y conseguir que los chicos también lo hicieran. Francamente, no estoy seguro de si otra persona encajaría ahora en mi vida, O de si alguien querría hacerlo —se volvió hacia Lane—. ¿Y tú? —No lo sé. La madre de Carly puso el listón muy alto, eso está claro. Pero me gustaba estar casado. Me gustaba la estabilidad y la costumbre. —Sí, a mí también —se giró de nuevo, manteniendo la vista al frente—. Las noches son lo peor. Y no me refiero al sexo solamente, sino a no tener a nadie con quien hablar. A quien escuchar. Alguien que me haga reír. Lo echo mucho de menos.


—Sé lo que quieres decir. —La otra noche hablé con Carly de esto mismo, de lo difícil que es echar de menos a alguien que aún es parte de tu vida. Pero… puede que me esté engañando. Sobre lo de no necesitar a nadie más, quiero decir. Me gustaba estar casado, y mucho. Pero no sé si podría repetirlo con otra mujer. —Y, sin embargo, eso no es suficiente para evitar sentirte atraído por mi hija — Sam lo miró asombrado y Lane sonrió—. Sí, es bastante evidente. Sam le mantuvo la mirada durante varios segundos, antes de desviarla. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 40-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Desde que Jeannie murió, ni siquiera me he sentido tentado a involucrarme emocionalmente con una mujer. Aún no estoy seguro de que quiera hacerlo, o de estar preparado. Pero aunque pensara que Carly y yo tenemos algo en común, aunque estuviera completamente seguro de querer iniciar una relación, no me permitiría sentir algo por una mujer que se va a marchar en pocos días. —Lo entiendo —dijo Lane y, tras una pausa, añadió—: Tres años es mucho tiempo.


—No comparado con más de veinte —contestó Sam, pero sin mucha convicción—. Además, no sé qué es lo que busca tu hija, o si busca algo, pero estoy seguro de que no soy yo. —Entonces, ¿por qué no intentas evitarla? Sam se rió. —Porque, a pesar de todo lo que acabo de decir, hay un pequeño demonio en mi cabeza que siempre termina convenciéndome de que no tengo ni idea de lo que estoy hablando —se levantó, metió la botella vacía en la neverita y le hizo señas a Billy de que era hora de volver al trabajo—. Si aprovechamos el tiempo, deberíamos haber terminado antes de la puesta de sol… Lane también se levantó. —¿Sabes?, ahora que pienso en ello… —Billy y yo podemos terminar, si ya estás cansado. —No, no es eso, es que… Pero ¿qué iba a decir? «¿Creo que eres exactamente lo que necesita mi hija?». Sí, claro. Se rió suavemente, dándose ligeros golpecitos en la cabeza. —Demasiado tarde. Se me acaba de olvidar lo que iba a decirte. Es lo malo de


hacerse viejo. —Qué va. A mí lleva pasándome eso toda la vida. Entonces... ¿prefieres tractor o rastrillo? Y ése fue el fin de aquella conversación… de momento. Carly tenía que admitir que los últimos días habían sido de los más peculiares de su vida. Estaba en mitad de ninguna parte y no había ocurrido nada, excepto que una de las cerdas había tenido un millón de cerditos. Había asumido que se volvería loca en el campo pero no lo había hecho. Había asumido que extrañaría su vida en Cincinnati, pero no había sido así. Al menos, no tanto como pensaba. Había asumido, cuando le había parecido evidente que Sam la estaba evitando, que se encogería de hombros y dejaría de pensar en él. Pero no podía. Tenía que admitir que el corazón le daba un vuelco cada vez que lo veía. De todas formas, entre su padre, el trabajo de Sam y todos aquellos niños, no había ninguna posibilidad de que ocurriera algo entre ellos. Aun así, podía permitirse soñar…


Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 41-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Y, ya que le quedaban menos de tres días de estar allí, ya que Darryl Andrews había dicho que ya tenía el eje y que el lunes la camioneta estaría arreglada, soñar era todo lo que podría hacer. —¿Estás lista? —preguntó Libby desde la puerta de la cocina. —Sí —dijo Carly, terminándose el café—. Déjame que vaya al aseo y nos vamos. Después de la primera noche, Libby y ella habían iniciado una tranquila relación, basada fundamentalmente en las quejas de Libby sobre la vida en general y en los «hmms» de Carly, dejados caer en los momentos apropiados. Otra presunción que se había ido al traste, que tener a una adolescente pegada a ella la irritaría sobremanera. Pero tampoco había sido así. Libby, Lane, Travis y Radar ya estaban en la camioneta cuando Carly salió de la casa. Sam seguía cosechando alfalfa y los otros chicos estaban ayudando a su padre o… haciendo lo que fuera que hacían los chicos cuando no estaban en clase ni


gritándose los unos a los otros. Así que Carly y su padre, que necesitaban ir a la ciudad a comprar provisiones para continuar su viaje, se habían ofrecido a llevar a Libby, y a quien quisiera, con ellos. Tampoco había demasiados sitios para comprar en Haven, pero Libby dijo que en Homeland encontraría lo que buscaba. El padre de Carly decidió sentarse atrás con Travis y el perro, dejando que Carly condujera. Libby se sentó en el asiento del copiloto. Aunque se había maquillado minuciosamente, aún se le notaban las ojeras por haber estado toda la noche con Bernadette, la cerda que había parido. —¿Cómo están los bebés? Libby sonrió ampliamente. —¿Los has visto? ¿No te parecen preciosos? —Sí, lo son. Para ser cerdos. ¿Cuántos ha tenido? —Diecisiete. Pero sólo tiene catorce tetillas, así que hay que turnarlos para que se puedan alimentar todos. Diecisiete serían demasiados para el pequeño corral, ya lleno de cerditos, que había en el porche trasero. Claro que aquella mañana todos habían desayunado beicon, procedente de uno de los lechones que, hasta hacía poco, había sido


alimentado con biberón. Una extraña forma de vivir… Pocos minutos después aparcó la camioneta en el aparcamiento del supermercado y todos salieron, excepto Radar, que se tomaba sus obligaciones de proteger el vehículo muy en serio. Toda la fachada estaba llena de pósters de dos mujeres que se presentaban a alcaldesas. Lane se detuvo a mirar uno de ellos un par de segundos, o tal vez diez, antes de entrar en la tienda, y rápidamente se fue a la sección de libros y revistas. Carly tomó un carrito y estaba pensando en cómo meter a Travis en él cuando Libby agarró al niño de la mano. —¿Nos encontramos aquí de nuevo en unos veinte minutos? —dijo la chica. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 42-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Carly, sabiendo lo que Libby planeaba comprar, miró al niño y después de nuevo a ella… Libby se rió. —Sé lo que estás pensando. Pero al ser la única mujer en una casa llena de hombres, la sensación de ser consciente de ciertas cosas se supera muy rápido. ¡Mucho más rápido de lo que lo hacen ellos, al menos! Además, este pequeño


me ha echado mucho de menos desde que empezó el instituto, ¿verdad? El niño asintió con la cabeza, moqueando. Oh, Dios… Carly sacó un pañuelo de papel de su bolso y limpió a Travis. Después se quedó quieta mientras Libby y su hermano desaparecían en la tienda, sujetando el pañuelo entre el pulgar y el índice como si fuera radioactivo. Después de tirarlo en un contenedor para latas, dirigió el carrito hacia las revistas, pero allí sólo había dos jóvenes madres con lo que parecía ser una docena de niños entre las dos. Carly se asomó a todos los pasillos de alrededor, frunciendo el ceño. ¿Dónde podría haber ido su padre tan rápido? Ivy casi tiró toda la montaña de pepinos cuando su hija le dio un codazo. —No mires ahora —dijo Dawn—, pero hay alguien que te está observando detenidamente. Ivy miró a su hija y sonrió a Max, su nieto de seis meses que la miraba desde el asiento para bebés que habían puesto en el carrito de Dawn. —Aquí no, allí —dijo Dawn, e Ivy se dio la vuelta. Entonces lo vio. Giró la cabeza de nuevo rápidamente. —Es el hombre del que te hablé —susurró—. El que no dejaba de mirarme


en el café de Ruby el otro día. —¿Y por qué no lo miras tú también? —preguntó Dawn. —¿Qué sentido tendría? —Buenos días, señoras —dijo una profunda voz de barítono detrás de ellas — las dos mujeres se sobresaltaron y tres tomates cayeron al suelo, dos de los cuales se hicieron puré a sus pies—. ¿Es usted la candidata a alcaldesa? —Claro que lo es —dijo Dawn, e Ivy pensó que iba a necesitar mucha ayuda para salir de eso. —Ivy… Gardner, ¿verdad? —Dawn hizo amago de darle otro codazo a su madre, pero Ivy la contuvo—. La foto no le hace justicia —dijo el hombre, y Dawn empezó a toser. Después dijo algo de comprarle a Max unos pañales y desapareció. El hombre le sonrió y extendió una mano—. Lane Stewart. Mi hija y yo estamos unos días en la casa de Sam Frazier. Puede que lo conozca. Ivy se rió, a pesar de que el hombre le sostenía la mano entre las dos suyas y el corazón le latía rápidamente. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 43-133


https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Conocerlo? Traje al mundo a sus seis hijos. —¿Es usted médico? —Comadrona —Lane aún tenía su mano entre las suyas. Aquello no era ningún problema. Excepto para Millie Pennyweather, que estaba cerca de ellos, observándolos con interés. Ivy estuvo tentada de echarle una mirada furiosa a la mujer, pero entonces recordó que necesitaba su voto. También recordó que tenía que tomar el control de aquella situación, así que recuperó su mano y la metió en un bolsillo. —¿Está disfrutando de su estancia en Haven? —Mucho —Lane hizo una pausa, mirando a Ivy intensamente—. Es una pena que tengamos que irnos el lunes. Ivy no podía recordar cuándo había sido la última vez que un hombre la había mirado con algo parecido a interés. —Bueno… encantada de conocerte, Lane. —¿Me harías el honor de cenar conmigo esta noche? Ivy lo miró. —Creía que habías dicho que os marchabais.


Lane sonrió. —El destino no está escrito —contestó con coquetería. Una pequeña multitud se había reunido alrededor de Millie Pennyweather, lo que significaba que, una hora más tarde, todo el pueblo sabría que había permitido que un completo desconocido la invitara. A plena luz del día. —Es ese caso —dijo con una sonrisa que no había tenido oportunidad de usar en más de veinte años—, me encantará cenar contigo, Lane. Oyó un grito sofocado colectivo y un silbido de aprobación que, claramente, procedía de su hija Dawn. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 44-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 Lo único que Carly podía pensar era «no me lo puedo creer». Estaban en el piso inferior de la vieja granja que estaba junto a la de Sam. Su padre estaba sonriendo como Jack Nicholson en El resplandor. —Papá, no puedes estar hablando en serio. Oh, Dios, no había visto esa mirada en mucho tiempo. —Odio mi apartamento, Lee. Echo de menos tener una casa en la que trabajar, y


en Cincinnati ya no me queda nada. Dame una buena razón por la que no debería hacer esto. Carly podía oír las pisadas de Sam en el piso superior. —Os gustará saber —dijo desde arriba—, que aquí todas las ventanas están en su sitio —Sam estaba claramente emocionado con la idea de tener a su padre como vecino. Carly no lo culpaba, pero… —Porque… porque… ¡Porque esto es una locura! No has pensado en esto lo suficiente… —En realidad, lo he estado pensando desde que vimos este lugar — metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón, se acercó a una ventana desde la que se veían los campos que seguramente nunca trabajaría. Después se dio la vuelta, sonriendo—. Hay cosas que no se pueden explicar, cariño. Como cuando sabes que has llegado a tu hogar. Y, francamente, la única persona para la que tiene que tener sentido soy yo. —¿Por casualidad esto no tendrá nada que ver con la mujer del supermercado? —Puede ser. ¡Esto es una locura, papá! Has hablado con ella durante… ¿cuánto? ¿Cinco


minutos? ¿Qué sabes de ella? Lane se encogió de hombros. —Nada —su boca se curvó en una sonrisa—. Todavía. —¡Pero no se parece en nada a mamá! —Tal vez no esté buscando una copia de mi película favorita. Tal vez prefiera ver algo de lo que no me sepa ya los diálogos. Vaya. Carly no se esperaba aquello, y esas palabras no hicieron que su padre pareciera menos loco. Más bien al contrario. Lane salió a lo que parecía un parque, pero Carly se dejó caer en las escaleras, cuyos escalones de madera estaban totalmente combados. Se pasó las manos por el cabello. ¿Por qué se sentía tan… fuera de lugar? Después de todo, su padre y ella no iban juntos a todas partes, ni se necesitaban constantemente el uno al otro. ¿Y no era eso lo que ella quería, que su padre olvidara su pena y comenzara una nueva vida? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 45-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Claro, que comenzarla en los campos de Oklahoma no era exactamente lo que ella había imaginado…


—Carly —oyó detrás de ella, y un segundo después sintió el aroma de Sam —. ¿Dónde está Lane? —Fuera. Como en un escalón no había suficiente espacio para los dos, Sam se sentó en el de arriba, y una de sus largas piernas se quedó rozando el hombro de Carly. Ella estaba tan turbada que ni siquiera se dio cuenta. —No quieres que tu padre haga esto, ¿verdad? —Si dependiera de mí, no. —¿Por qué? Carly se giró para mirarlo. —Este no es su estilo, ¿sabes? Mi padre nunca ha sido impulsivo —girándose de nuevo, continuó—: Yo soy siempre la alocada, y él el que me dice que piense las cosas… —se le cerró la garganta y se sorprendió al oírse decir—: Se supone que soy yo quien siempre escapa de él, no al revés. Fue consciente de la cálida y suave presión de los dedos de Sam, que le masajeaban la unión entre el hombro y el cuello. La cabeza estaba decidida a no responderle, pero su cuerpo tenía otras ideas.


—Y ahora —continuó—, parece que se ha encaprichado con esa mujer del supermercado. —¿Te refieres a Ivy? Esas palabras hicieron que se girara para mirarlo. —¿Tú ya lo sabías? —Ni Internet a alta velocidad puede compararse con los cotilleos de Haven. Aunque Libby no pudo oír todas las palabras en la tienda, dijo que era la primera vez que la había visto turbada. Carly frunció el ceño. —A mí no me pareció turbada. —Y eso demuestra lo serio que es el asunto —dejó de masajearla—. No sé si Ivy y tu padre funcionarían juntos, pero te aseguro que no encontrarás un ser humano mejor que ella, o un corazón más grande. Conozco a Ivy Gardner desde hace más de treinta años, y si alguien en este mundo que merezca ser feliz, ésa es ella. —Y mi padre también, pero… —se dio la vuelta—. Oh, Sam… ¿Qué demonios va a hacer mi padre, un hombre de sesenta y tres años, con una granja? —Bueno, le llevará unos diez años arreglar toda la casa —dijo tras ella, adivinándose su sonrisa en su voz. Carly dejó escapar un suspiro, lo que él pareció


encontrar divertido, pero después dijo—: En realidad tu padre y yo ya hemos hablado de esto, y va a arrendarme una gran parte de la tierra. De todas formas, he Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 46-133 https://www.facebook.com/novelasgratis estado trabajándola para mantenerla bien, pagándole a mi hermano parte de los beneficios. Lane no está pensando en convertirse en un granjero, si es eso lo que te preocupa. Supongo que lo único que quiere es vivir en el campo. ¿Has visto el granero? —No, no lo he visto. No quiero ver el granero. Quiero… —¿Qué? —preguntó Sam suavemente, y Carly pudo sentir su aliento en el pelo—. ¿Qué quieres, Carly? —¡Quiero que me devuelvan mi vida, maldita sea! —exclamó, y sintió que las lágrimas se le agolpaban en los ojos. —Los cambios asustan, eso está claro —dijo Sam—. Especialmente cuando no da tiempo a prepararse para ellos —Carly asintió con la cabeza sin mirarlo. Sam dejó escapar un suspiro y continuó—: Lo que más me afectó tras la muerte de Jeannie, más que el hecho evidente de que ya no estaba allí, fue que nada,


absolutamente nada, era igual. No me había dado cuenta de que había dado por sentadas muchas cosas de mi vida, de que esperaba que todo siguiera manteniéndose de la misma forma. Sabía que habría cambios, claro. Los chicos crecerían y terminarían teniendo sus propias vidas y familias, pero eso era parte del plan. La muerte de Jeannie, no. Lo de tu rodilla tampoco era parte del plan, ni el hecho de que las intenciones de tu padre no coincidan con las tuyas. Carly sacó un pañuelo de papel del bolsillo, se sonó la nariz y frunció el ceño. —¿Siempre tienes respuesta para todo? San chasqueó con la lengua. —Casi nunca. En realidad, la mayoría de las veces siento que no tengo ninguna. Carly se atrevió a mirarlo, sonriendo levemente. —Como cuando hablas con Libby? —Exacto —sus miradas se encontraron y Carly sintió como si pudiera comprenderla mucho mejor que ella misma. —Durante toda mi vida he estado luchando con mi padre por el derecho a vivir mi vida como quisiera, sin que él interfiriera. Supongo que… la tortilla se ha dado la vuelta, ¿no?


—En otras palabras, tienes que dejarlo ir. —Sí… —Entonces, ¿qué vas a hacer? Carly empezó a juguetear con uno de los anillos que llevaba en el dedo índice y suspiró. —Supongo que, si realmente es eso lo que quiere… —Lo es —dijo su padre desde la puerta. Oh, demonios… ¿Cómo podría negarle eso? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 47-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Entonces, supongo que lo menos que puedo hacer es ayudarte a mudarte aquí. Con una sonrisa, su padre abrió los brazos. Carly se levantó de los escalones y fue hacia él, pensando en lo irónico que era que se sintiera tan unida a su padre precisamente cuando él estaba a punto de salir de su vida. Si ahí era donde quería vivir su padre, así sería. Pero de ninguna manera ella consideraría a Haven, en


Oklahoma, su hogar. —¿Por qué estás tan seguro de que ella terminará quedándose aquí? Sentado en una de las mecedoras del porche, Sam entrecerró los ojos al mirar al hombre moreno que estaba frente a él. Seth, el hermanastro de ocho años de Joe Salazar, y Wade, el hijo de Sam de la misma edad, habían pasado la tarde juntos después de salir del colegio. Pero cuando Joe había ido a recoger a Seth, los niños habían insistido en que estaban «en mitad de algo». De ahí los diez minutos de descanso en el porche de Sam. Era difícil de creer que Joe, que sólo había ido a Haven a supervisar la reforma del Flecha Doble, hubiera sido un extraño cuatro meses atrás. Pero la ciudad había absorbido a los hermanos de tal manera que ahora era como si siempre hubieran estado allí. Joe incluso se había integrado perfectamente en los cotilleos de la ciudad, de los que, últimamente, Carly Stewart era el tema estrella. Jordy, el marido de Ruby, incluso había hecho una porra en la cafetería para que la gente apostara por si Carly se quedaría en Haven o no. Lo último que Sam había oído era que el fondo ya ascendía a cien dólares.


Tomó un sorbo de su té helado, observó a sus otros hijos, y a la mitad de los perros, que perseguían un balón por el jardín y dijo: —No estoy seguro, sólo es un presentimiento. Pero creo que se preocupa demasiado por su padre como para dejarlo solo, a pesar de lo que diga. Además… — bebió un poco más de té— tengo la sensación de que esa mujer está buscando algo. —¿El qué? Sam recordó la expresión desdichada que había visto en el rostro de Carly el domingo por la tarde, en el nuevo salón de su padre. Esa imagen no se había ido de su mente en los cinco días que habían pasado desde que ella y Lane se habían ido de su casa. —Una vida. Una nueva, quiero decir. —¿Y crees que la puede encontrar aquí? —Tú lo hiciste, ¿no? Por cierto… ¿Taylor y tú habéis fijado ya la fecha? Al pensar en la guapa profesora pelirroja del jardín de infancia, una mujer que también había llegado a Haven poco tiempo atrás, Joe sonrió. Taylor le había robado el corazón y había curado el del pequeño Seth, que se había roto en mil pedazos tras la repentina muerte de sus padres la primavera anterior.


—Por Navidad, tal vez. No querernos esperar mucho. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 48-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Esperar era algo que precisamente no habían hecho, pensó Sam divertido mientras apuraba lo que le quedaba de té y dejaba el vaso vacío en el suelo, junto a la mecedora. —¿Crees que es cierto? —le preguntó Joe—. ¿Que Lane se va a mudar aquí por Ivy? Sam pensó en la mirada que Lane Stewart tenía a la mañana siguiente de su cita con Ivy Gardner. —Creo que es acertado decir que Ivy tiene mucho que ver en esa decisión. —¿Crees que la cita les fue bien? —No tengo ni idea. Para desilusión de todos, la pareja había decidido ir a Tulsa, así que nadie tenía información de primera mano. E Ivy no había contado nada, ni siquiera a Dawn quien, como abogada de la ciudad, había preparado los papeles de la venta de la propiedad. Y Sam, que había actuado como representante de su hermano,


había visto que a Dawn le fastidiaba ver que el primer hombre que le había pedido una cita a su madre en más de veinte años tampoco abría la boca. —¿Y tú? —preguntó Joe—. Ya que has sacado el tema de si Carly se va a quedar o no… —Dar mi opinión sobre si se va a quedar o no, no significa que tenga un interés personal en ella. —Claro que no —Joe se rió—. Pero para no tener ningún interés personal en ella, la miras demasiado. —Eso es sólo porque me estaba volviendo loco intentando comprenderla. —Sí, claro. Como si fuera una persona endiabladamente complicada. —Exacto —Sam juntó las manos detrás de la cabeza, saboreando aquel momento de relax, aunque no había nada relajante en aquella conversación —. Admito que me parece una persona intrigante, pero eso es todo —al ver la sonrisita de su amigo, dijo—: Oh, vamos… ¿qué demonios iba a hacer yo con alguien así? —Seguro que se te ocurriría algo. Sam dejó escapar un gruñido.


—Joe, la mitad del tiempo esa mujer mira a mis hijos como si se hubieran escapado del zoo —del jardín les llegaron las risas y los gritos de los niños—. Y no la culpo. Diablos, había ocasiones en las que Jeannie salía por la puerta diciendo que sino se alejaba de esta casa inmediatamente, no se haría responsable de sus actos. Y eso que ella era su madre. Los quería. Y además está Libby, en mitad de esa agonía de adolescencia… La puerta mosquitera se cerró de golpe tras ellos y Seth y Wade salieron disparados de la casa hacia el jardín. Joe se puso de pie, sacó las llaves del coche del bolsillo y miró a Sam divertido. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 49-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Estás diciendo que en tu vida no hay sitio para esa mujer en particular? — preguntó, poniéndose las gafas de sol—. Porque te recuerdo que hace:.. ¿cuánto, dos semanas?, decías que en tu vida no había sitio para ninguna mujer. —¡Venga, Joe, vámonos! —gritó Seth— ¡Tengo hambre! —Sí, señor —murmuró Joe mientras se despedía de Sam con la mano y bajaba los escalones del porche.


Los dos hermanos se montaron en el Blazer de Joe antes de que Sam pudiera encontrar una respuesta a la pregunta que le había hecho su amigo. Y en cuanto los hermanos se hubieron ido, todos los niños corrieron hacia Sam pidiéndole comida. Todos menos Libby, que estaba en su cuarto haciendo los deberes. O eso había dicho. Así que no fue hasta que Sam bajó al sótano para buscar algo con lo que alimentar a sus pequeños pajarillos, cuando al fin tuvo oportunidad de pensar en las palabras de Joe. Mientras hurgaba en uno de los congeladores, pensó que, aunque hubiera cruzado la peligrosa frontera entre el «nunca» y el «tal vez» respecto a su vida amorosa, ese hecho no tenía nada que ver con que Carly fuera o no la mujer por la que la había cruzado. Aunque, y ahora llegaba la parte que no le había comentado a Joe, sus hijos no fueran un asunto a tener en cuenta. Y, sin embargo, era una pena, pensó mientras cerraba la puerta del congelador y subía a la casa cargado de hamburguesas. Porque estaba bastante seguro, sobre todo por cosas que había dicho el padre de Carly, de que había pasado mucho tiempo desde que un hombre la había tratado como merecía ser tratada.


Desde que alguien se había tomado la molestia de apartar la armadura que Carly se había creado para ver a la mujer sensacional que había debajo. Y, en otras circunstancias, si no tuviera tantos hijos y si no lo asustara tanto la idea de perder la independencia y la paz que tanto le había costado encontrar, se habría decidido a hacerle algún que otro agujero a esa armadura. Libby sujetó el teléfono inalámbrico entre el hombro y la oreja, frunciendo el ceño al mirarse en el espejo mientras Blair, al otro lado de la línea, se preguntaba irritada por qué tenían que leer Moby Dick. —Claro… —dijo distraídamente, en parte porque ella ya había leído Moby Dick dos años atrás, y no le había parecido tan mal, una vez pasado el pesado comienzo de la novela, y en parte porque estaba intentando decidir si el top que le había comprado a Merrilyn Jasper por cinco pavos era demasiado escotado. Merrilyn le había dicho que el amarillo brillante hacía que su piel tuviera el mismo color que la de su tío Willie antes de morir de cirrosis, pero a Libby le parecía bien. Más que bien, pensó mientras tiraba del escote un poco más hacia abajo. La hacía parecer mayor. Dios, a su padre le daría un ataque si la viera así. —Entonces, ¿vas a venir a hacer los deberes o no? —le preguntó Blair. —Esta noche no puedo. Tengo muchas cosas que hacer en la granja. Además,


Sean dijo que me llamaría. —Ah —dijo Blair, decepcionada. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 50-133 https://www.facebook.com/novelasgratis A veces Libby deseaba que las cosas volvieran a ser como eran antes entre las dos, pero suponía que la diferencia de edad hacía que vieran las cosas desde perspectivas totalmente diferentes. Después de todo, ella casi tenía ya quince años, mientras que Blair había cumplido los catorce hacía pocos meses. —Pero podríamos hacer algo el viernes por la noche. —¿Quieres decir que no tienes una cita con Sean? Libby ignoró el sarcasmo en la voz de su amiga y dijo: —Sabes que mi padre no me deja tener citas hasta los dieciséis años. Lo que me convierte en el bicho raro más grande de todo el estado. —Entonces, seremos dos bichos raros —dijo Blair con un suspiro—. Aunque eso es algo discutible, porque en este momento no tengo ningún Sean. —¿Estás celosa? —¿De Sean y de ti? Por favor… —¿No podrías parecer menos disgustada?


