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Boca sucia in corpore sucio Cada aparición, cada reportaje a Julio Grondona es un retrato de la hipocresía. Lo sabemos. Pero la escasa inteligencia de uno de los hombres que más daño le ha hecho al país siempre le juega en contra. Si alguien coleccionara las entrevistas al Padrino de la calle Viamonte, encontraría allí las confesiones y revelaciones que anudan cada uno de los desastres del fútbol argentino. El miércoles 3 de noviembre, Grondona concurrió a la Comisión de Deportes de la Cámara de Diputados. Allí siempre lo trataron bien. Más de un centenar de legisladores lo llamaba “Don Julio”. Los mismos que hacen llamar a sus emisarios para mangar entradas cuando juega la Selección. Pero ese miércoles, un diputado kirchnerista (Vargas Aignasse, de Tucumán) le reprochó: “acá me pueden traer todas las carpetas que quieran, pero para dar democracia a esto (por la AFA), ¿por qué en lugar de votar solo 49 clubes para elegir autoridades no hacemos que voten los 3.000? “Gil de cuarta, tu club no existe. El fútbol tucumano es mediocre y no va a llegar a nada. Y decile a San Martín y a Atlético que me devuelvan la plata”, se escuchó que gritaba el Padrino en los pasillos. El club de Vargas Aignasse se llama Sportivo Guzmán (Argentino C). El diputado propone una mayor participación de los equipos pequeños de las provincias que, considera, son discriminados por la AFA. El lunes 8 de noviembre, Jorge Rial entrevistó en La Red, de modo bastante vaporoso, a Grondona. Iban de un tema para otro, litigaban un poco acerca de los barrabravas y los dirigentes, y de pronto se dio un pase: –Rial: Marcelo Palacios le quiere hacer una pregunta. –Palacios: Julio, buen día. ¿Batistuta puede ser sumado al cuerpo técnico del Checho? –Grondona: No tengo ni idea; ahora depende de la propaganda que le empecés a hacer vos y otros más (risas). –Palacios: No sé, pero al menos, ehhhh.... Qué se yo... Al menos fue alguien... –Grondona: Vos te dedicás a esa función de propaganda, para colocar...Para darle cartel a uno o a otro. –Palacios: ¿Por ejemplo? Pero, ¿a usted no le gustaría? –Grondona: Y ... A unos cuántos… A mi, si hace falta, se verá, pero no porque sí. Yo no estoy acostumbrado a dar nombres de nadie, sino a esperar a los que están encargados de todo esto. O están bien, puede ser, se aceptan… “Para colocar”. Ésa fue la expresión de Grondona que se grabó en la mañana de un lunes de primavera, cuando la ágil lengua del dueño de los sillones de LA AFA le dejó un repique al periodista que menos admiran los colegas del gremio. Palacios y Grondona son la anécdota. Lo trascendente ha sido el desembuche que, a la hora de levantar la información, los demás medios ignoraron. Tenemos entonces que el presidente de la AFA aparece ahora como testigo privilegiado de una práctica que ha dañado y daña la credibilidad de la prensa. O de alguna prensa. Los periodistas interesados en “colocar” a tal entrenador o a tal jugador en un club, en un seleccionado, o en cualquier lugar del fútbol. Es decir, tenemos derecho a preguntarnos si la noticia brindada el 6 de noviembre en Clarín acerca de un acuerdo entre Grondona y Batistuta para que el ex nueve asuma como jefe técnico de la Selección era una operación de prensa. Volvamos al lunes 8. Una vez terminado el reportaje, después de las cordiales despedidas, Jorge Rial dialogó con el imitador y cómico de la radio, que se esfuerza por sacar desde la ultratumba la voz de Grondona. –Rial: Julio, ¿qué piensa usted de Marcelo Palacios? –Imitador de Grondona: Es un pelotudo. Pablo Llonto

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ILUSTRACIÓN DE TAPA Sebastián Domenech

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Un jugador de novela

Cuauhtémoc Blanco, ídolo del fútbol azteca, protagoniza un culebrón televisivo en el que alterna el rol de DT infantil con el de bombero voluntario. Muy pronto ingresará al elenco Larissa Riquelme, la paraguaya que se hizo famosa en el Mundial por guardar el celular en su escote. Por GABRIEL TUÑEZ

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omo ocurre en cualquier programación televisiva, el fútbol argentino brinda cada año a su público la oportunidad de entretenerse con “novelas” de los más variados guiones. En cada apertura del libro de pases, por ejemplo, la contratación de refuerzos surge como el argumento perfecto para que dirigentes, representantes, periodistas y, por supuesto, jugadores asuman el papel de actores y alternen entre héroes y villanos. Lesionado y sin una fecha posible de regreso a las canchas, Juan Román Riquelme fue una gran estrella de este género en ascenso. La negociación por su nuevo contrato logró un rating tan abrumador como los bailes de Tinelli o los besos de la nieta de Mirtha Legrand. Sin embargo, acaso más éxito en materia pública concitó la llegada de Sergio Batista como DT del seleccionado nacional. Elegido, en nombre de una comisión, por el dedo divino de Julio Grondona, aquel número 5 con la barba del Mesías desplazó a Dios del puesto con un argumento tan apasionante que ni Mario Puzo lo hubiera hecho mejor. En México, en cambio, el fútbol y la ficción parecen mezclarse de forma menos dramática. En esta tierra de culebrones por excelencia, un productor consiguió llevar a la TV al ídolo del fútbol local y transformarlo en uno de los actores principales de la telenovela más vista del país. A los 37 años, Cuauhtémoc Blanco protagoniza desde octubre pasado Triunfo del amor, una historia con todos los ingredientes del género en la que alterna el cambiante rol de entrenador de fútbol infantil con el de bombero voluntario. “Es un reto importante, y espero que salgan bien las cosas. Yo sé que me van a criticar, pero no me importa”, expresó en la presentación a la prensa. Blanco intercala las grabaciones con las prácticas y los partidos de su equipo, Los Fre-

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seros de Irapuato, de la Segunda División. Pero su fama ya lo había hecho conocido fuera de las canchas a partir de romances, aventuras, polémicas y escándalos que lo llevaron a las tapas de las revistas de la farándula mucho antes de ser actor. Tanto es así que en Triunfo del amor, donde comparte elenco con el argentino Diego Olivera, tiene asignada la misión de enamorar a las dos actrices principales de la historia, mientras aguarda que en diciembre se sume al elenco una tercera: la paraguaya Larissa Riquelme, dueña del teléfono celular más famoso del Mundial de Sudáfrica. “Voy a empezar a practicar las escenas de besos”, avisó con una media sonrisa. Su capacidad como artista, sin embargo, fue cuestionada por varios de sus compañeros en la TV. El cubano César Evora, con quien comparte escenas como bombero, dijo que ser actor requiere una preparación y que él no se animaría a “jugar con una pelotita de fútbol” para evitar “el ridículo”, aunque le pagaran “una millonada”. También la actriz Mariana Ríos puso en duda la figura estética de Blanco para afrontar una novela cuando dijo que le parecía atractivo “sólo en el sentido de que es un gran deportista”. “En mi país no perdonan el éxito”, respondió el jugador, en un cruce de declaraciones dignas de vestuario. Si bien faltó a la primera grabación, pautada para una mañana de lunes, Blanco se afianzó en su papel y ya tomó parte en un rescate en pleno incendio y sin la ayuda de un doble. Además de su nuevo rol, conduce un programa de radio y protagonizó un reality contando su vida. “Vengo desde abajo y me costó mucho subir hasta donde estoy. Para mí lo más importante es la unión del grupo y que todo esté bien”, repite su casete futbolero antes de una nueva jornada televisiva.


Santificado sea tu nombre Aunque ya había jugado un Nacional en el 78, muchos se enteraron de que había un equipo llamado Patronato cuando este año ascendió al Nacional B. Pero, ¡atentos al nombre completo!: Club Atlético Patronato de las Juventud Católica. ¿Se aceptan hinchas ateos? Por GUILLERMO HERRERO

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ebo confesarlo: la primera vez que le presté atención a Patronato de Paraná fue en septiembre de este año, cuando en la redacción del diario en el que trabajo se armó un griterío demencial, un alud de exclamaciones del tipo “¡no, no, no se puede creer lo que estamos viendo!”. ¿Qué era lo que estábamos viendo? ¿El abrazo de reconciliación entre Ruggeri y Cherquis Bialo? No, nada de eso. Multiplicado en quince televisores, de camisa a rayas finitas y con su melena tornasol resplandeciendo en la pantalla, Mostaza Merlo, el entrenador de Rosario Central (en ese momento), aparecía haciendo los cuernitos, según su modo de ver las cosas, el antídoto más eficaz para neutralizar el penal que, a los siete minutos de descuento, Diego Jara, de Patronato de Paraná, se disponía a ejecutar contra su equipo. Al final, la fórmula de Mostaza no dio resultado, y Jara anotó el 2-2. Me detuve en la fuerza delirante de esa imagen, claro. Y me quedé pensando hasta dónde puede llegar el carácter supersticioso de los entrenadores, gente especializada en hacernos creer que tiene todo controlado gracias al trabajo de la semana pero que, a la hora de los bifes, no sabe si hacer los cuernitos, echarse talco en la espalda, tocarse el costado izquierdo o todo eso junto y al mismo tiempo. Si Mostaza recrea con la mano derecha el gesto característico de los fans de Iron Maiden o Metallica para evitar un gol de Patronato de Paraná, ¿en qué plan se puede embarcar si le toca, digamos, una definición por penales para dirimir quién se queda con la Copa Intercontinental? Además, ¿por qué Mostaza esconde la mano detrás del cuerpo cuando hace los cuernitos, si todos sabemos que está haciendo justamente eso? ¿No sería más eficaz si extendiera el brazo hacia adelante, apuntando con los dedos como un revól-

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ver de doble caño justo al centro de lo que pretende anular? En fin. Todo esto, decíamos, para caer en la cuenta de que existe un club que se llama Patronato. En realidad, su nombre completo es Club Atlético Patronato de la Juventud Católica. Fue fundado en 1914 en Paraná, Entre Ríos, por Bartolomé Grella, un sacerdote que, con el fútbol de por medio, pretendía “acercar a la catequesis a los niños del barrio”. La primera cancha se instaló en la calle Andrés Pazos, donde después tuvo lugar el Círculo católico de Obreros. Con el tiempo, el 30 de mayo de 1956, se inauguró el estadio actual, ubicado entre las calles Grella, San Nicolás, Ayacucho y Churruarín. Fue debut y derrota: 1-3 ante Colón. El cementerio de los festejantes. De camiseta rojinegra, como la del Milan o la de Defensores de Belgrano, Patronato ascendió este año a la B Nacional. “Orgullo de la ciudad”, como escriben con entusiasmo los hinchas en los foros de Internet, los “clásicos rivales” de Patronato son el Club Atlético Paraná y el Club Gimnasia y Esgrima de Concepción del Uruguay. En esos foros, también, los más fanáticos se encargan de resaltar otras virtudes del club, por ejemplo que “las dimensiones de nuestra cancha son de 105 por 68, iguales que las del Camp Nou de Barcelona”. Y los arcos también son blancos... Patronato se dio el lujo de jugar en Primera en el Nacional 78. El equipo formaba con Ibarra, Zeballos, Vicente, Lell, Sosa, Ríos, Brunengo, Solanas, Pesoa, Díaz y Escobar. En ese torneo les ganó a Unión, Platense, Gimnasia y Esgrima de Mendoza y Chacarita. De todas maneras, la mayor goleada de la historia del Santo fue en la temporada 2002/2003 del Argentino B, un 10-1 frente a Atlético Hasenkamp, sí, un equipo sobre el cual ya empezamos a investigar el origen de su nombre, que en principio suena a marca de mayonesa.


Más allá de Sudáfrica

Después del Mundial, los ojos futboleros abandonaron a su suerte al continente africano. Sin embargo, en poco tiempo, allí donde nadie miraba se gestaron historias extraordinarias. Un DT deportado días antes de un partido, un equipo que perdió por una cabra vudú y un duelo en medio de una epidemia de cólera son algunas perlas que rescatamos del destierro. Por PABLO CHEB TERRAB

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l último 11 de julio, el mundo encendió su televisor para ver la final del Mundial de Sudáfrica. España y Holanda definieron el título con 84 mil personas en las gradas del estadio Soccer City y jugaron un partido del que se hablará, al menos, por cuatro años. Menos de un mes después, el mismo estadio recibió el partido entre Orlando Pirates y Kaizer Chiefs, para definir al campeón de la Telkom Charity Cup, un torneo local similar al Community Shield de Inglaterra. Ese día, hubo 87 mil fanáticos en una cancha que nadie en el mundo miró por TV. Tres mil hinchas más que en la final del mundo. Seguramente la diferencia de público tuvo mucho que ver con el precio de las entradas. En julio, ver a España levantar la copa costaba, como mínimo, 20 dólares. Y ése era el precio de un boleto de cuarta categoría, que sólo estaba disponible para los sudafricanos residentes. En cambio, en agosto los tickets se vendían a un máximo de 15 dólares. Pero el mundo eligió no mirar. Es casi una costumbre para África, que vive su rutina como un continente de escasa exposición. La propia Sudáfrica organizadora del Mundial sufre hoy por los estadios construidos: ya hay al menos dos que, según reconocen las autoridades, tendrán problemas para ser sustentables y –en el largo plazo– para ser mantenidos. Se trata de los construidos en Nelspruit y en Polokwane (donde Argentina enfrentó a Grecia). Quizá alcance un ejemplo para entender la desorganización general del fútbol en estas tierras: el nombre Bafana Bafana, apodo de la selección, está registrado por una empresa privada. ¿Qué quiere decir? Que si la Federación del país decide poner el mote en una camiseta o en una campera de entrenamiento, tiene que pagarle una parte al dueño de la marca. Lo mismo pasa con el marketing del equipo y la denominación para las transmisiones televisivas. ¿La solución propuesta? “Cambiemos el nombre de la selección”. Es más barato que comprar la marca.

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Todas estas cuestiones tienen que ver con una precariedad general. En las Eliminatorias para la Copa África, las historias increíbles se multiplican sin esfuerzo. Ejemplo: Egipto perdió 1-0 en su visita a Níger, pero presentó una queja formal porque –antes del partido– un brujo fue visto caminando alrededor de la cancha con una cabra negra. Esto, se sabe, se usa para ejercer una magia vudú de origen Zulu llamada “Muti”. Se armó tal escándalo que debió intervenir la Confederación Africana de Fútbol (cuyo director se llama, increíblemente, Mostafa AbdulMenem) para convencer a los egipcios de que no fue el embrujo lo que hizo que perdieran el partido. Y eso no es nada. Camerún tenía que enfrentar a la República Democrática del Congo, que ya había reservado hoteles en Yaonde, capital camerunesa. Pero los dirigentes locales movieron el cotejo a la ciudad de Garoua, al norte del país. El único problema era que Garoua estaba sufriendo una epidemia de cólera. Otra vez, intervino la Confederación: vacunas para todos y 1-1 en la ciudad de la epidemia. Hay más: Nigeria había sido suspendida de la competencia internacional porque la FIFA evaluó que el gobierno del país había interferido en el armado de su Liga. Dos días más tarde (sí, dos días), la sanción fue levantada y el equipo pudo disputar su encuentro frente a Guinea. Justicia deportiva: igual perdió. El caso más extremo probablemente sea el de Zimbabwe. Cuatro días antes de jugar ante Cabo Verde, su entrenador belga Tom Saintfiet –que había llevado a que la prensa de Namibia lo llamara “Santo” y “Mesías” después de algunos logros modestos al frente de ese seleccionado–, fue deportado porque las autoridades migratorias aseguraron que no tenía un permiso de trabajo válido. Es que, en el fútbol de África, el descontrol es la norma y lo bizarro es casi cotidiano. Nadie parece indignarse: no hay muchas exigencias con lo que pasa allí donde nadie lo ve.


s a b r e y s a r t O

MÚSICA / Elvis Costello

Una madurez elegante Por ALEJANDRO LINGENTI

El talento y la curiosidad de Elvis Costello parecen inagotables. A los 55 años, este artista británico, fundamental para entender la new wave, sigue sorprendiendo. Prolífico –ha grabado más de treinta discos en los últimos treinta años– y de una curiosidad ejemplar (sus investigaciones musicales abarcan el country, el folk, el blues –en suma, la gran tradición de la música popular americana–), Costello retoma con National Ransom su romance con el R&B, el gospel y el bluegrass a partir de una perspectiva que una vez más incorpora a la política como eje. Así como en The River in Reverse, el magnífico disco que en 2005 grabó en sociedad con Allen Toussaint, enfocado en el R&B de New Orleans, la temática que atravesaba el repertorio tenía todo que ver con el desastre del huracán Katrina, ahora el foco está puesto en la crisis financiera de esta época, uno de cuyos disparadores ha sido la debacle de la economía norteamericana, igual que en la época de la Gran Depresión (la tapa del álbum, una ilustración de Tony Millonaire, el genial creador de la tira Maakies, que ya había producido la del disco anterior de Costello, Secret, Profane and Sugarcane, es elocuente al respecto). Y es justamente la música que se desarrolló sobre todo en aquellos años –a partir de fines de la década del 20 del siglo pasado, digamos– la que Costello actualiza de la mano de T. Bone Burnett, a esta altura mucho más que un productor avezado, más bien un gurú

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musical que transforma en oro todo lo que toca. Seguramente, él tuvo muchísimo que ver en la elección de Marc Ribot (guitarrista convocado a lo largo de su carrera por Tom Waits, John Zorn, David Sylvian y Medeski Marrtin & Wood, entre otros) y Jerry Douglas (definido hace poco por The New York Times como “el gran maestro del dobro”). El contrapunto de las cuerdas de estos dos brillantes instrumentistas y el trabajo vocal de Costello son las claves del disco. Si bien en North (2003), un puñado de torch ballads inspiradas en su relación con la pianista y cantante de jazz Diana Krall, Costello reafirmaba su perfil de cantante muy competente en el terreno de la música “adulta” –el que había empezado a recorrer con más convicción en 1998 con aquel exitoso Painted From Memory que grabó en alianza con Burt Bacharach–, en este nuevo disco se lo nota muchísimo más cómodo aún. La autoridad con la que cantó esta vez proviene, según él mismo ha explicado, del enfoque de la grabación que propuso T-Bone Burnett: “no hubo grandes pantallas o cabina de aislamiento entre el micrófono vocal y los instrumentistas. Hubo que cantar con todo el aliento”, declaró hace poco. Escucharlo en That’s Not The Part of Him You´re Leaving, apoyado por las deliciosas armonías vocales de Jim Lauderdale, sirve para probar que Costello encontró aquí un entorno ideal para desarrollar al máximo la elegancia que siempre ha tenido como intérprete.


LIBROS / Nuevas historias negras del fútbol argentino (Capítal Intelectual)

Un Fabbri auténtico Por PABLO LLONTO

Salvo el título (ya saben, eso de historias negras nunca nos ha gustado –ver la escena de Malcolm X en la cárcel descubriendo el diccionario racista–), toda la obra de Alejandro Fabbri merece una consideración superlativa en el género de la historia deportiva. La segunda parte de su muestrario de escándalos es una extensión de la memoria en los aspectos menos investigados del mundo futbolero. Los periodistas deportivos, en general, han olvidado que uno de sus deberes es reescribir las páginas de los diarios viejos. Ése ha sido siempre el camino elegido por Alejandro. Esta vez nos lleva por los milagros y los escándalos de su club, Platense. Por los partidos “consensuados”, por los petardos en los vestuarios, por los intentos de homicidio, por los jueces extraños y,

para quienes no pueden creer que algo bueno puede hacer un juez: la saludable reacción de Juan Carlos Demaro la tarde en que cobró un tiro libre indirecto en contra de Ferro porque sus jugadores se pasaban la pelota de un lado a otro con la clara intención de causarle demoras al partido. Cuando uno deja el libro en la biblioteca, lo hace con la seguridad de volver a tocarlo, desesperadamente, a la hora de ponerle rumbo a una discusión que, también desesperadamente, hay que ganar. Por ejemplo, ¿quién fue el árbitro en aquel fatídico partido para San Lorenzo que marcó su descenso, con alboroto incluido? Por suerte, para quienes no se creen la historia oficial de la AFA, hay un Fabbri siempre atento y bien dispuesto a correr el velo.

LIBROS / Deporte Nacional - Dos siglos de historia (Deportea/Emecé)

200 años de deporte argentino Por PABLO DE BIASE

Proponer al lector de a pie, al aficionado y al especialista un libro que dé cuenta de 200 años de historia del deporte argentino suena muy interesante y prometedor, pero puede llamar a alguna suspicacia por parte de los profesionales (los del deporte, los del periodismo y los de la suspicacia). El Bicentenario de la patria es la excusa formal para esta obra fundamental e indispensable que han realizado los colegas Ariel Scher, Guillermo Blanco y Jorge Búsico, amigos y compañeros de Deportea, entre muchos espacios y circunstancias desde los que se ejercen una mirada crítica y comprometida sobre la comunicación, el deporte, sus medios y sus escenarios. Scher, Blanco y Búsico, a partir de una coyuntura lógica y razonable desde del pensa-

miento periodístico, y del contrato inalterado de escritura y lectura con el público que prescribe que los números “redondos” son una buena ocasión para la recordación y el repaso crítico de la historia del deporte y del deporte en la historia, le sacan jugo a la oportunidad, con rigor histórico y síntesis periodística, y despejan cualquier suspicacia sobre oportunismo. Examinan y relatan el desarrollo del deporte en la Argentina, los debates y los intereses sobre su sentido educativo, sus organizaciones, sus héroes, sus próceres y sus detractores, y su relación con los medios, en el contexto histórico pero también desde la propia historicidad del deporte, con el aporte de un equipo de investigadores notables como Oscar Barnade y Víctor Raffo. Imprescindible.

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¡VÉRTIGO!

La batalla del Río de la Plata

Tras un año en el poder Passarella cerró el peor balance de la historia. Quiere armar un fideicomiso para escapar del descenso y la quiebra, pero su realización está complicada. En el club se anunciaron acciones legales contra Aguilar e Israel, pero fueron desmentidas desde el juzgado. La administración actual tendrá su más dura prueba dentro de 6 meses, cuando River sepa si escapa de la Promoción. Por MARIANO MANCUSO Ilustración SEBASTIÁN DOMENECH

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n la cancha, Daniel Passarella siempre fue un tiempista. Como presidente, parece no haber perdido ese talento. Quizás por eso eligió tan bien el momento para aprobar el peor balance de River Plate, y de todo el fútbol argentino, en la historia. Justo en la semana posterior al despido de Ángel Cappa y cuatro días antes del clásico con Boca. La jugada es, al menos, hábil. La directiva pudo presentar así, con la certeza de que tendría escasa difusión, su primer ejercicio económico, con un déficit de 79.828.156 de pesos. Casi el doble de los 43 millones que perdió el último balance de la gestión de José María Aguilar, el único negativo en sus ocho años de gobierno. La Comisión Directiva suscribió, en una sesión extraordinaria durante la noche del viernes 12 de noviembre, el Movimiento Económico Nº 109, que comprendió entre el 1º de septiembre de 2009 y el 31 de agosto de 2010. Es decir, tres meses de Aguilar y nueve de Passarella. Los números, fríos e irrefutables, hablan de un activo estancado que ni siquiera creció vía inflación -pasó de 230 millones de pesos en 2009 a 237 millones en 2010- y un pasivo que se disparó de 130 millones a 216 millones. Así, el patrimonio neto (la diferencia entre ambos) cayó un 80%, hasta apenas 20 millones. La situación de River es compleja, está claro, pero no irreversible. Su activo contable no guarda relación con su realidad patrimonial, ya que, por ejemplo, los profesionales surgidos de sus inferiores están subvaluados (su valor se define al dividir el gasto total en inferiores entre los futbolistas de la cantera con contrato). Así, Funes Mori, Lanzini y otros figuran como activos con montos irrisorios. Esto sucede en la mayoría de los clubes del mundo. En la contabilidad de Barcelona, por ejemplo, Messi

vale cero euros. Sí, cero... Como no le costó nada al club, en términos de transferencias no tiene valor actual. Cuando las promesas de River sean vendidas, el dinero que ingrese será todo beneficio, justamente lo que faltó en este balance donde apenas se computaron poco más de 3 millones de pesos en ese rubro. En cuanto al pasivo, los 216 millones de pesos asustan, pero no son algo ajeno a las grandes empresas y los poderosos clubes. El caso de River reviste cierta complejidad porque 191 millones de pesos son exigibles en el corto plazo, e incluyen 57 millones por deudas vencidas y 53 que vencerán en los próximos meses. En ese total también está la deuda crediticia, que tendió a concentrarse en el Banco Credicoop. Cuando comenzó el mandato de Passarella, en diciembre de 2009, River tenía un rojo de 23 millones de pesos con la entidad que presidía el diputado nacional Carlos Heller. Casi un año después, la cifra se mantiene arriba de los 20 millones. Pero las entidades financieras todavía lo respaldan. En el Veraz se considera al club en situación normal (“atraso hasta de 31 días”), y no se le da mayor relevancia a la avivada de una cooperativa de crédito que mientras negociaba con esta gestión pidió la quiebra del club en octubre (también le inició un juicio en noviembre) por una supuesta deuda de 231 mil pesos de la era Aguilar. Surge de leer la causa, radicada en el Juzgado Nacional en lo Comercial Nº 20, que River frenó el pedido depositando esa suma en embargo, y ahora no sólo desconoce la deuda, sino que le reclama a la cooperativa haber cobrado de más documentos que debía haberle devuelto. Tampoco complican a River los siete cheques rechazados en los últimos dos años. Seis de ellos fueron sólo por cuestiones de forma, y el restante, que

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rebotó por falta de fondos, fue apenas de 20 mil pesos y se levantó un mes después. La herencia de Aguilar pesó también en el balance. Figuran cerca de 60 millones de pesos en servicios que la gestión anterior cobró por adelantando para mantenerse a flote y que ahora el club debe brindar, por ejemplo abriendo su estadio para los recitales de Paul McCartney. A su vez, Passarella hizo su aporte. Unos 70 millones son obligaciones referidas al fútbol generadas por este gobierno. Pese a la saludable decisión de adaptar los sueldos a la realidad del fútbol argentino, se pasó de gastar 34 a 47 millones de pesos en el plantel. Y a eso se suman 12 millones que se erogaron para desvincular a trece profesionales (Quiroga, Nicolás Sánchez y Rosales, entre otros). Desde el oficialismo defendieron el balance culpando a la gestión anterior. El tesorero Luis Renzi le dijo a Clarín: “nosotros, en ocho meses, tuvimos la mitad de las pérdidas del gobierno de Aguilar en sus últimos cuatro meses”. Ser la mitad de ineficientes que la peor gestión de la historia es un paso adelante, pero no una bandera para levantar con orgullo. Desde la oposición reaparecieron para cuestionar. El binomio que terminó segundo hace un año, por un puñado de votos, usó la misma tribuna que impulsó su campaña, el multimedio de Da-

niel Hadad. En los pixeles de Infobae.com, Rodolfo D’Onofrio dijo que Passarella “demuestra una gran improvisación y una falta de proyecto”. Hugo Santilli aseguró en la pantalla de C5N que el Káiser es “la continuidad de Aguilar”. En tanto, Diego Quintás, hoy vocal por la minoría, afirmó que “el modelo de gestión de Passarella demuestra que en River no ha cambiado nada”. Si él lo dice, habrá que creerle: Quintás manejó el fútbol amateur en la era Aguilar y era el joven dirigente por el que José María siempre apostaba. La debilidad financiera de River hace que el propio balance plantee “dudas acerca de la capacidad del club para cancelar sus pasivos sin necesidad de refinanciarlos y/o reestructurarlos o mediante la venta de derechos económicos de jugadores”. El oficialismo intentó atacar el déficit operativo mensual de más de 5 millones de pesos, pero sólo logró reducirlo en un 22%. Fue clave para eso echar a más de una docena de cuadros administrativos, fieles a Aguilar e Israel, que cobraban altos salarios. Sin embargo, la planta de personal (cerca de mil empleados), el Instituto y las múltiples disciplinas deportivas en las que participa River son gastos de los que, como institución social, no puede prescindir. El tema no es recortar, sino generar más y mejores recursos.

Los amigos inversores Ante el apremio por contar con efectivo, Passarella puso todas las fichas en la idea de un fideicomiso, al que bautizaron Futuro Millonario. La propuesta la acercó Juan Nápoli, un socio del club y vicepresidente de Nápoli Sociedad de Bolsa S.A., que antes de las elecciones estuvo cerca de D’Onofrio, en cuya plataforma figuró esta propuesta. Tras los comicios, Nápoli presentó el negocio a la nueva directiva y sedujo al Káiser. El plan es recaudar 20 millones de dólares para, según el oficialismo, reforzar el plantel y cancelar las deudas más urgentes. El piso para aportar es de 1.000 dólares. Hasta los 200 mil dólares, se recibirían vía el Banco Provincia, y si los aportes fueran mayores, a través de la Sociedad de Bolsa. ¿Dónde está el negocio? El club recibe dinero fresco y, en el plazo que queda del mandato de Passarella, los fiduciantes cobran la totalidad de su aporte, además de un 6% de interés anual, a pagar cada seis meses. Para hacer la inversión menos riesgosa, River pone como garantías porcentajes de los futbolistas, derechos de televisión, explotación de palcos y porcentajes de varios juveniles promisorios. A fines de octubre, la Asamblea de Representantes de socios aprobó su realización. Sin embargo, al momento de escribir este artículo, el Banco Provincia lo tiene frenado porque no se aportaron los avales necesarios para respaldarlo. Passarella confía ahora en recibir un guiño del gobernador bonaerense Daniel Scioli para destrabar el asunto. Encima, si eso no fuera suficiente, una calificadora de riesgo sólo convalidó el fideicomiso hasta los 3 millones de dólares, porque consideró las garantías como inciertas. Sin estos avales, el fideicomiso igual podría lanzarse, pero es difícil que atraiga inversiones. El tema tendría que haberse definido a comienzos de noviembre, pero aún está en veremos. Algunos analistas de bolsa creen que el bajo interés lo hace poco

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atractivo, y también se duda de que el dinero recaudado sea suficiente para recuperar al club. Si no sale, algunos intuyen que la única opción será la convocatoria de acreedores. Para evitarlo, Passarella debería poner en práctica cuanto antes su presunta habilidad, declamada en la campaña, para atraer capitales. Hoy por hoy, el único mecenas con el que cuenta el presidente es Carlos Alberto Riusech, dueño de uno de los frigoríficos más grandes del país (Gorina S.A.). Riusech y otros empresarios del rubro llegaron al club por intermedio del vicepresidente 2º de River, José Omar Solassi, que también tiene participaciones en empresas cárnicas. Los matarifes ya aportaron 10,5 millones de dólares en junio para reforzar el plantel, tal como detalló Gustavo Veiga en Página/12, con la promesa de recibir el capital con un 10% de interés. El propio Solassi puso 800 mil dólares y espera, con cheques diferidos del club en su poder, el momento para recuperarlos.

