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Luis Ricaurte, artista e inventor

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Hace cuatro años surgió en la colonia Doctores el Taller de Experimentación Gráfica, del cual constantemente sale obra para exposiciones en México y otros países. Su fundador,elartistaplásticocolombianoLuisRicaurte,inventóla técnica de la “lasergrafía”, con la cual rompió los esquemas que sujetaban la ejecución de las artes gráficas contemporáneas, y de pasó recuperó el significado de la palabra asombro. “El asombro había sido desplazado por el discurso de que ‘ya todo está hecho’. La tecnología vino a revertir esa especie de pesimismo en torno al arte y la ciencia. Pero aún tenemos mucho por descubrir”, dice Ricaurte. Por Rodolfo Zárate Fotografías: TEG / Guillermo Marín 52 | EMEEQUIS | 09 de JUNIo de 2008


I

ngresar al Taller de Experimentación Gráfica (TEG), luego de atravesar un frontispicio tapizado de graffiti, es ingresar al mundo del arte actual. Los grandes tórculos, los aparatos tecnológicos, conviven con sencillos materiales plásticos tal como lo hacen las montañas con los bosques. Es un mundo subnatural en el que el arte es salvaje y delicado a la vez. No menos. Encontrar ahí la obra de Luis Ricaurte y sus experimentos gráficos es como hallar aves endémicas a punto de la extinción. Es pasmarse ante la sorpresa de su creación. No es lo mismo ingresar a la galería Axis Mundi, donde bajo el título de Abrasiones se exhiben 50 piezas de ese bosque cuyas especies, o series, han tenido designaciones tan extrañas como LookUmi, Profil-Axis, A mis espaldas, Kal-Ku-Lo por no grafiar, A ras de piso, entre otros. Ejecutar obra plástica a partir de instrumentos tecnológicos no es una novedad, sí lo es replantear la gráfica, sobre todo en un país donde la mano directa sobre la placa había sido la técnica directa con la que se bendecía y garantizaba la calidad. Quizá el secreto es que la obra de Ricaurte no deja de considerar a la mano humana como la ejecutante directa, al tiempo que las posibilidades de ésta son ampliadas, como una gran impronta magnificada por el efecto de la descomposición de la luz. Es algo sencillo de entender, aunque no de realizar. Prueba de ello fueron los cinco años que Ricaurte se pasó desarrollando la lasergrafía en la Universidad de Chicago, en tanto producía obra para más de 70 exposiciones en América y Europa. Arrinconado entre los monstruos electrónicos y mecánicos de donde surge su obra, Luis Ricaurte parece ironizar, jugar con su trazo privilegiado, mientras es sometido a un interrogatorio que lo hace repetir las muecas de sus retratados. —¿Qué es la lasergrafía? —Es la aplicación del láser exactamente a todas las posibilidades gráficas, porque no existe un solo término a lo que hace el láser. El láser podría generar, por ejemplo, la xilolasergrafía, la litolasergrafía, la pirolasergrafía. Y no es todo lo que la aplicación del láser puede dar. Está naciendo apenas —augura Ricaurte. —¿A partir de qué la generó? ¿Cuándo pensó: necesito hacer esto y con este instrumento puedo lograrlo? —Es como todo lo que se hace a partir de una investigación. Cuando tenía 18 años hice en EU una investigación de tecnología en artes aplicada. Incurrir en lo que es la manipulación de materiales, todo lo que tenía que ver con las posibilidades de hacer materiales para el arte, cómo se construyen las imágenes y cómo se construyen los soportes. Eso fue parte de una vivencia que llegó a hacer fruto ahora cuando, viendo que la publicidad es la que marca el camino de la tecnología —que da viabilidad a la mercadotecnia, al solucionar las vistas en espectaculares, vitrinas, stands—, des-

