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volumen 1 junio 2010 ISSN 0718-8846

Vicerrectoría de Desarrollo Regional Comunitaria 1

volumen 1, número 2, año 2010 y Proyección


quienes somos

SUSTENTABILIDAD(ES) Revista auspiciada por la Universidad Nacional Abierta y a Distancia - UNAD Rector: Jaime Alberto Leal Afanador Vicerrectoría de Desarrollo Regional y Proyección Comunitaria. Calle 14 Sur No. 14-23 PBX: [57] [1] 344 3700 Ext. 432 Bogotá - Colombia http://www.unad.edu.co email: viregional@unad.edu.co ISSN 0718-8846 versión impresa ISSN 0718-8854 versión en línea Director Editor: Antonio Elizalde Hevia; antonio.elizalde@gmail.com Secretario de Redacción: Eduardo Yentzen Peric; elutopista@mi.cl Asistente electrónico: Mauricio Quintero Castillo; mquinteroc@mqcdisenos.com Página Web http://sustentabilidades.siderpco.org/ COMITÉ DE REDACCIÓN Antonio Elizalde, Andrés Yurjevic, Eduardo Yentzen COMITÉ EDITORIAL Alberto Acosta (FLACSO, Ecuador) Santiago Alvarez Cantalapiedra (Centro de Investigación para la Paz, FUHEM, España) Felipe Ángel, (Fundación Josué Ángel Maia, Colombia) Alba Carosio (Universidad Central, Venezuela) Ismael J. Clark Arxer (Academia de Ciencias de Cuba) Jorge Echeverry González (Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales, Colombia) Arturo Escobar (Universidad Nacional de Colombia) Armando Fernández (Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre, Cuba) Dimas Floriani (Universidad Federal de Paraná, Curitiba, Brasil) Edgar González Gaudiano (Universidad Autónoma de Veracruz, México) José Gutiérrez-Pérez (Universidad de Granada, España) Agustín Hernández Aja (Universidad Politécnica de Madrid, España) Jaime Alberto Leal Afanador (Universidad Nacional Abierta y a Distancia, Colombia) Enrique Leff (Universidad Nacional Autónoma de México, México) Pedro Medellín (Universidad Autónoma de San Luis, Potosí, México) Eduardo Mora (Universidad Nacional de Costa Rica) Luz María Nieto Caraveo (Universidad Autónoma de San Luis, Potosí, México) Patricia Noguera (Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales, Colombia) María Novo (Universidad Nacional de Educación a Distancia, España) Carlos Walter Porto-Gonçalvez (Universidad Federal Fluminense, Brasil) Tania Ricaldi (Universidad Mayor de San Simón, Cochabamba, Bolivia) Víctor Toledo (Universidad Nacional Autónoma de México, México) Claudia Patricia Toro Ramírez (Universidad Nacional Abierta y a Distancia, Colombia) Eloísa Tréllez Solís (Asociación Cultural Pirámide, Lima, Perú) Ramón Vargas (Encuentro por la Vida: Cultura y Democracia Ambiental, Argentina) Mariano Vásquez-Espí (Universidad Politécnica de Madrid, España) Gustavo Wilches-Chaux (Red de Estudios Sociales sobre Desastres en América Latina, Colombia) Los estudios, ensayos, comentarios de libros y otros trabajos nacionales y extranjeros publicados en la Revista SUSTENTABILIDAD(ES) son sometidos a un sistema de doble evaluación ciega por alguno de los integrantes de nuestro cuerpo de árbitros o comité editorial. En casos dudosos es sometido a un nuevo arbitraje. Están protegidos por el Registro de Propiedad Intelectual y su reproducción en cualquier medio, incluido electrónico, debe ser autorizada por los editores. Cada texto es de responsabilidad de cada autor y no compromete necesariamente la opinión de las instituciones auspiciantes. La redacción tiene su sede en Lucrecia Valdés 360, Santiago, Chile Diseño y diagramación: Mauricio Quintero Castillo - Colombia Diseño de Caratula: Eduardo Yentzen - Chile

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Contenido

Antonio Elizalde, Prólogo

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ARTICULOS Alberto Acosta, Sólo imaginando otros mundos, se cambiará éste. Reflexiones sobre el Buen Vivir.

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Federico Aguilera Klirck, La economía como sistema abierto: de la disociación a la integración.

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Alba Carosio, La cultura del consumo contra la sostenibilidad de la vida.

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Lúcia Helena de Oliveira Cunha, Tradição e modernidade: novo encontro para a construção de sociedades sustentáveis.

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Arturo Escobar, Postconstructivist Political Ecologies.

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Armando Fernández Soriano, Los diversos rostros del ambientalismo en el Gran Caribe: acercamientos a los movimientos sociales y el medio ambiente caribeño.

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Enrique Leff, Economía ecológica, racionalidad ambiental y sustentabilidad.

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Elena Lucca, Sustentabilidad urbana, rural, natural.

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Vicente Manzano, Decrecimiento y Poder.

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contenido

Ana Patricia Noguera de Echeverri, Cuerpo-Tierra. Ethos ambiental en clave de la lengua de la tierra.

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Mariano Vázquez Espí y Agustín Hernández Aja, Clasificación multicriterio: una regla simple para tratar problemas complejos.

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RESEÑAS Y COMENTARIOS DE LIBROS Antonio Elizalde Hevia, Medio Ambiente y Sociedad. Conceptos, metodologías y experiencias desde las ciencias sociales y humanas de Enrique Aliste y Anahi Urquiza.

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Manuel Jacques, Derechos de la naturaleza. El futuro es ahora de Alberto Acosta y Esperanza Martínez (compiladores)

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María Emilia Tijoux, Actuel Marx / Intervenciones N° 7, primer semestre 2009, Insustentabilidades del Capitalismo

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DOSSIER Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra Acuerdo de los Pueblos

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INSTRUCCIONES PARA AUTORES Instructivo para autores enviar artículos

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Prólogo Antonio Elizalde Hevia

sustentabilidad(es) - volumen 1- número 2 - año 2010 - pag. 5 - 9

En este segundo número de Sustentabilidad(es) presentamos un total de once colaboraciones de muy diversa índole, así como tres reseñas y además un dossier que contiene el Acuerdo de los Pueblos redactado como declaración final de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra efectuada en Cochabamba, Bolivia, durante el pasado mes de abril. Todos estos textos, al igual que los publicados en el número inicial, apuntan en la perspectiva en la cual nos hemos propuesto avanzar mediante esta revista: desarrollar un proceso de profundización en las reflexiones en torno a la temática de la sustentabilidad. El número se inicia con el artículo de Alberto Acosta titulado Sólo imaginando otros mundos, se cambiará éste. Reflexiones sobre el Buen Vivir, en el cual su autor, quien jugó un rol fundamental como Presidente del Asamblea Constituyente del Ecuador, presenta la propuesta allí debatida del Buen Vivir así como el debate realizado sobre los derechos de la naturaleza. Sostiene que el Buen Vivir surge como una oportunidad para construir una sociedad basada en una convivencia ciudadana en diversidad y armonía con la Naturaleza, la cual requiere el necesario desmonte del poder colonial y la develación de las falacias contenidas en el discurso desarrollista; se pregunta asimismo si será posible y realista intentar un desarrollo diferente dentro del capitalismo. Señala como los derechos de la Naturaleza y la necesaria construcción de una economía solidaria que persiga tanto la justicia social (productiva y distributiva) como la ambiental, que enfatice las equidades así como la igualdad y la libertad, son bases constitutivas del Buen Vivir (sumak kausay). El avance hacia una mayor equidad sobrevendría como resultado de un proceso que reduzca dinámica y solidariamente las desigualdades

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e inequidades existentes y donde la racionalidad económica se reconcilie con la ética y el sentido común y los Derechos Humanos se complementen con los Derechos de la Naturaleza.

están generando crecientemente la depredación de la formas de vida y desechos cada vez mayores. Señala como la profundización de la ética hedonista narcisista e individualista ha servido para la penetración cultural del pensamiento A continuación Federico Aguilera neoliberal en las conciencias sin Klirck en un texto titulado La consideración de la responsabilidad economía como sistema abierto: de por el futuro. Presenta las diversas la disociación a la integración señala visiones sobre el consumo: la creación como la Economía Ecológica, si bien ha de necesidades y la alienación, el uso mostrado su capacidad de proporcionar de productos superfluos y el hedonismo diagnósticos y soluciones adecuadas como justificación cultural, su relación a problemas relevantes, con la modernización y recibe escasa atención la distinción de status, la porque confronta además homogeneización a través de muchos intereses, del sueño americano, el Buen Vivir la disociación entre la estetización de la surge como una vida diaria. Concluye sentimientos y razones o entre lo que vemos y enunciando algunas oportunidad lo que percibimos en que utopías que proponen vías para construir se encuentra la mayoría para la construcción de una sociedad de las personas, incluso alternativas: Socialismo del con áreas devastadas siglo XXI, Ecosocialismo, basada en una de percepción y de Ecofeminismo y sumak convivencia sensibilidad en nuestro kawsay, suma qamaña, ciudadana en cerebro. Apunta dos buen vivir coincidiendo diversidad y explicaciones para este todas en la importancia problema. La primera armonía con la de una ética radical y es que los aprendizajes humanista que tiene su Naturaleza escolares nos han centro en el cuidado de la enseñado a disociar lo vida y como objetivo su que está unido, como sostenibilidad. parte de una explicación “científica” que continúa para siempre, Lúcia Helena de Oliveira Cunha en su sin volver a unirlo posteriormente. La artículo Tradição e modernidade: segunda es el maltrato infantil habitual novo encontro para a construção en occidente, parte de nuestra cultura de sociedades sustentáveis centra e incluso considerado como normal, su preocupación en las posibilidades el cual genera una realidad interna de conjunción y/o disjunción entre escindida. No tener en consideración la la tradición y la modernidad en sus relevancia de esta situación, mantendrá expresiones temporales y sociales. ignorada a la Economía Ecológica, Realiza una reflexión en particular permaneciendo como una construcción sobre la posibilidad de intercambio intelectual más. entre la tradición y la modernidad como términos que, al mismo tiempo, La cultura del consumo contra la son antagónicos y complementarios y sostenibilidad de la vida se titula el dotados de historicidad. Las necesarias artículo en que Alba Carosio denuncia conexiones entre estas distintas como el modelo de bienestar basado en temporalidades requieren la urgente la posesión-acumulación de bienes y la necesidad de construir diálogos entre moral del disfrute a través del consumo los saberes patrimoniales y los saberes obsolescente, individualista y acelerado, científicos, entre ciencias de la tradición

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y las ciencias modernas complejas. Este diálogo de saberes deberá traer al escenario aquellas expresiones de saber y cosmovisiones tejidas a lo largo de la historia humana para la producción y reproducción de la vida en sus múltiples dimensiones, de esse modo se haría posible la construcción de un nuevo proyecto de civilización sustentable que tenga en cuenta el lugar de la tradición en la modernidad – aunque actualizada - en cuya relación lo inédito, pueda expresarse en nuevas síntesis históricas. En Ecologías Políticas Postconstructivistas, su autor Arturo Escobar, presenta el campo de la ecología política como un importante área de estudios contemporáneos y señala los tres principales momentos de su evolución, destacando los ejes, las fortalezas y las debilidades de cada uno. Sostiene que hay una serie de preguntas que durante estos tres momentos se ha buscado responder y que aunque se mantiene estable, su ámbito de acción ha crecido enormemente. Destaca que en el desarrollo de estas etapas, se ha pasado de una atención a la epistemología hacia una atención a la ontología, profundizando su aporte a la comprensión del mundo. Desarrolla algunas reflexiones en torno a la relación teórica de este campo con las acciones a nivel político y finaliza presentado un conjunto de interrogantes aún sin respuesta para las distintas generaciones de ecología política. Armando Fernández Soriano en su artículo titulado, Los diversos rostros del ambientalismo en el Gran Caribe: acercamientos a los movimientos sociales y el medio ambiente, parte discutiendo las definiciones del Caribe y desde allí se analiza el rol que éste juega en las dinámicas actuales de globalización, describiendo los movimientos sociales presentes en este espacio y analizando el movimiento ambientalista en particular. Se enfatiza en la existencia histórica de movimientos sociales y en la actual tendencia a

incorporar en sus agendas las luchas ambientales, así como se destaca el cambio producido en los años recientes en el movimiento ambientalista y en muchos de los movimientos sociales que incluyen temas ambientales en sus agendas, desde actuar generalmente fuera de las instituciones políticas y del régimen de partidos establecidos hacia un accionar crecientemente político. La creación de redes de relacionamiento y accionar político a nivel global, regional, nacional y local, es una tendencia que parece se incrementará en el futuro próximo. El trabajo señala las características que podrían definir en el futuro cercano y a mediano plazo la evolución de estos movimientos sociales en un contexto regional cada vez más conflictivo. Plantea finalmente la necesidad de articular un ideario que incluya la incorporación de nuevas escalas de valores que contribuyan a hacer mas abiertas y pluralistas las sociedades caribeñas y a fomentar el ejercicio de la libertad, los derechos humanos, la ciudadanía y la participación como expresiones de la democracia, creando una nueva ética de relación y concertación en la cual el respeto al disenso y a la pluralidad permitan construir canales de participación activa de las comunidades para erradicar así la intolerancia y la inconciencia. Enrique Leff en su texto Economía ecológica, racionalidad ambiental y sustentabilidad, recoge los argumentos presentados en su discurso emitido en una conferencia en el IV Congreso Iberoamericano sobre Desarrollo y Ambiente realizado en Bogotá. Polemiza y critica, de ese modo, los planteamientos de la economía ecológica y la controversia existente entre estos y los principios y reflexiones críticas que emanan de la racionalidad ambiental, en la perspectiva del cambio climático y en el horizonte de la construcción social de la sustentabilidad. Sostiene que el saber ambiental devuelve la mirada del conocimiento a la poiesis, a la pregunta

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por la vida humana en el planeta tierra y a sus condiciones ecológicas y culturales de sustentabilidad en la construcción de una sociedad neguentrópica. Sustentabilidad urbana, rural, natural es un texto en el cual su autora, Elena Lucca, plantea una visión proveniente desde la sustentabilidad fuerte como la única que puede responder a la sustentabilidad de las ciudades y de los asentamientos humanos. Desde esta imagen/visión en sus características básicas, funciones, materias y capacidades, discute cómo reconstruir las capacidades de interrelación de las comunidades con el medio que le provee su sustento. Propone desarrollar indicadores, como instrumentos de interpretación comunitaria, que permitan construir la Huella Ecológica con su idea de área biológica para el uso y consumo, y el Espacio Ambiental necesario para la producción de los insumos para la vida; a esto agrega los Indicadores de Captación Perceptiva que incitan a una lectura de intervención naturaleza/ cultura, de modo de organizar esa interfase entre la naturaleza y las acciones antrópicas. Busca definir así una manera de gestión/interrelación interdependiente y de recuperación perceptiva para la reapropiación del camino hacia la sustentabilidad. El trabajo de Vicente Manzano, titulado Decrecimiento y Poder, señala que la forma como se presenta habitualmente el concepto de decrecimento, el cual amén de desconocido para la mayoría, es psicológicamente poco o nada atractivo para la gente. Cuando tiene lugar un primer contacto con el término, lo esperable es que el significado sea reducción del consumo o incremento del auto-control, sin embargo, se confronta con el discurso dominante que es: “No se preocupe, sea feliz, compre”. Para enfrentar esto propone dos elementos. Sugiere, por una parte, diez puntos para mostrar el concepto y el significado del decrecimiento desde los

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límites hasta la liberación: el mundo es finito; el momento de parar fue ayer; el crecimiento sostenible es una propuesta; pero no funciona; el decrecimiento no es una opción sino una necesidad; no es retroceder; es psicológicamente viable; no es un problema para los países en vías de desarrollo; es un camino inteligente; y “el mundo mejor” necesita decrecimiento. Por otra parte, presenta el concepto de poder como la herramienta más importante para trabajar el concepto de decrecimiento a niveles individual y comunitario. Su lógica es mostrar cómo nuestra vida puede verse como un proceso de opresión donde las personas ceden su poder y libertad a cambio de mantener su percepción de confort. Ana Patricia Noguera de Echeverri en Cuerpo-Tierra. Ethos ambiental en clave de la lengua de la tierra, señala que la crisis civilizatoria que estamos viviendo, es una crisis que no es solo de “recursos naturales”, climática, energética ó financiera, sino una crisis de la vida misma en todos sus depliegues. Presenta su propuesta de un reencantamiento del Mundo, en clave del Ethos ambiental Cuerpo-Tierra. Ethos, como establo para los animales y casa para el hombre. Se pregunta parafraseando a Heidegger, si ¿Es poéticamente como el hombre habita esta tierra? A partir de esta pregunta configura un pensamiento ambiental en clave de las estéticas-complejas de una lengua de la Tierra olvidada, negada u ocultada por la maneras dominantes de un ocupar la tierra de los imperios del norte. Destaca finalmente como la imagen mítico-poética Cuerpotierra, para los pueblos abyayalenses, se hace un lugar potente para un geopensamiento ambiental en clave del cuerpo-sur que somos. En su artículo Clasificación multicriterio: una regla simple para tratar problemas complejos, Mariano Vázquez Espí y Agustín Hernández Aja señalan que los problemas complejos requieren

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nuevos enfoques para ser abordados y que estos enfoques requieren nuevos instrumentos operativos. Describen la clasificación multicriterio —una generalización abarcadora de la enumeración y la ordenación en fila tradicionales— destacandola como un método que permite el manejo simultáneo de múltiples criterios o dimensiones de valor para realizar una contabilidad objetiva de la que, sin paradojas, surge la necesidad de la decisión subjetiva, mostrando de ese modo que la prioridad final debe recaer en los procesos y no en los objetos. De manera similar examina el papel que puede jugar en la refundación de una ciencia de los sistemas con historia. Se incluye también en este número tres reseñas la primera de ellas es del libro compilado por Enrique Aliste y Anahi Urquiza Medio Ambiente y Sociedad. Conceptos, metodologías y experiencias desde las ciencias sociales y humanas. La segunda del libro Derechos de la Naturaleza. El futuro es ahora compilado por Alberto Acosta y Esperanza Martínez. La última es del número 7 de la revista Actuel Marx Intervenciones dedicado al tema “Insustentabilidades del Capitalismo”.

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artículos

Sólo imaginando otros mundos, se cambiará éste Reflexiones sobre el Buen Vivir Alberto Acosta Resumen: El artículo presenta la propuesta del Buen Vivir, surgida en la Asamblea Constituyente del Ecuador, como una oportunidad para construir una sociedad basada en una convivencia ciudadana en diversidad y armonía con la Naturaleza. Señala que esta propuesta apunta al necesario desmonte del poder colonial y a desnudar las falacias del discurso desarrollista, y se pregunta si será posible y realista intentar un desarrollo diferente dentro del capitalismo. Presenta el debate realizado sobre los derechos de la Naturaleza y la necesaria construcción de una economía solidaria enfatizando las equidades, tanto como la igualdad y la libertad, así como la justicia social (productiva y distributiva) tanto como la ambiental, como las bases del Buen Vivir (sumak kausay). Las equidades tendrían que venir así como resultado de un proceso que reduzca dinámica y solidariamente las desigualdades e inequidades existentes y donde la racionalidad económica se reconcilie con la ética y el sentido común y los Derechos Humanos se complementen con los Derechos de la Naturaleza. Palabras clave: Buen Vivir, Derechos de la Naturaleza, equidadesBasta imaginar outros mundos, ele vai mudar. Reflexões sobre o viver bem Resumo: O trabalho apresenta a proposta da Boa Vida, que surgiu na Assembléia Constituinte do Equador, como uma oportunidade para construir uma sociedade baseada na convivência pacífica na diversidade e harmonia com a natureza. Observa que essa proposta aponta para a necessidade de desmantelar o poder colonial e nu as falácias do discurso desenvolvimentista e perguntou se seria possível e realista para tentar um desenvolvimento diferente dentro do capitalismo. Apresenta o debate realizado sobre os Direitos da Natureza e da necessária construção de uma economia solidária, enfatizando equidades, bem como a igualdade e a liberdade e de justiça social (produção e distribuição), bem como o ambiente, como a base da Boa Vida (sumak kausay). As equidades teriam de vir como resultado de um processo pra reduzir dinâmica e solidariamente as desigualdades e injustiças que existem e onde a racionalidade econômica é compatível com a ética e o bom senso e os direitos humanos são complementadas pelas leis direitos da natureza. Palavras-chave: Good Life, Direitos da Natureza, equidades. Only by imagining other worlds, this one will be changed. Thoughts about Good Living Abstract: The paper presents the proposal for Good Living, which emerged in the Constituent Assembly of Ecuador, as an opportunity to build a society based on peaceful coexistence, in diversity and harmony with nature. It states that this proposal points out the need to dismantle colonial power and bare the fallacies of developmental speech, and wonders whether it would be possible and realistic to try a different development within capitalism. It presents the debate held about the Rights of Nature and the necessary construction of a solidarity economy emphasizing equities, as much as equality and liberty, and social justice (productive and reproductive) as well as environmental, as the basis of Good Living (sumak kausay). Equities would thus have to come as a result of a dynamic process that will severally reduce the existing inequalities and inequities and where economic rationality will reconcile with ethics and common sense, and where human rights are complemented by the rights of nature. Key words: Good Living, Rights of Nature, equities. Recibido 05.04.2010 Aceptado 17.05.2010

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Sólo imaginando otros mundos, se cambiará éste. Reflexiones sobre el Buen Vivir Alberto Acosta*

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“Ya lo ves, señor Nicetas -dijo Baudolino-, cuando no era presa de las tentaciones de este mundo, dedicaba mis noches a imaginar otros mundos. Un poco con la ayuda del vino, y un poco con la de la miel verde. No hay nada mejor que imaginar otros mundos para olvidar lo doloroso que es el mundo en que vivimos. Por lo menos, así pensaba yo entonces. Todavía no había entendido que, imaginando otros mundos, se acaba por cambiar también éste”. (Humberto Eco)

El Buen Vivir, una oportunidad para el mundo En muchas regiones del mundo, sobre todo en los países andinos Bolivia y Ecuador, uno de los puntos medulares del debate es el cuestionamiento al régimen de desarrollo imperante. Y en ese contexto aparecen diversas propuestas desde las mismas comunidades ancestrales, enriquecidas por las luchas de resistencia de las últimas décadas, orientadas a cambiar el rumbo de la historia. En la Asamblea Constituyente de Montecristi, uno de los puntos medulares del debate fue el cuestionamiento al régimen de desarrollo imperante. La discusión avanzó hacia propuestas que recogen elementos planteados dentro y aún fuera del país. Allí, desde la visión de los marginados por la historia de los últimos 500 años, se planteó el Buen Vivir o Sumak Kausay (en kichwa) como una oportunidad para construir otra sociedad sustentada en una convivencia ciudadana en diversidad y armonía con la Naturaleza[1], a partir del reconocimiento de los valores culturales existentes en el país y en el mundo. Con esta declaración, una Constitución “por primera toma un concepto de tradiciones indígenas como base para el ordenamiento y legitimación de la vida política”. Al asumir el Buen Vivir “el sentido de un objetivo general hacia el cual se orienta la vida económica, volumen 1, número 2, año 2010

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política, social y cultural”, se empezó a desmontar, “el poder colonial” (David Cortez), Una concepción que, además, desnuda los errores y las limitaciones de las diversas teorías del llamado desarrollo. La pregunta que cabe en este punto es si será posible y realista intentar un desarrollo diferente dentro del capitalismo. Se entiende un desarrollo impulsado por la vigencia de los Derechos Humanos (políticos, sociales, culturales, económicos) y los Derechos de la Naturaleza, como base de una economía solidaria. ¿Seguirá siendo acaso el desarrollo un fantasma que nos continúe atormentando No hay aquella o una utopía que nos oriente? visión de un Es más, ¿será estado de necesario superar el concepto subdesarrollo de desarrollo a ser superado. y adentrarnos Y tampoco en una nueva un estado de época, en la del desarrollo a ser postdesarrollo?

alcanzado

La propuesta del Buen Vivir, que cuestiona el llamado desarrollo en tanto concepto holístico que supera el economicismo y que atraviesa transversalmente toda la Constitución ecuatoriana, fue motivo de diversas interpretaciones en la Asamblea Constituyente y en la sociedad. Recordemos que primó el desconocimiento e incluso el temor en ciertos sectores. Algunos asambleístas, contando con el eco perturbador de gran parte de una prensa mediocre e interesada en el fracaso de la Constituyente, acostumbrados a verdades indiscutibles, clamaban por concreciones definitivas. Para otros, el Buen Vivir, al que lo entendían

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ingenuamente como una despreocupada y hasta pasiva dolce vita, les resultaba inaceptable. No faltaron algunos, temerosos de perder sus privilegios, que no dudaron en anticipar que con el Buen Vivir se proponía el retorno a la época de las cavernas. Inclusive algunos que alentaron con su voto este principio fundacional de la Constitución de Montecristi, al parecer no tenían clara la trascendencia de esta decisión… Y unos cuantos, opuestos desde una izquierda autista, se aferraron a tradicionales conceptos de cambio, en realidad huecos, carentes de trascendencia al no haber sido cristalizados en la práctica de las luchas sociales. En las comunidades indígenas tradicionalmente no existía la concepción de un proceso lineal que establezca un estado anterior o posterior, tal como nos recuerda el indígena amazónico Carlos Viteri Gualinga. El ha confrontado los temas del llamado desarrollo con experiencias del Buen Vivir, recuperadas de experiencias concretas de algunas comunidades amazónicas especialmente. No hay aquella visión de un estado de subdesarrollo a ser superado. Y tampoco un estado de desarrollo a ser alcanzado. No existe, como en la visión occidental, esta dicotomía que explica y diferencia gran parte de los procesos en marcha. Los pueblos indígenas tampoco tenían la concepción tradicional de pobreza asociada a la carencia de bienes materiales o de riqueza vinculada a su abundancia. El Buen Vivir aparece como una categoría en la filosofía de vida de las sociedades indígenas ancestrales, que ha perdiendo terreno por efecto de las diversas prácticas y mensajes de la modernidad occidental. Su aporte, sin embargo, sin llegar a una equivocada idealización del modo de vida indígena, nos invita a asumir otros “saberes” y otras posibilidades. La visión andina, empero, no es la única fuente de inspiración para impulsar el Buen Vivir. Desde círculos de la cultura

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occidental se levantan cada vez más voces que podrían estar de alguna manera en sintonía con esta visión indígena y viceversa. En el mundo se comprende, paulatinamente, la inviabilidad global del estilo de vida dominante. Además, el concepto del Buen Vivir no solo tiene un anclaje histórico en el mundo indígena, se sustenta también en algunos principios filosóficos universales: aristotélicos, marxistas, ecologistas, feministas, cooperativistas, humanistas... Frente a los devastadores efectos de los cambios climáticos, se plantean transformaciones profundas para que la humanidad pueda escapar de los graves riesgos ecológicos y sociales en ciernes. El crecimiento material sin fin podría culminar en un suicidio colectivo, tal como parece augurar el mayor recalentamiento de la atmósfera o el deterioro de la capa de ozono, la pérdida de fuentes de agua dulce y creciente contaminación, la erosión de la biodiversidad agrícola y silvestre, la degradación de suelos o la propia desaparición de espacios de vida de las comunidades locales... Para empezar el concepto mismo de crecimiento económico debe ser reubicado en una dimensión adecuada, tal como lo recomienda Amartya Sen, Premio Nobel de Economía. Crecimiento económico no es sinónimo de desarrollo. Por lo tanto, no es la única vía a la que debería darse necesariamente prioridad. Incluso a escala global, la concepción del crecimiento basado en inagotables recursos naturales y en un mercado capaz de absorber todo lo producido, no ha conducido al desarrollo. Lo que se observa -como señala José María Tortosa, uno de los mayores sociólogos europeos-, es un “mal desarrollo” generalizado, inclusive en los países considerados como desarrollados. Eso no es todo, a más de no obtener el bienestar material, se están afectando

la seguridad, la libertad, la identidad de los seres humanos. Ese maldesarrollo, generado desde arriba, sea desde los gobiernos centrales y sus empresas transnacionales, o desde las élites dominantes a nivel nacional en los países empobrecidos, tan propio del sistema capitalista, implica entonces una situación de complejidades múltiples que no pueden ser explicadas a partir de versiones monocausales. Por ello está también en cuestión aquella clasificación de países desarrollados y subdesarrollados, tanto como el mismo concepto de desarrollo tradicional. Y, por cierto, aquella lógica del progreso entendida como la acumulación permanente de bienes materiales. En esta línea de reflexión, sobre todo desde la vertiente ambiental, podríamos mencionar los reclamos de cambio en la lógica del desarrollo, cada vez más urgentes, de varios pensadores de gran valía, como fueron o son aún: Ernest Friedrich Schumacher, Nicholas Georgescu-Roegen, Iván Illich, Arnes Naess, Herman Daly, Vandana Shiva, José Manuel Naredo, Joan Martínez Alier, Roberto Guimaraes, Eduardo Gudynas, entre otros. Sus cuestionamientos a las estrategias convencionales se nutren de una amplia gama de visiones, experiencias y propuestas extraídas de diversas partes del planeta, inclusive algunas desde la misma civilización occidental. Son conscientes, por lo demás, de los límites físicos existentes. Sus argumentos prioritarios son una invitación a no caer en la trampa de un concepto de “desarrollo sustentable” o “capitalismo verde” que no afecte la revalorización del capital. También alertan sobre los riesgos de una confianza desmedida en la ciencia, en la técnica. En definitiva, estos pensadores cuestionan la idea tradicional del progreso material acumulativo e indefinido, y para superarlo proponen nuevas formas de organización de la vida misma.

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La búsqueda de estas nuevas formas de vida implica revitalizar la discusión política, ofuscada por la visión economicista sobre los fines y los medios. Al endiosar la actividad económica, particularmente al mercado, se han abandonado muchos instrumentos no económicos, indispensables para mejorar las condiciones de vida. La resolución de los problemas exige una aproximación multidisciplinaria.

Buen Vivir para todos, no “dolce vita” para pocos De ninguna manera es aceptable un estilo de vida cómoda para grupos reducidos de la población del planeta, mientras el resto, una gran mayoría, sostiene los privilegios de aquel segmento privilegiado e incluso opresor. Esta es la realidad del régimen de desarrollo actual, una realidad propia del sistema capitalista. El capitalismo ha demostrado una gran capacidad productiva. Ha podido dar lugar a progresos tecnológicos sustanciales y sin precedentes. Ha conseguido incluso reducir la pobreza en varios países. Sin embargo, produce también procesos sociales desiguales entre los países y dentro de ellos. Sí, se crea riqueza, pero son demasiadas las personas que no participan de sus beneficios. Aquí cobra renovado vigor la propuesta de Amartya Sen, para quien el “poder de crear riqueza” equivaldría a la posibilidad de “ampliación de las capacidades” del ser humano. No cuentan tanto las riquezas o sea las cosas que las personas puedan producir durante sus vidas, sino lo que las cosas hacen por la vida de las personas. Según él, “el desarrollo debe preocuparse de lo que la gente puede o no hacer, es decir si pueden vivir más, escapar de la morbilidad evitable, estar bien alimentados, ser

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capaces de leer, escribir, comunicarse, participar en tareas literarias y científicas, etc. En palabras de Marx, se trata de ‘sustituir el dominio de las circunstancias y el azar sobre los individuos, por el dominio de los individuos sobre el azar y las circunstancias’”.

Lo que se busca es una convivencia sin miseria, sin discriminación, con un mínimo de cosas necesarias y sin tener a éstas como la meta final. Esto conduce, por cierto, a una redistribución de esas cosas acumuladas en pocas manos. Esta es, a no dudarlo, una visión que nos ayuda para la construcción del Buen Vivir. Por este motivo resulta inapropiado y altamente peligroso aplicar el paradigma del desarrollo al menos tal y como es concebido en el mundo occidental. No sólo que este paradigma no es sinónimo de bienestar para la colectividad, sino que está poniendo en riesgo la vida misma de la humanidad. El Buen Vivir, entonces, tiene una trascendencia mayor a la sola satisfacción de necesidades y acceso a servicios y bienes. En este contexto, desde la filosofía del Buen Vivir se precisa cuestionar el tradicional concepto de desarrollo sustentado en la visión clásica del progreso: La acumulación permanente de bienes materiales no tiene futuro. Desde esa perspectiva, al tan trillado desarrollo sustentable habría que aceptarlo a lo más como una etapa de tránsito hacia un paradigma distinto al capitalista, en el que serían intrínsecas las dimensiones de equidad, libertad e igualdad, incluyendo por supuesto la sustentabilidad ambiental. El desarrollo, mejor digámoslo un renovado concepto de desarrollo, visto desde esta perspectiva -planteada por connotados tratadistas latinoamericanos Aníbal Quijano, Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde, Jürgen Schuldt, José Luís Coraggio, entre otros- implica la expansión de las potencialidades individuales y colectivas, las que hay

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que descubrir y fomentar. No hay que desarrollar a la persona, la persona tiene que desarrollarse. Para lograrlo, como condición fundamental, cualquier persona ha de tener las mismas posibilidades de elección, aunque no tenga los mismos medios. El Estado corregirá las deficiencias del mercado y actuará como promotor del desarrollo, en los campos que sea necesario. Y si el desarrollo exige la equidad y la igualdad, éstas sólo serán posibles con democracia -no un simple ritual electoral- y con libertad de expresión, verdaderas garantías para la eficiencia económica y el logro del Buen Vivir, en tanto camino y en tanto objetivo. El Buen Vivir, más que una declaración constitucional en Bolivia y Ecuador, se presenta, entonces, como una oportunidad para construir colectivamente un nuevo régimen de desarrollo, digámoslo más claramente, una nueva forma de vida. El Buen Vivir constituye un paso cualitativo importante al pasar del desarrollo sustentable y sus múltiples sinónimos, a una visión diferente, mucho más rica en contenidos y por cierto más compleja. Su realidad, entonces, no se refleja simplemente en una sumatoria de artículos constitucionales en donde se menciona el Buen Vivir. Inclusive es mucho más que la posibilidad de introducir cambios estructurales a partir del cumplimiento de los diferentes artículos constitucionales en donde se aborda expresamente o no el Buen Vivir. Esta propuesta, siempre que sea asumida activamente por la sociedad, en tanto recepta las propuestas de los pueblos y nacionalidades indígenas, así como de amplios segmentos de la población, puede proyectarse con fuerza en los debates de transformación que se desarrollan en el mundo. Dicho en otros términos, la discusión sobre el Buen Vivir no puede circunscribirse a las realidades andinas.

El Buen Vivir, en definitiva, tiene que ver con otra forma de vida, con una serie de derechos y garantías sociales, económicas y ambientales. También está plasmado en los principios orientadores del régimen económico, que se caracterizan por promover una relación armoniosa entre los seres humanos individual y colectivamente, así como con la Naturaleza. En esencia busca construir una economía solidaria, al tiempo que se recuperan varias soberanías como concepto central de la vida política del país y de la región. Igualmente, con esta propuesta del Buen Vivir, al cuestionar los tradicionales conceptos del llamado desarrollo, se convoca a construir sistemas de indicadores propios. Estos nuevos indicadores constituyen una gran oportunidad no sólo para denunciar las limitaciones y falacias de los sistemas de indicadores dominantes, que recrean permanentemente nuevas inequidades e incertidumbres, sino que, al discutir metodologías para calcular de otra manera y con renovados contenidos otros índices de otro desarrollo (es decir, del Buen Vivir), se avanzará en el diseño de nuevas herramientas para intentar medir cuán lejos o cuán cerca estamos de la construcción democrática de sociedades democráticas y sustentables. Con el Buen Vivir se pretende buscar opciones de vida digna y sustentable, que no representen la reedición caricaturizada del estilo de vida occidental y menos aún sostener estructuras signadas por una masiva inequidad social y ambiental. Mientras que, por otro lado, habrá que incorporar criterios de suficiencia antes que sostener la lógica de la eficiencia entendida como la acumulación material cada vez más acelerada (frente a la cual se rinde la democracia, como reconoce certeramente Boaventura de Sousa Santos). Desde esa perspectiva, el Buen Vivir, en tanto nueva forma de vida en

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construcción y como parte inherente de un Estado plurinacional, propone incluso una nueva arquitectura conceptual. Es decir, se requieren conceptos, indicadores y herramientas propias, que permitan hacer realidad esa nueva forma de vida equilibrada entre todos los individuos y las colectividades, con la sociedad y con la Naturaleza. En general en todos los espacios del convivir humano se precisa desbrozar la maleza de términos y conceptos manoseados y desvirtuados de su real contenido. Con la consolidación del capitalismo, cuando se produjo el divorcio entre economía y Naturaleza, al ser humano, a la sociedad y a la misma Naturaleza se les instrumentó como simples herramientas de producción. Eso se replica en el ámbito de las políticas sociales en donde se habla de usuarios e incluso de clientes de las mismas, eliminando la característica básica sobre la que deberían desarrollarse: la ciudadanía, con derechos y deberes, en un contexto colectivo. La lista de conceptos y palabras manipuladas es enorme. Eso nos conmina a recuperar incluso la soberanía conceptual, pues las palabras, para coincidir con el pensador uruguayo Gudynas, no pueden ser asumidas como inofensivas.

en función de otros seres humanos, sin pretender dominar a la Naturaleza. Esto nos conduce a aceptar que la Naturaleza, en tanto una construcción social, es decir término conceptualizado por los seres humanos, debe ser reinterpretada y revisada íntegramente. Para empezar la humanidad no está fuera de la Naturaleza. La visión dominante, que pretende ver al ser humano por fuera de la Naturaleza, incluso al definirla como Naturaleza sin considerar a la humanidad como parte integral de la misma, abrió la puerta para dominarla y manipularla. Sir Francis Bacon (1561 - 1626), célebre filósofo renacentista, conminaba a que “la ciencia torture a la Naturaleza, como lo hacía el Santo Oficio de la Inquisición con sus reos, para conseguir develar el último de sus secretos…”. Siglos después, Alejandro von Humboldt, en su histórico recorrido por tierras americanas, hace más de doscientos años, se quedó maravillado por la geografía, la flora y la fauna de la región. Cuentan que veía a sus habitantes como si fueran mendigos sentados sobre un saco de oro, refiriéndose a sus inconmensurables riquezas naturales no aprovechadas.

La Naturaleza en el centro del El mensaje de Humboldt encontró una debate La acumulación material -mecanicista e interminable de bienes-, apoltronada en “el utilitarismo antropocéntrico sobre la Naturaleza”- al decir de Gudynas-, no tiene futuro. Insistamos, los límites de estilos de vida sustentados en esta visión ideológica del progreso clásico son cada vez más notables y preocupantes. Los recursos naturales no pueden ser vistos como una condición para el crecimiento económico, como tampoco pueden ser un simple objeto de las políticas de desarrollo. Y por cierto no se puede olvidar que lo humano se realiza (o debe realizarse) en comunidad; con y

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interpretación práctica en el renombrado libro de David Ricardo (1772 - 1823), “Principios de Economía Política y Tributación”. Allí, él recomendaba que un país debía especializarse en la producción de aquellos bienes con ventajas comparativas o relativas, y adquirir de otro aquellos bienes en los que tuviese una desventaja comparativa. Según él, Inglaterra, en su ejemplo, debía especializarse en la producción de telas y Portugal en vino… Sobre esta base se construyó la base fundamental del comercio exterior, sin mencionar que se trataba de una imposición imperial.

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Esta división del trabajo aparece en el acuerdo de Methuen[2] firmado en Lisboa el 27 de diciembre de 1703 entre Portugal e Inglaterra. En dicho acuerdo se establecía que los portugueses comprarían paños y productos textiles a Inglaterra y, como contrapartida, los británicos concederían trato de favor (exenciones tributarias, menos aranceles portuarios...) a los vinos procedentes de Portugal. Los ingleses se aseguraron para sus textiles, base de su naciente poderio industrial, el mercado de Portugal y sus colonias.

nación, el 15 de enero del año 2009, para defender la Ley de Minería usó la misma metáfora que el connotado naturalista y geógrafo alemán: “No daremos marcha atrás en la Ley de Minería, porque el desarrollo responsable de la minería es fundamental para el progreso del país. No podemos sentarnos como mendigos en el saco de oro”[3].

La Naturaleza fue y sigue transformada en recursos naturales e incluso en “capital natural” a ser explotado, domado y controlado. Cuando, en realidad, la Naturaleza hasta podría existir sin seres humanos…

Conseguida la Independencia de España los países de América Latina siguieron Estos Para empezar a enfrentar exportando recursos naturales, es decir planteamientos este añejo mensaje, sostenido en un divorcio Naturaleza, pues esa había ubican con profundo de la economía sido la especialización claridad por y la Naturaleza, hay que impuesta en la colonia. Y donde debería rescatar las verdaderas esta visión de dominación marchar la dimensiones de la sobre la Naturaleza se mantiene vigente hasta construcción de sustentabilidad. Esta exige hoy día en muchos una nueva forma una nueva ética para la vida misma. sectores de la sociedad, de organización organizar Se precisa reconocer sobre todo a nivel gubernamental, inclusive de la sociedad, si los límites físicos del realmente ésta desarrollo convencional. en los considerados como regímenes pretende ser una Un paso clave esta progresistas de la región. opción de vida, en dirección, los objetivos El presidente ecuatoriano, tanto respeta la económicos deben estar subordinados a las leyes Rafael Correa, ante los Naturaleza de funcionamiento de racionamientos de energía los sistemas naturales, sin eléctrica provocados por perder de vista el respeto el prolongado estiaje y la ausencia de respuestas oportunas, a la dignidad humana y la mejoría de considerándolos como el producto la calidad de vida de las personas. El de una adversidad ambiental, declaró crecimiento económico es apenas un públicamente en una de sus alocuciones medio, no un fin. sabatinas, que “si la Naturaleza con esta sequía se opone a la revolución Estos planteamientos ubican con ciudadana, lucharemos y juntos la claridad por donde debería marchar venceremos, tengan la seguridad” la construcción de una nueva forma de organización de la sociedad, si (7 de noviembre 2009). realmente ésta pretende ser una opción Incluso la ilusión del extractivismo, de vida, en tanto respeta la Naturaleza. plasmado hace más de dos siglos por En la Constitución ecuatoriana del año Alejandro von Humboldt, está vigente. 2008, al reconocer los Derechos de la El presidente Correa, en su informe a la Naturaleza y sumarle el derecho a ser restaurada cuando ha sido destruida,

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se dio un paso sustantivo. Igualmente trascendente fue la incorporación del término Pacha Mama, como sinónimo de Naturaleza, en tanto reconocimiento de plurinacionalidad e interculturalidad. Estos Derechos de la Naturaleza fueron y son vistos aún como un “galimatías conceptual”. A los conservadores del derecho (¿defensores de los privilegios de las oligarquías?), en esencia incapaces de entender los cambios en marcha, les resulta difícil comprender que el mundo está en movimiento permanente. A lo largo de la historia legal, cada ampliación de los derechos fue anteriormente impensable. La emancipación de los esclavos o la extensión de los derechos civiles a los afroamericanos, a las mujeres y a los niños y niñas fueron una vez rechazadas por las autoridades por ser consideradas como un absurdo. Para abolir la esclavitud se requería que se reconozca “el derecho de tener derechos” y se requería también un esfuerzo político para cambiar aquellas leyes que negaban esos derechos. La liberación de la Naturaleza de esta condición de sujeto sin derechos o de simple objeto de propiedad, exige un esfuerzo político que reconozca a la Naturaleza como sujeto de derechos. Este aspecto es fundamental si aceptamos que, como afirmaba Arnes Naess, el padre de la ecología profunda, “todos los seres vivos tienen el mismo valor”. Esta lucha de liberación es, ante todo, un esfuerzo político que empieza por reconocer que el sistema capitalista destruye sus propias condiciones biofísicas de existencia. Dotarle de Derechos a la Naturaleza significa, entonces, alentar políticamente su paso de objeto a sujeto, como parte de un proceso centenario de ampliación de los sujetos del derecho, como recordaba ya en 1988 Jörg Leimbacher, jurista suizo. Lo central de los Derechos de la Naturaleza, de acuerdo al mismo

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Leimbacher, centra la atención en el “derecho a la existencia” de los propios seres humanos. Un derecho que ya fue recogido por Italo Calvino en el siglo XIX, como consecuencia de la Revolución Francesa, cuando el barón Cosimo Piovasco de Rondò, conocido como “el barón de los árboles”, propuso un “proyecto de Constitución para un ente estatal republicano con la Declaración de los Derechos Humanos, de los derechos de las mujeres, de los niños, de los animales domésticos y de los animales salvajes, incluyendo pájaros, peces e insectos, así como plantas, sean éstas árboles o legumbres y yerbas”[4].

La tarea, al decir de Roberto Guimaraes es organizar la economía preservando la integridad de los procesos naturales, garantizando los flujos de energía y de materiales en la biosfera, sin dejar de preservar la biodiversidad del planeta. Gudynas es claro al respecto, hay que transitar del actual antropocentrismo al biocentrismo. No será fácil cristalizar estas transformaciones. Sobre todo en la medida que éstas afectan los privilegios de los círculos de poder nacionales y transnacionales, que harán lo imposible para tratar de detener este proceso de cambios. Una situación que, lamentablemente, también se nutre de algunas acciones y decisiones del gobierno de Rafael Correa, quien alentó con entusiasmo el proceso constituyente y la ratificación popular de la Constitución de Montecristi. Su gobierno y su bloque parlamentario no inician aún la conformación de un Estado plurinacional y con la aprobación de algunas leyes, por ejemplo la ley de minería o la ley de soberanía alimentaria expedidas en el año 2009, en una suerte de contrarevolución legal, atentan contra varios de los principios constitucionales.

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Este conflicto, aunque pueda sorprender a algunos, puede ser positivo para la sociedad, en tanto convoca a la acción organizada de amplios sectores de la misma. Aceptemos que los avances constitucionales fueron logrados por la lucha de diversas organizaciones sociales y que no son dádiva de ningún individuo. Entonces, como parte de la construcción colectiva de un nuevo pacto de convivencia social y ambiental, es necesario construir nuevos espacios de libertad y romper todos los cercos que impiden su vigencia. Por eso, en forma pionera a nivel mundial, en la nueva Constitución se ha establecido que la Naturaleza es sujeto de derechos. Esta definición enfrenta la actual crisis civilizatoria, cuando ya se ve la imposibilidad de continuar con el modelo industrialista y depredador basado en la lucha de los humanos contra la Naturaleza. No va más la identificación del bienestar y la riqueza como acumulación de bienes materiales, con las consecuentes expectativas de crecimiento y consumo ilimitados. En este sentido es necesario reconocer que los instrumentos disponibles para analizar estos asuntos ya no sirven. Son instrumentos que naturalizan y convierten en inevitable lo existente. Son conocimientos de matriz colonial y eurocéntrica, que pretenden convencer de que este patrón civilizatorio es natural e inevitable, como acertadamente afirma el venezolano Edgardo Lander. Al reconocer a la Naturaleza como sujeto de derechos, en la búsqueda de ese necesario equilibrio entre la Naturaleza y las necesidades y derechos de los seres humanos, enmarcados en el principio del Buen Vivir, se supera la clásica versión constitucional. Y para lograrlo nada mejor que diferenciar los Derechos Humanos de los Derechos de la Naturaleza, tal como lo plantea Gudynas. En los Derechos Humanos el centro está puesto en la persona. Se trata de una visión antropocéntrica. En los derechos

políticos y sociales, es decir de primera y segunda generación, el Estado le reconoce a la ciudadanía esos derechos, como parte de una visión individualista e individualizadora de la ciudadanía. En los derechos económicos, culturales y ambientales, conocidos como derechos de tercera generación, se incluye el derecho a que los seres humanos gocen de condiciones sociales equitativas y de un medioambiente sano y no contaminado. Se procura evitar la pobreza y el deterioro ambiental que impacta negativamente en la vida de las personas. Los derechos de primera generación se enmarcan en la visión clásica de la justicia: imparcialidad ante la ley, garantías ciudadanas, etc. Para cristalizar los derechos económicos y sociales se da paso a la justicia redistributiva o justicia social, orientada a resolver la pobreza. Los derechos de tercera generación configuran, además, la justicia ambiental, que atiende sobre todo demandas de grupos pobres y marginados en defensa de la calidad de sus condiciones de vida afectada por destrozos ambientales. En estos casos, cuando hay daños ambientales, los seres humanos pueden ser indemnizados, reparados y/o compensados. En los Derechos de la Naturaleza el centro está puesto en la Naturaleza. La Naturaleza vale por sí misma, independientemente de la utilidad o usos del ser humano, que forma parte de la Naturaleza. Esto es lo que representa una visión biocéntrica. Estos derechos no defienden una Naturaleza intocada, que nos lleve, por ejemplo a dejar de tener cultivos, pesca o ganadería. Estos derechos defienden mantener los sistemas de vida, los conjuntos de vida. Su atención se fija en los ecosistemas, en las colectividades, no en los individuos. Se puede comer carne, pescado y granos, por ejemplo, mientras me asegure que quedan ecosistemas funcionando con sus especies nativas.

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A los Derechos de la Naturaleza se los llama derechos ecológicos para diferenciarlos de los derechos ambientales de la opción anterior. En la nueva Constitución ecuatoriana -no así en la boliviana- estos derechos aparecen en forma explícita como Derechos de la Naturaleza, así como también en tanto derechos para proteger las especies amenazadas y las áreas naturales o restaurar las áreas degradadas.

mercantiles para comercializar servicios ambientales[6].

los

El agua, para mencionar un tema, es asumida como un derecho humano fundamental, que cierra la puerta a su privatización; en concreto se reconoce el agua como patrimonio nacional estratégico de uso público, dominio inalienable e imprescriptible del Estado, en tanto constituye un elemento vital para la Naturaleza y para la existencia de los seres humanos; así la Constitución plantea prelaciones en el uso del agua: consumo humano, riego para la producción de alimentos, caudal ecológico y actividades productivas, en ese orden.

En este campo, la justicia ecológica pretende asegurar la persistencia y sobrevivencia de las especies y sus ecosistemas, como conjuntos, como redes de vida. Esta justicia es independiente de la justicia ambiental. No es de su incumbencia la indemnización a los humanos por el daño la justicia ambiental. Se expresa en la restauración de los ecológica pretende ecosistemas afectados. En asegurar la realidad se deben aplicar persistencia y simultáneamente las dos sobrevivencia de justicias: la ambiental para las personas, y la ecológica las especies y sus para la Naturaleza. ecosistemas, como

La soberanía alimentaria, que incorpora la protección del suelo y el uso adecuado del agua, que representa un ejercicio de protección a los millares de campesinos que viven de su trabajo, se transforma en eje conductor de las políticas agrarias e incluso de recuperación del Siguiendo con las conjuntos, como verdadero patrimonio redes de vida reflexiones de Gudynas, nacional: su biodiversidad. los Derechos de la Incluso se plasma aquí la Naturaleza necesitan y la necesidad de conseguir vez originan otro tipo de la soberanía energética, definición de ciudadanía, sin poner en riesgo la que se construye en lo soberanía alimentaria o el social pero también en lo ambiental. equilibrio ecológico. Ese tipo de ciudadanías son plurales, ya que dependen de las historias y En suma, está en juego el Buen Vivir, base de los ambientes, acogen criterios de del Estado plurinacional e intercultural, justicia ecológica que superan la visión relacionado estrechamente con los tradicional de justicia[5]. Derechos de la Naturaleza. Y estos derechos nos conminan a construir De los Derechos de la Naturaleza se democráticamente sociedades derivan decisiones trascendentales sustentables, a partir de ciudadanías en la Constitución ecuatoriana. Uno plurales pensadas también desde lo clave tiene que ver con procesos de ambiental. desmercantilización de la Naturaleza, como han sido la privatización del agua o la introducción de criterios

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Hacia la construcción de una se promueve una visión estatista a ultranza de la economía. economía solidaria El valor básico de la economía, en un régimen de Buen Vivir, es la solidaridad. Se busca una economía distinta, una economía social y solidaria, diferente de aquella caracterizada por una supuesta libre competencia, que anima al canibalismo económico entre seres humanos y que alimenta la especulación financiera. A partir de esa definición constitucional se aspira a construir relaciones de producción, de intercambio y de cooperación que propicien la eficiencia y la calidad, sustentadas en la solidaridad. Se habla de productividad y competitividad sistémicas, es decir medibles en avances de la colectividad y no sólo de individualidades sumadas muchas veces en forma arbitraria. El ser humano, al ser el centro de la atención, es el factor fundamental de la economía. Y en ese sentido, rescatando la necesidad de fortalecer y dignificar el trabajo, se proscribe cualquier forma de precarización laboral, como la tercerización; incluso el incumplimiento de las normas laborales puede ser penalizado y sancionado. Por otro lado se prohíbe toda forma de persecución a los comerciantes y los artesanos informales. El mercado por sí solo no es la solución, tampoco lo es el Estado. El subordinar el Estado al mercado, conduce a subordinar la sociedad a las relaciones mercantiles y al egolatrismo individualista. Lejos de una economía sobredeterminada por las relaciones mercantiles, se promueve una relación dinámica y constructiva entre mercado, Estado y sociedad, tal como lo planteó Franz Hinkelammert. Se busca construir una sociedad con mercado, para no tener una sociedad de mercado, es decir mercantilizada. No se quiere una economía controlada por monopolistas y especuladores, como en la época neoliberal. Tampoco

El mercado, tanto como el Estado, requieren una reconceptualización política, que conduzca a regulaciones adecuadas. El mercado es una relación social sujeta a las necesidades de los individuos y las colectividades, entendida como un espacio de intercambio de bienes y servicios en función de la sociedad y no sólo del capital. Es más, “el buen funcionamiento de los mercados, para los fines instrumentales que la sociedad les asigna, exige que no sean completamente libres. Los mercados libres nunca han funcionado bien y han acabado en catástrofes económicas de distinta naturaleza”. Sin un marco legal y social adecuado, “los mercados pueden ser totalmente inmorales, ineficientes, injustos y generadores del caos social”, nos recuerda el economista español Luis de Sebastián.

De ninguna manera se puede creer que todo el sistema económico debe estar inmerso en la lógica dominante de mercado, pues hay otras muchas relaciones que se inspiran en otros principios de indudable importancia; por ejemplo, la solidaridad para el funcionamiento de la seguridad social o las prestaciones sociales, pero también en otros ámbitos como el de la alimentación o vivienda. Similar reflexión se podría hacer para la provisión de educación pública, defensa, transporte público, servicios de banca central y otras funciones que generan bienes públicos que no se producen y regulan a través de la oferta y la demanda. No todos los actores de la economía, por lo demás, actúan movidos por el lucro. Por lo tanto, siguiendo el pensamiento del gran pensador norteamericano Karl Polanyi -“el mercado es un buen sirviente, pero un pésimo amo”-

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, al mercado hay que organizarlo y controlarlo, pero no asumirlo como mecanismo de dominación. El Estado deberá, en definitiva, ser ciudadanizado, mientras que el mercado habrá de ser civilizado, lo que, en ambos casos, implica una creciente participación de la sociedad[7]. Para enfrentar la gravedad de los problemas existentes en la economía hay que desarmar las visiones simplificadoras y compartamentalizadas. El éxito o el fracaso no es solo una cuestión de recursos físicos sino que depende decisivamente de las capacidades de organización, participación e innovación de los habitantes del país. Existen sobradas razones para afirmar que un factor de estrangulamiento para asegurar una vida mejor, en un mundo mejor, para todos y todas, radica en la ausencia de políticas e instituciones[8] que permitan fortalecer e impulsar las capacidades humanas de cada una de las culturas existentes. Está claro que no está en juego simplemente un proceso de acumulación material. Se precisan respuestas políticas que hagan posible un desarrollo impulsado por la vigencia de los derechos fundamentales (Derechos Humanos en términos amplios y Derechos de la Naturaleza), como base para una sociedad solidaria, en el marco de instituciones que aseguren la vida.

Las equidades como base del Buen Vivir Las equidades, tanto como la igualdad y la libertad, así como la justicia social (productiva y distributiva), tanto como la ambiental están en la base del Buen Vivir (sumak kausay). Las equidades, basadas en la búsqueda de la “igualdad sustantiva” (István Mészáros), entonces, tendrían que venir como resultado de un proceso que reduzca dinámica y solidariamente las desigualdades e inequidades existentes.

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Desde esta perspectiva, no simplemente se propicia la redistribución por la redistribución, sino que se propone transformar a la equidad socioeconómica en un sostén del aparato productivo y en un revitalizador cultural de la sociedad. Las desigualdades y inequidades, no lo olvidemos, terminan por conculcar los derechos ciudadanos y por minar las bases de la democracia. Y esta limitación agudiza, a su vez, las inequidades y las desigualdades, en tanto éstas asoman en la base de la violación de los derechos. Como se desprende de muchas experiencias históricas, ha sido necesario disponer de niveles de distribución de la renta y la riqueza nacionales mucho más equitativos para propiciar incluso la constitución de mercados dinámicos, que ayuden a impulsar el crecimiento económico; sin que con esto se esté asumiendo como un objetivo propiciar dicho crecimiento. Para empezar el concepto mismo de crecimiento económico debe ser reubicado en una dimensión adecuada. Crecimiento económico no es sinónimo de desarrollo. Valga traer a colación la visión crítica del crecimiento económico que tiene Amartya Sen, Premio Nobel de Economía de 1997. Para reforzar la necesidad de una visión más amplia, superadora de los estrechos márgenes cuantitativos del economicismo, él afirma: “que las limitaciones reales de la economía tradicional del desarrollo no provinieron de los medios escogidos para alcanzar el crecimiento económico, sino de un reconocimiento insuficiente de que ese proceso no es más que un medio para lograr otros fines. Esto no equivale a decir que el crecimiento carece de importancia. Al contrario, la puede tener, y muy grande, pero si la tiene se debe a que en el proceso de crecimiento se obtienen otros beneficios asociados a él. (…) No sólo ocurre que el crecimiento económico es más un medio que un fin; también sucede que para ciertos fines importantes no es un medio muy eficiente”.

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En este punto, a partir de los cuestionamiento realizados por Sen al crecimiento, cabría incluso recuperar aquellas propuestas que propician el decrecimiento o del crecimiento estacionario, como las planteadas por Enrique Leff, Serge Latouche y otros tantos[9]. Son aleccionadoras las palabras de un partidario temprano del crecimiento “cero” como John Stuart Mill (1848), quien señaló: “confirmo que no me gusta el ideal de vida que defienden aquellos que creen que el estado normal de los seres humanos es una lucha incesante por avanzar y que aplastar, dar codazos y pisar los talones a quien va delante, característicos del tipo de sociedad actual, e incluso que constituyen el género de vida más deseable para la especie humana... No veo que haya motivo para congratularse de que personas que son ya más ricas de lo que nadie necesita ser, hayan doblado sus medios de consumir cosas que producen poco o ningún placer, excepto como representativos de riqueza; sólo en los países atrasados del mundo es todavía el aumento de producción un asunto importante; en los más adelantados lo que se necesita desde el punto de vista económico es una mejor distribución. (...) Entre tanto debe excusársenos a los que no aceptamos esta etapa muy primitiva del perfeccionamiento humano como el tipo definitivo del mismo, por ser escépticos con respecto a la clase de progreso económico que excita las congratulaciones de los políticos ordinarios: el aumento puro y simple de la producción y de la acumulación”.

Además, la experiencia nos muestra que no hay necesariamente una relación unívoca entre crecimiento y equidad, así como tampoco entre crecimiento y democracia. Un tema por demás oportuno y complejo. Muchas veces se ha pretendido legitimar los comportamientos de las dictaduras como espacios políticos propicios para acelerar el crecimiento económico.

De todas maneras, aún si sólo desearíamos potenciar el crecimiento económico como eje del desarrollo, no podemos aceptar aquel mensaje aparentemente cargado de lógica, que recomienda primero crear “la torta”, antes de repartirla. Repartirla, sin poseerla, sería aún más grave, afirman los neoliberales, puesto que, según su visión, se estaría distribuyendo pobreza. En lo económico, se persigue garantizar una tasa de mayor rentabilidad mayor, que permita ahorrar lo suficiente para financiar nuevas inversiones, las que luego generarían un mayor producto que beneficiaría a la sociedad en su conjunto, a través de una mayor cantidad de empleo y de ingresos. Detrás de la fuerza aparente de esta “teoría del pastelero” está toda una concepción política de la distribución de la renta y de la riqueza, que ha viabilizado un sistema casi institucionalizado que impide la distribución, incluso en períodos de crecimiento económico. El mayor crecimiento económico, por lo demás, no garantiza una redistribución del excedente. Por el contrario, los que más tienen son los que se disputan a dentelladas el excedente, dejando en el mejor de los casos migajas para los grupos marginados. Esta separación entre producción y distribución secuencial, que ofrecen los “pasteleros” neoliberales, no es dable en los procesos económicos, que como tales están inseparablemente inmersos dentro de la trama social y ambiental. En éstos no hay dicha secuencia temporal. En los sistemas de producción no es posible generar riqueza sin que se produzca alguna forma de distribución de la misma, sea por la vía de las utilidades o de los salarios, de la renta o de las pensiones. Distribución que a su vez incide en las decisiones productivas. Lo que cuenta es cómo las condiciones de la producción y la distribución se potencian recíprocamente, no como pueden independizarse. Pero sobre todo, no es posible seguir manteniendo el

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divorcio entre producción y Naturaleza; ésta tiene límites que comienzan ser peligrosamente superados… la vida del ser humano en el planeta está en riesgo, ya no cabe la menor duda al respecto. La reducción sustantiva de la pobreza y la inequidad, el logro de crecientes grados de libertad y la vigencia de los derechos ciudadanos pasarían, entonces, por una redistribución a favor de los pobres y marginados, en detrimento de la excesiva concentración de la riqueza y el poder en pocas manos. Una opción que no implica propiciar la búsqueda de crecientes niveles de opulencia, para entonces provocar la redistribución. Por lo contrario hay que erradicar la pobreza y la opulencia, pues está última sólo explica por la existencia una masiva pobreza: “allí donde existen grandes patrimonios, hay también una gran desigualdad. Por un individuo muy rico ha de haber quinientos pobres, y la opulencia de pocos supone la indigencia de muchos”, aseguraba el mismísimo Adam Smith en 1776. La redistribución no es una tarea fácil. Quienes todo tienen, quieren más y no cederán fácilmente sus privilegios. Por lo tanto se requiere una acción política sostenida y estratégica para construir tantos espacios de poder contrahegemónico como sean necesarios. La conclusión es obvia, el Buen Vivir hay que construirlo desde todos los ámbitos estratégicos posibles, empezando por el nivel local, sin descuidar para nada el global. Sin una sociedad mucho más igualitaria y equitativa es imposible que funcione a cabalidad la economía, incluso el mercado, y se construya la democracia. Sin equidades, tampoco se podrá corregir el actual rumbo de destrucción ambiental. La inequidad y la desigualdad sistemáticamente falsean y hasta frustran la propia libertad de elección, sea en el campo económico o aún en el político. Por ello es preciso reformular las relaciones de poder

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entre el Estado y los ciudadanos / las ciudadanas para que sean éstos los auténticos poseedores de la soberanía; ciudadanos y ciudadanas en tanto individuos viviendo en comunidad, se entiende.

A modo de conclusión Si aceptamos que es necesaria una nueva ética, hay que incorporar elementos consustanciales a un verdadero proceso de transformaciones radicales, como son la igualdad, las diversas equidades, la libertad y la justicia social (productiva y distributiva), tanto como la ambiental, así como elementos morales, estéticos y espirituales. En otras palabras, los Derechos Humanos se complementan con los Derechos de la Naturaleza, y viceversa, dentro de un esfuerzo de democratización permanente de la sociedad, a partir de la construcción de ciudadanías sólidas. Todas las personas tienen por igual derecho a una vida digna, que asegure la salud, alimentación y nutrición, agua potable, vivienda, saneamiento ambiental, educación, trabajo, empleo, descanso y ocio, cultura física, vestido, seguridad social y otros servicios sociales necesarios. Todos estos derechos, para su cumplimiento, exigirán ajustes en la distribución de la riqueza y del ingreso, sin poner en riesgo el equilibro ambiental. Todo esto nos conduce a recuperar lo público, lo universal, lo gratuito, la diversidad, como elementos de nuevas sociedades que buscan sistemáticamente la libertad, la igualdad y la equidad, así como la solidaridad en tanto elementos rectores del Buen Vivir. Para lograrlo hay que abrir todos los espacios de diálogo posibles. La responsabilidad es grande y compleja. Estamos ante el imperativo de construir democráticamente sociedades realmente democráticas, fortificadas

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en valores de libertad, igualdad y responsabilidad, practicantes de sus obligaciones, incluyentes, equitativas, justas y respetuosas de la vida. Sociedades en donde lo individual y lo colectivo coexistan en armonía con la Naturaleza, donde la racionalidad económica se reconcilie con la ética y el sentido común.-

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NOTAS [1] En el Preámbulo de la Constitución del 2008 se proclama “una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, para alcanzar el buen vivir, el sumak kawsay”. [2] Al frente de las negociaciones estuvieron el embajador inglés John Methuen y Manuel Teles da Silva, marqués de Alegrete, por Portugal. [3] Algo similar expresó el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, ante la propuesta de no ampliar la frontera petrolera en Bolivia. El respondió en forma enérgica, “¿de qué, entonces, es que va a vivir Bolivia, si algunas ONG dicen ‘Amazonia sin petróleo’ (...) Están diciendo, en tres palabras, que el pueblo boliviano no tenga plata, que no haya regalías, pero también van diciendo que no haya el bono Juancito Pinto, ni la Renta Dignidad, ni el bono Juana Azurduy”.. [4] Traducción del alemán realizada por el autor de este artículo. Ver el libro de Jörg Leimbacher; Die Rechte del Natur (Los Derechos de la Naturaleza), Basilea y Frankfurt am Main, 1988. Hay que anotar que éste y cada vez más textos sobre esta materia llegan a manos del autor de estas líneas como consecuencia de la expedición de la Constitución de Montecristi. Es más, con varios especialistas en temas constitucionales, con capacidad para abrir la mente y entender la trascendencia de estas propuestas, se está trabajando en lo que, en un futuro no muy lejano, podría ser la Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza. [5] Gudynas denomina a estas ciudadanías como “meta-ciudadanias ecológicas”. [6] “Los servicios ambientales no serán susceptibles de apropiación; su producción, prestación, uso y aprovechamiento serán regulados por el Estado”, reza el artículo 74 de la Constitución. [7] Fernand Braudel, el gran historiador francés de los Annales, reconoció oportunamente que el capitalismo no es un sinónimo de economía de mercado, por el contrario, le veía incluso como el “anti-mercado”, en tanto los empresarios -con diversos grados de prácticas monopolistas- no se comportan como el empresario típico-ideal de la teoría económica convencional. Braudel entendía al capitalismo como el visitante furtivo que entra por la noche y se roba algo, en este caso entró en la economía mediterránea y se apropió del mercado. En el mundo indígena, mucho antes de que lleguen los conquistadores, el mercado estaba presente (y sigue presente), en tanto construcción social con prácticas de solidaridad y reciprocidad, muy alejadas de lo que sería posteriormente la imposición del capitalismo metropolitano. [8] Conjunto de normas y reglas emanadas de la propia sociedad, que configuran el marco referencial de las relaciones humanas. [9] Aquí se podría rescatar otras visiones que enriquecen el debate, como las de “convivialidad” de Iván Ilich, o de la “ecología profunda” de Arne Naes. * Flacso Ecuador, Quito, Ecuador.

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artículos

La economía como sistema abierto: de la disociación a la integración Federico Aguilera Klink Resumen: La Economía Ecológica ha mostrado su capacidad de proporcionar diagnósticos y soluciones adecuadas a problemas relevantes. Pero se presta escasa atención a ella. Hay muchos intereses en contra y también cuenta la disociación entre sentimientos y razones o entre lo que vemos y lo que percibimos pues contamos, la mayoría de las personas, con áreas devastadas de percepción y de sensibilidad en nuestro cerebro. Dos líneas, como mínimo, tratan de explicar este problema. Una insiste en que aprendemos desde el colegio a disociar lo que está unido, como parte de una explicación “científica” que continúa para siempre, sin volver a unirlo posteriormente. La otra se relaciona con el maltrato infantil habitual en occidente, según Alice Miller, hasta ser considerado como parte de nuestra cultura y visto como normal. No reconocer ampliamente esta situación, mantendrá ignorada a la Economía Ecológica, permaneciendo como una construcción intelectual más. Palabras clave: Economía Ecológica; disociación; maltrato infantil. A economia como um sistema aberto: da disociação a integração Resumo: A Economia Ecológica mostrou sua capacidade de proporcionar diagnósticos e soluções adequadas a problemas relevantes. Mas presta-se escassa atenção a ela. Há muitos interesses na contramão e também conta a disociação entre sentimentos e razões ou entre o que vemos e o que percebemos pois contamos, a maioria das pessoas, com áreas devastadas de percepção e de sensibilidade em nosso cérebro. Duas linhas, no mínimo, tratam de explicar este problema. Uma faz questão de que aprendemos desde o colégio a disociar o que está unido, como parte de uma explicação “científica” que continua para sempre, sem voltar ao unir posteriormente. A outra relaciona-se com o maltrato infantil habitual em ocidente, segundo Alice Miller, até ser considerado como parte de nossa cultura e visto como normal. Não reconhecer amplamente esta situação, manterá ignorada à Economia Ecológica, permanecendo como uma construção intelectual mais Palavras-chave: Economia Ecológica; disociação, maltrato infantil. Economy as an open system: from disociation to integration Abstract: Ecological Economics has shown its ability to provide diagnoses and solutions to relevant problems. But little attention is paid to it. There are manu interests against it, and also influences the dissociation between feelings and reason or between what we see and what we perceive, since the majority of people have devastated areas of perception and sensation within our brain. Two lines, at least, try to explain this problem. One insists that we learn from school to separate what is united, as part of a “scientific” explanation that goes on forever, without re-attaching it later. The other is related to child abuse common in the West, according to Alice Miller, until it is considered as part of our culture and seen as normal. Not recognizing in all its extent this situation, will maintain Ecological Economics ignored, staying as just another intellectual construction. Keywords: Ecological Economics, dissociation, child abuse. Recibido 19.04.2010 Aceptado 17.05.2010

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La economía como sistema abierto: de la disociación a la integración* Federico Aguilera Klirck**

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“El hombre (…) debería mirarse a sí mismo no como una parte separada y distinta, sino como un ciudadano del mundo, como un miembro de la vasta comunidad de la naturaleza (…) Cualquier cosa que le concierna debería afectarle no más que todo aquello que concierna a cualquier otra parte igualmente importante de ese inmenso sistema”. Adam Smith. Historia de la Astronomía (1795 ) “…la crisis ecológica es sobre todo una crisis de nuestra relación con la Naturaleza. La medida en que la Naturaleza necesita curación guarda una proporción directa con la medida en que nuestra conciencia de la Naturaleza está enferma”. Jeremy Naydler. Introducción a Goethe y la Ciencia (2002)

Introducción Esta reflexión de Adam Smith sigue siendo, en la actualidad, un deseo y, como mucho, un programa de investigación minoritario en el ámbito académico de las Facultades de Economía y de la Universidad. Tampoco es algo que preocupe a los políticos y a los gobiernos, a pesar de haber creado ministerios de Medio ambiente como expresión de una preocupación, más ficticia que real, por los temas ambientales. Desde luego, si esa preocupación fuera real tendrían claro que lo relevante no es crear un Ministerio de medio ambiente sino cambiar en profundidad los demás ministerios, empezando por el de Economía, y siguiendo con los de Industria, Obras Públicas, Agricultura,…etc. Eso sí sería una expresión clara de preocupación por el medio ambiente, por las personas y, también, por la economía.

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Pero nuestros políticos y gobernantes siguen queriendo ignorar que la economía es un sistema abierto a, y en interacción contínua con, el sistema ambiental, es decir, con los flujos biofísicos (energía y materiales). Como, a su vez, la economía no es nada más que un subsistema del sistema social, al final lo que ocurre es que hay una interacción y una interdependencia inevitable entre lo social, lo económico y lo biofísico o ambiental. Sin embargo, la economía que se enseña en la Universidad es una economía de sistema cerrado, que ignora las interacciones anteriores y que, en consecuencia, legitima la práctica de una economía que genera unos elevados e inevitables costes sociales (a los que apenas se presta atención), ejerciendo un contínuo deterioro sobre el medio ambiente y sobre la salud de las personas. Se puede pensar que es cuestión de tiempo el que los conceptos de la economía de sistema abierto, expresados en el cuerpo de conocimiento que es la Economía Ecológica, vayan ganando terreno debido a que proporcionan una explicación intelectual más relevante y valiosa de la realidad. Y quizás sea así. Sin embargo, la superioridad intelectual para comprender y resolver problemas reales y urgentes no parece ser algo que interese demasiado ni en la Universidad, ni en el ámbito empresarial, ni en el ámbito político. La prueba es que la Economía Ecológica lleva ya tiempo proporcionando explicaciones y soluciones relevantes que son contínuamente ignoradas porque cuestionan la manera habitual de ver, de decidir y de hacer las cosas. Por eso entiendo que las dificultades para consolidar una economía abierta, tanto en la teoría como en la práctica, no tienen que ver sólo con la existencia de intereses empresariales, políticos y académicos mezquinos y estrechos, sino con la incapacidad mental y

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psíquica, pacientemente construída, en parte, por los citados intereses, para atrevernos a ver dónde vivimos y para entender por qué seguimos practicando una economía y una manera de vivir, que legitima y considera como normal el ejercicio cotidiano de la violencia sobre las personas y sobre el planeta (en términos de malas condiciones de trabajo, contaminación creciente, bajos salarios y trabajos estúpidos) y que nos lleva, inevitablemente, a la destrucción del planeta y al suicidio como especie. En definitiva, el trabajo intelectual es muy importante pero es necesario tener claro que nunca será suficiente para convencer a personas cuyos intereses son cuestionados, ni a personas que han aprendido pacientemente a aceptar que esta forma de vida es normal, sin preguntarse cuáles son las implicaciones de ella ni cuáles son los costes reales de vivir así, ni quién los está pagando. Hace falta, en consecuencia, un despertar psíquico y colectivo que nos permita tomar conciencia de cómo vivimos, de por qué vivimos así y de que hay otras maneras de hacerlo. La pregunta clave es si tendremos inteligencia o capacidad para llevar a cabo ese despertar.

