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Al cumplir con el deber Ingrid Weaver 11º Mult. Los romances de la Corona Al cumplir con el deber (2005) Título Original: Under the King's command (2002) Serie: 11º Mult. Los romances de la Corona Editorial: Harlequin Ibérica


Sello / Colección: Oro 98 Género: Contemporáneo Protagonistas: Sam Coburn y Kate Mulvaney Argumento: No sospechaba que aquella misión iba a descubrirle un secreto… de su pasado El oficial Sam Coburn no tardó en aceptar la misión encomendada por el rey de Montebello; debía encontrar al secuestrador del hijo del príncipe heredero. Pero cuando conoció a su compañera de misión, el trabajo se convirtió en placer y dolor al mismo tiempo. El frío saludo de la teniente Kate Mulvaney no pudo borrar el recuerdo del apasionado romance que los había consumido en otro tiempo… ni la desconcertante manera en la que había acabado dicha aventura. La imagen de Sam con el bebé despertó en Kate el recuerdo del secreto que Sam jamás debía descubrir. Pero a medida que los días llenos de tensión fueron dando paso a unas noches llenas de ternura, Kate comenzó a dudar si su corazón podría resistir los esfuerzos de Sam por descubrir la verdad… https://www.facebook.com/novelasgratis Sinopsis La familia real de Montebello celebra la aparición de su miembro más joven, pero una nube negra se cierne sobre la isla. El peligro y el deseo chocan una


vez más mientras se lleva a cabo la búsqueda de la secuestradora del bebé real. Conoce a los principales protagonistas de este misterio palaciego: Teniente Sam Coburn: Sus amigos del equipo SEAL de marines de élite siempre sospecharon que una mujer le había endurecido el corazón. Pero ahora ha encontrado a la mujer que se lo robó… y está decidido a recuperarlo a toda costa. Teniente Kate Mulvaney: Esta eficiente oficial lleva años erigiendo un muro en torno a sus emociones… pero nada más ver al teniente Coburn comprende que el muro esta hecho de paja y que la atracción entre Sam y ella es una llama de pasión. Gretchen Hanson: Esta ingenua comadrona creyó en las promesas de riqueza y prestigio de su amiga Ursula. De pronto, se niega a ser el chivo expiatorio del secuestro del bebé. Ursula Chambers: Ha dado un nuevo significado a las palabras mentir, engañar y robar. Es el momento de pagar el precio… pero a esta fugitiva siempre le queda un truco bajo la manga. Edwardo Scarpa: No es la primera vez que este guardia de palacio se mete en líos por su debilidad por las mujeres bonitas. Nº Paginas 2-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 1


Cuando Kate oyó el llanto por primera vez, quiso seguir corriendo. Sería una gaviota, pensó, nada fuera de lo normal. Ya había llegado a la mitad de su ruta de jogging y estaba regresando. Necesitaba ducharse y dormir. Pero las gaviotas que sobrevolaban San Sebastian, la capital de Montebello, solían hacerlo de día, no de noche. El lamento no podía ser de un pájaro. Redujo el paso y volvió la cabeza para escuchar. Lo único que oía era el golpeteo de sus zapatillas de deporte en los adoquines y el ritmo de su respiración. ¿Quién sacaría a un niño a pasear a aquellas horas? El viento nocturno era cortante para ser octubre en aquella zona del Mediterráneo. Aparte de un grupo de espectadores que acababan de salir del teatro, Kate no había visto a nadie durante los últimos diez minutos. Debían de ser imaginaciones forjadas por su mente privada de descanso, nada más. En la base naval, los que no estaban de guardia tenían el sentido común de dormir, pero Kate se había aficionado al jogging nocturno. Era un rato de soledad en que dejaba atrás el día y se centraba en algo deliciosamente elemental, como poner un pie delante de otro. Quizá, si corriera bastante, podría dejar atrás no sólo el día, sino el pasado. Así no oiría bebés fantasmas llorando cuando no había nadie alrededor… Volvió a oír el llanto. Más lejano que antes, apenas audible, reverberaba en las fachadas y se movía por los adoquines como la sombra de una mariposa. A pesar del


sudor que le lustraba la piel, se le erizó el vello de los brazos. Aquella vez, no había duda. Provenía de su izquierda. Durante una fracción de segundo, quiso girar a la derecha, seguir corriendo hacia la base, hacia su cama, hacia el olvido inducido por el agotamiento. Pero la fracción de segundo pasó. ¿Desde cuándo la teniente Kate Mulvaney escogía el camino más fácil? Giró a la izquierda. La calle se estrechaba, convirtiéndose en un callejón. Los muros que se erguían a ambos lados tenían siglos de antigüedad, y las ventanas estaban cerradas contra la noche otoñal. Los aromas hogareños del aceite de oliva y de ajo seguían impregnando el aire, restos de la cena de algún inquilino, pero no se veía ninguna luz detrás de las contraventanas. De día, aquellos callejones históricos eran imanes para los turistas, pero a aquellas horas las casas no eran más que hogares. ¿Habría exagerado? ¿Acaso el ruido que había escuchado provenía de un bebé inquieto que vivía tras una de esas contraventanas? ¿Habría un progenitor cansado dando vueltas y consolando al niño, para luego volver a acostarlo con un beso? No. Un llanto normal no le habría puesto los pelos de punta. No habría despertado aquella instintiva intranquilidad. Alcanzó un cruce y se detuvo, conteniendo el aliento al tiempo que aguzaba el oído. En el laberinto de calles del barrio antiguo, el sonido viajaba de manera engañosa. El niño podía estar tanto a


quinientos metros como en el callejón de al lado. Nº Paginas 3-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Allí estaba. Otro llanto. Parecía más cercano, pero se interrumpió rápidamente, como si alguien le estuviera tapando la boca al pequeño. Exhalando con fuerza, Kate escogió la calle de en medio. Abandonó el vecindario adoquinado y entró en una plaza iluminada por la luna y rodeada por un seto. Allí, en el extremo opuesto, una figura se movía furtivamente entre las sombras. Más lamentos se elevaron por el aire, rápidos y lo bastante frenéticos para quebrar el corazón de una piedra. —¡Oiga! —gritó Kate, y echó a correr—. ¡Espere! La figura era de una mujer en cuyos brazos sostenía un atado del tamaño de un bebé. En lugar de detenerse, se escurrió entre el hueco de un seto. Kate la siguió y salió a una calle en pendiente iluminada por una hilera de farolas de hierro forjado. Pestañeó para adecuar la vista a la repentina luminosidad y divisó el letrero del Hospital Rey Augustus. La mujer avanzaba por la otra acera en dirección a la entrada posterior del hospital. Vacilando, Kate se preguntó si la mujer estaría llevando a su hijo a urgencias. ¿Sería ésa la razón de su prisa?


Pero, en lugar de atravesar las puertas del hospital, la mujer se detuvo junto a un macetero de piedra que sobresalía del muro del hospital y dejó el atado sobre las flores. Un lamento infantil emergió de la manta. La mujer se sacudió las palmas de las manos. La voz, seca y áspera, se oyó con claridad en la brisa. —Adelante, llora. No tardarán en oírte. Kate frunció el ceño y subió corriendo la colina. —Disculpe, ¿necesita ayuda? La mujer levantó la cabeza de golpe y se volvió. En lugar de recuperar el bebé, dio un paso atrás. Kate estaba lo bastante cerca para ver un diminuto puño saliendo de las mantas. El bebé lo agitó en el aire, como para expresar su contrariedad. La reacción de la mujer a la angustia del pequeño fue dar otro paso atrás. Kate estaba sin resuello, no sólo por el agotamiento de la carrera, sino por una creciente sensación de ultraje. Aquella mujer se comportaba como si pretendiera abandonar al bebé. —¿Qué hace? —inquirió Kate—. No estará pensando en abandonar aquí a su bebé, ¿verdad? La mujer miró alrededor, con una expresión tan furtiva como sus


movimientos. Al resplandor duro de las farolas, sus rasgos simplones y el pelo castaño claro le conferían el aspecto de un roedor. —No se meta en esto. No es asunto suyo. —El bienestar de un niño es asunto de todos. Si su bebé está enfermo… Nº Paginas 4-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Al bebé no le pasa nada. Se encuentra bien. Sencillamente, ya no puedo mantenerlo. La determinación de la mujer acrecentó la indignación de Kate. Aun así, intentó razonar con ella. —Señora, si necesita cuidar de su hijo, hay organismos que… —Usted no sabe nada de esto. Apártese de mi camino. Kate apenas tardó un segundo en analizar las opciones. Como oficial de la Marina de Estados Unidos y extranjera en Montebello, no tenía autoridad sobre aquella civil. Pero no pensaba dar media vuelta y seguir corriendo. Por muy cansada que estuviera, pese a las represalias que pudiera recibir del jefe de la base por interferir, tenía una obligación que iba más allá del reglamento y de la necesidad de dormir. Antes de que la mujer pudiera dar otro paso, Kate le sujetó la muñeca.


—Lo siento, no puedo dejarla marchar. —¿Qué cree que hace? ¡Suélteme! —La mujer intentó desasirse, pero no lo logró. Mascullando una maldición, quiso darle una patada a Kate en la espinilla. Kate la esquivó automáticamente. Sin soltarla, empleó el impulso de la mujer para hacerla girar y torcerle el brazo a la espalda. Ejerciendo la presión suficiente para inmovilizarla contra el muro bajo de piedra sin lastimarla, Kate volvió la cabeza para mirar al bebé. Había conseguido apartar las mantas y yacía de espaldas, agitando pies y puños en el aire. Había dejado de llorar, como si prefiriese el frío abrazo del macetero al calor de los brazos de su madre. Tenía el rostro sonrojado y temblaba suavemente, pero paseaba la mirada por las flores aplastadas con unos ojos azules llenos de interés. ¿Cómo podía una madre deshacerse de un niño como aquél? Los bebés eran preciosos, y sus vidas, frágiles, ¿qué clase de monstruo abandonaría, con tanta indiferencia, una vida que había llevado dentro? ¿No temía las pesadillas que surgirían después? ¿No se daba cuenta de que los llantos de su hijo la acosarían? —Suélteme —repitió la mujer—. ¡Ay! ¡Me está rompiendo el brazo! Kate centró su atención en el cumplimiento de su deber. Volviéndose hacia las puertas del hospital, elevó la voz hasta el nivel que había aprendido a emplear sobre la cubierta de un buque de guerra y pidió ayuda.


Diez segundos después, la puerta del hospital se abrió de par en par y se asomó una anciana enfermera vestida de blanco. Abrió los ojos de par en par al ver a Kate forcejeando con la mujer. Kate comprendió lo que parecía. Vestida con una camiseta húmeda y pantalones cortos de deporte, con el rostro desprovisto de maquillaje y el pelo alborotado, parecía una atracadora femenina sometiendo a una mujer indefensa. Antes de que la enfermera llegara a una conclusión equivocada, le dijo: —Soy la teniente Kate Mulvaney, de la Marina de Estados Unidos. Estoy deteniendo a una civil. Necesito que llame a la policía y se encargue… —¡No! ¡La policía, no! —La mujer retomó el forcejeo—. ¡Yo no he hecho nada! Nº Paginas 5-143 https://www.facebook.com/novelasgratis La enfermera volvió a entrar antes de que Kate pudiera decirle que se ocupara del bebé. Tendido sobre el macetero, no era visible desde la puerta. Como había dejado de llorar, nadie repararía en él a no ser que miraran hacia allí. Si Kate no hubiera presenciado lo ocurrido, ¿cuánto tiempo habría permanecido el niño allí? Pensó en lo que podría haberle ocurrido y tuvo que contenerse para no aplicar un poco más de presión sobre el brazo de la mujer. Del hospital salió un guardia de seguridad. Era un hombre alto de vientre generoso y prieto uniforme gris.


—¿Qué está pasando aquí? —preguntó. Kate volvió a identificarse y guió a la prisionera hacia él. —Esta mujer estaba abandonando a su bebé. —¿Bebé? ¿Qué bebé? En cuanto el guardia sujetó a la mujer por el brazo, Kate se volvió hacia el macetero. —Este bebé —declaró. Inclinándose, lo levantó con cuidado—. Lo llevaré a urgencias. Creo que debería mirarlo un médico… Kate dejó la frase en el aire. La estaban asaltando demasiadas sensaciones al mismo tiempo. La tibieza del pequeño, su peso, tan liviano y vulnerable en los brazos, el olor a talco infantil que emergía de su pelo oscuro… todo ello se coló entre sus defensas y despertó el viejo anhelo… Debería haber seguido corriendo. Y lo haría, en cuanto hubiera cumplido con su deber. Entregaría al niño a un médico y se quedaría allí hasta que llegara la policía para poder contestar a sus preguntas pero, después, se marcharía. Fuera cual fuera la historia de aquella mujer, no era asunto de Kate. Pero, ¡ay!, con qué dulzura se acurrucaba el bebé contra su pecho… Maldición. —¡Yo no he hecho nada malo! —decía la mujer con voz estridente mientras el guardia la hacía entrar en el hospital. Se habían congregado varias enfermeras


en el pasillo, atraídas por la conmoción. La mujer se resistía, apelando a su público—. Ni siquiera es hijo mío. He estado cuidando de él desde que murió su madre. Iba a dárselo a su padre, lo juro, pero no podía entrar en el palacio y… —Señora, ¿de qué está hablando? —dijo el guardia. —¿Ha dicho el palacio? —preguntó alguien. —No deberían tratarme así —insistió la mujer—. Debería recibir una recompensa. Éste no es un bebé cualquiera. Es el hijo de Lucas Sebastiani. Del príncipe Lucas Sebastiani. ¡Este bebé es el heredero de la corona! *** Nº Paginas 6-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Sam dobló la esquina sobre dos ruedas y pisó a fondo el acelerador. El jeep subió la colina volando y patinó ante la entrada del hospital. Debía de haberse corrido la voz a juzgar por el grupo de curiosos congregado en las puertas. Los guardias de seguridad y la policía montebellana no tardaron en despejar el camino cuando reconocieron a los pasajeros de Sam. —Gracias, teniente Coburn —la voz grave provenía del asiento de atrás—. Me gustan los hombres que saben seguir órdenes.


Sam había iniciado su misión en Montebello hacía sólo unas horas, así que todavía no estaba acostumbrado a tratar a la realeza. Nunca sabía muy bien cuándo saludar como un militar o cuándo hacer una reverencia. Nada más saltar al suelo, se volvió para ofrecer la mano. —Disculpe si el trayecto ha sido más brusco de lo que acostumbra, Majestad. —El rey Marcus sonrió y movió la cabeza. —Créame, ha habido otros peores. Nos ha traído más deprisa que cualquiera de nuestros chóferes —se apeó con una agilidad que sorprendía para sus sesenta y pico años y alargó la mano hacia la menuda mujer rubia que sacaba las piernas—. Gwen, ¿te encuentras bien? —Cielos, ha sido emocionante, ¿no te parece? —Con ojos azules centelleantes, la reina Gwendolyn alisó el pelo blanco de su marido y le puso las manos en los hombros. Le permitió que la ayudara a bajar y después le puso la mano en el codo. A pesar de su atuendo informal, el porte de la pareja era inequívocamente regio—. ¿Lucas? —preguntó la reina—. ¿No vienes? Sam se volvió hacia el tercer miembro de la familia real que había realizado aquel trayecto en mitad de la noche. Lucas Sebastiani, príncipe Lucas para el pueblo montebellano, no había exhibido la misma emoción que sus padres ante la noticia de que habían encontrado un hijo suyo. Había guardado silencio durante el viaje del


palacio al hospital, pero Sam no confundía su inmovilidad con indiferencia. Había visto aquella reacción antes, cuando algo era tan importante y las consecuencias tan enormes, que una persona no podía creer que fuera cierto. ¿Qué pensamientos se sucedían tras aquellos rasgos aristocráticos rígidamente controlados? ¿Cómo se sentiría un hombre al descubrir, de repente, que era padre? Como todos los marines de élite, Sam Coburn estaba acostumbrado a pensar sobre la marcha, a adaptarse deprisa a los cambios en el desarrollo de una misión, pero aquel nuevo encargo estaba tomando más giros que las calles de adoquines que acababa de recorrer. Debería estar asesorando a la policía montebellana sobre cómo localizar a la asesina del sobrino del rey Marcus Sebastiani, Desmond Caruso. No era una misión típica para un marine de las fuerzas especiales adiestrado en contraterrorismo, pero el rey Marcus había pedido un profesional objetivo, una persona con un historial de logros. Nº Paginas 7-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Con poco más que un boceto de la asesina, la búsqueda sería un desafío. Pero Sam se nutría de los desafíos. Estaba reunido con el rey, planeando la estrategia, cuando habían recibido la llamada del hospital. ¿Un bebé abandonado? ¿Un heredero real, el hijo del príncipe Lucas,


recientemente aparecido tras un terrible accidente de avión? La noticia era una conmoción para todos. Y por la información que había reproducido el personal del hospital, la mujer que había intentado abandonar al bebé tenía pruebas de su paternidad. Más aún, tenía cierta relación con la asesina que Sam estaba buscando. Con la rotundidad típica de su liderazgo, el rey había puesto fin a la reunión. En lugar de tomarse el tiempo de organizar un convoy de personal y guardaespaldas palaciegos, había ordenado a Sam que los llevara a él, a la reina y al príncipe Lucas al hospital en su jeep militar. —¿Hijo? —Marcus le puso la mano en el hombro a Lucas. Éste salió del jeep con movimientos rígidos. Le indicó a Sam con un movimiento de cabeza que encabezara la marcha. El vestíbulo del hospital bullía de actividad, pero se hizo una ola de silencio cuando los presentes reconocieron a la familia real. Un hombre rechoncho con un uniforme gris de guardia de seguridad se acercó con el rostro sonrojado. —Alteza —dijo, y se inclinó ante cada uno de los miembros de la familia real —. Qué honor. —¿Dónde está el niño? —preguntó Lucas. Tenía la voz ronca, tan tensa


como sus rasgos. —En el ala de urgencias —el guardia señaló un pasillo de la derecha—. Los médicos lo están examinando. —¿Dónde está la mujer que ha intentado abandonar al bebé? —preguntó Sam. —Dice llamarse Gretchen Hanson. La hemos retenido en la oficina de seguridad del ala norte. —Buen trabajo —dijo el rey Marcus—. Al teniente Coburn y a mí nos gustaría interrogar a Hanson antes de que se la entreguen a la policía, pero las cosas por orden —dijo una palmadita a la reina Gwendolyn en la mano e hizo un gesto alentador a su hijo—. Vamos a echar un vistazo a ese bebé. Era fácil determinar en qué sala estaba el bebé por el grupo de personal sanitario que se había congregado en la puerta. La misma ola de silencio que había marcado la llegada de la familia real al hospital se extendió por la sala. Sam comprendió que no era admiración, sino afecto respetuoso. El pueblo montebellano se preocupaba sinceramente por su monarca, y todos querían formar parte del drama que estaba teniendo lugar. Todos a una, se apartaron de la puerta.


En un círculo de luz, un trío de médicos se inclinaba sobre la mesa de reconocimiento. A primera vista, la mesa parecía estar vacía, pero Sam reparó en la minúscula figura. Había un bebé tumbado de espaldas, gorjeando suavemente y sujetando el extremo de un estetoscopio. —Cielos —la reina Gwendolyn inspiró con brusquedad—. Marcus, mira. Nº Paginas 8-143 https://www.facebook.com/novelasgratis El rey se quedó mirando fijamente al bebé. En silencio, le pasó un brazo por los hombros a su esposa. —Mira ese pelo, esos ojos —prosiguió Gwendolyn—. Y ese mentón. ¿Lo ves? —Sí, Gwen —dijo Marcus con suavidad, atrayéndola a su costado—. Lo veo. Sam se quedó observando al niño durante un minuto; después, desvió la mirada al príncipe. Era evidente lo que la reina había querido decir. Lucas y el niño compartían el mismo pelo castaño oscuro, los mismos ojos azules, incluso la misma barbilla enérgica. El parecido era fuerte, inconfundible. Tendrían que realizar una prueba de ADN, por supuesto, pero a ojos de cualquiera, la paternidad era evidente. Como un hombre en trance, Lucas se adelantó. Si se daba cuenta de que el niño de la mesa era una versión más joven de él mismo, no lo dejó ver. Todavía se estaba aferrando al fiero control que había exhibido desde que habían


abandonado el palacio. —¿Se encuentra bien? ¿Está sano? Uno de los médicos se apartó para dejar que Lucas alcanzara la mesa. —Sí, Alteza. Le hemos hecho un reconocimiento exhaustivo y el bebé parece gozar de buena salud. El niño dejó de gorjear y miró a Lucas a los ojos con una solemnidad desconcertante. De pronto, sonrió. Lucas cerró los ojos e, inclinando la cabeza hacia atrás, tomó aire de forma entrecortada. Guardó silencio un momento, con los hombros trémulos, preso de unas emociones que Sam no podía empezar a imaginar. Por fin, Lucas pestañeó y le puso los dedos en la mejilla al bebé. —Jess —susurró, y las lágrimas brillaron en sus ojos—. Tienes la sonrisa de Jessie. Sam seguía sin conocer todos los detalles sobre la historia del príncipe, pero sabía que el hombre estaba llorando la muerte de la mujer que amaba. Y, de pronto, Lucas reconocía a su amada en su hijo. El amor no era algo en lo que Sam pensara demasiado. Con las exigencias de su profesión y el peligro que implicaba cada misión, no tenía la oportunidad ni


la inclinación de mantener relaciones serias. Al menos, ésa era la excusa que siempre se había dado. A excepción de esa única vez hacía cinco años… Sin previo aviso, una imagen surgió en su memoria. Pelo largo cobrizo, ojos verdes, el sonido de una risa, el roce de una piel tibia por el sol. La imagen fue tan vivida que hasta le pareció percibir su aroma. Gardenias. Apasionadas y femeninas. Y fugaces. Sam se restregó el rostro, intentando concentrarse en su deber. Nº Paginas 9-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Quiero darles las gracias a ustedes y al personal del hospital por su diligencia —el rey Marcus estrechó la mano de los tres médicos—. Mi familia y yo estamos en deuda con ustedes por el cuidado recibido por nuestro nuevo miembro. Era evidente que el rey no necesitaba esperar a la prueba de ADN para confirmar lo que veía. Acababa de reconocer públicamente que el bebé era un Sebastiani. La reina Gwendolyn ya estaba junto a Lucas y, con sus elegantes rasgos iluminados por una sonrisa de abuela, arrullaba a su nieto. —También me gustaría hablar con la persona que lo encontró —dijo el rey —.


Tengo entendido que ha sido una marine. —Sí, Majestad. Al escuchar la suave voz que surgió de entre las sombras de un rincón de la sala, a Sam se le resecó la boca. No, no podía ser. Acababa de pensar en ella, por eso estaba imaginando su voz. ¿Cómo podía estar allí? ¿Por qué ahora? Una mujer salió a la luz. Sus zapatillas de deporte no hacían ruido sobre las baldosas, y los pantalones cortos de gimnasia dejaban al descubierto unas piernas interminables. La camiseta negra moldeaba sus senos, y llevaba una cadena dorada con un minúsculo amuleto en torno al cuello. Su pelo cobrizo era una mata de mechones cortos. No había sido su imaginación, pensó Sam. Realmente estaba allí. ¿Cuándo se había cortado el pelo? ¿Desde cuándo hacía jogging? ¿Seguiría llorando con películas antiguas? ¿Alguna vez pensaba en él cuando estaba sola por la noche y escuchaba el rumor de las olas? Kate, su Kate. En carne y hueso, y lo bastante cerca para olerla. Y lo bastante hermosa para que Sam quisiera olvidar la promesa que le había hecho hacía cinco años. Nº Paginas 10-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 2


Kate no podía mirar a Sam a los ojos. Todavía no. No con el nudo que se le había hecho en la garganta con la escena emotiva que acababa de presenciar. Pero, ¡ay!, estaba más atractivo que nunca. Lo había estado observando cuando él no la veía. Tenía vetas doradas en su pelo castaño, y arrugas nuevas en torno a sus ojos de color ámbar. Las mejillas estaban más delgadas, los hombros más anchos. Todo su porte irradiaba la seguridad madura de un hombre que sabía lo que deseaba y tenía la fortaleza de ir por ello. Tiempo atrás, había deseado a Kate. «Eso terminó», se dijo. «No pienses en el pasado. Concéntrate en tu deber». A pesar de estar sin uniforme, Kate se puso firme e hizo un saludo militar. —Teniente Kate Mulvaney, Majestad. Pese a su acostumbrada fidelidad al protocolo, el rey Marcus pasó por alto el aspecto alborotado y la falta de atuendo militar de Kate y le devolvió el saludo. —Tengo entendido que estaba haciendo jogging y presenció lo ocurrido. —Sí, señor. Tras inmovilizar a la sospechosa, creí conveniente custodiar al niño hasta que llegara alguien del palacio. El almirante Howe, el jefe de la base, se mostró de acuerdo cuando le informé de la situación. Estoy a su servicio hasta nueva orden. —Agradezco su rapidez de pensamiento, teniente.


El bebé estaba gorjeando de nuevo, feliz con la atención que recibía de la reina y del príncipe. Miembros de la realeza montebellana que, al mismo tiempo, eran su abuela y su padre. Kate notó que el jubiloso sonido le crispaba los nervios. No le había resultado fácil vigilar al bebé. No porque hubiera peligro, sino porque hacía más de una hora que deseaba romper su vinculación al caso. ¿Había creído que el bebé le reavivaría recuerdos dolorosos? No era nada comparado con lo que había sentido al ver a Sam entrar en la habitación. ¿Por qué no habría seguido corriendo? —Estaba encantada de ayudar, señor —contestó. —Detesto abusar de usted, pero le agradecería que se quedara para contestar a algunas preguntas —el rey señaló a Sam con la cabeza—. Éste es el teniente Sam Coburn. Incapaz de seguir posponiéndolo, Kate dejó que su mirada se cruzara con la de Sam. Dios, habían pasado cinco años, pero había cosas que no cambiaban. Su mirada marrón dorada todavía tenía el poder de debilitarle las rodillas. Quería arrojarse en sus brazos. Quería hacerse un ovillo y esconderse.


Nº Paginas 11-143 https://www.facebook.com/novelasgratis «El deber», se recordó. «Cumple con tu deber, como siempre has hecho». —Sí —dijo, y se sintió orgullosa de que la voz le saliera serena, aunque el pulso le resonaba en los oídos—. El teniente Coburn y yo ya nos conocemos. —Excelente —el rey miró a su hijo. Bajo la supervisión de los médicos y la mirada amorosa de la reina Gwendolyn, Lucas estaba levantando cuidadosamente al bebé. Una expresión de asombro suavizaba sus rasgos. Kate se clavó las uñas en las palmas de las manos para mantener el equilibrio. Las emociones no dejaban de intensificarse. Al ver al príncipe acunar con tanta ternura a su hijo se preguntaba lo que habría pasado sí Sam… No, no pensaría en eso. No se permitiría formar ese pensamiento. Lo había rehuido durante cinco años. Podría mantenerlo a raya otros cinco minutos, ¿no? —Puesto que ya se conocen —prosiguió el rey Marcus, y se dispuso a unirse a su familia—. Dejaré que el teniente Coburn la ponga al corriente del caso. Ahora, si me disculpan, tengo un nieto al que atender. Y así, sin más, Kate se quedó cara a cara con el único hombre al que no esperaba


volver a ver en la vida. —Hola, Kate. Su voz le acarició los nervios crispados con una inquietante melodía. Siempre le había encantado la voz de Sam. Aquél no era su sitio, la eficiencia aséptica de un hospital. Su lugar era una playa iluminada por la luna, con el rumor de las olas acariciando la arena y el golpeteo rítmico de piel desnuda contra piel desnuda. Cerró los puños con fuerza, sorprendida de que todavía no se hubiera hecho sangre con las uñas. Volvió a mirarlo a los ojos. —Hola, Sam. —Tienes buen aspecto. —Tú también. Sonrió. —Decir «cuánto tiempo» es un poco manido, ¿verdad? —Su sonrisa creció y acentuó las nuevas arrugas de en torno a los ojos y la boca. A Kate se le hizo un nudo en el estómago. Maldito fuera, aquello tampoco había cambiado. —El rey ha dicho que tenías algunas preguntas para mí. Al oír el tono brusco de Kate, su sonrisa se redujo. —Así es.


—Lo único que he hecho ha sido recuperar al bebé. No sé si entiendo qué pinta un SEAL de la Marina en todo esto. Sam ladeó la cabeza hacia la puerta. —Te pondré al corriente de camino a la oficina de seguridad. Nº Paginas 12-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Kate estaba dando un paso hacia delante cuando lo vio levantar la mano. Iba a tocarla. Sintió su propósito con la misma sencillez que si hubiera hablado en voz alta. A Sam siempre le había gustado tocar. En público, había sido el contacto de la mano en los riñones, un roce de dedos en el antebrazo o el brazo sobre los hombros. Contactos espontáneos y respetuosos que la hacían vibrar de deseo. Y cuando ya no estaban en público, no sólo la había hecho vibrar, sino también gritar. Kate se apartó para rehuir la mano de Sam y salió del cuarto de reconocimiento. Quizá él no hubiera cambiado, pero ella sí. Era más madura, más sabia y ejercía un control absoluto sobre su vida. Podía hacerlo. Sí, podía. Sam la alcanzó y siguió caminando a su lado.


—¿Qué te gustaría saber primero? «¿Adónde fuiste cuando dejaste de escribir? ¿Pensabas alguna vez en mí? ¿Alguna vez te preguntaste qué habría pasado si las circunstancias hubieran sido otras?». Las preguntas la ensordecían, pero dijo: —¿Por qué recibes órdenes del rey de Montebello? —Estoy trabajando como asesor. Pidió a nuestro gobierno que le proporcionara a una persona con mi formación para coordinar los esfuerzos de la policía y de nuestra Marina en la búsqueda de una asesina. —¿La que mató a su sobrino, Desmond Caruso? —Exacto. ¿Cómo lo sabes? —He visto el boceto de la sospechosa en el periódico de hoy. Es lógico que el rey pidiera ayuda de alto nivel —lanzó una mirada a Sam—. Y por «una persona con tu formación» te refieres a contraterrorismo, imagino. —Exacto otra vez. —Enhorabuena. —¿Por qué? —Si eres experto en contra terrorismo, estarás en el Equipo SEAL. Como


siempre quisiste. —Había muchas cosas que quería, Kate. Kate sabía, por su tono de voz, que no se estaba refiriendo a la profesión. Pero no iba a hablar de eso. El pasado, pasado estaba. —Y lo lograste —dijo, negándose a que la conversación tomara un cariz personal—. Pero ¿qué tiene eso que ver con el bebé del príncipe? —Para eso estoy aquí, para averiguarlo. Llegaron a unas puertas giratorias. Sam alargó el brazo por delante del hombro de Kate y las empujó antes de que ésta pudiera hacerlo. No la tocó, pero ella pudo sentir la tibieza de su brazo. Nº Paginas 13-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Intentó atribuir su estremecimiento a la fatiga. —Sigo sin comprender. —He empezado esta misión, así que tengo muchos detalles que reunir, pero esto es lo que sé. El año pasado, el príncipe Lucas estaba en Estados Unidos, sobrevolando Colorado, cuando su avioneta se averió. Estuvo afectado durante un tiempo, vagando sin saber quién era. Fue en ese tiempo cuando conoció a una mujer


llamada Jessica Chambers. —Jessica. Jessie —dijo Kate, recordando la reverencia con que el príncipe había pronunciado su nombre—. Te refieres a la madre del bebé. —Exacto. El príncipe tuvo una aventura con Jessica antes de que el deber lo trajera de vuelta a Montebello. Varios meses después, descubrió que habían muerto en el parto. Ella y el bebé. —¿Pensaba que el bebé también había muerto? —Sí. Lo peor es que no sabía que estaba embarazada cuando se fue. No me extraña que el pobre tenga cara de que lo ha arrollado un camión. Kate se tropezó. —¿Estás bien? —preguntó, sujetándola del brazo. No, no estaba bien. Tras cinco años manteniendo el tipo, aquella noche, todos los recuerdos dolorosos de su pasado salían a la luz. Se desasió con el corazón desbocado, como si todavía estuviera haciendo jogging. —Sí. Sam ladeó la cabeza, con la mirada más dorada que marrón mientras la observaba. —Podríamos tomar un café antes de que interroguemos a Hanson. A juzgar por


la reunión familiar que está teniendo lugar en la sala de reconocimiento, el rey estará ocupado un buen rato. —No, estoy bien. Sólo quiero volver a… —frunció el ceño al reparar en que Sam había hablado en plural—. ¿Antes de que la interroguemos? —Como estás en esto desde el principio, pensé que querrías seguir hasta el final —se miró la mano y, después, el lugar del brazo de Kate donde la había tocado. Cuando volvió a mirarla a los ojos, su semblante era directo y demasiado sagaz—. Siempre te han gustado los finales limpios, ¿no? Tanto si había sido un despiste de los decoradores o lo habían hecho a propósito para el efecto psicológico, la habitación que hacía las veces de oficina de seguridad del hospital parecía sacada de otro siglo. Una de las paredes era de piedra y transmitía a la sala el frío de una mazmorra. —Quiero la inmunidad total. Prométamelo y contestaré a todas sus preguntas. Nº Paginas 14-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Sam apoyó la cadera en el borde de la mesa y se encogió de hombros. —¿Por qué quiere la inmunidad si no ha hecho nada malo, señorita Hanson? Gretchen Hanson se retiró el pelo pardo de los ojos con un movimiento de cabeza. Se recostó en la silla y probó a desplegar una sonrisa tímida.


—Ya se lo he dicho, intentaba dejar al niño con su padre. Ya le he mostrado la partida de nacimiento de Luke. Eso demuestra quién es. Ya ha visto los nombres. El documento parecía genuino, pensó Sam, y la fecha de nacimiento era nueve meses posterior a los días que el príncipe había pasado en el rancho de Jessica, en Colorado. Hasta el momento, cada detalle revelado por Hanson durante el interrogatorio reforzaba la tesis de la identidad del bebé. —Teniendo en cuenta cómo ha tratado al pequeño —dijo Sam—, no debería hacer ninguna exigencia. —¿Qué insinúa? He estado cuidando muy bien de él. Me merezco una recompensa. —Esa es una extraña manera de cuidar a un niño, señorita Hanson —dijo Kate—. Dejándolo solo en un macetero en una fría noche de octubre —cruzó la pequeña habitación y se detuvo junto a la mesa, en el lado opuesto al de Sam. Éste reprimió el brote de irritación que sintió por el movimiento de Kate. La habitación era pequeña, pero ella había tenido cuidado de mantener la mayor distancia posible entre ellos desde su llegada. Ya había dejado claro que no quería que la tocara… en el pasillo se había apartado como si la hubiera quemado. ¿No recordaba haber estado desnuda en sus brazos y gritando su nombre? De acuerdo, no era el momento ni el lugar de evocar el pasado. Su irritación era


injustificada, producto de su ego masculino dolido. Además, ya le estaba costaba bastante concentrarse con Kate en la habitación. Si ella se acercaba más, no podría realizar su trabajo. Gretchen seguía defendiendo su inocencia. —No pensaba dejarlo allí. —Por favor, no perdamos más tiempo —dijo Kate, interrumpiendo lo que prometía ser otro ruego quejicoso—. Ya hemos hablado de eso. Vi lo que hizo y oí lo que dijo. Está metida en un buen lío, señorita Hanson. Sam asintió. —Será mejor que escuche a la teniente Mulvaney. ¿Tiene idea de cuál es la pena por maltrato infantil en Montebello? Gretchen los miró alternativamente, perdiendo su fanfarronería. —Soy ciudadana norteamericana. Tengo derechos. —Pero está en San Sebastian, la capital de Montebello. Es una monarquía muy antigua y tradicional. Y no estamos hablando de cualquier niño, sino del heredero real —Sam levantó una mano hacia el muro de piedra, decidiendo emplearlo para echarse farol—. Sabrá que hay mazmorras en los sótanos de palacio. Nº Paginas 15-143


https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué? —Estos gruesos muros de piedra tienen siglos de antigüedad y no dejan pasar ningún sonido —Sam bajó la voz—. Nadie oye lo que ocurre dentro, pero cuentan historias… —¡No permitirán que me metan en una mazmorra! —Estoy haciendo lo posible por disuadirlos, pero si no muestra algún indicio de cooperación, no podré hacer gran cosa. —Pero ¡si he estado cooperando! —Le dijo al guardia de seguridad del hospital que tenía información sobre la mujer que busca la policía —dijo Sam—. Si es cierto, le garantizo que no le pondrán grilletes. —¿Grilletes? —Gretchen palideció aún más. Sam vio que Kate enarcaba una ceja. Sabía tan bien como él que la justicia montebellana era tan moderna como cualquier sistema de Occidente. Resultaba fácil garantizar a Gretchen que no sería maltratada porque nadie lo era. Sam confiaba en que Kate no echara a perder el farol. —Será mejor que acepte el ofrecimiento del teniente Coburn —dijo Kate—. No es la inmunidad, pero sí lo más que podemos ofrecerle.


Era evidente que Kate comprendía lo que estaba haciendo. ¿Y por qué no? Sam siempre había sabido que era una mujer inteligente, sólo que nunca le había preocupado excesivamente su inteligencia sino… otras cosas. Y quería alargar la mano, atraerla a su costado y hacerla recordar cada una de ellas… —Yo no soy la criminal —masculló Gretchen, hundiéndose en la silla—. Todo es culpa de Ursula. Sam se frotó la cara. Una vez más, intentó concentrarse en su deber. —Continúe. —Es Ursula la que debería estar encerrada en una mazmorra, no yo. Me dijo que trajera al bebé. Fue ella quien se aseguró de que tuviéramos la partida de nacimiento para demostrar quién era. Debíamos ser recompensadas por la familia real. Iban a agradecernos tanto haber estado cuidando del heredero real que no nos faltaría de nada el resto de nuestra vida. Tenía un gran plan, pero ella lo fastidió. —¿Cómo? —la apremió Kate. —Saliendo en todos los periódicos. —¿A qué se refiere? —Ese boceto de la portada del periódico. La mujer que buscan por asesinato. Es


Ursula. Casi me desmayé al verlo. Por eso no vino a recogerme al aeropuerto. ¿No se le ocurrió pensar que me dejaba con todo el marrón? —Fue una falta de consideración por su parte —dijo Kate, sin vacilar—. Pero no entiendo cómo llegó usted a cuidar del bebé del príncipe. Nº Paginas 16-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Gretchen exhaló el aire con impaciencia. —Soy comadrona. Lo traje al mundo. También fue idea de Ursula. No quería ayudarme con eso. Era su propia hermana y yo tenía que hacerlo todo. —¿Su hermana? —preguntó Kate. —Sí, la madre era la hermana pequeña de Ursula, Jessica. Así fue como empezó todo. El príncipe se había acostado con Jessica y se había largado, y Jessica le pidió ayuda a su hermana. Sam percibía que algunas piezas del rompecabezas empezaban a encajar. Durante la sesión de estrategia con el rey, había descubierto que al príncipe le resultaba familiar el boceto de la asesina, basado en la descripción dada por un niño y su padre. Debía de ser por eso. El rostro de Ursula guardaba cierto parecido con el de Jessica. Jessica Chambers, Ursula Chambers. Asintió, satisfecho. Ya tenía un nombre para el boceto que había circulado por todos los medios de comunicación de Montebello.