—Lo siento, es que… —Blair, ya has dejado claro que Sean no te gusta. ¿Podríamos dejar el tema? —Vale, de acuerdo. Entonces… ¿quieres venir a pasar la noche del viernes aquí? Jenna dijo que nos puede llevar en coche a Claremore para alquilar una película. Fuera, uno de los hermanos de Libby empezó a aullar sin razón aparente. Al menos, en casa de Blair habría más tranquilidad. —Claro. Suena bien. Entonces Blair empezó a hablar de una de las chicas del instituto, pero Libby estaba pensando en Carly y en lo bien que se habían llevado, aunque Carly fuera «vieja». Pensó que ella aprobaría ese top. Sin embargo, al contrario que todo el mundo en la ciudad, Libby dudaba que Carly se quedara en Haven después de haber ayudado a su padre a mudarse. ¿Por qué habría de hacerlo? Tenía que admitir que había pensado un par de veces que tener a Carly de madrastra no sería lo peor del mundo. La escuchaba sin recriminarle nada y sin juzgarla. Carly molaba. Su madre también había molado, a su manera, y todavía había noches en las que Libby se despertaba echándola tanto de menos que pensaba


que se le iba a hundir el pecho, aunque le ocurría cada vez menos según iba pasando el tiempo. Su padre le había dicho que le ocurriría precisamente eso, que al final dejaría de dolerle. Libby se preguntó, mientras sacaba del bolso su nuevo pintalabios de color rosa brillante y se lo aplicaba generosamente, si a su padre habría dejado de dolerle. Se peguntó si se habría imaginado la forma en que Carly y su padre se miraban… —¡Cara caballo! —¡Dientes de conejo! Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 51-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya basta, chicos —oyó que decía su padre. Dios, ella nunca tendría hijos, pensó mientras se miraba en el espejo haciendo un mohín con los labios y Blair empezaba a hablar de la última película que habían estrenado en el cine. Bueno, tal vez tuviera uno, cuando tuviera unos treinta años, pero si no era una niña se lo daría a alguien para que lo criara.


Sí, esa barra de labios era total. Oyó la señal de llamada en espera y al mirar la pantalla y ver el número le dio un vuelco el corazón. —Blair, lo siento, pero tengo que contestar esta llamada. Nos vemos mañana, ¿vale? —cortó la comunicación con su amiga casi sin darle tiempo a despedirse. —Hola, nena —dijo Sean cuando Libby contestó. Oh, Dios, a su padre le darían dos ataques si se enteraba de que Sean la llamaba «nena». —Hola —contestó, intentando parecer sofisticada y mundana, como si los chicos la llamaran «nena» a menudo. Como si los chicos simplemente la llamaran a menudo—. Qué sorpresa —dijo. Había leído en algún sitio que una chica nunca tenía que comportarse como si estuviera sentada junto al teléfono esperando una llamada, porque eso les daba a los chicos demasiado control sobre la relación. —Ah —dijo Sean, algo confuso—. Creía que te había dicho que te llamaría hoy. Oh, vaya. Lo había olvidado. —Hmm… supongo que no te oí. Lo siento. Pero me alegro de que llames. —Bueno —dijo Sean—. Me preguntaba si… ¿Te gustaría venir a ver una película a Claremore el viernes por la noche?


Libby se quedó sin respiración. ¿Le estaba pidiendo una cita? Oh, Dios mío, oh, Dios mío, oh… —Claro, podría estar bien —contestó, porque Sean era el chico más popular del instituto y ella no iba a dejar que se le escapara esa oportunidad, aunque no le permitieran salir hasta los dieciséis. Lo que, por otra parte, era una norma estúpida. ¿Por qué tenía ella que sufrir, sólo porque su padre estuviera anclado en los años ochenta? —Entonces, ¿te recojo en tu casa? —¡No! Quiero decir… —¿Lib? —dijo su padre, llamando a la puerta. —Espera un segundo, ¿vale? —le pidió a Sean al teléfono, y su mente empezó a funcionar a toda velocidad. Si Jenna las llevaba a Blair y a ella a Claremore, tal vez pudiera encontrarse con Sean allí. ¿Pero cómo demonios iba a convencer a Blair de que no dijera...?—. ¿Sí? —le dijo a su padre. La puerta se abrió lo suficiente para que su padre metiera la cabeza en el cuarto. —Oh, lo siento. No sabía que estabas al teléfono. Cuando termines, ¿podrías ayudarme a bañar a tus hermanos? No sé qué han estado haciendo, pero…


Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 52-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, claro. Sólo tardaré un minuto —entonces vio que su padre fruncía el ceño. Maldición. Había olvidado que aún llevaba el top. Por no hablar del pintalabios—. Ah, no te preocupes por esto. Voy a devolverlo, es demasiado escotado. —Por supuesto que lo es —contestó Sam, aclarándose la garganta—. Pero mientras vayas a devolverlo… —Sí, claro. Quiero decir... Dios, parezco una fulana con esto. Pensó que su padre se ruborizaría, pero lo único que hizo fue un gesto vago hacia el teléfono, y salió de la habitación. —Lo siento —le dijo a Sean—. Era mi padre. —Ah. Tengo la sensación de que no le caigo bien, ¿sabes’? —No te lo tomes como algo personal. Sólo está siendo protector y todo eso. —No lo culpo. Yo también sería protector contigo si fueras mi hija —a Libby le dio un vuelco el corazón—. Entonces… ¿le parece bien que salgas conmigo? Porque no quiero hacer nada que no apruebe tu padre. —Oh, claro. Quiero decir que sí, está bien —empezó a temblar, en parte de


excitación y en parte de terror. Nunca había mentido en toda su vida. Al menos, nunca había dicho una mentira tan grande—. Pero ahora tengo que colgar para bañar a mis hermanos. Hablamos mañana, ¿vale? Sobre el viernes. —Sí, claro. —Yo… lo estoy deseando. —Sí. Yo también. —Vale —dijo casi sin aliento—. Buenas noches. —Espera un segundo… —la voz de Sean se había vuelto mucho más suave —. Cierra los ojos. —¿Qué? —Tú hazlo, nena. Cierra lo ojos. ¿Ya los has cerrado? Libby no tenía ni idea de lo que estaba pasando, pero cerró los ojos y dijo: — Ajá. —Ahora imagina que te estoy besando, que notas mis labios calientes sobre los tuyos y que te estoy abrazando, apretándote contra mi cuerpo… —Libby abrió los ojos de golpe, sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho—. ¿Lo sientes? ¿Sientes como te beso, nena?


—Ah... sí. Es… agradable. Sean se rió y a Libby se le puso el vello de punta de puro placer. —Entonces nos vemos mañana. Buenas noches —dijo Sean. Libby colgó y pensó «oh, Dios mío» una docena de veces. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 53-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Las cosas no estaban saliendo como ella había pensado. Ni mucho menos, pensó Carly mientras su padre y ella se detenían en el único semáforo de Haven. Si todo dependiera de ella, ahora no se encontraría en esa situación. —¿Has visto alguna vez un día más bonito que éste? —preguntó su padre, sonriendo como un idiota. Carly se hundió un poco más en el asiento del pasajero de la camioneta, cerrando los ojos para no fijarse en los brillantes y bellos tonos dorados, rojizos y anaranjados de las hojas de los árboles, que contrastaban con el cielo azul. De nuevo esa desagradable vocecita interior le susurró «hogar… hogar… hogar…», mientras ella respondía «y un cuerno… y un cuerno… y un cuerno…». —Sí, es precioso —dijo. —¡Y huele el aire!


—Papá, vas a conseguir que me ponga enferma, ¿sabes? Lane se rió, feliz. ¿Y por qué no iba a estarlo?, pensó Carly. Su vida estaba encontrando sentido, mientras que la suya iba directa al infierno. Durante las dos semanas que habían tardado en embalar todas sus cosas, su padre no había hecho más que hablar de los planes que tenía para esa estúpida granja y de su negocio basado en Internet. Y de Ivy. —Ivy me ha pedido que la llame en cuanto lleguemos a la ciudad —dijo Lane. La versión que su padre le había dado de su cita con Ivy había sido, evidentemente, parcial. Y aunque para su padre la velada había sido estimulante, no sabía cómo se sentía Ivy. Como tampoco sabía quién había comenzado las no pocas llamadas que había habido entre ellos mientras estaban en Cincinnati preparando la mudanza. Carly abrió los ojos, miró a su sonriente padre y sintió un peso en el pecho. Aunque su padre era un pesado, merecía ser feliz. Pero si se había mudado allí por razones equivocadas, si lo que sentía por Ivy no era correspondido… Llegaron a la nueva casa de Lane y a Carly le dio un vuelco el corazón al ver


allí a Sam. Rodeado de un millón de niños pequeños y otros cuantos perros. Maldición. Aparcaron y, al salir del coche, los hombres se saludaron dándose palmaditas en la espalda, los niños se aglomeraron a su alrededor, los perros ladraron y Carly sintió ganas de salir corriendo. Y de repente Libby le estaba dando un abrazo y diciéndole al oído: —Tengo cosas que contarte. Se dirigieron todos a la casa en un torbellino de ladridos, excitación y niños que corrían de un lado a otro. Carly vio que la expresión de su padre era de puro gozo, y podría haber jurado que la de Libby era de alivio. Finalmente su mirada se posó en Sam, que sonrió, y Carly se sintió incapaz de apartarla de sus ojos. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 54-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Un momento después Sam estaba frente a ella, con las manos en los bolsillos y sin dejar de mirarla. —Pareces muy inquieta para ser alguien que ha venido sólo a ayudar a su padre a mudarse.


La boca de Carly se curvó, pero en nada parecido a una sonrisa. —Buena observación —dijo, y después añadió, sin apartar la mirada de los ojos de Sam—: Porque creo que éste será mi código postal en el futuro más inmediato. —¿Te vas a quedar? —exclamó Libby tras ella, y la hizo girarse para abrazarla de nuevo—. ¡Es una pasada! Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 55-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 Así que, básicamente, me quedé sin opciones. A Sam se le encogió el estómago al escuchar las palabras de Carly. Eran palabras de alguien que se había resignado a lo inevitable. Sabía que Carly había hecho todo lo posible por mantener la calma desde que había llegado, pero sus movimientos nerviosos y sus respuestas secas revelaban lo abrumada que se sentía. Así que la había sacado del granero a medio reformar para buscar un sitio relativamente tranquilo, y en aquel momento estaban fuera de la casa, medio iluminados por la luz que se colaba por las aún sucias ventanas.


Carly prácticamente le daba la espalda, tenía las manos metidas en los bolsillos traseros de sus vaqueros y las puntas de sus botas miraban, como siempre, cada una en una dirección. Con los brazos cruzados sobre el pecho, Sam se apoyó en una de las vigas de soporte del granero, lo suficientemente lejos de ella como para que ninguno se sintiera amenazado. —¿Y qué ha pasado con el trabajo de profesora de danza? Carly se giró hacia él con los labios apretados. —No hay ninguna vacante. Y mi amiga Emily está embarazada otra vez, así que ha decidido aplazar el proyecto de la academia de baile durante, al menos, un año — comenzó a andar por el porche de madera, haciendo repiquetear los tacones de sus botas—. Oh. Dios, Sam…. ¿qué voy a hacer? —se quedó mirando al suelo y dejó escapar una risa hueca—. Lo siento. Era una pregunta retórica. Además, ahora tengo que estar aquí, ¿verdad? Por mi padre, quiero decir. —Me parece que tu padre es perfectamente capaz de cuidarse él solo. —No me refiero a eso, sino a…


—¿Ivy? —Sí. —Supongo que él también puede ocuparse de eso. ¿Y no crees que se enfadaría si se entera de que su hija piensa que no puede? Carly sonrió ligeramente. —Es verdad. Pero tú no lo conociste justo después de que mi madre muriera. Ni muchos meses después. Estaba realmente hecho polvo. Y este… asunto con Ivy… Ahora mismo, no está basado en nada —su mirada encontró la de Sam, pero la apartó antes de decir—: Tengo miedo de que le hagan daño. Seguramente no podría evitarlo pero, al menos, puedo quedarme por aquí una temporada… Si todo sale bien, estupendo. Estaré encantada. Pero si no es así… puede que me necesite para recoger los pedazos —otra tímida sonrisa—. Entonces, puede que me diga que me vaya al infierno. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 56-133 https://www.facebook.com/novelasgratis


—O, al menos, de vuelta a Cincinnati. —¿Para hacer qué? —dijo Carly cansinamente, y dejó escapar otra de esas risas huecas—. Por esto los padres les dicen a los hijos que quieren hacer carrera de cultura y artes que necesitan, además, tener otros estudios. Una vocación «de verdad». Pero bailar es lo único que he querido hacer siempre —hizo una pausa—. Y lo único que he podido hacer, en realidad. —¿Por qué dices eso? Tras un segundo de duda, dijo Carly: —Porque soy disléxica. Bueno, ligeramente, pero lo suficiente como para que los estudios fueran un tremendo obstáculo para mí. Y cualquier trabajo en el que haya que procesar información escrita o trabajar con números. El baile era mi vía de escape. O eso pensaba. —Bueno… nuestra ama de llaves se fue hace unos meses. Supongo que puedes ocupar su lugar. Alarmada, lo miró a los ojos. —Estás bromeando, ¿no? —Sí —Carly dejó escapar un suspiro de alivio y Sam se rió—. Veamos, vamos a


disolver tu problema. ¿Vas bien de dinero? —Sam, eso no es asunto tuyo… —Lo sé. Pero también sé que a veces ayuda hablar de estas cosas con alguien. A menos que pienses que soy un entrometido… —No es eso… exactamente. —Entonces, ¿qué es? Exactamente. Carly decidió que era más fácil contestar a la primera pregunta que enfrentarse a la segunda. —Bueno, no es que esté forrada, pero tengo suficiente dinero para mantenerme una temporada. Y mi padre me ha dicho que me contratará en su nuevo negocio, aunque no tengo ni idea de qué es lo que voy a poder hacer para ayudarlo. —Entonces, no hay peligro de que te mueras de hambre. —No. —Y tienes un sitio donde vivir. —Es cierto. —Y puedes seguir buscando puestos de profesora de baile, ¿no? —Sí. —Entonces, ¿cuál es el problema?


Carly le dirigió una extraña mirada y empezó a caminar, bajando del porche. Sam la siguió, pero a una distancia prudente. Del interior de la casa se oían ruidos y, sobre todo, risas. Entonces Sam vio el Eclipse de Sean y pensó «hmm» mientras Carly Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 57-133 https://www.facebook.com/novelasgratis decía: —El problema es que todo esto es demasiado… normal para mí. Y no sé qué hacer con las cosas «normales». Sam desvió su atención del Eclipse, intentando no pensar en dónde estaría su hija y qué estaría haciendo. —¿Sientes que no encajas aquí? —le preguntó. —No, no mucho. Aunque es culpa mía, créeme. —Tal vez deberías dejar de ser tan dura contigo misma —sugirió Sam. Carly se volvió hacia él con una ligera sonrisa en los labios. —Ser consciente de uno mismo no es lo mismo que ser duro. —¿Carly? Los dos se giraron para ver a Frankie, que se había acercado con un puñado de hojas de roble de color escarlata en una mano.


—Te he traído esto —dijo el niño de seis años con orgullo. Sam se inclinó hacia Carly para susurrarle al oído: —No oye muy bien con el oído izquierdo, así que asegúrate de hablarle por la derecha. Ella asintió con la cabeza y se arrodilló para tomar las hojas de manos del niño. —Gracias, cielo! ¡Son preciosas! Frankie sonrió, dejando a la vista el agujero donde solían estar sus paletas. Entonces el chico le echó los brazos alrededor del cuello y la abrazó con fuerza, tanto que estuvo a punto de hacerle perder el equilibrio. Sam se acercó rápidamente para rescatarla, pero se detuvo en seco al ver que Carly le devolvía el abrazo con la misma intensidad que el niño había demostrado. Y de repente el momento mágico había terminado, y Frankie se dirigió a la casa, levantando pequeñas nubes de polvo a su paso. —Lo siento. Siempre ha sido el más sentimental. Carly se giró hacia él, con los ojos brillantes. —En realidad, creo que lo necesitaba. «Bueno, si es un abrazo lo que necesitas...», pensó Sam. —¿Y de quién lo ha heredado? Lo de ser sentimental, me refiero. ¿De tu mujer?


—preguntó Carly. —No —contestó Sam suavemente, apartándole a Carly un mechón de pelo de los ojos y pensando que, cuanto más costaba arrancar una gema de la roca, más preciosa era—. Lo ha heredado de mí. Carly se quedó helada y, durante un segundo, se miraron fijamente a los ojos. Y Sam vio en los de Carly incredulidad mezclada con esperanza. Pero, sobre todo, vio puro terror. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 58-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Con la cabeza baja y los puños cerrados, Carly se alejó de la casa en dirección al bosque. Lo único que necesitaba era estar unos minutos a solas para organizar sus pensamientos y analizar su reacción ante Sam. Era totalmente ajena a los lejanos sonidos procedentes de la carretera y al murmullo del viento al colarse entre las hojas de los árboles, porque lo único que oía era el rugido de pánico en sus oídos. Salir corriendo no era su estilo. Especialmente para huir de un hombre. Y no tenía ningún


sentido escapar de alguien tan amable y tan… seguro como Sam Frazier. Nunca habría imaginado que, simplemente rozándole el pelo, Sam pudiera encender tal deseo en ella. Entonces oyó unos susurros procedentes del bosque y vio algo rojo. Apenas podía ver a la pareja, pero sabía que Libby llevaba un jersey rojo, y recordó vagamente haber visto el coche de Sean aparcado frente a la casa de su padre. También recordó la silenciosa reacción de Sam al ver el coche. Por lo que podía ver y oír, lo único que estaban haciendo era besarse. Pero Carly sabía que era mejor no subestimar las hormonas calientes y alteradas de un adolescente. Como si fuera ayer, Libby recordó cómo había ansiado con desesperación algo de intimidad cuando era adolescente, y por qué la había ansiado. Porque las hormonas casi le habían hecho perder el buen juicio. ¿Casi? ¿A quién quería engañar? A la edad de Libby, e incluso siendo algo más joven, el camino hacia la madurez se le había hecho interminable. Y había encontrado algunos atajos, igual que haría Libby, si se la animaba a ello. Y, por lo que podía ver, eso era lo que estaba ocurriendo. Estaba a punto de hacer algo de ruido para hacerles saber a los adolescentes que no estaban solos cuando Sam pasó como una exhalación por su lado, en


dirección a los jóvenes. —¡Sam! —susurró Carly—. No… Pero él no la oyó, o fingió no hacerlo. —¡Libby! Sobresaltada, la pareja se separó bruscamente. —¡Papá! —Carly apenas podía distinguir a la chica mientras Sam seguía acercándose—. Yo… yo… —No estábamos haciendo nada, señor —oyó que decía Sean—. Se lo prometo. —Vuelve a casa, Libby. —¡Papá! Por favor… —Ahora. Hablaremos luego. —¡Esto es injusto! —exclamó la chica. Entonces se dio la vuelta y echó a andar hacia la casa, demasiado disgustada como para darse cuenta de que Carly estaba a pocos metros. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 59-133 https://www.facebook.com/novelasgratis


—No es lo que piensa, señor Frazier —dijo Sean con nerviosismo—. Libby me importa de verdad… —No lo dudo —contestó Sam con calma—. A tu manera. Pero Libby aún no tiene quince años, y recuerdo demasiado bien cómo me sentía con diecisiete. Recuerdo lo fácil que era pasar del «no estábamos haciendo nada» al «no pretendíamos hacerlo». A juzgar por lo que acabo de ver, tal vez sea mejor que los dos dejéis que se enfríen las cosas durante algunas semanas. —¡Pero tenemos una cita para ir al baile de la cosecha la semana que viene! —Lo dudo, ya que Libby sabe que no puede tener citas hasta que cumpla los dieciséis. —Pero… —el chico se rascó la cabeza, claramente confundido—… Ella me dijo que usted dijo que estaba de acuerdo. Quiero decir… hemos estado saliendo los dos últimos fines de semana y… «Oh, oh», pensó Carly al oír el «¿cómo?» de Sam. —¿Has salido con ella? ¿Los dos solos? —Sí… —¿Y ella te dijo que yo le había dado permiso? —Más o menos, señor.


Sam dejó escapar un largo suspiro. —Vete a casa, Sean —dijo con calma—. Y no te molestes en venir a recoger a Libby mañana. Tomará el autobús. El joven asintió y Carly oyó el crujido de las hojas secas bajo sus pies mientras se alejaba con la cabeza gacha. Pero se giró y preguntó: —¿Eso significa que no puede venir al baile conmigo? Carly esperaba que Sam bramara «sí!» pero, después de unos instantes de evidente lucha interior, dijo: —Ya hablaremos de eso —y el chico se fue. Después de acercó a Carly, con una expresión tan dura como la piedra, y dijo: —Antes de que me lo preguntes. . sí, te he seguido. Porque estaba preocupado de haber hecho algo que te pudiera haber disgustado. A Carly le llevó unos segundos asimilar sus palabras y, cuando lo hizo, dijo: —No era necesario. —Tal vez no para ti. —No… —desvié la mirada y luego volvió a fijarla en Sam—. Estoy bien. De verdad. —Bien. Pero dime algo… Si yo no hubiera venido, ¿cuánto tiempo habrías


esperado para separar a los tortolitos? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 60-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —En realidad, estaba a punto de hacerlo, pero de forma más sutil. Como haciendo algo de ruido para que se dieran cuenta de que no estaban solos. —¿Y eso para qué habría servido? —¡Para empezar, no los habría avergonzado! ¿Y te das cuenta de que cualquier obstáculo que pongas en su camino no va a conseguir sino que se empeñen aún más en estar juntos? —¿Hablas por experiencia? —preguntó Sam con suavidad, y Carly sintió que un escalofrío le recorría la espalda. —La verdad es que sí —contestó, mirándolo a los ojos—. Mira, Sam… no sé lo que ha pasado antes detrás de granero, si es que ha pasado algo. Pero tienes que darte cuenta de que… —se detuvo para elegir con cuidado sus palabras— no tiene sentido que empecemos nada, porque yo no puedo ser lo que más necesitas, que es una madre para tus hijos. No, escúchame —dijo cuando él empezó a protestar


—. No estoy diciendo lo que crees que estoy diciendo. Al menos, no exactamente. Hay mucho más aparte de mi inexperiencia con los niños. Tus hijos me asustan, no lo voy a negar. Pero, aunque no fuera así, no tengo el perfil adecuado para ese trabajo. No puedo aconsejar a tu hija, ni a ninguna otra persona, sobre cómo mantenerse en el buen camino, porque yo nunca he estado allí. —Carly, todo el mundo ha hecho algunas cosas de las que después se arrepiente. —No algunas, Sam. Muchas. Un montón de cosas que seguramente no quieres saber. Créeme —dijo, tocándole ligeramente el brazo antes de alejarse Y esa vez, Sam no intentó seguirla. Uno de esos días, pensó Lane mientras conectaba el cable USB de la impresora al ordenador, su hija se daría cuenta de que él no era un completo idiota. Estaba claro que a Carly la preocupaba algo, ya que apenas había dicho dos palabras desde que Sam y su prole se habían marchado un par de horas atrás. Lo que le hacía pensar que el mal humor de su hija tenía algo que ver con Sam. —Muy bien —dijo ella desde la puerta de la que iba a ser la oficina de su


padre—. He vivido aquí —miró su reloj— exactamente seis horas y cuarenta minutos y ya estoy mortalmente aburrida. Bueno, tal vez Sam no fuera el único responsable. —¿Has desembalado ya todo lo de la cocina? —preguntó Lane. —¿Tu ropa? —Papá… —Vale. ¿Y mi ropa? —No estoy tan aburrida —entonces entró en la habitación y se dejó caer en el sillón que solía estar en el cuarto de su padre, en la otra casa. Lane pensó que el Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 61-133 https://www.facebook.com/novelasgratis hecho de que Carly buscara su compañía en vez de quedarse sola en su habitación era una buena señal. Se sentó ante la mesa del escritorio y reinició el ordenador, mirando la pantalla a través de las gafas de lectura que detestaba. —¿Quieres hablar de ello?


—No, no quiero hablar. Quiero… hacer algo. Aparte de colocarte la ropa o sentarme ahí fuera para ver cómo brillan las estrellas. —Supongo que no es fácil para ti irte a vivir de nuevo con tu padre a tu edad. —Prueba con «desmoralizador». —Bueno —dijo, entrecerrando los ojos—, Sam parecía muy contento de verte. Ah. Aparentemente, ese comentario fue digno de uno de los gélidos silencios de su hija. Lane decidió cambiar de tema. —¿No sabrás nada de por qué Libby pasó como una exhalación por delante de aquí para irse a su casa? ¿O por qué Sean se marchó en su coche como si lo persiguiera el hombre de las nieves? —Desafortunadamente, sí. Sam los pilló besándose en el bosque. —Oh, vaya —su padre la miró por encima de las gafas—. Supongo que no se alegraría mucho. ¿Tú estabas allí? —No exactamente. Yo también los vi, pero fue algo entre Sam y ellos —se levantó del sillón y abrió una caja llena de libros que su padre aún no había tocado—. ¿Los quieres en algún orden en especial? —No. ¿Quieres contarme qué es lo que te preocupa?


—No es Sam —contestó Carly, demasiado rápidamente. —Claro que no. Carly se ruborizó mientras colocaba varios volúmenes de la enciclopedia Británica en una estantería. —De acuerdo, no es nada que no pueda manejar. ¿Estás contento? —¿Tienes alguna idea de por qué crees que deberías «manejarlo»? —Sí. Seis. Y todas comparten el mismo apellido. —Es un buen hombre. Carly lo miró fijamente. —Ya que estamos jugando a esto… ¿has tenido noticias de Ivy? —A decir verdad, hablé con ella esta tarde, mientras estabas fuera con Sam. La veré dentro de un rato en su casa. —¿Fue idea suya o tuya? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 62-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué diferencia hay? Carly colocó otros cuatro o cinco libros en la estantería y se giró para mirar a su padre.


—No quiero que te hagan daño, papá. —¿Qué te hace pensar que eso va a ocurrir? —Todo esto va muy rápido, ¿no crees? —Y eso lo dice una mujer que se ha enamorado… ¿cuántas veces? Carly se inclinó para recoger más libros y sólo contestó cuando hubo colocado la siguiente tanda. —¿Pensarías cosas peores de mí de las que ya piensas si te dijera que nunca he estado enamorada? Durante unos segundos, Lane se quedó helado. No porque estuviera sorprendido, ya que se había dado cuenta mucho tiempo atrás de que los romances de su hija tenían menos consistencia que una pompa de jabón, sino porque sintió la tristeza que había en sus palabras. —Cariño, créeme… Nunca he pensado mal de ti. Carly puso más libros en la estantería y suspiró. —Sí, claro. —¿Lee? —tras varios segundos, Carly finalmente se dio la vuelta para mirarlo—. Tal vez me resulte difícil saber que has confundido el sexo con el amor…


—Oh, Dios, papá… —Oye, has sido tú la que ha sacado el tema. Pero no me has entendido. Lo que me preocupa es saber que tienes treinta y siete años y que no has sentido una verdadera unión con ningún ser humano. Tengo más razones para no dormir por las noches por verte infeliz que por cualquier otra cosa que hayas hecho. Aún me preocupo por ti, porque desde hace mucho tiempo tengo la sensación de que detrás de lo que haces hay algo mucho más profundo que no entiendo, de que tú… no sé… —Lane dudó, buscando las palabras apropiadas—. Es como si fueras prisionera de algo que hay dentro de ti y no estoy seguro ni de que tú misma lo comprendas — esperó unos segundos y después dijo—: ¿No dices nada? —Yo… —frunció el ceño—. No. —No eres tan mala como te gusta que la gente piense que eres. Carly se rió, rompiendo un poco la tensión. Lane se levantó y atravesó la habitación hasta llegar a su hija, tomándola de los hombros. —El caso es que yo sí he estado enamorado. Profundamente. Y conozco la diferencia entre amor y encaprichamiento. Sí, estoy encaprichado de Ivy Gardner y


no, no sabría decirte por qué. A veces no hay ninguna explicación racional para estas cosas. Pero yo también puedo manejarlo y, si no funciona, te prometo que no me derrumbaré. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 63-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Pero después de mamá… —Estuvimos casados durante casi cuarenta años, cariño —dijo suavemente —. Con Ivy he salido sólo una vez. Hay una gran diferencia. —Entonces… ¿no es un intento desesperado de evitar la soledad? Lane apartó las manos de los hombros de Carly y pensó en ello unos segundos. —No es ningún secreto que me he sentido muy solo desde que murió tu madre. Pero ¿desesperado? —negó con la cabeza—. Creo que no. Lo que pasa es que me he cansado de hablar solo todo el tiempo —Carly sonrió—. Nunca he pensado que uno deba esperar sentado a ver lo que ocurre. Hay que aprovechar las oportunidades, cariño. O crearlas uno mismo. Participar activamente en tu propio destino, si prefieres decirlo así.


