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Todo tiene que ver con todo Estamos en los tiempos de Mundial de Sudáfrica, lo que, por supuesto, le debemos agradecer a Daniel Vila, uno de los propietarios del Grupo Vila-Manzano y dueño del canal América, que transmitió la edulcorada ceremonia de entrega de los Martín Fierro. Ah...otro de los dueños del canal America es el diputado nacional Francisco De Narváez, para sorpresa de la senadora María Eugenia Estenssoro, quien está en Comisión de Sistemas, Medios de Comunicación y Libertad de Expresión y posee una Licenciatura en Literatura Inglesa y Francesa en Smith College, Massachusetts, otra en Letras en La Sorbona, una de Ciencias Políticas en el Instituto de Ciencias Políticas de París, un Posgrado sobre Industria de Libros y Revistas en Harvard University y una Maestría en Periodismo en la Universidad de Columbia, pero necesitó que un periodista despedido se lo dijera para entender qué es lo que está pasando en la sociedad mientras no se apruebe la Ley de Medios que ella cuestiona sin parar. Disculpen la digresión, pero muchas veces pasan cosas que a uno le hacen hervir la sangre. Volvamos al deporte. Maradona finalmente entregó la lista, en la que está Garcé con 22 jugadores más, según la lectura que hicieron los medios de comunicación, que se ocuparon de destacar la convocatoria del central de Colón –un jugador que probablemente no juegue ni un minuto en el Mundial–, muy por encima de los otros convocados. Gracias, Daniel. Ascendieron Olimpo y Quilmes, y perdieron la categoría Chacarita y Atlético Tucumán. En este caso, el agradecimiento no es para Daniel, sino para Aníbal (Fernández). Pero esta situación anómala nos obliga a pedirle perdón a Daniel. Cappa está en River, Borghi, en Boca, ¿Ramón, en San Lorenzo? Russo, en Racing, Garnero, en Independiente…. Parece que los grandes quieren recuperar algo del protagonismo perdido. Una investigación de Luis Majul indica que todo este movimiento político/deportivo es responsabilidad de 6-7-8, Duro de Domar, Reynaldo Sietecase y Néstor Kirchner, para tapar todos los desastres que hace el gobierno de Cristina. Gracias, Daniel, por dejarlo investigar a Luis, lo que a su vez le permitió sumarse a la mesa de la aterrada Mirtha Legrand para promocionar sus libros. Alejandro Fantino le reclamó al presidente de la AFA, Julio Grondona un fútbol más de federal cuando recibió el Oscar al mejor actor (no, no perdón… el Martín Fierro al mejor programa periodístico deportivo de TV). Y enfatizó que hacía quince años que quería decir esa frase. Por fin se sacó la espina Ale, después de tantos años de silencio y censura, ya que como todos saben estuvo alejado de los medios de comunicación y hasta fue detenido en la isla Martín García por su defensa denodada de los derechos de los más pobres. Gracias, Dani. En serio, eehh... de corazón. Crítica sigue peleando por su subsistencia. Así como hace unos meses se luchó por los trabajadores despedidos de La Capital de Rosario. Gracias, Daniel. Un Caño anuncia a sus seguidores que el próximo número de la revista saldrá a la calle después de que Argentina finalice su participación en el Mundial. Esperamos que sea el 13 ó el 14 de julio, es decir, un par de días después de haber dado la vuelta olímpica. Tenemos esperanzas de que esto pueda ocurrir porque los planetas se están alineando de una forma especial. Y si los planetas de alinean, Argentina estará entre los semifinalistas, al menos. Gracias, Daniel. La Corte Suprema dio un paso fundamental para permitir que entre en vigencia la Ley de Medios, que sigue parada por la presentación del diputado nacional Enrique Thomas ante la jueza Olga Pura de Arrabal y confirmada por la Cámara de Apelaciones de Mendoza. Gracias, Daniel. El periodismo, los medios, la política, el fútbol no serían lo mismo sin vos. Mariano Hamilton

staff SEGUNDA ÉPOCA (AÑO 5) NÚMERO 26 CONSEJO DE DIRECCIÓN Alejandro Caravario Christian Colonna Pablo Cheb Terrab Mariano Hamilton Pablo Llonto Matías Martin Fabián Mauri Víctor Hugo Morales Ralph Rothschild Ariel Senosiain Adrián Soria SECRETARIO DE REDACCIÓN Pablo Llonto DIRECCIÓN DE ARTE Alicia Sliwkin EDITOR DE FOTOGRAFÍA Fabián Mauri CORRECCIÓN Alejandro Lingenti COLABORAN EN ESTE NÚMERO Ezequiel Bergonzi, Pablo de Biase, Carlos Bonet, Eduardo Cantaro, Gabriel Casas, Nahuel Galotta, Cecilia Di Genaro, Alejandro Fabbri, Edgardo Imas, Román Iucht, Alejandro Kirchuk, Simon Kuper, Pablo Lechuga, Nacho Levy, Alejandro Lingenti, Diego Martini, Ezequiel Fernández Moores, Ignacio Fusco Juan Ignacio Orúe, Fernando Pacini, Miguel Parodi, Juan Ignacio Provéndola, Marcelo Rosasco, Leandro Sánchez, Gabriel Schultz, Roscoe Tanner, Traversaro, Gustavo Veiga, Fernando Vergara, Osvaldo Alfredo Wehbe, Ramón Zapico, Roberto Zimmerman, Photogamma.com DEPARTAMENTO COMERCIAL info@sentidos.com - 5983.2700 www.revistauncaño.com.ar www.facebook.com/revistauncanio correodelectores@revistauncanio.com.ar IMPRESIÓN Kollor Press S.A. Uruguay 124 -Bs.As-4116-3598/3599/3601. DISTRIBUCIÓN EN CAP.FED Y GRAN BS.AS Sanabria S.R.L Baigorri 103. Capital Federal. 4304-3510. DISTRIBUCIÓN EN INTERIOR Distribuidora Austral de Publicaciones S.A. Isabel la Cátolica 1371, Cap.Fed. 4301-0701. Esta publicación es propiedad de EAMP S.A, Uruguay 1037 7º Piso. Prohibida su reproducción parcial o total. Registro de la propiedad intelectual, en trámite.

ILUSTRACIÓN DE TAPA Sebastián Domenech

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PICADO

La justa deportiva sin igual Noticia de tapa en América Latina por el golpe anacrónico de Roberto Micheletti, Honduras, aunque muchos no lo sepan, jugará el Mundial de Sudáfrica. Los dirigentes y algún futbolista bailan el minué del oportunismo y prefieren no hacer olas. ¿No les suena familiar? Por TRAVERSARO

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oña Flor es dueña de una tienda de ropa en Tegucigalpa. Allí, empapeló las paredes con fotografías de su hijo mayor, Amado, con las camisetas de los nueves clubes en los que jugó. “Es mi razón para vivir”, se enorgullecía en una entrevista publicada el 8 de mayo por el diario El Heraldo. En octubre del último año, sin embargo, Doña Flor protagonizó una disputa mediática con él: no bien la Selección de Honduras se clasificó para el Mundial 2010, ella, militante del Frente de Resistencia contra el Golpe, le obsequió la camiseta autografiada por el capitán del equipo, su hijo, Amado Guevara, al presidente constitucional Manuel Zelaya, depuesto el 28 de junio por un golpe militar –eclesiástico– mediático. Pero Guevara la desmintió. “Esa camiseta es sagrada para mí, y nunca se la regalaría a alguien que no conozco. La verdad es que mi mamá compró una camiseta en una tienda y se la llevó. Es cierto que la autografié –a pedido de ella, escribí: ‘para el señor presidente Manuel Zelaya, de su amigo Amado Guevara’–, pero lo hice como lo hago con la gente que me pide que le firme una camiseta. Mi mamá es de la Resistencia, pero yo en eso no me meto: a mí no me interesa la política”, se desentendió el mediocampista, de 34 años, que jugaba entonces en el FC Toronto y que lo hace hoy en el Motagua de su país. En diciembre, Guevara presentó, junto al golpista Roberto Micheletti, unas estampillas alusivas a la clasificación de Honduras al Mundial, al tiempo que su mamá, Florinda Yamileth Guevara, Doña Flor, hacía campaña –sin éxito, al final– para la alcaldía de Tegucigalpa, como candidata de Unificación Democrática, partido que se opuso al golpe. Al lanzamiento de las estampillas también asistió Rafael Callejas, presidente de la Federación Nacional de Fútbol (Fenafuth). “Hemos sido el comité ejecutivo más exitoso de la historia. Así que quiero continuar. Pero cuidado, esto no es una dictadura: se me permite la reelección”, bromeó, impune, con Micheletti a su lado. Por lo demás, Callejas, quien presidió Honduras entre 1990 y 1994 (denunciado hasta el hartazgo por corrupción), había nombrado a Zelaya como “presidente de honor” de la Fenafuth. Lugarteniente de Callejas, Alfredo Hawit, secretario general de la Fenafuth y vicepresidente de la Concacaf, señaló tras el golpe –como bien apuntó Ezequiel Fernández Moores en su artículo Bananas, publicado el 28 de julio en La Nación– que “el orden constitucional ha vuelto a normalizarse, y Honduras tiene un nuevo presidente legalmente establecido”. Hawit, a la 4 UN CAÑO | JUNIO 2010

vez, aleccionó que “el fútbol, como lo establece la FIFA, no tiene nada que ver con la política de un país” (país que, permítase la digresión, tiene al 60% de su población sumido en la pobreza). A Honduras la dirige el colombiano Reinaldo Rueda, y no tiene celebridades futbolísticas en el equipo. Apenas tres jugadores de mediano renombre, como David Suazo, un atacante del Inter que jugó a préstamo en el Genoa en la última temporada; Wilson Palacios, un mediocampista del Tottenham Hotspur que sufrió hace un año el asesinato de su hermano Edwin, secuestrado en 2007, y Maynor Figueroa, un lateral del Wigan inglés que, cuando viaja a Honduras, maneja un ómnibus de la empresa familiar para ayudar a su padre. Honduras, que integra el Grupo H con España, Chile y Suiza, consiguió la clasificación al Mundial tras derrotar a El Salvador, selección con la que había protagonizado tres batallas futbolísticas en las Eliminatorias para el Mundial 70, apenas 17 días antes de la guerra entre los dos países, que el periodista polaco Ryszard Kapuscinski llamó –no por fidelidad histórica, sino, como él mismo confesó, por oportunismo comercial– “La guerra del fútbol”. En fin, Honduras se apresta a disputar su segundo Mundial. En 1982, había participado por primera vez, con José de la Paz Herrera al frente del equipo. Hoy, De la Paz Herrera entrena a Belice. Asumió en enero, un mes después de haber votado como diputado nacional por la restitución de Zelaya a la presidencia. En esa votación, sufrió la peor goleada de su vida: perdió 111 a 14.

Doña Flor muestra la polemica camiseta que le regaló a Zelaya.


PICADO

Si los viera el Comandante

Ya es conocida la existencia del club Che Guevara en Córdoba. Pero quisimos saber qué ocurría con el día a día de un proyecto que mezcla utopías y ganas de jugar al fútbol que les gusta a los pueblos. Si usted quiere colaborar, lea este picadito... Por MIGUEL PARODI

“Por ahora son menos las camisetas vendidas que las obsequiadas, pero somos concientes de que serán nuestro sostén en el proyecto”. Mónica Nielsen está segura de que la estampa del Che es la marca registrada de un club que juega como vive. Un club con contenido político donde se milita fútbol, o al revés, un club en el que sus jugadores no tienen valor de mercado. ¿La explicación? Muy sencilla: “son personas, no mercancías”, resume la presidenta del club. El hincha de fútbol tiene postulados que contemplan la defensa de la camiseta como estandarte identitario. “La camiseta se tiene que transpirar”, se suele exigir. Y se repara en la tradición del club para comprometer al jugador con la causa propia. El mensaje es claro y directo: “esta camiseta tiene historia, no se la pone cualquiera”, se vanaglorian los hinchas. Banderas que suelen mancillarse en un fútbol marketinero y súper profesionalizado. Como paradigma se recuerda el Boca de Mauricio Macri, que negoció con Nike para que su inmaculada azul y oro tuviera líneas blancas. La fórmula “nuevo modelo = más ventas” es la muestra cabal de un fútbol entregado a las reglas salvajes del mercado. Le dicen La Moni a la responsable del equipo que tiene una camiseta que no se mancha. En el Club Social Atlético y Deportivo Che Guevara, el ícono revolucionario, de a poco, le da a este club chiquito, muy chiquito, trascendencia internacional. Sin publicidades que se impongan sobre el lienzo rojo y negro, la bandera que se levanta los domingos en la Liga Regional de Colón, Córdoba, pasó las fronteras. No se exagera. “A pesar de que no se conoce mucho, el que se entera nos encarga una camiseta. Es muy loco, ahora un colaborador de una fundación francesa que lleva la solidaridad a Sri Lanka y Haití me encargó catorce camisetas y aplaude nuestra idea; esta semana,

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una señora de Córdoba se vino en colectivo a Jesús María, averiguó mi dirección y se compró una camiseta para mandar a Panamá, donde vive un amigo de ella que había leído una nota sobre el club. El año pasado, un profesor de la Universidad de Atlanta, en los Estados Unidos, llegó a casa en un colectivo con terinta alumnos, tuvimos una charla sobre el proyecto y se compraron las nueve camisetas que teníamos pintadas”. El juego se abre, y Mónica repasa el mapa. Esta camiseta made in Argentina, pintada a mano por el Pibe, se inmiscuyó en países autodenominados de primer mundo, como Alemania, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y España. “El que descubre el fin que perseguimos siempre colabora con la compra de la remera, que va acompañada de un volante en el que explicamos el motivo de la comercialización”. Su DNI dice Saúl Molina. Su ADN lo reconoce como el Pibe. El gen argentino de este chico de 24 años lo sabe guevarista. Por eso trabaja para el club que destierra los valores capitalistas y va al rescate de los más postergados. Miembro de la ONG El Espejo y de la murga Los Nadies, el artista viste a los pibes. A los otros. A Walter, el albañil de 20 años que los domingos juega de 9. El mismo que dice que el club tiene “mística” y que su papá nunca lo había visto jugar, hasta que pasó al Che: “ahora viene a verme porque dice que estamos haciendo historia”, se enorgullece el goleador. Saben también que la camiseta transpira ideología Damián, Martín y Jonatan, tres futbolistas-papás que consiguieron trabajo por la referencia del club, que también influyó en la reinserción escolar de Pepe, César, Fito, Luis y Walter. Acaso entiendan ellos mejor que ninguno de qué se trata ser parte del juego. Y qué es eso de ser cultores del verdadero amor a la camiseta.


Si vas para Humboldt

El 5 de junio se cumple medio siglo de la inauguración del estadio León Kolbowski, de Atlanta. Centenas de miles de espectadores gozaron y sufrieron allí. Los sueños de cambiar el mundo de una generación también estuvieron presentes en el mítico escenario de Villa Crespo. Y no faltaron megarrecitales, espectáculos circenses, básquet, boxeo con Muhammad Ali, y el midget. Por EDGARDO IMAS

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os primeros veinticinco años del mítico escenario de la calle Humboldt están asociados con una de las mejores épocas de la historia del club. Luego sobrevino la decadencia institucional y deportiva, acompañando la de un país arrasado por la dictadura militar. No obstante, la lánguida estructura de hierro y tablones resistió la crisis terminal de 1991, cuando los socios decidieron desprenderse de la sede social y conservar el estadio para levantar la quiebra judicial. Durante el banquete menemista, cuyo símbolo en el club fue el mecenas Miguel Ángel Broda, el estadio sobrevivió a los embates de quienes veían un futuro de shopping para esos terrenos tan bien ubicados. Más tarde, con el hundimiento del bohemio en la tercera categoría –lleva once temporadas allí–, llegaron tres años de clausura y silencio, de jugar como inquilino en otras canchas. Hasta que en marzo de 2009 el hogar propio se reinauguró, renovado, con dos cabeceras de cemento. Las cinco décadas configuraron una extraña parábola: de aquella construcción producto de la creación y el esfuerzo colectivos de varias generaciones de socios y vecinos, con la impronta del presidente León Kolbowski, hasta este presente de cemento. Presente en el cual se mezclan la movilización y participación de los socios con la injerencia de Julio Grondona, a través de dos contratos firmados por Atlanta, uno con la empresa constructora de su yerno y otro de explotación de las instalaciones con una empresa a nombre de un testaferro del eterno ferretero. El estadio fue inaugurado el 5 de junio de 1960. Aquella tarde, con muchos incidentes en las tribunas, Argentinos derrotó a Atlanta 3 a 1. Los terrenos tenían ya una rica historia, que forjó una de las rivalidades más tradicionales del fútbol argentino. Entre 1933 y 1944, Chacarita tuvo allí su estadio, separado de la vieja cancha de Atlanta (“el cajoncito”), apenas por una medianera. A fines de 1941, enteradas de los inconvenientes que tenía el funebrero con el propietario de los terrenos, las autoridades de Atlanta compraron el predio. Las acciones judiciales del inquilino no prosperaron, y así Chacarita partió en 1945 rumbo a San Martín. Esas tierras sirvieron como un inmenso potrero donde los vecinos jugaban picados y pasaban sus ratos libres. En 1958 Atlanta encaró el proyecto de levantar un estadio de cemento. Empezaron por una tribuna sobre Humboldt, pero la clausura

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municipal de la vieja canchita modificó los planes originales. Cuenta Jorge Kolbowski, hijo del presidente: “todo se hizo con mucho esfuerzo, coraje y audacia. Por supuesto, sin un mango. No hubo otra alternativa que trasladar las viejas instalaciones y terminar el estadio con ellas. Hubo mucha colaboración de la municipalidad. El piso para los pasillos se compró por poco dinero a la fábrica de baldosas que tenían los presos del penal de Devoto”. Algunos aseguran que León Kolbowski, miembro del PC, derivó fondos de rifas organizadas para la causa comunista a las obras del estadio. Rápidamente el nuevo escenario se convirtió en uno de los más usados, con temporadas en que se llegaron a disputar casi cien partidos. La inauguración de la iluminación en 1963, sus cómodas instalaciones y el fácil acceso fueron determinantes. Una gran cantidad de clubes actuaron en Humboldt como locales: Argentinos, Italiano, Español, Platense y San Lorenzo, con mayor frecuencia; alguna vez Boca, River y Racing, y hasta Godoy Cruz y Sarmiento. En el Metro 1976, Newell’s y Central llevaron el clásico rosarino a Villa Crespo, y en 1990 se disputaron allí dos encuentros internacionales oficiales (Supercopa). La primera vuelta olímpica la dio Independiente en 1960. Colón, General Mitre, Español (dos veces), Atlanta, Sarmiento y recientemente Barracas Central obtuvieron allí sus ascensos. Uno de los grandes que pisaron el Gran León fue Muhammad Ali. El 5 de noviembre de 1971, en un ring levantado sobre el campo de juego, hizo una pelea-exhibición. El catalán Joan Manuel Serrat, La Renga y Los Piojos ofrecieron su música. Y el escritor Juan Gelman, hincha de Atlanta, lo visitó en marzo de 2006. De los actos políticos y sindicales sobresale el del 22 de agosto de 1973, organizado por la Juventud Peronista y Montoneros, por el primer aniversario de los fusilamientos de Trelew. Nunca hubo tanta gente. Estaban el padre Mugica y los jóvenes radicales Coti Nosiglia y Marcelo Stubrin; el orador de cierre fue Mario Firmenich. Meses antes, el 15 de febrero, en otro importante mitin, se había proclamado la fórmula del Frejuli Cámpora-Solano Lima para las elecciones del 11 de marzo, con un Tío que se trepó al alambrado varias veces para saludar a la multitud. Hoy, con capacidad reducida, una tribuna menos y aún sin iluminación, Atlanta busca épocas de mayor esplendor.


s a b r e y s a r t O

200 fichus para la historia Por ALEJANDRO LINGENTI

“Es como meter en una licuadora doscientos años de historia en imágenes, y darle al botón más potente para que se mezcle todo y aparezcan nuevas visiones”. Así define Gustavo Álvarez Núñez, autor de de gran parte de los textos que aparecen en 200 Fichus una obra que incluye una muestra gráfica expositiva con doscientas imágenes del proyecto y un álbum con doscientas figuritas con los momentos clave de la historia argentina de los últimos doscientos años “diseñadas por artistas, ilustradores, diseñadores gráficos, infografistas, verduleros, niños, fotógrafos, arquitectos, escritores y maestros de escuela”, aclaran los autores del libro, los hermanos Andrea, Soledad y Fernando Rapa Carballo. La obra cuenta con el apoyo directo del consejo editorial de la celebrada revista de artes gráficas y cómics Lápiz Japonés y la coordinación de la editorial Pequeño editor (www.pequenoeditor.com) y, según asegura Rapa, “hubiera sido imposible editarla si no hubiesen existido Alfredo Casero, Diego Capusotto, los Dead Kennedys, Iggy Pop, Boris Vian, los Sex Pistols, Martín Caparrós, la revista Cerdos y Peces, el Negro Olmedo, Luca Prodan, Oski y Copi, entre otros”. Con la idea de sumar su propia mirada sobre el Bicentenario que tanto revuelo ha causado en Argentina en los últimos meses, este grupo de artistas gráficos se propuso “rescatar la iconografía de mayo de 1810 como una construcción del siglo XX. Analizar la imagen representada, lo que nos legó, lo que nos dejó después de doscientos años… Los símbolos de la ima10 UN CAÑO | JUNIO 2010

gen, o la imagen como símbolo, las representaciones que nos llegaron a nosotros, a través de la escuela primaria”. Para lograr ese objetivo, se realizó un trabajo de investigación que partió de la recopilación de frondoso material gráfico que forma parte del acervo cultural de un par de generaciones de argentinos, el que nos mostró a muchos en la época escolar el 25 de mayo de 1810 lluvioso, las cintas que repartieron French y Berutti, la imagen de los pueblos originarios que encontraron los colonizadores españoles… Los hermanos Carballo se abocaron esmeradamente a la búsqueda de figuritas de cada uno de los tópicos claves de la historia nacional y finalmente encontraron que “algunas habían envejecido, mientras otras aguantaban mejor el paso del tiempo. Encontramos también muchas repetidas y grandes vacíos de acontecimientos no representados. Entonces nos pusimos a coleccionarlas, a buscarlas, a documentarnos, a comprarlas en librerías de barrio y del interior del país. Y también a rescatar en subastas este material que es parte de nuestra memoria. Luego nos preguntamos: ¿por qué no hacer público este material, además dar una nueva interpretación visual, completando los huecos e inquietudes que se nos presentaban? De ese modo, llegaron a terminar este trabajo en el que participó una multitud de colaboradores –Langer, Bianki, WiliP, Ralveroni, Pico, Lucas Nine, Cambariere, Pérsico+Salkowicz, Pablo Páez, Mariano Nerd y el Niño Rodríguez, entre otros– y que pronto llegará a las librerías argentinas.


Estelares, todo el tiempo en la ruta Por ALEJANDRO LINGENTI

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stelares no para. La banda de Manuel Moretti (voz, guitarra), Víctor Bertamoni (guitarra), Pablo Silvera (bajo) y Carlos Sánchez (batería) tuvo un extraordinario 2009, con un nuevo disco lleno de buenas canciones, Una temporada en el amor, y decenas de shows a sala repleta en todo el país. Ahora, en junio, se vienen dos presentaciones en Capital Federal que desde Un Caño recomendamos no perderse: serán el viernes 11 y el sábado 12 en Niceto Club (Niceto Vega 5510), a las 21. Jugador de toque refinado y andar elegante y cansino, e hincha afiebrado de Sarmiento de Junín, Moretti conversó con Un Caño sobre presente y futuro inmediato del grupo que lidera. –¿Están trabajando en canciones para un nuevo disco? –Seguimos componiendo individualmente, aunque aún no hemos empezado a trabajar nuevas canciones en la sala. Recientemente, terminamos de grabar una versión de El aguijón para el disco homenaje a los Cadillacs (Volumen 2). –¿Por qué pensás que Estelares creció tanto en popularidad en los últimos años? –Lo único que se me ocurre al respecto es que se debe al alto nivel de rotación de nuestras canciones en la radio. Canciones como Un día perfecto, Ella dijo (que incluso la cantan las hinchadas de fútbol), Aire, Cristal, Un show y Melancolía han hecho que la gente se siga enterando de qué es y qué hace Estelares.

–¿Qué discos estás escuchando más seguido hoy? –Sky Blue Sky, de Wilco, Hot August Night, de Neil Diamond, y The Soft Bulletin, de The Flaming Lips. –Venís trabajando desde hace un tiempo en algunos poemas. ¿Pensás editarlos? –Trabajar en poemas es algo muy nuevo para mí. He escrito cosas, y quizás algunas puedan llamarse poemas, Pero es un oficio afortunadamente difícil el de “ser poeta”. Por el momento sigo escribiendo canciones. En cuanto me sienta más confiado, quizás publique algo.

El Nunca Más deportivo Por EDICIONES AL ARCO

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asaron cuatro años y dos meses desde que salió Deporte, desaparecidos y dictadura. Esta segunda edición incluye historias que no se conocían entonces. En algunas ocasiones, el azar, y en otras, la generosidad de colegas le permitieron a Gustavo Veiga la recuperación de luchas, militancias y solidaridades de deportistas. De veintiséis casos de deportistas desaparecidos, Veiga ha pasado a treinta y cinco. En esta edición se descubren las historias de Adriana Acosta, jugadora de hockey sobre césped de Lomas y de Alicia Alfonsín de Cabandié, basquetbolista y mamá de Juan, nacido en la ESMA y hoy diputado porteño. Esas historias robustecieron una convicción que todavía no presentaba evidencias: había mujeres que, además de ser mamás, hijas y hermanas, eran también deportistas.

Carlos Alberto Rivada, el puntero derecho de Huracán de Tres Arroyos, ya no juega solo al fútbol en este gran partido por la memoria. Lo acompañan el defensor cordobés Eduardo Requena y el goleador riojano Gustavo Papilo Olmedo. A Luis Ciancio, un volante derecho de Gimnasia y Esgrima La Plata, su familia puede ponerle una flor sobre la tumba. Estuvo desaparecido 33 años y sus restos descansan en el cementerio de Berisso, hallados por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Hace tiempo que Miguel Sánchez, el atleta emblema, el primero que fue rescatado del olvido, no está solo. Lo siguen los deportistas desaparecidos homenajeados a través de una cancha de hockey (Adriana Acosta), una copa de tenis (Daniel Schapira) o con el nombre de una calle (Gustavo Papilo Olmedo). Y los treinta mil compañeros que corren junto a él todos los años, como ya se hizo costumbre. JUNIO 2010 | UN CAÑO 11


SOÑAR, SOÑAR

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El sueño de los héroes

Nada de tocar y tocar hasta marear al rival y golearlo. La utopía sudafricana de Maradona, según deslizan sus íntimos, es ganarle la final a Brasil en el último minuto, gracias a una chilena del reservista heroico Martín Palermo. Fiel a su ética, gran sacerdote del show, el DT de la Selección, por suerte, apuesta todo al drama. Por ALEJANDRO CARAVARIO Ilustración SEBASTIÁN DOMENECH

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oco antes de que la Selección pisara el campo de juego de Munich, en marzo pasado, para el esperado amistoso ante Alemania, Diego Maradona dijo ante un micrófono amigo que la prioridad era mantener el cero en el arco propio. Justificaba de este modo una defensa integrada por cuatro marcadores centrales, todos de escasa proyección pero de indudable vigor para ocuparse de los delanteros adversarios. Es decir, ortodoxia. Al cabo de un partido de vuelo rasante, el equipo argentino cosechó una victoria balsámica, que atenuaba los pesares de la clasificación aunque, aun así, dejaba inalterable la imagen híbrida, la táctica nonata del team maradoniano. Y ojo que con táctica no aludo a desarrollos complejos imaginados en tableros indescifrables, sino a propuestas más o menos nítidas apoyadas en las indudables fortalezas del equipo. Pero bueno, se ganó, los alemanes se mostraron sumisos al destino (mucho no les calentaba perder, al parecer) y el antecedente vale para dotar de sensatez un par de iniciativas. La principal, edificar idéntica muralla de cuatro hombres de choque cuando haya que jugar por los porotos mundialistas. Los expertos –entre ellos algunos cole-

gas de esta querida publicación– señalan que esa idea condena a la Argentina al ahogo, decreta la infertilidad de las zonas laterales, de donde proceden todas las sorpresas del fútbol moderno. Quiero decir: esos falsos marcadores de punta que surcan las bandas con la peligrosidad de avezados atacantes. Wines espasmódicos llamados a quebrar el consabido equilibrio del fútbol de elite. Tengo para mí (sólo para mí, jamás me trenzaría con los estudiosos enarbolando mi mera intuición contra sus sólidas teorías) que la papa en la media no habremos de achacársela a la explotación insuficiente de los laterales, sino a la sobrecarga laboral de Juan Sebastián Verón. El volante del hiperactivo Estudiantes, que ya no es un pebete, maneja el control remoto de la Selección. Y si el ritmo lo pauta un tipo cansado –por más que se trate de un crack, como en este ejemplo–, seguramente aspiraremos muy a menudo a hacer tablas y lo tomaremos como un negocio conveniente.

EL BORDE DEL MIEDO Pero creo que no hay que hilar fino en materia estratégica para entender al entre-

nador. En un clima caldeado, que incluye imputaciones de conspiración, y con el antecedente de las sinuosas Eliminatorias, es probable que el ánimo de Maradona vacile. Que sus certezas originales, el desbordante entusiasmo que se manifestaba en consignas escritas en el vestuario, haya menguado hasta el borde del miedo. Maradona no es Dios, vamos, aquello era un chiste o una figura excesiva. Y con esta aventura pone en juego buena parte de su prestigio, la estatua ecuestre que hasta aquí, pese a todo, se mantiene erguida. Si dentro de la cancha supo sintetizar opiniones diversas en una exclamación unánime de asombro, con el jogging de entrenador la cosa es bien distinta. Leales y enemigos forman columnas simétricas, muy concurridas ambas. Son muchos los que desean verlo chapotear en el barro y no para festejar un gol imposible, como la noche del diluvio. En este trance, sus recursos no se comparan con el dispositivo de aquel zurdo omnipotente que usaba la número diez. Ahora es uno más. En un sentido literal: uno más, incluso, entre los millones que no logran comprender por qué su equipo de estrellas suele parecerse a un rejuntado (no es sólo Messi el que padece la

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distancia de su liga de adopción como si fuera el exilio más inhóspito). Diego fue un virtuoso inefable, pero su don jamás guardó correspondencia con una ética ni un discurso de raigambre, digamos, lírica. Nunca fue un genio impoluto, de los que no se mezclan en desórdenes ni se raspan el culo. De esos que se deprimen si en su entorno no tienen eruditos incapaces de renunciar al estilo high class. Por el contrario, se diría que Maradona encontró siempre un suplemento de sentido, de valor, en la adversidad: jugar con el tobillo a la miseria (un Mundial, nada menos), arriar un clan de futbolistas grises como en el Napoli... La influencia nefasta de Bilardo (un espíritu apocalíptico apenas suavizado por la edad) hizo el resto en la mirada de Diego. Anduvieron en yunta demasiado tiempo. Por lo tanto, no esperemos refinados hilvanes de parte de nuestros muchachos allá en Sudáfrica, sino un voluntarioso aguante, que no deja de tener su atractivo. Habrá que sufrir.

EL PARTIDO PERFECTO Cuentan los que escoltan sus desvelos (y penetran en sus cavilaciones más hondas) que Maradona tiene un sueño. Y que, como es debido, lo macera y perfecciona en la vigilia. La última versión es someramente la siguiente: Argentina disputa la final ante Brasil. El partido (que muchos se apresuran a presentar como el choque del siglo) es palo y palo. Brasil derrocha su toqueteo barroco, invierte hasta la última sutileza para perforar una defensa siempre lista, infranqueable. Como si esto fuera poco, los ratos en que

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la Selección dispone de la pelota, la hace circular con tal inteligencia que siempre le llega a Messi limpia de polvo y paja. Y Messi, si bien por esas cosas de la vida no puede llevar hasta la red su gambeta serial, deja clarito que es el mejor del mundo. Y que le han servido un equipo a medida, amoldado a cada uno de sus movimientos, en sintonía precisa con sus arrebatos inspirados. Por obra y gracia, claro, de un entrenador sensible, que les demuestra a los infieles que también tiene talento para diseñar el juego que juegan los otros. Que sigue siendo el Diez. Agotados los argumentos más demandados por la crítica, Diego piensa en la alternativa mágica, en su reservista heroico, el ��nico capaz de torcer ese duelo fantástico estancado en el empate. Y, cuando quedan apenas cinco minutos para el final del match extendido, suelta a la cancha a Martín Palermo. El Titán, que hace su debut absoluto en Mundiales, apenas tiene tiempo para buscar el área y encomendarse a su sino. Pero es suficiente: la última pelota que vuela sobre el área lo encuentra en el lugar correcto y a la hora del milagro, allí donde lo ha colocado la Historia. Se eleva entre un manojo de brasileños en armas y saca una chilena que, aunque defectuosa, débil, se clava en un ángu-

Ése es Maradona. La goleada apabullante, el dominio pleno y el cuadro de honor seguro entre los equipos bonitos y categóricos es un sueño desabrido.

lo. Gol. Delirio. Cataratas de lágrimas, millones de puños apuntando al cielo, el cielo de Palermo. Campeones del mundo otra vez, y que la sigan teniendo adentro. No es chiste, no es ficción, tal utopía ha merodeado la imaginación de Diego mientras trajinaba el pasto de Ezeiza. Lo han revelado, como quien desliza una menudencia, algunos de sus íntimos. Se trata, sin embargo, de la cifra del “plan” maradoniano. El modo perfecto de la reivindicación, el fútbol en su máximo momento dramático, el que justifica su perdurabilidad en las preferencias populares y no tan populares. En términos de pureza técnica y, en especial, en consideración de la trayectoria virtuosa de Diego, suena a berretada. Sería optar por la mano de Dios y no por el pie del barrilete cósmico. Pero ése es Maradona. La goleada apabullante, el dominio pleno y el cuadro de honor seguro entre los equipos bonitos y categóricos es un sueño desabrido. Como un policial sin intriga, librado al delicado fraseo del autor. Acaso las cámaras lo han intoxicado, esclavizándolo al show en sus confines más osados: el último aliento, el llanto que celebra la salvación o expresa la condena a muerte. Qué se yo, cerca de Bilardo, cualquier contagio es posible. En todo caso, a Maradona no le vengan con corazón y pases cortos ni tiki-tiki. Mariconadas. Como buen maestro de ceremonias, sumo sacerdote del gran espectáculo de la modernidad, sabe que el público se merece un final épico. Un crescendo emotivo que cumpla con la legalidad de las artes antes que con los prejuicios del “paladar negro”. Sólo así adviene la gloria.