—¿Sabe dónde se encuentra Ursula en estos momentos? —preguntó. —Si lo supiera, no estaría aquí —masculló Gretchen—. No sé por qué Ursula tuvo que matar al sobrino del rey. Se suponía que Desmond nos estaba ayudando. —¿Afirma que Desmond Caruso conocía la existencia del bebé? —preguntó Sam—. ¿Conocía la existencia del hijo del príncipe? —Sí, claro que lo sabía. Fue quien me pagó el billete de avión de Colorado a Montebello. Nos prometió a Ursula y a mí que nos harían duquesas, o condesas, o algo parecido. La familia real es asquerosamente rica, ¿sabe? Iban a recompensarnos. Otra pieza encajó en el rompecabezas. Aquélla era la relación de la víctima con la asesina, pensó Sam. Había oído rumores del carácter menos que ejemplar de Caruso. El sobrino ilegítimo del rey siempre había guardado rencor por las limitaciones de su nacimiento, pese a que el rey lo había aceptado. Podría haber participado en un plan para sacar provecho del hijo del príncipe. Pero ¿por qué lo habría matado Ursula? ¿Habría intentado engañarla, apartarla del dinero que le había prometido? ¿O habría sido por una razón más personal? —Fue idea de Ursula conservar al bebé del príncipe, pero yo tuve que hacer


todo el trabajo —dijo Gretchen—. No era fácil, esconderse y cuidar del niño. —No, supongo que no —dijo Kate. —También tengo que cuidar de mi estúpido hermano, ¿sabe? —Debe de estar muy ocupada. —Y tanto. Gerald no sabe arreglárselas solo. Entre él y el bebé, no he tenido un solo minuto para mí. Sam lo dudaba. Aquella mujer no era ninguna santa sacrificada. Con cada palabra que pronunciaba, demostraba su falta de compasión. —Ha sido muy generosa al ocuparse del bebé tras la muerte de su madre. Nº Paginas 17-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya lo creo. He cuidado a ese niño desde el día en que nació. Sam frunció el ceño. —Nos dijeron que Jessica Chambers murió al dar a luz, y que el bebé también había muerto. ¿Qué puede decirnos del parto? Gretchen entornó los ojos, y su semblante adquirió una expresión fiera. Miró alrededor como si buscara una vía de escape. Sam se inclinó hacia delante, dejándose llevar por una corazonada. —Señorita Hanson, ¿cómo murió Jessica Chambers realmente?


—Fue asesinada —estalló Gretchen—. Por Ursula. Mató a su propia hermana, igual que mató al sobrino del rey. Lo juro. Es a ella a quien deben encontrar. Yo no he hecho nada malo. Era una hora intempestiva para estar despierta. Sólo los barrenderos y los campesinos se levantaban antes del alba. En lugar de estar recorriendo a hurtadillas las lúgubres calles antiguas de San Sebastian, Ursula debería estar sana y salva en una lujosa habitación de hotel, soñando con maneras en que gastar el dinero. Recogiéndose un mechón de pelo rebelde bajo el pañuelo, se detuvo en la esquina para ver si había algún policía. No se movía nada; sólo un gato sorteaba unos cubos de basura. Se enganchó mejor el bolso de viaje al hombro, apartó al gato de un puntapié y siguió avanzando por la calle. Había llegado a aquella isla cargada de esperanzas, y con un plan a prueba de bombas. Jessica siempre había tenido la vida fácil… había gozado de la suerte que debería haber sido de Ursula. Así que era justo que su crío fuera el billete de ésta a la vida fácil. Ursula lo había planeado todo con cuidado. Se merecía el éxito pero, en el último momento, todo se había venido abajo. Estaba rodeada de idiotas, ése era el problema. Idiotas y traidores. Desmond era casi tan atractivo como ella, y había sido uno de sus mejores amantes, pero no debería haberla traicionado con esa furcia de pelo negro. Lo había visto besando a la chica, una princesa y, sin embargo, después, cuando Ursula lo había buscado,


Desmond había intentado negarlo. No era culpa suya que hubiera tenido que matarlo. No le había dado elección. Desmond le estaba mintiendo con una amplia sonrisa cuando, de pronto, Ursula tenía una estatuilla en la mano y había un charco de sangre en torno a la cabeza del sobrino del rey. Ursula había limpiado sus huellas y había dejado la estatuilla sobre el estante. Se había deshecho del vestido manchado de sangre que llevaba, se había escabullido de la casa de Desmond y se había largado de la finca del palacio sin que nadie la viera. Hasta había regresado y había quemado la casa para destruir cualquier rastro de prueba. Nº Paginas 18-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Había creído estar a salvo. Después, un niño se había puesto a chillar y a señalarla con el dedo en el aeropuerto y, de pronto, todos los montebellanos podían ver su cara cuando encendían la tele y abrían los periódicos. Menos mal que había visto el boceto policial en la portada del Montebello Messenger antes de reunirse con Gretchen. Contempló su reflejo en un escaparate oscuro. El dibujo era sorprendentemente bueno para ser un boceto policial, pero teniendo en cuenta los rasgos con los que trabajaba el artista, ¿cómo no iba a serlo? Ursula siempre había sabido que su


rostro debía aparecer en un póster de Broadway o en una pantalla de cine. Junto con su talento y su cuerpo explosivo, había estado destinada al estrellato… si su mánager no hubiera echado a perder su carrera de actriz. Pero ¿qué más podría haber esperado de un hombre? Todos los hombres de su vida la habían traicionado de una forma u otra, ¿no? Lo inteligente era usarlos antes de que ellos la usaran a ella. Y Ursula era inteligente. Era una superviviente. Un avión despegó a los lejos, con el fragor de sus motores magnificado por las calles estrechas. Se aferró a su bolsa de viaje y levantó la vista para seguir su trayectoria. El aeropuerto era su mejor apuesta. Se había quedado sin saldo en las tarjetas de crédito, pero le quedaba dinero de la venta del anillo de su hermana y podría pagar un vuelo a Estados Unidos. Si lograba cruzar la aduana antes de que esa idiota de Gretchen revelara a alguien su nombre, al día siguiente, estaría en casa. Como cualquier gran actriz, Ursula Chambers sabía cuándo era el momento de abandonar el escenario. Nº Paginas 19-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 3 —Ponte esto para que no te enfríes.


Kate movió la cabeza rápidamente al ver que Sam se disponía a desabrocharse la chaqueta azul del uniforme. —No, gracias. Estoy bien. —El jeep no tiene techo —se soltó el último botón y se despojó de la chaqueta— . Y tú estás en ropa de deporte. Kate se obligó a no mirar. Durante las últimas cinco horas había estado dándose variaciones del mismo sermón en su cabeza. Pero era humana, así que no podía evitar que se le fueran los ojos. ¿Cómo era posible que Sam tuviera los hombros más anchos de lo que recordaba, y el pecho más sólido? La brisa le adhería la camisa blanca al cuerpo, definiendo los contornos masculinos como una caricia persistente. Desvió la mirada. Ya no era su amante, sino su compañero, su igual en rango. —No te la quites, Sam. Tú sólo llevas una camisa. —Sí, pero ¿no te has enterado? Los marines de élite, los SEALs, somos duros de pelar —sin esperar a que le diera permiso, le puso la chaqueta sobre los hombros. —Sam…


Él rodeó el jeep y subió detrás del volante. —Vamos, Kate. Te llevaré a casa. No tenía sentido discutir. Sam no había cambiado… todavía le gustaba salirse con la suya. Y ésa era una de las razones por las que lo había dejado marchar. Ocupó el asiento contiguo y se cerró las solapas de la chaqueta. La penetró el calor corporal que había quedado atrapado bajo la prenda. El olor de Sam la rodeaba, atormentándola, retándola a recordar. —¿Cuánto tiempo llevas en Montebello, Kate? —Mañana hará siete meses. ¿Y tú? —Dos días —hizo girar el jeep y bajó la colina del hospital. —No sabía que estabas destinado aquí. —Y no lo estaba. Acababa de terminar una misión en Oriente Medio y se me ocurrió pasar mis días de permiso en Montebello. Me lo cancelaron cuando recibí orden de presentarme ante el rey Marcus. —Qué lástima. Es un lugar maravilloso para pasar las vacaciones. —Lo sé, pero me reclamaba el deber. Nº Paginas 20-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Suele pasar.


—De haber sabido que estabas aquí, te habría buscado. ¿Qué tal te ha ido? Estaban ganando velocidad. Sam conducía con la misma habilidad con que hacía todo lo demás. Kate volvió el rostro hacia la brisa para no seguir inspirando su fragancia. —Bien, Sam. ¿Y a ti? —He estado ocupado. —A juzgar por los galones de esta chaqueta, eso parece. —Como dicen, me enrolé en la Marina y vi mundo. —Eso es genial. Siempre dijiste que querías viajar. ¿Y tu madre? ¿Qué tal está? —Bien. Se mudó con Marvin a Arizona hace dos años, y el clima ha hecho maravillas con su reumatismo. —¿Tu padrastro sigue metido en el negocio de coches? —Sí. Abrió un concesionario en Flagstaff. Quería llamarlo Maravillas Marvin, pero mi madre no dejaba de reír cada vez que lo decía, así que se decantó por Autos Oasis. Kate sonrió. Sam había trabajado durante la adolescencia para mantener a su madre viuda. Había esperado a que ella se volviera a casar para incorporarse a la Marina. Sam, siempre tan noble y leal. Era una vuelta a los días en que los hombres se ocupaban de sus mujeres en cualquier circunstancia. Otra de las razones por las que lo había dejado marchar.


—¿Y tu hermano pequeño? —preguntó. —Chuck está estudiando en Stanford. —¿Todavía quiere ser paleontólogo? —Sí. Al menos, ahora tiene una excusa para ir a los mercadillos a la caza de tesoros. Kate percibió el orgullo en su voz y su sonrisa se tornó melancólica. Sam había ayudado a criar a su hermano pequeño, y había hecho un trabajo maravilloso. Habría sido un padre magnífico. Pero también se merecía la oportunidad de perseguir sus propios sueños. Sí, había tomado la decisión correcta. —¿Qué tal están tus padres, Kate? —preguntó él. —Se divorciaron hace cuatro años. —Vaya, lo siento. —No. Ahora son mucho más felices —y eso era cierto. Había personas que no estaban hechas para estar juntas. Como Sam y ella. Nº Paginas 21-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Guardó silencio mientras se aproximaban a un cruce. En lugar de tomar el


camino más rápido a la base, Sam tomó la carretera que bordeaba la costa. —Es más corto por el otro lado —dijo Kate, volviendo la cabeza. —Lo sé, pero quiero hablar contigo. ¿El viento es demasiado frío? —No. Con esta chaqueta estoy bien, pero… —Hace una noche preciosa, ¿verdad, Kate? —preguntó con suavidad. —Montebello tiene una media de trescientos días de sol al año, así que los cielos suelen estar despejados. —¿Todavía te gusta ver las olas a la luz de la luna? —Suelo correr tierra adentro. Sam redujo la marcha al tomar una curva, rozando el muslo de Kate con la mano. —¿Recuerdas que nos gustaba oír el susurro de las olas cuando rompían en la playa? Lo recordaba demasiado bien. Dirigió las rodillas hacia la puerta, sintiendo el hormigueo en el muslo. —La costa de esta zona es bastante rocosa, pero hay varias playas conocidas. —Deberías enseñármelas algún día. —Sam… —Todavía me conmueve, ¿sabes? —¿El qué?


—El sonido del agua. Me llega al alma —levantó una mano del volante para tocarse el pecho—. Dondequiera que vayas en el mundo, toca un millón de melodías diferentes. A veces, está inquieta, otras, furiosa. Muchas veces, solitaria. —Siempre te ha gustado el mar. —Teniendo en cuenta la profesión que he elegido, no está mal, ¿no crees? —Sí, es una suerte. —Y sólo es una de las cosas que tenemos en común, Kate —redujo la marcha y detuvo el jeep a un lado de la carretera. Apagó el motor e inspiró hondo—. Leí en alguna parte que cada gota de agua del planeta ha pasado por un ciclo que la hace atravesar casi todo tipo de ser vivo antes de regresar al océano. Pero sigue oliendo de maravilla, ¿no crees? No era sólo el mar lo que olía de maravilla, pensó Kate. Ahora que ya no se movían, la fragancia que emanaba de la chaqueta de Sam era más fuerte que nunca. Los recuerdos le golpeaban la cabeza, luchando por ser liberados, pero ella los reprimía. No podía volver a pasar por aquello. Una vez bastaba. Sam se volvió hacia ella y apoyó el codo en el respaldo del asiento. Nº Paginas 22-143


https://www.facebook.com/novelasgratis —Cuesta creer que han pasado cinco años. «No», pensó Kate. «No me hagas esto. Por favor. Sigamos hablando del clima, de tu familia o de nuestro trabajo». —Me gusta cómo llevas el pelo —levantó una mano hacia la oreja de Kate. Ella sabía lo que iba a pasar. Iba a recogerle un mechón detrás de la oreja, como había hecho cuando lo llevaba largo. Inclinó la cabeza para eludir el contacto. —Así es más práctico. —¿Por eso te lo cortaste? Apretó los dientes para rechazar una imagen del pasado, pero fue en vano. Vio a Sam sonriéndole, con los puños cerrados en su melena, frotándole los rizos en círculos lentos y sensuales por encima de sus senos. —Sí, me estorbaba —contestó. —¿Kate? —¿Mmm? —Te he echado de menos. «Y yo a ti», pensó. Pero no echaba de menos el dolor. Iba unido a los recuerdos. No podía liberar


una cosa sin la otra. Había tomado la decisión correcta. Maldición, sí. Mantuvo la mirada puesta en el horizonte. —Como dijiste, Sam, han pasado cinco años. —Ahora que estamos los dos aquí, quizá podamos vernos algún día. ¿Qué te parece? Ella no contestó. Pudo sentir la mirada de Sam moviéndose por su rostro. ¿Qué veía? ¿Qué recordaba? Sexo. Eso era lo que recordaría. A fin de cuentas, en eso había consistido su relación. En sexo, nada más. Claro. Sexo en la playa, con las olas lamiéndoles los pies. Sexo juguetón en el agua, con las pieles frescas y resbaladizas. Y sexo lento y minucioso sobre la cubierta, envueltos en una manta a la luz de la luna, con el velero que habían alquilado para su última noche, anclado en una cala resguardada… Kate sintió el rubor en las mejillas. El pulso le latía contra la cadena de oro que le circundaba el cuello. Confiaba en que la oscuridad camuflara ambas reacciones. El sexo era lo único que habían querido el uno del otro. Y los dos habían estado dispuestos a complacerse. Eran jóvenes, libres, y ambos estaban a punto de iniciar sus nuevas vidas en la Marina. ¿Por qué no iban a hacer el amor antes de separarse?


Nº Paginas 23-143 https://www.facebook.com/novelasgratis No, no era amor. Nunca lo había sido. Y ése era el motivo definitivo por el que Kate había dejado marchar a Sam. —El pasado terminó —dijo Kate—. Teníamos un acuerdo. Dejémoslo así. —Kate… —Me equivoqué, Sam. Me está entrando frío —dijo—. Por favor, llévame a casa. Kate estaba corriendo otra vez, pero en el pánico del sueño, no sabía dónde estaba. Las calles eran un oscuro laberinto de paredes altísimas y callejones sin salida. Los pies le pesaban. Debía encontrar al bebé. Debía llegar a él. Debía salvarlo. El dolor la hizo doblarse por la mitad. Le perforaba el estómago y le recorría los muslos. Cruzó los brazos sobre el vientre, jadeando, y avanzó medio cojeando. Las calles se estrechaban y se transformaban en pasillos. El pasado se enredaba con el presente mientras avanzaba hacia urgencias. —No, espera —Kate pronunció las palabras, retorciéndose sobre el colchón y aferrándose a las sábanas como si pudiera contener lo inevitable. Sabía cómo terminaría aquello pero, quizá, si lo intentaba con más fuerza, si resistía más tiempo, podría cambiar el final…


El dolor le estaba abriendo un agujero en el vientre. Se había quedado sin fuerzas, pero seguía intentándolo. El bebé. La necesitaba. Debía esforzarse. —Es demasiado tarde. Lo ha perdido. No, no podía ser. Había hecho todo lo posible. —Lo siento —el médico hablaba con voz cansada—. Hemos hecho lo que hemos podido. No. ¡No! Quería chillar, pero el vacío que sentía en el cuerpo no dejaba espacio para la reacción. Había perdido al bebé. Su hijo no había llegado a respirar, ni a abrir los ojos. Kate no había llegado a sostenerlo en brazos ni a acurrucarlo contra su pecho. Sonó el teléfono. Kate se despertó con sobresalto. Con el corazón latiéndole con fuerza, intentó orientarse. Se frotó las mejillas y vio que las tenía húmedas por las lágrimas. Aquello no era un hospital. Era su cama, estaba en su dormitorio. Se encontraba en Montebello, en el viejo hotel reformado que servía de alojamiento para oficiales solteros. El sueño había terminado. Acabado. Finito. El teléfono sonó de nuevo. Kate se volvió de costado y, tambaleándose, cruzó la habitación. El sol entraba con rayos oblicuos por la ventana, lanzando un resplandor dorado sobre los


muebles de madera maciza. Con mano trémula, Kate tomó el teléfono del escritorio. Nº Paginas 24-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Mulvaney al habla. —Teniente Mulvaney, soy el alférez Gordon, el ayudante del almirante Howe. Kate se pasó el brazo por los ojos para secarse las lágrimas. —¿En qué puedo ayudarlo, alférez Gordon? —El almirante Howe solicita que se presente en su despacho esta mañana a las nueve. Aceptó la orden y colgó automáticamente. Después, hundió la cabeza en las manos. «Claro», se dijo. «Concéntrate en tu deber y esto se irá. Como pasa siempre». Pero el sueño seguía cerniéndose en su mente, como una sombra gris en la periferia de su conciencia. La pesadilla había sido peor que de costumbre. Kate no necesitaba un psiquiatra para adivinar por qué. La razón era obvia. Había vuelto a ver a Sam y había sostenido a ese bebé en brazos. Los pensamientos que llevaba reprimiendo desesperadamente durante doce horas, y de los que llevaba cinco años


huyendo, habían salido finalmente a la luz. Había concebido la última noche, en el velero. No lo había planeado. Ninguno de los dos. Lo que menos deseaban era asumir la responsabilidad de una familia. Los dos debían embarcar al día siguiente y no habían querido perder ni un momento de su última noche juntos. Habían sabido desde el principio que su aventura sería breve. Los dos tenían sueños y obligaciones que los separarían, así que habían acordado una ruptura limpia. Sin lamentaciones ni ataduras. La única promesa que se habían hecho era darse una fácil despedida. Durante los primeros meses, Sam no había intentado ponerse en contacto con ella. ¿Qué había dicho en el hospital hacía unas horas? ¿Que a ella le gustaban los finales limpios? Bueno, eso era lo que se habían prometido y eso era lo que habían cumplido. Al ver que no le llegaba el periodo, Kate se convenció de que era la emoción del primer destino. Cuando empezó a sentir náuseas, lo achacó al mareo de vivir en un barco. Sólo cuando los síntomas se hicieron demasiado evidentes, se hizo la prueba. La primera carta de Sam llegó el día en que Kate descubrió que estaba


embarazada. Él estaba a punto de partir hacia una misión de adiestramiento en algún punto del Pacífico Sur. Su vida estaba tomando la dirección que planeaba. Kate podía detectar su sonrisa en las palabras que había escrito. Sabía que Sam habría vuelto si le hubiera hablado del bebé. Era esa clase de hombre. Noble, fiable, decidido a salirse con la suya. Habría insistido en hacer lo más noble y casarse con ella. Pero Sam acababa de liberarse de la responsabilidad de criar a su hermano y de mantener a su madre. Estaba ansioso por iniciar su nueva vida como SEAL, ¿cómo iba ella a retenerlo? Nº Paginas 25-143 https://www.facebook.com/novelasgratis ¿Y cómo podía ella atarse a un hombre que no la amaba? Sí, eran magníficos en la cama, pero la atracción física no era una base sólida para una relación a largo plazo. Casarse por el bien de un bebé sólo conduciría al resentimiento y a la amargura. Eso era lo que habían hecho sus padres. Kate se había prometido no seguir nunca el ejemplo de su madre y no depender jamás de ningún hombre. Sobre todo, de uno que no la amara. Así que Kate no respondió a la carta de Sam, y devolvió las siguientes sin abrirlas. Pasado un tiempo, las cartas dejaron de llegar. Sam no siguió intentando ponerse en contacto con ella. Guardó su promesa.


Lo mismo que Kate. Seguía convencida de que había tomado la decisión correcta. Había tenido toda la intención del mundo de criar a su hijo sola, aunque significara renunciar a su sueño de progresar en su profesión. Entonces, intervino el destino. Kate perdió al bebé. Inspiró con fuerza y se pasó el brazo por los párpados; después, bajó la mano a la cadena que le colgaba del cuello. Con el dedo, tocó el delicado colgante que descansaba sobre su esternón. Había hecho aquel gesto tantas veces que el oro empezaba a desgastarse, pero las alas de la mariposa seguían elevadas, como si estuviera en pleno aleteo. Compró el colgante al salir del hospital, tras el aborto. Era su manera de honrar a la frágil vida del bebé que había llevado dentro. Se lo puso bajo el uniforme, manteniendo el colgante tan en privado como su dolor. Después, se cortó el pelo, se guardó su dolor y se centró en la profesión con la que siempre había soñado. Kate se puso en pie despacio. «Céntrate». Eso era lo que necesitaba hacer. El deber la había ayudado a superar ese doloroso episodio de su vida. En aquellos


momentos, también la ayudaría. La próxima vez que saliera a correr, tomaría una ruta diferente. Y, teniendo en cuenta cómo había rechazado las insinuaciones de Sam la noche anterior, había muchas posibilidades de que no volviera a verlo durante otros cinco años. —La policía montebellana tiene el aeropuerto cerrado a cal y canto. Todos los pasajeros pasan rigurosas medidas de seguridad —Sam se acercó al mapa de Montebello que pendía de una pared del despacho del jefe de la base. Señaló con el dedo índice la ubicación del aeropuerto; después, deslizó la mano hacia la orilla sudeste de la isla—. El aeródromo privado del campo petrolífero también está muy custodiado. El almirante Howe unió las yemas de los dedos de ambas manos y se recostó detrás del escritorio. Sus rasgos de bulldog parecían formar un ceño perpetuo, aunque asentía en señal de aprobación. —Bien. ¿Ha reunido algún dato más sobre la sospechosa? Nº Paginas 26-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, señor. El FBI ha obtenido la fotografía del permiso de conducir de Ursula


Chambers gracias a la Dirección General de Tráfico de Colorado y me la ha enviado por fax hace treinta minutos. —Ha sacado a alguien de la cama, ¿verdad, teniente? Sam hizo una mueca mientras abría la carpeta que había llevado consigo. La diferencia horaria entre Montebello y Virginia era de siete horas. El funcionario de Quantico no había sentido deseos de localizar a los agentes de Colorado en mitad de la noche. En aquel momento, Sam había descubierto las ventajas de trabajar para la realeza. Cuando el funcionario supo que Sam tenía todo el respaldo del rey de Montebello, satisfizo su petición en menos de una hora. —No ha habido problemas, señor —dijo Sam, y le pasó al almirante dos documentos de la carpeta—. Como puede ver, la fotografía se corresponde bastante con el boceto policial de la sospechosa. Howe aceptó la fotografía y el boceto de Sam y los observó brevemente. —Sí, los rasgos son muy claros. —La policía esta distribuyendo copias de las fotografías así como los datos de la sospechosa a las fuerzas de seguridad que operan en los aeropuertos. Howe dejó los papeles sobre el escritorio. —Chambers es una mujer llamativa. Debería ser fácil de reconocer. —Al parecer, tiene experiencia como actriz, así que es posible que se haya


disfrazado. Como mató a Caruso, quien, según Gretchen Hanson, fue su principal contacto en Montebello, no debe de tener contactos ni recursos para obtener un pasaporte falso ni otro tipo de identificación. Por tanto, es muy improbable que Chambers pueda salvar las medidas de seguridad del aeropuerto para huir de Montebello por avión. —Excelente. —Eso nos deja el mar —Sam se volvió hacia el mapa—. Hemos alertado a las líneas de cruceros y a otros barcos de pasajeros. Habrá policías en los puertos, pero debemos intensificar las patrullas de la costa. —El rey Marcus me ha telefoneado esta mañana para expresarme su preocupación al respecto. Y ésa es la razón principal de que esté usted hoy aquí, teniente Coburn. El rey ha decidido que esta misión requiere un oficial de la Marina que esté más familiarizado con Montebello. Sam se acercó al escritorio de Howe y entrelazó las manos a la espalda. Por mucho que le hubiera gustado continuar con el permiso interrumpido por el rey, no quería que lo relegaran de la misión sin haberla completado. —La misión sigue estando en su fase inicial, señor. Dada la geografía de Montebello, tenía entendido que el rey era consciente de las dificultades…


Nº Paginas 27-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Relájese, teniente. El rey Marcus está satisfecho con su actuación hasta este momento. Sigue pensando que su adiestramiento es un bien valioso para la búsqueda de la fugitiva. De hecho, quiere darle ayuda. —¿Almirante? Antes de que Howe pudiera explicarse, se oyó un golpe de nudillos en la puerta. El alférez Gordon, el joven de mejillas sonrojadas que hacía de ayudante, entró en la habitación. —Ha llegado la teniente Mulvaney, señor. Howe lanzó una mirada al reloj. —Bien. Justo a tiempo. Hágala pasar. Sam se volvió hacia la puerta. ¿Kate estaba allí? ¿Por qué? Era la segunda vez en menos de veinticuatro horas que se hacía esa pregunta. Y, por segunda vez, Kate lo dejó sin aliento. Nunca la había visto con uniforme. Se habían conocido estando de permiso, y habían pasado la mayor parte de ese tiempo con la menor ropa posible. Costaba trabajo reconciliar la imagen de su memoria con la mujer alta y esbelta con


galones de teniente en las mangas. El traje azul la favorecía, realzaba el verde de sus ojos y el tono cobrizo de su pelo. Tenía el mentón levantado, los hombros inclinados hacia atrás, y parecía la personificación de un oficial de Marina seguro y eficiente. Sin embargo, cuando Sam la miraba, veía a la mujer que, tiempo atrás, había vibrado en sus brazos. Sentía las brisas de Florida y olía a gardenias. Kate saludó al almirante Howe con palabras firmes pero cordiales y a Sam, con una inclinación de cabeza antes de centrar su atención en el almirante. Una vez más, Sam sintió una punzada de irritación. Ella se estaba comportando como debía. Estaban de servicio. No era el lugar apropiado para la familiaridad. Sin embargo, no habían estado de servicio la víspera, cuando Sam la había llevado al hotel en que se alojaban y ella lo había tratado de la misma manera. El recuerdo de su aventura podía haberlo atormentado durante cinco años, pero no parecía haber tenido ningún impacto en Kate. Le había dicho con total claridad que el pasado, pasado estaba. Cuando se despedía, se despedía de verdad. Deliberadamente, arrancó la mirada de Kate y se concentró en lo que estaba diciendo el almirante. —Teniente Mulvaney, me gustaría felicitarla personalmente por cómo se comportó ayer en el hospital Rey Augustus —dijo el almirante Howe—. El rey


Marcus se quedó muy impresionado con su actuación, tanto al detener a Gretchen Hanson como al tomar la iniciativa de garantizar el bienestar del heredero real. —Gracias, señor. —Tengo entendido que colaboró en el interrogatorio de Hanson. —Sí, señor. Así es. Nº Paginas 28-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Excelente. Entonces, podemos ir al grano. Teniente Mulvaney, a partir de este momento queda relegada de su servicio actual. —¿Señor? —pestañeó Kate. —Por orden del rey Marcus, debe ayudar a coordinar las fuerzas de seguridad montebellanas y de la Marina de Estados Unidos para la búsqueda de Ursula Chambers. El almirante se recostó en su sillón, unió los dedos y se volvió hacia Sam. —Teniente Coburn, le presento a su nueva compañera. Nº Paginas 29-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 4


¿No había un refrán que decía que ninguna buena obra dejaba de ser castigada? El rey Marcus pensaba que le estaba haciendo un favor a Kate. A cambio de haber rescatado a su nieto del macetero del hospital, la recomendaba para una buena misión. Claro. Menudo favor. Kate alargó las pisadas con las que cruzaba la plaza central de la base en un intento de quemar su frustración. Las gaviotas graznaban en el cielo, cabalgando sobre el viento que soplaba desde el embarcadero. Contrajo la mandíbula al oír el ruido. Era como si el destino estuviera conspirando contra ella, negándose a dejarla olvidar y a seguir adelante con su vida. ¿Cómo iba a soportar ver a Sam todos los días? ¿Trabajar con él? ¿Inspirar su fragancia, oír su voz, ver su sonrisa? Bueno, no tendría que preocuparse por su sonrisa. De momento, parecía tan complacido por tenerla como compañera como ella. —Me han asignado un despacho del edificio norte como centro de operaciones. Dentro de veinte minutos me reuniré allí con el superintendente de la policía montebellana —Sam le tocó el codo al cambiar de dirección—. Ahora te incluiré en la reunión, por supuesto. Kate no pudo evitarlo, se estremeció al sentir el contacto.


—Muy bien. —Antes de que entremos, debo preguntarte algo. —¿El qué? Habían llegado al edificio de la parte norte de la plaza. Cuando los montebellanos cedieron aquel enclave a la Marina de Estados Unidos, estipularon que cualquier edificio debía reflejar el carácter de la arquitectura local. Aunque aquél albergaba oficinas modernas y complejas, las ventanas alargadas, el tejado de pizarra y las puertas de madera con adornos de hierro de la entrada le conferían un aire de villa mediterránea. En lugar de franquear esas puertas, Sam la condujo a un rincón resguardado de la vista por un enorme cedro. Se detuvo y se volvió hacia ella. —¿Te incomoda trabajar conmigo, Kate? Qué propio de Sam tomar el toro por los cuernos. Kate mantuvo la mirada puesta en el primer botón de su camisa de color caqui. —No —mintió—. Agradezco la recomendación del rey. Esta misión quedará bien en mi historial, así que no me opongo a ella. —No me refería a eso. ¿Te molestará ser mi compañera? —No esperaría estar al mando, puesto que fue a ti a quien llamaron para este proyecto —hizo una pausa—. ¿Te incomoda a ti trabajar conmigo? —No, agradezco toda la ayuda que pueda recibir.


Nº Paginas 30-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bien —Kate empezó a rodearlo, pero él no se movió. —Kate, no estoy hablando de nuestro trabajo, sino de nosotros. —No hay nada de que hablar. —Dada nuestra vieja relación, pensé que no te sentirías a gusto con este trabajo. Kate elevó la vista de la camisa a la garganta de Sam. Y pensó en cómo sabía el hueco de la base del cuello. Reprimió el impulso de lamerse los labios. —Gracias por tu preocupación, Sam, pero, como tú mismo has dicho, nuestra relación pertenece al pasado. Y quiero dejarla ahí. —Claro. Eso dijiste ayer. —No permitiría que mis asuntos personales interfiriesen en mi deber. —Nunca lo permitiste. —¿Qué significa eso? —Tu carrera militar siempre ha sido lo primero. Porque al perder el bebé, no le había quedado nada más. Frunció el ceño. No, eso no era cierto. Había escogido aquella profesión. Le encantaba. También la había antepuesto a todo lo demás antes de quedarse embarazada. —Creo que el tema está más que hablado, Sam.


—¿Ah, sí? Si no recuerdo mal, no hablábamos mucho cuando estuvimos juntos. Cierto. Habían tenido cosas más apremiantes que hacer que conversar. Kate deslizó la mirada a la boca de Sam, recordando cómo la había usado en su cuello, en los senos… en los muslos… Kate desvió rápidamente la vista y la centró en la bandera del centro de la plaza. —Quizá sea yo quien deba preguntarte si a ti te incómoda trabajar conmigo, teniendo en cuenta nuestra vieja relación. Eres tú quien parece incapaz de olvidarla. «¿Que no puedo olvidarla? Tiene razón», pensó Sam. Tenía un problema. Un gran problema. Ya era distracción suficiente pensar en Kate. ¿Cómo iba a trabajar con ella? ¿Cómo iba a abstenerse de tocarla, sobre todo allí, al sol, con el pelo refulgiendo como el otoño y el pulso latiéndole en la delicada vena de un lado del cuello? Cinco años atrás, le habría puesto la mano en la mejilla y le habría apoyado la cabeza en su hombro. Le habría acariciado la espalda y plantado suaves besos en el pelo. Pero ya no formaba parte de la vida de Kate. Ella ya no acogía sus caricias. —No te preocupes, Kate. Ya has dejado las cosas claras dos veces, y la Marina tiene un reglamento muy estricto en lo referente a acoso sexual. —Bien —ella avanzó hacia la puerta. —Pero si alguna vez cambias de idea —añadió con suavidad—, no dejes de


decírmelo. Nº Paginas 31-143 https://www.facebook.com/novelasgratis El quiebro en su zancada fue la única indicación de que lo había oído. —Será mejor que nos pongamos manos a la obra con la misión —dijo Kate con energía—. ¿Qué has hecho hasta ahora? Mientras subían la escalera hasta el segundo piso, Sam reprimió su frustración y le contó lo mismo que al almirante. Llegaron al despacho que le habían asignado y Kate se hizo a un lado para dejarlo pasar. Sam no pudo evitar darse cuenta del cuidado que puso ella para que sus hombros no entraran en contacto. Era otra punzada para su ego malherido. ¿Tan poco había significado para ella su relación? ¿Se habría engañado a sí mismo, habría distorsionado el recuerdo de su aventura? Quería sujetarla por el brazo, hacerla girar y apretarla contra él para poder averiguarlo. En cambio, cerró la puerta tras ellos y la vio pasear por la habitación. No podía sujetarla, no podía besarla. Había hablado en serio sobre el acoso sexual. Sería un cargo grave, y no estaba dispuesto a poner en peligro su carrera militar por satisfacer su ansia por una mujer. No, no por una mujer cualquiera. Por Kate. Su Kate. La amante que lo había


echado a perder para cualquier otra. Diablos. —¿Tienes mapas de la costa? —preguntó Kate. Sam se apartó de la puerta y se acercó al escritorio que había colocado en el centro de la habitación. —Están aquí. Kate se aproximó y apoyó las manos en el borde de la mesa para estudiar uno de los mapas extendidos sobre ella. —Conozco esta costa. Aunque hay muchos tramos rocosos, hay numerosos lugares en los que un pequeño barco puede recoger a un pasajero. —Entonces, ¿crees que intentará escapar en una embarcación modesta? —Es su mejor apuesta. Con los aeropuertos cerrados para ella y las líneas de cruceros y de ferrys alertadas, no podrá salir de la isla por transporte público. Intentará utilizar un barco privado. Era la misma conclusión a la que Sam había llegado. Se acercó a Kate y se inclinó sobre el mapa. No pudo evitar inspirar su aroma. Exhaló el aire con fuerza y deslizó el dedo índice por el mapa. —La isla más próxima a Montebello es Tamir. Aunque las relaciones entre los dos países han mejorado mucho últimamente, carecen de tratado de extradición. Si


Chambers consigue llegar allí, no le resultará difícil desaparecer. —Una pequeña embarcación privada podría cubrir la distancia hasta Tamir — dijo Kate—. Hasta un bote de remos, en condiciones atmosféricas favorables. —Dijiste que llevabas aquí siete meses. ¿Cuántas embarcaciones privadas hay en Montebello? Nº Paginas 32-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Kate se encogió de hombros. —Es una isla, y el mar es una importante influencia en la cultura montebellana. Hay barcos de pesca, veleros y barcos de pasajeros de todo tipo. Si los sumaras, excederían el número de habitantes. —Lo sospechaba. Esto dificultará la misión —Sam suspiró—. El almirante ha autorizado el uso de todos los recursos navales disponibles para ayudar a los montebellanos, pero eso sólo supone teléfonos, equipos de radio, este despacho y un puñado de personas que podrían ser relegadas del servicio regular. No podemos emplear los buques situados en el Mediterráneo para que formen un bloqueo a fin de encontrar a una mujer. Sería absurdo, por no hablar de una amenaza para la


estabilidad de la zona. —Entonces, ¿qué plan tienes? —Todavía estoy dándole vueltas. De momento, nos concentraremos en inspeccionar cualquier embarcación sospechosa utilizando las patrullas costeras regulares. Los helicópteros de la policía procurarán más vigilancia. —Pero eso no impedirá que se escape. La embarcación a la que suba podría no parecer sospechosa. Necesitarías inspeccionar cada embarcación para estar seguro, pero teniendo en cuenta la cantidad de tráfico diario de barcos y el número limitado de embarcaciones disponibles en la Marina, eso sería imposible. —Oye, estoy abierto a sugerencias. ¿Tienes una idea mejor? Ella no respondió de inmediato. Se quedó estudiando el mapa durante otro minuto; después, se enderezó. —Sam, no creo que debamos confiar en las patrullas costeras. Se volvió hacia ella, sorprendido por el comentario. —A no ser que todos los habitantes de Montebello estén al día de las noticias, reconozcan a Ursula Chambers por su fotografía y estén dispuestos a entregarla, no podemos estar seguros de que no intente alquilar un barco privado. —Claro, no podemos contar con que los ciudadanos le impidan escapar. Lo que


quería decir es que no deberíamos vigilar la isla de forma ostensible —dijo ella. —¿Por qué no? —Ya hay fuertes medidas de seguridad en los aeropuertos, ¿no? —En efecto —confirmó Sam—. Chambers no saldrá de Montebello por ahí. —Así que si su única alternativa es huir por barco, una búsqueda ostentosa mediante buques de la Marina y helicópteros policiales podría obligarla a esconderse. —Ah, entiendo. Kate asintió. Nº Paginas 33-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ya es sospechosa de dos asesinatos, así que no tiene nada que perder matando otra vez. Estoy segura de que el rey querrá capturarla lo antes posible, por el bien de la seguridad. —Así es. Por eso está tirando de todos los hilos diplomáticos que tiene a su alcance. —Lo cual debería facilitarnos el trabajo. Tendremos que tirar de muchos hilos para organizar lo que estoy pensando. Sam se cruzó de brazos y la miró con expectación.


—¿Que es…? Ella levantó la barbilla. —Creo que deberíamos usar la flota de Montebello. ¿Sabía lo seductor que era su cuello cuando levantaba así la barbilla? A Kate solía gustarle que le deslizara la lengua por la mandíbula. Y a él le gustaba el suave ronroneo que ella emitía cuando le mordisqueaba el lóbulo de la oreja. —¿Sam? Volvió a centrarse en lo que ella había dicho. —¿Qué flota? Los montebellanos no tienen flota. —Tienen barcos de pesca y embarcaciones de ocio. —Kate… —Piénsalo, Sam. Las aguas de la isla suelen estar salpicadas de pequeñas embarcaciones, así que esos barcos no despertarán sospechas a su paso por la costa. Servirían para localizar a Chambers. Son manejables y, bien coordinados, podrían cubrir sistemáticamente una zona muy amplia. —¿Bien coordinados? —Podríamos distribuir los barcos entre todos los hombres disponibles de la Marina y de la policía montebellana, que permanecerían en comunicación constante por radio.


Se quedó mirándola mientras evaluaba rápidamente la sugerencia. Los marines de élite estaban adiestrados para hacer uso de todo lo que tuvieran a su alcance pero ¿embarcaciones civiles en una operación naval? Era poco convencional, pero podría funcionar. —Ya veo adonde quieres llegar, Kate. Si planeamos el curso de cada embarcación para que cubra una sección de una cuadrícula cercana a la costa… —Con buques navales colocados en alta mar como respaldo para las embarcaciones pequeñas… —Y helicópteros listos para actuar… —Mañana podríamos tener organizada una red de vigilancia alrededor de toda la isla y ni una balsa de goma podría atravesarla. Nº Paginas 34-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Está bien. Suena bien. Vamos a organizarlo —dijo él. Ella enarcó las cejas. —¿Así, sin más? ¿Estás dispuesto a utilizar mi idea? —Sí.


