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staff SEGUNDA ÉPOCA (AÑO 5) NÚMERO 47

Mamarracho, mamarracho El tema era de un grupo uruguayo, Los Iracundos. Geniales de punta a punta, melosos, muchachos de Paysandú, creadores de grandes hits con tres guitarritas eléctricas, un órgano, la batería y un cantante con cara de Carlos Salvador Bilardo. Soy un Mamarracho, el gran éxito de los sesenta, regresa como en El Túnel del Tiempo para posarse sobre el fútbol argentino. La dirigencia indigna, en primer lugar, y los saltimbanquis de los medios de comunicación alimentaron un lenguaje y una forma de ver las cosas tan berreta que hoy buena parte de las bufonadas forman parte de los títulos deportivos de cada día. Es decir, nos están llenando de mamarrachos. Quieren hacer torneos mejores y elaboran proyectos esperpénticos; reclaman seriedad en el trabajo y abandonan los clubes en cuanto les ofrecen mejor platita para ser técnicos. Exigen no violencia y se agarran a piñas con hinchas y compañeros. Por megalomanía o estupidez, o por un billete, el asunto es llamar la atención. Esta vez nos pusimos un poco serios porque el circo también cansa. Y porque no estamos con ganas de que mañana la noticia principal sea un futbolista, un dirigente o un periodista defecando desde el tejado. Pablo Llonto

PD: Aviso a nuestros queridos lectores y lectoras. A partir de junio, Un Caño saldrá a la calle el segundo miércoles de cada mes a la noche. Lo aclaramos porque últimamente estamos muy desprolijos.

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ILUSTRACIÓN DE TAPA Sebastián Domenech

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En 1993, cuando era ayudante de Jorge Valdano en Tenerife, Angel Cappa fue expulsado… por sonreir!.

Un pasito acá

Para los fans de Wachiturros es Matías Flores, o McCakito, una de las piezas del grupo. Para la gente del fútbol de Cañuelas, el pibe que, con edad de Sexta División, fue convocado para un selectivo que jugaría de sparring contra los mayores. Hasta que un día eligió la música, justo en el momento en que el cuerpo técnico iba a notificarle su promoción a Primera. Por JUAN IGNACIO PROVÉNDOLA

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n esencia, la vida de Matías Flores no ha cambiado demasiado desde que aspiraba a llegar a la primera de Cañuelas hasta que se convirtió en uno de los emblemas de los Wachiturros. Sea para ir desde su casa en González Catán hasta el predio club, o bien para cumplir con los compromisos asumidos por su grupo cada fin de semana, su rutina siempre estuvo centrada en subirse a micros, atravesar el Gran Buenos Aires, transportar urgencias, proseguir sueños. Correr, correr y correr. “Siempre fue así, desde que comencé fútbol en una escuelita de Boca, donde hacíamos lo básico. O sea… correr”, describe Matías al teléfono, agitado, mientras una combi traslada al grupo entre coordenadas anónimas de una medianoche que no será muy diferente a tantas otras. De fondo, se oye el murmullo impaciente de una pequeña multitud invitada a ser parte de algo que no se explica si no es a través de números: 115 millones de videos vistos en YouTube, 20 mil copias vendidas en tiempos de decadencia discográfica, toneladas de autógrafos firmados y gigabytes de fotos tomadas y recibidas. Para el planeta Wachiturro, el tiempo sucede en un reloj de arena sin fondo por el que discurren desde Susana Giménez improvisando los pasitos de rigor en su living hasta directivos de Lacoste ofreciendo generosas cifras para que los muchachos eliminen la marca de sus vestuarios. Por encima de una coyuntura que puede saberle ajena, Matías Flores conserva su propia historia dentro de un relato que lo excede, como si se tratara de una caja negra inalterable a las vicisitudes de un fenómeno sostenido por un hit a tiempo, las necesidades del mercado y el tino de managers y productores destinados a la misión. Mucho antes de generar suspiros y reprobaciones como McCakito (apodo que legó de su hermano Fabián, cantante del grupo de cumbia Mc Caco), Matías recorrió un frondoso circuito de inferiores que comenzó con River (Prenovena y Novena) y continuó con Atlanta, Almirante Brown, Centro

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Español y -lesión y rehabilitación de rodilla mediante- Cañuelas, donde con edad de Sexta División fue convocado para un selectivo que prestaba servicios de sparring para la primera. Cuentan que fue convocado para integrar Wachiturros el mismísimo día que el cuerpo técnico iba a notificarle su promoción al primer equipo, motivo por el que tuvo que improvisar un alejamiento forzoso del fútbol. “A mi hermano Fabián le pasó algo parecido. Hizo inferiores en Boca, Chicago y All Boys, y su representante lo quiso colocar en el exterior. Pero él se ‘encajetó’ con la música y ahí quedó”, apunta Matías. Las referencias deportivas familiares no se agotan en Fabián. Con Germán Basualdo, tío campeón con Argentinos Juniors en 2010, también lo une la vocación por el puesto de volante central. Dentro de la banda existen también otros proyectos inconclusos, como el de Leíto Lencinas, que tuvo que abandonar Sportivo Italiano, o Gonzalito Muñoz, de paso por Banfield, Platense y Estudiantes de Caseros. En una época, eran habituales los desafíos con otros grupos del palo, aunque luego debieron suspenderlos “porque nuestro trabajo es bailar y debemos cuidarnos las piernas”. Pero hay algo pendiente en Matías que va más allá de los flashes, la fama y los autógrafos. “Hace poco, volví a entrenar en Cañuelas, en los días libres de Wachiturros. Me dijeron que, si estoy disponible un sábado, vaya a jugar para la Quinta División. Tengo ganas de retomar el fútbol, aprovechando que dentro de poco se termina la temporada y los equipos comienzan a probar jugadores. Tengo una posibilidad en Acasusso, y también conozco a un dirigente de Boca que me iba a averiguar sobre el tema. Quiero ir al gimnasio para bajar 15 kilos porque antes pesaba 65 y ahora estoy en 84”, anticipa Matías, como quien planea el regreso a su tierra prometida. ¿De día dará pases y de noche tirará pasos? “No lo creo. Lo mío es el fútbol. Me sacaron de ahí y todos lo saben”.


En 1958, el club Lincoln City (Inglaterra) tuvo un defensor llamado Ray Long que medía 1,91 metros, y un delantero, Joe Short, de 1,59.

Dr. Wing Ni Garrincha ni Houseman ni Corbatta ni Pinino Mas. A comienzos del siglo pasado, la gran estrella que andaba pegada a la raya era Bernardo Houssay, el entonces estudiante de medicina que, defendiendo a la UBA, le traía dolores de cabeza al mismísimo River. La historia poco conocida del Premio Nobel. Por PABLO SEOANE

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o tiene mucho sentido incursionar en ucronías, aunque siempre es tentador pensar en qué hubiera pasado con determinadas personas si los acontecimientos trascendentales de sus vidas hubieran cambiado. Es un ejercicio estéril, pero nadie puede negar que es atractivo. En concreto: ya todos sabemos de la importancia de Bernardo Houssay para la ciencia universal. Ahora bien, ¿qué hubiera pasado si a quien le otorgaran el premio Nobel de medicina en 1947 hubiera cambiado su profesión por el fútbol? El mundo se hubiera quedado sin sus descubrimientos sobre el papel de las hormonas pituitarias en la regulación de la cantidad de azúcar en sangre, pero tal vez hubiera ganado un wing rápido y goleador. Imposible saber hasta dónde hubiera llegado dentro del fútbol, pero lo cierto es que condiciones no le faltaban: como prueba bastan sus dos goles a River, en junio de 1904, cuando lo enfrentara con la casaca de la Universidad de Buenos Aires. Bernardo Houssay jugaba en el equipo de la Facultad de Medicina de la UBA. El deporte le gustaba. De hecho, también practicaba rugby, remo y atletismo. Pero fue gracias a la redonda que vivió una tarde de gloria, ya que sus goles frente al Millonario sirvieron para ganar 3 a 2. El equipo de los universitarios ya había derrotado a River por el mismo resultado, pero aquel día, el futuro primer premio Nobel en Ciencias de América Latina había sido uno de los jueces de línea (en las épocas del fútbol amateur, los suplentes realizaban esa tarea). River se quedó con ansias de victoria, aunque cuando llegó la revancha se tuvo que quedar otra vez con las ganas por el doblete de Houssay. Leopoldo Bard, quien enfrentó a Houssay en aquel parti-

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do, en un material referido a la historia de River, recordó que el “equipo de Medicina era poderoso”. Asimismo, quien fuera fundador, jugador y dirigente millonario agregó: “encima, yo debía cuidar a Houssay, que era velocísimo”. Dijo el científico, en una entrevista con el diario El Mundo, en 1967, respecto de su pasión por la redonda: “el fútbol es un deporte maravilloso. Ahora hace muchos años que no veo un partido. Pero yo he jugado para el equipo de mi facultad, recuerdo”. No obstante, a Houssay nunca se le conocieron declaraciones públicas referidas al partido impensado. Pero sí a su hijo Raúl, quien contaba: “en una charla me dijo que, siendo estudiante, había integrado un equipo de fútbol de la Facultad de Medicina que jugó un torneo (el campeonato de Tercera División) en el que también estaba River. Supongo que serían futbolistas del club con edad similar a la de sus rivales. De lo que estoy seguro es de que mi padre comentó que los estudiantes habían ganado, y que en ese partido él había metido dos goles”. Con todo, la naturaleza demuestra una vez más que es sabia. En efecto, quizás el fútbol se perdió a una figura de peso sin Houssay, pero ese detalle es incomparable con los beneficios que propició a un sinnúmero de personas con sus investigaciones. Para confirmar la regla, aparecen los casos inversos al del Nobel: ¿Cuánta magia se hubiera desperdiciado si los brasileños Socrates y Tostao, quienes estudiaron medicina, hubieran colgado los botines? En Argentina, la analogía podría trazarse con Carlos Salvador Bilardo, quien se recibió de ginecólogo. Aunque famoso por sus cuestionables métodos para sacar ventaja, todavía no está claro si perdió la ciencia, si perdió el fútbol o si perdieron ambos.


El arquero Mohamed Al-Deayea, de Arabia Saudita, tiene el récord de partidos de fútbol internacionales jugados, con 181 presentaciones.

En una villa nació

Siempre se asoció el nombre de El Porvenir con la militancia anarquista de varios de sus fundadores. Si bien esto último era cierto, la elección del nombre, como en muchas otras instituciones, tuvo que ver con cuestiones geográficas. Eso sí, miren ustedes el por qué de sus colores. Por SEBASTIÁN DE LA MATA

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éctor Ruiz, hincha de El Porvenir, simplifica la historia: “pensar que casi se llama Avellaneda. Era lo que muchos fundadores querían, que llevase el nombre del partido donde nació el club. Pero la verdad ya estaban Racing e Independiente, y a los dos les decían “de Avellaneda”. Otros pensaron en ponerle Villa Gerli, pero no tuvo aceptación, así que la mayoría eligió El Porvenir simplemente porque vivía en la barriada conocida como Villa Porvenir”. Era el 12 de setiembre de 1915. Tiempos de grandes huelgas y acciones directas de las organizaciones libertarias en la Argentina. En los centros urbanos, y también en algunas zonas rurales, los anarcos llevaban sus ideas, estrategias y periódicos. Y su amor por la cultura y el deporte. La primera comisión directiva estuvo formada por Vicente Gioffe como presidente y Enrique de Roberts como vicepresidente. Juan Arán fue el tesorero y Juan Asprea, el secretario. Algunos historiadores del fútbol deslizaron el error que indicaba que los colores del Porve (camiseta blanca con bastones negros) se debía a un homenaje a un equipo inglés. Esa equivocación fue subsanada por quienes escarbaron en las memorias de barrio. Dice Ruiz: “el blanco y negro se debe a que entre los fundadores del club había un grupo de anarquistas y se inspiraron en esos colores porque era el que vestían los presos. Muchos de los anarquistas estaban presos en aquellos años por la persecución política. Todo el resto es fantasía”. Su estadio actual fue inaugurado el 24 de abril de 1971 y se construyó en terrenos donados por el gobierno nacional. La localidad de Gerli hoy se reparte entre los partidos de Avellaneda y Lanús. Los hinchas de El Porvenir tienen varios momentos clave de sus campañas, pero la mayoría recuerda que, entre sus picas del Sur, lograron una victoria memorable en los ‘70. La cuenta Carlos Guarini, hincha de tablón: “en 1978 nos habíamos salvado del descenso, pero venía a jugar Lanús, que necesitaba ganar porque de lo contrario descendía a la C. En la semana se habló mucho de un arreglo. Que nosotros íbamos a darles los puntos y que había reuniones de directivos de ambos clubes para arreglar el resultado. El partido fue tenso, a cancha llena; nos echaron dos jugadores y, faltando cinco minutos, les gana8 UN CAÑO | MAYO 2012

mos 1-0 con un golazo del Tano Massei. Mandamos a Lanús a la C: inolvidable”. El equipo de Gerli tuvo sus destacados: el ex árbitro de los ‘80 y ‘90 Ricardo Calabria fue entrenador en las temporadas ‘96-‘97 y ‘97-’98, y allí dirigió a un ídolo del fútbol del Ascenso con el que ascendió en el Apertura ‘98, el fallecido José Luis Garrafa Sánchez. Otro delantero que llegó a ídolo y fue uno de los máximos goleadores del fútbol argentino jugó en El Porvenir en la temporada 1984: Oscar Pinino Más, gloria del campeón histórico de River con Ángel Labruna en 1975. Con menos chapa, los de El Porvenir recuerdan a Héctor Bracamonte, quien luego jugó en Boca, y Adrián González, luego campeón con San Lorenzo en 2007. Un paso fugaz como entrenador fue el del periodista de Espectáculos Adrián Ventura, quien no llegó a superar los doce partidos. Por estos días estaría asumiendo otra vez el cargo. Hoy, El Porvenir juega en la B Metropolitana y lleva en su equipaje la honra de un tránsito por la Copa Argentina. Perdió dos a cero ante Racing. Pequeños orgullos históricos de los clubes más humildes.


CORTEMOS CON...

El show debe terminar

Desde Un Caño seguimos señalando lo que creemos que no está bien. No queremos convertirnos en el quejoso El Gráfico de Panzeri pero tampoco vamos a callarnos la boca. En el fútbol están pasando cosas horribles, y todos estamos involucrados. En definitiva, una declaración de principios para manifestar desde qué lado discutimos. Por FABIAN MAURI Y MARIANO HAMILTON

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a nos aburrimos de nosotros mismos al decir lo que se sabe pero pocos se animan a comentar: el fútbol argentino está sumido en un desconcierto mayúsculo que abarca todos los aspectos que lo componen. A saber: la organización, el juego, la comunicación (en el Fútbol para Todos y en el resto del periodismo) y las actitudes aisladas de los dirigentes, entrenadores, jugadores e hinchas. El corte de donde empieza un tema y arranca otro es casi imposible de hacer. Porque todo está mezclado. Se cruzan actitudes estúpidas de uno y otro lado que se retroalimentan y terminan armando un combo nefasto que nos salpica. Porque, en definitiva también, estamos metidos en este asunto. Incluso aquellos que nos tratamos de mantener al margen.

LA ORGANIZACIÓN Y EL JUEGO Volvió a sonar, como tantas otras veces ocurrió, la reestructuración en el sistema de torneos. Que un torneo de 40 equipos, que uno de 20 como en Europa, que mantener los torneos cortos… Siem-

pre el mismo ruido pero nunca nueces. O mejor dicho: se toma, para variar, lo que para nosotros es una decisión equivocada: mantener el status quo eliminando solamente las promociones. Ahora resulta que lo único que estaba mal eran las Promociones. Lo demás funcionaba. Entonces, por qué dieron tantas marchas y contramarchas y se creó una Comisión de Campeonatos. Si la idea era terminar con las Promociones, no había que darle tantas vueltas al asunto. Se bajaban y chau. Pero no. El debate interno fue intenso y terminó como siempre: siguen los Aperturas y Clausuras pero ahora habrá tres descensos directos, uno saldrá de la tabla general de año (el peor puntaje) y los otros dos de los tan rechazados promedios (los que clasifiquen en los últimos dos lugares excluyendo al ya descendido). ¿El resto? Bien. Gracias. Desde Un Caño hemos defendido lo que pensamos que son causas justas. Por ejemplo, la creación de la Copa Argentina, la que finalmente se formalizó este año y deberá revisar la programación y

los escenarios de los partidos para optimizarla. Y también a los torneos largos. ¿Por qué? ¿Porque somos caprichosos? No. Porque pensamos que un torneo largo cambiara la cabeza de todos (dirigentes, entrenadores, jugadores e hinchas), los que vivirán cada fecha con menos urgencia y con menos dramatismo. Lo que ocurre en la B Nacional es un buen ejemplo para demostrarlo. ¿Es el fin de todos los males? No. No somos tan tontos de pensarlo. Pero sí estamos convencidos de que sería un paso adelante para sacarle dramatismo a un juego que hoy parece impregnado por la urgencia de ganar a cualquier precio. Un argumento de los que defienden los torneos cortos es que cualquiera puede ser campeón. Puede ser cierto. Pero a esa premisa nosotros oponemos nuestra línea de pensamiento: no es meritorio que salga campeón cualquiera, sino que salga el mejor. De eso se trata el deporte. También se dice que en desde que nacieron los torneos cortos, hay más equipos chicos que consiguieron festejar un título. Es un discurso que esconde una

Los técnicos también entraron en esa locura. Basile, todo un prócer, insultando a los hinchas a la salida de un vestuario, o declarando “si no gano los clásicos me voy”.

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media mentira. Y vamos a los números. Desde que se instauró el profesionalismo y hasta 1967, efectivamente los títulos se los repartieron Boca, River, San Lorenzo, Independiente y Racing. Pero desde 1967 en adelante (es decir en la segunda mitad del siglo XX), salieron campeones Rosario Central (4 veces), Newell´s (3), Estudiantes (3), Ferro (2), Argentinos (2), Vélez, Huracán, Chacarita y Quilmes. Los grandes, en ese periodo cosecharon el 53 por ciento de los torneos en juego. Desde que se iniciaron los torneos cortos los grandes se llevaron 27 títulos, es decir el 65 por ciento: River, 12; Boca, 9; San Lorenzo, 3; Independiente, 2 y Racing, 1. Mientras que el resto de los equipos se quedaron con 14 títulos; Vélez, 7; Newell’s, 2; Estudiantes, 2 y Lanús, Banfield y Argentinos, 1 cada uno. Y esto si consideramos que Vélez sigue siendo un equipo chico, algo que pondríamos en duda seriamente a esta altura de la soirée. Hoy por hoy, tomar como valor estadístico lo que pasaba en el fútbol antes de 1967 es, por lo menos, arriesgado. Hoy vivimos en otro planeta, con otra economía en los clubes y con otro mapa deportivo. No tenemos dudas de que, con

torneos largos, los equipos chicos eventualmente también podrían aspirar al título. Tomemos la B Nacional otra vez como referencia: Instituto pelea palmo a palmo el ascenso con River, Central y Quilmes. Esto es específicamente referido al juego. Pero también hay otros aspectos que considerar. El fútbol se nutre básicamente de la nostalgia. Decenas de miles de hinchas que recuerdan las formaciones de los equipos campeones de memoria son unos de los pilares básicos de esto que llamamos cultura futbolera. Ahora bien, desde que se crearon los torneos cortos, ¿alguien se acuerda de memoria algún equipo? Si hacemos una apuesta, estamos seguros de que ni los propios hinchas de Banfield y Lanús son capaces de recitar de memoria a sus equipos campeones por primera vez en la historia. Y eso es culpa, lisa y llanamente, de estos torneos cortos que hacen que los equipos se armen y desarmen cada seis meses. Muchas veces en Un Caño propusimos que un jugador cualquiera, para ser transferido, debería tener un mínimo de 38 fechas oficiales en un solo club, lo que permitiría que los hinchas de su equipo lo disfruten y que los equipos tuvieran algo tan inusual en estos tiempos que corren: identidad.

LA COMUNICACIÓN Este capítulo debemos dividirlo en dos partes. La publicidad y la docencia que se debería ejercer desde el Fútbol para Todos y lo que hacen nuestros colegas en los diferentes programas de televisión, radio y en los diarios. El Fútbol para Todos es un canal extraordinario para que se intenten desmadejar muchos de los males que aquejan al fútbol. Pero es sistemáticamente desaprovechado. En gran parte de los cortes publicitarios vemos las obras que hace el Gobierno Nacional (lo que no está mal consignar) pero poco y nada dedicado a la problemática del deporte o a la difusión de otras disciplinas. No hay campañas para concientizar sobre el comportamiento de los hinchas: es inadmisible que sigamos viendo como se escupe a los jugadores o técnicos y que nadie tome nota de este asunto, que haya cánticos racistas y no se los condene, que no se prevenga contra la violencia y tantas otras cosas factibles. Y ya propiamente en el programa, seguimos viendo entrevistas a los utileros de los clubes, nota de color que ya era


vieja en los años 80´s, loas a la AFA y a Julio Grondona, simpatizantes notables cantando lo himnos de los clubes como si alguien los considerara o conociera y muchas otras estupideces. Y ni que hablar de lo que pasa en el contenido mismo de los relatos y comentarios. Muchos de los periodistas que allí trabajan (hay honrosas excepciones –el Chavo Fucks, Pacini, por ejemplo–) no hablan correctamente el castellano, son chabacanos, adjetivan exageradamente y gastan más tiempo hablando de lo que no ocurre o de lo que podría haber ocurrido antes que de lo que efectivamente pasa. Ejemplo: penales no cobrados, jugadores no amonestados, infracciones no sancionadas, goles errados, centros mal tirados, desbordes no realizados, combinaciones frustradas entre jugadores… “Era amarilla”, “Fue penal y no cobró”, “No estoy de acuerdo con el árbitro”, “Lo que te devoraste”, “¿Para qué te traje?”, “Saque si quiere ganar”, “Te agarró un ataque de habilidad”, “Debería haber tirado el centro…”, etc. Y ni que hablar de los chistes internos que se hacen entre los periodistas y que el espectador, sin comerla ni beberla, se tiene que bancar. Es casi lo peor del legado TyC. Estaría muy bien que los muchachos que trabajan en el Fútbol para Todos tomaran nota de los relatos de Miguel Simon en ESPN y de Diego Latorre en Fox Sports. Son dos ejemplos a seguir. Hablan correctamente, interpretan el juego, adjetivan con precisión, aportan conceptos que permiten disfrutar del juego y son eficaces a la hora mencionar el apellido de los jugadores. Un detalle más: ¿alguien en su sano juicio puede estar de acuerdo con que, en el momento de la repetición de un gol, se divida la pantalla para mostrar a un fu-

lano gritando en la Quiaca un gol que su equipo acaba de marcar en Buenos Aires? ¿Eso es lo entienden por federalismo? ¿Se puede ser tan imbécil? Ni que hablar de lo que pasa en los bancos de suplentes. Sería maravilloso que pudiéramos ver a un técnico en acción, dando indicaciones, aportando algo al juego, ayudando a entender las cuestiones tácticas. O que los periodistas que están allí apostados no sanatearan diciendo cualquier cosa. “Aaaahhh… no sabés como está Falcioni…”, se escucha decir una y otra vez cambiando el apellido del entrenador. Lo decimos para que quede bien claro: ¡no nos interesa cómo está Flacioni!, sino que nos gustaría saber qué indicaciones le da Falcioni a su equipo. Y si el periodista que está junto al banco no lo sabe o no llega a escuchar una sugerencia, rogamos que se calle la boca. Lo mismo para las imágenes. Que por favor muestren a los entrenadores dando instrucciones y no agarrándose la cabeza, puteándose con un jugador rival, protestándole al árbitro o gritando el gol como un enajenado. Este tipo de situaciones no sólo no aporta nada sino que además fomenta aún más la violencia en un ámbito en donde el horno no está para bollos. ¿Qué decir de los diarios, la tiras de radio o los programas de TV? El Show del Fútbol es la máxima expresión, el mascarón de proa de toda la basura que anda dando vueltas por el fútbol. Piden que echen técnicos, se meten en la vida privada de los jugadores, discuten como barrabravas, se gastan mutuamente por sus pilchas, agreden verbalmente a los árbitros, hacen operaciones políticas, reconstruyen una situación real con soldaditos, amenazan a los dirigentes, jugadores, técnicos y jueces… Bah… una porquería. Y menos mal que ahí sentaditos hay ex

jugadores. Y muchos de ellos son los que se llenan la boca hablando de los códigos. Tenés teléfono, Ruggeri. Once técnicos cayeron en once fechas, ¿No hay ninguna responsabilidad del periodismo en este descontrol? Y además, para cerrar el círculo vicioso, los dirigentes, los jugadores, los técnicos y los árbitros entran en esa lógica absurda del todo vale. El episodio del pase de Caruso Lombardi a San Lorenzo, para ser claros, se dirimió básicamente en la tele y en la radio. Merlo hacía campaña por todos lados y Caruso recorrió las señales para enviar su mensaje. Un delirio. Victorio Spinetto, Adolfo Pedernera y Guillermo Stábile estarán revolviéndose en la tumba.

LOS PROTAGONISTAS Los dirigentes siguen navegando en su propia mediocridad. Ya fue dicho en líneas anteriores que no pueden abstraerse de la mezquindad de pensar un campeonato más o menos. Tienen vuelo corto y sus decisiones son de vuelo corto. No piensan en grande y sólo tratan de vivir el momento sin planes estratégicos. Vélez puede ser una mosca blanca en lo que hace al manejo de un club pero al mismo tiempo son los impulsores de los torneos cortos. Eso los pone en el mismo lugar que los otros. Por otra parte, viven del subsidio del Fútbol para Todos sin que se les ocurran otras fuentes de financiamiento. No hay mucha diferencia entre Cirigliano y TBA o Russo y Lanús o Abdo y San Lorenzo o Angelici y Boca. Son todos lo mismo. Ñoquis del Estado. Los jugadores aburren con sus internas. Hasta hace poco los criticábamos porque no se rebelaban a las órdenes tácticas (muchas de ellas insólitas de los

Hasta son capaces de viajar al Chaco y festejar como una ocurrencia creativa el hecho de tirar muletas a sus propios jugadores.

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entrenadores). Pero ahora parece que sí decidieron hacerse escuchar. Pero lo hacen boicoteando técnicos o agarrándose a trompadas en los vestuarios entre ellos o bajándose de un micro para enfrentar a los hinchas haciéndose los guapos ante las cámaras de televisión. ¿Por qué no juegan bien? Con jugar apropiadamente al fútbol alcanzaría y sobraría. Los técnicos también entraron en esa locura. Basile, todo un prócer, insultando a los hinchas a la salida de un vestuario o declarando “si no gano los clásicos me voy porque yo soy un ganador”. Increíble. Si sos tan ganador, lo que habría que hacer es laburar para ganar partidos. Y si los resultados no se dan, seguir probando e intentando para dar vuelta la mala racha. ¿Qué es eso de irse porque no se dan un par de resultados? ¿Acaso toda la vida el reclamo no fue el trabajo a largo plazo? O el sainete que se mandó Caruso Lombardi en su salida de Quilmes. Nadie niega el derecho que pueda tener para

elegir un mejor trabajo, ¿pero era necesaria toda esa novela? ¿En qué lo benefició? Caruso, que es un buen técnico, dilapida toda esa fortaleza con sus zonceras funcionales a la exposición mediática. Y los hinchas… Mamita querida. Cada vez peor. No hablemos ya de los barrabravas que son tipos que están en el fútbol para hacer negocios, Hablamos de los hinchas genuinos. Esos que alientan a sus equipos todo el tiempo y que se emocionan con un triunfo y lloran con una derrota. Estos mismos hinchas, los buenos, los rescatables, son los mismo que putean a Dios y a María Santísima, que tiran proyectiles, que escupen a los protagonistas, que se suman a los cantos racista, que se agolpan en los playones de las diferentes canchas para insultar a los jugadores y rayarles los autos. Y que hasta son capaces de viajar al Chaco y festejar como una ocurrencia creativa el hecho de tirar muletas a sus propios jugadores. Hay que ser boludo para perder por com-

pleto la esencia de lo que significa ser hincha. ¿O acaso esa humorada los hace mejores? ¿No se dan cuenta que con ese hecho pierden por completo el foco que los transforma en lo que son? Si uno va a la cancha a tirar muletas a sus jugadores, ¿qué se puede esperar?