SOÑAR, SOÑAR

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“Un gol de chilena en la final sería un sueño”

Momento de los últimos reportajes antes de Sudáfrica. Matías y un diálogo abundante con Palermo para el programa Vértigo. De aquella charla quedaron estas respuestas, en las que se entreveran preguntas y deseos, sueños del entrevistado que se mezclan con afirmaciones del entrevistador. El hombre que a los 36 años fue convocado para un Mundial parece dueño de un destino que siempre tienta a la gloria. ¿Ocurrirá otra vez?. Por MATÍAS MARTIN

–Me gustaría empezar esta charla con el gol que le hiciste a Perú. Para todos fue algo increíble ¿Vos imaginás que te van a pasar cosas como las que te pasan?¿ O estás pensando “todavía me falta hacer una, me queda poner una marca más”? –La verdad, algo con el tema de la Selección me quedaba pendiente. Y aunque no pensaba que se iba a dar de la manera en que se dio, no tomo aquel partido contra Perú como una revancha. Sí como una forma de reivindicarme un poco con la gente, con el país. Es que en la primera etapa en la que me tocó estar en la Selección quedó muy marcado el tema de aquellos tres penales que erré. Yo quería revertir esa imagen. Pasaron diez años y para mí la Selección era algo olvidado. Y más antes de mi última lesión. Cuando estuvo el Coco Basile como técnico se había hablado de alguna posibilidad y tuve una esperanza. La lesión tiró todo para atrás. Al rehabilitarme, al volver a estar bien, y al llegar Diego, había una puertita que se abrió y que nunca se cerraba. –¿Qué te dijo Maradona antes de que entraras a la cancha frente a Perú? –En el vestuario se me acercó y medio que me tiró toda la responsabilidad. Íbamos cero a cero y no me dijo “salva-

nos” o “salvame” pero era un momento muy decisivo para todos… Yo te digo la verdad, durante los primeros 45 minutos, desde el banco, yo quería que siguiéramos empatados porque tenía que entrar. Después no sabía qué iba a pasar… pero sabía que algo iba a pasar. Se dio de una manera extraña, inesperada. –Claro, vos no podés hacer las cosas fáciles. Tiene que llover, tenés que tener la nariz rota... Tiene que ser heroico. –Sí, la verdad: la lluvia, el viento, el gol de Perú a los 45 minutos. Se sumó todo. Y bueno, fue encontrar esa pelota que pasó entre tantas piernas, estar en ese lugar. Fue el destino que me tocó vivir ese día. Todo era increíble, hasta Diego, que se tiraba haciendo el avioncito. Eso fue algo que no vi en la cancha. Me lo contaron después. –¿Cómo sentiste vos ese momento? –Fue lo máximo de mi carrera, no lo puedo comparar con nada, ni con el gol a Real Madrid. Fue lo más grande. Porque es la Selección, porque no quería terminar mi vida en el fútbol con una mala sensación por esa última etapa en Argentina en el 99. Yo siempre voy a estar agradecido a Diego por la oportunidad que me dio. –¿Cómo ves a la Selección de Diego? –Creo que fue encontrando la iden-

tidad en los últimos partidos que jugó. Se vio un poco la cara del equipo en las Eliminatorias, contra Uruguay, y también algo en la victoria contra Alemania. Pero me parece que todavía falta un poco de trabajo, un poco de tiempo para tener a todo el plantel junto. Es la única manera de encarar un Mundial que sabemos cómo va a ser: exigente y competitivo. –¿Te imaginás un buen Mundial de Argentina? –Sí. Es que jugadores hay, de eso no tenemos dudas. Pero hay que plasmar todo. Cada uno tiene que dar lo mejor, y Diego tiene que encontrar el funcionamiento del equipo. Yo creo que se va a dar. –Hay muchos que piensan en vos casi como un amuleto. Como el hombre al que le va a pasar algo especial, el que va a hacer el milagro si Argentina lo necesita. ¿Cómo te llevás con esa postura? –Es importante que yo entienda mi rol en el equipo. Si el milagro es empujar la pelota adentro en un partido complicado, es lo que me van a pedir si me toca entrar, y para eso estoy. Representar a tu país es lo máximo, y ojalá que en esa representación yo pueda andar bien. Es la ilusión más grande que hoy por hoy tengo. -El otro día, por ejemplo, hice una nota

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con Bonadeo, que dijo que si vos hacías el gol de la clasificación no iba al Mundial. –¿Entonces no va al Mundial? –Dice que lo hizo Bolatti. –Jaja. Bueno, puede ser. Creo que el gol contra Perú fue un paso importante. Hay que ver cómo iba a tomar el equipo ese empate si se mantenía, cómo iba a reaccionar la gente, cómo podíamos encarar el partido contra Uruguay. Para mí habría sido muy distinto. Yo me siento parte de eso tan importante que fue lograr la clasificación. –Vos tenés muchísimos récords, pero ¿sabés por qué estás en el Guinness? –Sí, por los tres penales que erré contra Colombia. Ahora también por el gol de cabeza contra Vélez. –Te planteo una situación: cuartos de

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final del Mundial, definición por penales.. -Jaja, ¿por qué me querés hacer pensar en un momento tan difícil? Eso no lo quiero ni imaginar. Creo que todos quieren que esté en el Mundial por si pasa algo raro, que sea parte de un final emotivo. Pero de lo que no creo que quieran que sea parte es de patear un penal… –En los noventa minutos, que patee Messi, pero en las definiciones patean todos. –Bueno, yo soy el once, el último. Todavía me acuerdo de ese día, cuando me levanté los pantalones en realidad quería acogotarme. –¿Cómo te llevás con Verón? Porque tuvieron esa discusión en la final entre Boca y Estudiantes y ahora van a compartir plantel. –Y, Sebastián siempre está tirando para

que yo vuelva a Estudiantes. En la final yo me sentía muy incómodo: jugar contra el club del que soy hincha, hacer un gol, pensar en cómo me iban a estar puteando mis amigos y hasta mis viejos en esa tribuna. Incluso enfrentarme con Sebastián… Él me reprochó una jugada cuando estábamos 1-1 y yo metí un derechazo que sacó Andújar. Pero yo soy así, yo quería ganar. En aquel momento pasó eso adentro de la cancha. Ya está… –Ahora está todo bien. –Sí, además la vigencia que mantiene Sebastián es única. La idolatría que tiene el hincha de Estudiantes por él y lo que ha logrado en esta última etapa en el club es para admirarlo. También hay que tener en cuenta cuánto le costó volver a la Argentina, sufrir los insultos... Él superó todo eso y se ve reflejado en que, hoy por hoy, es el mejor jugador del fútbol argentino, lejos. –A vos te llega en esta última etapa de tu carrera la chance de estar en un Mundial. Es raro porque no coincide del todo con tu mejor época futbolística. ¿Lo ves así? –Yo creo que cuando mejor estuve fue en el torneo del 98, cuando hice 20 goles. Incluso físicamente. De ahí hasta el año 2000, cuando jugamos la final de la Intercontinental con Real Madrid. Pero ahora, en esta última época, también me siento pleno, con esa experiencia que a uno le va enseñando las mañas dentro de una cancha: cómo manejarse, los tiempos, la ubicación, cómo sacar ventaja contra defensores más chicos, o que juegan sus primeros partidos. También sabés que el defensor puede cometer errores y tenés que estar preparado para ese segundo en el que podés aprovechar para meter un gol. –Vos siempre tenés un nuevo objetivo. Ahora es el Mundial, por ahí después jugar un año más con Boca, pero en algún momento se va a terminar… –Sí, yo lo sé, y lo estoy preparando con una psicóloga en Boca. Es una ayuda que para este caso sirve mucho.


–¿Y qué te dice del retiro? Porque vos estás en la tapa del diario todas las semanas. –No sólo eso. También tenés que saber que de un día para el otro no te levantás para ir a entrenarte. Después llegan los domingos y no estás ahí adentro, lo mirás por televisión. –No sólo no estás, además hay otro y a la gente le pasa lo mismo que le pasaba con vos. –Seguro, pero así es siempre. En la historia del fútbol ha habido muchísimos nueve. Todos tuvieron su etapa. Hubo alguien antes que yo, y pasó. Y mi tiempo también va a pasar, vendrá otro. Uno tiene que estar preparado para eso. Decir “bueno, hasta acá, basta”. Después vendrá otra etapa en mi vida. –¿Y qué vas a hacer? –La experiencia de ser entrenador me tienta. Es algo que me mantiene cerca, ligado al fútbol y tengo ganas de hacerlo. En el momento en que tenga ganas de dejar el fútbol, me tomaré un respiro para estar preparado y me proyectaré por ese lado. –Vos tenés claro que todo lo que lograste como jugador después puede quedar en el olvido del hincha si tenés seis meses malos como técnico. –Sí, el mundo Boca no es fácil. Te lleva a un estrés y a una superación permanente de exigencia. Uno tiene que estar preparado para todos los cambios. No es lo mismo ser protagonista como jugador que estar afuera de la línea de cal e implementar una idea desde lo que uno aprendió de su propia experiencia, para transmitírsela a un grupo. No es fácil, hay que estar al frente, tomar decisiones y armar un grupo de trabajo. Pero me gusta esa idea. –El tiempo también te hizo abandonar el cambio de look. Antes te pintabas un poco de rubio, algo metías. –No, no. Me mantengo serio. Con los claritos cuando se puede, los aros y nada más. Si no, ¿qué imagen les doy a los chicos?

“El gol contra Perú fue lo máximo de mi carrera, no lo puedo comparar con nada, ni con el gol al Real Madrid”. –¿Qué chicos? ¿Antes no había chicos? –Sí, pero yo también era chico –Tu hijo en algún momento se pintó un mechón, también. –Cuando era chiquito. Hoy ya tiene 13, está en Estudiantes empezando a ha-

cer las inferiores. –¿Es de Estudiantes? –No, de Boca –¿De qué juega? –De nueve –Ah, ¡qué quilombo tiene ese pibe! Una presión tremenda. –Yo lo dejo tranquilo. Pero para él seguramente llevar el apellido, jugar de nueve, lo que le digan los rivales, todo eso va ser bravo… La familia lo apoya, lo sigue. Mis viejos a veces lo van a ver. A mí no me gusta presionarlo, pero él eligió solo. –Yo te decía que te queda un año más, ¿pero si hacés un gol de chilena para ganar la final del Mundial? –Eso sería un sueño. Sería el final ideal para la película.

DOCE APÓSTOLES –¿Siempre tuviste buena onda con la barra? –Sí, me acuerdo en la época en que estaba el Rafa, cuando llegué a Boca yo fui a verlos a la cárcel de Devoto. Y cuando lo metieron preso a Rafa fui a la cárcel con otros compañeros. Pero no es que fuimos a verlo a él. También fuimos a ver a los otros presos. Yo voy a compartir un momento: a jugar un partido en el penal, a hablar de fútbol, a hablar de la vida. No soy quién para juzgar. No voy a cuestionar por qué mataron o por qué robaron. Para eso están los jueces. Yo he ido a ver a Rafa y a otros muchachos. Y tengo una relación con los que hoy manejan la barra de Boca. Pero como la tienen todos. –No, todos no. Algunos dicen que los barras los aprietan. Vos decís “tengo una relación”. No es lo mismo. –Pero eso se da al ser el capitán. Cuando hay peñas, me piden que vaya y que le pregunte a tal o cual jugador si puede estar también. Después hacen peñas, hacen asados, sacan fotos con los jugadores… Cobrarán la entrada. Esa es la única ocasión que tienen para recaudar fondos para los viajes, las banderas...

Pero no es que nosotros les damos plata a la barra, o que tengamos una relación más allá de eso. Los que dicen eso están equivocados. Vamos a las peñas. No somos cómplices de nada ni hacemos nada malo. Para todos fue así, desde Guillermo, el Pato… Caniggia en su momento también vino conmigo a Devoto. –¿Román? –Román también ha estado en peñas, ha ido a hospitales con la barra… Pero eso es normal. Todo queda como que los jugadores son cómplices, o son parte de algo que está marcado por la violencia. Lo que hagan ellos no es un problema nuestro. Yo soy claro: ¿tengo relación con ellos? Sí, porque soy capitán y si me piden algo me hago responsable. ¿Quieren a un jugador para ir a una peña? ¿Y qué más lindo para un jugador que ir a una peña con 200, 300 hinchas que viven un momento único? Porque muchos de ellos no vienen a la cancha y ahí comparten un asado, una pizza. Pero de ahí en más tener una relación de amistad u otra cosa. No es así. Ellos son hinchas y nosotros, jugadores. Esa es nuestra relación.

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SOÑAR, SOÑAR

La vigilia de los antihéroes

En honor a las especulaciones, tratamos de imaginar cuál es la fantasía post Mundial de Julio Humberto Grondona, alias El Hombre. ¿Mantenerse otro periodo en el sillón de presidente de la AFA? ¿Instalar a su hijo Julito como el nuevo dueño del edificio de la calle Viamonte? ¿Poner a Humbertito como entrenador de los juveniles primero y de la Selección mayor después? Lo que está más que claro es que todo está atado a la suerte de Maradona y sus muchachos en Sudáfrica. Por PABLO DE BIASE

R

ecostado en su silla mecedora, con esas ropas de entrecasa (un pantalón Grafa, un sweater tejido a mano por manos sagradas, y el pañuelito anudado al cuello) que cada día lo hacen sentir mejor en comparación a la prisión de las corbatas y la rigidez de los trajes, El Hombre dormitaba en la mañana de aquel domingo de definiciones, en Sarandí, mientras a sus pies, su nieto más pequeño jugueteaba entre las hortalizas de cuyo cultivo se había vuelto aficionado en los últimos meses (él, El Jefe, no el nene). “La idiosincrasia del que siempre estuvo en contacto con gente de trabajo”, rió para sí en su cada vez más frecuente duermevela, en la que acuna el sueño de los antihéroes y ya no sabe si la vigilia es una característica de la edad, o una condena de los viejos pillos (¡pillos, viejos!). “Aquellos tanos, aquellos gallegos… y estos negros”, se le cruzaba su fobia creciente a usar saco y corbata en su siempre sospechosa vigilia, con algunas obsesiones xenofóbicas recurrentes, propias de una generación de hijos de inmigrantes que prosperó mucho. Muchísimo. Demasiado. Mientras el humo del asado en gestación se colaba por entre sus fosas nasales, y bajaba la vista para ver cómo el niño, con una camiseta de Independiente que alguna vez le regaló el Gringo Giusti, intentaba infructuosamente que los zapallos de la huerta pusieran en sintonía su rigidez con su forma esférica y se dejaran patear,

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El Hombre se aprestaba a disfrutar de la armonía de los planetas alineados. Aquella tarde, Argentinos volvería a ser campeón y regresaría de Liniers a La Paternal, para festejar en un estadio con un nombre con un camión acoplado repleto de significantes: Diego Armando Maradona. “Hasta que Argentinos vuelva a salir campeón”, rió nuevamente para sí y todo siguió pasando: Maradona niño, joven y adulto, flaco, gordo y gordísimo, bueno, malo y malísimo. Sin embargo, pensó en su forzada vigilia soñolienta, alguien le había comentado que un periodista había escrito en una revista de ciencia política que el dueño de la pelota era Aníbal Fernández. “Un Caño”, escuchó sonar su voz entrecortada y tuvo un ligero sacudimiento, como si la realidad entera volviera a llamarlo. Pero no, retomó su marcha de pollo a la parrilla. El lunes pasaría un rato por el local de aceites Genco (a ver si alguien se creía que él no había visto 500 veces, también, la película de Francis Coppola) y resolvería algunas cuestiones que prefería no llevar al centro: las alegrías esquivas de Arsenal y los dolores de cabeza recurrentes de Independiente. Michael supervisaba la marcha del asado, mientras Sonny pretendía que su nieto jugara a formar barreras (era evidente que Bilardo le había hecho daño a este muchacho pero qué iba a hacer, era el primogénito) en vez de patear los zapallos. “Mmmmm… No es nada personal,

querido Magneto, son sólo negocios… Así que Hamilton dice en Un Caño que Aníbal Fernández es el dueño de la pelota, ¡ay!. Carlos Ares decía lo mismo de Lacoste, ¿y quién terminó manejando el fútbol argentino durante 30 años?”. En otro estadio de su entresueño (que no es el otro estadio, el que montó un escenógrafo en la cancha de Independiente y por el que Comparada le va a tener que presentar un plan razonable si no quiere que lo arroje a los caranchos), la reflexión se volvió pintura de viejo Vizcacha. Diego Armando Maradona y sus conflictivos 31 años de relación personal e institucional, volvieron a ocupar al centro de sus pensamientos. En la última curva de los 70 años, le costaba entender cómo había tantos muchachos con responsabilidades, en los gobiernos, en los medios de comunicación, ¡en los clubes!, que no entendían la lógica despiadada del mundo en que vivimos. Si uno vende aceite y los gastos y costos son mayores que los ingresos, debe cerrar el negocio… O reciclarlo funcionalmente (pero para eso tiene que haber andado bien durante muchos años, y no es parte de este sueño, además). En el fútbol, las cosas son más transparentes, más sencillas… Bué, más sencillas, seguro. Eso se lo enseñó Maradona, o como dirían los muchachos del marketing, el poder de marca que Maradona le daba a la Selección. Don Julio Andolini (o Vitto Grondona)


aprendió como nadie la lección sobre el poder de los Maradona y cómo aprovecharlo. Si tan sólo hubiera podido hablar alguno de todos los idiomas que habla Blatter, su techo no habría quedado en este planeta. Pero todo pasa; aceptar los límites, también. Su comienzo como presidente de la AFA estuvo signado por Maradona. Antes del Mundial Juvenil de Japón 79, sentía que la solapa de sus trajes era muy ancha, al igual que el nudo de sus corbatas; en pocas palabras, sus modales eran toscos, entre la crema de la dirigencia mundial, y se lo hacían sentir: parecía un chacarero analfabeto a punto de visitar a Victoria Ocampo. Después de lo de Diego en Japón, pasó a ser Mister Grondona, y ya no tenía que buscar a nadie con timidez: todos lo buscaban a él. Y más de uno le copió el nudo corazón de sus corbatas. A estos monólogos y reflexiones les sucedió una sucesión de imágenes mudas, en blanco y negro. Su mocedad, cuando jugaba en la Reserva de Defensores de Belgrano y no pudo llegar a Primera porque se tuvo que hacer cargo del negocio familiar. Héctor, su hermano pintón, en cambio, pudo jugar al fútbol. Las tenía todas… Y las dejó pasar, porque no pensó primero en la familia. Qué no hubiera dado por ver el titular de Crítica o, por qué no, del naciente Clarín: “El team del Bajo Belgrano ascendió a Primera por la pujanza de Grondona” (no le van a alcanzar dos vidas al Gordo de Luca para devolverme lo que le permitió haber sido presidente de Defensores). “En qué estaba”, volvió al curso principal de su sueño estéreo con una duda, mientras su nieto formaba la barrera con una de sus piernas. “¿Un Caño? No, Maradona y las leyes de la vida”. No era para menos, hay quienes pretenden saber cuál será su apuesta en mayo del año que viene, cuando se renueve el CD de la FIFA: si el último período de Blatter o el primero de Platini. “En todo caso”, se puso el casete a sí mismo, “tendríamos que pensar en cuál será la apuesta de Sudamérica”.

Y la apuesta de Sudamérica tendrá mucho que ver con el tamaño de los sueños y las esperanzas de lo que haga cada uno. “Lo nombré a Diego como técnico de la Selección y todavía algunos me dicen que es como nombrar comisario al Gordo Valor. No entienden nada. En el 90, me pusieron a Basile y casi nos quedamos afuera del Mundial, y con el doping de Maradona casi nos quedamos afuera del mundo. Esta vez si no lo echaba a Maradona a tiempo, nos quedábamos afuera del Mundial y yo tenía que renunciar hasta al agua mineral. Y como los entrenadores no van al antidoping…”. La tarde comenzaba a caer y Argentinos salía campeón. Ya a en plena sobremesa, El Hombre alzó su copa y brindó por la conquista de un nuevo Mundial, el segundo de su era. Si se le cumplía el sueño, muchas realidades nacerían de él: el poder de elegir a su sucesor en la AFA (¿quién otro que Michael Julius G.?), al DT de juveniles (¿quién otro que Sonny Humbertito G.?), al brasileño o al paraguayo que iría de vicepresidente a la FIFA, al Secretario General de la Conmebol y, por qué no, al primer candidato a diputado del justicialismo bonaerense. Y a nivel local, revisaría con el

consilieri Comparada cómo iba a bajar éste sus humos. ¿Si lograba el segundo Mundial de su mandato, habría alguien que siguiera insistiendo con que el nuevo estadio se llamara “Libertadores de América”? ¿Independiente pensaba seguir siendo tan original como para que su cancha tuviera un nombre temático en vez de homenajear a sus hérores, o pensaba reparar simbólicamente algunas injusticias históricas con los hombres que más le dieron? “Hamilton dice que el dueño de la pelota es Aníbal Fernández”, repasó antes de ponerle un poco de química a su siesta y dejar de soñar por un rato, “y que a mí sólo me importan los negocios. Esperemos al Mundial que todavía no me llegó la hora de caer sobre los zapallos”. Menotti, un hábil declarante, dijo alguna vez que los personajes del fútbol son sobrevivientes del azar. “Siempre un ingrato, ese zurdo de opereta”, corrigió el pensamiento el Hombre, de vuelta en su mecedora. “No somos sobrevivientes del azar, somos sus más devotos adoradores. Porque quizás el mundo no sea de los ganadores, pero lo seguro es que los perdedores sólo tienen deudas y obligaciones… Y las solapas del saco demasiado anchas”.

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SOÑAR, SOÑAR

Nene de mamá, hombre de Diego

En medio de la indignación general por la falta de laterales en la Selección, Nicolás Otamendi sueña con cumplir una misión simple que le encomendó Maradona. Ni desbordar ni tirar centros: clausurar su sector en la derecha de la defensa argentina. Boxeador aficionado, seguidor del gauchito Gil, el joven del Edipo irresuelto tiene una cita con el destino en Sudáfrica. Por RAMÓN ZAPICO Y EZEQUIEL BERGONZI

A

simple vista, la villa olímpica de Vélez parece la de un club europeo. Todo es prolijo: las canchas, el pasto, el estacionamiento para el plantel de Primera, el lugar de las concentraciones. No hay un papel en el piso. Pero el hechizo se rompe porque estamos en Argentina. Entonces aparece el Gallego González, una ex gloria de la institución, y comienza a los gritos a saludar gente y a repartir ropa. Y aparece otro hombre con su hijo de unos doce años vestido de arquerito para sacarse fotos con los jugadores. Y aparece un tercer pibe que definitivamente confirma el contexto surrealista. Al estilo Mirtha Legrand en los premios Martín Fierro, se cambia el vestuario cada cinco minutos para lucir su colección de camisetas del Fortín. “Tengo mil”, dice y se ríe. Agarra a cada jugador que sale y lo abraza, le pide firma, le roba el retrato: está excitado. Y cuando sale Nicolás Otamendi, estalla. Le canta: “Para Nicooo la Selecciooón”. Nadie lo acompaña. Le insiste: “¡O-ta-mendi!”. Nadie lo acompaña. Y finalmente lo entrevista: “Increíble, Nico, ¿no?”. Después de dos años en Primera (debutó el 10 de mayo de 2008, ante Rosario Central), Otamendi ha aprendido a manejar la histeria popular. Sin embargo, este caso lo supera: “¿Increíble, qué?”, le pregunta. “Lo del Mundial, lo del Mundial”, le contesta el fan. Recién ahí cae. La escena, al margen de la locura de uno, desnuda el presente del otro. Porque a sus 22 años, este defensor de conceptos claros no termina de comprender que está por jugar el torneo más importante de su vida. Acepta el desafío e intenta disimular la ansiedad, pero no alcanza a abarcar la dimensión de lo que le espera. “El Mundial pasado lo vi en mi casa, con mis amigos. De ninguna manera imaginé que cuatro años más tarde iba a estar en éste. Pero se dio, y lo disfruto porque luché un montón para llegar”, arranca. Un montón significa salir a las siete de la mañana de su

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casa, tomar dos bondis para ir a entrenarse todos los días y volver a las ocho de la noche, entre otros periplos. Así desde los siete años. “A la mañana iba a la escuela, a la salida mi mamá me esperaba en la parada con una vianda, me subía al colectivo y viajaba hasta Liniers. Comía en el viaje, no me quedaba otra. Me entrenaba y arrancaba de vuelta para mi casa, en Pacheco”, detalla. –¿Y si te tocaba viajar parado cómo hacías para ir comiendo? –Como podía, jaja. Tenía una hora y cuarto de viaje, y sí, muchas veces tocaba ir parado. Primero me acompañaba mi mamá, pero después, para achicar gastos, comencé a hacerlo solo. Y era muy desgastante. Pero yo le decía a ella: ‘voy a llegar y te voy a devolver todo lo que me diste’. Quería comprarle una casa. –¿Lo hiciste? –No, al final reconstruimos la que teníamos, ella prefirió quedarse en el barrio. Mi abuela vive al lado, y es difícil sacarla de donde vivió siempre. Mi abuela ni siquiera quiso mudarse de casa, imaginate si las sacaba del barrio… –¿En algún momento pensaste en largar todo? –(Piensa) El viaje me costaba mucho, por momentos pensaba en no ir más. Incluso hubo un par de veces en que dejé de ir, pero mi mamá era tan hincha pelotas, con el perdón de la palabra, que me insistía. Entrenarme me gustaba, el problema era el tiempo que perdía viajando. –Y ahora que se habla de cifras millonarias por tu pase, ¿qué pensás? –Pienso, sobre todo, en la seguridad de mi familia. El año pasado hablaron del Real Madrid, Sevilla y Villarreal, y al final no pasó nada. Pero seguro que sueño con una posibilidad así. Con tenerla y aprovecharla.


Nunca dice le dice “vieja” a Silvia, siempre “mamá”. Va casi todos los días a visitarla, a pesar de que Vélez lo mudó a un departamento lujoso en la avenida Libertador. “Le llevo a mis hijas, quiero que estén con ella”, cuenta. Y sigue: “los primeros meses después de que me mudé me la pasaba en lo de mi mamá. Volvía a Capital solamente para dormir. Incluso cenaba en Pacheco. Yo nunca me hubiese querido ir de mi barrio, pero tuve que hacerlo para darle seguridad a ella”. No hace falta indagar demasiado sobre la vida de este joven, seguidor del Gauchito Gil por imposición de sus cuatro hermanos (en el Mundial seguirá a uno que parece gil, y es gauchito), aficionado al boxeo por su búsqueda de “ganar musculatura”, para comprobar que padece un Edipo furioso. A pesar de ser uno de los defensores más duros del fútbol argentino, cuando habla de su madre pierde maldad. –¿Cómo es eso de que ella sabe más de fútbol que vos? –(Se ríe) Es cierto. Mira fútbol todo el tiempo. Me siguió siempre en las Inferiores, hasta hacía vaquitas con otros padres para poder ir a verme de visitante. En Primera, de local, no falta nunca. Cuando jugamos con la Selección contra Brasil también fue. –¿Y qué dice del momento que atraviesa el hijo? –Está más contenta que yo. Le gusta que no haya cambiado aunque sea conocido. Le gusta que siga teniendo la misma personalidad. Y me pide que le avise cada vez que me hacen una nota para poder verla. Cuando esté en Sudáfrica no me va a poder romper las bolas con eso, jaja. –Al respecto, ¿te chocó un poco la primera vez que compartiste vestuario con todas las figuritas? –Fue algo único. Una cosa es que te lo cuenten y otra compartir el vestuario con pibes que yo veía por televisión. Estar con Samuel, Verón, Mascherano... Fue fuerte. Pero cada uno de ellos ya estuvo en mi lugar, y entonces me ayudaron a superar el momento. –¿Cuál fue tu primera reacción al enterarte de que estabas en la lista? –Me puse loco. Estuve prendido al televisor hasta que la

confirmaron. Sabía que tenía posibilidades, pero hasta último momento no me sentí seguro ni mucho menos. –¿Te gusta jugar de lateral? –Gareca me dijo que si hubiera tenido la posibilidad de ponerme ahí, lo hubiera hecho. Pero como nos jugamos la clasificación a la Sudamericana hasta la última fecha del Clausura, me siguió usando de marcador central. En Reserva alguna vez jugué en el puesto. Cuando Diego me comentó, no dudé. “No te pido que desbordes ni tires centros, sí que clausures tu sector”, me dijo. –¿Pero a vos te gusta o no? –Si me das a elegir, obviamente jugaría de central, porque es el puesto que más conozco.

UN DEFENSOR DE PRIMERA CLASE Otamendi cuenta lo que cuentan todos esos jugadores citados durante el ciclo Maradona que no conocían personalmente al DT. Dice que no podía creer cuando lo vio, que le hubiera gustado una foto y que la tarde del primer llamado se quedó colgado. Maradona, paralelamente, también lo elogió como elogia a todos: “tiene las características de Roberto Perfumo cuando se estaba retirando: habla, ordena... Es de lo mejor que vi en muchos años”, juzgó Diego. Pero en este caso puntual lo hizo con sinceridad: luego lo protegió, le brindó confianza y lo mantuvo siempre dentro de los convocados en el camino a Sudáfrica. Previo al viaje en avión a Santa Fe para un amistoso contra Panamá, que significó el debut oficial del defensor en la Selección mayor, el cuerpo técnico decidió regalar a los jugadores los siete pasajes en primera clase que disponían. Nicolás ganó uno. Entonces Maradona arrancó a bardear, en broma: “miralo a Otamendi, che. Todavía no debutó en la Selección y ya se manda en primera clase...”. Otamendi rió en silencio y se mantuvo en su lugar. Ya había tenido que entregar el asiento demasiadas veces en el bondi como para hacerlo también en un avión.

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SOÑAR, SOÑAR

Habemus esperanzus

Pese a los momentos vividos y al 2009 tan opaco, llega la hora del Mundial, y un cacho de fe aparece en los corazones nacionales y populares. Víctor Hugo analiza qué hemos sido y qué pensamos que seremos los argentinos en las lejanas tierras sudafricanas. Por VICTOR HUGO MORALES

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l partido frente a los alemanes, en Munich, en marzo pasado, fue una bisagra en el ánimo de los argentinos rumbo al Mundial. Parece mentira, pero bastó esa loable actuación para producir un quiebre en el escepticismo dominante hasta entonces. Las Eliminatorias produjeron un bajón justificadamente, y la niebla más espesa se interpuso en las ilusiones y en la autoestima del futbol del país. Que Maradona no sirve, que los jugadores de afuera son un verso, que a Messi no lo saben usar y él mismo no siente a la Argentina como al Barcelona… Tal era la grosera síntesis de la mayoría. Consecuentemente, la ironía, cuando no la burla, tomaron sus butacas en la primera fila para apreciar la escena del anticipado fracaso. Pero llegó marzo y cambió la estación. Las críticas habían hecho ya su verano, y se entibiaron con el partido que se le ganó a los alemanes. Además, había que vender un poco de ilusión, pasajes, trasmisiones y avisos publicitarios. Todo suma. Y la verdad es que el partido le salió bastante bien a Diego. Sobre todo a él, porque los jugadores no alcanzaron su esperable nivel. Como en una sala en la que se abren las ventanas después de mucho tiempo, sin necesidad de pasar un trapito por los bronces, el conjunto lució de otra manera. Cuando se lustren las particularidades, cuando Messi juegue ocho puntos y no cinco, como aquel día de Munich, e Higuain no entregue un gol como único aporte, al hacerse cargo cada jugador de sus hazañas europeas, la Selección será una foto distinta a la muy opaca del 2009. Con escaso margen para las discusiones, se conoció la lista. A este cronista le hubiese gustado que le hicieran un lugar a Zanetti, y no se hubiera disgustado si lo llamaban también a Cambiasso. Cabe reconocer que ambos forman parte del grupo que hartó a los argentinos en los seleccionados de los últimos tiempos, pero han tenido un año pleno de singularidades, y son de los que fortalecen cualquier grupo. El cernidor que ahora mueve Diego no dejará más que sorpresas. Algunos nombres recibieron el favor de estar en la primera nómina, pero ni se molestaron en elegir valijas para el viaje a Sudáfrica.