—Qué moderno te has vuelto —dijo, sonriendo. —Oh, espera. Una de las primeras cosas que voy a hacer será cambiar la posición de la puerta principal.. El feng shui es terrible en esta casa. —Oh, Dios —dijo ella, riendo. —¿Crees que estoy bromeando? —preguntó Lane, y salió de la habitación antes de que Carly pudiera decir nada. Lo primero que pensó Ivy al abrirle la puerta a Lane Stewart fue que no, su mente no había embellecido el recuerdo de aquel hombre tan atractivo en las últimas dos semanas. Lo dejó entrar y permitió que la abrazara y la besara. Su mente tampoco había embellecido aquel recuerdo… —Han sido dos semanas muy largas —susurró él contra su pelo, que aquella noche estaba suelto y le caía casi hasta la cintura, sobre su jersey favorito—. Huele bien. —He hecho café —contestó ella. —No me refiero al café. —Oh, entonces debe de ser la crema que me ha traído Dawn. —Pues dale las gracias a Dawn de mi parte. —Ni hablar —dijo ella, y ambos se soltaron una carcajada. Si terminarían en la cama, como habían hecho en su primera cita, no tenían ni


que planteárselo. A su edad, no tenía mucho sentido hacerse el tímido. Ivy sabía que tantos años sin que la tocara un hombre la habían hecho sentirse… no desesperada, exactamente, que era una palabra que sonaba muy… bueno, desesperada. Pero sí ansiosa. Y Lane, que también huía de su propia soledad, había aparecido en el momento oportuno. —Hay tarta además de café —dijo ella, llevándolo de la mano a la cocina de su pequeño bungalow a una manzana de Main Street—. De manzana. —¿Hecha en casa? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 64-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, pero no por mí. Lane se sentó a la mesa, exudando la confianza y la masculinidad de un hombre que ya no siente la necesidad de probarse a sí mismo. Ivy cortó un trozo de tarta y lo puso en un plato pintado a mano. —No he tomado tarta de manzana desde que Dena murió. Era una cocinera estupenda. —La hace una chica para el café de Ruby —dijo Ivy—. A pesar de estar muy


ocupada, con el bebé y muchos más pedidos de los que puede aceptar. Por eso tiene a otras dos mujeres trabajando para ella ahora —Dios, estaba parloteando como una quinceañera nerviosa. ¡Y aquel hombre ya la había visto desnuda, por el amor de Dios! Le puso el plato con la tarta en la mesa y se volvió para ponerle una taza de café. Ya sabía que Lane lo tomaba solo con una cucharada de azúcar. Lane tomó el tenedor y se dispuso a probar la tarta. —¿Cómo va la campaña? —preguntó. —Bastante rápido —contestó Ivy, preparando dos tazas de café—. O gano yo o gana Arliss. Así que Carly ha decidido venir contigo, después de todo. —Sí, así es… Vaya, es buena —dijo de la tarta—. Pero creo que no sólo para ayudarme con la mudanza. —¿Se va a quedar? —Por ahora. —¿Y está contenta? —En realidad, no —dijo con la tristeza propia de los padres cuyos hijos aún no se habían encontrado a sí mismos.


Ivy puso el café en la mesa y se sentó frente a Lane. —¿Y esto le parece bien? —preguntó, haciendo un gesto con la mano entre los dos, pensando que ella tampoco estaba del todo segura de que estuviera bien. Aún. —En realidad, no —volvió a decir Lane, pero esa vez con una pequeña sonrisa—. Tiene miedo de que me rechaces y me rompas el corazón — durante un momento se miraron a los ojos—. Le dije que me arriesgaría, pero ella cree que es muy pronto, después de la muerte de Dena. —Tal vez lo sea —dijo Ivy suavemente, pero Lane no pareció haberla escuchado. —¿Sabes lo que me ha dicho hoy? —preguntó él, con el tenedor suspendido en el aire—. Que nunca ha estado enamorada. Ni una sola vez. El dolor de las palabras de Lane se hizo eco en Ivy, al recordar el miedo de su propia hija a enamorarse. Un miedo que finalmente borró la infinita paciencia de Cal Logan. Ivy no sabía qué era lo que le impedía a Carly Stewart encontrar lo que buscaba, pero comprendía demasiado bien la impotencia de Lane ante esa situación. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 65-133


https://www.facebook.com/novelasgratis Esa comprensión la llevó a inclinarse hacia delante y entrelazar sus dedos con los de Lane. Él levantó su mano y se la llevó a los labios, diciendo: —Es difícil no desear que su madre estuviera aquí para ayudarme con ella. Ivy apartó su mano, recordándose que aquello era sólo café, tarta y sexo. No se sorprendería si más tarde aparecía una tercera persona con ellos en la cama. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 66-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 Tres días después de la mudanza, Carly aún estaba limpiando pelusas de detrás de los muebles y electrodomésticos y frotando las baldosas amarillas del baño para quitarles el moho. No era que se quejara. Exactamente. Cada cajón limpio y cada ventana brillante le hacían tener una sensación de pertenencia que no había experimentado antes. Tenía las manos llenas de callos y todas las uñas rotas menos una pero, al menos, pensó mientras colocaba el viejo frigorífico en su lugar, la limpieza la mantenía


demasiado ocupada como para preocuparse por otra cosa. Como por su padre, que evidentemente no se iba todas las noches a casa de Ivy a ver la tele. O por la conversación que había tenido con él sobre no haber estado enamorada y todo eso de tener algo dentro de ella que le impedía… ¿Qué? Le echó una mirada a la habitación mientras intentaba, por enésima vez, terminar esa frase. Al menos, terminarla sin que el nombre de Sam apareciera en ella. Gracias a Dios, se había mantenido alejado de ella. Pero en más de una ocasión Carly se había descubierto fuera de la casa, observando cómo Sam trabajaba los campos con el tractor, cómo brillaba su cabello claro a la luz del sol, cómo se movían los músculos de su cuerpo… Podía imaginar su sonrisa, y casi oír su risa cuando, cada mañana y cada tarde, iba con sus hijos a cuidar a los animales. Pero, aparte de eso, pensó mientras se subía a una pequeña escalera para limpiar unas estanterías, casi no había pensado en él. Y, desde luego, no en relación con lo que su padre había dicho. Sonó el timbre de la puerta. Estaba en una casa en mitad de la nada y sonaba el timbre. A las diez de la mañana. Su padre y Sam se habían ido a Claremore a acabar


con todas las existencias del almacén Home Depot, todos los niños estaban en el colegio y, por lo que sabía, los cerdos aún no habían desarrollado la habilidad de llamar a las puertas, aunque Libby insistiera en que tenían una enorme inteligencia. Se bajó de la escalera y atravesó el salón, dejando escapar un «oh!» de sorpresa al ver a la joven allí, temblando ligeramente y vestida con unos vaqueros y un jersey y sonriéndole tímidamente. —Hola. —¿Por qué no estás en el instituto? —preguntó Carly, avergonzándose al instante del tono acusatorio de su voz, mientras el frío procedente del exterior entraba en contacto con su piel húmeda por el sudor. —Tengo calambres —dijo Libby, entrando en el salón y observándolo todo con curiosidad—. Vaya. Jamás diría que ésta es la misma casa de antes. Me gustan los muebles. —Yo creo que hay demasiados —contestó Carly, siguiendo la mirada de la joven—. Las cosas raras son mías, las bonitas, las de mi padre. De la casa donde crecí. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 67-133


https://www.facebook.com/novelasgratis —Ahora sólo te falta un gato. —Creo que no. Libby… ¿por qué estás aquí? Y perdóname, pero no me parece que tengas muchos calambres. —Me he tomado cuatro pastillas, así que ya no me siento tan mal —se dejó caer en el sofá de brocado dorado que había sido el orgullo de la madre de Carly. Entonces ésta miró los ojos de color ámbar de la chica y pensó «oh, oh»—. He estado intentando hablar contigo sin que mi padre se enterara desde el domingo… —Libby, por favor… no quiero que me pongáis entre los dos… Libby frunció el ceño. —Yo no intento hacer eso, sólo necesito hablar con alguien. Al menos, con alguien que sea razonablemente objetivo —con un suspiro, apoyó la espalda en los cojines e hizo una mueca, frotándose el vientre. —¿En el vientre o en los riñones? —¿Qué? —Los calambres. —Ah. Un poco de cada. —¿Quieres un té de hierbas? A veces ayuda.


—Sí, vale —siguió a Carly a la cocina—. ¿Tú tienes calambres? —Ya no —contestó mientras hacía hervir el agua—. Pero sí los sufría cuando tenía tu edad. Hasta que empecé a tomar la píldora. —Oh, vaya… ¿Tomabas la píldora cuando eras adolescente? —Bueno… el médico me dijo que me ayudaría a tener menos flujo y así no interferiría en el baile. —¿Todavía la tomas? —Sí —apartó la tetera del fuego y lo apagó. —¿Y eso no… te desequilibra y todo eso? —No si tienes cuidado. Libby empezó a curiosear en la cocina, abriendo armarios y cajones con un pie claramente aún en la infancia, aunque su cuerpo corriera hacia la madurez a una velocidad alarmante. —Mi padre nos pilló a Sean y a mí besándonos el otro día y casi se puso histérico. Tras varios segundos, Carly dijo: —Lo sé —cuando la chica se giró hacia ella, añadió—: En realidad, yo también estaba allí. Os vi antes de que lo hiciera tu padre.


—¡Dios! ¿Es que medio mundo nos vio o qué? Carly sonrió. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 68-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —No, sólo tu padre y yo. —¿Y no dijiste nada? —Pensé que no era asunto mío. Carly vertió el agua hirviendo sobre dos bolsitas de té de camomila en un par de tazas, mientras Libby preguntaba: —¿Qué edad tenías cuando perdiste la virginidad? El agua hirviendo se le derramó sobre la encimera, que estaba recién desinfectada. Bien, ahora también estaría esterilizada. Carly tomó una esponja para enjugar el agua y miró a la joven a los ojos. —No estoy segura de que eso sea asunto tuyo. Libby sonrió y volvió con una de las tazas al salón. Después de un momento, Carly la siguió, sentándose en una silla tapizada de terciopelo marrón. —Sé cómo funciona todo eso —dijo Libby—, por si te lo estabas preguntando — tomó un sorbo de té—. Mamá y yo tuvimos «la charla» cuando yo tenía unos


diez años. Y llevo años leyendo novelas románticas. No es que esté segura de que realmente ocurra de una manera determinada, pero sé la idea general —miró a Carly—. Mi madre me juró que mi padre y ella no lo hicieron hasta que se casaron, pero no sé si creérmelo. —Hay personas que esperan, Libby. —Sí, bueno, si hubieras visto cómo estaban siempre el uno encima del otro… Por eso tengo cinco hermanos. Carly ocultó su sonrisa tras el borde de la taza y dijo: —Creía que habías dicho que no ibas a hacer nada hasta que estuvieras preparada. —Ese es el problema. No estoy segura de que no lo esté. —Oh, Libby… Sólo tienes catorce años. —Cumpliré quince la semana que viene. Y quiero a Sam, a pesar de lo que diga mi padre. Cuando me besa y todo eso… —Define «todo eso». —Es sólo una expresión. Ni siquiera me ha tocado —Carly enarcó las cejas —. No con las manos ni nada. Pero cuando me abraza fuerte, hmm… —se


ruborizó—. Eso no cuenta, ¿verdad? —Créeme, sí que cuenta. ¿Estás segura de que eso es lo que quieres? —Eso es lo que no puedo decidir. Quiero decir que, si lo quiero, y si tenemos cuidado… pero entonces… No lo sé. Sí que quiero, pero no quiero. ¿Sabes lo que quiero decir? —Sí, lo sé. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 69-133 https://www.facebook.com/novelasgratis El sonido de la camioneta de Sam aparcando fuera hizo que la chica se pusiera en pie de un salo, derramando el té. —¡Oh, Dios, lo siento! —exclamó, con los ojos muy abiertos—. ¡Pero mi padre me matará! —Vete —dijo Carly con suavidad—. Yo limpiaré todo esto. No habían pasado ni diez segundos desde que Libby se había ido cuando se abrió la puerta principal y entraron Travis, Radar, Lane y Sam, estos dos últimos sonriendo como cavernícolas después de una buena caza.


—¿Habéis dejado algo para los demás? —preguntó Carly, relajándose un poco al ver la mirada satisfecha de su padre. —Tal vez un par de casquillos de bombilla en el pasillo treinta y seis —dijo Sam, y levantó la cabeza de repente—. ¿Está Libby aquí? Carly se quedó helada. Travis y el perro volvieron a salir, después de que Lane le prometiera al niño que podía ayudar a descargar la camioneta. Y Carly se quedó sola con las sospechas de Sam y sus propias dudas. —¿Qué te hace pensar eso? —Puedo oler ese mejunje que se pone en el pelo a kilómetros. —Tal vez yo use el mismo mejunje… —No. Tú siempre hueles a coco —fijó la vista en las dos tazas—. Y supongo que normalmente no bebes de dos tazas a la vez. ¿no? Carly dejó escapar un suspiro, agarró las tazas y las llevó a la cocina. —Por esto es por lo que odio estar en el medio de las cosas. —Tú no estás en el medio —dijo Sam, siguiéndola—: Estás de mi parte — ella dejó las tazas en la encimera y lo miró—. Vale, te perdonaré. ¿Vas a decirme por qué estaba aquí? Carly apoyó la espalda contra la encimera y se cruzó de brazos. Genial, justo


lo que necesitaba. O traicionaba a la chica o le ocultaba a su padre información importante. En cualquier caso, estaba en un aprieto. Si Libby fuera mayor, ni un ejército entero podría obligarla a contar las confidencias de la chica. Pero, lo mirara como lo mirara, Sam tenía derecho a saber a lo que se enfrentaba. Especialmente cuando era él quien tenía que enfrentarse a ello, no Carly. —Está confundida, Sam. —¿Y no lo estamos todos? —murmuró. Después la miró fijamente—. ¿Sobre qué? —Lo típico. Los chicos, el sexo… —dudó unos segundos antes de preguntar —: Está enterada del control de natalidad, ¿verdad? Sam palideció ligeramente, pero sólo dijo: Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 70-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Claro que sí. Y desde hace tiempo —la miró con preocupación—. ¿Libby ha…? —No. Pero está pensando en ello. Sam dejó escapar una maldición.


—Sólo por curiosidad… ¿qué le has dicho? —Nada. Acababa de decírmelo cuando mi padre y tú llegasteis. —¿Qué le habrías dicho? —No tengo ni idea —Sam la miró fijamente durante varios segundos, y Carly supo que era el momento de retomar la última conversación que habían tenido— ¿Pensaba que estaba bromeando cuando te dije que no sería de ninguna ayuda para tus hijos? —No —contestó él después de un momento—. Pero pensé que tal vez lo dijeras para mantenerme apartado de ti. Carly agarró unas servilletas de papel y se dirigió al salón para limpiar el té. —Entonces te habría dicho «mantente alejado de mí» o algo así. Oyó las pisadas de Sam detrás de ella. —Pero no lo hiciste, ¿no? —En cualquier caso —dijo Carly, fingiendo que no lo había oído—, te dije que era la persona menos apropiada para darles consejos a tus hijos, sobre todo a Libby. —Puede que ella necesite el punto de vista de otra mujer. —Puede. Pero no el de una mujer que perdió su virginidad mucho antes de


llegar a la edad de Libby. A Sam le pareció ver dolor y arrepentimiento en sus ojos mientras decía esas palabras y se dio la vuelta para mirar unas fotografías. —Entiendo —dijo con el tono más neutro del que fue capaz. —Sam, yo era la típica chica rebelde. Pregúntale a mi padre. Y créeme si te digo que él no llegó a enterarse ni de la mitad. ¿Cómo puedo ser un ejemplo para tu hija? ¿Cómo puedo aconsejarle que mantenga las piernas cruzadas cuando yo…? —dejó escapar un suspiro—. ¿Qué clase de hipócrita sería? Una alarma sonó en el interior de la cabeza de Sam, diciéndole que seguramente había mucho más aparte de lo que le estaba contando. —Dime algo —le pidió, tomando una fotografía con marco plateado de Lane, Carly y una sonriente mujer morena que supuso que era la madre de Carly—. ¿Has matado alguna vez a alguien? —¿Qué? No, claro que no. Sam se dio la vuelta para mirarla. —¿Le has causado a alguien daño corporal? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 71-133


https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Sin contarme a mí? No. —¿Has trabajado para la mafia? ¿Has vendido drogas a niños pequeños? —No. Pero… te has acercado bastante con la última pregunta. Sam pudo ver otra vez el dolor. Vergüenza, no. No exactamente. Más bien como si no quisiera que nadie la compadeciera. Sam mantuvo una expresión indescifrable. —¿Todavía las tomas? —preguntó con suavidad. —No —contestó ella—. Desde hace mucho, mucho tiempo. Entonces Sam se acercó a ella, tanto que Carly tuvo que levantar la cabeza para mirarlo. —Francamente, Carly, no me importa tu pasado. O, al menos, no lo veo como un obstáculo, cosa que tú sí pareces hacer. No, escúchame —dijo cuando ella quiso interrumpirlo—. Sí, que es mi responsabilidad ayudar a Libby a aclararse en todo esto. Pero también me parece que nadie mejor que tú sabe lo que piensan las chicas adolescentes de sus padres, sobre todo en lo que respecta al sexo, al amor y a los instintos. Me parece que el hecho de que Libby quiera hablar contigo es una


buena señal… —Sí, pero… —… y también me parece que tienes un punto de vista más amplio sobre el tema que alguien que esperó hasta la noche de bodas para hacerle el amor a su mujer. Vio cómo le latía el pulso en la garganta y deseó tocarlo con el pulgar. O con la boca. Libby se metió las manos en los bolsillos de la sudadera. —¿No esperarás que crea que estás feliz con la idea de que Libby tenga sexo siendo tan joven? Sam dejó escapar una ronca carcajada. —Claro que no. Y pienso decirle lo que pienso sobre esto a la menor oportunidad. Pero creo que no es malo que tenga a alguien a quien pueda venir a ver y a quien pueda decirle lo idiota que es su padre. Se miraron a los ojos durante varios segundos, hasta que Carly se acercó a la ventana del salón. Desde allí podía ver a Travis, persiguiendo a Radar. —Estás confiando demasiado en alguien a quien no conoces —dijo finalmente. —¿Qué quieres que te diga? Siempre he tenido buenos instintos.


Carly se rió y se dio la vuelta. —Por si te interesa saberlo, no le aconsejaría que se rindiera a sus hormonas. —No pensaba que lo harías. —Pero… creo que mantenerlos apartados sería aún peor —hizo una mueca —. Conmigo nunca funcionó. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 72-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Desafortunadamente, Sam había llegado a la misma conclusión respecto a Sean y a su hija. —¿Tienes alguna sugerencia? —Bueno… Libby está deseando ir a ese baile con Sean. Tal vez si tuvieran otra vía de escape para toda esa… energía… —Puede que tengas razón —en realidad, no era una mala idea—. Después de todo, tiene que darse cuenta de que hay más de una manera de disfrutar de la compañía de un chico. —Entonces, ¿vas a dejarla ir? Sam dudaba que la expresión de Libby pudiera ser tan esperanzada como la


que Carly tenía en ese momento. Y se dio cuenta de que, de alguna manera, la mujer había caído bajo el hechizo de su hija. —Con una condición —dijo, aunque no podía creerse lo que estaba a punto de decir. —¿Y es…? —Que vaya con otra pareja. Una cita doble. —La verdad es que no es mala idea. Claro que depende de cuál sea la otra pareja. ¿En quién estás pensando? —En nosotros —contestó Sam, y vio cómo Carly abría la boca de asombro. —Es eso o nada. Libby. Medio horrorizada y medio incrédula, su hija se sentó con las piernas cruzadas sobre su cama, apretando un cojín contra el pecho. —¡Sean va a pensar que soy una cría cuando vea que tengo una doble cita con mi padre! —Teniendo en cuenta que os visteis a mis espaldas, podría prohibirte ir al baile. Francamente, creo que lo que te ofrezco es bastante generoso. Y, por cierto, ¿le has pedido disculpas a Blair por haberle hecho que te cubriera? —al ver que Libby no


contestaba, añadió—: Sabes que no fue nada justo ponerla en esa situación. Su hija se encogió de hombros. —Dijo que no le importaba. —Uno no abusa de sus amigos, Lib… —¡Vale, papá, lo siento! —los ojos se le llenaron de lágrimas—. Fui una estúpida y no volveré a hacerlo de nuevo, lo prometo. ¿De acuerdo? —De acuerdo. —Pero… no lo entiendo —dijo Libby, aún abrazada al cojín—. ¿Por qué le has pedido a Carly que te acompañe? Pensé que no estabas interesado en ella. —¿Conoces a alguien más a quien pudiera invitar? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 73-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bueno, no, pero… —Pues ahí lo tienes. Y, para tu información, el que le haya pedido a Carly que me acompañe al baile no significa necesariamente que esté interesado en ella. Los amigos también hacen estas cosas. —¡Pero se supone que ella es mi amiga, no la tuya!


—Entonces ve con ella en vez de con Sean y todos nuestros problemas se resolverán. A Libby se le llenaron los ojos de lágrimas y Sam recordó, aunque demasiado tarde, que ciertos días al mes las mujeres no tenían sentido del humor. —¿Por qué siempre tienes que burlarte de todo lo que digo, hago o pienso? ¡Nunca me tomas en serio! Sam se sentó en la cama de su hija y le pasó un brazo por los hombros. —Lo siento, cariño. En serio. He tenido un mal momento, ¿de acuerdo? No quería herir tus sentimientos, te lo juro. Pero a veces… hago bromas porque así me resulta más fácil enfrentarme a todo esto que no entiendo —le apretó ligeramente el hombro—. No dejes que esto se te suba a la cabeza, pero me asustas. —¿De verdad? —preguntó Libby con una risita. —De verdad. Compréndeme… Nunca había criado a una adolescente. Y es como tener que montar un coche. Sin instrucciones. Libby se rió otra vez, pero luego frunció el ceño. —Carly no es buena para ti, ya lo sabes. —Sí, lo sé. Pero pensaba que ya habíamos decidido que no iba a pasar nada en ese sentido.


—Papá, ha pasado mucho tiempo para ti. Las tentaciones existen. Sam necesitó toda su fuerza de voluntad para no reírse, pero sabía que su hija tenía razón. Sin embargo, había una gran diferencia entre querer hacer desaparecer la oscuridad que Carly parecía tener en su interior y desearla. Un gran diferencia. —No tienes que preocuparte por eso, cariño. Aunque pensaba que estabas deseando verme casado de nuevo… —Y así es —frunció el ceño—. Creo. Y Carly me gusta de verdad, pero… — dejó escapar un suspiro—. No se trata de lo que me gusta, sino de lo que es adecuado para ti. Y Carly es tan… —¿Diferente de mamá? —Sí. Sam se levantó. —Cariño, si tuviera otra relación, estoy completamente seguro de que no sería con un clon de tu madre. No querría que así fuera. —¿Por qué no? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 74-133 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Mamá era única, pero además… No estoy seguro de cómo expresar esto, pero no me siento la misma persona que era cuando mamá murió —eso era realmente cierto. La muerte de Jeannie lo había cambiado de una forma intrínseca que no podía definir. La expresión de Libby pareció relajarse. —Sí, sé lo que quieres decir. En circunstancias normales, aquélla habría sido una buena manera de terminar la conversación, pero Sam aún no había sacado el tema que lo había llevado a sugerir una cita doble. Sintiéndose como si tuviera escorpiones anidando en el estómago, finalmente consiguió reunir fuerzas para decir: —Por cierto, sé por qué fuiste a ver a Carly. Y de lo que hablasteis. —Se suponía que no tenía que decírtelo —dijo, ruborizándose. —Creyó que debería saber lo que estabas pensando, Lib. Y no era justo esperar que no me dijera nada, igual que no lo fue esperar que Blair te cubriera. —Ya, pero al menos Blair me guardó el secreto —dijo, haciendo una mueca. —En primer lugar, esas cosas siempre terminan sabiéndose y, en segundo lugar, para los adultos un verdadero amigo es otra cosa.


Libby no tenía nada que decir ante eso. Pero se recogió un mechón de pelo detrás de la oreja y dijo: —No esperaba que lo comprendieras. —¿El qué? ¿Lo del sexo? Lo entiendo, créeme, y más de lo que crees. Tu madre y yo realmente esperamos hasta estar casados, pero nadie dijo que fuera fácil. —Entonces, ¿por qué no lo hicisteis? —le espetó, pero inmediatamente se tapó la cara con las manos—. ¡No puedo creer que le acabe de decir eso a mi padre! —Está bien. Yo tampoco termino de creerme que esté teniendo esta conversación. ¿Pero quieres saber la respuesta o no? Tras pensar unos instantes en lo que su padre acababa de decir, Libby asintió, y sus labios se curvaron ligeramente en una sonrisa al comprender. Libby lo miró entre los dedos de las manos y asintió con la cabeza. —Esperamos porque ninguno de los dos se sentía preparado —dijo simplemente—. No me refiero físicamente, sino mental y emocionalmente. No voy a pedirte que te reserves hasta el matrimonio, pero de ninguna manera te diré que me parece bien que alguien de tu edad tenga sexo. Porque ocurren cosas, Libby. Como


enfermedades. Y bebés. —Lo sé todo sobre los preservativos, papá —dijo, en un intento por parecer sofisticada. —Entonces también sabrás que a veces fallan y se rompen. ¿Estás preparada para enfrentarte a las consecuencias si eso sucediera? —hizo una pausa y añadió—: ¿Y Sean? ¿Está preparado él? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 75-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Por lo que parecía, su hija no tenía respuesta para aquello. —¿Alguna pregunta más? —dijo Sam. Libby bajó la mirada y negó con la cabeza—. Muy bien, entonces se ha acabado la lección. Ah, una cosa más: creo que hiciste lo adecuado acudiendo a Carly. —¿Por qué? ¿Porque te contó lo que le dije? —No. Porque ella puede darte una visión diferente de las cosas. Creo que puedes confiar en ella. Y porque no es mamá —añadió, tras unos segundos. Tras pensar unos instantes en lo que su padre acababa de decir Libby asintió, y sus labios se curvaron ligeramente en una sonrisa al comprender.


Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 76-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 —Sabes lo que eso significa, ¿no? —le dijo Blair a Libby. Las dos estaban sentadas en el suelo, apoyadas en la pared exterior del granero y tenían en la mano unos biberones con los que estaban alimentando a los cerditos. Blair había ido para llevarle a Libby el trabajo que se había perdido en clase y casi le había rogado que le dejara alimentar a los pequeños—. Significa que tu padre está colado por Carly. —Dime algo que no sepa. —¿No te parece bien? Carly mola. —Sí, pero no es una persona a quien le gusten precisamente los niños, ¿no? Blair la miró con unos ojos que parecían decir «cómo es posible que haya alguien a quien no le gusten Los niños?», y Libby pensó que, posiblemente, se debiera a que era hija única. —Bueno, pero al menos puedes ir al baile con Sean. —Oh, sí, con mi padre de carabina todo el tiempo. Lo estoy deseando —pero en ese momento la culpa que había estado intentando ocultar durante los últimos


días salió a la superficie—. Por cierto… Siento de veras haberte pedido que mintieras por mí, diciendo que estábamos juntas en el cine cuando realmente estaba con Sean. No debería haberlo hecho. —Está bien —dijo Blair, y Libby se dio cuenta de que estaba realmente aliviada. Pero entonces apretó los labios con fuerza, como si tuviera un secreto que se muriera por contar. —Vale, suéltalo ya. —Kirk Hauser me ha invitado al baile. Libby casi dejó caer el biberón. Y al cerdito. —No estás hablando en serio. —¡Claro que sí! ¿Qué? ¿No crees que alguien como Kirk pueda estar interesado en mí? —No, no… ¡Lo siento, no quería decir eso! Es que… ¡Oh, Dios mío, es tan guapo…! —¡Lo sé! —exclamó Blair—. Yo tampoco podía creérmelo. Así que ahora estoy en el mismo barco que tú, porque él sólo tiene quince años, y aún no tiene carné de conducir. Por eso Jenna y mi padre nos van a llevar.


Libby dejó escapar un gruñido, pero luego pensó que podía ser divertido que tantos adultos fueran al baile. Al principio había sido sólo para los chicos del instituto, hasta que a alguien se le ocurrió sugerir que fuera algo para toda la comunidad. Como consecuencia, había mucha comida y una banda local que tocaba todo tipo de música. Lo que significaba que los chicos, incluso los que no tenían pareja, acudían. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 77-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Aunque eso no era algo de lo que Libby se tuviera que preocupar aquel año. Los cerditos ya habían cenado, así que las chicas se levantaron, sacudiéndose el trasero de los pantalones. Libby tenía que admitir que, para ser una chica de ciudad, Blair se estaba portando al dejarse caer por la granja y ayudarla, sin importarle la suciedad ni los malos olores. —¿Y qué dice Sean de la doble cita? Libby tiró los biberones vacíos a un cubo de plástico para lavarlos después. —Que eso es mejor que nada. Y que no cree que mi padre esté pegado a nosotros todo el tiempo. Las chicas se dirigieron a la casa.


—Siento haberme portado como una tonta con Sean —dijo Blair, mirando a su amiga. —¿De qué estás hablando? —Sabes perfectamente de qué estoy hablando. Y era sólo porque estaba celosa de que tuvieras a un chico tan guapo a tus pies y yo no. Entiendo que te enfadaras conmigo, fui una estúpida. —Está bien —contestó Libby, y la tomó del brazo, pensando que convertirse en adulta podría estar bien, después de todo. Podría haber dicho que no. Carly agarró unas mallas de color rosa desteñidas de tanto lavarlas y el primer maillot que encontró, uno de color azul. Tenía que haber dicho que no. Pero entonces Libby no podría ir al baile, y no quería hacerle eso a la chica. Durante tres días, mientras ayudaba a su padre a colocarlo todo en la casa y mientras limpiaba, había estado intentando justificarse por haber dicho que sí, sabiendo que, después del baile, todo el mundo pensaría en Sam y en ella como pareja.


La casa entera tembló con los martillazos que estaba dando su padre. Normalmente desaparecía después de cenar, pero aquella noche Ivy atendía un parto, así que ahí estaba Lane, pulverizando la pared. Carly se puso un jersey, un par de calentadores y agarró sus zapatillas de ballet favoritas. Con ellas en la mano, bajó las escaleras y le dijo a su padre que se iba al granero, y que volvería en una hora aproximadamente. Recorrió con rapidez los pocos metros que lo separaban de la casa y, al llegar, el brillante suelo pareció darle la bienvenida. Se quitó el abrigo y los zapatos y se recogió el pelo. Se puso las zapatillas de ballet, cruzando las cintas en los empeines y en los tobillos y atándolas con firmeza. No necesitaba música, porque fluía por sus venas como si fuera sangre, sólo un poco de espacio. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 78-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Usando un travesaño como barra, comenzó unos ejercicios de calentamiento: demi-pliés, petit battements, grande battements, ronde de jambes. Oscurecidos por la noche, el trío de ventanales que cubrían la pared de suelo a techo actuaban como espejos, permitiéndole observar críticamente cada posición, cada movimiento,


corregir un port de bras combado y asegurarse de que el arabesque era perfecto. El sudor empezó a correrle por la espalda y entre los pechos, mientras su cuerpo obedecía las órdenes mentales y la ansiedad que había estado sintiendo las últimas semanas comenzaba a desvanecerse. Nunca volvería a bailar profesionalmente, pero eso no le impedía sentir la satisfacción y la alegría que siempre la inundaban al bailar. Tombe, pus de bourre, glissade, glissade... Había ido al granero el día anterior y había visto que lo habían convertido en un loft, preparado para vivir en él, con una pequeña cocina y un baño en el piso inferior… Doble pirouette, aterrizando en la posición cuarta… De repente aparecieron dos caras pálidas contra el cristal, justo enfrente de ella. Carly gritó y saltó hacia atrás, con la mano en el pecho. Entonces las caras sonrieron. —Por el amor de Dios… —fue a la puerta principal y la abrió—. Casi conseguís que me dé un ataque al corazón —les dijo a los dos chicos mayores de Sam, que no dejaban de sonreír.


—Creo que nunca he visto a nadie saltar tan alto —dijo Mike, el mayor, y que era la viva imagen de su padre. Matt, que era moreno como su hermana, añadió: —Y la última vez que oí a alguien chillar así fue cuando Blair intentó ordeñar a Josephine y la vaca la golpeó en la cabeza con la cola. —Sí, claro —Carly se apartó para dejarlos pasar. Los chicos iban vestidos de manera casi idéntica, con vaqueros, sudaderas de color azul marino y zapatillas deportivas. —¿Qué estabas haciendo? —preguntó Mike, mientras paseaba la mirada por la habitación vacía. —Bailar. —¿Por qué? —la pregunta vino de Matt, que era todo curiosidad. —Porque me hace sentir bien. ¿Vosotros no habéis bailado nunca? Los chicos pusieron cara de verdadero horror. —Eso es de mariquitas —dijo Mike, mirando a su hermano. —¿Ah, sí? Dejadme que os diga algo —disfrutando con la situación, Carly se acercó un poco más a ellos, con los brazos cruzados—. ¿Alguna vez habéis levantado cuarenta y cinco kilos por encima de vuestras cabezas y después habéis


andado quince metros así? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 79-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bueno, no, pero… —¿Podéis girar ocho veces sobre un solo pie sin marearos y sin caeros? Los chicos se miraron y luego la volvieron a mirar a ella. Después, vencidos, negaron con la cabeza. Carly se rió y dijo: —Id a mi casa y decidle a mi padre que os he pedido que me traigáis el reproductor de CD y la caja que hay justo al lado. Quiero enseñaros algo. Cuando Sam vio que los chicos no habían regresado de su paseo en bici a las ocho y media, salió a buscarlos. Lane, que estaba cubierto de polvo pero feliz, le dijo que habían ido al granero con Carly. Preguntándose qué demonios estarían haciendo, condujo hasta allí. Teniendo en cuenta la música de salsa a todo volumen que salía del granero, dudó que hubieran oído la camioneta. Se quedó sentado, aún con una mano en el volante, incapaz de hacer nada excepto mirar, hasta que la


sorpresa empezó a desvanecerse. Ahí estaba Carly, girando, moviéndose y contoneándose con ellos, salvo que con un poco más de gracia y elegancia. Con sus hijos, unos chicos obsesionados con el deporte, con los coches y con ver quién eructaba más fuerte. Finalmente salió de la camioneta y abrió la puerta del granero. Entonces, además de la música, pudo oír las risas de los chicos y de la mujer. Ella llevaba una sudadera horrorosa y enorme, pero las mallas que cubrían sus piernas dejaban ver los movimientos de cada músculo. Su cara, ruborizada, tenía un brillo especial y reflejaba placer. Al mirarla, varias partes de la anatomía de Sam reaccionaron de manera interesante… —No, no —dijo ella riéndose, cuando Matt se lanzó a hacer una serie de movimientos con los que parecía que se hubiera sentado sobre un avispero. Carly le puso las manos en las caderas para dirigirlo mientras que Mike, que observaba atentamente su reflejo en los cristales, se concentraba en mover sus pies adecuadamente. En cualquier momento se darían cuenta de su presencia, pero hasta entonces sería feliz viendo a sus hijos comportarse como bobos y a Carly pasándoselo como


nunca. Interactuaba con los chicos de manera completamente natural, y su risa era la más contagiosa que había oído nunca. Se quedó en las sombras, con las manos en los bolsillos, absorbiendo uno de esos escasos y extraordinarios momentos que hacían que uno se alegrara de estar vivo. Y de repente se descubrió pensando que tal vez no fuera tan complicado dejar que alguien más entrara en su vida. Y que si había alguien que encajara con la locura que era la vida de Sam, ésa era Carly. Lo supiera ella o no. —¡Papá! —gritó Matt—. ¿Cuándo has llegado? —Hace unos minutos —contestó, y su voz retumbó en la sala cuando Carly apagó el reproductor de CD—. Parece que lo estáis pasando bien. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 80-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Hmm... sí, supongo —desde donde estaba, Sam pudo ver que su hijo mayor se ruborizaba—. Carly dice que bailar es una buena manera de descargar nuestras frustraciones. —Pero no somos muy buenos —intervino Mike, pasándose una mano por el pelo humedecido por el sudor. —¡Claro que lo sois! —exclamó Carly, y la vehemencia con la que lo dijo


hizo que el corazón de Sam se abriera un poco más—. Los dos. —¿Podemos volver otro día? —preguntó Mike. —Claro que sí —contestó Carly, y Sam se dio cuenta de que estaba encantada— Cuando queráis. Siempre que antes hayáis hecho los deberes y todas vuestras tareas. Porque no me gustaría tener ningún problema con vuestro padre —miró a Sam, y éste sintió algo parecido a una corriente eléctrica entre los dos. —Pero ya es hora de terminar el día —intervino Sam—. Podéis meter las bicis en la parte trasera de la camioneta. Yo os llevaré. Refunfuñando, los chicos recogieron sus sudaderas del suelo y salieron. Sam le echó una mirada a Carly, simplemente para comprobar si la conexión que había sentido entre ellos minutos antes había sido sólo producto de su imaginación. Aparentemente, no lo había sido. —No te han molestado, ¿verdad? Ella se rió. —Cuando se dieron cuenta de que no iba a obligarlos a ponerse tutús, todo empezó a ir bien.


—Odio decirte esto, pero eres realmente buena con los niños. No sólo con Matt y Mike. Te he visto con los demás. Tienes algo natural… —Sam… —Maldita sea, Carly. ¿Quieres escucharme por una vez? Nada aleja más a un niño de un adulto que ver que éste se esfuerza demasiado. Pero tú no lo haces, sino que eres tú misma cuando estás con ellos, y así pueden sentirse libres de ser ellos mismos también. ¿Tienes idea de lo extraordinaria que eso te hace? —Sam, por favor… —lo miró a los ojos y él pudo ver lo agitada que estaba —. No veas más de lo que realmente hay. —No se me ocurriría —dijo, preguntándose por qué, en vez de aprovechar esa vía de escape para marcharse, se quedó observando la sala. —¿Qué pasa? —preguntó ella. —¿No podrías montar una academia de baile aquí, en el granero? Ella se encogió un poco, como si le hubiera leído el pensamiento. —No hablas en serio. —¿Por qué no? Solíamos tener una profesora de baile en Haven hasta hace siete u ocho años, pero se fue a Florida. Creo que sus alumnos se marcharon a


Claremore Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 81-133 https://www.facebook.com/novelasgratis o a Tulsa, pero hay un montón de chicas, o incluso chicos, si les enseñas a bailar como estabas haciendo con Matt y Mike… ¿Por qué sacudes la cabeza? —Sam, algo me dice que la gente de por aquí no tiene tanto dinero como para gastarlo en clases de baile. Y yo tengo que comer, ya sabes. —Sí, claro. Sólo era una idea. —Y una idea muy bonita —dijo ella—, pero no muy práctica —se acercó con él a la puerta—. Los chicos estarán…eh… preguntándose… —Sí, supongo —por el amor de Dios, ¿por qué estaba mirando su boca? —Buenas noches, Sam —dijo ella, haciéndolo salir suavemente, y el frío de la noche lo golpeó en la cara, enfriando rápidamente su libido recalentada mientras se acercaba a la camioneta y se alejaba del aroma del Carly, de su risa y de la promesa de cosas que sólo existían en su imaginación. Tras cerrar la puerta, Carly vio por las ventanas cómo Sam caminaba hacia la camioneta, llevándose con él su sonrisa, su olor y la tentación de creer ciertas cosas.


Después se dio la vuelta y, con la espalda apoyada en los ventanales y las manos en las caderas, se imaginó la sala llena de niños bailando y riendo… —Por Dios santo, mamá —con Max en brazos, Dawn empujó con la cadera la puerta trasera de la casa de su madre—. ¿No podrías hacer menos ruido con esas cacerolas? —Perdóname, pero creo que no hay ninguna ley que le impida a una mujer hacer ruido con sus sartenes en su propia casa. Además, no esperaba compañía. —Vaya, no sabía que necesitara una invitación para venir a ver a mi madre. Acabamos de estar en la consulta de Ryan para la revisión de los seis meses de Max y pensé que podríamos darte una agradable sorpresa viniendo a visitarte. Claramente, me equivoqué —Dawn se sentó en una silla e inmediatamente apartó todo lo que había en la mesa del alcance del pequeño—. ¿Vas a decirme lo que te pasa o no? —Lane va a venir a cenar esta noche. —Y eso es un gran problema, claro. —No te rías —dijo Ivy, porque eso era exactamente lo que su hija estaba haciendo—. No tienes ni idea de lo que ese hombre le hace a mi presión arterial.


—Entonces, ¿por qué lo has invitado a cenar? —Dawn miró a su madre y tardó un par de segundos en darse cuenta de lo que ocurría—. ¿Estás de broma? ¿El y tú…? —Ivy asintió con la cabeza—. ¿Es bueno? Ivy puso un cuenco de cerámica en la mesa y echó en él una taza de harina. —Sí. Es bueno. —¿Y…? En realidad no quería hablar de ello, y mucho menos con Dawn. Pero tenía demasiadas cosas que contar como para guardárselas y torturarse con ellas. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 82-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y creo que tal vez me esté enamorando de él. —Oh, oh… —Sí. Oh, oh —Ivy echó un trozo de carne en la harina y comenzó a mezclarlo todo. —¿Él no siente lo mismo que tú? —No tengo ninguna duda de que cree que está loco por mí —contestó, evitando mirar a su hija a los ojos.


—Perdona, pero entonces no veo cuál es el problema. —El problema es que no me apetece ser el segundo plato de nadie. Otra vez no. —¿De qué estás hablando? —Si tengo que escuchar otra vez lo perfecta que era su mujer, voy a terminar con todo esto. —Supongo que no has hablado con él de esto. —¿Y parecer una mujer insegura que está celosa de una persona muerta? —No. Una mujer con sentido común que es sincera sobre sus sentimientos. Estoy segura de que, en tu lugar, yo me sentiría exactamente igual. —Oh, Dawn… —se giró hacia su hija—. Soy demasiado vieja para estas cosas. No importa cómo lo mires, pero sigo siendo la primera mujer con la que ha estado desde la muerte de su esposa. ¿Qué probabilidades hay de que esto continúe, una vez se haya cansado de la novedad? —No lo sé. Pero supongo que el hecho de que se haya mudado aquí para estar cerca de ti quiere decir algo —Dawn dejó al bebé en el pequeño parque de juegos que Ivy había puesto en un rincón de la cocina y volvió a mirar a su madre—. Si tanto


daño te está haciendo, déjalo. Ahora. Antes de que sea peor. Se acercó a ella y la abrazó, e Ivy le devolvió el abrazo, dejando una mancha de harina en el jersey de su hija. Una semana después, la idea de abrir una academia de baile en Haven aún no se le había ido totalmente de la cabeza, a pesar de que Carly había hecho todo lo posible por desecharla. Aunque pasaba diez horas al día ayudando a su padre a reformar y organizar la granja, por las noches volvía al granero, a pesar del frío que ya comenzaba a hacer, para bailar una hora. Tal vez dos, si la rodilla se lo permitía. Cuando los chicos iban, ya con la suficiente frecuencia como para que ella comenzara a esperar impaciente sus visitas, ponía salsa, jazz o hip hop y bailaban todos juntos. Entonces se animaba y comenzaba a pensar: «Tal vez...» o «¿por qué no...?». A veces Sam iba a mirar, y Carly sentía que su risa lo llenaba todo, tanto dentro como fuera de ella, pero inmediatamente se decía: «No puedo hacer esto». Tenía miedo. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo


Nº Paginas 83-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Como aquel viernes por la tarde, viendo cómo Sam observaba la sala. Era demasiado consciente de la calidez que sentía en las entrañas, y sabía que no se debía a la ropa de abrigo que llevaba. Después de haber bailado, todos los chicos de Sam estaban en el centro de la sala viendo quién podía gritar más alto. Carly se acercó a Sam, que estaba observando algo en la pared. —¿Libby se ha recuperado ya de su fiesta? —le preguntó. Sam le dedicó una débil sonrisa. Blair y otras amigas de Libby habían decidido darle una sorpresa haciendo una fiesta del pijama la noche anterior en su casa. Los chicos habían pasado la noche con Lane y Carly para dejarlas solas. Había sido una experiencia interesante, por decirlo de alguna manera. —Sí. Y ojalá me hubiera recuperado yo también —dijo él—. ¿Tienes idea de cuánto ruido hacen diez adolescentes juntas? —Sí. Más o menos la mitad de ruido que cuatro chicos —se acercó un poco más a él—. Sé que me voy a arrepentir de preguntártelo, pero... ¿qué estás haciendo? Sam le sonrió y Carly sintió algo muy agradable y cálido en su interior.


—Nunca le eché un vistazo a lo que hicieron los antiguos dueños, pero parece que está bastante bien. Creo que las cañerías están en su sitio, esperando la instalación. Si finalmente te mudas, ya sabes. —¿Y arriesgarme a que una mañana alguien me encuentre congelada? —Los conductos también están en su sitio. Sólo necesitas poner la calefacción. Los chicos salieron al exterior y Carly se sentó en el suelo, cruzando las piernas, y se tapó la cara con las manos. Sam se inclinó sobre ella y le apartó los dedos para poder mirarla a los ojos. —Déjame adivinar. Poner la calefacción implica un compromiso. —Maldición. Eres bueno —contestó ella. —Y sabes que quieres hacer esto. Carly dejó caer las manos a los lados. —De acuerdo, puede que haya estado pensando en ello. Un poco. Pero… —Tu padre ya ha dicho que te comprará todo lo que necesites. Y entre los dos podemos hacer la instalación en poco tiempo. —Pero entonces mi padre se quedaría solo y… oh —dijo al ver la expresión divertida de Sam. —Creo que Lane haría todo lo que estuviera en su mano para conseguir su


independencia y que tú tuvieras la tuya. Y tienes que admitir que eso sería perfecto. —Sí, es cierto —se puso de pie y empezó a pasear por la sala, pensando. —No estás diciendo que no —apuntó Sam detrás de ella. —No en voz alta. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 84-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Sam se acercó a la ventana y observó a sus hijos, jugando en el exterior. —¿De qué tienes tanto miedo, Carly? Ella sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. —De todo esto. De la ciudad, de las opciones que tengo… De ti. Sam la miró con el ceño fruncido y, en ese momento, Carly se dio cuenta de que sus sentimientos eran correspondidos. Pero en realidad no lo eran, porque sabía que Sam estaba a otro nivel, en uno al que Carly nunca se había acercado. Para ella, todo aquello tenía que ver con el sexo, como siempre. Oh, sí, Sam le gustaba, y mucho, pero entre los dos había un espacio que no sabía cómo acortar. —Supongo que no te importará explicarme eso… —dijo él.


—No sé si puedo hacerlo. Es que… todo parece tan real, y yo… —se encontró con su mirada y sacudió la cabeza— no lo soy. —Eso es una tontería, Carly. —¡No, no lo es! Sam… por favor, no empieces a pensar que estás viendo a alguien que realmente no existe. Sam dio tres o cuatro pasos hacia ella, lentamente. —Es gracioso, pero creo que sé diferenciar bastante bien la ilusión de la realidad. Y, en lo que a mí respecta, eres una de las mujeres más reales que he conocido. Así que enfréntate a ello —se acercó a la puerta, pero a los pocos pasos se dio la vuelta y dijo—: Por cierto, te recogeré mañana sobre las siete para ir al baile. Y te agradecería que te pusieras algo que haga que todos los hombres deseen estar en mi lugar. Lane estaba viendo la televisión cuando Carly entró en la casa como una exhalación y subió las escaleras. Estuvo a punto de subir y preguntarle qué le pasaba, pero se lo pensó mejor. Además, ya tenía bastantes problemas últimamente. Ivy había estado actuando de manera extraña durante la última semana, como si tuviera algo escondido que le diera miedo sacar a la luz. Aparentemente, seguían llevándose bien, tanto en la cama como fuera de ella, pero uno no vivía


cuarenta décadas de matrimonio sin aprender las señales que indicaban que algo iba mal. Se preguntó si Ivy estaría cansada de la relación. Después de todo, ella nunca había estado casada, y Lane suponía que no había estado sola tanto tiempo sólo por casualidad. Apagó la televisión y se dio cuenta de que no estaba tan preparado al rechazo como pensaba. No había llegado a enamorarse de Ivy, pero se sentía muy unido a ella. Pero no tenía ningún sentido quedarse ahí sentado haciendo conjeturas, pensó mientras se levantaba de su sillón favorito. Ivy iba a ayudarlo a cuidar de los chicos mientras Sam y Carly iban al baile; pero en cuanto los niños se durmieran, iban a tener una seria conversación, tanto si ella quería como si no. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 85-133 https://www.facebook.com/novelasgratis El día del baile por la mañana, Main Street casi parecía el aparcamiento de unos grandes almacenes el día de Navidad. Había muchos coches obstruyendo las calles y


un montón de mujeres a su alrededor, la mayoría de las cuales, observó Sam, parecían recién salidas de la peluquería. Por lo menos no había problema para aparcar frente a la oficina de Dawn, donde Sam tenía que firmar algunos papeles para su hermano. Eso fue lo que hizo, mientras Travis se quedaba en la zona de recepción con Marybeth Reese, la secretaria de Dawn. Pero en cuanto hubo firmado e hizo ademán de marcharse, le dijo la abogada: —¿Tienes un minuto? —Claro. ¿Qué ocurre? Dawn cerró la puerta y volvió a sentarse detrás de su escritorio, en el gran sillón de cuero que había pertenecido a Sherman Mosely antes de jubilarse. Le indicó a Sam que tomara asiento y después dijo: —No sé cómo preguntarte esto delicadamente, así que ni siquiera lo voy a intentar. Como viudo, ¿crees que dos años es poco tiempo para que un hombre se interese de nuevo en una mujer? Sam no conocía muy bien a Dawn, ya que se había mudado a Haven hacía sólo un año, pero no lo sorprendió que fuera tan directa.


—Depende del hombre, supongo. ¿Estamos hablando de Lane e Ivy? Creía que se llevaban bien. —Yo también lo creía —contestó ella—. Hasta que mi madre me dijo algo el otro día que me hizo pensar que tal vez el asunto no vaya tan bien como parece. Está convencida, y si dices una sola palabra de esto, estamos los dos muertos, de que Lane aún no se ha recuperado de la muerte de su esposa. Cree que a ella la ve como una parada en el camino. La primera parada, en realidad. —Ah... ¿Y tu madre va en serio con él? —Eso dice —Sam soltó un silbido—. Sí lo sé —Dawn se inclinó hacia delante—. Nunca antes la había visto tan preocupada. Ni tan asustada. Lane le importa de verdad, y si él sólo la ve como una sustituta… —¿Me estás preguntando si creo que es posible que Lane esté enamorado de ella? —Lo siento —dijo Dawn agitando las manos—. No ha sido justo ponerte en una tesitura como ésta. —No, no... No pasa nada. Mientras te parezca bien mi respuesta… —Y tu respuesta es… —Que no tengo ni idea —se levantó—. Pero no hay un manual para estas cosas,


ya sabes. Los dos son buenas personas. ¿Por qué no iba a funcionar? —Eso es lo que he intentado decirle a mi madre, pero… —levantó las manos en un gesto de impotencia. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 86-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Sam pensó un momento, consciente de que era la persona menos cualificada para dar consejos en aquel preciso instante. —Me parece que son ellos quienes tienen que hablar de esto, no tú y yo. —Tienes toda la razón —contestó Dawn sonriendo. Sam le devolvió la sonrisa y se dirigió hacia la puerta. Se despidieron, Sam recogió a Travis y salieron de las oficinas. Pero mientras volvían a casa, la conversación no dejaba de dar vueltas en su cabeza, como si algunas cosas que no hubiera terminado de comprender empezaran en ese momento a encajar. No tenía ni idea de cuáles eran las intenciones de Lane con Ivy, pero no había mentido al decir que no veía ninguna razón por la que un hombre no pudiera enamorarse de la primera mujer por la que sintiera algo después de haber perdido a su esposa. Porque eso era exactamente lo que le estaba pasando a él.


Dejó escapar un largo suspiro que hizo que tanto Travis como Radar lo miraran. Había que solventar muchos obstáculos para que Carly y él estuvieran juntos, pero había algo más, algo mucho más profundo. Era lo que sus padres siempre le habían dicho, y lo que Jeannie y él solían decirles a los chicos: «No quieras a nadie por lo que puedas conseguir a cambio; quiere a la gente porque necesiten ser queridos». Y Carly Stewart era claramente una mujer que necesitaba que la quisieran. Por lo que era. Pero... ¿qué era exactamente? ¿Y estaría dispuesta a dejar que él lo descubriera? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 87-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 10 Era una tontería, pero sentía mariposas en el estómago, pensó Carly mientras se miraba en el espejo por enésima vez. Su padre ya se había marchado a casa de Sam, diciendo algo de que Ivy se reuniría con él, ya que Dawn y Cal dejarían a Max con Ethel, el ama de llaves. Algo raro estaba pasando, pero Carly tenía demasiadas cosas en la cabeza como para preocuparse por ello.