Tres miradas sobre la economía Existen básicamente tres perspectivas sobre las relaciones entre la economía o el sistema económico y el medio ambiente o la naturaleza, como recoge el gráfico 1. La más divulgada, practicada y defendida es la que califico como “Economía actual”, que muestra una separación o escisión total entre ambos sistemas donde la Naturaleza queda reducida a un espacio que provee materias primas (MP en el gráfico) y en el que se vierten residuos (VR) sin que existan, habitualmente, impactos ambientales. En otras palabras, “La teoría económica continúa tratando la asignación, la producción, el intercambio y la distribución como si ocurrieran en una esfera económica

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básicamente cerrada y autónoma con sólo pequeños efectos sobre el medio ambiente natural y social del hombre” (Kapp, 1970:156). Es, al mismo tiempo, una separación imposible de llevar a cabo, dada la existencia de interdependencias inevitables pero, paradójicamente, es la que las universidades divulgan como una expresión “científica” de la realidad y, también, es la que los políticos y empresarios apoyan y consideran como la única viable. Por eso incluyo en el gráfico la expresión “inconsciencia deliberada” ya que entiendo que esa perspectiva sólo puede mantenerse construyendo deliberadamente la inconsciencia, es decir, intimidando a las personas para que dejen de ver lo que, de manera natural, ve cualquier persona que viva con los ojos abiertos. ¿A qué me refiero? Sencillamente a que vivimos en una economía de flujos (ciclos) de materiales cuya extracción y uso genera, inevitablemente, residuos, debido a la existencia de leyes físicas, y en la que no nos “apropiamos” sólo de recursos naturales (unidades físicas vivas e inertes) sino, fundamentalmente, de ecosistemas, lo que requiere preguntarse previamente ¿Qué economía o qué estilo de vida es compatible con esos ecosistemas que son el soporte de la vida? ¿Puede mantenerse una economía que deteriora de manera continuada e irreversible los ecosistemas? Sólo alguien que ha sido enseñado a no ver lo que tiene delante o a quien se le ha “prohibido ver lo evidente”, como señala El Roto en una de sus viñetas, insistiría en mantener la separación. El problema es que todos hemos sido educados en esa manera de ver y en esa prohibición por lo que, si no se hace un esfuerzo importante, terminamos por ver como totalmente normal esa separación e ignorando que vamos en contra de lo que estamos viendo y percibiendo con nuestros sentidos. Complementamos, en consecuencia, la separación intelectual con una

separación o escisión psíquica en nosotros mismos que podría expresarse como “Lo que yo percibo y veo está mal o es incorrecto puesto que no coincide con lo que me han enseñado (los que están legitimados para enseñarme)”. Gráfico 1. TRES PERSPECTIVAS SOBRE ECONOMIA Y MEDIO AMBIENTE

La respuesta de la economía académica convencional ante la perspectiva anterior ha consistido en incorporar la naturaleza como si fuera un subconjunto del sistema económico. Es lo que muestra la Economía Ambiental en el Gráfico 1. No es que la naturaleza sea el núcleo de la economía sino que, al contrario, la naturaleza se concibe como un subconjunto que acepta y sigue las “reglas” dominantes del sistema económico. ¿Cuáles son esas reglas? En este caso se trata de considerar económico aquello que puede expresarse en términos monetarios y es objeto de transacción real o hipotética. Por eso la naturaleza que cuenta en esta aproximación es la que es objeto de Valoración Monetaria (VM en el gráfico) y la que es susceptible de ser estudiada bajo la óptica del Análisis Coste-Beneficio (ACB) para tratar de conocer los flujos monetarios que obtendríamos de su uso o bien lo que estaríamos dispuestos a pagar por evitar su deterioro e incluso su destrucción. Habitualmente estas valoraciones monetarias se realizan sin que las personas que expresan sus “preferencias monetarias” sepan o conozcan minimamente qué es lo que están

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valorando. Son ejercicios condicionados por la propia metodología que apenas presta atención a la relevancia e insustituibilidad de lo que se valora o a un posible deterioro irreversible. Se trata de hacer creer como si fuera algo científico, por el hecho de usar una metodología concreta, que la dimensión monetaria es la única capaz de expresar adecuadamente las diferentes dimensiones de la naturaleza dando por sentado que no somos capaces o no es científico razonar de acuerdo con las dimensiones biofísicas o la importancia para el mantenimiento de la vida de determinadas especies o ecosistemas. Por eso, la economía ambiental, aunque pretende aparentar lo contrario, se mantiene en la idea de sistema cerrado y unidimensional que, por su propio punto de partida, es incapaz de reflejar adecuadamente la complejidad de la relación entre economía y naturaleza. Podría, como mucho, llamar la atención y asustar sobre el hipotético impacto económico-monetario de algunos daños ambientales, para ver si así la gente se da cuenta de lo que está ocurriendo, como ha ocurrido con el llamado Informe Stern y sus cálculos sobre lo que nos podría costar el cambio climático en términos monetarios. Pero, desde mi punto de vista, el impacto de algunos de estos ejercicios es puramente mediático, se lo trata de apropiar algún político o algún grupo de economistas, se recuerda durante algún tiempo y se olvida con rapidez puesto que llegados a un punto ya nos da igual que nos digan que nos va a costar miles de millones o decenas de miles de millones, da igual la moneda. Son ejercicios de valoración monetaria esencialmente irrelevantes puesto que nos alejan cada vez más de una toma de conciencia clara de las implicaciones ambientales de nuestro estilo de vida y de las posibilidades de cambiarlo con nuestro comportamiento pues, obviamente, cada vez esperamos

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menos de las decisiones que puedan tomar los políticos para mejorar nuestro bienestar. Por eso, considero muy acertada la reflexión de Passet según la cual, “La noción de economía ambiental me parece un absurdo: no existe un cuerpo de pensamiento con una coherencia propia y que contemple al medio ambiente como un campo de aplicación; lo que existe es un pensamiento que es o no susceptible de aprehender los fenómenos de la biosfera en los cuales se inscribe dicho pensamiento”. (Passet, 1980). Y, desde luego, la economía ambiental, con todo su parafernalia econométrica se muestra incapaz de aprehender los fenómenos de la biosfera. Nos queda, finalmente, la tercera perspectiva que es la de la economía ecológica y en la que la economía o el sistema económico está adecuadamente representado como un subconjunto del sistema ambiental o de la naturaleza. Esto significa que la economía reconoce su dependencia de, y su interacción inevitable con, la naturaleza y acepta la necesidad de integrarse en ella. “los sistemas económicos están intima y recíprocamente relacionados con los otros sistemas (…) y son, fundamentalmente, sistemas abiertos” (Kapp, 1994:324). “…el hecho de que los sistemas económicos sean sistemas abiertos y no cerrados, que dependen para su reproducción de los insumos extraídos del medio físico al cual devuelven contaminantes y residuos destructivos, obliga a considerar a la mayoría de los factores que la teoría económica hasta ahora ha juzgado como datos constantes o dados, como el problema mismo que hay que resolver o, metodológicamente hablando, como variables dependientes” (Kapp, 1994:338). De hecho, no existe ninguna economía que pretenda ser viable y que no acepte su integración en la naturaleza. Eso significa, exactamente, la sostenibilidad, aceptar la integración y acabar con la separación y con la escisión, reconocer que tanto la

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economía como los seres humanos que la hacemos somos, también, naturaleza y que no podemos desligarnos ni desvincularnos de ella so pena de acabar separados y desvinculados de nosotros mismos y, finalmente, de desaparecer como especie -con conciencia- de este planeta.

educativo en la enseñanza de la economía de acuerdo con las líneas esbozadas por Kapp en 1976 cuando sugería que “En lugar de introducir a los estudiantes de economía (…) en el aparato formal altamente esotérico que llena los libros de texto convencionales, me parece indispensable que primero sean introducidos al carácter abierto de Así pues, el trabajo de la economía los sistemas económicos. Los problemas ecológica cuestiona el mantenimiento de la entropía (…) de los efectos de los conceptos que son operativos retroactivos (…) de los equilibrios de bajo la idea de sistema cerrado. materiales, de los límites máximos de Dicho de otra manera, es necesario la contaminación, de la causalidad repensar dichos conceptos para ver de acumulativa, necesitan convertirse en qué manera son operativos bajo un parte de la enseñanza de la economía contexto de sistema abierto. Esto nos para preparar a los economistas del llevaría, inevitablemente, futuro en las tareas de a repensar el panorama las que cada vez más se de estudio o el ámbito tendrán que ocupar” de la economía. En otras la economía como (Kapp, 1994: 340). palabras, nos llevaría a cambiar las preguntas que los seres humanos Ahora bien, pensar en ahora “son” relevantes en que la hacemos términos de sistemas un contexto de sistema somos, también, y en términos de cerrado, a plantear interdependencias, naturaleza y una “reconstrucción desplazando la unidad de que no podemos análisis, de las mercancías intelectual” para evitar lo que Kapp califica al estudio de esos sistemas desligarnos ni de “congelamiento desvincularnos de y de sus interrelaciones es conceptual”. No en vano, ir demasiado lejos puesto ella so pena de que requiere atreverse a “…la organización de principios de sistemas acabar separados pensar por cuenta propia económicos guiados por y desvinculados de y dejar de pensar por valores de intercambio, nosotros mismos cuenta ajena, en suma, es incompatible con “…es una innovación y los requerimientos de presupone una nueva los sistemas ecológicos perspectiva que exige y la satisfacción de las el abandono del viejo necesidades humanas básicas. Nuestros conocimiento “antes de que el nuevo criterios tradicionales de eficiencia pueda crearse”. Por regla general, una técnica, de cálculos de coste-beneficio innovación de este tipo se siente como y de racionalidad económica, son una fuente de molestia y de disgusto, los puntos cruciales en discusión. Sus como un destructor de la rutina, limitaciones se vuelven evidentes como un minador de la complacencia. tan pronto como reparamos en la Dificilmente puede esperarse que las interacción dinámica entre los sistemas innovaciones de esta clase provengan sociales y económicos abiertos y los de estudiosos con un criterio sistemas ecológicos específicos” (Kapp, convencional, ya que exigen una gama 1994:329). de referencia más amplia que la que los representantes de la ciencia “normal” Y, finalmente, y debido a lo anterior, aportan para dominar su materia de sería necesario cambiar el contenido estudio” (Kapp, 1994: 332).

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Vemos, en definitiva, la necesidad de un cambio intelectual y de hábitos de pensamiento y de consumo, si nos preocupa la configuración de una economía que sea compatible con las limitaciones y características de este planeta, pero no parece que haya mucho interés en conseguirlo. La reciente “Cumbre” de Copenhague constituye un buen ejemplo de esa falta de interés por parte de los gobiernos y empresas de la mayoría de los países cuyas economías son totalmente insostenibles o incompatibles con el mantenimiento de la vida en la Tierra.

por parte de los políticos son irreales, ficticias y carecen de contenido. Por otro lado, aunque la Constitución española afirma en su Art. 23. 1 que “Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes”, lo cierto es que el desarrollo efectivo de ese derecho constitucional a participar depende de los propios políticos que boicotean sistemáticamente el mismo, dejando la participación en una etiqueta, en una declaración o en una concejalía vacía de contenido.

¿Qué posibilidades de cambio Voy a agrupar mis reflexiones en dos apartados, uno sobre lo que podemos tenemos? Desde mi punto de vista, de ciudadano de un país de cultura occidental, entiendo que las posibilidades de cambio podrían depender del trabajo en cuatro “espacios”: La universidad, la política y los gobiernos, la participación ciudadana y los movimientos sociales y, finalmente, mejorando nuestra consciencia. Evidentemente hay interacciones entre los cuatro espacios pero no terminan de ser interacciones “fecundas”, en el sentido de que haya cambios visibles y destacados en nuestra manera de pensar y, sobre todo, en nuestra manera de vivir y de hacer las cosas. Muy al contrario, lo cierto es que coexisten las declaraciones gubernamentales sobre la importancia del medio ambiente y, al mismo tiempo, estos mismos gobiernos muestran su preocupación por la disminución del consumo de energía, la disminución de la venta de automóviles o la disminución del crecimiento del PIB. Por ejemplo, mientras el gobierno de Zapatero destina 250.000 millones de euros al Plan Especial de Infraestructuras y Transporte, destina sólo 20.000 millones de euros a “cambiar” el modelo productivo español aplicando la Ley de economía sostenible. Este tipo de decisiones reflejan con claridad que las preocupaciones ambientales

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esperar de la universidad y el otro sobre lo que podemos esperar de la política, los gobiernos, la participación y ser más conscientes.

¿Qué se puede esperar de la universidad? Al hablar de la Universidad me refiero, fundamentalmente, al papel que pueden jugar las Facultades de Economía para cambiar de orientación y enseñar Economía Ecológica, con todas sus implicaciones, en lugar de seguir enseñando Economía de sistema cerrado manteniendo la congelación intelectual. En cualquier caso, mi perspectiva es que la Universidad, entendida como un conjunto o como un espacio concreto, lleva muchos años perdiendo relevancia, si es que alguna vez la tuvo. La razón es que la Universidad ha dejado de enseñar a pensar, si es que alguna vez lo hizo, y se centra cada vez más en enseñar a obedecer. “El núcleo del problema está aquí en una comunidad universitaria que no enseña a las élites a superar su propio interés y su cortedad de miras. No puede hacerlo porque ella misma se ha decantado hacia el interés egoísta y la estrechez de visión que con tanta facilidad aparecen en el mundo de las

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corporaciones profesionales” (Ralston, 1997:82) , y también, “Estamos ante una crisis de conformismo provocada por nuestras estructuras corporativistas, en la que las universidades, que deberían ser centros activos de una crítica pública independiente, tienden a instalarse prudentemente bajo los velos protectores de sus propios gremios” (Ralston, 1997:84). Es en este contexto de pérdida de relevancia en el que se puede entender el poco interés que existe en la Universidad por la Economía Ecológica y por enseñar a pensar. Un breve recorrido por las ideas de algunos destacados economistas nos puede ayudar a entender qué es lo que realmente se enseña en las Facultades de Economía. Mi punto de partida es Adam Smith. Vamos a suponer que sí, que es el padre de la economía, como dicen en muchas Facultades. ¿Qué es lo que se enseña de él? Poco más que algunas “ideas” triviales como que fue el “inventor” de la mano invisible, que defendía el egoísmo y que estaba a favor de los “mercados libres”, sin más matizaciones. Sus preocupaciones por aprender a pensar con claridad y por incorporar los “Sentimientos morales” y por ponerse en el lugar del otro, aplicando la compasión (sympathy), y desmarcándose de la utilidad como virtud son sistemáticamente ignoradas. “Hay otra doctrina que intenta dar razón (…) del origen de nuestros sentimientos morales, pero que es diferente de la que yo me he esforzado por demostrar. Es aquella que hace que la virtud radique en la utilidad” (Smith, 1978:161). Pero como esto no se ve o no se quiere ver, y en la economía desde la Universidad no importa qué se dice sino quién lo dice, tiene que llegar Sen, un economista de prestigio que recibiría el premio Nobel de economía, para que se preste una cierta atención a la malinterpretación (¿deliberada quizás?)

que se hace de Smith en relación con el egoísmo. “El egoísmo universal como realidad puede ser falso, pero el egoísmo universal como requisito de la racionalidad es evidentemente absurdo”, (Sen, 1989:33) y con más contundencia, “El apoyo que los seguidores y los partidarios del comportamiento egoísta han buscado (el subrayado es mío) en Adam Smith es difícil de encontrar en una lectura más profunda y menos sesgada de su obra. El catedrático de filosofía moral y el economista pionero no llevó, en realidad, una vida de una esquizofrenia espectacular. De hecho, en la economía moderna, es precisamente la reducción de la amplia visión smithiana de los seres humanos lo que puede considerarse como una de las mayores deficiencias de la teoría económica contemporánea. Este empobrecimiento se encuentra íntimamente relacionado con el distanciamiento de la economía y la ética” (Sen, 1989:45). Por que lo que ocurre con el egoísmo ocurre también con el análisis del poder y los mercados que hace Smith, es decir, de cómo los empresarios imponen las leyes, las reglas de juego que van a condicionar y orientar a esos supuestos “mercados libres” en beneficio de unos u otros. Todo esto ha desaparecido de los libros de texto ya que sus trabajos originales, empezando por la Riqueza de las naciones, no se leen. Lo que cuenta a la hora de estudiar y aprobar, pero no de aprender, es la lectura de Manuales que “contienen” el adoctrinamiento envasado. Por eso se asombran los estudiantes de economía cuando ven que Smith escribía reflexiones como la siguiente, “La reglamentación del comercio “siempre es un engaño, mediante el que los intereses del estado y de la nación se sacrifican en beneficio de una clase particular de comerciantes”. (Smith, 1783), creyendo incluso que ese párrafo fue escrito por Marx. Por eso, también, escribió Galbraith con ironía, “Adam Smith es demasiado

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sabio y entretenido para relegarlo entre los conservadores, pocos de los cuales lo han leído alguna vez (…) con su desprecio por los subterfugios teóricos y su vivo interés por las cuestiones prácticas, hubiera tenido dificultades para obtener una cátedra con titularidad plena en una universidad moderna de primer rango” (Galbraith, 1982:107 y 124). Efectivamente. Y eso que Galbraith no conoce la Universidad española. Aquí, en España, a Smith, sus actuales “defensores que quizás no lo han leído”, es posible que ni siquiera se le hubiera reconocido su trabajo “investigador” por lo que nunca habría podido “habilitarse”. ¿Saben algo de esto los estudiantes de Economía? ¿Para qué se publica? ¿Quién lee estas reflexiones relevantes que permitirían a los estudiantes obtener claridad y lucidez? ¿A qué Universidad y a qué profesores les interesa que los estudiantes piensen de verdad por su cuenta? ¿Por qué se sienten tan agraviados los profesores cuando un estudiante se atreve a mostrar que piensa por su cuenta, más allá de los ejercicios teóricos de pizarra? Voy a dar un salto hasta Joan Robinson que toca, directamente, cómo se enseña a obedecer (y está hablando de las universidades inglesas). Concretamente “La economía es una rama de la teología. ¿Cómo se ha logrado hacer aceptar a varias generaciones de estudiantes estos conjuros sin sentido? La mayoría de los estudiantes no comprenden de qué va la cosa; piensan que tal vez no sean lo suficientemente inteligentes para entenderlo y se callan. Pero los inteligentes aprenden el truco; empiezan a tener un interés en creer que han aprendido algo importante. Dedicarán el resto de sus vidas a enseñarlo a nuevas generaciones. Así se va perpetuando el sistema (pero) los estudiantes no pueden desperdiciar unos años preciosos aprendiendo sólo a recitar conjuros” (Robinson, 1969:171173) y también “Durante los últimos cien años, la doctrina académica (en economía) ha hecho más para desviar la

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atención de los verdaderos mecanismos de la economía capitalista que para aclararlos” (Robinson, 1971:155). ¿Que Robinson era muy crítica? No, era sencillamente lúcida. Sus estudiantes debían disfrutar mucho con esta mujer genial que se atrevía a ver lo que tenía delante. Pero podemos buscar un economista de prestigio que sea “menos crítico”, por ejemplo, el premio Nobel W. Leontief. ¿Qué diagnóstico hacía de la enseñanza de la economía en las universidades norteamericanas en 1982? El siguiente, “Los departamentos de Ciencias Económicas están preparando a una generación de eruditos estúpidos, genios de las matemáticas esotéricas, pero verdaderos niños en materia económica (…) “Los métodos utilizados para mantener la disciplina intelectual en los departamentos de Economía más influyentes de las universidades estadounidenses pueden, a veces, recordar a los usados por los marines para mantener la disciplina en Parris Island”. En otras palabras, ¿Qué es lo que se enseñaba? Obediencia y sumisión. De hecho, su diagnóstico coincide, esencialmente, con el de Joan Robinson. No es casual, se trata de atreverse a vivir con los ojos abiertos o con los ojos cerrados. Y en las Facultades de Economía se opta por esto último, bajo la apariencia de que se enseña a ver. Eso es, también, la economía como teología, enseñar a los estudiantes a tener fe, es decir, a “creer que ven” y que comprenden cómo funciona la economía. Vámonos a otro “critico” como Galbraith. “Cuando la corporación moderna adquiere poder sobre los mercados, poder sobre la comunidad y poder sobre las creencias, pasa a ser un instrumento político, diferente en forma y en grado, pero no en esencia, del Estado mismo. Sostener algo contrario es más que evadirse de la realidad. Es disfrazar esta realidad: Las víctimas de este encubrimiento son los estudiantes

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a los que formamos en el error. Los beneficiarios son las instituciones cuyo poder disfrazamos de esta manera. No puede haber duda: la economía, tal como se la enseña, se convierte, por más inconscientemente que sea, en una parte de la maquinaria mediante la cual se impide al ciudadano o al estudiante ver de qué manera está siendo gobernado o habrá de estarlo”. (Galbraith, 1982:189). Galbraith muestra el papel de imponer la enseñanza del conformismo que cumple la economía que se enseña en la Universidad.

ellos y, desde luego, para la mayoría de los estudiantes de teoría económica, parece que la sociedad apenas existe o se ha convertido en el sinónimo de un conjunto de variables que se mantienen constantes o fuera del análisis” (Kapp, 1968:225).

Si prestamos atención vemos que no existen diferencias fundamentales entre la creación de “eruditos estúpidos genios de las matemáticas esotéricas” de Galbraith y la creación de la “cretinización de alto nivel” de Morín. De eso se trata. ¿Que nos parecen afirmaciones Saltamos ahora a muy exageradas? un sociólogo lúcido. Entonces podemos irnos “Mientras los medios a otro economista de producen la cretinización prestigio que sea más una economía vulgar, la Universidad “convencional”. Por “elegante”, es produce la cretinización ejemplo, Ronald Coase. decir, basada de alto nivel. La Tal y como se estudia a metodología dominante Coase en los Manuales, en modelos produce oscurantismo matemáticos que estaremos de acuerdo porque no hay asociación en que es un economista entre los elementos ignoran la realidad convencional. ¿Por qué? y, por lo tanto disjuntos del saber ni Porque los Manuales posibilidad de engranarlos estéril, inútil para cuentan de Coase sólo y de reflexionar sobre lo que les interesa y, ellos.” (Morin, 1994:31). aprender a pensar además, de una manera y a comprender tergiversada e incompleta. Por supuesto, eso es exactamente lo que Por eso hay que leer significa la Economía algunos textos originales de sistema cerrado ya suyos, como el que él leyó que se cierra sobre sí cuando recibió el premio misma ignorando y excluyendo las Nobel de Economía en el que afirmaba interdependencias con los demás que esperaba que la concesión de dicho sistemas, algo imposible metodológica premio sirviera para que disminuyera y empíricamente. ¿Qué es lo que prima “…ese elegante y estéril teorizar tan en este tipo de perspectivas económicas? comúnmente encontrado en la literatura Jugar con los modelos matemáticos económica en la actualidad” (Coase, irrelevantes. “En la economía, de toda 1994). Efectivamente, una economía la gama de construcción de modelos, “elegante”, es decir, basada en modelos elegimos tan pocas interrelaciones matemáticos que ignoran la realidad y, y tratamos tantas variables como por lo tanto estéril, inútil para aprender <constantes> que nuestros estudiantes a pensar y a comprender. probablemente no tienen la más mínima idea de cuáles y cuántos factores se han Pero el mismo Coase se despacha a dejado deliberadamente fuera. A veces gusto, en un artículo publicado en el me pregunto si aquellos que elaboran American Economic Review, insistiendo el modelo son realmente conscientes en que “La economía convencional, de estas omisiones. Para la mayoría de por lo que veo en las revistas científicas,

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en los Manuales y en los cursos que se enseñan en los departamentos de economía se ha convertido en algo cada vez más abstracto y, aunque se propone lo contrario, de hecho está poco preocupada por lo que ocurre en el mundo real (...) En la actualidad, los economistas estudian cómo la oferta y la demanda determinan los precios pero no estudian los factores que determinan qué bienes y servicios se intercambian en los mercados y, en consecuencia, tienen precios. Es una perspectiva que desprecia lo que ocurre en el mundo real, pero a la que los economistas se han acostumbrado y viven en ese mundo confortablemente. El éxito de la economía convencional, a pesar de sus defectos, es un tributo al poder del soporte teórico puesto que la economía convencional es fuerte en la teoría pero débil en su evidencia empírica” (Coase, 1998:72). Esta reflexión no hace nada más que darle la razón a otro premio Nobel de economía cuando insistía en que “...debido a que el campo de los fenómenos con los que trata la economía es tan estrecho, los economistas están continuamente dándose cabezazos contra sus límites” (Hicks, 1979:22). Así estamos, a cabezazos contra la realidad para no verla. Lo anterior me parece suficiente para saber qué economía es la que se enseña, mayoritariamente, en la Universidad y para darse cuenta de que de la Universidad no hay mucho que esperar ni en materia de innovación económica intelectual, ni en materia de enseñar a pensar de manera relevante sobre las cuestiones que tienen que ver con la adaptación de la economía a las limitaciones que impone este planeta. Por eso, la Economía Ecológica no llegará nunca a consolidarse en la Universidad, nunca será posible “convencer” intelectualmente a profesores que no quieren ver lo que tienen delante de sus ojos y que, todavía menos, están dispuestos a “conversar” sobre su trabajo. En el fondo, y a pesar de las lúcidas reflexiones de prestigiosos

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economistas que he citado más arriba, la mayoría de los profesores de las Facultades de Economía siguen a lo suyo y ven sólo lo que quieren ver. O quizás es que no pueden hacer otra cosa. ¿Por qué la mayoría de los profesores juega a este juego que impide aprender a pensar y a ver dónde vivimos? Probablemente por incapacidad psicológica, lo que no excluye la existencia de todo un conjunto de intereses más o menos mezquinos. “La estrategia más frecuente entre los intelectuales colaboracionistas consiste hoy en un mecanismo de defensa que Zizek, tras las huellas de Lacan, ha llamado atenuación. Se explica muy sencillamente: la atenuación se basa en constatar un hecho de la realidad y, acto seguido, disociar esa misma constatación de cualquier posible consecuencia en el plano de la conducta práctica. Su fórmula sería: `Sé perfectamente que esto es así …(pero me sigo comportando del mismo modo que si no lo supiera en absoluto)´. Ni que decir tiene que no hay que apresurarse a asimilar la atenuación a las prolijas justificaciones del cobarde o al intrincado fariseísmo del trepa. La atenuación no se sitúa exactamente en el plano de la labilidad moral. Su dimensión propia es aún más profunda pues, con ella, con el acto de disociación que la funda –y en el que se evaden la culpa subjetiva y el displacer de la contradicción-, es el propio sujeto lo que resulta disociado, son en realidad áreas enteras de percepción y sensibilidad las que terminan secuestradas, devastadas, por esta forma tan contemporánea de la conciencia sierva” (Zapata, 2007). (La negrita es mía). Si comprendiéramos que la Economía Ecológica no trata sólo de abordar un problema intelectual sino, también, de entender una cuestión psíquica sin cuyo entendimiento es casi imposible comprender ese problema intelectual -puesto que se trataría de “integrar” la economía en la naturaleza o la

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cabeza en el corazón, es decir, de “recomponer” la disociación entre esa economía y esa naturaleza que, básicamente, es la expresión de la disociación (o desconexión) entre las personas, consigo mismas y con la naturaleza- nos daríamos cuenta del inmenso trabajo psíquico que tenemos por delante. Si Zapata tiene razón, lo que estaría ocurriendo es que muchos profesores de economía, igual que muchos ciudadanos, están disociados, por lo que carecen –o tienen secuestradas o devastadas- áreas enteras de sensibilidad y percepción que les llevan a “ignorar” lo que ven. Entonces, o trabajamos para recuperar la sensibilidad y la percepción de esas áreas o seguiremos sin darnos cuenta de que estamos disociados y sin darnos cuenta de que es imposible que la economía siga disociada de la naturaleza. En otras palabras, seguiremos ignorando lo que vemos y seguiremos sin ver lo evidente. Naredo constata que “…no hay un interés mayoritario por reflexionar sobre “las raíces del deterioro ecológico y social” (como rezaba el título de uno de mis últimos libros” (…) A medida que se refuerza la función apologética del statu quo que ejercen las academias y las administraciones estatales y empresariales, embarcadas en reflexiones instrumentales y campañas de “imagen verde” dignas de mejor causa, decae su capacidad para interpretar y gestionar las crisis y conflictos que el propio sistema genera. De esta manera, es probable que las tendencias regresivas sigan, como hasta ahora, adelante, sin que la sociedad tome conciencia de ellas y actúe para ponerles coto. Porque, como he indicado, resulta difícil que una civilización prevea su propia crisis y ponga los medios necesarios para resolverla cuando afecta a sus cimientos. (Naredo, 2009:41-43). Efectivamente, al secuestro o devastación de áreas enteras de sensibilidad y percepción hay que añadir el trabajo de “construcción

deliberada de la confusión y de la inconsciencia”, por parte de la Universidad y de las administraciones privadas y públicas, y de que ahora ya todo va siendo ecológico por lo que no hay motivos para preocuparse. “No creas lo que tú ves, cree lo que yo te digo que veas”, sería, de alguna manera, la exigencia oficial que El Roto resumió hace ya muchos años en esa pintada que ve un hombre perplejo al pasar delante de un muro y que dice. “Prohibido ver lo evidente”. Parece claro que la “conciencia sierva” se construye pacientemente pero quizás es posible construirla porque esa construcción deliberada se encuentra ya con un terreno previamente abonado y acondicionado desde hace mucho tiempo a través de la invalidación psíquica de las personas desde la infancia. Dicho de otra manera ¿Por qué aceptamos ignorar lo que vemos con nuestros ojos y creer lo que nos dicen algunas “autoridades” que veamos? En otras palabras ¿Por qué ocurre la atenuacióndisociación? ¿Por qué muchas personas se siguen comportando “como si no lo supieran en absoluto”? Alice Miller, filósofa, socióloga y, fundamentalmente psicóloga, lleva décadas estudiando las consecuencias del maltrato infantil y acuñó el término “escisión” para referirse a las situaciones en las que “… la madre intentará satisfacer sus propias necesidades con ayuda de su hijo. Esto no excluye una entrega afectiva, pero a esta relación explotadora le faltan componentes de vital importancia para el niño, tales como fiabilidad, continuidad y constancia, y le falta sobre todo ese espacio donde el niño podría vivir sus propios sentimientos y sensaciones. Desarrollará, por tanto, algo que la madre necesita y que, si bien entonces le salva la vida (el amor de la madre o del padre), suele impedirle ser él mismo durante toda su vida. En este caso, las necesidades naturales propias de la edad del niño no pueden ser integradas, sino que son escindidas o reprimidas. Esta persona vivirá, más

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tarde, sin saberlo en su pasado.” (Miller, 1985:59). (La negrita es mía). En su último libro afirma que la disociación está originada por ese maltrato infantil. “Los niños que han sido golpeados, humillados y atormentados, sin el apoyo de ningún testigo, a menudo desarrollan con los años un síndrome muy grave: no conocen sus propios sentimientos, los temen como la peste y son, por lo tanto, incapaces de comprender las vitales conexiones existentes entre ellos. De adultos descargan sobre otras personas la misma crueldad que ellos sufrieron de niños, sin darse cuenta de ello y, consecuentemente, sin ser conscientes de su responsabilidad, porque entienden esta crueldad, como ya lo hicieron sus padres, como la economía “salvación” para los otros. De seguirá esto resulta un devastando comportamiento el planeta en extremadamente nombre del irresponsable que, unido a progreso y de exagerada sus indicadores una hipocresía, tramposos y numerosas ideologías no seremos revisten de conscientes una aparente de ello legitimidad. Las acciones hostiles contra la vida y contra el hombre que amenazan nuestro planeta son la consecuencia directa de este comportamiento, sobre todo en esta época de grandes avances técnicos” (Miller, 2009:89). ¿Podemos esperar, ante esta situación, que la Economía Ecológica llegue a convertirse en un conocimiento intelectual generalizado y fundamental en las Facultades de Economía en un plazo de tiempo pequeño para poder adaptar la economía mundial a las

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características del planeta tierra? Mi respuesta es que no. Las dificultades para “integrar” a tanto “disociado” son inmensas y requerirán muchísimo tiempo. Por otro lado, lo bueno es que la Universidad cada vez es menos relevante y menos influyente en la sociedad (en un sentido positivo), aunque sigue aburriendo y durmiendo a millones de estudiantes cada año. Ese es el problema. Por eso, una esperanza consiste en que la Universidad pierda importancia. A David Peat, físico y autor del libro “Sincronicidad” le preguntaron: ¿Piensa que instituciones como la Universidad desaparecerán en el futuro y serán sustituídas por otro tipo de institución más abierta, completa y profunda? A lo que contestó: En más de un sentido esto es motivo hasta de esperanza (Gallegos, 1997:31). Pero esto sólo resuelve una parte del problema ya que la disociación está generalizada y no se limita a la universidad, es decir, a los profesores y estudiantes universitarios. La Economía Ecológica seguirá avanzando intelectualmente, aunque de manera lenta, pero uno de los retos más importante consiste en aprender a abrir los ojos para reconocer la disociación, relacionada con el maltrato infantil, y rechazar dicho maltrato infantil generalizado como parte destacada de nuestra cultura. Mientras no reconozcamos ese maltrato generalizado, con el resultado de la disociación, que configura nuestra psique de tal manera que áreas enteras de percepción y sensibilidad quedan devastadas, lo que nos impide ver, comprender y sentir lo que la economía le hace a la naturaleza y a nosotros mismos, la economía seguirá devastando el planeta en nombre del progreso y de sus indicadores tramposos y no seremos conscientes de ello.

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¿Qué se puede esperar de la política, de los gobiernos y de la participación tal y como está montada? Es realmente muy poco lo que podemos esperar de ambos si lo que nos preocupa es comprender mejor la realidad y cambiar la orientación de la economía para que sea compatible con el planeta, esté al servicio de las personas y las decisiones se toman de manera realmente democrática. Políticos y Gobiernos no están, con alguna excepción, interesados en estos cambios. Ni siquiera están interesados en una democracia de verdad, basada en el debate argumentado de ideas, en la que se escucha al ciudadano y se cuenta con él, en la que cuentan los argumentos y los razonamientos de calidad en lugar de que cuenten los pactos ocultos entre políticos y empresarios. En esta situación, políticos y gobiernos –con el apoyo de unos medios de comunicación profundamente distorsionadores de la realidad- son totalmente contrarios a los cambios que son necesarios. Eso sí, se dedican a expresar, de manera totalmente vacía, sus “profundas preocupaciones” por la situación actual y por la necesidad del cambio. Los políticos buscan, y dan, titulares de prensa, sin contenido y sin compromiso. Mientras no haya elecciones cercanas (y con frecuencia les da igual que haya elecciones) y mientras no haya movimientos sociales fuertes con personas razonablemente sanas en términos de la disociación, los políticos se sienten impunes e invulnerables en sus mentiras habituales. Lo expresó El Roto con una lucidez admirable hace ya varios años al dibujar a dos políticos. Uno le dice al otro: “Ya no se creen las mentiras” y el otro responde: “Así no se puede gobernar”. Esa es la cuestión, empezar a dejar de creerse las mentiras habituales, insisto, de los políticos. “… si se han constituído movimientos ecológicos no es solamente porque los partidos existentes

no se preocupaban del problema, sino también porque la gente se da cuenta de que, si bien es cierto que los partidos hablan de ecología, sólo lo hacen por razones demagógicas, y que con estos partidos nunca ocurrirá nada diferente”. (Castoriadis, 2006:169). Así es, con estos partidos, gobiernen o estén en la oposición, formados por estas personas disociadas y acostumbradas a mentir nunca ocurrirá nada diferente. Tampoco con los movimientos alternativos si sus militantes no han resuelto el problema de la disociación. Por ejemplo, Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), “…27.000 europeos mueren cada año por accidentes laborales, lo que sumado a los que mueren por enfermedades contraídas por su trabajo nos da 300.000 muertes anuales por causas relacionadas con el trabajo. Casi mil personas al día (…) la responsabilidad principal es de los empleadores, que no están protegiendo adecuadamente a los trabajadores” (www.elpais.com 16/10/2008) y, según la misma fuente “Más de dos millones de personas mueren cada año por culpa de la contaminación del aire (…) La mitad de las víctimas se produce en los países más desarrollados, fruto de la contaminación debida al tráfico y los procesos industriales” (www.elpais.com 6/10/2006). Y para terminar, señalo que ”La Unión Europea constató que la contaminación atmosférica genera cuatro veces más muertes que los accidentes de tráfico y que sólo en España se salda con 16.000 víctimas al año” (www.laopinion.es 24/10/06). Con estos datos, ¿Podemos seguir afirmando que los políticos se preocupan de las personas o simplemente constatamos que existe una violencia legitimada y “normalizada” que nos han enseñado a aceptar y no ver? ¿Por qué cada fin de semana nos informan de los muertos por accidentes de tráfico pero se silencia el número de muertos por la mala calidad del aire en las ciudades que, según la noticia anterior, es cuatro veces mayor?

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Antonio Estevan me escribió hace algunos años reflexionando sobre cómo vivió la experiencia de su oposición razonada y argumentada al trasvase del río Ebro, y expresándome su “… completa pérdida de confianza en las posibilidades del diálogo con las instituciones, sean del signo que sean, y una creciente convicción de que sólo con movilización social se puede ganar en esta clase de conflictos, pero teniendo en cuenta que aún así, la movilización no es condición suficiente para ganar. Tiene que haber además una perspectiva de deterioro electoral de los partidos responsables suficiente para hacerles cambiar. Los razonamientos, la información, la demostración incluso apabullante de que se tiene razón, no sirven absolutamente para nada. Los políticos sólo se mueven por cálculos electorales y los tecnócratas no se mueven por nada, pues su objetivo es hacer obras, al margen de cualquier otra consideración. Por eso creo que los esfuerzos sobrehumanos que a veces hacemos para demostrarles técnicamente a las autoridades y a sus técnicos que están equivocados en tal o cual proyecto deberíamos reorientarlos a la difusión y a la movilización social, cuidando especialmente la proyección electoral de las protestas. Y negándonos a hablar con las estructuras tecno-políticas. Esto lo resumía yo en las charlas en el Júcar con una frase lapidaria que hacía bastante efecto: “contra tecnocracia, democracia; con la tecnocracia no vale la pena discutir”. Yo creo que esa es la conclusión, quizá algo cínica, pero creo que realista, que yo he sacado de los conflictos de los trasvases. Toda la parafernalia científica desplegada por la FNCA (Fundación Nueva Cultura del Agua) creo que no sirvió prácticamente para nada en la dialéctica con el poder, pero en cambio sí que fueron útiles los esfuerzos de divulgación que se hicieron para ayudar a la motivación social”. (Comunicación personal el 2 de Febrero de 2007).

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Desde luego es evidente que a los políticos y a los gobiernos les trae sin cuidado, para la toma de decisiones que ya tienen orientadas y comprometidas, la existencia de informes científicos argumentados y razonados. Encargan otros que digan lo contrario y punto. Así, de manera totalmente fraudulenta, “construyen” una especie de debate imposible –mejor dicho, un esperpentoque ya tienen ganado de antemano. Groucho Marx lo expresó con una claridad imposible de mejorar tratando de animar, como preparador, a “su” boxeador antes de que éste saltase al ring, diciéndole lo siguiente:”… hemos hecho por ti todo lo que hemos podido; hemos untado al árbitro para que te favorezca y le hemos pagado a tu contrincante para que te deje ganar. El resto depende de ti. Y no olvides que tenemos grandes planes” (Kanfer, 2006:112). ¿Exagerado? No, todo lo contrario. Real. Así suelen montarse los seudodebates organizados por los gobiernos y los políticos. Aunque, desde luego, los números montados en los Parlamentos, sean o no autonómicos, son, todavía, peores. La realidad es que los políticos utilizan a los ciudadanos para que les voten y así “legitimar” sus comportamientos posteriores pero sin dar cuenta de ellos ni contar, después del voto, con las preocupaciones de los ciudadanos. Volvemos, otra vez, al tema del maltrato pues, de hecho, lo que hacen los políticos habitualmente es maltratar a los ciudadanos, les hayan votado o no, aunque nos cueste reconocerlo. Quizás por eso la abstención vaya aumentando cada vez más. “Las personas educadas con crueldad (que siguen siendo desgraciadamente la mayoría) se someten de forma voluntaria a los dictadores y los aplauden cuando les proporcionan la imagen de un enemigo. No es raro que en estados democráticos se elija, casi sin reparos, a un explotador bruto y egocéntrico si sus hábitos recuerdan a los del propio padre” (Miller, 2009:81). ¿Podemos

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seguir engañándonos consciente o inconscientemente, es decir, disociándonos, ante realidades como la invasión de Irak, amañada con toda una sarta de mentiras por parte de dirigentes “elegidos democráticamente”, o el deterioro ambiental del planeta que cuesta la vida, año tras año a millones de personas? ¿Si eso no es maltrato y violencia qué es lo que nos queda ver y recibir para convencernos? ¿Cuándo empezaremos a darnos cuenta de que la economía de los sistemas democráticos descansa desde hace mucho tiempo sobre la violencia? Cuando la Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo afirma en 1987 que “La desigualdad (en la toma de decisiones y en la apropiación del capital ecológico, por parte de los países industrializados) es el principal problema <ambiental> del planeta y su principal problema de desarrollo” (CMMAD, 1987,) lo que está realmente diciendo es que el principal problema ambiental consiste en la toma de decisiones basada en la violencia que, habitualmente, practican los gobiernos de los países industrializados. Queramos verlo o no, la violencia, legitimada por las mentiras de nuestros gobiernos es la forma habitual de relación para apropiarse de recursos naturales con el resultado del deterioro irreversible del planeta y la condena a muerte de millones de personas. ¿O es que a estas alturas hay alguien que se crea que las invasiones de Irak y Afganistán tienen algo que ver con la excusa de “llevarles” la democracia? Y si esa violencia se practica fuera de los países occidentales, ¿Hay alguna razón para que no se practique, también y habitualmente, dentro de ellos? ¿Cómo entender el diagnóstico que hizo Cristina Narbona de las principales amenazas ambientales, siendo Ministra de Medio Ambiente del primer gobierno de Zapatero, si no es en términos de que son la violencia y el maltrato su origen?, “…no hay mayor amenaza para el

medio ambiente que la demagogia, es decir, el engaño a los ciudadanos, el ocultismo intencionado de datos y decisiones, la manipulación interesada de la situación real de los recursos naturales y de las alternativas que existen para explotarlos adecuadamente (…) La forma en que adoptamos las decisiones y quién las adopta a menudo determina lo que decidimos (…) los políticos, los administradores públicos del medio ambiente, jugamos un papel fundamental a la hora de elegir entre la demagogia o la transparencia” (Narbona, 2004). ¿De qué otra manera se puede calificar a lo que ella denomina demagogia, engaño, ocultismo intencionado, manipulación interesada,…etc, sino de maltrato y violencia sobre los ciudadanos? ¿Y, por cierto, quién posee la capacidad institucional para aplicar esa violencia y ese maltrato de manera impune, habitualmente? Efectivamente, los gobiernos con el apoyo de los Parlamentos y la aplicación del voto frente a los argumentos. No hay ninguna duda, seguimos en el mundo de la disociación. La construcción de infraestructuras y megaproyectos sigue perfectamente el patrón de la mentira y del maltrato que diagnostica Narbona (Aguilera y Naredo, 2009). Mentira tras mentira se aprueban y financian con fondos públicos estos proyectos que, habitualmente, violan impunemente la legislación ambiental en nombre de un fraudulento “interés público de primer orden” que ningún gobierno está obligado a justificar. “Lo que necesita (la gran corporación) en materia de investigación y desarrollo, obras públicas, apoyo financiero de emergencia, socialismo cuando las ganancias dejan de ser probables, se transforma en política pública (…) Sus intereses tienden a convertirse en interés público”. (Galbraith, 1972). Y si, a pesar de todo, la oposición a través de los movimientos sociales es muy amplia y las mentiras son ya

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demasiado groseras, incluso para un político, entonces siempre se puede aumentar todavía más la mentira recurriendo a “desclasificar” especies y espacios naturales protegidos, por parte de la Consejería de Medio Ambiente correspondiente, para seguir construyendo sin trabas ambientales, en nombre del progreso, de la mejor protección efectiva y, por supuesto, de la creación de empleo, tal y como está actualmente tratando de hacer el Gobierno “democrático” de Canarias. Y viva esta democracia frente a “los del no a todo”, como ellos dicen, tratando de descalificar a los que nos oponemos con argumentos a los disparates basados en la arbitrariedad y en las componendas para sacar adelante proyectos innecesarios que sólo benefician a algunos empresarios amigos y que realmente, “desclasifica” la práctica actual de la democracia. He citado ya muchas veces la reflexión de Sen sobre la confusión existente entre la democracia electoral y la democracia como ejercicio de razón pública, pero veo que siguen siendo pocas puesto que, como decía más arriba, la disociación nos impide ver lo que tenemos delante. “Existe la tentación de ver a la democracia de forma excesivamente restringida y estrecha –exclusivamente en términos electorales y no en términos mucho más amplios, en lo que John Rawls ha llamado ‘el ejercicio de la razón pública’. Este concepto mucho más vasto y rico incluye la posibilidad de que los ciudadanos participen en el debate político y, con ello, estar en disposición de influir en las opciones relativas a los asuntos públicos (…) La democracia tiene demandas que trascienden a la urna electoral (…) ¿Qué es exactamente la democracia? Para empezar debemos evitar su identificación con la idea de gobierno de la mayoría”. (Sen, 2007). Y claro, ante este panorama ¿Podemos seguir creyendo que la participación -tal y como la entienden estos gobiernos-

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va a servir para que los ciudadanos contemos en la elaboración de un diagnóstico y de unas soluciones que sean razonablemente argumentadas y honestas? No, nunca van a permitirnos esa participación que, por otro lado, aterroriza a los políticos profesionales acostumbrados a la mentira, al maltrato y a la violencia. Tendremos que exigirla y ponerla en práctica pero, desde mi punto de vista, esa participación tampoco será una solución si quienes desean participar no son conscientes de sí mismos y permanecen escindidos puesto que volverán a reproducir el autoritarismo y el maltrato recibido. “A fin de cuentas, una persona que haya padecido conscientemente su propio destino en toda su tragedia, sentirá el sufrimiento del otro con mayor intensidad y rapidez, aunque éste aún tenga que superarlo. No podrá burlarse de los sentimientos de otro, no importa de qué tipo sean, si es capaz de tomar en serio los suyos propios. No seguirá dándole vueltas al círculo infernal del desprecio (…) Esta tendencia no sólo tiene consecuencias personales y familiares sino, también, políticas. Las personas que hayan aprendido en la terapia a esclarecer sus sentimientos y analizar sus verdaderas causas, no estarán ya sometidas a la compulsión de descargar su ira sobre seres inocentes para sí ahorrársela a quienes se hubieran hecho merecedores de ella. Estarán en condiciones de odiar lo aborrecible y amar lo que sea digno de amor. Ya que se atreven a averiguar quién ha merecido su odio, podrán orientarse en la realidad sin ser víctimas de la ceguera del niño maltratado, que no puede hacer daño a sus padres y, por lo tanto, necesita chivos expiatorios (…) El futuro de la democracia depende de este paso adelante del individuo. Apelar al amor y a la razón será inútil mientras estos pasos para esclarecer los sentimientos sigan siendo obstaculizados.” (Miller, 1985:160-161). Pero como este paso no se está dando, lo que está ocurriendo es que la

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democracia se está trivializando, se usa continuamente como etiqueta pero su contenido y su esencia son, cada vez, menores. “¿Una futura Constitución democrática? ¿Otra Constitución más democrática? La cuestión no es esa. La cuestión radica en qué va quedando realmente de la democracia en su contenido de igualdad, justicia y libertad. Si en la actualidad la democracia se propaga por el mundo con tanta facilidad es significativamente porque se ha desprendido de peso y ha ganado en trivialidad: ha perdido realidad y se ha convertido en otra ficción más”. (Verdú, 2003).

tres cuestiones, le contesta que “Los problemas que plantean las preguntas anteriores no se resuelven desde la razón sino desde el deseo de convivir (…) Para que ese convivir surja de un modo espontáneo en nuestro vivir adulto, debemos convivir con nuestros hijos e hijas de ese modo, ya que así ellos generarán, cuando sean adultos, ese convivir naturalmente por haberlo aprendido desde pequeños, no como una conducta razonable pero sí como una conducta deseable.” (Maturana, 2005).

En otras palabras, esos problemas se resuelven desde el reconocimiento de ¿Será alguna vez realidad que estamos expresando la economía de sistema unos deseos o unas abierto? ¿Aprenderemos ¿Aprenderemos emociones, como el alguna vez a configurar deseo de convivir, que es alguna vez economías y estilos de algo subjetivo, en lugar de a configurar vida que sean compatibles engañarnos disfrazando economías con el planeta, que de supuestas razones lo y estilos de estén al servicio de las que no son nada más que vida que sean personas y en las que las emociones. De hecho, decisiones se tomen de compatibles con “Los seres humanos maneras razonablemente somos seres emocionales el planeta, que democráticas, contando nos movemos desde estén al servicio que con la gente y no nuestras emociones y de las personas usamos nuestro razonar acudiendo al fascismo y en las que las para justificar o negar ecológico? Estoy convencido de que sí, si nuestro emocionar (…) decisiones se queremos seguir viviendo tomen de maneras el emocionar que vivimos en el planeta. Esto exige razonablemente determina en cada muchos cambios pero instante lo que podemos democráticas? no son sólo intelectuales ver, admitir, escoger o puesto que las cuestiones hacer en ese instante”. que abordamos no son, exclusivamente, (Maturana, 2005). Y es que a las intelectuales o racionales. El sociólogo personas escindidas y, especialmente, Antonio Elizalde, en su espléndido libro a los economistas que, además, hemos sobre Desarrollo humano y ética de la sido de-formados por una psicología sostenibilidad, centra su atención en ridícula y empobrecedora, que ya tres cuestiones fundamentales: “¿Cómo el propio Adam Smith cuestionó, se hacer para que los ricos cambien sus nos insiste en que en una perspectiva hábitos de consumo por un estilo de científica (¡Como si la economía fuera vida más frugal? ¿Cómo hacer para que una ciencia!) lo que cuenta es la razón el mercado y los políticos cambien su y el intelecto y no las emociones ni visión de corto plazo? ¿Cómo introducir lo subjetivo. ¡Ahí está la publicidad en la cultura una visión más respetuosa para confirmarlo! Este es otro tipo de y de mayor cuidado de la naturaleza?” escisión supuestamente avalada por la (Elizalde, 2005), y el biólogo Maturana, ciencia que ya Blum cuestionó, (Cuadro en el prefacio del libro, aludiendo a esas 1), y que seguimos manteniendo para

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mantener dormidos a los estudiantes, puesto que la escisión se presenta como una condición necesaria de la ciencia sin hacer referencia a que esa separación impide una comprensión profunda y completa de la realidad y de nosotros mismos. Por ejemplo, el propio Einstein reconocía que sus principales ideas eran intuiciones o destellos intuitivos, no ejercicios racionales o intelectuales a los que llegaba mediante cálculos y modelos. De hecho cada vez hay más científicos que reconocen que sus “ideas” les llegan de manera inesperada o “inconsciente” y que, posteriormente, el trabajo consiste en atreverse a darles forma y a comunicarlas. En mi despacho tengo colgada una reflexión de Einstein que dice “La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional una sirviente fiel. Hemos creado una sociedad que honra a los sirvientes y que ha olvidado los regalos”. Y así seguimos empobreciéndonos cada vez más, con un miedo profundo a esas intuiciones preciosas que nos llegan y que nos enriquecen, si les prestamos atención. CUADRO 1 LA REALIDAD ESCINDIDA Comprensión de la realidad por parte de la economía convencional

Aspectos de la vida considerados ajenos a la investigación científica

Los hechos

Los valores

Lo objetivo

Lo subjetivo

Lo consciente

Lo inconsciente

Lo formal

Lo sustantivo

La cantidad

La calidad

El pensamiento

Las emociones

Lo externo

Lo interior

El Objeto

El sujeto

Blum, 1977

No deja de ser irónico que neurólogos como Damasio insistan en que “Nosotros somos el resultado de una

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combinación de razón y emoción; de hecho, la razón está siempre informada por la emoción. La gran revolución ha sido ver que las emociones no están por debajo, sino que emoción y razón van juntas. Y algo todavía más importante: que las emociones fueron, al comienzo y a lo largo de la evolución, la base de la racionalidad. La razón empezó con las emociones. Emociones como el miedo, la compasión o la alegría ayudaron a las criaturas vivas a tomar decisiones racionales” (Damasio, 2007). Y no deja de ser paradójico que, Adam Smith, catedrático de ética antes que economista, le pese a quien le pese, en su ignorada Teoría de los sentimientos morales, defendiera el papel de sentimientos como la compasión (como señalé más arriba) para conseguir una economía más humana y que estuviera en mayor medida al servicio de las personas. La enseñanza de la economía lleva ya demasiado tiempo transmitiendo la escisión entre economía y naturaleza, entre pensamiento y emoción, entre seres humanos y agentes supuestamente “racionales” y, de esta manera, contribuye a ocultar o ignorar las bases reales que permitan una comprensión adecuada de las implicaciones de nuestros hábitos y estilos de vida sobre la naturaleza y el planeta. Es necesario aceptar y enseñar que “…nuestra actividad racional y constructiva depende no sólo de que la función del pensar se mantenga intacta, sino también de nuestro acceso a las verdaderas emociones” (Miller, 1985, 168). Si la economía académica no incorpora adecuadamente estas cuestiones lo más pronto posible, como parte habitual de sus contenidos y, además, la práctica cotidiana de la economía sigue ignorándolas, el desastre ambiental y de la humanidad va a ser imparable. Pero el diagnóstico es claro, los problemas ambientales son, fundamentalmente, la expresión de nuestra mente enferma y escindida que ignora lo evidente, que se muestra incapaz de, o considera innecesario, rehabilitar esas áreas devastadas de

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sensibilidad y percepción (para permitir el acceso a las emociones que sane nuestra manera de pensar) sin las cuales los seres humanos nos convertimos en nuestro peor enemigo. ¿Con qué perspectivas podemos seguir trabajando las personas que estamos interesadas en la Economía Ecológica y en la integración entre la economía y la naturaleza? En mi caso lo hago como profesor de la Universidad, con sus implicaciones investigadoras, educativas y sociales, como miembro de un grupo ecologista y como persona que trata de entenderse mejor a sí misma para, moviéndome desde el reconocimiento de un cierto grado de disociación hacia una mayor integración, poder comprender mejor esa integración necesaria entre la economía y la naturaleza. En cualquier caso, no vivo con las expectativas de que tenga lugar a ni a corto ni a largo plazo esa integración, con todo lo que ello significa. Me muevo, más bien, en una idea de esperanza que tiene que ver pensar, sentir y hacer sin traicionarme a mí mismo, de manera que ese comportamiento tenga sentido para mí. En otras palabras, “La esperanza (…) es, más que nada, un estado de la mente; no la veo como un estado del mundo. O tenemos la esperanza dentro de nosotros o carecemos de ella. Es una dimensión del alma, y no depende, en esencia, de ninguna observación concreta del mundo ni de ninguna estimación objetiva de la situación (…). No es la convicción de que algo va a salir bien, sino de que tiene sentido, sea cual sea el resultado final.” Vaclav Havel (1990).

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BIBLIOGRAFÍA •

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NOTAS * Conferencia impartida en Carmona (Sevilla), en el Curso de Verano sobre Economía Ecológica. Universidad Pablo de Olavide. Septiembre 2009. ** Universidad de La Laguna, Tenerife, España. Email: faguiler@ull.es

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artículos

La cultura del consumo contra la sostenibilidad de la vida Alba Carosio Resumen: El modelo de bienestar basado en la posesión-acumulación de bienes y la moral del disfrute a través del consumo obsolescente, individualista y acelerado, están indisolublemente ligados a depredación de la formas de vida y desechos cada vez mayores. El artículo recorre visiones sobre el consumo: la creación de necesidades y la alienación, el uso de productos superfluos y el hedonismo como justificación cultural, su relación con la modernización y la distinción de status, la homogeneización a través del sueño americano, la estetización de la vida diaria. La profundización de la ética hedonista narcisista individualista ha servido para la penetración cultural del pensamiento neoliberal en las conciencias sin responsabilidad por el futuro. Palabras clave: consumo, hedonismo, sostenibilidad. A cultura de consumo contra a sustentabilidade da vida Resumo: O modelo social baseado na posseção e acumulação de bens e a moral do prazer através do consumo obsolescênte, individualista e acelerado, estão indissociavelmente ligados à predação de estilos de vida e de resíduos cada vez maior. O artigo aborda pontos de vista sobre o consumo: a criação de necessidades e alienação, a utilização de produtos desnecessários e hedonismo como justificação cultural, sua relação com a modernização e a distinção de status, homogeneização através do sonho americano, a estética do vida diária. O aprofundamento da ética individualista, hedonista, narcisista tem servido para a penetração cultural do pensamento neoliberal nas consciências sem nenhuma responsabilidade para o futuro. Palavras-chave: consumo, o hedonismo, a sustentabilidade. The culture of consumption against the sustainability of life Abstract: The welfare model based on possession-accumulation of goods and the morality of gratification through obsolescent, individualistic and accelerated consumption, are inextricably linked to predation of lifestyles and increasing waste. The article travels through different views on consumption: the creation of needs and alienation, the use of unnecessary products and hedonism as cultural justification, its relation to modernization and the distinction of status, the homogenisation through the American dream, the aesthetics of daily life. The deepening of narcissistic hedonistic individualist ethic has been helpful for the cultural penetration of neoliberal thought in the consciences that have no responsibility for the future. Keywords: consumption, hedonism, sustainability. Recibido: 25.04.2010 Aceptado: 24.05.2010

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La cultura del consumo contra la sostenibilidad de la vida Alba Carosio*

sustentabilidad(es) - volumen 1- número 2 - año 2010 - pag. 50 - 61

El modelo de bienestar basado en la posesión-acumulación de bienes y la moral del disfrute a través del consumo obsolescente, individualista y acelerado, están indisolublemente ligados a depredación de la formas de vida. El consumo conspicuo como cultura de vida necesita constantemente no solamente recursos naturales cada vez mayores, sino que también genera desechos también cada vez mayores. El consumo es el universal de nuestra época, como antes lo fueron la religión y los grandes ideales humanistas. El mercado no debe entenderse como un simple lugar de intercambio de mercancías, sino como un conjunto de interacciones socioculturales más complejas. La “Cultura del Consumo” entonces, se define como una cultura centralmente determinada por el consumo, considerado como un modo de construcción de significación social y como productor de un modo de conocimiento, plasmado en estilos de vida y de pensamiento. Además, el tipo de sociedad que se corresponde con una etapa avanzada de desarrollo industrial capitalista y que se caracteriza por el consumo masivo de bienes y servicios, se identifica como Sociedad de Consumo o Sociedad de Consumo de Masas. La lógica de la producción en la expansión capitalista, se basa en la creación de mercados como estrategia para impulsar el crecimiento, así el consumo se construye desde la oferta. Marx observó cómo la conversión en mercancías de los objetos que pueblan la vida material y se intercambian de manera aparentemente independiente de la voluntad humana, es el efecto más directo del modo de producción capitalista. Su teoría sobre el “fetichismo de la mercancía” llama la atención sobre la condición fantasmal que adquieren los objetos en el volumen 1, número 2, año 2010

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sistema capitalista, convirtiéndose en intermediarios de las relaciones sociales, subordinando el trabajo y cosificando al ser humano. La palabra fetiche viene de “feitiço” término portugués que significa “magia” o “hechizo”. El fetichismo es la devoción hacia los objetos materiales, a las que se les asigna propiedades mágicas. Marx toma el concepto de fetichismo para aplicarlo a la mercancía, porque considera que la mercancía oculta el valor del trabajo incluido en ella, y así logra asumir un “valor de cambio” en el mercado, con apariencias mágicas, por ser vistas con valor propio independiente de los seres humanos que las producen. En los Grundrisse de 1857-58, Marx escribía que la “necesidad de consumir, la capacidad de consumir, la pulsión a consumir” son producidas indirectamente por el objeto (producto). La producción da lugar proporcionándole la materia a consumir y la necesidad de los productos que ella ha creado. El capitalismo mediante la industria logra el aumento del volumen de objetos producidos, y crea nuevas necesidades. En el sistema capitalista a partir del intercambio de mercancías, las relaciones entre personas se convierten en relaciones materiales y las relaciones entre cosas se convierten en relaciones sociales. Thorstein Veblen en su Teoría de la Clase Ociosa (1899) a partir de una minuciosa descripción de las clases dominantes surgidas de la revolución industrial, postula que la demostración de riqueza que se hace a través del consumo es una poderosa fuerza de dominio que establece referencias de identidad y de estilos de vida, a ser seguidas miméticamente por las clases laboriosas. Las necesidades superfluas (ociosas, ostentosas), son las que contienen un alto grado de significación para el prestigio, el poder y la riqueza, y el consumo instituye una interesada

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y asimétrica estratificación social, afín a los intereses de las clases dominantes y ociosas. John K. Galbraith critica el American Way of Life, y hace evidente cómo el capitalismo estimula el uso innecesario de productos superfluos para mantener el equilibrio del mercado; y esto crea la opulencia privada y el infortunio público. La creciente opulencia de los consumos individuales va aparejada con una mayor pobreza social. Lo público y común se va deteriorando a medida que aumentan los deseos por un consumo opulento. A medida que una sociedad se va volviendo más opulenta las necesidades van siendo más estimuladas por el proceso de producción. Esto muestra la importancia que tienen la publicidad y el marketing en la economía. Por su parte, Vance Packard y Daniel Bell aportan la visión de los cambios valorativos y culturales que produjo el advenimiento de la sociedad postindustrial centrada en el consumo, que elimina la ética del trabajo y el ascetismo como conductas morales preferibles. El surgimiento de la Sociedad de Consumo fue viabilizado por tres invenciones sociales: a) la producción en línea, b) el marketing que racionalizó el arte de estimular los apetitos de los consumidores y c) la difusión de la compra a plazos. El consumo masivo trajo la idea del cambio, la transformación personal y la innovación constante, y el hedonismo convertido en la justificación cultural – sino moral- del capitalismo. Jean Baudrillard plantea que el sistema social capitalista ha ido girando su centro de gravedad durante el siglo XX, desde el campo de la producción al del consumo. En este sistema cultural los objetos se erigen en una lógica del ensueño, puesta en funcionamiento por la publicidad y el sistema cultural de diferenciación de clase. La condicionante central de la sociedad

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de consumo, es el mundo social de las apariencias y del simulacro, que se determinan por nuevos actores sociales, como los mass-media. El deseo a su vez se construye mediante una “sociedad del espectáculo” (Guy Debord), porque el espectáculo nace con la modernidad urbana, con la necesidad de brindar unidad a las poblaciones mediante la imposición de modelos culturales y funcionales a escala total. La espectacularidad produce un efecto que transforma todo en poco importante, accesorio y decorativo; y así se instala una nueva superficialidad, donde no hay utopía, no hay transformación; se legitima lo que existe, tal como es. La claudicación de la cultura bajo la presión del capitalismo organizado, que ha logrado una prodigiosa expansión del capital hacia nuevas zonas geográficas y de la vida, que se han ido mercantilizando. La celebración complaciente de este nuevo mundo estético, social y económico, bajo el rótulo de “sociedad postindustrial” y las fantasías salvacionales sobre la tecnología, son estrategias para legitimar el nuevo sistema capitalista mundial. Este entorno, conceptualizado por Zygmunt Bauman como “modernidad líquida”, donde la velocidad y el cambio constante producen la nueva forma de poder ubicuo, se traduce en una existencia efímera y evanescente. En la sociedad de consumidores, los sujetos se ven impelidos constantemente a escoger y la elección es la condena, el goce y el espectáculo son mecanismos de control y a la vez de exclusión de los pobres, quienes se vuelven superfluos y descartables, porque no pueden consumir. El consumo es el más importante recurso de manipulación social de las sociedades industriales avanzadas, y este mecanismo disciplina con la seducción y el deseo.

Consumo y modernización La experiencia de la modernidad se concentra en tres fenómenos: industrialización, urbanización y exposición a los medios de comunicación social, todos ellos relacionados con el consumo. Las metrópolis proporcionan un amplio espacio para imaginar y crear nuevas formas de vida, e incluso la fantasía de una “vida moderna”, que produce el deseo inspirado por nuevas mercancías, nuevas relaciones sociales, identidades y experiencias, que son constantemente anunciadas por los medios de comunicación. El consumo es la nueva forma de socialización que circula en las calles de las metrópolis, en sus plazas comerciales y en sus avenidas y pasajes. El consumo fue el gran instrumento educativo del capitalismo. Su herramienta principal fue el gran almacén o el pasaje/centro comercial, adonde se acudía para comprar y para mirar y pasear, para maravillarse y dejarse seducir por la riqueza y la belleza que inundaban aquellos espacios suntuosos y resplandecientes. Se desarrolló así una cultura burguesa con gran poder socializador, en la cual el papel de la moda fue central. La moda canalizaba el consumo hacia las necesidades siempre cambiantes del capitalismo industrial en crecimiento. El consumo se proponía como un espacio de autonomía, pero también fue un eficaz medio de disciplinamiento. Mediante el consumo, el proyecto de la modernidad como liberación fue sometido a la modernización, que incluye la obsolescencia planificada de las mercancías. La nueva cultura burguesa, se plasmó en una sensibilidad esencialmente moderna, donde lo que atrae el interés debe distinguirse de lo cotidiano y conocido. El ciudadano moderno, inserto en el engranaje productivo de la gran metrópoli industrial, vivía sorprendido por las lecciones

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sociabilizadoras del espectáculo del consumo. El individualismo posesivo se identificó con mejor calidad de vida. El proceso de modernización con una dirección marcada por un estilo de vida de consumo ampliado, adquirió carácter imperativo. La modernidad de la liberación, consagrada en la confianza en la razón como capacidad humana liberadora, se convirtió en simple modernización encomendada a las potencialidades del consumo. ¿Qué clase de la vida social crea el capitalismo? ¿Qué clases de seres humanos produce? Walter Benjamin estudia al hombre en la modernidad convertido en un autómata y sometido al sueño del capitalismo, que reactiva lo mítico con la ensoñación que producen las mercancías y los lugares en los que el comercio ejerce su fascinación. Para Benjamin, los pasajes, como significantes históricos de la “imagen de sueño y deseo del colectivo”, son un fenómeno ambivalente que expresa a la vez opresión (por la ideología del consumo) y liberación (en la utopía de la plenitud). Pierre Bourdieu señala que el consumo es el tejido a través del cual se urde una estrategia diferenciadora que permite expresar y leer el estatus social del portador de los artículos de consumo. Esto es, permite establecer estrategias de “distinción” de rango y barreras de estatus (prestigio, privilegio y poder). Las clases se diferencian por su relación con la producción, por la propiedad de ciertos bienes, pero también por el aspecto simbólico del consumo, o sea, por la manera de usar los bienes transmutándolos en signos. El sistema social se reproduce mediante un conjunto de estructuras mentales que encarnan en prácticas sociales y programan el consumo de los individuos y las clases, aquello que van a “sentir” como necesario. El capitalismo tardío ha venido creando una homogeneización mundial a partir

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de la creciente americanización, el “sueño americano” consiste en la participación activa y beneficiaria del éxito económico a través del consumo y las posesiones materiales, que conlleva un conjunto de trampas derivadas de esta riqueza, y ha desarrollado un conjunto de excesos y abusos. Su emblema es el sistema McDonald’s: la McDonaldización de la Sociedad pone el énfasis en el alimento como algo para ser consumido tan rápida, eficiente, y económicamente como sea posible y convierte el sueño americano en un sueño global. La expansión de la cultura del consumo conlleva sus consecuencias: consumismo y endeudamiento, fraude, invasión de la privacidad, racionalización y consiguiente deshumanización. En síntesis, el consumo como expresión de la modernidad modernizada y modernizadora, ha ido abarcando todas las esferas de la vida, sirviendo de colonizador y formador de hábitos y estilos de vida, que paradójicamente parecieran prometer un espacio amplio para la libertad, pero en realidad dan lugar una esterilización de la vida social, y sirven para justificar y mantener las diferencias de clase y las hegemonías.

Consumo y hedonismo El consumo se promueve en cuanto espacio de posibilidades y alternativas que permiten poner en práctica el hacer lúdico, caracterizado como ocasión para expresar y manifestar los deseos individuales. En el consumo se realiza la búsqueda hedonista del placer individual, que apunta hacia el despliegue de la fuerza vital de la expresión orgiástica. Este punto de vista pone el énfasis en las posibilidades de ruptura de límites y éxtasis rituales, el rechazo de las convenciones y la liberación del individuo, sin impedimentos para su satisfacción, las que se dan en el consumo y en actividades que parecen no tener

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sentido. El desarrollo del consumo se bosqueja como la marcha hacia una mayor individualización centrada en el goce y despliegue sensible de lo humano. Desde esta perspectiva el bien se identifica con el placer, y todo progreso inevitablemente proviene y produce evolución basada en la búsqueda del placer, ya que el hedonismo universal, permitiría la mayor felicidad para el mayor número de personas.

es el modo propio de una sociedad rica, caracterizada por la presencia de numerosas fuentes de satisfacción al mismo tiempo. El consumo en la postmodernidad se propone como una vía para la expresión personal, donde cada individuo proclama a los otros su “identidad” personal y social en “estilos de vida”.

Para el hedonista consumista contemporáneo los objetos son Michel Maffesoli, analiza la instrumentos a través de los cuales postmodernidad como reacción contra se recrean imágenes o experiencias la racionalidad de los ‘grandes fines’, a placenteras. El consumidor crea (y partir del agrupamiento en pequeñas abandona) “deseos”, y este proceso tribus, aglutinadas a partir de la nunca tiene fin: el consumo es un sensación “estar juntos” proceso volitivo, autode manera lúdica, como dirigido y creativo, “comunidad emocional”. donde las ideas culturales Hay una potencia social están necesariamente El riesgo y su subterránea que con implicadas, es un irrefrenable vitalismo conciencia, se han hedonismo auto-ilusorio. instalado en la dinamiza lo social, cuyo motor es un “epicureismo vivencia cotidiana, Todo esto ha conducido cotidiano”, una vivencia a la angustiante situación creativa y espontánea del se experimenta un de la “necesidad de buscar presente. Las ceremonias temor radical a la soluciones biográficas del consumo improductivo pauperización que a contradicciones suponen una evidente nos excluiría del sistémicas”. El riesgo y subversión simbólica de su conciencia, se han la cultura oficial burguesa, modelo. Se tiene instalado en la vivencia racional y utilitaria en así una “libertad cotidiana, se experimenta sus actos de consumo; un temor radical a la precaria”, y estimulan las nuevas constantemente pauperización que nos formas de vida “tribal”. excluiría del modelo. Se amenazada. Reaparecen valores tiene así una “libertad como el ocio, el juego, precaria”, constantemente el consumo, la errancia, amenazada. El la fiesta, lo erótico, antes reprimidos consumismo es causa y respuesta y estigmatizados por el productivismo terapéutica a la crisis de identidades moderno. La sociedad contemporánea que emana de la pluralización de no será tanto razón compartida como comunidades, valores y conocimientos pasiones y las emociones en común. en la sociedad post-tradicional. Por su parte, Mike Featherstone plantea que la cultura del consumo ha traído el Para Gilles Lipovetsky la sociedad de fenómeno de la estetización de la vida consumo se caracteriza por abundancia diaria, que trastorna las sensibilidades. de artículos y servicios, culto a los La creatividad, el desarrollo personal, objetos, elevación del nivel de vida, un sentimiento de comunidad, fueron moral hedonista, generalización del incluidos en forma de productos y proceso de la moda, como lógica de las servicios. El modo de vida de las apariencias y la renovación acelerada. nuevas clases medias postmodernas La economía frívola que ha desarraigado

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las normas y comportamientos tradicionales, y ha generado la pasión por lo Nuevo. La moda conduce al inmovilismo anclado en intereses personales y las ventajas adquiridas. El ideal es que los problemas de otros y de la sociedad como un todo en sus diversos aspectos no pongan límites a la realización de los intereses particulares. La profundización de la ética hedonista narcisista individualista ha servido para la penetración cultural del pensamiento neoliberal en las conciencias. Lo “superfluo” se ha convertido en algo más que un derecho. El amor a uno mismo se ha impuesto como finalidad legítima, y como piedra de toque de decisiones y acciones. La autonomía moderna respecto a la ética ha elevado a la persona a categoría de valor central. En la hipermodernidad reciente ha regresado la exigencia ética, pero el retorno de la moral es una nueva regulación social de los valores, que son “explotados” en beneficio de la imagen de marca de las empresas. Se trata de una ética sin deberes y de una solidaridad “Light” o indolora. Es una nueva moralidad centrada en el bienestar: “hacer bien nos hace bien”. La revolución hipermoderna del bienestar instituye una obsesión de prevención, dominio, seguridad y longevidad. Desde los países periféricos se denunció tempranamente el peligro de incorporar países pobres al modo de vida centrado en el consumo. Mientras otros confiaban en la potencia benéfica de un proceso civilizatorio global, José Martí es precursor en la disección del modo de vida norteamericano, que se basa en ostentación, suntuosidad, necesidades expresadas en deseos y valorizaciones de “instante”, celeridad de la vida en espacios y tiempos, y búsqueda constante de riqueza material, postergando los bienes espirituales. Expresa mediante el “dinerismo” la mercantilización de la vida social. En oposición a tal modelo, Martí propone que Nuestra América se construya con conocimiento genuino, basado en las

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realidades específicas del continente americano y su historia. A la lógica de la prosperidad superficial, Martí opone la lógica de Calibán, de la otredad cultural potencialmente subversiva. A principios del Siglo XX, América Latina comenzó a ser “civilizada” y el futuro debía ser su asimilación a los designios de la gran nación del Norte. Se proponía un “panamericanismo” sobre los pilares del transporte, basado en el automóvil y los camiones (en sustitución del ferrocarril), de la prensa “libre” y la publicidad, y de la “educación”; todo esto servía para el fortalecimiento de industrias que a su vez potenciarían la penetración de otros bienes comerciales manufacturados por el imperio, así como la sustracción de materias primas. La construcción de un mercado hemisférico fue también la de un sujeto colonizado por el consumo, una subjetividad deseante de las “nuevas necesidades” impuestas por el mercado y subordinada a la aspiración de llegar a ser un consumidor respetable. Sus manifestaciones fueron despoblamiento del agro, urbanización caótica, nuevas colonizaciones, alteración del espacio y el tiempo, obsolescencia de productos, etc. Detrás de lo que llamamos progreso técnico se escondían profundas modificaciones sociales. Para algunos teóricos como Celso Furtado, la imitación de estos estilos de vida por la élite latinoamericana consumista e individualista, es causa del subdesarrollo de la periferia. En los años 90 se inició en América Latina, el período de consolidación y profundización de modelos de vida centrados en el consumo, favorecidos por la ideología neoliberal, presentada como solución a estados de crisis. Las sociedades latinoamericanas fueron arropadas por una globalización capitalista que aparecía como única alternativa posible a la decepción de la política. Estos cambios produjeron a su vez una transformación cultural y de la vida cotidiana. La idea de un consumo

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ilimitado, creciente y satisfactorio abrió los caminos para la colonización neoliberal, donde se acrecentaron a la vez las expectativas de consumo y las frustraciones por no poder alcanzarlas. Las ciudades latinoamericanas en la década de los 90 fueron cambiando fisonomías, se abrió una brecha cada vez mayor entre la urbanización formal y las zonas de pobreza extrema, y surgieron construcciones dedicadas al consumo: aparece el mall como centro de diversión y esparcimiento ciudadano por excelencia. La ciudad y la sociedad se fragmentan, el consumo separa sectores sociales y así se solidariza a las élites de cada país con un circuito transnacional, excluyendo a los sectores populares de la modernización de la vida. Los procesos de globalización económica en América Latina dieron lugar al contraste entre un acceso cada vez más difundido a imágenes, símbolos y mensajes colectivos, y un acceso cada vez más restringido, al dinero y a los beneficios económicos. Esta es la brecha creciente entre integración simbólica y desintegración material. El paisaje de pobreza, mezclada con productos que simbolizan estilos de vida del primer mundo, se extendió por toda América Latina. El consumo fue también la manera de ocultar realidades dramáticas, presentando un mundo sin conflictos, un mundo de risas y fiestas.

Consumo y depredación Sin duda se ha hecho visible que la depredación de recursos y consumo característicos de los países industrializados está llevando al límite la capacidad de recuperación natural, poniendo en peligro las condiciones que hacen posible la vida. Al identificar la realización humana con la posesión de objetos, la naturaleza fue tratada como objeto de dominio; así la acción humana producirá la ruina de sistemas ambientales. La cultura y la estética de la abundancia incluyen la confianza ciega

en la naturalidad y eternidad de las ventajas, a pesar de los muchos signos que anuncian (en el terreno económico, ecológico y también político) el fin de todas las eternidades y de la naturaleza. La búsqueda de crecimiento económico, y la marcha hacia industrialización masiva y explotación intensiva no ha conducido al esperado porvenir de abundancia. En cambio, las desigualdades económicas entre regiones del mundo, y aún en el seno de espacios nacionales, se han agravado; bajo el imperialismo de un pensamiento único consumista, algunas culturas y modos de vida diferentes, han desaparecido; y otras están por desaparecer. El desarrollo tal como ha sido planteado es un proyecto que ha sustituido estilos de vida sanos y sostenibles y desvía recursos hacia la producción de mercancías. Se crea una errónea identificación entre mercancía y satisfacción de necesidades. Los mercados globales sustituyen a los locales y los monocultivos van reemplazando a la diversidad. El sistema de producción globalizado se convierte en fuente de desigualdad económica y daño ambiental, no es sostenible ni desde el punto de vista humano, ni desde el punto de vista natural. La subjetividad contemporánea constituida en el hedonismo narcisista supone un conjunto de valores, donde el placer y el tener se presentan como objetivos deseables y centrales en la vida. El mundo consumista es un mundo “positivo”, donde cuenta lo que puede ofrecer alguna utilidad o satisfacción a la avidez poseedora y al deseo indefinido de goce irrestricto. Todo queda referido al mundo de utilidades del sujeto. La cultura del consumo contemporáneo se expresa en un conjunto de medios y maneras de gozar, que bajo a la apariencia liberadora y felicitante suprime la autonomía del sujeto porque la someten a la norma de consumo cosmopolita que integra al orden mundial. La libertad concebida como elección pura se basa en que todo

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tiene significado potencial de manera que “todo vale”. La entronización de la potestad sin límites y líneas de valor sin fronteras, conduce al egoísmo generalizado. En 1998, el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD mostró de forma muy clara los efectos devastadores del modelo de consumo sobre la humanidad y el ambiente, que requieren un cambio en el esquema actual de consumo. Un modelo de consumo que deberá ser compartido, fortalecedor, socialmente responsable y sostenible. El poder social del consumo produce antes exclusión que inclusión, y así, será prioritario informar a los consumidores de las consecuencias reales de su consumo, para tener una población bien educada, impulsada por valores humanos, no por la adquisición material ni los dictados del mercado. Dado que el hedonismo narcisista, el utilitarismo y el concepto restrictivo de la justicia dejaron de lado el sentimiento de pertenencia y la reflexión sobre la vulnerabilidad del ser humano, ha desaparecido la responsabilidad por el futuro, y con ella la conciencia de sostenibilidad de la vida humana y natural. Se hace necesario recuperar la vivencia de las relaciones y del vínculo con el otro, como proximidad y responsabilidad por atender sus necesidades. En esta práctica ética el sujeto está siempre conectado con el otro y con la naturaleza. Es la ética de la responsabilidad por el bien común, como condición de posibilidad de la vida humana.

Consumo y sostenibilidad de la vida La reflexión sobre la cultura del consumo a partir de múltiples perspectivas permite evidenciar la centralidad de esta temática para comprender nuestra contemporaneidad. El proceso civilizatorio pareciera haber recorrido

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un camino desde estados de escasez, determinados exclusivamente por la providencia natural, hasta una abundancia, mediada por el progreso de la producción industrial. La humanidad ha venido confiando en las bondades de este camino, apoyado por los sistemas culturales y tecno-científicos que lo viabilizan y legitiman. La ampliación de la cantidad y variedad de objetos y servicios que se consumen, ha sido el resultado logrado en las sociedades industriales avanzadas, y este modo de vida y de organización social está plasmado en la Sociedad de Consumo, como vida cotidiana para algun@s y aspiración para otr@s. El consumo no solamente fue el gran motor de la expansión capitalista de la producción fordista, sino que constituyó la palanca de colonización de los imaginarios de la globalización, el modo de vida de compra y uso acelerado con sus promesas de satisfacción infinita, fue ganando terreno geográfico y mental en el planeta. El mercado como sistema totalitario de relación social, fundamentado políticamente por la doctrina neoliberal, se propagó con la ayuda de la seducción de los objetos y servicios siempre nuevos, siempre disponibles. El “american way of life” como la expresión más completa y brillante de la sociedad de consumo se propuso y logró convertirse en modelo ideal de vida, porque mostraba el único destino deseable y posible de progreso. El consumo constantemente ampliado, estéticamente renovado, flexible y personalizado, prometía la autorrealización plena y el goce sin fin, con lo cual desaparecía la utopía. El consumo se constituyó en el sueño realizable de inmediato, ya no fue necesario proyectar un futuro porque el presente en constante renovación permitía vivir todas las vidas posibles. El placer del consumo fue promovido como un espacio de autonomía frente a las regulaciones o determinaciones racionalizantes de los sistemas sociales.

