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enero 2013 #55 Argentina $20

MARAVILLA MARTÍNEZ, CARLOS BIANCHI Y LIONEL MESSI FUERON LOS GRANDES PROTAGONISTAS DE 2012. TINELLI, RAMÓN, PASSARELLA, GALLEGO, RIQUELME, FALCIONI Y SABELLA ACOMPAÑARON EN UN AÑO SIN GRANDES LUCES.

EDICIÓN ESPECIAL: CUENTOS PARA LEER EN LA PLAYA, EN LA PILETA O EN EL BAÑO


STAFF Número 55

Fundada por Ralph Rothschild en junio 2005

CONSEJO DE DIRECCIÓN

FÚTBOL Y SAQUEOS La pobreza y la mala vida son cosas serias. Demasiado serias para dejarlas en mano de los barrabravas. Las imágenes y las informaciones de los saqueos en la pre-Navidad 2012 indicaban que unos cuantos barras comandaban los operativos contra supermercados. Algunos nombres aparecían en los informes semioficiales que brindaban funcionarios o periodistas cercanos al gobierno. Hayan venido del lugar que hayan venido, lo cierto es que ningún saqueo con participación de sectores excluidos puede analizarse solamente por medio de la sociología de los “robos organizados” o las desestabilizaciones de los golpistas que abundan en Sociedades Rurales, sindicatos comandados por saltimbanquis con ambiciones de dinero y poder o policías videlistas que añoran el ‘76. Si los protosargentos de las barras bravas pueden ponerse al frente de algunos barrios o sectores barriales es porque la mano solidaria y sembradora de conciencia aún no ha llegado como debe llegar a todos lados. Paz, pan y trabajo deben venir de la mano de vivienda, salud, educación y nada de alienación y explotación. Hay mucho para hacer con la miseria y con la pobreza, y el fútbol podría brindar una mano con un reparto más inteligente y que no quede en manos exclusivas de los dirigentes de los clubes. La lucha contra los barras (ya hemos dicho que son verdaderos grupos de tareas con ideas fascistas e íconos fascistas) también es una lucha política. La derecha peronista, los admiradores de las Triple A, los que se venden al oro de Clarín para desplegar banderas o pasan la gorra para el mejor postor político son tan capaces de enfrentar a la policía en una cancha como de aliarse con ella para darles el porcentaje correspondiente de una recaudación tan ilegal como compartida. Así como en un estadio comandan los enfrentamientos a cuchillo y pistoletazo para demostrar guapeza de cuarta, también comandan las movilizaciones de algunos sectores que ven en ellos a los que van al frente para destrozarle la cortina que les abrirá la puerta al paraíso del consumo: el hipermercado. Desgastar a un gobierno nacional y popular también forma parte del decálogo del barrabrava, a quien la democracia le importa nada. Por eso la tarea de concientización, aquello que lentamente han iniciado desde la dirigencia de Independiente, debe extenderse a la sociedad toda. Repudiar a los barras, no aceptar que dirijan nada, es una tarea política. Y de los medios de comunicación que tienen conciencia. Por eso aquí nos pusimos a escribir.

Alejandro Caravario Pablo Cheb Terrab Christian Colonna Pablo De Biase Sebastián Domenech Mariano Hamilton Pablo Llonto Fabián Mauri Matías Martin Víctor Hugo Morales Ariel Senosiain SECRETARIO DE REDACCIÓN

Pablo Llonto DISEÑO ORIGINAL

Pablo Sternbach (negrodesign) DIRECCIÓN DE ARTE

Alicia Sliwkin EDITOR DE FOTOGRAFÍA

Fabián Mauri RETOQUE DIGITAL

Anahi Morales CORRECCIÓN

Alejandro Lingenti COLABORAN EN ESTE NÚMERO Pablo Cavallero, Sebastián De La Mata, Cecilia Di Genaro,Maxi Failla, Alejandro Kirchuk, Dante Litvak, Gustavo Lombardi, Juana Mauri, Ezequiel Fernández Moores, Andrés Gómez Franco, Angel Mosquito, Diego Paulich, Jorge Rinaldi, Pedro Saborido, Laura Savio, Patricio Tesei, Gustavo Veiga, Alejandro Wall, Osvaldo Wehbe, Luciano Wernicke, Photogamma.com www.revistauncaño.com.ar www.facebook.com/revistauncanio correodelectores@revistauncanio.com.ar IMPRESIÓN Kollor Press S.A. Uruguay 124 - Bs.As DISTRIBUCIÓN EN CAP.FED Y GRAN BS.AS Sanabria S.R.L. Baigorri 103 - Bs.As DISTRIBUCIÓN EN INTERIOR Bertran SAC. Velez Sarsfield 1950 - Bs.As Esta publicación es propiedad de EAMP S.A, Uruguay 1037 7º Piso. Prohibida su reproducción parcial o total.

ILUSTRACIÓN DE TAPA PABLO LLONTO

Sebastián Domenech

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El primer club que practicó fútbol en Brasil fue Athletic Association Mackenzie College, fundado en San Pablo en 1898.

El corazón en la calle RACING AL 200

HINCHAS DE SAN LORENZO, HURACÁN Y FERRO SE MOVILIZARON POR SUS CLUBES DURANTE EL AÑO CON DISTINTOS RESULTADOS. por Andrés Gómez Franco

Arboledas del Sur es un barrio del DF mexicano que está ubicado muy cerquita del mítico estadio Azteca, cita obligada para la mayoría de los turistas. Zona, entonces, que respira fútbol. Ahora sus manzanas no serán sólo de paso, sino una atracción más en el itinerario, sobre todo de los futboleros. Es que, en homenaje a los grandes clubes del fútbol mundial, este vecindario acaba de rebautizar sus calles con los nombres de los equipos más prestigiosos de la historia. Ya se pueden encontrar la esquina de Real Madrid y Santos, o tomarse un tequila en Cerro Porteño al 800. ¿Y quiénes fueron los agasajados de la Argentina? Cuatro de los cinco grandes: Boca, River, Racing y San Lorenzo. Sí, el Rojo quedó afuera. Si sirve de consuelo, ningún club de Italia e Inglaterra fue convidado.

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En la Legislatura Porteña abundaron las movilizaciones de hinchas durante 2012. Pasaron los de San Lorenzo gritando por su (conseguida) vuelta a Boedo, y terminaron reclamando los de Huracán y Ferro, en ambos casos para que no les quiten tierras cuyas concesiones no fueron renovadas. En el caso del Globo, el Gobierno de la Ciudad pretende utilizar cinco hectáreas de La Quemita (donde hay construidas tres canchas de fútbol, una de hockey y un vestuario) para poner un taller del subte E, una terminal de ómnibus ¿y un pack de viviendas? El GCBA ofrece, a cambio, la concesión por 20 años de tres hectáreas aledañas. La negociación política y las marchas de los quemeros lograron, a priori, postergar la discusión hasta marzo. Menos éxito, en cambio, tuvo Ferro. En 2009, Oeste recibió la tenencia precaria por tres años de unas tierras del Ferrocarril pertenecientes al Estado. Detrás de la platea de cemento, entonces, los hinchas construyeron una cancha de hockey y una de fútbol profesional de césped sintético, en una inversión a pulmón que al club le reportó cientos de nuevos socios, algo clave para su golpeada economía. Sin embargo, pese al lobby y la

movilización verdolaga, por un acuerdo entre el PRO y el FPV el 20/12 se aprobó la reforma del Código de Planeamiento Urbano de la Ciudad, la cual le permitirá al Gobierno Nacional usar esos terrenos para viviendas del plan ProCreAr. Ahora, al igual que Ferro, los vecinos de Caballito pedirán que se busque otra zona para edificar, ya que es uno de los barrios con más densidad de población y saturación en infraestructura cloacal, hídrica y eléctrica. A seguir luchando en 2013, pues.


“El balón es como una mujer: ama la caricias” (Eric Cantona).

Atajaré y seré un club POCOS EQUIPOS DEL FÚTBOL MUNDIAL LLEVAN EL NOMBRE DE UN FUTBOLISTA. EN LA RIOJA, UNO DE LOS PARTICIPANTES DEL ARGENTINO, RESCATÓ A UNA GLORIA DEL ARCO:AMÉRICO TESORIERI.

por Sebastián De La Mata

En la calurosa noche del 31 de octubre de 1926, un grupo de fanáticos reunidos en la esquina de Roque A. Luna y Santa Fe, en La Rioja, tiraban y tiraban nombres para sellar el acta inicial: el nuevo club se llamaría ¿Deportivo La Rioja? ¿Fútbol Rioja Club? Por entonces, las noticias sobre el fútbol en otros territorios eran lejanas y casi fundacionales (en 1924 se había transmitido fútbol por radio por primera vez en el país, con un clásico Argentina-Uruguay), y la prensa gráfica reinaba con exclusividad. Alguien llegó con la revista El Gráfico y allí estaba él. Elegante, con su peinado corto y estampa de imbatible. Américo Tesorieri, arquero de Boca y de la Selección Argentina. “Es él”, dijo uno. Y otros se sumaron a la idea de bautizar al club con el nombre de Club Atlético Américo Tesorieri. Poco importó que el verdadero apellido del arquero fuese Tesoriere. Es que en aquellos años la gran mayoría de los simpatizantes boquenses eran italianos y pronunciaban mal su nom6 UN CAÑO ENERO 2013

bre. Para todos, Tesoriere era Tesorieri. Un veterano hincha de Boca, Luis Fuite, comenta hoy: “era tremendo como arquero. Mirá la diferencia con el fútbol de ahora: en 1921 Boca jugaba contra El Porvenir y, aunque no lo creas, dominaban ellos; Tesorieri era una muralla, y en apenas tres llegadas Boca hizo tres goles. Minutos después, el 9 de ellos saca un remate

potente al costado del arquero; parecía gol, hasta el delantero levantó los brazos para festejarlo. Pero Américo había llegado a tiempo y la atajó antes de que pasara la línea de meta. Entonces Tesorieri toma la pelota, ve al delantero rival resignado, lo encara al juez y le dice ‘dele el gol, que nosotros en una contra metemos otro, así se quedan con el consuelo’. ¿Podés creer que el juez marcó el gol y en otra contra hicimos el cuarto gol? Boca ganó 4-1”. Tesorieri se retiró joven, a los 29 años, por problemas con los dirigentes. De nada le servía su buena fama y el haber sido el primer futbolista en aparecer en la tapa de El Gráfico. Su apodo era la Gloria, por la cantidad de títulos obtenidos (siete), además de las victorias con la Selección. En La Rioja, el club Américo Tesorieri tiene el récord de títulos ganados en la Liga Riojana de fútbol (19) y cuenta con un estadio con capacidad para 1.500 personas. La camiseta es celeste y blanca. Al final de cuentas, el gran Tesorieri era la Selección misma.


La UEFA suspendió a un árbitro que retrasó el inicio del segundo tiempo de un partido de la Champions League... para terminar su cigarrillo!.

De Cataluña y del Celeste

LA ACTRIZ ARIADNA GIL VINO A FILMAR A LA ARGENTINA Y, GRACIAS AL DIRECTOR ALBERTO LECCHI, SE DIO UNA VUELTA POR LA CANCHA DE TEMPERLEY: “ES UN ESTADIO MODESTO, PERO AMO EL AMBIENTE”.

por Diego Paulich

¿Qué mejor plan para una turista catalana que ir a ver un partido de Ascenso? Eso es lo que pensó Ariadna Gil luego de escuchar hablar durante años de un club argentino que desconocía. “Ni de Boca, ni de River. De Temperley”, fue la frase de Marcelo, personaje de Gastón Pauls en Nueces para el amor, la que inició esta historia. “Quería venir a la cancha, y por fin lo hice. Es un estadio modesto, pero la gente no para de cantar”, cuenta quien encarnó el papel de Alicia en aquella película -por el cual recibió el Cóndor de Plata como mejor actriz protagónica-. Alberto Lecchi, vice 1° de la institución del sur y director del film, es el responsable de que la actriz, dueña también de un premio Goya por su

participación en Belle Époque y parte del elenco de Torrente 2, haya presenciado el duelo ante Barracas Central que se jugó a fines de la temporada que acaba de concluir. Futbolera y seguidora culé, no le alcanzan las palabras cuando de Leo Messi se trata. “Es un genio total, da placer verlo jugar. Barcelona tiene

TEMA CHICO El pasado 12/12/12 fue una fecha curiosa, llamativa. Sobre todo para el Calcio, en general, y la Juve, en particular. Es que ese día, la Vecchia Signora jugó frente al Cagliari por la Copa Italia y le

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terminó ganando 1-0 con gol de Sebastián Giovinco, portador del dorsal ¡12!, a los ¡12! minutos del segundo tiempo. Estaba claro a qué número jugar en la quiniela o la rula, ¿no?

un equipo con grandes jugadores, pero él es otra cosa”, afirma quien también quedó sorprendida con el calor argento: “Amo el ambiente que hay. Me gusta el buen fútbol, pero me encandilo mirando a los hinchas. En España también son fanáticos, la gente va en masa, pero acá se vive y se disfruta de otra manera”. Ariadna, en tanto, hasta tiene una teoría sobre la pasión: “Hinchar por el Barça es fácil, pero ser de un equipo como Temperley es amor de verdad”, señala la actriz, que espera el estreno de Sola Contigo, película filmada en nuestro país donde comparte elenco con Leonardo Sbaraglia, Antonio Birabent y Sabrina Garciarena. Y sobre la que sólo adelanta un detalle: “También se habla de Temperley”.


NOU COMEN SI ESTÁ OSSES, PREPARATE..

La esquiva Copa Davis lo seguirá siendo ante los malos manejos del capitán Martín Jaite y del que en el comienzo de su ciclo fue catalogado como el “as de espadas”. Juan Martín Del Potro no sólo se lleva mal con David Nalbandian, sino que tampoco soporta a Jaite. O sea: panorama complicado. Para la primera fecha con Alemania, Martín había puesto el 10 de diciembre como fecha tope para que los jugadores le respondieran si estaban dispuestos a participar. Del Potro le pidió 10 días más y Jaite se los dio. Pero llegó el 20 y ni noticias del tandilense. Entonces, salieron varios mensajes desde el teléfono del capitán que nunca tuvieron respuesta. Y así quedó desafectado Del Potro. Curiosas fueron las declaraciones de Jaite: “No veo que las relaciones estén rotas”, dijo primero. Pero enseguida analizó: “Con Juan Martín, el equipo tiene otro poderío. Pero cuando hay un mejor grupo, hay más posibilidades de ganar”. Si antes la relación no estaba rota, ahora...

Mientras hablaba sobre la (todavía) posible llegada de Carlos Bianchi a Boca, Daniel Angelici aseguraba: “Siempre quisimos volver a tener a un técnico ganador, pero nunca pudimos hacerlo”. Claro, porque Falcioni no ganó un campeonato invicto y tampoco la primera edición de la Copa Argentina. Desagradeciendo que oscurece…

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Enrique Osses es un árbitro chileno que tuvo la particularidad de haber sido designado para dos partidos que quedarán en la historia. El primero porque no fue: aquel Argentina-Brasil en el Chaco del que no se pudo jugar ni un minuto por un corte de luz. El segundo porque fue a medias: la final de la Sudamericana entre San Pablo y Tigre. Así que ya sabés: si lo ves a Osses, probablemente algo falle.

La gran mayoría de los medios (por no decir todos) dijeron en algún momento que Falcioni seguiría siendo el técnico de Boca y, en otro momento, que a Falcioni no le renovarían el contrato. O sea: dijeron, o escribieron, blanco y negro. Y es lo lógico, porque las informaciones fueron cambiando. Falcioni iba a seguir en Boca hasta que Riquelme apareció sobre la hora para hacerlo pedacitos públicamente, y lo que sería dejó de serlo. Lo llamativo es que algunos medios se jactaron del “tal como anunciamos, Falcioni no continuará en Boca”. Y si JC hubiera seguido, habrían puesto: “Tal como anunciamos, Falcioni continuará en Boca”. Como si la gente que consume medios fuera idiota y no supiera lo que le estuvieron contando.


LAS CUENTAS DE JOSÉ Tras la derrota del Real por 3 a 2 con el Málaga, estalló el mundo madridista contra José Mourinho. Un poco por la derrota, otro poco por haber sentado en el banco a un símbolo (y capitán) como Iker Casillas y mucho por haber quedado a ¡¡¡16!!! puntos del Barcelona. Mientras varios medios pedían la destitución del entrenador, los dirigentes del Real Madrid ni amagaron con despedir al portugués. Al menos por ahora. Y es que tienen una razón muy poderosa para no hacerlo: si Mourinho termina su contrato, hasta junio cobrará 5 millones de euros. Si lo echan ahora, se llevará nada menos que 20.

LAS PATAS CORTAS DE RAMÓN Sin dudar de la capacidad de Ramón Díaz como entrenador, cualquiera sabe que el riojano basa parte de su estrategia en la labia. Con los jugadores y con la prensa. Ante los micrófonos, Ramón se siente comodísimo, y ahí tira, tira y tira. Total, no son muchos los que se animan a contradecirlo. En una de las varias conferencias que dio al volver a River, contó que lo había llamado Javier Saviola. Consultado el Conejito sobre el asunto, fue contundente: “Si no llamo a mi vieja, menos voy a llamar a Ramón”.

“VAMOS A HACER LO POSIBLE POR RETENERLOS, PERO SIEMPRE PENSANDO EN LOS JUGADORES, QUE TAMBIÉN SON PERSONAS” (GASTÓN COGORNO, PRESIDENTE DE RACING. UN DETALLISTA).

¿Recuerdan el personaje de Darío Grandinetti en Esperando la carroza? Jugaba un picadito en un descampado y en lo poco que le tocaba hablar demostraba que era bastante limitado. Lo curioso es que el personaje usaba la camiseta de Boca cuando en realidad el actor es fanático de River. Muchos años después, Grandinetti reveló: “No me iba a poner la de River para ese personaje, tenía que hacer de opa”. Lo que se dice folklore bien entendido.

Con Mario Bolatelli se podría escribir una historia por semana. Y todas buenas. De las últimas del italiano destacamos una en la que le pagó 1.000 libras a un taxista para ir desde Manchester a Londres a una reunión con su representante. Hasta acá, todo más o menos normal. Lo que no fue normal es que Balotelli le pagó al taxista pero no para que lo llevara sino para seguirlo: el italiano fue en su Maserati pero no quería perderse en el camino.

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escriben PABLO CHEB TERRAB EZEQUIEL F. MOORES ALEJANDRO CARAVARIO GUSTAVO LOMBARDI ARIEL SENOSIAIN CHRISTIAN COLONNA ALEJANDRO WALL JORGE RINALDI OSVALDO WHEBE PABLO LLONTO

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LA IDEA SIEMPRE NOS RONDA LA CABEZA: SOMOS ADMIRADORES DE LA ABOMINABLE TAPA DE LOS PERSONAJES DE LA REVISTA GENTE. Y SÍ... ¿QUÉ LE VAMOS A HACER? TENEMOS UN COSTADO BIZARRO. POR ESO, DESDE QUE NACIÓ UN CAÑO TRATAMOS DE REFLEJAR EN EL NÚMERO DE ENERO A QUIENES CONSIDERAMOS LOS MEJORES DEPORTISTAS DEL AÑO, AUNQUE SIEMPRE BUSCAMOS ENCONTRARLE UNA VUELTA. EN ESTA OPORTUNIDAD TENÍAMOS A LOS PERSONAJES ELEGIDOS: MARAVILLA MARTÍNEZ (EL AMIGO DE LLONTO) Y MESSI COMO PRINCIPALES. CON TINELLI, SABELLA, RAMÓN, PASSARELLA, GALLEGO, FALCIONI Y RIQUELME COMO COMPLEMENTO. PERO SOBRE LA HORA NOS CAYÓ DEL CIELO CARLITOS BIANCHI, QUIEN NO HIZO OTRA COSA QUE ARREGLAR CON BOCA EN EL 2012, PERO QUE SIN LUGAR A DUDAS SERÁ UN PROTAGONISTA CENTRAL DE LA TEMPORADA QUE VIENE . POR ESO NO QUISIMOS DEJARLO AFUERA.

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¡ESTALLÓ EL VERANO!

MÁS QUE HUMANO RESULTA DIFÍCIL SER ORIGINAL CUANDO UNO HABLA DE LIONEL MESSI Y SU IMPRESIONANTE AÑO GOLEADOR. DESDE LA LITERATURA Y LA CIENCIA FICCIÓN, APARECE ALGUNA EXPLICACIÓN POSIBLE PARA UN FUTBOLISTA QUE BRILLA EN UNA ESTRUCTURA INOLVIDABLE.

POR PABLO CHEB TERRAB

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N 1953, UN ESTADOUNIDENSE DE NOMBRE THEODORE ser múltiple: los brazos, la memoria, el cerebro. Sturgeon escribió una novela que se transformó en Bueno, aquí está lo que quería decir: en mi imaginario, un clásico de la ciencia ficción. Aquel libro se titu- el Barcelona se asemeja muchísimo a este modelo. Lejos laba Más que humano, epígrafe que –en sus variaciones- de caer en la idea vacía de que Messi “es un extraterresla imaginación de los analistas deportivos se cansó de tre”, podríamos decir que más bien es el líder idiota de un adosarle a la fenomenal temporada de Lionel Messi, a su grupo de desplazados, que ha logrado desde lo colectivo talento inabordable y a su récord apabullante de goles, algo maravilloso y superador, una evolución a su manera: que parece haber quedado más allá de las construcciones el “fútbol gestalt”, donde el conjunto es más importante sintácticas. que la suma de las partes. En esa historia, de trama sencilla, un grupo de muY mejor aún, donde muchas de esas partes identifican chachos marginales se juntaba para conformar una individualmente al todo: porque representan la forma geunidad compacta y funcional. Cada neral, Xavi es el Barcelona e Iniesta es el uno de los componentes del conjunto Podríamos decir que Messi Barcelona y Pedro es el Barcelona y Cesc contaba con alguna capacidad sobrees el Barcelona y Messi es el Barcelona, más bien es el líder idiota natural: telepatía, teletransportación, más allá de que el Barcelona puede ser telekinesis... El resultado final era la de un grupo de desplazados. sin cada uno de ellos. Los individuos subsistencia general, sin estridencias simbolizan un estilo que puede ser leído pero con un alto grado de adaptación a un ambiente e identificado sin ver el objeto completo, así como recoque hasta el momento los rechazaba. El líder era dibuja- nocemos una silla aunque no veamos las patas que están do por el autor como un idiota, y ninguno de los otros escondidas debajo de la mesa. resultaba demasiado iluminado. Y eso sin contar que, en el conjunto, en el devenir del Por su cuenta, cada uno de esos muchachos estaba tiempo, esos muchachos van llenando de sentido el conperdido pese a su posibilidad extraordinaria. Todos apa- cepto de manera tan completa que, viendo jugar a Tristán recían fuera de un sistema que los negaba. La solución Suárez, después de una serie de toques cortos y triangufue juntarse para desarrollarse –todos ellos- como un laciones y desmarques, podríamos decir tranquilamente: solo ser, un ente superador que es más que la suma de las “es el Barcelona”. partes, una evolución del hombre común, pero colectiva Más que humano… Qué tipo este Sturgeon, de imagiy social: el homo gestalt. Cada uno de los individuos fun- nación tan vivaz. Cincuenta años después, Messi es exaccionaba, a su manera, como una parte del cuerpo de ese tamente eso: un chico excepcional que se encontró con

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un grupo excepcional. Funciona en el conjunto que le toca porque la lógica interna de sus colegas lo calza justo, más allá de que la generalidad lo cuenta casi siempre como un desplazado. Su genialidad resalta porque recurre en la evidencia del gol en un equipo de de marginales, de excéntricos talentosos. La suerte, el azar, su deficiencia de crecimiento, su crianza europea, algo lo favoreció de manera definitiva. Aterrizó al lado de Iniesta y no al lado de Lampard. Porque Messi es bajito, habla bajito y tiende al silencio, para hablar como parte trascendente de algo que lo supera. Y aunque el contexto ayuda a destacarse, otro, cualquier otro, no podría ser parte de ese esquema de manera tan acabada y genial. La sensación es que Cristiano Ronaldo o Falcao, por más desempeño maravilloso que ostenten, deberían acoplarse a un vestuario inusual lleno de caras de ingenieros y cuerpos sin abdominales marcados en los que el fútbol se fabrica como algo distinto. Desde la artesanía pensante y fuera de los gimnasios. Pero Messi es un “rosarino con capacidades diferentes”, como lo definió el escritor Hernán Casciari. Que no puede hilar dos frases seguidas en un discurso coherente,

pero esquiva defensores y se asocia en corto y es un prodigio de control en velocidad y de puntería que termina siempre con la pelota al costado del palo, del lado de adentro, tocando el lateral de la red. Ahora, en ese organismo colectivo evolucionado, en ese “fútbol gestalt” catalán, ¿qué papel ocupa Messi? Parece claro que no es el cerebro, pero es difícil definir la parte que le toca. Incluso, el muchacho que hace miles de cosas –y suele concretarlas con naturalidad- logra su exposición exagerada a partir del gol, por su obcecación en terminar una y otra vez festejando la culminación utilitaria de la criatura. Messi termina siendo el gol por exceso de identificación. Porque cuenta con esa infantil capacidad para la repetición, para ejecutar una tarea en continuado, una y otra vez, sin que lo venza el tedio. Si se tratara de boxeo, Messi sería las manos de ese pegador que nos encaja una, dos, veinte, noventa trompadas en un año. Es un hombre que tiene cerebro para planear, piernas para moverse y una quijada para sostener los golpes. Pero que se hace famoso como una mano derecha que golpea hasta el nocaut, superando desde esa genialidad atemporal, a rivales como Gerd Müller, que ya ni siquiera sabían que estaban compitiendo.

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¡ESTALLÓ EL VERANO!

EL SUEÑO OCULTO DE SABELLA ALGUNOS BRASILEÑOS SUFREN PENSANDO EN UN MARACANAZO 2014. Y EL FANTASMA DE MESSI LOS ACECHA A TAL PUNTO QUE SUEÑAN CON TENERLO DE SU LADO. MIENTRAS TANTO, EL ENTRENADOR ARGENTINO LE APUNTA AL TRIUNFALISMO.

POR EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

FOTO DE PHOTOGAMMA.COM

AHORA QUE MESSI ES BRASILEÑO, SÍ PODEMOS SOÑAR CON contra Ferroviaria o XV de Piracicaba. En lugar de 91 el Mundial 2014”. La ironía del lector “Denis Augus- goles habría marcado 200”. to” fue apenas una entre muchas. Sucedió unas semaLas ironías eran a su vez indirectas para Neymar, la nas atrás, cuando Messi, efectivamente, “fue brasileño”. El mayor esperanza del fútbol brasileño, que eligió permasitio UOL Esporte, de enorme penetración en Brasil, pu- necer en Santos y cuya jerarquía internacional todavía blicó una encuesta en la que el 90% de 100 futbolistas de está bajo discusión. Un lector dijo que si Neymar recibió quince clubes de la Primera División de Brasil elegieron a un voto en la votación de UOL Esporte que coronó con Messi como el mejor jugador de 2012. 90 votos a Messi, ese único voto para Neymar seguraCasi todos los medios rebotaron ese informe, algunos mente correspondió al propio Neymar. “Neymarketing”, con amplio destaque porque, se sabe, no es usual que en se burlaban los más críticos. “Los santistas –ironizó otroBrasil acepten como superior a un jugador argentino. Lo hasta son capaces de decir que Messi fue formado en la que los medios no contaron fue el error Vila Belmiro”. Advertido del error, UOL que UOL Esporte deslizó en su crónica No es usual que en Brasil Esporte corrigió el texto y el lector “Lelio original: “Por todo esto –decía el inforSantos” escribió al minuto: “Yo tenía la ceracepten como superior a teza de que Messi es argentino hasta que me, luego corregido- Messi fue elegido como el mejor jugador brasileño en ac- un jugador argentino. ustedes dijeron que es brasileño. Creí pletividad en el mundo…”. Sí, decía “juganamente que era brasileño, hasta que ahora dor brasileño”. dicen que es argentino. Estoy confundido… ¿Messi es “¿Naturalizaron a Messi o la crisis en Argentina hizo argentino o brasileño?”. que nos vendieran su pase?”, siguió su ironía el lector DeEn rigor, la mayor parte de los lectores se indignó con nis Augusto. “La voluntad –escribió otro lector- es tanta el error: “¿Quién escribió esa porquería?”, “Típico de que el deseo trasciende a la razón. Qué bueno si Messi periodistas pasantes en fiestas de fin de año”, decían los fuera brasileño. Papá Noel no existe”. “Pero sería el me- más suaves. Hasta que llegaron los dos mejores mensajes. jor regalo de Navidad para todos los brasileños”, acotó “Fora Curintia” consideró “una canallada colocar a Messi el mensaje siguiente. “Si Messi fuera brasileño –escribió como mejor jugador cuando en realidad él juega a otro otro-, este año habría jugado la Copa de Brasil y no la deporte que nadie sabe cuál es”. Y un tal “Nezinho do Copa del Rey. Y sus rivales habrían sido equipos tan ‘po- Jeque” escribió “Acá hay un error, Messi es marciano, no derosos’ como Asa de Arapiraca, Sampaio Correira, Gre- es brasileño… ¡Estos pasantes!”. mio Barueri, Guaratinguetá. O el Campeonato Paulista, “Es que Messi –me dice desde Brasil el colega Marcus

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Alves, de la ESPN- pasó a ser la mayor amenaza para el Mundial 2014, más que España o Alemania”. Los elogios incluyen al técnico Alejandro Sabella y al ataque de Argentina, “que tiene a tres números 9 de nivel mundial, mientras en Brasil se pide la vuelta de Fred y Luis Fabiano, se celebra el retorno de Alexandre Pato a Corinthians y Leandro Damiao agoniza en su peor temporada en el Inter”, me dice Alves. En Brasil se observa, eso sí, que Argentina no tiene la misma fuerza en defensa y que sigue sin encontrar laterales. A partir de las trasmisiones de Fox Sports, se ve en vivo el campeonato argentino. La coronación de Vélez tuvo un interés pequeño, e impresionaron los goles de Ignacio Scocco en Newell’s, al punto que grupos de hinchas pidieron su fichaje para clubes brasileños. Tuve en estos días intercambios de correos con colegas de Italia, España, Alemania e Inglaterra. Todos coinciden en apuntarme un dato: los medios de todo el mundo que promocionan videos con los goles de Messi en 2012 hablan ahora de “sus goles con Barcelona y con la Selección argentina”. Antes, sabemos, los videos se promocionaban ofreciendo sólo los goles en Barcelona. La novedad, por supuesto, cotiza a la albiceleste, más allá de algunas dudas.

“¿Acaso eran cracks los defensores que acompañaron a Diego Maradona en la conquista de México ‘86?”, me responde uno de los colegas cuando le comento mis reparos sobre el funcionamiento colectivo de Argentina y sobre las diferencias del Messi que reclama jugar acompañado en ataque y del DT Sabella que teme que ese pedido desproteja a la defensa. En el país anfitrión del próximo Mundial, las comparaciones cobran intensidad cuando se observa que la Selección de Brasil ocupa un inédito y alejado puesto 18 en el ranking mundial de la FIFA. Nadie quiere organizar el Mundial para sufrir como en 1950, cuando la fiesta terminó siendo para el Uruguay de Obdulio Varela. ¿Otro Maracanazo? “Nooo”, respondió Sabella hace unas semanas, cuando le mencionaron si acaso la Argentina de Messi podía reabrir en 2014 la herida maldita del fútbol de Brasil. Y advirtió: “Yo siempre digo que el triunfalismo es muy malo y que, en fútbol, a nosotros nos hizo muy mal. Varias veces pasamos de ser los mejores a los peores por un resultado, por un partido”. Tiene razón. Y todo sería aún más complicado si Messi, como se equivocó o ilusionó UOL Esporte, pasara a ser brasileño.

