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Almas perdidas Karen Sandler 2º Jarret Almas perdidas (2006) Título Original: His baby to love (2005) Serie: 2º Jarret Editorial: Harlequín Ibérica


Sello / Colección: Julia 1587 Género: Contemporáneo Protagonistas: Gabe Walker y Lori Jarret Argumento: Él era un hombre al que no quería volver a ver… Lori Jarret había conocido al duro ayudante del sheriff Gabe Walker cuando todavía no había logrado superar una terrible enfermedad. Él había visto lo peor de ella y la había ayudado a recuperarse. Aunque la había salvado, aquel encuentro había sido más que suficiente para ambos. Pero con su suerte, ¿quién podía ser el invitado sorpresa de la casa que acababa de alquilar Lori y que supuestamente estaba vacía? La tranquilidad que buscaba para reflexionar se convirtió en algo muy diferente gracias al guapísimo agente… sobre todo después de que él descubriera que ella guardaba un secreto… https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 Lori Jarret salió tambaleándose del bar de copas Dos Pasos y entrecerró los ojos para intentar encontrar su coche en el pequeño aparcamiento. Estaba segura de que había aparcado su todo terreno Mercedes entre una furgoneta y un turismo.


Pero ahora todos los coches bailaban delante de sus ojos, cambiando de lugar y haciendo casi imposible encontrar el suyo. Tres copas. Sólo se había tomado los tres cócteles a los que la invitara un tipo con pinta de vaquero. Lori decidió que el vino que había bebido antes no contaba y tampoco los chupitos de tequila. Consideró que estaba lo bastante sobria como para conducir. Cuando se quiso dar cuenta estaba apoyada contra su coche, intentando meter la llave por la cerradura. No recordaba cómo había encontrado el todo terreno ni cómo había llegado hasta allí. Pero pensó que eso ya no importaba, el caso era que estaba allí y sólo tenía que girar la llave y… Se disparó la alarma antirrobo de su coche. El susto la hizo tambalearse y se quedó mirando el coche sin saber qué hacer. No se acordaba de haber dejado la alarma puesta, pero la verdad era que no recordaba nada de nada. Ni cómo había llegado a allí ni cuánto tiempo llevaba en ese sitio. Apretó como pudo el botón de la llave para desactivar la alarma y se apoyó en el coche aliviada. Estaba tan ofuscada que no vio acercarse al hombre, no supo que estaba allí


hasta que apoyó una mano en su hombro. Debería haberse asustado, pero estaba adormecida. El alcohol había hecho que desaparecieran el dolor, la pena y la tristeza. Y eso era precisamente lo que había buscado, dejar que el alcohol resolviera los problemas con los que ella no podía. —Señora —dijo el hombre—. Está demasiado bebida para conducir. —¡Puedo conducir de sobra! Intentó echar un vistazo a su cara, pero no podía fijar la mirada en nada. Todo daba vueltas a su alrededor pero pudo distinguir una placa en su camisa y una gorra de policía. Pudo leer en ella Marbleville antes de que las letras comenzaran a bailar ante sus ojos. —No voy a dejar que se ponga al volante, señora — insistió él mientras le arrebataba las llaves de la mano y activaba la alarma de nuevo—. La llevaré a casa. —A casa no —dijo ella cada vez más mareada—. Eh… un hotel. A un hotel. Con manos fuertes la condujo hasta su coche de patrulla. —¿Dónde está el hotel? ¿En Marbleville o en Hart Valley? A pesar del alcohol, la tristeza la embargó de nuevo. —No, no Hart Valley. La hija me odia. No me quiere. —Entonces en Marbleville. Pero ¿dónde?


Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 2-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Llave. Bolso. A pesar de que él la llevaba, Lori tropezó, sus rodillas se doblaron y habría caído de no ser por el policía. —Gracias —dijo ella. —¿Por qué? —preguntó él con una voz grave y agradable. —Por evitar que… que me cayera. Llegaron al coche patrulla y el policía la apoyó contra el coche mientras abría la puerta. Le colocó la correa del bolso por encima de la cabeza, la ayudó a sentarse en la parte de atrás y le puso el cinturón. —Y no me dejes ningún regalito en el suelo del coche, ¿eh? —le advirtió él. Cerró la puerta y al momento sonó el motor para sorpresa de Lori, que pensaba que el policía estaba aún fuera del coche. Salió del aparcamiento y el mundo comenzó a girar más rápidamente en la cabeza de Lori. —¡Me mareo! —exclamó como pudo. —¡No! ¡Demonios! —dijo él mientras paraba el coche.


Ella intentó aguantarse. El hombre abrió su puerta, sacó las piernas de Lori y le colocó la cabeza entre las rodillas. No pudo evitar vomitar, salvando por poco sus vaqueros de marca. Él le frotaba con delicadeza los hombros mientras el cuerpo de Lori se sacudía por la violencia de las náuseas. Le tendió una toalla para que se limpiara y una botella de agua. —Bébetela toda —le ordenó. Volvió a ponerle el cinturón. Lori se quedó dormida poco después y apenas fue consciente de cómo la acompañó hasta su habitación del hotel. Se desplomó en la cama y, antes de caer de nuevo inconsciente, pudo distinguir la cara del policía y un gesto de comprensión en su implacable rostro. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 3-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1 Dos años después. Aferrada al volante de su Honda Civic, Lori Jarret condujo a lo largo de la carretera buscando el chalet que su amiga Sadie tenía al lado del lago.


Vio el camino de entrada y se metió por él. La estrecha calzada se ensanchaba frente a la casa. Era un extenso chalet de una planta en madera y cristal. Cedros y pinos rodeaban casi toda la casa, menos por el lado que daba a las cristalinas aguas del lago Tahoe. Aparcó al lado de la furgoneta que pertenecía, sin lugar a dudas, al contratista al que Sadie y Tyrell habían encargado algunas reformas en el chalet. Sadie le había dicho que convencería a su marido para posponer esos arreglos hasta después de la visita de Lori. Pero, por lo visto, el contratista no había sido informado del cambio de planes. No le extrañó. Sadie estaba siempre muy liada con su trabajo como enfermera de quirófano y el horario de Tyrell, detective de la policía de Los Ángeles, era más complicado aún. Lori se colgó su bolso de Hermes, salió del coche y se dirigió a las escaleras. La madera de los peldaños crujió bajó cada paso de sus zapatillas de deporte. Le costaba respirar y acostumbrarse al oxígeno más puro de las montañas. Tampoco ayudaba que hubiera sido fumadora durante una década. Últimamente se pasaba la mitad del día durmiendo, intentando recuperarse así de las noches de insomnio y de las nuevas demandas de su cuerpo. Abrió la puerta y entró en el gran salón. Al otro lado de la habitación, en la zona


más cercana a la cocina, había una mesa de comedor y una barra de bar, con un aparador de cristal lleno de botellas. Lori apartó la mirada sin dejar que su mente comenzara a pensar en los contenidos de las mismas. El estómago le recordó que no había probado bocado desde el desayuno. Se imaginó que habría algo en la despensa. Quizá latas de sopa o galletas saladas. Pero sólo pensar en prepararse algo la llenaba de cansancio. Cerró la puerta por dentro y se dirigió hacia el dormitorio principal. Dejó su bolso sobre el mueble y deslizó el pasador de la puerta. Estaba segura de que el contratista tendría llaves de la casa y no quería que entrara en la habitación mientras dormía. Se metió bajo el edredón. Las almohadas y el colchón eran tan suaves que se sintió en el séptimo cielo. Sabía que si conseguía olvidar sus remordimientos, podría dormir y descansar. Pero el silencio de la habitación lo rompía el sonido del viento, sordo y bajo como un susurro. Y los malos recuerdos de las cosas de las que se arrepentía y de la Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 4-121 https://www.facebook.com/novelasgratis gente a la que había hecho daño le volvieron a la cabeza. Y, como siempre, el recuerdo de su mayor vergüenza, las heridas que había infringido a su propia hija.


No iba a llorar. Había usado demasiado las lágrimas en su vida y sólo la habían llevado de un desastre a otro. Y todos los que habían cedido a su llanto, sus padres, su hermana y su ex marido, le habían hecho muy flaco favor. Allí no había nadie que la sostuviera si caía y había llegado el momento de que se diera cuenta de ello. Inspiró y expiró hondamente, intentando relajarse y evitar los sentimientos de culpabilidad. Recordó el octavo de los doce pasos: «Admite y corrige tus errores». Le encantaría estar a tiempo aún de cambiar algunas cosas pero se temía que ya había agotado todas sus opciones. Cuando por fin se quedó dormida, un lejano recuerdo se quedó con ella, un fino hilo que la mantenía aún consciente. Un hombre sujetando con fuerza su brazo, guiándola en mitad de la noche. No había vuelto a pensar en él desde aquel día, había tenido muchas más noches como aquélla, llenas de whisky y ginebra, antes de ver por fin la luz. Pero, por algún motivo, la cara de ese hombre, ya casi olvidado, apareció en su mente instantes antes de dormirse. A su espalda, el lago Tahoe reflejaba la luz del atardecer mientras Gabe Walker se paraba un instante en medio del camino para colocarse mejor la caña de pescar


sobre su hombro y agarrar su captura con la otra mano. Sólo era su segundo día en esa casa y ya había conseguido deshacerse de parte de la tensión con la que había llegado. Se enfrentaba a otra noche en soledad así que decidió aliviarla intentando comprobar si en la televisión por cable de los King echarían el partido de béisbol de los Gigantes. Un inesperado dolor lo detuvo. Siempre había querido llevar a Brandon a un partido de los Dodgers. Intentó no pensar en ello y siguió subiendo el serpenteante camino hasta la casa. Iba rápido y pronto le faltó el aliento. Estaba en forma, pero allí el oxígeno era más puro y no estaba acostumbrado. Hart Valley, en el condado de Marbleville, donde él trabajaba como policía, estaba sólo a unos quinientos metros sobre el nivel del mar. Y Tahoe estaba a unos dos mil. Tampoco lo ayudaba llevar atado al pecho el cinturón de su arma reglamentaria. Cuando llegó al chalet, apoyó la caña junto a la puerta trasera y buscó las llaves en el bolsillo de sus vaqueros. Dejó el chaleco junto a la caña y entró. Dio las luces y fue directo a la cocina, donde dejó la brillante trucha. Se quedó mirando el salón mientras intentaba recordar dónde guardaban los cuchillos. De pronto, se quedó parado.


Había algo distinto. La cadena de la puerta de entrada estaba puesta y el dormitorio donde había dormido estaba cerrado. Sabía que no había hecho ninguna de las dos cosas. Había alguien en la casa y seguramente estuviera registrando en ese instante el dormitorio. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 5-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Atravesó el salón en silencio, sacó su pistola y se acercó a la puerta del dormitorio. Apoyó el oído. Silencio. Quizá ya se hubiesen ido. Quizá tuvieran a alguien que los avisó de que alguien había vuelto a la casa. Intentó abrirla pero estaba cerrada por dentro. Tenía una llave que abría esa puerta, la usó y giró el picaporte silenciosamente. Abrió despacio. Silencio. Abrió más mientras sujetaba la pistola en la otra mano. Parecía estar vacía. Hasta que abrió la puerta del todo, lo suficiente como para ver la cama, no vio que en ella descansaba la rubia más bella que había visto en su vida. Lori Jarret estaba sumida en un profundo sueño y al instante siguiente completamente despierta y con el corazón a mil por hora. Sintió un hormigueo por


los brazos y supo al momento que había alguien más en la habitación. Los miedos y la confusión que la habían llevado a querer aislarse unos días en Tahoe desaparecieron al instante, dejando paso al terror. Tenía que darse la vuelta. Tenía que ver quién estaba allí. Entonces él encendió la lámpara de la mesita y Lori tuvo que cerrar los ojos un instante para adaptar la vista a la luz. Cuando abrió los ojos de nuevo casi le da un infarto. «¡Lleva una pistola!», pensó angustiada. Sólo podía ver el arma, nada más. Hasta la mano que la sostenía se le presentaba borrosa. El cañón de la pistola la apuntaba. Apenas pudo juntar fuerzas y aliento suficientes para hablar. —Por favor, no me haga daño —le dijo. Miró brevemente la cara del hombre y le pareció encontrar un atisbo de culpabilidad en los duros ojos verdes del individuo. —Sube las manos —dijo él sin dejar de encañonarla. Temblando, sacó los brazos de debajo del edredón y los subió. —Lo que quiera… tómelo y márchese. Casi se muere del susto cuando se acercó a ella y comenzó a tantearla de cintura para abajo. Pero se dio cuenta de que lo hacía de manera impersonal. No parecía


haber intención sexual en sus acciones. Estaba comprobando que ella no tenía un arma. Ya la habían cacheado una vez en su vida, cuando la pararon en San Francisco. El policía se había comportado de la misma manera que ese individuo, y se había mostrado de lo más avergonzado cuando supo de quién era hija. El hombre pareció sentirse satisfecho y guardó la pistola. Lori recuperó en parte el aliento y pudo mirarlo a la cara. Tenía hombros anchos, llevaba un jersey gris y la funda de piel de la pistola abrochada alrededor de un musculoso pecho. Era guapo y ese día no se había afeitado. Sus duros pómulos y sus ojos verdes le resultaban familiares pero no sabía por qué. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 6-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y ahora, ¿por qué no me dice qué demonios hace aquí? —le preguntó inclinándose sobre ella. No estaba dispuesta a contestarle hasta que ella misma obtuviera algunas respuestas. —No, ¿qué hace usted aquí? ¿Y por qué tiene una pistola?


—Soy policía —repuso él mientras se sacaba su placa reglamentaria del condado de Marbleville y se la mostraba. Ese movimiento le recordó algo vivido pero no conseguía recordar el qué. Lori se incorporó en la cama, dobló las rodillas y se las abrazó, instintivamente protegiendo su abdomen. —Entonces, usted no es el contratista. ¿Lo ha visto? Se supone que Tyrell tenía que llamarlo… —¿Conoce a Tyrell? —Sí, soy amiga de Sadie. Le temblaban las manos. Necesitaba una copa pero intentó no pensar en ello. —Mire, le agradezco que viniera a ver qué pasaba pero ahora se puede ir. —¿En serio? —dijo él con dureza. Lo conocía. Sabía que era así. Y darse cuenta de ello le hizo sentir un vértigo que le era familiar. Era la misma sensación que tenía cuando despertaba de sus borracheras en el pasado, temiendo haberse acostado con un hombre estando ebria y tener que enfrentarse después con él. Se preguntaba si lo que tanto temía se habría hecho realidad. Claro que, entonces, él también la habría reconocido y no parecía que ése fuera el caso.


Prefirió no pensar en ello. De nada le serviría. —Mire, Sadie me ha invitado a pasar aquí un par de semanas. Me dijo que Tyrell iba a tener a alguien aquí haciendo algunas reformas pero después quedó en llamarlo de nuevo para posponerlo. Así que si ha visto a alguien trabajando en la casa ése era él pero ahora ya no está. —¿La conozco de algo? —le preguntó mirándola con más intensidad. —No creo —repuso ella ocultando su vergüenza como pudo. Le tomó la barbilla con dos dedos y le levantó la cara para estudiarla mejor. La tocó con cuidado pero también de manera impersonal. Aun así, a Lori le gustó el contacto humano, más de lo que debería. —Tengo una cara muy común —dijo ella quitándole importancia—. Lo siento pero, de verdad, ya se puede ir. —Bueno, tenemos un problema —dijo él metiéndose las manos en los bolsillos—. Porque Tyrell me ha dejado la casa durante dos semanas. Así que si alguien se va será usted. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 7-121


https://www.facebook.com/novelasgratis La rubia siguió mirándolo con ojos acusatorios mientras hablaba por su teléfono móvil. Después colgó y se lo devolvió. —Gracias, no tenía ni idea de que mi batería estuviese tan baja. Gabe tomó el móvil y se lo colocó de nuevo en el cinturón. —¿Qué pasa? —Ha habido un malentendido —dijo ella mientras se apoyaba contra la barra y cruzaba los brazos sobre el abdomen. —Ya me imagino. —Cuando Tyrell le dijo a Sadie que alguien iba a hacer unas reformas en la casa, ella pensó que se trataba de un contratista, no de un amigo de su marido. —Sí, pero Tyrell y yo hablamos de esto hace una semana. Me extraña que en ese tiempo no se aclararan las cosas. —Ya, pero es que ella ha estado muy liada en el hospital y él ha estado haciendo turnos dobles. Apenas se han visto estos últimos días. Por lo visto no hablaron hasta esta mañana.


Gabe había tenido apagado el móvil todo el día. Era un gran paso para él y lo mejor para conseguir desconectarse de verdad. Siempre había estado pendiente del teléfono, esperando esa llamada crucial que podría devolver a su vida el sentido perdido. Ya habían pasado diez años, pero a veces los milagros ocurrían cuando menos lo esperabas. Al menos eso le decían. —Entonces, ¿qué hacemos? Ella suspiró desanimada. Pero levantó la vista y ocultó su decepción. —Me vuelvo a casa. Tú has llegado antes y habías sido invitado con anterioridad —le dijo. Gabe casi podía ver el peso que soportaban los delgados hombros de la mujer. Él mismo había tenido esa sensación durante diez años. Necesitaba estar solo y en paz unos días, lo necesitaba más que nada en el mundo. No debería sentirse culpable porque esa mujer tuviera que irse. Pero se sentía fatal. —Mira, no soy el tipo de hombre que va por ahí haciendo favores a mujeres atractivas. —Bueno, yo no necesito ningún favor —repuso ella con sequedad. —Y detesto a las mujeres que usan su fragilidad para conseguir cosas.


—¡Yo no…! —protestó ella enrojecida—. ¡Voy a por mi bolso! —añadió girando en dirección al dormitorio. Tuvo el impulso de ir tras ella y pararla. Le puso la mano en el hombro. Era mucho más frágil de lo que parecía. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 8-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —No hace falta que tengas tanta prisa. Ella lo miró a él y después a la mano que le había puesto en el hombro, dejándole claro que bajo el frágil marco había una mujer fuerte y fría. —Suéltame. —Perdona —se disculpó él apartando la mano—. Lo que quería decir es que… Se paró al darse cuanta de qué no sabía qué había querido decir. Aún sentía su calor en la mano que la había tocado y eso no lo dejaba pensar con claridad. Antes de que se diera cuenta, las palabras fluyeron de su boca para intentar que se quedara allí con él. —Ya está oscureciendo y las carreteras no son muy seguras. —Soy muy buena conductora —dijo ella mirándolo con cautela. Decidió dejarlo así. Le había dado la oportunidad de decidir si quería quedarse


o irse. Pero el duendecillo que lo hacía hablar más de la cuenta volvió a la carga. —¿Por qué no pasas aquí la noche y te vas por la mañana? —le sugirió. Lo miró como si intentara leerle el alma. —No, creo que no. No quería insistir más. En realidad, le debería dar igual si su coche se salía en una de las endemoniadas curvas de la autopista cincuenta, ése no era su problema. Se alejó de ella y Lori hizo lo propio. —El chalet tiene otros dos dormitorios —añadió él sin pensar. —No creo que… —Puedo llevar mis cosas al que está al otro lado del recibidor y usar el otro cuarto de baño —explicó mientras daba a un paso atrás para darle más espacio. Vio que ella estaba dudando. —Mira, Lori, haz lo que quieras —dijo impaciente—. Pero si vuelves a casa será mejor que lo hagas ahora, antes de que oscurezca más. —Si me quedo… —dijo ella levantando la cabeza y tragando saliva—. No vuelvas a tocarme. —¡Oh! Yo no pretendía… —repuso él aún recordando su tacto en los dedos —.


No lo haré. —De acuerdo. Pasaré aquí la noche y me iré por la mañana —asintió finalmente ella. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 9-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2 «Se acuerda de mí», pensó Lori al ver cómo Gabe Walker se dio la vuelta para mirarla de nuevo. Eso hizo que ella lo recordara también. Fue aquella noche en el bar de Marbleville, cuando había estado demasiado borracha para andar o para encontrar su propio coche. A los pocos minutos, Gabe salió de la habitación con una bolsa de viaje colgada al hombro. —Todo tuyo —le dijo mientras pasaba a su lado en el pasillo. —Gabe. El se giró, esperando sus palabras. Nada en su rostro reflejaba lo que pensaba. —Yo también me acuerdo —reconoció ella con un nudo en el estómago—. De


cómo me ayudaste… cuando yo… —prosiguió ella apartando la mirada—. Yo… ya no soy así. Gabe se quedó en silencio unos segundos y luego asintió. —Muy bien —dijo con tono neutral que a ella le sonó a escepticismo. No lo culpaba. Nadie creía a los alcohólicos cuando decían que ya no bebían. —Sólo quería decirte… —dijo ella deseando un trago más que nunca—. Quería darte las gracias. —No lo hice por ti —repuso mirándola de arriba abajo—. Lo hice por lo que podías hacer a los demás. Sus palabras fueron como un puñetazo en el estómago aunque reconocía que se lo merecía. —Gracias de todos modos —dijo ella forzando una sonrisa. Era demasiado atractivo para que Lori pudiera mantener la cabeza fría. No era de una belleza perfecta como la sabandija que la había llevado a la situación en la que se encontraba. Aun así, sus ojos verdes, marcados pómulos y anchos hombros le hacían olvidar todas las razones que la habían llevado hasta allí ese día. —¿Querías algo? —le preguntó mientras seguía frotándose la muñeca. —¿Necesitas ayuda con eso?


Claro que la necesitaba, todas las mujeres querían a un hombre que las ayudase a llevar las cargas. Pero sacudió la cabeza. —Sólo tengo una maleta. También tenía un montón de libros que no quería que viera. No tenía nada de lo que avergonzarse, pero habrían provocado una conversación que no le apetecía tener con un extraño al que no iba a volver a ver después de esa noche. Antes de que pudiera protestar, Gabe tomó su maltrecha maleta Louis Vuitton de entre las manos. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 10-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando volvió al salón, Gabe estaba liado en la cocina. Había encendido un fuego en la chimenea. Era una noche fresca y el calor que desprendían las llamas era irresistible. Se puso frente a ellas, intentando calentarse las manos. —¿Necesitas ayuda con algo? —le preguntó desde allí. —¿Te gusta limpiar truchas? —repuso él mientras cortaba el pescado en una tabla de madera. —La verdad es que no —dijo ella con el estómago revuelto. Era aún pronto para sentir náuseas pero se sintió mal de todas formas.


—Entonces no necesito ayuda —le dijo mientras se disponía a abrir la trucha de arriba abajo. Lori apartó la vista antes de que usara el cuchillo. —Perdona, se me ha olvidado algo —dijo ella mientras corría hasta su habitación y cerraba la puerta. Allí intentó tranquilizarse, respirar profundamente y controlar su revolucionado estómago. Cuando empezaba a sentirse mejor, Gabe llamó a su puerta. La abrió y lo vio allí, con el mismo aspecto impasible de costumbre. —He pescado más trucha de la que puedo comer pero no soporto la idea de que se eche a perder… —No me gusta mucho el pescado —repuso ella sintiendo de nuevo las náuseas. —Muy bien —dijo él mientras volvía hacía la cocina. A medio camino se giró de nuevo hacia ella. —No estarás haciendo alguna de esas dietas tan ridículas, ¿verdad? Porque ya estás bastante delgada. —Lo que coma o deje de comer no es asunto tuyo —le respondió ella. Nada más pronunciar las altaneras palabras le vino a la memoria su madre y


se arrepintió. —Perdona, es que… —dijo sin apenas energía—. Ha sido un viaje largo y estoy agotada. —Ya me doy cuenta —repuso mirándola de arriba abajo. —Creo que me voy a echar un rato —le comentó ella, contrariada por hallar en él más desprecio que comprensión. —Buena idea —dijo él mientras volvía a la cocina. —¿Te importa si me acuesto al lado del fuego? —Bueno, pero tengo que cocinar, no voy a ir de puntillas para que puedas dormir. —No, no. Desde luego —dijo ella—. Es que tengo un poco de frío. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 11-121 https://www.facebook.com/novelasgratis La verdad era que no podía soportar la idea de estar sola, eso agudizaba más su dolor. Se había propuesto tomar las riendas de su vida y valerse por sí misma pero eso no significaba que tuviera que aislarse de otros seres humanos. Esa


debilidad podía permitírsela. «¿Por qué no he preparado la trucha? ¡Estaba deseando cenar trucha!», pensó Gabe irritado. En vez de cocinar el fresco pescado había decidido preparar una sopa. Si tenía suerte, podía ser incluso del agrado de su quisquillosa compañera de piso. No sabía por qué le importaba. Ella era el tipo de mujer que siempre evitaba, de las que tenían más problemas que sentido común. Pensaba que ella, como había sido su ex mujer Krista, era el tipo de persona que guarda secretos en su interior. Y para cuando los hombres se daban cuenta de cuáles eran realmente sus intenciones, ya era demasiado tarde. Cuando terminó de cocinar fue hasta el sofá donde dormía ella. Le rozó el brazo con delicadeza. Ella se sobresaltó y lo apartó. Abrió los ojos y lo miró, confundida, como si no supiera dónde estaba. —La cena está lista —le anunció él mientras se metía las manos en los bolsillos. —¿No has hecho el pescado? —No, me apetecía más una sopa. De verduras en conserva y con algo de carne


—le dijo viendo cómo ella se incorporaba y retiraba el pelo de la cara—. Nada del otro mundo. —Suena bien. Aún tenía la voz dulce y soñolienta. Gabe no pudo evitar sentir un escalofrío al oírla. —¿Cenamos en la mesa? —He encontrado algunas mesitas plegables y eso es lo que usaré. Me apetece comer frente al fuego. —A mí también me gustaría —repuso ella sonriente. Ella dispuso las mesas y él fue a la cocina. Ella llevó el pan y él los cuencos con la sopa. Lori había colocado las mesas cada una a un extremo del sofá, tan alejadas como pudo. Dejó el pan en el sofá para que fuera accesible para los dos. La observó mientras comía. Lo hacía con avidez. Tomó un trozo de pan y sus manos temblaron. —¿Cuánto hacía que no comías? —preguntó preocupado pero también irritado. —Bueno, fue en el desayuno… —confesó ella ruborizada. —No puedes pasarte todo el día sin comer. Estás tan delgada que te podría


llevar el viento si se levantara un vendaval —le dijo impaciente. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 12-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bueno, no quería perder tiempo de camino aquí. —Pero podías haberte desmayado mientras conducías y matarte. Entonces no tendría mucha importancia el tiempo que tardaras en llegar aquí, ¿verdad? —Vale, tienes razón —dijo ella tomando más pan para mojar en la sopa—. Necesito comer. Siguió con la sopa, esta vez más despacio. Intentando no parecer tan ansiosa o hambrienta como antes. Gabe se dio cuenta de que seguía observándola y no era buena idea. Movió su mesita para ponerla frente a la chimenea y algo más apartada de ella. Se dedicó a terminar la sopa. Cuando terminó, se levantó. —Hay más si quieres —le dijo. El cuenco de ella estaba aún medio lleno. —No, ya he comido bastante —anunció antes de tomar su vaso de agua y beber con ganas.


Gabe volvió a la cocina y se sirvió otro cuenco de sopa. Al volver al salón se cruzó con ella, que llevaba sus cosas al fregadero. La observó mientras enjuagaba el cuenco y el vaso. Se preguntó si después volvería a su dormitorio para esconderse allí. Pero después de meter las cosas en el lavavajillas, Lori volvió al salón. Se sentó en un extremo del sofá con la manta por encima. —Así que eres jefe de policía. —No, soy el segundo a bordo. Brent Larkin es aún el jefe. —Me acuerdo de él. De cuando… —dijo ella interrumpiéndose y agachando la cabeza. No parecía querer terminar la frase. Así que Gabe tomó la iniciativa de la conversación. —¿Eres de Marbleville? —De San Francisco. Pero viví en el condado de Hart Valley unos años. Debía de haber sido antes de que él comenzara a trabajar allí hacía ya seis años. De otra forma, la habría reconocido cuando la había visto en el bar Dos Pasos. —¿Vivías en el pueblo? —No, en las afueras. Seguro que no lo conoces — dijo mientras se levantaba


para recoger los platos de Gabe—. Deja que los lleve a la cocina. Intentó tomarlos antes que ella pero sólo consiguió que sus dedos se rozaran. Ella se quedó de piedra y apartó la mirada. —Ya los llevo yo, gracias —dijo él. —Tú has cocinado. Lo justo es que yo limpie la cocina. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 13-121 https://www.facebook.com/novelasgratis No tenía sentido que le llevara la contraria, ni que no moviera las manos cuando había prometido que no la iba a tocar. Pero, aun así, cumplir su palabra le estaba resultando más duro de lo que pensaba. Lori se levantó, tomó las cosas y él dejó que lo hiciera. Odiaba cómo su cuerpo estaba respondiendo a su contacto. Aún podía notar su calor en las palmas de la mano. La siguió hasta la cocina, pero siempre manteniendo suficiente espacio entre ellos como para que estuvieran cómodos. Limpió las mesitas con el rollo de cocina y las guardó de nuevo en la despensa. Entonces se quedó sin excusas para estar cerca


de ella y tampoco entendía, por más que lo intentaba, por qué quería estar allí. —¿Quieres café? —¿Hay descafeinado? —preguntó ella mientras cerraba el lavavajillas. —No, sólo normal. Lo siento. —Entonces voy a pasar. —A lo mejor quieres echar un vistazo a este armario. Sé que a Sadie le gustan las infusiones y esas cosas. Ella se quedó parada, como si le hubiera hecho una extraña sugerencia. Pero sólo esperaba a que él se apartara para mirar en el armario. Después de rebuscar un rato, sacó una cajita de la parte de atrás. —Menta poleo. Esto me vendrá genial —dijo con una sonrisa. Era sólo la segunda sonrisa que veía en su preciosa cara y, en ese instante, entendió a todos los pobres imbéciles que hacían cualquier cosa por una mujer como aquélla. Su rostro podía iluminar una habitación a oscuras. No dijo ni una palabra más, ni hizo falta, al momento se convirtió en su esclavo. «No debería haberle sonreído», pensó Lori. Vio en él la reacción que había visto antes otras veces en otros hombres. Lo hacía sin esfuerzo y sin intención pero


sabía que había conquistado una parte de él. Al menos la parte física. En el pasado lo había usado con asiduidad, era un arma poderosísima que le daba a cada momento lo que necesitaba, conseguía lo que quería de los hombres. Gabe se estiró para sacar dos tazas del armario superior. Su estilizado cuerpo era una tentación difícil de resistir. Pensó que quizá Hugh tuviera una cara más perfecta pero no le llegaba a Gabe Walker ni a la suela de los zapatos. Aun así, se había dejado engañar y que la llevara a la cama, bajo falsas promesas de amor. Con lo que le había costado salir adelante y valerse por sí misma, aún no podía creerse que hubiera caído en la vieja trampa. No podía confiar en lo que le decía un hombre, sobre todo si era un hombre apuesto como Hugh. Pero éste, por suerte para ella, ya había desaparecido de su vida. Se desvaneció en cuanto le dijo lo que pasaba. Y, en cuanto superó la primera sensación de pánico al verse abandonada, se dio cuenta de que estaba mejor sin él, sobre todo después de ver su verdadera naturaleza. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 14-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Gabe le tendió una de las tazas y ella colocó dentro una bolsita de poleo. La tetera comenzó a silbar, la tomó y vertió el agua hirviendo. Mientras tanto,


Gabe se servía su café. Olía fenomenal. Le hubiera encantado tomarse una taza pero no podía permitírselo. Alcohol, cafeína y hombres. Eran sus tres demonios y estaba decidida a no caer en ninguna de esas tentaciones. Gabe no añadió ni leche ni azúcar a su café. Así le gustaba también a ella. No le quitaba ojo mientras lo bebía. —¿Vas a tomarte la infusión antes de que se enfríe? —le dijo. —¿Hay miel? —Creo que sí, en la parte de atrás. Los dos se volvieron hacia la despensa y habrían chocado si Gabe no la hubiera tomado por los hombros. —Perdona —se disculpó él. Quería moverse y zafarse así de sus manos, pero el contacto le sentaba muy bien. Deseaba tanto tener ese tipo de calor y apoyo. Intentó moverse pero sus pies no le respondían. Lo mismo le había pasado con Hugh. Lo conoció en una de las reuniones y, cuando le sonrió y tomó de la mano, ella se sentía aún tan débil, después de sólo ocho meses sin beber, que su contacto hizo que se deshiciera por dentro. Pero entonces era otra mujer, ahora era más fuerte. Tenía que luchar por cada


progreso que hacía. La desesperaba ver lo débil que podía sentirse otra vez cuando un hombre la tocaba. Él apartó las manos, tomó su taza de café y se apoyó en el fregadero. —En el segundo estante. En la parte de la derecha —le indicó desde allí. Por un momento no entendió sus palabras, luego se acordó de la miel. La encontró donde le había dicho. —Así que vives en San Francisco… —Sí, en Noe Valley —dijo ella mientras endulzaba su poleo. —Es una zona muy cara. —Es un apartamento muy pequeño —aseguró quitándole importancia. Lo cierto era que todo el edificio pertenecía a sus padres y había tenido que ceder y aceptar su oferta para vivir allí. Su trabajo en el centro juvenil no le daba para mucho más que comida y pagar los recibos. Así que se alegraba de no tener que costear el alquiler. De ese modo, no se vería obligada a tocar su fondo fiduciario para cubrir sus gastos. Mientras no lo hiciera, podría mantener una relativa independencia. Era lo más cercano a ser autosuficiente que podía permitirse por el momento. La infusión era dulce y cálida. Sintió cómo llenaba todo su ser. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe


Nº Paginas 15-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Gracias —le dijo a Gabe. —¿Por qué? —preguntó extrañado. —Por sugerir la infusión —dijo mientras tomaba otro sorbo—. Es justo lo que necesitaba. Hubiera preferido un negro y estimulante café pero se conformaba con el poleo. —Lo dices como si nunca te hubieran hecho un favor. La miraba con sus grandes ojos verdes de una forma tan penetrante que parecía poder leerle el pensamiento. —Me han hecho demasiados —repuso ella pensativa y sin retirar la mirada de la taza—. Y ahora me doy cuenta de que así no me hacían ningún favor. Gabe la observó mientras terminaba la infusión. —¿Me permites? —dijo ella mientras le indicaba con un gesto que quería dejar la taza vacía en el fregadero. Esperó a que se quitara de en medio y él lo hizo porque no confiaba en sí mismo. Aunque había prometido no tocarla, no sabía si podría resistir la tentación. —Claro —dijo mientras se apartaba del fregadero.