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Trayendo lo extraordinario a la vida cotidiana escenificaba el carpe diem, al mismo tiempo que se daba sustancia identificatoria a los segmentos sociales que se centraban en estilos de vida, la diversidad parecía expresarse con un folklórico y alegre colorido. En la cultura de consumo, no solamente todo se consume sino que justamente la diversidad y la innovación aseguran la reproducción constante del goce y de la ensoñación que lo sustentan. La cultura de consumo muestra el mundo como una fiesta (a la que no todas ni todos están invitados), con exigente alegría, donde la felicidad es obligatoria y la suma de los pequeños goces personales dan como resultado el bien social. No hay leyes, sólo una, que es la máxima: “ser positivamente feliz” es el único logro aceptable del habitante del cosmopolita mundo global. Pero terminando el siglo XX, la felicidad social que prometió el consumo pareciera no haberse cumplido ni para quienes viven el internacional estilo de vida hedonista del consumo conspicuo, ni para quienes están excluidos de los beneficios básicos de saneamiento, salud, educación y alimentación, que el estado actual de la tecno-ciencia hace posibles. Para los primeros, las mieles del consumo han traído amarguras ocultas en su belleza. El hedonismo narcisista ha dado lugar a sociedades competitivas, con carencias de afectividad y cercanía humana genuinas, la mercantilización de las relaciones humanas alcanza hasta la compra de compañía, el encuentro es un consumo más. El riesgo se ha hecho presente como acompañante del bienestar que produce la intervención industrial de todos los sistemas naturales, por ejemplo vacas locas; la libertad del goce total encontró limitaciones como las epidemias de sida y otras; las sociedades avanzadas no logran sostener una producción creciente con su propia mano de obra,

lo que da lugar a una inmigración en condiciones explosivamente injustas; y finalmente, las consecuencias ambientales del modelo industrial ya no son exportables. Un cambio está ocurriendo, los consumidores de las sociedades avanzadas opulentas están dejando de ser nihilistas hedonistas del presente, para ser preocupados individuos postmaterialistas. Para los segundos, los habitantes pobres del mundo, los excluidos El hedonismo del modelo narcisista ha dado “moderno” de lugar a sociedades consumo, el imaginario que competitivas, les propone la con carencias cultura genera de afectividad y aspiraciones que se abren paso en cercanía humana genuinas, la contra de la vida real. Las esferas mercantilización de prioridad de las relaciones humana son humanas alcanza profundamente hasta la compra desviadas por de compañía, el una cultura del consumo encuentro es un que presenta consumo más. satisfactores que se imponen de tal manera, que prevalecen (favorecidos muchas veces por comunicación engañosa) sobre las necesidades vitales. Los habitantes pobres del mundo sufren las consecuencias más graves de los daños ambientales debido a un consumo explosivo al que no tienen acceso. Además, los sistemas de autoconsumo característicos de los pobres, que compensaban en parte las inequidades, han sido arrasados por las consecuencias de la depredación ambiental industrial o por la sustitución de costumbres y modos de vida, por otros que propone la cultura de consumo mediática. Para unos y otros, para todos, es evidente que es necesario cuestionar la dirección civilizatoria de nuestra cultura del consumo actual. Y esta

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indispensable reflexión nos conduce sin duda a una propuesta y un debate ético. Las tendencias del consumo impiden el desarrollo humano, la sostenibilidad, entendida como equidad para la convivencia social y ambiental de la humanidad en su conjunto, es simplemente el imperativo de la supervivencia. Responsabilidad por el futuro y cuidado, compasión y solidaridad del presente, son algunas líneas imprescindibles. Algunas utopías proponen vías para la construcción de alternativas: Socialismo del siglo XXI, como fusión ecléctica de propuestas humanistas de justicia social; Ecosocialismo, redefinición de la vía de producción socialista en un marco de referencia ecológico; Ecofeminismo, recuperación del principio femenino y sus saberes para trascender los cimientos patriarcales del mal desarrollo y transformarlos; sumak kawsay, suma qamaña, buen vivir, la sociedad buena para todas y todos en suficiente armonía interna y con la Pacha Mama, propone la incorporación de la naturaleza como parte inherente del ser social, como camino para ir más allá del desarrollo. Todas las propuestas coinciden en la importancia de una ética radical y humanista que tenga en el centro de su filosofía el cuidado de la vida y como objetivo su sostenibilidad.

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NOTAS * Universidad Central de Venezuela, Caracas, Venezuela. Email: albacarosio@gmail.com

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artículos

Tradición y modernidad: nuevo encuentro para la construcción de sociedades sustentables Lucia Helena de Oliveira Cunha Resumen: Este artículo tiene como preocupación centrarse en las posibilidades de conjunción y/o disjunción entre la tradición y la modernidad en sus expresiones temporales y sociales. Reflexiona en particular sobre la posibilidad de intercambio entre la tradición y la modernidad como términos que, al mismo tiempo, son antagónicos y complementarios y dotados de historicidad, en la construcción de un nuevo proyecto de civilización sustentable que tenga en cuenta el lugar de la tradición en la modernidad – aunque actualizada - en cuya relación lo inédito, pueda expresarse en nuevas síntesis históricas. Palabras clave: tradición y modernidad, orden y desorden, tiempo y espacio, diálogo entre tiempos y el conocimiento. Tradição e modernidade: novo encontro para a construção de sociedades sustentáveis Resumo: O presente artigo tem como preocupação focalizar as possibilidades de conjunção (e disjunção) entre tradição e modernidade em suas formas temporais e expressões societárias. Propõe refletir sobre um reencontro entre tradição e modernidade como termos que, ao só tempo, se antagonizam e se complementam dotados de historicidade, na construção de um novo projeto civilizatório em bases sustentáveis que leve em conta o lugar da tradição na modernidade – ainda que atualizado – em cuja relação o inédito possa se expressar em novas sínteses históricas. O presente artigo tem como preocupação focalizar as possibilidades de conjunção (e disjunção) entre tradição e modernidade em suas formas temporais e expressões societárias. Propõe refletir sobre um reencontro entre tradição e modernidade como termos que, ao só tempo, se antagonizam e se complementam dotados de historicidade, na construção de um novo projeto civilizatório em bases sustentáveis que leve em conta o lugar da tradição na modernidade – ainda que atualizado – em cuja relação o inédito possa se expressar em novas sínteses históricas.. Palavras-chave: tradição e modernidade, ordens e desordens, tempo e espaço, diálogo entre tempos e saberes. Tradition and modernity: a new encounter for constructing sustainable societies Abstract: This article focuses on the possibilities of connection and (dis) connection between tradition and modernity in their different forms, in its temporal and social expressions. It discusses the confluence of the terminologies of tradition and modernity whereby, at the same time, they antagonize and complement each other as they are endowed of historical meaning for the erection of a new project of sustainable civilization, where tradition is found within modernity. In this relationship, the meaning of tradition is modernized, hence able to generate new historical synthesis in confrontation date - in which the unprecedented relationship can be expressed in new historical summaries. Keywords: ltradition and modernity, order and disorder, time and space, dialogue between time and knowledge. Recibido: 06.05.2010 Aceptado: 29.05.2010

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Tradição e modernidade: novo encontro para a construção de sociedades sustentáveis Lúcia Helena de Oliveira Cunha*

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Preâmbulo Em face da complexidade de pensar a conexão (ou desconexão) entre tradição e modernidade, em seus variados sentidos, impõe-se observar que existem distintas perspectivas que mostram que tais termos não podem ser vistos de modo abstrato e homogêneo, destituídos de conteúdo e significado. Ambos os termos recobrem vasto campo de significações e contemplam um espectro amplo de possibilidades, o que exigiria, a rigor, definir cada um dos termos no plural - em suas faces ambivalentes e múltiplas: há tradições e tradições, assim como há distintas formas de ser moderno, do que é instituído como tal, dependendo do olhar. Recorrendo ao sentido etimológico da palavra, Bornheim aponta que tradição evoca o ato de “entregar”, de “passar” de geração a geração o patrimônio cultural construído e reconstruído pela humanidade ao longo da história. Ao se constituir como algo que “passa”, que “entrega”, implica a passagem de um tempo para outro - o elo entre passado, presente (e futuro). Nesses termos, convém observar que “entregar”, “passar”, significam transitar, suscitando a ideia de movimento presente na tradição, ainda que num ritmo próprio e que esse trânsito se realize através de mediações culturais - num tempo que demarca a passagem entre os tempos. Dessa maneira, o passado, em alguma medida, sempre participa do presente, constituindo-nos, e, neste sentido esses tempos não se configuram opostos, clivados (Cunha, 2002).

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Dentro da linha proposta neste artigo, isso implica, necessariamente, não só admitir a conexão entre distintas temporalidades, como proceder a uma redefinição do termo tradição tal como geralmente é concebido – em sentido fixista – como se passado fosse desprovido de extensão, profundidade e movimento. E mais: como se a tradição não envolvesse desordens, tensões, incompatibilidades, vista sempre em estado de equilíbrio perene; homogeneamente como universo fechado (Balandier 1997). Referindo-se ao fato de que as sociedades tradicionais não são unanimistas, dotadas de consenso e pouco afetadas pela entropia, Balandier assinala já em seus escritos das décadas de 60 e 70, que a contestação emerge nesses sistemas sociais, mesmo quando o mito se impõe como lei. Isso sugere que, há sempre no interior das sociedades tradicionais espaço e abertura para inovações, produzidas por incompatibilidades - pela lógica do conflito, de contranormas, transgressões e da contestação. De qualquer modo, trata-se de considerar a pluralidade de sentidos implicados na noção de tradição, à medida de seu conteúdo geralmente impreciso, e também em função de não se configurar univocamente nas dinâmicas sociais. Segundo Balandier (1969), é preciso, a rigor, diferenciar as diversas manifestações do tradicionalismo: há o tradicionalismo fundamental “que tenta assegurar a salvaguarda dos valores das organizações sociais e culturais mais garantidos pelo passado” (a permanência do sistema de castas e sua ideologia entre os hindus) consiste em exemplo desse tipo de tradicionalismo; há o tradicionalismo formal que, coexistindo geralmente com o tipo anterior, mantém instituições sociais ou “quadros sociais ou culturais”, porém com conteúdos, funções e finalidades modificados; e há, também, como desdobramento da figura precedente, o que o autor chama de tradicionalismo

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de resistência, que implica reações de recusa e/ou oposição em relação a uma ordem nova em formação; neste caso, o autor se refere “às tradições modificadas ou ressuscitadas (que) abrigam as manifestações de oposição e as iniciativas que colimam romper os laços de dependência” como forma de imprimir sentido às realidades novas, “ou de exprimir uma reivindicação marcando a dissidência em relação aos responsáveis modernos”[1]. Tais exemplos vêm indicar as distintas possibilidades de a tradição se pôr na história, cujo significado (ou ressignificado), depende do contexto em que se insere, dentro do próprio marco da modernidade.

Acepções da Modernidade

Tradição

e

da

De outro ângulo, convém observar no âmbito dessa discussão que, de origem latina, a palavra moderno (modernus), derivada de modo (ablativo de modus) significa “medido”, o que acaba de acontecer ou o que aconteceu há pouco, conforme observa Nestrowski (1992:64-65): “Moderno, um termo que para nós indica o presente absoluto, uma espécie de presente na segunda potência, ou o presente como futuro de si, é o termo para o que passou o que acabou de acontecer. E esta contradição não se limita a etimologia; também na estética, o moderno implica em desdobramentos entre o presente e o passado”. Portanto, estendendo esta dualidade para os distintos domínios, o moderno se impõe como o imediato, o acontecido, numa relação paradoxal com o tempo: embora, muitas vezes, busque um corte absoluto com o passado, num apagamento da distância temporal e espacial, o moderno traz o passado no seu próprio tempo. Ou, em outros termos, reporta-se a um presente que

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também é seu passado - ao que acabou de acontecer. Entretanto, o que prevalece no significado de ser moderno é não só um estilo de vida próprio (mais “avançado” do que todos os outros), mas uma noção temporal que lhe é identitária marcada pelo ritmo do relógio -, numa busca incessante do novo em todos os domínios sociais, tanto na poesia como na tecnologia. Dessa perspectiva, sugere Nestrowski (1992:65), a fixação do presente no imediato evoca “uma correlação entre a vontade da presença e combate à tradição”, como se o novo caminhasse sempre à frente do velho. Saliente-se que o paradoxo contido no termo moderno se presencia não só porque este termo sugere, imaginariamente, a superação do passado - num desvincilhamento contínuo das “amarras da tradição”: mas porque a evocação incessante do novo, do mais, do melhor, pode representar, também, a supressão do futuro - o fim da história; uma vez que o presente encerra em si a novidade, a modernidade emerge como transcendendo tanto o passado como o futuro; ou, no máximo, o futuro passa a ser mero prolongamento do presente. Como assinala Castoriadis (1992:15): “um período chamado moderno só pode pensar que a história atingiu o seu fim, e que os humanos viverão daí em diante, num presente perpétuo...”. Nessa perspectiva, para o autor, o termo moderno (ou a proclamação “nós somos modernos”) traz consigo um profundo autocentrismo (ou egocentrismo) “porque elimina toda forma de desenvolvimento ulterior, só tendo sentido na hipótese absurda pela qual o período assim proclamado, contradiz as pretensões explícitas da modernidade” (ibidem). A questão que se coloca é que, se essas pretensões da modernidade supõem abertura indefinida para o futuro, como observa esse autor, em que

medida é possível pensar (ou repensar) essa abertura voltada também para o passado, num olhar sábio (e simultâneo) para frente e para trás? Ou, até que o ponto é possível pensar numa linha de rotação do tempo que envolve o atrás, sem ir para trás? No livro Tudo que é Sólido Desmancha no Ar - expressões que condensam uma crítica metafórica às relações sociais modernas, e do ritmo aí vigorante, onde tudo se moderniza e torna-se volátil -, Berman observa que no início do século 20 - época do isto ou aquilo - é que as polarizações em torno dos termos tradição e modernidade se consagram: quando, por exemplo, no período que antecede a I Guerra Mundial, futuristas italianos, extasiados pela modernidade a vêem como expressão da liberdade, enquanto a tradição é vista como sinônimo de aprisionamento, de escravidão. Segundo o autor, “aí não há ambigüidades: tradição - todas as tradições da humanidade atiradas no mesmo saco - se iguala simplesmente a dócil escravidão, e modernidade se iguala a liberdade; caminhos unilateralmente fechados”. De outro modo, tanto quanto a tradição, para Berman a modernidade é também percebida através de rígidas polarizações achatadas: “ou é vista como um entusiasmo cego e acrítico ou é condenada numa atitude de distanciamento e indiferença neoolímpica”. Para ele, conquanto a modernidade se produza num ritmo acelerado, em que o tempo é fugidio e fugaz, os pensadores e escritores do século 19 (como Marx, Baudelaire, Rimbaud, Nietzsche), simultaneamente inimigos e entusiastas da vida moderna, conseguiram perceber - numa expressão de ampla imaginação criativa - as ambivalências contidas em seus dilemas internos, configurados numa unidade paradoxal: a modernidade é vista como contendo, simultaneamente, elementos de aprisionamento e de emancipação. Assim, segundo Berman, numa redução

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No livro Culturas Híbridas, Canclini chama a atenção sobre a acentuada preocupação, na contemporaneidade, com a restauração das tradições – em particular a partir das últimas décadas do Transpondo o raciocínio deste autor século 20 – quer nos estudos e práticas para a questão aqui posta, em vez de de resgate da memória social, quer nos “Tradição e Modernidade”, tem-se movimentos artísticos e literários, quer nas visões correntes “Tradição versus na produção e circulação da chamada Modernidade” como termos não- cultura de massa. Ao mesmo tempo cambiáveis. As tradições (inclusive as este autor formula uma ideia bastante da própria vida moderna) são vistas sugestiva, nos marcos da temática como coisas passadas, aqui abordada, sobre a fazem parte de um tempo hibridação dos tempos pretérito, em oposição à e culturas, conectando pensar as modernidade, cujo olhar tradição e modernidade está sempre projetado no diferentes formas em arranjos próprios. presente (ou no futuro), da história em como tempos contínuos. Nessa mesma direção, movimento, Nesses termos, perguntaparece caminhar se: Qual o lugar da Einsenstadth - ainda que pois tal como tradição na modernidade? numa outra abordagem as sociedades A pertinência dessa teórico-metodológica -, modernas, as questão se coloca - não com a preocupação de sociedades da obstante o ritmo acelerado captar as conexões entre dos tempos modernos -, tradição não são tradição e modernidade, tomando-se em conta as estacionárias, nem tomando estes dois proposições dos autores termos em sentido imutáveis citados, especialmente as plural e opondo-se às de Balandier, quando diz: perspectivas que os “as sociedades dispõem vêem dicotomicamente, de lugares em que os assentadas em uma elementos do passado se visão unidimensional da encontram guardados como reserva história. Para ele, é necessário apreender da história, particularmente no imo o tradicional e o moderno em sua do inconsciente e do imaginário diversidade e dinamicidade, o que sociais” (1976:209). O autor se refere significa pensar as diferentes formas da tanto a movimentos na Europa e na história em movimento, pois tal como América que se apresentam como as sociedades modernas, as sociedades contramodernidade, de rejeição à da tradição não são estacionárias, nem atual ordem industrial, tomando por imutáveis. Além disso, é fundamental referência elementos da tradição, quanto considerar que os processos de mudança às dinâmicas próprias das sociedades não caminham em uma única direção, ditas tradicionais, onde o passado é contemplando um leque aberto e continuamente reposto em suas práticas variado de possibilidades, o que enseja sociais, com base em estoques culturais diferentes combinações de tradição e distintos - e até disparatados -, num modernidade no tempo. trabalho de bricolage, como se a história fosse tecida de malhas múltiplas. Resta Considerando a amplitude conceitual saber como isso se processa, e em que de tradição e modernidade em seus condições e situações, já que são imensas múltiplos sentidos – concretos e as possibilidades de combinação entre imaginários -, optou-se, nos limites passado e presente na história. deste estudo, menos em definir cada um do espectro imaginativo, “visões abertas da vida moderna foram suplantadas por visões fechadas. Isto e Aquilo foram substituídos por Isto ou Aquilo”.

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dos termos como monolitos fechados -, mesmo porque não há acertos sobre o seu significado -, mas em percebêlos em suas ambivalências ou em relação de conjunção e/ou disjunção, conforme sugere Octávio Paz. Nessa direção, considera-se que a idéia da modernidade pressupõe a da tradição, ainda que em várias combinações e arranjos históricos, pois aquilo que se denomina de novo (moderno) só se define em relação de oposição ao que é atribuído como sendo velho (tradição), com todas as significações reais e fantasmagóricas imprimidas a cada um dos termos, em cada época e lugar. Como observa Bornheim (1987:15) “é fácil perceber que existe uma atração recíproca entre conceitos como continuidade e descontinuidade, estaticidade e dinamicidade, tradição e ruptura. Realmente, tudo acontece como se um dos termos não pudesse ser sem o outro. Atração, portanto; mas também repulsa mútua já que cada termo só se afirma na medida de seu oposto...”.

Apesar de esse autor perceber, por vezes, a tradição como “impertubavelmente ela mesma” à medida que afasta qualquer possibilidade de ruptura portanto, ausente de movimento, estando condenada a estagnação da morte -, ele fornece elementos significativos para pensar tradição e modernidade como termos que se pertencem, ainda que numa unidade conflituada, num jogo de combinação múltipla e complexa. Contudo, é preciso considerar que, embora conectados, tradição e modernidade não podem ser vistos como espelho invertido um do outro. O que se quer realçar é que não há, de um lado, a estática e de outro a dinâmica, ambos correspondendo à ordem e à desordem respectivamente, como se o conflito fosse condutor das mudanças e a estabilidade, reguladora das tradições. Em verdade, a tradição se repõe na modernidade em suas diversas formas, como presença e como ausência, como ser e não-ser, já que

elementos do passado permanecem e se atualizam no presente. O que importa marcar, aqui, é que tanto a tradição como a modernidade devem ser vistas como inscritos na história – em movimento. Denota-se, pois, que a multiplicidade de sentidos que tradição e modernidade abarcam, referem-se não só aos significados distintos conferidos a cada um dos termos, mas, como se viu, a uma noção temporal a eles imputada, própria do ocidente, fundada numa perspectiva unilinear. Nesse sentido, os dois termos se inscrevem em antinomias duais (antes x depois, passado x presente, velho x novo), com qualificativos negativos ou positivos, dependendo do contexto do tempo e lugar. Embora nem sempre seja positivado como expressão de uma “autoconsciência satisfeita”, o termo moderno em oposição à tradição designa em seu uso habitual, o atual, o inovador, o avançado, o melhor, o mais . Em verdade, como aponta Giddens (1991), tanto a dinâmica da tradição quanto a dinâmica da modernidade constituem processos de dois gumes: com características distintas e radicalmente opostas – ambos carregam respectivamente as oposições “segurança versus perigo” ou “confiança versus risco” - expressando em níveis próprios dois lados concomitantes: o lado iluminado e o lado sombrio de cada tempo, ainda que cada tempo seja dotado de historicidade própria. Nesses termos, devem-se levar em conta que, “as culturas humanas não são entidades que atingiram sua perfeição; cada uma delas comporta as suas insuficiências, as suas cegueiras, as suas carências específicas e as suas qualidades no que respeita ao desabrochar da existência de seus membros” (Morin, 1984: 90).

Para uma melhor compreensão destas asserções há que se reportar aos conceitos

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de ordem e desordem que, postos no movimento da história, se conectam de forma própria em cada contexto, tanto na tradição como na modernidade. E mais: permite-nos superar o olhar reificado, idílico decorrente do mito do bom selvagem, em relação à tradição, na medida em que a desordem também lhe é imanente, ainda que com significados distintos com respeito a sua manifestação na modernidade. Embora o paradigma da ordem na explicação dos fenômenos naturais e culturais tenha vigorado desde a antiguidade clássica até a modernidade – quer no pensamento filosófico, quer no pensamento das ciências da natureza, quer no pensamento das ciências do homem –, a desordem constitui uma categoria que ligada à ordem permite uma compreensão mais ampla ou radicalmente distinta dos sistemas sociais e ambientais.

Ordens e Desordens Para o antropólogo Georges Balandier, ordem e desordem devem ser vistas como constituintes do movimento do real, invalidando, portanto, a idéia de harmonia prevalecente nas configurações paradigmáticas dominantes, principalmente nos séculos 18, 19 e 20 e, início deste milênio, tanto nos sistemas naturais como nos sistemas sociais. Diz esse autor que “a criação se nutre da desordem, o aleatório (as perturbações) faz parte da organização, a desordem se inscreve naquilo que se define como ordem...” (Balandier, 1997:84). Não obstante o clima de ebulição e de turbulências que marcaram o contexto histórico de surgimento da sociologia – com a industrialização em pleno movimento no século 19 –, nem sempre as tradições do pensamento sociológico refletem a desordem social inscrita naquele momento, como constitutiva do real; mesmo que a sociologia

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clássica tenha se preocupado com as crises sociais que marcaram de modo vívido este período histórico, algumas correntes concebem a sociedade com base nas analogias ao modelo da natureza – visto com o olhar do cientista natural do século das Luzes – numa transposição mecânica ao mundo social percebido homogeneamente. Convém salientar que os fundadores da Sociologia, tal como postulam as ciências da natureza no Iluminismo, têm como preocupação em estabelecer as permanências, as leis reguladoras da vida social, em sentido fixista e determinista. E mais: tais leis naturais, seguindo a metáfora de um organismo vivo, são articuladoras de aspectos sociais, traçando-se, assim, as leis sociais com base nas leis naturais, na busca de unidade da ciência. Interessante observar que, embora a ciências sociais, em momento posterior, viessem a adquirir um estatuto epistemológico e metodológico próprio, com base na especificidade do ser humano, Santos (1998:19) aponta que, entretanto, tal ocorre a partir de “uma distinção polar [do homem] em relação à natureza”, como dela o homem se desprendesse, num corte abrupto, concebendo-a em sentido homogêneo e mecanicista. Isso conduz a uma visão de dualidade entre sociedade e natureza, em relação de oposição excludente. Considerando que ordem e desordem traçam e retraçam o movimento histórico, é preciso repensar o olhar presente no pensamento moderno, particularmente quando projetado às sociedades da tradição, destituindoas de sentido de história. Como se estivessem estancadas no tempo, desconsidera-se que tais sociedades são regidas por ritmos temporais próprios, ainda que em conexão com outras formas de temporalidade.

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Para Balandier (1996), além de a concepção ocidental não admitir a idéia de movimento e desordem regendo as sociedades da tradição, a elas é negado qualquer possibilidade do novo, qualquer possibilidade para o renascer, como se não pudessem desprender-se do que foi – do que existiu. Por isso, elas se inscrevem no presente apenas como prolongamento do passado, ou como mera metáfora desse momento que já passou. É nesses termos que o outro ora aparece negativizado como pertencente a estádios evolutivos ultrapassados pela história, ora positivizado como portador de uma vida harmônica desprovida de desordens. Convém observar que, para o autor em foco, essas visões se presenciam, muitas vezes, no próprio interior do pensamento antropológico, cujo olhar tem sido voltado para as chamadas sociedades da tradição: inicialmente, preso às amarras da ideologia do progresso, “os primitivos” são vistos, no bojo do pensamento evolucionista, como mera reminiscência atemporal do passado - racionalidade morta. Quando eles não são percebidos como sobrevivência de um tempo remoto na tentativa de apreendê-los em seus próprios termos -, tais povos acabam, muitas vezes, sendo apartados da história, vistos apenas em seu perpétuo presente etnográfico. O antropólogo Roberto Cardoso de Oliveira percorre em seus estudos as principais escolas do pensamento antropológico e os paradigmas que as sustentam na perspectiva de focalizar seus postulados básicos e linhas interpretativas[3]. Sem levar em conta as considerações epistemológicas tecidas por esse autor aos paradigmas de base antropológica, entende-se que, a partir da concepção de tempo variável no interior dessas distintas escolas – algumas das quais configuradoras de uma perspectiva caracteristicamente atemporal – é

que, de algum modo as categorias ordem e desordem manifestam-se na Antropologia. Pois conferir historicidade à vida social, em sentido largo, é pensar no dinamismo da vida social e, portanto, nos ruídos e nas perturbações que as envolvem. Infere-se do pensamento de Cardoso de Oliveira (1988:92-103) que é em função do lugar em que o tempo insere-se nas escolas antropológicas que tais categorias – ordens e desordens – aparecem em uma e outra, sendo que, a rigor, o paradigma da ordem perpassa as diversas tradições antropológicas, ainda que multifacetado, principalmente nas primeiras décadas do século 20 (ou talvez até meados desse século): por exemplo, enquanto o chamado paradigma racionalista “passa relativamente incólume pela ameaça de ser perturbado pelo tempo, praticamente ignorado enquanto tempo histórico”, o paradigma estruturalfuncionalista conduz “a exclusão da história do horizonte da disciplina”, com vista a estabelecer essencialmente leis de interdependências funcionais. Nesses termos, a preocupação com a organização social, como o estabelecimento de regularidades e padrões culturais seja na busca de traçar leis universais do funcionamento das sociedades, seja para formular leis culturais, aparece claramente informada pela categoria da ordem. Para Cardoso de Oliveira (1988:93), tal a força dessa categoria no universo da disciplina que não apenas orienta o discurso das diferentes ‘escolas’ [...] o que constituiria a bem dizer o impensado da disciplina, como ainda manifesta-se no centro de sua problemática, largamente explícita em todos os índices ou sumários de quantos ensaios e monografias que a antropologia conheceu em sua história.

Percebe-se, assim, como o paradigma da ordem vige no pensamento sociológico e antropológico de forma preponderante até o século passado,

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com desdobramentos ainda neste novo milênio, seja em relação a tradição, seja em relação a modernidade, em que pesem as perspectivas dinamistas que se sucederam na história e que se presenciam na contemporaneidade. Se a desordem é o fio condutor da história, há que se distinguir como bem o faz Balandier (1997) as desordens criadoras e as desordens destruidoras[4] – estas parecem já alcançar expressão na modernidade que se funda, em sua lógica dominante, na sociedade do desperdício e na cultura do extermínio. Sabe-se que a crise da modernidade já se conforma no que pode-se designar como sociedade de risco, na perspectiva de Beck (2001), em várias dimensões sociais, econômicas, culturais, políticas e ambientais. De qualquer modo, ainda que de maneira perversa em sua lógica dominante, a modernidade se impõe nas comunidades tradicionais com múltiplas facetas, o que não permite pensar sua dinâmica homogênea e univocamente – como monolito fechado – mas em suas brechas históricas. Essa perspectiva complexa requer, portanto, a multidimensionalidade, no qual o todo não se define por sua completude fechada, mas por suas fissuras, contradições, rachaduras ou por suas insuficiências e carências. A vida é movimento; o todo é movimento, abertura. Cabe observar ainda que, às vezes, numa confusão conceitual, modernidade, modernismo e modernização (capitalista) são tomados como equivalentes, sem se perceber que há entre eles diferenciações, assim como no interior de cada um, há um campo diferencial, não constituindo um bloco homogêneo. Ademais, nem sempre há um consenso sobre a que período histórico o moderno pertence, sujeito às mais variadas delimitações quanto à sua gênese. Sem pretensão de recobrir séculos e séculos que permeiam esse

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período histórico, sabe-se, entretanto, que o moderno atravessa várias fases históricas, com distintas significações em cada contexto, abrangendo a Renascença, a Reforma e o Iluminismo, como marcos históricos significativos até o presente, ainda que com configuração distinta na contemporaneidade.

Fim da Modernidade? Conexão e oposição entre tradição e modernidade Hoje, aliás, a modernidade é vista, muitas vezes, como exaurida em suas possibilidades de realização histórica, como se tivesse esgotado, chegado ao fim - cedendo lugar ao que se chama de “pós-moderno”[5]. Entretanto, outros autores preferem designar o momento da modernidade em sua contemporaneidade, guiada por um conjunto de elementos sociais, culturais, econômicos e ambientais bastantes próprios, como, por exemplo, “alta-modernidade” (Giddens, 1991) ou “supermodernidade”, na visão de Marc Augé (1992), porém como desdobramento da própria modernidade. Convém salientar que não há dúvida que a modernidade está em crise – pelo menos a chamada modernidade iluminista – mas não se assume aqui a perspectiva de que ela já se tenha sido esgotada como se fosse um projeto acabado. Abstraindo-se tais questões - com várias implicações e desdobramentos -, é preciso ter-se em mente, de todo modo, que, à medida que são temporalidades que se cruzam, isto requer o pensar em uma noção transversal da história, onde tradição e modernidade se combinam e se interpenetram como termos contrários e complementares, ainda que de modo descontínuo. E de modo multifacetado – híbrido. A antropóloga Lia Zanota Machado [6], com a preocupação de buscar articulações de sentido entre valores

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culturais diversos, ou entre “ethos social penetram virtualmente em toda a culturais de alteridade”, aponta para superfície da terra” (1991:15-16). uma perspectiva bastante fértil na abordagem dessa questão assentada Nessa perspectiva, tempo e espaço, na no que G. Marcus (1990) denomina forma como são vividos e representados de ciência social modernista. Para eles, em contextos socioculturais distintos, segundo a autora, entre passado e são categorias chaves para apreender presente, tradição e modernidade, não tanto as diferenciações entre o moderno há ruptura nem compartimentação[7]. e o tradicional, como suas conexões e Isso implica, necessariamente, repensar especificidades. a concepção temporal dominante, na qual, muitas vezes, a razão científica Prosseguindo seu raciocínio, Giddens se assenta - passado, presente e futuro (1994) assinala que a descontinuidade aí se relacionam de modo retilíneo: a da modernidade em relação às tradição é situada como ponto inicial e culturas “pré-modernas” está no fato a modernidade, ou o desenvolvimento, de que enquanto o dinamismo da como ponto terminal (num processo, modernidade se pauta na separação entretanto, sem cessar); do tempo e espaço e sua entre os dois pontos, recombinação em novos parece haver apenas “um noção transversal arranjos “que permitem tempo que medeia”, o “zoneamento” tempo da história, como o faz sugerir Duarte onde tradição e - espacial preciso da vida (1986:8). (Giddens, 1994:25modernidade se social” 26), as sociedades da combinam e se tradição, embora de A oposição da interpenetram modernidade em maneira imprecisa relação à tradição se e variável, sempre como termos pronuncia, todavia, entrelaçaram tempo e contrários e não só nas pretensões complementares, lugar como dimensões da modernidade deixar íntimas da vida social, ainda que tudo para trás, mas em nas quais “quando era de modo face de um conjunto quase universalmente descontínuo. de características conectado com o que demarcam suas aonde”, ou identificado E de modo descontinuidades, multifacetado – por ocorrências naturais conforme indica Giddens regulares. híbrido (1991). Dentre elas destacam-se, aqui, duas: a Para esse autor, a primeira, “é o ritmo de mudança nítido invenção do relógio mecânico no que a era da modernidade põe em século 18 e sua difusão produziram movimento; as civilizações tradicionais uma quase separação ou uma ruptura podem ter sido consideravelmente entre tempo e espaço, “pois o relógio mais dinâmicas que outros sistemas pré- expressava uma dimensão uniforme modernos, mas a rapidez da mudança de tempo vazio quantificado de uma em condições de modernidade é maneira que permitisse a designação extrema. Se isso é talvez mais óbvio precisa de ‘zonas de dia’ (a jornada de no que toca à tecnologia, permeia trabalho, por exemplo)” (1994:25); também todas as esferas” (1991:15); a assim, a mensuração do tempo e segunda clivagem que o autor aponta sua padronização correspondem diz respeito ao escopo da mudança que à uniformidade da organização se situa em escala mundial, “conforme social do espaço. Segundo Giddens, diferentes áreas do globo são postas em “o esvaziamento do tempo é em interconexão, ondas de transformação grande parte a pré-condição para

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o esvaziamento do espaço e tem prioridade causal sobre ele, pois a coordenação através do tempo é a base do controle do espaço” (1994:25). Assim, enquanto nas sociedades “pré-modernas” espaço e tempo são dimensões que coexistem dominadas pela presença em atividades localizadas, o surgimento da modernidade separa o espaço do tempo produzindo relação entre outros ausentes, localmente distantes das relações face a face. Nesse sentido, conforme Giddens (1991:27) “em condições de modernidade, o lugar se torna cada vez mais fantasmagórico: i.e, os locais são completamente penetrados e moldados em termos de influências sociais bem distantes deles - o que estrutura o local não é o que está presente na cena; a forma visível do local oculta às relações distanciadas que determinam sua natureza”.

Questionando a noção temporal dominante no pensamento ocidental, o poeta e escritor Octávio Paz tem dado contribuições significativas para o repensar sobre o sentido do tempo na história. Este autor coloca em questão a relação entre passado, presente e futuro - tal como é postulada no imaginário moderno - de modo sucessivo, cronológico e linear. Além de admitir outras temporalidades com significações e sentidos distintos nas chamadas “sociedades da tradição” - nas quais o tempo parece se configurar de modo cíclico ou circular -, Paz (1986) destaca o fato de a modernidade tender a negar o passado e a desprestigiar o presente, se projetando sempre no futuro: não se sabe exatamente para onde só se sabe que onde está no futuro.

o fato de que a “colonização do futuro” é a proposta vitoriosa do tempo da modernidade - a supervalorização do futuro em detrimento do presente e do passado. Contudo, Paz coloca em realce a necessidade de se pensar numa convergência dos tempos, estabelecendo a “poética do agora”, na qual se inscrevem, a um só tempo, passado e futuro: assim, ambos os tempos são constitutivos do presente. “[...] dentro da poética do agora de Paz começa a haver lugar para uma concepção de passado que não estaria marcada pela ruptura do presente, e para uma concepção de futuro sem supervalorização da utopia. Não indo nem para o passado nem escapando para o futuro, fincando pé no agora, por aí vemos de que maneira sub-reptícia o passado e a tradição começam a entrar na construção do presente, (colocandose assim) o novo papel da tradição” (Santiago, 1987:119)[8].

Congregando as três dimensões do tempo - em relação de coetaneidade -, essa perspectiva, segundo Santiago (1987), permite colocar em questão, no domínio das artes, a chamada estética do make - it - new, que renega ou ironiza os valores do passado, pondose, de alguma maneira, sempre à sua frente, em posição de vanguarda. Em plano distinto, esse autor estabelece uma crítica tanto às tendências que propõem a destruição do passado como as que preconizam sua recuperação se não através do Kisch – forma, obviamente, rebaixada e distorcida do valor da tradição -, através da ironia ou da paródia; ou, ainda, mediante salvaguardas que congelam o passado, como se este não tivesse nenhum nexo com o presente.

a uma análise do discurso Coetaneidade entre os tempos e Procedendo da tradição no modernismo, Santiago o discurso articulador reconhece a importância da “estética Assentado nas formulações de Paz, particularmente em Os filhos do Barro, o autor Silviano Santiago assinala esta mesma idéia, chamando a atenção para

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da paródia”, originada no Brasil na década de 20, seja por representar uma superação do passadismo - que cultiva o passado em si mesmo -, seja por recriar

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a tradição em outros termos, dotando-a de novos significados; a originalidade desse movimento, a seu ver, apresentase pelo fato de que, mesmo vinculados à “estética da ruptura” (e da analogia), a tradição aparece entre os modernistas - ainda que com conteúdos invertidos - situada entre o futuro e o passado[9]. Entretanto, no momento atual em que o futuro é desvalorizado, Santiago coloca em questão a “estética da paródia” (ou da ruptura) à medida que esta se reduziu de seu ponto de vista, a mero ritual, cerimônia, ou a recurso técnico de acesso à poesia. De qualquer modo, reportando-se a T. S. Eliot, esse autor observa que a verdadeira tradição está provida de sentido histórico: “o sentido histórico envolve uma percepção não só da condição passada, do passado, mas também de sua contemporaneidade” (Eliot, apud Santiago, 1987:121). Nessa perspectiva, parece inscreverse o pensamento de Machado (1990), introduzindo elementos bastante interessantes para o repensar sobre a conexão tradição e modernidade. Diz a autora que a “a diversidade cultural, como alteridade do ethos moderno, pode ser pensada como com ela coexistindo [...]” (Machado, 1990:7). Para ela, a novidade nos “modernos” movimentos sociais indígenas, ecológicos e feministas, desde os anos de 1970, é propugnar o reconhecimento das diferenças, algo que se faz presente na linguagem política contemporânea, ainda que encompassando várias ordens de preocupações e interesses. Assim observa: “Hoje, na predominância deste novo horizonte cultural que postula as diferenças, podemos ensaiar uma nova perspectiva de pensar (interpretar) as diferentes formas de articulação entre, por um lado, o processo de modernização social e econômico e a expansão da modernização cultural; e, por outro, os processos sociais de

persistência de identidades tradicionais que buscam a conservação de modelos culturais com ethos “holistas” contrários ou diferentes dos valores modernos. A força de tradição aflora assim articulada às transformações da modernidade e delas também propugnadora” (Machado, 1990:12).

Em suas reflexões sobre o feminismo, expressas num intercruzamento com a etnicidade, Machado analisa o discurso de Rigoberta Menchu (Prêmio Nobel da Paz, 1992), líder camponesa e indígena guatemalteca, no contexto de sua história biográfica, e aponta para conclusões bastante significativas: “O discurso de Rigoberta sobre a mulher não é o da dissolução da “tradição”, e nem é o repúdio à modernidade, ou a submissão à modernidade. É o discurso articulador. É a desconstrução da naturalização da sexualidade. Mas por distinção frente ao discurso feminista da igualdade universal de gênero, fundado nas premissas iluministas, propõe a valorização da construção cultural. Inscreve-se assim no paradoxo criativo da desconstrução e da construção; da igualdade e da diferença” (Machado, 1990:34).

Nesta mesma linha de pensamento parece também se inserirem as proposições de Bonfil Batalla, em seu projeto de um México Profundo. Contrapondo-se à idéia de uma cultura uniforme inscrita na lógica ocidental que vê a si própria como portadora da civilização universal - como medida de todas as coisas -, o autor referese à necessidade de construção de projetos fundados em caminhos plurais. Sem obviamente negar a condição histórica da civilização, de conquista e dominação do ocidente, para o autor, entretanto, o problema não pode ser reduzido a “tudo ou nada”. Para ele não é possível proceder a uma negação global e absoluta do ocidente, nem se colocar isoladamente à sua margem - o que é uma impossibilidade: “En consequencia, hay que rediregir

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lo occidente o, para ser más preciso, hay que diregilo por primera vez. Será indispensável despojar a los elementos necesarios de la cultura occidental del ropaje arrogante del que están investidos por su relación histórica con la práctica imperial de las sociedades occidentales. Habrá que domesticar y hacer coexistentes a esos elementos con outros de origen distinto que no pretenden seguir las líneas básicas de la civilización occidental: deben ser unos más, no los únicos ni los preponderantes. Habrán de colocar-se, en última instancia, al servicio de um proyecto que no será occidental sino plural y en el que la civilización mesoamericana debe desempeñar el papel protagónico.” (Bonfil Batalla, 1989:235)

Olhares sobre a tradição e a modernidade latinoamericana Nas dinâmicas das sociedades latinoamericanas (passadas e presentes) e, mesmo nos atuais movimentos de globalização que conformam a ordem mundial, regidos pelo apagamento das diferenças e dissolução das tradições, é possível identificar esse mesmo fenômeno, ainda que, muitas vezes, de modo difuso e fragmentário: inúmeros exemplos históricos indicam como passado e presente se conjugam (e/ou se disjuntam) em distintas combinações e modulações. E mais, é possível evidenciar que, apesar de estarem, na atualidade, sob a égide da modernidade, os povos tradicionais reclamam seu lugar na história, sem perder de vista sua alteridade. Isso coloca em questão várias linhas de interpretação existentes na América Latina nos anos 50, 60, 70 calcadas no que se denomina de “razão dualista” ou nos postulados da chamada “teoria da modernização”, que tomam o tradicional e o moderno como termos opostos e excludentes, como só pudessem se conectar numa linha seqüencial e cronológica em que o segundo termo domina o primeiro, prevalecendo como o único referente. Assim, por exemplo, a polaridade entre o “tradicional e o “moderno”

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apresenta-se tanto na visão dos “Dois Brasis” que opera com recortes regionais contrapondo o norte e o sul, quanto na oposição campo/cidade, agricultura/ indústria, comunidade/sociedade; sendo que cada um dos pólos é definido ideológica e etnocentricamente de modo valorativo, pelo seu conteúdo “positivo” ou “negativo”, a partir da ótica da modernização (tradição = atraso; modernidade = avanço). Numa contraposição a este tipo de visão que reparte e mede a aventura da vida e da história em unidades seriadas, assim observa Bosi, sobre as configurações do tempo na América Latina: “nos países de passado colonial como o Brasil (e isso valerá agudamente para o México e Peru), a co-habitação dos tempos é mais evidente e tangível do que entre alguns povos mais sincronicamente modernizados do Primeiro Mundo. Talvez o nosso processo de aculturação euro-afro-americano ainda esteja longe de ser completado. E certamente os seus descompassos e sua polirritmia ferem os ouvidos afinados pelos sons dos clarins e das trombetas evolucionistas. Por tudo isso, é preciso escutar a nossa música sem pressa, nem preconceito. Com dedicada atenção. É um concerto que traz um repertório de surpresas, é verdade, mas que, no seu desenrolarse, está constituindo a nossa identidade possível. Somos hoje a memória, viva ou entorpecida do ontem e do anteontem e o prelúdio tateante do amanhã.” (Bosi, 1992:32)

Mesmo os enfoques mais abrangentes, à época em que foram concebidos, pautados numa visão históricoestrutural (ver, por exemplo, a chamada “teoria da dependência” ou a “teoria do desenvolvimento desigual”), tratam, muitas vezes, tradição e modernidade em termos dicotômicos, ou sob o prisma temporal evolutivo, unilinearmente. Quando tais processos não se apresentam numa relação frontal de oposição, como fenômenos que se negam e se excluem (tradição versus modernidade), a tradição é vista

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como elemento do passado que tende do contemporâneo - na construção inexoravelmente a desaparecer no de um novo projeto civilizatório que confronto com a modernidade ou a ela possibilite a recombinação de tradição se subordinar. Isso ocorre, não obstante e modernidade em novos termos ou os conteúdos dos dois termos sejam, sínteses históricas. numa visão crítica, redefinidos ou invertidos em seu conteúdo valorativo. Assim nos ensina o pensamento fecundo Reportando-se à literatura clássica de Merleau– Ponty (1975:389): predominante entre os anos 50 e [...] “O aparelho de nosso ser social pode 70 no âmbito das Ciências Sociais, ser desfeito e refeito pela viagem, assim Machado demonstra de que modo “a como podemos apreender a falar outras tradição como passado, sobrevivência e línguas. Há aí uma segunda persistência (presente tanto rumo ao universal: no marxismo como na um novo encontro via não mais o universal de teoria da modernização) histórico entre sobrevôo de um método informava seu horizonte estritamente objetivo, mas tradição e cultural” (1990:12). Como como um universal lateral, modernidade que exemplo disso, a autora cuja aquisição é possível permita articular através da experiência se remete à posição de incessante simultaneamente etnológica, Schwartzaman (1989), para o qual a questão da passado, presente prova de si pelo outro e do outro por si. Trata-se diversidade cultural só e futuro numa de construir um sistema será tratável pelas ciências ressignificação de referência geral onde sociais contemporâneas possam encontrar o ponto temporal; encontro desde que ”nos livremos vista do indígena, o do este que permita de da penumbra das tradições civilizado e os erros de um culturais qualitativamente aos povos da sobre o outro, construir irredutíveis entre si e uma experiência alargada tradição (re) aceitemos que podem inscrever-se em sua que se torne, em princípio, acessível para homens mudar com grande história de modo de outro país e de outro velocidade”. De outro tempo [...]. protagônico. modo, se nas visões correntes, a tradição não O que importa salientar, desaparece, persiste apenas como mera sobrevivência do passado, aqui, é que tanto a tradição como ou por sua força intrínseca - “a força da a modernidade devem ser vistos na tradição” -, que tende a se esvair com o história em permanente movimento – o que pode ensejar um leque aberto de passar do tempo. possibilidades de conjunção de distintas Com base nessa dicotomização entre temporalidades. O que se postula é um tradição e modernidade - vistos sempre novo encontro histórico entre tradição como termos antitéticos e inconciliáveis e modernidade que permita articular - coloca-se em discussão os distintos simultaneamente passado, presente e olhares sobre a tradição, produzidos futuro numa ressignificação temporal; sobre a égide da razão evolucionária, encontro este que permita aos povos quer em sentido negativizado, quer da tradição (re) inscrever-se em sua em sentido positivado. Isso implica, história de modo protagônico. necessariamente, refletir sobre o sentido da linha do tempo tecida no imaginário Em outros termos, reinventando a moderno que, numa perspectiva linear e tradição e livrando-se dos fetiches fragmentária, produz a disjuntiva entre da modernidade – considerando que passado, presente e futuro. Deriva-se daí as possibilidades da modernidade a necessidade de se pensar - nos limiares não estão exauridas – postula-se

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também a absorção de experiências modernas, ancoradas em nova racionalidade socioambiental e na dimensão do sensível, pois, ainda que se torne necessária a desconstrução da modernidade, tal como ela se configura em suas bases destruidoras, estas experiências temporais transmutadas em sua positivação podem potencializar a própria tradição: em ato de entrega (ou de troca) de conhecimentos e tecnologias ambientalmente apropriadas, tais intercâmbios entre tradição e modernidade podem atuar na abertura para o novo, para a construção de novas sínteses históricas, num diálogo entre tempos, saberes e formas distintas de expressões societárias. Coloca-se, assim, a necessidade de construir o novo fundado, porém, em elementos da tradição, que em combinação com processos modernos alternativos, pode transformar o passado em elemento ativo; de outro lado, a modernidade não deve ser encarada meramente em sua face destruidora – em recombinação com a tradição ela também se pode transformar em tempo de criação. Nesse sentido é significativa a observação de Morin, em seu livro “Terra Pátria”, ensejando uma profunda reflexão. Assim afirma: “Certamente não devemos idealizar as culturas; é preciso saber que toda a evolução implica abandono, toda a criação comporta destruição, que todo o ganho histórico se paga com perda. Temos de compreender que, mortal como tudo o que vive, cada cultura é digna de viver e deve saber morrer ( para um novo renascer). Temos igualmente de manter a necessidade de uma cultura planetária. Todavia, não poderemos extrair de cada uma e generalizar o que ela trouxe de mais rico? Como integrar então os valores e tesouros culturais das culturas que se desintegram? Não será demasiado tarde? [...]” (Morin e Kern, 1993:67).

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Conquanto esse autor acentue a crise da modernidade (e da própria tradição), há em seu pensamento a necessidade de uma nova política de hominização e uma ética do futuro repleta de possibilidades em que o inédito tem lugar; uma ética na qual os tesouros culturais das sociedades da tradição e da humanidade produzida em todo seu decurso histórico possam ter lugar, num circuito dialógico e dialético, para a recriação da vida em múltiplas dimensões. Isso requer um novo encontro entre a tradição recodificada e a modernidade reestruturada – confronto novas conexões.

Diálogo entre saberes: para a construção de um projeto sustentável. Tais conexões entre distintas temporalidades trazem consigo também a necessidade premente da construção da dialogia entre os saberes patrimoniais e os saberes científicos ou entre as “ciências da tradição” e as “ciências modernas complexas”. A construção de um diálogo fecundo entre saberes de várias ordens para a construção de sociedades sustentáveis deve colocar em cena expressões de saber e cosmovisões tecidas ao longo do tempo para a produção e recriação da vida em suas múltiplas dimensões. Configurando-se com parte integrante do saber ambiental, Leff (2001) – coloca a importância de saberes que, com matrizes próprias, condensam os sentidos inscritos em vários tempos que se articulam, tanto os tempos físicos e biológicos, como os tempos cósmicos, os quais regem as concepções e apropriações sobre o mundo das diferentes culturas que compõem a história. Nessa linha de pensamento, esse autor fornece contribuições bastante relevantes sobre a necessidade de fecundar esse diálogo entre saberes

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tradicionais e modernos gerando um novo encontro entre esses saberes dotados de lógicas próprias. Esta perspectiva rompe com a colonialidade de saber que, historicamente se processa quando agentes externos (como instituições governamentais e até as não-governamentais) atuam de forma autoritária e unilateral em relação às sociedades tradicionais, descoladas de seu rico universo material e simbólico. Sob esse prisma, há que se buscarem fios de interação de várias expressões do conhecimento, considerando que a instauração da dialogia entre saberes pressupõe a articulação de discursos diferentes e contraditórios em seu capital argumentativo e não a construção de verdades absolutas e unilaterais centradas numa relação de poder. Ressalta-se que é no interior dessa relação que muitas vezes se explicita o poder dos agentes de fora no universo dos povos tradicionais, dos meios de comunicação de massa, do global sobre o local e do conhecimento científico formal sobre o conhecimento tradicional. Reconhecendo, pois, o estatuto e o valor do saberes milenares ou seculares das sociedades da tradição, Leff (2001a, p.188-189) propõe, em termos epistemológicos e político, um diálogo entre os saberes de diversas ordens para a construção de um novo modelo de conhecimento que rompe com os padrões da ciência formal. Assim observa: “[...] isso implica a necessidade de desconstruir a racionalidade que fundou e construiu o mundo, no limite da razão modernizadora que a conduziu a uma crise ambiental, para gerar um novo saber no qual se reinscreve o ser no pensar e se reconfiguram as identidades, mediante um diálogo de saberes (encontro, enfrentamento, intercruzamento, hibridação, complementação e antagonismo) na dimensão aberta pela complexidade ambiental para o reconhecimento e re-apropriação do mundo.” (Leff (2001a:188-189)

Considerando que os povos da tradição estão imersos em processos modernizantes – muitos dos quais produtores de desordens destruidoras –, um projeto amplo de sustentabilidade tanto no plano social como ambiental exige paradigmas criativos e inovadores, que possam colocar em novos termos a relação tradição e modernidade como processos que possam produzir novos arranjos socioculturais e ambientais. Pensar num novo encontro entre tradição e modernidade é, talvez, seguir as próprias palavras do líder indígena Ailton Krenak. Assim assinala: “Essas tradições precisam se comunicar porque a tradição que guarda a lembrança da criação do mundo, que tem essa memória e esse aprendizado no sonho, pode junto com essa tradição que avançou tanto nas tecnologias, buscar reverter o caminho que tem sido feito pelos homens tecnológicos no sentido de curar a Terra.”

De qualquer forma é preciso considerar que um novo encontro entre tradição e modernidade implica um olhar sábio e simultâneo para frente e para trás; ou, numa linha de rotação do tempo, um olhar que envolve o atrás sem ir para trás, o que permite pensar no enlaçamento entre os tempos de ricas e distintas maneiras. Isso requer pensar em novos paradigmas que permitam a um só tempo resgatar e restaurar a tradição dos povos da floresta (ou os saberes da tradição) sob novos termos num circuito interativo entre temporalidades distintas que possibilite a conjunção entre tradição e modernidade, entre o saber patrimonial e o saber científico e entre saberes transgeracionais, numa relação de simultaneidade. Um fórum permanente de troca ou permuta de idéias e experiências entre o saber patrimonial do pescador e o saber científico baseado nas ciências da complexidade que incorpora a ciência da tradição, numa circulação dialógica, poderá gerar propostas ou programas concretos que levem à melhoria das

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condições de vida das populações tradicionais; conduzindo-as a um modo auto-sustentável de re-apropriação da natureza em termos econômicos, sociais, culturais e ambientais. Deve-se, pois, ter em vista que, “não haverá transformação radical, sociedade nova, sociedade autônoma a não ser pela nova consciência histórica, que implica ao mesmo tempo uma restauração do valor da tradição e outra atitude face a essa tradição, outra articulação entre essa e as tarefas do presente/futuro” (Castoriadis, 1987:305).

O elo entre distintos mundos e temporalidades talvez permita a construção (ou reinvenção) de uma “casa comum” planetária – universalista, pluralista e polifônica – em que haja lugar para os múltiplos e diversos modos de vida – inclusive os dos “povos da tradição” –, fundada numa reconexão entre natureza e cultura, num encontro fecundo (confronto) com a história numa perspectiva transsecular ou transhistórica. Uma casa comum que abrigue os diferentes modos de vida dos povos da terra, do mar, do rio, da floresta, a partir das infinitas lições que essas gentes do mundo da tradição podem oferecer para a vida no planeta em conjunção com outras formas de conhecimento e temporalidade.

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NOTAS [1] Com referência a essas expressões de tradicionalismo, ver BALANDIER, G. “Tradição e Modernidade” en Antropologia Política, p.147-171. [2] Sobre os aspectos críticos da modernidade, ver Adorno, Marcuse, Walter Benjamin, Habermas, em suas variadas obras, que focalizam a questão, entre outros autores contemporâneos. [3] Construindo uma “matriz disciplinar” dos distintos paradigmas desse campo do conhecimento científico, como expressões exemplares, o autor remete-se centralmente a quatro tradições que compõem essa matriz, quais sejam: a “Escola Francesa de Sociologia”, fundada no paradigma racionalista e, em sua manifestação moderna, no estruturalismo; a “Escola Britânica de Antropologia”, fundada no paradigma estruturalfuncionalista; a “Escola Histórico-Cultural” (norteamericana), fundada no paradigma culturalista e a “Antropologia Interpretativa”, fundada no paradigma hermenêutico.

[4] Considerando as desordens em termos relativos e distintos, Balandier (1997:48) coloca que: “a desordem se torna criadora quando acarreta perda de ordem acompanhada de um ganho de ordem, quando é geradora de uma ordem nova que substitui a antiga, desta podendo ser superior. O processo de complexificação opera segundo esta lógica, não por adição, mas por substituição em um nível mais elevado. De um lado, a realidade é amputada de formas de ordem que desaparecem sem compensação; de outro, é enriquecida por novas formas de ordem”; a desordem se torna destruidora quando existe perda de ordem, quando os elementos se dissociam e tendem a não mais constituir uma estrutura, mas uma adição, uma simples soma (‘uma ordem de soma’)”. [5] Vários autores discutem, hoje, se a chamada pós-modernidade se realiza realmente como etapa posterior a modernidade ou se, na verdade, alguns de seus traços constituem uma nova fase da própria modernidade que ainda não se esgotou. Para uma crítica contundente ao pós-modernismo ver CASTORIADIS, C. A Época do Conformismo Generalizado, op. cit, pp.13-26. [6] Machado, Lia (1988), Tradição e Modernidade no Futuro da América Latina, UNESCO. Ver também da autora, Mulheres e política: o lugar da tradição na modernidade (1990), UNB (série Antropologia, no. 105), Brasília. [7] Embora essa formulação da conexão entre os tempos seja interessante para romper-se com a visão dominante, preferimos pensar simultaneamente na relação de continuidade e ruptura. [8] Ainda que esse autor tenha se debruçado nas formulações de Octávio Paz circunscritas ao modernismo na literatura brasileira (ver Santiago, Silviano, 1987, “Permanência do Discurso da Tradição no Modernismo”. In: Tradição e Contradição, Rio de Janeiro, Zahar, pp. 111-145), sua leitura de Paz é bastante sugestiva para o presente estudo. [9] São representativos dessa tendência no movimento modernista brasileiro - onde a tradição é ativada não apenas através do discurso da paródia - Oswald de Andrade e Murilo Mendes “ainda que a relação entre esses dois tempos para esses autores se revista de significação própria, em consonância a suas posturas filosóficas: enquanto o primeiro visualiza que “seremos um dia o bárbaro tecnizado”, o segundo esperava apocalipticamente a revelação de Cristo. (ver Santiago, 1987, op.cit). [10] Algumas das formulações que se seguem estão presentes no artigo de minha autoria denominado “Temporalidades e Territorialidades no Mundo Costeiro” em processo de publicação na Revista Desenvolvimento e Meio Ambiente. Curitiba-PR-, Brasil, UFPR, 2010. * Universidade Federal do Paraná, Curitiba, Brasil. Email: luelena.cunha@gmail.com

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artículos

Ecologías Políticas Postconstructivistas Arturo Escovar Resumen: El autor aborda el campo de la ecología política como una importante área de estudio contemporáneo y presenta tres momentos en su evolución, describiendo los ejes, fortalezas y debilidades de cada uno. Señala que aunque la gama de preguntas que estas tres generaciones han tratado de responder se mantiene estable, pero que el campo de su acción ha crecido enormemente. Destaca que en el desarrollo de estas etapas, se ha pasado de una atención a la epistemología hacia una atención a la ontología, profundizando su aporte a la comprensión del mundo. Realiza alcances a la relación teórica de este campo con las acciones a nivel político. Concluye planteando una serie de preguntas todavía sin responder para las distintas generaciones de ecología política. Palabras clave: ecología política, epistemología, ontología. Ecologías Políticas Postconstructivistas Resumo: O autor discute o campo da ecologia política como uma importante área de estudo contemporânea e apresenta três fases em sua evolução, descrevendo os eixos, pontos fortes e fracos de cada um. Constata que, embora o leque de questões que estas três gerações tentaram responder é estável, mas seu campo de ação cresceu enormemente. Sublinha que o desenvolvimento destas fases, tem havido um foco de atenção para a epistemologia e a ontologia, para aprofundar sua contribução para a compreensão do mundo. Realiza alcances a relação teórica deste campo com as accões a nível político. Conclui propondo uma série de perguntas ainda sem responder para as diferentes gerações de ecologia política. Palavras-chave: ecologia política, a epistemologia, a ontologia. Postconstructivist Political Ecologies Abstract: The author displays the field of political ecology as an important area of study and presents three moments in its evolution, describing the axes, strengths and weaknesses of each. It indicates that although the range of questions that these three generations have tried to respond maintains stable, the field of its action has grown enormously. He emphasizes that in the development of these stages, there has been a swift from an attention to epistemology towards an attention to ontology, deepening its contribution to the understanding of the world. The article shows the need to relate the theoretical aspects of this field of knowledge with actions at a political level. Finally, the author concludes raising a series of still un-answered questions to these three generations of political ecology. Keywords: ecology, epistemology, ontology Recibido: 21.04.2010 Aceptado: 17.05.2010

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Ecologías Políticas Postconstructivistas* Arturo Escobar**

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I. Tres generaciones de ecología política La ecología política (EP) es un campo interdisciplinario que ha estado en desarrollo por varias décadas; el proceso de construirla ha estado marcado desde sus inicios por enriquecedoras discusiones epistemológicas, paradigmáticas, y políticas. Se reconoce ampliamente que emergió en los años 70 a partir del entrelazamiento de varios marcos de comprensión ecológico-orientados y de la economía política. Vinculando estos dos campos, la EP ha buscado trabajar a través de sus respectivas carencias, a saber, la desatención de la ecología humana y cultural al poder y la subdesarrollada conceptualización de la naturaleza por parte de la economía política. Demasiado atascada en el modo de pensar estructural y dualista, esta ecología política de “primera generación” (Biersack 2006), ha dado paso durante la última década, a lo que se podría llamar una ecología política de “segunda generación” diversamente nutrida por esas tendencias teóricas marcadas como ‘post-’ desde los años 80 (postestructuralismo, postmarxismo, postcolonialismo), con lo que la ecología política de los últimos quince años ha sido un vibrante espacio inter- y transdisciplinario permitiendo dibujar la investigación en muchas disciplinas (geografía, antropología, ecología, economía ecológica, historia ambiental, ecología histórica, estudios del desarrollo, estudios de ciencia y tecnología) y cuerpos teóricos (teoría liberal, marxismo, post-estructuralismo, teoría feminista, fenomenología, teoría post-colonial, complejidad, y acercamientos de la ciencia natural tales como ecología del territorio y biología de la conservación). Lo que distingue a esta EP de segunda generación de su precursora es su compromiso con las discusiones epistemológicas fomentadas por las posiciones teóricas conocidas como constructivismo y anti-esencialismo.

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Aunque muy provisionalmente, dada la novedad de las tendencias en referencia, podría decirse que una ecología política de “tercera generación” ha estado en ascenso durante los últimos cinco años. Con raíces en la EP de segunda generación y en las teorías sociales críticas de los años 80, esta EP emergente encuentra sus condiciones directas de posibilidad en las discusiones más recientes sobre epistemologías post-representacionales en los estudios de geografía, ciencia y estudios de tecnología (STS), por una parte, y las ontologías planas y relacionales en antropología, geografía, estudios culturales y STS, por el otro. A nivel social, esta tendencia es influenciada por persistentes problemas ambientales para los cuales la EP no tenía respuestas completamente satisfactorias, y en tendencias de los movimientos sociales que resuenan con problemáticas similares. La diferencia dominante entre la EP de segunda y tercera generación es la atención que esta última presta a los temas de la ontología además de los de la epistemología. Hoy, las tres EPs se pueden considerar en juego en varios trabajos, aunque las orientaciones de la segunda fase son todavía dominantes. Si la EP1 se podría decir que era preconstructivista y la EP2 constructivista, a la EP3 se la puede referir como postconstructivista en el sentido que, al mismo tiempo que es informada por debates transformativos sobre constructivismo, anti-esencialismo y anti-fundacionalismo que barrieron los mundos académicos críticos en las humanidades y las ciencias sociales en muchas partes del mundo, se construye sobre los esfuerzos para atravesar los callejones sin salida y predicamentos creados por el constructivismo, radicalizándolos, mientras que al mismo tiempo vuelve a las preguntas sobre “lo real”. Como sugeriré, la EP3 emerge de transformaciones más amplias de la teoría social –de lo que se podría llamar un “giro ontológico” en teoría social, más en concreto a lo que un número

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de autores refieren como “ontologías planas”. La gama de preguntas con las cuales estas distintas EPs tratan, tanto en términos históricos como contemporáneos, se ha mantenido relativamente estable, aunque la lista de áreas problemáticas siga creciendo: la relación entre ambiente, desarrollo y movimientos sociales; entre el capital, la naturaleza y la cultura; producción, poder y ambiente; sexo, raza y naturaleza; espacio, lugar, y territorio; conocimiento y conservación; evaluación económica y exterioridades; población, usos de la tierra y de los recursos; gobernabilidad ambiental; tecnología, biología, y política; y así sucesivamente. Esta gama de preguntas, refiere a problemas cuya misma prominencia provee de relevancia al campo; éstos incluyen, entre otros, la destrucción de la biodiversidad, tala de árboles, agotamiento de recursos, insustentabilidad, desarrollo, racismo ambiental, control de recursos genéticos y derechos de propiedad intelectual, bio y nanotecnologías, y problemas globales tales como cambio climático, contaminación transfronteriza, pérdida de sumideros de carbono, la transformación de los sistemas agrícolas y alimenticios, y cuestiones similares. Algunas tendencias recientes discuten la multiplicidad de mundos socio-naturales o de culturas-naturalezas, ontologías relacionales versus dualistas, formas de análisis estructurales versus de análisis de redes, e incluso una renovación de la pregunta sobre qué constituye vida. Mientras estas preguntas son más insuperables teóricamente, parecen surgir más claramente que nunca antes de lo social, debido en gran parte a la práctica de algunos movimientos sociales. La sección siguiente de este capítulo trata de las epistemologías de la naturaleza y de sus implicaciones para la EP. En la tercera sección presento un esquema provisional de la EP de tercera generación.

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es bien sabido, II. Variedades de epistemologías Como postestructuralismo transformó de la naturaleza El conocimiento de la naturaleza no es una simple cuestión de la ciencia, de la observación empírica o de la interpretación cultural. En la medida en que esta pregunta sea un aspecto central de cómo pensamos acerca de la actual crisis ambiental -y por tanto de la constitución de la EP- es importante tener una visión de la gama de posiciones respecto del tema. Proporcionar tal visión no es un esfuerzo simple, porque lo que yace en el trasfondo de esta pregunta - además de intereses políticos y económicos – son epistemologías contrastantes y, en última instancia, los mitos fundacionales y las asunciones ontológicas sobre el mundo. El breve panorama de las posiciones presentadas a continuación se restringe a las ciencias sociales y naturales modernas. Las epistemologías de la naturaleza tienden a ser organizadas alrededor de la línea divisoria esencialista/ constructivista. Esencialismo y constructivismo ponen en contraste posiciones respecto a la relación entre conocimiento y realidad, el pensamiento y lo real. Sucintamente, el esencialismo es la creencia en que las cosas poseen una base constante, independiente del contexto y la interacción con otras cosas, que el conocimiento puede progresivamente conocer. Los seres concretos se desarrollan desde esta base, que encontrará eventualmente un reflejo correspondiente en el pensamiento (v.g. con el estudio de las cualidades de las cosas para descubrir su esencia). El mundo, en otras palabras, es siempre predeterminado desde lo real. El constructivismo, por el contrario, acepta la conexión ineludible entre el sujeto y el objeto de conocimiento y, por lo tanto, la relación problemática entre el pensamiento y lo real. El carácter de esta relación abre diversidades de constructivismos.

el la discusión sobre la epistemología en muchos campos, incluyendo aquellos referidos a la naturaleza. Desde cierta perspectiva postestructuralista (Foucaultian y Deleuzian particularmente) no puede haber un análisis materialista que no sea, al mismo tiempo, un análisis del discurso. El análisis postestructuralista del discurso es una teoría social, es decir, una teoría de la producción de realidad social que incluye el análisis de representaciones de la realidad como hechos sociales inseparables de lo que se piensa como “realidad material”. El postestructuralismo trata al lenguaje no como un reflejo de la realidad sino como constitutivo de ella. Ése era el enfoque completo, por ejemplo, del Orientalismo de Said (1979). Para algunos, no hay materialidad no-mediada por el discurso, pues no hay discurso sin relación a la materialidad (Laclau y Mouffe, 1985). Discurso, tal como es utilizado en estas aproximaciones, es articulación de conocimiento y poder, de declaraciones y visibilidades, de lo visible y lo oculto. El discurso es el proceso con el cual la realidad social llega a ser. Hay un arsenal de posiciones epistemológicas a lo largo de la divisoria esencialismo/ constructivismo, desde el positivismo a las formas más recientes de constructivismo, cada uno con sus respectivos compromisos filosóficos y adhesiones políticas (véase Escobar 2008 para una discusión más substancial). Las posiciones del constructivismo son difíciles de clasificar. Las siguientes son vistas como las más sobresalientes en el campo naturalezacultura; no son propiamente escuelas distintas sino posiciones parcialmente traslapadas. No constituyen necesariamente tendencias altamente visibles (algunas son marginales o disidentes dentro de sus campos, incluyendo el de la biología). Es

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discutible si todas se pueden describir en términos del programa de investigación del constructivismo, aunque en estos casos su efecto vis à vis el realismo epistemológico sea similar al de las propuestas constructivistas. a) Constructivismo dialéctico. Además de la transformación del materialismo histórico mediante la ecología – las cuentas del capital reestructurando las condiciones de producción (O’Connor 1988) - el marco marxista ha producido la influyente perspectiva de la dialéctica entre organismo y ambiente, especialmente en el trabajo de los biólogos Levins y Lewontin (1985). Complicando el binarismo entre naturaleza y cultura, estos biólogos contribuyeron a repensar las teorías basadas en esta hendidura, incluyendo la evolución y la relación ontogenia-filogenia, aunque las implicaciones de su trabajo para la ecología se hayan explorado menos. Una contribución similar, aunque desde diferentes fuentes, incluyendo teorías heterárquicas, viene del campo de la ecología histórica. Este campo estudia procesos de largo plazo en términos de paisajes cambiantes, definidos como la manifestación material -a menudo dialéctica- de la relación entre los seres humanos y el ambiente (v.g. Crumley (ed.) 1994). Una muy diferente concepción del método dialéctico ha sido desarrollada por Murray Bookchin y la escuela de ecología social, empleando críticas del socialismo y del anarquismo al capitalismo, al estado, y a la jerarquía. Tejiendo juntos los principios de anarquismo social (v.g. sociedad descentralizada, democracia directa, tecnología humanista, éticas cooperativas, etc.) con lo que él ve como la dinámica natural que caracteriza a la evolución misma, Bookchin desarrolló un análisis sistémico de la relación entre la práctica natural y la social (1989, 1990; Leff 1998 para

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una crítica). La piedra angular de su marco de referencia es la noción del naturalismo dialéctico, es decir, la idea que la naturaleza presupone un proceso dialéctico de despliegue hacia niveles siempre mayores de diferenciación y de sentido. Esta misma dialéctica se encuentra en el orden social; de hecho, la ecología social plantea una serie continua entre la evolución natural y social (entre las primeras y segundas naturalezas) y una tendencia general hacia el desarrollo, la complejización, y la auto-organización. Expandiendo los insights de Bookchin, Heller (2000) identifica mutualismo, diferenciación y desarrollo como principios dominantes afectando las continuidades entre vida natural y social y evolución natural y social. Para los ecologistas sociales, hay, entonces, un origen orgánico para todos los órdenes sociales; la historia natural es una llave para entender la transformación social. b) Interaccionismo constructivo. Este acercamiento, propuesto por Susan Oyama, profundiza los insights de la biología dialéctica infundiéndolos con discusiones sobre constructivismo, incluyendo críticas feministas a la ciencia. El foco de Oyama está en la revisión del desarrollo biológico y de la evolución, tomando como punto de partida una crítica de explicaciones gene-céntricas en la evolución (Oyama 2000, 2006). La llamada de Oyama es hacia un acercamiento dinámico y holístico a los procesos biológicos, que ella adelanta, en su propio campo, con el concepto de “sistema de desarrollo” definido como “una heterogénea y causalmente compleja mezcla de entidades interactuantes e influencias” que produce el ciclo de desarrollo de un organismo (2000:1). Ella también propone una epistemología del nodualismo llamada interaccionismo constructivo; que más que confiar en una distinción entre lo construido y lo pre-programado (“realidad”), sostiene la idea que “nuestra presencia en

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nuestro conocimiento, sin embargo, no es contaminación, como algunos temen, sino la propia condición para la generación de ese conocimiento” (2000:150). La biología de Oyama “reconoce así nuestra propia parte en nuestra construcción de naturalezas internas y externas, y aprecia las perspectivas particulares para la empatía, la investigación y el cambio” (2000:149). c) Perspectivas fenomenológicas. Tim Ingold ha discutido sostenidamente contra la presunsión cartesiana de las divisorias entre la humanidad y naturaleza, entre las cosas vivientes y las cosas no vivientes característica de la mayoría de los acercamientos neodarwinistas (1992). Además de la etnografía de grupos no occidentales, su fuente principal de inspiración para superar esta dualidad es la fenomenología, según la cual la vida sucede en el encuentro con el mundo en el cual moramos; antes de cualquier objetivación, percibimos el mundo porque actuamos en él, y similarmente descubrimos objetos significativos en el ambiente al movernos alrededor de él. De esta manera, las cosas no son ni “naturalmente “dadas” ni “socialmente construidas” sino resultado de un proceso de co-construcción. En otras palabras, en realidad no nos acercamos al ambiente primariamente como un conjunto de objetos neutrales que esperan ser ordenados en términos de un proyecto cultural, aunque esto igualmente suceda (lo que Heidegger (1977b) llamó “enmarcamiento”); en vez de esta “operación de un diseñador”, en la vida cotidiana, “la percepción directa del ambiente es un modo de involucramiento con el mundo, no un modo (desapegado) de construcción de él” (Ingold 1992:44). El conocimiento del mundo no se obtiene tanto con la abstracción, sino con un proceso de “desarrollo de habilidades” que ocurre mediante el encuentro activo con los objetos (para

los acercamientos relacionados con la biología, ver Maturana y Varela (1987); en ciencias informáticas, Winograd y Flores (1986)). d) Anti-esencialismo postestructuralista. El esfuerzo de Donna Haraway de mapear “el tránsito a través de naturaleza y cultura” es el más sostenido acercamiento anti-esencialista a la naturaleza. La noción de tránsito se dirige a algunas de las características principales de anti-esencialismo, tal como la complicación de límites El conocimiento del mundo naturalizados y la ausencia no se obtiene de identidades tanto con la cuidadosamente abstracción, sino limitadas, con un proceso naturaleza incluida. Para de “desarrollo de H a r a w a y , habilidades” que contrariamente a la opinión del ocurre mediante positivista en la el encuentro cual el mundo/ activo con los real informa al objetos. conocimiento, ocurre al revés: el conocimiento contribuye a hacer el mundo de manera profunda. La epistemología “sin cuerpo” de la ciencia del positivista (“el truco de Dios” de ver todo desde ninguna parte, como ella lo puso de manera descriptiva (1988:188)), está en la raíz de la cultura moderna del patriarcado capitalista blanco, con su subordinación de la naturaleza, de las mujeres y de la gente de color. Haraway ofrece una lectura profundamente historicista de la fabricación de mundos socio-naturales, particularmente por parte de la tecnociencia contemporánea. Construyendo desde otras proposiciones para una ciencia feminista, ella articula una epistemología alternativa del conocimiento que es situada y parcial pero que, no obstante, puede proveer

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consistentes y válidos relatos sobre el mundo (Haraway 1988, 1989, 1991, 1997, 2003). Mucho del trabajo que se realiza hoy en el interfaz naturaleza/cultura en antropología, geografía, y feminismo ecológico sigue las restricciones de anti-esencialismo, y sería imposible resumirlo aquí. Entre los principios básicos de estos trabajos están, primero, la idea de que la naturaleza tiene que ser estudiada en términos de procesos y relaciones constitutivos -biológico, social, cultural, político, discursivo- que entran en su construcción; en segundo lugar, y consecuentemente, una resistencia a reducir el mundo natural a un único principio de determinación omni-abarcante (sea este genes, capital, evolución, leyes del ecosistema, discurso, o lo que sea). Los investigadores que siguen estos principios estudian la múltiple, multiforme, culturalmente mediada articulación entre biología e historia -como las entidades biofísicas son introducidas a la historia social, y viceversa; una sugerencia es que es posible hablar de diversos regímenes culturales para la apropiación de la naturaleza (v.g. régimen capitalista, como en las plantaciones; régimen orgánico, como en los modelos locales de la naturaleza de la gente no occidental; y tecno-naturalezas, como en las biotecnologías recientes; ver Escobar 1999). Sea hablando sobre bosques, biodiversidad, o biotecnologías recientes, en estos análisis hay siempre mucha historia, cultura, política, y una cierta (no todavía bastante) biología. Tercero, hay una preocupación por las diferencias biológicas y culturales según lo producido históricamente. A este respecto, hay un esfuerzo por ver tanto desde el centro -mirando procesos de producción dominantes de configuraciones socio-naturales particulares- y desde los márgenes de las jerarquías sociales/naturales, donde las categorías estables se pueden poner en cuestión y donde pueden presentarse las nuevas visiones (v.g. Cuomo 1998;

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Rocheleau 1995a, 1995b; Rocheleau y Ross 1995). Como Rocheleau (2000, 2007; ver también Whatmore 2005) lo señala, necesitamos entender cómo los seres vivos y no-vivos crean maneras de estar-en-su-lugar y estar-enredes, con todas las tensiones, poder, y afinidades que esta hibridación sin precedentes exige. Finalmente, hay una tensión reconstructiva en muchos de estos trabajos que implica prestar la atención a las situaciones particulares y a las biologías/ecosistemas concretos, y a los movimientos sociales que emergen desde una política de la diversidad y una preocupación por la naturaleza. La esperanza es que esta preocupación podría llevar a visualizar comunidades ecológicas nuevas –lo que Rocheleau finamente llama instancias de viabilidad ecológica. Desde esta perspectiva, todas las EPs se podría decir que son reconstructivas, en el sentido dado al término por Hess (2001) en el STS para indicar un cambio hacia la visualización activa y la contribución a construcciones alternativas de mundo. Mientras que el constructivismo restauró una radical apertura al mundo, para sus críticos el precio fue su incapacidad para hacer proposiciones fuertes de la verdad en la realidad. Hay un creciente número de epistemologías que se podrían llamar neo-realistas, incluyendo las dos posiciones siguientes: a) Neo-realismo de Deleuzian. Una no-esencialista, aunque realista, visión del mundo existe en el trabajo de los filósofos Deleuze y Guattari (véase especialmente 1987, 1994). El punto de partida de Deleuze es que el mundo es siempre algo “en realización”, no una colección estática de seres que el conocimiento represente fielmente; el mundo se compone de diferencias, y es la intensidad de estas mismas diferencias -flujos de materia y de energía- los que generan la variedad de las formas geológicas, biológicas y culturales que encontramos. La materia es considerada por Deleuze y Guattari como poseyendo

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sus propios recursos inmanentes para la generación de formas. Esta morfogénesis conducida a partir de la diferencia se liga a los procesos de auto-organización que están en el corazón de la producción de lo real. La diferenciación está en curso, siempre subvirtiendo la identidad, mientras da lugar a las formas biofísicas y sociales concretas, el resultado de procesos de individuación que están emparentados y son siempre cambiantes. En vez de hacer que el mundo dependa de la interpretación humana, Deleuze alcanza la apertura convirtiéndolo en un creativo y complejizante espacio del “llegar a ser”. Una de los problemas con la mayoría de las epistemologías y las ontologías de la naturaleza es que están basadas enteramente en la experiencia humana; ellas distinguen entre lo real y lo no-real según lo que los seres humanos sean capaces de observar (de Landa 2002). Necesitamos superar el “bagaje norealista” si queremos llegar a un nuevo compromiso ontológico con el realismo que nos permita hacer demandas sólidas sobre, por ejemplo, vacíos emergentes. “Deleuze es un filósofo tan atrevido -concluye de Landa– “porque crea un no-esencialismo realista” (2003:11). Finalmente, de Landa aboga por una nueva forma de empirismo que permite que sigamos la aparición de formas heterogéneas y múltiples del campo más grande de lo virtual. Volveremos a esta discusión en la sección siguiente, cuando situemos la oferta Deleuziana dentro de una tendencia más amplia hacia “ontologías planas”, teorías de ensamblajes, complejidad, y autoorganización. b) Realismo holístico. Esta visión ha sido articulada lo más explícitamente posible por el teórico de la complejidad Brian Goodwin (2007). Su lectura de investigaciones sobre emergencia, redes, y auto-organización, lo lleva a concluir que el significar, el lenguaje, las sensaciones y la experiencia

no son la prerrogativa de seres humanos sino se encuentran en todos los seres vivos; la creatividad es un aspecto inherente a todas las formas de vida, y es sobre esta base que la coherencia y la integridad se producen. Su propuesta es para una biología hermenéutica y un realismo holístico que acepte que la naturaleza se expresa en forma, en realidad corporalizada, y se abre hacia el rol epistemológico de las sensaciones y de las emociones. La implicación es que los científicos pueden convertirse en: “co-creadores de (el) mundo con seres que son mucho más parecidos a nosotros, cognoscitiva y culturalmente, de lo que hemos reconocido hasta ahora… Estamos dentro de la historia de ese despliegue…. La tarea ante nosotros es la de repensar nuestro lugar en la corriente de la aparición creativa en este planeta en términos de una comprensión más profunda del proceso vivo que ahora está tomando forma. La vida de las formas, de la cual somos una parte, se despliega hacia patrones de belleza y de eficacia que satisfacen las necesidades cualitativas y cuantitativas de modo de mantener la diversidad de especies, de culturas, de idiomas y de estilos de vida” (2007:100, 101, 110).

