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PAISAJE: DARWIN EN CALETA WULAIA NOVELAS HISTÓRICAS: SU AUGE CONTINÚA

dossier

a n a m u h e i c e esp tan cruel Lo que esconde el bullying

HOMENAJE: RICARDO KREBS, 90 AÑOS


SEBASTIÁN UTRERAS LIZANA


Secciones Permanentes

Correo

63/ Argumento

4/

90 años de historia Ricardo Krebs

Las cartas de nuestros lectores se dedicaron a comentar el número anterior de nuestra revista.

Letra fresca

64/

Obtuvo el Premio Nacional de Historia en 1982 y el grado de doctor Scientiae et honoris causa de la UC en 1992. Símbolo de los maestros de la universidad, aquí se reproducen las palabras que pronunciara, recientemente, ante familiares y discípulos, al cumplir 90 años de edad.

¿Ficción o historia? María Ester Martínez Las novelas históricas están en los primeros lugares de ventas en las librerías de nuestro país. Atraen a un público sediento de conocer lo que pasó siglos atrás, mirado desde la perspectiva de un autor que cuenta detalles y vivencias de atractivos personajes. ¿Qué tanta base tienen en la realidad?

Canon personal País [paisaje]

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Darwin entre los yaganes Miguel Laborde El joven naturalista Charles Darwin tuvo un encuentro inmediato con el mundo yagán o yámana. Al embarcarse en la Beagle, se encontró con la novedad de que había tres indígenas, que volvían a su tierra natal, la Caleta Wulaia, de donde zarparan tiempo antes. Presentamos imágenes de ese hermoso paisaje, en la celebración del natalicio del investigador inglés.

Reseña

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Curriculum vitae

Lecciones para las nuevas generaciones de Fernando Castillo Velasco. Comentario de Pablo Barrenechea.

Diálogo con el pasado

Por la salud del cuerpo. Historia y políticas sanitarias en Chile de María Soledad Zárate (compiladora). Comentario de Claudio Rolle.

70/

JUAN LARRAIN, MEDALLA PÍO XI 2008

El investigador

Daniela Jorquera Gastelo Sueña con los laboratorios de la Facultad de Ciencias Biológicas, donde pasa menos tiempo del que quisiera, por sus deberes docentes. En todo caso, por sus investigaciones del embrión humano, en las fases iniciales de la gestación de nuestro cuerpo, fue distinguido recientemente por la Academia Pontificia de Ciencias.


especie humana, tan cruel

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La crueldad no es un cuerpo extraño que se introduce en ciertos seres trastornados, enfermos, aislables o condenables. Por el contrario, despierta una enorme curiosidad intelectual porque acompaña a cada uno de los humanos.

Revista Universitaria

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Biológicamente crueles Jaime Santander No puede ser casual la persistencia de la crueldad en la historia de la especie humana, que sólo es compartida por otra especie sobreviviente: la de los chimpancés. Refinada, implica la capacidad de ponerse en el lugar del otro, y también compleja, ya que provocarla puede producir indiferencia o deleite.

El odio original Ety Rapaport y Carolina Tapia El odio, como origen de la crueldad, es un afecto complejo; puede ser útil ante una amenaza a la vida propia o de los seres queridos, e incorporar placer en el acto de infligir un dolor a otro. Dolores y frustraciones tempranas están en la base del odio primitivo y, por tanto, de la crueldad.

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Consumir dolor Evelyn Oyarce El problema no es si el cine, la literatura, los juegos y otras entretenciones modernas tienen contenidos violentos, perversos o terroríficos. El tema es que todos ellos están siendo espejo de alguna parte de la experiencia humana y nos proveen de algo que estamos dispuestos a consumir.

Publicación de la Vicerrectoría de Comunicaciones y Asuntos Públicos de la Pontificia Universidad Católica de Chile

www.uc.cl/ru Comité editorial Francisca Alessandri, presidenta Manuel Corrada C. Ricardo Couyoumdjian B. Carolina García-Huidobro L. Beltrán Mena C. Hans Muhr M. M. Ximena Ulibarri L.

Cruel soledad

Director

Ximena Costa

Miguel Laborde D.

Seres solitarios, de muchos «amigos virtuales», incapaces de construir su realidad, emocionalmente minusválidos y sin un sentido de vida, tienden a transformar su dolor y frustración en violencia, física o sicológica. Necesitado de otros, a falta de afectos, la agresión es mejor que nada.

Directora creativa M. Ximena Ulibarri L.

Editora adjunta Daniela Jorquera G.

Diseño Diseño Corporativo UC

Fotografía

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El rival más cruel Olaya Sanfuentes «Los salvajes no me ofenden tanto, al asar y comerse los cuerpos de sus víctimas, como quienes los atormentan y persiguen vivos». Las palabras de Michel de Montaigne sobre la crueldad están redactadas para abrir este tema en un escenario propio: la América del siglo XVI.

Sanos, buenos y violentos César Ojeda Suele pensarse que quienes utilizan la violencia organizada son enfermos mentales, delirantes y con severas perturbaciones de la personalidad. El mecanismo psicológico involucrado en tal apreciación, es a la vez simple e ingenuo: mediante tal creencia, nos excluimos del fenómeno, puesto que la violencia nada tiene que ver con los «sanos» (nosotros).

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ENTREVISTA A RICARDO CAPPONI

Fuerzas cercanas: amor y agresión Innatamente crueles y brutales. Así somos los humanos. Conscientes de que podemos hacer daño –y también de evitarlo–. El psiquiatra Ricardo Capponi ha estudiado la agresividad y sus manifestaciones tanto en la niñez como en la vida adulta.

Cuando el toro no es la víctima

Departamento de Prensa de la Vicerrectoría de Comunicaciones y Asuntos Públicos

Redacción y publicidad Casa Central, oficina 10, Av. Libertador Bernardo O’Higgins 340 Santiago de Chile Teléfono: 354 2777 Fax: (56-2) 222 1568 Email: runiversitaria@uc.cl

Ventas

Abraham Magendzo y María Isabel Toledo

Librería Centro de Extensión Alameda 390. Tel. 354 6524

Lo del bullying llegó a nuestro lenguaje hace no más de cuatro años. Aunque el fenómeno se presenta en cualquier ambiente grupal, se ha popularizado para referirse a la intimidación entre estudiantes.

Librería Campus Oriente Av. Jaime Guzmán Errázuriz 3300 Tel. 354 5153 Librería Campus San Joaquín Av. Vicuña Mackenna 4860 Tel. 354 5305

Impresión Quebecor World Chile

Las opiniones vertidas en los artículos no representan forzosamente el pensamiento de la Pontificia Universidad Católica de Chile o de la Revista Universitaria y son responsabilidad exclusiva de su autor / ISSN 0250-3670 / ©Pontificia Universidad Católica de Chile, 1996|Prohibida su reproducción / Revista Universitaria es citada: ULRICH, International Periodicals Directory /

dossier


argumento

Argentum: plata. Argumento, la palabra brillante como el metal.

90

años de historia

Ricardo Krebs Wilckens, nacido en Valparaíso en 1918, comenzó sus estudios en la Pontificia Universidad Católica de Chile, en la Escuela de Pedagogía. Ya contaba con un doctorado en Filosofía con mención en Historia, de la Universidad de Leipzig, y su gran preocupación era el nivel de la educación en nuestro país. Fue un gran difusor de la Historia Universal, especialmente de aquélla que contaba las ideas que, en la Europa del siglo XVIII, explotarían hasta sacudir el planeta completo. Investigó la Ilustración Católica y cómo el mundo trascendente, especialmente en los países en desarrollo, se empobrece a lo largo del siglo XX por la obnibulación ante la ciencia y la tecnología. El año 1982 obtiene el Premio Nacional de Historia y en 1992 la UC le confiere el grado de doctor Scientiae et honoris causa debido a su medio siglo de aportes relevantes a esta casa de estudios: en 1942 había fundado el Instituto de Historia junto con Jaime Eyzaguirre y Mario Góngora. Símbolo de los maestros de la universidad, aquí se reproducen las palabras que pronunciara, recientemente, ante familiares y discípulos, al cumplir 90 años. por Ricardo Krebs

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Recorrido. A la izq., en Campus Oriente en la época en que recibió el Premio Nacional de Historia 1982. Arriba, junto a su esposa. Sobre estas líneas, acompañado de sus hijos en su cumpleaños número 90.

Q

uerida familia, queridas amigas, queridos amigos: les quiero dar la bienvenida y les quiero dar las gracias por haber venido a reunirse conmigo para celebrar mi cumpleaños. Cumplo 90 años y tengo motivos para celebrar con gratitud este día. Agradezco a Dios por haberme dado una vida larga y una vida plena de realizaciones y satisfacciones. Cierto, como en toda vida humana, también yo, en mi vida, he pasado por momentos difíciles, por momentos tristes, por momentos en que me he sentido frustrado y en que la vida me ha parecido injusta. Pero en mi vida también han abundado los momentos ricos y hermosos, momentos en que he dado las gracias a Dios por vivir y sentir lo maravilloso que es la vida.

En mi vida he recibido mucho cariño y he tenido buenos amigos. He tenido un matrimonio feliz y he recibido y estoy recibiendo el cariño de mi hijo, de mis tres hijas, de mis yernos y de mis veinte nietos, y espero poder vivir todavía algún tiempo para sentir el cariño de mis cuatro bisnietos. Una de las mayores satisfacciones de mi vida ha sido el afecto que me han brindado mis alumnos. Yo tenía veinticuatro años cuando la Universidad Católica me nombró profesor de Historia Universal. Había hecho mis estudios en Alemania y me había concentrado en la Historia Medieval, en la Historia Moderna y en la Historia Contemporánea. Había seguido algunos cursos de la historia de Grecia y Roma, pero no había seguido ningún

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argumento/Ricardo Krebs. 90 años de historia curso del Antiguo Oriente. Y ahora, en el primer año en la universidad, tuve que enseñar historia de los faraones, de los emperadores asirios y persas, de los hititas, de Moisés, David y Salomón. Nunca en mi vida he trabajado tan intensamente como en aquel año. Tuve que leer docenas de libros para conocer materias de las cuales no tenía ninguna idea. No tenía ninguna experiencia pedagógica. Tenía que preparar por escrito cada clase. Me demoraba un día y a veces dos días para preparar una clase de 45 minutos. Mis clases deben haber sido muy pesadas y aburridas. No hablaba libremente, sino que tenía que leer el texto que había preparado. Sin embargo, mis alumnos seguían mis clases con santa paciencia. Con el tiempo mis clases mejoraron y tuve la gran satisfacción de establecer muy buenas relaciones con mis alumnos. En el curso de mi larga vida académica he tenido a cientos de alumnos y cuando he viajado por Chile prácticamente en todos los lugares me he encontrado con ex alumnos. Y todos ellos se me acercaban, me saludaban afectuosamente y las mujeres me daban besos y abrazos. Y muchos me decían que yo había sido uno de sus mejores profesores. No niego que en esos momentos me sentía muy feliz.

RETRATO DE UN HISTORIADOR Dos años después de que Ricardo Krebs Wilkens recibiera el Premio Nacional de Historia 1982, Patricia Arancibia realizó un perfil sobre este destacado historiador que fue publicado en el volumen Dimensión histórica de Chile de la Academia Superior de Ciencias Pedagógicas de Santiago. REVISTA UNIVERSITARIA seleccionó un extracto.

Ligado por más de cuarenta años al mundo universitario a través de la docencia y la investigación histórica, Ricardo Krebs Wilckens representa, para muchos de nosotros, al auténtico maestro, formador de varias generaciones de profesores, licenciados y, en el último tiempo, doctores en Historia. (...) Miembro de una generación marcada por los dos más importantes conflictos mundiales de este siglo, Ricardo Krebs nació en Valparaíso el 2 de diciembre de 1918 cuando la «Gran Guerra» estaba llegando a su fin. Pero a diferencia de otros jóvenes de su misma época que crecieron y se formaron viviendo los cambios y transformaciones del Chile de las décadas del 20 y del 30 (un Mario Góngora o un Jaime Eyzaguirre, por ejemplo), Krebs desarrolló su infancia y su adolescencia en un ambiente exclusivamente germano. (...) Siguiendo la práctica de los estudiantes alemanes, recorrió varias universidades en búsqueda de los profesores de mayor prestigio que pudieran transmitirle sus conocimientos. Así, Bonn, Goettingen, Leipzig, fueron por alrededor de seis años sus centros de estudio, hasta que finalmente, en 1941, obtuvo en Leipzig su Doctorado en Filosofía con mención en Historia. Pero sus años universitarios fueron duros. Paralelamente a su enriquecimiento intelectual, estaba siendo testigo directo de la apoteosis del nacismo. (...) Ya en 1942 estaba en Chile. Tenía 23 años y un gran deseo de volcar sus conocimientos y experiencias en la docencia. La Universidad Católica le abrió sus puertas como profesor de Historia Universal en la Escuela de Pedagogía, que recién iniciaba sus actividades y luego, Juan Gómez Millas, que estaba muy interesado en enriquecer la vida universitaria chilena con personas bien preparadas, lo llevó a la Universidad de Chile como su ayudante y posteriormente como profesor extraordinario de Historia Moderna.

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Mis clases deben haber sido muy pesadas y aburridas. No hablaba libremente, sino que tenía que leer el texto que había preparado. Sin embargo, mis alumnos seguían mis clases con santa paciencia. Con el tiempo mis clases mejoraron y tuve la gran satisfacción de establecer muy buenas relaciones con mis alumnos.

Yo elegí libremente mi profesión y en ningún momento me arrepentí de haber tomado esa decisión. La historia es una ciencia maravillosa. En el tiempo en que me he dedicado a esta ciencia ella se ha vuelto cada vez más interesante. De una historia dedicada principalmente a los grandes personajes y a las acciones políticas y militares, se ha convertido en una ciencia del hombre, de la sociedad y de la vida humana. Hoy en día queremos saber cómo ha vivido, sufrido y gozado el hombre, cómo ha respondido a los desafíos que le ha deparado la historia, cómo ha tratado de descubrir el sentido que tienen los misterios de la existencia. Para mí la historia es la ciencia más humana, ya que su tema es el ser humano y su gran pregunta es qué es y qué hace el hombre.

En los casi seis decenios en que me he desempeñado como profesor en la universidad he participado activamente en los cambios que las universidades chilenas han experimentado. Entre estos cambios hay uno de capital importancia. Según Andrés Bello, la función más importante de la universidad debía ser la investigación. Mas las universidades se constituyeron fundamentalmente como escuelas profesionales. Ellas tienen el mérito de haber formado a profesionales competentes y responsables. A partir de los años 50 del siglo pasado surgió una nueva inquietud. El académico chileno tomó conciencia de que no se debía limitar a enseñar los conocimientos científicos que se habían desarrollado en Europa y Estados Unidos, sino que él mismo debía investigar y contribuir al desarrollo del conocimiento científico.

(...) Al analizar su obra historiográfica, lo primero que salta a la vista es que la gran mayoría de sus publicaciones se mueven en el terreno del ensayo y de la monografía, distinguiéndose, a mi juicio, dos grandes etapas en relación a las temáticas abordadas. En la primera de ellas, entre los años 1943 hasta aproximadamente mediados de la década del 60, Ricardo Krebs centra su atención reflexiva preferentemente en temas de historia universal europea, siempre en el campo de la historia de las ideas. Sus trabajos en este primer período tienen el mérito de entregar, tanto al especialista como al lego, una visión sintética, a la vez que sugerente, de algunos importantes fenómenos y actores históricos, que dado su carácter universal no habían sido tratados por la historiografía nacional preocupada de recrear el propio pasado, desvinculada las más de las veces del acontecer mundial. (...) En este sentido, el aporte de Ricardo Krebs (como también en este aspecto el de Mario Góngora) no ha sido, a mi entender, lo suficientemente valorado. Sus trabajos abrieron en Chile una nueva veta: la de la reflexión seria en torno a problemáticas que sobrepasan el propio medio, utilizando para ello un gran bagaje de conocimientos y una formación teórica y metodológica adquirida más allá de nuestras fronteras. En este campo, Krebs no ha sido superado. (...) Ahora bien, la segunda etapa que creo visualizar en la obra historiográfica de Ricardo Krebs se extiende desde 1967 hasta hoy. La característica principal de ella es el surgimiento de un interés creciente por abordar, con perspectiva universal, temas relacionados especialmente con nuestra historia patria. Con todo, este interés mantiene en sus líneas gruesas las mismas preocupaciones globales del período anterior. En primer lugar, sus trabajos siguen estando insertos preferentemente en el campo de la historia de las ideas y del desarrollo de la historiografía. Agrega si una nueva temática de estudio: el problema de la identidad y conciencia nacional en Chile. (...) Para terminar, una última reflexión, Ricardo Krebs, como lo sostuvimos al comienzo de esta breve exposición, es un hombre que se crió y se formó en un ambiente casi exclusivamente germano. Sin embargo, a partir de 1943 en adelante, todos sus esfuerzos han estado encaminados a entregarle a Chile lo mejor de sí mismo, demostrando con ello su gran sentido patriótico. El Premio Nacional de Historia que le fue otorgado en 1982, no es más que una mínima muestra de agradecimiento y valoración al historiador y a su obra.

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argumento/Ricardo Krebs. 90 años de historia

OMAR FAÚNDEZ

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El académico chileno tomó conciencia de que no se debía limitar a enseñar los conocimientos científicos que se habían desarrollado en Europa y Estados Unidos, sino que él mismo debía investigar y contribuir al desarrollo del conocimiento científico. En la Universidad Católica los médicos formaron los primeros centros de investigación. El Decano Raúl Devés hizo un convenio con una universidad de Estados Unidos para promover la investigación en la Facultad de Ciencias de la Ingeniería. La Facultad de Economía hizo un convenio con la Universidad de Chicago y formó a los Chicago Boys, los cuales realizarían una labor de importancia decisiva para el desarrollo del país. Yo, como jefe del Departamento de Historia y Geografía, creé, con el apoyo del decano Kupareo, un Centro de Investigaciones Históricas y un Centro de Investigaciones Geográficas e hice un convenio con la Fundación Rockefeller que me permitió dar becas a jóvenes historiadores para dedicarse a la investigación. Juan Gómez Millas, como decano de la Facultad de Filosofía y como rector de la Universidad de Chile fundó varios centros de investigación y envió a jóvenes académicos al extranjero para que se formaran como investigadores. Para terminar, una pequeña anécdota. En un viaje a India y Pakistán, por encargo de la Unesco, visité Swat State, un pequeño estado en medio de los montes himalayas. Su Wali, un rey ilustrado, había fundado un college. El rector me invitó a dar una conferencia ante sus profesores. Estuve inspirado y la conferencia me salió bien. Recibí un gran aplauso y después de la conferencia se acercaron varios profesores para felicitarme. Uno de ellos me dijo que la conferencia había sido brillante, mientras que tres meses atrás había llegado de visita un occidental que había dado una conferencia terriblemente aburrida. Casi todos se habían quedado dormidos. Yo le pregunté quien había sido ese señor y él me contestó “un tal mister Toynbee”. El día siguiente me recibió en audiencia el Wali, a quien acompañaba su ministro de Educación. Conversamos un rato y luego el rey me dijo que su ministro estaba viejo y quería jubilar y como el rector del college le había explicado que yo era un historiador muy distinguido y que había dado una conferencia extraordinaria, él me preguntaba si aceptaría el cargo de ministro de Educación. Pero yo pensé que Chile no podía perder a un historiador superior a Toynbee, le di las gracias por su honroso ofrecimiento y le expliqué que tenía compromisos en Chile que me obligaban a volver.

Una última palabra. Yo soy nieto de alemanes que llegaron a Chile en los años 70 del siglo XIX. Mis padres nacieron en Chile, pero conservaron totalmente la cultura, las costumbres y la lengua alemana, de modo que yo me formé en un ambiente netamente alemán. Me eduqué en el Colegio Alemán de Valparaíso. Mi primer contacto con un sector de la sociedad chilena fue el servicio militar que hice en el Regimiento de Infantería de Valparaíso. El servicio militar fue una experiencia estupenda y me siento orgulloso de ser cabo segundo y aspirante a oficial del glorioso ejército chileno. Aprendí muchas cosas y enriquecí mi vocabulario con palabras que no había oído nunca y que no puedo citar por respeto a las damas presentes. Después hice mis estudios universitarios en Alemania y durante cuatro años fui profesor titular de la Universidad de Colonia. Yo he pasado casi diez años de mi vida en Alemania. Pero en lo más profundo del corazón me siento chileno. Mi alma pertenece a Chile. Yo he recibido muchas distinciones en la vida, pero lo que más aprecio es el Premio Nacional de Historia que recibí en el año 1982. He tenido una vida maravillosa. Hoy en día esta vida llega a su fin y sólo me queda prepararme para la muerte. Doy las gracias a Dios por la vida que me ha dado y le pido como última gracia que me deje morir una muerte digna.