Lo cierto es que aquel partido, jugado con criterio de equipo, solidariamente, corto en las líneas, al que los teutones le llegaron una sola vez cuando el partido ya estaba roto, que fue independiente del aporte de sus mejores jugadores, promete un buen Mundial. Ese día inaugural de la medida confianza que hoy provoca la Selección argentina fue más valioso porque el encuentro tuvo características del gran torneo. Posicional, escasamente regalón, serio y concentrado, con agresiones bien pensadas, ciertamente eclipsada la improvisación (también la audacia), el choque de las dos potencias corrió las nubes y dejó un cacho de cielo en el ánimo bien cambiante de los aficionados que ahora hasta se animan a imaginarse entre los cuatro mejores de Sudáfrica. Eso es posible y hasta más probable. Los mundiales son más accesibles que las Eliminatorias. La odisea de la larga confrontación continental no deja satisfecho a nadie en ninguna parte, nunca. Ni a los que se clasifican. En cambio, el Mundial implica un paseo para los grandes, una vuelta como las que dan los autos antes de la carrera. Y después, si se gana un partido, uno solo, ya se está entre los ocho mejores del mundo. De ahí en más todo viene de regalo, salvo para los muy exitistas. La Argentina, con la maqueta de Munich, y alguna de sus estrellas dándole luz, no será una aliada del fracaso.

Formación Argentina que derrotó a Alemania en Munich.

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SOÑAR, SOÑAR

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“Que Uruguay gane el Mundial sería un acto de justicia histórica”

Mayo en Buenos Aires, con el escritor uruguayo Eduardo Galeano. Para hablar del sueño mundialista que asoma por su habitación. Para que defienda al fútbol de los ataques “intelectualoides”. Galeano confiesa que lo verá a puertas cerradas, después de colgar un cartel cuyo misterio devela al final de la nota. Por NACHO LEVY Fotos ALEJANDRO KIRCHUK

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a boca del tiempo de América Latina habla también con sus silencios, con los pobres campos asolados, con los ricos cerros escurridos, con las populares visitantes vacías y con los enormes espacios en blanco que dejan sus páginas, de textos inmensos, pero bien cortitos. Por momentos basta con escucharlo callar, como ahora, que viene llegando, con un andar cansino que parece narrado por la calma furiosa de sus letras y con esas cejas gritonas que el tiempo ha fruncido como toldos sobre sus ojos mártires, que jamás aceptaron bajar la persiana. Pero él, justo él, incluso él invernará este mes, sin dejar de observar al mundo, con sus amenazas y sus incongruencias, aunque disfrutándolo un poquito más de lo habitual. Quizá por eso, antes de sentarse, confiesa que otra vez ha estado pintando ese increíble cartel que cada cuatro años se ve obligado a pintar. Abortivamente, en pleno relajo de su acomodamiento a la mesa de un café literario y porteño, un grabador se prenderá a la charla, a riesgo de irrumpir en su naturalidad. “Está bien”, nada cambiará,

dará igual. Su mirada, sus manos y su voz seguirán proponiendo ese estilo generoso, creativo y ofensivo que en todos sus libros, y en todos sus días, ha sabido jugar. Aún entre los olvidos humanos y las memorias electrónicas de un mundo patas arriba. –¿Qué debería aprender Joseph Blatter de Nelson Mandela? –Eh… En todo caso, yo le sugeriría a Mandela que se buscara un mejor alumno. –¿Lo alegra o lo preocupa que la FIFA aterrice, por fin, en África? –Es un reconocimiento que está muy bien, de una realidad hasta ahora ignorada, que sigue siendo ignorada. En las cadenas que transmiten fútbol a escala internacional, en general, el fútbol africano no existe. Te enterás de lo que ocurre en Europa o en América, pero de África dan poco o nada. Sí sabemos que hay una insólita cantidad de negros que no sospechábamos que conformaban la mayoría de la población en países como Holanda, Inglaterra, Francia… –¿El Mundial otorga licencia o exige una recarga de espíritu crítico?

–Yo soy un enamorado del fútbol, incapaz de tener un juicio objetivo de los partidos que veo, pero además no creo en la objetividad del ojo humano. Pienso que no vemos todos de la misma manera las mismas cosas. Y que incluso las vemos de distinta manera según la hora, la época del año o la etapa de la vida. La mirada humana es muy subjetiva, y yo no me arrepiento de mis propias pasiones, aunque éste es un tiempo bastante frígido, que parece condenarnos a arrepentirnos de toda pasión y a ver las cosas con la debida distancia para poder sacar provecho de ellas. Yo no quiero sacar provecho de mis experiencias. Quiero simplemente vivirlas. Y no me interesa vivir para ganar, pero sí vivir para sentir. Por suerte, al fútbol lo sigo sintiendo muy intensamente, a pesar de que me consta que a nivel profesional tiene mucho de cochino negocio. –¿Sueña con el tercer Mundial para Uruguay o es un disparate? –No es tan disparatado. Uruguay fue escenario del primer campeonato del mundo, en 1930 y ganó ese Mundial, como también el del 50, contra toda evidencia, en

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el Maracaná. Y antes había ganado las dos olimpíadas, cuando el Mundial no existía como tal. De modo que mi país no es un recién llegado. Es cierto que después decayó mucho el fútbol uruguayo, pero sería bueno... Sería un acto de justicia histórica. –¿Qué lo enamoró más de Obdulio Varela, su magia en el Maracanazo o su humildad para escabullirse de la fama? –Si lo ves fríamente, como jugador, no fue uno de los mejores, ni mucho menos, pero era como esos actores que cuando entran en escena, tienen presencia. Estaba, y cuando estaba, la cancha era distinta. Y eso en el Maracaná fue decisivo para que Uruguay remontara, contra esa bestia rugiente de doscientas mil cabezas. El llevó adelante la lucha, y después tuvo la dignidad y la nobleza de escaparse de la celebración de los uruguayos en el hotel, para irse a beber con los vencidos. Pasó toda la noche en los bares de Río, bebiendo, abrazado a esos por los cuales sentía lástima. Los había odiado un par de horas antes, y ahí les tenía una lástima inmensa. Decía: “cómo le pude hacer eso a gente tan buena…”. A veces dudan de si ésas no son “cosas que se dicen”. Cosas que se dicen, las pelotas… Él me lo contó, como esa otra vez que le pregunté si se drogaba, porque el tema estaba en el tapete. Y me dijo: “te confieso que sí… Con vino…”. Ya pidió su taza de té, Eduardo Galeano. Y saludó a los mozos, al fotógrafo, al pelado de la mesa contigua. Mil veces, la solemnidad de ese rostro tallado por la historia se resquebraja en sonrisas, que lo iluminan, a sol y sombra, más aún en tiempos de Mundial. Ha visto al fútbol encender o apagar coyunturas tenebrosas. Pero el uruguayo- uruguayo, más aclamado por las populares más populares, respira fútbol y no lo niega ni lo reprime, “porque el fútbol no es el opio de los pueblos, como dicen esos intelectuales que

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aman a la humanidad pero detestan a la gente. Sin dudas, existe un gran negocio a su alrededor, pero objeto de manipulación comercial han sido todas las grandes fiestas de la vida, como el amor o el sexo, una práctica que yo no ejerzo porque no me gusta meterme en esas cosas, pero que, según me han contado unos amigos, es bastante gustosa”. –¿El fútbol uruguayo padeció un vaciamiento similar al del Cerro Rico? –Y sí. Uruguay es un país desangrado, que vende gente al exterior. Vende mano de obra, y vende pie de obra. –¿También existe la cultura de la impotencia, frente a ese saqueo del fútbol latinoamericano? –La cultura de la impotencia es un obstáculo impuesto a la verdadera independencia de nuestros países, esta triste herencia colonial que nos enseña a repetir la historia y nos prohíbe hacerla. Nos dice que no, que no se puede, que no se puede. Que no somos capaces de cambiar nuestra historia. Que tenemos que padecerla. Pero en el caso de la emigración, del éxodo de jugadores que sufre Latinoamérica, yo creo que no pasa por ahí. Pasa porque hay un negocio mundial muy lucrativo que les permite a los países ricos pagar sueldos inimaginables para nosotros. Entonces los muchachos se van, y se van con toda razón. No los ataco por eso. Hay gente que se pone furiosa, como

“Uruguay es un país desangrado, que vende gente al exterior. Vende mano de obra, y vende pie de obra”.

si fueran traidores a la patria porque se van. Yo creo que tienen todo el derecho de irse, porque el fútbol es una gloria fugaz. Y si me pongo en el lugar de cualquiera de esos muchachos, que tiene la posibilidad de juntar plata para comprar libertad por el resto de su vida, me parece bien. Quién tiene derecho a decirle que no, o que debe quedarse por amor al terruño. Por amor al terruño no puede siquiera alimentar decentemente a sus hijos y a su gente, porque el fútbol paga muy bien, pero a un sector muy reducido. La mayoría de los jugadores malvive. –Y en ese exterminio cultural, ¿no se incluye la europeización del fútbol, que se comió hasta al Brasil de Dunga? –Sí, pero la energía de locura que Brasil contiene, y que se expresa en su juego, consigue aflorar. Aunque a veces buena parte del partido resulte un plomo, cosa que antes no ocurría, después viene la diversión, porque los jugadores brasileños no pueden soportar la tentación de divertirse. Y entonces ahí nos ofrecen esa fiesta. –¿De dónde brotaba tanta pasión cuando el fútbol no era un negocio? –Yo creo que es la única religión sin ateos en el mundo. Con muy pocas excepciones, el mundo entero comparte esa religión, que es linda, porque al fin y al cabo proviene de un placer estético. El fútbol brinda placer a los ojos que lo ven, que lo miran. Y también placer a las piernas que lo juegan. Bien jugado, es como una danza con pelota. Es muy bello de verdad, muy hermoso. Y no es justo que le adjudiquen al fútbol las violencias que a veces se desatan en la cancha, porque esas violencias son violencias que la gente contiene y que estallan allí, pero la culpa de la fiebre no la tiene el termómetro. –Algo así dijo en defensa de la naturaleza, en el juicio a las catástrofes “naturales”… –Sí, que de naturales tienen muy poco,


muy poco. Como dicen en Guatemala, los terremotos, los ciclones, las inundaciones, las sequías… Son como las películas del oeste, porque sólo mueren los indios. –¿Qué hizo el capitalismo con el placer de disfrutar del fútbol en carne viva, desde una tribuna? –Le hizo daño, sin duda. Gracias a las transmisiones, podemos ver algunas jugadas que a la distancia se nos escapan. Y eso es indudablemente bueno. Pero lo malo es que la televisión aleja al público de buena parte de ese placer del fútbol, que está en el espectáculo mismo. No sólo en los jugadores que lo juegan y que, si lo hacen bien, nos ofrecen belleza, sino también en el espectáculo colectivo que es el fútbol, con sus tribunas, los gritos de la gente… A veces esas explosiones son de groserías o de violencia, pero eso es muy poquito en relación a la maravilla de la alegría colectiva o de la colectiva tristeza porque, claro, la victoria de unos implica la derrota de otros. Pero ver un partido transmite una electricidad que la televisión no da y que es parte del placer del fútbol… Un día, mi gran amigo el Negro Fontanarrosa me contó que había llevado a su sobrino al estadio de Rosario, un guri que nunca antes había ido a la cancha. Y entre todo ese espectáculo, le gritó asombrado: “uyyy, ¡hay dos arcos!”. Será tiempo de sorprenderse otra vez, entre recortes virtuales y fantasías reales, con los sentidos abiertos y la pasión por mil canales. Hace unos días, confiesa, ha terminado de pintar aquel cartel que rigurosamente deja listo cada cuatro años para recibir al mes de junio. Hasta el final de la final, ese cuadrito fastuoso, prolijamente pintado por el inconfundible trazo de Galeano, colgará de la puerta de su casa, invitando a no molestar. Ya está listo. Y dice “Cerrado por Mundial”.

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SOÑAR, SOÑAR

Un tetra para la Celeste Durante los años 20 se disputaron tres copas mundiales que no son tomadas en cuenta a la hora de hacer historiales, ya que la FIFA había declarado a cada torneo olímpico de fútbol como “Campeonato Mundial de Aficionados”. ¿Qué dirá algún día la estadística sobre estos torneos? Si el acto de reparación se llevara a cabo, Uruguay lograría el tetra. Por EDUARDO CANTARO

C

uando los dirigentes de un puñado de asociaciones nacionales europeas fundaban la FIFA, en 1904, tenían como meta crear un campeonato mundial de fútbol en lo inmediato. Los destinos del juego estaban regidos hasta ese entonces por la Football Association. El primer intento en 1906 fue fallido, aunque en ese entonces no se hablaba de un torneo de selecciones, sino de clubes. Los británicos reconocieron a la FIFA, se unieron a la misma y se quedaron con el poder para cambiar las reglas del juego con la International Football Association Board. Además, metieron en la presidencia a Daniel Burley Woolfall. En 1908, debutaba en Londres el fútbol olímpico con selecciones. El primer gran torneo internacional era organizado por la Football Association y, por supuesto, la FIFA, que estaba presente con Woolfall para empezar a coquetear con el Comité Olímpico Internacional (COI). Pero fue Jules Rimet, uno de los fanáticos más enfervorizados del fútbol, quien terminaría de unir al COI con la FIFA. Presentó su propuesta en la reunión de Comité Ejecutivo llevada a cabo en Oslo, donde dijo: “bajo la condición de que el Torneo Olímpico se dispute a cabo de conformidad con el Reglamento de la FIFA, la competición será reconocida como Campeonato Mundial de aficionados”. La Gran Guerra ya había terminado, era hora de hacer rodar

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la pelota, y qué mejor que los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920 para ese primer Mundial de aficionados, con la presencia de Egipto y Estados Unidos, que le daban el verdadero carácter de “Mundial”. La FIFA ya organizaba a pleno los torneos del fútbol de los juegos, que se convertían en los máximos atrayentes de sponsors y de público. Bélgica ganó aquel campeonato plagado de vedettismos y polémicas, que ya hacía notar la influencia y el poder que tenía el fútbol en todos los ámbitos sociales. Las asociaciones británicas renunciaron a la FIFA en 1919, ya que les desestimaron un pedido de suspensión para Austria, Hungría y Alemania, los enemigos de la Primera Guerra Mundial. Igualmente, mandaron al conjunto de Gran Bretaña a la competencia en Amberes, provocando que Estados Unidos encabezara una protesta en contra de los ingleses para pedir que no se los dejara participar, ya que no pertenecían a la FIFA. Pero se les tenía demasiado respeto a los creadores de las reglas de juego y les aguantaban todos los berrinches, así que fueron los yankis los que renunciaron. El árbitro de la final del torneo olímpico de 1920 fue John Lewis, un inglés de ¡72 años! que hizo del encuentro un fiasco: Checoslvaquia renunció a la competencia en pleno partido. Luego llegaron los uruguayos, que en 1924 sedujeron a París arrasando con todos sus rivales y, aunque en 1928 encontraron en Argentina al único oponente que podía hacerles fuerza, se quedaron con el segundo torneo consecutivo. Además de coronarse como “campeón invencible”, Uruguay ganó el derecho a organizar la primera Copa Mundial de Fútbol en 1930. Los británicos habían vuelto a la FIFA, pero al no llegar a un acuerdo con la definición de “jugador amateur” (pedían que se blanquee el “amateurismo marrón” que imperaba en el fútbol), volvieron a desafiliarse en 1929. Y vaya si era polémica esa palabra. Bélgica y Uruguay fueron campeones mundiales antes de que existieran las copas mundiales, y FIFA lo refrendó. Con amateurs o profesionales, los habitantes de la banda oriental del Río de La Plata se pueden jactar de ser tetracampeones mundiales de fútbol antes que Brasil y que Italia. ¡Qué no ni no!


¿Y qué dice Stábile?

El primer goleador de un Mundial, el técnico del primer fracaso de la Selección argentina, y a su vez el más ganador, nos habla desde el archivo con sentencias que siguen vigentes como si fueran de ayer. Por IGNACIO FUSCO

É

l, justamente él, sacará el conejo de la galera y le pegará un tiro. Él, que tanto ha vivido de ellos, de ilusionismo y pañuelos desaparecidos, correrá la tela que escondía su otra realidad: la Argentina de Maradona será, al revés de los sueños de muchos, la Argentina de la austeridad. “El predominio que ha ejercido el futbol argentino se debió siempre a su gran capacidad ofensiva. Por ese lado, sin embargo, hemos perdido fuerzas. Argentina empezó a copiar a Europa en materia de tácticas y de apreciación del jugador, y creo que ése fue, y es, su peor mal”, se para Stábile, enojado, gritando desde el archivo. Stábile, Guillermo Stábile, técnico de la primera vez que la Selección se miró ante un espejo que le mintió: Suecia 58 y el fútbol espectáculo, 1-6 ante Checoslovaquia y la bruta caída desde el ego: primera ronda, adiós. Pasaron cincuenta y dos años, y aún se debate a qué juega la Selección. Los europeos han tenido necesidad de aplicar sistemas estrictos por la limitada capacidad individual de sus elementos, pero nosotros no estamos obligados a eso -teoriza el primer goleador de un Mundial, en Uruguay 30, con ocho tantos-. ¿Optaremos acaso por desterrar nuestras modalidades fundamentales para adaptarnos al estilo de otros países de inferior capacidad futbolística?”. Maradona ha ideado una Argentina ítalogermana, tacaña negociante, demasiado segura de sí misma. Ocurra lo que ocurra, entonces, Diego ya habría ganado un punto: mientras la mayoría de la prensa le gritaba su ineptitud, el técnico de la Selección armó un equipo que perseguirá una idea, una razón, inequívocamente suya. Por eso mismo, nos dice Stábile, “la responsabilidad siempre va a recaer en el Director Técnico, que es una especie de cabeza de turco para los hinchas, los dirigentes, los propios jugadores. ¿Y por qué? Porque lo único que tiene importancia es el resultado (…). Si ello se

consigue, además, deleitando al espectador, tanto mejor. Pero convengamos en que no es lo frecuente. Lo demás… Lo demás ya no importa”. Pese al tiempo y la desmemoria, Guillermo Stábile es aún el técnico más ganador de la Selección. La dirigió entre el 40 y el 58, mientras era tricampeón con el Racing 49/51, y ganó seis copas América: 41, 45, 46, 47, 55 y 57. “Como expresión de espectáculo y arte, nuestro fútbol exige una suma de condiciones que no siempre coinciden –insiste el ex goleador de Huracán, Genoa, Estrella Roja y ¡Napoli!–. Y en mis equipos siempre ha sucedido esa feliz coincidencia: tres atacantes virtuosos y positivos, que hacían de la gambeta un puente hacia el gol”. ¿Messi a la derecha, Tevez a la izquierda, Higuaín? “Cuando tengamos a esos hombres clave para un equipo, no debemos envolverlos en un torbellino de rarezas que no corresponden a un fútbol como el nuestro (…). A los jugadores no hay que adiestrarlos: hay que dejarlos en libertad de acción”. ¿Entonces, señor Stábile, Tevez afuera y Jonás de ocho, cuatro carceleros, Mascherano un paso al frente y ahí nomás Verón, Messi acorralado y allá, mírelo, Higuaín? “La aplicación de tácticas y sistemas tiene importancia, sí, pero no hay que magnificarla. Aun con la mayor contracción al trabajo, con la mejor preparación, un equipo puede perder, y eso es lo más lindo del fútbol (…). Pero si se procede con tino frente a la nueva generación, y no se la acompleja con estilos que no están de acuerdo con su personalidad, entonces podremos mirar con optimismo el futuro”. El futuro, sí, o ese presente que no llega, que se nos ríe mientras se escapa a cada paso. Don Guillermo abraza a José Salomón capitán del seleccionado argentino que ganó el sudamericano de 1946.

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SOÑAR, SOÑAR

Deben ser los gorilas, deben ser... ¿Cuántos argentinos sueñan con que le vaya mal a la Selección del Diego? ¿Pocos? ¿Muchos? En esta explicación politóloga (no porque provenga de la politología, sino porque el término decora muy bien una revista tablonera como Un Caño), pretendemos razonar sobre las consecuencias políticas de un éxito o un fracaso de la Selección de Maradona. Algo así como el anticipo del famoso “diario del lunes”. Por PABLO LLONTO

B

asta pronunciar el nombre de Maradona, aguardar unos segundos y, en un instante, se podrá comprobar de qué lado del país se encuentra el interlocutor. Estamos lejos de aquel momento de proclamas unánimes, cuando todos decíamos que Dios era argentino y vestía una camiseta celeste y blanca con un tierno diez en la espalda. Hoy, los mortales de estas tierras se dividen, como en los cincuenta, entre gorilas y maradonianos. El nuevo gorila siglo XXI, sórdido y estrafalario, tiene afectos campestres. Entre los chanchos y los cardos, sintoniza temprano a Magdalena Ruiz Guiñazú en Radio Continental. Luego cambia de emisora y lee los editoriales de La Nación o se entristece con las malas noticias de la revista Noticias. De sus gustos futbolísticos se sabe poco: a veces se reconoce hincha de Boca, o mejor dicho plateísta de Boca; es admirador de Los Pumas, y es imposible que por el servicio Premium de su Direct TV observe algún encuentro del ascenso. Se molestó, y bastante, cuando Diego hizo una precisa mención de hacia donde debía dirigir sus labios el periodista Passman. En apretada síntesis, odia al Gobierno, odia a los piqueteros, odia a Chávez y odia a Maradona. Por supuesto, si alguien le pregunta si ha leído alguna vez la revista Un Caño, inmediatamente desenfunda.

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Indudablemente, el nuevo gorila quedó horrorizado cuando Maradona formó parte del acto en que Cristina terminaba con el monopolio del fútbol. Momento, advierto un error: en el lenguaje de estos hombres y mujeres (porque las gorilas son mayoría, valdría acotar), el nombre Cristina no existe. Ha sido reemplazado por “la yegua”. Entonces, cuando “la yegua” estaba al lado del Diego, los gorilas le juraron al Diez muerte occidental y católica. Se sintieron como Arnaldo Pérez Manija, la notable creación de Capusotto en Hasta cuándo, y faltó que gritasen “¡señor Maradona renuncie! ¡Señor Maradona, montonero!”. El próximo destino de esta gente, tan peluda y tan paqueta, es un junio con las maldiciones en la carne. Gritarán para que Maradona pierda, se enferme o se desnuque al bajar una escalera en Pretoria. Por ende, sus tres deseos al apagar las velitas son: que la Selección fracase, o que si pasa de ronda le toque Brasil, o

Los gorilas gritarán para que Maradona pierda, se enferme o se desnuque al bajar una escalera en Pretoria.

que en la final la mano de Blatter la condene con un árbitro que tenga las mismas deficiencias que Codesal en 1990. Por estos días leen con mucha atención los titulares de Clarín y esperan que Wiñazky le escriba a Roa un editorial reflexivo que arroje la siguiente conclusión: “el país no puede seguir rumbo al chavismo futbolístico”. ¿Y qué hay de los maradonianos? Pues que andan también intolerantes. Acuden a todas las macumbas posibles para lograr que los enemigos de Diego sufran algún trastorno tan malo como el que le desean a Cobos. A diferencia de la unidad gorila, hay maradonianos de diversos clanes. La primera mayoría, por llamarla de alguna manera, se proclama peronista. Esencialmente frentevictoriana. Un dato menor, y medianamente comprobable, los lleva a pensar que el Diego pertenece a la izquierda peronista. Se trata de la observación de los tatuajes que aún habitan la epidermis más idolatrada. Allí están los rostros del Che Guevara y de Fidel, como para que nadie dude. Poco saben del peronismo de Maradona. Quizás guardan en sus memorias la imagen soñada, de abril de 2008, cuando Diego se afilió al PJ. O el terapéutico recuerdo de que alguna vez leyeron que Don Diego, el padre, era peronista. Todo ello les alcanza para creer que el mejor re-


galo para el Bicentenario, para los pueblos morochos y para la Rosada será verlo nuevamente con la misma Copa, con la misma sonrisa, pero esta vez con una recepción en la casa Rosada junto al matrimonio K. Las segundas y terceras y cuartas minorías argumentan muy seguido sentencias revolucionarias. Son algo así como adeptos, nada fanáticos, de algunas medidas presidenciales. Miraron con cierta simpatía los festejos del Bicentenario y ahora aguardan que una Selección que tiene como entrenador a un líder histórico, anti-Clarín, anti-Videla y anti-Torneos y Competencias, brinde la alegría a un pueblo que debe ponerle freno al avance derechoso del trío Iglesia, campo y banqueros. Los gorilas y los maradonianos se repartirán asimétricamente cuando se inicien las transmisiones desde los estadios sudafricanos. La línea divisoria pondrá de este lado a muchos más de los que somos. En los bares, en las pantallas gigantes y

hasta en los sillones de los domicilios particulares de miles de argentinos se podrá ver a las dos facciones, disimuladamente abrazadas. Y si bien es cierto que Messi obrará como “prenda de unidad”, no podemos dejar de advertir que el gorilismo resuelve, en estos momentos y sobre un papel, cuál será el afiche anti-K y antiMaradona que manos anónimas pegarán sobre las paredes el 13 de julio. Probablemente, durante el Mundial los gorilas sufrirán ciertos retorcijones en el estómago. En especial cuando observen tribunas negras, de mayorías negras. Tendrán siempre el mal chiste a mano. Probablemente, durante el Mundial, los maradonianos, agrupados en sus diversas etnias, intentarán corear el “Diegoooo / Diegooo” que sepulte cualquier predisposición opositora de esos días. Los primeros, qué duda cabe, esperan más la derrota de Diego Armando que la derrota celeste y blanca. Verlo a

Diego llorando será para ellos el fin de uno de los símbolos de un Gobierno al que consideran montonero, setentista y maradoniano. Ya hay murmullos en las tendenciosas cabezas de Lilita Carrió, Gil Lavedra, Cletísimo Cobos y un tal Ernesto Sanz, cuyas noches transcurren en la búsqueda de una originalidad para cuando les pongan el micrófono. Si una vez Sanz fue capaz de predicar que la Asignación por Hijo se iba en “bingo y paco”, también lo podrá ser para plagiar slogans merecedores de un almirante: “nos fue mal por culpa de ese negro villero”. Los sueños de los otros, en cambio, incluyen la sabrosa imagen de ver sobre las multitudes a un personaje que ya alzó la Copa, alzarla de nuevo. A ese sueño, le agregaremos una revancha, un dato sencillo de la realidad que define nuestra forma de ver la historia por medio de sus hechos simples: otra vez, el héroe será argentino y será barbado.

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Veinte años en la aldea global

Las vivencias en primera persona de un europeo itinerante nos hacen reflexionar acerca de los cambios que se dieron en el Mundial en las últimas dos décadas. Para nuestro hombre, a pesar de las apariencias, en aquel entonces no era tan omnipresente ni tan profesional como es hoy. Un pequeño análisis sociológico para comenzar a debatir. Por SIMON KUPER

U

na noche, hace veinte años, estaba sentado en el bar de mi universidad en Inglaterra cuando un amigo se me acercó. Faltaban unos días para que comenzara la Copa del Mundo de 1990, en Italia. “¿Si tuvieras entradas para el Mundial –preguntó mi amigo–, irías a ver un partido?”. “¿Qué querés decir?”, inquirí con desconfianza. Lo que dijo superó todas mis expectativas: “yo tengo entradas, pero como estamos en el medio del cuatrimestre, irme corriendo a Italia me traería muchísimos problemas con mis tutores y mis profesores”. “Si yo tuviera entradas, no solamente iría –contesté–. También conseguiría entradas para mis amigos”. “Bueno, eso no es un problema –me dijo–. Puedo conseguir tantos tickets como quiera”. Resultó que el padre de un amigo de mi amigo (estos contactos siempre son así de lejanos), trabajaba en Mars, la marca de chocolates que era uno de los sponsors del Mundial. Mars tenía muchísimas entradas de protocolo para repartir entre sus contactos comerciales. La idea era invitarlos a Italia, como parte de un reconocimiento, un premio para sus socios. Pero sus socios, descubrió Mars, no tenían demasiadas ganas de ir a ver partidos al estadio. Si eran norteamericanos o asiáticos, en aquel entonces tendían a

ignorarlo absolutamente todo acerca del fútbol. Si eran europeos, tendían a estar aterrorizados por los informes de la prensa acerca de los viajes de los hooligans británicos hacia la península itálica. Es que, en 1990, el Mundial simplemente no era tan grande, ni era una propuesta que generara tanto entusiasmo. Y a Mars le sobraban entradas. Dos días más tarde, tres de nosotros fuimos en tren a Italia. Ninguno había estado antes en un Mundial. Cruzamos el Canal de la Mancha en barco y pasamos casi dos días en un vagón de tren, con un olor cada vez más hediondo, entre las conversaciones típicas que sostenían los estudiantes de 20 años en los días anteriores a la Playstation: mujeres, el Mundial y política (“si este vagón fuera un estado, yo fuera el gobernante y ustedes un par de disidentes…”). Justo cuando estábamos resolviendo la crisis gubernamental en Bulgaria, nos arrastraron fuera del tren para traspasar los controles de pasaporte de la frontera italiana (sí, todavía había control de pasaporte entre países europeos). En un puesto de frontera en el medio de la nada, flameamos confianzudamente nuestro flemático pasaporte británico, cuando se acercaron un par de oficiales. Después de

sostener una pequeña conferencia entre ellos, nos dijeron en un inglés dudoso: “no pueden entrar al país”. “¿¿¿Qué???”. El pánico pudo con nosotros. “¿Por qué?”. “Ustedes son ingleses. Es posible que sean hooligans”, señalaron. Fue un momento de crisis. De pronto nos dimos cuenta de que, probablemente, habíamos hecho enfurecer a nuestros profesores y habíamos gastado cientos de libras por nada. Frenéticamente, sacamos todos nuestros documentos de los bolsillos. Nuestras tarjetas bancarias (previsiblemente) no los impresionaron. Como último recurso, les mostramos nuestros carnets biblioteca. “¡Somos estudiantes! ¡Estudiantes de la Universidad de Oxford!”, gemimos al borde del llanto. Los oficiales volvieron a entrar en una mini conferencia. Después de deliberar, decidieron, basados en una débil base sociológica, que si éramos estudiantes de Oxford, probablemente no fuéramos hooligans. Nos dejaron pasar. Así de irracional y así de desorganizado era todo. Y pasamos un par de semanas brillantes. Nuestras entradas eran para tres partidos de índole menor que los socios de Mars habían rechazado, pero lo que era notable dentro del estadio era cómo el resto de la gente también había rechazado la posibilidad de ir a la cancha. Las tribunas

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en Colombia-Emiratos Árabes Unidos, o en Estados Unidos-Checoslovaquia, estaban a medio llenar. Esto era la Copa del Mundo, pero no parecía un asunto demasiado serio o demasiado grande. El Mundial de Sudáfrica se llama “Mundial”, tal como aquel torneo de Italia que se jugó hace veinte años. En realidad, sin embargo, se trata de dos animales completamente diferentes. Es como dice George Orwell: “¿qué tiene uno en común con ese chiquito de cinco años cuya fotografía está en la mesada de su madre? Nada, excepto que son la misma persona”. Tras haber concurrido a todos los mundiales, desde 1990, vi crecer al torneo, lo vi globalizarse y profesionalizarse más allá de todo reconocimiento posible. En retrospectiva, Italia 90 fue apenas una feria de pueblo. El evento que se desarrollará en Sudáfrica, en gran parte no tiene precedentes. LA MUNDIALIZACIÓN DEL MUNDIAL Una mañana, en Johannesburgo, Danny Jordaan me mostró paso a paso la historia de la organización del Mundial 2010, que se remonta a 1990. Si el torneo suda-

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fricano tiene un padre, ése es Jordaan, este hombre de barba entrecana. En los 90, su país le asignó la tarea de llevar la Copa del Mundo a Sudáfrica. Gastó casi una década de su vida en campaña para lograrlo –si Marruecos hubiera ganado la plaza aquel sábado de mayo en Zurich, en 2004, el trabajo de su vida habría sido en vano–, y hoy es el jefe del comité organizador del Mundial. Nos encontramos en Sandton, el distrito comercial blanco de Johannesburgo, en un restaurante en el que el desayuno cuesta 140 rand (19 dólares), más de lo que muchos sudafricanos ganan en una semana. Jordaan suele venir aquí cuando no está recorriendo el mundo, y nos sentamos en su mesa de siempre. Aunque tiene 58 años, nunca había visto una Copa del Mundo en vivo por televisión, hasta que contempló aquella de 1990, en Italia. Bajo el apartheid, explicó: “Sudáfrica fue expulsada de la FIFA, por lo que el organismo se negó a televisar el torneo para el país”. ¿Entonces Jordaan nunca vio a Cruyff o a Maradona jugar un Mundial? “No, vimos todos los videos después”, confesó. Entonces explicó cómo el campeonato había cambiado con el tiempo. “El principio del proceso de cambio para el Mundial comenzó en 1990”, aseguró. El muro de Berlín recién había caído, la globalización estaba despegando y muchos nuevos países, incluyendo Sudáfrica, se estaban

Un día, en ese bar, un mexicano me confesó que estaba contento de que los estadounidenses no se hubieran enterado de la existencia del Mundial.

uniendo a la FIFA. En unos años, el organismo pasó de 97 a 200 miembros”. “En 1994, la FIFA decidió expandir la cantidad de participantes mundialistas a treinta y dos. De pronto, el torneo se transformó en un campeonato mundial, seriamente mundial, y no sólo en una competencia entre Europa y Sudamérica”. Jordaan vio ese cambio de cerca, ya que trabajó en cada Mundial desde 1994. Yo vivía en Boston durante esa Copa del Mundo estadounidense, y recuerdo que el torneo parecía estar teniendo lugar en una pequeña isla de fervor en medio del indiferente océano que era Estados Unidos. Un día, en medio del campeonato, me tocó ir a un partido de béisbol de los Boston Red Sox, y sospecho que si le hubiera preguntado a cada uno de los hinchas acerca del Mundial de fútbol, podrían haberme respondido que les sonaba el nombre, pero no mucho más. Miré varios partidos de ese campeonato en bares que aglomeraban únicamente extranjeros: colombianos, búlgaros, nigerianos e ingleses se abrazaban en la camaradería de un lenguaje común, el fútbol. Un día, en ese bar, un mexicano me confesó que estaba contento de que los estadounidenses no se hubieran enterado de la existencia del Mundial. “Imaginate cuando se enteren”, me dijo. “Van a querer dominarnos en eso también. Prefiero tener un aspecto de mi vida que Estados Unidos no controle”. El torneo de 1998, en Francia, todavía era más bien de poca monta. Yo había ido a Montmartre, un hermoso barrio en una colina de París, para ver el partido i-naugural en una pantalla gigante que los organizadores habían prometido colocar allí. Cuando llegué, no había pantalla. Un empleado, sin darle mucha importancia, explicó que habían decidido no llevar a cabo la idea inicial. “A la gente no le interesaba demasiado”, aseguró. Además, el torneo se jugó en su mayoría en viejos estadios, porque los franceses no entendieron nunca el punto de construir nuevos palacios sólo para un mes de torneo. Sin embargo, para ese entonces, dice


Jordaan, el Mundial ya estaba tomando la forma que tiene hoy en día: “en el período que siguió a 1990, cada Mundial se jugó prácticamente con las entradas agotadas”, confirma. Y agrega: “además, en cada torneo se cobró más y más dinero de la televisión”. Durante décadas, la FIFA había vendido los derechos de transmisión por cifras que alcanzaban muchos millones de dólares. Alrededor de 1998, los precios se dispararon. Como una prueba mayor de que el Mundial se había convertido verdaderamente en una competencia a nivel global, el campeonato de 2002 se disputó en Asia, un continente relativamente nuevo en el universo futbolístico. Esa incursión llevó a que Japón y Corea del Sur invirtieran un dineral en la construcción de nuevos estadios, incluso a sabiendas de que muchos quedarían inutilizados apenas terminara el torneo. Es que los anfitriones comenzaron a entender que una Copa del Mundo podía prestigiar su imagen global, posicionar al país como marca. A pesar de todo esto, hasta 2002 todavía quedaba una sombra que acechaba el Mundial, la misma que casi me impidió entrar con mis amigos a Italia en 1990. Esa sombra no era tanto la presencia de hooligans, un fenómeno más infrecuente y más suave de lo que los medios sugieren, sino el miedo a los hooligans. Este miedo afectó durante años el disfrute de un Mundial. Antes del torneo de 2002, Japón entró en una corrida de pánico. Al comienzo del Mundial, escuché que un muchacho local estaba preocupado preguntándose si sería seguro ir a jugar al golf a 150 kilómetros de Sapporo el día que se enfrentaban Inglaterra y Argentina en esa ciudad. También se especuló con la identidad de las seiscientas personas que habían reservado asientos en un restaurante especializado en parrilla de cordero para la noche del partido (casi con seguridad se trataba de invitados de alguna corporación), e incluso –para dar tranquilidad a la comunidad japonesa– se presentó al nuevo jefe de Policía como “experto en fútbol europeo”, porque había ido a ver un par de partidos en el viejo continente.