EPÍLOGO Con esta nota no queremos decir que no hay salida. Lejos estamos de pensarlo. Pero hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre. No estaremos vencidos en nuestra prédica ni aún vencidos. Seguiremos como el tábano sobre el noble caballo diciendo una y otra vez lo que creemos que está mal. No nos importa que esta nota sea una botella lanzada al mar con un mensaje para que sea recogida por el primer barco que se tope con ella. No nos importa sentirnos como Robinson Crusoe en la isla. Sabemos que no estamos solos.

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CORTEMOS CON...

Cortitos y al pie

Siguen los torneos breves, que aparentemente favorecen a los equipos chicos. El fútbol, entre la emoción y el sosiego. Una discusión casi filosófica disparada a propósito del rediseño de las competencias que dejó todo como estaba. Por ALEJANDRO CARAVARIO

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la confección de los campeonatos se le ha otorgado una importancia injustificada. Y la costumbre de achacarle al formato de los torneos todos los males del fútbol terminó en enredo, en argumentaciones laberínticas y contradicciones. A saber: se ha escuchado que la Promoción, con su definición fulminante, fomentaba la histeria, aceleraba el ritmo cardíaco y servía en bandeja la violencia. Había que eliminarla. Por otra parte, se alentaba la permanencia de los torneos cortos “porque son más emocionantes”. ¿En qué quedamos? ¿Queremos un torneo con temperatura constante (alta) o apaciguar al hincha con competencias donde nadie pierda ni gane demasiado? En cualquier caso, el canibalismo futbolero no ocurre por el diseño de los torneos. Y pensar en definiciones laxas para no desquiciar a hinchas y dirigentes supone escupir al cielo. Un juego en el que no gana nadie sólo podía interesarle a Borges, pero también sabemos que Borges pocas veces hablaba en serio. Atenuar la ebullición del público (y sobre todo, de los protagonistas) requiere un trabajo más fino, otras competencias profesionales y otro mapa social. Que la AFA entonces no haga diagnósticos hipócritas y se decida por campeonatos sencillos en los que premios y castigos respondan lo máximo posible a las nociones básicas de justicia deportiva. El condimento emotivo y la calidad del espectáculo nunca fue obra del fixture sino de la capacidad y carisma de equipos y jugadores. Un rubro bastante flojo en estos días.

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NO HAGAN OLAS A contrapelo del renovado fervor por los campeonatos largos (le insuflarían interés a un fútbol chirle donde reina Falcioni), la AFA optó por no agitar el avispero. Según lo acordado en un cónclave reciente, seguirán los campeonatos semestrales, al igual que los promedios, sólo que ahora estos tendrán un régimen mixto: dos equipos descenderán a la B Nacional por el promedio de las últimas tres temporadas, como es costumbre, pero a ellos se le sumará el peor de la tabla acumulada de Apertura y Clausura. Tres descensos, entonces, con un sistema al que todavía falta sacarle punta. Algunos maliciosos estadígrafos ya han descubierto que, con la nueva legislación, un equipo puede estar en la paradójica situación de que le convenga perder y no ganar para zafar de la caída a la B. Tales objeciones, dignas de epígonos consecuentes de Adrián Paenza, merecen consideración aunque no alteren drásticamente el panorama. Desde el campeonato nacional subirán tres equipos de manera directa y, gran noticia gran para quienes velan por la paz, en todas las divisionales se elimina

la vilipendiada Promoción. El chivo expiatorio de un fútbol en el que, seamos sinceros, existe el triunfalismo radical (y obtuso y peligroso) hasta en las divisiones inferiores, donde al premio del pebete y la gaseosa ahora se le añade la ilusión precoz de un puente de oro hacia Europa. Se dice que don Julio quería volver a los torneos largos después de dos décadas y que los clubes le ganaron la pulseada. Se dice que don Julio quería volver a los torneos largos porque el Gobierno (que cree interpretar una preferencia popular) simpatiza con ese formato, pero que las simpatías no eran compartidas por el capo de la AFA. Se dice que don Julio, entonces, salió triunfante aunque parezca lo contrario, de modo tal que es imposible imputarle una traición. De yapa, la tribuna aplaude su profunda e injustamente cuestionada vocación democrática. Vaya uno a saber. Se dicen tantas cosas.

PODER Y CONTRAPODER Los clubes chicos están contentos con la competencia breve. Arguyen que sólo así pueden salir campeones. Y los números parecen darles la razón: según leo en cronista.com, “de los 41 campeones que

A contrapelo del renovado fervor por los campeonatos largos la AFA optó por no agitar el avispero. Seguirán los campeonatos semestrales, al igual que los promedios.


se coronaron desde 1991, 14 fueron los supuestamente menos poderosos: Vélez (7), Estudiantes (2), Newell’s (2), Argentinos, Lanús y Banfield (1). En 60 años del fútbol argentino, esos seis equipos habían ganado sólo siete torneos, la mitad de los que obtuvieron en dos décadas”. A estas proporciones habría que sumarle un dato que acaso contradice las razones de lo equipos chicos: River y Boca dominaron la época, con 12 y 9 copas en las vitrinas de cada uno, mientras el resto de los “grandes” merodeó la gloria poco y nada. Los noventas fueron la era de la polarización, pero ese esquema de poder hiperconcentrado en los dos gigantes se ha pulverizado. Basta mencionar que River la pelea en la B Nacional. Así que, aun con campeonatos de 38 fechas, los históricamente más débiles (Lanús ya no es débil, ¿no?, Vélez y Estudiantes tampoco, ¿Newell’s?) se encontrarían en condiciones de disputar de igual a igual la manija de la pelota. La querida publicación Un Caño viene manifestándose por torneos largos. Un poco porque su redacción rebosa veteranía nostálgica, y otro tanto porque la extensión generosa consagra a un verdadero campeón. En pos de la calidad deportiva (la calidad del campeón), no habría que dudar sobre la aplicación de dos rondas. En cuanto a la seducción que debe ejercer la competencia (la madre del borrego), insisto: depende del espesor de los equipos que fatigan el verde césped. De lo contrario, los ideólogos del Torneo Nacional de Oficinistas Sedentarios habrían reducido el fixture a la fórmula de eliminación directa para garantizar el vértigo que los players, barrigones y perezosos, le niegan al espectáculo. El actual torneo de la B Nacional es un buen ejemplo de que, con un lote de equipos de jerarquía y un surtido de estímulos deportivos, el interés no merma. Además, volviendo a los viejos tiempos de la Pintier y los campeonatos de ida y vuelta, el llamado Interior, con sus más y sus menos, ha salido de la periferia hasta empardar el nivel de las plazas princi-

pales. En las épocas del blanco y negro, de pronto surgían productos artesanales como Puerto Comercial, al que Banfield le hizo 13 goles y Boca, 9. Un abismo impensado en la actualidad, tal como lo demuestra la Copa Argentina, entrevero de ricos y famosos con equipos modestos donde todos los gatos son pardos (o blan-

quitos, peludos y perfumados). Nada se transformó de manera sustancial. Los ajustes nimios son una tentación de los exitosos. Se trata de maquillar apenas la fórmula probada, no vaya uno a desfigurarla. Aceptable para el diseño de las competencias, la pura forma. Queda en el debe la discusión sobre contenidos. PHOTOGAMMA.COM

Don Julio en acción, de zurdo no tiene nada.

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CORTEMOS CON...

Enciéndela otra vez

Interrogante: ¿muchos de los bochornos que transcurren en nuestro fútbol sucederían si no hubiese cámaras de TV cerca? Lo afirmemos o no, lo cierto es que mucho han cambiado las cosas en materia de escándalos. Será entonces que, de no curarnos, el mundillo de la redonda avanzará más hacia los programas de chimentos que al disfrute del juego. Por PABLO DE BIASE

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ubo una vez un árbitro que se volvió el centro de las miradas por la teatralidad de su inmutabilidad ante las protestas de los jugadores y por el modo en que demostraba su intransigencia para aplicar el reglamento. No le tembló el pulso, por ejemplo, para echarle cuatro jugadores a River en menos de dos minutos (a uno por hacer una falta y a los otros tres por protestar la primera expulsión), en el mismísimo Monumental. Años después, en cancha de Vélez, lo expulsó a Maradona por protestar, cuando Boca estaba 0-2 abajo. Dirigió 70 minutos con el alambrado de la tribuna de Boca caído porque la Policía, sabiamente, evaluó que era menos peligrosa la enardecida multitud boquense con la pelota rodando que con el partido suspendido y la humanidad del árbitro a disposición de esos 18.000 muchachos y muchachas más que dispuestos a bajar al campo a consumar un linchamiento. Su nombre era Javier Castrilli y era más famoso, por ejemplo, que todos y cada uno de, digamos, los jugadores de Banfield o de Arsenal. Criticado y elogiado, pero siempre respetado, el ex funcionario y militante duhaldista (movimiento político donde siempre estuvo más dispuesto a transigir, tanto respecto de la letra como del espíritu del articulado de la Constitución), logró algo fundamental y muy valorable hoy en día: ser independiente respecto de los poderes fácticos del fútbol, hacer cumplir (quizá demasiado mecáni-

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camente) el reglamento, las sugerencias del comité de árbitros de FIFA y las modificaciones del International Board. Este hombre, que casi es sacrificado al estilo mazorquero en más de una oportunidad, previó este presente de referís burocratizados, excesivamente más permeables a los silencios del presidente del Colegio de Árbitros que a las sugerencias del comité arbitral de FIFA. Un árbitro como Castrilli, no sólo por pericia técnica sino, básicamente, por autoridad, sería de gran ayuda para combatir una tendencia peligrosísima de estos días, en los que vaya a saber si es por el espíritu progresista de la Unasur, la influencia del cambio climático, las variaciones del Nikkei respecto del Merval, o sólo por la combinación de agiotaje, cinismo y senilidad imperantes en la calle Viamonte, la tendencia constitutiva de los personajes del fútbol (jugadores y entrenadores, básicamente) a las exhibiciones de matonismo teatral, celosamente resguardados por las cámaras de la TV, se ve drásticamente agravada. Está claro que en las condiciones vigentes en la política del fútbol, pretender

que sea el Comité de Disciplina de AFA el que corte de raíz con esta tendencia es más ilusorio e ineficaz que recurrir al viejo Javier y su recuerdo como estampa del Mío Cid. No está menos claro, sin embargo, que actitudes como la de Campestrini, arquero de Arsenal contra San Lorenzo por la duodécima fecha, la escena teatral del vestuario de Racing luego de perder el clásico contra Independiente o el bochorno de los jugadores de Boca persiguiendo hinchas de Tigre por las calles ribereñas del Paraná pueden llevar, el día menos pensado pero nada sorprendente, al mayor desastre en torno del fútbol de este siglo.

La complicidad de una lucecita roja ¿Alguien en su sano juicio, cree que si no hubiera cerca de diez cámaras encendidas, los jugadores de Boca se habrían adentrado en calles oscuras y hostiles a jugar el rol de justicieros contra los hinchas de Tigre que arrojaron una pedrada al micro luego de la victoria del local por 2-1 en la décima fecha?

La televisión es carne para un tigre cebado. No nos sorprendamos cuando algún cretino de poca monta, o un sencillo y propiciatorio pobre infeliz, sean sacrificados en cámara en nombre de los más sucios y bastardos sentimentalismos.


Si las actitudes violentas de los hinchas debe ser duramente penadas sin mirar el color de la camiseta, qué decir cuando los protagonistas son los que llevan adelante (muchas veces, de manera deliberada y fría, además) incitaciones o, directamente, actos violentos. En San Lorenzo-Arsenal, ante supuestas provocaciones gestuales del suplente local Carlos Bueno, Campestrini, arquero visitante, tuvo el juego parado por cinco minutos al ir a buscar, desplazándose más de 50 metros, en no menos de tres oportunidades, a quien le hacía gestos. ¿Qué pretendía el arquero? ¿Golpear a su burlador? ¿Hablarle de la palabra de Dios para que recapacitase? Vigliano le mostró una amarilla tan pálida que parecía casi blanca. En un partido del Argentino B, hubiera visto la roja muchos minutos antes. Es cierto, en el Argentino B, los clubes “chicos” no fueron fundados por el actual presidente de la AFA ni sus máximos goleadores fueron hermanos de éste, con la memoria de su muerte aún fresca. ¿Alguien cree que su colegio profesional y su sindicato habrían bancado a Vigliano si echaba sin más a Campestrini? ¿O la mayoría presumimos que lo mejor que le hubiera podido pasar a Vigliano, en ese caso, era aspirar a un freezer de seis meses y

un contrato para dirigir en la liga semiprofesional de las Islas Feroe? Cuando dentro de un corralito metálico, el entonces aún DT de Racing, don Alfio Basile -quien se ve más armónico con una bolsita de papel de maíz pisingallo para soltarle a las palomas de plaza San Martín que frente a un micrófono- invitaba a cagarse a trompadas a un hincha que le pedía, bastante juiciosamente, que “colgara” a casi todos los jugadores de un plantel que defraudó por igual con técnicos de todas las edades y escuelas, traspuso la línea final de su propio patetismo. Dos semanas después, esos jugadores se golpearían, insultarían y amenazarían con revólveres de juguete mientras Don Alfio soñaba con un sueño de palomas aleteando. Los casos son muchos y la tendencia es creciente y preocupante. Porque la vara que mide a Chicago no es la misma que mide a River, y se puede ajusticiar a All Boys pero no se puede tocar no digamos a Arsenal, sino simplemente a Deportivo Penuria. Y todo porque el vicepresidente de Penuria es el sobrino del ex bufetero de Defensores de Belgrano cuando JHG jugaba en su Tercera. La televisión es carne para un tigre cebado. La corrupción, el autoritarismo y la arbitrariedad son la selva, el ecosistema preservado para que los tigres ce-

bados se reproduzcan. No nos sorprendamos cuando algún cretino de poca monta, o un sencillo y propiciatorio pobre infeliz, sean sacrificados en cámara en nombre de los más sucios y bastardos sentimentalismos infames que florecen como pústulas en el fútbol competitivo de la Argentina. Alertemos, eso sí, sigamos alertando que un mafioso que irá a pedir la escupidera del Estado cuando estalle de manera salvaje una contingencia atroz, cuando alguna de las barbaridades que tolera, prohíja e indirectamente alienta Julio Grondona explote en sangre, que será filmada ignominiosamente. Y alentemos, por favor, que las asambleas de socios suspendan a los dirigentes-delegados a AFA que votaron por el miedo. El reptil senil, supongamos, tiene tanto poder que puede decidir que desciendan los dos o tres que se le ponen en contra. Ahora, ¿cómo hará para que desciendan veinte equipos a la vez, cuando todos se le pongan en contra? Ese día tendrá que irse como se tiene que ir, con la cabeza gacha y las comisiones investigadores mordiéndole los talones. Ese día seremos un poco más felices. Y, sobre todo, habremos recuperado una dignidad largamente conculcada en vivo y en directo. PHOTOGAMMA.COM


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Dr. Caruso y Mr. Lombardi

Que Caruso esto, que Caruso lo otro… En eso anda el periodismo sobre este personaje que ya está, en las páginas de Un Caño, superando viejas oposiciones. Nuestra firme convicción democrática es la razón de ser de esta nota. Bien diría un analista: ¿y usted, qué piensa de todo esto? Por PABLO CHEB TERRAB

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ay un error frecuente cuando se habla de la famosa fábula de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, esa pequeña novela que Robert Louis Stevenson dibujó a fines del siglo XIX. Desde el periodismo deportivo, por ejemplo, se hace una lectura simplista que termina reducida a una analogía boba: tal equipo tiene dos caras, este jugador sufre de doble personalidad, aquel entrenador es a veces bueno y a veces malo. Todo aparece duplicado y opuesto, como en Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Sin embargo, hay una interpretación mucho más interesante que el primer golpe de vista hace pasar de largo: estrictamente, no se trata de dos personalidades diferentes. Jekyll y Hyde no son dos objetos distintos que conviven en uno. Son, de manera más sutil, dos porciones de lo mismo, dos extractos de una personalidad única que salen a flote alternadamente. Mejor aún, se trata de un repliegue de la actitud, coherente y civilizada de un reconocido médico para dar paso a la mugre que usualmente se suele reprimir. Freud, después de Stevenson, hablaría del “ello”. Hyde encarna una sección, normalmente oculta a la interacción social, que no sabe nada de modales, de protocolo, de educación o de decencia. Sabe mucho, en cambio, de placer. Vive en el presente duro y se expone sin vergüenzas (¿qué es eso?) ni piedad. Bueno, después de esta breve exposición de psicoanálisis literario berreta, estaría bien anclar el foco donde debe estar: en el relativamente flamante entrenador de San Lorenzo, Ricardo Caruso Lombardi.

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Para empezar, y como parte de una confesión brutal que hoy me llena de pudor, debo admitir que yo quería titular este artículo “Caruso tiene razón”. La evidencia futbolística -notable- que otorgaba el cambio en el juego de su nuevo club, junto con la campaña que había logrado construir en un Quilmes que ya no parecía sostener el mismo ritmo con otro entrenador, me obligaban a un gesto de honestidad suicida. Es decir, desde la pragmática numérica, desde el análisis con desapego, el DT me resultaba indiscutible. Mis compañeros de redacción, siempre entregados a la reflexión profunda, me impidieron semejante sacrilegio. Y me propusieron un abordaje superador. A saber: es cierto que Caruso es bueno en lo que hace. Algo debe saber de fútbol para armar conjuntos prolijos con material limitado. Para hacer, por ejemplo, resurgir a Gigliotti cuando parecía que el delantero ya no haría más goles en el resto de su carrera. Para encaminar al conjunto de Boedo (en el momento de escribir estas líneas estaba invicto, con dos victorias y dos derrotas) tal como lo había hecho con Racing en aquella campaña que lo salvó de la Promoción. Sin embargo, toda esa

capacidad queda hundida dentro de una cápsula gigante, aislada por su personalidad grosera, sus gestos ampulosos y ese juego que tanto le gusta llevar adelante con la prensa. Uno debe admitir que el desagradable Hyde tiene algo de atractivo: Caruso se presenta como el provocador canchero, que tiene pelito largo y siempre se abrocha un botón de menos en la camisa. Se ríe de las situaciones límites, se emociona en exceso y exagera su protagonismo. Se viste de azul y rojo cuando empieza a sonar como reemplazante de Madelón en San Lorenzo. Se maneja con desfachatez en las conferencias de prensa. Atiende todos los teléfonos, busca frases maradonianas. Todo eso es parte de su marketing personal, de la imagen que él va creando para sí mismo. Le dicen vende-humo. Pero ese calificativo tan universalmente aceptado para un tipo como él llega a partir de su esfuerzo por adjudicarse, en ciertas dosis, las dotes de milagrero. Él es el culpable máximo de esa lectura mayoritaria. Él, por decirle maricón a Elio Rossi. Por tildar de puto en plena cancha al Chori Domínguez, mientras se tira el pelito hacia atrás. Por decirle falopero al Turco Asad.

Como parte de una confesión brutal que hoy me llena de pudor, debo admitir que yo quería titular este artículo “Caruso tiene razón”.


No se entiende por qué un muchacho que ya se ha fabricado cierto nombre como entrenador, que tiene la fama ganado adentro de la cancha, no se calla la boca. ¿Por qué no se dedica sólo a entrenar? ¿Por qué no pierde un poco de ese excedente que le impide crecer, porque lo hace inaceptable como opción para muchos clubes que se presumen “serios”? Es curioso. Probablemente, la personalidad avasallante de Caruso, que no fue un gran futbolista, lo lleve a tener un magnetismo especial con los jugadores. Recordemos, por ejemplo, que por iniciativa de un programa de TV, terminó entrenando a un equipo de Primera D que acumulaba siete derrotas consecutivas. El conjunto en cuestión era Ferrocarril Urquiza. El partido: el clásico contra Central Ballester. La charla en el vestuario, obviamente grabada por las cámaras, fue un papelón de proporciones, con un enloquecido entrenador gritando un discurso motivacional de cartón. El resultado, insólito, fue una goleada por 3-0 a favor del equipo que siempre perdía. Algo ahí funcionó, contra toda presunción. Hubo una lógica puesta en juego. Hubo éxito pese al show. Parecía Mr. Hyde, pero era Dr. Jekyll. El problema es que esa frontalidad voraz y un poco chillona, que lo lleva a liderar un vestuario, debe encontrar un límite social. La intimidad del “puertas adentro” queda violada flagrantemente por una cámara. Para Caruso no hay diferencia, porque en él conviven el especialista respetado y el desinhibido generador de propaganda futbolera. Si Jekyll sabe a quién parar y dónde hacerlo, no importa lo que el mediático Hyde diga en el vestuario o fuera de él. Ante las cámaras, detrás del teléfono, frente al micrófono o cara a cara. Todo, en definitiva, es publicidad, es notoriedad. Todo suma. Pero hay un error de lectura que lleva al desprestigio. ¿Por qué creen que uno jamás podría imaginarse a Carlos Bianchi, a Alex Ferguson, a Marcelo Bielsa o a Pep Guardiola dirigiendo por un día a un equipo de la D? No tiene nada que ver con la capacidad. Ni con el miedo. Se trata, apenas, de evitar el golpe de efecto. De no insultar la honestidad intelectual. De evitar el pensamiento mágico. De no parecer un predicador sólo por tener un mensaje.

Caruso debe perder esa capa de grasa que envuelve lo mejor que puede ofrecer. Si cede protagonismo, se dedica íntegramente al juego, se modera en su afán tribunero y –sobre todo– si cierra la boca, el mundo futbolístico tendrá una opinión completamente distinta acerca de lo que él representa. Es posible que sea más divertido decirle maricón a Elio Rossi que ignorarlo por completo. Probablemente, Bianchi o

Bielsa se mueran de ganas de insultar a más de uno. Pero allí está la puerta que un profesional –líder de grupo, parte de una institución– no debe cruzar. Ahí están las leyes de la convivencia. En la negociación interna, hay un Dr. Caruso que cede permanentemente al placer inmediato de la risa colectiva. Cuando lo hace, es Mr. Lombardi, incapaz de refrenarse, sin noción de vergüenza ni piedad, el que rompe los lazos del decoro. PHOTOGAMMA.COM

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El gordito de la escalera

Cuando todos hablaban de Caruso entrenador pensamos en Caruso jugador. La curiosidad nos llevó al pasado, y para rebuscar en el pasado nada mejor que nuestro especialista historiador. Aquí están los testimonios de quienes vieron al hoy técnico de San Lorenzo por los planteles de Primera o del Ascenso. Parece que el hombre siempre fue igual. Por EDGARDO IMAS

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os testimonios son coincidentes. De quienes fueron sus compañeros y de quienes lo vieron jugar desde afuera. Ricardo Caruso Lombardi, como jugador, era tal cual como es hoy como DT. Nació en 1962 en el barrio de Villa Urquiza. Arrancó en el baby infantil de Almagro y luego siguió en Parque, que solía abastecer de futuros cracks a las Inferiores de Argentinos Juniors. Ése fue el camino que, como otros, recorrió Caruso, quien realizó inferiores en el club de La Paternal. Allí debutó en Primera en 1981 como lateral derecho y estuvo presente sólo en cuatro partidos. Cuando volvió de Sportivo Italiano, club al que lo habían prestado en 1982 para el torneo de la B, sólo jugó una vez más en Argentinos, en esa oportunidad como volante defensivo. Fue el 12 de junio de 1983, en el triunfo 2 a 1 sobre Temperley. Una fecha de culto en la historiografía de los Bichos ya que fue su último partido oficial en la vieja cancha de madera de Boyacá. Regresó a Italiano en 1985, luego de su paso el año anterior por Atlanta, en la última campaña de los de Villa Crespo en la A. Ninguno de los entrenadores bohemios lo tuvo en cuenta y ni siquiera integró el banco de suplentes. En Italiano jugó 42 partidos entre 1982 y 1985. La carrera de Caruso Lombardi continuó en la B Metro: en Almagro, entre 1986 y 1988, en Chacarita y en Defensores de Belgrano, entre 1988 y 1990, cuando descendió a la C. Domingo Ferro jugó con Caruso Lombardi en la reserva de Atlanta. Lo define “con un estilo tipo Batista, lento, con buena presencia. Siempre miraba adónde podía meter un pase, y era vivo para jugar”. Apenas terminó el secundario, Caruso Lombardi empezó a trabajar, y siguió haciéndolo aún cuando ya era jugador profesional. Julio Alberto Nuin, ex compañero suyo en Almagro, recuerda: “venía a entrenar con un Fiat 128 con una escalera arriba porque arreglaba carteles eléctricos con el padre. Llegaba sobre la hora y el Tano Calabrese, que era el técnico, lo tenía

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entre ceja y ceja y quería multarlo. Pero el Gordo tardaba un minuto en cambiarse. Caía con su bolsito a las 3,29 y a las 3.30 ya estaba cambiado”. Lo define como un volante metedor, retacón, al que había que tener cortito en el entrenamiento. “En Almagro anduvo bien cuando el entrenador era Carotti y el preparador físico Fernández, que lo exigía bastante”, afirma el ex defensor. Nuin dice que “con él, te reías siempre. La fama de jodón hacía que la ligara sin razón. Estábamos de pretemporada en San Justo, y con el arquero Peratta le habíamos escondido La Biblia a Latreite, un defensor que era evangelista. Enseguida lo encaró a Caruso: ‘devolveme La Biblia o te mato’, le dijo. ‘¿De qué biblia me hablás’, respondió Caruso, que no estaba al tanto, y Latreite, que medía como dos metros se enojó mucho más. Peratta los separó. Si no, lo mataba”. “La casa del Gordo parecía la de los locos Adams: eran personajes de historieta –cuenta Nuin–. De noche, el viejo se iba a bailar a la milonga y el Gordo se acostaba en la cama con la mamá a comer galletitas y mirar películas.” Juan Carlos Kopriva jugó con él en Italiano, donde también lo tuvo como entrenador en 1995/96, en el ascenso al Nacional B. “Hablaba mucho dentro de la cancha, con los árbitros, con los rivales, como ahora… No tenía un gran despliegue físico, y no le gustaba mucho entrenarse, aunque sí era técnicamente ordenado”, cuenta Kopriva. “Una vez en la cancha de Central, Caruso era lateral y Claudio Scalise lo volvió loco. Él lo corría de atrás y no podía agarrarlo. Hasta que en una siguió de largo y terminó agarrado del caño y casi se cae al foso”, recuerda el hasta hace poco DT de Barracas Central. Kopriva señala que “te puede gustar o no, pero Caruso vive las cosas a su modo. Se dicen muchas cosas de él, pero yo nunca se las he visto, ni como jugador ni como entrenador. Cada vez que nos cruzamos charlamos y es el mismo de siempre; no es que te ignora y te dice ‘yo soy de Primera’. Él es tal cual es todos los días. No vende un personaje, es un personaje en sí”.