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Darwin entre los yaganes Fotografías gentileza de Cruceros Australis

El joven naturalista Charles Darwin tuvo un encuentro inmediato con el mundo yagán

o yámana. Al embarcarse en la Beagle, se encontró con la novedad de que había tres indígenas, quienes, tras conocer Londres y ser recibidos por la realeza en el Palacio de Buckingham, volvían a su tierra natal. Específicamente, a la Caleta Wulaia de donde zarparan. Este año, al conmemorarse los 200 años del natalicio del científico que cambió la historia de la cultura, al poner al hombre en medio de la naturaleza y no sobre ella, la Caleta Wulaia está en el centro de la noticia. Como epicentro de ese Chile austral cuyo conocimiento fue decisivo para los aportes geológicos, mineralógicos, paleontológicos y zoológicos que iría generando Darwin en su viaje iniciado el año 1832, la primera de las conmemoraciones, el 12 de febrero de 2009, fue en Wulaia, el centro geográfico de la patria yagana dentro del archipiélago del Cabo de Hornos, en un área declarada Reserva Mundial de la Biosfera por la Unesco. Ese día se inauguró una placa, a cargo del Instituto de Conmemoración Histórica de Chile en conjunto con la Sociedad Chilena de Historia y Geografía y la Academia Chilena de Ciencias, en acto coordinado por el investigador Jorge Mery. La instalación fue obra de la empresa concesionaria Cruceros Australis, la que traslada cerca de 13 mil visitantes anuales, extranjeros en su mayoría. Allí se encuentran con este escenario de belleza natural, donde coincidieron tres vidas diferentes, la del comandante de la Beagle, Robert Fitz-Roy, místico que se sentía transportado al escenario del Génesis en el comienzo del mundo, la del yagán Jemmy Button que era el retornado ansioso de volver a su tierra, y la del naturalista Darwin, quien, al encontrar una geografía «cruda», comenzó a pensar en el planeta como un cuerpo vivo, donde terremotos, erupciones, tsunamis estaban permanentemente modificando el mundo natural.

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paĂ­spaisaje/Darwin entre los yaganes

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«Para los habitantes de la Tierra del Fuego hay pocos alicientes que los estimulen a la agricultura, porque su terreno sólido y habitable es la playa pedregosa, por la que vagan buscando alimentos. Por lo pendiente de la costa no pueden moverse de un lugar a otro, sino en sus canoas. Éstas las forman de ramos entretejidos y cubiertos de corteza. Aunque pequeñas y frágiles, no temen arrastrar en ellas las olas hasta una distancia considerable de tierra; y aún se atreven a ponerles una vela de piel de foca». CHARLES DARWIN, Diario de viaje de un naturalista alrededor del mundo.

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paíspaisaje/Darwin entre los yaganes

«La caleta de Wulaia y las aguas adyacentes a ella, el seno Ponsonby y el canal Murray, considerados el corazón de la patria yámana, fueron dibujados por Fitz-Roy y por el artista Conrad Martens, y tal material iconográfico, de gran belleza, fue muy pronto conocido y apreciado universalmente, circunstancia que sumada a las ya referidas da cuenta de su alta condición histórica y cultural, casi sin parangón en el extremo austral de Chile y de América». SERGIO MARTÍNEZ BAEZA, presidente del Instituto de Conmemoración Histórica de Chile.

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, a n a m u especie h

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Solo compartimos la crueldad con nuestros primos cercanos, los chimpancés; ellos y nosotros tenemos la capacidad de ponernos en el lugar del otro, sabemos qué le provocamos, experimentamos grados de satisfacción al despertar temores a nuestro alrededor y una estimulante sensación de poder.

dossier

La crueldad no es un cuerpo extraño que se introduce en ciertos seres trastornados, enfermos, aislables o condenables. Por el contrario, despierta una enorme curiosidad intelectual porque acompaña a cada uno de los humanos hace millones de años y está presente en todos los continentes.

La crueldad es peligrosa. Inscrita en nuestra biología, útil en los albores de la humanidad para asegurar la sobrevivencia de nuestra débil especie, es tan propia de los hombres y de las mujeres que ni todas las milenarias sanciones religiosas y legales han podido eliminarla. Por lo mismo, hay que conocerla, estudiarla y tener estrategias para orientar su poderosa energía.

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dossier

Jaime Santander Toro es médico psiquiatra, y actualmente se desempeña como jefe del Servicio de Psiquiatría y Salud Mental y profesor asistente del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina UC.

Biológicamente crueles No puede ser casual la persistencia de la crueldad en la historia de la especie humana, que sólo es compartida por otra especie sobreviviente: la de los chimpancés. Refinada, ya que implica la capacidad de ponerse en el lugar del otro, y también compleja ya que provocarla puede producir indiferencia o deleite, debemos reconocer que genera algunos beneficios; solo así podemos, como sociedad, comprenderla y enfrentarla. por Jaime Santander

Es evidente que la crueldad es un tema que es difícil de abordar. Nos parece cercano y lejano a la vez; cercano por las noticias cotidianas de actos violentos, aparentemente sin límite ni consideración de la condición humana de las víctimas, pero que están ahí cada día presentes; y lejano, porque no nos parece algo que en realidad sea parte de nuestra propia naturaleza humana y animal. De hecho, esto queda de manifiesto en las acepciones que el Diccionario de la Lengua Española (22ª edición) da a la palabra crueldad; dice de ésta: 1. f. Inhumanidad, fiereza de ánimo,

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impiedad. 2. f. Acción cruel e inhumana. En ambos casos se recalca la inhumanidad del acto, lo que contrasta con la experiencia emanada de los medios en relación a que los actos de crueldad, más allá de la violencia, aparecen como algo cotidiano, terrible y humano. Para hacerlo más operativo, definiremos crueldad como el acto consciente de provocar daño o dolor físico y/o psicológico sobre otras criaturas, a veces con indiferencia, pero en otras ocasiones, con deleite. Por otra parte, en el acto de crueldad están involucrados, además de las


GONZALO CIENFUEGOS / GALERรA ANIMAL

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dossier/Biológicamente crueles víctimas, los perpetradores y los eventuales espectadores. Por otra parte, el acto cruel siempre deja en evidencia el poder y control del que ejerce el acto sobre aquel al que se le inflinge. Estas precisiones en la definición de crueldad serán, como veremos, de importancia en el desarrollo de la pregunta que motiva este breve ensayo: ¿Encaja la crueldad en la historia evolutiva de nuestra especie? La hipótesis subyacente a esta pregunta es que la frecuencia con que observamos actos de crueldad de diversa intensidad, llega a ser tan alta y ubicua, en aparente contradicción con lo que consideramos la real naturaleza humana, que es razonable pensar que existe algún beneficio asociado a este tipo de conducta que pudiera haberse desarrollado en concomitancia con la evolución de nuestra especie. Esa naturaleza, sería el sustrato biológico para el ulterior desarrollo de las variables cognitivas, psicológicas, sociales y culturales que determinarán la expresión de este fenómeno para un individuo determinado, situaciones estas últimas que exceden las pretensiones de estas líneas. Para desarrollar el tema intentaremos ir avanzando en forma de preguntas de aproximación progresiva a nuestra cuestión de fondo:

I.

¿Se limita la crueldad a la especie humana?

Algunos autores han señalado que este tipo de conductas sólo podría ser observable en homínidos, esto es hombres modernos y las otras especies de hombres ya extintas, o sea, Hombre de Neandertal y Homo Erectus, llevando el origen de la historia de la crueldad hasta un y medio millón de años atrás. Sin embargo, hay evidencia surgida de la observación de otros primates, específicamente de nuestros primos vivos más cercanos, los chimpancés, que sugieren que en determinadas circunstancias la conducta de crueldad es también observable en esta especie, de la cual tendríamos ancestros comunes hace unos 6 a 8 millones de años. Sea como sea, la historia evolutiva de la crueldad pareciera quedar circunscrita a la historia de nuestra propia especie y, posiblemente, a la de nuestros parientes más cercanos, de los que sólo sobrevive el chimpancé.

Es razonable pensar que existe algún beneficio asociado a la crueldad que pudiera haberse desarrollado en concomitancia con la evolución de nuestra especie. 20

II. ¿Hay

elementos en común entre estas especies?

Al intentar buscar puntos de similitud entre las especies en que se ha observado o se podría esperar este fenómeno, aparte de las evidentes similitudes morfológicas y, por cierto, genéticas, ya que con los chimpancés compartimos sobre el 98 por ciento de nuestros genes, existen algunas similitudes conductuales que emergen de nuestra común historia evolutiva. a. Sociales: Se trata de especies con un evidente comportamiento social, con formación de comunidades o clanes, lo que conlleva diferentes tipos de jerarquización social. b. Teoría de la mente: Si bien para que exista crueldad, al menos intra especie, se requiere comportamiento social, este no bastaría ya que son muchas las especies de mamíferos, aves y peces que comparten esa característica en los que no se ha observado actos que puedan entenderse como crueles. Se requiere la presencia de otro componente, que es la capacidad de ponerse en el lugar de lo que el otro está sintiendo o pensando, lo que ha sido denominado “teoría de la mente”. Esta capacidad distintiva del ser humano se hace ya evidente a contar de los dos años de vida, y con menor claridad se observaría también en chimpancés y, aún bajo discusión, en delfines y otros cetáceos.

III.

La necesidad social y la crueldad

Los hombres como especie nos caracterizamos entre otras cosas por ser físicamente bastante vulnerables al ataque de los predadores, lo que si bien hoy es una rareza en la sociedad industrializada, no lo fue durante la mayor parte de la historia evolutiva. Los seres humanos al erguirse y aventurarse en terrenos abiertos, como la sabana, no hicieron más que acrecentar dicha debilidad, compartida, por cierto, con la mayoría de los primates. Por otra parte, la notable visión cromática binocular, evolucionada en el ambiente arborícola para asegurar, junto con la evolución de la mano, precisión en los movimientos, sacrificó la amplitud del campo visual, dejándonos a merced de ataques venidos de ese amplio espacio ciego, riesgos que sólo pueden ser atenuados mediante la asociación y cooperación. La capacidad de socialización, en consecuencia, no solamente es deseable para tener un grato devenir entre los congéneres, sino que es una necesidad básica sobre la que descansa la supervivencia del individuo y en definitiva de la especie. Y dado que es una necesidad básica requerirá una intensa inversión en la satisfacción de la misma, no muy diferente de la requerida en la alimenta-


¿Disturbio o placer? La crueldad se define como la respuesta emocional de indiferencia u obtención de placer en el sufrimiento y dolor de otros o la acción que innecesariamente causa tal sufrimiento o dolor. Considerada como un signo de disturbio psicológico por la American Psychiatric Association, los grandes pensadores de la historia de la humanidad han reflexionado sobre ella en diversas épocas dándole distintos carices. • «La sola idea de que una cosa cruel pueda ser útil es ya de por sí inmoral». Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC) • «La crueldad es uno de los placeres más antiguos de la humanidad». Friedrich Nietzsche (1844 – 1900) • «La crueldad lejos de ser un vicio es el primer sentimiento que imprime en nosotros la naturaleza». Marqués de Sade (1740 – 1814) .

La capacidad de socialización, en consecuencia, no solamente es deseable para tener un grato devenir entre los congéneres, sino que es una necesidad básica sobre la que descansa la supervivencia del individuo y en definitiva de la especie.

ción o reproducción, lo que invariablemente lleva a la competencia por los recursos, primero frente a otras especies, luego frente a otros grupos de la misma especie, y finalmente al interior del propio grupo. La competencia está en asegurarse la pertenencia al grupo, y de ser posible, que esa pertenencia no tenga amenaza. Esta situación por cierto puede llevar a actos de agresión o violencia, incluso de traición a un grupo que pudiera estar en riesgo de sobrevivencia, sin embargo aún no explican la crueldad.

IV. Teoría

de la mente y crueldad

Ser cruel con otro implica tener la capacidad de ponerse en el lugar del otro, sea este humano o no, y suponer que el daño que se le inflinge le provoca algún grado de sufrimiento, físico o psicológico. Es esta característica, denominada “teoría de la mente”, la que hace que el agresor o perpetrador del acto cruel pueda tener conciencia de lo que implica el daño que le está provocando a un tercero. Esta capacidad, tan acotada en la naturaleza, permite medir las acciones necesarias para que ese tercero pudiera aprender o llevarse consigo una lección, por ejemplo, en relación a con quienes relacionarse o no, lo que nos trae al tema de la competencia por ciertos recursos estimados conciente o inconcientemente como claves, y finalmente al tema del poder al interior de las relaciones humanas, sea en pro del recurso social u otros recursos básicos (alimentación, sexo y reproducción, albergue). Es esta misma capacidad de ponerse en el lugar del otro lo que le da sentido a la crueldad

que puede manifestar no sólo un agresor, sino también el espectador. El espectador de un acto de este tipo tenderá a alinearse con la víctima, compadecido de su dolor; o con el agresor, haciéndose parte con éste en dicho acto. Es ya claro que la crueldad se relaciona con el ser social, y en particular con la teoría de la mente, pero no es claro aún qué función podría tener o por qué razón pese a la sanción social ha mostrado ser un patrón conductual tan persistente en el ser humano, para eso hay que explorar cuáles podrían ser los eventuales beneficios de ésta.

V.

¿Existe una recompensa para el acto cruel?

Existen numerosos estudios etológicos en mamíferos que muestran que en la conducta predatoria se genera un circuito de refuerzo y aumento de intensidad de la misma en la medida en que se genera la refriega, los gritos y la sangre, con excitación por parte del predador que incrementa sus esfuerzos. A nivel neurobiológico se activan las vías dopaminérgicas que involucran a los circuitos de motivación y sensación de recompensa

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dossier/Biológicamente crueles Ser cruel con otro implica tener la capacidad de ponerse en el lugar del otro, sea este humano o no, y suponer que el daño que se le inflinge le provoca algún grado de sufrimiento, físico o psicológico. o satisfacción. Así pues, tenemos aquí un primer dato de interés: el acto violento, incluso mortal, puede producir sensación de satisfacción, lo que en el caso de un predador llevará al aprendizaje y repetición del mismo, hecho crucial para su supervivencia. Una vez más, esto no implica crueldad, es decir, el acto consciente de causar daño a un tercero incluso con la finalidad de disfrutar. No obstante, sí se puede hipotetizar que el acto cruel, en un sujeto capaz de ponerse en el lugar de ese otro, le permite obtener esa misma sensación incremental sin tener que buscar una nueva víctima. Esto desde una perspectiva neurobiológica en que la crueldad aparecería como un efecto colateral de nuestra conducta predatoria sumada a nuestra capacidad de desarrollar una teoría de la mente. Desde un punto de vista social, y considerando el problema sólo desde la visión de las conductas que favorecen el éxito biológico, la crueldad aparece como un subproducto de la conducta predatoria, pero que tiene un tremendo impacto en la vertiente relacional. El sujeto capaz de desarrollar teoría de la mente conoce el temor que su conducta cruel puede generar y el efecto duradero en aquéllos que son competencia por recursos y que no se atreverán a interferir nuevamente con los propios intereses, lo cual, por cierto, es una ventaja que genera un nuevo subproducto, la sensación de poder, que se asocia a los mismos circuitos de satisfacción y recompensa. Si la víctima es un miembro del propio grupo del agresor, ese mismo temor asegurará para el perpetrador la pertenencia al grupo en una posición de privilegio, lo que ciertamente también es una ventaja. Desde la perspectiva del espectador existirán básicamente dos posibles conductas: o una identificación con el perpetrador o una identificación

con la víctima. Habitualmente el espectador se hará parte del acto de crueldad e incluso consentirá con éste en la medida en que es ejecutado por uno o más individuos del propio grupo o del grupo en el que el sujeto quisiera estar. Si el acto es ejecutado por individuos de cualquier otro grupo habrá tendencia a identificarse con la víctima y repudiar dicho acto. En el primer caso, la demostración de poder por la vía del castigo y subsecuente atemorización de la víctima fortalece la convicción de pertenecer a un grupo poderoso y por ende seguro. En el caso contrario, se rechaza la demostración desmedida de fuerza por cuanto implica un riesgo para la integridad propia y de los míos.

VI. ¿Encaja

la crueldad en la historia evolutiva de nuestra especie?

Está claro que hasta aquí nuestro análisis es una simplificación de la conducta humana, y hemos dejado de lado elementos que son claves en la comprensión más cabal del problema, como son la biografía de los sujetos, el desarrollo cognitivo y emocional, las variables psicológicas, la adherencia o no a determinados sistemas de creencias y valores, la cultura, etcétera; pero lo hemos hecho en el empeño de mostrar que esta persistencia conductual no es casual, tiene raíces profundas en la historia evolutiva de nuestra especie y genera beneficios a nivel neurobiológico como a nivel del establecimiento de relaciones sociales de utilidad que, a su vez, también tiene una matriz evolutiva marcada, dada la importancia básica que estas relaciones tienen en el devenir de la subsistencia, para sobre ésta construir una existencia plenamente humana. Nos parece del mayor interés considerar, por lo tanto, que la crueldad está en nuestra naturaleza, en el repertorio de conductas posibles que todos tenemos. No estar concientes de este hecho implica un tremendo riesgo ya que estas conductas con un origen aparentemente tan primitivo, requieren de toda nuestra atención y el uso de otras herramientas que hemos recogido a lo largo de nuestra historia y que nos permiten ponernos por sobre nuestros impulsos biológicos que con frecuencia presionan por expresarse.

PARA LEER MÁS • El tercer chimpancé: Origen y futuro del animal humano, Jared Diamond, Editorial Debate, 2006. • Cruelty’s rewards: the gratifications of perpetrators and spectators, Nell V., Behav Brain Sci., 2006. • “Agression and violence: perspectives on integrating animal and human researches approaches”. Hormones and Behavior, Lederhendler I, 2003. • Evolving brains, John Allman, Scientific American Library, 1999.