El ultimo Mundial, en Alemania, fue el mejor de la historia si uno ignora lo que sucedió en la cancha. Fue una fies-

blaba con nadie. Al regresar, quince años después, me llevó un rato estar seguro de que se trataba de la misma calle. Había banderas colgadas de cada casa –banderas alemanas hechas en China, pero también de otras tantas naciones–, y los niños estaban jugando por todas partes, aunque se suponía que los alemanes hace años habían dejado de tener niños. De alguna manera, el Mundial parecía haber transformado un país sombrío, lúgubre y pesimista en un país feliz. Dos noches antes de la final, en el lobby del hotel Adlon, en Berlín, el organizador del torneo, Franz Beckenbauer, se

ta de un mes, con literalmente millones de personas juntándose en los pueblos alemanes para mirar partidos en pantallas gigantes, bajo un sol permanente, en hermosos, renovados estadios que también estarían llenos durante la siguiente temporada. Nadie habló de los hooligans. Eso, sencillamente, habría sido aburrido. En los últimos días del torneo encontré la casa en la que solía vivir, en Berlín. En mi memoria, el vecindario era un lugar triste y sepia, en el que nunca nadie ha-

paseó por el lugar aceptando halagos múltiples. Cada metro que caminaba dejaba lugar a la aparición de un nuevo hombre de traje que le ponía el brazo alrededor del hombro, o de una dama elegante que le ofrecía sus sinceras felicitaciones. La escena era presenciada por una delegación de directivos de la federación sudafricana que lucían sus sacos cruzados en unos sillones amplios. No estaban sonriendo. Beckenbauer había hecho su trabajo mucho más difícil. No debían emular un

Al final no pasó nada. No hubo un brote significativo con los hooligans desde que los fanáticos de Inglaterra provocaron incidentes (sin ninguna muerte, y con muy pocos heridos) en la playa de Marsella en 1998. El decreciente miedo, sobre todo europeo y asiático, a las hordas de hinchas ingleses dejó que la Copa del Mundo creciera. ALEMANIA 2006, EL LISTÓN ALTO

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evento de segunda línea, como Italia 90 o Francia 98; su chance les llegaba después de que se estableciera el nuevo modelo de Copa del Mundo. Jordaan lo tiene claro: “si me preguntan qué cambió en Alemania, yo respondo sin dudar: levantó el listón como parte de ese proceso que arrancó en 1990. Nosotros somos el primer país en vías de desarrollo que recibe a un Mundial en los últimos 20 años. Incluso, si hubo países con menor potencia económica que fueron sede en el período que va de 1930 a 1986, el período post 1990 es significativamente diferente”. Sudáfrica ahora tiene que organizar el espectáculo de logística más grande y más visible del mundo, y lo tiene que hacer antes de una fecha límite que no es negociable. Como lo ilustra Jordaan: “el 11 de junio, a las seis en punto, el árbitro va a entrar en el campo de juego. Todo el mundo debe verlo, y debe ser impecable”. Esta preocupación por el detalle podría haber sorprendido, digamos por ejemplo, a los organizadores del Mundial 1974 de Alemania Occidental,

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que olvidaron poner los banderines del córner en la final del torneo. Hoy también es impensable una situación como la que, hace apenas treinta y dos años, vivió Francia en Argentina, cuando tuvo que vestirse con la camiseta de un club local (Kimberley, de Mar del Plata) en un partido ante Hungría. El resultado de este crecimiento sostenido de la Copa del Mundo es que Sudáfrica ya ha gastado más en este torneo de lo que jamás imaginó. La última cuenta, que incluye un presupuesto siempre creciente para los estadios mundialistas, estaba en 13 mil millones de rand, o 1.750 millones de dólares (cuando el estimativo inicial no superaba los 2 mil millones de rand; es decir, era menos de un sexto de lo que se gastó). Con esos 13 mil millones de rand, el país podría haber construido cientos de miles de casas para los pobres que hoy viven en asentamientos precarios. En cambio, ha decidido erigir majestuosos estadios en ciudades que normalmente no tienen una afición futbolera como Cape Town, Polokwane y Port Elizabeth. Es casi un hecho que en

El resultado de este crecimiento sostenido de la Copa del Mundo es que Sudáfrica ya ha gastado más en este torneo de lo que jamás imaginó. esos lugares nadie verá fútbol de nuevo cuando termine el Mundial. La FIFA obligó a Sudáfrica a cumplir con estos requerimientos porque su nuevo modelo de Copa del Mundo lo demanda. El mismo proceso de gigantización sucedió en los Juegos Olímpicos, por lo que sólo mega ciudades como Beijing, London y Río de Janeiro pueden aspirar hoy en día a albergar la competencia. Los brasileños deben tener la preocupación latente de que en el fútbol, al menos, este proceso empeorará. Cuando llegue su turno de alojar el Mundial, en 2014, el torneo puede haber llegado a un nuevo estándar que hoy en día es imposible imaginar.


Vieja, ¿sabés desde dónde estoy relatando?

No se trata de un dato revelador, simplemente es algo así como desnudarse un poco en público. Estas líneas de nuestro especialista en “últimos mundiales” pone el ojo en las llamadas Salas de Prensa o Centros de Prensa que abundan en los estadios mundialistas. Buena parte de la cocina periodística se sazona allí. ¿Quieren chismes y secretos? Aquí los tienen. Por OSVALDO ALFREDO WEHBE

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lor a shopping. Es lo primero que siento cada vez que entro a un centro de prensa en los mundiales. Ese aroma a encierro pero fino, una especie de presidio para bacanes, para delincuentes VIP. Es preciso que sepan que en esos lugares buena parte de los periodistas del Tercer Mundo, entre los que se encuentran los argentinos, viven los treinta días del Mundial. Y es mucho más acentuado el porcentaje si uno se instala en el grupo de hombres de radio. No creo que a esta altura signifique un hallazgo ni un descubrimiento decir que un gran número de los partidos que llegan por las emisoras sudamericanas a sus oyentes son narrados por el sistema denominado off tube, esto es, siguiendo los encuentros por televisión. Explicado en términos formales como un “servicio especial”, la transmisión de los partidos que no juega la Argentina son en su totalidad cubiertos de esa manera. El agregado de un periodista que consigue una entrada para ese día o uno acreditado por un medio escrito (tienen tickets para todos los encuentros), que hace de “borde de campo”, es un buen lujo que algunos se dan. Es curioso. Quien esto escribe se convirtió, desde el Mundial 82 en España para acá, en un especialista en el rubro. Y doy fe que en el centro de prensa, con una pantalla gigantesca, más el sonido genuino que llega del estadio y al cual sí acceden todas las emisoras, más la información que hoy brindan cada segundo por Internet, la entrega informativa es más cuantiosa que estando en la cancha. No hay comparación alguna con estar en un pupitre o una cabina en el Estadio. Pero eso es ya una utopía desde lo económico para las radios de una gran parte del mundo. Se relata a la Selección propia desde el lugar de los hechos y a los demás por la televisión. Por ello es que muchos de nosotros vivimos en los centros de prensa el mes entero. Mucho más aún, si la diferencia horaria con nuestro país hace que los programas o las tiras diarias sean a la medianoche del territorio donde se juega. Uno relata y sale al pasillo del cubículo que la radio alquiló, y el olor a patio de compras está presente. Buenos baños, algún comedor comunitario con fragancias a salsas varias y largos

pasillos que contienen habitaciones-estudios donde los colegas hacen su trabajo. Es increíble, un edificio de prensa durante los mundiales es una torre de Babel. Si a la hora de un partido uno camina por las galerías, escuchará el relato en decenas de idiomas, muchos de ellos emitidos desde un escritorio frente a la televisión en los estudios del lugar. Somos medios de comunicación del Tercer Mundo. Y salvo contadas excepciones (el dueño de la torta o un amigo del reino FIFA), ir a la cancha a relatar es una ilusión que se perdió en el tiempo. El invento que algunos atribuyen a José María Muñoz y los más a las cadenas colombianas y brasileñas, fue creciendo desde España 82 hasta Alemania 2006. Y ya a esta altura podemos aseverar que a muchas emisoras no les da para pagar su lugar en el centro de prensa, lo que las obliga a realizar las transmisiones desde un televisor común en el departamento u hotel alquilado por el mes, en donde conviven los enviados de ese medio. Ir al Mundial como periodista supone entonces estar preparado para varias escenografías. El acreditado por un medio escrito es el “príncipe” entre todos nosotros. Goza de privilegios que otorga la organización y tiene entradas para ver casi todos los partidos. Los de la televisión, si son de los dueños del fútbol (en el Mundial seguirán siendo los de antes), la cosa va más o menos bien. Los demás “acampan” en el centro de prensa o en la casa que alquilaron. Y salvo cuando juega Argentina (hacia donde van relator, comentarista y algunos más) al Mundial se lo ve igual que en el bar del barrio. Por eso es que en las últimas Copas, cuando uno vuelve al pueblo se le hace difícil saber más que los que se han quedado a verlo por televisión. En el final digo que si el país organizador presenta aristas interesantes para codearse con la cultura, el esparcimiento y la distracción, el presidio bacán se aguanta bien, pero si el campeonato se disputa en lugares donde es una cachetada a la realidad ponerle tanto oro al barro, uno se pregunta “¿qué hago acá?”. Y no alcanza la respuesta “soy un periodista en el Mundial”. Eso es una mentira.

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Cada loco con su tema

A partir del 11 de junio, el Mundial nos retorcerá la cabeza. Sentados frente a la pantalla, veremos desfilar apellidos y camisetas nunca vistos. Y luego entrarán a escena las selecciones más conocidas. Se exhibirán los planteos que harán las delicias de bilardistas y otros estudiosos del fútbol. ¿Qué nos deparará Sudáfrica 2010 en materia de tácticas y estrategias? Aquí, una aproximación de nuestro querido analista, luego de excluir al seleccionado argentino. Por FERNANDO PACINI

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l Mundial es una competencia llena de sorpresas. Aparecen equipos con los que nadie contaba, pero casi siempre ganan los mismos. La historia, misteriosamente, juega su partido. Se ratifican algunas de las grandes figuras de las principales ligas, al mismo tiempo que decepcionan otras. Nombres que hoy no les resultan familiares a casi nadie, serán muy repetidos a partir del 11 de junio. ¿Se acuerdan de Schillaci o de Skuhravy? En los perfiles colectivos se pueden adivinar algunas certezas. Independientemente de la calificación final de cualquiera de las selecciones candidatas, se supone que este Mundial se caracterizará por la dinámica, por una mayor vocación ofensiva y una mayor presión que en anteriores Copas del Mundo. También se esperan (además de las sorpresas que siempre incluye el guión) varios equipos que colocarán a la posesión en el centro de su plan. Los moldes tácticos dicen algo, no mucho. La tendencia indica que los sistemas predilectos y de moda serán tres: el 4-4-2, el 4-2-3-1 y el 4-3-3. Son los dibujos predominantes en las selecciones y equipos más importantes del mundo. Esta manera de “presentar” un planteo es sólo un detalle a considerar en el análisis, pero en cualquier caso no pierde la categoría de detalle. Chile podrá partir del 4-3-3 y subir a un lateral para conver-

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tirse en un 3-3-1-3, o España puede transformar su 4-4-2 en un 4-2-2-2. Brasil, por ejemplo, puede verse: – Como un 4-3-3 (Elano, Luis Fabiano y Robinho); – Como un 4-2-2-2 (Felipe Melo y Gilberto Silva: Elano y Kaká; Luis Fabiano y Robinho); – Como un 4-2-3-1 (F. Melo y Gilberto Silva; Elano, Kaká y Robinho; Luis Fabiano de 9). La dinámica y la versatilidad de algunos de sus futbolistas permiten cualquiera de las clasificaciones. Lo más significativo no es “cómo se para”, sino cómo juega. Este Brasil juega al equilibrio. A diferencia de sus seleccionados de otros tiempos, el equipo de Dunga prefiere el ataque más directo y sin tanta elaboración. En su defensa (arquero incluido) está el sello más sobresaliente del equipo. Aspira a transiciones

Se supone que este Mundial se caracterizará por la dinámica y por una mayor vocación ofensiva.

muy veloces y a optimizar sus recursos ofensivos. Indudablemente, aquí no hay casi nada de aquella belleza de 1982. El jogo bonito hace tiempo que es más una marca que una verdad. España es el producto de una liga revolucionada por el Barcelona. La furia dejó paso a la técnica y a la posesión como eje del juego. Su sistema es ése, mucho más que cualquier número telefónico. Defensa de cuatro en zona, dos puntas y cuatro mediocampistas que cierran y abren el campo con movimientos constantes. Holanda siempre está injustamente sospechada de fragilidad. Es una especie de manifiesto para quienes piensan que el mejor fútbol es con el balón, atacando, tomando el protagonismo y asumiendo riesgos. La posesión es una política de estado en Holanda: dirija quién la dirija, pensar el partido con la pelota es sagrado, no se discute. Luego del frustrado paso de Van Basten, ahora con Bert van Marwijk, Holanda nuevamente debe comparecer ante las grandes potencias. Esta vez, sin la riqueza técnica de certámenes anteriores, pero con un mediocampo y un ataque de muy buen nivel: Sneijder, Van Persie, Huntelaar y Robben. Además, están Kuyt, Babel y Van der Vaart. En las Eliminatorias fue impecable: ganó los 8 partidos jugados,


marcó 17 goles y sólo le hicieron 2. Alemania e Italia, como siempre, figuran entre los candidatos por la potencia de la historia, independientemente de sus antecedentes poco alentadores en el último par de años. Ambas se parecerán mucho a las del Mundial 2006. Italia tiene la misma base, incluido su entrenador Marcello Lippi, que retornó al cargo. Ni Del Piero ni Totti ni Cassano han sido convocados. Es un equipo un poco entrado en años –Cannavaro (36), Gatusso (32), Buffón (32), Pirlo (31)–. Pero hay dos reflexiones de Lippi que definen a la Azzurra mucho mejor que cualquier descripción que podamos hacer. La primera, referente a las cualidades de sus dirigidos: “aún no estoy seguro de haber llevado a Alemania los mejores jugadores desde el punto de vista técnico. Pero seguro que llevé a unos fuera de clase en cuanto a la cohesión del grupo, grandes jugadores, campeones que sienten fuertemente el deseo de ponerse a disposición de los compañeros y, todos juntos, formar un grupo, sin necesidad de sentirse prime donne”. La segunda, sobre la competitividad de Italia: “Italia no va al Mundial para dar una buena impresión, sino para ganar”. ¿Está claro? Alemania está en transición, refor-

La tendencia indica que los sistemas predilectos y de moda serán tres: el 4-4-2, el 4-2-3-1 y el 4-3-3.

mulando su camino y trabajando para recuperar calidad en sus futbolistas. Está apostando al futuro, a su cantera. Aún en esta coyuntura poco ventajosa, Alemania no se permite perder competitividad. Inglaterra llega a Sudáfrica con la intención de ratificar que su Selección puede ser el resultado de la opulenta Premier League. Que de una vez por todas hay que dar el salto, que ya está bien lejos el 66. El conductor elegido para dirigirlos al éxito es Fabio Capello. Tomaron un atajo riesgoso, suponiendo que hay que “italianizar” un poco al fútbol inglés para encaminarlo a la victoria. Evidentemente, la figura de la Selección es Capello. En él se depositan las expectativas, aunque hay algo de ficción en tal desmesurado papel para un entrenador. “Él es el jefe, como lo era Alf (Ramsey). Es el primer seleccionador inglés desde Alf que es realmente el jefe”. La frase le pertenece a Bobby Charlton, nada menos.

Capello hará base como siempre en una defensa dura y un mediocampo versátil y explosivo. El final quedará para Rooney, la estrella más radiante del actual fútbol inglés. La Copa del Mundo siempre reserva algún sitio para las sorpresas: alguna vez fueron Portugal, Holanda, Senegal, Corea del Sur, Turquía… Sin ánimo de pronosticar nada, hay dos equipos que, si en la marcha no tropiezan, tienen recursos potenciales suficientes como para dar un gran paso: Estados Unidos y Uruguay. Y está Chile. La modestia, la evidente inferioridad respecto de los mejores, no será un motivo suficiente para impedir que veamos acaso la muestra de audacia más grande de la Copa del Mundo, más allá de cualquier resultado. Aunque a la eliminación de los audaces se la castigue siempre más duramente que a la derrota de los conservadores. Está inexplicablemente bien visto que un especulador pierda, asumiéndose peor de antemano. Sin embargo, cuando se cae desafiando la pobreza, aún ante los más fuertes, parece que la derrota hubiera sucedido por la valentía, cuando ésa es justamente el arma más noble para acercarse la victoria.

Bielsa, Lippi, Dunga y Gapello. Manuales para todos los gustos.

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Por treinta días locos que vamos a vivir

La curiosidad premundialista hace estragos cada cuatro años. Uno quisiera saber quiénes son las figuras de todos los equipos para ir reservando un día y una hora en la agenda, y para poder marcar, en almanaques y fixtures, los partidos que no debemos perdernos. Aquí va una ayudita de nuestro amigo Román, quien antes de partir a Sudáfrica cedió con gentileza una guía de candidatos a “mejor jugador”, excluyendo a los argentinos. Por ROMAN IUCHT

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n buen sillón en el living, un plasma de interminables cincuenta cuotas, un eficaz reloj despertador para las veces que haya que madrugar y un rico postre en la heladera cundo se trate de la hora del café. Elementos indispensables que no podrán faltar en el kit del usuario mundialista. Futboleros como somos, apelemos a la honestidad brutal. A esta altura ya nada ni nadie puede negarlo. El crecimiento de nuestros hijos y la llegada de un nuevo Mundial son datos incontrastables del paso del tiempo. Y, aunque duela reconocerlo, de que estamos cuatro años más viejos. Aceptada la idea, al menos sepamos a que vamos a atenernos y entonces tratemos, en este número de Un Caño, con mucho de previa de Sudáfrica 2010, de estar alertados para saber por quiénes valdrá la pena encandilar la mirada durante una hora y media, a riesgo de perder el presentismo en el laburo, pelearse con la novia o tener un atisbo de conflicto conyugal. Las heridas nos enseñaron que el Mundial es un sprint

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corto con obstáculos. Lo más parecido a una carrera de 110 con vallas. La imagen de Cannavaro levantando la copa en el Olímpico de Berlín nos confirmó lo que ya sabíamos. El campeón muchas veces no es el mejor. Sin embargo, y como el pragmatismo no lo es todo, aún se puede levantar una bandera por los talentos de aquellos que atajando, defendiendo o goleando nos harán más placentera la vida en los fríos días de junio. España invita a creer que el buen gusto y la eficacia todavía pueden darse la mano. Piqué, Xavi, Iniesta, Cesc Fábregas y Busquets provienen de esa fábrica llamada La Masía, en donde se producen jugadores con orfebrería artesanal. Los cracks del Barcelona, cuya religión es el toque, querrán trasladar su fe a la Selección

Los cracks del Barcelona, cuya religión es el toque, querrán trasladar su fe a la Selección de Vicente Del Bosque.

de Vicente Del Bosque. Ese será su mayor desafío, ya que los mundiales nos enseñaron que los agnósticos más de una vez se salen con la suya. Son los favoritos, y ése tal vez sea su gran problema. La mochila de candidato carga sobre sus espadas, y la presión no siempre se recibe con beneplácito. Brasil buscará demostrar que, aunque no tiene buena prensa, el arte de la defensa también gana mundiales. El mejor arquero del mundo es el imperial Julio César. Lucio es un lugarteniente fantástico, y Maicon y Dani Alves juegan atrás pero llegan como avezados atacantes. El scratch posee el sello de Dunga, y aunque lo suyo –sacando a Kaká– tiene cierto aire robótico, en la línea de candidatos parte desde la primera fila. Un equipo rocoso, práctico y efectivo se prepara para ir por el sexto título de la historia. Si un conjunto dispone de Steven Gerrard, Frank Lampard y Wayne Rooney no puede menos que llamar a la curiosidad. Si encima cuenta con la disciplina de Capello, pues entonces hay que enfocarlo con luces altas. Inglaterra tiene un menú tan variado como atractivo, y esa oferta lo hace irresistiblemente tentador. Sudá-


Alexis Sánchez será el secreto mejor guardado de la roja de Bielsa para transformarse en la revelación de la Copa del Mundo.

frica 2010 servirá, entre otras cosas, para precisar cuán grandes son las diferencias entre la excitante liga de un país y su Selección como expresión representativa. Ejemplos como Portugal, Holanda o Francia ayudan a ilustrar los clásicos invitados al segundo pelotón. No aparecen con la chapa de candidatos, pero lo suyo pasa por otro lado. Un golpe de suerte y la inspiración de jugadores compulsivos como Cristiano Ronaldo, Arjen Robben o Frank Ribery te pueden hacer perder el Mundial, aunque después ellos sean incapaces de ganarlo. Fuerzas volátiles, que le dicen. Finalmente, encontramos algunos eslabones perdidos. Drogba buscará que en el primer Mundial africano, y Costa de Marfil puede llegar a buen puerto. Alexis Sánchez será el secreto mejor guardado de la roja de Bielsa para transformarse en la revelación de la Copa del Mundo. Martino querrá que Paraguay aproveche una zona accesible, y Diego Forlán intentará atravesar con Uruguay uno de los siempre inciertos “grupos de la muerte”. Prescindiendo del análisis de Argentina, y descartando que muy a nuestro pesar la utilitaria Italia y la aburrida Alema-

nia no necesitarán tener acceso VIP para llegar a sitios privilegiados para su escasa calidad, no parece haber mucho más como para destacar. A partir de cuartos de final, el cuello de botella es impiadoso. Y a la hora de la verdad, la mesa chica recibe como comensales a los mismos sospechosos de siempre. En cualquier caso, el Mundial esta ahí, a la vuelta de la esquina, listo para ponerse en marcha. El mejor teatro del mundo se presenta en escena, y en breve estará levantando el telón. Seamos capaces de disfrutarlo. Estarán las cámaras, estarán las luces y estará la acción.

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África sigue verde

Uno de nuestros expertos en fútbol internacional hace un análisis exaustivo sobre las selecciones que jugarán por primera vez en su continente y vaticina que no llegarán muy lejos. De hecho, deja a Sudáfrica en primera rueda. Veremos, veremos... Por CARLOS BONET

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n plan de visionarios, onda “te cuento como va a ser el fútbol del 2000”, alguna vez fue Pelé (acomodando, como siempre, su discurso), otra Bilardo (obvio, el Doc está veinte años adelantado), entre otros, los que vaticinaron que el “incipiente” fútbol africano coronaría en el Siglo XXI los amagos de competitividad exhibidos en mundiales como Italia 90, Estados Unidos 94 o Francia 98… Ya estamos en el 2010, con otro Mundial ahí, en puerta, y la realidad es que como ha sucedido con otras predicciones por el estilo, si el hombre todavía no puebla ciudades en la Luna ni Marte, ni la General Paz está atestada de autos voladores, ninguna selección africana hará demasiado ruido en esta Copa, paradójicamente, la primera que se juega en el continente. Los dirigentes de las respectivas federaciones, que entre Mundial y Mundial se pelean por el control de los millones que deriva la FIFA (en Nigeria, de hecho, el propio gobierno nacional creó un ente autárquico que administra esos fondos y decide los destinos de la Selección hasta el fin del Mundial), hicieron los deberes a la vieja usanza. Así, cinco de los seis países africanos que participarán en Sudáfrica 2010 estarán guiados por entrenadores extranjeros (llevando el número de técnicos foráneos en el total de participaciones afri-

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canas en los mundiales a 24 sobre 34). Falta de organización de los dirigentes y de estructura, poco tiempo de trabajo, peleas internas en los planteles, vedettismo, conflictos de premios por participar en la Copa son los problemas que, en mayor o menor medida, afectan a Costa de Marfil, Nigeria, Camerún, Argelia y Ghana. Y si Sudáfrica es la excepción y el equipo que, por su rol de anfitrión, ha hecho bien los deberes en todos aquellos aspectos, la paradoja es que se trata, por lejos, de la Selección con menos material futbolístico… Y ojo que al resto no le sobra nada: al margen de Drogba, Eto’o y Essien, el jugador africano promedio sigue estando más cerca de ser un prodigio físico que técnico o estratega. El caso de Nigeria, el rival de Argentina en el debut, es paradigmático. Sí, el fútbol es fútbol, un juego en el que la lógica manda hasta que un Alcorcón golea al Real Madrid galáctico 2.0. Pero la realidad es que los libros se incinerarían si las Súper Aguilas cumplen un buen papel en este Mundial. A ver… Shaibu Amodu, el DT del 2002 que logró clasificar al equipo para Sudáfrica, fue despedido a fines de enero, los dirigentes se tomaron todo febrero para evaluar a los candidatos a reemplazarlo y recién en marzo anunciaron a Lars Lagerback (entrenador

de Suecia en el 2002 y 2006). La cuestión es que el sueco fue un entrenador virtual durante dos meses y medio, tiempo durante el cual elaboró la lista de convocados viendo videos, asistiendo a partidos en Europa y atendiendo a los consejos de una comisión técnica local. Su primer contacto con los jugadores se dio el 21 de mayo, en Londres, para afrontar tres amistosos (Arabia Saudita, Colombia y Corea del Norte). Para sumar a la lista de desaciertos, la Federación tuvo que pagar una multa de 125.000 dólares por cancelar unilateralmente el contrato firmado con el que iba a ser su lugar de concentración en Sudáfrica (lo cambió a principios de mayo), una noticia que no cayó nada bien entre los jugadores, ávidos por arreglar los premios, una cuestión que fue problemática tanto en el 98 como en el 2002. Claro, todo esto, digamos, estaría atenuado si, en definitiva, los encargados de salir a la cancha a patear la pelotita tuvieran algo que ver con los nombres del pasado… Pero Okocha, Yekini y Amokachi ya son ex, el veterano Kanu mira todo desde el banco de suplentes y Obi Mikel, que genera aplausos entre los paquetes hinchas del Chelsea más por lo que raspa y mete que por lo que juega, es lo más parecido que tiene el equipo a un generador de juego.


Costa de Marfil, en cambio, tiene varios nombres de ésos que a uno lo motivarían a elegirlos para llegar lejos en un desafío de Winning Eleven: Drogba (¿junto a Messi el crack que llega en mejor forma a este Mundial?), Kalou, Zokora, Koné, Touré… Le sigue faltando un volante creativo top. Y comparte varios de los problemas de los nigerianos, con un par de bonus track. En principio, el sueco Sven Goran Eriksson (un trotamundos que, dicen, hace respirar aliviados a los mexicanos por verlo sentado en el banco de los marfileños y ya no más en el del Tri), nombrado a fines de marzo, tuvo su primera práctica (en Suiza) el 17 de mayo. La misma historia que con los nigerianos: un par de semanas de prácticas, dos amistosos (Paraguay y Japón) y a saltar a jugar la Copa justo en un grupo complicado, en el que Brasil y Portugal ponen lejano el horizonte de octavos de final. La situación se pone más compleja con un par de perlitas. Una, Didí Drogba no sólo comparte con Messi su gran temporada 2009/2010, sino que también genera resquemor en los hinchas de su país, que le reclaman no haber rendido con los Elefantes del modo en que lo ha hecho en la Premier League. Dos, aunque el discurso desde el Mundial de Alemania es que Didí y Cia. representan un factor de unidad para un país dividido en dos desde la guerra civil del 2002, la realidad es que dentro del vestuario también hay choque de facciones. “Pueden cambiar de entrenador las veces que quieran, pero si los jugadores no dejan sus egos de lado y no se proponen ser un equipo, será difícil lograr algo”. La frase es nada menos que del bosnio Vahid Halilhodzic, el antecesor de Eriksson. Argelia padece un problema similar al de Costa de Marfil. En busca de mejorar a su equipo, Rabah Saadane ha ido incorporando a la Selección a una buena cantidad de franceses con ascendencia argelina. Y esto ha terminado por generar dos facciones: la de los argelinos nativos y los “importados”. El conflicto se vislumbró en la última Copa Africa, en enero, cuando varios players se le plantaron al viejo Saadane (único DT africano de los seis representativos del continente, y el mismo que dirigió a los Zorros en México 86). Y

en abril hubo tres nuevos importados de la Sub 20 de Francia (la reglamentación de la FIFA permite jugar para una Selección mayor aunque se haya jugado para otro país en juveniles). ¿Se agravará la interna? Para colmo, calidad no es lo que sobra en Argelia. Una encuesta reciente del sitio Eurosport Arabia revela el pesimismo de los argelinos para con su equipo: la expectativa, para la mayoría, es tratar de no perder ante Eslovenia en el grupo que completan Inglaterra y Estados Unidos. Las mejores perspectivas (llegar hasta octavos) las tienen Ghana y Camerún, dos de los equipos que no cambiaron DT sobre la marcha (el serbio Rajevac dirige

2006, está futbolísticamente más entero que cualquier otro africano. Pero tendrá a su estrella, el volante Michael Essien, del Chelsea, apenas recuperado de una lesión de ligamentos que lo sacó de la temporada en diciembre del 2009. Y está en una zona dura por demás, con Alemania, Serbia y Australia (¿el verdadero “grupo de la muerte?). ¿Y Sudáfrica? El local, tal como están las cosas, parece destinado a hacer historia. Pero no de la que sirve para jactarse. A pesar de que el brasileño Carlos Parreira (igualará el récord de Bora Milutinovic de dirigir a cinco selecciones diferentes en mundiales) pudo hacer largas pretem-

a los ghaneses y el francés Le Guen, con una gloria como Thomas N’Kono como asistente, a los cameruneses). Los Leones no tienen mucho con que abastecer a Eto’o y sufren la falta de ese creativo que es común a nigerianos y marfileños. Pero tienen a favor un mayor sentido colectivo de equipo y, dato no menor, un grupo en el que Dinamarca aparece como el enemigo (no imposible) a vencer para avanzar de fase. Ghana, por su parte, un equipo que fue siempre potencia en el continente pero que, curiosamente, debutó en los mundiales recién en el

poradas en Brasil y en Alemania durante este año, lo que natura non da… Por eso, todo hace indicar que los Bafana Bafana serán el primer equipo del país organizador en quedar eliminado en primera ronda. Las manitos que pueda dar la FIFA o el aturdidor apoyo de las vuvuzelas, esas cornetitas que los hinchas hacen atronar en las canchas, no pintan como suficientes para superar a rivales como Francia, Uruguay y México. Y no hay que ser un experto de la pelota para saberlo. La carita de la bella Charlize Theron el día del sorteo lo decía todo…

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Cuando los Mundiales no importaban Argentina 1934 en la cubierta del barco que los llevó al Mundial.