—Gracias —contestó ella manteniendo una prudente distancia. Abrió el grifo y enjuagó la taza y la colocó en el lavavajillas. Se secó las manos y se giró hacia él. Un mechón había caído sobre sus ojos. Se moría de ganas de acercarse para retirarlo de su cara. Y de paso acariciar su cara, pasar su dedo sobre sus labios y cubrirlos con su boca. Hizo lo posible para quitarse esas imágenes de la cabeza. Ella misma se apartó el pelo de la cara. —Voy a acostarme. Mañana tengo un viaje muy largo. El recuerdo de que se iba al día siguiente lo incitó a pensar en las posibilidades. Podrían tener una noche loca y nada más. A las horas desaparecería de su vida para siempre. Sin problemas ni ataduras. Pero se rió de sí mismo por pensar en esa locura. Estaba claro que hacía demasiado tiempo que no estaba con una mujer. —Hasta mañana entonces —le dijo. —Bueno, lo más seguro es que me vaya antes de que te levantes. Quiero salir temprano. Algo le dolió dentro al pensar en despertarse y que ella no estuviera ya allí. —Voy al pueblo mañana para comprar algunas cosas. Será mejor que te siga hasta allí.


—No es necesario. —Hazme caso, por favor. Ella dudó un momento. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 16-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —De acuerdo. Te esperaré. Se metió en el dormitorio y dejó a Gabe sólo con sus pensamientos. Intentando entender por qué era tan importante para él pasar una hora más con esa mujer. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 17-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 Ya fuera por la paz, el olor a madera de pino que entraba en la habitación o por su propio cansancio, el caso fue que Lori durmió fenomenal. Eran casi las siete y media cuando salió del dormitorio. No vio a Gabe en la cocina ni en el salón. Se preguntó si estaría aún dormido. Vio una bandeja de magdalenas de arándanos en la meseta de la cocina y la


jarra de café a medias. Oyó un ruido en la puerta trasera y lo vio entrar con un montón de leña bajo el brazo. —Buenas —dijo él. —Buenos días. Entró y dejó la madera al lado de la chimenea. Llevaba una gruesa cazadora vaquera encima de una camiseta. A Lori le pareció ver en ella el logotipo de la policía de Marbleville cuando se agachó para colocar la leña. Usó el atizador para avivar el fuego y se volvió hacia ella. —He hecho magdalenas. —Ya lo he visto. Tienen una pinta estupenda. —Sólo había que añadir leche y un huevo —confesó quitándole importancia —. Pruébalas. La tetera silbó y Lori corrió a la cocina. —Come una magdalena, yo no puedo con todas — le ofreció él. Lori intentó tragar otro sorbo. —No, gracias. A lo mejor me llevo una para el camino. Gabe se sirvió una taza de café y apoyó una cadera contra la barra. —Te he mirado el nivel de aceite. —No tenías por qué hacer eso.


—Bueno, no conozco a ninguna mujer que sepa cómo mantener bien un coche —dijo mientras tomaba el café—. El neumático derecho de atrás tenía poco aire. Deberías parar en la gasolinera del pueblo. —Muy bien. Gracias. La infusión no estaba consiguiendo que se sintiera mejor. Intentó controlarse para no tener que ir al baño. Pero su estómago era como una lavadora en pleno centrifugado. Sabía que esa batalla iba a perderla. —Perdona —dijo como pudo mientras corría a su habitación. Se golpeó un codo en la puerta y el dolor hizo que se sintiera aún peor. Llegó al baño justo a tiempo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 18-121 https://www.facebook.com/novelasgratis No había mucho que vomitar, sólo había podido beber un poco de poleo. Cuando pudo, se levantó, tiró de la cadena y se enjuagó la boca en el lavabo. Su vacío y contradictorio estómago rugía entonces de hambre. Esta vez decidió comenzar con la magdalena. O quizá le vinieran mejor unas galletitas saladas. Las buscaría en la despensa. Si no, compraría un paquete en la


gasolinera cuando parara allí. Abrió la puerta el baño y se sobresaltó al ver a Gab esperándola al otro lado. —¿Qué pasa? ¿Ya estás preparado para irte? —¿Qué te ha pasado? —Nada —dijo ella mientras recogía su neceser y pasaba a su lado en dirección al dormitorio. Sobre la cama aún descansaba su recatado camisón de franela. Avergonzada, lo metió en la maleta deprisa, con la esperanza de que no lo hubiera visto. —Hace un minuto estabas tan pálida como un fantasma. —El poleo no me sentó bien —dijo ella sin levantar la vista y cerrando la maleta. —Deja que lleve eso —repuso él señalando el equipaje y con cara de escepticismo. —Ya la llevo yo —dijo ella. —Como quieras. Gabe salió del dormitorio, tomó su cazadora y se dirigió a la puerta principal. La sostuvo abierta para que pasara ella. —¿Recuerdas como salir de aquí? —Sí, aún tengo las indicaciones en el coche.


Salió antes que ella y abrió el maletero del coche. Dejó que fuera ella quien metiera la maleta y cerró la compuerta después. —¿Tienes tu móvil? —Sí, en el bolso. Encontró el cargador en la maleta la noche anterior y lo había tenido conectado a la batería del teléfono toda la noche. —Dame tu número —le dijo Gabe mientras tomaba su propio teléfono. Ella se lo dio. —Y ahora graba el mío por si tienes algún problema en el viaje. Obediente, sacó su móvil del bolso e hizo lo que Gabe le pedía. Entró en el coche y encendió el motor. Intentó cerrar la puerta pero él se había metido en medio. —Y recuerda llenar la rueda trasera. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 19-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Vale. Gracias por todo —dijo cerrando la puerta por fin. Esperó a que Gabe entrara en la furgoneta y la colocara tras ella para salir al camino. De día las curvas eran mucho más llevaderas y fáciles de lo que


habían sido la tarde anterior. El cielo estaba despejado y brillante. Y una agradable brisa movía las ramas de los pinos y los cedros. Era el tipo de día que debería alegrarla pero estaba cada vez más triste. «No quiero alejarme de este sitio», se dijo. Se dio cuenta de ello mientras entraba en la autopista que llegaba hasta el pueblo más cercano. Se había concedido el lujo del tiempo, había decidido darse dos semanas fuera de la rutina de la ciudad para pensar en su nueva situación y en las decisiones que tenía que tomar. Se sentía resentida por tener que irse tan pronto y deshacer sus planes. Quería culpar a Gabe, el hombre que la seguía, de cómo se sentía. Así era como solía hacer las cosas en el pasado. Siempre había algo o alguien ajenos a ella a los que hacer responsables de sus emociones. Al hacerlo, se apoyaba en esa persona para que arreglara sus problemas. Eso hacía las cosas más sencillas. «No quiero alejarme de él», pensó. Aquello sí que era una locura. Apenas lo conocía pero durante las pocas horas que habían pasado juntos se había dado cuenta de que era un hombre seguro y fuerte. El tipo de hombre que le gustaba. Con Hugh le había pasado algo parecido, sólo que había confundido su arrogancia con seguridad. Él había parecido encantado de tomar las riendas de la vida de Lori. Por


dentro era un hombre despreciable y eso sólo le recordaba lo difícil que le era llegar a conocer a la gente de verdad. Llegaron a una recta con árboles gigantes a los lados. Lori aceleró. Había pocas casas en esa zona y apenas había tráfico. La zona comercial estaba ya cerca. Allí se separarían. Sintió dolor al pensar en el momento en el que ella entraría en una gasolinera y él seguiría su camino, quizá haciéndole un último gesto de despedida con la mano. Apartó la vista de la carretera una décima de segundo, el tiempo suficiente como para mirar por el retrovisor. El ciervo salió de la nada, apareció de pronto frente a ella. Sólo tuvo tiempo de ver el tamaño del animal, su piel marrón y su cornamenta. De forma instintiva, viró bruscamente para evitar chocar contra el animal. Éste saltó hasta el otro lado y desapareció de nuevo. Pero en el campo de visión de Lori apareció un camión que iba en sentido opuesto al suyo, haciendo sonar el claxon. Por un momento no entendió qué hacía el camión yendo hacía ella, hasta que se dio cuenta de que se había metido en el carril contrario al evitar al ciervo. Giró de nuevo violentamente a la derecha, rezando para que el coche reaccionara a tiempo.


Al ver el desastre que se avecinaba, Gabe no pudo hacer otra cosa que observarlo impotente. Sólo podía ver el coche plateado de Lori y el ciervo. El tiempo pareció detenerse cuando vio cómo Lori se metía en el carril contrario y el camión iba hacia ella. Con las manos aferradas al volante intentó transmitirle su fuerza, rezando para que lograra girar a tiempo y salvarse. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 20-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando viró, la maniobra fue tan violenta que su turismo se salió de la carretera, patinó unos metros y encalló en tierra blanda, con los neumáticos del coche aún girando. La parte de atrás del coche chocó contra un pino, que hizo que el automóvil se detuviera por fin. Aparcó al lado de su coche y encendió las luces de emergencia. Se alegró de ser él el que la estuviera siguiendo. Cualquier otro conductor podría haber estado conduciendo demasiado cerca al coche de Lori y se habría chocado con él sin tiempo para frenar. No quería ni pensar en lo que le podría haber pasado a ella si alguien hubiera colisionado con su coche. Salió de la furgoneta y se acercó al coche. Lori tenía las manos sobre la cara. El airbag, inflado, se hallaba entre el volante y su abdomen. Respiraba con rapidez pero superficialmente. Abrió la puerta y le echó un primer vistazo


para intentar localizar alguna lesión. —Tranquila. Si sigues respirando así te vas a desmayar. Apartó las manos y lo miró con sus enormes ojos. —¡No lo vi! ¡No pude…! Saltó y… Comenzó a temblar con tal violencia que Gabe se preguntó si estaría entrando en estado de shock. —¿Te has golpeado la cabeza? —le preguntó mientras le palpaba el cráneo. —No —dijo ella quitándose el cinturón y colocando la mano sobre el estómago—. Creo que estoy bien. —¿Dónde tienes el teléfono? Voy a llamar a una ambulancia. —No puedo permitirme… —dijo interrumpiéndose para mirarse la tripa—. De acuerdo —añadió sacando el móvil del bolso. El conductor del camión también se había detenido y se acercó para comprobar cómo estaba Lori. —¿Está bien? —Creo que sí —contestó Gabe mientras llamaba por teléfono. Gabe habló con la patrulla de carreteras. El conductor del camión escribió algo en el dorso de una tarjeta de visita y se la entregó a Lori, que la guardó en su bolso.


El hombre volvió a su camión y continuó la marcha. El tráfico se había congestionado algo en pocos minutos ya que todo el mundo aminoraba la marcha al pasar al lado del coche accidentado. —¿Tienes bengalas? —le preguntó Gabe cuando colgó. —No estoy segura, déjame ver —dijo mientras accionaba con mano temblorosa la palanca que abría el maletero. Se giró en su asiento e intentó levantarse pero Gabe le puso una mano en el hombro para detenerla. —Espera, yo tengo alguna en la furgoneta. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 21-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Gabe cerró el maletero de Lori de nuevo, encontró las bengalas en su camión, las encendió y colocó en la carretera. Así estarían más seguros. Cuando volvió al coche, se encontró a Lori con la cabeza entre las rodillas y no pudo evitar acordarse de una escena parecida, dos años atrás, cuando vomitó en la parte de atrás de su coche. Instintivamente buscó una botella vacía en el asiento de copiloto pero se dio cuenta de que ése no era el caso. Había sido un accidente y la


había afectado mucho. Lori se irguió y le sonrió con languidez. —¡Uff! ¡Qué mareo! Casi vomito. Un mechón de su sedoso pelo había escapado de su coleta. Casi sin darse cuenta de lo que hacía, Gabe lo apartó de su cara y colocó tras la oreja. Notó cómo el pulso de Lori se aceleraba y sus miradas se cruzaron por un instante. Con voluntad de hierro y en contra de sus deseos, retiró la mano. —Voy a llamar a una grúa —dijo apartándose del coche. Había sido muy duro mantener las distancias en el chalet pero entonces, viéndola tan vulnerable tras el accidente, lo era mucho más. Sentía que su sentido común lo estaba abandonando. Se acercó a la furgoneta y abrió la guantera. Tomó el móvil y al hacerlo, vio la foto de Brandon que había pegado allí con celo. Era la última fotografía que tenía de él. La encontró al revelar una cámara de usar y tirar después de que su hijo desapareciera. El dulce niño, de sólo tres años, le sonrió desde la imagen. Tenía el pelo de punta y unos traviesos ojos verdes. Sólo la memoria de su hijo podría hacer que recobrara el sentido perdido. Al fin y al cabo, había decidido escaparse a Tahod


durante dos semanas para reflexionar y afrontar su nueva vida, una existencia en la que su hijo no estaba ya, no para ligar con una mujer ni para dar rienda suelta a sus necesidades físicas. Se besó los dedos y los acercó con cuidado a la foto de su hijo. El gesto agudizó más el dolor que llevaba siempre consigo. Después salió de la furgoneta y llamó a un taller de asistencia en carretera. —¿Una semana? —repitió Lori mirando perpleja al mecánico del taller. Jim, el grueso empleado se encogió de hombros a modo de disculpa. —Nos tienen que enviar el panel de la puerta y el nuevo airbag de Sacramento. Lori se imaginaba que no iba a poder volver a casa ese día pero una semana parecía demasiado tiempo. —¿No puede arreglar las abolladuras y ya está? El hombre sonrió mientras le lanzaba una mirada a Gabe. —No puedo dejar que se vaya sin el airbag, señora. Y el árbol ha hecho mucho daño al coche. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 22-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Se sentía tan frustrada que quería llorar. Había sido demasiado para un solo


día. —¿Cuánto tardará en instalar los airbag? —preguntó levantando la cara. —Dos o tres días. A lo mejor su maridito le deja usar la furgoneta entretanto — le dijo el empleado riendo—. Si se fía de usted como conductora, claro. —Haga el trabajo y cállese, Jim —le dijo Gabe interviniendo. —Sí, señor. Lo llamaré en cuanto el coche esté listo. No le había hecho falta enfadarse ni levantar la voz. Sólo con su tono autoritario había conseguido que una estúpida sonrisa desapareciera de la cara de Jim. Le colocó la mano en la espalda y guió a Lori fuera del taller y hasta donde el conductor de la grúa había dejado su coche, allí recogieron sus cosas y se metieron en la furgoneta de él. —¿Adonde te llevo? —A una empresa de alquiler de coches, supongo —dijo ella. —¿Vuelves a casa? —Claro, ¿qué voy a hacer si no? —Quédate en un hotel. Ella negó con la cabeza. Eso sería más caro aún que un coche de alquiler. —A lo mejor hay autobuses hasta San Francisco. —No te puedes quedar en el chalet —afirmó él con tono de enfado.


—No, tú llegaste antes. —Y no me voy a ir —le dijo. —Tampoco te lo he pedido. —Sólo porque dejé que te quedaras allí una noche no quiere decir que podríamos estar así dos semanas. Dos semanas con Gabe Walker. Sólo pensar en ello la aterrorizaba tanto como le gustaba. —No podemos quedarnos allí los dos. La miró desde el volante. Un montón de emociones contradictorias se amontonaban en sus ojos verdes. —¡Es ridículo! —¿El qué? —Que conduzcas hasta San Francisco. Deberías darte la vuelta y quedarte. —Ya te lo he dicho. No puedo permitirme quedarme en un hotel —dijo ella levantando la cabeza y decidida a mantener su orgullo a pesar de todo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 23-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —No vayas a un hotel —consiguió decir él a duras penas—. Quédate en el chalet. Conmigo.


«¿Me he vuelto loco?», pensó Gabe en cuanto le sugirió que se quedara en el chalet. Debía de estar perdiendo la cabeza, por no hablar del sentido común. —Quédate hasta que te arreglen el coche. Creo que podemos estar en el chalet y no estorbarnos. —Será mejor que no me quede —dijo ella despacio, sintiéndose de pronto muy cansada. —Voy a estar muy ocupado haciendo reparaciones en el chalet. Y cuando no esté trabajando, estaré pescando en el lago. Lo más seguro es que ni nos veamos. Una parte de él rezaba para que ella denegara la invitación y poder quedarse en soledad con su dolor. La foto que había metido en su bolsillo era lo que verdad le importaba y llenaría las dos próximas semanas. Pero ella le sonrió y casi se le para el corazón. —Disfruté mucho con la cena de anoche. El recuerdo de la agradable velada lo llenó también, pero decidió apartarse de ese camino. —Sí, pero no esperes que cocine para ti —le advirtió con frialdad. —Claro que no —dijo ella apartando la mirada con la cara enrojecida.


Se preguntó si estaría jugando con él. Dándole una de cal y otra de arena. Así era como lo manejaba Krista. Quizá Lori fuera tan manipuladora con lo había sido su ex mujer. —Ya veremos qué tal salen las cosas —dijo encendiendo el motor de nuevo —. Entonces, te quedas, ¿no? —Sí, es lo más razonable. Dio marcha tras y salió del aparcamiento. —Sólo he comprado suficiente comida para uno y no vi provisiones en tu coche. —No, planeaba hacer la compra hoy en el pueblo. Hablaba con voz temblorosa. Gabe aprovechó un semáforo en rojo para mirarla. Estaba completamente pálida. Parecía estar a punto de desmayarse. —¿Qué pasa? —le dijo controlándose para no tomar su mano entre las suyas. El semáforo cambió a verde y el coche de atrás hizo sonar el claxon con impaciencia. Gabe gruñó y condujo hasta el primer aparcamiento que vio, donde detuvo el vehículo. La voluntad lo abandonó y tomó su mano, estaba fría como el hielo.


—¿Te encuentras mal? Háblame. —Estoy mareada. Creo que debería haber comido algo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 24-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Estoy de acuerdo —dijo mirando a su alrededor—. Pon la cabeza entre las rodillas, vuelvo en un minuto. Vio una pequeña tienda de comestibles cerca de allí y corrió hasta ella. Compró galletas saladas, queso y zumo de naranja. Lori se incorporó al sentir que entraba en la furgoneta. Tenía un poco más de color pero parecía hambrienta. —Seguramente te encuentres así por el shock del accidente y el hecho de que apenas has comido nada en todo el día —le dijo ofreciéndole unas cuantas galletas saladas. —Sí, seguramente —le contestó ella mientras las comía, bebía el zumo con ansia y aceptaba el queso—. Gracias —añadió. Volvió a sonreír. Había algo en ese gesto que podía con Gabe, era más de lo que podía soportar.


Se preguntó si se habría sentido así por Krista. Incluso al principio, cuando estaba seguro de que la amaba, mucho antes de que le rompiera el corazón, no recordaba haber sentido una emoción ni parecida a lo que acaba de vivir en ese instante. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 25-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4 Gabe le mostró un pollo envasado a Lori. —Podemos compartirlo —dijo con frialdad e impaciencia. —Cuesta demasiado —repuso ella sosteniendo una bandeja con seis muslos. —Entonces lo pagaré yo —dijo Gabe dejando el pollo de la discordia en el carro. —No, yo pago mis cosas —repuso ella sacando el paquete y dejándolo de nuevo en la cámara frigorífica. —Dos plátanos, un pequeño brécol, la barra de pan más pequeña de la tienda… ¿Qué tipo de ridícula dieta estás siguiendo? —la acusó él mientras agarraba con fuerza el carro.


La única dieta de Lori la imponía su bolsillo. Tenía un presupuesto limitado para ese viaje y las elecciones de Gabe estaban amenazando con acabar con él en un solo viaje al supermercado. —Sé cuánto como y no tiene sentido que compre más de lo que puedo consumir. Al llegar a la caja pagó contando con cuidado cada billete y él la ayudó con las bolsas. La tensión que había entre ellos, sumada al estrés del accidente y los continuos cambios de su cuerpo, consiguió agotar la poca energía que le quedaba. Sólo quería volver al chalet y meterse en la cama. —Deberíamos cambiarnos —le dijo en la furgoneta. —¿Qué? —preguntó él confuso y con algo de irritación en el tono. —Tú deberías quedarte en el dormitorio principal y yo pasaré a uno de los pequeños. —Pero entonces tendrías que usar el lavabo al otro lado del pasillo. —No tengo problema. —Pero yo sí. —No me importa… —¡No!


—Pero… —Prefiero dejar las cosas como están. Así no tengo que mover todas mis cosas de nuevo. ¡Te quedas dónde estabas y punto! —dijo enfadado. —Si quieres que vuelva a casa… —¡Déjalo ya! —Pero es que me parece que estoy imponiendo algo que no quieres hacer y… Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 26-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Déjalo ya, Lori! —repitió él enunciando con cuidado cada palabra mientras se detenía ante un semáforo en rojo. Las lágrimas se acumularon en su garganta. No sabía por qué. Se frotó los ojos con las manos y supo que él la estaba observando, con su mirada implacable. Esa vez estaba siendo distinta que con Jessie. Entonces dejó la bebida de repente en cuanto se enteró de que estaba embarazada y sufrió la abstinencia. Ahora, en cambio, llevaba meses sobria y siguiendo el programa a rajatabla. Con Jessie había


estado tan alterada por la abstinencia que eso era lo único que había sentido durante los nueve meses, su deseo de tomarse una copa. Intentó no pensar en Jessie y amurallar su corazón dejando el dolor fuera. Ése era, al fin y al cabo, el principal propósito de las dos semanas de tranquilidad y paz que había querido encontrar en Tahoe. Necesitaba estar sola y meditar. Tenía que reconciliarse con los errores que había cometido en el pasado y enmendar el dolor que había causado en otros. A quien más debía era a su hija. Y ya no podía aplacar el dolor con alcohol. La imagen de Jessie con cuatro años apareció ante sus ojos, con la dulce sonrisa que tenía antes de… el dolor la agarró por sorpresa y los ojos se le llenaron de lágrimas. La garganta le tiraba tanto que pensó que acabaría por ahogarla. —Hay pañuelos en la guantera —le dijo él. Sin mirarlo, abrió el compartimiento y se limpió los ojos y las mejillas con uno de los pañuelos. —Gracias —contestó con un ligero temblor en la voz. Suponía que le preguntaría algo pero no lo hizo. Siguieron camino en silencio y eso hizo que el dolor fuera atenuándose. Gabe metió su maleta y las bolsas con la comida. Y ella se encargó de los libros.


En cuanto dejó la compra en la cocina salió de nuevo a la furgoneta y se dispuso a irse a la ferretería del pueblo, el que había sido su plan para esa mañana. Lori observó cómo se alejaba desde la ventana del salón y al instante se sintió sola de nuevo. La soledad podía con ella, no sabía estar sola. Ése había sido parte del problema, algo que antes solía aplacar con alcohol. Poco a poco iba acostumbrándose a esa soledad pero aún le costaba. Mientras guardaba la comida vio su móvil al lado del bolso. Ya había hablado con Amy, su persona de apoyo, esa mañana, pero no había podido charlar mucho porque estaba muy ocupada preparándose para una vista que tenía en los juzgados. Amy le sugirió que hablaran a mediodía, cuando paraban temporalmente las sesiones para almorzar. Le hubiera gustado poder hablar con ella en ese instante. Quería contarle lo mal que lo había pasado en el pasillo de las bebidas, lo sola que se sentía y lo cansada que estaba. También quería hablarle de Gabe. Pero no sabía qué podía decirle. Era el tipo de hombre que rechazaba aunque en realidad no se parecía en absoluto a ninguno de los hombres de los que había sido presa en el pasado. El Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe


Nº Paginas 27-121 https://www.facebook.com/novelasgratis problema no estaba en cómo Gabe era sino en cómo se comportaba ella cuando estaba con él. Pensó que sería mejor que no le comentara nada a Amy de Gabe. Al fin y al cabo sólo iban a compartir casa durante una semana y habían acordado darse espacio y ocuparse cada uno de sus asuntos. No iba a caer en la misma trampa en la que había caído con los otros hombres. Dudó un segundo y tomó el teléfono. Había otra llamada que tenía que hacer. Una que estaba deseando hacer pero que también temía. Hacía dos semanas que no hablaba con su hija, y eso que le había prometido hacerlo semanalmente. Quería con locura a su hija y se moría de ganas de escuchar su voz. Pero entre ambas había muros impenetrables, barreras que no sabía cómo romper. Eran barricadas que Jessie había levantado con todo el derecho del mundo. Rozó con el pulgar el número tres, en él estaba memorizado el número del rancho Double J. Pensó en la imagen de su hija de nuevo, no con once años sino con


los cuatro cuando Lori, con un error, había arruinado la vida de ambas. La culpabilidad se hizo con ella y casi guarda el móvil de nuevo en el bolso cuando éste sonó. En la pantalla apareció el nombre de Gabe. —Diga. —Hola. He pensado en comprarme un bocadillo para después. ¿Quieres uno? Su voz sonaba tan bien que le hubiera gustado poder quedarse allí, escuchando su voz y sintiéndole cerca sin tener que decir nada, hasta que el dolor que sentía se disipara. —No, ya me prepararé algo en casa —le dijo—. Gracias de todas formas. —Muy bien. Te veo en un par de horas. —Hasta entonces. Ambos colgaron y Lori decidió que llamaría a Jessie más tarde, cuando no se sintiera tan cansada y vulnerable. En otras palabras, cuando Gabe estuviera de vuelta porque, aunque le costara admitirlo, su presencia le daba una fuerza que hacía mucho tiempo que no tenía, sobre todo por culpa de su soledad. Y no era porque él significara nada en su vida. Lo cierto era que apenas lo conocía, pero necesitaba la compañía de otras personas, a pesar de que estaba decidida a valerse por sí misma. Y pensó que no tenía por qué avergonzarse de ello.


Estaba descansando en una tumbona en el porche trasero cuando oyó crujir la gravilla del camino de entrada, señal de que Gabe ya estaba de vuelta. Llevaba una hora allí, descansando bajo una mantita y leyendo uno de los libros que había traído de San Francisco. Tenía el paquete de galletas saladas cerca de ella por si volvían las náuseas aunque, por el momento, su estómago estaba tranquilo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 28-121 https://www.facebook.com/novelasgratis La puerta principal se cerró de golpe y oyó los pasos de Gabe atravesando el salón. Guardó el libro bajo la manta y se levantó. Al momento se agachó para recoger las galletas y el movimiento la mareó de nuevo. La altitud del lugar combinaba mal con su tensión, que estaba por los suelos. Esperó a encontrarse un poco mejor y se levantó de nuevo. Pero el vértigo volvió con más violencia y hubiera caído al suelo si unos fuertes brazos no lo hubieran evitado. —Pero ¿qué demonios…? —gritó él mientras la levantaba en volandas y la metía en el chalet. Debería sentirse avergonzada pero era tan agradable estar contra su cálido pecho que no pudo resistirse. —Lo siento —se disculpó en cuanto la dejó sobre el sofá. —No me digas que no has comido, porque te juro que… —Sí, he comido —lo interrumpió mientras se erguía un poco—. Me tomé


una magdalena y un poco de zumo. Y he estado picando galletas saladas toda la mañana. —Entonces, ¿cómo es que casi te desmayas? —Tengo la tensión muy baja —explicó ella, diciendo sólo parte de verdad—. Y me levanté demasiado deprisa. La miraba con firmeza y severidad, como si estuviera intentando averiguar si le decía la verdad. Se inclinó hacia ella y, por un momento, pensó que iba a besarla. Hasta que se dio cuenta de que estaba oliéndola, en busca sin duda de un rastro de alcohol en su aliento. —No he estado bebiendo —repuso ella intentando no mostrar su indignación. —Te he traído un bocadillo. —Pero te dije que no… —No te lo comas si no quieres. Lo he dejado en el frigorífico. Y con esas palabras salió de nuevo afuera. Despacio, Lori se sentó en el sofá y, más lentamente aún, se puso de pie. Se acercó a la puerta principal y la abrió. Gabe estaba sacando madera de la furgoneta y dejándola sobre el porche delantero. —¿Te ayudo? —le preguntó desde las escaleras.


La miró. Parecía a punto de decirle que no pero cambió de idea. —Sí, ¿por qué no traes las bolsas que quedan en la furgoneta? No son muy pesadas. Lori bajó las escaleras, con cuidado de no interceptar el paso de Gabe mientras subía cargado con la última pieza de madera. Comprobó el peso de las bolsas y tomó las dos más ligeras, no quería arriesgarse a que pasara algo por levantar demasiado peso. Al llegar a la escalera, sujetó ambas bolsas con una mano para poder asir la barandilla. Intentó echarse a un lado para dejar pasar a Gabe pero no pudo evitarlo del todo y sus brazos se rozaron. El contacto hizo que saltaran chispas. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 29-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Dejó las bolsas al lado de la madera. —¿Qué tienes que hacer? —La madera del porche está podrida en algunos sitios. Así que tengo que quitar algunas tablas y poner otras nuevas. Y también hay alguna reparación de


fontanería pendiente en la casa. —Y, ¿cómo es que sabes arreglar cosas? —le preguntó mientras se apoyaba a un lado de la barandilla, lo bastante lejos como para dejarle espacio. —Cuando terminé de estudiar en el instituto estuve trabajando en la construcción varios veranos, también durante los años en la universidad. Tardé bastante en decidir qué iba a hacer con mi vida. Lori pensó que al menos él lo había descubierto, ella aún estaba pensando en ello. —¿Hace mucho que conoces a Tyrell? —Casi veinte años —le dijo mientras vaciaba el contenido de una de las bolsas en el porche. Se le ocurrió que quizá ambos hubieran estado en la boda de Tyrell y Sadie. De ello hacía ocho años y apenas se acordaba de ese día. Había sido antes del accidente de Jessie, cuando bebía para paliar otro tipo de dolor. Prefería no saber si Gabe había estado allí o no. —Entonces, ¿tú también estuviste en el departamento de policía de Los Ángeles? Gabe la miró un instante por encima del hombro. —Me imagino que para ti esto son vacaciones, pero yo tengo trabajo que


hacer, así que si no te importa… —Perdona —dijo ella mientras se separaba de la barandilla y se alejaba de él —. Estaré en el porche trasero. Se arrepintió nada más decirlo. Seguro que no le interesaba dónde iba a estar y no se lo echaba en cara. Decidió dar un paseo. Sólo necesitaba su móvil para sentirse más segura. Entró en la casa, rezando para no encontrarse con Gabe y poder irse sin verlo. Tomó el móvil, lo guardó en sus vaqueros y salió de la casa tan silenciosamente como pudo. Enseguida encontró el camino. Hacía un buen día, mucho más cálido que esa mañana, y decidió que ya no necesitaba el jersey. Se lo quitó y lo dejó encima de un árbol caído. Había sido demasiado grosero. Al fin y al cabo, ella sólo quería charlar un poco y ser educada. Lori no tenía la culpa de que él no supiera reaccionar de manera normal cuando ella estaba presente. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 30-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Intentó dejar de pensar en ella y se dirigió al cobertizo a por unas


herramientas. Desde allí y a través de la ventana, vio un bulto negro y naranja sobre un árbol caído del camino que bajaba desde la casa hasta el lago. Se sintió inquieto y preocupado en cuanto lo divisó. Se acercó hasta allí. Era un jersey, el de Lori. Recordó que lo llevaba puesto esa mañana. Sintió pánico. «Cálmate, Gabe. Seguro que está en el porche, donde me dijo», pensó. Se imaginó que se lo habría quitado antes de tumbarse en la tumbona. Pero luego recordó que aún lo llevaba cuando volvió de la ferretería. Se preguntó si el viento lo habría llevado hasta allí, pero el día era bastante apacible. Se asustó más de lo que acertaba a comprender. Corrió hacia las escaleras. —¡Lori! —gritaba. No hubo respuesta. Ella no estaba en la tumbona. Estaba aterrorizado. Entró en la casa, miró en todas las habitaciones. No estaba. Al salir de nuevo al porche, tomó el jersey que acababa de dejar allí. Se aferró a él con fuerza y un doloroso recuerdo lo atrapó. Se acordó del jersey de Brandon encima de su cama vacía y de cómo había corrido por todo el piso de Los Ángeles


llamándolo y buscándolo. Pero sin suerte. Inspiró profundamente, intentando calmarse. Aquello era distinto, lo más seguro era que Lori estuviera bien, sólo tenía que tranquilizarse y pensar en dónde podría estar. El camino. Había ido a dar un paseo hasta el lago sin preocuparse de decirle lo que iba a hacer ni adonde se dirigía. Ya no estaba asustado, sólo se sentía enfado. Tiró el jersey al suelo y se dirigió hacia el camino de nuevo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 31-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 5 La gran roca desde la que se divisaba una magnífica vista del lago estaba aún fría y Lori se arrepintió de haber dejado el jersey en el chalet. Lo podía haber tendido en el suelo para sentarse sobre él y estar así más cómoda. A pesar de todo, la belleza del agua del lago, azul y brillante, y la suave brisa que movía los pinos hacían que mereciera la pena estar allí. Le daba una serenidad que le costaba conseguir de otro modo. A lo lejos se escuchaba el motor de alguna lancha pero no interrumpía ni quebraba la paz de aquella cala.