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Paris, Texas (1984) TRAVIS —Conocí a estas personas (...) Estaban ena-

moradas. La chica era muy joven como de 17 o 18 años, creo. Y el hombre era bastante más viejo y vividor. (...) Y juntos transformaban todo en una aventura y ella le gustaba eso. (...) Siempre se estaban riendo de cosas tontas. (...) Y no se preocupaban de hacer otras cosas porque lo único que les interesaba era estar juntos. JANE —Suena como que eran muy felices. TRAV IS —Sí, lo eran. Y él la amaba más de lo que creyó posible. No podía estar sin ella cuando iba a trabajar, así que renunció solo para estar en casa junto a ella. Cuando se acabó el dinero, tuvo otro trabajo y renunció de nuevo. Pronto, ella empezó a preocuparse. JANE —¿De qué? TRAVIS —Del dinero, creo. De no tener suficiente. De no saber cuándo llegaría el próximo pago. (...) Entonces él empezó a irse hacia dentro. JANE —¿Qué quieres decir? TRAVIS —Bueno, él sabía que tenía que trabajar para mantenerla, pero no podía estar sin ella. (...) Y cuando más lejos estaba de ella, más loco se ponía. Empezó a imaginar todo tipo de cosas. (...) Llegaba desde el trabajo a la casa y la acusaba de haber pasado el día con otro. Luego le gritaba y quebraba cosas (...) Él empezó a beber. Y se quedaba fuera hasta tarde para probarla. JANE —¿Qué quieres decir con probarla? TRAVIS —Quería ver si se ponía celosa. (...) Quería que se pusiera celosa, pero ella no lo hacía. Estaba preocupada por él, y eso lo hacía ponerse aún más furioso. JANE —¿Por qué? TRAVIS —Porque pensaba que si ella no se ponía celosa era porque no le interesaba él. Los celos eran un signo de amor para él. Y luego, una noche... una noche ella le dijo que estaba embarazada. (...) Y entonces, de repente, todo cambió. Dejó de beber y encontró un trabajo estable. Estaba convencido de que ella lo amaba porque llevaba a su hijo. Y se iba a dedicar a hacer un hogar para ella. Pero algo irónico comenzó a pasar. JANE —¿Qué? TRAVIS —(...) Desde el día en que el bebé nació, comenzó a irritarse con todo lo que la rodeaba. Se enojaba

DIRECTOR Wim Wenders REPARTO Harry Dean Stanton, Nastassja

Kinski, Dean Stockwell, Aurore Clément, Hunter Carson, Bernhard Wicki. PREMIOS Palma de Oro, Cannes, 1984.

por todo. Incluso el bebé parecía ser una injusticia para ella. Él seguía intentando hacer lo mejor por ella. Le compraba cosas, la llevaba a cenar. Pero nada parecía satisfacerla. Durante dos años él luchó por mantener la relación como era cuando recién se conocieron, pero finalmente entendió que nunca funcionaría. Así que bebió de nuevo. Esta vez cuando él llegaba tarde a casa, borracho, ella no estaba preocupada por él, ni tampoco celosa, estaba furiosa. Lo acusaba de mantenerla prisionera habiéndola embarazado. Le decía que con lo único que soñaba era con escapar. (...) Y cuando ella le contó esos sueños, él los creyó. Él sabía que ella tenía que ser detenida o lo dejaría. Así que le ató un cencerro de vaca al tobillo para poder escucharla si es que quería huir de la cama en la noche. Pero ella aprendió a silenciar el cencerro apretándolo a su pierna con un calcetín. Una noche él la atrapó cuando el calcetín cayó y logró escucharla tratando de llegar a la carretera. La atrapó y la arrastró de vuelta al trailer, y la amarró a la cocina con su cinturón. La dejó ahí y volvió a la cama y se acostó escuchándola gritar. Y escuchó los gritos de su hijo y se sorprendió a sí mismo al darse cuenta de que ya no sentía nada. Lo único que quería era dormir. Y por primera vez, deseó estar lejos. Perdido en la profundidad del campo, donde nadie lo conociera. Un lugar sin lenguajes ni calles. Soñó con ese lugar sin saber su nombre. Y cuando se despertó, estaba en llamas. Había llamas azules quemando las sábanas de su cama. Huyó de las llamas tras las únicas dos personas que amaba. Pero ellos se habían ido. Sus brazos estaban ardiendo y se lanzó hac ía el suelo y rodó por el pasto húmedo. Después, corrió. Nunca miró hacia atrás. Solo corrió. Corrió hasta que salió el sol y después corrió más. Y cuando el sol cayó, corrió un poco más. Por cinco días corrió hasta que todo signo humano desapareció.

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dossier

Ety Rapaport Falikman es psicóloga clínica de la UC y se desempeña como profesora adjunta de la misma universidad, supervisora acreditada y psicoterapeuta psicoanalítica (ICHPA). También es docente de pre y postgrado en la Facultad de Psicología de la Universidad del Desarrollo. Carolina Tapia Ferrer es psicóloga clínica de la UC con postítulo en psicoterapia psicoanalítica del Hospital José Horwitz Barak. Es docente de la Facultad de Psicología de la Universidad del Desarrollo donde participa en la Unidad de Psicodiagnóstico e Intervención de la Escuela de Postgrado; ejerce en trabajo clínico como psicoterapeuta.

El odio original El odio, como origen de la crueldad, es un afecto complejo; puede ser útil ante una amenaza a la vida propia o de los seres queridos, dirigirse a uno mismo y culminar en el suicidio, e incorporar placer en el acto de infligir un dolor a otro. Dolores y frustraciones tempranas están en la base del odio primitivo y, por tanto, de la crueldad. por Ety Rapaport y Carolina Tapia

En el campo de la psicología y del comportamiento humano existen diversos planteamientos para acercarse a la comprensión de los múltiples fenómenos humanos. Cada uno enfatiza algunos aspectos relevantes; así, el enfoque conductual pone en relieve lo manifiesto -a través de la observación de la conducta-, el enfoque fenomenológico enfatiza la intencionalidad de la conciencia y, por su parte, el enfoque cognitivo, los aspectos que median entre la mente y el comportamiento. El enfoque psicoanalítico toma, como aspecto central, los sistemas dinámicos inconscientes que

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determinan las experiencias internas y relacionales y, a su vez y como consecuencia, los comportamientos observables. Estos sistemas dinámicos darían cuenta de conflictos internos no conscientes para las personas, pero que son fundamentales en los modos de relacionarse y comportarse. Hemos tomado la teoría psicoanalítica para reflexionar acerca del fenómeno de la crueldad en el ser humano, analizar sus implicancias y acercarnos a su comprensión. Esta teoría supone la estructuración del desarrollo psicológico normal y del conflicto intrapsíquico, como derivados de


GONZALO CIENFUEGOS / GALERรA ANIMAL

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dossier/El odio original

La agresión según Freud El psicoanalista Sigmund Freud, después de haber vivido los horrores de la Primera Guerra Mundial, y de haber analizado un centenar de pacientes neuróticos, llegó a la conclusión de que los humanos tienen dos instintos contrapuestos que los llevan a la conservación de la vida o a la muerte. La explicación que hace Freud de esta concepción teórica de la agresividad es que «los hombres no son seres amables y amistosos que desean el amor... Hay que contar con una buena dosis de deseo de agresión, como parte de los instintos de los que están dotados... Quienquiera que piense en las atrocidades de las antiguas migraciones, en las invasiones de los hunos o de los llamados mongoles bajo Genghis Khan y Tamerlán, en el saqueo de Jerusalén por parte de los piadosos cruzados e incluso, en los horrores de la última guerra mundial, tendrá que inclinar su cabeza ante la realidad de esta concepción del hombre».

El odio es el afecto nuclear de los comportamientos crueles dirigidos tanto a sí mismo, como a los otros. las relaciones tempranas madre - hijo, enfatizando la importancia de los vínculos primarios como parte fundamental del desarrollo. A partir de las relaciones diádicas –madre - bebé- van a surgir las relaciones triádicas y múltiples. Estos vínculos son infiltrados tanto por los factores constitucionales existentes (aspectos heredados), como por los factores ambientales participantes (contexto sociocultural, por ejemplo), dando lugar a una organización psíquica con determinados conflictos, que van a expresarse inconscientemente, en la interacción con los otros, con el mundo y consigo mismo, en los más variados ámbitos de la vida. A través de la experiencia con otros se van construyendo las diferentes representaciones de uno mismo, de las interacciones y del mundo. Estas derivan en patrones interpersonales característicos, cuyos comportamientos sirven para variadas funciones y como soluciones de diferentes problemas, cuyas causas son complejas y múltiples. Nuestra interrogante sería entonces, de qué relación, de qué interacción y de que fenómenos psíquicos darían cuenta aquellos comportamientos conceptualizados como crueles. Para algunos autores, la agresión sería el impulso que está en la base de la crueldad, así como todos los afectos asociados a este impulso. Los afectos serían estructuras psicofisiológicas que incluyen aspectos psíquicos como son la vivencia afectiva y su expresión, y aspectos fisiológicos que reflejan activaciones de los sistemas de neurotrasmisores y estructuras del sistema nervioso

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central, y de glándulas internas relacionadas con él. Los afectos son claramente un puente entre la mente y el cuerpo, entre el individuo y las otras personas, entre el individuo y el mundo. Son puente porque comunican y vinculan, por ende, son claramente relacionales.

El odio En este contexto, se puede plantear, por ejemplo, que la irritación es un afecto agresivo leve, que indica el potencial para la reacciones de ira en las relaciones con los otros. La ira es un afecto más intenso, cuya función es eliminar una fuente de dolor psíquico profundo. Si vamos más allá, en los afectos agresivos, el odio es el afecto nuclear de los comportamientos crueles dirigidos tanto a sí mismo, como a los otros. El odio, como afecto complejo, puede convertirse en el componente principal del impulso agresivo. El odio no es siempre patológico, puede ser una respuesta a un peligro real y objetivo de daño físico o psicológico, a una amenaza a la supervivencia de uno mismo, de los seres queridos o de aspectos muy valiosos, y apunta, claramente, a eliminar ese peligro. El odio es un afecto agresivo intenso, que puede estar penetrado e intensificado por motivaciones inconscientes como es la búsqueda de venganza. Una forma intensa de odio exige la eliminación física y puede expresarse en el asesinato o en una desvalorización extrema que implica una destrucción simbólica de lo odiado. A veces se expresa en el suicidio cuando se iguala lo odiado consigo mismo, y la autoeliminación es la única forma de destruir lo odiado. Una forma más moderada de odio puede expresarse en la tendencia a hacer sufrir a otros, junto con una sensación de profundo goce, cons-


ciente o inconsciente. En un nivel más moderado podría observarse odio en el deseo de dominar al otro en una búsqueda de poder, incluyendo aspectos dañinos, pero no destructivos. También podría observarse odio en los sistemas de crianza, cuyas pautas normativas se trasmiten justificando la indignación con racionalizaciones defensivas que conllevan excesiva estrictez, punición y rechazo.

El odio no es siempre patológico, puede ser una respuesta a un peligro real y objetivo de daño físico o psicológico, a una amenaza a la supervivencia de uno mismo, de los seres queridos o de aspectos muy valiosos y apunta, claramente, a eliminar ese peligro.

De víctima a victimario En la crueldad está presente el deseo de inflingirle dolor al otro y, al mismo tiempo, experimentar el placer que se siente al hacerlo. Habría distintos modos de ejercer la crueldad, desde los más simples y concretos hasta los más abstractos, elaborados y sofisticados. Todas estas formas comparten la intención y el deseo de humillar y avergonzar al otro, pero no todas incluyen el deseo de eliminarlo aunque sí, siempre, de dañarlo. Cuando el odio es muy intenso, las personas no disponen de los medios mentales para razonar, entender o atender debido al terror al enemigo percibido como poderoso y peligroso. Es decir, se ha bloqueado la capacidad de pensar, reflexionar y controlar la descarga expresiva del odio y entonces la crueldad se instala. Pero; ¿cómo puede entenderse que alguien llegue a experimentar esta intensidad de odio? Todos los seres humanos desarrollan mecanismos para evitar el dolor intolerable. En el odio, se invierte la experiencia de sufrimiento, ya no se es el que sufre, sino el que odia, y en ese sentido el sufrimiento queda puesto en el otro. Es una forma primaria de defensa y de triunfo psicológico sobre la horrible experiencia de haber sido maltratado. La única alternativa para no ser víctima, es convertirse en tirano o victimario. Dolores y frustraciones tempranas y permanentes y de alta intensidad podrían estar en la base de la intensificación de la pulsión agresiva y de los afectos que la constituyen como el odio primitivo. Esto quiere decir, que el odio puede dar cuenta de una relación con una figura de la que en algún momento se tuvo una enorme necesidad, pero que, siendo extremadamente frustrada, provocó resonancias profundas que originarán importantes disturbios en las relacio-

nes interpersonales y consigo mismo. Conductas diádicas (madre - hijo o función madre - hijo) que combinan abandono, violencia, hiperestimulación irritante, y frustración crónica, así como sistemas de crianza crueles y negligentes, están en la base de la intensificación del odio primitivo, y por ende, de la crueldad. Esta constituiría uno de los caminos que puede escoger la mente para enfrentar y protegerse de estas experiencias. Por ello, en los encuentros interpersonales y en otras relaciones, podrían activarse estos conflictos subyacentes, apareciendo el odio como afecto agresivo en sus más diversas formas y manifestaciones, entre ellas la crueldad. No cabe duda que la crueldad es un comportamiento que es activado, estimulado y actuado en el marco de una interacción interpersonal en la que ambos participantes son los actores de la escena. El escenario donde se encuentran inmersos, incluye necesariamente a otros actores y otras relaciones, que participan en la escena total. De esta forma, es determinante el contexto relacional en el cuál se dan los fenómenos de crueldad. Asimismo, la existencia de experiencias con otros en las que predominen los sentimientos amorosos, los de aceptación y de validación, pueden convertirse en marcas estables de coherencia interior que permita el control conductual, consolidando disposiciones afectivas positivas que protegen del odio destructivo y de la crueldad. Esto, no sólo da cuenta de las huellas que dejan experiencias de abandono, dolor profundo y frustraciones tempranas e intensas, sino que también de la importancia permanente y reparadora de los vínculos de amor y preocupación de los otros a lo largo de toda la vida.

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dossier

Olaya Sanfuentes Echeverría es licenciada en Historia UC, master of Arts en Historia del Arte en la Georgetown University y doctor en Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Barcelona. De sus publicaciones, en coautoría con Alejandra Vega, destacan El viaje de Colón y Las hazañas de Almagro. Es académica del Instituto de Historia UC.

El rival más cruel «Los salvajes no me ofenden tanto, al asar y comerse los cuerpos de sus víctimas, como quienes los atormentan y persiguen vivos». Las palabras de Michel de Montaigne sobre la crueldad están redactadas para abrir este tema en un escenario propio: la América del siglo XVI. En época de descubrimientos y conquistas, el argumento de la guerra justa contra el enemigo de la fe justificaba la subyugación física y material de los pueblos americanos indígenas que eran considerados crueles y, como tales, sujetos a prestaciones y evangelización. por Olaya Sanfuentes

La de la guerra justa fue la postura de la Corona española y de muchos soldados imbuidos de un espíritu mesiánico o de codicia. No obstante, desde un comienzo surgieron en Europa voces disonantes que enaltecieron al indígena hasta constituir la figura del buen salvaje, o bien, jugaron con este personaje para criticar a la sociedad europea contemporánea. En ambos casos, la crueldad de una u otra cultura era criterio protagónico en la evaluación. Veamos primero la crueldad del indígena americano. Tras el descubrimiento de América,

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surge una imagen emblemática del salvajismo, primitivismo y crueldad de los habitantes de estas tierras: el caníbal. El encuentro con seres monstruosos y pueblos extraños era un corolario del viaje europeo hacia tierras ignotas. Las regiones alejadas de las partes más civilizadas del mundo habitado, regiones de las que además se tenían pocas referencias, estaban pobladas por seres primitivos y salvajes, en las que predominaban rasgos anormales que incluso hacían dudar de su estatus de seres humanos. Entre ellos, los más temidos y salvajemente representados eran


ALFREDO ECHAZARRETA / GALERรA ANIMAL

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dossier/El rival más cruel

Inventar una cultura los antropófagos. Se encontraban en los textos clásicos como la Historia natural de Plinio y entre famosos viajeros medievales tales como sir John Mandeville y el célebre Marco Polo. Cristóbal Colón es el que primero introduce la palabra caníbal en un texto europeo y lo liga con la práctica de la antropofagia. El ejercicio mental que pareciera hacer el genovés es el de traducir el nombre que los indios arawaks tenían para sus enemigos (los cariba), influido por una tradición europea: Plinio había dicho que había hombres con cabeza de perro (can) que eran feroces comedores de carne humana. Otra posibilidad es que Colón haya pensado que estos caníbales eran los hombres del Gran Khan, que fonéticamente sonaba parecido. En cualquiera de los dos casos, se asocia una tradición europea con la práctica de la antropofagia y se crea un nuevo pueblo, los caníbales americanos.

El cronista Tomás López Medel logra discernir entre aquellos indios americanos que comen en rituales, de aquellos que lo hacían por crueldad y apetitos innecesarios e inexplicables. 30

Los caníbales simbolizan la forma más extrema del salvajismo y la crueldad. Son truculentos por naturaleza y antropófagos por inclinación y, como tales, se les considera la antítesis del comportamiento cristiano y civilizado; los que están en la escala más baja de la humanidad. No se les cree animales porque si lo fueran, su comportamiento sería natural y no causarían el horror que producen. Se les supone en el límite de lo humano. Ejemplos de descripción de prácticas antropófagas indígenas hay muchos en la historia del descubrimiento y conquista de América. El mismo Colón, aunque no los vio nunca personalmente, inaugura este corpus. En su primer viaje se entera de la existencia de ellos por las noticias que recibió de los arawaks, quienes le informaron que sus enemigos tenían un solo ojo y cara de perro. Colón los asociaría a los tradicionales monstruos cinocéfalos que ilustraban los libros de viajes medievales. El peso de la tradición y las imágenes que vivían en su mente alentaron la invención e identificación de monstruos en América. En la carta que le escribe al secretario de los Reyes Católicos –Luis de Santángel–, vuelve a mencionar a estos crueles personajes que se


Huellas de tortura. En estas imágenes se refleja el concepto que tenían los europeos de los indígenas americanos. A la izquierda, un indio americano en la viñeta de Libro de Horas del emperador Maximiliano I, 1515, por Alberto Durero, y Los cuatro viajes de Américo Vespucio, Estrasburgo, 1509. En esta página una representación de lo que era un método de tortura de la época. Teodoro de Bry se refirió a éste así: «Puede considerarse esta parrilla despensa de carne y alimento de los salvajes».

comen a grandes y niños sin distinción y que engordaban a sus víctimas igual como en Castilla suelen engordar a los capones para comer en las fiestas. Tras los pasos colombinos, muchos otros cronistas repararían en la crueldad de los caníbales que habitaban estas tierras. El humanista Pedro Mártir, en un estilo elegante y erudito, nos pinta escabrosas escenas que describen a crueles caníbales comiéndose crudas a sus víctimas. «Castran a los niños, como nosotros a los pollos; cuando ya han crecido y engordado, los degüellan y los comen». Los viajeros que le relataron esto, le contaron también que encontraron restos de una cena antropófaga, con piernas de hombre saladas y colgadas en estacas y la cabeza de un hombre recién muerto, llena aún de sangre y pedazos del mismo hombre en ollas para cocerlos junto con carne de pato y papagayos. Américo Vespucio y Antonio Pigafetta dicen haber visto antropófagos en Brasil y vuelven a describir el universo dietético y festivo del caníbal con colores crueles y macabros. Gonzalo Fernández de Oviedo denuncia las costumbres de los indios flecheros, en tanto en el universo mesoamericano abundan las crónicas que se espantan con los sacrificios mexicas. En estos

Las atrocidades y crueldades que los españoles llevaron a cabo en este territorio fueron muchas y de variada índole. Entre éstas, irónicamente, encontramos varios casos de la tan menospreciada antropofagia. sacrificaban a un hombre, tomaban el corazón de la víctima y a veces se lo comían. Si la víctima era un enemigo, se repartían y comían también su cuerpo. El cronista Tomás López Medel logra discernir entre aquellos indios americanos que comen en rituales, de aquellos que lo hacían por crueldad y apetitos innecesarios e inexplicables.

Brutalidad europea Como se puede apreciar, mucho se horrorizaron los europeos con las prácticas antropófagas de algunos habitantes del Nuevo Mundo. Sin embargo, las actitudes españolas en América fueron, asimismo, de una brutalidad extrema al enfrentarse con los habitantes de este continente nuevo. Las atrocidades y crueldades que los españoles llevaron a cabo en este territorio fueron muchas y

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dossier/El rival más cruel Abundan las fuentes europeas para referirse a los pueblos americanos durante los siglos XVI y XVII, pero carecemos de la visión indígena para conocer cómo vivieron y vieron ellos la llegada de estos invasores a sus tierras. de variada índole. Entre éstas, irónicamente, encontramos varios casos de la tan menospreciada antropofagia. Fray Pedro Simón relata un episodio en que una hueste española hambrienta comenzó a matar indios para conservar la vida. No dejaron nada de ellos y se comieron las tripas y hasta los genitales. Finalmente, nadie confiaba en el otro con el miedo de que también se lo comieran. En la conquista de México, Bernal Díaz del Castillo comenta que los españoles amenazaban a los indígenas con comérselos si no colaboraban en su misión. Fernández de Oviedo comparte también alguna de estas experiencias, como cuando relata las peleas entre conquistadores por los sesos y el hígado del cadáver de un indio. Como se puede apreciar, los vicios antropófagos no eran privativos de los indígenas americanos, pero sí fueron enarbolados como argumento de superioridad europea sobre los indígenas. Por esta razón es que desde un comienzo saltaron voces disidentes frente a la imagen negativa del indio americano que los españoles querían dibujar para justificar la conquista de estas tierras. Entre estas voces está el padre Bartolomé de las Casas quien junto con abogar por los derechos de los indígenas, los pinta como los seres más buenos, ingenuos y naturales del mundo. Su argumento es llevado hasta el límite cuando llega incluso a justificar la tan temida antropofagia. Las Casas argumenta que un pueblo que es capaz de dar a sus dioses su bien más preciado, que es la vida humana, es un pueblo superior. Un ejercicio parecido es el que lleva a cabo Montaigne en algunos de sus Ensayos. Tanto en Los caníbales como en La crueldad, juega con el clásico antinomio civilización/barbarie e intenta dar vuelta los paradigmas clásicos. Como una forma de criticar los excesos a los cuales ha llegado la civilización occidental, y a la crueldad propia de sociedades supuestamente civilizadas, Michel de Montaigne pone toda la bondad y las posibilidades de salvación en la naturaleza, como

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contraparte de la civilización. En este juego es que los americanos encarnan el estado natural y un recordatorio de aquellas épocas en que el hombre vivía de acuerdo a las leyes de su medio y no afligido con las crueldades e injusticias de una civilización desgastada.