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El pistolero de La Chinita

Teófilo Gutiérrez se forjó guapo en un barrio difícil de Barranquilla y paseó su aspereza por las canchas de Primera División. Ahora, Lanús lo cobija, por buen delantero, después de que Racing lo expulsara como si fuera la peste que acabaría con su vestuario. ¿Es necesario crucificar o endiosar a un futbolista rudo? Sería mejor entenderlo. Por ANDRÉS ELICECHE Fotos PHOTOGAMMA.COM

“¡Teofiló! ¡Teofiló!”, gritaba, exagerado como relator que se precie, el hombre de la TV turca. El nueve del Trabzonspor andaba metido en un lío: una manito sobre la cara de Ibrahim Toraman, capitán del Besiktas, había sido el puntapié de esos remolinos que se arman entre los jugadores, en los que muchos empujan pero pocos pegan de verdad. Enseguida llegó la tarjeta roja y después una seña universal en el mundo del fútbol: “te espero a la salida”, se prometieron los contendientes. Teofiló, acentuado al revés según la entonación del excitado relator, mostraba sus credenciales en el fútbol turco. Las de su temperamento rebelde; las otras, las de su talento, eran más fáciles de apreciar: en ese 2010 ganó con su equipo la Superliga y la Copa de Turquía. Poner en esa anécdota el punto de partida de esta nota es antojadizo. ¿Por dónde empezar? Tal vez, sin ánimo de jugar al psicólogo, convenga volver a través de la máquina del tiempo y situarnos en el barrio La Chinita, de Barranquilla. Allí nació Teo, como nos gusta llamarlo acá. “El fútbol me sacó de una guerra, de todos los problemas de violencia”, contó alguna vez, con la naturalidad de quien habla de cómo se usa la SUBE. Teo no se olvida de ayer: cuando su nombre ya se había hecho marca fundó un club para darles una mano a esos pibes que alguna vez fue él. Se llama Club Social y Deportivo

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Teo Gutiérrez, obvio. En La Chinita, su infancia transcurrió a la par de los tiroteos entre Los Malembes y Los Patrullas, las dos pandillas que se disputaban la zona. Entonces, él era El Pibe, por su juego vistoso, tras la imitación de Valderrama, su ídolo. “Tenía miedo todo el tiempo. Debíamos estar encerrados, muy precavidos, porque podía aparecer alguien y empezar a disparar. De todo eso se aprende y se crece como persona”, detalló en el diario Olé cuando sus goles empezaron a multiplicarse en Racing. Otros tiempos. El aquí y ahora tiene a Teo en un contexto diferente. Cuando esta revista circule, Teo andará poniéndole todas sus fichas al pleno de que su nuevo equipo no lo deje de a pie. Es que su cambio de camiseta fue un todo o nada: sus dos meses en Lanús –hasta el cierre del semestre– pueden reducirse a esos dos partidos. Una apuesta para salir de un lugar en el que ya no tenía espacio. El repaso del deterioro de su relación con el resto del plantel de Racing tiene paradas obligatorias. Llegó casi como un NN, más allá de sus números; cuando firmó con

La Academia promediaba más de medio gol por partido, producto de sus festejos en Junior de su ciudad y el Tranbzonspor turco. Pero Colombia y Turquía no son plazas que desde aquí se sigan con admiración. No tardó en exhibir lo suyo: a la par que asombraba con definiciones lujosas (terminó aquel Clausura 2011 como goleador, con 11 gritos en 16 partidos), sacaba la lengua y las manos cuando hacía falta. El primer hito fue televisado en vivo: una pelea en plena práctica con Mauro Dobler, el 30 de marzo. En el semestre siguiente, la bola de enojados puertas adentro fue in crescendo; se negó a viajar a San Juan para jugar contra San Martín, cuando el equipo de Simeone peleaba arriba, por una enfermedad que no existió; se hizo expulsar contra Boca, en el partido decisivo del campeonato, y encima empujó al árbitro. La caída de sus acciones con sus compañeros sólo era contenida por la idolatría de los hinchas. Mientras todo eso pasaba, Teo no se apartaba de la religiosidad: desde pequeño fue lector de la Biblia y consecuente con el mandato de rezar antes de dormir. Pero todo tiene un final, todo termi-

“Tiene que ser inteligente y aprovechar esta nueva oportunidad que le brinda el fútbol” (Mario Regueiro, un nuevo compañero).


na, como cantaba Vox Dei. El de Teo y Racing se firmó tras el 1-4 en el clásico en la cancha de Independiente, con una tarjeta roja (otra más) y escándalo de revólver en el vestuario incluido. Había iniciado el 2012 coqueteando con River y Boca, y su regreso tardío al club, más la provocación a Gabriel Milito en Mar del Plata y una expulsión ante Banfield en el arranque del Clausura. Esa tarde, la del domingo 26 de febrero, marcó el quiebre definitivo con los que todavía levantaban las banderas por Teo. Se paró delante de Lucchetti, le sacó la pelota de las manos con un toque y la mandó adentro. Afuera lo mandó Pitana, el mismo que lo había echado en La Bombonera. Lo que siguió de ahí en adelante fue puro cotillón. Cartón pintado. Capítulos previos a un final anunciado. Con esos antecedentes, la decisión de Nicolás Russo de llevarlo a Lanús sorprendió. Si hasta hubo amagues de resistencia dentro del plantel. “Teo es muy buen jugador, pero conmigo se portó muy mal. Espero que si se suma al plantel, se disculpe”, saltó Agustín Marchesín, sacando los trapitos al sol de un cruce que tuvieron dentro de la cancha en el torneo pasado. Pero donde manda capitán… “Lanús tiene un gran plantel. Con grandes jugadores. Teófilo no viene para ser más que nadie sino uno más dentro del grupo. El vestuario de Racing es diferente al de Lanús. Pero en todos lados hay conflictos, solamente que algunos trascienden más que otros”, destacó el presidente del club. El pasado inmediato no lo preocupa, está claro. “Del jugador, tengo las mejores referencias. Sus compañeros lo recibieron como a uno más”, le bajó el rating al tema. “Tiene que ser inteligente y aprovechar esta nueva oportunidad que le brinda el fútbol”, matizó el uruguayo Mario Regueiro, su nuevo compañero. Una manera de darle la bienvenida y a la vez el manual de instrucciones de un vestuario cerrado al histrionismo. “Me recuerda a Guillermo”, trazó una comparación Gabriel Schurrer, su nuevo entrenador. No le hizo falta aclarar que se refería a Barros Schelotto. Una buena comparación. Será que la explicación se resume en una definición del

propio Teo: “tengo mi carácter, lo asumo. Pero es que no me gusta perder”. En todo caso, el asunto Teo deja las miserias a la vista. Las del fútbol, que no son muy diferentes a las de la sociedad. Sus berrinches internos se taparon, o se hicieron ver como “cosas que pasan en todos los ámbitos”, mientras sus goles se convertían en pósters. Entonces, Teo era vivo, pícaro, gracioso. “¡Cómo los hace entrar a todos!”, lo festejaban. Los mismos que dieron una voltereta en el aire para hablar, en tono solemne, “de la conducta poco profesional” del colombiano cuando la pelotita dejó de entrar en el arco de enfrente.

No hay diferencias entre la personalidad de aquel que le tiraba piñas a Dobler y este que le dijo “carón” (descarado, en buen romance barranquillero) a Pezzotta, en su último acto como futbolista de Racing. Lo que cambia es la mirada. De complaciente a inquisidora, según los goles vengan o se vayan. Aplíquese a cualquier otra actividad de la vida cotidiana. No se trata de salvar a Teo o disculparle sus frecuentes excesos. Apenas de no crucificarlo o endiosarlo de acuerdo al lado para el que sople el viento. Ser menos tilingos. Una especialidad argentina que no tiene padres pero a la que todos abonamos un poquito cada día.

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Muertes, arreglos y balines

Uno se queja de los mamarrachos del fútbol grande de la Argentina. Pero a la hora de sacar los trapitos históricos al sol, el compañero de Córdoba se anotó con un desafío: demostrar que para hechos que se bambolean entre el desatino y la estupidez, sus tierras tienen lo suyo. Aquí va el vermú. Por OSVALDO ALFREDO WEHBE

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as historias tragicómicas conviven con el fútbol chacarero desde toda la vida. Curiosas, muy tristes, llenas de sospechas. En fin, de todo tipo. No tienen la prensa de la pistola de Teo, del salto de Caruso hacia otro club o de las trompadas de Silva en Tigre, pero que las hay, las hay. El sur de Córdoba da para un libro y muchas lágrimas y carcajadas. Cuarenta años atrás, en febrero de 1972, en La Carlota durante el juego entre Sportivo Rural de Santa Eufemia y Belgrano Juniors de Arias por las semifinales del torneo veraniego de ese año, un grupo de jugadores de Sportivo Rural y su director técnico golpearon en el suelo, hasta matarlo, al juez de línea del partido, Agustín Ángel Basso, de 34 años, que había salido en defensa del árbitro José Ángel Fragosa cuando era atacado por los protagonistas. Desde ese gravísimo hecho hasta casos de “arreglos” que son leyenda. Un 16 a 1 de Estudiantes de Río Cuarto frente a Atlético Chilecito en el mismo instante del 18 de Diciembre de 1983 en el que Juventud Alianza de San Juan le ganaba a Defensores de La Rioja 9 a 0. El primer puesto del grupo se definía por goles, y las radios ni siquiera se informaban desde Río Cuarto a San Juan y viceversa para sacar una ventaja que, como se, ve fue para el equipo cordobés. El fin de semana del 22 de abril de este año jugaron, por el torneo de la B de la Liga Regional de Río Cuarto, Renato

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Cesarini de esa ciudad y Acción Juvenil de General Deheza. Era el primer partido de Cesarini en su nuevo predio. De ese club salieron Sánchez Prette y Guillermo Pereyra, entre otros. Antes de iniciarse el segundo tiempo, un policía (había cuatro), se acercó al arquero vistante Carlos David Morán y le preguntó su nombre y DNI. La respuesta llegó y, claro, con ella la duda sobre ese interrogatorio. El policía le informó al arquero que detuvieron, con ayuda de efectivos no afectados al encuentro, a una persona que durante el primer tiempo le disparaba con un rifle de aire comprimido desde el tapial perimetral. El arquero no se había dado cuenta, contó el policía, a pesar que algunos balines pegaron en

el metal de los postes. Y Morán atajó el segundo tiempo como si nada. Los sospechosos estaban ubicados encima de una garita de parada de colectivos, y los agentes habían recibido una denuncia anónima al 101. Desopilante. Los lectores de tierra adentro podrán contar decenas de historias que involucran a dirigentes, hinchas, árbitros, jugadores, cantineros, utileros y afines. Pero, como se habrá visto, las anécdotas tienen el color tragicómico de un país que en el fútbol encuentra también una pintura perfecta. Una muerte, un arreglo, una comedia para Capusotto en la Argentina de ahora o para Alberto Sordi en la Italia de ayer. No tienen prensa. Pero pasaron de verdad.


CORTEMOS CON...

“Me rompe las bolas la desorganización” El Coco Basile duró poco. Los vientos fuertes y rápidos que ahora azotan al fútbol argentino lo arrastraron a situaciones enloquecedoras. Peleas, desplantes, desesperaciones. Hoy, cuando por la cabeza se le cruzan imágenes de la que pudo ser su despedida, opina de una realidad que mezcla crueldades y barbaridades. Por ARIEL SENOSIAIN Fotos PHOTOGAMMA.COM

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eses antes de que Teófilo Gutiérrez sacara un arma en el vestuario, antes de las grietas internas en el plantel y antes también de ponerse plazos, Alfio Basile llamó aparte a Sebastián Saja, el capitán de Racing. Lo hizo recordando un hecho del que fue protagonista cuatro décadas atrás: “En el ‘73, el Flaco Menotti nos citó a los cuatro jugadores de más experiencia de aquel Huracán. Quería hablar de Houseman, del gran René. Mamita, qué jugador… El tema era que a veces el Flaco tenía que hacer diferencias con él. Y necesitaba escuchar a los compañeros. Nos preguntó si lo bancábamos. ‘Yo no puedo exigirles a ustedes si no le exijo a él’, nos dijo. Nosotros no lo dudamos, le respondimos que hiciera lo que quisiera. Que sí, claro, que lo bancábamos a muerte”. El Coco se suelta con el pasado y se traba con el presente. Famosos códigos. Deja más detalles de lo de Houseman que de lo de Gutiérrez. Pero reconoce que actuó como había actuado Menotti: “es una manera de hacer psicología grupal. Lo toqué por arriba, pero quería saber qué pensaban los jugadores”. –Suele suceder que los jugadores toleran la falta de conducta de algún compañero mientras éste los salva en la cancha. –Y sí… René nos hacía ganar. Jugaba un piso de siete puntos, que eran esos

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partidos donde se quedaba a un costado comiendo pastito. –¿Pero Teo es lo que era Houseman? –No, no. Teo es muy buen jugador, René era recontra crack. Eso sí, los dos tienen la misma cuna. Me imagino, en realidad, porque no conozco tanto Barranquilla como puedo conocer el Bajo Belgrano. Ojo, Teo es un animal entrenándose. En eso se diferencia de los díscolos. Y hablando no parece lo que por momentos es. Una vez me presentó a un pastor que había traído desde Colombia. Él mismo parece un pastor. Pero a veces se nubla. –¿Existen los líderes negativos o es una contradicción? –Si es negativo, no es líder. Es una contradicción. Los jugadores pueden ser arrastrados un tiempo por un egoísta o un tipo complicado, pero terminan dándose cuenta. A Teo, igualmente, no le interesa ser líder. No lo lleva en la sangre. –¿Por qué desaparecieron los líderes? –No tengo las razones. Debe tener que ver con la época. El liderazgo es

genético. No son líderes los mejores jugadores sino los de personalidad más fuerte. Sirven para enfrentar a la barra, discutir con los dirigentes, hablar con la prensa. Antes todos los equipos tenían uno o dos caudillos, así les llamábamos. Llegaban a la Selección por cómo eran más que por cómo jugaban. Hoy algún equipo tiene alguno, pero lo más común es que falten. –¿La Selección lo tiene hoy? –Desde afuera no lo veo. Mientras estuve, viví claramente el cambio de época. Entre el ‘90 y el ‘94 estaba Ruggeri, además de Maradona, claro. Y en la segunda etapa teníamos a… Dejame pensar… Si tengo que pensarlo es que no lo tenía. Se perfilaba Gabriel Milito: presencia, seriedad, educado, no hablaba pelotudeces… Pero se lesionó. Y por más que no sean figuras, es fundamental que los líderes jueguen. –Tu amigo Mostaza Merlo dijo en la Copa América que veía liderazgo en Burdisso. –Puede ser, pero pasa lo mismo: las

“Los técnicos jóvenes están obligados a aguantar como aguantaba yo de joven. Ellos tienen que seguir trabajando, bancarse puteadas y darle para adelante. A mí ya no me interesa”.


lesiones le sacaron continuidad. Los líderes siempre juegan. Saben hablarles a los árbitros y a los líneas. Volvemos a lo que siempre se habla de Messi: un líder futbolístico, pero no de vestuario. Como Perfumo en nuestra época de jugadores en Racing: líder por condiciones futbolísticas pero no líder grupal. Lo perjudicaba ser lindo… Fijate en el Barcelona: el líder parece el de menos recursos técnicos, Puyol. Y tienen cada monstruo con la pelota... También tiene que ver la cantidad de años en un club. Antes podíamos pasar diez temporadas con la misma camiseta. Nos terminaban echando por camarilleros. Porque para el dirigente, el referente es el camarillero número uno. Hoy los jugadores están de paso en los clubes. ¿Quién va a ser líder de un equipo en pocos meses? –¿Saja en Racing? –Es verdad, pero no es lo lógico. Saja y Pelletieri podían convertirse en lo que un plantel necesita. Pero ahí tuve otro

problema para verificarlo: el poco tiempo que estuve. –¿Te arrepentiste de haber condicionado tu continuidad? –No, cómo me voy a arrepentir… Llegué muy ilusionado y cuando dije que teníamos que ganarles a San Lorenzo e Independiente para que siguiera, ya estaba muy decepcionado. De más joven hubiese peleado un poco más, pero yo había vuelto a Racing con la idea de hacer disfrutar a la gente, y los hice sufrir. Además, debía tener autocrítica: quizás ocurría que estaba fallando como entrenador, o que no les llegaba como les llegaba antes a los jugadores. Eso lo tuve en cuenta. –¿También tuviste en cuenta que podía ser tu último trabajo, como luego sugeriste? –Sí, lo pensé. Y lo sigo pensando. Aunque no quiero ser extremista porque quizás en algún momento me ofrezcan algo interesante, y si agarro, no quiero

quedar como un panqueque. –¿Qué le queda a un técnico de los nuevos si el más experimentado se pone plazos a la mitad de un torneo? –Al contrario, les queda aguantar más de lo que aguanté yo. Están obligados a aguantar como aguanté yo de joven. Ellos tienen que seguir trabajando, bancarse puteadas y darle para adelante. A mí ya no me interesa. Había ido como el que ganó todo cuando jugaba en Racing. Me respaldaba la carrera fuerte como técnico, si bien perdí y gané, como todos. No quise seguir. Zubeldía, por nombrar al que me reemplazó, seguramente tenga más empuje. A lo que también apunté fue a tocarles el sentimiento a los jugadores. –¿Lo conseguiste? –No se reflejó. Contra San Lorenzo jugamos mejor. Pero contra Independiente se derrumbó todo. Encima nos echaron dos jugadores. Terminar con nueve un clásico es un indicio negativo.

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–¿De qué te cansaste? –Me bajoneó la campaña. No ganar, no pelear el campeonato. Y del fútbol en general me cansó el tiempo que insume la preparación de un partido. No lo táctico ni el armado del equipo, que me encanta. Tampoco levantarme todas las mañanas para ir al entrenamiento. De la logística, de la concentración, de los viajes. Me pudrí de viajar. Si me ofrecen que para dirigir un partido en el interior o el exterior, puedo subirme al avión de Menem, ése que iba a subir a la estratósfera para viajar a Japón, tampoco me interesa. Y también me rompe las bolas la desorganización. Un par de semanas después de irme de Racing, me reía solo con los problemas que había para hacer jugar a San Lorenzo contra Barracas

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Central por la Copa Argentina. –¿Cómo es eso de que quisiste ser más un Alex Ferguson que el técnico que estabas acostumbrado a ser? –A partir de la triple operación de rodilla, se me generó artrosis. Como a cualquiera. Pregúntenle a un médico… Por lo que no puedo pegarle a la pelota ni desplazarme con facilidad. Por eso quise rodearme de ayudantes que trabajaran más en el campo que yo. Pero primero yo decidía qué actividades hacer y estaba al mando de todo. Cuando empecé no tenía ni ayudante de campo. Salía a la práctica con una bolsa con pelotas y cuando se iba lejos, muchas veces la iba a buscar yo. Ya no lo puedo hacer. A los jugadores se lo expliqué de entrada. Sir Ferguson (sic) analiza los entrenamien-

tos desde arriba, con la computadora; todo pasa por él y obviamente es el técnico en los partidos. Pero, claro, como no ganamos muchos se agarraron de eso para criticarme. –¿Relegaste conducción así? –Puede ser. No estuve lo cerca que estuve siempre. –¿Y hubieses reaccionado como Saja en aquel vestuario después de la goleada ante Independiente? –No puedo contestarte. Es parte de la intimidad. Sí te puedo decir que muchas veces reaccioné como Saja. Que muchas veces me peleé con un compañero. Que gané y que perdí. Y que hasta me peleé en un entretiempo de un partido previo al título que ganamos con Huracán. Creo que de alguna manera te contesté.


Los “focos” de conflicto

Se ha ido Guardiola. Uno de los entrenadores más reconocidos de los últimos tiempos termina una etapa en la que no faltaron choques con algunos jugadores. Nuestro compañero, con sobrada experiencia vestuarista, opina sobre los casos de futbolistas conflictivos dentro de los planteles. Por GUSTAVO LOMBARDI

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l máximo anhelo de un entrenador es lograr que 25 o 30 pensamientos individuales se transformen en una única idea dentro de una cancha de fútbol. Cuando este objetivo no se alcanza por motivos futbolísticos, uno ve dentro de un campo de juego equipos desarticulados, desequilibrados, carentes de identidad. Este conflicto tiene como denominador común la multiplicidad de responsables. Es decir, que varios componentes del conjunto no se complementan de manera adecuada. Diferente es si la razón de este fallido amalgamiento tiene su origen en la conflictiva interacción de sus componentes. Aquí, los desajustes futbolísticos serán una simple consecuencia de una problemática mucho más compleja. Lo que vemos dentro de la cancha cuando son las relaciones personales las que fallan tiene que ver más con un equipo desorientado, con poca reacción ante las adversidades, falto de compromiso; y en general, en estos casos, no hay múltiples focos de conflicto, sino que las responsabilidades caen en uno o, a lo sumo, en dos componentes del plantel. Cuando dentro de un vestuario habita aquel jugador al que le cuesta seguir las normas, que lejos de ignorarlas intenta siempre transgredirlas, este “organismo” –el equipo de fútbolproduce una respuesta inmunológica a la llegada de este “elemento extraño”. Cuando Teófilo Gutierrez llegó a Racing, sus tempraneros goles mitigaron sus primeras tóxicas reacciones. Mientras el balance entre conquistas y desobediencias le daba un saldo positivo al colombiano, nadie se atrevía a enfrentar o al menos reconocer que el estado de aparente bienestar ocultaba un costo a futuro demasiado alto. Un grupo sólidamente conformado reacciona y, ante la presencia de un agente extraño, toma uno de tres posibles caminos para buscar una solución efectiva: encapsula al organismo agresor inhibiendo sus facultades, trata de modificarlo y adaptarlo

positivamente al equipo o lo combate hasta lograr expulsarlo. Hasta aquella tarde en cancha de Independiente, el vestuario de Racing, lejos de ser un grupo sólidamente conformado, no había tomado ninguno de los tres caminos: se sometía silenciosamente a los desplantes de su centrodelantero. Hace pocos días, Pep Guardiola, anunciaba que su ciclo en Barcelona llegaba a su fin. Ciclo que marcará a fuego la historia de este deporte y al que acudimos y acudiremos innumerables veces para hablar, analizar y comparar distintos fundamentos que componen al fútbol. Este caso no es la excepción. Guardiola, entendiendo que el futuro éxito de su proyecto dependía directamente de aquella premisa que enumeramos en la primera línea de esta nota, nunca dudó un instante en separar, uno a uno, a aquellos jugadores (excepcionales jugadores) que no se correspondían desde lo humano con los lineamientos básicos en los que él creía y que había aprendido durante tantos años en La Masía. Ronaldinho, Deco, Eto’o, Ibraimovich fueron algunos de los apartados del plantel, no por sus falencias futbolísticas, sino por no compartir una misma filosofía, por no querer sumarse a una idea que requería ciertas condiciones que no tenían o no querían incorporar. Lejos hay que estar de responsabilizar a Teo de todas las desgracias que padece Racing. La Academia ya estaba penando antes de la llegada del colombiano y aún hoy, ya sin Gutiérrez en el plantel, lo sigue haciendo. Cada uno es como es, vivió lo que vivió y, aún sin compartirlos, es posible entender ciertos comportamientos. Pero si Racing quiere realmente comenzar a dar pasos hacia adelante, no deberá permitir que un solo jugador, técnico o dirigente, por más promesas inmediatas que brinde, lo logre en base a la destrucción y el olvido de aquellas premisas que llevaron al club de Avellaneda a ser uno de los grandes del fútbol argentino.

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CORTEMOS CON...

El placer de jugar sin técnico

Muchos de los episodios ocurridos en los últimos tiempos se relacionan con algo que llamaremos “la fiebre de los entrenadores”. Un mal que recorre el mundo desde hace buen tiempo. Para evitar mayores escándalos en el futuro, la receta se lanza en esta doble página: relativizar el rol de los técnicos, darles a los jugadores su debida importancia y, si es posible, volver a la vieja figura del sencillo seleccionador. Como en los partidos de barrio, o de oficina. Por PABLO LLONTO

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ramos apenas unos principiantes, con alguna cuota ínfima de veteranía. El artículo fue publicado en una revista que leían miles y miles de… troskos. Porque vaya a saber por qué razones, uno pensaba que a los troskos, a los maravillosos troskos, había que convencerlos también de algunas cuestiones futboleras. Encontré la revista Contraprensa, perdida entre amarillos volantes, en la búsqueda del preciso momento en que dejé de creer en los entrenadores. Digamos que, por ubicar un momento, fue

en abril o mayo de 1986 cuando dejé de pensar que un técnico era más o tan importante que los jugadores. En el texto de la publicación editada por el Movimiento al Socialismo, alguien a quien me parezco decía –antes del Mundial 1986– que debíamos abandonar nuestros enamoramientos con Menotti o con Bilardo, dejar de creerles y apostar solamente a los jugadores. Era una arenga pro-seleccionado 1986 (una defensa de los vapuleados muchachos) bajo una convicción de que serían campeones del mundo meses más tarde.

Luego vendrían las investigaciones, los pensamientos, la autocrítica, las charlas con los amigos, con los protagonistas, con el mundo exterior. En el medio, la influencia de los textos de Panzeri. Caramba que tenía razón el periodista cabrón. Uno tomaba el ahora Libro Verde de Panzeri y leía: “Estas palabras tienen el propósito de recordar que el jugador es quien mejor sabe que, en la cancha, el único que puede ganar o perder un partido es él, solamente él; y que cuando su conciencia advierte que el aparente cumpli-

¿Quién puede asegurar que los conocimientos de tácticas y estrategias resuelven el resultado de un partido de fútbol o, lo más importante, la belleza del juego?