Yo acuso En la misma reunión en la que se aprobó el balance, se decidió en forma unánime que River les inicie acciones legales al ex presidente Aguilar y al ex secretario Israel. Pese a lo publicado en varios diarios, que afirmaron que la causa ya está en el Juzgado Nacional en lo Civil Nº 52, a cargo del Dr. Fernando Spano, no hay registro de que River haya presentado demanda alguna contra Aguilar e Israel en la Cámara Nacional de Apelaciones, donde debió haberse sorteado el juzgado interviniente.

El club reclamaría que los ex directivos reintegren 4 millones de dólares que River habría perdido cuando la gestión anterior cedió el 35% de los derechos federativos de Belluschi a la sociedad comercial Rio Football Service Holland BV, del agente FIFA Pini Zahavi, para cancelar, pagando hasta cinco veces más, una supuesta deuda por la venta de Higuaín al Real Madrid. El hecho está enmarcado en las oscuras triangulaciones que River entabló con el Locarno de Suiza. La directiva actual estudia incluir en la demanda el juicio contra River que la empresa The Game SRL le inició por no cumplir un contrato firmado para jugar un amistoso con Boca en Bolivia. Estas cuestiones surgieron de un informe preliminar de la demorada auditoría que realiza la empresa KPMG en el club hace casi un año. La auditora internacional, que como se vio en el clásico está cobrando el servicio en parte con publicidades estáticas detrás de los arcos, recién entregaría su informe definitivo a fin de este año. Cuesta creer que surjan pruebas contundentes del estudio de los libros contables. Para que eso suceda hace falta decisión política y una profunda investigación de delitos económicos y tributarios, que siga la rutan del dinero y revise cada factura y cada firma. Podrían empezar por pedir datos de las cuentas que Aguilar e Israel tendrían en Luxemburgo, Suiza y México, y que Juan Manuel Jofe identificó desde Un Caño en noviembre de 2009. La decisión de iniciar un juicio contra Aguilar e Israel parece ser una sobreactuación de la directiva actual para despegarse del último gobierno. Será difícil que llegue a materializarse por

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dos motivos. Por un lado, la Comisión Fiscalizadora que avaló la legalidad de las actuaciones de la era Aguilar estuvo conformada por varios de los hombres que hoy ocupan los puestos de jerarquía en el club. El actual vicepresidente 1º Diego Turnes, el tesorero Renzi y el secretario Daniel Bravo firmaron todos sus balances y hasta recomendaron, durante años, aprobar esa gestión. Por otro, está la cercana relación entre Aguilar y Julio Grondona. José María es uno de los directivos más protegidos por Don Julio, que se encargó de llevarlo a la FIFA y hasta le ofreció sumarse al comité organizador de la Copa América 2011, algo que Aguilar, más pudoroso en estos tiempos, rechazó. Es difícil imaginar que Passarella vaya decididamente contra un hombre de confianza de Grondona en el momento que más necesita de la AFA, tanto en lo deportivo como en lo económico. La Asociación viene ayudando al club a cubrir deudas desde el comienzo del Fútbol Para Todos, y River supo devolver los favores, quizás por eso cedió el pase de Cabral a Arsenal de Sarandí para que luego el club que preside Julio Grondona hijo lo diera a préstamo, sin cargo, al Estudiantes Tecos de México, como contó en La Nación Juan Pablo Varsky.

Un año de gestión De aquel Passarella candidato que se preparaba estudiando en el exterior para administrar a River hasta este presente económico, hay un desfasaje importante. La propia realidad del club le hizo abandonar ciertas promesas, como aquella de que se acababan los recitales, ante la hereje necesidad de ingresar billetes. Falta realismo también en la previsión. El presupuesto 2010/11, que anticipa aumentar 30% las cuotas sociales, 25% el costo de los palcos y 20% las entradas para los partidos, proyecta que River será campeón de este torneo, peleará el próximo y jugará las semifinales de la Libertadores 2011, a la que es casi imposible que clasifique, según detalló Varsky. En el fútbol mejoró un poco, pero no tanto. Aunque el equipo no logra despegarse de la Promoción, el plantel actual, comparado con el de hace un año, es evidentemente superior. Las críticas llegan al analizar los manejos económicos que se hicieron, en la delicada situación de River, para reforzarse. Aquello de “pagar para ver” se dio poco y mal, con jugadores que, como se esperaba, hoy son los pilares del equipo. Los préstamos de Carrizo y Pavone, a los que River difícilmente pueda retener, son claros ejemplos. En cambio, se invirtió mucho por futbolistas irrelevantes, como Canales, Caruso y Juan Manuel Díaz. A la lista hay que agregar a los paraguayos Román, por el que

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se pagó más de 3 millones de dólares, y Rojas, cuyo préstamo se dio mediante un representante muy amigo de Passarella, Ricardo Cosentino, y a través una triangulación con Olimpia de Paraguay y Fénix de Uruguay. La política de inversión en jugadores fue diagramada exclusivamente por Passarella, como todo lo que sucede en River. Desde la oposición, e incluso en voz baja en el oficialismo (se quejan de no haber visto ni un número de las operaciones), cuestionan su estilo personalista. Dicen que no escucha, que no consulta, que toma decisiones solo. ¿Qué esperaban? ¿Acaso a un republicano? No por nada a Daniel Alberto le dicen el Káiser. Como cuando era entrenador, Passarella se caracteriza por su firmeza de carácter y sus modos estrictos, entre verticalistas y dictatoriales. Hoy, en River todo pasa por el despacho del presidente. Desde el manejo de entradas (tarea habitual de la Secretaría) hasta los sumarios internos por peleas entre socios en la confitería del club. La discrecionalidad también se vio en los cambios de técnicos. La salida de Astrada, la llegada y el despido de Cappa fueron todas decisiones unilaterales de Passarella, aunque el presidente hable de votaciones en el Consejo de Fútbol. Tras echar a dos DT en un año, los ofrecimientos al Tolo Gallego –sin querer llamarlo personalmente– y a Marcelo Bielsa parecieron nacidos para fracasar. Entonces sí, el Gran Capitán pudo elegir a Juan José López, un hombre de su confianza. Esa práctica es cada vez más común. Como reconoció tan explícitamente J.J. López tras ganar el clásico, en River se cotizan “los soldados de Passarella”. Varios ex futbolistas, muchos de ellos sin trabajo, se sumaron a la estructura administrativa. Incluso la facción “oficial” de la barra brava está cada vez más cerca de la directiva, como viene denunciando desde julio Gustavo Grabia en las páginas de Olé. Los que perdieron la pulseada son los dirigentes, que cada vez tienen menos lugar. Algo de esa interna se vio antes del partido con San Lorenzo, cuando aparecieron pasacalles que decían “Diego Turnes, presente y futuro”. Gente de Passarella los descolgó y pegó un cartel en el vestuario prohibiendo el ingreso de directivos. Otro caso puntual es el del ex vice de Aguilar, Domingo Díaz, y su hijo, Hernán, quienes tuvieron un rol importante en la campaña y ahora, por decisión del Káiser, ni pisan el club. La era Passarella se definirá en el corto plazo, casi seguro dentro del campo de juego. El motor de River es el fútbol: si gana partidos, evitará la promoción y el dinero fluirá nuevamente. Pero si no, pese a la herencia de Aguilar e Israel, el descenso y/o la quiebra podrían suceder en este mandato. El Káiser lo sabe y se rodea de sus soldados más leales para ganar esa batalla.


¡VÉRTIGO!

Recuerdos del futuro

A pesar de algunas conductas sospechadas de sinuosas y perjudiciales para el club, los socios de River han decidido entregarle el mando de la nave gloriosa y escorada al Gran Capitán. La imagen del guerrero que iba, veía y vencía se impuso, como una ilusión desesperada, a hora de buscar la salvación. Por ALEJANDRO CARAVARIO

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odo el mundo recuerda las restricciones anunciadas por Daniel Passarella al asumir como entrenador de la Selección: prohibidas las cabelleras largas y barrocas (trenzas, mostacillas, vinchas, todo eso) y nada de arito. Nada de afeites femeninos, en suma. Y revisión médica con rinoscopía incluida. Con cierta solemnidad (de entrenador profesional, que no de capellán castrense, como se lo acusaba con bastante tino), el Káiser justificaba cada una de sus medidas. “Mente sana en cuerpo sano”, repetía el lema latino para avalar el antipático control de narices. En cuanto al pelo, no privilegiaba el aspecto, decía, sino la concentración del jugador. Si un defensor se acomoda el jopo cada dos minutos, es probable que no preste la atención debida a su marca. Con los aros, el entrenador presentía el riesgo de un pelotazo cruento que jamás sucedió. Señalado por exhumar ideas y costumbres por suerte superadas, Passarella recibió una crítica sistemática. La dictadura había quedado atrás, ¿por qué insistir con ciertos parámetros de corrección y decencia que sólo expresaban el ataque a

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la libertad y una reminiscencia sangrienta? ¿Cómo esperar, además, un equipo creativo y plástico con semejante declaración de principios? Con el tiempo, el hombre se ablandaría, llegaría a conceder melenas rocanroleras y un surtido de mariconadas sin sonrojarse de ira. Familiarizado por fin con un ámbito juvenil como es un plantel de fútbol, donde sus pretensiones hacían tanto ruido como un bombardeo.

La escuela italiana Passarella tomó la derrota sin dramatismo, persuadido por el rigor de la vida cotidiana de que los muchachos de cuna pobre que dirigía jamás tendrían el perfil del futbolista europeo, modelo civilizador que lo deslumbró cuando puso los pies en Italia, en sus épocas de recio defensor central. Porque Passarella no buscaba que

sus pupilos lucieran como cruzados de la Acción Católica ni voluntariosos gendarmes. Simplemente quería que dejaran de ser negros. Que entendieran que, además de la Pathfinder y el futuro asegurado para varias generaciones de descendientes, también era posible tener, digamos, un estilo. Demostrar que los futbolistas no eran (mejor dicho, podían no ser) monas vestidas de seda. A su modo, el Káiser intentaba evangelizar a la elite del gremio para que desarrollara un concepto propio de la dignidad. Había aprendido que algunos de sus colegas de Italia, en lugar de frecuentar playas populosas, optaban por las excursiones de esquí donde se codeaban acaso con la nobleza europea, sin que nadie los mirara torcido por su oficio. Sí, respetados lectores y lectoras, el Gran Capitán comprobó como pocos que el dinero (y él juntó toneladas) no hace la feli-


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cidad completa. Te deja ahí en la puerta. Pero hay que ayudar, por caso, con un período de instrucción a la italiana. Con su esmerada imagen de faquir ultramoderno, de entrenador diseñado en la Macintosh, el Cholo Simeone es un digno heredero del sentido amplio de movilidad social que Passarella inculcó en vano entre la plebe. Se tienen merecida la cumbia, pensará resignado el actual presidente de River, que, sin embargo, dista mucho de Fabio Capello, apasionado coleccionista de arte. Es que nunca se trató de cultura para el Káiser, sino de cierto gusto. Y de la habilitación para ejercerlo.

El filo de las palabras En ligera discordancia con los hábitos europeos que intentaba emular (incluidos los exclusivos cigarrillos cuyas marcas fue variando entre alemanes y suizos), funcionaba su ética del argentino avispado. “Jugar al filo del reglamento” fue una de las máximas que defendió como DT, aludiendo a la picardía como atributo básico del futbolista, capaz de exprimir la ley a su favor. O, en otras palabras, de infringirla sin que se note. La discreción, claro, es elemental para la trampa. Pero él decidió expresarlo de modo elegante. Mucho mejor que cuando, con el número 6 en la espalda, hacía uso intensivo de los codos. Porque se debe admitir que Passarella fue un crack con una pujanza contagiosa. Un líder. Pero contó con arbitrajes permisivos en extremo, en especial con quienes, como en su caso, vestían una camiseta pesada. El filo del reglamento, en ese entonces, lastimaba. Y el Káiser sabía explotar esa ventaja. Tanto como sabía levitar a la

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espera de que bajara la pelota para clavar el frentazo. Un prodigio. Aunque bueno, todo hay que decirlo, a veces se colgaba de los marcadores sin que los jueces se animaran, a pesar de la evidencia, a pitarle una falta en ataque. Cuando esta teoría quedó crudamente expuesta como lo que es, la apología de la ilegalidad disimulada, fue en el partido de Eliminatorias jugado en Bolivia, cuando Passarella comandaba la Selección. Aquel día de abril de 1997, el delantero Julio Cruz participó de un encontronazo con el banco de suplentes local. Como lo surtieron en la cara, los astutos argentinos –idea un tanto retorcida mediante– vieron la ocasión de sacar provecho. Pasar por víctima es una de las avivadas del repertorio de Passarella, pero esa vez se les fue la mano. Le cortaron adrede el pómulo a Cruz en el vestuario para exagerar la agresión, aunque un descuido fatal derrumbó la puesta en escena. El bisturí le marcó el lado izquierdo de la cara, mientras que la trompada había sido en el derecho. Deschavado el cuento, el médico Luis Seveso quiso emprolijar el bochorno con una explicación irrisoria: Cruz se había cortado en el vestuario, sí, pero porque ¡se había caído de la camilla! En fin… Piadoso fundido a negro. Sólo Elisa Carrió pudo superar (por poco) tal grado de torpeza y desprecio por la inteligencia ajena al montar el sainete del Congreso con las maleables legisladoras Cynthia Hotton y Elsa Álvarez.

Los negocios Se sospecha que durante su estadía en la Selección, participó en la venta de jugadores. Su trabajo

habría consistido en convocar futbolistas controlados por Gustavo Mascardi para inflar su cotización. Lo más cerca que estuvo de ventilarse alguna certeza fue la presentación de Claudio Crosta, un ex secretario privado de Passarella, en un programa de televisión del canal TN. Pero Crosta, a pesar de la intimidad compartida con el DT, sólo reprodujo la poderosa desconfianza que campeaba desde siempre en el ambiente del fútbol. Incluso citó al aire el caso emblemático de las supuestas maniobras: la sorpresiva aparición de Julio Espina como titular y capitán en el primer partido de la gestión de Passarella, jugado en Chile. Al poco tiempo, el futbolista cruzó la Cordillera para sumarse a Colo Colo. Tal vez fue mera coincidencia. Las mismas imputaciones sordas de hacer negocios con las transferencias se escucharon cuando le tocó entrenar a River. Sin embargo, es probable que la figura del Gran Capitán, el jugador vehemente y frontal (adjetivos que denotan virilidad), haya prevalecido finalmente. Incluso por encima de la última versión passarelliana, la del abuelo tierno, dispuesto a revisiones hondas, a auscultar sus sentimientos nada menos que en el diván de un consultorio. Pues los socios de River, aunque por un pelo, le han confiado el timón de una nave escorada y gloriosa. Justo Passarella, que no representa la novedad, que no es ajeno al desastre del club. Como Beckenbauer, el otro Káiser, el original, ha logrado proyectarse a la política y presidir la institución que lo vio crecer y consagrarse. Hasta aquí ha demostrado autoridad e iniciativa, atributos esenciales de un dirigente. Tal vez sea el efecto inercial de la conducta empeñosa, obstinada, que tenía en la cancha. Pero con huevo-huevo no se gobierna (los guerreros no sirven detrás del escritorio). Tampoco con picardía argentina. Por más que los hinchas, en esta larga etapa con el corazón en vilo, prefieran creer lo contrario.


“Existe el menottismo y el antimenottismo, nada más”. Dispuesto a buscar trabajo lo más pronto posible, Ángel Cappa reafirma conceptos, le da duro a cierto periodismo, mantiene y defiende las utopías y, sobre todas las cosas, asegura que estamos entre los más horribles. Un reportaje con varios conceptos para abrir la cabeza y discutir, debatir, pensar… Por ARIEL SENOSIAIN Foto FABIÁN MAURI


¡VÉRTIGO!

–¿Qué pensó cuando, ocho días después de que lo echaran de River, Borghi renunció en Boca? –Que tenemos que cambiar. Fue otra muestra de este fútbol demencial que tenemos. Un fútbol alterado, insoportable, que en juego es el peor del mundo entre las ligas de cierta jerarquía. –¿Peor que el italiano, aquel del que hace siete años dijo que lo engordaba de tanto que lo hacía ir a la heladera? –Hoy es peor el argentino, sin dudas. Varios jugadores de la Selección española me preguntaron por qué acá se corre tanto y por qué se disputa la pelota como se disputa. Se juega a correr para adelante, sin ningún tipo de criterio. Muy pocos futbolistas saben jugar. Riquelme es el ejemplo máximo. El Burrito Ortega, otro: aprendió a ocupar espacios vacíos como ninguno. Y Almeyda también, un hombre clave en este tipo de planteles con tantos jóvenes, con tantos cambios de ánimo. Almeyda no había jugado en la goleada ante Tigre del torneo pasado y sí en las victorias anteriores. Se lesionó cuando le ganábamos a Quilmes, salió y nos empataron. No volvimos a ganar hasta que me fui, jugó de nuevo y River le ganó a Boca. –¿Hoy tiene más importancia la presencia de un líder dentro del campo de juego que la del técnico? –No, el técnico es más importante que nunca. Para enseñar de qué manera jugar. O por lo menos la manera que le gusta a cada entrenador. La mía no asegura ganar, como tampoco lo aseguran las otras. Aunque aquí pregunto: a mí me dicen “vende-humo”, ¿no? ¿Alguien sabe qué manera proponen los que me critican? Un par de conceptos suyos bastan para conocer de quién se trata. Ángel Cappa se presenta por cuenta propia. No se moverá un centímetro de sus creencias, ni siquiera ante la evidencia. O por lo menos, la evidencia en la que muchos creen: el resultado. Porque ante el recuerdo de que su River naufragaba décimo primero en “el peor torneo del mundo” y no jugaba tal su prédica, recurrirá al poco tiempo de trabajo que tuvo. O puesto a analizar sinsabores de su corriente futbolística, dirá: “¿y cuál es la otra? Existe el menottismo y el antimenottismo, no hay nada más”. Confiado en lo que pregona y también en lo que hizo, llega a asegurar que “si les ganábamos a Quilmes, que nos empató sobre la hora, y a Godoy Cruz, con ese gol agónico mal anulado, nos ordenábamos y nos perfilábamos”. Incorregible por naturaleza, tiene estudiada la letra como pocos. Evidentemente son convicciones, no caprichos. Y plantea un atajo que se con-

vierte en camino: criticar a los críticos. Si Borghi pidió, en su conferencia de prensa de despedida, que “corten con los mensajes de texto para un Boca más tranquilo” y “ustedes también hagan un poco de autocrítica”, es decir, si Borghi les apuntó a los cronistas, Cappa elige los de otro rango: “La gente cree en lo que dice el periodismo sin reparar si es cierto, sin meditar ni reflexionar. En España, la misma noticia presentada en las tapas de los diarios Público y El País son noticias distintas. En Argentina pasa lo mismo. Ya no es como era antes, cuando las noticias iban acompañadas de una columna de opinión que, con toda lógica de procedimiento, dejaba clara la postura del medio. Ya no. Los medios se dieron cuenta de que la gente no tiene tiempo de leer la noticia y la columna, y empezaron a meter la opinión dentro de la información. No les importa nada”. –¿Incurre en el error de toda generalización al hablar del periodismo o cree que vale la pena generalizar? –Vale la pena. Hay que generalizar. Sólo hay excepciones. El día que un partido se defina con un golazo, pero en el último minuto, el arquero se caiga y quede con el culo destapado, el periodismo mostrará el culo del arquero. Peor: primero preguntarán qué vende más, si el golazo o el culo. Les dirán el culo, y mostrarán el culo. Importa vender. Y la opinión de los dueños de los medios. Las empresas y los poderes económicos que los poseen. –¿Lo perjudicaron los desbordes mientras dirigió River? –No fueron tantos, sólo dos. Contra Banfield y contra Godoy Cruz, por dos árbitros que, dicho sea de paso, fueron parados por sus actuaciones. Dos desbordes que, emitidos ciento cincuenta veces y repetidos otras ciento cincuenta, parecen trescientas. Un día me estaban haciendo un reportaje en un programa de televisión y partían la pantalla con mis quejas a los jueces, hasta que les pregunté si no tenían otra cosa para recordar; por ejemplo, los saludos de mis ex jugadores, como antes de River-Racing con Toranzo. Pero al periodismo televisivo no le importan esos gestos. Lo mismo ocurre con los cambios que hice de partido a partido. Para algunos fueron muchos, sin recordar que varios habían sido por lesiones o suspensiones. Sin embargo, si hubiéramos ganado un par de partidos más, el periodismo habría elogiado esos cambios: hubieran dicho “qué bien leyó el partido”, “está atento a todos los detalles” y otras boludeces sólo justificadas por el resultado.

“En juego, el fútbol argentino es el peor del mundo entre las ligas de cierta jerarquía”

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–En esa idea de medios que tiene y en su relación particular con algunos periodistas, sorprendió una charla reciente que tuvo con Fernando Niembro en su programa. En septiembre del año pasado, criticó en esta revista a la corriente que denominó “Niembro-bilardismo”. –Quiso hablar de fútbol. Tiene una visión muy crítica de mis ideas. Habla de “ganar como sea”, de “cerrar los partidos”. Y yo pregunto otra vez: ¿cómo es ganar como sea? Contra Boca, en River entró un lateral por un mediocampista ofensivo; ganaban 1-0 y en la última jugada casi les empatan. ¿Y entonces? ¿Al cierre del partido qué les hubiera pasado? En fin, hablé con Niembro de esas cuestiones. –¿Lo convenció? –No. Si hablara con Bush y le pidiera un mundo más justo, él me escucharía, me diría que sí y después mandaría a alguien a meterme preso. A Niembro no lo convencí, pero sí a sus oyentes. –En aquella entrevista también dijo que “los argentinos pretendemos ser, porque nos han arrebatado tantas veces la ilusión que ya no somos”. ¿Logramos algo de identidad en este tiempo? –Los poderes fácticos de siempre nos impiden que seamos. Los que manejan el mundo. Al dominado lo hacen pensar como quiere el dominador. Nos colonizan dirigiéndonos el pensamiento. Terminamos copiando el modelo del amo. Se adapta Cappa a esta era de intermediarios y representantes. Atiende a todo aquél que le prometa un próximo trabajo: “estoy dispuesto a que pase la menor cantidad de tiempo posible para volver a dirigir. Distinto a cuando me tocó irme de otros clubes. Es que me sacaron el caramelo de la boca. En poco tiempo ni yo me acordaré de que estuve en River. Huracán fue una mujer con la que tuve una relación apasionada toda la vida; River, una chica con la que caminamos un par de cuadras y ni nos besamos”. –En su blog, recientemente se preguntó qué nos pasó para que un partido del Barcelona nos parezca tan lejos de nuestras posibilidades. ¿Tiene respuesta? –Pasó mucho durante muchos años. El éxodo de jugadores obviamente es la causa principal. La implementación de los torneos cortos, otra: exacerbó la idea de ganar como sea. Los técnicos se fueron adaptando para no perder el puesto. Tiene que haber medidas para que esto cambie: la protección de los clubes para que no se vean obligados a vender siempre a los buenos, la vuelta de los torneos largos y la ayuda de los medios. No pueden seguir alentando el terror, tienen que censurar el juego mezquino. Entiendo que debe ser difícil, porque para vender diarios es mejor el elogio. El hincha lo prefiere así. Me pasaba cuando comentaba partidos del Real Madrid. Cuando criticaba, mi sue-

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gra me preguntaba por qué había hablado de esa manera. Le explicaba que me parecía que no habían jugado bien. Y ella me contestaba “tenés razón, pero no me gusta que me lo digan”. Acá dejó de interesar el fútbol. Y lo que hay que hacer es volver a enamorarse del juego. Hoy el resultado muchas veces es producto de una casualidad. Sólo algunos equipos juegan bien, y lo hacen algunos partidos. Volvemos a lo mismo de siempre: aquellos que siguen una línea, que no cambian violentamente sus técnicos, que no desmantelan sus equipos, son los que protagonizan los torneos. –Gareca, que lleva más tiempo que ningún otro técnico, salió campeón en su primer torneo. –Pero llegó a un club ordenado, que ni remotamente tiene problemas con el promedio y que casi siempre está arriba. Un año saldrá segundo, al siguiente cuarto y luego, campeón. En ese torneo (N. de la R.: fue el Clausura 2009, en el que definió el título en aquella victoria 1-0 a Huracán en la última fecha), Gareca podría haber salido segundo si Brazenas no se equivocaba, y al siguiente quizá salía campeón. Dirija él, yo o mi tía, Vélez protagonizará los torneos. Después está en Gareca el plus, el sello que supo darle. –¿Se siente un provocador? –No, me siento alguien que contradice el pensamiento único en la vida y en el fútbol. Alguien que persigue utopías. –¿Y sus utopías están ligadas al fútbol o es un espacio casi banal dentro de la sociedad? –Mis utopías están ligadas a la sociedad. A querer mayor igualdad y a no soportar las injusticias. Cuando se cayó el Muro de Berlín, uno de los muros más grandes del mundo, no el único, porque recordemos que existe uno tremendo entre México y Estados Unidos del que poco se habla… Decía, cuando se cayó el Muro de Berlín, un periodista fascista escribió un libro que se llamaba El fin de las utopías. ¡Un burro! Una utopía nunca puede terminar. Galeano escribió que la utopía sirve para caminar, que está en el horizonte. Y Atahualpa cantaba que el horizonte está siempre más allá. Si al hombre le falta la utopía, se convierte en vaca. En el fútbol, que es mi lugar, mi trabajo, mi pasión, lo mismo: hay que buscar constantemente. Aunque aquí la utopía tiene nombre: se llama Barcelona. Me siento a ver con sumo placer al Barcelona. Un equipo donde todos hacen lo que tienen que hacer los 90 minutos, con concepto, técnica. Si a mí me llamaran para reemplazar a Guardiola y me preguntaran qué hacer, yo diría que no hay que cambiar nada. Estuve en la cancha el día de los cuatro goles de Messi al Arsenal por la Champions: totalmente emocionado, me abrazaba con gente que no conocía ni volveré a ver. Siento que me pasa lo que dijo alguna vez Machado: detrás de la emoción, no hay nada.


Las trampas del éxito Cuántas veces nos pasó la televisión aquellas imágenes del Cappa desorbitado. Y cuántas veces pensamos que había una mala leche en los editores y directores de cámara. Ahora, que todo es pasado, bien vale una reflexión sobre pensamientos y acciones. Por PABLO DE BIASE

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ástima Cappa y su triste salida de River. Porque Ángel es una de esas personas que vuelven más interesante el ambiente del fútbol. Es un tipo inteligente, de buena madera, con ideas claras sobre la vida, con convicciones... Con convicciones que uno comparte, aclaro, y me parece fundamental hacerlo, porque Cappa tiene tantas convicciones sobre la defensa, las variantes de ataque o los relevos en el medio campo como Caruso Lombardi, Tocalli o Jorge Franzoni, el técnico de Lamadrid. Y tendrá otras, sobre otros tópicos, a que a mí me parecen bien y a otros no les interesan. Un pensamiento muy típico de esa bete nöir en que terminó convertido lo que alguna vez se llamó menottismo –que como toda corriente de acción y pensamiento, en cualquier ámbito cultural conflictivo y confrontativo, nació con vitalidad e ímpetu renovadores y va languideciendo con mezquindades y dogmas gastados y agrietados– es darles a los sustantivos cualidades que sólo se otorgan a aquéllos con quienes compartimos determinadas afinidades electivas. No deja de ser un rasgo autoritario, al que somos muy proclives los periodistas, y que es bueno descubrir y poner a la luz críticamente. Cappa se fue dando la imagen de un perro rabioso, incapaz de admitir errores, contingencias o aciertos ajenos. En las últimas fechas en que dirigió a River parecía que, en cualquier momento, iba a morder el tobillo de un árbitro, echando espuma por la boca y no lo iba a soltar hasta verlo caer desangrado. Es que, a diferencia del líder depuesto en Independiente, no es un hombre de estrategias de sillones, sino un sanguíneo, un calentón irredimible. Inspirado en la frase, tan tentadora como engañosa, que acuñó Menotti cuando le sobraba ingenio (“somos sobrevivientes del azar”), terminó creyendo que fue víctima de la mala suerte y las conspiraciones. Angelito fue víctima de una trampa más profunda, que hiere hasta el hueso el discurso imposible del menottismo y de los cultores light de la Selección española: en el fútbol híper profesional no se puede trabajar despreocupadamente y hacer culto de convicciones supuestamente muy profundas. Nadie

que cobre siete cifras al año en cualquier moneda de alta cotización puede comportarse como si sólo le importaran la belleza y la desfachatez del potrero. Nadie. Ni el Cappa que es capaz de “asesinar” a un árbitro o hachar un poste de un arco, porque los siente como fatídicos conspiradores y enemigos que le roban la gloria, ni el Valdano que se ha vuelto un gerente frío y despiadado, ni Garrincha, Houseman u Orteguita (cuyas “despreocupadas desfachateces” cuestan cantidades irrecuperables de hígado y cordura). Ángel Cappa, como tantos abonados a su discurso, no fue un sobreviviente o una víctima del azar, fue, más bien, un cultor más de éste. Porque la sed de éxito y fortuna que implica el “sueño” de salir campeón con River no existe sin adrenalina y presión salvaje. No se puede salir de gira con los Rolling Stones y pretender seguir viviendo como cuando se tocaba en el garaje de la abuela.

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¡VÉRTIGO!