E

n las interminables discusiones de café sobre las bondades del fútbol argentino, cuando algunos sacan chapa argumentando una riquísima historia que nos tendría que depositar en cualquier final de Copa del Mundo, la disputa verbal se hace áspera y a veces, agresiva. Es que como en todas las situaciones que genera el más popular de los deportes, hay palabras para defender cualquier posición. Y hay un manual repleto de excusas que permite salir airoso o, por lo menos, con la creencia de haber dejado el intercambio verbal en un airoso empate. La Argentina futbolera, desgraciadamente, carga con un problema serio desde el inicio de los campeonatos mundiales. Decidió no participar en tres de los cinco primeros y concurrió al segundo, jugado en la Italia fascista de Mussolini en 1934, con un equipo amateur que debutó, perdió y se volvió. Es decir que en el período considerado como el de mayor nivel futbolístico y técnico de nuestros jugadores, la Argentina no lo pudo demostrar mundialmente por qué no quiso jugar. Encima, la Segunda Guerra Mundial arruinó aquellos dorados años cuarenta con la Máquina y la gran lista de fenomenales cracks. Hubo subcampeonato en 1930, en aquella recordada final jugada en el estadio Centenario de Montevideo, donde los guapos uruguayos pudieron más que los muchachos argentinos. El primer tiempo del partido por el título lo terminó

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Hoy nadie se imagina una Copa del Mundo sin la celeste y blanca. Pero cuando todo esto empezaba, los argentinos se daban el lujo de darles la espalda a los mundiales. Entre las historias que hemos seleccionado, se destaca el sinfín de excusas para no asistir al torneo de 1950. Por ALEJANDRO FABBRI

ganando la Argentina por 2-1, pero en la segunda parte los orientales hicieron tres goles, aprovechando lo que alguna vez Francisco Pancho Varallo recuerda hoy como “la aflojada” y los celestes fueron campeones. ¿Hubo soborno? No, simplemente miedo a las represalias, con varios policías con bayoneta calada muy cerca del campo de juego y ciertas amenazas verbales poco comunes para la época… Quien salió bien parado fue Carlos Gardel. El Zorzal visitó las dos concentraciones en las dos noches previas a la final del Mundial. Fiel a su ambigua condición de francés-uruguayo-argentino, no quiso quedar mal con nadie. Se cantó unos tangos entre los orientales y, acompañado por un muy joven Pancho Varallo, recorrió las habitaciones argentinas, despertó a un par de jugadores que dormitaban y entonó sus versos incomparables. Empate no podía haber, así que a Gardel lo disfrutaron en Uruguay.

En el período considerado como el de mayor nivel futbolístico y técnico de nuestros jugadores, la Argentina no lo pudo demostrar mundialmente porque no quiso jugar.

Para 1934 viajó un equipo integrado por jugadores del interior y de los clubes que se habían negado a incorporarse al profesionalismo. Hubo jugadores de los modestos Sportivo Buenos Aires, Defensores de Belgrano, Sportivo Dock Sud, Almagro, Sportivo Alsina, GEBA, Gimnasia de Mendoza, Unión de Santa Fe, Desamparados de San Juan y Sarmiento de Resistencia. El rival fue Suecia y fue derrota por 3-2 y eliminación. Con un torneo local esplendoroso y una suma de goleadores excepcionales (Bernabé Ferreyra, Herminio Masantonio, Vicente de la Mata, Luis María Rongo, Varallo, los jóvenes Adolfo Pedernera, José Manuel Moreno y Emilio Baldonedo, la clase de Antonio Sastre, Sebastián Gualco, Ernesto Lazzatti, Gregorio Esperón y Manuel Pellegrina), la Argentina se dio el lujo de no participar del mundial de Francia, en 1938. Quizá hasta hubieran podido nacionalizar al paraguayo Arsenio Erico… Es que los dirigentes argentinos se molestaron, y algo de razón tenían. En 1930, el presidente de FIFA, Jules Rimet, les había prometido que organizarían la tercera Copa del Mundo, sorprendido por la importancia y apoyo que tenía el fútbol en el Río de la Plata. Sin embargo, bastó que la Copa progresara en la adhesión de países europeos para que Rimet fuera cambiando de idea. El suizo-francés Rimet resolvió aplicando su poder: armó un “sorteo” en el que su propio nieto, Yves, sacó la boli-


s

lla que “casualmente” contenía el nombre “France”, nuevo país sede para 1938. En la flamante AFA (fundada en 1934) se ofendieron y decidieron no participar. La presión de buena parte del periodismo y de casi todos los hinchas llevó a los dirigentes a sugerirle a la FIFA que la Argentina concurriría pero sin jugar Eliminatorias. Que no, que sí, que no, al final se aceptó que Argentina viajase sin ganar clasificación alguna y entonces, con la venia europea, los dirigentes de AFA encontraron la manera de no viajar: hicieron causa común con Uruguay, que tampoco participaba, ya que su gente aún estaba ofendida con el boicot parcial que sufrió la Copa del Mundo en 1930. Si faltaba algo para boicotear el posible éxito argentino en las primeras copas mundiales con sus reconocidos jugadores, llegó otra decisión dirigencial nefasta: no concurrir a la Copa de 1950. ¿Por qué carajo, dirá usted? ¿Estaban enfermos de soberbia? Puede ser. Ocurrió que en 1949 Brasil organizó un torneo Sudamericano y la AFA no envió equipo alguno, porque los mejores se habían ido a Colombia, tras la famosa huelga de 1948 que hizo ver la luz a Futbolistas Argentinos Agremiados. La cuestión era difícil de solucionar: Colombia no estaba afiliada a la FIFA, entonces los jugadores se iban por su cuenta y riesgo, y los clubes argentinos no cobraban un peso por las “transferencias”, vaciándose de patrimonio y valor. Eran brasileños quienes dirigían la Confederación Sudamericana de Fútbol, y aquí quisieron explicar la bronca argumentando que esos directivos de la CSF habían promovido y aceptado el éxodo argentino a Colombia, para debilitar a la Selección Nacional, la más importante de Sudamérica en aquellos tiempos. Cuando la AFA apeló a la FIFA, la entidad mayor se hizo la desentendida y los jugadores siguieron yéndose. Demostrando que la afición por las teorías conspirativas viene de lejos, tomó fuerza la versión de un pacto entre Brasil e Inglaterra para dejar fuera de carrera a la Argentina, el potencial enemigo de la Copa del Mundo en 1950. Los dirigentes nacionales –encabezados por Valentín Suárez– mordieron el anzuelo y retiraron al equipo de las Eliminatorias que debía jugar contra Chile y Bolivia. A Brasil, la supuesta trampa no le

salió muy bien. Basta preguntar en Uruguay qué pasó aquel mes de julio en el flamante estadio Maracaná. Para 1954, la Copa del Mundo regresó a Europa, a una Suiza neutral que no tuvo que reconstruirse por no ser territorio de la Segunda Guerra, sino refugio de todo el dinero mundial, de nazis y de los aliados también. El corazón económico no había muerto, estaba entero. Encima, la sede de la FIFA estaba enclavada allí mismo. Para variar, la dirigencia argentina ratificó su distanciamiento con las dos organizaciones madres: la CSF y la FIFA. Nuevamente, no habría participación mundial. Cubriendo las apariencias, se envió al entrenador del seleccionado argentino, don Guillermo Stábile –goleador del primer Mundial, en Uruguay–, quien viajó en calidad de “observador” y a su retorno dijo lo que todos esperaban, envueltos en una superioridad incomprobable: “si hubiéramos jugado el

Mundial, no tengo dudas que habríamos llegado muy lejos.” Eso sí, las enseñanzas para 1958, cuando por fin se decidió participar, no trajeron nada bueno. Sin el estado físico adecuado, un equipo con muchos veteranos y sin conocimiento alguno de los rivales pasó un papelón mayúsculo al ser goleado por Checoslovaquia (6-1) y quedó eliminado en la primera ronda. Fue lo que se conoció como “el desastre de Suecia”. Desde 1958 hasta hoy, solamente faltó al mundial de México, en 1970, tras quedar eliminada en la fase previa por un sobresaliente Perú que le empató en dos goles en la Bombonera y le ganó en Lima, dejándolo afuera con entera justicia. Recién en 1974, con la llegada de César Luis Menotti y tras un nuevo fiasco, el de Alemania en ese mismo año, la Selección alcanzó la estatura que siempre debió tener. ¿Culpa de los jugadores? ¿O de los dirigentes? Conteste y acierte, que no es muy difícil…

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No se aceptarán cartas que excedan los 1000 caracteres.

Asunto: CRÍTICO DE CARUSO De Leonardo Rabboni De más esta decirlo: la revista es muy buena (en un 95%). No decae el nivel: excelente el póker de luminarias que llenan las páginas mes a mes. Pero los motivos de esta carta son algunas cositas vinculadas a otros temas. Como, por ejemplo, felicitarlos por ser uno de los pocos medios en no dar espacio a este seudotécnico, vendehumo y cometero (ya desde sus tiempos del ascenso, como los Pascutti y los Passini), el cual se tira de cabeza ante cada cámara que encuentra, jugándola de gran descubridor/armador de equipos, de víctima por su pasado en la B y de personaje de barrio con códigos, cuando ya todos nos dimos cuenta lo mal bicho que es. No hay club por el que haya pasado donde no haya tenido quilombos. Cobra peaje a los pibes menos conocidos para llevarlos a clubes más importantes y hasta es capaz de aprovechar alguna desgracia familiar (cual Nazarena) para capturar atención mediática. Lo sucedido en Mendoza no tubo nombre: llamar falopero a un compañero, ante las cámaras, con señas ampulosas, para después victimizarse ante los micrófonos (haciéndose el boludo por lo que hizo y por los 6 goles que se comió su equipo).

Asunto: LA VIDA POR JONÁS De Lucas Taskar La felicidad que contraje haces varios meses al leer que Maradona consideraba a Jonás Gutiérrez como una de sus piezas inamovibles debe haber sido tanta como la del propio jugador. Pero con el tiempo, esa alegría fue mermando al punto de caer en un estado similar a la tristeza. ¿El culpable? El periodismo. Lo sigo al Galgo desde sus comienzos en Vélez y lo observé siempre que pude en su camino por el Mallorca y por el Newcastle. Lamentablemente su equipo militaba en la segunda división de Inglaterra y era casi imposible ver un partido entero de él. Sin embargo, en esta última etapa y gracias a los medios digitales pude disfrutar de algunos goles de su autoría que me llamaron gratamente la atención. Desafío a cualquiera que me esté leyendo a que encuentre otro jugador argentino que corra los 90 minutos, que con sus zancadas le saque metros y metros a cualquiera que lo persiga, que ataque y defienda con la misma intensidad y que pueda parar al bestial lateral Maicon, como lo hizo durante las eliminatorias. ¿Es un corredor nato de esa técnica? No lo dudo. Pero que reúne las características antes mencionadas mejor que cualquier otro compatriota tampoco. Y así como Messi logró salir de la banda derecha para jugar también por el centro, Jonás aprendió a encarar hacia el medio y animarse a patear, generando goles y jugadas de importante 48 UN CAÑO | JUNIO 2010

peligro. El único problema: pese a su condición de diestro, la banda que mejor sabe utilizar es la izquierda, lugar merecidamente ganado por Di María. Señor Hamilton: probablemente los equipos que dejaron marcas en la historia hayan sido los que rompieron las estructuras tradicionales, pero un Mundial no se gana sólo atacando por cuánto hueco exista, también se gana con actitud, agresividad y sorpresa. A Tevez le puede sobrar chapa mundialista, pero... ¿proponerlo de 8 en lugar de Jonás? Debo admitir que esa frase fue la gota que rebalsó mi vaso. Me cansé del ninguneo del periodismo hacia El Galgo. Me cansé de escuchar periodistas debatiendo sobre la lista sin una mínima mención hacia el volante por derecha titular, me harté de que inventen jugadores en su puesto. Salgo hoy a defender lo que un pibe aguerrido y de excelentes condiciones se ganó a fuerza de su trabajo. Maradona puede haber tomado decisiones incorrectas, pero haber mantenido su atenta mirada sobre un jugador que militó el último año en una segunda división es para sacarse el sombrero. Pero claro, un jugador de perfil bajo, que no jugó ni en Boca ni en River y tampoco en los grandes equipos de Europa. El periodismo pregunta: ¿Quién es Jonás Gutiérrez? y yo respondo: nada más ni nada menos que Jonás Gutiérrez. Un caño: (Respuesta de Hamilton) Está fenómeno que te guste Jonás Gutiérrez, Lucas. Como está fenómeno que a mi no me guste. ¿Cómo dirimimos este problema? ¿Llamamos padrinos y nos citamos en algún lugar descampado? ¿O hacemos algo más razonable y respetamos el hecho de que cada uno piense como se le antoje sin descalificar al otro? Opto por la segunda opción.

Asunto: ATAQUE OCHENTOSO De Nicolás Giacovino ¡Hola muchachos de Un Caño! En esta ocasión les escribo para compartir con ustedes y los lectores un análisis coyuntural que estuve desarrollando en estos últimos días, digno de la sección “El quinto whisky”. Desde hace largo tiempo vengo observando un fenómeno que llamó mi atención: el abrupto regreso de modas y estilos propios de la década del 80. ¿A qué me refiero? Por ejemplo a ciertas vestimentas y peinados que utilizan las señoritas top de la zona palermitana y alrededores, la onda vintage, sobre la que seguramente se podría explayar mejor la especialista Cecilia Di Genaro; como también lo vengo notando en la música. Grupos actuales crean sus hits con ritmos que traen algunas reminiscencias de los tiempos en que Madonna era virgen y Michael Jackson era solo un muchacho de color que bailaba y cantaba de forma impecable. A esta altura se deben estar preguntando ¿Y flaco? ¿Esto qué tiene que ver con el fulbo? ¿Por qué no escribiste a la revista Para Tí? ¡Tranquilos estimados cañeros! Aquí viene el eje de la cuestión... ¡la ochentización de la que hablo ya alcanzó a la “pasión de multitudes”, este fenómeno no iba a dejar indemne al sano y populoso arte del balompié! Llegué a esta conclusión tras realizar algunas comparaciones entre nuestro fútbol actual y el de hace ya más de dos décadas y para mi sorpresa las coincidencias son muchas. Boca y River en crisis institucionales y futbolísticas, como no sucedía desde la primera mitad de los años 80; equipos tradicionalmente no-grandes en las primeras planas como hoy pueden ser Banfield, Godoy Cruz y Lanús, o hace más de 20 años eran sorpresa Ferro y Argentinos; un Racing coqueteando con el descenso (¿se repetirá lo de 1983?); si miramos la tabla de posiciones hoy, el torneo se definiría en una final entre Independiente y Estudiantes, en la que el rojo tendría la oportunidad de vengar la derrota


sufrida en la final del Nacional de 1983; el fútbol se vuelve a transmitir íntegramente por canales de aire y le pone la voz un relator polémico y con poca credibilidad (hoy Marcelo Araujo, en los 80, Mauro Viale…) Y hasta la patada descalificadora de Bonilla sobre Bertoglio en el último Colón-Boca habrá traído a las retinas memoriosas las rupestres estampas de inefables cirujanos ochentosos como Hrabina, Giunta o Passucci. Y para cerrar, en vísperas del Mundial, me veo obligado a abrir la puerta a una nueva comparación... ¿Lograremos repetir la coronación de 1986 o nos vendremos con las manos vacías como en 1982? Tranquilos amigos, yo no me imagino a Messi siendo expulsado por una patada voladora sobre algún volante brasilero, como Diego en el mundial de España, pero si lo imagino levantando la Copa, recibiéndose de ídolo y construyendo su propio mito, emulando a un héroe mitológico que protagonizó una hazaña similar en México lindo…

Asunto: DESAPROVECHAR LAS INFERIORES De Leandro A. de Toro

En las estadísticas de que uno en mil llega a triunfar, yo pertenecí a esos miles anónimos. No alcanzó tanto para mí y ni mi camada un currículum con campeonatos en cuarta y tercera división; y ni siquiera se mosqueaban si éramos requeridos por otras instituciones hasta del país vecino... En fin... la empresa inversora trae y lleva jugadores quitándole lugar a lo que suben, en la cual, ni siquiera tienen las mismas condiciones futbolísticas de lo que están. Y hasta a veces son inferiores, con poca preparación y con el infaltable “acomodo” la aparición del hijo de tal o sobrino de aquel. Con el mismo valor de dinero que costaba ese jugador que entraba por la ventana, se podía bancar a cinco de las inferiores y encima no tenían el plus de pertenecer al club, ese que te sale cuando las papas calientan en una cancha y más en un clásico de barrio. Esos jugadores son los que se retiran luego de hacer lo que quisieron y el club se queda sin plata, sin patrimonio y, encima peleando uno hasta dos descensos como le pasa a mi querido club que mantendré en anonimato.

Asunto: DON JULIO Y SUS COMETAS De Willy Ortiz

Hace unos días mientras esperaba el número de mayo, me puse a leer ediciones pasadas y me encontré con la de agosto de 2006. La tapa era Don Julio y sus cometas. Era una magnifica selección de cometeros, de los que ya no queda casi ninguno al lado del cometero mayor. Estaría bueno reeditarla pero con el combinado actual, solamente para ver que lo único que cambio fue parte del equipo pero la pelota la tiene siempre el mismo. Por otra parte, el Fútbol para Todos es relativo. Yo vivo a sólo 120 kilómetros de la Capital (em Ranchos) y la única forma de ver tele es pagando el cable, y todavía hay que aguantarse al querido Marcelito. Estaría bueno que todos pudieran transmitir pagándole un canon al gobierno y que los canales se arreglen, como se hace en el Mundial. De esta manera habría mas opciones de elegir a quien ver y sobre todo escuchar. Bueno muchachos hagamos como cuando éramos chicos y pensemos cosas lindas hasta que llegue el Mundial y como dijo Don Ángel Cappa, llegó la hora de dejar de criticar a la Selección (yo fui uno de ellos) y apoyar al equipo de Diego con todo.

Asunto: CRÍTICO INVITADO De Guillermo Ernesto Iglesias En primer lugar los felicito por la revista que hacen, no se puede esperar menos de acuerdo al staff de periodistas que la componen (un verdadero dream team). Quiero resaltar de la última edición las notas al futbolista Walter Erviti, un jugador “distinto” tanto dentro como fuera del campo de juego, con perfil bajo, preocupado por la problemática social de nuestro país, una “rara Avis del fútbol”. Asimismo como amante del fútbol de ascenso –soy hincha de Cañuelas Fútbol Club–; me pareció muy buena la nota sobre la discriminación que sufre el club San Telmo cuya cancha insólitamente esta suspendida hace ¡4 años! Y las explicaciones del Coprosede, bien gracias... Mis felicitaciones a los periodistas que firman dichas notas: Ezequiel Bergonzi, Ramón Zapico y Nahuel Gallota.

Asunto: CONTRA ARAUJO De Giuseppe Vittorio Barone Hace unos pocos números que descubrí en un revistero Un Caño y leyendo el número 24 concuerdo plenamente con Pablo Cheb Terrab, en su nota sobre Araujo de la página 20. A los calificativos que le adjudica, yo agregaría varios más. Es grosero, maleducado y trata a sus colegas con una soberbia inexplicable. Además pone mote a los jugadores, muchas veces discriminatorios. Cuando relata pongo la radio para no escuchar su voz que es muy desagradable. Sinceramente no me explico como puede estar en un medio público y a su vez oficial. De esta simple manera dejo mi opinión que debe ser la de mucho.

Asunto: PROMIEDOS De Elvio Grocci Quiero decirles algo sobre el tema promedios o promiedos: desde que se instauró el tema de los tres puntos por partido (Apertura 1995) la situación cambió drásticamente... Antes, con sumar la media de los partidos, un equipo vegetaba en la mitad de tabla de los promedios con uno de promedio (o con 19 empates). Ahora está claro que no alcanza ni para llegar a Promoción y que cada vez se hace más difícil mantenerse en la máxima categoría. Los equipos que ascienden necesitan que los empates le jueguen a favor pero se pasó de un 0,50 (1 de 2) a 0,33 (1 de 3) una deflación que perjudica mucho. Pido además que el Tigre Gareca deje de llorar ya que le faltó hombría para reconocer el alevoso foul de Larrivey contra Monzón, en la definición del Clausura 2009.

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Asunto: DEFENSORES DE TEMPERLEY De Luciano J. Scordato Don Alejandro, escribo para decirle que se le escapo la tortuga, en su nota de la hora de los pueblos. Usted bien dice que siendo un viernes en horario laboral más de 10 mil personas fueron a ver a Temperley contra Los Andes. Usted comenta que si el partido se hubiese jugado en Lomas, también hubiese habido esa cantidad de público. Alejandro, en el partido de ida, que se jugó un sábado, a la cancha de Los Andes, fueron 5 mil personas. No es una discusión para ver quien la tiene maás grande, pero no sea demagogo. Por otra parte aguardo su nota del vergonzoso partido entre River y Platense, con la mano del tolo Gallego. Un caño: (Respuesta de Alejandro Fabbri) Luciano, me parece que tanto Temperley como Los Andes pueden perfectamente llevar 10 mil hinchas a ver el clásico. Sin demagogia. En cuanto a aquel Platense-River del 87 y la mano de Gallego, ya fue profusamente contado en ediciones anteriores cuando hablamos del “Platense de los milagros”. Lástima que no mencioné el empate entre Temperley-Central y la “lipotimia” de Motta. Como verá, nadie puede tirar la primera piedra. Saludos.

Asunto: MESSI Y LA INFIDELIDAD De Mariano Vera Primero fue que no es un crack, que Iniesta y Xavi son mejores y todo coronado con la berretonga acusación de que no siente los colores de la patria. Ahora, que si se rompe perdería más el marketing que la selección. La duda es: ¿Messi le cagó una mina a Cristian Colonna? Es la única explicación que se me ocurre. Un caño: La mina, guita, lo hizo pelearse con su mejor amigo, le chocó el auto y le incendió la casa.

Asunto: ¡QUÉ ASÍ SEA! De Maximiliano Abaz Tengan ante ustedes, la primera frase de Lionel Messi que quedara en la historia: “Aguante Argentina la concha de su madre”. No es original, pero es contundente. Además el contexto en el cual fue pronunciada la llena de valor. No tenía porque decir eso, después de todo era una celebración por el campeonato obtenido con su club, que nada tiene que ver con nuestra selección. Sin dudas fue un desahogo y un mensaje para quienes piensan que es argentino sólo porqué así lo afirma su documento. Pero lo mejor de estas palabras es que dejan bien en claro que su cabeza está puesta en Sudáfrica. No debe ser fácil estar en la piel de Lio. Él sabe como nadie que por culpa de sus extraordinarias condiciones, hasta que se retire, va a estar condenado al éxito. Un traspié de este joven será, siempre, un pecado mortal, imperdonable, una traición. El mismo don y el mismo castigo que sufrió y disfrutó el principal encargado de que esas palabras vengan acompañadas con la copa más hermosa y rica del planeta.

Asunto: CONFUSIÓN CON LOS DIOSES De Fabián Montagna La razón de estas líneas es para hacerles una aclaración: En la nota aparecida en el número 25 de mayo, titulada ¡Hay fútbol en Marte!, se menciona a Marte como el dios griego de la guerra y es incorrecto, el dios de la guerra era Ares, Marte era el dios

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de la guerra pero de los romanos. Estos tomaron como propios a los dioses griegos, sólo que les cambiaron los nombres, como por ejemplo a Ares. Así, Zeus para ellos era Júpiter; Hera, Juno; y Poseidón, Neptuno, por citar algunos.

Asunto: ANIBAL 1 De Fernando Mary Compré la edición de abril seducido por la idea de leer una entrevista con Aníbal Fernández hablando, principalmente, del Fútbol para Todos (de lo que estoy en contra no para apoyar a Clarín sino porque me parece que esa plata se podría usar para cosas mucho más importantes). Me ilusioné con un reportaje a fondo, donde pongan incómodo a Fernández tratando de explicar varios puntos oscuros más allá de la presencia de Araujo. Pero no, apenas si le pasaron por encima al hecho de que La Corte maneje casi todas las transmisiones; o que la gran venta publicitaria de la que se hablaba cuando esto empezó iba a hacer que el Estado no ponga ni un peso, y ahora resulta que desde un principio la idea era que fuera toda publicidad oficial. Tampoco se tocó el tema de por qué tantos jueces en el país están dictando resoluciones anulando artículos o toda la Ley de Medios, pero si prefirieron conocer qué opina de la Selección, cuando a nadie le interesan las opiniones futbolísticas del Jefe de Gabinete, una figura política de trascendencia indudable, más allá de que nos guste o no. Y bueno, que le vamos a hacer, parece que para ver a Aníbal Fernández realmente incómodo en una entrevista, con alguien planteándole las cosas en la cara, hay que verlo con… Amalia Granata. Un caño: (Respuesta de Hamilton) Como te imaginarás, a nosotros la nota nos gustó. Y estamos orgullosos de haberla hecho. Probablemente Amalia Granata esté más cerca políticamente de vos que nosotros. Pero no esquivamos el bulto: las cosas que le dijo Granata a Fernández, para nosotros, fueron vergonzosas. Ella, evidentemente, no tiene ni idea de la diferencia entre un gobierno elegido democráticamente por el voto y una dictadura. Nosotros sí. ¿Y vos?

Asunto: ANIBAL 2 De Silvina Alonso Que se puede esperar de Aníbal Fernández, un siniestro personaje en la historia de Quilmes, que tuvo que salir escondido en un baúl de auto y luego acceder a un puesto de Diputado para cubrirse por sus ilícitos (¿Recuerdan la orden de captura y los días prófugo de la justicia?) Mentiroso profesional, adujo que Pino Solanas promocionaba su película incendiando vagones y que tenía todo filmado (¿alguna novedad de sus pruebas?) Un señor que se llena la boca hablando de Derechos Humanos pero ha escondido a una hija extramatrimonial, sin darle el apellido. En definitiva, un hipócrita, que vive revolviendo el pasado de mucha gente, pero que casualmente no quiere ahondar en el pasado de Julio Grondona ni de Marcelo Araujo. ¿Será porque tiene muchas coincidencias con ellos? Un cínico. No entiendo que publiquen un popurrí de conceptos que él ha volcado en otros medios sobre distintos personajes, y que no incluyan por lo tanto las opiniones que esa u otra gente tiene sobre él, para que sea más parejo. Porque si la nota era sobre Futbol para Todos, no veo cual es el sentido. Una sugerencia, la próxima pongan una muestra de alcohol en gel que acompañe a la edición, para que uno se pueda higienizar después de semejante personaje. Un caño: No sólo hay que usar alcohol en gel para higienizarse después de leer una nota a Aníbal Fernández.


Asunto: ¿TV BUENA O MALA? De Luciano J. Scordato Víctor Hugo, en su nota de la última revista, lo veo opinar como la gente de la television mala (TyC) hacía locuras increíbles, como meterse en la cancha con un handy para retrasar el partido. ¿Y lo de ahora con El Futbol para Todos no lo ve? Sus propios colegas de Continental comentaban lo descarado de los productores de la TV (¿buena?) alargando el entretiempo. Me acuerdo como Ud. se quejaba del manejo de los horarios de los partidos, pero ahora no lo escucho decir nada sobre el retraso de uno de ellos, porque la presidenta va a hablar o para meter un noticiero....Víctor Hugo, Ud. estaba entre los periodistas que mas admiraba (soy periodista deportivo) y entiendo su pelea con el multimedios de Clarín, pero no siempre el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Asunto: RECONCIENDO AL CONEJO De Rodrigo D. Ferre Soy uno de los tantos lectores silenciosos que mes a mes compran y devoran la revista. Nunca les mandé cartas ni comenté en Facebook, pero esto se terminó hoy y el motivo es que leí la nota de Mariano Hamilton, en el número de mayo, y en ella encontré una oración que llevo cuatro años esperando oír (o leer) de un periodista “Saviola fue el mejor jugador argentino en Alemania 2006”. Al día de hoy sigo sin entender por qué Pekerman no lo puso contra Alemania (lo mismo hizo en la final del mundial Sub 20 de Malasia con Pablo Aimar), pero lo que mas me indignó fue que nadie destacara la actuación del Conejo en Alemania, tal vez esto se deba a que estaban muy ocupados comentando la cara de Messi. Su revista es un lujo. Gracias.

Asunto: CONSEJERO DESORIENTADO De Juan Miérez Les agradezco enormemente la versión 2.0 de la revista. Felicito a Llonto con su nota sobre el aniversario del primer mundial. Les recomiendo para la sección Fulboteca, la película The Damned United. No fue estrenada comercialmente aquí (quizá porque desconocemos esta historia verídica pero que no deja de ser interesantísima y atrapante para todo futbolero de ley). La peli retrata los 44 días que duró el entrenador Brian Clough al frente del Leeds United, suplantando al mítico Don Revie, famoso por su fútbol tramposo. Con esta peli puedo derribar el mito de que el bilardismo y el menotismo son exclusivos de la Argentina. Un caño: Ey… Juan. No compraste el número 21. En esa edición se estrenó la sección Fulboteca y la primera película comentada fue The Damned United. Fabián Mauri está ofendido.

Asunto: LA EVOLUCIÓN DE ARAUJO De Santiago Bahl Luego de haber leído sus consideraciones sobre el denominado “Relator del Pueblo” quisiera decirles que me resultan exageradas o por lo menos poco pertinentes. Entiendo su afán por buscar y defender las propias ideas, pero estas no deberían atacar a un periodista deportivo por la ideología política que porta.

Resulta empobrecedor y a la gente no le importa ni le afecta en su desenvolvimiento cotidiano. Eso creo yo, suponiendo también que quien lo escuchó durante la década menemista no dejó de hacerlo ahora. ¿Acaso alguna tontera irremediable de la gente permite que siga gozando de su aceptación? Ahora bien, si el asunto es seguir con la línea de análisis que fueron proponiendo, podría decirse que la evolución de Marcelo Araujo en materia política ha sido prolija y criteriosa: nunca abandonó el peronismo. Bueno es saberlo si alguna vez llegaran a pensar que lo que defienden fervientemente a partir del Fútbol para Todos, quizá no tenga un sólido asidero en la realidad.

Asunto: ENOJADO CON VÍCTOR HUGO De Manuel Rueda Zavalia Fue muy interesante el debate vía Facebook que publicaron. Hace ya algunos meses que quería escribir al correo de lectores para comentarles a que conclusión había arribado respecto al tema Víctor Hugo vs. Clarín. Alguno me podrá acusar de que este correo lo envío después de haberme tomado el quinto whisky pero no es así. Estoy totalmente convencido de que Víctor Hugo Morales ya no tiene nada interesante e importante de que opinar (alguna vez lo tuvo) desde aquel 3 de noviembre de 1996 cuando Francisco Guerrero dio ese pase a la red que gritamos a más no poder todos los amantes del fútbol. Ese día la discusión más estúpida del fútbol argentino se terminó de una vez por todas y el relator de los barriletes todavía sigue sangrando por la herida. Para terminar, no quiero dejar de felicitarlos por la revista, aunque tengo una duda que me carcome hace tiempo: ¿Por qué una revista llamada Un Caño tiene en el consejo de redacción y como columnista VIP a alguien como Víctor Hugo Morales, tan lejano a los caños (futbolísticos, por lo menos) y tan cercano a los alfileres y bidones?? Un caño: Víctor Hugo está en el consejo de redacción porque, a diferencia de lo que vos opinás, nosotros sí pensamos que tiene mucho para decir. Y que su lucha de décadas contra los monopolios no es una estupidez que debe ser relativizada. En definitiva, tu carta nos parece, para decirlo con absoluta claridad, agresiva al pedo.

Asunto: CABULERO De Leandro Correa Mi viejo me trajo, como todos los meses, la revista de mayo. Arrancó excelente, como siempre. “¿Dónde estuviste todo este tiempo?”, me volví a preguntar, mientras leía con asombro las notas dedicadas a nuestra ilusión, nuestra esperanza, nuestro tiempo de descuento, nuestro Lionel Messi. Hasta que abrí las páginas 22 y 23, páginas que contenían cada una nota. “De diez en diez”, rezaba la de la página 22, y la escribía el maestro Victor Hugo. “Que maravilla esto”, me volví a decir a mi mismo. Más las cosas no pudieron seguir así mucho más... La otra página decía en su título... No, perdón, no quiero ni pensarlo, ni recordarlo. Así como leí el título de la nota de la página 23, cerré la revista, la guardé en una bolsa, y emprendí una travesía peculiar: Desde el cura de la parroquia de la vuelta de casa, hasta un amigo hincha de Estudiantes de La Plata, la revista pasó por todo tipo de exorcismos... Ahora reposa en un lugar muy oscuro de la casa, guardadita, casi intacta. Será leída el 11 de Julio de 2010, no antes. JUNIO 2010 | UN CAÑO 51


Cuidado con los buzones Desde hace varios años, distintos grupos empresarios y especuladores intentan quedarse con el club Comunicaciones. Pese al estado difícil de sus cuentas, grupos de socios intentan dar la pelea para que ni el sindicato de Camioneros ni Daniel Hadad pasen a controlar la institución. Esta nota de Veiga confirma lo mal que estamos en cuestiones de clubes pequeños, acechados por los tiburones. Por GUSTAVO VEIGA

A

poderarse de un club en la Argentina parece un juego de niños. Símbolos como sus colores, activos como sus instalaciones y hasta su propia historia pueden ser comprados a precio de bagatela. Al menos eso creen ciertos personajes, como quien adquiere una hipoteca o una propiedad subvaluada a alguien que no puede afrontar los impuestos. Una historia con esos ingredientes se cocina hoy en Comunicaciones, institución fundada en 1931, modelo de convocatoria social entre las capas medias hasta los años 70 y cuyas tierras fueron entregadas por el general Perón a los trabajadores del Correo en 1953. Quebrado en el 2000, con un pasivo que ronda los 11 millones de pesos según el último balance conocido de 2008, y 3.500 socios que todavía utilizan sus 17 hectáreas, se convirtió en una atractiva inversión para un mosaico de capitales. De antes y de ahora. Para la Iglesia pudo ser un bocado de cardenal en 2004. Quiso mudar allí a la Virgen Desatanudos porque la parroquia San José del Talar quedaba chica por los miles de devotos que tiene. El Arzobispado de Buenos Aires presentó una oferta en el expediente de la quiebra de 280 mil pesos para comprar una parcela de 13.600 metros cuadrados (casi una hectárea y media), pero los asociados de Comu, como se lo conoce afectuosamente en los torneos del Ascenso, se opusieron a esa venta parcial.

