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2. LA COMUNICACIÓN: ¿TESTIGO O PARTÍCIPE DE LAS CRISIS? Reflexiona acerca de las aportaciones o del protagonismo del desarrollo de tu profesión a la crisis socio - cultural, económica y ecológica actual. Aportaciones positivas y negativas. El primer día que visité la Facultad de Comunicación, como alumna, el mensaje de bienvenida fue el siguiente: “Bienvenidos a la carrera del poder. A la carrera de la influencia; porque todo lo que veáis, grabéis, redactéis, fotografiéis y, sobre todo, cómo lo hagáis; será aquello que la gente vea y lea, es decir, aquello que la gente piense. Seréis creadores de pensamiento”. Partiendo de esta premisa, y de que comparto todas las palabras que Don Antonio Cascales vertía a un grupo de imberbes adolescentes, me atrevo a decir que no es que mi profesión haya aportado sustancia a las sendas crisis que actualmente acontecen, sino que, en gran medida, las ha originado y puede darles fin (un fin mediático, un fin del alarmismo de masas, tan rentable para algunos). Soy licenciada en Comunicación Audiovisual, y, después me he especializado en la Asesoría y Dirección de Comunicación y Protocolo. De este corto pero revelador bagaje, saco como principal conclusión que la comunicación lo es todo, está en todas las esferas de la vida, domina y rige las parcelas públicas y privadas de nuestro día a día. Adiós al enunciado que rezaba que la prensa era el cuarto poder, no señores, es el primero. La explicación es muy sencilla, vivimos en un mundo dominado por el influjo de la imagen y el sonido. En las sesiones de Sociedad, Familia y Educación; he encontrado una explicación sociológica al respecto: el continuo enfrentamiento entre nuestra parte humana y nuestra parte animal. En nuestra cultura, el componente animal no está socialmente aceptado, siendo objeto de repudio todo aquello que evoca nuestra condición primaria: secreciones corporales y actitudes carentes de razón. De nuestros cinco sentidos (mundialmente reconocidos), son la vista y el oído los que destacan sobre los demás; sobre aquellos que se reservan a la parte íntima del individuo, es decir, sobre el olfato, el gusto y el tacto.


La vista y el oído, son los sentidos de la dominación, aquellos que facilitan que el ser humano se haya convertido en un fanático adepto del Mass Media; son los sentidos que a la vida “dan sentido”. Bueno, matizo, a la vida ordinaria, a la vida a la que el sistema nos ha llevado. Sin embargo, el gusto, el olfato y el tacto, son los sentidos de la empatía, los sentidos de la verdadera comunicación. Dentro del mundo de la comunicación, como en la vida, no todos los formatos o medios tienen la misma relevancia e impacto social en el individuo. Y también, como en la vida, las ofertas comunicativas no son fruto del azar. El organigrama comunicativo actual, finge ser una serie de grupos empresariales, de los que, a su vez, emanan otros subgrupos y todos ellos elaboran una demanda, que el público devora. Falso. El mundo de la comunicación es lo más parecido a la política que podamos extrapolar. Consiste en un reducido grupo de magnates, que se encargan de mover sus hilos de influencia política y empresarial, creando formatos y contenido, confeccionados con absoluta premeditación, en cuanto a la tendencia política y social, se refiere. Por lo tanto, claro que mi profesión ejerce influencia sobre la crisis actual. Claro que es parte activa de ella y claro que está en sus manos que ésta pueda ser considerada de otro modo. La mayor parte de los ciudadanos vivos actuales, estamos acostumbrados al papel de las TIC´S en nuestras vidas. Exceptuando a los más mayores, que han asistido atónitos a la evolución de las cartas con puño y letra, hacia el símbolo de un sobre: que se enciende en una pantalla rectangular, con muchos botones, y en el que hay noticias sobre su hija, que vive en Australia, y además, incluye fotos de sus nietos, a los que han visto tres veces. Hasta ellos se han tenido que rendir a lo obvio, hasta ellos han visto cómo la tecnología de la información y la comunicación ganaba la partida. Algunos han querido sumarse al cambio y, con ilusión, esperan ese e-mail de su hija emancipada en las Antípodas. Otros han visto la evolución de las TIC´S como un bando enemigo silencioso, con el que han hecho un pacto de no beligerancia. Cada uno en su lugar. Sea como fuere, incluido ese sector poblacional, todos vivimos bajo el influjo de los medios de comunicación. No son pocos los que son sabedores de


