El Noroeste argentino vive un desastre climático: la peor sequía en cincuenta años. Mueren los animales, no crecen las pasturas, las empresas habilitan un servicio de agua “por horas”. Pero esta larga mala racha, que coincide con el auge del desmonte y de la soja, casi no se nota en las grandes ciudades, ni figura en las páginas de los medios nacionales.