—Ah. —¿Te sorprende? —preguntó Sam. —Bueno, sí. —¿Por qué? —Tenía la impresión de que te gustaba salirte con la tuya. —Claro que sí. En este caso, quiero completar mi misión atrapando a una asesina, y si tu idea me ayuda, la usaré. —Entiendo. —Kate, el que estuviera más interesado en tu cuerpo que en tu mente no significa que te tomara por tonta. Kate dio un paso atrás, con las mejillas llameantes. —Sam, habíamos acordado… Él masculló y levantó las manos. —Lo siento. —No hay problema —carraspeó y se volvió hacia la mesa—. Será mejor que empecemos. Ursula detestaba el agua. Sólo se ponía biquini porque estaba irresistible con él. Levantó el brazo para sujetarse el sombrero e inspiró hondo. —Me encanta navegar —dijo—. Es emocionante, ¿no te parece? El chico asintió rápidamente, con la mirada clavada en su escote. Todavía no


había ensanchado y era todo brazos y piernas en bañador, pero el brillo de sus ojos era muy varonil. Ursula movió los hombros para que le temblara el pecho, y ocultó una mueca de regocijo al ver que el muchacho abría los ojos de par en par. Era tan fácil manipular a los adolescentes… Aquél debía de tener dieciséis, quizá diecisiete años, y como todos los hombres de esa edad, se regía por su impulso sexual. El muchacho tragó saliva. La nuez le temblaba como un corcho. —Yo tengo un velero. Cómo no, Ursula ya lo sabía. Hacía unos diez minutos que lo había visto arrastrar una pequeña embarcación con una vela de alegres colores. Era el único Nº Paginas 35-143 https://www.facebook.com/novelasgratis motivo por el que estaba haciendo aquella exhibición gratuita. Necesitaba esa embarcación para poder salir de Montebello. Las últimas veinticuatro horas habían sido terribles. La noche anterior, al llegar al aeropuerto, lo había encontrado repleto de guardias. Había sido lo bastante lista para atravesar la primera barrera de seguridad, pero cuando había visto al policía detrás del mostrador, comprobando la identificación de todos los pasajeros, había comprendido que no podría subir a ningún avión. No le quedaban muchas opciones. O seguía encerrada en la habitación del hotel


que ya no podía pagar hasta que el aeropuerto estuviera menos vigilado, o abandonaba aquella isla olvidada de Dios por mar. Y detestaba el mar. No debería haberse aliado con Gretchen Hanson. Sí, habían sido amigas desde la infancia en Shady Rock, Colorado, pero Gretchen siempre había sido una cobarde. Debía de haberlo soltado todo. La policía ya conocía el nombre de Ursula y la fotografía de su permiso de conducir había aparecido en pósters por todo el país. Era peligroso que la vieran en público; con un rostro y un cuerpo tan espectaculares, era natural que llamara la atención. Sin embargo, podría haberse ahorrado la molestia de ponerse las gafas de sol y de taparse el pelo con un sombrero. Aquel crío todavía no la había mirado a la cara. —Un velero. Qué maravilla —hizo una pausa y se bajó las gafas de sol para mirarlo lenta y sugestivamente—. Y apuesto a que lo tienes muy grande. —¿Gra… Grande? —A mí me gustan largos y elegantes. ¿Es así? —Mi… —Tu barco, cariño. ¿Es grande? —Es un velero de siete metros de eslora. —Mmm… Suena suculento. Tienes… ¿experiencia?


—Eh… Se ajustó el sombrero y se inclinó hacia él. —Me refiero navegando. —Sí. Llevo años navegando. —Eso ya lo veo —murmuró, y deslizó las yemas de los dedos por el delgado antebrazo del muchacho—. Tienes unos músculos deliciosos aquí. El chico se quedó boquiabierto. Ella suspiró, elevando un poco los senos. —Ojalá conociera a alguien que pudiera llevarme… —¿Lle… llevarla? —A dar un paseo en barco. —Yo podría —afirmó el muchacho. —¿Tú? Qué gran idea. No se me había ocurrido. Nº Paginas 36-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Podríamos ir ahora. —Mmm…Al atardecer será mucho mejor. La luz de la luna, la oscuridad… — recorrió sus minúsculos bíceps con la uña—. Es tan romántico… La nuez amenazaba con salírsele de la garganta. —Bueno, yo… —¿Hasta dónde has ido? —le preguntó Ursula.


—¿Qué? —¿Alguna vez has llegado hasta el final? Se balanceó sobre los pies, con el cuerpo temblándole de incomodidad. —Claro, muchas veces. —Caramba —apoyó las yemas de los dedos en su pecho y se inclinó más aún hacia delante—. ¿Hasta Tamir? Debes de ser muy buen marinero. —¿Tamir? Ursula ocultó su impaciencia. Las hormonas que inundaban el organismo del muchacho empezaban a bloquearle el cerebro. Con eso contaba, por supuesto, pero no antes de conseguir lo que quería. —Ya sabes, Tamir. La isla más próxima a Montebello. —Bueno… mi madre no me deja ir tan lejos. Ursula movió el dedo meñique sobre el pezón. —¿Y siempre haces lo que dice tu mamá? El chico empezaba a respirar con dificultad. —Las corrientes son… traicioneras. A veces las olas alcanzan los diez metros, y mi velero no… —Te agradecería mucho, mucho, que me llevaras a Tamir —le rozó entre los muslos con la rodilla—. Muchísimo.


—Eh… —él inspiró rápidamente, y el sudor afloró en su labio superior—. Caray. —¿Quieres probar un poco de mí… —bajó la mano al frente del bañador— …gratitud? El muchacho tembló y se incorporó sobre una mano. Tenía los ojos vidriosos. —Dios. —Podríamos reunimos aquí cuando se ponga el sol —recorrió la playa con la mirada. Aquella cala estaba prácticamente desierta, a excepción de unos críos que jugaban al Frisbee y de un grupo de bañistas. Ursula sonrió; el muchacho estaba a punto de estallar. Seguramente, nunca había estado tan cerca de una mujer de verdad, y ninguna lo había tocado. Qué aburrido. Lo presionó suavemente y retiró la mano—. Será nuestro secreto, ¿eh? Nº Paginas 37-143 https://www.facebook.com/novelasgratis El muchacho le tomó de nuevo la muñeca. —Claro. Lo que tú digas. Pero haz eso otra vez. Le resultó fácil desasirse porque el chico tenía las palmas sudorosas. Sin preocuparse por el estado en que lo dejaba, Ursula se dio la vuelta, secándose la mano en el muslo.


—Después, cariño. Cuando estemos de camino a Tamir. Nº Paginas 38-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 5 Costaba trabajo creer que en veinticuatro horas pudiera operarse un cambio tan drástico, pero el despacho tranquilo al que Sam había conducido a Kate la víspera era, en aquellos momentos, un bullicio de actividad. Habían conectado teléfonos, un fax y una hilera de ordenadores. Una impresora traqueteaba en un rincón, escupiendo mapas de las cuadrículas de vigilancia y el curso que tomaría cada embarcación. Hombres y mujeres uniformados, algunos de la Marina, otros de la policía montebellana, acometían sus labores con decisión. La flota poco convencional ya estaba cobrando forma. A fin de ocultar la operación a la población, sólo los miembros de la policía montebellana habían sido requeridos para el uso de las embarcaciones privadas. La respuesta de la policía había sido abrumadora. Llevaban todo el día recibiendo ofrecimientos de todo tipo, desde barcos de pasajeros a veleros. Hacía veinte minutos, el número de embarcaciones ofrecidas bastaba para cubrir la cuadrícula.


Kate seguía sorprendida de que Sam hubiera aceptado su sugerencia sin protestar. De acuerdo con su experiencia, los hombres preferían imprimir su propio sello a una idea antes de llevarla acabo. Así había sido durante su ascenso por los distintos rangos y había aprendido a afrontarlo con lógica serena y sólida. «El que estuviera más interesado en tu cuerpo que en tu mente no significa que te tomara por tonta». Debería haberse ofendido por el comentario, pero, sinceramente, no podía. A fin de cuentas, sabía perfectamente que su relación se había basado puramente en el sexo. Lo habían dejado claro desde el principio. Cinco años atrás, ella también había estado más interesada en el cuerpo que en la cabeza de Sam. Levantó la vista de la carpeta de pinza que sostenía. Sam se inclinaba por encima del hombro de un joven contramaestre que tecleaba con furia en un ordenador. La pose flexionaba los brazos de Sam y perfilaba sus glúteos. Era un SEAL de metro ochenta muy musculado. Hombros anchos, cintura estrecha y un trasero que llamaría la atención de cualquier mujer con sangre en las venas. —Teniente, tengo los datos meteorológicos que pidió. Kate arrancó rápidamente la mirada de los glúteos de Sam y se centró en la joven mujer rubia que se erguía ante ella. Lanzó una mirada a la insignia de su uniforme de policía al tiempo que buscaba el nombre.


—Gracias, sargento Winters. —Aquí tiene una copia de la impresión —dijo la sargento, y le pasó a Kate el grueso fajo de papeles—. Recibiremos actualizaciones meteorológicas de la zona cada hora vía satélite. —Buen trabajo. ¿Y las previsiones? Nº Paginas 39-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —He conectado mi ordenador a la estación. Recibiremos los últimos pronósticos en cuanto estén disponibles. Kate colocó la impresión sobre la carpeta de pinza. —Excelente. —¿Quiere que coordine los datos con el contramaestre Thurlow? —¿Quién? —Está poniendo a punto el programa de los ciclos de las corrientes marítimas —la sargento señaló con la cabeza al joven que tecleaba al ordenador, pero tenía la mirada puesta en Sam. Para ser más precisos, en los glúteos de Sam. Kate no se sintió orgullosa de la sensación que la recorrió. No tenía ningún derecho sobre Sam, había sido clara como el agua en ese aspecto, así que no tenía por qué sentirse molesta por el interés de la mujer. Más aún, ella misma había estado disfrutando de la vista. Sería hipócrita censurar que otra mujer hiciera lo mismo.


Sam dio una palmada al contramaestre en el hombro y se enderezó, arqueando la espalda con un breve estiramiento que le movió todos los músculos de los brazos. A Kate se le aceleró el pulso. Que había estado disfrutando de la vista era un eufemismo. Sam no podía ser consciente de la exhibición que estaba dando. Siempre se había sentido cómodo con su cuerpo y no era consciente de cómo lo usaba. Iba parejo a su tendencia de tocar. «Si alguna vez cambias de idea, no dejes de decírmelo». —¿Teniente? —preguntó la sargento. —Sí, estaría bien —contestó Kate finalmente. Centró la atención en los papeles que había recibido. Podía afrontar la situación, se dijo. Por mucho que le costara concentrarse, se trataba de una situación temporal. En cuanto capturaran a Chambers, aquella misión habría acabado y Sam abordaría la siguiente. El policía montebellano que manejaba la línea telefónica habilitada para cualquier información que los ciudadanos pudieran dar sobre Chambers se quitó los cascos y se volvió en la silla. —¿Teniente Coburn? —llamó—. Tenemos una novedad. Sam cruzó la habitación. Kate vaciló un momento; después, soltó la carpeta


de pinza y lo siguió. —Acaba de llamar una mujer —dijo el policía—. Pensé que querría oír esto. Sam lanzó una mirada a Kate y, después, señaló el casco del teléfono. —Conecte el altavoz, sargento Chelios, para que todos podamos oír. Chelios asintió y pulsó una tecla de la consola. —Adelante, señora. Por favor, repita lo que acaba de decirme. —¿Oiga? Sí, me llamo Sophia Genero. Estoy preocupada por mi hijo. Nº Paginas 40-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Soy el teniente Sam Coburn, de la Marina de Estados Unidos —dijo Sam —. ¿Qué problema tiene, señora Genero? —Armando sólo tiene dieciséis años. Suele ser un muchacho responsable, pero esta noche no ha venido a cenar y sé que le ha pasado algo grave. Sam lanzó una mirada al policía que había aceptado la llamada. —Señora, ésta es una línea especial de la policía. Yo diría que debería hablar con alguien de… —No, no lo entiende. Ha estado navegando esta mañana, y sus amigos me han


dicho que lo vieron, eh… tonteando con una desconocida en la playa a eso del mediodía. —¿Tonteando? —Sólo tiene dieciséis años —repitió la mujer—. Es un muchacho maravilloso, pero no de los que pueden despertar el interés de una mujer madura. Después, regresó a su barco y nadie lo ha visto desde entonces. —¿Su hijo tiene un barco? —preguntó Sam—. ¿De qué tipo? ¿Cómo es de grande? —Es un velero de siete metros de eslora, nada más —la mujer gimió—. Se lo regalamos por su cumpleaños el mes pasado. Sabe que no queremos que se aleje mar adentro con él. Sam miró a Kate. Veía por la contracción de la mandíbula que no creía que se tratara de un caso de una madre excesivamente preocupada por su hijo rebelde. —Señora Genero —preguntó con cautela—. ¿Tiene la descripción de la mujer con la que vieron a su hijo por última vez? Se oyó un sollozo ahogado. —Por eso he llamado a este número. Por lo que han dicho los amigos de


Armando, podría ser la mujer de las noticias. Ésa a la que buscan por asesinato. El helicóptero policial sobrevolaba la costa. Las sombras que arrojaba el sol poniente se alargaban por la arena y la playa como franjas de camuflaje. Sam escrutaba el paisaje con los prismáticos. La red de vigilancia no estaba completada. La mayoría de los barcos habían alcanzado sus cuadrículas asignadas, pero aún quedaban agujeros. Sin embargo, Sam creía que la idea de Kate estaba dando frutos. De lo contrario, Chambers podría no haberse atrevido a salir tan pronto de su escondrijo. —Estamos llegando a la playa, señor —Sam oyó la voz del piloto por los auriculares—. Aquí es donde el muchacho fue visto por última vez, ¿no? —Sí —dijo Sam por el micro—. ¿Puede reducir la velocidad para que veamos mejor? Nº Paginas 41-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Mientras el helicóptero ralentizaba el vuelo, Sam siguió escrutando la zona. Había un hombre arrojando un palo a un perro, una pareja de ancianos paseando a lo largo de la orilla y unos cuantos coches aparcados en la franja de cemento de lo alto del risco. La policía estaba en camino y llegaría a los pocos minutos para registrar el lugar. Aquel helicóptero era el primero que aparecía por allí. —¿Ves algo, Sam? —preguntó Kate.


—Todavía no —Sam no bajó los prismáticos para responder a la pregunta de Kate. Sabía que ella estaba mirando por otros mientras el piloto recorría la costa—. ¿Y tú? —Dos embarcaciones de pesca y un balandro anclado, pero nada que corresponda al velero del muchacho. Podría ser una búsqueda a ciegas. —Sí, pero no podemos dejar de intentarlo. —Estoy de acuerdo. La madre del muchacho estaba angustiada. —No la culpo. Lo vieron por última vez haciendo manitas con una mujer en biquini. Un muchacho de esa edad estaría dispuesto a hacer casi cualquier cosa a cambio de sexo. Se hizo el silencio. Sam quería pellizcarse por haber sacado el tema a colación. Pero lo que había dicho era cierto. Los hombres de todas las edades solían aparcar el sentido común en lo relativo al sexo. Él no era diferente. Por mucho que recordara el desinterés de Kate, seguía reaccionando a su presencia. Pues si ella no quería despertar su interés, debería dejar de ponerse ese perfume de gardenias, pensó con irritación. Y dejar de sentarse tan cerca. Frunció el ceño. Sabía que estaba siendo poco razonable. Ninguno había elegido


su asiento en el helicóptero. Si lo hubieran hecho, Kate habría optado por ir colgada del tren de aterrizaje. Con la mente de nuevo en la misión, le pidió al piloto que hiciera barridos paralelos que los conducirían progresivamente mar adentro. Cuando el helicóptero inició el cuarto barrido, Kate habló. —Veo algo parecido a un pecio en el agua, a unos cien metros a estribor. El piloto realizó un giro de ciento ochenta grados. Sam sintió la tibieza de Kate cuando se inclinó hacia él para mirar por su ventana. —Allí. ¿Ves los colores? Algo rojo destellaba en la cresta de una ola. Sam ajustó los prismáticos. Unas franjas rojas, amarillas y azules fluían en un remolino apático. —Parece una vela. Encaja con la descripción de la que lleva el muchacho en el barco. El piloto los acercó. Las hélices producían remolinos en la superficie del agua. Un objeto alargado de color blanco centelleó entre la espuma del mar. —Podría ser un casco —dijo Sam. Nº Paginas 42-143 https://www.facebook.com/novelasgratis El objeto se balanceó en las turbulencias creadas por el helicóptero, dejando al


descubierto una quilla larga y delgada. —Sí, es un casco —dijo Kate—. Debe de ser el barco del hijo de los Genero. —¿Algún rastro de Chambers o del muchacho? —Aquí no. Sam le ordenó al piloto que diera las coordenadas al equipo de búsqueda y rescate mientras iniciaban un lento y metódico examen de la zona. —Si Chambers iba a bordo de ese barco —masculló Sam—, nuestra misión podría haber terminado. Quizá no haya sobrevivido al intento de fuga. —Confiemos en que no se haya llevado con ella la vida de un muchacho inocente —dijo Kate. —Sí. Por lo que sabemos de Chambers, dudo que le hubiera importado. —Tenemos que encontrarlo —dijo Kate, y sorprendió a Sam poniéndole la mano en la rodilla—. No podemos dejarlo morir. Bajó los prismáticos para mirarla. —Haremos lo que podamos, Kate. Ella se inclinaba hacia la ventana, con el cuerpo rígido por la tensión. No arrancaba la mirada del agua. —La madre de Armando ha dicho que sólo tenía dieciséis años. Imagínate lo mal que lo debe de estar pasando. Apenas ha empezado a vivir. Seguramente, no era consciente de que lo estaba tocando, pensó Sam. Estaba tan


concentrada escrutando las olas… Pero Sam, sí. De la rodilla a la entrepierna, era intensamente consciente del contacto. Aquél era el primer ápice de pasión que veía en Kate. De acuerdo, era por el deber, no por él, pero era algo. Siempre había sido una mujer apasionada. Era bueno saber que su memoria no lo había engañado en eso. Cinco minutos después y cuatrocientos metros mas allá, divisaron al muchacho. Tenía el brazo enganchado a un trozo de mástil. No se percataba de la llegada del helicóptero. Tenía la cara pálida y los ojos cerrados. Estaba inconsciente. —Bájenos lo más que pueda —le dijo Sam al piloto. —Señor, las olas son demasiado altas, no conviene arriesgarse. El equipo de rescate tiene nuestras coordenadas y llegará… —Demasiado tarde —dijo Sam—. El muchacho se hundirá con la próxima ola —se quitó los cascos y se levantó del asiento. Kate se volvió hacia él y gritó para que la oyera. —Sam, ¿qué vas a hacer? —Acompañar a Armando —se quitó los zapatos y se acercó a la puerta—. No es divertido nadar solo. Nº Paginas 43-143 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Sam, este helicóptero no tiene cable ni arneses. No podremos izarte a bordo. —No importa. El muchacho y yo esperaremos a la lancha de rescate. —¡Sam, no! Sin añadir nada más, Sam abrió la puerta del costado del helicóptero, descendió al tren de aterrizaje y saltó. Hacía veinte minutos que había caído la noche, pero en el embarcadero se percibía un ajetreo superior al habitual. Había varios coches de la policía montebellana aparcados junto a la ambulancia, y un pequeño gentío pululaba en torno a los vehículos. El helicóptero había aterrizado sobre la pista y Kate, nada más recoger los zapatos de Sam, abrió la puerta para correr hacia la lancha del equipo de rescate, que acababa de arribar al embarcadero. Armando estaba consciente y hablando con dos policías mientras lo trasladaban en camilla hacia la ambulancia. Su madre se encontraba a su lado, sujetándole la mano y acariciándole el pelo. Las lágrimas en sus mejillas refulgían a la luz giratoria del vehículo. Sam fue una de las últimas personas en bajar de la lancha. Se había envuelto en una manta gris, tenía el pelo mojado y los pies desnudos pero, por lo demás, daba la impresión de estar bien. Habló con el policía que había interrogado a Armando y


después recorrió el gentío con la mirada. En cuanto vio a Kate echó a andar hacia ella. Kate quería abrazarlo. La reacción carecía de lógica, nacía directamente del corazón. Sentía los brazos vacíos, casi era un dolor físico. No se dio cuenta de que estaba corriendo hasta que vio la sorpresa en el rostro de Sam. Redujo el paso antes de alcanzarlo y se detuvo a un metro de distancia. «Cielos, ¿y ahora qué?» —¿Te encuentras bien? —Sí. —¿Seguro? Caíste al agua con fuerza, y la temperatura a esa distancia de la costa debía de rondar los diez grados. —Kate… —¿No debería reconocerte un médico? —¿Para qué? No ha sido más que un chapuzón —la miró con atención—. ¿Por qué? ¿Estás preocupada por mí, Kate? —Yo… Dios, no tenía sentido engañarse diciendo que no. Incluso después de contenerse para no arrojarse en sus brazos, quería besarlo. En aquel preciso


instante. A pesar de la gente que pululaba por el embarcadero, a pesar de todo lo que había Nº Paginas 44-143 https://www.facebook.com/novelasgratis dicho, a él y a sí misma, quería sujetarlo por la camisa mojada, atraerlo hacia ella y unir sus labios a los de él. Maldición. Debería haber salido corriendo en dirección contraria. —No quiero que pilles una neumonía —dijo—. Somos compañeros y tenemos mucho trabajo que hacer. Sam se frotó el pelo con la esquina de la manta, intentando controlar la decepción que le producía la respuesta. ¿Qué había esperado? Al verla correr por el embarcadero hacia él, durante un loco instante había creído que Kate se arrojaría en sus brazos. «Sí, claro». —He visto que el chico de los Genero estaba consciente —dijo Kate—. ¿Cómo se encuentra? —Se pondrá bien. Se dio un golpe con la botavara cuando el velero volcó, así que tendrá jaqueca varios días, pero se recuperará. —Qué alivio. —Sí —Sam vio que la ambulancia se alejaba—. Ha tenido suerte.


—Gracias a lo que hiciste —dijo Kate. Volvió a mirarla. ¿Era preocupación lo que veía en sus ojos, o vanas ilusiones? —No ha sido nada. ¿No te has enterado? Los SEALs somos… —Duros de pelar —concluyó Kate en su lugar—. No es la primera vez que lo dices. —En efecto. Ella siguió mirándolo con una expresión que Sam no lograba identificar; después, le enseñó los zapatos que sostenía en la mano. —¿Cómo de duros tienes los pies? Sam desplegó una media sonrisa. —Mucho menos que el asfalto. Gracias, Kate —se calzó, hizo un atado con la manta húmeda y echó a andar—. Vamos, voy a quitarme esta ropa mojada. Ella no se movió. —Creo que eso puedes hacerlo solo. Sam recordó fugazmente una noche tórrida, y a Kate retirándole la camisa húmeda del cuerpo centímetro a centímetro, besando cada tramo de piel que dejaba al descubierto… Era hábil desvistiéndolo. Era hábil en todo.


Sam volvió la cabeza para mirarla. También era hábil en su trabajo, recordó. Nº Paginas 45-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Pensaba que querrías saber lo que ha contado Armando Genero. Puesto que somos compañeros y tenemos tanto que hacer —añadió, devolviéndole el comentario. Kate lo alcanzó y siguió caminando a su lado. —¿Qué has averiguado? —Para empezar, no hay duda de que la mujer que Armando conoció en la playa era Ursula Chambers. La policía le ha enseñado la fotografía y él la ha identificado. —Entonces, su madre tenía razón. —Ursula quería que la llevara a Tamir —dijo Sam. —Eso pensábamos nosotros. —Sí. Prácticamente lo sedujo para que accediera. Le prometió más de lo mismo como moneda. —Ya no debe de tener mucho dinero, y no le queda saldo en las tarjetas de crédito, así que sería su único… bien con el que comerciar —dijo Kate. —Pues usó sus bienes con efectividad. Armando había accedido a reunirse


con ella a la puesta de sol. —¿Iba Chambers en la embarcación cuando volcó? —No. Armando era el único que estaba a bordo. —¿Ya había llevado a Ursula a Tamir? —preguntó ella. —No había tenido oportunidad. Se había pasado el día limpiando el camarote del velero e ideando la manera de comprar vino para lo que prometía ser una velada tórrida. Estaba impaciente y no prestó atención a las condiciones de la mar. —¿Dónde debía reunirse con ella? —En la misma playa en que se conocieron esta mañana —contestó Sam. —Debemos alertar a la policía —dijo Kate de inmediato—. Hay que registrar la zona. —Ya lo están haciendo. Di la información por radio desde la lancha de rescate. —Bien. —Dudo que Chambers se haya quedado por allí si el muchacho se estaba retrasando. —Es probable que no —dijo Kate—. Al menos, sabemos que sigue en la isla. —Sí, nuestra misión aún no ha terminado —miró a Kate—. Ni tampoco nuestro


trabajo en equipo. ¿Seguro que no quieres ayudarme con los botones? —Sam… Él levantó las manos. —Sólo era una pregunta. Nº Paginas 46-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 6 El vehículo negro atravesó suavemente las verjas del palacio. Al final de la senda de adoquines, el edificio de piedra blanqueada se erguía entre el follaje circundante. El coche se detuvo con suavidad delante de un pórtico de mármol de suaves arcos. Al instante, un joven vestido con librea blanca, negra y dorada bajó a abrir la puerta. Kate y Sam pasaron junto a los guardias que flanqueaban la entrada del palacio. Ella intentó no quedarse boquiabierta, pero era imposible permanecer indiferente al esplendor que la rodeaba. Sam había estado allí antes, cuando le habían asignado la misión, pero ella era la primera vez que entraba en el palacio. El vestíbulo la dejó sin aliento, con el suelo de mármol reflejando las columnas que recorrían las dos plantas hasta el tejado. La luz del sol entraba a raudales por la cúpula hexagonal del centro, iluminando la enorme habitación con cálidos haces dorados. —Intimida un poco, ¿verdad? —preguntó Sam. Kate asintió.


—Es hermoso, pero sí, abruma un poco. —Ésa es la idea. Los Sebastiani saben lo que hacen —dijo con ironía—. Gobernar Montebello ha sido el negocio de la familia durante siglos. —Menudo negocio. Sam bajó la voz. —No te hace ilusión esto, ¿verdad? —En realidad, no —Kate se alisó la falda y comprobó que los puños estuvieran derechos—. Sería diferente si tuviéramos algún progreso de que informar — hacía una semana que llevaba en marcha la red de vigilancia marítima y todavía no habían encontrado ni rastro de Ursula Chambers. —Sí. Pero el rey Marcus parece un hombre razonable. No creo que nos haya citado para echarnos la bronca. —No tiene motivos. Hemos hecho lo que hemos podido con lo que teníamos. —Cierto. Pero si intentan llevarnos al sótano, yo me largo de aquí. —¿El sótano? Sam guiñó un ojo. —Las mazmorras, ¿recuerdas? Kate le dirigió una sonrisa nerviosa. Sabía que estaba intentando relajarla y le agradecía el esfuerzo.


—Muy gracioso. —Teniente Mulvaney teniente Coburn, sin son tan amables de seguirme… El rey los recibirá en el salón acristalado. Nº Paginas 47-143 https://www.facebook.com/novelasgratis El que había hablado era un hombre de corta estatura de sesenta y pico años. Llevaba el pelo y el bigote grises limpiamente cortados, y su semblante transmitía la educación inexpresiva de una persona que se había pasado la vida trabajando de criado. Los condujo más allá de la escalera de honor que ascendía majestuosamente en el vestíbulo, por un pasillo flanqueado por los retratos al óleo de antepasados Sebastiani. Al final, el suelo de mármol dio paso a la alfombra y el esplendor se hizo menos formal. Kate tuvo la impresión de que estaban abandonando la zona oficial del palacio y adentrándose en lo que debían de ser las estancias privadas de la familia real. No entendía por qué los llevaban allí. Si el rey quería un informe de los progresos de la misión, ¿no debería verlos en un lugar más oficial? Su guía se detuvo delante de unas puertas de madera con arco. Del otro lado llegaban voces tenues… junto con el terrible llanto de… un bebé.


Kate miró alrededor con rapidez. No. Debía de tratarse de un error. Aquel mayordomo los había llevado a la habitación equivocada y… Las puertas se abrieron y dejaron ver el resplandor del sol. Las paredes del fondo eran ventanales. Unos sofás largos y lujosos de color crema estaban dispuestos para disfrutar de las vistas de los jardines y del océano. Era una habitación hermosa y aireada, tan espléndida como las demás que habían vislumbrado, aunque más hogareña. Allí se habían reunido varias personas, entre ellas, el rey Marcus y la reina Gwendolyn. Nadie había reparado en la llegada de Kate y de Sam. La atención de todos estaba puesta en el príncipe Lucas, que intentaba torpemente consolar al bebé que se agitaba en sus brazos. Automáticamente, Kate se llevó la mano al lugar en que descansaba su colgante con forma de mariposa. Habría preferido que la regañaran por la falta de progresos. No quería estar allí y presenciar aquello. No tenía nada que ver con su deber. —Pobre hombre —masculló Sam, acercando la cabeza a la de Kate—. Todavía tiene cara de que lo ha arrollado un camión. Se encontraban junto a la puerta, pero incluso desde aquella distancia Kate comprendía lo que Sam quería decir. Los rasgos cincelados y aristocráticos de Lucas estaban tan tensos como hacía una semana, cuando lo había visto en el hospital.


Tenía el pelo negro alborotado, como si se hubiera estado pasando los dedos por los cabellos. Aunque llevaba unos zapatos lustrosos y unos pantalones impecablemente planchados, tenía la camisa mal abrochada. —Tardará en acostumbrarse a la paternidad —dijo Kate, manteniendo la voz baja para que no pudieran oírla. Aunque, teniendo en cuenta el jaleo que estaba armando el bebé, sólo un grito se oiría—. Hasta el año pasado, cuando se estrelló su avión y mantuvo una relación con Jessica, tenía fama de ser un auténtico playboy. —Debe de haber disfrutado de su libertad. Nº Paginas 48-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Muchos hombres lo hacen —desvió su escrutinio a Sam, incapaz de abstenerse de mezclar el pasado con el presente—. Seguramente, por eso se fue, para poder vivir la vida que había planeado —«como tú», añadió en silencio. —¿Por qué piensas eso? —preguntó Sam—. He oído que tuvo que marcharse. Tenía obligaciones que atender. Intentó ponerse en contacto con Jessica, pero ella ya no estaba en el rancho. Cuando envió a alguien en su busca, ya era demasiado tarde. —Si realmente la quería, ¿por qué no intentó encontrarla antes? —lo desafió —. Si lo hubiera hecho, quizá no habría sido demasiado tarde.


—Me pregunto por qué Jessica no se puso en contacto con él cuando descubrió que estaba embarazada —dijo Sam—. Debería haberlo hecho. Él tenía derecho a saberlo. —Discrepo. La dejó afrontando sola la situación. ¿Por qué tendría ella que contárselo? —Aun así, él tenía derecho a saber que iba a ser padre. Si lo hubiera sabido… —¿Qué? ¿Habría vuelto a buscarla? ¿Habría renunciado a sus obligaciones sólo por el bebé? —Bueno… sí. Kate se estiró para mirar a Sam a los ojos y habló en un áspero susurro: —Ninguna relación debería basarse sólo en la existencia de un hijo. Jessica debió de comprender que estaba mejor sin un hombre que no la amaba. Podía criar a su hijo sola y darle amor suficiente por los dos en lugar de hacer desgraciado a todo el mundo forzando un matrimonio con un hombre que no tenía pensado sentar la cabeza. Tomó la decisión correcta, estoy segura. Sam lanzó una mirada al otro lado de la habitación y después miró a Kate con cautela. —Jessica está muerta, Kate. Nunca sabremos lo que ocurrió realmente entre


Lucas y ella. ¿Por qué estamos siquiera manteniendo esta conversación? Kate se obligó a inspirar hondo para serenarse. No podía contarle la verdad. No podía revelarle que habían estado hablando de su propio pasado. Había demasiados asuntos sin resolver entre ellos, y no era el momento de abordarlos. Sólo así podrían seguir adelante con la misión. —Lo siento —dijo—. Tienes razón. La vida personal del príncipe no es asunto nuestro. No tengo derecho a juzgarlo. Sam le pasó los nudillos por la mejilla. —Ya veo que estás contrariada, Kate. Ella quería cerrar los ojos y buscar su caricia. Pero era una locura. Precisamente estaba contrariada por culpa de Sam. —Es una situación trágica, nada más —inclinó la cabeza para romper el contacto—. Me… Me he exaltado un poco. Nº Paginas 49-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Siempre has sido una mujer apasionada —Sam bajó la mano al costado—. De hondas emociones. Ésa es una de las cosas que… —Teniente Coburn, teniente Mulvaney —los saludó el rey Marcus, acercándose—. Siento haberlos hecho esperar. No sabía que habían llegado.


Kate inspiró hondo de nuevo para controlar sus emociones. ¿Qué había estado a punto de decir Sam? En parte, quería saberlo, pero también agradecía la interrupción. —Hemos organizado una pequeña celebración —dijo el rey—. Como ustedes nos han ayudado a encontrarlo, pensé que debía incluirlos. El bebé Luke fue dado de alta ayer del hospital. Está sano como una manzana. —Eso es estupendo —dijo Sam. El rey Marcus rió entre dientes y volvió la cabeza. —No necesitamos un especialista para saber que los pulmones le funcionan perfectamente. La reina Gwendolyn alargó las manos para levantar al bebé de los brazos de su hijo. —Le dolerá la tripita de haber comido muy deprisa —dijo—. A ti te pasaba lo mismo —se llevó al bebé al hombro y le puso los dedos en la espalda—. Hay que frotarlo aquí. Eso lo ayudará a expulsar el aire. Lucas se hizo más surcos en el pelo con los dedos. —Hoy voy a entrevistar a varias enfermeras. Me aseguraré de que Luke tenga la mejor.


—Es una monada, ¿verdad? —Una joven menuda se abrió paso entre Lucas y se colocó junto a la reina. Le brillaban los ojos cuando alargó la mano para acariciar el mentón del bebé—. Clavadito a mi hermano mayor. —El parecido sigue sorprendiéndome, Anna —dijo la reina Gwendolyn—. Salvo por su sonrisita dulce, es la viva imagen de Lucas. El bebé levantó la cabeza, miró alrededor y profirió un sonoro eructo. Su llanto cesó de inmediato. Se produjo un coro de risas y exclamaciones. Anna le quitó el bebé a su madre y lo arrulló con deleite. Dirigió una cálida sonrisa a un hombre alto de pelo cobrizo que estaba apoyado en la parte posterior del sofá. —¿Estás listo para uno de éstos, Tyler? —Tanto como tú, cariño —sonrió. Se produjo otra ronda de carcajadas. Era evidente por la leve curvatura del estómago de Anna que no tardaría en nacer otro bebé real. Lucas se apartó del grupo con la sonrisa impregnada de tristeza. Avistó a Sam y a Kate y se acercó a ellos. Nº Paginas 50-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Teniente Mulvaney —dijo, y extendió la mano—. Siento no haber podido


darle las gracias hace una semana. Estoy en deuda con usted por haber cuidado de mi hijo. Kate se sorprendió por la firmeza del apretón. Para ser un playboy real, gozaba de excelente forma física. —Sólo estaba cumpliendo con mi deber, Alteza. Aparecí en el lugar apropiado en el momento apropiado. Me alegro de que su hijo esté sano. —Sí, tiene un peso casi normal, y buen apetito —Lucas volvió la cabeza para mirar al bebé—. Está bien, teniendo en cuenta lo ocurrido. —Eso es maravilloso. —Sólo desearía… —Lucas contrajo la mandíbula para contener el resto de sus palabras y dejó la frase inacabada. Cuando se volvió una vez más hacia Sam y Kate, todo rastro de sonrisa había desaparecido—. Mi cuñado, Tyler Ramsey, está aconsejando a la policía en la búsqueda por tierra de Ursula Chambers, y nos ha mantenido informado de los progresos. ¿Qué tal va la búsqueda por la costa? Sam habló, dando tanto al rey como al príncipe un informe de las medidas que habían tomado para asegurarse de que la fugitiva no se escapara de Montebello por mar. Kate añadió unos cuantos detalles, deseando poder darles mejores noticias.


Cuando terminaron, se produjo un breve silencio. Para alivio de ella, el rey pareció quedarse satisfecho con sus esfuerzos y les dio unas palabras de aliento antes de reunirse de nuevo con su familia. Lucas permaneció donde estaba. Dirigió su penetrante mirada azul primero a Kate y luego a Sam. Cuando habló, su voz resonó con la autoridad que había heredado de generaciones de monarcas. —Quiero que la encuentren. —Haremos lo que podamos, Alteza —empezó a decir Sam. —Mató a mi primo —dijo Lucas—, y a la madre de mi hijo. Quería usar a mi hijo para enriquecerse. De no ser por Ursula Chambers, habría visto a la mujer que amo sosteniendo la vida que hemos creado. Era inequívoca la mirada de pesar del príncipe. Cualesquiera que hubiesen sido las diferencias entre Lucas y Jessica, Kate no debía proyectar su experiencia sobre ellos. Su historia con Sam era diferente. Y era evidente que Lucas estaba sufriendo. —Encuentren a Chambers —dijo Lucas—. Quiero que la atrapen como sea. Sam inclinó la cabeza. —Entendido. —No puedo recuperar a Jessie —añadió Lucas—. Pero, por lo menos, quiero que se haga justicia. ***


Nº Paginas 51-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Ursula tomó un sorbo de refresco sin apartar la mirada de las enormes verjas de hierro forjado del otro lado de la plaza. Se abrieron de par en par para dar paso a un vehículo negro. En su interior viajaban una mujer de pelo cobrizo y un hombre apuesto y corpulento, oficiales de la Marina, a juzgar por sus uniformes. Ursula sintió una punzada de envidia. Debería ser ella quien viajara en un coche con chófer, en lugar de estar espiando las verjas del palacio en aquella terraza. Espantó una abeja con impaciencia. La situación se volvía intolerable. Había transcurrido toda una semana y no habían reducido las medidas de seguridad del aeropuerto y de la línea de ferrys. ¿Acaso los montebellanos no tenían nada mejor que hacer? ¿Por qué la estaban persiguiendo? Pero ésa era la historia de su vida, ¿no? Nunca tenía un respiro. Debía luchar por todo lo que poseía, para que luego alguien le arrebatara el éxito. Si ese estúpido crío hubiera aparecido con su barco a la hora debida, ya estaría libre y lejos de allí. Pero no, tenía que naufragar, el muy idiota. Menos mal que había estado observando el mar desde el risco y lo había visto volcar; de lo contrario, habría desperdiciado toda la noche esperándolo. Una figura rechoncha y barbuda franqueó la verja. Ursula lo escrutó hasta


que estuvo lo bastante cerca para distinguirlo con claridad. En cuanto reconoció el pelo negro y los rasgos carnosos, se colgó el bolso del hombro y se abrió paso entre las mesas hasta la plaza adoquinada. Ya iba siendo hora. Llevaba un buen rato esperando a que él terminara su turno. —Edwardo —lo llamó. Edwardo Scarpa levantó la cabeza y miró alrededor. —Aquí —Ursula se detuvo cerca de la entrada de un callejón en sombra y lo llamó con un chasquido de dedos. El hombre se alisó el pelo y empezó a sonreír mientras se acercaba. —Caramba. Hola, preciosa dama. ¿En qué puedo ayudarte? No la reconocía, comprendió Ursula. Había sido una decisión inteligente cortarse la melena hasta la barbilla y teñírsela de negro. El sombrero y las gafas de sol le hacían un buen servicio, sobre todo, con hombres que no miraban por encima del escote. Y Edwardo nunca había sido sutil en ningún sentido. Ya lo había manipulado antes. Un poco de dinero, un poco de persuasión femenina, y el hombre se había mostrado ansioso por ayudarla. Se quitó las gafas de sol y se las guardó en el bolso. —Edwardo, soy yo. El guardia perdió la sonrisa y se quedó boquiabierto. —¡Tú! ¿Qué estás haciendo aquí?


