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FR. JOSÉ DE GUADALUPE MOJICA OFM

MEMORIAS EN EL PERÚ Compilación y estudio:

Nivardo Córdova Salinas Rimactampu Ediciones 2017


"Fr. José de Guadalupe Mojica OFM. Memorias en el Perú" Agradecimiento especial a:

Fr. Abel Pácheco Sánchez OFM y Fr. Carlos Montesinos Ampuero OFM, de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú y el Archivo San Francisco de Lima. Con apoyo de:

Miriam Aranibar Reyes y Cayetano Villavicencio Wenner, en Perú. Mario Ronquillo y Jorge Cruz Roussek, en México. Compilación y estudio: Lic. Nivardo Vasni Córdova Salinas E‐mail: nivardo.cordova@gmail.com

Sitio web: https://nivardocordova.wordpress.com Teléfono (+51) 967028672 RIMACTAPU EDICIONES Lima, Perú 2017 Nota del editor : Se puede citar cada uno de los textos del presente investigación bibliográfica siempre y cuando se mencione la fuente, al autor Fr. José Mojica y al compilador de los artículos.


FR. JOSÉ DE GUADALUPE MOJICA OFM

MEMORIAS EN EL PERÚ Compilación y estudio:

Nivardo Córdova Salinas Rimactampu Ediciones 2017


FR. JOSÉ DE GUADALUPE MOJICA OFM

MEMORIAS EN EL PERÚ


CONTENIDO

- Prólogo. Fr. Guido Zegarra. Ministro Provincial de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú. - Testimonio sobre Fr. José Mojica. Fr, Abel Pacheco Sánchez OFM. Director del Archivo San Francisco de Lima. - Acerca de la revista "Ensayos" - Escritos de Fr. José Mojica en el Perú. - Uno de tantos aletazos (anécdota), por Fray Francisco de G. Mojica OFM. Julio de 1 944. - Arribo al puerto (prosa rimada), por Fr. José Fco. de G. Mojica. Octubre de 1 944. - Audición radial: Palabras dichas en la audición radiada en Arequipa por la Obra Vocacional Franciscana de la Provincia de los Doce Apóstoles el día 16 de septiembre de 1944, por Fray José Francisco de Guadalupe Mojica OFM. Octubre de 1 944. - Miguel “El imbécil”. Anécdota. Por Fr. José Fco. de G. Mojica. Octubre de 1 944. - El favor más grande que ha recibido América (N. de E.: sobre la Virgen de Guadalupe). Diciembre de 1 944. - Arribo al Puerto (final), por Fr. José Fco. de Guadalupe Mojica O.F.M. Diciembre de 1 944. - La Navidad en mi Convento. Por Fr. José Francisco de Guadalupe OFM (antes José Mojica). Marzo de 1 945, págs. 4-9. - Proyección espiritual de Santa Clara. Por José Francisco de Guadalupe Mojica OFM. En: “Ensayos”, Año XXIV, N° 42, Junio de 1 945. - Un caso típico (anécdota ocurrida a Fray José de Guadalupe Mojica –narrada en tercera persona– en Palestina y Jerusalén). Junio de 1 945. - Japón y la fecundidad del martirio, por José Francisco de Guadalupe Mojica OFM. Septiembre de 1 945. - Hay santos en este siglo en la Tercera Orden Franciscana, por Fray Francisco de Guadalupe Mojica O.F.M. Octubre de 1 945, págs. 1 4-1 5. - Enigma, poema de José Fco. de Guadalupe Mojica. - Semblanza de Fr. José Mojica, por Fr. Alejandro Palacios OFM. 3


PRÓLOGO FR. JOSÉ MOJICA OFM: UN RELIGIOSO FRANCISCANO EJEMPLAR Fr. José Francisco de Guadalupe Mojica OFM (San Gabriel de Jalisco, 1 4 de septiembre de 1 896 – Lima, 20 de septiembre de 1 974) es uno de los hijos ilustres de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú. Representa para los franciscanos de América y de todo el mundo, una de las más bellas flores de humildad, renuncia y vocación religiosa. Durante los más de cuatro siglos de existencia de nuestra provincia, los franciscanos venimos trabajando en la evangelización, siguiendo a Cristo Jesús al estilo de San Francisco, llevando la palabra de Dios a los más necesitados. Dentro de este trajinar, son muchos los religiosos y sacerdotes que han dejado su vida entera para servir a los pobres, muchos de ellos desde lo muchas veces se conoce como “la 5


fecundidad de la vida escondida”, pero del que las crónicas franciscanas que obran en nuestro Archivo histórico dan cuenta. Otros, a pesar de que fueron religiosos que hicieron votos de pobreza (y por ende de humildad), no pudieron evitar pasar a las páginas de la historia peruana a través de su labor religiosa, educativa, social y también literaria, artística, misional en la costa, sierra y selva del Perú. Uno de esos casos es precisamente el de Fr. José de Guadalupe Mojica, quien fuera uno de los grandes tenores musicales y actores mexicano, tal como lo demuestran las incontables grabaciones de sus discos y las películas en las que actuó. Como artista, conoció los brillos de la fama y la popularidad, así como también llegó a tener cierta fortuna económica que le permitió darse aquellas comodidades que no pudo tener durante su sufrida infancia al lado de su madre. Pero la grandeza del P. Mojica estriba precisamente en no haberse dejado avasallar por la seducción de la fama y de la riqueza, sino en haber cultivado su espíritu siempre una gratitud y fe en Dios, lo cual lo llevó posteriormente a renunciar a su carrera artística para abrazar la fe religiosa y convertirse en religioso franciscano. Con este libro, “Memorias en el Perú”, queremos rendir un homenaje profundo y a la vez acceder a su pensamiento y reflexiones, plasmadas en artículos y poemas franciscanos. Este volumen es fruto de un proyecto desarrollado a iniciativa del periodista Nivardo Vasni Córdova Salinas (Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Piura 6


UDEP) en el Archivo San Francisco de Lima, entidad dirigida por Fr. Abel Pacheco Sánchez OFM, con el objetivo de rescatar los escritos que el P. Mojica realizó durante su época de estudiante en el Seminario La Recoleta del Cusco. El resultado ha sido la obtención de un extraordinario material documental que servirá no solo a los estudiosos de la vida y obra del P. Mojica, sino que para los lectores será una fuente de inspiración, pues son escritos plenos de espiritualidad y belleza, que es imitación y continuación de la obra creadora de Dios.

Fr. Guido Zegarra OFM Ministro Provincial Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú

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TESTIMONIO SOBRE FR. JOSÉ MOJICA OFM

Al haberse cumplido ciento veinte años de su de nacimiento y cuarenta años de su partida de este mundo, la figura, el mensaje y testimonio franciscano de Fr. José de Guadalupe Mojica OFM empieza a cobrar nueva dimensión. La perspectiva de los años y el tiempo, nos permiten ahora vislumbrar la fuerza de la misión que desempeñó en su paso por este mundo. El legado del padre Mojica ha trascendido las fronteras de lo temporal, para ser ahora el nuevo faro que guía. Si como artista de la ópera, el canto popular y la cinematografía, alanzó las más altas cumbres de popularidad, logrando atraer el cariño de sus seguidores y de toda una gran audiencia que lo seguía en la radio y el cine, como sacerdote franciscano es donde logra la plenitud de su vida, desprendiéndose de las vanalidades de este mundo para seguir a Cristo pobre al estilo de San Francisco y de Asís. Y no es casualidad que México y Perú, los dos países que están unidos ancestralmente por la historia y la cultura, estén unidos también en torno a José Mojica. México, por ser su 9


tierra natal, la cuna que lo vio nacer físicamente, y donde se formó como hombre y como artista en medio de duros trajines del diario caminar; y Perú, donde vino a hacerse hermano menor (el más pequeño entre los pequeños), donde se despojó de su riqueza y abrazó las llagas de San Francisco. En México nació a la vida. En Perú nació al sacerdocio franciscano, al apostolado intenso. Pero en ambos países: siempre vivió también su alma de artista, porque el arte es imitación de la obra creadora de Dios. En la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú, recordamos a nuestro hermano, el padre Mojica, con el mismo cariño que se extraña y se evoca a un familiar, que aunque se haya ido se le lleva siempre en el alma y en el corazón por siempre. En México y en el Perú se le quiere, y en el mundo se empieza a conocer su figura, con ese amor que nos enseñó Cristo Jesús. Los adelantos tecnológicos del Internet, por ejemplo, nos permiten evocar sus películas en YouTube, o descargar sus discos en plataformas digitales de audio. Y claro, cómo no, también en los anqueles de nestras bibliotecas se puede leer su gran libro autobiográfico “Yo pecador”, ese mismo que luego fue llevado al cine. Hace poco, la Biblioteca Nacional del Perú dio a conocer el proceso de digitalización de rollo de película correspondientes a noticiaron peruanos de la década del cuarenta, y como por arte de magia (mejor dicho, por la técnica), podemos ver las imágenes e blanco y negro de su ordenación sacerdotal (en: https://www.youtube.com/watch?v=PTHPFf0spv0) o de la celebración de su primera misa en la Iglesia de San Francisco de Lima (en: https://www.youtube.com/watch?v=1 mq87r9MmXc), donde ha quedado grabado para la posteridad el inicio “oficial” de su vida sacerdotal. Quién diría que con el paso del tiempo, la figura espiritual de 10


José Mojica se agiganta. Y perfectamente le son justas aquellas palabras que finales de la arenga que el patriota José Domingo Choquehuanca expresó a Bolívar cuando éste pasó por Pucará: “…Con los siglos crecerá vuestra gloria, como crece el tiempo con el transcurrir los siglos y así como crece la sombra cuando el sol declina". Es lo que está sucediendo con el padre Mojica. Silenciosamente, su recuerdo y su memoria, su legado y su palabra, se siguen haciendo camino, talvez como en aquel poema de Machado: “…se hace camino al andar…” Perú es –y como peruanos lo decimos con orgullo– su segunda patria, su casa. Tanto en Cusco, Arequipa, Lima, Huacho, Huaura, y todas las ciudades y pueblos donde vivió, caminó y sirvió Dios, cada persona que lo conoció tiene un testimonio especial, un recuerdo distinto pero a la vez coincidente en algo: Mojica era un siervo de Dios, y lo demostraba cada día, a cada minuto: con su actuar, con su ejemplo, con su prédica, en la celebración de la misa o visitando enfermos, compartiendo con los ancianos, jóvenes y niños, amando a todos, especialmente a los pobres y más necesitados. Porque el de Mojica era docencia cotidiana. Incluso en aquellas actividades como cantar o recitar, o en sus actuaciones radiales para la promoción vocacional, o como seminarista de “La Recoleta”, editando la revista “Ensayos” con sus compañeros de la Academia Scoto, impuso su estilo impregnado de modestia, de una grandeza que se daba más en la humildad. Como todos conocen, Fr. José Mojica pertenecía (ya desde México) a la Tercera Orden Franciscana (hoy Orden Franciscana Seglar) de San Miguel Allende. Allí se nutrió del mensaje franciscano, sintió el aguijón y la inquietud. Años después, tras su crucial decisión de abandonar su vida de artista y deshacerse de su fortuna, y después del Noviciado tomó el hábito franciscano el 8 de marzo de 1 942. Lo demás es 11


parte de la historia. Hizo su profesión solemne el 1 8 de marzo de 1 947 y realizó su ordenación sacerdotal el 1 3 de julio de 1 947. El 20 de julio de ese año celebró su primera misa en la Iglesia de San Francisco de Jesús de Lima, al pie de la Virgen de Guadalupe. Ya como sacerdote franciscano, recibió del Papa Pío XII la Cruz de Misionero con el encargo de llevar el Evangelio a la radio, al cine y a la televisión. Durante su vida sacerdotal, no se alejó del arte. Por el contrario, fue un medio para transmitir el mensaje cristiano. Filmó tres películas, cuya recaudación se destinó a obras franciscanas: “Al pórtico de la gloria” y “Yo pecador”. Asimismo, antes de su fallecimiento, produjo la obra teatral “La Perricholi”, inspirada en la Lima de antaño, pero esta producción fue censurada por la dictadura militar, por considerar que toda mención a la época virreinal era antirrevolucionaria. Con toda honestidad, podemos afirmar que en nuestro Perú encontró la paz, la tranquilidad y el sosiego que tanto busco. Es más, aquí encontró su realización como ser humano y como católico franciscano. Entre sus obras más notables para la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú tenemos la construcción del Convento Santa María de Guadalupe, en la localidad de Tiabaya, destinado a ser el Colegio Seráfico para las vocaciones a la vida franciscana. En Rontoy, hacienda de don Alfredo Álvarez Calderón ubicada en la Provincia de Huacho, fundó la Casa de Vocaciones Tardías, siendo superior de la misma. Desde el Convento de San José de Rontoy atendía con gran cariño a los pobladores no solo de esa comunidad sino también llevando la misa y los sacramenos a Huaura, Cruz Blanca, Santa María, Huacho, Supe, Barranca, Paramonga, Las Salinas, Carquín, Végueta, Chancay, Huaral, Ámbar, Huacán, entre otros caseríos. Al fallecer, el 20 de septiembre de 1 974, a las 3:1 5 pm., lo 12


acompañaba Fr. Gilmer Espino Rodríguez. Sus restos descansan en las Catacumbas de San Francisco. Lo medular de su ejemplo de humildad y pobreza, es el mensaje lleno de esperanza que impregna su vida, de abrazar a Cristo como quería siempre San Francisco: dejando de lado todos los afanes de este mundo, y optando por vivir con lo esencial, dando amor al prójimo y a Dios. Fr. José Mojica, no es un desonocido para los franciscanos. Es prácticamente un emblema, un estandarte, Y como prueba de que el valor que la Provincia Franciscana le da desde tiempo atrás, en el Archivo San Francisco de Lima se conserva un documento fechado el 7 demarzo de 2000, rubricado por Monseñor Federico Richter Prada OFM, entonces Arzobispo de Ayacucho, donde anuncia la formación –a nivel provinial- de una comisión integrada po los padre Alberto de Santa Marúa Almécija y Jaime Palacios, “con la finalidad de llevar adelante el proceso canónico de los religiosos de la Provincia muertos piadosamente en el Señor, y con un prontuario de apostolado en todas sus formas en el Perú”. Además, solicita “un testimonio escrito sobre la personalidad del Padre José Francisco de Guadalupe Mojica, como religiosos y sacerdote, pues también él formará el elenco para quienes pediremos el honor de que sean honrados como Siervo de Dios”. Acaso, Fr. José Mojica es el nuevo santo que México, el Perú, y todo el mundo reclaman. El santo moderno de estos tiempos agitados, que nos haga recordar que el verdadero tesoro está en los cielos.

Fr. Abel Pacheco Sánchez OFM Archivo San Francisco de Lima Director 13


"Mensaje de los Coristas de la Provincia de los Doce Apóstoles del Perú a los estudiantes franciscanos de América toda". Ex Academia Escoto.

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INVESTIGACIÓN EN TORNO A LOS ESCRITOS DE FR. JOSÉ MOJICA OFM RECOGIDOS EN ESTE LIBRO Fray José Francisco de Guadalupe Mojica (San Gabriel de Jalisco, México, 1 4 de septiembre de 1 896 – Lima, Perú, 20 de septiembre de 1 974), hijo ilustre de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú, representa un aporte espiritual trascendental en su camino de seguir a nuestro señor Jesucristo al estilo de San Francisco de Asís. Como se sabe, Fr. José Mojica fue en su juventud un famoso cantante lírico y tenor de ópera, intérprete de boleros y destacado actor cinematográfico en Hollywood, México y Buenos Aires. El famoso tenor Mario Caruso –su amigo personal- le dio a Mojica el impulso que lo lanzó a la fama como tenor en la ópera de Chicago, EE.UU. Sin embargo, cuando estaba en la cúspide de su carrera artística decide abandonar el canto y la actuación para seguir a Cristo al estilo de San Francisco de Asís. Como se conoce, el año 1 942 ingresó a la Casa de Estudios de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú en el Convento de La Recoleta, en el Cusco. Fray José de Guadalupe Mojica OFM se ordenó como 15


sacerdote en 1 947 en la Iglesia de San Francisco de Jesús en Lima, donde murió en 1 974. Años antes, en 1 958, publicó su libro autobiográfico “Yo pecador”, donde cuenta detalles de su vida y posterior conversión religiosa, libro que luego sirvió de base para el guión cinematográfico de una película del mismo nombre estrenada en 1 959. En su libro “Yo pecador”, Mojica hace gala de sus dotes como fino escritor, diestro en la narración y descripción, claro en la exposición y de gran carácter para argumentar sus ideas sobre la fe y la vida cristiana. La personalidad de Mojica, orientada por los ideales de verdad, bondad y belleza, encontró en arte un medio para expresar sus inquietudes, pero además para exaltar la obra creadora de Dios. El objetivo de este libro –fruto de un trabajo de investigación realizado en el Archivo San Francisco de Lima– es poner al alcance del público en general la recopilación de los artículos escritos por Fr. José de Guadalupe Mojica OFM durante su periodo de estudiante franciscano en La Recoleta del Cusco. Se trata de escritos franciscanos, textos espirituales, poemas, artículos y crónicas publicados en la revista “Ensayos” durante los años 1 944 a 1 945. La recopilación abarca lo siguiente: - “Uno de tantos aletazos (anécdota), por Fray Francisco de G. Mojica OFM. En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 38, julio de 1 944, págs. 1 9 y 20. - “Mensaje de los Coristas de la Provincia de los Doce Apóstoles del Perú a los estudiantes franciscanos de América toda. Ex “Academia Escoto” Nuncium (texto en latín, en el original, más fotografía de frailes). En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 38, julio de 1 944, pág. 22. - “Arribo al puerto (prosa rimada)”, por Fr. José Fco. de G. Mojica. En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 39, octubre de 1 944, págs. 1 6 y 1 7 (con nota final: “continuará”). - “Audición radial” (Palabras dichas en la audición radiada en Arequipa por 16


la Obra Vocacional Franciscana de la Provincia de los Doce Apóstoles el día 1 6 de septiembre de 1 944 por Fray José Francisco de Guadalupe Mojica OFM). En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 39, octubre de 1 944, págs. 21 y 22. - “Miguel `El imbécil´. Anécdota”. Por Fr. José Fco. de G. Mojica. En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 39, octubre de 1 944, págs. 27-30. (Nota al pie de página: Recoleta, Cusco, Sept. 24 de 1 944). - Fotografía del Fray Mojica. Leyenda: “Nuestro enviado especial Fr. José Francisco de Guadalupe Mojica” (para la bendición de la primera piedra de la Basílica de Santa Rosa de Lima). En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 40, diciembre de 1 944, pág. 23. - “El favor más grande que ha recibido América” (N. de E.: sobre la Virgen de Guadalupe). En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 40, diciembre de 1 944, págs. 36-38. - “Arribo al Puerto” (final), por Fr. José Fco. de Guadalupe Mojica O.F.M. En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 40, diciembre de 1 944, pág. 38. - “La Navidad en mi Convento”. Por Fr. José Francisco de Guadalupe OFM (antes José Mojica). En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 41 , Marzo de 1 945, págs. 4-9 - “Proyección espiritual de Santa Clara”. Por José Francisco de Guadalupe Mojica OFM. En: “Ensayos”, Año XXIV, N° 42, Junio de 1 945. - “Un caso típico” (anécdota ocurrida a Fray José de Guadalupe Mojica –narrada en tercera persona– en Palestina y Jerusalén). En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 42, Junio de 1 945, pág. 38. - “La parada de la victoria”. Por el Mayor del ejército americano, Haward N. Simpson (traducción de Fray José Francisco de Guadalupe Mojica, OFM). En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 43, Septiembre de 1 945, pág. 1 6. - “Japón y la fecundidad del martirio”, por José Francisco de Guadalupe Mojica OFM. En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 43, Septiembre de 1 945, págs. 1 9-23. - “Hay santos en este siglo en la Tercer Orden Franciscana”, por Fray Francisco de Guadalupe Mojica O.F.M. En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 44, Octubre de 1 945, págs. 1 4-1 5. 17


"A los lectores". Editorial del primer número impreso (pero el N° 38 en la práctica) de "Ensayos", que durante los veinticuatro años anteriores se editó de manera manuscrita en formato de "álbum artístico". En: Ensayos: Año XXIV, N° 38, julio de 1944.

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ACERCA DE LA REVISTA“ENSAYOS”

La primera versión impresa de “Ensayos” aparece en julio de 1 944, pero la revista ya tenía veinticuatro años editándose como “álbum artístico”, es decir de forma manuscrita, con textos y viñetas hechos a mano, y que se difundía rotativamente en los conventos franciscanos del Perú. Según información de Fr. Abel Pacheco Sánchez OFM, director del Archivo San Francisco de Lima, la forma de “álbum artístico” era una manera que los estudiantes franciscanos tenían de expresarse de forma interna, para lo cual dicha publicación se divulgaba “de mano en mano” en las casas franciscanas. Una vez leída dentro de un convento, se destinaba a otra ciudad y así sucesivamente hasta llegar a su lugar de origen. Aunque la imprenta tipográfica ya existía desde el siglo XVI, a inicios del siglo XX los seminaristas franciscanos peruanos todavía utilizaban la modalidad manuscrita, posiblemente por razones de escasez económica y a la usanza de los copistas de la Edad Media. Sin embargo, en el vigésimo cuarto año de su difusión como álbum artístico, la revista “Ensayos” da el salto hacia la forma impresa en letras de molde (tipografía), coincidiendo con el N° 38, tal como se lee en la mancheta. Este es el prólogo de aquella edición, cuyo original se conserva en el Archivo San Francisco de Lima

A LOS LECTORES

La Revista "ENSAYOS", hasta ahora órgano íntimo de nuestra Casa de Estudios, en el vigésimo cuarto año' de vida y en la fecha de una de las más puras glorias franciscanas: San Buenaventura, ha querido presentarse reemplazando su formato de Revista interna –Álbum artístico– por el de una revista impresa. No pocos obstáculos ha habido que vencer, pero han podido más que las menudas dificultades que se oponen a toda obra, nuestro auténtico entusiasmo franciscano, como que es el fervor de una 19


j uventud que en las aulas seráficas de la Provincia de los Doce Apóstoles del Perú, templa su espíritu y afila su verbo para las justas que en el siglo le esperan.

"Ensayos" nació al calor de un noble afán y año tras año, con ritmo ascendente, ha venido publicándose en' el seno de nuestro Coristado, como exponente vivo del espíritu que anima a todos y cada uno de nuestros estudiantes. Ciertamente, como antes apuntamos, sólo ha sido hasta el presente una revista manuscrita. En sus páginas aparecen insertos los interesantes trabajos juveniles de frailes ahora ilustres; y ostentan viñetas felices expresadoras del arte que se esconde en la mano diestra, que acaso ha olvidado un tanto el trazo de la figura, por laborar en la obra a que están llamados los hijos de San Francisco. Revelan la misma Revista sus artículos, las ilustraciones, un espíritu acendrado y una gran inquietud Intelectual bajo el signo seráfico. Nosotros, que hemos recibido como un legado su tradición de 24 años de esfuerzo, no queremos que esa bella tradición sucumba: de ahí que después de trazado el propósito de editarla como ahora ve la luz, no hayamos omitido esfuerzo para salir airosos de la empresa. Estamos en el deber no sólo de seguir el camino señalado ya, sino que en la alternativa que nos ha sido concedida, era un imperativo auspiciar los justos anhelos de superación a que nos, llama la obra. Y a ello tratamos de responder. ¿Cómo? Cuidando de que en sus páginas se polaricen preclaros ideales de una juventud, que no sólo condiciona su espíritu en la fortaleza de las virtudes seráficas, sino que también nutre el cerebro en las arduas disciplinas, que serán su eficaz arma de combate en la lucha de más tarde. Ponemos pues, el presente número, bajo el amparo de Nuestro Padre San Francisco, del Ínclito Taumaturgo de Padua, Nuestro bendito Patrón; del Seráfico Doctor San Buenaventura y rogamos a nuestros lectores que nos acompañen para impetrar del cielo bendiciones sin cuento para nuestro empeño inspirado en ideales de paz y bien. (Prólogo a la revista, en: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 38, julio de 1944, pág. 4.) 20


Asimismo, la revista se ponía a disposición de los anunciantes, con una tarifa anual de 20 soles por página y 1 0 soles por media página para avisos publicitarios. “Ensayos” se imprimía en la ciudad de Arequipa, en los talleres de la Escuela Tipográfica Salesiana de esa ciudad y recibía correspondencia al Apartado Postal 1 52. En la revista “Ensayos”, hemos encontrado poemas, prosas y notas bibliográficas firmadas por Fray José de Guadalupe Mojica OFM. Los números consultados pertenecen al Archivo San Francisco de Lima. Como dijo el historiador peruano José Agustín de la Puente, “la Orden Franciscana está presente en la historia, la religiosidad y la cultura del Perú.