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La misma situación se dio cuando lo intentó el empresario Daniel Grinbank. Por intermedio de su hermano Horacio, presentó a fines de los 90 una oferta de 10 millones de dólares para construir un anfiteatro y organizar recitales. Tentó a la comisión directiva de River que presidía David Pintado porque necesitaba la pata deportiva que fija el Código de Planeamiento Urbano para instalarse en el predio. Ni aún así prosperó su plan de inversión. Hipermercados como Carrefour y propietarios del shopping Alto Palermo se involucraron en una posible compra que tampoco llegó. Mauricio Macri, el jefe de gobierno porteño, cuando era presidente de Boca, y el secretario general de la CGT Azul Y Blanca, Luis Barrionuevo, cuando controlaba Chacarita, también se interesaron hace unos años en el predio del barrio de Agronomía, pero sólo sobrevolaron el expediente de su quiebra. Hasta que apareció Hugo Moyano. Y al toque se sumó el empresario de medios Daniel Hadad. Una prueba elocuente de cómo tira la tierra. O, lo que es igual, cómo tirar por tierra lo que levantaron y mantuvieron durante siete décadas los carteros. El líder de la CGT admitió en una entrevista que le realizó el nuevo diario Tiempo Argentino que quiere quedarse con el club. “Para que lo disfruten los afiliados y los socios. Hadad también ofertará, pero para un emprendimiento privado,

para hacer recitales”, se diferenció. Parece que ya no le basta con influir en Independiente, manejar Barracas Central por medio de su yerno, Claudio Chiqui Tapia (el equipo ascendió a Primera B), controlar Alvarado de Mar del Plata en el torneo Argentino B y haber fundado su criatura dilecta, Mutual de Camioneros 15 de diciembre, que compite en el Argentino C, adonde llegó desde la liga de Luján. En este último club, Pablo, el hijo de Moyano, es el presidente. “Hoy, cada vez que jugamos, nos siguen de 3.000 a 4.000 personas del gremio, con sus familias, para alentar a sus compañeros. Piensen que tenemos 150.000 afiliados en todo el país, y que en cada lugar que vamos somos locales”, confesó su sueño de grandeza. ¿Para qué ir entonces por Comunicaciones? Para hacer negocios, igual que Hadad. La intención del camionero ya se conocía antes de que fuera difundida por la prensa. A diferencia del empresario de medios, que se acercó a dialogar con los socios, Moyano nunca apareció. Hadad les propuso construir un micro-estadio para armar recitales y organizar partidos de Copa Davis, entre otros espectáculos artísticos y deportivos. Según Ezequiel Segura, uno de los asociados que encabeza la lucha para que no se entregue el patrimonio de la institución, el dueño del grupo Infobae y C5N le aseguró que no quiere “quedarse


s

con el club”. Lo dijo ante un grupo de socios de las actividades federadas que todavía se practican en las 17 hectáreas. La antipatía que provocan estos eventuales propietarios en la masa societaria, la hizo movilizó contra la irrupción de cualquier interés foráneo. Protestaron ante la sede en Tinogasta y avenida San Martín y ya abrieron una página en Facebook –herramienta de divulgación polémica si las hay–, bajo el escatológico eslogan “Para que el sorete Moyano no tome el club Comunicaciones”. Patricia Collante dejó un mensaje muy crítico en el muro: “ni Moyano ni ninguna otra lacra sindical… No son dignos del esfuerzo de la gente en ese club”. Nicolás Otero escribió: “el club es de los socios, no se le vende a nadie”.

EL HOMBRE CLAVE Eduardo Mario Fenochietto es abogado, tiene 53 años e intervino en procesos de quiebra como los del Hogar Obrero y la fábrica recuperada Zanon. Integra el órgano fiduciario que administra Comunicaciones junto a la contadora María Inés Martínez y Jorge Perillo (el idóneo deportivo que renunció a su cargo y era dirigente de River), aunque en el club le atribuyen la suma del poder. Incluso –cuentan los socios– por encima del juez Fernando D’Alessandro, que administra la

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quiebra. Cuando surgió la posibilidad de que Moyano se involucrara en ella para pagarla, el hombre que lo habría acercado fue Fenochietto. “Nunca se sentó a dialogar con nosotros, nos dio la espalda”, completa su pensamiento Segura. El letrado, según un sólido banco de datos comercial, integra el directorio de la compañía H.L.P. SA desde 1999, una constructora que se ocupa de la compraventa de inmuebles o de su arrendamiento. El presidente de esa empresa es Alejandro Salvador Petti, también socio gerente de la agencia de viajes Rotamund, cuyos servicios utiliza desde hace décadas la AFA para los traslados de los diferentes seleccionados nacionales. Como dijo Segura, de la Comisión de Fútbol, se intenta contrarrestar a Fenochietto y sus decisiones, que ignoran los intereses de los socios. Por eso, a fines de mayo, estos últimos le presentaron a una comisión especial de la Legislatura porteña un plan alternativo para el uso de las instalaciones. Una parte podrían cedérselas al Gobierno de la Ciudad para su uso, y hasta se evaluó la posibilidad de abrir la traza de una calle que beneficiaría el tránsito vehicular en una zona complicada por donde pasan dos líneas de ferrocarril. Los asociados quieren mantener el patrimonio a toda costa y se quejan del negocio llave en mano que el órgano fiduciario

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estaría por entregarle a Moyano y/o Hadad. Aunque también sugieren que hasta ahora nadie presentó una oferta formal en el expediente de la quiebra, como lo hizo en su momento el Arzobispado de Buenos Aires. La historia de la venta de Comunicaciones se remonta al 28 de julio de 1998, cuando la inmobiliaria Toribio Achaval publicó un aviso clasificado que anunciaba la venta de una superficie de 60 mil metros cuadrados a quien pagara por ella desde un precio base de 12 millones de pesos (o dólares de la convertibilidad). La propuesta mencionaba un predio, delimitado por las avenidas Francisco Beiró y San Martín, la calle Tinogasta y las vías del ferrocarril Urquiza, que integra el tercer pulmón verde de la ciudad junto a la Facultad de Agronomía y Veterinaria y el club Costa Rica. Clarín publicó en 1998 que “la Junta de Estudios Históricos de Agronomía y Paternal asegura que la cesión de tierras fue hecha por un término de 99 años, y con la condición de que fueran destinadas para un uso deportivo”. Se refería al gesto que había tenido Perón con los empleados del Correo en el 53, durante su segundo gobierno. Segura afirma que la deuda no creció desde 2008 hasta hoy, y que unos 3 millones de los 11 que la componen, es lo que se llama pasivo contingente. O sea,

que no está del todo definido si Comunicaciones deberá afrontarlo. Sí está claro que el club no llegó a la situación en que se encuentra por la ambición de Moyano o los negocios ABC1 que propone Hadad. Hubo dirigentes que administraron mal el patrimonio, se adoptaron decisiones equivocadas y distintas políticas económicas contribuyeron al hundimiento, como sucedió con otras instituciones deportivas centenarias o en vías de serlo. La enseñanza que plantea el caso de Comu es de qué modo sus socios y el barrio que los contiene pasan de ser sujetos pasivos a actores comprometidos con la historia de entidades que tienen relación con sus raíces. Sociedades civiles sin fines de lucro que están desparramadas por nuestro suelo, son una buena escuela asociativa para discutir en democracia proyectos de superación social, cómo cuidar el patrimonio de todos y el grado de involucramiento colectivo en causas que afectan a muchos. Desde el más humilde de los denominados clubes de barrio, con apenas una canchita de papi fútbol y un buffet, hasta los más grandes, que forjaron la mejor tradición del deporte argentino. Las legítimas movilizaciones contra los capitalistas de afuera que sólo perciben una oportunidad de negocios deberían hacerse por la construcción de una escuela en el club o para evitar que se paguen fortunas a futbolistas y representantes que viven a costillas de tesorerías saqueadas. Nunca debería haber llegado este momento, cuando se decide luchar por el instinto de supervivencia. Sin una necesaria autocrítica, casos como los de Racing, Ferro, Atlanta, San Lorenzo y River, entre tantos otros, con quiebras o en medio de previsibles concursos o pasivos pavorosos, continuarán repitiéndose. “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, canta Serrat, y tiene razón, en Sinceramente tuyo, un bellísimo tema que habla de otros amores tan entrañables como el que sus socios e hinchas profesan por Comunicaciones.


Vamos de paseo

Héctor Santillán (39) maneja todos los días un Peugeot 504 modelo 71. Se lo ve por las calles de Temperley sin que la gente advierta que al volante del remise se encuentra un crack. Estrella de Lamadrid, Santillán juguetea con los sueños de quien casi juega en Boca y ahora, sencillamente, busca la dicha en un cumpleaños de quince que se acerca. Por NAHUEL GALLOTA Fotos LEANDRO SÁNCHEZ

E

l Laucha dice que aún no lo resolvió, que la decisión no es fácil y que no se toma así nomás. Anoche, después de cenar, hubo sobremesa y se habló del tema. –Un año más –le pidió Verónica, su mujer–. Yo quiero que juegues un año más. Vos podés; aparte necesitamos de esa plata para organizar el festejo de los 15 de Luana. –Sí, papá. Un año más, copate –agregó Luana–. Vos me lo prometiste, ¿te acordás?, dijiste que ibas a jugar hasta mis 15 -agregó la mayor. “Hasta los 40 papá”, le rogó Candela, la menor. A punto de cumplir los 39, respondió que le gustaría, pero que ya se está sintiendo un poco cansado. Además de entrenarse, remisea seis horas en su Peugeot 504 modelo 71. Y cuando hay muchos viajes, se queda un rato más. El Laucha es Héctor Santillán, enganche, media punta, gloria del Ascenso. Jugó, entre otros equipos, en Paraguayo, Tristán Suárez, Almagro, Atlanta, Talleres, Excursionistas… Y lo hizo para equipos del Torneo Argentino en los que se entrenaba por su cuenta y viajaba para jugar. Ahora lo hace en Lamadrid, y dice que cuando estaba en Almagro estuvo a un pasito de ser refuerzo de Boca, durante la última di-

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rección técnica de Carlos Bilardo. –El profe a veces me dice que descanse, pero si yo descanso no me rinde la plata. Aparte, yo también quiero estar con mi familia. Al principio no me podía mover de tanto manejar, pero después me acostumbré. Con el auto podés llegar a hacer $3.500, pero tenés que estar 12 horas; yo estoy medio turno. Con el fútbol, lo del remise y el trabajo de su señora arañan los $4.000 mensuales. De ahí se paga el alquiler –la vivienda propia estuvo cerca cuando jugaba para Tristán Suárez: si ganaban la final se la regalaban por el Ascenso, pero perdieron–, la escuela privada de las nenas y los gastos del auto, que lo hace renegar seguido. Santillán pregunta si el interés de Un Caño es por todos los jugadores viejos. No. El interés, le decimos, es por la historia de un tipo que tiene casi 39, juega y remisea, y porque un fanático le creó

“El profe a veces me dice que descanse, pero si yo descanso no me rinde la plata”.

un grupo en Facebook que dice que es el mejor jugador del Ascenso y él todavía no lo pudo ver porque no tiene computadora ni sabe usar Internet. Y porque fue, a los 38, tapa del Olé. No sabía nada. El día anterior le habían ganado a Excursionistas, que venía puntero. Se levantó y fue a la agencia a las 7, como todos los domingos. Y se encontró con que sus compañeros habían comprado facturas para festejar. No entendía nada. En la puerta y en las paredes de la agencia habían pegado la tapa del suplemento del ascenso. Aparecía él y nadie más que él, enganchando, dejando a un defensor en el piso, rodeado de barro en una cancha completamente inundada. Ese día, todos los pasajeros se enteraron que en la agencia había un chofer que fue tapa del Olé. Es temprano y llovizna en la estación de Temperley. El Laucha luce la campera de la marca actual de Lamadrid, y el pantalón de la anterior. En medio de su pelo corto y morocho, las canas nacen de las patillas. Se despertó a las seis, llevó a su hija a la escuela y volvió a desayunar con su esposa. Ahí también se charló lo de hoy. –Capaz que se termine el partido y diga “no juego más”. Pero el día de mañana no me imagino sin el fútbol, no tengo muy en claro qué hacer de mi vida. A lo mejor sea el curso de técnico,


para trabajar en las inferiores, con el Negro Rossi, compañero de Lama. Son dos horas y media de viaje. Y veinte cuadras más caminando para llegar a la cancha de Lamadrid, en Devoto, de Primera C. Pidió que lo dejasen concentrar para sentirse jugador pero el presupuesto no da. Cobra algo más de $1.000 y se le van $200 en viáticos. Si hay plata, se lle-

van $100 más por partido ganado. A los que le dicen que qué ganas de jugar, viajar tanto tiempo por $800 limpios a los 39, en vez de dedicarse a otra cosa y hacer más plata, el Laucha no les da bola. Porque sabe, dice, que nunca lo van a entender. En las canchas los hinchas contrarios le gritan cosas como “viejo, dejate de jo-

En las canchas, los hinchas contrarios le gritan cosas como “viejo, dejate de joder, ya te están saliendo las canas”.

der, ya te están saliendo las canas”, “dejale el lugar a los pibes, abuelo”, “retirate viejo que te van a lastimar”. –La otra vez un defensor de Midland me dijo algo parecido y le respondí que él tenía que dejar el fútbol que lo había pasado yo con los viejo que estoy –dice en el 53, parado, porque está cansado de estar sentado de tantas horas de remise. En la cancha le alcanzan con algunos cambios de frente, con pelotazos en profundidad, con toques de primera, con ponerle la pausa al equipo, con un pase gol. Parece un pendejo. Detrás del arco le gritan eso. Y que siga. Y que no se vaya. Es el más mimado del plantel. Termina el partido. 2 a 2. Lamadrid se quedó en la C, zafó de jugar la Promo. Los pocos periodistas y estudiantes de periodismo se preguntan en la puerta del vestuario si seguirá. Ésa es la pregunta. Eso es lo que pidieron que preguntaran en las redacciones. Sale el Laucha, con las canas que nacen de las patillas, y con el conjunto de Lama: la campera de Dana y el pantalón de Axel, indumentarias que sólo pueden vestir a equipos en los que juega un tipo de 38 años, que a la tarde remisea un 504 modelo 71. Pero que dice que no se imagina un mañana sin el fútbol. Se le acercan los periodistas: –Laucha, ¿te quedás? –Me quedó; juego un año más. Para cuando Un Caño esté en la calle, Santillán estará afrontando una nueva pretemporada, con 39 años. Será de los primeros en la fila, como si fuera un pendejo, como si tuviera 20, como si el fútbol fuera un enfermedad que no discrimina edades ni condición social.

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Aguanten los Suns

Los vientos racistas que soplan por Arizona ingresaron de lleno en el básquetbol yanqui. Para oponerse a la barbarie, los Suns repudian la nueva ley anti-inmigrantes. Pero el DT de los Lakers salió a reclamar mano dura. Interesante debate en una sociedad que no termina de comprender que todos los seres humanos somos iguales. Por EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

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l deporte, se sabe, todo puede redimirlo. Juan Antonio Samaranch, el dirigente que trasformó al olimpismo moderno y llevó a España los Juegos de Barcelona 92, vio archivado su pasado franquista a la hora de su muerte, en abril pasado. La prensa española glorificó su figura. Algo parecido sucede estos días en Los Angeles con Phil Jackson, el exitoso entrenador budista de los Lakers. Jackson criticó a los Suns de Phoenix por haber protestado contra la nueva ley anti-inmigración de Arizona que irá a la caza de los latinos. Jackson, uno de los mitos liberales de la NBA, cuestionó que la propia franquicia se hubiese implicado en la protesta, simplificó los alcances de la ley de Arizona y afirmó que, en definitiva, la mayor parte de la población de Estados Unidos quiere un combate más duro contra la “inmigración ilegal”. La mayor parte de la población también pedía hace algunas décadas que los negros no jugaran en la NBA. Peor aún, Jackson se quejó porque los jugadores de la NBA “hoy se visten como gangsters”. Jackson suele ser descripto como “un hombre de los 60”, cuando la prensa quiere resaltar su costado liberal. “Sí, de 1860”, critica Dave Zirin, periodista e historiador del deporte. Los Angeles, acaso la ciudad más activa en contra de la ley, prefirió cuidar por ahora el mito de Jackson. Lo hizo Los Angeles Times, pese a que pidió en un editorial que el deporte se sume a los boicots masivos que se planean en contra de Arizona. Los boicots deportivos, se sabe, tocan mucho a la sensibilidad popular. Tienen mayor repercusión. Los Diamondbacks de Arizona arrastran multitudes en el béisbol. Su patrón, Ken Kendrick, pide “que no se mezcle la política con el deporte”. Pero él aporta dinero y cede el estadio a los halcones republicanos de simpatías nazis que promovieron la ley. El amago de un boicot en contra de su equipo le pone los pelos de punta. El béisbol, de tradición blanca y caucásica, aunque ahora casi el 30% de sus jugadores son de origen latino, suele ser un mundo republicano. La NBA, en cambio, es demócrata. Robert Sarver, el patrón de los Suns no es Ken Kendrick, dueño de los Diamondbacks. ¿Cómo no salir en apoyo de la

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comunidad latina de Arizona, ex territorio mexicano, hasta que se lo apropió Estados Unidos? Los Suns no tuvieron miedo de ir en contra de sus propios hinchas, que les pidieron que “se dediquen a jugar y no a hacer política”. No sólo están los carteles en los estadios. También los mensajes en los diarios confirman que la mayor parte de los fanáticos quiere que el deporte se mantenga como un mundo neutral, una juguetería en medio de la jungla. ¿Para qué recordar que Samaranch era un franquista de uniforme azul que rendía honores con su brazo derecho erguido? ¿Para qué se meten los Suns con la ley anti-inmigratoria? El gesto de los Suns hace recordar en Estados Unidos a Muhammad Ali, cuando en 1965 se negó a combatir en Vietnam, y al podio del Black Power de México 68. Pero lo de los Suns no fue una acción individual. Como el Corinthians de Sócrates, que en los 80 pedía elecciones directas en Brasil, acá es la franquicia, el club, que decidió actuar de modo conjunto con sus jugadores. En los Suns no hay deportistas como Michael Jordan o Tiger Woods, más preocupados en sus patrocinadores. Los Suns, por suerte, tienen al canadiense Steve Nash, uno de los deportistas más comprometidos con su tiempo.


PICADO

Detrás de un gran deportista, una pésima mujer

Nuestra especialista de moda se cansó de hablar de los trapos. Enojadísima con las botineras, traza un despiadado perfil de las chicas que se casan con los jugadores de fútbol. ¿Nace una nueva clase social? O mejor dicho, ¿nace una nueva subclase humana? Por CECILIA DI GENARO

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l paradigma del sueño argentino va cambiando para hombres y mujeres. Los modelos lamentables que persigue la clase media masculina tienen moldes con nombre y apellido. Marcelo Tinelli es, para algunos, el prototipo del éxito. Pero el vaciamiento cultural y la pelotudez masiva siempre tienen origen en la desigualdad, y eso es lo que hace que un personaje chabacano como Ricardo Fort pueda funcionar como una brújula de lo cool. Salvo esta última tragedia mediática, los arquetipos no han variado para los varones. Pero del lado femenino sí. De la imagen role model que derivaba de las actrices locales y –en el peor de los casos– de las modelos, ahora lo in, la receta perfecta para zafar de la desgracia, tiene un título: “Ser botinera”. El tema me vino a la mente por este nuevo reality de la televisión española, Mujeres ricas, en el que Mariana Nannis –sí, la ex de Claudio Paul, esa rubia ordinaria que bañaba a los perros con agua mineral mientras juraba nunca volver a la Argentina– pretende reflejar el fastuoso estilo de vida que lleva en España. Siempre a destiempo, la fundadora de esta casta habla de sus excentricidades desde la tierra que, sumergida en la crisis mundial, está más cerca de volver a la peseta que de seguir produciendo este tipo de señoras. Mucho más baqueteada, pero con la lengua igual de filosa, le tira con todo a su discípula Wanda Nara por pasearse en su Ferrari roja envuelta en un jogging. La realidad mediática está compuesta por tantas capas como particularidades tiene la botinera. Pero la que más me llama la atención es la de la capacidad que tienen para opinar prácticamente de todo, aún sin tener idea de lo que están diciendo. Amalia Granata, por ejemplo, diciéndole al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, que el gobierno de Cristina “es una dictadura”. ¿Qué significado tienen esas palabras para Granata? ¿Acaso vio mucho Almorzando con Mirtha Legrand –le grand fasciste–? ¿O Amalia se atragantó con cuatro taxistas escuchado Radio 10? Petinatto, a todo esto, muzzarella. El conductor, que no es una botinera pero que ya dejó muy claro que tiene el mismo coeficiente intelectual: lo único que se animó a acotar fue que quería que su pro-

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grama llegara a fin de año. El hombre –y la mujer– tienen cinco mil años de cultura y tres millones como especie. Evidentemente, el hombre se pasó mucho más tiempo portándose como chimpancé (¿gorila?) que como hombre. Y eso está grabado en algún lugar de nuestra cabeza, y en algunas personas perdura. A esto hay que sumarle la idiotización ideológica que cultivan los medios de comunicación, donde se cuecen estas generaciones de chicas que tienen lemas tremendos. La consigna “me agarro un jugador de fútbol, le hago un pibe y me salvo” es el último sueño argentino. Este nuevo paradigma de ascenso social también mete en la misma bolsa a Nicole Neumann, quien de chiquita ya dirigía su futuro. De hecho, su canción No quiero estudiar, I Wanna Go Home (no tiene desperdicio, búsquenla en youtube) fue premonitoria. A Nicole no le gusta estudiar y tampoco le agrada que la llamen botinera. Lamentamos decirte Nicole que no sólo sos botinera por casarte con un jugador, sino que compartís todas sus características, incluso la de decir pavadas y opinar –¿mentir?– sobre temas serios. Su denuncia de robo, con tiros y todo, quedó en la nada porque todos los testigos que estaban en el lugar desmienten de plano los dichos de la modelo. Ah… En el medio hubo que soportar toda la cantinela de la inseguridad y el clásico “en la Argentina ya no se puede salir a la calle”. Algo parecido ya había pasado con la mujer del Cholo Simeone, Carolina Baldini, que dijo que la habían asaltado a metros del Unicenter, pero más tarde las cámaras confirmaron que no había pistas, huellas o indicios de los ladrones. Baldini, igual, se sumó a aquella marcha por la seguridad convocada por el rey de los aforismos, el Rabino Bergman. Dicen los que estudian ciencias que el mandato masculino evolutivo es algo así como “fecundar la mayor cantidad de hembras posible”. ¿Qué hace la hembra? Lo opuesto. La hembra piensa “yo tengo que ser fecundada por el mejor macho posible”. Y algunas, como la mantis religiosa, hasta se lo morfan. El destino de los jugadores de fútbol que se casa con este tipo de bellas señoritas tiene algo de esto. ¿O no?


PICADO

El último servicio (la despedida...) Por ROSCOE TANNER

Me gustaría recordarles cómo empezó todo... Un amigo porteño, fanático del tenis él, y con edad suficiente como para mantener vivo el recuerdo del tenis en los 70, solía frecuentar departamentos privados en busca de relax. Y estos relatos se sucedían en rueda de amigos cuando la charla derrapaba hacia lugares y temas húmedos. Digamos que su sección favorita del diario era (¿era?) el Rubro 59... Bueno, como fuere, el tipo se sentía cómodo en un tres ambientes de Belgrano. Sus visitas se habían hecho tan frecuentes que podía considerarse un “cliente de la casa”. Lamadama lo trataba cada vez con más familiaridad. Y ni qué hablar de Mariel, la morocha que destacaba claramente del plantel nocturno de tres señoritas... A esa altura, Mariel era su elegida. Tanto que ya no le interesaba ver desfilar ante él ni a Katya ni a Samantha. Pero un noche, para la suerte de este muchacho, le cambiaron los planes. El pidió por Mariel, como siempre. Y entonces se produjo el siguiente diálogo: –Ahora sólo me queda libre Samantha –le dijo Lamadama. –¿Y…? ¿Qué tal? –quiso saber él. –¿Samantha? Dicen que tiene un buen servicio –vendió ella. –Lo mismo decían de Roscoe Tanner –remató él. Lamadama nunca entendió el chiste, pero les decía antes que para mi suerte sí supieron apreciar aquella humorada del amigo los responsables editoriales de Un Caño. De ahí que en esta segunda etapa de la revista me invitaran a colaborar. Para alguien como yo, que en sus mejores días fue conocido como “el bombardeo de Chattanooga” –por exhibir el saque más potente del circuito (casi 200 km por hora, y estoy hablando de años anteriores a la aparición de los raquetones compuestos de hoy)–, calificar un buen servicio no sería difícil. No se equivocaron. Sé que en todos estos meses, más de un lector se entusiasmó con Lolita, con la Yoly y con las muchas integrantes de lo que por siempre recordaré como el Club de Fans de Víctor Pecci, chicas procedentes de Paraguay que hoy compiten de igual a igual con colegas argentinas, todas dueñas –como diría Lamadama– de lo que podemos llamar un buen servicio. Lo que nunca imaginé es que me tomaría tan en serio esta nueva misión de mi vida profesional. Cuando mi economía ya no daba para más, tuve que asumirme como un adicto al sexo. Por suerte mi obra social contempla este tipo de trastornos, y aquí me tienen, internado en este Centro de Rehabilitación Para Hombres

que No Pueden Dejar de Pensar en Eso. La institución queda en Los Ángeles porque, como saben, en Hollywood este problemita es muy común. De hecho, se sorprenderían si les hablara de mis compañeros de terapia. Una cláusula de confidencialidad me impide dar nombres. Sólo diré que cada vez que nos reunimos en la clase de Actividades Prácticas, me siento el director de casting de nuevas sagas de Taxi Driver y Harry Potter. Por cierto, eso de Actividades Prácticas no es lo que parece. Acá, cada uno debe enfrentarse a sus demonios de acuerdo a su actividad. Después de varias semanas de abstinencia inducida a fuerza de brownnies de canabbis con Viagra molido (¡OJO, NIÑOS: NO HAGAN ESTO EN SUS CASAS!) y un video clip sin fin con los aullidos más cachondos de la rusa María Sharapova y la serbia Ana Ivanovic, los médicos estuvieron a punto de darme el alta. Estuvieron, digo, porque sufrí una recaída justo en la prueba final. Esta parte se realiza siempre en el área del centro conocida como El Telou. Allí, cada paciente debe pasar una noche en una habitación especialmente ambientada de acuerdo a su profesión. En las paredes de la mía, había gigantografías con los courts centrales de los cuatro torneos del Grand Slam. El acolchado de la cama imitaba el césped de Wimbledon, con ribetes a modo de flejes. Tenía que esperar ahí, y en plena noche recibiría una sorpresa, me adelantaron los médicos. Mis instintos más bajos quedarían a prueba en cuanto aparecieran dos morenas (negras, bah) que se hacían pasar por las hermanas Williams. Llevaban esos vestidos cortitos que hoy hacen furor en el circuito, pero sin ropa interior. No entraré en detalles, pero debo confesar que, dado mi comportamiento con las falsas Venus y Serena, aún me queda mucho tratamiento por delante, según los especialistas. Y esto es todo, amigos. Los doctores aseguran que de aquí en más deberé evitar cualquier contacto con el mundo exterior. Doler, duele, claro, aunque un gran consuelo fue saber que hace unos días, durante la presencia de Un Caño en la Feria del Libro, uno de nuestros fieles lectores levantó su mano para preguntarle a Hamilton: “Sí, ¿me gustaría saber cómo hicieron para contactar a Roscoe Tanner?”. Lo juro. Pasó así, tal cual, y eso quiere decir que esta jodita que nació tal, como les recordaba al comienzo, debió tener una aclaración que nunca es tarde manifestar: cualquier similitud entre los hechos de esta columna y la realidad son (fueron) pura coincidencia. JUNIO 2010 | UN CAÑO 61


“No pensaba que tenía un entrenador adentro mío” Colgó los guantes, la guitarra y casi, casi la informalidad. El hombre se quedó en España, se hizo entrenador, y ahora, al borde de ser irreconocible, anda de Director Técnico de un club llamado Carabanchel. Preocupado por la imagen que brinda a sus dirigidos, el Mono reconoce que le gustaría jugar como el Barcelona. Y recomienda libros de Marcelo Bielsa. Por FERNANDO VERGARA Fotos GENTILEZA REAL CLUB CARABANCHEL

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stimado lector: no, no se equivoca. A quién usted ve en la foto con un look diferente es a Germán Adrián Ramón Burgos. La imagen habla por sí sola. El Mono ha descubierto una nueva vocación: la de entrenador. Hay personas de variada condición, o de múltiples aptitudes, que pueden adaptarse con facilidad a cualquier situación o momento. ¿Quién duda de que el término polifacético le encaja perfectamente a Burgos? Hoy, el pelo bien largo, la vestimenta de color negro, la campera de cuero estilo Pappo, y esos detalles que determinan identidad rockera se archivaron en el baúl de los recuerdos (por ahora, claro). El Mono muestra otra cara, y se convirtió en la cabeza visible de un plantel de fútbol. Carabanchel, que milita en la Primera de Aficionados de la Comunidad de Madrid, es el primer paso en su nueva vocación. –Ex futbolista, músico, trabajas en los medios, acabás de sacar un libro, ahora entrenador… ¿Qué es lo que te falta? –Todo lo que hago trato de hacerlo bien. Soy un tipo muy obsesivo en todo, y lo que no sé hacer, no lo hago, eso seguro. –¿Y el nuevo Burgos en rol de director técnico será obsesivo? –Seguro. Antes, la imagen mía daba que era un tipo despreocupado, que tenía una banda de rock, que me acostaba tarde... Pero esa fue mi ventaja, siempre consideré importante dejar que los de afuera hablaran, eso me daba la oportunidad de sor-

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prender. Lo capitalizaba a mi modo, y así yo era la sorpresa. Espero hacer mi camino con humildad, sacrificio y trabajo. Este es un laburo, y hay que ser profesional. –Alguna vez dijiste que el futbolista había muerto, y que a partir de ahí te dedicabas a la música. ¿Y ahora? –No pensaba que había un entrenador adentro mío. Hace tres años que empecé con esto. Estuve en Alcorcón como ayudante, y luego en Atlético de Madrid. Ahora me surgió esta oportunidad, y pensé que era el momento de poder hablarle a un plantel y de plasmar una idea. Te soy sincero: la motivación fue surgiendo a raíz del trabajo en un medio (Radio Nacional de España). Dejé de jugar hace siete años, y vi más fútbol en este lapso que en toda mi vida. Me encanta la radio. Analizamos partidos enteros de la Liga, la Champions, la Copa del Rey; me fui metiendo de nuevo en el fútbol. Me puse a estudiar, y me vino bárbaro, porque me devolvió en parte la felicidad. Cuatro dedos de su mano derecha muestran tatuadas las letras GARB. “Son mis iniciales, claro”, asegura. Pero también forman la palabra que daba identidad a una de sus bandas de rock, The Garb. –¿La música queda de lado? –Por ahora sí, no son trabajos compatibles. Tengo que dar una imagen a mis dirigidos. No puedo pedirles a los jugadores que se acuesten temprano, y que por otro lado su entrenador se esté subiendo a un escenario para dar un recital. No se

pueden hacer las dos cosas a la vez. –¿Cómo se dio la propuesta de Carabanchel? –Me dijeron que necesitaban un entrenador, que querían ascender. El objetivo está claro, y buscaban estar preparados para eso. Contamos con el apoyo de mucha gente. Es un club interesante, en uno de los distritos históricos de Madrid. El Cara, fundado en 1916, es el tercer equipo más antiguo de la ciudad, detrás del Real Madrid y el Atlético. En su etapa más gloriosa luce un pasado en la Segunda B (1995-96). “Este barrio me recuerda a Caballito, tiene cosas similares, quizás por la ubicación con respecto al centro de la ciudad. Caminás por la calle y hay tanta gente que parece la salida de un subte”. Recorriendo la zona, uno puede abonarse con certeza a la perspectiva de Burgos. En el distrito viven 250.000 habitantes, y es uno de los más poblados y con mayor densidad de la capital española. –¿Cómo viviste la etapa anterior, la de ayudante de campo? –Bien. De Alcorcón me fui porque el entrenador (Oscar Garro) estaba nervioso, desconfiaba de todo el mundo. Yo le dije: ´estoy haciendo mi práctica, y si te echan, me voy con vos´. Y cuando lo cesaron, me fui. De ahí pasé al Atlético de Madrid, primero trabajando con el fútbol infantil y luego como segundo entrenador del Atlético en Tercera división. –¿Compartiste el curso de entrenador con otros argentinos?