—Esperarte, amor —Ursula sonrió y se acercó para deslizar la mano por su pecho—. ¿No te alegras de verme? Nº Paginas 52-143 https://www.facebook.com/novelasgratis La sujetó por la muñeca y la arrastró por el callejón hasta que quedaron ocultos de la plaza por una escalera de incendios. Miró rápidamente alrededor antes de hablar. —¿No sabes que todo el mundo anda buscándote? ¿La tomaba por idiota? ¿Por qué si no iba a estar disfrazada? Hizo pucheros. —No es más que un terrible malentendido. —Te buscan por asesinato. Toda la familia real quiere tu cabeza. Se llevó la mano por encima del pecho, abriendo los dedos para llamar la atención sobre sus curvas. —Lo sé, es terrible. Por eso tengo que irme a casa. Puedes ayudarme, ¿verdad? —¿Qué? ¿Ayudarte? —Tengo que salir de Montebello. Estoy segura de que un hombre tan importante como tú podría encontrarme un barco. —Ni hablar. No pienso arriesgar…


—Por favor, Edwardo —volvió a deslizar los dedos por el tórax de Scarpa. En aquella ocasión, se aferró a su camisa para que no pudiera librarse de ella fácilmente—. Hay algo muy especial entre nosotros. Siempre lo he sentido así, ¿tú no? El hombre volvió la cabeza, claramente nervioso. Ursula bajó la otra mano al cinturón y deslizó los dedos por detrás. Sin dinero con que sobornarlo, sólo le quedaba una opción. —Vamos a algún lugar privado donde podamos ponernos… más cómodos, ¿mmm? Edwardo vaciló un momento, con la mirada desenfocada. Pero luego frunció el ceño y movió la cabeza. —No puedo ayudarte, Ursula. Si alguien se enterara, perdería mi empleo, quizá hasta iría a la cárcel. —No te pasará nada. Lo único que te pido es que me busques un barco — movió los dedos—. Te recompensaré. Edwardo se apartó con aspereza de sus dedos. —No. Lo siento, no puedo ayudarte.


—Ya lo hiciste antes. —Eso era diferente. —Me ayudaste a entrar en palacio. También aquella vez estabas arriesgando tu empleo —entornó los ojos—. ¿Sabes?, si alguien descubriera que te soborné, te meterías en un buen lío. —No se lo dirás a nadie. Te buscan por asesinato. Sé que mataste al sobrino del rey. Lo viste ese día. Nº Paginas 53-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Y quién me dejó entrar en la casa de Desmond, Edwardo? —No sabía que pretendías matarlo. —Da igual lo que pensaras. Si a mí me detienen por asesinato, a ti te detendrán por cómplice. —Tú no… —Si yo me hundo, tú también, señor guardia de palacio —vio cómo el aprieto en que estaba se reflejaba en su rostro. Bien. No tendría que seducirlo. Era mejor chantajearlo para que la ayudara. De hecho, resultaba mucho más excitante ejercer


control sobre un hombre de aquella manera. Sonrió, disfrutando de la sensación de poder—. Así que, dime, Edwardo —lo tomó del brazo—. ¿Cuándo me tendrás listo ese barco? Nº Paginas 54-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 7 —Dos barcos de pesca y un yate de veintiún metros de eslora —dijo Sam mientras subía del camarote a la cubierta del balandro—. El sector C tiene ajetreo. —¿Contamos con suficiente personal para seguirlos? —inquirió Kate. —Sí. Disponemos de cuatro embarcaciones en la zona. Nos mantendrán informados. Aquella mañana, cuando Sam había sugerido que dirigieran la red de vigilancia in situ, Kate se había apresurado a acceder. Profesionalmente, era buena idea, aunque estaba causando estragos en su paz mental. Ya le resultaba bastante difícil no fijarse en Sam cuando trabajaban juntos en la base. ¿No se había parado a pensar en lo complicado que sería estando solos en un velero? ¿No se daba cuenta de que navegar con Sam evocaría recuerdos de su vida en común hacía cinco años, cuando surcaban otro mar en otro barco?


¿Sería una de las razones por las que Sam había sugerido aquello? Había preguntas que era mejor no contestarlas. —Sam, ¿crees que esto está funcionando? —¿El qué? ¿La búsqueda? —Sí. Quizá nos hubiese ido mejor organizando una patrulla convencional. Ya han pasado nueve días. Sam advirtió que Kate se pasaba el dedo por el minúsculo colgante. Aunque no hubiera detectado la tensión de su voz, el gesto la habría delatado. Solía toquetear el colgante cuando estaba alterada. —Ya descartamos eso —dijo—. No teníamos acceso a suficientes embarcaciones de la Marina para cubrir la costa, y no queríamos que Chambers se asustara y se escondiera. Dale una oportunidad, Kate. Nuestra estrategia es buena. —Claro, pero… —Pero nuestra visita al palacio ha convertido la misión en algo más personal, ¿verdad? —Sí. Ojalá hubiéramos visto al rey en su despacho en lugar de formar parte de una celebración familiar. —Son bastante amables, para ser de sangre azul. Creo que fue beneficioso


que recordáramos por qué estamos haciendo esto. Ella bajó la mano y suspiró. —Sé lo que quieres decir. No puedo olvidar la expresión del rostro de Lucas. Sam tampoco podía. Aunque Lucas era terriblemente rico y estaba destinado a gobernar aquella isla próspera y pintoresca, cualquiera podía ver que no era un hombre feliz. Nº Paginas 55-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Ése era el problema con el amor, pensó Sam. Cuando uno le entregaba su corazón a una mujer, se quedaba completamente vulnerable. Aceptó el timón de manos de Kate y observó cómo ella se alejaba hacia la proa. Se movía ágilmente, sin esfuerzo, para compensar el balanceo de la cubierta. Era un día cálido, así que se había puesto unos pantalones cortos holgados y una modesta camiseta de tirantes. Sam sabía que su atuendo no era más que un camuflaje para hacerse pasar por turistas, que en realidad estaban cumpliendo con su deber, pero le estaba costando trabajo arrancar la mirada de sus piernas. Siempre había tenido unas piernas fabulosas, largas, bronceadas y firmes, pero


en aquellos momentos le resultaban más atractivas que nunca. Quizá fuera por todo el jogging que hacía. O quizá fuera porque se estaba volviendo loco poco a poco mirando sin poder tocar. Daba igual lo que ella dijera o cuántas veces se refugiara en su deber; la química de hacía cinco años seguía vigente. Y, a pesar de la oposición de Kate y de las exigencias de su misión, se fortalecía con cada día que pasaban juntos. Podía cambiarse el corte de pelo y la actitud, pero seguía siendo su Kate. —¡Mira ahí! —gritó, señalando a babor—. Hay algo oscuro cerca de la orilla. Sam sacó los prismáticos de las taquillas contiguas al timón y observó el área que Kate había señalado. —Lo veo. —¿Han informado de algo hoy en este sector? —De un barco de recreo blanco que se desplaza hacia el sudeste de nuestra posición. —Entonces, eso no puede ser —pasó por debajo de la botavara y trepó al techo del camarote para ver mejor—. Si es una embarcación, es muy pequeña. —Perfecta para acercarse y recoger un pasajero. —Será mejor que echemos un vistazo —Kate saltó a la cubierta delantera y Sam giró el timón. El balandro respondió rápidamente, y la proa empezó a surcar


las olas en dirección a la costa. Perdieron de vista el objeto fugazmente mientras combatían el viento. Sam fijó el rumbo hacia un saliente en el que se estrellaban las olas. Contaba con que los riscos bloquearían el viento y las aguas serían más tranquilas cerca de la orilla. Acertó. En cuanto se alejaron del saliente, el viento cesó y las olas se redujeron a ondas tranquilas. —¿Puedes verlo? —gritó Sam. Kate recorrió la orilla con los prismáticos. —Sí, no es un barco, sino una especie de zona oscura en el risco. —¿Zona oscura? —Creo que es una cueva, Sam. Justo en la orilla del mar. —¿Una cueva? ¿Cómo de grande? Nº Paginas 56-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Lo bastante para esconder una embarcación pequeña. —Transmite por radio nuestra posición. Nos acercaremos a verla en el bote de remos. Diez minutos después, con el balandro anclado en la cala, ya habían bajado el pequeño bote de madera que hacía las veces de bote salvavidas. Sam le pasó a Kate el arma de mano que había llevado consigo; después, tomó los remos y se dispuso a


remar hacia la orilla. Ella contempló el arma con las cejas enarcadas. —¿Me confías tu pistola? —¿Por qué no? Sabes cómo usarla, ¿no? —Por supuesto. —Tengo las manos ocupadas —dijo, señalando los remos—. Si surgen problemas, no podré reaccionar tan rápidamente como tú. —Gracias por el voto de confianza. Estaba haciéndolo otra vez, pensó Sam. Seguía sorprendiéndose de que él no se comportara como un machista. ¿Tan pobre era la opinión que se había formado de él? ¿O le había ocurrido algo en los últimos cinco años que la hacía recelar de los hombres en general? —Sam, mira —dijo Kate con un suspiro de placer. Sam soltó los remos y volvió la cabeza. Habían llegado a la entrada de la cueva. Se arqueaba por encima de sus cabezas, hasta una altura superior a una persona. Esculpida por el mar en la misma piedra pálida que el risco, las paredes descendían airosamente hasta los guijarros redondeados próximos al agua. La luz del sol se reflejaba en la arena de debajo, iluminando toda la cueva con un resplandor verde azulado casi sobrenatural.


—Es hermosa —murmuró Kate. —Sí —se volvió hacia ella a tiempo de ver la sonrisa que se extendía sobre su rostro—. Hermosa. —Me extraña que no figure en los mapas turísticos. —Tanto mejor. —Te entiendo. Detestaría verla llena de turistas. Sam remó con suavidad y los guió a través de la abertura. Al salir de la luz del sol, el aire los envolvió con un fresco abrazo. El agua que chorreaba de los remos resonaba en las piedras que habían sido pulidas por eones de mareas. —Es igual de grandiosa que el palacio real, pero de otra forma. —Cuesta creer que las fuerzas destructivas del mar puedan crear algo tan apacible como esto. Es como una catedral natural. Nº Paginas 57-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Qué forma más perfecta de describirla. Es uno de esos lugares en los que uno quiere susurrar —dejó la pistola en el asiento, junto a ella—. Dudo que vaya a necesitar esto. —Hace unos siglos, la habrías necesitado. Apuesto a que éste era un escondite


perfecto para los piratas. La risa de Kate tintineó en la caverna. —¿Piratas? Sam, eso te habría gustado, ¿verdad? Afianzando los remos, apoyó los antebrazos en las rodillas para inclinarse hacia ella. Sabía que debían volver al balandro; ya habían averiguado que la cueva estaba vacía, pero hacía demasiado tiempo que no la oía reír. Unos minutos más no harían daño. —¿Por qué? —Te imagino empuñando una espada en una mano y un catalejo en la otra y recorriendo los siete mares para atrapar a un infame capitán pirata. —¿Qué te hace pensar que habría sido uno de los buenos? —Vamos… Siempre has querido hacer lo correcto. Es tu forma de ser. Sam, el marine noble y responsable. —Suena aburrido. —Dudo que tu vida como SEAL pueda describirse como aburrida. Recuerdo lo ansioso que estabas por realizar tu primera misión de adiestramiento en el Pacífico Sur —sonrió—. ¿Fue la aventura que esperabas? —En realidad, no. Aparte de nadar por un pantano infestado de mosquitos con


mi equipo… —hizo una pausa, conmocionado por lo que Kate había dicho—. Sabes lo de mi primera misión. Entonces, leíste mi carta. La sonrisa de Kate se evaporó. Desvió la mirada a la franja de luz de la entrada de la caverna. —Deberíamos volver al barco. —¿Por qué no respondiste? —Sam… —Y me devolviste las demás cartas. ¿Por qué, Kate? —Es lo que acordamos. Debería dejarlo estar, pensó. Debería aceptar las cosas como estaban y cumplir con su deber. ¿Por qué seguía aferrándose al pasado cuando ella había dejado claro que había quedado atrás? Pero de eso se trataba. El pasado no había quedado atrás, por mucho que ella intentara aparentar lo contrario. Sam tomó las manos de Kate y las envolvió con firmeza con las suyas. —¿Tan terrible era, Kate? Nº Paginas 58-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿El qué?


—¿Tan terrible es el recuerdo de lo que compartimos? ¿Soy el único que pensaba que había algo especial? Ella intentó desasirse pero él la aferró, entrelazando sus dedos con los de ella. —No —dijo Kate—. No tiene sentido… —Necesito saberlo, Kate. ¿Soy el único al que se le acelera el corazón cuando nos miramos a los ojos? ¿Nunca sueñas con chapuzones a la luz de la luna ni con hacer el amor sobre la arena tibia? —Por favor, Sam. No quiero… —¿Qué es lo que no quieres? ¿Recordar? Kate contrajo las facciones. —Sí, eso es. No quiero recordar. Sam se llevó las manos de Kate a los labios. Sosteniendo su mirada, le plantó un beso lento en cada uno de sus nudillos. —No fue malo, Kate —murmuró—. Fue mágico. A ella le temblaron los labios. —Sam… —Recuerdo la noche en que nos conocimos. Tú llevabas una blusa sin mangas del color de tus ojos y una falda de flores que me hacía pensar en la risa. Pero


¿sabes qué me llamó la atención? Ella negó con la cabeza. —Tus pies. —¿Mis… pies? —Estabas descalza. —Porque estaba paseando por la playa. —Y cuando te vi cerrar los dedos de los pies sobre la arena para sentirla, me dije: He ahí una mujer apasionada —apoyó la barbilla en sus dedos entrelazados y sonrió—. No tardaste mucho en demostrarme que tenía razón. ¿Recuerdas la primera vez que nos besamos? Kate guardaba silencio, con la vista puesta en los labios de Sam. —Habíamos oído la música del saxofón desde la playa y la seguimos hasta ese club. En lo único que pensaba mientras bailábamos en la pista era en saborear tu sonrisa. Ni siquiera me di cuenta de que había terminado la música —rió con suavidad—. Todavía seguiríamos allí de pie si tú no me hubieras besado. Kate miraba fijamente la boca de Sam, tratando de bloquear los recuerdos, pero le llegaban de todas formas. Recordaba cada detalle de esa noche. Jamás había hecho nada tan osado antes, pero el lamento ronco del saxofón y el


contacto del cuerpo de Nº Paginas 59-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Sam moviéndose al compás de su cuerpo le habían resultado tan seductores que no pudo resistirse a ponerse de puntillas y a acercar su cabeza a la de él. Se habían conocido hacía apenas unas horas, pero se besaron como si se conocieran de toda la vida. La fuerza del beso los abrumó a los dos. Ni siquiera se les había ocurrido que lo que estaban haciendo era rápido o temerario. No habían podido parar. Sam tenía razón. Había sido mágico. Pero había terminado. Había desaparecido. Su relación estaba tan muerta como su bebé. Se estremeció cuando los buenos recuerdos fueron apartados por los malos. Arrancó las manos de las de él antes de que llegara la inevitable oleada de dolor. El pequeño bote se balanceó con el brusco movimiento de Kate. Ésta alargó los brazos para no caer hacia atrás. Sam la atrapó antes de que pudiera caerse por la borda, pero cuando sus manos se cerraron en torno a los hombros de Kate, el pulgar quedó enganchado en la delicada cadena de oro que le circundaba el cuello. Kate sintió un fuerte tirón durante una fracción de segundo antes de oír el


chasquido, y oyó un tenue chapoteo. Intentó volverse. —Tranquila —dijo Sam, y pasó a sujetarla por los antebrazos. Kate se desasió y se aferró a la borda para mirar por encima. —Dios mío. A la luz verde azulada del sol en el agua, Kate creyó ver un destello dorado. Se abalanzó hacia delante y hundió el brazo en el agua lo más que pudo, pero fue incapaz de atrapar la cadena a tiempo. Unos brazos fuertes le rodearon la cintura. Un momento después, Sam la apretó contra su pecho. —Tranquila, Kate. No hace falta que saltes por la borda para alejarte de mí. —¿Qué? —Si estoy completamente equivocado, dímelo y… —No, Sam. No lo entiendes —inclinó la cabeza para mirarlo—. He perdido mi cadena. Debió de romperse cuando me sujetaste. Sam frunció las cejas y le miró el cuello. —¿Te refieres a esa cadena de oro con la pequeña mariposa que llevas siempre? —Sí, yo… —la conmocionaba que la describiera con tanta naturalidad—. No


sabía que te hubieras fijado. —Me fijo en todo lo tuyo —le tocó el cuello con los dedos—. Veo la línea que la cadena ha dejado en tu piel. Maldita sea. Lo siento, Kate. Por increíble que pareciera, Kate sintió lágrimas en los ojos. —No es culpa tuya. La cadena era fina. Se habría roto fácilmente. Nº Paginas 60-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Te compraré otra cuando lleguemos a San Sebastian. Hay una joyería cerca del palacio. Ella negó con la cabeza. ¿Cómo podía explicar que era irremplazable? ¿Qué haría Sam si le contara por qué era tan importante para ella? —Si no tienen una mariposa que te guste, encargaré que te hagan otra, ¿de acuerdo? —Deslizó los dedos de la garganta a la mejilla de Kate—. Déjame que te compense. Por favor. «¿Compensarme?», pensó ella con frenesí. ¿Cómo podía compensar la pérdida de su hijo? —Olvídalo, Sam. Se ha perdido —como nuestro pasado, pensó. «Como nuestro bebé».


Sam le tocó el pómulo y atrapó una lágrima. —Lo siento, Kate. Debía de significar mucho para ti. Sí, el colgante había significado mucho. La había ayudado a centrar su dolor. También había sido un recordatorio de lo destructivo que podía ser el amor. Pero no había sido amor. No, su relación con Sam se había basado en el sexo, nada más. Pero la estaba tocando con ternura, dispuesto a consolarla por algo que ni siquiera comprendía. ¿Podría haberse equivocado al no darle una oportunidad? No. Ya había pasado antes por aquello No pensaba sucumbir por segunda vez a la atracción. Se apartó y regresó a su asiento en la popa. —Será mejor que regresemos. Sam no tomó los remos. En cambio, se descalzó y se quitó la camiseta. —¿Qué haces? —preguntó Kate. —Ir a la caza de tesoros —vestido únicamente con unos vaqueros cortados, apoyó las manos en el asiento y pasó las piernas por encima de la borda—. Inclínate hacia atrás para que no volquemos. Ella se movió automáticamente para equilibrar el bote. —Sam, ¿no pensarás zambullirte para buscarlo? No encontrarás un colgante tan pequeño con esta luz. Yo ni siquiera veo el fondo.


—Merece la pena intentarlo —se llevó los dedos a la frente a modo de despedida—. No te vayas muy lejos, ¿vale? —¡Sam! Con un movimiento demasiado rápido para ser frenado, movió las caderas, arqueó el cuerpo y se dejó caer en el agua. —¡Sam, idiota! —gritó Kate. Se esforzó por equilibrar el bote; después, se inclinó por encima de la borda todo lo que pudo. Nº Paginas 61-143 https://www.facebook.com/novelasgratis La superficie se rompió allí por donde se había sumergido. Cuando las ondas se aclararon, Kate vio que se había dado la vuelta y que buceaba hacia el fondo. Se secó las lágrimas y pestañeó con fuerza, intentando no perderlo de vista. Las ondas de luz reflejada se movían por su cuerpo, debilitándose progresivamente hasta que, al final, se fundió en la oscuridad que lo rodeaba y desapareció. —Sam, idiota —repitió, en aquella ocasión en un susurro. ¿Qué clase de hombre saltaría por la borda en una cueva solamente para recuperar un colgante? Estaban cumpliendo una misión, por el amor de Dios. No debería estar perdiendo el tiempo


con un asunto tan personal como aquél. Era una temeridad. También era una muestra de atención. ¿Sam atento? Se reiría si se lo dijera. Era un SEAL duro de pelar. Ansiaba la emoción, la aventura, la libertad. Kate suspiró y miró a su alrededor. Sin la presencia de Sam, la caverna parecía perder grandiosidad. Era como tantas otras experiencias que habían vivido juntos. Después de la primera noche, Kate no había podido escuchar la música del saxofón sin pensar en él y en el baile que habían compartido. Y en ese primer beso. El recuerdo regresó. Se acorazó contra el dolor que seguiría pero, en aquella ocasión, no llegó. Recordaba el placer. Y la atracción que había chispeado entre ellos. Sam no había sido atento entonces, sino ardiente, duro y sexy… arrebatador. Oyó un chapoteo a su espalda. Giró en redondo y vio la cabeza de Sam aflorando en la superficie a diez metros de distancia. Empuñó los remos e impulsó el bote hacia él. Sam inspiraba hondo con la cabeza inclinada hacia atrás al tiempo que se mantenía a flote. —Lo siento. No lo he visto. —No importa, Sam —dijo.


—Hay corrientes extrañas cerca del fondo. Debe de haberse alejado cuando se hundía —se volvió, inspiró hondo y, apretando los brazos contra los costados, volvió a sumergirse en el agua. —¡Sam! Cómo no, hizo caso omiso de sus protestas. Así era él, terco y decidido a salirse con la suya. Sólo que, en aquella ocasión, Kate no veía nada malo en eso. Quizá no fueran cualidades tan terribles en un hombre. Quizá su relación habría funcionado si le hubiera dado una oportunidad… Dios, no. No podía pensar así. Se debía a la misión. Estaban juntos todo el día, era natural que reaparecieran los viejos sentimientos. En cuanto completaran la misión, se irían cada uno por su lado y todo volvería a la normalidad. Nº Paginas 62-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Sam sacó la cabeza y se sumergió dos veces más, acercándose progresivamente a la entrada de la cueva. Kate lo siguió con el bote de remos hasta que, finalmente, Sam apareció justo a su lado. —Sam, ya basta —dijo antes de que pudiera volver a sumergirse—. Sube al


bote. Sam movió la cabeza rápidamente para sacudirse el agua del pelo; después, sonrió y le lanzó algo brillante. Kate lo atrapó en el aire. No era el colgante, sino un disco plano, de unos cinco centímetros de diámetro, con la forma de… —¡Una moneda! —Sí. Ya te dije que aquí debió de haber piratas. —Dios mío —frotó la moneda contra la camisa y la estudió con más atención —. Es de oro. —En efecto. Por eso no se ha corroído. —Casi parece… —movió la cabeza—. Sólo he visto imágenes, pero no podría ser un doblón español. Aquí, no. —¿Por qué no? Los doblones eran moneda corriente en el siglo diecisiete, y esta zona siempre ha sido una importante ruta de comercio. —Pero las probabilidades de encontrar esto… —Son muy pocas, pero no es imposible —dijo Sam—. Como te dije, hay corrientes peculiares cerca del fondo. Habrán movido la arena y dejado al descubierto la moneda, para luego enterrarla otra vez mañana. —Imagino.


—Seguramente, hay más. Podría bajar a echar un vistazo… —No te atrevas a sumergirte otra vez. Movía los pies ociosamente para mantenerse erguido en el agua. La mirada le brillaba como el oro en la palma de la mano de Kate. —¿Por qué no? «Porque me preocupas», pensó Kate. «Porque te quiero a mi lado… aunque no te quiera a mi lado». —Porque nuestra misión no incluye una operación de recuperación de objetos —contestó—. Comunicaremos al museo montebellano nuestro hallazgo y ellos seguirán adelante con esto. —¿Qué ha sido de tu sentido de la aventura? —Eres tú quien siempre ha de pasar a la próxima aventura, no yo —dijo en un tono más áspero del pretendido. La sonrisa de Sam desapareció. —Siento haberte contrariado antes, Kate. —No pasa nada. Olvidémoslo, ¿de acuerdo? Nº Paginas 63-143 https://www.facebook.com/novelasgratis


—No, no podemos olvidarlo. De eso se trata. Hemos estado intentando comportarnos como si el pasado no hubiera ocurrido y no está funcionando. Sam tenía razón, pensó. No estaba funcionando. Pero eso sólo significaba que debía intentarlo con más fuerza. —Estamos cumpliendo una misión. No creo que sea el momento de conversar, Sam. —Entonces, ¿cuál es? —¿Quiere subir al bote, teniente? La observó en silencio un momento antes de pasar las manos por encima de la borda. Una vez en el bote, Sam se escurrió el agua del pecho y de los brazos con las palmas de las manos, completamente ajeno a su semidesnudez. Sin decir nada más, tomó los remos, hizo girar el bote para salir de la cueva y remó hasta el balandro anclado. En cuanto afianzaron el bote en la popa, Kate echó a andar hacia la cabina. Pero antes de poder llegar al timón, Sam la detuvo poniéndole la mano en el brazo. —Espera —dijo. —Tengo que comunicar nuestra posición por radio —repuso Kate casi con


desesperación. Necesitaba establecer cierta distancia entre ellos. Debía concentrarse para mantener los recuerdos, y las dudas, a raya. Debían regresar a la base antes de poder rescatar cosas que estaban mejor enterradas. —Sólo será un minuto —Sam la sujetó por los hombros y la hizo darle la espalda. Kate oyó el clic de un automático y el ruido de una cremallera. —¡Sam! ¿Qué haces? —Intento meterme la mano en el bolsillo —gruñó—. El vaquero mojado es como pegamento. No podía meter la mano sin bajarme la bragueta, y no quería hacerlo en el bote para que no intentaras arrojarte al agua. Kate se estaba quedando sin aliento. Él ya estaba medio desnudo y se estaba desabrochando la única prenda que llevaba. Y se encontraba justo detrás de ella, lo bastante cerca para percibir cada movimiento. Cerró los ojos, pero veía claramente el sol reflejándose en la piel húmeda de Sam, los músculos contrayéndose con cada movimiento, lo pálida y delgada que aparecería su propia mano si le acariciara el cuerpo… No. Su relación había terminado hacía tiempo. Podía controlarse. Debía hacerlo. —Ya está. Aguanta un momento —Sam se subió la cremallera. Un momento después, la hizo volverse y extendió la mano. Había una fina cadena de oro descansando entre sus dedos. Una mariposa dorada destellaba en el centro de la palma.


Nº Paginas 64-143 https://www.facebook.com/novelasgratis A Kate le latía con tanta fuerza el corazón que tardó un momento en comprender qué le estaba enseñando. Cuando lo hizo, sintió una oleada de tibieza que no tenía nada que ver con la atracción sexual. —Sam… —alargó la mano para tocar una de las alas de la mariposa—. La has encontrado… —Sí. Siento que se haya roto la cadena, pero creo que tiene arreglo. Ella no podía moverse, cautivada por la imagen de aquella mano grande y fuerte que sostenía el delicado colgante. Se le contrajo la garganta con un repentino nudo de emoción. Aquello era demasiado. El hombre que había creado un bebé con ella, una vida fugaz y preciada, sosteniendo el símbolo de la misma. Sam bajó la cabeza para mirarla a los ojos. —Pensé que te alegrarías. Kate no sabía lo que sentía. En aquellos momentos, estaba demasiado confusa para analizarlo. Cubrió la mano de Sam con la suya y elevó el rostro. —Gracias, Sam. —De nada.


Entonces, con la misma naturalidad con la que tomaría aliento, se puso de puntillas y lo besó. Nº Paginas 65-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 8 Fue como volver a casa, a algo cuyo valor no había apreciado hasta después de perderlo. Sólo que Kate nunca había tenido un hogar de verdad. Había habido una casa adosada en un barrio de las afueras de Miami que su madre había mantenido impecable y decorada con gusto. Su padre había trabajado hasta el infarto para no pasar tiempo en ella. Un hogar debería haber sido cálido y acogedor, pero aquella casa no lo era. El ambiente estaba cargado con la tensión de inminentes discusiones. Finalmente, las discusiones cesaron, porque sus padres habían desistido y ya no se hablaban. Kate había crecido con una ambición: marcharse. Quería dejar atrás aquella casa y aquella vida. Y así, la Marina se había convertido en su familia. Cada vez que hacía las maletas para trasladarse a otra base, se alejaba aún más de aquella casa sin alma y reforzaba su propósito de no vivir atrapada en un matrimonio sin amor, como sus


padres. No, nunca había tenido un hogar. Entonces, ¿por qué el beso de Sam le evocaba esa sensación? Inclinó la cabeza hacia atrás para mirarlo. Él sonrió despacio, con los ojos centelleando de una forma dolorosamente familiar. Apreciada. Dejada atrás. Kate se estremeció. Era el momento de parar. Podía afirmar que el beso no había sido más que un gesto de gratitud. No era demasiado tarde. Podía fingir que… —Otra vez —dijo Sam. —¿Qué? —Lo has vuelto a hacer —deslizó la mano libre por el pelo de Kate, peinándoselo con los dedos—. Un día de éstos, Kate, seré yo el primero en besar. —Pero… —Calla —le puso la mano en la nuca para mantenerla firme al tiempo que bajaba los labios. El deber, la razón, el recuerdo, todo lo lógico y razonable hacía saltar alarmas en su cabeza, pero Kate no quería escucharlas. Cerró los ojos y fue al encuentro de Sam. La única música que se oía era el suave chapoteo de las olas en el casco y el silbido de la brisa en los aparejos, pero Kate creyó oír un saxofón.


La magia no había mermado. Era tan potente en aquellos momentos como hacía cinco años. Por eso Kate había luchado tanto contra ella. Y por eso le resultaba imposible resistirse. Nº Paginas 66-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Los labios de Sam rozaron los de ella con una caricia suave como un suspiro. No aumentó la presión, pero no le dio oportunidad de retirarse. Era una exploración y un recordatorio, y la incitaba a responder. Y Kate respondió. Que el cielo la ayudara, lo hizo. Entreabrió los labios, invitándolo a que profundizara el beso. Sam sabía a sal y a una sed oscura e intensa que no podía saciarse con un beso. Kate notó que contraía la mano en su pelo al tiempo que su lengua acariciaba la de ella, y se balanceó contra él, apretando su cuerpo todo a lo largo contra el de Sam. Él tenía la piel húmeda y los vaqueros empapados. Kate sintió que el agua le impregnaba la camiseta y los pantalones cortos, pero no le importaba. Después de una semana limitándose a mirarlo, por fin lo tocaba. Y no lograba saciarse. ¿Cómo podía haber olvidado lo bien que encajaban? Los ángulos de él contra sus curvas, la fortaleza de su cuerpo contra la suavidad del de ella… Parecían


estar hechos el uno para el otro. El colgante resbaló entre sus manos y cayó sobre la cubierta, olvidado. Kate rodeó a Sam con los brazos, cerrando las palmas en torno a la curva de sus omóplatos y abriendo los dedos como si pudiera absorberlo. ¿Cómo podía haber olvidado lo delicioso que era tocarlo? Tenía la piel ardiente, tensa sobre unos músculos endurecidos por años de misiones peligrosas. Sam ansiaba las aventuras y la libertad, pero a Kate no le importaba. No cuando por fin lo tenía en sus brazos. Sam deslizó los labios al cuello de Kate. Ésta sintió su aliento cálido cuando pronunció su nombre. Elevó la barbilla, saboreando la sensación. —Kate —repitió Sam con voz áspera—. Mi Kate. Otra alarma saltó en su cerebro, pero no podía escuchar. Los labios de él le rozaban la garganta, y sentía hormigueos hasta los dedos de los pies. Tenía la impresión de estar despertándose tras un largo sueño, con el corazón latiéndole con fuerza, la sangre fluyendo como debía. No podía estar mal. Ella cerró los dedos, hundiendo las uñas en la piel de él, aferrándose al tiempo que la cabeza le daba vueltas. Él le acarició el hueco de la base del cuello con la punta de la lengua. Un sonido emergió entre ellos, un suave gemido de anhelo. Kate no se dio cuenta de que lo había emitido ella hasta que notó el fragor que vibró en el pecho de Sam. Éste levantó la cabeza. Se miraron a los ojos sin pestañear.


—Te he echado de menos —se limitó a decir—. Mucho. Aún no era demasiado tarde para parar, pensó Kate vagamente. No la estaba presionando. Y jamás la forzaría. Así era él. Claro y sincero. Responsable. Obstinado. Tierno. Dulce. Kate entreabrió los labios, pero la mentira no salió. —Yo también te he echado de menos, Sam. Nº Paginas 67-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Vio cómo se le contraían los rabillos de los ojos con el comienzo de una sonrisa. Después, bajo la mirada, y la sonrisa se le heló. —Estás mojada. —Me secaré. Hace calor y… —dejó la frase en el aire al mirarse. Se le había humedecido la camiseta de algodón y la prenda, antes modesta, se le adhería a los senos, perfilando claramente los pezones erectos. Vio cómo él introducía la mano entre sus cuerpos y le flaquearon las rodillas. Sam abrió los dedos, sosteniendo la palma a un milímetro de distancia del pezón. «No lo hagas», pensó Kate. «Si me tocas ahora no podremos dar marcha atrás».


A Sam le temblaban los dedos. Su pecho vibró con otro gemido ronco. Kate levantó la vista y lo sorprendió mirándola a la cara. La sonrisa había desaparecido. Los ojos le brillaban con intensidad. Incluso con el sol que se vertía sobre la cubierta sentía ella el calor de su mano. No podía respirar, ansiaba el momento en que él salvaría la brecha. «Sí, sí», gimió en silencio. «Por favor, Sam, si no me tocas ahora…». Sam cerró la mano en torno a su pecho. Kate fue incapaz de contener el suave gemido de placer. Había pasado tanto tiempo… Había olvidado lo maravilloso que era aquello. No, no lo había olvidado. Había decidido no recordarlo. Él le acarició el pezón con la palma de la mano. La suave fricción de la camiseta mojada sobre la carne sensible hizo que se distendiera más. Kate cerró las manos tras el cuello de Sam, arqueando la espalda y buscando desvergonzadamente la caricia. Sam rodeó su pecho con osadía, levantando, estrujando, volviéndola loca. Con un gemido, se encogió en torno al cuerpo de ella y unió su boca a la de Kate. No había vacilación en el beso. Sam tomó los labios de ella con rápida certidumbre. Hundió la lengua, exigiendo una reacción. Ella se la dio, siguiéndolo caricia a caricia. Anhelos que creía haber extinguido estaban floreciendo. Estaba volviendo a la vida.


Era maravilloso. Glorioso. No entendía por qué se había resistido tanto tiempo. Después, dejó de pensar de golpe y deslizó los dedos por la espalda desnuda de Sam. Sam se movió, separando las piernas y rodeándole la cintura con los brazos mientras la atraía con más firmeza hacia él. La posición hizo que sus caderas entraran en contacto. Bajo la fresca tela húmeda del vaquero, él estaba candente y duro. Kate enganchó el pie tras la pierna de él para mejorar la unión. Sin saber cómo, acabaron tendidos en la cubierta. Tan pronto estaban de pie como tumbados de costado, con las piernas entrelazadas, los pies colgando por los peldaños de la cabina, las manos allá donde podían tocarse. Kate tumbó a Sam de espaldas y trepó sobre él plantándole besos en el pecho. Se detuvo sólo el tiempo justo para sacarse la camiseta por la cabeza y para deshacerse del sujetador antes de caer sobre él con avidez. Nº Paginas 68-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Sam sabía igual que siempre, descubrió, deslizando la lengua por el centro de sus abdominales. Los años habían esculpido su cuerpo hasta la perfección. Tenía unas cuantas cicatrices nuevas, una pequeña cresta de piel blanca a la izquierda del ombligo y otra larga y curva debajo de las costillas. Las besó las


dos y, después, hizo lo mismo con otra herida del costado. Con un sonido que Kate sólo podía describir como un gruñido, Sam la sujetó por los hombros e invirtió sus posiciones, sentándose a horcajadas sobre las caderas de Kate para abalanzarse sobre ella. Fue derecho a la cremallera de los pantalones cortos, y maldijo de forma creativa cuando la cremallera se le atrancó a la mitad. Jadeando, Kate le apartó las manos y se desabrochó ella misma. Sam volvió a maldecir. Kate levantó la vista. Sam no la estaba mirando. Tenía la vista puesta en la cabina. —Teniente Coburn, teniente Mulvaney, ¿me oyen? La voz era débil, apenas audible, con el ruido de la brisa y el suave golpeteo de las olas. Provenía de la radio. Sam se sentó en los talones, y la tela vaquera tibia y húmeda rozó los muslos de Kate. Se frotó la cara con fuerza. Kate inspiró, intentando despejar la neblina de su vista. —Teniente Coburn, teniente Mulvaney, por favor, informen —era el policía que estaba supervisando las comunicaciones desde el puesto de mando. El sargento Chelios. Y, a juzgar por su tono de angustia, no era la primera vez que intentaba


ponerse en contacto con ellos. Sam bajó la cabeza y la miró a los ojos. —Kate… Ella tragó saliva. —Tenemos que contestar. —Lo sé —no hizo ademán de apartarse de ella—. ¿Estás bien? No, no estaba bien. Agonizaba. Temblaba. Su cuerpo exigía completar lo que habían empezado. Lo que habían empezado… De pronto, todo recuperó su nitidez. Una nitidez brutal. ¿Qué habían empezado? —Dios mío —masculló. Sam le rozó la mejilla con los nudillos. —No, Kate. —Casi… Podríamos haber… —no lograba recobrar el aliento—. Dios mío. Nº Paginas 69-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —No lamentes esto, Kate. Estaba destinado a ocurrir. No. —Terminaremos después —Sam se inclinó para darle un rápido beso; después,


se puso en pie y desapareció por los peldaños de la cabina del timón. Pasado un momento, oyó su voz—. Al habla el teniente Coburn. Cambio. Aturdida, Kate se incorporó y buscó la camiseta. Había acabado enganchada en una cornamusa. El sujetador colgaba del timón. Recogió la ropa y escrutó la cala. Por fortuna, no había nadie a la vista, pero no se había parado a pensarlo, ¿verdad? No había pensado en nada más que en saciar la necesidad que Sam había despertado en ella. Se puso el sujetador, pero le temblaban tanto las manos que no podía abrochárselo. Era estúpido. Patético. ¿Cómo podía haber perdido el control de forma tan brutal? Se mordió el labio y se concentró, obligando a sus dedos a funcionar. Era un oficial de la Marina de Estados Unidos. Era una mujer madura y racional. De pronto, no podía ni abrocharse un corchete. Exhalando con fuerza, logró finalmente enganchar el sujetador y se puso la camiseta con fuerza. Todavía estaba mojada y se adhería a sus senos. «Terminaremos esto después». Se peinó el pelo con los dedos. Se lo había cortado para deshacerse de los recuerdos. Y para castigarse. Debería haberlo recordado. En cambio, lo que había recordado era lo bien que Sam podía hacerla sentir. Algo destelló junto a sus pies. Bajó la mirada. Era el colgante.


Con un sollozo, cayó de rodillas. Recogió la cadena y la mariposa gastada de oro y la envolvió en el puño con ánimo protector. Sam le puso la mano en el hombro. —¿Kate? Ella se apartó de sus dedos y le lanzó una mirada furibunda. Tenía los pies desnudos. El automático del vaquero seguía abierto. No se había puesto la camiseta y los ojos todavía le brillaban de deseo. Santo cielo, quería volverlo a besar. Kate sintió una punzada de pánico. Habían estado a punto de hacer el amor a plena luz del día y en horas de servicio. Y por si eso no fuera estupidez suficiente, el sexo no habría tenido lugar con protección. No se le había pasado por la cabeza la anticoncepción. ¿Qué le pasaba? ¿Acaso intentaba destruir su profesión, su vida? ¿Quería que la historia se repitiera? Se puso en pie, cerrando el puño hasta que la mariposa se le clavó en la palma de la mano. —¿Qué pasa? ¿Qué quería el sargento Chelios? Nº Paginas 70-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Sam la miró. Había levantado la barbilla y erigido un muro entre ellos. Pero


tenía los labios hinchados y las mejillas sonrojadas. La camiseta húmeda y torcida, y se había olvidado de subirse la cremallera. Por primera vez en su vida, Sam no quería cumplir con su deber. No quería pensar en su profesión ni en su rango ni en lo que había luchado para llegar tan lejos. Quería tumbar a Kate sobre la cubierta, sentir sus uñas en la espalda y sus piernas en torno a la cintura y… —Sam, ¿hay algún problema? Claro que había un problema. —El barco de recreo que hemos estado siguiendo se mueve de forma errática por este tramo de costa. Nos han pedido que echemos un vistazo. —Levaré el ancla —dijo, y se dispuso a pasar de largo. Él la sujetó por el codo. —Kate, tenemos que hablar. —Ahora no. —Por lo que más quieras, Kate. Por poco hacemos el amor. No puedes comportarte como si no hubiera pasado nada. —No es amor, sino sexo —dijo, mascullando las palabras como si estuviera leyendo una acusación—. Pero no hemos hecho nada. Sigamos. Se quedó mirándola, intentando comprender cómo podía enfriarse tan deprisa. ¿Seguía engañándose? ¿Sería el único cuyo mundo acababa de estremecerse?