El timbre de la puerta sonó y ella le echó un último vistazo al espejo antes de bajar las escaleras. —Guau —dijeron ella y Sam al unísono cuando abrió la puerta. Pero, demonios, Carly no tenía ni idea de que Sam pudiera arreglarse tan bien. Si es que «arreglarse» significaba llevar unos vaqueros ceñidos, una camisa de un blanco inmaculado y una chaqueta de ante de color marrón. Como si necesitara más incentivos para echarse en brazos de aquel hombre… Entonces se dio cuenta de que la sonrisa de Sam parecía haberse quedado congelada en sus labios. El hizo un gesto con el dedo para pedirle que se diera la vuelta y ella lo hizo, sintiendo de nuevo el revoloteo de las mariposas en su interior. —¿Te importa si silbo? —preguntó Sam. —Adelante. Así que lo hizo, y ella sonrió como una boba. —¿Lo he hecho bien? —Encanto, decir «bien» es quedarse corto. Ese vestido es espectacular. ¿De qué color es exactamente? —Rojo.


—No. Reconozco el rojo cuando lo veo. Naturalmente, Carly se acercó al espejo para verse a través de los ojos de Sam. Las múltiples capas de fina tela brillante oscilaban entre el fucsia y un color parecido al caqui. El escote insinuaba la línea de sus pechos, y el corte desigual del bajo dejaba entrever parte de los muslos, aunque el vestido oficialmente llegaba hasta la mitad de la pantorrilla. La imagen se completaba con unas sandalias de tiras de color bronce. Sintiéndose tonta por sentirse tan contenta, recogió un pequeño bolso bordado y un chal de cachemira de la mesa y pasó junto a Sam para abrir la puerta. Oh, Dios, olía bien… —¿Dónde están los niños’? —le preguntó. —Libby no hacía más que jurar que no estaba preparada —puso una mano en el hueco de su espalda y Carly sintió un escalofrío—, pero a mí me parecía que sí. Si no se ha mirado al espejo cien veces en la última hora, no se ha mirado ninguna. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 88-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Carly se rió mientras él le abría la puerta del copiloto. Carly se arrebujó en la estola y dejó escapar un suspiro.


Sam subió al vehículo, cerró la puerta y la miró. Después le tomó una mano, levantándola para besarle los nudillos. Tenía los labios cálidos y suaves y sus ojos se prendieron de los de Carly, consiguiendo que la mente de la mujer se quedara en blanco. Con una leve sonrisa en los labios, Sam le soltó la mano para tocarle el cabello con dos dedos, como si fuera algo precioso. Como si ella fuera algo precioso. —Mi madre solía envolver los regalos de Navidad de una forma tan bonita que mi hermano y yo nos quedábamos horas enteras mirándolos, sin importarnos lo que hubiera dentro. Pero comparados contigo, esos regalos parecían envueltos en papel de periódico. Los ojos de Carly comenzaron a llenarse de lágrimas. Maldición. Parpadeó furiosamente, giró la cabeza y dijo: —Gracias. Carly no tenía ni un ápice de grasa, y aun así al verla a Sam se le secaba la boca. Jeannie había sido una mujer rolliza y suculenta, la definición de belleza para Sam durante más de veinte años. Pero la delicadeza de Carly, la forma en que su piel


parecía deslizarse sobre sus huesos como la seda… Y sus ojos habían brillado con luz propia al oír el cumplido de Sam. Se preguntó cuánto tiempo habría pasado desde que un hombre la había hecho sentirse valorada o, simplemente, querida. Cuando abrieron la puerta de la casa encontraron a Libby casi histérica, porque Wade, que parecía haber estado revolcándose con los cerdos, intentaba abrazarla. —¡Apártate de mí! —gritó, intentando encontrar un lugar que aún no hubiera sido tomado por ninguno de sus hermanos ni por algún animal—. ¡Papá, dile que se esté quieto! —Wade, ya vale —dijo Sam, pero Libby ya se había apartado para acercarse a Carly. —¡Oh, vaya! ¡Estás impresionante! —Tú también estás guapísima, Libby —dijo Carly con una sonrisa, y la chica se ruborizó. Ya podría estar guapa, después de haber arrastrado a Sam por todas las tiendas de Tulsa para buscar el vestido «apropiado», un brillante modelito que cambiaba de azul a verde según la luz, con finísimos tirantes y una falda amplia y corta. Los


tacones altos mataban el efecto, en opinión de Sam la que, a decir verdad, no contaba mucho, pero con el pelo rizado suelto y el maquillaje, bastante sutil, que le había enseñado Carly, tenía que admitir que estaba guapísima. Y lo mismo debió de pensar Sean a quien, con unos pantalones de color caqui y una chaqueta deportiva, parecía estar a punto de caérsele la baba. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 89-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Sam podía sentir la testosterona en el ambiente aunque, pensándolo bien, él también estaba produciendo alguna. Con un poco de suerte, Sean y él podrían neutralizarse el uno al otro, de manera que las dos citas estuvieran a salvo. Lane salió de la cocina con Travis colgado de él como si fuera un koala, con un cuenco de palomitas recién hechas en una mano, y se despidió de ellos, no sin repetirle a Sam al menos tres veces que todos estarían bien. De camino al instituto, Sam hizo todo lo que pudo por iniciar una conversación con Sean, pero se rindió tras cinco minutos de monosílabos. —Y por cierto —dijo—, no creáis que no os veo ahí atrás, así que no hagáis nada raro.


—¡Papá! ¡Por favor! —dijo Libby, y Carly ahogó un resoplido. Pero entonces le tocó el brazo, ofreciéndole una pequeña sonrisa de comprensión cuando él la miró, un gesto que hizo que Sam sintiera calidez en las entrañas. El gimnasio del instituto había sido decorado con papel crepe y serpentinas con los colores de la cosecha. La gran bola de luz de discoteca que habían colgado del techo arrojaba destellos de varios colores en un vano intento de camuflar la cancha de baloncesto y las gradas. En un extremo habían colocado varias mesas con manteles de papel en las que había suficiente comida para alimentar a otro estado entero. Alrededor de la pista de baile se agrupaban las chicas, luciendo modelitos y con zapatos dolorosamente nuevos y, algo separados de ellas, los chicos, que en silencio se desafiaban unos a otros para ver quién era el primero que invitaba a una de ellas a bailar. La orquesta, que ya había ocupado su puesto en el escenario, comenzó a tocar, y en ese momento apareció Blair, seguida de un joven alto, moreno y con una tímida sonrisa en los labios. Después de las debidas presentaciones a gritos, los


cuatro jóvenes desaparecieron entre la multitud. —¿En qué piensas? —preguntó Carly, sintiendo el suelo vibrar bajo sus pies. Sam le deslizó un brazo alrededor de la cintura, sumándose a las vibraciones. Ella enarcó una ceja, pero no se separó. —Me estaba preguntando cuándo dejé de ser joven… Carly se rió, sintiendo las vibraciones mucho más intensamente, y miró hacia un grupo de chicas que parecían demasiado conscientes de sus vestidos de fiesta. —Parece que estén esperando en la consulta del dentista. Pobres. —Es uno de esos ritos de tránsito por los que todos pasamos. —No todos —dijo ella después de un momento—. Nunca fui a los bailes del instituto. —¿Bromeas? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 90-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —No. —¿Nadie te lo pidió? —Era una rebelde, no una perdedora. Claro que me lo pidieron, pero siempre me negué a ir.


El ritmo de la música cambió y la orquesta comenzó a tocar lo que sonaba como una vieja melodía de los Bee Gees. —¡Oh, Dios mío! ¡Es como estar de vuelta en quinto curso! ¡No, no, no, no...! Sam la llevó a la pista de baile, donde ejecutó un oxidado pero aún aprovechable movimiento a lo John Travolta. Carly gritó: —¡No puedo creérmelo! —Créetelo. He visto Fiebre del sábado noche al menos cinco veces. —Muy bien, tú lo has querido. ¡Vamos allá! Tal vez cualquier otro hombre se habría sentido intimidado de estar en la pista de baile con una mujer como ella, pero Sam estaba demasiado ocupado intentando seguir el ritmo como para pensar en ello, por no decir demasiado fascinado con los movimientos de Carly. Cada giro y paso que ella daba era elegante y preciso, y Sam estuvo a la altura, con más entusiasmo que gracia, pero lo consiguió. Entonces se dio cuenta de que estaban solos en la pista, y de que todo el mundo estaba a su alrededor, aplaudiendo y animándolos. En un determinado momento oyó a Libby gritar «¡oh, Dios mío!, ¡papá!», lo que provocó una carcajada general, pero ellos


siguieron bailando. Al terminar la canción, el ritmo cambió a una halada. Jadeando por el esfuerzo, y ruborizada, Carly le dedicó una mirada interrogante. Sam la apretó contra él tan rápido que Carly se tambaleó ligeramente. El le puso la mano izquierda contra su propio pecho y la otra bajó hasta el pequeño hueco de su espalda. El perfume de Carly lo envolvió al instante mientras ella ponía la otra mano en el hombro de Sam, con tanta suavidad que casi no la notó. —¿Estás bien así? —susurró él contra su pelo. —Depende de cómo definas «bien» —pero no parecía querer ir a ninguna otra parte. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Sam había abrazado así a una mujer, y no sintió las punzadas de culpa o arrepentimiento que esperaba sentir. Aliviado, acercó a Carly un poco más, mientras otras parejas se unían a ellos en la pista. Entonces se dio cuenta de que Carly había levantado la cabeza y lo estaba mirando con una expresión que no pudo descifrar.


—¿Qué? —preguntó. —Esto no es real, ya lo sabes. Sam supo lo que quería decir. Y lo comprendió. Pero no estaba dispuesto a dejar que sus miedos arruinaran la noche. A ninguno de los dos. Así que sonrió mirándola a los ojos y contestó: Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 91-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Seguramente eso era lo que Cenicienta pensaba. —Oh, Sam… —dijo ella con un suspiro, y desvió la mirada. Sam le puso un dedo debajo de la barbilla para que lo mirara de nuevo. —Pensaba que si había alguien que supiera cómo disfrutar del momento, ésa serías tú. —Ese es el problema —respondió Carly, y Sam pensó: «Bueno, y ahora, ¿cómo me enfrento a eso?». A Carly la estaba matando la rodilla. Pero no tanto como su corazón. Se sentó en una silla plegable de metal intentando no mirar a Sam, que estaba un poco apartado hablando con un hombre alto, rubio y atractivo con bigote. «El


doctor Logan», pensó. El cuñado de la hija de Ivy. Bajó la vista a su plato, en el que había puesto algo de comida que no tenía ganas de comer, preguntándose cómo se las arreglaba para meterse en aquellos líos. Al principio, lo único que le había parecido claro había sido la renuencia de Sam a involucrarse con alguien sentimentalmente. Al menos, de momento. Pero ahora Sam Frazier parecía más que preparado para ello. Y eso podría haber sido causa de celebración, de no ser por el hecho de que parecía preparado para hacerlo… con ella. Si al menos no fuera el primer hombre decente que se cruzaba en su camino… Si al menos no fuera un hombre estable, seguro, divertido, amable y sensual que la estaba volviendo loca… Hacer el amor con él… Carly cerró los ojos. Habría risas, ternura, sorpresas y tal vez algo de torpeza, pero seguro que lo disfrutaría mucho. En otras palabras, no sería nada parecido a sus anteriores experiencias. La orquesta comenzó a tocar algo que se parecía vagamente al punk y la pista se llenó inmediatamente de adolescentes. Carly los miró, medio sonriendo y medio pensando lo agradable que sería dar marcha atrás en el tiempo y comenzar de


nuevo… —¿Carly? —ella volvió para encontrarse con una amplia sonrisa enmarcada de rizos dorados—. Creo que no nos han presentado todavía. Soy Faith Andrews. Mi marido os arregló la camioneta hace poco. —¡Oh, sí! Creo que te he visto en Homeland. —Sí, ésa era yo. La loca con el pulpo en el carrito —señaló la silla que estaba a su lado—. ¿Te importa si me siento? Carly negó con la cabeza y la mujer se sentó en el borde de la silla. Llevaba un vestido brillante que podría haber sido de color púrpura, pero no esa luz era difícil de decir. —En realidad vengo como enviada del grupo —dijo, y señaló a unas cuantas mujeres de varias edades que las miraban con interés—. ¿Es verdad que eres profesora de baile? Y, de repente, allí estaba. Su destino, envuelto en un paquete de regalo y con un lazo. —Yo… lo estoy pensando. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 92-133


https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué clase de baile enseñas? —Bueno, creo que podría enseñar cualquier cosa. El ballet clásico era mi especialidad, pero también sé jazz, ritmos modernos… cualquier cosa. Incluso bailes de salón. ¿Por qué? —¿Crees que podrías enseñarnos a bailar como lo estabas haciendo antes? ¿Con esos increíbles movimientos de cadera y todo eso? Carly se rió. —Bueno… supongo que sí, pero… —Bien. Porque algunas de nosotras queríamos perder algo de peso postparto — dijo, llevándose una mano al vientre—, y bailar parece mucho más divertido que seguir esos vídeos de gimnasia. Y además, si estás interesada en enseñar a niños, también podría proporcionarte algunos. Entonces las otras mujeres se acercaron con expresión ansiosa y la visión de Carly del granero lleno de risas y de niños, y ahora también de adultos, se hizo más clara. Más real. Y más atractiva. —Yo… no sé cuánto tiempo me voy a quedar —dijo, y la sonrisa de Faith se desvaneció.


—¿Quieres decir que no vas a hacerlo? ¿Ni siquiera durante una temporada? Carly observó todos los rostros ansiosos y esperanzados que la rodeaban y suspiró. —Claro que lo haré. Será divertido. Faith dejó escapar un gritito y le echó los brazos al cuello mientras el resto de mujeres la rodeaban, todas hablando a la vez. Cuando Faith la soltó, Carly levantó la vista, se encontró con la mirada de Sam y la felicidad y el miedo se mezclaron en su estómago, al darse cuenta de que toda la ciudad estaba haciendo que se enamorara… de ella. Desde el otro lado del gimnasio, Libby vio el abrazo que Faith le daba a Carly y también vio algo, sin palabras pero cargado de significado, entre su padre y ella. Frunció el ceño y un oscuro pensamiento cruzó su mente: si Carly le hacía daño a su padre, nunca la perdonaría. Sean la tomó de la mano y ella le sonrió. Aquella noche estaba realmente guapo, y había sido muy dulce, permitiendo que su padre los llevara y todo eso. —Salgamos de aquí —le susurró al oído, y Libby sintió un escalofrío. —No podemos hacer eso —le contestó, riendo—. Mi padre me buscará, ya lo sabes.


—Hay un millón de personas aquí dentro, nunca se dará cuenta. Mordiéndose el labio inferior Libby observó la pista abarrotada y sintió que sus mejillas se calentaban. —De acuerdo. Pero ¿adónde vamos? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 93-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Sean le echó un vistazo al Otro lado del gimnasio, para comprobar que Sam no los estaba mirando, y le pasó a Libby un dedo por la mejilla, sonriendo. —Ya lo verás. Vamos. El pasillo estaba completamente vacío cuando salieron del gimnasio. Sean la tomó de nuevo de la mano y avanzaron por el pasillo, en el que resonaban sus risas y el sonido de los tacones de Libby. Sean empujó la barra de metal de la puerta que daba al exterior y el aire fresco de la noche los envolvió. —Ven aquí —susurró él, empujándola suavemente contra el muro de ladrillo y tomándole la cara con las manos mientras la besaba en los labios, lentamente. Su lengua rozó la de Libby varias veces y ella sintió un poder que jamás había experimentado, mientras los nervios se le agarraban al estómago y un poco


más abajo. Después, con cuidado, Sean le acarició el pecho a través del vestido y del sujetador, y ella sintió una sacudida, asombrada por la sensación. —¿Te gusta? —murmuró él contra su boca, y lo único que Libby pudo hacer fue contestar con un gemido de aprobación. Así que Sean la acarició algo más, y la besó mucho más, hasta que ella se dio cuenta de que se estaba quedando helada contra el muro. —Tengo frío —susurró, e inmediatamente Sean se quitó la chaqueta y la cubrió con ella. —Yo sé dónde hace más calor. —Sí, volvamos al baile… —No. Otro sitio mejor. Un lugar donde nadie nos va a molestar. Una pequeña alarma se encendió en la cabeza de Libby. —Hmm… tal vez no sea buena idea… El silenció su protesta con otro beso, entrelazó sus dedos y sonrió. —¿Confías en mí? —Claro, pero…


Sean le puso un dedo en los labios y la condujo a través del patio en dirección al taller de vehículos en el que solía trabajar. —Tengo una llave. Y a nadie se le ocurrirá buscarnos aquí. —Sean… —No te preocupes, tu padre nunca lo sabrá. —Sean, quiero volver… Pero él abrió la puerta y la condujo dentro. Libby sintió inmediatamente el olor de la grasa y del aceite, mezclado con el del metal. La luz de la luna se filtraba a través de las ventanas, iluminando vagamente varios bultos extraños. Negando con la cabeza, Libby empezó a retroceder hacia la puerta. —No me siento cómoda con esto, ¿vale? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 94-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Shh… Nena, no te va a doler, te lo prometo. Y tengo preservativos, si es eso lo que te preocupa. Libby sintió que empezaba a invadirla el pánico. —No, no me estás escuchando. No quiero hacer eso. Ahora no. Y, sobre todo,


aquí no. Venga, volvamos… Dejó escapar un grito de asombro cuando Sean le tomó una mano, presionándola contra su entrepierna —Esto es lo que me haces, nena, y no puedes dejarme así. Esto es lo que tú querías, ¿recuerdas? —¡No! —exclamó ella, apartando la mano—. Lo siento, no me di cuenta… — intentó correr, pero él la agarró por detrás y comenzó a besarla desesperadamente, no como solía hacerlo. Entonces Libby sintió sus manos sobre los muslos, por debajo del vestido. —Sé que estás nerviosa —dijo él entre jadeos mientras la apretaba contra él —, pero yo haré que lo pases bien, ya verás… ¡Maldición! —exclamó cuando Libby le pegó una bofetada. Ella aprovechó su sorpresa para darse la vuelta y correr hacia la salida—. ¿Qué demonios te pasa? —oyó que le gritaba a sus espaldas. Pero ella ya no le estaba prestando atención. Atravesó el patio y entró por la puerta más cercana al gimnasio, justo antes de caer en la cuenta de que no podía dejar que nadie la viera así. Afortunadamente, el pasillo seguía vacío, y los aseos estaban a sólo unos metros. Podría encerrarse en una de las cabinas hasta


recuperar el aliento y… —¿Libby? —dijo Blair cuando casi se chocaron en la puerta de los aseos—. ¡Oh, Dios mío! ¿Estás bien? A Libby le bastó una mirada a los ojos preocupados de su amiga para echarse a llorar. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 95-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 11 —¿Sa… Sam? Sam levantó la mirada y se encontró con la cara preocupada de Blair. Casi no se dio cuenta de que Carly le ponía una mano en el brazo. —¿Qué ocurre? —Oh, Dios, es Libby —dijo Blair, casi en un susurro—. Está en el pasillo con Jenna. No sé lo que ha pasado, porque no deja de llorar… Sam atravesó el gimnasio de inmediato, seguido de Carly. Segundos después, Libby estaba entre sus brazos, llorando tanto que no se le entendía nada de lo


que decía. Sam le hizo una seña con la cabeza a Jenna, que se marchó, llevándose a Blair. La puerta del gimnasio se abrió y salió un grupo de adolescentes que los miró con curiosidad. Sam condujo a su hija a la sala de profesores, que estaba abierta, sintiendo cómo se le rompía el corazón con cada sollozo de Libby. La chica casi nunca lloraba, ni siquiera cuando era un bebé. —Necesita a otra mujer —dijo Carly cuando se sentaron en un sofá, tomando a Libby suavemente de los brazos de Sam y abrazándola a su vez. Libby sollozó contra el cuerpo de Carly, dejando que la meciera y que le apartara el pelo de la cara, mientras ésta producía esos sonidos reconfortantes que las madres dedicaban a sus hijos cuando sufrían. Pero cuando Sam desvió por un instante la mirada de su hija para posarla en Carly y vio la angustia que se reflejaba en su rostro supo que, de alguna manera, el dolor de Libby también era suyo. Finalmente, entre sollozos, Libby lo contó todo. No con detalles, pero sí dijo lo suficiente como para que supieran lo que había ocurrido. Por primera vez en su vida, Sam comprendió cómo un hombre pacífico podía convertirse en un asesino. Se levantó y comenzó a andar nervioso por la sala, con una mano en la cadera y la otra mesándose el cabello.


—Lo siento mucho, papá —dijo Libby tras él con voz débil. Sam se dio la vuelta. —¿Por qué? Aunque los sollozos se habían convertido en pequeños hipidos, una nueva oleada de lágrimas acudió a sus ojos. —Por no escucharte, por pensar que… —se sonó la nariz y se miró las manos antes de levantar la mirada hacia Sam—. Por ser estúpida, por dejarme llevar sin pensar… —Oye —dijo Carly antes de que Sam tuviera tiempo de contestar. Le puso firmemente las manos en los hombros y la miró a los ojos—. Nunca, jamás, digas que eres estúpida, ¿me oyes? Sean no tenía derecho a obligarte a hacer algo para lo que no estabas preparada… Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 96-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —No, no lo entiendes. —Lo entendemos muy bien, créeme —gruñó Sam—. Y cuando le ponga las manos encima…


—¡Papá, no! No lo hagas, no ha sido culpa suya. Yo… yo lo excité y… Oh, Dios, siento lo que acabo de decir… —¡Libby! —la voz de Carly pareció llenar toda la habitación. Tomó la cara de Libby entre sus manos—. Esto no es culpa tuya. No te atrevas a creerlo ni por un instante. Un hombre de verdad sabe cuándo una mujer dice «no», y de ninguna manera lo transforma en un «inténtalo con más fuerza». Cariño créeme —dijo con más suavidad, apartando las lágrimas del rostro de Libby—, a veces simplemente ver a una mujer es suficiente para que algunos hombres se exciten. Pero eso nunca, jamás, les da derecho a obligarte a hacer nada. ¿Entiendes lo que te digo? Después de un momento, Libby asintió con la cabeza. —Y otra cosa —añadió Carly, frotando los brazos de Libby—. Siéntete orgullosa por haber tenido el valor de decírselo a tu padre. Créeme, es un secreto que no te gustaría guardar. Sam supo que la experiencia personal de Carly estaba hablando a través de sus palabras y de sus emociones, pero en aquel momento sólo tenía energía


suficiente para concentrarla en su hija. Se puso frente a ella y le tomó la mano. —¿Tienes alguna idea de dónde está Sean? Te prometo que no voy a matarlo — añadió cuando Libby empezó a protestar de nuevo—, aunque estoy tentado a hacerlo. Pero no puedo dejar esto así, Libby. No sería capaz de vivir tranquilo si lo hiciera. Libby bajó la mirada y finalmente dijo: —Lo dejé en el taller. Sam le apretó la mano. —¿Estarás bien aquí con Carly un rato? Libby asintió con la cabeza. Sam miró a Carly y le dijo «gracias» moviendo los labios silenciosamente. Ella le contestó «no hay problema» mientras volvía a abrazar a la joven. Sin embargo, tras una rápida búsqueda por el instituto y unas cuantas preguntas sobre el posible paradero de Sean, se hizo evidente que se había ido. Así que Sam volvió para recoger a Libby y a Carly y las llevó a casa. Lane entró en la cocina justo cuando ellos atravesaban la puerta trasera, le echó un vistazo a la cara de Libby y miró a Sam con mirada interrogante. Este levantó una mano para evitar cualquier pregunta y Lane captó el mensaje.


—¿Los chicos están dormidos? —preguntó Sam en cuanto Carly se hubo llevado a Libby a su cuarto. —Los más pequeños sí. Los mayores se fueron a la casa de los Granger. Dijeron que les habías dado permiso para pasar allí la noche —Sam asintió, aunque lo había Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 97-133 https://www.facebook.com/novelasgratis olvidado—. Me pidieron que te dijera que volverían a tiempo para ir mañana a la iglesia —añadió Lane, y luego le dirigió la típica mirada de «¿vas a contarme lo que ha pasado o qué?». Sam se apoyó en la encimera, agarrando el borde con las manos. —Sean ha intentado propasarse con Libby —dijo en voz baja—. Nunca confié en ese chico. —No —contestó Lane—. Ninguno lo hicimos. Lo siento. Sobre todo por la chica. ¿Estará bien? —Conociendo a Libby, probablemente. Pero ahora está muy agitada. —Tanto como tú, supongo. Sam vio comprensión en los ojos de Lane y estuvo a punto de preguntarle sobre


lo que le había pasado a Carly. Pero algo le dijo que, si quería saberlo, iba a tener que preguntárselo a ella directamente. Entonces Sam se dio cuenta de que Lane estaba solo. —¿No ha venido Ivy? A Lane pareció empañársele la mirada. —No. Supongo que cambió de opinión. Bueno, ya que has vuelto… —Oh, sí. Vete a casa. Y gracias —consiguió sonreír—. Cuidar a mis hijos sobrepasa los deberes de cualquier vecino. —Sólo son niños. —Por eso. Lane le puso a Sam una mano en el hombro durante unos segundos y después se fue. Sam subió al piso superior para ver a sus hijos pequeños y comprobó que los tres dormían como troncos. Bajó otra vez, preparó una cafetera y, al acercarse a la puerta de Libby oyó que las dos mujeres hablaban en voz baja. Se puso una taza de café, se dirigió al salón y se dejó caer en el sofá. Puso la taza en el borde de la mesa y se frotó los ojos con las manos. —Me alegra ver que no soy la única a quien le gusta sentarse en la oscuridad — la voz de Carly le llegó desde la puerta del salón. —Jeannie solía decir que yo era un topo en otra vida —contestó él sin


moverse. —Mi madre me decía lo mismo. Por favor, dime que no me estoy imaginando el olor a café. —No —dijo Sam, algo sorprendido de que ella no mostrara impaciencia por irse a casa—. Sírvete tú misma. Oyó el suave taconeo de Carly dirigiéndose a la cocina y después volviendo. Más que verla, la oyó sentarse en una mecedora. Carly dejó caer las sandalias al suelo y se reclinó en su asiento. —¿Cómo está Libby? —le preguntó Sam. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 98-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Mucho más tranquila. Me ha pedido que te diga que te quiere y que te verá por la mañana —Sam oyó que tomaba un sorbo de café—. Hemos hablado un poco más. —Sí, os he oído. Que estabais hablando —añadió rápidamente—, pero no lo que decíais —esperó a que ella le contestara y, como no lo hizo, dijo—: Supiste desde el principio lo que había pasado, ¿no? —Más o menos.