¿Qué queda entonces de la pregunta, qué es la naturaleza? Dentro de una epistemología positivista, la naturaleza existe pre-dada y pre-discursiva, y las ciencias naturales postulan producir conocimiento confiable acerca de su funcionamiento. Para el interaccionista constructivista, por el contrario, “necesitamos cuestionar la idea que la Naturaleza tenga una naturaleza unitaria, eterna, que sea independiente de nuestras vidas… La naturaleza es múltiple pero no arbitraria” (Oyama 2000:143). El positivista puede responder que si éste es el caso, debe haber una invariante que permanece, una base central de las cosas que podemos conocer, fallando así el punto puesto, por Oyama, que no puede haber sólo una relación verdadera de “la naturaleza de la Naturaleza”.

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Mientras que para Leff (1986, 1993, por la naturaleza y los seres humanos 2002), la naturaleza es un dominio genéticamente mejorados. ontológico distinto, ha llegado a ser inextricablemente hibridada con la En otros términos, los positivistas cultura y la tecnología, y crecientemente son buenos en proveer información producida por nuestro conocimiento. científica sobre aspectos biofísicos de la Para Ingold (1992:44), la naturaleza naturaleza, pero con todo no pueden sólamente existe como construcción de explicar las diferencias en las relaciones un observador; lo que importa para naturaleza-cultura, puesto que para ellos él es el medioambiente, es decir, el la naturaleza es una e igual para toda mundo constituido en relación por las la gente y situaciones; estas diferencias actividades de todos esos organismos tienen implicaciones biofísicas que no que contribuyen a su formación. saben ver o les cuesta trabajo a explicar. Mientras que para los ecologistas Los constructivistas hacen un buen sociales la naturaleza es real y conocible, trabajo en términos de determinación de este realismo no es igual al del sujeto las representaciones o de los significados cartesiano sino de un sujeto conocente dados a la naturaleza por las personas, que está profundamente implicado y las consecuencias o impactos de esos en el proceso mismo de significados en términos “construcción del mundo”. de qué se hace realmente Para los anti-esencialistas, a la naturaleza (v.g. Slater en las humanidades y las (ed.) 2003 para el caso ciencias sociales la realidad Y el conocimiento de las selvas tropicales). biofísica ciertamente Esto es muy importante, existe, pero lo que cuenta no es simplemente aunque usualmente eluden aplicado sino más son las demandas de en conjunto la pregunta, verdad que realizamos en central a los neo-realistas generado en nombre de la naturaleza, y a los dialécticos, del el curso de la y cómo estas demandas de carácter ontológicamente experiencia verdad autorizan agendas específico de la la particulares que después vivida, incluyendo realidad biofísica y estas dan forma a nuestro últimas contribuciones a por supuesto proceso social y biológico las sociedades humanas de ser y llegar a ser. A encuentros con el (v.g. Redclift 2006). pesar de los acercamientos medioambiente. Finalmente, es todavía neo-realistas a la teoría difícil ver cómo el neode la complejidad, realismo derivado de la finalmente, la dominación complejidad pueda darnos continuada del realismo una lectura diferente de epistemológico debe ser reconocida; la dimensión cultural de las relaciones ella descansa no sólo en su capacidad de naturaleza-cultura. La de Leff es una recabar formas creíbles de conocimiento, tentativa inicial en esta dirección. Ingold sino también en sus numerosos vínculos (2000) también apunta en esta dirección con el poder: el vínculo entre ciencia, con su insistencia respecto al carácter producción y tecnología; el énfasis profundamente relacional de la realidad. actual en la producción de vida a Incluso con el resultado de procesos de través del desarrollo de la racionalidad individuación, las cosas no existen en biotécnica; y en última instancia su el mundo real independientemente de capacidad para hablar al logocentrismo sus relaciones. Y el conocimiento no es occidental, con su sueño de una sociedad simplemente aplicado sino generado ordenada y racional, que la mayoría en el curso de la experiencia vivida, de los seres humanos han aprendido a incluyendo por supuesto encuentros depender y desear y - ahora reforzada con el medioambiente. En suma, prever

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relaciones entre lo biofísico y lo cultural, incluyendo el conocimiento, que evite las trampas del constructivismo y del esencialismo no es una tarea fácil. Éste es uno de los ímpetus directrices de la ecología política emergente.

III. ¿Una ecología política emergente? De las epistemologías a las ontologías Las diversas oleadas de deconstrucción y acercamientos discursivos de las últimas décadas trajeron con ellos una crítica al realismo como postura epistemológica. Un número de muy interesantes tendencias teóricas sociales exigen actualmente, implícita o explícitamente, una vuelta al realismo; dado que no es una vuelta a los realismos ingenuos del pasado (particularmente las versiones cartesianas, o al realismo de esencias o de entidades trascendentes), esas tendencias se podrían llamar neo-realistas o postconstructivistas. Como ocurre a menudo cuando está germinando un enfoque significativamente nuevo, parecen brotar visiones neo-realistas por todo el mundo en una amplia variedad de terrenos intelectuales e incluso políticos -desde la geografía, antropología y estudios culturales hasta la biología, informática y ecología. Algunas de las principales categorías asociadas a estas diversas tendencias incluyen ensamblajes, redes y actores de redes, relacionalidad, ontologías no-dualistas y relacionales, emergencia y autoorganización, hibridación, virtualidad, y similares. La tendencia recibe su combustible más directo del postestructuralismo y la fenomenología, y en algunas versiones del post-Marxismo, teorías de la “actores de redes” (ANT), teoría de la complejidad, y filosofías de la inmanencia y de la diferencia; en algunos casos también es accionada por la investigación etnográfica con grupos a quienes se atribuye que encarnan ontologías relacionales o movimientos sociales que construyen sus estrategias

políticas en términos de redes de relación dispersas. Tomadas en conjunto, estas tendencias revelan una tentativa de una mirada atrevida a la teoría social de una manera completamente diferente -que se podría en términos amplios llamar “alternativas planas”. El lenguaje utilizado para referirse a un conjunto de procesos y características es indicativo de este ángulo: plano versus jerárquico, horizontalidad versus verticalidad, relacional versus binario, auto-organización versus estructuración, inmanencia y emergencia versus trascendencia, promulgación versus representación, atención a la ontología versus a la epistemología, y así sucesivamente. Lo que sigue es una mirada parcial y tentativa a esta tendencia. Aunque se podría decir que proporciona el material, y los contornos para, una EP postconstructivista, las tendencias en cuestión de ninguna manera son totalmente coherentes ni apuntando en la misma dirección. Más aún, debo enfatizar que puede bien haber diversas genealogías en esto y en otras formas de ecología política en el momento presente. En geografía, algunas de las intervenciones dominantes son los discusiones durante la última década sobre representaciones espaciales (v.g. Pickles 2004) y teorías norepresentacionales del (v.g. Thrift 2007), “geografías híbridas” (Whatmore 2002), “geografía humana sin escala” (Marston, Jones y Woodward 2005, y el seguimiento del debate en Transacciones del Instituto de Geógrafos Británicos 32 (2), 2007), “ecologías emergentes” en términos de “redes enraizadas y webs relacionales (v.g. Rocheleau y Roth 2007; Rocheleau y otros 2001), y el cambio del dualismo a las ontologías relacionales (v.g., Crastree 2003, Braun 2008). Una vez más, incluso dentro de la geografía, estos debates no se puede decir que se relacionen al mismo conjunto de temáticas, y en algunos casos están en tensión unos con otros. Tomados de conjunto, ellos

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construyen una discusión compleja sobre escala, espacio, lugar, ontología, y teoría social propiamente; por otra parte, la ecología, la “naturaleza” y la política están a menudo (no siempre) presentes en estos debates, del modo más potente en los casos de Whatmore y de Rocheleau. En estos trabajos hay una atención renovada a la materialidad, sea a través de focalizarse en la práctica, en las relaciones, en las redes, en las encarnaciones, en las performances, o en los alcances entre los varios elementos de los dominios sociales y biofísicos. Las fuentes, sin embargo, son absolutamente variadas; algunas incluyen postestructuralismo y fenomenología (en algunos casos, este último vía el trabajo del influyente antropólogo Tim Ingold) con atención a la práctica y vinculación con el mundo, más que en su representación. En esos trabajos influenciados por ANT y Deleuze y Guattari, el énfasis está en asegurar la producción de lo real a través de las multiformes relaciones que vinculan a actores humanos y no-humanos, conexión antes tomada como un dato en la divisoria (naturaleza/cultura, sujeto/objeto, yo/otro) en procesos de producciones y arquitecturas de lo real en términos de redes, ensamblajes, y formaciones socio-naturales híbridas. El espacio ya no se considera más como algo ontológicamente dado sino como el resultado de procesos relacionales. En Geografía Humana sin Escala, por ejemplo, los autores establecen que la mayoría de los conceptos de escala siguen atrapados en una jerarquía y una verticalidad fundacionales, con problemas concomitantes tales como binarias prolongaciones micromacro y global-local (Marston, Jones y Woodward 2005). Una parte importante del argumento de estos autores es que estos problemas no pueden ser solucionados sólo apelando a un modelo de red; el desafío no es substituir un nexo “ontológicoepistemológico (verticalidad) por otro (horizontalidad)” sino evitar

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toda confianza en “cualquier predeterminación trascendente” (2005:422); ver también el seguimiento a la discusión en Transacciones del Instituto de Geógrafos Británicos 32(2), 2007). Esto sería alcanzado adoptando una ontología plana (en oposición a una horizontal) que desecha el “esencialismo centralizador que induce no sólo el imaginario vertical de arriba a abajo, sino también la irradiacional (fuera de aquí) espacialidad de la horizontalidad” (2005:422). Aquí ontología plana refiere a lo complejo, a relaciones espaciales emergentes, a autoorganización, y a ontogénesis. “Superar los límites de ontologías globalizadoras” -concluyen estos autores– “requiere una sostenida atención a las relaciones íntimas y divergentes entre los cuerpos, los objetos, los órdenes, y los espacios” - es decir, a los procesos tras los cuales se forman los ensamblajes; “los sitios” se convierten en una propiedad emergente de sus habitantes humanos y no humanos interactuantes... Esto es, podemos hablar de la existencia de un sitio dado solamente en cuanto podemos seguir las prácticas interactivas a través de sus conexiones localizadas (2005:425). Si todo esto asciende a un reacondicionamiento completo de la noción de escala sigue siendo una pregunta abierta (véase el debate). La proposición de Rocheleau de que los enfoques recientes de la teoría de redes que rechazan el pensamiento binario pueden ayudarnos a entender el mundo “como siempre ya conectado, acoplado en red” (Rocheleau y Roth 2007:433) y contribuyen a trabajar los problemas en teoría de redes señalados por Marston y otros; su atención a la dinámica ecológica, que está ausente en la mayor parte del trabajo de sus colegas, le permite hacer algunas proposiciones particularmente apropiadas para la EP. En esta EP, las redes están conectadas con lugares y territorios –a través del concepto anti-intuitivo de “redes arraigadas”- que ligan elementos sociales y naturales en formaciones dispersas y dinámicas. El desafío, tal

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como lo consideran Rocheleau y Roth, es el de “acoplar los dominios sociales, ecológicos, y tecnológicos en teorías y modelos de redes arraigadas, telarañas relacionales, y ensamblajes autoorganizados, todo enlazado con el poder, y ligado a los territorios a través de las escalas” (2007:436). Esta es una propuesta particular y sólida dentro del campo de la EP3. Los antropólogos están también ocupados, con relativa independencia pero con traslapes en aumento respecto de las tendencias geográficas recién descritas, desarrollando acercamientos nuevos a las preguntas sobre la relación naturaleza-cultura. Hay precursores ilustres en este esfuerzo, particularmente Ingold (2000), Strathern (v.g. 1980), y Descola (v.g. 1986; Descola y Pálsson 1996). Un impulso principal es cómo estudiar de manera post-constructivista las comprensiones no-occidentales de la naturaleza y del medioambiente, y por supuesto de un sistema entero de otras construcciones culturales tales como “persona”, “propiedad”, “economía”. Además de orientaciones teóricas similares (ANT, Deleuze y Guattari, la fenomenología, y los enfoques de redes son las fuentes principales como también en geografía), la investigación etnográfica con grupos no-occidentales sigue siendo crucial (con gran presencia de etnografías de grupos melanesios; grupos indígenas andinos, amazónicos, y canadienses; y aborígenes australianos). Como es bien sabido, las etnografías de formaciones socio-naturales ya no se restringen sólo a los contextos no-occidentales; aquellos que siguen las aproximaciones ANT, como asimismo las influenciadas por el trabajo de Donna Haraway, han sido particularmente prolíficas en el planteamiento de nuevas preguntas y metodologías, aunque no sean revisadas aquí por razones de espacio. Debe subrayarse, sin embargo, que tomados en conjunto los trabajos basados en la etnografía (en gran parte en antropología pero algo en la geografía

y el STS) destacan algunas de las mismas temáticas revisadas más arriba, pero también un conjunto particular y diferente; entre los más discutidos están los de inconmensurabilidad, traducción, y otras formas de comunicabilidad entre mundos socio-naturales distintos (v.g. Povinelli 1995, 2001; Noble 2007) y del grado en el cual estos mundos pudieron incorporar órdenes socio-naturales nomodernos, alternativos a lo moderno, u otros-que-no-sean modernos -v.g. post-liberal. (de la Cadena 2008; Escobar 2008; Blaser en prensa). De esta manera, la ecología política postconstructivista se convierte en una ontología política, una categoría por la cual Blaser (en prensa) ha abogado muy claramente. Las implicaciones políticas de estas etnografías ontológicamenteenfocadas están también a menudo tratadas explícitamente. Una categoría emergente clave es la de las “ontologías relacionales” (ver también Braun 2007 para la geografía). Se plantea esta noción como una manera de problematizar la ontología moderna comúnmente aceptada basada en binarismos tales como naturaleza (el dominio de objetos) y cultura (el dominio de temas). Algunos trabajos con grupos indígenas, afro-descendientes, y otros comunitariamente-orientados en Sudamérica se han centrado en esta noción. Como categoría de análisis, las “ontologías relacionales” señalan varios temas. Primero, constituye una tentativa de desarrollar una manera de hablar sobre formas emergentes de política que no están basadas en concepciones homogeneizadas del indigenismo, raza, o culturas e identidades esencializadas. En segundo lugar, es un concepto enraizado en la práctica que llama a la atención etnográfica sobre las distinciones y las relaciones que estos grupos generan en el extenso espectro de la vida y de las entidades no-vivas; el concepto apunta, más que nada, al hecho de que muchos de estos grupos no piensan ni actúan en términos de los proverbiales

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binarios modernos. Incluso el `binario moderno/indígena existe sobre todo para los modernos, en tanto los grupos indígenas están mejor equipados que los modernos para moverse a través de configuraciones socio-naturales, justamente porque piensan y actúan en términos profundamente relacionales y conectados. Políticamente, las “ontologías relacionales” apuntan al hecho de que estas ontologías han estado bajo ataque durante siglos, y aun más hoy con la globalización neoliberal con sus nociones hipernaturalizadas de individuos, mercados, racionalidad y otros similares; referencias a la noción de Polanyi de los desacoplamientos son algunas veces encontradas en estos trabajos, con el concomitante movimiento culturalpolítico de promover re/acoplamiento de la “persona/economía” en sociedad/ naturaleza. La modernidad, de esta manera, no es sólo sobre la supresión de los conocimientos subalternos, sino sobre la supresión verdadera de otros mundos, pidiendo así hacerse visible y adoptando “mundos y conocimientos diferentes” (v.g., Escobar 2008, Santos 2007). En estos trabajos, cuestiones sobre las diferencias en todos los niveles -económicos, ecológicos, culturales, epistémicos, y en última instancia ontológicos- son de importancia suprema, y a este nivel de EP3, se trata de una ecología política de la diferencia, o bien, otra vez, de una ontología política. En esta ontología política hay un descentramiento de la política moderna que se considera como siendo fomentado por los movimientos y los intelectuales indígenas ellos mismos; postulando, por ejemplo, la sensibilidad de todos los seres y movilizando este constructo en el campo político, e insistiendo en la persistencia de formas de política noliberales (v.g. comunitaristas), con lo que estos movimientos desequilibran el arreglo moderno por el cual solamente los científicos pueden representar la

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naturaleza, y la política se puede basar solamente en estas representaciones; estos grupos, por el contrario, afirman su derecho de representar entidades nohumanas a través de otras prácticas, y tener en cuenta esas otras prácticas tanto como conocimiento y como política (de la Cadena 2008). Una reciente propuesta, relacionada aunque distinta, apunta a pluralizar la modernidad desde la perspectiva del pensamiento relacional; conceptúa la modernidad como multiplicidad, postulando la existencia de modernidades múltiples que no son variaciones de una sola modernidad (Grossberg 2008). Un acercamiento final que tiene como objetivo las ontologías relacionales y el realismo postconstructivista viene de las ciencias de la informática; postula la necesidad de un pluralismo ontológico y un monismo metafísico (la unidad del mundo), en lo que un autor llama “inmanencia con una venganza” (Smith 1993:373). Una forma de leer la aparición de ontologías relacionales desde la perspectiva de estas diversas tendencias es como “un regreso de las multiplicidades”. La cuestión de la sensibilidad me trae al último cuerpo del trabajo al que me quisiera referir, aunque sea de paso. Me refiero al pequeño pero creciente número de aplicaciones de teorías de la complejidad, particularmente desde la biología, a los procesos socio-naturales. En estos trabajos, la comprensión de la complejidad natural en términos de procesos de auto-organización, emergencia, no-jerarquía, autosemejanza, y procesos dinámicos no lineales pueden proporcionar insights para un teoría social o socio-natural enteramente diferente (v.g. Taylor 2001; Hayla y Dyke 2006; Escobar 2008; Leff, 2000). Para los biólogos, un mensaje clave de mundos biológicos (de las neuronas a los ríos, de los átomos a la luz, de las especies a los ecosistemas y a la evolución) es la de auto-organización y de auto-semejanza. Algunos (v.g. Goodwin 2007) van más

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lejos al sugerir que el lenguaje y el intelectuales sobre lo real en un grado significado son características de todos mayor que el de anteriores marcos los seres vivos y no sólo de los seres teóricos. Mientras que algunos, quizás humanos – en otras palabras, que el muchos, de los movimientos sociales mundo es uno de “pansensibilidad”. de hoy también parecen intuitivamente ¿Cómo incorporamos esta sensibilidad o explícitamente apuntando a una seriamente, considerando que las práctica informada por concepciones epistemes modernas están basadas planas (v.g. redes de auto-organización), precisamente en el supuesto ontológico sigue siendo necesario ver cómo se opuesto? La pregunta entonces se desarrollarán en términos de eficacia de convierte en: ¿cómo podemos aprender su acción (v.g. Zibechi 2006, Gutiérrez a vivir dentro de ambos espacios y redes 2006; Ceceña 2008 para las lecturas de manera creativa, con el de movimientos sociales espectro completo de seres latinoamericanos desde vivientes y sensibles? Por la perspectiva autónoma, supuesto, la idea de que de diversidad, y de formas los procesos materiales y de políticas no centradas Uno podría biológicos podrían inspirar en el estado). Resulta entonces leer entendimientos sobre la innecesario decir, que vida social más allá de los insights de la hay necesidad de más un nivel metafórico va a complejidad como investigación empírica ser comprensiblemente y orientada al activismo resistida por muchos. lecciones desde un sobre experiencias tipo de teoría a particulares. Una posición que podría hacerla más atractiva a otra y no desde los constructivistas es interés por las un cierto reino El pensar en la vida social y alternativas planas es, biológico prebiológica en términos de por supuesto, un signo dado per se ensamblajes a partir de un de los tiempos. “Estamos continuo de experiencia cansados de los árboles” y materia que es a la – es la famosa denuncia vez auto-organizada de Deleuze y Guattari, como organizada-pordos de los profetas de otro; de esta manera, no habría este movimiento en la teoría social mundos biológicos y sociales o moderna; “Debemos dejar de creer en naturales y culturales separados. Uno árboles, raíces y radículas. Han hecho podría entonces leer los insights de la que suframos demasiado. Toda la complejidad como lecciones desde un cultura arborescente se funda en ellos, tipo de teoría a otra y no desde un de la biología a la lingüística” (1987:15). cierto reino biológico pre-dado per Lo que quieren decir con esto es que se (Rocheleau y Roth 2007; Escobar necesitamos movernos lejos de los 2008). modos de ver basados en binarismos, totalidades, estructuras generativas, Al menos, la complejidad y los unidades pre-presuntas, leyes acercamientos planos aparecen rígidas, racionalidades logocéntricas, como propuestas viables a trabajar producción consciente, ideología, mediante dos de las características más determinación genética, macropolíticas, perjudiciales de la teoría moderna: y abrazar en cambio las multiplicidades, binarismos penetrantes y reducción de líneas de vuelo, indeterminación, trazos, la complejidad; como las tendencias en movimientos de de-territorialización geografía, antropología y el STS revisadas y procesos de re-territorialización, aquí, permiten la reintroducción de procesos de llegar a ser, interfases, complejidad en nuestras empresas morfogénesis, rizomas, micropolíticas,

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diferencias y ensamblajes intensivos. Desde la biología a la informática, desde la geografía a los movimientos sociales, desde algunos teóricos críticos a numerosos grupos y activistas indígenas y grupos con base local, éste es un mensaje potente que puede por lo menos ser recomendablemente oído. Las alternativas planas y las epistemologías del postconstructivismo también contribuyen a poner los temas del poder y de la diversidad en la agenda de una manera única. Si las actuales diferencias económicas, ecológicas, y culturales se pueden considerar como casos de diferencias intensivas y si, por otra parte, éstas se pueden ver como promulgaciones de un campo mucho más grande de la virtualidad, esto significa que el espectro de estrategias, de visiones, de sueños, y de acciones es mucho más grande de lo que las miradas convencionales del mundo pudieran sugerir. El desafío es traducir estos insights en estrategias políticas que incorporen modos múltiples de conocimiento y a la vez evitar la trampa de caer nuevamente dentro de modos de pensar, ser y hacer modernistas. Todavía es demasiado pronto para decir si una ecología política se aliará fuera de estas tendencias en cierta medida novedosas y diversas, pero parece que hay un gran entusiasmo en el pensar de nuevo teórica y políticamente sobre la diferencia; de este impulso de hecho podría emerger de hecho una ecología política postconstructivista y reconstructivista.. Las implicaciones políticas de la relacionalidad, finalmente, han sido delineadas dmirablemente por Doreen Massey. Primero, una política de la responsabilidad es un sequitur del hecho de que el espacio, el lugar, y las identidades se construyen relacionalmente. Estamos todos implicados en conexiones, y debemos estar en conocimiento de este hecho de tal manera que nos permita actuar responsablemente hacia esas entidades

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con las cuales estamos conectados – tanto humanas como no-humanas. El análisis de estas “geografías más amplias de construcción” (Massey 2004:11) es central para este darse cuenta. En segundo lugar, necesitamos estar atentos a que el reconocimiento de la relacionalidad “apunta a una política de la conectividad… cuya relación con la globalización variará dramáticamente de lugar en lugar” (2004:17); esto pide una cierta clase de aterrizaje etnográfico a esa política (en un sentido más amplio del término, es decir, en términos de contrato substancial con los lugares y las conexiones concretas). Tercero, la geografía de la responsabilidad que emerge desde la relacionalidad también nos lleva a preguntar: ¿“Qué, en otras palabras, acerca de la cuestión del extranjero sin” (2004:6, énfasis en el original), de nuestro “serarrojadosjuntos”? Esto ineludiblemente se vincula con los temas de cultura, subjetividad, diferencia y naturaleza. La siguiente cita resume estas nociones: “El mismo reconocimiento de nuestro interrelacionalidad constitutiva implica una espacialidad; y eso alternadamente implica que la naturaleza de esa espacialidad debe ser una avenida crucial de la investigación y del contrato político” (Massey 2005: 189). En última instancia, uno puede agregar que espacialidad se relaciona con ontología. Al acentuar una territorialidad alternativa, por ejemplo, muchos movimientos de minorías étnicas en América Latina no sólo están haciendo visible la espacialidad liberal de la modernidad (de la naciónestado a las localidades) sino se están imaginando geometrías de poder que encajan el principio de relacionalidad dentro de ellas. Sigue habiendo muchas preguntas a ser articuladas y tratadas, como por ejemplo: Si esta reconstitución de la EP en términos de tres configuraciones diferentes tiene sentido, ¿cuáles son las continuidades y discontinuidades entre

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ellas, particularmente entre la segunda y tercera EP? No está claro cómo la EP3 reconstruye la comprensión del poder y de la producción que eran centrales en la EP2, por ejemplo. Una pregunta relacionada es: ¿Cómo la atención a la ontología en la EP3 influencia nuestra comprensión del papel del conocimiento, y qué otras epistemologías pudieron ser concebidas? Otra pregunta: ¿Cuáles son las implicancias metodológicas de abrazar esta clase de cambios epistemológicos y ontológicos? Estas metodologías tendrían que lidiar con los tipos de realismo postconstructivista repasados aquí, pero también con las demandas planteadas desde la relacionalidad; dado que la mayoría de las metodologías de investigación operan en gran medida en base a las polaridades sujeto/objeto, representación/ distinciones reales (a pesar de muchas de la reflexión postmoderna), las respuestas a estas preguntas no son directas. Otro grupo de preguntas puede referirse a cómo los actores no-académicos (los activistas, los agriculturalistas, los protectores de semillas, los defensores de la pluralidad de especies, los armadores de redes de diversas clases) tratan algunos de estos temas. ¿Cómo lo hacen en su práctica ontológico-política? ¿Finalmente, puede la EP3 llegar a dar marco teórico a temas de sustentabilidad y conservación de manera efectiva, dado que estos conceptos han sido delineados en gran medida por el conocimiento experto no-constructivista y marcos teóricos modernistas? ¿Cómo sería embarcarse en los tipos de diseño ontológico requeridos para generar la sustentabilidad ecológico-cultural de mundos socio-naturales erelacionales?

RECONOCIMIENTOS Quisiera agradecer Dana Powell y Brenda Baletti por sus comentarios detallados sobre el primer esbozo de este capítulo. El capítulo es parte de conversaciones en curso con diversos interlocutores, particularmente Marisol de la Cadena, Mario Blaser, Eduardo Gudynas, Dianne Rocheleau, John Pickles y Larry Grossberg.

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NOTAS DEL AUTOR 1. Para declaraciones ampliamente conocidas sobre ecología política, ver las colecciones de Biersack y de Greenberg, eds. (2006); Haenn y Wilk, eds. (2005); Eds de Paulson y de Gezon. (2005). Ver también Brosius (1999); Bryant y Bailey (1997); Rocheleau y otros, eds. (1996); Peet y Watts, eds. (1996); Schmink y Wood (1987); Martínez Alier (2002). Debo mencionar que no me ocuparé aquí de los interesantes debates en ecología política latinoamericana (o los de otras partes del mundo de los que puedo ser ignorante). Hay una tradición de ecología política latinoamericana relacionada pero distinta, y también desarrollos nacionales importantes en muchos países (e.g. México, Brasil, Colombia, Argentina). Esta tradición -que merecería su propio estudio- no encajaría fácilmente en las categorías usadas en este capítulo para los trabajos anglosajones, y desafortunadamente muy poco de ella se ha traducido al inglés. El Grupo de Trabajo sobre Ecología Política de CLACSO ha sido muy productivo en las últimas décadas. Para recientes reuniones y las publicaciones, vea el http://www. clacso.org.ar/difusion/secciones/programa-regionalde-grupos-de-trabajo/documentos-de-los-grupos/ memoria-del-gt-ecologia-politica 2. Oyama proporciona la siguiente definición desde la biología: `Por “esencialista”, significo una suposición de que los seres humanos tienen una naturaleza universal subyacente que es más fundamental que cualquier variación que pueda existir entre nosotros, y que está en cierto sentido siempre presente -quizás como “propensión”incluso cuando no es actualmente discernible (2000, p.131).

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3. Ver por ejemplo a Brosius (1999), Biersack (1999, 2006), Escobar (1999), y Peet y Watts (1996) para las revisiones de las tendencias en el post-estructuralista anti-esencialismo en estudios de la naturaleza en antropología y geografía. 4. Es importante mencionar que las alternativas y las teorías planas de la complejidad y de la autoorganización no han emergido en un vacío; la historia de sus antecedentes más importantes se menciona raramente, puesto que pertenecen a las tradiciones del pensamiento que caen fuera del alcance inmediato de las ciencias sociales. Éstos incluyen teorías de la cibernética y teorías de la información en los años 40 y los años 50; teorías de sistemas desde los años 50; teorías tempranas de la auto-organización; la biología fenomenológica de Maturana y Varela (1987). Más recientemente, las fuentes de alternativas planas incluyen algunos filamentos de pensamiento en ciencia e informática cognoscitiva, computación; teorías de la complejidad en biología; teorías de red en las ciencias físicas, naturales y sociales; y el `neo-realismo’ de Deleuze y de Guattari. El concepto de Foucault de eventalization se asemeja a propuestas recientes en teoría de ensamblaje. Deleuze y Guattari han inspirado algunos de estos desarrollos, incluyendo la teoría neo-realista de ensamblaje de Manuel de Landa (2002, 2006). Finalmente, debe ser mencionado que la lógica de redes de distribución discutida en muchas de las tendencias revisadas aquí lleva a una lógica diferente de lo político, como asimismo una cantidad de observadores de los movimientos sociales lo están señalando; esto incluye lo que se ha llamado una “política cultural de lo virtual”, entendida como la apertura de lo real/ actual a la acción de fuerzas que pueden actualizar lo virtual de diferentes maneras (e.g. Terranova 2005; Escobar y Osterweil en prensa; Grossberg 2008). Desde el campo de la informática, ver la persuasiva tentativa de Cantwell de desarrollar una epistemología post-representacional. Ver Escobar (2008, capítulo 6) para una discusión extensa sobre algunos de los aspectos discutidos en este capítulo, incluyendo aquellos en esta nota de pie de página. * De próxima aparición en Michael Redclift and Graham Woodgate, eds. International Handbook of Environmental Sociology, 2nd. edition. Elgar, Cheltenham, UK. ** Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill, USA. Email: aescobar@email.unc.edu

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Los diversos rostros del ambientalismo en el Gran Caribe: acercamientos a los movimientos sociales y el medio ambiente caribeño Armando Fernández Soriano Resumen: La subregión del Caribe es un espacio geoecológico, histórica y socialmente construido, donde los diferentes modelos económicos determinan especificidades en la política y las estructuras sociales del área y en el uso de los bienes y servicios ambientales en función de demandas del mercado mundial. Se enfatiza en la existencia histórica de movimientos sociales y en la actual tendencia a incorporar en sus agendas las luchas ambientales. La creación de redes de relacionamiento y accionar político a nivel global, regional, nacional y local, es una tendencia que parece se incrementará en el futuro próximo. El trabajo señala las características que podrían definir en el futuro cercano y a mediano plazo la evolución de estos movimientos sociales en un contexto regional cada vez más conflictivo. Palabras clave: Movimientos sociales, ambientalismo, conflicto, sustentabilidad y desarrollo. As muitas faces do ambientalismo no Grande Caribe: abordagens do movimentos sociais e do ambiente Caribe Resumo: A sub-região do Caribe é uma região geo-ecológica, histórica e socialmente construído, onde os diferentes modelos económicos determinam especificidades na política e as estruturas sociais do área e no uso dos bens e serviços ambientais em função de demandas do mercado mundial. Pone-se a ênfase sobre a existência histórica dos movimentos sociais e a tendência atual de incorporar em suas agendas as lutas ambientais. A criação de redes de relações políticas e acções a nível global, regional, nacional e local é uma tendência que parece estar a aumentar no futuro próximo. O documento aponta as características que podem definir a curto e médio prazo a evolução futura destes movimentos sociais em um contexto regional a cada vez mais conflictivo. Palavras-chave: Movimentos sociais, ambientalismo, conflito, sustentabilidade e desenvolvimento. The many faces of environmentalism in the Wider Caribbean: approaches to social movements and the Caribbean environment Abstract: The Caribbean subregion is a geoecological area historically and socially constructed, where the different economic models determine specificities in politics and social structures of the area and in the use of the goods and environmental services according to global market demands. The emphasis is placed on the historical existence of social movements and the current trend to incorporate environmental struggles into their agendas. The creation of networks of political relations and actions at global, regional, national and local levels, is a trend that seems will be increased in the near future. The paper points out features that could define in the near and medium future the developments of these social movements in a regional context increasingly contentious. Keywords: Social movements, environmentalism, conflict, sustainability and development. Recibido: 19.02.2010 Aceptado: 05.04.2010

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Los diversos rostros del ambientalismo en el Gran Caribe: acercamientos a los movimientos sociales y el medio ambiente caribeño*

Armando Fernández Soriano** sustentabilidad(es) - volumen 1- número 2 - año 2010 - pag. 100 - 127

La construcción del Caribe El Caribe ha sido conceptualizado desde diferentes puntos de vista y desde variadas intencionalidades. Estas diversas definiciones del área se estructuran a partir de conceptualizaciones de identidad común que de una u otra forma consideran un espacio diferenciado de otros adyacentes; en todos sin embargo, las formaciones insulares y el Mar Caribe han constituido el núcleo sobre el que se agregan las diferentes construcciones conceptuales del área. Así existe la definición isleña, en la que la insularidad es la que otorga el rasgo distintivo y que en determinados períodos se asimila a las Antillas, en referencia exclusiva a las islas. Esta concepción posee un fuerte componente geográfico en el que el mar juega un importante papel relacionador, pero también, sobre todo, un rol diferenciador de los componentes terrestres que conforman el Caribe insular. El mar es el límite preciso y natural de las entidades nacionales que en él existen. Otra definición privilegia la visión geoestratégica de la región y está construida sobre la base del concepto de cuenca, otorgándole una coherencia como formación geofísica de aquellos territorios que conforman el área adyacente al mar Caribe. Sobre esta base se han ido estableciendo diversas percepciones de la cuenca caribeña, desde la que incorpora los territorios del istmo centroamericano, hasta aquella que se extiende a la desembocadura del Missisipi y la península de La Florida por el norte y se prolonga hasta las zonas costeras del nordeste de Brasil. Este tipo de relacionamiento ha estado determinado generalmente por razones geopolíticas y culturales, en diferentes épocas. La más reciente de ellas -y punto culminante de esa visión geoestratégica- se expresa en la confrontación bipolar que caracterizó

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a la guerra Fría, en especial después del triunfo de la Revolución Cubana y de los procesos de descolonización que se efectuaron en el área en los años 60´s y 70´s. Esta definición es reforzada por una parte por los intereses de seguridad de Estados Unidos, que llegan a su cúspide con la implementación de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (ICC) y las posteriores pretensiones de integración subordinada como el ALCA, el Plan Puebla Panamá, los TLC bilaterales de Estados Unidos con los países centroamericanos y la ultima modalidad del CAFTA-DR., y por la otra, por las tendencias integracionistas estructuradas en el área que propician la concepción como un instrumento de cohesión de los países de la zona ante los desbalances del intercambio económico con Estados Unidos y con el mercado mundial. Sobre el Caribe se ha elaborado también una definición etnohistórica, en la que los procesos migratorios en el área han ido construyendo el sujeto social multiétnico que actualmente está presente en las sociedades caribeñas. Tal es el caso de la migración forzada de millones de hombres y mujeres africanos que durante siglos desplegaron por el Caribe una serie de componentes étnicos provenientes de diversas zonas africanas, incluso de naciones de alto desarrollo cultural de ese continente. Otras migraciones en menor cuantía, pero también explotadas, incorporaron sus etnias al mosaico caribeño, tales son las hindúes, chinas, japonesas, malayas, españolas de diversas regiones de la península, etc. Más tarde, en el siglo XX, se les unieron grupos judíos, libaneses y de diversas naciones europeas. Una fuerte corriente migratoria intracaribeña comprendió desplazamientos de poblaciones hacia los campos de caña cubanos, las obras del Canal de Panamá, los campos petrolíferos de Venezuela, las refinerías de Curazao y Aruba, etc. El Caribe se nutrió de esos componentes socioculturales, y sus portadores espirituales construyeron

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un fuerte sustrato social y cultural en muchos territorios del área. Esta conceptualización, además de delimitar diferencias con las metrópolis y con sus vecinos latinoamericanos, presenta un entramado social pluriétnico, que reafirma el carácter abierto de estas sociedades y coadyuva a los procesos de autonomía y autodeterminación de la subregión en sus fases poscoloniales de existencia como naciones. Existe también una definición tercermundista del Caribe, según la cual, y como parte de la promoción de un nuevo orden económico mundial, los países del área enfatizan sus relaciones sociopolíticas con países subdesarrollados y con “potencias medias” o “Regionales”. Esta concepción privilegia la cooperación Sur-Sur y brinda relevancia a aquellos aspectos que vinculan los problemas comunes de los países en vías de desarrollo con el área caribeña. Quizás en este esfuerzo el SELA constituya un momento particular, así como la creación de la Asociación de Estados del Caribe (AEC)[1]. Sin embargo, todos estos procesos y conceptualizaciones se han realizado sobre la prioridad del eje político internacional o privilegiando los temas de seguridad estratégica de Estados Unidos, o la autonomía y autodeterminación de los estados de la subregión.

Economía, política y ecología en la era de la globalización El actual proceso de globalización se expresa en el mundo actual a través de las transformaciones económicas que le son inherentes, especialmente las siguientes: a- un intenso y cada vez mayor flujo de capitales transnacionalizados b- una revolución tecnológica en la informática c- la reestructuración productiva a nivel mundial y el paso del taylorismo/ fordismo al toyotismo/postfordismo,

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que articula la transnacionalización y el mercado global con la interdependencia económica y la “liberalización” del comercio internacional d- el debilitamiento de las fronteras nacionales económicas y políticas debido al dinamismo de los flujos comerciales, financieros, energéticos e informáticos e- La permanencia de altos niveles de demanda energética unida al surgimiento de tecnologías cada vez más eficientes desde el punto de vista del consumo de combustible f- Demanda de nuevos recursos naturales como el germoplasma y otros recursos genéticos, o nuevos materiales sintetizados, a partir del descubrimiento de nuevas sustancias y elementos presentes en el medio natural g- nueva regionalización, originada por la inserción de zonas privilegiadas por las formas de relacionamiento con el mercado mundial. Debido a estas realidades, el Gran Caribe ha comenzado a adquirir una dinámica social, económica y ambiental diferente a la que hasta ahora lo ha caracterizado. Atendiendo a la transnacionalización de capitales y su flujo por los circuitos financieros, es necesario señalar que en el Gran Caribe se encuentran ubicados al menos dos de los centros más dinámicos de América Latina, las Islas Caimán y Panamá. Por otra parte, la reestructuración productiva y la nueva división internacional del trabajo se expresan en el Gran Caribe a través de la apertura de Zonas Francas, de nuevos y extensos polos turísticos, de nodos de información y del acceso o cercanía de varios países de la zona a la relación comercial directa dentro del NAFTA, lo que lo sitúa como una región dinámica en la periferia de la economía más potente en la actualidad. Los nuevos intereses transnacionales de la industria farmacéutica y otras, basados en la obtención de germoplasma para sus nuevos productos, hacen del área una zona de altísimo interés geoeconómico;

basta recordar que en el Gran Caribe se asientan núcleos importantes de selvas tropicales y subtropicales, y que además en el Mar Caribe existen extensos bancos coralinos con un potencial genético cada vez más cotizado. Otros sectores de actividad económica que hoy pueden considerarse tradicionales, como son la actividad extractiva, el mantenimiento de la industria petroquímica y las refinerías, resultan un elemento adicional que mantiene altos índices de externalidades económicas globales, regionales y nacionales al medio ambiente, como también lo es el tráfico a través del Mar Caribe de gran parte del combustible importado y consumido por los Estados Unidos y los países ribereños. Don Hinrichsen, consultor de diversas agencias de las Naciones Unidas, consideró que anualmente se derraman en el Mar Caribe cerca de siete millones de barriles de petróleo, de los cuales casi la mitad corresponden a derrames de los buques-tanques que transitan por esas aguas y una considerable parte del resto lo derraman las perforaciones de exploración y las plataformas de extracción marina de la zona. El experto considera que muchos manglares y arrecifes coralinos del Caribe han sido destruidos por esos derrames[2]. Todos estos problemas colocan las agendas actuales de los gobiernos y de los actores sociales del área en un nuevo escenario, en el que no pueden trabajar aislados y sin crear consensos políticos, ya sean intergubernamentales o a nivel de las sociedades locales con sus gobiernos. Ello coincide con la apertura de una actuación política diferente de la existente hasta la década del 80, la apertura de procesos de democratización y de mayores niveles de participación, es una de las características de estos años, en los cuales las sociedades del Gran Caribe han comenzado a organizarse y demandar políticas más acordes con las necesidades propias en un entorno tradicionalmente agredido.

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El fin de la Guerra Fría atenuó la momentos uno relacionado con el fin importancia estratégico-militar del del conflicto regional y el comienzo del área, que por ahora ha dejado de ser proceso de paz que se extiende hasta una zona de conflicto internacional. aproximadamente el año 98 y 99, en Ello incide en las capacidades el que se debilitan las antiguas redes negociadoras de las élites políticas y sociales construidas durante el conflicto, en los desplazamientos de las agendas esta particularidad se evidencio en la hacia los temas económicos, sociales y disolución y transformación de muchas los ambientales emergentes. Entre los organizaciones, ONG´s de base, actuales problemas ambientales del pequeñas instituciones investigativas Caribe se sitúan en primer lugar los altos independientes, etc.; y otro que índices de pobreza que asolan la región. comienza alrededor del 2001 y que Países de la región clasifican entre los se extiende hasta el momento en el más pobres de América; en mayor o que se comienza a reestructurar los menor medida esos índices han influido procesos participativos y las redes en las inestabilidades políticas de dichas regionales, fundamentalmente en el naciones. El tema es de último lustro, que a pesar tal envergadura y se del debilitamiento del conecta con una variedad proceso de integración de problemáticas tan centroamericano el desarrollo amplias, que bien vale provocado por el ALCA, realizar un acercamiento el Plan Puebla Panamá de nuevos al mismo. Otro aspecto mecanismos de y el actual CAFTA, emergente en la situación una vocación comunicación y presenta ambiental del Gran Caribe regional de incidencia la búsqueda de en es una mayor atención a los organismos los desastres naturales que una integración intergubernamentales. con frecuencia abaten desde lo popular la zona, con el fin de Esta presencia de y una voluntad organizaciones civiles en mitigar sus efectos. Las de concertación dicho proceso, expresa derivaciones ambientales y sociales de los desastres una mayor disposición con otros de la temporada ciclónica sectores sociales y a la cooperación y una de 1998 colocan a la conciencia regional colaboración ambiental gubernamentales. embrionaria que concita a dentro de la agenda de la su vez, una nueva cultura colaboración internacional política y organizativa, e intracaribeña. Si tenemos así como nuevas agendas en cuenta que en menos de dos años de acción en la que se destacan los han ocurrido al menos tres desastres derechos humanos, los de género, los de primera magnitud en el área (la temas ambientales y su defensa, etc.,; erupción de La Sufierre en 1998, el paso el desarrollo de nuevos mecanismos del huracán Georges por Puerto Rico, de comunicación y la búsqueda de una República Dominicana, Haití y Cuba, integración desde lo popular y una y la devastación por el huracán Mitch voluntad de concertación con otros de la costa atlántica de Centroamérica sectores sociales y gubernamentales. en el mismo año), se comprenderá la urgencia de establecer sistemas de Uno de las debilidades de ese proceso rastreo, defensa civil y ayuda mutua de de confluencia regional se encuentra parte de los países de la zona. en las propias estructuras nacionales de estos movimientos, los cuales en El área centroamericana ha presentado muy escasas experiencias poseen una durante la década los 90´s dos implantación nacional, generalmente

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son movimientos desarrollados en determinados territorios o estructurados sobre agendas específicas que luego van ampliando su accionar a otros ámbitos. En un estudio realizado por Martha I. Cranshaw a finales de 1996[3] se manifestaba que una serie de organizaciones de la sociedad civil regional se habían establecido como metas: a) La incidencia sobre el proceso de integración de la región centroamericana, la política oficial de varios de los países de la región y los organismos multilaterales que tenían presencia Centroamérica; b) el fortalecimiento de la participación y la capacidad institucional de las redes, coordinaciones y organizaciones miembros; y c) El intercambio de experiencias, la información y capacitación horizontal. No obstante, los resultados logrados mostraban un desbalance entre la incidencia externa y la real influencia en los escenarios nacionales. Los primeros años de los 90´s en Centroamérica que emergieron del conflicto bélico hacia un proceso de paz tutorada por Estados Unidos, fueron años de crecimiento en las organizaciones de base en un intento de amortiguar las repercusiones negativas de los mismos, por ejemplo la reubicación de los desmovilizados del conflicto bélico y su reinserción a la vida nacional, en estos años el surgimiento de Hongos, organizaciones campesinas, y otros movimientos sociales se expandieron por los países de la zona y originaron interacciones y redes regionales como el movimiento “De Campesino a Campesino” y mas tarde “Vía Campesina” que luego se amplio al resto de América Latina. Estos movimientos fueron toman do consciencia paulatinamente de la necesidad de aplicar enfoques ambientalistas en su accionar e incluirlos en sus agendas. Sin embargo, este incipiente regionalismo civil comienza a encontrar su propio tope durante la expansión del

ALCA, del Plan Puebla Panamá y de los TLC entrado ya el nuevo siglo XXI. Sin embargo, a partir del 2004 se hace cada vez más evidente que los procesos de integración subordinada como el ALCA y los TLC, no resultan las vías por las cuales avanzar hacia economías y sociedades más equitativas y plurales. Las políticas neoliberales, la corrupción y el crecimiento de los índices de pobreza en la zona, al igual que en América Latina, provocan el aumento de las protestas sociales en el primer lustro del siglo XXI y comienzan a quebrar los ejes y alianzas políticas sobre las que se habían estructurado los procesos de integración con el norte. La emergencia de la Alianza Bolivariana para las Américas ha venido a reforzar la integración regional a través de un factor estratégico para las economías del área: la dotación de energía. Este es sólo uno de los puntos de la agenda de colaboración. Existen otros puntos en el ámbito económico, que son explorados por los gobiernos, bilateralmente y en el seno de organismos subregionales como el CARICOM y la AEC, en un proceso que asume la interdependencia exigida por el fenómeno de la globalización.

Los movimientos sociales en el Caribe Según Gerard Pierre-Charles los movimientos sociales son expresión del movimiento general de la sociedad y corresponden a una determinada etapa de su desarrollo histórico; por ello, en los movimientos sociales se expresan las formas específicas y concretas que adoptan estos cambios sociales, económicos y políticos en un contexto nacional e internacional determinado temporalmente. En el Gran Caribe los movimientos sociales no se apartan de esas peculiaridades. Si los clasificamos, por sus componentes, el perfil de sus acciones y demandas, en movimientos clasistas y nuevos movimientos sociales,

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estos últimos comprenden a los emergentes movimientos de género, religiosos, barriales-ciudadanos, étnicos y ambientales. Durante décadas los movimientos sociales del área, al igual que sus homólogos en otras partes del mundo, se han relacionado con los actores políticos tradicionales de cada país en formas que generalmente han terminado por subordinar sus demandas a los intereses políticos de las élites nacionales. Así encontramos las relaciones establecidas entre los movimientos sociales de Puerto Rico y la Insurrección Nacionalista de 1950, los movimientos jamaicanos durante el gobierno del PNP. En el período de Michael Manley, la conflictiva relación de los movimientos sociales en Guyana antes del acceso al poder de Cheddi Jagan, el estallido popular de Abril de 1984 en República Dominicana, los movimientos sociales de protesta popular en Haití entre 1968 y 1980 y su explosión final en el “Movimiento Lavalas”, los movimientos religiosos del Caribe insular, como los Rastafaris, los Carismáticos o la Iglesia de los Pobres. Los movimientos sociales en el Gran Caribe durante los últimos 40 años han estado asociados a las características históricas de la región, y se encuentran marcados por una presencia insoslayable en la segunda mitad del siglo: la Revolución cubana. La primera asociación, aquella que se refiere a las características de las construcciones históricas, se atiene a la diversidad geopolítica del área y merece un acercamiento. Además de ser heterogéneas, las formaciones sociales y políticas caribeñas presentan génesis diferentes. Mientras que algunas entidades provienen de los procesos de colonización anglosajones, con sus democracias emergentes “Modelo Westminster”, otras mantienen un status político mas controlado por sus metrópolis, como los Departamentos Franceses de Ultramar, o Puerto Rico con

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el sistema de “Estado Libre Asociado”, Islas Vírgenes (EE.UU. y Gran Bretaña), etc.; se presentan modelos republicanos como los de Centroamérica, Haití o República Dominicana y Venezuela o Colombia; los Estados Unidos Mexicanos y el sistema socialista cubano. Estas diversidades políticas hacen del Gran Caribe una de las zonas más heterogéneas desde el punto de vista político en el mundo actual, lo cual influye en que la realidad general del área se exprese en cada territorio a través de los prismas de sus diferencias locales. No resulta igual el mercado globalizado para las empresas y para la gente común en Martinica, con el trato financiero preferencial de la metrópoli, que el de Puerto Rico con la política estadolibrista y la existencia de la Sección 936, que en Trinidad y Tobago con la fuerte presencia de las refinerías y la industria extractiva, o que la situación cubana con la crisis económica y el bloqueo norteamericano, la situación conflictiva en las democracias representativas emergentes en Centroamérica o el dramático caso de Haití, donde difícilmente la mayoría de su población posea algunos de los beneficios del proceso globalizador, como no sea el de ser pasto de los tiburones en su afán de integrar los contingentes de fuerza de trabajo internacionalizada que la globalización concentra en las megalópolis del norte desarrollado. La segunda asociación, la referida a la Revolución cubana, ha dotado a algunos de estos movimientos de un paradigma relacionado con la capacidad desplegada por este proceso en sus primeros treinta años para articular consensos y promover la participación activa de una mayoría de su población, lo cual ha sido sólo comparable a los primeros diez años de la Revolución sandinista. El elemento fundamental en esta relación ha sido sin lugar a dudas la posibilidad de lograr un sistema político participativo e inclusivo, que tome en cuenta las demandas populares y ejerza un poder equitativo y de justicia

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social. Un aspecto relacionado con esta asociación es el de cómo se ha producido la relación de los movimientos sociales de tendencia ambientalista con otros sujetos políticos como los partidos, aspecto este que ha mantenido para el Gran Caribe varias de las características señaladas en la literatura sobre el tema. Los movimientos sociales en el Caribe poseen una gran diversidad y algunos han ido evolucionando desde los antiguos movimientos de clase donde las demandas sectoriales primaban sobre las visiones políticas generales hacia las luchas político-sociales en las que se cruzan temas como el del clase, el étnico, el de género y el ambiental con la demanda cada vez más urgente de lograr un desarrollo sostenible con justicia social y equidad. Los primeros momentos de la introducción del tema ambiental en el Gran Caribe se remontan a la década de los cincuenta con la presencia de algunas instituciones gubernamentales y ONGs dedicadas a él. En las décadas posteriores sucedió un paulatino incremento de esas actividades y el surgimiento de diferentes actores en torno a ellas. Sin embargo, durante los años ochenta hubo un notable incremento de las ONGs ambientales en el Gran Caribe. A comienzos de los 90 existían en el Caribe Oriental 35 ONGs que trabajaban problemas ambientales locales, en República Dominicana y Haití la cifra oscilaba entre 20 y 25 para cada país y en Centroamérica se reportaban más de 200, derivadas del boom de ONGs producto de los flujos financieros de la ayuda internacional para los países que recién salían de décadas de conflicto armado. En Cuba, el comienzo de los 90 coincidió con la profunda crisis económica que obligó a replantearse muchas de las metas que hasta el momento recaían en las responsabilidades estatales, y aunque la existencia de las ONGs en cierta medida es percibida como una realidad temporal, reversible a mediano plazo, comenzaron a surgir

algunas organizaciones civiles que rápidamente mostraron una vocación ambiental en su trabajo; la suma total de estas entidades no rebasó la decena en esos años, y se encontraban ubicadas fundamentalmente en la capital del país. Un rasgo diferenciador del fenómeno cubano respecto al resto del existente en el Gran Caribe es que el trabajo ambiental y la participación ciudadana han encontrado un fuerte vehículo de expresión en su relación con aspectos directamente vinculados con la cultura dentro de las comunidades locales y con nuevos actores que comienzan a surgir en el escenario cubano y que se han denominado “movimientos comunitarios”. Ese perfil cultural hace que muchas de las experiencias se expresen a través de actividades y manifestaciones culturales con un fuerte componente de educación ambiental. Como ha señalado Jácome, existen diferencias en los movimientos dedicados a los temas ambientales. Hay instituciones conservacionistas que pretenden mantener los ambientes naturales intocables y que no perciben a los seres humanos y su actividad de desarrollo como parte de un sistema ambiental. Por otra parte están las vertientes del ambientalismo, que consideran la necesidad de incorporar una visión de desarrollo sustentable a las percepciones ambientalistas. El común denominador de los movimientos sociales ambientalistas en el Gran Caribe gira en torno a la vocación, capacidades y posibilidades de manejo comunitario de los recursos locales, en los que los sistemas ambientales resultan un factor principal. En esos casos se establecen redes asociativas que tienden a facilitar el accionar social y político de estos nuevos actores dentro de las comunidades y en los países de la región. Por ejemplo, el Plan de Acción Forestal Maya (PAFMAYA) se estableció en 1992 a través de encuentros forestales regionales con líderes locales y comunidades del área maya del Petén

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guatemalteco. Ese proceso comenzó a involucrar diversas comunidades en torno a la salvaguarda del bosque y de sus valores culturales, afectados por el corrimiento de la frontera agrícola y por la guerra; actualmente participan en el movimiento más de dos mil comunidades campesinas, y 150 delegados municipales constituyen el Congreso Nacional de Delegados, una fuerza política para concertar los intereses de las comunidades y la población maya en torno a los objetivos del movimiento. Paulatinamente las acciones de conservación y recuperación forestal trascendieron los límites de la pura y simple acción conservacionista y fueron ampliándose a otros objetivos incluidos en las demandas de las comunidades, llegando a ser un factor importante incluso en el proceso de discusión de los acuerdos de paz en Guatemala y de la localización de los grupos desplazados por la guerra. Este amplio movimiento cultural se estructura alrededor de la reforestación y la agricultura tradicional maya, basando su concepción en la cosmovisión maya y tratando de lograr el respeto a todos los elementos de la naturaleza dentro de un orden ético más cercano a la cultura indígena maya. En Nicaragua diversas ONGs acompañan a los movimientos vecinales y de las comunidades indígenas en sus demandas al gobierno y en sus luchas reivindicativas por el acceso y el manejo de los recursos locales. Por ejemplo, el consorcio de investigación y acciones de desarrollo formado por el Instituto Nicaragüense de Desarrollo Sostenible (INDES) y el Centro de Derecho Ambiental y Promoción para el Desarrollo (CEDAPRODE), desde hace dos años asesoran y capacitan en derecho ambiental a comunidades y municipios de las zonas de Granada y Jinotega Norte, en relación con el manejo de los recursos y el desarrollo local. Este tipo de actividad prepara a las comunidades para hacer frente a las políticas desreguladoras del Estado

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y a la ola de privatizaciones que sufre la economía nicaragüense. Muchas ONGs locales y nacionales vinculan la percepción ambiental con la del desarrollo, como la Asociación para el Desarrollo Municipal, dedicada al trabajo de desarrollo local, o la red nacional del Movimiento Comunal Nicaragüense. Otras ONGs más pequeñas trabajan a nivel micro en las localidades, pero su impacto social y político son sustanciales en ese ámbito; es el caso de la Fundación entre Volcanes, asentada en la isla de Ometepe, que promueve el derecho de los campesinos al manejo agroecológico de sus recursos y la actividad política local relacionada con esa problemática. Las demandas de las sociedades locales a los gobiernos regionales y al gobierno central tienen mucho que ver con la acción capacitadora de organizaciones como esas. Otras instituciones también se dedican a la protección y conservación y a la lucha ambiental desde estas posiciones, como son el Centro Humboldt y en parte Nitlapan de la UCA, quienes despliegan por su parte un proceso de investigaciones y diagnósticos de mucho interés para los sujetos de estos movimientos. En el Salvador la situación no es menos complicada. Con el fin de la guerra, miles de desmovilizados --igual que en Nicaragua-- están encontrando nuevos proyectos de vida en zonas de reubicación. En el Departamento de Chalatenango, el municipio de Tecoluca, en San Carlos Lempa, actúan junto al campesinado el Sistema Económico Social (SES) y la Fundación para el Desarrollo (FUNDES), en un proyecto conjunto de desarrollo económico y social de la región. Esta vertiente de trabajo que vincula las percepciones ambientales y de desarrollo se expresa cada vez con más frecuencia y fuerza, en ONGs como la Corporación de Proyectos Comunales de El Salvador (PROCOMES), que implementa proyectos de desarrollo sostenible en varios municipios con énfasis en las

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cuestiones ambientales y de género. fuerte acciones de lucha política a nivel Otra ONG muy dinámica que actúa territorial e incluso nacional para impedir en la capacitación tecnológica es el la desarticulación de los proyectos y de Centro Salvadoreño de Tecnología las perspectivas de desarrollo local que Apropiada (CESTA); su énfasis en la han sido construidas por los propios dotación de tecnologías limpias y habitantes. apropiadas para el desarrollo es un elemento fundamental en la actuación Por su parte, El Salvador es uno de los ambientalista salvadoreña e incluso países más afectados ambientalmente centroamericana; la labor educativa por las transformaciones económicas ambiental que realiza esta ONG en la y políticas en la subregión prensa, junto a otros esfuerzos como centroamericana, causadas por la guerra el de la Unidad Ecológica Salvadoreña y la expansión del ALCA en los noventa (UNES), contribuyen de manera notable y el TLC posteriormente, sin embargo, a mantener el tema ambiental en el ha generado un fuerte proceso de orden del día informativo convocatorias y acciones y político del país. La ambientales promovidos Este amplio UNES está comenzando por organizaciones movimiento a desarrollar un proyecto vecinales, sindicatos cultural se relacionado con la y organizaciones estructura mitigación de desastres campesinas, junto a naturales a partir de la ONGs ecologistas, lo alrededor de la reciente experiencia de que ha creado un intenso reforestación y las inundaciones causadas proceso de consulta, la agricultura en el país por el huracán de concientización Mitch. También dan tradicional maya, educacional en el basando su pasos para relacionarse interior de El Salvador con otras ONGs de concepción en la que culminaron con el II Centroamérica y el Caribe cosmovisión maya y Congreso Ambientalista insular interesadas, para tratando de lograr en el país con delegados emprender la creación de de comunidades y de una red relacionada con el respeto a todos diversas organizaciones la capacitación ciudadana los elementos de la sectoriales, uno de sus naturaleza para la mitigación de los pronunciamientos abordó desastres, un problema la importancia de ver ambiental tan sensible lo global en nuestras para el Gran Caribe. En la zona de los realidades, toda la problemática de embalses actúa desde hace unos tres los transgénicos y la de los acuerdos años una ONG cuya misión es contribuir comerciales del TLC han sido discutidas a salvar al río Lempa y a recuperar en las comunidades. ecológicamente los embalses, en especial el de Cerrón Grande. La Fundación También por ejemplo grandes obras de para el Río Lempa (FUNDALEMPA) la infraestructura que no benefician para trabaja en capacitación y asesoramiento nada a la población, como por ejemplo en manejo ambiental local con los el Anillo Periférico de San Salvador, han campesinos y desmovilizados de la desatado crecientes protestas por las guerra que tienen que combinar ahora comunidades afectadas, agrupadas en sus prácticas agrícolas con labores organizaciones de base y apoyadas por menos tradicionales como la pesca o la Unión Ecológica Salvadoreña, quienes la piscicultura. No se trata sólo de un han desplegado protestas y tomas de programa de desarrollo local, pues en la espacios para evitar la construcción del mayor parte de los casos las iniciativas referido anillo en el tramo de Puente locales tienen que acompañarse con de Mulas.

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Las afectaciones a las comunidades y al medio ambiente catalizaron las protestas he hicieron que el Consejo Municipal de la Alcaldía de Ciudad Delgado, periférica a San Salvador, acordara el 8 de agosto del 2002 ordenar al Ministro de Obras Públicas la suspensión del proyecto “hasta que no se establezcan acuerdos que favorezcan a las diferentes comunidades afectadas y que garanticen la conservación de los recursos naturales”[4], lo cual ha sido desoído por el Ministro de Obras Públicas. En 2005 la UNES y el Foro de la Sociedad Civil para la Reconstrucción y el Desarrollo (FSC) recolectaron cien mil firmas para presentarlas ante el BID en Washington, que es la instancia financiadora del proyecto para frenar dichas acciones. La batalla que están enfrentando las organizaciones de base en El Salvador tiene mucho que ver con el fortalecimiento del papel de las comunidades para la toma de decisiones en lo que se refiere a su vida y al manejo de los recursos naturales, con la descentralización de la política ambiental y social, con el aumento de presupuestos en educación y salud, o sea en resumen, con la aplicación de cambios éticos en las relaciones estadosociedad-naturaleza. En el Caribe Oriental, quizás la zona más dinámica en la actividad de sociedad civil en el área, la Caribbean Natural Resources Institute (CANARI), radicada en St. Lucia y en St. Croix desde hace 20 años, es una ONG dedicada a promover la conservación y el desarrollo en la región. Su perfil se ha movido de la conservación estricta a la ejecución de políticas ambientales; reconoce la importancia de fomentar el desarrollo sostenible, propicia la participación comunitaria en el manejo de recursos locales y relaciona los problemas económicos con los ambientales. Mientras la mayoría de las ONGs promueven normalmente

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proyectos a corto y mediano plazo (1 a 5 años), CANARI lo hace a largo plazo (8 y 10 años); su actividad en el Caribe Oriental reviste gran importancia, dadas las magnitudes espaciales de los microestados caribeños. Colabora, por ejemplo, en la reforestación y el manejo sustentable de los manglares, uno de los problemas más acuciantes para los equilibrios ambientales de las pequeñas islas en sus bordes costeros. Recientemente ha comenzado proyectos relacionados con los desastres naturales. La capacitación de la población local de acuerdo a estrategias de mitigación y prevención de desastres es otro de los graves problemas que enfrentan los estados del Caribe Oriental, que ha quedado fuera de la acción directa de los gobiernos de la zona debido a diversas razones. CANARI desarrolla talleres de discusión y capacitación con las sociedades locales, en los que han participado experiencias de otros países caribeños con mayor área territorial y más amplia experiencia en estos temas, dando de hecho un ejemplo de colaboración internacional de las sociedades civiles del área a través de sus movimientos sociales. La Caribbean Conservation Association (CCA) concentra su trabajo en el área de políticas ambientales y privilegia la visión regional sobre los problemas de la conservación. Actúa mayoritariamente en el ámbito cultural, pues despliega su labor en restauración de monumentos, sitios históricos y la promoción de la educación y legislación ambientales del Caribe Oriental. En el año 1995 sucedió una catástrofe ambiental y humana en la isla de Monserrat, el volcán La Sufierre entro en erupción e hizo desaparecer la capital del país y varias poblaciones aledañas, la mayor parte de la población afectada por este evento se traslado a islas vecinas o emigró, solo las mujeres tomaron la iniciativa de recuperación y

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reconstrucción de la isla con el apoyo de ONGs locales y organismos regionales e internacionales que proveyeron ayuda humanitaria. La ONG Women & Development (WAND), fue una de las líderes en este proceso. Una de las visiones más globalizadoras e integrativas del Caribe en relación con los problemas del desarrollo sustentable es la del Caribbean Policy Development Center (CPDC), radicado en Barbados pero con un área de acción extendida a todo el Caribe anglófono, y en los últimos años al resto del Caribe. Esta ONG enfatiza la relación ambiente y sociedad como uno de sus ejes principales de trabajo, y acude eficazmente a la acción política. Resulta muy relevante el intenso trabajo de lobby que realiza, no sólo en la Asociación de Estados del Caribe (AEC) y en CARICOM, sino en foros internacionales de esta década, como Río 92, Río + 5 o la Conferencia de Desarrollo Humano. Diversas ONGs del Caribe Oriental han señalado en los foros realizados por la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales y en otros conclaves regionales que las inequidades de las políticas económicas y sociales aplicadas en los países de la zona hacen crecer desmesuradamente las presiones sobre los recursos locales y su desigual acceso, lo que influyo en la ruptura del diálogos social y contribuyo a fijar los procesos de injusticia social como elemento estructural a los modelos económicos aplicados al área[5]. Estos factores socioeconómicos crean un caldo de cultivo propicio para el surgimiento y desarrollo de segmentos de la sociedad que se marginan, sumergiéndose en la ilegalidad y la violencia. Conjuntamente, los procesos de desarrollo que se despliegan en el Caribe dejan fuera a otros segmentos sociales como los discapacitados, los enfermos de VIH-

SIDA, etc. condenándolos de hecho a la marginalidad y en no pocos casos a la violencia[6]. Según Sharene McKenzie de Craig Town Youth Organization de Jamaica, una buena parte de los conflictos violentos emanan de la incapacidad de los jóvenes y las jóvenes para manejar sus proyectos de vida personales, los cuales no perciben su futuro como alternativas viables dentro de las sociedades caribeñas y entonces se plantean dos opciones, o emigrar o sumergirse en actividades mas riesgosas pero también mas remunerativas desde el punto de vista financiero, lo que le supone la posibilidad de asegurarse a corto plazo un corrimiento social considerable en sociedades donde la especulación y la actividad de “servicios” con todas sus secuelas han sido las más rentables en los últimos años. Según esta activista social, resulta necesario conocer y diseñar nuevas alternativas para la juventud que les trasmita normas éticas más sólidas pero también que les permita ver hacia el futuro una inserción social más digna y viable[7]. En muchos sentidos los movimientos sociales caribeños perciben el trabajo con los sectores femeninos como uno de los baluartes de trabajo contra la violencia y por lograr una sociedad sustentable en el área. Marcela Harris de WINFA en Saint Vincent and Grenadines considera que el trabajo con los sectores femeninos en su ámbito de acción ha llevado a colocar el problema de la violencia intrafamiliar como uno de los ejes generadores de conflicto en estas islas. El problema de la pérdida de autoestima por parte de las mujeres y su rol subordinado dentro de la estructura familiar patriarcal es una de las causas que generan los conflictos, dotar a la mujer de instrumentos y vehículos para cambiar el rol familiar o al menos para dignificar su rol dentro de la estructura social, puede resultar un elemento de interés en los procesos de prevención

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de conflictos en el área y lograr manejos sustentables de los recursos locales, aspecto este que en muchos sentidos los hombres no consideran suficientemente. Quizás sea Puerto Rico el caso más interesante de todos a los efectos de percibir la aplicación de diseños políticos y de instrumentos económicos y fiscales facilitadores de la maximización de ganancias para el capital y su relación directa con el deterioro ambiental, lo que junto a la utilización de parte del país como polígono militar ha movido grandes sectores de opinión y activismo político en torno a las luchas ambientales.

partner muy atrayente en esto aspectos de las relaciones internacionales.

Es sabido que uno de los puntos focales de las posiciones políticas de la gente común en Puerto Rico es el hecho de que un cambio de status, ya fuera para la tendencia estatista como para la independentista, eliminaría las prerrogativas del subsidio para la nación y una de las primeras medidas sería la eliminación de la Sección 936 del Código de Rentas Internas, por la cual se exime de pago de impuestos federales a las empresas de ramas específicas que se asienten en la isla; esta fuente básica de empleos y reservas Particular importancia en el caso bancarias, se ha convertido en el pivote puertorriqueño tiene sobre el cual giran muchos la utilización de zonas de los consensos políticos, de su territorio para además de que a la larga ha polígonos militares con la construcción contribuido a que Puerto la consecuente agresión Rico se convierta en una del espacio en ambiental y social a las plataforma la modernidad importante estructuras tradicionales de penetración del es el reflejo del capital norteamericano existentes en esos territorios. La perdida de hacia el Caribe con dominio de la la bio y socio diversidad, el establecimiento de razón sobre Twins Plants en otros el empobrecimiento la naturaleza, territorios, además de las comunidades y lleva el sello de que ha facilitado sectores sociales que habían dependido de su transformador del el asentamiento en el relación con el entorno, trabajo humano territorio de numerosas compañías que por la como es el caso de los en el espacio índole contaminante de pescadores de Vieques, la sus actividades debían alta contaminación de los construido. pagar altos impuestos en suelos, las aguas y el aire, el territorio continental y la expulsión de especies (farmacéuticas, (incluida la humana) de estos territorios, han hecho de los petroquímicas, etc.). polígonos militares uno de los elementos de mayor conflicto ambiental y social Los compromisos establecidos por el PPD que le granjearon el triunfo plebiscitario en territorio puertorriqueño. a la fórmula de libre asociación fueron Otro aspecto de interés resulta del en síntesis: a- la total reposición de la rol regional que Estados Unidos ha Sección 936, b- aumento de la política otorgado a la isla en el Caribe, lo que de seguridad social mediante programas la coloca como una plataforma de de asistencia a sectores vulnerables, clanzamiento de empresas, políticas y remoción de los obstáculos federales a proyectos para el área del Caribe. En los cupones de alimentos y d- protección este sentido las relaciones ambientales a los productos agrícolas nativos. de colaboración con otros territorios Dichas promesas fueron cumplidas en incorporan a la isla al Caribe como un parte, pero sin lugar a dudas la que más

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rápidamente y con más coherencia se implementó fue la referida a la Sección 936. Puerto Rico muestra hoy un dudoso primer lugar dentro de los países del Caribe en cuanto a sus índices de contaminación, una isla de aproximadamente 9.000 kms/2 posee uno de los más altos índices de contaminación del Caribe. El proceso de degradación ambiental agravado con la intervención norteamericana en la isla a finales del siglo XIX, con la transformación brusca de los suelos del país en un gran cañaveral, se ve hoy cubierto en buena parte de su superficie por espacios construidos, demandantes de cada vez más altos flujos de energía, consumidores de enormes volúmenes de agua, lo que se comienza a convertir en uno de los problemas más graves del país dada la creciente escasez de este recurso[8], las afectaciones que sufren los acuíferos del norte de la isla debido a los vertimientos de las farmacéuticas ubicadas en esa zona; la contaminación aérea por las petroquímicas y farmacéuticas, hacen que la morbilidad relacionada con enfermedades alérgicas y tóxicas se expandan cada vez más, como en las afectaciones sufridas por cientos de trabajadores de Mayagüez en la década de los 80´s; la presión ambiental sobre los ecosistemas costeros originada por la densidad constructiva de hoteles, resorts, marinas, etc. están alterando irremediablemente estos frágiles equilibrios ecológicos, con la eliminación de manglares y maniguas costeras que fungían como protección en la interfase medio acuático – medio terrestre; la deforestación en la montaña ha creado fuertes procesos de erosión y desertificación en una isla que hace un siglo poseía una de las cubiertas forestales más importantes del Caribe. Los procesos de urbanización sin una estrategia planificadora y sin visión perspectiva del desarrollo urbano, han convertido al país prácticamente en una inmensa y caótica ciudad, con el aumento previsible del deterioro

de la calidad de vida y por último, la utilización de varios puntos del territorio puertorriqueño para bases militares incorpora un daño ecológico irremediable en zonas como Vieques donde el polígono militar ha destruido múltiples especies en la zona dañando incluso la actividades económicos tradicionales como la pesca artesanal. También la ciudad expresa sus problemas ambientales peculiares en el Gran Caribe. Muchas de las principales ciudades del área se encuentran en íntima relación con el mar: La Habana, Santiago de Cuba, Kingston, Bridgetown, Santo Domingo, San Juan, Ciudad Panamá, Cartagena, Mérida, Chetumal y Belmopan, Veracruz, etc. Otras dependen más de sus relaciones directas con el ambiente terrestre: San Salvador, Ciudad Guatemala, Tegucigalpa, Managua, San José, Caracas, etc. Todas resultan de la actividad humana y básicamente de la acción de los mercados históricos. Como otros espacios construidos, la ciudad caribeña expresa las contradicciones de los modelos de acumulación en cada país, y sus tensiones ambientales --aunque no se manifiesten abiertamente-- subyacen en cada uno de los problemas y conflictos locales. Según Cela, la construcción del espacio en la modernidad es el reflejo del dominio de la razón sobre la naturaleza, lleva el sello transformador del trabajo humano en el espacio construido. Es además funcional; se construye, diseña, transforma, en un proceso de apropiación espacial que la especie no había alcanzado anteriormente. Según la economía neoclásica, esa asimetría hace crecer la productividad y reduce los costos. Ciertamente, las ciudades las hacen los hombres y mujeres que en ellas viven, pero se podría añadir que ellos no participan en su planificación; las ciudades resultantes exhiben las tensiones y contradicciones entre las soluciones más o menos inconscientes que aquellos hombres y mujeres dan a sus necesidades, y las lógicas de los grupos predominantes. Las demandas

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de servicios y energía crecen, ajenas a los cálculos de espacio por necesidades y número de personas. En el Gran Caribe actual la ciudad adquiere una importancia capital en la preservación de los sistemas políticos, los sistemas sociales y los sistemas ambientales. Ciudades como Santo Domingo, víctima de un proyecto de remodelación urbana que ha desalojado a más de 20 000 familias en los últimos diez años, ha conocido desde hace dos décadas la presencia y organización de diversos movimientos barriales con fuertes capacidades movilizadoras, son conocidas las protestas frecuentes de la población, generalmente con base en estos movimientos en los barrios mas pobres de la ciudad. “Ciudad Alternativa”, una ONG de reflexión y acción social implantada en varios de los barrios más pobres de la capital, realizó trabajos de capacitación y movilización en la década de los 80¨s y comienzos de los 90´s del siglo pasado, otras ONGs como el Centro de Investigación Promoción y Acción Femenina (CIPAF), Centro de Educación y Documentación para la Educación (CEEDE), fueron muy activos durante las ultimas dos décadas, acompañando procesos de participación y educación populares en los que se incluían la mejora de la calidad de vida, los derechos humanos y de género y el mejoramiento ambiental de los asentamientos humanos periféricos en Sto. Domingo. No obstante, los sucesivos gobiernos dominicanos han instrumentado diversas políticas urbanas desmovilizadoras, en las cuales han confluido la acción estatal y la acción privada “modernizante”, que acumulan una serie de déficit como la altísima centralización de las decisiones, la irracionalidad productiva, la ausencia de planificación y organicidad, la ausencia de participación y de lógica en las decisiones políticas. Además, la acción privada modernizante carece de tecnología adecuada, opera tecnocráticamente, percibe el urbanismo como un instrumento

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de distanciamiento social, disloca el consumo espacial y hace inoperante la legislación urbanística. El dislocamiento de población en el entramado urbano en Sto. Domingo ha resultado también un elemento desmovilizador y desorganizador de los movimientos, que en un momento resultó una contención a la implementación de las políticas neoliberales. La relación de los movimientos sociales de tendencia ambientalista con otros sujetos políticos como los partidos, es un tema que por su importancia amerita un estudio más pormenorizado, imposible de realizar en este texto; sin embargo, sí resulta necesario señalar algunas particularidades de estas relaciones. En 1993 durante la celebración del Foro de Sao Paulo en La Habana, de los 31 partidos y movimientos de izquierda del Gran Caribe que participaron en dicho conclave, la totalidad mostró disposición a trabajar conjuntamente con los movimientos ambientalistas o que incluyeran esta visión en sus agendas dentro de sus países respectivo[9], sin embargo, esa misma pregunta formulada a varios de los principales movimientos en el área mostró que tenían reticencias a las relaciones políticas debido a que no percibían una posición clara de las plataformas políticas de estos movimientos y partidos respecto a los principales problemas ambientales reflejados en las agendas de dichos movimientos sociales; por otra parte, algunos de estos movimientos declararon su desacuerdo con los métodos de lucha armada que varios de estos partidos y organizaciones de izquierda mantenían en sus opciones de toma de poder político. Al respecto Enrique Leff señalaba en la misma época que el movimiento ambientalista y muchos de los movimientos sociales que incluyen temas ambientales en sus agendas, actúan “por lo general fuera de las instituciones políticas y el régimen de partidos establecidos”. Si esta observación de Leff y lo expresado por

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la recogida de información a comienzos de los 90´s por el autor de estas líneas era cierto en esos años, el escenario actual parece haber cambiado algo. Primeramente, con la crisis del sistema político tradicional en el Gran Caribe, las agresivas políticas económicas neoliberales, el crecimiento de los niveles de pobreza y extracción de bienes y recursos ambientales en la zona, las percepciones de ambos lados deben haber cambiado algo. En segundo lugar, ya casi es un lugar común que los gobiernos y partidos de los países latinoamericanos (de izquierdas y derechas) tomen posición respecto a los grandes problemas ambientales que aquejan la subregión y esto por supuesto, es valido también a los sujetos políticos en el Gran Caribe y al menos se pronuncien en sus programas políticos por una gestión sostenible de los recursos, aunque luego, una vez en el poder apliquen una política contraria. Por último, en tercer lugar los tiempos políticos, económicos y sociales están confluyendo en una crisis regional (directamente vinculada a la crisis planetaria), que resulta insoslayable para cualquier acción política desplegada en la zona, solo basta con tener en cuenta la emergencia cada vez mayor de los llamados desastres naturales, para comprender lo que se nos viene encima.