Un bote a motor pasó cerca de ella, con tanto ruido que la sacó de sus pensamientos. Se había sentado a la sombra de unos árboles y no pudo evitar estremecerse de frío. Decidió que la próxima vez bajaría con una manta para sentarse y el jersey atado a la cintura. Se le pasó por la cabeza que si Gabe hubiera estado con ella podría haberse acurrucado contra él y dejar que el calor de su cuerpo la resguardara del frío. Tenía que pensar en otra cosa. Gabe le había dejado bastante claro que no la quería a su alrededor. Además, ella estaba allí para intentar aprender a estar sola, no para colgarse de otro hombre. Se bajó de la peña con cuidado para no resbalarse ni marearse. Los vahídos de esa mañana le habían pillado por sorpresa. Solía tener la tensión baja y con los embarazos se le acentuaba más. Le había pasado con el primero y parecía que también con ése. Tendría que tener más cuidado. No llevaba mucho tiempo andando cuando tuvo que parar para recuperar el aliento. No estaba en muy buena forma. Sólo acostumbraba a andar desde su piso a la estación de tren y de vuelta. No era suficiente entrenamiento como para prepararla para grandes caminatas por la montaña. Decidió ir más despacio de vuelta al chalet. Otra lancha pasó cerca de allí y hasta que el sonido del motor desapareció en la lejanía no oyó los pasos por encima de donde se encontraba. Podía ser uno de


los vecinos de sus amigos, pero lo creyó poco probable. Su corazón, que ya estaba acelerado por el esfuerzo de andar cuesta arriba, se apresuró aún más ante la posibilidad de encontrarse con Gabe. Tenía la vista fija en la siguiente curva del camino, sabía que lo encontraría en cuanto la pasara. Estaba nerviosa y ansiosa. Podía engañarse achacándolo al oxígeno de la alta montaña, pero se estaría mintiendo. Él se deslizaba con rapidez cuesta abajo. Parecía fuera de sí y sus ojos verdes estaban llenos de fuego. Sin una palabra, la tomó por los hombros y Lori sintió su calor a través del delgado tejido de la camiseta. La agarró con fuerza mientras paseaba la mirada por su cara, deteniéndose en su boca. No sabía qué hacer para no besarla. Lori había separado sus labios y sus ojos se habían dulcificado, como si esperara que ocurriera. Gabe sintió que tenía que decir algo y pronto, de otro modo podría hacer algo de lo que tendría que arrepentirse. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 32-121 https://www.facebook.com/novelasgratis


Intentó recordar el enfado que sentía antes de verla. —No deberías haberte ido sin decírmelo. —Sólo quería dar un paseo. —Pero estabas sola. Podía haberte pasado algo — le dijo él. —Traje mi móvil —dijo ella intentando zafarse de él sin suerte—. Podía haberte llamado. O tú a mí. Sus palabras lo hicieron sentirse como un imbécil. No se le había ocurrido que pudiera llevar el teléfono encima. La soltó y se apartó de ella. —Es verdad —asintió él mientras se pasaba, nervioso, las manos por el pelo —. Lo siento. —Debería habértelo dicho. —Sí, sólo para que lo sepa —dijo él mientras miraba hacia la casa—. Bueno, tengo que seguir trabajando… —Yo ya iba de vuelta —le contestó sonriente—. Aunque me temo que mis pulmones no van a aguantar la subida. Gabe no pudo oír nada más después de que le sonriera. Ella podía dejar su mente en blanco con ese simple gesto. —Dame la mano y te ayudo, si quieres.


Se arrepintió del ofrecimiento. Lo último que necesitaba era tocarla de nuevo. Pero lo hizo e intentó no pensar en su piel ni en el fresco aroma de su colonia ni en cómo olía su pelo. Tuvieron que parar varias veces para que Lori pudiera recuperar el aliento. Entonces soltaba su mano y aprovechaba para dejar de observar cómo su pecho se movía cuando Lori llenaba sus pulmones de aire para luego soltarlo con unos suspiros que estaban volviéndolo loco. Le daba miedo tomar su mano de nuevo y no saber refrenar sus impulsos. Fuera de sí, le hubiera gustado atraerla hacia él para besarla. Nunca pensó que un paseo por el campo pudiera ser algo erótico pero, cuando llegaron al chalet, necesitaba una ducha fría más que nada en el mundo. No sabía cómo iba a poder seguir trabajando, y hacerlo con seguridad, después de haber estado con Lori. Ella soltó su mano y se separó de él. La sonrisa que le dirigió mientras se apartaba un mechón de la cara hizo que tuviera que contenerse de nuevo para no abrazarla. —Voy a acostarme un rato —le dijo ella.


—Bueno, yo voy a tener que usar el taladro y la sierra… —No pasa nada, traje tapones para los oídos. Además, más que dormir sólo quiero descansar. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 33-121 https://www.facebook.com/novelasgratis La imagen de Lori tendida en aquella cama enorme se instaló en su cabeza sin que pudiera desprenderse de ella. —Bueno, aún tengo otras cosas que hacer antes de comenzar a usar las herramientas eléctricas. —Muy bien. Te veo luego —dijo ella dirigiéndose al dormitorio. Gabe fue hasta el cobertizo a buscar los caballetes. Acababa de encontrarlos cuando oyó su dulce voz de nuevo. —Gracias por ayudarme a subir la colina. —De nada. Ella se dio la vuelta y volvió hacia la casa. Gabe se quedó clavado en el sitio, observándola hasta que desapareció detrás de la puerta, incapaz de moverse o respirar hasta entonces. No pudo dormir, no podía hacerlo con Gabe trabajando allí mismo, al otro lado


del dormitorio. Y tampoco pudo conciliar el sueño esa noche. No se durmió hasta muy tarde y por la mañana no se despertó hasta que él comenzó a usar la sierra eléctrica, ya cerca de las diez. Consiguió desayunar un cuenco de cereales y se pasó el resto de la mañana en el sofá, intentando leer pero sin enterarse de lo que estaba leyendo. Miró la hora cuando Gabe desconectó la sierra, era casi mediodía. Su propio estómago estaba ya avisándola de que debería comer algo antes de que sintiera náuseas de nuevo. Dejó el libro a un lado, se levantó con cuidado y fue al baño a arreglarse un poco. Cuando salió, Gabe estaba en la cocina. Se había preparado un enorme bocadillo y tenía melocotones en almíbar y patatas fritas para acompañar su almuerzo. —Quedan más melocotones —le dijo—. Y el bocadillo que te compré está aún en el frigorífico. El día anterior había sido lo bastante fuerte como para no comerlo pero ahora su estómago le lanzaba señales de alarma, tenía que comer y tenía que ser ya. Se sirvió melocotones de los que encontró en la nevera y el bocadillo. Se quedó


mirando las latas de refresco de cola, toda una tentación para ella pero, voluntariosa, tomó el cartón de leche y se sirvió un vaso. Se sentó junto a él para comer en la barra de desayunos de la cocina, moviendo el alto taburete tan lejos como pudo para dejar espacio entre los dos. Intentó comer el bocadillo despacio, para que su estómago no se alterara de nuevo. —Muchas gracias por el bocadillo. —No hay de qué —le respondió él encogiéndose de hombros—. Voy a estar usando la sierra toda la tarde. Espero que no tuvieras en mente para unas horas de paz y silencio en la casa… Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 34-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tengo algunos libros que he de leer —dijo ella recordando que también tenía que escribir en su diario—. Estaré en el porche trasero. —Bueno, tengo trabajo que hacer en ambos porches. Estarás más tranquila en la habitación. —Prefiero estar fuera —repuso ella controlando su irritación. Gabe tomó un trago de su refresco y dejó la lata de golpe en la barra.


—No voy a dejar de trabajar sólo para que tú puedas sentirte en plena naturaleza. —Nadie te lo ha pedido —dijo mientras su móvil comenzaba a sonar—. Haz lo que quieras. Buscó el teléfono en el bolso mientras Gabe terminaba su bocadillo. Miró la pantalla del aparato, era Amy. Suspiró aliviada. Necesitaba a su tutora más que nunca. —¡Hola Amy! —contestó con una amplia sonrisa. Gabe estaba tirando los restos de su comida a la basura. Levantó la vista y sus miradas se cruzaron. Sabía que estaba enfadado con ella y no sabía por qué. Pero no era sólo ira lo que había en sus ojos, había algo más que hizo que se estremeciera. Lori se dio la vuelta para intentar concentrarse en la conversación telefónica. —Lo siento, no te he oído. —Digo que llamaba para ver cómo estás —repitió Amy al otro lado de la línea. Se volvió de nuevo hacia Gabe, aún la miraba, podía ver la tensión que había en sus hombros. —Estoy bien —respondió sin aliento.


Gabe terminó con la basura y salió de la cocina. —Hasta ahora —le dijo mientras cerraba la puerta de entrada. Lori rezó para que Amy no lo hubiera oído. —¿Quién era ése? —le preguntó. —Es Gabe. Pero no hay nada… —le repuso antes de que Amy la interrogara —. No hay nada entre nosotros. Con pocas palabras, le resumió a Lori el malentendido con las invitaciones de Sadie y Tyrell, el accidente de coche y cómo habían llegado a un acuerdo para quedarse allí. No le dijo nada sobre la atracción que sentía por él. Se convenció de que allí no había nada más, ni nada distinto a lo que había sentido otras veces por otros hombres. Amy permaneció en silencio unos instantes después de que Lori terminara. —Sabes que puedo ir a buscarte, sólo tienes que pedírmelo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 35-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y también sé que tienes un horario de locos. No voy a hacer que cambies las horas de tus juicios sólo para conseguir que me lleves a casa. Estaré de vuelta en


unos días. La sierra comenzó de nuevo a rugir en el exterior, era imposible huir de su sonido, tanto como del hombre que la manejaba. —Necesito este tiempo aquí —le dijo—. No es una situación ideal pero estoy bien. —¿Has llamado a Jessie? —Aún no —respondió ella con el peso de la culpabilidad en su voz. —¿Hace cuanto que no lo haces? —Demasiado. La llamaré en cuanto deje de hablar contigo. Lori oyó algunas voces al otro lado de la línea y Amy tuvo que despedirse. Era el momento de cumplir la promesa que acababa de hacerle. Presionó el número tres de su teléfono y esperó. El teléfono sonó en casa de su ex marido una vez, dos, tres… rezó para que no hubiera nadie allí. Se sentía una cobarde pero estaba muerta de miedo. Prefería dejar un mensaje para su hija en el contestador. —¿Diga? —dijo una voz de mujer sin apenas aliento. Era Andrea, la mujer de Tom. Siempre era muy educada cuando Lori llamaba pero no podía olvidarse de lo que había pasado cuando se conocieron por


primera vez. Había estado borracha y se había portado de manera grosera y cruel. Andrea tenía todo el derecho del mundo a despreciarla pero no lo había hecho nunca. De hecho, le había demostrado que la perdonaba por lo que había ocurrido hacía dos años, cuando Lori intentó que Tom rompiera con Andrea. No podía evitar sentirse avergonzada cada vez que llamaba y hablaba con ella. —Soy Lori. ¿Está Jessie? —No, está en casa de Sabrina. Pero puedo decirle que te llame en cuanto vuelva. Sé que le encantará hablar contigo. Lori sabía que no sería así. Las conversaciones con su hija eran siempre incómodas y difíciles. —Ya llamaré yo. ¿A qué hora volverá? Oyó entonces la voz de Tom preguntándole a su mujer quién llamaba. Ella le respondió. En ese instante Gabe entró en la casa y se dirigió a la nevera. —¿Andrea? —la llamó Lori. Pero no obtuvo respuesta. Instantes después alguien tomó el teléfono. Era Tom.


—¿Qué quieres? —le preguntó su ex marido. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 36-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Mientras tanto, Gabe tomaba un refresco de la nevera y lo abría. Bebió un primer trago, no parecía tener prisa por volver al trabajo. —Quiero hablar con Jessie —dijo ella haciendo un esfuerzo sobrehumano para controlar su tono. —Pero eso la disgusta. No sabe si puede confiar en ti, teme que la abandones de nuevo. —Ya lo sé —dijo con un nudo en la garganta—. Pero tengo que intentarlo. Hubo un silencio. Podía sentir cómo Gabe la observaba desde la cocina. —Le diré que has llamado —dijo Tom finalmente. Y colgó. Lori desconectó su móvil. Se sentía destrozada. Gabe dejó la lata en el mostrador y comenzó a lavarse las manos en el fregadero. —Se me ha roto un diente de la sierra y tengo que ir al pueblo a comprar otro.


¿Necesitas algo de allí? No pudo evitarlo y levantó la vista hacia el mueble bar al otro lado del salón. Eso la ayudaría a aplacar el dolor y la culpabilidad que sentía. Pero ahora era otra persona y el alcohol ya no formaba parte de su vida. —Dame un minuto, por favor. Se dirigió al mostrador de la cocina, donde estaba la guía telefónica. Buscó en la «A» y encontró lo que necesitaba. Llamó y habló con alguien. Se sintió muy aliviada. Miró el reloj, llegaría tarde a la reunión pero, aún así, era mejor llegar tarde que no ir y quedarse sola en la casa. Guardó el móvil en el bolso y se volvió hacia Gabe. —¿Puedes dejarme en la iglesia baptista? Está de camino al pueblo. Él echó un vistazo a la guía de teléfonos y Lori se dio cuenta de que había podido ver de qué se trataba. —Claro. Te recogeré a la vuelta. —Gracias —dijo mientras tomaba su jersey y el bolso. Cuando salieron al porche, Gabe desconectó la sierra mecánica y extrajo la cuchilla. La dejó en la parte de atrás de la furgoneta. Ella lo esperó dentro. —¿A qué hora crees que terminaras? —le preguntó ya sentado al volante. —La reunión termina a las dos y media. No le preguntó de qué reunión se trataba, ya lo sabía. Encendió el motor y


emprendieron la marcha. Él no abrió la boca pero sólo su presencia la reconfortaba. La iglesia estaba al lado de un parque, a las afueras del pueblo. Mientras detenía la furgoneta cerca de la iglesia, Gabe se quedó mirando la zona de juegos del parque. Dos niñas jugaban en el fuerte de madera mientras una mujer empujaba a un Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 37-121 https://www.facebook.com/novelasgratis niño en el columpio. Gabe clavó la mirada en el niño, sus ojos parecían llenos de dolor. —¿Qué pasa? —le preguntó ella mientras tocaba su brazo. —Nada —dijo él—. Tengo que irme. Lori salió del vehículo y cerró la puerta. Gabe seguía con la mirada perdida. Ella se dirigió a la puerta de la iglesia y concentró sus pensamientos en la reunión a la que iba a asistir. El dolor que sentía en su corazón no desaparecía nunca. Hacía diez años que no veía a su hijo. Y ahora volvía con la misma fuerza del día en el que Brandon desapareció. Podía echarle la culpa a la soledad del chalet o a la más reciente decepción en la búsqueda de su hijo. Pero no podía seguir engañándose, se trataba


de Lori Jarret. Ella había conseguido abrir una fisura en el hielo que había cubierto su corazón durante los últimos años. Pero lo que necesitaba eran pistas e información veraz. Hacía mucho que no tenía nada de ello, había llegado a un callejón sin salida del que sólo había sacado otra capa de hielo alrededor de su corazón. Lori Jarret no tenía derecho a invadir su vida así. Cuando llegó a la ferretería intentó no pensar en otra cosa que en las cuchillas para la sierra. De paso, compró más tornillos y se distrajo mirando en el pasillo de cables y otros productos eléctricos. Cualquier excusa era buena para distraer el dolor. Buscó cable para conectar el televisor de su dormitorio con el satélite de la casa. Para cuando volvió a la furgoneta ya se encontraba mejor. Fue hasta la iglesia y decidió entrar, a pesar de que esos sitios no lo atraían demasiado. Algunas personas se acercaban más a Dios ante la adversidad, pero Gabe no era una de ellas. Poco después las puertas del templo se abrieron y la gente comenzó a salir. Lori salió hablando con una mujer mayor con aspecto de abuelita. Entonces, Lori lo miró y Gabe sintió que la tierra temblaba bajo sus pies. Ni siquiera había tenido que lanzarle una de sus aniquilantes sonrisas. Tenía un aspecto sereno pero también reservado. Se sentía desamparado frente a la


influencia de esa mujer. La necesitaba más de lo que quería reconocer. No tenía sentido. —Vamos —le dijo con tono duro. Estaba siendo de nuevo grosero, era la única forma que tenía a mano para mantener las distancias, cuando lo que de verdad quería era tenerla muy cerca. La otra mujer lo miró con suspicacia. Le había hablado con el mismo tono con el que hablaban muchos hombres a sus mujeres, los mismos hombres que usaban normalmente más que palabras con sus esposas. —Tengo que volver —añadió forzando una sonrisa artificial—. Tengo aún mucho que hacer. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 38-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Lori se despidió de la mujer y salieron de la iglesia. La tensión que sentía comenzó a disiparse en cuanto entraron en la furgoneta. Lo molestaba que su presencia lo hiciera sentirse mejor, pero parecía no poder evitarlo. —¿Ha estado bien la reunión? —le preguntó. —Me ha ayudado —le dijo ella mientras miraba a través de la ventanilla al resto


de la gente entrando en sus coches—. ¿Crees en la expiación? ¿En el perdón? —No soy una persona muy religiosa —respondió él pensando en todas las cosas por las que tenía que pedir perdón. —No estoy hablando de Dios ni de religión. Hablo de las personas —le dijo mientras se volvía hacia él con sus ojos marrones llenos de preocupación—. Me pregunto si cometemos errores que nunca podrán ser perdonados. Los recuerdos lo golpearon con la fuerza de un mazo. Pensó en su hijo y en la casa vacía. —Sí —dijo con un hilo de voz—. Hay errores que están más allá del perdón. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 39-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 «Hay errores que están más allá del perdón», se repitió ella. No sabía por qué le habían dolido tanto las palabras de Gabe. Era lo que ella misma pensaba. Y también lo que Hilda le había dicho durante la reunión, aunque ella no había sido tan contundente ni cruda como él. —¿Y si ella no puede perdonarte? —le había dicho con su acento alemán—.


Debes aceptar que puede que no lo haga nunca. Lori pensaba que estaba empezando a aceptar esa posibilidad y a estar en paz consigo misma. Pero en cuanto vio a Gabe esperándola en el vestíbulo de la iglesia, su serenidad comenzó a desmoronarse. Condujeron en silencio hasta la casa y no podía pensar en otra cosa que no fuera abrazarlo, aunque sólo por un instante. Cuando llegaron, Lori bajó de la furgoneta. Tenía que escribir en su diario, era primordial. Estaba hecha un lío y tenía que dejar sus emociones sobre el papel. Tomó un plátano para merendar y se sentó en el porche trasero para escribir. Pero cuando se disponía a hacerlo, miró el papel y se dio cuenta de que su mente estaba tan en blanco como aquella página. Se sentía como una quinceañera enamorada y tonta. Deseando escribir el nombre de Gabe por todo el diario. Nunca lo había hecho. Comenzó a beber en el instituto y apenas recordaba esos años. Pero entonces sintió por vez primera ese impulso adolescente y decidió que, si así era como se sentía, debía escribir sobre él. Tendría que ser franca y poner sus emociones por escrito. Gabe hace que me sienta segura. Pero necesito encontrar esa seguridad en mí misma, no esperarla de él.


Sintió sus pasos tras ella y se quedó helada. Venía del otro porche con una palanca en la mano. —Necesito levantar unas tablas de este porche — le explicó. —Muy bien—repuso ella. No iba a ser capaz de escribir sobre él teniéndolo a menos de tres metros. Así que decidió pensar en Jessie, que era quien de verdad importaba y por lo que había ido a la reunión. Pasó página para que Gabe no pudiera ver su nombre escrito allí. Espero a que le llegara la inspiración pero no pudo escribir nada. Se quedó mirando el diario, con pensamientos y emociones angustiándola. El crujido de una tabla al ser desprendida del porche la sacó de sus pensamientos. Las fuertes manos de Gabe le parecieron que entraban dentro de ella sacando de su interior las palabras y emociones que llevaba dentro, igual que había arrancado aquella tabla. No sé si aún me quiere. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 40-121 https://www.facebook.com/novelasgratis


Gabe tiró a un lado la madera vieja y ella se imaginó que era su corazón, hecho pedazos y esparcido por el porche. Ya no me necesita. Creo que le gustaría que desapareciera. Quizás eso sea lo mejor. Gabe comenzó a trabajar en otra tabla podrida, haciendo palanca con un hierro para soltarla. Los clavos cedieron y se abrió otro agujero en el porche y también en su corazón. Gabe dejó la palanca apoyada contra el chalet. —No te acerques por aquí. No quiero que te caigas. Apenas entendió sus palabras. Estaba helada por dentro, a pesar de la calidez de esa tarde. ¿Podría desaparecer de su vida para siempre si eso es lo que quiere? Hilda le había aconsejado que excavara dentro de ella para encontrar lo que de verdad albergaba en su corazón. El problema era que bastaba con arañar la superficie para que la herida sangrara y las lágrimas se agolparan en sus ojos. Creo que siempre tendré algo que darle, algo que ninguna otra persona puede darle. Las últimas palabras las emborronó una lágrima que cayó sobre el papel. Leyó lo que acababa de escribir y rezó para que fuese cierto. Gabe volvió al porche trasero con tablas nuevas. Intentó no mirarla pero no pudo evitarlo. Sus ojos se fueron directos a las curvas de su cuerpo. Ella estaba


mirando al otro lado y Gabe sospechó que estaba limpiándose las lágrimas. No era asunto suyo. Volvió al otro porche a por el taladro y el alargador. Cuando volvió, Lori ya parecía más serena, tenía el libro en el que había estado escribiendo cerrado en su regazo y la vista perdida en el lago. Se arrodilló para cambiar la broca del taladro, la observó desde esa postura, su perfil también lo cautivaba. Su piel era clara y tersa, sus labios suaves y sus orejas perfectas y sensuales. Mientras ajustaba la broca se preguntó cómo sabría su cuello y cómo sería besarla. Se estaba acostumbrando a imaginarse ese tipo de escenas y cada vez eran más vividas. Pero allí era donde debían permanecer esas ideas. Al fin y al cabo eran inocentes fantasías que no hacían daño a nadie. Actuar era una locura que no podía permitirse. Al menos eso se repetía continuamente. Sus ajustados vaqueros se tensaron aún más y se levantó para aliviar la presión. Le dio la espalda a Lori y comenzó a buscar tablas que se ajustaran a los agujeros que había dejado en la superficie del porche. —Voy a hacer ruido —le advirtió. —No pasa nada.


Su voz era como una caricia que hizo que se estremeciera. Se concentró en el trabajo que tenía entre manos e intentó ignorar las sensaciones. Se levantó a por los Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 41-121 https://www.facebook.com/novelasgratis tornillos pero vio que no estaban donde creía. No tenía la cabeza en la tarea sino en Lori y se le había olvidado traerlos. Suspiró fastidiado y fue a por ellos. Si no tenía cuidado iba a acabar atornillándolos en sus botas en vez de en el suelo. Lori se había ido cuando volvió con los tornillos. Así sería mejor, no necesitaba que lo distrajera más. Pero no hubo suerte. Al poco rato salió de la casa con un vaso de zumo y se apoyó en la barandilla para Deberlo tranquilamente. Con toda la voluntad que tenía inclinó la cabeza para concentrarse en su trabajo. Pero de pronto vio sus pies frente a él y su mente se descolocó de nuevo. Levantó la mirada hacia ella. —¿Sí? —Voy a servirme más zumo, ¿quieres que te traiga algo de beber? —le preguntó ella. Lo que quería era beber de su boca, saborear la acidez del zumo de naranja que acababa de tomar y la dulzura de su lengua. Pero eso no era lo que le había preguntado.


—Un refresco estaría genial. Gracias. Prometió no mirarla mientras entraba en la casa. Pero no pudo evitar lanzar una última mirada a su trasero justo antes de que desapareciera tras la puerta. Cuando volvió con las bebidas, Gabe ya había colocado otra pieza y usó los tornillos en la boca como excusa para no tener que entablar conversación. —¿Cuánto tiempo llevas trabajando para la policía de Marbleville? El taladro resbaló sobre el tornillo que estaba introduciendo y la broca dejó una marca sobre la madera. Lo colocó bien antes de contestar. —Seis años. —¿Dónde estuviste antes? —En Los Ángeles. —¿Es allí donde conociste a Tyrell? —No, nos conocemos desde el instituto. Nos graduamos el mismo año y fuimos juntos a la academia de policía. —Yo fui a la universidad. Bueno, a varias. Pero nunca terminé nada —dijo riendo. Aquello lo sorprendió. Lori parecía inteligente y tenía el aspecto de quien podía ir a una universidad privada y de prestigio.


—¿Por qué no? —Digamos que hubo demasiadas botellas en el camino —le explicó mientras se acercaba más y se sentaba en el suelo—. Pensaba empezar este otoño en la universidad pública de San Francisco. Gabe tomó la lata de refresco, la abrió y bebió con ganas. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 42-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y, ¿no lo vas a hacer? —Bueno, me ha surgido algo… —dijo apartando la mirada—. Y no creo que pueda ir a clase. —Pero hay muchos créditos para estudiantes. Además las universidades públicas son baratas. —No se trata de dinero —explicó riendo de nuevo—. Bueno, sí se trata de dinero pero también de algunos obstáculos con los que no contaba… Aunque Lori sabía que sólo había uno. Un enorme obstáculo que bloqueaba su camino. Era parte del problema que se suponía que iba a resolver durante su retiro en Tahoe. Pero aún no había llegado a ninguna conclusión y estaba tan confusa como


antes de llegar. Vio cómo se movía la garganta de Gabe al beber. Le encantaría deslizar sus dedos a lo largo de su espalda pero aquello no era posible. Él tomó más tornillos y se los colocó en la boca. —¿Has pensado en qué te gustaría estudiar? —Sí, trabajo social —le respondió sin titubeos—, ¿No tienes miedo de tragarte uno de esos tornillos? La miró y pudo ver agonía en sus ojos, algo que no pudo interpretar antes de que apartara la vista de nuevo. —No. Sus mandíbulas estaban rígidas y tensas, parecían haber sido esculpidas en granito. Ansiaba tocarlo y aliviar esa tensión. Se levantó y tomó el vaso que había dejado sobre la barandilla. —Voy a dar un paseo. Sólo hasta la autopista. Necesitaba alejarse de él, era lo más inteligente que podía hacer. Se preguntó si le diría que no podía ir sola, quizá incluso se ofreciera a acompañarla. —Lleva el móvil contigo —le dijo sin dejar de trabajar. Su comentario la defraudó en parte.


—Muy bien. Hasta luego. Recogió su teléfono en la cocina y algunas galletas. Salió de la casa y se encaminó hacia la autopista con rapidez. Eso era lo que necesitaba, un paseo rápido y algo de ejercicio. El oxígeno puro de la montaña aclararía sus ideas y la liberaría de la ansiedad que Gabe le producía. Él la hacía vulnerable. Y sabía que era más fuerte de lo que pensaba. Lo había descubierto durante los últimos trece meses que llevaba sin beber. Al llegar al camino respiró profundamente, llenando sus pulmones de oxígeno y del aroma a pino. Sus pensamientos se tranquilizaron y sus emociones también. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 43-121 https://www.facebook.com/novelasgratis «Él también está sufriendo», pensó Lori. Ya casi había llegado a la última curva del camino antes de la autopista y disminuyó la velocidad. Estaba cansada y se apoyó en un árbol para recuperar el aliento. Estaba allí para resolver su propia situación no la de Gabe. Si él se abría, ella podría escucharlo y prestarle su hombro, pero nada más. Tenía que proteger su corazón. Gabe pensó que quizá debería ir a buscarla.


Llevaba fuera de la casa unos cuarenta y cinco minutos, tiempo suficiente para llegar hasta la autopista y volver. Estaba preocupado, tanto que se confundió al cortar la última pieza demasiado. Iba a tener que hacer una chapuza o gastar otro madero para ese hueco. Se enfadó consigo mismo, ese error le iba a costar otro viaje a la tienda. Así que decidió dejarla tarea e ir a buscarla, así conseguiría tranquilizarse. La vio pocos minutos después. Estaba de rodillas a un lado del camino y tenía un brazo extendido hacia delante. Se acercó en silencio hasta que vio lo que hacía. Tenía una galleta en la mano y estaba intentando convencer a una ardilla para que se acercara a por ella. El último sol de la tarde se colaba entre las ramas iluminando su pelo y su mejilla. Le dio un vuelco el corazón. Era preciosa. Había algo irresistiblemente dulce e infantil en cómo estaba engatusando a la ardilla. Al moverse, el suelo crujió bajo sus pies y la ardilla, muy cerca ya de la galleta, lo vio. La criatura se quedó congelada un instante y, cuando un coche pasó cerca de allí, huyó de nuevo hacia los árboles. Lori se puso en pie y saludó a los ocupantes del coche. Al verlo sus labios se separaron, parecía sorprendida y se quedó mirándolo. Después guardó la galleta en


la caja y ésta en el bolsillo. —Lo siento. —No pasa nada —dijo acercándose lentamente. Andaba con la misma gracia y elegancia de una bailarina. —Además, se supone que no debemos darles de comer, pero no pude resistirme. —Así sólo consigues que vuelvan para pedir más comida. —Ya lo sé —dijo sonriéndole—. Pero era tan mona… —¿Sabes que las ardillas son portadoras de cantidad de enfermedades? —No, no lo sabía. Ni quiero saberlo —dijo mientras continuaba caminando hacia la casa—. ¿Ya has terminado? ¡Qué pronto! Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 44-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —No, sólo estoy descansando un poco —le dijo él ocultando la verdadera razón que lo había llevado a buscarla. Lori bostezó. —Odio sentirme así, pero creo que necesito otra siesta. Se la imaginó de nuevo tendida en la cama y él a su lado. —Voy a seguir con la sierra durante otra media hora, más o menos. Después


bajaré al lago a pescar un rato. —Entonces me ducharé antes de la siesta. Esa información no la necesitaba. Ahora su imaginación estaba fuera de control. No pudo evitar imaginársela bajo la ducha, con el agua resbalando por su esbelto cuerpo, enjabonándose los pechos, el estómago y el resto de su anatomía. No podía pensar en eso, tenía que ponerse a trabajar. —Bueno, voy a volver a la tarea —le dijo mientras aceleraba el paso. Al llegar al chalet reunió las tablas que había cortado para la parte norte y las llevó hasta allí, con cuidado de no volverse para mirarla. Esperó hasta que ella entró en la casa para ir a cortar la última pieza. Fue más cuidadoso que de costumbre para asegurarse de que no cometía otro error en el corte. Volvió con esa tabla al porche norte y oyó desde allí el sonido de la ducha. Se quedó pasmado y tardó un par de minutos en poder concentrarse de nuevo en el trabajo. Hizo tanto ruido como pudo al sacar las tablas podridas pero nada podía aplacar el sonido del agua al otro lado de la pared. Lori se sintió como nueva después de la siesta. Se había despertado con náuseas pero desaparecieron poco después gracias a las galletas que había dejado al lado de la cama. Esperaba poder prepararse algo para la cena. No dejaba de ser un


reto ya que no era una gran cocinera. Sólo sabía hacer un huevo revuelto o calentarse un plato precocinado en el microondas. También cabía la posibilidad de hacerse un bocadillo. No era una opción muy apetecible pero era fácil hasta para ella. También podía calentarse uno de los platos preparados que había comprado, aunque siempre sabían a plástico. Oyó la puerta de atrás y no pudo evitar sentir tensión ante la inminente llegada de Gabe. La miró nada más entrar. Algo en sus ojos la hacía siempre muy consciente de ser mujer y de la atracción que sentía. Fue directamente al fregadero y abrió el grifo. Se lavó las manos y la cara, de espaldas a ella. Su camiseta se estrechó al inclinarse sobre la pila, dibujando a la perfección todos los músculos de su espalda. Se moría de ganas de acercarse a él, rodear con sus brazos la cintura de Gabe y apoyar en esa espalda su cara. Su mente volvía a vagar de nuevo y lo hacía de una manera peligrosa. Se separó un poco de él, apoyándose en la barra de desayunos. Intentó pensar en algo que decir.


Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 45-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿No has pescado nada esta tarde? —Sí, pero los devolví al lago —dijo mientras buscaba un papel de cocina para secarse las manos—. No tiene sentido traer el pescado si no voy a comérmelo. Ella le cortó un papel de cocina y se lo tendió, con cuidado de que sus dedos no se rozaran. Gabe se secó la cara y se volvió hacia ella. Su pelo estaba húmedo sobre las sienes y deseó pasar sus manos por él, agarrar su cabeza y besarlo… Dijo algo pero Lori no lo entendió, sumida como estaba en sus pensamientos. —¿Cómo? —¿Ibas a prepararte la cena? Puedo esperar a que termines para cocinar la mía. —No tardaré nada, sólo tengo que calentar un plato precocinado en el microondas. —Parece poca cena. —Será suficiente. Gabe suspiró.


—Voy a hacer espaguetis, si me echas una mano los compartimos. Estaba a punto de negarse, recordarle que estaban allí por las circunstancias pero que hacían vidas separadas. No quería que tuviera que cocinar para ella, además la cocina era demasiado pequeña para los dos. Quería abrir la boca y decirle que no, aunque se lo agradecía. Pero las palabras no salieron. La idea de cocinar y cenar juntos era demasiado agradable como para rechazarla. —Me encantará ayudar. Dime qué tengo que hacer. Gabe se giró antes de que ella le sonriera. Su sonrisa era un arma que la cargaba el diablo y no podía soportarla. Aprovechó para comenzar a sacar carne picada y verduras para la ensalada de la nevera. Después fue a la despensa, donde sabía que iba a encontrar la salsa de tomate. Volvió al frigorífico, había olvidado sacar una cebolla. Se la dio a ella, que no la esperaba, y torpemente cayó al suelo. Comenzó a rodar y los dos se agacharon a por ella. Lori cubrió accidentalmente su mano cuando Gabe la agarró. Ella tardó un segundo en retirarla y él tampoco se apresuró a moverse. Seguía recordándose que no debía tocarla pero su cuerpo siempre le


llevaba la contraria. —Lo siento —dijo ella. —No hay de qué —respondió él incorporándose. Gabe lavó la cebolla. Ella aún seguía en cuclillas. —¿Estás bien? Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 46-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí. Es sólo que… —dijo mientras agarraba el borde de la mesita y se ponía lentamente de pie. Pero al instante se ladeó ligeramente y desmayó. Gabe la agarró antes de que cayera, con las manos alrededor de sus brazos. Ella se desplomó contra él, con la boca a la altura de su clavícula. —No puedo seguir así —dijo ella—. ¡Es ridículo! Gabe sonrió ante el tono altanero, no iba con ella, a pesar de que había algo en cómo era Lori que la hacía parecer miembro de la realeza. —Seguro que es por la altitud de este sitio. Puede hacer que te desmayes, sobre todo si se tiene la tensión baja. Se apartó de él, aún agarrándose de sus hombros para no caer.