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¡ESTALLÓ EL VERANO!

ROMÁN LO HIZO EN UN AÑO SIGNADO POR LA SORDA GUERRA ENTRE RIQUELME Y FALCIONI, DESDE SU AMBIGUO RETIRO, EL NIÑO MIMADO DE BOCA TERMINÓ VOLTEANDO AL ENTRENADOR CUANDO LA RENOVACIÓN DEL EQUIPO PARECÍA IR POR BUEN CAMINO. POR ALEJANDRO CARAVARIO

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OCA PASÓ DEL CABARET A LA ALTA POLÍTICA. O AL MENOS A sin Riquelme. Si salían a jugar como leones, quería decir un cabaret estilizado, de palacio, con menos gritos que que su partida los agrandaba, los empujaba a la rebelión movidas sutiles y susurros malignos ante los micrófo- ante el gesto de perfidia. Como todos recuerdan, Boca nos. Y la gestión de Falcioni, aceptable en términos de rendi- pareció un rebaño triste y perdió sin luchar. Al final, Rimiento, sufrió el bombardeo de un vestuario por momentos quelme saludó a uno por uno y se tomó su tiempo para convulsionado, con un líder opositor que vivió marcándole abandonar el centro de la escena. la cancha y terminó echándolo del club, Juan Román. La guerra sorda tuvo distintas etapas. Cuando RiquelEL PODER EN EL EXILIO me aún se calzaba los cortos, además de pisarla y hacer La intempestiva decisión hizo pensar que Riquelme todas sus rutinas elegantes (entre ellas, lesionarse) instruía daba un portazo por diferencias insalvables con los diria los compañeros que giraban en su entorno como satéli- gentes y Falcioni (el mundo contra mí, algo por el estites enamorados: vos para acá, vos lo). De modo que, sin buenos para allá… Un verdadero técnico Una vez que el presidente Angelici insinuó resultados recientes para ofrecer dentro de la cancha, que en lugar la posibilidad de extenderle el contrato a como placebo, el entrenador se de colaborar con Falcioni, lo convio desplazado al rol de villano Falcioni, regresó la sombra de Román. tradecía, le quemaba los planos y sin comerla ni beberla. Desde el lo dejaba como un pelele. El DT exilio, con esporádicas y ambijugador quería la suma del poder. Ser el capo del vestua- guas declaraciones (que me fui, que me fui pero no tanto), rio en cualquier instancia. Todo esto, por milagro de la Riquelme pretendía continuar al mando de la tribuna y personalidad de Román, sin estridencias, sin perder cier- sus humores. Tímida revancha, Falcioni les apuntaba a los to diálogo cotidiano con el entrenador, con un plantel, amigos de Román como Clemente Rodríguez, al que hizo digamos, asentado en la normalidad. rabiar con la costumbre de cambiarlo en cada partido. El paso posterior fue el retiro abrupto de Riquelme. JuLuego de quedar dos veces relegado en el campeonato gada que anunció poco antes de salir a disputar la final de doméstico y en el umbral de la gloria continental, Falla Copa Libertadores frente a Corinthians. No se sabe si cioni debía apostar al futuro, al recambio. Esa y no otra como recurso cinematográfico (las confesiones y el desen- sería su base de sustentación con vistas a fines de 2012, lace se producen a la par, con una gran concentración de cuando vencía su contrato. El Boca vulgar que Falcioni acción y emoción) o simplemente para probar el cariño había moldeado con pretensiones de orden y progreso, y la lealtad de sus colegas y admiradores. Si la noticia los aburrido hasta la exasperación, incorporó el brillo juvenil devastaba, significaba que lo amaban, que no eran nada de Paredes y Guillermo Fernández, y cambió el perfil. Por

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lo menos lo insinuó. El equilibrio táctico, el usufructo de la pelota parada y todas esas banderas que Falcioni agitaba en busca de ventajas ajustadas y para sopor del público, empezaron a tener un color más interesante. El equipo sugería otro vuelo, de la mano de un jugador realmente promisorio como Paredes, quien, incluso por la pegada, daba la talla para reemplazar a Riquelme. ¡Good for you, Julio César! Pero no, cuando la renovación del equipo parecía ir por buen camino y el presidente Angelici insinuó la posibilidad de extenderle el contrato a Falcioni, la sombra de Román regresó desde el más allá, con su arma más contundente en la mano, el micrófono. Ante los periodistas amigos, con su tono pausado, su hablar cansino, Riquelme se puso revisionista y no dejó títere con cabeza. Dijo que Angelici había coartado su libertad de irse a Brasil para continuar su carrera, dijo que el antecesor de Angelici (Ameal) había inducido a los hinchas a hostigarlo y que Boca jugaba mal. También recordó, sin levantar nunca la voz, que una encuesta entre el público boquense lo había consagrado como el máximo ídolo de la historia, por encima de Maradona.

Acaso en la mente laberíntica de Riquelme ya figuraba la idea del regreso. Y con el pacto Angelici-Falcioni vio peligrar seriamente esa chance. Lo cierto es que su palabra tuvo un efecto inmediato, que desbarató los planes de la dirigencia y el entrenador. Como si fuera un cabildo abierto, la Bombonera dio su veredicto en el último partido de Boca. Ganó Riquelme por goleada. Falcioni recibió un injustificado aluvión de insultos, como si efectivamente se tratara del enemigo y no de un técnico al que en los últimos tiempos no le salieron del todo bien los deberes. Dispuesto a resolver con un oído en la tribuna (costumbre peligrosa, no hay nada más inestable que el ánimo y las preferencias de un hincha de fútbol), Angelici le hizo caso a los deseos de la gente y, luego de despedir amigablemente a Falcioni, se metió en el túnel del tiempo y convocó a Bianchi, quien firmó un contrato de largo aliento, por tres años. Bianchi, como un amuleto, encarna la ilusión del éxito a la vuelta de la esquina. Y es el mentor del mejor Riquelme; se admiran mutuamente. Ninguno de los dos podría pedir una historia más redonda.

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¡ESTALLÓ EL VERANO!

LABERINTO PARA DOS ¿QUÉ ESCENARIO LES ESPERA A RAMÓN Y A BIANCHI? EL PANORAMA DE LOS TÉCNICOS DE RIVER Y BOCA Y LA INQUIETUD DE PRETENDER SABER SI LA NUEVA ERA DE NUESTRO FÚTBOL PODRÁ DARLES LAS MISMAS RESPUESTAS DE ANTAÑO. POR GUSTAVO LOMBARDI

ILUSTRACIÓN SEBASTIÁN DOMENECH

“Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte es fatigar las largas soledades que tejen y destejen este Hades y ansiar mi sangre y devorar mi muerte. Nos buscamos los dos. Ojalá fuera éste el último día de la espera”. (Jorge Luis Borges, El Laberinto)

pequeñas guerras en el viejo continente. Las perdió todas y se guareció. El largo tiempo transcurrido y la falta de otras experiencias pos-Boca en la Argentina hacen que este regreso se vuelva atractivo. Han pasado años, pocos, muchos, pero lo cierto es que todo ha cambiado desde sus últimas experiencias en los equipos más grandes. El fútbol, en general. Boca y River, en particular. La tumultuosa vida cívica en los clubes En las últimas semanas de diciembre se produjo un nue- nunca estuvo tan cercana e influenciada por la política vo giro en la ya mítica búsqueda entre pasado y presente. nacional. El público está más impaciente y hambriento Entre la imagen idealizada de éxito que nunca. de ayer y la maleable y cíclica Sus jugadores cargan, Ramón Díaz ya se enfrentó en más de una oportunidad además, con un pasado realidad del hoy. Carlos Bianchi y Ramón a un minotauro similar. En San Lorenzo e Independiente cercano doloroso y con Díaz vuelven al escenario luchó y puso en riesgo su pasado victorioso. heridas aún abiertas. Ridonde se forjaron como héver y su viaje a las profunroes arquetípicos. Buscarán, didades del Nacional B. una vez más, la gloria. Pero, principalmente, se buscarán Boca y su habitual y desgastante interna. a ellos mismos. A esa criatura o sueño suyo que habita Un escenario poco propicio para dos veteranos gladiaen el centro del laberinto. A esa figura omnipotente que dores. Sin olvidarnos, claro, de la silenciosa pero siempre se refugia en una construcción que la protege pagando el latente presencia del Otro, el que vive en el centro del precio de la soledad. laberinto, el que vive en el póster avejentado por los años, Ramón Díaz ya se enfrentó en más de una oportuni- el que vive en un recuerdo cada día más idealizado del dad a un minotauro similar. En San Lorenzo e Indepen- hincha, pero también de él mismo. diente luchó y puso en riesgo su pasado victorioso. Ganó El riesgo es grande. No hay duda de que ellos lo saben, y perdió. Pero nada se parecerá a esta próxima batalla, de que han evaluado todo esto y más. O tal vez no y, obcontra su verdadera bestia vestida de blanco y sangre. nubilados por el canto de las sirenas, recorren un camino Díaz sabe que lo de Bianchi es distinto. Construido el ineludible, ya trazado, casi obligatorio. O lo han hecho mito en tierras rioplatenses, el de Boca se embarcó y libró de manera parcial, poniendo por delante lo emocional, 20 UN CAÑO ENERO 2013


antes que lo racional. La vanidad sobre la inteligencia. O, simplemente, las ganas de vivir por encima del deseo de ser un mito viviente, siempre adorado, sí, pero inerte. Llegan elegidos por el pueblo y no por los dioses. Oprimidos por el momento, tanto Angelici como Passarella, decantan en una elección que nunca hubiera sido ésta si su propio cuello no hubiese estado en peligro. La gran pregunta será si el futuro se parecerá en algo al pasado. Si tuviéramos que definir el estilo, la idea, deberíamos decir que, aún con diferencias, ambos entrenadores son “idealistas”. Para ser más exactos, una variante futbolística de la filosofía conocida como idealismo subjetivo creada por George Berkeley allá por el 1700: el mundo para ellos es “el mundo percibido y nada más” (“esse es percibi”). No han sido grandes formadores de jugadores, pero sí han sido grandes potenciadores. Nunca se han preocupado desde dónde o cómo han llegado sus jugadores, pero sí se han por lo que éstos puedan darles o por lo que ellos, como líderes, puedan sacarles. Apuestan al vínculo, a la relación intrínseca entre el entrenador y su dirigido. A la influencia, directa o indirecta, considerable o de detalles, según el caso, de su palabra o de su presencia hacia el jugador. Confían mucho más en su intuición que en un informe repleto de estadísticas y porcentajes, en lo que les trasmiten un gesto, una mirada, una reacción, por sobre lo que dicta la lógica. Por esto, y a pesar de tener una estructura de equipo,

una idea táctica preconcebida, no se apoyan inicialmente en ella para comenzar a construir, como lo pueden hacer Martino o Gareca, a quienes no les importa tanto el apellido como el espacio ocupado. Ellos confían en la individualidad, en la combinación entre cada una de ellas como génesis de un equipo. Una dinámica mucho más flexible y variable que se puede extender en el tiempo, pero que nunca se transformará en un dogma. Por todo esto, inútil será buscar cada fin de semana en el campo de juego el verdadero secreto de estos dos entrenadores. Inútil tratar de explicarlo a partir de una disposición táctica, de un grito o una seña al costado de la línea de cal. Ese verdadero secreto que todos quieren saber excede el juego en sí. Se apoya en lo intangible que tiene el fútbol, en la capacidad menos visible y, muchas veces, menos destacada de un entrenador. Ramón Díaz y Carlos Bianchi son parte de una raza selecta de entrenadores con una capacidad que no se adquiere mediante el trabajo o el sacrificio. Que no se estudia en ningún curso, que no se lee en ningún libro. Se tiene o no se tiene. El enigma será saber si este estilo de conducción sigue generando el mismo efecto que tiempo atrás. En otra generación de jugadores. En vestuarios con mucha mayor desigualdad. El tiempo ha pasado y no ha hecho más que agigantar sus figuras. La expectativa es enorme, la competencia con el pasado, aún mayor. El poder de manipular la historia está en sus manos. Y parece que sólo ellos pueden lograrlo. ENERO 2013 UN CAÑO 21


¡ESTALLÓ EL VERANO!

DANIEL DÍAZ OBLIGADO POR LAS CIRCUNSTANCIAS, A PASSARELLA NO LE QUEDÓ OTRA QUE LLAMARLO AL OTRO PELADO. UNA VISIÓN DEL PASADO QUIZÁS LO CONDUZCA A NO COMETER LOS MISMOS ERRORES, MIENTRAS EL HINCHA DE RIVER SE VUELCA A LOS TORNEOS DE OTRA MANERA. POR ARIEL SENOSIAIN

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ADIE SABE CUÁNDO EMPEZÓ A DESCENDER RIVER. SEGUza: contra Atlanta, que se iría a la B Metropolitana. Dos ramente no haya sido con la mano de Adalberto empates agónicos, uno contra Aldosivi en Mar del Plata y Román y el penal que Pezzotta ignoró. Posible- el otro contra Brown de Madryn en el Monumental (dos mente haya sido cuando terminó último; lo que en ese rivales en otra época insólitos), hicieron dudar de la rapidez momento parecía una mancha sin par. O probablemente del ascenso. Hicieron preguntar cuánto dura la vida eterna: todo haya comenzado junto a aquel conjunto de incorpo- dos años hubiesen sido demasiado. En la anteúltima jornaraciones para la temporada 2005/06. da, perdió ante Patronato y el ascenso se convirtió en ni un Lo que la Promoción le dio fue la sentencia, la fecha mérito ni una obligación, sino en una complicación. final, la última gota sin la cual, igualmente, nada hubiese Pero el bajón de Central (ni un punto de los últimos terminado como terminó. Aquel 26 de junio del 2011 nueve) y el de Instituto (cuatro derrotas en las últimas será recordado por los destrozos de cientos de hinchas, nueve fechas) fueron más pronunciados. Y el 23 de junio, mientras miles no salían del trance; por la imagen del River logró el título en la temporada más taquillera de la fotógrafo que, frente al penal que Olave segunda categoría. Los festejos frente a Alle atajaría a Pavone, decidió no trabajar De Ramón se espera que mirante Brown fueron obra de Trezeguet, y juntar las manos para implorar, y por como no podía ser de otra manera, figura de los desgarradores gritos de adolescentes arme un equipo, confíe en esos meses, ante la caída en los rendimientos preguntando “¿por qué?”. Gritos que re- él y le imprima un sello. de Domínguez y Cavenaghi. cordará todo aquel que cubrió periodísEn cuestión de horas, Almeyda se emoticamente el evento. La promoción y el descenso abrieron cionó, emocionó, se cortó el pelo en televisión y anunció paso a la necesidad de la reconstrucción. En eso todavía la salida de los referentes al periodismo antes de comuanda River, un año y medio después. nicárselo a ellos. Esa quizás sea otra raíz que explicaba el El tránsito fue de vaivenes, de irregularidades. En el descenso: la autodestrucción, la imposibilidad de estar en primer semestre del 2012, en la B Nacional, buscó reesta- paz. Cuatro días después del ascenso, River sumaba una blecer el orden natural. Casi sin responsables de las tem- polémica. La agenda mediática, encantada. poradas anteriores, con jugadores lavando culpas ajenas Almeyda se hizo cargo de la decisión de prescindir del más la idea expresada en una bandera: “El ascenso no es 9 y el 10, y no hay por qué no creerle. Pero difícilmente un mérito, es una obligación”. La idea extrema de todo haya estado en desacuerdo Daniel Passarella, quien logra para perder, nada para ganar. un consenso único: todos los ex coinciden en criticarlo. Ganó cinco y empató cuatro en los primeros nueve parEn julio una incorporación hizo saltar la banca y a los tidos del año. Cuando perdió el primero, lo hizo con fuer- sabuesos: los dólares de la contratación de Jonathan Botti-

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nelli activaron la investigación de la AFIP. River también contrató a Carlos Luna, goleador del torneo anterior, pero resultó hasta ahora casi igual que la de Cristian Fabbiani. No pudo reemplazar a uno que había dejado de ser indiscutido, el transferido Lucas Ocampos. Y sí se hicieron fundamentales otros dos, uno llegado a comienzos y el otro a mitad de año: hoy el equipo es Ponzio y Mora más nueve. Siguieron en el Inicial los vaivenes de un equipo cuyo técnico los tuvo. El equipo de Almeyda mostró intenciones ofensivas pero no un estilo claro, muchas veces le faltó pausa y también resultados, aunque mereció más que la cosecha obtenida. Lo refleja el Superclásico: el destino, su nuevo destino, no lo deja festejar. Antes de asumir como presidente, Passarella había contado sus visitas a clubes italianos para asesorarse. Habrá ido a aquellos donde hay dueños, no comisiones directivas, porque así es como gestiona. Sin embargo, no le quedó otra que rendirse al pedido popular y llamar a Ramón Díaz. Por conveniencia. Como Angelici con Bianchi. Hoy el fútbol argentino se vende desde los técnicos

más que desde los jugadores, desde quienes dirigen antes que desde quienes lo protagonizan. De un técnico cotizado como Ramón se espera no sólo que presione a los dirigentes para contrataciones onerosas. También se aguarda que el segundo tiempo de Lanzini en la última fecha se multiplique. O que Funes Mori se acerque al que cada vez menos creemos que puede ser. De Ramón se espera que arme un equipo, confíe en él y le imprima un sello. Sobre Trezeguet poco podrá hacer el entrenador: dependerá, en primer lugar, de su rodilla y su tobillo. El 2012 para River dejó la evidencia definitiva del cambio en sus hinchas: de la soberbia de los éxitos, del paladar refinado, pasaron a la nueva costumbre, la de la compañía garantizada más allá de la devolución. Un día se juntaron más de cien mil y convocaron a los hombres del Guinness a medir una bandera; otras veces coincidieron decenas de miles para ver un equipo sabiendo que lo más probable sería irse defraudados. El cambio de técnico era imaginable. Ahora a River le queda lo más difícil: recuperar la identidad, mirarse y reconocerse.

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¡ESTALLÓ EL VERANO!

INDEPENDIENTE DE VOS LA PEOR NOTICIA PARA EL EQUIPO DE AMÉRICO GALLEGO ES QUE NO DEPENDE DE SÍ MISMO PARA EVITAR SU PRIMER DESCENSO DE LA HISTORIA. SIN EMBARGO, HAY UN PAR DE RAZONES COMO PARA QUE EL HINCHA NO SE PONGA LOCO ANTES DE TIEMPO. POR CHRISTIAN COLONNA

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NDEPENDIENTE NECESITA PELEAR EL CAMPEONATO PARA cuatro equipos hacen una campaña floja y todos suman salvarse. Es el primer alerta con placa roja (nunca más 15 puntos. Ahí, siempre de abajo hacia arriba, la tabla atinado) que surge desde los medios. ¿Es cierto? No quedaría: Quilmes, Unión, San Martín e Independientanto. ¿Por qué? Porque lo más importante para Inde- te. Curioso, ¿no? Si los que pelean por zafar del descenso pendiente es que no sumen sus adversarios, que son los sacan más o menos los mismos puntos, Independiente que dividen por una temporada (Quilmes), o por dos tiene más chances de salvarse si suma menos que más. (Unión, San Martín de San Juan y Rafaela). Para deHecha la aclaración, la situación del equipo de Gallecirlo sencillito y que lo entiendan los que no entienden go es similar a la de San Lorenzo el año pasado. Con una nada de números: Independiente puede perder todos los contra para Independiente: el Ciclón terminó antepepartidos, mientras sus rivales núltimo y eso le permitió jugar también lo hagan, y quedarse la Promoción. Esta vez, el anen Primera. Sí, por el disparate El Rolfi se pone la camiseta y juega. Y tepenúltimo baja sin escalas. O de los Promedios, eso es lo que motivará al resto, sin dudas. También es sea: a Independiente no le vino dicen las matemáticas. una buena noticia la continuidad de Farías. bien el cambio de dos descensos Vayamos a ejemplos sendirectos y dos Promociones por cillos. Usaremos a los cuatro el de tres descensos. Tiene una equipos que están en el fondo de la tabla de los Prome- vida menos. Y, vale recordarlo, San Lorenzo no se salvó dios: Unión, Quilmes, Independiente y San Martín de por méritos propios sino que le apareció un Banfield San Juan. Por orden de aparición. Ahora supongamos que cayó en picada. Por eso el título de esta nota. que los cuatro hacen una muy buena campaña y todos A Independiente también le puede aparecer un Bansuman 35 puntos en el torneo que viene (si recorda- field, y hay dos equipos que ya dieron muestras de que mos que se llama Final es mal augurio para los hinchas no van por el mejor camino: Godoy Cruz y Argentirojos). En este caso, de abajo hacia arriba, los equipos nos. Los dos habían arrancado desahogados pero San quedarían ordenados así: Unión, Independiente, San Lorenzo, con una campaña normal, ya los tiene a cuatro Martín (los tres que bajarían) y Quilmes. y cinco puntos, respectivamente. Si gana el pendiente Ahora cambiemos la ecuación y supongamos que los con Tigre, Independiente podría ponerse a 12 y 13, res-

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pectivamente. Parecen muchos puntos por descontar en 19 fechas, pero si los de La Paternal y los mendocinos siguen haciendo las cosas tan mal... Nunca se sabe. Tal como contamos en nuestro servicio de tapa del mes pasado, muchos equipos contratan entrenadores sin saber muy bien por qué. Y acá tenemos las pruebas: ¿qué garantías puede dar un debutante como Martín Palermo? Hasta ahora, al Loco se lo escuchó hablar de motivación, pero no de fútbol. Argentinos, mientras, reemplazó a Leonardo Astrada con Gabriel Schurrer, quien tiene el dudoso currículum de haber hecho de Lanús un equipo extremadamente insulso. Encima, ninguno de los dos cuenta con las famosas “espaldas” como para bancar sin insultos una mala racha. Al revés de lo que sucede con los que dividen distinto, acá sí Independiente debería hacer una campaña de campeón para alcanzar a los que cuentan tres temporadas. Claro, también deben colaborar los otros. Sin embargo, no es ilógico pensar que los de Gallego lleguen a 33 o 34 puntos y que Godoy Cruz o Argentinos no superen la barrera de los 20. Aunque es muy importante lo que suceda con los rivales, Independiente deberá preocuparse por sí mismo. Creérsela de una vez. El equipo que terminó el torneo pasado fue una angustia caminando. Y está muy claro que Gallego no tiene peores jugadores ni peor plantel

que la mayoría de los entrenadores. Pero no hay fe. Y la falta de fe agarrota las piernas y obnubila el cerebro. Y sin piernas ni cerebro es imposible jugar. Ahí, precisamente, deberá apuntar el Tolo. Para eso pidió al Rolfi Montenegro, un viejo conocido. De él y del club. Y aunque poco se sabe de su actualidad tras su aventura mexicana, lo importante, en este caso, es que el Rolfi se pone la camiseta y juega. Y motivará al resto, sin dudas. También es una buena noticia la continuidad de Farías. Así como Independiente es más de lo que vino mostrando, el Tecla lo mismo. Otro caso típico de falta de confianza. Sin embargo, cuando le cambie la racha (siempre cambia), Gallego tendrá un delantero apropiado para estas circunstancias. La otra buena noticia en cuanto a incorporaciones es la de Luciano Leguizamón. Pocos días después de que debutara en Independiente, Gustavo Alfaro, posiblemente el entrenador que mejor lo conozca, aseguró: “Sin una buena pretemporada, Legui no rinde”. Dicho y hecho. El ex Arsenal llegó con el tiempo justo, no fue preparado como debía y apenas aportó a la causa. Ahora, con un trabajo físico acorde, Independiente lo puede contar como un refuerzo más. Se viene un mundo de sensaciones para los hinchas de Independiente. Ellos también serán importantes en esta cruzada. Y aunque a nadie un descenso le afectaría como a ellos, son los primeros que deben transmitir esperanza. ENERO 2013 UN CAÑO 25


¡ESTALLÓ EL VERANO!

SOÑARÁ BLANCA Y CELESTE UN VERANO DISTINTO PARA RACING. JOYAS DE LA CORONA A PUNTO DE ENTREGARSE Y UNA SERIE DE BUENOS HECHOS EN 2012 QUE LO CONVIERTEN EN CANDIDATO. MEZCLADA CON CIRCUNSTANCIAS DEL AZAR, ESA ACTUALIDAD PINTA UN 2013 PROMETEDOR. POR ALEJANDRO WALL

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URANTE 2012, UN MALENTENDIDO MARCÓ LA SUERTE DE fue ayudante de campo de Ramón Cabrero y, más tarde, Racing el último año. Teófilo Gutiérrez, colombiano su reemplazante, llegó a Racing con hábitos que resultagenial y maldito, le gritó al árbitro durante un par- ban ajenos a ese rincón de Avellaneda. Los empleados del tido contra Independiente que era un “carón” -¡carón!- y club tenían que madrugar porque el entrenador les tocael árbitro creyó que le había gritado cagón. Un drama del ba el timbre antes del primer sol para trazar el plan del día lenguaje. Nadie insulta en una cancha argentina con un y estudiar a cada jugador de las divisiones inferiores. Esa “carón” porque no significa más que cara grande. rutina del orden en el club del desorden todavía se cuenta Pero en Colombia significa sinvergüenza y, según sa- con asombro, como se cuenta lo imposible. bemos, en El Salvador llaman así a un borracho. Sergio Valentín Viola debutó en 2010, pero la administración Pezzotta, el árbitro, dejó el asunto para la semiología: de Zubeldía lo vio explotar. El entrenador sabía que una tarjeta roja para Teo. Racing perdió el clásico y, en el ves- seguidilla de partidos pondría a Viola en Europa. Así fue. tuario, cuando algunos de sus compañeros lo increpaban, Racing le cedió al Sporting de Lisboa lo que parecía su úlel colombiano sacó un arma tima joya. Pero Viola no era y apuntó como para terminar Ramón Díaz volvió a River, y Carlos Bianchi, a Boca. lo último que tenía para dar el pleito a los tiros. Después la cantera de Racing. Zubeldijeron que era una pistola de Fue cuando ellos ocupaban esos mismos puestos día, que había apostado a pintura, pero ya era tarde. Teo que salió campeón el equipo de Mostaza Merlo. los goles de José Sand, se se marchó en un taxi. encontró con Ricardo CenEl episodio, tan lejano, fue gravitante para generar las turión (20 años), Luciano Vietto (19) y Luis Fariña (22). condiciones del presente. Alfio Basile, un galán maduro Centurión la rompió en un clásico con Independiente, del racinguismo que había regresado al club como una Vietto debutó con tres goles ante San Martín de San Juan apelación a la nostalgia, renunció después de la derrota y Fariña se sumó al trío en el 4 a 0 contra Quilmes. con Independiente. Llegó Luis Zubeldía, un joven de 31, Los dirigentes de Racing, sin embargo, no le renovaron aplicado y pragmático. Su antítesis. Si Basile se recuesta el contrato a Juan Barbas, técnico de la Reserva. Dicen en la inspiración del futbolista y tiene a la posesión de la que no fue su ojo el que detectó a los jugadores. En cualpelota como un principio fundamental, Zubeldía gusta de quier caso, el mérito de los entrenadores está sobrevalola planificación obsesiva, y la tenencia es otra de las opcio- rado. Los tres pibes estaban ahí. Eran una fruta a la que nes que le da el juego. Su manifiesto incluye el repliegue, sólo había que apoyarle la mano para sentirla caer. Cada un retorno a cuarteles para la defensa, incluso del empate. uno con sus tiempos. Zubeldía, criado en el progresismo de Lanús, donde Centurión debutó con Atlético de Rafaela en el Clau-

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sura y nunca dejó de ser titular. Vietto hizo sus tres goles virginales pero no jugó al partido siguiente. Fariña viene de lejos, desde tiempos de Caruso Lombardi. Se rompió los ligamentos en 2010 y el año pasado, cuando volvió, Zubeldía le dio el lugar de Gio Moreno. En el último campeonato demoró en ponerlo de titular. Lo hizo recién en la decimoquinta fecha. Hasta ahí, a Fariña lo ponía -¡cuando lo ponía!- en el segundo tiempo. Fariña, la joya más completa del combo que incluye a Bruno Zuculini (19 años), punguista de la mitad de la cancha, le da aire y luz a Racing con efecto doble: la ilusión de que esta vez pueda tener un equipo que aspire al título, y el orgullo de tener un equipo con chicos de inferiores. Los veinteañeros desplazaron a José Sand, Gabriel Hauche y Mauro Camoranesi, sus compañeros mayores de edad, que aceptaron el nuevo rol secundario sin chistar. El capitalismo ya impondrá sus reglas: esos muchachos vivirán sus mejores días lejos de casa. Es el ciclo natural del fútbol argentino, una naturaleza que no elegimos pero que nos imponen. Cuando Centurión jugó su gran partido contra Independiente, la prensa del deporte, tan gaucha con las operaciones de representantes, fogoneó el

mecanismo perverso, anunciando ofertas. Días antes lo estigmatizaba por una foto en la que el jugador posaba con un arma. Centurión, quien festeja sus goles con paso de wachiturro, es hijo de ese sector social golpeado por la pobreza y la desigualdad. Nació en Villa Luján, Avellaneda. Y como les pasó a tantos otros, ahora sus pies valen millones. Su amigo Brian Risso Patrón, en cambio, no pudo zafar: jugaba en la Reserva de Racing cuando lo acusaron de un homicidio. Está preso en la Unidad Penitenciaria 54 de Florencio Varela. Un fiscal pidió dieciséis años de prisión. Risso Patrón jura que es inocente. Los hinchas de Racing especulaban el año pasado que era un buen augurio tener a dos colombianos, como en el campeón de 2001, con Gerardo Bedoya y Alex Viveros. Pero Teo y Gio –que sufrió una apretada de la barra brava- se fueron sin títulos. El racinguismo está muy atento a esos criterios del destino. Ahora, con el pleno jugado a los pibes, se hace otra cuenta: Ramón Díaz volvió a River, y Carlos Bianchi, a Boca. Fue cuando ellos ocupaban esos mismos puestos que salió campeón el equipo de Mostaza Merlo. Racing también piensa en esas cosas. A veces parece que no le queda otra. Que de eso se trata la ilusión.

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¡ESTALLÓ EL VERANO!

SI EMPIEZA BIEN, TERMINA BIEN PARA ARSENAL Y PARA VÉLEZ, EL BRINDIS POR AQUELLO QUE HICIERON Y POR AQUELLO QUE, PARECE, HARÁN. PORQUE APARTE DE LOS MÉRITOS DE 2012, UNO PUEDE AFIRMAR QUE, GRACIAS A LA SERIEDAD DEMOSTRADA, ANDARÁN PELEANDO ARRIBA EN EL 2013.