—Carly… —dijo lo más suavemente que pudo—. Lo que ha ocurrido esta noche… ¿me equivoco al pensar que te ha recordado experiencias personales? Apenas pudo distinguirla mientras se llevaba la taza a los labios, pero oyó el sonido que hizo al dejarla en la mesa. —No me gusta hablar de eso. ¿Vas a insistir hasta que lo haga? —No. Pero tengo la sensación de que en tu cabeza hay algo que me ayudaría a comprender mejor a mi hija. —Buen intento. Pero, a pesar de los aparentes puntos en común, Libby y yo no nos parecemos en nada. —Y si las cosas hubieran sido diferentes para ella esta noche —insistió Sam —, ¿eso seguiría siendo verdad? Oyó que Carly inspiraba profundamente. —Sí, seguiría siendo cierto. —Porque… ¿Porque ella vino a mí? Hubo una larga pausa y Sam pensó que ella se levantaría y se iría. Pero cuando pasaron cinco, diez, treinta segundos y no lo hizo, supo que iba a dejar que él mirara un poquito en su interior. —Ocurrió en el campus de la escuela de Bellas Artes. Yo acababa de cumplir


catorce años. Me enamoré locamente de un alumno de uno de los últimos cursos que, por alguna razón, también se interesó en mí. Estaba tan alucinada de ver que él quería estar conmigo que no me di cuenta de hacia dónde iban las cosas. Hasta que un día encontró la manera de que estuviéramos solos —se hizo un silencio de varios segundos—. Pesaba treinta y cuatro kilos más que yo —dijo en voz baja—. Yo no me aparté. —¿Y nunca se lo dijiste a nadie? Carly dejó escapar una risa seca. —A un par de psiquiatras. Más tarde. Mucho más tarde. Pero entonces estaba tan segura de que era culpa mía que llegué a creer que yo había provocado que ocurriera. Y sabía que, si mi padre se enteraba, no me dejaría salir de casa. Pero iba a clases de danza dos veces al día, seis días por semana, y para mí eso era el paraíso. No podía arriesgarme a perderlo. Así que me lo guardé. Fingí estar enferma durante un par de días y luego volví a clase. —Entonces… ¿ese tipo salió impune? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo


Nº Paginas 99-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, básicamente. Yo era una niña, Sam. Y de las cabezotas. Y creo que él sabía que yo no diría nada. En cualquier caso, perdió interés en mí y se dedicó a perseguir a otras alumnas. Sam sintió como si se le helaran las entrañas. —Me revuelve el estómago pensar que pasaste por eso tú sola. —Hace ya mucho tiempo. Sam apenas podía ver su perfil en la oscuridad. —Tu padre sigue sin saberlo, ¿verdad? —No, no lo sabe. —¿Por qué? —Conseguí superar lo de que había sido culpa mía y todo eso —dijo Carly tras una pausa—. Y finalmente conseguí transferir mi enfado conmigo misma a Reece, a quien pertenecía. Pero mi padre siempre se ha preocupado de protegerme, ¿sabes? Y siempre lo hará, supongo. Lo mataría saber lo que pasó, que no pudo o no supo protegerme adecuadamente. —Podría haber ocurrido en cualquier parte, Carly. Y, aunque a tu padre le


cueste aceptarlo, no podemos proteger a nuestros hijos toda la vida. Creo que te equivocas al no decírselo. —Y yo creo que ya le he hecho suficiente daño. Ahora que las cosas parecen ir bien, ¿qué sentido tendría volver sobre algo que ocurrió hace más de veinte años? — se levantó—. Es tarde. ¿Te importa llevarme a casa? —¿Te molesta que haya sacado el tema? Sam supo que lo estaba mirando. —No. Es que estoy rendida. Además, si no hubiera querido hablar, no lo habría hecho. —Ya —dijo Sam, levantándose también—. Eso lo suponía. Pero durante el corto trayecto hacia su casa, las preguntas aún se arremolinaban en el cerebro de Sam, cuyas respuestas podrían ayudarlo a resolver el enigma de quién era Carly Stewart. Cuando llegaron a la casa, Sam apagó el motor y se giró en su asiento, con una mano en el volante, para mirar la. —¿Qué? —dijo ella, arqueando una ceja. —No estoy seguro. Es que… Todo lo que me has hecho creer, sobre todos


tus novios… ¿te lo has inventado? —No. ¿Por qué crees eso? —Porque aquí hay algo que no cuadra. Después de lo que te pasó, ¿por qué ibas a ser tan… indiscriminada en tus relaciones? —Nunca lo he sido. Siempre he elegido a mis compañeros muy cuidadosamente —Sam la miró sin comprender y ella inspiró profundamente —. De acuerdo, ¿quieres saber la verdad? Después de lo de Reece, me prometí a mí misma Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 100-133 https://www.facebook.com/novelasgratis que nunca dejaría que otro hombre tuviera poder sobre mí ni sobre mis emociones. Utilizaba a los hombres para desahogarme sexualmente, y la danza para hacerlo emocionalmente. El plan funcionó extremadamente bien durante mucho tiempo. —¿Lo que me estás diciendo es que has tenido mucho sexo pero poco amor? —Podría decirse que sí. —¿Y eso te hacía feliz?


—Me hacía sentirme segura. Y eso era lo único que importaba. —Entonces… ¿cuándo fue la última vez que un hombre te besó porque realmente le importabas? —Que yo sepa, nunca. —Pues ya va siendo hora de que alguien lo rectifique —dijo Sam, poniéndole una mano en la nuca para unir su boca a la de Carly. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 101-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 12 El beso fue suave, pero Carly sintió los labios de Sam seguros y fuertes sobre los suyos. Y se abrió a él, dándole la bienvenida con la lengua, enredando los dedos en su camisa y animándolo a que se acercara más. Sam sabía a café dulce y fuerte y olía a cuero y a los aromas de la tierra. Sam se separó de ella y Carly dejó escapar un «oh!» de pérdida que lo hizo sonreír y besarla de nuevo, esa vez más profundamente, acariciándola con la lengua con la misma suavidad con la que sus dedos le acariciaban la mejilla. Carly sintió la familiar punzada de deseo entre las piernas y los pezones se le endurecieron, desesperados por ser acariciados.


Guió la mano de Sam hacia sus pechos, que él pudo sentir perfectamente a través de la fina tela del vestido y del sujetador. Oyó que él suspiraba y también escuchó su propio quejido de desesperación cuando Sam apartó la mano. —No podemos hacer esto. No hasta que comprendas que no se trata sólo de sexo —le dijo. Tras un momento, ella se separó, dolida. Entonces no podemos hacer esto en absoluto. No a menos que aceptes que sólo puede ser sexo. Sorprendida, vio que Sam levantaba la mano y le acariciaba el cabello. —Entonces, éste probablemente no sea el mejor momento para decirte que me estoy enamorando de ti. —¿Por qué? —preguntó ella, sintiendo que el corazón le daba un vuelco—. De todas las mujeres… ¿Por qué? —volvió a preguntar. —No tengo ni idea. Simplemente, me parece bien. —¿Cómo demonios puede esto estar bien? Dios santo, Sam… Esto no tiene sentido. —Eso no puedo discutírtelo —dijo, con una leve sonrisa en los labios—. Pero


nunca pensé que pudiera sentir algo tan fuerte otra vez. Y te aseguro que no quería hacerlo, porque sabía que no tenía sentido. Pero no funcionó. Así que pensé que debería decirte lo que pienso, porque no veo cómo puede hacerte daño saber que alguien te quiere. —Oh, Sam… —musitó ella, pensando que decir «hacer daño» era quedarse corto. Abrió la puerta del copiloto—. Tienes que volver con tus hijos. —Sí, lo sé. Pero escucha, sólo pensé que necesitarías saber que alguien se preocupa por ti. Alguien a quien no le importa lo que hayas podido hacer en el pasado. —Pero tus hijos… Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 102-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Esto no es sobre mis hijos, maldita sea, sino sobre ti. Tienes que acostumbrarte a la idea de que alguien te quiere, para dejar de sentirte tan vacía. Y también supongo que es sobre mí porque, por mucho que quiera a mis hijos, es como si tuviera un espacio vacío en el corazón y estuviera esperando a que alguien


lo llenara —cuando ella no dijo nada, añadió—: Pero no pienso molestarte con esto. Yo ya he hablado y ahora me voy a limitar a quererte de cerca, de lejos, desde donde sea, hasta que te hagas a la idea. Cuando lo hayas conseguido… — levantó los hombros y los dejó caer— supongo que seguiremos desde ahí. —Estás loco —dijo ella suavemente. —Dime algo que no sepa —contestó Sam. Arrancó la camioneta y se fue. Atónita por la declaración de Sam, Carly subió a su habitación, se cambió de ropa y bajó de nuevo a la cocina. Estaba preparándose un sándwich que luego decidió que no quería cuando se dio cuenta de que su padre no estaba allí, un descubrimiento que hizo que saltara una pequeña alarma en su cabeza. Se sentó en el sofá, en la oscuridad, inmersa en sus pensamientos, y un momento después regresó su padre. —¿Todavía estás levantada? —preguntó desde la puerta. —No podía dormir. Lane se quitó el abrigo, lo colgó en un perchero y entró en el salón, sentándose en la mecedora. —Sí, Sam me contó lo que le ha pasado a Libby. ¿Sabéis algo del chico? —No. Pero si tiene algo de sentido común, ahora estará de camino a Canadá.


—Sí, supongo que sí. Carly dejó escapar un largo suspiro. —El sexo es de lo más complicado —dijo, olvidando que era su padre con quien estaba hablando. —Dímelo a mí. Carly levantó la vista para mirarlo. —¿Has estado en casa de Ivy? —Sí. Fui a hablar con ella. Y eso fue lo que hicimos —hizo una pausa antes de preguntar—: ¿Crees que menciono demasiado a tu madre? —Estuvisteis casados durante un millón de años —dijo ella suavemente—. Claro que hablas de ella. Lo raro sería que no lo hicieras. —Ivy lo odia. —Pero ¿qué esperaba? ¿Que olvides a mamá inmediatamente y que no vuelva a aparecer en vuestras conversaciones? Eso sería como si yo de repente dejara de pensar en la danza o de hablar de ella, sólo porque ya no soy una bailarina profesional. Ha sido mi vida desde que tenía diez años. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 103-133


https://www.facebook.com/novelasgratis —Y aún sigue siendo parte de ti. Tanto, que no podrías ni pensar en hacer otra cosa. —Siempre será parte de mí, de quien soy. —Porque es tu primer amor. Y no es tan fácil dejar que el primer amor se vaya, ¿verdad? —Papá, ¿de qué estás hablando? —Estoy diciendo que, por muy bien que Ivy y yo nos llevemos, me ha hecho darme cuenta de que, mientras tu madre sea lo primero en lo que piense cada mañana al levantarme, no estaré preparado para tener una nueva relación. Y eso no es justo para Ivy. Finalmente Carly se dio cuenta de lo que estaba diciendo. —Oh, Dios mío… ¿habéis roto? —Sí, supongo que se podría decir que sí. —Oh, papá… lo siento mucho —lo miró en la oscuridad, intentando percibir mejor sus rasgos—. ¿Estás bien? —Sí, sí —se levantó—. Estoy bien. Es por Ivy por quien me siento mal. Yo no quería… bueno, supongo que estas cosas no se vuelven más fáciles con la


edad, ¿eh? Carly pensó en Sam, en sus besos y en su confesión. —No, claro que no. —Creo que me voy a la cama —dijo Lane—. ¿Qué te parece si vamos mañana a Claremore y compramos algunas cosas para el granero? Carly se quedó quieta, sintiéndose como si la vida se le hubiera ido del cuerpo. —¿Lee? ¿Estás bien? —No —dijo tras un largo silencio. Tomó aire y parpadeó cuando su padre encendió una lamparita—. Sam dice que está enamorado de mí. Su padre se sentó a su lado, pasándole un brazo por los hombros en un gesto comprensivo. —Es un gran regalo el que te está ofreciendo —dijo Lane, haciendo descansar la barbilla sobre la cabeza de su hija. —Lo sé —se enjugó una lágrima que le caía por la mejilla. —¿Y sabes si quieres conservarlo? —Carly negó con la cabeza—. ¿No saberlo te hace sentir bien o mal? —¿Sería una tonta si dijera que las dos cosas? —No. En absoluto.


A la mañana siguiente, Carly y Lane acababan de regresar de Claremore cuando Carly oyó el Eclipse de Sean detenerse frente a la casa. El chico, que parecía muy agitado, se acercó al porche. Ella se quedó mirándolo de brazos cruzados, sin invitar lo a entrar. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 104-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Puedo hablar contigo? —preguntó Sean. —¿Por qué conmigo? No fui yo a quien… —Lo sé, lo sé. Pero es que… Libby siempre está hablando de ti, de lo maravillosa que eres y todo eso, y pensé que tal vez… —se encogió de hombros sin terminar la frase. —De ninguna manera voy a interceder por ti, Sean. Lo que hiciste fue algo horrible. El chico no contentó. Se metió las manos en los bolsillos traseros y desvió la mirada. Al cabo de unos segundos, volvió a mirar a Carly. —Sé que lo que hice estuvo mal. Supongo que… las cosas se me escaparon de las manos, ¿de acuerdo? —No. De acuerdo, no. En absoluto —descruzó los brazos y se metió las


manos en los bolsillos delanteros de la sudadera—. ¿Tienes idea de lo asustada, triste y turbada que dejaste a Libby? El chico tragó saliva y bajó la mirada. —Pensé que era lo que ella quería. —¿En el taller? Por el amor de Dios, Sean. ¿Qué clase de primera vez habría sido para ella? Para su sorpresa, vio que a Sean le empezaba a temblar el labio inferior y que dos gruesos lagrimones le caían por las mejillas. Diablos… Sean no era más que un crío. Un crío estúpido y lleno de hormonas revolucionadas que posiblemente hubiera estropeado cualquier probabilidad de que Libby le dirigiera de nuevo la palabra, pero un crío al fin y al cabo. Carly cerró los ojos un momento, recordándose que Sean no era Reece, quien jamás se había disculpado con ella ni se había arrepentido lo más mínimo. No era justo juzgar a Sean por los pecados de otra persona. —No me corresponde a mí separarte de Libby ni darte mi permiso para verla. Eso es cosa de su padre.


Sean asintió con la cabeza y se limpió la nariz con el dorso de la mano. Suspirando, Carly sacó un paquete de pañuelos de papel del bolsillo y le dio uno. —Bueno, vamos —le dijo, pasando a su lado para dirigirse al Eclipse. Sean subió rápidamente al coche y lo arrancó casi antes de que Carly tuviera tiempo de sentarse. —Muchas gracias por hacer esto, Carly… Ella levantó una mano para interrumpirlo. —Vas a tener que hacer mucho más para que te borre de mi lista negra. Si Libby te perdona, entonces hablaremos. El chico tragó saliva, asintió con la cabeza y se dirigió a toda prisa a casa de Libby. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 105-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Papá? —dijo Wade, que estaba metido hasta la rodilla en la porqueriza—. ¿Qué está haciendo Sean aquí? Libby había salido de su habitación el tiempo justo para decir «si Sean me llama o viene por aquí, decidle que me he muerto», lo que fue suficiente para darles a sus hermanos la impresión de que el chico ya no le gustaba.


Sam se sacudió las botas, salió de la porqueriza y oyó que Carly decía: —No vas a acercarte a Libby sin pasar antes por Sam. La mirada de Sam se cruzó con la de Carly un segundo, y después se fijó en la del chico, que parecía realmente arrepentido. —Sean —dijo Sam—. ¿Qué estás haciendo aquí? —He… he venido a disculparme. Por… mi comportamiento de anoche. —¿Has venido a disculparte conmigo o con Libby? —Con cualquiera que quiera escucharme, supongo. Sam lo miró intensamente durante varios segundos. —En este momento no puedo decidir si el hecho de que hayas venido es una de las cosas más valientes o más estúpidas que he visto. Sean levantó la mirada y la fijó en Sam con una débil sonrisa. —Yo tampoco, señor. —¿Papá? El chico se puso rígido y Sam se dio la vuelta para ver a Libby en la puerta, de pie con los brazos cruzados. —Sean dice que ha venido a disculparse —le dijo su padre. —Oh, bueno. Supongo que eso está bien. Mientras no signifique que estoy


obligada a perdonarlo. . —¡Por supuesto que no! —gritó Carly, y el joven se estremeció al oírla, pero se acercó un poco más a Libby para decir: —Sólo quiero hablar, Lib. Fui un idiota, ¿de acuerdo? —En eso tienes razón —le contestó la chica. Nadie dijo nada durante un minuto o dos. Después Libby desapareció dentro de la casa y volvió a salir enseguida con un abrigo. Y un poco de pinta labios de color rosa. Bajó los escalones del porche y empezó a andar. —Tengo cosas que hacer en el granero. Puedes hablar allí si quieres —dijo sin detenerse. Sean miró a Sam, esperanzado. —Ve. Pero si me entero de… —No la tocaré —dijo el chico—. Lo juro —y echó a correr para alcanzar a Libby. —¿Te parece bien dejarlos solos? —le preguntó Carly. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 106-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —No creo que intente nada con una chica que tiene una horca en la mano —


contestó, y Carly se rió. Después se quedó mirándolo fijamente. —Creo que no he dormido ni cinco minutos seguidos esta noche. —¿Fue por algo que he dicho? —preguntó él. —La verdad es que sí —lo miró a los ojos—. Tú… eh… ¿por casualidad no habrás cambiado de opinión sobre lo que dijiste anoche? —Me temo que no. —Sólo quería asegurarme. Travis, que acababa de salir de la casa como un torbellino junto a sus hermanos, tomó a Carly de la mano, y ésta miró a Sam con verdadero pánico. Sam se rió. —Cuando era pequeño, tuve un perro que se acercaba siempre demasiado a los gatos. Una vez, uno de ellos lo arañó en el hocico y, desde ese momento, cada vez que veía a ese gato ponía la misma mirada que tú tienes ahora. Carly sonrió levemente y pareció relajarse un poco. Miró a Travis, que se había metido el pulgar en la boca, y suspiró. —No sé cómo hacer esto. En realidad, no sé cómo hacer nada. —Si quieres que te diga un secreto, nadie lo sabe. —¿Se supone que eso me tiene que hacer sentir mejor?


—¿Me estás diciendo que puede haber alguna razón que te haga preocuparte por eso? —Puede —contestó, tras varios segundos. —¿Significa eso que te gusto? —preguntó Sam, sonriendo. Carly miró a Travis, que le sonrió sin sacarse el pulgar de la boca. —Sí, Sam. Me… gustas. Sam levantó una mano para masajearle los tensos músculos del cuello, saboreando una pequeña victoria cuando ella lo dejó hacer. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 107-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 13 —Damas y caballeros… —Carly vio que Sam sonreía mientras giraba la rueda del termostato, haciendo después una reverencia exagerada—. ¡Tenemos calefacción! Aplaudió con fuerza, sorprendida de lo que dos hombres podían hacer en una semana, ayudados de algunos amigos. Ahora el granero era perfectamente habitable, con electrodomésticos, agua corriente y calefacción. Y ella tenía un lugar propio. Más aún, tenía un negocio propio, pensó pasando


la palma de la mano por la doble barra que su padre la había ayudado a instalar. En cuanto Faith Andrews, su madre Didi, Ruby y otras mujeres que Carly no estaba segura de conocer habían extendido la noticia de las clases de baile, había encontrado suficientes alumnos para una clase de ejercicios para mujeres, para un par de clases para niños, incluyendo algo para adolescentes, y tal vez también hubiera un par de chicas para darles clase de ballet… —Mi abuela solía decir que estábamos en Babia cuando nos veía con la expresión que tú tienes ahora —dijo Sam detrás de ella, y ella se giró, sonriendo. —Si alguien me hubiera dicho hace tres meses que iba a abrir una escuela de baile en un pueblecito de Oklahoma, me habría echado a reír de buena gana. —Sí. Es curioso cómo salen las cosas a veces —se puso en cuclillas para comprobar algún aparato de la calefacción. Ella se fijó en su trasero, bien marcado por la postura y por los pantalones de algodón. A Sam le gustaba llevar camisas encima de camisetas ceñidas, que siempre olían a una combinación de humo, de olores de la naturaleza y del aroma propio y único de Sam. Y Carly cada vez estaba más desesperada por oler el aroma único de Sam, sin el resto.


Pero él estaba siendo fiel a su palabra y no la estaba agobiando, dejándole tiempo y espacio para que asimilara los sentimientos que tenía por ella, sin presionarla para que le diera lo mismo a cambio. Y, mientras lo dejara todo en sus manos, sabiendo que nada ocurriría a menos que ella quisiera, Carly estaba bien. En ocasiones en el límite… pero bien. Sabía que el hecho de que se acostaran juntos era sólo cuestión de tiempo. Ella lo deseaba, y sabía que Sam también. La antigua Carly no se lo habría pensado dos veces antes de manipular la situación, haciéndole creer incluso que sus sentimientos habían cambiado, simplemente para que la llevara a la cama. Desafortunadamente, la nueva Carly que empezaba a surgir parecía tener conciencia. La nueva Carly no podía negar que, a pesar de no estar segura de lo fuertes que eran sus sentimientos por Sam, ese hombre le importaba, y lo respetaba demasiado como para defraudarlo. Sin embargo, sabía que el hecho de mantenerse a una distancia prudencial de él lo estaba matando, igual que a ella. Ningún escrúpulo ni ninguna buena intención podía disimular el deseo que veía en los ojos de Sam cuando la miraba. Así que, desde el punto de vista de Carly, el problema no era un


«si», sino quién rompería primero el hielo. Y Carly apostaba por Sam. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 108-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Sam podía sentir los ojos de Carly en su trasero, y podía imaginarse con bastante exactitud lo que estaba pensando. ¡Dios, habría sido tan fácil dar rienda suelta al deseo y a la avidez que lo habían estado atormentando durante los últimos días…! Sam se puso en pie después de comprobar el aparato. —Mientras mantengas encendidos los ventiladores del techo, conseguirás que el calor no se concentre en las vigas. —Justo a tiempo —dijo ella—. Las mamás vendrán mañana a dar su primera clase. —Bueno, será mejor que me vaya. Cerrarán las urnas dentro de una hora. —¡Oh, sí! Como mi padre y yo aún no somos residentes, no podemos votar — Sam se preguntó si Carly se había dado cuenta de que había dicho «aún»—. ¿Crees que Ivy ganará? —Creo que tiene bastantes probabilidades, aunque todavía hay mucha gente,


personas mayores sobre todo, que no le han perdonado que viniera aquí a educar a una hija sin padre. —Por Dios… ¿cuántos años tiene Dawn? ¿Treinta? ¿Me estás diciendo que todavía hay gente que le echa en cara a Ivy no haber estado casada cuando tuvo a su hija? —Algunas personas. —Ya. ¿Y qué pasaría si algunas personas descubren el pasado de la nueva profesora de baile? ¿Cómo crees que reaccionarían si supieran que estaba desintoxicándome a los veinte años? ¿Y a los veintitrés otra vez? —En primer lugar —dijo Sam suavemente—, a menos que vayas por ahí contándolo, no creo que nadie se entere. Y en segundo lugar, está empezando a fastidiarme ver que siempre te menosprecias. —¡No me estoy menospreciando! Estoy orgullosa de haber superado muchas cosas en los último quince años. Pero sé que el pasado puede aparecer en el momento más inoportuno y echarlo todo a perder. Lo que estoy intentando decir es que…— dejó escapar un suspiro— algunas personas preferirían que sus hijos no tomaran


clases con alguien como yo. —¿Qué? ¿Crees que esta ciudad es perfecta, donde nadie hace nada malo o estúpido o donde nadie tiene secretos? —No, claro que no. Pero… —Pero nada. Hay algunas chicas de por aquí que no saben quién es el padre de sus bebés, tipos que piensan que nadie sabe que hay alcoholismo en sus familias, chicos que deberían habérselo pensado dos veces antes de haber hecho ciertas cosas. A veces me da la impresión de que llevas tu pasado como una corona, como si nadie pudiera hacer cosas malas excepto tú. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 109-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Y qué demonios sabes tú de eso, Sam? ¡Eres el ser humano más perfecto que hay en todo el planeta! ¿Qué has hecho tú de lo que te puedas arrepentir? —Créeme, podría darte una lista de cosas que te dejarían asombrada. Pero, para empezar, ¿qué te parece acostarme con otra mujer menos de una semana después de


que muriera mi esposa? —Te lo estás inventando. —No me lo estoy inventando. Durante varios segundos, lo único que se oyó fue el zumbido de los ventiladores del techo y del circuito de la calefacción. Entonces Carly acortó los pocos metros que los separaban, le pasó los brazos alrededor de la cintura y apoyó la cabeza en su pecho. Sam le devolvió el abrazo, deseando poder absorberla. —¿Y esto? —le preguntó. —Por ser humano —respondió ella, y levantó la cara para mirarlo—. ¿Qué pasó? Sam le contó toda la triste historia, un relato que no le había contado nunca a nadie, sobre cómo, tras el funeral de Jeannie, se había visto tan desbordado por la tristeza y la confusión que tenía miedo de acercarse a los niños, de no ser el pilar que ellos necesitaban que fuera. —Así que les pedí a Didi y a Chuck Mayerhauser, los padres de Faith, que se quedaran con ellos después de haberlos acostado, y yo me subí a la camioneta y simplemente… conduje. Terminé en Vinita, donde me encontré con una chica con la que Jeannie y yo habíamos ido al instituto. Katrina Nichols. No sabía lo de Jeannie, y cuando se lo dije, se mostró muy… compasiva —inclinó la cabeza para mirar a Carly


—¿Necesitas que te dé más detalles? —No, ya me hago a la idea, pero… ¿Por qué’? —Porque la única forma que se me ocurrió de hacer que el dolor se fuera fue haciéndome aún más daño. Con un suave suspiro, Carly se acurrucó contra él. —¿Fue la única vez? —No. Pasaron un par de semanas hasta que me di cuenta de que estaba retrasando lo inevitable, así que lo corté. Pero pasó mucho tiempo hasta que dejé de odiarme por lo que había hecho. —¿Y Katrina? —Comprendió mucho mejor que yo lo que me estaba pasando. Lo último que supe de ella fue que se había ido a Oklahoma City, que se había casado y había tenido un niño. Por lo que sé, nunca le habló a nadie de esa época en la que me volví loco. Después de un momento, Carly se deshizo de su abrazo, unió sus manos y se puso de puntillas para besarlo en la mejilla. —Vete a votar —le dijo suavemente, acompañándolo a la puerta. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 110-133 https://www.facebook.com/novelasgratis


Las urnas se habían cerrado dos horas atrás cuando Ivy se dirigió por fin a casa de Dawn y Cal, tras haber asistido el parto del nuevo nieto de Ángel Clearwater. Había estado demasiado ocupada para preocuparse de si habría ganado o no, pero cuando llegó frente a la casa y vio todos aquellos coches y furgonetas aparcados allí y supo que todo era por ella, sintió que el estómago le daba un vuelco. Pero aquel sentimiento era mucho mejor que lo que había estado sintiendo la última semana, desde que Lane y ella se habían separado. Decirle a Lane que no podían seguir viéndose era una de las cosas más difíciles que había hecho en su vida. Y cómo lo echaba de menos, pensó mientras subía las escaleras del porche. Su esposa había sido una mujer muy afortunada, pero era una pena que aún fuera una sombra. —¡Aquí está nuestra próxima alcaldesa! —gritó Dawn cuando Ivy abrió la puerta. —¿No te estás precipitando un poco? —contestó, dejando el bolso en una mesa y quitándose el poncho—. Aún no se saben los resultados. Sin embargo, el salón estaba lleno de gente que había acudido dispuesta a compartir su éxito. Entre otros, pudo ver a su amiga Ruby, a Luralene, a


Mary y a Hank Logan… Bueno, aunque sólo consiguiera veintidós votos, pensó, contando las cabezas de la gente que había en la casa, ya se daba por satisfecha. —¡Mamá! —gritó Dawn—. ¡Está sonando tu móvil, pero no lo encuentro! —Oh, Dios mío… Está en mi bolso, querida… ¿lo ves? Tres personas gritaron al unísono «¡aquí está!» y Dawn se arrojó sobre el bolso, contestando inmediatamente el teléfono. —No, Beverly Ann, soy Dawn. Pero mi madre está aquí, espera un momento. Ivy tomó el teléfono, intentando escuchar a Beverly Ann por encima de todo el barullo que había en el salón. —Pero ¿estás segura? —le preguntó. —Oh, sí, querida. Ya hemos terminado el recuento. ¡Felicidades! ¡Ya era hora de que nos renováramos un poco! Ivy colgó el teléfono y se quedó de pie, con el móvil contra el pecho. —¡Por el amor de Dios! —exclamó Luralene—. Basta ya de suspense. ¿Has ganado o no? Ivy paseó la mirada por la sala, que estaba llena de caras queridas y expectantes, y asintió con la cabeza.