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miento de una orden lo está arrastrando al incumplimiento del deber que le señala aquella realidad que no ignora... ¡El jugador debe rebelarse! Técnicamente debe rebelarse”. Ya sabemos que la Asociación de Técnicos y los demás gremios afines van a maldecir nuestro artículo y nuestro nombre. Pero antes de pasar a los alfileres que clavarán sobre la revista, probemos con atender algunas reflexiones: A.- ¿Quién puede asegurar que los conocimientos de tácticas y estrategias resuelven el resultado de un partido de fútbol o, los más importante, la belleza del juego? B.- ¿De ser falaz el razonamiento A, no habríamos encontrado el santo remedio del balompié? C.- Si el santo remedio de B fuese así, el fútbol se resolvería con estrate-

gias y no con individualidades. Saltarán a la yugular quienes razonan un poquito mejor. Por ejemplo, aquellos que están convencidos de que todo grupo necesita orden, disciplina, rigor de trabajo, experiencia, prácticas. Decimos nosotros: ¿y qué hay de todos aquellos que ordenan, disciplinan, “rigorean”, tienen experiencia y practican mucho, pero igual juegan horrible o se van al descenso sin más. El fútbol tiene tanta contraprueba para tanta prueba que se pretende brindar que sólo bastaría un ejemplo para burlarnos de todos nosotros: el llamado Maestro Griguol, padre del Ferro ultracampeón de los ‘80, no concentraba a sus dirigidos. Los citaba para almorzar un rato antes del mediodía en el club, y luego, a la tarde, los mandaba a la cancha. Él, que parecía el genio de los pizarrones, se rendía

ante la evidencia de la sencillez. Qué concentración ni concentración. La foto que acompaña a esta nota, en realidad, debería ser la nota misma. Eran tiempos de sencillo razonamiento: los equipos eran más que once jugadores. Y todo el mundo feliz y contento. Nadie propone que retrocedamos cien años. Pero lo bien que nos haría saber que hubo épocas en que los técnicos de fútbol eran simplemente una pieza más en el equipo. Ni estrellas ni estrellados. No se peleaban por salir en la tele ni los contrataban cuál eruditos a opinar sobre cómo ganar un partido, cómo clasificar para la Copa o cómo salvarse del descenso. Hubo un tiempo en que el verso no reinaba. ¿Cuándo fue qué se pudrió todo y que la prensa endiosó a los señores del buzo? ¿Cuándo fue que los entrenadores se

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Primero lo primero Por ALEJANDRO CARAVARIO

Es cierto que los entrenadores están sobrevalorados. Aunque creo que no es porque se los considera seriamente gurúes, sino porque el negocio impone nombres propios. Estrellas. Ellos concentran el éxito y el fracaso, según la economía dramática del fútbol. Digamos que es una convención. Más allá de esto, los entrenadores, cuando los futbolistas son chicos y jóvenes (o adultos de escasa formación), tienen una indelegable función docente. Jugar al fútbol no se reduce a mover hábilmente los pies. Hay que entender cómo funciona ese organismo vivo que es el equipo. Hay que darle un sentido (el más amplio posible) al ejercicio cotidiano de salir a la cancha. Y hay que desarrollar una ética deportiva. De adolescente, tuve la suerte de que Victorio Spinetto, un prócer de la pelota que por entonces ya era viejo, me dirigiera cuando jugaba en las inferiores de Atlanta. En la semana, nos revelaba su enciclopedia táctica, con un vocabulario de corte poético. Por caso, retroceder de frente al arco contrario era “remontar el barrilete”. Pero el día del partido, la charla técnica prescindía de estos detalles y se centraba en lo realmente relevante: mostrar en la cancha una conducta honorable. A eso le dedicaba el viejo los cinco o diez minutos anteriores al partido. Después se aferraba al alambre y gritaba como loco. Claro, también quería que ganáramos, pero jamás lo dijo, jamás lo dejó entrever como la misión a cumplir.

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convirtieron en trovadores? Hoy cuando los Carusos y Basiles, los Falcionis y Guardiolas, los Bielsas y Simeones opacan jugadores hasta el punto de convencer a la humanidad de la anti-esencia del fútbol (creer que los equipos funcionan bien o mal de acuerdo al entrenador que les toque en suerte), uno siente que la suerte está echada. Que llevará otros sesenta o setenta años desprendernos de semejante lastre teórico ficcional. Sacarnos de encima los entrenadores súper cotizados, menos cotizados,

nada cotizados. Aquel gran invento del periodismo que empezó a clasificarlos: líricos, resultadistas, del ascenso, sacapuntos, trabajadores, vagos, cabuleros, vendehumo. Muy pronto tendremos los endorreicos, exorreicos, metálicos, vendepatrias. Fue entonces que en nuestras charlas de los martes, los periodistas de Un Caño nos pusimos a polemizar estos asuntos. Había quienes piensan que los entrenadores cambian a los equipos. Y de pronto me sentí solo. Que no es lo mismo que loco.


CORTEMOS CON...

Corazones diferentes Si usted tuviese que hacer una radiografía del jugador argentino promedio en los planteles de Primera, ¿qué diría? Fabbri nos ayuda a descubrir cómo es, de dónde viene y adónde va el futbolista típico. Son datos interesantes para saber qué ha cambiado y cómo hemos cambiado. Por ALEJANDRO FABBRI

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a amenaza baja todos los fines de semana desde la platea, la popular o el alambrado mismo. Los sudorosos futbolistas de hoy, que corren cada vez con más empeño y con menos capacidades técnicas, son los destinatarios del comentario amenazante: “López, ¡esto es River! O “Tito, ¡esto es Chacarita!”. Los jugadores ya están acostumbrados a la advertencia cargada de historia, pero probadamente ineficaz en este momento. Es que los chicos llegan a Primera y emigran cuando existe la mínima señal de una transferencia. Hay que salvarse económicamente y jugar donde sea porque hay buena plata. No importa que se hipoteque el crecimiento profesional y el chico vaya a lugares en donde no pueda afirmarse. Hay que cobrar el contrato y seguir yirando. Este combo de ansiedades ya tiene varios años de existencia. La suma de hinchas que piden a sus futbolistas que recuerden triunfos históricos del club, que se mimeticen con una camiseta que en corto tiempo no pueden aprender a amar, más el resultadismo al extremo y la avaricia de los entrenadores han generado un nuevo monstruo: el aburrimiento deportivo. Los datos ayudan a esclarecer y a fortalecer historias: apenas 9 de los 20 técnicos de los equipos de Primera se han mantenido en sus cargos. Las recetas del Pepe Romero en All Boys y de

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Ricardo Gareca en Vélez son únicas e irrepetibles. Ante la malaria económica, hay que apelar a la cantera, y las divisiones inferiores aportan mucho: el 41% de los jugadores que han participado en el actual Torneo Clausura provienen de las categorías juveniles de sus clubes. La gran diferencia la marcan Boca y Vélez. Son los dos mejores equipos argentinos y lo ratifican con hechos: animadores del Clausura, candidatos a seguir avanzando en la Copa Libertadores, son los dos planteles más longevos. Los habituales integrantes de Boca reúnen un promedio de 140 partidos oficiales de promedio, lo que significa casi cuatro temporadas con la titularidad en la piel. Los hombres de Vélez reúnen 134 partidos de promedio, casi lo mismo. Marcan distancias con el resto, a pesar de que hay otros tres planteles con varios nombres de experiencia: Estudiantes de La Plata, Colón y Lanús. La presencia de futbolistas jóvenes y con poca trayectoria está expresada en los números: 104 de los casi 500 jugadores

han disputado menos de 19 encuentros oficiales. O sea, ni siquiera han jugado una sola rueda de una temporada, un Apertura o un Clausura, que es lo mismo. El otro dato que demuestra el gigantesco éxodo de jugadores de primer o segundo orden a torneos donde se pagan mejores salarios es aquel que señala que cerca de 180 futbolistas que hoy completan los planteles del torneo Clausura han surgido de equipos del Ascenso argentino. Muchos de ellos hoy son figuras de sus equipos: Leguizamón, David Ramírez, Clemente Rodríguez, Insaurralde, Schiavi, Diego Rivero, Carlos Luna, Pablo Mouche, Diego Castaño, Román Martínez, César Carranza, Rubén Ramírez, Sebastián Torrico, Martín Rolle, Julio Buffarini, Rodrigo Braña y Darío Gandín son algunos de la larga lista de hombres formados en las categorías menores. La ausencia de goles es otro elemento básico de este fútbol argentino anémico: el promedio de 2,24 por encuentro es históricamente muy bajo. El 51% de los resultados han sido el

Florece la ausencia de especialistas. En el actual campeonato, apenas 4 goles, sobre 270 señalados en las primeras 12 jornadas, fueron hechos de tiro libre.


empate sin goles o en un gol y el triste 1-0. Resalta de manera impresionante el 5-4 que se produjo en la Bombonera entre Independiente y Boca. Y como se explicó en otras ocasiones, florece la ausencia de especialistas. En el actual campeonato, apenas 4 goles sobre 270 señalados en las primeras 12 jornadas fueron hechos de tiro libre. Juan Román Riquelme a Newell’s, Luciano Leguizamón a Vélez, Diego Morales a Boca y Osmar Ferreyra a Boca fueron los artífices de los goles con pelota parada. La cantidad de goles de tiro libre ha ido disminuyendo dramáticamente y, sin embargo, ha crecido muchísimo la concreción de tantos tras una acción de pelota parada. O sea, de un tiro de esquina o de un tiro libre hacia el área, en primera o segunda jugada. Para citar dos casos: All Boys todavía no ha señalado ningún gol de tiro libre desde que retornó a Primera, y Newell’s lleva prácticamente el mismo tiempo sin concretar por esa vía, alrededor de 70 partidos consecutivos. Si casi no hay especialistas en rematar tiros libres, uno ya ha perdido la cuenta de cuándo fue la última vez que se convirtió un gol olímpico. Se recuerda aquel tanto del brasileño Silas a Boca, en el Nuevo Gasómetro, y punto. El grupo de goleadores de raza que aún se mantiene en el fútbol criollo ha iniciado una prudente retirada. Algunos por razones de edad (Martín Palermo, Esteban Fuertes) y otros están llegando a la parte final de sus exitosas campañas (Bernardo Romeo, Andrés Silvera), aunque aún siguen vigente otros artilleros, como Ernesto Farías, más el respetable aporte de algunos extranjeros como Santiago Silva. En consecuencia, el jugador promedio de hoy en los torneos argentinos de

Primera División reúne determinadas características: juega dos o tres años en nuestro fútbol, no tiene una gran pegada con pelota detenida –razón por la que no abundan los especialistas- y en un gran porcentaje viene del Ascenso o de las divisiones inferiores del mis-

mo club. Con escasos años en Primera, no termina de consustanciarse con la historia del equipo que defiende y con aquellos gritos de los hinchas: los “¡esto es Racing!”, o “¡esto es Gimnasia!” eran aplicables a otros deportistas en épocas anteriores. Hoy ya no.

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PERFUME DE VARÓN Por CECILIA DI GENARO

Fotos ALEJANDRO KIRCHUK

“Los hombres amamos a las minas muy por encima del fútbol” Periodista cercano a los cincuenta, cara conocida de la tele, hombre de tiradores llevar, analista de fútbol y reciente ultramegaputeador de Caruso Lombardi. Todo esto y mucho más ha sido Elio Rossi, el señor entrevistado por nuestra compañera en este nuevo intento por comprender qué es el fútbol y qué le ven al fútbol los machos del país que no se dedican como corresponde a las mujeres.

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sta vez sin tiradores, nos reunimos con Elio Rossi para que nos explique los lados más intrincados del deporte que mueve pasiones. Aunque no entrega ninguna pista sobre los equipos que le gustan, revela ideologías políticas, la convivencia entre la izquierda y la derecha en la pantalla, su fanatismo por Marcelo Bielsa y los odios que genera con su personaje. Por último, se anima a un exhaustivo análisis literario de su respuesta a Caruso Lombardi, y explica muy didácticamente, entre otras cosas, por qué los hombres hablan de “pesebre” para referirse al aparato reproductor femenino. –¿Decís tu cuadro o seguís el código de discreción de los periodistas deportivos? –Cuando era chico era de un cuadro, antes de terminar la primaria. Pero después dejé de serlo y nunca dije cuál era. Pero puedo decir que soy cordobés, de Bell Ville, cuna de campeones, donde nació Kempes. –El cordobés es medio canchero, ¿no? –Somos muy vascos. Si andás por el interior todos sienten un orgullo lógico por su regionalismo. Pero yo soy un rara avis, porque amo Buenos Aires, entonces soy observado por el hincha cordobés como un traidor a la causa. Pero volviendo al otro tema, trabajé en

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la radio cuando estaba en la secundaria y cuando me fui a Córdoba a estudiar a la universidad conseguí trabajo en Canal 8, incluso antes de empezar a cursar. Recuerdo que tuve que mentir con la edad, porque si decía que tenía 17 y que me podían sortear para la colimba por ahí no me daban el laburo, y en ese caso me tenía que volver a Bell Ville. Resumiendo: no sufro por ningún equipo, aunque el hincha de Boca está convencido de que soy de River. –¿Por qué tendrías que ser de algún club? ¿En el universo futbolero no hay posibilidad de que un tipo no sea fanático de ningún cuadro? –Es muy difícil, porque el hincha siempre mira al otro, en lugar de verse a sí mismo. Nuestra hechura genéticamente tiene que ver con la mirada del otro: nos resulta más fácil definirnos por lo que no somos que por lo que somos.

–Igualmente, no puede ser que todo te dé lo mismo. Algún equipo te debe gustar más que otro. –Sí, obvio. Cuando el Loco Bielsa dirigía la Selección, me hice hincha. Yo quería que ese tipo, con esa personalidad, con esos valores fuera campeón del mundo. –¿Por qué? –Porque en fútbol cuando ganás, tenés razón. No importa lo que seas. Podés ser corrupto y ser idolatrado porque ganaste. Entonces me gustaba la idea de que este tipo, que no transa con nadie, sea campeón. Es un loco idealista. Pero bueno, le fue como el culo. –¿Motivos? –Su metodología. Él plantea que, pase lo que pase, hay que jugar de la misma manera. Pero eso a veces te lleva al fracaso. Mourinho asume que el Barcelona es mejor, entonces hace un planteo defensivo con el Real. El Loco Bielsa

“Me apena que la cabeza visible de Fútbol Para Todos sea alguien tan esencialmente representativo del menemismo como Araujo”.


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tiene esa cosa quijotesca que muchas veces lo lleva a la frustración. Sin embargo, esa irreductibilidad lo convierte en un personaje muy atractivo. Esa fue la única vez que fui hincha; el resto de las veces pago las cuentas con este trabajo. –El otro día, en el noticiero, vi que Guardiola se fue del Barcelona y no podía creer la cantidad de tipos que vi en esa pose rarísima de hacerse los tristes. ¿Cuánto te puede importar que se vaya un técnico de un equipo europeo? –Pero les importa en serio. Lo que pasa es que el primer lugar de la vida cotidiana en donde entró a calar la globalización fue el fútbol. Ojo, antes también pasó con Sívori o Pipo Rossi: los jugadores del ‘40 que se fueron a jugar a Colombia. Los medios se encargaron de masificar la cuestión y estamos más enterados de todo que nunca. Por eso la contracultura futbolera debe tener una mística extraordinaria. Y Bielsa es importante en términos de lo que representa, de quedarse en el lugar a dar pelea contra el resto. –Ahora que los españoles están en crisis económica, ¿bajan los resupuestos millonarios o siguen intactos? –Olvidate de que Messi deje de ganar 13 millones de euros de sueldo, por más que los españoles tengan 6 millones de desocupados. –Es, te diría, medio pornográfico, ¿no? –Sí, pero el fútbol es paraestatal, parapolicial, es una cosa paralela y manejada por los poderosos. –¿Tenés alguna ideología política? –Sí. Mi viejo era peronista de Perón, y yo me siento muy cómodo con este intento que está haciendo la doctora Kirchner de construir un peronismo de izquierda. Te digo esto sin ser un militante. –¿Nunca militaste? –Sí, en el Partido Intransigente. Estuve del ‘81 al ‘83, cuando estaba en la universidad, en Córdoba. Pero fue algo muy tranquilo. Ahora siento que,

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por ejemplo, el Fútbol Para Todos es un proyecto genuino de este Gobierno, pero me apena que la cabeza visible sea alguien tan esencialmente representativo del menemismo como Araujo. Pero que quede claro: que trabaje hasta los 80 años. Yo hace años que bajé el volumen y escucho a Mariano Closs, porque la transgresión de su relato devino en griterío aburrido. Además, sé que me estoy perdiendo al magnífico Fernando Pasini. –¿Y el grito “¡kris-pasión!” cómo te cae? –No puedo creerle a alguien que estuvo tan vinculado con el menemismo, porque Menem representa el descuartizamiento del Estado, la destrucción de lo que mi abuelo y mi viejo construyeron para este país y que este tipo en diez años hizo mierda. –¿Cómo hacés para laburar con Feinmann, entonces? –Ideológicamente, estamos en las antípodas. Mirá, yo laburé en medios del estado, en Canal 13, en Torneos y Competencias, en Canal 9. El tema es qué estás dispuesto a ceder como persona y como periodista. Nadie te puede obligar a decir algo que vos no querés. De últimas decís “eso hacelo vos”. –¿Esto te trajo problemas? –Yo no le caigo muy bien a mucha gente. Entre otras cosas, porque humanizo a los ídolos, y eso a los hinchas no

les cae bien. Si digo que el Enzo nunca se destacó contra Boca, hace que una cantidad de gente de River diga “este negro hijo de mil puta…”. Es una huevada, pero pasa. –Y siguiendo con el tema ideológico, también te ponés en contra a los que piensan parecido a tipos como Niembro. –Sí. Fernando es macrista por convicción, y eso hay que bancárselo. En su programa, que yo dijera que el testaferro de Macri es dueño del 30% de Palermo hace que Macri no me quiera mucho. Pero yo hablo con información, no hablo al pedo. Ojo, Niembro, en veinte años, jamás me pidió que no dijera algo, porque respeta que cada uno piense lo que quiera. Eso es muy valioso. Pero, volviendo al tema: en esos programas, cuando uno da información con valor político, te la tenés que bancar. A mí no me han podido desmentir, ni hacerme ninguna querella. –A mí me parece que desde ese tipo de programas se genera mucha violencia. –La falta de tolerancia ha sido manijeada, sin ningún lugar a dudas, desde los medios, de los cuales soy parte y me hago cargo. Se han encargado de sacralizar el idiotismo urbano en estado puro, que es el hincha sacado y puesto en primera plana, sin que esa acción merezca un punitorio por parte de las autoridades. TyC giró la cámara para el otro lado y de pronto se tornó más importante el insulto que la decisión táctica de sacar a un delantero y poner a un defensor. Igual, hay matices; no todos los medios son lo mismo. –Cambiando de tema, me dijeron que tenés un don especial para lograr que las mujeres se interesen por el fútbol. ¿Esto es cierto? A mí me resulta imposible de creer. –Tiene que haber una predisposición femenina, pero también es cierto que cuando uno habla de fútbol está hablando de un montón de otras cosas que van más allá del deporte.


–¿Por ejemplo? –Estás hablando de traiciones, de amor, de compromiso, de liderazgo… Yo vi a Diego con el tobillo como un pomelo doble, y vi cómo lo infiltraban para evitar el dolor. Es decir, estás hablando de la valentía, del corazón, del temperamento que hacen al fútbol. –Cómo currás, eh… –¡En serio! Por ese lado podés conseguir un auditorio femenino que se engancha. Porque además el fútbol ha dejado de ser machista. –No creo: el otro día vi a Chechu Bonelli diciendo que era un mal ejemplo que dos jugadores se dieran un beso en la boca. El mal ejemplo es ella, en todo caso. –Pero no es sólo eso. Ella no repre-

senta a todas las mujeres que se dedican a esto. Hay mujeres que entienden mucho de fútbol, como Viviana Vila, una exquisita periodista. Porque en realidad no hace falta ser varón, ni haber jugado a la pelota para entender del tema. Pensá que Mozart era incapaz de enseñarte a tocar el piano. El mejor Milan lo dirigió un tipo que jamás jugó al fútbol, Arrigo Sachi. Bielsa fue un oscuro seis de Newell’s. Maradona, que fue genial como jugador, no pudo transmitir todo eso a los jugadores. Ruggeri fracasó en todos los equipos que dirigió. –Con ése hay pica, y también con el que te molestó por los tiradores. Tener un estilo estético marcado es un gesto de coquetería que puede ser muy polémico dentro del mundillo del periodis-

mo deportivo, ¿no? –Los tiradores me gustan. Pero además hay atuendos que tienen que ver con la escenificación de una circunstancia. Los tiradores son para lo que yo llamo “la ficción de la tele”, y se dio naturalmente en una situación laboral. –¿Cómo es eso? –Un día estaba de viaje, vi unos tiradores y me los compré. Para ese entonces, justo empezaba en Fox Sports, y cuando fui a la sesión de fotos para la gráfica del programa, como no había aire acondicionado, me saqué el saco. La cuestión es que a Fede Infante, el CEO de Fox, le encantaron. Tanto que hicimos las fotos sin saco y me preguntó si yo quería usarlos en cámara. Años más tarde, cuando entré a laburar en

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C5N, la chica de vestuario me dice “¿y los tiradores?”. De ahí en más, quedó. Es mi único rasgo de coquetería y, en definitiva, para mí el fútbol ha sido la gran excusa para conocer el mundo y levantarme minas. –Para terminar quiero que hagamos un análisis literario de lo que escribiste en tu blog sobre Caruso Lombardi. Cuando decís: “tu obsesión por ver putos por doquier es por tu condición de puto reprimido. Hacete romper el orto de una vez y relajate, papá”. ¿Qué pasa con los putos, por qué usan esta palabra como un insulto? –La mirada más estigmatizante que hay en el fútbol es sobre la condición sexual del otro. Los tipos que, en respuesta a una mirada futbolera mía, posan su mirada homofóbica, me hinchan las pelotas. Por eso le contesté así. –Para mí es claramente mucho más groso, como insulto, decirle a un tipo “cornudo”. Pero por escándalo… –Sí, pero pensá que el fútbol aun tiene costados muy machistas. –Cuando decís: “A mí me gusta la cajeta, la cachucha, la cachufleta, la chichi, el chocho, la totona, la pepita, el pesebre, el tajo, el pichi, la concha, el papo peludo y oloriento o peladito y bien perfumado”, me las figuro a todas menos la del pesebre. Nunca supe por qué le dicen así. ¿Me lo explicarías? –Últimamente, uno se encuentra con una moda de chicas depiladas. En mis tiempos no se usaba eso. ¿Vos viste la concha de Marie Schneider en El último tango en París? –Veo adónde querés ir. –¿No es una hermosura? –Un toque frondosa, pero qué te puedo decir… –Es una cosa hermosa, con mucho pelo. De ahí el pesebre: por la cuestión de lo que serían los fardos y el pajonal. –Bien. Siempre quise saberlo. Seguimos. Después decís “a mí me gustan las minas por encima del fútbol, del cine, de los viajes, del laburo, de pagar los impuestos, de vivir en Europa, de la literatura, del vino, de los

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noviazgos, de los matrimonios, de la radio y de la televisión”. ¿Esto es así? Sería toda una revelación, porque a las mujeres, en general, muchas veces nos dan a entender que estamos en un segundo lugar. –Definitivamente, nos interesan más.

Amamos a las mujeres fervorosamente, lo que pasa es que a nosotros nos criaron con la idea de que coger y amar son dos cosas distintas. Pero las dos cosas están íntimamente vinculadas. Lo único que lamento, entrando a los 50, es no poder decidir yo, porque ¡no me dan bola!


Mafia redonda

Poco se conoce de Rubén Ale, ex presidente de San Martín de Tucumán y ahora procesado y juzgado por delitos varios que incluyen la trata de personas. De cómo un barra brava y apretador pasó a ser dirigente de fútbol trata esta reseña, para que el Nunca Más futbolero empiece a escribirse. Por SEBASTIÁN SAIJO Foto JUAN SÁNCHEZ NOLL

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l último 8 de febrero comenzó el juicio por el secuestro de María de los Ángeles Verón, y el 3 de abril se cumplieron diez años de su desaparición. Hay trece imputados por una red de prostitución que actuaba en todo el país. La entereza y valentía de Susana Trimarco, la madre de Marita, logró despabilar la pereza del Congreso para sacar en 2008 la Ley 26.364 sobre Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas. Hasta aquí parece que la pelota no pica cerca en este caso, pero la dirigencia deportiva esconde a uno de sus peores ejemplares. Rubén Ale, apodado la Chancha por su gran porte físico, ex presidente de San Martín de Tucumán hasta agosto de 2011 y hoy con prisión domiciliaria, observa que el abanico de acusaciones dejó de salpicarlo: ahora lo baña. El Santo tucumano merodeaba el Torneo Argentino A, la administración de Juan Carlos Cáceres al frente del club no pasaba por su mejor momento: sólo 87 socios y un pasivo de 7 millones de pesos. Desde el tablón, donde solían frecuentar Rubén y Ángel el Mono Ale, llegó una orden muy sencilla para Oscar Mirkin –candidato e hijo del histórico Natalio Mirkin que presidió durante 18 años la institución–: “nadie debe presentarse a las elecciones”. La Gerenciadora NOA, comandada por ellos y con Alberto Darnay como cabeza visible, era la nueva dueña del poder. Tiempos truculentos llegaban a La Ciudadela junto con la fórmula que la Chancha compartió con su esposa María Jesús Rivero, propietaria de la remisería Cinco estrellas e imputada en la causa por haber utilizado un vehículo de su flota para el secuestro de Marita. En el mismo recinto fue citada y extorsionada Eugenia Vizcarra, la viuda de Justo Collado, un ex encargado de los operativos de seguridad en el club, para que desestime toda posibilidad de iniciarle juicio para cobrar la pensión de su esposo. “Tuvieron íntimas relaciones con el gobierno de Julio Mi-

randa. En ese momento, Cinco estrellas había formalizado un convenio con el Ministerio para tener la frecuencia de las radios de la Policía”, relata Carlos Garmendia, abogado de la familia Verón. Una fuerza de choque para el ex mandatario provincial que siempre los mimó. Hasta en la peor época, con la debacle del país durante el 2000, el gobernador les encargó a los Ale el reparto de cien mil bolsas de mercadería junto a otros dirigentes peronistas. Su ahora ex María Jesús Rivero, vicepresidenta en 2009, debe enfrentar a los jueces. Pero en un pasado no muy lejano, y junto a su marido, enfrentó al gobernador tucumano José Alperovich para presentarle el proyecto del nuevo estadio de San Martín como “una forma de retribuirle su gesto de darnos un subsidio no bien supo que queríamos remodelar las tribunas”. La inversión demandaba seis millones de pesos; la provincia prometió entregar casi un millón en doce cuotas de $80.000. El estadio de Bolívar y Pellegrini aún aguarda por su remodelación. Procesados por usurpación de tierras en diversas localidades junto a Felipe Daniel Jorrat, ex vice segundo de Atlético, los hermanos Ale son un apellido trillado para el ciudadano común y para los poderosos de Tucumán. También para los genocidas: el fallecido Antonio Domingo Bussi se refirió a ellos criticándolos por “pretender implantar una mafia que no va a prosperar porque con la ley vamos a destruirlos”. El asesino se reía del degollado. Susana Trimarco y la Fundación María de los Ángeles Verón rescataron a varias adolescentes trasladadas a otras provincias e incluso vendidas a España. Entre ellas, ninguna era su hija. Fátima Mansilla, quien compartió con Marita el calvario del secuestro y la obligación de prostituirse, afirma haber sido seleccionada por la Chancha y mantenida cautiva en la casa de otra ex pareja del proxeneta, Daniela Milheina, imputada en el juicio y denunciante de su propio marido. Sin dudas, Rubén Ale está sucio por su propia mugre. MAYO 2012 | UN CAÑO 41


Hacia Londres 2012

Volver a los dieciséis

La gimnasta Valeria Pereyra será la atleta argentina de menor edad en los Juegos de Londres. La muchacha clasificó a sus primeros Juegos sin tener demasiada noción de la importancia de una Olimpiada. Socia de Vélez, a los 16 dio el primer paso en una carrera que puede tenerla como gran protagonista en poco tiempo. Mientras tanto, con la misma rutina silenciosa de los deportistas ignorados, estudia y se entrena. Por TOMÁS RODRÍGUEZ COUTO Fotos FABIÁN MAURI