POR JORGE RINALDI

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E TERMINA EL 2012 Y DEJA EN EL PEDESTAL A DOS CAMcon los que el DT nos había acostumbrado a todos. Tuvo peones distintos pero parecidos. Por un lado, en el ambición en los partidos definitivos. Fue osado e irreveprimer semestre, a Arsenal, que se metió definiti- rente. No quería solamente el papel habitual de hacer un vamente en la historia de los grandes galardones por pri- año “bueno” o “tranquilo”. No. Quería más. Comenzó el mera vez. Por el otro, a Vélez, que certificó su liderazgo año a los tumbos. Pero a partir de la quinta fecha cosechó en las últimas décadas como un club acostumbrado a este cinco éxitos seguidos. Y en la recta final, en el partido tema de las vueltas olímpicas. Ambos, por supuesto, hi- clave con Boca, donde se jugaba todo, no fue como parcieron los méritos necesarios y fueron un oasis de búsque- tenaire. Todo lo contrario, fue vestido de candidatazo y da en un fútbol argentino que nos tiene hartos de frigidez lo vapuleó. No se conformó. Tuvo hambre de campeón. Y y aburrimiento. se dejó el smoking hasta el final Lo del equipo del Viaducto del torneo. es histórico: hace sólo diez años Vélez trabaja seriamente en Inferiores, Arsenal dejó en evidencia que que está en Primera, atravesó procurando y demostrando que, sin versos, no todo lo que reluce es oro. Por todos los torneos del Ascenso los chicos tienen lugar posible en Primera. lo menos es lo que sucedió con desde su nacimiento y demosla mayoría de los equipos que tró que cualquier club de los sucumbieron a esta realidad que que se denominan “chicos” puede ser grande futbolística- puso de manifiesto el campeón. Alfaro armó un equipo mente en cuanto se propone hacer las cosas seriamente y que, en los papeles previos, no tenía grandes pergaminos deja de lado esa condición ya de por sí dudosa. Y Arsenal individuales. Sin nombres rutilantes, por lo menos hasta lo hizo. Terminó escribiendo su nombre en el cuadro de ahora. Campestrini venía de Almirante Brown, Lisandro honor para quedar definitivamente grabado en el círculo López del descenso de Chacarita, Leguizamón de sus grande del fútbol argentino. Ya con aquella Sudameri- líos en Gimnasia, Zelaya de una lesión que lo tuvo largo cana del 2007 había dado un gran paso. Empezó el año tiempo sin jugar. Pero se potenciaron y se convirtieron con las preocupaciones y la vista puestas en la tabla de en la columna sólida del dueño del título. A esto hay que los promedios. Ni el más clamoroso hincha lo hubiese sumarle otro gran mérito del técnico: dispuso como titutenido en cuenta como candidato. Pero este Arsenal de lares, en gran parte del torneo, a cuatro jugadores de las Alfaro tuvo algo diferente a aquellos equipos metódicos inferiores, Nervo, Pérez, Marcote y Aguirre. Completito.

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Tan completito que se llevó la Recopa Argentina para sellar un año histórico. Lo de Vélez es diferente. Su historia gigantesca la viene escribiendo hace rato. Candidato en los comienzos de todos los torneos, termina siempre certificando esa candidatura. Esté quien esté. Esta vez con recambio de por medio, si comparamos con el Vélez del año anterior, también campeón. Sólo Cubero, Papa y Domínguez fueron sobrevivientes que repitieron. Se le fueron jugadores importantes como el Burrito Martínez o Augusto Fernández, pero en Vélez todo se acomoda. El Flaco Gareca reflotó a Cabral, Bella y Tobio, quienes ya habían tenido participación en el equipo, y los consolidó definitivamente. Además, miró para abajo y empezó a darle rodaje a la cantera. Los ejemplos fueron Peruzzi (de lo mejor del torneo), Allione, Romero y Brian Ferreira. Y acomodó a dos delanteros que eran nuevos. El Chucky Ferreira, que venía de un golpazo importante con Banfield y la pérdida de la categoría. Ferreyra fue el goleador del campeón y del torneo, junto a Scocco. El otro, su socio Pratto, un punta que si bien no parece tener la estética del futbolista promedio, tiene una visión de juego ideal para que un equipo como este Vélez juegue muy bien colectivamente. Acompañados por la sapiencia y la calidad de Insúa, armaron un tridente fundamental para un campeón merecidísimo. Vélez hace todo lo posible para ser candidato al

título en cada torneo. Con virtudes que no le aseguran el éxito, pero que le aumentan considerablemente las posibilidades. Trabaja seriamente en inferiores, procurando y demostrando que, sin versos, los chicos tienen lugar posible en Primera. Conjuga la experiencia y la juventud en el balance justo. Sumado a un plantel silencioso, sin frases rimbombantes, sin envidias internas de aquellas que aparecen con fiereza en otros equipos ni peleas sin sentido. Existe en el club de Liniers una bajada de línea desde la dirigencia y una asombrosa seriedad plasmada en la contratación y continuidad de un técnico que transmite confianza y seguridad, quizás una de las virtudes más importantes de un entrenador. Gareca tiene memoria y trata al jugador como le gustaba que lo tratasen a él cuando era futbolista. Acompañado por el Turu Flores, con su agradable bajo y potente perfil, más el profesor Néstor Bonillo, quizás uno de los mejores preparadores físicos y de las mejores personas que tuve la oportunidad de conocer. Si a todo esto le terminamos de sumar a un manager como Bassedas, medido pero que comulga tanto con los dirigentes como con el cuerpo técnico, se termina generando un combo casi perfecto. En definitiva, Arsenal entró en la historia y Vélez sigue haciéndola. Para ambos, el 2012 no sólo marca que son campeones, sino que la historia del fútbol argentino continúa con ellos como auténticos protagonistas. ENERO 2013 UN CAÑO 29


¡ESTALLÓ EL VERANO!

LA BANDERA DE CÓRDOBA UN PRESIDENTE QUE NO NECESITA ADULONES DE PRENSA, UN TÉCNICO SERIO QUE ARMÓ UN EQUIPO PROTAGONISTA Y JUGADORES QUE SE LA CREYERON PARA BIEN. LAS RAZONES PARA QUE BELGRANO FUERA LA SENSACIÓN DEL ÚLTIMO AÑO Y MEDIO.

POR OSVALDO WEHBE

C

UANDO UNO CUENTA DEMASIADAS VECES LO MISMO, EN-

tra en una etapa similar a la que transitaron ciertos veteranos. Con irreverencia, entonces, uno atribuía el hecho únicamente a su edad. Me va pasando algo: entiendo que las buenas viejas emociones lo devuelven a uno, a medida que pasa el tiempo, a un lugar irrepetible y francamente embellecido de tanto contarlo. Uno de esos lugares para un futbolero de tierra adentro son los viejos torneos Nacionales. Y cuando uno habla de Belgrano y Alberdi, de barricadas y estudiantes, del Cordobazo y el primer Nacional del ‘68 se remite a Heredia, Cos y Quiroga, a la Pepona joven, a Miguel Laciar, al Tito Cuellar, a ese grito con el ritmo de la marcha peronista: “Viejo y glorioso Belgrano/ de corazón sin igual…”. Tiempos de Agustín Tosco y el Negro Atilio López, banderas gremiales dignas. En los últimos meses, uno habla de Belgrano, pero del Belgrano de ahora. El de Pérez en la dirigencia. El de Olave, el de Farré, el de Melano. El de una hinchada que sigue olfateando humo de choripanes a la hora de partidos y un vinito después, con un tema de la Mona de fondo, pero que ahora dice: “Che, que lo tiró, qué bien estamos”. Y el “estamos” es global. No es sólo de una gambeta o un partido. Belgrano es hoy de los mejores en todos los sentidos. “Pérez anda… Belgrano camina”, decía una nota local, en referencia a este Armando Pérez admirado y respetado por propios y extraños. Un dirigente que no necesita de adulones de prensa para seguir adelante. Él le mete. Hay un mérito incuestionable del Ruso Zielinski, un 30 UN CAÑO ENERO 2013

técnico que tomó al equipo en el fondo de la B Nacional y primero mandó al descenso a River y luego fue protagonista en Primera. Y eso esperábamos. Que a todo el folklore se le agregara lo otro. Dejar de ser una suma de recuerdos hermosos. De hazañas deportivas efímeras. Y Belgrano institución, con la buena fortuna de la pelota entrando más veces de las que pegó en el palo, hizo bingo para ahorrar, para pensar desde otro sitio, desde otro lugar. Desde un interior (no se sabe cuál es “el exterior”) que saca una propuesta seria y eficiente en balances económicos, correspondida con resultados en la cancha. Con jugadores con temple, con más experiencia unos que otros, con apariciones interesantes. Suplantando bien la salida del Mudo Vázquez, por ejemplo. Dejando de echarle toda la culpa a los porteños, a los referís y al clima. Algunas veces, incluido el propio Belgrano, el fútbol cordobés llegó a ser subcampeón nacional con gigantes en el juego como Talleres ‘77 o Racing ‘80. Pero todo quedó en un cuento de hadas. Que son hermosas, pero que a veces mueren o se van cuando sale el sol. Belgrano apunta para instalarse. A la par de los que siguen el camino de Vélez (juego y política de verdad). Serios sin dejar de ser divertidos. Belgrano siempre fue una barricada. Belgrano fue bandera por muchos años. Hoy dejó de ser un cuento que merezca ser contado porque ocurrió una vez y hace tiempo. Hoy es una verdad que pretende permanecer y transcurrir. En este caso, honrando su vida.


¡ESTALLÓ EL VERANO!

UN ROUND DE FAMA ¿ES MARAVILLA MARTÍNEZ UN SOPLO FUGAZ PARA EL DEPORTE O TIENE MÁS PARA DAR? SI DETRÁS DEL BOXEADOR HAY UN HOMBRE QUE OFRECE ALTERNATIVAS A LA ARROGANCIA, LO APLAUDIREMOS. EL 2012 HA SIDO SUYO. PERO NO SABEMOS QUÉ HAY PARA MÁS ADELANTE.

POR PABLO LLONTO

L

A NO EXALTACIÓN DEL BOXEO, ESPECIALIDAD QUE ME ACOSA algunos sentidos y empeoró en otros. Los malditos memuy recientemente, es la razón de ser de una nota sobre dios de comunicación ya no saben en qué subespecie un boxeador que satura los medios de comunicación. buscar las tapas de sus revistas o el relleno de sus prograMaravilla es a Martínez lo que Martínez es a Mara- mas de chusmas y furcios. Desquiciados por lograr que la villa, y así uno y otro, como dos señores del ring y de la prima de la última novia del penúltimo payaso de Tinelli publicidad, están listos para convertirse en los ejemplares aparezca en su programa, los productores agendaron el de mayor centimetraje del deporte argentino. celular de Maravilla y lo tienen listo para que “el camEl contexto favorable lo ayuda. Existe tanta necesidad peón” engalane sus programas. de protagonistas (Un Caño no escapa a la regla) que toEl muchacho boxeador es un hombre que emociona dos recurren al campeón como si fuese con su historia de vida, mucho más que combustible. Sin escándalos a la vista, es las historias de vida de quienes no tiePor el momento, quienes un guerrero que sirve. La nafta que alinen más mérito que pelearse con fugamenta ratings y tapas. Enviados especia- conocen del tema, le auguran ces novios/as. Por ello, Maravilla tiene les viajan a Madrid para entrevistarlo y un 2013 de brazos en alto. un buen lugar ganado. No cualquiera regresan asombrados por la amabilidad, llega de Claypole a Canal 13. el buen trato, las gentilezas. Se escribe Si llegará o no más lejos que otros es que el tal Martínez es un caballero. Se dice que habla materia de análisis para Carlos Irusta, Walter Nelson y bien. Se halaga su buena predisposición para los reporta- Osvaldo Principi. A ellos, y no al ex sabelotodo Horacio jes y para los calmos andares de la más elemental filosofía. Pagani, les corresponde la evaluación de un deporte al Maravilla no filmará películas cual Monzón, ni estre- que le sobran sangre y hospitales y le faltan leyes que lo chará vínculos con vedettes, ni acompañará – sin saber saquen de circulación. Por el momento, quienes conocen detalles- a las tropas genocidas que partieron a Tucumán del tema, le auguran un 2013 de brazos en alto. con el fin de aniquilar militantes políticos, mientras los Maravilla no es culpable de ser boxeador. Ningún boxeagenerales disfrazaban el genocidio como un Operativo dor, en principio, es culpable de ser boxeador. Aunque, a la Independencia, ni matará a su esposa como Carlitos. memoria, viene en este instante una duda. Ya escribiremos Todo eso es pasado. Pasado de un país que mejoró en la historia de quienes, luego de un tránsito por el boxeo,

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dedicaron sus manos y su furia asesina a torturar a golpes y ganchos al hígado a jóvenes detenidos-desparecidos. Aquí y en Uruguay. Harina de otro costal. Volvamos a lo nuestro. Martínez fue por fama y salió famoso. Es cierto. Es una de las rutas que eligen los olvidados para ser alguien en la vida. Maravilla lo ha dicho, como nos lo han dicho decenas de decenas de boxeadores desde 1978, cuando los perseguíamos con lapiceras e interrogantes. Por eso las páginas de Un Caño sirven para hablar de piñas pero también de reflexiones. No hay nada peor que un periodista que alaba en los momentos de estrellato. Alguna vez los definimos como “los periodistas del campeón”. A diferencia de los amigos del campeón, los periodistas del campeón son empalagosos, buscaentradas, buscafotos, y sencillamente tienen el sí fácil. En definitiva, son iguales a los amigos del campeón. Maravilla ha llegado a un mercado del boxeo que perdió la chaveta. Ya se sabe que, de veinticinco años a esta parte, cualquiera es un campeón. Los comerciantes de la carne crearon sellos, entidades, títulos y se reparten cinturones en abundancia. Eso es muy bueno para las metas del muchacho, o la muchacha, humilde que la viene sudando desde el cañaveral. Ser campeón de algo no es lo mismo que nada cuando llega la hora de regresar al barrio. Luego vienen las gafas para el sol, los desfiles, las playas

paradisíacas. Todo ello se lo bate con espumantes declaraciones contra futuros rivales y listo, marche el que viene. Llegar a ser un ídolo del boxeo, además, cuesta más que antes. Porque el boxeo ya no es la segunda cuestión en importancia después del fútbol. Decadencia y corrupción hicieron lo suyo. Maravilla ha llegado a este momento. Tiene una labia inusual que, si por nosotros fuera, le recomendaríamos agilizar para el combate menos liviano, el de alzarse contra una sociedad donde los explotadores continúan explotando. Tiene además un momento inusual en sus manos. Ha llegado en un momento de vacío en la era deportiva. La mayor parte de los medios, desinteresados por el deporte aficionado, por el deporte de los de abajo, lo mantendrá en la cumbre tanto como duren sus nocauts. Quizás vivamos el quinquenio de Maravilla. Su buena fortuna le ha reservado un lugar en la sociedad de consumo. Hasta que alguien, quizás en nuestros sueños, lo tome del brazo, lo lleve a un costado y le diga “hay que arriesgar un poco en la vida”. También el periodismo -o algún periodista- puede ilusionarse con ídolos más comprometidos con las luchas de los pueblos. Sobre todo aquellos que tienen la oportunidad de estar a un minuto del paradigma. Capaces de ofrecer una voz contra el egoísmo, el consumo, el machismo y la insolidaridad. Eso sí que sería maravilloso. ENERO 2013 UN CAÑO 33


PARA SIEMPRE NUESTRO COMPAÑERO MAXI FAILLA SE DEDICÓ A REGISTRAR CON SU CÁMARA LA DIVERSIDAD DE TATUAJES CON QUE LOS HINCHAS EXPRESAN SU PERTENENCIA. EMPEZÓ CON LOS GRANDES, PERO VA POR MÁS. EL RESULTADO SON LOS CINCO LIBROS TE LLEVO EN LA PIEL DE EDITORIAL SUDAMERICANA. AQUÍ VA UN ANTICIPO.

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TODO PASA

EL LIBRO DE


HABÍA CENTENARES DE CUENTOS PARA PUBLICAR, POR LO QUE EL CRITERIO DE SELECCIÓN APUNTÓ A LOS ESCRITORES ARGENTINOS CONTEMPORÁNEOS. EN PRÓXIMAS EDICIONES DE UN CAÑO SEGUIREMOS CON LA SAGA, Y SEGURAMENTE RUMBEAREMOS HACIA EL PASADO Y A OTROS PAÍSES.

ESCRIBEN: HORACIO CONVERTINI, JUAN BECERRRA, FRANCISCO DE ANTUENO, SEBASTIÁN WAINRAICH, PALBO DE BIASE, ARIEL MAGNUS Y GUSTAVO GRABIA.


EL ALEPH DE DOYLE POR

P

HORACIO CONVERTINI*

rimero, el rugido de la hidra que habitaba en las tribunas y que Doyle, en el fondo, temía. Dos o tres segundos después -dos o tres gotas de eternidad exasperante-, el pitazo del árbitro, un trino que confirmó la sospecha. Penal. Penal, entonces. Sintió que todos los ojos del estadio -y la hidra tenía miles- lo acribillaban. Las manos le comenzaron a transpirar. Doyle tenía un problema: pensaba demasiado. Y en su oficio, alguien con más de dos neuronas activas representaba una rareza, una amenaza o ambas cosas a la vez. Desde que en una entrevista había opinado que el segundo gol de Maradona a los ingleses era el Aleph del fútbol, se había vuelto el niño mimado de la prensa y los periodistas insistían en ponerlo de ejemplo de lo que debía ser un jugador: algo más que una masa de músculos trabajados para correr, patear y cabecear. Hablaban de él como “el Borges de la pelota” o “el nuevo Valdano”, lo que secretamente lo enorgullecía. Un día, antes de empezar el entrenamiento, Garber -el asesino que jugaba de seis y que tenía especial inclinación por las rodillas rivales- le preguntó qué mierda era un Aleph. Y Doyle, dejándose ganar por la vanidad, le habló como se le habla a un hijo cuando se le explica que la luna no es de queso. -El punto del espacio que contiene todos los puntos. Dicho de otra manera, en ese gol habita el fútbol entero, el ya jugado y el por jugar. Lo ves y viste todo. Garber se tapó una fosa nasal, volcó rápidamente la cabeza hacia su derecha y soltó un moco denso, que salió como disparado por un rifle de aire comprimido y aterrizó en el césped con un ruido seco. -Un golazo, sí, un golazo... –dijo mientras se repasaba la nariz con la mano-. ¿Tantas palabras raras por un golazo? ¡Por qué no te vas a cagar, pelotudo! Aquella reacción del número seis definió mejor que cualquier otra cosa la encrucijada en que Doyle se había metido. El deslumbramiento de los periodistas era inversamente proporcional a la confianza que sus compañeros sentían por él. La literatura y la reflexión jamás pisaban un vestuario porque eran sinónimo de debilidad, de amariconamiento. Pierna fuerte, corazón caliente, cerebro vacío. El

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fútbol, para los futbolistas, no era más que eso, lo que de por sí ya les resultaba demasiado. Doyle se reprochaba el haber insinuado públicamente un refinamiento intelectual que en verdad no tenía. Leía a Borges, es cierto, porque sospechaba que era un genio (tantos no se podían equivocar), pero en verdad prefería lecturas más sencillas (Soriano, Fontanarrosa) porque las paradojas y los melindres del sabio ciego lo fastidiaban un poco. La impostura, de todos modos, le había reportado algunos beneficios: los periodistas le perdonaban las defecciones en su juego y solían invitarlo a cuanto programa de análisis hubiera en la televisión, fascinados por su decir prolijo y las dos o tres citas célebres que siempre tenía a mano. Además, le abría una puerta al futuro: cuando se retirara, nada de probar suerte con la dirección técnica; se convertiría en comentarista de ESPN y escribiría columnas para algún diario importante. Penal. Penal, entonces. El rugido de la hidra se convirtió en un rumor uniforme, como el de una motosierra a baja velocidad. Al menos, así sonaba a los oídos de Doyle, paralizado en el medio de la cancha, su lugar de siempre, esa tierra de paz en donde podía jugar en puntas de pie y arriesgarse a la belleza sin que el costo fuera tan grave porque estaba a igual distancia del dolor que de la alegría. Muchos decían que jugaba con el mismo garbo con el que hablaba. Doyle se preguntaba por cuánto tiempo más la hojarasca de palabras bonitas ocultaría la realidad de su falta de compromiso y de su dudosa eficiencia, esa vacuidad que sus compañeros ya habían advertido. Sintió un martillazo en el hombro. Garber. -Andá y matalo. Esta vez, nada de boludeces, ¿me oís? ¡Matalo, la concha de tu madre! La lluvia de saliva y el insulto lo despabilaron. El encargado de los penales era él: el técnico lo había elegido por su serenidad y sangre fría, y también –desde ya-porque demostraba una razonable precisión en la pegada, sobre todo en los entrenamientos. Faltaban dos minutos y se definía el campeonato. Era el penal más trascendente de la historia del equipo. Garber lo empujó hacia delante. Doyle trastabilló y tuvo que hacer una extraña contorsión en el aire para


reconvertir el movimiento vacilante en un trote ágil hacia el área enemiga. Cuarenta metros pensando “que me trague la tierra”. “que el mundo se parta en dos”, “que el árbitro se arrepienta”, “que me muera de un infarto acá, ahora, y que me velen como a un mártir”. La responsabilidad de patear penales jamás lo había atormentado por dos razones: una, a su equipo le cobraban pocos, por lo que se trataba de una tarea infrecuente; dos, el ejecutante cuenta con una ventaja abrumadora sobre el arquero: el 87,3 por ciento de los penales termina en gol. Así lo había determinado el estudio de un matemático de la Universidad de Humberside que había leído por Internet. Pero esa tarde, justo en el momento crucial de su vida, se le vino a la mente un recuerdo inquietante: el del último y lejano penal que había pateado. Como siempre estaba lejos del arco adversario, Doyle tenía pocos goles en su carrera, únicamente los de penal. Goles, entendía él, demasiado rudimentarios. ¿Qué era un penal más que un remate fuerte a una valla inmensa y contra un arquero empequeñecido por la fatalidad de saberse derrotado? En las horas tortuosas de autocrítica, se decía que eran goles tan indignos como un fusilamiento. Y tenía que reprimirse para no pedirle perdón al guardameta vencido. Fue así que, en aquella tarde del último y lejano penal, se había decidido por algo distinto. Pensó en el Aleph de Maradona, no en el de Borges, evocó sus resonancias metafísicas e históricas, y probó patear como nadie lo hacía, cruzando su pierna hábil, la derecha, por detrás de la izquierda, un arabesco que en las prácticas le salía bastante bien. Lo peor no fue que tropezó y terminó con la cara hundida en el pasto. Lo peor fue que el tirito mordido rodó mansamente a las manos del arquero. Ganaron igual y la prensa (siempre tan generosa) destacó su gesto de audacia, pero Garber a poco estuvo de ahorcarlo en las duchas. Penal. Penal, entonces. Se agachó, tomó la pelota y la miró como si fuera una bola de cristal. Buscó, en los reflejos del cuero plastificado, una señal tranquilizadora. No la encontró. Pensó en lo que le diría el matemático de la Universidad de Humberside: “Calma, Doyle. Sólo el 12,7 por ciento de los penales se malogra. La estadística lo apoya”. La hidra de las tribunas movía sus cabezas como si las meciera el viento, el rumor reducido a un murmullo de incertidumbre. Sus compañeros armaron un semicírculo detrás de él, en torno a la medialuna del área. Sintió la mirada de Garber en la nuca. Se agachó de nuevo para acomodar la pelota en el punto del penal. Aplastó con el botín una mata de pasto

que sobresalía. Sintió un confuso malestar, que trató de atribuir a los nervios. Cerró los ojos, los abrió. Entonces vio el Aleph. El punto del espacio que contiene todos los puntos justo en el círculo de cal que acababa de pisotear. Como Borges, vio millones de jugadas deleitables o atroces, todas en simultáneo y sin superponerse. Vio a cuatro esclavos zapotecas en Dani Baá, hermanos ellos, condenados a enfrentarse en dos equipos y a recrear con un balón el ritual de la lucha a muerte contra los dioses del inframundo, para honor de sus amos y para salvar sus vidas. Vio en el espejo de los ojos horrorizados de Ademir Morais, el último de los cien mil brasileños en entrar al Maracaná en la final del Mundial de 1950, el gol definitivo del uruguayo Gighia, y percibió que en el alma de ese pobre diablo ya estaba creciendo el desconsuelo que lo llevaría al suicidio esa misma noche. Vio rodar una vejiga de cerdo rellena de heno por la campiña de la Baja Normandía, muy cerca de Caen, manchada por la sangre de un chico de 14 años. Vio al inglés Butcher resoplar como un toro detrás del demonio azul de la camiseta diez, justo en el instante en el que lo va a perder de manera irremediable. Vio a Mussolini y a Videla celebrando sus goles de la muerte, vio patear cráneos y bolas de papel engomado, vio la pelota de su infancia aplastada por la rueda de un camión. Vio canchas de tierra reseca, de adoquines, de césped afelpado, vio la arena del calcio florentino y el polvo levantado por las sandalias de un soldado chino de la Dinastía Han. Vio un arco hecho con bollos de ropa en un barrio de Buenos Aires y otro con la rueda de un molino en un prado de Ashbourne. Vio lágrimas y gotas de sudor y un fémur que atraviesa la carne y un corazón que desfallece y una garganta que se desgarra en el grito más sublime, más feliz, más doloroso. Como Borges, tuvo vértigo y lloró ante el inconcebible universo. El árbitro le preguntó si estaba bien y le dijo que se apurara. Doyle, por fin, colocó la pelota en el punto del penal, respiró hondo, se alejó trece pasos. Sintió infinita veneración por el sabio ciego e infinita lástima por sí mismo. Giró la cabeza y se topó con la mirada vigilante de Garber. Sólo pudo resistirla un segundo. Escuchó el silbato del árbitro dando la orden y el fuelle de su respiración. Se persignó, aunque supo enseguida que ninguna superstición le serviría. Hizo un zapateo corto en el lugar y arrancó. Un destino maldito lo aguardaba trece pasos más allá. Lo acababa de ver en el círculo de cal. *Cuento ganador del accésit de la edición 2011 del Premio Internacional de Cuento Miguel de Unamuno. ENERO 2013 UN CAÑO 43


ASÍ SE HACEN LOS MILAGROS POR JUAN

H

ay que escribir en unas horas la historia de un instante olvidado. Es la historia del momento en que en Diego Maradona -ese vacío que aún no era él- la biología suelda sus mitades e irrumpe el latido de algo informe y creciente, un nuevo Big Bang de carne humana desprendiéndose de carnes preexistentes. Si esa es la historia de la unidad -no de lo único; sí de lo unido- no se entiende, entonces, por qué se le llama individuo al resultado: el fetito querendón que late en las entrañas, que bulle en la cámara de magma de la hembra queriendo salir, desde un principio. Las cosas de la lengua, engañosas, simplifican el problema de las cosas en sí mismas llamándolas, para confundir al público, con el nombre de aquello que alude a su contrario. A lo que nace dividido, por ejemplo, se le dice que es indivisible (se lo engaña, como si al dos se le dijese que es un uno). El instante es aquel en el que se desprende el torrente de leche de Diego padre y prende en Dalma Franco, la madre del prodigio. ¿Querían tener un hijo o, apenas, la experiencia pasajera de una cópula olvidable en posición de misioneros, para seguir luego en las labores forzadas de su clase? Cualquier orientación, la una o la otra, los hubiera arrastrado al universo de la serie. Se tiene un hijo -y se ingresa o reingresa, si ya se tiene otro, a la serie de los padres- y se echa un polvo, perdiendo lo que se recupera de inmediato: los flujos derramados, el deseo que los carga en los tanques pequeños de la libido para darles salida nuevamente. “Hagamos un niño”, “cojamos un ratito”. En la demanda a coro se halla el principio de lo indeterminado y repetido que, antes del suceso, es siempre igual: ¿cuál hijo futuro?, ¿qué tipo de coito por venir?. Es un misterio lo que surge de los contratos de la carne, tanto de aquel que se considera productivo, como del otro, el del derrame, el consumo, el com-

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BECERRA *

bustible, el líquido que se seca en los calzones y los apresta, como un sello de humedad de los amantes: la mancha blanca, aunque el blanco sea pureza y no mácula -para eso siempre ha estado el rojo de la sangre- en la historia de las artes. Pero si no hay información: hay filosofía, cabildeos de la idea y el idioma, historias que caben donde se va formando el agujero de la amnesia, que es ignorancia más remordimiento. Pero algún dato hay que tener, para empezar por algo y aferrarse a ello como las velas del barco se agarran de la verga larga, dura y gruesa. Separemos los que surgen aquí a simple vista (los momentos posteriores al instante que tratamos: el Maradona niño, genio, ángel caído), de aquellos a los cuales accedimos investigando los días en que El Más Grande era nadie. En 1955, no podríamos fechar el día exacto -de todos modos, un año se convierte en una fecha precisa con el tiempo- Diego Maradona padre decide abandonar Esquina, provincia de Corrientes, y ofrecer sus servicios de ¿tornero? (han barrido el papel donde se había anotado el dato: lástima) en los jardines de cemento de la Buenos Aires fabril y, también, pos peronista. Pero, ¿y si llegó antes del golpe de septiembre?, ¿y si decidió el viaje una vez que Perón se asiló en la cañonera paraguaya? Cambiemos de opinión: no hay grandes precisiones si se fecha grosso modo un año como ese. Diego padre pudo haberse embarcado al Paraíso Justicialista del derecho laboral, los planes quinquenales, el perfil de fábricas con sus chimeneas -las ilustradas- siempre humeantes y sus techos en forma de dientes de serrucho dado vuelta, como nunca hay que dejarlo en la caja de herramientas. Otra posibilidad es que fuese gorila y soñara con los trajes blancos de la Armada y los anteojos negros de Isaac Rojas, el almirante de rostro similar al de la mosca ampliada en microscopio; y tuviera, además, delirios de


oligarca, y del delirio surgiera un plan, llamado por sus amigos proletarios “El Plan de la Vergüenza”: engominarse y presentarse en un baile del Jockey Club de Buenos Aires como un magnate del tabaco correntino. Pero no se sabe nada, salvo que en esa época el viaje de Esquina a Buenos Aires se hacía en ómnibus, por camino de tierra, hasta Rosario, y luego se completaba el recorrido de setecientos kilómetros en tren. Cada época con sus modas: los trenes, entonces, tenían nombre. Este se llamaba Estrella del Norte; el que iba a Mendoza se llamaba Libertador; a San Juan se llegaba en El Cuyano. Los bromistas hacían chistes. Este salió de los talleres ferroviarios expropiados a los ingleses, llenos de ingenio y horas libres -reconocidas por la Unión Ferroviaria como horas extras-, con sus operarios deambulando como perros tras la lluvia:“¡Vayamos a Tierra del Fuego en el ‘Loma del ojete´!”. Entretanto, los jajases del ocio hacen eco en los tinglados. Esquina ha sido siempre la sombra envidiosa de Goya, la segunda ciudad de la provincia de Corrientes, considerada por los amantes de la pesca, el deporte del silencio, la Capital del surubí, el pez sin escamas. No es el único pez que abunda en los afluentes del Paraná; también están los bagres, peces obesos, incluso obsoletos dado los avances que se han dado en la historia de la forma, con sus bigotes

de barrer a fondo los lechos de los ríos; y el pacú, que desdeñan las revistas especializadas. Pero es el surubí la única especie que llega a pesar ochenta kilos: son prácticamente vacas de agua dulce. Los pescadores que obtienen una pieza de ese porte deben tener brazos fuertes para alzarla y mostrarse triunfantes en las fotos, de lo contrario aparecerán derrotados a la vista de los otros, como si hubieran adquirido la pieza en el mercado de los peces sumergidos en un mar de hielo seco. Lo más interesante de Esquina es su paseo junto al río Corriente, una senda de lapachos que al florecer dejan caer un manto rojo de pétalos que vuelan suavemente -nunca hay violencia en los pétalos; inspirados en ellos tal vez se haya inventado la cámara lenta- y se mezclan a veces con las flores del jacarandá conforme sople el viento de la costa. Caminando hacia el norte, Diego padre habrá pensado alguna tarde de esas en irse de Esquina para siempre, con lo puesto, y hacerse nuevo en la capital, convertirse en un hombre sin pasado (es fácil, basta con decir sistemáticamente: “no me acuerdo”, “no me acuerdo”), un nombre que a los demás no diga nada y suene como el cero, que pueda borrar el pasado y los años más sufridos y dejar en su lugar la nueva vida del anónimo. Las posibilidades de tener cualquier otro hijo o repetir la cópula ordinaria, se cierran el 29 de enero de 1960, por