Vamos las bandas

El rock y el fútbol suelen ser ámbitos propicios para la discusión de estilos, banderas y pertenencias. Camino a Tandil, formando parte de la procesión ricotera, un ex jugador de River Plate reflexiona sobre estas cuestiones y traza paralelos entre un indio y un ángel. Por GUSTAVO LOMBARDI Ilustración PABLO MIERES

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alir a la ruta, abandonar la gran ciudad, alejarse solo para llegar a otro lugar. Si ese lugar es un recital del Indio Solari el camino elegido es el correcto. Se sabe que en Argentina, fútbol y rock comparten mucho más que los estadios. El fanatismo de sus seguidores, los cánticos, la pasión desbordante es la misma que tantas veces observé en un partido de fútbol, pero esta vez me toca vivirla en una verdadera procesión rockera que finalizará en el viejo Hipódromo de Tandil. Enfundados en sus uniformes, orgullosos de ser reconocidos como parte de una tribu, arrogantes detrás de sus banderas, el flashback me resulta inevitable... La similitud entre ambos mundos es un hecho inequívoco. A partir de ese momento los paralelismos siguieron abordándome irrespetuosamente. Llegando al peaje de la autopista, desde un coche cercano, el comienzo de Un ángel para tu soledad resuena inconfundible. Tan inconfundible como la imagen de Ángel Cappa que me mira desde la página del diario que viaja conmigo en el asiento de al lado. “Ya sufriste cosas mejores que éstas…”, dice la primera frase de la canción, y casi que la

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foto asiente ya resignada. Dentro de tres días se jugará el superclásico, y Angelito no estará allí. Con la misma velocidad que el parabrisas atropella a cualquier bicho que se cruza por el camino, este presente de River se llevó por delante la ilusión de Cappa de terminar su proyecto en el club de Nuñez. La rapidez con la que el fútbol argentino devora entrenadores es bien conocida por todos, pero River, con su vida junto al precipicio, se posiciona todavía un escalón más arriba, con un vértigo superior al resto. Ya con el vidrio cerrado y la vista fija en el camino, lo único que escucho es un nuevo poema posmoderno surgido de las entrañas platenses. “El futuro llegó hace rato. Todo un palo, ya lo ves…”. Es como si el Indio se lo cantara a Ángel… Es cierto que algunos puntos más (perdidos injustamente) hubieran mantenido al entrenador en su cargo, pero la realidad

es que el equipo nunca jugó bien. Nunca los jugadores entendieron o pudieron con la idea. Nunca el entrenador logró imponerla. El futuro estaba escrito, y no existía forma de cambiarlo. Entrando a Tandil, el pequeño Woodstock que había imaginado se materializa ante mis ojos. Miles y miles de fanáticos caminan al costado de la ruta hacia un recital en el medio de un inmenso campo, sin tribunas, lo que lo hace aún más especial. Mientras avanzan, todos cantan y bailan al ritmo de los himnos ricoteros. En los improvisados puestos de venta armados en cada casa que rodea al lugar explotan, destrozando los precarios parlantes familiares, los temas de Gulp!, Oktubre, y Un baión... Casi no hay referencias a la etapa solista del Indio. En todo el día, ni un solo tema de Porco Rex cantado por la fanaticada. Todos vienen a ver a Los Redondos, sí, aunque lleven separados diez años, la

“Los que nacieron en River, mientras transitaban las inferiores, escucharon una música parecida a la que le gusta a Ángel, pero sutilmente diferente”.


gente viene a verlos igual. El manantial original, aquel lugar donde todo nació, tiene un peso tremendo para cada una de las individualidades a la hora de separarse. Ya sea para una banda de rock o para una corriente filosófico-futbolística. La etapa solista de Cappa no tuvo hasta ahora la altura y la trascendencia de los logros que obtuvo cuando fue parte de un grupo donde el frontman era Menotti, o Valdano. No es fácil ser solista, y el Indio también lo sabe, y es por eso que en el show, aunque tal vez no lo quiera hacer, tocará muchísimos temas de su anterior banda. Porque sabe que es eso lo que la gente quiere y está dispuesta a escuchar. Y no sentirá que se traiciona porque en definitiva son sus temas, sus ideas, su filosofía hecha canción. En cambio Ángel no lo vio así, o lo vio y no quiso ceder, convencido de que tenía razón y podía cambiar el rumbo. Y será éste uno de sus principales errores. No entender que los jugadores querían escuchar otras canciones, que no se sentían identificados con estas nuevas letras o, por lo menos, que querían lograr un mix con aquellos temas que llevan tocando desde las inferiores y que tan bien conocen.

Los que nacieron en River siempre escucharon otra música mientras transitaban las divisiones menores. Una música también fina, elegante, alegre, bien ejecutada, muy parecida a la que le gusta a Ángel pero sutilmente diferente. Más vertical que horizontal, sintiéndose a gusto en un tempo más rápido que en el que les pedía transitar Cappa. Y tal vez es por ahí donde todo empezó a resquebrajarse. El director marcaba los compases de un vals, pero la orquesta interpretaba con furia (y sin los mejores intérpretes) un poderoso rocanrol. Ya no es casualidad que mientras pienso todo esto la otra banda, la de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, esté tocando el más furioso de los rocanroles ricoteros, Ji ji ji. Lo que significa que el show

está llegando a su fin. Y con el fin, las despedidas. Desde arriba del escenario, un sesentón emocionado que trató durante toda lo noche de devolver también en palabras tanta devoción, busca la frase más adecuada para cerrar este histórico día. Justo él, que siempre encontró las mejores metáforas sufre delante del micrófono intentando ser lo más justo posible con la situación. Al igual que Cappa, sesentón y verdadero artista de la palabra, hacen del idioma un culto. Pero en esta noche, todos nos vimos superados. “Gracias a todos, esto… no tiene explicación”, son las únicas palabras que escucho como despedida. Como yo ya caminaba hacia la salida, nunca pude saber cuál de mis dos compañeros de viaje había pronunciado aquella simple pero contundente frase final.

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¡VÉRTIGO!

Relaciones peligrosas

Passarella no hizo lo que se esperaba con la barra brava de River. Entre el entrenador heróico que enfrentó a Sandokán en el verano del 93 y el presidente pacato que pactó con un sector de los violentos en 2009, pasaron muchos años y corrió mucha agua bajo el puente. Por GUSTAVO VEIGA

N

i el gran telón de tela que inauguró la barra brava de River en el último superclásico alcanza para ocultar el “cambio de hábito” del personaje de esta obra (podría titularse como aquella película protagonizada por Whoopi Goldberg). Desde el principio queda claro que no se trata de una historia de monjitas. No son carmelitas descalzas Los Borrachos del Tablón, ni Daniel Passarella es hoy el que supo ser. Como director técnico, hace diecisiete años, se jugó el pellejo cuando enfrentó a la barra a cara descubierta. Pegó y le pegaron. Pegó y lo cortaron en el pabellón de la oreja izquierda. Denunció a los violentos. El valiente caballero que se le plantó a Sandokán en 1993 ya no parece sacado de una novela de Emilio Salgari. Como presidente de River abandonó la isla de Mompracem, donde transcurrían las ficciones del escritor italiano. Se mimetizó en el paisaje violento del fútbol y negoció con los dueños de la tribuna. Lo hizo para ganar las elecciones en diciembre de 2009, con el apoyo del sector de Adrián Rousseau, y ahora mantiene el status quo con la denominada barra ofi-

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cial, enfrentada con Rousseau. Se declaró prescindente en la interna, pero deja hacer. Uno de los escasos referentes antimafia terminó desdibujado, entregado a ese poder. Una lástima. El viernes 29 de enero de 1993 anochecía en Mar Chiquita, a escasos kilómetros de Mar del Plata. Hacía diecisiete días que el plantel de River se encontraba concentrado mientras realizaba la pretemporada bajo la atenta mirada del Káiser. El cuerpo técnico y los jugadores regresaban en un micro de la empresa Asenjo desde el Batallón de la Agrupación Aérea 601, donde se entrenaban. Los esperaba al día siguiente un partido contra San Lorenzo por el torneo de verano. Cuatro patoteros encabezados por Miguel Alejandro Cano, alias Sandokán, un hombre corpulento, morocho y que usaba barba candado, bajaron de su camioneta Dodge azul con cúpula blanca frente al

hotel El Mirador, donde se hospedaba el equipo. Querían entradas y dinero para ver el amistoso y pasar un buen fin de semana en la costa. Para lograrlo, el líder de la barra sacó una navaja y le apuntó a la yugular de Passarella. Un movimiento defensivo del técnico le permitió esquivar a medias la estocada. Su oreja izquierda empezó a sangrar. Herido, fue socorrido por el profesor Ricardo Pizzarotti, el utilero Carlos Peralta, el arquero José Miguel y su ayudante de campo, Américo Gallego. Los barras se replegaron, huyeron por la ruta 11, pero dos de ellos (Sandokán y un tal Ismael Guassardo) terminaron detenidos. Se les abrió una causa por “daño, abuso de armas y lesiones leves”, aunque los excarcelaron al día siguiente. El ahora presidente ya tenía como técnico antecedentes de no acobardarse ante Los Borrachos del Tablón. Un año antes de aquel episodio, en el estadio

No es la primera vez que Adrián (así, a secas, Rousseau cobró fama en la barra) se acerca al presidente de River.


Monumental, atajó la irrupción de dos barrabravas en la concentración de sus jugadores. “Lo vi a Daniel cuando bajó. Le agarró al Tolo Gallego el encendedor y después volvió todo descamisado y rasguñado. Se había cagado a trompadas con dos tipos, uno gordo y otro más. Dijo que los había desfigurado a los dos, aunque la pelea no la vi”, cuenta Oscar Acosta, un ex volante de River, en el libro Donde manda la patota, publicado en 1998 por el autor de esta nota. Aquel Passarella protector de su plantel y no de la barra, quien incluso la enfrentó cuando la comisión directiva presidida por Alfredo Davicce había transado con ella, se preguntaba: “¿estamos esperando que maten a alguien?”. Y pedía la intervención en el tema del ex presidente Carlos Menem (un lobo con piel de cordero, anfitrión en La Rioja de Rafael Di Zeo, el ex líder de La Doce), el secretario de Deporte, los dirigentes de fútbol en ese momento y Futbolistas Argentinos Agremiados. Este Passarella tolerante con los violentos se olvidó de esas luchas pretéritas. Gustavo Grabia, el periodista que mejor informa sobre el día a día de estos temas,

escribió en Olé el 14 de julio: “la guerra por quién se queda con el botín de Los Borrachos del Tablón recomenzó cuando Daniel Passarella ganó las elecciones el 5/12/09. La barra oficial liderada por Martín Araujo, alías Martín de Ezeiza, Héctor Caverna Godoy y Joe, había jugado fuerte para D’Onofrio, mientras que Rousseau y los de Hurlingham fueron con el Káiser.” No es la primera vez que Adrián (así, a secas, Rousseau cobró fama en la barra) se acerca al presidente de River. El 8 de octubre de 2006 lo paseó en andas por el hall del Monumental después de una victoria sobre Boca por 3 a 1. Este patovica fue ñoqui en el gobierno porteño, pasó por la Secretaría de Deportes de la ciudad durante la gestión de Daniel Bravo y terminó cesanteado por inasistencias reiteradas en febrero de 2007, después de la llamada “batalla de los quinchos”. Ahora lidera una de las fracciones en que Los Borrachos del Tablón se dividieron por enésima vez. Y tiene línea directa con la Comisión Directiva. Quienes siguen la evolución del fenómeno barrabrava, le atribuyen a Diego Turnes, el vicepresidente 1º de River, el papel de nexo con estos buenos mucha-

chos. El dirigente y su compañero Luis Renzi –actual tesorero del club– integraban la comisión fiscalizadora que le aprobaba los balances al peor presidente de la historia, José María Aguilar. En noviembre, después del último tiroteo entre barras a las puertas del Monumental, el diputado porteño Marcelo Parrilli, socio de River y abogado de familiares de las víctimas que provoca la violencia en el fútbol, le pidió a Passarella que no apañara a los violentos. Afirmó que mostrar esa conducta “es habilitar a patoteros como los que atacaron y asesinaron a Mariano Ferreyra”, el joven militante del PO que mató la pesada de la Unión Ferroviaria, reforzada con barrabravas de clubes de la zona sur. “Conmigo se acaba la joda”, había declamado en su campaña electoral el ex entrenador y capitán del seleccionado campeón mundial del 78. ¿A qué se habrá referido el ahora presidente? ¿A denunciar ante la Justicia los negociados de Aguilar y su alter ego, Mario Israel? ¿A cortarle los víveres a la barra? Lo primero está por verse, lo segundo parece muy poco probable. Passarella ya no es aquel que se enfrentó a Sandokán en 1993.

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No evitan montoneras

El rugby, como tantos otros deportes, dejó de ser propiedad exclusiva de los hombres. Sin embargo, el esfuerzo de las chicas choca contra viejos vicios y la discriminación de la dirigencia masculina y las distintas asociaciones que lo rigen. Un Caño se metió en la intimidad de Las Vikingas, una de las primeras formaciones que enorgullecen la pelea por la igualdad. Por HERNÁN LÓPEZ Fotos MAXI FAILLA

“Un día me enteré por una revista que leí en la UAR de que unas chicas se entrenaban y no tenían rival. Llegué a casa y le mostré la nota a tres de mis cuatro hijas (una era muy chica y no estaba en condiciones de jugar) y les pregunté: ‘¿quieren jugar al rugby?’ Junten dieciocho chicas y vamos. A la semana siguiente estaban todas”, señala Pichi Ruffo, símbolo y entrenador del primer equipo de rugby femenino de Gimnasia y Esgrima de Ituzaingo (GEI) y uno de los principales referentes y propulsores de esta movida igualitaria. El asunto era ver si la mujer podía o no practicar este deporte. ¿Qué medida se debía tomar para comprobarlo? “El pecho –recuerda Pichi todavía con nostalgia– tendría la última palabra”. Si la pelota le pegaba en el pecho a alguna de las chicas y producía algún tipo de dolor, adiós idea. El método fue sencillo: “las puse a todas en fila, tiraba la pelota para arriba y les decía: agárrenla bien fuerte contra el pecho. Nadie se quejó. Entonces dije: bueno, empecemos”. Luego de algunas semanas de preparación, y cuando el equipo ya estaba armado, Ruffo se comprometió a contactar a aquellas chicas que había visto en la

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foto de la revista y las invitó a jugar. El 25 de noviembre de 1985, G.E.I. recibió en su cancha a Alumni, en el primer partido oficial entre equipos de rugby femenino. Luego, repercusiones y adhesiones. Cuando a Ruffo le ofrecieron comenzar a “hacer negocios” con esta nueva modalidad deportiva, un temor recorrió los pasillos del club: la UAR tomaría represalias con el equipo superior masculino. Entonces, el entrenador dijo basta. Tuvieron que pasar diez años para que la llama se volviera a encender. Las chicas de algunos profesorados de educación física armaron equipos en distintos puntos del país. Cristina Zufiría (ex jugadora) tomó la posta y reanimó al equipo de la primera época. Continuaban Mónica Mottura (primera capitana) y Gabriela Sánchez. Ambas explican el porqué del peculiar nombre para esta nueva etapa:

“como los chicos (equipo masculino) son Los Toros, a nosotras nos iba a quedar Las Vacas, y no nos gustaba (risas). Hasta que un día, una chica se estaba cambiando y se hizo un peinado raro. Otra la vio y le dijo ‘¡parecés una vikinga!’ (más risas). Así apareció el nombre”. Hoy, esta modalidad de uno de los deportes más antiguos se encuentra en pleno desarrollo. Pero la falta de apoyo de parte de la U.A.R (Unión Argentina de Rugby), la casa madre del rugby nacional, y del resto de las uniones del país es notoria. “Recién este año se realizaron algunos entrenamientos con partidos avalados por la U.R.B.A. (Unión de Rugby de Buenos Aires)”, dice Grisel Folgar, capitana del club de Ituzaingo. “Estuvo bueno por el hecho de que nos empiecen a tener en cuenta. Si bien no nos enseñaron nada

“No digo que nos traten como reinas, pero sí como un jugador más que está fichado en la U.R.B.A.” (Grisel Folgar, capitana).


nuevo, ellos no tenían ni la más mínima idea de nuestro nivel. Nunca se habían fijado en nosotras”, agrega con un dejo de indignación. –Con este panorama, es evidente que el rugby femenino no tendrá por ahora un campeonato regular. –Lamentablemente, no. Se está peleando desde hace tiempo por conseguir un torneo regional, donde participen los seis o siete equipos que hay en la provincia de Buenos Aires. Así jugaríamos los fines de semana, o cada quince días. Entrenar está buenísimo, pero si no tenemos competencia... –¿Creés que esto será posible en el corto plazo? –Creo que sí. Sobre todo, a partir de lo que sucedió este año en las clínicas de entrenamientos que se hicieron, sumado al primer torneo oficial organizado en conjunto por la U.A.R. y la U.R.B.A. A pesar de que todas Las Vikingas están fichadas y forman parte de la U.R.B.A –abonan sus cuotas anuales de

asociadas–, ellas y el resto de equipos de Buenos Aires organizan triangulares o cuadrangulares cada tanto para sentir la adrenalina de la competencia. E indefectiblemente deben realizar rifas, buscar auspiciantes o canjes con comerciantes o transformar una botella en alcancía. Todo a pulmón. –El rugby sigue siendo un deporte machista. ¿Sintieron la discriminación? –Nunca me afectó mucho el qué dirán. Está claro que sigue habiendo cierto rechazo. Muchos se sorprenden cuando les contás que jugás al rugby. Te dicen “¡sos un macho!”. Pero después te ven con una pollerita y un par de tacos y cambian de opinión (risas). No juzgo a nadie, y pretendo que nadie me juzgue a mí. Amo a este deporte, es un cable a tierra. Mi vida es esto. –¿Alguna vez te enojaste por algún grito de la tribuna masculina? –Para nada. Porque más allá de un “andá a lavar los platos”, “corré, burra” o mamita esto, mamita lo otro, no pasó

nada… Generalmente, vienen a vernos nuestras familias o gente que nos apoya. –¿Y la familia cómo tomó la noticia de que ibas a empezar a jugar? –Están orgullosos. Al principio se sorprendieron, pero después lo asimilaron de la mejor manera. Se trataba de romper un poco los moldes tradicionales que tenemos. La familia es importante para nosotras porque siempre nos da una mano. Sobre todo a las chicas que son mamás o a las que entrenan y estudian o trabajan. Tengan en cuenta que somos parte de un grupo heterogéneo, que va desde los 14 hasta los 42 años. “Nosotras queremos organización. Y alguna ayuda económica. Muchas veces nos sentimos desamparadas y discriminadas. Estaría bueno que nos empiecen a dar un poco más de bola. No digo que nos traten como reinas, pero sí como un jugador más que está fichado en U.R.B.A. O sea, queremos pertenecer igual que ellos, tener igualdad de condiciones con respecto a los varones”, dice Grisel en el

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punto más sensible de la charla. La frase es desahogo y necesidad de políticas deportivas igualitarias. –¿Cuáles son los objetivos que se plantean en el corto o mediano plazo? –La meta es que seamos más. Si bien crecimos un montón en cantidad, estaría bárbaro empezar con semilleros. Para entrenar mejor a todas las chicas nuevas que se están sumando y que mañana puedan ser jugadoras de alta competencia. Hace ocho años que estoy en el equipo y nunca vi una unión tan grande entre jugadoras y entrenador. Nos sentimos súper cómodas. Pablo Espíndola, entrenador del equipo, recoge el guante e ingresa a la charla: “a comienzos de este año vino Susan Carty, en representación de la pata femenina de la I.R.B., para evaluar y verificar el desarrollo en Argentina. Se fue bastante contenta, asumiendo el compromiso de seguir observándonos”. Una aspiración es preparar un equipo femenino para los Juegos de Río 2016, si el rugby (en versión seven), tanto masculino como femenino, ingresan como disciplina olímpica.

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“Se está peleando desde hace tiempo por conseguir un torneo regional. Así jugaríamos los fines de semana, o cada quince días. Entrenar está buenísimo, pero si no tenemos competencia...” (Folgar). –La U.A.R. debería estar trabajando con un seleccionado femenino. –Sí, hace tiempo que está preparando un equipo. Dentro de esa preselección tenemos el orgullo de contar con una jugadora del G.E.I., la medio scrum Patricia Fusco. “A nivel nacional, hay muchos equipos. Hay provincias que son fuertes: Tucumán, Misiones, Chaco, Catamarca”, continúa Espíndola. “En septiembre se realizó en Córdoba el primer Mundial de Clubes, y obtuvimos la Copa de Plata, el mayor logro en la historia de la institución. Perdimos ante Cardenales de Tucumán, que últimamente viene ganando todo”, completa el entrenador, que es ju-

gador de la Primera de este club del oeste bonaerense. –¿Cómo ves al rugby argentino con respecto al resto del mundo? –Nueva Zelanda o Inglaterra serían un modelo a seguir. Hace años que vienen trabajando con sus equipos femeninos. Igualmente, creo que en el país hay muy buena materia prima, aunque nos falte más y mejor trabajo. Vamos por buen camino. El 25 de noviembre, Las Vikingas celebrarán veinticinco años de aquel histórico primer partido. Un tiempo más que suficiente, que deja a las claras que continúa su lucha en pos de lograr la igualdad. ¿No es hora de que empiecen a escucharlas?


El pasado Un paseo por Uruguay llevó a Ezequiel Acuña a desarrollar una nostálgica nota sobre el básquet. Un recorrido por los recuerdos del cineasta, que van desde Malaver y su recordado San Andrés a este presente con una Liga Nacional que acumula virtudes y defectos, casi en la misma proporción. Por EZEQUIEL ACUÑA

M

ontevideo, sábado 30 de octubre de 2010. Las luces cálidas y el clima tranquilo de la parrilla Trouville (ubicada en la calle Chucarro, casi Avenida Brasil, en el barrio de Pocitos) contrastaban con los gritos, silbatos, chicharras y zapatillas que raspaban el parqué de la cancha de básquet. Nada mejor para definir un deporte… Trouville es un equipo de básquet que tiene un restaurante del mismo nombre en la entrada del club. Había partido. Entré a ver el segundo tiempo. Jugaba Trouville contra el Defensor Sporting (mezcla histórica del Sporting, verdadero club de básquet, y Defensor, más conocido por el fútbol). Observé el marco: el palco del local, la cabina de transmisión, las publicidades... Me sorprendió ver un clima familiar, un lugar poblado de niños que durante los 15 minutos del entretiempo cumplían su sueño de tirar pelotas de fútbol o de minibásquet al aro y convertirse por un rato en jugadores. Durante ese lapso, aparecieron en mi mente recuerdos de la Liga Nacional: cómo olvidarme de los interminables viernes y domingos que iba con mis padres al estadio, a disfrutar del clima distendido que ahora encontraba en Trouville, algo que hacía tiempo había dejado de ver en el básquet en Argentina. Por aquella época seguía al Deportivo San Andrés, club de barrio (Malaver), club de básquet, club del que mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre fueron socios. Y adonde habían pasado muchos momentos de sus vidas, más allá del básquet. Vinieron a mi memoria los partidos con finales cerrados en el Enrique Tanghe, la previa en

Heriberto Schonwies (murió el 23 de noviembre) dirigiendo a San Andrés hace 26 años.

los relatos radiales de Chilavert y Zavatarelli (el hombre del inolvidable “tablero blindex de Casa Osvaldo”) y aquella vez que bajé de la platea y me acerqué a Marcelo Richotti (base de Pacífico de Bahía Blanca) para pedirle un autógrafo. La Liga Nacional creada por León Najnudel fue una especie de Nostradamus de la generación dorada. Justamente Najnudel fue uno de los últimos en dirigir al Deportivo San Andrés (primer campeón de la época en la que la Liga estaba a punto de ser Liga Nacional y se llamaba “Liga de transición”, en 1984, dirigido por Heriberto Schonwies). Ése fue, además, el último año de San Andrés en la Liga, cuando perdió en Córdoba un 5º punto con Atenas por los cuartos de final de la temporada 90/91 (su último partido de local se jugó en Ferro, donde hizo de local y se despidió definitivamente). El creador se despedía dirigiendo al primer campeón y al cuadro que meses después dejaría su plaza para que la ocupara River Plate. San Andrés no podía competir contra la Liga. El Depor se iba y se llevaba al barrio a cuestas, mientras que el Interior lograba un lugar legítimo, aunque muchas veces subido al caballo de los poderosos y oportunistas, caso GEPU de San Luis, que logró obtener dos Ligas gracias a su poderío económico. Pero en esta época de globalización y tecnología, la NBA se nutre de franceses, ingleses, alemanes y chinos. El básquet coloniza y los contratos multimillonarios hacen que los Mundiales pierdan figuras y jerarquía. Incluso la Argentina logra transformarse en potencia gracias a la Liga y empieza a exportar jugadores.

Vuelvo a Montevideo, vuelvo a Trouville. Esto no es Luna de Avellaneda, por suerte. Esto es calle, es tradición, lugar y barrio alambrado por sólo metros y no kilómetros de distancia. Defensor gana el partido, hay algunos gritos (muchísimos insultos a los referís), entrenadores que dirigen tres metros dentro de la cancha (como el gran Tite Boismené o el Loco Vecchio); y de fondo, “los chiquilines” que no parecen darse cuenta de que están lejos del aro: sus pelotas, pequeñas como ellos, apenas pegan en el borde del tablero. Ya es hora de irse, los tableros se apagan y, de a poco, vuelve la tranquilidad. Salgo a calle y sé que esto es Uruguay, donde el tiempo se congela y el romanticismo te lleva al barrio, a las finales de Ferro y Atenas en la década del 80, a los choques en Bahía entre Olimpo, Estudiantes y Pacífico, a los clásicos entre Peñarol y Quilmes en el Superdomo o en el Once Unidos, mientras Mar del Plata se dividía en dos. A la década del 90 y la aparición del Estudiantes de Olavarría, del Oveja Hernández, perseguido por Peñarol y Boca, a la última época, cuando el Griego volvió a poner la historia en su lugar (llegó a nueve títulos) y, de hecho, a imaginar que en otra vida se encuentren el primer campeón de la Liga, el Deportivo San Andrés, con su vecino Tres de Febrero (el Depor contra el Trede), algo que Najnudel imaginaría para sus barriales Villa Crespo y Atlanta (sus primeros clubes). Hoy estamos muy lejos, la Liga se llevó todo (lo bueno y lo malo). Cuando lo pienso, creo que todo esto pasó hace mucho, mucho tiempo. DICIEMBRE 2010 | UN CAÑO 33


Renovación y cambio

El año finaliza, y una vez más Estudiantes de La Plata y Vélez son los grandes protagonistas. Basta con repasar algunas cuestiones en los manejos de cada club para encontrar las razones de tantos aplausos. Los frutos, además, se verán en la Selección Nacional. Por FERNANDO PACINI

E

studiantes de La Plata y Vélez aparecen, con claridad, como los proyectos más consistentes del fútbol argentino. Vélez, desde hace mucho tiempo. Estudiantes, en cambio, comenzó su reestructuración con la presidencia de Julio Alegre. Además de resolver asuntos de mucha complejidad en la vida de cualquier club, Vélez y Estudiantes sacaron una abismal ventaja sobre todos, especialmente porque han logrado planificar su fútbol. Hay una gestión que responde a un plan. Saben que para vivir, inexorablemente deben vender todos los años. Se planifica a quién van a vender (o a quiénes) en función de su edad, del monto de la oferta, del negocio de una futura venta, etcétera. Pero un elemento central para decidir vender a un jugador es saber si en el plantel hay un reemplazante y, eventualmente, si las inferiores proveerán a la Primera de un nuevo valor para el plantel. Eso es lo que se llama un círculo virtuoso. Otra coincidencia es que toman las decisiones más importantes en materia de fútbol solamente los que entienden bastante bien de qué se trata: Bassedas, manager de Vélez, y Verón, manager de oficio en Estudiantes. Ellos, con entrena-

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dores razonables como Sabella y Gareca, pueden darse tiempo para pensar y analizar antes de tomar cualquier decisión impulsiva que termine dañando el tesoro del club. Resumiendo: compran bien, venden caro, producen jugadores de sus divisiones inferiores, invierten en infraestructura de primerísimo mundo... Vélez, además, mientras puede, evita a cualquier intermediario en las operaciones de compra-venta. A veces no consigue esquivarlos, pero al menos lo intenta desde los tiempos de Raúl Gámez, padre de esta criatura. Los beneficios de la capacidad son fabulosos, tanto como los perjuicios que ocasionan la corrupción y la incompetencia. Dicho más claramente: en muy poco tiempo, en una década, un club puede elegir el camino de Lanús (que ha

tomado el rumbo de Estudiantes y Vélez) o parecerse al River de Aguilar. Construir la grandeza de un club demora y demanda ideas, trabajo honrado y paciencia. Desguazarlo, en cambio, es bastante más sencillo e inmoral. En la cancha están los resultados. En un fútbol pobre como el de la liga argentina, se distinguen claramente. En este torneo, Vélez creció y Estudiantes bajó un poco respecto de la temporada pasada. Como sea, se cortaron solos en la pelea por el título. Batista convocó futbolistas para una Selección local que próximamente se estrenará en público. Estudiantes entrega tres jugadores a esa lista (Federico Fernández, Marcos Rojo y Enzo Pérez); Vélez, cuatro (Gastón Díaz, Fernando Tobio, Maxi Moralez y Juan Manuel Martínez). Federico Fernández es una excelente

Para decidir vender a un jugador, Estudiantes y Vélez averiguan si en el plantel hay un reemplazante. Eso es lo que se llama un círculo virtuoso.


aparición. Puede ser líbero o marcador zonal. Alto, con buen juego aéreo, duro en la marca. A pesar de su altura y juventud, tiene buena técnica y entiende cuándo debe cruzar hacia los costados. Calcula bien sus movimientos, y sabe cuándo puede perder (algo fundamental en un buen defensa). Marcos Rojo no integrará más la Selección local porque desde enero jugará en el Spartak de Moscú. Rojo es un jugador muy valioso por dos razones: primero porque juega muy bien, y segundo por la escasez de laterales. Zurdo, serio y prolijo. Tiene vocación ofensiva cuando sube en el campo. En Spartak tendrá la oportunidad de confrontar su calidad ante los mejores del mundo y aspirar a la Selección A (la de Messi y compañía).Rojo y Moscú deberían llevarse bien. Fernando Tobio tiene un lugar en este

combinado. Lo mismo, Gastón Díaz y Juan Manuel Martínez. El delantero de Vélez apareció hace ya algunos años en la Primera División. Vélez creyó que su etapa formativa profesional debía continuar y que necesitaba más protagonismo. Estuvo en Argentinos, en Colombia y en Arabia Saudita. Regresó para mostrar su mejor versión. Hoy es, posiblemente, el mejor jugador del torneo. Todos los mencionados son de las canteras. Además, fueron convocados Maxi Moralez y Enzo Pérez. Federico Fernández y Rojo pueden aspirar seriamente a un sitio en la Selección titular. La defensa es la zona más pobre del equipo, de manera que cualquier defensor convocado sueña con algunos buenos partidos y una mínima trayectoria que transmita confianza. Luego llegan las Eliminatorias, y ahí un jugador puede instalarse.

Maxi, el Burrito Martínez y Enzo Pérez la tendrán más difícil. Los puestos mejor cubiertos de la Selección están ahí, en la zona ofensiva. Salvo situaciones excepcionales, difícilmente puedan disputar un lugar entre los habituales titulares de Batista, pero nadie puede quitarles la ilusión. Independientemente de la participación que tengan en la Selección Nacional, Estudiantes y Vélez, gracias a sus planes de trabajo, son los únicos que se han salido de la media del torneo local, y entregan siete futbolistas a la Selección. La pobreza de este Apertura superó los peores pronósticos. Y algunos pensábamos que con más ingresos los clubes al fin podrían hacer bien las cosas… No ocurrió. En general, el crecimiento de los recursos no mejora per se ninguna gestión. Las cosas se hacen, bien o mal, en escala.

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Más o Messi lo mismo

En un amistoso en el que el resultado era irrelevante, salvo para los estadígrafos, la Selección volvió a parecerse a lo que era. Que Brasil estuviera enfrente y que Lionel por fin ganara un partido con una genialidad no significa que ya se note la mano del confirmado Batista. Por CHRISTIAN COLONNA

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n dato para empezar: Dani Alves y Robinho fueron los únicos brasileños que jugaron contra Argentina y estuvieron contra Holanda el día que Brasil se fue de Sudáfrica. Menezes reemplazó a Dunga al mismo tiempo que Batista a Maradona. Aunque al Checho lo hayan confirmado recién antes de viajar a Qatar, ya era el técnico. Batista decía que, al ser interino, no podía meter mano a gusto en el equipo. Oficializado, siguió en la misma línea. Del medio para adelante, hubo dos cambios con respecto a la formación que fue goleada por Alemania: Pastore por Tevez (más fútbol, más pausa, más pase, menos barullo, menos pelea, menos gol) y Banega por Maxi Rodríguez (más control de pelota, menos ida y vuelta). Los cuatro que repitieron: 1) Mascherano es el capitán y para Batista también parece intocable (coquetea con Cambiasso, pero para tirarlo a un costado). 2) Di María. Un caso curioso. La está rompiendo en el Real Madrid, pero en la Selección nunca dio algo parecido. Y no hay que olvidarse del reproche público con olor a traición a Maradona, una vez terminado el Mundial. Aunque todavía es joven, por ahora es un buen jugador de equipo, pero

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apenas un relleno con la celeste y blanca. 3) Higuaín. Sus números arrolladores en el Real Madrid lo dicen todo, ¿pero es el compañero ideal para Messi? 4) Messi, ni más ni menos. Armar un equipo en base al Pulga significa analizar qué compañeros son más útiles para su forma de jugar. La jugada del final demostró que Lavezzi, en el ratito que entró, supo interpretarlo a la perfección. Un poco por el taco que permitió el arranque de Lio y muchísimo por la cortina en el borde del área que le simplificó el camino al zurdazo del 10. Quizá no sea una mala receta radiografiar exhaustivamente al Barcelona y buscar jugadores similares a los que pone Guardiola, que juegan con Messi y entre ellos de memoria. Desde ya que será imposible lograr esa sintonía fina, por la sencilla razón de que el trabajo diario en un club no tiene nada que ver con lo que

podría hacer Batista. Pero por algo se empieza. Algo así como una bajada de línea. Lo del Barcelona es perfecto e inimitable. Sin embargo, mientras la Selección logre parecerse más al equipo catalán, más rédito le sacará a Messi y, por consiguiente, mejor equipo será.