Una imagen conveniente Este discurso desde las letras tuvo también su equivalente en las imágenes visuales de la época. Ellas fueron importantes formas de difusión entre un público iletrado que se maravillaba frente a la normalidad con que las escenas antropófagas convivían con otras de la vida cotidiana. Abundan ilustraciones en que indígenas americanos aparecen con una parrilla donde se asan partes de un cuerpo humano, junto a una mujer amamantando. O aquella ilustración que acompaña una de las cartas de Américo Vespucio en que una escena de antropofagia se da junto a un hombre que orina. Como si todo tuviera el mismo nivel de normalidad. Y esto es lo que convierte a la imagen del americano en una figura salvaje y cruel, que es capaz de hacer de esta aberración algo habitual. Junto a estas imágenes negativas, circulan asimismo otras en que el indígena americano pareciera ser un personaje sacado de la Arcadia. Como es el caso de la figura de un indio tupinamba brasilero que ilustra el Libro de Horas del Emperador Maximiliano de Austria. El autor es nada menos que Alberto Durero. O aquellas pinturas del tema de la Adoración en que los artistas eligen incorporar a un indígena americano entre los Reyes Magos que adoran a Cristo recién nacido. Como se puede apreciar con estos ejemplos, el tema de la crueldad achacada a otros pueblos es un asunto culturalmente subjetivo y todo depende de quién haga los juicios. Abundan las fuentes europeas para referirse a los pueblos americanos durante los siglos XVI y XVII, pero carecemos de la visión indígena para conocer cómo vivieron y vieron ellos la llegada de estos invasores a sus tierras. Algunos intentos por recobrar la llamada «visión de los vencidos», reparan en la impresión de los indígenas al enfrentarse a estos hombres barbudos en trajes metálicos y arriba de unos animales que nunca antes habían visto; hablaban un idioma extraño y se deslumbraban por un metal que para los americanos sólo remitía a las divinidades y para conseguir lo que querían, no dudaron en recurrir a todo tipo de brutales castigos. ¿Quiénes eran, entonces, los crueles?


El señor de las moscas (1963) DIRECTOR Peter Brook REPARTO James Aubrey, Tom Chapin, Hugh Edwards, Tom

Gaman, David Surtees, Simon Surtees, Roger Elwin. PREMIOS Nominación de Peter Brook a la Palma de Oro, Cannes, 1963. NIÑO —¡Alto! ¿Quién va? RALPH —No seas estúpido. Sabes quiénes somos. Trajimos la caracola y estoy convocando a una

asamblea. JACK —¿Qué quieren ahora? RALPH —Ya escuchaste. Traemos el caracol y quiero hacer una asamblea. JACK —¿Por qué no se largan? Esta es mi orilla y mi tribu, ¡quédense en la suya! RALPH —Tú fuiste a nuestra orilla y robaste los anteojos de Piggy. Tienes que devolvérselos. JACK —¿Ah, sí? ¿Quién lo dice? RALPH —Yo lo digo. Piggy no puede ver. Si querías fuego, sólo debiste haberlo pedido. JACK —¡No tengo que pedir nada! (Se enfrentan a golpes. Piggy interrumpe la pelea haciendo sonar la caracola.) PIGGY —Tengo la caracola. Déjenme hablar.

(Los niños comienzan a tirarles piedras a Ralph y a Piggy.) RALPH —Roger, ya basta, déjalo hablar. PIGGY —Por favor, esto es serio. NIÑOS —Váyanse. PIGGY —Lo que quiero decir es que si no nos rescatan podríamos vivir aquí por mucho tiempo. Tal vez

el resto de nuestras vidas. Estaremos aquí hasta que seamos viejos. No podemos seguir actuando como niños. Tenemos que ser sensibles y hacer que esto funcione. RALPH (Mirando hacia arriba) —¡Noooooooooo! (Los niños lanzan una piedra que cae justo sobre la cabeza de Piggy. Piggy muere.) RALPH —No te vas a librar de ésta. JACK —¿Y qué vas a hacer? ¿Ah? ¿Qué vas a hacer al respecto? Lárgate de aquí, estás solo.

(Todos los niños le arrojan piedras a Ralph.)

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dossier

César Ojeda es médico cirujano y psiquiatra de la Universidad de Chile. Paralelamente cursó estudios de Filosofía en la UC. Ha sido profesor de la Escuela de Psicología UC, subdirector y director de la Revista chilena de neuro-psiquiatría y presidente de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía de Chile. Actualmente es editor general de la revista Gaceta de psiquiatría universitaria: Temas y controversias, y profesor agregado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Ha publicado numerosos libros como autor y co-autor.

Sanos, buenos y violentos Suele pensarse que quienes utilizan la violencia organizada son enfermos mentales, delirantes y con severas perturbaciones de la personalidad. El mecanismo psicológico involucrado en tal apreciación, es a la vez simple e ingenuo: mediante tal creencia, nos excluimos del fenómeno, puesto que la violencia nada tiene que ver con los «sanos» (nosotros). Si atrapamos, ejecutamos, aplicamos penas muy severas, encarcelamos o arrasamos con los nichos de tales individuos perturbados, la paz volverá (o nacerá) sobre el mundo. La «inocencia» suele ser «curiosamente» violenta. por César Ojeda

Si intentamos encontrar las causas de la violencia humana, entendiendo por ella la que los hombres ejercen masivamente sobre los hombres y que también podría denominarse «crueldad» –y que la distingue de la agresividad propia de otras especies animales– sin acudir a la fácil y falsa suposición de enfermedad mental, nos topamos con múltiples dificultades.

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De partida, el análisis se ve fuertemente tentado a mirar hacia atrás, allí donde se encuentran los orígenes de la especie y del individuo. Así, en el inicio de la humanidad deberán encontrarse los gérmenes de la barbarie, y en el del individuo, las pulsiones de vida y muerte. Inadvertidamente se desliza un criterio que estima que la humanidad evoluciona, cambia, mejora y progresa con el


JORGE TACLA / GALERรA ANIMAL

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dossier/Sanos, buenos y violentos

Retratos crueles Francisco de Goya y Lucientes (1746 – 1828), pintor y grabador español, precursor de las vanguardias pictóricas del siglo XX, creó alrededor de 1820 su serie Pinturas negras, obras llenas de desgarro y que reflejan la crueldad. Se compone de los siguientes lienzos: Átropos o Las parcas, Dos viejos o Un viejo y un fraile, Dos viejos comiendo sopa, Duelo a garrotazos o La riña, El Aquelarre, Hombres leyendo, Judith y Holofernes, La romería de San Isidro, Mujeres riendo, Peregrinación a la fuente de San Isidro o Procesión del Santo Oficio, Perro semihundido o más simplemente El perro, Saturno devorando a un hijo, Una manola: doña Leocadia Zorrilla y Visión fantástica o Asmodea. Hay consenso entre la crítica especializada en proponer causas psicológicas y sociales para la realización de las Pinturas negras. Entre las primeras estarían la conciencia de decadencia física del pintor, como consecuencia de una grave enfermedad que postró a Goya en un estado de debilidad y cercanía a la muerte. Entre las segundas, todo apunta a que la sátira de la religión o los enfrentamientos civiles concuerdan con la situación de inestabilidad que se produjo en España a partir del levantamiento constitucional de Fernando Riego.

El hombre está dispuesto no sólo a luchar, sino también a morir y a matar a nombre de los valores y creencias que profesa. Y, esto encierra una gran paradoja. La defensa propia partía de la defensa de la vida, y ahora ser muerto o matar se legitiman como formas de tal defensa. paso del tiempo, tanto biográfico como histórico. Por su parte, la investigación científica retrocede hacia el «fondo» y se hunde en los procesos biológicos, hurga en el cerebro, en sus estructuras y funcionamiento molecular, intentando encontrar mejores modelos teóricos de la conducta agresiva. La promesa es que finalmente se podrán controlar, modificar o eliminar tales conductas en los seres humanos. Por más que se trate de conjeturas razonables, esos puntos de partida van dejando una espesa penumbra en la medida en que nos aproximamos a la violencia que no es necesario reconstruir: la de los hombres aquí y ahora.

El límite primordial La violencia se constituye mediante una violación. Y violar es transgredir, traspasar un límite, ir más allá de una norma, romper una frontera o un acuerdo. Así, se violan personas, tratados, te-

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rritorios, derechos, sepulcros, ritos, tabúes y convenciones. Preguntarse por el límite es entonces preguntarse por la condición de posibilidad de la violencia. Límites, fronteras y deslindes se transforman de ese modo en nuestro punto de partida. El límite primordial es aquel necesario para la constitución de cualesquiera otros. ¿Y cuál es este? Estrictamente, el que separa lo que soy de lo que no-soy. Mi cuerpo es propio en la medida en que no se confunde con los otros cuerpos y cosas que hay allí a mi alrededor. Yo soy yo en la medida en que no soy los «otros». El biólogo Francisco Varela insistía en que la unidad mínima de la vida incluye un límite (la membrana celular), que diferencia el sí-mismo del no-sí mismo, y esto es lo que da origen al «punto de vista» aún en las formas más elementales de lo vivo. Pues bien, este límite es un dado mudo e inadvertido en la experiencia cotidiana de los seres humanos, pero al mismo tiempo el anclaje fundamental desde donde puedo establecer vínculos y perspectivas sobre lo que no-soy: los otros hombres, las cosas y seres que hay en el mundo. Prueba de la existencia de ese límite es el hecho de que pueda perderse. En la enfermedad mental sufre de sorprendentes avatares. En la esquizofrenia –por ejemplo– asistimos a una disolución de la identidad y con ello de la alteridad, en lo que se denomina despersonalización y desrealización: el ser que soy y «lo otro» se homogenizan y confunden en medio de la más torturante angustia y ahora no hay punto de referencia que permita perspectiva alguna: el cuerpo del paciente siente


el dolor de otro, su pensamiento le es robado y otros hablan con él, sus brazos se mueven guiados por una voluntad ajena. La experiencia, que se conjuga a partir de este límite primordial, deja de ser un sistema de distinciones, y las personas se diluyen y funden unas en otras: su marido es su hijo y Jesucristo, ella es la esposa, la Virgen María y una extraña.

La expansión En el ser humano que no tiene la desgracia de padecer algo como lo descrito, el límite primordial del sí-mismo se constituye con gran certeza, pero además, se expande de diversas maneras formando una red de vinculaciones de pertenencia e identidad. Caben aquí el territorio, los bienes, las personas amadas y el campo o espacio de valoraciones. Este último, no-mensurable en distancia, es la comunión que establezco con otros en tanto piensan y creen como yo y cuya proximidad tiene una medida puramente significativa. Este espacio toma la forma de sistemas de creencias en las sociedades de todas las épocas. El territorio posee demarcaciones reales y los bienes que me pertenecen una identificación precisa. Las personas amadas lo son en tanto exactamente ellas y mi valor consiste en ser para ellas, también exactamente, el ser que soy. Sin embargo, estas dimensiones que expanden el límite primordial tienen distinta naturaleza y sus bordes no necesariamente coinciden. Así ocurre, por ejemplo, en las relaciones entre «espacio de valoraciones» y «territorio». Efectivamente, hasta en las unidades territoriales mínimas (como el hogar), las personas pueden profesar diversas ideologías e incluso distintas religiones. Con mayor razón en una ciudad o en un país. Un cristiano, en lo relativo a sus creencias religiosas, está más cerca de un católico italiano que del ateo que trabaja en la oficina del lado.

En defensa propia El acto de violencia puede recaer sobre los límites de cada una de mis dimensiones de pertenencia e identidad. Mi límite primordial es violado si soy herido, torturado, aprisionado, maltratado o muerto; mis bienes pueden ser retenidos, robados o destruidos; mi territorio puede ser allanado, invadido, conquistado o expropiado. Las personas que forman mi red de interpersonalidad, pueden sufrir las mismas violaciones señaladas. Pero, ¿cómo se puede violar mi espacio de valoraciones, es decir, mi ideología y creencias? Nunca directamente. Sólo apelando a la violación de alguna de las dimensiones señaladas primero. Por mis ideas o creencias puedo ser aprisionado, torturado, muerto o ultrajado; el territorio puede

«A los que creen» –decía Milan Kundera– «que los regímenes comunistas de Europa Central eran exclusivamente producto de seres criminales se les escapa una cuestión esencial: los que crearon estos regímenes criminales no fueron los criminales, sino los entusiastas, convencidos de que habían descubierto el único camino que conduce al paraíso».

serme arrebatado en el exilio, la invasión o la relegación; mis bienes pueden ser expropiados y, las personas amadas amenazadas o violadas de la misma manera. En último término, toda violación, incluyendo la de mi espacio de valoraciones se sustenta en la fuerza bruta, por más sutil o refinado que sea el modo de la amenaza. La defensa propia, en su sentido más estricto, es la lucha por conservar mi vida ante un peligro que la pone en riesgo de destrucción. Si agotados todos los medios pacíficos disponibles ésta persiste, la defensa será violenta: la violencia como última ratio, como una exasperación de la razón, escribe Ortega y Gasset. En ese instante el límite que me constituye surge con gran nitidez y me sitúa en un estado de conciencia agónica (del griego, agonista = luchador). Al percibir la posibilidad de mi muerte se produce una adhesión inmediata y total al ser que soy y un rechazo absoluto a la trasgresión de la que soy objeto. Sin embargo, la defensa propia, al igual que mi límite primordial sufre también dilataciones. La violencia ante el peligro de aniquilación física parece ser inherente a los seres vivos. La capacidad de valorar, en cambio, requiere una estructura biológica compleja. Este paso hará que la defensa propia se transforme en la defensa de «lo» propio, propiedad que va más allá de la protección de mi vida y se ejecuta también respecto de la vida de mi clan y de la delimitación de un territorio. Sin embargo, esta dilatación de la defensa abarca especialmente al espacio de valoraciones, lo que significa que el hombre está dispuesto no sólo a luchar, sino también a morir y a matar a nombre de los valores y creencias que profesa. Y, esto encierra una gran paradoja. La defensa propia partía de la defensa de la vida, y ahora ser muerto o matar se legitiman como formas de tal defensa. Así, la defensa de «lo» propio aniquila su punto de partida y lo derivado adquiere mayor jerarquía que el fundamento: entonces el hombre

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dossier/Sanos, buenos y violentos Lo humano del contrario no sería entonces más que una apariencia, que esconde detrás a seres primitivos, ambiciosos, crueles e inescrupulosos. Por lo tanto, ellos no pueden defender valores que por definición no son tales, y su conducta es mera y simple agresión. concreto es jerárquicamente inferior a sus propios valores, lo que llevado al extremo significa que la humanidad podría aniquilarse en nombre de los derechos del hombre.

La búsqueda de lo absoluto La mayoría de los sistemas sociales opresivos se consideran a sí mismos democracias, y los más despóticos pretenden además estar en camino de ser los más «puros». La búsqueda de una comunidad religiosa e ideológica absoluta se transforma en una meta de gran potencia y luminosidad, pero que fácilmente encandila y ciega respecto de las violaciones a las que son sometidas las personas en el camino para obtenerla. Esta meta utópica, como un gran valor final, pone a su servicio al hombre mismo, aún en su dimensión más radical como es la vida, pasando naturalmente por la libertad, el derecho de expresión y el pluralismo ideológico. El respeto final al hombre pasa por su violación sistemática. Esta adhesión a valores superiores y el convencimiento del profundo bien que ellos encerrarían para la vida humana se demuestra llena de peligros. «A los que creen» –decía Milan Kundera– «que los regímenes comunistas de Europa Central eran exclusivamente producto de seres criminales se les escapa una cuestión esencial: los que crearon estos regímenes criminales no fueron los criminales, sino los entusiastas, convencidos de que habían descubierto el único camino que conduce al paraíso». La violencia propia es siempre considerada defensiva, justa, heroica e ineludible. En cambio, la del contrario, por motivaciones e intereses espurios. Y esto requiere poner en juego potentes mecanismos de distorsión de la realidad, pues dicha figura no sólo es falsa, sino además absurda. El mecanismo tal vez fundamental está basado en el «sentido común», o sea, en aquellas convicciones e ideas sobre las que no se piensa, sino con las que se piensa. Como hemos señalado, el sentido común piensa a la violencia a través de la siguiente idea irreflexiva: la violencia en el hombre es la consecuencia de una degradación de sus

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cualidades superiores (propiamente humanas) como son la razón y la capacidades axiológicas (éticas y morales), una de cuyas misiones es mantener los aspectos inferiores, bestiales e infrahumanos del hombre bajo control. La fuerza del «instinto» agresivo, primario y filogenéticamente antiguo, irrumpirá si aquellas cualidades, elaboradas en la convivencia, fallan. Esta «sociobiología» mal entendida, no sólo desprecia la vida animal, sino que traslada sin matices patrones de conducta social de los seres vivos no humanos, a la conducta humana. Así, imagina que en el hombre «lo biológico» es una especie de regresión filogenética. Olvida además las funciones simbólicas del neocortex, el lenguaje y las narrativas acerca de sí mismo y el mundo propias del hemisferio izquierdo y de lo que se ha denominado «cerebro social». Luego, los valores que dice defender el enemigo no pueden ser «verdaderos», sino degradaciones de ellos, meras justificaciones de un afán de destrucción y dominio, racionalizaciones que pretenden establecer lo moral en lo inmoral. Lo humano del contrario no sería entonces más que una apariencia, que esconde detrás a seres primitivos, ambiciosos, crueles e inescrupulosos. Por lo tanto, ellos no pueden defender valores que por definición no son tales, y su conducta es mera y simple agresión. El que se defiende soy yo, puesto que mis valores son «verdaderos» valores, con lo que mi humanidad está fuera de toda duda. En suma, humanidad contra hombres que han perdido esa cualidad, es decir, subhombres. Y esto tiene una consecuencia inmediata: puedo ser violento con ellos sin culpa, de modo inocente y sin mácula. El mecanismo de degradación del contrario hace irreversible el círculo de la violencia, pues éste lo utiliza del mismo modo, pero a su favor: acá, legítima defensa de valores superiores; allá, bestialidad criminal. Todas las guerras son subsidiarias de este razonamiento. Que esta explicación está invertida es del todo evidente: la violencia humana a gran escala no se produce por un déficit axiológico o de las capacidades valorativas, sino por un exceso de ellas. La violencia no se produce por una pérdida de los límites de pertenencia e identidad, sino por una rigidez y sobre-presencia de ellos, como lo demuestra la xenofobia en cualquiera de sus formas. Así, los valores «superiores» esgrimidos como fundamento de crímenes perpetrados de manera horrorosa, pueden, en su aparente vinculación con el «bien», cegar e impedir el considerar a los derechos mínimos y básicos de toda persona, como la aspiración primera y última de la humanidad.


El perfume. Historia de un asesino (2006) DIRECTOR Tom Tykwer REPARTO Ben Whishaw, Alan Rickman, Rachel

Hurd-Wood, Dustin Hoffman, Francesc Albiol, G onz alo C un i l l, A ndr é s Herr er a , Ro ger Salvany.

(Colgado desde los pies y atado de manos, a Jean-Baptiste Grenouille le sumergen su cabeza en un barril con agua. Aún en esa posición sostiene un diálogo con Antoine Richis, el padre de una de sus víctimas.) ANTOINE RICHIS —¿Por qué mataste a mi hija? JEAN-BAPTISTE GRENOUILLE —Yo solo la necesitaba. ANTOINE RICHIS —Muy bien, pero recuerda esto... te estaré observando cuando estés

en la cruz y te azoten doce veces en tus extremidades. Cuando la multitud se canse de tus gritos y ya quiera irse a casa, subiré siguiendo tu sangre y me sentaré junto a ti. Entonces, te miraré profundamente a los ojos... y como si fuera ácido hirviendo cayendo gota a gota dejaré que mi furia te traspase hasta que, finalmente, perezcas.