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la tarde, cuando Diego padre y Dalma Franco obtienen lo Esto último es lo que está sonando, de fondo, en el rancho singular de lo infinito. Las cosas fueron dándose de a poco, de Fiorito. Suena como si fuese un loop, reproduciendo el lentamente, asociándose los movimientos de la casa que se sonido al infinito, como si la casa pobre hubiera encontrado cuece a la de los cuerpos enjugados en sudores dignos de en esos ritmos repetidos, monocordes, su ruido caracteríshornos. Se acostumbra a llamar infierno al calor ligado a la tico. Podría faltar la casa un día, pero estando el sonido, pobreza; pero no es infierno, sino un paraíso caluroso el que siempre estará presente su recuerdo (¿el recuerdo es eso?: aparece en los ranchos en verano, porque es el frío que baja ¿una música en lugar de un edificio?). o sube en oleadas de los polos lo que ellos consideran su Ahora sí: rancho, dos de la tarde del 29 de enero de infierno verdadero: el invierno. 1960, cuarenta grados a la sombra (el rancho está al sol, y la Sopla un aire, sin embargo, que seca los sudores, como sombra interna no quita el calor, lo aumenta), piso de tierra, muchas veces no lo hace la toalla de la casa. Hay sólo una, y perros echados por ahí, una bomba de agua manual en el seca los platos además de la piel de la familia, alrededor de medio del patio y, en la cocina, una olla de aluminio con diez metros cuadrados, contando a Diego, Dalma y los tres polenta. Dalma Franco revuelve con cuchara de madera la niños anteriores -se los oye litigar en la vereda- al que van harina de maíz que libera los calores del fondo; son pedos a engendrar en esta tarde. Hay que imaginarse una esceno- de polenta alzándose como maquetas de Vesubios enfadagrafía que no desmienta el dos. En la radio, de fondo, mito de pobreza, ni altere un chamamé con sapucais El Más Grande es una partícula perdida en el escroto, y verduleras, que habla aquello que se espera de esa casa vista tantas veces una célula más entre millones, sin concienca de sí ni de de aquel que emigró y en las fotos desde afuera. ahora extraña en la gran los otros, buscando -nada más- una salida. Una habitación, un baño, capital, mientras se solaza una cocina, piso de tierra escuchando chamamés endurecida con golpes de pisón y antes removida con zapi- con sapucais y verduleras. El efecto de la canción es el del nes, comulgando brazos y herramientas como piezas de una espejo, dentro del espejo, dentro del espejo, una fuga de misma máquina; chapas perforadas en el techo por donde imágenes dentro de sí mismas -como muñecas rusas introentra un haz de luz intenso o agua en gotas, cuando llueve. duciéndose en otras, pero donde esta vez las más grandes Hasta ahí, vamos. Pero ¿cómo se inicia el encuentro?: ¿se se introducen dentro de las más chicas-, hacia un infinito rozan de casualidad dadas las pequeñas dimensiones de que alcanzamos a ver sólo como idea. la casa y se miran con cariño?, ¿el hombre la arrima, simDiego padre, mientras la polenta salta en el tacho de plemente, y la conecta de oficio, sin mirarla? ¿Y si resulta aluminio -no es Mágica- levanta la solera estampada con que son degenerados y están, desde hace horas, enrosca- margaritas de Dalma -no usa bombacha: mucho calor, predos contra la puerta de calle, para que los niños no entren cios altos-, la afirma contra la única mesa de la casa y se baja de golpe y vean lo que hace el papi con la mami? A todo el pantalón hasta las rodillas. “El surubí”, dice ella, oteando esto, El Más Grande es una partícula perdida en el escro- un horizonte de vapor de olla por encima del macho coto, una célula más entre millones, sin conciencia de sí ni de rrentino que la sirve de frente, sin los firuletes del tilingo los otros, buscando -nada más- una salida. Enero de 1960. que acostumbra a hacer durar el coqueteo en medio de los ¿Qué puede estar sonando en la radio? (a propósito: la co- ohes y los ayes. Una carne se abre paso dentro de otra y cina está conectada a una garrafa de diez kilos). Puede ser cuando queda clavada, sin moverse, escupe corriente cauAntonio Tormo, Violeta Rivas, Julio Sosa y -acaso por error- dalosa de algo que podemos llamar vidas. Imaginemos que Venecia sin ti, de Aznavour, en francés. Ninguno de ellos da alguien, un dios equis, toma con sus manos gigantes a los del todo con las chapas perforadas y el mito de pobreza ciento sesenta millones de brasileños -el número es aproxique es necesario mantener (hay que imaginarse el conjunto mado- y los arroja a una zona fértil y vacía de la Tierra, doncomo si se tratara de una película). En Esquina es una tradi- de sólo uno sobrevive. La mujer se limpia con la toalla que ción oír, y hasta cantar, los géneros del litoral. Debe sonar, ya está para lavar, revuelve la polenta y espera, paciente, entonces, una polca correntina, una chamarrita, o un cha- que llegue al mundo el bebé fenómeno. mamé en guaraní donde destaque el sapucai y el dominio de la verdulera en el primer plano de los cuatro canales con *Cuento publicado en el número 2 la Revista Qué Te que grababan entonces las bandas de músicos aficionados. Parece Esto Beba, noviembre 2002. 46 UN CAÑO ENERO 2013


LOS SICARIOS

E

POR

FRANCISCO DE ANTUENO

n silencio, abrió su bolsito negro y, como si fuera un ritual, comenzó a sacar sus cosas. Hacía seis meses que venía preparando ese golpe y sus empleadores tenían muchas esperanzas puestas en él. “Es un asesino nato. Donde pone el ojo, pone la bala”. Así lo había definido su representante ante sus contratistas. Y tenía razón. Por eso habían pagado el elevado precio. Vendía su efectividad y su arma al mejor postor. Él no vendía la siempre problemática “fidelidad” a un patrón o un bando, como tantos otros de sus colegas. Sus humildes orígenes no le daban espacio a esos lujos. Él disfrutaba de la simplicidad: se sabía un mercenario. Uno de los mejores del planeta. Su instinto asesino, su mente fría y calculadora, le habían permitido progresar en la sociedad y disfrutar de ciertos lujos que su infancia y sus padres habían desconocido. Su profesión y su modo de pensar le habían ganado muchos enemigos, pero qué le importaba. Daba lo mismo. A él le pagaban para matar. Se haría enemigos de todos modos. Se vistió despacio, siguiendo maquinalmente su rutina. Casi con cariño, sus manos recorrieron la silueta suave y fría de sus armas. El encargo en cuestión no era sencillo. Si bien trabajaría en equipo, el resto cumpliría su rol desviando la atención y entreteniendo al enemigo en tanto él se encargaría de apretar el gatillo. No tenía nervios, aunque la situación lo hubiera ameritado. Estaba a punto de ajusticiar a un amigo y, con él, a varios de sus excompañeros de armas. Por esa razón, había insistido tanto en la cifra descomunal que había pedido por sus preciados servicios. “Tenga en cuenta que no voy a poder volver a trabajar en este país”, les había dicho a los empresarios que lo querían contratar. Querían que eliminara a sus anteriores patrones, para quienes había trabajado durante mucho tiempo, con la excusa de que eran sus principales competidores. No le remordía demasiado la conciencia por el encargo, pero sabía que el escándalo, el oprobio y la condena social lo perseguirían. Definitivamente, después de esa noche, no podría volver a ejercer su actividad en la Argentina. Se miró al espejo. Su mirada fría y firme era la de siempre. Intentó esbozar una sonrisa pero la mueca resultó medio diabólica. Prefirió volver a su pétrea expresión habitual.

Salió a campo abierto. Sabía que, a simple vista, era uno más -su uniforme no le diferenciaba del resto- pero también sabía que los más observadores le reconocerían de inmediato. La gran pregunta que se harían era si él sería capaz de cometer la gran traición. Si su instinto matador no flaquearía frente al rostro de sus viejos camaradas… Los minutos pasaron y él se encargó de pasar desapercibido. Se mezcló entre la multitud, entre la mixtura de colores, procurando ser uno más. Consiguió que, poco a poco, todos se olvidaran de su presencia. Se mimetizó con el entorno y fue desapareciendo hasta que pasó a ser sólo un número. Luego, con paciencia y sangre fría, esperó su oportunidad. Que sabía sería la única de la que dispondría, porque una vez quitado su disfraz, no lo perderían de vista y lo cazarían sin descanso hasta eliminarlo. No. Sólo tendría un intento. Su espera duró más de una hora, hasta que, definitivamente olvidado por los guardias, tuvo la ocasión que esperaba y encontró la vía libre frente a su víctima. Corrió y corrió como una silenciosa gacela, acortando los metros que le separaban de su indefensa presa. Confuso al verse abandonado delante de su victimario, no se rindió sino que salió a enfrentarle, conociendo casi de memoria los movimientos que tantas veces le había visto ejecutar a su cuenta y orden. Sólo que esta vez, como en una pesadilla, el asesino venía a por ellos. Judas Cannotieri dio un vistazo a su acorralado amigo. Leyó en su mirada un pedido de piedad pero no tuvo misericordia. Tomó impulso y amagó con la izquierda pero lo ajustició con la derecha. Su víctima, sabiéndose vencida, cayó inerte a su paso. Cannotieri continuó su carrera al alambrado sin esperar a ver cómo la pelota entraba mansa, luego de rozar uno de los postes del arco de Racing. Cerró los ojos mientras se besaba el escudo de Independiente como si lo hubiera amado toda la vida y escuchaba cómo se levantaban dos gritos antagónicos: el de gol, desde la popular visitante y el de las incontenibles, desaforadas e irracionales puteadas desde la platea baja. Con ese gol, Racing, club en donde había jugado más de tres años y había sido goleador y campeón, quedaba afuera de la copa. ¿Lealtades? ¿Qué lealtades? Lo único que importa son los goles… y la guita. ENERO 2013 UN CAÑO 47


RODRIGO RODRÍGUEZ: GRAN JUGADOR, MEJOR PERSONA POR SEBASTIÁN

Y

o no soy corrupto ni tampoco soy de esos que justifica la corrupción. Eso te lo puedo firmar donde quieras. Pero si me hablás de este tema, lo que tengo para decirte es que no podía permitir que mi equipo bajara de categoría así porque sí. Encima ese año. Ese año en el que se me ocurrió ser dirigente. Y claro, yo ya había cumplido los treinta y de ser jugador me había olvidado hacía rato. En algún momento fui a una de esas pruebas pero no pasó nada. Me probé de delantero. No era alto, no cabeceaba, no era rápido, no tenía gol. Poca fuerza. Es cierto, le pegaba bien a la pelota pero con eso no alcanzaba. Son pocos los que llegan a ser jugadores profesionales. Por eso no me amargué. Pero tampoco me rendí para estar más cerca del club. ¿Jefe de la barrabrava? También había que hacer inferiores. Y claro, colgar banderas, tirar piedras, pedirle guita a la gente que hace la cola para sacar entradas, pedirle guita a los que estacionan el auto cerca de la cancha. Ya estaba grande para todo eso. Además, ser barrabrava implica violencia y un poco de corrupción, y ya te dije que no soy corrupto y mucho menos violento. Pero que el fútbol está sucio no hay duda. Lo saben todos. Está roñoso. Tiene barro hasta en el culo. Y yo no iba a permitir, mejor dicho, nosotros, los dirigentes, no íbamos a permitir que todo el mundo se revolcaran en la roña y sacara provecho de eso y que nuestro club por ser campeones de la limpieza se terminara comiendo un descenso. Y justo ese año que se me ocurrió ser dirigente. Mi vida hasta ahí era normal. Trabajaba en un local de ropas. Era el encargado y el patrón mi tío Miguel que confiaba en mí ciento por ciento. Un personaje, Miguel. Era divorciado y tenía dos hijos que mucha bola no le da-

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WAINRAICH *

ban. Se fueron con la madre. Ojo, un poco era por culpa de mi tío. La vida se la había dedicado a los locales y a la familia le llevaba la guita y nada más. Cinco locales tenía en total y uno estaba a mi cargo. Para él, yo era casi como un hijo, me decía. Tío Miguel me adoraba, qué querés también, si yo era el único de la familia que lo había aguantado en el divorcio y él era el único que me había dado un trabajo cuando no sabía para qué lado arrancar. Mi familia tampoco me daba mucha bola a mí. Me querían, sí. Pero se amargaban porque no me veían demasiado futuro. Con el tío Miguel siempre nos llevamos bien, a lo mejor por esa cosa de ser las lacras familiares. O estoy exagerando, lacras no, pero sí los que tomaron otro camino. Un camino que de verdad no estaba muy claro cuál era. En fin. Tío Miguel sabía que yo quería ser dirigente y no se oponía, lo único que me decía es que no descuide el local. Y eso nunca pasó. Siempre fui responsable y honesto. Queda mal que uno hable así de uno mismo, pero si soy eso, qué voy a hacer. Además, no ando diciendo por ahí que soy un genio y que me gano todas las minas. No. Trabajo, responsabilidad y honestidad. Eso dije en la primera reunión de comisión del club a la que fui y sé que les caí bien a todos desde un principio. Es tan poca la gente que se presenta que me aceptaron y de a poquito me fui metiendo, opinando y hasta una noche me fui a dormir creyendo que algún día sería presidente. Eso sí: imposible serlo si mi primer antecedente como dirigente era un descenso. Algo había que hacer. Se venía la última fecha. Nosotros jugábamos contra Temperley en nuestra cancha. Y teníamos que ganar sí o sí. Pero ese no era el problema, eso ya estaba resuelto. Ellos en ese campeonato ya no jugaban por nada y no les jodía perder el último partido. A cambio,


nosotros le dábamos a un arquero de la reserva que pintaba bien y que en nuestro club no tenía lugar. Ellos lo usaban y en caso de que en un futuro lo vendieran, nos tenían que dar el treinta por ciento. Algo que está muy de moda en estos tiempos: un canje. Temperley nos daba los tres puntos y nosotros a Ritolloti. Hasta ahí todo estaba bien. Pero la campaña ese año había sido tan horrible que dependíamos de otros. Lo peor que te puede pasar en el fútbol: depender de otros, de tipos que ni conocés, que no sabés si tienen ganas de jugar, si tienen ganas de ganar, andá a saber cómo se levantan ese día. Era en Saavedra el asunto. Sportivo Italiano visitaba a Platense y si le ganaba, chau, nos íbamos al descenso por más que nosotros le hiciéramos ciento doce goles a Temperley. El problema es que Platense tampoco iba a presentar demasiada resistencia porque ya estaba clasificado para el octogonal y esta última fecha mucho no le importaba. Algunos decían que pondría a los suplentes. Y enfrente Italiano pondría todo. Era fácil para los tanos. Nos llevaban un punto y no dependían de nadie. A ver si te queda claro, si ganaba Italiano chau, bajábamos y mi cartelito de dirigente iba a decir “descenso” así de grande. ¿Entonces qué hicimos? Nos reunimos todos los integran-

tes de la comisión y nos rompimos la cabeza. Primero apoyamos a nuestro técnico y a nuestros jugadores. No les dijimos que con Temperley estaba arreglado: a ver si todavía se sentían subestimados, se deprimían y perdían. Te juro, eran tan burros que podían perder un partido arreglado. Entonces les hicimos un asado, les contratamos a un tipo que vino a contar chistes y les prometimos que si nos salvábamos del descenso había premio para todos. Eso fue lo primero. Lo segundo que hicimos fue descartar por completo un soborno al árbitro de Platense-Italiano. Eso era sucio, corrupto y además se corría la bola que había mucha cámara oculta dando vuelta y si nos llegaban a enganchar no nos íbamos al descenso, nos íbamos a la desafiliación directa, nos hacían un buraco grande como nuestra cancha. Entonces, modestia aparte, se me ocurrió una idea: llamar a Rodrigo Rodríguez, el ocho y capitán de Platense. Llamarlo para pedirle que jueguen los titulares y que salgan a ganar. Un compañero de la comisión me dijo que eso costaba plata y lo miré desorientado mientras todos los dirigentes le daban la razón y se reían de mí. Pero todos coincidieron en que había que llamarlo. Rodrigo Rodríguez. Un jugador experimentado que había pasado por todas, siempre en el ENERO 2013 UN CAÑO 49


fútbol del ascenso, y que no se iba a sorprender por semejante situación. Además de ser el histórico de Platense, era un tipo con una imagen impecable. Jamás un conflicto, nunca una polémica, no sé si lo llegaron a expulsar alguna vez. Un señor con todas las letras. Empezó en Platense, pasó por muchos clubes del ascenso y hacía tres años había vuelto a jugar para el calamar. Lo llamamos y el tipo de buena gana aceptó reunirse con nosotros. Tenía 35 años y eran sus últimas fichas en el fútbol. No había hecho la diferencia económica y cuando se retirase iba a tener que buscar laburo. Podría ser técnico, periodista o representante, pero eran tantos los postulantes a esos puestos que la verdad se le iba a ser difícil. Un poco de plata adicional no le vendría mal. Nos citó en su casa: un departamento de tres ambientes en Villa Urquiza, donde vivía con su mujer y sus dos hijas. Eran setenta metros cuadrados cuidados, austeros, sin nada para destacar. De nosotros fuimos el presidente, el tesorero, el encargado del fútbol y yo, que le dije a mi tío que tenía que resolver unos problemas y me entendió perfectamente. Rodrigo Rodríguez estaba solo. Nos invitó a sentarnos en un sillón, sirvió café y comentó lo caliente que estaba la última fecha del campeonato. Lamentó que Platense no hubiera llegado a pelear por la punta. El presidente habló de la mala campaña que habíamos hecho nosotros y dijo que ahora necesitábamos la ayuda de ellos. Lo miró a los ojos y fue bien clarito: “estamos dispuestos a incentivarlos económicamente si no pierden contra Italiano”. Rodrigo Rodríguez se sorprendió. Dijo que pensaba que queríamos reunirlos con él para traerlo el año que viene a nuestro equipo. Era la reacción que esperaban mis compañeros. Al principio se iba a hacer el desentendido pero todos sabíamos por qué estábamos reunidos. El presidente le explicó que nuestro club no pensaba en la próxima temporada, de hecho ni sabíamos en qué categoría la íbamos a jugar. Y sin más vueltas le ofreció una guita concreta para que empaten o ganen contra Italiano. Veinticinco mil pesos para ser más exactos. Veinticinco mil a repartir entre todo el plantel, claro. Pensá que es fútbol de ascenso y no se mueve la guita que se mueve en el fútbol de primera. No era una mala oferta. Hubo silencio. Rodrigo Rodríguez se paró y fue hasta la cocina. Me sentí un poco orgulloso y un poco dubitativo. Orgulloso porque era un momento histórico del club y dubi50 UN CAÑO ENERO 2013

tativo porque no soy corrupto, no justifico la corrupción y me pregunté de verdad si estaba dentro de los marcos de le la ley lo que estaba ocurriendo en ese living. Estábamos pagando para que fueran a ganar, no a perder. ¿Qué estaba mal, entonces? Con nuestros jugadores hacíamos lo mismo. Si ganaban, tenían premio. ¿Acaso éramos corruptos por eso? No señor. Rodrigo Rodríguez volvió de la cocina con un tarro de azúcar para servir el café y dijo que aceptaba la oferta si nosotros no estirábamos a treinta y cinco mil. En ese caso, él hablaría con sus compañeros y jugarían los titulares y dejarían todo en la cancha para ganarle a Italiano. La conversación entró en una zona de negociación. El presidente dijo treinta y Rodrigo Rodríguez treinta y dos. El presidente ofreció treinta y uno y Rodrigo Rodríguez se plantó en treinta y uno quinientos. Y aclaró que él sólo cobrara por ganar, no por empatar. Me pareció un caballero. Dije en voz alta: “mirá qué ejemplo, es digno de felicitar”. El presidente me fulminó con la mirada y me exigió silencio. Le explicó a Rodrigo Rodríguez que nosotros necesitábamos que acepte cobrar por el empate. ¿Qué pasaba si el partido iba uno a uno, faltaba un minuto para terminar y por el afán de llevarse los tres puntos, todo Platense subía a buscar el gol de la victoria y de contraataque Italiano se le enchufaba a ellos? ¿Qué pasaba? Bajábamos. Eso pasaba. Nosotros nos teníamos que mandar a mudar. El presidente intentó hacerlo entrar en razón, le dijo que consultara con sus compañeros, a lo mejor ellos si cobraran por empatar. Pero no hubo caso. Rodrigo Rodríguez era el capitán y sólo cobrara por ganar. Nos entendió, fue muy amable, pero no cambió de opinión. Y pedía sólo una cosa: que un dirigente de nuestro club estuviera con un maletín con las treinta y un lucas quinientas en el banco de suplentes de Platense durante todo el partido. Ahí, paradito, o sentadito, pero ahí. Con ellos. “Pero cómo vas a desconfiar de nosotros”, le dijo el presidente. Rodrigo Rodríguez hizo oídos sordos y dejó en claro todo: “el trato es así: cobramos sólo por ganar, no por empatar y un dirigente de ustedes tiene que estar en nuestro banco de suplentes todo el partido. Nosotros lo entramos a la cancha como un aguatero, por eso no se hagan problema”. La angustia con la que nos fuimos de la casa de Rodrigo Rodríguez era proporcional al miedo que le teníamos al


descenso. Antes de dirigentes éramos hinchas y como bue- fuera un particular, le podríamos dar el porcentaje de un nos hinchas, pensábamos que nuestro club era el que peor jugador, esas cosas que se hacen estos días. Y si fuera una suerte tenía en el mundo. Seguro que Italiano le ganaba a empresa, también, el porcentaje de un jugador o carteles y Platense en el último minuto. Comenté que Rodrigo Rodrí- publicidades en el estadio o directamente en la camiseta. guez me parecía un tipo derecho y que si nunca había lle- Ahí se me ocurrió la idea. Mi tío Miguel. Ese local por el que gado a jugar en primera era porque no tranzó con los que si yo dejaba la vida por ahí podía poner treinta y un lucas y habían tranzado muchos. El presidente me pidió que estas media por mi querido club. Y por primera vez, me sentí un cosas nunca las dijera en público y que si este burro nunca político ventajero y me imaginé toda una película. Consigo había jugado en primera era por eso, por burro. A mí me pa- la guita, voy al banco de suplentes de Platense, se la doy recía un buen jugador y como muchos del ascenso no había y quedo como un héroe. Como el verdadero salvador del llegado a primera por caprichos del destino o de la suerte. descenso. La carrera ideal que había que tomar para ser Por supuesto que esa opinión me la guardé. ¿Para qué la presidente del club. ¿Qué más había que hacer? Si a los iba a decir? Vivíamos momentos de tensión y eran otros los socios y a los hinchas les interesa que la pelotita entre al temas a tratar. Uno: ¿de dónde el club sacaba la guita? Dos: arco y nada más. No sé por qué tomé conciencia y supe ¿quién sería el dirigente que el sábado iría a Saavedra con que estaba en estado duermevela. Al otro día sería imposiel maletín en la mano al banco de suplentes de Platense? ble encarar a mi tío y pedirle la guita. ¿Con qué cara haría Me vine a enterar que el club algo así? Pedirle semejante había incentivado a muchos cosa con todo lo que él haAntes de dirigentes éramos hinchas y como rivales de Italiano las últimas buenos hinchas, pensábamos que nuestro club era cía por mí, me había puesfechas y que ya no había de to de encargado y como el que más mala suerte tenía en el mundo. dónde sacar plata. Era martes si fuera poco me daba la y para el otro día todos teníalibertad para ir y venir al mos que traer alguna idea. No se trató el tema del dirigente club las veces que quisiera. No, al otro día no lo iba a poder en el banco de suplentes de Platense. Y esa noche, antes mirar a los ojos para pedirle la guita. Entonces hice una de de dormirme, tuve lo que una vez un médico me explicó locos. Eran casi las dos de la mañana y lo llamé por teléfono. que se llama duermevela. Es un estado en el que no estás Cuando sonó el teléfono se cagó en la patas. Pensó que les ni despierto ni dormido. Medio raro. Y en ese estado, en el había pasado algo a los hijos. Me puteó de lo lindo. Le dije duermevela, a mí me pasa que resuelvo los problemas de lo que necesitaba. Le expliqué que si bien yo estaba agrala vida tan fácil que me puedo dormir tranquilo. Al otro día, decido por las cosas que hacía por mí y que me sentía bien me levanto y me doy cuenta que una cosa es el duermevela en el trabajo y que mi sueldo era bueno, necesitaba algo y otra estar despierto. Ese martes a la noche me fui a dor- más. Quería ser presidente del club. El número nueve ya no mir y la verdad es que no podía pegar un ojo. Hice algo que sería. Mi tío volvió a putearme, esta vez en cuatro idiomas nunca hago: me tomé una pastilla. Una de esas que tomé las y me dijo que desde que era dirigente estaba hecho un pepocas veces que viajé en avión. Quedás medio pelotudo y lotudo. No pude dormir. Al otro día, cuando mi tío llegó al te dormís. Bueno, yo me quedé medio pelotudo pero no me local no sabía con qué cara mirarlo y cómo decirle que se dormí. Quedé en duermevela y por mi cabeza no había otro olvide de todo. Tampoco era cosa que se tomara en serio el nudo que resolver que el del sábado y las treinta y un qui- enojo, me echara a la mierda y yo me quedara sin trabajo. nientas lucas y media. Voy a ser sincero: yo tenía ahorradas Ser dirigente era ad honorem y yo no soy corrupto como cuarenta y tres lucas y en algún momento pensé en poner para ir quedándome con vueltos de pases de jugadores o de lo mío pero por suerte tan pelotudo no estaba. ¿Cómo de típicas jugadas mafiosas para vivir del club. Mi tío me recuperaría la guita? ¿Qué le podía dar el club al que pu- llevó al cuarto del fondo y me dijo que se había quedado siera la guita? Dos plateas por cinco años seguidos. Pero, muy mal con lo que había pasado a esa hora. “El horario, el ¿quién quisiera semejante obligación? ¿Ver a semejantes teléfono, los chicos con la madre, tu pedido, la verdad es muertos cinco años seguidos? Si el que aportara la guita que quedé descolocado. Decime en serio que necesitás”. ENERO 2013 UN CAÑO 51


El decime en serio que necesitás lo sentí como si en la madrugada hubiera escuchado mal mi pedido. Y como no se me ocurrió nada para decirle, le repetí casi con las mismas palabras lo que le había dicho por teléfono. Agregué que a cambio el club podría darle publicidad en la cancha o en la camiseta. A mi tío le cambió la cara. No le pareció tan loco lo que le pedía. En definitiva era invertir en publicidad. Es cierto, tal vez no era de la mejor de las inversiones pero tampoco la peor. De vez en cuando los partidos se televisaban y la gente los miraba, porque cuando hay fútbol la gente lo mira por más que juegue mi vieja contra mi abuela. El único problema es que las treinta y un lucas quinientas había que ponerlas todas juntas y ya. Si era miércoles y el partido era el sábado. En ese mismo momento, llamé al presidente, le conté la situación y vino corriendo al local. Dijo que ya no había a quién pedirle plata y que si nos salvábamos del descenso, armaríamos un buen equipo la próxima temporada y la gente vendría a la cancha y tendríamos más socios y más televisión y posibilidades de ser campeón. Mi tío lo escuchaba atento. Claro, el presidente hablaba mejor que yo. Usaba mejores palabras. Eso lo pensé: si un día llegara ser presidente debería cambiar mi manera de hablar. Bueno, el tipo este tenía cuarenta y dos años y yo treinta. En fin. Mi tío y el presidente llegaron a un acuerdo. La camiseta del club llevaría la publicidad de la empresa en la que laburaba yo. También era un orgullo. Mi tío también se sintió orgulloso. Me abrazó y al oído me dijo que me quería mucho y que le gustaba ayudarme. Más importante que la plata es la familia y vos sos mi familia, me dijo. Esa noche, el presidente anunció en la reunión de comisión que yo había conseguido la plata y todos me aplaudieron, me felicitaron y me agradecieron. Esa noche, el presidente anunció que yo iría el sábado con el maletín al banco de suplentes de Platense. Estuve nervioso hasta el sábado. Porque el sábado directamente no podía mantenerme vivo. Me moría de los nervios. A la vez, sentía una responsabilidad linda y por dentro de me decía que tenía que estar tranquilo, que si quería ser dirigente y el día de mañana presidente, estas tareas eran comunes, normales. Esa semana no hablé con mucha gente, sólo con un par de amigos a los que les dije que no iría a la cancha. No lo pudieron creer. Para que no existiera nada raro, les comenté que iría a Platense Italiano, 52 UN CAÑO ENERO 2013

pero no por el tema del maletín. Les dije que los dirigentes me mandaban para que con un celular les informe como venía todo. Mis amigos se burlaron de mí y me llamaron ché, pibe. Si ellos supieran, pensé. Si todo saldría bien, mucha gente del club se iba a enterar y yo iba a ganar algún que otro metro más en la comisión. El sábado a la mañana recibí el diario y no te voy a decir que toda la sección deportes hablaba del tema, pero le dieron un recuadro grande y casi sin decirlo, lo daban por salvado a Italiano y por muertos a nosotros. Me dio bronca pero también me dio buena espina, ir de punto siempre es mejor. Tío Miguel vino a casa con un bolso con las treinta y un lucas quinientas adentro. Nunca había visto tanta guita junta. Es cierto, tenía más de cuarenta ahorradas pero las fui juntando de a poquito. Acá venía todo junto. A eso de las una, dos horas antes del partido, mi tío me llevó hasta Platense. Cuando llegué, desde un celular que me dio el presidente, llamé a Rodrigo Rodríguez. Me hizo pasar al club. En la despedida, mi tío se emocionó y medio en serio medio en joda, dijo que podríamos ser presidente y vice en algún futuro. Un lindo proyecto. Eso necesitaba el tío Miguel: un proyecto más allá de los cinco locales que le daban no un buen vivir, un excelente vivir y una buena imagen en el barrio. Él necesitaba pasión, alegrías, esas cosas que la guita no te da. Cuando pase todo esto lo hablaríamos, pensé. Ahora nos teníamos que salvar del descenso. Yo ya estaba adentro de Platense. Los jugadores reunidos en un playón. Rodrigo Rodríguez se acercó a hablarme y me explicó que los dirigentes estaban avisados de la situación y que nada malo iba a pasarme. Yo temblaba. Me invitó a pasar al vestuario y detrás nuestro entró todo el plantel de Platense. Rodrigo Rodríguez me presentó y entre él y dos jugadores más me pidieron abrir el bolso. No me quedó otra. Podés creer que contaron peso por peso. Hasta llegar al treinta y un mil quinientos. Me senté en un banco a esperar. Se me acercó el utilero y me dio un jogging con el escudo de Platense, como si fuera un integrante del cuerpo técnico y así poder salir a la cancha. Me gustó estar ahí, en el vestuario. Ver como los jugadores entran en calor, como se hacen chistes, como el masajista los masajea, como los suplentes están en otro mundo. Escuché la charla técnica. No fue gran cosa. El técnico no dijo nada que no pudiese decir un hincha cualquiera, mirá lo que te digo. Pero al vivir todo eso, de tan cerca, la frus-


