Page 49

Caminos del Inca

49

Orlandini Racing

EL RALLY LO GANA UN EQUIPO En una carrera de ocho días en la altura, que recorre 3527 kilómetros en nueve regiones del país, un perno suelto puede hacerte perder el rally o la vida. Por eso, contamos la edición número cincuenta de esta carrera desde los coches de auxilio del bólido ganador. ¿Por qué no hay un podio para los mecánicos? Escribe. Carlos Portugal Foto. Andrés Lino

H

ugo Lamadrid tiene 55 años y ha ganado ocho veces el Caminos del Inca como jefe mecánico. Ese es su puesto en el taller Orlandini Racing. Desde 1986 ha participado en todas las ediciones de la carrera más reconocida y complicada del país. La semana anterior al inicio del rally, se amaneció trabajando junto a su equipo para poner a punto el Mitsubishi Evo IX de Raúl, El Mono, Orlandini y Jhon Navarro. El sábado 22 de octubre, durante la partida en el Autódromo La Chutana, hubo 96 coches de carrera y uno emblemático: la reconstrucción del histórico Volvo 302 de Henry Bradley, que ganó la edición de 1966. Cubriendo el evento estuvo Lucho Yzusqui, el periodista que ha narrado por radio todos los Caminos del Inca en su programa El Mundo del Automóvil. Sería su última transmisión. Después de la largada, mientras el Mitsubishi Evo IX, con el número 701, partió rumbo a Nazca para la primera etapa, Hugo Lamadrid manejaba directo hacia Arequipa para ocupar su posición

establecida. En total, el equipo Orlandini Racing estuvo compuesto por ocho camionetas y un camión —que llevaron a veintiséis personas, ubicadas en distintos sitios de la ruta como parte del auxilio mecánico—. Las camionetas de auxilio estaban compuestas por una tripulación experimentada y también joven. No hubo pausa en la carrera: cada 120 kilómetros el coche recibe llantas y gasolina nueva. De las ocho camionetas, seis llevaban combustible y llantas de reparación. En la camioneta de Lamadrid, también estuvo Junior Peralta, su practicante de 24 años. El Mono y Jhon Navarro establecieron su propia estrategia: ir con calma. No forzar la máquina hasta que sea realmente necesario. En una curva antes de Camaná, el automóvil de su principal rival, José Luis Tommasini, empezó a despedir humo. Supusieron que se había fundido el motor y no podrá continuar. «La verdad es que basta un error por parte de los mecánicos para que se acabe Caminos. Un perno suelto y adiós el rally. Ellos son los héroes anónimos de la carrera»,

para los tres mecánicos del equipo Orlandini Racing, ganar fue la constancia de una labor bien cumplida. dice El Mono Orlandini. «Sabíamos que estábamos con el mejor equipo. Con las personas más experimentadas», recuerda Jhon Navarro. Cuando el coche llegó a Arequipa, el equipo estaba nervioso: aquella etapa siempre les resulta complicada. En las últimas diez carreras tuvieron problemas. El Mitsubishi Evo IX llegó a esta ciudad a las tres de la tarde e ingresó a un cuartel que fue utilizado como taller. «Era un terreno complicado porque era disparejo», comenta Hugo Lamadrid, quien conoce a El Mono y desde que antes que él naciera. En 1986, ya trabajaba con su papá.

Revista Touring Edición 77  

En esta edición presentamos una atractiva nota sobre Kuélap, también un árticulo dedicado al piloto Rodrigo Pflucker. Además una entrevista...