Un medio de gala Xavi, Busquets e Iniesta son el corazón blaugrana. Para empezar una verdadera transformación, Batista debería animarse a sacar a Mascherano. Lo de Busquets, el cinco más tradicional, lo podrían hacer Cambiasso o Bolatti. Lo de Iniesta, Pastore. El problema llega con Xavi, que es el jugador perfecto. Por cabeza, por ubicación y por generosidad. Si Cambiasso hace de Busquets, podría dársele una oportunidad a Bolatti para que intente

Xavi, Busquets e Iniesta son el corazón blaugrana. Para empezar una verdadera transformación, Sergio Batista debería animarse a sacar a Javier Mascherano.


hacer de Xavi. No será lo mismo, obvio, pero hasta que no se pruebe... Y Bolatti, sólo por el recuerdo de cómo hizo jugar a Huracán, merece una chance. Por supuesto, si alguna vez vuelve a ser el que fue, Riquelme es el más parecido Arriba, a Messi lo acompañan Villa y Pedro (a veces puede ser Iniesta, si Keita entra en el medio). Ya está dicho que Lavezzi se entendió de lujo con Lio. Higuaín ya demostró lo que puede dar. Si se está buscando un equipo, sería lógico que el Pocho tenga un par de partidos de 90 minutos para ver si la ecuación resulta mejor o peor que con el Pipita. Y Tevez podría hacer de Pedro. Eso si el Checho no se anima a probar con gente que todavía no se sabe cómo puede responderle a la camiseta: como el Burrito Martínez, por ejemplo.

O, para el medio, David Ramírez. Con lo que armó del medio para arriba Batista, Argentina fue poco consistente, fundamentalmente porque no manejó la pelota. Como en el Mundial, se confió en el poder de fuego de los delanteros. Y ése no es un plan para un equipo que se precie de tal. Por eso hay que buscar variantes. No se trata de exigirle resultados al Checho (que los está consiguiendo), sino de que muestre su mano. Poner de centrales a Pareja y Burdisso ya es algo (habría que ver qué pasaba con Samuel y Demichelis disponibles), pero los laterales son lo mismo de siempre. Basta de Heinze de 3. Que Batista ponga ya un lateral serio. Si le gusta Emiliano Insúa, que juegue. Si les gustan dos pibes que todavía no debutaron (Tagliafico, de

Banfield, y Pinto, de Lanús), que jueguen. Hay que arrancar con la renovación de una vez. Y lo mismo del otro lado. Zanetti es un superdotado, ¿pero hasta cuándo va a jugar? Tiene 37 años. O sea: arrastrará 41 para el Mundial. ¿No sería lógico agradecerle por los servicios prestados y ahorrarle viajes innecesarios? Van algunos nombres que fueron titulares en Brasil: David Luiz (Benfica), André Santos (Fenerbahce), Lucas (Liverpool), Elías (Corinthians), Neymar (Santos, 18 años, ¿futuro competidor de Messi?). Para un hincha común, la mayoría son semidesconocidos. De eso se trata una renovación. Y aunque “no todos los días se le gana a Brasil”, como dijo Batista, el que va ganando el partido más importante es Brasil. Mal que le pese al Checho Batista.

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No siempre ganan los buenos ¿Qué les pasó a los chilenos? Si bien la respuesta no puede ser simplificada, lo cierto es que Marcelo Bielsa dio el portazo y se marchó. Lealtad, peligro de fascismo, intolerancia del entrenador... De todo ello se habló en estas semanas. Un interpretador de Bielsa, nos deja su diagnóstico. Por ROMÁN IUCHT

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n 1991, casi como si se tratara de una profecía, Marcelo Bielsa le anunciaba a una publicación chilena su deseo de dirigir algún día en el país trasandino. “Chile y Suiza son dos países en los que alguna vez me gustaría desarrollar mi trabajo. Tienen previsibilidad, allí se puede trabajar apuntando a proyectos a largo plazo”. La campaña del rosarino al frente de La Roja fue la mejor en medio siglo. Bajo su conducción, se logró el pasaporte al Mundial con un inédito segundo puesto y se ganaron dos partidos en la Copa del Mundo, luego de las conquistas del certamen que lo tuvo a Chile como anfitrión hace ya cuarenta y ocho años. Para poder transformar al fútbol chileno, Bielsa encontró un interlocutor a su medida. Periodista de profesión, Harold Mayne-Nicholls lo tentó con un proyecto integral que vio en Bielsa a la persona justa para reconstruir a la Selección luego de la catastrófica eliminación de la Copa América de 2007 en Venezuela. Aquél equipo terminó goleado por Brasil y con serios problemas de disciplina de algunos jugadores, en un incidente que por el lugar en el que se produjo fue definido como “puertordazo”.

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Mayne-Nicholls y Bielsa formaron una dupla indestructible. El dirigente, nombrado “Ejecutivo del año” en 2010, dinámico, moderno y eficaz. El entrenador, metódico, convencido y disciplinado. La fusión obtuvo resultados exitosos y proyectaba con distintas obras su continuidad hasta 2015. De la mano de Bielsa, la Selección multiplicó sus ganancias. Buena parte de los jugadores del plantel estable progresaron en sus carreras con transferencias al exterior, varios de ellos al fútbol europeo. La Selección se cotizó de manera exponencial, y todos sus contratos comerciales, incluido el cambio en la indumentaria, se multiplicaron con varios ceros. Sin embargo, desde hace cinco años un nuevo orden se instaló en el fútbol cordillerano. La modificación de los reglamentos permitió el desembarco de las

Sociedades Anónimas dentro del fútbol profesional. Con los clubes en manos de particulares y no de sus socios, las órdenes y las responsabilidades trastocaron el escenario y los protagonistas. Hasta el actual presidente Sebastián Piñera dejó de lado su simpatía por la Universidad Católica y compró un 12% del paquete accionario de Colo Colo que, dicho sea de paso, aún mantiene. Las decisiones de Mayne-Nicholls de repartir de manera más equitativa los dineros de la televisación de los partidos del torneo local a través del CDF (Canal del Fútbol), una señal creada para tal efecto, generaron uno de los principales temas de controversia con los “patrones” de los clubes. No entregar una porción grande de la torta a Colo Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica ni escuchar las demandas de la

La despedida en la victoria ante Uruguay fue emocionante. Miles de hinchas concurrieron al estadio con remeras negras en señal de duelo.


clase media del fútbol fue algo que los directivos no le perdonaron al hombre fuerte de la Federación. Su argumento fue la debilidad de la liga local ante la fortaleza de la Selección y su escasa comunicación con los accionistas de los clubes, que pretendían un trato ejecutivo y personalizado. Jorge Segovia, dueño de Unión Española, se transformó en el brazo guerrero de la oposición, y en diez días armó una lista para eyectar de su cargo a MayneNicholls y, si era necesario y aunque nadie lo imaginaba, a Bielsa. Un arribista que tomaba la voz del resto aprovechó el momento y dio el golpe. Poco y nada le importó el manifiesto apoyo popular a la gestión que manejaba los destinos del fútbol chileno. Donde mandan los números, el pueblo no puede meter las narices, y así fue como, ante la incredulidad general, el proyecto opositor desbancó al oficialismo. El detalle es que Segovia, igual que otros dirigentes, es dueño de una universidad privada y tiene firmados contratos con el club Unión Española, del cual es propietario. Ante esta desprolijidad ética, la ANFP lo inhabilitó para asumir la presidencia, generando por estas horas un caos en el manejo del fútbol chileno. ¿Y Bielsa? Pocas horas antes de la votación, realizó una conferencia de prensa en la que durante ciento treinta y cinco minutos estuvo explicando por un lado el motivo de su apoyo a Mayne-Nicholls y por el otro su decisión de no trabajar con Segovia en caso de que obtuviera la presidencia. Su monólogo no pudo torcer una decisión que se explica mucho más desde los números del negocio que desde los del fútbol. La despedida en la victoria ante Uruguay fue emocionante. Miles de hinchas concurrieron al estadio con remeras negras en señal de duelo, y sólo el festejo del gol de Alexis Sánchez a los treinta y

nueve minutos frenó la movida de algunos hinchas de hacer en el minuto cuarenta el “cara pálida”, dándole la espalda al campo de juego y, luego de bajar sus calzoncillos, mostrar sus blancos cachetes en señal de reprobación. Ni los intentos de persuasión de los jugadores pudieron modificar una decisión que estuvo muy pensada. Bielsa se irá de Chile de la misma manera que se fue de la Selección argentina. Claro que hay una sutil diferencia. Mientras aquí el motivo es todo lo que lo acerca a Mayne-Nicholls, el hombre que ya no estará, en aquel momento fue todo lo que lo alejaba de Grondona, el hombre que siempre se queda. El llamado de River y el sondeo de Boca lo instalaron rápidamente en el mercado argentino, pero su negativa fue tan lógica como esperable. Es que salvo honrosas excepciones, que son las mis-

mas de siempre, la pregunta que debe hacerse es si el fútbol argentino se merece a un tipo como Bielsa. Y la respuesta surge enfática: definitivamente, no. Salvo un milagro de esos que sólo se dan en las películas, su ciclo al frente de La Roja está concluido. Con Segovia o sin él, pero en el marco de un nuevo orden dentro del fútbol chileno, no hay lugar para la continuidad del ciclo más exitoso de la historia del fútbol trasandino. El campo de Máximo Paz lo espera. Un hombre mucho más preocupado por el “ser” que por el “parecer” volvió a demostrar que valores y convicciones no se negocian, más allá de esquemas tácticos y estilos de juego. Bielsa es un contracultural, un antisistema de esos que, mientras se puede, la pelea desde adentro y cuando deja de haber proyecto en común, se baja sin más trámite. Una pena, ¡fue lindo mientras duró!

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“A mí nadie me va a afanar el placer por el fútbol” El escritor y filósofo Juan Sasturain le dio una paliza a la cronista de Un Caño opositora al fútbol. En términos futbolísticos, la bailó. Le explicó pacientemente que un sentimiento no se discute ni se racionaliza. Y dio un salto de calidad: descubrió también por qué María Fernanda no se engancha ni se conmueve con el fútbol. Tal vez, desde la negativa, haya podido cambiarle la opinión. Lo sabremos en el futuro… Por MARÍA FERNANDA MAINELLI Fotos ALEJANDRO KIRCHUK

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sto no es una entrevista. Es, más bien, una clase de filosofía futbolística dictada gratuitamente por un narrador de la pelota exquisito y popular, Juan Sasturain, quien respondió estoico a preguntas cargadas de prejuicios de esta cronista –mejor así, en tercera persona, para no quedar tan ridícula– que apenas sabe de fútbol. El escritor y periodista, y alguna vez buen delantero, se atrinchera en la noción del fútbol como juego y lo reivindica como un relato apasionante. Una manera de la felicidad que contagia. –Debo confesarte un problema que tengo con el fútbol: no logro ver un partido entero porque me aburro ¿Te pasa lo mismo? –Yo también me aburro como loco, pero llego hasta el final. Hay partidos que son un verdadero embole. Hoy, por lo general, los que vemos en la Argentina son horribles. –Sin embargo, vos seguís encontrando en el fútbol buen material para contar historias que atrapan. –Es que, en el fútbol, la ficción supera a la realidad. No todos los relatos atrapan, como no todos los partidos son iguales. Un partido, visto como un espectáculo que tiene que retener mi atención, se puede comparar con la literatura. Pero es verdad, en general lo que se ofrece es muy feo.

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–¿Qué está pasando? –Se juega mal. Hay razones múltiples que se pueden tirar. Se trata de una cuestión de distintos valores, un partido puede ser técnicamente malo pero muy entretenido. Lo que capta la atención es la emoción, la alternativa, la incertidumbre; ese combo produce excitación y gusto. Si uno está involucrado afectivamente con el resultado, hay un valor extra. –Otra sensación que tengo es que los relatores hablan de cosas que yo no estoy viendo. ¿Puede suceder algo así? –Es que es tan malo lo que se ve como los comentarios que se hacen. Esto tiene una lógica. Por lo general, los que transmiten por televisión (y hay que aclarar que esto no es siempre), por propia iniciativa, por necesidad o por indicación, no hacen referencia a lo más evidente: que los partidos son horribles. Estos tipos hablan de otras cosas, describen en términos pseudocientíficos lo que son aberraciones estéticas, porquerías. O definen como argucias lo que son comportamientos éticamente reprobables. Tienen una mirada persistente en lo ético y lo estético en sus comentarios. Esto pasa porque el fútbol es un espectáculo que se comercializa por televisión. Entonces, los relatores tienen que mantener el interés en el público. No van a decir “esto es una mierda”, porque el

que está mirando cambiaría de canal y los muchachos perderían el trabajo. Hay otros que han incorporado una cierta ideología que pasa nada más por el resultado y prescinden de otros juicios. Pero entiendo a los que no pueden mirar un partido entero por feo o aburrido. Tienen razón, pero a mí el fútbol me sigue interesando. –¿Por qué? –Porque desde siempre estuve involucrado sentimentalmente con él y porque me gusta el juego. Lo repito: el juego me gusta, me parece hermoso a pesar de que se juegue mal. Me interesa por lo que tiene de competencia en la que uno se involucra en un bando. El fútbol es un juego de competencia y uno pone el corazoncito en algún lado. Ahora, cuando una persona no está involucrada con la belleza, el placer o el dramatismo, o no está con un bando en términos sentimentales, el fútbol se cae a pedazos. –¿No habría que buscar las razones del desinterés en otros aspectos? El fútbol es hoy un negocio, hay una corrupción matizada con violencia que se genera a su alrededor… –Ésas son diez guitas aparte, o si querés, noventa centavos aparte. Es otra discusión. –Tengo la sensación de que no es otra discusión, sino parte de un todo.


–No estoy de acuerdo. La corrupción está involucrada en todos los aspectos: toca a la política, a los afectos, está en donde ponemos nuestra afectividad y nuestro tiempo. Todo está corroído por otros intereses, y si uno cala profundo, la vida perdería sentido. ¿Para quién trabajás? ¿A quién votaste? –Vos podés, entonces, separar al juego del negocio sin entrar en contradicciones. –Es que elijo hacerlo. Todo el tiempo elegimos. Yo le hago caso a mi corazón, a mis sensaciones. Y en todo eso creo. A mí nadie me va a afanar el placer por el fútbol. –¿No es un acto de resistencia frente a una realidad? –No, porque yo reivindico el juego. Esta no es una actitud ni voluntarista ni marciana. A los que nos gusta el fútbol, nos interesa lo que pasa en la cancha, y cuando escribimos, lo hacemos sobre los jugadores y sobre lo que genera el fútbol. Un partido es un relato. He ido descubriendo cada vez más que el aspecto que reivindico del juego (con todos los paréntesis de las cosas negativas) es el juego que, desarrollado en el tiempo y con la competencia, hace que el hecho futbolero sea reductible o no a un relato. El juego futbolero es un acontecimiento. Uno puede reducirlo al resultado, pero eso no da cuenta del partido. Un partido puede empezar como una comedia, seguir como un drama y terminar en tragedia. El partido es un cuento en el que los protagonistas pueden o no estar en sus papeles. En el desarrollo hay diferentes circunstancias, picos o imprevistos. ¿Por qué las personas no quieren saber cómo terminó un partido? Porque quieren ver desarrollo, quieren participar del relato, no que les cuenten el final. A veces viene uno y te dice “ganamos 3 a 2 en los penales”, y a mí me dan ganas de contestarle: “¿por qué no te vas a la puta que te parió?”. –También parece que en este país cualquiera es director técnico. ¿A qué se debe? –Esto pasa porque el fútbol, por suer-

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te, no es una ciencia. No hay lugar dónde reivindicar el saber ni una academia en la que se lo enseñe. Los jugadores, además de trabajadores y empleados, son ante todo futbolistas, eso es loque hace a su definición, por más que haya tendencia, como en todo juego, a controlar el azar. El juego se define, entre otras cosas -y por eso es apasionante-, por el azar. En eso se parece a la vida, que es un juego en el que no sabemos exactamente a qué mierda jugamos. ¿Por qué nos gustan los juegos? Porque reproducen la incertidumbre, que es la esencia misma de la condición humana. Las certezas que construye la ciencia no sirven para la vida ni para el fútbol. Todas las aproximaciones científicas tienen como objetivo controlar el azar. Los técnicos hablan de la supremacía de lo táctico frente a la espontaneidad, que es una enfermedad, porque los intereses de ganar se colocan antes que el juego. Se supone que alguien puede garantizar los triunfos pero nadie lo hace. Pero no importa, ideología empresarial mediante, debe haber un responsable que se haga cargo: el director técnico. El que trata de manejar y controlar todas las variables: lo numérico, lo táctico y la concentración, que es un concepto que no tiene más de veinte años y vino del tenis. –¿Y vos creés en eso? –No. Sé que esas variables existen, pero creo que no son las prioritarias y que son contradictorias a la esencia del juego. –¿Cuál es la esencia del juego? –El engaño. El juego es engañar, es hacer lo que otro no espera. Jugar es amagar. El fútbol es un deporte colectivo en el cual no se utilizan las manos y no se juega con los pies: se usa todo el cuerpo, menos las manos, que es distinto. Está construido a partir de una negación impuesta. Manejar una pelota con cual-

quier cosa menos con las manos no sirve para otra cosa que para jugar al fútbol. La esencia del juego es el desarrollo de una habilidad que lo único que pide es más desarrollo de esa habilidad. Para engañar, primero hay que contar con esa habilidad y con el control de la pelota. En la Argentina hemos aprendido a jugar, históricamente, controlando la pelota. El gol es posterior, primero es jugar todos alrededor de la pelota, pelear por ella, retenerla y gambetear. –¿No se confunde ese engaño con la estafa de meter un gol con la mano, por ejemplo? –Eso es otra cosa. Una cosa es el engaño, que es la esencia del juego. Y otra es la competencia, que tiene sus reglas, el fair play. Yo hablo de engaño como concepto artístico, como el trabajo de un mago que consiste en hacerte creer lo que no es. Pero la competencia está regida por reglas que deben ser respetadas. Pasa que el juego es el espacio del jugador, y a veces las reglas de la competencia (la necesidad de ganar) se imponen sobre las del juego. Cuando se imponen las reglas de la competencia conseguís un juego deslucido y hasta podés llegar al límite de la legalidad. Pero, ¿qué pasó? Las legalidades que rigen al fútbol como negocio, como espectáculo, como competencia y juego se han entreverado y se establece la ley del gallinero, que rige al fútbol como negocio, va penetrando en las otras capas y perturba su belleza. El fútbol es al mismo tiempo juego, competencia, espectáculo y negocio, siempre y al mismo tiempo. Así han convivido… Y con la televisación, se ha ido volcando al poder económico, que lo fue perturbando tanto como a los jugadores. Pero yo elijo con qué me quedo. –¿Por qué sos de Boca?

“Nosotros, los hinchas de Boca, hemos disfrutado mucho, hemos tenido suerte, ganamos seguido y somos muchos, lo que no es feo”.


–Por una razón absolutamente irracional. Cuando tenía cuatro años le pregunté a mi papá: “¿nosotros de qué cuadro somos?”. Bah, ni siquiera pronuncié bien la palabra “cuadro”, porque era muy patético para hablar de chiquito. Y me contestó: “en casa somos de Boca”. Entonces, yo también me hice de Boca. –¿Nunca pensaste en rebelarte? –Jamás. Y es lo único que les trasmití a mis hijos con convicción y naturalidad. Con ellos no he hablado de política ni de religión, cada uno ha hecho su vida y yo no me he metido en esos aspectos. Hablo si me preguntan algo y opino por mí. Eso sí, son todos bosteros. –¿Qué clase de hincha sos? –Muy apasionado. No soy fanático en el sentido de ése que no percibe virtudes y defectos de su equipo. Me interesa que mi equipo gane, pero de ninguna manera me enceguece con respecto a los valores y disvalores. La diferencia entre hinchas de equipos diferentes es que en la cancha uno mira sólo al suyo. Tu punto de referencia es tu equipo. Entonces, podés discernir si jugó bien o mal. Por lo general, trato de no sorprenderme deseando la desgracia ajena ni el beneficio propio. Pero esto, en este campo, es inevitable: si rascás un poco en tu corazoncito, querés que tal pierda, nomás porque es tal. –¿Cometiste exabruptos en la cancha? –Soy de sacarme, pero lo peor es que me saco en mi casa. Yo hablo con el televisor y todo lo que me rodea, puteo, comento, grito... Pensaba que con el tiempo me iba a ir curando pero ya me di cuenta de que no. Es más, empeoro. Uno puede conseguir cierto equilibrio en algunos temas, como la religión o la política, pero en el fútbol es más difícil. Ahí es el lugar donde uno canaliza los desequilibrios psicológicos y la pasión en su estado más puro. Y lo hace con mayor espontaneidad, sobre todo porque es gratuito, no ponés otra cosa más que tu propio deseo. –¿Y Boca qué te pide a cambio de ese amor? No me pide nada, corazón… Como dijo Discepolín: “¿qué sería de un club

¨Que Macri haya sido presidente de Boca no significa que los bosteros lo vayamos a votar. Lo van a votar las gallinas¨. (En la foto, Macri y Santili, este último hincha de River)

sin el hincha? Una bolsa vacía… El hincha es el alma de los colores, el que todo lo da sin esperar nada a cambio”. El hincha tiene un amor, una entrega y un afecto desinteresados. Boca a mí no me pide nada, todo lo contrario: me da la posibilidad de sentir pasión, que es de las cosas más lindas que me pueden pasar. Ser conmovido por algo es muy deseable, aunque también sufras o la pases como el culo, que también ocurre. –Entonces, si ese amor está atravesado por la pasión, es siempre un amor adolescente. –Puede ser. Lo importante es que es un amor que se renueva. Aunque la palabra amor me suena un poco excesiva para el fútbol. Es más gusto, placer, interés... Eso: un interés que nunca decae. Vos ves a ese equipo de mierda que tenemos y el interés no decae jamás. ¡Qué desastre! Cada tanto pienso: “no escribo más una puta línea sobre estos, qué me voy a calentar por estos”, pero no me pasa. Ahora, las maneras de amar no son iguales: no es lo mismo el amor adolescente que el adulto, pero el sentimiento no se altera.

–¿En qué etapa estás en tu relación con Boca? –¿Con Boquita? Mal, triste, como todos los bosteros. Tengo una sensación de estupor. ¿Qué nos está pasando? ¿Qué sucede? –¿Pensás en el descenso? –Ni siquiera asumí esa posibilidad. ¡Boquita no va a descender! Dejate de joder… –Pero no se sabe… –No va a suceder, acordate lo que te digo. Y las gallinas tampoco van a descender. –¿Boca te dio más alegrías que tristezas? –Más alegrías. Nosotros hemos disfrutado mucho, los hinchas de Boca hemos tenido suerte, ganamos seguido, somos muchos, lo que no es feo. Hay mucho esnobismo de los clubes chicos. –¿Esnobismo? –Si, hay cierto esnobismo, y los de Boca si algo no somos es esnobs. –¡Pero tuvieron un presidente muy esnob, como Macri! –¡Pero qué tiene qué ver! ¡Qué carajo nos importa el presidente! ¿Cuándo un presidente define el equipo? El presiden-

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te es la institución, no el equipo. Puede ser cualquiera, puede ser de derecha o de izquierda, pero no nos puede quitar la pasión, ni el hincha va a dejar de ir a la cancha por un presidente. Quizás haya puteado a Macri, pero lo que pasa dentro de la cancha es otra cosa. –¿Cómo explicás que las personas nos separamos de nuestros amores, cambiamos de religión o de partido político, pero nunca de equipo? –Porque el fútbol es como el lenguaje, inmotivado. Es una pasión, una elección sin motivaciones. Es una elección absoluta, justamente porque es inmotivada. No exige reciprocidad. –¿Con qué se establece el vínculo? –Con los colores, como se dice metafóricamente. –Pero los colores cambian. –Los colores cambian, los jugadores pasan, los dirigentes salen y cada vez más rápido. Incluso los clubes se mudan de barrio. Entonces, probablemente lo que se construye es un sentimiento de identidad con uno mismo. Que uno ame a Boca es la pasión que tuvo alguna vez, es la continuidad de nuestro propio sentimiento, amamos lo que hemos amado. Cambiar de equipo, entonces, es una traición a la pureza de un sentimiento inicial, que es puro e inmotivado. Si alguien no está muy interesado en el fútbol, puede ser más veleta. Pero al que le gusta desde chico, se queda adonde está por lealtad a ese sentimiento. Tiene que ver con la identidad, que es un lugar raro. ¿Qué es la identidad? No se sabe. Pero el fútbol funciona como un rasgo fuerte de la identidad de los varones de este país. En la Argentina, el fútbol es uno de los elementos incorporados dentro de la identidad nacional. Nosotros nos definimos, entre otras cosas, por cómo nos va en el fútbol. –¿No es una forma de alienación? –También, es una alienación, es una imbecilidad, es un rasgo de barbarismo, supongamos así, pero ése es un dato menor. Lo real es que vivimos en una sociedad en la que el fútbol es más importante, comparativamente, que en otras sociedades. Pero no somos los únicos.

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–¿Será por eso que con un triunfo se pretendan saldar cuestiones históricas o políticas? –Las cosas se entreveran. Ese tipo de analogías, por lo general, provienen de miradas ajenas al fútbol, que suponen que hay todo un sistema de sustituciones simbólicas. Perdoname, todo eso me parecen pelotudeces. No creo en esas cosas porque tienden a subestimar al sujeto. Esas miradas ven a un sujeto que piensa que porque ganó algo no puede entender lo que perdió, o que cree que con un triunfo futbolístico ganó otra cosa, y no es así... Va acompañado con la idea de asociar la pasión con la irracionalidad. Esa mirada sobre el tipo que es un apasionado futbolero, como un irracional, manipulable, permeable, engañable, es una pelotudez grande como una casa. –Pero cómo, ¿no habíamos quedado que el amor por el fútbol es irracional? –Sí, es irracional, pero maticemos todo. Yo digo que la tendencia a simplificar es errónea. Que Macri haya sido presidente de Boca no significa que los

bosteros lo vayamos a votar. Lo van a votar las gallinas (risas). –Leí por ahí que jugabas mucho al fútbol, que de hecho te probaste en un club y que dejaste cuando te lesionaste. ¿Extrañás jugar? –Jugaba al fútbol en una época en que era una actividad natural. En mi pueblo, González Chaves, jugábamos porque se vivía en la calle y la puerta estaba siempre abierta. Era a lo único que se jugaba. Yo quería ser futbolista, pero a nivel de deseo, no como una profesión. –¿Eras bueno? –En la adolescencia jugaba más o menos bien, en el equipo del pueblo. Cuando vine a Buenos Aires a estudiar Letras, seguí jugando. –¿De qué jugabas? –De delantero. En el ambiente que yo me movía, era bastante bueno. Pero esto es relativo: siempre les he dicho a los gansos que ser profesor de literatura es muy fácil, pero jugar en Primera es muy difícil. Es como bailar clásico: cualquiera puede bailar, pero al Colón llegan pocos.


De arco a arco

Un avezado fotoperiodista, que además ejerce la docencia, nos cuenta cómo se hizo una fotografía de fútbol que siempre lo impactó. Un buen fotógrafo debe garantizar la imagen de tapa del diario del lunes, más allá de que las acciones no sucedan del modo en que se las había previsto. Por TONY VALDEZ

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i bien no soy un especialista en fotografía deportiva, ya que no ejerzo la profesión de fotoperiodista desde esa disciplina y nunca me tocó de manera regular hacer fotos de deportes, como sí les sucede a otros colegas, siempre me atrajo el género. Me parece que el “instante decisivo”, aquél del que hablaba Cartier- Bresson, se exacerba en el deporte, y más en el futbol. Poder encontrar el momento exacto, justo, preciso es obra de un ojo entrenado y de reflejos de un arquero zen. “Prever lo que va a suceder, capturar el instante antes de que ocurra”, aconsejaba Richard Avedon , quien no sabía mucho de deportes, pero si de fotografía. Hay que intuir lo que va a ocurrir, cuando ya pasó, es tarde e irremediable. Claro que todos los fotógrafos lo hacemos (o al menos lo intentamos), pero en la fotografía deportiva es un requisito indispensable. Cuando comencé a trabajar en fotografía de prensa, escuché y aprendí de aquellos a quienes admiraba y ya contaban con larga experiencia en fotos de deportes. Me dieron consejos tales como que las buenas fotos se debían hacer desde la línea de fondo, para tener imágenes frontales del ataque del equipo que nos interesaba fotografiar. Costumbre que se mantiene hasta hoy, a pesar de que las reglas y ubicaciones para los reporteros gráficos han cambiado. Si bien la cobertura de los partidos es rutinaria, siempre hay una posición y un lente adecuados para lograr una foto distinta, si uno tiene seguridad sobre lo que busca. Esa máxima es muy útil y nos golpea la mente, anestesiada por tantas fotografías que vemos publicadas a diario. Eso es lo que hizo David Spurden, fotógrafo del diario Sunday Express, cuando, usando un teleobjetivo muy potente, se ubicó prácticamente en la línea de fondo opuesta para registrar un tiro libre que ejecutaba el Tottenham Hotspur contra el Manchester United en el arco de enfrente. Claro, desde la posición inicial que había elegido, cubría con comodidad el ataque del Manchester United, que ganaba 1 a 0 y era el favorito de esa tarde, ya que lideraba las posiciones en la Premier League y el partido se jugaba en Old Trafford.

Sobre el último minuto de juego, el árbitro sancionó un tiro libre para el Tottenham Hotspur que podía ser determinante. Si cambia el resultado, cambia también el eje de la noticia, y la foto lo debe reflejar. El fotógrafo no tenía tiempo de correr a lo largo de todo el campo para reubicarse. Entonces, con rapidez, se dirigió hacia un ángulo del campo desde donde enfocaba el arco contario sin obstáculos y montó su teleobjetivo más largo. El resultado está a la vista: una imagen original, un resumen del momento decisivo, previsto por el movimiento y los reflejos del fotoperiodista. Pocas veces uno tiene la oportunidad de ver congelada por la magia de la fotografía una situación así. El arquero del Manchester, Peter Schmeichel, detuvo esa pelota y le permitió a su equipo ganar el partido y mantenerse en lo alto de la tabla de la liga inglesa. Con esa fotografía, David Spurden ganó el premio World Press Photo en la categoría “Deportes Foto individual” en el año 1995.