tración de futbolista se me subió a la cabeza. Y al corazón. querían? ¿Qué les den el partido por ganado? Son los que Qué lindo, pensé, debe ser vivir eso, domingo a domingo, después se llenan la boca hablando de ética. La cosa no sábado a sábado. Que te garpen por jugar al fútbol. Qué cambiaba. Fricción, fricción y más fricción. Encima, no sé si lindo. Pero algunos elegidos llegan. Ojo, no les tengo resen- era algo que me parecía a mí o qué, pero el árbitro cobraba timiento. A lo mejor un poco de envidia pero nada más. todas las divididas para Italiano. Lo comenté con el aguateEllos se lo ganaron, merecen estar ahí, tiene un montón de ro titular y el tipo coincidió conmigo. De repente, los hincosas que yo no tuve, ni tengo, ni tendré. Pero no tenía que chas de Platense gritaron un gol. No era gol de Platense. Si pensar en eso. Yo tenía que estar aferrado a mi bolso y la pelota estaba en mitad de cancha. Era un gol nuestro nada más. Rodrigo Rodríguez tomó la palabra, los jugadores querido, gol nuestro. Llamé a un compañero de comisión y formaron un semicírculo, se alentaron entre todos y fueron por lo que pude escuchar, porque los gritos tapaban todo, para el campo de juego. Yo salí detrás de ellos y junto al habíamos hecho un gol y le ganábamos a Temperley uno a cuerpo técnico. Con el bolso en una mano y el celular en la cero. Claro, algún hincha de Platense lo escuchó por radio, otra. No fue una gran salida. No se escucharon petardos y se lo anunció a sus compañeros de tribuna y lo gritaron no se vieron papelitos. Y que querés. Si Platense ya no ju- para que sufran los de Italiano. Sólo por eso. Esa costumbre gaban por nada y tenía la cabeza puesta en el octogonal. de gozar con el sufrimiento del otro y de disfrutar de ser el Por eso era sospechoso que jugaran los titulares. Pero el victimario. Los de Platense sentían que mandaban a Italiano técnico declaró en un par de reportajes que los ponía para al descenso y por eso eran felices. Yo era feliz porque nos que no perdieran ritmo. No sé salvábamos. Te lo juro que si alguien le creyó, de lo que se me puso la piel de galliestoy seguro es que alguna Se me acercó el utilero y me dio un jogging con el na. Era extraño. De no escudo de Platense, como si fuera un integrante creer. En el banco de suparte de los treinta y un mil quinientos pesos le corresdel cuerpo técnico y así poder salir a la cancha. plentes. Vestido de aguatepondería a él también. La saliro con un bolso que adenda de Italiano fue más ruidosa. tro tenía treinta y un lucas Y claro, ellos se jugaban el descenso y además tenían todas quinientas. Con la piel de gallina y no lo tenía con quién las de ganar, entonces llevaron pitos, banderas, petardos, compartir. El cuerpo técnico y los suplentes de Platense bombos. No eran una multitud. Más que nada porque no querían ganar, llevarse la guita y chau. Para eso el partido se son una multitud. Pero por ser Italiano estaba bien. Des- tenía que destrabar y la verdad es que parecía imposible pués de todo, quién dijo que un club es mejor que otro por que eso pasara. Los de Italiano cada vez estaban más nerqué tiene más hinchas. Me ubiqué en la última silla del ban- viosos y protestaba y pegaban más. Pero el árbitro no amoco de suplentes. Al lado del aguatero real. Lindo mensaje nestaba a nadie. Sólo a un par de Platense. Eso me daba me regalaba la vida: de la única manera que había podido miedo: el árbitro. Cuando me llamó un compañero de comientrar a un campo de juego era como aguatero suplente. sión le dije: como está jugando Italiano no le puede hacer Me sonó el celular pero nadie se dio cuenta porque lo tenía un gol a nadie pero el árbitro sí, creeme que el árbitro es en vibrador. El presidente quería saber cómo marchaban capaz de patear al arco. Por más que así nos salvábamos, las cosas. Y yo quería saber cómo marchaban allá. Acá y allá queríamos estar más tranquilos, más seguros. A eso de los estaba todo normal. El partido empezó y como todo parti- treinta y siete minutos, Rodrigo Rodríguez la agarró en mido del ascenso y más si se trata de un definitorio, era traba- tad de cancha y la revoleó como lo venían haciendo todos do, cortado, sucio. Todos trataban de sacar la mínima venta- los jugadores. No sé si fue casualidad o porque de verdad ja. Adelantaban la pelota en un tiro libre, exageraban lo quiso, pero le salió un cambio de frente de cuarenta mecualquier foul, protestaban cualquier cosa. En definitiva, tros espectacular y por el costado izquierdo entró un volanera un partido más potenciado a la mil quinientas. Mejor te que ni sé como se llama y quedó sólo frente al arquero. dicho a las treinta y un mil quinientas. Los jugadores de Ita- Lo fulminó. Adentro y a cobrar. Grité como si fuera hincha liano estaban furiosos con que Platense sin jugar nada pu- de Platense. Me abracé con el aguatero titular y casi me siera a los titulares. Son esas cosas que no entiendo. ¿Qué pongo a llorar. Llamé a mi compañero de comisión y por la ENERO 2013 UN CAÑO 53


radio ya se habían enterado. Hubiera querido estar en nuestra cancha. Vivir esa fiesta. En el entretiempo el técnico de Platense no dijo grandes genialidades. Les pidió que siguieran así y un par de boludeces más. Y pensar que yo no había querido hacer el curso de técnico porque pensaba que no iba a entender nada. Qué ansiedad que tenía, por Dios. Quería que se jugara el segundo tiempo, dejarles la guita, el bolso de regalo y volver al club. Y empezar una carrera de dirigente seria, ya con prestigio ganado, con una batalla vencida sobre mis hombros. Apenas empezó el segundo tiempo, se lesionó un jugador de Platense. Entró el aguatero titular y tuve miedo que el árbitro principal o mejor dicho el cuarto árbitro dijera qué hace ese tipo ahí, por mí. Pero nada de eso pasó. Tanta gente estaba dentro del campo que pasé desapercibido. A los cinco minutos los de Platense volvieron a gritar un gol nuestro. Llamé y sí, dos a cero a Temperley y si en algún momento dudaba de ese canje ahora me quedaba tranquilo. Siempre estaba la incertidumbre de que algún jugador escuchara mal o no entendía que tenía que perder. Qué sé yo, a lo mejor el nueve de Temperley era distraído, estaba en otra cosa, pateaba al arco y nos mandaba al descenso. Pero ese día parecía no trae sorpresas ingratas. El técnico de Italiano metió dos delanteros en la cancha y sacó a dos volantes. Empezó a amontonar gente. Entre pelotazos y ayudas del árbitro se metió en el campo de Platense. Eran centros y más centros. Todo juego aéreo. Faltaba media hora. La sensación era que todo iba a quedar así, pero en el fútbol, como dicen siempre los jugadores, nunca hay que relajarse. Vibró mi celular. Era mi tío Miguel. Me emocioné otra vez, parecía un maricón. Mi tío estaba allá, en la cancha, feliz porque todo estaba saliendo bien. Nunca lo había escuchado tan contento por algo que no fueran los negocios. Mirá lo que podía hacer el fútbol, el club. Me preguntó si quería que me pasara a buscar y le dije que no se hiciera problema, que se quedara festejando allá. No lo podía creer, mi tío Miguel no era un fanático del fútbol pero ahora estaba metido en esta aventura conmigo. Ahora sí seríamos las dos ovejas negras de la familia, pero qué importaba. Ya no sabía a quién rezarle y pedirle para que todo terminara bien. Italiano se venía con centros, tiros libres, pelotazos. Es verdad, no tenían una puta situación de gol, pero andaban merodeando por ahí. El técnico de Platense puso a un defensor y sacó a un delantero. Perfecto. 54 UN CAÑO ENERO 2013

Mirá si nos íbamos a poner líricos. Era corner para Italiano y se necesitaba gente alta. Llegó el centro, había un mundo en el aérea, empujones, agarradas, uno de Italiano se tiró y penal. Andá a saber si fue o no. Pero que lo cobró, lo cobró. Los jugadores de Platense discutieron, rodearon al árbitro. No iba a cambiar la opinión, pero servía para hacer tiempo. Se preparó el cinco de Italiano, le pegó fuerte y al medio. El Negro Díaz, arquero de Platense, se jugó a la derecha y chau, gol de Italiano. Uno a uno. Me llamó un compañero de comisión para ver si era verdad. Era verdad, claro. Pero por ahora nos salvábamos. Nosotros ganábamos dos a cero y Platense Italiano empataban. Seguíamos salvados, pero si Italiano hacía un gol más éramos boleta. El tiempo no pasaba más. Y el partido no había cambiado demasiado. Se jugaba en campo de Platense pero Italiano no era profundo. El tema es que este hijo de puta les diera otro penal. A los cuarenta, un defensor de Platense hizo un foul. Estaba amonestado y chau, roja. Ahí sí que me asusté de verdad. Faltaban cinco más lo que iba a adicionar. No quería que los jugadores de Platense hicieran más tiempo porque este tipo iba a dar como diez minutos más. Un compañero de la comisión me llamó para decir que nosotros ya habíamos ganado. Dos a cero y muy tranquilos. Canje hecho. El arquero de la reserva ya era de Temperley. Y yo me quedaba en línea con el dirigente relatando el partido. Él me decía que en nuestra cancha la gente estaba sentada en los tablones y en las plateas escuchando la radio. Era un silencio aplastante. Un silencio agazapado para dar un salto de alegría o un salto al vacío por si llegaba una mala noticia. Llegó. Porque a los cuarenta y cinco minutos, este hijo de un camión lleno de putas adicionó cinco más. Eso ya era una mala noticia. Pero en caso de salvarnos, todo iba a ser más heroico, sufrido, como le gusta al hincha. La gente de Platense parecía la nuestra, estaba callada. Los de Italiano gritaban como si fuese la última vez. Por el celular, le relataba todo a mi compañero y me sentía el mensajero, el responsable de lo que estaba pasando y de lo que pasaría ahí. A los cincuenta, con el tiempo cumplido, todos pero todos los de Platense y yo también, nos fuimos hasta la línea de cal para que lo terminara. El árbitro ni miraba y lo siguió, lo siguió hasta que consiguió un córner. Ese tipo estaba tocado por los de Italiano. En ese momento le dije a mi compañero que lo tendríamos que haber sobornado


Me puse mi ropa otra vez, dejé que pasaran unos veinantes. Corrupción era otra cosa. Corrupción era afanar en el gobierno, en el poder, quedarse con a guita de los im- te minutos y salí a la calle. Con el bolso y la guita. A dos puestos. Eso era corrupción. Esto era fútbol. Antes de que cuadras había una casa de remises y me tomé uno hasta el patee el córner Italiano, el hijo de puta adicionó uno más club. Hablé por celular con mi tío Miguel y me dijo que la y mi compañero de comisión se largó a llorar. Me dijo que plata igual la pondría en el club. Hablé con el presidente en nuestra cancha eran muchos los que lloraban. El arque- y me dijo que me esperaba para festejar y para recibir ro de Italiano fue hasta el área de Platense. Veinte jugado- la plata. El nombre de los locales de mi tío estarían en res estaban en esa área. De los otros dos jugadores del la camiseta la temporada próxima. En el remise pensé en partido, uno habían expulsado y otro pateaba el córner. Rodrigo Rodríguez. Si no ponía la mano, nos íbamos al desLlegó el centro y el seis de Italiano se elevó por encima de censo. Lo expulsaron y se perdería el primer partido del toda la masa que pareció que apenas se despegaba del octogonal. Me dije que lo llamaría en la semana para felipiso. El defensor cabeceó con el parietal derecho, cabe- citarlo y agradecerle. Le pedí al remisero que me dejara ceó claro, bien, la agarró de llenó. La pelota fue para un a una cuadra del club. Desde ahí se escuchaba la fiesta. palo y el Negro Díaz jamás podría llegar. En la línea, Rodri- Caminé esos cien metros, saludé a medio mundo, quería go Rodríguez, la sacó con la mano. Penal. Sin duda. Nada llegar hasta la sede, abrazar a mi tío, al presidente, dejar que ver con el otro. Mi compañero de comisión me pre- el bolso y festejar de una buena vez por todas. De todas guntó si era verdad lo que estaba pasando. Era verdad. maneras, mi festejo ya había empezado. Esa cuadra la caRodrigo Rodríguez se fue expulsado por último recurso. miné mientras cantaba, saltaba, festejaba. En la puerta de Pero si no ponía la mano nos íbamos al descenso. Ahora la la sede, estaba la hinchada con los bombos y las banderas. mano la tenía que poner el Estaban los jugadores tamNegro Díaz. El árbitro dio Entró el aguatero titular y tuve miedo que el árbitro bién. Todos en pleno festejo. la orden que de que se paprincipal o mejor dicho el cuarto árbitro dijera qué Me sumé al tiempo de que teaba el penal y se termiesquivaba hinchas y la masa hace ese tipo ahí, por mí. Pero nada pasó. naba. No valía rebote. Peera como una ola que iba y nal y chau. Fue de nuevo el venía. De repente esa ola cinco. Y de nuevo pateó fuerte al medio con violencia. fue más violenta y en una avalancha me empujaron y una Fue un segundo en el que el mundo se suspendió. El tiem- mano se llevó el bolso. Vi la mano y vi que el que se la llevó po quedó paralizado. Y el Negro Díaz se quedó en el lugar tenía la camiseta del club. Grité para que alguien lo detuy rechazó hacia arriba, con los puños. “Lo atajó, carajo, lo viera pero entre tantos gritos y cantos nadie me escuchó. atajó”, le dije a mi compañero de comisión entre los gritos El presidente me dijo que lo tendría que haber llamado al de los hinchas y jugadores de Platense. “Lo atajó, nos sal- llegar, que me hubieran ido a buscar allá. Propuse hacer la vamos, lo atajó”, le dije y a él no lo escuché, escuché el denuncia pero no tenía sentido, dijeron todos en la comigriterío, la fiesta que empezó en nuestro club y a la que sión. Las treinta y un lucas quinientas no entraban al club me quería ir ya. Los jugadores de Italiano lloraban. Los de y el nombre de los negocios de mi tío Miguel no estarían Platense festejaron en el campo, saludaron a su gente y se en la camiseta. De ser dirigente me quedó un recuerdo fueron para el vestuario. Yo detrás de ellos. Me llamó el amargo y con mi tío me quedó sólo una relación laboral presidente, eufórico, fuera de sí, y me dijo “gracias, nos y una culpa por haber perdido su plata. A la cancha dejé salvamos, dales la guita, que se la metan bien el orto y de ir: en la tribuna compartiría lugar con el que me robó venite para festejar”. Me lo dijo entre carcajadas. Entré al el bolso. En la platea, con los dirigentes que me dejaron vestuario y vi cómo los jugadores se festejaban y se abra- de lado y con los que sospechaban de que yo me había zaban. No sé de dónde saqué fuerza y grité, mientras afanado la guita. Algo que nunca se me ocurriría hacer, abría el bolso: “muchachos, acá está el premio”. Los juga- porque ya te dije, no me gusta la corrupción ni soy de esos dores de Platense gritaron como chicos y vinieron hacia que la justifica. mí. Rodrigo Rodríguez me cubrió como un defensor a un arquero que está en el piso y dijo: “no muchachos, yo dije *Del libro “Ser feliz me da vergüenza y otros cuentos”. que sólo cobrábamos por ganar, no por empatar”. ENERO 2013 UN CAÑO 55


LOS INTERESES DE LA FAMILIA POR PABLO

I Podía escuchar que estaban en el living en plena discusión. No distinguía lo que decían pero no podía ser nada nuevo y menos aún, nada bueno. Probablemente se tratara de algo peor que las discusiones habituales, ya que mamá no solía acompañarnos a la escuela ni papá tomaba café por las mañanas (en principio, porque no solía estar vivo por las mañanas; usualmente se desplomaba sobre la cama con un olor a oso que podía tumbar a una zaga central tan aguerrida como la que conformaban el Zurdo López y Pancho Sá). –¡Pará, boludo! –le grité a Miguelito, mi hermano dos años menor, que había encendido la tele- ¿No te das cuenta de que se están peleando y mamá está llorando? Además, ¿qué carajo te importa Telescuela Técnica? –Estoy esperando los dibujitos –me contestó-. Además, no me calienta lo que les pase.

II Una amenaza de bomba en la escuela nos había obsequiado otro feriado matinal extra, un par de horas atrás. “Están los de la Brigada inspeccionando”, le había dicho la portera de la escuela a mamá. Después, bajó la voz y para que no la escucháramos, le susurró: “Parece que fueron los Montoneros del ERP”. El cartelito escrito con fibra que colgaba de la puerta era la marquesina de un anuncio rutilante, magnífico: 18 de abril-Clases suspendidas. Regresar a casa, lo que significaba, entre otras cosas, zafar una semana más de la prueba de matemáticas, poder ver Los tres chiflados e ir a patear a la placita de la cortada Barrientos con Miguelito y los pibes del barrio que iban al colegio de tarde. Si juntábamos un equipo, de golpe nos íbamos hasta Plaza Francia a jugar unos desafíos. Los mo56 UN CAÑO ENERO 2013

DE BIASE

rochos de la Villa de Retiro siempre andaban por ahí y nosotros llevábamos una número cinco de cuero bien nuevita. –Sería bueno que se pusieran al día con la tarea –nos advirtió mamá, con tan poca convicción que tuvo que hacer un esfuerzo grande para no quebrarse.

III

La discusión había empezado temprano para ella. Papá había vuelto de “comerse una pavadita” después de su trabajo en el diario, donde, como casi todas las madrugadas, había tenido “un cierre chivo”. Eran alrededor de las siete, yo me hallaba vestido, peinado, preparado para salir a la escuela, con el guardapolvo puesto y abotonado incluso. Me quedé mirando al viejo, que estaba sentado a la mesa de la cocina mirando a su vez a la taza de café como si tuviera algún misterio oculto, o una carencia imperdonable, más bien. –¡También! –se quejó, de pronto, mi padre ante un auditorio vago que parecía hallarse detrás de la pared y, por supuesto, de mi propia persona-. ¡Quién carajo iba a pensar que la Selección iba a perder con los rosarinos y que la figura iba a ser un tal Carlovich! Se nos fue el cierre a la mierda, ¡la guita que deben haber perdido con la distribución! (El café no había tapado el persistente olor a alcohol de su aliento. Tampoco había mejorado su humor).

IV “Ma, ¿los Montoneros son buenos?”, preguntó Miguel una vez que habíamos vuelto a casa desde la escuela. Apenas habíamos entrado en el hall del edificio cuando al pendejo se le ocurrió romper las bolas. –No, Miguel, y no se te ocurra andar repitiendo eso –le gritó mamá.


No quise meterme en la discusión, porque los adultos andaban muy alterados con las cuestiones políticas y yo no entendía qué pasaba. Lo único concreto era que gracias a las amenazas había menos escuela y más cosas divertidas para hacer por la mañana, por lo tanto tan malos no debían ser los Montoneros. La zanahoria más preciada era que faltaba poco para el Mundial de Alemania y quién podía pensar en otra cosa; especialmente cuando mi viejo se iba a ir a para allá “a cubrirlo para el diario” e iba a volver, seguramente, con algún regalo increíble para nosotros. (Todavía funcionaba el Scalextric que nos había traído el año pasado, cuando había viajado también a Alemania por la gira de la Selección que les ganó 3-2 con un golazo del Beto Alonso, uno de Ghiso y otro de Brindisi). Bueno, en realidad, las discusiones de mis viejos me ponían triste y me preocupaban. Si papá se iba de casa, ya no iba a haber gritos, discusiones ni ese persistente olor a oso en su cuarto. Pero tampoco habría ya anécdotas sobre el coraje de los irlandeses ni sobre los grandes ídolos deportivos, ésas que me permitían sacar una serie de ventajas increíbles entre los pibes de la escuela. Sin ir más lejos, la número cinco con la que pretendíamos jugar una hora des-

pués se la cambié al boludo de Bonacini por un autógrafo de García Cambón, que me había conseguido mi papá gracias a su amistad con Armando.

V

Carlovich era el culpable esta vez, como lo habían sido Houseman o Nélida Lobato otras madrugadas, sólo por citar algunos ejemplos entre los más renombrados. Junto a la enésima taza de café, papá había dispuesto en confuso montón los elementos indispensables del bolsillo del saco: Alka Seltzer, Mylanta, Buscapina y aspirinas “de las que producen menos acidez” porque “las otras hacen pelota el estómago”, y, por supuesto, las tarjetas de no menos 162 restaurantes y boliches nocturnos. Mamá nos despachó al cuarto y ahí empezó la pelea que ya llevaba dos horas. Con el tiempo el oído se aguzó, fragmentos enteros de los parlamentos de uno y otra se me volvieron comprensibles. Mamá se quejaba, básicamente, de las trasnochadas permanentes, de la falta de solidaridad con la casa, ¡con ella!, y con el cuidado de los chicos (es decir, el salame de mi hermano y yo). Le preguntó a cuántos actos de nuestra escuela había asistido y empezó a clavarle

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impiadosa el filo del álgebra: “Si el cierre es a la una de la mañana, ¿por qué comer una pavadita te demanda seis horas?”. Papá le recordó que tenía franco esa tarde, y la tentó con un “par de champancitos” para “hablar tranquilos a la noche”. A continuación le recordó que cuando volviera de Alemania haría escala en París y le prometió traerle un tapado de piel y no sé cuántos perfumes. Sabía que eso afectaría mis sueños y mis intereses respecto de la inigualable ingeniería de la industria del juguete alemana pero aliviaría la tensión del momento. Por un rato, decidí anteponer los que creía eran los intereses de la familia. Los cafés de papá no se debían únicamente a su deseo de tener una charla seria para salvar su matrimonio. Esa mañana, además, Carlos Monzón retornaba a los entrenamientos, ya que en octubre debía enfrentar a Tony Mundine en el Luna Park y Amílcar Brusa le había exigido una puesta a punto de medio término. Había demasiadas fiestas en su vida y poco gimnasio. De hecho, no veía un guante desde que había liquidado a Mantequilla Nápoles, en febrero. Papá tenía que hablar con él y con Brusa, para arreglar una serie de notas por entregas, exclusivas para el diario; de paso, pretendía hacer un negocio para Boca, avalado por Armando, se entiende. Me lo contó en el taxi. También me dijo que no sé qué juez de línea les había costado una fortuna la semana pasada y que él había llevado la valija con la guita a un hotel y se la había dejado en el baño del bar a un petiso con peluquín naranja, tan naranja como su pelo de irlandés cabrón, “imposible de peinar sin un rastrillo”.

VI Yo lo quería y me sentía fascinado por sus contactos con el mundo del deporte y del espectáculo, que me daban chapa en el patio del cole y en la ronda de la plaza, pero me hacía sentir tan disminuido cuando se encontraba en la calle con alguna “amiga” –tenía más amigas que mis dos primas adolescentes juntas-, o cuando sacaba la petaca del bolsillo del impermeable para tomarse un par de whiskicitos y, encima, le hacía una broma al chofer del taxi o a quien estuviera presente. Como en aquel momento, en que el taxi cruzaba Viamonte y el conductor se quejaba porque resultaba imposible seguir avanzando por Alem “porque los terroristas Montoneros ésos cortaron la calle” 58 UN CAÑO ENERO 2013

Eran miles de alguna agrupación universitaria que habían hecho un acto relámpago en la plaza Roma y desconcentraban por Leandro Alem. Estaban enojados. Golpeaban y sacudían los autos detenidos con furia, con una bronca que estaba dirigida, parecía, al Presidente Perón. “Qué pasa, qué pasa, qué pasa, General, está lleno de gorilas el gobierno popular”. Gritaban. Cuando se la agarraron con el taxi en el que veníamos -lo sacudieron como a una lata de sardinas-, sentí otra vez “esa” clase de miedo; como cuando las borracheras se volvían incontrolables y violentas y papá rompía cosas y se mofaba de mi “falta de agallas”, un miedo parecido al que había sentido unos años atrás cuando se movió mi cama por el estruendo que produjo la bomba que los del ERP habían puesto en el concesionario de la Fiat, en Laprida y Las Heras, a dos cuadras de casa, una madrugada cuando tenían secuestrado a Salustro. Ese tipo de miedo era el que me recorría el cuerpo mientras el auto era zarandeado al ritmo del “qué pasa, qué pasa, qué pasa, General”. Decididamente, los Montoneros estaban dejando de parecerme buenos. Atravesamos la plaza a pie, esquivamos manifestantes y oficinistas, y logramos avanzar por Lavalle rumbo al gimnasio del Luna. En un tiempo prudencial llegamos al portón de entrada, cerca de donde estaban apostados, sobre Lavalle y sobre Madero, los camiones de exteriores de los canales de televisión y de las radios. Papá, nervioso, me hacía sentir su mano huesuda y poderosa, cincelada por la práctica aficionada del rugby y el boxeo durante décadas: me llevaba a la rastra como si fuera una bufanda. Anduvimos volando así hasta haber traspuesto largamente el umbral, cuestión de que todos los presentes me vieron levitar a la fuerza por entre la bruma del lugar. El gimnasio del Luna ocupaba una franja de Bouchard a Madero, a lo largo de Lavalle. Una vez allí, se acomodó lo mejor que pudo su corbata de Pucará y el castigado impermeable en cuya solapa lucía un escudito de Boca hecho por un joyero, una distinción de parte de Armando con la que sólo contaba un puñado de Xeneizes VIP. Su entrada, con un niño-bufanda como si fuera un globo, fue triunfal. Como siempre… Como siempre, un papelón más para hacer una muesca en la pared, otra puñalada de un padre adicto. –Qué hacés, Mickey, lo saludó cada uno de la multitud de periodistas, de la gente de lo más variopinta del mundi-


llo del boxeo y del deporte, en general, que se había con- mes después, contra otro argentino, un tal Salinas que vivía gregado allí, y todos y cada uno de los empleados del lugar. en Estados Unidos. La semana siguiente, partía para Francia. Eran un montón, y rodeaban a Monzón a no más de un metro y medio. El campeón, quien en ese momento soportaba VII los focos de las luces de tres canales distintos le daba a la Papá me tomó de la mano, de golpe, como sacándome bolsa con fiereza, conocedor de su mejor perfil ante las len- de un ensueño y haciéndole apenas un saludo huraño con tes de las pesadas cámaras de exteriores. No bien terminó la cabeza a Castellini. Venía de haber estado encerrado con el flash para el noticiero del Trece, Monzón paró de darle a Monzón y Brusa en la oficina de Lectoure, donde arregló la bolsa y se dirigió a papá, llamándolo “Don Miguel”. Papá los distintos “negocios” que tenía entre manos (lo que le le hizo una seña con las cejas, “Carlitos” levantó su puño devolvía el brillo a su mirada, ya que significaba que llegaba izquierdo y todo pareció quedar acordado: se verían des- libre a la hora del almuerzo), y me retó por no interesarme pués, en la oficina de Lectoure. por Monzón cuando me dejó solo en el gimnasio. Luego, anLa ruidosa multitud de conocidos de mi padre me pro- tes de irnos, me humilló delante de uno de los empleados vocaba una sensación que oscilaba entre el miedo, el recha- del gimnasio. “Qué quérés, Ernesto. Cómo no van a salir zo profundo y unas tremendas ganas de llorar y de volver maricones y tirabombas. Si los traés a ver a Monzón y se enseguida con mi mamá. De a pasitos me fui alejando como quedan hablando con Castellini, ¡con Castellini!”. un cangrejo hacia el otro Cuando cruzábamos extremo del gimnasio, que “Qué querés, Ernesto. Cómo no van a salir maricones el Bajo, ya sin rastros de estaba partido por un ring, ningún montonero, aunque y tirabombas. Si los traés a ver a Monzón y se en torno del cual disponían con más policías que tranquedan hablando con Castellini. ¡Con Castellini!”. un ring-side y un pulman seúntes bajo las arcadas, el cuando celebraban velaviejo me confió, desdoblandas. Allí hacían peleas los miércoles, que se transmitían en do su personalidad en la del confidente “confiable”, a quien directo por televisión. hacía rato le había perdido la confianza, que una vez MonApresuré mis pasos al borde del pánico. En ese mo- zón le había dicho que Castellini “pegaba como una mula”, mento, cuando ya me había dado vuelta y caminaba dándo- que había hecho guantes con él y le había costado “ponerlo a le la espalda a mi papá y a la multitud de sórdidos amigos raya”, que se le caían los brazos por el dolor que le provocay conocidos, “pesadillesca” como una troupe de circo de ban sus golpes. una película de terror, me topé con la sonrisa amable de un Por supuesto, terminamos en una cervecería de por allí. hombre sensible a mi frecuencia, alguien cuya mirada pare- Luego de la décima, papá se fue al baño, hinchado como un cía entenderme y me hacía sentir junto a un tío protector, globo, no sin antes pedir la undécima. No sé si fue por el a alguien que podría cuidarme. El hombre estaba saltando complejo de inferioridad que ya tenía bien desarrollado, o la cuerda en ese momento. No sé bien cómo describirlo, por mis deseos de sentirme todo lo hombre que un irlandés pero sin duda me daba la impresión de ser alguien muy dis- debía ser o por el simple deseo de la curiosidad. La cuestinto a mi papá y sus accesos de ira feroz, que lo llevaban tión es que cuando el mozo trajo la undécima jarra, papá a esas peleas interminables con mamá. Su temperamento todavía estaba en el baño y no pude resistir la tentación de irlandés, como le decía. tomar mi primera copa. Me bajé el contenido del vaso has–¿Cómo te llamás? –me preguntó el boxeador de la mi- ta hacer fondo blanco. En los siguientes 20 años, bebería rada dulce. otros ciento setenta y tres mil doscientos más… y llegaría –Diego. a entender lo vacío y solo que se había sentido ese tipo, el –Yo me llamo Miguel irlandés boquense, el periodista influyente y arrollador, mi –Igual que mi hermano –le dije por decir algo, para conti- querido viejo. Por suerte, ya no paso frío y soy feliz porque nuar la charla, nomás. Después, de a poco entré en confianza mi cuarto, en el que pegué una foto de Monzón luego del y me contó que iba a pelear en Europa, en Montecarlo, un segundo triunfo ante Rodrigo Valdez, da al jardín. ENERO 2013 UN CAÑO 59


GANAR ES DE PERDEDORES POR ARIEL

E

n tiempos donde los directores técnicos tienden a ser expulsados de sus puestos de trabajo a la tercera derrota consecutiva, tal vez no sea ocioso recordar la campaña de Leopoldo Lamberto Lünenhof en el Aguerridos de San Javier. En su primera temporada al frente del conjunto albiprieto, Lünenhof computó apenas dos victorias y cuatro empates, redondeando la peor campaña del equipo desde su ascenso a la primera C. Eso no obstante, la comisión directiva decidió renovarle el contrato por una temporada más, atenta a la evidencia de que el equipo jugaba bien, de hecho bastante mejor que la mayoría de sus contrincantes, y que esa superioridad técnica no tardaría en cristalizarse también en los resultados. Sin embargo, la segunda temporada fue menos exitosa aún que la anterior. El Aguerridos no consiguió una sola victoria, y si quedó cuarto contando desde abajo fue sólo porque los otros tres recibieron quita de puntos por desmanes dentro y fuera de la cancha. La diferencia de goles era tan desfavorable como ningún socio recordaba haber visto ni en las inferiores. En las tablas de promedios se agrandó la columna de goles en contra a fin de que hubiera espacio para el que le correspondía al Aguerridos, que era de tres cifras. Eso no obstante, la continuidad del director técnico no fue puesta en duda. El equipo jugaba cada vez mejor, y si bien salir campeones no parecía figurar entre los objetivos explícitos de Lünenhof, tampoco se hablaba nunca de la necesidad de mantener la categoría, por lo que la impresión general era que todo eso eran detalles que se descontaban. Lünenhof se refería a su juego en términos estrictamente tácticos, las especulaciones numéricas no ocupaban en sus planes un lugar ni siquiera anecdótico. Él no trabajaba para

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MAGNUS

ganar partiditos - decían que decía - sino para hacer del Aguerridos el equipo con mejor fútbol de la historia. El suyo era un proyecto ambicioso de largo alcance, entendieron las autoridades, y en señal de confianza el contrato se le renovó no por uno, sino por dos años más. La tercera campaña fue peor que las dos anteriores, sumadas. Un auténtico desastre. El agónico empate en cero de la primera fecha aportó el único punto que consiguió el equipo a lo largo de todo el campeonato. Goles a favor contabilizó cinco, tres de ellos de penal. De los goles recibidos, hasta los organizadores perdieron la cuenta después de algunas fechas, por lo que decidieron dejar de computarlos. Las tablas volvieron a su ancho normal y en la columna correspondiente aparecía un 99 meramente simbólico. Mucho antes de que terminara el campeonato se especulaba con que al año siguiente las planillas podrían venir con el nombre de Aguerridos de San Javier ya impreso en el último lugar y que los otros equipos deberían arrancar con dos puntos cada uno, por cuenta del partido que ya le tendrían ganado de antemano al de Lünenhof. Se convino, asimismo, que para la tabla de goleadores oficial no se contabilizarían los goles hechos al equipo albiprieto, como si correspondieran a los de un entrenamiento o un partido a beneficio. Lo que no estaba en discusión era que el Aguerridos se quedaba en la C. Si antes los dirigentes del club habían tenido que hacer algunos malabares con el promedio para que el equipo mantuviera la categoría, ahora eran personas de otras instituciones las que se encargaron de evitar el descenso, y con métodos que trascendían la interpretación matemática. Se dijo que los otros clubes aprovecharon la oportunidad para saldar cuentas entre ellos, mandándose mutuamente inspecciones sanitarias o haciéndose acu-


saciones cruzadas por irregularidades en el fichaje de los players. Se dijo también que el presidente del Aguerridos había amenazado con hacer caer a las otras instituciones junto con la suya, ventilando negocios turbios en la venta de chicos de las inferiores. Se dijo, por último, que si se llegó a un arreglo fue por lástima y caridad. Todas esas especulaciones son falsas y corresponden a los difamadores del fútbol, a los golpistas del deporte en general. Fáctico es únicamente que el Aguerridos se ganó el afecto de otros clubes a fuerza de una sola cosa: el buen fútbol. En tiempos donde lo único que parecería tener importancia es ganar, tal vez no sea ocioso recordarnos que de lo que se trata, en última instancia, es de tratar bien a la pelota. Ninguna otra razón podría de lo contrario justificar que el conjunto de Lünenhof cautivara no sólo a los simpatizantes de San Javier y a sus oponentes, sino de a poco también a seguidores de la B y aun de la primera. Picados por la curiosidad, cada vez eran más los extraños al club y a la categoría que iban colmando las endebles gradas del Arenero, todos ellos ansiosos por ver jugar en su cancha a ese equipo que se retiraba siempre vapuleado, aunque invariablemente aplaudido por el público de ambas parcialidades.