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dossier

Evelyn Oyarce Paredes es psicóloga de la Universidad de la Frontera, magíster en Educación y magíster (c) en Comportamiento y Desarrollo Organizacional. Se desempeña como asesora de la Dirección de Planificación y Desarrollo de Carabineros de Chile y es académica en diplomados de la Universidad de Chile y de la Universidad Alberto Hurtado.

Consumir dolor El problema no es si el cine, la literatura, los juegos y otras entretenciones modernas tienen contenidos violentos, perversos o terroríficos. El tema es que todos ellos están siendo espejo de alguna parte de la experiencia humana y nos proveen de algo que estamos dispuestos a consumir. por Evelyn Oyarce

El cine de terror, o de horror como dirían los ingleses, ha fascinado a muchas generaciones de espectadores y realizadores desde los orígenes mismos de este arte. Ya en 1910 Thomas Alva Edison produce la primera adaptación al cine de la famosa novela de Mary W. Shelley Frankenstein o El moderno Prometeo, y lo hace, según dicen algunos estudiosos del cine, como resultado de un giro en la política de producción cinematográfica, interesada en captar a un sector de público con una formación cultural más elevada mediante la adaptación de obras literarias de prestigio.

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Sírvenos también Frankenstein para ilustrar la potencia con que la literatura y el cine fantástico pueden producir personajes que se instalan en la mente de las personas como parte del paisaje cultural. Da lo mismo si creemos que Frankenstein era el monstruo, porque no hemos leído el libro o visto alguna de las múltiples versiones cinematográficas que nos muestran que ese era, en realidad, el nombre del doctor que creó al monstruo. Este último, no por casualidad, nunca tuvo nombre, como acentuando la tragedia de un ser rechazado hasta por su propio padre. El hecho es que todos, de una u otra manera, tene-


GONZALO CIENFUEGOS / GALERรA ANIMAL

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dossier/Consumir dolor Las grandes temáticas que ha explotado este género no sólo están vinculadas a un contexto histórico y sociológico determinado, sino que también se conectan con nuestros miedos más atávicos dando origen a ejes temáticos que llegan a tener incluso un carácter mítico. mos una idea de quién era Frankenstein, de cómo era su apariencia física y cuál era su manera de hablar y caminar. Podemos preguntarnos también porqué realizadores de diversas épocas hacen una y otra vez su propia versión de ciertos personajes y de ciertas historias, constituyendo clásicos del cine de terror, o de su variante más explotada que es la monstruosidad en sus diversas formas. Así, encontramos un Werner Herzog, un Francis Ford Coppola y un Neil Jordan mostrándonos distintas facetas del vampiro en su Nosferatus, Drácula y Entrevista con el vampiro, respectivamente. Lo mismo ocurrió con Peter Jackson reeditando a King Kong, o John Carpenter que con La cosa nos mostró su versión de El enigma de otro mundo, o las cuatro versiones de cine que se han hecho del libro de Jack Finney La invasión de los usurpadores de cuerpos, o los diversos filmes basados o inspirados en el libro Soy leyenda de Richard Matheson (desde El último hombre sobre la Tierra, hasta la versión nacional de Jorge Olguín con su película Solos), o las inagotables e incansables hazañas de Godzila, entre muchos otros. Debe ser por la misma razón por la cual existen espectadores de todas las épocas que desean ver estas películas o fans del género que pueden ver la misma historia una y otra vez, en buenas y malas versiones, sin agotar su entusiasmo.

Expresión simbólica Debemos buscar una explicación, entonces, más allá de la superficial moda y encontrar las raíces de éste fenómeno en la sociología y la psicología. La sociología nos dice que el cine de terror es un espejo en el cual miramos los temores de una época, lo cual parece ocurrir no como producto de un análisis racional sino mediado por la capacidad del realizador para «leer» o «capturar» el inconsciente colectivo que lo rodea. De este modo, su sensibilidad (de base intuitiva y emocional, por supuesto) lo hace tomar contacto con los temores que se gestan en el alma del colectivo y se siente compelido, muchas veces como un verdadero poseso, a representarlo en el arte que domina. Esta representación, si bien puede ser

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literal, la mayoría de las veces adopta una expresión simbólica. Esta tesis nos lleva, por ejemplo, a interpretar El golem de Paul Wegener o la clásica El gabinete del Dr. Caligari de Robert Wiene, ambas del periodo expresionista alemán que se desarrolló entre las dos guerras mundiales, como metáforas del clima de tensión social de la época y la constatación que dejó la guerra sobre la manifestación de la naturaleza perversa del hombre cuando tiene poder. Del mismo modo, la proliferación de películas de invasión de extraterrestres en los años 50 puede ser vista como una metáfora del temor que existía en la población, en pleno periodo de la Guerra Fría, a un posible ataque de los rusos con armas de destrucción masiva. Y la conversión de quienes nos rodean en enemigos, que se mostraba en muchas de estas películas, pareciera reflejar el clima de desconfianza que se vivía ante la posibilidad de convivir con espías infiltrados al servicio de la causa comunista. En paralelo, en la misma época comienzan a producirse una serie de películas de monstruos gigantes que resultan de mutaciones producidas por radiación atómica o experimentación científica, como se muestra en La bestia de los tiempos remotos (que dio origen al Godzila japonés), Them!, Tarántula y muchas otras que pueden ser interpretadas como metáfora del temor al descontrol o mal uso de la ciencia, el cual probablemente haya quedado como impronta del horror producido por el lanzamiento de las bombas atómicas en 1945. Sin ánimo de ser exhaustivos y sólo para reforzar la tesis sociológica del temor colectivo, valga la referencia a la serie de películas sobre catástrofes naturales que comienza en la década de los 70 y se prolonga hasta comienzo de 2000, tales como Terremoto, Twister, Impacto profundo y tantas otras, en las cuales el temor a la destrucción, total o parcial, viene de la naturaleza contra el hombre, lo que puede ser leído como una devolución de mano por las acciones perniciosas del hombre contra ella. Del mismo modo, la serie de filmes que hemos visto últimamente, y que parece seguiremos viendo por un tiempo, sobre la humanidad arrasada por misteriosos contagios (con efectos tan diversos como los suicidios colectivos de Night Shyamalan en su película El fin de los tiempos o la zombificación de Paco Plaza y Jaume Balagueró en REC, por nombrar algunos) pueden ser reflejo de nuestros temores a contagios biológicos masivos (sida, gripe aviar, etc.). Pero, ¿acaso no nos recuerda también la actual crisis económica que afecta a muchos países producto de la globalización de los mercados?


¿Acaso la crisis en el mercado estadounidense no se ha extendido como por contagio causando la caída de los mercados internacionales? De una manera muy primitiva, los periodos de convulsión e inseguridad social movilizan en las personas sus más profundos miedos y el cine es sin duda una pantalla donde nos vemos a nosotros mismos, incluidos nuestros temores individuales y colectivos.

La representación del miedo Encontramos entonces que las grandes temáticas que ha explotado este género no sólo están vinculadas a un contexto histórico y sociológico determinado, sino que también se conectan con nuestros miedos más atávicos dando origen a ejes temáticos que llegan a tener incluso un carácter mítico. Así, por ejemplo, el miedo a la perturbación del descanso eterno está en la base del cine de fantasmas o espíritus que se manifiestan en este plano de existencia (Sexto sentido, Los otros, El orfanato) y en la de las películas sobre muertos vivientes o no-muertos (vampiros, zombies, momias, etc.). El temor a la tiranía como forma hipertrófica e incontrolada del poder y el sometimiento que conllevan, da origen a películas de opresión y dominación sexual (Drácula), al prototipo del «científico loco» o falto de ética (La mosca) e incluso a las criaturas superpoderosas que nos atacan. El temor a la disociación o a la pérdida de identidad es puesto de manifiesto por películas de conversión de humanos en animales (El hombre lobo, La marca de la pantera) o de humanos a seres degradados (El Dr. Jekyll y Mr. Hyde), y a películas de reencarnaciones o posesiones (El exorcista, El exorcismo de Emily Rose, El resplandor). El temor a lo que se desvía notoriamente de lo normal es una categoría en sí misma y transversal a otras que ha dado origen a películas que exponen diversos tipos de monstruosidad (animal, humana o sobre/infra humana) sean o no una amenaza para las personas (El monstruo de la laguna negra, Tiburón, Host, Freak, El hombre elefante, La matanza de Texas, El silencio de los inocentes, La cosa). Por su parte, el miedo a lo demoníaco como antítesis de Dios ha sido caldo de cultivo para clásicos como El príncipe de las tinieblas de John Carpenter, El bebé de Rosemary de Roman Polanski y la trilogía de La profecía que popularizó a Demian y lo acompañó en su crecimiento.

Psicología del cine de terror Ya sabemos entonces que las películas de terror son un producto cultural y psicológico (además de comercial, por supuesto, como todo aquello que genera demanda) que refleja y moviliza nues-

tros miedos. Pero entonces, ¿porqué hay tantas personas que ven películas de terror?, ¿porqué voluntariamente se exponen a estímulos que les provocan emociones desagradables, como miedo o repulsión?, ¿qué necesidad satisfacen o qué gratifican? La respuesta no es simple y para encontrar algunas pistas debemos explorar algunos hechos psicológicos. Las explicaciones pueden ir desde las más simples, como la necesidad de romper con la monotonía cotidiana y proveernos algo de estímulo adrenalínico, la búsqueda del relajo que se produce después de la tensión, la necesidad de revalorizar –por contraste– la estabilidad y seguridad del mundo en que vivimos, entre otras, hasta las explicaciones psicológicamente más complejas. En primer lugar, sabiendo que es una fabulación (el cine es una ficción), las personas pueden permitirse experimentar emociones que normalmente reprimirían y hacerlo sin culpa, manteniendo su experiencia emocional dentro de lo socialmente aceptable. Todos nosotros experimentamos frustraciones, celos, envidia, deseos de venganza, agresión y otras emociones consideradas negativas en nuestra vida cotidiana, pero habitualmente debemos modular o controlar su expresión, e incluso algunas personas se ven compelidas a negárselas a sí mismos para conservar la propia autoimagen idealizada. Pero ello no hace que no existan, y se mantienen replegadas de manera más o menos profunda en la psiquis. En este sentido, el cine de terror nos da una oportunidad de experimentar dichas emociones y los aspectos no integrados de nosotros mismos mediante mecanismos de proyección e identificación con los personajes. ¿Quién podría no empatizar con Carry en su minuto de venganza después de la tremenda anulación y humillación a que estuvo expuesta? ¿Quién en lo profundo no considera que el desenlace de El ladrón, el cocinero, su mujer y su amante era menos de lo que se merecía el villano? (alguien podría argumentar que ésta no es una película de terror, pero ¿acaso el ladrón no es un verdadero monstruo y sus conductas no son terroríficas?).

Sabiendo que es una fabulación (el cine es una ficción), las personas pueden permitirse experimentar emociones que normalmente reprimirían y hacerlo sin culpa, manteniendo su experiencia emocional dentro de lo socialmente aceptable. revista universitaria / Nº 102 / 43


dossier/Consumir dolor De modo complementario y cumpliendo una función psicológicamente equilibrante, muchas películas de terror también nos dan la posibilidad de devolverle la tranquilidad a nuestro mundo interior con la muerte, captura o castigo del monstruo. Cuando el héroe o heroína de nuestra película se las ingenia para anular la amenaza que éste implica, no sólo volvemos a reafirmar nuestra necesidad de vivir en un mundo justo en el cual, además, el bien se impone sobre el mal, sino que también experimentamos una redención simbólica de los aspectos más oscuros de nosotros mismos que se habían expresado en la identificación con el monstruo o villano. De allí lo inquietante que resultan las películas que dejan abierta la posibilidad de sobrevivencia, regreso o resurgimiento de la amenaza. Perturbador resulta también reconocer que a veces nos identificamos tanto o más con el villano que con el héroe, que a veces sentimos una cuota de admiración por esos seres que se permiten expresarse plenamente a sí mismos aunque sea en su lado más perverso. ¿O acaso no experimentamos una especie de fascinación por el poder personal que irradian personajes como Anibal Lecter de El silencio de los inocentes o el Guasón de Batman: El caballero de la noche? Sin duda un análisis introspectivo profundo de aquello que nos atrae o nos repulsa, nos da pistas interesantes acerca de cómo somos en realidad.

La fantasía Y es precisamente porque el cine de terror suele mostrarnos situaciones fabuladas y fantásticas que se facilita el proceso de identificación y proyección, cosa que no se da de igual manera cuando sabemos que la situación es real o se nos muestra como tal (mientras más extremas las situaciones que se nos muestran –como en el cine gore– menos podemos tomarlo como cierto). Por ello no es extraño encontrar adeptos al género que no son consumidores de las páginas rojas de los periódicos y que no disfrutan con los reportajes y las películas que muestran la crudeza de las guerras o las miserias humanas. Por paradójico que parezca, alguien que puede ver con entusiasmo el cine de Darío Argento (Rojo profundo, Suspiria, Inferno, entre otras) puede estar días atormentado, salirse del cine o ni siquiera querer ver Ciudad de Dios de Fernando Meirelles o El amor y la furia de Lee Tamahori. En el horror del mundo real no hay diversión. Allí deja de ser un juego. Resulta comprensible, no obstante, la preocupación de muchos padres, educadores, analistas sociales y otros, respecto de la carga de violen-

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cia y sadismo que se está mostrando en cines, cómics, video juegos, programas de animación infantil, etc., y se preguntan si ello está haciendo niños y jóvenes más violentos y perversos. La respuesta a ello no es definitiva por cuanto existen factores moderadores o contingentes que no debemos perder de vista. Muchos jóvenes y adultos que ven películas de terror tienen vidas normales y productivas o, al menos, no manifiestan comportamientos desviados atribuibles a la exposición de sus contenidos. Ello parece depender del nivel de estructuración y madurez de su personalidad, de su inmersión en un contexto familiar y social que les provea referentes adecuados para el establecimiento de sus relaciones interpersonales y para su participación en el mundo, del grado en el cual son capaces de distinguir entre realidad y fantasía, de que puedan reconocer, resolver o canalizar apropiadamente sus tensiones internas, de que sus vidas tengan otros espacios de expresión y desarrollo, entre otros factores. Claro, si son muchos los estímulos agresivos a que se está expuesto sin el contrapeso de experiencias de amor, comprensión, compasión y tolerancia, y sin un marco de referencia que contextualice y relativice dichos estímulos, entonces aumentan las posibilidades de entender que esta es la pauta que mueve el mundo. Y probablemente será la agresión el mecanismo que con mayor facilidad se pondrá en juego para satisfacer necesidades, descargar frustraciones o lograr objetivos. El cine de terror, incluso con los excesos y aunque es una prueba a los límites de tolerancia del espectador, no parece ser en sí mismo un generador de violencia y perversión. Cuando exacerba o moviliza estas conductas es porque probablemente ya existen en el espectador. Es como la pornografía. ¿Quiénes y porqué la consumen?, ¿la exacerbación del impulso sexual que buscan, necesariamente los convierte en pervertidos y violadores? Si bien es altamente probable que una persona con una perversión o patología sexual consuma pornografía, no necesariamente todos las que la consumen tendrán esta desviación psicológica. Cuando estas experiencias basadas en el instinto se convierten en la única o la mayor fuente de placer, cuando irrumpen compulsivamente en la vida psíquica, cuando desplazan o anulan otros espacios de experimentar la vida y cuando no se tiene control sobre ellos, es momento de preocuparse porque estamos entrando en el terreno de lo anormal o patológico.


Monster (2003) DIRECTOR Patty Jenkins REPARTO Charlize Theron, Christina Ricci, Bruce

Dern, Lee Tergesen. PREMIOS Mejor actriz para Charlize Theron, Oscar, 2003.

SELBY —Podemos ser todo lo distintas que queramos, pero ¡no podemos matar per-

sonas! AILEEN —¿Y quién lo dice? Soy buena con el Señor y estoy bien con Él. Y sé cómo tú

fuiste criada. También sé lo que está pensando la gente. Te deben estar diciendo «no matarás» y todas esas cosas. Pero así no funciona el mundo, Selby. Y lo sé porque estoy todos los días viviéndolo. ¿Quién sabe qué es lo que quiere Dios? Las personas se matan entre ellas todos los días y ¿por qué? Por política, por religión. Y aún así se les considera héroes. No, no... hay muchas cosas que yo puedo dejar de hacer, pero matar no es una de ellas.

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dossier

Ximena Costa Edwards es psicóloga clínica de la Universidad Gabriela Mistral y terapeuta cognitivo procesal sistémico del Instituto de Terapia Cognitiva de Santiago de Chile. Es diplomada en Filosofía y es socia fundadora de CG Consulting & Research.

Cruel soledad Seres solitarios, de muchos «amigos virtuales», incapaces de construir su realidad, emocionalmente minusválidos y sin un sentido de vida, tienden a transformar su dolor y frustración en violencia, física o sicológica. Necesitado de otros, a falta de afectos, la agresión es mejor que nada. por Ximena Costa

La tecnología de la computación, hoy considerada la adicción por excelencia, ha arrojado una nueva víctima: aquellos que se ven atacados psicológicamente sin poder defenderse, en muchos casos sin tener acceso a la identidad de su victimario y con desconocimiento total del alcance de su brutalidad. Un ejemplo concreto de cómo se ha extendido esto que se ha convertido en los últimos cinco años en el motivo más frecuente de consulta escolar, es el llamado bullying o acoso escolar. Hasta hace poco tiempo éste se limitaba a las paredes de la escuela, pero hoy, en un espacio virtual (no físico), ya no tiene fronteras conoci-

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das. El bullying se refiere a un cuadro donde todas las actitudes y conductas que son agresivas, repetitivas, deliberadas y sin motivación evidente, son dirigidas por uno o más estudiantes contra otro, logrando así empoderarse a través de la violencia ya sea física y/o emocional. La angustia, el miedo de este niño o adolescente que ha quedado a merced, es decir, bajo completo dominio de su intimidador, puede llevarlo a hacer desde una depresión hasta un suicidio. Existen cada vez más personas perdidas de ellas mismas, con muchos, tal vez demasiados,


JORGE TACLA / GALERรA ANIMAL

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dossier/Cruel soledad

Aprender a pensar «amigos virtuales», pero con cada vez menos amigos reales (físicos). Estas personas que se encuentran emocionalmente minusválidas y con incapacidad para construir su realidad, configurar su identidad y darle un sentido a sus vidas, sienten dolor, frustración, y una profunda sensación de soledad que conduce, la mayoría de las veces, a manifestar conductas violentas ya sean éstas físicas o psicológicas. Al observar una y otra vez en la consulta a niños desolados, con baja autoestima, inseguros y manifestando urgencia por un cambio de colegio, vemos que en sus historias se repite una y otra vez el haber sido agredidos en forma física y/o emocional, muy frecuentemente a través de algún tipo de espacio virtual.

El mundo propio La computación llegó a nosotros en forma violenta. Se enseñó a usar los computadores a los niños y se recalcó su condición de indispensable en estos tiempos, pero se nos olvidó pensar en cómo formarlos para el uso de esta nueva herramienta que, para comenzar, es un excelente medio en la consecución de diversos objetivos, pero que jamás debería ser considerado un fin en sí mismo. Hoy estamos rodeados de personas «robotizadas», distanciadas de sus sentimientos y pensamientos. Compiten por notas, por ascensos, pero la competencia sin una ética clara es una mala consejera para alcanzar la calidad de las relaciones que necesitamos establecer. A la tecnología deberíamos darle el lugar que le corresponde: ser un medio para un fin mayor. Deberíamos formar al mismo ritmo en que informamos. Hay que enseñarles a los niños a pensar, hay que forzarlos a que activen su mente, a que construyan su propia realidad. Hay que formar a los niños para que vean todo aquello que no ven –como buscaban los griegos–, que se interesen en develar lo tapado, en descubrir aquello que no se ve y que resulta ser lo más importante de lo que están «viendo». Esta forma de enseñarles a pensar implica enseñarles a preguntarse y, desde la observación y la admiración, construir sus propias respuestas.