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lasificar para los Juegos Olímpico cambia el ritmo de cualquier deportista. A veces, la palabra “sorpresa” es la definición más acorde para sus consecuencias. Compromisos de cualquier tipo y trámites engorrosos se suman a los entrenamientos y obligaciones naturales que suelen incluir trabajo o estudio. Esto se acelera cuando la agenda marca un viaje previo al exterior. Es clave asimilar la alteración en el funcionamiento de los motores de cara al torneo más importante. Pero el comienzo de Valeria Pereyra en la gimnasia artística se había dado naturalmente: tenía tres hermanas socias de Vélez Sarsfield que competían en la actividad. “Cintia, la mayor, se movía todo el tiempo y, al vivir cerca del club, la acercaron a practicar gimnasia, lo más parecido a lo que hacía en mi casa. Desde ahí, todas la seguimos”, afirma Pereyra. A los tres años la cuarta hija de Alejandra y Marcelo llegó al club de Liniers y, a diferencia de sus hermanas mayores, no dejó el deporte. “Somos todas socias de Vélez. Ellas, incluso, van a la cancha. Y ahora la más chica hace gimnasia acrobática. También probé natación y empecé patín artístico, pero fui una semana y me corté el dedo, no era para mí. A los 11, empecé en el alto rendimiento, pero seguía siendo un juego. Pensaba en torneos internos en mi club y en metropolitanos. No en torneos internacionales”, cuenta quien se crió entre magnesio y colchonetas en el polideportivo de la avenida Juan B. Justo de un club que

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toma con mucha seriedad el deporte en general y a cada una de las veintisiete disciplinas que se practican allí. Así siguió su evolución hasta llegar a la Selección Nacional. Y a Londres. Fue en enero, en el Preolímpico realizado en la misma capital inglesa cuando la argentina finalizó 21ª y clasificó a los Juegos Olímpicos. Ya se había acrecentado la edad mínima para competir en gimnasia artística. Aún así, con 16 años cumplidos el 12 de febrero, será la más joven de nuestra delegación. –En el ámbito de la gimnasia se comentaba que, a pesar de no tener la edad requerida para estar en los Juegos Panamericanos, eras candidata para estar en Londres 2012. ¿Vos cómo lo viviste? –No se me cruzaba por la cabeza estar en los Juegos Olímpicos. Las giras previas en 2011, aún como juvenil, fueron buenas para saber en qué nivel estaba. Gané en Bergisch Gladbach, Alemania, y me quedé tranquila, estaba en buen nivel. En Liberec, República Checa, terminé segunda, ya sí concentrada en la posibilidad de ir a Londres. Estaba en el nivel pero sin la edad mínima para ir al Mundial 2011. Pero cuando pensaron el Preolímpico 2012 para que puedan clasificar las na-

cidas en 1996, me di cuenta de que mi sueño estaba arrancando. Cuando la chica que fue al Mundial consiguió la plaza para el Preolímpico, me puse a entrenar pensando en eso (N de la R: en Tokio, la marplatense Merlina Galera compitió en el torneo ecuménico que repartía plazas directas a Londres 2012 y también al Preolímpico). Cuando voy a un torneo me adapto bastante bien a los aparatos. Por lo general me siento súper cómoda. Según la ciudad, las Copas del Mundo también son diferentes en relación a un Mundial y a los Juegos Olímpicos, pero en esos casos la idea es practicar las series. A veces estoy nerviosa, a veces impresionada. Pero trato de disimularlo, tengo esa capacidad. En Londres estaba tranquila y nerviosa a la vez por esa razón. Tenía que hacer un torneo limpio: sin errores y sin dejarme estar. –¿Cómo tomaste la clasificación? –Me estoy empezando a dar cuenta de que los Juegos Olímpicos son muy importantes a nivel país y a nivel persona, y me gusta que sirvan para difundir más el deporte. Cuando había clasificado, no tenía mucha idea de la dimensión que tenía. Era un sueño. Pensaba “llego ahí y ya está, no entreno nunca más en mi vida,

“Ahora las cosas están mucho mejor que en años anteriores, y mi entrenadora sabe muchísimo, pero todavía soy muy chica”.


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logré lo que quería”. Pero esto recién empieza, los Juegos Olímpicos son el primer escalón de mi carrera. –¿Cuáles son las claves de tu crecimiento deportivo? –Primero y principal, mi entrenadora Daniela Conde. También mis compañeras del club. Si no están al lado, no funciono para nada. Le agradezco al entrenador Ernesto Alomar que nos está ayudando muchísimo y, obviamente, a mi familia porque el apoyo es incondicional. En todas las competencias me destaco por mi cabeza, eso me ayuda muchísimo. Me gusta competir mucho y entrenar siempre al 100%; es muy raro que no tenga ganas de entrenar. Desde su entorno aseguran que tiene una cabeza atípica para su edad. Y que por eso llegó a donde llegó. La disciplina la ayudó. Sabe lo que quiere y tiene los objetivos claros. La diferencia con el resto es mental. Sale de su casa a las seis y media de la mañana para tomarse algún colectivo de la línea 117 que la acerque a Núñez por la avenida General Paz antes de tomarse otro para llegar a las 8 en punto al CeNARD. Entrena de 8 a 12,30, almuerza e ingresa al Colegio, donde se queda de 13,15 a 6 de la tarde. Llega a su casa antes de las 8 de la noche. Pero esto no empezó de un día para el otro. –¿Por qué se decidió un cambio? –Antes hacía doble escolaridad pero después tenía que faltar o entrenar tres horas a la tarde. Terminaba muy cansada. Aun así, me di cuenta de que eso no alcanzaba para lograr los objetivos. Por eso en 2010 empecé a estudiar en la escuela del CeNARD. Todavía no teníamos ni idea de que podíamos clasificar en Londres, simplemente no me alcanzaban los entrenamientos para crecer. Me ayuda muchísimo porque sigo en el ambiente y siempre tengo la mente metida en la gimnasia y no tanto en si llego o no en horario al colegio. Ahora lo tengo a tres pasos del gimnasio y no dejan de ser exigentes. Por eso trato de ser organizada. Si no hago la tarea en el momento, o no estudio cuando tengo que estudiar, después no tendré tiempo. Tiene fama de gimnasta muy compacta, y la crítica dice que a la hora de competir es muy segura, además de ser estable en el entrenamiento. Hace cuatro años que está en la Selección nacional 46 UN CAÑO | MAYO 2012

(de juveniles o mayores) y nunca dejó de clasificar cuando tenía un compromiso internacional en la mira. “Es muy elegante. En la Argentina marca diferencia con eso. Se caracteriza por la representación artística y el porte que tiene a la hora de competir. Es muy sólida”, asegura Conde, entrenadora de máximo nivel mundial, según lo certificado por la Federación Internacional de Gimnasia. –¿Y ahora cuál es el objetivo? –Lo ideal sería quedar entre las veinticuatro mejores en el all around para entrar en la final de los Juegos. Quiero ganar experiencia y a la vez pelear esos puestos. Me viene bien el orden de los aparatos porque empezaré con barras asimétricas, que es mi especialidad preferida y me da más seguridad para el resto. Y el salto al final es bueno. Es para mí

el más fácil: el esfuerzo no es tan grande porque dura seis segundos, mientras que hay otras rutinas de un minuto y medio. Este es mi primer escalón. Ahora las cosas están mucho mejor que en años anteriores, y mi entrenadora sabe muchísimo, pero todavía soy muy chica y me falta competencia internacional. La idea es ganar experiencia y aprender para los años siguientes y poder pelear medallas no solo en sudamericanos, sino también a nivel mundial. Con Valeria Pereyra y Federico Molinari, la Argentina tendrá representación olímpica en gimnasia artística, tanto en varones como en mujeres, por primera vez desde aquel 1996, el año que vio nacer a quien intentará dar lo máximo el 29 de julio en el North Greenwich Arena. A disfrutar.


Una de niños bien

Se vienen los Juegos Olímpicos, pero… ¿qué Juegos Olímpicos se vienen? Entre la Europa cruzada por la crisis y un COI convertido en hoguera de vanidades y negocios, los atletas se preparan para concurrir a Londres. Será la tercera experiencia olímpica para la ciudad británica, esta vez bajo el mando de un conservador que anda de recorte en recorte, bien a la derecha. Por EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

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a foto, un documento en sí mismo, me la mandó por correo a fines de 2009 el periodista británico Andrew Jennings. David Cameron (de pie, segundo a la izquierda) era entonces líder conservador en el Parlamento. Jennings, investigador de la FIFA y cuyos primeros libros sobre la corrupción en el deporte olímpico anticiparon la reestructuración del Comité Olímpico Internacional (COI), estaba furioso esa medianoche en Maracay, Venezuela, intuyendo que Cameron, miembro de la aristocracia inglesa, descendiente directo de la monarquía y educado en escuelas de élite, iba a ser el nuevo primer ministro de Gran Bretaña. “Esta es la foto que te prometí”, me dice Andrew sobre Cameron en la Universidad de Oxford. “Son todos hijos de millonarios. Se emborrachaban y destrozaban restaurantes. Y al día siguiente pagaban los daños. Ahora –sigue Jennings- pretenden ser gente común”. La foto es del Bullingdon Club. Según Wikipedia, se trata de un club “célebre por el vandalismo y la tendencia a la embriaguez de sus mayoritariamente aristocráticos miembros estudiantiles”. Los Juegos Olímpicos de la era moderna, reflotados por el barón francés Pierre de Coubertin, también tuvieron origen aristocrático. Millonarios, condes, militares y académicos fueron sus miembros fundadores. Entre estos últimos estaba el argentino José Benjamín Zubiaur, pedagogo y abogado entrerriano, ex rector y profesor de filosofía del Colegio Nacional de Concepción del Uruguay. Compartió con Coubertin, a quien había conocido poco antes en un Congreso en París, la concepción inglesa de que el deporte debía ser practicado en las escuelas, pues ambos lo consideraban una formidable herramienta educativa. Pero Zubiaur fue viendo cómo los Juegos elegían el espectáculo antes que la educación, y además no tenía fortuna para viajar a las reuniones en Europa y el COI terminó echándolo en 1907. “Podría haber sido el Coubertin sudamericano, pero lo perdió el olimpismo y lo ganó la Argentina”, escribió alguna vez el filósofo e investigador del deporte César Torres, admirador de la obra de Zubiaur. Tampoco Coubertin compró enteramente la propuesta inglesa de que el deporte debía ser para los gentleman que enseñaban las

reglas del fair play al resto de la gente, es decir, trabajadores que no podían participar de las competencias porque, al ser asalariados, eran “profesionales”. Paternalismo ilustrado. Pero el COI, más allá de Coubertin, que murió casi pobre y soñando con hacer unas Olimpíadas obreras, se refugió durante décadas en la nobleza. Príncipes y barones engrosaron su conducción, incluyendo al conde belga Henri de Baillet-Latour, sucesor de Coubertin. A partir de 1980, el español Juan Antonio Samaranch, un pragmático ex ministro franquista, buen amigo de Adidas, los abrió al profesionalismo. Y eligió a ex deportistas en lugar de aristócratas. Sin embargo, tanto amor por los nuevos negocios estalló con los escándalos de corrupción de 2002. El COI se lavó la cara. Este año, la nueva conducción de Jacques Rogge no dudó en sacarse de encima a su miembro decano, Joao Havelange, protegido en cambio por Joseph Blatter. Tampoco deja entrar más a sus Congresos a Jean-Marie Weber, el “valijero” de los sobornos de ISL, el caso que todavía amenaza con estallar en la FIFA una vez que la justicia suiza, me dice Jennings, acepte dar los nombres de los dirigentes que recibieron dineros por debajo de la mesa. Por eso, Londres recibe más alegre a los Juegos que al Mundial que ambicionaba para 2018 o 2022 y que la FIFA de Blatter asignó finalmente a Rusia y Qatar. Para Cameron, será como recordar los últimos Juegos en Londres, los de 1948. Los primeros tras la caída del nazismo. Finlandia, que era la sede original, debió conformarse con los de 1952. Inglaterra, “la nación vencedora” en la Segunda Guerra Mundial, siempre creyó que esos Juegos debían ser suyos. Fueron los Juegos de la austeridad. Los atletas debían llevar sus propias toallas. Prisioneros de guerra nazis construyeron caminos. El Comité Organizador era dirigido por una docena de nobles o militares, encabezados por Lord Burghley. Más de medio siglo después, los Juegos son hoy una gran kermesse y una feria de vanidades, bajo el lema de la fraternidad universal. Londres, como Europa, vive otra crisis. Sus élites creen que el deporte puede marcar otra vez el renacimiento. MAYO 2012 | UN CAÑO 47


Ensayo sobre la entereza

Para quienes dicen que ya todo está inventado, o para quienes reniegan del atrevimiento humano, el deporte brinda un ejemplo más. En un pedazo de la Argentina, alguien ideó el Básquetbol para ciegos. Y allí andan, experimentando alegrías con niños y adultos cuya proeza mayor es querer jugar. Y juegan. Por SEBASTIÁN SAIJO

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ay dos aspectos fundamentales en la vida de un ser humano que no conoce los límites: el deporte y la imaginación. Sin embargo, el no vidente o disminuido visual soporta día tras día una falta de opciones deportivas que no le permite demostrarnos, a los que estamos supuestamente orientados por una visión, que lo mejor de uno sale del corazón. Un dribbling o un lanzamiento de dos o tres puntos. Fue en el club Comunicaciones de Pergamino donde se llevó a cabo el primer Campus de Básquet para Ciegos, entre el 23 y el 25 de septiembre del año pasado. Allí, Ricardo Molinari, un ex jugador semi-profesional que abandonó una carrera de 35 años por un buen trabajo y la crianza de sus tres hijos, dio a conocer “este invento argentino a nivel mundial”. Explicó que una tarde se encontró solo en una cancha, despuntando el vicio, y observó cómo un entrenador de atletismo guiaba a su pupilo golpeando un bastón contra la pista. Y la pregunta fue inmediata: ¿por qué los ciegos no juegan al básquet? Por su invento ya pasaron más de doscientos hombres y mujeres no videntes o disminuidos visuales severos, desde un chico de 4 años hasta un hombre de 72 pirulos, todos con la misma intención de divertirse porque “no queda ninguna duda, va a ser una disciplina paraolímpica; y quizás yo no lo pueda disfrutar”, admite Molinari. Con apenas unas pocas camisetas que donó la Confederación Argentina de básquetbol y sin recibir dinero de nadie, durante el segundo encuentro lograron inaugurar la primera cancha adaptada en la ciudad cordobesa de Tanti. Este escenario fue testigo del primer partido con un reglamento especial, que finalizó 5 a 3, en 48 UN CAÑO | MAYO 2012

un campo de juego con marcas, relieves y texturas para ubicación de los jugadores, más la pelota y el tablero sonoros. “Siempre fueron aportes míos y de mi familia, o de algún profe que se paga los gastos”, remarca Molinari, a quien lo acompaña un grupo de colaboradores ad honorem, como Walter Garrone, tres veces campeón con Atenas de Córdoba en la Liga Nacional (Temporada 1987, 1988 y 1990/91), que también se confiesa: “me hicieron llorar, esos desgraciados”. Se refiere a Los Picantes, un equipo de chicos de 9 años que emociona por cómo disfruta del básquet, algo nuevo para ellos. Durante las Clíncias, Garrone es el encargado de planificar los aspectos académicos para desarrollar los fundamentos junto a un conjunto de guías. El hombre canta la justa y envía un mensaje: “los deportes para discapacitados no están den-

tro del reglamento en el deporte convencional”. En estos momentos, la FADeC. (Federación Argentina de Deportes para Ciegos), respaldada por la Secretaría de Deportes de la Nación, cuenta con seis disciplinas –atletismo, fútbol, goalball, judo, torball y natación–, y sus oficinas están ubicadas en el Centro Nacional de Alto Rendimiento. Sólo basta con tocar la puerta y concertar una reunión: el básquet para ciegos consiguió su lugar en el mundo. Sin embargo, este emprendimiento tuvo su stand en Tecnópolis, con la premisa de la imaginación a beneficio de las personas. Molinari afirma que “el proyecto sigue sí o sí”. En su oscuridad absoluta, cuando juegan al básquet, estos jugadores sin límites de edad “sonríen todo el tiempo y se hacen ver por lo felices que están de sonreír”, tal como esa luz en la poesía del Indio Solari.


TODO PASA

EL LIBRO DE


Mis únicos héroes en este lío

Con la llegada del otoño, las columnas analíticas de nuestro especialista y compañero van por nuevos colores. De aquí en adelante, y por un tiempo, habrá una exploración por los planteles en búsqueda de nuevos valores que brinda el inagotable fútbol argentino. Pese a los dirigentes, el potrero no afloja. Para empezar, un trío que promete desde la cantera de Banfield: Chávez, Ferreyra y Tagliafico. Los tres pertenecen al club, otra buena noticia. Por ROMÁN IUCHT Fotos PHOTOGAMMA.COM

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ientras por estas horas la corporación dirigencial del fútbol argentino nos marea con cuál será la estructura de los campeonatos a partir de la próxima temporada, cada uno sobrelleva el presente de la mejor forma posible. La decisión mayoritaria de continuar con los torneos cortos es votada con gran entusiasmo por todos los equipos chicos, con el argumento de que de esa manera aumentan sus chances de concretar el sueño de la vuelta olímpica propia. El fútbol argentino decidió ir por la vía de cambiar un poco abajo y casi nada arriba, más allá de la conclusión lógica de que en un campeonato largo difícilmente el título no quede para el más capacitado, mientras que en un “sprint” de diecinueve fechas se puede lograr un título, pero no necesariamente la aceptación de “ser el mejor de todos”. Esos torneos cortos habilitan el “volantazo” del cambio de técnico prematuro, aumentan la excitación en la victoria tanto como la frustración en la derrota y renuevan con precocidad la chance de empezar de nuevo. Claro que en la vorágine con la que todo se desarrolla, y a partir de lo efímero que resultan las alegrías, todo pasa a formar parte del álbum de los recuerdos con una velocidad asombrosa. Nada ni nadie podrá sacarle a Banfield de su historia el título del Apertura 2009 conseguido con absoluta justicia. Aquello de lo que hoy disfruta Boca bajo la conducción de Julio Falcioni, El Taladro ya lo vivió y gozó en su momento. Ese equipo era sólido, tenía un recambio parejo, ganó confianza con los resultados positivos y se apoyó en una excelente

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columna vertebral que conformaban Luchetti en el arco, Sebastián Méndez y Víctor López en la zaga, Erviti en la creación y Santiago Silva en el ataque. Pero el tiempo pasó, los resultados se fueron devorando unos a los otros y de esos nombres bañados en gloria hoy sólo quedan su arquero (que se fue y volvió) y Marcelo Quinteros. Su presidente, Carlos Portell, uno de los delfines más cercanos al círculo del hombre del anillo, se creyó capaz de hacer la plancha durante un tiempo, pero su pasividad resultó un veneno casi fatal. Confió en que su poder, en tanto sustantivo, le iba a disimular su falta de poder, en el sentido verbal de la palabra. No quiso ni pudo, y lo que vino resultó la más perfecta expresión de la caída libre. Fue desmembrando el plantel sin lograr un recambio a la altura de lo esperado, y la merma de puntos en un par de temporadas ha sido tan abrupta como imposible de frenar. La actualidad de Banfield es preocupante. Le queda la nostalgia del pasado, vive la angustia del presente y, sobre todas las cosas, navega sin rumbo camino a la incertidumbre de lo que puede depararle el futuro. Al terminar la actual temporada -en la que el equipo ya cambió ¡cuatro¡ veces de entrenador (Méndez, La

Volpe, Da Silva y Acevedo)-, recibió una apretada de la barra brava, que obviamente fue diluida con comentarios de ocasión, y sólo colecciona alguna alegría de tanto en tanto. Borrará la campaña del título y comenzará con el peor promedio del fútbol argentino. Acuciado por la fragilidad económica que lo restringe para incorporar jugadores de renombre, la obligación de meter mano en las Inferiores y trabajar en ese aspecto, puede darle a futuro algunas satisfacciones. De ese grupo de pibes que deberán hacerse cargo de la pesada herencia, hay algunos que juegan realmente bien y a los que vale la pena prestarles la debida atención. Andrés Chávez nació en Salto, provincia de Buenos Aires. Este cronista lo vio jugar un gran partido frente a Racing en la tercera fecha del Clausura y guardar algunos movimientos que supo ejecutar con destreza, hasta que por ejemplo la barra de Un Caño propusiera hablar de futuras promesas del fútbol argentino. El momento ha llegado, y es por eso que la descripción cuenta que Chávez es zurdo, tiene un físico bien “despachado” y se mueve por todo el frente de ataque. Se presentó con edad de sexta división y

Ferreyra es más cerebral. Tiene buen tranco, pero es más técnico. Protege bien el balón con el cuerpo, es intuitivo y “rebotero”. Espigado y de buen juego aéreo.


se nota que tiene “pasta”. Posee buen timming para el salto para ganar de arriba, no se deja intimidar por la aspereza de marcadores centrales con oficio y dispone de buena técnica para resolver en espacios reducidos. Sus dos goles en la goleada ante Olimpo en Bahía Blanca, la última gran alegría del Taladro, definiendo con sangre fría y precisión, robustecieron la idea de que se trata de un proyecto al que se debe ir puliendo, pero que tiene buena materia prima. Su compañero de ataque es Facundo Ferreyra. Junto con Chávez, ambos de 21 años, conforman la delantera más joven del fútbol argentino. Ferreyra llegó al club cuando Silvio Marzolini era el encargado de coordinar todas las divisiones inferiores del club y descendió toda la escalera desde la novena hasta llegar al fútbol profesional. A diferencia de su compadre, Chuky es más cerebral. Tiene buen tranco, pero es más técnico. Protege bien el balón con el cuerpo, es intuitivo y “rebotero”. Espigado y de buen juego aéreo, ya formó parte de distintas Selecciones juveniles. Teniendo en cuenta que sus primeros pasos los dio en el Clausura de 2008, es un ejemplo perfecto de los “jóvenes viejos” del fútbol argentino. No es delantero, pero llama la atención por ocupar un puesto que escasea en nuestro medio: Nicolás Tagliafico es la última aparición de la cantera del Sur. El zurdo ya fue observado con detenimiento por algunos clubes europeos y no sería de extrañar que, más temprano que tarde, lo veamos renovando el pasaporte y haciendo las valijas para probar suerte del otro lado del Océano. Con veinte años, ya domina muchos conceptos del clásico lateral, y con su hábil pierna izquierda ya despertó buenos elogios entre sus colegas y la prensa especializada. Su gol de hace pocas semanas, en el instante póstumo frente a San Lorenzo, conectando de cabeza y dedicando la ofrenda a su padre, su más fiel admirador, inauguró su colección de gritos y dejó una perla pintoresca a la hora de repasar su historia reciente. Ya vistió la camiseta argentina en Selecciones menores, pero Alejandro Sabella reconoció que en su abanico de observación aparece el rubio lateral “banfileño”. En el marco de un universo acotado como el de los laterales, y con tanto camino por recorrer, surge como una inte-

Andrés Chávez, un zurdo con buen físico que se mueve por todo el frente de ataque.

resante alternativa a observar, de acuerdo a su evolución en el futuro. Casualidad o causalidad, fue Sebastián Méndez, un hombre muy afecto a las oportunidades para los más jóvenes, quien les dio una chance a los tres de formar parte del plantel superior y, sobre todas las cosas, de otorgarles continuidad. El club sabe que la apuesta también podría dar resultado a nivel económico, ya que los tres jugadores pertenecen a la institución. La gente de Banfield apuesta a su cantera para intentar el resurgimiento y otros nombres, como los del marcador central Adrián Reta, el lateral derecho Gustavo

Toledo y el mediocampista colombiano Julián Guillermo, también son fruto del trabajo silencioso pero metódico que se realiza en el predio de Luis Guillón. El presente institucional y deportivo no parece alentar grandes esperanzas en breve; es por eso que, quizás, deberán ser ellos los que pongan la cara por el club para sostenerlo en Primera o, en el peor de los casos, devolverlo a la división mayor del fútbol argentino. Anótese los nombres de Chávez, Ferreyra y Tagliafico. En un par de años sabremos si ésta nota tuvo cierto valor de anticipación o solo sirvió para llenar el nuevo número del mes de mayo de 2012.

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El día en que negaron a Messi

Los oportunistas al acecho no la dejaron pasar: en los malos días del Barcelona, aparecieron para darle en el centro del pecho a Lionel. Las reflexiones de nuestro compañero van por ese lado, sumando un desafío: ¿se animarán los anti-Messi a dejar firmadas sus críticas de aquí a la eternidad? Por VÍCTOR HUGO MORALES

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espués de la clasificación que el Barcelona perdió frente al Chelsea, lo cual se sumaba a la derrota sufrida pocos días antes contra el Real Madrid, con dos torneos perdidos en una sola semana, aparecieron alivios, detractores y las apreciaciones injustas, más bien irrespetuosas. Alivia, se acepta, que se pueda jugar por el primer puesto cuando el Barcelona participa. La previsibilidad que los catalanes establecieron en los últimos años le pegaba en la matadura a uno de los aspectos propios del juego menos lógico que se haya inventado. Si el Chelsea, con esa manifestación tan modesta, aún aceptando que tenía un jugador menos, puede alzarse con la clasificación, cualquiera podría conseguirlo. Lo que hizo el ex equipo del Pep Guardiola fue devolverle al fútbol un atributo fundamental. No andarían los de River para arriba y para abajo si lo que todos imaginaban se cumplía: el Nacional B sería un paseo tristón y breve en la historia de los Millonarios. La incertidumbre, que duele, lleva al hincha a ser mucho más activo que si en cada jornada cumpliese con el rol que se le asigna por simple portación de camiseta, trayectoria y figuras. Volviendo al equipo azulgrana español, sus caídas fueron un alimento inesperado para los críticos fastidiados y para los aficionados que siempre hacen fuerza por el más débil. Alguna vez tenía que suceder; de todas maneras, era impensable que las derrotas se sucediesen. En la volteada, cayó Messi. Lionel tiene contras, aunque parezca una verdadera locura. Y esos contras están sobre todo en

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la Argentina. Después de aquel partido ante Colombia, al sumar hazañas de alto valor estético con la camiseta de su club, pareció que todos estaban de buenas con Lionel. Un penal fallado borró, de golpe, cien participaciones decisivas del mejor jugador del mundo. En España, de inmediato se lanzaron a la comparación con Ronaldo. Sobre todo en Madrid. Este periodista puso al aire, en su momento, una situación si se quiere grotesca, además de injusta, y al cabo desafortunada. Vale la pena contarla: al otro día de la sorpresa del Chelsea, el Madrid jugaba ante el Bayern y, a los 16 minutos, el portugués Ronaldo tuvo a su cargo un penal rematado, como casi siempre, en forma extraordinaria. Un relator madrileño se lo dedicaba a Messi. “Enseñándole a Messi cómo patear un penal en los momentos difíciles”, parecía el título de la perorata radial. Vale preguntarse cómo se animan a comparar, pero la cuestión es que lo hacen. Al rato, como que hay un Dios, Ronaldo estaba frente a la pelota en la definición por penales. Messi, quien ya había sido desalojado del casillero número uno, sólo porque Ronaldo había acertado en lo que él no, volvía de pronto, en una hora y media, a su sitio. Por un rato, a Messi lo eyectaron de la comparación con Maradona: ya no era ni siquiera el mejor jugador de la actualidad. Este “veletismo” es enfermante. Y con Messi siempre habrá gente al acecho para negarlo. Cada partido sin goles en la Selección, un penal que falle en circunstancias de alto voltaje pondrán en duda su calidad. Habría que hacerle firmar a cada crítico una opinión ahora. Y que luego se haga cargo.


