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Imagen de la portada: Jeanne Hebuterne de Modigliani

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CARLOS OQUENDO DE AMAT

WASHINGTON BIOGRAFÍA DELGADO Tengo 19 años Y una mujer parecida a un canto

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WASHINGTON DELGADO

WASHINGTON DELGADO TE ESTOY PERDIENDO Te estoy perdiendo en cada voz que escuchas, en cada rostro que contemplas, en cada gesto tuyo, en cada lugar que recibe a tu cuerpo. Ser como la luz que te envuelve, por la que dejas un retazo de sombra. Ser como la noche que te obliga a un pensamiento, a un deseo, a un sueล„o. Ser una materia leve, una corriente extensa que te persiga siempre. No ser esto que soy y que te estรก perdiendo.

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FRANCISCO BENDEZÚ

WASHINGTON DELGADO

TWILIGHT

A Mercedes Yo soy el granizo que entra aullando por tu pecho desquiciado. Soy tu boca. Yo atesoré a ras del sueño, debajo de las horas, el latido de tus pasos por el polvo de Santiago, y tu densa fragancia de magnolia, y tu lenta cabellera con perfil de éxtasis o algas, y el ardor fulmíneo de tus ojos, que de noche, como naves sobre el mar, la bruma iluminaban. Como guijarros de playa, o nostálgicos boletos entre cintas y violetas olvidados, enterré en mi corazón la línea de tu frente, la piedra gastada de tus codos, tus sílabas nocturnas, el fulgor de tus uñas, tus sonrisas, la loca luz de tus sienes. ¿No sientes trasminar mi dolor a través de tu cuchara? Mi memoria quedó tal vez en ti como las ediciones vespertinas en las bancas de los parques desahuciadas. Tu sombra es mi tintero. Juventud. ¡Juventud mía! ¿Qué tumbos socavaron la torre más alta de mi vida? ¡No habrá nunca hilo más puro que tu larga mirada 5


desde lo alto de las escaleras, ni lampo de cometa comparable a la curva nevada de tus dientes! Cantaba la mañana en las pálidas cortinas y la hierba. El tiempo cintilaba en tus vidrieras como sólo una vez el tiempo parpadea. Ya no estás entre las flores. Ni volverás jamás a estarlo. ¿Qué tu amor sino labios que escrituras en el viento fueron? ¡Yo quiero que me digan si el amor, como los pájaros, se va a morir al cielo! Me acuerdo de una noche de trenzas y peldaños, y óxido, y collares, me acuerdo, como ayer, de lo futuro. ¡Quiero acuñar, como el otoño, medallas en las calles, o beberme llorando tu ausencia en los teléfonos, o correr, correr a ciegas por los tejados de todas las ciudades hasta perderme para siempre o encontrarte! ¡Otra vuelta estar contigo! ¡Oh día de verano extraviado en alta mar como una mariposa! Contra el flujo incoercible de los años los días, uno a uno, absurdamente buscan tu lámpara en las sombras, no la penumbra, no el espejo de la muerte, sino el cristal de la esperanza: tu ventana que sólo está en la Tierra. ¡Aspersiones de ceniza para tu boca cerrada! Otra vez tengo veinte años, y sonámbulo, y en llanto a la puerta de tu casa estoy llamando, al pie de tu reja, como antaño, bajo la lluvia sin telón ni máscaras ni agua. ¡Oh zumbantes calendarios que en vano el cierzo, como a encinas, deshojara!

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¡No me digas que te quise! Te quiero. Te debía este lamento, y aunque un grito mi sangre apenas sea, también te lo debía; un solo interminable de un corazón en las tinieblas.

