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INDICE Capítulo I

3

Capítulo II

7

Capítulo III

11

Capítulo IV

14

Capitulo V

18

Capítulo VI

23

Fin del Capítulo

29

Smarart

30

Grafico

31

Tabla

32


Un ángel sin alas – Capítulo I El angelito despertó de su primer sueño sintiéndose muy liviano, tal vez demasiado. Miró hacia abajo y vio sus lindos piecitos, miró hacia arriba y vio varios rulitos amarillos que caían sobre su frente. Se fijó en sus manos, pequeñas por cierto, en sus bracitos, también pequeños, pero al mirar hacia los costados se dio cuenta de algo:


no tenía alas. Desconcertado giró su cabeza hacia un lado, hacia el otro, volvió a mirar hacia arriba, hacia abajo, se tocó la espalda y nada. – ¡Que extraño! -dijo – No tengo alas. Soy un ángel, se supone que debería tener un «Nombre_1» par. Se dio cuenta también que no estaba sobre una nube, donde supuestamente duermen los angelitos, sino sobre un césped suave y muy verde. Si bien era un ángel recién nacido, sabía perfectamente quién era y que su propósito en la vida era proteger. Un ángel siempre tiene clara su misión, por más pequeño que sea. – Algo extraño pasa conmigo – se dijo – debería ser como todos los demás angelitos, visto mi túnica, se en mi corazón qué es lo que tengo que hacer. Estoy dispuesto a cuidar de la


«Nombre_2» y

protegerla, pero no tengo alitas ¿será que se olvidaron de ponerme un par? Comenzó a pensar por qué él no había nacido como todos los demás Ángeles. Por qué a él,


justo a él, le faltaban las alitas ¿Y si por no tenerlas no podía cumplir con su misión en la vida? ¿Y si por su ausencia le era imposible custodiar a las personas? ¿Y si la magia de un ángel estaba justo en las alas? Entonces, no podría ser como todos los demás y hacer lo que todos hacían. Esperó un tiempito para ver si le crecían. Un día y nada. Dos días y nada. Tres días y …. nada, ni una plumita por pequeña que fuese. Dispuesto a saber dónde estaba su par de alitas, el ángel comenzó una larga caminata. – Tal vez se me cayeron mientras dormía – pensó. No sabía hacia dónde ir, pero estaba dispuesto a llegar a dónde fuera que estuviesen sus alas.


Un Angel sin Alas – Video Capítulo II Se dio cuenta que caminaba por una ciudad y que había mucha gente. Sin embargo, no todos reparaban en él, sólo los niños lo miraban y le sonreían. Se detuvo frente a una plaza donde una hermosa niña de trenzas rojizas se hamacaba muy «Nombre_4», una y otra vez, cada vez más alto. A medida que se acercaba, se dio cuenta que la niña había tomado más envión del que debía y caería sin remedio en el «Nombre_3». Casi sin proponérselo, se paró frente a ella y como por arte de magia o mejor dicho, como por magia de ángel, la hamaca descendió suavemente.


La pequeña bajó despacito y se lo quedó mirando, con una sonrisa de agradecimiento. El angelito se acercó aún más y le preguntó si había visto un par de alas. – ¿Alitas de pollo? – preguntó la niña. – Alitas de ángel – contestó triste – Has visto, sin mis alas, no parezco un angelito. – Esas cosas suelen pasar. Cuando juego con mis hermanos varones, yo tampoco parezco una niña, no te preocupes y dime ¿qué pasó con tus alitas? ¿Las perdiste? ¿Se te cayeron? El angelito tardó en contestar, se quedó «Nombre_11» en qué parecería la niña que no parecía niña cuando jugaba con sus hermanos.


– Tal vez te las olvidaste en el colegio – agregó- yo siempre me olvido algo y luego mami me reprende. – Yo no voy al colegio – contestó confundido el angelito. – ¿No hay «Nombre_5» para Ángeles? – preguntó muy intrigada. – Pues no. Nosotros venimos a la «Nombre_6» sabiendo ya lo que necesitamos saber y qué tenemos que hacer, por eso me extraña no tener alitas, las necesito para volar. – ¿Probaste aletear con tus brazos? Tal vez te de «Nombre_7» – propuso la «Nombre_9». – Pues no creo. No importa, si no las has visto, seguiré buscando – dijo «Nombre_8», dio las gracias y se marchó.