HOMBRES DE NEGRO

Por ALEJANDRO WALL Fotos FABIÁN MAURI

El coleccionista

Era el árbitro que faltaba. Ángel Sánchez, hoy comentarista de televisión, fue un nombre repetido y harto conocido en los ‘90. Colmado de anécdotas, repasa además el conocido tema de “los dos estilos de arbitraje”. Eso sí, el redactor no pudo sacarle ni por asomo el club de sus preferencias.

Á

ngel Sánchez tiene un museo de su memoria arbitral. Lo llama “El Rincón de Angelito”. Se trata de una colección de objetos que fueron parte de su vida en las canchas: trece años como juez de Primera, 397 partidos oficiales, el Mundial de Corea-Japón. Camisetas, pelotas, botines, guantes, plaquetas y banderines abundan en uno de los cuartos de su casa de Parque Chacabuco. Pero el tiempo, para los hombres de negro, no transcurre entre aplausos. Sánchez, que hoy es columnista de Fox Sports y La Nación, también guarda en su museo personal las huellas que deja la ira de las tribunas: radios, celulares y llaves. Por muy poco no sumó a su colección una muleta. Todos esos elementos volaron por el aire de un estadio ante alguno de sus fallos. –¿Cómo surgió la iniciativa de armar el museo? –La idea fue de mi señora. En 1999 me extrañó tanto cuando me fui al Mundial de Nigeria que utilizó un cuarto para guardar las cosas que yo iba trayendo. Y una vez que vi eso me entusiasmé y me pregunté a qué protagonista quería recordar con su camiseta, sus pantalones, sus botines. Entonces empecé a guardar todo lo vinculado con el arbitraje. Desde las camisetas hasta las cosas que me tiraban. –¿Qué es lo más extraño? –Una radio, un walkman, un celular, una llave… –¿Por qué lo conservás? –Forma parte de la vida del árbitro. La actividad del árbitro es linda, apasionante, y tiene sus co-

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sas que a la distancia resultan graciosas, como que un tipo que reaccione ante una decisión arbitral y rompa el celular. Tipos que tiraron la llave de su casa y andá a saber cómo iban a entrar después… Tipos que tiraron un zapato… La reacción del hincha es increíble. –¿Muletas también tenés? –No, lo de las muletas fue un episodio que ocurrió en la cancha de Independiente. Yo era el juez de línea y Dellacasa era el árbitro. Jugaba Bochini. La cancha estaba vacía, era día de semana. Dellacasa echó a Bochini y un discapacitado le tiró las muletas. No había forma de devolvérselas, entonces las llevamos al vestuario. Pero en ese momento yo no recolectaba nada. De lo contrario, hubieran ido al museo, donde cada cosa está identificada con un partido específico. –¿Volvés al museo cada tanto? –Sí, vuelvo casi todos los días. Cuando viene el protagonista al programa o me toca un evento. Y a veces los sorprendo. Yo dirigí a Ronaldinho, Forlán, Agüero, y Chevanton, entre otros. A Iván Zamorano una vez le llevé una camiseta que era de él. –¿Cómo llegaste al arbitraje? –Mi relación se inicia en el barrio. Era vecino de Juan Carlos Crespi, que

era árbitro de Primera B. En ese momento Lanús estaba en una categoría del Ascenso. Yo iba a verlo y hablábamos del arbitraje. Y en una discusión, no digo putéandolo pero un poquito menos, me dijo que estudiara para ser árbitro. Fui y me anoté. Era 1979, recién me había casado. Mi pasión no es el arbitraje, sino el fútbol. Yo había jugado al fútbol en Lanús. Y cuando vos jugás al fútbol, te entregan una credencial con la que vos accedés a los partidos. Yo vengo de una familia muy humilde, y la verdad es que encontré en el arbitraje la posibilidad de conseguir un carnet para entrar a la cancha. Lo tomé por ese lado. –Y elegiste el arbitraje, que tal vez sea el lugar más ingrato. –Para mí el árbitro era la persona a la que, cuando uno iba a la cancha, insultaba porque sentía afectado algo tan preciado como la camiseta del club que uno quiere. –El árbitro es el villano. –Claro, entonces uno piensa: ¿qué es lo más preciado para el árbitro? La madre. ¿A quién insultamos cuando nos toca lo más preciado? A la madre. Es un hecho absolutamente natural. –¿Cómo fue la primera vez que ingre-

“Yo era el juez de línea y Dellacasa era el árbitro. Jugaba Bochini. La cancha estaba vacía, era día de semana. Dellacasa echó a Bochini y un discapacitado le tiró las muletas. No había forma de devolvérselas, entonces las llevamos al vestuario”.


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saste a una cancha? –Mi primer partido fue un Defensores de Belgrano-Temperley como juez de línea del preliminar. Los años de curso no sólo te introducen en las reglas del juego, sino que vas teniendo prácticas. Y en esas prácticas me ha pasado de todo. El primer año en AFA me hizo ver que tenía la personalidad para ser árbitro. Porque viví situaciones límite, situaciones de agresión. Me han pegado, incluso. –¿Te pegaron? –Sí, en el Viejo Gasómetro, que estaba cerrado pero no lo habían desmontado. Se jugaba el torneo de subterráneos. Cobré un penal y el arquero me pegó un cabezazo. En la cancha de Victoriano Arenas, en un torneo local, levanté la bandera, lo hice echar al arquero y el arquero vino corriendo y me pegó una piña. También tuve un famoso episodio en un LujánAcassuso. Lo agreden al árbitro y la gente empieza a invadir la cancha. Entonces, con el otro línea, convencimos a los jugadores de Acassuso para que se dejaran ganar y poder salir vivos de la cancha. Les costó creer que era en serio, pero se dejaron ganar y salimos vivos de la cancha. Después Lujan tuvo gravísimas sanciones. Y en San Rafael, Mendoza, sufrimos una emboscada con un tiro. Nos entregó un tipo que nos llevaba en el auto. Ahí viví la experiencia de comprobar si tenía huevos para hacer algo. Evidentemente los tenía. No sé si huevos o un grado de locura para poder pasar eso. Después no tuve inconvenientes y pude desarrollar la carrera. –¿En paralelo a ser árbitro qué hacías? –Soy radiólogo. Trabajaba en la municipalidad de Lanús, y sigo haciéndolo. También en el Policlínico del Docente. Ejercí radiología hasta el Mundial 2002. Muchas veces salía de la guardia y me iba a dirigir. A veces sin dormir y algunos hasta dirían que se notaba (risas). –¿Y cómo afectaba el arbitraje a tu cotidianeidad?

–Me ayudó siempre. También por la forma de ser que tenía. A mí me tocaba viajar a Copa Libertadores, lo que perjudicaba a mis compañeros. Entonces les traía regalos a todos para que nadie levantara mucho el avispero. Si me iba a algún torneo, tenía que pedir licencia laboral porque representaba al país, pero había que compensar a los compañeros. –¿Y te encontrabas con el reproche del hincha? –Sí, hasta retirado me siguen recordando. También están los que dicen “volvé”, porque siempre el que no está es mejor que el que está. El fútbol, si se encontrara el límite adecuado, sería maravilloso, si volviéramos a veinte o treinta años atrás, cuando el fútbol era una pasión pero no había violencia. Pero el reclamo en la calle lo manejaba sin problemas. –Tenías que manejar la pasión del otro. –Es que así como el jugador de fútbol pasó a ser un tipo tan protagonista como un actor, tan mediático, el árbitro también pasó a ser un protagonista. Los medios se empezaron a ocupar de los árbitros, empezaron a salir en la televisión o en los diarios. Dejaron de ser desconocidos. La relación del árbitro con el medio fue muy distinta. Entonces te encontrabas en situaciones curiosas. Yo una vez fui a almorzar el sábado a un restaurante y el domingo dirigía a Chacarita. Y un tipo me dice “eh, pero vos a Chacarita lo cagás siempre”. “No, si con Chacarita no hay problemas”, le respondí. Al otro día dirigía Chacarita-Olimpo. Y empieza el partido y siento que un tipo me grita: “Hijo de puta, ya vas a volver al Chacabuco”. Lo miro y era el tipo que estaba en el restaurante. Y lo hice detener. Pero ser árbitro también te genera muchas situaciones positivas, desde no pagar una cuenta en un restaurante hasta zafar de una multa. –En una entrevista, cuando te retiraste, dijiste que no ibas a extrañar los noventa mi-

nutos pero sí el antes y el después. ¿Por qué? –Porque me gusta mucho compartir, la previa, lo que tiene que ver con la organización. Ir a comer, hacernos bromas, estar juntos… En los 90 minutos estás solo ahí adentro. Y es lo más tensionante de la función arbitral. Si bien yo no era un tipo que dramatizaba mucho, te genera una adrenalina especial. Y el antes y después era disfrutar, era goce, era compartir. Los 90 minutos eran lo que más desgastaba. –¿Y qué es lo que te queda? –Momentos compartidos con los ídolos de todos. Yo soy un agradecido. Ahora me encuentro con Francescoli, Ortega, Palermo, voy a los partidos del Pupi Zanetti, lo veo al Kun Agüero, y es el reconocimiento de haber sido un buen árbitro. No fui un tipo jodido, nunca intenté quitarles el protagonismo, siempre entendí mi rol dentro del campo de juego. Hoy en día me genera la posibilidad de trabajar en los medios. Haber dirigido a Maradona… –¿Y lo que pasó con Diego? Terminaron en un juicio… –Maradona está más allá de todo. Es el máximo ídolo del futbol argentino. Mi debut fue con Maradona en la cancha, cuando jugaba en Newell’s. Tuve los episodios como técnico, en Mandiyú y en Racing. Pero yo separo las cosas. En Corrientes hizo una famosa conferencia de prensa con Carlos Fren en la que dijo que el pueblo tenía que levantarse. Yo no podía salir de la provincia. Todo lo que decía Diego tenía mucha transcendencia. –¿A vos te pedía por Dalma y Giannina? –Claro, en aquel partido Central-Boca. Cuando tuvimos el problema de Mandiyú, él va a dirigir a Racing, y en el debut lo dirijo yo. Le cobré un penal y salió a decir “me molesta la soberbia de Sánchez”. Maradona era un personaje muy fuerte. En algún momento del juicio, yo he tenido inconvenientes porque la gente creía que yo había hecho una afrenta

“En un Luján-Acassuso, lo agreden al árbitro y la gente empieza a invadir la cancha. Entonces, con el otro línea, convencimos a los jugadores de Acassuso para que se dejaran ganar y poder salir vivos de la cancha. Les costó creer que era en serio, pero se dejaron ganar y salimos vivos de la cancha”.

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contra ella misma. –¿Hoy te podés reír de eso? –Trato de divertirme con montones de momentos. Yo no era tarjetero, pero sí muy expresivo en la cancha. Todos recuerdan el “te desbordan todos, Martínez”. A un fotógrafo le saqué una tarjeta amarilla en la cancha de Independiente, tenía problema con los perros. Yo usaba tarjetas ovaladas. Siempre traté de desdramatizar, pero con actitudes no con las palabras. Eso a veces me trajo inconvenientes. Uno de los elementos de los árbitros es el sentido común. El día de la muerte del Pato Pastoriza tuve que amonestar a Jairo Castillo, que había mostrado una camiseta con su nombre. Lo mismo con Huguito Morales, que hizo un gol después de volver de su enfermedad. El árbitro tiene que amonestar en esas circunstancias y debe aplicar sentido común. –Mencionaste tu grito a Jorge Martínez. ¿Estabas atento el juego desde tu lugar? –Sí, yo salía de la cancha y podía decir

quién había jugado mejor. Qué jugador se había destacado. Yo miraba el partido más allá de la cuestión reglamentaria. Porque, aparte, todo lo que genera más conocimiento genera una mejor actuación. –¿Solías hacerles comentarios a los jugadores? –A Orteguita, en cancha de Boca, un día que los eché a él y a Bianchi. Me reclamó falta y le respondí “pero tocá de primera”. Me dijo “eh, vos no me podés decir cómo tengo que jugar”. “Y vos no me podés decir cómo tengo que dirigir”. Cuando Bianchi estaba con Ischia te reclamaban el tiempo. “Pero hacé bien los cambios”, les decía yo. Era lo mismo. Eso me ayudó mucho. Cuando cobraba un penal, a los arqueros les decía “lo vas a atajar y te vas a hacer famoso”. Yo era futbolero, no era el árbitro típico. Yo me reía con el jugador. –Hoy sos columnista de Fox Sports y La Nación. ¿Te cuidás de no exponer a tus colegas?

–No. Lo que sí, no descalifico nunca. Trato de llevar todo a las cuestiones reglamentarias. Si me gusta o no me gusta un árbitro, no lo pongo en cuestionamiento. Cuando un periodista juzga a un arbitro lo hace por el gusto, y a veces ni lo que hace bien le gusta. Yo analizo los 90 minutos. –¿Los medios potencian las polémicas? –No es un problema de los medios, sino de los protagonistas. Alguien de la Escuela de Árbitros, por ejemplo, tendría que salir los lunes a aclarar cosas, a descomprimir. Y si los protagonistas no hicieran responsables de todo a los árbitros… –¿Los árbitros también deberían aclarar sus fallos? –También. Así como los preparan para dirigir, deberían estar preparados para exponerse. No todos están preparados para salir en los medios. Hay que saber decir “no lo vi” y no querer justificar lo que no está justificado. Yo gané credibilidad cuando empecé a decir la verdad. Porque

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equivocarse forma parte de la toma de decisiones. –¿Fuiste la continuidad de Lamolina en el “siga-siga”? –No tan extremo. –¿Pero lo tenias como un referente? –Sí, mucho más que Castrilli, que quiso ser protagonista, les robó el rol protagónico a los jugadores con actitudes muy cercanas al autoritarismo, algo que no tiene nada que ver con un evento deportivo. Pancho, para diferenciarse de Castrilli, se fue al otro extremo. Entonces tampoco era lo mejor. Uno trató por formación de sacar lo positivo de Lamolina en la continuidad del juego sin llegar a no cobrar nada. Es la línea de conducción que abrazamos la gran mayoría de los árbitros. Sólo que cuando aparecen estas antinomias generan una gran expectativa mediática, pero no aportan nada ni dejan escuela. El “siga-siga” no nace con Lamolina sino con el Tano Calabria o con Ithurralde, más atrás. –¿Qué recuerdo te quedó del Mundial? –Lo empecé a dirigir el 7 de enero cuando me enteré que lo iba a jugar. Di mi mejor prueba física en la historia. Y

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después estuve treinta días con la elite del futbol a un nivel alucinante. El de CoreaPortugal fue el mejor partido de mi carrera. Ahí tuve un conflicto con Joao Pinto, que me agredió. Pero le estoy agradecido porque gracias a eso conocí Suiza. Porque cuando volví de la Copa del Mundo, la FIFA me citó a Zurich para declarar, así que me pasé una semana en las montañas de Suiza comiendo chocolatitos. Fue inolvidable. Como lo fue Nigeria en el ‘99, con el Mundial Sub-20, que era la antítesis, con muertos en las rutas y mucha pobreza. En ese momento, el riesgo país de Argentina era el mismo que el de Nigeria y yo no lo podía creer. Ni eso ni cómo la FIFA levantaba estadios maravillosos mientras la gente se estaba muriendo. Cosas extrañas, pero experiencias de vida increíbles. –De los superclásicos que dirigiste, ¿cuál fue el más importante? –El famoso tres a cero cuando volvió Palermo después de la lesión. –¿Percibiste algo cuando lo viste entrar? –La gente lo percibía. Algo pasó en esa cancha cuando entró Palermo. Todos sabíamos que iba a hacer el gol.

–¿Y cuándo lo hizo? –Terminé el partido, no tenía ningún sentido seguirlo, y era muy fuerte lo que había pasado. Es una de las imágenes de mi vida deportiva, el tipo parado ahí, el gol, el festejo… El futbol para el que lo vivimos intensamente es apasionante. Haber estado dentro de una cancha es algo muy groso. –Eras futbolero, ¿eras hincha? –Sí. –¿Se sabe de qué equipo? –No. –¿Nunca lo vas a decir? –No, pero era hincha hasta el momento en que entraba a la cancha. Jugábamos ese partido y a veces unos eran hinchas de uno y otros del otro. Nos cargábamos en la cancha. Pero la prioridad era nuestra carrera. Yo fui socio de Lanús, eso no tengo problemas en decirlo. Pero en ese momento Lanús era un club del Ascenso y uno era hincha de un club del Ascenso y de uno de Primera. –¿Cuántas veces te recriminaron fallos contra ese equipo? –Millones de veces. Cuando se apague el grabador te digo.


Sueños de libertad

Águilas 8 es un equipo de presas que juega al hockey en la Unidad Penitenciaria 8. Eligieron al águila como símbolo porque sienten que es sinónimo de libertad. La admiración por Las Leonas las pone en sintonía con un deporte que sigue creciendo, aún en lugares insospechados. Por JULIÁN EZEQUIEL LICHENE Fotos MAXI FAILLA


“¡Había que mirar el arco antes de patear! Acordate de lo que nos dijo la profe”, le grita Magalí a Jésica porque ésta última hizo el circuito de conos dribleando, pero definió mal, muy desviado del arco. “¡¡¡Gooollll!!!”, le enrostra Yamila a la coordinadora que hace de arquera en el ejercicio, y se ríe unos buenos segundos. Vanina lleva la bocha a gran velocidad y bien pegada al palo. Remata al arco, convierte el tanto y agacha la cabeza, casi con culpa, sin que le aparezca ni una mueca en su cara. Todo lo hacen con los protectores bucales que la profesora les repartió y que ahora ellas mismas deberán cuidar y mantener hasta el próximo encuentro. Son las tareas finales del entrenamiento que se hace todos los viernes, que también incluye pasadas en velocidad, movimientos de fuerza, técnica y hasta abdominales. Sumado a una entrada en calor prolongada y ejercicios de espalda y gemelos. Se trata del equipo de hockey de las internas de la unidad 8 de Los Hornos, del Servicio Penitenciario de la provincia de Buenos Aires, en La Plata. Se hacen llamar Águilas 8, son admiradoras de Las Leonas, aunque claro, ellas están haciendo su propio camino. Para las fotos, muestran orgullosas sus camisetas naranjas con el logo del ave elegida y sus palos con pelotas. “Empezamos hace tres años, por medio de la Secretaría de Deportes de la Provincia, a hacer actividades físico-recreativas en las unidades penales, como prueba piloto. A principios del 2010, con el Ministerio de Justicia de la provincia de

Buenos Aires, hicimos un acuerdo de colaboración y asistencia técnica para darle más fuerza al programa que se llama Deportes por Penales. Se utiliza al deporte como una herramienta de educación no formal que les genere habilidades para la reinserción social posterior y para mejorar los índices de violencia en convivencia intramuros”. La mujer que habla es Jorgelina Bertoni, ex Leona, socióloga de la UBA y coordinadora del programa. Trabaja junto con otros profesores: una colega de hockey y otros de educación física del penal. Obviamente, se trata de un tema delicado y muy sensible, en épocas donde se estigmatizan desde los medios de comunicación dominante (y de otros que no lo son) los delitos de las personas que provienen de clases bajas y no se hace tanto hincapié en otras maniobras que se llevan a cabo fuera de la ley desde otros sectores sociales y que, por consecuencia, se tornan casi invisibles. Los sectores más conservadores también critican la sanción de la ley de educación en cárceles, que permite la baja de penas a un máximo de veinte meses para los presos que estudien y aprueben los diferentes ciclos de la enseñanza. Cualquiera que no esté de acuerdo con el cronista puede espetar: “claro, lo decís tan libremente porque a vos ni a ningún familiar tuyo les pasó nada”. Pero, ¿es válido ese argumento que toca lo más hondo del ser humano con tal de justificar la aplicación de la mano dura y mantener un sistema represivo? La coordinadora deja en claro, desde su óptica, que el deporte es educación. –Jorgelina, ¿qué cambios hubo a partir de la aplicación del programa?

–Fundamentalmente, en las conductas. Te lo dicen las autoridades de las unidades, sobretodo en lugares donde se logró conformar equipos como Águila 8, Fénix, que es de rugby, y otros. Ha mejorado el vinculo entre las internas porque los equipos los integra gente de distintos pabellones en un ámbito donde muchas veces hay luchas de poder y rencillas. Lo bueno de eso es que tienen que formar parte todos de un mismo equipo. Está bueno que la prisión no sea tomada como un lugar de castigo y encierro simplemente, sino que la persona sea considerada sujeto de derecho; el acceso a un derecho como la práctica deportiva es muy importante para la formación porque los internos, a mediano, corto o largo plazo, van a salir. –¿Cuántas chicas entrenan y de qué edades estamos hablando? –Trabajan entre dieciocho y veinte chicas, y la edad promedio es 24, 25 años. Ha cambiado muchas veces el equipo. Todos los años hay nuevas. Hay otras que salen en libertad y vuelven al equipo después, porque reincidieron. Pasa... Hay otras chicas que están hace tres años. Algunas salieron y se anotaron en clubes para seguir jugando al hockey por la zona donde viven. Eso también persigue el programa. –¿Cómo reaccionaron ellas en el primer entrenamiento? –Fue novedad, nunca se había hecho este deporte en cárceles, fue la primera vez. Ellas estaban practicando un estilo que era “unihockey”, se habían cosido unos palos de escoba con unos plásticos y luchaban con una pelota de pelotero. Después llego el hockey mismo, vieron

“Muchas veces, algunas no bajan porque están deprimidas porque su pareja cumplió la pena y se va; otras porque simplemente no tienen ganas. No es sencilla la vida acá” (coordinadora del penal).

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a Las Leonas y eso las entusiasmó. Y además son muy parecidas la táctica y estrategia a las del fútbol, y como varias juegan al fútbol, fue fácil la explicación. Por eso entienden cómo pararse en la cancha y cómo distribuir el juego. –¿Alguien planteó que podía ser peligroso que tuvieran palos? –Tenía dudas al principio, pero acepté en disconformidad. Era peligroso, un arma en la mano... Y si había conflicto, iba a ser difícil. Por suerte, no los hubo, aún siendo poblaciones vulnerables. Nosotros les transmitimos que era un deporte de riesgo, y ellas cuidaron la integridad física propia y del contrario. Han venido equipos del torneo metropolitano a jugar a la cárcel, y ellas salieron dos veces a competir. Dentro de la línea de juego, no hay clases sociales. –¿Cómo reaccionaron cuando salieron a jugar?

–Hubo chicas que salieron después de mucho tiempo. No conozco las penas, pero sé que ellas valorizaron la libertad. Se notaba que el contraste de ver lo que podían hacer afuera les quedó grabado. –¿Y los mayores obstáculos? –No tenemos cancha sintética y otras cosas más, pero lo más importante es que se pueda hacer deporte para lograr reeducación y resocialización. Aunque no siempre es fácil que las chicas bajen a entrenar. Si hubo conflicto, es difícil ese día. Ellas entienden que si no todas bajan el entrenamiento no es igual, porque son un equipo. Resaltamos que desarrollen habilidades y estén comprometidas. La vida ahí adentro es muy difícil, pero les decimos que se apropien del momento del entrenamiento. Ellas te dicen que haciendo deporte se sienten libres y lo hacen de igual a igual con personas que no están privadas de su libertad. Uno de los

objetivos es que optimicen el espacio. Otra profesora del penal agrega: “a veces se hace difícil porque hay que transmitir valores y hábitos, como el respeto por el otro, la puntualidad, la responsabilidad, el compromiso… Muchas veces algunas no bajan porque están deprimidas porque su pareja cumplió la pena y se va; otras porque simplemente no tienen ganas. No es sencilla la vida acá”. En medio del entrenamiento, las chicas hacen una pausa y se sientan en el medio del campo formando un círculo. Lo hacen para charlar un rato con Un Caño, todas juntas, aunque luego las menos tímidas lo harán mano a mano con el cronista. –¿Por qué se llaman Águilas 8? –Porque es el número del penal y porque el águila es como un signo de libertad para nosotras. –¿Qué aprendieron practicando deporte?

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–Esto nos da mucho descargue, más que nada. Es una actividad que nos sirve para cuando se salga. Además, aprendimos las reglas. Venir a hacer deporte nos despeja la mente y nos ayuda para mantener la salud. Hay chicas que no pueden venir porque están mal. Agradecemos la oportunidad porque esto no se da en todas las unidades, sobre todo a las profes. Ojalá nos dejen salir a jugar más veces. Si le ponemos buena onda entre todas… (ríen y comparten miradas cómplices). La ilusión está, aunque sólo hayan salido dos veces a jugar fuera del penal. En una oportunidad empataron en seis ante Las Pommery, su par de la Universidad Católica de La Plata, con tercer tiempo y descanso incluido. Anahí y Vanina aceptan tímidamente charlar con Un Caño. Sostienen que esto les hace muy bien a aquellas que no reciben visitas. Afirman que tienen decidido jugar al hockey cuando llegue el momento de salir y que el entrenamiento les sirve para “ser más responsables y ma-

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tar el tiempo. Además, es importante el trabajo de las profes porque nos empujan y nos incentivan. Sin ellas no estaríamos haciendo esto”. Yamila sí tiene ganas de hablar. Hipnotizada por el grabador, se acerca como un imán: “¿Qué aprendí? A relajarme, a estar mejor con mis compañeras, a desahogarme de todos los problemas que tengo; siento que nos hace bien a mí y a mi compañera de celda también. Estoy agradecida. Me encantaría jugar al hockey cuando salga, me enganché. Me gusta porque es entretenido y las profesoras son buena onda”. –¿Qué les decís a los que piensan que los presos se tienen que pudrir en la cárcel? –Que nos tienen que dar una oportunidad. De los errores se aprende. Estoy estudiando, voy a un centro de rehabilitación para las drogas, me voy a anotar a un curso de panadería y ahora hago hockey, todo esto es un logro para mí. En el futuro quiero estudiar y trabajar. Por último, Jorgelina Bertoni ofrece

su propia opinión sobre el nombre del equipo y los derechos: “nadie pretende que sean Las Leonas, pero con las profesoras les dimos la libertad para que se eligieran un nombre por una cuestión de identidad. Eligieron el Águilas 8 justamente por eso, por la posibilidad de sentirse libres y volar. Hay que garantizarles derechos, el único que no tienen es el de la libertad de transitar. Se firmó este convenio para que el deporte sea para todos los ciudadanos, y los privados de libertad también lo son”. Al final, se retiran de a grupitos. Algunas abrazadas, otras en soledad. Y hasta están las que se quedan a hacer abdominales. El cronista camina junto con una de ellas y larga la última pregunta: “¿Te gusta Lucha Aymar? “¡Ni hablar! ¡Cómo juega! ¡Y cómo vuela cuando corre!”, responde ella. El verbo volar no parece una casualidad en este ambiente. Tiene que ver, seguramente, con el sueño de volar como un águila gracias al deporte.