—Sí —dijo, aún sin podérselo creer—. Estáis viendo a la nueva alcaldesa. Hubo un torbellino de gritos, exclamaciones, abrazos y besos y, en mitad de todo, sonó el timbre de la puerta. Bueno, ella dio por hecho que había sonado, porque de repente la multitud se apartó para dejarla pasar hasta la puerta. Y allí estaba Lane, con una amplia sonrisa y el ramo de flores más grande que Ivy había visto en su vida. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 111-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Lane se dio cuenta de que había pillado a Ivy desprevenida. Sin darle tiempo a recuperarse, la tomó de un brazo y la hizo salir al porche. Después cerró la puerta para poder besarla sin sentirse observado por todos aquellos ojos. Ella parpadeó, mirándolo con esos ojos castaños que lo volvían loco. —Pero... ¿cómo supiste que había ganado? —No lo sabía. Hasta que llegué aquí y oí todo el tumulto. De todas formas, pensé que podías usar las flores. Si no ganabas, al menos te animarían. Ella no dijo nada durante varios segundos, y se quedó mirando las flores como si fueran las primeras que había visto en su vida.


—Todo esto sería mucho más fácil si no fueras tan agradable —dijo finalmente. —Sí, lo sé. Es una maldición. Ivy se rió suavemente y lo miró a los ojos. —Gracias. —De nada. Y enhorabuena, señora alcaldesa. Ahora vuelve dentro y disfruta tu fiesta de victoria. —Si quieres unirte a nosotros… —No compliquemos las cosas más —la besó de nuevo levemente en los labios y comenzó a bajar los escalones del porche. —¿Lane? —dijo ella. El se giró—. Esto va contra todo lo que siempre he creído que debía ser una mujer, pero… —Nada de peros, Ivy. Y nada de compromisos. No sería justo para ninguno de los dos. —No, tienes razón —contestó ella, abrazando las flores—. Pero déjame decirte que has conseguido que mi pequeña victoria sea aún más dulce. Lane le mandó un beso y se alejó. Mike y Matt entraron en la cocina mientras Libby llenaba el lavavajillas. Se


dio la vuelta para saludarlos y los dos hermanos se quedaron mirándola. Entonces se dio cuenta de que Wade y Frankie, que estaban sentados a la mesa de la cocina, en vez de en el salón, viendo la tele, también la miraban. Aquello no le olía nada bien… —Muy bien —dijo—. ¿Quién ha hecho qué? —Nada —contestó Mike—. Te lo juro. Es que Matt y yo pensamos que podríamos tener una charla familiar. —Vale. En cuanto papá termine de bañar a Travis… —Sin papá —la interrumpió Matt, con la expresión más sería que Libby le había visto nunca. Ella paseó la mirada de hermano a hermano, para volver a posarla en Mike quien, a pesar de ser tres años más joven que ella, ya la había sobrepasado en altura. —De acuerdo. ¿De qué se trata? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 112-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Los chicos se miraron entre ellos y luego Matt contestó: —De Carly.


—Muy bien, chicos —dijo Carly al grupo de adolescentes jadeantes y sudorosos—. La clase ha terminado. Los jóvenes empezaron a dispersarse, pero una chica, Buhe, se acercó a ella. —Oye, Carly. ¿Crees que podrías enseñarnos a bailar como esa chica en Chicago? La morena, no Renée como-se-llame. —¿Sí, eso sería genial! —¿Puedes, Carly? ¿Puedes? Carly se rió. —Supongo que podemos intentarlo. Volveré a ver la película y os diré qué me parece. En un coro de «¡vale!» y «¡hasta luego!», todos los chicos empezaron a salir. Todos menos Libby, que se quedó rezagada. —Libby, ¿cómo vas? ¿Te apetece un chocolate caliente? Por fin he encontrado una marca que lo hace sin azúcar y que no sabe a rayos. —Eh… sí, claro —siguió a Carly hasta la pequeña cocina. —Últimamente no te he visto mucho. —Papá ha estado haciendo sustituciones toda la semana, así que he tenido que pasar más tiempo en la granja, ocupándome de todo y de mis hermanos.


Carly metió dos tazas llenas de agua en el microondas, haciendo todo lo posible por parecer calmada. Pero tenía la sensación de que no le iba a gustar lo que Libby tuviera que decirle. Al menos, no en ese momento. Durante los últimos tres días, desde que Sam le había confesado su secreto, el cerebro de Carly no había dejado de funcionar a toda velocidad. No por el secreto en sí, aunque a ella misma le dolía al pensar en todo lo que Sam tuvo que sufrir, sino por el hecho de que había confiado en ella. Nunca habían confiado en ella antes. Ni ella había dejado que lo hicieran. Pero ahora sabía que su corazón se había abierto un poco más. —Carly —dijo Libby —. El microondas ha pitado. —¿Qué’? Ah, sí… —sacó las tazas, les echó el chocolate en polvo y le dio una a Libby—. Vamos a sentarnos —dijo, caminando de nuevo hacia la sala, donde había dispuesto unas sillas y un sofá para los padres, por si querían quedarse a mirar—. ¿Qué tal te va con Sean? —preguntó, sentándose en una silla mientras Libby lo hacía en el sofá. La joven tomó un sorbo de chocolate y la miró. —¿Te refieres a aparte de sentirme como una idiota?


Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 113-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Por qué piensas eso? —No lo entiendo, Carly. ¿Cómo podía estar tan segura de saber lo que quería y cambiar totalmente de opinión al minuto siguiente? —Bueno… Tal vez porque la situación no cumplía tus expectativas. —Sí, puede ser —dijo, después de pensar unos segundos. —Cariño… cambiar de opinión no te convierte en ninguna idiota, especialmente en algo como esto. Sí, en serio —añadió cuando la chica hizo una mueca. —Es que… Dios, odio sentirme tan fuera de control, ¿sabes? Como si mi cuerpo hubiera abandonado el cerebro —se reclinó en el sofá y empezó a pasar un dedo por el borde de la taza—. Sean y yo hablamos mucho el día que vino a disculparse. Y creo que de verdad está arrepentido, pero… Creo que vamos a dejarlo por una temporada. —Oh, cariño… lo siento. —No, está bien. Me di cuenta de que no estaba tan preparada para tener


novio como creía. Y sé que muchas chicas sí, y tienen sexo y todo eso, pero… No me atrevo a contarles esto a ninguna de mis amigas, porque pensarán que me he echado atrás o algo así, pero algunas cosas que dicen que hacen… no me gustan. Tal vez me esté perdiendo algo pero ¿qué se supone que tengo que hacer? ¿Algo que realmente no quiero hacer para que todo el mundo piense que soy genial? —Tal vez deberías contarles a tus amigas exactamente esto. Estoy segura de que ellas no dicen nada porque están asustadas, pero que muchas piensan igual que tú — le dio un sorbo a su chocolate—. ¿Tienes miedo del sexo? Libby pensó por un momento y después dijo: —Creo que más bien tengo miedo de estropearlo todo si lo hago antes de tiempo, o algo así. Quiero decir que es mucho mejor cuando estás enamorada de la otra persona, ¿no? Genial. ¿Cómo demonios iba a contestar a eso? —Definitivamente, es mejor cuando estás segura de que es lo que quieres, en vez de hacerlo porque crees que deberías hacerlo.


—De todas formas —dijo Libby, dejando la taza vacía en el suelo, junto a sus pies—, no era de eso de lo que quería hablarte. —¿Ah, no? —Carly sintió un escalofrío que le recorría la espalda. —¿Qué está pasando realmente entre mi padre y tú? —le preguntó la chica, tras mirarla varios segundos. —No lo sé —contestó con franqueza—. Ya sé que suena como si quisiera evitar el tema, pero es verdad. —¿Al menos te gusta? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 114-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Oh, cariño —Carly suspiró—. Lo que siento va mucho más allá de eso. Nunca he conocido a nadie como tu padre. —¿Crees que podría hacerte feliz? —Eso no es lo importante, sino si yo podría hacerlo feliz a él. —Al principio pensaba que no eras apropiada para él —dijo Libby, mirándola fijamente a los ojos—. Bueno, eres genial y todo eso, pero… —No tienes que explicármelo. Lo entiendo perfectamente.


—No, creo que no lo entiendes. ¿Sabes lo que hace mi padre? Salimos para darles de comer a las vacas, o para lo que sea, y lo pillo mirando hacia aquí como un idiota. O alguno de mis hermanos se pone a hablar de ti y él se queda helado al escuchar tu nombre. ¿Sabes cómo supe que no estaba enamorada de Sean? Porque miro a mi padre y sé que lo que siento por Sean ni siquiera se acerca a lo que él siente por ti —tragó saliva—. A lo que sentía por mamá. —Libby, yo… —Es por nosotros, ¿verdad? Tienes miedo de empezar una relación con él porque somos demasiados. —No te voy a mentir, eso tiene mucho que ver. Libby —dijo cuando la chica hizo una mueca—, no sé nada de cuidar niños. Todos vosotros sois fabulosos pero, sinceramente, creo que no sería una buena madre. Es una gran responsabilidad y eso nunca ha sido mi fuerte, desafortunadamente. —Pero es que, en realidad, no necesitamos una madre —Libby se inclinó hacia delante mirándola fijamente—. Quiero decir, no el tipo de madre que limpia, cocina, hace la colada y todo eso. Podemos hacerlo nosotros. Cuando mi madre murió, papá nos enseñó a hacer todas las tareas de la casa entre todos. Y tampoco tendrías que


subirte al tractor ni cuidar de los cerdos ni nada de eso, si es lo que te preocupa — Libby hizo una pausa y su mirada se tornó más tímida—. No tienes ni idea de lo grande que es esto. De lo que le gustas a mi padre, quiero decir. Significa que está admitiendo que necesita algo más aparte de nosotros y la granja. Pero lo que me preocupa, y a los chicos también, es que si se siente tan solo y tú le dices que no… Bueno, no quiero ni pensar en lo que ocurriría. —Libby, aprecio todas las concesiones que estáis dispuestos a hacer, pero… —¡Oh, vamos, Carly! ¡Has dicho que te gustaba! Entonces Carly recordó a una antigua profesora de baile que siempre la regañaba cuando se negaba a hacer un paso nuevo. «¿De qué tienes miedo?», le gritaba madame Propoviova. «¡Sólo te puedes caer hasta el suelo! Y si te caes, te levantas y lo intentas otra vez. No es tan difícil». Sí, claro. Pero aquello no era como intentar una triple pirueta. Se trataba de admitir la posibilidad de que tal vez estuviera interesada en ver hasta dónde podría llegar aquel asunto. De la posibilidad de que tal vez, con la persona apropiada, uno pensara en hacer algo que nunca antes había pensado hacer. Que tal vez estaba bien cambiar de opinión. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo


Nº Paginas 115-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Miró a Libby, que estaba con los codos apoyados en las rodillas, esperando. —¿Alguna idea de cómo debería hacer esto? La chica sonrió y saltó del sofá. —Tu padre y tú vendréis a cenar esta noche, para empezar. ¿Cómo vas a acostumbrarte a nosotros si nunca estás con nosotros? La chica tenía razón. —Supongo que tu padre no sabe nada de esto, ¿no? —Estás bromeando, ¿verdad? Al menos, merecería la pena por ver la cara de Sam. —De acuerdo —dijo Carly. —¿De acuerdo? ¿Vendrás? —Carly asintió con la cabeza—. ¿Hay algo que no comas? —Carbohidratos malos y grasa. —Vaya. Eso no nos deja mucho donde elegir. Carly se rió. —No te preocupes, me adaptaré. Mi padre se come cualquier cosa que le pongas. —Vale, pensaré en algo —Libby atravesó la sala, tomó su abrigo y se dirigió


a la puerta. Pero antes de irse, se dio la vuelta y examinó a Carly cuidadosamente —. Hmm… no te lo tomes a mal, ¿Vale? Pero tal vez deberías arreglarte un poco. En cuanto la puerta se cerró detrás de la chica, Carly rompió a reír. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 116-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 14 Lo primero que le hizo pensar a Sam que pasaba algo fueron las velas y la vajilla buena en la mesa. En la del comedor, no en la de la cocina. Se acercó para asegurarse de que la vista no le estaba jugando una mala pasada y entonces contó nueve cubiertos. En la cocina Libby estaba preparando dos pollos asados, patatas al horno, brócoli y una gran ensalada. —Y nosotros, ¿qué vamos a comer? —se quejó Matt. —No te preocupes. He hecho macarrones con queso para el resto. ¡Travis, Frankie, lavaos las manos! ¡Y la cara! ¡Y cambiaos las camisas! —después miró a su padre—. ¡Papá, por favor!


Sam se miró a sí mismo, casi esperando ver que tenía la bragueta abierta. —¿Qué está pasando aquí, Lib? —Nada. He invitado a Carly y a Lane a cenar, eso es todo. Así que tal vez te apetezca darte una ducha rápida y cambiarte. Tenemos tiempo, no vendrán hasta las seis y media. Sam paseó la mirada por la habitación y vio que varios pares de ojos, incluyendo algunos no humanos, lo observaban con inocencia. —No estaréis intentando emparejarme, ¿verdad? —Noooo —dijo Libby con el tono de voz exasperado típico de adolescente, mientras los chicos negaban vehementemente con la cabeza—. Sólo pensé que sería divertido que vinieran. —Sí —intervino Wade—, sobre todo porque ya nos hemos cansado de esperar a que tú te acerques a ella. —¡Wade! —exclamó todo el mundo excepto Travis. Sam abrió la boca para explicarles que aquello era una insensatez cuando se dio cuenta de que, bueno, tal vez tuvieran razón. Tal vez lo de darle a Carly su espacio no fuera la manera adecuada de llevar las cosas y necesitara un empujoncito. —Chicos…


—No te atrevas a decir que no te gusta —lo interrumpió Libby. —Bueno, no, supongo que es evidente que me gusta, pero… —Lo sé, lo sé —dijo Libby, echándole aceite de oliva a la ensalada—. Somos muchos. Y puede que ser la mujer de un granjero no entrara en sus planes. No pasa nada, papá. Ya hemos pensado en eso. Sam decidió que era mejor no saber lo que quería decir. —De acuerdo. Pero… no esperéis milagros de una simple cena. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 117-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Todos sus hijos sonrieron y él subió a darse una ducha. Entonces, bajo el chorro del agua, se dio cuenta de que, por mucho poder de persuasión que tuviera su hija, Carly no habría aceptado la invitación si no hubiera querido. Aquello merecía su mejor camisa. A pesar de las súplicas de Carly, Lane había decidido no ir, claramente afectado por el asunto de Ivy. Así que Carly estaba sola ante el peligro. No era que los chicos no se estuvieran portando bien. Mike y Matt casi habían


chocado al intentar apartarle la silla a la vez para que ella se sentara; Wade tenía una expresión seria, casi de adulto, con una de las corbatas de su padre sobre su camisa de Shrek. Al verlos, Carly se sintió enternecida, pero se preguntó cuánto tiempo pasaría antes de que los chicos explotaran. O ella. Toda aquella educación forzada estaba siendo una tortura. Carly felicitó a Libby por la cena, que estaba realmente deliciosa, y la chica le dedicó una sonrisa radiante, pero aquello fue lo único espontáneo y natural. —Wade —dijo Mike—, ¿puedes pasarme los macarrones y el queso, por favor? —Frankie, ¿quieres que te ponga otro vaso de leche? Carly se inclinó hacia Sam, que estaba sentado a su lado y, tras darse cuenta de lo bien que olía, preguntó: —¿Quiénes son estos niños? —No los había visto antes —respondió, cortando un trozo de pollo. —Papá… —dijo Libby. —Muy bien, chicos —intervino Carly—. Ya os he visto antes en acción, ¿recordáis? Así que dejad de actuar. Después de aquello, las cosas se relajaron, sobre todo cuando uno de los perros tomó un hueso de pollo del plato de Frankie y cuatro chicos salieron corriendo detrás del animal. Y, de repente, Carly empezó a comprender que la gente viviera de esa


manera. Y por qué lo hacían. Un pensamiento que compartió algo más tarde con Sam, cuando se disponía a marcharse y Sam, y un par de perros, la acompañaron al coche. —No es que haya cambiado de idea sobre tener hijos propios —le dijo. —No te preocupes, —contestó Sam—. Creo que seis es suficiente para mí también—se rió y, metiendo las manos por dentro del abrigo de Carly, la acercó a él. —¿Qué estás haciendo? —Intento mantenernos calientes. ¿Hay algún problema? —No, creo que no. —Bien —dijo él, inmovilizándola entre el coche y su propio cuerpo. —¿Crees que están mirando? —preguntó Carly, señalando la casa con la cabeza. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 118-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Puedes contar con ello. Entonces, ¿tu padre y tú vendréis para Acción de Gracias? —¿Tenemos otra alternativa?


—No —respondió Sam, sonriendo. —Nunca me habían cortejado antes —dijo Carly, sintiendo la solidez del pecho de Sam—, especialmente seis niños. —Yo no lo llamaría exactamente «cortejar» pero... ¿eso quiere decir que ya no te asustan? —No te engañes. Los niños, ya sean tuyos o no, siempre me asustarán. —¿Pero crees que puedes estar algo más preparada para enfrentarte a ellos? Bueno, por eso estaba allí, ¿no? —Por ti, me enfrentaría a casi cualquier cosa. O al menos, lo intentaría. A Sam se le detuvo el corazón por un momento. —¿Qué estás diciendo, Carly? —Estoy diciendo que… tú haces que quiera intentar cosas que nunca antes me había atrevido a intentar. Cuando te veo con esos niños… —se miró las manos, que estaban apoyadas contra el pecho de Sam, y luego volvió a levantar la vista— lo que más deseo en el mundo es ser así. Preocuparme así. —Oh, cariño… —dijo Sam y, enmarcándole el rostro con las manos, la besó suavemente—. ¿No te das cuenta de que ya eres así? Y sospecho que siempre lo has


sido. En ese momento, Carly finalmente comprendió lo que significaba ser amada. Se sintió realmente amada y notó en su interior esa calidez que le hacía a uno ir por ahí con una sonrisa estúpida en la cara durante unos cincuenta años, más o menos. —¿He… he pasado algún tipo de test? —preguntó Carly, mirando hacia la casa. —O eso, o yo acabo de suspender estrepitosamente. Carly apoyó la cabeza en su pecho para ahogar la risa, pero entonces un pensamiento la hizo ponerse seria. —Aunque nos acostemos juntos… —empezó a decir. —Quieres que las cosas sigan yendo despacio —dijo Sam, y ella asintió con la cabeza—. No hay ningún problema. No me voy a ir a ninguna parte. —¿Y si no funciona? —Entonces, no funciona. —Pero los niños… —Hablaré con ellos. O, mejor aún, también tú hablarás con ellos. Lo mejor en estos casos es ser sinceros y directos con ellos. Porque si alguien entiende que las cosas no siempre salen como uno espera, ésos son mis hijos. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo


Nº Paginas 119-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Y tú también? —preguntó ella, sintiendo que las lágrimas se le agolpaban en los ojos. —Sí, yo también —y la besó de nuevo. —Lo tendré en cuenta —dijo ella, y se metió en el coche. —¿Y bien? —preguntó Libby en cuanto Sam entró en la casa. —Chicos, ¿no sabéis que algunas cosas son personales? —Me parece que si terminas casándote con Carly, también será algo personal para nosotros —dijo Mike desde el sofá. —¿Y por qué pensáis que voy a casarme con ella después de una sola cena? —También la llevaste al baile —intervino Matt. —Vaya, dos citas. Y en ninguna de ellas hemos estado solos. Creedme si os digo que es demasiado pronto. Además, vuestra madre y yo estuvimos saliendo durante seis años antes de casarnos. —Sí, pero entonces erais jóvenes —contestó Mike, rascándose la cabeza—. El tiempo ya no está de tu parte, papá. Sam miró a su hijo durante un par de segundos y entonces pensó en el


nerviosismo de Carly. —Muy bien, escuchadme todos —dijo, dejando escapar un suspiro—. Si las cosas dependieran de mí, todo iría mucho más rápido de lo que Carly quiere. Pero ella no está en mi posición. Ni en la vuestra. Francamente, creo que ninguno de vosotros os dais cuenta de lo que ha significado para ella venir aquí esta noche. Eso para empezar. Pero sólo quiere decir que está dispuesta a probar el agua, no a lanzarse a ella. Además, puede que entre ella y yo no funcionen las cosas, así que no os hagáis ilusiones sobre algo que puede que nunca ocurra, ¿de acuerdo? Y ahora hay que irse a la cama —dio un par de palmadas—. Lavaos los dientes y poneos los pijamas. Refunfuñando, los chicos subieron al piso superior, pero Libby se quedó rezagada. —Ella nos necesita, y lo sabes —dijo, y se metió en su cuarto. «Tal vez», pensó Sam, dejándose caer en el sofá durante un minuto antes de subir a arropar a sus hijos. Pero Carly tenía que llegar a esa conclusión ella sola. A la semana siguiente, el tiempo mejoró considerablemente. Como todo indicaba que las buenas temperaturas se iban a mantener, Sam decidió raspar y


pintar el granero, un trabajo que había estado aplazando desde antes de que naciera Travis. Era uno de los días en los que dejaba a Trav en la escuela de infancia de Didi Mayerhauser, dejándole así tiempo libre para hacer tareas como cambiarse las sábanas de la cama sin dejar de estar atento a si llegaba el coche de Carly o ella llamaba a la puerta. Carly había vuelto a cenar con ellos otra vez, había jugado a los videojuegos con los chicos e incluso había intentado, con poco éxito, ordeñar a Bernadette. Pero no Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 120-133 https://www.facebook.com/novelasgratis parecía tener ninguna prisa por probar las sábanas recién lavadas de Sam. Y estaba en su derecho, sobre todo cuando él también había estado de acuerdo, así que Sam había decidido intentar no pensar en ello y seguir con su vida sin preocuparse por cosas que tal vez no ocurrieran nunca. Por eso casi se cayó de la escalera cuando la oyó gritar: —¿Te diviertes? Sam miró hacia abajo y la vio con una blusa de encaje y unos pantalones amplios, como los que siempre solía llegar, y se le levantó el ánimo. Entre


otras cosas. —¿No tienes que dar ninguna clase? —le preguntó. —Todo el mundo está ocupado con la fiesta de Acción de Gracias, así que casi todos los alumnos han cancelado las clases hasta la semana que viene —Sam empezó a bajar de la escalera—. Pero no dejes que te interrumpa si estás haciendo algo. —He estado aplazando este trabajo durante cinco años. Supongo que no pasará nada si lo dejo unos minutos más. —¿Unos minutos? —preguntó ella, enarcando una ceja. Sam se había acercado lo suficiente a ella para oler su aroma a coco y flores. —Horas. Días. Semanas. Lo que tú quieras. Carly sonrió como lo hace una mujer que sabe que está a punto de conseguir lo que quiere y Sam se alarmó un poco, pensando que tal vez no fuera capaz de darle lo que quería. —Supongo que has cambiado de idea —dijo. —Oh, sí. Al menos seis veces —contestó Carly. —¿Y?