Las palmas eran, demás está decirlo, de pura admiración. Difícil que ninguno de los asistentes haya visto, antes o después, un fútbol elevado a tal grado de perfección y belleza. Por lo general se trata de la acción aislada de jugadores habilidosos lo que logra llevar al deporte de marras hacia una esfera sospechosamente parecida a la del arte. En el caso del Aguerridos, sin embargo, ese trabajo no correspondía a los solistas sino a la orquesta en su conjunto, y ante todo a su director. Al ritmo de su varita el fútbol se abría hacia dimensiones desconocidas, mágicas, y cada sábado la gente salía de la cancha con la alegría un poco atribulada de quien ha presenciado un milagro. En qué se basaba específicamente esta sensación es difícil de decir. Como toda obra de arte, también las de Lünenhof se sustraen a las palabras. El esquema táctico cambiante e impredecible podría ser la piedra de toque más visible, casi burda, de una posible explicación. En cada partido el equipo se paraba dentro de la cancha según una figura distinta, una semana atacaba por los bordes con dos laterales a cada lado y nadie en el medio, a la siguiente en cambio con cuatro hombres en línea casi vertical. A veces la formación emulaba el escudo del club

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o algún otro símbolo de connotaciones menos evidentes, tal vez masonas; a veces semejaba un animal, por ejemplo un águila, vista desde la tribuna norte, y a la vez otro, un cabrito o cordero, vista desde el sur; a veces el dibujo no era claro y cada hincha adivinaba una cosa distinta, por lo que mirar la cancha era como mirar el cielo. Al principio la gente no entendía la utilidad de estas figuras extrañas y las rechazaba, incluso con cierta vehemencia, pero a más tardar hacia el fin de la primera temporada nadie, aunque siguiera sin captar cabalmente su razón de ser, toleraba un partido sin alguna de estas innovaciones. Si el equipo arrancaba con un claro 4-3-1-2 o el clásico 4-3-3, la hinchada se lo tomaba como una aberración y enseguida pedía un 5-5 o un 2-2-2-2-2 o cualquier otro cambio radical, sin entender que en este caso el cambio estaba dado por la ortodoxia misma. La autoreferencialidad de Lünenhof llegaba al punto de remitirse a partidos anteriores con esquemas que funcionaban de fe de erratas o abiertos homenajes, entre los que incluía a veces el de repetir dibujos pasados con siete diferencias mínimas, que sus seguidores más fieles jugaban a descubrir. Este gusto de Lünenhof por los guiños internos nunca le impidió hacérselos también a sus contrincantes. El más efectivo era el de repetir la formación del otro equipo en espejo pero con algunas excepciones perturbadoras, o invertida grotescamente como en una cuchara. Otra de sus picardías consistía en cortar en diagonal las líneas perpendiculares de los mediocampistas, o en anular ciertos jugadores mediante marcas personales de forma un poco aleatoria, como quien juega a la batalla naval. Ninguna de estas estrategias evitaba los goles en contra, casi se podría asegurar que los favorecía, pero así y todo la sensación era que el equipo contrario, pese a ganar, perdía rápidamente el dominio del juego y terminaba jugando según el esquema que le marcaba el Aguerridos. Para el observador avezado, era evidente que los veintidós hombres eran colores en la paleta del maestro Lünenhof, que parecía jugar con ellos un solitario partido de ajedrez. La ventaja suplementaria de que el adversario jugara según el capricho del propio director técnico era que los goles recibidos tenían sabor a hechos por propia voluntad. Si bien el resultado mostraba infaliblemente lo contrario, 62 UN CAÑO ENERO 2013

el hincha imbuido de la filosofía lünenhofiana entendía que los goles del rival eran, bien mirados, goles a favor en el arco incorrecto, o bien goles en contra que el Aguerridos se hacía adrede por interpósita persona. Subvencionaba esta certeza la notoria circunstancia de que se trataba casi siempre de goles o muy tontos, o bien de golazos. De estos últimos parecían especialmente regalados los que derivaban de largas jugadas grupales, surgidas no tanto de la habilidad del equipo atacante como de los espacios que oportunamente les cedían los propios defensores. Lejos de padecerlos, pues, estos goles tercerizados eran para el Aguerridos una suerte de ensayo, como los bosquejos que el artista tira al tacho porque ya se le ocurrió una idea mejor. Tal vez esto explique en parte por qué meter goles propios no parecía ser una prioridad. Por otro lado, el Aguerridos tenía un juego tan vistoso y estimulante de toque y toque, de viene y va, que interrumpirlo para meter la pelota dentro del arco contrario parecía una pena. Los dirigidos de Lünenhof preferían para eso las pelotas en los palos, que dominaban con una soltura y una precisión apabullantes. De a decenas se contabilizaban por partido los rebotes en el travesaño o en algún poste, con frecuencia también en el travesaño y después en un poste o incluso en los dos. De estas carambolas, que resultaban mucho más llamativas y excitantes que el mero gol, algunas terminaban efectivamente dentro del arco, pero como a su pesar. La gente gritaba el tanto por no perder la costumbre, pero generalmente ya venía afónica de celebrar jugadas grupales y lujitos individuales, a cual más barroco y audaz. En ese sentido, la especialidad de Lünenhof eran las pelotas paradas. Cada córner, cada tiro libre constituían en sí un partido aparte. Menos buscar el arco, cosa que sólo hacían cuando había mucho viento en contra o llovía de forma torrencial, acaso porque en esas circunstancias la pelota se comportaba de manera anómala y asombrosa, es decir netamente estética, el Aguerridos probaba todas las alternativas imaginables, incluida la de tocarla atrás hasta el arquero y salir jugando desde el fondo. Con frecuencia colocaban delante de la barrera de defensores una barrera propia que iba dando pasitos hacia atrás como la otra hacia adelante, o que de pronto se abría en dos y la rodeaba


por detrás como en un paso de ballet, o cuyos miembros frialdad de prócer que emanaba de su figura, los jugadocaían a plomo sobre el piso como fusilados. Mientras, los res sentían por Lünenhof esa devoción que suelen cultivar cabeceadores se movían en el área según coreografías que los alumnos por sus profesores de educación física, aun los parecían improvisadas, pero que respondían seguramente más hoscos y militaristas. Ninguno se quejó jamás de malos a las óperas preferidas de Lünenhof. tratos ni desertó del equipo por problemas con el entrenaClaro que esto último no es más que una conjetu- dor. Algunos llegaron incluso a rechazar tentadoras ofertas ra, como lo es casi todo lo que haga referencia a la vida de la B para seguir jugando bajo sus órdenes, y si al fin se privada de Leopoldo Lamberto. Ni su edad conocíamos iban era por expreso pedido del mismo Lünenhof, que no con precisión, aunque no podía ser menor a cincuenta. quería ser un obstáculo en la carrera de los jóvenes. “La Se sabía en cambio que era descendiente de austriacos y vida de un futbolista es corta pero la vida de un hombre, que venía de una familia de artistas. La madre había sido larga”, dicen que les decía a sus discípulos, que por lo deprimer violín de una orquesta municipal hasta que quedó más no solían hablar en público de su insondable gurú. sorda y las obras del padre, ebanista de profesión, podían Cimentada en este silencio y en aquella devoción, haadmirarse en algunos museos de provincia. No se le co- cia el final de la tercera temporada la mística de Lünenhof nocían hijos ni mujer, y de su pasado deportivo la única había alcanzado alturas notables. No sólo los jugadores se noticia certera era que se había visto interrumpido muy negaban a ser transferidos sino que, sotto voce, algunos temprano por un accidencontrincantes y jugadores te automovilístico, del que El Aguerrido tenía un juego tan vistoso y estimulante de las divisiones superioaún daba cuenta una sutil res hacían llegar al club su de toque y toque que interrumpirlo para meter la renguera en su pierna deofrecimiento de calzarse la pelota dentro del arco contrario parecía una pena. recha. Vivía a la entrada del albiprieta a cambio del sepueblo en una casa pequeguro médico y los viáticos, ña que nadie del club conocía por dentro, y de la que a como estrellas de cine que se prestan voluntariamente a toda hora se derramaba música de ópera. Ni el peluquero trabajar por el sueldo mínimo a las órdenes de un director que le emprolijaba la barba antes de cada partido sabía que respetan y admiran. Sabían que jugar gratis para Lüde Lünenhof más que sus opiniones sobre temas estricta- nenhof aumentaba a su vez su cotización, como ocurría mente ligados al balón. con nuestros propios jugadores, pero no lo hacían por eso, La abundante barba grisácea, la boina azul y el bastón o no solamente por eso. Así como acercarse al Arenero de (superfluo) acrecentaban este aire de artista misterioso. San Javier se había convertido en una excursión obligada Sus hábitos taciturnos y su altura algo desmedida lo ha- para todos los hinchas del jogo bonito, del fútbol gourmet, cían parecer lejos de todo, mientras que la penetrante mi- también para los jugadores enfrentarse al Aguerridos era rada de sus ojos negros tampoco constituía una invitación una fiesta. Hasta los equipos menos agraciados en recura acercársele. Durante los partidos hacía pocas señas, y sos técnicos o en individualidades desplegaban contra el esas pocas sólo hasta la mitad, como descontando que el nuestro un fútbol prolijo y por momentos hasta vistoso. jugador entendía el resto. Lo que también dejaba a veces Lünenhof parecía tener la fórmula para sacar lo mejor no por la mitad eran los cambios. Sacaba un jugador, pero no sólo de sus propios jugadores sino también de los contrahacía entrar a nadie en su reemplazo. El equipo jugaba rios, y aun los fanáticos de la parcialidad visitante descuentonces con diez o a veces menos, sin que se entendiese brían en ellos un amor imprevisto o largamente reprimido si se trataba de un castigo individual o de una estrategia por el deporte en sí, más allá del deseo de ganar o la pade grupo. “Él sabe lo que hace”, asentían gravemente los sión por cierta camiseta. viejos aficionados, que desde la entrada de Lünenhof haAprovechando esta coyuntura, y previendo otro año bían abandonado la costumbre de escuchar la radio para catastrófico en cuanto a los resultados, la comisión direcponer todos sus sentidos dentro de la cancha. tiva del club decidió encarar a Lünenhof y ponerle todas Pese a estas extravagancias de su juego y pese a la las cartas sobre la mesa. “Ahí tiene - le dije yo, en mi caliENERO 2013 UN CAÑO 63


dad de comisionado para la tarea - Estas son las cartas de los jugadores que estarían dispuestos a jugar para usted en forma gratuita y desinteresada. Con ellos puede formar su dream team y cumplir nuestro sueño conjunto de un Aguerridos campeón.” Lünenhof examinó con curiosidad las esquelas, me señaló sorprendido algunas palabras que no contenían más de dos o tres errores de ortografía, y mientras se las guardaba a modo de souvenir: “¿Sabe por qué elegí dirigir al Aguerridos? Porque me gusta la sonoridad de su nombre, y por el ajedrezado de la camiseta. Para mí el fútbol es un hecho estético. Todo el resto me tiene sin cuidado.” Le contesté que apreciaba su opinión, pero que a su vez él debía contemplar las urgencias del club. Ir último en la tabla era algo feo, agregué, y ganar aunque más no sea de vez en cuando también podía ser considerado una experiencia estética. “Lo feo no es ir último o primero, sino estar pendiente de una tabla de posiciones - se mostró intransigente -. En cuanto a lo de ganar, en fin, es una cuestión de gustos.” La conversación no pasó de ahí, pero surtió su efecto. A poco de iniciar su cuarta campaña al frente del club, Lünenhof renovó todo el equipo. Pero no con los jugadores de categoría que se ofrecieron a jugar para él, sino con una serie de desconocidos que (luego supimos) habían sido rechazados en otros clubes. Cómo consiguió realizar esta especie de anti-casting es un enigma, pues los chicos que se prueban y se descartan son tantos que ningún club suele dejar registro de su paso en falso por la institución. Como sea, el nuevo Aguerridos era un dream team pero de terror, una pesadilla de equipo. Varios miembros de la comisión directiva, padres todos ellos de jugadores que habían quedado fuera del plantel, perdieron definitivamente la paciencia y exigieron que se lo echara sin más demoras. Sólo tras la presión de los miembros más antiguos (“Él sabe lo que hace”) se resolvió darle una última oportunidad. Si no ganaba al menos uno de los tres primeros partidos, se procedería a buscar un nuevo director técnico. Lünenhof y su pelotón de fracasados no ganaron uno de los tres primeros partidos. Ganaron los tres, y por goleada: 4 a 1 el primero, 5 a 0 el segundo y 6 a 3 el tercero. Una auténtica locura. Y no sólo eso: a pesar de ganar y de golear, el Aguerridos jugaba bien. Tal vez no al nivel que Lünenhof y sus seguidores más fieles le conocían, pero más que aceptable, o en todo caso por arriba de la media. 64 UN CAÑO ENERO 2013

La impronta lünenhofiana recién empezó a perderse en los partidos sucesivos, pero no así la efectividad, y aunque las goleadas se hicieron más escasas, el equipo era una máquina de sumar victorias. Ciertamente, el juego perdió virtuosismo, se volvió confuso y tosco, trabado, algo violento incluso, pero nada de eso tenía ahora importancia. La gente estaba enfervorizada y sólo quería irse de la cancha con los dos puntos en el bolsillo. Las malas lenguas, esas que antes murmuraban que Lünenhof se las daba de esteta sólo para justificar su vocación de fracaso, hicieron correr ahora el rumor de que todo había sido una gran farsa al estilo de Norberto “Lalo” Maretti, el DT de Deportivo Lobos, que además de ser nuestro rival clásico venía de salir campeón las dos temporadas anteriores (no pasaba de categoría por problemas económicos, y acaso por no perderse el placer de vencernos). La acusación era especialmente vejatoria, puesto que el estilo de Maretti era opuesto al de Lünenhof en todos los sentidos imaginables. Mientras que nuestro DT maravillaba a la audiencia con su fútbol perdedor, aquel otro ganaba siempre sin aportar un segundo de buen juego. No es que su fútbol fuera malo en el sentido técnico, sino que era terriblemente aburrido. Desde el arranque el Lobos se paraba por completo en su cancha y dejaba que el rival manejara la pelota, como un boxeador que baja la guardia y deja que el otro se canse de pegarle. A más tardar a la media hora, el juego lento y cortado, sin acciones conjuntas ni mucho menos destellos individuales, no lograba interesar a nadie, ni del público ni de los jugadores. Los mismos suplentes del Lobos solían quedarse dormidos en sus asientos de madera sin respaldo. Era entonces, hacia el final del primer tiempo, cuando ya hasta el árbitro bostezaba, por no hablar del arquero rival, que en un rápida jugada de contra el equipo de Maretti se ponía uno a cero arriba. Parecía entonces que el partido se animaría, y hasta los oponentes se iban contentos al vestuario, saboreando de antemano un segundo tiempo más movidito. Pero ya desde el arranque se veía que el Lobos no había cambiado su planteo y tras algunos minutos de cierto fervor, el letargo volvía hacerse presa de la cancha, los jugadores vagaban por el mediocampo como zombis y se podían ver a los teros buscando lombrices dentro de los arcos. A más tardar desde el minuto


quince el referí empezaba a consultar su reloj cada treinta La semana previa, Lünenhof no parecía sentir la presegundos, haciendo esfuerzos por seguir las jugadas sin sión del evento. Ni siquiera se preocupaba por simular desplomarse del aburrimiento y el sopor. Si algún desve- que la sentía. Descontamos que su indiferencia era imposlado del otro equipo marcaba un tanto, despertando a la tada, ella misma una forma extrema de los nervios, hasta hinchada y despabilando al juez, los de Maretti volvían a que llegó el día del partido y Lünenhof no apareció. Estaadministrarle al juego una buena dosis de su fútbol ansio- ban los jugadores, estaba el preparador físico y el médico, lítico hasta que, a poco del final y nuevamente de contra, pero del director técnico, ni rastro. Tampoco había dejado metían el segundo. Alzando los brazos hacia los cuatro o instrucciones precisas, por lo que el equipo se ordenó en cinco parientes trasnochados que a veces se instalaban el campo de juego siguiendo un poco su intuición. Cuanen su tribuna, el Lobos se retiraba invariablemente vic- do empezó el partido, cada uno se fue acomodando en torioso, y los policías que habían logrado mantenerse en la posición en la que más le gustaba jugar, impartiendo pie procedían a recorrer las gradas despertando con sus consejos e indicaciones a los otros para tener siempre bastones a los hinchas de la parcialidad contraria. compañeros a mano y armar las jugadas según su gusto. Las malas lenguas, como decíamos, acusaban a LünEsta pacífica anarquía no tardó en derivar en caos, las enhof de aplicar esta técnica hipnótica de Maretti, sólo que indicaciones más o menos amables adoptaron el tono de a nivel más global. Tras haber simulado dormir durante tres órdenes impacientes y el grupo entero se hundió en el campeonatos, el Aguerridos despertaba sin previo aviso y malestar y el recelo mutuo. Los jugadores se negaban la le facturaba al resto su distracpelota los unos a los otros, ción. ¿Podría Lünenhof impoarmaban fracciones denner el estilo Maretti frente al Se sabía que el clásico de San Javier de aquel año tro del equipo y se insultaquedaría en la historia como la eterna querella ban abiertamente. A poco Lobos? El azar quiso que fuera precisamente contra nuestro de que finalizase el primer entre el fútbol vistoso y el fútbol efectivo. archienemigo que ese año tiempo, tras un nuevo atatocara disputarse el último enque frustrado por un decuentro, convertido gracias a la deslucida pero impecable sentendimiento entre pares, el 12 y el 9 del Aguerridos campaña de ambos en una verdadera final. Al Arenero se se trenzaron a trompada limpia. El juez les sacó la roja le tuvo que agregar una tribuna extra para contener a la a los dos, cayó enseguida en la cuenta de que eran del cantidad de gente que se acercaría a seguir el partido, el mismo equipo y los disculpó, pero cuando los vio trennúmero de radios acreditadas batió todos los récord y por zarse minutos después una vez más, se acercó al banco y primera vez en la historia de la categoría un encuentro sería ordenó el cambio como si fuera él mismo el técnico. Los transmitido en vivo por la televisión. contendientes siguieron con su disputa fuera del campo No era para menos. Se sabía que el clásico de San Ja- de juego, hasta que tuvieron que ser retirados del estadio vier de aquel año quedaría en la historia no sólo como una por las fuerzas de seguridad. final llena de emociones, sino ante todo como un capítuLas disputas dentro del conjunto local confundieron lo especial de la eterna querella entre el fútbol vistoso y desde un principio a los visitantes, habituados más bien el fútbol efectivo, entre los directores técnicos y los más a los partidos pacíficos y somnolientos que ellos mismos bien artísticos. Ciertamente, el equipo de Lünenhof no provocaban. Al principio siguieron estas luchas intestinas era el mismo de años anteriores, se había vuelto más con- con desinterés aparente, pero a medida que se fueron servador y efectista, pero así y todo desplegaba un juego poniendo más violentas sintieron la obligación moral de que a esta altura Maretti ya debía tener olvidado siquiera intervenir. Trataban de calmar a los beligerantes con palacomo utopía. Lünenhof había demostrado que se puede bras o golpecitos en la espalda, o bien separándolos antes ganar jugando bien, Maretti por su parte tenía ahora la de que pasasen a mayores. Maretti mismo, asumiendo el oportunidad de demostrar que eso no alcanzaba para ase- lugar de su par ausente, pedía paternalmente paz y trangurarse un campeonato. Un auténtico duelo de estilos, o quilidad a los jugadores del Aguerridos. De hecho fue él del estilo contra la carencia de tal. quien le sugirió al juez que obligara el cambio del 12 y el 9 ENERO 2013 UN CAÑO 65


para que no se siguieran peleando, y él también el que los entregó a la policía cuando resultó imposible contenerlos. Justamente mientras tenía lugar esta triste escena fuera de la cancha, dentro de ella el Aguerridos nos dio la primera alegría de la tarde. Distraídos por aquellas circunstancias, los del Lobos se durmieron y nuestro lateral derecho los madrugó con un tiro cruzado. Por primera vez en mucho tiempo Maretti se iba al descanso uno a cero abajo, y hasta silbado por su gente. Nunca entendieron, como se echa de ver, que la forma en que los locales habían obtenido ese triunfo parcial era en realidad una derrota, pues confirmaba que Lünenhof efectivamente había adoptado la táctica de Maretti. Sus adeptos concluyeron con tristeza que las habladurías habían sido ciertas, y que era por eso que el DT no se había animado a mostrar su barba por el lugar. El duelo, por ese lado, ya tenía su claro ganador. Como si Maretti hubiera intuido la jugada, en el segundo tiempo sus muchachos salieron a pegar. Tal vez lo que querían era jugar, pero la duermevela de los últimos torneos se hicieron sentir y lo único que lograban era colgarse de las camisetas, barrer a los adversarios por llegar a destiempo a las pelotas o llevársela alevosamente con la mano. A los pocos minutos el equipo ya había acumulado siete tarjetas amarillas y estaba con un jugador menos. Llegando a la media hora de juego el árbitro sacó dos amarillas más en una misma jugada y el Lobos se quedó con ocho. Maretti lloraba de rabia. Fue entonces que llegó Lünenhof. Llegó como siempre, con su boina y su inútil bastón, pero en lugar de sentarse en el banco del Aguerridos, como era de esperar, y aun de exigir, pues para eso se le pagaba, se acomodó en la tribuna, para colmo en el sector cedido a los plateístas visitantes, no sé si por distraído o a modo de provocación. Los golpes habían hecho que el Aguerridos dejara las luchas internas y entendieran que la batalla era con los de enfrente, pero fue recién con la aparición de su maestro que se volcaron decididamente al ataque. El baile duró poco, apenas quince minutos, pero nadie hasta entonces había visto algo semejante en San Javier. Los descastados de Lünenhof, aunque es cierto que con tres hombres de más, dieron no una clase ni un 66 UN CAÑO ENERO 2013

seminario sino una carrera universitaria completa de fútbol. El partido terminó doce a cero, y la diferencia pudo haber sido mayor. En la algarabía general nadie notó la renovada ausencia de Lünenhof. Lo busqué más tarde en su casa, pero tampoco estaba allí. Siguiendo mi intuición me dirigí a la estación de buses. Lo pesqué justo cuando se subía al de las siete con rumbo a la capital. “¿Se va?”, estúpidamente le pregunté. “Me voy”, confirmó. “Pero hoy a la noche hay baile”, informé, como si eso pudiera convencerlo de quedarse, más que afianzar su decisión de huir. “¿Ah sí? ¿Y qué se festeja?” Lo miré azorado, pensando que tal vez el pobre hombre estuviera mal de la cabeza. “Se festeja el campeonato, maestro, el primero de nuestra historia, el que usted ganó”, respondí eufórico. “Yo no gané nada”, me frenó en seco, con inusitada violencia. Y luego, ya más tranquilo, explicó: “Ganar es de perdedores”. Me hizo un breve gesto de despedida con la cabeza y se subió al bus, en la mano un bolso deportivo y colgado al hombro un portarrollos como de arquitecto, supongo que con sus dibujos tácticos. Al pueblo no volvió, y recién unos años más tarde reapareció en un club, en este caso de la D, donde de todas formas no duró mucho. Pasó por otros, siempre con igual suerte (mala). Al parecer dirigió en Venezuela, Colombia y algún país Centroamericano, nunca más de una temporada y tan lejos del triunfo como de su país. Una vez lo vi en un programa de televisión foráneo despotricando contra la televisación de los partidos. “No ver toda la cancha todo el tiempo es lo mismo que no ver nada”, recuerdo que decía. En algún momento volvió para operarse la pierna, pero algo se complicó y perdió la vida bajo el cuchillo. Al entierro concurrieron muchos viejos socios del club, y no pocos directores técnicos de la nueva generación que se consideran sus discípulos. Pese a eso y pese al campeonato que ganó con nosotros, el nombre de Lünenhof ya quedó definitivamente asociado en la memoria colectiva al del director técnico más perdedor de la historia. La breve conversación que tuve con él antes de su partida me hace sospechar que la etiqueta, lejos de agraviarlo, le hubiera causado un secreto orgullo.


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Mucho más que una buena impresión

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EL CLUB DEL FIN DEL MUNDO POR GUSTAVO

T

e digo que sí. Es un flash. Estamos desperdiciando nuestras vidas. Ya tengo 34 y vos, que yo sepa, también. ¿No te dice nada? Pasamos la edad de Cristo y ni siquiera un motivo por el cual crucificarse. Con esto salimos de pobres para siempre, Gus. Te va bien y te llenás de minas, guita y la peleás de igual a igual con los grandes de la Capital. Yo a Buenos Aires no vuelvo ni loco. Ya la vi. Imaginate: “Deportivo Ushuaia, Club Atlético del Fin del Mundo”. Un flash. Hasta el Real Madrid va a querer venir a jugar acá. La vamos a levantar con pala, Gus. Y después, livin’ la vida loca, nene. Con Carlos habíamos decidido ir ese invierno a la Patagonia. Porque en julio el mar es una chotada, las sierras ni te cuento y el norte ya lo íbamos a conocer esta temporada porque Ferro había descendido a la B Nacional y nos tocaba ir a Tucumán, Salta y Jujuy en la primera rueda. En cambio a la Patagonia, siguiendo un equipo de fútbol, no vas nunca. Te puede tocar un Comodoro Rivadavia como al pasar, y pará de contar. Además, en invierno la gente que sabe vivirla se va a esquiar. Nosotros no sabíamos esquiar, pero si vas a bajar un viaje por cada detalle que se te cruza en el camino, no salís de la General Paz. Así que hicimos cuentas y armamos el triángulo Puerto Madryn, para ver ballenas, Calafate, para ver glaciares, y Ushuaia para ver lo que hubiera. Hacía cuatro días que estábamos cagándonos de frío en la ciudad más austral del país, cuando a Carlos se le ocurrió la idea. No voy a decir que no sonaba seductora, pero yo también cuando sueño con Michelle Pfeiffer la parto al medio. El problema es cuando te despertás y entendés que al lado, está la patrona de siempre. Pero Carlos, por su enfática defensa del Deportivo Ushuaia, no pensaba despertarse jamás. -Escuchame Carlitos. ¿Vos viste lo que es este clima? Tenés apenas seis horas de sol, y eso si no sale nublado. Además, mirá el piso. Fijate, boludo, no es vidriado, es hielo. ¿Entendés? Hielito, rolito... una mierda. Para jugar al fútbol, una mierda. De hecho, ¿vos viste alguna cancha de fútbol acá? La que está al lado de la intendencia la usan de pista de patinaje en invierno. Y los torneos se juegan en invierno. 68 UN CAÑO ENERO 2013

GRABIA

Como mucho, podemos armar un partido en enero, aunque encima es época de lluvia. Y andá a saber con quién, porque los grandes juegan la Copa de Mar del Plata y los europeos la Champions League. Ojo, un pateo mareo sí que armamos, eh. Traemos a Carrizo, a Rattín, a esas viejas glorias que se prestan para cualquier cosa y lo hacemos. ¿Pero quién te pone un mango para eso? ¿Pañales para adultos Taponazo? Olvidate, Carlos, Ushuaia no nació para el fútbol. Yo veía que no me escuchaba. Porque mientras le hablaba, él hacía garabatos en una servilleta que le había traído la moza. Apenas terminó de dibujar, me la mostró: “Mirá, este es el plan. Primero interesamos al intendente. Acá tener el apoyo del gobierno es clave. Porque si ellos no la quieren hacer, no la hacés. ¿Pero qué político se va a perder la chance de tener a Boca jugando acá, con TV en directo para todo el país? Al tipo este hay que explicarle que el negocio pasa por el largo plazo, así nos financia bien. Necesitamos un lugar donde entrenar, ropa adecuada, una lista de todos los habitantes que tengan entre 17 y 30 años para probarlos como jugadores y un equipo de porristas, viste que ahora se da por poner un par de minas en bolas en el entretiempo. Y arrancamos”. Yo sabía que era un delirio, pero la verdad es que mucha gente en este mundo no tenía. Era Carlos y pará de contar. Y como él me lo dejó explícito (“Gus, si querés volvete. Pero yo me quedó acá”), decidí acompañarlo. ¿Qué nos podía pasar? Con un poco de suerte, el intendente se daba cuenta de que estábamos locos y nos mandaba en un avión sanitario al Borda. Y nos ahorrábamos el pasaje de vuelta. Carlos pagó las cervezas, le dijo a la moza que nos abriera una cuenta corriente a nombre del “Club Atlético del Fin del Mundo” y cuando ella nos miró con cara extrañada le mandó “ya te vas a enterar, nena” y salimos. Caminamos las cuatro cuadras hasta la Intendencia y pedimos audiencia. Es raro, pero en el Interior presentarte como “empresarios del deporte de la Capital Federal” te abre puertas. La secretaria nos pidió dos minutos y nos ofreció café. Aunque la jugada nos saliera mal, por lo menos ya habíamos garroneado un pocillo.