Asunto: VOLVER A LAS FUENTES De Luciano Scordato Compro la revista desde sus inicios. Y formo parte del pequeño grupo que la encuentra muy cambiada a lo que era la primera versión. Mas allá del gran cambio político, noto falta de (más) notas de investigación, y me parecen hasta casi repetitivos los temas de las tapas, los cuales abarcan casi el 50% de la publicación. Así y todo la sigo comprando el mismo día que aparece en los kioscos. Lo mío es solo una mirada, y tal vez un pedido de volver a las fuentes. No sé… Mirar cómo eran los primeros números y tratar de recuperar algo de eso. Por otro lado, hay algo que me pregunto: siguiendo la idea editorial, ¿cómo es posible que Fernando Pacini haga dupla con el relator que ni merece ser nombrado en el FPT? Es decir, o Fernando no camparte la línea editorial o la comparte, pero a pesar de eso acepta comentar para dicho relator. Les dejo la pregunta para que se la acerquen a Fernando. Respuesta de Un Caño: Tratamos de hacer una revista interesante. A veces sale, a veces no. Es difícil volver el tiempo atrás. Ya no somos los mismos que hacíamos Un Caño de la primera época. Para bien o para mal, evolucionamos. Te puede gustar o no. Estás en tu derecho. Por otra parte, nos acusas de reiterativos y nos pedís que miremos lo que hacíamos hace seis años para recuperar algo de aquello. Es raro, ¿no? Sobre Pacini te decimos que cualquier persona que trabaja sin traicionar sus principios merece nuestro respeto.

Asunto: BARCELONISTAS De Juan Cruz Montiel Experimentos futbolísticos deliciosos como el Barcelona de Guardiola, en el que destacan no sólo los virtuosos Messi, Iniesta, Xavi, etc., sino también los laboriosos Puyol y Piqué, demuestran que el fútbol se juega con la cabeza. Así, jugadores limitados pueden alinearse perfectamente en ese proyecto de once que es el fútbol, y laburar rendimientos de diez puntos sin hacer goles e, incluso, sin evitarlos. Esto se logra con la comprensión, ya no innata sino estudiada, de una serie de reglas que aplican no sólo al fútbol. Es decir, educación, educación, educación y, por ende también, profesionalismo. Pero no ese profesionalismo que, desafortunadamente, no exige quemarse las pestañas, completarse, como quien dice, sino simplemente cobrar por lo que uno hace, como en la profesión más vieja del mundo. Por falta de la ilustración necesaria es que vemos espectáculos pobres, que explicamos sólo por la vía de decir “este equipo juega mal”, “está mal dirigido”, o el resignado “qué mal que se juega”. Nunca nos preguntamos por qué un jugador “no la larga”,

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por qué otro “se hace echar”, y un tercero “la rifa”. La respuesta, antes que en las presiones, en el miedo al ridículo, en la plata que hay en juego o en el deseo de fama, está en la educación. Cuánto mejoraría el fútbol si la educación se volviera obligatoria en todos sus planteles (¡juveniles y mayores!). Cuánto más si se creara un bachillerato con orientación futbolística con materias como “Ética futbolística”, “Medios y fútbol”, “Historia del fútbol I (Procesos exitosos)”, “Historia del fútbol II (Procesos malogrados)”, “Reglamentos”, “Introducción a los Derechos Contractuales del Futbolista” y “Estructura jurídica, técnica y deportiva de los clubes de fútbol”, ya no materias sino herramientas para ayudar a los futbolistas en ciernes a transformarse en verdaderos profesionales que puedan comprender el medio y asimilar así las presiones para poder priorizar el fútbol, su colectividad por sobre todas las cosas. Esto debería ser ley. No vamos a transformar el fútbol desde una columna de opinión (mucho menos desde una carta de lectores). Tampoco esperando que aparezcan de debajo de las plantas formadores al estilo Guardiola o Bielsa para mentalizar y educar a los no sé cuántos clubes y planteles que pueblan el fútbol argentino. Una ley de bachillerato obligatorio con orientación futbolística es posible. El que suscribe no es más que un amante del fútbol; pero ustedes son expertos, conocen el paño, aman al fútbol con conocimiento de causa. Ustedes tienen las armas. Ustedes y los dirigentes, los futbolistas en actividad y los retirados, los funcionarios de las carteras de educación y deporte, los legisladores y juristas. De mi parte, como abogado, jurisconsulto y “manyapapeles”, les propongo un comienzo. Un país que parió a Diego Armando, Ricardo Enrique y Juan Román no merece perder esa tradición enorme, preciosa y respetada, del fútbol bien jugado. Ley Nº XXXXXX Bachillerato obligatorio con orientación futbolística para el fútbol profesional Art. 1º.- Será obligatoria para todos los planteles de fútbol la educación en los niveles primarios y secundarios, ya sea en categorías juveniles como en mayores. Art. 2º.- A tales efectos los clubes serán responsables de brindarla ya sea a través de convenios con escuelas nacionales o mediante la creación de sus propios institutos educativos. Art. 3º.- Crease el “Bachillerato con Orientación Futbolística”.

Asunto: EL DEPO Y LEONEL GARCÍA De Carlos Morante

Tengo 52 años y llevo 37 viendo a Deportivo Merlo, único club del que soy hincha. De más está decirles que me encanta la revista, las notas son muy buenas y justamente esto es lo que les voy a pedir. En el Depo tenemos a Leonel García, una gloria del futbol del Ascenso, un referente dentro y fuera de la cancha que en el partido con River cumplió 350 partidos con nuestra camiseta y está a ocho de ser el máximo en presencias en El Charro. Por este motivo, quisiera pedirles si hay posibilidad de que le realicen una nota en su revista, como reconocimiento y valoración de su trayectoria. Respuesta de Un Caño: Agendado. Y gracias por el dato.


Asunto: UN CAÑO.COM De Enrique Moreno Les escribo desde Santiago de Chile. Descubrí la revista luego de que una tía me trajera desde Buenos Aires la edición de noviembre de 2010 (número 31). Ella que sabe de mi afición por el deporte más hermoso del mundo y de mis tendencias ideológicas, al ver a Maradona y su tatuaje del Che en portada, no dudó en comprármela. Apenas la leí supe que tenía algo bueno en las manos, y desde ese momento averigüé cómo podría leerla de manera seguida. Así fue como descubrí la página web (revistauncanio.com.ar), donde, a pesar de que iba con un mes de desfase, podía leer sus excelentes notas. Pero de un día para otro, desde octubre de 2011, dejaron de actualizarla. Recién logré dar con la revista nuevamente cuando viajé el 4 de abril de este año a Mendoza para alentar a mi querida U de Chile contra El Tomba, y la pude conseguir después de recorrer varios kioscos, ya que aún no les llegaba la edición de abril, por lo que la que conseguí era de marzo, pero me dio igual, yo sólo quería leerla. Es por esto que les pido que vuelvan a actualizar su página web, aunque sea con un mes de desfase como lo hacían hasta hace poco; pero no nos pueden tener imposibilitados de leerla a los que no vivimos en Argentina. Respuesta de Un Caño: Estamos tratando de volver a activar la Web, que se nos cayó por cuestiones técnicas. Gracias

Asunto:¿LA VANGUARDIA REVOLUCIONARIA? De Christian Cáceres

Les escribo para darles mi opinión sobre la nota de Pablo de Biase (la vanguardia revolucionaria). Creo que parte del periodismo le pinta a los hinchas/simpatizantes una novela o bien crea personajes de ficción que nunca (o casi nunca) alcanzan las expectativas que se depositan sobre ellos. En la nota de Pablo se habla sobre los dos talentos colombianos y se describe una serie de “cualidades” que supuestamente tienen estos jugadores. Puntualmente sobre Teófilo Gutiérrez: técnica, guapeza, etc., y se crea siempre una imagen de “jugador distinto”. Particularmente estoy cansado de escuchar todas estas cosas de jugadores que prometen y nunca pasa más que eso, una promesa. Son muy buenos técnicamente -no lo discuto- pero los que somos futboleros esperamos un plus de estos jugadores. Digo, que metan un gol decisivo, que se carguen el equipo al hombro, que vayan para adelante, que no se hagan echar… En fin, que se hagan cargo de ese mote de “jugador distinto” y no de vender humo (término futbolero si los hay) con pelearse con los rivales, hacer declaraciones rimbombantes, meter un planchazo, un codazo, etc. Se hablaba de que los técnicos no los favorecían con los esquemas y tantas otras cosas pero pasaron varios técnicos y con ninguno explotó. ¿Son los técnicos o los jugadores? En la nota también se hace referencia a Chilavert, que cuando jugaba era re-bicho pero sostenía toda esa puesta en escena con goles, atajadas, pateaba penales, tiros libres etc. Pero creo que a estos dos jugadores de Racing les falta rendir varios exámenes para catalogarlos de “distintos”. Ojo, soy de los que disfruta de jugadores como Riquelme, Valeri, el Chori Domínguez, el Pipi Romagnoli,

pero por favor no inflemos más a los jugadores. Las felicitaciones de siempre por la revista.

Asunto: LA ÚNICA VERDAD ES LA REALIDAD De Ernesto Krawchik

Pasaron muchas cosas en 1982 en la Argentina. Perdimos una guerra, perdimos amigos en esa guerra (yo soy clase ‘63, una de las dos que mas nutrió las filas de soldaditos mandados al muere por los mismos que mataron tantos), perdimos un Mundial con Maradona expulsado, perdimos la inocencia por haber caído en la trampa de ir a la misma Plaza solo 3 días después del 30 de marzo. Y 30 años después Llonto parece haber perdido un poco la memoria de que fútbol se jugaba en Argentina por entonces. En Primera se sacaban chispas Estudiantes e Independiente, con dos mediocampos de lujo que salen casi de memoria: Ponce-Russo-Sabella-Trobbiani y GiustiMarangoni-Bochini-Burruchaga. Si ni hace falta decir donde jugaba cada uno porque todo el mundo lo sabía y lo sabe todavía. Y eso no era todo: el Ferro de Griguol ya hacia fuerza jugando efectivo y bien, en Argentinos ya estaba la semilla del equipo que germinaría con el Piojo Yudica en el banco y el Bichi Borghi tirando rabonas, Talleres conservaba restos de su esplendor setentista y tenía jugadores que te la pasaban redonda en todas las líneas. Boca también se las traía: venía de ganar el campeonato del 81 con el Diego, Brindisi todavía entero y compañía. En River militaban varios campeones del Mundo del ‘78. Seguían jugando en Argentina montones de los que habían nutrido las Selecciones menottistas del interior y de Santa Fe, y la mayoría de los que integraron las primeras convocatorias de Bilardo, varios de los cuales llegaron al Mundial y fueron campeones del Mundo. Yo iba todos los fines de semana a la cancha y nunca me aburrí de los partidos. ¡Si hasta la organización -con un Metropolitano largo y un Nacional con play offs, aunque no se llamaban así- era mucho más atractiva que la actual! Me encantó el debate sobre la comparación de los dos torneos mayores y simpatizo con algunos de los argumentos de ambos lados. Pero me parece (siempre me pareció) que el peor sostén de un argumento es forzar la realidad para que se parezca a una idea. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio, como diría el poeta. O más cerca a la memoria de los argentinos, recordemos siempre que la única verdad es la realidad.

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“A Uruguay lo mató la globalización futbolística”

Convertidos en directores de películas, los Roos, padre e hijo, se lanzaron a contar la epopeya del Uruguay mundialista en Sudáfrica 2010. La excusa era hablar de la peli, pero con Jaime Roos no se puede y se habla siempre de fútbol, de aquí, de allá, de siempre... Y esta vez también un poco de periodismo y de relatores. Por IGNACIO FUSCO Fotos MAXI FAILLA

L

os primeros veinte años de fútbol del Siglo XXI serán recordados por dos palabras cortas –PlayStation y HD– y dos jugadores sobrenaturales que pueden caricaturizarse –como todos– con sencillez: Johnny Bravo y el Nerd. Será ésta la era en la que cualquier movimiento –de ellos, de todos– podía sumirse a la tiranía del click. Metieron tres goles: click. Quiero ver sus casas: click. A sus familias: click. Sus peinados: click. De nuevo los goles: click. Y sin embargo –porque a la vida le encanta decir y desdecirse a la vez– nunca hubo tanta distancia entre el gladiador adorado y el público adorador. Nunca el fútbol se escribió tan apurado, nunca se olvidó tanto la lentitud del relato, la pregunta, la duda, el agujero negro que permite reinventarlo, imaginarlo, exagerar. El fútbol supersónico es un furioso copy paste de lo que cualquiera puede ver. Menos mal, fútbol supersónico, que aparecieron los Roos. “Porque las transmisiones han hecho del fútbol un juego de PlayStation, y eso no es así. En cada partido se debaten un sinfín de valores humanos: el temple, la injusticia, el compañerismo, la rebeldía... En mi film quise mostrar un Mundial por dentro, sí,

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pero también encarar el fútbol desde una estética que se ha perdido por la saturación de partidos de todo tipo y color. A cualquier hora, un partido de fútbol se juega en alguna ciudad. Las grandes hazañas se tapan por la cantidad de partidos intrascendentes. No hay tiempo para concentrarnos en lo que realmente ha sido importante. Sería lindo que, algún día, se detengan las rotativas”. Y 3 millones, la aventura celeste contada por los Roos, detiene las rotativas. No hay jugadores de Play en la epopeya sudafricana. No hay distancia televisiva con los héroes, no hay glamour. En el film del cantante y su hijo Yamandú, el Ruso Pérez camina la cancha con un ojo ensangrentado y los partidos tienen la lenta densidad de la realidad; en el film del cantante y su hijo Yamandú, Castillo, Juan Castillo, arquero suplente uruguayo, se

desmaya cuando Luis Suárez ataja el cabezazo del ghanés. 3 millones se estrenó en abril en la Argentina y el año pasado había sido la película más vista de la cartelera de Uruguay. En el film del cantante y su hijo Yamandú hay, claro, una fotografía y una música del carajo. “La película podrá ser un bodrio, pero nunca se vivió así un Mundial. En serio lo digo: nunca -truena la voz de Roos-. No existen películas en las que un Mundial se sienta como se siente en 3 millones”. –Durante 142 minutos podemos ver las concentraciones de los periodistas, los entrenamientos de los jugadores, una noche de joda en Kimberley -la ciudad en la que se concentró la Selección-, los paisajes sudafricanos, pero hay algo, Jaime, que es imperdible: cuando relatás los partidos de Uruguay. –Lo más difícil de la película. –¿Por?

“A cualquier hora, un partido de fútbol se juega en alguna ciudad. Las grandes hazañas se tapan por la cantidad de partidos intrascendentes”.


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–Porque yo no soy relator. Relatar es contar, es actuar, implica una locución, un tono que me costó encontrar. Buena dicción, un poco de alma, tampoco demasiada, y lo fundamental: estoy contando un cuento, una historia, y los encuentros de Uruguay son parte de ese cuento y esa historia. El tono no podía cambiar demasiado. –Hay un silencio de fondo en esos relatos que me recordó a la película Héroes. O a los viejos relatores de televisión: nombrar al jugador sin entusiasmarse, sin gritar. Acompañar, más que formar parte. –Fernando Bravo me dijo que le iba a sacar el trabajo a más de un relator, je. Nunca quise vestirme con ropajes ajenos. Ni copiar una estética periodística. A partir de ahora admiro mucho más a los relatores, y eso que los admiré siempre, toda mi vida. La idea era contar, contar. 3 millones es una película de aventuras en la que de repente hay una batalla, griegos contra persas, y hay que contarla. Y luego la vida continúa, hasta que viene otra batalla. Eso sí: no relato nunca más. –¿El niño Jaime no jugaba a ser relator con los partidos de Defensor Sporting? –Me acuerdo de las visitas al estadio, de leer el diario y, por supuesto, de la radio. Desde los cinco años que voy al estadio. Hace un tiempo de aquello, un buen tiempo. Recuerdo algo que me encantaba: en los diarios te dibujaban el gol. Al no haber televisión, te lo dibujaban. A veces lo acompañaban con la foto también, pero eran fotos imprecisas, borrosas, no tenían el gatilleo de hoy. Los dibujos… Qué lindo... –Tu película rescata una épica que el fútbol ha perdido: la épica del buen relato. –¿Te parece? –Sin dudas. –Yo creo que el film es un himno al fútbol. Al fútbol, digo, al fútbol en general, no una película camisetera, que

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ensalza al uruguayo, que anda diciendo por ahí que nuestro cielo es más bonito que los demás. 3 millones es un estudio del alma, un aventura de un grupo de hombres que tuvieron temple, coraje, una gran unión, y de quienes podemos aprender mucho. –Al comienzo de la película decís: “cuando un uruguayo ve una pelota, se convierte en niño”. Y los jugadores parecen niños en los entrenamientos. O quizás lo son. –Forlán se retiraba del campo abrazado de un compañero distinto en cada práctica. Uruguay fue un núcleo cerrado. Una piña. En el Mundial 2002 también teníamos un equipazo: Recoba, Forlán, Abreu en su mejor momento, Montero y Sorondo, la pareja de backs, pero había una desorganización que ni te cuento. Yo también estuve allá, y presencié cosas increíbles. Jugadores que no se hablaban entre sí. Camarillas opuestas. Peleas para ver quién prevalecía. A la mitad de los jugadores no les escuché la voz, creo, y esas cosas se reflejan en el campo. Vivir la intimidad de la Celeste de Tabárez era, entonces, llegar al Paraíso. La forma en que el Maestro edificó humana y sociológicamente este equipo fue brillante. –¿Los jugadores vieron la película? –Hace poco hablé con Lugano y me pidió tres DVD para cada uno. Es increíble cómo Lugano está en todo. –Lo entrevistaste en el film. –Sí, y es un crack. Lugano es un eslabón perdido en el reinado de los directores técnicos. Porque el fútbol se ha olvidado de que existen los capitanes. El director técnico es, desde hace

mucho, el único emperador. De la charla que tuve con Lugano se ven apenas uno o dos minutos, pero hubo un momento en el que le pregunté si era consciente de la capitanía celeste y me sonrió. –¿Y después? –Me recitó de memoria los 12 capitanes uruguayos desde los Juegos del 24 hasta hoy. Los jugadores de esta Celeste estudian la historia del fútbol uruguayo. La estudian. –El Maestro Tabárez ha contado que Lugano, Abreu y Forlán motivaron que se construyera una biblioteca deportiva en el Complejo Celeste, donde se entrena la Selección. –Y está perfecto. Uruguay es una escuela de fútbol. En Holanda había escuelitas de pintura en el Siglo XVII, y en Uruguay hubo escuelas de fútbol toda la vida. Cuando caminábamos las ciudades de Sudáfrica le explicaba eso a la gente, porque muchos se olvidaron de que somos una potencia mundial. Llegamos cinco veces a la semifinal de un Mundial: sólo Brasil, Alemania e Italia nos superan. Quince veces campeón de América. En la década del 10, del 20, 30, 40, 50, 60, 80, 90 y ahora. Nacional dos veces campeón del mundo en los 80, Peñarol también. Nos mató la globalización futbolística, como a la Argentina. Será imposible, ahora, que un equipo uruguayo gane la Libertadores, por ejemplo. La única esperanza que nos queda, entonces, es la Selección. –Ustedes tampoco confiaban en la Celeste antes del Mundial. –El fútbol uruguayo parecía la Civilización Perdida del fútbol. Como la egipcia. Aquellos buenos viejos tiempos. Lo

“Lugano es un eslabón perdido en el reinado de los directores técnicos. Porque el fútbol se ha olvidado de que existen los capitanes. El director técnico es, desde hace mucho, el único emperador”.


pensaban todos, los niños y los grandes. –Por eso mismo. –Pero yo no. Yo grabé. Cuando juega Uruguay en el ‘92, durante la peor crisis de nuestro fútbol. Abreu camina hacia el penal de la locura. De fondo, una cortina western, el viento silbando bajito. “Once hombres contra 900 millones de africanos”, relata Roos. Lo dirá entonces, y lo dirá muchas veces más. “La victoria de un país casi artesanal. De ese gran barrio que es Montevideo”. Uruguay es una piña de once hombres que resiste lo que el mundo llama lógica. Su derrota. Lo que debería suceder. Y sucede. “La semifinal entre Uruguay y Holanda no tuvo validez. Se tendría que haber jugado otro partido, con otro juez”, se ca-

lienta, todavía, Roos. En 3 millones pueden verse imágenes que eran propiedad de Tenfield, la cadena uruguaya, y que Tenfield –fútbol supersónico, apurado– nunca emitió. La cadena le cedió 200 horas de archivo a Roos. Y Roos encontró imágenes indignantes, para la denuncia: “¿Vos viste cuando el ghanés Dominic Adiyiah se tira a dos metros de Fucile y el línea cobra la falta que deriva en la mano de Suárez? ¿Lo viste? Fucile paradito y, a dos metros, el ghanés que se cae, solo. Fue grotesco. Las imágenes no saben mentir. Nos robaron penales, partidos, nos cobraron off sides que nunca existieron. A Forlán no podían anularle los goles porque pateaba desde 40 metros, ¿qué le iban a inventar?”. Jaime Roos tiene puesta la misma cam-

pera con la que el técnico Víctor Púa cabeceó en el Uruguay-Senegal del 2002. Jaime Roos cabecea, mientras habla, casi igual: tac, tac, tac. –El año pasado nos ganaron por penales en nuestra Copa, Jaime, tranquilo. Son campeones de América, una de las mejores Selecciones del mundo. –Un encuentro mitológico, ese Argentina-Uruguay. Es más: hace poco pedí que me lo copiaran en DVD. Ese encuentro quiero tenerlo para siempre. Y no porque haya ganado Uruguay, eh, sino porque fue un partido descomunal. Pero es así, pasó, y luego vino el siguiente, y luego el otro, y la vida continúa, está bien, pero yo quiero que algún día se detengan las rotativas. Que se detengan las rotativas, así aprendemos a disfrutar.

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Aguafuertes españolas España sufre por su economía y por la desocupación. Pese a eso, no sería una mala idea mirar un poquito hacia allá y tomar las muchas cosas buenas que todavía hoy se pueden disfrutar por aquellas tierras. Para empezar, respetar al prójimo y poder vivir el fútbol en paz. Por CHRISTIAN COLONNA

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articipar en un puñado de conciertos de Siniestro Total fue la excusa para darse una vuelta por Madrid, Toledo, San Sebastián y algún pueblito encantador de España que no figura en negrita en los mapas. Aunque la banda viguesa deleitó al público argentino en varias oportunidades (la primera en el ‘89, una actuación memorable en New York City a cuento de un intercambio cultural Galicia-Buenos Aires), ya hacía más de diez años que no estaban por aquí. Entonces había que ir hacia allí (“si no puedo ponerme sobre ti, ponte tú sobre mí”, como cantan ellos). Para los que no tengan la menor idea de lo que hablamos (la gran mayoría, ¿todos?), Siniestro Total es una banda punk, aunque como los tipos ya andan por los 50 años, el punk ahora es más conceptual que musical, lo que no quiere decir que no suenen en sus recitales una decena de temas que hacen bailar pogo a un lisiado. Para los purretes interesados en el género, recomendarles su primer disco, ¿Cuándo se come aquí? Son quince temas bestiales que revolucionaron musicalmente a la España post franquista a comienzos de los ‘80. Treinta y pocos años después, España también anda revolucionada porque le explotó la burbuja económica en la que estaba inmersa. Y el Partido Popular, que ganó las elecciones el año pasado, intenta remarla con medidas que no parecen las más apropiadas: se recorta el presupuesto

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de salud y de educación, pero no se toca el de defensa y ni mención se hace sobre lo que gastan la Iglesia y la monarquía, por ejemplo. Igualmente, vale aclararlo, si cualquier argentino va como un turista común y corriente a pasear por España y no convive con un español ni ve los telediarios, no se percatará de que un cuarto de la población activa está desocupada. Y se preguntará: ¿cómo es que en Argentina dicen que este país está en crisis si se vive con semejante confort? Que no se entienda lujo por confort, sino el verdadero significado: aquello que produce bienestar y comodidades. En Madrid, por caso, se puede viajar desde lo que sería Lanús hasta lo que sería Vicente López en subte por menos de un euro. En los últimos diez años se han construido más de setenta estaciones de metro (¿Macri había hablado de imitar en la Capital al Metro de Madrid?) y es muy raro que un barrio no tenga uno a mano para trasladarse hacia cualquier lado. También en los últimos diez años se soterró la M-30 (una especie

de General Paz circular) en el tramo que coincide con el cauce del río Manzanares. Eso generó menos atascos y más espacios verdes. Claro, para poder hacer todo esto, Alberto Ruiz Gallardón, el Mauricio Macri madrileño que impulsó estas obras, endeudó hasta las narices a la ciudad. Y pese a que se tendrán que arreglar los que vengan detrás de él, Madrid está preciosa. Con un costo excesivo, monumental, disparatado si se quiere, pero ahí están las obras, para que las disfruten los que viven y los que están de paso. Pero el confort no pasa solamente por las decisiones políticas, sino también por cuestiones sociales. Un ejemplo sencillo: los tachos de basura callejeros ya incluyen un espacio para poder apagar los cigarrillos y evitar que las colillas ensucien el suelo. El respeto por el otro es algo que ya está establecido. Hace diez años, los madrileños fumaban en los andenes de los subtes, pero las campañas anti-tabaco lograron que la sociedad respetara las normas: hoy no se fuma en ningún espacio cerrado, ni si-

No son necesarios los cacheos, no hay que esconder el encendedor para que no te lo quiten, no hay amontonamientos, no hay peleas, un amigo te puede acompañar hasta la puerta y volverse a su casa.


quiera en un concierto punk. Tampoco se fuma en algunas canchas de fútbol, cada dirigencia decide si se permite o no. Acá, justamente, llegamos a las grandes diferencias entre España y Argentina. Mientras los hinchas de fútbol respetan al prójimo y no fuman; en las canchas argentinas, Basile y Falcioni (seguro que alguno más) se prenden su pucho y lo consumen disimuladamente. Pero por eso no hay sanciones y sí por decirle al árbitro “¿qué cobrás?”. Entonces ellos se convierten en los vivos que se saltan las reglas. ¿A quién le gusta que el Estado se meta en su vida y le diga lo que hay o no que hacer? Lamentablemente (muy pero muy), es necesario: no existe el concepto de dejar de hacer algo porque le va a joder al otro. Otra vez, y no nos cansaremos de insistir, volvemos con lo mismo: los hinchas de fútbol. Al ir a ver un partido al Vicente Calderón, desde que se baja del Metro hasta que se entra al estadio, sólo se ven dos o tres policías en donde están las vallas que cortan el tránsito y uno en

cada puerta de ingreso. No son necesarios los cacheos, no hay que esconder el encendedor para que no te lo quiten, no hay amontonamientos, no hay peleas, un amigo te puede acompañar hasta la puerta y volverse a su casa. En fin, es como ir al cine. Y eso en un partido a estadio repleto, con los hinchas del Atlético de Madrid envalentonados por la campaña que remontaron desde la llegada de Diego Simeone. Un caso, el Cholo. Los “aléticos” lo idolatran desde su tiempo de jugador y ahora, como las cosas van bien, le festejan todas las gracias. No hay uno en las gradas que no diga que es un tribunero, pero cuando sale del banco y agita los brazos a lo loco, no hay uno que no se ponga a alentar. El romance está en su mejor momento. Donde no hay romance es en el País Vasco. Con el Athletic de Bilbao enamorando a propios y extraños, los hinchas de la Real Sociedad se la rebuscan como pueden para capear el temporal. Justo la noche que el equipo de Bielsa jugaba la

revancha de la semifinal de la Europa League, la música nos llevó a San Sebastián, la “ciudad rival”. ¿Cómo se viviría el partido del Athletic en tierras de la Real? Un pueblo tan unido para algunas cosas, ¿sería capaz de unirse en el fútbol? ¿El éxito del Athletic se tomaría como un éxito vasco o como el triunfo del gran rival? Lo mejor, como siempre, es averiguarlo con la gente. El recepcionista del hotel fue contundente ante la consulta: “Al Athletic, ni agua”. Tres horas, varios pintxos y varias cañas después, el regreso al hotel fue de las cosas más placenteras que vivió este periodista. El Athletic había conseguido la clasificación a la final de la Europa League sobre la hora. Y en los bares de San Sebastián los hinchas del Bilbao gritaron el gol de su equipo. Con la mesura lógica por estar en tierra ajena, pero lo festejaron. Y no pasó absolutamente nada. Ni un comentario desubicado. Ni una reacción. Los locales se masticaron la bronca, pero se la bancaron estoicos. Si las crisis son así...

