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La última

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María Belén Bazo

navegar alrededor del mundo Hace un año terminó el colegio y no ha parado de viajar desde entonces. La joven velerista ha navegado por casi todo el mundo. A inicios de año estuvo en Israel, en España y en Río. Hace poco quedó sexta en el Campeonato Mundial Juvenil de Windsurf Olímpico realizado en Chipre. En diciembre viajó a Nueva Zelanda donde obtuvo la medalla de bronce en el Youth Sailing World Championships. En un deporte que la tiene en constante búsqueda del viento, ¿dónde encuentra su ancla?

Escribe. Manolo Bonilla | Fotos. Mauricio Espinoza

C

on dieciocho horas de diferencia horaria desde Lima, la velerista peruana María Belén Bazo German contesta una llamada de Skype. Amanece en Auckland, en Australia, y frente a la ventana de su habitación, las aguas de la playa Tapakuna son su mayor motivación para despertarse y navegar. A sus dieciocho años, ya ha sido campeona sudamericana de windsurf durante dos ediciones consecutivas y ocupó la sexta ubicación en el Mundial Juvenil de Malasia y Chipre en el 2016. Diciembre es el espacio temporal para evaluar lo hecho durante el año y el suyo, ha sido uno de trotamundos. Hace apenas doce meses, cuando acabó el colegio, le comunicó a sus padres su resolución sin vacilaciones: quería tener un año para apostarlo todo, para convencerse que podía ser una windsurfista profesional que pueda tentar una competencia olímpica. Solo pidió paciencia, apoyo y licencia para viajar. Así empezaron sus idas y vueltas en salas de embarque y los sellos en su pasaporte de países que no planeaba conocer. En enero estaba en Eilat, al sur de Israel, compitiendo en un torneo mundial. Allí conoció al francés Pierre Loquet, entrenador de la selección alemana de windsurf que ganó en Río 2016. Más

allá de los resultados, conocerlo replanteó su itinerario de viaje. Como parte de su faceta de cazatalentos, Loquet le había ofrecido entrenarla en Palma de Mallorca, en España. Bazo no lo pensó dos veces y cambió su pasaje. Después viajó a Río, justo durante el tiempo que se realizaban los Juegos Olímpicos, para participar en un torneo paralelo y luego tuvo una pequeña temporada en Lima. Esos pequeños descansos en su cronograma de competencias, son una isla para descansar y para buscar financiación que le permita seguir entrenando. Para ella, que navega desde los once años, es parte necesaria para su desarrollo. Solo de esa manera, un deportista peruano de alta competencia —como ella, que ya casi lo ganó todo en su país— puede obtener el roce internacional que es fundamental para desafíos mayores. En octubre, partió nuevamente a Francia para reencontrarse con Pierre Loquet y recorrer el país galo durante un mes agitado. Estuvieron entrenando, junto a una flota de veinte chicas de otros países, en La Baule, al norte de Francia; en Capbreton, donde se intensificaron los trabajos en la parte física y técnica; y en Marsella, al sur de Francia, donde pasaron dos semanas navegando

e incluso participó en un campeonato internacional —María Belén quedó cuarta y ganó tres regatas—. «Nos tocó un viento conocido como mistral, que se caracteriza por un frente frío con mucha olas. Era bastante complicado navegar en mar abierto, a diferencia, por ejemplo, de la bahía de Paracas, con olas más pequeñas que siguen el viento», dice Bazo, desde la ventana de Skype.


Revista Touring Edición 77