Existen cada vez más personas perdidas de ellas mismas, con muchos, tal vez demasiados, «amigos virtuales», pero con cada vez menos amigos reales.

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Hoy abunda la información, pero falta formación… Pensar es elegir, tomar decisiones, después reflexionar y dialogar para producir cambios. Si queremos que nuestros niños sean ellos mismos y sean felices, tenemos que enseñarles a pensar, ya que el sentido de su mundo deben construirlo ellos mismos, modificando y modificándose. Nuestra cultura está cambiando y esta gran revolución cultural en la que estamos inmersos hoy, como personas y como sociedad, se inicia entonces al interior de nosotros mismos, siendo el principal obstáculo para su adecuada resolución la tremenda violencia con que convivimos a diario directamente o por medio del bombardeo de información. El mundo globalizado, el estar interconectado virtualmente, el poder optar a nuevos espacios como internet (espacios que también son virtuales y no físicos), es decir, el vivir en un mundo tecnológico, nos ha proporcionado mucha información, pero casi nada de formación. Estamos todos unidos alrededor de la tecnología, ahí está el poder. Todo es tan rápido, no deja tiempo, y al final estamos solos. Nosotros mismos nos convertimos en nuestra peor amenaza y aparece la angustia. Entonces tratamos de no sentir: adormecernos, escondernos, no exponernos. Pero los niños están creciendo y sólo podrán avanzar en la medida que vayan desarrollando su propia personalidad, aprendiendo a conocerse. Para esto son fundamentales los otros. Es vital para ellos, sentirlos y sentirse, para ir desarrollando adecuadamente su área emocional que es la que los guiará en la consecución de sus objetivos y orientará la inteligencia cognitiva o racional, convirtiéndolos en seres autónomos, independientes, asertivos, seguros, con alta autoestima, básicamente confiados. Ello es muy importante en la etapa que están viviendo, siendo capaces de enfrentar la intención de un abuso o acoso. Vivimos o conocemos, no se dan las dos cosas simultáneamente. El conocimiento nos proporciona seguridad, pero nos resta felicidad. La felicidad, en cambio, reclama que no la conozcas, que te limites a estar en ella. Pero si no la conoces no sabes que estás ni para que estás…

Inventar tu mundo Si queremos ser nosotros mismos, sentirnos felices, debemos pensar entonces, ya que el sentido del mundo tenemos que construirlo nosotros.


El pensamiento necesita profundizar en sus raíces, ir adentro y no dejarse arrebatar por las apariencias. Para lograr esto, primero hay que abandonar todo lo aprendido, ya que ser inteligente es dejar de aplicar soluciones sólo porque alguna vez nos fueron útiles o porque a otros les fueron útiles. Pensando uno aprende, uno se modifica y al modificarse puede modificar a otros. Así hay que avanzar en la vida ya que nada puede realmente cambiar de fondo en nosotros, o en nuestras relaciones, si uno mismo no cambia primero de visión. Son nuestros propios límites los que no nos permiten avanzar y construir, y es por esto que el cambio se inicia al interior de nosotros mismos y no afuera como quiere hacernos creer el mundo tecnológico. Tenemos que superarnos, cambiar la percepción y actitud emocional frente a un evento determinado. Es necesario repensar y asumir en «qué me equivoqué» y asumir el «me equivoqué», para no cometer los errores una y otra vez. De acuerdo a nuestra cultura capitalista, la felicidad se puede obtener aquí en la Tierra; ya no tenemos que esperar a morirnos como postulaban las distintas religiones y es así como educamos, lo que lleva implícito un tremendo cambio valórico donde todo es ahora una opción. Muchas instituciones y eventos que antes eran un fin, hoy sólo los vemos como un medio… Cambio de mentalidad, cambio de valores: otra ética, pero ¿cuál?, ¿la hemos pensado?, ¿hemos elegido libremente?, ¿somos lo que queríamos?, ¿o sin reflexionar nos hemos dejado llevar? Uno de los valores actuales es la cantidad en desmedro de la calidad; otro es la utilidad, otro el reconocimiento. Para una relación buena necesitamos, primero que nada, algo que nos una, crear lazos, contar con un ambiente que facilite el encuentro para una buena relación de esas que enriquecen el alma y dignifican a la persona. Estas relaciones se construyen en reciprocidad; no se encuentran, se construyen, entrando en contacto, sintiéndose y no sólo «leyéndose». Mirándose, tocándose y no sólo entendiéndose desde la razón. No es sólo saber decir, es saber escuchar, saber validar, y con esto se facilita el conocimiento y el reconocimiento, lo que aumenta la autoestima y la seguridad… Es el lenguaje emocional, indispensable.

Necesidad de otro El fenómeno tecnológico nos ha traído un desorden, un cambio de valores y de costumbres, en lo que hacemos y en lo que nos gusta, en lo que se usa y en cómo nos relacionamos. Pero en relación

El mundo globalizado, el estar interconectado virtualmente, el poder optar a nuevos espacios como internet (espacios que también son virtuales y no físicos), es decir, el vivir en un mundo tecnológico, nos ha proporcionado mucha información, pero casi nada de formación.

a lo que hago, a las modificaciones que provoco: ¿son un medio para qué fin?, ¿a dónde quiero llegar?, ¿qué quiero para mí? Todas son preguntas sin respuestas o con respuestas muy vagas. Estamos en un permanente aprendizaje basado en el ensayo/error: tenemos toda la información, pero muy poca formación para navegar en este mundo desconocido. Lamentablemente este proceso no puede realizarse con éxito en soledad, a pesar de los muchos espacios virtuales que tengamos. Cuando uno está solo inevitablemente se deprime y existe una alta probabilidad de que se refugie en algún tipo de adicción, como puede serlo el mundo que se abre en el computador. ¿De qué sirve el progreso tecnológico si la calidad de vida de la persona disminuye? Nosotros construimos nuestra realidad y el sentido de nuestra vida, o bien la destruimos. Hoy, a diferencia de ayer, tenemos infinitas posibilidades y muchas personalidades posibles en un blog o facebook. Es muy difícil construir nuestra identidad, que es única, cuando se nos muestra la posibilidad de tener muchas identidades. Hay que aprender a mirar, a escoger y a decidir, pero es fundamental conocer el fin, porque el tener muchas posibilidades no implica elegir bien para mí. Con muchos, demasiados amigos virtuales, pero cada vez menos amigos cercanos, reales, necesariamente nos vemos conducidos a una minusvalía emocional que impide construir nuestra realidad y darle un sentido a su vida. Lo que duele y frustra, llevando en muchas ocasiones, a la violencia. Hay cada vez más personas que refieren no ser felices. Indudablemente no estamos formando para una vida feliz. Crecer es ampliar la mente, es crear, es pensar, es construir. El mundo necesita más aporte de ideas que de tecnología, en busca de un equilibrio que nos aleje de esa violencia que puede volcarse contra uno mismo o contra otros.

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dossier Abraham Magendzo Kolstrein es doctor en Educación de la Universidad de Los Ángeles (UCLA), Estados Unidos, master en Educación e Historia de la Universidad Hebrea en Jerusalén, Israel. Se desempeña como director académico del programa de Doctorado en Educación y la cátedra Unesco de Educación en Derechos Humanos de Universidad de la Academia de Humanismo Cristiano e investigador educacional de la Fundación Ideas. Además es miembro del directorio de la Casa de la Paz. María Isabel Toledo Jofré es antropóloga y licenciada en Antropología de la Universidad de Chile, doctora en Ciencias de la Educación de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. En la actualidad trabaja como investigadora y profesora de la Escuela de Psicología de la Universidad Diego Portales.

Cuando el toro no es la víctima Lo del bullying llegó a nuestro lenguaje hace no más de cuatro años. Aunque el fenómeno se presenta en cualquier ambiente grupal, se ha popularizado para referirse a la intimidación entre estudiantes. Abraham Magendzo y María Isabel Toledo

En el último tiempo hemos observado a través de los medios de comunicación una dramática realidad. Hay hechos que no son aislados sino que dan cuenta de una situación compleja con diversas aristas que involucran a toda nuestra sociedad: una agresividad generalizada. Ésta se manifiesta cotidianamente en distintos ámbitos de la vida, percibiéndola también en las escuelas y siendo el bullying una de sus expresiones más preocupantes. El bullying se ha instalado en la opinión pública del país y su control está siendo considerado actualmente como una política pública,

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aunque todavía hay un largo camino por recorrer para que los establecimientos levanten proyectos e iniciativas concretas antibullying.

Uno de cada tres El bullying existe en todos los colegios y constituye un grave problema educacional. Es un fenómeno transcultural; es así como en Suecia se registró un 18 por ciento de intimidadores, 10 por ciento de víctimas y 9 por ciento de intimidadores que al mismo tiempo son víctimas; en Italia, 24,7 por ciento de muchachos y 31,9 por ciento de muchachas víctimas, 17,9 por ciento


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dossier/Cuando el toro no es la víctima

Toreo Es interesante hacer notar que el término bullying (torear) empleado por los países sajones recién hace tres o cuatro años, aparece en el vocabulario educacional del país. Cuando escribimos el texto Intimidación entre estudiantes: Cómo identificarla y cómo atenderla (Magendzo, Toledo & Rosenfeld, 2004) tuvimos que emplear la palabra intimidación ya que el concepto bullying era completamente desconocido en nuestro medio. En Noruega, Dinamarca, Suecia y Finlandia se emplea la palabra mobbing que se refiere, en el ámbito de la zoología, a las acciones defensivas de pájaros y animales pequeños contra un usurpador.

de muchachos y un 9,1 por ciento de muchachas intimidadores; en Canadá, 14 por ciento de niños de 4 a 11 años, según sus padres, es intimidador y 5 por ciento víctima; entre 10 y 11 años, 22,2 por ciento de estudiantes intimidador y 17,7 por ciento víctima, porcentajes que aumentan con la edad. En España, 39 por ciento sufre algún tipo de violencia, 24 por ciento es acosado, el 26,8 por ciento son hombres y 21,1 por ciento mujeres. En India entre los 8 a 12 años, un 31,4 por ciento de víctimas, 18,5 por ciento niñas y 38,2 por ciento de niños. A todas estas cifras, se suma el cyberbullying, un nuevo soporte que intensifica en tiempo y espacio las acciones de intimidación a que son sometidos algunos estudiantes cuando se utilizan las nuevas tecnologías. En Chile, no se han realizado estudios que midan la ocurrencia de la intimidación en los establecimientos educacionales. Sin embargo, el Ministerio del Interior y el de Educación han establecido que un 51,5 por ciento de los docentes y un 34,8 por ciento de los estudiantes perciben una alta ocurrencia de agresiones. El 91,7 por ciento de los alumnos observa agresiones psicológicas, 82,3 por ciento agresiones físicas, 40,1 por ciento atentados contra la propiedad, 24,2 por ciento amenaza permanente, 11,7 por ciento amenazas con armas y 3,1 por ciento agresiones sexuales. El 38,3 por ciento declara haber sido agredido por otro estudiante. Además, se observó que mientras más bajo es el índice de calidad de la convivencia escolar, más alta es la ocurrencia de agresiones.

Fuerzas desequilibradas Al abordar el tema del bullying a nivel escolar, nos referimos a una situación grupal, que trasciende a los dos involucrados (intimidado-intimidador), considerando el contexto y los pares. Por lo tanto, es un fenómeno que va más allá de lo individual y que requiere una intervención e involucramiento de toda la comunidad educativa. Es un maltrato físico o verbal desde un individuo o grupo hacia una persona en particular, en una

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situación de indefensión, de violencia prolongada, con un patrón de reiteración constante. Se vivencia con mayor frecuencia o intensidad hacia finales de la educación básica –entre los 12 y 14 años–, periodo en que niños y niñas están construyendo su identidad. Sin embargo, hoy se observa el fenómeno del bullying también en edades más tempranas. El bullying a nivel escolar se manifiesta en espacios reducidos, en la interacción entre pares, ante la ausencia de autoridades –rol reflejado en docentes u otros adultos–, quedando el individuo indefenso frente a la actuación del grupo. En el establecimiento de esta relación de fuerza, la identidad del sujeto intimidado se ve vulnerada y dañada. La víctima queda enmarcada bajo este rol, sumergida en una realidad latente que inevitablemente volverá a repetirse, lo cual podría también relacionarse con la disminución en el rendimiento escolar en tanto se genera un ambiente de aprendizaje desfavorable. Si seguimos el dramático caso de Pamela Pizarro –alumna de 13 años del Colegio Javiera Carrera de Iquique, quien se suicidó a fines del 2006– y lo analizamos con detención podemos constatar que corresponde al típico episodio de intimidación que ha sido descrito en la literatura educacional. Pamela sufrió agresiones con el propósito intencional de hacerle daño, por más de dos años. Una característica de la intimidación es precisamente, tal como ya se señaló, que se lleva a cabo de forma constante y reiterada durante un período largo de tiempo. Adicionalmente, es una relación interpersonal determinada por una asimetría de poder. Los intimidadores constituyen un grupo que ejerce su fuerza y poder contra otro grupo o persona que está en una situación de fuerza inferior. En estas situaciones es difícil que la víctima del bullying pueda defenderse. Pamela debía enfrentar sola, a un grupo de niñas que la acosaban y tenían mayor fuerza que ella. El bullying es producto de un tipo de relaciones donde a un sujeto se le marca la ausencia de una característica o condición esperada, o la


presencia de otra que no es socialmente valorada. Pamela era una alumna sobresaliente, con nota promedio cercana al 6,8 y muy hermosa. De acuerdo a la literatura una vez que una víctima ha sido elegida, cualquier característica puede ser utilizada para hacer operar la intimidación.

Dolor solitario En el caso de Pamela Pizarro, «la cultura del silencio» operó de manera sistemática. Ésta se consolida porque a los estudiantes les cuesta hablar sobre la situación en que se encuentran; el bullying es realizado, por lo general, en forma privada cuando no se cuenta con la presencia de adultos; muchos adultos sostienen que los niños son intrínsecamente inocentes; muchos adultos piensan que las disputas son normales entre los niños y jóvenes; un alto porcentaje de profesionales sobrevaloran el rol de la familia, particularmente la figura de la madre, como primera influencia de los niños, subestimando la potencia de la influencia del grupo de pares. Los padres de Pamela se quejaron en reiteradas ocasiones del maltrato del que era objeto su hija. Sin embargo, la directora, autoridades y profesores del colegio, no escuchaban y no procedían. Por el contrario, niegan invariablemente haber estado al tanto del asunto. Cabe hacer notar que, sin intención de justificar esta actitud, las autoridades educacionales y los profesores no cuentan con una definición clara y precisa de lo que es el bullying. De esta manera, se torna difícil poder reconocer a tiempo cuando un estudiante está siendo intimidado. Pamela era acosada también a través de los e-mails que recibía y el chat, lo que hace más severa e inclemente la intimidación ya que posee el poder del anonimato y deja en un estado de mayor vulnerabilidad al intimidado, lo cual se conoce internacionalmente como cyberbullying. Pareciera que la sociedad en general acepta y tolera los incidentes de intimidación en niños y/o jóvenes. Se argumenta que la mayoría de los adultos no sabe cómo enfrentar una situación de intimidación. Además, temen que el problema se agrave si realizan algún tipo de intervención. Es importante señalar que los países que han tomado conciencia del problema han actuado desarrollando una serie de estrategias específicas para enfrentarlo. Éstas han convocado a diferentes actores: estudiantes, profesores, padres, directivos educacionales y se realizan a nivel del establecimiento, de la sala de clases y, en casos específicos, de intimidados o intimidadores. Todo indica que las tácticas más eficaces son aquellas que pueden entenderse como integrales, que in-

Hacia finales de la educación básica, se vivencia con mayor frecuencia o intensidad, entre los 12 y 14 años, periodo en que niños y niñas están construyendo su identidad. corporan a toda la comunidad escolar y operan en los distintos niveles. Ahora bien, la integración de los padres es considerada en la mayoría de las estrategias, porque ella se define como fundamental. En países como Inglaterra y España, para citar sólo dos, existe la obligación por parte de los establecimientos de presentarles anualmente a las autoridades una estrategia antibullying. En términos esquemáticos se puede señalar que una estrategia debiera considerar a lo menos los pasos que siguen: 1. Toma de conciencia: Reconocer que el problema existe, que es grave y que intimidados e intimidadores requieren atención. No buscar culpables y buscar la decisión de enfrentar el bullying en conjunto con redes de apoyo. 2. Diagnosticar la situación: Describir la situación del colegio, cursos más impactados y casos individuales. Jerarquizar las necesidades. Y aplicar un instrumento con recursos accesibles y familiares. 3. Informar y educar, realizando campañas masivas y rompiendo la cultura del silencio. 4. Definir políticas antibullying del establecimiento, que sean participativas (de toda la comunidad educativa), sostenibles en el tiempo, que definan normas y apunten a cambiar relaciones interpersonales y climas discriminatorios e intolerantes. 5. Evaluar: reconocer avances y definir nuevas acciones. Para concluir, y retomando el caso de Pamela, consideramos que la prevención es un necesidad apremiante, ya que no sabemos cuántos otros jóvenes están sufriendo situaciones similares y nadie está haciendo algo por ellos. Pamela fue objeto de un acto de exclusión, de discriminación y, por ende, de relaciones marcadas por una profunda intolerancia y no respeto hacia el otro/otra, como legítimo otro/otra. Dado lo anterior, es imprescindible romper con la cultura del silencio que envuelve a todo el fenómeno de la intimidación, para colaborar desde el ámbito educacional a una sociedad más tolerante y respetuosa de la diferencia, incentivando de esta manera una cultura del diálogo, donde enfrentemos la resolución de conflictos, y en definitiva las relaciones humanas, con herramientas asertivas.

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dossier

Fuerzas cercanas: Amor y agresión Innatamente crueles y brutales. Así somos los humanos como especie. Conscientes de que podemos hacer daño –y también de evitarlo–, lidiamos con nuestras emociones más oscuras y las integramos, a través de la educación, con las más aceptadas socialmente. El psiquiatra Ricardo Capponi ha estudiado la agresividad y sus manifestaciones tanto en la niñez como en la vida adulta. Acá las comparte en una conversación con la REVISTA UNIVERSITARIA. por Miguel Laborde / Revista Universitaria

Dos son los momentos que tienen los padres y la sociedad para lograr que el niño y el adolescente aprendan a manejar su agresividad: el primero de los dos a los cuatro años, y el segundo a partir de los trece hasta los 14 años. Este último ciclo es «la segunda vuelta» y es visible tanto por el uso agresivo del Facebook para atacar a un compa-

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ñero (a) como por el uso de fuerza innecesaria, brutal y creciente, por parte de delincuentes juveniles de esa edad. A juzgar por los resultados, padres y sociedad están fallando en el modo de enfrentar la formación relacionada con los cauces de la agresividad y la crueldad.


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dossier/Fuerzas cercanas: amor y agresión

Ricardo Capponi es psiquiatra y psicoanalista (IPA) con función didáctica, y past-president de la Asociación Psicoanalítica de Chile. Es miembro del Consejo Superior de la Universidad Alberto Hurtado y del Comité de Ética del Canal 13 Televisión. Entre sus libros destacan tres éxitos: Psicopatología, Chile: Un duelo pendiente y El amor después del amor.

«Para nosotros, humanos, la relación con el otro es muy personalizada; deja un recuerdo indeleble de lo que hemos vivido juntos. Si fue algo amoroso, habrá un anhelo de reencuentro; si hubo odio, agresividad, se agita un deseo de venganza». En conversación con el siquiatra Ricardo Capponi, REVISTA UNIVERSITARIA analizó de qué manera las personas nos relacionamos con el lado más oscuro y tabú de nuestras emociones.