Nivardo Córdova Salinas Licenciado en Ciencias de la Información Periodista

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Carta cursada por la Academia Scoto (Ăłrgano del coristado franciscano) dirigida al Reverendo Padre Delegado General Fray Antonio Iglesias, firmada por Fray Luis Valle G. OFM, secretario, y Fray Luis E. Dianderas L. OFM, presidente, con fecha 15 de octubre de 1944, donde le presentan el primer nĂşmero impreso de la revista "Ensayos".

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“Personal de la Casa de Estudios”. Aparece el nombre Fray José Francisco de G. Mojica como estudiante en la “Facultad de Teología”, junto con Fr. Federico Richter, Fr. Antonio Montesinos, entre otros destacados seminaristas. En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 38, julio de 1944, pág. 4

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Uno de tantos aletazos (anécdota) En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 38, julio de 1 944, págs. 1 9 y 20. Hay en la Divina Misericordia, muchos motivos que se fueron concertando y arreglando en forma tal, hasta que culminaron en este milagro constante que es mi vida religiosa. El narrarlos todos formará algún día un libro; pero ahora solo deseo contar uno que no por ser corto deja de tener para mí gran importancia, y aquí está. Una mañana llena de sol se acercó tímidamente, con recato de paloma al zaguán de la casa que yo acababa de alquilar en el pueblo colonial de San Miguel de Allende donde había decidido avecindarme dejando para siempre mi residencia de California. Era ella una muchacha del pueblo, con aspecto de Madonna, cubierta la cabeza por oscuro rebozo azul bajo el cual brillaban unos extraordinarios ojos negros llenos de alma y misterio. Sus frescos labios sonreían con amplia e infantil expresión de confianza y no dijo nada; sólo se quedó allí mirando hacia adentro del cubo del zaguán, donde yo con unos mozos desempacaba unas cajas de equipaje. Cuando la vi, me detuve en mi ajetreo, para fijar la atención en ella, pero ella evitó sus ojos de los míos para fijarlos en las enredaderas que adornaban el arco del pórtico y quedó, así, como distraída, sin moverse un ápice del marco de la piedra en que se había apoyado. Su belleza morena me impresionó pero atribuí su presencia a mera curiosidad pueblerina. Ya muchas gentes y muchachos habían hecho otro tanto los días precedentes, quedándose en la puerta o en las ventanas que daban a la calle, largos ratos en alelada observación de lo que dentro de la casa se hacía. Creí, pues, que esta muchacha era una de tantas ingenuas curiosas, que después iría a comentar con sus vecinas lo que había visto hacer al personaje de Hollywood que traía al pueblo un menaje de lujo para hacer su residencia en la antigua granja frente al parque. Continué un rato en mis quehaceres, sin volverla a mirar pero cuando pasaron quince o veinte minutos y vi que aquella estatua de bronce no se movía de su puesto reclinada allí en la puerta, me acerqué a ella y le dije: ¿Deseas hablar conmigo? Ella, sin dejar su tranquila sonrisa ni cambiar los ojos de los altos, contestó con voz suave y grave. –Sí, pero hasta que esté desocupado. 25


– ¿Desocupado? ¡Hija, esto va para largo! Mejor dime qué es lo que quieres y no te entretengas más. Ella, sin moverse dijo entonces lentamente: – Tengo que pedirle un favor muy grande. Soy una muchacha pobre y desde niña he sentido una fuerte vocación religiosa. Ya tengo reunidos de limosna los fondos suficientes para la dote y poder ingresar a un Convento: solo faltan los últimos pesos para poder completar la cantidad y los gastos extraordinarios y me dije: de seguro el Señor Don Pepe los dará y… ese es el favor. Puede Ud. hablar con la Madre Superiora y dárselos a ella. El Convento está en… (y aquí me dijo el lugar secreto donde se encuentra). Viven allí veinticuatro religiosas escondidas y sufriendo mucho en pobreza y continua zozobra. Otras dos muchachas y yo seremos las Novicias de este año. Ellas ya entraron y yo que tanto deseo estar allí, todavía ando en la calle pidiendo de puerta en puerta los últimos centavos… Todo esto lo dice con la vista fija en el espacio y la más virginal y dulce sonrisa en sus labios. Yo siento que estoy frene a una de esas mujeres puras y santas que irradian bendiciones. Quedo casi mudo de respeto y admiración y después de un momento de contemplarla, como quien admira una sagrada imagen, ella bajando los ojos al suelo, con natural modestia y un ligero temblor en la voz, me dice: –¿Verdad que no me he equivocado? ¿Verdad que Ud. dará eso que falta? –Yo le contesto conmovido: ¡Sí! ¡Claro que sí! Ella, dando un hondo suspiro de descanso, me mira por primera vez a la cara y dice: –¡Gracias hermano, Dios se lo pague!... Y antes de que tenga yo tiempo de preguntarle más, ella, envolviéndose aún más la cara en su reboso oscuro, da la vuelta y con voz suave me dice: –Adiós, Señor, y se aleja con paso normal perdiéndose de vista a la vuelta de la cercana esquina. Aquella misma tarde, llamo a las puertas del Convento y paso al locutorio donde tras de la reja me recibe la Madre Superiora. Me cuenta que, efectivamente, es cierto lo de aquella joven, dice. Tiene 22 años y desde que tenía 1 3 ha llevado cada ocho días pequeñas cantidades en monedas de cobre y alguna que otra pequeña de plata, hasta completar cerca de quinientos pesos. Lo que falta realmente es muy poco pero es urgente que 26


ella entre al Convento y tome el hábito para hacer el año de Noviciado en unión de las otras jóvenes. –Hoy vino radiante de alegría; me dice la Madre Superiora. Le temblaban las manos y me aseguró que Ud. Señor, daría lo que falta. No sabe el bien que ha hecho y que se ha hecho a Ud. mismo. Una religiosa de la probada constancia de esta joven, tiene que ser un alma santa que alcance muchos favores del Señor. Entregué lo que faltaba en dinero y me despedí conmovido hasta las lágrimas al ver la extrema pobreza y la continua vida de temores en que iba a encerrarse para siempre aquella joven. Pero más aún me movió el asombroso ejemplo de aquella comunidad que más de cien años ha vivido escondida, librándose milagrosamente de las absurdas leyes de exclaustración, rogando continuamente por sus enemigos, orando sin cesar porque Dios perdone a los Gobiernos liberales de antaño regidos por la masonería y los de ahora influenciados por el comunismo. En aquel remanso de santidad, entró al día siguiente la nueva religiosa quien tomó el nombre de Sor María de la Luz. Estando ya instalado con mi madre y mis parientes en la Granja que había reconstruido de bellas ruinas coloniales, recibía con frecuencia regalos de amigos admiradores y, un día, alguien trajo para mi madre un precioso cojín de seda color verde suave, en el centro del cual había bordado un gran ramo de flores de labor prolija y gusto exquisito. Los cordones de seda que lo adornaban y las borlas que de él pendían, eran de color amarillo suave; combinación que hacía juego exacto con los colores de la recámara de mi madre. En una tarjeta finamente escrita, venía el mensaje. Era de Sor María de la Luz. Ofrecía la obra de un año de trabajo hecho en sus horas de recogimiento en su celda. El valor del regalo superaba muchísimo a lo que yo de limosna había dado y para aumentar mi agradecimiento había una frase que decía: “Diariamente ruego al Señor y a la Santísima Virgen porque llegue Ud. a vivir en la paz y felicidad que a mí me han dado. Esto lo pediré todos los días de mi vida y después, en el cielo”. Me quedé asombrado de ver en forma palpable cómo Dios recompensa dando el mil por uno y aún más. Nunca podría yo corresponder con cosas materiales el don de aquella humilde Novicia. Quedé impotente para agradecer al grado que mi corazón 27


dictaba. Sólo Dios podía dar aquellas cosas que yo a mi vez para la religiosa deseaba. No volví a ver a Sor María de la Liz sino hasta el día de su Profesión, la cual se verificó como todas las actividades del Convento en perfecta clausura. Cuando se levantó el negro velo que cubría la reja del Coro y apareció la procesión de religiosas, veía en mano cantando y acompañando a las Novicias que iban a profesar, las cuales venían ataviadas con blancos trajes de novias, cubiertas las cabezas de velos transparentes y coronadas de azahares; casi no pude reconocer cuál era Sor María de la Luz. La belleza morena de fresca sonrisa luminosa, de ojos brillantes llenos de una flama espiritual interior, era ahora una blanca y pálida flor con ojos bajos, cuyos labios apenas se movían para cantar el salmo- S aspecto vaporoso y daba la sensación de algo etéreo y la caída del traje la hacía parecer mucho más alta. Una vez que la reconocí no pude quitar los ojos de ella durante toda la ceremonia. Mantuvo una dignidad y natural dulzura que superaba a las maneras de la mejor dama nacida en nobleza; y cuando, por fin despojada ya de todos los atavíos nupciales, volvió a aparecer vistiendo el hábito de profesa, coronada de flores enlazadas en corona de plata y recubierta la amplia capa de brocado antiguo azul, palma en una mano y en la otra una preciosa escultura pequeña del Niño Jesús revestido de preciosos bordados de oro, era todo un cuadro animado de las monjas del siglo XVIII, evocadora de la personificación de un México esplendoroso a la par que lleno de piedad religiosidad, ya desaparecido de las grandes urbes modernas, pero aun vibrando en esta desbordante ceremonia que tenía yo el privilegio de presenciar y que me daba la certidumbre de que la grandeza de la Iglesia Católica no ha muerto en el corazón de México y resurgirá más radiante algún día feliz gracias a estas monjas abnegadas que han sabido mantener viva la llama en la oculta lámpara de su Convento. Quedó allí Sor María de la luz por unos minutos, bajos los ojos y con una sonrisa dulcísima en los labios marchitos. Una perfecta paz, una santa felicidad, irradiaba su persona. Bajo el velo negro que ocultó para siempre el cuadro, pero su belleza de retablo antiguo quedó grabada en mi memoria como una de las cosas más perfectas que he presenciado en mi vida. Se reunieron en él, la belleza artística de siglos magníficos y la belleza espiritual de lo eterno. 28


El día en que mi madre murió, le habían puesto sin pensarlo pocos momentos antes de su muerte, para que sostuviera su cuerpo y tomara aliento, el cojín hecho por Sor María de la Luz. Sirvió como dulce regazo al ser que más amé en la vida, en los últimos momentos. ¿Qué mejor uso podía haber tenido? La última vez que volví a ver a Sor María de la Luz fue la víspera de mi partida rumbo al Perú, donde yo entraría a mi vez en religión. ¡Sí, hermano, vaya tranquilo, me dijo: Dios y la Virgen le han concedido el favor que tanto pedí para Ud!... Cusco, Recoleta, Mayo 1 6 de 1 944.

José Mojica, despidiéndose de su carrera de artista cinematográfico, actor, tenor y cantante lírico, para abrazar el camino de Cristo pobre. (Fotografía: Fototeca Nacional de México. Tomada de Internet)

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Arribo al Puerto (I) (Prosa Rimada)

Por Fr. José Fco. de G. Mojica

SE INICIA EL VIAJE Amables lectores: Vengo a depositar aquí un tesoro que he encontrado después de muchos años de peregrinación por todo el mundo, después de errar por todos los océanos. Estamos en el puerto al cual mi barco ha entrado plegando su velamen. Vosotros me escucháis desde la playa. Os traigo un gran mensaje, recogedlo, ¡abrid los corazones! Pero, antes, sabed quien soy. Oíd mi historia: Amaneció un día trayendo mucho sol en el cielo, mucha salud al cuerpo, embriagando mi inocencia con su calor, los campos; ampliando los horizontes, de las aves el vuelo. Yo, despierto a la vida de un mundo perfecto, como fue el paraíso donde todo es confianza, donde todo es afecto. Mi madre fue una joven de risa luminosa que amó mucho en la vida. Conozco en forma plácida, natural y sencilla lo más selecto que hay en el mundo puro, en ese mundo bello de un pueblecito blanco, acurrucado en el centro de un gran valle florido. Dios me trajo a este mundo en un día de fiesta. No supe si en mi cuna se derramaron lágrimas, pues, cuando yo fui niño, no conocí el dolor sólo sabía de bellezas, de placeres y música. ¡Yo solo sé de risa, soy hijo del amor! Al principio el azul horizonte de mi mundo, es pequeño, traza una línea que no pasa de límite costeño de la provincia dulce donde vine a nacer. Pero, después, un día, la vida se transforma. Un veloz mecanismo que devora distancias me aleja del terruño... aquí muere mi infancia terminan los placeres inocentes, bucólicos; capítulos vividos en un mundo de ensueños, para vivir los nuevos capítulos diabólicos de la gran urbe sabia, ruidosa; presumida hetaira que se viste de diosa, brillante de mentira, ondulante, ambiciosa.... nace en mí el hombre joven despierto, avisado, que malicia de todo y se hace desconfiado, que complica su vida y que cae en pecado. 31


Con un bagaje enorme de grandes vanidades hecho lastre a mi barco y salgo mar adentro a buscar tempestades. La fortuna me busca, me llama, me canta; su voz de sirena es tan bella, que mata lo poco de vida sensata. Su canto, me arrastra, me empuja, me encanta, oigo su promesa de darme oro y plata. ¡¡¡Izo mi bandera en el mástil más alto, levanto mis velas y me hago pirata!!! Los hombres del mundo, se hacen mis aliados, descubro sus gustos, comparto su mesa, tuteo a los magnates, agrado a las bellas, pero después de beber champaña en cáliz orgiástico, descubro en el alma entre la bruma fría, que todos ocultan horrible miseria, desencanto lleno de melancolía y ambición sin límites, mayor que la mía. ¿Caer en sus garras? –¡Jamás lo permito! ¿Vencerlos en lucha que requiere innoble plata de vergüenza mayor que la suya? ¡Eso nunca! grito. Mi fuerza en el mal no se parangona con esa muralla de aceros punzantes.... ¿Qué soy yo?-pregunto, y una voz oculta que hace mucho tiempo yo no había escuchado, dice: "Eres un niño". Bajo la cabeza. La verdad me vence. No culpo a los otros. Más bien agradezco la lección tan dura... Me digo y me digo una vez y otra: "No soy más que un niño". Levanto mis velas, bajo de mi mástil la triste bandera la hago mil pedazos y dejo que el viento que sopla en la popa, lleve donde él quiera este barco inútil. Yo no puedo guiarlo. "No soy más que un niño". Ahora más que nunca siento un gran vacío. Siento la nostalgia de aquel mundo mío que fue el verdadero. La sed de un cariño como el de mi madre, de alguien que no use el lenguaje equívoco de aquellos que dicen mintiendo, "te amo”. La sed de algo firme que siempre responda a la gran lealtad de este pecho. ¿Por qué si yo siento que soy tan capaz de amor constante no encuentro el consuelo de hallar en el mundo un amor gemelo? ¿Por qué fui dotado de esta sed eterna también, que de amor la sacie? (Continuará) En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 38, julio de 1 944, pág. 22.

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Arribo al puerto (II)

Por José F. de Guadalupe Mojica O.F.M (Continuación)

EL HALLAZGO Mi barco de pirata, derrotado, boga en los mares nórdicos un día cuando al azar divino de una isla bella cubierta de bosques de verdes pinos. El aire fresco está llena de un casto y masculino perfume resinoso. Desciendo a un paraje umbroso. ¡Qué bello es haber huido de la maldad y el ruido! Cuando reposa el cuerpo sobre una muelle alfombra allí, bajo la sombra, el espíritu goza en el remanso que tanto ha apetecido. Mirando al cielo azul, tranquilo sube y descansa él también en una nube. Oigo una voz lejana que puebla esta soledad de ecos musicales. Las naves góticas de los rectos pinares, resuenan con el canto… ¡Me incorporo pensando que son muchos los que responden en canon armonioso a la voz que se acerca! ¿Es un cántico nuevo, o quizá tan antiguo que de puro olvidado nace una vez más en mis recuerdos? No lo sé pero es muy bello y desea mi corazón lanzar una respuesta en ritornello. El que canta se acerca y puedo verlo. Es un hombre pequeño; vestido con túnica de estilo medioevo de tela vil, que ciñe un cordón áspero. Trae los brazos en alto como en cruz que quisiera abrazar el universo. Mira a todas las cosas con mirada dulce y sus pies descalzos más bien acarician las flores pequeñitas y el musgo donde posan sus alados pasos. Sonríe su boca cuando canta y mirando al cielo suelta su garganta la sonora estrofa. ¡Amor! ¡Yo te deseo para amarte como tú quieres que te amen! Para amarte no basta que te llamen ¡Dulce Amor! Olvidado yo te veo… sino que vengan las criaturas todas 33


a besarte los pies que ungidos fueron ¡Amor! ¡Oh dulce Amor! Nada te dieron los que amor te juraron… Solo de ti, amor recibieron y amor reciben ¡Amor! ¡Yo vengo a ti y también te llamo Porque por todos ellos, yo te amo!

Allí quedó mi corazón rendido, fue roja flor que se tumbó en el suelo, para que la caricia de los pies alados diera noticia al corazón gemelo, de que había venido a su reino un nuevo aliado. Aprendí aquella estrofa y la grabé en mi alma. Hubiera querido perpetuamente quedarme allí, pero pensé que “la voz del poeta” era una sola y que el eco de las verdes bóvedas del bosque repitiendo hasta morir en el vacío sus últimas palabras “yo te amo”, daba mayor soledad a su arrebato místico. ¡Padre!, grité: ¿Por qué en el mundo de hoy no se conoce amor tan bello? ¡Yo quisiera llevas sobre algún barco alado tu mensaje al mundo entero; pero mi barco se está hundiendo, pues lleva mucho lastre de pecado. Él me sonríe, sus ojos negros, grandes, penetran dulcemente iluminando el antro de mi conciencia herida y como un eco, dice: “Vete y no peques más. Vuelve a tu barco, vuelca toda esa carga que volar te impide en el amplio océano que inunda al mundo con su amor eterno. Mientras tengas vida, repite como el eco de estos bosques lo que de mí aprendiste. ¡Vuelve al mundo hijo mío en el Amor! ¡Anima este mensaje!... Encontrarás muchos hombres que lo anhelan y muchos otros que por él te odien, de ti hagan burla y que jamás lo entiendan; pero basta con uno que responda como respondes tú, para que sepas que no fue en vano el anhelo de tu viaje y que en el cielo hubo una gran fiesta. (Continuará) En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 40, diciembre de 1 944, pág. 38-39.

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Arribo al puerto (III)

(Prosa rimada)

EUREKA

A la radiante luz de un nuevo día, me hice a la vela sobre un mar sereno y dejando que otra voluntad y no la mía lleve el timón, crucé amplios mares hasta llegar de nuevo al nuevo mundo aquel que en otros tiempos de ambiciones locas poseer deseara. Entré en los puertos ruidosos y atareados, que mil barcos de guerra su bahía poblaban. Escuché los silbatos de la alarma y del fragor homicida, la avalancha que arrasaba ciudades. Lancé un grito que se apagó en el trueno ronco del cañoneo terrible que reinaba. ¡Amor! ¡Yo te deseo! ¡Amor!, yo repetí, peri fue inútil. Ninguno me escuchaba… Entro en las plazas, busco en las barriadas lugar propicio para ser oído, pero todo es clamor, todo es bullicio, todo es indiferencia, todo olvido. Hablar de Cristo al sarraceno infiel que mata a los cristianos porque él, puso a su vez gran fe y creyó más en Mahoma, es empresa que brinda el rojo lirio que perfuma la senda del martirio. Encausar con razones al hereje que por torcida fe perdió el sendero es gloria del filósofo, combate honroso, que una vez perdido, deja más diestro a aquel que fue vencido para la nueva batalla que ha empezado. Seguir las sendas todas, del bello apostolado, es combatir, luchar contra algo fuerte: mas predicar al mundo indiferente, es encontrar al hombre ya vencido por preludio horrible de la muerte. Todos piensan en sí. Ninguno en otro, y aunque la ley tiránica los manda al sacrificio, es tal el desaliento, tal el vicio que satura los antros de esta tierra, que lo que fuera patriotismo antaño, es sólo una obediencia al mutuo engaño. Así se nutre la moderna guerra. Negocio vil, comercio disfrazado con doctrinas de falsas redenciones, burda comedia de grandes ambiciones de más y más 35


extenso poderío. Este es el credo de un mundo envenenado de mentira y horrible maquinismo, ¿Qué saben del amor los pobres hombres? ¿Qué esperan de la fe, si su dios mismo, es el oro que esconden empapado con el sudor inútil del obrero y con la sangre estéril del soldado? Una mirada al cielo me señala entre los densos nubarrones de humo, un trozo azul de luz en donde brilla, como diamante blanco, un gran lucero. Este mundo en tinieblas no es mi mundo. Es la tierra del mal en su triunfante aspecto de afilados aceros y motores, de babilónicos tumultos negros. ¡Lejos de aquí, salgamos de este infierno! Subo a mi barco y levantando veo las olas, en el perfil de la altamar me pierdo. Allí en soledad, lanzo mi grito. ¡Señor! ¡Sólo Tú sabes el porqué del horror que he presenciado! ¡Sólo Tú, Señor mío, que todo puedes, salvarás esas almas que has hallado desde la eternidad! Yo soy inútil, para encender amor donde hay pecado, ¡No sirvo para nada Señor mío! ¡Padre Francisco! ¡Mírame humillado! ¡No he podido cumplir lo prometido! Si es esto lo que más falta me hacía, ahora sí que me encuentro anonadado por la negra derrota; pero mi amor, no muere todavía. Infló las velas de mi barco un viento fuerte que me trajo hasta el sur, y esta mañana vislumbré desde lejos un bello puerto cuya rada blanca, abierta como dos brazos, amigos, me dijeron "ENTRA", y aquí estoy hermanos… Sé que sois de los míos, porque vestís lo mismo como viste mi Padre San Francisco. Vivís en el retiro de mansas soledades donde 36


moran sus hijos. Veo que hay pastos y. flores, arboledas iguales a las que habita el Padre. Veo los rubios trigales, palomas en los aires… sol y luna a raudales. ¡Es bello entrar a un puerto donde reina la paz! ¡Hermanos yo soy vuestro y vosotros sois míos! ¿Verdad que sois felices, lejos de la mentira y del odio furtivo? ¿No es cierto que aquel himno de amor que os he cantado,' vosotros lo sabéis desde que fuisteis niños? ¡Aquí quiero quedarme para tomar aliento y renovar mis fuerzas! ¡Qué bien fondeó mi barco sobre estas quietas aguas! ¡Cómo es grato encontrar, almas hermanas que aprendieron el canto del más puro Evangelio y que preparan un Viaje quizá más largo que este viaje mío! Aquí descansaré por algún tiempo prodigando el tesoro que medió mi Padre; entre corazones fraternales, vivos. Sé que si os diera perlas del Oriente, me daríais, vosotros el coral del indio. Sé que al daros yo, diamantes sin mancha, colmaríais mi barco del rico tesoro del Coricancha. Más no es este el cambio a que yo he venido. Podría haber traído mis arcas repletas de esas pedrerías, pero de eso, traigo tan sólo las manos vacías. Mi tesoro es otro. Quien quiera gozarlo, que me abra los brazos, que me dé sonrisas, que me dé oraciones, me muestre sus lágrimas, su tierna confianza, su filial caricia. Ya irán conociendo cuál es mi tesoro, cual es la fortuna que traigo conmigo… ¿Bajo de mi barco? ¡Quiero con vosotros vivir, como un niño!

FIN En: “Ensayos”, Año XXIV, N° 41 , Marzo de 1 945.