No. Sabía lo que ella había sentido. No había hecho aquello solo. Había sido una participante solícita. Diablos, había sido la primera en besarlo. —¿Qué posición tiene el barco de recreo? —preguntó—. Será mejor que utilicemos el motor auxiliar para ir directamente si tenemos el viento en contra. Sam le soltó el brazo. Kate tenía razón, no era el momento de hablar. Levaron el ancla y pusieron rumbo a las últimas coordenadas de las que tenían conocimiento. Tenían el viento a favor, así que llegaron antes con las velas que con el motor auxiliar. Durante el trayecto, Sam sujetaba con fuerza el timón. Kate seguía siendo tan apasionada como siempre… el abrazo que acababan de compartir lo demostraba sin lugar a dudas. Sin embargo, la Kate que había conocido no se habría enfrentado con él tras la interrupción. Habría estado tan ansiosa como él de encontrar la oportunidad de retomar lo que habían dejado. ¿Qué le había pasado? ¿Por qué se había vuelto tan cautelosa? En cinco años podían ocurrir muchas cosas. ¿Habría sufrido por culpa de otro hombre? ¿Por eso había intentado con tanta fuerza contener su verdadera naturaleza? Sam cerró las manos con fuerza en torno al timón al pensar en que otro hombre hubiera tratado mal a su Kate. Imaginar a otro tocándola bastaba para que le


entraran ganas de golpear algo. Nº Paginas 71-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —¡Allí está! —gritó Kate—. A estribor. Sam movió el timón para ajustar el curso del balandro. A los pocos minutos, estaban lo bastante cerca para ver que no tenía los motores encendidos. No había nadie en la cubierta. Iba a la deriva como un enorme juguete de goma blanca, al capricho del viento y de las olas. Kate estudió la embarcación con los prismáticos y después pasó junto a Sam para comunicar por radio las novedades. Cuando salió de la cabina, Sam podía oír el ruido de un motor aproximándose por el noroeste. —Ése debe de ser el contramaestre Thurlow —dijo Kate, señalando la embarcación azul oscura que se estaba aproximando—. El barco de pesca que le han asignado ha estado siguiendo la pista de esta embarcación. He pedido a la avioneta de vigilancia más próxima que pase por aquí. —Parece abandonado —dijo Sam. —Sí. Eso nos da una buena excusa para darles el alto sin destruir nuestra tapadera. Sam asintió y acercó el balandro lo más que pudo.


—¡Ah del barco! Pasaron varios minutos, pero no hubo respuesta. La embarcación de pesca de Thurlow se estaba aproximando. En el horizonte apareció una mancha cada vez mayor. La avioneta de reconocimiento llegaría a los pocos minutos. Kate tocó el silbato del balandro. —¡Ah del barco! —gritó—. ¿Necesitan ayuda? El barco aparentemente abandonado se balanceó, como si se hubiera desplazado el peso de forma repentina cerca de la línea de flotación. Sam tomó la pistola de la taquilla en que la había guardado y se la puso en la cintura, a la espalda. —Kate, cuidado —dijo. Ella lo miró. Era la primera vez que lo miraba a los ojos desde que habían abandonado la cala. Su actitud volvía a ser profesional… a excepción del rubor de las mejillas. —Tú también, Sam. Antes de que él pudiera añadir nada más, volvió a tocar el silbato. Una cara pálida apareció en la ventana del barco de recreo. Sam avistó un pelo alborotado y unos ojos muy abiertos antes de que la cara desapareciera de su vista.


Sam deslizó la mano a la culata de la pistola, dispuesto a usarla al primer indicio de problemas. Unos segundos después, un hombre joven y una mujer bajita y regordeta salieron tropezando del camarote. El hombre sólo llevaba unos bóxers, y la mujer estaba envuelta en una sábana con motivos de flores. Se quedaron boquiabiertos al Nº Paginas 72-143 https://www.facebook.com/novelasgratis ver a Sam y a Kate, desviaron la mirada al barco de pesca y levantaron la vista con asombro a la avioneta que pasaba sobre sus cabezas. Kate se acercó a la proa y habló a la pareja desde allí. —Vimos que estaban a la deriva y no sabíamos si necesitaban ayuda. La pareja se miró a los ojos. Después, el hombre se subió los calzoncillos y movió la cabeza. Poniéndose las manos en torno a los labios, gritó: —No, gracias. No necesitamos ayuda. Creo que ya le estoy tomando el tranquillo. La mujer se puso colorada como un tomate y le hundió el puño en el pecho. Su acompañante se limitó a sonreír y la atrajo a sus brazos. Quienquiera que fuera aquella mujer, no se trataba de Ursula Chambers, pensó Sam de inmediato. Y no hacía falta ser ingeniero aeronáutico para adivinar


por qué el barco estaba a la deriva. Era evidente que Thurlow y la tripulación del barco de pesca habían sacado la misma conclusión. Por la radio, Sam oyó la rápida conversación, seguida de unas fuertes carcajadas. —Es nuestra luna de miel —gritó el hombre, aunque no necesitaba dar explicaciones—. Estábamos, eh… ocupados, y no sabíamos que nos estaban llamando. —No pasa nada —dijo Sam—. Sigan. —Eso pretendo hacer. Lo antes posible —con una sonrisa boba todavía en el rostro, el hombre subió al puente mientras la mujer bajaba al camarote. Los motores del barco se pusieron en marcha con un ruido ronco. Varios minutos después, la embarcación surcaba las olas hacia Montebello. Sam hizo una seña a la tripulación del barco de pesca mientras retomaban su rumbo fijado. No compartía sus risas. De no ser por la interrupción de la radio, Kate y él habrían estado tan ajenos al mundo que los rodeaba como aquella pareja de recién casados. Se volvió hacia Kate. Ésta seguía de pie en la proa, con el cuerpo rígido y los dedos blancos allí donde se aferraba a la barandilla. Ella tampoco reía. Lo miraba con la barbilla levantada, un gesto que Sam empezaba a detestar. Y lo peor de todo era que Kate tenía razón. No deberían haberse besado. ¿Y si no hubieran oído la radio? ¿Y si la llamada no hubiera sido una falsa alarma y


Chambers se hubiera escapado porque Kate y él estaban demasiado ocupados haciendo el amor, o practicando el sexo, o como quisiera llamarlo? ¿Cómo podrían explicárselo al almirante que les había confiado aquella misión, y al rey cuyo sobrino había sido asesinado, y al príncipe doliente que confiaba en que atraparan a la asesina de su amante? Sam apretó los dientes. Muy bien. Seguían cumpliendo una misión, pero, en lo referente a él, los parámetros de la misma habían cambiado. No volvería a tocar a Kate mientras estuvieran de servicio, pero eso no incluía las horas libres. Ya no había marcha atrás para ellos. No lo permitiría. Nº Paginas 73-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 9 Un pie delante del otro. Inspira, espira. Movimientos sencillos, básicos, automáticos. Kate escuchaba el golpeteo de sus zapatillas de deporte sobre los adoquines y el repiqueteo rítmico del pulso, esperando la calma que solía adueñarse de ella a aquellas alturas de la carrera. No sucedió. A pesar de haber trabajado doce horas seguidas en el puesto de mando durante el día y haber forzado el cuerpo casi al límite por la noche, no podía vaciar la mente. No podía dejar atrás aquella tensión. En lo único que


pensaba era en el sabor del beso de Sam del día anterior, en el contacto de la cubierta en la espalda y en el peso de él sobre ella. Una vez más, el pasado se mezclaba con el presente. Recordó su última noche en el barco que habían alquilado. En aquella ocasión, habían utilizado la cubierta delantera. Habían tenido más espacio. Habían apoyado las espaldas contra la pared del camarote y habían visto salir las estrellas. Después, Sam la había desnudado prenda a prenda y le había enseñado nuevas estrellas, constelaciones enteras que no se encontraban en el cielo. Eso también había sido mágico. Apretó el paso un ápice. —Hola. ¿Te importa si te hago compañía? Volvió la cabeza al oír la voz. Una figura masculina corría hacia ella desde el callejón oscuro junto al que acababa de pasar. Para ser un hombre alto se movía en silencio, con el paso fluido de un depredador y un poder contenido en cada línea de su cuerpo. Habría sabido quién era aunque no hubiera reconocido la voz. Sólo conocía a un hombre que pudiera moverse así. «Maldito sea, maldito sea». Con aquellas palabras acompasaba sus pasos. El jogging era su último refugio, su fuga, su tiempo a solas. De pronto, él se inmiscuía también en ello. —¿Qué haces aquí, Sam? —le preguntó. La alcanzó y acomodó sus pasos a los de ella.


—Disfrutar de la noche. —Sam… —Se agradece la brisa después del calor que ha hecho hoy. Y eso que estamos en octubre. —Sí, hace más calor que de costumbre. —No tardará en cambiar el tiempo. Será mejor que disfrutemos mientras podamos. ¿Cómo podía estar hablando de trivialidades cuando su mundo dolorosamente construido se estremecía en torno a ella? Nº Paginas 74-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sam, ¿me has seguido? —Por supuesto. ¿Cómo si no te habría encontrado? Su rápida respuesta la dejó muda un momento. No había esperado una confesión tan patente. —¿Por qué no has querido salir hoy con la flota de vigilancia? —preguntó él. —Tenía cosas con las que ponerme al día en el puesto de mando. —Te has perdido la reunión con el jefe de policía. —Estaba ocupada. Pensé que podrías hacerlo solo.


—Mmm. Te busqué al volver a la base, pero ya te habías ido. Somos compañeros, Kate. No puedes seguir rehuyéndome. Detestaba que Sam tuviera razón. —¿Hay alguna novedad? —En el caso Chambers, no, pero pensé que te gustaría saber que ayer llevé la moneda de oro al Museo Montebellano. —Ah. ¿Qué han dicho? —Es un doblón español, justo como pensaste. —¿Van a investigar en la cueva? —Le di la ubicación al coordinador de antigüedades. Dice que han estado apareciendo viejas monedas por la costa durante años, así que no ha sido un hallazgo tan inusual, pero pasará la información a la Universidad. Puede que envíen a algunos estudiantes a investigar. —A veces es mejor dejar el pasado enterrado —masculló Kate. —Ah, pero a veces, con un poco de insistencia, uno encuentra un tesoro perdido. Estás en excelente forma física, ¿sabes? ¿Desde cuándo haces jogging? ¿Desde cuándo? Desde que su cuerpo se recuperó del aborto. Desde entonces. —Desde hace algún tiempo. —Se nota. Tienes unas piernas fantásticas —se volvió y corrió hacia atrás delante de ella, mirándola con apreciación—. Pero ya sabes que me pirran.


—Sam, deberíamos cambiar de tema. Se colocó de nuevo junto a ella cuando la calle ascendió por una colina. —¿Por qué? Me gusta hablar de tus piernas. Pero si quieres, podemos hablar de esos hoyuelos que tienes justo debajo de los riñones, encima del lugar en que… —Sam, ya basta. —¿Por qué? —Creía que estábamos de acuerdo en… —hizo una pausa—. En dejar tranquilo el pasado. Nº Paginas 75-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Ese acuerdo expiró en el momento en que me besaste, y lo sabes. —Entonces, lo renovaremos. —Está bien. No nos besaremos cuando estemos de servicio. —Sam… —Eso será a las siete en punto de mañana. Si mis cálculos son correctos, disponemos de casi diez horas para encontrar la oportunidad de volvernos a besar. —Eso es absurdo. Esas cosas no se programan. —Tienes razón. Es mejor ser espontáneos —le tomó la mano y aprovechó su


impulso para atraerla a sus brazos. Con tres zancadas salió de la carretera y buscó el cobijo de un árbol. —¡Sam! Ahogó su protesta con un rápido beso. Ella le puso las manos en el pecho, con la intención de empujarlo. Pero, entonces, él suavizó la presión y le dio pequeños piquitos torturadores que la hicieron elevar el rostro para seguirlo. Él sonrió junto a los labios de Kate y apretó su cuerpo contra el de ella hasta que Kate sintió el tronco del árbol en la espalda. Maldito fuera. ¿Cómo podía seducirla sin esfuerzo? Un roce, un beso, y se entregaba a él. Volvió la cabeza y tomó aire en un intento de aclararse las ideas. Él le pasó el pulgar por el labio inferior. —Dije que quería besarte yo primero, ¿recuerdas? También recordaba lo que había pasado después. Se aferró al tronco que tenía a la espalda y lo utilizó para darse impulso y escapar de su abrazo. —No tengo intención de retomar lo que dejamos ayer, Sam. —No importa. Disfrutaré empezando de nuevo. Ella movió la cabeza y echó a correr de nuevo por la calle. Se encontraba a media manzana de distancia cuando oyó los pasos ligeros de Sam a su espalda. Éste la alcanzó y siguió corriendo a su lado, aparentemente contento de proseguir el


camino en silencio. Pero no tenía que decir nada para que ella percibiera su presencia. Lo oía respirar. Inspiraba su fragancia. Todavía podía saborear su beso en los labios. Hasta creía poder sentir la tibieza que emanaba de su cuerpo. Habían dejado atrás las calles adoquinadas y tomaron la carretera que conducía a la base. Aunque había poco tráfico a aquella hora, permanecían a un lado del asfalto. Faltaba poco más de un kilómetro para llegar a la base cuando Sam volvió a hablar. —¿Recuerdas ese restaurante al que solíamos ir en los Cayos? —preguntó—. ¿El de la red de pesca colgada del techo? Nº Paginas 76-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Sí, se acordaba. Les gustaba comer en una mesa del rincón, más íntima, donde la red pendía más baja. Sam se había enredado en la red en más de una ocasión, normalmente porque no prestaba atención… estaba demasiado concentrado en llevarla a un lugar aún más íntimo. —No hacía más que darme en la cabeza con la red cada vez que me levantaba,


¿recuerdas? —Vagamente. ¿Por qué? —He encontrado un restaurante al oeste de la base que prepara un marisco casi igual de bueno. —¿El Foque Volante? —El mismo. ¿Lo conoces? —He oído hablar de él. Es muy famoso. —¿Pero no has estado allí? —No, yo… —se interrumpió. Por norma, se abstenía de mantener relaciones sociales. Sí, había hecho muchos amigos en los distintos destinos que había tenido, pero últimamente dedicaba casi todo su tiempo libre a correr en solitario o a estudiar reglamentos navales. ¿Por qué? Antes disfrutaba saliendo cuando podía. Era otra manera de escapar de la casa sin alma del barrio de las afueras de Miami. Todo eso cambió cuando perdió a su hijo. Al principio, estuvo demasiado deprimida para pensar en divertirse. Después, centró toda su energía en su carrera militar. Y eso no tenía nada de malo. Había conseguido la vida próspera e independiente que deseaba. Es decir, era lo que había deseado hasta la semana pasada, cuando había


sostenido al bebé en brazos y había vuelto a ver a Sam. Era lo que había creído necesitar hasta que había vuelto a la vida con el beso de Sam. Maldito fuera. —¿Te gustaría cenar conmigo allí mañana? —No sería buena idea, Sam. —No estaremos de servicio. Necesitas comer de vez en cuando. —Gracias, pero no. —¿De qué estás huyendo, Kate? —No sé de qué me hablas. —Debe de ser algo gordo para que quieras enterrar a la mujer que recuerdo. —No estoy huyendo de nada, Sam. Estoy haciendo jogging. Es una forma de ejercicio. Mucha gente lo practica. —Claro, pero corres como si quisieras escapar de algo —insistió—. ¿De qué? ¿Qué pasó, Kate? Nº Paginas 77-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Era demasiado sagaz. Sí, corría para escapar. Huía de su pasado, de los recuerdos y de la culpa. Pero Sam no hacía más que removerlos, obligándola a pensar en ellos cuando a ella le habían ido bien las cosas enterrándolos.


Apretó el paso, confiando en que la creciente demanda de oxígeno le impidiera hablar. Permaneció junto a ella sin esfuerzo. —¿Lo ves? Vuelves a hacerlo. Kate no contestó porque estaba en lo cierto. —¿Ha sido un hombre, Kate? ¿Te ha hecho sufrir? ¿Por eso intentas contener tu pasión? La ironía de que Sam le estuviera haciendo aquella pregunta la habría hecho reír si le hubiera quedado aliento para eso. —Porque sé que sigues siendo la misma por dentro —prosiguió—. Lo sentí cuando nos besamos en el barco. —Fue un error. —No, no lo fue, aunque reconozco que el momento no era el más apropiado. Por eso tenemos que hablar. —Escoges siempre el peor momento para conversar, Sam. —Entonces, cena conmigo mañana. Hablemos entonces. —No, gracias. —¿Quedamos para almorzar? —No. —¿Para desayunar?


—Sam… Oyeron un claxon a su espalda. Kate se desplazó automáticamente al borde de la carretera. Un jeep militar pasó junto a ellos, pero en lugar de seguir hacia la base, se detuvo con un chirrido de frenos a doce metros por delante. Un hombre alto saltó del vehículo y avanzó hacia ellos. Kate ya había reducido el paso cuando Sam extendió el brazo delante de ella, bloqueándole el camino. Habló en voz baja y rápida, sin rastro de tibieza en la voz. —Quédate detrás de mí hasta que veamos qué está pasando. Kate se inclinó hacia delante y se puso las manos en las rodillas, inspirando varias veces para recobrar el aliento. —Sam, puedo cuidarme sola. —Compláceme, ¿vale? El hombre era más alto que Sam y poseía el cuerpo sólido de un jugador de rugby pero, a pesar de su tamaño, se movía con la gracia gatuna de un experto en artes marciales. Kate se enderezó y lo observó con recelo, pero cuanto más se acercaba, más se relajaba Sam. Nº Paginas 78-143 https://www.facebook.com/novelasgratis El desconocido cruzó el charco de luz de una farola, dejando al descubierto una


gruesa mata de pelo rojizo. —¡Eh! —gritó—. Quizá podáis ayudarme. Estoy buscando a un colega. Me han dicho que podía encontrarlo por aquí. Sam cruzó los brazos y esperó con una extraña expresión en la cara. —Lo reconocerás si lo ves —prosiguió el desconocido. No se detuvo hasta que se quedó a escasos centímetros de Sam—. Es un tipo realmente feo. Escuchimizado. Me debe dinero. —Eso me ofende, Reilly —dijo Sam. —¿Ah, sí? ¿Qué parte? —Te devolví los cincuenta que te pedí prestados el mes pasado. El gigantón rió y le dio una palmada en la espalda que habría tumbado a un hombre menos fuerte. —¿Qué tal, Coburn? ¿Todavía respiras por tus cicatrices? Sam sonrió y estrechó la mano del hombretón al tiempo que le ponía la otra en el hombro. —No. Uso las branquias —se apartó a un lado y se volvió hacia Kate—. Kate, te presento a Joe Reilly.


Reilly hizo una airosa reverencia, tomó la mano de Kate y se la llevó a los labios. —Encantado de conocerte, Kate. Típico de Coburn perseguir a la chica más bonita de la isla. Si fuera yo, no te estaría persiguiendo por una carretera, sino alrededor de… —Cállate, Reilly —dijo Sam. Reilly sonrió y le guiñó el ojo a Kate. —Ven conmigo, cariño, y te garantizo que no querrás usar esas zapatillas de deporte. —Contramaestre Reilly, ésta es la teniente Kate Mulvaney —dijo Sam. —Vaya —Reilly soltó la mano de Kate y se irguió de inmediato. Aunque su actitud era respetuosa, todavía le brillaban los ojos con picardía—. Lo siento, teniente. Kate movió la cabeza. —No te preocupes, Reilly. —Es que al verla con Cass no pensé… —¿Cass? —preguntó Kate. —Claro. Casanova Coburn —señaló a Sam con la cabeza—. Así es como lo llamamos. —Tenemos que seguir corriendo para no enfriarnos —dijo Sam, y tomó a Kate del codo—. No queremos tener agujetas.


Nº Paginas 79-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Ella se desasió. —¿Casanova? ¿Por qué lo llamas así, Reilly? —Bueno, no fui yo quien le puso el mote, si no los demás compañeros del equipo. —Se refiere a mi grupo SEAL —dijo Sam—. Se supone que están de permiso. ¿No habías ido a Grecia, Reilly? —Todos los permisos han quedado anulados, Coburn. El equipo va a reunirse aquí, en Montebello. Creía que lo sabías. Sam frunció el ceño. —Es la primera noticia que tengo. ¿Qué pasa? —Vamos a usar Montebello como punto de lanzamiento para una nueva operación. El resto del grupo llegará dentro de cuatro horas. Los pondré al corriente. —¿Tú les pondrás al corriente? Levantó las manos. —Lo siento, Coburn. Mientras estés en esta misión especial para el rey Marcus, yo estoy al mando.


Kate vio las emociones que se reflejaban en el rostro de Sam. Vio una llamarada de enojo, seguido de pesar. Un momento después, volvía a adoptar el semblante eficiente que había exhibido todos los días durante la misión. Kate sabía que Sam preferiría partir con su grupo. Fuera cual fuera la misión, sería más emocionante que aquella espera y vigilancia en Montebello. Bueno, en cuanto atraparan a Chambers, podría sumarse a su grupo SEAL. Dejaría atrás a Kate y retomaría el estilo de vida que le había merecido el apodo de Casanova. Bien. Otro adiós fácil y sin ataduras. Y toda aquella… agitación que Sam estaba introduciendo en su vida desaparecería. Era lo que ella quería, ¿no? ¿No? Nº Paginas 80-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 10 Ursula cruzó la habitación hacia la sencilla mesa de madera en la que había dejado el bolso, con los zapatos levantando nubes de polvo a su paso. Tosiendo, sacó una lima y se dispuso a pulir el borde áspero de la uña del pulgar. Alguien debería limpiar aquel lugar. Aquella supuesta casita de la ladera era un cuchitril. Ella se merecía algo más confortable, pero Edwardo Scarpa aseguraba que era lo mejor que había podido encontrar.


Guardó la lima e inspeccionó la suciedad de sus zapatos con desconsuelo. Ya había tenido que deshacerse de un par por la sangre que se había filtrado en ellos cuando había matado a Desmond. También había tenido que deshacerse del vestido que se había puesto ese día. Si las cosas hubieran ido como había planeado, ya estaría comprando trajes de diseño. Se estaría codeando con la realeza en el palacio en lugar de estar escondiéndose en aquella choza miserable. Se acercó a la única ventana de la habitación y estudió su reflejo en el cristal oscurecido. ¿Por qué le pasaban aquellas cosas? Era hermosa y sexy. Inteligente. A Desmond debería haberle bastado. Sin embargo, volvía a preguntarse por qué había echado a perder todos los planes que habían urdido juntos tonteando con esa princesita morena. Hombres. Todos eran iguales. No había ni un ápice de lealtad en ellos. Creía haber escogido a un ganador. Desmond era elegante y sofisticado, no como el idiota neoyorquino que había echado a perder su carrera de artista y, sin embargo, también la había traicionado. Aun así, las traiciones de los hombres habían empezado mucho antes de que Ursula se liara con Desmond. Habían comenzado con su padre. Cuando nació Jessica, ya nada fue igual. Su padre no ocultaba que la prefería. Todavía podía oír su voz chirriante y mojigata: —Ursula, si te concentraras en los deberes en lugar de irte de juerga con esos


chicos, sacarías sobresalientes, como Jessica. Otras veces era: —Por favor, no digas palabrotas, Ursula. Le estás dando mal ejemplo a tu hermanita. Y también: —Si no empiezas a demostrar cierta responsabilidad y a poner de tu parte en el rancho como hace Jessica, tendré que quitarte la asignación. No era justo. La niña buena de Jessica no había tenido que esforzarse por nada. Y, como traición final, su padre había legado el rancho a Jessica. Debería haberlo heredado ella. Era la mayor. Necesitaba el dinero que le habría procurado su venta. Sin embargo, una vez más, Jessica se había interpuesto entre Ursula y lo que ésta se merecía. Nº Paginas 81-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Y, de pronto, Jessica había muerto. Su cuerpo descansaba en la tumba donde lo había enterrado el hermano tonto de Gretchen, Gerald. La muerte de Jessica había sido una parte obligada del plan. ¿Cómo si no habría sido capaz Ursula de utilizar al bebé del príncipe para garantizar su propio futuro? Durante una fracción de segundo, Ursula creyó ver el rostro de Jessica


superponiéndose en su reflejo. Unos suaves ojos azules la miraban con infinita tristeza. Profirió una exclamación y se apartó de la ventana. Sus ojos se parecían tanto a los de su hermana pequeña que se había sobresaltado un instante. Y, durante ese instante, había sentido algo punzante, algo parecido a la culpa. Recordaba cómo había estado Jessica al final, hinchada y torpe en la última fase del embarazo. Jessica no había sido la hermana favorecida en esos momentos. Había estado indefensa y vulnerable, hundida porque su príncipe azul la había abandonado. Había dependido por completo de su hermana mayor. Por primera vez en sus vidas, Ursula había estado por encima, había sido la poderosa. Se dio la vuelta y se aferró al respaldo de una destartalada silla de madera. Lo hecho, hecho estaba. No iba a sentirse culpable por ello. Jessica le había robado el amor de su padre nada más nacer. Durante veintinueve años había arrebatado a Ursula la vida que debería haber disfrutado. La muerte de Jessica había equilibrado la balanza. De modo que Ursula debería sentirse feliz. El núcleo de descontento que la roía por dentro debería haberse disuelto. ¿Por qué no había sido así?


¿Por qué? Porque su plan no había funcionado, por eso. Todo habría sido diferente si Desmond no la hubiera obligado a matarlo, si Gretchen no la hubiera delatado ante la policía y si ese perdedor de Scarpa hubiera cumplido su promesa y hubiera encontrado una embarcación. Estaba rodeada de idiotas. No era culpa suya. Un ratón correteó por el suelo. Ursula levantó la silla y la aplastó contra el animal, pero no fue lo bastante rápida. El roedor se alejó ileso. Se lo quedó mirando, resoplando. De pronto, estalló su frustración. Con un grito de rabia, golpeó el suelo con la silla una y otra vez hasta que la madera se hizo astillas en sus manos. Un perro ladró a lo lejos. La puerta de la chabola se abrió y entró Edwardo Scarpa. —Eh, ¿qué pasa? —inquirió. Cerró rápidamente la puerta a su espalda y corrió el cerrojo—. Se oye el ruido desde la calle. Ursula le arrojó los restos de la silla. —¿Y quién tiene la culpa, idiota? Hay ratones en esta choza. ¡Bichos! Scarpa se apartó para esquivar los trozos de madera; después, se acercó a la ventana y bajó la persianilla. —Debes tener cuidado o alguien reparará en ti. Nº Paginas 82-143


https://www.facebook.com/novelasgratis —Entonces, deberías haberme buscado un lugar más decente —inspiró hondo varias veces, esperando a que la rabia remitiera. Cuando recuperó el control, se pasó la mano por el pelo y se enderezó la blusa; después, miró a Scarpa con ojos entornados. El hombre llevaba un ridículo sombrero blanco caído sobre la frente y el cuello subido hasta la barbilla. Durante los últimos días su cautela para evitar que lo vieran con ella se estaba convirtiendo en paranoia. Para ser un guardia de palacio tan fanfarrón, se comportaba como un cobarde. Así le resultaba más fácil manipularlo con amenazas, pero estaba siendo un fastidio. —¿Has conseguido ya un barco? —preguntó. —Estoy en ello. —¿Qué significa eso? O lo tienes o no lo tienes. —Es más difícil de lo que pensaba. Creía que mi primo me prestaría su barco de pesca, pero dijo que ya se lo había prestado a otra persona para esta semana. —No sólo no puedes conseguir un barco, ni siquiera se te ocurre una buena disculpa. —Es la verdad. Mi primo es policía, no mentiría.


—Y tampoco lo haría un guardia de palacio, ¿eh? Scarpa no pareció percatarse del sarcasmo. —Esta noche he estado en los puertos deportivos para ver si podía alquilar algo —dijo—. Pero había mucha gente. Estoy convencido de que eran policías. —Tienes policías en el cerebro. ¿Cómo sabes quiénes eran? ¿Les viste las insignias? —No, no iban de uniforme, pero lo supe por la mirada, y daban la impresión de estar vigilándome. —Casi toda la policía montebellana está vigilando el aeropuerto. Cualquier idiota puede verlo. Allí es donde están concentrando sus fuerzas, porque esperan que huya por ahí. Por eso pienso superarlos en ingenio e irme en barco — lanzó una mirada despectiva al sombrero de Scarpa, su patético intento de esconder sus rasgos—. Además, si hubieran estado en el puerto deportivo, te habrían detenido por un delito de moda. Scarpa se quitó el sombrero y se pasó unos dedos regordetes por el pelo. —De todas formas, esta noche no deberíamos arriesgarnos a ir a Tamir. Hay prevista una tormenta para mañana. Tendremos que esperar a que pase. —Otra disculpa. No la acepto. Ve a hablar otra vez con tu primo.


—Ya te lo he dicho, ha prestado el barco para toda esta semana. Tendrás que ser paciente y quedarte aquí unos días más hasta que… —¿Paciente? —Ursula se acercó a la mesa y tomó el bolso—. Llevo esperando toda la vida a tener un respiro. No quiero ser paciente. Nº Paginas 83-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué piensas hacer? Hurgó en el bolso y sacó un pañuelo de seda, se lo puso holgadamente en torno a la cabeza y se envolvió el cuello con los extremos, a la moda europea. Después, se quitó las gafas de sol. —Vas a hablar otra vez con tu primo, por supuesto. Y esta vez, me llevarás contigo. Scarpa se retorció las manos. —No servirá de nada. —Déjamelo a mí, Edwardo. Haré que cambie de idea —sacó la polvera, se retocó el pintalabios y apartó la silla rota con el pie de camino a la puerta. Hombres. Aparte de su utilidad en la cama, no servían para nada. Si quería hacer algo bien, debía hacerlo por su cuenta. Mmm… Pensándolo bien, incluso en la


cama solía pasárselo mejor haciéndolo por su cuenta. Sam cerró la puerta de la terraza sin hacer ruido y permaneció inmóvil durante un minuto entero para observar si su presencia había sido detectada. No se movía nada en las sombras. Ningún sonido turbaba el silencio aparte del susurro del ventilador del techo. Faltaban treinta minutos para el alba. Aguardó a que sus ojos se adaptaran a la tenue luz; después, se adentró cautelosamente en el salón. La suite tenía una disposición similar a la suya: una sala de estar oblonga con una puerta que daba al pequeño dormitorio y al cuarto de baño contiguo. Como las demás habitaciones de aquel antiguo hotel, estaba decorada con aire mediterráneo: muebles pesados, mucha madera oscura torneada y pinturas al óleo con marcos dorados en las paredes empapeladas. Se quitó las tiras de la mochila de los hombros y avanzó en silencio hacia el umbral del dormitorio. Kate dormía en el lado izquierdo de la cama de matrimonio, con las rodillas flexionadas y un brazo colgando del costado del colchón. La almohada estaba en el suelo y se le había enredado la sábana en las piernas. El camisón de color claro que llevaba le oprimía el pecho. Por lo que parecía, había


pasado una noche agitada. Confiaba en que hubiera estado soñando con él. Un avión rugió sobre su cabeza, haciendo vibrar los cristales. Sam miró hacia la ventana automáticamente. Sabía que el avión en el que viajaba su equipo SEAL había salido hacía horas, pero sentía un dolor sordo al pensar que él se había quedado en tierra. Razón de más para concluir aquella misión, y todo lo relacionado con ella, y poder seguir adelante con su vida. Había meditado mucho desde su encuentro con Reilly. Había yacido despierto durante horas, retorciendo las sábanas casi tanto como Kate. Hacía unos veinte minutos había comprendido una cosa, por eso acababa de irrumpir en el alojamiento de otro oficial y se erguía al pie de la cama con una mochila cargada con el desayuno. Nº Paginas 84-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Enganchó una mesita con el pie y la arrastró de la pared a la cama sin dejar de mirar a Kate. Siempre había dormido como un lirón. Él había disfrutado despertándola. Solía saludarlo con una sonrisa y los brazos abiertos al tiempo que lo acogía en su cuerpo. Pero no estaba allí por eso, se dijo. Sí, se había acostumbrado a llevar otra vez


condones en el bolsillo, como solía, pero no estaba allí para seducirla. Al menos, no de inmediato. El motivo principal de aquella visita tan poco convencional era el poder hablar, y aquélla era una manera de tener garantizada cierta intimidad sin interrupciones. Encendió la lámpara de la mesilla, abrió la mochila y empezó a vaciarla. El papel crujió con suavidad mientras desenvolvía dos pastelillos. Los colocó sobre un plato; después, abrió una petaca y vertió el contenido en dos tazones. El aroma de canela cálida y café dulce impregnó la habitación y Kate se movió, emitiendo un sonido grave y gutural. Sam sonrió y se puso en cuclillas junto a la cama para acercar su rostro al de ella. —Buenos días, Kate —susurró. Ella frunció el ceño; con los labios formaba una negativa silenciosa. —Eh, bella durmiente… Kate pestañeó. Gimió y se rodeó las rodillas con los brazos para hacerse un ovillo. La sonrisa de Sam se extinguió. Le puso la mano con suavidad en el hombro y descubrió que tenía el camisón húmedo. —¿Kate?


Su cuerpo experimentó una sacudida, y de sus labios entreabiertos brotó un sollozo. Era evidente que estaba soñando y, por lo que parecía, no era un sueño agradable. Le apretó el hombro. —Kate, despierta. —No —dijo con voz ronca, una exhalación rasposa. Estaba jadeando—. ¡No! —Kate, no es más que un sueño. Estás bien. Kate sacó el brazo, alargando los dedos como si intentara alcanzar algo. —No, no… Sam le atrapó la mano. —No importa, Kate. Despierta. Se le pusieron rígidos los dedos. Su cuerpo experimentó una sacudida al tiempo que su pecho se elevaba con otro sollozo. Sam quería tumbarse junto a ella y resguardarla de la pesadilla que estaba atormentándola, pero no quería arriesgarse a asustarla y a empeorar la situación. Le pasó el pulgar con suavidad por los nudillos y se inclinó hacia ella. Nº Paginas 85-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Kate, soy yo, Sam. Estoy aquí. Ella abrió los ojos de par en par. Miró en torno a ella sin comprender.


—Eso es, Kate —dijo con suavidad—. Déjame ver esas bellezas verdes. Paseó la mirada por el rostro de Sam. Sollozando, se arrojó en su pecho. Sam la atrapó con facilidad, y la rodeó con los brazos para sujetarla sobre sus rodillas al tiempo que se sentaba en el suelo. —Oye, no pasa nada. Estás bien. El pelo de Kate le frotó la barbilla mientras se hundía en el abrazo. Todavía estaba hecha un ovillo y le temblaban los hombros con sollozos silenciosos. Sam no estaba acostumbrado a sentirse impotente, pero así era como se sentía en aquellos instantes. Quería consolarla, espantar la pesadilla y convertirla en la Kate bromista y despreocupada que conocía. La acomodó sobre las rodillas y apoyó la espalda en el costado de la cama. Plantándole un beso en la frente, le apartó el pelo de la mejilla. La tenía húmeda. A Sam se le hizo un nudo en el pecho. Kate estaba llorando. Salvo por las ocasiones en que habían visto películas antiguas, nunca la había visto llorar. Le pasó el pulgar debajo de los párpados para retirarle las lágrimas. —¿Quieres contármelo? Ella volvió el rostro hacia el cuello de Sam. —Quiero ayudar, Kate. ¿Qué puedo hacer? Los labios de Kate se movieron en la base de la garganta de Sam. Con la punta de la lengua le hizo cosquillas en la piel.


—Kate, sé que estás pasándolo mal. Quizá sí… Ella le sujetó la barbilla y le bajó el rostro. Sam notó el temblor de sus labios mientras lo besaba. Estaba sufriendo los efectos secundarios de la pesadilla, se dijo. Estaba vulnerable y medio dormida, así que, posiblemente, no sabía lo que hacía. El beso se hizo más profundo cuando ella le enredó los dedos en el pelo. Tomó el labio inferior de Sam dentro de su boca y lo acarició con osadía con la lengua. Sam se estremeció al sentir la sacudida de placer. Desde luego, daba la impresión de saber lo que hacía. Le puso la mano en el muslo y fue subiéndole el camisón hasta que encontró piel desnuda. Sam gimió y le hundió los dedos en la curva de la cadera. Ella deslizó las manos a los hombros de Sam; después, a la espalda, mientras retorcía la parte superior de su cuerpo y apretaba los senos contra el pecho de él. El movimiento los hizo caer de costado. Los pies chocaron con una pata de la mesa en la que Sam había dispuesto el desayuno. El café los manchó con una salpicadura cálida y aromática. Nº Paginas 86-143 https://www.facebook.com/novelasgratis


Kate se quedó inmóvil. Un momento después, profirió una exclamación y apartó la cabeza, rompiendo el beso. Sam no prestaba atención. Le besó la garganta; después, empezó a descender por el cuerpo de ella, lamiendo las gotas oscuras de café del camisón. Kate empezó a retorcerse. —¿Sam? Él siguió bajando, enganchó un brazo tras las rodillas de Kate y le lamió una gota del muslo. Kate profirió un ruido ahogado. Él la tumbó de espaldas y le estaba acariciando la cara interior del muslo con la frente en busca de más gotas que paladear cuando sintió un manotazo en el hombro. Levantó la vista. Kate lo miraba boquiabierta. —¿Qué…? —inspiró trémulamente—. ¿Cómo…? Sí, su primera impresión había sido correcta. Kate no sabía lo que hacía. Suspiró y se sentó sobre los talones. —Buenos días, Kate. Kate se restregó los ojos, confiando en que Sam formara parte del sueño pero, cuando volvió a mirar, seguía allí. Llevaba unos pantalones y una camiseta negra. La ropa se adhería a su cuerpo, perfilando los músculos tensos, confiriéndole un aire de peligro. Pero tenía el pelo de punta y los labios


húmedos por los besos. El deseo de arrojarse en sus brazos era el mayor peligro. —Tenías una pesadilla —dijo al ver que no reaccionaba—. Estaba intentando ayudarte. Sí, sabía que había tenido una pesadilla. Era la misma que llevaba cinco años torturándola. Había vuelto a perder el bebé. Salvo que, en aquella ocasión, había sido diferente. Sam había estado allí para consolarla. La había abrazado. Había espantado el dolor. Su pasión había dado un rumbo distinto al sueño. Y al igual que cuando se habían besado en el barco, había sentido que volvía a la vida… —¿Qué soñabas? —preguntó Sam. Tuvo otro momento de locura. Por primera vez desde que había sostenido la primera carta de Sam en una mano y el resultado del test en la otra, quería contárselo todo. La dolorosa verdad. Quería compartir aquella carga que había estado soportando sola durante tanto tiempo. ¿Qué haría él? ¿Cómo reaccionaría? ¿La consolaría como acababa de hacer? ¿Lo comprendería y la ayudaría a cerrar aquel capítulo de su vida? «Díselo, díselo». El impulso era tan fuerte y repentino que entreabrió los labios, y las palabras ya estaban ascendiendo por su garganta cuando consideró otra posibilidad. Nº Paginas 87-143 https://www.facebook.com/novelasgratis


¿Qué sentiría Sam al descubrir que había estado a punto de ser padre? ¿Y si la condenaba por no habérselo contado? ¿Acaso la compasión de su mirada se convertiría en rencor? ¿La besaría con ternura o la rechazaría? El momento pasó, junto con el resto de somnolencia. —¿Qué haces aquí, Sam? ¿Cómo has entrado? —La segunda pregunta primero —señaló la sala de estar con la cabeza—. Trepé por las terrazas de este lado del edificio hasta la tuya; después, entré por la ventana. —¿Que has hecho qué? Ésta es la quinta planta. —Sí, ya me he dado cuenta. Mis habitaciones están en la tercera. No te preocupes, no me ha visto nadie. —¿Por qué ibas a…? —Lo cual nos lleva a la primera pregunta —dijo Sam. Miró detrás de él; después, tomó algo de la mesita que solía estar contra la pared—. Te he traído el desayuno, como acordamos. —Yo no he acordado nada parecido. —Claro que sí. Ayer rechazaste mi invitación a cenar y a almorzar, pero recuerdo claramente que no me rechazaste para desayunar. —Sam… —Sí, eso es exactamente lo que dijiste ayer cuando te invité —levantó el


brazo. Sostenía una rosa—. Lo siento si está un poco aplastada. La llevaba en la mochila, debajo de los pasteles. No sé cómo se llaman, pero son básicamente, mantequilla y azúcar. Dos de los nutrientes básicos. Kate debía de estar soñando. Aquello era surrealista. Sam se inclinó hacia delante para ponerle la rosa en la palma. —No te preocupes, no tiene espinas. —Pero… —No sé cuánto café queda —sonrió— pero, por lo que he probado, está bastante bueno. Kate se sonrojó al recordar cómo le había lamido el café del muslo. Esa parte había sido demasiado real para un sueño. Todavía sentía hormigueos en el cuerpo allí donde la había besado. Con la mano libre tiró del borde inferior del camisón y se lo pasó por encima de las rodillas. —Sam, no deberías estar aquí. —Y yo me alegro de estar aquí. Menuda pesadilla estabas teniendo —le acarició la mejilla con los nudillos, y su sonrisa se suavizó—. ¿Cómo te sientes? —Bien, gracias. —No, no estás bien. Estabas llorando.