cubrí en 2001 que había un cortador láser y comencé a desarrollar un software. En 2003 mi interés —continúa el artista colombiano— ya era generar imágenes desde las posibilidades de una matriz para conquistar relieves y texturas, no sólo la aplicación del láser para superficies. Hasta la fecha realizo todo un proceso, una aplicación del láser a diferentes materiales —pátinas de ácido afectadas por el láser, por poner un caso—, lo que da ciertas tonalidades. Toda una investigación que podría enumerarte. Y podríamos debatir en cuanto a que la tecnología no desplaza al pintor, sino que a través de ella se generan posibilidades plásticas. Para allá vamos, es el camino de la lasergrafía. —¿No estamos ya instalados en ese camino? Veo en sus obras efectos que antes no eran posibles. —Es en el trabajo del hombre —como especie, no como género— donde se siente mi investigación. La herramienta como posibilidad de creación del hombre, y la aplicación desde este lado lúdico que integramos los artistas. Puedo asegurar que hay ahorita una nueva forma, una nueva sintaxis que permite que disfrutemos, que tengamos esta palabra que ya había sido excluida: asombro. El asombro había sido desplazado por el discurso de que “ya todo está hecho”. La tecnología vino a revertir esa especie de pesimismo en torno al arte y la ciencia. Aún tenemos mucho por descubrir. —Pero la gráfica sí estaba abandonada. Incluso como técnica era sólo de academia —con sus excepciones— porque no se le imaginaba otra aplicación más profunda. —Había un desgaste en la medida en que los materiales seguían siendo los mismos, las posibilidades técnicas las mismas, y las formas de aplicación igual. Hay un revolcón que hace posible que se reivindique la gráfica: si sólo había originales mecánicos, ahora la tecnología nos permite nuevas cualidades y calidades propias y plásticas que incluso la pintura no daba. Es más, se podrían juntar estos dos oficios, de pintor y grabador, mediante el puente de la tecnología. —¿Cómo diseñó los aparatos? —Precariamente empezaron con el láser CO2, es decir, sobre materiales que facilitaban una combustión. Estábamos limitados al papel, la madera, el acrílico, que tiene un componente carbono, el cual hace posible generar un hueco en el material a través de la combustión. Ahora ya hay un tipo de láser que incide sobre láminas de metal, otro que corta metal y los que tallan vidrios y mármoles, porque ya trabajan con una nueva tecnología: la aplicación del calor directo sobre la superficie sin necesidad de la combustión. Es el ente que se creó al ir investigando. El láser CO2 se volvió un dinosaurio en sólo cinco años. El láser, como se sabe, es la descomposición de la luz. De la que tenemos varios tipos de rayos, y en este caso se escoge uno, se amplía generando calor, y éste hace posible que se marque una superficie de mane09 de JUNIo de 2008 | EMEEQUIS | 53


ra muy precisa, constante, muy controlable. Es como logro la talla en madera, que al mismo tiempo se convierte en original y placa. —Algunas de estas placas se las han pedido como obra. —A través de la Galería Aldo Castillo, que compra la pieza, se va a donar al museo Mola (Museo de Arte Latinoamericano). Con estas piezas voy a diversas ferias, como la Feria de Arte Latinoamericano de Chicago Arte Ahora. —¿Qué comentarios ha recibido en los países ricos, que son los que van a la vanguardia tecnológica, sobre la obra que usted ha hecho con láser en la colonia Doctores de la ciudad de México? —No podemos negar que construir las tecnologías nos cuesta mucho trabajo. En ese caso podemos inscribirnos como países con esa palabra que no me gusta: subdesarrollados. Pero cuando nos apropiamos de las tecnologías salimos adelante con la parte creativa. Así generamos conocimiento, con nuestras posibilidades ancestrales, inclusive siendo los renegados del gran mundo. Para los países desarrollados no era posible conceptualmente que el láser sirviera para afectar maderas, está destinado para equipos modulares. Ahí es cuando ellos se dan cuenta de que nos dieron la posibilidad de poder hacer, y salimos adelante en la posibilidad creativa. Y además no perdemos lo artesanal. Ese es siempre mi alegato: nos dan algo y nosotros hacemos por completo algo nuevo, capaz de hablar por sí mismo. En estos días el gobierno francés hizo una convocatoria a creadores que usen nuevas tecnologías, y me invitaron a participar desde la mirada que tengo a partir de la aplicación del láser a la gráfica. En Francia ni siquiera pensaban que el láser se podía usar para construir matrices sobre los cuales se imprimen series. —Lleva 10 años en México, ¿qué tanto conoce la escuela gráfica mexicana? —Te puedo decir que cuando salí de Colombia el dibujo era un arte menor, que se usaba en los panfletos. Vengo de un país azotado por la guerra, la polaridad del discurso de la izquierda y la derecha. La izquierda se apoyó mucho en la gráfica, y esto devastó la idea de que la gráfica pudiera ser un arte. Entonces llego a México y me encuentro con que los mejores artistas mexicanos vienen del oficio de la gráfica. Para mí fue, uno, comenzar y, dos, entender el fenómeno de la recuperación de la memoria, como lo hizo Guadalupe Posadas. Todos los artistas de la gran modernidad mexicana, y estoy hablando de los grandes muralistas, hicieron gráfica como un oficio digno. Los artistas de la ruptura se valieron de la gráfica para construir su propio discurso. Como dibujante, llegué al mejor mundo en el que me podía mover. Me he destacado más por el dibujo que por lo pictórico, lo colorido. Y la historia de aquí me ha servido. Toda ese bagaje me dio para construir lo que hoy tengo. No podría hablar de la lasergrafía y la investigación 54 | EMEEQUIS | 09 de JUNIo de 2008