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CÉSAR CALVO

WASHINGTON DELGADO NOCTURNO DE VERMONT Me han contado que también allá las noches tienen ojos azules y lavan sus cabellos en ginebra. ¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas, el silencio es un viento de jazz sobre la hierba? ¿Y es cierto que allá en Vermont los geranios inclinan al crepúsculo, y en tu voz, a la hora de mi nombre, en tu voz, las tristezas? O tal vez, desde Vermont enjoyado de otoño, besada tarde a tarde por un idioma pálido sumerges en olvido la cabeza. Porque en barcos de nieve, diariamente, tus cartas no me llegan. Y como el prisionero que sostiene con su frente lejana las estrellas: chamuscadas las manos, diariamente te busco entre la niebla. Ni el galope del mar: atrás quedaron inmóviles sus cascos de diamante en la arena. Pero un viento más bello amanece en mi cuarto, un viento más cargado de naufragios que el mar. (Qué luna inalcanzable desmadejan tus manos en tanto el tiempo intemporal golpeando como una puerta de silencio suena). 8


Desde el viento te escribo. Y es cual si navegaran mis palabras en los frascos de nácar que los sobrevivientes encargan el vaivén de las sirenas. A lo lejos escucho el estrujado celofán del río bajar por la ladera (un silencio de jazz sobre la hierba). Y pregunto y pregunto: ¿Es cierto que allá en Vermont las noches tienen ojos azules y lavan sus cabellos en ginebra? ¿Es cierto que allá en Vermont los geranios otoñan las tristezas? ¿Es cierto que allá en Vermont es agosto y en este mar, ausencia...?

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JUAN GONZALO ROSE

WASHINGTON DELGADO MARISEL

Yo recuerdo que tú eras como la primavera trizada en las rosas o como las palabras que los niños musitan sonriendo en sus sueños. Yo recuerdo que tú eras como el agua que beben silenciosos los ciegos o como la saliva de las aves cuando el amor las tumba de gozo en los aleros. En la última arena de la tarde tendías agobiado de gracia tu cuerpo de gacela y la noche arribaba a tu pecho desnudo como aborda la luna los navíos de vela. Y ahora, Marisel, la vida pasa sin que ningún instante nos traiga alegría... Ha debido morirse con nosotros el tiempo o has debido quererme como yo te quería.

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EXACTA DIMENSIร“N Me gustas porque tienes el color de los patios de las casas tranquilas... y mรกs precisamente: me gustas porque tienes el color de los patios de las casas tranquilas cuando llega el verano... y mรกs precisamente: me gustas porque tienes el color de los patios de las casas tranquilas en las tardes de enero cuando llega el verano... y mรกs precisamente: me gustas porque te amo.

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MANUEL SCORZA

WASHINGTON DELGADO SERENATA ¡No puedes salir del jardín donde mi amor te aprisiona! Presa estás en mí. Aunque rompas el vaso, seguirá intacta la columna perfecta del agua; aunque no quieras siempre lucirás esa corona invisible que lleva toda mujer a la que un poeta amó. Y cuando ya no creas en estas mentiras, cuando borrado el rostro de nuestra pena, ni tú misma encuentres tus ojos bellísimos en la máscara que te preparan los años, a la hora en que regatees en los mercados, los jóvenes venados vendrán a tu Recuerdo a beber agua. Porque puede una mujer rehusar el rocío encendido del más grande amor, pero no puede salir del jardín donde el amor la encerró. ¿Me oyes? No puedes huir. Aunque cruces volando los años, no puedes huir: Yo soy las alas con que huyes de mí.

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MARIO MONTALBETTI

WASHINGTON DELGADO

YA NO TE QUIERO PEQUEÑA Ya no te quiero, pequeña ahora amo a los caballos. Mañana amaré a las islas y pasado será alguna ave. (Tal vez en tres años te vuelva a amar). Y luego serán las vacas pintas y luego serán los minerales ?tú sabes, el cobre, el hierro, el? y luego serán las ciudades (alguna que otra jirafa) y luego los puentes. Antes un arcoiris que amarte, pequeña, ya no te quiero ahora amo a una mujer que disuelve sus cuerpos en las lluvias del otoño iluminada/ anudada/ inundada por el neón brillante del poste de alumbrado público. (Oh pequeña) ya no (te quiero Oh mujer) ya no te quiero sólo amo a las calles que me alientan hacia la noche mientras la noche ya no es noche sino mar y el mar tumba de sonámbulos océanos, licor. 13


