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OPINIÓN

Diego e. ArriA Diplomático

Crimen y castigo y crimen sin castigo

L

a historia muestra casos de criminales que se arrepienten y reciben su castigo y otros que nunca lo hacen. El ejemplo más conocido del primer grupo es seguramente el del joven Raskólnikov, protagonista de la novela de Fedor Dostoievski, Crimen y castigo. Un estudiante, a pesar de provenir de una familia muy humilde en la Rusia imperial, está convencido de pertenecer a un grupo de superhombres comparables solo con Napoleón. Afectado por su megalomanía, Raskólnikov asesina y roba a una anciana avara a quien considera un parásito inconveniente a los fines superiores de la sociedad. Actúa convencido de que su excepcionalidad no lo obliga a estar condicionado por los límites morales que afectan a las personas “ordinarias”. Pero al poco tiempo de cometer su crimen se entrega a la justicia al percatarse de que no es el hombre superior que creía ser, sino que pertenece al tipo de seres como el de la anciana que tanto desprecia, y que no puede vivir atormentado por su arrepentimiento. Dostoievski describe desgarradoramente cómo el sentimiento de culpa de un criminal puede llegar a convertirse en una de las torturas más intensas que puede soportar el alma de un ser humano. El otro grupo representa un peligro extraordinario para la sociedad en general, está integrado por aquellos que cometen crímenes sin que la sombra de la culpa inquiete sus conciencias. Igual que el joven ruso, están convencidos y actúan como si fuesen superhombres, que trascienden limitaciones morales y legales. 42

PODER Y NEGOCIOS

Muy lejos de las estepas rusas, en Venezuela, un jefe de Estado, golpista reconocido, que ha convertido a su régimen en una pandilla militarizada es su principal exponente. Veamos por qué. En febrero de 1992 intentó un golpe de Estado que le causó la muerte a más de cien personas y casi también la del entonces presidente Carlos Andrés Pérez, la de su esposa e

falsa creencia de que todo ocurrió por un golpe de Estado que nunca existió. Cuando los venezolanos recuperemos la justicia, la denuncia pública de su compañero golpista en febrero de 1992, el comandante Francisco Arias Cárdenas, retumbará en los tribunales nacionales e internacionales: “Estamos frente a un asesino, Hugo Chávez, autor intelectual y jefe

Dostoievski describe desgarradoramente cómo el sentimiento de culpa de un criminal puede llegar a convertirse en una de las torturas más intensas que puede soportar el alma de un ser humano hijas, cuya residencia fue atacada con morteros por órdenes suyas. Por ahora, sigue en libertad. El 11 de abril del 2002 el mismo Presidente, atemorizado por una manifestación pacífica sin precedentes, de hombres, mujeres y niños, ordenó utilizar tanques para reprimirla. Los integrantes del Alto Mando Militar, conociendo las implicaciones penales y la corresponsabilidad que tendría el uso de tanques contra civiles desarmados, le solicitaron la renuncia, “la cual aceptó”. Ese día murieron 19 personas a manos de bandas armadas y francotiradores vinculados al oficialisimo. El régimen venezolano, con control absoluto del Poder Judicial, no castigó a los culpables, sino que convirtió a esos criminales en víctimas, y a los que intentaron evitar las muertes, en criminales. Un intento perverso de fraude histórico para crear la

MAYO 2009 • www.poder360.com

de esa banda de delincuentes que ordenó el apostamiento de los francotiradores. Un Presidente asesino manchado con la sangre de los venezolanos”, dijo el 11 de abril de 2002. Raskólnikov se entregó a la justicia sin necesidad de ser denunciado, a diferencia de Hugo Chávez, igualmente megalómano, convencido de que los muertos y los condenados pertenecen al grupo de los ordinarios, no como él, quien se asume como un superhombre sólo comparable con Simón Bolívar, sin obligaciones morales o legales como para entregarse a la justicia. Claro, no le teme. Es su amo, pero más temprano que tarde la justicia se hará cargo de él. 1

LA DecLArAción compLetA De pueDe ser vistA en:

AriAs cárDenAs

www.youtube.com/watch?v=lNqnxs6oT54 &feature=related).


PODER, Mayo