De las viejas reivindicaciones a las nuevas agendas Uno de los primeros escalones de confluencia entre las agendas de las organizaciones de la sociedad civil, ONG y los problemas ambientales son las diversas organizaciones conservacionistas existentes en el área. Aunque autores como Jácome consideran que las ONGs ecologistas o meramente conservacionistas poseen un perfil bajo de lucha política, y que suelen resultar conservadoras en su accionar respecto a los proyectos políticos y de desarrollo. Pero lo cierto es

que la situación de deterioro ambiental en el Caribe se ha ido agudizando a tal velocidad que aquellas tendencias cambian rápidamente; muchas ONGs conservacionistas despliegan actualmente una lucha denodada contra las transnacionales y las políticas neoliberales de los gobiernos respecto a los recursos naturales del área. Un ejemplo de ello ha sido la posición de varias ONGs ambientales caribeñas en relación con los acuerdos sobre derechos de patentes negociados desde la Ronda Uruguay del GATT y continuados en las discusiones de la OMC y los derechos de las naciones y las comunidades indígenas sobre el germoplasma autóctono. Así lo demuestran organizaciones de base en el Caribe Oriental como CANARIS en las acciones de recuperación de manglares y de resistencia a las construcciones hoteleras en zonas costeras no apropiadas de varios Pequeños Estados Insulares del Caribe Oriental y Women and Development (WAND), con sus acciones alrededor de la vulnerabilidad y la mitigación del desastre provocado por la erupción del volcán La Sufierre, en la isla de Monserrat, acciones que han implicado fuerte conflictos con trasnacionales y con la inacción gubernamental en sendos casos. El permanente reto de la pobreza y la baja calidad de vida, los conflictos de género o la protección del consumidor, también atraviesan las agendas de demandas y trabajo de los movimientos en el Gran Caribe. Dado el incremento del deterioro ambiental natural y la presión constante sobre los recursos naturales de los países de la región, cada vez más escasos, los clásicos movimientos conservacionistas adquieren mayor relevancia, incorporando demandas culturales y étnicas que reivindicación el uso ancestral de sus territorios y el respeto y valoración de su cultura y sistema de saberes, como parte de un corpus vivo en el tejido social de las naciones.

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En este sentido diversos autores han señalado que existe una tipología histórica en la cual caben los diversos matices del movimiento ambientalista dentro de tres períodos: el conservacionista, el políticoideológico y el simbólico-cultural. Esa evolución estaría marcada por la relación del movimiento ambientalista con diferentes actores políticos y con la falta de efectividad de las políticas aplicadas en torno a los problemas más acuciantes del medio ambiental, como son el deterioro de los suelos, los problemas existentes con el manejo y la precariedad del recurso agua en algunos países de la zona y el aumento de los índices de pobreza y marginalidad dentro de las sociedades caribeñas. Sin embargo, en las últimas décadas, estos procesos han presentado variaciones en sus perfiles y engarces en el escenario político de la región. La emergencia de los movimientos sociales en el Caribe se explica, entre otras razones, por el intenso proceso de reestructuración social impuesto por la acumulación capitalista a escala mundial y especialmente en esta zona de la periferia, que ha metamorfoseado a las clases y a otros sectores sociales y transferido a otros espacios las contradicciones del capital y el trabajo. Dicho de otra forma, las antiguas contradicciones de clase y las luchas fabriles y campesinas por reivindicaciones sectoriales, han pasado en cierta medida a los espacios comunitarios, al barrio, a la vivienda e incluso a la familia. Las desregulaciones originadas por los nuevos ciclos de acumulación extienden la exclusión estructural a vastos sectores de la población cuya ubicación en los ciclos productivos, de distribución y consumo, no rebasan los niveles de pobreza[10]. Esa realidad ha hecho que las agendas de demandas de estos sujetos sociales se hagan más complejas y surjan formas de asociacionismo inéditas hasta el momento. Esta transmutación

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del movimiento social y popular en el Caribe se realiza en momentos en que en América Latina también se pauperizan amplios sectores sociales. La agudización de la exclusión en las áreas rurales impulsa el movimiento migratorio campo-ciudad y refuerza los movimientos de ocupación de tierras. Por otra parte, el espacio fabril ha experimentado un proceso de fragmentación en el que otro tipo de trabajadores y trabajadoras son requeridos por el proceso productivo. La proliferación de las zonas francas ha puesto a la defensiva al sindicalismo; el capital lo neutraliza, lo hace cómplice suyo, o simplemente lo ignora. La feminización de la pobreza es otro rasgo característico de los actuales procesos de pauperización social. La mujer satisface los requerimientos productivos de la maquila desde su hogar, o trabaja interminables horas en las factorías de las zonas francas, sea para complementar la canasta familiar, o en carácter de cabeza de familia. El incremento de la pobreza en el área es con mucho su principal problema ambiental. Organismos internacionales como la UNICEF lo consideran la principal amenaza en el próximo siglo, lo relacionan con otras dos variables y crean el llamado “problema pobreza, población y ambiente” (PPPA)[11]. Según esta interpretación uno de los sectores más vulnerables a los estados de pobreza es el de las poblaciones rurales y dentro de ellas los segmentos más agredidos son mujeres, niños y ancianos. La población rural sin tierra, que crece debido a los cambios en las zonas rurales con relación a la tenencia de tierras y con los corrimientos en las fronteras agrícolas, genera una gran presión sobre los recursos y el ambiente natural e incrementa por otra parte el éxodo hacia los centros urbanos. En el primer caso el fenómeno favorece la degradación de recursos naturales básicos a partir de la tala indiscriminada de bosques y el corrimiento de las fronteras agrícolas, como en Nicaragua

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en los últimos diez años; en el segundo, rural, sobre todo en Centroamérica. Los favorece la aceleración de la erosión procesos de empobrecimiento extremo en laderas montañosas y el trastorno de poblaciones rurales y periurbanas del ciclo hidrológico, que incrementa presionan sobre los recursos locales la duración de las sequías, como en la y regionales en el ámbito de cada situación de Haití. En este último, la país, afectando fundamentalmente presión migratoria sobre las ciudades al agua, los suelos, los bosques y la por la población campesina desplazada diversidad biológica (genética). La genera conflictos por la ocupación pobreza extrema es la expresión de los de terrenos baldíos, carentes de procesos de exclusión y marginalización los servicios mínimos ambientales, históricos y estructurales a que se ha como alcantarillado, agua potable sometido la agricultura campesina en o electricidad. Es el caso de muchas particular y las economías del Gran ciudades del Gran Caribe (Managua, Caribe. En Nicaragua según Adolfo San Salvador, México D.F., Caracas, Acevedo, por ejemplo, el 74.8% de los Santo Domingo, Port-au-Prince), donde hogares presentan alguna condición de pobreza; los que clasifican habitantes marginales como pobreza extrema se ubican en terrenos muchas redes representan el 43.6% carentes de higiene del total. De los hogares ambiental, muchas veces nacionales se cercanos a industrias reestructuraran que presentan pobreza altamente contaminantes, dada la necesidad extrema, el 60.1% son rurales y el 39.9% líneas férreas, aeropuertos, de reaccionar urbanos. Sin embargo, si vertederos de basura ante los efectos se considera la totalidad o áreas susceptibles de inmediatos de de hogares pobres a nivel desastre. En estos nuevos espacios habitacionales la devastación y nacional, el 61.1% de se fijan y reproducen ante la apatía de estos son urbanos y un rurales; es decir, en los estados de pobreza la mayor parte 38.9% términos absolutos existe extrema de estas de los gobiernos más pobreza en zonas poblaciones. nacionales de urbanas, pero en términos relativos la pobreza Según el índice de enfrentar las severidad de la relación verdaderas causas extrema se concentra en entre pobreza, población de esa tragedia zonas rurales. y medio ambiente en En los últimos años las el Gran Caribe[12], los países con más alto índice en el área cuencas dominico-haitianas como las son: Haití, Guatemala, El Salvador y del río Yaque del Norte y el Pedernales Honduras. El paso del huracán Mitch presentan diversos grados de deterioro, afectó esta jerarquización sin lugar a sobre todo en lo relacionado con dudas. Los efectos de este fenómeno los procesos de deforestación, los que devino desastre regional, dio por cuales con diversa intensidad afectan resultado que muchas redes nacionales a ambos países. Aunque los manejos se reestructuraran dada la necesidad de de la agricultura a pequeña escala en reaccionar ante los efectos inmediatos República Dominicana han conservado de la devastación y ante la apatía de la en mejor estado algunas de las zonas de mayor parte de los gobiernos nacionales estas cuencas, el deterioro proveniente de enfrentar las verdaderas causas de del territorio haitiano con sus altísimos esa tragedia. índices de deforestación se están adentrando hacia las cabeceras de Se ha reconocido la pobreza extrema los ríos y afluentes, a ello contribuye como un fenómeno fundamentalmente el proceso migratorio haitiano que

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encuentra en la utilización de la leña como fuente energética un recurso barato y asequible. Varias ONGs locales trabajan en la capacitación para implementar manejos sustentables desde las poblaciones asentadas en los territorios, lo que amortigua algo el impacto de esta población sobre las fronteras agrícolas y su corrimiento interno. La agenda ambiental en el Gran Caribe se torna cada vez más compleja. Un buen ejemplo es la evolución del ambientalismo dominicano hasta 1990, en que se propuso al país el Canje de Deuda por Naturaleza. El movimiento ambientalista en República Dominicana creció durante los 80’s y promovió iniciativas favorecedoras de la protección del medio natural. Los grupos conservacionistas se movilizaron durante esos años a favor de la protección de 15 áreas naturales (unos 6 448 km² de territorio y área marítima); esas acciones y su presión política llevaron a que paulatinamente se conformara un grupo de entidades que se agruparon en la Federación Dominicana de Asociaciones Ecológicas (FEDOMASEC), las cuales mantuvieron una presencia en la vida nacional, tanto por sus acciones como por la actividad y el prestigio de sus dirigentes. Entre 1984 y 1990 el FEDOMASEC desplegó una intensa labor a favor de la protección de los recursos naturales dominicanos. Sin embargo, ese año comenzaron las conversaciones sobre conversión de deuda por naturaleza y se creó una entidad donante para canalizar financieramente los programas bajo el nombre de Pro-Natura, detrás de la cual estaban los grupos más fuertes de empresarios dominicanos. Se logró entonces un subprograma de conversión de deuda por naturaleza que ascendía a 80 millones de dólares a través del Nature Conservancy y del Banco de Boston. La mayor parte de los grupos ecologistas se opusieron a esta maniobra, dividiendo sin proponérselo al FEDOMASEC.

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Aparte de las implicaciones financieras que los mecanismos del canje fijaban y de la intromisión de los organismos internacionales en el capital ecológico de la nación, la principal debilidad de los grupos ecologistas aglutinados en FEDOMASEC fue su incapacidad para advertir que se estaban transformando en grupos políticos sin adquirir conciencia plena del papel que pasaban a jugar[13]. Este es un ejemplo claro de que el movimiento de las agendas económicas somete al capital natural de los estados nación a complejas vicisitudes, y de la clara política neoliberal que tiende a transferir responsabilidades netamente estatales a grupos empresariales y ciudadanos. Esta lesión a la soberanía nacional se ha expresado también en países como Costa Rica, donde el patrimonio natural y ecológico ha pasado a manos privadas extranjeras en determinadas zonas, haciendo que los nacionales sean extranjeros en su propio territorio. En varios países del Caribe se observa un fenómeno similar relacionado con las costas y su utilización por resorts y hoteles que impiden el acceso a nacionales en un evidente proceso de privatización de la naturaleza.

Redes que ayudan a vivir: los relacionamientos de los movimientos sociales del Gran Caribe Una peculiaridad de los movimientos ambientalistas que es común a los existentes en el Gran Caribe es la tendencia a establecer redes de relaciones entre ellos y con otros sujetos en diversas partes del mundo. El ambientalismo reconoció tempranamente la necesidad de utilizar los métodos de conexiones horizontales con otros sujetos similares o con diversos objetivos de trabajo, para que puedan construirse consensos en relación con temas amplios como el mejoramiento de la calidad de vida, el derecho al pluralismo y la heterogeneidad social y cultural y los

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derechos humanos. Esa peculiaridad ha llevado a que se establezcan redes asociativas que tienden a facilitar el accionar social y político de estos nuevos actores dentro de las comunidades y los países de la región. Los problemas globales a que se enfrentan hoy las diferentes naciones y sociedades, hace tomar conciencia de que sólo se pueden articular políticas desde abajo, o crear grupos de presión en organismos internacionales, si se estructuran tejidos sólidos desde el punto de vista social e informativo; así han surgido una serie de redes de organizaciones que se trasmiten sus criterios y posiciones sobre problemas comunes y extienden su solidaridad a otras que se encuentren ante un conflicto con los gobiernos o con determinadas empresas en relación con la protección ambiental. Esa tendencia ha hecho surgir la llamada diplomacia de los desposeídos, la cual ha logrado tener presencia y hacer oír sus voces en las cumbres recientes (Medio Ambiente en Río 92, Desarrollo Humano, Hábitat, Población, etc.), inaugurando un nuevo capítulo en la diplomacia internacional, que de una u otra forma tiene que tomar en cuenta esas posiciones. Dos ejemplos de cómo se van articulando los mecanismos de concertación de agendas regionales en torno a los temas más acuciantes del área son las actuaciones del Caribbean Policy Development Center (CPDC) y la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES). La primera respecto a la creación de la AEC, las reuniones del CARICOM, las concertaciones en torno a reuniones internacionales como la Conferencia de los Pequeños Estados Insulares (Barbados, abril de 1994). La segunda, respecto a los problemas regionales del Gran Caribe, donde el tema ambiental está adquiriendo cada vez mayor relevancia para la discusión de la agenda del Foro de la Sociedad Civil del Gran Caribe, un esfuerzo

concertador de actores sociales y políticos del Caribe que celebro tres reuniones, la primera en Cartagena, Colombia (noviembre de 1997), la segunda en Barbados (diciembre de 1998) y la tercera en Cancún, México, en 1999. Mas tarde el trabajo de proyección ambiental se concreto más dentro de CRIES al comenzar un proyecto sobre “Vulnerabilidad y Gestión de Riesgos en el Gran Caribe” en el año 1999, con dos Talleres en su primera fase, el primero en San Salvador en diciembre de 1999 y el segundo en La Habana en el 2001, los cuales dieron lugar al establecimiento de un Observatorio sobre Vulnerabilidad y Gestión de Riesgos en la región; este observatorio ha producido un volumen de ensayos y dos Talleres en su segunda fase, uno en República Dominicana en abril de 2004 y otro en La Habana en julio de 2006, en ellos han participado ONGs, Centros de Investigación y organizaciones de base con trabajos en esos temas en todo el área. En el 2005 CRIES presentó ante la “Comisión de Desastres Naturales de la AEC” un informe derivado del trabajo del Observatorio. En el caso de CPDC ha dado muestras de su vocación política de integración sobre todo en las décadas de los 80´s y 90´s, a partir del triunfo de la Revolución Granadina (y a pesar de su frustración en 1983 con la intervención norteamericana) esta red de redes del Caribe Oriental amplió su radio de acción a todo el Caribe anglófono y luego a Cuba y República Dominicana[14] participación de redes en los procesos de integración regional, como el documento presentado por (CPDC) en representación de 23 redes nacionales y regionales ante la Reunión de Jefes de Estado y Gobiernos de CARICOM, celebrada en Jamaica en julio de ese año, donde se refiere a puntos como las relaciones entre la UE y los países ACP, la economía de mercado en los países de la CARICOM y el imprescindible desarrollo sostenible que deben aplicar los estados caribeños,

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a la vez que hace un reconocimiento a CARICOM por la inclusión de Cuba como miembro pleno y llama a estrechar la colaboración entre el sector de ONGs y Sociedad Civil del Caribe y esa organización intergubernamental, proponiendo la celebración de una “Conferencia Social y Económica” de la región[15].

armas ligeras. Donna Parchment del “Dispute Resolution Foundation” de Jamaica, señalaba que: “…en el Caribe Anglófono ha existido un nivel creciente de violencia civil a través de la conformación de grupos pandilleros que en no pocas oportunidades poseen conexiones clandestinas con sectores de poder dentro de los países, lo cual hace que en determinados momentos de la vida política de la nación, por ejemplo en trono a los procesos electorales, la actividad de estos grupos delincuenciales se solapen con los problemas políticos del país.”[17]

En ese mismo año, en el mes de junio, la Iniciativa Civil Centroamericana (ICIC), red de redes de Centro América elabora y presenta un documento ante los gobiernos del área con vistas a fortalecer la Varias ONGs como presencia de la Sociedad propia “Dispute Civil en el contexto No falta tampoco la Resolution Foundation” del SICA. Esta posición la presencia se encuentran trabajando de mas de 40 redes y de la violencia en el “manejo de la paz”, ONGs de esa zona, se a través de metodologías apoya en el “Protocolo en todas sus instrumentos de Tegucigalpa” y en la manifestaciones, e participativos que Alianza para el Desarrollo incluso la involucren no solo a Sostenible (ALIDES), eliminación las comunidades, sino elaborado y suscrito por también a los sectores los países signatarios física de quien más vulnerables como del SICA, para expresar se oponga pueden ser los jóvenes su preocupación por el futuro de la integración consecuentemente y las mujeres. “Dispute a determinados Resolution Foundation” en la región con el considera que estos ALCA a sus puertas y la proyectos conflictos pequeños necesidad de, sobre esas poseen un altísimo bases jurídicas regionales, poder desestabilizador reestructurar el proceso y hacerlo mas participativo, lo cual en las sociedades caribeñas, el cual podría garantizar una contención a la incide no solo a nivel familia y de las embestida del libre comercio sobre las sociedades locales, sino también en debilitadas economías y sociedades la vida nacional de cada país, al crear centroamericanas[16]. Como se sabe, un clima de inseguridad ciudadana y este llamado resulto desoído por la de ingobernabilidad en determinados organización y los gobiernos de la zona. períodos de tiempo. No se excluye el hecho de que muchos de los procesos violentos tengan que ver con el Conflictos sociales, movimientos creciente tráfico de drogas en el Caribe, el cual también genera un alto índice de de base y ambiente conflictividad y violencia en el área. Uno de los conflictos emergentes en el Caribe es el surgimiento de Esta situación dibujada para el Caribe redes delincuenciales asociadas Anglófono, es multiplicada casi a mafias urbanas que facilitan el exponencialmente en el caso de Haití. trafico de materiales ilícitos y de Este país sometido a un escalamiento de la violencia desde hace décadas y

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prácticamente ingobernable desde el derrocamiento del gobierno de Aristide, ha tenido que aceptar la intervención humanitaria de los cascos azules, lo cual no significo gran cosa a los efectos del establecimiento de prevención de conflicto. Actualmente son muchos los criterios que señalan como se han replegado las fuerzas contendientes, lo que si parece claro es que existe un vinculo estrecho entre sectores paramilitares y traficantes de armas y drogas. En República Dominicana eran frecuentes hace algunos años los rumores de cómo pasaban por la frontera alijos de armas ligeras y la existencia de corredores entre ambos países, se precisaba que los paramilitares haitianos transitaban la frontera en todoterrenos llenos de armas y quizás de drogas. Estos comentarios quizás no tuvieran una total certeza pero si hablaban de la existencia del tráfico. Existen dos casos típicos de combinación de factores ambientales, económicos y sociales en los conflictos y movimientos sociales de la zona: El caso de Haití y el de Nicaragua. La situación haitiana es hoy con mucho lamentablemente paradigmática los niveles de ingobernabilidad del país, provocaron el escalamiento del conflicto que originó la intervención de los Cascos Azules, hasta hoy presentes en ese país. A pesar de la elección por medio de las urnas del actual presidente Rene Preval, en un ejercicio de conciencia ciudadana de la mayoría de la población cuando prácticamente todos los observadores y analistas vaticinaban enfrentamientos sangrientos y la elevación del conflicto, algunos analistas centran su opinión en que el gobierno central no tiene implantación territorial y que las fuentes de poder en el país están en las estructuras paralelas de poder de los territorios y en el mejor de los casos si de gobiernos se trata, en los gobiernos locales Haití hoy

presenta una retracción de la violencia política abierta, pero una elevación de la violencia delincuencial que se solapa con la primera, no pudiendo dilucidar donde termina una y comienza la otra. Frecuentes masacres en los barrios más pobres, como la reciente masacre en la zona de Martissants, donde murieron 20 personas debido a los enfrentamientos entre las pandillas de Grand ravine y “Ti Bwa”. El enmascaramiento de la violencia política se manifiesta cotidianamente y es recordada por los medios con frecuencia: “Et nous avions vécu les affres de l’attente jusqu’au cruel dénouement du 14 juillet. Aujourd’hui, nouvel épisode. Des policiers sont assassins gratuitement. Des gangs s’affrontent avec une rare violence au sud de la capitale. Résultat : des dizaines de victimes et la fuite des habitants des quartiers populaires infestés. Parallèlement, l’industrie du kid nap ping recommence à tourner à plein régime. Nou velle période de pointe de l’insécurité donc après celles de septembre 2004, juillet et décembre 2005.”[18]

No falta tampoco la presencia de la violencia en todas sus manifestaciones, incluso la eliminación física de quien se oponga consecuentemente a determinados proyectos. En Olancho, Honduras, el sábado 30 de junio del 2001, fue ultimado a balazos por guardias de la empresa, el líder ambientalista de 28 años Carlos Roberto Flores, quien se oponía a las acciones que llevaba la empresa Energisa S.A. en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Sierra de Agalta, parte del cual comprende el Municipio de Gualaco, departamento de Olancho, en el caserío El Ocotal, perteneciente a la aldea de La Venta. Este Parque, protegido a perpetuidad y que forma parte del Corredor Biológico Centroamericano, presenta un alto índice de biodiversidad en la nación y el movimiento liderado por Flores se

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oponía a la expansión de los proyectos energéticos de la referida compañía. El 16 de octubre del 2001 se llevo a efecto en Ciudad Panamá la tercera vigilia campesina por la Vida y la Tierra, que tenía por objeto protestar contra la construcción de represas que afectarían la “vida en todas sus expresiones” según las palabras de los líderes de esta acción. Dichas represas resultaban una demanda de la Administración del Canal de Panamá (ACP) para contar con mayores volúmenes de agua en las operaciones canaleras. La construcción de las represas dañaría la fauna y la flora de la región del istmo provocando la desaparición de áreas de gran valor para la alimentación, la reproducción y en fin la biodiversidad de Panamá a la vez que desplazaría a cientos de campesinos de cinco distritos y decenas de corregimientos, de sus tierras de labor tradicionales; por ello la Coordinadora Campesina Contra los Embalses (CCCE), organizada en cuatro sectores: Río Indio Centro, Río Indio Lago, Caño Sucio y Coclé del Norte, e integrada por uniones campesinas, cooperativas, sindicatos, delegados de la palabra, grupos de mujeres, asentamientos campesinos, asociaciones de padres y madres de familia, estudiantes, entre otras, movilizan y accionan en diversas ciudades del país y en la capital. El nuevo regionalismo grancaribeño expresa una mayor disposición a la cooperación y una conciencia regional embrionaria, que concita a su vez una nueva cultura política y organizativa, el aprovechamiento de los adelantos tecnológicos en las comunicaciones el acceso a Internet y la rapidez de circulación de información, facilitan la concertación de procesos y acciones con otros sectores sociales y no gubernamentales y también con determinados actores políticos. Sin embargo en países como Haití y Nicaragua, dadas sus deterioradas

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condiciones económicas sociales y políticas aun estas fuerzas organizativas resultan débiles circunscribiéndose a la acción local. Como elemento final se debe apuntar la activa participación de un conjunto de redes regionales y de movimientos de diversos países de la zona en los foros mundiales de diplomacia ciudadana y como parte del movimiento antiglobalización neoliberal. En este sentido varios de los actores sociales presentes en el Gran Caribe son actores sociales reconocidos por organismos intergubernamentales como la Asociación de Estados del Caribe y la OEA, también algunos de ellos tienen presencia en el Consejo de ECOSOC en NN.UU. y despliegan en esos foros una activa dinámica de lobby en contra de las políticas que los afectan en sus países. La presencia de un nutrido conjunto de estos movimientos en los Foros Sociales Mundiales, ya sea por su participación directa o por su delegación en redes que los representen, ha hincado una dinámica de relación e interinfluencias que no existía anteriormente en el desarrollo de los movimientos sociales, en ninguna época, otra característica diferente es la utilización del ciberespacio para las comunicaciones y la coordinación de acciones, uno de los tempranos ejemplos de esta potencialidad la dio el Movimiento Zapatista a comienzo de siglo con la utilización eficaz de estos medios en la conformación de opinión y en la difusión de sus comunicados y metas en la lucha que iniciaban. La dialéctica programa/movimiento puede fundamentar formas múltiples y variadas de organización social. Para ello, sería necesario que los instrumentos de autoorganización y de selección de objetivos presentes ya en el movimiento se convirtieran en permanentes, capaces de establecer alianzas políticas y sociales en los distintos niveles decisorios que hoy configuran la compleja realidad

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internacional. Es lo que algunos hemos venido denominando una estrategia “densa en complejidad” que actúe a escala local-nacional, regional e internacional. Puestas así las cosas, por qué no pensar, por qué no soñar con que este sujeto político pueda devenir en un sujeto político regionalmente activo y organizado, no con las articulaciones tradicionales existentes hasta décadas anteriores, sino con procesos y presencias mas dinámicas en foros regionales y en relaciones intrasocietales más activas y fecundas.

Conclusiones Una visión del tercer milenio: Los nuevos sujetos sociales en el Gran Caribe Como hemos visto, los movimientos sociales del Gran Caribe forman parte de la sociedad civil del área y poseen algunos rasgos distintivos similares a ella, por ejemplo, están constituidos por una amplia diversidad de actores sociales, como grupos comunitarios, asociaciones sectoriales –de clase, profesionales, etc., diversas instituciones, como centros de investigaciones, ONGs de diversa índole y objetivos, fundaciones, etc.; existe un común denominador de los movimientos sociales con incidencia en el medio ambiente del Gran Caribe, que gira en torno a la vocación, capacidades y posibilidades de manejo comunitario de los recursos locales; en ese manejo los sistemas ambientales resultan un factor principal. También se hace evidente que el tema ambiental es transversal a muchos temas que se debaten en el área hoy día, tales como la economía sustentable, los problemas de género, la identidad y la cultura, los problemas étnicos, entre otros. Desde el punto de vista político, su vinculación y tendencia a la actuación concertada y en redes, les permite aumentar su incidencia en las políticas nacionales y

en los procesos regionales y globales de resistencia y cambio. La mayor parte de ellos dependen financieramente de fuentes externas a los movimientos lo cual resulta una gran debilidad dado que puede limitar no solo su marco de acción, sino que también puede condicionar este. Los Movimientos Sociales en el Gran Caribe, al igual que sus homólogos en el resto del mundo, abarcan diversas organizaciones que pueden representar grupos comunitarios, y sectoriales, participan en redes nacionales y conciertan acciones y estrategias con diversas organizaciones sociales que no necesariamente participan de sus líneas de demandas y luchas, en muchos casos mantienen presencia en redes regionales y mundiales y en foros que actúan en ambas dimensiones. Desde comienzos de los 90´s diversas investigaciones reportan que el ambientalismo latinoamericano, a diferencia del europeo y de otros países desarrollados que se vincula con valores “postmaterialistas”, esta íntimamente relacionado con la sobrevivencia, enfocan y relacionan los temas ambientales con otros factores concluyentes que inciden en los derechos de acceso a los bienes comunes (suelo, agua, aire –descontaminado-) derecho a la vivienda digna y a la salud, etc., o sea, en aspectos y temas relacionados con la satisfacción de las necesidades básicas. Entre los movimientos sociales del Gran Caribe también se busca realizar alianzas regionales y globales y mantener presencia internacional en relación de sus principales demandas cuando éstas encuentran una repercusión mundial, como ha sido el caso de los movimientos caribeños insulares en las “Cumbres de los Pequeños Estados Insulares” (SIDS por sus siglas en ingles) promovidas por NN.UU. (Barbados 1994, Mauricio 2004), o en el Foro Mundial del Agua (México D.F., marzo del 2006), por

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solo nombrar dos espacios de fuerte presencia. Tampoco se puede obviar la “diplomacia ciudadana” desplegada en los Foros Sociales Mundiales celebrados en Porto Alegre por dos ocasiones, en Calcuta y mas recientemente en Nairobi. Este espacio alternativo a Davos merecería un análisis particular que rebasa el objetivo de este texto, la creciente presencia de los problemas ambientales en el mismo, como el calentamiento global, los conflictos sobre diversos recursos y sus manejos insustentables, el enfrentamiento a las transnacionales y la explotación de recursos patrimoniales de los pueblos, el grave tema del agua y sus procesos de privatización a nivel global y regional, son solo algunos aspectos emergentes en estos Foros Sociales, que justificarían esa necesidad. Los movimientos sociales y la actuación de las redes en el Gran Caribe han comenzado a cambiar el accionar social y político dentro del área, sus vínculos con redes globales y la referida presencia en los principales foros mundiales, crea hoy un nivel de incidencia que no existía anteriormente. Por otra parte también las redes de movimientos sociales realizan incidencia en las Cumbres de NN.UU. y en espacios como ECOSOC. Los foros alternativos regionales han resultado un lugar de convergencia de estos nuevos sujetos sociales en la política del área y en los propios procesos de integración regional como son el caso del SICA y la AEC en los finales de la década de los 90´s. Algunos rasgos comunes de estos nuevos movimientos sociales en el área del Gran Caribe pueden sintetizarse en que: •

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Están formados generalmente por movimientos y organizaciones poco numerosas y flexibles en el sentido de sus estructuras, pero muy activas en la arena política y de incidencia con sus bases. Tienden a desarrollar redes de relaciones con otras organizaciones;

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Demandan mayores cuotas de descentralización y de poder hacia las bases; Crean fuertes vínculos solidarios, no sólo en el interior de sus organizaciones sino en sentido horizontal con otros movimientos, aunque difieran en área de acción y objetivos inmediatos. O sea, han desarrollado un fuerte sentido de visión estratégica sobre la base de sus propias debilidades; Desarrollan el respeto a la diversidad y tolerancia en el interior del grupo; Incorporan una visión política de género; Pretenden cerrar los flujos de energía e intentan satisfacer necesidades con recursos y posibilidades propias; Rechazan la dependencia económica y tienden a la autogestión y al comercio solidario; sin embargo, muchas de ellas se encuentran dependiendo de financiamientos externos brindados por ONGs internacionales o agencias de cooperación de diversos países desarrollados, lo cual en determinado momento puede resultar un freno a sus proyecciones. Prefieren la solución de los conflictos por vías negociadas o concertadas, antes de llegar a la confrontación; No aspiran a tomar el poder político y ejercen la actividad política de una manera nueva y diferente a la tradicional. Facilitan la comunicación con partidos políticos que consideren en sus plataformas las demandas realizadas por los movimientos, pero no se adscriben a las líneas políticas de ninguno de estos Los movimientos sociales de carácter ambientalista o que incorporan en sus agendas los temas ambientales generalmente, poseen una visión política desde las izquierdas y expresan generalmente estrategias de desarrollo sustentables y antineoliberales.

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Y sin embargo….se mueven….

localmente como el cambio climático, la desertificación y la sequía, el transporte de desechos peligrosos, etc.

Si generalizo en busca del ideario más compartido en estos movimientos en relación con la democracia, pudiera En el Gran Caribe se mantiene la sintetizarlo así: la incorporación tendencia latinoamericana de que paulatina de nuevas escalas de no es posible hablar como tendencia de movimientos valores en las sociedades caribeñas, predominante, que conduzcan a sociedades más ambientalistas puros, tal como se abiertas y pluralistas; el ejercicio de hace en Europa, Australia, Nueva la libertad y los derechos humanos Zelanda, Estados Unidos y Canadá, y ciudadanos como formas de aunque si existen organizaciones integración comunitaria; el fomento muy activas y con un serio trabajo de de la participación como expresión corte conservacionista y de protección de la democracia, asumiendo los al medioambiente. En esta zona el conflictos que esto conlleva y ambientalismo discurre por las agendas de diversos movimientos sociales que respetando el disenso y han ido incorporando las minorías. Por último, los nuevos movimientos Los movimientos a su accionar los temas debido a su relevancia sociales de corte sociales de local, nacional y regional, ambiental van creando carácter esta característica es a mas una nueva ética de ambientalista o una fortaleza que una relación y concertación, en la cual el respeto al que incorporan debilidad pues dota a sus disenso y a la pluralidad en sus agendas los portadores de suficiente flexibilidad en el accionar es un vehículo para construir canales de temas ambientales político lo cual le permite generalmente, realizar alianzas (tácticas participación activa poseen una visión y estratégicas) con una de las comunidades mayor diversidad de y la ciudadanía, política desde actores en los territorios. en un intento por las izquierdas Esta diferencia estriba modificar el señorío y expresan en que los movimientos de las intolerancias y la generalmente sociales no pueden inconciencia. estrategias separarse de las condiciones en que existen de desarrollo Los temas que hoy las sociedades actuales del continúan aglutinando la sustentables y agenda y demandas de antineoliberales. área, sus ciudadanas y ciudadanos. los movimientos sociales en el Gran Caribe son, la lucha contra la pobreza, la exclusión Por sus posiciones políticas y demandas, (étnica, de género, etc.), y el deterioro la gran mayoría de los movimientos de la calidad de vida, la lucha contra sociales de tendencia ambientalista la violencia, los problemas ambiéntales se mueven en un espectro político locales (entendidos también los de izquierda; algunos de ellos en los nacionales) y por la proyección de primeros años de la actual década, políticas sustentables (por ejemplo comienzan a mostrar tendencias de la lucha contra las represas y otros acción conjunta con partidos políticos megaproyectos), la actuación en redes de izquierda y con organizaciones regionales y globales en relación con internacionales que proyectan políticas cada uno de estos temas y sobre temas globales desde el ambientalismo, como de dimensión planetaria que les afectan algunos partidos verdes europeos (tal es

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el caso de el Salvador), o con el propio parlamento europeo (como en el caso de Colombia). No quiero expresar que este es un momento histórico, pues todos los momentos son historia veinticuatro horas después; es decir, en el tiempo humano, social y político, todo pasado constituye parte de la historia, aún cuando no parezca heroico. Sin embargo, parece ser que algo esta cambiando en el continente, el acumulado de la historia y sobre todo de la historia de los “sin historia” se esta desbordando. Hoy día en todo el continente y por ende también en el Gran Caribe, el contexto estimula la emergencia de múltiples tipos de sujetos, aunque algunos de éstos se agoten en sí mismos y se reduzcan a su espacio local o a su micro-tiempo, incapaces de remontar la coyuntura en la que nacen (sin embargo aunque no se lo propongan dejan el referente). Algunas políticas, estatales, de organismos internacionales, de agencias financiadoras, etc., orientadas a fomentar esta emergencia (porque es una forma de “practicar” la democracia y el juego político), aparecen respetando proyectos, el juego entre ideologías; pero en el fondo pretenden mediatizar o en el mejor de los casos eliminar la posibilidad de construir algo diferente a lo que el discurso dominante pretende con sus lógicas de atomización de los sujetos. El problema se plantea entonces en el plano político, pero también (y ahí nos compete) en el plano teórico, metodológico e ideológico.

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NOTAS [1] Los antecedentes de esta concepción y tendencia podrían ser los procesos de integración en el área, como Carifta o Caricom. [2] Citado en “Dossier: Industria petrolífera”. En Nueva Sociedad No. 122, noviembre/diciembre 1992, p. 252. [3] La forma de retribución social de da a través de la oCranshaw, Martha. “El laberinto de la sociedad civil”. Cit. por Monge, Hernando. Centro América: la sociedad civil, protagonista del proceso de integración. Ed. ALOP-CECADE. 1999. pp. 33-35. [4] Ver en Revista Ecotopía (on line) No. 73. <www.unes.org.sv>. [5] Thorney, George Michael de ADA en Jamaica y CPDC. Intervención en Taller Subregional del Caribe de Prevención de Conflictos. 2004 [6] Idem. [7] McKenzie, Sharene de Craig Town Youth Organization de Jamaica. Idem. [8] En los últimos años son cada vez más frecuentes las crisis de agua en la isla, al punto de que en algunas oportunidades, como en el comienzo del verano de1992 se consideró la posibilidad de llevar agua en buques cisternas desde el continente. [9] Encuesta aplicada a los participantes del Foro de Sao Paulo por el CEA, 1993. [10] Ver Informe sobre el Desarrollo Mundial 1996. Banco Mundial, Washington, D.C., 1996 [11] Ver The State of the World´s Children. Oxford University Press, New York, 1994. [12] El Índice de Severidad del Problema PobrezaPoblación-Ambiente (ISPPPA) se construyó a partir de las variables Pobreza Extrema, Crecimiento Poblacional y Presión Ambiental. Aunque en realidad este resulta a mi modo de ver un índice tecnocrático, que no refleja la esencia de los problemas de la región y tampoco las situaciones reales de los países en cuestión, lo utilizo en este texto como un marco referencial que señala las

situaciones más agudas en la relación sociedad y medio ambiente. Para más información, ver Atlas de Medio Ambiente del Caribe. Colectivo de autores, Instituto de Geografía Tropical, La Habana, 1995. [13] Un excelente tratamiento de este caso en Amparo Chantada: “Los canjes de deuda por naturaleza: el caso dominicano” en Nueva Sociedad No. 122, noviembre-diciembre 1992, pp. 164-175. [14] Por Cuba en un primer momento participaba el Centro de Estudios sobre América y luego se amplio su membresía al Centro Martin Luther King Jr., al Centro Félix Varela y a la FMC; por República Dominicana participaba CIECA y CIPAF. [15] “Intervención del Centro de Desarrollo Político del Caribe (CPDC) en la Decimoctava Reunión de Jefes de Estados del CARICOM en Jamaica, 1ro. de julio de 1997” en Pensamiento Propio No. 4, mayoagosto 1997. pp. 149-158. [16] “Posición y propuesta de la Organizaciones aglutinadas en la Iniciativa Civil Centroamericana (ICIC) con respecto a la evaluación del Sistema de Integración Centroamericano (SICA)” en Pensamiento Propio No. 4, mayo-agosto 1997. pp. 159-167. [17] Intervención de Donna Parchment del “Dispute Resolution Foundation” de Jamaica. Memorias del Taller sobre Prevención de Conflictos del Caribe Insular. La Habana, febrero del 2004. [18] Moïse. Claude. Le Matin. Lundi 10 Julliet 2006. * Este documento forma parte de un estudio mayor y fue preparado para el Congreso por los 50 Años de FLACSO-Ecuador. ** Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre, La Habana, Cuba. Email: ipori@cubarte.cult.cu

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artículos Economía ecológica, racionalidad ambiental y sustentabilidad Enrique Leff Resumen: Este artículo plasma en forma de texto los argumentos del discurso emitido en una conferencia, manteniendo el estilo vivo y coloquial, el tono cándido y espontáneo, así como el espíritu crítico y polémico de las controversias entre los planteamientos de la economía ecológica y los principios y reflexiones críticas que emanan de la racionalidad ambiental, en la perspectiva del cambio climático y en el horizonte de la construcción social de la sustentabilidad. El saber ambiental devuelve la mirada del conocimiento a la poiesis, a la pregunta por la vida humana en el planeta tierra y a sus condiciones ecológicas y culturales de sustentabilidad en la construcción de una sociedad neguentrópica. Palabras clave: Economía ecológica, racionalidad ambiental, cambio climático, sustentabilidad, entropía/neguentropía. Economia ecológica, racionalidade ambiental e sustentabilidade Resumo: Este artigo apresenta, em forma de texto a argumentação do discurso proferido em uma conferência, mantendo o estilo vivo e de conversação, o tom sincero e espontâneo e as disputas mais críticas e controvertidas entre as abordagens da economia ecológica e princípios e pensamento crítico emanados da qualidade ambiental, no contexto da mudança climática no horizonte da construção social da sustentabilidade. O conhecimento ambiental olha para trás para a poiesis, a questão da vida humana no planeta Terra e sua sustentabilidade ecológica e cultural na construção de uma sociedade neguentropica. Palavras-chave: Economia ecológica, racionalidade ambiental, mudanças climáticas, sustentabilidade, entropia/ neguentropia. Ecological economics, environmental rationality and sustainability Abstract: This article conveys in textual form the arguments deployed in a conference, preserving its lively and verbal style, its spontaneous and candid tone, as well as the critical and polemical spirit of the controversies between the views of ecological economics and the principles and critical perspectives arising from environmental rationality, in the perspective of climate change and the horizons of sustainability. Environmental knowledge turns its quest to poiesis, to the inquiry on human life and to the ecological and cultural conditions of sustainability and the construction of a neguentropic society. Keywords: Ecological economics, environmental rationality, climate change, sustainability, entropy/negentropy. Recibido: 24.04.2010 Aceptado: 24.05.2010

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Economía ecológica, racionalidad ambiental y sustentabilidad* Enrique Leff**

sustentabilidad(es) - volumen 1- número 2- año 2010 - pag. 128 - 143

En este encuentro, en el que el debate ambiental es atraído al campo de la economía ecológica, quisiera esta mañana plantar algunas preguntas y sembrar inquietudes con el propósito de cosechar sustentabilidades. Ante un público en el que predominan los economistas, no puedo evitar preguntarme: ¿cual será la utilidad marginal de la última palabra que pueda proferir en esta conferencia? Argumentación que ya contrasta con otra, donde descansa la pulsión inconsciente y la esperanza de la sustentabilidad, en la cual la última palabra vendría a resignificar de abajo hacia arriba y de cabo a rabo nuestras verdades, haciendo trastabillar las endebles certezas con las que queremos combatir la fuerza dominante del pensamiento hegemónico insustentable. Luego de que ayer fuera anunciado en este congreso el inicio del descenso de las emisiones de gases de efecto invernadero, con lo que empezaría a desactivarse el reloj de la flecha del tiempo de la insustentabilidad, a enfriarse el calentamiento global y a emerger las señales de que la economía finalmente abriría sus brazos para acoger a la ecología, la conferencia de esta mañana debiera intitularse “El Eterno Retorno al Ilusionismo del Desarrollo Sostenible”. Empero, la caída del 3% de los gases de efecto invernadero emitidos el año pasado no debe interpretarse como el preludio al canto triunfal de la sostenibilidad. Pues si así fuera, ¿Cómo entender ese súbito descenso que parece contradecir los límites a la ecologización de la economía que se han puesto de manifiesto con el fracaso del proyecto del Wuppertal Institut para la desmaterialización de la producción, que pretendía reducir hasta 10 veces el gasto de materia y energía por unidad de producto o servicio[1]; o el fiasco del Protocolo de de Kyoto, no sólo por la reticencia de Estados Unidos a firmarlo, asumiéndose como un free rider en el camino hacia la

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insustentabilidad y porque China habría ya rebasado los niveles de emisiones del campeón de la contaminación, sino por haber apostado por la vía de los mercados de bonos de carbono para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero? ¿La disminución de las emisiones de CO2 significa que nos equivocamos en nuestras predicciones y concepciones sobre la contradicción entre capitalismo y naturaleza, entre economía y ecología, entre instrumentos económicos y normatividad ecológica? Pareciera que no estamos observando de manera consistente los razonamientos, las causas y los mecanismos que están determinando el curso de las complejas relaciones entre economía y ecología. Vale así plantearnos las siguientes preguntas: ¿Puede la economía decrecer dentro de su propia piel? ¿Podemos razonablemente apostar por un descrecimiento de la economía sin analizar su posible desconstrucción?[2] ¿Es posible despetrolizar y descarbonizar la economía cuando las economías emergentes siguen fundando su transición hacia el desarrollo en la explotación de sus recursos fósiles, cuando países como Brasil, México y Venezuela –para circunscribirnos solo al ámbito latinoamericano–, basan la “sostenibilidad” de sus economías y su poder geopolítico en el sector petrolero? ¿Significan estos signos que nos equivocamos con la crítica de los límites del crecimiento, que la economía finalmente si es ecologizable, y que junto con la caída del socialismo asistimos al fin de la contradicción entre ecología y capital, que como un efecto de naipes, luego del Muro de Berlín hoy se derrumban los obstáculos epistemológicos y triunfa la interdisciplinariedad de la economía ecológica? Si el crecimiento económico no es una simple manía,

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sino efecto de su estructura ¿como entender la constitución genética y la institucionalización de la racionalidad económica, que la impulsa a crecer acarreando como consecuencia la degradación entrópica del planeta? ¿Podemos confiar en una transición energética de los países del Norte, olvidando las leyes de la materia y de la termodinámica que establecen los límites a la desmaterialización y entropización posible de la producción? Los límites naturales al crecimiento económico no sólo radican en el uso de energías fósiles que son las mayores responsables del cambio climático, sino también en la rentabilidad económica de los procesos de sustitución hacia tecnologías “limpias” y de los límites de la tecnología al reciclaje de materiales que transforma la economía, es decir, al hecho de que la economía funciona, más allá de la ficción del capital financiero, sobre la base del consumo entrópico de naturaleza, de materia y energía, que se degrada irreversiblemente? ¿Podemos construir un futuro sustentable sujeto a una sostenibilidad débil, basada en la posible desmaterialización de la producción dentro de una economía en crecimiento? ¿Podemos entender la economía ecológica como una economía de los flujos de materia y energía pero desconsiderar a la entropía como ley límite del crecimiento económico? Para transitar hacia la sustentabilidad, ¿es condición necesaria y suficiente bajar el gasto energético por persona y remunerar a los desempleados en una economía que tiende cada vez más hacia la concentración del capital financiero, productivo y natural? Con estas interrogantes como tela de fondo, podemos contrastar los aportes y la mirada del campo de la economía ecológica con las perspectivas de la racionalidad ambiental, confiando en que de su confrontación habrá de brotar una tensión argumentativa fértil para la construcción de sustentabilidades.

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Con la crisis ambiental, la economía se ve obligada a asumir su responsabilidad en la creciente degradación ecológica y en la escasez de recursos naturales. Atrincherada en las visiones sistémicas predominantes en la ciencia normal, designa al ambiente como una “externalidad” del sistema económico. Con ello intenta justificar su irresponsabilidad en el tema, al tiempo que se compromete en el propósito de “internalizar las externalidades”. Allí nace la disyunción entre la economía ecológica y la economía ambiental (la economía neoliberal de la contaminación y de los recursos naturales), y se abre un debate más amplio sobre la insustentabilidad del modelo capitalista y de la racionalidad económica, así como la apertura hacia otra racionalidad productiva. La sustentabilidad reabre el debate sobre los presupuestos con los cuales opera la economía, cuestionando el funcionamiento y cumplimiento de sus principios individualistas y mecanicistas: la utilidad marginal, la optimización en la asignación de recursos escasos y agotables a diferentes fines; el mercado como lugar donde los sujetos expresan sus preferencias individuales. Mientras que la economía ambiental sigue la estrategia teórica de extender los brazos de la economía para recodificar todas las formas de la naturaleza en términos de valores económicos, englobando a los bienes y servicios ambientales dentro del concepto totalizador de capital natural, la economía ecológica se ha venido construyendo en la intención de ajustar los mecanismos de la economía a las leyes de la termodinámica y a los ciclos ecológicos, abriéndose hacia las interrelaciones con otros sistemas, en un afán de construir un paradigma sistémico-interdisciplinario-sostenible. La economía ecológica parte de un conjunto de presupuestos y de principios epistemológicos críticos. Reconoce así a la economía como un sistema abierto, la inconmensurabilidad entre procesos

que corresponden a diferentes órdenes ontológicos y axiológicos, la imposible internalización de externalidades por la vía económica de asignación de precios de mercado, y los efectos políticos implícitos en la traducción y reducción forzada de procesos económicos e intereses socioambientales a valores económicos en la mercantilización de la naturaleza; el desplazamiento hacia conflictos socioambientales que se resuelven por vía del conocimiento (la ciencia) o del interés (movimientos sociales); la capacidad de carga de los ecosistemas y los flujos de materia y energía en la economía, sin caer en una simple energética de la producción o en la sustitución del valor-trabajo por un valor-energía; el enfoque interdisciplinario como método de investigación y el análisis multicriterial como herramienta para una toma de decisiones más abierta al peso específico de valores e intereses diferenciados que entran en juego, no reducibles ni de traducibles en términos de un cálculo económico. Sin embargo, el campo que hasta ahora se ha autodenominado como “economía ecológica”, sigue siendo más una economía energética –termodinámica– del flujo y degradación de materia y energía en el proceso económico, que una economía ecológica fundada en la productividad y en las condiciones ecológicas de la sustentabilidad del proceso económico. La economía ecológica viene generando así conceptos creadores de nuevas tensiones con la economía convencional –balance energético del proceso económico, bienes posicionales, distribución ecológica, inconmensurabilidad de procesos–, abriéndose hacia el campo colindante de ecología política, donde se manifiestan los conflictos socioambientales resultantes del impacto de la economía en la naturaleza. Estos conflictos habrían de ser resueltos a través de un diálogo político, desde los conocimientos que aporta la ciencia y por los intereses de los grupos afectados

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de la población, por intermedio de una racionalidad comunicativa, de los nuevos derechos socioambientales que vienen siendo codificados y legitimados, de los procesos jurídicos establecidos y eventualmente de la presión de movimientos sociales, más allá de la imposible valorización económica.

ambiental y economía ecológica, abriendo más las grietas y ahondando el abismo de la insustentabilidad.[3]

Si revisamos los enfoques y aportes de la economía ecológica, desde precursores como Podolinsky, Soddy y Geddes, veremos que ésta es más una economía energética (de los flujos de energía Empero, una de las debilidades de la en la economía), que una economía economía ecológica se desprende de la propiamente ecológica, fundada en las falta de una mirada epistemológica crítica condiciones y los potenciales ecológicos. sobre las articulaciones y las amalgamas La “bioeconomía” de Georgescu Roegen posibles entre el funcionamiento de estableció un paradigma crítico de la la racionalidad económica instaurada economía, al desentrañar la conexión e institucionalizada, y la estructura del proceso económico con la segunda y funcionamiento de ley de la termodinámica y los ecosistemas. Resulta al instaurar a la entropía así una inconsistencia como ley límite de la entre el principio de economía. Sin embargo, La economía inconmensurabilidad entre esta “bioeconomía” no se ecológica ha el proceso económico abre hacia una economía guiado y medido por la carecido de una neguentrópica, es decir, lógica y los valores de una economía fundada en indagatoria mercado, y la medida de la producción de la vida, epistemológica siguiendo la concepción los procesos ecológicos y termodinámicos de termodinámica de Erwin sobre la los flujos de materia y Schrödinger, y en los naturaleza del energía que circulan por potenciales ecológicos de conocimiento el metabolismo de los la naturaleza. procesos de producción con la que busca y consumo. De allí se Al tiempo que la amalgamar desprenden las resistencias economía ecológica sus propósitos de la economía a proclama una democracia interdisciplinarios. ecologizarse, luego de que epistemológica y una economistas ecológicos pluralidad cognitiva, como René Passet hubieran queda atrapada entre proclamado el imperativo el objetivismo de la de ajustar el sistema económico al racionalidad científica y la lenta sistema más amplio de la ecología asimilación de conocimientos científicos planetaria (y humana) en la que está hacia la conciencia social: entre el inserta la economía, y de la que deriva sentido de los conceptos que sostienen sus condiciones de sustentabilidad. De a la ciencia crítica y su traducción hacia allí las dificultades para establecer una los imaginarios sociales que habitan el “sustentabilidad fuerte” y de transitar campo de la ecología política donde hacia una “economía de un estado generan un poder emancipatorio más estacionario”, como hubiera querido allá de las aplicaciones prácticas –con Herman Daly. Ante esos obstáculos sentido ecológico y social– de la ciencia. epistemológicos y la institucionalización La economía ecológica ha carecido de de la racionalidad económica, se ha una indagatoria epistemológica sobre seguido una estrategia de codificación la naturaleza del conocimiento con la del ambiente en términos económicos, que busca amalgamar sus propósitos cerrando la brecha entre economía interdisciplinarios. De esta manera,

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queda atrapada en un principio abstracto de inconmensurabilidad y de interdisciplinariedad, sin una comprensión de los obstáculos epistemológicos para llevar a cabo una alianza entre economía y ecología, y de los sentidos sociales de los conceptos que le permitirían demarcarse de la racionalidad económica dominante y aliarse con otras filosofías emancipatorias y otras bases epistémicas en la construcción de la sustentabilidad. Quisiera detenerme en este punto, poco explorado tanto por la economía ecológica como por una sociología ambiental del conocimiento. Me refiero a las perspectivas de la sustentabilidad que se desprenden de los sentidos que adoptan los conceptos de las ciencias, es decir de la comprensión de cómo el conocimiento científico se refleja y resuena en los imaginarios sociales, orientando movimientos sociales y legitimando procesos sociales. En este punto resulta crucial el concepto de entropía, como el concepto crítico de la relación oculta entre la economía y la ecología. Pues al mismo tiempo que la ley de la entropía ha sido reconocida desde Georgescu Roegen como un vínculo fundamental entre la naturaleza y el proceso económico, el concepto de entropía es desacreditado por autores que se reclaman de la economía ecológica, como una noción “metafísica”, como una abstracción fuera de lugar (misplaced abstraction), o como un pensable sin concreción posible. La economía ecológica reivindica el principio de inconmensurabilidad dentro de una postura netamente cientificista de procesos que informan las ciencias, reclamando la objetividad y veracidad de sus axiomas y paradigmas, pero sin entender cómo se definen y funcionan las leyes límite de la naturaleza como imaginarios sociales. La economía ecológica se apoya por una parte en el vínculo fundamental entre el proceso económico y la ley de la entropía, en los principios del caos y de la incertidumbre para entender la

impredecibilidad en la organización de los sistemas económicos y ecológicos como sistemas abiertos y complejos, para luego desacreditar a las metáforas de la entropía como una narrativa escatológica del mundo, y exigirle exactitud en sus mediciones del orden y en sus cálculos sobre la degradación de la energía. Empero, el principio de inconmensurabilidad no sólo remite a la diferencia ontológica entre procesos materiales y sus diferentes escalas espacio-temporales, para las cuales no habría una única unidad de medida. La interdisciplinariedad no remite a una voluntad de articulación o de unificación de esos órdenes inconmensurables. Más allá de los debates internos de la ciencia sobre la pluralidad de paradigmas que se desarrollan pivotados por las isonomías de un mismo concepto (entropía, valor) y sobre la transdisciplinariedad de ciertos paradigmas; más allá de la difusión y popularización de la ciencia, lo que interesa saber es la verdad que entrañan ciertas formulaciones científicas del mundo en cuanto a la objetividad del comportamiento de procesos reales, y su traducción en imaginarios sociales, como condiciones de existencia de la gente que generan sentidos comunes y movilizan acciones colectivas. Ante la ambigüedad del concepto de entropía, antes de tirar al niño con el agua de la bañera, debiéramos reflexionar sobre la manera como la cultura ha formulado e internalizado las leyes límite de la cultura. Pues más allá de las formas que ha adoptado la prohibición del incesto como ley fundamental de la organización cultural, ésta fue comprendida y asumida por los homínidos habitados por el lenguaje, antes de que se inscribiera en el mito de la tragedia griega o que adoptara una enunciación científica en el complejo de Edipo freudiano, o que se organizara estructuralmente alrededor del símbolo del Falo en la formulación lacaniana.

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La entropía aparece como la ley límite de la naturaleza. Ese concepto adopta diferentes significaciones científicas: de la degradación de la energía en sistemas cerrados cercanos al equilibrio, de Carnot a Claussius; como medida de orden y desorden en la ley probabilística de Boltzmann; como la irreversibilidad de los procesos y la flecha del tiempo en la termodinámica de procesos disipativos (alejados del equilibrio) de Prigogine. Sin embargo, en todas sus formas señalan un hecho incontrovertible: la irreversibilidad de los procesos naturales, la degradación y pérdida ineluctable de energía, y la imposibilidad de un reciclaje completo de la materia transformada. Sin embargo, resulta paradójico que la segunda ley de la termodinámica –esta ley fundamental de la naturaleza–, no haya penetrado aún en la conciencia como una condición de la existencia humana.[4] Sólo la teología de la supremacía del ser humano como dueño de la naturaleza, el predominio de la ideología del progreso derivada del poder de la razón científica y la doctrina del evolucionismo, pudieron haber generado tal desconocimiento del mundo e impulsado el ilusionismo del crecimiento sin límites. Incluso después de que Heidegger conmoviera el edificio de la filosofía al inaugurar la indagatoria de su ontología existencial desde el límite temporal de la vida –de la condición del ser para la muerte como conciencia de la finitud de la existencia–, situando a la filosofía más acá de los mundos de vida y alejándose de la filosofía y de la ciencia del ordenamiento del mundo –desde la creación divina hasta las categorías a priori del pensamiento y el conocimiento objetivo de la naturaleza–, la economía se sigue manteniendo en su abstracción del mundo físico, en el desconocimiento de las leyes límite de la naturaleza. Empero, más allá de la lenta y difusa internalización de esa ley límite como condición de existencia humana, la

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entropía aparece hoy como la línea base de argumentación contra la pretensión de un crecimiento sin límites de la economía, de la reversibilidad de los procesos económicos y la sustitución entre capital financiero, productivo y natural, de una economía convertida en el proceso impulsor de la muerte entrópica del planeta al inducir un consumo y transformación creciente de materia y energía. De esta manera, si fuera cuestionable la entropía como ley cósmica del universo, más certera es la muerte entrópica del planeta Tierra. La economía es el fuelle que enardece la incandescencia de la naturaleza, el acicate del consumo y transformación entrópica de la materia y la energía en el mundo regido por la economía globalizada. Para entender el sentido histórico del concepto de entropía, volvamos la mirada hacia el concepto de valor de Marx como concepto de una ley histórico-social. Pues más allá de su valor científico, objetivo y cuantitativo para medir la tasa de explotación – más allá de la imposible resolución del enigma de la traducción de valores en precios–, el valor se ha constituido en el concepto clave de la contradicción entre capital y trabajo y se ha traducido en el imaginario de la explotación del trabajo. De forma similar, más allá de la imprecisión, la imposible cuantificación y la variedad de acepciones del concepto de entropía, éste se constituye en el concepto clave de la “segunda contradicción del capital” y de la ineluctable degradación de la naturaleza. La imprecisión del cálculo que decepciona a la mirada positivista de la verdad objetiva no desmiente un sentido cualitativo más profundo de los ejes y vertientes de la historia. Pues como lo ha señalado Steiner, la ciencia “tiende a prescindir de lo descriptivo a favor de lo enumerativo. Se abandona la palabra por la cifra.” Pero la cifra no alcanza a descifrar el sentido y valor de los conceptos en el devenir histórico, de sus proyecciones y emergencias futuras:

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Justamente esta extensión de las matemáticas a grandes regiones del pensamiento y de la acción ha dividido a la conciencia occidental en lo que C.P. Snow denomina ‘las dos culturas’ […] el culto a lo positivo, lo exacto y lo predictivo ha invadido la historia […] La noción misma de ‘ley’ histórica, y la implicación de necesidad y predictibilidad, cruciales para Taine, Marx y Spengler, son un préstamo grosero a la esfera de las ciencias exactas y matemáticas. Las ambiciones de rigor científico y predictivo han desviado gran parte de la escritura histórica de su verdadera naturaleza, que es el arte. (Steiner, 1994:33-35)

Y es justamente en el arte de la invención y en los sentidos de los conceptos donde se forja el mundo, en la trascendencia de lo dado, en la construcción de un futuro sustentable que pueda exorcizar la muerte entrópica del planeta. En esa contienda de los sentidos del concepto de entropía en su conexión entre lo real y lo simbólico –como en la diferencia de género entre la mente y el cuerpo–, se juega la sustentabilidad de la vida. Escuchemos a Lyotard (1991:22-23). La facultad para trascender lo dado […] encuentra los medios para hacerlo en la recursividad del lenguaje humano, aunque esa capacidad no es solo una posibilidad sino una fuerza actual. Y esa fuerza es deseo […] el poder analogizador, que pertenece analógica y recíprocamente al cuerpo y a la mente y que comparten en el arte de la invención, es inconsecuente comparado con la irreparable trascendencia inscrita en el cuerpo por la diferencia de género […] esta diferencia hace que el pensamiento avance sin fin, y al mismo tiempo no podrá ser pensada. El pensamiento es inseparable del cuerpo fenomenológico: aunque el cuerpo sexuado está separado del pensamiento, y lanza al pensamiento. Estoy tentado a ver en esta diferencia una explosión primordial, un desafío al pensamiento comparable a la catástrofe solar. Pero tal no es el caso, ya que esta diferencia causa el pensamiento infinito –contenido en reserva y en el secreto de cuerpos y pensamientos. Esta aniquila solo lo Uno. Debemos preparar el pensamiento post-

solar por la inevitabilidad y la complejidad de esta separación. O el piloto al timón de la nave espacial Exodus continuará siendo la entropía.

Como argumenta Steiner, las mayores creaciones artísticas han sido motivadas por el misterio: por la cuestión de la existencia o inexistencia de Dios, el “terror o la extrañeza de la belleza”, de todo ese dolor del alma y hambre del corazón, de las dimensiones extramundanas de la existencia, de la infinita apertura hacia la “luz enceguecedora” o la “oscuridad devoradora”. Pero la epistemología que ha buscado exterminar el misterio y dar suelo firme y seguridad a la vida humana ha desembocado no solo en lo inhumano en la extrema cosificación y economización del mundo y de los mundos de vida, sino en el riesgo de exterminar la vida misma: la biodiversidad y la vida humana, como la conocemos y apreciamos hasta ahora. El saber ambiental busca comprender este “misterio”, esta paradoja del conocimiento inconsciente, de sus raíces y de sus efectos, para dar a luz un saber que vuelva el conocimiento a la poiesis, a la pregunta por la vida humana en el planeta tierra y a sus condiciones ecológicas y culturales de sustentabilidad. No se trata de la defensa de un constructivismo en el cual pudiéramos asignar a voluntad cualquier sentido a los conceptos y a dar rienda suelta a la significancia a través del libre juego del lenguaje fuera de su relación de objetividad con lo real, sino de forjar y exprimir el sentido de conceptos que se hagan vida. Si bien se han dislocado los parámetros y los sentidos del espacio y del tiempo que habían organizado la “normalidad” de lo social desde los “estados naturales” de Hobbes, Locke y Rousseau, hasta la era actual del riesgo y la incertidumbre, es necesario rescatar los conceptos en los que se ha decantado el sentido del ser, de los procesos naturales y sociales,

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económicos, tecnológicos y culturales, que marcan y orientan el devenir de la historia. Pues los conceptos, al definir el mundo, formatean las vivencias de los mundos de vida. El espacio euclidiano, la concepción del ser como ente, el concepto de individuo, las categorías a priori del pensamiento, la razón dialéctica, la productividad económica y la eficiencia tecnológica han conformado la forma de ser del hombre de la Antigüedad a la Modernidad, su sentido del progreso, su lugar en el mundo. Más difícil ha sido trasladar a los imaginarios cotidianos la teoría general de la relatividad o la ley de la entropía; otras encuentran una traducción por la vía de los sentidos cotidianos a los que remiten metafóricamente los conceptos de caos o incertidumbre. Así como la prohibición del incesto está inscrita en los códigos genético-culturales de todos los pueblos; así como la racionalidad económica se ha infiltrado en las sinapsis del homo economicus, en su rational choice y en su sentido de vida; así como los principios de interrelación y retroalimentación van configurando una mentalidad ecológica y un pensamiento complejo; así la ley de la entropía tiene que incorporarse en el pensamiento y los hábitos como ley límite de la naturaleza. El debate por la sustentabilidad es una batalla conceptual. No se trata de ver cómo algunos conceptos tienen un sex-appeal que los hace más seductores o resultan más politically correct, haciéndolos más apropiables en imaginarios, subjetividades y formaciones discursivas, como los de “deuda ecológica”, “justicia ambiental” o “desarrollo sostenible”. No se trata solamente de ver cómo los conceptos se van sedimentando, legalizando y legitimando en procesos históricos a través de estrategias de poder en el saber. Lo que aquí me interesa es ir desentrañando cómo los conceptos se van incorporando en los imaginarios

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sociales, en los discursos, las prácticas y las utopías de actores sociales contrastados; ver cómo las leyes de la economía, de la cultura y de la naturaleza, más allá de su tránsito hacia ordenamientos legales que buscan regular la vida social –correspondan o no a una clara conciencia de sus significados o de las estrategias políticas que allí se juegan– se van decantando como formas de pensar y de sentir en las entrañas de nuestro ser; ver cómo lo real, más allá de ser capturado por la ciencia, se precipita como reglas y formas de ser en el mundo; como imaginarios de modos de vida, más allá de la veracidad objetiva de sus postulados y axiomas científicos y de las formas de medición de la realidad fáctica. El pensamiento económico cambia de signo cuando se confronta con la entropía como ley límite de la naturaleza: el consumo productivo de recursos naturales como fuente de valor económico se transforma en un consumo destructivo de naturaleza; el descontar el presente con el ahorro para acelerar el crecimiento económico a través de la creación destructiva del capital como forma de “producción” del futuro, se revierte en un descuento del futuro al inducir un crecimiento entrópico de la economía. Con el ahorro en la acumulación primitiva, se desvalorizaba el consumo presente para valorizar un mayor consumo futuro. Con el monetarismo y la búsqueda del crecimiento sostenido, se desvaloriza el futuro, no sólo al valorizar el consumo presente, sino al acentuar el consumo destructivo de naturaleza. La mayor producción presente incrementa el beneficio actual (el incremento del consumo de algunos), disminuyendo la utilidad futura e induciendo una colonización económica de la vida. La dificultad de abordar el futuro para la economía no estriba en que las generaciones futuras no hayan nacido y que no estén presentes para manifestar

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sus preferencias en el mercado, sino en de dichos recursos más allá del cálculo el hecho de que sólo podrán elegir entre económico de sustentabilidad. lo que la economía haya producido y le oferte en el mercado, es decir, lo Otro caso típico es el de la racionalidad que haya generado y le haya legado de decisiones en relación con la en el devenir de la economía guiada explotación de las fuentes fósiles de por sus imperativos del interés, la energía. Pues allí no se aplica una tasa utilidad y la ganancia. Resulta así falso de descuento basada en la escasez afirmar, dentro de la lógica interna de futura del petróleo, sino que se la racionalidad económica, que si no decide sobre base de prospecciones de hay crecimiento dejamos de descontar tecnología de exploración y decisiones el futuro. El futuro está descontado de político-económicas no consistentes antemano, desde el momento en que con la teoría económica de los recursos la economía no puede pensarlo y por naturales y con los imperativos del ende construirlo. La economía le ha cambio climático. asentado un descontón a la naturaleza y le ha propinado un En realidad, el futuro que knock-out tecnológico produce y que mira la a la vida. De allí deriva economía, cualesquiera la extemporaneidad y la sean sus tasas de descuento, En realidad, insustentabilidad la teoría es un futuro chato, que no el futuro que económica y de sus reglas ve más allá de sus narices: produce y que ecológicas. un futuro sin horizontes mira la economía, de sustentabilidad. Es el Un ejemplo paradigmático futuro de un presente cualesquiera es la impracticabilidad autocentrado en la de la Regla de Hotteling sean sus tasas de optimización de las tasas para hacer un cálculo descuento, es un de ganancia y del poder racional de una economía futuro chato, que geopolítico, que busca de los recursos naturales internalizar en su lógica no ve más allá escasos; pues más allá el agotamiento de los de sus narices: de la falsedad de los recursos y la degradación presupuestos sobre la de la naturaleza, pero un futuro sin perfección de los mercados sin conciencia o interés horizontes de o de la racionalidad de la naturaleza como sustentabilidad. por las decisiones basadas en fuente de vida y de las tasas de interés, más significaciones culturales, allá de la insuficiente de sus potenciales predicción sobre la abundancia y neguentrópicos, ni siquiera de sus escasez relativa de los recursos y de impactos socioambientales y en el los costos de extracción en función de calentamiento global. Finalmente las los avances tecnológicos, las decisiones decisiones sobre inversiones de un no sólo se fundan en una racionalidad recurso agotable como el petróleo económica de los recursos agotables, no dependen de los algoritmos de la sino en el creciente impacto ambiental economía ambiental, sino del cálculo de sus efectos: en la producción de económico y el poder geopolítico que escasez que genera la economía; en hacen los gobiernos y las empresas en la traducción de la teoría en políticas el encuentro con el imperativo de la económicas y de estas en condiciones sustentabilidad dentro de las reglas de sociales (el calentamiento global) que un orden económico-ecológico sujeto incorporan nuevos imperativos a la a la racionalidad económica y al orden economía; en los intereses geopolíticos político dominantes. asociados a mantener la explotación

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La economía de los recursos escasos no internaliza así el costo de los impactos ambientales. Vale incluso preguntarse si una economía institucional que intentase establecer una tasa social de descuento más baja que la que determinaría la racionalidad económica pura estaría respondiendo a los desafíos de la sustentabilidad, o sería una falsa respuesta, ya que las decisiones sobre las tasas de interés se toman hoy más con el propósito de mantener un equilibrio macroeconómico que por consideraciones sobre el agotamiento de los recursos y los impactos ambientales. El futuro para la economía está marcado por la degradación entrópica que genera el progreso de la economía, por la flecha del tiempo que no es lanzada desde el arco de la entropía cósmica, sino de la muy terrenal, generada por la economía. Pero así como la entropía opera como ley límite, la neguentropía surge como ley de la vida, abriendo la productividad de la naturaleza hacia la sustentabilidad posible; desde la irreversibilidad del tiempo, la neguentropía abre la historia humana hacia un no retorno al eterno retorno, hacia la bifurcación de los tiempos, hacia el horizonte del futuro orientado por otra razón civilizatoria. Desde el límite de los conceptos que han ordenado el mundo insustentable se plantea una revolución copernicana en la economía para pasar del econocentrismo –de la economía como centro alrededor del cual gira el mundo–, a una economía enraizada en los fundamentos y en los procesos de la vida. Desde esa indagatoria emerge la gran pregunta: ¿podemos transitar hacia una economía fundada en los principios de la vida, o la vida tiene que estar contrapuesta a la economía? Para ello no basta politizar a la economía afirmando que los movimientos sociales ajustan los precios reales de recursos escasos cuya extracción o producción

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de una unidad marginal no se logra fijar por el sistema de formación de precios de mercado como el precio justo que asegure la sustentabilidad. No basta proclamar un “juego de armonización” de las diferentes dimensiones del desarrollo, o la pluralidad de estilos de desarrollo, de los desarrollos posibles. Menos aún podemos pretender que economía se ajustará a las condiciones ecológicas de sustentabilidad a través de normas ambientales, o que sería posible alcanzar una economía de estado estacionario normado por los principios de una sustentabilidad fuerte y la lógica de los precios de mercado. Más allá de mantener una visión maniquea sobre la contradicción entre economía y ecología o un antagonismo fundamentalista en la comprensión de los conflictos ambientales, frente a la creatividad estratégica, la innovación tecnológica y la voluntad política para ecologizar a la economía –de forma similar al despropósito de lograr una amalgama interdisciplinaria de ciencias y saberes desconociendo los obstáculos epistemológicos y paradigmáticos que impiden articular los mecanismos económicos y los ciclos ecológicos–, se trata de reconocer los límites del propósito de transitar hacia una economía insuflada por fuentes limpias y renovables de energía, dejando incólumes los principios de la racionalidad económica y tecnológica. Pues la economía no fracasa simplemente por una imperfección del mercado (finalmente nadie es perfecto), sino por una falla de racionalidad en la cual no es posible incorporar las condiciones de sustentabilidad de la vida… y de una economía sustentable. La economía se extiende economizando al mundo, a todo aquello que por principio ontológico, por valor intrínseco y por ética de responsabilidad ante la vida está fuera o debe estar fuera de la valorización económica. Se abre así la externalidad del ambiente en la

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economía hacia la otredad del saber ambiental, hacia las estrategias de poder en el saber y en el conocimiento científico que abren las puertas hacia una racionalidad ambiental. La producción debe ser redefinida como un nuevo objeto interdisciplinario: del equilibrio económico basado en el juego de factores productivos, debemos pasar a nuevo paradigma productivo basado en las sinergias de los potenciales ecológicos, la productividad tecnológica y la creatividad cultural. Si la economía es la causante mayor de la muerte entrópica del planeta –cuyo signo más elocuente y ominoso es el calentamiento global–, la única manera de contrarrestarlo es fundando una economía neguentrópica. Sin embargo, ello implica desconstruir la racionalidad económica –que es lo más impensable; lo más antinatural y antiecológico–, y construir el futuro, que es lo más alejado del pensamiento positivista sobre el tiempo económico. Con el capitalismo el pensamiento del ser se transmuta en los códigos de la economía; la naturaleza se reconvierte en la forma económica y es intervenida por la tecnología; el mundo se cosifica al tiempo que todo lo sólido se disuelve en aire. Con el cambio climático el aire se contamina y se reduce a gases de efecto invernadero. Si la objetivación del mundo desencanta el ser de las cosas, el iluminismo de la razón nubla las miradas del mundo y el smog disipa el misterio de la vida, cuando dejamos de ver un cielo estrellado, cuando se borra el arco iris del horizonte, cuando las nubes dejan de ruborizarse en el atardecer. El calentamiento global extiende su cortina de humo sobre el cielo celestial, desdibujando el futuro y obnubilando la pregunta sobre lo posible, sobre el más allá. Si la economía ecológica asume la inconmensurabilidad entre procesos de diferentes órdenes ontológicos y epistemológicos y busca abrir las vías

para la interdisciplinariedad posible entre la racionalidad económica –la economía realmente existente– y otros paradigmas científicos y órdenes de lo real sin enfrentar la irresoluble disolución de sus obstáculos epistemológicos, sus traducciones y amalgamas posibles, la economía neguentrópica se funda en la construcción de un nuevo objeto interdisciplinario de conocimiento. Más allá de la articulación entre disciplinas (economía, ecología, demografía, antropología, tecnología), construye un nuevo paradigma productivo fundado en las sinergias derivadas de la potencialidad de los ecosistemas, la productividad tecnológica y la creatividad cultural. Así, la racionalidad ambiental construye una nueva economía sustentable, en la articulación de diferentes órdenes ontológicos y epistemológicos, mas al mismo tiempo abierta al encuentro de diferentes racionalidades culturales.[5] La construcción de este nuevo paradigma productivo abre otro proceso de articulación de las ciencias: no la de sus paradigmas existentes, sino la de su transformación por la vía de la ambientalización de sus disciplinas y de su apertura hacia un diálogo con los saberes ambientales no científicos, incorporados a las identidades e intereses de los actores sociales que habitan y construyen sus territorios de vida. Del ambiente que aparece como un costo en la economía, en la racionalidad ambiental transitamos al ambiente como potencial productivo y como un derecho de reapropiación de un patrimonio biocultural. De la economía clásica mecanicista, del equilibrio macroeconómico de la economía neoclásica, de la negatividad entrópica de la bioeconomía, y de los balances de energía de la economía ecológica, pasamos a una economía ecotecno-cultural. De la pretensión de una economía global ecologizada, pasamos a la construcción de otra globalización, fundada en una pluralidad de economías locales sustentables. La transición hacia

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la sustentabilidad global se plantea en términos de un balance entrópiconeguentrópico a escala planetaria.

de sus formas de reapropiación de la naturaleza, estas no pueden pensarse como una adaptación y acomodo a una globalización de la economía La racionalidad ambiental implica un ecológica, sino como la construcción de cambio de racionalidad social que nuevos territorios de vida funcionando incluye otras dimensiones y no se dentro de una nueva racionalidad restringe sólo a la esfera productiva. productiva, dentro de la cual puedan Sin embargo, a diferencia de muchas construirse una coalición de economías ecosofías que centran su atención en locales sustentables y contraponerse al los cambios ideológicos predominio de la lógica y culturales, mantiene económico-ecológica la centralidad del modo global regida por un En este sentido, mercado de producción en la “corregido” raíz del cambio social. por leyes ecológicas, la indagatoria En este sentido, la incluyendo las normas de crítica sobre la indagatoria crítica sobre los acuerdos ambientales sustentabilidad multilaterales y de las la sustentabilidad pasa pasa del del cuestionamiento de la reglas ambientales del economía a problematizar cuestionamiento comercio internacional. a las propuestas de la economía Otro tema decurrente conservacionistas que pretenden ecologizar a problematizar del debate sobre los el mundo. Pues no teóricos y a las propuestas marcos basta cuestionar los conservacionistas estratégicos que ofrece la impactos de la economía ecológica y la que pretenden economía y la tecnología en la racionalidad ambiental ecologizar el naturaleza y la cultura, se refiere a las vías que ó defender la diversidad abren para construir el mundo. biológica y cultural lugar de América Latina como si fueran esferas y del Tercer Mundo –del independientes de la economía; como mundo entero y de cada territorio– si el mundo pudiera dividirse en áreas en la transición ecosocial hacia una de conservación conviviendo con otros racionalidad ambiental y en los procesos espacios regidos por la economía, emancipatorios hacia la sustentabilidad: incluso por una economía ecologizada procesos que implican nuevos desafíos en términos de una sustentabilidad y conflictos en la reapropiación del débil, es decir, sometida al predominio patrimonio biocultural de los pueblos. de la racionalidad económica: lo que Allí transitamos de las codificaciones se traduce en la insustentabilidad de la del mundo que se elaboran desde la economía del desarrollo sostenible. filosofía, la teoría y la ciencia, hacia la construcción de estrategias de poder La sustentabilidad implica un cambio a partir de conceptos prácticos, de de racionalidad social y productiva; ordenamientos jurídicos y de acuerdos mas la racionalidad ambiental no es un multilaterales, hacia un rearreglo modelo homogéneo o un paradigma del mundo instrumentado por las monolítico. Sus principios acogen estrategias de poder en el discurso de y se fundan en una pluralidad de la sustentabilidad. Así, los conceptos racionalidades culturales, desde donde de “huella ecológica”, “distribución se construyen diferentes caminos hacia ecológica”, “costos ecológicos”, la sustentabilidad. Si reivindicamos el sustentabilidad fuerte o débil, o los derecho a la existencia de los pueblos y instrumentos económicos de gestión sus procesos de reidentificación a través ambiental, van configurando un marco

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de referencia, un andamiaje y un modelo de comprensión del mundo, que deriva en la elaboración de instrumentos de política ecológica o ambiental, de donde derivan las políticas públicas y los acuerdos internacionales (Convenios, Convenciones, Protocolos, Acuerdos de Libre Comercio y Cooperación Ambiental), donde se inscriben las acciones ambientales en el campo conflictivo de la ecología política. De esta manera, la geopolítica del desarrollo sostenible busca reasignar las funciones de los ecosistemas y de los pueblos y naciones redefiniendo la distribución ecológica dentro de un plano de “ventajas comparativas” en la globalización económico-ecológica del mundo. Así se ha venido asignando a los bosques y la biodiversidad de los países del Sur una función de sumidero dentro del Mecanismo de Desarrollo Limpio; contrario a las políticas de desarrollo industrial por sustitución de importaciones de décadas pasadas, con las que se buscaba romper la dependencia con los países del Norte, hoy asistimos a una “re-primarización” de las economías del Sur: no por una vocación propia de nuestros territorios, sino por un ajuste forzado a la lógica del mercado y de la geopolítica del desarrollo sostenible. Decurrente de estas normas y reglas del juego, los países del Sur y las economías emergentes, al no estar sujetas al cumplimiento obligatorio de reducción de gases de efecto invernadero dentro del Protocolo de Kyoto, pueden proseguir su “desarrollo” impulsado por las reservas existentes de recursos fósiles. El boom chino se sostiene así en la combustión del carbón; igualmente, las economías latinoamericanas emergentes, dependientes de los recursos fósiles provenientes del subsuelo de sus territorios, siguen alimentando a la economía global insustentable y contribuyendo de esta manera al calentamiento global del planeta.