—No creo que esto sea normal —dijo con un temblor de miedo en su voz. Gabe tomó una de sus manos, colocó sus dedos alrededor de la muñeca de Lori y comenzó a contar sus latidos. —Setenta y dos —le dijo—. Es normal para una mujer. ¿Cómo te encuentras? —Mejor —contestó ella moviéndose como si quisiera apartarse de él pero sin hacerlo—. Eso creo… Lori tenía una de sus manos entre las de Gabe y la otra en su hombro. Él pensó en lo poco que le costaría atraerla aún más cerca de él. En cuestión de un par de segundos podría estar abrazándola, colocando sus manos en la parte baja de su espalda y hacer que sus caderas se encontraran. Su sentido común lo había abandonado por completo y no podía pensar en otra cosa que no fuera su boca y en cuánto quería besarla. Sabía que sería suave, cálida y húmeda. Podría separar aquellos labios con la lengua y buscar la de ella. Después la llevaría cerca del armario, donde levantaría la pierna de Lori para que le rodeara la cadera y… Ella se movió y esta vez se apartó de él. Se sintió como un idiota. Ella parecía sorprendida. —Lo siento —dijo él.


Poco después se dio cuenta de que no había hecho nada de lo que tuviera que disculparse. —No pasa nada. Se quedó parada al lado de la barra de desayunos, como si no supiera qué hacer. Hasta que él se dio cuenta de lo que pasaba. Estaba esperando sus instrucciones, se suponía que él sí sabía lo que debían hacer. Iban a cocinar juntos. Volvió al fregadero y se echó agua en la cara. No recuperó la cordura por completo pero al menos lo mantenía alejado de Lori. Esta vez, él mismo tomó un papel para secarse. Encontró la famosa cebolla y se la tendió a ella. —¿Por qué no picas la cebolla mientras sofrío la carne? —le pidió. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 47-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Lori se quedó mirándolo y después miró la redonda hortaliza. —Que pique la cebolla. —Sí. ¿Sigues mareada? —No, estoy bien. Gabe dejó la cebolla sobre la mesita para no arriesgarse a tocarla de nuevo. —Las tablas de cortar están allí —dijo mientras le señalaba uno de los


armarios. Lori se agachó despacio y con cuidado y tomó una de las tablas. —Supongo que necesito un cuchillo —dijo tras colocar la cebolla en el centro de la tabla. Gabe abrió uno de los cajones y le señaló el cuchillo que debía usar, era uno de los más grandes. Lori lo agarró como si no hubiera manejado un cuchillo en su vida. Sujetó la cebolla con su mano libre y decidió darle la vuelta. La miró y volvió a girarla. Parecía perdida. —Me siento como una idiota —le dijo dejando el cuchillo sobre la tabla—. Pero no tengo ni idea de cómo picarla. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 48-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 Gabe frunció el ceño. —No soy muy quisquilloso. Córtala como quieras. Lori se sentía avergonzada y frustrada. Parecía que Gabe no la había entendido.


—No es eso. Es que nunca lo he hecho. —¿Nunca has picado una cebolla? Lori negó con la cabeza. Estaba hecha un lío. Primero lo de la cebolla en el suelo, luego lo del desmayo, después la electrizante tensión entre ellos y ahora tenía que sufrir la humillación de no saber cortar la maldita cebolla. Gabe le dio el tomate y el pepino. —Muy bien. Haz la ensalada entonces. Corta esto. Miró las verduras que acababa de dejar en sus manos. Lo que de verdad le apetecía era lanzárselas a él. —No sé cocinar. Nunca lo he hecho. Se dio cuenta de que él no la creía. —¿Cómo puede una mujer de treinta años… —Treinta y dos —interrumpió ella. —… sobrevivir sin saber cocinar? No tenía ganas de tener esa conversación con él. Tenía el estómago revuelto. Estaba al borde de las náuseas y necesitaba comer algo. Abrió la despensa y encontró sus galletas. Se tomó su tiempo abriendo el paquete. —Nunca tuve ocasión de aprender —comenzó mientras mordisqueaba una galleta—. No me enseñaron de pequeña y después, comencé a beber y… —Y pasaste a una dieta líquida —dijo con sequedad pero con una leve sonrisa. —Cuando empecé a vivir por mi cuenta compraba comida para llevar o iba a


restaurantes. —Es una forma de vida muy cara, sobre todo cuando uno se independiza. —Tenía una generosa asignación. —Encontraste a alguien que te mantuviese —dijo él ya sin la sonrisa—. Estoy seguro de que había un justo intercambio de favores. Lori lo miró con frialdad. —Era una asignación que me daban mis padres. No un hombre. Gabe se apoyó contra la meseta. Lori dejó sobre la barra de desayunos las verduras, sacó un taburete y lo colocó lo más lejos posible de él, al otro lado de la barra. —¿Has oído hablar de RNH? Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 49-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, es una empresa que posee varios canales de televisión por cable. Yo veo el canal de deportes de vez en cuando. —Red Nacional Hightower es una compañía que aglomera canales de radio y televisión. Y Richard Hightower es mi padre. —Así que estás forrada.


—Mis padres sí, yo no. Gabe asintió con la cabeza. La mayor parte de los hombres, cuando sabían quién era, comenzaban a hacer números en la cabeza. Él, en cambio, parecía no estar impresionado por los millones de su familia. —Y tus padres no querían que aprendieses a cocinar —dijo mientras se agachaba para abrir uno de los armarios bajo la meseta. —Teníamos una cocinera y nunca surgió la oportunidad. Gabe se incorporó de nuevo con una sartén en la mano. —Y, ¿qué esperaban que ibas a hacer cuando te independizaras? —No esperaban que me independizara. Al menos no hasta que me casara. Lori estaba fascinada observando la presteza con la que Gabe se conducía en la cocina mientras deshacía la carne y la dejaba en la sartén. —Y, ¿lo hiciste? —Sí —respondió ella con el estómago en un puño. —¿No pensaban que tendrías que cocinar para tu marido? Lori rió con amargura. —No, esperaban que fuera lo bastante lista como para elegir un marido para el que no tuviera que cocinar.


Él se lavó las manos en cuanto terminó con la carne. Después acercó la tabla y la cebolla hasta donde ella estaba sentada. —Muy bien. Entonces, ésta será tu primera clase de cocina —le dijo mientras le ofrecía un cuchillo—. Primero corta la cebolla por la mitad y a la larga — explicó mientras le enseñaba con la mano lo que quería decir—. Corta esta parte del centro, eso hará más fácil pelarla. Era una tarea sencilla pero toda una revelación para Lori. Sus padres habían sido siempre tan protectores que le habían privado de algunas de las más importantes experiencias y cualidades. Se sentía una perfecta incompetente para muchas cosas. No confiaba en sus habilidades. Los trozos de cebolla que cortó eran de los más diversos tamaños, pero lo había hecho ella misma. Y tenía lágrimas en las mejillas para demostrarlo. Dejó el cuchillo sobre la meseta y alzó las manos para secarse las lágrimas. Gabe la detuvo a medio camino. —No, no lo hagas. Lávate antes las manos. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe


Nº Paginas 50-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Gabe rasgó un papel de cocina y le secó los ojos y las mejillas. Aún sostenía su muñeca con la otra mano. Después dejó el papel sobre la meseta pero no la soltó. Se inclinó sobre la barra y le acarició la mejilla con su pulgar. Lori sintió como Gabe secaba la última de sus lágrimas. «Me soltará ahora», pensó ella, a pesar de que no quería que lo hiciera. Pero Gabe no movió la mano de su cara y ella sintió el impulso de colocar la suya sobre la de él. Lori cerró los ojos, el calor que transmitía la mano de Gabe era la más fuerte de las drogas, más que el alcohol, e igual de prohibido. —Lori —dijo él sin apenas aliento, como si le costara pronunciarlo. Se sintió frustrada por tener la barra entre ellos pero también agradecida por la protección. Agarró su muñeca con la intención de apartarle la mano de la cara. Pero en cuanto tocó la piel rugosa y cálida de Gabe su voluntad se esfumó y no pudo evitar deslizar su mano por todo su brazo, sintiendo sus músculos y las distintas texturas, experimentando cada centímetro de piel de la muñeca al hombro.


No abrió los ojos, no quería verle la cara. Si estaba incómodo con la situación no quería saberlo. Y si estaba tan excitado como ella sería mejor que no lo viera o no podría controlarse. —Lori —repitió él. Y ella no pudo evitar responder ante la urgencia con la que pronunciaba su nombre. Abrió los ojos y lo miró, sorprendiéndola la intensidad del deseo que había en los ojos de Gabe. Aquello encendió aún más su propia llama. El primer contacto de sus labios fue tan leve y ligero como una pluma, pero la dejó sin aliento. Sus dedos se tensaron, atrayéndolo más hacia ella. Gabe lo tomó como una invitación implícita y profundizó en el beso. Inclinando su boca sobre la de ella e introduciendo su lengua. En ese momento Lori supo que estaba perdida. Tenía que parar aquello, no podía dejar que continuara. Pero parecía no tener control sobre su cuerpo, sus caderas lo empujaban y los pechos presionaban su torso. Lo deseaba y lo deseaba en ese instante. Estaba lista para abandonarse en sus brazos. No podía pensar, era como si viviera sólo en un mundo de sentidos. Él se separó, intentando recuperar el aliento. Parecía conmocionado. Lori


entendió a la perfección lo que le pedía, le estaba dando la oportunidad de parar aquello. Porque si dejaba que la besara de nuevo, no se detendrían hasta el final. Con la poca voluntad que le quedaba, dejó que su mano cayera de la cara de Gabe, lo que los separó. Él se apartó y, cuando Lori reunió el suficiente valor como para mirarlo, vio que había vuelto al lado de la sartén, donde la carne se estaba haciendo. Se levantó del taburete. —Perdona —le dijo mientras se dirigía al baño. No quería tener que lavarse las manos en el fregadero, al lado de él. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 51-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Cuando volvió, la cebolla picada había desaparecido y en la tabla estaban el pepino y el tomate. Gabe se quedó al lado de la sartén, desde donde le explicó cómo cortar las verduras para la ensalada. Después le acercó un cuenco, con cuidado de no tocarla. Él mismo lavó y troceó la lechuga y Lori observó cómo preparaba la salsa para la pasta combinando la cebolla con la carne y la salsa de tomate en una cacerola. A la mezcla añadió algunas especias que a los pocos segundos llenaron la


cocina de un agradable aroma. —La salsa debe cocinarse a fuego lento durante otra media hora, más o menos —le dijo. —¿Hay algo más qué pueda hacer? —le preguntó Lori. Gabe la miró de tal manera que la electricidad atravesó su espalda de arriba abajo. —Hay espaguetis en la despensa, en el segundo estante. Buscó lo que le pedía, sintiendo su mirada en ella. Cuando se volvió, él ya estaba en el fregadero, llenando una olla de agua. —Si no necesitas nada más creo que saldré al porche un rato —le dijo mientras le ofrecía el paquete de pasta. «A ti, te necesito a ti», pensó él por respuesta. —No, nada más —dijo él dándole la espalda. «No hay nada más. Nada más que tu piel, nada más que tu respiración y cómo cambia cuando te toco», se dijo. Deseaba más que nada tenerla de nuevo entre sus brazos, aún podía sentirla contra él, piel sobre piel.


Levantó la tapa de la olla y se quemó los dedos, así que buscó un guante en el cajón. —Te avisaré cuando esté todo listo. En cuanto se fue, el deseo comenzó a aplacarse. Pero no del todo, sabía que no desaparecería por completo hasta que ella volviese a su vida en San Francisco y él a la suya de policía. Pero todavía quedaba una semana para ello. Iba a haber muchas duchas frías hasta entonces. No quería que le gustara Lori. Eso lo complicaría todo y haría más difícil aún la tarea de ignorar la atracción que sentía por ella. Pero sí que había empezado a admirarla, por su fuerza y determinación en vivir la vida a su manera. Aunque no sabía mucho de ella. Quizá sólo se tratara de una riña con sus padres y por eso, al menos durante un tiempo, no le pasaban dinero. Así podía experimentar la vida real una temporada hasta que se ganara sus mimos de nuevo. Sabía que estaba siendo cínico pero no era la primera vez que una mujer lo engañaba con su aspecto. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 52-121


https://www.facebook.com/novelasgratis Krista le había parecido dulce y generosa cuando la conoció. Hizo que se sintiera en el séptimo cielo cuando empezaron a salir. Su relación, de sólo seis semanas, terminó en un rápido matrimonio cuando ella se quedó embarazada. Aunque ambos estaban encantados con la idea de ser padres, al menos eso fue lo que él pensó. Él fue el primero en sostener a Brandon en sus brazos. Era un bebé pequeño, llorón y tenía la cara roja, pero desde ese momento le robó el corazón para siempre. Decidió que debía pensar en otra cosa, no quería seguir por ese peligroso camino. Imaginarse cómo sería Brandon en la actualidad siempre conseguía romperle el corazón. El agua ya estaba hirviendo. Vertió en ella la pasta y se concentró en la cocina para no pensar en el pasado. Si tenía que pensar en alguien prefería que fuese en Lori, era menos doloroso. Se preguntó qué le pasaría, estaba teniendo demasiados mareos y desmayos. Siempre estaba muy pálida. Pensó que a lo mejor no sólo había sido adicta al alcohol y estuviera aún sintiendo síndrome de abstinencia.


No temblaba ni parecía nerviosa o ansiosa, eran ésos síntomas que había visto a menudo en drogadictos. Tampoco fumaba, extraño en ex alcohólicos, que usaban el tabaco para suavizar el proceso. Pero había algo más en ella, algo que le tentaba a indagar. Aunque no debía hacerlo. Tenía bastantes problemas en su vida como para ocuparse de los de los demás. Probó un espagueti. La pasta estaba lista. La escurrió y se acercó a la parte de atrás para avisar a Lori. Se había quedado dormida en la tumbona. El libro en el que había estado escribiendo había caído abierto al suelo y la curiosidad lo empujó a leerlo, pero lo tomó y cerró con rapidez. Él también había escrito sus sentimientos en un diario durante un tiempo, hacía ya diez años, cuando las palabras que escribía eran tan violentas, crudas y llenas de odio que tenía que plasmarlas en una página en blanco porque si las dejaba en su interior, acabarían con él. Después, tras semanas de terapia, acabó quemando el libro. Un mechón de Lori descansaba sobre su cara y, antes de que pudiera pensar en lo que iba a hacer, se agachó y lo apartó de nuevo detrás de su oreja. Ella se movió y abrió los ojos. Ya no la estaba tocando pero seguía sintiéndose


culpable por haberlo hecho. —La cena está lista —le dijo. —Gabe —lo llamó ella mientras sujetaba el diario en su mano—. ¿Lo has…? —No, no lo he hecho. —Bien —dijo ella con suavidad. Se levantó sujetando el libro y él la esperó y dejó que entrara en la casa antes que él, inhalando así el incitante aroma que desprendía. No entendía qué le pasaba. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 53-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Cenaron en la barra de desayunos y su conversación se limitó a lo imprescindible. Ella comió bastante. Era la primera vez que la veía comer como una persona con apetito. Lori se ofreció a recoger los platos y él dejó que lo hiciera. Pero decidió no quedarse a supervisar, no podía soportar mirarla mientras se movía por la cocina, eso era lo último que necesitaba. Así que salió al porche y comenzó a guardar sus herramientas y la madera que le había sobrado. El sol ya estaba bajando y los mosquitos comenzaron a salir. Decidió entrar en la casa antes de que se convirtiera en la cena de esos


insectos. Lori estaba terminando de secarse las manos cuando él entró. Debería haber seguido hasta el dormitorio y quedarse allí encerrado toda la noche. No había conectado aún el televisor de su habitación al satélite pero tenía algunos libros. Además, allí había una radio. Podía escuchar un poco de jazz y leer hasta que fuera hora de acostarse. Pero no logró ir más allá de la barra de desayunos. Sus pies no le respondían. Se quedó mirándola. Ella parecía estar esperando a que dijera algo, pero no se le ocurría nada. —Creo que voy a poner el televisor y ver si hay algún partido —dijo sin pensar—. Estará bien verlo en pantalla grande. —¿Un partido de qué? —preguntó con cautela. —Béisbol. Quizá jueguen los Gigantes —dijo con dolor. La idea le recordó a su hijo. Los dos sentados en el sofá y compartiendo unos cacahuetes. Una escena que sólo había ocurrido en su imaginación. De repente, no pudo soportar la idea de sentarse solo frente al televisor y decidió ir a su dormitorio a leer. Se volvió hacia allí. —Lo veré contigo —le dijo parándolo en seco—. Aunque no sé mucho de béisbol.


Gabe se dio la vuelta para mirarla. —Pero llevas una sudadera de los Gigantes. Me imaginé que eras seguidora. Ella se miró el jersey como si lo hiciera por vez primera. —Me la regalaron los chicos del centro juvenil. Todos pusieron algo de dinero para poder comprarla. —Vamos a ver si juegan esta noche —dijo él buscando el mando a distancia. Lori se sentó en el sofá, con los pies bajo ella. Gabe buscó un canal que diera el partido. —Parece que los Gigantes no juegan hoy. ¿Qué te parece los Padres contra los Astros? —No conozco a ningún equipo —dijo riendo—. Así que me da igual uno que otro. —¿Quieres beber algo? —le preguntó él antes de sentarse. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 54-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Un vaso de agua, por favor. No sabía qué le pasaba. Todo lo que salía de la boca de Lori sonaba erótico.


Llegó a la cocina y tomó un refresco de la nevera y lleno un vaso con agua. Dejó el vaso en la mesita que estaba al lado de ella. Él se sentó al otro lado del sofá, tan lejos como pudo. —Bueno, te confieso que algo sé. Golpean la pelota con un bate y corren de una base a otra. —No puedo creerme que hayas crecido en San Francisco y nunca hayas ido a un partido de los Gigantes. —No era un evento lo suficientemente refinado como para mi familia. Aunque, ahora que recuerdo, Hightower tuvo los derechos de retransmisión unos años y tengo un vago recuerdo de ver uno desde un lujoso palco. —¿Cuántos años tenías? —Cuatro o cinco, no sé. Lo único que recuerdo es cómo odiaba los vestidos que mi madre me ponía. Intentó imaginársela a esa edad. Seguro que parecía un ángel. —Y, ¿no recuerdas nada más? —No, creo que comí demasiadas palomitas y vomité encima de los zapatos de alguien. Mis padres se murieron de vergüenza y decidieron no llevarme a más


partidos. —Pero ¿qué esperaban? Eras muy pequeña. —Sí, pero ellos estaban acostumbrados a mi hermana, que se ha portado como una adulta desde el día que nació —le dijo mientras miraba a la pantalla—. Bueno, ¿por qué no me cuentas las reglas del juego? Gabe se levantó y comenzó a explicarle cómo se jugaba, donde estaban las bases y todos los detalles. Sus preguntas lo sorprendieron, era aún más inteligente de lo que sospechaba. Lori empezó a adormecerse antes de la octava carrera. Tenía la cabeza apoyada en el respaldo del sofá, cerraba los ojos un minuto y los abría de nuevo. Estaba luchando para mantenerse despierta. Parecía una niña la víspera del día de Reyes, demasiado cansada para estar despierta y demasiado excitada como para dormirse. Pero el sueño la venció y acabó durmiéndose. La cabeza inclinada en una incómoda postura. Tendría que despertarla tarde o temprano, si se quedaba así toda la noche se despertaría con tortícolis al día siguiente. Pero parecía tan tranquila y relajada que esperó hasta el final del partido.


Apagó el televisor y se acercó hasta donde estaba. Le hubiera gustado tomarla entre sus brazos, acunarla y sentir su calor. Desde Krista, no se había acostado con nadie del que estuviera enamorado. No había sido ningún monje, pero sus amigas Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 55-121 https://www.facebook.com/novelasgratis habían sido mujeres que habían estado tan dispuestas como él a salir una noche y acostarse juntos sin más ataduras. Después de Krista, no creía que tuviera aún corazón, que pudiera llegar a amar de nuevo, al menos no a una mujer, guardaba esos sentimientos para su hijo. Pero Lori… Ella se movió y cambió de postura hasta que se encontró más cómoda. Podía dejarla allí y que se despertara ella sola. No era asunto suyo, eso lo habían dejado claro desde el principio. Pero no pudo evitar alargar su mano y tocarle el hombro mientras lo sacudía con delicadeza. —Lori —murmuró. Abrió los ojos lentamente y se quedó mirándolo. Aún estaba medio dormida. La


única luz del salón provenía de una lámpara al otro extremo de sofá y hacía que su pelo pareciese de oro y su piel más cremosa que nunca. Sin saber cómo su mano se deslizó hasta la mejilla de Lori y dibujó con su pulgar las facciones, parándose al lado de la boca. Sabía que sería un error tocar su boca. Su suavidad sólo le recordaría cómo era besarla, lo atraería más hacia ella. En algún lugar de su ser debía de tener aún un resquicio de voluntad y sentido común. Tenía que apartar la mano antes de que fuese demasiado tarde. Pero no lo consiguió. Sólo existía el presente, la sensación de la palma de su mano sobre la piel de Lori, sus ojos llenos de fuego y el sonido de su respiración. Decidió que sólo la besaría un instante, sería una mera caricia, no iría más allá. Pero fue un error y, en cuanto sus labios entraron en contacto, una fuerza inconmensurable lo atrapó. Supo que sería imposible despegar su boca de la de ella. Tenía que saborearla, separar sus labios con la lengua y perderse dentro. Ella levantó las manos contra el pecho de Gabe y él se quedó paralizado, esperando a que ella lo empujara pero no lo hizo. Lori agarró su camisa y su corazón comenzó a latir a mil por hora. El placer de tenerla tan cerca era abrumador. No podía sentir, ver ni oír otra cosa que no fuese ella. Llevó su boca de un lado a otro, sintiendo la satinada y suave piel de los labios


de Lori. Allí donde ella lo tocaba, el pecho y los labios, eran zonas al rojo vivo. Pensó que acabaría ardiendo entre sus brazos. Era increíble cómo su cuerpo, también su parte más baja, respondían a lo que no dejaba de ser un simple beso. Apenas había contacto en sus labios, pero era tan dulce que le hubiera gustado seguir así toda la vida. Estaba tan absorbido que tardó en darse cuenta de que algo había cambiado. Lori empujaba su pecho con las manos. Estaba tratando de decirle que parara. Así lo hizo, separándose de ella con torpeza mientras observaba su expresión de sorpresa. —¡Dios mío! Lo siento —se disculpó él sintiéndose como un imbécil—. No debería haber… lo siento. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 56-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Se puso en pie y, dándose la vuelta, fue hasta su dormitorio sin mirar atrás. Allí recogió su pijama y se dirigió al baño, rezando para que el agua fría le devolviera la cordura. Pero ni el agua más helada pudo ahogar las emociones que había dejado salir. Se sintió enfadado consigo mismo, sabía que estaba en un territorio peligroso,


uno del que le sería muy difícil salir. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 57-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 Lori se mintió a sí misma. Por un lado, se convenció de que las náuseas estaban empezando a desaparecer y de que si cuidaba su estómago éste se portaría bien con ella. Pero ahora, de rodillas frente al inodoro se daba cuenta de que no iba a ser así. Habían pasado dos días desde aquella noche, la noche del partido de béisbol. La segunda mentira era aún más flagrante. Estaba segura de que el beso de la otra noche había sido involuntario y no intencionado. Probablemente, Gabe estaba sobre ella, intentando despertarla cuando accidentalmente se resbaló y sus labios se juntaron. Se apartó del inodoro y apoyó la espalda en el armario del lavabo. Intentó serenarse y esperar hasta que su estómago le dijera si ya había terminado o aún le quedaban más sorpresas. Pensó en levantarse y mientras lo hacía, alguien llamó a la puerta. Lo


inesperado de la visita hizo que se golpeara un codo contra el lavabo. —¿Qué pasa ahí dentro? —dijo Gabe desde el otro lado. —¿Qué haces en mi dormitorio? —repuso enfadada. —Saliste de aquí y volviste corriendo. Además, dejaste la puerta abierta. Era verdad. Se había encontrado bien hasta que salió y olió lo que Gabe había preparado para desayunar. Sólo pensar en ello la hizo sentirse enferma de nuevo. —Vete. Gabe abrió la puerta y miró dentro con cuidado, como si temiera que estuviera desnuda. Y así se sentía ella, despojada de su dignidad por completo. Su expresión se endureció al verla. —Has estado vomitando —la acusó. —Me declaro culpable —dijo ella mirándolo. —Te oí esta noche cuando te levantaste. —Tenía sed y me levanté a beber agua. —Abriste el mueble-bar. Durante un segundo, Lori se quedó helada, sin saber qué decir. Poco a poco, la indignación y la ira fueron llenándola; sabía que si no se controlaba iba a explotar. —No he estado bebiendo —dijo tan serenamente como pudo—. Sólo agua.


Abrí el mueble-bar para tomar un vaso de allí, era lo más cómodo. Él la siguió mirando, parecía estar valorando sus palabras, decidiendo si le decía la verdad o no. No sabía por qué se preocupaba tanto. Y tampoco entendía por qué a ella le importaba tanto lo que él pensara. —Entonces, ¿qué te pasa? Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 58-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Pensó en decírselo. Explicarle como su ingenuidad la había colocado en una complicada situación a la que ahora tenía que encontrar solución. Pensó en utilizar su cara triste, la que había usado siempre con sus padres, hermana y amigos para conseguir que la ayudaran y sacaran de los líos. No quería mentirle pero no podía decirle lo que pasaba. Se levantó lentamente y su estómago no le dio más sustos por el momento. Se lavó la cara y enjuagó la boca antes de volverse hacia él. —Estoy un poco anémica. Eso es todo —dijo ella con la satisfacción de no estar mintiéndole.


—Eso no explica las náuseas. —Bueno, es que he tenido gripe estomacal y aún me estoy recuperando. —Tienes que ir al médico. —Ya lo he hecho y está al corriente de todo —dijo mientras pasaba a su lado para salir del baño. Gabe la siguió por la habitación y hasta el salón. —¿Sabe que te desmayas y devuelves cada dos por tres? Cuando llegó a la cocina sacó la leche de la nevera. Quedaba muy poca. No era capaz de cuidar de sí misma, se preguntó cómo podría cuidar de otros. Se sentía frustrada por su propia incompetencia y molesta por las preguntas de Gabe. —¡Esto no es asunto tuyo! —exclamó enfadada. —Lo es si te desmayas a mis pies. Quiero saber por qué ocurre —le respondió mientras tomaba un vaso del armario y se lo daba. La leche apenas cubrió la base del vaso. La bebió de un trago, intentando contener las lágrimas. —No es nada serio y me estoy cuidando. —Eso es lo que tú crees. —No tienes por qué preocuparte por mí —dijo mientras habría de nuevo la


nevera para sacar el zumo de naranja. Tampoco quedaba mucho. Lo bebió rezando para que su estómago no se quejara de la acidez del zumo. —Sólo quiero que seas sincera conmigo. —Pero ¿por qué te importa eso tanto? —No lo sé. No debería ser así —repuso apartando la mirada—. Pero lo es. Lori dejó el vaso en la meseta y se apoyó contra ella. —¿Alguna vez has confiado plenamente en alguien para que después todo se fuera a pique? —le preguntó ella. Gabe se quedó mirándola como si acabara de abofetearlo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 59-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —S í—le contestó. —Creías que de verdad amabas a persona, que podías creer en ella y después te traiciona de tal manera que… —No puedo aguantar esto —la interrumpió fuera de sí—. No puedo. Salió de la cocina y se dirigió hacia el porche trasero, dando un portazo al cerrar la puerta.


Sus preguntas retóricas lo habían pillado por sorpresa. Nunca hubiera podido sospechar que sus palabras pudieran dolerle tanto y abrir una herida que llevaba tanto tiempo ocultando. Estaba pasando por un momento en el que se sentía muy vulnerable, de otro modo las preguntas de Lori no lo habrían afectado tanto. Durante diez años había adormecido sus sentimientos para que el dolor fuera más soportable. Ahora tendría que construir de nuevo las mismas barreras para proteger su corazón, las que Lori había conseguido derribar con sus preguntas. No podía permitirse el lujo de pensar en la traición de Krista, en aquel día corriendo por la casa vacía, en su hijo. No podía pensar en su hijo. Dio vueltas sin parar, tenía demasiada energía y no sabía cómo quemarla. Quería entrar y terminar su desayuno, sólo había empezado a tomar sus huevos revueltos cuando siguió a Lori hasta el baño. Se imaginó que todo estaría ya helado, igual que las tostadas y el café. De todos modos, ya no tenía apetito. Los últimos dos días habían sido muy raros. No debería haberla besado, eso lo tenía claro. Hasta le había quitado el sueño. Luego se levantaba medio dormido, que no era el mejor estado para manejar una sierra mecánica. El día anterior había dejado de lado la reparación del porche para conectar su televisor al satélite, era una tarea mucho menos peligrosa. Además, así podía ver todos los partidos que quisiera a las


dos de la mañana y en su propia habitación, lejos de la tentación que representaba Lori. No lo ayudaba a conciliar el sueño pero al menos ocupaba su mente con algo que no fuera la rubia que dormía en la habitación de al lado. Esa mañana tampoco se encontraba lo bastante tranquilo como para trabajar con maquinaria peligrosa, así que decidió entretenerse colocando la leña que Tyrell había reunido en la parte de atrás del jardín. Pero antes que nada tenía que recoger la cocina, así que tendría que enfrentarse de nuevo a Lori. Entró con la esperanza de no encontrarla pero lo hizo. Estaba sentada a la barra untando mantequilla en una tostada. Se quedó helada al verlo y se manchó la mano con el cuchillo. Distraídamente, se llevó la mano a la boca y se chupó un dedo. Un simple gesto que encendió de deseo a Gabe. —No hagas eso —murmuró. —¿Qué? —dijo ella mirando su mano y sonrojándose—. Lo siento. —No —repuso él frustrado—. No es culpa tuya lo que pasa es que… verás, yo… la otra noche… Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe


Nº Paginas 60-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Sí? —preguntó Lori con más rubor aún. —Lo siento, no sé por qué… —comenzó—. No pretendía… no intentaba aprovecharme de… —No pasa nada. Sólo un par de besos, no es nada —lo interrumpió ella. —Pero no debería haberte tocado. —Bueno, no lo volverás a hacer. —Desde luego —asintió él. No sabía cómo iba a conseguirlo, ella era demasiado femenina, bella y perfecta para ser real. Lori se quedó mirándolo un instante y luego agachó la cabeza, concentrada en su desayuno. Tanto como él en ella, observando cómo mordía la tostada y se limpiaba los labios con la lengua. No podía hacer eso, tenía que dejar de mirarla así. En vez de tirar los huevos los calentó en el microondas y se hizo un bocadillo con ellos. No tenía hambre pero le esperaba un día de trabajo y tenía que alimentarse. Envolvió el emparedado y se dirigió al porche. —Estaré fuera colocando la leña —le comentó sin mirarla. En cuanto llegó al porche, mordió el bocadillo. Dejaba mucho que desear


pero era una distracción. Cualquier cosa era mejor que seguir pensando en la boca de Lori. Ella terminó el desayuno, lavó los platos, hizo una lista para el supermercado, leyó un par de capítulos de un libro y dejó un mensaje para Amy en el teléfono. No sabía qué más podía hacer. Se estaba volviendo loca encerrada en la casa. Quería estar afuera, dar un paseo, bajar al lago, pero para ello tendría que enfrentarse de nuevo a Gabe. Entró en el dormitorio e intentó localizarlo desde la ventana. Vio que estaba trabajando al lado de la pila de troncos de roble. Tenía trabajo de sobra para otra hora, así que decidió sentarse en la tumbona en el porche delantero. Necesita estar allí y escribir en su diario alguno de sus atormentados sentimientos. Con el cuaderno en la mano salió al porche. Dobló la tumbona y se dirigió hacia el porche delantero. Detrás de ella, el ruido de madera le recordaba que Gabe estaba a pocos metros de allí. Vio una equis naranja pintada sobre él, suelo, debía de marcar una de las zonas donde la madera se había podrido y tenía que ser reemplazada. Con cuidado pasó a un lado de esas tablas. La madera cedió bajo su peso y Lori, asustada, dio un salto


hacia el otro lado. La madera crujió y se abrió bajo sus pies. El porche se tragó su pierna y Lori no pudo evitar gritar aterrorizada. Las tablas parecían deshacerse a su alrededor. El agujero seguía creciendo y la mitad de su cuerpo estaba ya hundido en él. Un único pensamiento ocupaba su mente, sin que pudiera pensar en otra cosa. «Mi bebé, mi bebé», se repetía. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 61-121 https://www.facebook.com/novelasgratis En cuanto la oyó gritar corrió hacia allí, aún con un par de troncos en la mano. Subió los peldaños de tres en tres. Vio la hamaca a un lado de la casa, pero no podía ver a Lori. Horrorizado, comprobó al acercarse que Lori estaba desapareciendo a través del dañado porche, sus brazos en cruz eran lo único que la mantenían allí y evitaban que se cayera. Una mirada de alivio cruzó su rostro cuando lo vio. Pero se esfumó cuando comenzó a acercarse. —No, no te muevas, creo que está todo podrido. —Tú aguanta, aguanta ahí.


