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Caminos del Inca

«A la hora que las papas queman, la experiencia manda. Y la experiencia de nuestros mecánicos hizo la diferencia», dice raúl Orlandini. Eduardo Castro Yangali quedó segundo en la puntuación general con una diferencia de 40 minutos.

Cuatro años antes, Hugo era un mecánico ambulante en La Victoria que fue invitado para asistir durante un auxilio en La Marginal de la Selva. «Ahí empezó mi pasión con los fierros. Viví por primera vez la emoción de una carrera», recuerda. Desde entonces no ha faltado a un solo Caminos del Inca y las cinco veces que Raúl Orlandini papá ganó, estuvo dirigiendo la parte mecánica. Han pasado quince días desde la edición número cincuenta de Caminos del Inca, y los tres mecánicos fijos del taller — Hugo Lamadrid, Luis Calderón y Junior Peralta— están sentados en una oficina, junto al Mono. «Si revisas una foto del equipo en los ochenta te das cuenta que somos la misma gente. Solo que ahora estamos más viejos», añade Hugo. Junior llegó al Orlandini Racing Team para barrer el local por las mañanas y más tarde, Hugo lo invitó para que aprendiera de mecánica. «No sabía nada. El maestro me enseñó lo que sé. Nunca imaginé entrar a las carreras», cuenta. El rally de este año fue especial porque fue el primero en el que celebró un triunfo. Mientras que Luis Calderón ya ha celebrado siete como mecánico y participa sin falta en todas las ediciones desde 1992. Una noche durante este Caminos del Inca, los tres mecánicos vieron cómo algo se iluminaba en el cielo de Cusco y parecía caer. No se detuvieron

para ver qué era. Su compromiso era seguir en la ruta. LA RUTA NO ENGAÑA Entre Puno y Cusco, al Mitsubishi Evo IX se le pinchó una de las llantas (probablemente debido a un clavo en la pista). Pero el auxilio de Orlandini Racing actuó rápido. Para soportar la ruta, los mecánicos del equipo han aprendido ciertos trucos: chacchar hoja de coca con Coca Cola, llevar galletas, chocolates y prender cigarrillos uno tras otro. Además de detener el vehículo para tomarse un café y conversar

para no parpadear de noche. Mientras ponían a punto el Mitsubishi Evo IX, Jhon Navarro, el copiloto, revisaba la hoja de ruta. De niño veía pasar a Henry Bradley y a Arnaldo Alvarado en su Andahuaylas natal. A los 43 años, el empresario decidió que había llegado el momento de cumplir ese sueño postergado, se compró un Mitsubishi y lo armó para competencias. Por recomendación de varios contactos llegó a Hugo Lamadrid y después a Orlandini Racing donde conoció al Mono. Hace tres años compitió en Caminos del Inca por primera vez y quedo tercero. Hace

El Mitsubishi Evo IX de Tommasini abandonó la competencia por problemas en los pistones.


Revista Touring Edición 77