«El odio liga más que el amor» Para Capponi, la agresividad es parte esencial del humano, y su ejercicio es tan fundamental que a partir de los primeros meses de edad «su descarga se liga a experiencias de placer». En este aspecto nos diferenciamos de los animales: «La leona puede tener sexo con el macho que acaba de matar a sus cachorros, porque no recuerda, no resiente... En cambio, el ser humano queda fijado en algo así, profundamente, porque el odio liga más que el amor. Es más difícil sacarse de la cabeza a un ser que odiamos que hacer el duelo por la pérdida de un ser amado». El reaccionar con agresiones hacia un ser odiado, llegando a acciones crueles, sería consecuencia y prerrogativa del ser humano, un ejercicio de su especial libertad: «No es algo privativo de La Quintrala, es propio de todos los que tenemos pasado, presente y futuro. Para nosotros, humanos, la relación con el otro es muy personalizada; deja un recuerdo indeleble de lo que hemos vivido juntos. Si fue

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algo amoroso, habrá un anhelo de reencuentro; si hubo odio, agresividad, se agita un deseo de venganza. La agresión es tremendamente importante en la relación humana. La misma relación amorosa brota y se desarrolla solamente cuando se ha depurado de la agresión. Las parejas se separan por la acumulación de resentimiento, por un odio no elaborado. Las parejas que saben depurar el odio que se instala en la relación son las que finalmente acceden al amor. No hay amor sin odio, como no hay odio sin amor».

Adolescencia cruel La aparente paradoja se debe a que esa pulsión, que puede devenir cruel y agresiva, es la misma que ayuda a conformar el yo, una personalidad asertiva capaz de defenderse y hacer respetar sus derechos. Pero esa agresividad es una energía que, mal usada, se transforma en crueldad. «En la primera adolescencia es muy visible. Por ejemplo, se idealiza a un líder, algo muy propio de esa etapa, pero detrás de eso hay rabias e inseguridades propias. Con el sistema nervioso central incompleto todavía, inmaduro, funcionando por ensayo y error, los adolescentes llegan a extremos de una crueldad sorprendente, que incluso se pude volcar contra alguien a quien antes admiraban e idolatraban». Es en esa etapa, al mismo tiempo, donde se da una gran oportunidad, la segunda y última, para elaborar el impulso agresivo de un modo socialmente adecuado. «Es cuando los adolescentes todavía no tienen sus conductas elaboradas y por lo tanto, se puede trabajar con ellos, y conviene hacerlo siempre, porque este impulso es uno de los elementos centrales en la elaboración de la mente. Por supuesto que se vive un grado de riesgo, porque el adoles-


cente está viviendo la separación respecto de los padres. Si hay enfrentamientos con ellos, pero en buenos términos, con acogida y comprensión, esa separación será sana. En caso contrario, es muy frecuente que el adolescente que no tuvo esa pulsión, que no vivió esa tensión, experimente más tarde una crisis en la mitad de la vida». Tampoco es fácil el proceso para los padres. «La adolescencia es una etapa de mucha ansiedad, compleja, y eso mismo aleja a muchos padres. Pero habitualmente los padres abandonadores, descuidados de los procesos de los hijos, están tras esos adolescentes que forman pandillas lideradas por alguno que presenta trastornos, rasgos anormales, que pueden llegar a la violencia cruel. Más atrás, casi siempre hubo una infancia sin elaboración del impulso agresivo». La influencia de los padres va aún más allá. «El instinto asociado es parte de nuestra carga genética, se hereda, está marcado por la biología. El medio y los padres pueden ser muy contenedores, pero puede funcionar la herencia y el individuo ser finalmente muy agresivo. Eso sí, eventualmente funciona el espacio de la libertad, y el medio y los padres logran imponerse sobre la carga genética. De ahí la importancia de los padres acompañadores, porque si hay en el grupo del hijo un líder con trastornos, y el hijo tiende a acercarse a esa dinámica agresiva, por soledad, la acción de los padres puede apartarlo». La responsabilidad recae sobre los adultos, cosa que los cambios sociales que se han producido en el tiempo no han reforzado. «En los años 60 se pasó de un sistema de educación impositivo a uno más libre, del padre fiscalizador de los cumplimientos de las normas a uno complaciente, con lo que se perdió ese atributo de control bajo el cual las conductas agresivas quedaban sepultadas por temor al castigo. Eso, sí, solo sepultadas, lo que tampoco era una solución. Se requiere que los padres tengan una cercanía para ayudar a sus hijos a formarse, a contener la agresión, a elaborarla e identificarse con una conducta agresiva que esté al servicio de la defensa, de la destrucción de lo vicioso y lo dañino; de su uso positivo, que lo tiene».

El placer culpable

Europa y el bullying El fenómeno de la violencia escolar traspasa fronteras e, incluso en los países de sociedades más desarrolladas, es un problema. Es así como en Dinamarca, Finlandia, Alemania, Portugal y el Reino Unido, se han hecho estudios cruzados para detectar las principales tendencias en cuanto al bullying. Así, han concluido que: • La forma más típica de violencia es la verbal. • Hay un alza en la violencia desde mediados de los años ochenta hasta principios de la década de los noventa. • El auge en la violencia en los colegios es menor que el de la violencia juvenil en general. • La violencia juvenil se ha hecho cada vez más visible en los medios. Otras investigaciones realizadas en dichas naciones han revelado que tanto el comportamiento violento como el que convierte a los niños en víctimas, provienen de distintas fuentes que interactúan de manera compleja. Algunas de las que convierten a los niños en victimarios son: • La violencia intrafamiliar. • Pertenecer a una familia sin ningún tipo de privilegio económico. • Las inconsistencias en la formación. • Un bajo nivel educacional. • La alta necesidad de estimulación. • Un bajo umbral de inhibición. • La violencia grupal y presión social. • La mala integración social de los inmigrantes. • La influencia de los medios de comunicación. Las que son asociadas con la potencialidad de ser víctima: • Ser educado de forma restrictiva. • Estar aislado y no ser popular en el colegio. • Ser más temeroso, depresivo e inseguro que otros alumnos. • Tener un comportamiento defensivo. • Tener menos amigos que otros alumnos.

Los rangos de agresividad son amplios, van desde conductas familiares o laborales que buscan el sometimiento del otro, sin llegar a la violencia y menos a la crueldad, a veces con agresiones sublimadas, hasta la crueldad sádica; en algún punto de esa escala, aparece el placer. «En seres con trastornos, el grado de placer incorporado se apodera de la situación, y entonces domina las acciones del individuo. El que tiene

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dossier/Fuerzas cercanas: amor y agresión «Necesitamos más elaboración y menos represión. Los pueblos antiguos, más sabiamente, valoraban al hombre capaz de ser fuerte y no solo bondadoso, capaz de sacar fuera su ira por una causa noble».

tendencias sádicas canalizará su trastorno siendo cruel, torturando física o sicológicamente a otros; los menos anormales pueden ser entrenados para orientar positivamente su pulsión agresiva». En el primer caso, si el trastorno se vuelve colectivo sus consecuencias son, por supuesto, mucho más peligrosas. «Cuando el odio es compartido se potencia el fanatismo, en que hay una identificación entre los que encuentran un placer justificado, en que el odio se legitima por estar supuestamente al servicio de un bien superior, y la crueldad se pretende aceptable si se ejerce contra los que no comparten mi ideología». Este placer debe analizarse, entonces, porque su incidencia social es de grandes proporciones. «Por su peligrosidad siempre se ha buscado controlarla, pero ese factor placentero lo dificulta. Es por eso que el autoritarismo, las normas, los castigos, no son suficientes para canalizar este rasgo del ser humano. Es algo más complejo».

Aprendizaje temprano De ahí la importancia, entonces, de abordar el problema desde «la primera vuelta», ésa que aparece entre los dos y cuatro años de edad, en que los niños debieran aprender el manejo de su agresividad al servicio de la defensa y de una sana comunicación. «Mientras más eficiente sea ese aprendizaje, esa formación, más fácil será el proceso de la adolescencia, menos conflictivo el choque generacional y más posible que esa energía se oriente a la

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creación de un mundo nuevo y no en forma destructiva. Los años 60 abrieron el tema, pero quedó incompleto, disminuyó la represión, el autoritarismo, pero ahora falta la canalización positiva de toda esa energía que, desarrollada en libertad, podría transformarse en una energía creativa que no podemos ni imaginar, porque nunca se ha administrado bien en la historia humana». El proceso, en todo caso, muestra avances. «Hay logros, respecto de las formas de agresión que antes se enfrentaban solamente con disciplina y normas. Existe una conciencia mucho mayor de la dignidad de todo ser humano, y eso mismo ha permitido que los niños sean menos ingenuos, que los jóvenes no comulguen con ruedas de carreta, que manejen mejor su energía defensiva, que se rebelen contra presiones para someterlos, que exijan más autenticidad en las relaciones de amistad, de pareja o laborales». Potencialmente destructivas, las energías sexuales y agresivas han tendido a ser reprimidas, pero cada vez más se advierte su inmenso potencial. «Se quiso tapar, sepultar, pero tanto el individuo como una sociedad, tarde o temprano, van a experimentar una crisis por toda esa energía acumulada, que no se usó sanamente para formar una identidad, o va a experimentar cuadros sicosomáticos, o experimentará depresiones. Necesitamos más elaboración y menos represión. Los pueblos antiguos, más sabiamente, valoraban al hombre capaz de ser fuerte y no solo bondadoso, capaz de sacar fuera su ira por una causa noble. Se ablandó, se deshuesó la personalidad, cuando justamente por ahí se canalizaban energías que, al no tener una salida adecuada, pueden ser agresivamente crueles». Estaríamos viviendo el tránsito de una cultura a otra. «Como toda época de transición, nos pone los pelos de punta porque nos deshicimos de un modelo autoritario y no hemos sabido crear el nuevo, pero está claro que nos puede llevar a una sociedad mucho más humana e interesante».


SATURNO DEVORANDO A UN HIJO, FRANCISCO DE GOYA

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reseña Curriculum vitae Lecciones para las nuevas generaciones Fernando Castillo Velasco Editorial Catalonia, 2008, 212 páginas.

En poco más de 200 páginas, Fernando Castillo Velasco, ex alcalde de La Reina, ex rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile y ex intendente de Santiago, recapitula su vida profesional y su visión de lo que es hacer ciudad, al cumplir 90 años. Castillo Velasco rememora una «historia compartida» con colegas, estudiantes y vecinos sobre lo que significa construir ciudades y vivir en comunidad. Como arquitecto y político, Castillo Velasco quiere alertar al país de lo que a su juicio es una sociedad crecientemente individualista, que sólo genera desconfianza y violencia. Espera que sus escritos reimpulsen la cultura cívica de los chilenos y, por eso, su libro no está dividido en capítulos, sino en nueve lecciones de vida. En la primera lección, «Desde los valores de vivencia y convivencia», el profesional comenta su gestión como alcalde de La Reina en varios periodos desde 1965. También divide los beneficios de la interacción entre las personas en varios círculos. El primero y más fundamental sería la familia. Luego vendrían los amigos, después los colegas, Santiago como gran hogar, el país como territorio intervenido por todos, la lengua española como unificadora de los his-

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panoamericanos y finalmente otras ciudades del mundo por las riquezas que sus habitantes, con sus semejanzas y diferencias, aportarían al resto de la humanidad. La segunda lección se titula «Fascinación y olvido». «Le regalaría a la gente la capacidad de fascinación, que está un paso más allá del entusiasmo», escribe. Y lo ejemplifica con la reforma experimentada por la UC en 1968 y que recuerda como una «cascada de creatividad». Como primer rector laico del plantel, vio que el proceso fue muy participativo y lo apoyó. Tras el golpe de Estado de 1973, cuenta que aprendió a valorar también el olvido, a no quedarse atrapado por una experiencia. La lección, «La arquitectura como lección de vida I», es su tercer mensaje. El trabajo con

su estudio de arquitectos para la creación de Villa Portales unida con la Universidad Técnica del Estado, en Estación Central, le permitió entregar el primer campus universitario a la capital. «[Fernando Castillo] sabe observar con todo el cuerpo, tanto el suelo sobre el que camina como los espacios o edificios circundantes, el estilo del barrio y sus habitantes», agrega en las páginas su amigo y colega Herman Schwember. Ya en su quinta experiencia, «La arquitectura como lección de vida III», aborda la construcción de sus famosas «comunidades Castillo Velasco», etapa en que consolida su visión de la arquitectura como disciplina social. «Todo proyecto de vivienda social involucra a un grupo más grande que la sola familia nuclear y dicho grupo exhibe desde el principio algunas convergencias que determinan una voluntad de convivir», explica. Y cuenta que su inspiración proviene de la construcción de la Villa Universidad Católica, barrio de la comuna de Macul en que conviven armónicamente funcionarios, profesores e investigadores de tal casa de estudios. En su séptima reflexión, «Humanismo y política», concluye que el hombre es el centro de toda acción humana, por sus potencialidades de creatividad, responsabilidad y solidaridad. Y junto a éste


Diálogo con el pasado Por la salud del cuerpo. Historia y políticas sanitarias en Chile María Soledad Zárate (Compiladora) Ediciones Universidad Alberto

pone al Estado como agente político fundamental para articular la convivencia solidaria entre las personas. Recuerda el fenómeno del humanismo cristiano entre los años 30 y 50, cuando Frei Montalva, Tomic y Leighton forman la falange con el compromiso de estudiar y cambiar los aspectos económicos, sociales y políticos del país. «El mero desarrollo, por sí mismo aislado, no sólo no funciona, sino que es intrínsecamente imposible. La sana convivencia exige una formas de civilización que no es suficientemente incorporada en la visión tecnocrática y economicista del desarrollo», escribe. Y aunque su penúltima reflexión, «Las luchas con la muerte», se podrían ver como algo netamente personal, también desea que tal suceso se aprecie como una lección más para enfrentar con dignidad el final de la vida. Gracias a ella se animó a escribir sus memorias; patentar una vida de aprendizajes. De hecho en la última parte, «Cerrando el círculo... sin querer hacerlo», medita que el solo hecho de vivir es una permanente universidad. Y la clave para avanzar sería estar plenamente conectado con las experiencias diarias que nos da el contacto con otras personas y donde el valor del prójimo, por su formación cristiana, siempre será fundamental.

Hurtado, 2008, 284 páginas.

«Parte de la historia de Chile es la historia del cuerpo de quienes han padecido enfermedades y de quienes han buscado el bienestar en los hospitales, consultorios médicos y programas sanitarios». Tal como expresan las palabras de Soledad Zárate, esta obra hace presente una de las pulsiones más básicas de la historia; el amor a la humanidad. Cuando éste se aproxima al campo de la medicina, se hace aún más grande, pues los médicos antes de ser científicos han sido una cofradía que reúne a quienes se han propuesto luchar contra el dolor y buscar una vida mejor. La pasión por la humanidad hermana a la historia y la medicina. Este libro muestra una de las virtudes más importantes del historiador: la capacidad de comprender a otros, de ponerse en escenarios imaginarios, en mundos pasados, para valorar sus distancias y medidas, valores, sensaciones y tensiones, para comprender en ese contexto el comportamiento de personas. ¿No es este acaso uno de los aspectos más comprometedores y, al mismo tiempo, más emocionantes de nuestro oficio? Si bien Por la salud del cuerpo es una obra que habla de políticas de salud, las autoras tienen la preocupación constante por conservar la relación con la escala humana. Una de las grandes virtudes que este grupo

comparte es el impecable trabajo de aproximación a las fuentes y su uso inteligente, imaginativo, creativo. Esta capacidad de entender con un sentido amplio y adecuadamente contextualizado esas voces que nos llegan del pasado, es digna de celebrarse en todo texto de historia, pero aún más en uno que se refiere a un área de conocimiento que posee léxicos particulares, actuando las historiadoras como acertadas traductoras de un mundo pasado. No sólo la relación con las bases de la investigación son admirables, sino también la forma de sincerar y explicitar ese diálogo entre presente y pasado, pasado y presente que muchos de nosotros deseamos de la disciplina de Clio. Este diálogo constituye una de las mayores virtudes de este trabajo colectivo. Sin ser ostentoso o desproporcionado en sus ambiciones, es un diálogo entre hombres y mujeres que viven entre el dolor y la esperanza, al amparo de una medicina que busca salidas. Un diálogo con los temores y las ilusiones de quienes comprometieron sus vidas con la defensa de la vida, con las opiniones de época y las voces de actores que ya hace tiempo pasaron por este mundo, pero

Pablo Barrenechea

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reseña que, a través de estas páginas, se nos vuelven contemporáneos. Es también un diálogo entre mujeres dedicadas al oficio de la historia, que establecen un programa común determinado por la voluntad de entender mejor un fenómeno muy evidente y, sin embargo, muchas veces obviado: el cuerpo. El cuerpo que recibimos es nuestra principal constricción, nuestro equipamiento básico, la parcela que podemos cultivar –como pensaban los humanistas del Renacimiento–, y sin embargo durante largo tiempo ha sido ignorado. Esta tendencia a ignorar fenómenos tan trascendentes y presentes cotidianamente se corrige en parte en esta obra, que explicita las diversas expresiones de la corporeidad y que da cuenta de las variaciones de sus percepciones y representaciones, en salud y enfermedad y hasta que la muerte nos separe. El diseño del trabajo común y las preocupaciones y acentos compartidos por las autoras evidencian una preocupación clara por los asuntos de interés público y por la función social de la historia, que se pone al servicio de la mejor comprensión de un aspecto de nuestra realidad presente, importante y sensible. La reflexión sobre las dimensiones y alcances del papel del Estado en Chile en materias sanitarias, sobre las complejas y a veces evasivas fronteras entre esfera privada y pública, entre intimidad e interés general, sobre actores evidentes y algunos postergados, son aportes riquísimos que este libro entrega a la comunidad historiográfica, pero también a otras comunidades intelectuales y humanas. Sería deseable que el texto circulara entre quienes se dedican a las políticas públicas, entre legisladores y políticos, entre comunicadores y periodistas. El hacer llegar estas iluminadoras páginas sobre la lucha contra la enfermedad y por la prevención

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de su aparición permitirá dar espesor a debates en los que en muchas ocasiones falta sustancia y en donde fantasmas y temores parecen campear. Me gustaría destacar la audacia, entusiasmo y convicción con que se abordan los temas estudiados, proponiendo una lectura a la vez muy de época, esencialmente empática, pero, al mismo tiempo, muy actual. Hay en las propuestas originalidad y curiosidad, voluntad de saber y deseos de explicar con claridad las dimensiones de las zonas exploradas por las investigadoras. El hecho de que en el libro se plantee explícitamente la relación entre poder, enfermedad y salud es también un dato importante, pues busca no sólo revisar las políticas sanitarias, sino también contribuir a enriquecerlas desde la especificidad de la contribución del ciudadano historiador. Muy ligado a lo anterior, desearía subrayar la voluntad de llegar a fondo en las líneas de análisis del pasado y de proyección del futuro, caracterizada por la valentía y la libertad con que se abordan los casos emblemáticos elegidos, que recorren de cerca un siglo en torno a la vida de los chilenos, sus cuerpos y su salud. Un último argumento a destacar, y que considero esencial en un historiador, es el de la responsabilidad con que abordan sus estudios, haciéndose cargo de lo que las ideas y propuestas propias implican. Abordar temas nuevos implica desafíos y también posibilidades de fundar lenguajes, establecer campos de acción, constituir arsenales conceptuales, y me parece que en estas historiadoras hay una sana voluntad de hacer todo esto sin alardes ni artificios, sin ser innecesariamente crípticas o escudarse en muros de sobreinterpretación, tan abundantes en los últimos tiempos. Claudio Rolle Historiador UC


Dirija sus cartas a runiversitaria@uc.cl o a Alameda 340, oficina 10, Santiago.

Evitar las simplezas Señor director: Escribo para felicitarles por la revista. Me ha sorprendido. Había leído otras publicaciones de divulgación académica, pero todas las encontraba deficitarias, algunas en cuanto a su retórica y otras en su diseño. En cambio, ésta que ustedes publican es de muy buen nivel en casi todos sus aspectos, al menos en lo que en estos últimos números me ha tocado leer. Cierto, eso sí, que algunos artículos que tocan temas profundos tienden a irse por las ramas o se ponen a hacer simplificaciones algo groseras en un afán por no complicar al lector. Afortunadamente son los menos y creo que el rol comunicativo de la revista no ha pasado avasalladoramente por encima del respeto y el valor que entrañan las ideas y el conocimiento. Atentamente, José P. Reyes Saldías Ingeniero comercial y licenciado en Estética.