que he hecho como una cuestión aislada del fenómeno gráfico en México. —O sea que el TEG debía ocurrir en este país. —No tendría otra posibilidad sino en México. —¿Y cómo nació? —Me junté con artistas y pensadores como Antonio Calera, Demián Flores, un artista conceptual muy bueno que trabaja con lo popular y lo culto. Tenía el sueño de un lugar para realizar todo ese ejercicio gráfico, todo ese quehacer que desde el fondo es emancipador. Cuando hice mi maestría en historia del arte en la UNAM encontré el discurso totalitario de la modernidad, que establece la idea de “esta pieza maestra, única, original” como un fetiche. Eso es lo que nos venden. Y la gráfica por debajo siempre ha sido emancipadora, democratizadora por excelencia. En el taller pensamos crear una gráfica no anquilosada, monótona, como pasa en los matrimonios. Nos juntamos, Damián tiene su taller aparte y Calera tiene Casa Vecina. El TEG está abierto a los artistas que traigan sus materiales; a cambio les pedimos una pieza. Trabajamos coediciones con artistas con cierto nivel


lo que permite sacar recursos para dar mantenimiento al lugar. Además creamos una asociación civil para conseguir recursos. Los artistas que vienen son a los que les gusta lo urbano. Que no piensan en los museos, sino que su obra choque con la gente. Y estamos aquí en la colonia Doctores, con gran tradición en la gráfica. Aquí a los artistas les gusta trabajar porque hay mucha convivencia con la gente del barrio. —Tiene usted una postura ante el contexto artístico contemporáneo del arte. —El arte contemporáneo debate mucho el concepto de culto y popular. Por muchos siglos se han separado. Las elites quieren seguir funcionando de manera contundente. La Doctores justifica nuestro discurso e identidad ante ese discurso. Además, nos enfrentamos ante una globalidad que quiere todo homogéneo. Nosotros incidimos en la comunidad, pero sin esa mirada catequizadora. Actuamos juntos para mejorarnos. No hay discriminación a través del producto cultural. —¿Quiénes han trabajado en sus máquinas? —Desde artistas conceptuales como Minerva Cuevas, hasta Castro Leñero. Unos vienen a innovar y

otros a sacar sus proyectos. Artesanos como Natalia Toledo, incluso poetas. Artistas pensadores. Hacen del TEG un centro de combate, de debate para generar nuevas formas del arte. —Menciona a artistas que trabajan como usted, pensando en la calle, aunque en sus obras muestra humor y mucha sensualidad. —Profil-Axis, por ejemplo, nace de una experiencia personal, un chico que se acerca, que viene de Chiapas, desplazado de la violencia de la pobreza. Él quiere ser cantante de ópera. Y con su fisonomía, el pinche racismo hace que las puertas se le cierren. Pero él cultiva su esperanza, su cuerpo, su ego. Busca salir adelante con sus recursos ante este mundo inclemente. Y por eso está en profilaxis, palabra que significa limpieza. Es el ejercicio de no caer en los prototipos. Y por eso destaco su color de piel, desnudo, jalándose los labios. Viene del campo y sobrevive en lo urbano. Mi obra —dice Ricaurte antes de despedirse— está impregnada de lo iconoclasta. Aunque no creo que las imágenes del Renacimiento sean las mejor logradas, funcionaron en su época. Hay algo que enaltece al transeúnte hoy día: el salir a la calle a manifestarse. Para mí, esa es una mejor imagen contemporánea. Es la que busco. ¶ 09 de JUNIo de 2008 | EMEEQUIS | 55

Reportaje Revista MX  

Reportaje Revista MX a Luis Ricaurte, Lasergrafia el Taller de Experimentacion Grafica