Se dio media vuelta y corrió escaleras abajo. Fue hasta el cobertizo, allí encontró una escalera y la sacó tan rápido como pudo. La abrió y colocó bajo los pies de Lori. Era lo bastante corta como para que cupiera bajo el porche pero lo suficientemente alta como para que ella pudiera apoyar sus pies. Estabilizó la escalera y agarró uno de sus tobillos. —Aquí, cariño, pon aquí el pie —le dijo mientras lo colocaba en el peldaño más alto. Ella gimió cuando Gabe le tocó la pantorrilla. El vaquero estaba roto en esa parte. —¿Estás bien? —Lo estaré cuando salga de aquí. —Voy tan deprisa como puedo. Cuando vio que ella estaba segura sobre la escalera, subió de nuevo a la casa. Tomó algunas de las tablas que aún no había usado. —Voy a construir un puente. Aguanta un poco más. —¡Qué remedio tengo! —dijo ella con media sonrisa. Colocó las tablas a ambos lados de Lori, cerca de sus manos. —Levanta los brazos.


—Preferiría no hacerlo. —No te vas a caer, no estando sobre la escalera. Necesito colocarlos más cerca de ti para poder hacer palanca y sacarte de ahí. —No puedo —le susurró—. Estoy muy asustada. —Entonces vamos despacio —dijo sufriendo con su miedo—. Primero un brazo y luego el otro. Ella asintió con la cabeza. Levantó el brazo izquierdo asiéndose con fuerza con su mano derecha a la madera, y él colocó las tablas más cerca de ella. Al momento bajó el brazo y Gabe vio que estaba llorando. Se preparó para levantar el otro brazo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 62-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Estás listo? —Listo —dijo él. Colocó el resto de las tablas. —¡Gabe! —Gritó aterrorizada mientras sus brazos se doblaban y ella caía por el agujero—. ¡La escalera!


Oyó la escalera caer y agarró a Lori sin pensarlo, sujetando sus muñecas antes de que desaparecieran por el agujero. Otras tablas podridas cedieron con el peso a su alrededor, pero el puente que acababa de construir los sostenía a los dos. Poco a poco, comenzó a tirar de ella, sacándola del infierno en el que había caído. No pudo evitar abrazarla en cuanto estuvo a salvo. Probablemente con más fuerza de la que debería, pero necesitaba sentir su cuerpo, comprobar que estaba bien y viva. Después la levantó en brazos para llevarla al otro lado de la casa. —Puedo andar, Gabe —le dijo ella. —Hasta tu voz tiembla. No quiero arriesgarme a que te desmayes de nuevo después de lo que ha pasado —dijo él mientras abría la puerta, atravesando la gran sala y dejándola sobre el sofá. —Se supone que tengo que cuidarme sólita. No deberías tener que rescatarme continuamente —se quejó ella, frustrada con su propia incompetencia. —¿Qué? Por si no te habías dado cuenta, esto no ha sido culpa tuya —dijo mientras le quitaba los zapatos y los calcetines con cuidado—. Debería haber comprobado la madera de ese lado, no hice un buen trabajo. Intentó concentrarse en lo que estaba haciendo. Tenía que examinarla y comprobar que no había heridas o fracturas. Decidir qué hacer. Tenía que intentar no pensar en que estaba tocando sus piernas o sintiendo sus gemelos flexionarse bajo los vaqueros.


Le dobló los pantalones para exponer sus piernas, eran más esbeltas de lo que había imaginado, pero intentó que su atención no se desviara y fijarse en las heridas. Había un par de arañazos bastante profundos en su tobillo izquierdo y en la rodilla derecha, pero lo que más lo preocupaba era la hinchazón del tobillo. —Puede que te hayas hecho un esguince —dijo mientras tomaba su pie izquierdo entre las manos y lo movía con cuidado. —Ufff… Duele bastante —dijo con gesto de sufrimiento. —¿Mucho? —En una escala del uno al diez yo diría que siete. —Necesitas hielo. —No, no pasa nada. Estoy bien. —Lo estarás cuando nos ocupemos de esa lesión. —Yo iré a por el hielo — dijo ella intentando levantarse. —No, yo lo haré —repuso él deteniéndola. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 63-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Esa excusa le daba además la oportunidad de alejarse de ella, aunque fuese un minuto. Fue a la cocina y llenó una bolsa con hielo y agua. La envolvió en un paño de cocina y volvió al salón, donde la colocó con mimo sobre su tobillo.


—No te muevas de aquí. Voy a la furgoneta a por mí botiquín. —Mira en mi baño. Sadie tiene uno enorme bajo el lavabo. Entró en su dormitorio con la misma reverencia con la que lo había hecho esa mañana. Se sentía raro invadiendo su intimidad. El baño estaba lleno del aroma de Lori, tentándolo. Su mente se perdió de nuevo y recordó cómo había sido llevarla en sus brazos hacía apenas unos minutos. Salió del baño con el botiquín y se quedó mirando, atontado, la enorme cama. Su modesto camisón de franela estaba doblado sobre la almohada. Era tan sexy como todo lo que rodeaba a Lori. Pensó en lo fácil que sería volver al salón, tomarla de nuevo en brazos y llevarla hasta ese lecho. Allí la cubriría con el suave edredón y se tumbaría a su lado. Después le quitaría los vaqueros, la camiseta y lo que llevara debajo de la ropa… Se frotó la cara. Tenía que dejar de pensar así. Salió de la habitación concentrado en el botiquín, ignorando sus eróticos pensamientos y la erección que cubría con la gran caja de plástico blanco. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 64-121 https://www.facebook.com/novelasgratis


Capítulo 9 Lori quería quitarse la bolsa de hielo del tobillo y ponérsela en la cabeza, quizás así conseguiría aclarar sus pensamientos. En cuanto Gabe comenzó a tocar sus piernas las fantasías más locas inundaron su cabeza. Se lo imaginó pasando los dedos por sus pantorrillas, subiendo por las rodillas hasta los muslos y de ahí a la parte de ella que lo deseaba con más intensidad. Ni siquiera el dolor que sentía en el tobillo consiguió distraerla. Cuando el miedo que había sentido al ver que se caía se fue diluyendo, comenzó a sentirse más consciente que nunca de lo que la rodeaba, como si la terrorífica experiencia que acababa de vivir le hubiera abierto los ojos y la hubiera sensibilizado. Había sido muy consciente de todos los músculos de los brazos de Gabe mientras la llevaba al sofá, de su olor, de la respiración en su pecho, no se le había escapado ni un detalle. Gabe entró en el salón desde su dormitorio. Cuando le dijo que fuera allí a buscar el botiquín no pensó en lo que se iba a encontrar. Esperaba tener todo recocido y el camisón bajo la almohada, pero no estaba segura. Él no la miró a los ojos y se arrodilló con el botiquín al lado. Estaba colorado y Lori supuso que había visto su camisón. Le hubiera gustado ir corriendo a su habitación y esconderlo. —He encontrado una tobillera en el botiquín, a ver si hay suerte y te vale — le


dijo mientras le quitaba la bolsa de hielo. Él se preparaba para colocarle la tobillera cuando ella lo detuvo. —Lo hago yo, gracias. No quería que volviera a tocarla. Se puso la tobillera y se la ajustó. —¿Mejor? —Sí, gracias. Gabe abrió el botiquín y comenzó a enumerar los contenidos. —Toallitas antisépticas, pomada antibiótica, vendas… todo lo que podemos necesitar está aquí. Verlo abrir uno de los paquetes individuales de toallitas le trajo a la mente otra imagen: Gabe abriendo un preservativo. La similitud era demasiado evidente y no pudo evitar sonrojarse. —¿Tienes fiebre? —preguntó él tocándole la frente y mal interpretando su rubor. —No, estoy bien —dijo apartando la cara y tomando la toallita de las manos de él—. Puedo hacer esto sola, gracias. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 65-121


https://www.facebook.com/novelasgratis Con tanto cuidado como pudo se limpió las heridas en los tobillos, pantorrillas y rodillas. Gabe hacía de enfermero, pasándole después la pomada y luego las tiritas y vendas. Lori consiguió curarse las heridas sin que Gabe tuviera que tocarla. Al terminar intentó levantarse del sofá. Pero dio un grito, la espalda le dolía también. —Estaba tan concentrada en el tobillo que no me di cuenta de que también me he hecho daño en la espalda —le dijo. Se levantó la camiseta por detrás, parando al comprobar que la tela se había pegado a la herida. —Date la vuelta, tú no puedes curarla. Se giró con cautela, apoyando la frente en el reposabrazos del sofá. Gabe estaba siendo tan cuidadoso como podía pero Lori no pudo evitar gemir de nuevo cuando desprendió la camiseta del todo. —Lo siento, cariño. Tengo tanto cuidado como puedo —le dijo. «Cariño», pensó ella, recordando que había usado ese apelativo antes cuando estaba metida en el porche. Sabía que no significaba nada, que sólo lo había dicho


para tranquilizarla pero oírlo de nuevo la hizo sentirse muy bien, como un agradable calor que se extendía por su alma. Gabe levantó la camiseta hasta el cierre del sujetador, notó que estaba dudando. —Lori, tengo que levantar la camiseta más arriba, por encima del sujetador. —De acuerdo —dijo apenas sin aliento—. Hazlo. Le subió la prenda hasta los hombros y vaciló de nuevo. —Ehhh… creo que voy a tener que… bueno, o tú —dijo aclarándose la garganta—. Necesito que desabroches el sujetador para poder curarte la herida. —¡Ah! Ya lo hago yo —le contestó mientras intentaba alcanzar el cierre con los dedos. Pero sintió la mano de Gabe deteniéndola. —No, déjalo, te vas a hacer daño. Ya lo hago yo. Notó cómo lo desabrochaba y apartaba para despejar la espalda. Sus pechos, que los sentía llenos y ardientes, se liberaron de la opresora prenda y sus pezones rozaron contra el encaje. Al principio sólo sentía dolor al aplicarle el antiséptico pero poco después comenzó a disfrutar con la suave caricia de los dedos de Gabe. Estaba teniendo mucho cuidado para que no le doliera. Tuvo que morderse el labio para


contenerse y no gemir. Él habría pensado que le estaba haciendo daño, aunque eso hubiera sido mejor que adivinar la verdad. —Podría ponerte una venda pero creo que se caería —le dijo cuando hubo terminado con la cura—. Será mejor que te pongas directamente la camiseta. —¿Y el sujetador? —preguntó ella ruborizándose. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 66-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Creo que no deberías llevarlo —dijo con voz ronca—. Te rozaría en la herida. —De acuerdo. Esperó a que le bajara la camiseta para incorporarse. Se giró un poco para darle la espalda y se sacó el sujetador por la manga, doblándolo en una mano. Ahora los pezones acariciaban la tela de la camiseta y le mandaban sensaciones eléctricas por todo su cuerpo. Él la miraba, parecía fascinado. Estaba segura que se daba cuenta de cómo él le estaba haciendo sentir. Debería haberse levantado y salido del salón pero, sin saber cómo, se movió hacia él y colocó la mano en su cuello para atraerlo hacía sí.


No pudo reprimir un gemido en la garganta cuando le besó. Ya no sentía dolor en las heridas. El beso de la cocina había sido muy cálido, el del sofá ardiente, pero aquél era explosivo. Intenso y pasional como ninguno. Sus lenguas se juntaron y comenzaron un baile de sensaciones indescriptible. Después él cubrió su pecho con una mano y la poca voluntad que le quedaba se esfumó. Podía sentir su calor incluso a través de la camiseta. Pellizcó su pezón que se endureció al momento. Era un placer inconmensurable. Imposible de ignorar o parar. Buscó en su interior para encontrar el sentido común perdido. Tenía que respirar, separarse de él, salir de allí. Se levantó como pudo y corrió a su dormitorio. —Lori. —Voy a estar aquí leyendo —dijo sin aliento desde el umbral de su habitación. —Yo seguiré trabajando, si estás bien —le contestó sin mirarla. Se quedó esperando a que saliera de la casa pero no lo hizo. Estaba absorto en su boca y Lori se imaginó que iba hasta donde ella estaba, la tomaba entre sus brazos y la echaba sobre la cama. Decidió que sería mejor poner tierra por medio. Entró en la habitación y cerró la puerta. Al apoyarse en ella se hizo daño en la espalda. Estaba demasiado excitada y nerviosa como para sentarse pero su tobillo le pedía a gritos que reposara. Se sentó en la cama, puso las piernas en alto y tomó uno de los libros.


Lo abrió pero sabía que no iba a poder leer. Encontró el mando e intentó encontrar algún programa de televisión que le distrajera pero no hubo suerte. En uno de los canales estaban retransmitiendo un partido de béisbol que sólo consiguió recordarle a Gabe. Apagó el televisor, aún más agitada que antes. Le dolía la espalda, el tobillo, las heridas y estaba demasiado alterada. Respiró profundamente y se colocó las manos sobre el abdomen. El pequeño ser que estaba allí dentro estaba haciendo estragos con su sistema hormonal y digestivo pero, de alguna forma, la reconfortaba saber que había una vida creciendo dentro de ella. A pesar de que no había sido un niño buscado, se había convertido en una bendición y un milagro para Lori. Ese bebé era la razón que la había traído a Tahoe y no Gabe Walker. Tenía que pensar en ese niño y tomar una decisión. Si se distraía con Gabe nunca encontraría la paz necesaria como para saber qué debía hacer. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 67-121 https://www.facebook.com/novelasgratis


Tenía que llamar a su médico. Apenas se había golpeado el estómago al caer pero estaba muy preocupada. Prefirió asegurarse de que todo estaba bien. Su móvil estaba en la cocina, lo que suponía arriesgarse a verlo de nuevo. Encontró una camiseta de tirantes en su equipaje y se la puso bajo la camiseta. Así camuflaba la excitación de sus pezones. En cuanto salió de la habitación se abrió la puerta de la casa y apareció Gabe con su diario en la mano. —Encontré esto en el porche —le dijo mientras se lo daba. —Gracias —respondió ella sujetándolo frente a ella como un escudo—. Me había olvidado de él. Gabe entró en la cocina y bebió un vaso de agua de un solo trago. —Estoy comprobando todo el porche de nuevo, asegurándome de que está bien y sólido. —Buena idea —le dijo mientras tomaba el móvil. —Siento haberte puesto en peligro —le confesó con la vista perdida en el paisaje que se veía por la ventana. —Estaba marcado. No debería haber ido por allí. —No lo habrías hecho si te hubiera dicho que no era seguro. —No lo sabías.


—Debería haberlo sabido —dijo mientras agarraba con fuerza el borde del fregadero—. Se supone que tengo que saber lo que es seguro y lo que no. Y saber en quién confiar. —Estoy bien, Gabe. —Sí. Gracias a Dios. El teléfono comenzó a sonar en su mano. Miró la pantalla, era Amy. Descolgó rápidamente. —¿Puedo llamarte yo en cinco minutos? —preguntó directamente. Cuando colgó él estaba ya cerca de la puerta. —Gabe. —¿Sí? —respondió sin mirarla. Quería decirle que estaba bien, que no era culpa suya lo que había pasado. Pero sabía que allí había algo más, que lo que estaba haciéndola sufrir era algo que iba más allá de la caída. —Gracias por cuidar mis heridas. —De nada —dijo mientras salía. Marcó el número de Amy y volvió al dormitorio. Habló con su tutora y con su


médico pero no pudo dejar de pensar en Gabe y en su cara. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 68-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Gabe terminó de retirar la madera podrida esa tarde. El porche sur de la casa parecía un queso suizo. Usó el puente que había colocado para Lori como red de seguridad mientras trabajaba. Hizo un trabajo muy minucioso, asegurándose de no dejar ni un centímetro de madera estropeada en la zona. Se sentía fatal por lo que había pasado, a pesar de que Lori había intentado quitarle importancia. Era el viejo problema de siempre, se concentraba tanto en algunas cosas que no veía las señales de aviso. Así fue con Krista. Cuando la conoció le pareció una chica normal, dulce y madura. Cuando se enteró de que estaba embarazada se puso muy contenta y él había pensado que estaba feliz por ser mamá y porque le quería. Él se tomó peor la noticia pero pronto se contagió por el entusiasmo de Krista y se alegró de casarse con ella. Cuando Brandon nació, Krista se comportaba de manera extraña y era muy posesiva con el bebé. Pero él no le dio importancia, pensó que era una


reacción normal en madres primerizas. Cuando el niño creció y quería pasar tiempo con su papá ella comenzó a actuar presa de los celos. Gabe nunca pensó que pudiera ir a más, hasta que fue demasiado tarde… En esa ocasión había estado demasiado concentrado en Lori como para hacer un buen trabajo en el porche. Con Krista tenía la excusa de la edad, cuando la conoció había sido un joven ingenuo. Pero ahora era un hombre maduro y debería ser capaz de controlar su mente, sobre todo cuando alguien, en ese caso Lori, podía resultar herido por su poca cabeza. Pero no había podido dejar de contemplar absorto la delicadeza de su piel y lo turgente y exuberante de su pecho cuando se liberó del sujetador. Se metió bajo el porche para inspeccionar desde allí también. Ya lo había hecho antes de empezar pero esa vez quería asegurarse y hacer un trabajo muy minucioso. Todo parecía estar bien pero no estaría de más hacer lo mismo en el resto del porche, sobre todo en los sitios que ya había reparado. Oyó la puerta de la casa y bajó corriendo de la escalera. —¡No pises aquí! —gritó mientras salía a su encuentro.


Llevaba la camiseta por fuera para que no se ajustara a su anatomía pero eso no la hacía menos atractiva. En cuanto la vio pensó en lo fácil que sería ahora deslizar sus manos bajo la camiseta y sentir su suave piel. —No has entrado a comer —le dijo ella. —Estaba demasiado liado aquí fuera. ¿Qué tal el tobillo? —Mejor, mejor. —No deberías apoyarlo. Sería mejor que lo mantuvieras elevado. —Así lo he hecho —dijo apartando un momento la vista de él—. Tengo un problema y necesito un favor. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 69-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿De qué se trata? —¿Podrías prestarme tu furgoneta mañana? —preguntó con una sonrisa. No le gustaba tener que pedirle un favor, era muy molesto no tener un coche a su disposición. —Tengo una cita mañana en Carson City, es a las once y cuarto. —¿Una cita? ¿Otra reunión? Podía decirle que sí para evitar más preguntas pero el día que dejó de beber


decidió también dejar de mentir. —No, es con el médico. —¿Para lo del tobillo? —En parte. Se quedó mirándola, como si pudiera ver que le estaba ocultando parte de la información. —Yo te llevo. —No, no —dijo incómoda—. Ya he atrasado demasiado tu trabajo entre unas cosas y otras. —No pasa nada. Tengo que comprar madera de todas formas y en Carson City la encontraré más barata que aquí. No podía negarse, necesitaba ir y su furgoneta era su único medio de transporte. —Bueno, entonces deja que pague la gasolina —le dijo ella. —No es necesario. —Puede que no, pero me gustaría hacerlo. Él se encogió de hombros con indiferencia y Lori no supo si acertaba o no su oferta. —¿Dónde está la consulta? —Cerca del Hospital Carson-Tahoe. Tengo que llegar un poco antes para


rellenar mi ficha. —Entonces deberíamos salir sobre las diez. Así me dará tiempo a hacer algo de trabajo antes de irnos. Lori entró de nuevo en la casa y pudo sentir sus ojos fijos en ella hasta que se metió dentro. Cuando entró en su habitación se dio cuenta de que un viaje a Carson de ida y vuelta significaba dos horas metida en la furgoneta muy cerca de él, tan cerca que podría tocarlo. Para cuando volvieran al chalet iba a estar fuera de sí. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 70-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Lori desayunó un té y una tostada y su estómago no protestó. Pensó que por fin estaba dejando atrás la etapa de las náuseas matutinas. Pero su cuerpo esperó hasta el momento de irse a Carson City para revolucionarse. Desde su baño oyó a Gabe llamando a la puerta del dormitorio. —¿Estás bien? Se levantó y echó agua en la cara. Se miró al espejo, parecía un fantasma. Rezó


para que él no lo notara pero sabía que no había muchas posibilidades de que no lo hiciera. En cuanto abrió la puerta vio los ojos de Gabe fijos en ella. —¿Qué te pasa? —Nada, estaré mejor en un momento. Intentó salir del dormitorio pero él la agarró por la muñeca. —Estás aún más delgada que hace cuatro días. Ella sabía que era verdad, ya lo había notado. Se suponía que tenía que estar ganando peso, no perdiéndolo. —Ya lo sé. —Entonces, ¿qué…? —Gabe se interrumpió en mitad de la frase y ella vio que había encontrado la verdad—. ¡Estás embarazada! —Sí —asintió ella haciendo un esfuerzo para no apartar la mirada. —¿De cuánto? —Dos meses. —¿Por qué lo guardabas en secreto? —No lo sé, supongo que no quería tener que dar explicaciones. —Tu marido… —No hay ningún marido —dijo ella zafándose de él y dirigiéndose a la


cocina. —Tu novio… —insistió él siguiéndola. —Tampoco lo hay. Ya no. —Pero ¿lo sabe? —le preguntó. Lori llenó un vaso con hielo y se sirvió agua. —Desapareció en cuanto le conté la buena nueva. Gabe se apoyó en la meseta y cruzó los brazos. —Aun así, debería responsabilizarse. —Bueno, no creo que pueda ser un buen padre. —Pero al menos debería ayudarte económicamente. —Prefiero que se mantenga al margen. Eso simplifica mi vida y hace mucho más fácil tomar una decisión. Bebió el agua esperando que su estómago no le jugara otra mala pasada. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 71-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué decisión? —Qué hacer cuando el niño nazca. Si voy a ocuparme yo de él o… No pudo seguir hablando y se quedó mirando por la ventana. No podía considerar aún la alternativa, eso la convertiría en algo factible, y no quería


que lo fuera. Cuando miró a Gabe vio un dolor y una agonía en sus ojos que no entendió. Estaba pálido. —¿Ya sabes que es un niño? —le preguntó. —No. Es demasiado pronto. No sé por qué he dicho «él», ni idea. —¿Y tus padres? —Tengo treinta y dos años, mis padres no tienen nada que ver con esto. —Es su nieto. Era verdad y ella lo sabía pero oírlo en voz alta le dolió más de lo que pensaba. Se sentía culpable. —¿Se lo has dicho? —No. —¿Lo vas a hacer? —Eso no es asunto tuyo —dijo enfadada, con la misma altanería que había mamado en su casa y que tanto le recordaba a su madre. Se arrepintió de haberle hablado así, sobre todo al ver la tristeza que emanaba de su rostro, y decidió darle una explicación. —Pienso decírselo pero antes quiero tomar una decisión y tengo que hacerlo sola. —Pero ¿crees que podrías deshacerte de él? —le preguntó desde su propio


dolor. No esperó a su respuesta. Salió de la cocina y de ahí al porche dando un portazo. No entendía por qué le importaba tanto. No era su hijo ni su decisión, sino la de Lori y el donante de esperma que la había dejado en la estacada. Si decidía que lo mejor era dar al niño en adopción él tendría que respetarlo. Él aún no había superado la desaparición de su hijo y no podía entender que alguien lo hiciera voluntariamente. Lori abrió la puerta tan despacio que Gabe no se dio cuenta de que estaba allí hasta que se aclaró la garganta para hablar. —Ya son más de las diez. —Sí, perdona. Dame un minuto y voy a la entrada. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 72-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 10 Los bosques de la zona de Tahoe fueron desapareciendo al acercarse a Carson City. Lori estaba hecha un lío, nerviosa por la visita médica, preocupada por Gabe y su dolor y nerviosa por tenerlo tan cerca.


Viajaron en silencio en todo el camino. Para cuando llegaron a Carson, Lori ya no aguantó más. —¿Te llamo cuando termine en la consulta? Gabe siguió con la mirada fija en la carretera y Lori pensó que nunca iba a hablarle de nuevo. —¿Cuánto tardarás? —preguntó de mala gana. —No lo sé. Por eso pensé que sería mejor que te llamara yo cuando termine. —Volveré dentro de una hora y si aún no has salido, te esperaré allí. Giraron a la izquierda en la calle Mountain. —Es en el 1200 —le dijo ella. Cuando llegó a la clínica aparcó y se apeó para ayudarla a salir. Dentro de la clínica había una sala de espera llena de mujeres. Algunas estaban acompañadas por sus maridos y verlas le dolió. Le hubiera gustado tener alguien a su lado con quien compartir ese embarazo. En cuanto se metió en la furgoneta se dio cuenta de lo que podía haber pasado. Cuando Lori cayó en el porche, por culpa de una negligencia suya, podía haber dañado también el feto. No lo había pensado hasta que comenzó a conducir y no fue


capaz de abrir la boca en todo el viaje. Le hubiera gustado quedarse con ella en la clínica, saber cuanto antes si el bebé estaba bien. Fue a la ferretería más cercana y compró más madera de la que necesitaba. Esa vez quería hacer un buen trabajo reemplazando las tablas del porche. Miraba el reloj cada poco, no quería llegar tarde. Había una larga cola en las cajas de salida y tardó mucho en cargar la furgoneta. Así que llegó a la clínica más tarde de lo que debía. Ella ya estaba esperándolo a la entrada y su corazón se encogió cuando se acercó lo bastante como para verle la cara. Parecía muy agitada y tenía los ojos rojos como si hubiera estado llorando. El pánico lo inundó de inmediato y temió que lo peor hubiera ocurrido. Aparcó el vehículo y salió tan deprisa como pudo. Corriendo fue hasta donde ella estaba. Sin pensar la abrazó y sostuvo cerca de él. Ella se desmoronó con toda la vulnerabilidad que tenía dentro. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 73-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿El bebé? —dijo él mientras esperaba sin aliento su respuesta. La angustia que tenía dentro comenzó a aligerarse entre los brazos de Gabe.


—Está bien —dijo entre lágrimas—. Por lo menos de momento. Pero el doctor está preocupado. —Ha sido por la caída, ¿verdad? —No, no. El bebé está bien, no me golpeé la tripa. —¿Entonces? —dijo él separándose de ella y secándole las lágrimas con el pulgar. —He perdido cinco kilos cuando debería estar engordando. Y tengo mucha anemia. Dice que si no como mejor y dejo de vomitar, mi estado va a empezar a afectar al desarrollo del bebé. Apoyó la cabeza en su pecho y el aroma de Gabe la llenó al momento de seguridad y paz. Sabía que su abrazo no era nada más que un gesto amable pero no podía evitar desear que fuera algo más. —No sé qué hacer —añadió. Odiaba verse así, desesperada y frágil. No debería apoyarse en él, tenía que ser fuerte pero no sabía de dónde sacar la energía. —Vámonos —dijo él. La guió hasta la furgoneta y le abrió la puerta. Luego entró él. Lori lo miró, parecía tenso, quizás estuviese enfadado.


—Lo siento. —¿Porqué? —Por arrastrarte de un lado a otro. Por tener que traerme a Carson City. Y por llorar en tu hombro. —No tienes que disculparte. Pero parecía tan tenso que Lori no sabía qué pensar. Sacó el vehículo con brusquedad de la plaza donde estaba aparcado. Ya en la calle, cambió un par de veces de carril y acabó entrando en el aparcamiento de un supermercado. Buscó donde dejar el coche y cada vez parecía más enfadado. —Voy a comprarte comida y no quiero que me digas ni una palabra. Lo voy a hacer y punto. Lori se quedó sin habla y no se recuperó hasta que Gabe salió de la furgoneta y abrió su puerta. —No puedes gastarte tu dinero en mí. —No te escucho. Gabe la ayudó a salir dándole la mano y lo hizo con más delicadeza de lo que esperaba.


Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 74-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me escuches o no, voy a pagarte tarde o temprano. —Muy bien, ya me lo pagarás. Pero hoy voy a comprarte comida te pongas como te pongas. Recogió un carro a la entrada y lo empujó hasta la tienda. Lori no sabía cómo había ocurrido pero en menos de diez minutos un hombre había tomado las riendas de su vida. —Gabe… Él se paró de golpe y ella chocó contra él. Parecía muy enfadado. —Si no lo haces por ti, hazlo por el bebé —le dijo. Sus palabras la abofetearon y se sintió más culpable que nunca. El niño había estado sufriendo durante las últimas semanas porque ella no había estado cuidándose. Tenía que dejar de lado su orgullo y recordar que Gabe no estaba haciendo aquello por ella sino por el bebé que llevaba en su interior. —Toda mi vida han sido otros los que me han sacado las castañas del fuego. Ahora intento ser independiente y tengo miedo de caer en las costumbres del pasado. —Si he aprendido algo —dijo él dulcificando la mirada— así que no hay que


ayudar demasiado a la gente. Pero ahora tienes que confiar en mí. —De acuerdo —dijo dejando de lado sus emociones. Lo siguió por los pasillos viendo cómo llenaba el carro de comida. Metió un poco de todo, preguntándole de vez en cuando sobre sus preferencias gastronómicas. Intentó rebelarse una vez, diciéndole que no necesitaba más de un tipo de cereales, pero la miró de tal forma que decidió callarse y no quejarse más. Apenas dejó que lo ayudara. Cuando llegaron a la caja, Lori no quería ni ver el importe final pero tenía que hacerlo, tenía que saber cuánto le debía. Cuando lo vio lo anotó en un papel y guardó en el bolso. Él llevó la compra hasta la furgoneta y cargó las bolsas en ella. Ya estaba más relajado. La ayudó a subir al vehículo. Lori tenía un billete en la mano cuando subió él. —Aquí tienes los primeros diez dólares. —No lo necesito —repuso él mirando el billete como si fuera un animal peligroso. —Pero tienes que tomarlo. Te dije que te pagaría —dijo mientras tomaba su mano y metía dentro el dinero. Gabe parecía a punto de devolvérselo.


—No me lo des, Gabe. En serio —dijo ella con toda la fortaleza y frialdad que le quedaban. —De acuerdo —repuso Gabe metiéndose el dinero en el bolsillo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 75-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y te debo aún la gasolina. —Tenía que venir a por material de todos modos, Lori —le contestó fastidiado—. Y a pesar de la gasolina, la madera me ha salido más barata que en Tahoe. Estaba segura de que estaba exagerando pero no quería seguir discutiendo con él. Decidió que añadiría la gasolina a la cuenta del supermercado sin decirle nada. —Muy bien —dijo—. Creo que es hora de comer —añadió al notar sensación de hambre. —Podríamos parar para comer pero a lo mejor te mareas después en el coche con las curvas. —No, tengo que comer. Estoy hambrienta.


Gabe salió de la furgoneta y volvió con dos trozos de pan recién hecho. —Toma, para que engañes el hambre de momento. —Mmm… está buenísimo, el mejor pan que he comido. —Come despacio. Si no acabarás vomitando. —Parece que sabes de lo que hablas —le dijo sonriente—. ¿Has estado al lado de muchas embarazadas? Gabe estaba a punto de comer un trozo de pan cuando su pregunta lo paralizó. Su rostro se llenó de dolor y su mirada estaba perdida a miles de kilómetros de distancia. —Tengo un hijo —dijo en apenas un hilo de voz. Encendió el motor y salió del aparcamiento. Recorrieron las calles de la ciudad en silencio. Ella mordisqueaba despacio el pan, él no lo había probado, parecía obvio que no quería decir nada más sobre su hijo y entendió que sería mejor no preguntarle. Ella tenía sus propios y vergonzosos secretos, no tenía derecho a indagar en el pasado de otros. Poco después llegaron a la autopista y Gabe tomó el pan que tenía en el regazo y lo mordió.


—Tiene trece años. No volvió a abrir la boca en todo el trayecto. Cuando Gabe se fue de Los Ángeles dejó allí a todas las personas que habían sabido de Brandon. Tyrell era el único con el que aún se trataba. Había cortado todo contacto con los demás y con su vida allí. Era la mejor manera de evitar que le recordaran, a cada minuto, lo que había pasado. Era algo que hasta sus padres habían entendido. Y, a pesar de que tenían el corazón tan roto como él por la tragedia, nunca mencionaban el nombre del niño delante de Gabe. No sabía por qué le había dicho a Lori que tenía un hijo, había sido una confesión innecesaria, una información que no tenía por qué compartir con ella. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 76-121 https://www.facebook.com/novelasgratis El resto del viaje lo hicieron en silencio. Él no quería hablar y Lori lo entendió. Se sentía agradecido de que no le hubiera hecho ninguna pregunta. Nadie en Hart Valley, donde vivía, sabía lo que había pasado y él deseaba mantener las cosas así. Aparcó marcha atrás frente la puerta de la casa. Sabía que Lori querría ayudar y


decidió ponérselo más fácil. Le dio las bolsas más livianas y rápidamente descargó el resto antes de que Lori volviera a por más. —No soy una inválida. Podía haber llevado más bolsas —dijo ella viendo que él llevaba tres en cada mano. Gabe comenzó a sacar las cosas de las bolsas. —¿Aún tienes hambre? —Un poco —repuso ella mientras lo ayudaba a colocar todo en la despensa —. A lo mejor como más pan. —Te prepararé algo en cuanto termine aquí. —No tienes por qué hacerlo. —Bueno, yo también tengo que comer. Preparó bocadillos para los dos con fiambre, mostaza, lechuga y tomate. Pero luego pensó que el tomate podía ser demasiado ácido para Lori y se lo sacó del emparedado. Cuando terminó los bocadillos ella acababa de terminar de guardar la comida. Lori se sentó en uno de los taburetes suspirando. —Gracias —dijo saboreando ya con los ojos su bocadillo.