Valparaíso Señor director: Agradecido quedé luego de leer la edición número 101 de la REVISTA UNIVERSITARIA. Esto por el rotundo y definitivo cambio que generaron las imágenes del Valparaíso de la segunda mitad del siglo XIX que en ella se incluyeron. Como visitante del puerto no podré dejar de lado la idea de cómo logró resurgir, luego de la destrucción que significó el ataque español y, hoy más que nunca, complementándolo con las evocaciones que me generaron los registros de Castro y Ordóñez. Dije que agradecido pues, sin lugar a dudas, este ha sido un regalo más que he recibido a través de la Revista que usted dirige, y también porque siento que debe ser el que más movimientos ha provocado en mi imaginación. Esperando un nuevo remezón, se despide atentamente de usted, Cristóbal Santelices Abogado

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letra fresca

¿Ficción o historia?

Las novelas históricas están en los primeros lugares de ventas en las librerías de nuestro país. Atraen a un público sediento de conocer lo que pasó siglos atrás, mirado desde la perspectiva de un autor que cuenta detalles y vivencias de atractivos personajes. En América Latina comenzaron a aparecer en 1826 y hoy que son furor surge una pregunta incómoda: ¿Qué tanta base tienen en la realidad? por María Ester Martínez / Facultad de Letras UC

María Ester Martínez Sanz es doctora en Literatura Comparada de la Indiana University, Bloomington, master en Literatura Inglesa de la University of Wisconsin, Madison, y profesora de inglés de la UC. Su área de investigación son los géneros del yo. Sus últimos trabajos son la traducción de María Graham. Diario de mi residencia en Chile en el año 1822 (2006) y la edición del Diario de un viaje a California, 18481849 de Vicente Pérez Rosales (2007).

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«ENFERMA DE AMOR I», MARGARITA DITTBORN


letra fresca/¿Ficción o historia?

La «novela-histórica» pasa por

uno de sus mejores momentos. Este género literario ha tenido un crecimiento considerable en autores, obras y lectores en todo el mundo. Son obras que están construidas sobre la base de sucesos y personajes, cuya reformulación histórica se bate en lo más alto con best-sellers y la re-edición de novelas como Cien años de soledad. Una de las razones que explicaría este fenómeno es que el género permite revisar el pasado desde el presente y, a la vez, formular nuevas preguntas e interpretaciones a partir de supuestos que no son los de un historiador tradicional. Escritores y lectores latinoamericanos manifestaron interés por lo que sería la «novela-histórica» desde su primera aparición en el siglo XIX. Para comprender este interés, tenemos que recordar que la novela es un género literario que indaga sobre lo humano, sobre la búsqueda del sí mismo y de aquello desconocido que habita en nosotros mismos. En cambio, el relato histórico nos enclava en un tiempo y espacio determinados, nos otorga permanencia y nos muestra una condición humana que puede ser considerada universal, aunque se den situaciones colectivas que señalen otra realidad. Por lo tanto, la conjunción «novela-histórica» enfrenta al lector a un oxímoron; es decir, a una misma estructura que combina dos términos que en sí mismos tienen significados opuestos, pero que juntos originan un nuevo sentido que tiene como propósito revelar verdad y belleza. Quizás lo que más cautiva en este género es que, además de interpretar, cada lector puede concluir lo que en su estimación es una verdad histórica, a partir del texto que tiene delante suyo. Sin embargo, también debemos recordar que toda novela en sí misma y por sí misma es una verdad indiscutible porque es la verdad de su autor, y de esa obra muchas veces surge un mito literario que guía el subconsciente colectivo permitiéndole conocer diversos tipos humanos, épocas y circunstancias, tal como sucede en Historia de dos ciudades,

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El reino de este mundo, La guerra y la paz, Martín Rivas, Los pioneros y tantos otros textos que se conocieron originalmente bajo la designación de novelas, pero poco a poco fueron traspasando fronteras y hoy son catalogados como «novelas-históricas».

El comienzo de las historias

Quizás lo que más cautiva en este género es que, además de interpretar, cada lector puede concluir lo que en su estimación es una verdad histórica, a partir del texto que tiene delante suyo. Sin embargo, también debemos recordar que toda novela en sí misma y por sí misma es una verdad indiscutible porque es la verdad de su autor.

El cultivo y desarrollo del género en América Latina data de 1826 cuando las naciones latinoamericanas comenzaban a ejercer su independencia y literariamente estaban bajo la influencia del escritor romántico inglés Sir Walter Scott. Se trata de la llamada «novela-histórica-tradicional» que en su inicio tenía como tema la libertad expresada en imágenes y en sentimientos. Estas obras se configuraban sobre la base de lo que entonces se consideraba patriota y heroico, a fin de contribuir a la consolidación de la autonomía nacional. Entre los primeros chilenos que cultivaron la «novela-histórica-tradicional», se encuentran José Victorino Lastarria y Alberto Blest Gana, autores que no reflexionaron sobre el estado de la cultura ni mostraron interés por lo literario como objeto de expresión estética, sino que escribían para cumplir con una responsabilidad y un sentido misional de promover materias y situaciones que en su opinión eran esenciales a la razón soberana y sano juicio. En este siglo fue frecuente que los escritores consideraran como su deber moral el producir obras que educaran sana y cívicamente; de hecho, Lastarria al asumir la dirección de la Sociedad Literaria en 1842, llamó a «escribir para el pueblo, combatiendo sus vicios y fomentando virtudes, recordando sus hechos heroicos, acostumbrándole a venerar la religión y sus instituciones… [porque] este es el único camino que debéis seguir para consumar la grande obra de hacer nuestra literatura útil y progresiva». Esta actitud y cultivo de lo que hoy llamaríamos una narrativa pseudo moral e histórica se fue consolidando en el continente latinoamericano a medida que las


REFLEXIONES DE WILLIAM OSPINA La escuela de la noche (Editorial Norma, 2008) es el último volumen de ensayos del célebre escritor colombiano William Ospina. En él invita a los lectores a meditar sobre temas tan fundamentales como la guerra, la poesía, la ciudad, la infancia, la educación y la pequeña línea que separa la realidad de la ficción en las novelas históricas. REVISTA UNIVERSITARIA presenta algunos de sus planteamientos sobre este último tema.

«Es indudable que en sus recreaciones de los episodios de la Guerra de las Dos Rosas, sobre todo en las tres partes de Enrique VI, Shakespeare sigue fielmente las crónicas de Holinshed, la historia convencional de Inglaterra. Se ciñe a la historia, pero es evidente que su intención es ir más allá de lo que hasta entonces el relato histórico podía hacer. Los hechos están allí, y son casi siempre fieles, pero los personajes hablan con una libertad y con una plenitud emocional tan intensa, que cualquier erudito celoso tendría que reprocharle al autor el afirmar cosas que no están documentadas. Shakespeare no hace caso. Para que los hechos ocurrieran como ustedes dicen, parece responderles, es necesario que los personajes hablaran como yo los he hecho hablar o al menos pensaran como yo los he hecho pensar». «Hablar de novela histórica es hablar por lo menos de dos aventuras distintas. En el menor de los casos, de un esfuerzo de los escritores por dramatizar con fines de divulgación la información y la documentación que existe sobre un determinado personaje o una determinada época, sin mayores pretensiones literarias o filosóficas. En el mayor, de un esfuerzo de relectura y reelaboración de nuestra idea del pasado, en el que se procura que el lenguaje creador sea el instrumento de esa transformación. Es difícil que alguien se anime a escribir una novela histórica de grandes dimensiones sin una intención de modificar el pasado, es decir, la memoria que tenemos de él. Pero modificar no significa adulterar sino por el contrario restituir una verdad probable perdida o deformada por la historia». «Dicen que en los primeros años del siglo XIX, Napoleón se encontró con Goethe en un salón de Weimar y le pidió que escribiera una tragedia sobre Julio César, comprometiéndose a hacer que la estrenaran en París. ‘La tragedia’ –añadió– ‘está por encima de la historia’. Era un pequeño homenaje que Napoleón, que en ese momento encarnaba la historia, le estaba haciendo al espíritu de la tragedia, a la verdad profunda del arte».

diversas naciones fueron obteniendo su independencia. Poetas, narradores y ensayistas escribían imbuidos de un romanticismo que los hacía sentirse responsables de la conducción de su nación, así como contribuyentes a la preservación de sus valores y tradiciones.

Identidad nacional Como consecuencia de las diversas experiencias históricas y políticas, y de los estímulos provocados por las celebraciones del quinto centenario del descubrimiento de América, hacia 1979 la temática de la «novela-histórica» se concentra en la búsqueda de la identidad nacional. Estas «nuevas-novelas-históricas», según las llama Menton, reformulan el concepto acuñado por el crítico mexicano Edmundo O’Gorman en 1958, «la invención de América» (una interpretación y valoración del viaje de Colón

desde la perspectiva de la ciencia y los conocimientos adquiridos con posterioridad a la gesta) presentando obras que muestran un universo propio, centrado en sí mismo, pero con un fuerte deseo de artificiosidad. Entre estas obras se encuentran La consagración de la primavera de Alejo Carpentier, El otoño del patriarca de Gabriel García Márquez, Yo, el supremo de Armando Roa Bastos, Terra nostra de Carlos Fuentes y La guerra del fin del mundo de Mario Vargas Llosa. Todos textos que someten las referencias históricas a la trama para recrear lo que el crítico Darío Villanueva llama «realismo formal». De acuerdo a este concepto, la comprobación de lo que se presenta como verdadero no es crucial, tampoco la visión particular de la historia requiere de justificación, porque lo medular lo constituye la novedad de la trama desde el punto de vista de protagonistas y narradores. En otras

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«ENFERMA DE AMOR II», MARGARITA DITTBORN

letra fresca/¿Ficción o historia?

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palabras, novelar e historiar se han hecho equivalentes a tramar, fraguar y urdir nuevas posibilidades, por lo tanto, los elementos se consumen entre sí, cada uno reclamando la legitimidad de su proceso. En el mismo período, el historiador Hayden White contribuye a revitalizar la discusión del tratamiento de la historia afirmando la insostenibilidad de una distinción entre el relato histórico y el de ficción. Para él, toda historia toma su forma de una metahistoria, una historia de la historia, que se transforma en un texto arquetípico al que el escritor recurre para dar forma y estructura al pasado. Por lo tanto, las metahistorias no se encontrarían grabadas en la memoria, sino serían impuestas por el autor para dar continuidad y significado a los hechos, de acuerdo a una intención pre-establecida.

«ENFERMA DE AMOR III», MARGARITA DITTBORN

Lo que viene El futuro de la «novela-histórica» es muy interesante y prometedor. Seguramente elaborará temas que representarán lo que el sociólogo Alain Touraine señala en Un nuevo paradigma para comprender el mundo de hoy. Según él, luego de dos siglos del triunfo de la economía sobre la política, el panorama cultural y social se ha tornado especialmente confuso y nos encontramos ante la necesidad imperiosa de contar con un nuevo modelo. Éste no puede ser una mera reelaboración de los anteriores, porque la realidad cultural ha adquirido tal importancia que, para establecer y comprender un nuevo paradigma, éste se debe organizar en torno a una re-formulación de lo cultural, de manera que ofrezca nuevas vías ante la desaparición de los referentes, la eliminación de las distancias, el individualismo que esconde la fragilidad del yo que está siendo constantemente modificado, las nuevas categorías

A pesar del interés y proliferación de la «novela-histórica», los estudiosos insisten en señalar las dificultades que presentan estas obras y que se originan en la ausencia de parámetros que regulen el comienzo y el término de las referencias históricas, así como de las contemporáneas.

culturales y la inmensa expansión de los mercados. Sin embargo, y a pesar del interés y proliferación de la «novela-histórica», los estudiosos insisten en señalar las dificultades que presentan estas obras y que se originan en la ausencia de parámetros que regulen el comienzo y el término de las referencias históricas, así como de las contemporáneas. Una segunda problemática la conformaría la excesiva libertad de imaginación que muchas veces transforma la trama en una simple fantasía y, por último, la excesiva complejidad que arroja la presencia e incursión de géneros afines (testimonios, biografías, autobiografías, confesiones). Quizás una forma de abordar estas y otras dificultades sería una armonización de conceptos y géneros que aparentemente ofrecen contradicciones, y así develar nuevas posibilidades cuyo sentido y significado desprendan de una interpretación lógica, tal como sucedió con las primeras «novelas-históricas».

PARA LEER MÁS • La nueva novela histórica de la América Latina, 1979-1992, Seymour Menton, Fondo de Cultura Económica, México, 1993. • Un nuevo paradigma para comprender el mundo de hoy, Alain Touraine, Paidós, Barcelona, 2005. • El texto histórico como artefacto literario y otros escritos, Hayden White, Paidós, 2003.

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«Cuando decimos ‘formación’ [Bildung] nos referimos a algo más elevado y más interior, al modo de percibir que procede del conocimiento y del sentimiento de toda la vida espiritual y ética, y se derrama armoniosamente sobre la sensibilidad y el carácter». Wilhelm von Humboldt, Gesammelte Schriften VII, 1, 30.

Juan Larraín

El investigador

Científico apasionado, este profesor de la Facultad de Ciencias Biológicas es un investigador que goza con los experimentos. Y esa dedicación le ha dado frutos ya que con menos de 40 años, obtuvo un reconocimiento mundial: la Medalla Pío XI 2008, otorgada por la Academia Pontificia de Ciencias y entregada de manos del Papa Benedicto XVI en el Vaticano. Desde su laboratorio, Larraín lidera investigaciones en el campo del desarrollo embrionario (biología del desarrollo) y la regeneración de tejidos. Su trabajo no sólo enriquece el conocimiento sino que también ha sido un aporte en la búsqueda de la respuesta sobre cuándo comienza la vida. Él lo tiene claro: «A partir del momento de la fertilización». Aclara, eso sí, que la ciencia no resolverá nunca temas valóricos o filosóficos. Ese es desafío de otros. por Daniela Jorquera Gastelo / Revista Universitaria

LA CIENCIA

Si pienso hoy porqué me dediqué a la ciencia, la respuesta es no sé. En el colegio me gustaba mucho la biología y las matemáticas. Leía la revista Scient if ic American. Un conocido de la familia que es médico cirujano, Manuel Irarrázaval, alguna vez me trajo aquí, a la Facultad de Ciencias Biológicas, a ver los microscopios. En esa visita decidí que iba a estudiar

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Bioquímica. Al final de la carrera empecé a trabajar en laboratorios y ahí me di cuenta de que me gustaba mucho la investigación. Y por eso sigo en esto. Pero esta profesión es bien curiosa porque a nosotros nos enseñan durante 15 años a hacer experimentos y, de repente, al convertirte en profesor es casi imposible. Hay que luchar. Mi meta es entrar al laboratorio, al menos, martes y jueves.


CÉSAR CORTÉS

LA PASIÓN

Me motiva entender cómo se forma el cuerpo humano durante el desarrollo embrionario. Es impresionante darse cuenta de que todos partimos igual, de una célula que es el cigoto que mide menos de 0,1 mm y que, en un mes, se convierte en miles de millones, en un embrión que ya tiene sistema circulatorio y sistema nervioso. Hay muchas áreas de la ciencia que no se ven, como un átomo o un electrón. Una de las cosas bonitas de la biología del desarrollo es que se ve. En los trabajos se visualizan embriones de ranas, de ratones o de moscas y son muy estéticos. Otra de mis principales motivaciones es estudiar cómo se regenera el sistema nervioso, porque el desarrollo de un organismo no se termina cuando nace. Sin embargo, los humanos tenemos muy poca capacidad regenerativa lo que, en caso de que se dañen neuronas, causa enfermedades. Hace dos años iniciamos una línea de investigación en la que nos preguntamos qué es lo que tiene la rana que puede regenerar sus tejidos. Las aplicaciones en biología y en medicina son de muy largo plazo y de difícil predicción.

LA ÉTICA

Reconozco que una de las razones por las que me atrae este tema es

que va mucho más allá de la biología y que, querámoslo o no, lleva a la pregunta de cuándo comienza la vida. Yo soy un convencido de que la ciencia no nos va a dar una respuesta a las preguntas más humanistas y filosóficas, pero si hay algo de lo que estoy seguro cuando veo el desarrollo de un embrión de rana es que la vida comienza con la fertilización porque las evidencias científicas apuntan a eso. Por lo tanto, pienso que uno no puede usar embriones con ningún fin porque son vidas. Eso es lo que yo apoyo y defiendo. Cuando me presento como científico, planteó la evidencia y me gustaría que la gente concluyera lo mismo, aunque tengo muchos colegas que opinan distinto. Yo interactúo con el centro de bioética de la UC muy a gusto, pero en esta etapa de mi vida no le dedico mucho tiempo a temas filosóficos ya que si lo hago mi contribución en investigación disminuiría porque esto requiere estar constantemente involucrado.

LA CREACIÓN

Reconozco que en el colegio tenía mi veta humanista. Me gustaba mucho la poesía. Hoy leo mucho de ciencia. He estado últimamente intentando leer un poco sobre arte. Como hace poco estuve en Roma, y siempre me

ha fascinado la Capilla Sixtina, me he estado leyendo unos libros sobre la vida de Miguel Ángel. De ese lugar, lo que más me gusta es la imagen de la creación y que los dedos de Dios y del hombre, estén tan cerca, pero no se toquen. Lo que yo interpreto es que en la realidad somos libres y cada uno va siguiendo su camino. Dios nos creó a imagen y semejanza, pero no nos está controlando.

EL OCIO

Hago deporte. Antes trotaba, pero ahora solo ando en bicicleta. Siento que parte de mi profesión también es mi hobby. No es que no sea capaz de hablar de nada más, pero muchas veces, si yo me leo algo el fin de semana y es un paper o una revista científica, lo estoy haciendo por gusto. Una de las cosas que más me gusta hacer es viajar con mi familia. A ellas, mi mujer y mis cuatro hijas, les gusta mucho y nos recuerda la aventura de de estar solos en otro país como cuando vivimos en Estados Unidos. No lo podemos hacer con tanta frecuencia, pero a veces nos la ingeniamos para poder salir a alguna parte. Es un sello nuestro haber estado en muchas partes y con gente distinta. Incluso me acompañaron al Vaticano cuando me entregaron la Medalla Pío XI.

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Artistas participantes de este número

Jorge Tacla Sacaan (Santiago, 1958), residente en Nueva York desde 1981 –lo que ha favorecido las presentaciones de su arte en distintos países–, tiene un amplio reconocimiento marcado por premios y también por controversias, como cuando pintó el bombardeo del Pentágono años antes del 2001, imagen similar a la histórica. Toda una serie de su obra muestra escombros, ruinas, lo que va dejando al paso un hombre, una civilización, que no siempre asume los «efectos secundarios» de su devenir. En gran formato, invita a contemplarlos.

Alfredo Echazarreta Amunátegui (Santiago, 1945), residente en Francia por varias décadas, y actualmente viviendo por temporadas en el sur de Chile, es un artista frecuente en galerías y museos de Europa, aquí representado por la Galería Animal. Los reconocimientos a este artista expresionista premian su capacidad de cambio, en búsquedas cada vez más cercanas al misterio del ser, preguntas que no surgen desde la razón sino desde la aproximación poética y sensible, sensual y directa, empática y a veces grandiosa.

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Gonzalo Cienfuegos Browne (Santiago, 1949), pintor, dibujante, grabador y escultor, es profesor titular de la Facultad de Artes de la UC. Miembro de la Academia de Bellas Artes del Instituto de Chile y representado por la Galería Animal, su arte se caracteriza –con un humor más adolorido que irónico, más triste que cínico– por la figuración de personajes fríos, impasibles, poderosos, duros, de inteligencia no emocional. Seres atrapados en egos y vanidades que los pueden llevar a la indiferencia o a la crueldad.

Margarita Dittborn Valle (Santiago, 1981) es una artista joven, con un talento que le abrió diversas puertas que culminan con el Premio de Círculo de Críticos de Chile a la Mejor Exposición de Fotografía Chilena 2008, «Enfermas de Amor», de la que presentamos algunas imágenes de atmósferas precisas, capaces de transportar a otras épocas de la historia.

Sebastián Utreras Lizana (Santiago, 1981), formado en el Instituto Profesional de Artes y Comunicación ARCOS, con dos diplomados en fotoperiodismo y uno en fotografía digital, ha hecho su carrera profesional en la Revista Paula desde 2001. Al mismo tiempo, ha cultivado la fotografía documental de autor para dejar un registro de su visión del mundo.


www.canal13.cl


GONZALO CIENFUEGOS / GALERÍA ANIMAL

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RU 102 / Marzo-Junio  

Especie humana tan cruel: lo que esconde el bullyng.

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Especie humana tan cruel: lo que esconde el bullyng.

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