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Gatopardismo en estado puro

Primero, Julio Grondona dijo en Diputados: “Jamás tuve relación con los barras”. Luego, en el programa de Jorge Rial, afirmó: “En los clubes no se toman barrabravas. Se meten y no los podés sacar”. El presidente de AFA, como siempre, esquiva el bulto con declaraciones de compromiso. Por DIEGO BONADEO

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eses antes del Mundial que organizó España en 1982, empezó a tomar cuerpo, aunque embrionariamente, la organicidad de la asociación ilícita “barrabravas-turistas”. Por entonces, y alrededor de Carlos Alberto de Godoy, jefe de la barrabrava de Quilmes que “militaba” con el seudónimo de El Negro Thompson –en perverso remedo del recordado boxeador panameño naturalizado argentino Luis Federico Thompson–, se fue forjando la ilusión de los violentos de viajar a aquel Mundial, un poco como antecedente de lo que veintiocho años después, para el campeonato de Sudáfrica, fue Hinchadas Unidas Argentinas (H.U.A.), que con respaldo del gobierno kirchnerista llevó alrededor de trescientos violentos al Mundial. Esa “entidad” también inauguró un petit hotel en la calle Junín, en Capital Federal, y apretó a la Comisión Directiva de Independiente para que los súbditos de Bebote –el jefe de la barra del club de Avellaneda– tuviesen un conchabo como “acomodadores” los días de partidos. Tal como lo cuenta Alejandro Fabbri en su recopilación Nuevas historias negras del fútbol argentino, de Godoy había

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estado dos años preso por el asesinato del hincha de Boca Adrián Servín Martínez, pero ya absuelto le contó al periodista Daniel Míguez: “siempre hubo líos en las canchas, pero como de un tiempo a esta parte, nunca. Yo le dije a Grondona, hace dos años, que haciendo en la AFA una reunión de representantes de hinchadas se acaban los líos, porque con el diálogo se va a llegar a una solución, y con la represión, no”. Y sigue el relato del barra en el libro de Fabbri: “fui a la AFA y se lo propuse a Grondona, y él me dijo que primero juntara a la gente y después hablábamos. Entonces les di un a nota a cada uno de los dirigentes de todos los clubes en la misma AFA. Todo con notas, todo por derecha. Después nos reunimos. Al principio fue difícil porque unos se tenían bronca con otros, pero quedamos

de acuerdo en cortarla con las broncas. Entonces fuimos a decirle a Grondona que ya estábamos. Necesitábamos 150 mil dólares para ciento cincuenta pasajes con estadía. Nosotros éramos ciento cuarenta, siete representantes por cada club, así que sobraban diez lugares, que se los ofrecimos a la AFA...”. De Godoy continuó el relato puntualizando supuestos sponsoreos de Adidas, de la cervecería Quilmes y de Amalia Lacroze de Fortabat, y contactos, vía Aragón Cabrera (River Plate) y Ríos Seoane (Deportivo Español), con Coca-Cola. Aparentemente, sólo faltaban los pasajes, pero no tuvieron suerte ni con el Secretario de Deportes Santiago Leyden ni con el represor vinculado al fútbol Carlos Alberto Lacoste. Estalló la guerra de las Malvinas, y cuando, con los pasaportes listos, según El Ne-

“Yo le dije a Grondona, hace dos años, que haciendo en la AFA una reunión de representantes de hinchadas se acaban los líos”. (El Negro Thompson, barrabrava de Quilmes, 1982).


gro Thompson, fueron otra vez a ver a Grondona, el presidente de la AFA se negó: “Negro, los pibes se están matando allá abajo y ustedes quieren ir a España…”. Como de Godoy murió en 1989, en la medida en que quizás no hubo testigos, Grondona podrá negar todo lo relatado en cuanto a su conocimiento de integrantes de barrabravas de vieja data. Así como en su larga historia de respuestas por lo menos equívocas ha desmentido un sinnúmero de verdades cuasi comprobadas. Lo cierto es que por fin, en 1986, para el Mundial de México, siempre con Grondona al mando de la AFA y con la Selección Nacional que fue campeona a pesar de Bilardo, aparecen los primeros

barrabravas vernáculos en una Copa del Mundo, casi coincidiendo con el principio del fin de los hooligans británicos. Desde entonces y hasta ahora, salvo quizás en 2002, porque no era para cualquiera ir al Mundial que organizaron conjuntamente Corea y Japón, la patota anduvo por todos los Mundiales, pero nunca tan desembozadamente bancada por el Gobierno como el contingente de Hinchadas Unidas Argentinas que viajó a Sudáfrica para el último torneo. Lo que sí resulta absurdo –lo demás debiera serlo, pero no lo es tanto dada la naturalización de lo que no se debe en Argentina– es que con motivo de la presencia de los barras en Sudáfrica, Julio Grondona haya sido citado por las Comisión

de Deportes de la Cámara de Diputados de la Nación, como si los asociados ilícitamente que viajaron fuesen jugadores de básquet o dirigentes de natación. Pero Grondona concurrió, y como sucede casi siempre, la supina ignorancia de los legisladores pudo menos que la dialéctica del hombre fuerte de Viamonte 1366. De todos modos, de haber concurrido Grondona y su ladero Meiszner a otra comisión –la de Relaciones exteriores, la de Seguridad o alguna por el estilo– para explicarles a nuestros representantes su histórica vinculación con los violentos, uno supone que tampoco nada hubiera cambiado. Es que el gatopardismo, para ciertos personajes, ya es una forma de vida. O, por mejor decir y mejor escribir, un estado de ánimo. Total, “todo pasa”.

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Corto el amor, largo el olvido

En 2011 regresan los torneos largos, más cercanos al gusto de la mayoría de los hinchas según la Gran Encuesta Nacional realizada por Un Caño hace meses. También, como sugeríamos en aquella oportunidad, llegaría el Torneo Argentino. Como es imposible que todos estemos de acuerdo, en esta nota se desarrollan argumentos para un lado y otro de la balanza, sostenidos en incomprobables ciencias exactas. Por ALEJANDRO FABBRI

L

os números pertenecen a un universo diferente. Los matemáticos, aquellos que se han especializado en utilizarlos para resolver cuestiones fundamentales del género humano, tienen argumentos de sobra para explicar las razones que los hacen únicos e imprescindibles. Existe –existió siempre– una resistencia permanente en algunos sectores que descreen de su utilización, que prefieren refugiarse en la teoría, en la simplificación de un concepto ampuloso, grandilocuente, que no termina alumbrando –como debería– una frase que nos permita esclarecer nuestra propia ignorancia. Damos fe de que muchas veces sucede así, pero que en el fútbol –puntualmente– la historia es diversa. El fútbol no es una ciencia exacta, se sabe. Entonces, los datos, la estadística propiamente dicha, no terminan de reflejar la verdad. Tampoco la desmiente, la menoscaba. Entonces, hay que convivir con un término medio. En nuestro caso, más inclinado a la cues-

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tión numérica, mientras que otros optan por el concepto, enamorados de las palabras como están. Las cifras, en todo caso, sirven para ejemplificar con su contundencia, argumentos que merecen ser escuchados si tienen una base seria, sustentable. Por eso es que la modificación de los campeonatos llega cuando –casualmente– los poderosos no dan pie con bola y tienen serios problemas para mantenerse lejos de la lucha por no descender. Los torneos cortos –quedó dicho en esta misma revista hace tiempo– se implementaron ante la desesperación de varios equipos grandes (Boca, San Lorenzo y Racing) porque no podían ganar un torneo largo. Los ejemplos últimos habían

sido decisivos: River, Rosario Central, Newell’s, Independiente y nuevamente River se habían quedado con los títulos a partir de 1985/86, cuando se decidió copiar el estilo europeo y jugar de agosto a mayo, como en el viejo continente. Quedaba en el aire la promesa de viajar a disputar amistosos por Europa, algo que nunca ocurrió. Para colmo, aquel Newell’s de Bielsa le escamoteó a Boca el título de la temporada 1990/91 con la definición por penales y el festejo en plena Bombonera. Era el acabose. Llegó la modificación y se solucionaron los problemas. Boca se consagró en el Apertura de 1992, tras once años de frustraciones que abarcaron catorce campeonatos. San Lorenzo lo hizo cuando

En los campeonatos tradicionales, entre 1931 y 1966, nunca un equipo que no fuera alguno de los cinco grandes ganó un título.


Quilmes 78, Estudiantes de La Plata 82 (foto) y Argentinos 84 son los únicos equipos chicos que ganaron torneos de más de 24 fechas.

torció el brazo del sorprendente Gimnasia de Griguol en 1995 y festejó tras veintiún años. Lo de Racing, como siempre, fue más difícil y más esperado. El séptimo título llegó en 2001 con Mostaza Merlo como entrenador y una ventaja mínima ante el poderoso River de Ramón Díaz. Sin embargo, errores propios y virtudes ajenas convirtieron los últimos torneos cortos en muy difíciles de conquistar para los clubes que ejercieron su dominio en los primeros cincuenta años de profesionalismo. Por esa razón se han alternado ocho campeones en los últimos ocho torneos: Estudiantes, San Lorenzo, Lanús, River, Boca, Vélez, Banfield y Argentinos Juniors se han quedado con su propia vuelta olímpica. Los cuadros de Avellaneda brillaron por su ausencia, Central se fue al descenso, y Huracán, también. Aparecieron fortalecidos Colón, Newell’s, Godoy Cruz y su histórica participación en la próxima Copa Libertadores. Demasiado para mentes conservado-

ras y poco abiertas a los cambios como los que ocurren en el fútbol vernáculo. La historia es contundente: en los campeonatos tradicionales entre 1931 y 1966, nunca un equipo que no fuera alguno de los cinco grandes ganó un título. Desde allí comenzó otra historia, con la división entre Metropolitano y Nacional: llegó el turno del Estudiantes de Osvaldo Zubeldía, los equipos rosarinos, el Huracán de Menotti, Chacarita Juniors, el Ferro de Griguol, aquel Argentinos delicioso de Yudica y Saporiti y algunos ejemplos más. Siempre, eso sí, en torneos de veinticuatro partidos o menos. Las únicas excepciones fueron Quilmes en 1978 –con River e Independiente diezmados por el Mundial 78 y Boca jugando la Copa Libertadores– y los mencionados Estudiantes de 1982 y Argentinos de 1984. Ya con otro fútbol, llegó el turno de los Canallas de Zof y los pibes de Yudica. Pero los datos son irrefutables, tanto como el increíble promedio para

evitar el descenso, con dos años en 1983 y tres años promediados desde el retroceso de Racing. Obvio que hay argumentos para defender los campeonatos largos: entre ellos, la supuesta menor presión. Una serie de derrotas no debería provocar el alejamiento de un entrenador, las treinta y ocho fechas darían un margen mayor de recuperación a cualquier equipo, bla, bla, bla… Lo concreto es que aquellos que tienen más dinero tendrán la chance de armar mejores planteles y sacar ventaja. En el medio están los que argumentan que las Copas les quitarán piernas y armas a los clubes más organizados (Estudiantes, Vélez, Newell’s) y que el camino quedará libre para los poderosos venidos a menos. Sencillo: habrá que esperar y ver pasar el cadáver del torneo corto mientras renace el formato tradicional, aquel que le sienta mejor a los que más tienen. O los que más tuvieron y no se resisten a perder lo que antes era un “derecho natural”.

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Los torneos originarios En plena selva misionera, las comunidades aborígenes juegan su propio campeonato de fútbol. Participan doce equipos, cada fecha se realiza en una aldea distinta y los árbitros también son aborígenes. “Nuestra idea es hacer un seleccionado”, dice uno de los caciques. Por MARIANO MURPHY


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rboles y más árboles. La vista se pierde en un precipicio selvático de palmeras, pinos, cedros... Sobre el Valle Cuña Pirú, en una canchita de tierra rojiza, también se ven troncos. Troncazos. Unos le pegan de punta y para arriba. Otros gambetean. Hace calor. Mucho calor. El Bambino Veira diría que el clima del partido es tropical, pero no precisamente por la ebullición de las tribunas (de hecho, no hay tribunas ni vestuarios ni siquiera mucho pasto en la canchita), sino por el propio calor tropical de la selva misionera y la naturaleza, que parece ocuparlo todo. Aquí, entre lianas tarzanescas, monos, helechos y tucanes, se juega un torneo de fútbol. Aquí, donde sólo falta que de entre la maleza aparezca el león de Daktari, se juega la Liga Intercomunitaria Aborigen. Contrariamente a lo que muchos podíamos creer, los chicos aborígenes no andan en taparrabos o en pelotas, sino que, como cualquier pibe de Caballito o de Mataderos, juegan a la pelota. Tampoco llevan arco y flecha, sino que, como cualquier pibe de Villa Crespo o de Belgrano, intentan apuntarle al arco. Al igual que tantos otros cracks que traspiran la camiseta en las canchitas de alfombra verde y Gatorade tan presentes en la selva de cemento, los chicos aborígenes también se visten de futbolistas para el ritual de correr atrás de una pelota. Lucen camisetas de fútbol, medias de River y de Boca. Pantaloncitos Adidas. Botines Puma. Pero la marca que más resalta en esos botines es el polvillo colorado, rastro inconfundible de la provincia.

Hay que saltar, hay que saltar Misiones es eso: el polvillo colorado. También, las Cataratas del Iguazú. Las ruinas de San Ignacio. La yerba mate.

Los mosquitos. La selva subtropical, que ocupa un 35% de su territorio. Micros y más micros. Contingentes de jubilados que llegan a ver los saltos de agua. Estudiantes. Parejitas de luna de miel. Turistas europeos, yanquis, japoneses... Sobre Aristóbulo del Valle, localidad de alrededor de 10 mil habitantes, la ruta 7 sube los cerros del Valle Cuña Pirú (que significa “mujer flaca”). Este lugar, ubicado a unas dos horas al nordeste de Posadas, es conocido por sus saltos de agua: una de las estrellas que se roba las miradas y los flashes es el Salto Encantado, que tiene una caída de 60 metros de altura. Ahora la pelota cruza el cielo, y los que saltan son dos pibes. En la canchita “Tierra Colorada”, en el mismo Valle Cuña Pirú, se enfrentan Kaa Pii contra Poty, por la segunda jornada de la Liga Intercomunitaria Aborigen, un torneo de fútbol once del que participan aborígenes de las comunidades de Aristóbulo del Valle, Bernardo de Irigoyen, Jardín de América, Puerto Leoni, Ruiz de Montoya, Capioví y 25 de Mayo. Al costado de la cancha hay yuyales, casillas de madera. Aquí, la pelota no se va a la calle o a lo del vecino: se va directamente a la selva. Aquí, el canto de la tribuna no es otro que el sonido de los tucanes, de los pájaros carpinteros, de las urracas, los boyeros, las sucuás. Para un bicho de ciudad, este ruido intimida más que el estrépito de la Bombonera o del Monumental. Con jugar en la Bombonera soñó alguna vez Laurito Chamorro. Lleva jeans y

una chomba azul algo gastada. Usa reloj. Tiene 38 años, el pelo negro, la piel curtida. Es un tipo que pasaría inadvertido esperando el bondi en Constitución. Pero Laurito no espera el bondi. Es el cacique de la comunidad Kaaguy Poty y el presidente de la Liga Intercomunitaria. Hincha de Boca, dice que era delantero, pero que ahora, con la edad, cada vez juega más retrasado y que en cualquier momento termina en el arco. “Nuestros padres y abuelos -cuentaya jugaban al fútbol. No es algo nuevo para nosotros. El torneo nació hace dos años. Se juega los sábados, y cada fecha se va cambiando la sede. Esto nos sirve para relacionarnos e integrarnos con las demás comunidades. Empezamos sin nada y hoy ya somos doce equipos. El torneo es sólo para aborígenes. Nuestra idea es hacer un seleccionado, un equipo federado, que represente a los aborígenes en una de las ligas de la provincia”.

La mano de Tupá (Dios) Algunas poblaciones aborígenes viven a la vera de la ruta provincial Nº 7, que une la localidad de Aristóbulo del Valle con la ruta 12, que llega a Iguazú. Con apenas adentrarse un par de cuadras en la selva (sí, el porteño también mide las distancias selváticas en cuadras), la vegetación se abre y aparecen las aldeas. En la actualidad, en Misiones están registradas 75 comunidades aborígenes en las que habitan unas 5.000 personas que conforman cerca de 1.400 familias.

“La idea es hacer un seleccionado, un equipo federado, que represente a los aborígenes en una de las ligas de la provincia” (Laurito Chamorro)

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En muchas aldeas no hay luz ni agua potable. Las casas están construidas con ramas y cañas. El piso es de tierra y, allí, apoyados sobre la tierra misma, se ven algunos televisores. Si bien son varios los que todavía viven de la caza y de la pesca, lo cierto es que, acorralados por el blanco y por la explotación forestal de las empresas madereras e industrias papeleras, los aborígenes debieron reducir sus territorios y ya no pueden vivir de lo que les da la selva. Además, la tala implica para ellos la pérdida de una “farmacia natural”, en la que identifican alrededor de 150 plantas medicinales. Estas comunidades son noticia cuando complican el tránsito con sus marchas en reclamo de tierras y títulos de propiedad. También son noticia por peleas pendencieras o por desnutrición infantil. Un caso relevante fue el que ocurrió en septiembre del 2005, cuando la Justicia debió intervenir para que se operara a Julián, un chico de tres años de la aldea Pindó Poty, que estaba enfermo del corazón. Confiados en la sabiduría de los jefes espirituales, sus padres no creían en la medicina del blanco porque el cacique de la aldea había tenido un mal sueño. “Tupá (Dios para los guaraníes) me mostró una piedra en el corazón de Julián. Y cuando lo operaban, enseguida se moría”, les había dicho el cacique. Por ese mal sueño, el Consejo de Ancianos, Guías Espirituales y Caciques Mbya Guaraní había decidido

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que Julián no fuera operado y entonces sus padres sólo autorizaban la medicina natural guaraní y los rezos al dios Tupá. Finalmente, el chiquito fue intervenido quirúrgicamente en el hospital Gutiérrez de Buenos Aires. Tras más de un año de deambular entre la medicina blanca y la ancestral, falleció en la selva. Doce horas después murió su hermanito Agustín, de dos meses, presuntamente por neumonía (en las comunidades la expectativa de vida es de 40 años y la mayoría de los que mueren son niños). “Hay gravísimos problemas de salud”, dice Victoriano Acosta, cacique de la aldea Ojo de agua, en Concepción de la Sierra, a 115 kilómetros de Posadas. “En nuestra comunidad cada quince días vienen doctores del hospital que está a 18 kilómetros. Pero en otras, no es tan así”. Victoriano, de 43 años, es además coordinador de la Dirección de Asuntos Guaraníes y cuenta que en su aldea hay agua potable pero que la luz todavía no llegó. También que funciona diariamente una escuela satélite bilingüe con un maestro blanco y otro guaraní. “Nuestra comunidad tiene 48 hectáreas –precisa–. Pero los guaraníes ya no podemos

vivir de lo que nos da la selva”. “Como en cualquier otro lado, acá lo que más cuesta es conseguir trabajo”, dice Laurito Chamorro, el cacique de la comunidad Kaaguy Poty. El trabajo habitual, señala, varía entre fabricar y vender artesanías en los lugares turísticos, cuidar campos de yerba o de té y ser taraferos (recolectores de yerba). Algunas comunidades viven del turismo, ya que además de vender sus artesanías, se han convertido en paseos comerciales pensados para el extranjero. Grupos de turistas (dícese de esa mezcla de Off! y protector solar, cámara fotográfica y documentales de la National Geographic) pueden recorrer las aldeas. La propuesta para los visitantes incluye conocer las estrategias de caza de los aborígenes, el armado de trampas para animales y los secretos sobre el uso de plantas medicinales. Durante el recorrido, algunos buscan sacarse fotos con los habitantes de la aldea, como si fueran los lobos marinos de La Rambla o el Pato Donald de Disney…

Vera Jejú (lo que se ve) En la cancha de Cuña Pirú ahora juegan el “pasarela” (nada que ver con Daniel Alberto; refiere a una pasarela en la selva, a un sendero) ante el Tabay (significa “pequeño pueblo”) de Puerto Leoni. Algunos de los otros equipos que participan de la Liga son el Kaaguy Poty (“flor de la yerba mate”), el Kaa Kupé (“entre la yerba mate”, algo como escondido), el Kapií Poty (“flor del pasto”) y el Vera Jejú (“lo que se ve”). En esta canchita del valle, lo que se ve es que los pibes corren, juegan, meten, marcan… El termómetro también marca. Orlando Céspedes, de la Dirección de Deportes, precisa que el torneo se juega con 42 grados. ¡¿42?! Hasta las lagartijas usan sombrillas… Dante Pigerl busca, como todos, algo

“A nuestra comunidad cada quince días vienen doctores del hospital que está a 18 kilómetros. Pero en otras, no es tan así”. (Victoriano Acosta)


de sombra. Es uno de los pocos yuruas (“blanco” en idioma mbyá) que están al costado de la canchita viendo los partidos. No se peina para las fotos. Es pelado y es el Director de Deportes de la provincia, aunque no lleva saco ni corbata. Viste una remera negra Nike algo estirada. Tiene 43 años. Es soltero. Hincha del Millo. Ex zaguero central, pasó por las Inferiores de Ferro y de River, en 1983. “Jugué con el Goyco, Troglio, el Cani”, saca pecho. También pasó por Guaraní Antonio Franco, Atlético Posadas, Huracán de Montecarlo, Crucero del Norte. “Trabajé ocho años en comunidades y entablé una relación con los aborígenes –cuenta–. El deporte sirvió mucho para eso. A partir del 2009 ellos se organizaron y crearon su propio torneo de fútbol sin invitar a ningún blanco. La seguridad de los partidos está a cargo de los mismos soldados que los caciques tienen bajo sus órdenes. En cuanto al traslado de una comunidad a otra, algunos van en los camiones municipales, otros en auto o directamente

a pie. Acá hasta los árbitros son aborígenes. Ahora irán a hacer un curso para tener un poco más de capacitación”. Dante cuenta que además del fútbol, en las aldeas se practica el mangaá, que es una especie de vóley. Se desarrolla dentro de un círculo y no hay que dejar caer la pelota (hecha de la chala del maíz). En esta actividad no hay ganadores ni perdedores (pobre Bilardo). Es sólo un juego de destreza.

Genio, barrilete cósmico, ¿de qué aldea viniste? Angel Miño es periodista de Radio Provincial de Misiones y del diario Primera Edición. “La realización de la Liga Intercomunitaria Aborigen –dice– es el inicio de un proyecto que necesariamente debería desembocar en la participación de un equipo de las comunidades en una Liga como la de Oberá, San Vicente o Puerto Rico, que están más próximas a las distintas aldeas guaraníes”.

Ángel también cuenta que uno de los cracks que ha dado el fútbol aborigen es Felipe Duarte, de la comunidad de Andresito. En los 90, Duarte jugó en el Tigre de Santo Pipó, un equipo que dominó los torneos organizados por la Liga Posadeña, y que participó en los campeonatos regionales. “Ahí también jugó el árbitro internacional Néstor Pittana”, revela. Nacido en Corpus, departamento de San Ignacio, Pittana no tiene busto en la plaza principal del pueblo pero, junto con Chiquito Romero (oriundo de Bernardo de Irigoyen), ya es un ídolo y un prócer del fútbol de Misiones. “Duarte también tiene su fama –dice Ángel Miño–. El es de los pocos casos de futbolistas aborígenes que han trascendido a su aldea. Es que a los aborígenes se los relega únicamente a actividades relacionadas con sus comunidades y sólo algunos clubes tienen entre sus jugadores a los habitantes originarios de la tierra. No es otra cosa que nuestro prejuicio el que discrimina a los aborígenes de los deportes”.

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Cuando el soccer venció al football

En 1950, un equipo semi-amateur de Estados Unidos le ganó un partido del Mundial al inventor del deporte, Inglaterra. La película El juego de sus vidas lleva a la pantalla a esos hombres olvidados desde una clásica mirada hollywoodense: con poca rigurosidad y mucho heroísmo nacionalista. Por MARIANO MANCUSO

“Ya era hora de que venciéramos a esos bastardos”, gritó con bronca Charlie Colombo apenas el ruido del silbato marcó el final del partido. Ese 29 de junio de 1950, en Belo Horizonte y contra todos los pronósticos, un equipo semi-amateur de Estados Unidos le ganó 1-0 a una Inglaterra repleta de consagrados, en una de las mayores sorpresas de la historia de los Mundiales. El film El juego de sus vidas, disponible en cualquier video de barrio o en Internet, cuenta esa historia épica con la típica pompa hollywoodense, pero con varias escenas de juego muy bien compuestas. Todo comienza en Saint Louis, la cuna de fútbol en Estados Unidos. La base de ese histórico plantel vivía y jugaba en The Hill, el barrio italiano de la ciudad. Frank Borghi, chofer de una funeraria y condecorado veterano de guerra, era el arquero. Gino Pariani, obrero portuario, el inside derecho. Frank Wallace, un camionero que desembarcó en Normandía y fue prisionero de los alemanes, el wing derecho. Colombo era el brutal centro half, un verdadero carnicero que trabajaba en un frigorífico y al que apodaban Guantes porque jugaba con los mitones

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que usaba en la fábrica. Los cuatro, más Robert Annis, quien fue suplente, coincidían en el Saint Louis Simpkins-Ford, un equipo bancado por el dueño de un local de repuestos para autos. Harry Keough fue el sexto hombre que aportó la ciudad. Era fullback derecho y repartía el correo. Tras varias pruebas, el equipo se completó con futbolistas de un puñado de clubes del Este del país. Entre ellos, Walter Bahr, un profesor de educación física que era half izquierdo, John Souza, un mecánico y habilidoso inside izquierdo, y otro Souza, Ed, wing izquierdo, que no era pariente pero sí descendiente de portugueses. Todo el plantel jugaba

en algún equipo, pero ninguno se ganaba la vida con el fútbol. Trabajar de otra cosa era una necesidad. El llamado a la Selección les garantizó 100 dólares por semana, pero debían lavarse su propia ropa. Era una suma considerable, el doble de lo que ganaba Bahr en Filadelfia, por ejemplo. Unos días antes de ir a Brasil, se sumaron el escocés Ed McIllveny, half derecho, el belga Joe Maca, fullback izquierdo y decorador de interiores, y el haitiano Joe Gaetjens, centro forward que estudiaba contabilidad en la Universidad de Columbia y lavaba copas en un bar de Harlem. La preparación fue fugaz. Se juntaron en Nueva York y apenas se probaron ante un combinado de la Premier inglesa. Perdieron sólo por 1-0, pero la película agiganta la caída para subrayar las diferencias de nivel. Los números habrían sido suficientes para lograrlo. Estados Unidos llegó a la Copa con siete derrotas seguidas, dos goles a favor y cuarenta y cinco en contra. Inglaterra se presentó a su primer Mundial con veintitrés triunfos en los últimos treinta partidos. Para la prensa global eran “Los reyes del fútbol”, además de sus creadores.


El presupuesto limitado de 13 millones de dólares (para producir el film Avatar se gastaron cerca de 300) hizo que el director David Anspaugh, realizador de clásicos deportivos como Hoosiers, con Gene Hackman y Dennis Hopper, se quedara con las ganas de desarrollar las complejas vidas de los protagonistas. Sin embargo, se puso una meta ambiciosa: “hacer la mejor película de fútbol de la historia”. Aunque no lo logró, montó un film donde el juego se representa fielmente, con gran trabajo de ambientación, vestuario y fotografía. El secreto de esas escenas futboleras, en las que no hubo dobles, está en las actuaciones. En parte, esto se consiguió gracias a las dos semanas de práctica que los actores tuvieron con Eric Wynalda y John Harkes, ex jugadores de Estados Unidos en los 90. También ayudó la selección del elenco, tras más de 6.000 audiciones en nueve meses. Gerard Butler –Leonidas en 300– se luce en el papel de Borghi. El escocés muestra agilidad en sus atajadas y borra de la historia del cine el triste estereotipo de arquero que Stallone instaló en Escape a la victoria. Wes Bentley, el chico misterioso de Belleza Americana, se destaca como Bahr. Gavin Rossdale, el cantante de la banda grunge Bush, cumple a la perfección el rol de malo que el guión le dio a Sir Stanley Mortensen, el centro-delantero inglés. Frío, fino y altivo, dentro y fuera de la cancha, dan ganas de tenerlo de rival para castigarlo. El film también acierta al captar la atmósfera del barrio ítalo-estadounidense y el clima de posguerra. Los jóvenes soldados que vuelven para formar sus familias, el baby boom, las comunidades extranjeras que buscan reafirmar la nacionalidad adoptada… Pero amparado en el dramatismo, y basado en la premisa de que la realidad no es suficiente para Hollywood, el guión altera los hechos y agranda los rasgos de los protagonistas, caricaturizándolos. Algunas situaciones se comprenden, pero decir que el debut fue ante Inglaterra, cuando fue un 1-3 ante España, o que Gaetjens era un negro fanático del vudú, cuando era mestizo (padre alemán, madre haitiana) y católico, parece innecesario.

Lo peor del film es su triunfalismo chauvinista y militar. La idea subyace siempre y se concentra en la escena más lamentable de todas: un general le entrega al plantel las camisetas blancas con puños azules y una banda roja, de fondo ondean las barras y las estrellas, y se habla de la Guerra de Corea. Miren si será patriótica la película, filmada en 2003 y estrenada en 2005 en apenas diez salas, que se editó en DVD el 11 de septiembre de 2006. Sí, para el quinto aniversario del atentado contra las Torres Gemelas. La batalla final es el clímax. En la primera jugada, los europeos ya hacen revolcar a Borghi, quien siempre reconoció haberse preparado “para no recibir más

–explica–, probablemente le habría pegado también”. La prensa británica agrandó la caída diciendo que el equipo yanqui era “el más extraño de la historia” y que sus jugadores habían llegado al partido “en el temprano estado de felicidad que da una resaca”. Varios diarios pensaron que el resultado era un error de tipeo y publicaron que había salido 10-1. En Estados Unidos nadie le dio importancia o lo creyó posible. Cuando al presidente de la Federación le leyeron el telegrama, dijo “¿a quién diablos creés que le estás tomando el pelo?”, y llamó a Inglaterra para confirmar la noticia. A los pocos días, Estados Unidos cayó 2-5 ante Chile y que-

de cinco o seis goles”. Los postes y el arquero mantienen como pueden el 0-0. Pero a los 37 minutos pasa lo imposible. Bahr recibe en mitad de cancha y patea cruzado. Gaetjens se tira de palomita, cambia la trayectoria de la pelota y descoloca a Bert Williams, el uno inglés, para marcar el gol histórico. Estados Unidos defiende el triunfo con los once. Estaban tan metidos atrás que “no se podía ver el arco”, recuerda Williams. En el final, algo que falta en el film, Mortensen escapa y tiene la chance de igualar. Colombo salva la victoria con “un tacle de fútbol americano”, como recuerda Keough. “Si su mamá hubiera estado en el otro equipo

dó eliminado del Mundial, algo que por supuesto la película no relata. El cine rescató del olvido a esos veinteañeros, extranjeros e hijos de inmigrantes, pero la fama y el reconocimiento masivo recién los alcanzó, a los pocos que quedan vivos, este año, cuando Estados Unidos e Inglaterra volvieron a enfrentarse. Hace sesenta años todo fue muy diferente. “Cuando nos fuimos, en el aeropuerto no había nadie; y cuando volvimos, tampoco”, lamenta Bahr. “Apenas estaba mi mujer -agrega- y la esposa de uno de los jugadores de Saint Louis, que fue hasta ahí sólo para regañarlo por haber tardado tanto en volver”.