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UN CAÑO INVESTIGA

Por GUSTAVO VEIGA Fotos PHOTOGAMMA.COM

El largo brazo M

La mercantilización del club, cuentas en rojo y una serie de proyectos faraónicos que incluyen nuevo estadio yacen como planes ocultos tras el momento de Boca en el campeonato. Todo ello por obra y gracia de una dirigencia que hizo del club tierra ocupada por funcionarios macristas. ¿Alguna vez el Jefe de Gobierno dejó hacer a los nuevos dirigentes?

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a condición bostera –enunciada con el debido respeto– es unívoca. Casi que debería leerse como un palíndromo. Pero antes, con Mauricio Macri, y ahora, con Daniel Angelici, en Boca tiene un significado distinto visto de adelante hacia atrás, o viceversa. Los dos interpretan su historia alejados de lo popular, de su esencia. Para ellos, la naturaleza boquense se trata de una rara mezcla de glamour, marketing procaz, porristas con “las rayas de la camisa pintadas en la piel” (diría Horacio Ferrer en su Balada para un loco) y esa clásica pasión que transmiten la Número 12 y la Bombonera. Todo, claro, iluminado por marquesinas de neón. Estos y aquellos tiempos de fútbol VIP pueden entenderse un poco más con una frase de Oscar Moscariello, el vicepresidente 1º del club: “el Tano consulta todo con Mauricio, yo lo conocí primero a él y sé cómo se maneja”. Ergo, nada importante en Boca se hace sin que el actual Jefe de Gobierno porteño y ex presidente del club lo apruebe.

Con Angelici, volvieron a Boca los slogans efectistas: “Boca es espectáculo, nuestra competencia es Disney o el teatro”, dice Pablo Rohde, su gerente de marketing citado en www.marcadegol. com. Aún si resultara simpático el concepto anterior, hay quienes creen que Boca no necesita venderse. Se vende solo. Claudio Giardino, de la Agrupación opositora La Bombonera, se queja de una medida anunciada de manera confusa: “no pueden modificar el escudo como pretenden. Por estatuto es obligatorio que tenga una estrella por cada campeonato y no una sola como síntesis. Si lo hacen, se van a comer un juicio”. En efecto, el propio Rohde comentó en aquella entrevista: “el escudo sigue diciendo el nombre completo de la institución, pero esta es la nueva marca. También decidimos colocar sólo una estrella porque es la síntesis de todas las estrellas, de todos los torneos que ganó el club”. Esta idea, como la frase de Moscariello, expone la actualidad boquense en términos parecidos a los que

uno de los grandes gurúes del marketing, el estadounidense Seth Godin, define así: “el marketinero de éxito no se centra en las funcionalidades de un producto, ni siquiera en sus beneficios; lo que hace es contar una historia”. El concepto surge de su libro All Marketers Are Liars (“Todos los marketineros son mentirosos”). El nuevo combo de esta mercantilización xeneize se nutre del proyecto para construir un estadio con capacidad para 80 mil personas que, eventualmente, conviva con La Bombonera a unos metros (algo así como la Avellaneda de Racing e Independiente trasladada al otro lado del Riachuelo), el hotel Boca de reciente inauguración y una flamante campaña de socios adherentes, entre otras ideas. La instalación de esta imagen de un Boca hacedor en el mercado se confió a la agencia de publicidad Bridger Conway y Asociados, conducida por Marcelo Bridger, Daniela Barrero y Santiago Felipelli. La nueva estética con la que el club abrirá sus puertas al mundo llevará la

“Mi pobre Angelici”, tituló con acierto la página Soy Boca cuando el presidente se atrevió a informar a casi tres meses de su gestión: “Tenemos la caja en rojo”.

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Daniel Angelici y Cecilia Bonelli en la presentacion de la Campaテアa del socio adherente y de la nueva imagen de la marca Boca Juniors.

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marca en el orillo de la estrella, la vieja frase “la mitad más uno” y se aprovechará con fines corporativos de la pasión de multitudes que genera Boca. Una pinturita en azul y amarillo. El dirigente y diputado porteño del PRO Moscariello denunció a fines de marzo que Boca debía 23,6 millones de pesos: “quiero aclararles cómo está económicamente la institución y sacar del imaginario colectivo el balance anterior que, hasta el 30 de junio de 2011, según la gestión de Jorge Ameal, tenía unos 50 millones de pesos de superavit”, agregó. Marcó la cancha, pero además le informó a Un Caño que “descubrimos varios kiosquitos, como por ejemplo que Boca no es dueño de su página oficial, que el tablero electrónico de La Bombonera está tercerizado y que el Museo que en tiempos de Mauricio dejaba 2,5 millones de pesos por año recauda desde que asumimos sólo 200 mil anuales”. Al cuadro que pinta el vicepresidente 1º le falta un pincel. Quien tiene a su cargo la revisión de todos los contratos de la gestión anterior no menciona la responsabilidad que tuvieron, durante el gobierno de Ameal, casi una decena de dirigentes de la actual conducción. Empezando por el propio Angelici, quien fue tesorero (¡tesorero!) hasta que renunció a esa función pero no al puesto que como vocal mantuvo en la Comisión Directiva. El ahora presidente dejó su cargo en manos de José Requejo García, por entonces protesorero y hoy secretario de actas. Otros responsables de la situación económica heredada que describió Mos-

cariello son Juan Carlos Crespi (vicepresidente 2º en los dos gobiernos) y, en lugares menos importantes, Carlos Ben, Carlos Aguas, Pedro Orgambide (h), Jorge Bitar, Marcelo London y Raúl Ríos (presidente de la Agencia Gubernamental de Control porteño a quien el propio Macri echó cuando no controló la caída de un edificio en Villa Urquiza en agosto de 2010). La tarde en la que se derrumbó la construcción sobre un gimnasio, ocasionando tres muertes, Ríos prefirió votar en la reunión de Comisión Directiva que aprobó el contrato vigente de Riquelme, en dólares y por cuatro años. Eludió dar la cara ante los vecinos damnificados por la tragedia. Lo paradójico es que su jefe político prescindió de sus servicios como consecuencia de la forma en que suele construir poder. Macri se valió de dirigentes, socios y hasta intermediarios en pases de jugadores al mercado chino -a Eduardo Petrini lo llevó al Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC), el mismo que confesó no tener idea de ese tema- para completar cargos en el Estado. Como si gobernar la Ciudad con mayor presupuesto del país fuera semejante a votar a favor o en contra de renovarle el contrato a un futbolista o a un técnico. Aquella noche de agosto de 2010, Angelici llamaba a votar en contra de Riquelme. Ríos se hizo presente en la reunión y lo acompañó en el sufragio. En un mismo día perdió la votación y el cargo que tenía en la Agencia Gubernamental de Control. Todo dicho. “Mi pobre Angelici”, tituló con acierto la página Soy Boca cuando el presiden-

te se atrevió a informar a casi tres meses de su gestión: “Tenemos la caja en rojo, no hemos vendido ningún jugador en diciembre, que eso suponía que podía equilibrar el presupuesto. Les queremos aclarar a los socios porque se habló muchísimo durante la campaña de que se había ganado el campeonato económico, que había un superávit de 50 millones de pesos”. Ameal le respondió a su sucesor, y a Moscariello, quien lo dejó en off side en aquella conferencia de prensa donde presentó el corte del balance al 14 de diciembre: “nosotros dejamos efectivo, cheques a cobrar y un patrimonio neto de 14 millones de pesos, además de catorce jugadores con gran futuro y rentabilidad”. “Los datos del balance que presentó el oficialismo de Angelici son relativos, porque no son del ejercicio, sino para determinar si hubo variación patrimonial. El balance que importa es el que cierra el próximo 30 de junio. Por eso están desesperados para vender jugadores, y lo van a tener que hacer por no menos de doce o trece millones de dólares”, describe Giardino, un contador que todos los años se toma el trabajo de leer de punta a rabo cada ejercicio y después los comenta en los foros boquenses con los socios e hinchas. Moscariello, un hombre de la política porteña, está haciendo un esfuerzo para convencer a los vecinos de La Bombonera de que le vendan a Boca sus propiedades sobre la calle Del Valle Iberlucea con el propósito de remodelar el estadio. Si fracasa en su intento, Angelici tiene un

Para Macri y Angelici, la naturaleza boquense se trata de una rara mezcla de glamour, marketing procaz, porristas...

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plan B: levantar otra cancha en las tierras de Casa Amarilla que pueda contener a 80 mil socios. Con restaurantes y un gran estacionamiento incluidos. Para eso busca inversores que se interesen en semejante proyecto, con la idea de hacer algo parecido al Arsenal inglés. Al club londinense le bancó la construcción la compañía aérea Emirates Airlines, a cambio de un contrato por quince años para que llevara su nombre el escenario situado en el barrio de Ashburton Grove. “Es un proyecto faraónico irrealizable, me parece una locura y se lo menciona para justificar que están haciendo algo. Macri ya había pensado una cosa parecida con Nike cuando era presidente”, se queja Giardino. “No creo que vayamos a tener problemas en conseguir el dinero porque el retorno para los inversores lle-

gará en un lapso corto”, le dijo Angelici a Olé. No queda clara una cosa: si fracasa la remodelación de La Bombonera, ¿qué harán los dirigentes con ella? ¿Convivirá con un estadio vecino, como pasa con los de Independiente y Racing? (aunque en este caso, cuesta imaginar que un mismo club pueda mantener dos moles de cemento gigantescas). ¿Para qué? Las ideas no se matan, sostenía Sarmiento. Angelici no las mata, pero sí las copia. Llegó a Boca para completar la obra de Macri, de ahí que no deje de consultarlo. De alguna manera se invirtieron los roles. Cuando todavía no era presidente, asesoraba al Jefe de Gobierno en la función pública desde una mesa chica de colaboradores. Es una de las patas radicales del PRO, proviene del mismo partido que su amigo Enrique Coti Nosiglia,

quien en 1995 contribuyó con recursos humanos y políticos al desembarco del ingeniero en Boca que ahora le permite ser presidenciable. El empresario dueño de varios bingos, por ahora, está abocado a realizar una buena presidencia regada de éxitos deportivos, los mismos que le permitieron a su jefe candidatearse en la ciudad cuando al equipo lo conducía Carlos Bianchi. ¿Aspirará también a la jefatura de Gobierno? Macri sigue omnipresente en Boca porque sabe muy bien hasta dónde las victorias en el fútbol pueden ser capitalizadas para la política. Angelici le cuida las espaldas con las mismas recetas de los ‘90. Glamour, marketing y promesas futboleras apoyadas en la épica bostera que tan buenos resultados le dio al José María Aznar de estas pampas.

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LOS CUENTOS DEL TÍO PETER Por PEDRO SABORIDO

Ilustración LAURA SAVIO

Será hijo de una gran puta…

En esta ocasión se recupera del pasado la conmovedora historia de Amuchástegui, aquel 9 de El Porvenir de fines de los ‘70 que generaba oleadas de insultos de sus propios hinchas. No hay explicaciones científicas que puedan aclarar el tema. Apenas algunos indicios que nos revelan que el comportamiento humano jamás podrá ser comprendido en su totalidad.

“¿Con que le pegaste? ¿Con un diario mojado?”. “Fulano, ¡correte que están jugando!”. “Sacate el yeso de la cintura”. Comentarios ingeniosos como estos suelen ser echados desde la tribuna para castigar el desempeño de algún jugador. Pero cuando se quiere ser claro y contundente, se apela a un “la puta que te parió” que no deja lugar a dudas. Esta reflexión me remonta a la vida de un pibe que se retiró del profesionalismo con sólo 19 años. Fue el jugador de fútbol más puteado de la historia, el número 9 del Club Atlético El Porvenir entre los años 1977 y 1981. Amuchástegui fue sistemáticamente insultado durante los 90 minutos de cada uno de los 50 partidos que jugó para la institución en ese período. Jamás fue reemplazado por suplente alguno. Cuando el técnico recibía la sugerencia de cambiarlo, contestaba: “dejalo que lo puteen un rato más, me gusta…”. Jamás le dijeron “pelotudo”, ni “la concha de tu madre”, ni “culo roto”. Siempre fue un gran “la puta que te parió”, matizado con aislados “hijo de puta” y otros epítetos más localizables como “reverendo hijo de puta” o la “remil puta madre que te recontraparió”, variantes que flotaban sobre la frase original como

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sutiles arreglos musicales de una melodía principal: “la puta que te parió”. Durante años Amuchástegui soportó ese coro de puteadas lanzadas desde la tribuna, aunque pocas veces les haya dado un motivo, ya que era un jugador de desempeño regular. Sin embargo, también era puteado cuando convertía un tanto. “Hiciste un gol, la puta que te parió” le gritaban los hinchas, que lejos de festejarlo, pedían al árbitro que lo anulara. Este hecho, ya fuera de toda lógica, hizo que las autoridades del club sugirieran que, tanto Amuchástegui como los dos mil principales simpatizantes de El Porvenir hicieran terapia de grupo. Los martes a las 19, la tribuna del estadio se colmaba de hincha-pacientes y junto a Amuchástegui y el Dr. Sanjurjo –el psicólogo del club– hablaban del tema. “¿Por qué lo putean?”, preguntaba el doctor a los hinchas, que bajaban la cabeza y no le contestaban. Intentaban justificar alguna jugada, algún descuido, pero nunca nada era consistente. Uno a uno, los hinchas contaron sus propias vidas, pero en ninguna historia se detectaron frustraciones o resentimientos que pudieran provocar descargas emocionales. Era gente plena y feliz. “Es algo como

que nos surge”, apenas pudo decir uno. No había causas aparentes. Simplemente, Amuchástegui era puteado. Y todos, con pena, reconocieron que podían hacer el esfuerzo de no hacerlo, pero al mismo tiempo admitían que, con la pelota en juego, les sería imposible no putearlo. “A eso venimos”, dijo uno. “Yo compré el abono anual para putearte”, reconoció otro. “Disculpá, pero es así, la puta que te parió”, dijo un tercero despidiéndose, abrazando a Amuchástegui y llorando emocionado. Finalmente, Amuchástegui dejó el fútbol. Y fue charlar con su madre. Ella le confesó que toda su familia lo puteaba a sus espaldas porque lo querían, pero no podían evitar putearlo. Y entonces llegó a la conclusión de que él mismo, de una manera casi química y natural, así como otros inspiran ternura o indiferencia, respeto o desprecio, enojo o risa, él, con su sola presencia, provocaba una puteada. Un misterio del cual Amuchástegui debió haber tonado nota aquella vez que su maestra de segundo grado le entregó un excelente boletín en el que se leía: “¡Sigue así, estás progresando. Y andate a la reputa madre que te remil parió, hijo de una soberana puta!”, en bella y dulce letra manuscrita de lapicera Parker.


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s a b r e y s a r t O TV

La mujer perfecta Por POR ARACELY MALDONADO (desde Córdoba)

Anselmo enciende un cigarrillo bajo la lluvia. Camina nervioso por las calles empedradas del barrio San Vicente, en Córdoba. Es noche cerrada cuando ingresa al edificio: una amplia biblioteca que aloja en su trastienda a un puñado de mujeres dispuestas a satisfacer el deseo de sus clientes. Es su primera vez. Luego de escuchar las bondades de las señoritas por boca de la madama, se decide por Carlina: rubia, mirar sugestivo, largas pestañas postizas que asoman por sobre el marco de sus anteojos, labios carnosos, sonrisa prometedora, doctora en Filosofía y con posgrados en Semiología, Epistemología y Hermenéutica. Cincuenta mil pesos la media hora le parece caro. La regente del burdel lo convence de que será el dinero mejor gastado en su vida porque Carlina, además de ser universitaria como el resto de las chicas, tiene un plus: maneja a la perfección la temática del fútbol y de los autos, como cualquier hombre. –La mujer perfecta– balbucea, atónito, Anselmo. –Eso dicen– confirma la encargada del prostíbulo con aire triunfador. Las Ponce fue la casa de tolerancia más legendaria en Córdoba entre los ‘60 y ‘70, época de revoluciones culturales, intelectuales y artísticas. En ella está inspirada Las otras Ponce, una de las series ganadora del Plan de Promoción y Fomento de Contenidos Audiovisuales Digitales para TV Digital Abierta. La ficción transcurre en el mismo tiempo y espacio que aquel lenocinio donde debutaron generaciones de cordobeses. El argumento es, al menos, provocador. Parte de la premisa de que los prostíbulos existen porque hay hombres con necesidades sexuales insatisfechas. Luego, la pregunta del millón: ¿Y cómo calman sus ardores cuando tienen necesidades intelectuales insatisfechas? Un interrogante inusual en la pantalla local. “Sobre este punto imaginé ¿qué sucedería en un lupanar en donde las damas en lugar de vender su cuerpo venden su mente a hombres que necesitan conversar, discutir ideas o ser escuchados?”, dice Juan Falco, guionista y director de esta entrega con estética de historieta y encuadres de policial negro, efectuado por razones presupuestarias en chroma (rodar los personajes sobre fondo verde y luego aplicarle los fondos en postproducción) 80 UN CAÑO | MAYO 2012

y con un elenco 99% cordobés, a excepción de Aldo Pastur. Algunos medios de Córdoba discuten, falazmente, si la propuesta está “al filo del machismo” por estereotipar a esas “esposas idiotizadas por los Sábados Circulares o El Club del Clan” que sólo son capaces de complacer a sus maridos en la alcoba. O al borde del feminismo, por esa puesta en valor un tanto exacerbada del intelecto mujeril, por lo general vapuleado a través de incontables humoradas. Los varones se están pensando a sí mismos, y encuentran que el erotismo también puede estar ligado al conocimiento, una revelación que interpela –con cierta ironía– al género masculino. La mujer de los sueños ya no es sólo aquella que “raja la tierra”, sino la que “parte la cabeza” con una conversación profunda y placentera. Pero sólo es perfecta la que, además, es capaz de discurrir sobre cuestiones futbolísticas. Ahí está “lo orgásmico” de la propuesta. La analogía entre el sexo y el fútbol, entre el orgasmo y el gol, no es nueva. Eduardo Galeano, la abordó en El fútbol a sol y sombra, describiendo “el entusiasmo que se desata cada vez que la bala blanca sacude la red” y cómo “la multitud delira y el estadio se olvida de que es de cemento y se desprende de la tierra y se va al aire” (un orgasmo colectivo en este caso, nacional y popular). Anselmo asoma a la habitación con la timidez de un adolescente, a pesar de sus cuarenta y tantos. Carlina está sentada, un papel sobre la falda, lapicera en la boca, piernas cruzadas que se balancean, seductoras. –¿De qué hablamos? –interroga ella. –Y a mí siempre me intrigó Descartes, no descartar, René Descartes, usted sabe, Filosofía Cartesiana, Teoría del Método –responde él, titubeante. Pero de inmediato se interrumpe y abalanza sobre la clarividencia de la mujer y, con toda la pasión de que es capaz un hombre, confiesa que en verdad le gustaría charlar sobre un tema que lo obsesiona: –Mario Kempes, en Instituto, ¿debería jugar de centroforward o de inside derecho?


En 1920, el jugador alemán Hans Sutor fue echado del club Fürth por casarse con una hincha de su clásico rival, Nuremberg.

MÚSICA

Mis brothers Los Broster Por PABLO LLONTO

Si tuviese que otorgar el Premio Revelación del Año ya, a esta altura de los doce meses, se lo doy a Los Brosters. Sobre todo por su enorme capacidad para no ser catalogados de nada, más que de una banda divertida y que suena bien. ¿Trío? ¿Grupo? ¿Combo? Nada de ello. Hay quienes los definen como “power cumbia trío”. Lo cierto es que los chicos y la chica se pasan la semana elaborando canciones tan simples como cortas, tan sonrientes como desopilantes. Los críticos dirían “mezcla de estilos”, nosotros decimos que son esencialmente ritmos latino-africanos. Es decir, bien nuestros. Y que si existe la cumbia rapera, el vals acelerado o la onda Manu Chao es porque tres desatadas guitarras criollas hacen lo suyo. Hay una voz amiga y dulce que es la de Lule Franco. Otro que canta y mueve los dedos con éxtasis es Martín, y el señor de los punteos charanguísticos se llama Matto. Si alguien busca escuchar música y no ponerse nada serio, vaya pensando en estos jóvenes. Por ahora nada profesionales, asi que súbase a YouTube o búsquese una buena página para encontrarlos allí y saber dónde tocan. Porque esto no es un chivo, es un aplauso.

CINE

Una perla iraní Por ALEJANDRO LINGENTI

En marzo de este año, el gobierno iraní anunció públicamente que la fiesta para celebrar en Teherán el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa, obtenido por La separación, la gran película de Ashgar Farhadi que acaba de estrenarse en Argentina, no podía realizarse. No hubo muchas explicaciones de parte de las autoridades del mismo régimen que encarceló al prestigioso cineasta Jafar Panahi por considerarlo “enemigo del Estado”. Es apenas una muestra gratis del contexto en el que se produce cine en Irán, lo que multiplica el valor de la valiente película de Farhadi. A partir de un pequeño drama doméstico, la historia del film va creciendo en densidad hasta convertirse en una aguda reflexión sobre el papel de la mujer, el funcionamiento de la justicia, la importancia de lo religioso y las diferencias de clase en la sociedad iraní, cruzada por los múltiples conflictos de conciencia propios de un régimen teocrático. Más que clausurar sentido, la película abre una inmensa cantidad de interrogantes, una de sus virtudes más notorias. “Mi intención de fondo al filmar esta película era generar preguntas en el espectador. Creo que el mundo necesita más preguntas que respuestas”, declaró Farhadi oportunamente. Apelando a una puesta en escena simple, el director toma por el cuello al espectador desde el inicio de la historia y no lo suelta

hasta el final. No es menor para ese logro el magnetismo de la actriz Leila Hatami, el rostro a partir del cual Abbas Kiarostami hizo un film entero, Shirin, en 2008. MAYO 2012 | UN CAÑO 81


Vos ganaste el Mundial

En abril falleció el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde. Las páginas deportivas lo ignoraron. Pero, ¿por qué deberían incluirlo entre sus temas? Este homenaje intenta recordar a uno de los que más lucharon para impedir que la dictadura se pavoneara como lo hizo con una copa del mundo. Por PABLO LLONTO

N

o puedo precisar cuánto hemos perdido los argentinos con la muerte de Eduardo Luis Duhalde. Sí, sí, el Duhalde bueno, como lo llamábamos todos. De abogado, tenía todo. Hasta la capacidad para ver una acción judicial donde pocos la notábamos. Una acción que defendiese a los más necesitados, a los perseguidos, a los explotados. Una acción que molestase a los poderosos, a los genocidas, a los ricos de maldad. De militante, tenía todo. El corazón y el físico, aún el endeble de los últimos tiempos, para estar allí donde la humanidad requiriese un pecho para poner, un nombre para firmar apoyos, una hora o un día o una semana dedicada a la multiplicación de los Derechos Humanos. Porque eso era Eduardo: puro derecho, puro humano. Si alguien no comprende la razón del recuerdo en estas páginas de un funcionario que no pateaba la pelota, ni nadaba 1.500 metros, ni pedaleaba como los dioses, hay una simpleza de respuesta: Eduardo Duhalde fue de los pocos argentinos que en 1978 emprendió una firme batalla para boicotear el Mundial de Jorge Rafael Videla, el Mundial de la dictadura. Me encantaba escucharlo contar anécdotas sobre este asunto. Duhalde, después del golpe de 1976, estaba exiliado en Europa, y allí conformó (con otros colegas) la CADHU (Comisión Argentina de Derechos Humanos) para recibir miles de denuncias de los sobrevivientes argentinos que viajaban a Europa a buscar refugio. Se trataba de escapar de las mazmorras o, simplemente, del país que se estaba convirtiendo en país-genocida. Un día tomamos café en La Ópera, de Callao y Corrientes. Nunca apagó el cigarrillo, o los cigarrillos… Y sacó de una bolsita unos plásticos extraños y me dijo “tomá, te las regalo de recuerdo”. Eran las planchas Offset que ilustran esta nota y que habían servido en aquellos tiempos de la dictadura para imprimir

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pequeños afiches, calcomanías y todo lo que se le ocurriera, llamando a las demás Selecciones a “no concurrir al Mundial para no avalar una dictadura que estaba asesinando y arrojando al mar a miles de jóvenes” Hizo todo lo que pudo Eduardo con aquel Mundial. Recorrió, junto con otros compañeros y compañeras, redacciones, actos, partidos políticos, bares de escritores. Escribió en semanarios o en diarios. En todos los lugares pedía que no se viajase a la Argentina. En concreto, soñaba con un Mundial sin gente o con poca gente y un repudio generalizado a los dictadores. Pero las cosas, ya se sabe, no salieron bien. Pero las cosas, ya se sabe, están saliendo bien ahora. Más de 260 genocidas condenados, otros mil procesados o en vías de ser procesados, un país que es ejemplo mundial en juzgamiento a los violadores de Derechos Humanos y a los autores de un sinfín de delitos de lesa humanidad. El Mundial ‘78 ha quedado en el lugar que corresponde, el lugar que quería Duhalde: el lento olvido lo ve consumirse, entre la vergüenza de un pueblo que no quiere saber nada con éxitos deportivos en el medio de la masacre. Las planchas, querido Eduardo, merecen un rescate, como merece un rescate tu vida de acciones multicolores. Fuera de donde fuera el perseguido político, siempre estaba Eduardo, el “boga”, el amigo de Ortega Peña, el autor de El estado terrorista argentino (obra muy leída durante la argentinidad democrática de fines de 1983). No habrá pedestal de mármol. De ninguna manera. Sólo queríamos advertir a quienes andan un poco descorazonados y cortos de utopías, que era muy cierto aquello de Brecht y los imprescindibles. Duhalde lo era. Y esta nota quizás ayude, más que a soltar lágrimas, a servir de aliciente a todo soñador, para que Nunca Más dejemos que al fútbol lo manche un general, o un brigadier, o un almirante.


Revista Un Caño - Número 47 - Mayo 2012  

¡Cortemos con la estupidez! - El fútbol argentino está plagado de irregularidades. Los campeonatos no se reforman seriamente, los jugadores...

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