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Audición radial

(Palabras dichas en la audición radiada en Arequipa por la Obra Vocacional Franciscana de la Provincia de los Doce Apóstoles el día 1 6 de septiembre de 1 944 por Fray José Francisco de Guadalupe Mojica OFM). Muchos se preguntan qué es lo que los religiosos franciscanos encuentran en su vida de convento para que acepten gustosos las renuncias que ésta impone. A esto, cada religioso daría una contestación distinta en apariencia pero igual en el fondo. La palabra que sintetiza esa contestación en: AMOR - ¿Amor? ¡Sí! Amor puro, divinizado, Amor de Dios, Amor Eterno. Todo acto heroico tiene por base el amor. El soldado ofrece su vida inflamado por el amor a la Patria; pero no cabe duda que el deseo de gloria también instiga para lanzarse al intrépido lance, para el momento del arrojo en el cual lo arriesga todo. Pero, una vez pasado este momento, tiene que esperar nueva ocasión si es que por su buna fortuna quedó con vida. Muy loable es todo esto. Pero de todos esos millones de soldados, de esos miles de paracaidistas y aviadores, ¿cuántos alcanzaran la gloria apetecida? –Uno o dos quizá y los demás… desaparecen en la masa anónima o su nombre solo figura en la lista de las bajas del día. Nuestra juventud embriagada por la ilusión de gloria, por el engrandecimiento de la que ellos creen la gran aventura, suena cuando tiene el corazón bien puesto y anhela responder al llamado de las armas con el feérico espectáculo, con el ruidoso apoteosis de la batalla que es tragedia, donde el amor a la Patria tiene que saturarse con una buena dosis de odio para que sea eficaz. Esta es la historia de la humanidad y desgraciadamente el joven con sueños de héroe, el muchacho de espíritu ardoroso, tiene que tornarse bélico para colmar su sed secreta de grandeza y de inmolación; todo porque siempre se ha creído 39


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que solamente en el campo de la batalla se despliega el verdadero heroísmo. No negamos que es admirable el arranque del militar pero afortunadamente la guerra actual nos presenta con sus verdaderos valores los heroísmos ocultos, los más nobles por lo ignorados y constantes que son: el frente económico del hogar, el trabajo fabril e industrial de la mujer y el ahínco abnegado del agricultor que unidos, formen la parte más importante del frente que hace posible la victoria. A estos heroísmos ocultos, hay que agregar uno más y este es el más noble, este el más permanente y eficaz. Este heroísmo es el del religioso que existía desde antes que se embriagara el mundo con fanfarrias de guerra y que existe ahora en los hospitales, asilos y claustros y seguirá existiendo por siempre ya cuando los nombres de los héroes de este siglo se mencionen sólo como figuras mitológicas. El Religioso Franciscano debe su cultura, su evangelización, sus bases morales y organización cívica, a los santos frailes franciscanos primeros misioneros de este suelo, héroes de mayor altura que un Washington, un Hidalgo, un Bolívar y un San Martín. Pero, me dirán Uds. mis jóvenes oyentes: si esos frailes son figuras de tanto mérito ¿dónde están los monumentos, las plazas nombradas por sus hazañas y las ciudades y naciones consagradas a ellos? –Mi respuesta es que poquísima justicia se les ha hecho y que aunque ya muchos figura entre los santos y beatos de la Iglesia Católica y en los anales históricos de las Américas, todavía tenemos un futuro en el cual sus nombres y su magna obra serán glorificados por generaciones más justas que las pasadas y menos deslumbradas que las las presentes. A las heroicas filas de esta Orden, de estos Soldados de Cristo, están ingresando jóvenes y hombres que tienen el verdadero concepto del mérito eterno que toda obra oculta de amor y abnegación alcanza y a esa obra entregan su vida. 41


Aquí es donde los corazones ansiosos de salir de esa mediocridad espiritual y cultural que todo lo ha invadido, viene a ofrecerse a una batalla contra el mal que nada tiene de espectacular pero sí es de fecundos resultados en la renovación del mundo. Las obras verdaderamente importantes no abarcan un período de tiempo limitado dentro de lo pequeño que es una vida humana. San Francisco de Asís empezó su obra redentora, obra de Amor y Caridad de Cristo, hace siete siglos y con él estamos todos los que nos hemos consagrado a continuarla. El formar parte de estas filas es la más alta honra que he alcanzado en mi vida y a compartir esta honra invito a la juventud y a los hombres que me escuchan. La invitación va dirigida a todos aquellos corazones que sienten el anhelo de pasar por esta vida dejando el mundo un poco mejor de cómo lo encontraron. A jóvenes que sueñan con la fascinante aventura del misionero de la selva y de la sierra, a las almas grandes generosas que sienten el llamado de Cristo a la santa inmolación de la vida perfecta y feliz del claustro. A espíritus que comprenden el valor eterno de la oración y cuya fe espera de Dios la felicidad para todos sus hijos no solo en la otra vid, sino desde esta. ¡Venid los generosos, los varoniles, los rectos, los que desean vivir la verdad y ser amigos íntimos de Cristo predilectos de su Santísima Madre, la Virgen María y verdaderos héroes ante los ojos de Dios y no ante los de los hombres! (En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 39, octubre de 1 944, págs. 21 y 22.)

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Miguel “El Imbécil”

Anécdota Por: Fr. José Fco. de G. Mojica Desde que yo era joven me había propuesto nunca mirar nada que me fuera repugnante, asqueroso o feo. Lleno como estaba de ideas estéticas, de arte y belleza, viviendo en un ambiente refinado, musical, erudito y de buen gusto, me parecía una cosa contraria a mi profesión de artista de ópera, conciertos y cine, el fijar los ojos en gentes sucias o enfermas, o en todo aquello que denotara miseria, peligro de infección o simple desarreglo y suciedad. El vivir en un país como los EE.UU. hacía posible este completo aislamiento de todo lo que es desagradable o doloroso pues tal parece que el afán de ese país es de llevar la higiene a su grado máximo convirtiéndolo todo en una gran clínica donde hasta los restaurantes populares parecen salas de operaciones llegando al grado de asepsia tal, que es contraproducente a la raza americana la cual viviendo de continuo en ese ambiente, no tiene resistencia a las más comunes enfermedades y en cuando sale de los E.U. contrae fácilmente muchas infecciones de que nosotros los íbero-americanos o indios, estamos a salvo. Solamente cuando hacía viajes a Europa o a los países latinoamericanos me encontraba yo con lo que desde chico había visto en México. Limosneros llenos de llagas y cubiertos de harapos, niños pobres demacrados y vagabundos, mujeres enfermas gimiendo por las calles y a veces, monstruos horribles, deformes, de los cuales había que apartarse con horros. En los E.U. todo esto es escondido, puesto en hospitales y asilos y hasta la muerte de las gentes, se hace lo 43


más artificiosamente agradable en funerales donde los cadáveres se presentan embalsamados, maquillados, bajo luces rosadas y profusión de flores y música delicada (entre la gente rica) y los pobres se despachan lo más rápidamente posible por vías ocultas, a los hornos crematorios o las fosas comunes, logrando que el país jamás presente nada que tenga que ver con la miseria humana y la muerte y sí, deslumbrando con vida, energía, limpieza y placer. Esta vida, formó en mi un complejo de ridículo refinamiento y pulcritud extrema y cuando decidí volver a vivir en el antiguo pueblo colonial de México, San Miguel de Allende, buscando allí la paz bucólica propicia al descanso, en una atmósfera de bellezas retrospectivas y alegría hogareña reuniendo con mi amada madre a toda la familia, me encontré con que al mismo tiempo San Miguel de Allende reunía con creces todo los sanos placeres que en él buscaba para mí y los míos, también presentaba otra cosa que al principio fue como una desilusión y esa cosa era la miseria de la clase pobre y campesina la cual era imposible rehuir ahora y con la cual me encontraba frente a frente a cada paso en los atrios de las iglesias, en las plazas y mercados, en las fiestas populares y en toda reunión pública. Como yo ya era terciario franciscano para entonces, asistía al templo de San Francisco donde una mañana al entrar al claustro donde habitaba el Padre Guardián, a quien deseaba visitar, me encontré de manos a boca con un individuo que me asustó por su aspecto repulsivo y asqueroso. Era un pobre imbécil, era un contrahecho pequeño, cojo, bizco y con la mandíbula inferior caída; y de continuo, le salía por la boca una baba que humedecía los harapos con que cubría el pecho. Una costra de mugre lo cubría todo y despedía acreolos orines. Me aparté horrorizado de él mientras él hacía caravanas repetidas y con un gesto de máscara sonriente, hacía salir sonidos guturales que parecían palabras pero como 44


hipos o gruñidos. Cuando entré donde estaba el Padre, lo primero que hice fue preguntarle quién era Fray Luis Chávez Garibay anciano y ya muy enfermo pero de magnífico buen humor y gran santidad, me contó que aquel hombre era “Miguel el Baboso” o “Miguel el imbécil” como le decían las gentes y desde que era solo un niño de brazos, había sido recogido por haber muerto su madre, una pobre mujer que había sido violada por uno de los ricos del pueblo que era borracho y parrandero. Miguel, desde niño, había sido el campanero de San Francisco y vivía en la torre, bajando a comer a la cocina y saliendo de cuando en cuando al mercado lo menos posible porque los muchachos lo molestaban despiadadamente. Me parecía mentira el ver la encarnación de “Quasimodo” en un pueblo de México pero allí estaba el mismo personaje de Víctor Hugo y mi interés por conocer más acerca de él, me hizo aguijonear con preguntas al Padre. “Quédese a desayunar con nosotros Don Pepe, me dijo el Padre y le contaré lo extraordinario que es Miguel”. –Así lo hice y sopeando chocolate, me contó el Padre lo siguiente: “Aunque tiene todo el aspecto de un imbécil y físicamente está imposibilitado para hablar, no es en lo absoluto nada tonto, en su cerebro funciona y razona perfectamente bien. Todo lo comprende y muchas veces me ha asombrado con su inteligencia. Por ejemplo, su perfecta puntualidad para llamar a todos los servicios y distribuciones del Templo y su habilidad para ayudar en cuanta obra se hace dentro del Convento. Una vez que conoce a una persona jamás la olvida y sabe por instinto quién es persona buena y de cuáles hay que desconfiar. A Ud. lo conoció desde el coro y me vino a decir el primer día que estuvo Ud. en el templo que le es Ud. muy 45


simpático y lo quiere. Cada vez que comulga Ud. me viene a decir que está muy contento y baila por ello. Y si no, ya verá Ud. –¡Miguel: llamó el Padre en voz alta; y al momento apareció en el marco de la puerta la figura teatral de “Quasimodo”. –Mira, aquí está de visita Don Pepe, tu amigo a quien quieres mucho ¿Verdad? Miguel se sacudió todo con una intensa y repetida muestra de aprobación y mirándome con sus ojos bizcos y su cabeza torcida sonreía haciendo los mismos ruidos guturales con que me había asustado al encontrarme en el claustro. El Padre continuó: Hoy es día de fiesta para este Convento y nos vamos a alegrar mucho. Y diciendo esto, el Padre se acercó a un viejo fonógrafo y puso un disco. Era una jota. La bóveda del cuarto resonó con el ritmo español que se me figuraba en este ambiente “escandaloso” y Miguel, haciéndome primero una caravana en el centro de la estancia, se soltó dando saltos al compás de la música con una técnica muy personal y un ritmo exacto al compás de la jota. Yo me sentía abochornado, sorprendido y hasta con deseo de suplicar al Padre que suspendiera aquello. No me causaba risa ni alegría sino una profunda piedad el ver a aquel pobre cuerpo dando tumbos y saltos en los ladrillos del piso. El Padre sonreía complacido y hasta ayudaba moviendo la cabeza al compás de la música y por ver que él más que yo gozaba con el espectáculo no dijo nada sino cuando terminó el disco, aplaudí como si me hubiera gustado y me levanté para darle unas palmadas de aprobación en la espalda al pobre Miguel. En el mismo momento, corrió donde estaban los discos y buscando diligentemente puso otro que inspeccionó antes cuidadosamente para cerciorarse de que era la pieza que más le agradaba y se lo dio al Padre para que lo pusiera dándole él cuerda al fonógrafo. Era el vals de “Copelia”. Ahora el ritmo era 46


distinto y los movimientos grotescos de Miguel expresaban que sentía la música, Mientras contemplaba yo el patético espectáculo, una rara sensación de comprensión me dando paz al interior y casi quería llorar. No era ya lástima por el deforme, ni piedad por el siervo obediente que hacía lo que su amo le ordenaba. Yo comprendía que la amistad de Miguel hacia mí, era genuina y que de veras yo le era simpático pues me decía el Padre: –“No crea Ud. que Miguel hace esto con todos los que me visitan, muy contadas veces accede a estos extremos de alegría. Tiene su carácter y opiniones bien definidas. Yo pensé: ¿Cómo corresponder a esta muestra de especial predilección? ¿Qué podría darle de regalo a Miguel que tuviera el mismo valor de lo que él hacía por mí? ¡Ah: Ya sé! Le voy a dar un concierto con mi guitarra esta misma noche. ¡Le voy a cantar muchas canciones lindas, las mejores que sepa! Y así se lo ofrecí cuando terminó su vals. Miguel hizo más agudos ruidos con la garganta cuando se lo dije y palmoteó feliz. Aquella noche, fui con mi guitarra al Convento cuando el padre terminaba su humilde cena. En aquel momento sonaba la campana de Ánimas en la torre del templo y era Miguel quien la tocaba. Bajó sonriente al poco rato y sus caravanas fueron más cerca de mí hasta me palpó un brazo con su mano torpe. Mi repugnancia por el deforme, mi ridículo desdén por lo feo, había desaparecido. Ahora comprendía cómo “La Infanta” de Oscar Wilde, pudo haber sentido afecto por el bufón gitano también deforme y monstruoso. Empezaron las canciones, alternadas con bailes de Miguel y el buen Padre sonreía plácidamente recibiendo el arte que un cantante famoso y un bufón ignorado, desplegaban bajo el bendito techo de San Francisco. Allí estaba representado el fraternal amor del Seráfico Apóstol. Momentos de sublime comprensión, de unificación en espíritu, de estrecho lazo que unió a tres hijos 47


de San Francisco: el Sacerdote, el divo y el imbécil. Desde entonces vi casi a diario a Miguel, quien se abrazaba a mis muslos cada vez que se encontraba en los claustros. En cada día de mi Santo, recibía yo una postal a colores vivos y un ramo de flores que él se arreglaba con conocidos para obsequiarme. Un día, murió el Padre Luis y yo estaba en Buenos Aires. Cuando volví, encontré a Miguel desolado sirviendo bajo la protección del señor Cura en otro Templo, el de la Concepción, donde con puntualidad asombrosa cumplía su oficio de campanero. Cuando nos vimos, nos abrazamos en silencio. Lo noté muy triste y aunque no lloró, sí se adivinaba que sufría por la partida de su Padre. El señor Cura, estaba tratando de curarlo y personalmente le daba masajes eléctricos para fortificar su garganta cada día más estrangulada por las abultadas venas que acusaban una altísima presión sanguínea. A los pocos días, los monjes que atendían el hospital, me llamaron por teléfono para decirme que Miguel estaba agonizando. Corrí a verlo y lo encontré hecho un ovillo en una cama dura, la única, en un salón largo y abandonado donde una monjita le ayudaba a bien morir. El cuadro era algo digno del pincel de un maestro que hubiera querido representar la caridad, en el más extremo peldaño de la pobreza. Me acerqué y tomándole una mano le llamé por su nombre muy bajito. ¡Miguel…! ¡Miguel…! Soy yo, tu hermano Pepe… Abriendo los ojos torcidos, me miró y una leve sonrisa se dibujó en su cara. ¡Miguel!, le dije, vas a descansar y a ver muy pronto a la Virgen María, pídeles mucho por mí, eh? Haciendo él con el dedo índice una señal hacia el cielo, me indicó que allá iba. Cerró los ojos y un buen rato quedó respirando levemente tan leve, que tenía yo que acercarme para comprobar que aún vivía. Allí lo dejé encomendado a la monjita que recitaba las letanías. 48


Al día siguiente le fui a ver otra vez. Estaba en su caja que en el suelo de la morga habían puesto. Le llevé unas flores y unas velas y cuando coloqué las flores en su pecho, advertí que tenía el escapulario franciscano entre los dedos y en el perfil de su cara una dulce dignidad de gran señor. Miguel “el imbécil”, me enseñó a despojarme de los ridículos prejuicios del petimetre que se horroriza de lo sucio, de lo feo, y desde entonces, gracias a su afecto, inestimable por lo sincero, he podido amar con toda mi alma al deforme y despreciado, y cupo en mi pecho, el privilegio de entender el amor que mi Padre San Francisco desplegó cuando besó al leproso, sintiendo desde entonces, el anhelo interior de imitarlo algún día. Recoleta, Cuzco, Sept. 24 de 1 944. En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 39, octubre de 1 944, págs. 27-30.

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El favor más grande que ha recibido América

Por: Fr. José Fco. de G. Mojica Cuando se recorre detenidamente la serie de favores que la humanidad ha recibido por intercesión de la Santísima Virgen María, se detiene la mente asombrada ante el milagro del Tepeyac. Todavía no alcanzamos a rendir el agradecimiento adecuado por el favor inicial y nos queda la interminable lista de milagros posteriores que por medio de la Imagen, Dios ha concedido a los habitantes de América y aún del mundo entero. En todas las apariciones que la Virgen ha hecho el favor de conseguir para manifestarse nuestra Madre protectora, hay ternura, hay transparencia, hay pureza y sencillez. No sabe uno en cuál de ellas se manifestó más conmovedoramente misericordiosa más profundamente maternal, más claramente mediadora y firme vía de salvación. Sin embargo, analizando el milagro de América vemos que hay en él cosas de esencial significado cuales si no han pasado inadvertidas para los estudiosos de este especial favor, sí, se ocultan a la mayoría de los fieles que sólo ven en la Imagen de la Virgen de Guadalupe una advocación popular. Cuando la Imagen se imprimió milagrosamente en el ayate de Juan Diego, el pobre indio neófito y entre frescas rosas asombró al Santo Obispo Franciscano Fr. Juan de Zumárraga, quien desde el primer momento cayó de odillas ante ella, se plasmó en el milagro algo que no solo respondía a las necesidades de evangelización del vasto Continente envuelto entonces en las tinieblas espirituales de la idolatría, sino algo 50


que también respondía a las muy enconadas controversias de los teólogos de la Iglesia. La Orden Franciscana encabezada entonces el movimiento interior que culminó con la gloriosa declaración dogmática de la Inmaculada Concepción. En Europa esclarecidos cerebros y fervorosos corazones luchaban por llegar a un acuerdo sobre tan importante asunto, puesto que de él parte la conformidad perfecta de la obra de redención. El Obispo Zumárraga, tenía pleno conocimiento de esta lucha y como buen español defendía fogosamente los principios de toda una pléyade de Santos Franciscanos con San Buenaventura y Escoto al frente. La primera reacción del ilustre Obispo fue la de rendido culto a la Imagen de la Madre de Dios, la cual mostraba en sus atributos las características perfectamente claras de la Virgen María en su advocación de la Inmaculada Concepción. Como para erigir el templo que por propia boca había pedido la Virgen a Juan Diego “para que con una continua y liberal profusión de gracias me pueda yo demostrar piadosísima Madre”, había necesidad de esperar algunos meses; al menos una capilla provisional podía hacerse en forma rústica en unos cuantos días y llevar en regocijada procesión la imagen desde México, donde estaba el Palacio del Obispo, hasta la colina del Tepeyac. Esta gran procesión fue organizada por el Obispo con el entusiasta concurso del pueblo en masa que había recibido la noticia del estupendo acontecimiento. Los indios viendo que uno de ellos, Juan Diego, había sido el favorecido, recibieron en ello la confirmación divina de que ellos eran tan dignos del amor y predilección de Dios y su Santísima Madre como lo eran los blancos, entre quienes encomenderos desalmados no titubearon para obtener esclavos a granel, decir y proclamar públicamente que los indios no tenían alma humana sino que eran animales. Ahora estaba probado que eran hijos predilectos de María y Ella misma, en persona, había venido a declararlo y había dejado en prueba su retrato. 51


Para los indios esto significaba su libertad, su rectificación de derechos, siempre heroicamente defendidos por los Franciscanos sus educadores y protectores pero para el Obispo, aparte de esta victoria, le venían otras; y una era orden teológico, que quiso en el acto perpetuar. Era el ver que el retrato dejado por la Virgen en sus manos, tenía todas las características y atributos de la Patrona de la Orden Seráfica, cuya Inmaculada Concepción se defendía ardientemente. Escribió de inmediato una carta a Hernán Cortés, que se encontraba en las cercanías de México en Texcoco y en ella después de darle la notica del regocijo general de los indios y de las preparaciones para llevar la Imagen en procesión hasta su improvisada capilla, terminaba con estas palabras: “y quiero poner a la Iglesia mayor el título de LA CONCEPCIÓN DE LA MADRE DE DIOS pues en tal día (de su octavario) ha querido Dios y su Madre hacer merced a esta tierra que ganaste”. La Virgen de Guadalupe es pues, la Imagen de la Inmaculada Concepción no pintada por manos humanas sino por el milagro único en la tierra. Vino la época en que de España llegaban a América imágenes pintadas por grandes y famosísimos artistas como Murillo y Velásquez y la obra pictórica aureolada por las alabanzas de críticos de arte y respondiendo además a estilos que prevalecían, entonces divulgó otra efigie que acabaron de popularizar los copistas comercializados; los escultores copiaron esto mismo tanto en España como en América y la Imagen de la Inmaculada Concepción se popularizó no como es de sobria en líneas y colorido, en unción y dignidad a la par que tranquila sencillez como lo muestra claramente la Virgen de Guadalupe, sino que en la figura flotante de una doncella con el pelo suelto, ondulantes ropas y ojos vueltos al cielo en teatral postura, esta figura de la Inmaculada Concepción contrasta con las esculturas vestidas de riquísimos brocados y amplias faldas y mantos circulares que parecían reinas de un 52


país de fausto y pedrería. Tanto unas como otras son bellísimas y responden al gusto artístico de una época. Por fin en el siglo pasado las apariciones de Lourdes, lugar donde la Virgen dijo a Santa Bernardita “Yo soy la Inmaculada Concepción”, presentan otra Imagen de la Virgen María que siguiendo las descripciones de la Santa visionaria, fue hecho por un famosísimo escultor francés, pero que una vez vista por la misma Santa Bernardita, la hizo decir con calma: “Ella no es así” ¡Claro! La escultura de Lourdes es bellísima y mucho más adecuada que ninguna de las otras para mostrar la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen, pero Santa Bernardita, que había visto a la Virgen en persona, no podía decir más que la verdad: “Ella no es así”. Este proceso de estilos y cambio en una Imagen, de seguro no ha terminado pues la iconografía de la Purísima seguirá agrandándose con cada generación. Pero para los que deseen buscar la verdad pura, sencilla, solo basta que se hagan la reflexión de que la Imagen de la Virgen de Guadalupe precede por siglos todas las otras; que no fue pintada por ningún artista, ni tampoco está sujeta a determinada escuela o estilo de pintura (si bien los adornos de oro del traje y manto recuerdan mucho la escuela cusqueña y quiteña, estas escuelas no existían todavía cuando algún devoto quiso adorar con este tributo la imagen parecida y le agregó oro para darle mayor lujo y riqueza) la sobriedad de línea, la unción en la actitud, la suavidad del colorido que recuerda más bien “un soplo de calor” que obra de brocha, la indumentaria perfectamente de acuerdo con la de una doncella hebrea de la época en que vivió en este mundo la Virgen María no como muchos dicen por “goce racial” que es de india mexicana, hacen de la Imagen de la Virgen Morena (morena por ser hebrea y suavemente tostada por el sol y las arenas cálidas de Palestina y Egipto y no por un amoroso travestí que halaga 53


el corazón de los que tenemos sangre india), una verdadera Imagen de la Virgen María, un retrato perfectamente auténtico en modestia y dulzura que revela por la media luna a los pies y el Serafín simbólico que la sostiene y rinde servicio, la advocación que nuestra Orden Seráfica inició, propagó, defendió y logró poner en labios infalibles, en la verdad eterna, “YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN”. Recoleta, Cuzco, Nov. 21 de 1 944. En: “Ensayos”, Año XXIV, N° 40, Diciembre de 1 944

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La Navidad en mi Convento

Por Fr. José Francisco. de Guadalupe, O.F.M. (Antes José Mojica) ¡Qué hermosa es la Navidad en mi convento! A veces me pregunto si todo esto no es un sueño, ¡y vaya que' he vivido más de cuarenta y cinco navidades! Pero ésta de mi convento las supera a todas, aún a las de San Miguel de Allende, que me parecían las mejores por ser fiesta del hogar formado al calor de mi santa madre. Ocho días antes de aquel en que nazca el Niño Jesús, empiezan las Antífonas de la "O", ceremonia que recuerda haber visto mencionada en cronicones franciscanos y en un libro de fray Luis de Palacio, el insubstituible guardián de Zapopam, quien, al hablar, con su sabrosísimo estilo, de las actividades ,de las religiosas de Santa María de Gracia, de Guadalajara; refiere cómo una de voz extraordinaria cantaba esas antífonas y llenaba el templo de fieles que, apretujados e incómodos, se deleitaban oyendo aquella voz de oro, que tan lindamente decía el "¡Oh Sapientia!" o el “¡Oh Adonai!" En mi convento hay tantas flores en días de primavera, y en especial silvestres rosas de Castilla, que dos horas antes de Vísperas, los coristas salen a cogerías en cestos de varios tamaños; y siempre procuran una -bella mezcla de colores: blanco y rojo, amarillo y blanco, azul y blanco, azul suave y rosa. Cada quien aspira a formar la mejor ''mixtura'', como aquí se le dice a ese juego de colores y mezcla de flores. No pocos