La pequeña volvió a la hamaca, pero esta vez decidió que tendría más cuidado. Miró cómo se iba el angelito, mientras se mecía suavemente. Sus largas y rojizas trenzas parecían saludarlo. Un ángel sin alas – Capítulo III El ángel caminó durante todo el día por el centro la ciudad y al llegar la noche comenzó a pensar que ése no era precisamente un lugar donde pudiesen estar sus alas. La gente corría «Nombre_10», nadie se escuchaba, se atropellaban y tenían un gesto serio, como si la alegría no pudiese habitar allí – ¡Con razón debemos proteger a las personas! – Pensó – todos están muy solos.


Pasó la noche bajo un árbol y no bien amaneció se dirigió al bosque que lindaba con la ciudad. Se respiraba otro aire, había libertad, flores, plantas, animalitos felices. Sin dudas, era un buen lugar para encontrar sus alitas y recibirse de ángel hecho y derecho. Al adentrarse en el bosque, se encontró con una ardilla que no paraba de comer nueces, una tras otra. – ¿Quieres una nuez? – preguntó muy amablemente la ardillita. – No gracias – contestó el angelito – Por casualidad ¿No has visto un par de alitas? – ¿Alitas de mariposa? – preguntó la ardilla, al tiempo que masticaba su décimo quinta nuez.


– No precisamente, busco mis alitas, soy un angelito y no las tengo. – ¿No se las habrá comido el lobo feroz? Si le apetecen las abuelas, con más razón podría apetecer tus alitas, que sin duda, serán más blanditas – contestó la ardilla. Luego agregó: – ¿Sabes? Es extraño el lobo, no come nueces. – No, sin dudas, no fue el lobo. Cuando desperté de mi primer sueño ya no las tenía. Es más, jamás las tuve creo, no estoy muy seguro. – ¿Y cómo se puede perder algo que jamás se tuvo? – Preguntó algo confundida la ardilla mientras seguía masticando.


– Tienes razón, no las busco por perdidas. Debe haber habido un error, es extraño haber nacido sin alas, yo creo que en algún lado han de estar. – Si tu lo dices – comentó la ardilla – ¿seguro no quieres una nuez? Digo, mientras buscas, te alimentas. – No gracias – Seguiré buscando. Un ángel sin alas – Capítulo VI Partió el angelito a playa con la esperanza de encontrar finalmente sus alitas. Al llegar se encontró con una gran tortuga marina que tomaba solcito. – Buenas tardes tortuga, por casualidad ¿has visto un par de alitas? – Aletas, se dice aletas mi querido. – No busco aletas, busco mis alitas ¿las has visto?


– ¿Aletas de pez? No pareces un pez querido mío – dijo confundida la tortuga. – No parezco porque no soy. Soy un ángel y no tengo mis alitas ¿las has visto? – No, realmente no he visto alitas, aletas veo todo el tiempo cuando entro en el mar y dime ¿si no tienes tus alitas, no puedes nadar? – No es eso, soy un ángel y los ángeles tienen alas, no entiendo por qué yo no. Tal vez se las llevó la marea. – Mira hijo si has perdido tus aletas … digo tus alitas ¿por qué pensar que la responsabilidad es de la marea? – El mago Tito me dijo que la marea suele llevar y traer muchas cosas, tal vez se ha llevado mis alitas. La marea escuchó las palabras del ángel y no le gustó que pensaran que era ella se había llevado las alas. Molesta, impulsó olas de gran tamaño


sobre la costa, las cuales arrasaron con todo lo que había en la cosa, incluidos la gran tortuga y el angelito. Cuando las olas se retiraron el angelito se dio cuenta que la tortuga estaba con sus cuatro patas para arriba y que eso era muy peligroso para ella. Intentó levantarla, darla vuelta, girarla, pero nada. Su fuerza no era suficiente. ¿Cómo haría entonces para salvarle la vida? – Hijo si haz de hacer algo, hazlo ya por favor, no me siento del todo bien. De pronto, el cuenta que la obtener de corazón y de ayudar.

angelito se dio fuerza la debía su generoso sus ganas de

Suavemente entonces, tomó a la tortuga por su caparazón y la dio vuelta. No es común ver a una gran tortuga marina sonreír, pero ese día en la playa se vio una gran sonrisa. – Gracias hijo, muchas gracias ¿cómo podré pagarte semejante favor?