–Claro. Estaba con Mauricio Pochettino, Juan Esnaider, Martín Posse, Mauricio Pellegrino, y también con Fernando Hierro. Los que no vivían en Madrid, viajaban. El curso lo dicta la Federación Española, es como si lo hiciera la AFA. Es impresionante, imaginate que en el predio de la AFA en Ezeiza hubiera un lugar de este tipo, con restaurant, sala de videos, aulas, campos de juego… Está muy bien armado, y las condiciones son excelentes. –¿Te resulta difícil transmitir tus ideas? –A pesar de que jugué muchos años, no es lo mismo. Es complicada la comunicación, hay que saber transmitir, y tenés que darle al jugador los recursos para que pueda desenvolverse. –Pero vos en la cancha siempre eras de hablar, tenías una voz autorizada. –Sí, pero era una voz dentro del plantel, no era la palabra del técnico. La voz del entrenador debe ser muy precisa, hay que decir las cosas simples, y saber convencer. No tiene nada que ver a lo que era la vida como futbolista, pero estoy encantado con este nuevo papel. –Y tus principios, tus ideales, ¿por dónde pasan? –Yo tengo bases de los que fueron mis entrenadores. Luis Aragonés me marcó mucho. Trato de copiar cosas de Passarella, de Ramón, de Gallego, muchísimas de Griguol. Me gustaría sacar lo mejor de ellos. Pero también influyen los jugadores con los que contás. Ellos son quienes marcan la táctica, la estrategia, y la continuidad del equipo. Porque vos querés jugar como el Barcelona de Guardiola, pero si no tenés ese material, es imposible. –Imagino que tu objetivo será en algún momento llegar a Primera División, a River o al Atlético de Madrid. –Obvio, volver a River es el sueño que tengo de toda la vida. Estoy seguro de que se va a dar en algún momento, y voy a estar preparado para eso. Pero voy paso a paso, no tengo ningún apuro. Ahora tomé la decisión de venir a Carabanchel, y estoy totalmente ilusionado. –De chico empezaste jugando al fútbol en canchas de tierra, y luego terminaste en River, Europa, Mundiales. ¿Tu primer partido como entrenador también fue en una cancha de tierra?

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–Sí, es increíble. Son cosas románticas, y no me voy a quejar si me va igual de bien, si también puedo llegar lejos. Es la verdad, y hay que aceptarla de esa forma, porque todo es un aprendizaje. Yo no termino nunca de aprender, sobre todo cuando me manejo con gente joven, con inquietudes. Esa gente forma parte de un fútbol amateur, ellos son capaces de demostrar que el amor por la camiseta todavía existe. Su debut (de visitante) con la pilcha de DT fue ante Parque Europa, precisamente en una cancha de tierra. En este nivel, las estrellas brillan por su ausencia. Pedro, un madrileño de 36 años, es el jugador de mayor “renombre” de Carabanchel: el centrodelantero cuenta con un pasado lejano en el ascenso español e inglés. Por invitación del club, Un Caño viajó a Fuenlabrada en un micro que trasladó a cincuenta hinchas, para presenciar el encuentro ante Lugo. Se respira aroma a barrio. La familia es parte de la idiosincrasia y de los rasgos propios del club. En estos pagos, la violencia futbolera está a años luz de formar parte de su sociedad. En las tribunas se escucha con acento bien español: “el Burgos este sí que los ha motivao a los chavales”. Del otro lado, el Mono, con gesto paternal, acaricia la cabeza de Alex, que acaba de recibir una patada y queda tendido en el césped (sintético) pegado al banco de suplentes. Si hay alguien con quien un periodista puede abordar temas de diversa índole, ése es Burgos. Se cambia el foco de la charla. Surge un tema que no todos recuerdan. –¿Es verdad que tras superar el cáncer de riñón llegabas al entrenamiento dos horas antes? –Los utileros me preguntaban qué hacía tan temprano, por qué llegaba a esa

hora, y si me habían echado de casa. Eso fue después de la operación. Que te digan que tenés cáncer es un shock, porque cuando te ponés la camiseta de un equipo pensás que sos Superman, y que no te va a pasar nada. Es un choque tremendo cuando te dan esa noticia, es terrible, pero pude superarlo. –¿En qué o en quienes te apoyabas principalmente? –En mí mismo, por sobre todas las cosas. Soy un tipo muy duro, y mentalmente soy fuerte; y luego, claro, en mi familia. Pero si querés salir de eso, todo pasa por uno mismo.

LA SELECCIÓN ARGENTINA Y MARADONA En 1995 Burgos hizo su debut en la albiceleste, con la que disputó 38 partidos. Además, fue parte de los planteles en los Mundiales de Francia 1998 y CoreaJapón 2002. Al cabo, tiene la experiencia necesaria como para dar un parecer acerca de Sudáfrica 2010. “La Selección siempre es un orgullo. Personalmente, haber pertenecido fue lo mejor que me pasó en mi vida. Lo de Diego es difícil en comparación con otras selecciones que están armadas, como España, Brasil, Alemania e Inglaterra, que con Capello va a ser jodida. Esa es la diferencia. Maradona lleva poco tiempo y le costó encontrar la estructura y la columna vertebral del equipo, el famoso 1-2-5-9. Al comienzo no tenía eso, porque cambiaba muchos jugadores, y de a poco lo fue encontrando. Tal vez, lo que le falta a nivel equipo, lo tiene potenciado a nivel individualidades. –¿Y está bien que para el Mundial Argentina se apoye en la mística de Maradona y en que Messi sea el salvador? –Argentina tiene que tener paciencia, porque para Diego debe ser difícil abstraerse de lo que es ser jugador de fútbol y pasar a ser entrenador. El resolvía todo en milésimas de segundo, veía todo antes que los demás. Y ahora debe expresar poco, palabras justas. Su imagen de futbolista no debe pesar sobre sus dirigidos. No es fácil, y es un condicionante en el armado del equipo.


–¿Y el debate instalado sobre por qué Messi juega de una forma en Barcelona y diferente en la Selección? –Yo no veo que en Argentina le cueste, pasa que son dos equipos diferentes. Y no voy a las individualidades, sino a que el equipo está en formación. Messi no es Maradona. Acá en España hace todo, pero apoyado en un juego, en un sistema. Pensemos que es un chico todavía, se fue muy joven de Argentina… Pero eso pasa en todos lados. ¿Por qué? Porque la gente paga la entrada, y quieren ver a Messi gambetear a seis o siete jugadores todo el tiempo. Pero todo se basa en un juego de equipo, en ver cómo le llega la pelota a él. –¿Argentina tiene buenos arqueros para el Mundial? –Sí, hay algunos muy buenos. Teniendo uno fijo es mucho mejor, y si apostó por Romero, lo tiene que dejar. Me gusta mucho, y los demás también tienen condiciones. Argentina no deja de sacar buenos arqueros, por ese asunto no me preocupo. –¿España es el gran candidato, como

sostiene la mayoría? –Si, lo fue demostrando. Ganó la Eurocopa, clasificó a Sudáfrica con comodidad, sólo perdió un solo partido con Estados Unidos en la Copa Confederaciones. El gran problema que tiene España son los lesionados, y tienen que ver si llegan al torneo en condiciones óptimas. En los entrenamientos, Burgos supervisa de cerca, acomoda los conos de plástico, entrega las pecheras y las botellas con agua a sus dirigidos: es parte del romanticismo al que él hacía referencia. Eso sí: el domingo, cuando sea por los puntos, seguirá el partido de pie los 90 minutos, y un cronómetro colgado del cuello será su marca registrada. Ahora, nos invita a sentarnos en el banco de suplentes, y continúa el dialogo (versión literaria e intelectual). Un Burgos auténtico, genuino, y por decantación llega el momento de las risas, con respuestas de su sello. –Tengo sólo 20 euros en el bolsillo, y quiero comprarme un libro. Sinceramente: ¿cuál me recomendás?

–Uno que haga referencia a Marcelo Bielsa (risas). Sucede que con mi libro tuve un problema, lo escribimos con una autora (María Udaberri), pero en la editorial se olvidaron de colocar mi nombre en la portada. Fue volcar en la escritura un montón de vivencias, no sólo del fútbol y la música, sino de experiencias a lo largo de varios años. No es un libro de fútbol en sí, es una biografía novelada, de lectura ágil. Se llama Insoportablemente yo. –¿Por qué? –Así me define mi señora, y tiene razón. Cuando saquemos la segunda edición, Insoportablemente yo 2, pondré mi nombre en la tapa. Es que me quedaron muchas anécdotas afuera. Todo tiene que salir a la perfección, o no se parece a mí, ¿viste? –El poeta cubano José Martí sostenía que teniendo un hijo, escribiendo un libro y plantando un árbol, uno puede considerarse un hombre completo. ¿Ya lo sos? –Hijos tengo, libro también. Me falta el árbol, porque hasta ahora lo único que sembré es césped…


Entre el chévere y el tiki–tiki No todo es, fue y será fútbol en la vida del Pibe Valderrama. El ex 10 de la Selección colombiana acaba de lanzar el tema Todo bien, todo bien y un documental sobre su vida, en beneficio de la fundación que dirige. Un Caño se lo encontró en Taganga, un pueblo pequeño del caribe colombiano. Apenas pisó la arena, la playa se alborotó, y luego del pedido infinito de fotos, se entregó a esta charla. Por JUAN IGNACIO ORÚE

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aganga es un pequeño pueblo del caribe colombiano. De casas coloridas con puertas sin llaves, conversaciones largas en sillas mecedoras, clima caliente y perros sin dueño. Nada, en apariencia, atenta contra su parsimonia, pero de repente el ambiente se empieza a alborotar. Un grupo de turistas y otro de locales se agolpan en la playa. Señalan a unos chicos que visten una remera blanca con la inscripción “Pibe Valderrama”; los rumores se suceden con prisa, hay dudas y comentarios. Enseguida todo se disipa y se aclara, cuando una melena dorada, electrificada, empieza a hacer sombra. Federico Paladino, un porteño de Villa del Parque, y un grupo de cordobeses no dudan. “¡Es el Pibe Valderrama!”, exclaman. Y empieza un alocado pedido de fotos. “Pibe, nos mataste con el 5 a 0… Igual sos un fenómeno”, le lanzan. “Todo bien, todo bien”, devuelve Valderrama, mientras saluda, ríe y posa una, dos, cientos de veces… Pía Royer y Caroline Le Viet, dos francesas que estaban tomando sol, corren hacia el tumulto. “¿Quién es el Pibe Valderrrrama?”, preguntan desorientadas, con sus erres arrastradas. “El mejor futbolista colombiano de la historia”, respondemos todos los que estábamos en la playa, para que no queden dudas.

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Valderrama está contento, feliz como un niño que pasea con un globo. Todo bien, todo bien se llama la canción que lanzó recientemente junto a un documental sobre su vida en beneficio de la fundación que preside. El tema promete hacer bailar, vibrar y gozar a Colombia, como lo hicieron sus largos pases milimétricos, su toque corto preciso y sus cabriolas exquisitas. Dice que la canción es sabrosa, bien rica, gozosa; con algo de salsita, un poco de merenguito y champetica, tres ritmos típicos de esta zona del caribe que suenan desde que asoma el sol hasta que el cuerno de la luna se posa, allá arriba, entre las estrellas. Aquí es considerado un prócer, y la veneración de los suyos es constante. El Congreso colombiano le otorgó la Orden de Gran Caballero y tiene un monumento

El Congreso colombiano le otorgó la Orden de Gran Caballero y tiene un monumento de bronce de 9 metros de alto cerca del estadio Eduardo Santos.

de bronce de 9 metros de alto cerca del estadio Eduardo Santos, en Santa Marta, la ciudad donde nació y vive. Desde que colgó los botines, en el 2004, tras 23 años de carrera, asegura que la pasa “sabroso, sin presiones los fines de semana, dedicado a mi familia, a la academia de fútbol que tengo en Pescaíto, Barranquilla, y en Bogotá, y también a mi fundación”. Parece que los años no hacen mella en el Pibe. Se nota que cuida su físico y su célebre melena rubia estilo afro sigue intacta. La fama no se le subió a la cabeza. Lejos de la arrogancia, prefiere el tono de la sencillez, y cuando sonríe, opta por sacarse los anteojos negros que le cubren la mitad de la cara. –¿Por qué lanzaste un documental sobre su vida y una canción? –Fue una iniciativa de unos amigos. Me querían hacer un homenaje. La canción la hizo Juan Carlos Coronel, un músico de Cartagena. Se llama Todo bien, todo bien, como mi dicho personal. Presentamos todo el 4 de junio en el estadio Eduardo Santos, aquí cerquita, en Santa Marta. –¿Participás del documental? –Sí, yo mismo cuento toda mi historia. También hablan familiares sobre mi vida. El dinero que se recaude va para la fundación que presido.


–¿De qué problemática se ocupa la fundación? –Nació hace cinco años y es para gente que padece problemas oncológicos. Cualquier persona que tiene la enfermedad se puede presentar para que la ayudemos. Tenemos dos oficinas, una en Santa Marta y otra en Barranquilla.

–¿Qué expectativas tenés respecto de estos proyectos? –El documental lo presentamos primero por televisión, y después lo vamos a lanzar en los cines, siempre dependiendo del impacto que pueda tener. Además, por supuesto, lo queremos presentar internacionalmente.

–También tenés una escuela de fútbol. –Si, es para ayudar a los niños. Ellos siempre necesitan oportunidades. Estamos muy contentos con estos proyectos. La academia de fútbol se llama Pibe Valderrama. –Volvamos a la canción. Decís que Coronel es el autor. ¿Vos cantás? –De vez en cuando (risas).

LO QUE VIENE –¿Cómo creés que será el Mundial? –Pienso que el mundial va a ser bien jugado. Ustedes saben que España está jugando bien. Nosotros, los sudamericanos, tenemos a Brasil y tenemos a la Argentina con jugadores de categoría. Argentina es candidata a ganar el Mundial. Se van a pellizcar y van a mejorar, por más de que no jugaron bien en la Eliminatoria. Maradona es un ídolo, lo admiro. Hago fuerza para que le vaya bien, para que le calle la boca un poco a la gente. –Colombia hace tres mundiales que no participa, ¿Qué creés que sucede? –Hace falta organización. De pronto, arriesgar por un proceso largo. Y que duren el técnico y los jugadores. En el fútbol se necesita tiempo para organizar todo. Hago fuerza para que esto ocurra. Soy un aficionado más. Ahora estamos arrancando una época buena, con jugadores que se destacan internacionalmente. –¿Te gustaría dirigir? –Nooo, no. Yo estoy bien así. La paso sabroso (risas). –¿No extrañas los vestuarios? –Con mis escuelas estoy bien. Cuanto más lejos de los vestuarios, mejor. –¿Quién es tu heredero en el fútbol colombiano? –El que más se parece es Macnelly Torres. Juega en Chile, en el Colo–Colo, es el número diez. –¿También se parecen en el corte de pelo? –Nooo (risas). En el estilo futbolístico. Él tiene otra pinta.

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De un pájaro, las dos alas

Como en la bella canción de Pablo Milanés, andamos buscando la hermandad. Un River aquí, otro más allá… Y un River lejos, bien lejos, en Puerto Rico, ¡que sale campeón!, tiene una hinchada llamada “la 14” y encima lo quiere al Burrito Ortega. Por JUAN IGNACIO PROVÉNDOLA

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iver sale campeón, ni más ni menos. Los jugadores ofrendan sus camisetas con la banda cruzada a la hinchada que los alentó incondicionalmente durante todo el campeonato. Su técnico agradece el apoyo de la dirigencia, y agradece también al cielo porque la alegría parece no tener fin: además de la vuelta olímpica, clasificaron para la Copa e irán en procura del continente. No podemos negar que se trata de una bonita ficción capaz de refritar la gloria de antaño en la cabeza de un plateísta nostálgico promedio y de estremecer hasta al riverplatense más insensible. Pero todo cobrará sentido cacheteando el globo terráqueo. Coincidencias semánticas al margen, en Puerto Rico manda el Millonario desde hace tres años. Es un River Plate foráneo, cierto. Pero no menos cierto es que se trata del equipo extranjero con más futbolistas argentinos (increíblemente más que el Catania de Maxi López y su pandilla). Para los habitués de Alcorta y Udaondo, el consuelo es doble: aquella banda es filial de ésta. ¿La gestión Aguilar se encargó de evangelizar el continente? Para nada. Todo surgió a instancias de Steven Álvarez, un empresario boricua que amasó su fanatismo cuando cursó el primario y el secundario en Argentina. Se considera “un embajador de River en el norte” y no es para menos: en 2004 fundó una filial en Puerto Rico para ver los partidos por Internet, y tres años después creó un equipo de fútbol local que se consagró campeón de la fase regular, subcampeón en los playoffs y que clasificó a la Liga de Campeones del Caribe, instancia de acceso a la misma Concachampions, cuyo campeón participa del Mundial de Clubes. Boca ya puede empezar a temblar: con apenas cuatro años de competencia, su vitrina ya cuenta con una copa internacional 68 UN CAÑO | JUNIO 2010

ganada ante equipos de Haití y República Dominicana. Como buen representante diplomático, Steven asegura que “respetamos los colores de River y su ideología, porque somos su brazo profesional en la Concacaf”. La muestra más acabada es que, antes de satisfacer al técnico con la adquisición del bonaerense Santiago Sandoval, “tuvimos que pensarlo cinco veces ya que venía de jugar en un Boca de Río Gallegos”, dice Steven. Los lazos con el River de Núñez no se agotan en permisos y sentimientos. En 2007, por ejemplo, facilitaron gestiones con Lionel Gancedo. “Me llamó para que dirigiéramos juntos y lo acompañé. Terminamos jugando y salimos campeones”, recuerda Fabián Zermattén, ex Argentinos Juniors y dilatado pateador de tierras latinas (jugó en México, Ecuador, Venezuela y Bolivia) que acompañó al Pipa en la aventura y que luego colgó los botines para dirigir a un equipo que ya cuenta con una legión de quince argentinos procedentes, en su mayoría, del ascenso criollo. Pero el tráfico de argentinos, argentinismos y argentinazas no termina ahí. “Esteban Fernández, de mi cuerpo técnico, le enseñó a la hinchada cantitos, cómo entrar a la tribuna y dónde colgar las banderas. Practican esas cosas cuando nosotros entrenamos, y se hacen llamar ‘la 14 del tablón’. Es increíble: son cincuenta boricuas que se pintan la cara y viajan de visitante en dos micros”, cuenta un sorprendido Zermatten, mientras Álvarez busca aún otra vuelta de tuerca más a su exégesis del riverplatense: “en enero negociamos con el Ogro Fabbiani, pero no tuvimos éxito. Ahora anhelamos traer al Burrito Ortega, y vamos a hacerle un ofrecimiento en junio, si es que no continúa en River”. El argumento, al menos, resulta atendible: “acá nos va bárbaro, y él podría estar muy bien con nosotros”.


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Azul sin oro

Un bostero guatemalteco que nunca vio al xeneize más que por televisión fundó el Boca Junior, que hoy juega en una liga amateur de California. Algunos de sus futbolistas son trabajadores perseguidos por no tener documentación estadounidense y han rechazado ofertas monetarias por ser parte de esta pasión nacida en la ribera porteña. Por PABLO LECHUGA Foto ALEJANDRO KIRCHUK

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n la costa Oeste del imperio, el mismo que no ha logrado convencernos de llamar país de la libertad al que usa y produce armas, sobreviven algunos incoherentes entre tanta incoherencia. A orillas del Pacífico, sobre el suelo guerrero y tras la usurpación legalizada de California, miles de latinos se resisten a aceptar que al fútbol haya que jugarlo con las manos, con una pelota deformada y ovalada por una operación de la cual conserva los puntos de sutura. Se oponen a que la máxima expresión de alegría sea el ingritable, e inescribible, tachdaun. Por eso, en San Francisco, frente a Alcatraz, tantos exiliados hacia el país que los obligó al exilio y que les cierra las fronteras prefieren tomarse la libertad de gritar gol cuando logran sus conquistas de pelotas redondas, y de bautizar a sus equipos, en lugar de San Francisco Fortinainers, México, Honduras o Boca Junior. Sí, Boca Junior, en singular. Un Boca chiquito, hijo del Boca grande y porteño, es el Boca Junior. Sin la ese, pero también sin cabaret, sin internas entre sus dirigentes y sin la 12. No tiene Ameal ni macristas, y aunque un Aguilar es el único dirigente, no se trata de José María, sino de Orlando, un inmigrante guatemalteco que en sus 36 años nunca estuvo en la Bombonera o en Argentina y ni siquiera vio a Boca en alguna gira, pero igual es bostero, sin buscarle razones a su pasión. El presidente del xeneize sanfranciscano no se olvidó del fútbol ni de su fanatismo azul y oro por haber tenido que dejar de jugar tras un accidente automovilístico. Al contrario, hace tres años invirtió los ahorros de su taller mecánico y compró una especie de franquicia para tener un equipo en la Liga de la Fraternidad. Le puso Boca Junior y completó la identidad con la camiseta, los pantalones y las medias del club argentino. No hay contratos millonarios en “el Boca” y, como todos sus jugadores son latinoamericanos, más de los que admite

el imperio, son varios los que no podrían firmar un documento formal, aunque fuera sólo por monedas. Sin embargo, sí existe el peligro de migraciones a otros equipos. El GYM, que les ganó la última final, sedujo con dólares a los mejores de la liga amateur. “Es una política que no compartimos –explica Orlando–. Nosotros lo hacemos por pasión”, a pesar de que muchos de los futbolistas son explotados en empleos para personas sin documentos yanquis. “A un jugador le ofrecieron dinero para que se fuera a otro equipo. Yo le dije que hiciera lo que le pareciera, porque significaba un ingreso para él. Y se quedó. Ocurre que no somos uno más. Siempre hemos terminado de terceros para arriba, y ahora estamos primeros”, asegura el presidente en su taller, entre trofeos, mientras las camisetas que lavará su mujer asoman desde una bolsa negra. La presión de jugar en el Boca Junior no la mete la hinchada, aunque siempre está Aldo López, el jugador número 12, con su heladerita llena de bebidas para los jugadores. La presión la mete la historia: “esta camiseta pesa, no es para cualquiera”, afirma el aguatero hondureño, con la camiseta de Tevez estirándose en su panza. “Todos le quieren ganar al Boca. Jugar con Boca es especial”, agrega Romeo Solorsano, el experimentado nueve salvadoreño. En “el Boca”, entonces, pesan la camiseta y la historia. La historia de bombardeos expropiadores de California, Texas y Nuevo México. Y de bombardeos mediáticos de pelotas ovaladas o de tejos que se deslizan sobre el hielo. Sin embargo, en el Boca Junior se levantan gracias a una pasión que también les llegó vía satélite y que ellos hicieron carne. Y aunque sea junior también la fuerza que le hacen al imperio, cada semana meten bombazos de alegría, sólo por el fútbol y el juego, más allá del negocio. Porque sienten azul y oro, mucho más allá del oro. JUNIO 2010 | UN CAÑO 69


“Veo a Del Potro como número uno del mundo” Si bien no llegó a ganar títulos de ATP, Ricardo Cano fue protagonista, a la sombra de Vilas y Clerc, del boom del tenis argentino. Hora de hablar de los duelos, los celos de ayer, lo difícil que se le hacía a los pibes de los 70, los mejores jugadores. Y de paso, algunos consejos para futuras Davis. Por ROBERTO ZIMMERMAN Fotos ALEJANDRO KIRCHUK

“Mi primer viaje internacional fue con Guillermo, en el año 72 o 73. Eran los primeros años del profesionalismo; no existía un circuito tal como lo conocemos hoy, era todo muy incipiente. El ranking mundial recién se estaba organizando, así que uno accedía a los torneos por invitación, que gestionaba la asociación de cada país. Mandaban un télex a los torneos, y en aquel tiempo Vilas era el número uno de Argentina, y yo, el dos. Con Guillermo llegamos a Europa, nos compramos un auto –un auto mediano, ni me acuerdo de qué marca– y empezamos a recorrer torneos… Arrancamos por Inglaterra y, por supuesto, a Guillermo le iba mucho mejor que a mí. Y así fue cómo empezó esta historia”. Hace memoria… El que recuerda es Ricardo Cano, 59 años, personaje habitual del Buenos Aires Lawn Tennis, donde sigue dando clases. Richard, para el ambiente. Dueño de un tenis clásico, de libro. A comienzos de los 70 fue número 2 de la Argentina, cuando el panorama local ya tenía a Guillermo Vilas como líder del ranking. En esos días, decir “el cable” te remitía a una plancha o cualquier electrodoméstico. En esos días, las raquetas surgían de los árboles: eran de madera y de aro chico. No llegó a ganar torneos de ATP. Jugó hasta 1984 y logró su mejor ranking en 1976 (Nº41), aunque en el 81 tuvo su me-

jor temporada, al finalizar 25 en el Grand Prix, como se denominaba por entonces el circuito profesional. Sí fue un clásico de la Copa Davis, eterno escolta de Vilas hasta que en 1978 la irrupción de José Luis Clerc lo relegó a eventual doblista. Y fue justamente por la Davis, en 1977, y en el court central del Buenos Aires, donde logró un triunfo histórico contra Dick Stokton, clave para Argentina dejara en el camino a Estados Unidos. –¿Que jugadores te impresionaban? –Y, lo que más recuerdo es ver a Rod Laver, un referente para todos, el tipo que había ganado dos veces el Grand Slam. Otro que me impresionaba era Ken Rosewall, que jugó en un gran nivel hasta cerca de los 40 años… –De hecho, de la dorada generación australiana capitaneada en la Davis por Harry Hopman, Rosewall llegó a jugar la final de Wimbledon 74 contra Connors… –Exacto, aunque era otro tenis. Un tenis más clásico, ortodoxo, y para mi gusto con mucha más habilidad que fuerza, como el actual. Aunque ahora tienen la habilidad de jugar muy bien con velocidad y potencia. Mientras que antes había mucho más toque. –El toque, justamente, era tu característica. “Cano tiene buen toque”, se decía… –Sí, mi juego era muy clásico. Una derecha regular, no muy buena, un revés con slice y la volea. Tenía que ver con

que en esa época aprendías a empuñar de la forma más clásica, el grip continental, que te permitía jugar sin cambiar la empuñadura. Guillermo, en cambio, como jugaba con mucho top spin desde el fondo, usaba el grip western. –Cuando repasás tu carrera, ¿con qué sensación te quedás: ¿conforme, o no tanto? –Conforme para nada; me quedé con ganas de haber hecho mucho más cosas. –¿Y por qué no lo lograste? –La verdad es que empezamos muy tarde. Ahora, a los 16, 17 años ya estás en el circuito. Antes, con un profesionalismo tan verde, la idea no era vivir del tenis. Pensá que esa primera gira que hicimos con Guillermo teníamos 21, 22 años. Hoy a los 18 años ya sabés hacia dónde va ir tu carrera, si sos muy bueno para estar entre los top, si vas a ser un jugador de mitad del pelotón... Visto desde hoy, me hubiese puesto más en cancha. Hubiese entrenado mucho más. Hubiese tenido un coach… Costaba muy caro tener ese tipo de estructura. Hoy es todo más fácil: los grandes torneos te pagan el hotel, te dan comida, cosas que no pasaban antes. Había mucho menos premios y te tenías que bancar todo vos. –O sea, la cuestión de clase social era mucho más determinante para hacer carrera en el tenis. –Totalmente; ahora también, pero si

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más o menos jugás bien, podés ir autofinanciándote, más el apoyo de los sponsors, que antes no existía. Y otra cosa que cambió mucho es el prototipo del jugador: ahora son todos grandes y mucho más atléticos. –En ese sentido hay un cambio grande a comienzos de los 80, con la consolidación de la generación de Lendl, Clerc; pienso también en Yannick Noah o Andrés Gómez, ¿no? –Sí, aunque ellos eran excepciones, es cierto que Lendl empieza a imponer un concepto de tenista apoyado por un equipo más profesional: coach y preparador físico permanentes. –Incluso, tras varios años de perder finales del Grand Slam, incorpora un psicólogo deportivo, Jim Loher, ¿te acordás? Más adelante fue contratado por Gabriela Sabatini. –Exacto. Con esa generación, definitivamente, el tenis clásico que se jugó hasta los 70 empieza a cambiar hacia un juego mucho más veloz y potente, con tiros de fondo más semiplanos que cargados de top spin. –En los 80, también, comenzó la tendencia de los niños prodigio. El primer aviso claro lo da, en 1979, Tracy Austin, ganando el US Open con 17 años. Pero en el 82, Wilander gana Roland Garros también con 17; en el 85, Becker va a ganar Wimbledon a la misma edad. –Totalmente. Así como hasta los 70 uno jugaba en juniors hasta los 18 años, y recién ahí empezaba a probar suerte en el profesionalismo, la aparición de los raquetones de grafito y otros compuestos cambiaron el tenis profesional. –Pasó algo impensable con las clásicas raquetas de madera: se igualaron las fuerzas. –Sin duda, eso empezó a generar un nuevo estilo de juego y generaciones cada vez más jóvenes en el circuito. Aparte de los vos nombrabas, estaban Edberg, Agassi, Courier, Chang, Sampras, entre tantos otros. Además de los raquetones, las pelotas empezaron a ser más rápidas, y luego se produce la copia de la copia, hasta

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que se imponen nuevos estilos y escuelas. Son épocas. Si te fijas, ahora se está volviendo a un tenis más variado; hace cinco años se le estaba pegando mucho más a la pelota. –¿Por qué pasa esto? –La forma de contrarrestar un tenis de palo y palo es empezar a variar los efectos y a quitarle ritmo al rival. Si te fijás, producto de la velocidad con la que se pega desde el fondo, hasta en Wimbledon vemos que desapareció el juego típico de saque y volea. Eso es por lo mucho que han mejorado las devoluciones. Hoy, a la velocidad que se pega tanto de drive como de revés, el que sube a la red tiene mucho más chances de ser pasado que de volear. Por eso vemos que un tipo tan completo como Federer, incluso, ganó Wimbledon jugando desde la base. Y ni que hablar de Nadal, un jugador formado en tierra, que termina ganando en césped. –Tema inevitable: la final de la Davis que se nos escapó en Mar del Plata contra España. ¿Qué lectura hiciste de esa derrota? –Bueno, ahora con el resultado puesto hablar es fácil. Pero si vas al archivo vas a encontrar una nota que me hizo Juan Szafrán justo después de ganarle a Rusia la semi en el Parque Roca. Ahí yo le dije que había que jugarla en tierra. Siempre pensé que teníamos más chances en tierra. Y sin venir Nadal, hubiese sido mucho más fácil que en cancha rápida. Además, por una cuestión de tradición tendría que haberse elegido polvo de ladrillo. –Bueno, la lógica que se aplicó es que tanto Nalbandian como Del Potro son más efectivos en cemento o carpeta que en polvo de ladrillo. –No importa: Era la tradición, y no había que cambiar, convenía jugar en el Roca. –¿Te pesó estar siempre eclipsado por Vilas? –Yo hacía lo mío y siempre reconocí

que Guillermo era un profesional extraordinario. Siempre hice la mía dentro de lo que sabía y podía. La verdad, nunca me preocupé demasiado. Sí tuvimos nuestras diferencias, pero eran celos del momento que superamos. De hecho, los conflictos serios en la Davis empezaron con la aparición de Clerc, porque Batata lo venía presionando, hasta que llegó el día en que le ganó y lo llegó a superar en el ranking. –Años 80, 81… –Por ahí, sí. Eso no le gustó nada a Guillermo, como tampoco, seguramente, le debe haber gustado que empezaran aparecer jugadores que igualaran sus triunfos. –¿Hablás de los triunfos de Nalbandian en el Masters, de Gaudio en Roland Garros y el último de Del Potro en el US Open? –Claro, pero eso es normal, me parece. A nadie le gusta que lo terminen pasando. Es lo mismo que ahora entre Maradona y Messi, van a estar discutiendo toda la vida quién fue el mejor. Igual, para mí, son épocas tan distintas que es imposible comparar. Si te fijás, los mismos celos de Vilas y Clerc se pueden ver reflejados hoy en la tensión que hay entre Nalbandian y Del Potro. Cuando tenés dos grandes jugadores pasa siempre, es inevitable. Sólo no hay problemas cuando el liderazgo está claramente sobre uno, el caso de Nadal en España. Fijate que acá los problemas empezaron desde el momento en que Del Potro pasó a superar a Nalbandian en el circuito. A partir de ahí, acá pareciera que siempre se pelean por la plata. –Sin embargo, en el caso de Nalbandian y Del Potro, creo que un motivo de conflicto es el hecho de quién es el líder del equipo. –Totalmente, por eso Nalbandian fue ahora a jugar contra Suecia: fue una forma de enrostrarle a Del Potro: “flaco, acá estoy yo”. –A propósito de los grandes resultados que lograron los de la generación de Coria, Nalbandian y Gaudio, ¿por qué crees que superaron tan claramente a la camada pos Vilas-Clerc, es decir, a los Jaite, De la Peña, Mancini?