—No era más que una pesadilla. Todo el mundo las tiene. Olvídalo. Nº Paginas 88-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Antes de que ella pudiera protestar, le pasó un brazo por debajo de las rodillas y el otro por la espalda y la levantó del suelo. La sentó sobre la cama, con la espalda apoyada en el cabecero; después, él también se sentó en el colchón, junto a ella. —No es nada de lo que avergonzarse, Kate. Conozco a muchos hombres que han entrado en combate y que se despiertan llorando. Ella bajó la vista a la rosa que todavía sostenía. —No era nada. ¿De dónde has sacado la rosa? —Estás cambiando de tema. —Sí. —Estás huyendo otra vez. Haces eso mucho, ¿sabes? —No necesitaría hacerlo si tú no fueras tan insistente. —¿Lo soy? —¿Cómo puedes dudarlo después de entrar en mi cuarto? Sam rió entre dientes. —Entendido —recogió la almohada del suelo, la sacudió y se la colocó detrás de la espalda.


—Deberías irte —balbuceó Kate, sabiendo que debía protestar por aquella situación íntima—. Esto es del todo inapropiado. —Ah, y es la primera vez en la historia que alguien fuerza las normas de la Marina. —Sam, el que te besara en el barco… —Y debajo del árbol, y en el suelo. —…no significa que tengamos que repetir el pasado —terminó. —No quiero repetir el pasado. —¿Ah, no? Entonces, ¿por qué estás aquí? —Para crear recuerdos nuevos —le quitó la rosa de la mano y le acarició el brazo con la flor—. Te he llevado conmigo durante cinco años, Kate. Me has atormentado. Me has echado a perder para cualquier otra mujer. Los pétalos eran de terciopelo, tan suavemente seductores como las palabras de Sam. Kate se apartó. —Tu equipo te llama Casanova. Dudo que te haya faltado compañía femenina. —El apodo lo escogieron por ironía. Llamamos a Reilly Pizca. —Sí, claro. —Es cierto, Kate. Te he comparado con todas las mujeres que conozco y no he


encontrado ninguna que se acercara a ti —le pasó la rosa por el hueco de la base del cuello—. No debería haberte hecho esa promesa. No debimos romper de forma tan absoluta. Nº Paginas 89-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Pero acordamos que sería lo mejor —dijo Kate, repitiendo lo que se había dicho miles de veces—. Los dos teníamos que pensar en nuestro trabajo. Era lo único que queríamos. —Había otra alternativa, Kate. Podríamos haber permanecido en contacto. Podrías haber respondido a mis cartas. Podríamos habernos reunido cuando estuviéramos de permiso. —Para acostarnos. —Para hacernos compañía. Para divertirnos. Para compartir pasteles de canela al amanecer —deslizó la rosa hacia abajo, trazando una línea entre sus senos —. Y nunca he ocultado que te deseo. Hay algo entre nosotros, Kate. Los años no lo han borrado. Mírame, Kate. Ella vaciló; después, levantó los ojos. —No estoy saliendo con nadie —dijo—. Ni lo he hecho, ni he estado interesado


en ninguna otra mujer. Pero tú no has dicho nada sobre tu vida amorosa. ¿Estás saliendo con alguien ahora? ¿Por eso no quieres verme? —No estoy saliendo con nadie, pero eso no tiene nada que ver con nosotros. —Creo que sí. Alguien te ha hecho daño, ¿verdad? Alguien te ha hecho enterrar a la mujer divertida que solías ser. —La gente cambia, Sam. Si mi manera de ser te molesta tanto, nada te impide marcharte. —¿Que si me molesta? —repitió en voz baja—. Kate, me fascinas. Cada vez que te miro te deseo un poco más. —Sam… —¿Puedes decir sinceramente que no me deseas? Sería tan fácil poder mentir… Sabía que Sam no la presionaría si lo negaba. Pero no podía mentir después de cómo lo había besado, con él sentado en el colchón a su lado, mirándola con un resplandor dorado en los ojos, y con el camisón todavía húmedo allí donde se lo había lamido. Movió la cabeza. —No, no puedo decir eso. —Entonces, ¿por qué no cedes, Kate? ¿Qué daño puede haber en que disfrutemos del vínculo especial que hay entre nosotros?


¿Qué daño? Sería el desastre. Supondría abrir la vieja herida. Se llevó la mano al cuello, buscando automáticamente el colgante, pero no estaba allí. La cadena seguía rota. La mariposa estaba envuelta en algodón y guardada en el fondo del joyero, allí donde la había depositado después de que Sam y ella se besaran en el barco. Ese beso no había sido doloroso. Tampoco los demás. El abrazo de Sam había amortiguado la fuerza de su pesadilla. Se había sentido bien, querida, como una mujer deseada. Hacer el amor con Sam sería otra manera de escapar, mejor que correr, mejor que sumergirse en el trabajo… Nº Paginas 90-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Cielos, después de lo mucho que había sufrido, ¿de verdad era lo bastante tonta como para plantearse tener otra aventura con Sam Coburn? En lo referente a su cuerpo, no había duda. Nunca la había habido. La atracción física era más fuerte que nunca. Pero no era tan sencillo. El pasado que compartían era la fuente de aquel vínculo… y también lo que se interponía entre ellos. Bajó la mirada a la rosa aplastada en el regazo antes de contestar. —Hay cosas que no sabes, Sam. Cosas del pasado.


—Entonces, cuéntamelas. Ayúdame a comprender por qué no haces más que apartarme de tu lado. Que se lo contara. De nuevo, el impulso surgió en su mente, en aquella ocasión, ineludible. El corazón le latía con fuerza. ¿Por qué se resistía? ¿De qué tenía miedo? ¿Y qué si Sam la condenaba por habérselo ocultado? Si se apartaba de su lado, si la rechazaba, aquello resolvería el problema. Lo quería fuera de su vida, ¿no? —¿Kate? Lo miró a los ojos. —Sólo quiero que recuerdes que mantuve mi promesa, Sam. —¿Qué promesa? —Hace cinco años prometí darte un adiós fácil. —Sé lo que dijimos. Fue un error. No debimos… —Por favor, Sam. Recuerda que cumplí mi palabra. —Está bien. —Por eso no te hablé del bebé. Nº Paginas 91-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 11 Fue como zambullirse en agua helada. Sam sintió la conmoción recorriéndole


el cuerpo, congelándole los pulmones. Se quedó mirando a Kate mientras hacía intentos de respirar. —¿El bebé? —Fue durante nuestra última noche juntos —dijo—. No tuvimos cuidado. Nos quedamos sin condones y… —¿El bebé? —Aumentó la presión sobre los hombros de Kate—. ¿Te quedaste embarazada? ¿De mí? —Sí. Bajó la mirada a su estómago. —¿Hicimos un hijo? Un bebé. Nuestro bebé —le soltó los hombros y le puso la mano en el vientre. Abrió los dedos, imaginando el cuerpo firme de Kate llenándose con el hijo que habían creado—. Hicimos un hijo. Dios mío, Kate. ¿Tengo un hijo? —Sam… —¿Soy padre? —El hielo se tornó fuego. Sintió que algo candente y primario se agitaba en su interior. Era demasiado salvaje para llamarlo gozo. Se sentía mareado—. Soy padre. —Sam, para —le retiró la mano del vientre—. Escúchame.


La voz de Kate parecía provenir de la lejanía. Sam inspiró hondo, tratando de despejarse la cabeza. —Sam, no eres padre. Nuestro bebé no… no… —se le quebró la voz. —No, ¿qué? —Lo perdí cuando estaba de seis meses. La cabeza le daba vueltas. Eran demasiadas novedades para asimilarlas de golpe. Acababa de digerir que habían creado una vida. ¿Cómo podía haberse ido ya? —Lo intenté, Sam. Intenté llegar al hospital, pero ya era demasiado tarde. No pudieron salvarlo. ¿Salvarlo? ¿Habían tenido un niño? Sintió una chispa renovada de fiera felicidad antes de que la sumergiera una ola de pesar. —Lo siento —susurró Kate. Unas lágrimas frescas resbalaron por sus mejillas—. Lo siento. La angustia de Kate penetró la neblina de las emociones tumultuosas de Sam. Sin vacilar, la rodeó con los brazos y la atrajo a su pecho. —Ah, Kate. Mi Kate. Nº Paginas 92-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Era demasiado pequeño. Dijeron que no tuvo la menor oportunidad —las


palabras sonaban amortiguadas contra el cuello de Sam—. Lo intenté. —Estoy seguro. —Ocurrió demasiado deprisa. Sam notó que la camisa se le humedecía por las lágrimas, y el corazón le dio un vuelco. Kate nunca lloraba… Una pieza encajó en el rompecabezas. —La pesadilla que tenías cuando llegué. Estabas soñando con eso. —Siempre sueño con eso. Siempre llego demasiado tarde. Le acarició la cabeza, la espalda, intentando consolarla. Un bebé. Habían concebido un hijo y había muerto antes de empezar a vivir. Se sintió como si le hubieran arrancado una parte de su ser. —Kate, ojalá hubiera estado contigo. —No habría servido de nada. —No deberías haber pasado por eso tú sola. Todo ese dolor… —No podrías haberme ayudado. —El bebé lo hicimos entre los dos. —Daba igual. Hice lo que habíamos acordado. Sam dejó de mover la mano. «Guardé mi promesa», había dicho Kate. —Kate, cuando acordamos decirnos adiós, no sabíamos que había un bebé. Eso


lo habría cambiado todo. Se apartó de él y se alejó hacia el otro lado de la cama. Se puso en pie y se envolvió con una bata de seda. Con la cabeza inclinada, se concentró en atarse el nudo del cinturón de la bata. —No hacía falta que supieras que había perdido el bebé —dijo por fin—. Pude con ello yo sola. Sam se puso en pie y, rodeando la cama, le dio la mano. —Debería haber estado allí para compartir tu dolor. —Me las arreglé. Lo he superado. Seguí adelante con mi vida. Las palabras eran cortantes y pragmáticas, pero todavía le brillaban las lágrimas en las mejillas. —No, no lo has superado —dijo—. Todavía sufres, ¿verdad? —Lo superé —repitió Kate—. Estaba bien hasta hace semana y media. Se me han reavivado los recuerdos al encontrar al bebé del príncipe y volver a verte, nada más. Sam le pasó los nudillos por los párpados para atraparle las lágrimas. —No, no estabas bien, Kate. No sonríes. No juegas. Todavía guardas dentro tu dolor.


Nº Paginas 93-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Le temblaron los labios. Se apartó de su roce y cruzó los brazos. —Y lo afronto, Sam. —¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó con suavidad—. Si hubiera sabido que estabas embarazada…. —¿Qué habrías hecho? —Dio otro paso atrás y levantó la barbilla—. ¿Habrías echado a perder tu futuro como SEAL antes de tu primera misión de adiestramiento para venir corriendo a mi lado? Ya habíamos revisado los motivos por los que queríamos decirnos adiós. Tú habías aplazado tus sueños demasiado tiempo y por fin ibas a tener libertad. Mi embarazo no era asunto tuyo. —Dios mío, Kate. ¿Cómo puedes decir eso? ¿Qué clase de hombre crees que soy? No te habría dado la espalda. Habría asumido esa responsabilidad. —¿Y qué habría supuesto eso? Ni siquiera tuvo que pensar en la respuesta. Surgió en su mente con toda su fuerza. —Nos habríamos casado.


—¿Casado? —Kate se ajustó el cinturón—. Nuestra relación se basaba en sexo, ¿recuerdas? Sexo sencillo y sin ataduras. —Bueno, sí, pero… —Y tú sigues sin cambiar de idea al respecto, ¿verdad? Has venido aquí esta mañana porque querías más de lo mismo. ¿Qué es lo que habías dicho? ¿Vernos cuando estuviéramos de permiso? ¿Divertirnos? Ésa no es manera de criar a un hijo. —Kate, no eres justa. Un bebé lo habría cambiado todo. —Casarse por el bien de un bebé conduce al desastre. Eso fue lo que hicieron mis padres, y sé por experiencia que no funciona. Habría criado a mi hijo sola y le habría dado amor suficiente por los dos en lugar de hacer desgraciado a todo el mundo casándome con un hombre que no pensaba sentar la cabeza. Las palabras de Kate hicieron saltar el recuerdo en la cabeza de Sam. Evocó la conversación del palacio, cuando la familia real había estado celebrando la llegada a casa del pequeño Luke. Kate había dicho lo mismo al referirse al príncipe y a Jessica. Sólo que, en realidad, no estaba hablando del príncipe y de Jessica, ¿verdad? —No pensabas decírmelo —declaró, comprendiéndolo con lentitud—. Si no hubieras perdido al bebé, no me habrías dicho que era padre. —Habría sido lo mejor para todos. Yo estaba dispuesta a renunciar a mi


carrera en la Marina con tal de procurarle a mi hijo un hogar estable. Vio cómo elevaba la barbilla. Maldición, detestaba ese gesto. Podía ver su dolor, pero ella no quería que la consolara. No quería nada de él. Mientras que él se había pasado cinco años llevándola en su corazón, ella ya lo había juzgado y condenado. Kate, su Kate. Nº Paginas 94-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Sólo que ya no era su Kate, ¿no? Quizá nunca lo hubiera sido. Debía de haberse engañado idealizando su recuerdo. La Kate que creía haber conocido nunca lo habría… traicionado de aquella manera. Sí, traicionado. Así se sentía. Concebir un hijo era un acto muy íntimo, pero ella había prescindido de él. —Habrías criado a nuestro hijo tú sola —declaró—. Me habrías apartado de él. —No estabas preparado para sentar la cabeza. Sigues sin estarlo. —Eso no es justo. Me juzgaste sin darme una oportunidad. —No quería poner en peligro el futuro de mi hijo. —También era hijo mío. No tenías derecho a… —¿Cómo te atreves a decir eso? Era yo quien habría renunciado a mis sueños


y habría puesto mi vida patas arriba por un hijo no planeado. Era yo quien sentía las patadas del niño en mi vientre. Era yo quien dejó un rastro de sangre desde el taxi hasta la sala de operaciones mientras tú estabas de aventura en el Pacífico, así que no me hables de derechos. A pesar de su creciente resentimiento, Sam alargó la mano hacia ella. —Kate… Ella le apartó la mano y se dirigió a la mesita en la que había dispuesto el desayuno. Recogió la mochila del suelo. —Quiero que te vayas, Sam. —Kate… Le arrojó la mochila y señaló la puerta. —Sal. Sam atrapó la mochila. —¿Por qué estás tan furiosa conmigo por algo sobre lo que yo no pude decidir? —Pusiste el bebé dentro de mí, Sam. No llegó solo. —A eso voy. Yo era el padre. No tenías que decidir si debías contármelo o no. —Fue la decisión correcta, maldita sea. —Si tan segura estás de que fue la decisión correcta, Kate, ¿por qué sigues teniendo pesadillas?


La bandera del centro de la plaza restalló con una ráfaga repentina. Kate miró el cielo mientras se dirigía al edificio norte y a la oficina que albergaba el centro de mando. Las nubes cubrían el sol, amortiguando su tibieza, convirtiendo la mañana en un día gris. Las gaviotas que aprovechaban las corrientes de aire de la base eran más numerosas de lo habitual. Sus graznidos parecían carcajadas burlonas. Nº Paginas 95-143 https://www.facebook.com/novelasgratis El tiempo lúgubre se amoldaba al estado de ánimo de Kate. También los pájaros. ¿Quién había dicho: «la verdad os hará libres»? No era cierto. La verdad te arrastraba a una maraña de preguntas que era mejor dejar enterradas. ¿Qué diablos había esperado recibir contándole a Sam lo del bebé? Había esperado recibir comprensión. Había temido su condena. No había previsto su alegría. ¿Lo habría subestimado? ¿Lo habría juzgado mal? ¿Y si se lo hubiera dicho antes? Sam había afirmado que se habría casado con ella. ¿Podría haber funcionado? ¿Podría haber llegado a quererla? Eran preguntas absurdas. Nadie había mencionado el amor. Y si la mirada de


Sam cuando se había ido era alguna indicación, dudaba que ese tema saliera a la luz. Llegó a la entrada del edificio norte y cerró la mano en torno al pomo de la puerta, pero se le escapó de los dedos cuando otra persona abrió la puerta desde el otro lado. Se apartó rápidamente, eludiendo por los pelos el choque con el hombre que estaba saliendo. Éste le puso las manos en los hombros para sujetarla. —Lo siento. Yo… —hizo una pausa—. Hola, Kate. Precisamente iba a buscarte. Cómo no, la primera persona que veía tenía que ser él. Otro motivo de burla para las gaviotas. Le miró las manos, en contacto con su cuerpo, y combatió el repentino impulso de caer en sus brazos. Pero ya no estaban en el dormitorio. Estaban en público, a la vista de todos los edificios que circundaban la plaza y de todos los marineros que la cruzaban. —Sam. —No sabía si vendrías hoy. —¿Por qué? —Estabas enfadada cuando me fui. —Lo he superado. —Kate…


—Tenemos una misión que completar, Sam. Éste bajó las manos y retrocedió. Dios, no había pretendido decirlo de esa manera. Pero así se mantenía ella a flote, cumpliendo con su deber. Era lo que la había hecho salir de la cama y vestirse en aquellos días oscuros posteriores a la pérdida del bebé y era lo que le llenaba la vida en aquellos instantes. Desvió la mirada al rostro de Sam. Su expresión era hermética. No parecía el mismo hombre que le había llevado el desayuno y una rosa a su cuarto y que la había saludado con besos hacía unas horas. Se abría un abismo entre ellos. Tenía la sensación de que algo muy valioso se había roto. Nº Paginas 96-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Le había hecho daño, comprendió. Había albergado tanto tiempo su secreto y había estado tan absorta en su propio dolor que no había pensado en el que él sentiría al enterarse de la verdad. —Sam… —Tienes razón. Tenemos una misión que completar —se apartó para dejar pasar a un par de reclutas que salían del edificio—. Hace unos minutos hemos recibido una llamada del hospital. —¿Del hospital?


—El contramaestre Thurlow ingresó esta mañana —dijo, volviéndose hacia el umbral. Kate lo retuvo con la mano. —¿Thurlow? Capitanea un barco de pesca en el sector C, ¿no? —Sí. —¿Qué ha pasado? ¿Ha sufrido un accidente? —Al parecer, lo atracaron. Apareció en un callejón. Le quitaron el dinero y el reloj. —¿Está muy grave? —Tiene una herida en la cabeza y no ha vuelto en sí. Los médicos piensan que ha sufrido un traumatismo craneal. —El índice de delincuencia aquí es bajo. Los atracos no son cosa de todos los días. —Eso tengo entendido. El callejón donde lo encontraron está cerca del puerto —desvió la mirada hacia la costa—. Me pregunto si habrá alguna relación. —¿Crees que alguien lo atracó por el barco, no por el dinero? —preguntó Kate. —Es posible. —Ese barco de pesca que tenía asignado no interesaría normalmente a un ladrón —dijo Kate—. A no ser…


—A no ser que el ladrón estuviera desesperado por hallar un medio de transporte —concluyó Sam. —¿Ursula Chambers? —Es posible. —¿Dónde está el barco ahora? —preguntó Kate. —Buena pregunta. Estoy esperando la respuesta —se apartó para dejar pasar a Kate—. Subamos al centro de mando. En cuanto entraron en el despacho, Kate percibió la tensión en el aire. Sólo tardaron ocho minutos en confirmar que el Penelope, el barco de pesca que Thurlow había estado usando, no se encontraba en su amarradero del puerto. Los dos reclutas que completaban la tripulación ignoraban qué había sido de él. Nº Paginas 97-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Con cada noticia, crecía la tensión. Hacía once días que había comenzado la caza de Ursula Chambers. La espera había desquiciado a todo el mundo. Aunque aquello fuera una falsa alarma, por fin estaba pasando algo. —Thurlow y el Penelope fueron asignados a la cuadrícula del sector C —dijo Kate después de comprobarlo en la lista—. Quien tenga el barco ahora podría oír todo lo que se dice por la frecuencia abierta de la radio. ¿Sargento Chelios?


El policía encargado de las comunicaciones levantó la vista. —¿Sí, teniente? —Dé instrucciones al personal del sector C para que cambie de inmediato a su frecuencia alternativa. —Enseguida, teniente. —Después, difunda la descripción del Penelope a todos los que estén patrullando —ordenó Sam—. Contacte con los buques navales de alta mar y póngalos en alerta. Mientras tanto, debemos seguir realizando la búsqueda regular y mantener la tapadera hasta que podamos confirmar si Chambers está en ese barco de pesca. —Sí, señor. Kate frunció el ceño, con la vista puesta en la lista de su carpeta de pinza. —Sin el barco de Thurlow, nos falta un navío en su zona. Tenemos que rellenar el hueco. —Deberíamos sacar todo navío disponible al mar —dijo Sam—. Cuantos más pares de ojos la estén buscando, más posibilidades habrá de encontrarla. Yo sacaré el balandro. Kate levantó la vista rápidamente. —El tiempo es inestable. Las condiciones de navegación podrían resultar


difíciles. —Es el tiempo que está afrontando el resto de la flota. Y el balandro tiene una quilla completa. Puede moverse en aguas revueltas. —Lo sé, pero… —No les pediría a mis hombres que hicieran algo que no estuviera dispuesto a hacer yo mismo —Sam hizo una pausa—. Y no te estoy pidiendo nada a ti. —¿Qué insinúas? —Puedo gobernar el barco yo solo. No quería tenerla a su lado, comprendió Kate. Hasta aquel momento, Sam había aprovechado la misión para pasar el mayor tiempo posible con ella. Su insistencia la había molestado y contrariado, pero era mejor que aquel… distanciamiento. —Seguimos siendo compañeros, teniente Coburn —dijo con temeridad, dejando la carpeta a un lado—. Voy contigo. Nº Paginas 98-143 https://www.facebook.com/novelasgratis *** Sam se esforzaba por sujetar el timón con fuerza mientras escudriñaba el horizonte en dirección oeste. En el transcurso de las últimas horas, el tiempo


se había deteriorado más deprisa de lo esperado. Unas nubes pesadas de color acero pendían a corta distancia del agua mientras, por la parte superior, alcanzaban a bloquear el sol. El mar era una alfombra gris cambiante zarandeada por el mar. El agua salpicaba la proa mientras surcaban las olas. Kate salió del camarote atándose los tensores del impermeable amarillo que se había puesto. Le ofreció otro a Sam. —Los he encontrado en la taquilla de debajo del catre. Podríamos necesitarlos. Sam le dio las gracias y se puso el impermeable. No confundiría aquel gesto con preocupación o atención. Kate le había dado el impermeable para que pudiera seguir adelante con la misión. De todas formas, eso sería lo que diría si se lo preguntaba. Había sido un día frustrante. Aunque estaban completamente solos, ninguno de los dos había abordado un tema que no estuviera relacionado con la misión. Sin embargo, saltaban chispas de tensión entre ellos. Había confiado en Kate. Había creído que su relación era sincera. Aunque intentaba convencerse de que todo pertenecía al pasado, no podía reprimir el resentimiento. Era humano. Kate había decidido ocultarle la existencia del bebé. Había decidido que él no era digno de ser padre. ¿Cómo iba a olvidarlo?


—¿Has hablado con el puesto de mando por radio? —preguntó. —Sí. Se aproxima una borrasca por el oeste. Este tiempo es sólo el comienzo. Sam se quitó una capa de humedad del rostro. —La flota tiene orden de regresar a puerto si el tiempo empeora hasta volverse peligroso. Es decisión de cada capitán. ¿Algo más? —Sí. Thurlow ha vuelto en sí. —¿Qué tal está? ¿Recuerda lo ocurrido? —Tiene un fuerte dolor de cabeza, pero se recuperará. No recuerda muy bien el ataque. Había dos personas, un hombre y una mujer. Él había ido a revisar el barco y los sorprendió intentando llevarse el Penelope. —Así que querían el barco. —Eso parece. Creo que le quitaron el dinero y lo dejaron lejos del muelle para despistar a la policía. —¿Dio su descripción? —El hombre llevaba barba, la mujer era una morena alta. —¿Morena? —Chambers podría haberse teñido el pelo. El resto de la descripción física coincide. Nº Paginas 99-143


https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Thurlow ha identificado la fotografía? —Estaba demasiado oscuro para distinguir los rasgos, y todo ocurrió muy deprisa, pero creo que era Chambers —dijo Kate—. A Thurlow lo tomó por sorpresa que fuera la mujer quien lo golpeara. Utilizó un remo. Sam ajustó el peso para compensar la inclinación de la cubierta al surcar otra ola. Ursula Chambers le había roto el cráneo al sobrino del rey con una estatuilla de mármol. Había asesinado a su propia hermana. Una mujer como aquélla no vacilaría en golpear con un remo a un hombre desarmado. —Si era Chambers —dijo Sam—, no sólo tiene un barco, sino un aliado. —No es una buena noticia. —No, pero el barco podría zozobrar con este tiempo, si la tripulación no sabe lo que hace. —Es posible —Kate observó las nubes, con el pelo azotándole la cara—. ¿Qué sabemos de la experiencia en navegación de Chambers? —Nada. Ella y su hermana crecieron en un rancho de Colorado, pero Ursula estuvo viviendo en la costa este durante varios años. Podría ser cualquier cosa desde amateur a experta. Si se ha liado con alguien que conoce estas aguas, no lo asustará el mal tiempo.


—Entonces, ¿cómo es que nadie los ha divisado todavía? —Podrían estar cerca de la costa, esperando a que mejore el tiempo. —O puede que ya hayan pasado de largo y llegado a Tamir. —Tengo fe en nuestra gente —dijo Sam de inmediato—. Si Chambers hubiera intentado huir ya a bordo del Penelope, la habrían atrapado. —No necesariamente —recogió el chaleco salvavidas que se había quitado para ponerse el impermeable—. No si alguno de nosotros se distrajo. —Ya veo que sigues dispuesta a pensar lo peor de todo el mundo. —Sam, esto no se trata de nosotros. Él apretó los dientes. —Cierto. Se trata de nuestro deber. Es lo único que te importa. Es la única razón por la que estamos juntos. ¿Cómo he podido olvidarlo? Un relámpago zigzagueó en el horizonte. Con el chaleco salvavidas colgando de su mano, Kate se volvió hacia él. —Está bien, Sam. Esto ya ha durado bastante. Puedo comprender que sigas disgustado por lo que te dije esta mañana, así que si tienes algo más que decirme, suéltalo. ¿Algo más que decirle? ¿Por dónde podía empezar? Había tantas emociones en


conflicto dentro de él que ni siquiera lograba ordenarlas. —Creo que es al revés, Kate. Nº Paginas 100-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Qué quieres decir? —Eres tú quien tiene algo más que decir. No me lo has contado todo. Ella se estremeció. Sam no sabía si se debía a sus palabras o al bramido del trueno. —No sé de qué me hablas. —Puedes llamarme idiota insensible si quieres, pero sé que tiene que haber algo más aparte de lo que me has contado. Perder un bebé es trágico, pero no insólito. Muchas mujeres sufren un aborto involuntario y acaban superándolo. Tú, no. —Sí, lo superé. Pero las circunstancias lo han removido todo. —No, hay más. Afirmas que no me lo dijiste porque estaba mal casarse por el bien de un niño y no querías que acabáramos sufriendo como tus padres. —Así es. —Entonces, ¿qué parte de la decisión fue por ti y qué parte por mí? Los aparejos crujieron cuando la vela mayor restalló y ondeó con el viento. Kate


lo observaba con los ojos entornados. —¿Qué quieres decir? —Dijiste que no estaba preparado para sentar la cabeza y, en su momento, quizá fuera cierto. Pero tú tampoco estabas preparada, Kate. —Te equivocas. Estaba dispuesta a criar a ese bebé… —A sacrificar tu carrera por el bebé. A poner tu vida patas arriba. A renunciar a tus sueños. —Sí, eso es. —¿Estás segura? Yo no estaba allí, así que era un blanco fácil para tu culpa. Te has pasado cinco años convenciéndote de que tomaste la decisión correcta porque no era un marido o padre apropiado pero, si es eso cierto, ¿por qué sigues atormentada? Kate empezó a volverse. —¿No crees que es hora de dejar de huir, Kate? —levantó la voz para que lo oyera con el viento—. ¿No es hora de sincerarse? Ella se aferró a la barandilla; tenía los nudillos blancos. Sam quería parar pero, ya que había llegado tan lejos, ¿por qué no sacarlo todo a la luz? —¿Te culpas por haber perdido el bebé? —¡Por supuesto que me culpo! —gritó—. Debí intentar con más ganas llegar al hospital. Debería haber descansado más, haber tenido más cuidado.


—¿Habría servido de algo? —El médico dijo que no, pero… —La culpa no fue tuya. Lo sé. Habrías hecho todo lo humanamente posible por salvar a ese niño. Nº Paginas 101-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Y lo hice. —Aun así, te sientes culpable. —¡Sí! —¿Será porque crees que las cosas podrían haber sido de otra manera si me hubieras dado una oportunidad? —Tomé la decisión correcta. La única decisión posible. Tú no estabas… —¿Por eso te sientes culpable, Kate? ¿O tienes pesadillas porque te aterra pensar que, en el fondo, fue un alivio perder el bebé? Estalló un trueno. De pronto, el viento se serenó. La frase de Sam quedó suspendida en el aire como el ruido de un bofetón. Había ido demasiado lejos. Su enojo se había evaporado nada más pronunciar las palabras. Quería retirarlas. Quería suplicarle que lo perdonara por aquella cruel acusación. —Kate…


—Cabrón —ella soltó la barandilla y cerró los puños—. Ca… Su insulto terminó en un chillido cuando el barco se elevó sobre una ola. Kate resbaló sobre la cubierta mojada y cayó al mar. Nº Paginas 102-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 12 Kate no sabía dónde estaba el cielo y dónde la tierra. Todo era gris. El agua la zarandeaba, desorientándola. Apretaba la mandíbula con fuerza para no inspirar, pues sus pulmones necesitaban aire. Había ocurrido muy deprisa. No había podido tomar aire antes de caer al agua. Tenía toda la atención puesta en Sam… y en lo que había dicho. Alivio. Alivio. Era horrible, impensable. Había deseado ese niño. Lo había sentido moverse. Había ansiado sostenerlo en brazos… Pero también había ansiado la libertad y una carrera que la llevaría lejos del desprecio de la familia y de la casa sin alma del barrio de las afueras. Se desembarazó del pesado impermeable y movió los pies, impulsándose hacia lo que creía era la superficie. La masa gris que la rodeaba seguía siendo la misma.


Cambió de dirección pero no podía escapar del agua ni de sus pensamientos. «Te aterra pensar que, en el fondo, fue un alivio…» ¡No! «Fue un alivio…» No, era culpa de Sam. Si no se hubiera empeñado tanto en gozar de su libertad, si no hubiera anhelado la aventura, si la hubiera amado, su decisión habría sido otra. Le habría hablado del embarazo, y el bebé podría haber vivido. Era por Sam, no por ella. «Fue un alivio perder el bebé…» La idea no se iba. La torturaba desde la distancia, como los estallidos de luz en la periferia de su visión. Durante un instante de cobardía, se preguntó qué ocurriría si dejaba de forcejear y se dejaba ir. Sería mucho más sencillo dejarse arrastrar por el agua. Sería la huida definitiva, ¿no? Así nunca tendría que afrontar la verdad. De todas formas, desde que había salido del hospital había estado medio muerta. Sam tenía razón. No sonreía, no jugaba. Había enterrado su pasión para no ser la mujer de antes. Se había estado castigando. ¿Hasta cuándo? Podría morir allí. Entonces, el forcejeo terminaría.


Pero si vivía, nunca sería lo mismo. Sam se había ocupado de eso. Tendría que afrontar la verdad. La luz volvió a temblar. Se esforzó por volver la cabeza hacia allí y sintió el bramido del trueno. Nº Paginas 103-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Trueno. Luz. Era un relámpago. Con los últimos vestigios de fuerza, Kate se impulsó hacia la luz. —¡Kate! Sam tenía la voz ronca de tanto gritar. La garganta le dolía de las salpicaduras de agua que había tragado. Volvió a gritar. —¡Kate! ¿Dónde estás? El balandro tembló al recibir una ola de costado. Sam revisó el rumbo, secó las gotas de agua de las lentes de los prismáticos y se las llevó a los ojos. Estaba rodeado de una masa cambiante de ondas grises y espuma blanca. Con cada segundo que pasaba, el cielo se ennegrecía más. La tormenta estaba a punto de estallar; Sam lo sentía en el viento, cada vez más fuerte, y en el aire cargado de electricidad. En cuanto rompiera a llover, la visibilidad se reduciría a cero. No tendría esperanzas de divisar a Kate.


El pánico que había estado rondándolo desde que había visto a Kate cayendo por la borda no era fácil de controlar. Pero debía hacerlo. Debía mantenerse lúcido. Con la disciplina de hierro que había aprendido en incontables misiones en las que un movimiento en falso podía conducir al desastre, luchó por centrar sus pensamientos. Su instinto lo instaba a saltar por la borda y a nadar tras ella, pero sin el barco, sin notificar su situación, ninguno de los dos tendría muchas posibilidades de sobrevivir. Kate era una nadadora experta y una mujer inteligente. Sabría que él volvería a buscarla, ¿no? Había consumido unos minutos preciados virando el barco. Debería haberla divisado ya, pero las olas seguían vacías. Había recogido la vela mayor y encendido el motor auxiliar para controlar mejor la posición, pero cada pasada de prismáticos seguía siendo infructuosa, cada grito seguía sin ser contestado. Y a medida que transcurrían los minutos, Sam sintió que el pánico que lo rondaba se aproximaba a la desesperación. —¡Kate, contéstame! Nada, sólo el bramido de un trueno. —¡Adelante, llámame cabrón! —gritó—. ¡Tienes razón, lo soy! El motor se atrancó un momento, el barco surcó otra ola tambaleándose. —¡Kate, lo siento!


El viento le arrebataba las palabras. Deseaba poder retirarlas, eran las últimas que había pronunciado. Los remordimientos eran una masa fría en el estómago. Kate no se merecía su enojo. Nº Paginas 104-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Debía encontrarla. Aunque no lo perdonara, aunque lo odiara durante el resto de su vida, daría igual mientras siguiera viva. No, no era cierto. Ella le importaba. No quería que lo odiara; quería otra oportunidad. Ya había desperdiciado una. Si la encontraba… La encontraría. La abrazaría. La alternativa era impensable. —¡Kate! ¿Era un movimiento lo que veía en la cresta de una ola? Sosteniendo el timón con firmeza con una mano, barrió la zona con los prismáticos, aguardando a que el barco montara la siguiente ola. ¡Allí! Algo pálido se elevaba sobre el agua. Una mano, un brazo. —¡Kate! La respuesta fue tenue, tan tenue que podría haber sido fruto de su imaginación, pero Sam no vaciló. Cortó el motor, perdió el tiempo justo de quitarse el impermeable y los zapatos y de añadir otro tramo a su cuerda de


salvamento y se zambulló en el agua. A pesar de que la ropa le pesaba y las olas lo zarandeaban a todos lados menos en línea recta, cubrió la distancia que lo separaba de Kate en lo que habría sido un tiempo récord mundial si hubiera habido alguien allí para presenciarlo. Kate estaba pálida y débil, pero nadaba hacia él cuando la encontró. Aquello le parecía de algún modo correcto. Su Kate, fuerte e independiente, no esperaría a que nadie la rescatara. Sam no tenía palabras para expresar lo que sentía. En cambio, le tomó la mano y se la llevó con fuerza a los labios. Estaba viva. Se pondría bien. Gracias a Dios, gracias a Dios. Rompió una ola sobre sus cabezas. Kate tosió y retiró la mano para mantenerse a flote. —Sam, ¿dónde está el barco? Él señaló a su espalda. —Tengo una cuerda. Aguanta. Te arrastraré conmigo. Estaba lloviendo cuando se encaramaron a la cubierta. Sam vio los ojos enrojecidos y las mejillas húmedas de Kate y supo que se debían a algo más que al


mal tiempo y al mar. Pero no era el momento de disculparse. Al relámpago que restalló en el cielo le siguió un trueno que hizo vibrar la cubierta. —¡Baja al camarote y sécate! —gritó Sam—. ¡Yo llevaré el barco a puerto! —¡No! —Kate… —Chambers podría estar aquí. Nº Paginas 105-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —No podremos verla con esta tormenta. —Tenemos que intentarlo. No malgastó aliento discutiendo. Soltó las anclas para contar con cierta estabilidad, se echó a Kate a la espalda y bajó al camarote. La dejó en pie junto al catre y se volvió para cerrar la escotilla. Ella se tambaleaba; tenía las piernas débiles. A la tenue luz que irradiaba el aplique del techo del camarote, el agua que chorreaba por su cuerpo brillaba como plata. —¿Has comunicado nuestra posición por radio? —preguntó. —Sí —dijo Sam—. Hace diez minutos.


—¿Cuál es el estado de la flota? —Más de la mitad de las embarcaciones pequeñas ya estaban regresando a Montebello cuando pedí ayuda para buscarte. Los dos que todavía estaban en este sector estarán de camino —se quitó la camisa empapada y se acercó a la radio. Con unas palabras secas informó a las demás embarcaciones de que Kate estaba a salvo a bordo, después, cortó bruscamente la transmisión y avanzó hasta colocarse justo frente a ella. —¿Había algo más de ropa en la taquilla en la que encontraste los impermeables? —Unas cuantas camisetas. Unos pantalones de gimnasia. Sam, debemos cerciorarnos de que la flota se coloque en posición en cuanto remita la tormenta… —Lo haremos —le puso las manos en el frente de la blusa. —Sam, ¿qué haces? —Ahora no podemos atrapar a Chambers. La prioridad es ponerte ropa seca — forcejeó para desabrocharle los botones, pero entre el balanceo del barco y la adrenalina que todavía corría por sus venas, no lo lograba. Inspiró en un intento de serenar las manos… y sus sentidos se llenaron con el olor del mar y de Kate. Su Kate.


Y supo en ese instante que, hiciera Kate lo que hiciera, siempre sería suya. —¿Sam? El control al que se había aferrado mientras la buscaba empezaba a desmoronarse. Sintió que caía pieza a pieza. Lo dominó el pánico. Cerró las manos en el frente de la blusa. No podía respirar. Ella le sujetó las muñecas. —Sam… Él apoyó la frente en la de ella. —Siento haberte dejado, Kate. Dios, lo siento. Nº Paginas 106-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tenías que hacerlo. Debías de ir a treinta nudos y no podías dar media vuelta… —No —movió la cabeza con una rápida negativa. Las gotas de agua del pelo resbalaban por sus sienes—. No me refiero a ahora. Me refiero a entonces. Hace cinco años. Yo no lo sabía. Y siento mucho lo que dije antes… antes de que te cayeras… — no podía seguir. Tragó saliva. Ella le hundía las uñas en las muñecas. —Se acabó, Sam. «No, no puede haber acabado», pensó. «Por favor, no lo permitas».