– No me debes nada, es un placer haberte ayudado. Lo único que necesito son mis alitas, pero evidentemente aquí tampoco están – respondió el angelito. – Si buscases alitas sería más bueno si quieres del mar, nunca se

aletas en vez de fácil querido, pero busco en el fondo sabe.

– Gracias, de todos dice que no están, ha sido un placer.

modos algo me seguiré caminando

– El placer ha sido mío, créeme. Que encuentres tus aletas… digo, tus alitas. La tortuga se adentró en el «Nombre_19» y el angelito siguió caminando.


De pronto, se dio cuenta que alguien lo seguía. Un ángel sin alas –

Capítulo V

Al acercase a la angelito vio cosas que, nuevos, le parecían en la «Nombre_17», con pétalos, por lo que antes de ser perro

«Nombre_16», el aún a sus ojitos extrañas. Durmiendo encontró a un perrito pensó que el perro había sido una flor.

En el «Nombre_18» de chimenea de la cual copa, por lo que chimenea había sido

la vivienda había una salía una frondosa dedujo que la antes un árbol.

Nada era del todo lo Evidentemente la

que debía ser. «Nombre_14» que


tenía Tito, había sido bien ganada pues al parecer todo lo transformaba. Cuando iba a «Nombre_15» el


chocolatín con picaporte que encontró por puerta, salió a su encuentro el mago Tito. – ¡Yo no fui! ¡Yo no fui! ¡Yo no lo hice! – Gritaba mientras agitaba su varita mágica convirtiendo cuanta cosa encontraba a su paso, en otra. – ¿No hiciste qué? – preguntó el angelito un poco preocupado pues temía ser convertido en, por ejemplo, un tallarín con tuco. – No se, pero yo aclaro por las dudas, no sea cosa que me culpen. Siempre me culpan de convertir las cosas en otras – gritaba el mago mientras convertía las pocas flores que quedaban en pastillas de menta. – Yo no te acuso de nada, solamente quiero saber si viste un par de alitas.


– ¿Alas de avión? – Preguntó Tito sin dejar de agitar su varita- déjame ver… déjame ver… el otro día vi. Un auto pasar y lo convertí en un ratón que no sabes lo «Nombre_13» que se mueve ahora, pero alas, no. Seguro que no he visto ¿Por qué? – Porque soy un ángel y se supone que debería haber nacido con un hermoso par de alitas y no las tengo ¿seguro no has visto un par? – Dudas de mi ¿verdad? ¿Crees que yo tengo algo que ver con la «Nombre_20» de tus alitas? – comenzó a quejarse el mago, quien –como ya estaba enojado- agitaba aún más la pobre varita. Todo comenzó a dar vueltas de una forma inesperada. Perros con pétalos, flores con dedos, puertas de chocolate comenzaron a elevarse llevadas por el viento producido por la


varita. Los pocos árboles que seguían siendo árboles parecían empezar a desprenderse de sus raíces. El remolino arrasaba con todo, hasta con el asombrado mago cuyos piecitos se movían inquietos buscando el suelo sin éxito. Tito se asustó mucho. Le gustaba la magia, pero no tanto como para salir volando y destruir todo. Sus ojitos temerosos buscaron los del angelito, quien con suma tranquilidad estiro su brazo y le quitó la varita de la mano al mago. Como por arte de magia, o mejor dicho, como por magia de ángel, todo se calmó. El viento cesó y Tito pudo feliz poner sus piecitos en tierra firme. – ¡Gracias, muchas gracias por salvarnos! – Gritaba el pequeño mago saltando de alegría


– No era mi intención deberé usar mi varita con más.

destruir nada, creo que más cuidado de ahora en

– Eso creo realmente, sin contestó el angelito.

dudas podrás hacerlo –

– ¿Cómo puedo recompensarte? ¿Qué puedo hacer por ti? Ah… ¡ya se! ¿Quieres que convierta ese par de piedras en dos alitas para ti?– preguntó entusiasmado. – No gracias, deja que las piedras siguen siendo piedras ¿no te parece mejor que las cosas sean lo que son y no transformarlas en algo con lo que no deben estar felices?