En el contexto de esta geopolítica, no es lógico esperar que un impuesto a la exportación y/o a la importación de energías fósiles para desincentivar ese consumo y favorecer la transición a energías limpias, venga a resolver el problema. Es posible que el agotamiento del petróleo barato resulte ser un mecanismo más eficaz en el tránsito a una sociedad post-petróleo; es posible incluso que las propias crisis internas del capital redunden en un menor crecimiento de las economías, como viene sucediendo en varios países. Sin embargo no es razonable pensar en el decrecimiento de la economía manteniendo los principios y la estructura que conforman la racionalidad económica, ni tampoco pensar que el tránsito hacia una nueva era de energías limpias será resultado de un ajuste de cuentas interno de la economía: la transición hacia la sustentabilidad motivado y regido por los precios crecientes de los hidrocarburos. En este sentido, la racionalidad ambiental ofrece un paradigma productivo sustentable, al tiempo que incorpora nuevos valores éticos al debate político que trasciende el simple cálculo económico y la elección racional de opciones en una toma de decisiones hacia la sustentabilidad regida por el cálculo económico e informada por la ecología. El límite de la sustentabilidad en la racionalidad ambiental no se sustenta solamente en bases ecológicas y en la ley de la entropía, sino también en términos de equidad, en un proyecto de democracia y de justicia ambiental. La cuestión de la distribución económicoecológica se traduce en una política de la diversidad y de la diferencia, en una ética de la otredad, que vienen a cuestionar los principios de organización de la vida humana, más allá de la economía, en la subjetividad remitida al yo individual, y a una objetividad de la realidad sujeta a la unidad y a la universalidad del mundo. La apertura hacia la otredad es el encuentro con

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un Otro que no es asimilable en lo mismo. La otredad se sitúa en la exterioridad, en la complejidad, en la muerte entrópica, donde ya no puede pensarse al otro como un alter ego, como un reclamo de reciprocidad y de igualdad desde el egocentrismo del yo, del logocentrismo de la racionalidad científica, del individualismo derivado de la racionalidad económica y jurídica que exigen igualdad y mismidad en el encuentro con el otro. La otredad remite al ser que busca emanciparse de su otro opresor: a los lenguajes de las culturas locales frente al monolingüismo del otro[6]; a la ecología frente al poder hegemónico del capital; a los “derechos comunes a los bienes comunes” frente a la propiedad privada como lógica de un poder supremo global; al yo femenino y a las identidades diferenciadas y complejas –de género, de formas culturales de ser– que se afianzan en su exigencia de igualdad en la diferencia, que no demandan igualdad en un mundo homogéneo, sino que buscan comprensión de su otredad y reivindican sus derechos a la diferencia. Esta crisis civilizatoria impulsa un cambio de racionalidad social que conlleva una reinvención de la producción, donde más allá de la ecologización posible de la economía, se construya una nueva racionalidad productiva, una economía de la vida sustentada en los potenciales ecológicos del planeta y en la creatividad de sus culturas: un mundo global construido por las relaciones, alianzas, sinergias y solidaridades de sus diferencias.

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NOTAS

BIBLIOGRAFÍA • • •

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Derrida, Jacques (1997), El Monolingüismo del Otro, Ediciones Manantial, Buenos Aires. Georgescu-Roegen, Nicholas (1971), The Entropy Law and the Economic Process, Harvard University Press, Cambridge. Leff, Enrique (1994), Ecología y Capital; Racionalidad Ambiental, Democracia Participativa y Desarrollo Sustentable, Siglo XXI Editores/UNAM, México. Leff, Enrique (2008), “Decrecimiento o Desconstrucción de la Economía: Hacia un Mundo Sustentable”, en Polis, No. 21, Universidad Bolivariana, Santiago de Chile, pp. 81- 90. Leff, Enrique (2009), Ecologia, Capital e Cultura: a Territorialização da Racionalidade Ambiental, Vozes Editora, Petrópolis, Brasil. Lyotard, Jean Francois (1991), The Inhuman, Stanford University Press, Stanford, California. Naredo, José Manuel (1987/2003), La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, 3ª edición, Siglo XXI Ediciones, Madrid. Naredo, José Manuel (2006), Raíces económicas del deterioro ecológico y social, Siglo XXI Editores, Madrid. Naredo, José Manuel y Valero, Antonio (Dirs.) (1999), Desarrollo económico y deterioro ecológico, Visor y Fundación Argentaria, Madrid. Steiner, George (1986/1994), Silencio y palabra. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano, Gedisa, Barcelona. Steiner, George (2001), Después de Babel, Tercera edición, Fondo de Cultura Económica, México.

[1] El concepto de desmaterialización implica la intención de reducir los flujos de materia y energía producidos en los países más industrializados por un factor de 10 o de incrementar la productividad en el uso de los recursos por la vía de una mayor “ecoeficiencia”. Así, el Instituto Factor 10 en Austria ha propuesto que “Para mejorar de manera decisiva las posibilidades de la supervivencia humana en el planeta tierra, un estado de bienestar mundial deberá alcanzarse para el año 2050 con una huella ecológica de 1.8 ha, un consumo de 5-6 toneladas anuales de recursos materiales no renovables y una emisión de CO2 que no exceda 2 toneladas anuales per capita. Estos objetivos implican una fuerte desmaterialización del mundo occidental, pero permitirán un crecimiento razonable en muchos de los países más pobres”. [2] Cf. Leff, E. (2008), “Decrecimiento o Desconstrucción de la Economía: Hacia un Mundo Sustentable”, en Polis, No. 21, Universidad Bolivariana, Santiago de Chile, pp. 81- 90. [3] Para una desconstrucción y análisis crítico de la construcción y funcionamiento de la economía y de sus efectos en la degradación socio-ambiental, véase: José Manuel Naredo (1987/2003), La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, 3ª edición, Madrid: Siglo XXI Ediciones; J.M. Naredo y A, Valero (Dirs.) (1999), Desarrollo económico y deterioro ecológico, Madrid: Visor y Fundación Argentaria; J.M. Naredo (2006), Raíces económicas del deterioro ecológico y social, Madrid: Siglo XXI Editores. [4] George Steiner se pregunta sobre la influencia de la segunda ley de la termodinámica en la sensibilidad y en el lenguaje y se muestra perplejo ante el hecho de que: “las especulaciones teóricas sobre la entropía no pueden conmover a una imaginación sana, que las magnitudes y las generalidades estadísticas de este orden no son vividas de un modo concreto [...] Pero cualquiera que sea el grado de diversidad individual y cultural, existe un punto en el tiempo, existen coordenadas de la muerte térmica donde la amenaza de la entropía máxima podría cargarse de realidad para la conciencia colectiva.” (George Steiner (2001), Después de Babel, Tercera edición, Fondo de Cultura Económica, México, p. 168). [5] Cf. Enrique Leff, Ecología y Capital; Racionalidad Ambiental, Democracia Participativa y Desarrollo Sustentable, Siglo XXI Editores/UNAM, México, 1994; Ecologia, Capital e Cultura: a Territorialização da Racionalidade Ambiental, Petrópolis, Brasil: Vozes Editora, 2009. [6] Cf. Jacques Derrida (1997), El Monolingüismo del Otro, Ediciones Manantial, Buenos Aires. * Reconstrucción de la conferencia ofrecida en el IV Congreso Iberoamericano sobre Desarrollo y Ambiente, Bogotá, Colombia, 5-9 de octubre de 2009. ** Universidad Nacional Autónoma de México, México. Email: enrique.leff@gmail.com

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artículos

Sustentabilidad urbana, rural, natural Elena Lucca Resumen: Se plantea una visión desde la “sustentabilidad fuerte” pues es la que puede responder a la sustentabilidad de las ciudades y de los asentamientos humanos. Y es esta imagen/visión en sus características básicas, funciones, materias y capacidades, lo que lleva a plantearnos cómo reconstruir las capacidades de interrelación de las comunidades con el medio que le provee su sustento. Desarrollamos así indicadores, como instrumentos de interpretación comunitaria, que permitan construir la Huella Ecológica con su idea de área biológica para el “uso” y “consumo” , y el Espacio Ambiental necesario para la producción de los insumos para la vida ; ambos indicadores analíticos. Y agregamos a éstos los Indicadores de Captación Perceptiva que incitan a una lectura de intervención “naturaleza/cultura”, o sea organizan esa interfase entre la naturaleza y las acciones antrópicas, definiendo una manera de gestión/interrelación interdependiente, y de recuperación perceptiva para la reapropiación del camino hacia la sustentabilidad. Palabras clave: sustentabilidad fuerte, Huella Ecológica, espacio ambiental, Indicadores de Captación Perceptiva. Sustentabilidade urbana, rural, natural Resumo: Propomos uma visão da “sustentabilidade forte” como é que pode responder à sustentabilidade das cidades e assentamentos humanos. E é esta imagem / imagem em suas características básicas, funções, materiais e recursos, levando-nos a estudar a forma de reconstruir a capacidade de interação da comunidade com o ambiente que proporciona o seu sustento. Desenvolvemos indicadores como instrumentos de interpretação da comunidade, permitindo que a Pegada Ecológica, que ele construiu a sua idéia de área biológica para a “utilização” e “consumo”, e o espaço ambiental necessários para a produção de insumos para a vida, ambos indicadores de síntese. E acrescentamos a estos os indicadores de captação perceptiva que incentivam a uma leitura da intervenção do “natureza/ cultura”, que está organizando a interface entre a natureza e as ações humanas, definindo um modo de gestão/relação de interdependência e recuperação perceptual para reapropriação do caminho para a sustentabilidade, transdisciplinariedad, ética ambiental. Palavras-chave: sustentabilidade forte, pegada ecológica, espaço ambiental, indicadores de captação perceptiva. Urban, rural, natural sustainability Abstract: The article proposes a viewpoint from ‘strong sustainability’ as it is the one that can respond to the sustainability of cities and human settlements. And it is this image/vision in its basic characteristics, functions, materials and capabilities, what leads us to consider how to rebuild the capacity of community interaction with the environment that provides their livelihood. We develop indicators as instruments of community interpretation, allowing to build the Ecological Footprint with its idea of biological area for “use” and “consumption”, and the Environmental Space required for production of inputs for life, both analitical indicators. And we add to these the Indicators of Perceptive Attention that encourage a reading intervention “nature/culture” that is, they give organization to the interface between nature and human actions, defining a way of management/relationship interdependent, and perceptive recovery for reappropriation of the path to sustainability. Keywords: sustainability, ecological footprint, environmental space, perceptive capture indicators. Recibido:10.02.2010 Aceptado: 05.04.2010

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Sustentabilidad urbana, rural, natural*

Elena Lucca**

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Tres ámbitos-sistemas interdependientes Se habla de Sustentabilidad como un concepto que puede regular, la gestión en tres ámbitos interdependientes: lo urbano, lo rural, lo natural. Por lo general los distintos núcleos disciplinares tratan de alguno de estos tres ámbitos en particular: los urbanistas toman a la ciudad, conglomerados urbanos o “conurbaciones”, como objeto de sus pensamientos y acciones. Mientras los profesionales del área agropecuaria se dedican a pensar “lo rural” y los biólogos y forestales “lo natural”. Sin embargo superar estas “cajas de sastre”, nominadas así por encontrarse en ellas los instrumentos de intervención de cada profesión; y pensar la interdependencia mutua de estos tres ámbitos, como ecosistemas complejos que requieren una mirada confluyente, totalizadora; permite delinear intervenciones desde esta complejidad en forma transdisciplinar. No es necesario hablar del flujo de materia y energía que requieren las conurbaciones, y que esencialmente provienen de los otros ámbitos; ni de la necesidad de maquinarias e insumos para trabajar en el ámbito rural y también en el natural cuando se realiza un Manejo Forestal Sustentable (MFS), maquinarias o insumos que generalmente se procesan en los cinturones industriales que bordean las ciudades; ni de la necesidad de energía que proviene de la existencia de recursos naturales, transformadores, como son los bosques nativos. No es necesario remarcar la interdependencia vital de estos ámbitos que sin duda no podrían sobrevivir sin el aporte, interjuego o interacción de los otros ámbitos, ya que en su totalidad estos ámbitos componen en sí un sistema abierto en energía y cerrado en materiales, y que necesita degradar energía y materiales para mantenerse en vida, y por lo tanto dependientes, el urbano y el rural, del natural; éste a su vez dependiente del volumen 1, número 2, año 2010

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manejo antrópico que o lo degradará o lo optimizará. Esta interdependencia está claramente signada por los valores o recursos específicos que cada uno de estos ámbitos aporta al conjunto. El único que podría sobrevivir sin la existencia de los otros dos, es el ámbito “natural”, que en sí posee un circuito de realimentación y recreación propio. Naredo lo expresa planteando los cuatro puntos fundamentales de transformación de materiales que se operan en el proceso de fotosíntesis como un ejemplo de gestión sostenible de recursos: 1) procesamiento de energía inagotable para producir; 2) transformación de la energía solar en energía de enlace por los convertidores (las plantas verdes); 3) proceso de construcción apoyado en sustancias abundantes de la tierra; y 4) composición de un ciclo completo hasta transformarse en nutrientes nuevamente ( Naredo, 2001). Podemos diagramar con Montenegro los tres ámbitos, que en sí componen uno solo que denominamos Ecosistema en Mosaico: Gráfico 1: Ecosistema en Mosaico. (Montenegro, 1995)

* “P” es la producción o energía captada por los autótrofos y respiración o pérdida de calor degradación energética, ambas tiempo acotado “t”.

radiante “R” la tras la en un

Hacemos notar acá que cuando hablamos de área productiva solemos comúnmente referirnos al área rural o periurbana sobre la que se producen las materias de insumos alimentarios de las ciudades. Por otra parte las áreas o

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territorios ‘naturales’ son convertidores productivos de energía, lo que en la cadena alimentaria se conoce como productores primarios o autónomos, captadores directos de la energía solar, ya que “productor”, desde la ecología, se define como un organismo capaz de captar la energía solar por la fotosíntesis y ponerla a disposición de otro organismo bajo la forma de materia orgánica. Los productores forman la base de la cadena alimentaria y son autótrofos, es decir organismos capaces de fabricar su propio alimento a partir de elementos minerales y con la ayuda de la energía solar. Una de las maneras de reconocer la interdependencia es ubicarse en el lugar de cada uno de estos ámbitos y demandarse si es posible la sustentabilidad sin el recurso de los otros ámbitos. También habría que plantearse qué procesos sinérgicos en cada uno de estos ámbitos están en marcha o son posibles de activarse a fin de potencializar y cooperar en el sentido de una preservación, recuperación y manejo de optimización de los recursos y materiales necesarios para cada territorio. Al hacerlo cambiamos de perspectiva, cambiamos de una ”mirada” centrada en los requerimientos para la vida de una especie, alrededor de la cual interpretamos y extraemos lo que creemos necesario, a una mirada centrada en el sustento de la vidabiosfera. Y al modificar nuestro punto de mira, aparece la sustentabilidad, no como una “cuestión” económica, sino como una cuestión vital. Cabe aquí recordar lo que dice Salvador Rueda (Rueda, 2001): “El modelo de ordenación del territorio que se propone es el mantenimiento de cierta estructura y de un cierto nivel de explotación sostenible de los sistemas no urbanos (rurales y naturales) y una ciudad compacta y diversa en todas sus partes en los sistemas urbanos. El modelo

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contaría, en un trayecto imaginario, con dos extremos de una fuerte diversidad constituidos por la ciudad compacta, densa y diversa y en el otro lado por un bosque (o un ecosistema natural) de tamaño suficiente, también diverso y con una tasa de renovación P/B relativamente reducida. En el centro, el “campo” de juego, cultivos, pastos, vallados, donde las interacciones del hombre y de algunos organismos del bosque son fuertes y se mantiene reducida la diversidad biótica de las comunidades.”

Por esto reintroducir la mirada específica hacia el ámbito natural o el Ecosistema Ajustable o Balanceado, nos permite reestructurar la comprehensión de estos ecosistemas interdependientes, partiendo de la base que el ámbito natural nos condiciona la sustentabilidad posible. Por lo tanto la propuesta aquí es pensar en una totalidad urbanarural-natural desde lo que José Manuel Naredo llama, citando a Norton, la “sostenibilidad fuerte”.

Sobre el concepto “Sustentabilidad”

de

Hablaremos de sustentabilidad, e indistintamente de sostenibilidad, ya que convencionalmente “sustainability”, el inicial término en inglés, puede traducirse como “capacidad de sostener”. Y éste a su vez deriva del concepto ambiental capacidad de soporte, es decir, el máximo de individuos de una determinada especie que un territorio puede sostener indefinidamente sin comprometer la productividad total del hábitat natural o modificado. Nos acerquemos al término Sustentabilidad desde un concepto intrínseco. Citamos aquí a Naredo (2001):

de la física que es la termodinámica y de esa economía de la naturaleza que es la ecología). En lo que sigue nos ocuparemos de esta sostenibilidad fuerte, que se preocupa directamente por la salud de los ecosistemas en los que se inserta la vida y la economía de los hombres, pero sin ignorar la incidencia que sobre los procesos del mundo físico tiene el razonamiento monetario. Pues es la sostenibilidad en el sentido fuerte indicado, la que puede responder a la sostenibilidad de las ciudades y de los asentamientos humanos, en general,...”

Esta ‘sostenibilidad fuerte’, basada en los principios de las racionalidades de la física y la ecología podríamos enfocarla desde aquellos recursos y procesos físicos necesarios a la vida orgánica. Los tres principios ecológicos de la sustentabilidad: Estabilidad, Elasticidad y Regeneración, permiten que los sistemas subsistan, transcurran por diferentes ciclos, y se restablezcan y regeneren en sí. Así por ejemplo el principio de elasticidad significa la capacidad de recuperación de un ecosistema que haya sido sometido a stress. Recordemos que “eco” viene de “oikos” palabra griega que significa “hogar”. O sea cada ecosistema tiene un ‘hogar’, biotopo, biocenosis, de referencia en el cual suceden los procesos transformadores, además de las funciones necesarias a la vida. Diagramamos aquí las funciones que representan lo básico necesario para la permanencia: alimento, abrigo, reproducción, capacidad de desecho como ciclo (outputs). Mientras los materiales, suelo, agua, aire, ‘convertidores’ o bosques proveen los materiales (inputs) necesarios a la vida.

“Se llega así, según Norton [Norton, 1992 ], a dos tipos de nociones de sostenibilidad diferentes que responden a dos paradigmas diferentes: una sostenibilidad débil (formulada desde la racionalidad propia de la economía estándar) y otra fuerte (formulada desde la racionalidad de esa economía

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Diagramamos: Gráfico 2: Sustentabilidad de la vida en el Planeta (Lucca, 2001)

Ahora si a estas funciones y materias les incorporamos las capacidades necesarias para la supervivencia de la vida humana como una de las especies de este planeta, vemos en el siguiente diagrama que al superponer funciones-materiales-y capacidades humanas/animales, tanto las funciones como los materiales siguen siendo la base de la sustentación. En el diagrama se presenta remarcada la capacidad de ‘curiosidad-creación/invención para la apropiación’ que es específica sólo de la especie humana, y que es la que nos lleva a actitudes de dominación o intercambio/integración para el uso de recursos o materias. Y no sólo está aquí remarcada esta capacidad por ser específica humana, sino porque a través de ella podemos incidir en la propuesta de crear capacidad hacia la sustentabilidad. Vemos en el diagrama: Gráfico 3: Sustentabilidad de la vida y la interacción con las especies. (Lucca, 2001)

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Y esta capacidad de ‘curiosidad – creación/invención’ nos ubica en la interfase natura-culturahumanidad, un ‘juego’, según Ferrier (1998), “que se prueba en nuestros cuerpos, nuestro lenguaje y nuestros territorios, se expresa en nuestras conductas, se lleva en nuestros conocimientos, y tiene un gran lugar en nuestras opiniones. La investigación territorial, concerniente a esta interfase que nos funda, ocupa un “lugar” estratégico del conocimiento, porque ella interroga, más allá de nosotros, esta relación que tiene tanto espacio en nosotros.” Y continúa diciendo: “El trabajo teórico sobre el territorio es así inseparable del sentido que demos a nuestras vidas, las soluciones que elijamos para nuestras conductas y políticas...El conocimiento territorial nos confronta a una interfase, porque él ‘impone’, a la vez, la observación de hechos físicos y biológicos - que nombraremos ‘naturales’-, y de hechos más o menos inseparables de la actividad humana – a los que llamaremos ‘culturales’.”

Remarcamos aquí este enfoque porque es esta interfase, al decir de Ferrier, que podemos trabajar a fin de la investigación territorial hacia la sustentabilidad, para la modificación de un paradigma basado en una racionalidad económica a uno de mutua convivencia basado en una racionalidad física y ecológica. Es decir los elementos que hacen a la sustentabilidad de las especies animales– sentidos, orientación, miedo, gregarismo...- son las capacidades necesarias, que por su interacción con los materiales y en búsqueda del cumplimiento de las funciones, permiten actuar sustentablemente. Son los instintos/sentidos de sustento de la vida los que nos llevan a percibir en un ámbito espacial determinado, los recursos, los procesos físicos, la forma de utilización sin destrucción y la necesidad de su permanencia. Volver a ellos, a estos instintos/sentidos de sustento de la vida significa comenzar a advertir las ‘reglas de juego’ propias del ámbito natural, el ámbito de los recursos, de las

materias necesarias, y de los procesos de transformación y descomposición necesarios. Como ejemplo, la baja o nula tasa de natalidad de paises desarrollados como España e Italia, indica que la función de reproducción, como necesidad de perpetuación de la especie, está en peligro, con las consecuencias correspondientes en la pirámide poblacional y su posibilidad de sustentabilidad. Lo que nos lleva a una apreciación correspondiente a la configuración y el comportamiento de los sistemas sociales: al ‘separarnos’ y perder la relación y el reconocimiento de los elementos físicos y las funciones esenciales para el sustento, desde nuestra cotidianeidad la supervivencia global está amenazada. Si nos referimos a los sistemas físicos sobre los que se organiza la vida humana, sistemas agrarios, industriales o urbanos, la sustentabilidad depende de abastecerse de recursos (inputs), procesar los residuos (outputs) y de su capacidad para controlar las pérdidas de calidad, tanto internas como ambientales... Si nos referimos a los sistemas físicos naturales hablaremos de “la salud de los ecosistemas en los que inserta la vida... Pues es la sostenibilidad en el sentido fuerte indicado, la que puede responder a la sostenibilidad de las ciudades y de los asentamientos humanos, en general,...” (Naredo, 2001).

O sea pensar procesos y actuar desde la ‘sostenibilidad fuerte’, implica pensarlos, percibirlos y realizarlos reconociendo las reglas de juego del ámbito natural, reestableciendo una mirada de convivencia, de conocimiento y reconocimiento de los procesos naturales. Reconocer la insostenibilidad de algunos sistemas es sólo un primer paso. Luego la puesta en marcha, la reactivación de esa otra mirada que implica la ‘sostenibilidad fuerte’ requiere de la introducción en la configuración de los sistemas

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sociales y culturales de las reglas de juego de cada ámbito en sí y de la interacción entre ellos, reconociendo una prioridad dependiente al ámbito natural. Y la conservación y vitalidad de determinados elementos y sistemas integrantes del patrimonio natural, no sólo necesita ser asumida por la población, sino que requiere de estructuras instituciones orgánicas que igualmente asuman este objetivo y lo trasmitan.

lo que les rodea, sino también desde la recuperación de la posibilidad de lectura perceptiva del entorno a través de instrumentos por un lado analíticos, y por otro, instrumentos de recuperación de la relación naturacultura, que llamamos indicadores de captación perceptiva, que nos aportan capacidad de reconocimiento de los procesos convivientes que nos rodean.

Para Buckingham-Hatfield y Percy [Buckingham-Hatfield & Percy, 1999], alcanzar un estilo de vida sustentable depende de un desarrollo que abarca tres dominios: la educación para la sustentabilidad, el desarrollo comunitario y la gobernabilidad local y democracia. Para estas autoras construir las agendas futuras locales ambientales significa direccionar nuestras propuestas, basándose en estos tres dominios.

Creando Capacidades hacia la “sostenibilidad fuerte”

¿Como crear la capacidad hacia la sustentabilidad? ¿Hacia el Desarrollo Sustentable? El término Desarrollo se suma al de Sustentable aunque teóricamente podríamos decir que sustentabilidad es una de las propiedades intrínsecas del desarrollo. Es decir no puede haber desarrollo si no está implícita la capacidad de sostenerse, desde la identidad orgánica hasta la sustentación de la especie y de lo que la rodea. Y el principal problema reside en que la vida y crecimiento local de las ciudades se ha venido apoyando en una creciente insostenibilidad global de los procesos de apropiación y vertido, más allá de la capacidad de soporte de los sistemas ambientales, sociales y económicos sumados a la incapacidad local de una gobernabilidad participativa que impulse las acciones institucionales y comunitarias. Nuestra propuesta entonces implica trabajar hacia un estilo de vida sustentable que implique a las comunidades no solo desde una lectura analítica de

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Nuestra hipótesis central está basada en la necesidad de crear capacidad hacia la reactivación de ese enfoque que implica la “sostenibilidad fuerte” que requiere de la apropiación de las “reglas de juego” de cada ámbito en sí y de la interacción entre ellos, reconociendo la primacía del ámbito natural. Por un lado reconoceremos este Ecosistema en Mosaico del que nos habla Montenegro (1995), desde el análisis de algunos indicadores y por otro lado plantearemos una aproximación a cada territorio a partir de algunos principios que nos ubiquen en una mirada perceptiva para la elaboración de los procesos que allí suceden. ¿Cómo encarar la lectura analítica? Recordemos que la sostenibilidad fuerte se construye a través de una baja sustitución de recursos naturales (capital natural) por recursos financieros y tecnológicos (capital construido); de acuerdo a la intensidad en el uso de energía (en especial de fuentes no renovables de energía); según sea mayor o menor la diversidad ambiental, económico productiva y socio-cultural característica del estilo de desarrollo. Puesto que la sustentabilidad fuerte reintroduce el ámbito natural en las conceptualizaciones o mediciones de desarrollo, distinguimos la sustentabilidad ecológica, que se refiere a la base física de la conservación de los recursos naturales, señalados como

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recursos renovables y no renovables, sobre los que se requiere mantener la tasa de utilización equivalente tanto a la tasa de recomposición como a la tasa de sustitución.

cambios requeridos en comportamientos y conductas. En síntesis, los indicadores deben servir a la comunidad como radiografía y carta de navegación a la vez.” (Guimarães, 2000)

La sustentabilidad ambiental es la A partir de 1992, debido a las propuestas relación con la manutención de la de Agenda 21, la construcción de capacidad de carga de los ecosistemas, indicadores se modifica pasando de es decir, la capacidad de la naturaleza indicadores de presión (ambiental) para absorber y recomponerse de las por indicadores de fuerza (actividades agresiones antrópicas. Donde las tasas humanas que impactan los ecosistemas), de emisión de desechos debe equivaler lo que significa incluír indicadores de la a las tasas de regeneración determinadas trama social, institucional; indicadores por las tasas de recuperación de los de estado (situación actual) y de respuesta (opciones ecosistemas. de política frente a un Sintetizando decimos cambio). que la sustentabilidad ecoambiental está La sustentabilidad ambiental es la El trabajo con indicadores referida esencialmente hecho marca una a la conservación de los relación con la de forma de diálogo, no solo recursos naturales aún manutención entre pares sino entre los incorporados a las la natura y la sociedad, de la capacidad actividades productivas y esencialmente al a la capacidad de sustento de carga de los yutilizarlos para definir una de los ecosistemas, es ecosistemas, es objetivación del entorno decir la manutención del potencial de la decir, la capacidad de los pobladores y sus naturaleza para absorber de la naturaleza decisiones sobre el mismo, delinea un camino y recomponerse de las para absorber y se de empoderamiento, agresiones antrópicas. recomponerse empowerment , una Por ello como certeza de que todos de las agresiones instrumentación tomamos podemos incidir e antrópicas. los conceptos de Huella incidimos en nuestra vida Ecológica (HE) y Espacio cotidiana. Ambiental (EA), a fin de construir indicadores manejables en terreno, traducibles y operables con De entre los indicadores generados las distintas comunidades que ocupan a partir de 1992 tomamos HE y EA, como instrumentos de conocimiento y distintos espacios o territorios. de captación de los territorios. Decimos que los indicadores tienen por El primero, Huella Ecológica, objetivo “contribuir para advertir la existencia de riesgos o de tendencias probablemente negativas para el desarrollo de una determinada comunidad, determinar problemas concretos que aquejan a la sociedad, especificar metas consensuadas democráticamente para superarlos, diseñar un futuro posible, proveer los elementos de su cartografía, y formular políticas públicas que instrumenten los

“...ha sido desarrollado por Mathis Wackernagel y William Rees (1996) y parte de la base de que cada ser humano, comunidad, región, país o conjunto de países produce un impacto en el planeta al consumir los servicios y bienes producidos por la naturaleza. Es posible, por tanto, determinar nuestra Huella Ecológica, o sea, medir la cantidad de área biológicamente productiva que

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se hace necesaria para proveer en el tiempo los recursos necesarios para las actividades humanas y, a la vez, absorber los desechos generados por éstas.” (Guimarães, 2000)

O sea, la relación entre los requerimientos de suelo para el consumo y el procesamiento de desechos, determina el máximo de habitantes que un territorio puede sostener teniendo en cuenta las expectativas de consumo, tecnología necesaria, y materiales requeridos. Como desarrolla Guimarães, es necesario tener en cuenta que el territorio no necesariamente coincide con la ocupación física del mismo. Por ejemplo, si debemos importar manzanas de otro lugar, porque en la zona no es posible climáticamente cultivarlas, estamos utilizando un territorio ‘virtual’ a tener en cuenta. Continuamos con Guimarães: “...el concepto de la HE puede ser extendido para múltiples evaluaciones de sustentabilidad. Se puede, por ejemplo, medir la Huella Ecológica del comercio inter-regional, calculando cuánto de área biológicamente productiva una región se está apropiando por intermedio de sus importaciones, y cuanto de su propia capacidad de soporte se está deshaciendo a través de sus exportaciones.”

Esquematizamos Huella Ecológica:

Según Guimarães , entonces, HE trata de determinar los requerimientos de suelo para el consumo y los desechos, a la vez de determinar el máximo de habitantes que un territorio puede sostener, lo que responde a las expectativas sociales de

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consumo, la tecnología disponible, uso de energía y materiales, etc. Para llegar a la Huella Ecológica hay que calcular, en primer lugar, el consumo personal promedio de cada ítem a través de estadísticas nacionales o sub-nacionales, o regionales, y seguidamente, estimar el territorio per cápita apropiado para la producción de cada ítem. Eso se hace dividiendo el consumo anual promedio de cada ítem (alimentos, ropa, viviendas, etc.) por la productividad promedio anual del mismo. De esa forma se calcula la HE individual, la cual, multiplicada por el número de individuos en una ciudad, región o país arroja la HE respectiva. Si lo anterior conlleva a determinar la HE y discernir el impacto de cada país en sí, en el conjunto de países, se puede intentar determinar también el déficit ecológico del planeta y el de cada país individualmente. En un informe preparado para la Conferencia Rio+5, realizada en Rio de Janeiro en Marzo de 1997 para evaluar el progreso en la puesta en práctica de los acuerdos adoptados en 1992, se trató de medir la Huella Ecológica de 52 países (Wackernagel et al., 1997). Considerando todas las categorías de territorio ecológicamente productivo para la Tierra, se llega a una Huella Ecológica “planetaria” actual de 1.7 hectáreas por habitante. En base a ello, lo primero que el estudio puso de relieve fue que el promedio de esos 52 países en 1993, de 2.3 ha/hab., excedía en un 30 porciento el área teóricamente “disponible” para cada habitante, y variaba dramáticamente entre países, desde India y Bangladesh, con una HE de 0.7 y 0.8, hasta países como Islandia y los EE.UU., con 8.4 y 9.9 ha/hab. Es por ello que países como Suecia, cuya HE de 5.8 ha/hab la incluye entre las “top 10” más dañinas para el planeta, con más de tres veces el promedio de la muestra, pueden incluso no estar en una situación de déficit ecológico.

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Como la capacidad ecológica de Suecia es de 7.8, sus habitantes, si decidieran ignorar su impacto a nivel global, podrían incrementar su estilo actual de consumo, pues están con un “superávit” equivalente a la HE promedio de la muestra. Ese tipo de evaluación permite identificar, por ejemplo, los pueblos que están en una trayectoria más o menos sustentable. Es así que de los 52 países estudiados, sólo 10 países utilizaban menos de lo que estaría disponible por habitante mundialmente. Esto significa que si el mundo decidiera adoptar el estilo de consumo de los demás 42 países, simplemente no habría capacidad ecológica para sustentarlos a todos. Por ejemplo, continuamos citando a Guimarães, Chile producía en 1993 una Huella Ecológica de 3.5 hectáreas por habitante, un 50 por ciento más elevado que el promedio mundial. Pese a ello, y como dispone de una capacidad ecológica de 4.9 ha/hab, Chile todavía presentaba un “superávit” ecológico de 1.4 ha/hab. Mientras, Brasil, con una población más de 10 veces superior a la de Chile, produce un impacto ambiental un tercio inferior al suyo, con una HE de 2.6 ha/hab (aún a sí, superior al promedio mundial y al disponible per cápita), pero, pese a su extensión territorial y la riqueza de sus recursos naturales, arroja un déficit ecológico de -0.2 ha/hab. En otras palabras, aunque los dos países provoquen impactos igualmente negativos para la disponibilidad ecológica por habitante del planeta (3.5 y 2.6, respectivamente), y no obstante el hecho incluso de que el impacto de Chile sea superior al de Brasil, Chile sería más “territorialmente” sustentable que Brasil. El informe citado anteriormente llegó a tales estimaciones deduciendo de la Huella Ecológica la Capacidad Ecológica disponible para cada país, cálculo que se puede reproducir para cada región en

un determinado país. Como vemos la HE marca la relación entre el consumo y las categorías de uso del territorio. Como no es nuestra intención sacar un indicador territorial de sustentabilidad nacional, ni planetario sino tener una herramienta de lectura de los distintos espacios a trabajar, nombramos la forma en que se calcula globalmente y luego, aquí, sugerimos como adaptarla para la utilización por comunidades específicas. Tomamos así las cinco categorías de “consumo” a saber: alimentos, vivienda, transporte, bienes de consumo y servicios. Y las siguientes categorías de “uso de territorio”: territorio “energético” (i.e., apropiado por el uso de combustibles fósiles), territorio “consumido” (i.e., construido), territorio actualmente en uso (jardines, áreas agrícolas, pastizales y bosques manejados) y territorio potencialmente disponible (bosques preservados y áreas no-productivas como desiertos y glaciares). Sugerimos hacer un muestreo de categorías de consumo de cada zona o unidad a trabajar, sacando un promedio de consumo personal de cada ítem de las categorías de consumo sugeridas: alimentos, vivienda.... Este promedio, puesto que su objetivo es la conciencia de la capacidad ecológica o déficit ecológico, convendría ser trabajado con los pobladores de las zonas en las que se desea operar, utilizando instrumentos de observación y registro propios de cada comunidad, por ejemplo citamos aquí el DRP Diagnóstico Rápido Participativo, que tiene probada solvencia para el trabajo participativo con los grupos humanos. A continuación estimamos el territorio existente apropiado para la producción de cada ítem en la unidad que estamos trabajando a través de una

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zonificación donde conste capacidad de producción. Sacando nuevamente un promedio anual de productividad. Cada una de las categorías territoriales mencionadas: territorio energético, consumido, en uso, potencialmente disponible, tendrán en sí una valorización convencional. Por ejemplo en UK United Kingdom, actualmente se ha llegado a la convención de la necesidad de establecer una Ha. de bosques cada 1.000 Habitantes, lo que determina el lineamiento del Biodiversity Action Plan BAP, que recupera antiguos espacios boscosos alrededor de las ciudades. O sea que se supone que una Ha. boscosa sustenta desde sus aportes como ‘convertidor’ la vida de 1.000 habitantes. Vemos acá la relación entre el ámbito natural y el urbano. Luego dividimos el consumo anual promedio de cada ítem (alimentos, ropa, viviendas, etc.) por la productividad promedio anual del territorio. Esta última relación que en sí nos aporta la HE de una zona o espacio, nos indica la sustentabilidad actual de esa unidad, y además nos permite visualizar la reconversión de las posibilidades de sustentabilidad de ese espacio. Si tomamos el concepto de Espacio Ambiental, propuesto por el Instituto Wuppertal y la ONG ambientalista Amigos de la Tierra, - continuamos citando a Guimarães de la CEPAL- y lo definimos como la cantidad total de capacidad ecológica de absorción, de energía, de recursos no-renovables, de tierra agrícola y de bosques que podemos usar globalmente sin disminuir la disponibilidad de éstos para las generaciones futuras (Spangenberg, 1995). Vamos a proponer la estimación de las siguientes categorías: energía, materia prima de recursos no-renovables, uso del suelo, madera y agua.

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El EA, en el área de la energía, cuantifica los requerimientos de suelo por la disminución de la quema de combustibles fósiles, la gradual eliminación de centrales nucleares y la sustitución equivalente por energía renovable (eólica, solar, biomasa, etc.). Ya que esta categoría tiene su base en el llamado ‘efecto invernadero’ – el recalentamiento promedio global de las temperaturas del planeta provocado por la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera – y que constituye el principal deterioro ambiental relacionado con el uso de energía (por la quema de combustibles fósiles), aliado a los altos riesgos de seguridad por el uso de la energía nuclear. En la materia prima no-renovable se privilegia las demandas “territoriales” provocadas por el consumo de materiales como el cemento, el hierro y aluminio. El uso del suelo es determinado por la demanda de tierra para alimentar toda la población de una determinada unidad político-administrativa (región, país, etc.) La madera intenta dar cuenta de los requerimientos espaciales de la producción de ese recurso y de sus derivados, la relación entre áreas protegidas y bajo distintas formas e intensidades de explotación, las tasas de agotamiento de las reservas forestales, etc. Se estiman los mismos requerimientos en materia de agua, según su uso (industrial, domiciliario, para irrigación, etc.), los requisitos de tratamiento para disponibilidad del recurso para consumo humano, para eliminación de desechos, etc.

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Esquematizamos EA

Para la medición de estos ítems podemos tener en cuenta los principios mencionados previamente referidos a la sustentabilidad: estabilidad, elasticidad y regeneración; aún utilizados a través de la observación y el consenso directo nos da pautas de sustentabilidad. Es así que si observamos una Ha. maderable, en la cual no hay indicios de regeneración, podemos suponer que ese espacio forestal a entrado en una tendencia que lo llevará a desaparecer como tal. Como previamente lo mencionamos, se puede establecer una medida convencional para estos indicadores. Esta medida convencional puede estar establecida o acotada por algunos principios, según los proponentes, tales como el principio de equidad (todos los individuos tienen derecho a usar espacio igual de recursos), el de impactos sociales (la sustentabilidad requiere de valores como democracia, transparencia, participación y solidaridad), el de proximidad (los problemas ambientales deben ser resueltos lo más próximo posible de su fuente) y el principio precautorio

(cuando el riesgo de una situación es incierto, pero sus consecuencias son graves, difícilmente reversibles, se justifica adoptar medidas correctivas anticipadamente a un conocimiento más estricto del problema), principio, este último, de la Declaración de Río 1992 que es importante difundir y permitir que influencie todas las políticas de las autoridades locales ya que tiene en cuenta el claro límite de los recursos naturales. Sin duda alguna HE y EA son dos conceptos que pueden relacionarse más allá de sus propuestas específicas. Ya que la HE implica la relación del consumo con el uso de materiales y recursos del ámbito natural, indicadores que son a su vez contemplados por el EA. Por otra parte el EA permite que las comunidades, o pobladores de una determinada zona se alerten sobre sus indicadores específicos que hacen a los materiales y recursos necesarios, ya que al sacar un promedio de cada indicador de utilización y producción en la zona, esta relación básica indica un principio de sustentabilidad.

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Nuevamente no se trata acá de llegar a cifras generales que deban ser interpretadas por expertos, sino de reconocer como pobladores el uso, y la producción de los materiales de la vida cotidiana, para poder actuar hacia una mayor capacidad ecoambiental. También Guimarães habla de dimensiones territoriales de sustentabilidad, sumando las que corresponden a un Desarrollo Regional y un Desarrollo Sustentable: En el plano del desarrollo regional, los indicadores deben posibilitar que se pueda medir y evaluar el progreso, en el territorio en cuestión, en las siguientes áreas: 1. dotación de recursos naturales 2. existencia de actores sociales organizados 3. existencia de instituciones locales para el desarrollo del territorio 4. tipos de procedimientos para el fomento regional 5. cambios desde la cultura del trampero hacia la cultura del cazador 6. fortalecimiento de una cultura de confianza entre actores 7. capacidad de negociación de actores locales 8. acumulación endógena de capital 9. acumulación endógena de conocimiento y progreso técnico Desde la perspectiva del desarrollo sustentable: 10. perfil de la población y dinámica demográfica 11. estratificación social y patrones de producción 12. procesos ambientales naturales y medio ambiente construido 13. uso y sustitución (renovable) de recursos naturales (no-renovables) en los procesos productivos 14. conservación y recuperación de recursos ambientales 15. disponibilidad y uso de energía

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16. patrones de consumo, distribución y acceso a servicios públicos 17. participación social, identidad cultural, relaciones de género y patrones de resolución de conflictos Los aspectos identificados cubren en forma directa o indirecta cinco tipos de capital (véanse, por ejemplo, para cada tipo de capital, Lutz y El Serafy, 1988; Serageldin, 1996; CEPAL, 1992; Putnam, 1993): I.

II.

III.

IV.

V.

el capital natural (referido a las dimensiones 1, 12, 13, 14 y 15), formado básicamente por la dotación de recursos naturales renovables y no-renovables (agua, suelo, flora, fauna, metales, minerales, combustibles fósiles, etc.) y de servicios ambientales (ciclo hidrológico, ciclo de nutrientes, control de erosión, polinización, etc.); el capital construido (referido a las dimensiones 8 y 9, y a las dimensiones económicas tradicionales), artificialmente formado para fines productivos, tales como los recursos financieros, de maquinaria y de equipamientos, las innovaciones tecnológicas, etc.; el capital humano (referido a las dimensiones 10, 11 y 16), o la dotación de recursos humanos de una sociedad, incluyendo su perfil demográfico y las oportunidades para que sus miembros adquieran conocimientos y capacidades para contribuir plenamente al desarrollo; el capital social (referido a las dimensiones 2, 6, 7 y 17), integrado por el sistema de normas informales, valores y prácticas que determinan la existencia o el fortalecimiento de relaciones de confianza y de reciprocidad entre distintos actores, como también las redes de interacción social fundados en éstas; y el capital institucional (referido a las dimensiones 3, 4 y 5), que comprende la normas formales,

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leyes, incentivos y sanciones que regulan la vida en sociedad, la trama de organizaciones que ponen en práctica y garantizan la observancia de tales normas, como también los componentes de la propia cultura o esencia de esas organizaciones, es decir, la combinación de sus valores, misiones, rutinas, capacidades y acciones. (Guimarães, 2000)

pasaje hacia la visualización para la acción hacia un futuro sustentable, es el denominado Future Search (FS). Sus autores estructuran un proceso cuya secuencia permite a los participantes llegar a visualizar un futuro, posible, común, sustentable y actuar consecuentemente. Es así que marcan como uno de los puntos básicos del FS, aprender a percibir la totalidad de un sistema desde el lugar donde estamos. Y la agenda que proponen es comenzar con el pasado, pasar por el presente, para llegar a visualizar el futuro y desde allí pensar las acciones correspondientes.

Pasando al campo de los indicadores de captación perceptiva ICP, retomamos a Ferrier (1998), que nos plantea que todos somos geógrafos, ya que se trata de nombrar conceptualmente el mundo; y en su libro “Le contrat géographique ou l’habitation durable des territoires. Antée 2”[1], Esta agenda sigue un aborda tres cuestiones proceso grupal y humano o cuestionamientos de reconexión con todo Poner a la ‘territoriales’ esenciales: lo que nos ‘adhiere’ en 1) la interfase natura- discusión nuestro el pasado y presente; la futuro, poder cultura, demandando desesperación frente a lo cuales son las condiciones incontrolable del futuro; imaginárselo, posibles de un contrato la apropiación de un y actuar geográfico que nos volverá camino, imagen, visión, activamente responsable consecuentemente posible; la esperanza es uno de de los territorios, idealizada; el diálogo comprometidos con el real que nos lleva hacia los temas restablecimiento y sostén fundamentales, un la acción. Según estos de los grandes equilibrios autores y la práctica de este del planeta?; 2) el ‘cuello de botella’ enfoque, sin este proceso, habitante referencial, en el trabajo hacia pasaje, es difícil accionar qué modelo de humano la sustentabilidad hacia un futuro posible es necesario poner a la sustentable como especie discusión, que nos permita humana. (Weisbord & comprender mejor Janoff, 2000). nuestros destinos?; y 3) como pensar mejor nuestra relación Compartimos esta práctica y vemos con el tiempo, su sentido, nuestra que el recorrido planteado por estos cotidianeidad y sus proyectos, como autores, síntesis del trabajo mundial construir un contrato geográfico que con grupos humanos, es básico e inicial nos ayude a inscribir nuestras vidas en para llegar a un momento donde los el presente y la sustentabilidad. grupos o comunidades puedan encarar la mirada hacia sus propios territorios y Poner a la discusión nuestro futuro, realizar lo que llamamos una “lectura” poder imaginárselo, y actuar de los espacios a fin de comprenderlos consecuentemente es uno de los temas y realizar un Manejo desde una fundamentales, un ‘cuello de botella’ posibilidad futura sustentable. en el trabajo hacia la sustentabilidad. De allí que uno de los enfoques Ya que desde nuestro punto de vista complementadores para hacer este capacitar para el Manejo Sustentable

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de los tres ámbitos que componen el Ecosistema en Mosaico, significa iniciar procesos sinérgicos tendientes hacia el Desarrollo Sustentable. Y para encarar este Manejo existen una serie de principios direccionadores de la práctica, que dan pie a los ICP, que corresponden a: la estabilidad, la elasticidad y la regeneración, de los ecosistemas. Estos Principios Básicos son: • •

• •

• •

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La comprehensión , lectura y utilización de la dinámica propia de cada ecosistema. Dimensionar el recurso en el manejo, el proceso de regeneración y delimitar e investigar elementos o aspectos que pueden incidir negativamente en el ecosistema generando un proceso degradativo. Respetar la biodiversidad y colaborar a la coexistencia. Reconocer redes de conexión de los recursos naturales para el traslado y difusión genético, tanto como la dimensión necesaria para la reproducción. Develar y reconocer las formas de recuperación propias del sistema introduciendo o extrayendo solamente elementos que a partir de la concepción global del sistema se vean como absorbibles o reemplazables por ese sistema. Detectar una Ordenación Espacial en un territorio determinado para el manejo y conservación de los recursos naturales y culturales. No crear dependencia tecnológica adoptando medidas cooperativas y utilizando formas tradicionales cuando no implican explotación humana y consumo de tiempo. Preservar el patrimonio natural tanto como el humano y cultural. Permitir el aprendizaje del Manejo Sustentable de los espacios naturales practicado por los pobladores que están en contacto con esos espacios.

Las variables de captación perceptiva son: • • • • • • • • •

La luz y sombra La dimensión del espacio posible de desarrollo La biodiversidad La suficiente masa genética y formas de trasmisión y dispersión La pirámide poblacional, los ciclos vitales La presencia de renovales La humedad El suelo constituido Los espacios de conectividad y traslación Interfase entre los tres ámbitos Formas de cobijo Formas de satisfacer necesidades Formas de interrelacionarse

• • • • • Cada una de ellas implica un reconocimiento perceptivo a través de indicadores específicos correspondientes a las dinámicas espaciales, más una decisión consensuada, ambos elementos tendientes a respetar la estructura propia de los ecosistemas, confluyendo la mirada desde distintos formas interpretativas. Aprehender este reconocimiento es uno de los objetivos de la capacitación hacia un enfoque sustentable.

Por esto tomamos como forma de desarrollar la capacidad hacia el ICP Indicador de Captación Perceptiva, seis conceptos fundamentales que nos permiten elaborar la dinámica interrelacional de los distintos ámbitos. Estos conceptos extraídos de la línea educativa francesa-canadiense en medioambiente desarrollada por los Centros Permanentes de Iniciativas Ambientales (C.P.I.E.), desarrollados como canciones, baladas, con su secuencia, nos remiten a la idea de comunidad, interdependencia, adaptaciones, energía en la bioesfera, ciclos de materiales y cambios [C.P.I.E.,1989].

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Más allá de que cada balada-concepto tiene una lógica, esta propuesta hace hincapié en una forma de aproximación a lo que nos rodea, no desde lo analítico sino desde lo perceptivo y desde la mirada ampliada más que la particularizada. Es así que nos interesa menos un fenómeno en particular, que la interconexión de fenómenos que crea una situación en cada espacio determinado. El Indicador de Captación Perceptiva ICP, no se mide numéricamente, se establece a través de lecturas consensuadas y graficaciones en terreno, teniendo como referentes los seis conceptos del CPIE anteriormente mencionados, y corresponden a la puesta en práctica de la sustentabilidad. La escisión provocada por la interfase natura-cultura, que existe de hecho en nuestra vida actual cotidiana, es trabajada a través de estos conceptos, HE y EA e ICP, significando un aporte tanto desde la elaboración analítica como de la recuperación perceptiva para la reapropiación del camino hacia la sustentabilidad.

Palabras Generales El desarrollo de las ideas previas tiene sin duda un marco. Marco que podríamos sintetizar diciendo que la crisis en que nos encontramos es una crisis de carácter ‘ecopolítico’, si definimos este carácter como referido a los límites reconocidos, la escasez de los recursos naturales y de los depósitos contaminables, y a la estructura de relaciones con un sistema institucional y de poder que interviene sobre la propiedad, distribución y uso de esos recursos. O sea una crisis en la que se delinean dos dimensiones, una ecoambiental referida a la capacidad ecológica y otra política, referida a la forma de intervención sobre los recursos naturales, la forma de gobernabilidad de los mismos.

El advertir esta crisis ya nos coloca en el camino hacia la ‘transición ecológica’ solo que ésta requiere una construcción que restablezca la trama societaria con una mirada desde la sutentabilidad fuerte, que abarque todas las dimensiones desde lo tecnológico, sociológico, filosófico y político. Este tránsito, este cambio, implica un cambio de modelo que apunta al patrón ecocultural de articulación natura-sociedad. La interfase naturacultura, dimensión cultural y filosófica como comprehendemos y accionamos en la vida - nos marca la necesidad de repensar un cambio hacia un estilo de vida de consumo responsable, no depredador y socialmente justo, cambio que involucra un giro completo de la actual estructura civilizatoria imperante. Frente a este panorama, la propuesta aquí es instrumentalizar, para aprehender a ‘ver’, para crear una trama societaria de base, con una fuerza endógena, que pueda incidir en su medio circundante, local, definiendo un estilo conviviente; incidencia que posteriormente pueda generar políticas. Un desarrollo de ‘abajo’ hacia ‘arriba’. Un desarrollo del poder de los que no tienen poder. El poder de la cotidianeidad que determina la vida, como en la antigua Grecia entre esclavos y amos, donde el esclavo con su hacer cotidiano pautaba la vida diaria, incluidos sus amos, que creían tener el poder. El poder de definir cotidianamente una vida sustentable. Digamos que en el área de la gobernabilidad es necesario superar un ‘ancla’, o ‘cajón de sastre’ fundamental como es la idea de que las autoridades, locales, nacionales o internacionales, son los generadores de la sustentabilidad necesaria. Acá proponemos que seamos todos los pobladores los que comencemos este camino. Y esta ‘vuelta de tortilla’, que está sucediendo a varios niveles societarios, es necesario instrumentalizarla para que las acciones tomen un rumbo sustentable. No en vano casi todos los documentos que se

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construyen para Johannesburgo 2002, proponen definir una gobernabilidad de los Manejos Sustentables. Los instrumentos que proponemos, los indicadores, corresponden a una tradición analítica, necesaria para retomar una mirada de lo circundante, pero no suficiente para incidir en el rumbo de crisis en el que nos vemos insertos. Por esto hemos reconocido la necesidad de establecer, crear indicadores que además nos reconecten con nuestra capacidad perceptiva, saltando esta escisión natura-cultura, para estar insertos en la relación que nos rodea, de otra manera. Como dice Guimarães previamente citado: “los indicadores tienen por objetivo principal el de contribuir para advertir la existencia de riesgos o tendencias negativas para el desarrollo de la comunidad, determinar problemas concretos que la aquejan, especificar metas consensuadas democráticamente para superarlos, diseñar un futuro posible, proveer los elementos de su cartografía y formular políticas públicas que instrumenten los cambios requeridos en comportamientos y conductas.” A lo que agregaríamos que como instrumentos tienen el poder mediático de replantearnos nuestra forma de actuar y ‘estar’ en el mundo. Recientemente la Comunidad Europea ha manifestado su interés en utilizar para el conjunto de sus países los indicadores de HE y EA lo que significaría a nivel global una posibilidad de instalación de toda una corriente hacia la construcción analítica de la sustentabilidad. Introducir estos indicadores sumados a los de ICP, significa poner en marcha nuestra capacidad creativa al servicio de la sustentabilidad. Empezar a convivir y creer nuevamente en nuestras capacidades de responder sustentablemente al medio que nos rodea. Pensar y percibir la vida, no sólo vivirla.

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NOTAS [1] Anteo. Mito. Gigante, hijo de Neptuno y de la Tierra, luchador infatigable que, en sus combates, retomaba sus fuerzas en contacto con la tierra. * Capítulo III de la Tesis Doctoral por la Universidad de Avignon y los Países de Vaucluse, Francia. Tesis denominada « La Relation Humaine culturelle et Naturelle dans l’Aménagement du Territoire», 2004. Capítulo de “Planeación del Territorio y Ambiente en América Latina”, Tomo II, publicación a cargo de la Universidad Autónoma del Estado de México, 2003. ** Asociación Arbres de Vie, Resistencia, Argentina. Email: elenalucca@hotmail.com

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Decrecimiento y Poder Vicente Manzano Arrondo Resumen: El decrecimiento es un concepto desconocido para la mayoría. Cuando tiene lugar el primer contacto con el término, lo esperable es que el significado sea reducción del consumo o incremento del auto-control. Sin embargo, el discurso dominante es “No se preocupe, sea feliz, compre”. Por tanto, el modo más frecuente con que se presenta el decrecimiento es psicológicamente nada atractivo. En este documento propongo dos elementos. Por un lado, sugiero diez puntos para mostrar el concepto y el significado del decrecimiento desde los límites hasta la liberación: el mundo es finito, el momento de parar fue ayer, el crecimiento sostenible es una propuesta, pero no funciona, el decrecimiento no es una opción sino una necesidad, no es retroceder, es psicológicamente viable, no es un problema para los países en vías de desarrollo, es un camino inteligente, y “el mundo mejor” necesita decrecimiento. Por otro lado, presento el concepto de poder como la herramienta más importante para trabajar el concepto de decrecimiento a niveles individual y comunitario. Su lógica es mostrar cómo nuestra vida puede verse como un proceso de opresión donde las personas ceden su poder y libertad a cambio de mantener su percepción de confort. Palabras clave: decrecimiento, poder, viabilidad psicológica. Decrescimento e poder Resumo: O decrescimento é um conceito desconhecido para a maioria. Quando ocorre o primeiro contato com o termo, espera-se que o significado é reduzir o consumo ou aumentar o autocontrole. No entanto, o discurso dominante é “Não se preocupe, seja feliz, compre.” Portanto, a forma mais comum que mostra o decrescimento não é psicologicamente atraente. Neste trabalho, proponho dois elementos. Por um lado, sugiro dez pontos para mostrar o conceito e significado do decrescimento desde os limites para a libertação: o mundo é finito, a hora de parar foi ontem, o crescimento sustentável é uma proposta, mas não funciona, a diminuição não é uma opção, mas uma necessidade, não é retroceder, é viabel psicologicamente, não é um problema para os países em desenvolvimento, é um caminho inteligente e “o mundo melhor” precisa descrecimento. Por outro lado, apresentou o conceito de poder como a mais importante ferramenta para trabalhar com o conceito de decrescimento em níveis individual e da comunidade. Sua lógica é mostrar como a nossa vida pode ser vista como um processo de opressão, onde as pessoas desistem de seu poder e sua liberdade em troca de manter a sua percepção de conforto. Palavras-chave: decrescimento, poder, viabilidade psicológica. Degrowth and power Abstract: Degrowth is an unknown concept for most people. When the first contact with the term occurs, it is likely that the meaning assigned is reduction of consumption and increase of self-control. However, the dominant discourse is: “Don’t worry, be happy, buy”. Therefore, the usual way to present degrowth is psychologically unattractive. In this paper I propose two elements. On the one hand, I suggest ten points to show the concept and meaning of degrowth from limits to liberation: world is finite, moment to stop was yesterday, sustainable growth is a proposal but it does not work, degrowth is not an option but a need, it is not to move a back, it is psychologically viable, it is not problem of developing countries, it is a clever way, and “the best world” needs degrowth. On the other hand, I present the concept of power like the most important piece to work the degrowth concept at individual and community levels. Its logic is to show how our life can be seen as an oppression process where people give up power and freedom in exchange for maintenance their perception of comfort. Keywords: degrowth, power, psychological viability. Recibido: 17.02.2010 Aceptado: 05.04.2010

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Decrecimiento y Poder* Vicente Manzano**

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La idea del decrecimiento toma forma especialmente en la década de los 70, especialmente en torno a posturas asociadas a la economía ecológica (Martínez Alier, 2009). A pesar de su juventud, el concepto decrecimiento está siendo objeto de una notable generación de ideas, debates y controversias. El propio término de-crecer suscita tanta curiosidad como aversión, puesto que se encuentra situado en las antípodas del discurso hegemónico sobre la dinámica social, económica o política. Desde un caldo de cultivo intelectual afín, el concepto toma forma originalmente asociado a una postura sensible con el destino del planeta como dimensión física y biológica, pero termina siendo complementado por la dimensión social. La esencia del concepto en el imaginario colectivo viene a ser, poco más o menos: es necesario ejercer contención sobre los comportamientos de consumo y modificar los objetivos y procesos de producción, de tal forma que el efecto destructor sobre el medioambiente sea cada vez menor. Este modo de asentar la propuesta del decrecimiento en el imaginario colectivo es contraproducente, puesto que la contención es psicológicamente desagradable. Considerando el estilo de vida estándar o modélico en estos momentos, la contención se percibe inevitablemente como una acción aversiva, un retroceso en el bienestar, un anquilosamiento en épocas ya superadas, incluso una pérdida de libertad. Es importante, pues, destacar el error conceptual de esta creencia. El decrecimiento es, no sólo una forma respetuosa, lógica y necesaria de estar en el mundo, no sólo se refiere a las dimensiones física, biológica o social, es también un ejercicio de liberación (Lodeiro, 2008), una apuesta por la libertad individual y

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por la construcción de poder, por lo que transita también por las dimensiones comunitaria e individual. Desde esa perspectiva se ha elaborado el presente documento, inspirado en dos principios. El primero es ético: del mismo modo que la tradición kantiana establece que toda persona es un fin en si mismo, la boffiana aplica la sentencia al planeta. Si el planeta (por tanto, su biosfera y su humanosfera quedan incluidas) es un fin en sí mismo, la gestión política, social o económica debería ser acorde con la ética planetaria (Boff, 2003). El segundo principio es práctico: teniendo en cuenta la trascendencia de la dimensión simbólica[1], la constancia de que los conceptos atan o liberan, animan o deprimen, llaman a la acción o a la desidia, construyamos conceptos que liberen, que lleven en su esencia el inicio de la acción. Con ambos principios como referentes, propongo en lo que sigue una línea de diez puntos para conceptualizar, comunicar y contagiar el decrecimiento, lo que seguirá con la exposición de algunas ideas en torno al concepto de poder y su relación con este asunto de la sostenibilidad a partir del decrecimiento.

10 puntos sobre decrecimiento sostenible 1. El crecimiento ilimitado en un espacio limitado es imposible La frase es de perogrullo. Surge de la conciencia de un mecanismo y de un ritmo. El mecanismo queda muy bien expresado por Wackernagel y Rees (1996) al señalar que la Humanosfera toma recursos de la Ecosfera pero le devuelve desechos que ésta se afana en transformar de nuevo en recursos. El ritmo: la velocidad con que la Humanosfera toma recursos y devuelve desechos en superior a la capacidad de ésta para realizar la transformación, es decir, se ha superado la capacidad de carga (Rees, 1996) del planeta para

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albergar una sociedad que se comporta de tal modo. Este ritmo descabellado se alimenta en la creencia de que no hay límites que lo sometan o que la ciencia tendrá respuestas para la solución de los límites (Espejo, 2008). La sentencia de que un contexto limitado no puede alimentar un crecimiento ilimitado constituye el nudo rector del famoso Informe de Roma de 1972 (VV.AA., 2006) que disparó la voz de alarma. De cuantos temas se discuten en torno al crecimiento, éste es el que menos energía consume. Salvo algunas voces residuales, existe ya unanimidad práctica o efectiva al respecto. La lógica es que un crecimiento infinito no cabe en un espacio finito (Elizalde, 2009; García, 2007) y que, por tanto, resulta imperiosa instalar lo que Tierno Galván (1975) denominaba conciencia de finitud. Frente a esta constancia, existe una confianza difusa que más o menos puede expresarse así: “Hemos estado viviendo y creciendo durante toda nuestra historia, con altibajos, crisis y remontadas, nos hemos ido enfrentando a numerosos problemas, la ciencia y la tecnología los ha ido resolviendo, esto que ocurre ahora no es una excepción, saldremos igualmente triunfantes del reto”. Los acontecimientos contradicen las expectativas sobre la viabilidad del crecimiento ilimitado. Sabemos, por ejemplo, que la contaminación se acumula pues crece con más rapidez que la capacidad del planeta para absorberla, que cada vez hay más personas, más vehículos de motor que recorren más kilómetros, que se agotan las materias primas como el petróleo, el gas, el carbón, etc. Existen ya muchas evidencias, estudios y publicaciones que muestran fuera de toda duda que estamos sometiendo al planeta a una prueba ante la que carece de capacidad de respuesta exitosa. Así pues, las sentencias sobre la situación actual

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difieren en la intensidad del fenómeno, pero no en su existencia. Aceptada la sentencia, una de las preguntas más frecuentes en ello es ¿cuándo habrá que parar en esta tendencia de crecimiento continuo? 2. El momento de parar fue ayer Uno de los aspectos que no han cesado de crecer, con sus propios altibajos, es el conocimiento sobre las consecuencias que nuestro comportamiento tiene en el planeta. De cuantas herramientas se han elaborado para medir estas consecuencias, la huella ecológica es tal vez la más interesante. La huella ecológica es la cantidad de superficie que se requiere para mantener un estilo de consumo (Cano, 2004). Puede calcularse para una persona, una familia, una organización, una ciudad, un país... Existen muchos recursos para facilitar los cálculos y mucha información disponible con respecto a todas las regiones del planeta. Gracias a estos datos sabemos, por ejemplo, que la huella ecológica de un habitante de la tierra es, por término medio de 2,23 hectáreas (Venetoulis & Talberth, 2005). Para situarnos, una hectárea viene a ser poco más o menos lo que ocupa un campo de fútbol. Existen también diversas mediciones y diferentes actualizaciones, por lo que varias fuentes indican cantidades superiores a 2,23. ¿Y bien? ¿Qué hacemos con eso? Para que la huella ecológica muestre su potencial es necesario combinarla con otro concepto: la capacidad de carga. La capacidad de carga es la superficie que nos corresponde a cada habitante del planeta. Al multiplicar esta capacidad por el número de habitantes, tenemos la superficie total de la tierra que podría ser utilizada con fines de producción y consumo (realmente lo hacemos al revés: dividir la superficie disponible

entre el número de habitantes). La lógica está clara: la capacidad de carga marca el límite de crecimiento para el valor de la huella ecológica. Si ocupamos más de lo que hay, nos hemos pasado. Pues bien, nos hemos pasado (Wackernagel, 1996). La capacidad de carga para el planeta se encuentra en torno a 1,78. En primaria nos enseñaron que 1,78 < 2,23. Pero ¿cómo es posible gastar más de lo que hay? La respuesta es sencilla: el cálculo de la huella ecológica se establece suponiendo la reversibilidad de los efectos, es decir, que el planeta se recupera del daño. Así, por ejemplo, si contamos con un bosque capaz de absorber mil toneladas de CO2 al año, mientras no se supere ese umbral, el bosque será capaz de revertir la contaminación. En el momento en que se rebase esa cantidad, la contaminación se va acumulando en la atmósfera. Imaginemos una hucha que cuenta con cien monedas. Cada día se introducen cinco y se extraen seis. Extraer más de lo que se pone no es sorprendente al tener en cuenta que la hucha ya tenía riqueza en su interior. El problema que observamos hoy es que la velocidad de extracción ha superado la de reposición. En el ejemplo, la hucha quedará vacía en 99 días. Luego, si ya nos hemos pasado, no es cuestión de parar el crecimiento. Es cuestión de reducir su nivel, decrecer. 3. Un primer intento de solución: el crecimiento sostenible Al comenzar a comprender la envergadura del asunto, el primer impulso ha sido sacar menos de la hucha. La extracción sostenible de monedas es 5, así que procuremos no obtener más de esa cantidad. En principio ello implicaría parar el crecimiento y estancarse. Esta posibilidad, la del estancamiento, provoca un profundo malestar en el sistema. Hay que hacer cualquier cosa antes de permitir un sistema económico estancado. Observemos con qué pasión

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las autoridades políticas de todo el mundo se han embarcado en salvar el sistema financiero insuflando una cantidad de dinero impresionante.

la solar, etc. Parece una buena salida: el sistema puede seguir siendo el mismo, altamente dependiente del crecimiento en el par producción-consumo, pero de forma sostenible pues al disminuir la huella por unidad se corrige el aumento en el número de unidades.

Es difícil, por lo tanto, vender la idea de estancarse. Así que se nos ocurrió otra, tal vez más digerible: la de crecer pero de otra manera. La 4. El crecimiento sostenible no propuesta que se ha elaborado se llama funciona como tampoco el objetivo crecimiento sostenible. En palabras de la lavadora de Lucena (2002:76): “Se entiende como desarrollo sostenible aquel que La idea del crecimiento sostenible no se permite satisfacer las necesidades de sostiene. No funciona, ni en la práctica las generaciones actuales sin poner ni en la teoría. Para Latouche (2004), en peligro la satisfacción es una propuesta que no de las necesidades de las consigue crear empleo generaciones futuras”. como el crecimiento ¿Cómo fundamentar desaforado, ni mantener esta pretensión cuando el planeta como el estamos diciendo que decrecimiento sostenible. vivimos en un planeta A ello se le suma que La idea del finito? acompañamos con el crecimiento atributo “sostenible” sostenible no La idea es separar el a tantas categorías de crecimiento en dos se sostiene. No prácticas que está ya componentes: número de funciona, ni en la perdiendo su significado unidades (elemento 1) y (Barzena, 2005). tasa por unidad (elemento práctica ni en la teoría. 2). Pensemos por ejemplo En la práctica observamos en los automóviles. un crecimiento imparable Cada automóvil implica de la huella ecológica, a una huella ecológica. pesar de la implantación A más automóviles, de modelos de crecimiento más huella y por tanto sostenible. Ocurre porque menos sostenibilidad... el crecimiento en el Sin embargo, esta lógica número de unidades es puede variarse disminuyendo la huella más rápido que el decrecimiento en la por automóvil. Así, con vehículos huella por unidad. Al final continuamos que consuman menos carburante, en nuestra tendencia de aumentar el más eficientes, con un programa de daño. reciclado, etc. se disminuirá el segundo elemento de la ecuación. En términos En la teoría tampoco es una idea viable. algo más formales: Un crecimiento del primer elemento que tienda a infinito requiere una huella ecológica = número de disminución del segundo que tienda unidades x huella por unidad a cero. Y si bien el primer objetivo es imprescindible para que el sistema De esta forma, el crecimiento sostenible que conocemos tenga expectativas de propone utilizar automóviles menos supervivencia, el segundo es físicamente contaminantes, reducir las emisiones de imposible. Pensemos por ejemplo en gases por unidad de fabricación, recurrir dos situaciones de moda: los vehículos a energías renovables como la eólica o eléctricos y las energías renovables.