—¿Sabes lo que vamos a hacer? —comentó mientras se sentaba—. Yo cocino y tú limpias. Y no quiero oír tus protestas. Esperaba que se quejara, pero Lori lo sorprendió con una sonrisa. Un simple gesto que tuvo en él el mismo efecto al que ya se estaba acostumbrando. Era la sonrisa más seductora que había visto en su vida. — Sí, señor —le dijo ella. Gabe comió el bocadillo sin poder saborear ni un bocado. No sabía si era gracias al talento de Gabe para cuidarla o que su cuerpo había decidido cooperar para que el embarazo fuera bien. El caso era que ella comenzó a comer mejor y las náuseas mejoraron mucho. Él cocinaba y ella limpiaba después la cocina y los platos. También empezó a dormir mejor, aunque no podía evitar que todos sus sueños fueran eróticos, no lo más común en una mujer embarazada. Lo único malo de sentirse mejor era que tenía más tiempo para pensar en Gabe y en cómo le hacía sentirse. Esperaba que repararan su coche antes de que sucumbiera a sus encantos. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 77-121


https://www.facebook.com/novelasgratis Terminó de secar los platos del desayuno y los guardó. Dejó el paño a un lado y tomó su móvil. Salió al porche trasero metiéndoselo en el bolsillo del vaquero. Amy había quedado en llamarla esa mañana y no quería perder su llamada. Una vez fuera se paró para oír dónde estaba Gabe. Había conseguido por fin convencerlo para que le dejara ayudarlo. Lo único que hacía era cambiar las brocas del taladro, colocar las herramientas, darle tornillos según los necesitaba y asegurarse de que todo estaba a mano. Aun así, disfrutó sintiéndose útil. Oyó el taladro en la parte sur de la casa y fue hacia allí. Ella no había estado en esa zona desde el día de la caída. Le costaba pisar esa zona de nuevo. Gabe estaba en medio del porche, de espaldas a ella y colocando una tabla nueva en su sitio. Observó los músculos de sus hombros, flexionados mientras presionaba para introducir los tornillos. Sintió la urgencia de acercarse a él y rodearlo con los brazos. —Hola —saludó con suavidad. —Cuidado donde pisas, mantente cerca de la casa —le dijo mirándola por encima del hombro. Hizo lo que le aconsejaba, caminando despacio sobre la zona más segura. La caja de tornillos estaba lejos de Gabe. Iba a necesitar más en cuanto metiera


los que tenía en la boca, así que preparó otros tres para cuando se los pidiera. —¿Qué tal tu estómago? —Bien. Espero haber terminado ya con las náuseas. —Krista estuvo mal durante los cuatro primeros meses —dijo. Al momento se arrepintió de haber dicho nada. —Tu mujer. —Ex mujer —dijo con dureza—. Pásame esa tabla. Lori hizo lo que le pedía. Al inclinarse el móvil se le clavó en la pierna, así que lo sacó de allí. —Entonces tu hijo vive con ella, ¿no? Agarró la madera con fuerza y todos los músculos se tensaron. Se puso de pie con la tabla aún en las manos, intentando recuperar el aliento. La madera temblaba tanto en su mano que Lori pensó que acabaría cayendo al suelo. Levantó el brazo, se volvió y lanzó la tabla tan lejos como pudo. Con las manos en puños, se volvió hacia ella. Estaba fuera de sí, parecía desolado. Como pudo se fue de allí, tambaleándose, con agonía en cada poro de su piel. El corazón de Lori se partió en dos al verlo tan destrozado. Despacio lo siguió hasta donde estaba, puso sus manos en la espalda, estaba


muy tenso. Lo acarició con cuidado pero él parecía completamente inconsciente de su presencia allí. Después se volvió, con desesperación en el rostro, y le colocó las manos en los hombros. La atrajo hacia así y acercó su cara a la de Lori. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 78-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 11 Casi podía ver cuánto la necesitaba, cuánto la deseaba. Lo sentía en el calor de las manos, en su entrecortada respiración. Lori sabía que debía apartarse de él, no podía dejar que la besara de nuevo, entonces estaría perdida. Pero Gabe estaba fuera de sí y su pasión la excitó más que nada, sin que pudiera negarlo. Sabía que era un error pero tenía que besarlo. La emoción que se liberó cuando sus labios se tocaron casi hizo que llorara. Era una mezcla de la más dulce ternura y la pasión más cruda. Esperaba que Gabe transformara su dolor en violenta pasión pero estaba siendo tremendamente tierno. La deseaba y cuando Lori fue consciente de ello una corriente eléctrica la recorrió, acelerando su corazón. Él la deseaba y ella a él, no podía negarlo.


Gabe cubrió su boca por completo y deslizó su mano por el pelo de Lori, liberando su cabello del prendedor que se había puesto esa mañana. Sus dedos se enredaron en el pelo mientras su lengua profundizaba más en su boca. El calor aumentó al instante y ella deslizó sus manos por los brazos de Gabe, desde las muñecas a los hombros, donde aún había mucha tensión. Estaba completamente abandonada a él, apenas sentía sus rodillas, de no ser por él caería al suelo. Él la hizo girar y acabó entre la barandilla y él, presionando así su cuerpo contra el de ella, a la que no se le pasó por alto la excitación de Gabe. Quería rodearlo con su cuerpo y que estuviera dentro de ella, sentir toda su fuerza y empuje en su interior. Estaba abrumada por la fuerza de su propia pasión y cómo un simple beso había llegado a esa necesidad física en cuestión de segundos. Una mano de Gabe bajó por su costado y sacó de los vaqueros la camiseta que llevaba. Sus dedos se deslizaron sobre su piel, recorriendo las costillas y cortando su respiración. Entonces rozó su pecho con el pulgar y un suave gemido se escapó de su boca, ahogado en el beso. Gabe la apartó de la barandilla y guió hasta la casa, robándole todo atisbo de voluntad con sus continuos besos. De camino hacia allí le soltó el sujetador, con


mucho cuidado de no dañar la herida de su espalda. Su mano cubrió entonces por completo su pecho, que la esperaba ya lleno y excitado. Lori le clavó los dedos en los hombros al jugar él con su pezón. Estaba torturándola pero con ternura. Debía de saber lo sensible que están los pechos durante el embarazo porque estaba siendo muy cuidadoso. Estaban cruzando ya la puerta cuando su teléfono sonó. Al principio ni se enteró, era como si no fuera con ella. Pero cuando sonó de nuevo Gabe se separó de ella y apartó sus manos, mirándola aturdido. —Deberías responder —le dijo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 79-121 https://www.facebook.com/novelasgratis No podía hablar así que sólo asintió con la cabeza. Gabe fue a por el móvil, que Lori había dejado en el porche de la parte sur de la casa. —¿Diga? —dijo él respondiendo a la llamada. Era la voz de un hombre al que acababan de interrumpir cuando estaba a punto de hacer el amor. Lori se preguntó qué pensaría Amy de todo aquello. —¿Y quién eres tú? —preguntó Gabe.


A Lori le extrañó que Amy estuviera interrogándolo, era muy diplomática. —Sí —contestó Gabe mirándola—. Está aquí. —Un hombre. Para ti. No me ha dicho quién es — le contó mientras le tendía el móvil. Se le cayó el alma a los pies. No podía ser Hugh porque no tenía su nuevo número de móvil. Sólo había un hombre que tuviera su teléfono. Cuando tomó el aparato de las manos de Gabe, comprobó en la pantalla que había acertado. —Hola, Tom —le dijo. Esa llamada de teléfono había sido providencial. Su cuerpo estaba aún a cien y, de no haber sido por la interrupción, Lori estaría en sus brazos encima del sofá o de una de las camas de la casa. Su parte más racional le decía que era mejor así, pero su deseo quería mucho más. A la persona que llamaba no le había sentado nada bien que contestara él. Pero no parecía el enfado posesivo de un novio celoso. Ni Gabe ni él habían querido identificarse, así que no tenía ni idea de quién podía ser. Lori parecía en tensión y hablaba con él de forma cortante. Oyó que lo llamaba Tom, quizá fuera su hermano. La situación económica de Lori parecía tan mala que


se imaginó que tenía mala relación con sus padres, quizá su hermano estuviera haciendo de interlocutor de la familia y de mediador para intentar que volviera al redil la oveja descarriada. Miró hacia los árboles. Se preguntó si debería intentar encontrar la tabla que acababa de lanzar o sería mejor cortar otra. La rabia que lo había llevado a hacerlo había sido de nuevo confinada en su interior, tras las mismas viejas vallas donde guardaba todos sus sentimientos durante los últimos diez años. La tabla lanzada era sólo un trozo de madera pero él había visto algo más en ella. Allí estaba Krista y su imperdonable traición. Una parte de él quería triturar la madera y quemar los restos pero sabía que no lo haría sentirse mejor. Lo único que le devolvería la paz sería recuperar a su hijo. La voz de Lori cambió y por la suavidad y dulzura de su tono le pareció que estaría hablando con un niño, quizá una sobrina. Ella le estaba dando la espalda y apenas podía escuchar sus palabras. Parecía estar disculpándose por no haber llamado y también le hacía preguntas sobre el colegio. Lori lo miró por encima del hombro y Gabe decidió no seguir escuchando e ir a por un refresco. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 80-121


https://www.facebook.com/novelasgratis La memoria de su hijo volvió con fuerza mientras bebía en la cocina. Parecía que nunca iba a dejar de sufrir pensando en cómo podía haber sido su vida si no lo hubiera perdido. Pero lo que acababa de suceder le hizo preguntarse una vez más qué habría pasado si las cosas hubieran ido bien entre Krista y él. Si ella hubiera sido otro tipo de mujer podría haberle dicho que no era capaz de seguir adelante con el matrimonio. Podían haberse divorciado antes de que ella lo abandonara y haber llegado a un acuerdo para compartir la custodia del niño. Eso lo habría cambiado todo y ahora podría ver a su hijo de vez en cuando. No sería la situación ideal para Brandon, sobre todo al principio, pero hubiera sido mejor que pasar diez años sin ver a su papá y sin saber por qué éste no iba a verlo. La angustia lo inundó y decidió volver al trabajo para poder así distraer su mente. Acababa de acercarse a la puerta cuando Lori entró corriendo. Pensó que serían de nuevo las náuseas pero luego vio que no iba hacia el baño sino el mueblebar. Gabe la siguió. Ella abrió el mueble y agarró la primera botella que vio, una de


whisky. Dudó un instante con su mano en el tapón y tomó uno de los vasos que descansaban sobre la meseta. Le temblaban las manos mientras abría la botella. Pero no se sirvió una copa, ni siquiera inclinó la botella. Se quedó allí inmóvil, temblando, con los hombros hundidos y más angustia de la que parecía poder soportar. Después tomó de nuevo el tapón con una mano ya más firme y lo enroscó de nuevo. Devolvió la botella a su lugar y cerró el mueble. Abrió el grifo y llenó de agua el vaso. Comenzó a beber mientras se volvía. —¿Quieres hablar de ello? —le preguntó después de darle un poco de tiempo. —El hombre con el que hablaste… —comenzó mirando el vaso de agua—. Era Tom, mi ex marido. Eso explicaba por qué le había hecho tantas preguntas a Gabe. — Y después hablaste con… —Con mi hija Jessie. No se esperaba tal confesión y no entendía por qué lo sorprendía tanto, al fin y al cabo, sabía muy poco de ella. Después sintió envidia. Lori tenía un hijo con el que acababa de hablar, sabía


dónde vivía. Él daría un brazo por poder hacer eso con Brandon. Intentó dejar sus emociones de lado para ayudarla. —Tu ex marido tiene la custodia, ¿no? —Sí —contestó con gran dolor. —¿Por culpa de tu adicción al alcohol? —En parte —dijo apartando la mirada. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 81-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Pero llevas un año sin beber. ¿No puedes conseguir ahora custodia compartida? Dejó en la meseta el vaso de agua y lo miró a los ojos. —No le dieron la custodia a Tom porque yo bebía sino porque los abandoné. A él y a mi hija. —¿Abandonado? No entiendo —preguntó él pensando que no había oído bien. —Los dejé hace seis años. Me fui de casa y los dejé atrás. He estado casi totalmente fuera de su vida hasta que dejé de beber. No podía creérselo. Él llevaba diez años de agonía por no poder ver a su hijo y


esa mujer había abandonado a su hija sin más. Sus ojos se llenaron de lágrimas pero Gabe no dejó que eso lo afectara, no se compadecía de ella en absoluto. —Y ahora Jessie no quiere saber nada de mí — añadió ella—. No quiere que vaya a su cumpleaños, dice que arruinaría su fiesta. —¿Y la culpas? —le dijo con enfado. —¡Claro que no! —Repuso ella igual de enojada—. Fue un error mío, no de ella. Y no intento meterme en su vida a la fuerza, pero deseo tanto poder tener una relación normal con ella… —dijo entre lágrimas—. Deseo que me quiera, pero ¿cómo lo va a hacer? Mientras escuchaba las palabras de Lori un pensamiento le cruzó la mente. Se imaginó qué pasaría si Krista se arrepentía de lo que había hecho y lo buscaba para devolverle a su hijo. Sabía que no perdería ni un segundo en odiar a su ex mujer. Simplemente se regocijaría de tener de vuelta a su querido Brandon. Al menos Lori se había dado cuenta de lo que había hecho y se responsabilizaba del dolor que había causado a su hija. Decidió que él no era nadie para juzgarla. «¡Pero abandonó a su hija!», pensó.


—Hace unos días te pregunté sobre el perdón. Dijiste que algunos pecados están más allá del arrepentimiento y nunca pueden ser perdonados. ¿Crees que éste es uno de ésos? «¡Sí!», quiso responderle Gabe. —Eso es entre tú y tu hija —le contestó. Lori asintió, aceptando su respuesta. —Ahora tiene una madrastra, Andrea. Es una buena mujer y sé que quiere a mi hija. Él nunca había querido considerar la posibilidad de que Krista se hubiese casado de nuevo y que Brandon hubiera crecido con otro papá. La idea era demasiado dolorosa. —Lo sé por la manera en que Jessie habla dé Andrea… la quiere mucho. Y eso me duele. Pero me alegro de que tenga a alguien que sea como una madre para ella. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 82-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Vació lo que quedaba en el vaso y fue a la cocina con él. Allí se quedó parada,


como si no recordara lo que tenía que hacer. —Tengo que volver al trabajo —le comentó Gabe mientras salía afuera. —Me lo merezco. Me merezco que me juzgues. —Yo no soy tu juez —le contestó sin mirarla. —Abandonar a Jessie fue el mayor error de mi vida. Pero, por otra parte, yo era la peor madre que podía tener en ese momento. —Eso no es excusa. —No hay ninguna excusa. Nunca la habrá. Y el whisky no me va a ayudar — repuso ella. Él no tenía nada más que añadir a las palabras de Lori y salió de la casa. Llenó sus pulmones del rico aroma a pino que se desprendía de los árboles. Quería seguir enfadado con ella y usar esa ira para defenderse de su presencia. Pero se sentía muy unido a Lori, sin entender muy bien por qué. Creía que en parte era por la atracción que sentía por ella, pero ahora sobre todo porque comprendía su dolor. Nunca hubiera pensado que esa mujer fuera capaz de abandonar a su hija pero entendía que quizá hubiera muchas otras cosas en su pasado que la habían llevado a esa situación. Le hubiera gustado tenerla a su lado mientras trabajaba. Se había acostumbrado


a que estuviera allí, echándole una mano, a sólo un metro de él, lo suficientemente cerca como para respirar su aroma. Mientras observaba el vuelo de un halcón sobre el lago se dio cuenta de que quería a esa mujer aún más cerca, a menos de un metro, entre sus brazos. Y sentir su piel contra la suya. Quería estar dentro de ella y que Lori lo abrazara con sus piernas. No entendía cómo había llegado a esa situación. En cuestión de días había desarrollado una gran necesidad de ella y un deseo que lo quemaba. Antes de llegar a Tahoe había pasado uno de sus peores momentos. Las últimas pistas habían resultado falsas y había agotado todas las posibilidades de encontrar a su hijo. Quizá sólo fuera la necesidad que tenía de sentir el apoyo de alguien y, de no haber sido Lori, hubiera sido otra mujer. O quizá fuera porque ella sufría tanto como él. No podía concentrarse en el trabajo, a pesar de que se sentía culpable de no estar haciendo todo lo que le había prometido a Tyrell. Sin pensar en lo que hacía, bajó las escalares y se adentró en el camino que bajaba hasta el lago. Nada deseaba más que entrar en la casa y estar con Lori, por eso tenía que irse. No sabía adónde iba ni lo que haría al llegar allí. Sólo quería escapar de las emociones que Lori había hecho despertar en su interior. Fantasmas de los que nunca


podía huir. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 83-121 https://www.facebook.com/novelasgratis La reacción de Gabe a lo que había hecho no había sido peor de lo que esperaba. Por eso no entendía que le doliera tanto. Y tampoco comprendía cómo él ocupaba de repente en su vida un papel tan importante como para que sus opiniones la afectaran tanto. Por otro lado, aún no le había contado lo peor de su historia. Algo que, si deseaba ser franca con él, lo haría tarde o temprano. Claro que tampoco tenía por qué. Al fin y al cabo, en unos días volverían a sus casas y nunca más volverían a encontrarse. Recordó la rabia con la que Gabe lanzó la tabla hasta los árboles. Él tenía un hijo, sólo un par de años mayor que Jessie. No sabía por qué se había puesto así. Quizá estuviera distanciado de su ex mujer o de su hijo, o quizá de los dos. Fuera lo que fuera que Gabe tenía enterrado en su corazón, temía que no le fuera a hacer más comprensivo si le decía toda la verdad.


Cuando Lori llegó al octavo paso del proceso de desintoxicación del alcohol, su hija estaba al frente de todas las personas a las que tenía que pedir perdón. El noveno paso consistía en corregir los errores y allí estaba estancada, sin saber si sería mejor para Jessie que ella volviera a su vida o no. Gabe había dejado la puerta abierta al salir. Eso era lo que deseaba tener en su hija, una puerta entreabierta y permiso para entrar de nuevo en su vida. No tenía derecho a exigirlo, sólo podía rezar para que ocurriera algún día. En el fondo de la maleta, arrugada después de varias semanas, había una carta. La había escrito mil veces, corregido y escrito de nuevo. Intentaba hallar las palabras adecuadas, expresar sus emociones con claridad para que su hija lo entendiera todo. No había nada en la misiva de autocompasión y ella se responsabilizaba de todo lo que había pasado. Su objetivo era abrir la puerta que cerrara de golpe hacía ya seis años, abrirla tanto como pudiera para que fuera su hija la que decidiera si pasaba por ella o no. Pero la carta seguía en la maleta, metida en un sobre a nombre de su hija. Sólo le faltaba dar el siguiente paso, ponerle un sello y meterla en el buzón. De repente sintió la urgencia de enviarla. Le pareció que era primordial que lo hiciera cuanto antes. Cuanto antes la leyera Jessie antes podrían reconstruir la


relación que Lori había destrozado años atrás. Recordó que el otro día, de paseo hasta la autopista, había visto los buzones al principio del camino de la casa. Corrió a la habitación, sacó la maleta de debajo de la cama y la abrió. Insegura como estaba siempre, no había pegado el sobre aún, pero decidió que había llegado el momento de dar un paso adelante. Temía la reacción de su hija, pero no podía dejar que ese miedo la paralizase. La releyó y añadió: Con todo mi amor, Mamá, al final de la carta. Lamió el sobre y lo pegó. Después salió con él de la casa. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 84-121 https://www.facebook.com/novelasgratis La raíz de un árbol acabó con la carrera de Gabe colina abajo. Tropezó y cayó encima de un espinoso arbusto. El dolor en las palmas de sus manos le devolvió parte de la cordura, tan efectivo como una bofetada en la cara. Se apoyó en un cedro para recuperar el aliento y mirarse las manos. Había arañazos y algo de sangre. Tenía una espina clavada en la base del pulgar. Estaba demasiado profunda para quitarla sin pinzas. Oyó un ruido y se preguntó si sería Lori llamándolo. Comenzó a subir, de


vuelta al chalet. Pensó que la había oído de nuevo pero la brisa apagaba los sonidos. Apresuró la marcha. La vegetación era muy espesa en la zona y tenía que apartar algunas ramas con los brazos para abrirse camino. Su corazón comenzó a latir con intensidad, imaginándose las posibles razones, todas horribles, por las que Lori podía estar llamándolo. —¡Gabe! —gritó ella. Estaba lo suficientemente cerca como para escucharla con claridad, pero no pudo interpretar si había pánico o miedo en su voz. Aún no podía verla, no sabía si estaría herida. Un golpe contra un abeto lo obligó a parar. —¿Lori? —la llamó él. —¿Gabe? ¿Estás bien? Si estaba mal no lo parecía por el tono de su voz. Continuó andando hasta llegar al claro en el que estaba el chalet. Lori estaba a pocos metros, en el camino que bajaba al lago. Cuando lo vio dio un salto, asustada. —¿No bajaste por el camino? Las palmas le empezaban a doler más. —¿Qué querías? —le preguntó.


—Sólo quería saber dónde estabas. Fui hasta el principio del camino de entrada para echar una carta. —Debería haber ido contigo —dijo acercándose a ella. —No hacía falta. —Habrías estado más segura conmigo. —No quería molestarte —le dijo ella con los ojos llenos de enfado. —Más me habría molestado que te desmayaras en medio de la carretera — dijo moviendo los brazos irritado. —¿Qué te has hecho? —le preguntó al ver sus manos. —No es nada. —¿Nada? ¿Quién es ahora el que no puede cuidar de sí mismo? —le dijo mirándole los arañazos. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 85-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya me encargaré de eso —le respondió Gabe. —No seas tonto. Sería muy complicado que te curaras tú mismo las heridas — dijo mientras le pasaba suavemente el dedo por el pulgar—. Y necesitarás ayuda para


sacar la espina. Lori se volvió y fue hacia la casa arrastrándolo. Gabe la siguió. Se sentía como un niño pequeño siguiendo a su mamá, aunque no había nada maternal en las sensaciones provocadas por sus caricias. —No necesito tu ayuda —le dijo intentando zafarse y sorprendido de la fuerza con la que Lori lo sujetaba. —Dame ese gusto, por favor. Necesito practicar. Lo dejó en la cocina y fue hasta su dormitorio. Gabe se lavó las manos en el fregadero. El jabón le quemó en las heridas. Al limpiar la sangre vio que los arañazos no eran importantes, lo peor de todo era la espina del pulgar. Se estaba secando con un papel de cocina cuando ella volvió con el botiquín. —Creo que hay unas pinzas aquí —dijo mientras buscaba dentro de la caja. Él se acercó también a mirar, levantó la bandeja que había en la caja y localizó las pinzas. Ella tendió la mano para que se las diera pero él no quería que le sacara ella la espina. No quería dejar su mano en la de Lori, no después de todas las emociones que había experimentado en las últimas horas. Se sentía tan vulnerable y sensible que no sabía cómo iba a responder al contacto. —¿Eres zurdo? Gabe negó con la cabeza, perdido en el movimiento de los labios de Lori al


hablar. —Entonces vas a tener difícil sacar la espina de tu mano derecha —le dijo mientras tomaba las pinzas de su mano. Le agarró la muñeca y sus dedos descansaron sobre la parte interior del antebrazo de Lori. Ella separó sus dedos, todo lo que hacía estaba dotado de un halo erótico. No sintió las pinzas en la piel ni cuando le sacó la espina. Todos sus sentidos estaban concentrados en ella, en su cabeza rubia inclinada sobre la mano, en su aroma y en el modo en que sujetaba su mano. Cuando terminó, Lori soltó su mano y se quedó allí, algo temblorosa y con la mirada baja. Él colocó las manos en sus hombros y la atrajo hacia él, ambos consumidos en el fuego que había entre ellos. Le acarició la cara y le echó hacia atrás la cabeza. Los ojos de Lori estaban llenos de fuego y le encendieron al instante. Lo quería todo ya y todo a la vez. Quería besarla, deleitarse mirando su pálida piel y acariciarla por todo el cuerpo. Sintió que tenía que besarla o moriría. —Dime que no —le susurró—. Dime que no lo haga. Lori separó los labios y su pulso se aceleró. —No lo haré. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 86-121 https://www.facebook.com/novelasgratis


Gabe se quedó mirándola con intensidad unos instantes. Buscaba algo que le detuviera, una señal que le dijera que ella no estaba dispuesta, que no pensaba que fuera una buena idea. Pero sólo vio deseo y fuego. Y la besó. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 87-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 12 Al sentir la boca de Gabe sobre la suya, Lori intentó pensar en razones por las que debía parar lo que estaba pasando, pero no podía sentir nada que no fuera el contacto de sus labios con los de él y cómo los acariciaba con la lengua. Gabe la arrinconó contra la meseta de la cocina, con una mano en la parte baja de su espalda y la otra en la mandíbula, el pulgar acariciándole la mejilla. Lori lo tenía agarrado por la cintura y sentía todos sus músculos y su calor bajo la camiseta. Se moría de ganas de quitarle esa prenda y desprenderse también de la suya, para poder así sentir sus pieles en contacto. Gabe vaciló un momento y se separó un centímetro de ella.


—Es tu última oportunidad, di que no. —Te deseo —dijo ella como única respuesta. Él la levantó, tanto como para que Lori pudiera abrazarlo con sus piernas mientras él la sujetaba por la cadera. Sin dejar de besarla la llevó hasta la cama de ella. Cerró la puerta tras ellos. La dejó en la cama y se agachó para quitarle las zapatillas de deporte. Después se sacó las suyas. No se desnudó ni le quitó la ropa a ella. —Eres demasiado bella. Lori sonrió nerviosa, estaba demasiado excitada como para pensar con claridad. Gabe la besó de nuevo. —Y cuando sonríes eres mucho más que bella. —Pues solía odiar mi aspecto. Esperaba que Gabe le diera la respuesta que siempre le daban ante tal comentario. Nadie se creía que alguien pudiera despreciar el don de la belleza. Pero él la sorprendió una vez más. Gabe no era como los demás. —La gente te mira y te juzga por lo que ve —le dijo besándola—. Y asumen cosas. —Y tú, ¿qué piensas de mí? —No me gustan las decisiones que tomaste. —A mí tampoco, pero lo hice.


—No deberías gustarme. No debería desearte. —Vete entonces. Pensó que se le paraba el corazón cuando él se quedó mirándola. La poca luz de la habitación dibujaba sombras en el rostro de Gabe. Parte de ella sabía que sería mejor que se fuera, la otra parte reconocía que eso le rompería el alma. Gabe se levantó y ella estaba segura de que se iba a marchar. Pero se tumbó a su lado, los dos cuerpos juntos y paralelos desde la cabeza a los pies. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 88-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya no sé lo que está bien —le dijo mientras le besaba el cuello—. Ni lo que está mal. Entre sus brazos todo estaba bien. Él deslizó una pierna entre las de ellas y atrajo la de Lori sobre su cadera. Pudo sentir contra su cuerpo la erección de Gabe. Estaban completamente vestidos, pero tan cerca que podría tener un orgasmo sólo por tenerlo tan próximo a ella. Él dibujó espirales en su cuello y en su oreja. Oír su entrecortada respiración


la llevó aún más lejos en su deseo. Le acarició la espalda, disfrutando de cada músculo y cada centímetro de su cuerpo. Gabe deslizó sus dedos entre el pelo de Lori, tomó algunos mechones, aspiró el dulce aroma y dejó que el sedoso cabello le acariciara el rostro. —Quería hacer esto desde que te conocí —le dijo. Con las manos aún en su pelo siguió besándola, bajando desde la oreja al cuello de nuevo. Lori no aguantaba más. Era la primera vez que se sentía así. No solía disfrutar tanto con otros hombres. Ansiaba tanto encontrar lo que buscaba… sentirse plena y satisfecha, que pocas veces alcanzaba el placer. Tom había sido un amante tierno y cariñoso pero ni siquiera él pudo conseguir que disfrutara. Pero a Gabe le bastaba con darle el más ligero de los besos o la más suave de las caricias para llevarla al borde mismo del clímax, a un lugar que desconocía. Tembló de excitación al llegar a esa conclusión. Le sacó la camiseta del vaquero sin dejar de besarla. Ella se movió para ayudarlo a quitársela del todo. Con un dedo comenzó a tocarle el tirante del sujetador, uno de los menos sexys del mercado, algodón blanco y simple,


perfecto para futuras mamas. —¿Están doloridos? —Sensibles —contestó ella ahogando un gemido cuando él comenzó a acariciarle un pecho. El pezón se endureció al momento bajo su mano. —Tendré cuidado —le prometió mientras le desabrochaba la prenda y se la retiraba lentamente. Esperaba que comenzara a tocarle los senos pero Gabe se inclinó sobre ellos y le besó la punta de uno con suma delicadeza. No pudo evitar gemir y agarrarle con fuerza los hombros. No podía estarse quieta, sus caderas se agitaban insaciables bajo su cuerpo. —¿Te hago daño? —preguntó con voz ronca. —¡No! Es… Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 89-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Su lengua la interrumpió y gimió más que antes. Se aferró con fuerza a su camiseta, tenía la urgencia de quitársela para sentir su piel contra la de ella. Intentó desabrocharle los vaqueros pero él le apartó la mano.


—Todavía no. Gabe le desabotonó el pantalón y bajó la cremallera. —¡No es justo! — se quejó ella. —Me importa poco lo que es justo —contestó él quitándole los vaqueros—. Ha habido poca justicia en mi vida. Se colocó de nuevo a su lado y le puso la mano sobre las braguitas, presionando en la humedad que había entre las piernas mientras volvía a lamerle los pezones. —¡Eso sí que no es justo! —logró decir ella sin aliento. Su excitación creció y sus caderas comenzaron a moverse de motu propio. Gabe movió su mano hasta el borde de las braguitas tan despacio como pudo. Sus dedos se deslizaron bajo el elástico y enredaron en su rizoso vello. Entonces volvió a besarla, introduciendo la lengua en su boca al mismo tiempo que hacía lo propio con el dedo en sus partes más íntimas. Lengua y dedo acompasados, metidos en un ritmo frenético. Lori estaba perdida. Una corriente eléctrica la atravesó y no pudo evitar gritar. Gabe no paraba de acariciarla y sabía muy bien lo que hacía y cómo lo hacía. Cuando pensaba que no podía resistir más llegaba otra ola de placer con más intensidad aún que la anterior.


Lori estaba fuera de sí. Cuando él terminó, Lori se quedó temblando, con la vista fija en el techo y algunas lágrimas le cayeron de los ojos. Pero no se sentía triste sino maravillada de lo que acababa de pasar. —¿Estás bien? —le preguntó él limpiándole las mejillas. —Más que bien. Pero ahora quiero… —dijo ella mientras alargaba la mano hacia los pantalones de Gabe. Él se separó y deshizo de los vaqueros y de su ropa interior. —¿Tienes protección? —Sí. —No puedes embarazarme más de lo que ya lo estoy —dijo con una sonrisa triste—. Pero, con la vida que he llevado… lo hago más por protegerte a ti que a mí misma. Gabe no se inmutó y sacó un paquetito del bolsillo de los vaqueros. La miró, dudando un momento. —Esto no significa nada, ¿verdad? —Sin ataduras —dijo ella, a pesar de cuánto necesitaba alguien a su lado. —Sin ataduras —repitió él. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 90-121


https://www.facebook.com/novelasgratis Entonces se metió entre sus piernas y se deslizó con facilidad dentro de ella. Y Lori no pudo pensar en nada más, no existía otra cosa en el mundo que ese momento y las sensaciones de intensísimo placer que estaba viviendo. Lo rodeó con las piernas para empujarlo tan adentro como le era posible. Gabe comenzó a moverse encima de ella sin dejar de mirarla. Su encuentro sexual estaba cobrando tal fuerza que hizo tambalear su mundo. Nunca había sentido tanto con ningún otro hombre, Gabe le había abierto un universo completamente desconocido para ella. No se trataba sólo de dos cuerpos moviéndose, era mucho más. Todo eran sensaciones y emociones, llevadas a su máxima expresión. Podía decir que le gustaba Gabe, pero sus sentimientos iban mucho más allá. Se dio cuenta de que lo quería. Y aquella verdad la golpeó con tanta fuerza como el orgasmo que estaba sintiendo, obligándola a echar la cabeza hacia atrás. Se sentía completa, llena de un placer no experimentado nunca. Y no era sólo placer físico, también había amor y pasión. Sabía que esa experiencia la iba a cambiar por completo, no volvería


a ser la misma. Tenía miedo de abrir de nuevo los ojos, temía no encontrar nada en los de él. No esperaba que Gabe la correspondiera ni sintiera algo parecido a lo que ella acababa de descubrir. Sólo esperaba no encontrar indiferencia en sus ojos. Aún abrumado por lo que acababa de ocurrir, Gabe enterró su cara en el cuello de Lori. No sabía cómo iba a poder recobrar la cordura. La experiencia había sido increíble, nada parecido a lo que había vivido antes. Krista no le llegaba ni a la suela de los zapatos y, con las otras mujeres, había sido algo completamente intrascendente. No había sido sólo sexo. Había alcanzado cimas de placer no antes conquistadas. Se habían fundido en uno, ella había entrado dentro de él y una parte de Lori aún estaba en su ser sin creer que pudiera deshacerse de esa presencia. No sabía qué hacer. Desde luego, no podía levantarse de la cama, darle las gracias y seguir con su vida como si nada. Ni siquiera creía que pudiera pronunciar más de dos palabras con un mínimo de claridad, sentía que el calor del encuentro había derretido su cerebro y su capacidad mental. Levantó la cabeza algo preocupado por lo que ella pudiera interpretar de su


expresión. Lori parecía estar pasando por lo mismo, sin saber muy bien qué hacer. —Tengo que limpiarme —le dijo. No quería moverse pero debía hacerlo. Se levantó y sintió un gran peso en su corazón. No sabía qué esperaba de ella. Su mente había dejado de funcionar y todo su ser estaba lleno de emociones desconocidas. Se miró en el espejo del baño. Parecía muy vulnerable. Quizá ella estuviese recogiendo la ropa del suelo, vistiéndose y saliendo de la habitación en ese instante. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 91-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Eso haría todo más fácil, pero sabía que le dolería salir del baño y no encontrarla en la cama. Pero lo primero que vio al volver al dormitorio fue la sonrisa de ella. Estaba apoyada en el cabecero y el edredón le cubría el cuerpo hasta el pecho. —Tengo que hablar contigo, Gabe, contarte algo —le dijo poniéndose seria. Por un momento pensó que iba a decirle que le quería y su corazón dio un brinco. Aunque no entendía por qué iba a alegrarla eso cuando él no se sentía así. Se metió en la cama con ella dejando de lado sus confusas emociones. —Lo que te conté sobre mi hija y cómo la abandoné… hay algo más y es muy


grave, Gabe. —Cuéntame —le dijo él tomándole la mano. —Hubo un accidente —comenzó bajando la vista—. Jessie se hizo daño. Debería haber estado vigilándola pero… Las lágrimas, abundantes y sinceras, llenaron su cara sin dejarla continuar. —Estaba ocupada en otras cosas —siguió con amargura—. Cuando debería haber estado a su lado para protegerla. —¿Qué pasó? —preguntó Gabe pensando en cómo él también debería haber protegido a Brandon de su ex mujer. —Tom estaba de viaje, había ido a comprar caballos. Y yo… yo estaba entretenida con el capataz del rancho —confesó levantando la cabeza—. A medianoche se fue la luz, Jessie se despertó y se asustó al ver todo oscuro. La linterna no funcionaba así que encendió una vela… no me di cuenta de lo que pasaba hasta que la oí gritar… Gabe estaba horrorizado por la confesión. No pudo evitar imaginarse a su hijo pasando por algo así. Su madre era una desequilibrada y quizá no tuviera la suficiente fortaleza como para ayudarlo en caso de peligro. Llevaba años imaginándose a Brandon como un niño sano y fuerte pero quizá no fuese así. —Tom acababa de llegar cuando Jessie salió corriendo y gritando de la casa con


una de las mangas de su jersey en llamas. ¡Parecía tan asustada! —dijo sin parar de llorar—. Cuando apagamos el fuego vimos que tenía quemaduras bastante graves. La llevé al hospital… Se paró un segundo para soltar el aire que llevaba dentro. —Parece que lo único que hago bien es fracasar y dañar a la gente. Y, en ese caso, mi hija pagó el precio de mis errores —prosiguió ella—. Después, me quedé allí durante los siguientes seis meses, ayudándola con la dura recuperación. Estaba llena de culpabilidad y remordimiento. Una noche, al salir del hospital, me di cuenta de que ella estaría mejor sin madre que con una como yo. —Así que renunciaste a ella y te fuiste. —Sí, otro error más que añadir a mi larga trayectoria. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 92-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Se levantó de la cama y se vistió como pudo. —Ahora tiene a Andrea, una madre de verdad. Yo sólo soy alguien de quien se avergüenza. Salió de la habitación medio vestida, con las zapatillas y vaqueros en la mano.