–Ahí, para mí, hubo un hecho de coyuntura económica que resultó clave: el uno a uno. Al comienzo de sus carreras en el circuito, esa etapa donde vos tenés que conseguir los primeros puntos de ATP, le resultó mucho más accesible a la generación de Nalbandian que a la de Jaite y De la Peña. Sobre todo para ir a probar suerte a Europa y Estados Unidos, con lo costoso que es. Imaginate lo que es hacerlo con un dólar igual a un peso, o con un dólar 4 a 1 o 5 a 1, si hablamos en euros actuales. Obviamente, ante todo, está el muy buen nivel tenístico que tenés que tener para llegar a ganar un gran torneo. Pero como hecho diferenciador entre una generación y otra, no tengo dudas de que el tema económico los ayudó. –De la nueva camada, del recambio que Tito Vázquez empezó a poner en la Davis, ¿te gusta alguien en especial? –Son jugadores que vienen creciendo, pero no los veo trepando entre los top ten. –Entonces es obvio que no sos partidario de elegir a un mejor de todos los tiempos, ¿no? –Totalmente. No creo que se pueda establecer uno. Cada uno de ellos mandó en su época. No creo que haya uno mejor de todos los tiempos. Justamente porque los tiempos son incomparables. Es cuestión de gustos. Ahora hay unanimidad con Federer, pero en mi época todos coincidíamos con Laver, y después con Borg. Más tarde entra en la discusión Sampras, al sumar sus 14 títulos del Grand Slam. –Así y todo, desde la estadística, Federer termina sacando ventaja, al superar el año pasado a Sampras con sus 15 Grand Slam, tras ganar Wimbledon. –Sí, pero, insisto, me cuesta comparar épocas. Y si es por gustos, los mejores partidos que yo vi en mi vida son los de la época de Sampras y Agassi. Y un poco más atrás, los duelos de Connors con Vilas y de Borg con Mc Enroe. –Dejando las épocas de lado, ¿tu jugador favorito? –Siempre me gusto Björn Borg, y después el Agassi de su mejor momento. Hoy, Del Potro, si se mantiene en su nivel, me parece un muy buen jugador. –¿Lo ves a Juan Martín como número uno? –Obviamente, habrá que ver en qué

medida lo afecta esta temporada la tendinitis que lo está dejando fuera del circuito. Pero una vez que recupere su mejor nivel, sí, lo veo como número uno del mundo. –Aquel triunfo por la Copa Davis contra Dick Stockton, en 1977, cuando le ganamos a Estados Unidos, ¿fue el partido de tu vida? –No sé si el mejor, pero uno de los mejores, sin dudas. Eso fue histórico porque por primera vez Argentina le ganaba a Estados Unidos. Guillermo ganó sus dos puntos y yo le gané a Stockton, que estaba entre los 10 mejores del mundo. –Séptimo, según revisé en el archivo. –Mirá, no me acordaba. El venía de

ganarme muy fácil sobre cemento en Palms Springs, California. Yo me había quedado muy mal con eso, y me tocó la revancha en tierra, mi superficie. Jugué bastante bien. Arranqué nervioso, se me fue el primer set 6-3, igualé en el segundo con un 6-4, y la clave fue que pude llevarme el tercero 8-6. Terminé definiendo en el cuarto con un 6-4. Terminamos ganando la serie 3-2: Guillermo se llevó sus dos puntos (contra Stockton y Brian Gottfried), y ellos ganaron el dobles (Sherwood Stewart y Fred McNair contra Elio Alvarez y yo), y yo perdí mi otro single contra Gottfried. Realmente, fue histórico.


El reparador de sueños

Larga fiesta, la de Argentinos Juniors. Como con todo equipo chico que logra un campeonato, hay mucho tiempo para embriagarse. Bien vale la pena comprobar las emociones de un hincha que nos describe pasado y presente de un club que parece de novela. Para ello convocamos a un experto bichito de pecho y cachetes hinchados... por la nueva corona. Por GABRIEL SCHULTZ

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i veinte años no es (son) nada, veinticinco son un montón. Pero resignarse es lo peor que le puede pasar a un ser humano, y mucho más si este ser humano es hincha de fútbol. Y si a ese hincha le agregamos que es de un equipo de los denominados “chicos”, evidentemente la resignación no puede ser parte de esa pasión adquirida. Y en estos veinticinco años pasaron demasiadas cosas, casi todas malas, que hicieron pensar a más de uno que la palabra “campeón” no se escribiría más al lado de “Argentinos”. Pero hubo un grupo de personas que creyó que eso sería posible. Para llegar a este grupo de personas, los acontecimientos se fueron sucediendo sin ningún tipo de orden predeterminado, sino que, como es natural en el fútbol nuestro de cada día, los hechos se amontonan hasta que alguien decide comenzar a transitar un camino específico, con los riesgos que ello implica. Esta historia se empezó a escribir el 9 de diciembre de 1985, un día después de perder la Copa Intercontinental con Juventus, aquel partido que quedó escrito en la historia del fútbol mundial. El hincha de Argentinos se había

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acostumbrado mal, y entonces se podía pensar que si no era ésa, era la próxima, Pero después se perdió la Libertadores a manos del River del Bambino, que no le pudo hacer ni un gol a Argentinos en tres partidos, pero por esas cosas de los números pudo pasar de ronda y ganar aquella Copa. Y para colmo, en la Intercontinental, a ellos les tocó el Steaua de Bucarest, el equipo más débil que haya llegado a una final de estas características en toda su historia. Después, el equipo se empezó a de-

Ver ese cartel que decía “Semillero del mundo”, al entrar, era una mezcla de alegría y tristeza.

sarmar, y esa gloria que comenzó a gestarse en la mente de Angel Labruna, y luego fuera conseguida con Saporiti y Yudica, iba a convertirse paulatinamente en un recuerdo. De todas maneras, Argentinos seguía haciendo historia. Por ejemplo, en aquel campeonato en el que los partidos se definían por penales, cuando le ganó a Racing por 20 a 19, después de patear 44 penales seguidos. Pero éste es un dato gracioso, que luego terminaría siendo el inicio de una serie de infortunios y sinsabores que parecían no tener fin. A principios de la década del 90 se empezaba a pelear el descenso, ya no los campeonatos, y un dirigente “iluminado” decidió alquilarle el equipo a Torneos y Competencias y mandarlo como local a Mendoza. Esta idea ridícula incluía el regreso de Diego al club, pero Maradona terminó jugando en Newell’s, y el experimento de Mendoza fue una catástrofe deportiva, económica y dejó a un presidente enriquecido que pudo comprar con el producto de esta estafa un local más grande que el que tenía para que los turistas aprendan a bailar tango. Como no podía ser de otra manera,


un par de años después el destino fue el descenso. Pero, a fuerza de jugadores inolvidables, como el Polo Quinteros, se logró el ascenso en un año. Después vendría otro descenso, y otro ascenso un tanto más dificultoso que el anterior, hasta que a fin de 2003 se reinauguró el estadio. Después de tantos años de malas experiencias, ver ese cartel que decía “Semillero del mundo” al entrar, era una mezcla de alegría y tristeza, porque uno podía ver a esas grandes figuras nacidas en el club triunfando en otros lugares, haciendo felices a hinchas que hablaban otros idiomas, mientras en La Paternal se hacían números para ver cómo nos iba a ir con el próximo promedio del descenso. Y así fueron pasando dirigentes, jugadores, técnicos, y los hinchas siempre recordando que hace años el mundo hablaba de Argentinos Juniors. Y el semillero seguía dando frutos, pero se los llevaban los “grandes”, que ya ni siquiera tenían el decoro de pagar por lo que obtenían. Basta como ejemplo el “paquete de regalo” que un dirigente le hizo a Boca, metiendo a Riquelme y varios más a precio de oferta por mayor, o el día que Saviola se fue a probar y un señor le dijo “vos venís a River”. Y así y todo, con esas reglas de juego, que no son reglas ni son ningún juego, Argentinos pudo volver a levantar cabeza. El primer intento de reconvertir el pasado fue con la contratación de Claudio Vivas, ex mano derecha de Bielsa, y el resultado fue decepcionante. Pero la línea había quedado trazada, y había una persona que podía recuperar esa mística que pocos pueden conseguir: era el Bichi, el mismo que nos llevó a Japón veinticinco años atrás. Y de a poco se pudo ir recuperando aquello que siempre fue una marca registrada: el buen juego, el respeto por la pelota y, sobre todo, hacerse fuerte en todos lados. Porque algunos que dicen que saben

Esta historia se empezó a escribir el 9 de diciembre de 1985, un día después de perder la Copa Intercontinental con Juventus.

aseguran que en el Diego Armando Maradona no se puede jugar. Sin embargo, Argentinos ganó más partidos de visitante que de local. Y pudo vencer al peor enemigo, que es pensar que no se puede. La intención era salvarse del descenso, pero cuando alguien está convencido de lo que quiere, puede lograr más de lo que se propone. Ahora afloran las anécdotas que hablan de Calderón diciéndole a Hauche que no se vaya, que iban a salir campeones. El tipo que iba a pelear el puesto con el que se estaba yendo ¡le

de Argentinos y que ahora lo volvió a llevar al lugar donde lo había dejado. Este tipo que hoy está en todos lados, pero que no cambia de humor ni siquiera después de haber ganado un campeona-

pedía que se quede! Esas pequeñas cosas forman el temple de un equipo. Poder mirar a los ojos a un compañero, sin estar pensando que se le acaba de hacer la cama hablando de él con un dirigente o con el técnico. Sin camarillas, con la competencia sana de querer estar. Y si ello no ocurre, dar todo por un compañero. Y eso lo logra un técnico como Borghi, que ya estaba en la historia

to. Hace veinticinco años se fue a llevar su magia por el mundo, y el día que vuelve nos hace acordar a todos lo lindo que era ser feliz. Por eso, es un orgullo ser hincha de Argentinos. Porque, como dijo en esta revista el Tata Martino recordando a Bielsa el mes pasado, campeones hay todos los años, pero pocos quedan en la historia. Y Argentinos hoy vuelve a hacer historia.

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El secreto de mi éxito

¿Borghi? ¿Calderón? ¿Ortigoza y Mercier? ¿Los pibes del club? Desde el 2004 un pastor reza en la cancha de Boyacá y Juan Agustín García, y Argentinos dejó de sufrir por el descenso para hacerse imbatible en su casa y llegar a festejar un campeonato. Creer o reventar. Por DIEGO MARTINI Fotos FABIÁN MAURI

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i Chuco Sosa con sus nueve goles, ni Matías Caruzzo con sus diecinueve presencias. Ni siquiera las virtudes de ese lujoso tándem conformado por Mercier y Ortigoza, o la experiencia de José Luis Calderón. Creer o reventar, el título conseguido por Argentinos Juniors, quinta estrella en su rica historia, tiene como puntales a misterios nocturnos y cuestiones de fe. Por el lado de lo esotérico, los propios jugadores del campeón reconocen haber escuchado voces en uno de los baños del predio de la UTA, en Moreno, donde el plantel se concentró a lo largo del todo el Clausura. Los futbolistas se lo toman a risa, sí, pero lo cierto es que dejaron de concurrir a ese sanitario, aunque las necesidades fisiológicas apremiaran, por lo que el recinto sólo terminó recibiendo fugaces visitas de periodistas o allegados que presenciaran los entrenamientos. De día, claro. De noche, nadie se asomaba siquiera por allí. “Crujen los pisos de las habitaciones, pero son de madera. No creo en fantasmas, pero más vale que si hay uno en la UTA no quiera cobrar premio, ja ja”, desdramatiza, como cuando charla de fútbol, Claudio Borghi. Con ese halo tenebroso (nadie habla de un personaje simpático como Fantasmín), quien siguió el campañón del Bicho, no puede discutir que el equipo tuvo suerte de campeón en ocasiones varias, como los cuatro goles

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en contra que se hicieron sus contricantes (Boca, Lanús, Atlético Tucumán y Vélez), el penal pésimamente pateado por Garcé (atajó Peric) cuando Colón bailaba a Argentinos en La Paternal pero no podía quebrarlo, el penal que Ojeda le contuvo a Yacob ¡a cuatro minutos del final!, el desvío en el muslo de Tuzzio tras el disparo de Caruzzo para el memorable 4-3 ante Independiente, que dejó a Argentinos como único puntero a una fecha del final... Si hasta se sobrepuso a dos suspensiones por diluvio, la primera cuando la cancha de Banfield parecía una pileta (por la segunda fecha) y la otra cuando La Paternal parecía el Arroyo Maldonado mismo (cuarta jornada). Algo inédito, nunca vivido por ninguno de los protagonistas. Guiños del destino. Pero esta historia de energías comenzó mucho antes, días después de que Argentinos volviera a Primera División, tras ganarle una Promoción épica a un Talleres de Córdoba que hasta se había cla-

Los propios jugadores del campeón reconocen haber escuchado voces en uno de los baños del predio de la UTA.

sificado para jugar la Copa Libertadores 2005. Luego de esa hazaña futbolística, un hincha del Bicho, hasta ese momento desconocido, entró en escena, como caído del cielo. El pastor Juan Bosso, nacido en La Paternal (“vivía en Juan B. Justo y San Martín, y la salida era ir los domingos a la cancha”, recuerda), fanático Globetrotter, seguidor del multicampeón equipo ochentoso, recibió, cuenta él mismo, “un mensaje divino: un día, en el 2004, entendí que el Señor me pedía que fuera a orar a un estadio de fútbol. Sólo a Dios se le ocurre una cosa así. Y siendo hincha de Argentinos, pero sin ir a la cancha desde mi conversión religiosa, pensé en San Lorenzo. Y no en el Bicho, porque Dios te saca todos los ídolos y tu amor es todo para él. Pero en San Lorenzo no me dejaron entrar. Por eso, sé que si le va mal, no se trata de que tiene jugadores malos, sino que es una cuestión espiritual”. Así, un día se cruzó con Fernando Batista, el Bocha, hermano del Checho y del Chino, en la AFA, y él le hizo el contacto para entrar al estadio Diego Armando Maradona. Desde ese momento, Argentinos dejó de ser Juniors: la cancha se hizo un reducto imposible para los grandes locales y, de a poco, el equipo de La Paternal fue dejando atrás la racha de promociones para mantener la categoría y, con el correr de los campeonatos, las campañas fueron mejorando. ¿Qué pasó? El pastor cuenta


lo suyo: “desde aquella vez, voy una vez por semana a la mañana a orar la cancha de fútbol. En los comienzos, el equipo llegó a estar diecisiete partidos sin perder de local. Incluso, en una época jugaban Argentinos, Huracán y Chacarita en La Paternal y los tres ganaban todos los partidos”. Y así fue. Con sus oraciones y,con ese cartel que él mismo colocó en el vestuario local, afirmando que “aquí somos casi invencibles. El equipo tiene un plus adicional que es el favor de Dios”. Y mientras el Ducó estuvo en reparación, el Globo no quiso salir nunca del Maradona. Y Silvio Carrario recibió “el don” y al partido siguiente le metió dos goles a San Lorenzo en su cancha. Y Pontiroli empezó a atajar penales y ¡hasta contuvo dos, otra vez con el Ciclón enfrente! Y el Burrito Martínez rezó con Bosso y metió un gol ese domingo. Y Torrico se consolidó cuando los hinchas estaban a punto de pedir su linchamiento. Y Argentinos volvió a jugar un torneo internacional, la Sudamericana 2008, escalando hasta la semifinal. Y con la llegada de Claudio Borghi superó un récord, cosechando 32 puntos en el Apertura 2009. ¡Y fue campeón del Clausura 2010! “El segundo gol de Sosa a San Lorenzo es tremendo: cuando le llega la pelota, le sale un marcador (Nelson Benítez) más grandote que él y de repente cae fulminado. Chuco no tiene fuerza para hacerlo caer así”, narra Bosso, en referencia al “milagro” del gol. ¿Si tiene techo Argentinos? “Depende de Dios, pero mi causa sigue siendo orar en su cancha. Para mí es evidente que cuando sus rivales patean, los arcos se les mueven, así que todo puede ser”, agrega. Eso sí, no sabe hasta cuándo podrá seguir apegado a su querido Argentinos Juniors, por más que su presidente, Luis Segura, le haya dicho que “entre a la cancha cuando usted quiera”. Es que en abril pasado, Bosso estuvo de viaje por España, convocado por gente del Atlético Madrid. Visitó el estadio, donde oró, la tienda y el resto de las instalaciones. Tómelo o déjelo: menos de un mes después, el equipo del Kun Agüero y de Diego Forlán se consagró campeón de la Europa League. Obviamente, en la Madre Patria quieren tenerlo cerca nuevamente, pero no sólo en el Aleti: allegados a Néstor Gorosito, quien conoce a Bosso desde sus tiempos

en La Paternal, lo contactaron para que vaya a visitarlos a Jerez, más allá de que la formación dirigida por Pipo descendió, realizando una excelente campaña desde que asumiera el cuerpo técnico argentino. El problema que le puede surgir al pastor sería a la hora de pasar por migraciones: si le preguntan cuál es el motivo del viaje, ¿tendría que explicar para visitar a algunos amigos o por trabajo? Oremos.

“Un día, en el 2004, entendí que el Señor me pedía que fuera a orar a un estadio de fútbol. Sólo a Dios se le ocurre una cosa así”. (Pastor Bosso)

El pastor Bosso, siempre cerca de Dios.

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Cuarentón y goleador, veterano de mil batallas, ha llegado el momento del retiro para José Luis Calderón. Se va sencillo y cumplidor. Con buena fama ganada y con ganas de hacer balances. Aquí, una parte de ellos, en un reportaje a un hombre al que ya podemos presentar como “el entrenador Calderón”. Por GABRIEL CASAS

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ace varias décadas atrás, en esa fabulosa historieta de Quino, Mafalda leía en un diario una frase popular que decía “La vida empieza a los 40”, y al siguiente cuadrito se preguntaba “entonces, ¿para qué cuernos nos hacen venir con tanta anticipación?”. Sin embargo, José Luis Calderón vaya que le sacó el jugo a toda esa pila de años anteriores, incluso a esos que Mafalda tenía en los dibujos. Nació en una cuna muy humilde, la villa La Favela de La Plata. Empezó a jugar al fútbol con sus amigos del barrio, pasó por las inferiores de Estudiantes, lo echaron por “bajito” y se fue a Defensores de Cambaceres. Luego lo ficharon en Gimnasia y, al igual que lo que había ocurrido con su archirrival, otra vez lo rajaron. Pero esta vez “por venir de la contra”. Volvió al Camba, donde debutó profesionalmente en Primera C. Después siguió en la B, se lo llevó el Pincha y ahí empezó la historia del “Calderón famoso” para todos los futboleros. Los 40 (cumple el 24 de octubre) lo encontrarán recién retirado del fútbol, por segunda vez, pero ahora con un broche magistral a su carrera. ¿Impensado? No, según él. “Mis compañeros saben qué les dije, puertas adentro, el día en que llegué a Argentinos Juniors. Eso me deja tranquilo, porque cumplí”, le dice con firmeza

a Un Caño en una mañana fresquita en el predio de Moreno donde se entrena el plantel sensación del último Clausura. Uno se imagina que Caldera les debe haber dicho que volvía de su retiro fugaz porque lo convenció Claudio Borghi y porque veía que en el equipo había material como para ser campeón o para pelear bien arriba. –¿Qué se siente al llegar casi a los 40 jugando en Primera? –Algo lindo y que a todo jugador le gustaría incluso superar. Pero uno no tiene que quedarse en la edad, sino saber cómo se siente día a día. Y a partir de ahí, seguir hasta dónde uno cree que puede. –Pudiste bastante. ¿No sentiste el vacío de tu primer retiro porque enseguida te llamó Borghi? –Sí, ya estaba retirado. Estaba pensado en otras cosas. En ser técnico, en el curso... Había propuestas de Chile y Ecuador para seguir jugando, pero las había rechazado porque me parecía que era el momento justo. Me llamó Claudio, me gustaron las palabras que me dijo y acepté. –¿Qué tan ciertas son estas dos frases hechas del fútbol?: “para ser campeón tienen que estar en orden las tres patas: jugadores, cuerpo técnico y dirigentes” y “los jugadores son los más sano que tiene el fútbol”.

–Siempre digo que hay de todo. Hay jugadores sanos, y hay otros que no lo son. Hay periodistas que tienen buena fe, y otros que no. Eso pasa en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Pero respecto a la primera parte de tu pregunta, cuando en el grupo y en el club las cosas están bien, por lo general conseguís logros importantes. –Ya que mencionás a los periodistas, ¿creés que somos futbolistas frustrados, como se piensa en general desde el lado de ustedes? –Es como todo. Por ahí yo digo: “éste me critica y no jugó nunca al fútbol profesional”. Y es lo mismo cuando el periodista dice “éste quiere opinar de una nota y no sabe”. Siempre pasa eso. –En Argentinos no le pudiste gritar tus goles a Estudiantes y Arsenal, por tu pasado. ¿No es hora de que los jugadores terminen con eso de no festejar los goles? –Sí, es verdad. Lamentablemente, va a llegar un día que un jugador va a hacer un gol y se va a poner a llorar. –¿Por eso discutiste con el Gordo Núñez de Independiente en ese momento? –Es algo lógico: uno hace un gol y después pide disculpas porque lo siente... Pero, bueno, así es este fútbol… También es algo que uno hace por respeto al club donde está hoy. –¿Cómo puede ser que los argentinos

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no podamos terminar con la violencia de las barras bravas? –No creo que solamente sea un problema argentino. Es el mundo el que no puede terminar con la violencia. ¿Y cómo se va a terminar, si cada vez hay más pibes de quince años armados en las barras? Y por ahí no van los más grandes, van los más chicos. –¿Y sobre el negocio que generan? En eso pareciera que somos todos cómplices o culpables. –Sí, partamos de los dirigentes políticos, ¿no? Porque muchas veces algunos los necesitan para hacer una campaña, y después, cuando se los quieren sacar de encima, ya no pueden. –¿Qué enseñanzas te dejó el Ascenso y que aprovechaste cuando llegaste a Primera? –Muchísimas. Lo importante que es el entrenamiento, por ejemplo. Y valorar el hambre, porque ahí realmente juegan por el sándwich y la gaseosa. Y después, a medida que uno va progresando, se van dando cuenta de que tenés que ir cambiando, profesionalizándote para mejorar. –¿Haber tenido una infancia de privaciones en una villa fue lo que te sirvió para no caer en esa burbuja donde viven la mayoría de los futbolistas? –Soy un convencido de que las cosas no cambian. Vos podés tener en la mente el paisaje de tu infancia, y si te querés olvidar, es fácil. Pero siempre digo que las cosas son siempre igual, seas quien seas, tengas o no tengas. –Seguro, ¿pero cómo se educa o se le pone los pies sobre la tierra a un futbolista que a los 18 años ya es la “salvación” de su familia? –Hoy están todos expuestos a eso. Hasta los padres están desesperados para que los chicos jueguen al fútbol. Lo que uno tiene que hacer es ser consciente de lo que vive, de lo que realiza. Todos los días hay que darle algo al fútbol. –¿Por qué se llegó al punto de que sea normal que insulten o agredan a los protagonistas cuando la mano viene tor-

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cida? Hasta los mismos jugadores y entrenadores lo aceptan y lo avalan en sus declaraciones. –Es una locura. Y es verdad lo que decís. Cuando uno va al teatro y alguien se equivoca en un párrafo y el tipo lo admite, nos cagamos de risa. Acá nosotros estamos justificando la locura. Así está nuestra sociedad. –¿Y por qué se habla tanto de todo lo que rodea al fútbol y tan poco del juego en sí? ¿Culpa de los malos periodistas o de los protagonistas? No, yo digo que es culpa de todos. Si vos abrís la puerta de tu casa y empezás a aparecer en todos lados, estás expuesto. Entonces después, cuando las cosas vienen mal, que te critiquen... Siempre digo que los periodistas tienen que hablar de cómo jugó uno dentro de la cancha. Después, no tienen por qué opinar sobre si uno anda con un travesti o con tres mujeres, si engaña o no a la señora… Porque así sólo queremos vender; queremos inventar y hablamos por hablar. Si hay algo en la trayectoria de Calderón que se asemeja a una espina clavada es la Selección. Goleador en Estudiantes, goleador en Independiente, goleador en América de México, no tuvo ni un solo gol con la camiseta argentina. –¿Qué te produce ver todos los mundiales por televisión? –Así es el fútbol. Sabemos que hay muy buenos jugadores. A veces te puede tocar, otras no. No tuve la suerte, o no habré hecho algo bien para poder estar en un Mundial. –¿Y que te pasa a vos, que tuviste

“Cuando en el grupo y en el club las cosas están bien, por lo general conseguís logros importantes”.

ese encontronazo con Marcelo Bielsa en 1999, cuando se habla maravillas de la ética del técnico de Chile? –Son dos cosas distintas. Es un técnico excelente, que trabaja muy bien. Siempre pasa lo mismo. Te valoran cuando no te tienen. Cuando lo tuvimos, no se valoró en la dimensión que hoy se lo valora en Chile. Ahora que no lo tenemos, se lo valora como entrenador. –Sabemos que no te gusta hablar de tu salida de Estudiantes. ¿Y de los rumores de tu entredicho con Alejandro Sabella? –De eso no hablo. –¿No te decepcionaron él y Verón? ¿No te dolió irte así de Estudiantes? –No opino nada. –¿Verón sigue siendo junto a Rubén Capria uno de los mejores amigos que te dio el fútbol? –… No hay caso, Calderón no quiere hablar del tema, pese a la insistencia. Para aquellos que no sepan de estos detalles, Caldera se fue de Estudiantes antes del Mundial de Clubes, aquel torneo cuya final se jugó ante el Barcelona de Messi, con gol de pecho de Lionel incluido. Los rumores indicaban que le había pedido a Sabella que le dijera si iba a tener chance de jugar en esos partidos, para intentar retirarse con más gloria en el club de sus amores. Ante la falta de respuesta, decidió retirarse del fútbol y bajarse de ese gran acontecimiento. La versión sobre el distanciamiento con Verón va de la mano con el tema Sabella. Se sabe de la importancia del peso de la palabra de la Brujita en todas las decisiones importantes futbolísticas de Estudiantes. Y se comenta que no hizo demasiado esfuerzo para hablar con Sabella sobre la importancia de contar en tierras árabes con un líder histórico como Calderón. –¿Qué te dejó tu paso por el Nápoli de Italia? –Para mí fueron las mejores vacaciones pagas de mi vida, jeje. Porque fui


de vacaciones, ya que tuve muy pocas chances de jugar. Pero aprendí otras cosas, donde maduré. Otra cultura, que me sirvió para madurar. Y con los golpes, uno se va haciendo. –¿Por qué seguimos creyendo que el fútbol mexicano es inferior al argentino? Se ven mejores partidos, sus equipos respetan más un fútbol ofensivo que los nuestros, desde una década a esta parte siempre llega alguno distinto a las definiciones de las Copa Libertadores o Sudamericana… –Sí, pero siempre vienen a buscar los jugadores a la Argentina, igual que los europeos. No salen muchos jugadores de México para Europa. Lo mejor de ellos pasa por el estilo de juego: no tienen un fútbol tan trabado. La mitad de cancha la usan de pasaje. Entonces son partidos de muchos goles. Acá hay pocas fechas con un 3-3 o 4-2. En cambio, allá están pensando siempre en un juego abierto. –¿Cómo te plantás ante la disputa bi-

“Cuando lo tuvimos a Bielsa, no se lo valoró en la dimensión que hoy se lo valora en Chile”.

lardismo-menottismo? Vos estuviste en las dos escuelas, creciste en Estudiantes y te dirigió Menotti en Independiente. –A mí me gusta el fútbol bien jugado. Pero digo que el fútbol es todo. Se puede salir campeón como lo hizo Estudiantes, con un 4-4-2, en la Libertadores, jugando muy bien. En el Mundial 78, el sistema también fue bueno. O en el 86, teniendo a Maradona, quizás hubo partidos que el equipo no jugó bien, pero salió campeón. Italia no jugó bien en ningún partido en el Mundial pasado y lo ganó igual.

–Entonces nadie tiene la fórmula exacta. –Claro. No hay un sistema. El Barcelona es el mejor equipo del mundo, pero el Inter supo contrarrestar eso defendiéndose. Fue un fútbol no vistoso, pero el que pasó a la final de la Champions League fue el Inter. Por ahí, jugando así, de diez partidos ganás uno o empatás uno, pero ése fue el que sirvió. –¿Podés elegir a un técnico entre tantos buenos que tuviste en tu carrera? –Tuve la suerte de tener a entrenadores muy buenos: Basile, Passarella, Bielsa, Enrique Meza, Russo, Burruchaga, por nombrarte a algunos. Hoy lo tengo a Borghi. Lo que aprendí en estos tres meses con Claudio, no lo aprendí en veinte años. La forma que tiene de manejarse con el jugador… Confía mucho. Cómo se expresa, la libertad que da… Si nos estás de acuerdo con algo, se lo podés decir y no te va a pasar una factura después. Hay un montón de cosas que me gustaron de él, y las incorporaré para cuando me toque dirigir.


La guerra y la paz (y la pelota) No es fácil llegar al final de pie en las sobremesas de los martes, cuando un grupo de periodistas se deleita con licores extraviados. De una de esas noches se desprendió un relato de un partido increíble: colimbas argentinos vs. soldados ingleses en la cubierta de un barco, horas después de la rendición en Malvinas. ¿Otro delirio del cronista ex combatiente? Por MARCELO ROSASCO

L

os tipos, cuarentones largos, con las nieves del tiempo plateándoles las sienes y con una panza prominente que nada tendría que envidiarle a la del Bichi Borghi, se reconocieron casi de casualidad en la 9 de Julio en plena festichola de celebración del Bicentenario, y se fundieron en un abrazo, caro, sentido, emocionado, que tampoco tendría que envidiarle al que se dieron la última vez que se habían visto. Claro, era otro contexto. Aquella vez no había fiesta sino depresión, estaban sucios y mal comidos, y los ganaba la confusión de no saber cuál era su lugar en el mundo. Es que Buenos Aires no era Buenos Aires, sino Port Stanley, y la 9 de Julio era una street sin nombre. Quizá por eso el recuerdo tardó en aflorar pero llegó, suficiente como para rememorar aquel grito que pegaron en plena cubierta del Camberra, el transatlántico que los trajo de vuelta a la vida, con no menos de 10 grados bajo cero y unas olas de veinte metros que trepaban por todos los costados. “Te juro –se sincera uno de los dos, el más bajito– que después de eso me animé a todo. No había cancha que me resultara heavy. Cuando me puteaban en Chaca, en Temperley o en Lafe me acordaba de aquella mañana (“porque encima nos lo hicieron jugar entre las 10 y las 11, creyeron que en ésa nos iban a agarrar dormidos, pero ni ahí… Me sentía invencible como el barquito de ellos que hundimos”).

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El hecho, a la distancia, un acto más de locura, sin embargo le sirve para sacar pecho y ver algo de luz en aquella noche que en varios momentos se les había hecho eterna. Por qué no pensar, ya desde el agrande consumado, como si desde algún lugar chiquito ellos también estuviesen marcándole el camino a la obra maestra que Diego consumó cuatro años después en México. El más alto, Omar De Felippe, hoy tiene un gran motivo para estar contento, ya que el mes pasado devolvió a Olimpo a Primera. Es él quien toma la posta y cuenta lo que hasta poco parecía incontable. “Después de la rendición me agarró un bajón tremendo. Imaginate, estando en primera línea de combate vi cómo tiraban abajo aviones nuestros y cómo volvían hechos mierda los pibes en Monte London. Por eso, cuando los tuve frente a frente me agarró un dolor de estómago que no me lo olvidé más. Impotencia, que le dicen. Entonces, con Luisito Escobedo, que en esa época jugaba en la B, en Los Andes, y que después llegó a jugar con el Pato Fillol, Ischia y Gareca en Vélez, se nos ocurrió algo. Qué mejor que pedirles una especie de revancha en un picado. ¿Dónde? Ahí mismo, en el barco. Total, embolados por estar ahí arriba estábamos todos, lugar había de sobra y hasta podía ser tomado como un gesto de confraternidad, después de los bombazos de los dos lados”. A medida que avanza en el relato, al Flaco le va cambiando el semblante. Se posesiona como si reviviera ese momento. “Los guardias (unos caballeros, hay que resaltarlo), nos dieron el OK, siempre y cuando los autorizaran los capangas”. Como los oficiales nuestros estaban todos aislados y consideraron que no había peligro de sublevación, dieron el visto bueno. Así que hicieron una junta entre ellos, eligieron a los que les gustaba el fútbol y subieron a cubierta. Prolijitos, afeitados, bien combinaditos, como manda su historia. Unos caballeros. Los nuestros parecían camboyanos: sucios, desaliñados, unos con zapatillas y otros con borceguíes; el que fue al arco usaba tenía unos guantes todos desflecados porque se les habían chamuscado. El pacto era que ningún milico de los nuestros, de teniente para arriba, se enterara; y que nosotros acataríamos todos los fallos. Y a jugar... El partido en sí, 40 minutos netos, más o menos, no fue bueno. Y sospecho que los british lo pararon después del tercero, un pelotazo al ángulo de De Luca, luego de una habilitación que le puso el Flaco De Felippe, aduciendo que tenían que cambiar la guardia. Lo que te puedo asegurar es que los tipos tomaron sus recaudos: en el acta que firmamos antes de desembarcar (en la que nos comprometíamos a no levantarnos más en armas contra el imperio), nos hicieron dejar en claro que si la soberanía de Malvinas no se negociaba por nada del mundo, ese desafío había tenido mucho que ver.



Revista Un Caño - Número 26 - Junio 2010