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gustan de hacer la combinación sencilla, y ponen en su cesta violetas en corola, miosotis y espuelas de caballero, todo en azules y morados, con perfume intenso, todo lo cual acomodan, haciendo dibujos, en el cordón de la cestilla. Se proveen, además, de una corona de flores y hacen una guirnalda de lo mismo, en forma de estola, para adornar la cabeza y los hombros del padre que ha de cantar la antífona. Por vez primera me encomendaron la hechura de las estolas y coronas para cada día, y las hice inspirándome en el arco iris, para dar cada día un color y terminar en el blanco, que es la suma de todos 'los colores. Fuera del coro, legos y donados aguardan al padre en turno, y le tienen dispuestas la pluvial morada con viejos brocados de plata, el alba de lino, hecha con deshilados y otros primores de manos liliales, y un gran báculo de puño a colores, rematado en una estrella que en los extremos tiene rosas y en el centro una muy grande entre cuyos pétalos se acurruca un niñito Dios dormido, como "tornando carne" de la rosa inmaculada para nacer de ella en la Noche Buena. Cuando después del último salmo de vísperas el padre entra en el Coro, las campanas doblan alegremente. Él se dirige al centro, se coloca frente al facistol cubierto con hermosos paños, y entre cantores y acólitos revestidos con sobrepellices blancas, entona la Antífona de la "O", y al mismo tiempo pasea en derredor el báculo, presentándole al, Niño Jesús. Es entonces cuando empieza la lluvia de flores sobre el dulce Niño y corona y estola son colocadas en la cabeza y los hombros del padre, quien, al terminar, la ceremonia, permanece inmóvil 'en una maravillosa lluvia de flores. ¡Es de verse este cuadro! Nubes de incienso, perfume de rosas de Castilla y de retama, y luego las voces repitiendo la antífona después del Magníficat. Se transporta uno a no sé qué edades 56


y tiempos, para acabar con los ojos llenos de lágrimas, en llantos de ternura, de piedad y una migajita de tristeza al pensar que esta belleza se va perdiendo o se ha perdido en muchos países que se dicen "modernos". Aquí se conservan estas ceremonias que en otras partes han desaparecido al empuje del "progreso". Yo me pregunto: ¿Cuándo volverán a resonar los coros de nuestros templos, ahora vacíos y olvidados, con los cantos litúrgicos de las comunidades, cantos que son esencia de la cultura humana, síntesis de la mejor música y el más perfecto homenaje del espíritu a su Creador? ¡Cómo le agradezco a mi Señor el haberme permitido presenciar estos actos dentro de los muros de adobe de esta vieja Recoleta franciscana! Después de Vísperas, la comunidad se reúne en el salón de esparcimiento de los padres, donde espera al que cantó la antífona. Cada uno lleva un agasajo que proviene de las limosnas colectadas durante varios días, limosnas no en dinero, sino en estampitas, dulces, galletas, juguetes. Todas estas cosas el agasajo las reparte entre sus "niños", sus hijos, y ello provoca una alegría infantil, bendita. Estas naderías hacen felices a los miembros de la comunidad, que toman una copa de vino o un vaso de fresca chicha de fresa, que aquí llaman "frutillada", y luego, las flores que han quedado en los cestos, caen sobre el padre para corresponder el agasajo. Y con las flores brotan los villancicos, y la alegría es más intensa, y el padre, como un chiquillo, trata de evadir la nueva lluvia de flores. Todo concluye en un coro general y en el desfile hacia la cafetería, donde se sirve una taza de café caliente y se da gracias con una Ave María, antes de volver al silencio y al recogimiento habituales. 57


Me han dicho que en ningún otro de los conventos de la Provincia de los Doce Apóstoles del Perú, se celebra la "O" como en esta Recoleta. Uno de nuestros padres, el gran poeta arequipeño Carlos Caselli, escribió este magnífico poema sobre la "O": ROSAS DE ADVIENTO Florecieron los rosales, ¡Llueven rosas! De las cercas florecidas en el viejo monasterio ¡Llueven rosas! De las mangas franciscanas, de las almas y las bocas, de los pobres canastillos ¡Llueven rosas! Pues florece la esperanza ¡Tantos siglos en capullo de la Aurora! ¡Si el jardín cerrado entreabre su milagro ya naciente de un Rosal! Florecieron los rosales. Y los monjes en el coro, en el recreo, cantan loas llenas ellas de un raudal de admiraciones ¡Oh Admirable! ¡Oh Sapiente! Llueven rosas en las Oes –las Antífonas de Adviento–, las de mil admiraciones con unción gratulatoria. ¡Oh SAPIENCIA! del Altísimo que norma en lo excelso y lo profundo, 58


el milagro equilibrado de las cosas! !Oh ADONAI! ¡Flama eterna de la Gloria, sabia llama iluminante de las leyes que libertan al humano, de las sombras, de sus negros fondos ávidos, de sus máscaras jurídicas en la trágica parodia! ¡Oh RAIZ Tú de Jessé! ¡Signo y meta de los pueblos en la Historia! ¡Oh CLAVE de las bóvedas eternas! ¡Oh llave misteriosa que abre el tiempo y los arcanos; que abre y cierra lo posible, lo imposible, lo que flota en los años eternales, en los mundos florecidos y en las lunas nebulosas! ¡Oh ORIENTE! ¡Oh Naciente y Sol Eterno! ¡Aurora! ¡Lubricán sin véspero ni ocaso! ¡Lúcido Orto de Justicia a todas horas! ¡Que tu luz de paz descienda a los reinos de la Muerte tenebrosa! ¡Oh REY Magno! victorioso de sepulcro: ¡Que a tu voz se abran las rosas y se vista la osamenta de inmortales carnes bajo la fulgencia de las rosas! ¡Oh EMMANUEL, Dios con nosotros, con el barro que alentaste con el soplo de tu boca! ¡Oh encarnado que exaltaste con el triunfo de tu muerte lo mortal de la derrota! ¡Ven! ¡No tardes! Florecieron ya las rosas, 59


Florecieron las palabras del Eterno y los Profetas. La Mujer quebranta al diablo la cerviz fascinadora por Fruto bendecido que en SÍ brota. ¡Oh Admirable Rey que vienes, que ya asomas tras los cantos de las OES de los monjes y el clamor de la salmodia! Aún no llegas; todavía estás dormido en la Hermosura, así, Niño, sin vagido, ¡te festejan ya con flores, villancicos y zampoñas! ¡Buenos monjes visionarios, intuitivos, que soñaron con la Perla más hermosa, con la Pura, la sin mancha. ¡Flor de Flores por su límpida corola Presintieron y la amaron con el alma, con la ciencia, con la honra! Cuando llegue con las rosas del Adviento la otra Rosa; cuando aclárense los astros y la estrella guíe a los Magos a la gruta pobre y sola; cuando acentos celestiales y zagales y pastoras se encaminen al pesebre del Venido, que ya llora; acunándole en sus brazos, como en Greccio el PoverelIo, como el grande Jacopone en su Gaudiosa; como lo hacen estos monjes de hoy, de ahora, 60


Así siempre, para siempre, LOS QUE ESPERAN YA TE ADORAN, ya te aguardan, porque el cielo está más limpio, la arboleda más sonora, más seráficas las almas, y del cielo estremecido por la noche, ¡LLUEVÉN ROSAS! En Adviento la primavera brota en las almas. Vivimos una página de gloriosa esperanza en este pobre mundo azotado por la guerra. Pero llega la, Noche Buena y con ella se redoblan nuestra actividades en el convento. Ahora qua esto escribo, prece que otro lo hace, de lo "divinamente cansado" que estoy. Es este el cansancio del cuerpo con una capacidad inagotable del espíritu para emprender tareas inmensas, arrastrando el guiñapo del cuerpo, "pobre hermano burro" que obedece con calma y sabe que está haciendo algo bueno. Empieza a comprender el tesonero dinamismo de Fray Margil de Jesús y otros mil... Hemos hecho, Fray Peralta, Fray Meléndez y yo, el Nacimiento. Fray Peralta, otro corista que pinta, y yo, hicimos el decorado imitando la belleza de la Tierra Santa. Otro grupo de obreros hicieron la iluminación, guiados por Fray Meléndez, maravilla franciscana de paciencia, porque fabrica sus materiales rebuscando en las basuras del convento, y en pocos días hizo una luna, estrellas que cintilan, horizontes transparentes. Yo vestí las imágenes, estudiándoles, como Fray Luis de Palacio, "hasta los pliegues", coloqué las pajas del pesebre en forma natural y artística. Mis Nacimientos vivos de San Miguel Allende quedaron aquí plasmados en una realidad fija, inalterable. Ahora podría enseñarle este Nacimiento a Carlos Pellicer. Mostrarle los grandes peñascos, las plantas agrestes traídas de los cerros circunvecinos, que 61


ambas forman altares laterales. Abajo, al frente, como quien dice en las candilejas, dejamos un espacio para la juguetería, a manera de marco del retablo mayor, del centro; y, todavía, frente a esto se puso la mesa del altar, a la italiana, con solo candelabros de plata, frontal con bordados y oros de Manilla, y el ciborio dorado, y la mesa cubierta con tres manteles de nieve y espuma, Bajo ella, un tapete carmesí, y rodeando el' barandal del presbiterio, limpios paños de lino. A los lados, ramas de cedro y pino. A las diez de esa Noche Buena, empezó el "Despierto", función de claustros adentro, con ritmo y música, algo para ser descrito por un poeta como Rafael Heliodoro Valle. La orquesta la forman tambores, pitos y bombo nuevo, grande, hecho en casa por el mago Fray Meléndez y por otro obrero habilísimo, Fray Dianderas, acordeones, castañuelas, sonajas y triángulo, Al frente de la banda, bailan grotescamente dos enanos cabezudos, con enormes turbantes llenos de cintas de colores. Estos enanos hacen reír al más cascarrabias, recorren los claustros y bajan a la portería, donde ejecutan la más formidable de las danzas. Mucha gente de la ciudad acude al baile de los enanos, y ríe y aplaude, y goza. Yo, pinté las cabezas de estos alegres bailadores, y también les hice sus trajes; pero la danza y todo fue ocurrencia de Fray Peralta. Mas todo eso no es sino una resurrección de algo que se acostumbraba en los antiguos conventos franciscanos. Ahora, recuerdo que Fray Luis de Palacio pintó y tenía colgada en el cancel del convento de San Francisco de Guadalajara, una acuarela en la que se ven unos danzantes cabezones. Sólo que aquí, los músicos y los bailadores son frailes alegres que anuncian así la proximidad del Niño Dios. 62


Aunque muertos de cansancio, por tanto ajetreo y risa, subimos al Coro a cantar Maitines. El templo estaba lleno de una multitud en la que figuraban las autoridades Y las mejores familias de Cuzco. Empezó la misa de Gallo, cantada con música española del célebre Calahorra; una misa que sólo aquí se oye, porque es más alegre y ruidosa que una alborada gallega y que en templos de las urbes "cultas" escandalizaría por sus ritmos de jota y villancico. Para cantarlas se requieren voces jóvenes, buenas, o buenos profesionales, porque en el Credo, los tenores acaban en "do de pecho". Nosotros la emprendimos acompañándola, como es costumbre, con todos los instrumentos de percusión. A la hora del Gloria, que soltó a las doce en punto, yo me preguntaba cuál de todos los grupos que en ese momento celebraban el nacimiento de Cristo, lo hacía con más alegre ruido que nosotros. En Nueva York, en Chicago, en México, el silencio, el recogimiento, y nosotros aquí, gritando "Amén" a todo pulmón y dándole duro al bombo, al tambor y a las castañuelas. Todo es bello en su lugar; Nuestra Recoleta, ensayando en un día como éste, música de Palestrina, parecería una moza campesina con abrigo de armiño y guante blanco: ¿Qué mejor que esto? ¡Bendito sea Dios por la expansión sin límites de nuestra alegría franciscana, como la de aquella Navidad de Greccio, cuando nuestro Padre San Francisco cantaba y aún, según dicen, al decir "Bethlehem", le daba un tono capretino a la voz y alargaba la última sílaba para cantar como corderito. Así, nosotros, con toda la fuerza de nuestra alma hemos cantado: ¡Gloria a Dios en las Alturas y Paz en la Tierra a los hombres de Buena Voluntad! Después cantamos villancicos con: letra 63


de Lope de Vega: "Zagalejo de perlas, hijo del alba. ¿Dónde vas? ¿Dónde vas que hace frío, tan de mañana?", y no faltaron los "olés" en medio de la música española guardada aquí de generación en generación: herencia sin precio que he venido a disfrutar en pago del amor que le tengo a la Madre España. Dios sea bendito en todo. En: “Ensayos”, Año XXIV, N° 41 , Marzo de 1 945

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Proyección espiritual de Santa Clara

Por Fr. José Francisco. de Guadalupe, O.F.M. Al pensar en Santa Clara, sentimos que ella responde al íntimo concepto que tenemos de la perfecta y virginal consagración a la obra más alta del ser humano e la tierra: la unión mística de la criatura con el Creador, por medio del amor. Ya desde los albores de la vida monástica tenemos ejemplos de esa perfección en muchas Santas pero tal parece que la exquisita sensibilidad de San Francisco de Asís necesitaba encontrar una flor que exhala un perfume aún más delicado que el de las muchas otras flores del vergel cristiano y ofrecerla como su ideal de alma franciscana a su Amor Infinito, a Cristo, a “su Dios y su todo”. Así como para el artista fino hay matices delicados escondidos en cosas donde la belleza pasa inadvertida para los amantes del color brillante, así como para el poeta delicado hay quizás más belleza en la florecita que nace las rocas escarpadas cerca de las nieves perpetuas, que en la fragante rosa o la dalia deslumbrante, así, San Francisco de Asís y con él todos los espíritus capaces de contemplación sublime, se detienen asombrados ante esta noble doncella que subiendo a las alturas de la santa pobreza, supo llegar a donde brilla el ideal. El Apóstol Seráfico, ciego por su verdadera humildad a su perfección propia, ve en su más aventajada discípula la cúspide de santidad que él para los demás deseaba; y Clara la 65


nívea flor sin mancha rodeada de muchas flores hermosas suyas, es a os pies Amor de los Amores, la ofrenda preciosa en la cual sin duda el Santo puso todas sus esperanzas de que sus hijos sean agradables a Dios. La Segunda Orden Franciscana brota del rincón más íntimo del corazón de San Francisco y hace la obra que hubiera sido más grato a San Francisco hacer siempre; toma la parte mejor a los pies del Amado y ¿quién mejor que esta constelación encabezada por la más clara estrella para cantar al Señor y a su Santísima Madre el suave coro del amor franciscano? ¡Ah! Es quizá el más diamantino reflejo de esas aguas cristalinas y tranquilas depositadas en el estanque sagrado de los claustros sobre las cuales el Espíritu Santo viene a extender sus blancas y palpitantes alas para atestiguar el mutuo amor entre el Padre y el Hijo… Y por eso muy poco sabe el mundo de las recónditas dulzuras de esas almas místicas “gajo predilecto de la jugosa fruta franciscana guardado para ofrecérselos al Esposo en las horas de paz y consuelo a la fresca penumbra del Templo”. Y como si Santa Clara hubiera sido especialmente creada para personificar el momento de tonos grises impregnados de suaves soplos de color pálido, para presidir en esa hora dulce del crepúsculo cuando luna y sol pueden admirarse recostados en los confines opuestos del cielo, como si su ambiente para brillar fuera, esa “hora exquisita” propicia a la modestia del alma contemplativa cuyo saludo se escucha acompañado de los toques del Angelus, como si en esta Santa hubiera querido el Señor enviar a la tierra la frescura de la mañana y la transparencia de las gotas de rocío sobre el verde y tierno césped, como si se encerrara en ella el rayo de sol crepuscular para tener la infantil alegría de hacerse muy pequeño y allí, en el jardín musgoso y escondido, jugar un momento al universo 66


microscópico, así, Dios omnipotente tomó esa virgen de Asís y plasmó en ella todas las bellezas de las virtudes del claustro ocultándola en predilecto retiro, todo, para responder al anhelo más secreto del Serafín de Umbría. San Francisco era tan feliz cuando llevaba vida contemplativa que justamente ser esa únicamente la misión que Dios le había señalado; pero como piedra preciosa bien tallada, sus múltiples facetas reflejaban el Amor de Dios todas ellas con fiel intensidad. En cada actividad se sentía tan profundamente subyugado a servir, que perplejo en ciertos momentos sometía a sus más humildes y santos hijos la resolución de sus problemas. Se dejaba guiar con plena confianza de las decisiones tomadas por otros, pues sabía que Dios hablaba por ellos claramente porque la mutua oración era de tal intensidad, que la respuesta no podía encerrar más que la voz de Dios. Clara más de una vez fue santa brújula y le indicó el camino; sobre todo, la vez en que unida a Fray Silvestre decidieron la vida mixta de predicación y oración para los frailes, camino especialmente reservado a la Primera Orden, guárdanse ella para sí y para sus hijas el que ya había tomado y que jamás la Segunda Orden abandonó. Ella, con sus hermanas, es el centro; el punto firme, inmóvil, mientras Francisco con los suyos varonilmente iría hasta los extremos de la tierra sobre el difícil pero equilibrado camino de la vida mixta. Ella quedaría cual pebetero, cual lámpara perpetuamente encendida ante el altar; él iría como antorcha de Cristo a iluminar al mundo con la mejor predicación, la del ejemplo. Cuando se hizo necesario en la vida social con la formidable palanca que es la Tercera Orden Francisco logró mover al 67


mundo, porque tenía el adecuado punto de apoyo en Clara. Milagro de la oración constante. Es que la mujer santa da a toda empresa humana la nota divina que la hace infalible. Todo movimiento histórico de verdadera trascendencia y de permanentes frutos ha tenido siempre por cooperadora una mujer santa. Lo vemos ante todo en la Virgen María, cuya cooperación a la salvación de la humanidad, está condensada en los títulos de la letanía y aunque ninguna mujer llega a la perfección tanta si hay una maravillosa pléyade de madres, esposas, hermanas como Santa Elena, Santa Mónica, Santa Escolástica, etc. Que vinculadas estrechamente a movimientos religiosos, coadyuvando con obras y oración, lograron reformas mundiales que han ido progresivamente llevando a la humanidad al cumplimiento del Evangelio. Y Santa Clara, tan sumisa, tan oculta, tan perfectamente modesta pero tan firme en su convicción serena de vivir conforme a sus votos que ni los Papas logran persuadirla de atenuar su Regla. Santa Clara, tan débil, tan enferma, tan indefensa, pero tan valiente y segura de la fe que sola, como defensora de su convento y de sus monjas pero con Dios en el Santísimo Sacramento, logra desbandar un ejército de sarracenos y salva así no solo a sus hijas, sino a la ciudad y a la comarca entera. Santa Clara, tan obediente, tan pobre, tan pura, que sin pedirlo ella, es transportada en vida de un sitio a otro por los ángeles pero que a esos milagros y ternuras de Dios los viste de cilicio, ayunos y constantes penitencias como si hubiera sido la más indigna y grande pecadora. Santa Clara, en fin, que logra privilegios inestimables del Cielo a costa de humildad, como cuando descendió a la Porciúncula para tener el consuelo de orar una vez más en el sitio sagrado donde se consagrara a 68


Dios y allí, en ágape celestial con su Padre San Francisco y sus hijos e hijas lo dejan hablar de cosas del cielo hasta que todos fueron arrebatados en luminoso éxtasis al grado de que la luz que allí irradiaba hizo a los campesinos adelantar la aurora y empezar su trabajo antes del sol; como cuando recibió el altísimo honor de que en su jardincito, estrecho y luminoso se alzara la voz del Santo llagado y prorrumpiera en el himno más bello y celebrado a las criaturas del Señor, y después sus manos castas cual blancas azucenas derramando bálsamos y lenitivos ¿no tuvieron la dicha de curar las heridas de Cristo en el cuerpo tembloroso de dolor del propio Padre San Francisco? Ella, la única mujer que ha tocado por amor, no por duda, las llagas de Cristo. Ella, la única virgen que las ha besado, justo es que suba a las alturas del firmamento franciscano como luna clara. Justo es que se le considere como la dulce “Mujer Fuerte de la Orden”, pues dio calor maternal a sus hijos, dio amor filial a su Santo Padre y abrigo, guía y protección a sus virginales hijas. Formó el hogar espiritual donde reposa la seguridad de todos los franciscanos, pues en él se mantiene desde hace siete siglos el fuego sagrado y confortante de la perenne devoción y logró la primera, el portento de que en su cuerpo núbil dama noble, floreciera. a pesar de su delicadeza, la más alta pobreza que transformó en fríos pavimentos de piedras, las muelles alfombras de su palacio condal; en duro y penoso lecho de esteras, la lujosa estancia mórbida y perfumada; en simple y escaso alimento las deliciosas y abundantes comidas de la corte y en vil sayal de lana burda, las ricas y brillantes vestiduras de brocado y terciopelo. Permitió gozosa que se le cortaran las rubias y sedosas trenzas para cubrir para siempre su cabeza de velo modestísimo y en vez de perlas y diademas que un día ciñeron 69


su tersa frente, puso la corona de espinas que un día llevó el Señor… ¡Oh misterio insondable el de la vía mística que une las almas con su Creador en feliz intercambio de dolores por amor! ¡Santa Clara! ¡San Francisco!... modelos de esa sabiduría que sobrepasa todo los sabido…! Ese retrato de Cristo labrad en carnes puras, hace que avergonzados miremos el horror con que la hora presente glorifica lo soberbio, lo vano, lo falso, lo cobarde del mundo seductor ya perdido entre abismo de holgura y de cruel brutalidad. La fuerza del espíritu parece que ya no pertenece a la edad en que Dios nos obliga a vivir. Solo hay confianza en lo burdo, en lo tangible, en lo plácido. La esperanza de volver a vivir en los tiempos profundos, parece un reflejo de leyenda medioeval y sin embargo… si sólo comprendiéramos que somos hijos de Dios igual que los Santos, que las barreras son fantasmas que caen hechas polvo bajo la fuerza de la voluntad; si solo respondiéramos a esta llamarada de esperanza que surge en el corazón de cada uno de nosotros al contacto de esos gigantes del espíritu que son los Santos, si solo accediéramos a lo que el alma pide en secreto pero que la carne cobarde rehúsa por temor a la sujeción salvadora; si solo nos valiéramos del infalible medio jamás negado a nadie que es la oración, grande sería la sorpresa de encontrarnos y muy pronto verdaderamente libres del lastre que nos impide correr tras de los Santos, tras de Cristo, a la indisoluble unión con Dios. Recoleta: Cuzco, Mayo 1 ° de 1 945 En: “Ensayos”, Año XXIV, N° 42, Junio de 1 945.

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Un caso típico

Viajando por Palestina, Fray José Francisco de Guadalupe (entonces José Mojiva, el cantante y actor de cine) fue invitado en Jerusalem a pasar unos días en el campamento árabe del Sheik más poderoso de Transjordania y después de una visita que duró varios días, la cual Fray José describe como uno de los episodios más pintorescos de su interesante vida. Quiso el artista corresponder a la hospitalidad del Sheik, quien lo invitó a que pasara como huésped suyo unos días en el lujoso King David Hotel de la moderna Jerusalem, y a la vez lo nombró invitado de honor en la primera exhibición pública de una película que acababa de filmar Mojica en Hollywood, la cual iba a tener en el “Teatro Edison” de la misma ciudad. En la película, Mojica desplegaba gran arrojo y valentía en un ambiente de fausto y de riqueza y, al final, sostenía una lucha arriesgada en la cual mataba al villano de la historia. El Sheik no había visto jamás, a pesar de sus sesenta años, una película sonora y su asombro y admiración por el héroe de la pantalla crecía por momentos hasta que preguntó a su sobrino que hacía las veces de intérprete, dónde tenía Mojica aquellos palacios y bellezas y si acaso gobernaba aquel país para matar a sus súbditos sin que le hicieran juicios y lo pusieran en prisión. El sobrino le explicó que todo aquello era ficción, todo solamente representado, fingido. Entonces el viejo Sheik, levantándose de su asiento con gran dignidad, dijo señalando con el dedo a Mojica: “Dile a este joven que hace muy mal en andar por el mundo engañando así a las gentes” y salió del palco sin despedirse de nadie y jamás se le volvió a ver por ninguno de los allí presentes. Fray José dice ahora con cierta convicción moral: “A fe que el Sheik tenía razón en el fondo” y agrega con tono casi desafiante: “¡Pero no podría el viejo decir eso de mí ahora!”, mientras una sonrisa de paz ilumina su cara. En: “Ensayos”, Año XXIV, N° 42, Junio de 1 945, pag 38. 71


La parada de la victoria

Por el Mayor del ejército americano, Haward N. Simpson (Traducción de Fray José Francisco de Guadalupe Mojica, OFM). ¡Repican las campanas! ¡Resuenan las trompetas! ¡Ondean mil banderas en la altura! Pero… ¿Uds. perdonan, si nosotros en casa, tranquilos, nos quedamos mientras la fiesta dura? Las nubes de confeti, desde los edificios caen en lluvia festiva sobre las multitudes. El viento sopla helado sobre los arenales donde muchos quedaron dentro de sus ataúdes ¡Aquí vienen las bandas! A su frene admiramos las muchachas, gallardas, que marcan el compás) ¡Iremos cada noche al baile de los héroes! ¡La mejor ropa de lujo vayamos a comprar! Aquella joven pálida vestida va de luto. Recibió una medalla que él ganó al expirar. Brillante fue la lucha, la batalla ganamos con fulgores de rayo, con bravura y vigor. Los fantasmas que duermen debajo del océano en sus tumbas amargas ahogaron su terror. 72


¿No te entusiasma el canto de mil gentes marchando? Aquella pobre encima… creo que la vi llorando. Creyó Hitler un día el mundo dominar, ¡pero ha mordido el polvo el nazi dictador…! Amasado con sangre, con lágrimas y bilis, el poder del soberbio, jamás ganó el honor. ¡Brindemos y bebamos! ¡El triunfo celebremos! ¡Es la hora de la alegría que bien se hizo esperar! Luzón y Okinawa allá en la lejanía con Tokio y el Oriente aún hay que controlar. ¡Marchemos con la gente! ¡Sigamos adelante! ¡Cantemos la victoria que la Patria ganó! Aquel hombre que ostenta varias cintas al pecho… sus ojos son de vidrio nada de esto admiró. ¡Repican las campanas! ¡Resuenan las trompetas! ¡Ondean mil banderas en la altura! Pero… ¿Uds. perdonan, si nosotros en casa, tranquilos, nos quedamos mientras la fiesta dura? En: “Ensayos”, Año XXIV, Nº 43, Septiembre de 1 945, pág. 1 6.