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En estos momentos los medios de comunicación se hacen eco de la pasión por los automóviles eléctricos y la apuesta clara de la Administración. Muchas personas creen que tales coches no contaminan. Es como decir que no hay homicidios en el mundo porque jamás vimos uno. La contaminación no se ciñe a eso oscuro que sale del tubo de escape. Poner el automóvil a mi disposición (fabricar sus componentes, montarlos y transportar el resultado hasta mis manos) ha implicado una huella ecológica muy importante. Que el automóvil sea eléctrico no reduce un ápice la huella previa. Es más, la electricidad ¿cómo se produce? Si se genera a partir de combustión de petróleo o de carbón, el remedio es peor que la enfermedad, pues en los procesos de transformación de energía se pierde parte de ésta, de tal forma que sería más ecológico que la combustión se realizara en el propio automóvil sin mediar transformación eléctrica. Las energías renovables constituyen también otra fuente de confusión. Es cierto que contaminan menos, pero incierto que no contaminen. Es cierto que el viento que mueve el molino que traduce ese movimiento en energía eléctrica es un ente natural no contaminante. Pero el molino no es un arbusto que ha surgido espontáneamente. Se trata de una mole que ha requerido ocupar una superficie importante (algunos parajes están abarrotados de molinos), ha consumido mucho cemento (las cementeras no son fábricas ecológicas), y su mantenimiento es ecológicamente no nulo. El viento es renovable, el molino no. No hay cemento ni amianto en el mundo suficientes para construir los molinos que necesitaríamos para saciar las necesidades de consumo energético. La tecnología hace cosas sorprendentes, pero no milagros. No parece que vaya a llegar el día en que cuarenta vasijas de agua se transformen en cuarenta vasijas de vino sin que medie consumo

energético por medio. Ni llegará la energía estrictamente renovable. Es algo físicamente imposible. El ejemplo del invento de la lavadora constituye una forma pedagógica de comprender estos argumentos. La lavadora es uno de los avances tecnológicos mejor recibidos. Aunque lo que recreo a continuación constituye una realidad frecuente en el Sur, vamos a situarnos en un ejercicio de imaginación referido al Norte. Las mujeres acarreaban cestos de ropa hacia ríos y fuentes públicas y se deslomaban restregando el tejido por piedras. La gente olía a sudor porque no era cuestión de pasar ese mal rato todos los días. Entonces inventamos la lavadora. Si antes se necesitaba mucho trabajo y tres horas de implicación, ahora basta con los minutos que se dedican a poner en marcha y apagar el artilugio. Me imagino la liberación que tuvo que suponer el invento. Pero no fue así. Se nos ocurrió que ya que era más fácil lavar la ropa, en lugar de ocupar menos tiempo en lavar la misma cantidad, íbamos a ocupar el mismo que antes, pero lavando más. Nuestras vestimentas comenzaron a someterse al proceso con más frecuencia. Ello implicó la necesidad de tener más ropa, que terminó transformándose en un hábito. Más ropa es más tiempo comprándola, mirando escaparates, dudando, alimentando la expresión “ir de compras”, más tiempo trabajando para obtener el dinero que se requiere gastar en este menester, etc. Nos inventamos la frustración ante un armario no demasiado repleto, donde millones de personas con cientos de tejidos se dicen cada día “Hoy no tengo nada que ponerme”. El olor desapareció y prosperaron los desodorantes, las colonias, los perfumes, para mujeres y después también para hombres. Había también que comprar la lavadora y mantenerla, procurar el buen estado de la electricidad, pagarla, trabajar más tiempo para esos nuevos gastos asociados, etc. Al inventar la lavadora tuvimos una

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buena oportunidad de liberación, pero la dejamos pasar. Nos complicamos la vida con el invento. Hágase la misma reflexión con el automóvil, la computadora, el correo electrónico, el teléfono celular... Somos una especie especializada en inventar cosas para facilitarnos la vida y complicárnosla después. Tanuro (2009), entre otros, expone un ejemplo contundente en este mismo sentido: con el objetivo de reducir la dependencia del petróleo y la contaminación derivada del uso de combustibles fósiles, la apuesta por los agrocombustibles es cada vez más fuerte, generando más inconvenientes que soluciones, al menos al observar las crueles consecuencias en las sociedades locales que ven sustituir sus bosques por plantaciones destinadas a proveer combustible. El crecimiento sostenible tal vez fue una buena idea. Pero nos lo estamos tomando al estilo lavadora: ya que una unidad consume menos, consumamos más unidades. No resulta pues asombroso que cada vez sea más habitual encontrar voces incrédulas frente al propósito de crecer de forma sostenible. Así, tanto encuestas a expertos como la propia Unión Mundial por la Naturaleza, que participó en la promoción del concepto de crecimiento sostenible, consideran esta opción con mayor incredulidad (García, 2007). 5. El decrecimiento no es una opción sino una necesidad Si el crecimiento es insostenible por definición, sólo nos queda un camino: decrecer. Parar no es suficiente, pues ya hemos visto que al día de hoy la capacidad de regeneración del planeta se ha superado. Y el crecimiento sostenible tampoco es solución: ni está funcionando, ni puede teóricamente funcionar. La idea del decrecimiento, como acción individual y colectiva, consiste no sólo en reducir la avidez consumista

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(Honorant, 2006), sino en actuar sobre los dos elementos de la ecuación: no sólo reducir el segundo (unidades menos dañinas) sino también el primero (menos unidades). La propuesta es sencillamente lógica, realista e inevitable. El problema no se encuentra en la propuesta simple, sino en llevarla a cabo de forma planificada. Lo que está claro es que sino decrecemos voluntariamente, inteligentemente, conscientemente, lo haremos a la fuerza pues no habrá posibilidades de seguir comiendo de un manzano que ya no da suficientes manzanas. De cuantas posibilidades existen para hacer efectivo el decrecimiento, sus promotores han optado por, a mi juicio, la mejor de todas: incidir en los estilos de vida voluntarios (Chaney, 2003). La propuesta es modificar la forma de estar en el mundo, entre otros aspectos, consumiendo menos y mejor. La elección es fruto de una capacidad de observación en buen estado. Se podría solicitar a la clase política que pusiera manos a la obra para hacer realidad el proyecto. Tal vez se trate de una petición ingenua. No hay recetas probadas y estandarizadas para la gestión política del decrecimiento. No hay cultura del decrecimiento. No hay organismos de envergadura, oficiales, cuyo cometido sea el decrecimiento. Mientras eso no ocurra, los gobiernos locales van a seguir tirando de los organismos que sí existen, de las gestiones ya estandarizadas, de los modelos ya probados (aunque sean tan malos como son); en fin, seguirán haciendo lo que están haciendo los demás, pues si nos equivocamos al menos lo hacemos todos y la responsabilidad queda diluida. Es imprescindible contar con una política valiente, sin la que es posible una apuesta gubernamental por el decrecimiento. Se requiere perder el miedo a ser pioneros. Tal vez funcione para los hermanos Wright, pero no para quienes se encuentran a la cabeza en los ministerios y las presidencias. El

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decrecimiento establecido a ese nivel significa impacto, un fuerte impacto. En parte sabemos qué pasaría. En parte nadie puede saber cómo se va a comportar el nuevo sistema hasta que no eche a andar. Esta incertidumbre es literalmente insoportable a escala de clase política que, además cuenta con la presión de efectos inmediatos, sólo viables desde los modos de funcionamiento del momento. Así que al día de hoy el decrecimiento es una propuesta para la gente, para las personas individualmente o en grupos, que planifican y llevan a efecto una reducción sensible de su consumo y un mejoramiento de éste, practicando consumo responsable. Conforme la idea del decrecimiento vaya afianzándose, conforme más grupos de estudio vayan dando forma a propuestas concretas para la cotidianidad política profesional, más cerca estaremos de que las medidas vayan adoptándose en las altas esferas de la gestión. De momento es sobretodo una opción para la calle. Esto no resta un ápice de fuerza al cometido fundamental de la presión, de la denuncia y de la protesta. Sin estos ingredientes, aquéllos generan difícilmente transformaciones. 6. Decrecer no es retroceder Ante muchos ojos, decrecer es una aberración. Un niño chico que desee ir al parque a jugar con los columpios no aceptará fácilmente que el parque esté cerrado por obras. Pero son causas mayores. Podemos decirle: “Cariño, estás viendo que el parque está cerrado. Ya sé que eso no te ha hecho ninguna gracia, pero es lo que hay. ¿Alguna sugerencia?”. En muchas ocasiones suelo decir: “No quiero problemas, quiero soluciones”. Ya sé que decrecer no gusta a muchas personas, pero ¿qué alternativa tienen? Vemos que diferentes tipos de crecimiento, mientras sigan siendo crecimiento precisamente, no constituyen ninguna solución sino, en el mejor de los casos,

una ampliación de plazo. Por esta razón, se han vertido varias críticas a la idea del decrecimiento. Me parecen particularmente interesantes tres de ellas: retroceso, inviabilidad psicológica e injusticia con los países menos desarrollados. Una de las más sonadas es que decrecer es retroceder. Imaginemos a alguien que padece numerosos trastornos asociados con la alimentación y que muestra una visible obesidad. Que tome la decisión de perder peso no es retroceder a la infancia, sino progresar hacia una vida más saludable. Será una persona con más años, jamás volverá a ser niño, pero sí llevará una vida más operante. Conscientes de la complejidad de los sistemas y de los acontecimientos, no es inteligente aceptar una visión de paquete: o civilización y crecimiento, o barbarie y decrecimiento. La opción es decrecimiento y civilización, progreso y decrecimiento, avance, evolución positiva, vida más felicitante pero con sentido, es decir, con decrecimiento. Entre las muchas facetas de esa evolución no-en-paquete tomemos una concreta. Antes la gente no tenía conciencia de daño ambiental. Durante siglos hemos vivido sin que las consecuencias de nuestros actos en la naturaleza nos reboten. Si antes la humanidad vivía de forma sostenible no es porque se preocupara por ello sino porque carecía de la tecnología de envergadura suficiente como para generar el daño que se hace visible e incómodo. Pero en la práctica llevaban estilos de vida menos consumistas que ahora y conocían mejor su entorno inmediato. La propuesta del decrecimiento, en este sentido, sería tomar el conocimiento que tenemos hoy, que hemos generado hoy con respecto a la relación entre nuestros actos y sus consecuencias y a la capacidad limitada del planeta para regenerarse, y combinar ello con el conocimiento que se tenía antes sobre

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comportamientos de la naturaleza como la época en que se recogen unas u otras hortalizas, la visibilidad de los desechos, o el grado de conocimiento y seguridad de las gentes sobre su entorno local. Ni retrocedemos al pasado, ni nos hundimos en un futuro imposible. 7. Decrecer es psicológicamente viable La opción por el decrecimiento tiene fuertes inconvenientes en el campo de batalla donde se libra la historia: la mente y la actitud. Para alguien que posee un automóvil resulta más fácil pasar a tener dos que ninguno. Es difícil luchar contracorriente en medio de una cultura tan fatalista, dependiente, ciega, consumista y hedonista como ésta. En términos psicológicos, parece difícil de asumir la propuesta del decrecimiento (Espejo, 2008). Principalmente son tres los aspectos que dificultan la labor. Resulta muy útil conocerlos someramente pues constituyen frentes de acción. 1. Invisibilidad. Cada vez es más difícil saber de dónde vienen y hacia dónde van los comportamientos y los objetos. La invisibilidad nos vuelve ciegos. Quien no ve no puede considerar las ausencias en sus argumentos y decisiones. Los efectos de los comportamientos de consumo permanecen difusos. La mayoría de las personas desconocen en qué medida sus decisiones trabajan para unas configuraciones u otras de mundos. Esta situación es más pronunciada hoy que nunca antes especialmente por dos motivos: la complejidad creciente de los procesos que exigen mayor esfuerzo para su comprensión y la abundancia de intermediarios a todos los niveles y en todas las dimensiones. Sin embargo, el decrecimiento requiere conocimiento, visibilidad. 2. Dependencia. Nuestro estilo de vida ha generado una enorme

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dependencia. Un buen ejemplo lo constituye de nuevo la ayuda astronómica que los gobiernos han otorgado a las entidades financieras para salvar al planeta de la crisis que ellas mismas han causado en su afán de enriquecimiento. La maraña del sistema actual de funcionamiento hace muy difícil la intervención sistémica. El decrecimiento requiere una fuerte apuesta por liberarse de las dependencias. Recuerdo, por ejemplo, a un profesor universitario que entró en una depresión tras jubilarse, pues el decremento de su sueldo le impedía seguir abordando un avión para comprar los zapatos en Londres, como había hecho siempre. Su tratamiento psicológico consistió en liberarse de esa dependencia. 3. Consumismo hedonista. Llevamos hoy el consumismo hedonista en sangre. Si alguien es incapaz de dejar de fumar a pesar de que se le advierte que se está matando ¿podrá modificar su comportamiento pensando en el planeta? Consumir más es fácil, sólo existe la limitación del dinero disponible para ello. Consumir menos y hacerlo con patrones diferentes (menos dañinos) requiere en primera instancia altruismo, entrega, ser capaz de ver más allá del propio ombligo. Los beneficios son básicamente individuales, como entramos más adelante, pero esta circunstancia es difícilmente aceptable para alguien que considera el consumo como uno de los pilares de su vida. Los inconvenientes son reales. Sin embargo, a diferencia de aquéllos a los que se enfrenta la propuesta del crecimiento, en este caso la superación es viable. Es importante el ejemplo de quienes ya lo están procurando, mostrando que el decrecimiento no es un sacrificio, sino una liberación.

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al subdesarrollo de otros. No es cuestión de darle la vuelta a la tortilla o turnar en los puestos de opresores “Países en vías de desarrollo” es y oprimidos. Es cuestión de terminar cualquier cosa menos una expresión con los desequilibrios. En contra de inocente. La idea contenida en ella es la opinión de que el decrecimiento es que hay países desarrollados que han sólo para los ricos y que los pobres elaborado una buena manera de vivir. deben crecer primero (Passet, 2005), Otros países todavía no, pero están el decrecimiento es también la en ello. Llegará un día en que todos mejor opción para estos países, con estaremos plenamente desarrollados. matizaciones. Se requiere construir un sistema de desarrollo diferente, donde Hay dos mentiras en la expresión que se recupere la soberanía alimentaria, se tienen consecuencias en la concepción reduzcan las injerencias y se practiquen del decrecimiento. La primera es procedimientos de producción y suponer que el estilo de vida de los países consumo controlados localmente. Se llamados desarrollados es imitable. requiere una revolución conceptual e En absoluto. La huella ideológica. Se requiere ecológica, de nuevo, crear otra economía (Leff, añade luz al respecto. 2008). Si eso no existe, si Así, por ejemplo, la de los países empobrecidos Afganistán no llega a 1, siguen ejerciendo de Apostar por el mientras que la de EEUU despensa de materias decrecimiento ronda las 10 hectáreas primas, depósitos para (Venetoulis & Talberth, desechos, conejillos de es una opción 2005). Es imposible indias y mano de obra individual que todos los países del esclava, no tiene sentido especialmente mundo puedan aspirar a hablar ni de decrecimiento una huella ecológica cuyo felicitante, un acto ni de desarrollo. mantenimiento requiere de liberación, de unos cinco planetas. Sólo El decrecimiento es recuperación de 9. tenemos éste. un camino inteligente control sobre la La otra mentira es que los países estén en “vías La imagen de la persona propia vida. de”. Dado que no es que opta por añadir viable que todos los su grano de arena rincones dañemos con la en la aventura del misma intensidad pues la decrecimiento puede ser capacidad de daño es limitada, tampoco la de un ermitaño que no hace nada es cierto que nos estemos acercando. por temor a dañar algo o a alguien. No Las estadísticas de organismos se trata de eso. internacionales como la OMS o la FAO muestran que mientras unos países de la El decrecimiento es una maravilla de franja más pobre aumentan sus niveles invento. Es una apuesta tan individual en varios índices, otros las disminuyen. como colectiva y planetaria, tan Hablamos de las medidas al uso: renta ambiental como social. Hasta el per cápita, inflación, deuda externa, momento se puede llegar a la conclusión inversión en educación, esperanza de de que la idea requiere un alto nivel vida, seguridad alimentaria, etc. de abnegación y sacrificio por parte de quienes trabajan por ella. Han de La huella ecológica ayuda a concluir luchar en contra de su propio bienestar que el sistema actual mantiene el a cambio de construir un mundo mejor. nivel de desarrollo de unos gracias Nada más lejos de la realidad. Apostar 8. Decrecer no es “un problema de los países en vías de desarrollo”

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por el decrecimiento es una opción individual especialmente felicitante, un acto de liberación, de recuperación de control sobre la propia vida. Nuestra experiencia directa e indirecta está llena de ejemplos al respecto. Rescato alguno de ellos. Un buen amigo tuvo la desagradable experiencia de perder a su padre. A nombre de mi amigo figuraba la abundante renta que el padre había acumulado a lo largo de una intensa vida. Los herederos pululaban alrededor. Mi amigo tenía ya su existencia resuelta: un trabajo más que aceptable que le permitía tiempo libre y unos ingresos suficientes para vivir con dignidad. Tenía también una linda casita con una pequeña porción de terreno donde contaba con un huerto casi simbólico y un par de árboles frutales. Viajó a su país de origen para hacerse cargo de la gestión de la herencia de su padre, oficialmente en sus manos. Cuando volvió me contó lo ocurrido. “Vicente, no puedes imaginar la satisfacción que sentí al desembarazarme de todo y la sensación de tristeza al ver a mis hermanos y hermanas aspirar a todo”. Mi amigo me contaba los quebraderos de cabeza que implicaba hacerse cargo de los bienes inmuebles que había dejado su padre. Con claridad veía a su familia autoesclavizada, voluntariamente cargando sobre sus espaldas preocupaciones de las que podrían librarse si quisieran. Mi amigo volvió con mayor convencimiento de su propia y consciente opción vital. Su tiempo se encuentra repartido entre el trabajo, que no le implica muchas horas, y disfrutar de su casa, de su familia y de sus amigos. Pasa mucho tiempo observando, disfrutando de los acontecimientos. Ha alcanzado un nivel de felicidad, de madurez, fuera del ámbito de sus hermanos y hermanas, a quienes imagino ahora con un sueño difícil de conciliar y un tiempo altamente comprometido.

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De adolescente acompañé a mis padres a una sesión de persuasión. Un matrimonio les intentaba convencer que implicaran el tiempo que tenían libre para dedicarlo a un quehacer que, según decían, reportaba muchos beneficios. Ellos mismos se ponían de ejemplo. Vestían con trajes caros y el discurso de ostentación rozaba lo insoportable. “¿Quién no quiere un coche mejor, una casa mejor, una vida mejor?” Ahí se encontraba la confusión. Este matrimonio que vivía para trabajar, que vi sin hijos y sin tiempo para disfrutar de la vida o de ellos mismos, medía la vida mejor mediante la posesión de objetos más caros, con más prestaciones, más ostentosos. Eran unos infelices. Por suerte, mis padres se asustaron. Ir ligero de equipaje, evitar ser poseído por las cosas, es una experiencia altamente felicitante. Cada vez es más difícil apreciar el valor de comportamientos que no requieren consumo. Éste se ha imbricado en tal medida en nuestra vida que hay muchas personas incapaces de imaginar otra cosa. ¿Se puede vivir sin automóvil o sin móvil? Parece ser que no sólo es viable, sino además que se vive estupendamente, siempre y cuando la no posesión sea una opción voluntaria y no un estado vivido con pesadumbre mientras se desea apasionadamente poseer. De aquí surge el lema del decrecimiento: consumir menos para vivir mejor. También es cierto que una cosa es el estado y otra el proceso. Quien fuma y desea dejarlo sabe que accedería a un estado mejor de vida, pero el proceso que debe atravesar para alcanzarlo lo juzga demasiado desagradable para su voluntad. Optar por el decrecimiento individual puede implicar un proceso laborioso, pues ha de poner en marcha la desintoxicación, la pérdida de dependencias, la liberación de esclavitudes. No tiene por qué ser fácil,

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por muy placentero que se dibuje el estado de llegada. Pero tampoco hay que atragantarse. Una buena decisión es plantearse, a partir de ahora, meditar el consumo y dar pasos convencidos, tal vez tímidos pero aceptables, para reducir poco a poco el equipaje que arrastramos en el viaje de la vida.

liberación y crecimiento/decrecimiento son suficientemente sugerentes como para apoyar en ellas buena parte de la fuerza que tiene el movimiento por el decrecimiento en la construcción de un mundo mejor porque es un mundo más digno y felicitante.

10. Decrecer para crear una nueva sociedad

Poder y decrecimiento

El decrecimiento plantea importantes beneficios sociales. No sólo se ciñe a mantener vivo y en buen estado el planeta que habitamos. El decrecimiento deriva necesariamente en el robustecimiento de las relaciones interpersonales. Implica trabajar menos horas, ganar por tanto menos dinero, lo que es viable con una reducción del consumo y una opción por hacerlo más consciente y responsable. El resultado es más ocio personal, más tiempo para disfrutarlo en tareas que ahora nos pueden parecer imposibles, en cosas que ahora nos parecen inútiles. Es una apuesta por el placer, donde las cosas se hacen por el placer de disfrutarlas y no por el rédito que suministran o por la inversión que suponen. Es evitar una vida en continuos medios, en la inmersión en instrumentos y herramientas, a cambio de centrarse más en los fines, en los objetivos felicitantes. Recordemos los mejores momentos de nuestra vida ¿en qué medida el consumo tiene que ver en ellos? Hay muchos movimientos ligados a este espíritu que participan en la comunidad planetaria del decrecimiento: reducción de consumo, consumo responsable, comercio justo, ciudades lentas, comidas lentas, comunidades de reutilización, etc. Por encima de todo ello, uno de los aspectos que me resultan más atractivos del decrecimiento es su papel en la construcción de un mundo más justo por ser un mundo con menos desequilibrios de poder, con más dificultades para establecer relaciones de opresión. Las relaciones entre opresión/

Por lo general, el concepto poder llama al sustantivo el poder. Se habla de él, además, en singular como si fuera único, si bien repartido entre pocos agentes. Se construye entonces una imagen desequilibrada sobre las relaciones interpersonales: señor y vasallo, amo y esclavo, gobernante y gobernado, etc. Frente a esta concepción se encuentra el poder como verbo, con el que se construyen expresiones del tipo “yo puedo” o “nosotros podemos”. John Holloway (2002) menciona estos dos tipos, respectivamente, con las denominaciones poder-sobre y poderhacer. Tiene bastante sentido. Lisbona (2006), con no menos acierto, habla de poder-sustantivo y poder-verbo, también respectivamente. El poder-hacer o verbo es el que permite logros, sean de mucho o poco calado. El poder-sobre o sustantivo es el que requiere control sobre otras personas, el que se ejerce sobre las demás para conseguir logros. El mecanismo entre ambos es muy clarificador. Tomemos como ejemplo la visión del contrato, con que se justifica la existencia de un gobierno. Los ciudadanos ceden parte de su poder-hacer a un nodo central, que lo acumula para ejercer diversas funciones relativas a seguridad, legislación, etc. El poder-sobre vuelve a los ciudadanos en forma de coerción y coacción, obligaciones y prohibiciones, guías y gestiones diversas de aspectos comunes. La figura 1 muestra esta relación.

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Figura 1. Cesión de poder en el contexto político de gobierno.

Figura 3. Cesión de poder en el contexto de mercado

Algo parecido ocurre con otras dimensiones. Pensemos por ejemplo en los medios de comunicación. Los espectadores donan su poder-hacer en forma de atención (ver figura 2). Los medios devuelven construcción de realidad. Las personas ven el mundo a través de los ojos de los medios y construyen realidad a partir de esas percepciones seleccionadas, matizadas, con inevitables sesgos, ya digeridas.

En todos los casos, el poder emigra desde el individuo y vuelve transformado en control sobre su comportamiento. En cualquiera de las dimensiones el esquema es el mismo: las personas renuncian a cuotas de su poder-hacer, facilitando la acumulación de podersobre en nodos que se comportan como agujeros negros de poder, absorbiendo exponencialmente las opciones. Las herramientas de persuasión, coerción, coacción y construcción de realidad son cada vez más efectivas.

Figura 2. Cesión de poder en el contexto de los medios de comunicación

En el campo que más nos interesa aquí, el del consumo, sustitúyanse los elementos anteriores por “renta” y “persuasión”, obteniendo la figura 3. El poder-hacer se encuentra en manos de los consumidores, que lo acumulan en las empresas que han ganado su favor. ¿Qué hacen éstas con el poder que acumulan? Han de conseguir persuadir a los consumidores que les otorguen su poder.

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En términos generales, el consumo responsable, el comercio justo, el ecológico, etc. plantean el mismo objetivo: llevar a cabo decisiones de consumo que vayan en la línea de moldear un mundo concreto (Lucena, 2002). El decrecimiento va más allá, pues combina el consumo responsable con el mínimo: consumir lo menos posible y llevarlo a cabo de forma responsable. Esta intención genera una pérdida de control por parte del poder-sobre en los dos componentes: su control sobre la conducta del consumidor-ciudadano-espectador es mínimo porque éste ha tomado sus decisiones de forma consciente, sabia, responsable, superando los procesos de creación de necesidades para el consumo o de creación de realidades para visiones monolíticas del mundo. Es mínimo también porque la reducción del consumo disminuye drásticamente

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las oportunidades de control y porque el aumento de las relaciones interpersonales y del tiempo disponible para la creatividad y la reflexión generan importantes barreras para la injerencia de control externo. El decrecimiento es, por tanto, una opción para la liberación, para la emancipación. Es una máquina de creación de poder-hacer. En la medida en que yo puedo hacer más cosas, las que quiero y las que quiero conscientemente y no como reacción a procesos de control externos, entonces soy también más libre. Es obvio que no soy libre de hacer lo que no puedo hacer. Ocurre además que en la medida en que las personas incrementen su poder-hacer, el poder-sobre va quedando obsoleto, desinflado, invirtiéndose el ciclo y situándose el agujero negro, el imán, en los individuos y sus comunidades en lugar de en los nodos externos y concentrados. El efecto resulta particularmente beneficioso a nivel planetario: más poder, más libertad, menos desequilibrio y, por lo tanto, más dificultades para poner en marcha y mantener procesos de opresión. Desde luego que el decrecimiento no es la panacea. Para construir un mundo mejor no basta con apuntarse a este barco, pero navegar en él nos aproxima muy sensiblemente a una sociedad soñada sin desequilibrios entre las personas ni entre éstas y nuestro hábitat compartido. Es importante añadir dos aspectos relevantes a cuanto he mencionado hasta el momento: la calificación de imperiosa a la reducción de consumo y la necesidad de que el marco de acción sea colectivo. En primer lugar, se trata de una acción imperiosa porque las consecuencias se padecen ya y las padecen quienes menos recursos tienen a su alcance para hacer frente a tales desdichas. En segundo lugar, la potencia del

decrecimiento no debe llevar al engaño de que un individuo es todopoderoso ni autosuficiente. Pongamos por caso que llego a reducir tanto mi consumo que no consumo absolutamente nada. Moriré. Pero aún moribundo estaré participando en una cuota del daño que realiza el sistema. Si se calcula mi participación en la huella ecológica de mi país, una parte depende de mi consumo pero no todo. Otra parte se corresponde con los efectos de gestión derivados de las actividades del Estado, como la Administración Pública o el Ejército. Aunque jamás utilice una carretera ni consuma nada que haya sido transportado por carretera, vivo en un país cuyo ejército las utiliza. Mis actos de consumo no pueden intervenir en esta dimensión. Trabajar por un mundo más justo, más digno, más coherente con la lógica aplastante de los equilibrios y de la finitud, no se agota en ningún acto individual. El papel como consumidor es muy importante, pero no agota la función ciudadana y planetaria. La acción colectiva es una pieza fundamental en el proceso. Sin trabajar en comunidad en asociación con otras personas desde el conocimiento y compromiso con un mundo mejor, la tarea de concretar ese compromiso se encuentra notablemente incompleta. La presión a los gobiernos para promover estilos diferentes de hacer político, la educación de la ciudadanía para catalizar consciencia colectiva, la acción ejemplar mediante el trabajo en grupo son frentes altamente necesarios. Ocurre, además, que suelen ser ocupaciones muy gratificantes, que generan bienestar (Blanco & Díaz, 2005) y donde se establecen condiciones ideales de realización interpersonal y satisfacción de necesidades humanas.

Desde el auditorio Tras exponer estos o similares contenidos ante un auditorio, emergen algunas intervenciones desde la sala,

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principalmente agrupables en dos asuntos: qué hacer, especialmente cuando no se encuentran facilidades en el entorno inmediato para llevar propuestas de decrecimiento a la práctica, y cómo solucionar el problema de paro que genera la implementación de reducir el consumo. Lo habitual cuando se desea poner en práctica comportamientos acordes con el consumo responsable y con el decrecimiento es tomar consciencia de que el contexto no es propicio para ello, que está orientado específicamente a lo contrario. Es cierto que es un problema. Es cierto que siempre lo ha sido, pues nunca los contextos se encontraban específicamente orientados a los cambios tan sustanciales y radicales que llamamos revoluciones. Es cierto que ello no ha sido inconveniente suficiente, de tal modo que finalmente los cambios han tenido lugar. Cuanto disfrutamos hoy que merece la pena ser catalogado de trascendente es una criatura de las acciones colectivas pasadas. Hay personas concretas, individuos identificables, que han protagonizado cambios tecnológicos o descubrimientos científicos. Hay nombres con apellidos que han iniciado movimientos intelectuales o formas diferentes de ver el mundo. Pero ni las visiones ni mucho menos la tecnología hacen revoluciones. Son las personas en grupo. La conciencia medioambiental, laboral o de género y sus frutos observables son obra de la acción colectiva. Lo importante aquí, al hilo de las inquietudes expresadas desde la sala, es que tales acciones se pusieron en marcha cuando no había nada y precisamente porque no había nada en el contexto que hiciera viables los logros anhelados. Había que provocarlo. El principio es: si no existe, hay que crearlo. El método es la acción colectiva. Creo que la acción colectiva toma forma a partir de tres verbos:

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1. Crear de conocimiento. Aquí conocimiento se refiere tanto a lo teórico o modélico como a lo práctico o vivencial. La creación surge de multitud de ámbitos, desde la investigación científica a la introspección individual. Creamos conocimiento al favorecer el surgimiento de consciencia, al obtener información, al indagar comportamientos, al registrar consecuencias, al seguirle la pista a las causas. Sin tener ni idea de lo que pasa, de por qué pasa, ni de qué habría que hacer, no hay acción colectiva imaginable. 2. Compartir conocimiento. El conocimiento debe esparcirse. Compartirlo no es sólo una operación matemática, es también un acto de creación. Al compartirlo se somete a prueba y discusión, se contrasta con las experiencias, se adapta, se reformula, crece, adquiere fuerza. Compartimos en reuniones, conferencias, mesas redondas, asociaciones, publicaciones, medios de comunicación, encuentros, etc. 3. Organizarse. La organización es la mejor de las vías para articular procesos de creación y aplicación de conocimiento. Es el mejor de los instrumentos para transformar conocimiento en acción, potencia en acto. Es una vía inmejorable para descubrir que no caminamos en soledad y que la gente que se mueve o desea moverse es siempre superior a nuestra primera impresión. Organizarse es una fuente de fortaleza. Luego, si quiero pero no puedo porque el contexto no muestra las vías para ello, sólo queda una opción: modificar el contexto. Contactar y organizarse, crear conocimiento, compartirlo y transformarlo en acción es un camino sobradamente probado para cambiar los contextos. Así, por ejemplo, si no existe en mi ciudad oferta de alimentos ecológicos o de comercio justo, lo que hacen muchas personas es organizarse

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en un colectivo de familias que promueven en alguno o algunos de los establecimientos la comercialización de los productos que requieren o la puesta en marcha de cooperativas de consumidores y productores. Con respecto al paro que genera el decrecimiento, hay tres aspectos relevantes que no deben pasarse por alto. 1. El razonamiento que lleva a pensar en que el decrecimiento generará paro es el siguiente: al disminuir el consumo disminuye la producción, al disminuir la producción disminuye la mano de obra. En efecto, ésta es una tendencia. No la única. Otra: al disminuir el consumo disminuye la necesidad de renta del consumidor, al disminuir la necesidad de renta se requiere trabajar menos, al trabajar menos se liberan horas de trabajo que serán ocupadas por otras personas. Lo que el modelo teórico no puede asegurar (y sólo seremos capaces de verlo en la práctica) es cuál de las dos fuerzas tiene más peso: el paro debido a la disminución de producción o la creación de puestos de trabajo con motivo de la reducción de la dedicación laboral individual. 2. Antes de criticar al decrecimiento por la posibilidad de que genere desempleo es necesario tener claro que el crecimiento es una fábrica insaciable de paro. No sólo la experiencia actual lo demuestra de forma contundente, también el análisis de los modelos teóricos. Sabemos que la apuesta del crecimiento es la internacionalización de las empresas y su robustecimiento para aspirar a éxitos en la dura arena de la competencia global. Para conseguirlo hay que despegarse de las empresas pequeñas y construir grandes criaturas que se descubren especialistas en la creación de paro.

Pensemos que si cien pequeñas empresas mantienen doscientos puestos de trabajo, su fusión en una gran empresa conseguirá producir mucho más con mucha menos mano de obra. Esa tendencia se llama eficiencia, una de las motivaciones principales. Crecer, es decir, aumentar la producción estimulando el consumo, no crea empleo sino paro, pues la principal herramienta para estimular el consumo es hacer los productos atractivos, entre otros aspectos, mediante los bajos precios que permiten unas reducciones de gastos asentados principalmente en la reducción de los costes en mano de obra. 3. Supongamos no obstante que: 1) el decrecimiento genera paro; y 2) el crecimiento estimula el empleo. Aún así, ¿es un argumento para mantener el crecimiento? Pensemos, por ejemplo, en la violencia. Lo más esperable es que cualquier persona suscriba el deseo de que toque a su fin toda forma de violencia en el mundo: nada de guerras, asesinatos, terrorismo, violencia doméstica, robos, opresiones diversas, etc. No obstante, si se termina con la violencia, ¿qué pasa con los policías, la guardia civil, el ejército, los abogados, el ministerio del interior, el del exterior, las empresas de seguridad, las fábricas de armamento, las de cerraduras y llaves, etc.? ¿Qué pasa con todos los establecimientos comerciales donde compran y los servicios que contratan los millones de personas que se encargan de lo anterior? En definitiva ¿Qué impresionante suma de puestos de trabajo directos e indirectos se perderían si desapareciera la violencia? En otros términos ¿hemos de mantener la violencia para crecer? ¿Asumiríamos el decrecimiento derivado de su desaparición? El argumento del empleo debe ser matizado desde concepciones éticas.

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NOTAS [1] El simbolismo queda especialmente contundente en los comportamientos de consumo, puesto que éstos se sustentan en las características intangibles más que en otras. Las personas consumimos símbolos (Bocock, 1995; Cortina, 2002) antes que productos, bienes o servicios.

* Este documento está basado en la conferencia impartida por el autor en el VI Foro Solidario de Avilés (Asturias, España) el 16 de septiembre de 2009 ** Universidad de Sevilla, Dirección de contacto: Dpto. de Psicología Experimental, Facultad de Psicología, c/Camilo José Cela s/n, 41018 Sevilla (España). vmanzano@us.es

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artículos

Cuerpo-Tierra. Ethos ambiental en clave de la lengua de la Tierra Ana Patricia Noguera de Echeverri Resumen: Del corazón de la crisis civilizatoria que estamos viviendo, crisis que no es solo de “recursos naturales”, climática, energética ó financiera, sino crisis de la vida misma en todos sus depliegues, emerge como el Ave Fénix, nuestra propuesta de un reencantamiento del Mundo, en clave del Ethos ambiental Cuerpo-Tierra. Ethos, como establo para los animales y casa para el hombre, se despliega en clave de la pregunta heideggeriana ¿Es poéticamente como el hombre habita esta tierra?, configurando un pensamiento ambiental en clave de las estéticas-complejas de una lengua de la tierra olvidada, negada u ocultada por la maneras dominantes de un ocupar la tierra de los imperios del norte. Cuerpo-tierra, imagen míticopoética para los pueblos abyayalenses, se hace lugar potente de un geopensamiento ambiental en clave del cuerpo-sur que somos. Palabras Clave: Lengua de la Tierra, Ethos Ambiental, Sur, Piel, geopensamiento, cuerpo-tierra Corpo-Terra. Ethos Ambiental na chave da linguagem da Terra Resumo: A partir do coração da crise de civilização que estamos vivendo, a crise não é apenas “os recursos naturais, clima, energia ou crise financeira, mas da própria vida em todas as suas depliegues, emerge como uma Phoenix, a nossa proposta de reencantamento do mundo, na chave do Ethos ambiental Corpo-Terra. Ethos, como um estábulo para animais e abrigo para o homem, é implantado em chave da questão heideggeriana. É poeticamente como o homem habita esta terra?, formando um pensamento-chave do ambiente na estética complexa de uma linguagem da terra esquecida, negada ou escondida pelos meios dominantes de ocupação da terra dos impérios do norte. Corpo-Terra, imagem mitica e poética dos povos abyayalenses, faz-se lugar potente de um geo-pensamento ambiental em finque do corpo-sul que somos. Palavras-chave: Linguagem da Terra, Ethos Ambiental, Sul, Skin, geomente, corpo-terra Body-Earth. Environmental ethos in key of the language of the Earth Abstract: From the heart of the crisis of civilization that we are living, crisis that is not just of “natural resources”, climate, energy or financial, but of life itself in all its aspects, emerges like the phoenix Bird, our proposal for a re-enchantment of the World, in key of environmental Body-Earth ethos. Ethos as barn for the animals and shelter for man, is deployed in key of the Heideggerian question: Is it that man inhabits this earth poetically?, forming an environmental thinking in the key of complexityaesthetics on a language of the forgotten land, denied or hidden by the dominant ways of occupying the land of the northern empires. Bodyearth, mytho-poetic image for abyayalenses peoples, becomes a place for powerful geo-environmental thinking in key body-south which we are. Keywords: Language of the Earth, Environmental Ethos, South, Skin, geo-thinking, body-earth. Recibido: 21.04.2010 Aceptado: 24.05.2010

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Cuerpo-Tierra. Ethos ambiental en clave de la lengua de la tierra

Ana Patricia Noguera de Echeverri *

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José Luis Pardo, en su libro Sobre los Espacios pintar, escribir, pensar (1991), nos regala una imagen poética ambiental, que nuestros pueblos originarios han tenido desde tiempos inmemoriales. Dice José Luis Pardo, que la tierra tiene su propia lengua, lengua que se ha configurado en clave de sus propias escrituras, geografías ancestrales, que desde hace más de seis mil millones de años, han dado y siguen dando forma a la tierra misma, con sus emergencias maravillosas como son la naturaleza, la vida y la cultura. Emerge entonces en nuestra tarea de construcción de un pensamiento ambiental y a partir del libro El Reencantamiento del mundo, obra publicada en el año 2004 por el PNUMA-México y la Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales, esta imagen poética, tan antigua como la vida misma: la imagen Cuerpo-Tierra como reencantamiento del mundo, libro inédito cuyos apartes presentaremos a ustedes en este breve, pero maravilloso espacio que el Centro de Saberes y Cuidados Ambientales de la Cuenca del Río de la Plata, nos ha dado en privilegio. En este momento de nuestra meditación sobre la crisis civilizatoria y de la vida que estamos enfrentando, todo discurso ambiental tiene que colocarse en pausa para permitir que del silencio, emerja la voz de la tierra, el lenguaje de la tierra, la ética de la tierra…el tiempo de la tierra, la poética de la tierra. La lengua deslenguada de la tierra, solicita el silencio de todo discurso instrumentalizador de la vida: de los discursos de la ciencia moderna o los de la tecnología unicista y universalista, así como los discursos del desarrollo en todas sus formas y expresiones, discursos reduccionistas de la tierra en trama de la vida, a recursos disponibles para una cultura adicta a la riqueza, al consumo infinito y por lo tanto a la producción

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infinita de mercancías, donde la vida misma en todas sus maneras de reduce a mercancía. La tierra como habitat-habitantehábito-habitación, no solo es habitada por nosotros, sino por ella misma en su plétora de formas distintas mundovitales. El habitar nos habita. No somos lo seres humanos quienes determinamos un ethos. Es la tierra, la que es ethos. Así somos habitantes en cuanto que construimos maneras del habitar y ello solo es posible en el momento en que permitimos que el habitar nos habite. (Cfr. Heidegger 1983 y 1994). En nuestro Reencantamiento del mundo (Cfr.Noguera, 2004), encontramos que la sutura entre natura y cultura será necesariamente la piel, piel poética, poiésica, piel-estrato, piel-tejido, piel entramado, piel-con-tacto; piel que expresa, se desplaza, se pliega y despliega… piel – umbral, ambigua, enigma. Piel roce, piel-geografía, pielhuella, piel-memoria. El cuerpo es piel en expansión, en pliegues y repliegues; todo está hecho de lo mismo: polvo de las estrellas que también somos, decía Carl Sagan; tierra de la tierra que somos, cuerpo-tierra, po-éticas del habitar la tierra en clave de las coligaciones-disoluciones-tensiones, que configuran esos cuerpos-tierra que inevitablemente somos. Las palabras coligación, disolución y tensión, son acontecimientos que nuestro pensamiento ambiental estético complejo, ha venido habitando en clave del ethos ambiental. Co-ligación. Ligar entre dos o más fenómenos, maneras de la vida. La vida es ligadura, tejedura, sutura, encuentro, contacto, emergencia, relación, afectación, afecto. La manera como la vida ha venido siendo desde hace casi tres mil millones de años en su diversidad y diferencia permanentes, lo que le ha dado a la vida la elasticidad,

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la resiliencia, la inmensa capacidad de autopoiesis y de autoorganización, ha sido que ella es coligadura y coligante. ¿Qué coliga, qué se coliga y en qué se coliga la vida? La vida coliga los cuerpos emergentes de ella, en un infinito bucle de complejidad creciente, bucle donde quien crea y lo creado, constituyen lo mismo en despliegue. La piel de la vida se expande, se contrae, se pliega y se repliega, configurando-se en alteridad, que es la vida misma; en esa coligación se entraman permanentemente afectos, acontecimientos que están hechos de la tierra (agua-aire-fuego), único lugar-cuerpo donde son posibles estas maneras del co-ligar. Di-solución. Este acontecimiento tiene lugar entre la tierra y los cuerpos emergentes de ella, hechos de ella, afectada por ellos y ellos por ella. Este acontecimiento incansable de la vida, es cíclico-complejo, en expansión y contorsión permanentes. Es el acontecimiento que bellamente nos seduce cuando observamos, por ejemplo, la obra Raices de Frida Kahlo, de 1943.

La vida solo emerge en las disoluciones, en las mezclas afectivas de los cuerpos amantes, mutantes, exuberantes en un siendo que es el gerundio del verbo ser. La vida es, siendo, que es al mismo tiempo coligación-disolución-tensión. Emergencia, acontecimiento del siendo de la vida en la disolución de los cuerpos emergentes de la tierra, en tensión con la tierra.

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A cada instante, la vida se celebra. Se da y vuelve a darse, sin prisa, lenta, maravillosa y dolorosamente. La tierra no cesa de florecer, de incorporarse en los cuerpos que la contienen. Generosa, exuberante, dadivosa, nuestra tierra, llamada Abya-Yala por sus habitantes originarios, fue reducida a recurso, riqueza, objeto mercantil, por los conquistadores españoles, portugueses, ingleses, franceses, alemanes, italianos, holandeses…inmediatamente llegaron a estas tierras.

La tierra no es el suelo sobre el cual habita el hombre. Esa objetivación de la tierra pertenece al pensamiento homogeneizante de Europa, que en el Renacimiento ya estaba, potente, emergiendo como modernidad, es decir como cultura escindida en dos mundos, el mundo del sujeto y el mundo del objeto. El mundo de la razón y el mundo de la materia, legislada por la razón calculante. El mundo de la cultura y el mundo de la naturaleza, como mundos de la interioridad y la exterioridad, están opuestos, escindidos, sin posibilidad de contacto. La piel es un simple envoltorio que oculta la exuberancia de la vida. El cuerpo tierra que somos. Por ello la piel occidental es superficie que debe ser menospreciada; el con-tacto, el otro como sentido y sintiendo en su placentera tibieza, es origen del erotismo, que debe ser expulsado de la educación, la política y la ética. Prohibido el sentir y lo sentido, el cuerpo es soma aquietado por el control político de las instituciones. El habitar-cuerpo es reducido, separado… así es posible su control.

Pero es en esta Tierra, en esta Abya-Yala, que los colonizadores describían en los albores del siglo XVI, como pletórica de plantas y animales extraordinarios, que emerge un pensamiento vivo y de la vida, vedado, ocultado y marginado por el pensamiento eurocentrista. Este pensamiento que las culturas de la América – Abya-Yala, cuidan en clave de un habitar poético, de un habitar-sur, es ethos ambiental. La palabra-imagen abya-yala, tierra generosa, prodigiosa, que es vida, animales, vegetales, alimentos, dioses y es también, manera de habitar: Abya-Yala, que también significa buen vivir es un ethos, una manera de habitar cuidadosa, amorosa, respetuosa, como la tierra se ha habitado a sí misma durante millones de años. Abya-Yala en esa doble significación, es a la vez la tierra y la manera como ella se habita: Buen-vivir. Porque la tierra es el habitar mismo, es los cuerpos que somos, las tramas de vida que somos.

La tierra, para las culturas originarias de Abya-Yala, es el habitar mismo, haciendo lugar, haciéndose ella misma en sus maneras de organización viva, de los cuerpos vivos que también somos nosotros. La tierra-viva, como madre, como pacha-mama, es la casa de los dioses-tierra: serpientes, águilas, pumas, ranas, que son los que guían a los hombres en sus maneras de vivir. Los Maestros son las plantas y los animales! La cultura es vivir como lo enseñan los maestros-tierra, con todas las maneras de la vida, aprendiendo permanentemente todas de todas, afectándose como hilos de la trama de vida que somos. Los abya-yalenses, son cuerpo-tierra, cuerpo-vida. El Yagé, el Peyote, la Coca, y otras plantas, montañas, ríos y animales maestros enseñan a los humanos, sus hermanos, cómo vivir (bien). Porque vivir, es vivir bien. Para los pueblos originarios, vivir es permanecer en contacto. No hay

Tensión. Nuevas emergencias de la vida, nuevas maneras de ser, se expresan en la disolución. ¡Vida-muerte-vida! Bucle infinito, único, fascinante, asombroso, ante el cual solo podemos maravillarnos. ¡Somos un bucle de la vida, un hilo de la trama que viene tejiéndose hace 3000 millones de años…antes!, desde el primer instante del Big Bang, ya estaba la vida como potencia, infinitamente pequeña, ante la infinitud de ese universo naciente, pero ya, infinita en sus maneras, en su generosidad y en sus estéticas.

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individuos. Hay colectivos, grupos, familias, la palabra “yo”, no existe. Existe un nosotros que incluye sus animales, sus casas, sus utensillos, sus dioses, sus sueños. No hay adentro ni afuera. Hay umbral. No hay separación entre sueño y vigilia; hay conexión permanente, puentes permanente que hacen de los cuerpos-tierra, cuerposnómades, cuerpos-metamorfosis, cuerpos-cambiantes, en tránsito… en trance. El sueño es el momento de mayor vigilia y es el maestro de las decisiones que toma la comunidad. El tiempo es el transcurrir de la naturaleza. Es un tiempo polirrítmico y ritual, donde cada instante es sagrado. El presente es un tejido de acontecimientos, que configuran el ahora, la actualidad, el presente, como continuo, como único instante vital. El tiempo es rito, es un transcurrir de lo sagrado: la vida, como sus maneras todas de ser. Siempre se está a la espera de lo por venir, que es la voz de los dioses –tierra, iniciando la fugacidad de lo eterno: el vuelo del águila, el canto del pájaro, el cascabel de la serpiente, el rugido del puma, el sonido de los árboles tocados por el viento, las flautas de la tierra, tocadas por el agua y el viento. Las voces de la tierra, la lengua de la tierra. ¿Quién habita la tierra? La lengua de la tierra. La lengua es la casa del ser. Con la colonización europea y ahora norteamericana, con la colonización que no termina, que se expande de maneras diversas, América – Abya-Yala, ha sido sometida al norte y al occidente. Por esto, América, la colonizada, la sometida, pero también la exuberante, la diversa, geografía de las diferencias, es Sur. La palabra Sur viene de sol debido a que este astro es el que domina este punto cardinal cuando se lo observa al norte del Trópico de Cáncer. El Sur, entonces, es faro para el Norte. Sin embargo los colonizadores europeos

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y norteamericanos, piensan el sur no como faro, como manera de ser-habitar emergente de una relación filial y afectiva con la tierra, sino como fuente inagotable de recursos a partir de una despoetización del sur, reducción del sur a mercancía, sometimiento del sur, a las lógicas de la modernidad noroccidental. Se convierte entonces el Sur, en clave del Desarrollo como discurso colonizador de los grandes imperios políticos y mercantiles, en esclavitud, miseria, hambre, ruptura de lazos afectivos, depredación, explotación no solo del “hombre por el hombre”, como decía Marx (Cfr. En Schmidt, 1985), sino de la tierra por el hombre dominador. Relaciones inseparables. No es posible una relación justa entre el hombre y la naturaleza, si no existen relaciones justas entre los hombres: de nuevo Marx. Pero en el doblez que todo acontecimiento contiene, esa marginalidad Sur, es potente en nuestro pensamiento ambiental: el Sur, es la exuberancia del ser. El Sur, despoetizado, esclavizado, explotado sin tregua, sin pausa, guarda aún, ocultas en sus pliegues, potentes emergencias de un pensamiento ambiental que va en dirección contraria al ambientalismo del norte. Para éste el sur no es más que la fuente de recursos más importante del planeta. Para el pensamiento ambiental emergente de esa marginalidad sur, el sur es maravilloso lugar de configuración eco-poética del habitar la vida. Sur, hermosa palabra que también expresa desarraigo, tristeza y soledad, es una palabra-lugar ritual. Habitar – Sur, es habitar en las márgenes, habitar en el enigma…es habitar en la magia. Habitar – Sur, es habitar en el silencio de la razón. Habitar – Sur, es habitar en la trama misma de la vida en su plenitud simbólico-biótica, no como dueños de la tierra, sino como hijos, como un hilo en la compleja trama de la vida...como cuerpos-tierra

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Habitar – Sur, es habitar la lengua de la tierra. La lengua de la tierra es musical. Es el paisaje rítmico de la vida. La música del agua, de los hombres-tierra, del mar, sale por los orificios de la tierra, como el viento que sale por el orificio de una flauta. Las cuerdas de la guitarra, sus acordes, sus silencios, la voz de los cantores, emergen de las cenizas de la guerra-sur, también sin tregua y en medio de esas guerras: invasiones del norte, del dolor de no ser lo que se quiere ser, emerge la vida clamando por un habitar poético. La música expresa colectividad que se disuelve en el fuego, el viento, el agua, el puma, la serpiente, la rana, la trama de la vida. Lo ritual, que sacraliza el cuerpo-tierra que somos, emergente de coligaciones-disoluciones-tensiones de los cuerpos – tierra que son siendo; lo ritual que conecta los dioses y los seres vivos, en una sola danza, en un hacer lugar, en una permanente celebración de la vida, es la manera como los habitantes de Abya-Yala escriben cantando, la poesía del habitar que los habita. No hay ruptura entre el habitar y los habitantes de la montaña, el valle o la selva. El habitar se despliega en hábitos y se suspende durante cientos, miles de años, porque el tiempo que pasa no es el tiempo de los hijos de la tierra. El tiempo de los hijos de la tierra, es el tiempo que hace, el tiempo de una actualidad que se despliega y repliega, de un cuerpo que se expande y se recoge, que danza amando en la vida, la vida. El tiempo de los hijos de la tierra, es el tiempo del cóndor, del puma, el tiempo de la tormenta o de una caída de agua. Es el tiempo de la vida, que se hace lugar, que desea hacerse lugar y he ahí el lugar del habitar humano que es la complejidad de las tensiones entre ecosistema y cultura, tensiones presentes en todas las maneras del habitar humano en la tierra. Es el ritmo marcado por el bucle de la vida, de los cuerpos-tierra habitando-se en la tensión co-ligación-disolución-tensión.

Este bucle, esta coligación entre el cuerpo y la tierra, es la tensión entre el humano que somos y la naturaleza que somos. Humano y naturaleza, siendo lo humano emergente de la naturaleza, siendo lo humano naturaleza, necesitan ser pensados ambientalmente. El pensamiento ambiental se ocupa de estas tensiones, presentes en todas las culturas. Las maneras de habitar de los Mayas, los Aztecas, o los Incas, como lo narra Augusto Angel en su hermoso libro “La Fragilidad Ambiental de la Cultura”, las guerras interculturales por territorios simbólicos-bióticos, las formas de acumulación que generaron los imperios agrarios tanto en América como en Europa y Asia, la creciente domesticación de animales y plantas, las formas de esclavitud de seres humanos, son formas de esclavitud de la tierra misma. “No existe civilización, que no se haya carcomido a sí misma” dice el poeta-filósofo ambiental Augusto Angel Maya, en una entrevista reciente. Y este es otro momento del bucle de la vida. Carcomerse a sí mismo. Todas las formas de vida, generan desequilibrios ecológicos. Por ello existen las emergencias adaptativas, las transformaciones de las tramas de la vida, las nuevas maneras de vida. Sin embargo, la manera humanaoccidental-moderna de la vida, tiene una característica que la hace peculiar: sus maneras de habitar la tierra vienen produciendo tales transformaciones de las tramas de la vida, que la vida misma está al borde de destejerse, como lo expresa Edvard Munch en su sempieterna obra “El Grito”, 1893)

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Y por supuesto, las transformaciones más profundas en la trama de vida misma, realizadas por una cultura humana, las ha hecho la cultura moderna. Para ello, para realizar el telos del Desarrollo y el Progreso, ha sido necesario el aquietamiento y docilización de los cuerpos-tierra que somos. La historia de la colonización en América se expresa en la permanente docilización y aquietamiento de los cuerpos por medio de la esclavitud, el sometimiento a otros lenguajes, a otros dioses, a otras tensiones con la tierra, a la reducción de todos los cuerpos-tierra a mercancía…y ese sometimiento, esa reducción no solamente se hace con violencia física. Instituciones como el estado, la escuela, la clínica, la economía, la iglesia o la familia, se dedican a este sometimiento de la tierra, sometiendo los cuerpos emergentes de ella. Plantas, animales, culturas, ríos, montañas, selvas…todo se somete a las prescripciones del sujeto dominante, en la figura impositora del desarrollo, manera específicamente europea y antropocentrista del habitar. Desarrollo: Palabra henchida de las teleologías de la Modernidad, comienza a derruir el habitar, para tomárselo sin medida. Los lugares sagrados de las ciudades indígenas, ciudades sagradas, lugares donde los dioses habitan con los hombres, en los animales, en las plantas y en la tierra, en el habitar que se deja habitar, lugares fundados para permitir el habitar, ahora están deshabitados y deshabituados: El desarrollo ha penetrado sus entrañas de tal manera que arrasa con todo, dejando a su paso, sus huellas, sus marcas, sus presencias: miseria, hambre, desolación, y una cultura sin tierra y sin dioses, dos cosas que habían sido una sola cosa. El sur que habita, el sur que somos, es deshabitado por el hábito de la guerra. Los rituales que constituyen la naturaleza del habitar sagrado, el hábito de los habitantes hijos de la tierra, son cruelmente avasallados por las lógicas librecambistas y mercantiles

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de un imperio que va tomándose progresivamente la casa de los abyayalenses. Las ciudades sagradas se tornan ruinas, lugares de muerte y destrucción de millones de seres vivos, a manos de los invasores. El mundo mágico, mítico, ritual y por ello, no menos trágico y doloroso, pero a fin de cuentas, mundo simbólico-bióticoafectivo propio, es progresivamente destruido y, en cambio, va emergiendo el mundo de la miseria, la muerte, el genocidio, el hambre y el irrespeto por toda forma de vida, mercantilizada, medida, cuantificada y reducida a riqueza. En la misma Abya-Yala, donde se construyeron templos al sol, al cóndor, al águila o a la lluvia, ahora se construyen templos al dinero, la muerte y la producción industrial, dejando paisajes absolutamente devastados y devastadores. Un desaforado amor por las cosas y desprecio total por la vida, se imponen sobre las formas del habitar sur, cuya casa es tomada progresivamente, en nombre del poder y dominio del sujeto moderno, que con las máscaras del progreso y del desarrollo, han generado todo tipo de infamias desde los tiempos de la conquista de América. Sin embargo, el lenguaje de los hijos de la tierra, es la lengua de la tierra. El vuelo tranquilo y elevado de las aves, no es simple metáfora de la libertad humana. Es que la libertad ya no es exclusivamente humana. Es. Y en ese devenir el ser es la vida. La posibilidad de ser de la vida se despliega como diferencia, expansión, contorsión, transfiguración, transformación y emergencia. Son los poetas, los que mejor expresan la lengua de la tierra. La soledad esencial de la vida creadora de vida, las coligaciones afecto-tierra, las disoluciones cuerpotierra y las tensiones entre lo humano y la tierra, se comprenden de manera rotunda y profunda, cuando leemos a

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Fernando Pessoa, o nos adentramos en la obra pictórica de Kaspar Friederich o Edvard Munch. Las lenguas indígenas describen acontecimientos relacionales. El sujeto, los sustantivos, los predicados y los adjetivos son característicos de las lenguas que se originan en Europa. Obedecen a la lógica formal, y hablan del mundo pero no son el mundo. En las lenguas indígenas, una sola palabra describe las trayectorias de un río, los procesos de la vida en sus diversos tiempos. Y quien habla no es un sujeto hablando de un objeto, sino un ser vivo dotado de un tipo específico de lenguaje: el articulado, de la vida misma, de la cual el participa, y es una manera de su lengua. La palabra es sagrada y mágica, porque es lengua de la tierra, como el color de las flores, el canto de las aves, o la música del viento. El pensamiento occidental, coloca al hombre por fuera de la tierra, de la naturaleza y de la vida como emergencia permanente. Nos coloca como sujetos conociendo la naturaleza, dominando y poseyendo la tierra, manipulando y colocando la vida a nuestro servicio. En la Modernidad, Europa y las regiones colonizadas por ella, regiones no solamente geográficas, sino geo-poéticas, lugares tomados por los colonizadores para imponer su “cultura”: sus saberes, sus dioses, sus tecnologías, sus ritos y maneras de organización simbólica, la tierra, la naturaleza y la vida son reducidos a recursos disponibles para el sujeto, que Europa considera debe ser universal, como universal es su manera de colonizar. La tierra como padre, madre, casa; la tierra: como el habitar mismo, la tierra como sabiduría, la naturaleza como sabiduría, son reducidas a las lógicas del mercado, ahora mundial. Las cosas de la vida, las cosas emergentes de la mano humana, tan apreciadas en nuestras culturas originarias, hechas, siempre,

en clave de la vida, se convierten en artículos de mercado, en objetos para la venta. Nuestras maneras de habitar se mercantilizan, se convierten en espectáculo turístico…el sur, como dice César Moreno en su libro Tráfico de Almas (1998), se espectaculariza por medio de la industrialización y mercadeo de la cultura-sur: la exuberante, la extraña, la no-racional….alteridad que se convierte en deseo-mercancía para el norte. La colonialidad de los saberes, como nos lo recuerda Santiago Castro (2005), penetra en todos los intersticios y fisuras de nuestro Abya-Yala, (Buen vivir), para reducir lo más sagrado y cotidiano a mercancía. En las cotidianas maneras de ser tierra: vocablos como Btsanamama que significa madre tierra para el pueblo Kamentsa expresan la conexión vital (coligación-disolución-tensión) entre la sabiduría de la vida misma, de la tierra, de la naturaleza y de la comunidad (humanos, animales, plantas, tierra, dioses). La tierra habla, y es en ese lenguaje donde se construye el saber ethos como habitat, habitante y hábito. El tiempo de la tierra es el tiempo que hace y no el tiempo que pasa. ¿Y qué es el tiempo que hace? Es el tiempo del agricultor, del pescador, del marinero (Cfr. Serres, 1991)…ese tiempo cambia permanentemente y es una lengua de la tierra que no ha comprendido la lengua del mercantilismo y del capitalismo salvaje en el que estamos. Por ello el calentamiento global, que es el desequilibrio climático producido específicamente por el habitar tiránico de las industrias multinacionales y de los gobiernos imperialistas. Los tiempos de la tierra no han sido los tiempos de quienes creyeron que podrían dominar el mundo con la racionalidad tecnológica y científica.

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Por ello, y como lo podemos interpretar en el hermoso y sugerente cuadro de Brueghel el viejo: Paisaje con la Caída de Ícaro (1558), la crisis civilizatoria que estamos viviendo, y que una de sus tantas expresiones, es el calentamiento global, que está acelerando o retardando los procesos de transformación del clima como procesos inherentes a la vida misma del planeta, se pueden comprender perfectamente como ese Ícaro que regresa de los cielos de la Metafísica, con las alas quemadas por querer renunciara la tierra y acercarse demasiado al sol.

Renunciar a la lengua madre, a la matria, es desgarramiento de quien renuncia, separación entre madre e hijo (Maternidad - Guayasamín) , escisión entre mundo sagrado y mundo profano, pues la lengua-matria es el territorio de la vida. La colonización comienza y termina allí. Colonizar una lengua, es dominar un territorio. La lengua es territorio, manera de habitar en tierra, la tierra y de la tierra. Hace pocos meses, murió Mercedes Sosa, una de las más importantes cantoras de América Abya- Yala. Su canto, que era el canto de todos, que sigue siendo el canto de todos, es un canto a la vida. ¿Por qué su voz, logró decir tanto? Porque en ella, expresó, desde el sentimiento, desde la sensibilidad, desde el cuerpo, desde la tierra misma, la voz de una América cantándole a esa madre tierra. El pensamiento se hace tierra, en la tierra, y la tierra es pensamiento. Y esa es la manera de habitar – Sur. El ethos-sur no necesitaría del adjetivo ambiental, porque es ambiental. Sin embargo, las voces de los pueblos-sur, siguen siendo acalladas incluso por el ambientalismo del norte. Las maneras de labrar, rasguñar la tierra, las geografías poéticas del sur, propuestas educativas en clave de la vida, el pensamiento crítico de todo tipo de colonialismos, de dominio, de explotación, no es un pensamiento ambiental centrado en el cuidado de los recursos naturales o en el desarrollo sostenible, que es la preocupación del ambientalismo europeo y norteamericano. Es un pensamiento-tierra, un pensamiento decolonizador de los discursos ambientalistas sostenibilistas del primer mundo, que evoca, trae, recuerda, hace memoria, hace presencia, del geo-pensamiento: ethos abya yalence. Y son los cantores, los pintores, los escritores…es decir, los poetas latinoamericanos, quienes nos enseñan a, también, habitar la tierra poéticamente.

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NOTAS * Universidad Nacional de Colombia Manizales, Manizales, Colombia. Email: panoguera@gmail.com

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artículos

Clasificación multicriterio: una regla simple para tratar problemas complejos Agustín Hernández Aja y Mariano Vázquez Espí Resumen: Los problemas complejos requieren nuevos enfoques para ser abordados, y estos enfoques requieren nuevos instrumentos operativos. Aquí se describe la clasificación multicriterio —una generalización abarcadora de la enumeración y la ordenación en fila tradicionales— como método que permite el manejo simultáneo de múltiples criterios o dimensiones de valor para realizar una contabilidad objetiva de la que, sin paradojas, surge la necesidad de la decisión subjetiva, mostrando que la prioridad final debe recaer en los procesos y no en los objetos. Así mismo se examina su papel en la refundación de una ciencia de los sistemas con historia (o historia natural). Palabras Clave: clasificación multicriterio, complejidad, decisión objetiva y subjetiva. Classificação Multicritério: uma regra simples para lidiar com o complexo Resumo: Problemas complexos exigem novas abordagens a serem abordados, e estas abordagens exigem novos instrumentos operacionais. Aqui nós descrevemos a classificação multicriterio englobando uma generalização englobadora da enumeração e ordenação em linha como método tradicional de manipulação simultânea de múltiplos critérios ou dimensões de valor para uma contabilidade objetiva de que, sem paradoxo, surge a necessidade da decisão subjetiva, mostrando que a prioridade final deverá ser em processos ao invés de objetos. Ela também examina o seu papel no restabelecimento de uma ciência dos sistemas com a história (ou história natural). Palavras-chave: classificação multicritério, a complexidade, a decisão objetiva e subjetiva Multicriteria classification: a simple rule for addressing complex problems Abstract: Complex problems require new approaches to be addressed, and these approaches require new operational instruments. It describes multicriteria classification —a comprehensive generalisation of the traditional enumeration and sorting in row— as a method that allows the simultaneous handling of multiple criteria or dimensions of value for an objective accounting from which, without paradox, arises the need for a subjective decision, showing that the final priority must lie on the processes and not on the objects. It also examines its role in the new foundation of historical systems science (or Natural History). Keywords: multicriteria classification, complexity, objective and subjective decision. Recibido: 07.05.2010 Aceptado: 24.05.2010

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Clasificación multicriterio: una regla simple para tratar problemas complejos*

Mariano Vázquez EspíAgustín y Hernández Aja**

sustentabilidad(es) - volumen 1- número 2 - año 2010 - pag. 192 - 208

— ¿Pero por qué, entonces, no medimos el conocimiento de la misma manera? — ¿Y cómo? ¿Con cuestionarios? ¡No lo quiera Dios! ¿Habrá que darles notas más altas al estudiante que pueda contestar las preguntas de mayor amplitud? ¿O tendría que haber distintas clases de notas para cada tipo diferente de pregunta? — ¡Ah! ¡Muy bien! Hagámoslo así, y luego sumemos todas las notas y luego. . . — No… no podemos sumarlas. Podríamos multiplicarlas o dividir una clase de nota por otra, pero no podemos sumarlas. — ¿Y por qué no, papá? — Porque. . . ¡porque no podríamos! No me extraña que no te guste la aritmética si no te enseñan estas cosas en la escuela. . . ¿Qué demonios te enseñan entonces? ¿Para qué creerán tus maestros que sirve la aritmética? — ¿Y para qué sirve, papá? — La aritmética es un conjunto de trucos para pensar con claridad, y la única gracia que tiene es la claridad. Y lo primero que hay que hacer para ser claro es no mezclar ideas que son realmente diferentes unas de otras. La idea de dos naranjas es realmente diferente de la idea de dos kilómetros. Y si las sumas, lo único que obtendrás es una bruma en tu cabeza. (Gregory Bateson, 1953)

Un ejemplo práctico A Sofía, profesora de matemáticas de su instituto, le ha tocado este curso organizar la olimpiada anual. En Región, las olimpiadas en las escuelas e institutos tienen una larga tradición y unas normas peculiares: se concursa por equipos y no individualmente; los ganadores de cada centro compiten en las olimpiadas de su ciudad, y los ganadores de las ciudades en la olimpiada de Región; sólo se compite en cuatro especialidades, distintas cada año y que se anuncian el día antes del comienzo de las olimpiadas por centros, de manera que los equipos deben entrenarse de forma generalista y, además, no se deja abandonada ninguna especialidad. volumen 1, número 2, año 2010

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Aunque Sofía está orgullosa de la peculiar olimpiada de Región, siempre le dejó insatisfecha la forma tradicional de establecer la clasificación global entre los equipos, calculada como la clasificación media de las cuatro obtenidas. Éstas a su vez se establecen con el segundo mejor registro obtenido por cada equipo en cada especialidad, y sirven también para otorgar las medallas por especialidad. Con éste método, y usando un número suficiente de decimales, rara vez se producen empates o premios ex aequo. Al objeto de construir un clasificador alternativo, Sofía tiene en mente una vieja idea, descubierta en un polvoriento manual del siglo XIX (Edgeworth, 1881): clasificar al conjunto de los equipos en clases de equivalencia, ordenadas según las cuatro mejores marcas de cada equipo, y asignar después el mismo puesto a todos los equipos que pertenezcan a la misma clase. Sofía —gran admiradora del antropólogo Gregory Bateson por lo demás— sabe que en ambas alternativas hay inevitablemente aspectos subjetivos. La elección de las cuatro pruebas es subjetiva y podría favorecer a unos equipos en detrimento de otros. En la clasificación tradicional, realizar sin más la media de las clasificaciones es arbitraria al no tener en cuenta la diferente naturaleza física entre las distintas especialidades (igualmente arbitrario sería usar pesos distintos para la clasificación obtenida en cada especialidad, para hacer una media

ponderada, algo que simplemente reflejaría la opinión sobre la relativa importancia de cada prueba de quien decida los coeficientes: el método en vigor simplemente usa pesos unitarios para todas las pruebas). En la nueva clasificación, en caso de empate en la primera clase, la decisión de quien se envía a la olimpiada ciudadana (o de Región) tendrá que ser subjetiva: por sorteo, por votación popular, etc. Sofía elige como pruebas los 100 metros lisos, el tiro con arco, los 25 metros con sacos, y la escalada del ‘‘rocódromo’’. Para probar el nuevo sistema de clasificación acude a los archivos para obtener datos de años pasados y ver como hubiera sido la olimpiada en su propio instituto. Sofía se pone a la tarea (v. Cuadro 1). Para el antiguo sistema sólo tiene que ordenar los equipos en cada una de las pruebas, y obtener su posición media, reordenándolos para la clasificación definitiva. Con el nuevo sistema, Sofía simplemente considera al equipo A y va apartando a los que superó en todas las pruebas, en este caso sólo el K; al mismo tiempo examina si algún otro equipo le superó en todo y entonces le apartaría (no fue el caso). Luego, considera el B: como el H le supera en todo, le aparta de la lista. Para el C la situación es la misma: le aparta…Procediendo así tiene al final dos montones: uno con siete equipos y otro con los cinco superados por alguno de los anteriores. El primer montón es la primera clase de equivalencia.

Cuadro No. 1

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Repitiendo el procedimiento sobre el segundo montón, obtiene finalmente tres clases. El resultado, en lo que se refiere a la clasificación por equipos, resulta bien distinta a la clasificación tradicional. Afortunadamente coinciden en que el equipo H está en primer lugar en ambos casos —con sus dos medallas de oro, aunque ahora acompañado por otros seis en un podio superpoblado. Y también en que el K es el último sin duda ninguna — ¡no fueron capaces, salvo quizás uno de ellos, de dar a la diana ni una sola vez! En el caso de los equipos D, F y I, con idéntico medallero, las clasificaciones no coinciden: con la antigua, los equipos F y I hubieran compartido el podio con el H. Con la nueva, el equipo I resulta de segunda clase, por detrás de otros siete, y en particular por detrás del D —relegado al quinto puesto con la antigua clasificación. De los tres equipos no puede decirse que uno sea mejor que los otros dos: el D mejora al F en los cien metros y en la escalada, pero es peor en lo demás, mientras que supera al I en la carrera de sacos y también en la escalada; por su parte, el F es mejor que el I con los sacos y escalando, pero peor en lo demás. ¿Por qué entonces la peor clasificación del equipo I? Sofía ve que la razón estriba en que el H le supera en todo, de forma que si hubiera que elegir un equipo para la olimpiada de la ciudad nunca se elegiría el I, sino al H. Claro que alguien podría objetar: ‘‘¿y si el H está enfermo?’’ La respuesta es: reclasificaríamos los equipos como si el H no hubiera participado (Cuadro

2, centro). En el ejemplo, el equipo I regresaría a la primera clase, al haber desaparecido su eliminador — acompañado del G por la misma razón, contando ahora la primera clase con ocho miembros, entre los que habría que elegir subjetivamente, de todas formas. (v. Cuadro 2) Todavía habría más motivos de crítica al nuevo sistema: ¿por qué un equipo sin medallas como el J está mejor clasificado que el I, que sí las tiene? Una vez más hay que fijarse en el H: el J maneja algo mejor los sacos que el H o el I, y puesto que el H supera en todo al I, resulta ser el J quien puede competir con el H. La crítica también podría hacerse respecto al equipo E: sin medallas también es de primera clase. Y de nuevo el H es la clave: aunque por muy poco el E se clasificó con los sacos por delante del H y del I, y también ganó a este último en la escalada. En definitiva, la gran diferencia entre los dos sistemas es ésta: mientras que con el antiguo sistema (y probablemente también a la vista del medallero) el equipo H hubiera representado al instituto sin duda alguna, como si fuera una consecuencia inapelable de la lógica de las cosas, con el nuevo vemos que cualquiera de los siete equipos de la primera clase son tan buenos candidatos para acudir a los juegos de la ciudad como los otros seis: es lo único que objetivamente puede decirse. Y si sólo se puede enviar un equipo por instituto habría que idear una competición adicional para elegirlo o elegirlo subjetivamente, pues con las marcas obtenidas, cualquiera de los

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siete es una sensata elección: cada uno de ellos supera a los otros seis en alguna prueba (aunque sea superado en alguna otra). Armada con estos argumentos, Sofía se sintió preparada para acudir al consejo olímpico de Región y presentar su propuesta con el nuevo método de clasificación: sabía que iba a originar un cierto revuelo y, seguramente, acalorados debates, pero —pensó— la vida en Región se nutre de estos momentos en que surge la novedad a base de combinar de otra forma lo preexistente. (Además, pensando que el mayor escollo sería el caso de los equipos E y J, que sin medallas se clasifican por delante del B o el I, teniéndolas, prepara una ligera modificación del método para sortearlo, dispuesta a sacársela de la manga si fuera el caso.)

Desusos, usos y abusos de la clasificación multicriterio La clasificación multicriterio la usamos de manera informal —no matematizada— a todas horas. La simple pregunta ‘‘¿vamos al cine?’’ la dispara en forma de rápida y simultánea consideración de varios criterios: ‘‘¿Me apetece? ¿Tengo que madrugar mañana? ¡Ojo!: está la conferencia de Zutanito en el Círculo. ¿A qué película? Etc.’’ En castellano, tenemos una acepción del verbo calcular que expresa esta idea, como en la frase ‘‘calculo que mañana no nos veremos’’. En nuestro cálculo informal es difícil distinguir entre la parte objetiva del cálculo (muy frecuentemente mediada por el instinto u otros mecanismos fisiológicos —como el de la habilidad de despertarnos a una hora prefijada sin ayuda de más relojes que los circadianos de nuestro propio cuerpo) y la elección subjetiva entre las alternativas no descartadas por aquélla. Por ello, aunque la mente humana usa la clasificación

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multicriterio desde hace miles de años, su formalización algebraica es reciente —como tantas cosas, por otra parte.[1] Por ejemplo, la arquitectura vernácula. Cuando se la mira de frente en toda su complejidad (diversidad espacial y evolución histórica) ninguna de las teorías al uso tiene capacidad explicativa plena: se trata más bien de teorías ad hoc, apropiadas para una determinada clase de casos concretos. Sin embargo, su descripción como un método de clasificación multicriterio junto al descarte de las soluciones pésimas permite explicar aparentes paradojas (Vázquez, 1988, 1997). Aunque en general todos los problemas de importancia técnica pueden matematizarse como problemas de optimación bajo múltiples criterios, el análisis coste/beneficio, popularizado y formalizado a partir de la economía neoclásica, arrinconó a la clasificación multicriterio siempre que el dinero se alza como vara de medir. En efecto, al reducir a términos monetarios las medidas físicas de todos y cada uno de los criterios pertinentes, tal análisis hace posible la suma de todos los valores y la formación de un único índice (el precio, el coste, etc), reduciendo el problema a uno de optimación escalar, en el que es posible encontrar una solución óptima correspondiente a un único valor del índice monetario. El análisis coste/beneficio permite en apariencia la elección objetiva del óptimo, pero en verdad oculta la naturaleza arbitraria de la asignación del valor monetario a cada criterio (salvo en el caso de que tal asignación de produzca tras una operación de compraventa real y libremente consentida, lo que ocurre pocas veces). El carácter de pseudociencia de la economía neoclásica ha sido objeto de tantos estudios que no tiene mucho sentido citar aquí unos pocos de los innumerables trabajos pertinentes (véase, sin embargo, el breve comentario de Gowdy, 2004).

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Por otra parte, la propia economía ¡algo muy distinto a la competencia neoclásica debe mucho a la clasificación perfecta! Como señalan Kemp & multicriterio, a partir de los dos teoremas Pezanis-Christou (1999) este hecho es fundamentales sobre la competencia frecuentemente ignorado tanto por perfecta (Gowdy, 2004:70–71; véase sus críticos como por sus apologistas también la aclaradora interpretación de (v. también Naredo, 1986:320–327). Kauffman, 2000:114–115). Pareto (1894) El nombre de Pareto quedó unido a la consideró en que condiciones podría primera clase de equivalencia, incluso conseguirse que todos y cada uno de fuera de la disciplina económica. los individuos obtuvieran un beneficio (Algunos autores —Coello et alii, monetario; de este modo, el beneficio 2007:29–30— sugieren que la idea de cada individuo era en sí mismo un de una clasificación multicriterio se criterio de valoración, resultando un encuentra en Adam Smith; y que, junto a problema con tantos Pareto y Edgeworth, debe criterios como individuos. mencionarse a Jevons. Siguiendo a Edgeworth, En lo que se refiere pronto se dio cuenta a su fundamentación El carácter de de que en general era matemática cabe anotar imposible para cualquier los nombres de Borel, pseudociencia modelo satisfacer la de la economía Koopmans, Cantor, Kuhn, condición de que todos Tucker, etc.) los individuos obtuvieran neoclásica ha sido beneficios en cualquier objeto de tantos A pesar de la frecuente circunstancia, pero, sin estudios que no imposición del análisis embargo, subrayó el coste/beneficio como tiene mucho hecho de que un mercado método de decisión, de competencia perfecta sentido citar aquí en muchos problemas unos pocos de sería una solución de críticos la investigación ha primera clase para este los innumerables recurrido a la clasificación singular problema, multicriterio, ya sea de trabajos es decir, no-peor que forma explícita o implicita. pertinentes. cualquier otra alternativa. Bastará con citar algunos Desafortunadamente, casos de importancia esto fue lo que sus práctica o conceptual en discípulos retuvieron de disciplinas alejadas de la su análisis, ignorando por completo ciencia dura (física, ingeniería, etc; para que hay otras soluciones de idéntica un recuento del cada vez más frecuente eficiencia y que el problema de la uso en estas disciplinas véase Coello, fundamentación lógica de la medida 2005). monetaria quedaba por resolver. El propio Pareto (1894) analizó en detalle En el caso de la arquitectura, Ramón las distintas situaciones a las que un (1982) usó quizás sin saberlo la omnisciente Ministro de la Producción clasificación multicriterio para mostrar podría llevar a la sociedad, en especial que morfologías urbanas muy diferentes aquella en que la sociedad ganaría y permitían cumplir con un único criterio ninguno de sus miembros perdería, de admisibilidad —proporcionar una mediante la compensación entre determinada densidad de edificación— ganadores y perdedores (realizando las mientras que mayoraban uno o transferencias necesarias del beneficio varios criterios de aptitud de un total de unos para cancelar la pérdida de de once. El trabajo, que hasta cierto otros), y la posterior distribución de punto puede considerarse como la (re) la ganancia residual (si había alguna) fundación de una teoría cuantitativa entre algunos o todos los individuos: del diseño urbano, se anticipaba a

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falsos dilemas que tiempo después siguen sembrando bastante confusión en la crítica urbanística, como el de elegir entre ciudad difusa o compacta. Desafortunadamente pasó prácticamente desapercibido salvo para sus discípulos más directos.[2] En el caso de uno de los autores (Vázquez), calculista de estructuras mecánicas, bastaba con considerar algún índice de impacto ambiental, además del habitual coste monetario en que se incurre al construir una estructura mecánica, para que lo que hasta entonces había sido un problema de optimación estándar con solución (generalmente) única se convirtiera en un problema multicriterio con varias soluciones no-peores. Ahí vimos los primeros ejemplos reales del método. Posteriormente, en nuestro grupo realizamos una primera clasificación de sistemas activos de climatización atendiendo a su rendimiento energético y a sus emisiones contaminantes (Vázquez et alii, 2007). Incluso usamos en ocasiones de forma rutinaria ese método para clasificar las solicitudes de las becas que ofertamos: como siempre ocurre cuando se eligen personas, la decisión es finalmente subjetiva, pero el método nos ayuda a descartar aquellas candidaturas que objetivamente son superadas por alguna otra. También lo hemos empleado para criticar de un modo racional la evaluación de la investigación científica a través de índices ponderados de impacto de los medios de difusión empleados —impacto según el Journal Citation Report o JCR—, modelo que desafortunadamente se va imponiendo en muchos países más por mala imitación de las potencias científicas, que por reflexión política o necesidad social (Vázquez, 2009). Actualmente, estamos investigando su uso para la caracterización y jerarquización de barrios vulnerables o desfavorecidos. En el caso de la antropología, Diamond (1997) ha utilizado el método en

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los denominados “experimentos naturales”. Llamó la atención, por ejemplo, acerca de cómo de las 148 especies animales potencialmente útiles para la humanidad, sólo habían sido plenamente domesticadas en sentido estricto 14. Y para explicarlo estableció seis criterios de aptitud, bastando con que no se superara uno de ellos para que la especie en cuestión quedara relegada a una relación menos intensa que la domesticación (por ejemplo, la doma, caso del elefante o de la vicuña). Para el análisis de la influencia geográfica en la evolución de las culturas polinesias utilizó seis criterios para la clasificación de las islas (clima, tipo geológico, recursos marinos, superficie, fragmentación del terreno, y aislamiento). Posteriormente, a fin de explicar la crisis ecológica de la Isla de Pascua, clasificó unas cien islas respecto a su potencial para la deforestación antrópica en base a nueve criterios de aptitud. Encontró que tres eran las islas pésimas: en dos de ellas no hay presencia humana pero sí una única especie arbórea, la palmera de Nihoa; en la tercera, la Isla de Pascua, quedan seres humanos pero no árboles (Rolett & Diamond, 2004). En todos los casos, explica los fracasos con el principio de Ana Karenina: “Todas las familias felices se asemejan [no son peores]; cada familia infeliz es infeliz a su modo [es peor que alguna otra]”, de la conocida novela de Tolstói. En el caso de la sociología política, Montañés (2000) aplicó el argumento de Pareto a la toma colectiva de decisiones, ya sea optando entre alternativas (consultas o referendos) o entre candidatos (elecciones en partitocracias). Los criterios son ahora la satisfacción o insatisfacción de cada votante (o de cada grupo homogéneo de ellos), con la importante diferencia de que, en este caso, no puede haber transferencia de satisfacción. Montañés, al revés que Pareto, subrayó el hecho de que mediante los procedimientos representativos usuales

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en general no se puede asegurar la satisfacción de ninguna mayoría: la aparente neutralidad de los recuentos de votos esconde el hecho de que no es posible la elección objetiva de un candidato. Por supuesto que esta dificultad se encuentra en cualquier otro procedimiento, lo que significa que, por ejemplo, hacer que los candidatos luchen en un circo a la manera romana hasta que sólo quede uno en pie, es un método tan poco eficiente como la votación usual: las minorías satisfechas serán distintas en uno u otro caso, pero en general no habrá ninguna mayoría satisfecha. No es ocioso recordar a este respecto que las ciudades griegas, a pesar de un contexto en general hostil, retrasaron su crecimiento o la formación de imperios, precisamente para mantener su tamaño por debajo aquel que hubiera imposibilitado la celebración de asambleas de los ciudadanos libres, a fin de tomar las decisiones mediante el diálogo, recurriendo sólo en último extremo a las votaciones. Recientemente Montañes (2008) ha propuesto una matriz reflexiva como método para intentar emular en esto último a la democracia griega clásica en los procesos de participación social. Ciertamente también hay abusos. En evaluación ambiental, por ejemplo, es común el uso de múltiples indicadores que en realidad no pueden medirse de ninguna forma, y cuyos valores son asignados por expertos o por votaciones populares (tal es el caso de los precios en tanto pseudomedidas que usó Pareto). También se usan indicadores redundantes: miden lo mismo o casi lo mismo, de forma que están correlacionados y su presencia simultánea es a beneficio de adornar el estudio en cuestión. O indicadores arbitrarios, a fin de elevar a la primera clase la solución que tiene en mente quien paga el estudio. En el caso peor, al final, de todos estos indicadores… ¡se extrae una media ponderada volviendo

así a una clasificación o una optimación de criterio único! En conclusión, la clasificación multicriterio no es una sofisticación aunque sea rara, y allí donde se ha usado con rigor ha aportado mucha claridad al pensamiento.

