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uienes tienen alguna dolencia que los acompaña día y noche sin dar tregua saben lo que es sentirse prisioneros de su cuerpo y no poder llevar una vida “normal”. Llega un momento en que las limitaciones dejan de ser algo puramente físico, y comienzan a apoderarse de la persona en su totalidad, dejándola cada vez más triste, irritable y cansada. Según una investigación de la Asociación Chilena para el Estudio del Dolor (ACHED) del 2013, unos 5 millones de chilenos (es decir, 30% de la población) viven hoy con algún dolor crónico no oncológico. Si bien se trata de un padecimiento que no es mortal, al final del camino muchos abandonan la lucha y terminan resignándose a vivir mal o simplemente se quedan detenidos en la rabia del “por qué a mí”. Eso le ocurrió a Mariela Soler, quien acostumbrada a hacer deporte y tener una vida activa, de repente comenzó a sentir un inusual dolor en su espalda que se volvió intolerable. Pasó por varios médicos que le dieron diferentes diagnósticos: desde desgaste facetario hasta hernia lumbar que debía ser operada urgentemente. En el intertanto, asistía religiosamente a sesiones de kinesiología y probaba cada terapia alternativa que le sugerían. “Todos me decían cosas distintas y yo me sentía como conejillo de Indias. Pasaban los días y mi dolor y frustración aumentaban mientras mi autoestima disminuía, porque era incapaz de hacer las cosas que había hecho siempre”, comenta la mujer, quien luego de mucho hurgar se dio cuenta del alto componente emocional que tenía su malestar.

Psicosomático El dolor se define como “una experiencia sensorial o emocional desagradable asociada a un daño tisular, real o potencial”. Se clasifica en agudo o crónico, de acuerdo con su duración (más de tres meses es crónico) y benigno o maligno (no oncológico u oncológico), según su gravedad.

Alejandra Rodriguez Psicóloga Jefa de la Unidad del Dolor de la Clínica CK Las Condes

La definición actual pone de manifiesto una evolución en el concepto. Según la psicóloga Alejandra Rodríguez, jefa de la Unidad del Dolor de la Clínica CK Las Condes, el enfoque biomédico tradicional quedó atrás, dando paso a una nueva perspectiva que tiene en cuenta los tres aspectos de la salud: el biológico, el psicológico y el social.

Mientras más capaz se perciba uno, mayor será la autoeficacia y, por lo tanto, menor el dolor. Producto de esta nueva forma de entender el dolor, hoy existen técnicas que ayudan a “vivir con él”, a la vez que son eficaces complementos en los tratamientos médicos para enfermedades psicosomáticas como la fibromialgia, el lumbago crónico y las cefaleas tensionales, entre otras. Pero lo más importante, contribuyen sustancialmente a que la persona no caiga en depresión y pueda continuar con su rutina de siempre. Según explica la profesional, el eje central del tratamiento es el reconocimiento y la aceptación del dolor. Es un proceso que conlleva avances paulatinos, pero que también contempla muchos momentos en los que el individuo se siente derrotado, enrabiado y pesimista. En primera instancia, el paciente debe ubicar el nivel de su dolencia en una escala de 0 a 10 con el 21 VDS

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CHICUREO MAYO 2016  

Revista Valles del Sol // Portada: Claves para manejar el dolor crónico

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