Quería compadecerse de ella y ayudarla a sobrellevar su dolor pero no podía dejar de pensar en esa última confesión. Aunque reconocía que si Brandon volvía a su vida, haría lo necesario para apartar a Krista de ellos, a pesar de que era la madre del niño. Había sido una dura revelación. Se vistió con rapidez y salió al salón. Lori se estaba atando los cordones de las zapatillas. —Voy a dar un paseo —le dijo. —¿Qué quieres de mí? —le preguntó él calzándose también. —Nada —le contestó sin mirarlo y saliendo con un portazo. Él la siguió sin pensar. —Debería odiarte, odiar todo de ti. —Pues hazlo —dijo ella caminando más rápido. —No puedo. Y no quiero. No me has pedido que te comprenda ni esperas que te perdone. Se volvió hacia él con ira. —No eres tú quién ha de perdonarme. —¡Yo no sé perdonar! —le gritó furioso—. ¡Ella se lo llevó! En mitad de la noche y sin que pudiera haberlo previsto. ¡Lo sacó de su cama! La rabia y desesperación se apoderaron de él. Tomó puñados de piedras del


camino y las lanzó contra los árboles, deseando que fueran más grandes para poder romper algo. Sus rodillas no le aguantaban más, cayó al suelo y enterró su cara entre las manos. Casi pierde de todo el control cuando notó las manos de Lori sobre él. Pensó que no aguantaría más y rompería a llorar, con el mismo llanto desesperado de aquella noche fatídica y lejana. Le tomó la mano y lo ayudó a levantarse. Entonces lo abrazó con gran ternura. Se sintió protegido y no podía dejar de temblar entre sus brazos. Lori tomó de nuevo su mano y le condujo hasta los peldaños, se sentó y tiró de su brazo para que él hiciera lo propio. —Cuéntamelo —le dijo con suavidad. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 93-121 https://www.facebook.com/novelasgratis No había vuelto a hablar de lo que había pasado esa noche durante los últimos diez años, cuando tuvo que relatárselo a la policía. No creía que fuera a ser capaz de decírselo.


Pero sus caricias lo relajaron poco a poco y pudo hablar. —Mi matrimonio con Krista nunca… nunca fue bien. —¿Dónde la conociste? —En un bar. Un local donde los policías solíamos tomar algo después del trabajo. Ella estaba en una de las mesas tomándose un refresco. Recordó ese momento y lo azules que eran sus ojos. No parecía tener edad de estar en un bar. De haber sabido la historia que había tras esa carita inocente nunca se hubiera acercado a saludarla. —Hablamos toda la noche. Cuando cerraron el bar nos fuimos a un café y después, sin saber ni cómo, acabamos en mi casa y en la cama. Siempre lo había asombrado lo rápido que fueron las cosas con ella. —Una semana después me dijo que me quería y un mes más tarde me dijo que estaba embarazada. Aquello había sido una fuerte conmoción. Estaba decidido a responsabilizarse del niño y no le pareció una locura la sugerencia de Krista diciéndole que deberían casarse. Pero tenía que haberse dado cuenta de que había algo extraño en el dulce rostro de aquella chica. —Nos casamos en Las Vegas. Un mes después las cosas empezaron a ir mal.


Krista tenía un humor muy cambiante y me sacaba de quicio. Le preguntaba qué le pasaba pero ni siquiera me hablaba. —Tenía un trastorno de bipolaridad —dijo ella con suavidad. —Sí —le contestó sorprendido. —Una prima mía ha pasado por lo mismo con su hijo. ¿Dejó tu mujer de tomar la medicación? —Sí, temía que fuera a dañar al bebé. Pero no le confesó lo que pasaba hasta el tercer trimestre. Le rogó que la apoyara y le prometió que volvería con el tratamiento después de tener al niño. Él la creyó y aguantó como pudo. —Así que volvió a las pastillas después de que Brandon naciera. No le dio el pecho para poder hacerlo. Las cosas iban mejor. Parecía ser una buena madre. Casi demasiado protectora y paranoica pero pensé que era común en madres primerizas. Pasaron un par de años más mal que bien. Gabe esperaba que el firme y sólido amor que sentía por su hijo hiciera que los cambios de humor de Krista mejoraran. Nunca le hizo daño a Brandon, al menos no físicamente. Pero cuando dejaba de tomar la medicación asustaba al pequeño.


Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 94-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Cuando Brandon cumplió dos años intenté contratar a una canguro. Krista no trabajaba y yo quería que hubiera alguien más allí cuando yo estaba fuera. —¿Y ella estuvo de acuerdo? —Sí, la medicación había conseguido que pudiera pensar con claridad. Además, le di un ultimátum. O contrataba a alguien o la apartaba de Brandon. Ya era hora de comer pero no tenía apetito. Estaba demasiado ahogado por los recuerdos como para pensar en otra cosa. —Pensé que estaba de acuerdo conmigo, se me olvidó lo bien que se le daba ocultar cosas. El siguiente año fue casi idílico. Sólo hacía turnos de mañana y volvía a casa donde la niñera tenía la cena ya preparada. Casi siempre se encontraba a madre e hijo jugando felices. Apenas hubo días malos y, desde su inocencia, pensó que todo estaba arreglado. —Pensé que nuestro matrimonio iba a sobrevivir. No podríamos tener más


hijos, no quería cargar a Krista con más responsabilidades, pero pensé que todo iría bien si seguíamos con la niñera y ella con el tratamiento. El día de la fiesta nacional tuve que trabajar de noche, todos teníamos turnos extra. Avisé a la niñera para que se quedara a dormir. Después me enteré de que Krista la había mandado a casa. No podía culpar a la anciana mujer por irse. Brandon ya estaba casi acostado y Krista parecía estable. Además, él iba a volver sólo dos horas más tarde. —Cuando llegué a casa, todas las luces de la casa estaban encendidas. Empecé a llamarlos a voces nada más entrar. Corrí a la habitación de Brandon… Aún podía ver la cama vacía, las sábanas desordenadas, la manta favorita del niño en el suelo. Se preguntaba cuántas noches habría llorado su hijo por culpa de la manta perdida. —Después fui hasta nuestro dormitorio, rezando para que estuviera en la cama con ella. Entonces vi el armario abierto y casi vacío. Las imágenes y las emociones lo aplastaron con la misma fuerza de esa noche. Se inclinó hacia delante y Lori lo abrazó para ayudarlo a soportar el dolor. —Sabía muy bien lo que hacía. Ni sus padres tenían idea de dónde podían haber ido. Las pocas pistas que dejó no sirvieron para nada. Durante años he seguido todos los rastros posibles, he contratado a detectives, lo he intentado todo. Tyrell también me ha ayudado desde Los Ángeles. —¿Hace cuánto?


—El próximo mes hará diez años. La fiesta nacional es un día muy doloroso para mí. —Pero aún estás buscándolo. —Sí. No puedo dejar de hacerlo. —Claro que no. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 95-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Está perdido, Lori —le dijo mirándola a los ojos—. Lo he perdido para siempre. —Tiene que haber una forma de encontrarlo —le contestó acariciando su cara. —Lo he intentado todo. Puede que ni siquiera esté vivo. —Gabe… Su voz debería haberlo calmado pero sólo hizo que el dolor fuera más agudo. No podía seguir hablando de ello. Con cada año que pasaba, su hijo se alejaba más y las posibilidades de encontrarlo disminuían. Necesitaba olvidarse de todo y perderse en las sensaciones que Lori le provocaba. Se levantó y a ella también, abrazándola. La besó. Quería que la realidad desapareciera, quería que la pérdida de su hijo fuera sólo una pesadilla.


La tomó de la mano y la condujo hasta la casa. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 96-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 13 Cerró la puerta tras ellos y se abalanzó sobre ella. Lo deseaba todo con urgencia. Tenía que desnudarla, estar entre sus piernas y meterse dentro de ella. La sujetó con fuerza por los hombros mientras la besaba con furia. —Gabe… Su voz sólo consiguió excitarlo más y la empujó sobre la cama. —¡Gabe! —Repitió de nuevo mientras le empujaba—. ¡Más despacio! Se paró y la miró, estaba fuera de sí. —Dame un segundo —le dijo yendo hacia el baño. Se echó agua en la cara intentando tranquilizarse. Se miró al espejo y no se reconoció, parecía un loco. Seguro que había asustado a Lori. Tenía que salir de allí, volver a su propio dormitorio. O volver a su casa, aunque significaba dejar a Lori sin coche en medio del bosque. Pero sabía que estaría mejor sin él. Oyó la puerta abriéndose lentamente. Lori estaba allí, en el umbral, tan bella como siempre y con los ojos llenos de preocupación. —Casi te fuerzo —le dijo él, sintiendo repugnancia por su conducta.


—No, no es verdad. Créeme, conozco la diferencia entre una cosa y otra. No parecía culparlo en absoluto y eso hizo que se sintiera aún peor. —Debería irme. —Ven y túmbate a mi lado —le dijo con una sonrisa que lo deshizo—. No tenemos por qué hacer el amor. Ven conmigo. No podía negarse. Ella le tendía una mano y no podía declinar su oferta. Lori representaba una claridad mental y una estabilidad que él no poseía en ese momento. La siguió al dormitorio, se quitaron los zapatos y se tumbaron en la cama, abrazados. Se sintió mejor al instante. Tenerla cerca, entre sus brazos, sentir su calor, lo tranquilizó. Aún sentía el dolor del pasado, pero al lado de ella parecía más soportable. —Mis padres sólo saben de éxito. Mi hermana mayor ha seguido sus pasos y siempre ha hecho lo correcto. Yo siempre me he equivocado, saliendo de un problema y metiéndome en otro. Fui mala estudiante, me escapaba del colegio y salía con personas poco recomendables. Mis padres se ocupaban de arreglar todos los desaguisados, casi siempre con dinero. Le gustaba oír cosas de su pasado, eso lo distraía del suyo. —Hightower es una empresa muy poderosa en el norte de California —dijo él.


Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 97-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Así es. No sé por qué hacía lo que hacía. A lo mejor sabía que nunca conseguiría satisfacer sus expectativas. Era menos doloroso correr hacia el otro lado, hacia el desastre. —Cuando era policía de calle conocí a muchos chicos como tú. Con demasiado dinero y muy pocas responsabilidades. —Yo era su preciosa hija pequeña. Y querían imaginarse que era igual de bella por dentro. Pensaron que si me lo ponían fácil yo haría lo correcto. —Y ése fue su mayor error. —Ahora me doy cuenta. Y sé que tengo que responsabilizarme de mis acciones, no ellos. —Una lección muy dura de aprender. —Sí, parece que todo lo hago de la manera más difícil —dijo acariciando su brazo—. Comencé a beber a los catorce, buscaba apagar el dolor, más tarde seguí bebiendo para olvidar que una vez lo hubo. Aquello les dio a mis padres algo nuevo en lo que gastarse el dinero, en mi rehabilitación.


—¿Cuántas veces? —Perdí la cuenta antes de cumplir los veinte. Nunca funcionó. —Porque no era idea tuya sino de tus padres. —Porque estaban de nuevo intentando sacarme de los líos sin dejar que lo hiciera yo —comentó ella besándole la garganta—. Me pararon una vez por conducir borracha y consiguieron que no me multaran prometiendo rehabilitarme. Me llevaban al centro, pagaban más para asegurarse de que me ataban corto y me iban a buscar poco después. —Y en cuanto salías… —Volvía a beber. —¿Qué hizo que pararas? —le preguntó besándola en la frente. —Casi me estrello contra un coche lleno de jóvenes. Al final pude esquivarlos y darme contra un árbol. Tuve suerte y apenas acabé con unos cuantos arañazos. —¿Y tus padres no te rescataron de nuevo? —Lo habrían hecho, pero estaban de viaje por Europa. No se enteraron hasta después del juicio, donde llegué a un acuerdo por mí misma. —¿Qué acuerdo? —Ir a Alcohólicos Anónimos y mantenerme sobria. Si no lo hago acabaré en


la cárcel. Se la imaginó frente al juez, prometiendo no beber más, como hacían todos los alcohólicos. Pero ella lo había conseguido durante los últimos trece meses. —Tus padres estarán orgullosos de ti, de ver cómo has dado un giro de ciento ochenta grados a tu vida. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 98-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ni idea. No los veo desde entonces. Gabe había hallado en sus padres apoyo después de que Krista se llevara a, su hijo. Había sido muy duro decírselo pero sabía que se habría vuelto loco de no haber tenido su cariño durante los últimos años. —Conozco eso del programa de los doce pasos. Paso número ocho… —Estar dispuesto a arreglar las cosas —terminó ella. —Y paso nueve… —Arreglarlas si es posible —dijo ella sacudiendo la cabeza—. Pero no es posible ahora mismo. Me da miedo volver a su mundo y volver a ser la que era. Quería decirle que eso no iba a pasar, que se mantendría en el camino que había


comenzado a andar sola, pero no sabía por qué estaba tan seguro de ello. Él había perdido a su hijo y lo más seguro era que no volviera a verlo. Estaba claro que no podía predecir el futuro. Lo único que sabía era lo bien que se sentía cerca de ella, de su piel, su boca y su sedoso pelo. La atracción que sentían era la única certeza que había entonces en su vida. La empujó sobre la almohada y la besó con gran delicadeza. Pero cuando buscó el borde de su camiseta para deslizar su mano, ella le paró. Sonrió y lo empujó a él sobre el colchón. —Ahora me toca a mí —le dijo seductora. Se sentó y le sacó la camiseta de los vaqueros, moviendo lentamente sus manos. Sintió la excitación de Gabe, que tensaba la tela de sus pantalones. Las caricias de Lori no hacían sino aumentar su deseo. —Lori… —dijo intentando agarrarle las manos. —Ahora me toca a mí —le repitió en un susurro mientras le sostenía los brazos por encima de la cabeza—. Tú no te muevas. No moverse iba a ser más que difícil. Ella se tomó su tiempo quitándole la camiseta, dejándosela sobre la cara mientras le recorría el pecho con la


lengua y deteniéndose en sus pezones. Gabe apenas podía respirar. Después le sacó del todo la prenda, se quitó su propia camiseta y el sujetador. Cuando él vio de nuevo sus pechos perdió la razón e intentó tocarla. —Paciencia —insistió ella sujetando de nuevo sus manos. Se montó a horcajadas sobre él y se inclinó, dejando que su pecho acariciara el de él. No iba a poder aguantar mucho más, sentir sus pechos llenos y suaves sobre él le estaba volviendo loco de deseo. —Me estás matando —se quejó. —Te voy a matar y enviar al cielo —le prometió ella. Dibujó círculos con su lengua alrededor de sus orejas, su garganta, su mandíbula y, finalmente, su boca. No podía controlar la lengua de Gabe y ésta Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 99-121 https://www.facebook.com/novelasgratis profundizó tanto en el beso como deseaba hacer con otra parte de su cuerpo. Ella se detuvo largo rato en su boca, haciendo que la tensión creciera aún más en el ambiente.


Después, Lori se movió y deslizó las manos hasta sus vaqueros. Bajó la cremallera a cámara lenta y sus uñas rozaron su miembro por encima de la ropa interior. Gabe, como un caballo descontrolado, no pudo evitar embestir contra esa mano. La deseaba tanto que temía perder la cabeza. Le deslizó los pantalones perezosamente mientras acariciaba sus caderas, muslos y piernas. Para cuando sus manos volvieron a su cintura, buscando el elástico de su ropa interior, Gabe temía perder el control antes de poder hacer nada de lo que tanto deseaba. Le quitó esa última prenda pero no le tocó su miembro. Se regodeó acariciando toda su piel alrededor, todo menos esa parte. Con más violencia de la que le hubiera gustado usar, le agarró la mano. Tenía que detenerla. —Si no me dejas estar dentro de ti ahora mismo… —gruñó—. Si no lo haces voy a acabar antes de que esto empiece. Ella sonrió, pero había malicia en sus ojos. Se bajó de la cama y desnudó. Él tiró de su brazo para que se echara encima de él pero ella le sujetó de nuevo los brazos sobre la cabeza. —Ya te lo he dicho antes. Es mi turno —le susurró. Lori encontró el condón que él había dejado en la mesita y se lo puso a Gabe con delicadeza.


Se montó de nuevo sobre él y lo guió para que la penetrara. Enterrado en su cálida y húmeda cueva, Gabe respiró hondo para intentar disfrutar de ese momento por tanto tiempo como le fuera posible. Ella se arqueó sobre él y entrelazaron sus manos. Él abrió los ojos para disfrutar al máximo de la vista que tenía ante sí. Parecía una diosa, un regalo del cielo. No lo emocionaba sólo su belleza física, sino la ternura y dulzura que había en su interior, la dignidad con la que estaba viviendo su nueva vida. Se dio cuenta de que el hombre que estuviera a su lado estaría en el cielo. No podía dejar que se fuera. Y ese sentimiento le cortó la respiración al pensar en cómo se sentiría cuando se alejara de él, cuando saliera de su vida para siempre. No debería importarle tanto, habían coincidido allí de pura casualidad pero, por alguna razón, se sentía muy cerca de ella. Lori comenzó a moverse sobre él y no pudo pensar en otra cosa. Sus mejillas estaban sonrosadas y sus oscuros pezones destacaban sobre la cremosa palidez de su


piel. Ya no lo sujetaba con fuerza y Gabe pudo zafarse de ella y tocarla, sujetando sus caderas para seguir sus movimientos. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 100-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Tenía que resistir, deseaba sentir la tensión en el cuerpo de Lori antes de abandonarse a su propio clímax. Ella se inclinó sobre él. Gabe no podía aguantar más, estaba al borde de la demencia. La empujó hacia arriba con fuerza, adentrándose tan profundamente como pudo. No había vuelta atrás para ninguno de los dos. El clímax de Lori provocó el de él. Fue una explosión incandescente que quemó sus sentidos. Un momento de pasión que pareció eterno, demasiado enorme para abarcarlo. Llenó por completo el corazón de Gabe. Se sentía vulnerable, con el alma al desnudo. Cerró los ojos, necesitaba un segundo para recuperarse y reestablecer las barreras que había aprendido a levantar a su alrededor. Pero era la primera vez que se enfrentaba a la fuerza de alguien como Lori. Cuando ella se relajó sobre él, su cuerpo fue como un bálsamo que venía a curarle las heridas de los últimos diez años, le pareció que ya no le quedaban defensas contra ella.


Quería quedarse allí para siempre, con Lori en sus brazos. Con su dulce feminidad siempre cerca para apaciguar su tristeza y dolor. Creía que era un error sentirse así, algo que no iba a ocurrir. Pero antes de dejar que se fuera quería soñar con la posibilidad de que hubiera aún en su vida un futuro brillante. Claro que eso era sólo un engaño, sería mejor no alargar lo inevitable. Se separó de ella y fue hasta el baño. Cinco minutos después estaba de nuevo en la cama, un paraíso demasiado tentador como para rechazarlo. Se acostó a su lado, la abrazó y ella apoyó su cabeza en el hombro de Gabe. —Tienes hambre, ¿no? —le dijo él. —He comido un par de galletas mientras estabas en el baño pero, sí, dentro de nada tendré más apetito y lo más seguro es que te pida que me hagas la comida. —Hemos pasado tanto tiempo aquí que tendrá que ser una cena. —Ojalá no tuviera que moverme de aquí —dijo ella. «No lo hagas», pensó. Necesitaba levantarse y hacer alguna otra cosa. Si seguía allí a su lado comenzaría a desear cosas que nunca iba a tener. —Tengo que irme —le dijo incorporándose—. Hoy no he hecho nada. Tomó su ropa y se vistió de espaldas a ella. No quería verle la cara, no quería


saber qué sentía. Al abrir la puerta del dormitorio oyó un móvil. Sabía que era el de ella. Estaba en la cocina, se acercó y vio en la pantalla que la llamaban desde el taller mecánico. Al girar para ir a llevárselo vio que ella salía ya del dormitorio. Sólo llevaba puesta la camiseta. Descalza y con el pelo revuelto, era la visión más sexy que había visto en su vida. Lori contestó el teléfono e inclinó la cabeza mientras hablaba. Él apenas oyó la conversación, estaba demasiado absorto contemplando sus largas y estilizadas piernas. —¿Qué pasa? —Mi coche está listo —le dijo—. Puedo recogerlo cuando quiera. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 101-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Lori quería ir cuanto antes al taller a por su coche pero Gabe insistió en que comiera algo antes. Parecía estar enfadado con ella, como si lo que había pasado esa mañana no significase nada. Era como si estuviese deseando que comiera para ir a por el coche. No salieron del chalet hasta después de las tres. No había comido mucho, sólo un poco de sopa de lata y pan que Gabe le había preparado. Temía que el estómago


se rebelase de nuevo por lo que había pasado en las últimas horas y por las curvas de la carretera. Sus emociones eran una montaña rusa. Subían y bajaban demasiado deprisa como para que las pudiera identificar. No quería pensar en lo que sentía por él, no podía ni considerar la idea de que la experiencia de esa mañana les hubiera convertido en algo más. Sabía que era la confusión de sus sentimientos la que le llevaba a pensar de esa manera. Pensó que no lo quería. Eso no era posible. Sólo se sentía así por la intimidad que acababan de compartir y lo cerca que se sentía de él. Nunca se había sentido de esa forma. Durante años, había vivido sumergida en alcohol y el sexo no significaba nada para ella. Tom la había protegido y cuidado, pero no se había sentido amada. En cuanto a Hugh, nunca sintió mucho por él. —No te vas a ir hoy mismo, ¿no? —preguntó él devolviéndola a la realidad. —No hay razón para que me quede —le contestó. «Dime que quieres que me quede», pensó ella. —Al menos duerme aquí y sales descansada mañana por la mañana. Lo miró, parecía tenso. No había nada en él que la invitara a quedarse. Sin saber


de dónde venía, algo dentro de ella deseaba que le dijera que se quedara con él, que la necesitaba en su vida. —No, prefiero irme cuanto antes —le dijo, esperando que él le dijera algo. —Como quieras —le contestó mientras detenía el coche en un semáforo. No había razones para esperar más de él. Sería una tonta si pensaba que podía haber algo más entre ellos que no fuera una simple aventura entre dos cuerpos hambrientos. Aun así, había algo de dolor dentro de ella cuando llegaron al taller. Vio su coche aparcado a un lado, parecía como nuevo. Cuando Gabe paró la furgoneta, Lori salió tan pronto como pudo del vehículo. Creyó que Gabe iba a entrar con ella pero no lo hizo. Se quedó allí, esperando. Cuando Lori salió y se metió en el coche, salió del aparcamiento de vuelta al chalet. Era la primera vez que conducía después del accidente y estaba nerviosa, le hubiera encantado tenerlo a su lado. Pero nada saltó delante del coche y llegó sana y salva siguiendo a Gabe. La pena la embargó al pensar en que tendría que despedirse de él pronto. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 102-121


https://www.facebook.com/novelasgratis No podía llorar, eso sería imperdonable. Consiguió llegar al dormitorio sin mirarlo a la cara, con miedo de que sólo una mirada la hiciese emocionarse. Sacó la maleta, la abrió y se quedó mirándola, intentando reunir la fuerza necesaria como para abrir los cajones de la cómoda y empezar a hacer el equipaje. Acababa de guardar su neceser en la maleta cuando oyó el móvil en la cocina. Sin pensar, fue hasta allí y se dio cuenta entonces de que era el de Gabe. Él le daba la espalda y aprovechó para mirarlo mientras hablaba. Se dio cuenta de que estaba en tensión. Lo presentía. El móvil se cayó de sus manos y estrelló contra el suelo. Sin pensar, se acercó a él y le tocó el brazo. —¿Qué pasa? Se volvió despacio, buscando la mano de Lori. La agarraba con tal fuerza que le dolía. —Era Tyrell —le dijo con voz ronca. —¿Qué ha pasado? —preguntó aterrorizada—. ¿Le ha pasado algo a Sadie? Gabe negó con la cabeza.


—Cree que ha encontrado a mi hijo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 103-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 14 Gabe no podía dejar de abrazarla. Su mundo acababa de dar un giro de ciento ochenta grados y ahora iba en dirección opuesta. De no haber sido por la presencia de Lori, no sabía cómo habría reaccionado ante tal noticia. —¿Dónde está? —le preguntó—. ¡Gabe! —le gritó para que reaccionara. —Cerca de Phoenix —dijo casi sin habla—. En un camping de casas móviles en Avondale. —¿Tienes la dirección? Al principio, no entendió su pregunta. Pero, cuando lo hizo, se agachó a por el móvil. —No la anoté. Recordaba que Tyrell le había dado la dirección, despacio para que la apuntara, pero había estado demasiado aturdido como para hacerlo. Marcó el número de su amigo, se equivocó y volvió a intentarlo. Lori arrancó


una hoja de su diario y se la dio, junto con un lápiz. Se quedó a su lado, con su mano en el hombro, como un ancla que lo sujetaba al suelo. —¡Hola, amigo! —le dijo cuando Tyrell respondió. Le volvió a dar la dirección, entendiendo que no la hubiera escrito la primera vez. Eran muchas emociones en una sola llamada. —¿Cómo lo has conseguido? —le preguntó ahora con más calma. —Ha sido un golpe de suerte. ¿Te acuerdas de María Ortiz? Se unió al cuerpo poco antes de que te fueras. —Si, creo que sí. —María se mudó a la zona de Phoenix hace unos años, está en el departamento de policía de Avondale. Alguien denunció el robo de una bicicleta y cuando fue reconoció a Krista por la foto que tengo en mi mesa de trabajo. —¿Cuándo? —Hace dos días. Le costó un poco recordar dónde había visto antes su cara. —¿Y estás seguro de que él estaba con ella? —Él fue quien la llamó y María lo interrogó sobre la bicicleta. Era lo bastante parecido Brandon como para que lo reconociera. Sintió un dolor dentro de él. Se preguntó si él reconocería a su hijo cuando lo viera.


—No he terminado de reparar el porche. —¿Crees que eso me importa? Vete ahora mismo a Phoenix. Gabe se despidió y se guardó el papel en el bolsillo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 104-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tengo que hacer la maleta y tomar un vuelo a Phoenix. —Encárgate del equipaje, yo llamo a la línea aérea. —Muy bien. Gracias —dijo mientras se sacaba una tarjeta de crédito del bolsillo y se la dejaba. Ya en la habitación, abrió los cajones y metió de cualquier forma la ropa en su bolsa de lona. Se preguntó si debería llevarse la pistola pero decidió que sería más sencillo atravesar la seguridad del aeropuerto sin ella, la dejaría en la furgoneta. Sus aparejos de pesca estaban en el porche trasero pero allí se tendrían que quedar hasta que pudiera volver a por ellos. Volvería algún otro fin de semana para terminar el trabajo del porche. Y pensó que quizá fuera con Brandon a su lado. Apenas podía respirar. Llevó la bolsa hasta el salón. Lori tenía la maleta al lado de la puerta, junto con su bolso y sus libros. De pronto se dio cuenta de lo que iba a pasar, no iba a volver a verla. Intentaba


hacerse a la idea cuando ella le sonrió. —He hecho las reservas —dijo insegura—. Para los dos. Sintió una explosión de alegría al oír aquello y giró la cara para que no lo leyera en su rostro. —Muy bien, vamos entonces. —Te pagaré el billete cuando pueda —le dijo devolviéndole la tarjeta de crédito. —No, no lo harás —contestó él alejándose para no discutir con ella. Agarró su bolsa y la maleta de Lori. Ella, con los libros en la mano, cerró la puerta con llave y lo siguió escaleras abajo. —¿Por qué no conduzco yo? —le dijo Lori. —Buena idea —asintió él. Apenas podía pensar, así que sería mejor que no condujera. Mientras salían del chalet, deseó poder tomarla de la mano, necesitaba esa conexión. Después de tantos años de búsqueda, de seguir cada pista y cada rastro, no se había preparado para lo que estaba viviendo, no sabía cómo aceptar el éxito por fin. Existía una gran posibilidad de que fuera a ver a su hijo de nuevo y sería muy pronto. —Háblame de él —le dijo acariciándole el brazo durante un semáforo en


rojo. Se le hizo un nudo en la garganta, no creía que pudiera hablar. Sin palabras, sacó la cartera del bolsillo y le enseñó la foto de Brandon. —Se parece a ti —le dijo ella—. Sobre todo en los ojos. Gabe miró la foto lleno de orgullo. —Siempre fue muy buen niño. Casi nunca lloraba cuando era un bebé. Estaba demasiado ocupado sonriendo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 105-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Recordó aquellas mañanas cuando se acercaba a su cuna y Brandon lo saludaba con una sonrisa. —Solía leerle después del baño. Él gateaba por la habitación mientras le leía El Mago de Oz en voz alta. Seguro que no se enteraba de nada, pero me gustaba estar con él. Krista nunca le leía libros y le encantaba que Gabe se ocupara de él cuando llegaba a casa del trabajo. Solía quedarse delante del televisor mientras él cuidaba del niño.


—Eso fue lo peor cuando se llevó al niño. Pensaba en él después del baño y cómo estaría esperando a que su papá llegara a leerle un libro. Cerró los ojos y se concentró en la vibración de las ruedas sobre el pavimento y el sonido del motor. Si no se relajaba no iba a poder controlar las lágrimas. Y no quería llorar. Lori le acarició el hombro y ese simple contacto le sacó del pozo de tristeza en el que estaba cayendo. Abrió los ojos y se acercó a ella, colocándole una mano en el hombro. Necesitaba tocarla, necesitaba sentir su presencia y apoyarse en ella. Tenía aún la foto de su hijo en la mano. Pronto lo vería en carne y hueso. El resto de los noventa minutos de trayecto hasta el aeropuerto de Reno lo hicieron en silencio. Él mantuvo la mano en su hombro y, una vez, cuando se paró en un semáforo, Lori le levantó la mano y le besó la palma. Ella era como un bálsamo que le devolvía la cordura. Llegaron al aeropuerto hora y media antes de que saliera el vuelo. Tenían tiempo suficiente para aparcar el coche, facturar el equipaje y pasar por los controles de seguridad. La espera hasta que embarcaron fue agonizante. Sólo tenía la mano de Lori para ayudarlo a soportarlo.


—No me va a conocer —le dijo ya a la puerta de embarque—. Tengo que aceptarlo. Sólo seré un extraño para él. —Puede que ella le haya hablado de ti. —Si lo ha hecho serán todo mentiras. Le habrá dicho que estoy muerto o que soy un monstruo —le comentó mientras bajaban por el pasillo hasta el avión. —Seguro que te ganas pronto su cariño —lo animó ella sonriente. Gabe dudaba que fuera a ser tarea fácil pero no se lo dijo. Estaba bien que uno de los dos fuera optimista. Ella se sentó al lado de la ventana y él a su lado sin soltarle la mano. Con el primer movimiento del avión, Gabe sintió como se le hacía un nudo en el estómago. —Aunque no me quiera en su vida —le confesó, contento de tenerla a su lado — , al menos lo veré y sabré que está bien. —Te querrá, Gabe. ¿Cómo podría no hacerlo? Él le acarició la mejilla y la besó. Después descansó su frente en la de Lori. Sentía tantas emociones saliendo de él, tantos sentimientos inundándolo que no Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 106-121 https://www.facebook.com/novelasgratis


podía entenderlos. Pensó que era gratitud, y nada más, lo que sentía por ella, por cómo le estaba apoyando en ese momento, cuando los cimientos en los que había construido su existencia se tambaleaban. Se apartó un poco de ella y observó sus ojos castaños. Vio algo allí que lo sorprendió, algo que lo asustaba más que la idea de ver a su hijo de nuevo. Ella no abrió la boca pero no hizo falta. Se apoyó en su asiento y cerró los ojos. No quería aceptar ni rechazar lo que había visto en su mirada. Si tenía suerte, Lori mantendría esos sentimientos encerrados en su interior. No quería herirla y tener que decirle que él no sentía lo mismo. «¿O sí lo siento?», se preguntó confuso. Hicieron escala en Los Ángeles. Sólo era una hora pero parecía una eternidad. Gabe estaba muy inquieto. No le soltó la mano ni un segundo. —Iremos directamente a la casa desde el aeropuerto —le dijo. —Si quieres. —¿Crees que no deberíamos? —le dijo mirándola. —Cualquier cosa que decidas estará bien, Gabe — le contestó acariciando su cara, deseando poder aliviar su ansiedad.