Le rozó la mejilla con los labios. Kate sabía a lluvia fría y a lágrimas calientes. Se le inflamó el corazón. Le dejó un rastro de besos por la mandíbula hasta la barbilla. Su maravillosa barbilla obstinada. No detestaba cómo levantaba la barbilla, le encantaba. Le encantaba su fortaleza. Otra mujer se habría derrumbado después de la odisea que acababa de vivir, pero su Kate, no. Podría haberla perdido. Todo lo demás perdió significado. La besó en la boca. Tenía los labios frescos. Ladeó la cabeza y siguió besándola hasta dejárselos tibios. Le soltó las muñecas y tomó la cabeza de Kate entre las manos, abriéndole los labios. Al sentir su lengua tocando la de él, perdió el último rastro de control. Cerró los puños en la blusa y la rasgó. Bramaban los truenos, y las olas rompían contra el casco. La tormenta no reprimía el anhelo de Sam, lo intensificaba. El deseo que sentía era tan primitivo como los elementos. Sabía que lo que había entre Kate y él no era sólo sexo, pero el vínculo físico había sido el comienzo. Ya afrontarían el resto después. Kate contuvo el aliento al sentir las manos de Sam en el pecho. Tenía la piel fresca y resbaladiza, y las palmas de él estaban tibias. Le acarició los pezones con los pulgares con toques breves, duros y exigentes; después, le cerró las manos en los


costados y la levantó hacia su boca. La oleada de placer la mareó. Había estado al borde del agotamiento hacía escasos momentos pero, de pronto, su cuerpo chisporroteaba con energía renovada. Estaba viva. Y estaba harta de huir de la vida. No volvería a esconderse de su pasión. Arqueó la espalda y apoyó las palmas en el techo bajo del camarote, apretando su pecho aún más contra el beso de Sam. Oyó su rugido de aprobación. Sam le rodeó el pezón con la lengua y succionó. Ella le enganchó las piernas en torno a la cintura y lo apremió para que siguiera con sonidos inarticulados y enérgicos. El camarote se inclinó con la ola. Sam se tambaleó y se golpeó la espalda con un mamparo. Se dejó caer al suelo con Kate en las rodillas, con las piernas de ella Nº Paginas 107-143 https://www.facebook.com/novelasgratis todavía en torno a su cintura. Kate le hundió los dedos en el pelo y atrapó su labio inferior entre los dientes. Kate se sentía como si fuera incapaz de saciarse. Todos sus sentidos se llenaban de deleite mientras saboreaba, tocaba y olía. Era lo mismo de siempre, aquella oleada de deseo. Y, sin embargo, era diferente. Mejor. Necesario.


Acarició la espalda de Sam y sintió el movimiento de los músculos bajo la piel húmeda. Abrió las manos con ánimo posesivo para redescubrir los salientes y hondonadas que tiempo atrás había conocido tan bien. Y de nuevo se sintió como si volviera a casa. Sam deslizó la mano entre ellos y le frotó entre los muslos con los nudillos. Kate gimió al sentir aquel contacto último. Era bueno. Era tan natural como haber seguido el relámpago para tomar aire. Costaba horrores deshacerse de la ropa mojada. Sam no fue suave cuando le bajó los pantalones y la ropa interior y la arrojó sobre el catre. Tampoco ella, cuando le abrió la cremallera y lo tomó. Le mordió el hombro para contener el grito de impaciencia cuando Sam se palpó el bolsillo de los vaqueros en busca de un condón pero después, finalmente, la penetró. Y a pesar del vaivén del barco, de los truenos y de la lluvia, Kate sintió que su mundo se había enderezado. Sam le hundió los dedos en los glúteos, esforzándose por acercarse con cada embestida. Fue rápido, salvaje y justo como Kate lo quería. Estaba viva, y pretendía vivir. Le pasó las uñas a Sam por la espalda y movió las caderas para que la penetrara hasta el fondo. El clímax llegó de improviso, y sus cuerpos húmedos temblaron con las


oleadas de placer. Lo oyó pronunciar su nombre. Lo sintió estremecerse. Después, el trueno estalló justo por encima de sus cabezas. Algo pesado chocó contra el techo del camarote, y se apagó la luz. Kate se movió y levantó la cabeza, con el corazón desbocado. El peso de Sam la abandonó de inmediato cuando se puso de costado. Sacó la mano y lo palpó en la oscuridad. Lo sujetó por el brazo. —¿Sam? —tenía la voz áspera—. ¿Qué…? —Debe de habernos caído un rayo. Se ha ido el sistema eléctrico. Kate luchaba por reactivar su cerebro. —Dios mío. —No te muevas. Comprobaré los daños. —Sam… Él encontró su boca. La besó con fuerza, hundiendo la lengua a modo de eco del acto que acababan de compartir. Kate gimió; su cuerpo respondía sin pensar. Bajó la mano al muslo de él. Nº Paginas 108-143 https://www.facebook.com/novelasgratis


Él rompió el beso y deslizó los labios por la garganta de ella para acariciarle el pecho. Masculló una maldición. —No te muevas —repitió. —Hay una linterna… El catre crujió. —¿Dónde? —En la taquilla de detrás de la escalera —se envolvió con la manta y se puso en pie—. Iré a buscarla. El mar zarandeó el barco con violencia, lanzando a Kate hacia delante. Chocó con Sam. Él le rodeó la cintura con el brazo y la apretó contra su cuerpo. Seguía desnudo. Kate abrió la boca sobre su clavícula, amoldando su cuerpo al de él, absorbiendo su calor y el olor almizcleño de su piel. Pero no hubo tiempo para más. El barco se inclinó peligrosamente hacia estribor y el agua le bañó los pies. Nº Paginas 109-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 13 El mástil principal se había caído, arrancado de cuajo a sesenta centímetros por


encima de la botavara. Caía a estribor como un ala rota, sostenido por los obenques y lo que quedaba de foque. Sam advirtió de inmediato que su peso inclinaba el barco de costado, dejando que el mar bañara la cubierta. Sólo el contrapeso de la quilla completa de plomo impedía que volcaran. —¿Podemos subirlo a cubierta? Kate estaba justo detrás de él, pero apenas oía su voz con el ruido del viento. Sam volvió la cabeza. —No tiene sentido —gritó—. No tenemos medios para repararlo. Tendremos que soltarlo. Un relámpago iluminó su rostro mojado por la lluvia. —Está bien. Buscaré los cutters —gritó ella. Treparon por la cubierta inclinada, utilizando las cuerdas de salvamento y sujetándose el uno al otro mientras buscaban dónde asirse. Cuando Sam se encaramó a la botavara para cortar los aparejos, Kate estaba justo detrás de él, rodeándole las piernas con los brazos para sujetarlo y que así pudiera usar las dos manos mientras trabajaba. Sam no había querido que Kate subiera a cubierta. Habría preferido que se hubiese quedado a salvo en el cálido camarote. Pero no lo había sorprendido que se hubiese negado a recibir órdenes. Había sacado la linterna, se había puesto la ropa mojada y lo había seguido escalera arriba. ¿Era aquélla la misma mujer que había caído al mar y podría haberse ahogado?


¿La que le había dejado huellas de dientes en el hombro hacía diez minutos? Sí. Y era toda una mujer, ¿verdad? —¡Aguanta! —gritó Sam mientras cortaba el último cable. El mástil cayó al mar. Liberado de su peso, el barco se inclinó bruscamente hacia el otro lado. Los dos se aferraron a la botavara hasta que el barco se enderezó. Pero sus problemas no habían terminado. El rayo los había dejado sin radio. La bomba eléctrica no funcionaba. El agua del camarote les llegaba hasta los tobillos y tuvieron que usar una bomba manual y los cubos para achicarla. Durante el resto de la noche, hablaron poco, ahorrando las fuerzas para su lucha con el mar. Sam perdió la noción del tiempo. Hasta que Kate señaló las estrellas no comprendió que la tormenta se estaba alejando. Agotados, cerraron la escotilla y se quitaron la ropa mojada. Sin fuerzas para la modestia ni ninguna otra cosa, se envolvieron en mantas secas. Kate se quedó dormida antes de llegar al catre. Le fallaron las rodillas, y habría caído de bruces sobre el colchón si Sam no la hubiera visto caer. La atrapó y la tumbó de costado; después, se estiró detrás de ella y la atrajo contra su pecho. Nº Paginas 110-143 https://www.facebook.com/novelasgratis El catre era estrecho, pero cómodo. Sam acercó los labios al pelo húmedo de Kate. Le dolían todos los músculos del cuerpo. Tenía el cerebro nebuloso por


el agotamiento. Ansiaba dormir, pero no quería perder ni un solo minuto de su tiempo con Kate. —No volverás a escaparte, teniente Mulvaney —susurró—. Eres mía, ¿me oyes? El pecho de Kate ascendía y descendía con la respiración lenta y honda del sueño profundo. Le pasó un brazo por encima y entrelazó sus dedos con los de ella. Quería decirle algo más. Estaba seguro. Pero primero cerraría los ojos un momento… Poco antes del amanecer, Sam se despertó con sobresalto. Algo iba mal. Se puso alerta al instante. El barco se inclinaba con el movimiento de las olas, pero el viento había remitido. La tormenta no había regresado. Volvió a oír el sonido. Era un gemido grave que le ponía los pelos de punta. Era de Kate. Sam se incorporó sobre un codo para mirarla. A la luz de las estrellas que se filtraba por las portillas vio que tenía los ojos cerrados. Estaba soñando. El sueño comenzó igual que siempre. Kate estaba corriendo, intentando encontrar el bebé. Le ardían los pulmones, no podía tomar suficiente aire, pero


seguía corriendo. No desistiría. No podía. Acercó las rodillas al pecho, formando un ovillo protector, pero sintió el dolor de todas formas. Le mordía el vientre y descendía hasta los dedos de los pies. El bebé. Estaba perdiendo el bebé. —No —gimió, abriendo los dedos y alargándolos para detener lo inevitable —. No, por favor. «Kate, lo siento». Siguió avanzando, con las palabras de Sam filtrándose en la pesadilla. Sentía no poder moverse más deprisa. Sentía no poder intentarlo con más fuerza. El bebé. No estaba allí, debía encontrarlo. El pasillo del hospital se alargaba formando un túnel reluciente. El dolor lo teñía todo de rojo. El médico hablaba con voz cansada. —Lo siento. Hemos hecho lo que hemos podido. Ella negaba con la cabeza. No, aquella vez no pensaba renunciar. No estaba huyendo. Llegaría hasta el final. —Lo ha perdido —el médico se estaba dando la vuelta—. Era demasiado pequeño. Lo siento. Kate se abrió paso entre el dolor. No. No había terminado. ¿No lo entendían?


Maldición, estaba harta de correr. De huir de todo. Nº Paginas 111-143 https://www.facebook.com/novelasgratis La neblina roja se tornaba blanca y el dolor remitía. Kate estaba jadeando, le dolía la garganta. El sueño estaba cambiando. Por primera vez en cinco años, era diferente. La esperanza brotó en su pecho. Alargó la otra mano. El bebé. Quizá, por fin encontraría al bebé. Debía salvarlo… Algo tibio le tocó el rostro. Un soplo de aire en la mejilla. Giró en redondo. No había bebé, ni médico, ni hospital. Ni dolor. Sólo una mariposa. El sol resplandecía en las alas de encaje dorado. Era arrebatadoramente hermosa. Batió las alas un segundo fuera de su alcance. Ella alargó los brazos y corrió tras ella, queriendo atraparla… Pero ralentizó los pasos. Algo tan delicado no estaba hecho para ser capturado, ¿verdad? Sería egoísta que la obligara a estar con ella. Esas alas doradas de encaje no estaban hechas para la tierra. No debían ser encadenadas, sino libres. Kate bajó los brazos. La mariposa se quedó suspendida en el aire durante un momento interminable como si… como si se estuviera despidiendo. Después, abrió las alas y se elevó en espiral hacia el cielo.


La vio elevarse. Bailaba sobre la brisa, jugando en las nubes, disfrutando de la libertad de poder ir finalmente a donde las almas siempre han ido. Y, suavemente, sin dolor, a Kate se le rompió un trozo de corazón que se alejó con ella. Se despertó sollozando. Sam estaba inclinado sobre ella, con los dedos en el pelo de Kate, su aliento en la mejilla. Pero ella no podía verlo. Tenía los ojos llenos de lágrimas. —Kate —le acarició el hombro con dedos trémulos—. Kate, lo siento mucho. No llores. Las lágrimas caían más deprisa. Ella tragó saliva, cerró los ojos… pero no podía dejar de llorar. Era como si hubiera estallado un dique o… O como si una herida infectada hubiera sido finalmente liberada de su pus. Sam la atrajo a sus brazos. —Kate, me equivoqué. Estaba furioso y dolido, pero no es excusa. No debí decir esas cosas sobre tu aborto ni tus pesadillas. Lo siento. Ella apretó el rostro a su cuello con otra oleada de lágrimas.


—No, Sam. Me alegro de que lo hicieras. —Era injusto. No comprendía lo mucho que habías sufrido. —Puede que no, pero tenías razón. —Fui cruel. —Lo necesitaba. —Kate… Nº Paginas 112-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Tenía que… soltarlo, Sam —sus palabras se mezclaban con el llanto—. Tenía que… dejar ir al bebé. Sam le acarició la espalda y, sin decir nada más, se limitó a abrazarla mientras lloraba. Y Kate necesitaba llorar. Creía haber gastado todo el dolor, pero se había estado engañando. Pese a lo crueles que habían sido las palabras de Sam, éste tenía razón. En parte, había sentido alivio al perder al bebé. En su subconsciente debía de saber que no estaba preparada para ser madre. Habría amado a su bebé, pero temía amar a nadie. Ése era el verdadero motivo por el que no se había puesto en contacto con Sam. Por eso no había superado su dolor. La culpa que la había estado atormentando


había sido demasiado honda pero, de pronto, gracias a la sinceridad de Sam, había salido a flote y por fin estaba desapareciendo. Así que lloró por lo que podría haber sido. Lloró por la vida minúscula que Sam y ella habían creado en esa mágica noche en los Cayos. Con cada lágrima que derramaba, dejaba ir más culpa y más dolor. Cuando se quedó sin lágrimas, permaneció donde estaba, a salvo en los brazos de Sam mientras el barco se mecía con suavidad al amanecer. Los latidos de Sam eran fuertes y estables bajo su oído. Los brazos, firmes en torno a su espalda. Él le acariciaba la cabeza con la barbilla, y a ella se le enredaba el pelo en su barba incipiente. Con la mano, le secó las últimas lágrimas. Kate volvió la cabeza hacia la portilla que había sobre el catre. Iba a empezar un nuevo día. Por primera vez en mucho tiempo, creía poder recibirlo sin mirar atrás. Se llevó una mano a la garganta y se frotó allí donde había llevado la mariposa. No pesaba más de un gramo o dos. Entonces, ¿por qué, de repente, se sentía mucho más ligera sin ella? —¿Kate? —la voz de Sam le llegó con la misma tibieza que sus brazos. Ella volvió a apoyar la cabeza en su hombro. Cielos, cuánto amaba a aquel hombre. Sí, lo amaba. Por eso se había resistido a él durante tanto tiempo. Era la


última pieza de la verdad que debía afrontar, pero era la más fácil. Estaba locamente enamorada de Sam Coburn. Probablemente, lo había estado desde que se habían conocido. Por eso había sido tan bueno el sexo. Estaba dejando que su cuerpo expresara lo que su corazón y su mente habían temido reconocer. No era sólo sexo; había amor. Abrió la mano para sentir el ascenso y el descenso de su pecho con la respiración. Incluso en aquellos momentos, con el cuerpo magullado y dolorido tras la batalla con la tormenta, no podía pasar por alto los hormigueos que le recorrían la piel allí donde lo tocaba. La pasión de la noche había sido inevitable. El barco se inclinó suavemente con una ola. Kate aprovechó el movimiento para deslizar la pierna sobre los muslos de Sam y colocarse sobre él. Acercó los labios a su pecho. —¿Kate? Nº Paginas 113-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Se movió hacia abajo, deslizándole las uñas por las caderas, perfilando los contornos de sus huesos, siguiendo el perfil de sus músculos. Besó la cicatriz próxima al ombligo. Era una de las que había adquirido en su ausencia. Él se había curado. Las heridas emocionales de ella también sanarían. El proceso


ya había comenzado. —Kate, espero que estés despierta —dijo Sam. —¿Mmm? —Porque si no lo estás, no me siento especialmente caballeroso. —Sí, estoy despierta, Sam —deslizó la mejilla por la hilera sedosa de vello que descendía desde el ombligo—. Y sé muy bien lo que hago. —Sí, ¿eh? Podía oír una sonrisa en la voz, y curvó los labios. —Sí. Aunque metiéramos la pata en otras cosas, esta parte siempre nos salió bien. Sam se estiró. Fue un estiramiento largo, ocioso y masculino en el que enderezó las piernas y tensó los músculos. Levantó las caderas del colchón, haciéndola ascender antes de exhalar un gemido rasposo. —Sí. Esta parte siempre nos ha salido bien. Ella cerró los ojos e inspiró la fragancia de Sam. No combatió los recuerdos que la abrumaron. Ya no hacía falta. Sam se inclinó hacia delante y la sujetó por las axilas. Tiró de ella hacia arriba hasta que sus rostros quedaron a la misma altura; después, unió su boca


a la de Kate. Fue un beso lento y tierno. La pasión estaba allí, en el temblor de las manos de Sam al abrazarla, pero se estaba tomando su tiempo, como si él también quisiera disfrutar del momento. La besó en profundidad, empleando los labios, la lengua y los dientes hasta que ella tuvo que apartarse para tomar aire. Pasó a repetir el proceso con la oreja de Kate. Después, fue bajando. Se tomó un tiempo que ninguno de los dos había querido malgastar durante su pasión frenética de horas antes. Ya estaban desnudos. No tenían que forcejear con la ropa. Sus cuerpos se movían al compás como por propia voluntad. Kate jadeó al sentir que Sam la llenaba. Era más que sexo. Era vida. Le pasó la pierna por detrás y lo sujetó por los glúteos, repentinamente impaciente. Pero no podía apremiar a Sam. Éste le tomó las manos y se las colocó por encima de la cabeza. Con los dedos entrelazados en el cabecero, se acomodó mejor sobre ella. —Sam…


—Ya llegamos, Kate —le besó el cuello y movió las caderas en círculo—. Créeme, la espera merecerá la pena. Nº Paginas 114-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Kate se estremeció de placer. Era otra de las cosas que le encantaban de Sam. Nunca mentía. El alba ya era una realidad cuando Kate volvió a despertarse. No podía llevar dormida mucho tiempo… todavía sentía un hormigueo en el cuerpo por las atenciones que Sam le había prodigado. Sonrió y alargó la mano hacia él, pero tocó una manta vacía. Se incorporó sobre el codo y paseó la mirada por el camarote. Sus prendas y las de Sam habían desaparecido. La débil luz del día entraba a raudales por la escotilla abierta, pero había desaparecido la escalera. Sam estaba en cuclillas delante del agujero antes ocupado por los peldaños. Junto a él descansaba una caja de herramientas abierta. Llevaba unos pantalones de gimnasia caídos sobre la cadera, pero estaba desnudo de cintura para arriba. Mientras lo observaba, él tomó un destornillador y se inclinó hacia delante, metiendo la cabeza en la abertura. La luz de la escotilla le caía sobre los hombros y la espalda, realzando el movimiento de los músculos y los tendones. Kate contuvo un bostezo y decidió darse el lujo de mirarlo, apoyando la cabeza en la mano mientras observaba el juego de


luces sobre su cuerpo. Era como una escultura viva, un estudio de la forma masculina perfecta. Ya sabía que era el amor lo que hacía que el sexo con él fuera tan satisfactorio, pero su magnífico cuerpo mejoraba la experiencia. Sam se retorció para meter la mano en el hueco de debajo de los peldaños, y los pantalones de gimnasia resbalaron peligrosamente hacia abajo. Kate se humedeció los labios, tentada a dar un tirón a esos pantalones y poner fin al suspense. Pero antes de que se retirara la manta y cediera a su impulso, oyó un ruido metálico. Un motor cobró vida, dio unas cuantas vueltas y volvió a callar. Sam masculló una maldición y siguió trabajando con el destornillador. Kate suspiró y se frotó los ojos. Por supuesto. Sam había retirado la escalera para poder acceder al motor auxiliar que estaba montado a popa del camarote. La prioridad sería hacerlo funcionar. No tendrían tiempo para volver a la cama. Pero sería mucho más sencillo si lo tuvieran. Si pudieran permanecer eternamente en la cama. Así no tendrían que pensar en su misión… o en lo que ocurriría cuando ésta terminara. Acababan de empezar a resolver su pasado. Una noche emotiva en común no conformaba un presente, y ninguno de los dos había hablado del futuro. ¿Habría cambiado algo? Él todavía ansiaba la libertad y la aventura. Aún no se habían


hecho promesas. ¿Serviría de algo amarlo? Cada cosa a su tiempo, se dijo Kate. Se peinó con los dedos, se puso una camiseta extra larga que encontró en la taquilla y se dispuso a ayudar a Sam. Nº Paginas 115-143 https://www.facebook.com/novelasgratis El brillo de sus ojos al verle las piernas la hizo entrar en calor. —Buenos días, Kate —dijo, sin incorporarse—. ¿Cómo te encuentras? —Bien, gracias. Elevó la mirada de sus piernas a su pecho. —¿Seguro? —Sí. —Acerca de lo ocurrido… —Sam, no hace falta que te disculpes. Yo lo deseaba tanto como tú. —Kate —dijo, enarcando las cejas—, tengo muchas cosas que lamentar, pero no iba a disculparme por el sexo. —Ah. —Como tú misma dijiste, eso siempre nos salía bien —le pasó el brazo detrás de las rodillas y la atrajo hacia él. Apretó el rostro contra sus piernas. Kate le puso las manos en los hombros para no perder el equilibrio, porque


las rodillas apenas la sostenían. —¿Qué tal está el motor? Sam movió la cabeza y le levantó la camiseta con la nariz. —Intento arreglarlo. —¿Sabes dónde estamos? —A unos treinta kilómetros de Tamir —le lamió la piel de encima del muslo —. Tengo que poner en marcha el motor para que podamos maniobrar el barco y cargar las baterías del equipo electrónico. Kate, me encanta cómo sabes por la mañana… —Sam… —Espero que, en cuanto tengamos un poco de electricidad, la radio vuelva a funcionar. —Sí, es… —le pasó los pulgares por los hombros—. Buena idea. —Sí —Sam se puso de rodillas y deslizó las manos por detrás de sus muslos —. Debemos contactar con la flota. —Mmm… Para ver qué tal afrontaron la tormenta. —Quizá haya que ajustar la red de búsqueda si hay otros barcos averiados. —Mmm…


Sam le puso las manos en los glúteos y se los apretó con suavidad. —Pero tengo otra idea. —¿Cuál? —Podríamos olvidarnos del motor y seguir a la deriva. Nº Paginas 116-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿A la deriva? —Olvídate de la flota, de la misión. Se las arreglarán sin nosotros. Ella ya había considerado la idea y la había rechazado. —Sam… —Podríamos volver a la cama y dejar que la corriente nos arrastrara un rato. ¿Quién se enteraría? —Apoyó la frente en el estómago de Kate—. Tenemos tanto tiempo perdido que recuperar… En aquel momento, con los brazos de Sam en torno a las piernas y su aliento en la piel, no había nada que Kate deseara más. Sí. Dejarse llevar por el mar. Ella y el hombre al que amaba. Los dos solos. Sin obligaciones, sin complicaciones. Resultaba tentador. Él hundió los dedos en los glúteos de Kate. —¿Qué dirías, Kate? ¿Si te lo pidiera? Le puso las manos en la cabeza y lo peinó con los dedos. Contempló los


músculos tensos de la espalda, la sombra de entre los glúteos, y estuvo a punto, a punto, de darle la respuesta equivocada. —¿Kate? —No diría nada, Sam. —¿Nada? —Porque sé que no me lo preguntarías. —Kate… Le levantó la cabeza para que pudiera mirarla a la cara. —Eres un oficial de la Marina, Sam. Yo también. No podríamos mirarnos al espejo si lo olvidáramos. Por mucho que quiera pasarme el resto del día haciéndote el amor, alguna vez debemos afrontar la realidad. La observó, y su mirada de color castaño dorado se intensificó. Se puso en pie y la sujetó por los brazos. —¡Maldita sea, Kate! —Esta vez no voy a utilizar mi deber para eludir lo que hay entre nosotros, Sam. Me has ayudado a comprender que huir no resuelve nada. —Tal vez, pero la vida no consiste sólo en el deber. Ya nos permitimos cometer ese error hace cinco años. Diablos, los dos lo utilizamos como excusa. Cuando termine esta misión… —hizo una pausa. Volvió la cabeza hacia la escotilla abierta.


Kate lo oyó en aquel momento. Entre los latidos de su pulso y el chapoteo del agua, oyó el lejano zumbido de un motor. Sam le apretó los brazos un momento; después, la soltó. Se aferró a los costados de la escalera sin peldaños y se encaramó a la cubierta. Nº Paginas 117-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Kate apoyó la mano en la encimera de la cocina mientras intentaba recobrar el aliento. «Cuando termine esta misión…» ¿Qué había estado a punto de decir? ¿Que seguirían los dos su camino? ¿Que se reunirían de vez en cuando, cuando estuvieran de permiso? ¿Que tendrían que hablar? Sus preguntas habrían de esperar. Se colocó la camiseta de manera que le cubriera los muslos y lo siguió a cubierta. La brisa era fresca. La tormenta había marcado un cambio en el tiempo. Kate se estremeció al ver el barco deteriorado. Sólo quedaba un tocón astillado del mástil de madera. Había aparejos enmarañados por la cubierta, y los apliques de latón estaban cubiertos de una capa de sal seca. Sam había puesto a secar su ropa sobre los restos. Él se erguía en la proa, mirando por los prismáticos. Kate siguió su mirada y vio un barco aproximándose lentamente por el oeste. Se


hundía en el agua con cada ola. Sam bajó los prismáticos y se volvió hacia Kate. —Parece el Penelope. Ella tomó los prismáticos y estudió la embarcación. Era un barco de pesca de color azul oscuro, del mismo tamaño y diseño que el que había estado usando el contramaestre Thurlow. —Tienes razón. Parece el Penelope. —Sí. La cosa se pone cada vez mejor. No tenemos radio, no podemos movernos y Chambers viene en línea recta hacia nosotros. Nº Paginas 118-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 14 —¡Por el amor de Dios! —Ursula se puso en jarras y frunció el ceño—. ¡Ya no te queda nada que vomitar! Edwardo Scarpa se secó los labios con la manga y levantó la cabeza de la barandilla. Bajo la barba, su tez era del color de una aceituna blanqueada. —Debimos volver al puerto cuando te lo dije. La tormenta… —Debiste decirme que te mareabas en el mar.


Edwardo le lanzó una mirada furibunda. —¿Habría servido de algo? «De nada», pensó Ursula. Arrugó la nariz al ver sus intentos fútiles de limpiarse. Cuando estuviera en Colorado, no volvería a salir con un hombre barbudo. —No podíamos volver al lugar del que tomamos el barco —le espetó Ursula —. Habría sido una estupidez. —No tenías por qué haber golpeado a ese marinero. Podríamos haber esperado a que se fuera. La discusión empezaba a hacerse rancia. Edwardo había estado quejándose de las acciones de Ursula desde que habían salido de Montebello. Pero habían conseguido el barco, ¿no? Si lo hubiera dejado en manos de Edwardo, aún estaría estancada en esa choza de la ladera. ¿Cuántos lloriqueos más podría soportar? Había tolerado a Scarpa porque le había resultado útil. A pesar de sus asquerosos mareos, sabía cómo gobernar el barco de su primo. Había logrado cruzar la tormenta, pese a la fuerza del oleaje. Pero Ursula ya había observado cómo manejaba el timón y esas palancas que controlaban


el motor. Estaba convencida de poder llegar a Tamir ella sola. Ursula bajó la escalera del puente y cruzó la cubierta sobre cuya barandilla se había apoyado Scarpa. —¿A qué distancia estamos de Tamir? —preguntó. —No estoy seguro. Respiró despacio por la nariz para aferrarse a su paciencia. —Haz una suposición. —La tormenta nos desvió del rumbo. Tuve que navegar contra el viento. —Pero, para llegar a Tamir, lo único que tenemos que hacer es navegar hacia el este, ¿no? —Siempre que no se nos agote el combustible. Era otra vieja discusión. Él había querido postergar la salida de Montebello para comprar combustible, pero ella había insistido en partir de inmediato. Nº Paginas 119-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bueno, ¿y ahora vamos en la dirección correcta? —Tengo que comprobar el rumbo. —¿Por qué no me enseñas cómo se hace, Edwardo? —dijo, forzando una sonrisa. Si averiguaba hacia dónde apuntar el barco, ya no lo necesitaría—.


Así podrías descansar un rato. Una ola golpeó el costado, provocando otro vaivén. Scarpa se estremeció, y se le hincharon los carrillos del esfuerzo de controlar las náuseas. Cuando la ola pasó, se tambaleó hacia el puente. —El descanso me sentaría bien —masculló—. Lo único que debes recordar al mirar la brújula es que… —se aferró al borde del umbral del camarote, dejando la frase en el aire. Ursula quería chillar de impaciencia. —¿Qué es lo que tengo que recordar, Edwardo? —Ahí hay alguien. —¿Qué? Señaló el sol naciente. —Hay un barco. Ursula se resguardó los ojos con las manos y miró por sí misma. Tardó un momento en distinguir el casco blanco entre las olas. —No es más que un viejo velero. Nada de que preocuparse. La policía no va por ahí en veleros. —Puede que tengan una radio. Quizá informen de nuestra presencia. Debes


esconderte. —No pienso bajar al camarote. Por tu culpa, apesta. —Entonces, sube al puente y agáchate para que no te vean. —Está bien, está bien. No te preocupes —pestañeó, tratando de ver mejor el barco. Le faltaba el mástil—. No veo a nadie. Puede que se hayan caído al mar. Scarpa hizo una pausa. —Parece que han sufrido bastante a causa de la tormenta. Ursula tuvo una idea. —A veces los veleros tienen motores, ¿verdad? —Uno de ese tamaño, sí. —Eso significa que tendrían combustible, ¿no? Se volvió hacia ella. —¿Qué estás pensando? —Nosotros necesitamos combustible, y ellos lo tienen. Es evidente, ¿no? Nº Paginas 120-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Aunque tuvieran diesel y no gasolina, no podemos llevárnoslo. Sería un acto de piratería. Ursula rió.


—Edwardo, ya eres cómplice de un asesinato. Es un poco tarde para tener escrúpulos. —Pero… —Tú acércate a ese barco y déjame las decisiones. Scarpa volvió a clavar la mirada en el velero, que se mecía con las olas; después, gimió y se inclinó hacia delante. Ursula se apresuró a apartarse de su alcance. Kate sacó el cargador de la pistola, lo revisó para comprobar que contenía todas las balas y volvió a insertarlo. A causa del oleaje, no podría disparar con mucha precisión a no ser que tuviera el blanco justo delante. Aun así, era mejor que nada. Se guardó la pistola en la cintura húmeda de los pantalones, a la espalda, y se bajó la camiseta para tapársela. —¿De cuánto tiempo crees que disponemos? —gritó Sam desde el compartimento del motor. Kate se inclinó sobre la encimera de la cocina para mirar por la portilla. El barco pesquero cortaba las ondas del mar. Ya no había duda de que era el Penelope. Había creído ver dos figuras moviéndose por la cubierta pero, en aquellos momentos, sólo veía una. —Tres minutos. Puede que más —contestó—. Parece que les cuesta avanzar. —Pásame un vaso de agua. Kate llenó un vaso y se lo puso en la mano. En lugar de bebérselo, Sam lo vertió sobre la batería.


—Tengo que limpiar las placas de plomo y secarlas —dijo a modo de explicación—. Parece que anoche entró el agua en el revestimiento de la batería y cortó la corriente. —Pero ¿queda batería? —Confío en que lo justo para que el motor haga otro intento. —Bien. Sam palpó a su espalda en busca de un trapo. —En cuanto el motor esté en marcha y se recargue la batería, podremos encender la radio y avisar a la flota. —Pero si el equipo electrónico ha quedado dañado por el rayo y no es la batería el problema… Nº Paginas 121-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Entonces, estamos solos —se apartó de la abertura y se secó las manos con el trapo. Seguía estando desnudo de cintura para arriba, pero había cambiado los pantalones de gimnasia por los vaqueros húmedos—. Muy bien, allá va. El motor sonó a trompicones. Kate contuvo el aliento y se inclinó hacia delante, como si pudiera hacerlo funcionar, pero se apagó al momento.


—Maldición —masculló Sam—. Necesita más tiempo para secarse. Kate se acercó a la portilla. —El Penelope sigue acercándose en línea recta. —Mejor. No estamos en condiciones de perseguirlo. —Me extraña que Chambers no intente eludir el contacto con otro navío. ¿Por qué habrá cambiado de rumbo? —Buena pregunta. Ya casi los tenemos encima. ¿Cómo quieres que lo hagamos? —Mantengamos la tapadera de turistas. Ganemos tiempo hasta que podamos encender el motor y probar la radio. —Parece un buen plan —Sam se incorporó y se aferró a la parte superior de la escalera para salir del camarote. Kate lo siguió. El Penelope estaba lo bastante cerca para distinguir una figura de pie en el puente, por encima del camarote del barco pesquero. Era un hombre barbudo. Kate no lo conocía, pero… —Sam, me resulta familiar. —Thurlow dijo que el hombre que ayudó a Chambers a llevarse el barco tenía barba. —Creo haberlo visto antes, pero no sé dónde. —Quienquiera que sea, parece indispuesto —masculló Sam. El hombre


levantó una mano a modo de saludo. Sam se lo devolvió. —¡Ah del barco! —gritó. —¿Necesitan ayuda? —dijo el hombre. Kate apretó su cuerpo contra el costado de Sam. —Debe de ser una trampa —dijo rápidamente—. Chambers no querría ayudar a nadie. —Sí —la rodeó con el brazo—. ¿Qué quieres que hagamos? —Sigámosle el juego. —Bien —se rodeó la boca con la mano—. Estamos bien, aunque hemos perdido el mástil —gritó. —Ya lo he visto —el hombre redujo la velocidad del barco al acercarse. Dio marcha atrás y lo mantuvo quieto a veinte metros de la proa—. ¿Les funciona el motor? —Sí —contestó Sam. Nº Paginas 122-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Bien, bien —hizo una pausa. Bajó la mirada un momento, después tosió y


gritó—. ¿Y combustible? ¿Tienen suficiente? —Sí. —¿Diesel? ¿Por qué les importaba qué clase de combustible llevaran?, se preguntó Kate. A no ser… —Sam, eso es lo que buscan —dijo en voz baja. Él le presionó la cintura con el brazo para indicarle que la había oído. —Sí, diesel —gritó. El hombre volvió a mirar hacia abajo antes de hablar, como si estuviera buscando consejo. —¿Pueden dejarnos unos litros para que podamos llegar a puerto? Les pagaré lo que pidan. ¿Se daba cuenta el hombre de que había hablado en plural?, se preguntó Kate. ¿O no le importaba que supieran que había alguien más a bordo? —Chambers está con él —susurró Kate—. Tiene que estar. —Y apuesto a que también necesita una bomba —gritó Sam. —Sí —contestó el hombre. —El mar está demasiado agitado para acercar los barcos, podríamos colisionar.


Soltaré el bote de remos. El hombre estaba asintiendo cuando, de improviso, el barco ascendió sobre una ola. Contrayendo los hombros, giró en redondo, llevándose la mano a la boca. —El pobre está mareado —dijo Sam, inclinando la cabeza hacia Kate—. No será difícil reducirlo. —¿En qué estás pensando? —Esto es perfecto. Si pudiera subir a ese barco, detendría a Chambers. —Es demasiado peligroso —dijo ella de inmediato—. Chambers estará observando el bote de remos y andará prevenida. —¿Quién dice que voy a usar el bote? Kate se quedó mirándolo. Sam tenía la mandíbula contraída, y los ojos le brillaban con expectación. Era la misma expresión que le había visto al saltar del helicóptero y al zambullirse en la caverna. Maldito fuera, pensó Kate. Hasta le encantaba su temeridad. —Creo que Chambers se esconde en el puente —prosiguió Sam—. Yo diría que su amigo ha estado recibiendo órdenes de ella. —Eso he pensado yo, pero… Nº Paginas 123-143 https://www.facebook.com/novelasgratis


—Mientras los mantengas distraídos, podré tomarlos por sorpresa. Dile que estoy buscando una bomba de más o llenando bidones de combustible. —Sam… —No sabemos si la flota recuperó sus posiciones después de la tormenta, Kate. Puede que no haya nadie más cerca para atrapar a Chambers y a su amigo. —Si les falta combustible… —Aun así, podrían desaparecer. No podemos permitirlo. Kate lo sabía. Debía dejar a un lado la preocupación y confiar en Sam. —Por el amor de Dios, ten cuidado. Ya sabes de lo que es capaz esa mujer. —Tranquila. Ella no sabe de lo que yo soy capaz. —Llévate la pistola. La tengo a la espalda. —No, quédatela tú. —Sam… —Puedes cubrirme si lo necesito. —Pero… —Deséame suerte, compañera —le dio un rápido beso y se escabulló hacia el otro lado del camarote. Sam se acorazó contra la sacudida gélida cuando se dejó caer en el agua. Oyó a Kate diciéndole al hombre del Penelope que estaba buscando un bidón de


combustible de sobra y sonrió, satisfecho. Era un buen marine. Apoyando las palmas sobre el casco, se meció con las olas al tiempo que avanzaba hacia la popa. Inspiró hondo para saturarse la sangre de oxígeno. Aunque Kate haría lo posible para distraerlos, Sam pensaba cubrir la distancia que separaba los dos barcos buceando. Comprobó la posición del sol respecto a las dos embarcaciones para no desorientarse, se apartó del casco y se sumergió. Cuando distinguió el casco del barco pesquero por encima de su cabeza, sus pulmones ansiaban respirar, pero siguió nadando hasta el otro lado, con cuidado de mantenerse alejado de la hélice. Aunque el ruido del motor girando en punto muerto y de las olas enmascararían el chapoteo, tuvo cuidado de emerger en silencio. Contuvo el impulso de inspirar hondo. En cambio, se llenó los pulmones con inhalaciones lentas y estables, manteniéndose lo más cerca posible del casco. Sam oyó voces en la cubierta, de un hombre y de una mujer, y confirmó su sospecha de que el barbudo no estaba solo. Hablaban en voz baja para que Kate no los oyera. Tuvo que aguzar el oído para discernir lo que decían. —Esto es repugnante, Edwardo. ¿No puedes vomitar en otra parte? Tengo que sentarme en este suelo. —Debo mantener el barco en posición, pero quiero quedarme donde pueda ver


ese balandro. No me fío de ellos. Nº Paginas 124-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Estás paranoico. ¿No los has visto? No son más que un par de turistas idiotas. —Entonces, ¿dónde está el hombre? —Ese chico está llenando los bidones de gasolina, como ha dicho su novia. Quieren ayudarnos. —Podría estar usando la radio y… —En cuanto nos den el combustible, nos iremos. Y ellos no podrán contarle nada a nadie. —¿Qué insinúas? Yo no he accedido… —Como te dije, déjame pensar a mí —el barco osciló con una ola—. Edwardo, ¡cuidado! ¡Es mi último par de zapatos! Se oyó el ruido del vómito. Sam sintió una punzada de compasión hacia el hombre, pero oyó el ruido de pasos fuertes en la cubierta y borró los demás pensamientos de su cabeza. El hombre llamado Edwardo debía de haber descendido del puente. Era la oportunidad de Sam. Estiró el cuello para evaluar los posibles asideros y calcular la distancia a la


borda. Se impulsó con fuerza con los pies para salir lo más posible del agua, se aferró al borde de un imbornal con los dedos y se encaramó al costado del barco. Cayó prácticamente encima de Edwardo. El elemento sorpresa actuó claramente en beneficio de Sam. Le asestó un puñetazo en el plexo solar y el hombre no tuvo tiempo de emitir más que una maldición ahogada. Edwardo cayó desplomado sobre la cubierta, inconsciente. Sam lo cacheó por si llevaba algún arma, al tiempo que permanecía alerta de cualquier posible movimiento en el puente, donde, según había deducido, Chambers se estaba escondiendo. Se trasladó al pie de los peldaños y pegó la espalda a la pared del camarote; sólo en aquel momento lanzó una rápida mirada al mar. La distancia entre los dos barcos se estaba incrementando. Kate estaba en la popa, fingiendo soltar el bote de remos, pero Sam sabía que había presenciado lo ocurrido. Lo sabía por la rigidez de sus hombros y por que mantenía la mano derecha libre cerca del costado. —¿Edwardo? —susurró una voz—. ¿Dónde estás? El barco está yendo a la deriva. Tienes que volver aquí. Sam apoyó el peso del cuerpo en los talones, con la mirada clavada en lo alto de la escalera.