Formulación básica Sea un conjunto finito C en el que a todos y cada unos de sus elementos se les puede asignar p valores escalares, V1, . . . , Vp, cada uno de los cuales representa el desempeño del elemento en cuestión respecto de un criterio de aptitud. En lo que sigue supondré que un elemento es más apto según uno de los criterios i cuanto menor sea el valor Vi, es decir, los valores se interpretan como costes. (Si en un caso concreto, algún criterio j, por el contrario, valora un rendimiento que hay que mayorar, basta sustituir en lo que sigue Vj por, por ejemplo, 1 ÷ Vj si Vj > 0.) Para cualesquiera a, b ε C, diremos que a‘‘ es estrictamente preferible a’’ b (o que a‘‘ domina a’’ b), a < b, si y sólo si Vi(a) ≤ Vi(b) para i ε {1, 2, . . . , p} y además Эj tal que Vj (a) < Vj(b). La relación binaria < no es reflexiva, ni simétrica ni antisimétrica, pero sí es transitiva; además si a < b, b es necesariamente distinto de a; la relación < es en consecuencia una relación de orden en sentido estricto sobre C. Consideremos una posible relación de equivalencia sobre C definida a partir de <. Para cualesquiera a, b ε C, diremos que a ‘‘es estrictamente no-peor que’’ b, a<>b, si y sólo si no es cierto que a < b ni que b < a, es decir, que no son ordenables bajo <. La relación binaria <> es: a) reflexiva: a<>a dado que a 6< a; b) simétrica: por definición. Veamos si es transitiva, es decir, si ocurre necesariamente que a<>b y b<>c implica que a<>c. Es fácil mostrar que no es así si p > 1.

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Consideremos el caso sencillo p = 2, con V1(a) > V1(b), V2(a) < V2(b), es decir a<>b; y con V1(b) < V1(c), V2(b) > V2(c), es decir b<>c: nada impide que sea V1(a) < V1(c) y también que V2(a) < V2(c), es decir, a<c. Por tanto, <>no es una relación de equivalencia.

comparación numérica habitual entre los valores, V (a) < V (b), y la relación a _ _ b, a su igualdad numérica, V (a) = V (b).

La relación _ _ establece una partición de C en clases de equivalencia A,B, . . . Sea a ε A y consideremos otra clase B. Para asegurar la transitividad Entonces tiene que existir un elemento necesitamos una segunda relación b ε B tal que o a _ b o bien b _ a, pues binaria. La relación < establece una en otro caso a _ _ b y necesariamente partición en el conjunto de pares de A = B. Por tanto, es posible ordenar tales clases. Con las elementos de C, C × C, en dos subconjuntos: el clases ordenadas, A1 _ A2 de los pares de elementos _ . . ., cualesquiera dos que no verifican <, N, y elementos de C, o bien son el de aquellos otros que en los conjuntos equivalentes (pertenecen auto-definidos, a la misma clase) o bien sí lo hacen, S. Sean a, b ε C, diremos que a‘‘ es pueden ordenarse (son la génesis de preferible a’’ b, a _ b, si y distintas clases) y la cada elemento de sólo si estamos en alguno relación de orden entre no puede de los dos siguientes casos: las clases implica una explicarse bajo relación de orden total a) (a, b) ε S; o, b) (a, b) ε N y existe c ε C tal que (a, ninguna hipótesis entre los elementos de C. c), (c, a) ε N y (c, b) ε S. sólo existe una clase, se reduccionista al Si La relación _, como <, es trata del propio conjunto. modo habitual Si existen dos o más, la una relación de orden en sentido estricto. primera clase, A1, reúne de la física de todos los elementos de Newton, Einstein Para cualesquiera a, b C que son equivalentes o Bohr. ε C, diremos que a ‘‘es o equiparables respecto no-peor que’’ b, a _ _ b, a los criterios de aptitud si y sólo si no es cierto considerados y que no son que a _ b ni que b _ a, es más ineptos que ningún decir, que no son ordenables bajo _. otro elemento del conjunto: se trata del La relación binaria _ _ es: a) reflexiva: conjunto de óptimos de C respecto a a _ _ a dado que b 6< a y b < a no P, si por elemento óptimo se entiende pueden ser ciertos al mismo tiempo; b) que existe al menos un subconjunto de simétrica: por definición; y c) transitiva: C, para el que el elemento en cuestión supongamos que no lo fuera, es decir, es el primer elemento del subconjunto; que a _ _ b, b _ _ c pero no es cierto es decir, que dado a ε C, ЭA c C tal que que a _ _ c. b ε A, a _ b. Nótese que esta definición de óptimo incluye la definición usual en Entonces o bien es a _ c o bien c _ a. En el caso escalar (p = 1), pero en general el primer caso, (b, c) ε N y (b, a), (a, b) resulta informalmente muy diferente: ε N y puesto que a _ c, resulta que b _ c puede ocurrir que un elemento óptimo lo que es absurdo puesto que b _ _ c. En no sea más apto que ningún otro el segundo caso, (b, a) ε N y (c, b), (b, c) elemento: lo único que se exige es ε N y puesto que c_ a, resulta que b _a que no sea más inepto, es decir, peor. lo que es también absurdo. La relación Si se quiere enfatizar esta significativa _ _ es en consecuencia una relación de diferencia, es preferible denominar a la equivalencia sobre C. Cuando p = 1, las primera clase de C respecto a P como relaciones a < b y a _ b equivalen a la el conjunto de elementos no-peores

A

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de C, también conocido como Pareto set, non-dominated solution set, etc.

para establecer una relación entre dos elementos puede necesitarse la concurrencia de un tercero— Kauffman (2000: 177–184) ha argumentado vigorosamente que, en los conjuntos auto-definidos, la génesis de cada elemento no puede explicarse bajo ninguna hipótesis reduccionista al modo habitual de la física de Newton, Einstein o Bohr. Esta diferencia es esencial en aquellos problemas en los que en primer lugar hay que encontrar las soluciones y, sólo después, encontrar las óptimas: sólo cuando estemos seguros de haber encontrado todas las soluciones posibles —es decir, de haber definido C de forma apropiada— podremos estar seguro de haber clasificado las soluciones óptimas correctamente.

Las diferencias entre el caso de un único criterio (p = 1) y el propiamente multicriterio (p > 1) se hacen más notables cuando se considera un conjunto potencialmente infinito de elementos (por ejemplo, de soluciones a un problema). En otros trabajos anteriores las he explorado con detalle (Vázquez, 1998). Baste señalar aquí cuatro de ellas. I.

En el caso p = 1 se trata de buscar la posición óptima a lo largo de una recta, de manera que la posición se puede medir con la distancia a un punto tomado como origen, es decir, con un escalar. Mientras que en los casos p > 1, se trata de buscar la posición óptima de un punto en un espacio p-dimensional, posición que puede describirse con comodidad mediante un vector de p componentes. Pues bien, la propia naturaleza de la métrica de los espacios vectoriales fuerza que frecuentemente no sea una, sino varias, las posiciones óptimas. Por ello es significativa la distinción entre la optimación escalar y la vectorial, denominaciones que uso a menudo como alternativa a uni- o multidimensional.

II. En el caso p = 1, la consideración de un subconjunto de C no acarrea grandes diferencias, salvo que el subconjunto no incluya el elemento óptimo. Incluso en este caso, no hay un cambio estructural: el elemento óptimo será sustituido por el óptimo del subconjunto. En los casos p > 1, la estructura de las clases de equivalencia de un subconjunto de C puede ser muy diferente, incluso cuando ambos conjuntos sólo se diferencian en un elemento. La razón estriba en que cada clase (y especialmente la primera) se auto-define así misma debido a la definición de _, en la que

III.

En problemas de optimación (selección de los elementos más aptos de C) cualquier miembro de la primera clase no es descartable respecto de sus compañeros de clase, aunque en general su aptitud respecto a cada uno de los criterios empleados pueda ser muy diferente de la de los demás. En el caso de la optimación con único criterio, dos elementos óptimos tienen el mismo desempeño y, respecto al criterio elegido, son indistinguibles. Con múltiples criterios, por el contrario, dos elementos de la clase óptima son equiparables o equivalentes, pero pueden ser perfectamente distinguibles en cuanto a su desempeño respecto a uno de los criterios elegidos. De hecho, si en un problema concreto sólo es posible elegir o seleccionar un único elemento de una clase óptima populosa, tal elección no puede realizarse objetivamente.

IV.

En sistemas dinámicos que evolucionan, el número de criterios p puede variar con el tiempo. En tales casos, un aumento de su número

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puede tener como consecuencia que soluciones anteriormente peores pasen a integrar la clase óptima por su desempeño en las nuevas dimensiones. Lo contrario —que una solución nopeor pierda ese carácter— nunca será cierto, salvo que la dinámica del sistema incluya la creación de nuevos elementos de C. Es decir que, conforme aumenta la dimensionalidad, aumentan (o permanecen igual) las alternativas óptimas, es decir, aumentan o permanecen las posibilidades de elección si es que hay que elegir una. Dado un conjunto de criterios, para problemas de optimación sólo tiene interés práctico la determinación de la primera clase o clase óptima de C. Sin embargo, cuando se trata de determinar si el conjunto de criterios elegidos representa bien las características de la situación real en un modelo matemático, el cálculo de las clases de equivalencia presenta un interés indudable. Veámoslo. Un criterio V no es más que una aplicación de C sobre un conjunto de números, en la práctica el de los racionales. El criterio debe especificar como calcular V (a) para cada elemento a de C de un modo algorítmico. Un conjunto de p criterios es una aplicación de C sobre el conjunto producto Qp 1 N, siendo N el conjunto de números elegido. Cada conjunto de criterios o propiedades P, junto con la relación ‘‘peor que’’, establece una partición de C. Apoyándonos en la partición establecida por cada conjunto de criterios, Pi, pueden establecerse los siguientes meta-criterios: Si Pi y Pj establecen la misma partición sobre C ambos conjuntos de criterios son equivalentes respecto a C. Si para un criterio V /εP, P y P u {V } son equivalentes, el criterio V es redundante con los criterios de P. Cualquier partición de C define

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implícitamente una relación de equivalencia en C: a __ b si y sólo si Эi tal que a, b ε Ai. Una partición de C es redundante de orden r respecto de un conjunto de p criterios P, cuando todos los subconjuntos de P de p − r propiedades establecen esa misma partición en C, siendo r < p. En el modelado de una situación real es evidente el interés de conocer cuando se están manejando criterios redundantes, y cual es el conjunto mínimo de criterios que definen una determinada partición de un conjunto, para el que la partición tendría una redundancia nula, problema que puede tener varias soluciones equivalentes. Como se ve, este tipo de cuestiones pueden enjuiciarse calculando las clases de equivalencia establecidas por los distintos conjuntos de criterios. Para calcular las clases de equivalencia dados C y P basta con aplicar el siguiente algoritmo: 1. C1 ← C, i ← 1. 2. la clase óptima de Ci para P está formada por todos los elementos a ε Ci para los que no existe otro elemento b ε Ci tal que b < a; sea Oi tal clase, entonces: a) si Oi = Ci, los conjuntos O1, . . . ,Oi son las clases de equivalencia buscadas: FIN b) en otro caso, Ci+1 = Ci − Oi, i ← i + 1, repetir 2. Si n es el número de elementos de C y p el de criterios, la complejidad temporal de este algoritmo es del orden de pn3 y se trata de un algoritmo polinómico. Nótese que en el procedimiento recursivo la relación binaria _ resulta totalmente innecesaria, de hecho, su mención teórica es el precio que hay que pagar para poder dar una definición norecursiva de las clases de equivalencia.

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De la selección del más apto “Lo curioso de la teoría de la evolución” decía uno de los Huxley (aunque no recuerdo cual), “es que todo el mundo cree que la comprende.” El hecho se asemeja al modo en que los americanos admiran ciertas cosas de los británicos que, sin embargo, jamas emulan. (“Dos pueblos separados por un idioma común”, sentenciaba Winston Churchill.) Kauffman (2000:39) Hay suficiente evidencia de que el modelo gradualista de la selección natural es capaz de explicar pequeñas variaciones de los fenotipos que redundan en la adaptación gradual a un ambiente gradualmente cambiante (como el caso de las polillas claras u oscuras según sea la contaminación de Londres). Pero hay pocas dudas de que ese modelo es insuficiente para explicar otras cuestiones igual o más importantes: ¿Cómo se adaptaron las especies que sobrevivieron a cambios críticos y rápidos en el ambiente, caso de las grandes extinciones? ¿De qué modo se produjeron las grandes transiciones simbióticas? (de la célula procariota a la eucariota, de ésta a los organismos pluricelulares, y de éstos a las especies sociales; véase Watson & Pollack, 2007.) ¿Sobre que objeto — gen, individuo, especie, ecosistema,. . .— actúa la selección natural? Y por último, ¿cómo es que surge la vida misma? No es nuestro propósito aquí entrar al detalle de tan apasionante debate. Baste decir que la clasificación multicriterio es una pieza útil en el afán de conseguir un modelo matemático que aunque simple pueda explicar cualitativamente el conjunto de fenómenos que nos viene a la mente al oir ‘‘evolución’’, fenómenos que ocurren en organismos de muy diferentes tamaños y en lapsos temporales igualmente diversos, es decir, fenómenos con cierta invarianza con el tamaño (lo que apunta a su naturaleza fractal).

El problema fundamental se pone al descubierto cuando en ingeniería y en computación se usa el símil de la ‘‘ley del más fuerte’’ (o del ‘‘más adaptado’’, etc), a fin de mejorar de forma automática todo tipo de diseños (motores de aviación, circuitos electrónicos, chips, estructuras mecánicas, programas de ordenador, etc), mediante los denominados algoritmos genéticos —véase, por ejemplo, Vázquez (2002) para una breve introducción, o Goldberg(1989) para su uso práctico; véase Holland(1975) para la fundamentación matemática. En primer lugar, pronto se vió en este tipo de aplicaciones que la mutación era de importancia marginal frente a la recombinación; más importante aún, las poblaciones simuladas de objetos en su camino hacia un óptimo escalar perdían diversidad, terminando en el mejor de los casos como una población de clones con idéntico genotipo e igual desempeño respecto a la aptitud de interés (generalmente mínimo costo cumpliendo con ciertas condiciones de admisibilidad). Así, pronto se vió, que la noción tonta de la ley del más fuerte no podía explicar la apabullante diversidad de lo viviente (algo obvio, incluso en entornos artificiales como nuestras grandes conurbaciones a poco que se preste atención). Aunque la clasificación multicriterio no es la respuesta definitiva a las cuestiones de más arriba, supone un claro avance hacia alguna explicación general de los sucesos con historia. Una regla de selección natural que se contente con impedir la reproducción de la última clase —la de los totalmente ineptos en una población concreta— produce a largo plazo los mismo efectos de adaptabilidad a la vez que mantiene una amplisima diversidad, especialmente entre los más adaptados. Pues aquí, ‘‘mejor adaptado que’’ significa simplemente pertenecer a una clase superior; y del mismo modo ‘‘igual de adaptado’’ no significa ni igual genotipo ni fenotipo.

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Con la clasificación multicriterio, la se trataría de establecer modelos importancia del genotipo como unidad multidimensionales de aptitud que de selección se desvanece un tanto: permitan reproducir la partición son las aptitudes multifacéticas de los observada: de conseguirse con fenotipos (cualquiera que sean sus aproximación suficiente, esos criterios genes) las que ocupan el primer plano a serían al menos equivalentes, en el la hora de aplicar la regla de selección. sentido enunciado más arriba, a los Este hecho sugiere un origen de la vida criterios que en verdad operan en el muy distinto a una sopa de genes a la ecosistema en cuestión (para un ejemplo espera de ser seleccionados. Además, en de ingeniería inversa —en este caso para la optimación multicriterio de problemas averiguar las calificaciones otorgadas por difíciles, operadores como la mutación, un comité de selección—, cf. Vázquez, la especiación, el elitismo, etc, cobran 2009:7–10). Quizás así podrían importancia cuando los algoritmos explicarse aparentes paradojas con la genéticos se usan en problemas de visión popular del neodarwinismo: por ingeniería, mostrando ejemplo, en una población una sorprendente abocada al colapso por su coincidencia con el crecimiento, una pareja la ingeniería vocabulario de la que decide no reproducirse biología (Deb, 2001). ¿contribuye positivamente inversa de los ecosistemas podría a la aptitud global de Más aún, las nuevas ideas la especie en cuestión? tienden a considerar arrojar mucha luz A fin de cuentas, en la los organismos y sus sobre qué significa gestión práctica de nuestro ambientes como objetos la aptitud en la planeta, la presión selectiva que co-evolucionan en selección natural: global viene dada por su el tiempo: no sólo es finitud y por la existencia al observar un que la musculatura de la de recursos agotables gacela es esculpida por ecosistema y sus para cualquier especie en la garra del león como jerarquías como crecimiento indefinido: dicen los Masai, es que una partición en “Niche forces individuals gacelas y leones esculpen to share available la sabana, del mismo el espacio de las resources and maintain modo que ésta esculpe appropriate diversity in especies a aquellos. Estas ideas a population” (Cheng & pueden representarse Li, 1997:1253). Merece la en la clasificación multicriterio, al pena señalar aquí que en un algoritmo menos desde un punto de vista teórico, genético la población es generalmente definiendo los criterios de aptitud estable, y desde luego ¡nunca crece como aplicaciones que dependen de indefinidamente! Si bien se mira, este los elementos de C en cada momento, hecho ha estado delante de nuestras de forma que el entorno selectivo de narices desde que se postuló la selección cada elemento está compuesto no sólo del ‘‘más fértil’’. Pues si la fertilidad es por el espacio común, también por la considerada como criterio de aptitud influencia del resto de los elementos. no puede ser por otra razón que el hecho obvio de que en un planeta La clasificación multicriterio sugiere finito la población no puede crecer también que la ingeniería inversa de indefinidamente; desde este punto de los ecosistemas podría arrojar mucha vista, si la población ha de permanecer luz sobre qué significa la aptitud en acotada, resulta obvio que incluso la selección natural: al observar un la eliminación al azar de individuos ecosistema y sus jerarquías como una resulta en que permanezcan con mayor partición en el espacio de las especies,

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probabilidad aquellas características más repetidas, es decir, la de los individuos con mayor fertilidad; pero nótese que tal permanencia ni siquiera tiene que justificarse por un mejor desempeño en su modo de ganarse la vida debido a las características que se conservan: un accidente puede eliminar individuos bien adaptados pero vagos a la hora de reproducirse, sin embargo, muchas de sus características permanecerán a través de sus compañeros de especie gracias, en un sentido preciso, a que su eliminación da espacio a estos últimos. Desde el momento en que uno considera que la especie humana es parte de la Naturaleza, sería deseable que una nueva teoría de la evolución pudiera explicar a la vez la evolución cultural y la biológica. De hecho, en un sentido preciso, debería tratarse de una teoría general de los acontecimientos contingentes, de una historial natural. Como señala Kauffman, la historia necesita sus ‘‘newtons’’ pero también sus ‘‘shakespeares’’: ciencia y humanidades tienen una cita pendiente. Una idea tampoco nueva: fue propuesta en el contexto de una formulación estética operativa sobre la obra de arte (Eco, 1968). Finalmente, las ideas más recientes apuntan a explicar qué es un “agente autónomo” (en qué se diferencia de un sistema físico sin más, pregunta que en la época moderna nos lleva hasta la Crítica del juicio de Kant) y a considerar como objetos de la evolución tales agentes (o conjuntos auto-organizados de ellos, autónomos a su vez). Se ha propuesto incluso una cuarta ley de la termodinámica para los denominados ‘‘sistemas abiertos auto-constructivos’’ que, en síntesis, es ésta: ‘‘tales sistemas tienden a mayorar el número de clases de eventos que pueden suceder a continuación.’’ (cf. Kauffman, 2000; y la diferencia IV de más arriba). Y por su implicación práctica, merece la pena subrayar las multiples evidencias que sugieren que, para cada clase de sistemas

auto-constructivos, existe un márgen de tamaños fuera del cual o bien se retorna al frío orden de los sistemas físicos sin historia o bien se llega al caos que precede al colapso (Erdös et Rényi, 1960). Lo curioso en la teoría de la evolución es que todo el mundo cree que la comprende. Pero no es así. Una biosfera o una econosfera se construyen a sí mismas siguiendo unos principios que, hoy por hoy, nos resultan insondables. Kauffman (2000:39)

Notas sobre lógica admisibilidad,…

borrosa,

Aunque en general la formulación básica es perfectamente útil sin más adornos, es posible matizar alguno de sus aspectos para adaptarla a lo singular de problemas concretos. La relación < (y todas las derivadas) se formulan a partir de las relaciones habituales de igualdad y de orden entre los números del conjunto elegido para definir los criterios de aptitud. Nada impide sustituir esas relaciones (u operadores) por sus versiones borrosas (fuzzy). A parte de dar un toque vanguardista al paper, en abstracto no hay ventajas evidentes para hacerlo. Sin embargo, un caso a considerar es un operador borroso de igualdad entre números definido, por ejemplo, como: r t= s si abs (r − s) ≤ t” abs (r + s), siendo t un valor prefijado. Su utilidad reside en ‘‘limar las aristas’’ de un espacio con geometría especialmente poliédrica. En el problema de Sofía, por ejemplo, se trata de evitar que el equipo E sea equivalente al J sin más merito que haber tardado apenas unas décimas menos en la carrera de sacos: mediante el operador 1% = el equipo E resultará ser peor que el H, lo que es muy razonable en nuestra opinión. En los problemas unidimensionales de optimación con significado real,

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además del criterio de optimidad, hay multitud de criterios de admisibilidad, requiriendo frecuentemente estos últimos más trabajo de análisis que aquél. Como los criterios de aptitud, los de admisibilidad son aplicaciones de C en un conjunto de números, pero aquí el conjunto es simplemente {0, 1}, significando el cero que el elemento (solución, alternativa, etc) no es admisible, y el uno lo contrario. La primera dificultad en un problema concreto puede ser encontrar soluciones admisibles, es decir, encontrar uno o varios elementos de C que merezcan nuestra consideración. Sólo después de encontrar un subconjunto de elementos admisibles tiene sentido preguntarse por la existencia de elementos óptimos (nopeores). La clasificación multicriterio puede incorporar los criterios de admisibilidad mediante las mismas estrategias empleadas en la optimación escalar, diversas y bien documentadas en la literatura técnica. La estrategia más general y robusta a la par que teóricamente más sencilla es ésta: aplicar la clasificación al subconjunto de los elementos admisibles de C. Sin embargo, esta sencilla estrategia es, en ocasiones, computacionalmente muy costosa en términos de complejidad temporal, por lo que en la práctica hay que buscar alternativas menos sencillas. De entre estas, la más general consiste en convertir los criterios de admisibilidad en criterios de aptitud, admitiendo el riesgo de obtener un conjunto de soluciones no-peores pero inadmisibles —mediante esta técnica la clasificación multicriterio puede buscar soluciones para cualquier problema de optimación escalar sujeta a criterios de admisibilidad que sean difíciles de computar mediante técnicas clásicas; el riesgo antedicho puede evitarse mediante técnicas especiales; véase Fonseca et Fleming (1995) y Cheng et Li (1997). La clasificación multicriterio puede verse como un caso especial de las distintas técnicas de agrupamiento de los

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elementos de un conjunto en clases por su similaridad (clustering, véase Samet, 2006). Pero se trata de un caso especial por varias razones: no sólo particiona el conjunto en clases, sino que las clases quedan ordenadas por su proximidad a un ideal de aptitud multievaluado; también resuelve el problema de la determinación del número de clases o clusters —un problema que hay que resolver previamente a la aplicación de algunos algoritmos de agrupamiento—; y, además, no requiere la elección — siempre subjetiva— de la métrica a emplear para medir la similitud entre dos elementos. Por otra parte, la clasificación multicriterio es compatible con el agrupamiento por similaridad o proximidad: tal agrupamiento puede hacerse bien externamente (una partición alternativa de C, resultando de las intersecciones entre las clases de una y otra partición una nueva partición en la que queda establecida una relación de orden parcial entre sus clases); o bien internamente, dividiendo cada clase de equivalencia en subclases por el criterio de proximidad elegido.

Epílogo El consejo olímpico no tragó: el espíritu de las nuevas ideas de Sofía fue bien recibido, pero que la primera clase no coincidiera ni con los equipos con medallas… ¡eso no! (Las clasificaciones quedan sepultadas en los archivos, pero las medallas brillan en las vitrinas.) Sofía tuvo que sacar su carta de la manga, que no era otra que utilizar lógica borrosa para la carrera de sacos. Admitiendo la igualdad cuando la semidiferencia de las marcas no era superior al 20% de su semisuma, la primera clase se redujo a cinco equipos, todos con medallas (Cuadro 2, derecha). El equipo I seguía relegado a la segunda clase, a pesar de sus medallas, pero la cosa estaba clara: el H le superaba en todo, así que el consejo optó por aceptar el apaño.

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Sofía al menos consiguió que el consejo acordara los detalles antes del inicio de la olimpiada y que se comprometiera a mantenerlos, le gustara o no el resultado obtenido. En su fuero interno sabía que se trataba de una componenda — ¿por qué no usar la misma lógica borrosa en las cuatro competiciones?—, pero también sabía que ‘‘lo mejor es enemigo de lo bueno’’ y que, para introducir nuevas ideas, era necesario (¡tantas veces!) ocultar lo subjetivo bajo el manto de la objetividad: en esto Región no era muy distinta del resto del mundo.

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BIBLIOGRAFÍA •

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NOTAS [1] A este respecto, las frecuentes peticiones a favor de un ‘‘pensamiento complejo’’ son inútiles en nuestra opinión. El tema de la mente, que ha sido tratado de forma muy competente por Bateson y muchas otras personas, es demasiado importante como para discutirlo aquí. Pero hay algo razonablemente evidente: nuestra forma de pensar —nuestra caja de herramientas para pensar— no ha cambiado a lo largo de la existencia de la especie y es poco probable que lo haga en el futuro. [2] Las aportaciones de Fernando Ramón al pensamiento crítico han sido al menos parcialmente reconocidas con la concesión del Premio Nacional de Vivienda del Gobierno del Reino de España en 2010. * A la memoria de Antonio Estevan, en cuya biblioteca en Ondara nos estaba esperando Investigaciones de Stuart Kauffman. ** Universidad Politécnica de Madrid (UPM), Madrid, España

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reseñas Medio Ambiente y Sociedad. Conceptos, metodologías y experiencias desde las ciencias sociales y humanas de Enrique Aliste y Anahi Urquiza (compiladores) RIL Editores, Santiago de Chile, 2010, 273 páginas

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Medio Ambiente y Sociedad. Conceptos, metodologías y experiencias desde las ciencias sociales y humanas de Enrique Aliste y Anahi Urquiza (comp.) Antonio Elizalde Hevia* sustentabilidad(es) - volumen 1- número 2 - año 2010 - pag. 210 -215

Como lo señala Enrique Leff en su Prólogo “Este libro viene a sumarse a una larga reflexión sobre la problemática ambiental desde la perspectiva de las ciencias sociales. Este reclamo de las ciencias sociales no es el de cualquier otro campo del conocimiento por aportar sus miradas disciplinarias o para apropiarse de una nueva temática. La crisis ambiental no es una catástrofe ecológica o una falla geológica, es una crisis eminentemente social: una crisis de la razón y del pensamiento; de los modos de pensar, de actuar y de producir.” Este libro reúne un conjunto de once autores provenientes desde distintas disciplinas de las ciencias sociales, quienes presentan un total de nueve artículos que se organiza en torno tres apartados que se corresponden con tres grandes temas. El primero titulado “Conceptos, debates, aproximaciones” abre una discusión conceptual sobre los riesgos ambientales, la racionalidad y el territorio. El segundo apartado que se titula “Experiencias y aplicaciones” presenta y problematiza las herramientas jurídicas y la nueva institucionalidad ambiental en Chile. El tercero, “Casos”, realiza una aproximación a los conflictos ambientales, analizando algunos casos vinculados a recursos como el agua, la minería y la pesca artesanal. El primer apartado contiene los artículos de Marcelo Arnold y Anahí Urquiza, quienes en su artículo titulado “La amenaza ambiental: una visión desde la teoría de los sistemas autopoiéticos” abordan la crisis ambiental que tiene a la sociedad al borde la catástrofe y se interrogan desde la perspectiva de la comunicación ambiental en la sociedad actual respecto del déficit cognitivo para asumir los problemas ambientales, destacando las características de autonomización sistémica que configuran la comunicación ambiental en la actualidad, incluyendo

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las posibilidades de observación de los problemas ambientales en el sistema social y en las condiciones de los países de la periferia globalizada. Plantean la tarea de construir una inteligencia ambiental, que incrementa esta nueva complejidad, ahora a escala planetaria y que no es sino: “abordar cognitivamente una mayor contingencia y absorber la complejidad alcanzada por la sociedad”. Un segundo artículo es el de Enrique Aliste, quien introduce el análisis del concepto de territorio, concepto que enriquece las ciencias sociales pues posibilita estudiar los procesos de trasformación del espacio en el sentido de un espacio vivido, de un territorio de vida. Ello significa que las transformaciones del territorio, como lo señala su autor “no solo se basan en la estructura y características del paisaje, sino que también en el significado y atributos que le son asignados socialmente”. Presenta algunas sugerentes pistas metodológicas para estudiar la construcción social del territorio mediante los imaginarios territoriales, las prácticas discursivas, las prácticas espaciales y la complejidad territorial, los que hacen posible la comprensión de un territorio conformado por paisajes mutantes no sólo por los cambios fisonómicos que experimenta, sino que por sus diversas percepciones en el tiempo y en la de los actores que lo perciben. El tercer texto es de Asunción Díaz y Bárbara Morales, quienes se preguntan por estrategias metodológicas posibles de construir desde las Ciencias Sociales para pronunciarse sobre los procesos y los actores territorialmente localizables, para lo cual abordan las tensiones entre lo global y lo local en los conflictos ambientales buscando construir una mirada que posibilite la observación del problema socioambiental. Miradas que constituyen nuevos desafíos para las ciencias sociales pues implican rescatar la mirada de lo local que es

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donde se experimenta la conflictividad socioambiental, haciendo posible poderse desvincular de la totalidad hegemónica, para capturar así la diversidad de lógicas, racionalidades y actores que se encuentran en el cruce y confrontación de intereses que atraviesan el conflictivo campo socioambiental. De ese modo se posibilita la reflexividad y así las lógicas particulares y el establecimiento de nuevos tipos de vínculos entre los actores con sus diversas racionalidades locales/globales. El segundo apartado presenta en primer lugar un análisis de la institucionalidad ambiental realizado por Pilar Moraga quien aborda el tema del derecho ambiental, haciendo énfasis en el reconocimiento del principio precautorio y preventivo en el ordenamiento jurídico chileno, analizando después la gestación del principio precautorio en el ámbito internacional. Define a continuación sus contenidos, señalando como éste es un derecho preventivo ante la emergencia de nuevos riesgos generados por la aplicación de nuevas tecnologías cuyos impactos en la salud y el ambiente son desconocidos, cuando la ciencia no ofrece certezas en sentido contrario a las legítimas preocupaciones de la ciudadanía y de los consumidores. Concluye finalmente en los grados de obligatoriedad del mismo. A continuación, Luis Cordero aborda el rediseño de la institucionalidad ambiental en Chile. Analiza críticamente el modelo de gestión ambiental chileno, caracterizado por el funcionamiento de la Comisión Nacional del Medio Ambiente, dependiente de un Consejo de Ministros de Estado y vinculado a diversos servicios públicos con competencia o incidencia ambiental, lo cual ha redundado en ineficacia. El autor analiza luego el proyecto de ley mediante el cual se pretende rediseñar la institucionalidad ambiental creando el Ministerio del Medio Ambiente, un

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Servicio de Evaluación Ambiental, y una Superintendencia del Medioambiente, cuya misión sería la de fiscalizar el cumplimiento de los cuatro instrumentos de gestión ambiental: las Resoluciones de Calificación Ambiental, los Planes de Prevención y/o Descontaminación, las Normas Ambientales y los Planes de Manejo. En el último apartado, dedicado a estudios de caso, Francisco Ther se pregunta si es posible presentar desde la Ciencia, y no desde ciencias particulares, una propuesta de desarrollo para una sociedad litoral basada en un análisis crítico que a la vez permita hablar de lo significativamente diferente. Para ello aborda el tema de los imaginarios sociales y su importancia para promover sociedades litorales sustentables. Propone una vertiente innovadora en la construcción de la sustentabilidad desde la participación de los actores sociales del territorio, en la que distanciándose de los modelos tradicionales de planificación desde arriba (propuestos desde la urbanística o la planificación urbana o regional), indaga la imagen en movimiento de los territorios locales y postula una resemantización del quehacer tradicional de las ciencias sociales para redescubrir y reconstruir la complejidad territorial de las sociedad litorales, aportando en la perspectiva de la construcción social de territorios sustentables. Por su parte, Mauricio Folchi busca en su artículo demostrar que la política ambiental minera implementada en Chile a partir de los noventa tiene un desarrollo mucho más largo de lo habitualmente en la visión dominante, y que más bien ella ha sido resultado de conflictos y debates de larga data en la sociedad chilena, siendo el producto de un proceso político de conflictividad social y debate ideológico. Concluye que la adopción de medidas de control, mitigación o reparación ambiental, son procesos de cambio histórico consecuencia de los conflictos que

un determinado marco institucional provoca al interior de la sociedad y donde ha habido tesis vencedoras y tesis vencidas en un proceso político, en el cual los distintos actores involucrados participan activamente en la redefinición del marco institucional de manera que sus intereses queden protegidos. De allí la necesidad de una redefinición del marco institucional que no puede ser producto de la iluminación ni de imposiciones arbitrarias, sino de un proceso político, es decir un arreglo que implique participación de todos los actores acreditados Juan Antonio Garcés, a su vez, compara los paradigmas con que ha abordado los sistemas de gestión de los recursos hídricos, y en particular la gestión integrada de cuencas hidrográficas, para lo cual propone aplicar el paradigma ecosistémico para gestionar el manejo integrado del agua. Presenta los casos francés, español y brasileño de gestión integrada y posteriormente analiza la gestión del agua en Chile concluyendo que a diferencia de los casos anteriores, corresponde a un modelo conceptual reduccionista e institucionalmente fragmentado. En el último artículo presentado en este libro, Andrés G. Seguel aborda el tema de los conflictos socioambientales como nuevas formas de agencia social que surgen de la confrontación de los objetivos medioambientales con el proceso de globalización. Pone el acento en las dimensiones culturales de estos conflictos al analizar tres casos: el conflicto Gasoducto Gasandes que pone en juego los estilos de vida de familias acomodadas del Sur de Santiago; el conflicto Parque Pumalín, que enfrenta al millonario Tomkins con el Estado chileno y que transnacionaliza el medio local; y el conflicto Pascua Lama, que inaugura los tratados de explotación minera binacional en Latinoamérica y que evidencia el capitalismo transterritorial. Todos ellos sirven para ilustrar una nueva mirada sobre los procesos sociales en las disputas por la

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naturaleza y el territorio comprendidos como una agencia social que hace visible una situación ambiental conflictiva en los procesos de apropiación de los territorios y la reivindicación de los derechos ambientales de las poblaciones afectadas e interesadas. Comparto plenamente lo que Enrique Leff manifiesta en la Presentación de este libro: “los diferentes estudios… se enlazan con un propósito común: el de abrir y construir nuevas miradas desde las ciencias sociales para comprender los procesos en marcha por la reapropiación de la naturaleza, los derechos sociales al ambiente y la construcción de nuevos territorios sustentables.”

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NOTAS Universidad Bolivariana, Santiago, Chile. Email: aelizalde@ubolivariana.cl

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reseñas Derechos de la naturaleza. El futuro es ahora Alberto Acosta y Esperanza Martínez (compiladores) Ediciones Abya-Yala, Quito, 2009, 122 págs. Primera edición Editorial Universidad Bolivariana, Santiago, 2009, 122 páginas, Segunda edición

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Derechos de la naturaleza. El futuro es ahora de Alberto Acosta y Esperanza Martínez (compiladores) Manuel Jacques*

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Reseñar el libro Derechos de la Naturaleza. El futuro es ahora, me ha generado la sensación de estar parado en uno de los pliegues esenciales donde se muestra la constelación que imaginamos, debe marcar el rumbo hacia una nueva civilización. Se ha dicho reiteradamente que la historia la construyen los hombres, sus pueblos. En este libro está escrita una página relevante de esa mirada de futuro. Ecuador es el primer país de nuestro planeta que establece en su carta fundamental, la noción de que la naturaleza es un sujeto de derecho. Esta perspectiva para el cambio y la transformación del Derecho, que ha provenido esencialmente de los no juristas, es el desafío que los propios juristas del siglo XXI deben asumir para trabajar por un Derecho como un recurso estratégico en la opción de la emancipación. Este libro, preparado al calor de los debates de la Asamblea Constituyente en Montecristi, recoge el pensamiento de un grupo selecto de intelectuales y defensores de la tierra que lo transforman en una carta de navegación esencial para comprender el sentido de este viaje por construir un futuro donde la naturaleza, por primera vez ella misma, levante su palabra exigiendo respeto, porque durante muchos años ha sido ofendida y gravemente dañada. Alberto Acosta, Presidente de la Asamblea Constituyente y uno de los principales impulsores de este nuevo sujeto de derecho, también tuvo el mérito de incorporar en tan relevante tarea a diversas miradas, que desde distintas perspectivas y disciplinas expresan una proyección integral de la trascendencia de este aporte. Así, además de los compiladores de este libro, Alberto Acosta y Esperanza Martínez, reconocida ecologista y activa participante de la Asamblea, escriben: Eduardo Galeano, destacado escritor y voz que expresa las heridas abiertas de América volumen 1, número 2, año 2010

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Latina; Carlos Larrea, economista, académico y crítico del modelo de desarrollo; Mario Melo, abogado ambientalista, comprometido en la perspectiva de los derechos colectivos; Eduardo Gudynas, uruguayo, para quien “la naturaleza no es solamente una canasta de recursos al servicio del ser humano” y quien acompañó directamente este debate en la Asamblea Constituyente; Nina Pacari, indígena kichwua, ex Canciller de la República de Ecuador y también asambleísta; Vandana Shiva, reconocida líder india, feminista y ecologista, que levanta su palabra para avanzar a construir lo que ella denomina una nueva “civilización de la selva” y el destacado sociólogo y académico chileno, Antonio Elizalde Hevia, de singular creatividad para imaginar los desafíos de la hora futura e impulsor de la Teoría del Desarrollo a Escala Humana. La consideración de la naturaleza como sujeto de derecho, provoca un cambio radical en la forma como se estructurará la relación en el espacio global. La idea del Estado-nación como referencia única del espacio donde se establece el orden regulatorio de juridicidad, cede por un lado, ante la emergencia de fuertes identidades locales y en particular de las distintas pluralidades étnicas y comunitarias de la región y por el otro, por la creciente constelación de reglas y normas que habitan en el universo globalizado. De este modo, en la complejidad para comprender el fluido de relaciones que hoy día se abren en el campo de las prácticas y de los diálogos jurídicos entre estos distintos espacios, debe incorporarse ahora, como referente central, la determinación de la naturaleza como sujeto de derecho. Esto no sólo constituye un freno para prácticas depredadoras calificadas como “ecocidios”, sino también para incorporar nuevas formas de entender este proceso de unidad, de equilibrio y armonía entre el hombre y la naturaleza y al cual los Estados, gobiernos y sus políticas públicas deben orientarse.

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Este libro es una invitación para traspasar el umbral del paradigma convencional y observar la complejidad superando la fragmentación y la idea de un enfoque antropocentrista, poniendo el acento en el cambio de la idea perversa de que la tierra, y por lo mismo la naturaleza, es una fuente pasiva e inagotable de recursos. Muchos son los caminos que se abren desde la lectura del libro. Uno, la idea de ser una comunidad de la tierra; otro, de superar la idea de sujeto y objeto y la de imaginar las diversas estrategias que deben desplegarse para hacer exigibles la palabra de la naturaleza. Lo invisible se ha hecho visible. El daño y la ofensa quedan descubiertos. Hay una nueva carta que expresa los principios para una sociedad de equilibrio y armonía donde la cosmovisión del Sumak Kawsai o del “buen vivir” sea la misión de la humanidad. Aquellas acciones que por siglos y décadas han estado amparadas en un discurso de un derecho que negaba al otro, hoy revelará una infinidad de conflictos que a nivel local y global tendrán como sujeto protagónico a la naturaleza misma. Este es un viaje apasionante. Quienes queremos defender la vida, quienes queremos defender al hombre, quienes luchamos por la transformación en un horizonte de emancipación, tenemos aquí un libro que nos da el sentido de que todos somos parte de un todo.

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NOTAS * Universidad Bolivariana, Santiago, Chile. Email: mjacques@ubolivariana.cl

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reseñas Insustentabilidades del Capitalismo. Actuel Marx Intervenciones N° 7, Primer Semestre 2009, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 202 páginas

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Actuel Marx / Intervenciones N° 7, primer semestre 2009, Insustentabilidades del Capitalismo María Emilia Tijoux*

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Reflexiones críticas para pensar y actuar contra el abismo de la destrucción ecológica capitalista” La presente reseña busca destacar el número de Actuel Marx Intervenciones que con artículos de Enzo Traverso, Eric Mulot, Ricardo Antunes, Renán Vega Cantor, Roberto Guimarães, José María Tortosa, Anibal Quijano, Michael Lowy, y una entrevista a François Chesnais., dedicamos a las Insustentabilidades del Capitalismo, con el objeto de reflexionar e intercambiar sobre la crisis medioambiental producida en la dimensión planetaria en el contexto político capitalista que opera amparado por los distintos Estados de un mundo sacudido por las crisis económicas, políticas y ecológicas. No cabe duda que la ambición del capitalismo por dominar en todos los campos de la existencia, lo convierte en el incansable depredador que obedece a lógicas de acumulación de riquezas que despojan a la naturaleza de todos los medios que posibilitan la vida. Hombres mujeres y niños ven con desesperanza aumentar la desertificación y el calentamiento climático que agudiza los problemas de sequía en sus países carentes de recursos para enfrentar la falta de agua, obligándolos a desplazarse para sobrevivir mientras sufren problemas sanitarios, enfermedades infecciosas y malnutrición. En India podrían ser treinta millones las personas desplazadas por estas razones y Bangladesh podría desaparecer bajo las aguas, invalidándose para la agricultura a causa de los desprendimientos de terreno. Es en estas condiciones que algunas estimaciones “optimistas”, advierten que el límite de vida del planeta se ubica entre 2030 y 2034, invadiéndonos de un pesimismo que parece confirmar que lo que realmente ocurre es el rápido cumplimiento del proceso de producción de un capitalismo que se expande

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económicamente y geográficamente para organizar procesos de acumulación del capital que explota a los seres humanos y destruye al mismo tiempo la naturaleza. Vemos como la singularidad del capitalismo ha trascendido al mercado y la ganancia, debido a su racionalidad económica proveniente de la civilización occidental que secreta conquistas materiales, científicas y culturales con el propósito de mostrar su potencia por sobre las otras civilizaciones del mundo. Los Estados capitalistas de hoy, “retirados” de lo social, quedan eximidos para exigir restaurar lo que se destruye, por eso es muy complejo y a veces imposible resolver crisis ambientales en contextos donde el capitalismo no solamente expulsa a los habitantes de sus territorios por falta de agua o de alimentos, sino que frecuentemente con ellos viviendo allí, utiliza sus territorios o sus barrios como depósitos de sus desechos contaminantes. La economía mundializada que hoy impera ha generado una destrucción sin precedentes de los ecosistemas, al mismo tiempo que se ha apoderado de la ecología hasta convertirla en dispositivo técnico de un capitalismo que la usa para ocultar el verdadero origen de los problemas ambientales del planeta. Siguiendo a Weber, sigue operando con fuerza el espíritu racional positivo que sustituyó a las creencias tradicionales por el cálculo, la opción estratégica, la autonomización de las funciones y la universalización de las actividades de la sociedad, y su principal triunfo ha sido el construir un mundo desencantado y deshumanizado, del cual surge cada vez más ‘naturalmente’ la violencia como una constante de la vida cotidiana, travistiéndose según los campos donde se introduzca. A pesar de ello, el capitalismo persiste en negar las consecuencias de su destrucción iniciada con la división del trabajo y manifestada en los procesos de diferenciación social.

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El llamado “desarrollo”, por lo tanto, queda completamente cuestionado por la estructuración de un orden mundial que impone con fuerza la diferenciación de los países, según la utilidad que cada uno tenga para el capitalismo. En este marco, los discursos sobre el “desarrollo” proliferan y se consagran a legitimar hasta lo imposible la estructura centro-periferia, principalmente en los momentos más fuertes del neoliberalismo para consolidarse en los países periféricos en torno a los problemas de sus “pobrezas”. Pero no hay que ilusionarse ante dicha ‘inquietud’, pues los capitalistas no trabajan para enfrentarla con fines de resolverla, sino que trabajan para criminalizarla y colocarla como un “peligro”, y tratar sus ‘amenazas’ desde las peores políticas policiales o militares que controlan, encarcelan y reprimen a los sectores populares para salvaguardar la propiedad privada bajo los discursos del orden social. Claramente, este “fantasma” del desarrollo llega cubierto con la sábana de muchas ambigüedades y si lo entendemos como tal, como “fantasma”, debemos examinarlo con cuidado debido a la ilusión que provoca su transparencia, en un intento por comprender que, lo que está realmente en juego no es el desarrollo de la sociedad que nos quiere hacer ver desde su punto de vista, sino el desarrollo del capitalismo mismo, que, ante las crisis que ha debido experimentar por ejemplo, en 2007, busca desesperadamente seguir manteniendo su poder financiero. Si pensamos como Bensaïd, que, el capital lleva la crisis consigo, vale revisar junto con él, a Marx en el Libro I de El Capital respecto a “el proceso de producción del capital” para conocer el momento en que por primera vez la crisis aparece como la consecuencia lógica de la íntima relación que se produce entre los actos de la compra y venta. Aquí Marx critica al equilibrio (supuesto) que establece la compra y la venta desde un vendedor que trae al

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mercado su propio comprador -cuando ya no existe el trueque-, dado que lo que se intercambia es mercancía contra dinero, y la vida de la mercancía queda suspendida a los deseos y caprichos de su comprador, como a sus medios o a su posibilidad de solventarse. Sólo será en el siglo XIX, con el crecimiento de las naciones industrializadas, que la crisis surgirá asociada a los ciclos económicos de la economía capitalista. Vemos bien que el Estado como servidor del capitalismo, no tiene intención de restaurar lo que destruye y por lo tanto es necesario trabajar para dar cuenta que dicha retirada es real, para descubrir cómo se han hecho posibles sus condiciones y sus determinaciones históricas y para explicar la diferente trayectoria del desarrollo del patrón del poder capitalista entre las regiones y los países del mundo. Podemos preguntarnos entonces, si dadas las actuales características y tendencias mundiales de dicho patrón de poder o de su “globalización”, puede ser realista todavía por ejemplo para los países latinoamericanos, seguir creyendo en la posibilidad del “desarrollo” capitalista. No podemos ser tan ciegos ante una realidad que cotidianamente se apodera de nuestras subjetividades y que nos ciega ante el desarrollismo que sigue pasando ante nuestra puerta acostumbrándonos a su presencia, especialmente cuando nos preocupamos por las situaciones de criminalización y estigmatización social que viven una mayoría. Entonces, si nos ocupamos en descubrir las distintas perversiones de este capitalismo que nos allega la bandeja del “desarrollo” podremos interrogar también las contradicciones que contiene el discurso del “desarrollo sustentable”, proveniente del mismo “desarrollo” propuesto por el capitalismo. Las contradicciones por una parte son retóricas e ideológicas, pues prometen lo que no pueden dar y por otra nos permiten examinar los ejes de una sustentabilidad que se sostiene por ejemplo, en propuestas de

los empresarios respecto a los cuidados del medio ambiente, cuando sabemos que es justamente la extracción de las riquezas naturales la que llena sus arcas de ganancias. Por supuesto que no es fácil enfrentar estas situaciones cuando el poder tiene en sus manos todas las herramientas para mantenernos quietos ante su poderosa destrucción y ante sus propuestas superficiales que buscan maquillar del mejor modo el cuerpo de un planeta tan dañado en el que sin embargo todos vivimos. Sin embargo es necesario al menos tener medianamente claro lo que el capitalismo trae consigo. Marx ya había planteado que el capitalismo proponía un desarrollo destructivo ante el cual podemos pensar en una alternativa que considerara los principales preceptos el movimiento ecologista junto a los elementos que propone la crítica de la economía política, una propuesta por tanto ecosocialista que enfrente a la ecología mercantil. Esto involucra la participación de los ciudadanos, tal como lo demuestran las experiencias de Porto Alegre y el presupuesto participativo, las áreas libres que se han desarrollado en algunos países de Europa, las cooperativas de agricultura orgánica de los campesinos brasileros, entre otras. No puede haber transformaciones radicales sin fuerzas que se comprometan con un programa ecológico. Y aunque no haya motivos de optimismo ante el poder de las elites reinantes, solo la suma de pequeñas fuerzas de oposición pueden ser la esperanza para detener el desarrollo destructivo del capitalismo. Después de la destrucción de Hiroshima no hubo una crítica que abordara las consecuencias de la destrucción y la barbarie de la guerra y es necesario sacar las lecciones de un hecho que nos hace pensar que si queremos abordar los problemas de la destrucción ecológica que se ha generalizado hay que hacerlo considerando las relaciones que el capitalismo teje con la naturaleza, de

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lo contrario estar铆amos negando el impacto que tiene sobre los recursos naturales negando al mismo tiempo con ello la destrucci贸n de muchas poblaciones en el mundo.

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NOTAS * Universidad de Chile, Santiago, Chile. Email: emiliatijoux@gmail.com

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Hoy, nuestra Madre Tierra está herida y el futuro de la humanidad está en peligro. De incrementarse el calentamiento global en más de 2º C, a lo que nos conduciría el llamado “Entendimiento de Copenhague” existe el 50% de probabilidades de que los daños provocados a nuestra Madre Tierra sean totalmente irreversibles. Entre un 20% y un 30% de las especies estaría en peligro de desaparecer. Grandes extensiones de bosques serían afectadas, las sequías e inundaciones afectarían diferentes regiones del planeta, se extenderían los desiertos y se agravaría el derretimiento de los polos y los glaciares en los Andes y los Himalayas. Muchos Estados insulares desaparecerían y el África sufriría un incremento de la temperatura de más de 3º C. Así mismo, se reduciría la producción de alimentos en el mundo con efectos catastróficos para la supervivencia de los habitantes de vastas regiones del planeta, y se incrementaría de forma dramática el número de hambrientos en el mundo, que ya sobrepasa la cifra de 1.020 millones de personas. Las corporaciones y los gobiernos de los países denominados “más desarrollados”, en complicidad con un segmento de la comunidad científica, nos ponen a discutir el cambio climático como un problema reducido a la elevación de la temperatura sin cuestionar la causa que es el sistema capitalista. Confrontamos la crisis terminal del modelo civilizatorio patriarcal basado en el sometimiento y destrucción de seres humanos y naturaleza que se aceleró con la revolución industrial. El sistema capitalista nos ha impuesto una lógica de competencia, progreso y crecimiento ilimitado. Este régimen de producción y consumo busca la ganancia volumen 1, número 2, año 2010

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sin límites, separando al ser humano de la naturaleza, estableciendo una lógica de dominación sobre ésta, convirtiendo todo en mercancía: el agua, la tierra, el genoma humano, las culturas ancestrales, la biodiversidad, la justicia, la ética, los derechos de los pueblos, la muerte y la vida misma. Bajo el capitalismo, la Madre Tierra se convierte en fuente sólo de materias primas y los seres humanos en medios de producción y consumidores, en personas que valen por lo que tienen y no por lo que son. El capitalismo requiere una potente industria militar para su proceso de acumulación y el control de territorios y recursos naturales, reprimiendo la resistencia de los pueblos. Se trata de un sistema imperialista de colonización del planeta. La humanidad está frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo, la depredación y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida. Requerimos forjar un nuevo sistema que restablezca la armonía con la naturaleza y entre los seres humanos. Sólo puede haber equilibrio con la naturaleza si hay equidad entre los seres humanos. Planteamos a los pueblos del mundo la recuperación, revalorización y fortalecimiento de los conocimientos, sabidurías y prácticas ancestrales de los Pueblos Indígenas, afirmados en la vivencia y propuesta de “Vivir Bien”, reconociendo a la Madre Tierra como un ser vivo, con el cual tenemos una relación indivisible, interdependiente, complementaria y espiritual. Para enfrentar el cambio climático debemos reconocer a la Madre Tierra como la fuente de la vida y forjar un nuevo sistema basado en los principios de:

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armonía y equilibrio entre todos y con todo; complementariedad, solidaridad, y equidad; bienestar colectivo y satisfacción de las necesidades fundamentales de todos en armonía con la Madre Tierra; respeto a los Derechos de la Madre Tierra y a los Derechos Humanos; reconocimiento del ser humano por lo que es y no por lo que tiene ; eliminación de toda forma de colonialismo, imperialismo e intervencionismo; paz entre los pueblos y con la Madre Tierra. El modelo que propugnamos no es de desarrollo destructivo ni ilimitado. Los países necesitan producir bienes y servicios para satisfacer las necesidades fundamentales de su población, pero de ninguna manera pueden continuar por este camino de desarrollo en el cual los países más ricos tienen una huella ecológica 5 veces más grande de lo que el planeta es capaz de soportar. En la actualidad ya se ha excedido en más de un 30% la capacidad del planeta para regenerarse. A este ritmo de sobreexplotación de nuestra Madre Tierra se necesitarían 2 planetas para el 2030. En un sistema interdependiente del cual los seres humanos somos uno de sus componentes no es posible reconocer derechos solamente a la parte humana sin provocar un desequilibrio en todo el sistema. Para garantizar los derechos humanos y restablecer la armonía con la naturaleza es necesario reconocer y aplicar efectivamente los derechos de la Madre Tierra. Para ello proponemos el proyecto adjunto de Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra en el cual se consignan: Derecho a la vida y a existir; Derecho a ser respetada;

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Derecho a la continuación de sus ciclos y procesos vitales libre de alteraciones humanas; Derecho a mantener su identidad e integridad como seres diferenciados, auto-regulados e interrelacionados; Derecho al agua como fuente de vida; Derecho al aire limpio; Derecho a la salud integral; Derecho a estar libre de la contaminación y polución, de desechos tóxicos y radioactivos; Derecho a no ser alterada genéticamente y modificada en su estructura amenazando su integridad o funcionamiento vital y saludable. Derecho a una restauración plena y pronta por las violaciones a los derechos reconocidos en esta Declaración causados por las actividades humanas. La visión compartida es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero para hacer efectivo el Artículo 2 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático que determina “la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropogénicas peligrosas para el sistema climático”. Nuestra visión es, sobre la base del principio de las responsabilidades históricas comunes pero diferenciadas, exigir que los países desarrollados se comprometan con metas cuantificadas de reducción de emisiones que permitan retornar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a 300 ppm y así, limitar el incremento de la temperatura media global a un nivel máximo de 1°C. Enfatizando la necesidad de acción urgente para lograr esta visión, y con el apoyo de los pueblos, movimientos y países, los países desarrollados deberán comprometerse con metas ambiciosas de reducción de emisiones que permitan alcanzar objetivos a corto plazo, manteniendo nuestra visión a favor del equilibrio del sistema climático de

la Tierra, de acuerdo al objetivo último de la Convención. La “visión compartida” para la “Acción Cooperativa a Largo Plazo” no debe reducirse en la negociación de cambio climático a definir el límite en el incremento de la temperatura y la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, sino que debe comprender de manera integral y equilibrada un conjunto de medidas financieras, tecnológicas, de adaptación, de desarrollo de capacidades, de patrones de producción, consumo y otras esenciales como el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra para restablecer la armonía con la naturaleza. Los países desarrollados, principales causantes del cambio climático, asumiendo su responsabilidad histórica y actual, deben reconocer y honrar su deuda climática en todas sus dimensiones, como base para una solución justa, efectiva y científica al cambio climático. En este marco exigimos a los países desarrollados que: Restablezcan a los países en desarrollo el espacio atmosférico que está ocupado por sus emisiones de gases de efecto invernadero. Esto implica la descolonización de la atmósfera mediante la reducción y absorción de sus emisiones. Asuman los costos y las necesidades de transferencia de tecnología de los países en desarrollo por la pérdida de oportunidades de desarrollo por vivir en un espacio atmosférico restringido. Se hagan responsables por los cientos de millones que tendrán que migrar por el cambio climático que han provocado y que eliminen sus políticas restrictivas de migración y ofrezcan a los migrantes una vida digna y con todos los derechos en sus países. Asuman la deuda de adaptación relacionadas a los impactos del cambio

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climático en los países en desarrollo proveyendo los medios para prevenir, minimizar y atender los daños que surgen de sus excesivas emisiones. Honren estas deudas como parte de una deuda mayor con la Madre Tierra adoptando y aplicando la Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra en las Naciones Unidas.

países desarrollados ofertar reducciones insuficientes de gases de efecto invernadero, basadas en compromisos voluntarios e individuales, que violan la integridad ambiental de la Madre Tierra conduciéndonos a un aumento de alrededor de 4ºC.

La próxima Conferencia sobre Cambio Climático a realizarse a fines de año en México debe aprobar la enmienda El enfoque debe ser no solamente al Protocolo de Kioto, para el segundo de compensación económica, sino período de compromisos a iniciarse principalmente de justicia restaurativa en 2013 a 2017 en el cual los países – es decir restituyendo la desarrollados deben integridad a las personas comprometer reducciones y a los miembros que El enfoque debe domésticas significativas forman una comunidad ser no solamente de al menos el 50% de vida en la Tierra. respecto al año base de de compensación 1990 sin incluir mercados Deploramos el intento económica, sino de carbono u otros de un grupo de países principalmente sistemas de desviación de anular el Protocolo que enmascaran el de justicia de Kioto el único incumplimiento de las instrumento legalmente restaurativa – es reducciones reales de vinculante específico decir restituyendo emisiones de gases de para la reducción de las efecto invernadero. la integridad a emisiones de gases de las personas y efecto invernadero de los Requerimos establecer a los miembros primero una meta para países desarrollados. que forman una el conjunto de los países Advertimos al mundo desarrollados para luego comunidad de que no obstante estar realizar la asignación obligados legalmente las vida en la Tierra. individual para cada país emisiones de los países desarrollado en el marco desarrollados en lugar de reducir, de una comparación de esfuerzos entre crecieron en un 11,2% entre 1990 y cada uno de ellos, manteniendo así el 2007. sistema del Protocolo de Kioto para las reducciones de las emisiones. Estados Unidos a causa del consumo ilimitado aumentó sus emisiones de GEI Los Estados Unidos de América, en su en 16,8% durante el periodo 1990 al carácter de único país de la Tierra del 2007, emitiendo como promedio entre Anexo 1 que no ratificó el Protocolo 20 y 23 toneladas anuales de CO2 por de Kioto tiene una responsabilidad habitante, lo que representa más de 9 significativa ante todos los pueblos del veces las emisiones correspondientes mundo por cuanto debe ratificar el a un habitante promedio del Tercer Protocolo de Kioto y comprometerse Mundo, y más de 20 veces las emisiones a respetar y dar cumplimiento a los de un habitante de África Subsahariana. objetivos de reducción de emisiones a escala de toda su economía. Rechazamos de manera absoluta el ilegítimo “Entendimiento de Los pueblos tenemos los mismos Copenhague”, que permite a estos derechos de protección ante los

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impactos del cambio climático y rechazamos la noción de adaptación al cambio climático entendida como la resignación a los impactos provocados por las emisiones históricas de los países desarrollados, quienes deben adaptar sus estilos de vida y de consumo ante esta emergencia planetaria. Nos vemos forzados a enfrentar los impactos del cambio climático, considerando la adaptación como un proceso y no como una imposición, y además como herramienta que sirva para contrarrestarlos, demostrando que es posible vivir en armonía bajo un modelo de vida distinto. Es necesario construir un Fondo de Adaptación, como un fondo exclusivo para enfrentar el cambio climático como parte de un mecanismo financiero manejado y conducido de manera soberana, transparente y equitativa por nuestros Estados. Bajo este Fondo se debe valorar: los impactos y sus costos en países en desarrollo y las necesidades que estos impactos deriven, y registrar y monitorear el apoyo por parte de países desarrollados. Éste debe manejar además un mecanismo para el resarcimiento por daños por impactos ocurridos y futuros, por pérdida de oportunidades y la reposición por eventos climáticos extremos y graduales, y costos adicionales que podrían presentarse si nuestro planeta sobrepasa los umbrales ecológicos así como aquellos impactos que están frenando el derecho a Vivir Bien. El “Entendimiento de Copenhague” impuesto sobre los países en desarrollo por algunos Estados, más allá de ofertar recursos insuficientes, pretende en si mismo dividir y enfrentar a los pueblos y pretende extorsionar a los países en desarrollo condicionando el acceso a recursos de adaptación a cambio de medidas de mitigación. Adicionalmente se establece como inaceptable que en los procesos de negociación internacional se intente categorizar a los países en desarrollo por su vulnerabilidad al

cambio climático, generando disputas, desigualdades y segregaciones entre ellos. El inmenso desafío que enfrentamos como humanidad para detener el calentamiento global y enfriar el planeta sólo se logrará llevando adelante una profunda transformación en la agricultura hacia un modelo sustentable de producción agrícola campesino e indígena/originario, y otros modelos y prácticas ancestrales ecológicas que contribuyan a solucionar el problema del cambio climático y aseguren la Soberanía Alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a controlar sus propias semillas, tierras, agua y la producción de alimentos, garantizando, a través de una producción en armonía con la Madre Tierra, local y culturalmente apropiada, el acceso de los pueblos a alimentos suficientes, variados y nutritivos en complementación con la Madre Tierra y profundizando la producción autónoma (participativa, comunitaria y compartida) de cada nación y pueblo. El Cambio Climático ya está produciendo profundos impactos sobre la agricultura y los modos de vida de los pueblos indígenas/originarios y campesinos del mundo y estos impactos se irán agravando en el futuro. El agro negocio a través de su modelo social, económico y cultural de producción capitalista globalizada y su lógica de producción de alimentos para el mercado y no para cumplir con el derecho a la alimentación, es una de las causas principales del cambio climático. Sus herramientas tecnológicas, comerciales y políticas no hacen más que profundizar la crisis climática e incrementar el hambre en el planeta. Por esta razón rechazamos los Tratados de Libre Comercio y Acuerdos de Asociación y toda forma de aplicación de los Derechos de Propiedad Intelectual sobre la vida,

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los paquetes tecnológicos actuales (agroquímicos, transgénicos) y aquellos que se ofrecen como falsas soluciones (agrocombustibles, geoingeniería, nanotecnología, tecnología Terminator y similares) que únicamente agudizarán la crisis actual. Al mismo tiempo denunciamos como este modelo capitalista impone megaproyectos de infraestructura, invade territorios con proyectos extractivistas, privatiza y mercantiliza el agua y militariza los territorios expulsando a los pueblos indígenas y campesinos de sus territorios, impidiendo la Soberanía Alimentaria y profundizando la crisis socioambiental. Exigimos reconocer el derecho de todos los pueblos, los seres vivos y la Madre Tierra a acceder y gozar del agua y apoyamos la propuesta del Gobierno de Bolivia para reconocer al agua como un Derecho Humano Fundamental. La definición de bosque utilizada en las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la cual incluye plantaciones, es inaceptable. Los monocultivos no son bosques. Por lo tanto, exigimos una definición para fines de negociación que reconozca los bosques nativos y la selva y la diversidad de los ecosistemas de la tierra. La Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas debe ser plenamente reconocida, implementada e integrada en las negociaciones de cambio climático. La mejor estrategia y acción para evitar la deforestación y degradación y proteger los bosques nativos y la selva es reconocer y garantizar los derechos colectivos de las tierras y territorios considerando especialmente que la mayoría de los bosques y selvas están en los territorios de pueblos y naciones indígenas, comunidades campesinas y tradicionales.

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Condenamos los mecanismos de mercado, como el mecanismo de REDD (Reducción de emisiones por la deforestación y degradación de bosques) y sus versiones + y ++, que está violando la soberanía de los Pueblos y su derecho al consentimiento libre, previo e informado, así como a la soberanía de Estados nacionales, y viola los derechos, usos y costumbres de los Pueblos y los Derechos de la Naturaleza. Los países contaminadores están obligados a transferir de manera directa los recursos económicos y tecnológicos para pagar la restauración y mantenimiento de los bosques y selvas, en favor de los pueblos y estructuras orgánicas ancestrales indígenas, originarias, campesinas. Esto deberá ser una compensación directa y adicional a las fuentes de financiamiento comprometidas por los países desarrollados, fuera del mercado de carbono y nunca sirviendo como las compensaciones de carbono (offsets). Demandamos a los países a detener las iniciativas locales en bosques y selvas basados en mecanismos de mercado y que proponen resultados inexistentes y condicionados. Exigimos a los gobiernos un programa mundial de restauración de bosques nativos y selvas, dirigido y administrado por los pueblos, implementando semillas forestales, frutales y de flora autóctona. Los gobiernos deben eliminar las concesiones forestales y apoyar la conservación del petróleo bajo la tierra y que se detenga urgentemente la explotación de hidrocarburos en las selvas. Exigimos a los Estados que reconozcan, respeten y garanticen la efectiva aplicación de los estándares internacionales de derechos humanos y los derechos de los Pueblos Indígenas, en particular la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el Convenio 169 de la OIT, entre otros instrumentos pertinentes, en el marco de las negociaciones, políticas y medidas para resolver los desafíos

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planteados por el cambio climático. En especial, demandamos a los Estados a que reconozcan jurídicamente la preexistencia del derecho sobre nuestros territorios, tierras y recursos naturales para posibilitar y fortalecer nuestras formas tradicionales de vida y contribuir efectivamente a la solución del cambio climático. Demandamos la plena y efectiva aplicación del derecho a la consulta, la participación y el consentimiento previo, libre e informado de los Pueblos Indígenas en todos los procesos de negociación así como en el diseño e implementación de las medidas relativas al cambio climático. En la actualidad la degradación medioambiental y el cambio climático alcanzarán niveles críticos, siendo una de las principales consecuencias la migración interna así como internacional. Según algunas proyecciones en 1995 existían alrededor de 25 millones de migrantes climáticos, al presente se estima en 50 millones y las proyecciones para el año 2050 son de 200 a 1000 millones de personas que serán desplazadas por situaciones derivadas del cambio climático. Los países desarrollados deben asumir la responsabilidad sobre los migrantes climáticos, acogiéndolos en sus territorios y reconociendo sus derechos fundamentales, a través de la firma de convenios internacionales que contemplen la definición de migrante climático para que todos los Estados acaten sus determinaciones. Constituir un Tribunal Internacional de Conciencia para denunciar, hacer visible, documentar, juzgar y sancionar las violaciones de los derechos de los(s) migrantes, refugiados(as) y desplazados en los países de origen, tránsito y destino, identificando claramente las responsabilidades de los Estados, compañías y otros actores.

El financiamiento actual destinado a los países en desarrollo para cambio climático y la propuesta del Entendimiento de Copenhague son ínfimos. Los países desarrollados deben comprometer un financiamiento anual nuevo, adicional a la Ayuda Oficial al Desarrollo y de fuente pública, de al menos 6% de su PIB para enfrentar el cambio climático en los países en desarrollo. Esto es viable tomando en cuenta que gastan un monto similar en defensa nacional y destinaron 5 veces más para rescatar bancos y especuladores en quiebra, lo que cuestiona seriamente sus prioridades mundiales y su voluntad política. Este financiamiento debe ser directo, sin condicionamiento y no vulnerar la soberanía nacional ni la autodeterminación de las comunidades y grupos más afectados. En vista de la ineficiencia del mecanismo actual, en la Conferencia de México se debe establecer un nuevo mecanismo de financiamiento que funcione bajo la autoridad de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre cambio Climático rindiendo cuentas a la misma, con una representación significativa de los países en desarrollo para garantizar el cumplimiento de los compromisos de financiamiento de los países Anexo 1. Se ha constatado que los países desarrollados incrementaron sus emisiones en el periodo 1990 – 2007, no obstante haber manifestado que la reducción se vería sustancialmente coadyuvada con mecanismos de mercado. El mercado de carbono se ha transformado en un negocio lucrativo, mercantilizando nuestra Madre Tierra, esto no representa una alternativa para afrontar el cambio climático, puesto que saquea, devasta la tierra, el agua e incluso la vida misma. La reciente crisis financiera ha demostrado que el mercado es incapaz

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de regular el sistema financiero, que es frágil e inseguro ante la especulación y la aparición de agentes intermediarios, por lo tanto, sería una total irresponsabilidad dejar en sus manos el cuidado y protección de la propia existencia humana y de nuestra Madre Tierra. Consideramos inadmisible que las negociaciones en curso pretendan la creación de nuevos mecanismos que amplíen y promuevan el mercado de carbono toda vez que los mecanismos existentes nunca resolvieron el problema del Cambio Climático ni se transformaron en acciones reales y directas en la reducción de gases de efecto invernadero. Es imprescindible exigir el cumplimento de los compromisos asumidos por los países desarrollados en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático respecto al desarrollo y transferencia de tecnología, así como rechazar la “vitrina tecnológica” propuesta por países desarrollados que solamente comercializan la tecnología. Es fundamental establecer los lineamientos para crear un mecanismo multilateral y multidisciplinario para el control participativo, la gestión y la evaluación continua del intercambio de tecnologías. Estas tecnologías deben ser útiles, limpias, y socialmente adecuadas. De igual manera es fundamental el establecimiento de un fondo de financiamiento e inventario de tecnologías apropiadas y liberadas de derechos de propiedad intelectual, en particular, de patentes que deben pasar de monopolios privados a ser de dominio público, de libre accesibilidad y bajo costo. El conocimiento es universal, y por ningún motivo puede ser objeto de propiedad privada y de utilización privativa, como tampoco sus aplicaciones en forma de tecnologías. Es deber de los países desarrollados compartir su tecnología con países en desarrollo, crear centros

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de investigación para la creación de tecnologías e innovaciones propias, así como defender e impulsar su desarrollo y aplicación para el vivir bien. El mundo debe recuperar, aprender, reaprender los principios y enfoques del legado ancestral de sus pueblos originarios para detener la destrucción del planeta, así como los conocimientos y prácticas ancestrales y recuperación de la espiritualidad en la reinserción del vivir bien juntamente con la Madre Tierra. Considerando la falta de voluntad política de los países desarrollados para cumplir de manera efectiva sus compromisos y obligaciones asumidos en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto, y frente a la inexistencia de una instancia legal internacional que prevenga y sancione todos aquellos delitos y crímenes climáticos y ambientales que atenten contra los derechos de la Madre Tierra y la humanidad, demandamos la creación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática y Ambiental que tenga la capacidad jurídica vinculante de prevenir, juzgar y sancionar a los Estados, las Empresas y personas que por acción u omisión contaminen y provoquen el cambio climático. Respaldar a los Estados que presenten demandas en la Corte Internacional de Justicia contra los países desarrollados que no cumplen con sus compromisos bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto incluyendo sus compromisos de reducción de gases de efecto invernadero. Instamos a los pueblos a proponer y promover una profunda reforma de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para que todos sus Estados miembros cumplan las decisiones del Tribunal Internacional de Justicia Climática y Ambiental. El futuro de la humanidad está en

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2011 como parte de este proceso de construcción del Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra y para reaccionar frente a los resultados de la Conferencia de Cambio Climático que se realizará a fines de año en Cancún, México. 22 de Abril Cochabamba, Bolivia

El proceso del Referéndum Mundial, plebiscito o consulta popular será fruto de un proceso de preparación que asegure el desarrollo exitoso del mismo. Con el fin de coordinar nuestro accionar internacional e implementar los resultados del presente “Acuerdo de los Pueblos” llamamos a construir un Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra que se basará en los principios de complementariedad y respeto a la diversidad de origen y visiones de sus integrantes, constituyéndose en un espacio amplio y democrático de coordinación y articulación de acciones a nivel mundial. Con tal propósito, adoptamos el plan de acción mundial adjunto para que en México los países desarrollados del Anexo 1 respeten el marco legal vigente y reduzcan sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 50 % y se asuman las diferentes propuestas contenidas en este Acuerdo. Finalmente, acordamos realizar la 2ª Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra en el

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peligro y no podemos aceptar que un grupo de gobernantes de países desarrollados quieran definir por todos los países como lo intentaron hacer infructuosamente en la Conferencia de las Partes de Copenhague. Esta decisión nos compete a todos los pueblos. Por eso es necesaria la realización de un Referéndum Mundial, plebiscito o consulta popular, sobre el cambio Climático en el cuál todos seamos consultados sobre: el nivel de reducciones de emisiones que deben hacer los países desarrollados y las empresas transnacionales; el financiamiento que deben proveer los países desarrollados; la creación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática; la necesidad de una Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra y; la necesidad de cambiar el actual sistema capitalista.

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INSTRUCTIVO PARA AUTORES

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Recepción de artículos: Los artículos presentados para su publicación deben ser ensayos y/o resultados de investigaciones, inéditos o no publicados en castellano o portugués, los cuales serán sometidos a un proceso de doble arbitraje ciego que evaluará la originalidad del texto, su desarrollo, la calidad de su argumentación y su relevancia y que dura al menos cuatro meses. Los autores cuyos artículos publiquemos ceden los derechos de los artículos publicados a la revista, y están protegidos por el Registro de Propiedad Intelectual y su reproducción en cualquier medio, incluido electrónico, debe ser autorizada por los editores de la revista. Envío de artículos: Los artículos deben ser enviados por correo electrónico a: antonio.elizalde@gmail.com con copia a: aelizalde@ubolivariana.cl Arbitraje: Todos los artículos recibidos, que cumplan con los requisitos formales de presentación, son sometidos a un sistema de doble evaluación ciega de alguno de los integrantes de nuestro cuerpo de árbitros o comité editorial. En casos dudosos es sometido a un nuevo arbitraje. Bibliografía: Es necesaria y se ubica al final de cada artículo. Va ordenada alfabéticamente por el apellido del autor, y empleamos el sistema APA modificado. Por ejemplo: Ibáñez, J. (1991) El regreso del sujeto, Amerindia, Santiago de Chile. Sólo se menciona la ciudad, salvo que hubiera varias con el mismo nombre y, entonces, indicamos el país. Si se citan capítulos o artículos, su nombre va entre comillas, y sólo el título del libro o revista va con cursiva. Por ejemplo: Piñeyro, Nidia (2006), “Agua y semiótica” en Polis Nº15, Revista de la Universidad Bolivariana, Santiago. (Sólo hacemos uso de “,”). Si un nombre se repite en la

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bibliografía es recomendable “Idem”. Por ejemplo:

usar

Leff, E. (1994), Ecología y Capital; Racionalidad Ambiental, Democracia Participativa y Desarrollo Sustentable, Siglo XXI Editores/UNAM, México (séptima edición, 2007). Idem (2004), Racionalidad Ambiental. La Reapropiación Social de la Naturaleza. Siglo XXI Editores, México. Comillas: son siempre dobles. No usamos comillas simples. Cursivas: las empleamos sólo para títulos de libros y para palabras en idiomas extranjeros. Para destacar palabras o frases usamos negritas. Citas: en el texto y las notas van entre paréntesis donde sólo aparece el primer apellido del autor, el año del libro o artículo que aparece en la bibliografía. Si es textual debe ir también el número de la página con dos puntos. Por ejemplo: “(Smith 1998: 143)”. Si se repite la cita de un mismo autor y texto, en un mismo párrafo, es preferible usar “(Ibid)”, si es la misma página, si no lo es se puede usar así “(Ibid: 46)”. Extensión: los artículos debe mantenerse entre 10 y 20 páginas (entre 5.000 y 10.000 palabras, incluyendo bibliografía completa), en tamaño carta, sin numeración de página, con caracteres “Times New Roman” 11 a espacio 1,5 líneas. Gráficos: el artículo puede contenerlos sólo en color negro. Se sugiere que las letras vayan también en Times New Roman, y sólo la primera en mayúscula. Mayúsculas: pedimos evitar su uso excesivo, de acuerdo a las normas habituales: nombres propios, después de un punto, con signos de interrogación, etc.

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Notas: se emplea el sistema automático y van con números pequeños, no con paréntesis, y su contenido se ubica a pie de página. Aconsejamos limitar su extensión y cantidad, puesto que esta no es una revista técnica o especializada, sino que está dirigido a un público universitario amplio. En el texto y las notas, la bibliografía debe ir sólo mencionada con el primer apellido del autor, la fecha de la edición que se ha empleado y el número de página, precedido por dos puntos. Por ejemplo: “(Ferrater-Mora 2001: 246)”. Referencia del artículo: se realiza con un asterisco (*), e indica al lector si forma parte de una investigación o si fue presentado a un congreso. Puede contener agradecimientos institucionales o personales. Referencia sobre el (los) autor(es): Al inicio del artículo, junto al nombre y bajo el título se indican con un asterisco simple (*) si no hubiera referencia sobre el artículo, y si la hubiera entonces se emplea doble (**). Sus contenidos van al pié de la primera página con un simple y doble asterisco, en la misma letra y tamaño 10. Dicha referencia debe contener sólo: la institución de referencia (sólo una), ciudad, país y correo electrónico y/o dirección completa. Subrayados y enumeraciones: se excluyen los subrayados, y signos especiales, así como el uso de procedimientos para enmarcar con color los párrafos. Las enumeraciones van incorporadas a párrafos. Subtítulos: van en letra tamaño 12. Si hubiera subtítulos menores se usa la letra tamaño 11. No llevan número. Sólo la primera palabra va en mayúscula. Van centrados y con negrita. Se sugiere que no excedan de una línea. Títulos: Sugerimos que los títulos no excedan de 15 palabras, Este debe incluir su traducción al inglés. Sólo la

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primera palabra va con mayúscula y es preferible evitar los subtítulos. En el artículo van con tamaño 14 y negrita centrados, y en el mismo tamaño, y al costado derecho, va el nombre del o los autores, pero sin negrita, ubicados al costado derecho. Resúmenes: no deben tener más de 150 palabras y cuatro o cinco palabras claves, y un abstract en inglés con las mismas características.

volumen 1, número 2, año 2010

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