– Creo que tienes razón, pero aunque sea por última vez, tu necesitas un par de alitas y yo puedo hacer algo al respecto –suplicó Tito agradecido. – No, gracias de corazón. Prefiero seguir buscando, alguien tiene que saber qué ha pasado con mis alas. – Como desees ¿has buscado en la playa? Es buen lugar, la marea lleva y trae todo tipo de cosas, tal vez se ha llevado tus alitas – Buena idea, iré a buscar por allí, gracias amigo y ya sabes, trata de dejar a las cosas y sobre todo a los seres tranquilos, cada uno es lo que debe ser. Un ángel sin alas –capítulo VI


Al darse vuelta, vio un ángel alto, muy alto y con un gran par de alas. – ¿Vas a seguir buscando pequeño? Dijo el gran ángel sentándose en la orilla del mar. – Debo encontrar mis alitas, tu tienes y yo no. – ¿Y por qué se supone que debes encontrarlas? ¿Y si no hay alas para ti? – Entonces sería el fin – dijo apesadumbrado el angelito. – ¿El fin de qué si puedo preguntar? – El fin de mi misión como ángel. No sería un angelito completo, entonces no podría ayudar y proteger a la gente. – ¿Qué te hace pensar que sin alas no puedes proteger y ayudar? – preguntó un poco serio el gran ángel.


– Todos los angelitos tienen su par de alas, no seré igual a ellos si no las tengo. – Pues déjame decirte pequeño que estás en un gran error. Por empezar, no todos los ángeles tienen sus alas, muchos más de los que tu crees carecen de ellas y eso no los hace menos ángeles. Ahora bien, si haces memoria, te darás cuenta que has protegido y ayudado mucho sin tus alitas. El angelito escuchaba atentamente mientras secaba sus lágrimas.


– Recuerda ¿quién hizo que la hamaca comenzara a bajar suavemente y así la niña de trenzas rojizas no se lastimase? ¿Quién tomó del anca al pobre sapo para que no terminara en el caldo de la brujita? El angelito ya no tenía una pequeña sonrisa iba

lágrimas en sus ojitos y naciendo en su rostro.

El gran ángel continuó: – ¿Quién salvó al bosque que usara su varita con la fuerza del amor y del vida de la tortuga

y enseñó al mago Tito a prudencia? ¿Quién uso corazón para salvar la marina?

Una inmensa sonrisa se rostro del angelito.

había apoderado ya del

– Y dime ¿te hacían falta tus alitas para ayudar y hacer amigos?


– Pues tienes razón, no me han hecho falta. De todos modos, no termino de entender por qué no poseo un par de lindas alitas como tu. – En tu corta vida has conocido ya diferentes criaturas. Pues bien, así somos todos, diferentes. Podemos tener ojos saltones, caparazón, alas o no tenerlas. Hay sapos con verrugas y otros que no las tienen y eso no los hace menos sapos. No todos los magos usan varita y siguen siendo magos.


Lo importante es saber que la magia, el amor, las ganas de ayudar y por sobre todo, la esencia de cada uno, no radica en un par de alas, piernas, patas o varitas. Lo que somos está dentro de nuestro corazón, no importa la forma que tengamos, si somos perfectos o tenemos limitaciones, si nos vemos más o menos bellos. Lo verdaderamente importante está dentro nuestro y en nuestro corazón todo es posible ¿has entendido ahora? El angelito dio un salto, abrazó al gran ángel y lo colmó de besos. – Creo que ya es momento de irme, estás listo para seguir solito – dijo el gran ángel y desapareció.


El angelito comenzó a caminar seguro y liviano. Ya no iba a preguntar dónde estarían sus alitas, sabía que no tenía, ni tendría jamás, pero también sabía que por ello, no era menos ángel. Por primera vez en su vida supo que para ser quien era, no le hacían falta. Algunos dicen que por arte de magia, otros muchos, dicen que fue como por magia de ángel. Fin


Smartat

• el angel triste y angustiado porque no tenia alAS.

Grafico

• el angel se hace amigo del pajaro y el le ayuda a tener sus alas.

• el angel finalmente obtiene sus alas por su buena actitud con las personas.


Grafico 5 4,5 4 3,5 3 protagonista

2,5

antagonista

2

tercera persona

1,5 1 0,5 0 el angel

Tablahermoso cesped gente juego siempre

el pollo

el pajaro


Un angel sin alas