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Cola de ratón

El Club Social Cultural y Deportivo Muñiz pasa el año desafiliado por haber sido el último en la Primera D. ¿Qué hace para sobrevivir? ¿Y sus jugadores? ¿Cómo prepara su vuelta? El Rayo regresará en 2011 sin necesidad de jugar ninguna clasificación pero todavía no se sabe si tendrá equipo. Por DEMIAN MELTZER

“Seguramente, mi sueño fue salir campeón con Muñiz, pero es como si corrieras una carrera de Fórmula 1 con un Fitito: de movida sabés que no vas a ganar y que hay que conformarse con llegar. O a veces ni siquiera eso”. El Club Social Cultural y Deportivo Muñiz tiene setenta y ocho años de vida (nació el 9 de julio de 1932 en General Sarmiento, hoy San Miguel). En 1954, se anotó en los torneos de la Asociación del Futbol Argentino. Alguna vez, allá por la década del 80, supo ser un Mercedes Benz, o una Ferrari (queda a gusto del lector). Y llegó primero. En 1981 ganó un Reducido y subió a la Primera C. En la temporada 86/87 fue campeón en la D. Sin embargo, en las últimas dos décadas visitó seguido el taller mecánico: sufrió seis desafiliaciones temporales, las últimas tres, consecutivas. ¿Qué significa ser desafiliado? Cuando un equipo termina último en los promedios, desciende de

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categoría: de la A te vas a la B Nacional, de ahí a la B Metro, y así… ¿Y si te va mal en la D, qué sigue? Por ser el peor de los peores en la divisional más baja del fútbol argentino, y no tener dónde seguir compitiendo, el club queda suspendido por un año. Y eso es lo que le viene pasando a Muñiz, que desde el 2006 no consigue jugar dos temporadas seguidas. Y a Luis González, el autor de la metáfora automovilística, le duele. No es para menos: fue el Alex Ferguson del Rayo rojo: lo dirigió durante 13 años (desde 1993 a 2006). Y una anécdota lo pinta de cuerpo entero: en su último partido como técnico, Muñiz ganaba 2-1; cuando faltaban dos minutos, el rival tenía una contra que iba a terminar en gol. “Entonces me metí en la cancha, agarré la pelota y me fui al vestuario. Como ganaron Riestra y Deportivo Paraguayo, igual quedamos desafiliados”. Y sí: en ese 2006, de 34 partidos sólo habían triunfado en uno. En

el 2008, sobre 102 puntos, sumaron apenas 13. Y en este 2010, la cosecha llegó a 14, y se despidieron de la categoría a seis fechas del final (0,411 de promedio). Con los diferentes exilios, la institución de la que Silvio Soldán es su socio vitalicio y su hincha más famoso no perdió su esencia: como lo indica su nombre, sigue siendo un club social, cultural y deportivo. Entrar a su sede cualquier día por la tarde es como estar en el patio de un colegio en pleno recreo: es un bullicio de voces infantiles. Allí se practican 27 disciplinas. El handball, el vóley, el patín artístico y las artes marciales son las preferidas del piberío. ¿Y el fútbol? Bien, gracias. Porque equipo que se queda un año sin jugar inevitablemente se desarma. “Siempre la intención fue seguir compitiendo en ligas locales para volver de la mejor manera, pero no podemos cortarle las piernas a nadie. Y si algunos logran fichar en otro equipo, tienen el pase a disposición”, se


resigna Marcelo Markic, presidente desde el 2008. Y deja una cruda revelación: “si hay que ser sinceros, para nosotros la desafiliación fue un alivio”. A la máxima autoridad del club (no hay Comisión Directiva ni Departamento de Fútbol) se le hacía cuesta arriba juntar los 6.000 pesos mensuales que requería salir a la cancha, entre el alquiler de un estadio –sin casa propia desde el 86, en el último año Muñiz adoptó la localía en Atlas y en Acassuso–, el operativo de seguridad y la ambulancia, los micros para jugar afuera y el refrigerio para los jugadores. Y la prohibición de asistir al público visitante en todos los partidos del Ascenso fue como hacerle un agujero en la billetera a un club que, con toda la furia, convoca a cien hinchas por partido. “Antes, enfrentar a Ituzaingó, Dock Sud o San Martín de Burzaco era una salvación: las 500 personas (igual a 500 entradas) que se acercaban nos redituaba una suma que alcanzaba para cubrir el presupuesto cada treinta días”, se agarra la cabeza Markic. Entonces, la vuelta, ¿a qué costo? ¿Perdiendo los últimos dieciocho partidos? (en total, fueron veintiséis las derrotas) ¿Regalando los dos clásicos contra Juventud Unida? ¿Recibiendo de a tres, cuatro, cinco u ocho goles, como el 8-0 que le encajó Liniers? Al final, siempre aparece un sponsor, allegados a la institución, o comerciantes de la zona, que aportan una mínima cantidad de dinero. Para la última temporada se logró armar un presupuesto de entre 15.000 y 20.000 pesos. Y la ilusión se puso en marcha de nuevo. Se contrataron jugadores de otros clubes (del campeón Midland, de Yupanqui, de Ferrocarril Urquiza, entre otros), pero como en lo futbolístico no se colmaron las expectativas y a los refuerzos nunca se les cumplió con la promesa de pago, la mayoría se alejó antes de alcanzar la decena de partidos. Al receso de verano, Muñiz llegó sin once futbolistas, un equipo entero. Y a lo largo de los treinta y cuatro partidos, utilizó cuarenta, con dos entrenadores diferentes: Fernando Ramos (dirigió veintidós fechas) y Luis de Miranda (perdió sus doce partidos). Al final, terminó completando la temporada con todos los clichés de un equipo del Ascenso en desgracia: números de la camiseta con cinta aisladora, pérdida de un partido por la mala

inclusión de jugadores (contra Yupanqui) y acudiendo a juveniles de la Cuarta y la Quinta para juntar los 18. Y doce meses después habrá que empezar otra vez de cero. Porque, actualmente, Muñiz no tiene equipo. Hay algún intento aislado de Matías Mancini y Javier Gómez, dos ex futbolistas que en el 2008 tuvieron un paso fugaz como dupla técnica, de mantener despierta la ilusión con los entrenamientos de la Cuarta División. Y así, contar con jugadores propios. Pero recién se estima para enero el comienzo del “operativo rearme”. Y ya no estará Juan Carlos Tobar, el Mudo, un lateral derecho incondicional que vistió la camiseta del Rayo durante diecinueve temporadas y se retiró este año. Para que este entrar y salir no se vuelva una constante, hay clubes que optan por una especie de gerenciamiento. Ferrocarril Urquiza, otro abonado a las desafiliaciones –sufrió seis–, se asoció en 2009 con la Universidad Abierta Interamericana, pasó a llamarse UAI Urquiza y, en la misma temporada que debía engrosar su promedio para no desaparecer (compitió contra con Muñiz), logró el ascenso a la C. Atlas,

otro ejemplo, revivió gracias a un reality show televisivo. También sucede que cuando esos capitales privados se van, a los equipos les cuesta mantenerse. Le pasa a Barracas Bolívar (ex Sportivo Barracas). Se mudó a la localidad bonaerense, subió a la C y en dos torneos peleó por ascender a la B. Pero los empresarios se fueron, el club volvió a la D y a la Capital Federal –de Bolívar usa sólo la cancha– y ahora está haciendo malabares para mantenerse, mano a mano contra un Puerto Nuevo que viene de quedar un año desafiliado. Es que a los clubes que “se van” de la D les guardan la plaza. Como la AFA tiene cerrado el cupo de afiliaciones directas, en la 2011/12 el Rayo reemplazará al equipo con peor promedio. Es automático. Sin necesidad de jugar ninguna clasificación. Cualquier club que aspira a jugar en el fútbol de la AFA debe inscribirse al Consejo Federal, ganar una liga regional y recorrer el camino de los torneos Argentino C, B y A, que lo depositará en la B Nacional, previa escala al Fútbol de Primera. Las imágenes de esta nota pertenecen al ensayo fotográfico Muñiz de Alejandro Lypzic.

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Asunto: UNA AGRUPACIÓN PLURALISTA

De Javier Cantero presidente de Independiente Místico Independiente Místico es una agrupación nueva en el Club Atlético Independiente, que se formó con socios que nunca hemos sido dirigentes en anteriores gestiones. En diciembre de 2011 aspiramos a ser la tercera alternativa, ya cansados de lo que sucedió en las dos últimas elecciones, donde los socios contaron sólo con dos posibilidades de elegir, que fueron las mismas en los dos actos electorales. Somos una Agrupación “viva” y militante, que no se circunscribe a criticar las últimas gestiones que nos han llevado a este presente, sino que además proponemos proyectos y siempre, como primer paso, presentamos oficialmente estas ideas al club. Aunque nunca han llevado adelante ninguna de ellas. En el último número de Un Caño se nos menciona como una agrupación de “ex comunistas”, nominando a tres integrantes de nuestra CD. Primero, quisiera aclarar que esa información es inexacta. Claudio Keblaitis no es ni nunca fue comunista. Además, es necesario resaltar que I.M. cuenta en la actualidad con cerca de 200 afiliados y, como en cualquier tribuna de fútbol, la ideología política de las personas que la integran es un arco iris multicolor. Comunistas, peronistas, radicales, socialistas y personas con otras ideologías políticas o simplemente apolíticas conforman nuestra agrupación. Es verdad y lo reconocemos, que I.M. trabaja para que nuestra institución retorne a su origen y trayectoria popular y deje el tinte elitista que impide la inscripción de nuevos socios. Estas convicciones no pertenecen a una ideología, sino a hombres y mujeres de bien, democráticos y sin distinción de banderías políticas. Quizás algunos referentes de la vieja política de Independiente renieguen de la aparición de gente nueva que se aproxime con la voluntad inquebrantable de aportar un soplo de aire fresco, pero respetuosamente informamos a los socios e hinchas que los cambios que proponemos son imprescindibles para dejar de una buena vez esta historia de deudas, incumplimiento de promesas, fracasos futbolísticos y desdén.

Asunto: LA MIERDA OFICIALISTA De Pablo González Ziliani

Los leo desde el primer número. Siempre desde la primera pagina hasta la última, salvo rara excepción. Me gusta el perfil de la revista, su forma de hacer periodismo, su pluralidad. Todo muy lindo hasta que adquiero el ejemplar de agosto. Acostumbrado a las diversas voces que tiene esta publicación, me sorprendí al notar ausencias de críticas futbolísticas de la actuación de la Selección de fútbol en el Mundial pasado. No sólo de críticas futbolísticas, sino también críticas hacia el mamarracho desenvolvimiento del 58 UN CAÑO | DICIEMBRE 2010

DT en su cargo (planteo táctico, declaraciones, caprichos, falta de respeto a periodistas, etc.). Entiendo la presencia de maradonianos en el staff, pero creí que el profesionalismo y su buen criterio llamarían a algún periodista para que atienda mi reclamo (que, creo, ha sido el de varios lectores). Lo cual no significa que abandone la compra de la revista. Sólo quería, como fiel lector, hacerles notar detalles no tan pequeños. También en el mismo número me sorprendí por la ausencias de notas con respecto a los Mundiales de hockey y básquet que se avecinaban (de este último, justo hoy leí en el numero de octubre una parte en la que hacían referencia a lo poco que el periodismo ha seguido su participación). Leí bastante sobre que los tildan de oficialistas. Si fuesen oficialistas estaría bueno que lo declarasen (yo creo que no lo son). Para despejar esas dudas quizá sirvieron el número de septiembre y octubre. Lo que les contrarresta es lo nombrado más arriba con respecto a Maradona y esa cualidad fanática (no sé si empleo el termino correcto) de algunos de los periodistas en defensa del Gobierno. Una vez más aplaudo la multiplicidad de voces, pero que sea siempre, no casi siempre. Así seguirá el respeto de mi parte y, creo, el de mucho de los lectores. PD: Aflojen con tanto fútbol. Más variedad en las notas y que vuelvan las dos páginas con una foto en particular.

Asunto: LA MIERDA OFICIALISTA 2 De Pablo Prado

Soy de los que lamenta que la revista se haya “oficializado”, extraño la etapa anterior donde Un Caño era totalmente deportiva. De todos modos, sigo valorando y disfrutando el restante espacio “apolítico” de la revista. PD: Muy bueno el informe de los viejos vinagres. Cada vez me asquean más las risas falsas de Benedetto festejándole cada “ocurrencia” a Niembro. ¡Y ahora lo ponen en Fútbol Para Todos! ¿Quién fue el genio al que se le ocurrió resucitar a Marcelo Araujo y a Julio Ricardo? ¿Quién le puso “relator del pueblo” a Araujo? Hay que ser muy alcahuete en la vida...

Asunto: BEDER VS. DE BIASE De Diego Brunetti Soy fiel lector de la revista desde el número 1 de la primera etapa 1 y muchas veces estuve por escribir con alguna opinión, crítica o reclamo, pero siempre lo iba dejando para más adelante, hasta que esa intención quedaba olvidada. Pero esta vez no la quiero dejar pasar. Leí con atención y detenimiento las dos notas relacionadas con el último Mundial de básquet (aclaro, soy jugador, entrenador y, humildemente, periodista de este deporte que me apasiona) y me quedé con ganas de comentarlas. Coincido en un gran porcentaje con las explica-


ciones de Germán Beder sobre la valoración del quinto puesto, teniendo en cuenta antecedentes, logros anteriores, nivel de competencia, bajas importantes, etc. Pero además es para puntualizar que la forma de disputa del torneo – que permite seguir jugando a los equipos para obtener los lugares del 5° al 8° puesto, ayuda a hacer una evaluación más allá de un muy mal juego como el de Lituania. Imagino que la valoración del fútbol hubiera sido distinta si después de Alemania, Argentina sumaba dos victorias con buen juego ante, digamos, Paraguay y Brasil. ¿No hubiera sido distinto? Por otro lado, me quedó sonando varios días la nota de Pablo de Biase (“La canasta corporativa”). Entiendo la lectura que hace del periodismo de básquet, pero no comparto algunas de sus palabras y me parece que hay cosas que hay que ponerlas en contexto. Es cierto que el medio es mucho más pequeño y eso, obviamente, genera una relación más cercana con todos los protagonistas, pero creo que si uno va a medios especializados en el básquet sí va a encontrar algunas críticas que él dice no encontrar, probablemente no tan “salvajes” como en el caso del fútbol. Pero, ¿deberían serlo? Obviamente en los medios masivos, con un espacio mínimo para dedicarle al básquet, uno no va a encontrar búsquedas más profundas ni investigaciones detalladas. Habría muchas cosas más para debatir/contestar/refutar/compartir pero no quiero ser muy extenso (aunque ya lo soy) y quiero detenerme sólo en una cosa más. En un momento, el autor dice: “Si el quinto puesto en el Mundial de fútbol, tras ser goleados por Alemania, fue un fracaso, ¿por qué el quinto puesto en el Mundial de básquet, tras ser goleados por Lituania, no es un fracaso?” Más allá de lo que uno crea que es o no un fracaso, ¿no leí muchas veces en Un Caño que no todo es el resultado? ¿No era qué importaba la forma de lograrlo? ¿No era importante valorar los caminos que elegía cada equipo? ¿Por qué entonces la pregunta pasa sólo por comparar puestos?

Asunto: CRUZADA POR SAN LORENZO De Claudio Florio Les escribo con mucha bronca, dolor, indignación y también con lástima y preocupación. Soy un lector de la revista desde hace mucho tiempo y aunque no coincida en algunas cosas que se escriben, respeto sus opiniones. Pero esta vez me toca en especial una nota sobre mi querido y amado San Lorenzo que escribió Diego Martini: “De Boedo vengo ¿Hacia dónde voy?”. Soy integrante de la Subcomisión del Hincha y por consecuencia de la Agrupación Cruzada por San Lorenzo desde sus comienzos. Ambas conformada por grupos de trabajo con gente laburante y asalariada en su mayoría, sin empresarios, nacidas, como decimos, por una reacción alérgica a estos modelos de clubes para pocos, donde algunos se roban lo que es de todos, con el apoyo mediático del periodismo cómplice. El señor Martini nos trata despectivamente diciendo que cumplimos el papel de “Cenicienta” y que organizamos “vaquitas” para la adquisición de propiedades. Lo que no sabe Martini es que esas vaquitas son muy caras a nuestros sentimientos y son un orgullo para nosotros, que peleamos contra todos los intereses por volver a estar en nuestro lugar en el

mundo que es Avenida La Plata al 1700, de donde la peor de las dictaduras nos echó. Es por el esfuerzo y el empuje de la Subcomisión que se compraron dos propiedades (hecho único en el mundo) en las que funciona La Casa de la Cultura, en Mármol 1691, desde hace seis meses. Próximamente se arreglará, en Las Casas 4045/47, la segunda propiedad, para realizar allí el Recreativo Amanda Bernárdez, donde los pibes podrán hacer distintas actividades de contención. Todo esto fue gracias a la vaquita donde los cuervos que apoyan la vuelta colaboran con un bono, comprando remeras, rifas, asados y/o donando dinero y materiales de construcción. Eso no sale en ningún lado, no tiene prensa, se hace desde el corazón y la militancia (palabra bastardeada en estos tiempos) por gente que labura y pierde su tiempo y dinero en vez de dedicárselo a la familia. Nos quedamos hasta altas horas o nos levantamos muy temprano, perdiendo fines de semana para poder acomodar donaciones que enviamos a las escuelas que apadrinamos en Tucumán y Catamarca y en los comedores de la villa 1-11-14, donde no vamos a sacarnos fotos ni pedimos que hagan paredones para separar a los pobres. Además, recuperamos 4.500 metros de la Plaza Lorenzo Massa, fuimos con el pueblo sanlorencista a la Legislatura para que se apruebe la Ley de Reparación Histórica -ningún dirigente estuvo allí ese hermoso día, como tampoco ninguno vino a ver como funcionan la Casa de la Cultura y la Biblioteca Osvaldo Soriano, donde damos clases de apoyo escolar-. Todo esto se hace, le repito, con el tiempo y el dinero de gente de trabajo que se priva de una salida en familia pero tiene el orgullo de darle una mano a la comunidad dando un ejemplo solidario. En cuanto a la nominación del Ingeniero Claudio De Simone a Presidente, infórmese que es de mala leche poner su supuesta participación en un hecho que está probado en la Justicia: la falsedad de dicha participación. Para nosotros es un orgullo, porque es un laburante más por este modelo de inclusión que pregonamos y un referente que ojalá otras instituciones tengan. Pero no veo que figuren los demás candidatos con sus supuestas irregularidades en la Justicia. De más está decir que su título es muy sugestivo, sabiendo que hay un portal de Internet donde gente que lo conforma se presenta en las elecciones, y que este derecho a réplica, si sale publicado, igual no sirve, ya que por el tiempo electoral se mancha el nombre y el honor de toda la gente de trabajo que es parte de la Subcomisión y de Cruzada por San Lorenzo. Por eso la bronca, el dolor y la indignación. Sepa que a nosotros sus palabras nos duelen. La lástima es que no se haya informado bien, y me extraña que no lo haya hecho. No noto la diferencia entre Un Caño y los demás medios. DICIEMBRE 2010 | UN CAÑO 59


Asunto: ¿DEMOCRATIZACIÓN DE LA PALABRA? De Hugo Manccini

He leído por primera vez la publicación, el número 140 de octubre. Comparto plenamente las notas referidas a Fútbol Para Todos con la lamentable realidad de la vuelta de la runfla antiperiodismo de Marcelo Araujo y compañía. Creo que falta profundizar acerca de la rosca que posibilita que esos personajes y la totalidad del staff que componen el equipo de la TV Pública, estén allí. Porque observo que ustedes rescatan algunas de las figuras jóvenes incorporadas, como De Paoli, un tipo estridente que es igual a Araujo, sin las licencias de Marcelo. Todo lo que dicen durante la transmisión está, esa es la impresión, totalmente controlado. Nadie puede decir si un partido es un bodrio, nadie dice nada de la simulación permanente de los jugadores y mucho menos es capaz de criticar sanciones equivocadas de cualquier árbitro. De qué democratización de la palabra me están hablando cuando el discurso es único. Otro aspecto al que quería referirme es a lo ocurrido en cancha de Independiente durante el partido con Defensor. ¿Por qué no fue suspendido el juego luego de la salvaje agresión al arquero Silva? En particular creo que porque esos campeonatos los organiza la cadena Fox y sus auspiciantes, algo que uno no lo puede escuchar ni leer en ningún lado. Lo lamentable es la consecuencia de una decisión irracional del árbitro al no suspender el juego: se sigue amparando a la violencia, de manera que es una buena medida apedrear y hasta matar a un futbolista para conseguir la clasificación. Total todo pasa y nada pasa.

Asunto: ELOGIOS Y ALGUN PALITO De Esteban Bedriñan Hola, es la primera vez que les escribo para felicitarlos. Los leo desde el número uno de la primera etapa y soy un admirador de la revista. Me encanta cómo abordan distintos temas desde diversos puntos de vista, y eso los hace más que interesantes (y recomendables de mi parte para mis amigos y/o familiares). El mes pasado leí entera la revista en un día y medio. Estaría bueno que notas como la del Tanque Sisley o la de Puskas sean más frecuentes. También da gusto leer el 5to. Whisky y a Seba Wainraich, VH, Llonto (cuando no se pone taaan oficialista que se olvida de las burradas de Maradona en la Selección o idolatra a un gobierno que cuenta entre sus filas a De Vido, Moreno, etc. y que tuvo casos como el de Skanska y Antonini Wilson, aunque eso no quita que haya que seguir elogiando y apoyando la Ley de Medios y la política de DDHH), Hamilton y el genial Fernández Moores (tiene que escribir notas más largas por favor, no tienen desperdicio). Pero quería opinar sobre dos notas del número pasado. En primer lugar, lo que escribe Bonadeo: ¿siempre van a ser quejas, quejas y más quejas? ¿Y para cuándo una idea de cómo hacer bien las cosas, don Diego? Y en segundo lugar, lo escrito por el señor Zimmerman: con todo respeto, pero deje ese formato de escritura para las revistas Rolling Stone u otras de ese estilo (¿sigue saliendo la 13/20?), ya que de lo que escribió entendí la mitad, con tantas llamadas con aclaraciones en la hoja siguiente. La verdad que no tenía ganas de fumar para poder comprender el significado. Usted ya ha escrito en números pasados y de una manera clara, legible. Por favor, continúe así y no repita errores como en el mes pasado. Para finalizar, quiero enviarles mi pésame por el fallecimiento del señor Adrián Soria. Por favor, si pueden reediten el 5to. Whisky que escribió sobre su querido Huracán. 60 UN CAÑO | DICIEMBRE 2010

Asunto: ¿CERVEZA PARA TODOS? De: Juan Pablo

Leí la nota de Víctor Hugo del número 30 y me hizo reflexionar. Me gustaría saber su opinión para algunas propuestas al Gobierno. No gastar más plata en publicidad por la prevención del contagio de VIH, y directamente hacer llegar a todas las personas del país el tratamiento en forma gratuita. ¿Quién va a protestar por contagiarse si el mismo Gobierno da el tratamiento gratuitamente a todos? Para terminar con el hambre, que se envíe a todas las casas del país, puedan comprarlo o no, una, o quizás dos, bolsas de arroz y fideos. ¿Alguien puede decir que está mal darle alimento a toda la población? Víctor Hugo, el pobre, que no tenía plata para comprarse una cerveza y ver el fútbol, hoy tampoco la tiene. No se confunda, no estoy pidiendo Cerveza para Todos, estoy pidiendo la chance de poder elegir comprarla y pagarla. Le pido disculpas si estoy hablando por boca de ganso. No sé cómo llega a la conclusión de que integración familiar significa ver fútbol por televisión, y que ése es el mejor proyecto que el Gobierno puede ofrecerme para un fin de semana en familia. Me gustaría saber si ese es su mejor proyecto para los fines de semana, y por qué yo no merezco uno mejor, como poder ir a la cancha con mi viejo, pagar las entradas y no sufrir el robo de un barra que luego se sienta con un Presidente. Le pido disculpas nuevamente si soy un ignorante en esa batalla de poder que usted conoce mejor que yo, pero no veo que para usted la ignorancia sea un impedimento para hablar de los pobres y sus necesidades. Saludos, con mucho respeto.

Asunto: PREGUNTAS SIN RESPUESTA De: Oscar Marotta Como amante del futbol, ¡qué más lindo que jugar o ver jugar a veintidós tipos. Siempre me hice una pregunta, ¿hasta cuándo va a seguir pasando esto en el futbol argentino? ¿Hasta cuándo el presidente de la AFA, mejor dicho, el dueño, va a seguir haciendo y diciendo barbaridades? ¿Hasta cuándo los dirigentes se lo van a permitir? ¿Hasta cuándo los árbitros seguirán siendo desastrosos, preocupados por demostrar autoridad, más que su estado físico o si entienden el juego? Antes se decía que favorecían a los grandes, ahora son tan malos que ni eso. ¿Hasta cuándo técnicos seguirán buscando excusas, diciendo que la culpa es ajena (Caruso Lombardi, Cappa). ¿Hasta cuándo seguirán impunes los barras que manejan clubes, con poder de hacer y decidir (venta de entradas, estacionamiento, viajes)? ¿Hasta cuándo soportaremos a los periodistas chimenteros, que de fútbol hablan poco y cuando les conviene? ¿Hasta cuándo la policía va a repartir palos a la gente y hacer las cosas más difíciles, mirando para otro lado cuando saben bien qué es lo que pasa? Pasan los años y son pocos los que hacen que esto sea algo diferente. Por suerte aparecen revistas como Un Caño, programas como Hablemos de fútbol, periodistas como el señor Víctor Hugo y J. P. Varski, técnicos como Gareca, Borghi y Bielsa; y clubes como Vélez, Estudiantes o Lanús. Pero de algo estoy seguro, todas estas preguntas desaparecen cuando algún árbitro pita y comienza el deporte más lindo del mundo.


Asunto: CLON DE HAMILTON De Juan Manuel Mitidieri

En el número 28 de esta revista publicaron una carta mía en la cual elogiaba la publicación y principalmente a Mariano Hamilton con quien compartía casi todas sus opiniones políticas y futbolísticas. Y como esta revista no deja de sorprenderme desde su número inaugural, me encuentro en el último número con una nota firmada por el periodista en cuestión titulada “El legado K”, en la cual cuando yo creí que no podía estar más de acuerdo con alguien, me doy cuenta que siempre se puede más. Parafraseando al autor de la nota, les comento que el firmante de esta carta también es argentino, peronista e hincha de San Lorenzo. Vuelvo a felicitarlos por esta excelente entrega mensual, y les mando mis mejores augurios para el 2011.

Asunto: LEGADO K De Julio Rodríguez

En ese contexto, saludo a Mariano Hamilton por su nota del legado K. Estimado Mariano, sentí lo mismo que vos en la década del 90 (tercera década infame), me resultaba muy difícil encontrar al peronismo, estabámos nuevamente resistiendo como en el 55. Lo busqué y encontré en las marchas, piquetes y marchas federales hasta que en 2003 y, como un viento del sur, llegó Néstor para poner las cosas en su lugar. Me gustó que plantes bandera y digas sin tapujos que sos hincha de San Lorenzo y peronista. Lo que no comparto es cuando escribís el desastre que hizo (y dejó) el General en los ‘70. Desde mi punto de vista, el Pocho dejó un enorme legado en su Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, que describió en el Congreso y debería ser material de estudio para entender lo que vino luego en el país y el mundo. Su visión universalista, su intención de focalizar el problema ecológico, el tema de la falta de agua y de comida, el aumento de la densidad de la población mundial, son algunas aristas que valen la pena rescatar del último Perón, como así también que rompió el bloqueo a Cuba de Fidel y Castro siempre reinvidicó al Pocho. Escribir que Perón hizo un desastre es equiparar el discurso de las dictaduras que derrocaron al movimiento nacional (en 1955 y 1976) con la excusa de las pésimas administraciones imponiendo el terror, la tortura, el encarcelamiento y muerte de miles de militantes para rescatar a la democracia de “la tiranía salvaje populista”. Era eso compañero, considero que la última presidencia de Perón es material de debate permanente. Sentí una profunda indignación la contratapa de Feinmann en el Página tras la muerte de Néstor haciendo cargo al general de la muerte de miles de jóvenes iniciando el genocidio. Una nota de mal gusto, provocativa, en un momento de dolor enorme del pueblo trabajador saltando la ficha gorila de José Pablo, que como bien indicó el maestro Norberto Galasso, es un evitista (el evitismo es la etapa superadora del gorilismo). No importa si sale en carta de lectores, soy periodista y me suelo ir por las ramas, no hay espacio. Los quiero felicitar por la revista, y coincido con tocar todos los temas de actualidad porque la revista va a ocupar un lugar clave a la hora de hablar de investigaciones periodísticas y un tratamiento con seriedad a todos los temas. Histórica. Felicito nuevamente la diversidad de voces y dos pedidos: una

nota acerca de Goles Match en la dictadura, un bastión de resistencia y una entrevista al Flaco Menotti. PD: Mariano, releeo cuando puedo tu nota sobre Coco Basile a fines de 2005, es brillante porque admiro a Alfio. Un fraternal abrazo peronista.

Asunto: SIGUE LA POLÉMICA POR MESSI De Alfonso Catulo

El Sr. Juan de Andrés levanta el guante de mi carta sobre la tapa del número 27 de la revista cañera y con soberbia e ignorancia supina me trata de ignorante por comparar trayectorias. Le rogaría al “profeta” de Andrés que relea la nota para ver si se da cuenta que refleja. Ahora, si se enojó por lo de Messi ninguneando al Diego entonces estamos en problemas: seguirá sin entender nada. Di Stéfano llego al Real Madrid en 1953, lo sacó campeón las dos temporadas siguientes y ganó la copa de Europa en 1953 frente al Reims. Calentón como era, le pedía a sus compañeros por Dios que no la colgaran y le dieran la pelota a él. Don Santiago Bernabeu dijo que era él y diez más. Lo dijo Bernabeu, no yo. Lo mismo pasó con Pelé y el Diego, a no ser que Ud. crea que Coutinhio en Santos y Careca en Napoli le solucionaron las cosas a los equipos. Todos esos futbolistas que nombra jugaron con ellos en la selección y no en sus equipos; y al “Di” le trajeron a Puskas, Rial, Kopa, etc, porque según Don Santiago creía que éste, de tanto sacrificio, se iba a morir en la cancha. No escuché decir ni leí cosas parecidas sobre su amado Messi. Le agradezco la información que me da sobre el glifosato. Hace cinco años se levantaron firmas en todo el país por menos soja y nada de glifosato. Yo firmé, ¿y Ud.? Ah, no consumo nada que tenga soja, ¿y Ud.? Por último, sí es meritorio ser importante en Barcelona o Napoli es una comparación absurda. Como aquellos “patrioteros” hache de pe que nos dijeron que Argentina era Europa y no Latinoamérica. Ud., Don Juan de Andrés, ¿de qué lado de la raya está?