—Y te sugiero que dejes de hablar y me quites la ropa antes de que vuelva a cambiar de opinión. Sam dejó caer la espátula al suelo y, tomando a Carly de la mano, la llevó al interior de la casa. —No —dijo Sam cuando Carly intentó tocarlo, apenas dos minutos después. Completamente desnudo, se inclinó para levantar las persianas, dejando que la luz del sol surcara el cuerpo de Carly, que estaba tumbada a su lado. —¿Vas a quedarte ahí todo el día, mirándome? —preguntó ella con una sonrisa en los labios. —Todo el día no. Pero quiero grabarme esta imagen en la memoria. Volvió a acostarse a su lado, lo suficientemente cerca como para poder tocarla, en caso de tener intención de hacerlo. Y por supuesto que la tenía, pero no se había vuelto loco todas aquellas semanas para terminar con todo en treinta segundos nada más. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 121-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Así que siguió mirando, y luego miró un poco más, sonriendo al ver los efectos


que provocaba su examen. Los pezones de Carly se endurecieron y Sam tragó saliva, pensando en cómo los sentiría contra su lengua. Más tarde. Carly volvió a alargar una mano para acariciarlo, pero él la detuvo. —Oh, oh —dijo, y Carly dejó escapar un suspiro. —Sólo por curiosidad, ¿va a haber besos o caricias pronto? Sam fingió pensárselo durante unos segundos y después asintió con la cabeza. —Sí. —¿Cómo de pronto? —insistió Carly. —Apuesto a que de pequeña abrías todos tus regalos de Navidad en cinco minutos, sin molestarte en mirarlos primero, ¿verdad? —La verdad es que sí. —Bueno, ¿recuerdas cuando te conté lo bonitos que eran mis regalos? ¿Cómo me gustaba mirarlos antes de abrirlos? Luego, cuando por fin los abría… — se inclinó sobre ella para rozarle los labios con los suyos, muy ligeramente, lo hacía con mucho cuidado, otro beso, esa vez un poco más sólido. Despacio… y otro, saboreando… cada… momento. Le acarició los labios con la lengua, apartándose antes de que ella tuviera tiempo de darse cuenta de lo que estaba pasando. Haciendo que la mañana


más maravillosa del año durara tanto como… fuera… posible… La hizo girar sobre su espalda, sentándose a horcajadas sobre ella y sujetándole las manos por encima de la cabeza. Carly comenzó a levantar las caderas. —Despacio, cariño. Vamos a tomárnoslo con calma —dijo Sam. —Yo pensaba más bien en algo fuerte, caliente y rápido. —Eso también es divertido, sin duda. Y créeme, con seis hijos lo sé todo sobre lo fuerte, caliente y rápido. Pero el caso es que no siempre surge la oportunidad para hacer el amor despacio, con calma y disfrutando de cada detalle, y como ésta parece ser una de esas escasas oportunidades, pretendo aprovecharla al máximo —le agarró las muñecas con algo más de fuerza—. No se trata sólo de sexo, Carly — susurró, besándola suavemente por todo el rostro—, sino de que te quiero. Así que ¿por qué no te relajas y me dejas hacerlo? —De acuerdo —dijo ella al fin—. Pero te advierto que no soy de las pasivas. Si esperas que me quede quieta… —Lo único que espero es que lo pases bien —y la besó de nuevo. Carly estaba en problemas. Porque con cada beso, con cada caricia, Sam la


acercaba más a un lugar en el que ella nunca se había permitido estar, un lugar que la asustaba enormemente. Sam continuó besándola por todo el cuerpo, lentamente, recorriendo sus caderas, su vientre, sus costillas, sus pechos, con los que se entretuvo largamente hasta que Carly se oyó a sí misma decir algo de estar preparada otra vez. Sam le introdujo un dedo en su interior, trazando círculos mágicos con el pulgar, y ella cerró Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 122-133 https://www.facebook.com/novelasgratis los ojos y se arqueó hacia él de placer, deseando más. Y cuando Sam le susurró «mírame», Carly vio tanto amor en su mirada que las lágrimas se le agolparon en los ojos, porque se dio cuenta de que estaba perdida, de que había tomado un camino del que no podría volver… a menos que lo hiciera en ese preciso instante. Cuando alcanzó el segundo orgasmo se dijo a sí misma desesperadamente que sólo era sexo, únicamente una respuesta involuntaria aun estímulo, pero se aferró a Sam temblando, incapaz de separar la alegría del terror. La antigua Carly habría salido en ese momento de la cama y se habría


marchado. Pero la nueva Carly tomó la cara de Sam entre las manos y comenzó a besarlo como si le fuera la vida en ello, queriendo volverlo tan loco como la estaba volviendo a ella. Pero él pareció leerle la mente y la hizo girar sobre su espalda justo antes de inclinarse sobre la mesilla de noche para tomar un preservativo. Lo sacó del envoltorio y lo deslizó sobre su erección. Carly se abrió a él sin poder hacer otra cosa, dejando escapar un gemido de placer y de desesperación cuando Sam se deslizó en su interior, llenándola, aterrándola, arrastrándola a un torrente de emociones mientras comenzaba a moverse dentro de ella y Carly deseaba con todas sus fuerzas que lo que estaba sintiendo en aquel momento fuera cierto y estable, igual que lo que sentía Sam. El clímax de Sam estalló en su interior, a su alrededor, como los fuegos artificiales de los que siempre se hablaba. Durante un segundo Carly pensó en fingir uno de sus orgasmos, pero decidió que Sam merecía mucho más que eso. Además, algo le decía que no podría engañar tan fácilmente a aquel hombre como a aquellos cuyos egos estaban deseando creer lo que ellos querían creer. Sam frunció el ceño al mirarla. —¿Te he perdido? Ella necesitó toda su fuerza de voluntad para no dejar escapar las lágrimas, temerosa de que Sam las malinterpretara.


—Supongo que dos es mi límite. —No conmigo, cariño. Espera —dijo, separándose para quitarse el preservativo. —No, Sam, de verdad… Estoy bien. —No, no lo estás. Y creo que tu estado de ánimo no tiene nada que ver con cuántos orgasmos has tenido. O con cuántos no has tenido. —Lo siento… —dijo, alargando una mano para tocarlo. Pero los dedos se deslizaron por el brazo de Sam cuando éste salió de la cama y se puso los vaqueros, dejando escapar un juramento. —Muy bien, tú ganas —dijo Carly finalmente, recogiendo su ropa interior del suelo—. Lo que acabamos de compartir no tiene ni punto de comparación con mis anteriores… experiencias. Tenías razón —se puso los pantalones y la blusa, forcejeando con un pendiente cuando se le enganchó en la ropa—: Todo es completamente diferente cuando hay amor de por medio. ¿Estás contento? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 123-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Lo estaría de no ser por el «pero» que parece estar colgado del final de esa frase.


—Sam… No puedes quererme pensando que soy lo que quieres que sea. O lo que crees que soy. Puede que ya no haga las cosas que solía hacer, pero es porque finalmente me he dado cuenta de lo autodestructiva que estaba siendo. Hay una gran diferencia entre ser rebelde y ser estúpida. Pero aunque haya cambiado en algunos aspectos, sigo siendo la misma persona que nunca se ha enamorado, y no puedo estar segura de si lo que siento por ti es real o no. No hay nada que desee más que ver adónde nos lleva todo esto, pero cuanto más lo hago, más me arriesgo a hacerte daño, y a tus hijos. —Ya te dije que ése es un riesgo que estoy más que dispuesto a correr. —Ya lo sé, pero el problema es que yo no puedo. Y no tienes ni idea de lo que me duele decir esto. —Creo que sí la tengo —respondió él. —Entonces piensa en cuánto más puede doler si dejamos que esto continúe. Sam agarró su camisa de la silla donde la había tirado. —Tienes razón. No tengo ni idea de por qué una mujer tan generosa y amante como tú no puede aceptar el simple hecho de que es generosa y amante. No sé por


qué piensas que lo que tienes que ofrecerme no es lo suficientemente bueno, para mí o para mis hijos. No puedo meterme en tu cerebro y hacerte pensar de otra manera. Pensé que amarte sería suficiente pero, evidentemente, no lo es. —No tienes ni idea de lo que tu amor significa para mí —dijo Carly. —Aunque no puedas devolverlo… —¡Pero sí que lo estoy devolviendo! Oh, Dios, Sam… ¡Te amo tanto que me duele! ¡El problema no es ése! —Entonces, ¿cuál demonios es? —¡Que no sé si es real! —las lágrimas empezaron a correrle por las mejillas —. ¿Cómo puedo confiar en algo que no entiendo? ¿En algo que no he sentido antes? Sam la miró durante unos segundos antes de decir: —¿Sabes?, pensé que tal vez me dirías esto que me acabas de decir, aunque también creí que al menos nos darías una oportunidad. —No sabía que iba a estar tan asustada… —Entonces, supongo que has tomado la única decisión que podías tomar. —Sam… Él levantó las manos. —Vete, ¿de acuerdo?


Carly agarró las sandalias, salió de la habitación y bajó las escaleras, estremeciéndose cuando algo golpeó la pared por encima de su cabeza. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 124-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 15 Cuando Carly entró en la pequeña cocina del granero, se sorprendió al ver allí a su padre. Y Lane pensó que no hacía falta ser un genio para saber dónde había estado y para qué. Ni, y ésa era la parte más dura, por qué no estaba exactamente radiante de felicidad. Maldición. Nunca dejaría de ser su pequeña, ni él de querer protegerla. Carly abrió la pequeña nevera y sacó una botella de agua. —¿Cómo tú por aquí? —preguntó ella. —Me he quedado sin café —dijo, enseñándole la lata. Carly no dijo nada, simplemente tomó un sorbo de agua—. ¿Sabes? He conseguido dos clientes nuevos hoy a través de Internet. —Eso es genial —respondió ella, y rompió a llorar. Lane dejó el café sobre la minúscula encimera y la abrazó, guiándola hacia el sofá que había en la sala. Antes de que tuviera tiempo de preguntarle si quería


hablar de ello, las palabras comenzaron a brotar de los labios de su hija, junto con un montón de sollozos. En realidad Lane no fue capaz de seguir toda la historia, pero sí entendió lo más importante. —Por fin ha ocurrido, ¿verdad? Te has enamorado —ella asintió con la cabeza—. ¿Y cuál es el problema? —Que no sé si lo que siento es real. Y que me da terror hacerle daño. —¿Y cómo demonios podrías hacerle daño? —Para empezar, no estando para él de la misma manera que él está para mí. —Eso es ridículo. —No pensabas lo mismo cuando decidiste romper con Ivy. Touché. Carly se levantó del sofá y se dirigió a la ventana, dejando que la dorada luz del sol enmarcara su frágil silueta. —El amor de Sam… —empezó a decir—. No sé es tan… insondable. Yo estoy acostumbrada a los límites, a poder ver las fronteras. Pero aquí no hay J ninguna —se dio la vuelta, y Lane vio que sus labios se curvaban en una sonrisa sin humor—. Al menos, para él. Sam simplemente da, y da, y da… Pero no sé si puedo darle lo que necesito. Estoy hecha un lío.


—No más que el resto de los mortales. —¿Quieres decir… por cómo te sientes respecto a Ivy? —Entre otras cosas. Carly se sentó en una silla y miró a su padre. —¿La quieres? Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 125-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí. Pero, al igual que te ocurre a ti, no sé si la quiero lo suficiente. Para ella, al menos. —¿Dónde está esa persona sabia y paciente que siempre aparecía en mis traumas de adolescente? —Siempre he estado en el mismo sitio. Aunque tú no sintieras que podías confiar en mí. —No tenía nada que ver con la confianza. Tenía miedo… —¿De qué? —preguntó Lane. —No de ti —respondió ella al cabo de unos instantes—. Sino por ti. Tenía miedo de que te dieras cuenta de lo poco que podías protegerme. —Te llevé a rehabilitación, Carly. Dos veces. Sabía muy bien que no era capaz de protegerte lo suficiente. Y era consciente de lo poco que pudo protegerte antes de eso.


Carly lo miró a los ojos, y Lane pudo ver el momento exacto en el que ella se dio cuenta. —Oh, Dios mío. ¿Lo sabías? ¿Lo de…? —¿Aquel verano? —ella asintió con la cabeza—. Nunca supe los detalles, pero sí que algo ocurrió. —Pero ¿cómo…? —dijo, de nuevo con lágrimas en los ojos. —Poco tiempo después recibimos una llamada del director, diciéndonos que los profesores y los consejeros habían detectado un gran cambio en ti. Que te habías centrado mucho más en la danza y que te habías alejado de la mayoría de tus amigos. Quería saber si te había ocurrido algo que te hubiera podido afectar tan profundamente. —¿Y por qué nadie dijo nada? —Lo hicimos. Tu madre y yo fuimos a verte al campus, ¿recuerdas? El personal nos dijo que habían hecho todo lo que se les había ocurrido para sacarte de ese estado. Pero cada vez que alguien se abría a ti, tú te cerrabas. Y, sin embargo, parecías estar bien —dejó escapar un suspiro—. Así que al final decidimos que


simplemente te habías obsesionado con la danza, lo que no era tan raro en chicas de tu edad. Pero… en el fondo, no estoy seguro de que creyera esa explicación. No podía evitar pensar que te había fallado de alguna manera. —Oh, papá… —se sentó a su lado en el sofá y lo abrazó por la cintura—. Nunca me has fallado. En cualquier caso, yo me he fallado a mí misma, pero… Esa vez no — dijo, y tomó aire profundamente—. Me violaron. Fue un idiota con el que había estado saliendo. Al principio pensé que había sido culpa mía, pero pronto dejé de creerlo. —¿Y tenías miedo de decírnoslo por si me hacías daño? —En realidad, en aquel momento lo que más me preocupaba era que no me dejaras salir de casa y seguir con las clases. Lo de no hacerte daño vino después. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 126-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y te lo guardaste. Lo mismo que has estado haciendo hasta ahora. Viviendo según tus propios criterios y evitando el dolor.


—Eso no es nada nuevo, papá. Soy consciente de lo que he estado haciendo. —Porque nunca sentiste que pudieras confiar en alguien, ¿verdad? Pero ahora tienes a ese hombre enamorado de ti y tú tienes miedo de confiar… ¿en quién? ¿En él? ¿En ti misma? ¿En el destino? ¿En qué? —pero antes de que Carly pudiera contestar, Lane continuó—: Pero mira quién está hablando. Tengo una maravillosa segunda oportunidad y, sin embargo, tengo miedo de los miedos de ella… —Pero… ¿cómo lo sabes? —preguntó Carly—. ¿Cómo sabes si es suficiente, si realmente estás enamorado? —Simplemente, lo sabes. Lo siento, cariño, pero no hay respuesta para eso. Y cuando te ocurre, es una de las mejores cosas que te podrían pasar y lo único que puedes hacer es aceptarlo. Sam salió con Travis del supermercado de Claremore empujando el carrito por el aparcamiento. Había salido a hacer las últimas compras para Acción de Gracias y quería llegar pronto a casa, ya que Libby había dicho que pensaba ponerse a prepararlo todo en cuanto llegara de clase. Una vez en la autopista, una ligera lluvia humedeció el parabrisas, a pesar de


que el cielo estaba completamente despejado en varios kilómetros al frente, por lo que Sam podía ver. Las nubes de tormenta habían estado apareciendo y desapareciendo todo el día, y el informe meteorológico había dicho que tenían un treinta por ciento de probabilidades de lluvia. Sam había conseguido calmarse un poco y ahora podía pensar en Carly racionalmente. Como ella había dicho, no podía quererla pensando que era algo que realmente no era. Así que tal vez lo mejor fuera dejar el asunto. Y tal vez, si se lo repetía durante una década más, terminaría creyéndoselo. —¿Vamos a llegar pronto a casa? —preguntó Travis desde el asiento trasero —. Tengo que hacer pis. —Por el amor de Dios, Trav… ¿Por qué no lo dijiste en el supermercado? —Entonces no tenía ganas… ¿Papá? —¿ Sí? —¿Por qué está el cielo como partido en dos? No, por ahí no, por mi lado. Sam le echó un vistazo al exterior por la ventanilla del pasajero… y se quedó helado. Un torbellino bajó de la nube que tenían prácticamente encima y empezó a barrer el campo.


El teléfono de Carly sonó en el mismo instante en el que la sirena comenzó a ulular. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 127-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Diga? —Mi padre no estará ahí por casualidad, ¿verdad? —preguntó Libby al otro lado de la línea. —No, no está aquí… —Se suponía que tenía que haber vuelto ya, pero está sonando la sirena del tornado, lo que significa que está ahí fuera, en alguna parte, con Trav… El cerebro de Carly registró únicamente la palabra «tornado» y luego «Sam y Travis están ahí fuera». Se acercó a la ventana y vio que se había levantado un fuerte viento que arrojaba polvo y hojas de los árboles contra los cristales, aunque el cielo seguía despejado. —Estoy segura de que volverá en cualquier momento, cariño… —¡Acaban de decir en las noticias que el tornado ha tocado tierra hace unos minutos en Claremore! —la joven parecía al borde de un ataque de nervios —. Papá había ido al supermercado a comprar algunas cosas para la cena de mañana, y ahora…


—Libby, ¿están los chicos contigo? —Sí, y también están preguntando dónde está papá, y yo tengo que llevarlos al sótano, pero…. Carly agarró el bolso y un jersey. No tenía ni idea de lo que se suponía que tenía que hacer, pero de ninguna manera iba a dejar que Libby se enfrentara a eso sola. —Lleva a todos al sótano. Yo llegaré en un minuto, ¿de acuerdo? Corrió al exterior y el viento le azotó el pelo y la ropa, llenándole los ojos y la boca de polvo y tierra. Saltó al interior del coche y condujo hacia casa de Sam, mientras un montón de ramas rotas azotaban el parabrisas. Le dio un vuelco al corazón al pasar por delante de la casa de su padre y ver que su coche no estaba allí. Unos minutos después subía de dos en dos los escalones del porche. Los chicos, y todos los perros y gatos que pudieron reunir, estaban ya en el sótano. Frankie y Wade casi tiraron a Carly al suelo cuando se lanzaron a ella para abrazarla. —Está bien, está bien —susurró, preguntándose de dónde le habría salido ese instinto de protección mientras abrazaba a los niños más pequeños. Los otros tres la miraban, temblando.


—¿Habías visto antes un tornado? —le preguntó Mike. —En Ohio hay muchos, pero no había visto uno antes. Pero imagino que vosotros ya sois unos expertos, ¿no? Todos sacudieron la cabeza. —Tenemos avisos todo el tiempo —dijo Libby, que se había sentado contra una pared, abrazándose las rodillas—, pero nunca había bajado uno a Haven — los ojos se le llenaron de lágrimas—. Me gustaría que papá y Trav estuvieran aquí… —Sí, a mí también —dijo Carly—. Vamos chicos, sentémonos todos juntos. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 128-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Se sentaron en el suelo, apoyando la espalda contra uno de los congeladores. Wade y Frankie se pusieron uno a cada lado de Carly, y ella los abrazó. —Ahora hay que esperar hasta que las sirenas avisen de que está despejado — dijo Libby. Incluso desde el sótano podían oír cómo el viento azotaba brutalmente la casa, cómo las ramas, arrancadas de los árboles, arañaban las paredes y los cristales. La luz se apagó y Libby encendió una linterna a pilas. Nadie habló de las posibilidades, de que pudieran perder la casa, los animales… o algo


peor. Frankie y Wade se apretaron aún más contra Carly y ella les besó el cabello con un gesto tan instintivo que al principio ni siquiera se dio cuenta de que lo había hecho. Entonces, como si de repente alguien hubiera apagado una radio, todo se quedó en un silencio sepulcral. —¿Se ha terminado? —preguntó Wade. —Creo que no —dijo Libby en un susurro. El silencio pareció espesarse un poco más, hasta que Carly sintió que casi le costaba respirar. Entonces lo oyó, el rugido de un tren sin control del que siempre había oído hablar, y era como si ellos estuvieran en su camino, atados a las vías. Libby ahogó un grito y los otros chicos se pegaron más unos a otros. Frankie le tiró de la blusa a Carly y, cuando ésta lo miró, el niño dijo: —¿Crees que es buen momento para rezar? —No nos hará ningún daño —respondió, y el rugido aumentó, intensificándose cada vez más, como un monstruo desesperado por devorarlo todo. Carly cerró los ojos y rezó lo mejor que pudo por su padre, por aquellos niños, por la granja, por toda la gente de la ciudad y por el hombre que, y de repente lo


supo sin lugar a dudas, amaba con todo su corazón. —Ahora sí se ha terminado —oyó que Libby decía, y Carly abrió los ojos, dándose cuenta de que el rugido había desaparecido. Segundos después oyeron la sirena que indicaba que todo estaba despejado. Se levantaron y, con paso vacilante, subieron los escalones que los conducían directamente al exterior. Por un momento, Carly estuvo tentada de pensar que todo había sido un sueño. El aire era fresco y seco y el sol brillaba en un cielo completamente despejado. Pero entonces se giró un poco y tuvo que llevarse una mano a la boca para ahogar un grito. Las construcciones principales aún seguían en pie, gracias a Dios, pero había escombros y barro por todas partes. Cuando miró a la casa, vio que la ventana del comedor había desaparecido. Dirigió la vista hacia la casa de su padre y vio que tanto ésta como el granero seguían en su sitio. Se tranquilizó un poco, pero Sabía que no podría relajarse completamente hasta Saber que Sam, Travis y su padre estaban bien. —¡Oh, diablos! —gritó Libby—. ¡Los cerdos se han escapado! Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 129-133


https://www.facebook.com/novelasgratis Los animales corrían por el campo, ajenos a los intentos de los chicos por meterlos en el único corral que no había sido dañado. Carly se sobresaltó cuando su móvil vibró en el bolsillo. Los cinco chicos se quedaron parados mirándola mientras ella intentaba, presa de los nervios sacar el móvil, que casi se le cayó dos veces antes de conseguir al fin llevárselo al oído. —Gracias a Dios —dijo su padre cuando ella contestó. —Es Lane —les dijo Carly a los chicos, sintiendo que el corazón se le rompía al ver la decepción que intentaban ocultar. —¿Está bien? —preguntó Libby finalmente, y Carly asintió con la cabeza. —¿Esa era Libby? —dijo Lane—. ¿Estás en casa de Sam? ¿Todo está bien? —Básicamente, sí. Mucho desorden, una ventana rota, cerdos por todas partes… —¿Dónde está Sam? Carly se dio la vuelta para que los chicos no la oyeran, y en ese momento vio que el viejo roble había desaparecido. —No… no lo sabemos exactamente. Había ido con Travis a Claremore, y no… —se le quebró la voz— no han vuelto todavía.


—Todo va a salir bien, cariño —dijo su padre con calma. —Sí. Lo sé, pero… —inspiró profundamente y se apartó el pelo de la cara—. ¿Dónde estás? —En la ciudad. Pasé el tornado en el sótano de Ruby. Pero ahora… estoy frente a la casa de Ivy. O lo que queda de ella. —Oh, Dios mío. ¿Ivy está bien? —Aún no lo sé —contestó Lane tras una pausa—. Te llamaré cuando sepa algo. —Sí, yo también —dijo, y volvió a guardarse el móvil en el bolsillo de los pantalones. Entonces miró a su alrededor y vio que, mientras los chicos intentaban reunir a los cerdos, Libby parecía haberse vuelto catatónica, abrazándose a sí misma sin apartar la mirada de la carretera. Carly se acercó a ella y las dos se abrazaron con desesperación, intentando controlar el pánico que comenzaban a sentir. Tras salir del sótano del ayuntamiento, Ivy dobló la esquina que llevaba a su casa y se detuvo en seco. Al parecer, el tornado había decidido llevarse la morera que tenía en la parte trasera de la casa… y unas cuantas cosas más. —Mi casa, mi casa… —fue todo lo que pudo decir, y entonces los brazos de


Lane la rodearon. Su primera reacción fue resistirse, pero algo dentro de ella le dijo «no seas idiota», y además se dio cuenta de lo fuerte que Lane la abrazaba. Como lo haría un hombre muy asustado. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 130-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —Cuando vi la casa… y pensé que podrías estar dentro… —comenzó a decir él. —No lo estaba —contestó, y miró a su alrededor. Las casas que estaban al lado de la suya parecían estar intactas, pero la suya… —. Todo lo que tengo está… estaba en esta casa —se le quebró la voz y Lane le tomó la cara entre las manos, obligándola a mirarlo. —Las cosas materiales se pueden reemplazar —le dijo con voz llena de emoción—. Pero tú no. —¿Qué estás diciendo? —preguntó Ivy al cabo de unos segundos. —Que no eres ninguna sustituta de Dena, y nunca lo has sido. Eres tú misma y eres real, Ivy. Empezaste a curarme el corazón desde el primer momento que te vi y, si me dejas, te voy a amar como nadie nunca te ha amado —la besó y le


apartó el pelo de la cara—. Como nadie nunca te volverá a amar. Ivy se quedó sin palabras, mirándolo a los ojos y sintiendo que algo revivía en su interior. Finalmente, lo único que pudo decir fue «de acuerdo», y al oírla Lane sonrió ampliamente. La tomó de la mano y cruzó con ella la calle. Ivy iba a enfrentarse a otra crisis en su vida, pero aquella vez no iba a hacerlo sola. —¡Papá ha vuelto! Carly sintió que el corazón le daba un vuelco cuando vio aparecer la camioneta totalmente cubierta de barro. Los cinco niños se abalanzaron sobre el vehículo antes de que Sam pudiera apagar el motor. —¿Estáis todos bien? —oyó que él preguntaba. Sam le echó un vistazo a la casa y al granero, asegurándose de que todo estaba más o menos intacto, y después su mirada se posó en ella. —¿Qué ha pasado? —preguntó uno de los chicos. —Cuando el tornado tocó tierra en Claremore, lo único que pudimos hacer fue bajar de la camioneta y tirarnos a una zanja —tomó a Travis en brazos—. Y rezar como nunca antes lo habíamos hecho. —¿Pasó muy cerca? —preguntó Mike.


—Mucho más de lo que yo habría querido —contestó Sam, y todo el mundo se quedó callado. —Hemos perdido el viejo roble —dijo Matt. —Sí, ya lo veo —entonces volvió a mirar a Carly, y el amor que ella vio en sus ojos hizo que se desvaneciera cualquier rastro de duda, dejándola finalmente libre para aceptar lo que nunca habría creído posible. Libby miró a Carly y luego a su padre. —Vamos, Trav —dijo—. Vamos a darte un baño. ¿Chicos? Creo que tenemos que entrar. Un minuto después Sam y Carly se quedaron solos. Ella comenzó a caminar hacia él, cada vez más rápido al ver que Sam sonreía, y cuando finalmente se encontró en sus brazos, rió y lloró de alegría, alivio y amor. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 131-133 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Nunca vuelvas a asustarme de esta manera! —exclamó. Sam sonrió y la besó. Largamente. Después le tomó el rostro salpicado de barro


entre las manos, mirándola maravillado. —¿Viniste para estar con los chicos? —Sí, bueno, no estabas aquí, Libby me llamó y… no podía dejar que pasaran por esto solos —se rió—. Supongo que eso significa que los quiero, ¿no? —Eso diría yo… —Y eso es bastante apropiado, porque también me he enamorado completamente de su padre. Y sí, nunca he estado más segura de nada en toda mi vida. —¿Ah, sí? —preguntó Sam con una sonrisa en los labios. —Sí —contestó con un suspiro—. Imagínate. —Hmmm —dijo él, abrazándola por la cintura y haciendo que Carly sintiera un escalofrío por todo el cuerpo—. La única mujer que me dijo que me quería terminó siendo mi esposa. —Entiendo —protegiéndose los ojos del sol, Carly dijo—: Supongo que no hay más opciones, ¿no? —No desde mi punto de vista. —Esperaba que dijeras eso —contestó Carly, y esa vez fue ella quien lo besó. —¿Qué está pasando?


—¡Quítate de ahí, no veo nada! —Shhh —dijo Libby a sus hermanos. Estaban todos apiñados, mirando por la ventana de la habitación de su padre—. ¡Os van a oír! —exclamó, aunque en realidad lo que quería decir era que ella no podía oírlos, lo que, al fin y al cabo, era el objetivo de aquella escucha. Frankie la tomó del brazo. —No lo he oído… ¿Papá le acaba de pedir a Carly que se case con él? Libby abrazó a su hermano. —Sí, eso es lo que acaba de hacer. —¿Y qué ha dicho ella? —preguntó Wade. —¡He dicho que sí! —gritó Carly, riendo, y Sam miró a sus hijos con los pulgares hacia arriba, dedicándole un guiño a Libby, quien se estaba riendo tanto que parecía que la cara se le fuera a partir en dos. Y cuando miró la fotografía que había de su madre sobre una mesa, casi habría jurado que ella también le había hecho un guiño. Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nº Paginas 132-133 https://www.facebook.com/novelasgratis Fin


Escaneado por Corandra y corregido por birmayo Nยบ Paginas 133-133

Arrastrados al paraiso karen templeton  

Argumento: Carly Stewart se había retirado temporalmente de la danza y estaba desesperada cuando un tropiezo la obligó a empezar...

Arrastrados al paraiso karen templeton  

Argumento: Carly Stewart se había retirado temporalmente de la danza y estaba desesperada cuando un tropiezo la obligó a empezar...

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