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Japón y la fecundidad del martirio

Los ojos del mundo entero están puestos en estos momentos en el teatro de la guerra del Pacífico. ¿Qué encierra el futuro en esta lucha? ¿Qué encierra el futuro de esta lucha? Para poder hacer conjeturas que estén depuradas de toda parcialidad racial, hay que colocarse muy distante; en un punto de vista, que abarque mucho del pasado y mucho del porvenir; que si bien este último no nos es dado asegurar en lo absoluto, sí podemos por lo menos presentir, basándonos en la marcha infalible de la expansión del Reino de Cristo. El asociar esta expansión de orden espiritual con acontecimientos que llevan en sí tragedias innumerables, odio de razas, ambiciones comerciales y predominio políticointernacional, parece inadecuado; y solo aceptando la consoladora conclusión de que Dios hace de los grandes males que los hombres provocan grandes bienes para estos mismos hombres, sólo impregnando el pensamiento de esperanza redentora basada en la secular confirmación de la misericordia divina que empezó simultáneamente con la primera culpa, culminando en la venida del Salvador, podemos ver claramente que la guerra de Oriente no es otra cosa que la expansión del Reino de Cristo, el agrandamiento territorial de la sociedad cristiana y la infalible prevalencia de la justicia. El Japón tiene una deuda que pagar al mundo. Deuda que se remonta a siglos antes del desastre de Pearl Harbor. El Japón se ha mantenido anticristiano por siglos a pesar de haber sido bautizado en sangre de muchísimos mártires y de haber oído la palabra luminosa del “divino impaciente” San Francisco Javier. La Iglesia Católica se ha mantenido milagrosamente en ese país gracias a la constante y valerosa afluencia de misioneros, gracias al sacrificio del clero japonés que vivió combatido por 74


un aluvión continuo de repudio nacional y que se encuentra actualmente despedazado. Los miles de cristianos con que ya contaba la Iglesia Católica en el territorio japonés se han diseminado ocultándose y sin duda muchos han caído bajo la guerra de la persecución patriótica inyectada de ancestral superstición. El Japón ha acrecentado su deuda y está a punto de pagarla en toda su extensión, como pasó Alemania de la más arrogante soberbia a la más humillante y degradada rendición. La justicia es ley que no puede ser burlada ni suplantada por los más grandes poderes humanos y si nos acercamos a un punto de observación en el cual la acción es franciscana, veremos con asombro cómo va en perfecta marcha este proceso. Haremos un poco de historia para enmarcar nuestra observación. Filipinas y en ella Manila, juegan un papel 75


importantísimo desde el siglo XVI en el contacto material y espiritual que ha habido entre el Japón y la civilización occidental que empezó dando la vuelta al mundo vía México, cuando procedente del puerto de Zacatula en Nueva España, Álvaro Saavedra Cerón llegaba por orden de Hernán Cortés en el año de 1 528 a la isla de Mindanao. Catorce años después del viaje de Saavedra Cerón, que fue infortunado pues este murió en el regreso a la Nueva España, otra expedición encabezada por Ruy López de Villalobos, a quien acompañaban cuatro religiosos agustinos, iba también al fracaso aunque no todo se quedó en la mar, pues algunos hombres de ella, después de aventuras incontables, lograron volver a Nueva España con la noticia de la fantástica riqueza de Mindanao en especerías (más valiosas entonces que el oro) y así se supo también de la muerte de Ruy López de Villalobos en los brazos de San Francisco Xavier, quien entonces había llegado por la ruta de Magallanes a aquellas tierras para continuar al Japón. Por fin, el 21 de noviembre de 1 584 se hicieron a la mar el monje agustino Urdaneta, que había sido un viejo marino, López de Legázpi, “el prudente y cabal conquistador”; Martín de Rada, teólogo, jurista y astrólogo “y muy gran siervo de Dios”, con mucha gente de armas, de Nueva España, derrotero fijo y propósito de arraigo en las Filipinas. El 27 de Abril llegaron a Cebú y el 28 hallaron una imagen del Niño Jesús dejada allí, quien sabe por quiénes de los anteriores exploradores, fundando en el lugar la villa de Legázpi. Manila, futura capital de los Luzones “que no eran hombres, sino unos morteros con que los isleños quebrantaban los granos de arroz para hacer pan”, fue ganada el 1 8 de mayo de 1 571 . En 1 577, llegó a Manila un lego franciscano: Fr. Antonio de San Gregorio, para fundar el convento de Santa María de los Ángeles. Este lego venía directamente de Roma con 76


autorización del papa Gregorio XIII, a cuyos pies había llegado después de una maravillosa serie de peripecias y peligros de los que escapó milagrosamente, pues era, nada menos, que un soldado que había entrado en religión y estaba en el Perú desempeñando el humilde cargo de jardinero en el convento de la Purísima Concepción de Lima, cuando supo que Álvaro de Mendaña había descubierto las “Islas de Ofir” (Archipiélago de las Salomón). Inflamado con misionera llama y determinación, se propuso pasar a España a pedir una misión franciscana para estas tierras. “Por 1 575 se embarcó en Panamá, y no lejos de la costa, el navío fue asaltado por unos corsarios luteranos que le dieron al lego “tres tratos de cuerda”, una tremenda paliza y lo arrojaron al mar, recogiéndolo después para soltarlo desnudo y en una lancha, en un punto cercano a la costa de Europa. Como Dios le ayudó, llegó Fr. Antonio al puerto de Santa María en España, y de allí pasó a Madrid y luego a Roma, donde el papa Gregorio XIII autorizó los despachos para la misión que pedía”. Una orden del rey Felipe le coge en Sevilla, donde ya estaba con un grupo de dieciséis religiosos de la Provincia de San José en viaje a América, para que en vez de ir a las Salomón, mudasen de rumbo y fueran a Filipinas, donde el gobernador don Francisco de Sande pedía “Misioneros de San Francisco y cantidad”. El viaje a Nueva España fue trágico y después de la muerte de algunos religiosos, ya en México pudo Fr. Antonio reforzar sus filas con frailes (mucho mejor preparados para las aventuras y privaciones que imponen la conquista y predicación entre infieles), salidos de los conventos de México. Esta clase de hombres de temple, eran los únicos capaces de evangelizar las Filipinas y el Japón. Por eso, del convento de Santa María de los Ángeles, donde parece que se habían reunido los hombres más extraordinarios de aquella época de “sed de oro en los aventureros y sed de almas en los 77


evangelizadores”, salieron los misioneros franciscanos que estaban llamados a ser los Primeros Santos Mártires del Japón. De ese convento salieron San Pedro Bautista, San Felipe de Jesús, el protomártir mexicano y los otros que unidos a los fieles terciarios japoneses, deberían formar el grupo sagrado de los crucificados en Nagasaki. La historia cruentísima del martirio de esos franciscanos que fueron llevados en cuerda cautivos a través de muchas ciudades, poblados y caminos donde una continua lluvia de piedras, escupitajos e inmundicia los acosaba día tras día, después de que se les había cortado una oreja; la narración del Calvario que sufrieron caminando descalzos y sin abrigo, encerrados después de un mes de horrenda pocilga donde se consumieron de hambre y de frío para culminar en la crucifixión el cinco de febrero de 1 597, está narrada en muchos libros y confirmada con la canonización, cosa que sería muy larga de describir en este corto espacio; pero lo importante para el intento de nuestra observación es que de Manila salieron las fuerzas cristianas que santificaron la tierra japonesa con su sangre y sobre todo la fecha: cinco de febrero, en que tuvo lugar el sacrificio. El emperador Taico Sama fue el responsable de esta primera persecución que engendró otras a cual más sangrientas emprendidas por sus sucesores y que fue acumulándose sobre la raza japonesa, la responsabilidad de rehuir la doctrina cristiana encasillándose testarudamente en sus fanáticas instituciones ancestrales. Creció el poder material del Japón y tal parecía que las fuerzas diabólicas hubieran arraigado en los corazones falaces, desarrollándose en ellos la proverbial sagacidad y artera habilidad porque son famosos y temidos los japoneses, hasta culminar en el poderío que trajo el triunfo de la guerra ruso-japonesa y después la conquista de Manchuria y 78


la expansión asiática. Luzbel recibió amplio poder para lleva a sus eficaces súbditos hasta la temeraria tentativa de absorber todo un continente bajo su inflexible y fanática obediencia y las Filipinas cayeron bajo el invasor quedando Manila en la dictadura anticristiana. Pero tal como Dios quisiera recordarnos que su justicia prevalece y que nada hay que pueda detener la expansión del Reino de Cristo, el mismo día cinco de febrero en que los primeros mártires cristianos cayeron en Nagasaki, dios permite que manila, la cuna de esos franciscanos sea liberada; y empieza la definitiva derrota del Japón que al retirarse de las tierras cristianas deja un recuerdo atroz de su dominio tiránico, de su crueldad primitivamente salvaje, a pesar del lustre científico con que se revistió en sus métodos mecánicos, aprendidos para el mal. Empieza la caída del soberbio discípulo que se ilustró solo para exterminar al maestro. La deuda del Japón a la civilización nuestra, no es puramente de orden material y científico sino, muy principalmente, es deuda espiritual. Está condenado el Japón a retribuir con penitencia y humildad, con amor y trabajo santo, el tesoro que las naos españolas y portuguesas derramaron en sus playas, cuando llevaron bajo sus velas a los misioneros de Cristo. El futuro de ese país está escrito con la sangre de mártires cristianos que dieron su vida por salvarlo. La obra de estos mártires no ha sido infecunda y empieza a infiltrar de santidad la conciencia del japonés verdaderamente culto que desengañado espera con ansia ser liberado del dragón que lo tiene en sus garras. Así como millones de alemanes e italianos esperaron por años la caída de nazis y fascistas para respirar libremente el aire santo de la fraternidad cristiana, así hay millones de japoneses que esperan el día del santo perdón redentor en el Reino de Cristo; porque no todo japonés está 79


saturado del antiguo y ciego fanatismo oriental, ya que hay un gran porcentaje que es cristiano sino de hecho afiliado a la Iglesia, por lo menos adicto a los principios de caridad y respeto al individuo consciente del valor del alma y convencido del fondo de verdad que inspira la obra salvadora de la Iglesia Católica. Los Estados Unidos están llevando a fin una obra que empezó España. Fuera de toda consideración política que nos llevaría a echar en cara a este país la forma de cómo se apoderó de territorios y logró su predominio internacional, nos congratulamos su costosísimo empuje; pues es, en esta edad, el eficaz instrumento civilizador que llevará grandes beneficios materiales al Oriente y sobre todo es el pueblo elegido por dios en este siglo, para consumar la obra salvadora de la expansión del reino de Cristo. Con la marcha del tanque guerrero y del avión de bombardeo, avanza también la tropa espiritual de los soldados de cristo; que si bien se limita su representación al Capellán del ejercicio y a la piadosa y valiente enfermera de la Cruz Roja, no tardarán en ser reforzados por los abnegados maestros y sobre todo por los misioneros que continuarán pronto la obra maravillosa que ya tenían empezada y que paralizó temporalmente la zarpa del fanático dragón que ya agoniza. El futuro de esta lucha es pues muy bello. Veremos consumada una obra que tiene por primordial objeto la salvación de Asia. Veremos realizarse, no en unos meses, ni en unos cuantos años, el señor de San Francisco Xavier, de San Pedro Bautista, de San Felipe de Jesús y otros Santos Mártires Agustinos que dieron a Dios su sangre para que ella fuera el precio del amor que fecundiza y da fruto en las almas, cuando estas se abren al sol del Evangelio. 80


Durante la ocupación de las Filipinas por los japoneses en la que muchas iglesias y conventos de religiosos fueron destruidos y devastados, tenemos noticia del asesinato perpetrado por los japoneses de un grupo de misioneros vascos de la rama franciscana de los Capuchinos: P. Florencia de Lezaun. P. Félix de Igúsquiza, P. Ladislao de Busturia, P. Santiago de Ibirucu, P. Pacífico de Villatuerta, P. Raimundo de Labiano, Hno. Valentín de Azcoitia, Hno. Elzeario de Sarasate y Hno Ignacio de Bidanta. La venganza de estas víctimas, no será pedir porque Dios descorra el velo que cierra los ojos de sus fanáticos victimarios. Recoleta, Cuzco, julio de 1 945. En: “Ensayos”, Año XXIV, N° 43, Septiembre de 1 946.

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Cuando Satanás se hace Artista (Apuntes tomados del libro “The Aesthetic Adventure” de William Gaut)

Empieza a hacerse la verdadera historia del Siglo XIX. A la luz de la verdad, despojados de los: atavíos que la vanidad y la admiración apasionada colocaron sobre las personalidades relieve sólo contemplamos los valores verdaderos o las tristes lecciones que cada hombre notable o notorio legó a la posteridad. Hubo un grupo de hombres que por un momento gozaron de la candente luz de la popularidad. Caracteres heterogéneos, amorales, perversos, rivales entre sí, por la lucha que suscitaba la emulación en extremosas excentricidades, egoísmos y sátiras; por la morbosa necesidad de hacerse distintos de cuantos los habían precedido en las ramas del arte que respectivamente cultivaban; por el deseo de llegar a ser algo que ''nadie había sido". Grupo que fue denominado, por el arrasador título de "bohemios" que se adueñaron de la atención del mundo del arte y formaron, en Francia y en Inglaterra lo que fue "la vanguardia" del siglo', XIX, tomando por lema lo que parecía una independización del comercio degradante de halagar con las obras, a un público que las pagaba bien por ser de, su gusto y que se resumía en las palabras de combate "el arte por el arte”. Desde 1 870 hasta fin de siglo, escandalizaron a Europa y al mundo que puso la atención en ellos, suscitando discusiones, pues unos creían ver en ellos la crema de dos mil años de 82


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cultura cristiana, deshaciéndose en desengaños y cinismos llenos de blasfemia, otros, veían una valiente y atrevida juventud capaz de legar a las generaciones venideras Un nuevo mensaje estético, "libre de las leyes ordinarías”, un desdén afectado por todo lo que tiene base firme que ellos llamaban "conservativo", los hacía recurrir a dar culto a lo exótico con exageradas muestras de admiración; y el arte japonés, que presentaba una forma novedosa de irrealidades llenas de misteriosa delicadeza, lleno de sus fantásticas producciones los estudios que eran como templos del nuevo rito, negando la exageración hasta casos como el del conocido amante del arte, Charles Howell de Londres, que una vez alquiló cuarenta carruajes para transportar sus cuarenta vasos japoneses de un lugar a otro de la ciudad. Poetas como Baudelaire se encumbraron en una atmósfera descarada de sensualismo satánico en forma de brillantes poemas. Siguiendo lo que se decía "sensaciones., exquisitas''' sin freno ni respeto a nada, vivía una vida de desconcertantes contrastes, vistiendo inmaculadamente para convivir con las más bajas de las gentes del hampa. Muchos de los llamados estetas que seguían esta escuela; desarrollaron el nuevo estilo que ellos llamaban " nostalgia del arroyo" y cuando alguien señaló al famoso poeta Paul Verlaine como un decadente, el divo de aquella hora, que, era nada menos que un dipsomaníaco que acostumbraba envolver sus muslos supurantes en sucias hilachas y vivía del dinero de las prostitutas, dijo con un tono de pagano laureado en la vieja Roma: "amo esa palabra decadencia toda trémula de púrpura y oro sugiere una alma capaz de intensos placeres... tiene fragancia del colorete de las cortesanas, los juegos del circo, del jadeo de los gladiadores ... del consumirse entre llamas de razas exhaustas por su capacidad de sensaciones". 84


De estos maestros del "arte por el arte" brotaron muchísimos discípulos especialmente en Inglaterra quienes no contentos con su "nostalgia por el arroyo" sobrepasaron con vicios de drogas heroicas (los exquisitos gustos de los perversos modelos suyos. Uno, que fue quizás de los menos viciosos pero de una gran influencia entre la juventud intelectual de Oxford, fue el apóstol del sensualismo estético Waltel Pater pues siendo profesor, urgía a sus alumnos a que se entregaran a sus doctrinas ardiendo siempre con una intensa llama diamantina" y estos, obedeciendo al "maestro" descollaron en un grupo extremosamente pagano entre los cuales llegó al extremo el poeta Swinburne quien al ver la Imagen de Cristo, sacudía la pequeña mano temblorosa hecha un ridículo puño, amenazando al que él llamaba "el socialista de Galilea" diciendo: "¿Quieres llevarte todo Galileo? pero jamás tomarás lo que poseo. El laurel, los versos y las palmas ni de las ninfas los cuerpos en la grama”.

Su amigo, el pintor Simeón Salomón presentó ante la indignada Academia Real, una serie de "santos" al desnudo, con halos en partes obscenas y el nervioso novelista George Moore hacía alarde de tener en su recámara una serpiente python y acostumbraba suspirar con frecuencia diciendo: ¡Oh... que ganas de ser criminal! El comediógrafo audaz Oscar Wilde, hizo verdadero alarde de finura satírica cambiando las más comunes moralejas del idioma inglés en frases absolutamente inmorales. El renegado pintor americano Whistler, se avergonzaba de haber nacido en 85


una pequeña población de Massachusetts y sostuvo contra el crítico John Ruskin un escandaloso proceso sólo por unas palabras condenatorias del crítico y lo ganó habiendo causado la ruina de Ruskin quien murió en completa abulia. Pero si "el arte por el arte triunfó en este caso con alarde de súper ofendido intelectualismo, en cambio en las vidas privadas de sus apóstoles la justicia cosechó ejemplos magníficos; unos, de castigo y otros de redención cristiana. Tenemos entre los capítulos finales de algunos de los "estetas" ingleses casos como el de Oscar Wilde, quien terminó su brillante carrera en el más catastrófico y sensacional proceso que el mundo de entonces conoció, en el que fueron revelados hasta sus más vergonzosos detalles, los vicios de su vida. El poeta Francis Thompson, adicto al degradante vicio del opio, fue reducido a la última miseria y murió dejando una obra de arrepentimiento llamada "El cobarde de la Gloria", en sus últimos momentos se arrastró hasta el lecho del enfermo vecino que era un ciego, pidiendo auxilio; el ciego estiró su brazo para ayudarlo y lo retiró bañado en sangre de la última hemorragia del poeta agonizante. Simeón Salomón, el pinto sacrílego, murió en una casa de mendigos. El conocido "Cynara", de meteórica fama, murió a los 33 años abandonado en un pabellón de tuberculosos. El talentoso y brillante dibujante Aubrey Beardsley, quien ilustró con delicados pero refinadamente sensuales dibujos la obra "Salomé" de Oscar Wilde, habiéndola hecho quizá más famosa por las ilustraciones que por la obra misma, murió a los 25 años de edad a causa de una vida disipada y dejó la siguiente carta a un amigo: 86


"Jesús es Nuestro Dios y juez... Te imploro que destruyas todos mis perniciosos dibujos... Por lo que hay de más santo ¡todos esos obscenos dibujos! Aubrey Beardsley, en mi lecho de muerte...

Esta somera observación sobre un grupo de hombres que influyeron desastrosamente en el mundo del arte y de las letras, extendiendo "su escuela" hasta nuestras incipientes juventudes que han tratado de imitarlos, no bastó para contemplar en toda su trágica realidad, la amargura de sus frutos, pues siguiendo uno a uno los personajes satánicos que formaron esa caravana del mal, se escribiría una obra en la cual se admiraría en todo su esplendor la misericordia de Dios en los casos contritos que lograron salvarse en sus postrimerías y también podríamos contemplar con terror aquellos otros casos que se hundieron en el misterioso abismo de la muerte, dejando tras de estos la angustiosa pregunta del alma sobre su condenación eterna. Por: Fr. José Mojica OFM En: "Ensayos"