Asunto: FANÁTICO De Martin Rougier Estimados cañeros: como ya les he comentado, sigo a la revista desde aquel nº 1, gracias a mi ex laburo como canillita. Y a pesar de esto, no dejan de sorprender con la gran calidad de los artículos. No logro encontrar uno solo que sea del montón y, a decir verdad, la revista debería ser quincenal, porque la consumo enseguida y se hace eterna la espera. Quiero resaltar la nota en la que se explica por qué el seleccionado de básquet, logrando el mismo puesto que el seleccionado de fútbol en un Mundial, es tratado como un grupo de héroes, como verdaderos “hombres” y muchas cosas más, algo que con el fútbol no pasó ni por asomo. La nota que explica esto es contundente. Menciono también que es de grandísima satisfacción poder recibir días antes, por correo, un anticipo de la tapa. Esas excelentes gráficas que son mejores mes a mes. DICIEMBRE 2010 | UN CAÑO 61


EL EJEMPLO ESPAÑOL

Los secretos del ¿milagro?

Desde 1896 hasta los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, España había ganado 27 medallas. A partir de ahí (y en sólo cinco ediciones), sumó 87. Agreguemos a Nadal, Alonso, Gasol, Pedrosa, Contador, Xavi, Iniesta y hasta Messi. En este informe se trata de descubrir aquello que llaman el “milagro español”, pero que en realidad es fruto de la planificación. Por CARLOS CARPANETO

C

hispazos en medio de la oscuridad... Severiano Ballesteros ganando el Open Británico; Federico Bahamontes, más allá, y Miguel Indurain, más acá, dominando el Tour de France; Manolo Santana y sus hazañas en Roland Garros, Wimbledon y el US Open en los ‘60, Arantxa Sánchez Vicario en los ‘80; Angel Nieto, el rey del motociclismo con trece títulos mundiales de Grand Prix en los ‘70... El deporte español supo lo que es contar a sus héroes con los dedos de una mano. Lo dicho, chispazos en medio de la oscuridad, irrupciones esporádicas de una nación que también en lo deportivo purgó sus deudas de las décadas de franquismo y pan negro. Hoy, a treinta y cuatro años del final de la noche negra de la dictadura, el deporte español transita su momentum, se empacha con un banquete inédito de títulos mundiales, medallas doradas, podios, ensaladeras de plata, torneos de Grand Slam, maillots amarillos y, dulcísimo postre, el ansiado campeonato Mundial de fútbol conseguido en Sudáfrica 2010. Servido todo bien seguido, en el último lustro e incluso a contrapelo de una crisis económica que también tiene pinta de récord y que se carga a más de cuatro millones y medio de españoles, mandándolos al paro. Algunos, analizan el fenó-

meno bajo el título de “milagro”, aunque nada de sobrenatural, todo lo contrario, registra la conversión de España en potencia deportiva.

Con la democracia… La política deportiva en las casi cuatro décadas de gobierno de Francisco Franco y su Falange podría definirse, a grandísimos rasgos, como la de un típico modelo fascista que apuntó al apoyo a figuras puntuales, sobre todo en la preparación preolímpica, con fines propagandísticos del modelo y que, a nivel de las masas, entendió a la práctica del deporte desde la lógica de la educación (o preparación) física castrense en el nivel escolar. Claro, todo en el contexto de una de las economías más pobres de Europa Occidental. Una prueba de las limitaciones presupuestarias está dada por el concepto de la campaña de promoción deportiva desarrollada en 1967 por un tal Juan An-

tonio Samaranch, por entonces Delegado Nacional de Deportes del franquismo. “Contamos contigo” era el slogan de la misma, y el mensaje apuntaba a que la práctica del deporte surgiera de la iniciativa individual de las personas, porque la realidad era que no había infraestructura, organización, coaching ni modelos que motivaran calzarse unos cortos para cultivar eso de mens sana in corpore sano. Suele marcarse como mojón del antes y después del deporte español a los Juegos Olímpicos de 1992 organizados en Barcelona. Pero el cambio se fue gestando varios años antes. El slogan de campaña que Raúl Alfonsín popularizó en la Argentina para la campaña electoral de 1983, ése que hablaba de una democracia que curaba, educaba y daba de comer, bien puede haber encontrado su correlato con la realidad en lo sucedido en España. El impacto en tierra ibérica de la apertura democrática de 1976 fue tremendo. La integración europea que llegó de la mano del fin del franquismo hizo que el país

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más cercano, familiar y, por tanto, simple. Así, se garantiza participación masiva en las bases que son el verdadero semillero de la elite profesional.

Ado, Ado, Ado

Pau Gasol, campeón con Los Angeles Lakers los últimos dos torneos de la NBA.

se fuera aggiornando al nivel de los otros integrantes de la Unión Europea con las consecuentes mejoras en la calidad de vida de la población. “Antes nadie podía permitirse comer mucha carne, y por eso la dieta no era muy rica en proteínas, pero ahora tenemos la misma dieta que el resto de Europa”, cuenta Oscar Fornet, periodista del diario El Mundo. Las estadísticas son elocuentes: en 1961, un español promedio consumía 2,5 kilocalorías diarias, mientras que en 2003 esa cifra per capita había aumentado en un 50%. Este progreso del estado nutritivo de la población se tradujo en notables aumentos, por caso, en los promedios de talla, algo con incidencia directa en el deporte de alta competencia: la primera generación de españoles nacidos durante la democracia mide nueve centímetros más que la de la década

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del 40, los años iniciales de la dictadura franquista. Otro factor clave en la transformación del deporte español fue la Constitución de 1978. La que es actualmente la norma suprema del Estado español propone la descentralización del manejo del deporte a favor de las diecisiete comunidades autónomas del país. La Ley del Deporte 10/1990 le dio una reglamentación definitiva a los postulados de la carta magna y profundizó esa descentralización, dándole una activa participación en las decisiones a los ayuntamientos. De este modo, la municipalización del deporte es la vía y el instrumento más directo para el acercamiento de la gente a la práctica deportiva. Traducido: si las entidades locales, y no lejanos funcionarios ministeriales en Madrid, son las que gestionan los servicios deportivos públicos, todo es

Programa de Asociación de Deportes Olímpicos, o simplemente ADO. Fue creado en 1988, apuntando al apoyo al deporte de elite de cara a Barcelona ‘92 y significó la entrada, por primera vez en el deporte español, de patrocinadores privados. Eran tiempos en los que Samaranch ya reinaba en el Comité Olímpico Internacional, y España era gobernada por el PSOE de Felipe González. Una muestra, la del trabajo conjunto entre uno y otro personaje, de cómo la comunión de las distintas ideologías o fracciones políticas por el bien común derivó en resultados. Cuatro años más tarde, esas tres letras fueron las que signaron el éxito español y sus inéditas 22 medallas (13 de oro) en los Juegos Olímpicos desarrollados en tierra catalana. El ADO está integrado por el Consejo Superior de Deportes (CSD), el Comité Olímpico Español (COE) y RadioTelevisión Española (RTVE). El dinero que el programa recauda se usa para emplear a personal técnico, conseguir material deportivo y financiar controles biomédicos, viajes al exterior, concentraciones y, fundamentalmente, para conceder becas, que se asignan según los resultados obtenidos. A cambio de sus euros, claro, las empresas participantes se garantizan el uso de la imagen de los deportistas para acciones publicitarias y de marketing. Para los últimos Juegos, en Pekín 2008, el programa contó con la participación de catorce empresas que aportaron la mayor parte de una torta de 63 millones de euros, un 53% más de lo conseguido para la aventura olímpica en Atenas, cuatro años antes. El apoyo del ADO es sostenido: en este 2010 se llevan repartidos unos 12 millones de euros en becas a 357 deportistas y el 60% de esa cifra salió de las tesorerías de los patrocinadores. El


ADO no es ajeno a la crisis económica a la que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero respondió con feroces recortes presupuestarios. De hecho, el aporte estatal al programa se ha reducido entre un 4% y un 5% en los últimos años. Pero la respuesta para seducir a la esfera privada ha sido garantizarles beneficios fiscales a las empresas que participan. Otro de los legados positivos de Barcelona ‘92 (el Cobi, la amorfa mascota oficial de esos Juegos ciertamente es de las herencias que no pasarán a la posteridad) es el Centro de Alto Rendimiento Deportivo de Sant Cugat, en Barcelona, edificado en 1987. El Centro tiene los escenarios propicios para la práctica de disciplinas varias y funciona además como hotel para diversas concentraciones. Pero lo que marca la diferencia es su laboratorio de fisiología y el plantel de científicos que allí continuamente desarrolla y testea nuevas formas de preparación de los atletas. ADO, millones de pesetas o euros según la época, Sant Cugat... Lo cierto es que Barcelona ‘92 cambió la historia del deporte español. Desde 1896 hasta esos Juegos, España había ganado 27 medallas. Y en sólo cinco ediciones (Barcelona, Atlanta, Sydney, Atenas y Pekín), la cuenta totaliza 87 preseas.

venes talentos. La planificación tiene que ver con la gestión de una red adecuada de centros de tecnificación deportiva, de alto rendimiento o especializados (de hecho, en España existe el Centro de Alto Rendimiento en Altura, en Sierra Nevada, Granada, con todas las comodidades a 2.320 metros sobre el nivel del mar, para preparar atletas que tengan que competir contra el fantasma del apunamiento). La planificación, también, implica proyecciones a largo plazo y una fuerte apuesta al coaching. A ver… ¿Será casual que el campeón de la Euro 2008 y del Mundial 2010 tenga uno de los planteles de entrenadores de base más importantes de Europa? España, un país de 46 millones de habitantes, cuenta a 23.995 entrenadores de fútbol infantil y juvenil certificados por la UEFA. Francia, con una población de 65 millones, tiene 17.588 técnicos matriculados. E Inglaterra (51 millones de habitantes) tiene apenas 2.769. Entonces, para explicar el fenómeno del deporte español, no queda otra que admitir que el sistema, en su conjunto, hizo bien los deberes. Que el éxito deportivo obedece a un cúmulo de condiciones necesarias: recursos financieros y

humanos (entrenadores, médicos, técnicos), apoyo científico… También, a una positiva percepción ciudadana de la relevancia social del deporte, la extensión de su práctica y la presencia de políticas públicas que canalicen de un modo eficiente la utilización de los recursos disponibles. Todo bien. ¿Pero es sólo eso? Está el factor suerte, claro. Pero además hay una variable que por estas latitudes, definitivamente, no aplicamos: cultura deportiva. En una reciente columna publicada en El País, Jaime Lissavetzky, Secretario de Estado para el Deporte de España, explica de qué va la idea: “se ha avanzado mucho en estos últimos años en ir construyendo esa cultura deportiva, prácticamente desde cero. Y se lo ha hecho desde dos perspectivas complementarias: hemos ido aprendiendo a superar cualquier atisbo de improvisación, a gestionar con cierta inteligencia la ansiedad de los resultados inciertos o que tardan en llegar, a tener paciencia; y los deportistas españoles han aprendido a competir cada vez mejor, individualmente y en equipo, a perder el miedo a perder, a saber ganar. Así hemos ido llegando a este momento casi mágico en el que hoy nos hallamos. Pero el

Billetera no mata galán La infraestructura deportiva española creció de un modo exponencial en los últimos veinte años, sobre todo en la década del ‘90 alentada por el boom de la construcción de aquel tiempo. Está claro, los ladrillos se apilan con dinero, pero el contante y sonante metal, por sí solo, no garantiza los resultados deportivos. Existe un factor clave en la ecuación de éxito: sumarle planificación a la inversión. La planificación implica el trabajo en equipo con las federaciones, los clubes y el sistema escolar para hacer cada vez más grande la base social que se vuelca a hacer deporte y para detectar y estimular de la manera más conveniente a los jó-

Rafael Nadal número uno del ranking, ganador en cualquier superficie.

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presente, por brillante que sea como el actual lo es, no debe hacernos olvidar los desafíos que reclama el futuro”.

Uno más uno Cultura deportiva, por caso, tiene desde hace décadas el Barcelona, un buen ejemplo de esa receta de éxito que hoy aplica todo el deporte español. La infraestructura, en su caso, tiene el nombre propio de La Masia, el complejo donde viven casi 300 chicos de la cantera del Barca y en el que se entrenan los equipos juveniles blaugranas. La vieja finca del distrito Les Corts fue adecuada como centro deportivo en 1979 cuando Johan Cruyff, quien acababa de cerrar su paso de un lustro por el club, le indicó a Josep Núñez (el presidente que unos años después fichó a Maradona) que el secreto del éxito a futuro era replicar el modelo de la famosa Jong Ajax, la academia de juveniles del equipo de Amsterdam donde Cruyff se formó. Allí en La Masia los Xavi, Iniesta y Cesc (también Messi, claro) aprendieron a tocar y tocar la pelota las veces que fueran necesarias. Es ésa, desde el fútbol, la analogía perfecta: la paciencia para llegar al gol es la misma que se requiere para ganar campeonatos. Y la apuesta, inevitablemente, ha dado resultados. La consagración en Sudáfrica 2010, la coronación de la Roja como los reyes del fútbol, fue la madre de las conquistas de la armada española, la que faltaba justo en el deporte más popular del mundo. Y también tuvo un correlato con la lógica, porque el primer gran triunfo de la España futbolera fue la medalla dorada en Barcelona 1992, ésa que se colgó

Dani Pedrosa, tres veces campeón del mundo del motociclismo en diferentes categorias.

Josep Guardiola. Y porque los campeones mundiales de hoy, muchos de ellos, pupilos de Pep en el Barcelona, son los hijos de la democracia y los niños que “quisieron ser como…” luego de los Juegos en tierra catalana. Esas semillas han eclosionado con el cambio de siglo, y España ha transitado esta década convertida en potencia mundial. En fútbol, reina en Europa y en el mundo con la Selección y presenta al Barcelona como el mejor equipo de clubes del planeta. Rafa Nadal (nacido en 1986) cuenta ya nueve títulos de Grand Slam, amén de su colaboración en los éxitos de la Copa Davis, que España ganó en 2000, 2004, 2008 y 2009. Alberto Contador (clase ‘82) arrasó en el Tour de France en 2007, 2009 y 2010. Pau

“Ojo con los españoles, váyanse preparando por si se les da por jugar al críquet”. (Simon Kuper).

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Gasol (1980) lideró al básquet español campeón mundial en 2006, europeo en 2009 y medalla de plata en Pekín 2008; de yapa, luce los dos últimos añillos de campeón de la NBA con Los Angeles Lakers. Fernando Alonso (1981) ha sido campeón del mundo de Fórmula 1 en 2005 y 2006, en tanto que Dani Pedrosa (1985) ya lleva tres títulos mundiales de motociclismo –uno en 125cc y dos en 250cc– mientras busca su consagración en el MotoGP. La era de dominio español no sólo abarca a las disciplinas más masivas o tradicionales, también cuenta con títulos mundiales u oros olímpicos en gimnasia artística, atletismo, hockey sobre patines, waterpolo, fútbol sala, handball y hasta nado sincronizado. La frase con la que Simon Kuper, el prestigioso periodista británico que deleita con su visión antropológica del deporte, advertía a sus lectores ingleses en una de sus columnas en el Financial Times es bastante elocuente: “Ojo con los españoles, váyanse preparando por si se les da por jugar al críquet”.


Coño, estos porteños...

Siempre hay una mirada distinta en las discusiones sobre asuntos del deporte. Es la de aquellos que no viven en esta mole de vanidades llamada Buenos Aires. Por eso nuestro compañero de Río Cuarto se puso al habla cuando se enteró de uno de los temas centrales de esta edición. Y aquí están sus acertadas observaciones. Por OSVALDO ALFREDO WEHBE

A

penas Andrés Iniesta derrotó a los holandeses en la final de Sudáfrica, las fichas se fueron alineando como en una cartulina de lotería o bingo para llenar cada casillero de la historia exigua en logros de un país que, de repente, en sólo una década, pasó de mirar desde lejos el podio a estar en el más alto lugar de los ganadores en cada deporte en que compite. Los rústicos y presumiblemente limitados españoles pasaron a liderar el abierto en Roland Garros y hasta el Gran Premio de Fórmula Uno de Groenlandia, si lo hubiera. Hacen goles de a montones en handball y te llenan de dobles el aro en básquet. Y así en la disciplina que elijamos. Y se les ocurrió ser campeones de Europa y del Mundo en fútbol. “Lo que puede una política deportiva”, me sentenció al teléfono un amigo que partió hace más de veinticinco años a su destino laboral y familiar madrileño. No aceptó mi definición de “milagro gallego”, y como para dejar clarito su pensamiento y su análisis, agregó: “acá, todas las ciudades y regiones son importantes. No es indispensable y ni siquiera un requisito vivir en Madrid o Barcelona”. Muy distinto a lo que pasa acá. La cultura nacional argentina se caracteriza por la dependencia que todos los habitantes del país tenemos de Buenos Aires, y parecería que eso nunca va a cambiar. Mi amigo dijo que un chico de Santander trabaja su deporte en un Centro de Alto Rendimiento en su ciudad. Y que en su escuela pública tiene la práctica y el apoyo que necesita, sin tener que soñar todo el tiempo con llegar a la Meca que podría representar una capital determinada. España, como muchos otros países, hizo de su política deportiva una cuestión nacional. Partiendo de la base de que todos los asuntos de Estado son nacionales. Los ayudan las comunicaciones, las distancias, pero fundamentalmente las convicciones. A un madrileño no se le ocurriría decir que un jugador estuvo afuera un tiempo refiriéndose a Sevilla, por ejemplo. Todo es España, más allá de los grupos separatistas que inundan sitios del país convulsionados desde siempre. En Argentina, lo que no pasa por Buenos Aires no pasa. Para ir en avión a Tucumán, un santafesino debe ir primero a Aeroparque. Apenas un pequeño y superfluo ejemplo… ¿Cómo pretender entonces tener una política deportiva nacional?

En nuestro mal llamado interior, no hay canchas adecuadas, salvo esporádicos casos, de casi ningún deporte. Los campeonatos son un esfuerzo de viajes y calendarios, y el premio es tan pero tan chiquito que da para ponerse colorado. En fútbol, la B Metropolitana juega en la misma categoría que el Argentino A en el escalafón de la redonda, y sin embargo los clubes van caminando de una cancha a la otra, mientras que en el Argentino viajan centenares de kilómetros en colectivo para, al final, obtener el mismo premio. Con el agravante de que los subsidios de la AFA son de 120 a la Metropolitana y 25 a las instituciones de la Argentina Secreta. En la Argentina el triunfo es llegar al puerto. Y después se verá. Pero en lugar de perfeccionarse inmerso en su vida cotidiana, el deportista apresura sus tiempos para estar cerca del Obelisco, porque allí germinan las ilusiones que se tienen en el país interno. Los españoles decidieron, junto con los Juegos Olímpicos de Barcelona en el 92, cambiar profundamente. Y lo lograron. Jamás se les habrá cruzado una piedra que diga “este lugar del país tiene preferencias por sobre el resto”. Porque más allá de los cariños que se tienen por el terruño, las cuestiones de Estado deben ser serias. Aquí no lo serán nunca. Nuestra construcción geopolítica es un muro difícil de voltear. Y demasiado cómodo para los que manejan la parte del león.

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EL EJEMPLO ESPAÑOL

Eran tiempos dorados, un pasado mejor

El cronista justicialista retoma su costumbre de bucear en la historia deportiva que forjara Juan Domingo Perón. Por eso rescata los Juegos Panamericanos de 1951, cuando la Argentina superó en el medallero a los Estados Unidos. Una buena razón para repasar la épica peronista. Por ROBERTO KOIRA

¿Fue alguna vez la Argentina una potencia deportiva en crecimiento? Durante años se discutía en el país sobre el tiempo que llevábamos sin medallas de oro en los Juegos Olímpicos. Poco interés despertaba el pasado Panamericano. Muy en especial, aquella historia que culminó con 154 medallas, 68 de ellas de oro, 47 de plata y 39 de bronce, muy por encima de Estados Unidos, país que terminó en el segundo lugar. Ocurrió durante los primeros Juegos Panamericanos que se celebraron en Buenos Aires entre el 25 de febrero y el 8 de marzo de 1951. Sólo Cuba, en La Habana ‘91, pudo repetir la hazaña de mirar desde arriba a los yanquis en el medallero. El gobierno de Juan Domingo Perón, todavía en su primer mandato, cumplía la premisa de dar al fomento deportivo un gran impulso desde el Estado. Pero la prehistoria de este relato arranca en el Primer Congreso Deportivo Panamericano (agosto de 1940), que fijó la realización de aquellos Juegos en Buenos Aires para 1942. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial impidió que estos se celebraran, y hubo que esperar hasta el II Congreso Deportivo Panamericano (Londres, 1948) para ratificar la sede y fijar fecha para principios de 1951. El 25 de febrero, Perón y Evita inauguraron el evento continental en la cancha de Racing frente a 100.000 espectadores.

Veintiún países de América enviaron a 2.513 atletas para competir en dieciocho deportes. Norberto Zen, integrante del seleccionado de béisbol en esos Panamericanos y director de Deportes de la Municipalidad de Buenos Aires entre 1950 y 1955, recuerda que “Perón puso al país entero al servicio de estos juegos, e inventó este evento internacional. Como el Comité Olímpico dependía de las organizaciones internacionales y él quería tener las manos libres, porque era un hombre de acción absoluta, decidió crear la Confederación Argentina de Deportes. Fue una movida de Perón para organizar todo desde allí. Y lo puso al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Rodolfo Valenzuela, como titular. Así, todo pasaba por la Confederación, y el Comité Olímpico sólo colaboraba en lo que se lo dejaba participar”. “En la época de Perón había en la Federación Argentina de Básquet un millón de chicos federados, y en la actualidad hay apenas 70.000. Ahora nos regodeamos con lo que está pasando, y en el ‘50 ya éramos campeones mundiales. Todo eso lo hizo Perón. Yo, como Director de Deportes de la Municipalidad, me veía con él casi todos los días. Me decía: `me critican porque doy una motoneta de premio o porque a Delfo Cabrera le di una casa cuando ganó la maratón, y resulta que en Estados Unidos al que gana lo designan en la Universidad; y en Rusia, lo ascienden de grado en el ejército’.

Aquella historia culminó con 154 medallas argentinas, 68 de ellas doradas, 47 plateadas y 39 de bronce.

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Delfo Cabrera fue el abanderado de la delegación argentina en la ceremonia de apertura. El basquetbolista y campeón mundial Oscar Furlong izó la bandera olímpica, y el atleta griego Aristides Roubanis encendió el primer pebetero panamericano de la historia. Las obras que se realizaron fueron el nuevo estadio de Racing, el Velódromo Municipal, en el Parque 3 de Febrero, y la Villa Olímpica, en el Centro Recreativo de Ezeiza, donde se alojó la delegación argentina. La avenida General Paz, entre Puente La Noria y Avenida del Libertador, fue el escenario de las pruebas ciclísticas de ruta, la prueba de Marcha y a la tradicional Maratón. La cancha de Huracán fue una de las sedes del fútbol. Los

Hogares de Tránsito 2 y 3 (donde hoy está el Museo Evita), alojaron a las delegaciones femeninas, y el Hogar de la Empleada Libertador San Martín fue el comedor de las deportistas. Se refaccionaron el Luna Park (básquet y boxeo) los estadios de River Plate (atletismo y ceremonia de Clausura), Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (atletismo, gimnasia y natación) e Independiente (fútbol), el Teatro Casino (pesas), el Lawn Tennis Club (tenis), la pista del Tigre (deportes acuáticos), el Tiro Federal y el Colegio Militar, convertido en Villa Panamericana de los atletas varones extranjeros. En las piscinas al aire libre del Club Universitario de Buenos Aires (CUBA) se compitió en natación, saltos ornamentales y waterpolo. Allí, Brasil obtuvo la medalla de plata en waterpolo, con un joven Joao Havelange en el plantel. Jorge Canavesi fue el técnico del equipo de básquetbol que logró la medalla de plata. Hoy admite que “había una conmoción muy grande: habíamos ganado el Mundial del ‘50 y Estados Unidos mandó entonces una Selección de primer nivel. En la final, perdimos por siete puntos contra ellos. A nivel del Gobierno había un impulso muy importante, fue un golpe político importantísimo. Nos lucimos porque Argentina nunca había tenido una oportunidad de esa naturaleza. El gobierno de Perón apoyó mucho; estábamos todos convencidos de lograr grandes triunfos. Nosotros estábamos en Ezeiza y nos habían hecho un tablero muy débil, la pelota se quedaba pegada abajo… Un día nos vinieron a visitar Perón y Evita a la concentración, y yo les dije que ahí no se podía jugar. Me contestaron que me fuera adonde estuviera más cómodo. Terminamos en el Instituto de Educación Física de San Fernando”. “No fue casual que Argentina ganara los Juegos por sobre Estados Unidos, Brasil y Cuba. Los estadios reventaban de público. Jugamos en el Luna Park y era una congestión maravillosa, siempre lleno. Había motivación política, y el peronismo generó una unidad en ese sentido que fue muy positiva y se transmitía a la familia”, describe esta gloria del básquet argentino. Fulvio Galimi es uno de los más destacados esgrimistas argentinos de la historia. En los Juegos, obtuvo medalla de plata. Se emociona cuando habla del clima de época: “vivíamos un año excep-

“Perón puso al país entero al servicio de estos juegos, e inventó este evento internacional” (Norberto Zen, beisbolista panamericano en 1951).

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cional. El gobierno apoyaba al deporte, y todos los chicos querían ser deportistas y seguían a las grandes figuras. No es como ahora, que los chicos se orientan hacia otras cosas. En Buenos Aires, donde se realizaron los Juegos, y en toda la Argentina se vivieron quince días de gran fervor deportivo. Todo el mundo hablaba de eso. Era el mismo fervor que se vive en las Olimpíadas. Uno de los logros de la organización fue la participación de Estados Unidos, que vino con un gran equipo, pese a que existían algunas dificultades de relación bilateral”. “La experiencia de los Panamericano 1951 sirvió luego para los Juegos del ‘55 en México. Si bien allí la Argentina participó con una cantidad mucho más reducida de atletas, tuvo también una muy buena actuación: quedó segunda, detrás de Estados Unidos”, rescata Galimi. Para el esgrimista, las razones del bajón argentino son políticas: “el problema empezó cuando la revolución del ‘55 inhabilitó por su apoyo al peronismo a una gran cantidad de deportistas, entre los que figurábamos mi hermano (Félix Galimi, también esgrimista), yo, Mary Terán de Weiss y el equipo de básquet campeón del ‘50, suspendido a perpetuidad junto con nosotros. Eso significó un agujero negro en el deporte argentino, y costó mucho tiempo recuperarlo. En ese tiempo, Argentina se quedó estancada en el deporte y los demás países avanzaron”. Pero su memoria vuelve al ‘51: “en esos juegos hubo una gran cordialidad; en esa época no existía la Secretaría de Deportes y todo se manejaba a través del Comité Olímpico y la Confederación Argentina de Deportes, que se habían unificado para la ocasión bajo la presidencia de Valenzuela, quien, además, era un buen esgrimista. Lo emocionante e interesante fue la llegada que tuvo el deporte en el pueblo. La gente tenía una noción de un estilo deportivo de vida. Lamentablemente, después esto se frustró con cosas impensadas para quienes vivimos esos gloriosos años”. La última perlita queda para la carta que recibían los deportistas argentinos el día anterior a cada competencia: “Amigo deportista: como usted, he sido joven y he sido deportista, por eso puedo escribirle como compañero y como argentino. Defender los sagrados colores de nuestra bandera en una justa deportiva presupone el mismo honor y el mismo sacrificio que hacerlo en cualquier otra ocasión. A la Patria se la defiende de una sola manera: con toda el alma, con toda la vida. Recuerde, compañero, que en esa defensa usted es la síntesis de todo un pueblo. Es la expresión del poderío físico y espiritual de ese pueblo y de su raza. En usted

estarán puestos los ojos y el corazón de todos los argentinos y de usted depende su alegría, su satisfacción o su tristeza. En los deportes, como en todas las cosas de la vida, se vence con la cabeza, se llega con el corazón y se llega aún más allá con la voluntad tenaz e inflexible de vencer. El cuerpo y su entrenamiento hacen el resto. Recuerde también que con el prestigio argentino defendemos el honor común que es nuestro sagrado patrimonio. Él nos obliga a vencer pero a vencer bien. Un deportista que es capaz de vencer debe saber también perder. En ambos casos con honra. Ponga su fe en el éxito; persevere en prepararse, llame hasta la última reserva de su voluntad para ponerla en la prueba y espere confiado en la suerte que le auguro y no ha de faltarle si se ha preparado bien física y espiritualmente para luchar. Un gran abrazo”. Firmado: Juan Perón.