—Pero… estoy pensando que cuando lleguemos tenemos que recoger el equipaje, alquilar un coche e ir hasta allí. Cuando lleguemos a Avondale serán las diez o diez y media. —No me importa. —Pero Brandon… si llegamos tan tarde, dos extraños a la puerta de su casa… ¿Cómo se sentirá? No quiero que se asuste. Lori casi podía verlo elucubrar y pensar en todas las posibilidades, imaginándose todos los posibles escenarios, parecía estar muy lejos de allí. Gabe miró sus manos entrelazadas y, por primera vez desde Reno, soltó la de ella. —Tengo que pensar en lo que será mejor para Brandon. Y con esas palabras la dejó fuera de lo que estaba pasando, consciente de pronto de cuánto de su alma había dejado expuesto. Lori no debería sentirse sorprendida por la nueva actitud, ni siquiera tenía derecho a sentir el dolor que crecía en su interior. «Esto no significa nada, ¿verdad?», recordó que le había dicho él. Había sido muy claro desde el principio. Pero aun así, esperaba que pudiera haber algo más. Dejó las manos sobre el regazo y miró por la ventana. Respiró profundamente para tranquilizarse también ella. Quedaba una hora de vuelo y pensó en


aprovecharla para volver a concentrarse en ella, en el bebé que llevaba dentro y en lo que debía hacer. De pronto lo supo, estaba tan segura de lo que acababa de decidir Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 107-121 https://www.facebook.com/novelasgratis que la sorprendió no haber llegado antes a esa conclusión. Ahogó un grito y Gabe la miró con extrañeza. —¿Estás bien? —Sí. Yo… —dijo sin saber cómo expresar su alegría. Estaba extasiada y también agradecida. El haber conocido a alguien como Gabe le había marcado el camino a seguir, había influido en su decisión sin sospecharlo. «Voy a criar a este bebé pase lo que pase», se prometió en silencio. Quería contárselo pero sabía que el bebé que llevaba dentro le recordaba a Gabe su propio hijo y no quería hacerle daño. —Estoy bien —le dijo. La miró un momento más y volvió a recostarse en su asiento, lo echó hacia atrás y cruzó los brazos sobre el pecho, dejándola de nuevo fuera de su vida.


No podía por menos que reírse de sí misma, se había portado como una niña. Se quejaba de que Gabe la presionara en ese tema y luego quería contárselo para conseguir su aprobación. Que él le asegurara que estaba haciendo lo correcto le importaba más que la opinión de nadie, más incluso que la de Amy. No sabía nada del amor. No podía creer que el sentimiento por Gabe que crecía dentro de ella fuera amor. Pensaba que sólo lo apreciaba como persona, quería que fuera feliz. Si eso implicaba ayudarlo a encontrar a su hijo lo iba a hacer, porque pensaba que eso era lo que cualquier persona haría por otra. Lo miró de reojo. Le encantaba su perfil y la fortaleza que transmitían sus hombros. Deseaba volver a tomar su mano, conectar de nuevo con él y con su interior. Quería estar con él, no sólo a su lado, pero Gabe había vuelto a levantar murallas a su alrededor y no sabía cómo salvarlas. Quizá hubiera sido un error acompañarlo en ese viaje. Pensó que podría servirle de apoyo pero, en ese momento, se dio cuenta de que ella necesitaba también ese sostén. Necesitaba que Gabe le dijera que estaba tomando la decisión correcta al resolver quedarse con el bebé. A pesar de que sabía que era algo que tenía que decidir por sí misma.


Deseaba haber vivido alguna vez el amor verdadero, quizá así podría entender mejor lo que estaba sintiendo por Gabe. Quería tanto a su hija que ese amor era casi dolor en su interior. Haría cualquier cosa por Jessie, incluso se alejaría de ella si eso era lo mejor para la niña. Pero lo que había pasado con Gabe la había confundido. Su intimidad física había sido espectacular, algo que nunca había vivido. Había significado muchísimo más que cualquier otra relación con los otros hombres de su vida, ni siquiera podía compararlo con ellos. Pero no entendía cómo ese placer y deseo se habían transformado en amor. Claro que si ella lo amaba nada cambiaba. No quería decirle lo que sentía para que él le recordara que no quería ningún tipo de ataduras. La otra opción era no Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 108-121 https://www.facebook.com/novelasgratis decirle nada, sólo «adiós» después de que encontrara a su hijo. Esa posibilidad era demasiado dolorosa, no podía ni pensar en ello. Cuando el avión aterrizó por fin en el aeropuerto de Phoenix, Lori ya había decidido no romperse la cabeza por ese tema ya que, lo amara o no, tendría


que despedirse de él muy pronto. Lo que sentía por él era algo que no podía cambiar, esperaba ser valiente y aceptarlo. Alquilaron un coche, se metieron en él y Gabe se quedó parado, manos sobre el volante, sin encender el motor. —Será mejor que esperemos hasta mañana para ir, con la luz del día —dijo después de un rato. —De acuerdo. Lori le puso la mano en el hombro. Sintió cómo se tensaba bajo su palma. —No puedo soportar saber que estoy tan cerca de él —dijo soltando un suspiro. —Deberíamos ir a un hotel. —Sí, el tipo que me alquiló el coche me dio una lista de sitios por la zona. Encendió el motor y salió del aparcamiento. Dejaron a un lado y otro las luces de Phoenix. De vez en cuando pasaban al lado de altos cactus que le daban al paisaje un halo misterioso y de soledad. Aunque quizá fuese sólo ella la que se sentía así, pensó Lori. Esas plantas parecían extender sus manos al cielo, buscando respuestas. Deseó poder hacer lo mismo con él. Lo miró y vio lo distanciado que estaba. Se sintió más perdida que nunca.


Gabe se arrepintió de no haber reservado dos habitaciones en vez de una. Abrió la puerta y entró, sentía que había perdido el sentido común. Sólo había una cama y era enorme. —No tenemos que hacer nada. Yo… —dijo él—. No quiero que sientas que tenemos que hacer algo. Lori se quedó mirándolo como si estuviera loco. Los dos sabían lo que iba a pasar en esa cama. A pesar de todo lo que había ocurrido, ambos seguían sintiendo la misma pasión del chalet. Además, ante la expectativa de ver a su hijo pronto y después de un día cargado de emociones, se sentía más excitado que de costumbre. Sabía que le vendría bien sumergirse en el universo de sensaciones que suponía un encuentro con Lori, necesitaba desconectarse. Eso era todo lo que buscaba en ella, el placer de un momento. No quería una mano que le apoyara en los malos tiempos, ni una mujer fuerte y cariñosa que le ayudara a sobrevivir los problemas. Esas cosas pertenecían a una relación sentimental y él había abandonado ese territorio desde que Krista se llevara a su hijo. En el avión se dio cuenta de que se había acercado demasiado a Lori, dependía


demasiado de ella para que le ayudara a soportar el dolor. Se había olvidado de que Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 109-121 https://www.facebook.com/novelasgratis su tiempo juntos acabaría muy pronto. Y, si se acercaba a ella más, sufriría más al despedirse de ella. Había sido difícil apartarse un poco de ella, pero era necesario. No podía dejar que creyera que había algo más entre ellos, sólo se trataba de algo temporal, nada más. Lori no lo había vuelto a tocar desde que le acarició el hombro en el coche. Por eso no entendía por qué no había reservado dos habitaciones. Se sentía fatal al pretender que ella siguiera dándole cuando él no estaba dispuesto a devolverle nada a cambio. Pero la situación era demasiado compleja y estresante, se sentía como si miles de fuerzas estuvieran tirando de él en distintas direcciones. Se alegraba de que Lori estuviera allí, de otro modo no sabía si podría contenerse cuando viera a Krista de nuevo. Lori entró en el baño con el neceser en la mano y cerró la puerta por dentro. A


Gabe no le extrañó que necesitara algo de intimidad, sobre todo después de ver la frialdad con que la estaba tratando. Encendió el aire acondicionado y se puso a ver la tele. Había un partido de béisbol, uno que podría estar viendo con su hijo mientras compartían palomitas y un refresco. Oyó el agua de la ducha, distrayéndolo del partido. Conocía cada centímetro de ese cuerpo pero no se cansaba de él, no creía que fuera posible cansarse de Lori. Si ella no hubiera cerrado la puerta le habría faltado tiempo para meterse en la ducha con ella y ayudarla a enjabonarse. Se quitó los zapatos y sentó en la cama. Se preguntó si sería fácil abrir la puerta a pesar de que estuviera puesto el pestillo. Sabía cómo hacerlo pero ella había dejado claro que quería estar sola. Quitó el sonido al televisor. De todas formas, no estaba prestando mucha atención al partido. Así pudo oír cuando el agua dejó de correr. Después oyó la cortina de la ducha y se la imaginó saliendo de allí, aún húmeda y sonrosada por el agua caliente. El partido acabó y Gabe apagó el televisor. Siguió escuchando a Lori, su


corazón a mil por hora cuando oyó la puerta abrirse. Cuando salió, envuelta en una toalla, tomó su maleta y se metió de nuevo en el baño. Poco después emergió de allí con un ridículo camisón de franela. —Te vas a morir de calor con eso puesto. —No, estoy bien. Se contuvo para no discutir. Era casi mejor así, cuanto menos viera de su cuerpo menor sería la tentación. Entró en el baño con un par de pantalones cortos en la mano. Intentó no pensar en que ella acababa de salir de allí pero no pudo quitarse de la cabeza la imagen de ellos dos en la ducha y su cuerpo respondió rápidamente al erotismo de su imaginación. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 110-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Se dio una ducha rápida, aclarándose con agua fría. Salió con las bermudas puestas, que apenas ocultaban lo que sentía por ella. Lori ya estaba acostada, tapada y de cara a la pared. Vio que, por lo menos, había decidido finalmente prescindir del camisón de franela. Gabe se quitó los pantalones y se deslizó bajo la sábana. Cuando intentó tocarla


se dio cuenta de que la sábana estaba entre ellos, bloqueándole el paso. —Estás encima de la sábana. —Estoy haciendo lo que prometiste, que no tenía por qué pasar nada esta noche. A no ser que no hablaras en serio —le dijo dándose la vuelta. La verdad era que no había hablado en serio, sólo sintió que tenía que decirlo. —Pero no hace falta que te metas entre la sábana y la manta. No te tocaré si no quieres que lo haga. —Es que… necesito tiempo para aclarar mis ideas. —Te deseo —dijo él acercándose a su cadera para que ella lo notara—. Eso sí que está claro. —Lo sé. Pero… —le contestó ella suspirando—. Esta noche sólo quiero que me abraces y sentirte cerca de mí. Sus palabras lo golpearon en el pecho. Tenerla entre sus brazos sin que hubiera nada sexual en ello era mucho más importante e íntimo que lo que había pasado en el chalet. La idea lo asustó, quería salir de la cama y correr lejos de allí. Pero eso era imposible, no podía dejarla. Lori era todo lo que quería y deseaba, al menos en ese instante, al menos por esa noche. Sabía que no podía negarle


lo que le pedía. —Entonces te abrazaré —le susurró en medio de la oscura habitación. Lori se metió bajo la sábana y se abrazaron. Estaba tan excitado que le resultaba difícil pensar, así que decidió no hacerlo, sólo se dejaría llevar por las emociones. Decidió que la amaría esa noche. Sólo esa noche. Sería un amor temporal y transitorio. Se concedía sólo unas horas para quererla. Después tendría que dejar que se fuera. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 111-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Capitulo 15 A la mañana siguiente, Lori tomó las llaves del coche sin hacer ni un comentario, dejando claro que sería ella la que condujera. Cuando salieron del hotel el sol brillaba en todo su esplendor y hacia buena temperatura. Gabe la seguía con las maletas. Estaba tan estresado que apenas había podido probar bocado durante el desayuno. Sólo bebió un poco de café mientras miraba absorto por la ventana. Cuando llegaron al coche, Gabe sacó la dirección que Tyrell le había dado y leyó las instrucciones que un empleado del hotel les había dado para llegar a Avondale.


—He llamado al colegio y ya están de vacaciones de verano. —Así que estará en casa. —Sí, estará en casa —repitió él. Salieron a la autopista, que estaba atascada por ser hora punta. —¿Crees que ella también estará allí? —A lo mejor —dijo él suspirando—. Si no ha ido hoy al trabajo, suponiendo que tenga uno. Había estado muy decidida la noche anterior. Quería dormir a su lado sin que hicieran el amor. Pero había resultado más difícil de lo que se había imaginado. Sobre todo cuando se despertó con las manos de Gabe sobre su cuerpo y su boca quemándole el cuello. —Toma la salida noventa y nueve y gira a la izquierda —le dijo él sacándola de sus pensamientos. Lori disminuyó la velocidad al ver que estaban llegando al camping de autocaravanas. Gabe, a su lado, jugaba inquieto con el papel de la dirección. —¿Qué número es? —El doscientos cuatro. Lori siguió hasta dar con ese número. Él tenía las manos sobre el regazo, más tenso e inquieto que nunca y miraba la casa prefabricada.


—Yo me quedo aquí —le dijo ella. —Sí —contestó él con un hilo de voz. Abrió la puerta, hizo ademán de salir pero se paró. Tomó la mano de Lori y se la besó. Después la miró. —Quiero que sepas… —comenzó él—. Cuando me hablaste de tu hija y de tu pasado… el hecho de que no me lo ocultaras, ni siquiera los peores detalles… — siguió apretándole la mano—. Has sido muy valiente. Y el hecho de que quieras cambiar las cosas y arreglar lo que hiciste… nunca he conocido a una mujer con más coraje que tú. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 112-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Le soltó la mano y salió del vehículo, dejando a Lori sin palabras, intentando asimilar lo que acababa de decirle. Estaba encantada con la apreciación que había en su comentario, a pesar de que no entendía por qué lo había hecho. Lo miró desde el coche mientras subía los escalones de la casa. Después se quedó parado frente a la puerta unos segundos y llamó con los nudillos. Nadie


contestó y llamó de nuevo. Miró por la ventana que había junto a la puerta. Minutos después volvió al coche y Lori salió a su encuentro. —No hay nadie —dijo mirando a su alrededor como si esperara ver a su hijo por alguna parte. —Puede que sólo hayan salido un rato —lo animó ella acariciando su tenso brazo. Lori vio una cortina moverse en la casa de al lado. Después se abrió la puerta y salió una mujer mayor. —¿Buscan a la mujer y a su hijo? —¿Los conoce? —preguntó Gabe acercándose a ella. —No mucho, no eran muy sociables. —¿Sabe cuándo van a volver? Lori presentía lo que iba a decir y se acercó a Gabe por detrás. —No van a volver. Se mudaron hace un par de días. Metieron todo lo que tenían en el coche y se largaron. Gabe habría caído al suelo si no hubiera estado sujetando la barandilla. Se sentó en el peldaño, sentía que le habían arrancado el alma. Lori le sujetó la mano, intentando prestarle el apoyo que necesitaba.


—Hace un par de días —repitió él. —¿Crees que reconoció a la policía que vino? —No, María no estaba en el departamento entonces. —No pueden haber ido muy lejos. Aún puedes encontrarlos. —¿Crees que han dejado a alguien su dirección? —Preguntó él con una sarcástica carcajada—. Lo dudo mucho. —Tiene que haber un modo de encontrarlos. Lori se levantó y volvió al coche. Sacó el mapa del recinto y lo estudió; después tomó su teléfono. La anciana se había metido de nuevo en su casa pero Gabe la podía sentir espiando por la ventana. Se levantó y dirigió de nuevo a la casa vacía. Quería quedarse allí, en el sitio donde su hijo había estado hasta hacía bien poco. Lori terminó de hablar y se acercó a él. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 113-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —El director de este sitio viene de camino y nos dejará entrar —le comunicó. Gabe sabía que lo más seguro era que no encontraran nada, ninguna pista que les sirviera. Krista tenía práctica borrando rastros, lo había hecho a la perfección durante la última década.


Estaba destrozado pero intentó controlarse cuando llegó el director del camping. —No hemos tenido tiempo de limpiar la casa pero pueden echar un vistazo — les dijo. Entraron y Gabe se fijó en el salón. Había un viejo sofá, un sillón y una mesa de centro. El sol entraba con fuerza por las ventanas pero, aun así, era una habitación deprimente. No podía soportar la idea de su hijo viviendo en un sitio así. El director se había quedado afuera, así que ellos dos pudieron echar un vistazo con libertad. Gabe abrió los cajones de la cocina, miró bajo los cojines del sofá, en los armarios. En una de las mesitas del dormitorio trasero, suponía que sería el de Krista, había un papel arrugado. Era el dibujo de un niño y estaba firmado por Brandon. Era un dibujo de un niño y su madre. Parte del papel había sido rasgado, probablemente donde debía de haber estado su papá. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Lori, que había estado buscando en el baño, se acercó por detrás. —¿Qué has encontrado? —Nada —dijo doblando el papel y metiéndolo con cuidado en el bolsillo—. Salgamos de aquí.


La búsqueda había sido inútil, tal y como había sospechado. Habían vuelto al punto de partida, Brandon tan perdido como siempre. Pero esta vez el dolor era más intenso, por lo cerca que habían estado de encontrarlo. —¿A qué hora sale el vuelo de vuelta? —le preguntó a Lori mientras se metían en el coche. —A las cuatro —dijo ella encendiendo el motor—. ¿Adonde vamos? —Al colegio. No creo que haya dejado una dirección pero tenemos que comprobarlo. La empleada con la que hablaron en el centro sintió mucho que Brandon se hubiera mudado. Les dijo que era un niño muy educado y un buen estudiante. Pero no tenía ni idea de que se hubieran ido ni de dónde podrían estar. De vuelta al coche, Gabe se sintió como si el mundo se le estuviera cayendo encima. Estaba profundamente herido, pero lo último que quería era buscar consuelo en Lori. —¿Y ahora? —le preguntó ella. —Al aeropuerto. Tengo que salir de este sitio cuanto antes. Consiguieron cambiar su vuelo para uno más temprano. Después de facturar el


equipaje y pasar por seguridad, tuvieron que correr para no perder el vuelo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 114-121 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me voy a quedar en Los Ángeles —le dijo Gabe en cuanto despegó el avión— . Quiero hablar con Tyrell y ver si tiene alguna idea. —Puedo quedarme contigo —le dijo ella con una suavidad que casi rompe la barrera de Gabe. —No, gracias. Ya no voy a necesitar tu ayuda. Él mismo se sorprendió de la dureza con la que había hablado. Pero prefería no suavizar las cosas. Al fin y al cabo, no había nada entre ellos. Aun así, notó cuánto daño le habían hecho sus palabras y no pudo evitar sentirse culpable. Quería mirarla a los ojos y ver de nuevo la luz que brillaba en ellos. Pero eso sería un error. Era mejor cortar por lo sano, allí mismo y en ese momento. —Creo que voy a dormir un poco —le dijo—. Apenas lo hice anoche. Le dio la espalda como pudo, a pesar de lo estrecho de los asientos, y cerró los ojos. Pero aun así, le llegaba el aroma de Lori y sintió un gran dolor en su interior.


Supo entonces que podía apartarla de su vida pero nunca conseguiría borrarla por completo de su corazón. Lori oyó el aviso para su vuelo de Los Ángeles a Reno y se levantó del asiento para ir hacia la puerta de embarque. Gabe, que se había sentado lejos de ella, como si no pudiera soportar tenerla cerca, la siguió. —Ya te puedes ir —le dijo ella en un susurro. —Sí, ahora lo haré —contestó él mientras se colocaban en fila frente a la puerta—. Escucha, Lori. Lo siento. —¿El qué? —Bueno… fue un error. Todo. No debería haber… —No, ninguno de los dos deberíamos haberlo hecho —le dijo ella—. Sin arrepentimientos, Gabe. Puedes volver a tu vida con la conciencia tranquila. Ya habían llegado al principio de la fila. Lori entregó el billete y bajó por la pasarela hasta el avión. Encontró su asiento, se sentó y abrochó el cinturón, intentando no pensar en nada. Pero antes de que pudiera controlarla, una fantasía penetró con fuerza en su cabeza, se imaginó a Gabe entrando en el avión e intentando detenerla. Pero el ruido de la puerta cerrándose y el movimiento del avión al comenzar a prepararse para el despegue le destrozó su infantil sueño. Agarró los


reposabrazos e intentó controlarse para que las lágrimas no fluyeran. Le dolían la garganta y el corazón, pero no quería llorar. Sabía desde el principio que no había futuro para ellos. Gabe nunca le prometió nada y ella le había asegurado que no esperaba nada. Él había sido más amable y honesto con ella que el resto de los hombres con los que había estado. En él había encontrado además respeto. Pero nada de eso había cambiado el final de la historia. Había sido una aventura breve e intensa pero ahora ya había acabado. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 115-121 https://www.facebook.com/novelasgratis «¿Cómo he podido enamorarme de él?», se lamentó ella. La brusca aceleración de la aeronave para despegar la sacó de sus pensamientos. Deseó que también ella pudiera volar, pero mucho más lejos. Quería ir hasta las estrellas o hasta otra galaxia, a cualquier otro sitio donde no existiera el dolor. Pero se dio cuenta de que estaba siendo egoísta. Su sufrimiento no era nada comparado con el de Gabe, la pérdida de un hijo. Era lo peor que le podía pasar a un padre. Ella llevaba un año intentando recuperar a su hija y eso le


había hecho entender lo importante que Jessie era para ella y lo poderoso del amor que sentía por ella. No podía ni imaginarse lo que sería que Jessie desapareciera, tenerla de verdad fuera de su alcance. Lori al menos tenía la esperanza de poder reconstruir una relación con la niña. Gabe quizá nunca tuviera esa oportunidad. Sólo era un vuelo de una hora pero le pareció interminable. Cuando salió del avión se sintió un poco mejor. Recogió su equipaje y fue hasta su coche. Pero en cuanto entró sintió aún allí el aroma de Gabe. Entonces no pudo aguantar más las emociones y rompió a llorar con intensidad. Agarrándose al volante como a una tabla salvavidas, se dejó llevar por su dolor hasta que no le quedaron lágrimas que verter. Estaba temblorosa y débil cuando pudo por fin encender el motor. Recordó que no había comido nada desde el desayuno. Gabe había intentado que comiera en el aeropuerto de Los Ángeles pero no había tenido apetito. Decidió comprar algo de comida cuando parara para repostar. Después de llenar el tanque de gasolina y comer algo se dirigió a la autopista. Al llegar allí vio el desvío hacia Tahoe y la tentó la idea de volver al chalet,


para dar así por terminada su historia, pero aquello sólo haría todo más difícil. Condujo por la autopista ochenta intentando no llorar más. Llegó a la conclusión de que luchar contra lo que sentía por Gabe era más duro que aceptarlo. Se había enamorado de él sin quererlo y en la peor de las situaciones. Porque él era un buen nombre y por fin veía claro después de meses alejada del alcohol. Y, a pesar de ser un amor no correspondido, se sentía agradecida por haberlo podido sentir. Era un paso importante en el nuevo camino que había emprendido en su vida. Al amar a Gabe se había demostrado que podía amar, que podía querer a otra persona. Y, aunque le costaba imaginarlo en ese momento, sabía que alguien más aparecería algún día en su vida. Ahora sabía que sería capaz de construir una vida con otra persona. Reconocer lo que pasaba la hizo sentirse mejor y la ayudó a superar la soledad. Sabía que le costaría olvidarse de Gabe pero tenía muchas distracciones. Tenía que prepararse para la llegada del bebé, intentar recuperar el cariño de Jessie y atender su trabajo en el centro juvenil. Tenía una increíble y plena vida esperándola a la vuelta de la esquina. Sólo tenía que aceptar que Gabe no iba a ser parte de ella. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 116-121


https://www.facebook.com/novelasgratis Había sido difícil conseguir un mes de permiso en el departamento de policía de Marbleville. Durante el verano siempre había más trabajo, pero en cuanto Gabe le habló a su jefe de Brandon, algo que no le había revelado durante sus seis años trabajando allí, el capitán le concedió el permiso. Necesitaba tiempo para reponerse de la gran decepción que había supuesto su viaje a Phoenix. Él quería meterse en una habitación de hotel y no salir de allí pero Tyrell y Sadie no lo dejaron. Lo acogieron en su casa y cambiaron sus intensos horarios de trabajo para que casi siempre uno de los dos estuviera en casa con él. Lo aguantó durante una semana, después les pidió que hicieran sus vidas como siempre. El sufrimiento por perder de nuevo a Brandon después de estar tan cerca comenzó a suavizarse durante su estancia en Los Ángeles. Lo ayudó el saber que su hijo estaba vivo, que era buen estudiante y que dejaba una buena impresión en la gente. Por otro lado, se dio cuenta de que tenía que seguir viviendo, que no podía centrar únicamente su existencia en la búsqueda de Brandon. Con el paso de los días vio que podría ser capaz de decir adiós al sueño de


encontrar a su hijo. A lo que nunca podría renunciar era a otra persona. Ella estaba aún en su corazón. Era una presencia constante en su pensamiento y un bálsamo de paz para su alma. A su hijo no podía localizarlo pero a ella sí. Sólo le quedaban cuatro días de permiso cuando viajó hasta el norte de California. Procedía de Tahoe, hasta donde había ido para recoger su furgoneta. Llegó a San Francisco sobre las diez de la noche. Le costó que Sadie le diera la dirección de Lori. Había estado en contacto con su amiga y sabía parte de lo que había pasado en el chalet. —No quiero que sufra —le advirtió Sadie. —Eso es lo último que quiero —le contestó él—. Sólo quiero hablar con ella. Si quiere que me vaya, si no siente por mí lo que creo que sentía… entonces me iré. Aparcó el vehículo cerca del edificio donde Lori vivía. Pensó que había mentido a Sadie porque, aunque ella le dijera que no lo amaba, no sabía si podría alejarse de ella. Subió hasta la segunda planta con el estómago hecho un nudo ante la idea de verla de nuevo. Era tarde y quizá estuviera acostada. No quería despertarla pero no podía soportar la idea de esperar hasta el siguiente día para verla.


Encontró la puerta de su piso y llamó con los nudillos. —¡Un momento! —dijo ella desde dentro. Pensó que se le paraba el corazón en el momento en que ella abrió la puerta. Pero pasó a latir a mil por hora al verla de nuevo. —Hola, cariño —le dijo él. —Hola, Gabe. —¿Puedo pasar? Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 117-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Lori se echó lentamente a un lado para dejarlo entrar. Cuando cerró la puerta se apoyó en ella mientras acariciaba su barriga con una mano. —¡Ya se te empieza a notar! —dijo él con ternura, resistiendo la necesidad de tocarle el abultado vientre. —¿Qué quieres, Gabe? No había censura en su tono pero tampoco lo alentaba. —Puede que esto no signifique nada para ti —le dijo mientras metía las manos en los bolsillos para no tocarla—. Puede que ni siquiera te importe. Pero tengo que


decírtelo de todas formas, tengo que arriesgarme. Vio brillo en sus ojos, eran lágrimas. No sabía qué significaban pero no podía parar, tenía que seguir adelante. —Te quiero, Lori. Tanto que quiero gritarlo a los cuatro vientos, decírselo a todo el mundo. Pensé que si no le hacía caso a ese sentimiento acabaría por desaparecer. Pero no lo ha hecho, ni lo hará. —¡Gabe! —exclamó ella con lágrimas corriendo por sus mejillas, dejando a Gabe aterrorizado ante lo que el temía era su rechazo—. Yo también te quiero. Él la agarró y rodeó con sus brazos. Besándole la cara, acariciando su cuerpo. No quería soltarla, no quería que se le escapara de nuevo. Temía que desapareciera como su hijo. —Quería olvidarme de ti —le susurró ella—. Pero no puedo dejar de quererte. —Tú me has mantenido cuerdo durante las últimas semanas. A pesar de estar a cientos de kilómetros de distancia, tu amor me ha dado la fuerza que necesitaba. Lori se apartó para mirarlo a los ojos. —Siento tanto lo de Brandon… —Gracias. Pero tengo que seguir con mi vida —le dijo mientras le secaba las


lágrimas. —Estoy a tu lado, Gabe. A cada paso del camino. Gabe le tomó la cara entre las manos. —Cásate conmigo, Lori. Puedo mudarme a San Francisco si quieres… —No, creo que yo me iré a Hart Valley. Tengo allí asuntos pendientes. —El bebé… —Me voy a quedar con él. O con ella —le confesó con una increíble sonrisa —. Tú me ayudaste a tomar esa decisión. Él la abrazó de nuevo, con sus brazos rodeando a Lori y al bebé que llevaba en sus entrañas. En ese instante, el vacío que había llevado en su interior durante los últimos diez años comenzó a llenarse de nuevo. Nunca podría reemplazar a Brandon pero alguien más ocuparía un lugar en su corazón al lado de la memoria de su hijo. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 118-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Estaba sobrecogido por la emoción y eternamente agradecido por haber encontrado a esa mujer. —Te quiero, Lori.


—Y yo a ti. —Para siempre —le dijo con firmeza. Ahora por fin comenzaba de nuevo su vida. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 119-121 https://www.facebook.com/novelasgratis Epílogo Lori Walker se sentó en uno de los bancos de madera que ella y Gabe tenían en el porche trasero de la cabaña en Hart Valley. Al otro extremo del porche, recostada en una tumbona, estaba Jessie. Leía un libro de su autor favorito. Lori se lo había regalado por Navidad y su hija lo había releído tantas veces que el libro estaba ya medio roto. Hacía ya casi un año desde el encuentro de Lori y Gabe en Tahoe. Hasta el otoño no llegó a un acuerdo con su hija. No había manera de que pudiera cambiar su pasado y borrar todos sus errores, por mucho que se disculpara no conseguiría hacerlo. Así que decidieron concentrarse en el presente, empezar de nuevo dentro de lo posible. Jessie no se mostraba aún demasiado cariñosa con ella. Lori tenía que aceptar la


posibilidad de que su hija se sintiera más cerca de su madrastra que de ella. Pero Jessie estaba dispuesta a dejar que Lori formara parte de su vida y, para una preadolescente de doce años, ya era mucho ofrecer. De una forma u otra, estaba disfrutando inmensamente de esos meses, descubriendo de nuevo a su hija. Ayudaba a la relación el hecho de que Jessie estuviera encantada con su nuevo padrastro. Congeniaron tan pronto que Lori no sabía si sentirse contenta o celosa. A Jessie la entusiasmó también la llegada del bebé. Estaba encantada con su hermanita y le gustaba cuidar de ella. Lori oyó llanto dentro de la casa y Jessie se puso en pie de un salto. —Yo me encargo —le dijo. —Ya está Gabe con ella, cariño. Él la traerá. Gabe había adoptado a Giselle tan pronto como nació, estaba deseando que ese bebé, cuyo nacimiento tanto ansiaba, fuera oficialmente suyo. Hugh había estado encantado liberándose de tal responsabilidad. Amy había aligerado el papeleo y la adopción se realizó rápidamente. Los padres de Lori habían estado encantados con la nueva nieta. Habían sido mucho más cariñosos con la niña y el yerno de lo que Lori esperaba. Pero


cuando intentaron establecer un fondo fiduciario para Jessie y Giselle, su hija intervino parándoles los pies. Quería que sus hijas se valiesen por sí mismas. Lori sonrió al ver a Gabe salir de la casa con Giselle y entregársela a su hermana mayor. Él se sentó al lado de Lori en el banco; aún no se había acostumbrado a sentir su cálido cuerpo al lado de ella sin sentirse excitada. —¿Qué te parece si dejamos que Jessie y su amiga Sabrina cuiden de Giselle y nos vamos a Marbleville a cenar? —le susurró Gabe al oído. —Tienes unas ideas estupendas —le dijo ella mientras apoyaba la cabeza en su hombro. Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 120-121 https://www.facebook.com/novelasgratis El teléfono sonó dentro de la casa. Lo último que quería era moverse de allí, estaba en el cielo. —Jessie, ¿puedes contestar el teléfono?


Con el bebé en brazos, la niña entró en la casa. Gabe aprovechó el momento de soledad para darle a su mujer un tórrido beso. Estaban tan sumergidos en ese momento que no oyeron a Jessie volver hasta que llamó a Gabe a gritos. Con Giselle contra su pecho, Jessie sujetaba el teléfono inalámbrico con la otra mano. —Es para ti —le dijo a Gabe—. Es un chico. Gabe se volvió hacia ella confuso. El corazón de Lori comenzó a latir con fuerza cuando se dio cuenta de quién podía ser. Cuando Gabe le contó que había metido a Brandon en todas las listas de niños desaparecidos que había en Internet, Lori se dedicó a buscar nuevas páginas Web para inscribir al niño. Había encontrado una nueva página hacía sólo un mes. Ese portal usaba un novísimo motor de búsqueda para consolidar los nombres de padres e hijos que se buscaban mutuamente a través de Internet. Pero ni siquiera se lo había mencionado a Gabe, no quería darle falsas esperanzas. —¿Quién es? —le preguntó Gabe a Jessie. La niña preguntó y se lo entregó a su padrastro. —Dice que se llama Brandon.


Gabe se quedó inmóvil, estaba helado. Después se volvió hacia Lori con ojos de esperanza. Ella le sonrió y le hizo un gesto para que contestara la llamada. Cruzó el porche en dos rápidas zancadas y agarró el teléfono. Con la mirada fija en Lori y la voz fuerte y serena saludó a su hijo. Fin Escaneado por Marisol F y corregido por Pilobe Nº Paginas 121-121

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Almas perdidas karen sandler  

Argumento: Él era un hombre al que no quería volver a ver...Lori Jarret había conocido al duro ayudante del sheriff Gabe Walker cuando toda...

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Argumento: Él era un hombre al que no quería volver a ver...Lori Jarret había conocido al duro ayudante del sheriff Gabe Walker cuando toda...

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