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PARA LA HISTORIA

La fuerza de un espectro Comentario histórico por Fr. José Francisco de Guadalupe Mojica O.F.M. Para la generación presente' de hombres "prácticos", nada más absurdo que el "perder el tiempo" en volver la vista atrás y observar las figuras ya juzgadas por la historia; esos hombres catalogados con sus respectivos títulos siempre parciales, pero para muchos decisivos, de buenos o malos, de héroes o traidores, de grandes o miserables, de santos o de demonios. Cada día aumenta más la costumbre o necesidad quizá, de resumir en una frase' cuando no en una sola palabra, el papel que los hombres notables, han tenido en el interesantísimo drama de la humanidad. Esto es natural para facilitar conceptos al estudiante quien no podría jamás “avanzar” en el estudio de la historia sin este sistema de mareas concisas. Pero el caso es que están mal marcados con adjetivos. Hay muchísimos personajes que encomio que realmente no les ha corresponden o viceversa con otros fulminantes que a su vez son injustos. El trabajo de rectificación a este respecto ha hecho muchos avances desde principios de este siglo pero todavía las creencias generales respecto a muchas figuras históricas están equivocadas. Por ejemplo todo el mundo cree que Cleopatra fue bellísima pero está probado que "era negra y muy gorda sí bien, con un atractivo personal muy grande sin duda un gran don de gentes". También hay la creencia general de que Catalina de Médici fue una mujer dedicada exclusivamente a deshacerse de sus enemigos por medio del 88


veneno y se le atribuyen innumerables crímenes. Hay estudios de historiadores franceses modernos, que prueban casi en su totalidad, que esta Reina fue siempre calumniada. La lista de personajes equivocadamente presentados, es muy larga para estas líneas; queremos concentrar la atención sobre un personaje que a las claras se presta para hacer de él una rectificación más amplia de las que ya se han intentado y que tuvo una gran influencia en la formación espiritual y cultural de España y por consecuencia de nuestra América. Se trata de Felipe II, el monarca sepultado por siglos bajo una montaña de calumnias, algunas de ellas muy difíciles de discutir aún, por entrañar intereses que subsisten en la conformación de nuestra raza y patria. Este rey está surgiendo puro de la niebla de conceptos apasionados, gracias a los nuevos' estudios emprendidos en centros de los Estados Unidos y México. Lo curioso del caso es que la mayor parte de los detractores de Felipe II 'han sido españoles; pero si nos ponemos y considerar que esto no es sino un resultado lógico de los muchos resentimientos personales de hombres de letras, de políticos y de militares, de nobles y de gentes del clero, afectados directamente por las inflexibles determinaciones del monarca si agregamos a ellos los furiosos enemigos de afuera especialmente los protestantes de todo el mundo de entonces, no es extraño que Felipe II, haya quedado marcado con los muchos nombres de ignorante, oscurantista, tiránico, inepto, ambicioso y fanático. Este pobre rey fue el blanco de todos los descontentos e intrigas cortesanas agregando a ellas los fenómenos que a afectaban. en el siglo XVI no sólo a España, sino al mundo entero en el tremendo ajuste de valores económicos, raciales y espirituales, que necesariamente surgieron del descubrimiento y colonización de América; mas 89


las luchas sangrientas y costosísimas contra el islamismo invasor, mas la pugna interior centro el judaísmo, la lucha a muerte contra el protestantismo, la necesidad de una nueva y profunda reforma interior de la vida eclesiástica teniéndose que convertir el monarca en ejemplo máximo de austeridad y ascetismo para mantener así firmes e intachables las costumbres católicas difamadas hasta lo increíble por los enemigos de la Iglesia. No cabe duda que Felipe II tuvo que vérselas con un mundo hostil y enemigo. Tuvo que luchar contra las más tremendas y desatadas fuerzas del mal, contra las más contradictorias tendencias internacionales, contra los más difíciles problemas económicos tratando de controlar con los medios primitivos de comunicación de entonces, un Imperio que se extendía en las cinco partes del mundo. Sus problemas de gobierno hubieran desconcertado al mejor gobernante de nuestros tiempos y aunque es imposible comparar nuestra vida con la del mundo de entonces, las capacidades humanas son las mismas, y pocos hombres han logrado lo que logró el monarca español quien no solo controló, dirigió y organizó serenamente su Imperio, sino que además, en su propia persona logró el triunfo contra las más arraigadas fuerzas atávicas; pues él era el producto de generaciones de nobles europeos echados a perder por los extremados halagos de cortes mimadoras, era descendiente de gentes: refinadas en vicios y crueldades, en orgullos y exaltaciones personales supremas, en sensualismos y peculiaridades procedentes de enfermedades mentales y es de admirar que trayendo en su sangre este fardo, haya logrado demostrar dentro de su inflexible rectitud católica, verdadera modestia espiritual, fortaleza, resignación y gran piedad. Todas estas virtudes no estaban fundadas en una religiosidad 90


fanática sino, en una amplia cultura y sabiduría mayor de la que se sospecha. El panorama de esa España del siglo XVI hecha un torbellino, un enjambre emigraba a América para saciar sus sueños delirantes de riqueza y poderío quedando al fin despoblada de lo mejor de su gente. La España odiada de todas las naciones; unas, por estar sujetas al fuerte e inflexible dominio; y otras, por envidia de una prosperidad que se creía mayor de lo que realmente era. La España, con la responsabilidad de proteger la Europa entera de la inminente invasión arrasadora de los turcos y demás musulmanes. La España, esquilmada y descontenta que no gozó jamás de los frutos sabrosos de sus Conquistas sino sólo en aquellos hijos que se trasplantaron a tierras lejanas. La España, asaltada y humillada en los mares por los más audaces ladrones y por los más trágicos reveses. La tierra que era semillero de inquietudes científicas y literarias y de pasiones religiosas que tenían su acicate en la hoguera misma que pretendía quemar el pecado, en fin, el Imperio todo de un mundo de violencias no podía menor que ser tratado con las mismas armas, las cuales, por otra parte; eran universalmente legales y admitidas. Carlos V legó en vida a su atribulado hijo Felipe II el gobierno de algo que solo un hombre excepcional un hombre verdaderamente admirable y fuerte podía regir y llevar adelante y Felipe II se vio obligado a combatir fuerzas internas y externas, fuerzas materiales y espirituales, fuerzas cercanas y lejanas, enemigos abiertos y enemigos misteriosos y ocultos. Se vio obligado a soportar en su vida doméstica la repetida tragedia de una suerte adversa, perdiendo una tras otra a sus mujeres y llevó hasta la tumba con resignación admirable una mala salud que culminó en calvario espantoso en los meses 91


que precedieron su muerte. Murió; por fin en admirable serenidad y humildad profunda sin haber salido jamás de su boca una exclamación rebelde, sino muy por el contrario, repetidas bendiciones y oraciones, siendo su último consuelo la lectura de la Pasión de Cristo, en su celda modestísima del Monasterio del Escorial adyacente al altar mayor del gran templo; y cuando se leen detenidamente las escenas de su muerta admirable parece que se describe en ellas la muerte de un santo. El mundo no le ha perdonado todavía a este monarca el haber sido dominado católicamente por él y menos el que haya instituido en España alrededor de su austero palacio monástico del Escorial, las profundas tradiciones de un régimen monárquico fundado en la absoluta pureza católica. El mundo no le ha perdonado todavía a España el haber producido un hombre como Felipe II y con él, la envidiable pléyade de santos, héroes, artistas, literatos y hombres de ciencia que florecieron en España, y sus colonias como el más grande producto de una edad católica. Es natural pues que la calumnia, hija del mal, persiga a España y a sus más grandes hombres. Pero para el historiador imparcial, ninguna figura ofrece mejor oportunidad para ser reivindicado que ese "melancólico y taciturno" Felipe II en cuyo lugar los más grandes gobernantes de la tierra hubieran sido reducidos a la impotencia. Nadie como él supo controlar y contener las fuerzas enemigas interiores y exteriores que se movieron y creo que aún se mueven alrededor de España.

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Influjo gigantesco del franciscanismo en la formación de América

(Por Fr. José Francisco de Guadalupe Mojica O.F.M.) Ya es un hecho universal, fruto de los últimos veinte años de rectificaciones históricas, el admitir que los Franciscanos son los verdaderos padres de la civilización de América. No voy a tratar en este corto artículo de presentar una síntesis completa de obra tan compleja a la par que loable; pero si, deseo una vez más recorrer ese panorama fascinador, cuyos horizontes evangélicos se perfilan en la aurora, en que la voz del marinero desde la carabela guiada por el tesón fundado en, la fe de un terciario franciscano, dio el grito salvador de "¡tierra!" y que iluminó todo un Continente en luz espiritual portada en la tea incendiaria de los santos misioneros franciscanos, que penetraron en selvas, serranías y desiertos, llegando a los corazones de los habitantes con su ternura y pobreza, depositando en ellos la semilla de la fe que asombrosamente ha fructificado. Son ya más de Cuatro siglos que empezó la nueva vida del espíritu en estas tierras, y esos cuatro siglos que son horas, o quizá instantes en el tiempo destinado a formar el total cristiano que América aportará al reino de la bienaventuranza, presentan un interesantísimo aspecto histórico el cual tiene períodos de verdadera Arcadia en los siglos de la colonia española, y contrastes trágicos pero fecundos en sangre de mártires en las luchas y persecuciones, para mostrársenos ahora más que nunca propicio terreno de apostolado. 93


Una vez pasados los nubarrones que oscurecieron nuestros países de América con las tormentosas teorías sociales incubadas por la Revolución Francesa en el Siglo XIX, una vez experimentadas en algunos países que quisieron ensayar vanguardias, las no menos desilusionantes teorías totalitarias, América presenta en estos días el aspecto de un atleta en plena pujanza física, que vislumbrando hacía los años futuros la meta de la firme paz cristiana, Se lanza valiente y optimista hacia ella tomando buen cuidado de no caer una vez más en los obstáculos que trataron de arruinar su carrera. Pero si vamos a buscar el germen de esta luminosa actitud social, política y religiosa, llegamos después de estudiar las grandes homogeneidades de los pueblos de América, que ellas tienen un origen común en la religión católica, la cual ha marcado profundamente los principios de dónde venimos y los fines a los cuales aspiramos. Al decir esto, se nos viene inmediatamente a la imaginación la necesidad de considerar como la más importante nación de América a los Estados Unidos y objetar el que esta gran Unión, es en mucho radicalmente distinta de lo que somos nosotros. Esta fue una gran verdad hasta que sobrevino la última guerra. La fusión interamericana había estado limitada al terreno comercial. Todos los países de la América Hispana recibían un influjo decidido de los E. U. bajo la potencia importadora de sus industrias; pero los E. U. no recibían influencia nuestra que pudiera tender a cambio su configuración interior. Estaban los E. U. viviendo el artificioso cartabón del rico nuevo y joven. Una prosperidad teatral hacía de los E. U. el más deseable de los países para vivir, trabajar y hacerse rico. La pujanza del dólar Se abría paso en el mundo entero y todo americano fuera de su país, era como un muchacho rico en vacaciones, botarate y alegre, ingenuo y a la vez prepotente pero sincero 94


en tratar de desentrañar los valores raciales y sociales de los otros países. Exentos los americanos de preocupaciones religiosas, acostumbrados a tomar la religión como un medio simplemente moralizador de las costumbres externas de su país, le daban a ésta, fuera cual fuera su denominación; un lugar limitado a los servicios religiosos del domingo por la mañana; pero no era la religión parte del meollo interior para alcanzar felicidad en este mundo, y respecto a la felicidad en lo eterno, la mayoría de los americanos estaban absolutamente desentendidos de ello. ¿No era el dólar después de todo lo que abría todas las puertas de la felicidad? ¿A qué preocuparse por más? Pero vino la guerra y toda una generación de los E.U. recibió un golpe moral y espiritual que la despertó del edén ficticio en que vivía. El dólar a pesar de haber aumentado su valor en la banca internacional, no podía comprar un bollo de mantequilla, y a veces, ni un pan, o una muda interior. Las gentes ricas tenían que comer a ración y en restaurants, haciendo cola, porque no podían a pesar de sus tesoros, conseguir ni alimentos en abundancia, ni menos sirvientes en sus casas. Es interminable la lista de ejemplos y casos en que el dólar era impotente. El ídolo había caído por los suelos. El enumerar ahora las angustias, zozobras y horrores con mil incomodidades jamás soñadas, que sufrieron los soldados americanos, ya fuera en los lodazales de Italia, en las sofocantes humedades de los trópicos, o en los fríos interminables del invierno europeo, sería llenar libros enteros. Pero el caso es que la juventud americana, conoció el dolor cara a cara y aunque tratara de insensibilizarse con whisky y de matar las horas eternas de tedio y terror con tabaco, en muchos casos, a pesar de tener abundantes provisiones de 95


ambos, no podían, sino recibir pequeñas raciones del primero, y estaba vedado encender un cigarrillo, que pudiera servir de incauta señal al enemigo. La verdadera privación y la pobreza, fueron compañeras de millones de hombres por años, a pesar de llevar las carteras repletas, y de girar mensualmente a casa las ganancias. Todos pensaban que al terminar la guerra iba a desaparecer de inmediato el fenómeno de la impotencia del dólar, pero ¡oh desengaño! ya ha pasado más de un año; y aunque ciertamente la situación no es comparable a la de guerra, el dólar sigue siendo impotente para dar ni siquiera la cuarta parte de las comodidades y holgura de antes. Esto ha traído un desencanto general en la nación, Las huelgas y el descontento son males de los que nadie está libre. La nación entera está desilusionada y en parte resignada a continuar viviendo en un país que es casi hostil y pobre, a pesar de su tradicional optimismo y riqueza. Los ojos de los americanos sensatos están vueltos hacia nuestras raíces con cierta mezcla de asombro y envidia. Los países de vida más simple y de cierta general costumbre de convivir con la pobreza, parecen haber resuelto el problema de su felicidad interior hace ya mucho tiempo. El continuo espectáculo de la Europa hambrienta ha logrado en los ánimos de los soldados, y mujeres jóvenes en el servicio militar que los E. U. aún conservan en el viejo mundo, un sentido de mayor equilibrio entre lo que el dinero realmente puede y lo que no puede. Un general deseo de vida en el campo, de paz bucólica, de sencillez franciscana en los gustos y costumbres, está templando, está madurando el Carácter de esa nación y por última, para ellos, pero de primera importancia para nosotros, la Religión Católica ha dejado de ser lo que era para muchos indiferentes y para los protestantes que forman la mayoría de 96


esa nación, "una Religión inferior, medioeval, atrasada, y poco adaptada a los tiempos modernos", Están convencidos, después de haber vivido en contacto por varios años con gentes católicas, de que estas realmente tienen mayar profundidad en su sereno acatamiento de la voluntad divina, mayor desinterés y generosidad, pues de su escasez saben dar siempre algo, y mayor y más verdadera fe, y cristiano espíritu. Esto no quiere decir ni con mucho que los americanos se estén convirtiendo en masa, ni que todavía sean verdaderamente espirituales. Ese cambio tendrá que tomar años o… quizá más guerras y más sufrimientos y más convivencia con el resto del mundo Católico. Pero lo que sí es un hecho, es que la Religión Católica ha ganado inmenso terreno en la estimación y respeto de la Nación entera, y que sobre todo en las regiones del sur, donde el porcentaje de católicos es mayor, éste se ha multiplicado influenciando la vida cívica y hasta provocando reacciones de protesta y ataques de sectas secretas y enemigas como el Ku-Klux-Klan, señales todas de que la catolicidad ha aumentado y tiene un papel que antes de la guerra no tenía. Esto nos acerca mucho .a los americanos, cuyos hombres dirigentes han comprendido que la religión Católica es fuerza creciente y poderosa negada a ellos de nuestras naciones. Pues si ciertamente los núcleos primordiales del catolicismo americano como Maryland, Louisiana, Illinois y Ohio, han sido fecundísimos dentro del país, la influencia de México, Texas, California, Nuevo México y Florida, con los contactos de miles de americanos en Filipinas y en la Europa Católica, forman un cinturón espiritual que está conquistando a gran prisa terreno el cual, por el norte, se encuentra también grandemente influenciado por las provincias católicas del Canadá en pleno florecimiento. 97


La fusión espiritual de toda la América, ha empezado ya con grandes ventajas para la verdadera Religión, y aunque esto significa que una lucha muy grande nos espera, pues las sectas protestantes de los E. U. no cederán el terreno, fácilmente, sin embargo, la certidumbre de que la mayoría del pueblo americano está formado por hombres de buena fe y sinceras tendencias a buscar la verdad, más la grandísima facilidad de que la Religión Católica goza para que por sus propios méritos sea reconocida y abrazada por muchos, pues las leyes de los E. U. no le son antagonistas hace concebir bien fundadas esperanzas de que ésta, llegará con los años a absorber la mayoría de los corazones de ese país. La primera piedra, bien fundada, que los Franciscanos pusieran un día en este Continente haciendo conocer a Cristo, no podía sustentar mejor producto al cabo de los siglos, y las mismas luchas que ya ha habido y las que se esbozan son como los acicates que prometen éxitos. Méritos a todos los que estamos consagrados a esta ella misión apostólica. Por Fr. José Mojica OFM En: "Ensayos"

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Observaciones sobre pintura cuzqueña

Por: José de Guadalupe Mojica OFM Una vez charlando en México con Felipe Cossío del Pomar, el ilustre pintor y escritor peruano exilado entonces en, Norte América, el cual desarrollaba allí una activísima labor artístico literaria y social me sorprendió el oírlo decir que las estilizaciones en pintura y escultura son siempre el producto de una civilización o desarrollo artístico que han alcanzado su cumbre. Así el arte egipcio que simplificó en siluetas finas y líneas, perfiles de gentes y cosas, al grado de mostrarías, completas no sólo como tales, sino hasta como símbolos herméticos de la esotérica sacerdotal, diciendo mucho en lo que aparentemente se mira por la mayoría, como sólo un rudimentario esfuerzo del artista primitivo por llegar al realismo griego, no era otra cosa sino la depuración quita esenciada de una cultura basada en sobriedad y refinamiento. Aunque yo ya había visitado Egipto y admirado hasta con temor, las tenebrosas moles arqueológicas de Luxar y Karnak, las pirámides, y los templos y tumbas faraónicas, más los museos riquísimos del Cairo, Londres y New York, siempre había tenido por arte egipcio, lo mismo que por todos los demás arte de los "pueblos primitivos" que tienden a sintetizar en pocas líneas o siluetas duras lo que los griegos representaron en sus "siglos de oro", y luego el renacimiento expresó con exuberancia, logrando imponer su cartabón realista, una cierta conmiseración interior o condescendencia, como lamentando el esfuerzo ingenuo del artista que sólo había podido llegar a los linderos de la verdadera copia de la 99


naturaleza, y confieso que, la charla con Cossío del Pomar, abrió un nuevo horizonte a mis conceptos. Fue una especie de iluminación en el misterio de un pasado en el cual, muchos pueblos avanzaron mucho en un sendero artístico, hasta haber logrado una expresión convencional. Esto no implicaba precisamente que antes hubieran pasado por representaciones realistas para después, en un gesto de excentricidad y novelería como hacen nuestros muchos modernistas, se revistieran de exquisiteces y produjeran lo que ahora admiramos tanto. Sino que así como en religión llegó por ejemplo el pueblo hebreo de un golpe a la perfección monoteísta y aceptó la revelación como única fuente de verdad basada en la pureza y virtud de quienes la preconizaban, así de un golpe también ascendieron otros pueblos, a las abstractas representaciones artísticas, y a los gustos pulidos que apenas unos cuantos estiman actualmente. Después, cuando ya con este concepto claro he recorrido álbumes y libros, más los museos y las pinacotecas de muchos países, y sobre todo los de América, he ido descubriendo un, nuevo campo de estimativa en el cual llego con frecuencia a quedarme pasmado. Esto no implica precisamente lo que muchos pedantes hacen, que haya yo descartado de mi admiración profunda, y sincera, lo ejecutado bajo cartabones clásicos para pronunciarme unilateralmente simplista, o lo que es peor, andar vagueando por los fluctuantes campos de la moda. Sigo estimando en altísimo grado, todo arte serio de todo tiempo, y también lo moderno sólidamente encauzado; pero esta estimación posee una gama de apreciación a cada objeto que se presenta, enfocado en cada caso con un entusiasmo genuino, y la admiración consiguiente. 1 00


Por esta virtud de la mente y esta versatilidad del gusto, cada día encuentro sorpresas que engalanan mis horas y contribuyen a que mis años en Cuzco hayan, sido una continuada revista de arte tan interesante, como podría serio el vivir en cualquier capital del mundo. Esto me induce a comentar algo sobre pintura cusqueña y dar algunos indicios sobre el extraño fenómeno de haber encontrado precursores de casi todas las escuelas que se consideran modernas, en cuadros escondidos aquí y allá y llegar a una conclusión que aunque no es nueva quizá es original pues no la he leído en ningún libro de arte sino que es producto directo de mis observaciones. Empezó no exactamente en los cuadros estofados con aplicaciones de oro que todo el mundo conoce por escuela cusqueña o quiteña, sino en un lienzo quizá del siglo XVIII anónimo, como casi todo lo de pintura peruana colonial, que representa a la Santa Catalina de Alejandría y está en el claustro de la Recoleta, y en el cual se representa de cuerpo entero vestida con un traje de brocado blanco sobre el cual lleva un jubón verde, y un manto rojo, ambos ondulando en ráfagas violentas, casi horizontales, como si un fuerte viento los moviera. La cabeza de la Santa, está dislocada sobre un cuello vertical, y lleva una corona en picos que le queda casi en la región mastoidea. En una mano sostiene una espada descomunal, recta, cuya punta cae sobre la cabeza también regiamente coronada del gobernante decapitado que la envió varias clases de martirio. A los pies de la doncella encerrados en curiosísimos zapatos extraordinariamente pequeños, de corte español antiguo, se abre en dos partes, la famosa rueda dentada que se rompiera: al tratar de desgarrarla bajo los vanos esfuerzos de los verdugos; y en la mano izquierda sostiene casi en la ilusoria como si flotaran en el aire y no 1 01


tuvieran peso, una palma descomunal, y un libro quizá de filosofía en la cual era tan versada la virgen alejandrina. Todo este cuadro recibe luz convencional por la ventana de una celda de prisión sin reja y el cielo liso sin la menor señal de nubes da una gran serenidad al exterior que él mismo sugiere. El cuadro está pintado con intencionada tersura. En los claros y en las sombras, sigue una imaginaria iluminación de contraste para dar relieves estilizados a paños y objetos. El artista se solazó en adornar a la mártir alejandrina, con collares, flores y joyas de princesa cuzqueña colonial, y hasta se permitió soltar algunas guedejas de pelo rizado, para que flotaran como los paños al viento huracanado. Ese extraño contraste de quietud y movimiento, de convencionalismos en el claro oscuro y acumulación de símbolos que hablan de todo lo que se sabe de la santa, uniéndolo en un mosaico de colores sobrios, grises y ocres con violentos tonos cálidos en el rojo manto y el verde jubón, harían a cualesquier pintor moderno pronunciar la obra como un decidido acierto de vanguardia, si estuviera firmado por Dalí o Picasso. Es divertidísimo encontrar en el Cuzco cuadros que clarísimamente tienen, así como la Santa Catalina que acabo de describir, todas las características de la pintura llamada moderna los cuales fueron pintados en los siglos de la colonia. Hay por ejemplo en el claustro alto de la Merced, cerco de la entrada al Coro, una Inmaculada Concepción cuyo manto es una perfecta muestra del estilo o sistema que se llamó cubista, Ese manto podría por sí solo, sin tomar en cuenta el resto de la imagen, haber sido asunto de un estudio de cubismo en azul y resuelve perfectamente la teoría rectilínea y convencional de la armonía de dibujo y claro oscuro mostrando sucesión de poliedros que se suman en un manto ondulado a la brisa. 1 02


Pero donde he encontrado todavía algo verdaderamente digno de figurar en una exposición de artistas jóvenes de París, New York o Chicago, es en una de las aulas del Coristado del mismo Convento de la Merced. Un San Pedro Nolasco en busto, tratado con una suma simplificación de perfiles y planos recortados, en fuerte contraste de blancos, rojo bermellón, grises, verdes y azules. No pude comprobar si está pintado en lienzo, lámina o madera, pero el efecto de tersura es aparente en todo el cuadro, con acabado casi como de laca japonesa, y la composición del busto en primer término echado sobre una mesa, cubierta ésta de una carpeta toda roja, utilizando sólo un pequeño rincón de la parte alta, para poner allí una escena completa en figuritas pequeñas que se suponen muy distantes pero que están, tan en primer término en cuanto a valores, dibujo y detalles, como el mismo busto, es, no tanto como se cree a primera vista, una ingenuidad de aficionado, sino un capricho determinado de pintor que sabe lo que hace, y lo hace porque así le place, y lo pide su instinto revolucionario y egoísta. También he visto en el hospital, en la sala de espera, otro cuadrito que se supone ser un retrato de San Camilo de Lelis, el cual es un perfil lleno de volutas de cerne que le dan vueltas por las sienes y los carrillos en una forma absolutamente renegada de toda posible anatomía facial; pero que sin embargo, tiene cierta unción en la expresión devota de admirar un Crucifijo. Es monstruoso este cuadro; pero no es resultado de una ignorancia pictórica ni anatómica, sino que es un verdadero rebuscamiento expresivo, una tensión espasmódica de líneas bien definidas y claras, tratando sin duda de mostrar la extraordinaria marce del misticismo en el caritativo Santo. El artista pintó algo que jamás vio en la materia pero que vislumbró en el espíritu. 1 03


¿Y las admirables estilizaciones de los murales a óleo del Conventito de Urquillos, en las cuales las vestiduras de San Buenaventura son trapecios de color sólido, y todas las figuras vuelan en un plano inclinado sobre nubes recortadas que parecen de lámina de acero. Tienen estos, una fuerza viril en la factura, que acusan un carácter indomable en quien los hizo. Después, tenemos los exquisitos murales de los mártires del Japón, en el coro de la Recoleta, pintados en tela al óleo; pero con un colorido tan uniforme en los grises, azules y ocres suaves, que a primera vista, parecen temples. En ellos hubo un extraordinario motivo de composición, simétrica, que convence de que los murales de Diego Rivera en México tan admirados justamente en la época actual, tuvieron un precursor hace ya tres siglos en el Cuzco. Pero volviendo al motivo que me hizo apuntar estas observaciones a la ligera, quiero exponer a los amantes de la pintura y a los observadores de la cultura de nuestros pueblos, que hubo en el Cuzco más que en ninguna parte de la América española, una producción extraordinaria en pintura, no sólo por la cantidad de obras, ni por la fastuosidad dorada de los estofados, que siendo admirables, se quedan, muchas veces en lo ingenuo y abigarrado, sino una producción valiente y directa, que fue sin miedo a la expresión concreta y quizás ancestral del artista indígena y llegó en tiempos pretéritos a lo que muchos artistas modernos han llegado tres siglos después. Sin duda se logró esta curiosa floración artística a que no había trabas académicas de orden convencional que impidieran al artista ir directamente de un salto a la 'expresión sintética. Ni tampoco había necesidad de halagar los gustos de los dilettantis, ni de los críticos, ni de los mecenas. En Cuzco se pintaba, así como se tallaba maderas, como se 1 04


forjaba hierro, o se labraban y repujaban metales preciosos cueros curtidos, y bronces, todo ello, dentro de un plan sano de artes y oficios a precios fijos por cada cantidad de material hecho por los artistas y artífices; Las ambiciones de todos ellos, eran solamente las de ganar el pan de cada día y expresar sus sentimientos y gustos; todo, bajo el influjo sano del culto católico. Ciertamente las obras excepcionales a que me refiero no son las corrientemente conocidas como pintura cuzqueña y que basta una mirada para que hasta un niño diga viendo el oro: "¡pintura cuzqueña!". Son escasas relativamente, y están escondidas aquí y allá en rincones donde casi nadie las admira. Por eso, para darse cuenta de lo verdaderamente avanzado de los aciertos de los pintores cuzqueños, es necesario vivir no unos días en el Hotel como turista aturdido que llega en un avión y se va al día siguiente, sino dedicar semanas, meses, y hasta años, quizá, a la búsqueda de esas obras cúspide de una edad de oro en la historia del arte y de la civilización como fue la Colonia Española en América. Por: Fr. José Mojica OFM En: "Ensayos"

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Las ocho bienaventuranzas Pequeño cuadro alegórico con dialogo para ser representado por niñas o señoritas. Aparecen en un escenario formando un semicírculo nueve figuras o personajes simbólicos con trajes a la usanza grecoromana. La figura del centro está vestida de blanco. Las cuatro figuras a la derecha de la figura central están vestidas de los siguientes colores respectivamente: la primera, de gris claro; la segunda, de café oscuro o marrón; la tercera, de verde; y la cuarta de azul fuerte. Las otras cuatro figuras a la izquierda de la figura central están vestidas: la primera de morado o violeta, la segunda de azul celeste, la tercera de amarillo claro, y la cuarta de rojo vivo. Al levantarse el telón se oye un coro interno de voces infantiles cantando una melodía religiosa suavemente. La Figura central, todavía antes de que terminen las voces internas, levanta la mano derecha al cielo y dice:

Figura Central.- Yo soy la creación de Dios- Salí perfecta de

sus sabias manos y perfecta volveré a ellas, pero ahora sufro. El hombre se manchó con el pecado original y Dios, hecho -hombre, vino a limpiarme, una vez más, con la sangre de Cristo. En los labios divinos floreció el mensaje que me llevará al Reino inmortal de la bienaventuranza. Grabado quedó en la tierra, y sólo aquellos que lo escuchan y lo viven después, serán salvados: Oídlo una vez más y llenad vuestros corazones ¡oh criaturas! de la bella esperanza del cristiano. (Dirigiéndose a la primera figura de su derecha) . Habla tú, figura humilde, que llevas la paz por galardón al que te sigue. 1 07


La figura en gris o N° 1 .- (En voz muy alta). ¡Oíd criaturas!

“Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos. Yo soy la pobreza que llevada alegremente y con confianza mantiene el corazón en paz divina. A veces entro en la mansión del rico para decirle quedo, cerca del oído: si quieres ser feliz en esta vida, y serlo más aun eternamente, despega tu corazón de tu dinero y adminístralo bien dando al pobre, parte de lo que Dios a ti te ha dado y si quieres acaso ser perfecto, dáselo todo, y colócate de un salto en el reino feliz de los que viven el prólogo del cielo en esta tierra. Entro también en el hogar del pobre y cuando lo encuentro en el dolor sumido, llorando su pobreza en amargura, le digo con la voz de Cristo mismo: Abre los ojos, hermano de los santos... mira el favor del cielo en la pobreza y bendice a tu Dios en medio de ella. No caigas en tentación de ambicionar el oro para tener placeres y abundancia. Tuyo es desde hoy el reino de los cielos, si aceptando alegremente ser pobre, esperas de tu Creador el pan bendito, ganado con honradez y con paciencia ¡Tuya es la gloria, hermano, mucho más segura, cuanto mayor sea en la fe del cielo!

La figura en marrón. N° 2.- Yo tengo en cambio para los que

escuchan, un mensaje de gran sabiduría. Oídlo todos y llevad grabada la voz de Dios que ofrece un gran regalo, mayor que todo premio, al héroe invicto de la humana guerra: "¡Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra! Los hombres ciegos, que luchan por el dominio de toda posesión en este mundo, morirán de seguro en la batalla; pues; el odio jamás dio fruto bueno. El que cayó vencido odia al triunfante, y éste, a su vez por otros abatido, conocerá su turno por justicia; y vencidos serán unos tras otros en una, cadena horrible de tumultos, mientras los mansos, que de Dios son hijos, viven en el amor, los ojos fijos en el dulce intercambio de favores," en la agradable paz, en la modestia 1 08


de su vida tranquila, vida oculta para los enloquecidos por las altas y bajas de la guerra, Oídlo bien todos los que escuchan, todos los que odian todos los que luchan; los mansos siempre heredarán la tierra”!.

La figura en verde N° 3.- Mi vida es la esperanza del que

llora. La palabra de Cristo nunca falla. Para los hombres que en tinieblas gimen, para las víctimas de la batalla, para los inocentes que encontraron manos injustas que los despojaron, y que repudiados hoy al Cielo imploran, tengo estas palabras: "Bienaventurados los que ahora lloran porque ellos seguro serán consolados". El consuelo inmenso del Corazón de Cristo es un don tan grande para quien conoce que es Dios mismo aquel que viene a su lado, que tal vez sabiéndolo el alma del hombre, llorar más quisiera para seguir siendo de Dios consolado. ¡Bienaventurado! ¡Bienaventurado!, hermano que lloras y estás resignado a seguir llorando por amor a Cristo. Todos los que lloran y bendicen siempre la bondad de Dios, serán consolados Pero los que lloran y se desesperan, y encuentran injusto al Dios que ha mandado el dolor al mundo permitiendo en ello el único medio de saber mostrarse infinitamente justo y compasivo al hombre que tanto ha pecado, los que desconocen que en el mal del mundo Dios mismo permite la sola manera de mostrarse Padre de misericordia, los que ciegamente impugnan a otros cuando no a Dios mismo, la causa maldita de sus propias lágrimas, esos nunca, nunca serán consolados... ¡Bienaventurados, bienaventurados los que lloran mucho bendiciendo a Dios con sus propias almas, porque por Dios mismo serán consolados

La figura en azul índigo N° 4.- Llevo la profunda calma del

profundo océano en el seno mismo de este soberano principio de Dios que es justicia en todo. Por eso repito con tranquilo acento que el hombre repite, en ese infinito deseo de justicia 1 09


que de Dios espera, las palabras llenas de santa concordia que se cumplen siempre sin peros ni cuartos: "¡Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque serán hartos!". La misericordia del Creador nos brinda su justicia en todo; pero ciertamente no es lo que nos dice en esta sagrada bienaventuranza. Dios no ofrece al hombre cumplir su venganza ni se hace el aliado del ser rencoroso para darle el gusto de ver humillados a los enemigos que lo han maltratado. Esos, Dios nos manda que sean perdonados. La justicia hermosa que causa hambre y sed en los hombres justos, es la santidad. Los que tengan hambre de justicia tal, y estén sedientos de ser aún más justos sin estar contentos de sus buenos hechos, esos son los hombres a quienes Dios promete dejar satisfechos. ¡Bienaventurados los que tienen hambre y sed de bondad, bienaventurados los que no se sacian sólo con ser buenos, y anhelan alturas de la santidad, bienaventurados los jamás saciados de imitar al justo de los justos; Dios, a ésos, los hambrientos de justicia inmensa, justicia infinita, Cristo les ofrece el banquete augusto donde saciedad es la santidad! ,

La figura Central.- Podría yo sin duda volver a mi Dios ya

limpia de manchas, solo con vivir una sola de estas bienaventuranzas. Pero Dios sabiendo que el hombre es criatura de muchas facetas en sus cualidades, no quiso mostrarle sólo cuatro formas de llegarse a Él sino que sus labios, en una infinita gama de bondades, mostró todavía la otra mitad digna de todas nuestras alabanzas, en estas otras cuatro bienaventuranzas, (dirigiéndose a la primera figura a su izquierda). Habla tú a los hombres, hermana del cielo, y pon en las almas otro santo anhelo.

La figura en morado o violeta o sea la N° 5.- Realmente,

Dios quiere que todos se salven y por eso quiso hacer el camino fácil y seguro para aquellos hombres que encuentran 11 0


muy duro el hacerse santos por medios divinos de paz y concordia; y poniendo un rayo de misericordia en cada alma humana, abrió una mañana sus labios hermosos y dijo a los hombres. "Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia". Desde entonces, todo ser humano sabe que en cada hombre encuentra un hermano en el cual se esconde Cristo mismo. Y no es necesario para ser caritativo que el hombre disponga de algún grande erario. Basta un vaso de agua dado por amor a un pobre sediento. Basta que el hambriento reciba un bocado dado con cariño. Basta con que un niño desnudo, reciba modesto vestido. Basta que el herido se encuentre olvidado o el enfermo pobre, y sean visitados. Estas mínimas obras de misericordia, que todos los hombres fáciles encuentran, son la puerta misma a la vida eterna donde Cristo espera, para examinarlas. Podremos llevarlas pequeñas y pocas. Podremos llevarlas en gran abundancia y ser de "los ricos del cielo"; pero si aún de estas obras no llevamos nada, el alma al abismo será condenada.

La figura en azul celeste o sea la N° 6.- Todavía hay un

camino, mucho más fácil, para que algunas criaturas lleguen a la salvación. Por lo fácil es difícil de encontrarlo en perfección, pues el mundo nos impide tener limpio el corazón. La malicia reina en todos y son pocos los que viven siempre de buena intención. De esos digo yo la frase de Cristo 'y repito a vos: "Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios". Son los simples, son los niños, hombres de recta intención, son los pequeños sencillos que nunca usan la mentira. El hombre que haciendo a un lado toda ciencia e industria vana se entrega y vive confiado en la verdad soberana de la fe que Dios le ha dado. El camino es bien sencillo pero está oculto al filósofo, al sabio y al entendido. Es la vía que muchos santos 111


han encontrado y seguido. La infancia alegre y confiada del alma ya enamorada de la infinita grandeza donde ya es naturaleza encontrarse muy pequeña, muy ignorante e impotente, pero limpia cual la fuente que mira el azul del cielo y lo retrata sin velo. Por eso, en esa limpieza, del corazón inocente todo lleno de confianza, reposa la verdad simple de mi bienaventuranza.

La figura en amarillo claro, o sea la N° 7.- Yo soy todavía

más fácil. Soy la luz de paz que alumbra las almas, que están tranquilas. No hay nubes de tempestad que crucen en mi horizonte. No hay lucha que me disturbe ni ambición que me fascine para correr de ella en pos. Soy la paz, tesoro único que Cristo al hombre legó: Quien alcanza a conocerme ya conoce la bonanza del alma íntima de Dios. Por eso quiero llamar a todos los hombres buenos con la más tranquila voz. "Bienaventurados los pacíficos porque ellos, serán llamados Hijos de Dios" ¿Mejor parentesco anhelan? No creo que haya otro mejor. Quien es hijo de Dios Padre es hermano del Señor, es hijo de la Virgen que fue la Madre de Dios. Ese vive ya en familia. Vive en la casa de Dios. Bienaventurado el hombre que ya tal dicha probó. Nadie en el mundo merece semejante galardón si vemos a la criatura que tanto y tanto pecó; pero amó la paz y eso, al momento la afiló con la familia divina y allí, tranquila quedó. ¡Oh Gran bienaventuranza la que anunció al corazón de los que, viven en lucha! ¡Venid, venid bajo el techo donde en verdad el Señor recibe a todo hijo pródigo que a su seno regresó!

La figura en rojo vivo o sea la N° 8.- (Con agitación). ¡Se

cierra para el hombre la puerta estrecha! El camino queda abierto por una brecha que permite la entrada con gran violencia. Es el asalto lleno de gran demencia. El arrebato loco del bien eterno. 11 2


¡Pronto! ¡Apuremos que es decisivo entrar en el reino de Cristo vivo! El enemigo viene sobre la espalda y nos persigue implacable, fiero. Caer en sus garras sería la muerte. ¡Señor, socorro, tuya es mi suerte! He caído herida por el acero… ¿Esta gran lucha tú la permites para perderme o para probarme? En ella veo que yo no estoy sola, luchan millares, es una ola de almas sufrientes y perseguidas, de seres yertos, llenos de miedo. Empezó hace mucho esta jornada y ya mi fuerza está agotada, pero tú sabes Señor, que nada me hará negarte la fe jurada. ¡Dulce esperanza del perseguido! ¡Firme confianza del ser perdido entre las garras del enemigo! ¡Vengan prisiones! ¡Vengan tormentos! ¡Vengan zozobras! ¡Venga el desastre! Yo no he tenido tiempo de darte en largas plegarias; pero mi lucha, en continua huida. Nunca, Señor, yo dejé de amarte. Te doy mi vida, ¡toma mi sangre! para que veas que solo a ti te amo antes que darme el halago falso del enemigo… Así las almas en este mundo sufren por Dios el terror profundo de tantas y extrañas persecuciones; pero sin ellas no habrían llegado al goce eterno de su delicia. Gocen del cielo "los que padecen persecuciones por la justicia y por la firmeza en haberte amado, Dios de los cielos. ¡Ellos son mártires, son santas vírgenes, innumerables por ti salvados, locos de amor, bienaventurados! Un coro interno canta un himno solemne, y las figuras forman un cuadro plástico alrededor de la figura central, mientras cae el telón.

FIN Recoleta. Cuzco, 1 2 de septiembre de 1 946 (Fiesta del Dulce Nombre de María). Fray José Francisco de Guadalupe Mojica, O. F. M. . 11 3


Holocausto

En acción de gracias a Dios y a su Santísima Madre, por haberme concedido escalar su altar como Sacerdote. –Cercado estoy por todas partes de lazos de ternura infinita… El hombre ingrato con sus malas artes rompió dulces cadenas; cayendo en la maldita profundidad de la maldad... Y aquel Dios Padre que dio el aliento a la forma plasmada con arcilla, y quiso eternizar este portento que a los ángeles mismos maravilla para su amor, creó el dolor. Queriendo hundirse en ese abismo santo donde pudo mostrar su valentía para salvarme del atroz quebranto decretó con sin par sabiduría volver a hacer a la mujer. Y esta su creación predestinada para vivir en ella como Hijo, tuvo que ser su Madre Inmaculada pero teniendo en mí, el intento fijo. ¡Amor! ¡Ternura! ¡Dolor! ¡Criatura! Contraste fiel de eternidades claras donde sin uno la otra no existiera ¡El hijo con la Madre sin las taras que Adán con su Caín antes me diera!

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¡Nueva esperanza que todo alcanza! Se abrieron en el mundo aquellos brazos de la Madre y del Hijo redimiendo. Quise escapar al cerco de esos lazos y en él cada vez me fui rindiendo. ¡Dulce prisión que es la salvación! En tu ley, mi renuncia es libertad. En tus muros, blindados por mis votos, mayor es el placer de mi lealtad, que la vileza de verlos un día rotos. ¡Dadme constancia, y perseverancia! ¡Amor! ¡Divino Amor del Padre que me ha creado! ¡Amor de Madre que al dolor inflama! ¡Amor de un Hombre-Dios que me ha salvado! ¡Amor del Santo Espíritu que es llama! ¡Iluminadme! ¡Santificadme! Fray José Francisco de Guadalupe Mojica O.F.M. Recoleta, Cuzco, Julio 29 de 1 947.

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HOMENAJE A FR. JOSÉ FCO. DE GUADALUPE MOJICA O.F.M.

SEMBLANZA DE JOSÉ MOJICA Por Fr. Alejandro Palacios OFM Dignas damas y caballeros: Nuestro homenaje tiene como corona la celebración del Primer Centenario del nacimiento de un artista extraordinario, José Mojica, que hizo de su vida la más bella obra de arte. Este centenario lo celebraremos el 1 4 de septiembre del año próximo 1 996. José Mojica nació el 1 4 de septiembre de 1 896 en el pueblito de San Gabriel, en Jalisco, México. El mundo eterno, especialmente el mundo del arte, del espectáculo, está celebrando el Primer Centenario del nacimiento del cinematógrafo, del cine, del arte de la imagen en movimiento, del lenguaje de la imagen. El cine y José Mojica nacieron más o menos en el mismo tiempo. Hermosa y significativa coincidencia, ya que más tarde se complementarías. N.S. Jesucristo, maestro de maestros, el único que pudo decir: “Yo soy la Verdad”; en una ocasión extraordinaria, cuando enseñaba a sus discípulos las exigencias para seguirle: “Renúnciese a sí mismo…Tome su cruz”, pronunció una frase célebre, dijo: “¿De qué sirve al hombre ganar todo el mundo si al final pierde su alma?” (Mt. 1 6,26). Estas palabras, a ciertas personas, les golpea tan profundamente el corazón y la conciencia, que obra en ellas un cambio radical…Esto ocurrió el año 1 934, con un extraordinario artista, José Mojica, que por méritos propios, había ascendido, paso a paso, entre sonrisas y lágrimas, a la cumbre de la fama y de la gloria, como cantante y actor de ópera, teatro, radio, cine, y después, TV… José Mojica se encontraba radiante en esa cumbre con la admiración y el plauso de gran parte del mundo… Triunfante brillaba en las

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cumbres de soberbia, de la riqueza, poder, placer, fama, gloria, aplauso, admiración, adulación. Cumbres que tanto ambiciona el pobre corazón humano… Y desde esas cumbres, tocado ya por la gracia de Dios, vio las transitorias glorias del mundo, y recordó las palabras con las que se abre el sagrado Libro del Eclesiastés: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”… Vino a su mente la sentencia del Apóstol San Pablo en la primera carta a los corintios: “El escenario de este mundo pasa”… Y evocó las palabras del Apóstol San Juan en su primera carta: “Todo cuanto hay en el mundo es concupiscencia, la de los ojos, concupiscencia la de la carne y soberbia de la vida”… Recordó que una tumba, un día, opacaría todo su brillo, y que sus glorias terrenas sólo serían escombros, fragmentos brillantes de un fino espejo roto… Y consciente, libremente, descendió a los valles de la humildad, donde encontró paz para su espíritu, alegría para su vida y limpieza de corazón para ver las cosas de Dios Y se acercó a Dios, y vino a Cristo, por camino de Francisco de Asís… Había leído la vida y los escritos de esta santo maravilloso: el Hermano de la Fraternidad Universal, el Santo del Amor y de la Paz. El santo que llamaba con el dulce nombre de “hermano”, de “hermana” a todas las criaturas. El santo de la pobreza y la humildad. Por eso se llamaba “hermano menor”. José Mojica fue conducido por San Francisco al corazón de Cristo, después de 28 años de haber vivido lejos de Dios, alejado de la Iglesia, en una vida, como él lo reconoce, de pecado, ese año 1 934, se confiesa, comulga e ingresa a la Tercera Orden de San Francisco. Se despoja, como San Pablo, del “hombre viejo”, del “hombre de pecado”, y se reviste del “hombre nuevo”, el hombre según Cristo. En esta vida nueva, con la luz de Dios, poco a poco va desencadenando su corazón de las glorias terrenas. “La fama, la popularidad, dirá en esos tiempos, es mi cruz”… Y llegó el año 1 940. Ese año rompe el último vínculo sagrado que le ataba a esta tierra. Ese año muere su santa y sufrida madre, a la que él adoraba. Recién se siente del todo libre para realizar la obra que Dios quería de él. Vivir su vocación religiosa. Cumplir una misión distinta en el mundo… Ir tras de Cristo que le decía: “Sígueme…venid en pos de mí”. Había filmado muchas películas. La mejor de ellas, según propio testimonio, era “La cruz y la espada”. En ella trabajaba de religioso franciscano. En esta película, canta una canción que ponía al descubierto el estado emotivo de su espíritu. Decía así: “Toca dolorosa campaña de antaño, toca que ha muerto mi última ilusión. Toca campanero de mi desengaño 11 8


en el campanario de mi corazón” Superada ya su desorientación ideológica, filosófica y religiosa, el año siguiente, 1 941 , filmaba su última película. Se titulada “Melodías de América”, en los Estudios San Miguel. La película se titulaba “Melodías de América”, que seguramente los que hoy peinamos canas, la vimos. Agustín Lara había sido contratado por los Estudios para preparar (componer) las canciones para este film. En su autobiografía, José Mojica dice: “Había escrito una canción que parecía hecha especialmente para mí en aquellos días: Solamente una vez. Con esa bella melodía me despedí de la vida mundana”. Al volver a su Méjico querido, comienza a cumplir lo que Cristo a los que quieren seguirle. “Anda y vende todo lo que tienes, repártelo entre los pobres. Así tendrás un tesoro en el cielo, y después, ven y sígueme”. Con generosidad, lo repartió todo… No fue fácil. Lo dice él: “Si dijera que fácilmente me desprendí de mi casa, de mis obras de arte, de mi dinero, de mi familia y mis amigos, mentiría”. Pero tal vez con un corazón sangrante, lo hizo por Cristo… Se había quedado sin nada. No tenía para el pasaje de Méjico al Perú… ¿Y por qué el Perú?... Estando en la Argentina y deseando saber el lugar a donde Dios quería llevarle, imitando a San Francisco de Asís, que buscaba y encontraba la voluntad de Dios de esa manera, frente a un mapa, cerrando sus ojos, pasó su mano sobre el mapa, diciéndose: en el lugar que se pose mi dedo, será el destinado por Dios. Abrió los ojos y bajo la yema de su dedo decía “Cusco” (Perú). Nuestro Perú tuvo el honor y la gracia de ser el escenario de la vida religiosa de este gran hombre. La primera limosna que pidió fue para su pasaje. La pidió a su primo Tino, que se había convertido en un próspero productor cinematográfico y que le ofrecía un millonario contrato por 6 nuevas películas… Tino le dio un cheque de $ 500 dólares para su viaje a nuestra tierra. El 1 6 de febrero de 1 942 llegó a Lima. Y el 8 de marzo de ese mismo año vistió el santo y humilde hábito franciscano, comenzando su noviciado, a los 45 años cumplidos, y con el nombre de Fray José Francisco de Guadalupe Mojica… Vinieron, después de su profesión religiosa, sus estudios de filosofía y teología… Y el 1 3 de julio de 1 947, en Lima, recibía, emocionado hasta las lágrimas, el sacerdocio que él, por humildad, no se creía digno. Fray José aspirada a ser solamente un hermano-no clérigo. Su ordenación y primera Misa en Lima fue un acontecimiento no solamente nacional sino mundial… Los medios de comunicación de todas partes estaban presentes… 32 años vivió santamente en la vida consagrada a Dios y al prójimo… Los mejores 32 años de su vida… 11 9


José Mojica, o mejor Fr. José Fco. de Guadalupe Mojica, no necesita semblanzas ni panegíricos que le hagan grande. Él es grande. No con la grandeza de la soberbia humana ni de las glorias mundanas. No con la grandeza de la soberbia humana ni de las glorias mundanas. No. Él es grande porque se cumple la Palabra de Dios que dice: “Dios da su gracia a los humildes… Dios enaltece a los humildes… La memoria del justo será bendita y recordada siempre”. Si quisiera yo subrayar algunas notas de su rica personalidad, notas que son muchas y muy variadas, creo que 4 sintetizan lo mejor de su noble ser: 1 .- Fr. José fue un verdadero “Hombre de Dios”, “Hombre de fe, de la Iglesia, de Evangelio- Hombre de oración, meditación, contemplación; Hombre de profunda y sincera vida espiritual, vida interior. Una vida Cristocéntrica y Mariana. Cristo como centro de todo. Y junto a Él, su Madre María. Pero en la advocación de la Virgen de Guadalupe. La Morenita del Tepeyac que con los signos de nuestra raza indo-americana, se apareció en Méjico. Del 9 al 1 2 de diciembre de 1 531 , la Madre de Dios se dejó ver 5 veces. 4 por el indiecito San Diego y una a su tío Juan Bernardino. Y nos dijo: “Yo soy tu amorosa Madre… Yo soy la madre del verdadero Dios por quien se vive”… Y Fr. José llevó por el mundo a la Virgen de Guadalupe. Fue un trovador mediante la predicación. No busquemos en él al predicador teólogo, porque no lo era. Era el moralista práctico, que predicaba como quería el padre San Francisco: “Anunciando virtudes y vicios, el premio y la gloria, con brevedad de sermón, porque palabra abreviada hizo el Señor sobre la tierra”. Y Fr. José llenaba templos y arrastraba multitudes. 2.- Su optimismo frente a la vida. Su alegría de vivir. El ver siempre la parte positiva del mundo, de la vida y de los hombres. El confiar en ellos. El creer que todos eran buenos. Este optimismo y alegría no los perdió ni siquiera en su vejez, cuando inválido, en una silla de ruedas, con una pierna amputada, pierna que la perdió a raíz de una grave enfermedad, seguía dichoso y alegre como San Francisco, entonando el “Cántico de las criaturas”, y como Santa Clara que daba gracias al Señor diciendo: “Gracias, Señor, por haberme creado”. 3. Su bondad, generosidad, desprendimiento de todo. Nada tenía porque todo lo daba. Estoy seguro de que si alguien le pedía el santo hábito que vestía, lo hubiere dado, como San Francisco un día dio a un pobre el manto le resguardaba del frío invierno. Ningún bien terreno encadenaba su corazón. 1 20


