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en el cine, apareció un nuevo talento, que a pesar de haber iniciado su carrera en el ámbito de la música, su popularidad en la pantalla lo llevó a protagonizar más de una treintena de películas, nos referimos a Vicente Fernández. Este actor, ícono internacional de la música ranchera logró hacerse fama gracias a temas como Volver, volver y El Rey, ambos temas del maestro José Alfredo Jiménez. Su primera interpretación en el cine fue en 1971, pero el éxito no le llegaría hasta 1974 con la cinta La Ley del monte. Con esta última película, volvería a ponerse de moda el género ranchero, y de alguna forma, los mexicanos volvieron a llenar con música y películas una parte del vacío que les había dejado la desaparición de la Época de oro del cine mexicano y sus grandes figuras de charros. Así nació el ídolo, así nació El Rey, aquel que representó a cientos de personas de provincia, los olvidados, los desprotegidos que se enfrentaban día a día a la lucha por defender lo poco que aún les pertenecía. Por ello, en la mayoría de sus películas interpretó un estilo de

macho mexicano que sufría, además del mal de amores como ya era costumbre en la década de los 50, de la indiferencia social. Gracias a estos papeles se ganó el título de El hijo del pueblo, que también fue nombre de una cinta de 1974, donde participó al lado de Lucía Méndez, Sara García y Carlos Cortés. Su filmografía abarca títulos como El arracada, El abañil, Tu camino y el mío, El sinvergüenza, Acorralado, Juan Charrasqueado y Gabino Barrera, Por tu maldito amor y Mi querido viejo. Mi querido viejo fue, además de su última participación cinematográfica, la primera aparición de su hijo Alejandro Fernández en la pantalla grande. Alejandro al igual que su padre, se forjó una fructífera carrera musical en el género ranchero, para luego de unos años, incursionar de lleno en el pop. En el cine únicamente protagonizó una cinta: Zapata, la cual no resultó ser un éxito como se esperaba.

peinado, el traje de charro por un traje de diseñador o por un “outfit” casual pero elegante, y las botas por unos zapatos casuales. Aunque la realidad dista mucho de eso, recordemos que nuestro país es uno de los lugares donde el machismo sigue predominando y, más que un estereotipo, es una realidad.

Alejandro nos presentó a un Zapata noble, frágil, romántico, sin mucha decisión, nada como aquella interpretación que nos regaló Emilio Fernández hace años, en fin. Esta participación le mereció cientos de críticas debido a su actuación, aunque seamos justos, él no es actor por tanto exigirle algo más allá de lo que hizo sería un esfuerzo sobrehumano. Eso sí, el bigote le sentó bien y desde entonces comenzó a calificársele como un mexicano “metrosexual”. Así es señores, los machos mexicanos en el mundo del cine y el espectáculo empezaron a representarse con hombres a quienes les importaba en exceso su apariencia; cambiaron el sombrero por un cabello bien lustrado y

Super 8

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Super 8_19  

Segundo especial de cine mexicano

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