Nos sentamos en un sillón perpendicular al ventanal, desde donde se veían los picos nevados y la cárcel de Ushuaia. Me acordé del Petiso Orejudo y se lo comenté a Carlitos, que estaba ensimismado y murmurando cosas ininteligibles. “Gran idea, Gus, gran idea. Hacemos una mitología sobre los comienzos del fútbol en Ushuaia, contando que lo trajeron los penados a comienzos del siglo XX y relatamos cómo el Petiso Orejudo mataba a sus compañeros cada vez que le devolvían la pelota un poco larga. Buenísimo. ¿Ves que cuando querés, podés? Armamos una canchita en el patio del penal, vestimos a un par de chabones con traje a rayas pero cortito, tipo futbolista, y hacemos dramatizaciones. Va a venir Spielberg a comprarnos los derechos, Gus. Esperá que se lo cuente al intendente. Se muere”. Yo, la verdad, cuando había visto el penal tuve pensamientos más pesimistas que los de Carlitos. Pero él siempre miraba la mitad del vaso lleno. Y quería tomarse la copa de un solo trago. Penal, copa, por lo pronto pensaba en cosas que tenían connotaciones futboleras. Y fue ahí que me entusiasmé, justo cuando la secretaria nos hizo pasar al despacho principal. -Cómo le va, intendente. Carlos Guajardo y mi socio, Gustavo Santillana. Un gusto saludar a quién será la cabeza

del proyecto deportivo más revolucionario de la historia. -El gusto es mío, señor Guajardo. Me decía mi secretaria que tenían en mente... -Tenemos, doctor Colazo, tenemos. Vamos a poner a Ushuaia en el lugar que le corresponde en el concierto del deporte mundial. Imagínese, el fin del mundo como centro de la tierra. Si quiere, le paso a explicar. -Por favor. Fue lo peor que pudo decir el intendente. Porque a Carlos le das un metro, y lo perdés de vista. Le comentó el proyecto faraónico, lo adornó con la inyección que significaba para el turismo de la ciudad, le soñó diapositivas abrazándose con Tevez y el Mellizo Guillermo para la foto y terminó con un golpe de efecto maestro: “Si usted logra esto, la intendencia de Ushuaia le va a quedar chica. Yo lo veo como futuro presidente de la Nación”. Nunca le digas eso a un político. Porque es capaz de vender a su madre, o de tratar de jugar al fútbol sobre el hielo. Y Colazo compró. Rápidamente, pidió a la secretaria la lista de todos los habitantes que vivieran en la ciudad y tuvieran entre 17 y 30 años. Ushuaia, por suerte, es pequeña. Nosotros, en el papel de profesionales ciento por ciento, le solicitamos las fichas médicas de cada caso y descartamos a los que estuvieran ENERO 2013 UN CAÑO 69


por debajo de los 70 kilos, y a los que superaran los 91. “No hay tiempo para fortificar con pesas a los débiles ni para hacerles dietas balanceadas a los gordos. Esto es tirar la noticia y explotar”, mandó Carlos. Y el intendente, que ya se había visto con la banda, asintió. A sugerencia mía, también decidimos descartar a todos los que tuvieran trabajos profesionales, porque lo último que necesitábamos en el club eran tipos racionales que se dieran cuenta del delirio. Así, el saldo nos dio 300 muchachos, gladiadores listos para la gesta de llevar a Ushuaia al título de campeón del fútbol argentino. Brindamos con un champán que el intendente mandó a comprar y no sé si fueron los tres vasos o la sonrisa a lo Napoleón de Carlos, pero lo cierto es que yo también me entusiasmé. El “Club Atlético del Fin del mundo” había nacido. Con el apoyo del gobierno, no tuvimos problemas en reunir a los 300 pichones del Diego en el gimnasio de básquet. Carlos tomó el micrófono, desarrolló la idea y echó a los 20 que se atrevieron a decirle que estaba loco. Después trajo la pelota y comenzamos el examen. El que no hacía tres jueguitos seguidos, quedaba eliminado. “Te lo dije Carlos, estos pueden bajar el Himalaya esquiando, pero de fútbol, nada”, apunté con desazón cuando vi que apenas 80 habían pasado la prueba. “Tranquilo, Gus. ¿Cuántos de los burros que tenemos en Ferro pueden hacer tres jueguitos? Y estamos en la B Nacional. Si no tenemos talento, no importa. Ponemos cuatro grandotes abajo, a puro rechazo expeditivo, y dos grandotes arriba a buscar centros. Y al enano ése que logró la marca de cinco jueguitos, lo ponemos de diez. No podemos perder”. En cuestión de segundos, Carlos hizo practicar penales, tiros libres con y sin barrera, dribbling en velocidad y hasta saques laterales. Anotó prolijamente cada dato en su libretita de almacenero y al finalizar la jornada, eligió a los 22 que se pondrían la casaca del Deportivo Ushuaia. “Necesitamos un plantel corto, Gus, para que no haya celos ni egos desmedidos. Podría haber seleccionado a 30, pero el que se quedaba afuera de la práctica de fútbol nos iba a tirar tierra. Hay que formar mística. Andá a comprar dos pares de guantes, uno para el Gordo de buzo azul y otro para el lungo que no se sacó la campera en toda la práctica. Esos dos van al arco. Vamos a salir campeones, Gus”. Dicho esto, juntó a los 22 en el centro del campo y les dio una arenga militar sobre la gesta por venir. Carlos no habrá podido convencer al tremendo Paladini, nuestro profesor 70 UN CAÑO ENERO 2013

de geografía en cuarto año, de que China quedaba en África, pero su poder de oratoria estaba intacto. Lo comprobé cuando estos 22 ilusos de Ushuaia se fueron palmeándose la espalda, como sintiéndose parte de la historia. La convocatoria era para el otro día, a las nueve de la mañana, en la cancha congelada que estaba pegada a la intendencia. Nosotros fuimos dos horas antes. Carlos había invitado al intendente a que viera la primera práctica y no queríamos que nada saliera mal. Compramos una pelota de cuero en una casa de deportes del centro y fuimos a practicar. Era imposible hacer pie con nuestras zapatillas Topper. Volvimos al negocio y compramos botines con tapones altos, de los que se usan para día de lluvia. Fue peor. Pero Carlos no se desmoralizó: fue hasta una casa de sky y usó parte del efectivo que nos había dado el intendente para adquirir 24 pares de zapatos con tapones agujas, esos que inventaron los finlandeses para recorrer la nieve espesa. Caminamos la cancha y lo comprobamos: no te caías más. Cuando llegaron los muchachos, Carlos los dividió en dos equipos. Once para acá, once para allá, y a jugar. Yo no le había dicho nada para no bajonearlo, pero estaba claro que con esos botines, el primero que pusiera la pelota bajo la suela, la pinchaba. A los tres minutos me di cuenta de que me estaba preocupando al pedo: ninguno de los 22 tenía la más mínima idea de lo que era parar una bocha, y menos en un piso de hielo donde picaba y salía disparada a la velocidad de la luz. El problema surgió cuando Carlos, en función de DT, paró el juego y juntó a los 22 en el centro. Como tantas veces había visto por TV, puso su pie derecho sobre la globa, para darle más legitimidad a su cargo y a sus palabras. Y se pinchó. “Ven, esto es lo que pasa con nuestro sueño. Si ustedes no pueden dar dos pases seguidos, se desinfla, se pincha, está caput. Quiero toque, triangulación y si no queda otra, centro a la olla. Así no podemos seguir. Gus, llamalo a Macri y suspendé el partido con Boca de la próxima semana. Señores, se acaban de perder el amistoso y el viaje a Buenos Aires. Yo tengo un prestigio ganado y no lo voy a echar por la borda por once esquimales. O me escuchan, o el sueño terminó acá”. Fui hasta un locutorio a hacer tiempo mientras imaginaba la cara de pánico de nuestros hombres. Perderse un partido contra Boca era como perderse una noche con Michelle Pfeiffer, la que yo parto al medio en los sueños.


Cuando volví, Carlos seguía hablando. “Nene, ¿vos no leíste exhibición de fútbol austral. ¿Querés la Selección Mayor a Valdano? Si vas a nadar, llegá hasta la orilla, porque sino te o preferís un combinado de River y Boca para la inauguraahogás. Y acá en el canal de Beagle hay mucha agüita, eh. ción? Llevamos dos prácticas y las fieras están que se salen ¿Cómo que quiero decir, infeliz? ¿Vos no jugás de cuatro? de la vaina. Vení, mirá”. El intendente ni siquiera pudo preBueno, si te proyectás, llegá al fondo y tirá el centro. Por- guntar por qué el hielo estaba manchado de rojo que Carque si la perdés, quedamos desbalanceados y nos meten los empezó el partido. Y se notó que sus palabras habían convencido a nuestros hombres. El cuatro, aquél petiso al una contra. ¿Entendido? Retomemos la práctica”. Carlos estaba convencido de que había llegado el mo- que se le pidió proyección con centro atrás so pena de termento de trabajar en espacios reducidos, como hacía Biel- minar en el Beagle, fue el primero en ir con los tapones de sa en la Selección. Separó grupos de a tres y delimitó la punta. El problema, claro está, era que jugaban con zapatos cancha con un rouge que le había afanado a la moza del con agujas, por lo que el pecho del siete contrario quedó bar. No fue una buena idea: los muchachos lo miraron, des- abierto al medio. Carlos, que recordaba con ira los penales pués me miraron a mí, y se sonrieron. Tuve un mal presagio: insólitos que Castrilli le había cobrado en contra a Ferro, cuando el conductor del grupo pierde autoridad sobre el dejó seguir. Y el cuatro, siguió. A sus zapatos ahora le queplantel, toda utopía se desmorona. Pero Carlos ni se dio daban apenas tres agujas, las suficientes para estaquear a cuenta: estaba demasiado preocupado por marcar diago- quienes le salieran a la marca. Primero le apuntó al cinco y nales, triángulos y hasta un octaedro porque según decía, después se la clavó fea al tres, en el tobillo. Carlos sonreía: era mentira que ya estaba todo inventado en el fútbol. Era el enano había entendido el mensaje. Apenas le quedaban verdad: jugar al fútbol en Usdiez metros para llegar huaia no estaba inventado. Yo no le había dicho nada para no bajonearlo, pero al fondo y tirar el centro El problema surgió apenas estaba claro que con esos botines, el primero que atrás, donde esperaba dividió los grupos. Es que ya un rústico nueve. Pero el pusiera la pelota bajo la suela, la pinchaba. eran las once de la mañana marcardor central, con una y el sol, que en Ushuaia sale bravía inusitada, no temió poco pero tiene lo suyo, empezó a derretir la capa de ne- ser la próxima víctima y fue a cerrar. El enano, viéndose en visca de la noche anterior y a corroer las línea de rouge. el Monumental con la garganta ronca de gol y una modelo Pero Carlos transformó su fracaso en su primera victoria. en sus faldas, clavó su última aguja en la rodilla derecha del “¿Qué hice, eh? ¿Alguno me lo puede explicar?” Ante el seis, provocándole según supe después, rotura de menissilencio más temeroso que reverencial, gritó: “Sangre, nene, co y ligamento lateral externo. Ya no había nada entre él y eso es lo que hace falta para ganar un partido. La táctica se la raya. Apenas esos diez metros. Y cuando Carlos ya paldiluye cuando enfrente tenés un equipo dispuesto a dejar meaba el hombro del intendente, dando por descontado el la vida en la cancha. A ustedes, por dos motivos, les tiene centro-gol y con él, la posibilidad de concretar el Deportivo que dar lo mismo el 4-4-2-2 o el 3-1-3-3. Primero, porque no Ushuaia, llenarse de guita y livin’ la vida loca, el cuatro por lo entienden. Y segundo, porque no lo necesitan. Esto se falta de agujas resbaló y terminó, con pelota y todo, a treinsoluciona con huevos”. ta metros de la cancha, con fractura expuesta. Yo, quiere que le diga la verdad, lo miraba azorado. Ad“Es un flash, Gus, escúchame. Yo tengo 35 años y vos, miraba esa capacidad perversa de dar vuelta situaciones que yo sepa, también. ¿Qué hicimos de nuestras vidas, eh? perdidas. Donde cualquier otro hubiese tirado la toalla, Nada. ¿Qué, te vas a andar preocupando porque no nos Carlos te doblaba la apuesta. Además, le estaba agradeci- dejan entrar más a Ushuaia? Dejate de joder, quién quedo: los pibes ya no pensaban que éramos máricas. El rouge rría volver a un lugar donde ni siquiera se puede jugar al había sido una táctica de motivación. Y había dado resulta- fútbol. Pero con esto, nos salvamos para siempre. Mirá lo do. Lo que comprobaríamos en los siguientes minutos. que es Jujuy, un paraíso. Polo con ñandúes. Los traemos a Carlos había parado a los dos equipos para una nueva los Cambiasso, jugamos contra los jeques árabes y nos llepráctica, justo cuando llegó el intendente. “Huguito, queri- namos de guita. Vení, vamos a ver al intendente. Acordate, do, acelerame la personería jurídica. Hoy llamo a Julio a la la foto con la banda presidencial y después, lo de siempre: AFA y preparamos un bruto lanzamiento del club, con una livin’ la vida loca”. ENERO 2013 UN CAÑO 71


Asunto: Enojado con Llonto De: Sergio Daniel Luna

No soy de escribir a ninguna revista ni diario pero compre el número de noviembre y apenas lo abro leo el editorial de Pablo Llonto y me llenó la paciencia (por no decir los huevos) otro editorial hablando del 7D, de la democracia en los medios… Otro discurso de barricada hablando del monopolio, de que todavía hay transmisiones privatizadas, de que todo lo que hace este Gobierno está bien y si tenés una opinión en contra pasás a ser el enemigo. Con esa tesitura están dividiendo al país, llevando las cosas al extremo. Y cuando las cosas se llevan al límite, por algún lado se rompen. No estoy de acuerdo en todo lo que hace el Gobierno, pero le reconozco que ha hecho cosas. Lo que me rompe las bolas es la soberbia de creer que todo está bien y que son los únicos del país que pueden hacer y deshacer. Se olvidan que en algún momento se van a ir. Parece que quieren seguir dividiendo, tratando de crear la idea de que son la solución a todo y de que si se van, viene el caos. Un gobierno que le da mil 200 millo-

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nes a Grondona, que es un dictador y un delincuente que tiene a todos agarrados de los huevos, legitima el robo. Para la Presidenta los barras son muchachos buenos que no tienen prontuario. ¿Por qué no va y les dice eso a los familiares de todos los hinchas muertos en las canchas? Esos buenos muchachos son los grupos de choque del conurbano bonaerense que, cuando vienen las elecciones, empiezan a pagar lo que les da el Gobierno. Muchachos, cuando empecé a comprar la revista y después dejó de aparecer, me pareció una pena. Después festeje su reaparición, pero quiero leer de fútbol y algo distinto a El Gráfico (revista que también compro), pero no quiero leer Noticias, Página/12 o Tiempo Argentino. Me gustaría que siguieran opinando sobre cómo mejorar al fútbol argentino, que está para atrás. La violencia nos está comiendo los talones, los partidos son un asco, un tipo como Ramón descaradamente le serrucha el piso a Almeyda y los hinchas, dirigentes, periodistas y jugadores hacen la vista gorda y apañan esa conducta de mierda. La ética no existe… ¡Qué van a saber los

jugadores de ética si ninguno terminó la Primaria y son educados en un ambiente donde lo único que sirve es pisar al que está al lado para llegar y parecerse al ídolo (con códigos villeros) que juega en Primera y que llegó porque fue el mejor o también el que más cabezas pisó! El fútbol se parece cada vez más al boxeo, donde los más marginados son los que buscan salvarse a toda costa y donde la educación (y por educación no digo la del colegio, sino la de la convivencia y el respeto por los demás) dejo de existir hace rato. A un pibe de buena familia, con códigos familieros (respeto, ética, consideración por el otro), se lo comen vivo y no llega ni en pedo a Primera porque se cansa de transar en inferiores con todo el mundo: técnicos, representantes, dirigentes y, por supuesto, periodistas que son la otra pata de la corrupción de mi amado fútbol. Asunto: El doble estándar con Bielsa De: Manuel Villarreal

Escuchando al vacío de Toti LTA Pasman, el otro día me enteré de


TWITTER Julian Peralta @julianperaltadg @REVISTAUNCANIO si quieren hablen de los mayas, pero basta de Bianchi, por favor!!!!!!! Juan Manuel Puliti @jm_puliti Excelente la @REVISTAUNCANIO de este mes! La tapa es expectacular jaja pic.twitter.com/dVdVJOO2 Santi Silva @silvasanti @REVISTAUNCANIO Muchachos, si tienen el 1% de #LaSuerteDeMancini, en 2013 venden 50 mil números por mes. Edu Coco Ianiero @EduIaniero Ya me leí las ediciones enteras de diciembre de @gargantapodero y @REVISTAUNCANIO. De acá enero no hay más revistas para mi. Gonzalo Ruanova @gonzaloruanova @alejwall muy buena la @REVISTAUNCANIO de Diciembre, muy interesante la nota al 5 de la academia Agustin Pelletieri, un jugador con opinion

algo interesante (una única cosa, nada más, la lucidez no es el fuerte de Juan Carlos). Cuando Bielsa hizo una campaña magnífica la temporada pasada, llegando a dos finales y con un juego de alto vuelo, varios medios lo alababan con justa razón. Ahora quedó eliminado de la copa internacional que disputaba y cumple una temporada irregular, aunque de eso Un Caño y algunos aliados, por llamarlos de alguna manera, no dicen ni mu. Mucha tinta en el éxito, silencio atroz (para no decir que se hacen los boludos) cuando le va mal. Y si nadie escribe, pareciera que la historia sigue igual de bien para Bielsa, como la temporada pasada. Todo bien con que lo amen al Loco, no quiero que cambien de opinión, pero los “olvidos” y el doble estándar con el que se manejan son polémicos. Ni una línea para Simeone, quien le ganó la Europa League y está peleando la Liga con el Barcelona (para los estúpidos que piensan que el catalán es un club socialista, aclaración: junto con el Real Madrid se quedan con toda la plata y se cagan en el resto; un campeón socialista sería el Betis, por dar

un nombre al voleo). Claro, como es medio “europeísta”, los nacionalistas de Un Caño lo hacen desaparecer. No existe para ustedes. Respuesta de Un Caño: Estimado, en general tratamos de opinar acerca de los rendimientos de los equipos, desprendidos del resultado que consigan. Si el año pasado prestamos especial atención a lo que hizo Bielsa en Bilbao fue porque aquel equipo jugaba bien. Y si releés con atención lo que escribimos en aquel momento, verás que también fue un intento para poner en perspectiva el exagerado triunfalismo de algunos medios que vanaglorian al técnico rosarino independientemente de sus méritos. Si no hablamos de eso este año es porque no creemos que valga la pena destacar el juego de un conjunto que ya no deslumbra, así como no solemos escribir de los equipos europeos que transitan la medianía, sea quien fuere su entrenador. Asunto: Fútbol sí, política no De: Maximilano Filippini

Pensé que nunca más los vería. Los busque por todos los kioscos de la Capital. La revista es única y de lo mejor que hay. Pero se han ido demasiado hacia un lado: el lado K. Y pudre un poco. Si todo lo ven con ese cristal, dejan de ver otra cosa. El fútbol no es política, es la dinámica de lo impensado y necesita de oscuros funcionarios para sobrevivir. Pasaran éstos que hoy gobiernan y la pelota seguirá rodando. Dejen de defender indefendibles y hablen de fútbol que les sale bárbaro. Que después tipos como Hamilton se comen los mocos mano a mano con Bilardo (lo vi en Duro de Domar). Y Víctor Hugo que queme los placares que los muertos ya no entran y algunos hablan. Por lo demás, son excelentes, y rescatan lo mejor de lo mejor de esta religión pagana que nos apasiona. ¿No será mucho 20 pesos? El INDEC debe andar fallando. Respuesta de Un Caño: Nos permitimos disentir con tu opinión: el fútbol es política. También. Como lo es todo en la vida. ENERO 2013 UN CAÑO 73


DECÍAMOS AYER... CUANDO A COMIENZOS DE 2012 PEDÍAMOS MÁS CONTROLES SOBRE EL FÚTBOL Y MENOS DESPILFARRO, Y CUANDO PENSÁBAMOS QUE LA ERA GRONDONA LLEGABA A SU FIN, NO IMAGINÁBAMOS QUE A COMIENZOS DE 2013 ÍBAMOS A PEDIR... ¡LO MISMO!

POR

E

GUSTAVO VEIGA

l fútbol desfila ante nuestros ojos y lo miramos infractores (se juzgan a sí mismos en el Comité Ejecutivo de con un calidoscopio llamado Un Caño. Vemos imáge- la AFA) y de que el Estado los ponga en caja. La historia que nes de cambalaches, triangulaciones, despilfarros de vamos a contar tiene un final abierto”. Diez meses después, dirigentes y barras bravas asociados al poder que compo- no cambió ni un ápice. nen un collage corrosivo. 2012 confirmó nuestras indagacioSólo a fines de agosto la AFIP avanzó sobre el mercanes: hubo más de lo mismo y vamos por más en el naciente do del fútbol con controles más estrictos que dejaron en 2013. En la olla donde se cuecen los temas de nuestro po- evidencia varias operaciones triangulares. Se les bloqueó pular deporte, a pesar de que rascamos tanto con el cucha- el CUIT a 146 intermediarios, aunque a sus socios, los dirirón de madera, siempre queda una costra. gentes, los dejaron seguir retozando. A comienzos de 2012, El año empezó con “Y mañana serán Julios”, la nota que los clubes le debían al fisco 275 millones de pesos. Pero el en la tapa llevaba un título muy gráPrograma Fútbol Para Todos les pafico entre signos de exclamación: No son imágenes bellas las que vemos gaba ingresos por 225 millones. Las “¡Qué lo parió!”. El heredero de Jucuentas siguen hoy sin cerrar. con el caleidoscopio de Un Caño. Son lio Grondona todavía no se conoce, Dos veces, en los números de orgías con dinero ajeno (Panzeri dixit). mayo y septiembre, nos ocupamos pero los hombres que aspiran a reemplazarlo en el trono siguen a de Boca, su presidente Daniel Ansu alrededor: José Luis Meiszner en la Conmebol, Germán gelici y las divisiones inferiores que se entrenan en La CanLerche en la presidencia de Colón y Luis Segura en la de dela, regenteadas por el Barcelona. Pero el 19 de diciembre Argentinos Juniors, más algún candidato confiable para el puso la firma Carlos Bianchi, inició su tercer ciclo como técgobierno nacional que hoy resulta una incógnita. nico y empalideció a lo demás. “Las semillas del semillero En marzo, el verano nos abandonó con una investiga- no son de soja, son de carne y hueso”, arrancaba la nota ción titulada “Los del guante de disimular”, definición que “Tiburón de boca grande”. evoca a ese tema emblemático del rock editado en 1970, La El balance dio un déficit de 36.852.901 pesos, el jefe de marcha de la bronca, de Pedro y Pablo. Aquella que decía Gobierno porteño mete demasiado la nariz en el club, la “Para los que toman lo que es nuestro / con el guante de di- construcción de un nuevo estadio es un proyecto desmesimular”. El tema era la evasión y el ajuste en el fútbol. En el surado, Riquelme no jugó más después de la última final de tercer párrafo se leía: “El despilfarro queda a la vista, y por la Copa, aunque todo queda disimulado por la vuelta del eso se anunció una batería de controles. Si se cumplirán entrenador múltiple campeón que ilusiona hasta a quienes o no, dependerá de la voluntad de los propios directivos no lo querían, como su vecino del exclusivo Barrio Parque

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Mauricio Macri y el propio Angelici. Si cambió la situación fue porque en la Bombonera tronó el escarmiento de las tribunas y el presidente tuvo que recular en su intención de renovarle el contrato a Julio Falcioni. Daniel Passarella hizo su agosto cuando cerró el balance de River el 31 de ese mes, aunque para ello intentó imitar a los geniales Picasso y Rembrandt. “El ejercicio está maquillado con la transferencia no concretada de Rogelio Funes Mori al Nápoli italiano por 34.380.000 pesos. El oficialismo argumenta que recibió una oferta firme, pero una oferta firme no es una venta. Además, se imputa otro crédito para que cierren los números que no es tal: un juicio por 13.651.222 pesos contra el ex presidente José María Aguilar y el ex secretario Mario Israel que todavía no se ganó”, decía la nota. Como en Boca con Bianchi, la llegada de Ramón Díaz –al que Passarella rechazó como técnico en varias oportunidades- disimuló ciertas operaciones. Los hinchas, que se movilizaron y repudiaron al presidente más de una vez, vislumbran un 2013 más tranquilo. Dejaron atrás la pesadilla del descenso que terminó a mediados de año. La lucha quijotesca del presidente de Independiente contra los violentos y los cómplices de los violentos continúa. En el número de junio, escribimos: “La aspiración de este cronista, casi un ruego, es que Javier Cantero continúe ileso en su puesto cuando se publique esta nota”. El deseo se cumplió y extendió hasta hoy. Aunque maltrecho por la campaña del equipo -hoy en zona de descenso directo–, Cantero da pelea en tres frentes: contra la barra, por la

permanencia en Primera y viene remando duro y parejo para que el club zafe de la convocatoria de acreedores. Las diez plagas del fútbol continúan, aunque Julio Grondona no conduce la asociación de Egipto. Algunas serían evitables con más honestidad y austeridad de los dirigentes: las triangulaciones que denunció la AFIP o el despilfarro que nos ocuparon en 2012. Pero lo indecente se ha vuelto un estilo de vida y se ha naturalizado de tal manera que impone las pautas desde hace décadas porque los problemas son estructurales y no de estación. No son imágenes bellas las que vemos con el caleidoscopio de Un Caño. Son orgías con dinero ajeno (Panzeri dixit).

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¿A qué jugará la Justicia? LUEGO DEL FALLO DE LA CORTE RECHAZANDO EL PER SALTUM POR LA LEY DE MEDIOS, EL AÑO VENDRÁ MOVIDO. ¿CON QUIÉN SE ALINEARÁN JUECES Y CORTE? Y PENSAR QUE TODO EMPEZÓ CON EL FÚTBOL…

por Víctor Hugo Morales

Cuando la Corte Suprema de Justicia deba nuevamente dilucidar, en 2013, si es que finalmente toma el toro por las astas y dictamina sobre la Ley de Medios, deberá recordarse que el fútbol es un lejano “culpable”. Un culpable lejano en el tiempo. Muy próximo en la hilación de la historia. Ese poder que se desactiva o no, ese garrote mafioso que pende sobre la sociedad argentina, sostenido con ambas manos por el señor Magnetto, esa voz de mando que actúa sobre los estamentos de la Justicia, sobre los demás medios y, por supuesto, también sobre la política, nació al amparo del fútbol. Infinidad de veces le han preguntado a este periodista por qué se entregó durante los últimos veinte años a una pelea destinada a la derrota, aunque una pelea con la derrota casi asegurada tenga una indiscutible dignidad. Y siempre, indefectiblemente, la respuesta fue “porque estaba ahí”. Y “ahí” es el origen. El comienzo de la etapa en la cual él que ya era un multimedios peligroso para la democracia, que tanto necesita del equilibrio de poderes –no nos referimos a valiosa división de los poderes del Estado, sino a la de los reales, los corporativos, los que hacen al interés económico, ese conjunto de medios escritos, radiales y 76 UN CAÑO ENERO 2013

televisivos espurios como radio Mitre y Canal 13-, tomó el fútbol por asalto con el puente tendido por Torneos y Competencias hacia la AFA de Julio Humberto Grondona. Se hizo del fútbol, lo robó durante años y esos miles de millones que fueron ganados sobre el sudor de los clubes y la discriminación de la gente, dividida entre los que podían pagar y los que no, entre los que tenían o no la posibilidad de acceder al cable, entre los que, aún teniéndolo, debían decir si podían o no pagar los precios especiales que había que pagar para ver los mejores partidos. En definitiva, ese inmenso capital escamoteado a un fútbol que esquilmaron hasta que no pudo más y hasta que al propio Julio Grondona le dio vergüenza y se los quitó, ese poder económico es nada comprado con el que el fútbol le dio a través de la patente de corso que le concedió para que se quedara con cientos de señales. Como un dinosaurio de Steven Spielberg, el animal creció hasta que su hambruna constante lo tornó intolerable para un poder político, que después de conceder y conceder durante años y de otorgarle también ventajas que hicieron al pulpo todavía más fuerte frente al resto de la sociedad argentina, salió de

la eterna derrota de los gobiernos ante las corporaciones y esta vez sí ofreció una batalla que terminará por cambiar a la sociedad, salvo que esa sociedad quiera resignarse a cien años más de un poder que nadie podrá nunca controlar. Fue con el fútbol que salieron de gira y con lo ya conocido de darle el fútbol a un canal para fundir al otro y entonces comprarlo; y luego cambiarlo de canal para quedarse también con el de la competencia. Digamos que eso en algunos casos... En otros, directamente sabiendo simplemente cómo funciona y lo cerca que estaba de alguna debacle económica, adquirir al canal a precio vil para, a través del fútbol, vender todo lo demás, lo que no interesaba, pero que, atado al fútbol, tenía originariamente otro valor. En diciembre, la Corte Suprema tuvo un rato la pelota picando en su patio. Quizás la vuelva a tener en unos meses más. Lo que el fútbol le dio al grupo hegemónico, lo que se robó, lo que se estafó, lo que se discriminó puede tener finalmente su ajuste de cuentas. Veremos de qué, a qué y con qué empuje juega el equipo de la Justicia.


AVE PORCO EL JUICIO QUE ABSOLVIÓ A LOS TRECE ACUSADOS EN EL CASO MARITA VERÓN VOLVIÓ A PONER EN ESCENA A LA CHANCHA RUBÉN ALE. SUSANA TRIMARCO ACUSÓ AL EX PRESIDENTE DE SAN MARTÍN DE TUCUMÁN DE HABER INFLUENCIADO ECONÓMICAMENTE A LOS JUECES. HISTORIA DE UN HOMBRE ESPELUZNANTE.

POR

P

PABLO CAVALLERO

Los Gardelitos. Tal vez como un homenaje nostálgico de sus cial similar al del juicio por la desaparición de Marita años de tablón, San Martín tuvo representantes en SudáfriVerón. Tras un desfile interminable de testigos, mu- ca 2010, como parte de Hinchadas Unidas Argentinas. Con chos de ellos de chicas que lograron escaparse de las redes contactos y los 600 remises como fuerza de choque –llegó de trata de personas, y de la lucha infatigable de Susana a tomar la Jefatura de Policía munido de sus rodados-, los Trimarco, la mamá de Marita, los trece acusados resultaron negocios de la Chancha proliferaron. Llegó a ser candidaabsueltos. En la secuencia de la lectura de la sentencia, la to a legislador y concejal; se lo relacionó con los casinos, primera que celebra, de cabello rojo intenso, abrazándose a tragamonedas y la prostitución. Sugestivamente, uno de los un abogado clon del actor Ben Kingsley, es María Jesús Ri- prostíbulos riojanos en los que buceó Trimarco para buscar vero, sospechosa de haber sido la entregadora de la víctima a su hija, y en donde se presume que Marita estuvo cautiva, aquel 3 de abril de 2002, cuando testigos la vieron abordar se llama… Five Stars. un Fiat Duna, también rojo, con las calcomanías de 5 estreA Ale se lo vinculó, en marzo de 2006, al asesinato de llas, la agencia/ejército de remises de la cual ella era titular Paulina Lebbos, de quien se presumía que iba a ser entrelegal, aunque desde las sombras la gada a una red de trata. Y la propia regenteaba quien entonces era su María Jesús Rivero, sospechosa de Daniela Milhein, también acusada en pareja, Rubén Ale, la Chancha, no haber sido la entregadora de Marita la causa, declaró que “nunca he cocasualmente, el hombre acusado brado plata, me hacía trabajar para Verón, es la ex mujer de Ale. por Trimarco de haber influenciado él”. Con tamaños antecedentes, fue económicamente en los jueces. lógico que gobernara al equipo tucuTirando un lazo con el deporte, Ale y Rivero aprovecha- mano con una única voz. Mientras los resultados deportivos ron la coyuntura dramática de San Martín de Tucumán en acompañaron (en 2008, su hito: devolverlo a Primera lue2001, arrastrando cuantiosas deudas y pululando en la Liga go de dieciséis años en el Ascenso), se manejó con escasa local, para transformarse en los amos del Santo, median- resistencia. Y muda, por el temor difundido, con hechos y te la gerenciadora NOA y también la vía democrática. La con su leyenda. En su prontuario figuran acusaciones por Chancha encabezaba una facción de la barra de San Martín homicidio, trata de personas, tenencia de armas de guerra, en los ‘80, La banda de los Ale, de la que también formaba resistencia a la autoridad, usurpación de propiedad… De la parte su hermano Ángel, el Mono. Dominó la tribuna con mayoría de ellas, salió airoso. puño de hierro, e incluso gambeteando una causa por el Disfrutando de un contrato de gerenciamiento leonino asesinato de dos integrantes del otro sector de la barra, (en los papeles, NOA se quedaba con el 90% de los dereOCOS FALLOS JUDICIALES HAN GENERADO UN ESTUPOR SO-

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chos televisivos, el producido de la venta de localidades de invitados, el 70% del dinero por transferencias de jugadores arribados durante su gestión y el 30% de los futbolistas del club), se aventuró a la ampliación del estadio, para lo cual su pareja realizó una presentación ante los ojos del gobernador Alperovich (el Ejecutivo llegó a prometer un aporte económico), y se lanzó un bono para que los hinchas colaboraran, con altísima participación. Claro, la obra jamás se hizo efectiva. Pero las mieles por los saltos de categoría taparon todo. Incluso, denuncias de una mirada benévola por parte de los árbitros realizadas en 2011 por el ex juez Javier Ruiz ante la Comisión de Deportes de la Cámara de Diputados. “En San Martín se manejaban todo este tipo de cuestiones con Roberto Dilascio y su pareja, María Jesús Rivero”, declaró. No es celoso Ale. Como presidente de la gerenciadora tenía a la nueva pareja de su ex mujer. Sí, todo quedaba en familia… En tanto, Rivero, ya con el caso Verón sobre sus hombros, se pavoneaba en la mesa del Comité Ejecutivo de AFA y ante los grabadores indulgentes: “Las mujeres nos vamos abriendo caminos en distintas actividades, como el deporte, por ejemplo. Pero no soy Cristina”. En fin… La cuestión es que la burbuja de resultados se pinchó. El Santo bajó a la B Nacional, siguió a los tumbos y, en la jornada del descenso al Argentino A (perdió la Promo ante Desamparados) todo reclamo por el despotismo de Ale y sus muchachos fue silenciado a los golpes por un grupito liderado por el Mono, su hermano. El hecho nutrió a la oposición, que representada por los socios autoconvocados se envalentonó

aún más cuando Ale fue preso por la usurpación de la finca Los Pereyra –y posterior venta de la cosecha de soja de dicho campo-. Bah, preso: en realidad quedó detenido en un sanatorio privado, rodeado de un fuerte operativo policial, por un cuadro de hipertensión. Entonces se sucedieron las marchas exigiendo su renuncia, algo que terminó ocurriendo, aunque no salió gratis. Quienes tomaron el timón debieron sortear múltiples inconvenientes heredados, como un pedido de remate del estadio La Ciudadela, a raíz de una deuda con un ex empleado del club, que reclamaba 56.428 pesos. “El fútbol fue en el único ámbito en el que perdió Ale”, analiza, consultado por Un Caño, Gustavo Rodríguez, periodista de La Gaceta de Tucumán, de mirada severa con la gestión de la Chancha en el Santo. “Que regrese de donde esté”, le pidió, con marcado cinismo, Rivero a Marita ante las cámaras, luego de ser absuelta. Hoy, San Martín también busca volver de su infierno.