—¿Edwardo? —repitió la voz, cada vez más cerca. Sam vio aparecer una coronilla morena—. ¿Qué…? Vamos, levántate, idiota. No estás tan enfermo. Chambers era un pájaro de cuenta, pensó Sam. Cuanto antes estuviera entre rejas, mejor. Saltó los peldaños del puente, confiando en que la sorpresa funcionara tan bien con ella como con su cómplice. Y así fue. La mujer chilló y se tambaleó hacia atrás. Nº Paginas 125-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Sam había visto la fotografía de Ursula. Había leído cada detalle sobre su historial y sus actos delictivos. Creía saber qué esperar. Pero la mujer agazapada en el suelo, junto al timón, era la caricatura de una persona tiempo atrás considerada hermosa. El pelo, antes rubio, largo y rizado, era de un color negro apagado. Le caía, con mechones enredados, hasta la barbilla. Los rasgos tan impactantes de la fotografía estaban contraídos por el agotamiento y la impaciencia. Las ojeras, oscuras e hinchadas, le estropeaban la piel por debajo de los ojos, y tenía los labios descoloridos y fuertemente apretados. Sam se percató de todos aquellos detalles en un instante. Sin embargo, la pérdida de belleza de Chambers no podía atribuirse a su aspecto desaliñado. Su hermosura no había sido más que un caparazón. Era la personalidad de la mujer que


se escondía tras el caparazón lo que en aquellos instantes se percibía. Y en la mirada azul que le dirigía, Sam divisó maldad. —Ursula Chambers —dijo—. Como oficial de la Marina de Estados Unidos a las órdenes del rey Marcus, queda usted detenida. Vio un destello de desafío en su rostro. —¿Quién eres? ¿Cómo has llegado aquí? ¿Qué…? —Está usted detenida —repitió Sam. Ella no se movió. El desafío se tornó al instante en cálculo. Lo observó, mirándolo de arriba abajo de tal manera que a Sam se le erizó el vello del cuerpo. —Es un error —dijo—. Yo no… —Señora, estoy mojado, cansado y de poco humor para juegos. Por favor, levántese y apártese del timón. Chambers se sacudió el pelo con un movimiento de cabeza y le tendió la mano. —Me he hecho daño en el tobillo durante la tormenta. No puedo ponerme en pie. Sam bajó la vista. Llevaba unas mallas que terminaban en la base de las pantorrillas, y tenía los pies embutidos en unos zapatos estrechos abiertos por detrás. No había indicio de palidez ni de hinchazón en los tobillos, así que debía de


estar mintiendo. Cruzó los brazos. —Entonces, apártese del timón sin levantarse. Ella bajó la vista. Había un charco de bilis cerca de sus pies, seguramente, consecuencia del último ataque de náuseas de su amigo. Levantó los hombros y se estremeció. Parecía que estuviera moviendo los senos deliberadamente bajo el jersey. —Por favor, no puedo. ¿No podría ayudarme? Sería mucho más sencillo dejar a Chambers inconsciente, pensó Sam, pero todavía no había golpeado a ninguna mujer. Tendría que buscar algo con que atarla. Miró alrededor. Nº Paginas 126-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Al instante siguiente, el barco se abalanzó hacia delante. Sam se tambaleó en un intento de recobrar el equilibrio, y volvió a mirar a Chambers. Estaba de pie, con una mano en la palanca del acelerador y la otra, sosteniendo un arpón. Sam se abalanzó sobre Chambers, pero resbaló. El dolor estalló en su pecho, y cayó tambaleándose hacia atrás, por los escalones que bajaban a cubierta. Nº Paginas 127-143 https://www.facebook.com/novelasgratis


Capítulo 15 Era una pesadilla. No un sueño creado por la culpa y los recuerdos, sino una pesadilla real y viviente. Como si sucediera a cámara lenta, Kate vio cómo Sam arqueaba la espalda y caía hacia atrás sobre la cubierta. Una reluciente vara metálica salía de forma obscena de su pecho. Kate quería chillar y taparse los ojos. Quería convencerse de que aquello no estaba ocurriendo. Pero lo estaba. Ursula Chambers acababa de disparar un arpón a Sam. Y Kate era la única que podía ayudarlo. Se sacó la pistola de la cintura y apuntó a la mujer morena que se erguía en el puente del Penelope, pero el barco se inclinaba demasiado. Si disparaba y fallaba, podría herir a Sam. Corrió a la cabina. Ordenando a sus dedos que dejaran de temblar, pulsó el botón de arranque del motor. —Por favor. Por favor, arranca. Se oyó un ruido lento y metálico; después, nada. —¡No! —gritó—.¡No! Al oír el grito de Kate, Chambers miró hacia ella. Estaba forcejeando con algo que quedaba fuera de su vista, en el puente. Un momento después, se enderezó con otro delgado arpón en la mano. Kate creía saber lo que era el miedo. Hacía menos de veinticuatro horas, había


estado a punto de ahogarse. Pero eso no era nada comparado con el terror que estaba experimentando. Sam estaba herido. No se movía. Y se encontraba a la merced de una asesina que empuñaba un arpón. Volvió a pulsar el botón de arranque. —Vamos, vamos —dijo—. Arranca, maldito… En aquella ocasión, el motor se encendió. Giró a trompicones un par de veces antes de hacerlo de forma estable. Kate aceleró, movió el timón y dirigió la proa en línea recta hacia el Penelope. El viento lanzaba olas contra el casco. Chambers se retiró el pelo de los ojos y forcejeó para encajar el segundo arpón en la pistola. Kate se balanceaba sobre los pies, apremiando al balandro para que avanzara, pero el motor auxiliar no estaba hecho para ganar velocidad. Los veinte metros que separaban los barcos parecían veinte kilómetros. —Por favor —murmuró, con la garganta cerrada y el cuerpo trémulo—. Que no llegue demasiado tarde. «Es demasiado tarde. Se ha muerto». Cerró los puños en el timón y se meció más deprisa, negándose a ceder a la pesadilla. No, no pensaba perder a Sam. Nº Paginas 128-143 https://www.facebook.com/novelasgratis


Chambers logró cargar finalmente la pistola. Se acercó a lo alto de los peldaños y apuntó al cuerpo inmóvil de Sam. Faltaban dos metros. —¡Sam! —chilló Kate. Cortó el motor y corrió a la proa cuando los dos metros se redujeron a medio—. ¡Sam, cuidado! Chambers apretó el gatillo en el mismo momento en que el balandro chocó con el barco pesquero. El impacto, a baja velocidad, no causó más daño que una barandilla astillada, pero bastó para hacer tambalear a Chambers y para que el arpón se hundiera silbando en el mar. Antes de que el balandro pudiera separarse, Kate subió a la barandilla y saltó a la cubierta del Penelope. Corrió junto a Sam, y el corazón se le heló al ver el charco de sangre que lo rodeaba. «No. Dios mío, no». Chambers tomó otro arpón del compartimento del puente y subió a cubierta. —Me has hecho fallar, zorra —dijo, y apuntó a Kate con el arpón—. Es culpa tuya que… Kate giró en redondo y, de un puntapié, tiró el arpón de la mano de Chambers y lo lanzó por encima de la borda. —¡Ay! No… Kate no escuchaba. El miedo le estaba dando una fortaleza que no había


creído poseer. La siguiente patada aterrizó en la mandíbula de Chambers. La mujer chilló al tiempo que caía hacia atrás y chocaba con la pared del camarote. Chambers descendió, dolorida, sobre la cubierta, encima de la figura inerte de su barbudo cómplice. Kate levantó la pistola y apuntó a Chambers. —Llévese las manos a la cabeza y no se mueva. Chambers se apartó de su compañero y se puso de rodillas para sujetarse la mandíbula con las manos. Gimió. —Me has pegado en la cara. En mi cara. Dios mío, ¿cómo has podido? Kate desplazó la pistola y lanzó un disparo de advertencia a la pared del camarote. —¡He dicho que no se mueva! Por entre los mechones negros de pelo que le habían caído sobre los ojos, Chambers le lanzó una mirada furibunda. Despacio, se puso las manos en la cabeza y entrelazó los dedos. Kate observó que el hombre no se movía. Ni siquiera había gruñido cuando Chambers había caído sobre él. Aun así, Kate siguió apuntándolos mientras se arrodillaba junto a Sam. Extendió el brazo y le puso las yemas de los dedos en el cuello.


Tenía pulso. Seguía con vida. Nº Paginas 129-143 https://www.facebook.com/novelasgratis La sangre le empapaba los pantalones allí donde estaba arrodillada. Tragó saliva y desvió la mirada de Chambers el tiempo justo para observar el arpón que sobresalía del pecho de Sam. Había entrado por debajo de las costillas. No sabía si había herido algún órgano vital. En ese caso, no podría ayudarlo. Si extraía el arpón, podría duplicar el daño que había causado al entrar. Lo único que podía hacer era controlar la hemorragia y llevarlo a un hospital lo antes posible. Utilizando la mano libre y los dientes, tomó el borde de la camiseta y arrancó una franja de unos treinta centímetros de ancho; después, la enrolló en torno al arpón… Dios, aquél era Sam, no un ejercicio de primeros auxilios. El hombre al que amaba. Y su sangre fluía sobre la mano de Kate. ¿Y si no podía salvarlo? ¿Cómo podría perdonarse si le fallaba? No. No podía pensar en eso. Arrancó otra franja de tela de la parte inferior de la camiseta y colocó la compresa en su sitio. —Sam Coburn, no te atrevas a morirte —susurró—. Te quiero, ¿me oyes? Te quiero.


Tenía la piel fría y húmeda. Seguía sin moverse. Kate se puso en pie. Divisó un pequeño contenedor fijado a la cubierta, cerca del camarote. Necesitaba cuerda o esparadrapo para inmovilizar a los prisioneros y poder dejarlos solos el tiempo suficiente para usar la radio. —No se mueva —dijo, sin dejar de apuntar a Chambers mientras corría hacia la caja. —Esto no es más que un malentendido —empezó a decir Chambers. —Dígaselo al rey. Él lo llama de otra manera. Mató a su sobrino. —Eso no fue culpa mía. —Y a su hermana —Kate soltó el cierre y levantó la tapa de la caja—. Mató a su propia hermana para poder utilizar a su hijo. —¿A Jessica? Yo no maté a Jessica. —Sabemos que no murió en un accidente ni en el parto. —Bueno, yo no la maté. ¿Quién te ha dicho eso? Kate echó un vistazo al contenido del cofre. Bengalas, chalecos salvavidas y varios rollos de cuerda. Tomó la cuerda y avanzó hacia Chambers—. No importa. —Fue Gretchen, ¿verdad? —insistió Chambers—. Esa idiota. Intenta echarme la culpa cuando fue ella quien liquidó a Jessica.


¿Quién liquidó a Jessica? Kate sentía deseos de estremecerse ante la crueldad de la mujer. —Dígaselo al rey. Y al príncipe Lucas. Levante las manos. —Claro. Lo que tú digas —desvió la mirada y retiró las manos de la cabeza —. ¡Edwardo, ahora! Nº Paginas 130-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Kate se olvidó momentáneamente de que Chambers era actriz: el grito había sido muy convincente. Pensando que el barbudo había recobrado la conciencia, sujetó con más fuerza la pistola y retrocedió, dispuesta a defenderse. Pero el hombre seguía inconsciente. Chambers aprovechó la distracción momentánea de Kate para abalanzarse sobre la cubierta hacia Sam. Rápida como una cobra, rodeó con los dedos el arpón que sobresalía de su pecho. —¡No! —gritó Kate—. ¡No toque eso! —No le haré daño si bajas la pistola y me la pasas. Kate sabía que, en cuanto Chambers se adueñara de la pistola, la utilizaría contra todos ellos. Sin embargo, si Kate se demoraba, con un movimiento de


muñeca podía rasgar un órgano vital del pecho de Sam, y éste se desangraría ante su vista. «No. No pienso perderlo. Pase lo que pase». Con un grito que nacía de un lugar más oscuro que sus pesadillas, Kate movió la pistola y apuntó al corazón de Chambers. Otro grito se mezcló con el suyo, uno más grave. Antes de poder apretar el gatillo, Sam levantó la mano y la cerró en torno a la muñeca de Chambers. Apretó, y su antebrazo manchado de sangre se contrajo por la fuerza ejercida. Chambers chilló de dolor y soltó el arpón. Sam no la soltó. A pesar de estar tumbado de espaldas, a pesar de estar gravemente herido, flexionó el brazo y tiró de ella hacia abajo. Chambers se dio un golpe en la frente con la cubierta. Kate ya estaba corriendo hacia delante, apuntando a Chambers con la pistola. Pero Chambers no se movía. Sam la había dejado inconsciente. —¡Sam, Sam! Éste volvió la cabeza. Elevó una comisura de la boca con una débil sonrisa. —Lo siento —dijo con voz rasposa. —No te muevas. Pediré ayuda en cuanto la inmovilice. Se guardó el arma en la cintura y arrastró a Chambers lejos de él. Con la cuerda que había encontrado, le puso las manos en la espalda y le ató las manos.


—Lo siento —repetía Sam—. Nunca… había herido… a una mujer. —Con ésta me alegro de que hayas hecho una excepción —Kate tenía cuerda de sobra. La enrolló en torno a los pies de Chambers y la tensó, atándola como a un ternero. —Tuve que golpearla, Kate. Te… habría matado… si le hubieras dado la pistola. No era su propio bienestar lo que lo preocupaba, sino el de ella, pensó Kate. Pestañeó para frenar la oleada de lágrimas. Ya no podía ceder a sus emociones. Debía llevar a Sam al hospital. Nº Paginas 131-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Lo sé, Sam. Pero acabas de salvarle la vida. Él frunció el ceño. —No… entiendo. Kate cayó junto a Sam. Revisó la compresa y le puso unos dedos trémulos sobre el pecho. —La habría disparado porque te habría matado. Sam cerró los ojos. Parpadeó en un intento de aferrarse a la conciencia. Le puso


la mano a Kate en la mejilla. —Eres… toda una mujer, Kate. —Te quiero, Sam. Sam cerró los ojos al tiempo que la mano se le caía al costado. No contestó. Nº Paginas 132-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Capítulo 16 Kate hizo girar el jeep hacia la base y pisó el acelerador. El viento era fuerte, pero agradecía la enérgica caricia en la cara. Necesitaba respirar aire fresco y ver el sol. Sentirse viva otra vez. Desde el momento en que había utilizado la radio del Penelope para pedir ayuda, todo había ocurrido a cámara rápida. Al final, la red de búsqueda que Sam y ella habían organizado para la misión había dado fruto. Ni siquiera había completado la transmisión cuando un elegante crucero lleno de personal de la Marina se abalanzaba sobre ellos con un helicóptero de la guardia costera a su espalda. La misión había sido un éxito. Ursula Chambers pasaría el resto de su vida entre rejas. La única pregunta que quedaba por hacerse era dónde. Tanto la policía montebellana como el FBI se la estaban disputando. Gretchen Hanson tampoco respiraría libremente hasta pasado un tiempo.


Reconocía haber mentido sobre quién había matado a Jessica, y afirmaba que había sido su hermano tonto, que de vez en cuando ayudaba a Jessica en el rancho, quien había cometido el crimen. El último prisionero al que Kate había entrevistado era Edwardo Scarpa, guardia de palacio. Entendía por qué le había resultado familiar… debía de haberlo visto al entrar en palacio. Estaba colaborando de buena gana con la policía, confiando en que la justicia fuera indulgente con él, pero Kate dudaba que lo consiguiera. Había traicionado la confianza que el rey había depositado en él. Los montebellanos no toleraban la traición. Kate elevó el rostro hacia el viento, sintiendo que su espíritu revivía con cada curva de la carretera. Si pudiera volar, lo haría. Estaba impaciente por llegar a la base. Completadas las gestiones del caso Chambers, sólo quería estar con el hombre al que amaba. Había dejado a Sam profundamente dormido en el hospital aquella mañana. Los médicos habían dicho que, sobre todo, necesitaba descanso. Pasarían días antes de que pudiera levantarse. Había perdido mucha sangre y había sufrido un fuerte traumatismo craneal al caer sobre la cubierta pero, por sorprendente que pareciera, la herida del costado ya daba muestras de estar curándose. Pero así era su Sam, ¿no? Uno entre un millón. Si hubiera oído el diagnóstico cauto del médico, se habría reído y habría dicho que los SEALs eran duros de pelar. Cuánto lo amaba. Si quería ser temerario y obstinado, a ella no le importaba.


Lo quería tal como era y de ninguna otra manera. Kate se impacientó al detenerse en el control de la verja. En cuanto se adentró en la base, condujo directamente al hospital. Frenó con un chirrido en el aparcamiento y se dirigió a la puerta principal. Nº Paginas 133-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Sam no estaba en la habitación donde lo había dejado. Al principio, no se preocupó… dio por hecho que lo habían trasladado. Pero cuando les preguntó a las enfermeras, éstas le dijeron que se había ido hacía casi una hora. —¿Que se ha ido? —repitió Kate, incrédula—. ¿Cómo han podido darle el alta tan pronto? —El teniente Coburn se ha dado el alta él mismo —dijo la enfermera. —¡Pero si acaban de operarlo! —Lo sé, teniente. No hace falta que grite. Kate miró alrededor. —¿Sabe adonde ha ido? —Lo siento —sonó el teléfono del mostrador—. Disculpe. No debía sorprenderla que Sam se hubiera ido. No era un hombre dado al


ocio. Había viajado a Montebello a pasar unas vacaciones y, en cambio, había aceptado una nueva misión. ¿Sería eso lo que había ocurrido? ¿Habría abordado ya una nueva misión? Cruzó la base en dirección al centro de mando que Sam y ella habían organizado hacía doce días, pero Sam no estaba allí. Reinaba un extraño silencio. Gran parte del equipo ya había sido retirado. Casi todo el personal había retomado sus obligaciones acostumbradas. ¿Era eso lo que había hecho Sam? ¿Se habría unido a Reilly y a los demás hombres de su equipo SEAL? Probó a buscarlo en sus habitaciones. Aporreó la puerta hasta que un hombre calvo de mirada somnolienta abrió la puerta de la habitación del otro lado del pasillo para preguntarle qué era lo que quería. Bostezando, le dijo a Kate que se había cruzado con Sam en el pasillo hacía veinte minutos y que éste llevaba una maleta. No había dicho adonde iba. Kate se recostó en la pared. Después de todo lo que Sam y ella habían pasado, ¿de verdad se había ido sin decir palabra? No quería creerlo. Sin embargo, era en lo que ambos habían insistido la última vez. En darse un adiós fácil.


Debería haberle dicho antes que lo amaba. Debería haber comprendido antes que lo amaba. Pero ¿habría servido de algo? La sed de aventura y de libertad de Sam formaban parte de él. Lo quería como era, se recordó. No habían hablado de futuro. ¿Sería porque no habían tenido tiempo… o porque no tenían futuro? Se apartó de la pared y se pasó los dedos por el pelo. ¿Qué podía hacer? ¿Esperar hasta la próxima vez que coincidieran en el cumplimiento del deber o se reunieran durante un permiso? No, quería ver a Sam ya. En aquel preciso instante. No quería acabar acosada por los remordimientos. No quería perder su oportunidad con él. Nº Paginas 134-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Levantó la barbilla y echó a andar hacia la escalera. Llamaría al príncipe Lucas desde su cuarto. La familia real había afirmado estar en deuda con ella. Podrían compensarla moviendo hilos con el almirante Howe para que éste ordenara a Sam aplazar su nueva misión. De una forma u otra, se encargaría de que aquel adiós no fuera fácil.


Abrió de par en par la puerta de su alojamiento…y se detuvo. Las cortinas del salón estaban echadas, pero la habitación resplandecía. Había docenas de velas encendidas en todas las superficies, llenando el aire con el embriagador perfume de las gardenias. Kate cerró la puerta tras ella, con el pulso latiéndole con fuerza por algo más que el rápido ascenso por la escalera. No lograba recobrar el aliento. —¿Sam? Él se erguía en el umbral del dormitorio. Se sostenía con rigidez, con el brazo trémulo apoyado en un bastón. Ella se balanceó hacia delante. —Sam. Él le tendió la mano libre. Kate quería arrojarse en sus brazos, enterrar el rostro en su pecho y abrazarlo hasta que le dolieran las costillas pero, después, reparó en el bulto de debajo de la camisa, donde llevaba la venda, y se detuvo a un milímetro. —Sam… Él la sujetó por la nuca y apoyó la cabeza de ella en su hombro. Los labios de Sam le hacían cosquillas en la oreja. —Hola, Kate. Ella movió el rostro hacia el cuello de Sam para llenarse los pulmones con su olor.


—Te he estado buscando. Pensaba que te habías ido. —¿Adonde? —A cualquier parte. A todas partes —le besó la garganta, la barbilla, el lado de la mandíbula—. Pensaba que te habías reunido con tu equipo. —Tú eres mi equipo, Kate. Todavía somos compañeros, ¿recuerdas? —Pero la misión ha terminado. Ursula Chambers está en arresto preventivo y tendrá que pagar por todas sus maldades —inspiró con brusquedad—. Sam, no deberías estar de pie. Deberías haberte quedado en el hospital. —Tenía que verte. —Y yo a ti. Tenía que tocarte, pero… —le puso la mano suavemente sobre el pecho—. Debe de doler. —Un detalle sin importancia. —Pensé que te habías ido, pero estabas aquí. ¿Por qué las velas? Nº Paginas 135-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Me gusta el olor. —¿Y cómo es que…? —Calla. Ya hablaremos después —dijo, y le levantó el rostro para acercarlo al


de él. A la luz de las velas, sus ojos de color castaño dorado refulgían con tanta luminosidad como una promesa—. Primero, nos besamos. —Sam, yo… No la besó como un hombre que podría haber muerto la víspera. O tal vez sí. La besó como si quisiera verter una vida de pasión en un solo momento. El bastón cayó al suelo con estrépito cuando Sam tomó el rostro de Kate en las manos, sujetándola al tiempo que empezaban a fallarle las rodillas. Apoyó el hombro en el marco de la puerta y siguió besándola hasta que el mundo fue difuminándose, dejándolos solos a ellos y su necesidad el uno del otro. De alguna manera, lograron llegar a la cama. Kate ayudó a Sam a despojarse de la ropa durante el camino, avanzando con cuidado, con sumo cuidado, y con una impaciencia que los hizo sonreír a los dos. Sam se tumbó de espaldas, con su glorioso cuerpo desnudo salvo por la gruesa gasa de debajo de las costillas. A la luz titilante de las velas parecía un guerrero, un guerrero herido que por fin había vuelto a casa. Kate se desnudó y se estiró junto a él. Sam levantó el brazo y la atrajo a su costado con una fortaleza que ya no la sorprendía. El hombre al que amaba era increíble. La acarició con ternura, manteniendo el cuerpo inmóvil al tiempo que la hacía retorcerse. Era como si el tiempo, que había pasado veloz la víspera, se ralentizara en aquellos momentos. Kate le hizo el amor con suavidad, pendiente siempre de su


herida. Intentó convencerse de que él necesitaba cercanía más que sexo. Pero cada vez que su mirada se posaba en el vendaje, pensaba en que podía haberlo perdido y el deseo de la consumación se volvía abrumador. No sintió incomodidad alguna al trepar encima de él. Nada era incómodo en lo referente al amor. Se estremeció. Suspiró. La vela de al lado de la cama se extinguió mientras lo veía quedarse dormido en sus brazos. Ya había caído la noche cuando Sam se despertó. Supo al instante dónde estaba. Ni siquiera experimentó una fracción de segundo de confusión. Lo sabía por la fragancia que respiraba y por la honda satisfacción que lo embargaba. Pero no era el bienestar posterior al buen sexo lo único que sentía. Un persistente dolor en el costado le recordaba el consejo del médico. Descanso en cama. Bueno, estaba en la cama, ¿no? Sam volvió la cabeza. Kate estaba tumbada a su lado, con la mejilla apoyada en la mano. Se había puesto una bata de seda, pero podía ver por el escote que no


llevaba nada más debajo. Nº Paginas 136-143 https://www.facebook.com/novelasgratis Por increíble que pareciera, a pesar de la nebulosa de agotamiento que le embotaba los sentidos, experimentó una sacudida. No lograba saciarse de ella. Sonrió y deslizó el dedo por el borde de la bata. —Hola. Ella le devolvió la sonrisa. —Hola. ¿Qué tal estás? —Mejor con cada segundo que pasa. ¿Quieres que te lo demuestre? Se inclinó sobre él y lo besó. Pero antes de que pudiera hacer otra cosa, Kate se apartó. —Sam, antes de venir y encontrarte aquí, pensé que te habías ido. —Sí, lo mencionaste unas cuantas veces. —Y mientras te buscaba, comprendí una cosa. —¿El qué? —No soy tan buena persona como creía. Sam deslizó la mano dentro de la bata de Kate y le pasó el pulgar por la curva del pecho. —Kate, si fueras mejor me matarías.


—Sam, hablo en serio. —Y yo. Ella se sacó la mano de la bata y se incorporó. —Por favor, Sam. Ya sabemos que esta parte se nos da bien. Intento aclarar el resto. —Está bien. ¿De qué se trata? —Tengo que romper nuestra promesa. —¿Nuestra promesa? ¿Qué quieres decir? —No más despedidas fáciles. Requerirá compromiso y, seguramente, algunos cambios en nuestra carrera militar. Sé que no va a ser fácil, y tenemos mucho esfuerzo que hacer, así que puede que amarte me haya vuelto egoísta pero… —Espera. ¿Acabas de decir que me amas? Se arrodilló en el colchón, junto a él, y le puso las manos en los hombros. —El amor era lo que menos creía desear. No encaja en los planes que hicimos para nuestras vidas, pero surgió de todas formas, y estas dos últimas semanas me han demostrado que es un regalo demasiado preciado para malgastarlo —le puso las manos en las mejillas para besarlo; después, se sentó en los talones y sonrió —. Te quiero, Sam. Haces que me sienta completa. Cuando estoy contigo, estoy en casa.


De no ser por el dolor del costado, Sam habría pensado que estaba soñando. Se había preparado para una campaña larga y difícil. Por eso había salido a rastras del Nº Paginas 137-143 https://www.facebook.com/novelasgratis hospital cuando cualquier hombre en su sano juicio se habría quedado donde estaba; por eso había entrado en el cuarto de Kate para organizar el decorado con velas. Sin embargo, mientras él se ocupaba en salvar las barricadas del corazón de Kate, ella le abría las verjas y lo invitaba a entrar. Pero ¿qué otra cosa podía esperar de aquella mujer obstinada, independiente, apasionada y enloquecedora? Le cubrió las manos con las suyas y volvió la cabeza para besarle las palmas. Después, tiró de ella hasta que la tumbó junto a él. —Te quiero, Kate Mulvaney. La sonrisa de ella se amplió. —Dilo otra vez. —Te quiero. Me gusta todo de ti. —Y yo te quiero a ti, Sam Coburn. E intentaré comprenderte cuando emprendas tus aventuras pero… —Kate, amarte es toda la aventura que necesito. La próxima vez que viaje, quiero hacerlo contigo. ¿Qué te parecería una luna de miel en Fiji? —¿Una… luna de miel?


—Después de que nos casemos, claro. —¿Después de qué? No era así como Sam tenía pensado declararse. Había ensayado las palabras con sumo cuidado durante los últimos dos días, pero no recordaba ninguno de los argumentos que había memorizado. En cambio, tomó las manos de Kate en las suyas y se las llevó al corazón. —Has hablado de compromiso, y éste es uno muy grande. Sé lo que piensas del matrimonio, Kate, pero no todos son como el de tus padres. Partiremos de una base sólida: amor —le apretó las manos—. Antes creía que el amor hacía vulnerable a una persona, pero estaba equivocado. Es al revés. El amor te da fuerza. Kate tenía los ojos rebosantes de lágrimas. —Ya lo he visto, Sam. El amor hace daño, pero también cura. —Quiero pasar el resto de mi vida contigo, Kate. Somos un equipo. Juntos podemos hacer cualquier cosa. —Sí. —¿Sí? —Me casaré contigo. Le puso la mano en la nuca y atrajo sus labios hacia los de él.


—Vaya, ¿quién iba a decirlo? —murmuró—. Parece que por fin nos ha salido bien esta parte. Kate rió. Nº Paginas 138-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Sí, eso parece. —Pero, por si las moscas, será mejor que practiquemos un poco más. La sala del trono estaba decorada con luz del sol. Eso le parecía a Kate. El esplendor que adornaba el resto del palacio palidecía en comparación con aquella cámara. —Debo reconocerlo —dijo Sam, mirando alrededor apoyado en el bastón—. Los Sebastiani saben ser efectistas. —Es como si hubieran capturado la esencia del Mediterráneo. Claro que a Kate cualquier lugar le parecía alegre. Estaba enamorada. Y su futuro marido estaba tan apuesto con su traje azul de gala que la dejaba sin aliento. Sam volvió la cabeza y le guiñó el ojo. —¿Te he dicho lo hermosa que estás hoy? —¿Quieres un número exacto de veces, o un redondeo?


Él rió entre dientes. —¿Crees que nos echarán de menos si nos vamos antes de tiempo y nos retiramos a tu cuarto? Kate puso los ojos en blanco. —Sam, no podemos hacer eso. Somos los invitados de honor. Un hombre grueso con cara de bulldog se acercó a ellos. Sam levantó una mano del bastón para hacer el saludo militar. —Almirante Howe. El ceño perpetuo del almirante se fundió en lo que debía de ser su versión de una sonrisa. —Teniente Coburn, me complace ver que ya está en pie. Confío en que su recuperación esté progresando debidamente. —Sí. Gracias, señor. —Me gustaría felicitarlos a los dos. Kate y Sam intercambiaron una sonrisa. —Gracias, señor —dijo Sam—. Todavía no hemos fijado la fecha. Espero recibir noticias del jefe de la base de Coronado sobre el puesto de enseñanza SEAL que he solicitado.


—Por eso he pedido el traslado a Estados Unidos, almirante Howe —añadió Kate—. Pensamos que nos veríamos más a menudo sí… —¿De qué hablan, tenientes? —la interrumpió el almirante, mirándolos alternativamente—. ¿Qué fecha? ¿Qué traslado? Nº Paginas 139-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Vamos a casarnos, señor. Pensé que era eso a lo que se refería. —Me refería a esta ceremonia, teniente. —Ah. —Es la primera vez que unos extranjeros reciben la Estrella Plateada Montebellana —dijo Howe—. Es todo un honor. —En efecto, almirante —dijo Sam. —Le estamos muy agradecidos al rey Marcus —añadió Kate. Howe asintió, observándolos por debajo de sus gruesas cejas. —Y enhorabuena por lo otro también. —Gracias, señor —respondieron al unísono. El almirante movió la cabeza y se mezcló con la masa. —Te imaginas lo que está pensando, ¿verdad? —murmuró Sam. Kate rió. —Si la Marina hubiera querido que te casaras… —Te habría asignado un cónyuge —concluyó Sam.


El ruido de conversación se elevó hasta un zumbido a medida que llegaban los distintos dignatarios. El personal de la Marina se mezclaba con oficiales de la policía montebellana y con civiles vestidos con ropa formal. La ceremonia era un acto de homenaje a Sam y a Kate, pero también una manera de poner punto final a lo que había sido una etapa difícil para la familia Sebastiani. Muchas vidas habían cambiado irrevocablemente desde que el príncipe Lucas había desaparecido hacía casi dos años. Se oyó un revuelo de conversación cerca de la entrada. Kate y Sam se volvieron hacia el ruido. Un grupo de personas entró en la sala del trono. Iban vestidos con ropa formal, como los demás civiles, pero su porte los diferenciaba de los demás. Kate reconoció a varios miembros de la familia real. El príncipe Lucas se apartó del grupo para acercase a ellos. —Enhorabuena a los dos. —Muchas gracias, Alteza —dijo Sam—. Es un gran honor. —Yo diría que sí. Va a casarse con una mujer excepcional, teniente. Kate ahogó una carcajada. Era evidente que el príncipe estaba más al día que el almirante. —También es un honor para nosotros recibir la Estrella Plateada.


Al príncipe no le llegaba la sonrisa a los ojos. —Estoy completamente de acuerdo con mi padre en esto. Los dos se merecen esta condecoración por los servicios prestados a mi país. Se oyó un repentino llanto en el centro de la familia real. El bebé Lucas estaba en el hombro de la princesa Anna. Nº Paginas 140-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —Si me disculpan… —dijo Lucas, y fue a atender a su hijo. Momentos después, fueron los monarcas quienes se acercaron. —Buenas tardes, teniente Mulvaney, teniente Coburn. La pareja real estaba resplandeciente con unas vestiduras acordes con su rango. Eran monarcas amables, que hacían sentirse cómodos a sus invitados a pesar de la grandeza del entorno. —Debemos felicitarlos —dijo el rey Marcus. En lugar de intentar adivinar cuál era el motivo de la felicitación, Kate y Sam se limitaron a darle las gracias. —Y me alegra verlo tan recuperado, teniente Coburn —dijo el rey—. Según mi hijo, las heridas que recibió deteniendo a la fugitiva eran bastante serias.


—Sí, Majestad. Todavía estoy convaleciente —Sam puso las dos manos en el bastón y se apoyó pesadamente en él—. De hecho, el médico recomienda descanso en cama. —Entonces, será mejor que comience la ceremonia. No querríamos tenerlo en pie más tiempo del necesario —el rey Marcus hizo una seña al lacayo con librea de la entrada y le indicó a su familia que ocupara sus puestos. Kate le puso la mano en el codo a Sam y lo miró, preocupada. —No me había dado cuenta de que estabas tan cansado. Quizá deberíamos sentarnos… —dejó la frase en el aire al ver el brillo de sus ojos. No estaba ni mucho menos cansado. Tenía una razón muy distinta para querer ir a la cama —. Sam… —¿Sí? —Compórtate. Pero antes de que el rey Marcus pudiera hablar desde el trono, se produjo un revuelo en la puerta. Un par de hombres de traje oscuro forcejearon brevemente con los guardias del palacio. Kate no podía oír lo que decían, pero bastó para que los guardias los dejaran pasar. Corrieron hacia la tarima del trono. El rey se reunió con ellos en el primer peldaño y bajó la cabeza para escuchar lo que decían. Por la habitación se extendió un zumbido de especulación. La tensión crecía con cada segundo que pasaba. —¿Qué ocurrirá? —preguntó Kate a Sam. Éste le habló al oído.


—No lo sé, pero esos dos son policías. Kate estaba de acuerdo. Y a juzgar por la palidez del monarca, la noticia era importante. Los dos hombres de traje oscuro salieron con la misma velocidad con que habían entrado. El rey Marcus descendió de la tarima y les hizo una seña a Sam y a Kate para que avanzaran. —Lamento tener que posponer la ceremonia —dijo—. Ha surgido algo importante. Nº Paginas 141-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿Padre? —Lucas se acercó a ellos—. ¿Qué ocurre? —Sí, Marcus —dijo la reina Gwendolyn, apartándose el vestido con una mano al tiempo que bajaba los peldaños—. ¿Quiénes eran esos hombres? ¿Qué han dicho? —Eran detectives especiales que han estado trabajando con el FBI en Estados Unidos —dijo el rey—. Han estado verificando las declaraciones de Ursula Chambers y de Gretchen Hanson. —Esas horribles mujeres —murmuró la reina—. ¿No hay final para su maldad? —A decir verdad, en este caso, sí —el rey Marcus se volvió hacia Lucas—.


Gretchen Hanson afirmó que su hermano había asesinado a Jessica Chambers, así que el FBI de Colorado ha estado interrogando a Gerald Hanson. Lleva dos días negando su culpabilidad, pero hace una hora que ha confesado. —Así que reconoce haberla asesinado —dijo Lucas con voz hueca. —No, hijo. Gerald Hanson ha confesado algo muy distinto. Es un hombre sencillo. Algunos podrían llamarlo retrasado. Su hermana mayor le ordenó que matara a Jessica la noche en que nació Luke, pero él fue incapaz de hacerlo. Jessica había sido amable con él y, a su manera, creía estar enamorado de ella. No la mató. Kate apretó el cuerpo contra el costado sano de Sam, necesitando sentir su tibieza. La sala del trono se había quedado en completo silencio. —Como Gerald Hanson tenía miedo de desobedecer a su hermana, les dijo a todos que Jessica había muerto —la voz del rey Marcus se tornó ronca. Carraspeó—. Pero, en lugar de matarla, la escondió en una bodega, bajo uno de los anexos del rancho. Tiene la mente de un niño. Pensó que podría obligarla a amarlo y que huirían y vivirían juntos para siempre, como en sus cuentos —el rey tomó a su hijo por los hombros, como si quisiera ayudarlo a asimilar el golpe—. Lucas, el FBI acaba de llegar al edificio en el que Jessica estaba siendo retenida. Lucas no dijo nada. No preguntó nada. Permanecía completamente inmóvil,


mirando a su padre como si pudiera obligarlo a decir lo que quería oír. El rey sonrió. —Jessica está viva, hijo. Lucas tembló. Dio un paso atrás. —¿Viva? ¿Está viva? —Sí, y se encuentra bien. —Jess está viva —Lucas se llevó las palmas de las manos a las sienes y giró en redondo—. ¡Dios mío! Jess está viva! —El reactor estará listo dentro de una hora, Lucas —dijo el rey, dándole una palmadita en la espalda—. Pensé que, dadas las circunstancias, querrías… Kate no imaginaba que un aristócrata pudiera salir tan deprisa de una habitación. Lucas era un hombre cambiado. La sonrisa no sólo le llegaba a los ojos, sino que se reflejaba en cada línea de su cuerpo. Mientras el resto de la familia real rompía a hablar con emoción, Kate se volvió hacia Sam. Nº Paginas 142-143 https://www.facebook.com/novelasgratis —¿No es maravilloso? Éste asintió. Tenía los ojos sospechosamente húmedos. —Sí. Esto es mucho mejor que recibir una medalla, ¿eh? —Tienes razón. ¿Quién necesita una medalla? —Le puso una mano en el


corazón—. Yo ya tengo todo lo que podría desear. —Te quiero, Kate. —Y yo te quiero a ti, Sam —sonrió y se dio la vuelta; después, le indicó con el dedo que la siguiera—. Pero creo que vamos a necesitar un poco más de práctica. Fin No te pierdas el próximo libro de Los Romances de la Corona: La boda del príncipe, de Justine Davis. Nº Paginas 143-143

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Al cumplir con el deber ingrid weaver  

Argumento:No sospechaba que aquella misión iba a descubrirle un secreto... de su pasadoEl oficial Sam Coburn no tardó en aceptar la misión e...

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Argumento:No sospechaba que aquella misión iba a descubrirle un secreto... de su pasadoEl oficial Sam Coburn no tardó en aceptar la misión e...

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