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En esa diáspora del windsurf mundial, conformada por una comunidad nómade de veleristas de todos los países, ella ha podido conocer historias para inspirarse: hombres que lo sacrifican todo por el sueño olímpico de una medalla, mujeres que se mudan a una ciudad ajena solo para estar cerca del mar y navegar; gente que regresa al deporte y triunfa luego de una enfermedad desgarradora. Su propia trayectoria sorprende a los otros deportistas: Perú para un israelita —son los mejores veleristas ubicados en el actual ránking— es tan exótico como Estonia. Después del mes de entrenamiento en Francia, Bazo viajó a Chipre, la tercera isla más grande del Mediterráneo, para competir y ocupar la sexta posición en el 2016 RS:X Youth World Windsurfing Championship. Ese fue el mejor puesto de toda su carrera hasta entonces: es un mundial abierto, donde compiten los mejores de cada categoría. «No debería cambiar mi concentración de un torneo a otro, de un país a otro, porque me lo tomo bastante en serio. A veces, es bueno. Cuando me va bien, me motivo y doy todo. Si me va mal, me frustro, reacciono mal y cometo errores», reconoce Bazo desde Nueva Zelanda. En Chipre, a pesar del resultado, sus errores fueron, sobre todo, mentales. Con Pierre Loquet, diseñaron una metodología para mantener la concentración los días previos a una regata importante. De esa manera, Bazo espera controlar su lado emocional, inconquistable, al navegar. Después de Chipre, tuvo dos días de descanso antes de emprender un viaje larguísimo. Para llegar a Nueva Zelanda, tuvo que volar durante más de veinte horas, con una conexión en Dubai. Es su último torneo del año, el Youth Sailing World Championship, y compite junto a una delegación peruana que partió a mediados de diciembre desde el Jorge Chávez en Lima. «Quiero renovar esta especie de compromiso emocional para el próximo año. En enero, quería ver si podía o si quería hacer una campaña olímpica. Ahora sé que sí quiero, aún no se cómo lo voy a financiar, pero estoy segura que quiero y que puedo», dice Bazo. Ahí, en Auckland, se dio cuenta que, cuando regrese a Lima, habrá dado la vuelta al mundo siguiendo los vientos, sujeta a su vela, cazando un sueño. t

La última

«En enero de este año, quería averiguar si podía hacer una campaña olímpica. Ahora, después de los viajes y torneos alrededor del mundo, sé que sí quiero y que puedo»

Al cierre de esta edición, Bazo se superó a sí misma y obtuvo el tercer lugar a nivel mundial en el Youth Sailing World Championships realizado en Nueva Zelanda.


Revista Touring Edición 77