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“LA OBJETIVIDAD NO EXISTE EN EL FÚTBOL NI EN NINGÚN LADO” GERMÁN PAOLOSKI ES EL MUCHACHO CARISMÁTICO QUE TODA MADRE SUEÑA COMO YERNO. Y SABE QUE SU MAYOR CAPITAL ES SU ESTILO. “DESDE QUE EMPECÉ, SIEMPRE PENSÉ LO MISMO: VOY A SER YO. EN ESTA NOTA, REVELA SU MAYOR SECRETO DE PERIODISTA DEPORTIVO, Y SUMA OTRAS PERLITAS.

POR

CECILIA DI GENARO

FOTOS DE

ALEJANDRO KIRCHUK

–¿Sos el típico pibe que quiso ser jugador de fútbol jugar al fútbol”. El tipo que llegó a Primera llegó porque y, como no le dio el piné, terminó siendo periodista juega bien. Hay múltiples factores para que el jugador deportivo? rinda. Es muy fácil criticar. Hay tipos que deben decir –No, para nada. Cuando era joven pensaba que iba de mí “este pibe es un tarado, no entiendo cómo está a estudiar medicina porque tengo una gran admiración en la tele”. Y yo me rompí el orto para llegar a donde por mi padre, que es médico. Me veía siguiendo sus pa- estoy, no tenía ninguna palanca, nadie me regaló nada, sos. Pero cuando llegó el momento, no tenía esa vocación. nadie me dio una posibilidad que yo sienta que no me Me gustaban mucho los medios de comunicación, y en el haya merecido. No me gusta la gente que es peyorativa, y CBC conocí a un amigo que empezaba a estudiar perio- menos si estás en un medio. No se puede decir cualquier dismo deportivo. Me contó cosa al aire. que Niembro y Araujo abrían “El periodista muchas veces siente que tiene que –Remontémonos al una escuela de periodismo y pasado. Ahora no decís saber más que el tipo que lo está escuchando. Y que ahí los estudiantes tenían de qué cuadro sos, pero, corre el riesgo de decir lo que no pasó”. mucha práctica. Entonces ¿de qué cuadro eras me anoté para practicar, sin cuando eras chico? pensar que iba a terminar dedicándome a eso. Pero teEl que me acercó al fútbol fue mi viejo, hincha de nía muchas diferencias con mis compañeros fanáticos. El River. Cada vez que podía me llevaba a la cancha. Y mi mundo deportivo me ganó y en el ’96 empecé a trabajar primer encuentro con el deporte fue salir a jugar a la en La Red como productor. Pero lo mío siempre fue con calle con mis amigos del barrio, en Martínez. armas leales. Nunca mentí ni armé escándalos para ganar–¿Recordás como un dato fundacional la primera me un lugar. vez que ingresaste a un estadio a ver a tu equipo? –Estás hablando del estereotipo de los que gritan y –Puede ser. Recuerdo que fuimos a la popular y que dicen barbaridades. ¿Creés que demostraste que se pue- era un día de sol. Era muy chico, tenía 5 años. Uno de de tener éxito en el rubro sin tener ese rasgo picapiedra? los recuerdos que tengo fue un día que llegamos tarde y –Hay gente que tiene una personalidad más comba- tuvimos que ir a la platea Belgrano alta, que era la del visitiva, les gusta polemizar, criticar duramente. Yo soy más tante. Jugaban River-San Lorenzo, nos mandamos rápido respetuoso. Jamás diría “este tipo es un desastre, no puede y cuando llegamos eran todos del Ciclón. Mi viejo se ha80 UN CAÑO ENERO 2013


bía equivocado. Me miró y me dijo “no, acá no podemos do. Y fue duro porque nunca me imaginé que podía paentrar”. Y salimos y pagamos otra entrada. ¡No íbamos a sar eso. Cuando sucede, empezás a ver para adelante: las poder gritar los goles! cargadas, los argumentos que tienen los rivales. Además, –Entonces sos de River. sufrí por la gran cantidad de amigos y la familia, que lo –Sí, pero no lo digo nunca para no legitimar una si- vivieron como una catástrofe. tuación violenta. En general, no me gusta contar cuestio–¿Pensaste en hacer lo que hacen otros periodistas: nes privadas. Ni de mi relación de pareja, ni de política, decir que son de un cuadro de la B para no lastimar ni de qué cuadro soy hincha. Tengo una relación de ida esa credibilidad y poder desplegar eventualmente la y vuelta con un montón de gente que me mira sin esa pasión sin culpa? condicionalidad. –No, no me sumaría nada decir que soy de un equipo –Ahora están las dos tendencias: los que dicen el cua- de la B para canalizar por ahí. Cuando me preguntan el dro y los que no. Y pasa cuadro, no lo digo y listo. en otros rubros. Mu–¡O sea que tenemos “Me parece que las personalidades como las de chos periodistas blanla primicia! Riquelme no suman. Cuando tenés problemas en todos quearon su ideología y –Sí (se ríe con cara de lados, seguro que sos vos el que tiene un problema”. otros no directamente, arrepentido). pero dejan ver su modo –Hay como una espede pensar. cie de moda de ser hincha de dos cuadros, o de ser de –En el caso de los periodistas deportivos, los que pri- cuadros chicos ¿Se está empezando a dejar el exitismo mero empezaron a decir el cuadro fueron los que trabajan de lado y a valorar otras cuestiones? en programas partidarios. Fantino es un ejemplo. Recon–No sé si es una moda. Hay gente que tiene un sendo, que trabajaba con Fantino, empezó a recibir gastadas timiento genuino por cuestiones de barrio, idiosincrasia, constantes y no le quedó otra que reconocerse de River. hasta de religión. El caso de Arsenal: pasó a ser tan grande Hay periodistas que blanquean porque se alejaron del como los otros en términos de resultados porque han gauniverso del fútbol. El caso de Matías Martin y Varsky. nado campeonatos y copas. Mucha gente de la comuni–Vos podrías ser un caso similar dad judía es de Atlanta, además de otro equipo. Siempre –Sí. Hoy no estoy estrictamente ligado al periodismo hubo y siempre habrá exitismo, pero después hay otra deportivo, pero igual a mí me sigue generando una sen- cosa que es la pasión. sación extraña. –¿Se puede explicar la pasión futbolera? –¿Tenés alguna anécdota que haya marcado esta –No. Por ejemplo, no tiene que ver con los campeonatos decisión? ganados. Hay equipos que nunca ganaron nada y tienen se–Un montón. El otro día se jugó el súperclásico y por guidores que van siempre detrás de esos colores. Hay mucha Twitter me decían “cállate, gallina”. Otro me decía “vos gente que se ve atraída por los títulos. Cuando Vélez empezó sos un bostero de mierda”. Me parece muy simpático que a ganar títulos de la mano de Bianchi, eso hizo que haya mume critiquen o me tiren buena onda de todos lados. Me chos chicos de la zona que se hicieron hinchas. gusta pararme en un lugar más bien neutral. –¿Existe la objetividad en el periodismo deportivo? –No, la objetividad no existe en ningún lado. Pero me gusta jugar con la idea de la neutralidad porque, al correrte del lugar del hincha, eso te permite ser recibido de otra manera. Si sabés que el que te habla es un hincha de River, presumís que todo lo que diga será favorable a River. 1- Mi familia, que está por encima de cualquier cosa Y yo no hablo bien de River siempre. Si juega mal, digo 2- Los amigos que juega mal. Y si mereció ganar Boca, lo digo también. 3- Momentos de placer que encontrás sin –¿Cuando River se fue a la B estabas al aire? proponértelo en cosas chiquitas de la vida –¡Sí! Terminó el partido y salí al aire con una impar4- El fútbol cialidad absoluta. La gente me decía “vos porque sos de 5- El trabajo Boca”. Me pareció que desde el noticiero no podía ser parcial. La objetividad no existe, pero uno trata de ir hacia ese lugar lo más que se pueda cuando está informan82 UN CAÑO ENERO 2013


–Ahora todo se igualó mucho entre los equipos chicos y los grandes, ¿no? –Claro. Antes vos sabías que siendo hincha de River o de Boca ibas a disfrutar más de lo que ibas a sufrir. Hoy no es así: River estuvo en la B, Boca a veces está en crisis y peleó por engrosar su promedio, Independiente y San Lorenzo pueden perder la categoría... Entonces, ¿hoy quién es el grande y el chico en resultados y en poder económico? Hoy venden afuera jugadores tanto los equipos grandes como los que no lo son. Al igualarse tanto las cosas, lo del exitismo queda de lado. Hoy realmente tiene que ver con una cuestión de herencia familiar, de gusto particular. –Hace poco dijeron que en el superclásico habían muerto dos hinchas y no había sido así. Como conductor de un noticiero, ¿qué responsabilidad creés que tienen los comunicadores en torno al costado más salvaje de los medios y del fútbol? –Los medios tienen una responsabilidad muy grande, la de intentar llevarle a la gente lo que realmente ocurre, sea cual fuere el tema. A veces eso es muy difícil porque los dueños tienen su línea y sus intereses. Y uno lo sabe, aunque no se lo digan directamente. Es complicado. Pero aparte de eso, hay cosas que a mí no me gustan. La primi-

cia tiene que ser una consecuencia, no la causa de todo. Si vos tenés una información que otro no tiene, la brindás y es fidedigna, bárbaro. Pero tampoco te van a dar un premio por tirar más primicias que otro. –Está el periodista que tiene un paladar fanático para las desgracias. –El periodista muchas veces siente que tiene que saber más que el tipo que lo está escuchando. Y corre el riesgo de decir lo que no pasó. Tenés el tipo que está todo el día en Twitter diciendo, sin tener idea: “murieron dos, qué locura este país”. Y no murió nadie. Todo eso fomenta la violencia, en general. Creo que las cámaras tienen que estar porque son el ojo que después se transforma en la prueba que la Justicia necesita para tomar cartas en el asunto. Pero si sólo es para mostrar muerte y violencia, no sirve para nada. –Cambiando de tema: hace poco dijiste que querías invitar a Tinelli a Pura Química. ¿Qué le preguntarías en materia de fútbol? –Le preguntaría cómo llegó a ser la persona que es, y eso incluye su amor por el fútbol, porque es periodista deportivo y relator. Cómo fue el cambio del periodista deportivo al conductor. Cosas que me interesan a mí por-

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que me pasan. Lo más interesante es su decisión de hacerse cargo de San Lorenzo, cuando están por perder la categoría. Tiene más para perder que para ganar. Se somete a que la gente lo mate. Caruso Lombardi se fue de San Lorenzo y lo liquidó. Pensá que él en su programa pone el micrófono, pero él no se embarra. El no toma partido. Para Tinelli, entrar al futbol es meterse en el barro, acá te vas a ensuciar... Sin embargo, es tanta la pasión que tiene por San Lorenzo que no le importa. –¿Algo parecido pasó cuando Maradona se hizo DT? –Claro, se bajó del púlpito. Para mí, dejar la comodidad siempre es valioso. Tomar riesgos. Nadie se animaría a discutir a Diego como jugador. Pero muchos lo critican como técnico. Y se la banca. Con Tinelli pasa lo mismo. –¿Es cierto que tenés cierta pica con Riquelme? –Cuando algo no me gusta, se me nota. No tengo nada personal con Riquelme. Hay actitudes que no me gustan, que son egoístas. Esto no es tenis, no es un deporte individual. Vos te nutrís de tus compañeros, sos por tus compañeros y para tus compañeros, como ellos con vos. Y me parece que las personalidades como las de Riquelme no suman. Cuando tenés problemas en todos lados, sos vos el que tiene un problema. En Boca tuvo inconvenientes, en Villarreal lo mismo, en Barcelona lo mismo, en la Selección también… –¿Qué responsabilidades tiene el líder de un equipo? 84 UN CAÑO ENERO 2013

–El líder, o el buen líder, trata de unir, de que no haya rivalidades, de que nadie sea más importante que otro. Él es un líder desde lo futbolístico, pero no demostró ser un buen líder a nivel humano. –¿Qué jugador tiene estas cualidades? –Messi tiene todo: talento, contracción al trabajo, se esfuerza permanentemente, no es un chanta, no tiene una vida extraña, es un tipo normal... Además, no sale a decir “soy el mejor”. –¿Qué pensás de la pelea de Riquelme con Palermo? –Pienso que no podés estar peleado con el 9 de tu equipo siendo el 10. No sos amigo, todo bien. Pero dentro de la cancha es tu mejor amigo. El día que Palermo hizo un gol importante, gracias a que Riquelme le dio la pelota, y después se fue para otro lado y no lo saludó, no se podía creer. Los fanáticos te dicen: “¿Qué es lo más importante? Que le dé la pelota, ¿qué tiene que ver si lo abraza?”. Pero ese reconocimiento es importante. Porque el tipo te está yendo a buscar para abrazarte y vos le das la espalda. Esas cosas no me gustan. Que lo abrace es tan o más importante que todo lo demás. –Te alejaste del periodismo deportivo, pero si hay un Mundial, volvés enseguida, ¿no? –Obvio. Me gustan mucho los Mundiales, voy desde el ‘98 y, en la medida que pueda, no me voy a perder ninguno. Ahí se ve la pasión del fútbol en su máxima expresión, es el mayor acontecimiento. No es tu equipo, es algo más grande: tu país, tu gente, tu nación. Te encontrás con diferentes personas, culturas… Todo lo que genera el Mundial por afuera es magnífico, es un mundo que merece ser vivido. Las calles, los bares… Y además ir a la cancha es una experiencia fascinante. –¿Qué pasa cuando las mujeres que nunca miran un partido en su vida se sientan al lado del marido y opinan? –Está bueno que se socialice. Pero hay un tema cuando van pasando las etapas, el nerviosismo y la tensión crece. Vos estás tan compenetrado con el partido que un comentario fuera de lugar te saca y puede llegar a haber cierto grado de maltrato (risas). –¿Vos sos capaz de mandar a tu mujer a lavar los platos en un partido del Mundial? –Voy a decir algo muy antipopular: no hay manera de comparar el amor hacia tu mujer con el que sentís por el fútbol. Vos me preguntas “¿querés ganar un Mundial y que tu mujer te deje o preferís quedarte con tu mujer y que la Selección pierda?”. Me quedo con mi mujer, no lo dudo un segundo. –Bien dicho.


En 1995, un referí uruguayo acuchilló a un jugador, harto de sus protestas.

Palestina puede DANIEL KABIR MUSTAFÁ ES UN ARGENTINO QUE FORMÓ PARTE DE LA SELECCIÓN DE PALESTINA Y NOS CUENTA CÓMO ES JUGAR EN MEDIO DE UNA DE LAS LUCHAS DE RESISTENCIA MÁS EXTENSAS DE LA HISTORIA.

por Patricio Tesei

“Fútbol en Palestina”. Así se tituló un artículo de Ezequiel Fernández Moores en La Nación que narraba las vías de contacto entre el fútbol y el binomio religión y política en su fase más agresiva, cuando el viejo conflicto entre palestinos e israelíes mostraba recrudecimiento y un pico máximo de tensión, sobre todo en la Franja de Gaza, a finales de 2012. A ese territorio inestable en Medio Oriente llegó un argentino para cumplir el sueño de jugar en una Selección, de ser internacional. Daniel Kabir Mustafá, defensor cordobés de 28 años de Boca Unidos de Corrientes, jugó para la Selección de Palestina que durante diciembre disputó el campeonato de la Federación del Oeste de Asia. “Los palestinos son un pueblo muy sufrido por todo lo que viene pasando, pero desde que tienen uso de razón existe este conflicto, se criaron así... Y de alguna manera están acostumbrados, aunque obviamente desean la paz. Es difícil de explicarlo. Para Palestina, el fútbol es quizás el motivo que trasmite mayor felicidad a este pueblo tan sufrido”, le cuenta Daniel a Un Caño. Lejos de la “zona caliente” de Gaza, de los complejos deportivos destruidos por los misiles israelíes y

del intercambio de bombas, el avión dejó a Mustafá en Qatar para realizar la preparación deportiva. A varios kilómetros, hace sólo cuatro años, Palestina pudo jugar su primer partido amistoso como local: fue el 26 de octubre de 2008 en el estadio Faysal Hussein ubicado en Al-Ram, suburbio de Jerusalén, Cisjordania. El resultado fue 1 a 1 frente a Jordania. Diez años antes, en 1998, ingresaba en la FIFA. Mustafá tiene ciudadanía palestina heredada de un abuelo que se escapó de una vida en permanente

guerra. Rami, kinesiólogo del plantel, es el traductor para él y para el chileno Arturo Norambuena. Aprendió español en Cuba, donde vivió seis años. “Las costumbres son muy distintas a las nuestras; en cuanto a las comidas, no me costó porque en mi familia seguimos con la tradición de las comidas árabes y me gustan mucho. Rezan cuatro o cinco veces por día, inclusive en la cancha, antes de los entrenamientos. El 70% de las mujeres viven tapadas, sólo se le ven los ojos. Y también me sorprendió la cantidad de musulmanes orientales, africanos y hasta algunos americanos… Uno los percibe porque llevan la vestimenta tradicional de esta religión”, señala. Daniel vivió desde adentrola resolución de la ONU que declaró a Palestina como “Estado obervador”, calificación que significa importantes cambios en cuanto al status diplomático, pero sobre todo cimenta su rol como estado independiente. “Fue algo que generó mucha alegría”, asegura. Lo anecdótico: jugó de titular en un amistoso contra Qatar, con un triunfo por 4 a 2. En la Copa no tuvo tanta suerte: perdió 2 a 1 con Kuwait, le ganó a Líbano 1 a 0 y perdió 2 a 1 con Omán. Palestina no pasó la primera ronda. ENERO 2013 UN CAÑO 85


UN EJEMPLO DE DIRIGENTE RICARDO ELVIO VERONESI FUE UN VISIONARIO: CREÓ EL VERDADERO FÚTBOL ESPECTÁCULO. TODO COMENZÓ EN 1971, CON LA INTENCIÓN DE EXPULSAR A LOS BARRAS DE SU CLUB, EL ATLÉTICO CARL MARX.

Por Pedro Saborido

En abril de 1971, durante el partido El Porvenir-Atlético Carl Marx de Adrogué, una serie de incidentes entre las barrabravas de ambos equipos terminó con el incendio de más de catorce manzanas de la localidad de Gerli, donde se destruyeron alrededor de 400 viviendas, 53 comercios, seis talleres metalúrgicos, tres panaderías, dos colegios primarios, un fumadero de opio con permiso municipal y un instituto de enseñanza de kick boxing y tejido a crochet. “Esos cuatro inadaptados…”, dijo para sí Ricardo Elvio Veronesi, joven dirigente ejemplo de dirigentes que, a partir de dicho suceso, creyó que la única manera de cambiar lo que le ocurre al fanático de fútbol cuando ve fútbol era cambiar al fútbol. “Hay que lograr que la familia vuelva a la cancha”, sostuvo cuando hizo que el Atlético Carl Marx saliera con el Oso Yogui de 5. Pese a las quejas de muchos aficionados, y especialmente del jugador Francisco Mugiondo, que iba dentro del muñeco del Oso Yogui y fue internado por deshidratación a los veinte minutos del segundo tiempo, la algarabía de algunos

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Ilustración de Laura Savio

niños y de sus felices padres ante un par de centros pasados que el simpático oso fue a cabecear hizo que Veronesi insistiera. Al partido siguiente Curly, Larry y Moe (Sanguinetti, Bevilacqua y Carracedo, en realidad) fueron los protagonistas del medio campo marxense. Esa tarde perdieron 4-1, pero cuatro piques de Sanguinetti por derecha, disfrazado como Curly y haciendo “Bup, bububup bup, bup, bup”, quedaron en el corazón de las familias, las mismas que con sus niños gozaron y rieron cuando Moe fue expulsado por hacerle un piquete de ojos a un línea. Desde la AFA, Julio Grondona, quien en esa época era secretario de actas y vocal adjunto a cargo del buffet de Arsenal, elevó su queja y pidió mesura a Veronesi. Pero el joven dirigente no cejó en sus intentos de pacificar al fútbol. En el siguiente partido hizo entrar de 9 a Blancanieves, lo que provocó la delicia de las familias pero cierta inquietud en los vestuarios. Y así fue que luego propuso jugar el segundo tiempo frente a Flandria usando una gallina como pelota. Era

un placer ver cómo las familias, que acudían cada vez más a los partidos del Carl Marx, disfrutaban y reían con las peripecias de algún jugador tratando de cabecear una gallina que llovía desde un córner. O también el ambiente se impregnaba de felicidad cuando empezaban los cachetazos y las tortas de crema entre los jugadores después de algún fallido tiro libre. De esta manera fue deshaciéndose la barrabrava, que dejaba de seguir a su club. Al poco tiempo, Veronesi logró -con wines malabaristas y algún 4 imitador de Jerry Lewis- que cada vez fueran más familias a la cancha: disfrutaban de un fútbol vistoso, con simpáticos toques de humor, pero también con arqueros que atajaban mientras hacían perritos doblando globos; algún 5 se imponía en el medio campo haciendo willys con una moto de cross; y estaba Salguero, el zaguero, quien carismáticamente se acercaba a las tribunas y preguntaba “¿Cómo están usteeeedes?”. La gente, desde las gradas, contestaba “¡¡Bieeeeen!!”, y el zaguero insistía con un “no escucho, más fuerte… ¿Cómo están usteeeeedes?”. Y así


hasta que, frente a Nueva Chicago, alguien gritó “¿Cuántas veces vas a preguntar, sordo de mierda?” y le metió dos balazos en la rodilla izquierda. Pero Veronesi le pidió a Salguero, el zaguero, que siguiera jugando, ya que verlo correr con la rotula pulverizada “era muy gracioso”. Lo cierto es que las quejas desde la AFA siguieron, y en junio del ‘71 el Carl Marx fue desafiliado cuando su equipo ejecutó un penal pateando a un enano que salió impulsado por el gran remate de Sergio Hada Patricia García y pegó en el travesaño. “Prefieren los violentos a las familias”, dijo Veronesi, quien aceptó la desafiliación y fundó enseguida su propia liga de clubes. Esta fue un fracaso. Pero Veronesi siguió con su concepto del fútbol entretenimiento, haciendo jugar a su equipo sólo en la cancha contra un supuesto team de jugadores invisibles. Obviamente, los amantes del fútbol dejaron de seguir al club, no así las familias, que acudían en masa y convertían a estos encuentros en un éxito. El Carl Marx siguió jugando durante años por toda Latinoamérica. Veronesi lo llevó a México y después a Los Ángeles, donde después de años de éxito se cambió de nombre. Se puso Steven Spielberg y un día dijo: “Me dieron ganas de largar todo esto y de hacer una película de tiburones”. Le fue bárbaro y largó el fútbol para siempre. Aunque aún hoy, Veronesi (o Spielberg) a veces pone Fútbol Para Todos desde su mansión en Hollywood y comenta que salvo All Boys, Vélez y por ahí Lanús, el resto no tiene una mierda para ofrecer y que es un embole verlos jugar.

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OTRAS YERBAS

POR ALEJANDRO LINGENTI

CARTAS DE UN LEÓN A OTRO POLÍTICA, ECONOMÍA, AMISTAD, DEPORTES Y, OBVIAMENTE, LITERATURA SON ALGUNOS DE LOS TEMAS SOBRE LOS QUE INTERCAMBIAN OPINIONES AUSTER Y COETZEE EN UN ENTRETENIDO EPISTOLARIO.

Paul Auster y J. M. Coetzee se conocieron en 2008 en un festival literario llevado a cabo en Australia. Intercambiaron cartas durante un tiempo hasta que el sudafricano le propuso al autor de la Trilogía de Nueva York aprovechar esa relación epistolar para hacer un libro que revelara a sus numerosos seguidores en todo el mundo sus reflexiones sobre la literatura, la política, las relaciones humanas y hasta el deporte. Sobre este último tópico, el que posiblemente despierte mayor interés entre los lectores de esta revista, hay un par de textos ejemplares. Transcribimos aquí un fragmento como botón de muestra, pero vale la pena leer todo el volumen. Se llama Aquí y ahora. Cartas (2008-2011), es una edición conjunta de Anagrama y Mondadori y se consigue en todas las librerías del país. Dice Auster: “Ver deportes en la televisión es una actividad inútil, una absoluta pérdida de tiempo. Y sin embargo, ¿cuántas horas de mi vida he perdido precisamente de ese modo? (…). La suma total es sin duda apabullante, y sólo con pensar en ello me abochorno (…). No hay duda de que los deportes tienen un sólido elemento narrativo. Seguimos los giros y las peripecias del encuentro con el objetivo de saber el resultado final. Pero no es exactamente 88 UN CAÑO ENERO 2013

lo mismo que leer un libro; al menos no la clase de libros que tú y yo tratamos de escribir. Los deportes tienen una relación más estrecha con la literatura de género. Piensa en los thrillers o en las novelas policiales, por ejemplo (…). Me pregunto si hay dos competiciones que sean exactamente iguales, jugada a jugada. Puede ocurrir… Todos los copos de nieve parecen el mismo, pero el sentido común dice que cada uno es único. Más de seis mil millones de personas habitan este planeta, y se supone que las huellas dactilares de cada

una son distintas de todas las demás. De los muchos partidos de béisbol que he presenciado –que son miles-, en casi todos se ha producido un pequeño detalle o acontecimiento que no he visto en ningún otro (…). Sin embargo, uno se sigue sintiendo bastante estúpido después de pasarse el día entero frente a un aparato de televisión viendo cómo unos jóvenes se abalanzan unos contra otros. Los libros siguen sin leer sobre la mesa. No sabes adónde han ido a parar las horas y, lo que es peor, tu equipo ha perdido”. Contesta Coetzee: “Parece que consideras el deporte como una cuestión de estética, y los placeres que experimenta el espectador del deporte como placeres puramente estéticos. No me convence ese enfoque (…). ¿Por qué el fútbol americano es un gran negocio mientras que el ballet –cuyos atractivos estéticos son probablemente superiores- necesita que lo subvencionen? (…). Lo que el enfoque estético pasa por alto es que los deportistas satisfacen la necesidad de héroes. Se trata de una necesidad que es más apasionada entre los muchachos que son lo bastante jóvenes como para tener una vida de fantasía exuberante; sospecho que es el residuo de esa fantasía juvenil lo que alimenta el apego adulto a los deportes”.


HIGH FOOD NACE

UNA ESTRELLA

De pronto, cuando nadie lo esperaba, apareció Frank Ocean. Y se produjo una pequeña revolución dentro del mundo de la música negra, plagado de provocadores agazapados que vieron en la confesión gay de Christopher Breaux (tal el nombre verdadero de esta nueva estrella de la música pop nacida hace apenas 25 años en California) una oportunidad de promoción gratis. Con una avidez parecida, los más propensos a las fantasías empezaron a encontrar claves ocultas en una serie de canciones que, ante todo, son joyas del neo-soul, la música que estaría haciendo Wonder si estuviera en su esplendor ahora. “Hay muchos que creen que una canción tiene que ser el diario de tu vida”, respondió lacónicamente Ocean a tanto afán investigativo. Lo mejor, la verdad, es prestarle atención a su estilo elegante y melancólico, donde pueden encon-

trarse pistas concretas de una discoteca juvenil donde el propio Wonder, Marvin Gaye y Prince tuvieron un lugar preferencial, igual que OutKast, cuya ascendencia se pone abiertamente de manifiesto con la invitación a André 3000, que canta y toca la viola en la elocuente canción Pink Matter. Se dice

que los shows en vivo no son todavía el fuerte de este nuevo joven maravilla. Razón de más para sacarle el jugo a Channel Orange, el precioso disco editado este año en la Argentina y que aparece en la lista de los mejores de 2012 de casi todos los medios especializados del mundo.

RESURRECCIÓN Otro buen disco de este año también tiene raíz soul: The Bravest Man In The Universe marca un glorioso regreso a la ruta de Bobby Womack, músico de Ohio que parecía al borde del abismo debido a sus múltiples problemas de salud. En apenas seis meses, Womack tuvo un cáncer de próstata, otro de colon, un problema pulmonar que no le permitía respirar con normalidad y una internación que incluyó diez días en estado de coma. Damon Albarn, alma de Blur, factótum de Gorillaz (Womack colaboró en ese proyecto, cantando en la súper groovie Stylo, del disco Plastic Beach), tenaz constructor de puentes con la música de raíz africana, fue quien tuvo más confianza en la recuperación de Womack, ídolo de Quentin Tarantino, quien hizo notar su fanatismo a fines de los ’90 en la banda sonora de Jackie Brown. Albarn produjo el álbum de

este septuagenario con onda que supo codearse con gente como San Cooke y Sly Stone. La notable voz de Womack es uno de los sostenes principales de un disco apoyado en ambientes electrónicos que actualizan la receta de un músico que trabajó siempre en un te-

rreno de límites anchos, del soul, el R&B y el gospel al rock, el country y el funk. Recuperado, Womack no quiere perder el tiempo y prepara un álbum de duetos con compañeros como Stevie Wonder, Rod Stewart y Snoop Dog. No salió en Argentina, por ahora. Una lástima.

ENERO 2013 UN CAÑO 89


90 UN CAテ前 ENERO 2013


Revista Un Caño - Número 55 - Enero 2013  
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