4. Su trabajo por las vocaciones religiosas y sacerdotales. El inmortal sabio y santo papa Pío XII, en una audiencia especial, le dijo: “Padre José, tiene mi bendición para llevar a Cristo al teatro, a la radio, al cine, a la TV”. Y así lo hizo. Fue por el mundo actuando y cantando para Cristo. Cuba, Puerto Rico, Colombia, Méjico, Ecuador…En Arequipa edificó, con su esfuerzo, nuestro Colegio Seráfico (Seminario Menor), para el cultivo de las vocaciones. Él mismo era ejemplo y modelo con su palabra, vida y obras. Yo, tuve la gran dicha de conocerle el año 1 951 . Intercambiando algunas cartas. En diciembre de 1 951 , en Guayaquil-Ecuador, se celebró un “Congreso de Terciarios Franciscanos”. Para solemnizar este acontecimiento, invitaron al famoso Padre Mojica. En Guayaquil nos conocimos y el 1 7 de diciembre me trajo a Lima para comenzar mis estudios en el Colegio Seráfico (Seminario Menor). Pasado mañana, 1 7, se cumplen 44años de mi llegada a Lima con el buen Padre José, que fue para mí mi verdadero “Padre espiritual” y una de las personas a las que yo más he querido y admirado. Lo que ahora soy, sacerdote franciscano, por la gracia de Dios, se lo debo a él. Tengo aquí un tesoro. Así lo llamo yo. Para mí lo es. Son varias cartas, tarjetas postales, estampas, que él me escribió en muchas oportunidades. Voy a leer algunos párrafos seleccionados de acuerdo a mis diversas etapas de formación religiosa. Al escuchar estos párrafos, no penséis en mí. En lo que dice de mí. Pensad en él. Quiero que conozcáis su corazón noble tan lleno de Dios y de amor, que conozcáis cómo expresaba sus pensamientos y sentimientos. Escuchad… Esta fue la primera carta que recibí de él. Carta que me emocionó hasta las lágrimas. Dice así: “Pax et bonum. Convento de San Francisco de Lima, septiembre de 1 951 . Sr. Jaime Palacios Jara. Guayaquil, Ecuador. Estimado hermano en Cristo: He tenido el gusto de recibir su carta del 25 del actual en la cual me comunica sus fervientes deseos de abrazar la vida religiosa para servirle a Dios y a la humanidad. Muy loable es su decisión, siempre y cuando esta nueva vida se emprenda con alegría interior y disposición de servir no como un hombre que escapa los dolores de la vida, sino como aquel que sabiendo el mérito del dolor, estando en la gracia de Dios, reconoce el inmenso beneficio que va a recibir para aplicar los que encuentre en la vida religiosa como aumento de la vida que encontrará en el cielo al morir. Es decir: que entrando en un convento no va a dejar de sufrir tentaciones, quizá de otra índole diferente de las que encuentra actualmente en su vida de mundo, pero de todos modos habrá lucha que ciertamente es más fácil de llevar que la que se lleva en el mundo, por tener la protección de Cristo en la comunión diaria que todo buen religioso se 1 21


esmera en recibir. Continúa… la carta es muy larga. Termina así: Si desea volverme a escribir, hágalo con toda libertad, sobre todo si no he sido claro en algún punto o si desea otras informaciones. Le prometo encomendarlo en mis oraciones para que persevere en sus santos propósitos y reciba las bendiciones de su humilde servidor en Cristo y María. Fr. José Francisco de Guadalupe Mojica OFM La carta siguiente, la recibí al comenzar yo mi Noviciado. Dice: “Pax et bonum. Convento de San Francisco, Arequipa, Abril de 1 955. Mi queridísimo Alejandro Francisco (lindo nombre): Qué alegría corroborar lo que ya presentía de tu vocación y qué fervor pidiéndole a Dios que siempre te conserve así de entusiasta por su santo servicio y te haga conocer la infinita dulzura de su amor que es mejor que todos los amores puestos juntos. Me considero feliz de ser tu “padre espiritual” y doy gracias a Dios y la Virgen por tu vocación tan decidida, tan firme, tan entera. Que así sea hasta la muerte, Amen. Termina diciendo: Suplicándote que continúes tus oraciones por mí, te bendigo como siempre y te felicito por tu alegría santa y por el goce de tu paz en la Pequeña Cruz de la vida religiosa. Fr. José Francisco de Guadalupe Mojica OFM. Cuando yo era estudiante de Filosofía y Teología, recibí esta tarjeta: Convento de San Francisco, Arequipa, Septiembre 1 9 de 1 957. Mi muy amado hijito Fr. Alejandro Palacios: Ya sabrás lo grato que es el ver que un niño como tú persevere gustoso y no a regañadientes, en esta santa vida religiosa que has sabido estimar en toda su altura. Comparando tu ejemplo con algunos otros que han fallado me consuelo y digo: ¡Bendito sea Dios, no todo está perdido! Vale más calidad que cantidad, ciertamente, y por esa pido a Dios y a la virgen que te den siempre ese santo conocimiento de la Cruz y ese goce especial en ella. Las cualidades adquiridas en estos años de formación, son las que dan al alma la ilustración y el acierto, más que las letras y las alturas científicas. Nuestro padre San Francisco miraba más a la oración y a la caridad que a todo lo demás. Ahora es el tiempo de agigantarte en ellas. Me despido hijito mío, suplicándote que continúes encomendándome fervorosamente. Tú eres uno de mis ángeles guardianes en la tierra y estamos destinados a vivir el fruto de nuestros sacrificios, dolores y trabajos en el cielo. Ya viene la novena de Nuestro Padre. Encomiéndame mucho en ella. Debo predicar varias veces y quiero hacerlo 1 22


bien. No por vanidad, sino por tratarse de quien se trata. Hasta pronto, te bendice siempre, Fr. José. Cercana ya mi ordenación sacerdotal, recibí esta carta; Pax et bonum. Convento de San Francisco, Lima, septiembre 3 de 1 961 . Mi dulce hijito Fr, Alejandro Palacios: Te felicito por tu ordenación, ya en las gradas del Altar del Señor, ya en los peldaños que te conducirán al Tabernáculo. ¡Hijo mío! Esto es obra de una gran y extraordinaria perseverancia la cual ha sido coronada con el amor de los que te rodean, la alta estimación de tus superiores, y la admiración de tu viejo “papá” lejano, el decrépito Fr. José, que te escribe. Y llegó el día de su muerte. Fue el día viernes 20 de septiembre de 1 974, a las 3 y 1 5 de la tarde. Había cumplido 78 años y 6 días de edad. Desempeñaba el oficio de Maestro de Estudiantes Teólogos (Rector del Seminario Mayor), y uno de mis estudiantes, Fr. Gilmer Espino, hoy Superior de nuestro Convento de Tacna, fue el único que estuvo presente en ese momento. Nos contó él que su muerte más pareció un sueño, un quedarse dormido con una sonrisa de paz en el rostro. Él mismo lo había dicho, que el día más feliz de su vida será el día de su muerte… De inmediato, en el convento, tocaron campana de obediencia para que los hermanos se reúnan. Yo no fui a ver su cadáver. El Padre José ya no estaba allí. Se encontraba frente a Cristo Juez, en ese juicio que nos espera a todos. Fui a la capillita del Estudiantado, preparé todo lo necesario y celebré por él la Santa Misa. Fue la primera misa ofrecida por eterno descanso de su almita buena. Era la manera de demostrar mi amor, mi gratitud, y por qué no decirlo, mi dolor de hijo… Gran parte de Lima desfiló ante sus restos y asistió a sus funerales demostrando afecto y veneración por él. Fue sepultado en un lugar especial de nuestras catacumbas, donde descansa en paz Fr. José Francisco de Guadalupe Mojica, es inmortal. Diría yo, con una doble inmortalidad. Don Miguel de Unamuno y algunos griegos pensaron que la inmortalidad era solamente el “sobrevivir en el recuerdo de los demás”…. El padre Mojica sobrevivirá en la Historia del Arte y en la Historia de la Iglesia como cantante y actor de ópera, teatro, radio, cine y TV… Como compositor: varias canciones de sus películas tienen la letra y música de él… Como literato: allí está su autobiografía de fondo profundo y bella forma, escrita por obediencia de sus superiores y titulada: “Yo pecador”, además de otros escritos. Como pintor: dejó varios y hermosos cuadros, destacando el retablo para el altar mayor de la capilla del Colegio Seráfico, donde su artística mano plasmó las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Cultivó con fecundidad y frutos estos diversos 1 23


campos del arte. Si “sobrevivir en el recuerdo de los demás” es inmortalidad, hay otra infinitamente superior: el sobrevivir en el Reino de Dios. Es la esperanza cierta de la resurrección y glorificación en la inmortalidad donde hay plenitud de vida y felicidad eterna. Es el trascender para siempre a las estrecheces de la materia, espacio y tiempo. Esta es la verdadera inmortalidad. Y el Padre José está en ella. Con Dios, con Cristo, con la Virgen de Guadalupe, con San Francisco y los Bienaventurados… Allí ha recibido el premio y goza de la recompensa eterna por su heroica renuncia y digna vida religiosa. Del buen Padre José podemos decir lo que el sagrado libro de los Hechos de los Apóstoles (1 0, 38) dice, sintetizando la vida y obra del Salvador: “Pasó por este mundo haciendo el bien”. Así fue el Padre Mojica, pasó por el mundo haciendo el bien a todos… El siglo XX expira ya. Ya vemos brillar la aurora del siglo XXI. Estos siglos donde el hombre, soberbio de sus avances científicos, técnicos, culturales, se siente un súper hombre, capaz de pisotear los valores éticos, morales, espirituales y religiosos…Se habla ya de una post-modernidad y un postcristianismo, donde no debe haber verdades eternas ni principios inmutables; en este escenario preñado de tempestad, la figura y el ejemplo de José Mojica seguirá siendo esa antorcha, ese faro luminoso, que como hijo de San Francisco de Asís, con espíritu franciscano de Hermano Menor, seguirá recordando a sus hermanos, los hombres de todos los tiempos, las evangélicas palabras de Cristo Salvador que pregunta: “De que le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?” (Mt. 1 6, 26) Gracias por la paciencia y la caridad que habéis tenido para escucharme. Gracias. Lima, diciembre 1 5 de 1 995.

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Portada del libro escrito por Ernesto Arauco Travezรกn, quien fue sacerdote franciscano y ademรกs amigo personal y pianista de Jose Mojica. 1 26


LA MARAVILLOSA HISTORIA DE FR. JOSÉ DE GUADALUPE MOJICA OFM Por Nivardo Córdova Salinas nivardo.cordova@gmail.com Fue un notable cantante lírico y tenor de ópera, intérprete de boleros y destacado actor y galán cinematográfico en Hollywood, México y Buenos Aires. Sin embargo, cuando estaba en la cúspide de su carrera artística decide abandonar los brillos y oropeles de la fama para seguir a Cristo al estilo de San Francisco de Asís y decide enclaustrarse en un convento para volverse fraile y ser luego ser sacerdote franciscano en el Perú. Esta es la historia del artista José Mojica, quien ha pasado a la historia religiosa universal como Fray José Francisco de Guadalupe Mojica OFM, un mexicano universal que unió su vida en un largo abrazo con los peruanos. Fray José Francisco de Guadalupe Mojica José Mojica (San Gabriel de Jalisco, 1 4 de septiembre de 1 896 – Lima, 20 de septiembre de 1 974) es un personaje de aquellos que dejan una huella imperecedera, en su caso, no sólo en el arte sino también en la espiritualidad. La peripecia vital de su existencia está signada por la búsqueda incesante del misterio de la vida, que solamente encontró en su comunión con Dios. Quien lee su libro autobiográfico “Yo pecador” (1 958) es, parafraseando al poeta estadounidense Walt Whitman, “como tocar no un libro sino un hombre”. Y es que el testimonio personal de Fr. José Mojica, nos conmueve, tanto como lo que narra uno de sus biógrafos: Fr. Ernesto Arauco Travezán (religioso y compositor huancaíno que además fue su pianista en giras por más de veinte países). El padre Mojica ha pasado a la historia como una de las conversiones más luminosas, quizás comparable a la de Saulo de Tarso, quien tras ser perseguidor de cristianos sintió el aguijón de la fe. Mojica, dotado de un talento innato para el “bel canto” fue un artista de renombre en su época -de lo cual dan fe las decenas de grabaciones fonográficas par la RCA Víctor (auspiciado por el mismísimo Toman Edison), su pasó por las más célebres auditorios operísticos con el aval de figuras de la ópera como Mary Garden y el tenor Caruso y las películas que dejó. Pero ¿qué motivación tuvo? 1 27


En la carta que escribe el 1 0 de septiembre de 1 941 al padre superior del Convento de la Recoleta del Cusco, Fr. José Núñez del Prado, para solicitar ser aceptado como fraile franciscano encontramos las claves de su conversión: “No hay nada que me detenga en el mundo, ninguna liga que me ate a él. Soy solo y ardientemente deseo ofrecer a los demás lo que el Señor me conceda de vida. No busco el refugio del Monasterio bajo ninguna emoción dolorosa o desesperada, ni creo que se trate de un vértigo religioso (…) No tengo decepciones artísticas, pues me encuentro en la plenitud de mis facultades y, si quisiera, podría obtener contratos ventajosísimos por un período de tiempo todavía largo. Tampoco sufro decepciones humanas, pues me aman mis parientes y -perdone usted la vanidad- también soy amado por una legión de admiradores que se multiplica por cada una de mis películas y de mis actuaciones en la radio y en el teatro. Nada me falta para seguir en el mundo y en mi profesión (…) pero hay una Voz que me habla de otra vida que he entrevisto y deseado siempre. No creo equivocarme al manifestar que tengo vocación para ella, y confío en el Señor, y en su gracias que me permitirá vivir esa nueva vida para servirle y, por Él, a todos los hombres” *** José Mojica nació, en el seno de un modesto hogar en el pueblo de San Gabriel (Jalisco), en 1 896, y siempre recordó este período en medio de un ambiente campestre e idílico junto a su madre, doña Virginia. El pequeño José no conoció a su padre -quien murió tempranamente-, lo cual unido con el fallecimiento de su hermano menor marcaron trágicamente su infancia. Su mamá, maltratada y golpeada por la vida tuvo que vérselas sola para sacar adelante al pequeño José, incluso en medio de las más severas privaciones económicas, que incluyeron vender la casa natal para trasladarse a la Ciudad de México a inicios del siglo XX, posiblemente en 1 902. En México estudia en el colegio Saint Marie y posteriormente en la Escuela Elemental N° 3 y finalmente en el Colegio de San Ildefonso. Desde esa época descubre sus dotes para el canto lírico y se matricula en el Conservatorio Nacional de Música bajo la batuta del maestro José Pierson, uno de los descubridores del cantante Pedro Vargas. Debuta como cantante en el Teatro Ideal y después participa en la obra “El barbero de Sevilla” el 5 de octubre de 1 91 6 en el Teatro Arbeu (hoy Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada). Pero Mojica quiere llegar más lejos y decide viajar a Nueva York ese mismo año 1 91 6 con la esperanza de buscar audiciones musicales para demostrar su arte y también, con sus ahorros, asistir al Metropolitan Opera House de Nueva York para ver en vivo al tenor Caruso, considerado el mejor tenor de 1 28


Portada del libro "Mojica, religioso y sacerdote" de Mons. Federico Richter OFM, quien se preocupรณ por formar el Archivo Mojica. 1 29


la historia. Lo vio y escuchó interpretando el “Rigoleto” de Verdi y quedó extasiado. Pero el dinero ya escaseaba. En la “Gran manzana” la vida es durísima y especialmente porque todavía los mexicanos y latinos eran vistos con recelo. Su primer empleo fue de lavaplatos en el restaurante de un hotel con un sueldo de 1 2 dólares a la semana más la comida. Para aliviar la tarea se dedicaba a cantar mientras lavaba la fina vajilla. Fue allí que alguien lo escuchó y lo llevaron donde la esposa del gerente, la Sra. Blackman, conocedora del bel canto, quien al escucharlo inmediatamente ordenó que le den un trabajo más liviano, solo por medio tiempo y a 1 5 dólares semanales. Además la dama se comprometió a darle clases particulares de canto, con la promesa de conseguirle un contrato operístico. Hay una anécdota significativa en Nueva York, donde en 1 926 conoció a la poetisa María Joaquina de la Portilla Torres, más conocida como María Grever. Mojica grabó un tema que catapultó a la fama a María Grever como compositora y que es un clásico de la música popular: "Júrame" La rueda de la fortuna había comenzado a girar. Un día se encontró con el tenor ruso Miguel Silgado, que cantaba en México y estaba formando una gran compañía mexicana con figuras de renombre. Mojica no lo dudó y retornó a México. Un día llegó el tenor Caruso y le organizaron un recitalaudición con las mejores figuras. Dicen que cuando Caruso escuchó a Mojica interpretando la cavatina de Fausto se le iluminó el rostro y haciéndole señas lo invitó a acercarse a su palco. Fue uno de esos encuentros trascendentales. Caruso lo invitó a cenar y se hicieron amigos, a punto de que Caruso llegó a ser su principal mentor y lo recomendó para que lo contraten en la Chicago Opera Company. “Ningún artista me mostró la fraternidad de Caruso”, escribió Mojica en su autobiografía. En Chicago, Mojica salta a la fama. Tomando al pie de la letra las recomendaciones de Caruso empezó a estudiar inglés, francés e italiano además de equitación, danza y atletismo. Es histórico su debut en el Metropolitan Opera House. al lado de la famosísima soprano escocesa Mary Garden, que era directora de la Compañía de Ópera de Chicago, en la obra “Pelléas et Mélisande” de Claude Debussy. Lo que vendría después parece tomado de una película. Durante su estancia en la Chicago Opera Company graba discos de opera y canciones tradicionales mexicanas con el sello RCA Víctor. El siguiente paso: Hollywood, la meca del cine, donde debutó en el filme de James Tinling, "One Mad Kiss" (1 930). Graba un sinnúmero de películas. Mojica es el ídolo del momento y el compositor cubano Ernesto Lecuona, lo convence para actuar y cantar en la película "La Cruz y la Espada" (1 934) y luego da conciertos en La Habana donde popularizó "Canto Siboney", "Siempre en mi corazón" y la romanza "María La O", que se inmortalizaron en 1 30


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grabaciones para la RCA Víctor. *** Su talento y fama se tradujo en jugosos contratos, lo cual le permitió comprar la Antigua Villa Santa Mónica en San Miguel de Allende (Guanajuato) para regalársela a su madre, cumpliendo la promesa de sacarla de la pobreza. Ella vivió en la mansión desde 1 930 hasta su muerte en 1 940. La muerte de su madre motivó en él una tristeza profunda, al punto de que empieza a cuestionarse a sí mismo su vida “de fama y renombre”. Eso lo motiva a decidir un cambio radical en su vida: dejar la vida artística y dedicar su vida a Dios, que Mojica ha confesado fue motivado por una aparición de Santa Teresita de Jesús. Mojica se deshizo de su fortuna y propiedades y en 1 942 ingresa Convento de la Recoleta del Cuzco en Perú adoptando el nombre de Fray José Francisco de Guadalupe Mojica. Luego se ordenó como sacerdote en 1 947 en la Basílica Menor de San Francisco de Jesús El Grande de Lima. Cabe señalar que el compositor Agustín Lara, al enterarse de su decisión de vestir el hábito y la sandalia franciscanos le dedica el hermoso bolero: “Solamente una vez”. Un dato a resaltar es que en el seminario cusqueño Mojica estudió con otros personajes memorables como el poeta liberteño Luis Valle Goicochea y Monseñor Federico Richter-Fernández Prada. Junto con ellos y otros seminaristas, agrupados en la autodenominada Academia Scoto editaron la revista “Ensayos”, cuyos ejemplares se conservan en el Archivo Histórico San Francisco de Lima, dirigido por Fr. Abel Pacheco Sánchez OFM, quien ha dicho lo siguiente: “El padre Mojica era una persona excepcional, dotado de un sentido profundo de la fe y de la alegría franciscana de vivir. Nos dejó un gran ejemplo de trabajo espiritual, como auténtico hermano franciscano”. Es importante señalar que si bien Mojica llegó a ser sacerdote, el arte del canto y también las artes plásticas lo acompañaron siempre, a punto de que él ha realizado una serie de obras artísticas en el Seminario de Arequipa -cuyos fondos para su construcción él ayudo a recaudar- dedicadas a la Virgen María así como la ilustración de la vida de San Francisco Solano. Como cantante, son recordadas sus giras en todo el Perú para despertar vocaciones franciscanas. En 1 958 decide escribir su libro autobiográfico "Yo pecador", que luego sirvió de argumento para el guión de una película del mismo nombre. En 1 966, también en la temática religiosa y franciscana, filmó “Seguiré tus pasos”, con Libertad Lamarque. Como sacerdote, Mojica se entregó totalmente a la evangelización, a rescatar almas y también a dar su mano generosa a los indigentes de Lima. Todavía hoy, a casi cuarenta años de su fallecimiento, en zonas como Barrios Altos y el Rímac lo recuerdan con mucho cariño como “Padrecito 1 32


Mojica”. En 1 974 falleció en la ciudad de Lima. Como acertadamente escribió Fr. Ernesto Arauco en su libro “José Mojica: mundo, arte espíritu”: “Fue un pregón de paz y bien. No quiso poner a su vida puertas ni madrigueras ni torres; en todo caso, puentes... Su arte lo encumbró; pero jamás perdió la sencillez. Su sacerdocio lo elevó (…) mientras los pañuelos blancos le decían su último adiós, y sus restos, abriendo una cuenta de cien años, eran transportados a las catacumbas de la Basílica de San Francisco, su testimonio se iba quedando entre nosotros, ´como el agua que siempre se queda y siempre se está yendo´... Y él, con una tesis profunda: la de su vida, se había doctorado para el Más Allá”. FILMOGRAFÍA DE JOSÉ MOJICA

En Hollywood:

“One mad kiss” (Un beso loco) (1 930) “When love laughs” (Cuando el amor ríe, 1 931 ) “Hay que casar al príncipe” (1 931 ) “Law of the harem” (La ley del harem, 1 931 ) “Mi último amor” (1 931 ) “El caballero de la noche” (1 932) “El precio de un beso” (1 933) “The king of gypsies” (El rey de los gitanos, 1 933) “Melodía prohibida” (1 933) “La cruz y la espada” (1 934) “Un capitán de cosacos” (1 934) “Love Frontiers” (Las fronteras del amor, 1 934)

En México:

“El Capitán aventurero” -basado en la pieza de Manuel Penella "Don Gil de Alcalá" (1 938) “La canción del milagro” (1 940) “El Pórtico de la gloria” (1 953), como Fray José de Guadalupe Mojica. “Yo pecador”(1 959), con Sara García, Pedro Armendáriz y Libertad Lamarque. “Seguiré tus pasos” (1 966), con Juliancito Bravo.

En Argentina

“Melodías de América” (1 941 )

En Perú:

Obra teatral "La Perricholi", en la década del 70, pero que fue censurada por el gobierno militar por que consideraban que era una exaltación del Virreinato y a os conquistadores, según información del P. Carlos Montesinos OFM. 1 33


Este libro se terminó de imprimir el día 30 de agosto de 2017, Fiesta de Santa Rosa de Lima, en el Año Jubilar por los 400 años de su partida al cielo de Santa Rosa de Lima. Es un homenaje al primer centenario del nacimiento de Fr. José Francisco de Guadalupe Mojica OFM (1897‐1974), hijo ilustre de la Provincia Franciscana de los Doce Apóstoles del Peru. RIMACTAMPU EDICIONES


José Mojica nació en San Gabriel de Jalisco (México) en 1897. El más grande tenor del mundo y amigo personal, Mario Caruso, le dio el impulso que lo lanzó a la fama como tenor en la ópera de Chicago, EE.UU. Luego de varios años de grandioso éxito en la década del 30, no sólo como tenor sino como actor de Hollywood (interactuando con artistas de la talla de Agustín Lara, María Grever y Pedro Vargas), Mojica decidió ser fraile en el Perú, ingresando al Seminario de la Recoleta del Cusco y luego ordenándose como sacerdote en 1947. Fr. José Francisco de Guadalupe Mojica OFM murió en el Convento San Franscisco de Lima en 1974, donde descansan sus restos. Este libro es el fruto de una investigación realizada por el escritor y periodista peruano Nivardo Vasni Córdova Salinas, quien hizo la recopilación de los artículos, poemas y reflexiones del P. Mojicaa publicados en la revista "Ensayos", de los seminaristas franciscanos, entre los años 1944 y 1945. Es, al mismo tiempo, un homenaje a la memoria de Jose Mojica por parte de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú, de la cual es hijo ilustre.

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"Fr. José de Guadalupe Mojica. Memorias en el Perú"  

Recopilación de los artículos, poemas y reflexiones escritos y publicados en el Perú por el sacerdote franciscano Fr. José de Guadalupe Moji...

"Fr. José de Guadalupe Mojica. Memorias en el Perú"  

Recopilación de los artículos, poemas y reflexiones escritos y publicados en el Perú por el sacerdote franciscano Fr. José de Guadalupe Moji...

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