LEO ZELADA

WASHINGTON DELGADO 6:15

- El Hombre Murciélago Ciudad Gótica Y a pesar del ensordecedor y estridente ruido de los autos aún escucho tu voz tu voz derruyendo mis antiguas creencias mitigando en polvo mis estúpidos temores. Mujer de urbanos y azules cabellos y sonrisa incólume de cristal si creyese en Brahma (a) creería en la reencarnación de tu mirada, mas sólo creo en tus desgarbados y azules cabellos tan distantes como verdes astros ardiendo que en noches como esta en vano trato de alcanzar. Qué puedo ofrecerte sino mi onírica amargura, mi abrasador lamento, un grito destemplado lanzado agónico al vacío este poema. La noche me encuentra ahora 14


entre anuncios luminosos y vouyeurs rascacielos delineando el atormentado trazo de mi piel como un descarnado cuadro de van Gogh. Y yo no sé qué será de mí lobo hombre solitario en brutal desenfreno por sórdidas calles si lo único real ahora es la irrealidad de tu mirada. Mi vida constante agónico ocaso eterno suicidio desesperado crepúsculo a punto de extinguirse. Ignoro el sabor improbado de tus labios y sin embargo cómo explicarlo me perteneces desde antes del origen de los tiempos desde siglos antes de que nacieras. Y tú tal vez te preguntes quién soy / qué busco qué pretendo al no cesar nunca de observarte. Yo soy aquel hombre que has estado esperando en tu larga contemplación de los vacíos el héroe absurdo que se niega inútil a abolir el recuerdo - oh tigresa de marfil urbano que me vas royendo Bella como el intenso resplandor de la luna aún tu cuerpo se enreda frenéticamente junto al mío en las noches incesante de delirio. Ensoñación de un crepúsculo que pugna desesperado por salir suavidad de flores cayendo encendida en la mirada invierno de mar huyendo desesperado de los trópicos. Niña tonta que se niega a usar tacones y abrir sus alas y partir sigue, sigue jugando con tus muñecas azules y tus ingenuos origamis de papel que yo velaré de tu onírico sueño de insulsos demonios y oscuros dragones 15


que mantendrĂŠ a raya con mi roja capa tan pura como el fuego como el primer hombre- soberano de la noche amo de la oscuridad que habito desconocido estas aceras penetrando arma en mano puĂąal en pecho al denso enigma de tu piel. Bombas molotov tenues muchedumbres, las 6:15. Y mis pasos no hacen mĂĄs que repetir el eco intacto de tu nombre.

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OSWALDO CHANOVE

WASHINGTON DELGADO CANCIÓN DE AMOR Ninguno de ustedes ha tenido jamás un amor como el que yo he tenido Ella secaba mi armamento con su perfumada cabellera Me alimentaba con miga y con leche y humedecía mis labios con vino jamás ustedes viles y brutos tendrán un amor como el mío: tierno sensible e inquietante en la cama Ustedes no conseguirán siquiera un beso como el de ella: aromático de delgada humedad y que evocaba no el primer beso obtenido sino el primer beso soñado Sus ojos además cuando no se perdían en melancólicos ensueños se ocupaban en seguir mis pasos en leer mis labios en contar los movimientos de mis manos Ningunos de ustedes, cerdos, fueron jamás bendecidos por un amor tan grande y tan bueno y por una felicidad tan honda Por eso ahora que huyo como una bestia indigna acorralado por indescifrables espasmos ninguno de ustedes, miserables, ha sido merecedor de una maldición mayor que la mía. 17


Yo soy las alas con que huyes de mí