que en ellos todo es una aparente objetividad, nada más lejos. Aún así, el sistema comunicativo está diseñado de tal modo, que no importa que seas consciente del engaño: lo necesitas. Digamos que los ciudadanos actuales, somos aquella parte en una relación sentimental, que: o no sabemos que nuestra pareja nos engaña; o – peor aún- sabiéndolo, no hacemos nada al respecto porque nos ata una hipoteca, unos hijos (esa excusa debería estar censurada), o, simple y llanamente, una absurda concepción de que no encontraremos otra pareja mejor. Error. Pero, ¿es cierto que los NECESITAMOS? ¿Es cierto que la mayoría de la población no podría vivir sin tener contacto con algún medio de comunicación? Sí, por suerte o por desgracia, así es. Y aquí radica lo interesante, que no es otra cosa que la elección de qué medio utilizamos para estar “informados”. Llegados a este punto, y enlazándolo con el mundo de la educación, que es el que aquí nos ocupa, me remito al texto de Melvin L. Kohn RELACIONES PATERNO-FILIALES Y CLASE SOCIAL (Extraído de Anderson, M. (ed.): Sociology in the family, Nueva York, 1971): “(…) Se sabe por varios estudios de Mass Media que, generalmente, la gente busca la confirmación de sus creencias y prácticas, y tienden a ignorar lo que las contradice. (…)”. Es decir, el consumo de comunicación es un proceso planificado, seleccionado

y

premeditado,

que

conlleva

muchas

y

muy

variadas

consecuencias. Por eso es tan alto el porcentaje de causalidad entre la comunicación y la educación. Entre lo que los medios de comunicación de masas ofrecen, los ciudadanos que lo consumen y el calado y transmisión de valores al respecto, que estos hacen y transmiten a sus hijos. La comunicación no solo es espectadora y testigo de los acontecimientos de la vida, sino que es un agente activo. De hecho, vamos a pararnos a pensar: ¿Cómo nos enteramos de lo que acontece (sobre todo, si su importancia es globalizada o de hondo calado social)? Por lo tanto, con las crisis actuales, pasa del mismo modo. La comunicación toma parte en la batalla, cada grupo se sitúa en un lado del ring; cada consumidor elige la óptica con la que quiere


ver la realidad, y cada uno de esos consumidores, a su vez, recrean hacia los demás, lo que ellos consideran haber entendido del proceso comunicativo. Dentro de esa tormentosa relación de infidelidad consentida, a la que antes aludía, ¿qué encontramos? ¿Conformismo, resignación o asimilación de la realidad? Contestar a esta pregunta es complejo y se escapa de mis posibilidades y mi conocimiento. Lo único que puedo aportar al respecto es la imponente y arrolladora supremacía que la comunicación ejerce sobre nosotros. ¿Cuándo, si no, ha sido normal que nuestro canon de belleza esté supeditado a ser recogido en material audiovisual? “Este atardecer, es de cine”. NO. Este atardecer es sublime, es maravilloso; tanto, que sería una imagen preciosa como para ser plasmada. Me apasiona mi profesión y creo en todas sus aportaciones positivas en el mundo, pero, no nos engañemos, una cámara es una burda copia de la perfecta máquina que es el ojo humano.


COMUNICACIÓN Y CRISIS  

Artículo de Opinión acerca del mundo de la comunicación en periodo de crisis mundial.

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