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EL EJEMPLO ESPAÑOL

“Nuestra función no es ganar todos los partidos” Claudio Morresi reconoce que llegó a la Secretaría de Deportes con la dinámica del fútbol (ganar a cualquier precio), pero admite que luego se dio cuenta de que lo más importante es que los atletas lleguen bien preparados a la competencia y que todos los argentinos se relacionen con el deporte. Por MARIANO HAMILTON

–¿Cuánto hace que es Secretario de Deportes? –Ingresé como Subsecretario el 1° de enero de 2004. Y como Secretario, a partir del 13 de julio de ese año, cuando Roberto (Perfumo) dejó el cargo. –¿Cómo evalúa estos más de seis años de gestión? –No es lineal, porque a través del tiempo fuimos viviendo diferentes momentos. En 2004 este lugar (el Cenard), según los deportistas y la evaluación del periodismo, era la vergüenza nacional. Era un lugar abandonado y destruido. Además, no había políticas deportivas, no había desarrollo del deporte social, no había relación con las provincias para armar diferentes programas nacionales. Todo eso fue cambiando con el tiempo. Pero no es que desde la Secretaría de Deportes lo hicimos. Nosotros trabajamos en sintonía con un proyecto político. Y, creo, estuvimos a la altura de las circunstancias. Eso nos llevó a cuadruplicar el presupuesto de deportes, a mejorar el Cenard para convertirlo en un lugar más que digno para que los atletas puedan entrenar y competir, a organizar programas de becas para deportistas y entrenadores, a articular con las secretarías de deportes provinciales y municipales programas nacionales para deporte social, a crear cen-

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tros de desarrollo regionales y tantas otras cosas que se hicieron y se están haciendo. Falta, claro. Pero estamos creciendo lenta pero sostenidamente. –¿Puede ser más preciso? Es decir, puntualice exactamente cuestiones objetivas de evolución, algo que podamos sentir como tangible. –Ya dije que cuadruplicamos el presupuesto. Lo que en números quiere decir que pasamos de 26 millones de pesos en 2003 a 150 millones en 2010. También salieron tres leyes fundamentales para el desarrollo deportivo: La Ley de Clubes, la Ley de Juegos Evita y Ley de Enard (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo). Esta última, según hemos calculado, le dará al deporte de alto rendimiento un tributo de 140 millones de pesos más, con el impuesto creado sobre los teléfonos celulares que comenzó a aplicarse en agosto. –¿Es suficiente ese dinero para tener

un desarrollo sustentable del deportista de alto rendimiento? –Nunca es suficiente. Pero, hoy por hoy, el alto rendimiento deportivo va a poder tener cubiertas las necesidades de la época para poder competir internacionalmente. Y, además, se libera una parte de lo que la Secretaría de Deportes destinaba al alto rendimiento para ser aplicado al deporte social. Es decir, para llegar a las plazas, a los barrios, a los clubes… A los lugares donde trabajamos para que haya mayor inclusión. Porque si algo tengo claro es que el desarrollo del deporte social es, para nosotros, tan importante o más que una medalla o un título. –¿Articulan con el Ministerio de Educación para llevar el deporte a las escuelas públicas? –Articulamos, pero el Estado y la función pública te pone frente a situaciones complejas, lo que hace muy difícil esta-

“El Estado y la función pública te ponen frente a situaciones complejas, lo que hace muy difícil establecer nexos con otras áreas”.


blecer nexos con otras áreas. Avanzamos con la Ley de Educación, de la que participamos ubicando a la actividad física y deportiva dentro del marco de la nueva ley, pero efectivamente estamos en proceso de construcción para llegar a otros acuerdos. Con esto quiero decir que no estamos en la situación ideal, pero estamos mejor que hace un año y mucho mejor que hace dos. –Nada es mágico… –Nada. Estamos participando más. Por ejemplo, lo hacemos en los Juegos Sudamericanos escolares, en la etapa escolar de los Juegos Evita… Pero no es lo que se dice una relación muy fluida. –Los Juegos Evita son para estudiantes secundarios, ¿no? –Hay Sub 14, Sub 16 y Sub 18. –Bueno, hablamos de estudiantes secundarios… –Sí. –La pregunta sobre la relación entre la Secretaría y el Ministerio de Educación se refería más específicamente al deporte en la escuela primera, ya que de los 13 para arriba los chicos empiezan a encontrar su propio destino y se movilizan hacia clubes u otro tipo de organizaciones. Pero esos chicos, en muchos casos, pierden la etapa fundacional de desarrollo deportivo, que es la que va desde los 6 a los 12 años. –Lo que ocurre es que el Ministerio de Educación tiene su propia área para coordinar la parte deportiva, y allí intervienen los profesores de Educación Física con una currícula. Y esa currícula, justamente, trabaja sobre la posibilidad de incorporar en los chicos ciertos hábitos deportivos para que después se profundicen con el ingreso a un club o a alguna federación. –¿El éxito de una gestión se mide por los éxitos deportivos? –Cuando ingresé a la Secretaría, lo que más me importaba era ganar medallas en los torneos internacionales. Porque llegué con la dinámica del fútbol: hay que ganar todos los partidos. Pero con el tiempo me di cuenta de que mi función era crear dos condiciones básicas: 1) que los deportistas lleguen de la mejor manera a las competencias internacionales y 2) lograr el derecho que tiene todo argentino a re-

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lacionarse con el deporte, que para mí es lo más importante. –La primera está más clara… –Sí, pero por ser más conocida no necesariamente se sabe todo lo que se hace desde el Estado. El ejemplo que está en la boca de todos es el de Braian Toledo porque ganó la medalla, pero en estos seis años tuvimos cientos de Braians que, por una razón u otra, no llegaron a ganarla. Y con todos actuamos de forma similar, siguiendo los pasos tradicionales, que son la detección de un talento en un Juego masivo, sumarlo para acompañarlo en su crecimiento deportivo para él y su entrenador, con becas que pueden ir entre los 3 mil y los 5 mil pesos, traerlo y concentrarlo en el Cenard para que se vaya acostumbrando a la dinámica de un Juego y para que utilice lo último en tecnología aplicada al deporte y organizarle viajes al exterior para capacitarlo. Y

lugares donde no hay un gimnasio privado ni está la oferta deportiva de las grandes ciudades. Entonces, estos chicos van y trabajan en esas zonas, por supuesto asistidos por coordinadores, y así hacen su primera experiencia laboral, al tiempo que le dan respuesta a un sector de la sociedad que no tenía la chance de tener actividad física. –¿También detectan talentos? –No. Eso ocurre especialmente en los Juegos Evita. –¿Cuántos chicos participan de los Juegos Evita? -En la final nacional participaron diez mil. Alrededor de 600 adultos y el resto adolescentes y niños. Pero en las etapas preliminares, las municipales y provinciales, estamos rondando el millón de chicos. Convengamos que en algunas provincias se llaman Juegos Evita y en otras tienen otro nombre, por ejemplo los

repito: no es sólo para el chico que gana medallas, sino para muchos otros. Porque lo importante en el deporte, sea de alto rendimiento o amateur, es intentar. Y si después llegan los éxitos, mejor. –Y como se trabaja en el segundo punto, para lograr que todos los argentinos tengan derecho a relacionarse con el deporte. –Buscamos abrir posibilidades para la gente a través de diferentes programas. Por ejemplo, para hablar con mayor precisión, hay un programa que se llama “Argentina en nuestra cancha”, en el cual los chicos del último año del profesorado de Educación Física de los casi 60 institutos que hay en el país –es decir miles–, reciben una beca y van a trabajar a los

Juego Rionegrinos clasificatorios para los Juegos Evita. Pero, en definitiva, lo que importa es que los chicos participen. –En Un Caño nos preguntamos cuál fue o es el secreto de España para obtener tantos éxitos deportivos, tanto a nivel profesional como en otras disciplinas. ¿Tiene claro cuáles son las razones del fenómeno español? –En España se crea un programa que se llama ADO (Asociación de Deportes Olímpicos). Nosotros creemos que esta Ley de Enard podrá, de alguna manera, cumplir con requerimientos parecidos, aunque diferenciados porque cada país tiene su idiosincrasia. –¿Qué es el programa ADO? –Fue creado en 1988 de cara a los

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Juegos Olímpicos de Barcelona ’92. Las empresas privadas, en vez de pagar impuestos, derivaban ese dinero a ciertas disciplinas deportivas y, además, conseguían espacios de publicad en la Televisión Pública Española. Esto es el ADO a grandes rasgos, a lo que se suma a la mejoría que tuvo la economía española en los últimos quince años, lo que también permitió a los ayuntamientos respaldar al deporte y realizar obras muy importantes. –Hablamos entonces de sinergia entre los privados y el Estado. Todos apuntando a desarrollar el deporte. –Exactamente. Un Estado invirtiendo en el deporte, ayuntamientos con plata aportando y empresas privadas respaldando. Todo ese esfuerzo tardó alrededor de veinte años en entregarle a España medallas y títulos. –El fenómeno español, además, ocurre en tenis, básquet, automovilismo, ciclismo, fútbol y otros deportes profesionales. ¿La Secretaría tiene influencia en esos deportes? –Salvo en fútbol, y más o menos desde la llegada del Fútbol Para Todos, la Secretaría tiene intervención en las Federaciones a través de programas. Por ejemplo, en básquet intervenimos en las categorías juveniles, en los planes de altura; o con el tenis estamos en las escuelitas. Si vos vas al balance de las Federaciones, el 99% lo provee la Secretaría de Deportes. Es decir, el sponsor es el Estado. Igual, hay que reconocer que una vez pasada la etapa formativa, los deportistas ya toman una dinámica que, hasta te diría por suerte, escapa a la órbita de la Secretaría. Y digo por suerte porque así el Estado puede apuntalar a otros sectores que son más vulnerables y que no cuentan con esa dinámica propia de crecimiento que podés encontrar en el fútbol, en el tenis o en el básquet. –El dinero que llegará para el Enard, ¿servirá para darle un empuje similar al deporte argentino? –Creemos que eso servirá para, de acá a algunos años, lograr mejoras en el deporte de alto rendimiento. Igual, no hay que dejarse engañar por la cantidad de meda-


llas, ya que muchas veces eso no marca bajo ningún punto de vista el verdadero desarrollo deportivo de una Nación. –¿Cómo es eso? –El atletismo da 46 medallas en Juegos Olímpicos, es decir la mayor cantidad. Fijate que los países del Norte de Europa sacan la misma cantidad de medallas en unos Juegos Olímpicos que muchas islas del Caribe o del Pacífico. Ahora, la expectativa de vida en los países del Norte de Europa es cercana a los 80 años y en las islas que mencionamos ronda los 50 o 60 años porque la relación de la población con la actividad física es diferente. En el Norte de Europa, la gente que hace deporte alcanza al 70% de la población, mientras que en el Caribe no llega al 10%. En definitiva, es muy relativo eso de las medallas. –Es cierto que una medalla dorada no explica si una sociedad tiene mayor o menor actividad deportiva, pero también lo es que ese tipo de conquistas hacen que los chicos se sumen al deporte por contagio. Puede servir el caso de Braian Toledo en atletismo o, para ser todavía más claros, lo que ocurrió con el tenis y Vilas en los ‘70 y con Las Leonas ahora, quienes transformaron a deportes de elite en deportes más populares. –Es verdad. El hockey sobre césped era patrimonio de colegios privados, de sectores sociales de clase media y alta y de un grupo muy selecto de mujeres. Y ahora las chicas juegan en los barrios, incluso en lugares donde ni siquiera hay canchas con pasto. El efecto de emulación es increíble y forma parte de un círculo virtuoso que nosotros debemos potenciar desde la Secretaría. Porque no es sólo que jueguen más o menos chicas y chicos, sino que además se crea una industria relacionada con ese deporte. Y eso trae consigo más puestos de trabajo. Ése es el mundo de hoy, tan relacionado en todos aspectos. –Y ni que hablar de la autoestima de la población… –Tengo muy claro eso también. Porque la autoestima de la gente hace que

las condiciones objetivas de desarrollo de un país sean mucho mejores. En momentos políticos complicados, los sectores reaccionarios casi siempre trabajan para herir a la autoestima de la población y así deteriorar la imagen de un gobierno. –Por lo que usted dice, hay que diferenciar muy claramente entre la obtención de medallas o títulos y las políticas deportivas que benefician a la sociedad. Y que una cosa no está directamente enganchada con otra. –Pongo otro ejemplo. El tiro con arco da alrededor de 16 o 18 medallas en los Juegos Olímpicos. Y muchas veces, cuando se analiza un presupuesto reducido, uno debe decidir dónde pone el dinero, a qué disciplina se le da prio-

ridad. Entonces uno se encuentra entre la disyuntiva de apoyar a una federación que cuenta con 50 atletas en el país y que puede llegar a dar 10 o 15 medallas o respaldar a otra federación, como por ejemplo puede ser el handball, que pone 2 medallas en juego pero que a su vez cuenta con 50 o 60 mil chicos que lo practican. Y todo depende, por supuesto, desde el lugar desde dónde se juzgue la gestión. Si te miden por las medallas es una cosa, y si el acento se pone en las políticas de inclusión es otra. Lo que está claro es que en países como la Argentina, con tantos años de postergación, hoy estamos decidiendo día a día dónde aportar el dinero que tenemos.

El Secretario de Deportes, en la entrega de medallas de los Juegos Nacionales Evita 2010.

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EL EJEMPLO ESPAÑOL

¿Copiar a España? ¿Para qué? El 2010, caracterizado por un campeón del mundo puesto como ejemplo universal, ha sido un buen año para disparar discusiones. Lo cerramos con un análisis de Víctor Hugo sobre bondades y martirios de los reyes de Sudáfrica. Como para vernos en un espejo... O alejarnos de él. Por VÍCTOR HUGO MORALES

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o extraordinario de España en el Mundial ha sido la fidelidad al camino que fue descubriendo en los últimos años, cuando se dejó ganar por la influencia del Barcelona. No titubeó, no parpadeó siquiera ante el desconsuelo de los amantes de una estética más audaz. Más bien profundizó el modelo, lo desarrolló con la porfía de un capricho y hasta hizo una caricatura del mismo. Fue orgullosa y desafiante al crispar a los que querían un poco más de acción, los que pedían alguna variante en el libreto. En cada toque hacia atrás, hacia los costados, en los cambios de frente, parecía decir “esto es así y se acabó. ¿No te gusta? Entonces tomá”, y ahí mismo lanzaban el pase desde el círculo central hacia su arquero. Y empezaban de nuevo. Que Puyol, que Piqué, que al volante, y ahora otra vez Piqué, de nuevo al arquero y ahí esta Puyol ofreciéndose otra vez como salida. Todo muy prolijo, sí. Bostezado, como elongando… Prolijo. Si ganaba, escuela. Si perdía, un bodrio. Lo más probable es que el descubrimiento de ese fútbol que España patentó en Sudáfrica haya sucedido como con los mares de ideas que sacuden al

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mundo. De pronto, algo es como es sin que se pueda explicar fácilmente como fue que surgió. Si se trata de un plan o es el devenir simple de las cosas. ¿Para que se llegase al Miguel Ángel de La Pietá, hubo una deliberada intención? ¿Se sentaron en sillas de madera, de respaldos altos, en las penumbras de los palacios, para decirse los hombres cómo soñaban la pintura y, a través de ella, el mundo, y al cabo de unos pocos siglos les salió el escultor perfecto? Y si no fuera por las riquezas de aquel tiempo, ¿habría el hombre concebido elevarse a las alturas del arte, insatisfecho aquel burgués de sólo acumular dinero? ¿Lo de España es la respuesta a un trabajo que puede imitarse (tomar la receta, si la hubiera, y ya está)? ¿O son concomitantes tan dispares circunstancias que resulta imposible trasladarlo y por consiguiente el esfuerzo

de Un Caño es inútil si lo que intenta es despabilar conciencias y lograr que hagamos de una vez las cosas que debemos hacer para que el futbol argentino “sea”? ¿Sea que? ¿España? ¿No hubo ya otras Españas y una de ella fue la propia Argentina del Mundial de Alemania? ¿El célebre gol de los mil toques a Serbia no fue la declaración de principios del equipo de Pekerman? El ganapierde determinó que al caer (¡por penales!) con los teutones lo que ahora se elogia de España despertase como si se pasase la mano por una cortina. Como siempre, lo que da razón es el resultado, el azar lleva la delantera con malicia y conduce la opinión. Hasta que se palpó de cerca la medida, no se supo bien de qué se hablaba. Salvado por Messi, el espectáculo, el partido en el estadio de River, después del Mundial, ajustó en algo los con-

¿No hubo ya otras Españas y una de ellas fue la propia Argentina del Mundial de Alemania?


ceptos. No importa si estaban relajados. Ni siquiera el resultado, que pudo ser cero a cero de no mediar Lionel. Lo que pasmó a los espectadores fue apreciar de cerca la negación del espectáculo que el campeón del mundo y su imprevisto “imitador” estaban dispuestos a perpetrar. Harta el fútbol sin compromiso, el del pase recurrente, el de la pelota al pie sacrificando la mínima audacia. Por eso Messi es Messi. Y acá están Enzo Pérez o los Martínez (el Burrito de Vélez y su hermano de Independiente), que cuando tienen a un rival enfrente no se paran y juegan para el costado. Lo quieren pasar ¡Viva Dios!

El día en que Ortega se detuvo ante el marcador y en lo primero que pensó fue en el pase, chau Burrito. En el último clásico, J.J.López lo tiró más a la raya y arreglátelas, viejo. Y Ariel fue y se animó a dos o tres mano a mano, y ahí mismo pareció renacer, aún sin la pimienta del anticipo del ciclista que toma la cuerda y se manda en el embalaje. Pero lo intentó. Y fue mucho más útil que sumándose al concierto híbrido del medio campo. Y por eso Lamela se cotizó en 20 minutos en millones de euros. Porque de “eso” no hay. Pero la vida es así, qué se va a hacer. El fútbol de Bielsa, que cautivó durante cuatro años en Améri-

ca y el mundo, fue derrotado en el 2002 y sanseacabó. La dinámica, la ansiedad por tener la pelota e ir de inmediato hacia el arco rival, la organización fascinante para ocupar la cancha en bajada hacia el arquero de los otros, ese plano inclinado que contrasta con el equilibrio de la España vencedora, no sirvió. Le faltaba pausa, dijeron. No sirve, no es muy argentino, eso. Así que si el Checho copia a España porque es lo que está de moda (¡de moda!), y tiene razón. Cuando Messi asesine al aburrimiento con su verticalidad, lo de la Madre Patria puede ser fundacional de una época. Madre mía…


EL EJEMPLO ESPAÑOL

El que no corre vuela

Mucho título, mucha corona, mucho brillo, pero a la hora del examen interior, España también tiene sus cosillas. Sospechas de doping y otros asuntos oscuros que se entremezclan entre tanto alboroto. Ojo, ojito, ojazo. Por EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

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afael Nadal, Fernando Alonso, Pau Gasol, Andrés Iniesta, Iker Casillas, Alberto Contador, campeones mundiales de fútbol, de básquet, de motos, de la Copa Davis, de Fórmula Uno, del Tour de Francia... La lista es sintética, pero sirve para reflejar el fenómeno del deporte español en los últimos años. Se sabe: antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, España era mucho menos. Juan Antonio Samaranch, cuando estaba a cargo del deporte en los tiempos del dictador Franco, llegó a un pueblo andaluz, fue al gimnasio y prometió que enviaría unos potros. El alcalde, sorprendido, le preguntó: “¿Y esos animalitos, comen mucho?”. Samaranch, ya presidente olímpico, impulsó los Juegos en Barcelona, se privilegió al alto rendimiento y España se convirtió de allí en más en un país ganador de medallas y títulos mundiales. El alcalde andaluz ya sabe qué es un potro. La “Operación Puerto”, una investigación policial de 2006, abrió la puerta a las sospechas sobre algunos de esos éxitos que ya tenían muchos países de Europa: ¿se había convertido el deporte español en un paraíso del doping libre? Lo que más llamó la atención fue la decisión fulminante de la justicia ordinaria de archivar el escándalo de la “Operación Puerto”. Sus esquirlas abrieron expedientes paralelos y provocaron sanciones en Alemania, Italia y Francia, entre otros países. No en España. El gobierno español habló siempre de no más de medio centenar de casos, pero el propio médico Eufemiano Fuentes contó que tenía unos doscientos clientes y que no eran sólo ciclistas. Los poderosos clubes del fútbol español aludidos en algunos informes amenazaron con inmediatas querellas. El caso más reciente de Alberto Contador, campeón del último Tour de Francia, suspendido por un doping que él atribuyó a una carne contaminada, reabrió los interrogantes. Otra vez gobierno y prensa españoles sorprendidos y protegiendo al ídolo, aunque todos sabían los fuertes indicios que siempre señalaron a Contador como uno de los beneficiados por el archivo de “Operación Puerto”. ¿Qué otra cosa podría haber significado el sobre con las siglas AC del equipo Liberty encontrado en los archivos de Fuentes? El propio presidente de la Unión Ciclista Internacional (UCI), Pat McQuaid, advirtió a los españoles en su casa que algo extraño estaba sucediendo con sus ciclistas. Su dominio en el Tour coincidió con la aparición de la EPO. Tres campeones 78 UN CAÑO | DICIEMBRE 2010

españoles del Tour en 88 años, diez en los últimos 19. No sólo la UCI sospecha. Acaso dominado por el éxito, el chauvinismo, y porque la industria del entretenimiento y la distracción es universal, al periodismo español siempre le costó analizar el fenómeno. Fue siempre más fácil sugerir complots y envidias. El Comité Olímpico Internacional (COI) le dio un fuerte aviso este año cuando sugirió que la endeble legislación antidoping española fue una de las causas por las cuales Río de Janeiro le ganó a Madrid la sede de los Juegos de 2016. Otras investigaciones sugieren que la enorme pantalla que significan el Barcelona de Lionel Messi y el Real Madrid de Cristiano Ronaldo, en el fútbol ahora campeón mundial de selecciones, tapa demasiada mugre. Porque las luchas por el ascenso y descenso de clubes medianos y chicos se han convertido en una salvaje compra-venta de partidos. Otra vez la justicia estableció que Hércules podía permanecer este año en Primera pese a las escuchas telefónicas del presidente del club comprando rivales. En el mismo momento que cierro este artículo, salta un nuevo escándalo que acusa al Betis en 2007. España, seguramente con grandes campeones y estrategas, protagonizó acaso el más formidable avance deportivo de las últimas décadas. Tal vez deba comenzar a sobreponerse a tanto éxito.

Alberto Contador arrasó con el Tour de France en 2007, 2009 y 2010.


Políticamente correcto

Desde los silenciosos parajes de un deporte poco comprometido, la voz de un ex marcador de punta develó, una vez más, que hay jugadores esperando una oportunidad. La charla con Manusovich apuntó para un lado poco habitual: el fútbol y la política. Por ALEJANDRO WALL Foto MAXI FAILLA

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e pronto, se ven los rulos de Damián Manusovich. Llega con la corbata en la mano y el paso apurado. A media cuadra del bar, pasando un puesto de panchos, está la esquina donde el deporte se cruza con el negocio del entretenimiento. Dentro de una hora, Manusovich entrará al planeta Torneos y Competencias para participar de un show televisivo cuyo nombre aún genera retorcijones en los gerentes de esa sucursal periodística: Fútbol Para Todos. Un título que no decía nada hasta que un día vino a decirlo todo. El programa siguió, entre risotadas y grotescos, pero a la empresa no le hizo gracia la nueva vida. Sin embargo, Manusovich, quien en un rato aparecerá por la pantalla de Fox Sports, no tiene problemas en defender al gobierno que pulsó el botón para tirar abajo el alambrado de las transmisiones. Los futbolistas no suelen involucrarse en esos asuntos. Manusovich, en cambio, reivindica la política en voz alta. –¿Por qué no es frecuente que un futbolista se involucre políticamente? –Hay de todo. Una razón es que a los medios no les interesa. A muchos no les conviene porque la opinión puede ser contradictoria con sus intereses. Otro aspecto es que los jugadores no son muy conscientes de sus derechos. Y tal vez no les importe. Cuando un futbolista desarrolla su carrera está muy metido en su

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problemática y por ahí tiene poco tiempo para la problemática general. Me parece, igual, que hay más excepciones de las que se ven. A mí me interesa la política. Mis viejos son profesionales. Yo mismo me fui formando académicamente, aunque no terminé la carrera. –Estudiaste administración de empresas, pero te metiste en los medios. ¿Qué encontraste ahí? –Aclaro que no participo desde el lugar del periodista. Soy respetuoso de los chicos que se rompen el alma para tener un título. Intento ocupar el lugar de la opinión, y desde ahí hay muchas cosas que me interesan, no sólo el deporte. Por ejemplo, la inserción de lo deportivo dentro de un contexto social, económico y político. Los medios me dan una plataforma para contar cosas que me pasan. –¿Hablabas de política con tus compañeros? Con algunos, sí. La charla política que a mí me importa no es teórica. El mundo de la política puede partir desde los ideales hasta cuestiones más pragmáticas, sobre qué es lo correcto o no ante un he-

cho puntual. Y son las más interesantes, porque es donde uno pone en juego su ideología en línea con su accionar. –¿Militaste alguna vez? –En el Centro de Estudiantes. Iba al Hipólito Vieytes, un colegio politizado. En la facultad ya no, pero le prestaba atención. En un partido político, nunca. La participación política organizada me parece necesaria. La militancia volvió a tomar status y, lamentablemente, tuvo que morir Kirchner para que esto se ponga sobre la mesa. Pero hay otras formas de involucrarse. En mi caso, generando empresas que representen mis valores. Somos muchos los que laburamos juntos y para mí no es sólo un hecho económico, sino una postura política. –¿El gobierno de Kirchner revitalizó la discusión política también en el deporte? –Totalmente. –¿Con el tema de los derechos del fútbol? –Por ejemplo. Desde una mirada objetiva es imposible soslayar el gran aporte que han hecho estos dos gobiernos en ese sentido. Algunos sectores insisten

“El fútbol, como estructura sociopolítica y de poder, debe ser de las más conservadoras”.


con que discutir es negativo. Siempre y cuando respete al otro, la discusión apasionada implica también que uno está comprometido. De lo contrario sería algo frío, propio de un discurso edulcorado que hoy intenta filtrarse, particularmente en Buenos Aires. En estas partes del mundo, donde las asimetrías sociales son tan grandes, es ridículo plantear que no existan conflictos cuando se está hablando de la distribución de la riqueza. –¿Creés que también tomó relevancia ocupar un lugar en los medios? –Es un momento paradigmático porque va mutando la manera en la que la gente se acerca a la información, con las redes sociales, las formas en las que entrás a las radios, cómo te bajas una señal visual, cómo hacés música o accedés a un libro. O cómo leés la opinión de Arturo Pérez-Reverte, un escritor que a mí me encanta. Está todo más democrático. Aunque sé que quienes no tienen para comer difícilmente puedan acceder a eso. Me causa mucha gracia cuando en los países subdesarrollados se habla de libertad. ¿Qué libertad puede tener alguien que no tiene para comer? En cambio, a otros sistemas se los llama dictatoriales cuando todo el mundo come. Es fácil decirlo con el estómago lleno. –¿Hay que saber encontrar los espacios en esta coyuntura? –A veces están y uno no se anima a transitarlos. Es decir, no sólo hay que encontrarlos, también hay que tener la valentía de transitarlos sin modificar una coma de lo que uno piensa. Yo estoy en un programa de entretenimiento y el lugar que ocupo no es revolucionario ni mucho menos. Pero desde mi espacio trato de decir las cosas que pienso. –Sabiendo que tus ideas son contrarias a los intereses de la empresa para la que trabajás, ¿te sentís libre para opinar? –Totalmente; a mí en Fox nunca me dijeron nada. Nadie me pidió alinearme. Además, recibí adhesiones de compañeros a quienes les encantó verme en Duro de Domar, TVR o 6,7,8. La muerte de Kirchner sirvió para que muchos salieran del placard y dijeran que ciertas cosas de este gobierno les gustan. Había gente que tenía miedo y existía mucha presión mediática y social.

–¿Esa libertad tiene que ver con una situación política? –La libertad está en relación con la necesidad. Yo estoy acá porque quiero. Me puedo dedicar a otras cosas. No modificaría mi forma de pensar para estar en los medios. Pero creo que nadie es libre si no tiene sus necesidades cubiertas. Muchas personas tienen que tragarse palabras para cuidar un laburo. –¿Seguís pensando que el fútbol es conservador? –Es muy conservador. Como estructura sociopolítica y de poder debe ser de las

la disputa de que evalúen tu rendimiento. Sólo un fuera de serie como Maradona o uno como Messi no se preocupan por su rendimiento. De lo contrario, estás muy metido en tu día a día, en que le técnico te ponga, en cómo le va al equipo, en que no te puteen. Y el medio te satura. –¿Es difícil tomar partido dentro del fútbol? –Un ámbito conservador es contradictorio con personalidades que intentan tomar partido y buscar un cambio. Yo me siento cómodo con mi forma de ser cuando me toca interactuar en el ámbito del

más conservadoras. Hay un presidente de AFA desde hace treintaiún años. Muy reacio a los cambios. No va cambiando, no intenta innovar, no se adapta socialmente, va por detrás de los avances colectivos. –¿Tiene que ver eso con que te hayas retirado tan joven? –Puede ser. Disfruté mucho la carrera. Hubiese jugado un poco más, pero en San Lorenzo. Pero ya no estaba dispuesto a jugar por plata. Esa puerta no se abrió, entonces preferí tomar otros caminos –¿También te habías cansado del ambiente? –Cuando sos jugador, es muy difícil pelear. Tenés la pelea del ámbito y tenés

fútbol. Sé que no estoy a la moda, pero siento que se me respeta. Y está bueno que no nos alejemos del medio, porque de lo contrario no vamos a poder cambiar aunque sea una mínima porción. –¿Las ideas futbolísticas tienen que ver con las ideas políticas? –Pensé que era una frase del Flaco Menotti, y el otro día el Tano Juan Fazzini dijo que la había inventado él. No sé si será así, pero me parece una frase muy buena. –Vos jugabas por la izquierda… –Eso puede ser casualidad. Lo importante es que uno tiene los rasgos del sacrificio, la solidaridad y la visión del conjunto.

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Magia negra sobre espuma blanca

Quedan pocas dudas sobre la mala campaña de Quilmes: es consecuencia del vudú (que no es Amado) que practica sistemáticamente Sor Lilita Carrió sobre el Jefe de Gabinete. Pero como toda fuerza oculta es imposible de direccionar, en lugar de afectar directamente a Aníbal Fernández cayó sobre el equipo de Madelón, condenándolo al descenso. Por PABLO DE BIASE

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ientras el mamporro de Camaño distraía a Sor Elisa, obligándole a desviar la mirada de su smart phone con cuentas de rosario, la sonrisa mefistofélica, que crece con el ancho de su cara, se volvía mueca de leve disgusto. Nada le place tanto a quien debería reemplazar el nombre su fundación (¿no le sentaría mejor que lleve el nombre de Eva Braun antes que el de Hannah Arendt?) como leer los tweets de Aníbal Fernández, y nada le disgusta tanto como que la aparten de sus placeres inmediatos (es como si le sacaran un canapé que está a punto de engullir). Con regodeo glotón, leía el mensaje del Ministro en el que bromeaba sobre la necesidad de jugar a puertas cerradas (¡y en cancha del poco amado equipo de Duhalde!) para lograr los primeros tres puntos en su octavo regreso a Primera. Fracasada en tantas operaciones mediáticas, Sor Elisa, o Black Magic Woman, sabe que en el fútbol todo se debe a su magia, ¡lástima que se le disparó para ese lado el puto muñeco de papa y la madre que lo parió: en vez de haber tumbado al Gobierno, lo tumbó a Quilmes! Un pinchazo y Raymonda se caía. Otro pinchazo y Morales volteaba una nube o Garnier caía redondo sin que un rival lo hubiera tocado. Sí, además de la tradicional magia negra europea, en un paseo por Haití mientras fracturaba los descalcificados piecitos de esos famélicos negritos cabezones, al caminar en una misión parlamentaria de la OEA entre las multitudes

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hambrientas, aprendió ciertas artes de magia negra creole en una choza de Puerto Príncipe a manos de una antigua oficiante que decía tener más de 200 años y haber conocido al propio François Dominique Toussaint-Louverture, héroe de la independencia y las luchas antiesclavistas en la ex colonia francesa. La magia negra que le aplicó a la decena de muñecos de papa que talló surtió efecto con el de Aníbal Fernández, pero como toda potencia que desencadena fuerzas ocultas es imposible de direccionar. Así como las infamias de TN terminan con su mugre en el lugar menos pensado, sus alfileres surtieron efecto, más no el deseado. La renuncia debía ser de Boudou y no de Tocalli. ¡Así resulta la combinación de sincretismo, magia negra y operaciones mediáticas! No fueron Fantino, entonces, ni nadie del grupo Vila –hincha o no de Godoy Cruz–, quienes pretendieron presionar con sus denuncias sobre el supuesto favoritismo del que iba a gozar Quilmes, los que lograron la campaña impresentable de siete empates, siete derrotas y sólo un triunfo, producto del contracampo magnético que produjo la mufa duhaldista en cancha de Banfield: fue ella, la dama uniforme (la de una sola forma sin formas). ¿O alguien acaso tiene una explicación deportiva para el derrotero del equipo que vicepreside el ministro ricotero de bigote nietzscheano? ¡Por favor, hablemos en serio!


Revista Un Caño - Número 32 - Diciembre 2010  

¡Vértigo! - Passarella busca equilibrar las cuentas y lucha por no caer en la zona de descenso.

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